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UNIVERSIDAD NACIONAL DE LA PLATA
' MUSEO
DIRECTOR DE PUBLICACIONES: FÉLIX F. OUTES
REVISTA
DEL
DIRECTOR
Dr SAMUEL A. LAFONE QUEVEDO, M. A. (Cantab.)
TOMO XVII
0WÍm
(SEGUNDA SERIE, TOMO IV)
BUENOS AIRES
IMPRENTA de coni hermanos
684, PERÚ, 684
1910-1911
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PUBLICACIONES DEL MUSEO DE LA PLATA
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t La segunda serie de las publicaciones del Museo de La Plata, com-
prende los siguientes grupos i]
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ANALES
i vV En entregas en 4° mayor, y en las cuales se publican las memorias ori-
ginales del personal científico idel Museo, que á causa de las planchas
de gran formato que las acompañan, no pueden incluirse en la Revista.
•• .' >, ' V " 3i' ' • ■■■ ■' , ■ ¿V." :
?■■' ■:> . '
BIBLIOTECA
REVISTA
en 8® mayor de 25 pliegos por lo menos, y en los cuales se
) publican, también, las memorias originales del personal científico del
Museo y las de los colaboradores tanto del país como del extranjero.
v '*■ Í:jvj¡jj¡¡¿.h^KP %k. % , b ’! • ’-’v’.
'
Volúmenes en 8° menor de 25 pliegos por lo menos, que contienen tra-
ducciones de obras y estudios publicados en el extranjero, relacionados
con asuntos que sean tema de investigaciones en el Museo; lo mismo
que series de artículos de vulgarización científica.
\
.
. ' CATÁLOGOS
i ?>}
En volúmenes en 8° menor, en los que se incluyen los inventarios ra-
zonados ó simplemente enumerativos de las diversas colecciones del esta-
blecimiento.
JÉ '•> 4P‘ Uí> V:'v.
hVüwsátt&wSiíiV.ív iV ' f '. > ■.
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UNIVERSIDAD NACIONAL DE DA PLATA
REVISTA
1>BL
MUSEO DE LA PLATA
MUSEO DE LA PLATA
(X )NS UJ ( ) ACA 1 )It)MICO
Presidente : doctor Samuel A. Lafone Quevedo, M. A. (Cantal).).
Consejero titular : ingeniero Nicolás Besio Moreno.
— doctor .Juan Carlos Delfino.
— doctor Enrique llenero Diicloux.
doctor Roberto Lelnnann-N itsclie.
— - doctor Santiago Rotli.
— señor Guillermo Salom.
Consejero sapiente: señor Carlos Brucli.
— doctor Enrique J. Poussart.
Secretario : señor Félix F. Cutes.
AÜAJ ) AMIGOS HO A 0 11 A RIOS
Y CORRESPONDI UNTUS NACIONALES
ESCUELAS DE CIENCIAS NATURALES
ACADÉMICO HONORARIO
Doctor Angel Gallardo (Buenos Aires), 1907.
ACADÉMICOS CO R R KSI’ON D I KNTUS
Doctor Juan B. Ambrosetti (Buenos Aires), 1907.
Doctor Francisco Latziua (Buenos Aires), 1907.
Doctor Miguel Lillo (Tucumán), 1907.
ingeniero Francisco Seguí (Buenos Aires), 1907.
ESCUELA DE CIENCIAS QUÍMICAS
ACADÉMICO HONORARIO
Doctor Juan J. J. Kyle (Buenos Aires), 1907.
MUSEO ÜE LA PLATA
ACAJDÉM I (JOS I K INORA RK )S
Y (JORRES PON 1)1 UNTES EXTRANJEROS
ESCUELAS DE CIENCIAS NATURALES
ACA OEM reos MONOICA RIOS
S. A. S. Albert I de Monaco, 1910.
Doctor Eligen Bülow Wanning (Dinamarca), 1907.
Doctor Albert Gaiulry (Francia), 1907 f.
Doctor Ernest Haeckel (Alemania), 1907.
Doctor Théodore Jales Ernest Ilamy (Francia), 1907 f.
Doctor Enrico Ilillyer Giglioli (Italia), 1909 f.
Profesor William II. Ilolmes (Estados Unidos), 1907.
Doctor Otto Nordenskjold (Suecia), 1907.
Doctor Santiago Ramón y Cajal (España), 1907.
Doctor Joliannes Ranke (Alemania), 1910.
Profesor Eduard Sness (Austria-Hnngría) , 1907.
Profesor Frederic Ward Pntnam (Estados Unidos), 1909.
ACADÉMICOS CORRESPONDIENTES
Doctor I Ion i v Fairlield Osborn (Estados Unidos), 1907.
Doctor Hernia, nn von lliering (Brasil), 1907.
Doctor Yoshikiyo Koganei (Japón), 1907.
Doctor Albert Angoste de Lapparent (Francia), 1907 f.
Doctor Abraham Lissauer (Alemania), 1907 f.
Doctor Richard Lydekker (Inglaterra), 1907.
Doctor Rudolf Martin (Suiza), 1910.
Doctor Stanilas Meunier (Francia), 1910.
Doctor Gitisoppe Sergi (lia, lia), 1907.
Doctor Gustav Steinrnann (Alemania), 1907.
Doctor Paul Vidal de la Blaclie (Francia), 1907.
Profesor J. Wardlaw Kedway (Estados Unidos), 1907.
ESCUELA DE CIENCIAS QUÍMICAS
ACA DÉM ICO MONOICA Ul< >
Profesor VVilhein Ostwald (Alemania), 1907.
ACA DÉM ICOS CORRESPONDI ENT ES
Profesor Armand Gautier (Francia), 1907.
Profesor José Rodríguez Carracido (España), 1908.
Profesor Ilarvey W. VViley (Estados Unidos), 1907.
MUSEO DE LA PLATA
PERSONAL DIRECTIVO Y CIENTÍFICO
DOCTOR SAMUEL A. LAFONE QUE VE DO, M. A. (Cantab.)
Director
DOCTOR ENRIQUE HERRERO DUCLOlJX
Vicedireclor
SEÑOR FÉLIX F. OUTKS
Secretario, bibliotecario y director «lo puhl¡ca«'ioiie4
DOCTOR I’. AREL SANCHEZ DÍAZ
ESCUELAS DE CIENCIAS NATURALES
DOCTOR SANTIAGO RUTH
.Ule de sección y profesor «le (;e«d»g¡& y Paleontología
DOCTOR GUALTERIO SCHILLEK
Jefe «ie sección y profesor de Mineralogía
DOCTOR CARLOS SPEGAZZINI
Jefe de sección y profesor do Botánica
DOCTOR EMILIO 1‘. MKINKCKK
Profesor suplente do Botánica
SEÑOR AUGUSTO SOALA
Profesor adjunto de Botánica
SEÑOR CARIAIS BKUC1Í
Jefe do sección y profesor de Zoología
DOCTOR MIGUEL FERNÁNDEZ
Profesor adjunto de ZmdnglH y «lo Anatomía comparada
DOCTOR LUIS
l'.of-.ul K'ljlMI
SEÑOR HORACIO ARDI TI
Profesor suplente «le Zoología
DOCTOR SAMUEL A. LAFONE QUEVKIIO
Profesor de Lingüistica
DOCTOR ROBERTO LEHMANN-NITSOHE
Jefe de sección y profesor «lo Antropología
SEÑOR FÉLIX V. OUTKS
Profesor suplente de Antropología
SEÑOR FÉLIX F. CUTES
Profesor adjunto de fcluografia
SEÑOR VALENTÍN BERRÜNDO
Profesor do Googiafiu política y económica
INGENIERO N. 1IESIO MORENO
ProfeMir «le (‘arlografia
MARÍA TORRES
.1 ,!.■ Ai.|„ri.l.Wi»
ESCUELA DE CIENCIAS' QUIMICAS
DOCTOR ENRIQUE HERRERO DUCLOUX
Director y profesor «le Química analítica
DOCTOR FEDERICO LANDOLVII
Profenur .io Quimil. ..rgai.ic»
DOCTOR ENRIQUE J. I’OUSSART
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Profesor do Farmacología y Farmacia practica
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Piofcsor adjunto de Química analítica cuaülutuu geuoial
DOCTOR ALEJANDRO OVUELA
Profesor «le Terapéutica
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Profesor «lo Higiene
DOCTOR GUILLERMO F. SC1IAKKEU
Profesor «le Química analítica especial
DOCTOR PEDRO T. VIGNAU
Profesor adjunto de Química analítica
SEÑOR LEOPOLDO HERRERO DUCLOUX
Profesor suplente de Química analítica cuantitativa
DOCTOR P. ABEL SÁNCHEZ DÍAZ
Profesor suplente do Química general
DOCTOR ATILIO HADO
profesor atíplenle «le Química analítica especial
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Profesor suplente de Química orgánica
ESCUELA ANEXA DE DIBUJO
SEÑOR E. COUTARET
Profesor de Dilmjo geométrico y do perspectiva
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Profesor «le Dibujo carlográlico y de ieli"'e
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Profesor «le Dibujo nuluml
SEÑOR M. MALHARRO
Profesor de Dibujo de arlo y pintuia
..SEÑOR R. BERGHMANS
Profcoor de Caligrafía
DOCTOR ROBERTO LEHMAN N NITSCI1E
Profesor de Anatomía mlíslic»
UNIVERSIDAD NACIONAL DE UA PLATA
MUSEO
DIRECTOR DE FUIJLICACIONES : FÉLIX F. OPTES
REVISTA
DICE
MUSEO DE LA PLATA
DIRECTOR
í)' SAMUEL A. LAFONE QUEVEDO, M. A. (Cantal».)
TOMO XVII
(segunda serie, tomo iv)
BUENOS AIRES
IMPRENTA I>E PONI HERMANOS
(584, PERÚ, (584
1910-1911
LAS LENGUAS
i>!<; Tiro
(¡ II A Y (4 II R Ú V CHIQUITO COMPARADAS1
Pulí 1:1. Piíok. SAMUEL A. LAEONE CpJEVEIM) M. A. (Canta». )
l)ir<M*tor «leí Musco de Ijíi I’liitn
INTRODUCCIÓN
I
Al lmcer el estudio indispensable para preparar mis ediciones del
Toba del padre Barcena 2, del Abipón de los padres Dobrizlioffer y
Ihigniel del Moeoví del padre Tavolini \ y del idioma Mbayá B reco-
cido de varias fuentes más ó monos incompletas, entre otras, de los
apuntes del padre Sánchez Labrador, me convencí de la importancia
lingüística de la gra.11 familia Guayeurú, de la cual forman parte los
idiomas arriba enumerados, y pude advertir varias especialidades utili-
zadles para la clasificación de las lenguas americanas.
Lo primero que había que notar eran las complicadas y numerosas
series de articulaciones pronominales que servían y sirven para produ-
cir la declinación posesivada de los nombres y la conjugación de los
verbos, todo ello mediante un mecanismo de alijos de relación personal,
(pie resultan de ciertas raíces pronominales fáciles de aislar, si se eli-
mina lo superfino en los pronombres llamados primitivos, pero (pie tal
vez no lo sean tanto si se tienen en cuenta las muchas acreciónos con
que se alargan, al extremo de formar muchas veces temas complejos que
sólo sirven para despistar.
1 Memoria presentada. ¡il XVJI0 Congreso Internacional de Ion Americanistas, en
sus .sesione» de mayo (linones Aires) y septiembre (México) de JÍI10.
* Itcvinta del Mauro (le La Víala, tomo V, ote.
* llolelín de la Academia nacional (le alendan (le Córdoba, tomo XV, efe..
1 Revista del Maneo de La Víala, tomo I V, etc.
r’ Samuici. A. Latón 10 (Jubvkiio, Anales de la Sociedad Científica de Hítenos Aires.
Afio
llEV. MUSEO I.A PI.ATA. — - T. IV. (VIII, 10, 1010.) 2
8
10a las lenguas (lidias generales, como ser la Quichua,, la Araucana,
la Guaraní, etc., cada una de ellas tiene su serie de alijos pronominales,
una y universal ; en la familia Guayeurú, ])or el contrario, la variedad
es la regla, dentro de ciertos 1 imites se ent iende.
Muchas veces he pretendido darme cuenta cuál pudo haber sido el
origen de tal complicación en estos idiomas y no al inaba á encontrar
otra mejor (pie aquella de las mezclas de lenguas, sobre, todo por el lado
ese de los idiomas mujeril y varonil (pie coexisten en varias de las nacio-
nes indígenas déla, América del Bur, como, por ejemplo, en la Caribe,, en
la Moxa, etc. Me faltaba, empero, alguna información fidedigna de, que
esta especialidad bilingüe era propia también de uno ó más de los codia-
lectos Guayeurú: sospechas, rastros aislados no faltaban, ciertas termi-
naciones que determinaban sexo ó género de las palabras se podían
establecer; mas no se había presentado el caso de que el «yo» del hom-
bre se diferenciase del « yo » de la mujer.
Con la publicación 'del reverendo padre1, fray Zacarías Ducci, cuyo
trabajo sobre los Tobas de Ta, coagulé ', es lo mejor que poseemos sobre
este idioma, se despertó nuevamente mi interés por las lenguas de la
familia (luaycurú : muchas dudas se pusieron en claro, y aun proyectá-
bamos con el reverendo autor nuevas ampliaciones de sus estudios.
Así las cosas, el padre Pablo Hernández, B. d., conocido investigador
de todo lo concerniente á, la compañía en las Misiones de nuestra Amé-
rica, descubre los manuscritos completos de una gran parte del
CathoUco, en lo (pie se relierc á los indios Mbayá, y su lengua,, etc. De la
importancia de esta obra podrán juzgar todos dentro de muy poco I iempo,
porque se piensa incluirla entre las publicaciones que se sacarán á luz
para celebrar el gran aniversario argentino ; pero para mí tiene este valor
inestimable, que se* presenta como el estudio más acabado de una de las
lenguas del Chaco — tipo (luaycurú — y sobre todo con declaración pre-
cisa, de que, en los dialectos de tipo Mbayá existe diferencia entre el habla
varonil y el habla mujeril : no tan ampliamente como se hallaría más al
norte, entre Chiquitanos, Moxos, Caribes, etc., pero lo suficiente pura
establecer parangones y para poder apelar á esta complicación gramati-
cal cada y cuando se necesite para explicar anomalías.
Tiempo hace que establecí una, regla muy sencilla, para determinar la
clasificación de los infinitos dialectos correspondientes á la gran familia
Moxo-Mnipure, llamada por los etnógrafos alemanes Abe.-I ruaca ", á ella
corresponde todo idioma en (pie la part ícula, n es prelijo pronominal de
1 llulciíu del ¡1111111110 i/cixjiiíJícu (ii'ficntínu, tomo XXI y siguientes.
'* Porque en las lenguas de esa estirpe es común usar la partícula mi como prelijo
de primera persona en singular.
!)
primera, persona, y p de segunda,, cu singular, y Isi n raíz de voz que dice
« agua, ».
Kit las lenguas de Upo (luaycurú este procedimiento no .sería, eficaz,
porque ¡tiUit si substituimos una I ó Y en lugar de la n. como prelijo de
primera, persona en las posesivaciones y conjugaciones, y observamos
íntima semejanza en los otros afijos de segunda y tercera, no ocurre tal
semejanza en las voces que dicen «agua.», licsnlta, pues, (pie los dife-
rentes dialectos de una gran familia pueden estar muy cerca en cnanto
a su articulación pronominal, pero muy lejos unos do otros por lo (pie
respecta, á la. voz «agua», y aun al vocabulario en general.
Por falta de tiempo no se lia podido hacer un estudio profundo del
idioma. Mbayá en toda la extensión que se le da en el trabajo del padre
.Sánchez Labrador; pero allí se establecen muchas cosas que sólo se sos-
pechaban, cuando sólo se conocían ejemplos muy incompletos extracta-
dos de esa gran obra. Ahora sabemos qne el esquema pronominal del
Mbayá. nace de las mismas raíces qne el de los otros codialectos del
mismo tipo, pero que las diferencias léxicas entre éste y los demás idio-
mas de su misma familia son muy serias; tendremos, pues, que conceder
como posible cierto interparentesco entre lenguas que no se reconocen
hoy como de la misma, estirpe lingüística por parecerse más en su pro-
nominación «pie en sus respectivos vocabularios.
Establecido este criterio en las clasificaciones se me ocurrió parango-
nar dos grandes y muy famosas familias de lenguas en la, parte austral
de nuestra América, la (luaycurú y la, (Jhiquitana, y de hacerlo con casi
total preseindencia de la prueba léxica en general y ello en virtud de
las siguientes consideraciones, comunes á ambas:
Ia Las múltiples series de afijos pronominales;
13a La, coexistencia de las dos hablas viril y mujeril;
.‘>a El contacto geográfico;
4a La casi identidad do la raíces pronominales;
5a La existencia de esta, identidad de raíces pronominales entre mu-
chas otras naciones de indios que no son ni (luaycurú ni Chiqui taños
por su tipo, pero que son más ó menos limítrofes;
(¡a Que la, voz «Agua» sea. Nctagat en Toba, flvat/ayacca en Mocoví,
Niof/odi en Mbayá, linó pe en Abipón; voces (pie no se entroncan así no
más en una, sola radical ; '
7a La, existencia en lengua (Jhiquitana, del plural inclusivo y exclu-
sivo de primera persona,, es decir, del (pie admite igualdad con el que
oye ó que lo desprecia. El Chiquitano era más culto que el Guaycurú y
por ésto aquel se valía, de este recurso gramatical, mientras (pie éste no
lo hacía preciso, porque una, vez admitido en su nación, cualquier indi-
viduo gozaría, de perfecta, igualdad.
10
II
Procediendo, pues, en vista, de las consideraciones (pie se acaban de
enumerar no lie trepidado en hacer el estudio comparativo de las len-
guas dichas (¡uaycurú y Chiquitana sobre la base exclusiva de los pro
nombres y articulaciones pronominales de velación personal.
Los vocablos indígenas por lo general, y en especial en estos idiomas
< le (pie se trata, no pasan de ser temas complejos formados de una ó más
raíces significativas con una ó más partículas que llamaremos alijos gra-
maticales: estos alijos si se anteponen á la raíz verbal se dicen prefijos,
sufijos si se posponen y si el lugar que ocupan en el tema completo es
interior pasan entonces á. llamarse infijos.
Dada, pues, esta calidad compleja de las palabras indias, y las dificul-
tades (pie so nos presentan al querer reducir estos temas á sus verdade-
ras raíces simples y articulaciones de mero valor gramatical, he prefe-
rido excluir esta prueba de mi investigación. Los vocabularios en los
más de los casos son deficientes, y aunque no lo fuesen representan a
los idiomas en su última y no en su primera época, de suerte que las
raíces de origen rara vez ó nunca suelen destacarse.
Hay otra dificultad: no siempre el nombre de una sola cosa en varios
idiomas, aunque sea de la misma familia, representa el mismo concepto :
ejemplo gráfico, en una lengua la oreja se designa como « hoja de la
cara», (pie puede no ser el concepto del codialecto. 10n el caso ya citado
de (pie la voz (pie dice « Agua » se expresa de cuatro diferentes modos
en los cuatro codialectos de la familia. Guaycurú, tenemos que buscar
una raíz común que justifique la idciPtidad de procedencia; en seguida
daremos el cuadro de equivalencias ¡i los efectos de la comparación fácil :
Agua
1 . Toba : Natuf/n/at.
(¡uaycurú general 2. Moco vi : i’J €<((/<( i/acca .
.'i. Mbayáy (¡uaycurú : Nioijodi.
(¡uaycurú especial: 4. Abipón: b'nópc.
ICn los primeros I res ejemplos hay una raíz AGA, vel, 0G0 (pie parece
ser común entre sí, y que yo emparentó con la otra OCCO del Quichua
(pie dice « mojar» y también con el nombre de ciudad Cuzco, a parla1 de
muchas voces que dicen « agua » en varias lenguas del interior de nues-
tra América. (Véase Martius, 1 Yo vienta m m l u ng lirusilimixcher Spracheu,
pág. ¡¿74-284.)
11
Patente está que la tal miz OGO, sea cual fuere su pronunciación,
forma, parte de un tema, complejo «pie responde si aeree, iones extrañas á
la raíz; pero ¿qué diremos de la equivalencia Abipona? Aquí no cabe la
raíz OGO, y sin embargo nadie lia dudado jamás, ni se duda boy, que
el Abipón sólo difiere en su fónetismo del más puro tipo «le lengua,
( ruayeurú.
En el cuadro 1 podrán compararse varios otros vocablos de conocida
importancia, y allí s<? encontrará «pie la, uniformidad pronominal de nin-
guna, manera se reproduce en los respee tivos vocabularios, no al menos
con la misma intensidad; desde luego se concibe lo fácil «pie es «pie «los
ó más idiomas vecinos americanos puedan ser una sola cosa, en su esque-
ma pronominal y otra r-usa. muy distinta, cuando a la prueba léxica se
ocurr<í.
IJn ejemplo muy al caso es el del idioma, llamado Aymará, pero «pie
más bien debiera, llamarse Colla, como propio de los habitantes del
Colla, o, región de la Paz en Bolivia. El vocabulario está mechado (si se
me permite la, expresión) con voces derivadas de la, lengua del Cuzco «'>
Quichua; mas como <d esquema pronominal «>s muy distinto tiene que
clasificarse como lengua, también muy de otra, filiación.
Nombres
Quichua: Ñoca, yo; (Mm, tú; /'«//, él.
Aymará: Naya, yo l; Huma, tú; ¡lupa, él.
Quichua: Mama- y, mi; Mama-yqni , tu; Mama n, su madre.
Aymará: ’JIilá-ha mi; ’Hilá-ma, tu; ’líHá-pa., su hermano.
Verbos
Quichua: Muna-ni, yo; Mnna-nqni, tú; Mana n , él ama.
Aymará: Chura-’ta, yo; Chura-ta, tú; Glmr-i, él da.
He omiten las plurales en «pie asoman aún mayores discrepancias, pero
basta con la nuestra. Oportunamente, pero <m otro lugar trataré de estas
dos lenguas y sus afinidades.
1 Dice Ifeitonio <piu A 'aya, yo, no se usa en esta provincia- de los I, opacas. (I’,
lamovujo liioni'ONio, Vocabulario de la Icuijua Aymará, publicado por l’lat/.mann,
parte 2a, pííg. 22!l.)
III
Habiendo demostrado ya, ¡si bien muy rápidamente, (pie la prueba
léxica us bastante1 débil tratándose de ciertas lenguas americanas, el
trabajo mío se reduce a establecer el interparentesco pronominal y de
partículas de relación personal que existe entredós familias lingüísticas
— la ( Juay cu rú y la ( !li ¡quita na. — que hasta hoy no se había sospechado
que pudiesen presentarnos puntos de contacto por este lado.
De los cuadros II, 111, IV, V y VI y de las notas que los explican se
obtendrán las pruebas que necesito para establecer las conclusiones a
que he logrado llegar gracias al traba jo lingüístico sobre el idioma Mba
yá, escrito por el padre Sánchez Labrador y descubierto por el padre
Hernández, ambos S. «I.
L'ara no complicar más los cuadros de alijos de relación personal lie
creído conveniente reservar ciertos pronombres para ser tratados en
este lugar porque en realidad nos suministran ellos las claves que nece-
sitamos para, explicarnos el origen de muchas de estas partículas alle-
gadizas.
Para principiar tomaremos los pronombres posesivos en absoluto del
idioma Mocoví : véase LJI Moeoví del padre Kranciseo Tavolini 1 :
Singular
I . !\l io, (dm.
II. 'Puyo, cadaini.
,'5. ¡Suyo, (d lain.
I’liirnl
I . N uest ro, coda ni.
II. Vuesi ro, nula mi i.
La tercera de plural falta en el manuscrito, ni perjudica la falta, por-
que corresponde á la forma del singular. De aquí puede entresacarse
todo lo que se. necesita para formar las diversas series de alijos de rela-
ción personal, sobrando la ni para que se elimine cada y miando la
índole fonológica del codialecto particular así lo exija: sobre todo llamo
la atención á la partícula final aquella Ti, tan general en nuestra Amé-
rica y tan importante entre las articulaciones del Guaycurú y Ohi-
quitano.
Del Toba., otro codialecto del (iiiaycurn, el padre Ducci trae un para-
digma tan útil como curioso : corresponde á los pronombres posesivos
en absoluto, como cuando uno dice: «esto es mío, tuyo ó suyo». (Véase
Lo. s Tobas de Taccagalé, pág. 1 !>, t iraje aparte 2.)
1 Samuki, A. IjAKoni.; (¡iiuvudo, Heeista del Museo de La ríala, lomo V, etc. Tirada
aparte se cita siempre. ISiIS.
* lioletín del Instílalo f/eo¡irdjioo anjcniiuo, tomo XXI, etc..
MiineiiFuio
Singular l’lurnl
Mío Y-ogygot. Vóolcté.
Tuyo A-ogygot. Aokoté.
Suyo Ijo-ogygot. Lolcoté.
Nuestro . . . Codo-of/yf/ot. Codolí ote.
Vuestro Codo-ogygochi . Codohtchidii.
Suyo Lo-ogygot. Lolcoté.
Femenino
Singular l’lurnl
Mía Yolcté. Yoktfíl.
Tuya Aolclé. Aolclcl.
Suya Loolctó. Loolclcl.
Nuestra Codoldé. Codolctd.
Vuestra Codolccli idn. Codolctel-dn.
Suya Lolcté. Lolctcl \
lín este cuadro con toda facilidad se pueden aislar los prefijos típicos
de relación personal, notándose a la ve/- algunas otras partículas más
que. sirven para, precisar el concepto del tema léxico.
Tenemos, pues :
1° Las seis partículas iniciales (pie determinan la relación de persona,
en todos los cuatro casos, á saber : a) « mi », « nuestro », etc. ; b) « mis »,
«nuestros», (de.; o) «mía.», «nuestra»; d) «mías», « nuestras », etc.,
son :
2o Para los casos del plural simple y complejo de segunda persona
adoptan un recurso gramatical muy ingenioso: el sufijo T á secas deter-
1 En este paradigma se observa :
Io Que la T final es termina, eión de masculino en singular;
2° (pie la E en igual colocación lo es de femenino en el mismo número;
3o (pie como la, E así colocada, es de femenino, puede serlo de plural en ambos
góneros ;
4o (pie la L final es de plural fe, menino.
14
mina masculino, si se le sulija una E aguda (es decir acentuada), y se
substituye por K el sonido GRG ', producimos el plural complejo « mis »,
«nuestros», etc.; toda confusión que podría resultar en la segunda per-
sona de los plurales se evita, muy sencillamente por medio de unas par-
tículas finales que fijan la diferencia, entre temas con prelijos KOD de
primera y segunda estos sufijos son :
CHI para «vuestro», CHIDII para « vuestros » ; y CHXDII para «vues-
tra» con LDII para «vuestras», El primer CHI resulta del «chicheo»
de la T final característica de este masculino al herir la I, sufijo indis-
pensable de segunda en plural, mientras que DII aumentado en el plural
complejo «nuestros» responde á un demostrativo TI, degenarado en DI,
que encierra un sonido TE óDE, terminación femenina, y representa una
sincopación de este DE con el sufijo característico del, así : DEI — DEI
por asimilación DII. Se repite una vez más que las formas plurales siem-
pre se inclinan á las del femenino, como se puede deducir del paradigma
(pie estamos analizando.
El infijo L aquí determina el plural más sencillo que conocen las len-
guas de esta, familia, y siempre se usa para decir « mis», «tus», etc., en
las posesivaciones de nombres substantivos. El oído (¡uaycurú -Toba no
podría tolerar una partícula, final CHI de segunda con relación «á. sexo ó
género femenino sin calificarlo con ese DII pro DEI que ponía las con-
cordancias en su propio lugar. El poder asimilativo de esta I final en el
Mocoví es una. de las especialidades de su fonología, y si alguien duda,
de <pie el DII pueda, equivaler á un DEI asimilado podría acudir á esta,
otra ecuación TEI — DEI — DII de femenino. La E es esencialmente
terminación de femenino, el análisis es este: CODOKTÉDEI, por asimi-
lación forzosa con la I de segunda =; CODOKTIDII, por «chicheo» de
TI con I = CODOKCHIDII — «vuestra» — plural simple de «mía».
En Chiquitano los « pronombres nominativos prepositivos », son :
(Véase G ríe // Vocabulario tic la lenqita Chiquita, por Adain y líenry,
ed. Maisonneuve, pág. ‘21, etc.)
Singular
1. Ax-ñi, yo.
2. A.v-hi, tú.
;L Ax-tii, él.
I ’1 nial
1 . Ax-oñi (incl.) ; Ax-zomi (ex el.),
nosotros.
2. Ax-año, vosotros.
2. Ax-ma, ellos; ax-iiio, ellas.
El prefijo Ax es un simple artículo que determina caso nominativo.
Á este paradigma por fuerza habrá que agregar otro, el de los geniti-
vos ó posesivos de las formas anteriores, (pie por suerte nos revela las
GRG sonido gargareado, imposible en el fonetismo castellano.
15 —
raíces ocultas de aquél, como en los idiomas Indo-Europeos el «mío»
da á conocer cierta raíz que no es el « yo ».
Sinjinlai'
1. Veza, iza , mío.
.5. A esa, luyo, de tí.
IzasLü , iza! ¡i, de él; izas, iza
de ella.
riurnl
1. Oeza (ine.l.): Zobcza (excl.), d<‘ nos-
otros.
2. Anbesa, de vosotros.
tiza huí a, ezatna, de. ellos; ¡/obesau,
¡¡obesa, de ellas.
De aquí puede derivarse toda, esa, larga, y complicadísima serie de
articulaciones pronominales que figuran en los cuadros IV y V; y si
bien la raíz HI, « tu », presenta alguna dificultad, acordémonos (pie en
los idiomas de la estirpe (Juay curtí la I final desempeña un rol especial
y generalísimo para determinar segunda persona : como también que en
la, declinación posesiva, da, cuando entra el sonido I de segunda es siem;
pre como sufijo.
lís un hecho que consta del Arte Chiquitano, que á la par del HI,
« tú », « te», tenemos también A, « te» y AI, « te».
Tampoco es dificultad la I ó Y de tercera con un sufijo Til ó S que
determinen persona ; porque en los idiomas de tipo (luaycurú la, Y subs-
tituye <m los verbos á, la L de los nombres para indicar tercera, persona.
La comparación é identificación de todas estas series de partículas
pronominales en las dos grandes familias de lenguas, la (juay curó y la
Chiquitana,, se realiza con todos sus detalles en el estudio que sigue, y
no trepido en llegar á, la conclusión que estas dos hablas deben el ori-
gen de sus raíces pronominales en todo ó en parte á un solo origen.
Aquí repetiré que las diferencias en los vocabularios, á lo que parece,
son insalvables, pero no hay que concederles demasiada importancia,
desde que hay (pie tener en cuenta que mucha, parte arranca, del con-
cepto que la voz expresa,. Si un indio ve en una, «oreja» <• una hoja- de
la cara» ó «de la cabeza», otro verá cosa muy diferente, como lo será
la palabra con que exprese el pensamiento (pie da lugar al vocablo
correspondiente al idioma. Un inglés para, nombrar un guante diría alo-
re, un alemán al conf ia, rio se vale de la, combinación handuehah, zapato
de la, mano. Los cambios de voces Martin causa, la, incorporación en las
tribus y naciones de elementos alófilos y la evolución natural de toda
lengua en beneficio ó perjuicio do la misma, sobre todo si no existe el
correctivo conservador de la, literatura, son causas suficientes para ori-
ginar todo género de divergencias, y aun mayores si se quiere, (pie las
.(pie encontramos. El transcurso de siglos, acaso de milenios, la misma
índole do las lenguas americanas, la vida, errante y muchas veces de
Mi
corlas necesidades, influiría en el sentido de empobrecer el vocabulario,
mientras que en los frecuentes cambios de domicilio, nuevos objetos
requerirían una nueva, nomenclatura que poco á poco iría substituyendo
á la vieja, desnaturalizando así el idioma de la. tribu ó nación.
Otro importantísimo factor ha sido el de los idiomas mujeril y varonil
en tantas de las (and lias lingüisticas de nuestro continente. Muchas de
éstas conocemos, pero muchas más deben haber desaparecido, á la par
de las naciones originales que motivaron los enredos de tales mezclas,
lía medio de toda esta, confusión se conservan esos restos á que daremos
el nombre de fósiles, conocidos con el nombre de pronombres y parfíou
las pronominales, que persisten en los varios idiomas para, que nos sir-
van de rastro en la tarea de clasificación general.
Nadie negará, que entre las lenguas de origen Indo-Europeo las seme-
janzas interpronominales son mucho más pronunciadas y evidentes que
las que corresponderían á los vocabularios de los respectivos idiomas :
si queremos apurar algo más las analogías, consta que. en Indo-Muro peo
el parecido de la. primera y segunda personas del singular es mucho más
llamativo que el de las mismas personas en plural, sobre todo sise (rata
de formas como el wo, « nosotros», del inglés, cuya derivación el mismo
Skeat conliesn. que es desconocida, y que encierra, casos oblicuos tan
curiosos como onr , « nuestro», y vos acusativo del mismo pronombre. 101
yon, « vos », plural «le Ilion, « tú », es otro ejemplo al caso.
Pero para, mí una, de la.s pruebas más contundentes del intcrparcii-
tesco de las lenguas por el lado de los pronombres es la geográfica : si
lenguas que están en contacto geográfico incluyen las mismas raíces en
su esquema, pronominal tendremos que confesar que por ese lado acusan
la existencia, de un factor étnico-lingüístico común. Son un ejemplo al
caso el de las lenguas «le tipo (¡uayeurú y Cliiquita.no, á las que en este
mi trabajo presentado al XVIIo Congreso Internacional de los America-
nistas se les lia probado ser vecinas 1 y también poseedoras de las mis-
mas raíces pronominales y partículas gramaticales
Más tarde espero poder extender esta prueba á. otra de las grandes
familias lingüísticas de nuestra América, demostrándose así cómo pue-
den emparentarse por el mismo lado y por idénticas razones; como por
ejemplo la Quichua, con la (! uayeurú, la (fuaraní con la Mojo-Maipure,
ó sea,, la Nu-A ruaca, y acaso (odas ellas con la Caribe.
También se le buscará colocación á la Malaca que tanto se parece á
la Cuaycurú-Tobn, cu su pronominación y tan poco en su vocabulario; y
de ninguna manera se nos escaparán los idiomas «Lengua» Viejo y
' Véase el mapa tlel padre, (Jiimagno al íhi.
2 En este ensayo.
17
« Lengua » Nuevo ni menos las grandes agrupaciones de la Pampa y
de Patacón i a, hasta incluir á, la Araucana misma.
Antes de emprender tan ardua tarea quiero (pie un congreso de ame-
ricanistas acepte, que en cuanto á las familias Guaycurú y Ohiquitana,
voy bien encaminado; porque si los argumentos de que me sirvo en este
caso no son convincentes hasta donde yo los utilizo, sería perder tiempo
extenderme más en el mismo campo sin aportar nuevos y mejores com-
probantes, cosa no tan fácil donde 400 ó 4.10 años os el límite de la filo-
logía do la mal cria.
IV
Til’ O CHIA VC III! Ú
Los pronombres
(Jomo piedra de toque para la clasificación de las lenguas americanas
no hay prueba mejor que la de los pronombres : si hay identidad en los
más basta para- incluir cualesquier dos ó más idiomas como ramas de
una seda- familia; y aun cuando la identidad sólo sea parcial, puede ésta
servir para establecer un interparentesco más ó mimos cercano ó remoto.
Tratándose de la- gran familia (¡uaycurú contamos hoy con una litera-
tura bastante completa, basada principalmente sóbrelos manuscritos de
llárcena, Dobrizhoffcr, Brigniel, Tavolini, Ducci, y últimamente enri-
quecidos con el hallazgo de los manuscritos del padre Sánchez Labrador2.
Para- empezar armaremos el cuadro pronominal do los siguientes codi a -
lectos de la gran familia (luayeurú. (Véanse cuadros detallados número
1 1 , 1 1 1 y 1 V.)
' « Lengua » Viejo ó Enimayíí. del siglo xvm; « Lengua » Nuevo, el Mascoy, Ma-
cliicuy ó Lengua de los siglos xix y xx.
s Véase Sáxciiiíz Laiiiíauoh, Paraguay Católico. Edición del Centenario.
— 18 —
Xofa. — Véase el cuadro número II que contiene un paradigma unís completo de la prouomiuución en este grujió de idiomas.
I !•
listo cuadro ó paradigma es muy instructivo y en 61 ludíanlos casi
todas las raíces que pueden servir para, la articulación pronominal de
nombres y verbos, con excepción de sólo dos, aunque muy principales,
la S — H de primera persona en los verbos.
La L como infijo pronominal se presenta en el pronombre posesivo de
tercera, el absoluto «es mío», al-lam, del Moco vi l. Espero la conclu-
sión de las copias que se están haciendo del manuscrito Mbayá, para
cerciorarme si hay ó no en la conjugación de sus verbos algo que repre-
sente la partícula pronominal S ó H de primera, persona.
1. Nota á la primera persona del singular. — En la época de Barcena
los misioneros oyeron el «yo» Toba con el sonido N final y no M; con
esta, salvedad los cuatro codialeefcos coinciden en los sonidos A, I, M,
porque puede asegurarse que existe confusión entre la I y la. Y.
Lo cu lioso es que la E «pie se intercala en la segunda sílaba, del Toba
(Ai/em ó Agen, «yo») reaparece como radical en Mbayá, E = «yo»
varonil y No ó Nom, «yo» mujeril i. De todo ello se deduce que el sonido
M no es indispensable en estas lenguas como radical «le primera, perso-
na, desde «pie reaparece en la seguíala.
Cabe ahora la pregunta ¿dónde están la A y la. I ó Y de los otros
«■((dialectos que no suenan en el Mbayá, siendo que, como lo veremos
después, la I ó Y es eminentemente sonido propio de primera persona,
al nimios en el singular de los pronombres!
Acudamos a! manuscrito citado «le Sánchez Labrador, número 27 § (»
y allí está la. Y como sonido radical «pie hace prefijo posesivo de primera
persona; desde luego resulta, que el Mbayá también conoce este valor
léxico de sonido I, y «pie tenemos que buscarlo en ese E que dice « yo »
varonil, y ese EO ó EOM «yo» mujeril. Ahora, en los idiomas de los
indios «le América. 4 existe la ecuación fonética, ai --- e} esto por una
parte; por la otra, tenemos que el « yo » mujeril puede ser ya EO, ya
EOM, lo «pie induce á suponer que en el E, «yo» varonil, existe una M
silenciada por degeneración fonética tan propia del sonido M, no sólo
en América, sino en el viejo mundo también : resulta, pues, que esa. E
no es más que un AI sincopado y con todas las probabilidades de poder
ser AIM.
En la forma, mujeril EO y EOM, tenemos una. O del mismo valor foné-
tico de la segunda O en OCO, «nosotros», equivalente de la segunda A
en AKA, «nosotros», del Abipón ; así «pie el EO y EOM serían algo
« Véase la Introducción, página. 7, nota 2.
? Téngase presento <|uo ol sonido (i nal O os terminación dn género femenino en los
idiomas de esta, estirpe.
3 De las fotografías.
1 Notoriamente en los de esta región.
‘JO
<‘.oino AIA-.y AIAM en oídos do un Abipón; como AKAM inversamente
sonaría EO y EOM en oídos de un Mbayá; y ni yo más podría, hacerse
notar, (pie el tema plural de esta persona es en realidad una. l'orma feme-
nina ó del habla mujeril : plural lógico de EO ó EOM con supresión del
prelijo E — AI, como en los demás codialectos.
li. Nota á la firt/ii lula persona sinfín lar. — ¡Si alguna duda, cabe en
cuanto á la identificación de todas las equivalencias de la ¡primera per-
sona en los cuatro codialectos principales de la lengua, tipo Guaycurú,
ninguna podemos tener acerca de la segunda; porque basta, con dar una
rápida ojeada á la segunda línea del cuadro para convencernos que se
trata de una, sola, familia lingüística, cuya forma típica es el A coa mi ó
A emití del Moeoví. La única anomalía que se presenta es la, falta del
sufijo I en la forma Toba l 2, desde que ya se hizo notar que la N final del
siglo \vr aparece como M en el xix y xx.
La caducidad de esta I final no deja de llamar la atención, porque la
tal I postrera es fundamental como índice dula segunda persona, no solo
en los pronombres personales, sino también en las partículas de poses i -
vación, como se verá cuando de éstas se trate \
Es aquí que entra el Mbayá á darnos una pista curiosísima,; el JMba-
yá, como se demostrará más tarde, no le rinde ese culto radical á la I
que se su lija, como determinante de segunda persona, en los demás codia-
lectos.
Es el caso en este idioma que si el varón dice Acaini, «tú», la mujer
se explica con Am o A mi, Am la forma 'Loba para. ambos sexos ', Acaini,
la Mbayá, exclusivamente de varón. La pregunta que cabe aquí sería si
este Am no responde á influencia del Toba: es sumamente probable que
baya existido en alguna época contacto étnico-geográlico entre Tobas y
Mbayá s, porque unos y otros son de la misma estirpe y lian migrado
liada el Este siguiendo el curso de los ríos l’ilcomayo, Bermejo y sus
derrames
No es, empero, éste el sólo problema que nos sale al encuentro, pues
Am, lima o .1 son prelijos de, segunda, persona también en ios idiomas
de tipo Mataco, que ni por su vocabulario, ni por sus pronombres de
primera persona pueden clasificarse como de la, familia, Guaycurú, ni
tampoco por sus rasgos étnicos; pero sí, se lian hallado siempre en con-
1 Kn lo (pío os lógico (ó Tolia, poripio oii el singular no lineo preciso sulijar la 1
en sus posesi vaciónos de segunda persona.
2 Véanse cuadros II, III y IV.
' AM (pie, puede ser HAM, y (pie tan cerca está del correspondiente pronombre
de segunda en Mataco y Quichua.
1 La distancia que hoy inedia entre Tobas y Mbayás es inmensamente mayor que
la (pie los separaba en tiempo de la conquista.
21
tacto geográfico, y en mayor escala, con los Toba, que con las demás
naciones de estirpe G-uaycurú, lo qne explicaría el uso do A ó Am como
coi mui de los dos sexos, mientras que en el Mbayá es privativo del mu-
jeril, ó sea el que correspondería á las cautivas, y más tarde mujeres, de
los vencedores Cluaycurú *. No es sólo en las partículas pronominales
<le segunda persona que el Toba y el Mbayá se parecen a.l Mataco, sino
también en las de tercera, como más tarde se liará advertir.
Nota, (í la irrecra pe mo na del mujnhir. — Como era de espera r, las va-
riantes aquí son muchas, unas porque son simples pronombres personales
primitivos, otras demostrativos, y algunas, meros pronombres más ó
menos indefinidos. Tomémoslos en el orden (pie se observa mi el cuadro.
« El » ó « aquel » ó << ese » se dice con palabras que contienen E 1 2, D
y A; la R del Abipón responde á. la ecuación R — D. Obsérvese la otra
forma. Id di (Moc.), Tti (Mbayá), Iri (Abip.) y que indudablemente existe
en Toba., aunque ello no consta. Itidá es «él » ó «ese» parado, en Toba,
Moeoví y Abipón, y el Iri, etc., «él» ó «esc» acostado ó mostrado, en
Toba, Moeoví, Abipón y Mbayá.
Ya nos liemos dado cuenta de la forma en (pie se compromete el sonido
D = R; veamos ahora la otra que encierra el sonido N ó Ñ (Ñ = Ni s),
y que tan puede ser I ni, como Ani, como Ina, sin perjuicio de una
correspondiente modificación en el sentido lili (Toba), Inm (Moeoví) é
/«/(Abipón), «él» sentado, pero en Mbayá «él» mostrado, que no
excluye la idea, de «sentado». Ani é Iva son formas de «este» en
Mbayá, mientras que Iña según Dueci, es variante de «él» ó «ese»,
sentado, en Toba.
No se acaban aquí las modificaciones del demostrativo por N, pues
encontramos este sonido en otra combinación común á los cuatro codia-
lectos: Un naso «este» de Márcena., é Iva « él » ó «ese» sentado de
Ducci, ambos del Toba,; Itinna, «ese» parado (Moeoví); Ina, «este»
(Mbayá); ¡tinaja, «este», del Abipón, que no es más que el Itinnasó,
Toba de Barcena, mediante las ecuaciones J ve! H = S y O = A. La,
forma Ani del Mbayá es de suponer sea, del género femenino en lugar
de Ini, é igual sospecha, cabe acerca de las otras Ata y Ayo \
1 (luaye.uni en el neníelo do Mbnyií.
1 La E con mnelni, frecuencia, sirve (le prolijo eufónico en estos idiomas, ad virtién-
dose qne como prolijo pronominal suele determinar el género masculino y como su-
fijo el femenino; poro en este segundo caso es un sonido Pastante agudo. EL prefijo
de femenino es A.
:l La Ñ es un signo exclusivamente castellano y sn valor fonético resulta de una
N «pie hiere á una I, á lo que se da el nombre de niñeo: siempre equivale ala com-
binación N I.
* La A como prolijo pronominal es de género femenino. (Véase nota, anterior 2.)
Otro punto hay que esclarecer y es este : que las vocales E y A en
este orden, separadas por D o N en Toba, Moco vi y Abipón en el caso
de D, producen el sentido de « parado»; falta que estudiar el caso de N
en el Mbayá, que por ahora no es fácil.
(biliosa resulta la forma Yuni, «él» del Moco vi, porque Tavolini la
da como singular Yyyoá, «ellos», siendo que este último tema también
dice «esos», sin que el manuscrito citado nos dé más singular que pueda
adjudicársele que Iuni, sentado
Aquí entra otra forma del pronombre personal de .‘Ia, ó sea demostra-
tivo, que en Mbayá figura como fyo, «él » y «ella», y que como prefijo
I ó Y tanto rol desempeña en la conjugación de los verbos, como en este
caso del Toba : 'araná, « veo » (á otro); Auoaná, «ves» (id.); Yavuná,
<< ve » (él á otro).
Existe, pues, la raíz I ó Y de tercera persona en el Toba, «pie no reapa-
rece como radical de pronombre personal ni en este idioma ni en sus
codialcctos del Mocoví, ó Abipón; sin embargo en el Mbayá tenemos (“I
fyo, «él » ó «ella », y Ayo, «ese» ó «esa», en que la letra ó sonido Y
ó I determina el significado de tercera persona.. Ya se ha. dicho que en
Mocoví existe el plural Yyyoá , «ellos» ó «esos», y muy posible es que
el vacío en cuanto á este demostrativo en los otros codialcctos resulte
de la falta de un vocabulario completo.
Ahora toca el turno á la radical C como raíz pronominal de tercera y
esta vez la encontramos francamente combinada en los cuatro codialec-
tos del cuadro. Examinado éste tenemos que dos son los ti pos de temas
en (pie aparece interesado el sonido C ó K, á saber : Eccá é ffico, ambos
existentes en el idioma Toba, Eccá (él que no se ve), Ducci, 1900, y el
otro Hicoyo (aquél, caminando), Barcena, 1600. La partícula final yo,
que se advierte también en ffedayo (aquél parado), no pasa de ser un
sufijo determinante que no debe detenernos en este lugar.
El tipo Eccá reaparece en Mocoví y Abipón, y en la forma Eká de este
último idioma, como «él ausente», «pie. es lo mismo que «él, (pie no se
ve». El Hicoyo del Toba se puede comparar con el ¡coate, « éste » del
Mbayá: la raíz en uno y otro caso es líico é feo, y lo que sobra, sólo son
sufijos determinantes.
La partícula, va es el sufijo conocido en la lengua, del (bizco, que equi-
vale á nuestro el, la, etc., artículos definidos, y sería otro punto de
contacto entre los alijos pronominales de uno y otro idioma, ó mejor
dicho, familias de idiomas. (Jomo aquí no se trata de buscar afinida-
des quichuas, no hay para qué extendernos más sobre este punto,
bastando decir que va como raíz pronominal es de gran importancia en
1 >S. A. Lakonio Cpinvnno, Mocoví, tirada aparto, páginas 7 y s. (Ver nota 2, pá-
gina 7.)
varias I (Mi^Míis americanas, y que hasta sirve para verbo substantivo.
De todas las radicales pronominales ó demostrativas ninguna ofrece
más interés que la. que se representa por el sonido L, por el papel tan
importante (pie desempeña, no sólo en los idiomas de la gran familia
Guaycurú, sino también en las del grupo Mataco, y aun del Tonocoté ó
Lule de Maehoni, etc.
Á lo <pie se desprende del cuadro falta esta forma del demostrativo 2
en el Toba del padre Ducci, pero abrigo esperanzas (pie llamada la aten-
ción del reverendo padre misionero sobre este punto liado hallar lo que
se busca en los papeles inéditos qué aun conserve. Sospecho (pie el sufijo
¡j¡á, «otro», tenga algo que ver con esta raíz pronominal L, especial-
mente desde (pie en Mbayá Medí dice « otro » y « ot ra », siendo que Di
es (>l sufijo usual de masculino.
Halám (Toba, 1000), Al-lam .(Moeoví), Talo (Mbayá), Elay Lela { Abi-
pón), son todas cuatro diferentes formas de «él » ó «ella », de las que
fácilmente se extracta la L que les sirve para la partícula pronominal
de que tanto uso hacen estos idiomas en su posesivación de tercera.
101 sonido L encierra muchos misterios; porque en los idiomas de la
estirpe Mataca podría intercambiarse con R, como lo mismo en Gua-
raní; pero la R en los idiomas de tipo Guayctirú es más bien inter-
cambiable con D: los cambios fonológicos desde el Mataco hasta el Gua-
raní vía. el Chaco Guaycurú merecen un estudio especial.
La última raíz pronominal que asoma en esta, familia, de idiomas es la
S, que según parece indica, movimiento. Hasta aquí no se lia podido lijar
en el dialecto Mbayá, porque las fotografías aun están sin transcribirse
en lo (pie es el vocabulario.
Dsó, Asó , « ésto ó ésta., etc., (pie se va », Toba, 1900; Ksosandy, « aquél
caminando», 1000; Eso, «moviéndose», Moeoví; Míala í, «visto que
anda», Abipón, todo es uno, porque las ecuaciones H — S y A — O
explican la forma, Elialiá de este último idioma.
Conviene comparar el suíijo Ha en muchos de los temas del Toba de
Barcena, v. gr. : Itá, «padre», I-tahá, Ada-ta-liá, Le-tha-lm, «mi, tu, su
padre», donde se ve que Itá es en realidad « mi padre» y no «padre»,
y (pie el sufijo Ha es una redundancia.
4. Nota á la primera persona del plural. — En el plural observamos
casi la misma identidad (pie resulta en el singular, pero hasta donde
alcanzan las variantes no dejan de ser curiosas.
En la primera persona el Toba, de las dos épocas (1(500 y 1900) omite
' lineo algún tiempo que so ha demostrado «pío un idioma, dif'ícilmonto puedo ser
á la voz Lulo y Tonocoté : la carta del padre üárccnn en el tomo 11 de las Relacionen
(rcot/váfican de Ximénoz do la Espada., etc., lo lian puesto en evidencia.
2 La, partícula L no falta indirectamente como final do plural.
REV. MUSEO !.A I* LATA. — T. IV. (VIII, Jll, 1010) ¡I
24
el prolijo O dol Moooví y Mbayá, A <loI Abipón, peinen su lugar admito
un sufijo I, quo falta, on los otros tros dialectos 011 esta persona. Aquí
oa.be esta pregunta ¿será ó no esta I igual en valor léxico á la I final de
la segunda persona? Esta I puede separarse en las posesivaeiones para
figurar en el nuevo tenia como sufijo determinante do segunda persona,
tal y como si nosotros dimidiásonios nuestro «suyo » para calificar á un
«pan» y dijésemos ó escribiésemos « su pan yo». Siendo ésto así ten-
dríamos un rastro del plural do primera inclusivo *.
Lo cierto os que el sonido vom es común á todos los cuatro idiomas;
porque en Ovó el Mbayá se lia comido la ni final, cosa conocida, en estos
idiomas, mientras que la ecuación A = O en Abipón explica la variante
en este caso. Una cosa resalta, que la O media 2 es el sonido que verda-
deramente determina la primera persona del plural, como la A y un
sufijo I la segunda; siendo de advertir (pie aun no consta que esta. I final
haga falta en el Mbayá para las posesivaeiones de segunda en plural,
como en los demás idiomas do esta familia, inclusive el Toba, que no la
hace precisa en el singular, pero sí en el plural. Esta partícula O como
prefijo es de un valor curioso, y también cuando lo es de segunda per-
sona, como se advierte en algunos casos excepcionales de los verbos,
que probablemente representan una sincopación del diptongo au tan
conocido en Toba, y también en Moooví 3 como prefijo posesivo de
segunda persona.
En Mbayá so ve como el sonido o ni entra en los tomas pronominales
de primera, persona en singular, y a ni en los de segunda; si es justa,
¡mes, la interpretación de arriba, acerca, de los alijos Y é I resultaría que
la idea que prima en los temas pronominales de primera en plural sería,
esta : « yo » y « tu ».
El valor de C ó K como demostrativos ya, nos consta de lo que se ha
observado on los pronombres de tercera en singular, y siendo común en
todos los casos de las dos personas puede dejarse de. lado; igualmente
la M; y no sólo en la primera sino también en la segunda persona.
5. Nota d la mjunda persona del plural. — Si pasamos a, hora al plural
do la segunda persona observamos (¡ue en Toba falta el prolijo A en la
segunda como antes faltó el prefijo O on la ¡trímera persona; el sonido
' Un este caso sería mi « Nos con Vos». El uous-aulren francés es una especio de
nosotros, exclusivo del (pie oye.
1 O linal en el caso del Mba.vá.
3 (Jomo prolijo O : véase S. A. Laionií Qukvhim), Moooví, página OXLVI, etc.,
ó Ilevinta del Manco da La l'lata, tomo II, página JM 6.
1 Creo con el tiempo poder presentar un caso muy curioso de esta combinación
('a de primera y <’a de segunda en un idioma alólilo no tan remoto geográlicamonte
del Guaycurú.
('amó l\nni forma parto dd tenia en todos losonai.ro dialectos ó idiomas,
y el sufijo I ó 17 existe en todos, siendo mny reforzado en Mbayá 1 2 y
Abipón para acentuar la idea de pluralidad, lo que tal vez suceda tam-
bién en Mocoví y Toba, pero más disimuladamente bajo la apariencia de
un acento agudo.
Al t ra ta r de los afijos pronominales que sirven para articular los temas
posesivados con su respectiva relación' personal veremos como persiste
esa diferencia entre. O de primera y A de segunda persona, por ejemplo,
(}od, « nuestro»; (Jad, «vuestro», pero con la I suíijada. \
En la segunda, persona, los temas pronominales todos se parecen en
ambos números y la reduplicación en el sufijo Yi ó li explica el acento
agudísimo que corresponde á estos plurales, desde que agudo ya. lo os
en el singular.
(i. Nota á la tareera peruana del plural. — En la. tercera, persona del
plural se reproducen las radicales del singular con sufijos de pluralidad
de tipo bien conocido, pero propios de estos pronombres, Vá, ()á, Uá ó
(iuá. Pi ó Tpi por supuesto es un sufijo general del mismo número y bien
conocido en todos estos idiomas.
En el capílulo en que Ducci 3 trata de los sufijos de pluralidad no se
mencionan éstos de los pronombres (excepción becba del pi); pero es
porque en los idiomas de tipo Guaycurú, como en tantas otras lenguas,
los pronombres conservan formas exclusivamente propias, á que puede
concedérseles el calificativo de arcaicas, y por lo tanto de ofrecer cierta
semejanza á fósiles lingüísticos. Los pronombres no son el todo en la
.filología, pero son mucha, parte, y cuando éstos presentan analogías que
se ajustan á. la prueba fonológica, tendremos mucho camino andado en
el .sentido de iniciar la probabilidad de Ínter parentescos respectivos.
Las partículas gramaticales siempre son de más valor que las liomofo-
nías casuales, y se comprende que los pronombres por su misma natura-
leza tengan que ser muy persistentes.
En las conversaciones puramente objetivas délos primeros que habla-
ron, el mam , el tuum, y el suum ó ejus, forzosamente tenían que primar
en la charla diaria; los demostrativos entrarían en seguida á figurar: lo
demás vendría con el tiempo y las circunstancias. Sea dicho de paso que
en latín también se advierten formas de sufijos pronominales que son
exclusivamente propias de esta clase de palabras, á. (pie también puede
asignárseles un origen cronológico diferente de los demás. En inglés la.
1 fin iMhayn hay que buscarlo un la desinencia, postergada, de pluralidad Dlgnayi,
2 Directa, ó indirectamente. Yéaso la nota anterior.
3 P. Fr. Zacarías Ducci, O. F. M., Los Tobas de Taccagalé. Boletín del Instituto
geográfico argentino , tomo XX F, ó tirada aparte, páginas 13 á 18.
declinación teutónica, casi lia desaparecido ', pero se conserva en los
pronombres, probándose así que éstos tienen ana tendencia singular y
propia de conservar formas arcaicas, cosa muy lógica por lo demás,
desde que no es posible conversación familiar en que no abunden estas
partes de la oración : lo que está en uso continuo difícilmente se pierde.
El hallazgo de los manuscritos del padre Sánchez Labrador con la
forma Kom, «yo» del M baya ha facilitado la derivación de los plurales
Comí, etc., que dicen « nosotros » en la forma que se lia hecho en los
párrafos anteriores; porque ello no era tan procedente si se tratase sólo
de temas como Ayevi ó Aym.
En resumen de este cuadro de los pronombres sacamos en eonsecuen
cia tres datos de alguna importancia:
Io Que un infijo O (vel A — O) entre dos consonantes determina pri-
mera persona;
2o Que otro infijo ó vocal media, A, en la misma colocación, determina
Segunda persona ;
3° (¿lie. son radicales de tercera persona ó demostrativas : D ó R = D,
N ó Ñ, y, C ó K, L, S ó H = S ó Ch = S.
N. B. — En el Moeoví el plural Yyyoá, « esos », basta para indicar
que un conocimiento más ínfimo del idioma sacará á luz la forma singu-
lar del mismo.
Y
PARTÍCULAS UH RULA CLON PERSONAL PARA NOMBRES
Importantes como son los pronombres primitivos ó personales para
determinar la clasificación de las lenguas por familias, y más si ellas son
americanas, no lo son menos las partículas ó afijos de relación personal
concordantes con los mismos pronombres, sin decir quede éstos se deri-
van aquéllos, lií de aquéllos éstos; pero en los afijos respectivos resulta
que nos queda el sonido radical reducido á su mínima expresión, es
decir, aquello sin lo cual no se sugeriría la idea de la relación personal
que se desea indicar : se comprende que este residuo no puede ser menos
que una letra ó sonido más ó menos complejos, ó una. aspiración conver-
tida á veces en una sibilante.
i En inglés culto se ilicc She gives lis, lfrc give her; pero en partes de Inglaterra,
donde el inglés es un idioma aprendido casi en nuestro siglo, como en Cormvall, se
oye : Ifcr went lo xchool lo we. Us ain’t a knowing of vite.
— 27
Respondiendo á esta norma se lian formulado los cuadros de partícu-
las números II, III y LV (pie, si bien no son del todo completos, bastan
para establecer el carácter y origen radical dolos respectivos sonidos en
estas combinaciones.
AI decirse « una letra más <3 menos compleja » se da á entender que la
A es letra simple, mientras (pie la E y la O pueden ser complejas : la E
como sineopación de AI; la O de AU, (3 aun de AM; la Ñ de NI ó
NY.
Pasemos almra. á examinar los detalles del cuadro citado por sus per-
sonas en los idiomas respectivos.
1 . Nota á la primera persona , del siupnlur. — En esta persona del sin-
gular la. I o Y son constantes en todos los cuatro idiomas, y, sea. dicho
de paso, <pie pueden llevar refuerzo <3 carecer de él : á. ello responden
osas formas Ñ ó NI, IN <3 YÑ ó ÑI, IL ó LII (3 LI, DI ó YDI, R’ <3
GRI, etc., porque posible será aumentar una que otra, forma excepcio-
nal; pero ello no corresponderá á más que la radical I ó Y de primera,
con un refuerzo N, L, D, etc., de tercera." persona. La Ñ no es más (pie
« fiineo » de una N que hiere á una I, razón por la que basta la presen-
cia de una Ñ para que se sepa que con ella va la Ió Y; caso importante
de una. letra compleja.
2. Nota á la sopanda persona del sinpnlar. — En esta, persona. la nota
inicial es seguramente la A (pie sola ella, puede determinar relación pro-
nominal de segunda en Toba, (desde (pie en el singular carece del sufijo
acompañante I de la misma persona, tan típico en estos idiomas); mas
(ni Mocoví y Abipón puede suprimirse porque es invariable la costum-
bre de su fijar una I final en ambos números, la que suele duplicarse en
(‘1 plural. Es muy curioso que la necesidad de esta su fijación para deter-
minar relación de segunda persona falte en el Mbayá, así que tenemos
los cuatro idiomas que se ordenan como sigue en relación con esta par-
fíenla I final de segunda, persona.
Mocoví, sniija I en singular y plural.
Abipón, sutija. I en singular y plural.
Toba, no sutija la I final en singular pero sí en plural.
Mbayá, se abstiene de emplear la I final en ambos números.
Esta A de segunda persona que encontramos en su forma más simple
en el Toba, parece resultar de una sineopación de algo como el HAM ó
AM, «tú», del Mataco, y á su vez del KAM, «tú », del Quichua; AM
(pie también reaparece en AMANLE, etc., « tú », de los dialectos del
Caribe. (Véase Lafone Quevedo, Mocoví, pág. 42, etc. 1 .) En los cuadros
de esta cita aparece también un HAM, « tú », del l’ayaguá. Esta, forma
Véase el cuadro Y 1 1 .
del pronombre de segunda persona por algo es tan común en nuestra
América como la I ó Y tic primera, y sí su tiempo se darán las razones
en que se funda la hipótesis de cierta interrelación entre todos estos
idiomas.
Cuando se trate del plural se hará notar la importancia de ¡a diferen-
cia entre la O y la A, si ello afecta al sentido de persona primera o
segunda.
Las otras letras que, sirven para engrosar ó reforzar id tema pronomi-
nal completo, no pasan de ser los demostrativos conocidos y ya explica-
dos, N, D, C, L y sus degeneraciones, por ejemplo: RD -- GR por
aquello de D — R, mientras «pie las iniciales R y G resultan de esa R
perruna y G garganteada, que ni son R ni G, sino algo mixto de las dos,
y que juntas representan ese COD ó CAD tan característico de estos
idiomas.
Más tarde se hizo referencia á la. necesidad de su fijar la. I de segunda
persona en algunos y no en otros de estos cuatro idiomas, en algunos y
no en otros de los números (es decir, en plural y no en singular). En
Toba la. explicación es bastante sencilla, porque prevalece en absoluto
el uso del prefijo A para determinar segunda persona, de suerte que no
se siente la falta de la I final, ni cabe confusión, como sucedería en el
plural (ni (pie se emplean las formas CA, CAD, de segunda confundibles
<;ou otras CA, CAD de primera persona, y que por consiguiente requie-
ren la sufijación de la partícula. I para, completar el sentido, como si*
efectúa cu realidad.
En el Mbayá, por el contrario, ha desaparecido del todo el distintivo
I final de la segunda persona en singular y plural, y esto también sucede
sin que se produzca confusión alguna desde que en las partículas respec-
tivas tan es A el índice propio de la segunda como O de la primera per-
sona. La. lógica, del mecanismo gramatical se observa en todos los casos
y si alguna, anomalía puede* ocurrírsenos más bien deberá, atribuirse á
insuficiente información, y no ¡i un falseamiento de la índole de la. arti-
culación pronominal.
.'h Rota á la tercera perdona del singular. — En todos los cuatro idio-
mas la. articulación que prevalece es la del sonido L, con vocal ó sin ella
en razón de eufonía, esa gran letra, tan eminentemente propia de las ¡(‘li-
guas de este tipo en el (Iliaco, como también de las otras de las familias
Touocoté y Mataco- Mata guaya, mientras que falta, en absoluto en las
lenguas ó idiomas de tipo Guaraní, para los cuales es tan imposible el
sonido L, como para, el Mataco-Mutaguayo un sonido R.
No por esto se quiere decir que los indios déla, gran familia. G uaycurú
sean incapaces de oir bien ó de pronunciar correctamente el sonido R,
aunque no está probado que alguna, de las R de ellos corresponda alfa-
béticamente ó fonológicamente á las nuestras; pero sí sabemos que
— 2!) —
tienen ciertos gargarcos ó guturaciones (jue nosotros escribimos con G
ó R, y con RG ó GR, y que sólo podemos representar por aproxima-
ción con los signos de que disponemos en nuestros alfabetos. Esa confu-
sión de la R con la D no está limitada á las lenguas de la América, pues
se oye á veces «resertor» por «desertor», etc., y en inglés es conocido
el diminutivo 1 líele del nombre Ricardo.
Otra letra que también saca tarea como pronombre ó partícula prono-
minal de tercera, persona es la N, y su función en el mecanismo grama-
tical de estos idiomas es curiosísimo, porque corresponde á nuestro artí-
culo abstracto « un », «una», mientras que los demás son de relación
concreta, la N que indica lo general ó indefinido, la L, etc., lo particular
ó definido, con relación á determinada persona ó cosa: todo esto, aunque
sospechado ya, recién vino á establecerse sin quedar lugar á duda en el
estudio sobre el Toba del padre Zacarías Ducci '. líl padre Sánchez
hablador también atribuye á la L y á la N el mismo valor de ar-
tículos
(Jomo en todas tres personas suelen presentarse temas de relación
personal con articulación mixta del afijo propio, con más la L ó N ó D
ó R, resulta que estas partículas sirven para reforzar el tema en los
casos en que se emplean : aun no están bien explicadas las razones que
influyen para que tenga que producirse este mecanismo gramatical; pero
lo cierto es que en las lenguas de América son muy usuales estos refuer-
zos demostrativos, y por lo que respecta, á la N, casi umversalmente en
lengua de Cuzco ó Quichua.
En castellano conocemos un mecanismo gramatical muy parecido á
éste de los temas posesivados con refuerzo demostrativo, pues antigua-
mente se decía «el mi padre», «la mi madre», etc.
Aunque en los idiomas Guaycurú la N por L ó la L por N es más
bién por substitución que por confusión, cabe aquí recordar otro arcaís-
mo español cuando so decía «santificado sea en tu nombre» en lugar do
«el tu nombre», etc. Otros ejemplos son Carmen por Carmel, Ealérmo
por Panermo, etc.
No es necesario entrar aquí á discutir todas las anomalías articulares
(pie se presentan en los ejemplos conservados del Mocoví y Abipón, por-
que la información con (pie contamos en muchos casos resulta insufi-
ciente; pero basta lo dicho para establecer que en la posesivación de los
nombres substantivos la relación de tercera persona se produce con las
letras L, N, D ó R en cualquiera de los cuatro idiomas conocidos de la
gran familia Guaycurú.
' Boletín del ln.it. Unió geográfico argentino, tomo XXI, página 12, tirada aparte.
9 Obra que se. publicará más tarde.
Más tarde se verá que en los verbos hay otros sonidos también posi-
bles que determinarán la, relación personal, y esto no sólo en la tercera,
sino también en las otras personas.
4. Nota ú la primera persona del plural. — En este número es el idio-
ma Mbayá (pie respeta la forma, fundamental y lógica en su articula-
ción personal con sus prefijos CO, COD, CON, «nuestro» ó «nues-
tra ».
El Toba en primer lugar se sirve de la O y de la, A para formar esta
partícula, evitando la confusión con la A de segunda persona mediante
el recurso ese tan especialísimo en los idiomas de este tipo (excepción
hedía del Mbayá), es decir, el sufijo I.
No acaban aquí las irregularidades, pues Barcena consigna la forma
CAL, que substituye á alguno de los otros refuerzos demostrativos D,
N ó R. Es tanto más aceptable esta combinación desde que en Mocoví
hallamos esta otra ARL á la par de ARD : el Toba y el Mocoví son los
dos codialectos de la lengua general (íuayeurú (pie más se parecen
entre sí.
La variedad de partículas de primera persona en plural es bastante
numerosa en el Mocoví l, y la forma franca COD la más excepcional,
aunque la otra sin refuerzo, CO, no lo es tanto. Allí encontramos las
articulaciones AR, ARD, ARN, ARL, RD, GR, y las dos ya enumera-
das, sin pretender que no sea posible dar con alguna otra.
Por lo pronto hay (pie advertir que la combinación RD del Mocoví
corresponde á la otra GR del Abipón de suerte que aquella R equivale
fonéticamente á esta G y aquella D á esta R: la forma excepcional Mo-
coví GR que corresponde á la usual Abipón GR lo comprueba. Es indu-
dable (pie las dos R se diferencian en boca y oídos de los respectivos
indios, mas como el alfabeto es el nuestro, por no tenerlo ellos propio,
nos resultan éstas que parecen anomalías.
En todos los casos de este número es preferible darle á la A cuando
es prelijo simplemente un valor fonético, que de ninguna manera deter-
mina, persona; como infijo ya esotra cosa,, porque en Mocoví y Toba se
usa indistintamente para primera y segunda persona de plural, y lo
puede hacer sin confusión mediante el uso del sufijo I doblado en el pri-
mer caso.
La partícula GUEN del Abipón no pasa de ser una, combinación de
G con N (substituyendo á esta N la R = D da el sonido GR) : se es-
cribe GUEN para, producir eufonía.
lis de advertir que [tara formar un tema de plural que produzca el
sentido de « mis», como por ejemplo, « mis ojos», el prefijo de relación
1 S. A. Laconio Quuvkdo, Mocoví, según el manuscrito del pudro Tavolini, misio-
nero de la Orden franciscana, página 38.
personal debería ser siempre Y, sufijo Ly sus modificaciones, así que las
otras combinaciones explicadas aquí significan lo que «nuestro», «nues-
tra», «nuestros», «nuestras» en romance.
5. Nota á la segunda persona del plural. — Mucho.de lo dicho ya acerca
de la articulación de la primera persona en este número puede aplicarse
también á la segunda. Lo que liay que observar es esto : 1° que en los
tres idiomas del Chaco argentino las partículas determinantes de segun-
da. en plural son la E ó I final en Toba y la I ó II ó E en Moco vi y Abi-
pón; 2" que donde estos dos idiomas usan CO y COD ó CON para pri-
mera se sirven de CA, CAD y CAN para, segunda persona del plural
con el sufijo I ó II se entiende; 3o que se observa el mismo mecanismo
de usar el prefijo A sin atingencia alguna á persona primera, ó se-
gunda.
En Mbayá. los prefijos pronominales de posesivación reproducen los
del singular, sin sufijación di' I ni en uno ni en otro número, pero con el
aumento final diguagi, que produce pluralidad.
(!. Nota, á la tercera, persona del plural. — En realidad este plural no
hace más que reproducir las formas del singular con sólo aumentarle al
fin del tema una partícula de pluralidad correspondiente, porque ellas
son varias : L y N son las más comunes, pero no faltan ejemplos del uso
de la D y de la R, sobre todo en Mocoví y Abipón. Los sufijos de plura-
lidad son los propios de cada, idioma; pero en el caso del Mbayá se
repite la. palabra, diguagi (pie se dijo ya servía, para. la. segunda, persona.
VI
AFIJOS VERDALES DE RELAEJÓN PERSONAL
1. Nota á la primera persona del singular. — Aquí entramos á una
nueva faz (lela articulación personal, y lo curioso es, que mientras unos
codinlectos se apartan de lo que nos parecería á la simple vista la
secuencia lógica, otros se ajustan á (fila; así pues se observa que el Toba,
y el Mocoví, los dos idiomas más hermanados de esta, gran familia., con-
jugan sus verbos con la S inicial como determinante de primera, persona,
en singular y plural, y que el Mbayá se vale de la misma partícula IóY
«pie le sirve para posesivar sus nombres : el Abipón se parece en parte
al Mbayá y en parte al Mocoví, pero siempre con prescinden cía total de
la S como prefijo determinante de primera.
Lo que se ha dicho en el párrafo anterior por supuesto sólo se refiere
á la regla general, portille en seguida se explicara como es también cierto
que, tanto en el Toba como en el Mocoví, es posible valerse del alijo I ó
Y para determinar primera persona, en el mecanismo verbal : esto ¡i lo
que.se sabe sucede en Toba cuando hay que hacer uso del refuerzo N,
que en razón del niñeo al herir la I se vuelve Ñ. En Mocoví el refuerzo
tan puede ser N como D, L y aun LD; posible también es una I pelada,
de suerte, que resulta una serie muy compleja de articulaciones prono-
minales en la conjugación de los verbos.
En Abipón empero tenemos algo muy diferente que explicar; porque
si bien encontramos la I ó Y sola ó acompañada con más ó menos disi-
mulo, tenemos que explicarnos esa A, etc., y AJA, etc., «pie se distan-
cian totalmente de la I ó Y característica de esta persona. Consúltese
mi Abipón ', parte II, fonología, paginas (>-t y tío, donde se establece el
intercambio y degeneración de los sonidos H, J, S, etc. Allí constan las
interequivalencias que existen entre estos sonidos, y si se desea entrar
mas en detalles ocúrrase al Mocoví 4 del mismo autor, páginas 12 y Id.
La propensión déla gente de Cata-marca, Santiago, etc., aun hoy de con
fundir los sonidos H y S es notoria, y aun la. gente culta cae en la inco-
rrección de decir vojotroj por «nosotros», y así en Quichua tme por Inte,
« uno », sucha por hacha , « silvestre», « del monte ». Así se explica, pues,
ese A por HA que en Abipón hace las veces de prefijo SA de primera
persona; y ello se comprueba con la forma alargada AJA, porque éstas
siempre obligan á reaparecer sonidos' ocultos en cada lema sincopado,
como en Mocoví cuando á un tema de singular se suíijan las partículas
adicionales de. posesivo ó de plural.
La E es un recuerdo del Mbayáylo mismo el caso de prefijo Y verbal
(véase pág. 183 de la obra citada). La E como la EJ es probable que naz-
can de una sincopación del diptongo AY.
Los prefijos ÑI, RI, GRI, LI no hacen más que seguir la norma del
Mocoví, como que este idioma y el Abipón, no obstante sus variantes
fonéticas, se hallan íntimamente ligados.
(Ja.be aquí preguntar ¿de dónde sacarían el Mocoví y el Toba su incli-
nación á. expresar la relación personal de sus verbos con el sonido S y
el Abipón con la letra que vocaliza la sibilante y que en esta combina-
ción nunca es I1 *?
Téngase presente que en Ay mará 3 HA es «yo» ó «mi» y SSA,
«nosotros», en las combinaciones verbales. (Ion tacto con las gentes del
i 8. A. r.A L.'ONK Qukvkik», Idioma Abipón, páginas citadas.
4 8. A. Lakonk Quuviído, Mocoví, manuscrito del padre fray Francisco Tavolini
de la Orden franciscana, lugar citado.
8 Véanse las gramáticas do llortonio y do Middondorf.
Perú lia, habido como so irá, demostrando, y <l¡ola la costumbre sudame-
ricana, do tenor lengua, varonil y mujeril aparto, no hay que descuidar
rastros como éste.
Otro sería, el de la lengua Lule-Tonocoté do Maehoui que también
])Osesiva y conjuga con los sonidos S y C de primera y segunda personas
respectivamente, pero como sufijos.
.101 Paya, guá que dice YAM por «yo» y ASAM por «nosotros» sería
mi tercio' ejemplo al caso
Nos falta un cuarto y éste nos lo proporciona esa curiosa lengua de
¡os Chiquitos, aun más importante para nosotros, porque sil esquema de
articulaciones contiene muchos de los sonidos propios de los idiomas de
tipo (5 na, ycuríí, mientras que el hecho de contar con un idioma varonil
y otro mujeril nos abre la puerta para todo género de hipótesis por
arriesgadas que parezcan.
Casi debió tocarse esta analogía desde el principio, mas como sido en
el plural de los verbos nos sale al encuentro este sonido sibilante como
articulación inicial de primera, puro ó degenerado, es decir, bajo las for-
mas H que no suena, y J, se ha considerado más acertado dejarla para
este momento.
Ante todo hay que hacer notar que .la, lengua Chiquita es compleja,
que el mero hecho de dividirse en varonil y mujeril implica mezclas pro-
fundas, y que las complicaciones en las series de articulaciones prono-
minales ya en sí corroboVan esta, hipótesis: también encontramos en los
cuadros reproducidos por L. Adam y V. llenry en su Arte y Vocabula-
rio de la loiyaa Chiquita (Maisonneuve, París, pág. 12 y .‘54), la, I y la N
de primera, A y AU de segunda; mientras que los sonidos X y Z apare-
cen como prefijos ó infijos en la articulación propia de primera persona.
LaP que se advierte en la segunda persona, del plural es un rastro del
Mojo que no debe pasarse por alto.
En el precioso manuscrito, Arle déla , lenyira , Chiquita, que se conserva
en este Museo •, el autor establece que el sonido de X corresponde al de
la S «pronunciada con fuerza», y el de la Z al de la combinación TS
« pronunciando la T suavemente» y la S como la C antes de la I ó de
la E \
ÍTo es este el lugar de hacer un análisis pronominal de todas las apa-
rentes excentricidades de la lengua dicha, (’hiqitila; pero basta el hecho
de que aparezcan en ella rastros de las lenguas tipo Nú-Arnaco, y que
los Mbayá ó Eyigunyegi ó (Jaduveos, como si: quieran llamar, aparceros
' El l’nynjíuá ns un iilioiiin muy ilol tipo Guayeurú cu su pronominación.
! Con esperanzas de que sea publicado con importantes vocabularios.
:l Manuscrito anónimo del pueblo de San .losó de Chiquitos.
seculares de los Ghané 1 ó (1 uaná 2 3 ó Quiniquinao 1 (naciones éstas iden-
tificadas como de estirpe Nu-Aruaea), pava (pie comprendamos por (pie
se puede admitir que las lenguas de tipo Guaycuríi (Mbayá, etc.) con-
serven rastros, ó sean fósiles lingüísticos, ya en común por herencia, ya
derivados por contactos geográficos ó gentílicos, de varias naciones, en
este caso de estirpe ( lliiquiln, yen ios otros ya citados, de estirpe o Ay-
mará ó Tonocotó.
La verdad es que las naciones déla, gran familia Gnayeurú han mero-
deado por todos los Chacos, incorporándose toda dase de elementos
étnico-lingiiísticos. Contacto geográfico entre todas estas naciones nom-
bradas fácilmente podrían establecerse; y si mucho se apura, la. cosa
hasta podemos hallar una S --= J de primera persona en los pronombres
de la lengua Mataca, que tan vecinos son y eran de muchas de estas
naciones de estirpe Guayeurú.
lín medio de todas estas complicaciones y confusiones resalta, la sen-
cillez admirable del Mbayá., lo «pie dice mucho en favor de su mayor
cultura; porque es una. verdad muy inculcada, por el viajero l'elles-
chi «pie la complicación lingüística siempre está en razón inversa déla,
cultura respectiva. Cuanto más barbara y más primitiva una nación más
objetivo deberá, ser su lenguaje : al civilizarse más un pueblo se intro-
duce ya el elemento subjetivo. Las palabras de la. civilización moderna
dependen del sentido de la frase, las de las naciones primitivas de la
forma temática de las palabras mismas.
Los esquemas pronominales del Quichua, del Araucano, del Guaraní
son bastante sencillos, y estas naciones se consideran, o de las más cid
tas de América, ó (pie están muy arriba de otras sus vecinas, cuya
articulación pronominal es un verdadero laberinto. Lo cierto es que la
incorporación de elementos alodios en las naciones menos cultas y la
costumbre de valerse de dos idiomas, uno varonil y otro mujeril, abren
ancho campo á todas estas complicaciones, lista, costumbre repetida
varias veces en el transcurso de los siglos y de los milenios puede expli-
carnos muchas anomalías y hasta darnos la cla ve para encontrar eslabo-
nes fósiles de interparentescos lingüísticos que se nos ocultaban.
Una cosa es digna de observación, y es (pie el Mbayá es el idioma
tipo Guayeurú que más se parece al Chiquito en su articulación prono
minal, siendo (pie á la vez es también el (pie más cerca se halla mi cuanto
1 Chañé ó Chali;! según el manuscrito de Sánchez Labrador.
'' Nombro cpio se les aplica a los indios de estirpe Chañé ó Chana en los unieres
del tiempo de Martius.
3 Así llamados á veces por los etnógrafos del Alto Paraguay y sus alluentes : son
tribus de los Chañé ó Chana.
á su ubicación geográfica., y es éste un factor importantísimo si se trata
<le la evolución de una lengua, ó idioma.
íí. Nota á la munida persona del singular en la articulación verbal. —
Mn el Toba bailamos la. A característica, sin refuerzo ó con él, como
prefijo, partiendo éste ser hasta un sonido CO, lo que es algo curioso,
pero en todos los casos del singular falta el sufijo I ó E, indispensable
en este idioma en el plural, como en Moeoví y Abipón en ambos núme-
ros : el Mbayá, como ya se vió más atrás prescinde de la I ó E en los
dos. 101 prefijo AU tan usado en el Toba., y tan propio del Chiquito, con
el mismo sentido y colocación, sin duda, responde á. esa O inicial que nos
sale al encuentro en el Moeoví. En Barcena AU se pone así AY, pero
todo es una cosa. AU no pasa de ser un AM — AU O, y así también
CAM — CAU — CO. Ducei utiliza la. forma CO en Toba y Tavolini la
0 en Moeoví para sus conjugaciones excepcionales á <¡ue so «lió el nom-
bre de 4a «iii el § LX, página. 140 de mi Mocorí.
No consta «pie el Toba, acostumbre usar más refuerzo verbal «pie la
N, poro el Moeoví se sirve de todos los sonidos usuales en ésta como en
las demás personas, á saber, D, N, L, y de la C en prefijos como CAD.
Lo «pie no falta en Moeoví es el sufijo I en singular y plural, «pie tan
claramente determina, segunda persona, y será por eso que en los más
do los verbos se prescinde totalmente de prefijo alguno en esta, persona.
De refuerzo pueden servir los sonidos N, D, L, E ', Y, y como se dijo
ya, también el CAD.
En Abipón, dadas las interequivalencias con el Moc«)ví de Ay O, S y
J ó H, R y D, CAD y GR, nada hay «pie agregar, ¡ái la A «1c primera es
por HA, JA ó SA, la A de segunda persona es por HA ó A (H como de
aspiración imperceptible), y toda duda, desaparece con el sufijo obligado
I, que determina la persona de una manera lo más evidente.
El Mbayá. es más lógico y más parco en su cúmulo «le partículas alle-
gadizas «le relación personal; según pare«;e siempre han sido algo más
cultos que los demás de su lengua y familia, étnica. La A ya como pre-
fijo, ya como infijo entre C y D determina la segunda, persona, la C y la
D como simples demostrativos desempeñan el papel <l<i, refuerzos, y la
fijeza, con que este idioma se atiene al sonido A hace innecesario el sufijo
1 para determinar segunda persona, ya de singular ya «le plural.
No sería, de extrañar que un examen más prolijo del mecanismo gra-
matical d<« este idioma, diese á, conocer algo «pie debilitase esta, sencillez
invocada; pero «piedaría subsistente la base del argumento, puesto
«pie siempre resultaría menos complicado el Mbayá que el Moeoví ó
Abipón.
Esta E representa más bien un aumento inicial eufónico.
o. X ota tí la tercera persona del singular en la articulación ceibal. —
La letra característica como prefijo de relación personal de tercera, en
la conjugación, es la Y. No sería extraño (pie los indios introduzcan
alguna, modificación en el modo de hacerla sonar, de suerte (pie se dis-
tinga de la otra I ó Y (pie produce posesivaeión de. primera persona, con
los nomines. Lo cierto es (pie ¡i la. simple vista una y otra Y son la mis-
ma letra bien que el prefijo de nombres determina primera, el de verbos
tercera persona.
lín Al baya esta articulación inicial asume la forma de ETE. La. E sea
la primera, sea la. segunda, siempre es un diptongo AY posible, porque
existe esa forma de sineopación en los idiomas de tipo Guayeurú, y por
(*so es que la E final de segunda persona en las posesivaciones no es más
que una A del tema radical que hiere la I.
En Moco vi y Abipón tenemos las articulaciones EL y EY como pre-
fijos de tercera, se explica, pues, la forma ETE; porque D es un demos-
trativo, usado como tal ó como refuerzo, y en AI baya la. T fácilmente
alterna con la D, como sonido dental, confusión la más usual según el
manuscrito de Sánchez Labrador, y la E puede ser prefijo eufónico.
Las demás letras ó sonidos son los conocidos demostrativos tantas
veces explicados. Sólo faltaría que advertir ésto : el prefijo GR es muy
posible que sea, la forma, sincopada de algún demostrativo mal represen-
tado por los signos de nuestro alfabeto, en cual caso miseria justo expli-
carlo como degeneración de un COD, (pie encierra la partícula. O tan
propia de primera, persona; mas como la C y la D son simples demostra-
tivos fundamentalmente de tercera, cabe decir «pie se produciría esta
ecuación CD — GR, y no esta otra COD = GR, en este caso se entien-
de; preferible es, sin embargo, identificar este GR con el Aloco vi ARD
menos su prefijo eufónico A.
4. Nota á la primera persona del plural en la articulación verbal. — En
esta persona el plural sigue la regla del singular, pero con los respecti-
vos sufijos de pluralidad se entiende. En el caso del Toba, tenemos CAN
y CO que hacen las veces del prefijo S ó NI, reproduciendo en los ver-
bos articulación propia de los nombres posesi vados; y en AIocoví se
halla un caso dudoso de COD (obra citada, p. 115), CODENNAGAT,
«nosotros nos llamamos»; lo que muy bien puede querer más bien
decir « siendo nuestro nombre », esto es, (pie se trata simplemente de
una, posesivaeión participial, y no de un tiempo de modo verbal.
El Mbayá, como siempre es lógico, id singular produce el plural con
simple acumulación de partículas finales de pluralidad; lo que sí, como
forma, alterna, puede usar la otra, COD, que figura como CO en Toba, y
como COD en AIocoví, según y como lo vimos en el párrafo anterior.
En AIocoví, como en Toba y en Abipón, tanto en el singular como en
el plural, todo refuerzo del prefijo ]ior N, D, R, GR ó L requiere la pro-
87
seneia <1(‘ la I de primera persona, la Ñ ya la. tiene en sí. La. Y puede
servir de prefijo en ambos números é idiomas; pero cí sonido S parece
bastarles en sí al Mocoví y Toba para determinar primera persona. En
plural y singular. Abipón una H que desaparece ó una. J son los sonidos
que representan la S de los otros idiomas, y por lo tanto prescinden de
la I para, producir su efecto '.
El Mbayá es curioso en su articulación y observa dos tendencias, una
propia de los verbos y otra de los nombres, pero utilizando ambas en su
esquema. < io m os para la. declinación personal de los verbos, nomo se
verá en los ejemplos (pie siguen :
Singular Plural
5. Nota á la set/unda persona del plural en la articulación verbal. — El
sonido resaltante de esta persona, y número en el Toba, es el déla C, que
al fin no pasa de ser un refuerzo demostrativo de primera en plural y de
segunda persona en ambos números. La partícula CAN puede ser la
primera y segunda, pero el sufijo I en este caso determina el sentido de
la persona respectiva; en igual caso se halla la partícula. CO; pero CAU
(en 1(500 y en 1900 :l) es propia de segunda persona, y es una expansión
reforzada del AU del singular; y como AU se lia derivado por degene-
ración fonética de AM, CAU se derivará de CAM, mediante formas
HAM ó JAM = AM = AU.
En cuanto al Mocoví valga, lo dicho en la articulación del singular; y
otro tanto por lo que respecta, al Abipón, previniéndose que el sufijo I
de este idioma se dobla, en el plural, mientras que en aquel idioma pare-
ce que basta con intensificar el acento agudo. Siempre se insiste en que
los prefijos de refuerzo GR del Abipón deben identificarse con el ARD
del Mocoví.
1 «Se llama la atención ;í esa H do tercera persona,, singular y plural, que se en-
cuentra en el Toba y que responde ¡í, la, A sin H de primera persona en el Abipón.
2 lite, equivale á, las partículas de pluralidad que hay que sulijar al teína, óste se
introduce mitre el prefijo y el dicho sufijo.
2 1(100. Manuscrito dicho del padre Barcena, >S. J.; 11)00. Toba de Taceaijalé del
padre Ducei.
:ís
lín Mbaya tanto el prefijo A cuanto el otro CAD llevan una partícula
final de pluralidad, DIGUAYI. En este idioma desaparece del todo la
I final de segunda persona, sin duda porque no líate falta, desdi- que los
prefijos de relación personal son claros sin presentar riesgo alguno de
confusión.
(i. Nota á la toreara persona del plural en la articulación corlad. — Los
prefijos éstos son los del singular ya suficientemente explicados, faltán-
doles sólo las partículas que deberán su fijarse en razón de pluralidad,
las que no es del caso enumerar; baste «píese diga que en el Mbaya ésta
es el mismo DIGUAYI de la segunda persona.
Vil
RliSUMlíN DIO LA ARTIDULAIUÓN PRONOMINAL TIPO (¡PAVlUIRl'l
Ya se lia discutido suficientemente el valor de las partículas de reía
ción personal, tanto en la posesivación de los nombres cuanto en la con-
jugación délos verbos, así que podremos proceder á establecer un esque-
ma pronominal que revista ciertos caracteres generales en su base,
sirviéndonos así para instituir parangones con las demás lenguas cir-
cunvecinas: lenguas éstas con lasqué los idiomas de la gran familia
Uuayeurú de los Chacos tuvieron ó pudieron tener contactos étnicos, y
desde luego lingüísticos.
En el Toba los cuadros de las partículas pronominales nos dejan estos
sonidos radicales :
Afijos de posesivación
Singular
1. I ó Y (prefijo con refuerzo ó sin él).
2. A (prefijo con refuerzo ó sin él).
3. Ló N (con afijos fonéticos, etc.).
Plural '
1. O y A (con refuerzos demostrativos).
2. A (con refuerzos y sufijo i).
fi. LóN (con afijos fonéticos).
— 39
Afijos de verbos
Singular
1. S ó I (I cuando precede refuerzo).
2. A (con refuerzo ó sin <51).
3. Y, N, D, H.
Plural
1. S, I (cuando se refuerza): O y A (con refuerzo).
2. A (con refuerzo 1 y afijo i).
3. Y, N, D, H.
He aquí la articulación Toba en su forma más simple.
151 M.ocoví, como idioma más afin del Toba, se considera en seguida,
y su articulación en sus elementos más simples se reduce á lo siguiente:
Afijos de posesivación
Singular
1 . I ó Y (prefijo con refuerzo ó sin él).
2. A y sin A (pero con refuerzo), Q 2 (siempre sufijo I).
3. L, D, N, R.
Plural
1. O (con refuerzo), A (con refuerzo especial).
2'. A (con refuerzo), siempre sufijo I.
3. L, N, D, R.
Afijos de verbos
Singular
1. S ó I (éste con refuerzo que precede).
2. O ', A, lo general es simple sufijo I, á veces refuerzo inicial sin
vocal.
3. Y, D, N.
• (¿no á voces produce por sincopación O, como por ejemplo CAU — CO. (Véase
página 24, nota 3.)
2 Esta O resulta de sincopación de A con refuerzo U = M, así : AM = AU = O.
TiEV. MUSEO LA PLATA. — T. IV. (VIII, 11, 1010) 4
— 40 —
Plural
h O (con refuerzo), A (con refuerzo especial).
13. A y O siempre con sufijo I, á veces lleva refuerzo inicial sin vocal.
X Y, D, N.
La fonología’ respectiva del M baya, Mocoví y Toba nos obliga á reu-
nir estos fres codialectos en un mismo grupo, y parece que sobre ésto
no cabe la menor duda; lie aquí lo que nos da el Mbayá :
Afijos de posesivación
Singular
1. 1 ó Y (prefijo con refuerzo ó sin él).
2. A (con refuerzo uno ó más sin sufijo I),
a. L ó N.
Plural
1 . O (con refuerzo ó refuerzos).
2. A (con refuerzo, sin sufijo I).
a. L ó N.
Afijos verbales
Singular
1 . YA ó I (prefijo).
2. A (con refuerzos pero sin la I final),
a. L ó ETE.
Plural
1. YA y O (con refuerzo) b
2. A y A (con refuerzo) sin I lina! b
3. L y ETE b
El Abipón por el estado en (pie se baila su articulación pronominal
se resiste ¡j, la simplificación á (pie hemos reducido los otros fres codia-
lectos :
1 Pili primera .sufijo do pluralidad AGA.
4 Pn segunda sufijo de pluralidad DIGTJ A YX.
3 En tercera, sufijo de pluralidad DIGUAY1.
— 41
Afijos de posesivacion
(Ungular
1. I ó Y (prefi jo con refuerzo ó sin él).
1!. A (ó sin A pero con refuerzo), sufijo I.
L, N, GR (con refuerzo eufónico ó sin él).
Plural
1. Refuerzo demostrativo, A con refuerzo especial.
2. A (con refuerzo ó éste sin A), sufijo I.
•'!. L, N, GR (como en singular).
Afijos verbales
Singular
1 . J pro S, Y, I (siempre con refuerzo).
2. A (ó sin A, pero refuerzo), sufijo I.
• >. Y, GR, N, L, Y (con refuerzo eufónico).
lia ral
1 . J pro S, 0 (con refuerzo), I (con refuerzo), GR.
2. A (todo como en singular), sufijo I.
;>. Y, etc. (como en singular).
VIH
ÁBRESE LA COMPARACIÓN CON LOS PRONOMBRES DE TIPO CHIQUITO
(Jone, luida nuestra reducción de los afi jos pronominales en estos cua-
tro idiomas á sus formas más elementales, cabe esta pregunta : ¿Qué
otra gran familia de lenguas existe más ó menos inmediata, geográfica-
mente hablando, á las ya dichas, que nos presente iguales ó aun mayores
complicaciones en sus series de partículas con relación personal ? La
contestación se impone : ella no puede ser otra que los varios codialectos
de esa gran agrupación de naciones ó tribus de indios á que los Espafio-
— 42 --
lea aplicaron por nombre el apodo de Chiquitos, por la puerta pequeñí-
sima (pie daba entrada á aus runchos ó bohíos
Para el estudio siguiente nos liemos servido del excelente Arte y Vo-
cabulario (le la lengua Chiquita, publicado por loa señores L. Adam y Y.
llenry (Maiaonneuve. París, 1880) y de los cuadros que figuran en las
páginas 12 y .'11 .
Antes de pasar adelante establezcamos las siguientes interequivalen-
eias fonéticas :
X -- SS ó X Gallega, Catalana ó Portuguesa y Sch Alema na, es de-
cir que es una S gruesa.
Z — ts, sonido complejo muy común entre los idiomas de la región
Chiquitos y Alto Perú. Página 1 de la obra citada.
Según se ve en los cuadros Y y VI, cinco son las declinaciones y otras
tantas las conjugaciones, con arreglo á sus articulaciones de relación
personal : en la posesivación de los nombres la «Ia, 4a y 5a se dividen en
tres subclases; en la conjugación las mismas .'Ia, 4a y 5a sufren dos modi-
ficaciones en cada caso.
Con los dichos cuadros á la vista resulta que los afijos de relación
personal simplificados se reducen á lo siguiente:
Afijos de posesivación
Siiii/idar
1. I ó Y (con refuerzo ó sin él), Z (id.), prefijo.
2. A (con refuerzo ó sin él); en la 5a también sin id.
3. I ó Y (con sufijo: stii, y refuerzo ó sin él, varonil); basta también
en la 5a con el sufijo.
3. I (con sufijo: s, mujeril), lo demás como en el varonil.
Plural
1. (Incl.) O vel U, Z (con refuerzo ó sin él), prefijo; (ICxcl.) O vel U
(con refuerzo especial y Z inicial), id.
2. A con refuerzo siempre.
3. I ó Y, con refuerzo ó sin él, siempre con sufijo SMA, varonil.
3. I ó Y, O vel U, con refuerzo y sufijo mujeril S.
1 Según la tradición vulgar, ipie será ó no será bien fundada, siendo esto lo más
probable.
— 43
Afijos verbales
Singular
1.16 Y, X, Z, prolijos con refuerzo 6 sin él y el sufijo CA.
2. A, Y (una vez), AU, con refuerzo ó sin él, sufijo CA.
3. I, B, M, U, con refuerzo 6 sin él, sufijo varonil TU, en dos casos
CATTI : puede faltar el prolijo.
3. Mujeril como el varonil, sin sufijo, y en los mismos casos sin prefijo.
Plural
1. (lucí.) O vel U (B, M), Z, con 6 sin refuerzo, sufijo CA ; (líxel.) O vel
U, refuerzo especial con prefijo Z; sufijo CA.
2. AU ó A con refuerzo especial y sufijo CA.
3. Sin prefijo ó con I ó B, M, U, los últimos tres con refuerzo, todos
con sufijo MA varonil.
3. Serie de demostrativos prefijados, sin sufijo alguno para modo mu-
jeril.
JCXPblOAOiONKS At l’AltADKfMA (¿UN ANTNOKJMC
La prueba de que la reducción de las partículas pronominales á su
forma más radicalmente sencilla se lia efectuado con fundamento se des-
prende del siguiente dato:
Pronombre prepositivo de genitivo
(Obr¡» citada, página 22)
Singular
Veza ó Iza, « mío » ó « de mí » ; Acza, « tuyo » ó « de tí » ; Izastii ó
Izatii, « de él » ; Izas 6 Iza., « de ella ».
Plural
Oeza, «de nos», inclusive; Zobéza, «denos», exclusive; Aubeza, «de
vos » ; lizas i»a ó liza, nía, « de ellos » ; 1 'abozas 6 Yobeza, « de ellas ».
- u
A 1 ) VE UT ION 01 AS
Ia Conviene estudiar el capítulo I de la primera paite déla obra cita-
da, (pág. 4-8);
2a Tener en cuenta que en estas lenguas de habla compleja (varonil y
mujeril) tienen significación prelativa las de primera, y segunda persona
del singular sobre todas las demás, aun cuando pueda hacerse extensiva
esta prclación en importancia también á la primera del plural; porque
esta última con su distinción entre la forma exclusiva é inclusiva, (del
tpie oye se entiende) establece objetivamente el « nosotros» de arrogan-
cia y de desprecio relativamente;
3a Advertir siempre que la partícula final Ti i es de hombre ó mascu-
lino, y (pie lo significativo está en la T;
4a Que un sufijo M indica, varón ó masculino, S, mujer ó femenino
5a Que son formas acusativas :
a) TU, pl. Ma (v.); pl. Iño (m.) ’;
b) lotii, pl. loma (\\); lo, pl. Yapa (im);
c) I...tii, ph L..ma (v.) ; /..., pl. Yopi (m.) s
(>a « La, mujer jamás usa el TY (ó TU), ni el MA ó la O, y habla siem-
pre del varón, como el varón habla de ella, ó de animal ó de cosa. » (Ma-
nuscrito inédito.)
IX
ANÁLISIS DE LA A ÍITICUÍ LACÍÓN DE POSESIVO OIIKJUITANA
Primera persona del siutjular . — a) En las cinco declinaciones :l con
sus once subdivisiones sólo un caso ocurre en que parezca que falta, el
sonido I, á saber, en la quinta número I, en que figura una Z (= TS)
como único prefijo de primera, y sin constarnos que en este sonido pueda
incluirse una I oculta, como sucede en el prefijo que sigue Ñ del número
II; porque ya- so ha explicado como la Ñ no es sino un «niñeo» 4 de
una N (pie precede á una I;
b) Del examen resulta, pues, que la I ó Y basta para determinar pose-
• Ultra (-¡tilda, parto 2a, capítulo 1.
a El varonil lleva un CARI intercalado; el mujeril lo sulija á la partícula.
3 Véase el cuadro V.
1 Efecto producido cuando una N lucre á una I.
— 45
sivaeión de primera persona, y que sólo valen como refuerzos, más ó
menos demostrativos de persona y sexo las partículas afijas 1 A, N A,
XA (X — S), U, N U, XU, N, XO, N-A, siguiendo el orden del cuadro.
De la, Z como anomalía, se trató en el § a : esta Z = TS.
iSpgunda persona del singular (posesiva). — c) Aquí los refuerzos, don-
de los hay, son sufijos y suenan I ó U, pero desaparecen tanto la A pro-
nominal de segunda, como todo otro refuerzo, en las tres subdivisiones
de la quinta declinación. Acerca de la U hay que notar que en la, cuarta
declinación á (pie correspondo es común á todas las tíos personas de los
dos números, lo que hace comprender que es algo como nuestro «el»
en las combinaciones « el mi padre », « el tu padre », « él su padre», etc.,
como lo sería también el otro sufijo I
d) La falta de todo afijo de esta persona en la quinta declinación es
curiosa ; pero es anomalía que se encuentra también en los idiomas de
tipo (luaycurú, como por ejemplo en el Mocoví (obra citada, p. 11), etc.);
mas en estos casos se prefija el refuerzo y no falta el sufijo caracterís-
tico I. Alguna explicación racional se le ha de hallar á la omisión, (pie
después de todo es excepcional y propia de la quinta declinación.
Tercera persona del singular (posesiva). — c) La partícula (pie verda-
dera y universalmente determina tercera persona es el sufijo Stii, en
lengua varonil, y S en mujeril;
f) Las fres primeras declinaciones llevan el prefijo I ó Y, sólo ó refor-
zado con A ó N. Ln la cuarta aparece en los números L y III, pudiendo
ser reemplazada esta, letra, poruña A; poro en todos tres números el pre-
fijo lleva el refuerzo U, característico de esta cuarta declinación, siem-
pre (pie la dicha U no forme el único prefijo, como en los números í y
II, del habla varonil y mujeril;
g) En la quinta declinación tenemos la misma anomalía que hicimos
notar en la, segunda persona, á saber, la falta total de prefijo; mas ello
aquí se subsana, con el sufijo infaltable de segunda, lo que evita toda
duda, ó confusión acerca de la persona ó su sexo;
h) Lo dicho para el habla varonil basta para la mujeril; porque la
única diferencia es la substitución de *S 'tii por S.
Primera persona de posesivación en plural (inclusivo). — i) Este idioma
como tantos otros de los principales de toda la América (pero no todos)
se vale de dos formas del plural de primera, una que incluye á la per-
sona á quien se dirige la palabra, y otra que la excluye;
j) Las letras ó sonidos característicos del plural inclusivo son O vel U
en todas las cinco declinaciones, menos en la tercera que requiere cierta
aclaración. La U es un sonido muy curioso, y cuando asume la guisa de
Afijas, porque varía su colocación.
consonante fácilmente se nimia en B ó M. En la región Calchaquí el
valle de Ilualfín (l Jal fin) llamábase en el siglo xvn « Mal f ni »; la l’niita.
de Balasto era de Halaste, la cariosa plaza fuerte de Batungasta en
Tinogasta era de IJatungasta. No cuesta mucho conceder «pie B y M no
] lasan de ser corruptelas de U y tal vez de O como equivalente de
AU = AM;
le) Los refuerzos de esta persona, muy curiosos y dignos de toda aten-
ción, son : I liara la segunda declinación; A para la tercera; U para la
cuarta; Z (= TS) ó N (= NI) para la quinta. La Z en este caso se sufija
á la O vel U característica, y otro tanto sucede con la N y aun con la
U, cuando en vez de sonido característico pasa á asumir el rol de sim-
ple refuerzo;
l) Téngase siempre presente (¡orno la O es el sonido radical que en los
idiomas de tipo Guaycurú determina primera persona de plural, sin
referencia á limitación alguna en el sentido, como que hasta aquí no se
conoce que exista en el habla de estas naciones el plural doble, uno
exclusivo y otro inclusivo del que oye.
Primera persona de posesi ración en plural (exclusivo). — m) En cuanto
al sonido radical de esta persona y del modo de decir valga lo apuntado
acerca del «inclusivo»; pues sólo es en los refuerzos que consiste la
diferencia. (Jomo en el modo « inclusiva) » no aparece el sonido Z como
prefijo, mientras que en el exclusivo su uso y empleo es universal en
todas cinco declinaciones, está claro que la Z es hi partícula, inicial
determinante y radical de superioridad. (Jomo la Z no es letra sino más
bien un sonido complejo, mixto de T y S, siendo (pie T es letra varonil
y S la mujeril, se comprende que desde el primer momento se establece
por el refuerzo la superioridad de los aludidos en ese «nosotros» de
vencedores ó mejores;
n) La I ocurre tres veees como sufijo de una O medial, como en ZOI
(Ia), ZOPOI (IIa) *, ZOIXA (1 1 Ia). Esta I posterior de otras partículas ó
afijos parece que no es del mismo valor pronominal que la I prefijo de
primera persona, pues la vemos reaparecer como final de. la partícula en
segunda, ex. gr, : API, « vuestro », y también en el singular AI, « tuyo ».
Esta letra ó sonido en algunas lenguas del Chaco, y como sufijo, soporta
cierto sentido do pluralidad. ZOIXA se explica porque es el plural más
ó menos lógico de IXA, « yo » ;
o) La segunda, tercera y cuarta declinaciones se valen para, su infijo
de refuerzo de un sonido P con sufijo I, A, U óUU, según si la. declina-
ción vocaliza, su articulación por cada una de estas letras respectiva-
* En la edición citada está ZOPI, perecí manuscrito de Parodi da la forma de
arriba, que es la lógica.
— 47
mente. De sospechar es que las finales B y M «le la quinta declinación
no sean más que modificaciones «lo aquella P en razón de los sonidos
que siguen en el tema que hay que posesivar. Esta misma P, en todas
sus complicaciones reaparece en la segunda persona., y también en la
tercera del habla, mujeril. Lo que falta que averiguar es si esta P es un
demostrativo simple «le tercera como en Ay mará, Lule-Tonocoté, Qui-
chua, etc., ó si tiene algo que ver con la P de segunda persona en len-
guas de tipo Nu -Arnaco \ La B y la M en la quinta, declinación no
pasan «le ser degeneraciones do la original P y quedan sujetas á la mis-
ma interpretación ;
¡i) De todo esto resulta que con « inclusivo », « exclusivo » y todo, son
ios sonidos radicales de primera persona, en plural la O y la U, es desir,
que hasta en esto hay comunidad «le significación en la O entre el idio-
ma Chiquito y los del tipo Cfuaycurñ.
ffofjunda persona de posea ivación plural. — q) Aquí el prefijo A «le
seguíala es universal y en todos los casos con uno ó más sufijos de
refuerzo, á saber: U en la. primera declinación; PX en la segunda PA
en la tercera; PXT ó PXJXJ en la cuarta; B, M, B en la quinta. La voca-
lización de estas articulaciones finales en todos los casos responde al
refuerzo vocal de origen, es decir, «pie en la segunda declinación es I, en
la tercera A; en la cuarta. U; y en la quinta más bien sin vocal alguna
su lijada. Esta partícula PA, como se hizo notar ya es bastante curiosa.,
su presencia, empero, en primera, y segunda persona, le quita todo valor
determinante de persona y sólo le deja el de número; equivale esto á
decir que es un pronombre demostrativo, desde luego «le tercera perso-
na, y por lo tanto afín délos «le igual clase y sonido en las lenguas Lule-
Tonocoté, Aymará, Quichua, etc.
Tercera persona de posesivación en plural (varonil y mujeril). — r) Va-
ronil : Para empezar tenemos el sufijo SMA universal en todos los casos,
tenga ó no prefijo «le tercera persona, siendo de advertirse que éste falta
sólo en la quinta declinación, falta observada también en la segunda y
tercera personas del singular en la misma. El prefijo es la misma I ó Y
que presta servicio en el singular, con refuerzo ó sin él, pero siempre
con el sufijo de regla en singular y plural, que determina tercera perso-
na, ya sea ella varonil, ya mujeril, en aquel caso STII y SMA respeeti-
1 En los manuscritos del misionero inglés Hunt relativos sil idioma, do los Lengua.
Mascoy ó Macliiouy del Chaco Paraguayo veo qne la P es índice de segunda y ter-
cera personas «n la articulación pronominal; tenemos, pues, que en CIi i«|iii t.ntio la
P es refuerzo do. primera, segunda, y tercera personas ; en Moxo-Maijniro, 6 sea,
Nn Arnaco, de segunda; en Quichua, Aymará y Tonocotó ó Lulo do torcera; y en
Lengua Moderno de segunda y tercera. De notarse es también que el sufijo pi linee
plural de multitud en las lenguas de tipo Guayeuní .
- 4K
Vilmente; en éste, S pañi los dos números. Estas partíenlns de toreen»
persona, i. e., prefijo y sufijo propios de la misma, se abren para recibir
el nombre formando así el nuevo tema posesivado, ex. gr. 1 :
Po pez, « el |ti(* »
Siiu/uhir
1. ¡ó Y -pope,, mi pie.
3. A-pope, fu pie.
3. I-popez-iii (— ty), su pie de él; I-popez, su pie de (día.
Plural
1. O-popo (inelus.), nuestro pie; Zoi-pope (exelus.), nuestro pie.
2. A u -pope , vuestro pie.
3. Y ó T-popcz-ma (vel o), su pie de ellos; Yo-popez, su pie de ellas.
s) La S y Z que preceden al TU ó MA, parecen ser las partículas
aquellas que se sufijan ¡i la forma abstracta del nombre sin referencia
alguna a I sexo, no así cuando es final en tema posesivado de tercera,
porque en este caso es de femenino. En la tercera declinación la A y la
N son refuerzos de la I, sonido «pie en la Ñ yace oculto por razón del
signo castellano empleado para, representar esta partícula. La A es
refuerzo vocalizante, propio de la cuarta declinación pero las variantes
AU y U reproducen algo como el prefijo de segunda persona, pero con
esas partículas finales del tema posesivado que hacen desaparecer toda
«luda acerca de la persona de «pie se trata; es decir, pues, (pie un prefijo
de segunda persona puede hacer las veces de la tercera si se comple-
menta con una partícula final (pie la determine \ Esta, cuarta declina
eión vocaliza con el refuerzo U, como la anterior lo hizo con A. Esta
AU con Til ó con MA de tercera tiene ó no algo que ver con el AU de
segunda persona; pero es muy «lela índole de estos idiomas que un « el "
sea expresado por medio de este rodeo « otro tú » ;
u) Mujeril : liemos visto (pie en el habla varonil esta persona, emplea
siempre la articulación final SMA, ó sea, el sufijo abstracto S con más
el agregado del MA masculino ó viril : en el habla, mujeril el tema de
' La S y la Z mi intercambian .según ni vocablo, v. gr. : en Pao, «casa», se. usa S.
* Confusión de segunda y tercera personas que se reproduce «ni los idiomas de
tipo Lengua-Mascoy.
4!) --
esta persona terminal con la dicha. S La Ió Y inicial, libre ú oculta en
una Ñ por niñeo, se usa en las cuatro primeras declinaciones, (altando
del todo en la quinta, que es siempre la de las formas anómalas;
t) Mujeril : Aquí entra lo curioso: en la articulación de la segunda,
tercera y cuarta declinaciones entra un infijo P con la. vocal caracterís-
tica de cada una de ellas, i. e., I, A, U, respectivamente, así : PI, PA,
PU ó PUU, partículas éstas idénticas á las que se suftjan a la A de
segunda, persona en plural, lín el singular ya. se advirtió cierta inclina-
ción :í. reproducir formas de la segunda persona (véase 4a declinación,
cuadro TV), mientras que aquí se observa esta misma tendencia en la
segunda, tercera y- cuarta, declinaciones, pero cada cual con su vocaliza-
ción característica. Hay otra particularidad más y es esta : la misma P
se usa como infijo también en las dichas tres declinaciones para el plu-
ral exclusivo de primen!, persona;
h) Iíl hecho de. que la P, sea cual fuere su vocalización, reaparecí1 en
tres personas del plural de las declinaciones segunda, tercera y cuarta
da mucho que pensar, y más desde que en la primera, persona se trata
del plural exclusivo; pero todo ello se simplifica, si sólo atribuimos á
esta. P un valor de refuerzo demostrativo, como que en realidad tiene
liaeión de pronombre personal de tercera en muchas lenguas de esta
gran zona, en nuestra América ;
v) Los misioneros hablan deque la tercera persona, se forma déla pri-
mera con los afijos determinantes y parece como si así fuese; ahora si
pudiésemos decir que la P de igual modo nace de la segunda, persona,
sería un jalón importantísimo para buscar eslabones que unan esta len-
gua con las de carácter Nú-Arnaco : véase la nota al § o;
x) La B y M pueden eonsiderarse.eomo modificaciones de la P, debi-
das á exigencias fonéticas propias del mismo idioma.
Afijos personales de conjugación
Los afijos de relación personal para verbos son tan una sola cosa con
los que sirven para producirla, posesivación de los nombres substantivos
(pie con muy pocas palabras de explicación bastará para establecer la
realidad de las cosas en cuanto al valor relativo de las diferentes series
de partículas.
1 En Mocoví, idioma típico Guaycitrú, la s determina forma femenina de una pala-
lira; así pues, Mocoilcc, «paisano», hace MocoUuskó, «paisana.». Kn esto idioma T
y C son sufijos de masculino.
50
(Jomo en los nombres, la articulación pronominal de los verbos sé
divide por los autores respectivos en cinco clases ó conjugaciones, la
tercera, cuarta y quinta de ellas con dos ó más subdivisiones.
En este caso, al ejemplo de los nombres, hay partículas y giros que
son generales, como ser esa partícula, final CA, entre, la cual y el prefijo
pronominal (con una. sola excepción, la. 2“ de la 5a) se coloca, la raíz ver-
bal en la primera y segunda, persona de singular y plural : las terceras
personas de ambos números siguen otro mecanismo, pero en todos los
casos desaparece la S lina] de los nombres que, como artículo que es,
estaría, fuera, de lugar en combinación con un verbo. La sufijaeión de CA
en primera y segunda persona, de ambos números es universal en todos
los verbos.
Haremos un rápido repaso de cada persona:
Singular, primera persona : Falta la forma IXXJ
Segunda persona : En un caso sobra el prefijo Y (5a conjugación).
Tercera persona varonil : Desaparece siempre la S que precede á la
partícula, final de masculino TU, y en la primera conjugación el prefijo
I de tercera. En la. tercera conjugación los prefijos YA y NA se substi-
tuyen por BAyMA; mientras «pie en la quinta conjugación, en un caso,
se prefija la partícula. CA, propia de primera y segunda, persona á la final
característica. TU.
Ternera persona mujeril: Como la varonil sin TU final. Se ve también
que BA y MA, siendo prefijo personal, pueden determinar sexo, feme-
nino en singular, masculino en plural 1 * 3.
Plural, primera persona inclusiva : Como Os primera el CA forma, final
de tema verbal en todos los casos, con el cual agregado queda consti-
tuido el mecanismo articular verbal, «pie encierra la raíz para, formal' el
nuevo tema completo. De sospechar es que en la quinta conjugación,
clase segunda., el IM sea error por UN. Las partículas en sí son las de
las declinaciones posesivas.
Primera persona exclusiva : Valga lo «lidio en el caso anterior con la
advertencia que es constante la prefijación del sonido Z «le superioridad
ó desprecio. La partícula verbal CA se sufija siempre.
Segunda persona : Las mismas «pie sirven para las declinaciones de
posesivo, y siempre con CA al final «leí tema verbal.
Tercera persona varonil : Se reproduce el mecanismo del singular con
1 Sin que falto la partícula GA como final «le toma verbal en esta, persona «lo sin-
gular y plural.
. ‘‘ Esta aparento confusión entre las «los hablas puede resultar quo no es ninguna,
por«iue sabido es que en lenguas americanas ciertos plurales afectan formas femeni-
nas ó mujeriles.
51
el agregado final MA 1 que determina habla varonil, siendo posible la
eombinaeión MA ... MA estableciéndose así con toda claridad (pie MA
prefijo puede ser común á los dos sexos, mientras que MA sufijo es pro-
pio del varón únicamente. Como en el singular, con prefijo I ó sin él,
MA final determina forma, varonil. También en el singular faltan los
prefijos YA, ÑA, YU, y se suplen con las otras BA, MA, faltando el
equivalente de YU.
Tercera persona mujeril : En este caso, así como en el anterior, des-
aparece la S artículo del nombre. En la primera clase los prefijos YO,
YU, ÑO, ÑU se convierten en BO, BU y MO, MU respectivamente;
en la segunda clase el prefijo es idéntico, y otro tanto sucede en las cla-
ses tercera y cuarta, sólo que las partículas Y y Ñ desapa recen sin subs-
titución alguna.
Para, concluir esta parte conviene apuntar aquí los pronombres demos-
trativos, y son los siguientes:
Varoniles
Mujeriles
Raqui, este hombre.
/iaama, estos hombres.
Xuquii, aquél.
A mina, aquellos.
Ouzaquii, éste.
Manuqui, Maniquí, ése.
Manuma, ésos.
Xa, esta mujer, esta cosa.
Baa, estas mujeres ó cosas.
Cu, N'n, aquella.
Amiño, Amia ó A m, aquellas.
C vza , Za, ésta,, ésto.
Mana, ésa, éso.
Maniño, manió, ésos.
Este, cuadro sirve para establecer la diferencia en valor de la misma
partícula, pronominal según su colocación en el tema combinado; con él
también se explican muchas de las articulaciones iniciales y finales de
las declinaciones posesiva, das y conjugaciones de los verbos.
Del cuadro que antecede se desprende:
1° Que Qui ó Qnii es terminación masculina de singular, y Ma de
plural ;
2o Que Xa, Baa, Cu, Nu, Am, Caza ó Za, Ma, Mana ó Maní son demos-
trativos de, uso femenino, pero (pie se vuelven masculinos con la sulija-
ción de las partículas del número anterior;
.‘3° Que la partícula prefija Ma tan puede, ser Ma como Am.
Habiéndose establecido ya (pie lo más importante en la articulación
pronominal de nombres y verbos son las personas primera y segunda de
' Véase adelanto el cuadro do los demostrativos; allí so establece claramente que
el género depende del sonido final.
singular y primera, de plural, como que la .segunda de este número sigue
por lo general al singular y la tercera muchas veces tiene algo en común
con las otras dos, pasaremos ahora á comparar estas dos grandes fami-
lias «le lenguas, la Guaycurú y la Ohiquitana:
Singular
Guaycurú : l“Ió Y; 2a A ó AU ; 3a Y, L, N, D, R, prelijos; C ó K,
DI (mase.), DO (fcm.), sufijos.
(’hiquitano: Ia I ó Y ; 2a A ó AU; 2a (var.) I ó Y con sufijo TU (muj.)
I ó Y con sufijo S.
Plural
Guaycurú : Ia O, I ó Y, S ; 2a A ó AU; 2a I ó Y, N, D, H, L.
Ohiquitano: Ia O inclusivo; ZO exclusivo; 2a A ó AU; 2a I ó Y con
sufijo TU (var.), con sufijo S (muj.).
lín cuanto tí la tercera, persona lo más importante es el sufijo de mas-
culino Til, porque se compara bien con el otro DI del Guaycurú, con
igual valor gramatical, constante en Mbayá ', pero usado también en los
demás eodialectos, v. gr. : el Mocoví. lili el cuadro que antecede de
demostrativos vemos que la partícula final 0 determina, género ó sexo
femenino, y así también en los idiomas Guaycurú DI es de masculino y
DO de femenino; siendo común la D, quedan libres la Iy la 0 tilos efec-
tos de la comparación.
Que la gran familia Guaycurú abunde en partículas ó afijos pronomi-
nales de tercera con carácter alófilo j poco importa, porque ellas en mu-
cha parte resultan de mezclas de idiomas, cosa que en América no se
puede poner por un momento en duda, y mínime en la nuestra, desde
• pie tí cada paso tropezamos con grandes familias lingüísticas con un
habla del varón y otra de la mujer.
Aun no se ha hecho el examen de los respectivos vocabularios, por-
que el que corresponde, al Mbayá recién se está copiando de las fotogra-
fías 1 * 3 4 : este idioma que se, halla más inmediato al Ghiquitano, geográfi-
camente hablando, puede darnos más puntos do contacto léxico con
aquél que. el Toba, Mocoví y Abipón, cuyas aproximaciones pueden
inclinarse más bien en otras direcciones, como so desprende de sus por-
1 lía osle ¡(liorna existo también la forma ITI, «esto», mostrándolo.
- l,a L, por ejemplo, que es tan eminentemente propia del .Mataco, idioma en el
enal no se emplean las demás partículas de tercera tan comunes en Guaycurú.
3 F,1 cuadro I contiene un paradigma de voces en varios idiomas, en que se verán
las semejanzas y las desemejanzas.
pias articulaciones de relación personal, por ejemplo esa. L de tercera
persona, (pie arrastra, á estos idiomas á, emparentar con el Mataco y
hasta cierto punto aun con el Lnle-Tonocoté, lo que no sucede en el caso
del Oliiquitano.
101 problema, so nos presenta, en esta forma: ciertas lenguas con con-
tacto etn ico-geográfico entre sí ostentan ciertas semejanzas extraordina-
rias en cuanto á su articulación pronominal, semejanzas éstas que hasta
aquí no se han podido confirmar por la prueba léxica en general. ¡¡ lOs
entonces ésta razón suficiente para que desechemos la. prueba en favor
de interparentesco étnico como resultado de la identidad de los pronom-
bres ó afijos pronominales'? Para mí no es razón suficiente, sobre todo
cuando se trata, de naciones en contacto étnico geográfico, El Mbayá, y
el (Jhiquitano lian sido convecinos y se han batido por siglos de siglos;
unos y otros se han interineorporado, con lengua y todo, quedando el
varón y la mujer cada, cual con la suya.
IJna cosa, empero, resalta en el pequeño cuadro de más atrás y es, la
identidad absolvía que so observa entre las articulaciones pronominales de
primera y seqnnda personas, identidad que selia.ee extensiva á muchas
de las que son inopias de la tercera. Esta identidad ó semejanza adquiere
aun más importancia al descubrirse que se puede vincular también con
otras lenguas en contacto, ó casi contacto, étnico y geográfico con las
dos ya. nombradas, como ser : la, Guaraní, algunas de las de la cuenca
del Paraná y Paraguay, la. Quichua, la, Puelche Pampa, ó Patagó-
nica, etc.
Las analogías de tercera persona encerradas en las partículas IT ó
ITI ó TI se dejan para mejor ocasión, porque son de transcendencia,
tanto por el sonido T cuanto por el otro I; sin embargo en uno y otro
grupo de idiomas determinan género masculino, lo que es muy signi-
ficativo.
Para concluir se llama especial atención al hecho de que el sil fijo S
es terminación de femenino en lengua (Jhiquitana, mientras que en el
Mocoví ocurre lo siguiente : Véase el Mocar i citado, página 45 del ma-
nuscrito.
Pineal da ambón, forma femenina l’hmd, forma femenina
Criollo, Eddo-voléelc. Paisano, Mocoillck.
Criolla, Eddo-colassé. Paisana, Mocoilasé.
Se advierte que en los idiomas de tipo Guaycurii las partículas demos-
trativas determinan género masculino con el prefijo E, y femenino con
oí otro A; y como K es sufijo de masculino y E en la misma colocación,
— ñi
de femenino, resulta que en el masculino se duplican y en el femenino se
triplican las determinantes de género.
Al propio tiempo advertimos como la plural i /.ación de ciertos temas
léxicos se realiza á base de la forma, femenina, algo como ai piel si a ale-
mán que en singular dice «ella» y en plural «ellos».
< !()JS'< U.USIONKS
Considerando: Io Que las grandes familias étnicas llamadas « Guay-
curú», y «Chiquita» son, geográficamente hablando, vecinas, como lo
demuestra el mapa etnográfico del P. Joaquín Oamaño, üC J., publicado
por el P. José Jobs, de la misma. Compañía, en su obra sobre el Chaco, y
que han tenido durante siglos contactos étn ico-políticos, según ello cons-
ta en las relaciones de viajes del P. Sánchez Labrador y otros autores;
2o Que tanto las lenguas de tipo Chiquit.ano (en mayor escala) como
las otras de tipo Guaycurú (en escala menor) hacen uso de la doble
habla, la varonil y la mujeril, en su conservación diaria;
J° Que ambas familias de lenguas, la Uuaycurú y la Chiquitana,
emplean mecanismos complejos de articulación pronominal, para expre-
sar la relación de persona, en sus posesivaeiones de los nombres y con-
jugación de los verbos;
-1" Que reducidos los pronombres primitivos y partículas de relación
personal pertenecientes á dichas dos grandes familias de lenguas á sus
raíces de origen, resulta que hay semejanza, cuando no identidad abso-
luta entre los sonidos de ambas serias ;
5° Que á las diferencias léxicas que existen entre las lenguas de tipo
Guaycurú y Chiquitano no debe dárseles demasiada importancia, visto
(pie no son ni insignificantes ni pocas las que se observan como existen-
tes ent re sí en los varios co dialectos de tipo Guaycurú ;
O" Que siendo Di, como lo es, terminación de masculino en Guaycurú,
como lo es S de femenino en Chiquitano, lógico es conceder que las
voces (pie sufijan Di correspondan á un habla viril, como á una mujeril
las otras que terminan en S ; bastando todo (dio para explicar cuales-
quiera diferencias léxicas entre lenguas de estas dos familias;
Concedidos estos considerandos se llega á las siguientes conclusiones:
Ia Que en las dos grandes estirpes étnicas conocidas con los nombres
Ia, de «Guaycurú», y 2a, de «Chiquita», se descubre un elemento
lingüístico común entre ambas, representado por sus esquemas prono-
minales ;
2a Que concedida la conclusión anterior, se deduce el siguiente coro-
— 55 —
lario: que sometidos muchos otros idiomas, más ó menos circunveci-
nos, á la misma forma de análisis lingüístico, podrán ser ellos emparen-
tados entre sí de un modo tan inesperado como sorprendente ;
.‘Ia Que el parentesco lingüístico podrá ser más ó menos estrecho
según sea. la importancia, relativa de las raíces pronominales que se
parezcan unas á otras y el número do tales interequivalencias; pero
atendiendo siempre á que más importa la primera que la segunda, y ésta
que la, tercera persona, á los efectos de la comparación ; y como Con-
el unión ¡jcneml :
4a Que es conveniente, tratándose de Lenguas Americanas, y por
ahora, adoptar el método pronominal para dar principio á la clasifica-
ción general de las mismas, debiéndose incluir en una. sola, agrupación
todas las que se valgan del sonido I ó Y para decir el « yo » ó «mío »; el
parentesco lingüístico será tanto más cercano cuantas más sean las
semeja, nzas ó identidades que se observen en los demás pronombres ó
sus partículas.
1IEV. MUSEO LA PLATA. — T. IV. (VIII, 1], 1910.)
— 50 —
i’Aimc.s Dioi.
' Parte «lo la cara : No-j-lce-q.
s I!. inferior : Nu-lonéi.
3 Inferior : Nu-pozct.
1 Nitjhjocli.
6 De pie : Noyonayi.
0 Inferior : Niyoladi.
7 Teta : (¡acólete.
8 De abajo : Cantíos.
— 57
CUIOIU'O
N« I
í’Ainiís
l’liONOMIIItKS
Nota. — Los numerales no se incluyen porque requieren un estudio especial de los
59 —
cu h n i>< ) (conclusión)
N» I (lili)
l'Ultí SON AMOS
demostrativos que se incorporan en los temas.
CUAD1K) 1)10 1‘KONOMMtICK l'IOHSONAMO.S Y DKMOS1 1! A
rin
VIVOS KN i.os idiomas TOBA, MOCOVÍ, MI1AYÁ Y A IIirÓN
N° II
(51 —
Abipón (I)obr. y Brigu. 1750)
Ay vi.
Alcami.
Era , parado.
Jiiriha, acostado.
lri, él acostado.
Ini, él sentado.
Iñi, él que.
En aja, éste.
Ecn, la Catmo Brign.
Eká, él ausente.
Eld, ello.
Lela , ello de él. Dobriz.
Ehahá, visto que anda.
Echa, él andando.
Alcdm’.
AJcamyt.
Eroujá.
Enoujá, éstos.
(¡2 —
Toba (Ducci, 1900)
Y ó I, Ñ
A, An, Anad, Ado.
L, N.
Co, (Ja, (Jad, Can.
Ca, Caá, con E ó
1 final.
L con a, c, i, o, n,
ó sin ellas.
OUA l)HO lili l’AHTÍCUI.AS 1)K KKI, ACIÓN
l'irjijoii de ¡lOHCHivuoión (uinijular)
1‘rcjijus de posesivaeión (plural)
— 68 —
i'EHSONAL EN EOS GUATEO IDIOMAS
N» III
— <¡-l —
— G5 —
2Tota. — Los puntos suspensivos ocupan el lugar del tema que se posesiva ó conjuga.
— 67
CUADRO SINÓPTICO
DE LOS PRONOMBRES PRIMITIVOS EN LAS LENGUAS DEL CUACO Y SUS AFINES
(S. A. L. Q., Mocoví en Tavolini, t. I, p. 42)
Singular n° vn«
A = Adklung, Milhri dales. 15 — I’. Iíáhcena, MS. HibUoleea Mitre. (J = I’. (Jar-
dos, Miñones Franciscanas. I) — P. Dobrikiioeffk, l)e Abiponibus. I’ — Peli.es-
ciii, (Uto mee i nel < tinco. K = P. Remedí, Apuntes sobre el Choco. '!' = T. R. Ta-
volini, MS. Iliblioteea Mitre. A — Cervino, MS. HibUoleea Mitre.
Plural
1 Erróneamente llamado « Lengua ».
2 Forma supuesta en razón de otras analogías.
OlJADllO SINÓPTICO
l>IC I.OS PHONO.MitUICS PKIMITIVOS KN I.AH I.1CNGUA.S CAliíltiCAS Y SCS ANIMOS
(S. A. G. l¿., Miicuvi, lug. cit.)
Plural
V. : habla varonil; Gen. : Nos, todos; DI. : Dual, tú y yo; Ex. : Nos sin Vos;
Liin. : Nos, algunos.
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- a;- ■ . fefe. ,
^ Rio 5?CC>.
/•■’•' <>
5 feX tumba.. ^
Quilina-^ /í $
e Paeíi Confinan ti.
Spicgazione delle Note
áfíú Co/o nía Spagmiola. con titolo di Cuta
r-* / ■ < v .f. ‘ ' II! fo-TetTignCsa,0 Colonia, con titolo di Villa
^U> ” : x r*. .‘^ v-s¿v'C^fe\ ^ , /í A. Altrc Colonie minon.o íenza titolo.
^ 0 A ^ \,Okü®| ^ ^ /w ^ Paefetto=ó Áltn luoghiz& Forttcello.
^ ~ a>T cj írw /# éPacfctti d'Indiani con oto/o di Miísioni
fe ;• . ,'•-' ^ l c^V ^7
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X Citti dútmtta - + Miísione dilhutta
F Fiumcr M Monte = V Valle
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dí//a Neo Cord Univerftlá
Lc^Ke co m.di Spagna. di 2$i al Grado
[- / \? ■ ^P„w if°., „ S.P., ^f3
Giu/eppe Ballan.tr tnciíe tn. F aenzl r<¿,
32
NOTA PREVENTIVA
SIJL
DIPROTHOMO PLATENSIS Amkghino
Del Dottokh ALDOJJRANDINO MOGTII
Del Musco Nnzionalc (l'Aii tropología di Fi ronzo
Ho avuto agio «li studiare nel « Museo Nacional >-• di Buenos Aires
l’esem piare su eui e stata fondata la speciein questione, e di applioarvi
quelle risorse di técnica che pin mi sono sómbrate opportune; e tutto
ció per la sonima cortesía del lo stesso Pro I'. Ameghino, direttore del
Museo e sapiente illustratore dolPesemplaro \
Prossi mámente pubblicheró intorno alPargomento una apposita me-
moria. Ora mi píeme solo di esporre in riassunto il método seguito nel
mío studio ela conclusión e genérale a eui sono giimto.
Fino dal principio dello mié ricerche mi convinsi che lamaggior parte
dei earatteri attribuiti aquesto nuovo genere, dipendono strettamente
dal modo di orientare il frammento adottato «la Ameghino e basato solo
su un complesso di aprezzamenti soggettivi. Yolli quindi tentare un’o-
rientazione nuova della. interessante calotta, índipendente da ogni aprío-
ristiea preoccupazione teórica e fon dato solo su caratteristiche morfolo-
giche del fossile.
Per ottenere tale intento mi sono valso della parte che ancor sussiste
nel fossile del le volte orbital i e sono ricorso al seguente método.
lio scelto uno tra i eran i umani recen ti del « Museo Nacional », che
per la eonformazione della volta orbital e non si allontana troppo dal
Diprothomo ; lio oriéntalo questo cranio amano sul piano alveolo-condi-
loideo, lio introdotto nel la sua cavitá orbitale sinistra una stecca di legno
1 Amkghino, Le Diprothomo platensis mi précurscnr de l’homme du pliocéne inférieur
de Bnénos .-tires, en Anales del Museo Xacioiuil de Buenos Aires, XIX, 107-209. Buenos
Aires, 1909.
70
(muí coimme l iga da disegno), larga circa centimetri 2,5 , dello spessore
di quasi 2 inillimitri e langa tanto da spórgere parecehi centimetri fuori
dell’orbita ; lio lissato la stecea a livello della ¡sutura fronto-malare, in
modo elie le sue superfici maggiori ¡si presentassero orizzontali, cioe pa-
rallele al piano di orientaniento ; lio fatto poi prendere, col gesso, il mo-
dello interno di tutta quella parte dell’orbita (pie rimaneva al disopra
della ¡stecea e si trovava situata lateralmente al forame sopraorbitario.
La forma in gesso eosi ottenuta, nientre nella sua parte superiore ri-
produce il negativo della corrispondente parte della volta, orbitale, ter-
mina inferiormente, con una superficie la (piale lia la stessa direzione
delle superlici maggiori della stecea, ossia risulta orizzontale (piando il
cranio o oriéntalo sul piano alveolo-condiloideo.
lio fatto poi eseguire anche il modello interno della omologa sezione
della volta orbitale del .. IUprotkomo , e quest’ultimo modello lio disposto
e lissato su una colonnetta rigida, in modo chela superficie di esso rap-
presentante il negativo della volta, assumesse una direzione ed un anda-
mento simili a quclli del modello ottenuto ncl cranio umano allorché
questo modello di confronto hala sua superficie interiore orizzontale.
Cosí prepárate le cose, lio applicata la volta orbitaria, della discussa
calotta sul suo negativo in gesso ed in tal modo lio ottenuto di orientar-
la, quasi direi nieccanicainente, secondo uno dei piani usuali della cra-
niologia.
íSmi/.a entrare in dettagli, di ró que il tVammentn cosí orieulato acqui-
sta una lisiononiia prettainente iiinana. Inl'atti il vértice si avvicinaal
bregma, il misión discende al disolto del margine sopraorbi tale, la. super-
li(¡ie frontal c della sutura fronto-nasale viene a formare con l’orizzonte
un angelo possibile verificarsi anche nell’uomo, ecc.
Nonostante cid questa calotta presenta sempre dei caratteri, come
l’estrema bassezza della volta, la forma delle arcate orbitali e della gla-
bella, forse la direzione della sutura corónale, la poca sporgenza. verso il
basso dell’apolisi nasale del frontale, ecc., che possono larla considerare
como rappresentante un tipo umano assai ]>artic.olare, e tanto pió inte-
ressante in quanto (fino a. pro va contraria) e da considerarsi proveniente
da un orizzonte geológico ben piíi antico di quelli a cu i appartengono
tutti gli altri resti umani oggi conosciuti.
buenos Aires, 7 giugno 15110.
DESCRIPCIÓN DE DOS NUEVOS LAMELICOBNIOS
D 13 l,A FAUNA A U (} ENTINA
Por CAELOS BltUCII
ile la Sección Zoología del Museo de ha Plata
Entre los insectos reeol cotudos lúteo años por .1 ensen- Ilaarup en la
provincia de Mendoza, merece mencionarse un interesante latnelicornio,
perteneciente al género Phacnognatlia *, cuyo representante único se
conocía hasta entonces solamente con procedencia do Australia (Ph.
Prichftoni II ope) .
Más tarde el doctor Oltaus señaló otra especie 2 de dicho género, pro-
cedente de San Luis, que le fué comunicada por el señor J. Richter, á
cuya amabilidad debo otros ejemplares de una tercera especie de nues-
tra fauna, que habían sido coleccionados á la vez por el señor Traub en
Viedma, gobernación del Río Negro.
Nuestras especies son entre sí muy homogéneas, pero fácil á recono-
cer por los caracteres siguientes :
Phaenognatha Richteri Ohaus difiere de Ph. Jenseni Hcllcr, por su pe-
queño tamaño, su forma más ancha, relativamente más convexa; ante-
nas, partes bucales y patas más espesas; cabeza, pronoto, cuerpo y
palas negras, lo mismo la. pubescencia, del insecto. MI dibujo elitral es
negruzco en el ejemplar que tengo á la vista, y aquel existe también,
aunque más apagado, en los individuos de Ph. Jenseni que poseo. Iín
cuanto á nuestra especie del Río Negro, he ahí su descripción:
; K. M. Hkixhr, Kin neucr Aclopidc mis Argcntinicn, Dcuisch. cnt. Zcitsclir. 1908,
!>• »-r>, ñs?. 1-3.
* F. Oiíaus. Ph. Richteri, Dcuisch. cnt. ZcUsc.hr. 1900, p. 117, nota.
RHV. MURRO LA PLATA. — T. IV. (IX, 15, 1910.)
(i
72
IMim-nognatliu iniiioi* liiuicn (n. sp.)
Vhaenoynatha miliar lirucli
Species Pli. Jenseni Heller próxima, cor-
poris par vítate, elaugatiane et convexi-
tate majar i distinota .
Calor abscure castaueus, nitidulus ; eapite
pronotoque nigris, elytris melléis margine
suturali atque macula apieali fuscid u I is ;
pubescentia calare el distribu done plañe
ut in Ph. Jenseni.
CUjpeus obsolcte transverseque impressus,
laevis margine antico leniter rugulosus
et non punctulatus.
Long. 6 ; lat. 3,3 mm. Gab . del Rio Negro.
lista especie es también muy vecina de
Rh. Jenseni, pero mnclio más pequeña, y
distinta por su forma más alargada y poco
más convexa.
Cabeza y pronoto son negros, brillantes;
élitros amarillentos, con el borde sutural y
una mancha apical parduzca; pubescencia,
rubia, mientras el cuerpo y las patas son de
color castaño obscuro.
El clipeo presenta una impre-
sión transversal muy obsoleta,
no es puntuado y apenas rugu-
loso en el borde anterior. El
labio adelgazado en el ápice,
sobresale bastante á las mandí-
bulas; del lado interno tiene una
carena mediana longitudinal.
Las mandíbulas son como un ter-
cio más largas (pie anchas, para-
lelas en los costados y en el bor-
de externo un poco arqueadas;
el molar esta, muy poco desarro-
llado. Los palpos labiales y ma-
xilares son aún más delicados,
las patas también más delgadas
y distintamente erizadas (pie en
la especie arriba citada.
Phaenognatha minur Brucli. — Fig. 1, antena; 2,
palpos labiales; 3, mandíbula; 4, mnxila; 5, oiga-
no de copulación.
L, Y Cü PHOiV TE S BiJCCii (u. gen.)
o’ clypeus latas , margine leniter prominulo, antice truncabas plus mi-
nas-ve bilobatus, angulis lateralibus dilatatis.
Cornu ceplialicum crassum breve antrorsum et bifidum.
Mandibulae robustae subtriangulares, dentibus duobus validis eur milis
Lycnphonte.s Jocrgenscni Bruch
marginan clt/pei conspicuo su pera-atibas donatae ; dente molar i sub-
quadrato laevi.
Lobulum mandilare externum anguiforme, vix arcuatum, inerme, ápice
glabrum.
Labitim convexum elongatum, antrorsum angustatum, i n parte lingula-
ri rotundatum.
Antennae breves crassae , clava ovata latere- interno gibbosa.
Pronotum in disco tubérculo subconoüleo obtuso ornutum.
Elytrao convexae longitudine latitudinem vix superantes, costulis et callis
humeralibus atque praeapicalibus parum evolutis.
Pedes validi ; tibiis pedum euatuor posteriorum ápice externe bispinosis,
latero interno spinulis duobus queque armatis ; taréis aequilongis, in
pedibus medianis tantum lenissime longioribus, articulo tarsali extre-
mo nec non unguibus in ntroque sexu isomorphis , ómnibus inermibus.
9 major, mari simillima vix ómnibus partibus magis robusta , distincta
tamen fronte tuberculis duobus minutis contiguis tantum ornata, pro-
notoque inermi , abdominis segmento ultimo tangiere, rotundato-snb-
triangulari.
Gemís Lycomedi de Ereme proximum, notis citatis habituque pcculiari
omnino recedens ; superficies totius corporis nitens, punctato-rugulo-
sa, tota tenuiter ciliolata, inferné dense villosa .
Typus : Fj. «f ocngenseni Buucir (n. ap.)
Fuligineus fere niger, nitens, punctato-rugulosus, ciliolis murinis bre-
vissimis adpressis vestitus , maris eornu cephalico , tubérculo et protho-
racis linea postmediana glabris, punctulis magis minutis et sparsis
donatis.
Corporis parte infera, fémur ihus tibiisque queque, tenuiter den seque vil-
losa, abdomine pilis abbreviatis adpressisque ventilo.
Maris longitudo totalis 30-34 mm ; 9 0.40 mm.
Patria : Argentinia, Cordubae, Mendozae nec non Santiagi del Estero
Provinciis.
El nnevo género puede colocarse próximo de Lycomedes de Ereme, del
cual difiere sin embargo notablemente, por los caracteres que acabamos
de enumerar. Por otra parte se encuentra en aquél también caracteres
que so aproximan mucho á Megas orna Kirby.
f El clipeo es ancho, su borde ligeramente levantado, apareciendo
como truncado, más ó menos bilobado adelante y oblicuamente recortado
en los costados; sus ángulos laterales son poco redondeados, bastante
pronunciados delante la lámina ocular.
El cuerno frontal es corto, ancho y comprimido en la base, dirigido
hacia adelante, poco arqueado, bifurcado, correspondiendo el espacio
éntrelas despuntas á su largo total.
El labio superior está escondido debajo el clipeo y ribeteado con una
densa franja de pelos leonados.
Las mandíbulas son robustas, subtriangulares ; llevan dos dientes
fuertes, divergentes y algo encorvados hacia arriba, sobresaliendo del bor-
de anterior de la cabeza ; el molar es subcuadrado, no estriado.
Las inaxilas son alargadas, sn galea afecta la forma de una garra poco
encorvada, que es larga y densamente ciliada en la base, pero glabro é
inerme en la. punta. El segundo «artículo de los palpos maxilares es grue-
so, obcónieo, adelante oblicuamente truncado; el tercero corto, obcónico
Lycnphontes Joergenseni Jíruch. — Fig. 1 y 2, mnmlilmla; 3, mnxila;
4, labio inferior ; 5, antena
muy encorvado en la, base, ostenta el artículo terminal que es largo,
oblongo-ovalado.
El labio inferior es convexo, alargado, «adelante estrechado y como el
mentón erizado ; su parte Ungular es saliente, redondeada y ciliada en el
ápice.
Las antenas son cortas, bastante espesas, formadas de diez artículos :
el primero piriforme, provisto de «abundantes cerdas, debajo plano y gla-
bro ; el segundo artículo pequeño, subgloboso, mientras los tres siguien-
tes son cilindricos; los artículos sexto y séptimo son más anchos (píelos
precedentes, delante oblicuamente truncados, subtriangulares. La maza
antenal es espesa, ovalar, compuesta de tres artículos, siendo el inferior
giboso.
El protórax es convexo, más enangostado adelante (pie atrás, ligera-
mente bisinuoso en la base, sus ángulos laterales son anchamente redon-
deados; sobre el disco lleva un cuerno tuberculiforme, subcónico y ob-
tuso, dirigido hacia adelante.
El escudete es triangular, en la base truncado, los costados apenas
curvilíneos.
Los élitros son muy convexos, poco más largos que anchos, su margen
lateral ligeramente alzado, los callos humerales y preapicales, lo mismo
que las costillas son poco manifiestos.
Las patas son fuertes, mediocremente largas. Las tibias anteriores
tridentadas y llevan una- espina apical interna; las cuatro tibias poste-
riores terminan del lado externo en dos dientes agudos, del lado interno
están armadas de dos espinas fuertes. Los tarsos son todos subiguales,
solamente los de las patas medianas apenas más largos; el primer arte-
jo de los tarsos medianos y posteriores concluye en espina; el último de
los anteriores es algo más largo que los demás, y en todas las patas,
en ambos sexos, los últimos artículos tarsales, lo mismo que las ga-
rras (interna y externa) son iguales y completamente inermes en la
baso.
La superficie del coleóptero es lustrosa, rugosamente puntuada, cu-
bierta de cilias muy diminutas y apretadas.
La única hembra que conozco, es de tamaño mayor y en todas sus
partes más robusta, pero formada como el macho, exceptuando la frente,
que en vez de cuerno presenta tan solo dos pequeños tubérculos conti-
guos; el protórax completamente inerme; y último segmento abdominal
más largo, subtriangular y curvilíneo.
Nuestro nuevo dinástido, que á la vez viene á formar el tipo genérico,
es un coleóptero robusto, de forma ovalada y convexa. Socolores fuligi-
noso, casi negro, pero las diminutas cilias pálidas le dan cierta colora-
ción gris ratón, principalmente debajo del cuerpo, que es también lino y
densamente pubescente.
En los machos, el cuerno frontal y tubérculo del pronoto son glabros,
linos y dispersamente puntuados, pero lisos en el ápice; lo mismo (pie
una estrecha línea postmediana del pronoto. Este es grosero y rugosa-
mente puntuado, con la puntuación irregular y más gruesa en los lados,
y los bordes laterales ligeramente alzados.
Los élitros son como el protórax, pero algo más finos y más rugosa-
mente puntuados.
77
En la hembra sobresale el pigidio un tanto á los élitros y la insición
anal está erizada.
De los cuatro ejemplares que poseo de esta interesante especie, un
par o" y 9 me fueron comunicados por mi amigo F. Jocrgensen, quien los
coleccionó en Alto Penooso, provincia do San Luis, sobre troncos deai-
gorrobo. Los otros ejemplares proceden de Córdoba. (E. Piotti) y de Qui-
inili, provincia de Santiago del Estero (L. Steiner). Al agradecerá estos
señores el obsequio lo bago también á mi estimado colega doctor
F. Oliaus, por el lindo Lycomedes Ohami Arroto , el cual me lia servido
de comparación.
SUR LA STRUCTURE
i> 10 s
SC ORIES ET «IERRES CUITES
TUOUVÉK8
i>AX8 I.A .S1ÓK1H 1'AMI'IÓHNNH, HT QUISI.ÍjUliS ÉI.KMUNTH Dli COMl’AUAISON
Pah Félix f. outes
Secrdtuire et directeur des publicatioiio du llusdo do La Plata
profesaum1 aux TJuiveisltés do liuenoe Aires et La Plata
AVKC LA COLLABOltATlON
DlJ DOOTKUIt II. 1IÚOKING
Dlioctour du riustitut inlnóraloatqiio ot pétrognudiiquo
du rilulvorsitd do Sli'usboui'£
Frobably some independeat worker will al-
timately arrice upon tbe ¡¡cene, and we vea
ture to think that he will confina the views
of Steinmann, Gatee and Jhtcloux. [Ci(moN-
vil. uc) A. .1. O(oi.ic), Direetour du (leoloyi-
cal Survey ot prol'ossour do UóoIoj>io au li.
Oollege of Science d’Iilaudo, iu Matare, t.
XXXI, 5¡!5. Lmuloii, 1009.)
C’est dans le but unique de fournir aux spécialistes en pétrographie
Poccasion de se forraer un jugement objectif sur la nature des scories et
«terres cuites» trouvées dans les sédiments de la série pampéenne, et,
en outre, eomme coinplément au mémoire que j’ai publié il y a quelque
teinps, sur les mémes matériaux, que jodonne á la publieité la présente
plaquette, contenant les dcscriptions et microphotographies d’un groupe
d’óchantillons choisis parini une série nómbrense et également illustrée
queje ferai connaitre opportunómont.
Bien que réduite aux termes énoncés, eette ]>ublieatiou su Hit pour
mettre en évidenee, d’abord Pidentité parfaite de structure mitre les
scories en question et les laves andésitiques, en suite la. relation inti-
me ex i s tan t entre le loess et les prétendues «terres cuites», laque-
lie nous démontre qu’il s’agit de roches deutérogénes, a Pétat fran-
cliement clastique le premier, et agglutinées ou concrétionnées les
secundes; enfin que les scories artiíicielles obtenues au laboratoire, les
scories naturelles provenantde la fusión du terrain et des végétaux qui
servaient de combustible, efc celles produites par bi combustión de cer-
taines graminées, etc., ue ressemblent pas bous le point de vue de la
strueture aux seories volcaniques trouvées á Cliapadmalal, General Al-
varado, Jíecoehea, Monte Hermoso, etc.
Je crois inutile pour le moment d’entrer dans de plus ampies détails;
les eoncltisions form idees dans mon mémoire de 1908, publié avec la
collaboration des doeteurs II. Bücking, directeur de l’Institut miuéralo-
giquo et pétrographiquo de l’Université de Strasbourg et Henri Herre-
ro Ducloux, professeur de Chinde aux Universités de Buenos Aires et
La Blata ', n’ont souffert aucune atteinte substantielle, malgré la criti-
que unilatcrale dont elles ont été l’objet. Quant aux di vera argumenta
opposés a mes aílirmations, je les ai analysés dans trois études, déjsY
terminées et qui verront le jour, je le répét.e, quand je le jugerai oppor-
tun, n’ayant aucun intérét a entreprendre la défense immédiate d’une
plateforme quel conque. Je me propose seulement d’appliquer á la réso-
lution d’un point eontroversé, des procedes rationnels et méticuleux
d’investigation : « L’apparition de l’étude que sur le méine sujet ont
publiée MM. Untes, Herrero Ducloux et Bücking vers la moitié del’an-
née 1 DOS — dit une publieation récente — marque le commencement
d’une nouvelle époque, car elle a provoqué de nouvelles reclierches,
surtout ex péri mentales » 1 2 ; et A vrai dire, je suis plcinomcnt satisfa.it d’a-
voir determiné cette évolution absol ument nécessaire.
Dans le présent trovad, je no discute pas; je no fais qu’oll'rir quelques
éléments de preuve objeetive, alin de permettre a dJ antros — ni xinc vi
et míe bello velint rapta tradcrc — de pondérer le fond de la question
et d’évaluer et anal y ser dans de meilleures conditions certains argu-
ments que j’ai développés antérieurement.
L’ examen pétrograpldque des diiíérentes préparations de laves volca-
ñiques de la cordillére des Andes, d’échantillons du matériel di senté ou
destiné a la comparaison, est dfi a M. le professour docteur Bücking;
quant anx préparations et microphotograpliies, sacliant qu’il n’ existe
a Buenos Aires ni les éléments nécessaires, ni le personnel compétent
pour leur exécution nette et satisfaisante, je me déeidai a. confler les
premieres ¡i. la maison bien connne de Yogt y ITocJigesang de Güt-
1 Fiíux F. Octus, Kniíuu'k Hkriuíuo Ducloux ct II. HOckíno, Estudio de las
Hit)) ucutas « escorian » y « tierras cocidas » de la serie pampeana de la República Argen-
tina, i n Revista del Museo de La I’lata, XV (segunda novio, II), 138-197, avoo 4 plan-
chos el, (> ligaros dans le texto. Buenos Aires, 1908.
* Florentino Amuc.iiino, íinumóralion ehromlogiquc el critique des no tices sur les
Ierres cuites el les seories avthropiques des terrains sédimentaires ncogbxcs de V Argentino,
pames jusqu’d la fin de l’annéc 1908, in Anales del Museo Nacional de Buenos Aires,
XX, 78.^ Buenos Aires, 1900.
so
fingen, et les secundes a VTnstitat fiir Wisscnsclta/'tlicltc I'hototjraphie «le
(reorg ilausmauu, «l«‘ la «lite ville.
A. ROCHES PROTOUHNJSS
Les inicrophotographies réunies sous ce titre dans la planche, eoni-
preiuient une, préparation «le lave du volcan Osorno (ti y. 1) et «leux «la
matériel en «liscussion provenant «le Monte Hermoso (íig. 1 í et 3).
1. Lave da volean (horno (n° 5 «le la, nuinération spéciale «lu matériel
ét adié ; íi^’. 1). — Le volcan Osorno se trouve situé daos la province
chilienne de Llanquihué (o = 41' 0!)', a 72° .10 '), a 40 kilométres nordest
de Puerto Montt. 11 n’est plus en activitó depuis de longues années; niais
ses tlancs sont couverts d’épaisses conlées de laves se di nocaut a Pouest
et au sudouest vers le lae Llanquihué et, a Test veis celui de Todos los
Santos. Les échantillons ont été obtenus a ICnsenada, petite bale située
sur le rivage du premier de ees lacs et aux environs duquel existen!
«Pénormes accumulatioiis de lave.
II s’agit ici (.Pune lave oxtrémement rude au toueber, (Pune cou-
lenr gris-noirátre ou ardoisée, et, parléis, rocouverte «Pune conche
rougeatre, franchcment rouge ou rosacée. La description pétrograplii-
qne dit ce qui suit : «Roche porpbyrique, andésite. Structure typique
porphyrique; grands eristaux de plagioclase a Pintérieur «Pune masse
fundaméntale constituée préféreininent par des listons de plagioclase,
íér magnétique, et base, etc. Les listons de plagioclase sont disposés
dans la dite masse, en forme Huidale» (Riicking) L
2. Matériel disenté de Monte Hermoso (n° IY de la nuinération spéciale
du matériel étudié; fig. 2). — Oet écliantillon fait partí e des collections
du Musée de La Plata, et ses caracteres maeroscopiques ont été dccrits
antérieurement \
Bien que j’aie déjA, publié leur examen pétrographupie dans un nié-
moire précédent, je le reproduis cependant ci-aprés pour ¡Ilustrar la
microphotograpbiecorrespondante. «Lavespongieuse, andésitique. Quel-
ques-uns de ses pores remplisde calcite. Structure un peu ])lns grossiére
(jiielll1. Dans un magma , brunatre, Pon trouve de noinbreux plagio-
1 M. lo doctour Waltlior Scliillor, elief do la sootion «lo Minóralngic «lu Museo «lo
La Plata, a lait la révision «les tnuluctions «los diagnosos pétrograpliiquos dn doctour
Biicking.
* Oírnos, Iíiciuuoko Duei.oox ot: BOckinu, Ibitl., Má ot salvante.
8 Lo «loctour Biicking s’on r«5 (ovo a Péchantillon «Pun grand lVagmont «lo sonrio,
provonant do Monto Ilormoso, <;t, «lont Pexameu pétrographique pnldió antérlenro-
SI
clases, courts, en forme «le lisfons efc «lis]>osés évidcmment sousla. forme
Huidale. Eli nutre, eristaux de magnétite, quelques-uns petits et. d’autres
plus grands. La base est moins apparente quant aux formations cris-
tallines, et, des lors, moins notable que dans III» (BUcking).
3. Maté riel disenté de Monte Hermoso (n° Y de la nuiuération spéciale
du matériel étudié ; lig. 3). — Oet écliantillon se trouve dans les memes
eonditions «pie le préeédent ’. Je reproduis égalcment sa description pé-
trograpliúpio. a Lave andésitique, a-ugitifere, spongieuse et méme écu-
menso. Un grand nombre des espaees ereux, spéeialement A la. surfa.ee
du fragment, sont revetus de ealcite qui remplit oompletement. les plus
petits. Structure eneore plus grossiere; abondancc plus notable de for-
mations cristalinos «pie dans IV. Les plagioclases mesurent jusqu’á une
quart de millimétre de long, sur un liuitieme de millimetre de large. L’on
y reconnait également la présence de la magnétite et «piehpies eristaux
isolés d’augite, courts gros et de eouleur vert-brunatre. Semblable,
d’ailleurs, a Pécbantillon LY. La base en general moins notable que
diez IV ; peu transparente, du au grand nombre de petits eristaux de
magnétite qu’eile eontient» (BUcking).
A propos des deux óeliantillons IV et V, dont la description pétro-
graphique précéde, le doeteur BUcking me fait observer que «l’on n’y
trouve ni cristallisations secondaires, ni refonditions posté-
rieures». lie méme, ilion savant collaboratciir ajoute : «Gomme je
inont (Ootk.s, Hiíiuuau) Ducnoux ot HUckino, Jbid., 185) dit. co «pii suifc : « Lave
grisc, spongieuse, avoc de nombroux vides, prosquo tous sphériques ct d’tuie gran-
deur qui atteint parfois un centimbtro. II eorrespoiul it uno audésito avee plagiocla-
ses visibles formant quelquefois dos eristaux courts et gros (qui conticnneut du verre)
ou de longs niicrolithos en formo d’aiguillcs. Cos dorniers so présontont. prosque tou-
jours associés on formo do eomplox radio-librcux romplissant la baso qui ost «Puno
conloar foncéo, et brun demi transparont soulomont dans los partios plus milicos. On
observo en nutre dans lo méiuo baso des produits sphérolithiquos do dévitrilícation. »
A propos du fragment de scorio numéro III, d’oñ provient l’échantillon dont je
viens de transcrire la description, fragment volumineux, de formo irrégulibre, de
eouleur gris foneé, pourvu de cellules presque toujours spheroídales, la critique
suivante a été formulée dans uno publication récente : « C’est un óchantillon cons-
ituant un caillou roulé, noiríltro, dbxn aspect différcnt de la généralité dos scories
aiitliropiques et sur lequol jo n’ai pu voir lo moindro vostigo de loess. Ha proven anco
rosto égaloment. doutouso. » (F. Amrgiiino, Examen critique dn mémoire de M. (hilen
sur leu scories el lee ierren cuites, in Anales del Museo Nacional de Hítenos Aires, XIX,
464, note 8. Buenos Aires, 1910). Jo forai observer, pour lo moment, ¡\ propos de
cettc objection, que le fragment contesté par Balitear cité, présente la méme struc-
turo ot. les rnémes élémonts minéralogiquos des antros scories oneastrées dans le
loess do Monto Hermoso, d’un eortain nombro dosquellos jo publio les diagnoses ot los
mierophotographies dans la présente noto, ot quo cellos trouvéos in sita Necochoa,
Chapadmalal, General Alvarado, ote., quo je publiorai opportunémcnt.
1 Oütks, Hkkkkko Uijcloox ot BUcking, Jbid., 185 et suivante.
82
vous l’ai déjh écrit dans le temps, IV, V ni méme III ne sont
des produits artificiéis, ni des formations prodnites par le fen
ordinaire ; ce sont de véritables roches volcaniques comme 5
(lave du volcan Osorno), et, par conséquent des andésites. »
B. nooiins DEUTÉltOGKNES
Les trois mierophotographies presentóos dans la planche aceompag-
nant cette note, eomprennent une préparation de l(»ess de Monte Her-
moso (lig. I), ainsi (pie deux du matériel en diseussion («tenes cuites»),
pro venan t de Chapadmalal (fig. 5 et (>).
1. Loess do Monto Hermoso (n° 3 de la numération spécialedu matériel
étiulié ; fig. 4). — L’écliantillon cnvoyé au docteur Bücking a été separé
d’un bloc de loess eontenant un fragment de seorie : « Olastique, struc-
ture pélititpie etun tant soit peu plus grossióre que celle du numero 1 '.
Formé de pctits grains anguleux généralement de un dixiéme a deux
dixiémes de millimetre de grandeur, deplagioclase,quartz(etfeldspath-sa-
nidine), augite,quelquepeu deliornblende, petitesboulesd’andésite[petits
lapillis ou petits cailloux ronds (abejeroUte (¡enchiche) d’une grosseur
jusqu’á de trois quarts de millimetre], et d’un eément. pulvérulent rela-
tivement rare. La roche appartient done par sa. composition a un tu I'
andésitique » (Biicking).
2. Matériel discuté (« terre cuite ») do Ghapadmalal (n° Vil de la numéra-
tion spéciale du matériel étudié; fig. 5). — La diagnose correspondan t. a
cet échantillon a été également publiée, elle est. conyue dans les termes
suivants : « Roche poreuse, molle, de couleur qui varié du brun-rougeatre
au rouge brique. Strueture clastique, pélitique; elle contient dans un
eément- ferrugineux, compacte, rouge-brnn (hydroxyde de fer et hy-
droxyde d’aluminium, ou bien argüe), quelques petits grains de la gros-
seur jusqu’a de un cinquiéme de millimetre, surtout de quartz et plagio-
clase, peut-étre aussi de sanidine, mais certainement de magnétite,
augite, ]>lus rarernent d’arnphibole; et, en outre, petits lapillis d’andé-
site, comme les précédents de la grosseur jusqu’a de un cinquieine de
millimetre, eontenant des plagioelascs inclus dans une base de couleur
foncée ou bruñe. La roche «loit done étre considerée comme un tuf, ou
une roche pélitique tres riche en materiel volcanique (éventuellement
1 Lo doctour Biicking so libero ¡\ l’óchantillmi ilc loess do (Jhapadmalal, ipi’il a
examiné, ot don t jo reproduis la diagnose pétrograpliiqno ¡\ propos d’uno dos scories
obtenues artificiollonient au laboratoirc do PÉcolo do Chiinie ct 1‘harinacio du Muséo
do La Plata (voir page 84 de la présente mítico).
cendro volcaniquc). Un examen ultérieur, dirá si les granules consideres
(■«mine quartz, sont réellement de quartz, ou si ellesne sont pas en par-
tió ou peut-otre total ement des feldspaths » (Biicking) \
3. Maté riel discute (« terre cuite ») de Chapadmalal (n° XIX de la mimé-
ration spéciale du matériel étudié ; fig. 0). — Au sujet de cct écluintillon
le docteur Biicking dit : «Boche friable de couleur rouge-brique qui
produit au touclrer Pimpression du sable fin. Totalement identique
a VI'l par sa composition, avec la différcnce (pie le céinent retrograde
davantage et parait composé en grande partió de limonite » (Biicking) s.
Dans amaine de ces roches, dit lo docteur Biicking, Pon n’obscrve de
« traces d’influence de fusión ».
MATÉ HIEL DE (JOMl’AH A1SOJN
Une des trois microphotographies gronpées sous ce titre dans la plan-
che, est le produit de la combustión du foyer de la chaudiére d’une fabri-
que (fig. 7); une autre a été obten ue au laboratoire de l’École de Oliimie
et Pharmacie du Musée de La Plata (fig. 8) et la troisiéme est le pro-
duit d’un incendie allumé intcntionnellement dans la cam pague (fig. fi).
1. 8 'coric de rujies de víais (n° XXII de la numération spéciale du maté-
riel étudié ; fig. 7). — Les échantillons de cette scorie m’ont été fournis
par le professeur docteur Santiago Koth, chef de la. section do Paléon-
tologie du Musée de La Plata, qui se les procura dans une crémerio de
dunin (provincc de Buenos Aires), laquelle emploie ou employait les
ralles de mai's comme combustible pour chauftér la chaudiére.
C’est une scorie ampoulée et spongieuse, ])résentant des collules irro-
go! i eres grandes et petites, parmi lesquelles i>rédominent cependant
ces derniéres. Tant A. Pextérieur qu’A, Pintéricur des cellules, on observe
un éclat vitreux. La coloration est en général gris-verdatre, sans étre
cependant uniforme, puisque dans certaines parties, peu nombreuses,
il est vrai, elle présente des taches grisatres. L’on y observe également
des impressions nitides des rafies employés comme combustible, des res-
tes carbonisés de ces inémes ralles, et (Pautres adhérences particulieres
de diverse nature jirovenant du foyer. Un fragment ]>lus grand que j’ai
sous les yeux (00x08 millimétres) pese 151 grammes.
A propos de ce matériel, le docteur Biicking, s’exprime comme suit:
« Scorie écumeuse, de constitution purement vitreuse et sans formations
cristallines de grandeur notable. Xe peut étre (íomparée avec les roches
' OUTKS, lll4KRF.RO DUCI.OUX ofc llÜCKINO, Ihid., 180.
s Outkh, Iliauiniu) Ducr.oux ot HUckino, Ihid., 1H(¡.
SI
volíüiiiiques 111 oí. IV (tig. 2 do la. planche jointc a eotte noticé) et V
(lig. .‘¡) » lCn mitre, le docteur Biicking me fait observer (jue Féchanti-
llou ¿níquel je me refere présente des «ineliisions clastiques man i lestes ».
2. Scorie produite au laboratoire (n° (> de la. munération spéciale du
matériel étadié; ti g. 8). — Quand, en 1908, le docteur Herrero Ducloux,
aecédant gracieusement si ina demande, s’oceupadeFétude eldmiquedu
matériel en diseussion, il voulut connaitre Faction des hautes tempéra-
tnres sur le loess, les scories et les terres cuites qn’il avait analysées;
dans ce Imt il organisa une serie d’essais au four de moutle, ehautté par
le gaz d’édairage, m es tiran t en meme temps les températures au moyen
de montres fusibles de Segcr. Les essais référents au loess se lirent sur
des matériaux provenant de la falaise de La Lobería (loess éolique de la
base et des niveaux supérieurs; loess obtenu en ni eme temps qu’un
fragment de « terre cuite» et loess retiró d’ une strate de scories tres
décom posees); au moyen de mames d’une formation lacustre qni existe
également dans le méme endroitj et mélant le loess éolique i'i des cen-
dres de Se ir pus aspar. Les résnltats de ces expériences sont en partió
coimas, pour avoir été antérieurement publiés %
Quant á Féchantillon dont la microphotograpbie est incluc dans la
planche (fig. 8), il fut préparé au moyen du loess éolique de la base de
la falaise dont les caracteres pétrographiques sont les suivants : « Olas-
tique. Structure pélitique. Constitué par de nombreux petifs grains an-
guleux de quartz et de feldspatli, plagioclases, hornblende, augite, éj>i-
dote, etc., recouverts d’une minee pellicule (apparemment de calcite) et
cémentés par une substance terrease tiñe. La roche est, par conséipient,
formée spécialement de matériel volcanique (cendre) » (Biicking). Le
loess auquel je tais allusion, simplement désagrégé, fut soumis á Fessai
pyrognostique. La eouleur brun-havane qu’il présentait dans les condi-
tions indiquées antérieurement se maintint jusqu’a 950 si 1000°C. ; mais
Féchantillon prit un aspect légérement aggloméré; puis, quand la tempé-
raturearriva si L‘130-l..*lf>0°C., la eouleur passa augris-verdatre foncé,sivec
taches rougesitres, et Fon obtint une scorie poreusede surtace vitreuse,
dont les cellules, de forme irréguliére sont de diiférentes grandeurs
L’oxsimen mieroscopique de cette scorie artiticielle, produite avec les
éléments et dans la forme quej’ai décrits (voirla microphotographie, lig. 8
déla planche jointe si ce, mémoire), présente les caracteres suivants:
« 1 lyaline (vitreuse), avec structure lluidale marquée, originée par sé-
1 Oírnos, IIisKincHo Ducr.oux et Hücking, Ibid., 18(i et suivante.
2 Oírnos, II i: limo ku Ducr.oux et Hücking, Ibid., 173 et tablean do la pago 182.
3 Oírnos, Ilioiiinoito Ducr.oux ot Hücking, Ibid., 182; voir dans le tablean les
essais pyroguostiques do Piichantillon 1 du loess do Lobería, qni est eoliil-niCnio
auquel je me role re dans lo t.exle.
Rev. Museo de La Pi.aI
Au. te Augite; Q. i:
P. =
Fig. 7. Scoric di
T. XVII Ser. II. T. I
ROCH
PR O TO GENE
Au. — Augite; Q. ar Qtrartz; Air. = Andésite;
P. = Plagioclase
C. =s Calcita; P -m Plagioclase
U r É R O G E N E S
P. = Plagioclase; H. = Hornblende; Q. =r Quartz;
An. = Andésite
Q. = Quartz: H. := Homblemle: P. ** Plagioclase.
F. M. = Fer magnétique
M
Q. =■ Quarta; P. = Plngiocla.se
Rev. Museo de La Pi.ata, T. XVII (Ser. II. T. IV.)
Fig. 2. Scorie de Monte Hermoso ,w i ,
Fig. 3. Scorie de Monte Hermoso ,60/,
MATÉRIEL DE COMPARAISON
Fig. 7. Scorie de raíles de maís ,60:¡
Fig. 8. Scorie produite au laboratoire avec du loess
de Monte Hermoso fa/l
erétions de cristal lites (ferrite), et les oonleurs dilíérontes <l«‘s couva, nts
vitreux. Dans la trame fonda, mental e vitreuse, quelques petits grama
minera, ux anguleux ; pas le moindre cristal limitó par des faces planes.
Oette derniére particularitó indique Févolntion d’une roche de stmcture
pclitiquc (deutérogonc), ou, évcntuelloment «Pune roche protogene brisco
ou pulvériséc. De nombreux vides reiulent la scorie alvéolaire et écu-
meuse » (Bücking).
A propos des óchantilloim do scories artilicielles obtemis uu labora-
1 oiré, je dois i a i re observer «pie cliacun «le ceux remis au docteur Biic-
king portait simplement le mnnóro corresponda, nt, accompagnó do la
lógcndo suivanto: Knmtliche SehlacJce im Labóralo rima dargcslelli f
omission faite, ex ppofesso , do toute espécc de ilétails relatifs aux élé-
ínents employés pour leur próparation, etc.
3. Scorie de .Lm Talas (u° 301 de la numération apódalo du nuvtóriel
étudié ; fig. !)). — Les di vei s échantillons de scories et « torres cuites »
de Los Talas qui furent envoyés au docteur Bücking et dont, pour le
momeiit, je publie seulement une description accompagnée de la inicro-
pliotograpliie (fig. 0 ele la planche), furent obtenus par le docteur Walther
Scliiller, clief de la section de Minéralogie du Musée de La Plata et le
docteur liotli. lis proviennent d’une conche «le torra, in transformó en
brique et mfíme en scorie, bien que ce tic dornióro soit moins fróq liento.
Les «lits produits ‘do niótamorpliisine oalorique se trouvent A, la, sur-
face des tórralos argileux, sablonneux et mfino «lo la torro vógótale. lis
sont produits par le leu «Pincendies intentiouiiels, provoques ]>ar les cul-
tiva,teurs dans le but de dépouiller leurs champs de la végétation herba-
cée et ligneuse qui les couvre. Derniérement, j’ai visité la localité en
«piestion, tres voisine «le La Plata, en compagnie du docteur Roth et du
professeur Charles Brueh, chef de la section de Zoologic du Musée de
La Plata; j’eus Pocasion «le m’entretenir avec un agriculteur établi,
da, ns le «lit endroit. lis amoncellent, me dit-il, «le grandes quantités do
gr.nninées, tronos et branches de Ccltis tala, Acacia sp., lodinia sp., etc.,
et y mettent le feu. L’ incendie alimenté conti nuellement par les paysans,
dure sur la memo place, «leux trois et méme quatre jours; le feu éteint,
le sol apparait partiellement transformé en brique et en scorie, que,
plus tard, la citarme dósagrogo et les eaux éparpillcnt complótcmcnt.
La scorie produite daos «le telles oirconstances est soufflée et ampou-
leuse, a,vec col lulos «le «I i lloren tes grandours, mais toujours potitos; sa
couleur est gr isa, tro ou gris-verdatre; elle porto «le nombreuses em-
preintes vegetales. L’examcu microseopiquo de Péohantillon «pie je publie
aujourd’lmi, «lit ce «pii suit : «Yerro pur, aven*, de nombren, sos bulles
d’air. Bpougicusc; pas la moindre production de cristanx » (Bücking).
Musée <1(\ L¡i Plata, aofit lí)10.
L A J\I P Y H 1 D E S DE MISIONES
NOMMKS KT 1> ICC HITS
Par ERNEST OLIYIER
CorrespomlíiJit clu Muséum d’IIistoire naturelle de París
M. C. Brucli, Se distingue elief de la. section zoologique du Musée de
lia Plata, a bien vouln me comnmniquer une intéressante séric de Lam-
pyrides captures par M. Joevgensen dans la Gobernación de Misiones
(Bonpland).
Je viens luiré cornial tro le résnltat de 1 Vitado que j’ai faite de eette
collection oü se trouvaient pbisiours espee.es nouvcdles remarquablos,
qu’avec une grande amabilité M. Brindi a bien vouln me ceder ot je le
remercie cordialement de son extréme géneros i té.
Lamprocera flavo fasciata 15c.
Décrit de Chiquitos. Aussi ¡\ Sao Paulo, Santa (Ja.fha.rina, Mon-
tevideo.
Kviih flabellata Kaiui.
var. deiilieoi'nis Gichm.
Bspéce tres variable dont j’ai fait connaitre les variations et établi la
synonymie (liull. 8oc. Ent. Franco, p. 222, 1909). Répandue uu Brésil :
Santa. Catharina, Thérézopolis, San Leopoldo. J’en posséde dans ma
collection des cxemplaires portant lVtiquette de (Justa Rica et. de Movi-
da.; mais ces indica tions me semblent erronées.
— 87
Ludo blattina Pbrty var.
Protliorax taché de fauve an sominet; élytres noirs avec un minee
liseré fia-ve autour de l’angle humera! et sur la suture sur une longueur
de quelques millimétres A. partir de l’écusson. 'Un sen! individu 9 de
petite traille. Répandu, du Brésil remonte jusqu’á la Guyane; lesindivi-
dus de cette derniere provenance sont beaucoup plus grands.
Uoilocles duliiinns nov. hji.
Mongatm , niger, prothorace aurantiaco , margine crebre punctato , ma-
cula magna , discoidal i? nigra, laevi ; scutcllo triangulan , nigro ; ely-
tris prothorace vix latioribu® , clongatis , parallelis, dehisccntibus,
aurantiacis, macula apicali , nigra ; abdo mine nigro , pygidio triloba-
to, d-uabus maculis flavis ornato ; ultimo ventrali segmento atrinque
puncto flavo notato ; pedibus nigris.
Long. 14 mm.
Voisin do J). emisms Ern. 01 i v., inais bien distinct par sa tai lie plus
avantfígcuse et sa coloration. Les antennes, lo protliorax, le dessous du
corpa et les jambes sont entiórement dhm noir brillant; la tflclie noire
du prothorax est plus developpée, mais les élytres sont uniros sur leur
fiera a-pical seulement.
^íítlira axillaris Motscii.
Aussi a-u Brésil : Bio de Janeiro, Petropolis, Espirito Santo.
dEthra decorata Ern. Olí?.
Décrit sur un exemplaire du Brésil (Petropolis).
Afüilirn rufitliornx nov. sp.
Oblongo-elongata , adra, nítida; prothorace aurantiaco, pygidio et ultimo
ventrali segmento atrinque flavo maculatis ; prothorace rotundato ,
margine crebre punctato, disco laevi; elytri® prothorace hand latió n-
bus , clongatis, rugosulis .
var. prothoracis disco macula b runnea juxtabasali ornato.
Long . 10-11 mm.
REV. MUSEO I,A PLATA. — T. IV. (IX, lfi, 101 0)
7
Alto Paraná (Col. Bertoni).
Entierement tl’uii noir brillant, sauf'le prothorax qui est orangé aveo
le disque d’un jaime plus rouge. Le pygidium etle dernier sogment ven-
tral sont marqués, cliacun, d’une táehe Have á chaqué cóté.
.Lllira invlda 114) V • Sp.
Elongata, subpar alíela, nigra; antennis nigris, quatuor primis art ¡culis
extus Jlavidis ; prothorace ogivali, jiavo, «triga lata nigra , atrinque
rosca, ornato ct in dimidia parte basali longitudinal iter J'ossulato ;
scutello triangular i, crcbrc punctato , nigro, extremo ápice Jiavo ; elg-
tris prothorace haud latioribus, parallelis, rugosis, nigris, Jiavo mar-
ginatis; coxis, Jemorum basi et duobus ultimis ventris segmentis Jlavis.
Long. 11 mm.
Se rapproche de JE. cervina Ern. Oliv.; mais les autennes sont moins
longues et plus trapues, la coloration du prothorax et des élytres est
tout autre, etc. ...
Aucune femelle du genre JEthra n’est connue.
I.iuddota appi'o.Yimans Ehs. Oi.iv.
Espéce coinmune au Brésil, difiere de L. Jlabellicornis Fabr., égale*
ment répandue, par son pygidium noir et son prothorax moins large-
ment bordé de jaunátre.
Pyractoncina nigripenne Sol.
Décrit du Ohili : e’est une espéce des liantes altitudes,
(xobernación del Neuquén.
Ceatomorplius líesckei Kits. Ouv.
La tache du prothorax est d’un rose plus vif et le disque des élytres
est d’un noir plus foncé que sur mes exemplaires typiques provenant de
Kio de Janeiro.
Ceatomorplius lilfcnestratiis Goitu.
Décrit de Bahia (Brésil). J’en posséde des exemplaires de Rio do Ja-
neiro et de Yatahy.
— 89 —
Aspisoma g’entile Ern. Oliv. var.
Deux exemplaires oftrant une tache noire oblongue, attenant A. la
margo latérale du protliorax, au-dessus et pros de l’angle postérieur
qu’elle n’atteint ]>as et qui reste llave.
IMiolinus fiiscus Gbiul
Paral t trbs eommun.
l'lioünus succensus Ern. Oliv.
Bolle espéce décrite de Yatahy.
Photinus Joergenseni uov. sp.
Oblongo-ovalis , ater, nitidus; antennis brevibus, prothorace vix longio-
ribus ; prothorace scmi-lunari , rugóse punctato, margine erecto, costu-
lato, flavo, macula discoidali quadrata aurantiaca et vitta basali
nigra ornato; elytris prothorace latioribus, apicem versus attenuatis,
rugosis.
cf tribus ultimis ventris segmentis p icéis, ultimo brevi,recte truncato.
9 prothoracis vitta nigra basali, atrinque interrupta; 5o et 6o ventris
segmentis plaga lucida in medio ornatis, ultimo nigro, triangulan,
ápice truncato.
Long. !) mm.
Entiérement d’un noir brillant, a l’exception du protliorax llave avec
une tache discoidale orangée et míe bande basilaire noire. Ohez la
femelle, cette bande est plus étroite : elle n’existe qu’au-dessus de l’é-
cusson et s’interrompt pour reparaitre aux angles.
Je dédie cette potito espoce a M. Joorgensen qui l’a découverte <1
Misiones. Elle est remarquable en ce que l’appareil lumineux semble
plus développé diez la femelle que diez le male : diez ce dernier, les
derniers segments du ventre n’offrent qu’une nuance plus claire, tan-
dis que diez la femelle, les deux avant-derniers sont munis dans leur
milieu d’unc plaque brillante d’un blanc jaunfitre.
Elle se place pros de Ph. perbrevis Ern. Oliv. dont la taille n’est pas
plus avantageuse et dont les élytres sont également noires; mais la colo-
ration du protliorax est tres dift’érento.
Mnceoluinpis ?
9 Oblonga, brunnea; prothorace antice paulum anguloso, flavo, disco
nigro, atrinque miniato; clgtris rugóse et crebre punctatis, brunneis,
flavido marginatis, dehiscentibus, ahdominis segmentmn tertium non
ultra prolongatis ; pygidio obconico; áptera.
Long. 13 mm.
Les femelles aptéres soiit ñires dans le groupe des Pliotinini et c’est
avee la plus grande incertitude queje rapporte eelle-ei ¡m gen re Macro-
lampis.
I*yeog’aster intestus Giíüm.
Espeee tres répandue et tres variable. L’exemplaire capturé par M.
Joergensen est entierement d’un noir brillant, sauf les troclianters et le
sommet des han el íes qui sont blancliútres.
Pyi'ogastei* l'iedus nov. sp.
Oblongo-elongatus, ater, pubescens; capite Ínter aculas et antennarum
articulo primo flavido-rufis ; prothorace antice rotundato, flavido,
disco picea ; scutello picea ; clgtris obscuris, rugosulis, sutura te-mia-
dme et margine externo latías flavo marginatis, coxis et femorum has-i
piceis, tarsorum unguiculis iutegris; ventri píceo; o* quatuor ultimis
segmentis cereis, ultimo brevi sat longe mucronato.
9 quinto et sexto segmentis cereis, ultimo triangulan, ápice inciso.
Long. 14 mm.
Misiones, Córdoba.
La eoloratiou bruñe des ólytres, tres oliscare diez eertains individus,
s’éelaircit eliez quelques nutres; de ménie la bordare margínale est de
dimensión variable inais est toujours beaneoup plus large «pie le liseré
sutural.
Je possédais dója plusieurs individus de eette espeee provenant de
Porto Alegro (Brésil).
lMioturis lugulu-is Gome
Déerit du Mexique. Je ne peux pus trouver de dilférence entre les
exemplaires typiques de eette provenanee et ceux du Brésil, si ce n’est
5)1
que, elie/, eos derniers Féeusson est testacé et les Lanches le sont aussi
sur une longueur plus ou nioins grande.
IMioluris innenliei'iis nov. sp,
Oblongas, pubescens ; mandibulis palpisque piceis ; capite flavo; anten-
nis ciliatis , nigris , articulorum basi flava; prothora-ce snbogivali,
crebre punctato , angulis posticis parum prominulis, flavo , macula
discoidali nigra purpurcum punctum atrinque includentc et basim
att ingenie, ornato; scutello triangular!, flavo ; clytris elongatis, bruñ-
iréis, untura, vitta mediana et margine externo pallide Jlavis ; pectore
nigro ; pedibus nigris, coxis , femorum basi et ápice, genubusque Jla-
vis; ventris segmento primo flavo, 2o et 3o bruñiréis, 4o in dimidio
postico flavo, tribus ultimis chuméis, ultimo triangular! ; tarsorum
unguiculis flavis, externis flssis.
o* ignotus.
Long. 16 mm.
Cette jolie espéce est remarquable par le dessin de son protliorax et
la colora tion bigarróe de son corpa et de ses jambes. Les derniers seg-
inents supérieurs de l’abdomen sont llaves; je id ai pu voir les premiers,
craignant d’endonnnager Fuñique exeniplairo 9 dont M. Brucli a bien
voulu enriebir nía. eollection.
ISieellonyclia lividipennis Motsch.
Parnit eonmiun dans tonto la región.
ISieelIonyclia ISruchi nov. sp.
Oblongo-clongata, piceo-flava, pubescen-a; capite flavo, mandibulis piceis ;
antennis piceis, articulo primo flavo ; prothorace antice att en nato et
rotundato, flavo, disco gibboso, picea, Ion gitudinaliter flavo linéalo;
scutello triangular! flavo ; elytris prothorace latioribus, oblongis, ain-
pliatis et apicem versus attenuatis, rugosis, bruñiréis, sutura tenuissi-
me, margine latina et duobus vel tribus strigis longitudinalibus flavis ;
ventris priinis segmentis ncbrtlosis, tribus ultimis roséis, Incidís; ultimo
brevi, sal longo mucronato ; larsis obsenris, duobus unguiculis flssis.
9 ignota.
Long, !2 14 mm.
92 —
Province de Corrientes.
D’un jíiune depoix; protliorax llave avec le disque brun chargé d’une
gibbosité traversée par une étroite ligue llave; les élytres bruns sont
ínarginés de llave assez largeinent a leur marge externe, tineinent a la
suturo et offrent en outre deux ou trois cotes llaves longitudinales, bien
accentuóes á partir de Pépaule, mais s’effayant en arrivant a l’anglo
apical.
Cette espece se distingue bien de ses voisines a protliorax gibbeux
pai la eoloration de ce protliorax et les cdtes llaves des élytres.
C’est avec plaisir que je dédie cette espece á M. Brucb, coimne un
faible tómoignago de, nía reconnaissance.
SUR LA FORME
00 URBES DE REFROIDISSEMENT
oes m Ulano es bina i res
Par E. RENGALE
í’hcf do Travaux pratiqucs fi la Faculté des Sciences de Paria
Par mi Jes diff'érentes métliodes permettant d’entreprendre l’étude des
al lingos métalliques, ou plus généralement des mélanges binaires, Pune
des plus genérales et des plus fecundes est sans contredit cello qui con-
siste si. Biiivre, avcc la composition des mólanges, Isi variafcion des points
de sol idifi catión et de transformation do ces mólanges ; métliode aujour-
d’hui universellement connue sous le nom iVanalyse thermique que luí a
donné le professeur Tammann.
Or la pratique de l’analyse thermique repose sur la détermination
préalable des courbes de refroidissement des différents m él auges étudiés,
courbes dans lesquelles les températures sont portees en ordoimées et
les durées de refroidissement en abscisses. Ces courbes, que Fon obtíent
soit par pointage, soifc, mieux, par enregistremcnt photographique direct
au moyen d’un galvanométre enregistreur, ne sont pas en réalité des cour-
bes continúes au sena mathématique du mot : chacune d’elles se compose
de plusieurs portions distinctes qui, au moins théoriquement, ne se rae-
cordent pas ; par exemple, dans le cas le plus simple ou les coinposants
du mélauge, que nous appellerons A et B, sont complétoment miscibles
á Pétat liquide et ne donnent á Pétat solide ni oombinaison, ni cristaux
mixtos, on aura une premióre b ranche descerníante XM reprósentant le
refroidissement du liquide, une portion á vitesse ralentie ME correspon-
1 Co mémoire fnfc présenté A la Section des Sciences Pliysiqnes ct Mathématiqnes
du Congrios Scientifique International Américain de Buenos Aires (10-25 juillet
1910).
dant a la cristalisation du composant A, nn judiar horizontal EE' cor-
respondant a la formation du mélange eutectique Al», enlin une derniére
branclie E ' Y représentant le refroidissement du mélange solidiíié.
D’une maniere générale, si compliqué que soit le diagramme d’équili-
bre du systóme, les courbes de refroidissement serón t toujours divisées
en un certain nombre de portions distinetes, que Pon pourra répartir
entre trois catégories :
1) Les unes, telles que XM ou E'Y, représentent le refroidissement
d’un liquide homogéne ou d’un solide sans transformation. Ce seront
des courbes exponeutielles si Pon admet la loi du refroidissement de
/
Newton ; elles se confondront sensiblement avec des ligues droites si
Pon suppose la température de l’air ambiant beaucoup plus basse (pie
celle du mélange étudié, et Pintervalle de refroidissement relativement
petit. C’est ce que nolis ferons toujours dans la suite, en admettant que
la chulear rayonnée est simplement proportionnelle au temps, q = X/.
U) D’autres portions, telles que EE', correspondent a une transfor-
mation invariante (transition, eutexie, transformation allotropique). Ce
sont les jialiers horizontaux, dont la mesure exacto sert de base ¡\ la
méthode d’analyse thermique.
3) Enlin les branches telles que ME représentent la cristalisation Pro-
gressive (Pan liquide, ou la transformation graduelle d’un mélange de
cristaux mixtes. Ces branches ne sont pas rectilignes, Pexpérience le
montre suílisamment. Miles se déforment graduellement, quand varié la
composition du mélange étudié, et il serait intéressant de déterminer la
forme corréete de ces courbes et d’étudier la loi de leur déformation.
95 —
C’est cette étude, que Fon n’avait pas entreprise jusqu’A présent, qui
fait Fobjet de ce méinoire. Olí verra (pie les résultats trouvés sont inté-
ressants en ce qu’ils rendent compte d’une maniere tres nette et tres
simple de nombreuses particularités experimentales.
Le probléme se divise naturellement en deux, suivant que duran t la
solidilication graduelle représentée par la branclie ME:
L° 11 se (lépose des cristaux purs ;
2o 11 se depuse des cristaux mixtea.
I. OAS DES OR1STAUX Í’ITRS
Supposous-nous places daña le cas le plus simple oíi les eomposants
A et l> ne sont pas miscibles ¿Y Fetal, solide et nc fbrment pas de combi-
A
naison. Considérons le diagramme représentant F equilibre tliermiqne en
fonction de la concentration molécnlaire. 11 se compose de deux blan-
dios AE, EB se con pan t au point eutectiqne E. Nous ferons les bypo-
tlieses suivantes qui, sans étre absolument rigoureuses, se rapproclient
néanmoins beaucoup de la réalité :
a) La branclie AE du liquidus, lien des points de solidilication du
constituant A, est une droite (ce qui revient a dire que Fabaissement
cryoscopique est proportionnel á la concentration molécnlaire) ;
b) La chaleur spécifxque de la pliase liquide se calcule par la métliode
des mélanges a partir des clialeurs spéciflques m, et m2 des deux consti-
tuants A et B á Fétat liquide ;
c) La quantité de cbaleur L dégagée par la solidilication de A A. par-
— !)(! —
til* du mélange liquido est ixulépendante de hi composit ion do ce mélan-
ge (en d’autres termes, la chaleur de dilution est nulle).
Oonsidérons un mélange liquide de conoentration c renfermant 1 — v
molécules de A etc molécules de B. 11 eoinmeneera de cristaliser á une
teinpérature 0 correspondan! au point M du liquidas. A la température
0,, il se sera déposé s molécules de A, et la concentraron du liquide
sera devenue o,, le point représentatif étant venu en Mr
On a par définition :
(1)
(1 — ti) 6‘, ~ tí.
D’autre pavt
e, — c = (0 — 0,) tg a
ou, en posant 0 — 0, = y et tg a — le
(2) tí, — o — ley.
Des égalités (1) et (2) on tire
.n = k>l
ky + o
Pour représenter la combe de refroidissement cliorehéo, nous pren-
drons comino origine Míe point de solidificaron commeneante; nous
porterons en abeisses le temps t et en ordonnées, de liaut en bas, les
dittérences 0 — 0, — y.
La quantité de chaleur dq rayonnée pendant le temps dt pour une
chute de température dy se compuse :
De la chaleur perdue par le liquide
(1 — .s) [(1 — o,) ml + OjwJ dy ;
de la chaleur perdue par la partie deja solidifiée
sm ' {d y ,
en désignant par m ' , la chaleur spécifique des cristaux A.
Eníin, de la chaleur dégagée par la solidification, L ds.
On a done :
dq — (1 — a) ((1 — <;,) m{ +- tí^n^dy -}- N)i) ' , dy -f L da = \dt
97
ou, 011 remplajant et c, par lema valeurs 011 fonction do o et >/. et
réduisant :
Xdt =
cm , + lem ' i ^
% + o
ce que Fon peut écrire
dy -f- c (vi., — m,) <?f -f- fteL
<*?/
(% H- c)2
Xdí = [m ' , 4- c (?u2 — w,)] di/ -J- c (wt ■
■ vt
dy
ley + c
-f- lech
dy
(ley + c)-
Tello ent Féquation diiférentiello de ¡a courbe cherchéc. Oetto équation
se simplifie si Fon suppose mi == ni' v ce qui est toujours approximati-
vement vrai, la clialeur spéciflque d’un corpa variant tres peu au nio-
ment de la fusión; et mi =. mv hypothése tres sensiblement vérifiée
quand les constituants A et B sont des corpa simples et surtout des mé-
tan x, en vertu de la loi de Dulong et Fctit.
Uans ce cas il reste
Xdt = mtdy -j~ lecL
dy
(ley -f cf'
D’oii, en intógrant et exprimant que la combe passe par Forigine :
... ■ T
ley -fe J
(4)
Xt — mty
c’est a-di re
— US —
(4 ') (mty — a í 4- L) (ley 4- c) — cL.
On veconnait l’équation (Pune hyperbole ayant pour asymptotes les
ilroifces mxy — a t -f- Ij = 0, et ley + c— 0, dont la premiére est une
droite íixe NP et dont la seeonde est une liorizontale variable a veo c,
paral lele á Mí.
Senle la portion de l’liyperbole située au-dessous de Porigine ré-
pond a la question. Au-dessus du point M, la combe de refroidisse-
ment doit représentci' lo rayoimeinent du mélange liquide de clialcur
spéciíique w¿,, c’est done la droite XM (l’équation mxy — a í = 0, droite
parallele á l’asymptote NP. L’angle de cette droite et Phyperbole au
point M est ce que Pon appelle le point anguleux de solidijication com-
mengante ; on voit qu’il varié avec la coneentration.
Quand c 0, e’est-a-dire jiour le premier composnnt A pur, Péqua-
tion (4 ') devient
y (mxy — Ai -f L) = 0.
L’liyperbole se réduit alors á ses asyinptotes, dont Pune s’estconfondne
avec Mí. La courbe de retroidissement du corps pur se réduit done a la
ligue brisée XMNP. Le segment MN représente le palie r de solidijica-
tion.
Quand c augmente, Pasymptote liorizontale s’élóve au-dessus de Mí,
et la tangente á Porigine y = t, s’incline de plus en plus; l’angle M
le L
devient done de plus en plus obtus.
On voit en definitivo :
Io Que l’on passe par une deformation continué du palien de solidijica-
tion du compomnt A pur au point anguleux de solidijication commengante
du mélange AIÍ ;
2o Que le point anguleux de xolidijieation commengante devient de moinx
en moins net au J'ur et a mesure gu’ augmente la coneentration du
corps B.
Une troisiómo remarque ¡ntéressanto est relativo a l’inelinaison du
liquidas A10 du diagramme tliermique.
On sait en ellet que les lois de la cryoscopie donnent :
lg a = le = 500
T étant la température absol ue de solidification du corps A, ce qui re-
— 99 —
vicnt a dire que lo liquidas se rap-
proelie d’autant plus de la vertieale
que la clialeur de fusión L est plus
i ai ble.
Or la tangente au point M, a la
brancbe Uyperbolique de la courbe
de refroidissement a pour équation
ca ^ 500 c\ j
Done, plus l’ahgle a est petit,
plus la tangente en M est inclinée,
pour une memo concentra tion. D’ail-
leurs le palier de solidification MN
du corps A pur a pour longueur
h IcT- .
— — -» il est done aussi propor-
a 500 a
tionnel a 7c.
On voit par suite que le point
anguleux de solidification commcngan-
te est , a concentration égale , d’autant
moins net que le liquidas du diagrani-
mc est plus incliné.
Oes déductions se vérifient d’une
maniere remarquable sur les courbes
de refroidissement ob tenues par Pen-
registrement photographique 1 : on
voit 1(5 palier de solidification du
corps pur se déformer progressive-
ment quand on ajoute des quantités
croissantes du second constituant,
et se transformer en un point angu-
leux de moins en moins prononcé.
Nous donnons ci-inclus les cour-
bes de refroidissement des alliages
Vb Sn :
1 Y oir pour la doHcription du galvanóme-
tro ¡\ enregisfcrement pliofcographicpio (le
l’auteur, lo llulletin de la Société chimique de
Fmnce, 4o nóiúo, t. V, pago 045.
100 —
I. Plomb pur ' obtenues avec cet appareil; elles vérifient, ou
II. P b + 8 % S» I le voit, tres sensiblement les conclusions tle
III. P b -f- 13,5 % S n . cemémoire, saufpour lapartieiníerieure qui
1Y. P¿> 4 20 °/0 Sí». . . ' s’incline davantage, par suite de la tempéra-
Y. P b + 40 °/0 S n. . . . j tuve tvop voisine de‘ cello de Pair ambiant.
Ou constate également bien dans la pratique que Ies liquidas presque
horizontaux correspondent s\ des points de solidification commcnoante
extremement nets, tandis qu’il est fort difficile de détermincr les liqui-
das tres inclines, le point anguleux M dovcnant dans ce cas a pea pies
invisible (Uís que la concentvation o augmente quelque pea.
Si Pon suppose maintenant que les chaleurs spécifiques des deux
constituants ml et vi, soient différentes, en admettant toujours mi = m ' ,,
Péquation (3) devient aprés intégration
(5) \t = [(1 — o) vi, 4- cui, ) y — + L.
K V "r c
On retrouve iine byperbole analogue á (4) mais dans laquelle l’asy mp-
tote NP n’est plus lixe: elle tourne autour da point fixe N quandlacon-
centration c varié, en méme temps d’ailleurs que la droite XM qui lui
est parallele, tourne autour da point M.
Enfin dans le cas ou Pon suppose ml — vii - m ' n on trouve en inté-
grant Péquation (3) :
lt — [(1 — c) vi, 4- cm,\ y — .p L 4- c(vi, — m' ,) log j^i 4 •
La courbe la plus genérale s’obtient done en ajoutant, pour chaqué va-
leur do y , aux abscisses de Phyperbole (4) celles de la courbe logarith-
mique
t = °r (vi, — m ' ,) log ^1 4
qui admet méme asy raptóte horizontale que Phyperbole et présente, au
voisinage du point M, une aliare analogue. En sorte que les conclusions
formulóos précódeimnent no sont pas sensiblement modifiées.
Remarquen. — 1. Nous avons suppose dans ce qui precede que les
mólanges successifs dont on étudiait le refroidissenient contenaient en
tout 1 moléculo (ou le méme nombre de molécules) ; et d’autre part nous
avons admis que la quantité de chaleur rayonnée dans Pañi té de temps
était la méme pour toas ces mélanges.
La premiére de ces conditions est également nécessaire si Pon veut
101
que les longucurs des paliéis horizontaux qui représenteut le dé])6t <lu
congloinérat eutectique .varient suivant une fonetion liiiéaíre de la con-
eentration (inétliode de Tammann).
Mais en pratique elle est inconciliable avec la secunde condition qu’on
ne iicut real i ser d’une maniere simple qu’eu enfermant dans des creu-
sets identiques des volumes égaux des différents mélanges. Les deux
eonditions ne pourraient étre remplies simultanément que si les volu-
mes moléculaires des deux constituants étaient les minies (et la con-
traetion du mélange nulle).
Olí opórera done pratiquement avec des volumes égaux, et il est fu-
cile de voir que la seule modification apportée aux combinaisons préeé-
0
B
0
«lentes sera d’admettre que la pente de la droite XM et de la paralléle
NP varié progressivement avec c (ce qui était d’ailleurs déjiUecas pour
»h = *»,).
2. La branclie d’byperbole earactérisant le dépot des cristaux A ne
se continué pas, bien entendu, indéüniment au-dessous du point M. Elle
s’arréte au palier horizontal EE ' qui représente la prise en masse de
l’eutectique, aprés lequel on trouvera une droite E'Y paralléle á XM,
relativo au refroidissement du systéme complétement solidifié.
GénéraUtmtion. — Comme nous l’avons expliqué tout l’heure, les
phénoménes seront les mémes tontea les fois qu’il se déposera, á partir
d’un liquide liomogéne, des cristaux d’un constituant pur, qu’il s’agisse
d’un des eomposants primitifs du systéme binaire ou d’une combinaison
déflnie formée par ces eomposants.
Mais ceci suppose avant tout que le liquidus correspondant du dia-
gramme d’équilibre est une ligue droite. Or cette hypothése est inadmis-
sible qnand il s’agit d’une combinaison définie C des constituants du
systéme, fusible sans décomposition. On sait en eftét que (lana ce cas le
102
liquidas présente un máximum a tangente horizontale. La courbe (JE a
done une í'orme arrondie qu’il est impossible d’assimiler á une droite.
Sana vouloir résoudre eomplétement le probléme dan» ce cas, remar-
qnons que le liquidas CE peut étre consideré comme l’enveloppe de ses
tangentes, c’est-a-dire de droites pour lesquelles la valeur de tg a =
diminue progressivement quand la coneentration augmente.
Des lors en se reportant á l’équation (4) on voit que la nouvelle courbe
de refroidissement sera l’enveloppe d’une famille d’liyperboles ayant
comme asymptote commune la droite NP, et comme secunde asymptote
une droite horizontale ley -\- c — - 0, s’élevantprogressivomentau-dessus
de Mí á mesure que la solidiíieation se poursuit. La tangente au point
M de solidiíieation commengante aura toujours pour équation
en donnant i\ é la valeur qui correspond ¡i la tangente du liquidas polil-
la coneentration c du mélange considéré.
II. CAS DES CU1STAUX MIXTES
Dans ce cas, le diagramme d’équilibre du systeme comprendra deux
ligues AM, A|j., la prendere, lien des points de solidiíieation eommen-
gante, ou liquidas ; la seconde, lien des points de solidiíieation complete,
ou solidas.
Nolis ferons les mémes hypothéses que précédemment, et en partieu-
103
lier nous admettrons que les ligues AM, A;j. se confondent sensiblement
íi veo des droites faisant avee la vcrticale les angles a et ¡3.
La solidiücíition d’un mélange de concentriition molécula iré c com-
mencera i'i se produiro n. la température 0 correspondant au point M du
liquidas. La eoncontration des cristaux qui se déposeront sera donnée
par l’abseisse y du point N du solidus.
La solidilicsition continuant, la tempér5iture s’abaisse et les composi-
t-ions de la. pitase liquide et des cristaux se modiíient d’uno maniere
continué (bien entcndu, nous supposons le relroidissement asscz lent
pour <pie les cristaux se maintiennent bomogéncs par di ilusión).
A la. température (),, ces compositions sont devcnues e, et y, ; il s’est
déposé s moléculos de cristaux mixtea.
Jín posan t
tg a = le
tg P = fe '
on trouve
; , k'
<>i — ley + c y — y c
Y = j (% + o)
le2
y
le — le' ley -f- c
Pour un abuissement inflniment petit dy de la température ¿i partir
de 0„ la masse inoléculaire des cristaux mixtes augmento de ds, et la
composition de ces cristaux devient y, + dy, ; ils contiennent done
(s -f- ds) (i — y, — dy,) molécules de A. Or les s molécules de cristaux
de composition y, eontenaient, á la température 0„ s (1 — y,) molécules
UEV. MUSEO LA PLATA. — T. IV. (IX, 30, 1010) 8
<lu indine constitnant A ; il s’est done déposé, dans l’intevvalle de tem-
pérature dy
(s 4- Oh) (1 — y, — d'(t) — s ( 1 — y,) — ds (1 — y,) — sdyl
móldenles de A ; on tvouvera.it de íneine (ju’il s’est déposé sinmltané-
ment
(s -j- ds) (y, -f dy,) — «Yi — dsy, 4- sdy , moléeules de B.
Désignons par m¡ ot m., les olialeurs spécifiqiios moléenlaires de A et
B á l’état liquide, pan/i', et m' les clialeurs spéciíiques de ees memos
eonstituants á l’état solide, par Lt et L, leurs elialeurs de solidification.
La qu.antité de clialeur dégagée durant le temps dt pour un refroidisse-
ment dy est la somme des chaleurs dégagées par le refroidissement de
la pliase liquide, par le refroidissement de la pliase solide et par la soli-
dilieation des oristaux mixtos. On aura done:
dq = Idt = (1 — s) [(1 — c,) m, + o, »», J dy -f s f(l — y,) w'1 + y ,»» ' 2] dy +
+ \ds (1 — Yi) — sdyt] 4~ [dsyt 4- sdy, j L2
ou, en cñectuant les calculs :
\dt-
dy
ic — r
lc'ml — lem\ + o (le — le‘)(m., — »,) lele' (L2 — L,)4~
-f lele ' (m ' 2 — m., -I- mt — m ' ,) y 4-
lcc(m{ — m
ley 4- o
+
ft8gT't I
(ley 4- cf J
Nous prendrons encore comine origine des axes Mí et My le point M
de solidification commenyante.
1. Supposons comme préoédemment m1 — m, = w', = m' 2. L’équa-
tion se simplifie et devient:
m = F=r [<* - »■> -■ + <L- - M + LV '
lOn intégrant, et exprimant que la combe passo par l’origine, il vient :
M = K* - *'>», + w <L> - MI y - T^jTT, + Mj'
ou bien
(7) (% 4* c) ) [ (7í — le')mJ -f lele' (L2 — L,)]^ — (le — le ' ) \t -\- leh.\=lccLr
105 —
On reconnait Péqnation d’une liyperbole clont une des asymptotes XP
est ñxe et dont Pantre se déplace en restant paralléle a XP. La portíon
utile de cette courbe est limitée au point M par son intersection avec
la droitoXM d?équation \t — mpj = 0, représen tan t lo refroidissoment
du mólange liquide, et au point ¡a par sa roncontre avec la parallble ¡j,Y
A. MX, correspojidant au refroidissement de la masso solidifico. Les an-
gles que font ces deux droites avec les tangentes á l’hyperbole aux
points M et ¡j. sont les point* angulcux de solidijication covimengante et
de solidijication complete.
Si nous supposons un moment L2 = L,, on voit <|ne Pnsymptoto lixe
XP est paralléle a MX. On retrouve dans ce cas une hyperbole tout a
fait semblable á l’byperbole (4) trouvée dans le cas des cristaux purs
(p. 97) et conduisant aux remarques suivantes, dont les deux premieres
avaient déjA> ét 6 énoncées a cet endroit :
a) Pour e — 0, l’liyperbole so réduit A> ses asymptotos MX et XP. On
pause done par une déformation continué du palier de solidijication du
composant par A au point angulcux de solidijication commengante du mé-
lange.
b) L’angle XMp. s’ouvre progressivement quand on fait croitre la con-
ccntration c: Le point angulcux de solidijication commcnyanlc devicnt de
nioins en nioins net á mesure qn’ augmente la concentra, tion du corps B.
c) Enfin Pangle YgM est toujours plus ouvert que l’angle XM¡¿. De
sorte que le point de solidijication compldte est toujours nioins visible que
— lOfi
le point de solidification commengante , la différence de netteté étant d’au"
tant plus grande que le solidas s’éloigne davantage du liquidas.
Oefcte derniórc remarque explique la difííoulfcé que présente Inobserva- •
tíon des points de solidiil catión compléfce, qui sont presque toujours
invisibles sur les courbes de refroidissement.
Mais en général L2 — Lt íFcat pus nul. Si Lá >■ Ll? 011 voit que Fa-
symptote iixe NP est moins indinée que XM, ce qui a pour effet de
rendre moins obtus les angles en M et ¡a, et par suite de rendre ces
points plus fácil ement observables.
Si au contraire L2 •< L1? l’asymptote NP est plus indinée que XM.
Les angles en M et ¡a s’ouvrent davantage, et Fon volt que, pour des
valeurs convenables de c, le second de ces angles d’abord, pnis le pre-
mier, peuvent devenir égaux á %. Les points correspodants ne sont alors
rigoureusement plus observables.
Pour les valeurs de c supérieures á ces valeurs critiques, les angles
deviennent >> x»
2. Dans Fliypotliése w, — m2, avoc ml = m\ et m., = m ' Féquation
différentielle devicnt
m - au [<i - <» », + «, + ~ (V - l.) + '
JFoü en intégrant
(ley c) | ((le — le ' ) | (1 — c) vi ¡ cvi., | -f- kk ' (b3 — L()]i/ — (je — le ' ) Xí-f-JcL, ¡ ==/ídjl.
L’asymptote NP tourne alors autour du point N coinme dans Féquation
5 er cas.
3. Enfin, en supposant — m' t = m« — m' 2, on trouve par inté-
gration de Féquation générale :
k(1c — 1c ' )t— \lem \ — k‘ mi-\-c(k—k ' )(m.,—mi)+ lele ' (L2--L,)] y — - L,— &L,
h yy+c
+ «(■«*, -w',)log
La courbe s’obticnt done en sijoutant successivement, pour chaqué
valeur de y, íiux abscisses d’une liyperbole analogue a (8), les abscisses
de la courbe logaritlimique
107
í = (F=WK_”,',)log(1 + ?)
et celles de la parabole
, 1 hh ' , , , x 2
ce qui ne eliange pas sensiblement Fallare de Fbyperbolo.
On raisonnerait coinme dans le premier cas pour ótudior la dóforma-
I ion subió par eos eourbes quand le liquidas et le solidas da diagramino
d’éqailibre ae présentenb ]>las la forme rectiligne.
Paria, 15 juin 1010.
PLUSIEUUS NOUVEAUX COLÉOPTÉHES
DE LA RÉPUBLIQUE ARGENTINE
l'Ait MAURICE PIC
Ih'omaiil luis inlntoenlis n. h|>.
tíubpamllelm, nitidus, griseo-pubcsccns, nigro-metallicvs, capitc antice,
thorace (in medio disco nigro notato), antennis ad basin ct abdomine
lateralitcr testaceis ; epipleuris élytrorum antice tcstaceis.
Subparalléle, peu lar ge, brillant, médiocrement pubescent de gris
avee quelques poils redressés clairs, imperceptiblement ponctué sur
Pavant-corps qui est en partí e noir, en partió testacé, irrégulierement
etsubmguleusement ponetués sur les élytres qui sont entiérement fon-
cés avee seulement les épipleures legéroment testuces antérieurement.
Tete noire en ar riere, testacée en avant a partir du milieu des yeux ; an-
tennes coartes, dentées sur leur milieu, noires avee les premiéis articles
testacés en dessous; protliorax court et large, testacé avee une macule
médiane diseale foneée qui n’atteint pas les bords; élytres d’un noir
métalliquc, un peu plus largos que le protliorax, presque paralléles, pas
tres longs, obliquement termines au sommet; pygidium dépassant un
peu les élytres; pattes foncées.
Long. 4 mui.
Han Luis. (Jommuniqué par M'. O. Itrueli.
«Je sépare provisoirement de eette espéce á titre de variété, (4 sous
le nom de var. discoidalis, un exemplairo dont le disque des élytres est
en partie testacé, le rebord élytral nettement testacé antérieurement, et
qui difiere, en outre, de inlateralis par la tete entiérement foneée sauf
les partios buccales.
Long. 4,5 mm.
— 109 —
Province de Córdoba. Coimnuniqué par M. C. Brucb.
Yoisin de lateralis Pie, en difiere, en outre de la coloration, par la for-
me plus robusto et le pygidium saillant.
Silis líruehi n. sp.
o' Satín latos, postice sobdüatatus, nítidas, (¡risco pubescen#, probarte
testáceos (thorace, seutello pedí bosque ; taréis ohscuris) pro parte
nifjcr, aliquot rnfescens (capite, élytris antennisque) ; thorace breve,
in disco imp resso, lateraliter antice tubercnlato, postice appcndicu-
lato spinoso.
Assez largo, un peu élargi en arriero, brillanb, pubescent de gris, noir,
eette coloration devenant en partió roussatre diez les exemplaires un
peu immatures avec le prothorax, l’écussonet les pattes testuces, tarsos
obscurcis. Tete foncée coarte, impressionnée entre les yeux; antennes
assez greles, idus ou nioins foncées; prothorax testacé, court, impres-
sionné sur le disque, inuni sur les cotes antérieurement d’un tubérculo
dentiforme large et postérieurement d’un appendice lojig, sinué, spini-
forme a l’extrémité; écusson testacé; élytres folíeos, distinctement plus
1 urges que le prothorax, pas tres longs, un peu élargis en arriere, expla-
nes latéralement, assez fortement ponetués sur leur milieu et en arriero,
presque lisses antérieurement; dessous du corps plus ou moins foncé;
pattes testacées avec les tarsos obscurcis.
Long. 0 mm.
(Job. -Misiones (C. Brucb). Aussi in collection Pie.
Yoisin de inwquaiis Pie, milis, en outre de la structuro diferente du
prothorax, en difiere par la forme moins robaste, les élytres non mar-
qués de elair sur les cotes, etc.
Aitlliieus parvus n. sp.
Minutos, satis elonqatus, nítidos, (¡risco pubescen# et pilis pallidis hirsu-
tos, rufo-testáceos, capitc plus minusve brunncscente, elytris obscuritf;
capite postice subtmneato ; thorace satis elonyato, antice dilatato:
elytris satis anyustatis.
Petit, assez allongé, brillan!, médiocrement pubescent de gris et hé-
rissé de quelques poils clairs, roux testacé, la tete étant plus ou moins
brunatre, avec les élytres obscurcis. Tete grosse, subtronquée postérieu-
110 —
remeut, assez fortement et éparsémenfc ponctuée; antennes assez eourtos,
épaissies a Pextrémité avcc lo demier article plus long que le pvécédent ;
protliorax ponctué comme la teto, un pon plus long que largo, ólargi
en avant et subarrondi sur eette partie; élytres un peu plus larges que
le protliorax, á épaules marquées, courfceinent rétréeis postérieurement,
á ponctuation espacéo, bien plus forte antérieurement ; pattes assez ro-
bustos.
Long. prés de 3 mm.
Province de Buenos Aires (C. Bruch.) Aussi in eollection Pie.
Eessemble beaueoup ¡\ notre espéce paléarctiquo Stenidins femoralis
Desbr., inais s\*n distingue t\ prendere vue par les épaules niarquées.
Peut se placer prés de holoxauthm Prm. qui a une coloration genérale
testaeée palé.
S|M!rino|}liug‘iis «•auyoliopiíorniis ». «p.
Satis, angustatus et elongatns , subnitülus, sat dense gríseo pubescen#,
nigro-piceus aut rufescens, antennis pedibusgue pro parte nifescenti-
bus; elytris distincte striatis ; thorace satis angustato.
Assez étroit et allongé, un peu brillant, assez densément pubeseent
de gris, noir de poix, parfois roussfitre (ex. iinmatures), antennes et pat-
tes en partie rousssltres. Tete assez longue, carénée entre les y en x, ecux-
ei grands; antennes plus ou inoius roussatres longues, dentées á partir
du 4e article; protliorax transversal, plus étroit que les élytres, presque
droit sur les cótés, i rrégu 1 i ér em ent et assez fortement ponctué, orné anté-
rieurement á l’état frais de petites macules discales pubescentes jaunsV
tres; écusson long et étroit; élytres plus larges que le protliorax, longs,
subparal 1 él os, courtement rétrécis ¿\ Pextrémité, fortement striés; pygi-
dium entiéroment roux ou obscurci et plus elair sur son pourtour, sans
macule foncée ni macules pubescentes distinctes.
Long. 7,9 mm.
Province Córdoba., San Luis (C. Bruch) : Chaco do Santiago (coll. Pie).
Par sa forme cette espéce ressemble á cortains Caryoborus d’oú son
nom; par sa forme allongée elle rappelle longissimus Pie, inais s’en dis-
tingue, á prendere vue, par le protliorax distinctement plus étroit que
les élytres, les stries élytrales plus profondes, etc.
VOCABULARIO CHOROTE O SOLOTE
(CHACO OCCIIMCNTAI.)
Pou ROIIERT LEHM ANN-NI TSl) 1 1 E
Á los problemas lingüísticos del Chaco pertenece la posición del
idioma de los indios Chorote ó Choroti ó Solote ó Soloti, completamente
desconocida por falta de suficientes materiales. Sin embargo, en 1890,
fray Doroteo Gionnecchini explica 1 la distribución y los nombres do las
tribus alrededor de las cuencas del Bermejo y Pilcomayo de la manera
siguiente:
«Los Noctenes, los Matacos, los Yejoses, los Guisnais, los Cliulupies,
son una sola nación, que hablan todos una sola lengua, y todos tienen
las mismas costumbres.
«Tales naciones se diferencian por el nombre, y por términos que yo
llamaré provinciales ó locales.
« Pronto ó la colonia Crcvaux, en la margen izquierda al norte, hay
otra tribu llamada Chorotis que han de haber sido antiguamente una
parcialidad cautivada por» los Noctenes: pues su idioma es un verdadero
dialecto del Mataco ó Nocten ; y muchas palabras son iguales á las de
los Noctenes.
« Esos Chorotis viven en tribu aparte sí, pero se hallan emparentados
y en continua relación con los Noctenes. »
En cuanto á las diferentes tribus recién enumeradas, hoy día, gracias
1 IjA fonk Qukvrik), Introducción á Grupo Mataco-Mata guayo del Chaco, Dia-
lecto Nooten, Valer Noster y apunten, por el V. Inocencio Manuel. Boletín del Instituto
Geográfico Argentino, XVI, sop. p. 4. 189(5; Lafonu Qukvkdo, Introducción íí Los
indios Matacos y su lengua, por el Ing. Juan Vcllcschi. Boletín del instituto Geográfico
Argentino, XVII-XVIII, Hop. p. 53. 1897.
á los estudios del señor Samuel A. Lafone Quevedo, sabemos que los
Noctenes, los Matacos, los Vejóse», y, agregaremos, los Mataguayos,
forman el gran grupo lingüístico Mataco-Mataguayo. ICn cuanto a los
G-uisnais, el explorador señor Herrmann (véase más abajo) comprueba
que pertenecen al grupo Mataco. Los Clmlupies, citados por el padre
Gfionnecchini, y citados también con el nombre de Ohunupies, por el padre
José Cardéis no deben confundirse con los Chunupí, Oliulupí ó \rilela
de Hervás, Pellesclii, Pontana y Ambrosetti y sobre ¡os cuales se fundan
estudios lingüísticos especiales del señor Lafone Quevedo - que demues-
tra (pie estos últimos representan un grupo especial 1 * 3. Restan, pues, los
Ohorotis, y las siguientes páginas contribuirán en algo para discutir la
afirmación del padre Gionneecbini que «su idioma es un verdadero dia-
lecto del Mataco ó Nocten».
Muy pocos son los datos que sobre estos indios bailamos en la litera-
tura. El padre Lozano 4 * 6, en 1788, los llama Xolotm, cuando dice: «Todas
estas naciones, que aquí liemos puesto con sus poblaciones, conviene á
saber, Taynuycs, Tontas, Mataguayos, Agoyas, Xolotas, Tobas, Moco-
bies. Yapi tataguas, y también Aguilotes, (pie viven entre Mocobios, y
los Palomos, (pie casi soban acabado, todos tienen unas mismas costum-
bres, y son semejantes en todo, que por eso los hemos juntado para, hablar
sin distinción de unos á otros. »
Recién en nuestra época volvemos á encontrar los Ohorotis. Creo inú-
til perder mucho tiempo en buscar y citar cuidadosamente todas las
obras de los viajeros y exploradores «pie apenas mencionan su nombre
sin dar detalle alguno. Así por ejemplo, los hallamos mencionados, en
el libro de Baldrich :i (1890), en las Exploraciones del señor Thouar 11
(1891) y últimamente (1908), en las dos conferencias del ingeniero Jíerr-
munii 7 * *, sobre la región del Pilcomayo.
1 .losé CaiuuIs, ¡ais misiones franciscanas de Bolivia, p. linrrnlnna, 1SS(!.
v Lakonk tJllUVKDO, Introducción ;í Los indio» Malucón y na lengua, por el iug.
.loan Pelleschi. Boletín del instituto Geográfico Argentino, XV1I-XV111, sep. p. 12,
nota y p. 52. 1 81)7 .
3 La COMO Quicviído, La lengua Hiela ó Chula pí. Untadlo de filología cliaco-argcntlna
fundado sobre Ion trabajan de Ifervas, Ailclnng y Pelleschi. Boletín del instituto Geográfico
Argentino, XVI, p. 80-12L 1805.
J Lozano, Descripción chorogru pírica del terreno, ríos, árboles, y animales de lan
dilatadísimas provincias del tiran Chaco Gualamba, p. 77. Córdoba, 1722.
6 Oaí.okicii, Lan comarcas vírgenes. El Chaco central norte, l’annim. lineaos Aires,
1800.
ü Tiiouak, Explorationn dann VAmórique da Sud, p. 271. París, 1801.
7 llcHHMANN, Dio clhnoyraphinehcu Ergcbnisse der Dcutnchcn l'ilcomayo- Expedilion.
Zeitsehrifl fiir Ethnologie, X L, p. 120-127. 1008; IIiokkmann, Dio Deutsche Pileonia-
yo- Expedilion. Zeitsehrifl der (Icncllnchafl fiir Erdkunde, p. 520-528. 1008.
113 —
Debemos la primera monografía científica al conde E. von Rosen l;de
la que nos interesa, solamente lo que dice del idioma de estos indios : « El
idioma de los Chorotes parece distinguirse esencialmente de los idio-
mas de las tribus indias alrededor de ellos. Voy á. dar algunos ejemplos :
Chorotes Matacos Tobas
Sol Jcileh iclmala tahigua
Fuego . . . hoát eitach dóllo
Oreja .sitóte untjaté JianéJctclá
Nariz.... Hitnethné mhnun Iwdimíak»
Cuando yo, en agosto de 11)00 y por orden del Museo de La Plata, me
ocupaba, en San Pedro de Jujuy, de la antropología física de las tribus
autóctonas del Chaco occidental, aprovechó la oportunidad para hacer-
me dictar por dos indios Chorotes, relativamente hábiles para estas
cosas, un vocabulario de su idioma, y en seguida me convencí que, casual-
mente, se trataba de dos dialectos algo diferentes que llamaré Chorote
Ay Chorote 1>, no habiéndome sido posible averiguar la verdadera deno-
minación de cada tribu respectiva. Una comparación preliminar de mis
apuntes con los idiomas chaqueños me hizo convencer que se trata de
« un grupo lingüístico especial ó aislado, con un vocabulario parecido
en muchas de sus voces al Mataco», y así lo manifesté en la obra que
trata de los resultados de aquel viaje 2. Ahora que me ocupé detenida-
mente de este problema, al entregar mis materiales lingüísticos á la im-
prenta, ya no me parece fundada tal afirmación, algo categórica por
cierto; creo más bien que la marcada afinidad del idioma Chorote con
el Mataco no se interpreta de otra manera que considerando ambas len-
guas como codialeetos; los datos necesarios con respecto al Chorote,
todavía son insuficientes y creo proceder prudentemente limitándome á
lo antedicho. Restan tantos enigmas á resolver en el tohuwabohu lingüís-
tico del Chaco, que sería absolutamente impropio averiguar ya por ahora
las correlaciones mutuas entre los idiomas Mataco y Chorote.
Debo indicar acá que he oído pronunciar Chorote, Ciioroti y tam-
bién Solote, Soloti, si u que me hubiese sido posible averiguar si se
trata de subtribus, etc., y recuerdo que esta designación coincide en un
grado notable con la forma Xolota, como escribió el padre Lozano en
1733.
1 von Rosiín, The Chorotes Indiáns in the ¡Solivión Choco, p. 13. Stockholm, 1904;
ídem en: ¡nternationaler Amerikanistcn-Kongress, XIV, p. 657. Ktnttgart, 1904.
5 Lhiimann-Nitsciik, Estudios antropológicos sobre los Chiriguanos, Chorotes, Matocos
¡I Tobos (Chaco occidental). Con 50 láminas según fotografíes tomadas por Carlos I’rnrlt.
A nales del Musco de ¡ai ¡'loto, 2a serio, I, p. 5(5-57. 1908.
Gracias á una rara coincidencia me es posible intercalar á mi manus-
crito otro vocabulario Chorote que fué apuntado en Leilesma, provincia
de Jujuy, en junio de 1909, por el señor Salvador Debenedetti, estu-
diante de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos
Aires y asistente en el Museo Etnográfico de la misma, quien fué comi-
sionado á la región del Chaco jujeño en viaje de estudio. En esta oca-
sión, el señor Debenedetti pudo reunir, entre otras cosas, ana colección
ergológica bastante notable de los Chorotes la que describirá en las
publicaciones de la Sección antropológica de la Facultad de Filosofía y
Letras de la Universidad de Buenos Aires, y yo he puesto á su disposi-
ción el material análogo de (pie hablé en los ya citados Anales , pági-
na 50. El vocabulario Chorote del señor Debenedetti corresponde al
dialecto A de mis apuntes.
Para facilitar las comparaciones del Chorote con las ramificaciones
del idioma Mataco, he agregado las palabras correspondientes según un
vocabulario Mataco apuntado por mí y otro apuntado por el señor Debe-
nedetti, como también aquellas (pie se encuentran en la obras de I’elles-
chi, Remedí, Massei y (l’Orbigny y que deben su publicación á los
esfuerzos infatigables del lingüista americano señor Samuel A. Lafone
Quevedo.
VOCABULARIO CHOllOTE
Para apuntar las palabras del idioma indígena me lie servido de la
Tabelle zur Aufnahme südanierilcanischer ¡Sprachen que el Peal Museo
Etnológico de Berlín entrega á cada interesado. Es un cuaderno muy
práctico que contiene las palabras más necesarias, en alemán, español y
portugués, y además hay espacio en blanco para los vocablos americanos.
Conservamos en el siguiente texto, por lo general, el orden déla materia
y de las palabras como lo observa la citada Tabelle. No es el orden alfa-
bético; se trata de un arreglo natural de las palabras, según la materia
(pie indican.
La ortografía del siguiente vocabulario es la castellana; un apostrofe
después de una ¡i, o, ü, a, e, o, significa el acento en el diptongo ó vocal
respectivo.
CLAVE
A = Chorote, individuo A. Apuntado por nosotros en ¡San Pedro de
dujuy, agosto de 190(5.
B = Chorote, individuo B. Apuntado por nosotros en Han Pedro de
Jujuy, agosto de 1900.
115 —
C = Chorote, lenguaraz Luis. Apuntado por el señor Salvador Debe-
nedetti en Ledesma, provincia de J tijuy, junio de 1909.
El lenguaje de los individuos A y C es casi idéntico.
Mat. L.-N. = Mataco, hombro adulto. Apuntado por nosotros en San
Pedro de J tijuy, agosto de 1900.
Mat. Del). = Mataco, cacique Cuchi-Toro. Apuntado por el señor Sal-
vador Debenedetti en Ledesma, provincia de J tijuy, junio de 1909.
Mat. Poli. = Mataco (ex Pellesciii, Los indios Matacos y su lengua.
Con una introducción por S. A. Lafone Quevedo. Boletín del Instituto
Geográfico Argentino , XVII-XVIII, ed. especial. 1897).
Mat. Item. = Mataco (ex Remedí, Los indios Matacos y su lengua.
Con vocabularios ordenados por Samuel A. Lafone Quevedo. Boletín del
Instituto Geográfico Argentino , XVII, ed. especial. 1890).
Noct. = Nocten (ex Massei, Lenguas argentinas. Grupo Mataco-Mata-
guayo del Chaco , dialecto Nocten. Pater Noster y apuntes. Con introducción
y notas por Samuel A. Lafone Quevedo. Boletín del Instituto Geográfico
Argentino , XVI, ed. especial. 1890).
Yej. = Vejoz (ex d’Orbigny, Lenguas argentinas. Grupo Mataco-Ma-
taguayo del Chaco , dialecto Vejoz. Vocabulario y apuntes. Con introduc-
ción, notas, etc., por Samuel A. Lafone Quevedo. Boletín del Instituto
Geográfico Argentino, XYII, ed. especial. 1890).
PAUTES DEL CUERPO, ETC.
Lengua : A, niilc’áj; P>, su-pájnet. — Mat. L.-.N, : no-lcajlctsháii. — Mat.
Del). : no-Jcgjlioj. — Mat. Poli. : nu-ca-jlo-jié. — Mat. Item. : haj-lc-chá. —
Noel. : caj-likiu. — Vej. : no-cagliguiu.
Boca: A, sáai; B, si-lcihue ; C, sái. — Mat. L.-N.: nb-k’aj. — Mat.
Deb. : no-lcáj. — Mat. Pell. : nu-caj , no-caj (ef. Lengua!). — Mat. Item. :
kaj. — Noct. : caj. — Vej. : no-lagni, no-lani.
Labio: A, si-pásat; B, ídem. — Mat. Deb. : no-pasét. — Mat. Pell. :
nu-jatoj (labio superior), nu-pozet (labio inferior). — Noct. : caj taj. —
Vej. : no-paset, no-paste.
Diente : A, sáhue; B, si-kíinta ; C, sájhué. — Mat. L.-N. : no-tsoté. Mat.
Deb. : tsolét. — Mat. Pell. : nu-zutéi, no-chotéi. — Mat. Item. : tzotei. - —
Noct. : zotté. — Vej. : nochetc.
Nariz : A, si-sniétehuc ; B, si-snétue ; C, se-jnátoo. — Mat. L.-N. : no-snés.
— Mat. Deb. : ojnóz. — Mat. Pell.: no-cncss. — Mat. Item. : mis. — Noct. :
ñus. — Vej. : no-nns.
Ventana de la nariz : A, si-snatooké ; B, si-snetehna.
Ojo: A, si-statéi; B, si-süeia ; C, si-late. ■ — Mat. L.-N. : no-tejlüi. —
— 11 (i —
Mat. Deb. : otéjlo. — Mat. Dell. : no-téi, uo-tee-luí. — Mat. Item. : teijlói.
— Noet. : tosió. — Vej. : no-tolo.
Párpado : C, si-tatétaj.
Oreja : A, si-lcóote; B, si- le iota ; O, shi-keoté. — Mat. L.-N. : no-choté. —
Mat. Del).: no-tkiotá. — Mat. Bell.: no-chotéi , nu-quiotéi. — Mat. Item.:
chotéi. — Noet. : Mote. — Vej. : no-quiote.
Agujero de la oreja : A, si-kduiike; B, si-kiotliíla.
Frente: A, si-stiókose ; B, ídem. — Mat. L.-N. : no-tüjloa. — Mat. Del). :
otálcio. — Mat. Pell. : nu-jletéj. — Mat. Item.: téi-chá. — Vej.: no-ta-
ehio.
Cabeza : A, Hétele; I i, ídem; 0, jlólek. — Mat. L.-N.: nojleték. — Mat.
Del). : slétak. — Mat. Pell. : ótée, nu-jletéj, jletéc. — Mat. Item. : lotee. —
Noet. : etck. — Vej. : titeo.
Cráneo : A, sónie.
Cabellos : A, si-uóle; 0, si-uole. — Mat. L.-N. : no-ueléi. — Mat. Del). :
ólei. — Mat. Pell. : nu-huolé. — Mat. Item. : huoléi. — Noet. : yuolé. —
Vej. : no-olee (pelo).
Cejas : A, si-tólcose ; A, si-tietloli ; C, shi-toMosé. — Mat. L.-N. : nu-tojli-
léi. — Mat. Deb. : otákio uolé. — - Mat. Pell. : no-taquiosej.
Pestañas: A, si-tásej ; B, si-tictá; C, ski-tapé. — Mat. Deb. : tejuís. —
Mat. Pell. : no-tecuiss.
Barba (pelo) : A, s i-póse j ; B, si-pósij ; C, sM-póusc (bigote, barba). —
Mat. L.-N.: no-posé. — Mat. Del).: n-paséi. — Mat. Pell. : nu-pozéi. —
Mat. Item. : peséi. — Vej. : lepasot, paso.
Vello del pubis: A, so-pnsej ; B, ídem [«o = penis, B|. — Mat. l’ell. :
nujlu-hueléi.
Mejilla: A, si-kiiló ; B, si-kiólo. — Mat. Pell. : mi-Máluss.
Barba (mentón): A, sck’ ; B, tsü-lcat. — Mat. Deb. : ojióle. — Mat. Bell. :
no-jlecq. — Vej. : no-use.
Hombro: A, si-léue ; B, si-níhue ; C, shi-leue. — Mat. L.-N.: no juapao.
— Mat. Deb. : ojoapó. — Mat. Bell. : nu-huól, nu-lmúl.
Brazo: A, shi-huó’po ; B, ídem; C, si-juópo. — Mat. Deb. : oleató. —
Mat. Bell. : nu-huapú. — Mat. Item. : juapó, — Vej. : no-ti, nojtuvpo (hom-
bro).
Antebrazo: A, shi-kioi ; B, si-lció. — Mat. Bell. : nu-tcuéi.
Codo: A, ski-lcatóki; B, si-kátoki. — Mat. L.-N.: no-katúo. — Mat.
Deb. : oleató. — Mat. Bell. : nn-catú. — Vej. : no-cato, no-cachito.
Mano: A, si-leiói ; B, si-huúki ; C, si-kioiéi. — Mat. L.-N. : no-t’leiioiyi.
— Mat. Deb. : otleoaqot. — Mat. Pell. : cuéyi, nu-tcuéi. — Mat. Item. :
cuéi. — Noet. : cuoi (brazos! error!), cueileió. — Vej. : no-quei.
Dorso de la, mano : A, si-kio-óskaki ; B, si-leió-hnó.
Palma de la mano : A, si-ieio-ot; B, si-leió-tot. — Vej. : no-cuceho.
Dedo: A, si-yésoki; B, si-huúki; C, si-ésiki otés. — Met. L.-N. : no-juoj.
117
— Mat. Del). : no-jós . — Mat. Poli. : nn-cunj, liotc-liotí, hotécnoaji. — Mat.
Kem. : juj. — Noct. : cuj .
Pulgar: A, si-yéselci-kosoki. — Mat. Pell. : nu-cuuéj lu-cué.
índice : A, s hi-julci.
Uña,: A, si-yeseldip-ot ; 13, si-huúküt-á ; C, shi-ósilcipotó. — Mat. Del). :
njvj-jaj. — Mat. Pell.: thoj, no-húhodog (ver cuero). — Yej. : no-jugtag.
Muslo : A, sálciisna; 13, ídem. — Mat. L.-N. : no-jlechéi. — Mat. Pell. :
elajp-hu. — Noct. : Icié. — Yej. : no-lcgm'c , leche.
Pierna: A, sakásiin / C, salciojmnií. — Mat. Deb. : slalcjiálc. — Mat.
Pell. : nu-tlequió. — Mat. Item. : camcheté. — Noct. : calá.
Canilla: (3, shlcojlótilci. — Mat. Del). : n-lclalc. — Mat. Pell. : tcolói ,
coloí. — Yej. ; no-lilé.
Rodilla: A, sa kofsléhehi; B, so-lco’jski ; C, inéjshut. — Mat. L.-N. : no-
Icamchctéi. — Mat. Deb. : no-ploják. — Mat. Pell. : num-camlcióte. — Noct. :
kenkieté. — Vqj. : no-canguicte.
Pie : A, saleóla; C, s alcalá. — Mat. L.-N. : no-pach-doj. — Mat. Poli. :
nu-pakuí. — Mat. Rem. : /coló. — Noct. : pekió. — Vej. : no-pachio.
Dorso del pie : A, si-shiet.
Planta del pie : A, si-polco. — Mat. Pell. : nu-polcé (talón).
Tobillo : 13, su-polció. — Mat. Pell. : nu-lcasup-hd. — Yej. : no-casopa.
Talón : A, asasnáta; 13, si-etehuó. — Mat. Pell. : nu-polcó. — Noct. :
catun.
Dedo del pie: A, slii-juki ; B, si-húlci. — Mat. Rem.: juj (dedo). —
Yej. : no-jug (dedo).
Uña del pie: A, shi-kiip’ót. — Mat. Pell. : thoj , nu-húhodog. — Yej. :
no-jugtag.
Cuerpo : A, ts’aj ; B, ts’á. Cf. piel. — Mat. Pell. : nu-tzan.
Cuello : A, tsólo; B, tsiuó. — Mat. L.-N. : no-posní. — Mat. Pell. : lo-
(¡uu. — Noct. : guólilé. — Vej. : no-panne.
Pescuezo : A, shi-uóslcat ; 13, si-uosléli. — Mat. Deb. : no-lmólc. — Mat.
Pell. : nu-poni. — Mat. Rem. : ponní (garganta, cuello). — Noct. : panni.
— Yej. : nabo, nahotes , pagni.
Garganta: A, shi-palcji; B, si-d’nakji. — Mat. L.-N.: no-lcotsóo.
Sobaco : A, shi-juópolci-lcejóij ; 13, si-juópolci. — Mat. L.-N. : no-élüs
ahoa. — Yej. : nu-bilicho.
Omóplato : A, lceldlientd.
Costillas: A, si-slésis ; B, si-slis; C, slú-lés. — Mat. L.-N. : no-sejliilai.
— Mat. Deb. : oséjilá. — Mat. Rem. : sislilé. — Yej. : no-isiglile.
Pecho : A, ts’ot; B, ts’ot léleki. — Mat. L.-N.: no-t?oh’k¿iü. — Mat.
Pell. : nu-tucué. — Mat. Rem. : tuccuó. — Noct. : tocué. — Yej : no-tolce,
no-tugue.
Teta: A, Uñate ; B, tsahatc ; C, tute. — Mat. Deb.: aulcuó , n-tatá. —
Yej. : no-tate.
118
Barriga : A, si-tsa; B, ídem ; C, si-páa. — Mat. L.-N. : no-tsda. — Mat.
Del). : no-tzhd — Mat. Bell. : tsetaj. — Noct. : zé. — Vej. : no-che.
Ombligo : A, si- lo} ; B, si-lju. — Mat. Bell. : nu-tzdc. — Vej. : no-chac.
Costado: A, si-kidi ; B, ídem.
Espalda: A, leli ; I», si-hias-leli. — Mat. Deb. : ojoapó.
Culo: A, hi-níi; B, si-hnii; O, si- hité. — Mat. C.-N.: no-qj chalés. —
Mat. Deb. : no-jqjlijdj. — Vej. : logueg.
Penis : A, so; 13, ídem. — Mat. L.-N. : no-sloo. — Noot. : slo.
Scrotum : A, si-kénisis ; B, si-kiónis.
Testículos: A, si-sléilci ; 13, si -letones tale. — Mat. Bel!. : nu-kiónis (hue-
vos genitales).
Vulva: A, léishu ; B, ndshiu. — Mat. Bell.: nessé (concha), los-sóc
(vulva). — Noet. : sttj. — Vej. : lenkictag (concha chiquita), leñec (concha
grande).
Piel : A, ts’aj; B, ts’a. Cf. cuerpo. — Mat. Bell.: tdoj , tdock (cuero).
Hueso: A, shi-udlalc; B, si-ndli. — Mat. L.-N.: no-jliiiléi. — Mat.
Deb. : slélaj. — Vej. : lite.
Sangre: A, shi-uoiis; B, ídem; C, shi-uóis. — Mat. Del).: n(ois). —
Mat. Pell. : huíis. — Vej. : voys.
Vena : A, shi-sataye; B, si-sjótald; C, she-táiek. — Mat. Deb. : n-sat. —
Mat. Bell. : nu-zóte. — Vej. : no-sat.
Pulso: A, shi-iiósoki. — Mat. Bell. : nut-cue linó.
Carne : A, uakeché ; B, tisia. — Mat. L.-N.: chiuasetáj. Mat. Deb.:
(n)san. — Mat. Bell. : nu-tzan (carne, cuerpo). — Vej. : ysam, {lítasela.
Nervio (tendón): A, shi-shatalci; B, si-siátaki.
Corazón : A, sójtale; 1>, 1 sáfale ; C, sotihuólae. — Mat. L.-N. : nó-totl¿ia.
— Mat. Del). : n-tokuá. — Mat. Pell. : hotlé, hétele, totlé , la-tú-dlé. — Mat.
Rem.: inflé. — Vej.: no-togtle.
Pulmón : C, shi-kiei. — Mat. Bell. : pe-cuéss, pe-ju-éss (bofes).
Estómago : A, sakásili; 13, sokósili. — Mat. Deb. : n-tanák.
Saliva: A, sá-tsilis; B, sakilis. — Vej. : laguiel, no-lachil.
Orina: A, tsojliu; 13, tseliu; O, sojliu. — Mat. Deb. : n’tolój. — Mal.
Bell. : oel-l, nothél (mear). — Vej. : tuul (mear).
Excremento: A, shi-lcootej ; B, si-kióte. — Vej. : ramuc’V aca.
Líigrima : A, shi-tdsej; B, si-tiásc. — Mal. L.-N. : sanas. — Vej. :
no-tet-ii.
Aliento: A, shi-yel; 13, si-i/cjl. — Mat. Bell.: nu-yidl.
— 119
ELEMENTOS Y NATURA
Agua : A, andt’ü; B, ñot; O, annát. — Mat. L.-N. : inót. — Mat. Deb. :
Téulco (rio Bermejo! L.-N.). — Mat. Bell. : inót. — Mat. Item. : lmáj. —
Noct. : innat. — Vej. : guag.
Río : A, Mújuine ; B, tduk ; C, téhualci. — Mat. L.-N.: juiyát. ■ — Mat.
Deb. : petaj, teóTc. — - Mat. Bell. : Teutáj, Tcuctá (río Bermejo). — Yej :
tccta.
Laguna : O, teulclíue. — Mat. Bell. : c’lcmchitá, hlá-pút.
Fuego: A, éite; B, huát. — Mat. L.-N.: itój. — Mat. Deb.: itáj. —
Mat. Bell. : itoj (cf. humo!). — Mat. Item. : itoj. — Noct. : yttaj. —
Yej. : itag.
Humo : A, tójsa; B, tdjse. — Mat. Deb. : nujuapó. — Mat. Bell. : te-tsaj.
— Vej. : tucliag.
Ceniza : A, tajlat; B, tiijlát. — Mat. Deb. : maotaj. — Mat. Bell. : itój
mulc. — Mat. Item. : itoj-mulc , mulc, lutzej-muk.
Leña: A, ala’ a; B, alá; C, ala (madera). — Mat. L.-N. : haslói. — Mat.
Bell. : Idahan. — Yej. : la.
Cielo: A., poTdlcc ; B, pólc ; C, pule , púla pu (tiempo). — Mat, L.-N.:
judala. — Mat. Deb. : pold. — Mat. Bell. : póélé, lipé-lé, plié-lé. — Mat.
Item. : puU. — Noet. : pillé. — Yej. : pule , yopulei, ytal ppc-lé.
Lluvia : A, pelaiyójmene ; B, análcji. — Mat. Deb. : npejlaí. — Mat.
Bell. : pejldi , umMó, iguumhió (llueve). — Noct. : iguomlcia pczlci (llueve).
- — Vej. : yhongutla (llover).
Viento : A, Idju ; B, idem. — Mat. L.-N. : isnuólcj. — Mat. Bell. : in-
huoclce. — Vej. : ynjuac.
Nube: C, péjla. — Mat. Deb. : npejldi. — Mat. Bell. : pe-lé. — Vej. :
pule, calata.
Sol : A, Midi ; B, Mié ; C, Midi. — Mat. L.-N. : ijudalad. — Mat. Deb.':
judia. — Mat. Bell. : ijuala, liuála. — Mat. Rem. : judia. — Noct. : ijuela.
— Vej. : yjuaba, yjuala, ytal icuala.
Sombra : A, pé’liulc; B, pala. — Mat. L.-N. : hdpdjl. — Mat. Bell. :
peíale. — Vej. : na, nupel.
Luna : A, ua’dla; B, udld; C, uela. — Mat. L.-N.: huddlil. — Mat.
Deb. : njuald. — Mat. Bell. : tsimini, hucldoj, igiielajj. ■ — Mat Rem. :
huéla. — Noct. : igiiela. — Vej.: guela, ytal igueldch.
Estrella: A, lcatés; B, idem; C, lcates. — Mat. L.-N.: Icatds. — Mat.
Deb. : lcatés. — Mat. Bell. : calés. — Mat. Rem. : lcatés. — Noct. : leetes.
— Vej. : catés.
Suelo : A, asndt; B, idem. — Mat. L.-N. : husndti. — Noct. : onnet
(tierra). — Vej. : setag , siteg.
REY. MUSEO LA PLATA. — T. IV. (X, 3, 1910)
9
120 —
Tierra : O, ut. — Mat. Pell. : hunati, liunát. — Mat. Item. : ujudt. —
Noet. : onnet. — Yej. : gognet.
Barro : O, isdtt. — Vej. : ygnat, aset.
Monte (montaña): C, alea. — Mat. Deb. : ntajñi. — Mat. Pell. : tacnij,
tacnii, tachu. — Yej. : — teigji.
Piedra : A, nopói ; B, sesd. — Mat. L.-N. : tdntaci. — IVIat. Pell. : thun-
thé , ténteh. — Vej. : tuunte.
Oro : C, kilaijikíe.
Plata : O, otáj. — Mat. Pell. : leckiinat-thój. — Vej. : colgué.
Sal : O, shijuóni. — Mat. Deb. : nisólc, — Mat. Pell. : nisói. — Mat.
Item. : nisói. — Vej. : núpa.
OASA, UTENSILIOS
Pueblo : C, eshi. — Mat. Deb. : no-ukátj.
Oasa : A, sauu; B, ukj; O, sluíuo , sduo. — Mat. L.-N. : no-uatü. — Mat.
Pell. : no-huéte, hauéte. — Mat. Item. : huétte. — Noct. : gugué. — Vej. ::
lobulte, lioet.
Pared : O, shauo isat. — ■ Mat. Deb. : no-ulcd. — Vej. : ygñat.
Acequia: O, inálcsclc. — Vej. : guagnaig , nolechenec.
Olla: A, taájs; B, taójs ; O ,tadsut (olla de fierro), tadislci (olla de barro).
— Mat. L.-N. : tmuij. — Mat. Deb. : olatdj. — Mat. Item. : tuéj. — Vej. :
tobeg.
Hacha : A, alai; B, ald. — Mat. L.-N. : hdsdn’n. — IVIat. Pell. : husdn
(cast. 1). — Vej. : etetoitay.
Arco: A, loji; B, Ibjsia; O, lushi. — Mat. L.-N.: no-letscij. — Mat.
Deb. : no-locháj. — Mat. Pell. : letzej, letzeg. — Vej. : jucliag (?), gris lobo.
Flecha : A, sci’taa; B, ideui; O, sétaaj. — Mat. L.-N. : hítale. — Mat.
Deb. : no-tojiáj. — Mat. Pell. : lutéc. — Vej. : lotee.
Hueso puntiagudo para abrir fístulas de pus : A, intéle.
Anzuelo: A, iishílmenet ; B, siikiús. — Mat. Pell. : hac-lej, timec. —
Mat. Item. : timéc. — Vej. : kinag chog non.
Juego de cuatro palos : A, sjúkel; B, siúke.
Estuche de caña para guardar la papeleta: A, ehi-tid; B, xi-xá.
VESTIDOS
Faja: A, isliuét; B, kdmak. — Mat. L.-N. : nu-kauálc. — Vej. : no-
cañiacu.
Pulsera: A, impdala. — Vej. : no-cuc, opiata.
— 121
Sombrero: A, liuo’onta; B, huonta; O, uónta. — Mat. L.-It. : no-kahue-
nü. — Mat. Deb. : okabonáj. — Mat. Pell. : cagona , no-cahuoná , guucná.
— Mat. Rem. : cahuoná. — Vej. : no-cabona.
Camisa : A, hopii tió’ jichi ; B, hopü tidjisi. — Mat. L.-N. : no-liayctsliaa.
— Mat. Pell. : i ciclé, no-kaiékc, nojyélcié. — Mat. Item. : caiché. — Vej. :
mgal.
Pollera de hombre : A, uájale. — Mat. Pell. : huesáj (frazada).
Pañuelo : B, natiipót. — • Mat. Pell. : é-tcc-plmt . — Vej. : no-cagidec-
tag Ida.
Poncho : A, semlapáuke ; B, lótakinc. — Mat. L.-N. : no-lcapontsó. —
Mat. Pell. : no-güei.
Bolsa : A, inéshi; B, nélitsi. — Mat. Deb. : jilo (bolsa), sikidt (bolsa
grande). — Vej. : no-cagni.
Collar : A, kiñühila. — Mat. Pell. : lot-zi-cass.
Collar hecho de disquitos de concha : A, Idslehuéshe.
Ocre para pintarse : A, shé’lci ; B, óotc.
FAMILIA, ETC.
Varón: A, Iciilái; B, agíne ; C, kilai (hombre), kilai tiposc. — Mat.
L,-N. : hütnúo. — Mat. Deb. : n’chejuáj.
Macho : C, male kiahiuc. — Mat. Deb. : asnák. — Mat. Pell. : asnaj.
Hembra : C, male lcehiju. — Mat. Deb. : atsinálc. — Mat. Pell. : tsiná,
tziná, atzina.
Padre : A, pái; B, pá’yü (cast. ?, de Padre [religioso] í); C, páapa. —
Mat. L.-ÍT. : nochiáj. — Mat. Pell. : nojkia. — Vej. : yzláa, y sida, ysthia.
Madre: A, asín’ leu "t ; C, mente. — Mat. L.-íT. : no-lcoj. — Mat. Pell. :
no-cote, no-có(a)clda, noj-ldá. ■ — Mat. Item. : Ico. — Vej. : jacob, lacoo.
Hijo : C, ies. — Mat. Pell. : lotsé, lo-csé. — Vej. : yas.
Hija : C, (j)láse. — Mat. Pell. : leetzá. — Vej. : gasa.
Hermano : C, eni. — Mat. Deb. : injndj. — Mat. Pell. : leclcila, ickiilá.
— Vej. : hila, no-guinig.
Hermana: C, eijni. — Mat. Del).: ncliinij. — Mat. Pell.: clcinno. —
Vej.: hite, no -guita.
\ Tío : C, tótiu. — Mat. Pell. : uitot. — Vej. : lay.
Tía : C, iéie. — Mat. Pell. : uidóje.
Cuñado : C, ikiat iot. — Mat. Pell. : quayenéclce, nu-láoti. — Vej. :
no-calag.
Cuñada : C, ikiat jiot. — Mat. Pell. : ticlcié. — Vej. : no-cátog.
Primo : C, no existe este parentesco. — Mat. Pell. : nolmalá, huoclá,
nogiiitugui.
— 122 —
Prima : O, no existe este parentesco. — Mat. Pell. : hualaniss.
Muchacho : O, nijienni. — Mat. Del). : onjlds. — Mat. Pell. : mam
secuaj. — Mat. Item. : anajuáj. — - Yej. : magse, mansi, nuches .
Muchacha : A, iniél; B, kidle ; C, ahuk. — Mat. L.-N. : onjlasé. — Mat.
Pell. : atsildt-ha. — Yej. : lucha (moza).
Mujer: A, ajoct ; B, kiildiki ; O, kilaiki. — Mat. L.-N.: etsejnao. —
Mat. I)eb. : ejuáj. — Mat. Pell. : chécuá, kiécud, — Mat. Item. : cisná
(mujer, hembra).
Yiejo : B, kijié. — Mat. L.-N. : chisñelo. — Mat. Deb. : ojiót. — Mat.
Pell. : nochoht , nikiéhte. — Mat. Item. : iehót. — Yej . ; ehiut.
Amigo : O, méjua. — Mat. Poli. : ejiuitoek, na-aguuéjk , nu-güeck. —
Vej. : yjua, yojua, jumenec.
Salvaje (montaraz) : O, eshemhíue.
Soldado : O, tukis. — Mat. Pell. : ni-huu-taj. — Yej. : ajalag.
Dios : O, nakajikiut. — Mat. Deb. : ntienáj. — Mat. Pell. : a-hót. —
Mat. Item. : ho’jotoj. — Noct. : tupa. — Vej. : tupa.
ANIMALES
Mono: A, ala’jicnaki; B, ala’jinaki. — Mat. L.-N.: hotojni.
Tigre: A, aya’ ; B, kiúnia; O, ahiéj (tigre), ijíju (tigre, hembra). —
Mat. L.-N. : haiyoj. — Mat. Deb. : njaidj, snalcj, aschindkj (tigre, hem-
bra). — Mat. Pell. : aii’ój, ayiój. — Mat. Item. : hayój, ouitúk. — Noct :
eyaj. — Vej. : yag.
León : C, ijuájla (león), ijíju (leona), ijuajla niet aló (leones). — Mat.
Deb. : oaldj (león), aschindkj (leona). — Mat. Pell. : boaiaj, od-láj. — - •
Yej. : ogualag.
Ciervo : A, sauuiitó’k; B, sohutiólc. — Mat. L.-N. : chihuasiia. — Mat.
Pell. : chiuasset , kiuasset. — Mat. Item. : yoasé. — Vej.: guase.
Anta : A, alinó; B, liua’kje. — Mat. L.-N. : ycidlá. — Mat. Pell. : yélaj,
ielaj. — Mat. Item. : yeld. — Vej.: hiclag.
Jabalí: A, kísnie; B, kínie; C, kijmée (chancho del monte).
Caballo : O, alcuta (caballo), ijíju (yegua). — Mat. Deb. : ialataj (caba-
llo), asohinakj (yegua). — Mat. Pell. : iielatdj (caballo), yelataj tzi-ná (ye-
gua). — Mat. Item. : yelatdj (caballo), yelataj cisná (yegua).
Toro (vaca) : C, uake (vaca). — Mat. Deb. : sndkj (toro), aschindkj
(vaca). — Mat. Pell. : kiuas-setdj (vaca).
Chancho: A, nisatók ; B, nisatió ; C, nisatólce. — Mat. Pell. : nitzetdj.
— Vej. : nichag , satay , abúohag.
Perro: A, nó’u ; B, aléino; O, nóo (perro), ijíju (perra). — Mat. L.-N.:
sidnoj. — Mat. Deb. : sinakj (perro), asohinakj (perra). — Mat. Pell. :
— 123 —
sinoje , sino]? aginó] . — - Mafc. Rem. : sino]. — Noct. : esinaj . — Yej. :
signag.
Gato: A, ámaa ; B. kalménole. — Mafc. Pell. ; miche. — Mafc. Rem. :
mitzi. — Yej. : silacay (gato montés).
Tatú : A, islii’o; B, tíslüó. — Mafc. L.-M. : hmnatój (quirquincho).
Pájaro: A, ajnasnaki / B, ajuana / C ,’juéjuaki. — Mafc. L.-N, : challjü-
táj . — Mafc. Beb. : ousáj. — Mafc. Pell. : cuentiéi , huentiéi.
Huevo : A, sléilci; B, ajuma-símil . — Mafc. L.-N. : itój. — Mafc. Pell. :
let-lúél. — ■ Yej. : liguiu.
Ala: A, piní. — Mafc. Del). : onákdle. — Mafc. Pell. : lamias , jlc’ju-is.
— Vej. : leg.
Pluma: A, amjla. Of. avestruz. — Mafc. Deb. : otzjuéz.
Loro : A, ii’lti; B, idem. — Mafc. L.-N. : alad. — Mafc. Pell. : elé. — Mafc.
Rem. : helé.
Avestruz : A, amhla; B, huajla. Of. pluma. - — Mafc. Deb. : uánla j
(suri). — Mafc. Pell. : hualc-loj , huanc-loj. — Yej. : guanlac.
Paloma : A, ójuo ; B, olmo. — Mafc. L.-ÍI". : chilayü’. — Mafc. Deb. : okui-
natdj. — • Mafc. Pell. : hocuinathe , ueuinatá] , cuinatdj. — Mafc. Rem. :
jucuiná. — Yej. : oachitag.
Pez : A, shiuüijs ; B, sikiujs; 0, shikinst. — Mafc. L.-N. : huahdta. —
Mafc. Pell. : iuhuis, i-guum, i-huuíss (vieja, pez). • — Nocí;, 5 zikius.
Pez blanco : B, atsá. — Mafc. Pell. : tzutás (víbo, pez), — Mafc. Rem. :
huaját. — Vej. : yagset (pescado).
Otro pez : B, asJciune.
Víbora : A, toja; B, iislá, — Mafc. L.-N. : jotsój. — ■ Mafc. Deb. : mar-
ida], amia], sluanój. — Mafc. Pell. : chasldetáje, lmátsáje.
Bicho (coleóptero, etc.) : A, tójsana; B, tósene.
Araña: A. sliiuálak; B, mulla. — Mafc. Pell. : clan, ldúhut. — Vej. :
suguanlocuc.
PLANTAS
Árbol : A, Idslaildtólc ; B, melelcetiók; 0, ahí. — Mafc. L.-N. : hodlóo. ■ —
Mafc. Deb. : ajld. — Mafc. Pell. : há-ló.
Hoja : A, hiñóla ; B, simia, — Mafc. Pell. : huoléi, lo-huóléi , la-huuléi.
Raíz : A, juiPtishil; B, alajuaHühi.
Maíz: A, liop; B, piata. — ■ Mafc. L.-N. : siiputWo. — Mafc. Pell. : tzi-
pót-ca. — Mafc. Rem. : sipóca , sipócai. — Nocfc. : yjpct. — Vej. : yspet.
Mandioca : A, uásosne ; B, niialcoa. — Mafc, L.-N. : chamó. — Mafc.
Pell. : man-nioca.
124 —
Banana : B, atas.
Batata : B, utiii’. — Mat. Pelh : batata.
Tabaco : A, ina’uüt ; B, uhuú. — Mat. L.-N. : yokuásn. — Mat. Dcb. :
i oíais. — Mat. Bell. : iú-cuuás, yucuass, iujuás . — Mat. Kem. : yocuás,
tapai, tapaijñc, tapaijñc- ité. — Vej. : yocos, yocuas.
Cigarro: A, nauiitís; B, látíhua. — Mat. Poli.: no-tzéck iúcu-as. —
Vej. : chati.
NÚMEROS
Uno: A, ijiéntni ; B, ijiéle; C, jieujli. — Mat. L.-N. : hotejiii. — Mat.
Pell. : otejji, hoteji , hotecoaji. — Noct. : attejuegei. — Vej. : befagla.
Dos : A, iinták ; B, Mimes ; C, njtak. — Mat. L.-N. : hotejusW. — Mat.
Pell. : hotéjoasí, notejoasí. — Noct. : nitacues. — Vej. : tácuas.
Tres : A, yccIUMala; B, nahope; C, ietséla. — Mat. L.-N. : liijtüjaieel. —
Mat. Pell. : laticuaiél , lajetihuaiel-l. — Noct. : letujueyel. — Vej. : tacuya.
Cuatro : A, páujlitse ; B, csnuhesle; O, páujitlisi. — Mat. L.-N. : ijuá-
liise (hiihü). — Mat. Pell. : hualiss si’je, hualiss i’je, tdi-cua-les’higi. —
Noct. : tumbigiiek. — Vej. : nocuepogec.
Cinco : A, jicntskiotíhuc ; B, yeleskiénoe ; C, jientsi lcotíjihua. — Mat.
L.-N. : iintólcjo. — Mat. Pell. : nchene, ¡acató. — Noct. : noj nocuei él. —
Vej. : y pe befagla , ypebeta , ijuantesii.
Seis : A, ijientni-topnhée ; B, yele-topnhíe. — Mat. L.-N. : nojuntnojuUs’n.
— Vej. : todajinta .
Siete : A, iintah-topnhóc ; B, timcs-topcnhíc. — Mat. L.-N. : ihituntno
liotejojí. — Noct. : noj nocuei el, nitacues nicas iñaj . — Vej. : loosi.
Ocho: A, y echa’ ala-topnhée ; B, nahope-topnhíe. — Mat. L.-N. : ijálesi
peel. — Noct. : noj nocuei el, letujue yel nocas inaj. — Vej. : najada.
Nueve : A, páujlitse-topnhée ; B, esmihesle-topnhie. — Mat. L.-N. : mi-
junt nujiis. — • Noct. : noj nocuei el, tumbigiiek nocus iñaj. — Vej. : naya.
Diez : A } itíhuop-nishiJeoye ; B, sileiotihuc ; O, itijuonsi Icioiei. — Mat.
L.-N. : nujunt nujiis (i). — Mat. Pell. : hoténi. — Noct. : noj nocueyai. —
Vej. : lagelapleza.
Veinte: C, hiepliopasikioiei.
PRONOMBRES
Yo : A, kiilai ; B, kiilai; C, iem, ion kilai . Cf. varón. — Mat. L.-N. :
sihua’iila. — Mat. Del). : ot-lá, ntat-laej. — Mat. Pell. : nojlan. — Mat.
Item. : mi, nuslám. — Noct. : noslem. — Vej. : yaan.
Tú: A, y olma1 a; B, yoliuaá; C, am, am kiláyam. — Mat. L.-N.:
t
125 —
hiitnóo. — - Mat. Del). : tiáj, iam-lej. — Mat. PelL : am, ham. — Mat.
Rem. : am, ame. — Noct. : en. — Yej. : aam , apam, japeem .
Él : 0, shüna ejilce , shüke , iem Tiu. — Mat. Deb. : iahél, iel. — Mat.
PelL : tój. ■ — Mat. Rem. j lam. ■ — Noct. : slem. — Ye|. : atagdehi, jape.
Nosotros : 0, (sam) ijiet , sam , sámneje. — Mat. Deb. : tákiepáj , noinej.
— Mat. PelL : no-j-lcm-il. — Mat. Rem. : nuslamil. — - Noct. : inneemel,
nosleemel. — Yej. : lemeil , namil.
Vosotros : 0, ámejliu, amél , ámneje. — Mat. Deb. : nlcasét , nochilá. —
Mat. PelL : am-él. — Mat. Rem. : amil. — Noct. : emei. — Vej. : amey,
ychi.
Ellos; 0, shunopoojló, uénoue. — Mat. Deb. s iék , nochilá. — Mat. PelL:
toj-éss. — Mat. Rem. : lamil. ■ — Noct. : s Iceme-i, — Vej. s tajeslechi, naani.
Mío : 0, iem. — Mat. PelL : no. — • Mat. Rem. : nu, nuca. ■ — Vej. : no-
eátag , nocay , ycayguet, nocatagi ■.
Tuyo : 0, nahíem , am. — Mat. PelL ; a, ha. — Mat. Rein. : a. — ■ Vej. :
ya, acaiguet , acatag.
Nuestro : 0, samjié. — Mat. PelL : mi. ■ — Mat. Rem. : na, nu . — Vej. :
nemil , ycaguet, nocayguet.
Vuestro : C, aniel . — Mat. PelL : a, ha. — Mat. Rem. : a, au.
Éste : (3, shúna. — Mat. PelL : toj. — Mat. Rem. : toj, toja-, toja-hué.
Éstos : C, shílne atójhuéna . — Mat. PelL : toj-ess.
Aquél : C, atójlmé. — Mat. PelL : toj-Kcné. ■ — • Mat. Kem. : toj-linni .
Aquéllos: C, shunopo atojue aló. — • Mat. Poli. : toj-ess-licné. — Vej. :
tajoslecM.
ADJEOTITOB
Grande : A, itiói; B, itiü / G, itiói. — Mat. L.-N. : pitáj. ■ — Mat. PelL :
toj locuéita , toj Iméhu, huéju, güe-ju, hí-cué. — Vej. : ucag.
Chico : A, heetiói ; B, sámllee. — Mat. L.-N. : nojój. — Mat. PelL : cai-
nu-jualá (frío hace). — Ve). : lasag (pequeño).
Alto: C, itió. — Mat. Del). : ontjpetaj. — Mat. PelL : atúplio.
Frío : A, y ajine; B, tatsiha; C, inip. — Met. L.-N. : fuyéte. — Mat.
Deb. : juiet. — Mat. PelL : huiéte, teleioje , nui cncuá. — Mat. Rem. :
juyétte .
Caliente : A, kiújseene ; B, kióhue ; C. Jciúsat (calor). — Mat. L.-N. :
chiój . — - Mat. Deb. : nkiaot. — Mat. PelL : chucúoitaj , Meúj (calor hace).
— Vej. : eliagu.
Seco ; A, yíliee ; O, yila. — • Mat. L.-N. : nelupén . — Mat. PelL : tam-
lciói-nhiá, hiá, yá, iá. — Vej. : teenhiac (secarse), ynguag (secarse ó cor-
tarse el agua).
Enfermo: A, héetses; B, heés; O, jéest. — Mat. L.-N. : no y él. — Mat.
Pell. : iel-l. — Yej. : nisía, yol.
Muerto : A, yül; B, yda. — Mat. L.-N. : tipotnupeé. — Mat. Bell. : iel-l,
tilocnó, locnó , hót. — Mat. Rem. : yél. — Noct. : yil (morir). — Yej. :
ylneen, ajaat.
Ciego (tuerto í) : A, talóle; B, talóle’. — Mat. Pell. : asnam. — Mat.
Item. : asndm. — Yej. : ténuc, aznam.
Lindo : O, éis.
Rico : O, nleáji. — Mat. Pell. : tselátha.
Pobre : O, taileapaneijopi. — Mat. Pell. : huenidé.
Blanco : A, llimi; B, liime ; C, lemi, — Mat. L.-N. : Upela jt — Mat.
Deb. : n’pelaj. — Mat. Pell. : pe lá ta, pélaj. — Vej. : pelag, pelag leietag.
Negro : A, itiula; B, isióhua ; C, itiula. — Mat. L.-N. : ichaliij. — Mat.
Deb. : ntialdj. — Mat. Pell. : Málata. — Mat. Rem. : chaláj. — Vej. :
chalag, chalagita, chelag.
Colorado: A, ishci’t; B, isiót; C, udjaló (rojo). — Mat. L.-N. : ialeiót . —
Mat. Deb.: n’leidt. — Mat. Pell ; icleiót. — Mat. Rem. : ichót. — Yej. :
ychato, yleiat.
Azul : A, lasaj ; B, Idsasi. — Mat. L.-N. : yetetWj. — Mat. Pell. : iit-tit-
taj. — Mat. Rem. : ytiitáj. — Vej. : y ti.
Verde : A, ledasetiu; B, hiíuáso. — Mat. L.-N. : leateta’j. — Mat. Pell. :
huaolidne, caté, yitd. — Vej. : guachan (verde yerba ó planta).
Amarillo : A, lami-opa’U ; B, lU’mopa. — Mat. Pell. : yd-ca-tde. — Vej. :
catutag.
TIEMPO
Ayer: A, noójti ; B, noóti; C, pola. — Mat. L.-N. : achenojholenii. —
Mat. Deb. : leeljuála. — Mat. Pell. : nahalee, ioudla-náji, icudlannalec ,
ihuála nají. — Mat. Rem. : una’ja’je. — Vej. : yonag-agi.
Mañana : A, leudóme- 1 i nata ; B, leaslómata ; O, leajlóma liguatd. — Mat.
L.-N. : ijudala. — Mat. Deb. -.judia. — Mat. Pell. : icudla, leiicudla, icua-
Id. — Mat. Rem. : chijudla. — Noct. : lele ijuela. — Vej. : yjuata, ytal
míala.
Pasado mañana : (3, lealojma eiji guata. — Mat. Deb. : ni apojli juala.
— Mat. Pell. : temió icudla.
Hoy : A, ijientni-intosloma ; B, loma; C, tdijtaa (hoy, ahora). — Mat.
Deb. : teljdn. — Mat. Pell. : icudilannd, Ornala nén-nd, icudla nén-nd. —
Vej. : ldjualane, ytal, icualanna.
Temprano: C, ehijnootlií. — Mat. Deb. : nélejuala. — Mat. Pell. : ind-
taj (temprano es).
127 —
Tarde : C, nootli. — Mat. Deb. : ojnáj. — Mat. Pell. : hu-naj (tarde es
ya). — Mat. Rom. : unáj (tarde ya es). — Vej. : yonag.
Siempre: O, soujtaishén. — Mat. Deb. : ouaj. — Mat. Pell. : oténi, pej.
Nunca: C, taipa. — Mat. Deb. : es. — Mat. Pell : icnemid, hm-ne-mid.
LUGAR
Aquí : O, liaalóhue nalcii. — Mat. Deb. : ojná. — Mat. Poli. : toja, tojtzí.
— Vej. : c '.liana.
Allá : <J, shunatome tehejue. — Mat. Deb. : mhuat. — Mat. Poli. : cae’ ni,
ea-ní. — Vej. : iocachi.
Encima (arriba) : O, tom(a) opé. — Mat. Deb. : pola (arriba). — Mat.
Pell. : pitó, — Vej. : caapa, punte.
Abajo : O, tom(a) shiéu. — Mat. Deb. : nkid. — Mat: Pell. : hilció. —
Vej. : canilla , cag guian, catha.
YERBOS
Mirar : A, itiatéjlccki. — Mat. L.-N. : neiyajén. — Mat. Deb. : niajéinc.
— Mat. Pell. : yidhin.
Llorar: A, yepin; 13, haydp. — Mat. L.-N.: notajllüi. — Mat. Pell.:
nolac-lin, honj-lin (gritar). — Mat. Item. : taujlin. — Vej. : teglin.
Respirar : A, ayéslihin’n; B, siyél. — Mat. L.-N. : neajliumpo.
Oler: A, asnélmiinü ; 13, asníuiinii. — Vej. : ysineg.
Estornudar: A, asnáatnshien ; 13, üsniétiya. — Vej.: nocachicn.
Beber: A, siyéuyü ; B, ‘ hay ále. — Mat. L.-N.: neiyóa. — Mat. Deb.:
slaátj. — Mat. Pell. : niiot, niiótd, i-íó, i-hió. — Vej. : tuug, tujula, Mino.
Comer: A, Icatiuna ; B, ayéldu; C, sld tójuaio. — Mat. L.-N. : nuldald.
Mat. Deb. : ntoj, os lálcj. — Mat. Pell. : notej. — Mat. Item. : tuji. —
Vej. : tcc.
Mascar: A, ayékniin; B, ayéldu.
Hablar : A, amt’nün; 13, lcóntincne. — Mat. L.-N. : noyam-fuü’. —
Vej. : aboye.
Cantar: C, shilakejnaié. — Mat. Pell. : Idói. — Vej. : cazchun.
Reír: A, asldin ; B, tisldc. — Mat. L.-N. : nocs cheyi. — Mat. Pell. :
this-ldéi. — Mat. Reta.: tischei. — Vej.: esguicili.
Bostezar: A, ilcéanetiipóo ; B, asiutsiesa. — Mat. L.-N.: nuli’aj hent
skaantnn. — Vej. : nocag Idesag.
128
Dormir: A, amáe; B, haméa ; C , smáii. — Mat. L.-N. : neimóa. —
Mat. Del). : ormát. — Mat. Bell. : nimojil. — Mat. Item. : nimót. — Vej. :
nolimi, lemma, yma, nocanguia.
Caminar : C, naj. — Mat. Del). : niélc.
Correr : C, kétzejin. — Mat. Del). : ojuojualój.
Coire : A, inéjshiu; B, huyó; I), ijníeslálau (amar). — Mat. Bell. : ¡mu-
lé, ¡malej (acto sexual). — Noct. : naye, n radical (amar).
Fornicar : C, shikéjuai .
Dar : C, nhihuésjnaia. — Yej. : tis.
Levantarse: A, alumt; B, nápeya. — Mat. L.-N. : nonépoo. — Mat.
Item. : nephó (levántate), nóohipho (levántense). — Yej. : ñipa, neguiepa.
Mamar: C, tcjhuo. — Mat. Bell. : tip.
Matar : C, silajnaiut. — Mat. Bell. : nuloni, loní, ilón. — Vej. : ylaan,
laam.
Morir : C, iel. — Mat. Del). : snokj, nhiél. — Mat. Bell. : iil. — Noet. :
yil, — Vej. : yl
Tatuar: A, inénlceti ; B, nóntelci.
Tejer : C, atcjli. — Vrej. : nohiic, tii .
Trabajar: A, mojakísmenet ; B, símkilie. — Mat. L.-N. : nuchümjlü. —
Mat. Bell. : uitó, ¡cuitó. — Yej. : chuylin.
Hambre: C, ahinalen. — Mat. Deb. : (n)choió (yo tengo hambre). —
Vej. : chuyu.
Sed: C, soujld. — Mat. Del).: nihálc (yo tengo sed). — Mat. Bell. :
nuJciim, nukum. — Vej. : nokiin, negelan, yctun.
Dolor: C, átiji. — Vej. : aytag.
Enfermedad : C, ejseijút .
Sepulcro : C, ejnáki. — Mat. Deb. : nhiél (cementerio). — Mat. Bell. :
hotoláys.
I'KASES, ETC.
Individuo A
Voy con mi amigo: ay i kikiái.
Corto con mi cuchillo : ayiif nato ¡menú.
Entro por la puerta: ay i kúkahuc.
Afuera hay chinas : yi kisea asé’ne.
Voy al campo : ayótse láanta tsisme.
¿Dónde está el patrón i : no pelea mctsce.
Hoy hace viento: la humee.
129 —
Individuo C
Casa gl ande : sliéuo isdjajiu .
JLLoinbre lindo : Jcilai éis.
Mujer linda : lúlailci éis.
Perros lindos : noos éis.
Ilío grande : téualce.
Jlío chico : téualcldse.
Monte tupido: alsáa.
Camiseta, rota : hiohsotsein.
Poncho viejo : hualejiusa.
Bolsa sucia : inéle héjes.
Sombrero bueno : umita es.
Cuchillo que corta : sajhae ilciajldm.
Animal muerto : aleuta iel.
Pájaro vivo : uenaki uásam.
Pasto seco : upái Imasan.
Árbol seco : aló Imasan.
Laguna seca : tcukililmc ime.
Víbora mala : toj ahucsi.
Trueno fuerte : pejlai asajen.
Mucha lluvia: iopneu asajen.
Árbol mío : alam iem.
Cabeza mía : ijítalc.
Cabeza tuya: amjlétélc , am jétele.
Cabeza de 61 : jlam jlételc.
lista casa : sano lajta.
Estos hombres : shúnapo ilai lcatíjhue.
Aquella casa : sano atójlmé.
Esos tigres : shúnapo ahié.
Hombre: Idlai; hombres (gente): kilai uiét aló.
Mujer : Mlailci ; mujeres : leilaiki uiét aló.
Perro : nono; perros : nono shuikit.
Perra: nono ihiju; perras : nono alój.
León malo : iuajla ahueshi.
Leones malos : iuajlaaló ahuesliis.
Pájaro ligero : almena hilcitsii.
Pájaros ligeros : almena uié hilcitsii.
Yo me muero : iam sajlaiu.
Tú te mueres : am najlaiu.
Él se mucre : sliiuse najlaiu.
180
Nosotros nos morimos: eashilce Icasjajlajiu.
Vosotros os morís : amcl najláhuel.
Kilos so mueren : amcl najláhuel.
Yo vivo : iem (j)scis.
Tú vives : am ness.
Él vivo : eliike ess.
Nosotros vivimos: cashikejeis káshisis.
Vosotros vivís : amel nisís.
Ellos viven : slmnopo huenoue asess.
Tú comes : am tó.
Él come : utiujlam.
Yo corro : iem a kétsejim, kilai keitsejim.
Esta casa es mía : shujna sheuo.
Aquella casa es linda : sano ciss.
Yo estoy enfermo : iem llénele.
Aquel hombre so muere: nhuno kilai najlaiu.
Yo tengo dos pesos : iem njtak nelci Unese.
INFLUENCE DE CERTAINS COLLOIDES
SUR LA
DIFFÉKEINCE DE POTENTÍEL CATIIODIQUE
Par le Docteur CHARLES MARIE
Chcf do Travmix (lo Chimto-Physlqiie i\ In Facultó dos Sclcncos do l’UiilvorsItó de Piirl»
Dans un certain nombre de procédés industriéis d’électrolyse, on
recommande l’emploi de bains eontenant de petites quantités de collo'i-
dcs usuels, tcls que la gélatine ou la gomme 1 2 * * * * *. II ótait intéressant de
reeherelier comment ces corps agissaicnt sur la difl'érence do potontiel
eathodiquo et dans ce but nous avons pour un certain nombro do mótaux
recherclió comment celle-ci variait dans ces conditious. Nous pensions
devoir a priori attribuer si. la viscositó un role important; en réalité il
semble que la viscosité ne jone aucun r61e dans les phénoménes obser-
vóse ello est d’aillours tres voisine de cello de Pacido pur pour les Solu-
tions ótcnducs que nous avons omployóes \ 11 semblo plutót que lo col-
lo'ide amoné on nature si. la cathode par le courant ou combinó aux ions
(cas du cuivre) augmente simplement la résistanee de psissage déflnie
par le rapport — de la diftérence de potentiel catliodique á Pintensité du
%
courant. Cette explication n’est d’ailleurs que partidle car elle ne per-
1 Co mémoire fut prdsontó i\ la Section do Sciences Physiquos et Mathdniatiqucs
du Congrds Scientifiquo International de Buenos Aires (10-25 juillot 1910).
s Voir ¡\ co snjot Forster, Elcktrochcmic der wdsacrigcn Ldsungen, p. 203- ot la bi-
bliographio citéo par E. Muller (Z. f. Elcktrochcmie, t. 12, p. 31. 1906).
8 Mesures comparativos (Tomps d’dcoulomont au viscosimbtro Ostwald) — Acido
SOMl’A’’ 7m438 — Acide N -f- 0,25 pour cent de gdlatino 8ni08 — Acido Ar-j- 1 pour cent
de gomino arabique 8m158. Voir en particulior pour la viscositó dos colloides : H.
Garrett, Dmcrtation. Ilcidelborg, 1903 ; Muller, Bey. d. Denla. c hcm. fícncIL, t. 37,
p. 13. 1909.
— 132
met pas (le comprcndre pourquoi le platine platiné est imliiférenta Pac-
tion (lea eollo'ides.
Nona nous contenterons dans ee travail de (lécrire les expériences
elfectuées, laissant á une étude ultérieure le soin de décider si Pon peut
trouver une explieation générale des faits observes.
Méthode de mesure . — Le dessin ei-dessous pennet de comprendió le
dispositif adopté. En deliors des appareils ordinaires il comjirenait :
En E un grand creuset contenant Pélectrode. Ce creuset était en pla-
tine (en plomb pour les exiiériences faites sur ce métal), il contenait Pé-
lectrode L repérée en liauteur et en position par un dispositif tres sim-
ple, et placée le plus souvent dans un vase poreux. Un courant (Pean
entourant E permettait de maintenir la ternpérature constante.
La prise de courant au contact de Pélectrode était faite au moyen (lu
tube représenté par la figure 2, en grandeur réelle; cette forme est par-
ticulierement commode pour éviter les ennuis causés par les bulles de
gaz qui tendent á se loger dans les tubos capillaires.
Solutions. — L’aeide sulfurique N était préparó au moyen de Pacido
le plus pur du commerce *, il circulait constamment dans PappareiL
Cette circulation était obtenue tres simplement en faisant arriver Paci-
do neuf par un tube dans le fond du creuset; un siphon ¡\ ni vean régla-
ble enleva.it constamment Pexcés (Pacido par la surface. Dans lo (¡as oii
on employait un vase poreux Parrivée (Pacido neuf se laisait dans celni-
ci, Pacido débordait simplement dans le creuset oii le nivcau était main-
tenu un peu plus bas par le siphon.
Électrodes. — Les électrodes étaient constituées par des cylindres de
10 centimétres de longueur (D == 0cm85). Elles étaient portée» par des
1 Acido pur oxempt (l’arscuio préparó par la maison Chenal, Douilhot ot compa-
gino (París).
— 133 —
tiges en cuivre sondees ; un morceau de tube de caoutcliouc protégeait
la sondare confcre les pulvérisations d’ acide.
Mesures. — Dans les courbes ci-jointes, les valeurs données en ordon-
nées correspondent aux lectures faites sur la regle; pour sirnplifier les
calcula on s’arrangoait toujours pour que Félément normal donnfit uno
valeur simple, 300 ou 500.
Les valeurs données permettent de calculer la forcé électroinotrice
Fig. 2
de la pile. Électrodo — SO'1 II2 — Électrodo nórmale. Pour en déduire
les diftérences de potentiel cathode-solution, il suflit de se rappeler que
par l’électrodo nox'male au sulfato on a E = Qv95(> 1 (SO'‘II2iV),
RÉSULTATS OBTENUS
Platine platiné. — Pour ce métal l’électrode était constituéo par un
cylindre de cuivre recouvert d’un tube de platine. La courbe ci-jointe
montre que les colloides sont sans action; les points G 0,25, G01, G 05
correspondent en eflfot au remplacement de Pacido pur (A) par le méme
acide contcnant 0,25 pour cent de gólatinc ou 1 et 5 pour cent do gomine.
Le potentiel d’une électrodo dans ces conditions est d’ailleurs une
' Wilsmoioc, /. /. Pliysick. Clicmic, t. 36, p. 94. 1901.
134 —
valeur extrémement stable et dans de nombreuses expériences nous
avons pu constater qu’il demeure constant un temps quel conque sans
varier de ü'Oo l .
Les valenrs obtemies montrent que dans ces eonditions (A = <)A0(¡<¡,
QOni-N) on a pour la pile: Platine platiné H2 * — S04II2 *A7 — Électrode
nórmale, e — 0V728 1 ( t — 10°).
Comine Wilsmore (loe. eit.) indique pour la pile constituée par une
électrode á hydrogéne et 1’ él ectrode nórmale la valeur OvG79 á 25°, le
résultat précédent correspond á une surtension de 0V05 en vi ron.
l-'ig. 3
liemarque. — Le platinage semble avoir une action sur cette valeur;
deux électrodes semblables donnent en eftet toujours chacune la mé.me
différence de potentiel á 0V001 prós, mais entre ellos il peut y avoir une
difí'érence plus grande (atteignant 0V006 pour les <leux tabes de platine
employés).
Plomb. — Pour obtenir des résultats aussi comparables que possible,
les électrodes étaient d’abord frottées au sable puis préparées par oxy-
dation et réduction successives dans SCPlPiV-. Les expériences extréme-
ment nombreuses eft'ectuées avec ce métal ont permis de constater
l’exactitude générale des observations faites par Tafel (loe. cit.); ellos
ont montré en particulier combien était grande Pinfluence des traces
d’arsenic et de platine. «Pai été ainsi conduit a n’employer que Pacido
spécialeinent purifié et t\ rem placer lo platine comme anode 2 par le
1 Cotto valour ost d'nccord avec eolio (0,745) obtoiuio par Taíbl (Z. f. l’hynich.
Ch., t. 50, p. 708) on tonant compto dos diü'óroneos oxpórimontalos (= 0A1 par cm*,
ot S041IS 2 N t — 13°). A ootto ocoasion j’ai pu constater diroctomont que la dillc-
ronce entro lo potentiel dans SO‘HsAr et '2N est de 0V003 onviron et en faveur de
l'acide N. Pour lo plomb, inétal á surtension considérable, avec une deusité de cou-
rant do 0A04, Tafel (p. 095) indique uno valeur dix fois plus forte 0V03.
s Voir ñ, co sujet Pétudo systómatiquo do Poxydabilitó du platine aussi bien par
les róaetifs oxydants los plus usuols, quo par lo conrant (ü. Makuc, ./. de Ch. l‘hy-
sique, t. VI, j). 596. 1908).
— 135 —
plomb fortement oxydéau préalable. C’est seulement aprésavoir obtenu
des éleetrodes dont le potentiel catliodique demeurait constant pendant
des lieures cutieres, méme avec une densité de courant élevée (0A3 par
em2) 1 que j’ai commcncé a étudier l’influence de la gélatine 2.
Toutes les courbes de la ligare 4 ont été obtenu es en eniployant un
rase poreux; Paeide circulait constamment dans l’appareil et pour évi-
ter les mousses génantes quand l’intensité est un peu élevée, on ajoutait
de temps en temps de Pétlier dont Pinflucncc sur la dillercnce de poten-
tiel est nulle. Les points marqués sur les eourbes corresponden t aux
moments oíi le liquide circulan t eliangea.it soit que Pon rempln^at Paeide
pur par un acide contenant le colloíde (O. üo.) soit (pi’inversement on
remplayftt eelui-ci par Paeide pur (A). La combe 1 montre tout d’abord
«pie Paleool est sans action. Quand aux autres courbes, elles mettent
toutes en évidenee l’aetion dn colloíde.
Si on compare les valeurs pour les densités de courant faible a celles
indiquées par Tafel (loe. cit.) on trouve que la gélatine améne rapide-
ment Pélectrode dans ces régions des liauts potentiels appelés par cet
auteur Elcvationswertc.
Autant qu’on en peut juger avec des phénoménes aussi capricieux,
il semble égalernent que l’action du colloíde est de stabiliser ces poten-
tiels éle vés <] n i tendent toujours a tomber. Un granel nombre de courbes
obtenues en continúan!. longtemps Ies cxpériences autorisent cotte con-
clusión.
Oertaines cxpériences ayant montré que la. gélatine semblait conti-
nuersun action en stabilisant le potentiel catliodique d’une électrode,
méme quand on avait remis Paeide pur, j’ai été conduit a essayer P ac-
tion de ce colloíde pendant la pitase d’oxydation de la préparation. Pour
cela, un lot de vingt éleetrodes a été divisé en quatre séries <pii ont été
traitées difVércmment :
1C1' lot. Oxydation dans Paeide pur ; la courbe est faite dans Paeide pur.
2mc lot. Oxydation dans l’acide pur; courbe dans l’acide -j- 0,25 pour
cent de gélatine.
3m0 lot. Oxydation dans Paeide contenant 0,25 pour cent de gélatine
et c.ourbe dans Paeide |fur.
1 Comino oxomplo jo citorai uno expdrionco intorromjiuo lo soir, pondant laquollo
P61c(;tro(lo ótait demourdo ¡\ un potontiol constant pondant plus do nouf liouros. La
torce éloctromotrice do Pélénient mesuré était (lo lv84!\27’ par uno densité do cou-
rnnt de 0a3. Cettc valour avait été attointe nioins do une lieuro aprés le connnenee-
ment de l’expériencíi ; la toree éloctroinotrieo init.ialo était, do 1V7Í).
9 11 convie.nt de r(Mnarquer quo ínfimo a.veo tontos ces próeautions on no pout, arri-
ver ñ la eertitudn (Polttenir uno électrode s tal de ; on oliserve toujours de temps en
temps des ldzarreries dont la. cause demeuro ineonnue.
HRV. mUSKO l.A I’l. ATA. — T. IV. (XII, 20, 101(1.) 1
o
— 18(5 -
'1 30
500
500
450
500
15 0
400
100
'IZO
50
100
150
200
Fig. 4
137
4mc lot. Oxydation et, courbe dans l’acide contena, nt, 0,25 pour cent de
gél atine.
Dans chaqué lot les valeurs ootenues sont tres peu différentes; leurs
moyennes sont les suivantes (les chiffres représen ten t, la forcé éloctro-
inotrice globale de Péléraent — Électrode — électrode nórmale) :
1er lot : lv70 ; 2mc lot : lv87 ; 3mo lot : 1 v82 ; 4mo lot : lv87
La densité de courant coinmuno était de () '(M¡(> ; chaqué oxpérience
dura.it 30 minutes, lia. valeur obtenue pour los lots 2,3 et 4, montre Pac*
I ion de la. gélatine et de plus met en évidonce que cetl.e actiou se pro-
< 1 u i t mcnie si Pélectrodc n’est mise en eontact avec lo colloíde que pen-
( lant son oxydation.
Goniine les électrodes apres leur oxydation dans Pacido avec ou sans
gélatine, étaient lavóos A, Pea n chande, séehóes et resta, ient pour certa, i -
nes ]*lus de 24 heares a Pair,j’ai pu constater qu’elles gardaient pendant
ce temps leurs propriétés de donner des potentiels élevós méine dans
Pacido pur TV; au bout de quehpies semaines il n’en est plus de méme.
La densité de courant pendant V oxydation parait ógalement jouer un
role. De deux series d’éleetrodes oxydées l’uneaOA2 pendant 100 minu-
tes, P antro a 2a pendant 10 minutes, la prendere donne comino potentiel
inoyen lv72 etlasecondc 1 v7 7 pour <A = ()A00(>.
Les Cortes densitós de courant pendant Poxydation agissent done
comino le fait la gola, tino ou la gomme. Liles amenent la surface dans
cet état particulier qui permot Pétablissement des potentiels élevós.
Avant. de quitter le plomb, j’indiquerai que la valeur du potentiel
électrode-solution est tres constante apros chaqué expéricnce, quand le
eouraiit est intemnnpn. Lile permot de calculer pour la, pile L’b —
SO'IL2JV — Électrode nórmale; la, valeur 0VS)4 A 15° '. Oette valeur est
la memo qu’il y ai t ou non de la gola, tino dans le liquide. Quant A la pile
constituée par V électrode oxydcc avant la réduction elle donne pour la com-
bina,ison 2 : L5b O2 — SCÉIPA — Électrode nórmale, la valeur 0VG6 A 20°.
Antros metaux. — Les resultáis obtenus avec le nickel, le zinc et le
cuivre sont représentés par les courbes de la figure 5.
Nickel. — Les électrodes de nickel massif ont été nickelées en nutre
par electrolyse dans un bain de chlorure ndditionné d’un (>xcés d’ammo-
niaque.
* Domozaluiv (Z. f. lilcklroehemie, t. 5, j» . 538. 1899) indique pour la ínfimo eom-
lunaison la, valeur 0V9G ¡\ 0o.
2 Le 11161110 auteur (Dolezaleok) indique pour cctte combiuaison 0V93. La divor-
genee doit fttre dúo au modo do próparation de utos électrodes; la valeur donnfio est
e.u cUbl, la, inoyonno de plus de vingf, mesures qui no dilIYíreni, pus «lo 0V0I.
L’électrode I ¡i été ainsi nickelée pemlant 30m avec 0A2 et a froid; lo
dépót était brillant. L’élcetrode II a été nickelée pcmlant le memo.
teinps, inais avec 0A8 et a el i and ; le dépót était gris et mat. Avant expé-
lienee eos deux électrodes donnent deja des valenrs di lié ven tes ¡)our la
forcé éleetromotrice de la pile: Nickel — WO'II" — Electrodo nórmale.
139
I (lonne 0V70() (16°) et II ()VG(50 (10°).
Cette différenoe se poursuit coima e on pent le voir pendant les expé-
riences; l’électrode I donne un potentiel initial plus elevé que l’élec-
trode 11. Poní- les doux, l’adjonction de gélatine produit une élévation
importante; le remplaccment ultérieur par l’aeido pur provoque une
diiuinution brusque pour L qui se trouve A, un potentiel tres élevé, mais
n’interrompt pas la marche ascensionnelle de II que la gélatine avait a
peine amenú a un potentiel plus élevé que le potentiel initial de 1.
Si Fon compare ccs valeurs A. cellos de Taf'el (loe. cit., p. 7 10) on cons-
tate que pour A = 0A07 la dilíeronce de potentiel est do 1 v.‘ír» ; la géla-
tine améne A un potentiel beaucoup plus élevé 1 vf»í).
Zinc. — L’électrode avait été recouverte de zinc par électrolyse pen-
dant 30m avec 0A3 (t = 30-40°) dans un bain contenant pour 125 cm:i
1 gr. de SO'Zn et 4 gr. de C20''(NH'‘)2 ; le dépót était lnat et homo-
gene.
La courbe obtenue montre l’action de la gélatine; le potentiel de
départ Iv44 monte aprés une heme a lv40 et brusquement la gélatine
l’éléve a 1VS0, valeur qui représente bien ce qu’on peut attendre pour
ce inétal qui d’aprés sa surtension se place un peu au-dessous du plomb.
Guivrc . — Les oxpériences ont été plus nombreuses et ont donne
nutre les résultats généraux observés avec les afutres métaux des résul-
tats particnliers intéressants.
Ijíi, courbe 1 de la figure 5 correspond A. une électrode cuivréc dans un
bain de nitrato additionné de S04H2 et planée simplement dans lo creu-
set de platine sans vase poreux. Detemps en temps, on siplionnait brus-
(pxement le liquide pour le remplacer soit par de l’acide neuf (A) soit
par de l’acide contenant de la gomine ou de la gélatine.
Les irrégularités considérables observées dans cette expérience sont
dues a l’absence de vase poreux car les courbes II et III obtenues avec
vase poreux sont beaucoup plus réguliércs. Les potentiels atteints sont
beaucoup plus élevés que ceux indiqués par Tafel (loe. cit.) qui pour une
densité de eourant analogue donne lv40 au plus, alors que la valeur
atteinte, méme aprés 15 heures (courbe III), correspond A lv56 et s’éléve
par la gélatine A 1VG5 sans que rien n’indique (¡ue le maximun soit
atteiut.
II était intéressant de voir si les élcct.rodes euivrées dans un bain
contenant de la gélatine auraient des propriétés particulieres.
Les courbes ci-jointes (fig. (1) ont été obtenues dans les mémes eondi-
tions exjiéri mental es (A = 0A0G6 — t = 18-19° — vase poreux) avec
des éleetrodes cuivrées dans le memo bain de nitrato aoidifié par HO'Ml2
contenant en outre pour Yi et Vil 0,3 pour cent de gélatine. Les élee-
trodes IV et V étaient roses comme A l’ordinaire, VI et VII au contraire
polios et brillantes avaient l’aspect connu du cuivrc obtenn dans ces
140
conditions Malgrc ces diílérences d’aspect la Jorco électromotrioe do
Pélément, (’n — S< )" 1 1 “ — ÍÓlectrode nórmale, était la memo ponr tontos
eos oled rodos <)v40 18".
Les combes montrent (¡ida l’électrolyse ces electrodos so conduisont
(Pune maniere tonto di lí'órente; les Electrodos en i vi cios en présence do
K¡u. (¡
gélatine ont des potontiels boanconp plus bas ( 1 ' 1 8 environ) mais boau-
eonp plus stables et pratiqnement insensibles anx changements (Poleo
trolyto. Les antros electrodos ont an contraire dos potontiels élevés dos
le debut (1 v.‘10), qni atteignent ensnite 1 v44 environ; ces potontiels sonl
facilement instables des «pie la gélatine est snppriméo mais tondent
ensnite a se relever lontoment.
Remarque. — 11 était intéressant de vérificr si des pliénoménes ana-
' Voir íi co propos Mullur (Z. f. fílele., t. 12, p. 317). Lo métal eontient onviron
2 poní- cent d’impurotóa (matiiiro organuiuo) duna ces conditioiis.
141
logues pouvaient étre observés quand, au lien d’électrolyser de l’acide
sulfurique pur on éleetrolysait une solution de S04Cu telle que cello
employée pour le dépót du cuivre. L’expériencc directe faite en niesu-
rant dansdes oonditions tonta fait semblables, ladifl'érencede potentiel
aux bornes de deux ólectrolyseurs reniplis de la meme solution cuivri-
que contenant un peu de gélatine pour Pun d’eux, répond immédiate-
ment á la question; on constate en eft'et une di flérence de potentiel de
0V2 en favcur du bain contenant. la gélatine.
Les com bes (íig. 7) donnent une idee plus préeise du pliénomóno; la
gélatine releve d’une maniere importante le potentiel catliodique (0V2
environ). La courbe YÍI1 montre combien le potentiel s’éléve brusque-
ment quand on remplace le bain ordinaire par le méme contenant 0,25
pour cent de gélatine. La courbe IX donne une idée encore plus com-
plete des faits; dans la prendere partie avant A, le bain contient de la
gélatine, on le remplace par le bain pur, le potentiel s’abaisseau niveau
de la prendero braneliedela courbe VIH, pour remen tor dés que le bain
gélatiné est de nouveau omployé. La. composition des bains est celle
employée par Mullcr (loe. cit.) 0,5 Mol. Cu SO4 -f 0,005 Mol. SOMl2.
Itesumé et conclusions. — En deliors des remarques particuliéres faites
au eours de ce mémoire, on peut en rasscmbler les résultats acquis dans
les conclusions suivantes :
Io L’addition d’un collonle comme la gomme on la gélatine provoque
une élévation brusque et considérable du potentiel de dégagement de
142
l’hydrogéne dans Facide sulfurique, pour les métaux qui présentent le
pliénomene de surtension : plomb, zinc, cuivre. Avee le platine platiné
dnnt la surtension est imlle, cotto élévation n<*. se produit ¡tas;
2U Le véle du colloíde se borne, autant qu’on en peu t juger, a amener
brusqnement le potentiel catliodique aux valeurs appelées par ,T. Tafél
IJloviUionmcortc et a stabiliser ees valeurs;
3o On constate pour le euivre que la gélatine a une action tout a fait
analogue sur le potentiel de précipitation du metal;
4o II semble que la cause deces pliénomencs doive étre chercliée dans
le transport du colloíde a la cathode. Ce transport est mis partieuliére-
ment en évidenee avee le cuivre, puisque le metal déposó en bain géla-
tiné est impur et eontient déla matiére organique. Dans l’acide sulfuri-
que le colloíde ne peut se séparer, mais vient augmenter la diñ'érence
de potentiel catkode-solution, en agissant sur la valeur de la résistance
de passage.
L’étude systématique de ces pliénoménes, partieulierement en ce qui
concome le dópót d’autres métaux que le cuivre, permettra je Fespére
des eonclusions plus precises.
Instituí de Cliimio appliquóo do la Facultó des Sciences,
Paria, 20juin li)10.
CATÁLOGO SISTEMÁTICO
DK LOS
COLEÓPTEROS DE LA REPÚBLICA ARGENTINA
l’ou CARLOS I5RIJCI1
.Ido ilo 1 n- Hoo.oli'ni ilo Zoología <lol MiinimmIo La Piula
INTRODUCCIÓN
Muchas veces, en los veinte años que llevo ocupándome de la fauna en-
tomológica y con preferencia de coleópteros argentinos, he tropezado con
inconvenientes, á medida que estudiaba á éstos últimos. Mis trabajos de
clasificación han escollado, asimismo, con graves dificultades, dada la es-
casez de materiales bibliográficos y de comparación, como también por la
falta de grandes obras de conjunto sobre nuestros coleópteros, cuyas
descripciones se hallan diluidas en un sinnúmero de publicaciones cien-
tíficas, de las cuales, muchas, han sido y son para mi inaccesibles. Por
otra parte, es notorio que nuestros coleópteros han sido aún poco estu-
diados, y los nombres con procedencia «Argentina», que registran los
catálogos hasta la fecha aparecidos, son insuficientes para darnos una
idea acabada de las especies (pie habitan el país.
Gracias á la colaboración de distinguidos especialistas extranjeros, el
abundante material (pie me ha sido posible reunir durante largos años,
se encuentra actualmente en su mayor parto determinado ; circunstancia
feliz que me permite ofrecer un cuadro relativamente completo de nuestra
fauna coleopterológica, hoy por hoy, presentado en forma de Catálogo
sistemático , mientras prosigo la parte descriptiva que también tengo
comenzada.
Dicho catálogo comprende, desde luego, la nómina de los coleópteros
de la República Argentina descriptor hasta la fecha, como asimismo de
todos los que he sabido fueron hallados dentro de sus límites políticos ;
pero, no están incluidos en él, aquellos solamente conocidos ó descrip-
tor de los países colindantes.
Sin embargo, dada la posición geográfica y el carácter físico de la
República, se explica fácilmente la presencia del gran número de tipos
propios de los estados limítrofes. Así, por ejemplo, encontramos abun-
I 14
dantes especies tropicales difundidas por nuestras provincias y territo-
rios del norte, y otras, particulares déla fauna al sudoeste délos Andes,
se lian propagado bastante Inicia el este de los valles precordilleranos.
En cambio, observamos en las pampas bonaerenses, de Santa Ee y de
Córdoba, pero, sobre todo, en la extensa región patagónica, muellísimas
formas especiales, endémicas unas y que pueden considerarse como
tipos característicos de la fauna argentina, y otras representantes de
tipos originarios muchas veces de lejanas regiones ó de otros cont inen-
tes, cuya presencia no deja de tener cierta importancia para las conclu-
siones de nuestras relaciones zoogeográficas. Pero, no voy á tratar por
ahora de la dispersión de nuestros coleópteros, pues me ocuparé en otro
lugar de ese asunto con la atención que merece.
En (manto al presente catálogo sistemático, será publicado en partes
sucesivas, con las grandes familias por separado ; de suerte que podré
agregar, probablemente, muchas especies descriptas en el curso del
corriente año.
En mi enumeración he seguido, por lo general, el orden observado en
el (Jutaloj/UN üolvoptoromm de (lemmingery Harold, con referencia, á los
géneros, habiendo además adoptado las modificaciones que otros autores
hicieron posteriormente. Cada especie lleva como anotación bibliográfica,
la del origen de su descripción, pues, aun reconociendo la utilidad que
ofrece mayor número de datos bibliográficos, he tenido que dejarlos de
lado por ahora, dados los escasos recursos literarios de (pie puedo disponer.
Las especies de cada género están citadas por orden alfabético ; al mismo
tiempo he mencionado sus principales sinonimias, pero prescindiendo,
excepción hecha en raras ocasiones, de los nombres in Utteris, y de aque-
llos que figuran solamente como tales en los antiguos catálogos.
Al mismo tiempo, he prestado atención especial á las procedencias,
por ello he mencionado siempre las provincias donde se lia encontrado
las especies correspondientes; y, están indicadas con un asterisco todas
aquellas que por ahora figuran en las cajas de mi colección particular.
Inoficioso me parece hablar de «posibles omisiones » ó errores, que quizá
so hallarán en mi. enumeración á pesar de haberla hecho tan completa
como las condiciones arriba expuestas meló lian permitido ; todo cambio
ó aumento en la. ya larga, nómina de nuestros coleópteros, pueden ser
fácilmente salvados en las listas suplementarias.
Desearía (pie esta parte del catalogo, sin pretensiones de obra crítica.,
sea, hoy por hoy, suficiente para poder apreciar la riqueza de nuestra
fauna coleopterológica; y que, al mismo tiempo, fuera bien recibida por
mis colegas entomólogos, quienes en repetidas ocasiones solicitaron su
preparación.
I.a Piala, sopl ¡(Mnl.rt! <lu lililí.
145
PAES 1
Fam. CARABIDAE
Subía, m. CICIIV OELJ IVA lí
l'ycnocliila Mof.Br.li.
fallaciosa (Chevr.).
Agrins fallaciosm Olievr. Aun. Soc. Ent. Fr.
1854, p. 066, p!. 19, n° 1, f. 1-8.
Pycnochila magellanica Motsch. Etud. Ent.
V, 1856, p. 88, pl. 1, f. 11.
Pycmchila fallaciosa Thoms. Mon. Cioind.
1857, p. 12, pl. 3, f. la-lh.
Polyagrus ScJiytei Pliil. An. Univ. Chile,
XXI, 1862, p. 408.
illeg'aeepliala Lafcr.
Subg. Molrlocliüa .1. 1’limiis.
nigricollis lieiclie, Eev. Zool., I, 1842, p. 289.
succincta Eriehs. Wiegm. Arch. f. Nafcurg.,
1847, p. 67.
OiVyohüoidcH Westw. Trmis. Ent. Soc. Lond.
1852, p. 52.
Subg. Phaenxantha Cliniul.
aequinoctialis Dej. Spec. Col. 1, 1825, p. 14.
hifasciata , d. Thoms. ex parte, Mon. Oieiinl.
1857, p. 40, ph 8, f. 7-8.
cruciata Wesfcw. Trans. Ent. Soc. Lond., 1852,
p. 50.
bucephala W. Moni, Deutsch. Ent. Zeit., 1.909,
p. 284.
cruciata 13 mil. Voy. D’Orb. Ent. 1887, p. 2, pl. 1,
f. 2.
# Tierra, del Fue-
go, Estrecho
«le Magallanes,
Costas sur del
Chubut.
* Salta, Tncumán,
Catamarca, Ju-
jny.
Salta (Qrán).
* Santiago del Es-
tero, Salta, Tu-
cumán.
* .Buenos Aíres,
Santa, Fe, Alto
Parí!, n A
— 140 —
limata Perty, Del. Anim. avt. 1830, p. 213, pl. J, * Misiones, Alto
f. 3. Paraná.
laminata Perty, 1. c. 1830, p. 2.
nocturna Dej. Spee. Col. Y, 1831, p. 203.
Tremolerasi W. Horn, Rev. Mus. La Plata, XVí, * Entre Ríos (Con-
1000, p. 32, fig. eordia).
Sub” . Telraclia Hopo
affinis Dej. Spee. Col. 1, 1825, p. 12. Argentina.
■impresm Clievr. Mag. Zool. 1 84 1 , pl. 50.
Lebasi Dej. Spee. Col. Y, 1831, p. 203.
Martii Westw. Trans. Ent. Soc. Lond. 1852,
p. 51, 54, pl. 7, f. 3.
xmaraydina W. Itorn, Proe. Ent. Soe. Wasln
Y, (4), 1003, i). 333.
thoraoica W. Ilorn, Deutseli. Ent. Zeit. 1802,
p. 00.
violácea Reiclie, Rev. Zool. 1842, p. 230.
subsp. brevisulcata W. Horn, Deutsch. Ent. Zeit. * Buenos Aires,
1007, p. 204. Santiago del
Estero.
brasiliensis Kirby, Trans. Linn. Soe. Lond. 1818, *Tueumán, For-
p. 370. mosa.
carolincnsis Kirby, Trans. Lilia. Soe. Lond.
XII, 1818, p. 370.
(jranulosa Cliaud. Bull. Soe. Nat. Moseou,
pars 4, 1800, p. 330.
distinguenda Dej. Spee. Col. Y, 1831, p. 202. * Buenos Aires,
bilunata J. Tlioms. Monogr. Cicind. 1857, Córdoba, Men-
p. 40, pl. 1, f. 5. doza,Tucumán.
femoralis Perty, Del. Anim. art. 1830, p. 1, pl. 1, * Alto Paraná,
f. 2.
viridix Tatum, Aun. Nat. Ilist. 1851, p. 50.
fulgida Klug, Jalirb. Inselctenk. 1,1834,]). 7. # Misiones, For-
fervida Dolchtw. Spee. Cieind. I, 1882, p. 53. mosa.
Hilarii Cast. Rev. Ent. Silberm. II, 1834,
p. 34.
júnior Dokhtvv. 1. e. 1882, p. 72.
subsp. cyanea W. Horn, Syst. Index Cieind. 1005, * Mendoza, San
p, 52. Juan, Cata-
marea.
147
stibsp. pseudodistinguenda W. Horn, I. c. 1905,
]). 51.
Germaini Cliaud. Cat. Coll. 1805, p. (¡4=
sobrina Dej. Spec. Col. V, 1831, p. 202.
subsp. Sommeri Cliaud. Bul!. Soc. Nat. Moscou,
1850, p. 5.
immacidipennis Luc. Voy. Cast. 1857, p. 28,
1*1. 1, f. 0.
Oxyelíila Dej.
femoralis Cast. Rev. Ent. Silbenn. I, 1833, p. 128. * Entre Ríos
injhita J. Tlioms. Mon. Cioind. 1857, p. 02,
pl. 10, f. 2.
Germaini Eleut. Bull. Soc. En. 1893, p. 315. * Salta.
Iresia Dej.
Lacordairei l)gj. Spoc. Col. V, 1831, p. 207. * Misiones (Bou-
pland).
Otloiitorhila Cast.
Subg. Cliilonj'cha Cae.
auripennis (Luc.) * Catamarón.
Cicindela auripennis Luc. Voy. Castelnau,
1857, p. 31, pl. la, f. Ib.
* San Luis, Mendo-
za, Tucumán,
Catamarca.
* Mendoza, Chu-
but.
* Misiones, Alto
Paraná.
Subg. Odontocliila s. stv.
chrysis (E.). * Buenos Aires,
Cicindela chri/sis E. Syst. Bleutli. I, 1801, Tucumán.
]). 238.
Odontochila secedcns E. Lynch A. Naturalista
Argent. 1878, p. 306.
fulgens (Klug). * Córdoba, Entre
Cicindela, fulgens Klug, Jalirb. Insektenk. I, Ríos.
1834, p. 13.
Dcsmarcsti Cast. Rev. Ent. Silberm. 11, 1834,
Lacordairei (Gory).
Tetracha Lacordairei Gory, Aun. Soc. lint.
Fr. 1833, p. 17a.
sni)H|>. rhytidopteroides W. llora, Deutseh. lint.
Zeit. 1900, ]>. 175.
nitidicollis (Dej.).
Cicindela 'nitidicollis Dej. Spee. Col. I, 1825,
p. 30.
C. auricollis Dej. 1. c. 1825, p. 30.
. nodicornis (Dej.).
Cicindela nodicornis Dej. Spee. Col. i, 1825,
p. 2(1.
chrysochloris Mannerh. Bull. Soc. Nat. Mos-
oou, pars 2, 1837, p. 0.
(Río Amazonas
Yene/ ii ola, Biazil).
* Farinosa (Raerlo
Bonvier).
* Salta, Tucumán.
* Chaco.
('rcpnsa l'ltti.ml .
punctum (Klug). N. Argentina.
Cicindela punctum Klug, «Jahrb. Insektenk.
I, 1834, p. 12.
Cicindela L.
apiata Dej. Spee. 1, 1825, p. 80.
argentata Fbr. Syst. lileuth. I, 1801, ]). 242.
miscella Chaud. Bull. Moho. I, 1854, p. 121.
eyaensis Tlioms. Arcli. lint. I, 1857, p. 130.
tíuerini Gory, Ana. Soc. lint. Fr. 1833, p. I 78.
lucorum Gistl, Syst. lint. I, 1837, p. 71.
taitensis Bola Res. Mugen. 1858, p. 1.
subsp. aureola Klug, Jahrbuch 1, 1834, ]». 35.
alboyuttata Bill. Arela Mus. 1, 1838, p. 137,
]>1. 0, í. 0.
aryy rostida Geium. et llar. Cat. Col, 1, ¡808,
\). 9.
cyanitarsis Roll. Ana. Mus. Wien 1, 1830,
* Buenos Abes,
Córdoba, San
Luis, Mendoza,
Tucumán, etc.
* K. Argentina, Ta-
cú luán, Salta,
Chaco santafe-
eino, Misiones.
* Salta, Tucumán.
p. 332.
subsj). obscurella Klug, Rreisverzeichniss Borl.
1820, n° 2.
tripunctata Dej. Spee. V, 1831, p. 207.
# Buenos Aires,
Córdoba., Tu-
cuinan
149 —
*ui)H|>. obsoletesignata W. Hora, Deutsch. Ent.
Zeit. 1895, i». 91.
cliilensis Brull. Areli. Mus. I, 1838, ]>. 133, pl. 9,
1. 1.
clilorosticta lioll. Aun. Mus. Wien 1, 183(1, p. 332.
¡ibera. t. smaragdina W. Ilorn, Deutsch. Ent. Zeit.
1893, p. 198.
suiisi). Staucüngeri W. Hora, Deutsch. Ent. Zeit.
1 892, p. 3(58.
confluens W. Ilorn, Deutsch. Ent. Zeit. 1893, p.
197, ibid. 1894, pl. 3, f. 0.
cribrata Brull. Voy. D’Orb. 1843, ]*. 9.
Pcridcxia exigua Luc. Voy. Cast. 1857, p. 32,
pl. la, f. 4a-//.
sub.sp. argentina (E. Lyneh A.).
Phyllodroma argentina F. Lynch A., Natura-
lista Argent., 1878, ]). 309.
Cicindela chalccola Bat. Ent. Month. Mag.
VIII, 1870, p. 205.
Hiiiisp. reductesignata W. Ilorn, Syst. Index Ci-
cind. 1905, p. 18.
Drakei W. Ilorn, Deutsch. lint. Zeit. 1892, p. 85.
Hnhsp. Reedi W. llora, Deutsch. Ent. Zeit. 1895,
р. 88, ibid. 1894, pl. 3, f. 5.
sniisp. pseudochiloleuca W. Hora, Entoni. Wo-
с. henblatt XXV, 1908, p. 1.
Eugeni Cast. Etud. ICntoin. 1835, p. 30.
Gormazi Roed, Ent. Month. Mag. VIH, 1871, p. 77.
melaleuca Dej. Spee. V, 1831, p. 238.
mixta W. Ilorn, An. Mus. Nac. Bs. As., IV, 1895,
p. 1 74.
ainnom W. Ilorn, Deutsch. Ent. Zeit., 1892,
p. 215.
morio Klug, Jahrb. Insektenk., I, 1834, p. 10.
Gicindosa Motsch. Bull. Mosc., III, 1804,
p. 173.
egenca Chaud. Bull. Mosc., 1854, p. 123.
maequalis Motsch. Bull. Mosc., 1804, p. 174.
nivea Kirby, Trans. Lina. Soc., XII, 1818, p. 370.
* Chaco santafe-
cino.
Chulmt, Patago-
nia.
Argentina.
Argentina.
Argentina.
* Santiago del Es-
tero, Eormosa.
* ltío Negro.
# Salta, Tucuinán.
* Tucuinán, Chaco.
* Mendoza, Tucu-
inán.
Patagonia.
I
* Tucuinán (Tafí).
* Córdoba..
Clmbut, Patago-
nia,
* Buenos Aires, Pa-
tagonia, Men-
doza.
* Mendoza, Cata-
marca, Tucu-
inán, Salta.
N. Argentina.
#
Buenos Aires.
alxir.it . conspersa Dej. Spec., 1. 1825, p. 127.
subsp. Orbignyi Guér. Itev. Zool., 1885), p. 290.
intricata Brull. Voy. IVOrb., 1827, |*. 7,
pl. 1, f. 8.
patagónica Brull. Voy. D’Orb., 1827. p. 0.
subsp. Bergiana W. Horn, An. Mus. Nao. B. A.,
1 895, p. 174.
subsp. Cherubim Chcvr. Aun. Soc. lint. Fr., 1858,
p. 215, pl. 8, f. 1.
ramosa Brull. Voy. D’Orb., 1827, p. 7, pl. 1, f. 1.
Ritsemae W. Ilorn, Nat. Leyd. Mus., XVII, 1895,
p. 15.
sinuosa Brull. Voy. D’Orb., 1827, p. 8.
* Argentina.
Argentina.
# Buenos Aires,
Patagonia.
# Mar del Plata,
# Buenos Aires.
Buenos A i res, Pa-
tagonia, ¡San
Julián.
# Córdoba, Cata-
marca.
# Entre ltíos, Co-
rrientes, Misio-
nes.
unicolor W. Horn, Dentsch. Ent. Zeit., 1892, p. 80. * Salta, región an-
dina.
Géneros, 10; especies, 59.
Subliim. (lAltAliliMA.1*:
(¡¡«‘indis Hrueli
Horni Brueli, Dentsch. Ent. Zeit. 1908, p. 497, * Córdoba.
fV 1-4.
Síraeliyo «milis Clniuil.
concolor (Waterli). * Tierra del lluego.
BrudyeoeUa concolor Waterli. Proc. Zool.
Soc. London 1881, p. 80.
virescens (Waterli.) # Tierra del Fuego.
Mujadopa vircnccnn Wa.terli . Aun. Nat. Ilist.
1812, p. 128, pl. 2, f. 1.
Dnponti Cliaud. Bull. Nat. Mosc. 1842, p.
850.
(Iet.oi*o«la«‘l\ lus Guér.
nebrioides Guér. Kev. Zool. 1841, p. 214. Tierra del Fuego.
(¡antanma Bínele Voy. Polo Sud IV. 1852, p.
22, pl. 2, I. I.
151
IVfonoIohus Sol.
testaceus Sol. Gay, Ilist. Olí i lo IV. 1849, p. 189,
pl. 3, f. 5.
IJssopterus Wivterh.
Hyadesi Fainn. Aun. Soc. Ent. Er. 1885, p. 35.
quadrinotatus Waterli. Anu. Mag. Nat. Ilist. 1 848,
XI, p. 281»
Anl are ton o mus C’limid.
Peroni Cliaud. Bul!. Nat. Mosc. 1801, II, p. 519.
liligatlops Wntorli.
bimaculatus lleed, Proc. Zool. Soc. 1874, p. 52, pl.
13, íig. 7.
Darwini Waterli. Aun. Nat. Ilist. 1842, p. 138.
nigrocoeruleus Waterli. Aun, Nat. Ilist. 1842,
p. 188.
ovalis Waterli. Anu. Nat. Ilist. 1842, p. 139, pl. 3,
f. 3.
Ccroglossus Sol.
Buqueti Lap. de Cast. Etud. Ent. I, 1835, p. 158.
var. B. subv. b. de G-ennain, An. Univ. Chile
1895, p. 50.
chilensis Esclisclu Zool. Atlas 11, p. 9, pl. 8, f. 7.
.subsp. valdiviae Hopo, Trans. Ent. Lond.
II, p. 128, var. D. de Gerinain, 1. c. 1895.
gloriosas Gerst. Lbin. Ent. Soc. 1858, p. 429.
var. B. subvar. j. y var. (J. subvar. f. de Gor-
main, 1. c. 1895.
suturalis Ebr. Syst. Eleutli. 1801, 1, p. 238.
var. I). subvar. b. & e. Germain, 1. e., 1895.
CJalosoma Web.
alternans (Ebr.).
Garahus alternam Fbr. Ent. Syst. 1 7 92, p. 21 1 .
retusum Ebr. Syst. El. I, 1801, p. 174.
KHV. MIISBO LA PLATA. — T. IV. (XII, 31, 1010.)
* Río Negro (Na-
liuel Uuapí.)
# Tierra del Euego.
Tierra del Euego.
Tierra del Euego.
Santa Cruz (Cor-
dilleras.
* Tierra del Euego,
Patagonia.
Tierra del Euego.
Tierra del Euego.
* Río N egro(N ab uel
Uuapí.)
#Neuquen (Lago
Lacar.)
* Río Negro (Lago
Frías.)
* Neuquen, Chubut
(Cordilleras).
Patagonia.
n
ir>2
antiquum Dej. Spec. Gen. Y. 1831, p. 501. Tucumán.
Bridgesi Cliaud. Aun. Soc. Ent. Fr. 1809 (IV.) IX, Tucumán.
p. 377.
granulatum Perfcy, Del. Anim. art., 1830, p. 9, ]»1. * Dueños Aires,
2, f. 9.
Patagonia N.
lateralc Dej. (neo Kirby), Spec. Gen. 11, 1820,
p. 199.
imbricatum Brull. Voy. D’Orb. 1843, p. 42.
Orbiynyi Géliin, Oat. Garab. liamiremont
1885, p. 59.
(CailiHiriga) laterale Kirby, Trans. Linn. Soc. * Buenos Aires
Lond. 1818, XII, p. 379.
bonariense Dej. Spec. Gen., Y, 1831, p. 500
retunum Fbr. Syst. Ent. 1775, p. 237.
patagoniense Ilope, Trans. Ent. Soc. Lond.,
II, p. 129.
trapezipenne Ohaud. Ano. Soc. Ent. Fr. 1809 1Y, Mendoza.
IX, p. 309.
vagans Dej. Spec. Gen., Y, 1831, p. 504.
Pío Negro, Cór-
doba.
i I.C|»(ol rae li el un Lutr.
brevicollis Boli. lies. Eugen. 1858, p. 2.
* Pío Negro, Neu-
(¡uen.
* Buenos Aires.
(¿uicrifn Klir.
gracilis Brull. Voy, D’Orb. 1843, ]>. 12. Paraná, Corrien-
tes.
Lacordairei Dej. Spec., II, 1820, p. 443. # Buenos Aires,
magellanica Guér. llev. Zool. 1839, p. 290. Tierra del Fuego.
Orbignyi Brull. Voy. D’Orb. 1843, p. II. La, Plata,
ruflcollis Latr. Voy. Ilmnb., 11,1833, p. 120, pl. * Buenos Aires,
40, f. 10-11. Corrientes.
«■(finia Dej. Spe<!., V, 1831, p. 290.
collarín Dej. Spec., II, 1820, p. I I I.
Dailodonl lis ltck-.hu
clandestinus (Klugj. * Santa Fe, Co-
Polyxtiohux elandextinm lvlug, dalirb., I, rrientes.
1834, p. 08.
¡Icllao rufipex Brull. Voy. D’Orb. 1843, p. 23.
153
erytliropm Chaud. Bul). Nat. Muse. 1843,
p. 701.
Ilelltioiuorplin ('¡isl.
femorata Dej. Spec., V, 1831, p. 405.
rubricollis Scliauin, Berl. lint. Zeit., VII, 1803,
]>. 81.
IMciirarant luis < í rn.v
Lacordairei Dej. Spec-, V, 1831, p. 404.
I*liero|>so|ilms Sol.
aequinoctialis (Lian.) Cent- las. 1703, p. 395.
complanatus Fbr. lint. Syst., 1, 1792, p. 2L7.
planns Üliv. lint. II I, 1795, p. 02, pl. 0, f. 03.
obliquus Brull. I List. Nat., IV, 1835, p. 251.
nwculatm Clinud. Aun. Soc. lint. Fr. 1835,
p. 440.
Hiaclijiius Wol».
bilineatus Cast. litad, lint. 1835, p. 59.
insignia Brull. Voy. D’Orb. 1843, p. 21.
obliqHus Brull. 1. o., 1843, pl. 3, f. 4.
fuscicornis Dej. Spec., III, 1828, p. 403.
bmsiliemis Gory, Aun. Soc. lint. Fr. 1833,
p. 201.
mr. paohi/gaster Perty, Del. Aniin. art-, 1830.
1». 0, pl. 1, f. 15.
immarginatus Brull. Voy. D’Orb. 1843, p. 20.
macuUpes Waterli. Aun. Nat. Ilist., VI, 1841,
p. 351.
intermedius Brull. Voy. D’Orb. 1843, p. 20.
marginellus Dej. Spec., 111, 1828, p. 403.
marginiventris Brall. Voy. D’Orb. 1843, p. 21.
nigei’ Oliaud. Mono«r. Bracli. Aun. Soc. lint. ílelj»'.
1870, p. 80.
nigripes Waterli. Aun. Nat- Ilist., VI, 1841,
p. 352.
pallipes Dej. Spec., Ií, 1820, p. 404.
vicinus Dej. Spec., II, 1820, p. 405.
bicolor Brull. Voy. D’Orb., 1 843, p. 2 1 .
Tucmnán.
Buenos Aires.
Tucainán.
* Córdoba, Santa
Fe, Corrientes.
Corrientes.
* Buenos Aires,
Corrientes.
Buenos Aires.
* Buenos Aires.
Paraná.
Buenos Aires.
Paraná.
* Misiones.
* La Plata.
* Buenos Aires.
* Buenos Aires.
1 54
platensis Water!). Mag-. Nat. Hist., VI, 1841,
1». 351.
xanthophryus Chaud. A mi. Sor. lint, lielg., 187(5,
1». 82.
x anthopleurus Chand. Aun. Soc. lint, Ilelg., 187(5,
]>• si
Dcomiiis Itoncll.
flavipes lírnll. Voy. D’Orb. I84.‘5, p. 13.
Illiiniidroiiiiiis I »<■«•« I
guttula (Sol.).
Galleida guttula Sol. Gay, Ilist. Chile, IV,
1841), p. 13(5.
nigrofasciatus (Sol.)
Galleida ni groja sol ata Sol. Gay, Ilist. Olí i-
l<‘, 1841), |). 135, ]>1. 1, f. 7 y D.
Dromim nigrofanciatus Steinli. A t ti Soc.
Ital. Se. Nat., XI 1, 18(51), p. 34 1 .
nigrotestaceus (Sol.).
Dromim nigrotastacens Sol. Gay Ilist. Chile,
IV, 1841), p. 142.
obscuripennis Chain!. Aun. Soc. lint. Ilelg., 187(i,
X 1 X, p. 1 07.
pliaeoxanthus Chaud. Aun. Soc. lint, lielg., 187(5,
XIX, |). 108 (nota).
Itleelirus Motscli.
platensis II erg, Stett. lint. Zeit., 1883, p. 303.
IMagiol <4uni Sol.
irinum Sol. Gay, 1 1 i sí . ( Odie, 1 V, 1 811), p. 1 33. pl. 2,
( '. 3.
Calleóla Doj.
ametliystina (Kbr.).
Claraban amelligsliiuis Pltr. lint. Syst., I, 1702,
p. 1(50.
Paraná.
Argentina
Argentina.
Argentina, Pam-
pas.
# Ilío Negro, Men-
doza.
* Río Negro.
# Río Negro.
Argentina, Pam-
pas.
* Rueños Aires,
Río Negro
(Río Colorado).
* Nempien (Cacar),
listrecho Ma-
gallanes.
* Misiones, Tuca-
inán, .1 tijuy.
155
Callada splcndid-a G-ory, Ann. Soc. Ent. Fr.
1833, p. 189.
anricollis Cast. Etud. Ent., 1835, p. 40.
festiva Bmll. Voy. D’Orb., 1843, pl. 3, I*. 7.
( Umidiata Reiolie, Rev. Zoo!. Soc. Ouv., 1842,
p. 275.
fusca Bmll. Voy. D’Orb., 1843, p. 15. Corrientes,
obscura !)oj. Spee., V, 1831, p. 331. Buenos Aires,
suturalis Dej. Spee., V, 1831, p. 888. * Buenos Aires, Co
■mentes, Tuca
mÍMIe
f Isillidiiia ClisHul.
lepida (Brull.). * Río Negro, Men
Cy miná is lepida Brull. Silben», liev., 11, doza, Tueu
1834,1». 105. mán.
Cy mináis pida Dej. Spee., V, 1831, p. 323.
ESiiprocliiK Sol.
fasciatus Sol. Cay, Ilist. Cliile, I.V, 1 S 19, p. 182, * Río Negro,
pl. 1, f. 0.
quadriplagiatus (lteiehe). # Tucuniíín.
q iiadriplagiatus Reiche, Rev. Zoo!., 1842,
p. 309.
Loxopeza Cliaud.
obliquata (Dej.). * Buenos Aíres
Lebia obliquata Dej. Spec., V, 1831. p. 879. Santa Fé.
striata (Dej.). Buenos Aires.
Lebia striata Dej. Spee., V, 1831, p. 380.
Ijfílua Ln.tr.
concinna Brull. Voy. D’Orb., 1.848, p. 17, pl. 2, * Buenos Aires, Co
f. 9. rrientcs, Sants
Fe.
decora Steinli. Atti Soe. Ital. Se. Nat., 1809, XII. Buenos Aires,
p. 241.
flavofasciata Brull. Voy. D’Orb., 1843, p. 17. Corrientes,
rhyticrania Cliaud. Bull. Soc. 1 mp. Fíat. Mosc., * Buenos Aires.
1870, p. 182.
rugiceps Brull. Voy. D’Orb., 1848, p. 10.
Corrientes.
— i5<; —
trisignata Brull. Voy. D’Orb., 1843, p. 1«S. * Buenos Aires, Oo-
rrientes.
violácea Oliaud. Bull. Soc. Imp. Nat. Muse., 1 <S 7 0 , Argentina
p. 182.
Apll c logcnia Clniuit.
perspicillaris Oliaud. Bull. Soc. Imp. Nat. Mose.,
1871, p. 42.
platensis Oliaud. Bull. Soc. Imp. Nat. Mose., 1871,
p. 42.
Argentina, Pam-
pas.
Argentina, Pam-
pa*.
I»i aiieliomctia (Jim mi.
securigera Oliaud. Bull. Soc. Imp. Nat. Mose., * Buenos Aires.
1871, p. 40.
vittigera (Dej.). * Buenos Aires.
Lebia vittigera Dej. Spee., Y, 1831, p. 378.
I .h Ir.
atrata Dej. Spee., Y, 1831, p. 327. Buenos Aires.
(lymimlidiiis Ohaml.
cruciger Oliaud. Aun. Soc. lint. Belg., 1870, p. 109. Argent ina, ram-
pas.
trivittis Oliaud. Aun. Soc. lint. Belg., 1870, p. 109. Argentina, Pam-
pas.
Apenes Lee.
aenea (Dej.). * Buenos Aires, Tu-
(}yuiindin turnea Dej. Spee., Y, 1831, p. 319. cumán.
Sphcnopalpm parallelun Blncli. Yoy. Péle
Sud, 1853, p. 32, pl. 1, t‘. (i.
Sulitf. ¡\I;iIíniim MiiI.hc.Ii.
Chaudoiri llnicli, iimii. nov. '.
opaca Oliaud. Bull. Soc. Imp. Nat. Mose., Argentina, 1‘ain-
1875, p. 33. pas.
' K1 nombro opaca usado por Cliandoir y < j no ligara, además, en n mi. división
dudosa, debe cambiarse por la razón de haber sido empleado con anterioridad por
Lócente para una especie distinta.
157 —
dilutiventris Cliaud. Bul!. Soc. Inip. Nat. Mosc.,
1875, 1875, p. 29.
marginalis (I)ej.).
( Uymindis marginalis Dej. Spec., V, 1.831,
p. 815.
pallipes (Fbr.).
Carabas pallipes Fbr. Ent. Syst., I, 1792,
p. 159.
Cymindis variegala Dej. Spec., I, 1825,
p. 217.
Cymindis guadclupcnsis üory, Aun. Sor. ICnfc.
Fr., 1833, p. 186.
xanthopleura Cliaud. Bull. Soc. Imp. Nat. Mosc.,
1875, p. 27.
Cymindis marginalis Dej. var. Brull. Voy.
D’Orb., 1843, p. 16.
Te tragón oderus Dej.
aeneus (Dej.).
Dromins «eneas Dej. Spec., V, 1831, p. 357.
chalceus Cliaud. Bull. Soc. Imp. Fiat.. Mosc., 1876,
p. 53.
cliilensis (Dej.).
Dromins chilensis Dej. Spec., V, 1831, p. 358.
laevigatus Cliaud. Bull. Soc. Imp. Nal-. Mosc.,
1876, p. 46.
I’eronoseelis Clmurt.
pictus (Perty).
llcnibidium pida Perty, Del. Anim. art., 1830,
p. 14, pl. 3, f. 9. — Cliaud. Bull. Soc. Imp.
Nal. Mosc., 1876, p. 61.
undatus (Dej.).
Tetragonoderus undatus Dej. Spec.. I V, 1829,
p. 501.
7'. repandus Dej. 1. c., 1829, p. 503.
Bcmbidiam bifoveolum Perty, Del. Anim.,
arfe., 1830, p. 14, pl, 3, f. 10.
variegatus (Dej.).
Tetragonoderns variegatus Dej. Spec., IV,
1 829, p. 503.
Argentina? Mon-
tevideo.
* Misiones.
Corrientes.
* Corrientes, Tucu-
mán, Pampas.
# Buenos Aires,
Mendoza, Pa-
tagón ia.
* Mendoza, Pani-
llas, ltío Negro.
Córdoba, San
Luis.
Buenos Aires.
* Buenos Aires.
# Buenos Aires.
Corrientes.
158 —
Bembidium xanthomelanum Perty, Del. Anini.
art. 1 830, ]». 14, pl. 3, f. 11.
iVlasoi*«Mis Dej.
(Ac|>iini(i¡iiH) bonariensis Cliaud. Hall. Soc. Imp.
Hat. Mosc., 187(5, p. 21.
l’seudoinorpha Kirby
argentina Steinh. Atti Soc. Ital. He. Nat., 18(51),
p. 242.
Paeliyleles Perty
Arecliavaletae Oliaiul. Aun. Soc. Ent. Belg., 18(58,
XI, p. (51.
laevigatus (Dej.).
Ozaena laevigata Dej. Spec., IV, 1821), p. 518.
IMiysoa líriill.
testudínea (Klugj.
Oza-cna testudínea Klug, Jahrb., I, 1884, p.
80, pl. 1, f. 7.
Trachelizus rufas Sol. Aim. Soc. Ent. Fr.,
183(5, p. (500, pl. 19 b, f. 5-9.
Taeniolohus Cliaud.
bonariensis Cliaud. Aim. Soc. Ent. Belg., 1880,
XX111, p. 37.
Disl í<‘Iiiim Al <>i Mili .
ebeninus (F. Lynch A.).
8 'carites ebeninus F. Lynch A. Naturalista
Argent., T, 1880, p. 338.
JHstichus moestus Cliaud. Aun. Soc. Ent.
Belg., 1880, ]>. 44.
muticus Cliaud. Aun. Soc. Ent. Belg., 1880, p. 50.
Argentina.
San Luis.
* Buenos Aires,
Córdoba, Tu
ciunán.
Corrientes.
* Chaco santafe-
cino.
Buenos Aires.
* Buenos Aires.
Argentina
159 —
.Searitcs Fl>r.
anthracinus Dej. Spee., IV, 1831, p. 491.
cayennensis Dej. Spee., I, 1825, p. 384.
var. elongatns Brull. Voy. D’Orb., 1 843, p. 38.
Lacordairei Dej. Spee., V, 1831, p. 493.
magellanicus (luór. Kev. Zool. Cuv., 1839, p. 297.
punctaticeps F. Lynch A. Naturalista, Argent., I,
I 878, p. 350.
Oxvf» nal luis Dej.
stenocephalus (Brull.).
divina stenocephala Brull. Voy. D’Orb., 1843,
p. 40.
(Jampf oilonlus Dej.
crenatus Brull. Voy. D’Orb., 1843, p. 41.
AlesiiN (Jlievr.
rugatifrons (Jlievr. Aun. Soe. lint- Fr., 1858,
p. 317, pl. 8, f. 2.
OhaUiiis Burm.
insignis Burm. Trans. lint. Soe., 1875, p. 339.
(jlivina Latr.
bicolor PutiZ. Ann. Soe. Ent. Belg., 1807, X, p. 152.
bipustulata Fbr. Syst. lint., I, 1792, p. 125.
qnadrimaculata Beauv. 1 1 1 s . Air. A Amer.,
p. 107, pl. 15, f. G.
breviuscula Putz. Ann. Soe. Ent. Belg., 1807,
p. 154.
Burmeisteri Putz. Ann. Soe. Ent. Belg., 1807,
p. 101.
dentipes Dej. Spee. I, 1825, p. 415.
confusa Lee. Ann. Lyc., V, p. 198.
georgiana Lee. Proe. Aead. Pliih, 1857, p. 81.
* Buenos Aires.
* Corrientes.
Santa Pe, Co-
rrientes.
Tierra, del Fuego.
* Buenos Aires.
Corrientes.
Corrientes.
# Buenos Aires.
Entre Itíos.
Argentina, Pam-
pas.
* Corrientes.
* Buenos Aires.
San Luis, Men-
doza.
Corrientes.
van corvina Putz. Mon. Mém. Liége, 1840,
p. 010.
JÍMÍ¡»m Putz. Méin. Liego, S 840, p. 007.
longipennis Putz. Méin. Liego, 1803, p. 57.
macularis Putz, Aun. Soe. Ent. Belg., 1807, p. 158.
media Putz. Mon. M6m. Liego, 1840, p. 019.
nitidula Putz. Aun. Soe. Ent. Belg., 1807, p. 109.
párvula Putz, Aun. Soc. Ent. Belg., 1807, p. 170.
taurina Putz. Aun. Soe. Ent. Belg., 1807, p. 140.
/%.1‘tli.sloillis Putz.
Arecliavaietae Putz. Arm. Soc. Ent. Belg., 1807,
p. 204.
semipunctata (Dej.).
di vina semipunctata Dej. Spec., Y, 1881,
p. 509.
/\s|)itl«g;lossa Putz.
crenata (Dej.).
divina crenata Dej. Spec., I, 1825, p. 418.
intermedia (Dej.).
divina intermedia Dej. Spec., V, 1831, p. 507.
St'liizogcnius Putz.
costiceps Steinli. Atti Soc. 1 tal . Se. Nat., 1809,
p. 242.
liraehygn al luis Pci-ty
angusticollis (Burin.).
IUnr y noma aiu/usticolMa Bmin. Stett. Ent.
Zeit., 1885, p. 829.
férvidas (líurm.).
I'jíi ri/Homa férvida Hiirin. Stett. Ent. Zeit.,
1885, p. 882.
festivas Dej. Spec., Y, 1831, p. 590.
imper i alis Chaiul. Aun. Soc. Ent. Fr., 1805, p. 450.
muticus Perty, Del. Aniin. avt., 1880, p. 7, pl. 2, f. 1.
tJarynoma nitidipenne Dej. Spec,., Y, 1881,
1». 297.
Buenos Aires.
Argentina..
Buenos Aires.
# Buenos Aires.
Buenos Aires.
Argentina 1
* Buenos Aires.
Buenos Aires.
Corrientes.
* Buenos Aires.
San Luis.
* Argentina
* < 'órdoha.
* Córdoba., liioja.
* Salta, Tucumán
.1 njiiy.
* Tucuinán.
161
pyropterus Bmll. Voy. D’Orb., 1843, p. 34, pl.
3, f. 5.
(Iroln'iiN
pubescens l)ej. Spec., V, 1831, p. G00.
( lli lacnius ltcini'll.
ater Bmll. Voy. D’Orb., 1843, p. 32.
lateralis Bmll. Voy. D’Orb., 1843, p. 33.
oblongus Dej. Spec., 11, 1820, p. 344.
platensis Waterh. Aun. Nal. Hist., 1841, 11. p. 353.
villosulus Bmll. Voy. D’Orb., 1843, p. 32, pl. 3, f. 0.
violatus Geinm. el Har. Cat. Col., 1808, p. 228.
violáceas Waterh. Aun. Nat. Hist., 1841, Vi,
p. 353.
Westwoodi Waterh. Aun. Nat. Hist., 1841, VI,
p. 354.
Oodielhis diluid.
Arechavaletae Chaud. Aun. Soe. lint. Fr., 1882,
p. 325.
Slenous diaud.
metallicus (De;j.).
Oodes metallicus Dej. Spec., II, 1820, p. 371).
Stenocrepis diaud.
laevigata (Dej.).
Oodes lacvif/tUiis Dej. Spec., V, 1831, p. 072.
robusta (Bmll.).
Oodes robustas Bmll. Voy. D’Orb., 1843,
p. 31.
punctato-striata (Bmll.)
Oodes punctato-striaim Bmll. Voy. D’Orb.,
1843, p. 32.
bmsilicnsis Chaud. Bul!. Soe. Imp. Nal. Moho.
1843, p. 700.
* Corrientes.
* Buenos Aires.
( ‘omentos.
Corrientes.
* Buenos Aires, Co-
rrientes.
* Buenos Aires.
Buenos Aires.
* Buenos Aires.
* Buenos Aires.
Argentina 1
# Corrientes.
* Buenos Aires,
Córdoba, Co-
rrientes, Chaco
* Buenos Aires, Co-
rrientes, Cha-
co, Santa Fe.
Corrientes.
4 '.iienialohiis (¡uc't.
Curtisi (Wateíii.).
(Jnemamuthm Curtisi Waterh. Aun, Nat.
llist. IV, 184!, i>. 857.
Desmaresti (Guér.).
Cnemaeanthns Desmaresti Guér. Mag. Zool.,
1838, Cl. IX, ]). 9, ] >1 . 220.
Darioini Waterh. Ann. Nat. llist., 1841, IY,
p. 850.
Waterhomi Bmm. Stett. lint. Zeit., 1870,
p. 120.
Gayi rutz. Stett. Ent. Zeit, 1808, p. 360.
plicicollís (Faina.).
Cnemaeanthns plicicoUis Faina. Ann. Soc.
lint. Fi*., 1884, p. 484.
striatus (Waterh,)
(hlontoxcdlix xtriatux Waterh. Mag. Nal. llist,
1841, IV, p. 858.
substriatus (Waterh.)
Odontoscelis substriatus Waterh. Ann. Hat.
llist., 1 84 í , IV, p. 859.
sulcatus Ohaud. Hall. Soc. 'Nat. Moscou, 1854, 11,
p. 888.
(Isistrellius Curtís
aeneo-niger Waterh. Ann. Nat. llist., 1841, VI,
p. 250.
nk/er Blnch. Voy. Pule Sud, p. 19, pl. 1,
f. 18.
Eydouxi (Guér.).
Creobius Eydouxi Guér. Mag. Zoo!., 1838, p. 4,
pl. 225, f. 2.
Kiiuji Ourt. Trans. Linn. Soc,., XVI!!, 1889,
]>. 188, pl. 1 5o.
Hyadesi Faina. Nat., 1885, p. II, Ann. Soc,. lint.
Fr., I 885, p. 88.
nitidus Waterh. Ann. Mag. Nat. llist., 4841, p. 255.
Creobius Troberti Sol. Gay, llist. Ohile, , 1849,
p. 201 .
* Tierra del Fuego.
* Buenos Aires, Pa-
raná,, Córdoba.
San Luis, Ba-
hía Blanca.
* Mendoza.
Tierra del Fuego.
* Buenos Aires, Ba-
hía, Blanca, 1 5u-
tamarca.
Argentina.
* Buenos Aires 1
#Neuqiu*,n, Tierra
del Fuego.
* ltio Negro (Na-
liuel Huapí).
Tierra del Fuego-
*Neuquen, Tierra,
del Fuego.
168 —
itary|ms Dej.
aequicostis Chaud. Aun. Soc. Ent. Belg., 1870,
I». 124.
clivinoides (Curt.).
C ardió phthalmns clivinoides Curt. Trans.
Linn. Soc. Lo mi., 1839, p. 185, pl. 15, f. C.
Tctra.od.es lacvis Blnoli. Voy. PAle Sml, 1853,
p. 3(1, pl. 3, l‘. (¡.
(Uirdiophlhalm as Hlcplicmi YVatorli. Aun. Nal.
Hist., 1841, p. 300, pl. 19, f. 2.
longitarsis (Waterli.). * Patagonia, Santa
Cardiophthalmus longitarsis Waterli. Aun. Cruz.
Nal. Hist., 1841, p. 354, pl. 19, I. 1.
parallelus Guér. Mag. Zool., 1838, IX, p. 12, pl. # Bahía Blanca.
227, f. 1.
pulchellus Burm. Stett. Ent. Zeit., 1808, p. 225. * Buenos Aires,
Córdoba, Tu-
ciiinán.
speciosus Dej. Spec., V, 1831, p. 703. Argentina í
Slolonis Molscli.
fulvostigma Bates, Ent. Montlil., Mag., VII, 1871, * Buenos Aires,
p. 148.
IVlccitim Kirli.v
violaceum Brull. Voy. D’Orb., 1843, p. 34, pl. 3, * Misiones, Tueu-
f. 8. nuin.
Aiiisodactj'lus Dej.
Argentina (Bue-
nos Aires).
Patagonia, Pun-
ta Arenas.
amoenus Sol. Gay, Hist. Chile, 1849, p. 200, pl. * Río Negro.
4, 1'. 9. ( ¡f arpólas).
chalceus Brull. Voy. D’Orb., 1843, p. 30. (Harpalm). Corrientes,
cupripennis (Germ.). # Argentina, llío
Poecilus cupripennis Germ. Ins. Spec. Nov., Negro.
1824, p. 10.
laevis Curt. Trans. Linn. Soc., 1839, XVI II, p. 1 94. Patagonia.
( Jlarpalus).
posticus Dej. Spec., IV, 1829, p. 292. (llarpalus). * Buenos Aires,
Pío Negro.
1 04 —
rufas Brul!. Voy. D’Orb., 1843, p. 35 . (.Ifarpahia).
tucumanus Dej. Spec., V, 1 S.'J 1 , |>. 839. (Harpa-
lllfi).
II arpalus Lutr.
octopunctatus l)ej. Spec., I V, 1829, p. 291.
silipes Doj. Spec. V, 1831, p. 843.
sulcatulus Dej. Spec. IV, 1829, p. 240.
ll\|»ol¡l luis Doj.
puberulus Dej. Spec., IV, i 829, p. 184. (Harpalus).
✓
1‘aranieens I)o,j.
breviusculus Faina. Aim. Son. línt. ar., 1881,
p. 480.
cylindricus Dej. Spec., IV, 1829, p. 44.
laevigatus Dej. Spec., I V, 1829, p. 45.
(lylloseelis Gurí.
elliptica Ouiit. Trans. lint. Soc., 1839, p. 188.
Si‘l<‘iio|>lioni!4 l)cj.
alternans Dej. Spec., IV, 1829, p. 80.
linciUo-punvtatiis Dej., I. e., 1829, p. 80.
anceps Dej. Spec., V, 1831, p. 823.
antarctioides Steinli. Atti Soc. 1 tal . Se. .Nal., 1809,
p. 211.
barysomoides Putz. Steti. linl. Zeit., 1878, p. II.
discopunctatus Dej. Spec., IV, 1829, 829, j >. 92.
Lacordairei (Dej.).
Pangas Lacordairei Dej. Spec., V, 1831,
p. 820.
lubriceps Dej. Spec., V, 1831, p. 820.
lugubiis Putz. Slell. lint, Zeit., 1878, p. 38.
ltío Negro, Pata
gonia.
Tiicuinan, Pala
gonia.
Buenos Aires.
Tueuinán.
(ponientes.
Corrientes.
Buenos Aires, Pa
tagonia, Sania
Cruz.
* Buenos Aires.
* Buenos Aires, Pa
tagonia, Men
(loza.
Patagonia.
# A rgentina.
Tueuinán.
Buenos Aires.
Argentina, Pañi
pas.
I ‘atagonia.
Tueuinán.
Tueuinán.
Buenos Aires.
165 —
marginipilosus Steinh. Atti Soc. Ital. Se. Nat.,
1869, p. 245.
pampicola Steinli. Atti Soc. Ital. Se. Nat., 1869,
p. 245.
parumpunctatus Dej. Spec. IV, 1829, p. 104.
promptus (Dej.).
Harpalus promptus Dej. Spec., IV, 1829,
p. 103.
puncUilatus (Dej.)
Harpalus pnnctulatus Dej, Spec.., IV, 1829,
p. 91. — '? pampicola Steinli.
INuigus Lee.
obtusas Dej. Spec., IV, 1829, p. 130.
Craloeara Lee.
(Mci.-tnotua) flavipes Dej. Siiec., V, 1831, p. 700.
Acnpalpii.s Luir.
arcobasis Sol. Gay, Hist. Chile, 1849, p. 270.
cliilensis Sol. Gay, llist. Chile, 1849, p. 271.
clímitliatus Brull. Voy. D’Orb,, 1843, p. 38.
erytliroderes Blnch, Voy. Pole Sud, 1853, p. 18,
pl. 3, f. 14.
nigronitidus Blnch. Voy. Pole Sud, 1853, p. 17,
pl. 3, f. 13.
testaceipes Blneh. Voy. Pole Sud, 1853», p. 16, pl.
3, f. 12.
unistriatus (Dej.) Spec. V, 1831, p. 851.
Stenolopliiis Dej.
cinctipennis Boh. Ues. Eligen. 1858, p. 13.
Ilnploltol hyntis Tsc.litseli.
San Luis, Pata-
gón i a.
Pampas.
Corrientes.
Buenos Aires, Co-
rrientes.
Buenos Aires,
Pío Negro.
Bunios Aires.
* Pata gón i a, Bue-
nos Aires, Co-
rrientes, Tucu-
mán.
* Clmbut, Santa
Cruz.
* Patagón io.
Corrientes.
Patagonia.
Patagonia.
Patagonia.
* ltío Negro.
Buenos Aires.
paranae Tschtsch. Uev. Itusse, lint. 1, 1901, p. 43. Argentina.
Argentina.
— 100 —
I'ik Imoii Itnill.
obscura Piitz. Aun. Mus. ( Jenov., 1 <S 7 o ? p. T.'íT».
I’Vronia Luir.
angulata lírull. Yoy. D’Orb., 1 H4.i, p. «'50.
errática (Guér.)
Platysma erraticuiu Guér. Mng. Zool., 1838,
pl. 225. f. .'5.
laterestriata Olía iid. Aun. Son. lint. líelg., 1870,
1>. 1 1 5.
inagellanica Iílncli. Voy. Póle Siul, 185.'}, p. 150,
pl. 2,1.12.
Fe ron Jola TMc.lit.scli.
bradytoides (Fíiirm.)
Antarctia bradytoides Fairin. Aun. Soc. Ent.
Fr., 1883, p. 487.
famélica Tsehtseh. Home Soc. Ent. Ross, 1000, p.
000.
Antarctia acuca Brull. (neo. Dcj.) Voy. D’Orb.
. 1 818, p. ,'} 1 .
laticollis (Sol.)
Antarctia laticollis Sol. (í ay, 1 1 ist. Chile, 1 840,
p. 253, o".
Harpalns pnnctobasis Sol. Gay, Hist. Chile,
1840, ]». 250, V- ’
F(‘i'onioiiioi'|ilia «Sol.
aerea (Dcj.). Spco. 111, 1820, p. 270. ( Feronia ).
Ornasen* nía rainales Ciirt. Tmns. Binn. Soc.,
1830. p. 101.
alata (lírull.)
Platysma alalina lírull. Voy. D’Orb. 1848,
p. 20.
clialcea (Dcj.)
/ */ atj/sin a ch al cenia Dcj.- Spcc.. 111, 1820, p.
308.
Río Negro, Pata-
gonia.
* Neuquen, Río Ne-
gro.
Pampas argenti-
nas.
Tierra del Fuego-
Patagonia, Tierra
del Fuego.
Patagonia.
Río Negro, Pata-
gones.
Río Negro, Pata-
gones.
Corrientes.
¡5uenos Aires.
Buenos Aires.
— I(i7 —
cordicollis (Dej.)
riatysma cordicollis Dej. Spec. III, 1820, p.
don.
lucida ((Jurfc.)
Pterost-ichns lucidas Curt. Trans. Linn. Soc.,
1.831), p. 102.
moerens (Brull.)
Fcronia (Melanias) moerens Brull. Voy.
D’Orb., 1843, p. 20.
Dcjcani Waterli. Aun. Nat. Hist. VII, 1841,
]). 12J.
nebrioides (Curt.)
(hnascus nebrioides Curt. Trans. Linn. Soe.,
1830, i». 101.
striatula (Fbr.)
Platysma striatulum Fbr. Syst. lint., 1702,
p. 240.
¡Molops corynthium Cerní. Ins. Spec. Nov.,
1824, p. 21.
l’oi'ciliis Honcll.
cancellatus Brull. Voy. D’Orb., 1843, p. 27, pl. 2,
f. 3.
Guei’ini Waterli. Anu. Nat. Hist., 1841, p. 125.
irinus Brull. Voy. D’Orb., 1843, p. 27.
luridus Blneli. Voy. Péle Sud, 1853, p. 20, pl. 2, f. 0.
subsulcatus Brull. Voy. D’Orb., 184.'), ]>. 20.
unistriatus Dej. Spec. III, 1820, p. 232.
ricrostichus prasinus Curtís, Trans. Linn.
Soe. XVIII, 1830, p. 102.
vagans Dej. Spec. V, 1831, p. 752.
Ai’giitor Mi'ncrl.
apicalis Waterli. Aun. Nal. Hist., 1811, p. 128.
Audouini Waterli. Aun. Nal. Hist., 1841, p. 128.
bonariensis (Dej.)
Fcronia bonariensis Dej. Spec. V, 1 831, p. 750.
Brullei Waterli. Aun. Nat. Hist., 1841, p. 127.
confusus (Dej.)
Fcronia confusa Dej. Spec. V, 1831, p. 750.
posticus Brull. Voy, D’Orb. 1813, p. 28.
UICV. MI SMO LA PLATA. — T. IV. <!, 10, 1911.)
#
# Santa Cruz.
* Buenos Aires, Pa-
tagonia, Co-
rrientes.
* Río Negro.
* Buenos Aires, Tu-
cuinán, Cata-
marca, Mendo-
za.
Santa Cruz.
Patagonia.
Corrientes.
Tierra del Fuego.
La. Plata.
* Río Negro, Ñon-
guen, Mendo-
za.
Tucumán.
La Plata.
Buenos Aires.
* Buenos Aires,
Santa Fé.
Buenos Aires.
Buenos Aires.
Corrientes, Santa
Fe.
( lorrientos.
12
168 —
Cyi'lolclus Tsclitsch.
trivialis (Boli.)
Feronia trivialis Boli. lies. Eligen., 1858,
p. 1 4.
Arguloriditis Cluiuri.
chilensis (Dej.)
Feronia chilensis Dej. Spee. 1 1 í, 1 820. p. 251 .
oblitns (D<j.)
Feronia oh lita Dej. Spee. V, 1821, p. 751.
uruguaicus (Oliaud.)
Feronia urmjuaica Cliaud. Aun. Soc. lint.
Belg., 1876, 114,
Trirliaimnuf lis Cliaud.
patagonicus (Waterli.)
Argutor patagonicus Waterli. Aun. Nat. I List.
1841, p. 126.
Lioxandrus Leu.
argentinus Tsclitseli. Ilorae Soc, lint. Hess., 1 900,
p. 224,
curtatus Tsclitsch. Ilorae Soc. lint, lioss, 1902,
p. 61 .
integer Tsclitsch. Ilorae Soc. lint, llosa., 1900,
p. 229.
simplex (Dej.)
Plati/sina simplex Dej. Spee. 111,1 826, p. 222.
INalysina lioiiell.
assimile Dej. Spee, V, 1821, p. 772.
Lacordairei Dej. Spee. V, 1821, p. 775.
obtúsum Brnll. Voy. D’Orb., 1842, p. 20.
submetallicum AVaterh, Aun. Nat. Hist., 1841,
p. 122.
tucumanum Dej. Spee. V, 1821, p. 771.
Buenos Aires.
Corrientes.
Buenos Aires,
Ilío Negro,
Buenos Aires.
Patagonin, Itio
Negro (Cliole-
clioel).
Buenos Aires.
Argentina.
Argentina,
# Buenos Aires.
Buenos Aires.
Tueuinán.
A rge.nl ina í
La Plata.
Tueuinán.
Sulij;. Anliircf oImiiiii ThcIiIbcIi.
magellanicum (Blnch.)
Platjisma magellanica Blnch. Voy. Pule Sud,
1 858, i». 30, ]>l. 2, f. 12.
Auf arel ia Dej.
aenea Dej. Spec. V, 1.331, p. 804.
andícola Dcj. Spec. V, 1831, p. 800.
anodon Fairm. Aun. Soc. Ent. Fr., 1884, p. 485.
annulicornis Curt. Trans. Liun. Soc. Lond., 1839,
p. 193.
blanda Dej. Spec. 111, 1828, p. 529.
qimdricollis Sol. Gay, llist. Chile, 1849, p.
240.
bonariensis Putz. ¡VI ém. Liego, 1873, p. 21.
canotae Steinh. Atti Soc. Ital. Se. ¡Nat., 1809, p. 247.
caudata Putz. Mém. Lióge, 1873, p. 22.
chalybaea Blnch. Voy. Póle Sud, 1853, p. 38, pl. 3,
f. 3.
circumfusa Gemí. Ins. Spcc. ¡Nov., 1824, p. 20.
coerulea Sol. Gay, llist. Chile IV, 1849, p. 240.
complanata Blnch. Voy. Póle Sud, 1853, p. 37, pl.
3, f. 2.
cordata Putz. Mein. Liego (2) V, 1873, p. 17.
crassiuscula Putz. Mém. Liego (2) V, 1873, p. 28.
cyanoidea Fairm. Aun. Soc,. Ent. Fr. 1884, p. 480.
falsicolor Fairm. Aun. Soc. Ent. Fr., 1884, p. 487.
v¡ ir. frígida Kolbe, Coleopt. Ilainb. Mag. Saimnel-
reise, 1907, p. 40.
gilvipes Dej. Spec. III, 1828, p. 532.
glauca Blnch. Voy. Póle Sud, 1853, p. 39, pl. 3, f. 4.
grandipennis Fairm. Aun. Soc. Ent. Fr., 1884, p.
480.
laevigata Putz. Mém. Liego (2), V, 1873, p. 29.
lata Guér. Itev. Zooh, 1841, p. 190.
Tierra del Fuego.
# Buenos Aires, Kío
¡Negro, Chubut.
Andes.
Tierra del Fuego.
Tierra del Fuego.
# ¡Buenos Aires, Pa-
tagón ia, Tierra
del Fuego.
# Buenos Aires.
Mendoza.
Argentina.
Patagonia.
Buenos Aires, Co-
rrientes.
Tierra del Fuego.
Patagonia.
Argentina.
Patagonia.
Patagonia, Tierra
del Fuego.
Pata gón ia, Tierra
del Fuego.
Tierra, del Fuego.
Buenos Aires, Pa-
tagonia.
Patagonia, Tierra
del Fuego.
Patagonia, Tierra
del Fuego.
Patagonia.
Tierra del Fuego.
170
latigastrica Dej. Spee. III, 1 SUS, p. 528.
malachita I)t“j. Spee. III, 1828, p. 554.
marginata Dej. Spee. III, 1828, p. 532.
nitens Rutz. Mém. Liego (2), V, 1873, p. 10.
obscura Rutz. Mém. Liego (2), Y, 1873, ¡>. 20.
parvicollis Rutz. Mém. Liego (2), Y, 1873, p. 24.
pogonoides Faina. Ano. Soc. lint. Fr. 1884, p. 487.
punctulata Rutz. Mém. Liega*. (2), Y, 1873, p. 25.
Racovitzai Rousseau, Aun, Soc. lint, Relg. 1000,
p. 108. — Ibid. lixped. antarct. Relg. Ims.,
1000, p. 22, pl. 1, f. 3, 5, 7.
subamaroides Rousseau, Aun. Soc. lint. Relg.
1000, p. 108. — Ibid . lixped. antarct. Relg.,
I ns., 1 000, p. 21, ]>1. 1 , f. 1 .
Mclius Curtís
harpaloides Curt. Trans. Lian. Soc. Lond. 1830,
1». 100.
LaCIIIOülIlCIIUS ISollcll.
complanatus (Dej.) Spoc. III, 1828, p. 58.
Priatotnjachna chilataia (¡ory, Aun. Soc. lint.
Fr., 1833, p. 232.
l’lalynus lionoll.
bonariensis 6cmm. et llar. Oat. Col. 1, 1808,
p. 308.
anf/nstatuN Dej. Spee. V, 1831, p. 723.
brasiliensis (Dej.) Spee. III, 1828, p. 1 1 0. (Ancho-
manta).
discosulcatus Dej. Spee. III, 1828, p. 124.
fuscoaeneus (icmm. et llar. (Jal. Col. I, 1808, p.
37 1 .
lineatopunctatus (Dej.) Rrull. Yoy. D’Orb., 1843,
p. 25. (Af/onum).
quadricollis Dej. Spee. III, 1828, p. III.
ltio Negro, Tierra
<1(4 Fuego.
Mendoza.
* Rueños Aires, Co-
rrientes.
# Neuquen.
Argentina..
Argentina.
Patagón i a, Tierra
del Fuego.
Argentina.
Tierra del Fuego.
Tierra del Fuego.
Argentina.
* Rio Negro.
Rueños Aires.
Rueños Aires, Rio
Negro.
Rueños Aires.
Rué, nos Aires.
Rueños Aires, Rio
Negro.
Rueños A ¡res.
171
Agnnuni líonell.
inaequale Putz.Ann.Mus. Genov., 1875, VII,]). 78(5.
% AnHiomoims llonoll.
semistriatns Fairm. Aun. Soo. Ent. Fr., 1884,
]>. 488.
IlaltropiiN Wiilcrli.
carnifex (Fbr.)
Carabas carni) ex Y br. Syst. Ent., 1775, ]>. 244.
Metías splendidus Guér. Eev. Zoo!. 1839, ]>.
297.
OclltozclllS Clirmd.
bicolor (Brull.)
Peyonas bicolor Brull. Voy, D’Orb.. 1843,
1». 23.
lUrriziMlim Sol.
angusticollis Sol. Gay, llist. Chile IV, 1849, |>. 180,
l»l. 3, f. 4.
Macleyi (Bates).
Copleras Macleyi Bates, Ent. Montli. Mag.
VIII, p. 13.
Iloinaloricra Sol.
dorsigera Fairm- Aun. Soe. Ent. Fr., 1885. p. 39.
limbata (Sol.)
Aemalodera limbata Sol. Gay, Hist. Chile IV,
1849, p. 152, pl. 2, f. 9.
suturata Fairm. Ann. Soo. Ent. Fr., 1885, p. 40.
Trcuduiw (Jlairv.
antarcticus Dcj. S]>ee. V, 1831, p. 20. Eosseau,
Exped. antaret. Belg. Ins., 1900, ]>. 20,
pl. 1. f. 4.
Arechavaletae Putz. Stett. Ent. Zeit. 1870, |>. 188.
Audouini Guér. Voy. Coquille, 1830, p. 00, pl. 1,
f. 1 0.
hornensis Fairm. Ann. Soc. Ent. Fr., 1885, p. 41.
Argentina I
Patagonia, Tierra
del Fuego.
Buenos Aires, San
Luis, Córdoba,
Patagonia, Tie-
rra del Fuego.
Buenos Aires,
Pampas, Para-
ná.
Rio Negro.
Tierra del Fuego.
Tierra del Fuego.
Tierra del Fuego.
Tierra del Fuego.
Tierra del Fuego.
Argentina.
Tierra del Fuego.
Tierra del Fuego.
laevigatus Boh. Bes. Eligen. 1858, p. 17.
soledadinus Guér. Voy. Ooquille, 1830, p. C0, pl.
h f- »•
testaceus Blncli. Voy. Péle Sud, 1853, p. 45, pl.3,
f. 15.
Wienckei Rousseau, Ann. Soc. Ent. Belg., 1000,
p. 108. — Ib id., Exped. antaret. Belg. Ins.,
1900, p. 20, pl. 1, f. 2, G.
liga OiiHt.
inaequalis Brull. Voy. D’Orb., 1843, ]). 44.
Taeliys Schaum
andinus J. Hrp. Deutsch. Ent. Zeit, 1910, p. 554.
bonariensis Steinh. Atti Soc. Ital. Se. Nal.., 1 800,
p. 247.
dromioides «J. Hrp. Deutsch. lint. Zeit. 1 9 10, p. 554.
Jeppeseni «T. Hrp. Deutsch. Ent. Zeit., 1910, p. 553.
mendocinus J. Ilrp. Deutsch. Ent. Zeit., 1910, p.
553.
, univittatus «1. Hrp. Deutsch. Ent. Zeit., 1010,
p. 553.
ltcmltúlium Luir.
antarcticum Fairin. N. Arcliiv Mus.Hist. Nat. Pa-
ria, 1898, ]>. 107.
araucanum Germain, An. LTniv. Santiago Chile,
1900, p. 021.
atrum Germairi, An. LTniv. Santiago Chile, 1900,
p. 024.
Aubei Sol. Gay, Hist. Chile IV, 1849, p. 173, pl. 5,
f. 1.
bonariense Boh. (Nottvphua) Bes. Eugen., 1858,
p. 18.
Cliaudoiri Berg, Stelt. Ent. Zeit., 1883, p. 305.
cillenoides J. Hrp. Deutsch. Ent. Zeit., 1910, p. 550.
convergens Berg, Stett. Ent. Zeit., 1883, p. 304.
cordillerae Steinh. Atti Soc. Ital. Se. Nat, 1809,
p. 248.
Buenos Aires.
Tierra del Fuego.
Tierra del Fuego.
Tierra del Fuego.
( 'omentos.
# Mendoza
Buenos Aires.
Mendoza.
Mendoza.
* Mendoza.
Mendoza.
Patagonia.
* Bio Negro, Nahuel
Huapí.
Estrecho Maga-
llanes.
Buenos Aires.
Buenos Aires.
Buenos Aires, Bio
Negro.
Mendoza.
* Buenos Aires, liio
Negro.
Mendoza.
173 —
cliscoideum Brull. Voy. D’Orb., 1843, p. 45.
dubiiim J. ilrp. Deutsch. lint. Zeit., 1910, p. 550.
Duvali Steinh. Atti Soc. Ital. Se. Nat., 1809, p. 248.
elegans Sol. (¡ay, llist. Chile IV, 1849, p. 104.
Engelharti J. Ilrp. Deutsch. Ent. Zeit., 1910,
p. 547.
(iSraetcon) fuegianum Kolbe, Ilamb. Mag. Sam-
mclr. Col., 1907, p. 108.
Jacobseni ,1. Ilrp. Deutsch. lint. Zeit., 1910, p. 552.
(iMiiiochtiiK) Kolbei I Irtich, nom. nov.
/>. ( ¡’kilochtitu) mm/cllanicnm Kolbe, 1 lamb.
Mag. Sammelr. Col., 1907, p. 110.
Lonae J. Ilrp. Deutsch. lint. Zeit., 1910, p. 547.
M-signatum J. Ilrp. Deutsch. Ent. Zeit, 1910,
p. 550.
magellanicuni Germain, An. Univ. Santiago Chi-
le, 1900, p. 010.
mendocinum -I. Ilrp. Deutsch. lint. Zeit., 1910,
p. 549.
Mirasoi J. Ilrp. Deutsch. lint. Zeit., 1910, p. 552.
Orregoi Germain, An. Univ. Santiago Chile, 1900,
p. 040.
pallideguttula -I. Ilrp. Deutsch. lint. Zeit, 1910,
p. 540.
parvarium J. Ilrp. Deutsch. lint. Zeit., 1910, p.
551.
Peterseni J. Ilrp. Deutsch. Ent. Zeit, 1910, p. 548.
proportionale J. Ilrp. Deutsch. lint. Zeit... 1910,
p. 549.
Reichei Gcrmain, An. Univ. Santiago Chile, 1900,
p. 017.
< iíi-acicon) riparum Kolbe, Hamb. Mag, Sammelr.
Col. 1907, p. 108.
rufoplagiatum Gcrmain, An. Univ. Santiago Chi-
le, 1900, p. 031.
Ryei 1. Ilrp. Deutsch. Ent. Zeit., 1910, p. 551.
Stroebeli Steinh. Atti Soc. Ital. Se. Nat., 1809,
p. 248.
tesselatum Brull. Voy. D’Orb., 1843, p. 44.
tunuyanense .1. Ilrp. Deutsch. Ent. Zeit., 1910,
p. 540.
Corrientes.
* Mendoza.
Mendoza.
* Rio Negro.
* Mendoza.
Tierra del Fuego.
* Mendoza.
Tierra, del Fuego.
* Mendoza.
Mendoza.
Estrecho Maga-
llanes.
* Mendoza.
* Mendoza.
Estrecho Maga-
llanes.
Mendoza.
Mendoza.
Mendoza.
Mendoza.
Estrecho Maga-
llanes.
Tierra del Fuego.
Estrecho Maga-
llanes.
* Mendoza.
Mendoza.
Patagón i a.
Mendoza.
Gén : í)!l; Spoe : 343.
174
ÍNDICE ALFABETICO
DIO (J ION 10 ICOS V SU 110 ION 10 ICOS DIO' l,A FAMILIA OA1CAIIIDAIO
(OICI N DI0I.I N A 10, CAICA BINA 10)
Aeupalpus Latr 1(15
Aoplinidius M. Loay (subgen.). . . . 158
Agonuni Bonell • 171
.1 ¡/riiiH 115
Aucliouionus Bonell 171
Anisodaotylus Dej 1(13
Autarctia Dej 1(59
Antarctobiuin Cliaud (subgen.).. . . 169
Antarctonomus Cliaud 151
Apenes Lee 156
Aphelogenia Cliaud 156
Anlistoinis Futí! 160
Argutor Mogerl 167
Argutoridius Cliaud 168
Aspidoglossa Futz 160
Jiarypus Dej 163
Bombidium Latí' 172
Blochrus Motscli 154
Braeliycoolus Cliaud 150
Brachyguatlius Perty 160
Bruohynus Web 153
Braetoou (subgen.) 173
Calleida Dej 154
Culícida 151
Callidula Cliaud 155
Callistriga Motseli. (subgen.) 152
Calosoma Web 151
Camptodontus Dej 159
Caicabidaio Fam 115
Cakabinaio Subían). 150
Cardiophthalmu » 163
Cascellius Curtis 162
Cei'oglossus Sol 151
Chilonyelia Lae 147
Clilaenius Bonell 161
Cicindela L 118
Cicin dioi.in a io Sublam 145
Cicindis Brucli 150
divina Latr 159
Caemacanthiis 162
Cnenialobus Guór 162
Cratocara Loe 165
Creobius 162
Cylloseelis Cui't 164
Cyntindidius Cliaud 156
Cym indis Latr 156
Cymindix ¡55
Cyi'totelus Tsehtseli 168
Dailndoutils líeiclie 152
Dianchomena Cliaud 156
Distiebus Motseb 158
Droinius Bonell 154
Drumius 151
Ega Csist 172
Euclmia Brull 1 66
EiiproetiiH Sol 155
l'JiirijHoma. 1 60
Eeronia Latr 166
Foroniola Tsclitscli . 166
Feroniomoi'plia Sol 166
Galerita F 152
Geobius Dej 161
llabropus Waterli 171
I laplobotliynus Tsclitsoli 165
Harpalus Latr 161
Jlelluo 152
Helluoniorplia Cast 153
Heterodaetyhis Gu6r. 150
Honialodera Sol 171
Hypolitlms Dej 161
I res i a Dej 147
Laemosthenos Bonell 170
Lebia Latr 155
Leptotrachelus Latr. 152
Lissopterns Waterh 151
Loxandrus Loo. 168
Loxnpe/.a Cliaud .155
Malisus Motseli. (snbgen.) 156
Masoreus Dej. 158
Mogaoepliala Latr 145
Melanotus 165
Mcrizodus Sol 171
Mesas Clievr 159
Metí us Gurt 170
Metriocliila. .1. Tlionis 145
Migadops Waterh 151
175
17<¡
Arechavaletao Putz. (Ardist.)
Arechavaletao Cliaud. (Oodioll.). .
Arechavaletao Putz (Trcch.).
argéntala I1’ .
argentina I1'. Lynch. A. (Cieind.) .
argentina Steinh. (Pscudom.)
argentinas Tschtsch
urgyrostida Gemía, et i lar
assimile Doj
ater Brull.
atrata Doj.
atraía Gcrmain
A ubei Sol
Amlonini Waterh. (Argnt.)
Audouini Guór. (Trecli.)
aureola Klug
auricollis Dej. (Odont.).
auricollis Cast. (Calleid.)
auripeunis Luc
barysomoides l’utz
llergiana \V. llora
bicolor llrall. (Ilraehyn)
bicolor Putz (Cliv.).
bicolor llrall (Gclitoz.)
bifasciata «1. Thoms
bifoveolum Porty
biliuoatus Cast
biliinala .1. Thoius
bimaoulatus lieed
hipustulata F
blanda Dej.
bonariense Dej. (Calosom.)
bonarionso Iloli. (Ileiab.)
bonariensis Cliaud. (Masor.)
bonariensis Chaud. (Taeniolob.). . .
bonariensis Dej. (Argnt.).
bonariensis Putz. (Antarct.)
bonariensis Gemía, et liar. (Platyn.)
bonariensis Steinh. (Tacliys).
bradytoides Fairin
brasiliensis ICirby (Tetrach.)
brasiliensis Gory (Ilraehyn.)
brasiliensis Chaud. (Stonoer.)
brasiliensis Dej. (Platyn.). .......
brevicollis lloli.
brevisulcata W. Moni
breviuscula Putz.
breviusenlas Faina
Ilridgesi Cliaud
Itrullei Waterh.
bucephala W. llora
Buquoti Gap. de Cast 151
Jlurmeisteri Putz. . 15Í)
cancellatas llrall 1(17
eanolae Steinh. lliíl
carnilex F 171
c arolinensis Kirby lili
caslancus lllaeh 150
caudata Putz 160
caycnuensis Dej 150
ehalcea Dej 166
duilveola 1 lates. 140
chalceus Chaud. (Tetrag.). 157
chalceus Brull. (Anisad.). 160
ehalybaoa lllucli 160
Chaudoiri liruch (Apenes). 156
Chaudoiri Berg (Bembid.) 172
Cherabim Chevr 150
chilensis Brull (Cicind.). 140
chilensis Escliseh. (Cerogloss.) . . . . 151
chilensis Dej. (Tetragon.) 157
chilensis Sol. (Acupalp.) 165
chilensis Dej. (Argutorid.) 168
chilensis Gory (/‘ristonyeh.). 170
chlorosticta Rail 149
chrysis F 147
chrysochloris Maunerh 148
cillenoides J.-lIrp. 172
■cinetipennis lloh 165
circumfusa Gorm 160
clandestinus Klug 152
clivinoides Curt. 163
coerulea Sol 160
c ollar is Dej. (Galerita) 152
complanata Blnch 160
complánalas F. (Pherops.) 153
complanatns Dej. (Laemosth.) .... 170
concinna Brull. 155
concolor Waterh 150
coaduens W. Hora 140
confusa Loe 150
confusas Doj. 167
eonspcrsn Dej 150
oonvergens Berg 172
cordata Putz 160
cord icol lis Dej 167
cordillorao Steinh 172
corvina Putz 160
corynthium Gemí 167
eostieeps Steinh 160
crassiuseula Putz 160
eremita Dej 160
160
161
171
118
140
158
168
148
168
161
156
172
172
167
171
148
148
155
117
164.
150
1 53
150
171
145
157
153
146
151
150
160
152
172
158
158
167
160
170
172
166
146
153
161
170
152
146
150
164
152
167
145
177
crenatus Iti'ull
cribrata Brull.
ernciata Westw. (Pliaeox.)
eruciata Brull. (Phaoox.)
crueigor Chaud
cupripennis Gonn
curtatus Tschtscli
Curtisi Watorh
cyanoa W. Ilorn
oil((H¡tnrnin Roll
cyanoidoa Fairm
<-yl i mlricMi.s l)oj
Darwini Watorh. (Migad.)
Darwini Waterh. (Cncmalob.)
decora Steinh.
Dejeani Watorh .
dontipes Doj.
Dcsmarcsti Cast. (Odont.)
Dosinaresti GmSr. (Cncmalob.) . . . .
dilutiventris Cliaud.
(Umidiala Keiche
diniidiatus Brull
discoideum Brull
diseopuuctatus Dqj
<l¡NCOHulcal.UH Doj
distinguenda Doj
dorsigera Fairm
1) raleo i W. llora
dromioidos J.-Hrp.
dubium J.-Hrp.
Duponti Chaud
Duvali Stcinli.
ohonimis F. Lynch A
egaensk Tiloma.
ajenen Chaud
ciegan» Sol
«lliptica Curt.
clongatus Brull
Engelharti J.-Hrp.
errática Gu6r
orythrodoros Bluch
erythropm Cliaud.
Eugoni Cast
exigua Luc
Eydouxi Guór
fallaciosa Chevr
fnllacionm Chovr. (Agrien)
I'alsicolor Fairm
famélica Tschtsch
fasciatus Sol.
fomoralis Pcrty (Tctrach.).
femoralis Cast. (Oxych.) 147
fomorata Doj 153
férvida Doklitw 146
forvidus Burm 160
feetim Brull 155
fostivus Doj 160
fissipes Putz 160
ilavipes Brull. (Drom.). 154
flavipos Doj. (Cr.atoc.) 165
llavofasciata. Brull. 155
frígida. Kolhe 160
fuogiaimm líolhe 173
fulgen» Kltig 147
fulgida Klug 146
fulvostigma Bates 163
fusca Brull 155
fuscicornis Doj. 153
fuscoacneus Gcmni. ct llar. 170
Gayi Putz 162
georgiana Lee. 150
Germaini Chaud 147
germaini Fleut. 147
gilvipes Doj 160
glauca Bluch 160
gloriosas Gerst 151
Gormará Roed 140
grucilis Brull 152
grandiponnis Fairm 160
granulatum Perty 152
granulom Chaud 146
guadelupcnsw Gory. 157
Gnerini Gory (Cicind.) 148
Guerini Watorh. (Poecil.) 167
guttula. Sol 154
harpaloidos Curt 170
Hilarii Cast 146
hornensis Fairm 171
Horni Bruch 150
llyadcsi Fairm. (Lissopt.) 151
Hyadcsi Fairm. (Cascoll.) 162
imhrimtum Brull 152
immacnlipennis Luc 147
iinmarginatus Brull 153
imperial is Cliaud 160
imprceea Chevr 146
inaequale Putz 171
inaeqitalie Motscli. (Cicind.) 140
inaoqualis Brull. (Ega) 172
Ínflala .1. Thoms. 1 47
ineignis Brull. (Brachyn.) 153
insignis Burm. (Chad.) 150
159
149
145
145
156
163
168
162
146
148
169
161
151
162
155
167
159
147
162
157
155
165
173
164
170
146
171
149
172
173
150
173
158
148
149
173
164
159
173
166
165
153
149
149
162
145
145
169
166
155
146
178
integer Tschtsch 168
intermedia Doj. 1(¡()
intermedios Brull 158
¡n Ir ¡cata Iti-ulI 150
ii'imim Sol 151
¡muís Brull I (¡7
Jaeobsoni .J.-lIrp 178
Jopposeni J.-Hrp 172
júnior Dokbtw 1-16
Kimji Cnrt 162
Kolbei Bruch 178
Lacordairoi Dej. (Iresia) 147
Lacordairoi Gory (Odont.). 118
Lacordairoi lloj. (Galerit.) 152
Lacordairoi Doj. (l'lourac.). 153
Lacordairoi Doj. (Scarit.) 159
Lacordairoi Dej. (Seleuopli.). 164
Lacordairoi Doj. (Platys.) 168
laevigata Dej. (Stonocr.) 161
laevigata Putz. (Antarct.) 169
l.iovigntus Cliaud. (Totrag.) 157
laovigatim Doj. (Paohyt.) 158
laevigafcus Dej. (Param.). 161
laevigatus Boli. (Trecli.) 172
laevis Curt. (Anisod.) 163
laevi n (Blncli. (Tetraod.) 163
laminata Porty. 146
lata Guér 169
lateralo Kirby (Callistr.) . 152
latcralc Dej. (Calosom.) 152
lateralis Brull 161
laterestriata Cliaud. 166
laticollis Sol 166
latigastrica Dej 170
Lebasi Dej 14 6
lopida Brull 155
I i mata Porty. 146
1 ¡ilibata Sol. 171
UneutopunvluluH Dej. (Selonopli.) . . 164
lineatopimctatus Doj. (Platyn.). . . 170
Lonao J.-lírp. 173
longipomiiM Piifc>¡ 160
longitarHÍs Watorb 163
liibricepH Doj 161
lucida Ourt 167
l licor u m Gistl 148
lugubris Putz 164
luridus Blucb. 167
Macleayi Bates. 171
macularia Putz 160
iiiaciilatus Cliaud 153
maciilipca Watorb. 153
muijellanuiu Motsc.b. (Pycnocb.) ... 145
via;icllan¡va Gudr. (Galorit.). 152
magollauioa Blucb. (Perón.) 166
magollanicum Blucb. (A utarctnb.) . 169
mugcllanicum Gcrmain (Bomb.) . . . 173
iiiaijvllanicuiii Kolbo (Bomb.) 178
magcllanicus Guér. 159
malacbita Dej 170
marginalis Doj. (Apenes.) 157
munjinalis Brull. (Cymind.) 157
mari/inaHii Curt. (Feroninrpli.) . . . 166
marginata Dej. 170
marginellus Doj 153
margiiiipilosus iStcinb. . . 165
marginiventris Brull. 153
Martii Westw 146
media Putz. 160
molalcuca Doj 149
mcndocinum .I.-llrp. (Bomb.) 173
mcndocinus , I.-llrp. (Tacbys) 172
metnllieus Doj 161
Mirasoi J.-llrp. . . .' 173
miscella Cliaud.. 148
mixta W. llorn 149
mocrcns Brull 167
momluH Cliaud. 158
murió Klug 119
M-signatum J.-llrp 173
muticus Cliaud. (Disticli.) 158
muticus Perty (Bracbyg.) 160
nebrioides Guér. (Ileterod.) 150
nebrioidcs Curt. (Feroumrpb.). . . . 167
niger Cbaud. (Bracbyn.) 153
niycr Blncli. (Cascell.) 162
nigricollis Rcicbe 145
nigripes Watorb 153
nigrocoeruleus Watorb. 151
nigrofasciatus Sol. (Mimodr.) 154
nii/roj' uncial un Stoinb. (Dromhis.) . . , 154
nigronitidus Blucb 165
nigrotcstaceiis Sol 154
nitoiis Putz. 170
n ¡ tid ¡col 1 ¡h Doj 118
nilidipoiuic Dej. 160
nitidula Putz 160
nitidus Water] i 162
nivea Kirby 149
nocturna Dej 146
nodicornis Dej 148
obliquata Doj 15o
179 —
oldiquus Mrull. (Pherops.). 153
obUquus Mrull. (Mrachyn.) 153
oblitus Dej 153
obloneus Dej 151
olíseura Dej. (Calleid.). 155
obscura (líuchr) 165
obscura Putz. (Antarot.) 170
obscurclla Klug. 148
obscuriponuis Chaud 154
obsolol.cMiffr.nfiiii W. 1 1 i»i*ii M9
ohtusum Mrull 168
obtusas Dej 165
orlopunctafus Dcj 164
■opaca Chaud 156
Orbicuyi (lucí-. (Ciciud.) 150
Orlnynyi (íéhin. (Galosom.) 152
Orbijjnyi lírull. (Galcrifc.) 152
< Irrogo i Germain 173
«valia Water b 151
oxyehiloidcs Westw 145
pnchyynster ¡’crly. 153
pallideguttula .1.-11 rp 1.73
pallipes Dej. (Mrachyn.) 153
pallipes F. (Apenes) 157
pampicola Steiuli 165
para Helas Blncb. (Splicnopalp.) . . . . 156
parallolus Guér. (Maryp.) 163
paranao Tschtscli. 165
parumpunetu.tus l)ej. 165
parvarium J.-ITrp. 173
parvicollis l’utz. 170
parvu^ji l’utz 160
patagónica, Mrull. 150
pata.c'onieus Waterb 168
patauonicn-Hfí llope 152
l’oroni Cha lid. 151
perspicillaris Cliaucl 156
l’eterseni J.-Urp. 173
pbaeoxantbus Chaud 154
pida Mrull. ( ('y mináis) 155
pictus l’erty 157
plan ns Oliv. 153
plalcmis Waterh. (Mracbyu.). 154
platensis líerjí (Mlecbrus) 154
platensis Chaud. (Apílele»;.) 156
platensis Waterh. (Chlaen.) 161
plicicollis Fairm.. 162
poc'onoides Fairm. . 170
posticus Dej. (Anisad.) 163
postieus Mrull. (Ar»ut.) 167
¡u n si n iis (l’lrrnsl .). 167
proniptus Dej.
proportionale .1 .-Hrp
pseudoehilolcuca W. íforn . .
psoudod¡st¡n<{uenda W. Ilorn
puberulus Dej..
pubescens Dej
pulcliellus Muriu..
puuctatice.ps F. Lynch A. . . .
punctatostriata, Mrull.
piiiiiiliiliiisis Sol.
punclailata l’utz
punetulalus Dej
puncl'iim KIují
pyropterus Mrull
qimdricollin Sol. (Antarct.). . .
quadricollis Dej. (Platyn.). . .
qnaih'hnnoiúnta Moauv
quadrinotatus Waterh
quadriidafíiatus Kciche
Racovit.zai Rouseau
ramosa, Mrull
reductesipiiata W. Ilorn . . . .
Retal i W. Ilorn
Roiehei Cermain
repulidas Dej
rclnsiim l1'. (Calosom.)
rhyt ierania Chaud
rhy tido]iteroides W. Ilorn...
riparum Kolbc
Ritsemae W. Ilorn
robusta Mrull.
rubricollis Solianm
rulleollis I ai.tr.
rnjípes Mrull
rufoplajíiatum (íermain ....
rufas Sol. (Tniehcl.)
rufos Mrull. (Anisad.).
rujíatifrons Cbcvr
rnjíiceps Mrull .
R.yei .J.-llrp
Sckyici l’hil.
sreedens F. Lynch. A
securi»'era Chaud
semipunctata Dej
seinistriatus Fairm
165
173
149
147
164
161
163
159
161
166
170
1 65
1 48
161
169
170
159
151
155
170
1 50
149
149
173
157
151
1 55
148
173
150
161
1 53
152
152
173
158
164
159
155
173
145
117
156
160
171
sil ¡pos Dcj. ■ 164
simplex Dej 168
sinuosa Mrull. (Ciciud.) 150
si.Hiiost i W. Ilorn (Ciciud.). 149
smaraedina W. Ilorn (Ciciud.). . . . 149
smtmii/iUiui W. Ilorn (Tel.ra.ch.),.. 146
sobrina Dej
soledadinus Guór.
Seminen (Jliíiml
s|ieciosus Ditj,
aplaudida Uory
aplaudida» Guér
Staudingeri W. Ilorn. ....
stenocephalus Brull
Stcphcnsi Waterh
striata Dej
striatula F
striatus Waterh
Stroebcli Steinli
suhainaroides Kouseau. . . .
subinctallicuin Waterh.. . .
substriatus Waterli
suhsuleatus Brull. (Poecil.)
succincta Eriohs
sulcatulus Dej. (Ilarpal.)..
silicatos Ohaud
suturnlis F. (Cerogloss.) . .
suturnlis Dej. (Calleida) . .
suturata Fairm
taitensia Iíoli.
taurina Putz.
tosselatnm Brull
testaceipos Blnch.
testáceos Sol. (Monolob.)..
testaeeus Blnch. (Treeh.)..
testudinea Elug.
tho ruciad W. Ilorn.
trapezipenne Chaud
Tremolerasi W. Ilorn
tripunatata Dej
trisignata Brull
trivialis Boh icjx
trivittis Chaud. Iñli
Trobcrli Sol 102
tilciiiiinmiin Dej, (PliityN,). ....... HiH
tueiniianus Dej. (Anisod.) 11M
tunuyancnso J.-Mrp 1715
imdatus Dej. 157
unicolor W. Ilorn 150
uuistratus Dej. (Acupalp.). 165
unistriatus Dej. (Peocil.). 167
uuivittatus J.-Hrp. 172
uruguaicus Chaud. 166
vagan s Dej. (Calosoin.) 152
vagans Dej. (Poecil.) 167
valdiviae Hopo 151
varieijata Dej. (C-ymind.) 157
variogatus Dej. (1‘eronose.). 157
vicinus Dej 153
villosulus Brull 161
violnveii líeiehe (Tetraeh.) 116
violácea Chaud. (Leída). 156
violaceuin Brull. 162
violáceas Waterh 161
violatus Geinm. et. llar. 161
virescens Waterh 150
viridis Tatmn 116
vittigera Dej 156
IVaterhousi Burni 162
Westwoodi Waterh.. 161.
Wienkei Rousseau. 172
xanthomelanum Perty 156
xauthophryus Chaud 154
xanthopleura Chaud 157
xanthopleurus Chaud. 151
117
172
117
iii;i
1 55
171
119
1 59
163
155
167
162
173
170
168
162
167
145
164
162
151
155
171
148
160
173
165
.151
172
158
116
152
116
118
1 56
- 181
PAliS IV
vam. uic.iMnAi:
CliiaNogiialliiis Stcpli.
Granti Steph. TratiH. I’hil. Soc. Catnbr., I V, 1 .83 1 ,
]>• f>, !>'• 1,2.
chilocmis Leas. III. y.ool. Col., 1831, pl. 24.
var. affinis L’liil. Aii. Univ. Chile, 185!),
p. (¡58.
* Río Negro, Na-
linel Huapí,
Nouquen (Cor-
dillera).
Slreplocerus Fninn.
speciosus Faina. Ana. Soc. Ent. Fr., 1850, p. 53, * Río Negro, Na-
pl. 1-2, f. a-b. huel Huapí.
Dcjeani Sol. Cay, J I ist. Chile, V, p. 44,
pl. 13, f. 3, cf.
inoplcriis Hopo
erythrocnemus IRirm. ITandb., V, 1847, p. 378, <?> * Misiones, Alto
fcmomtus Thoms. Ann. Soc. Ent. Fr., 1802, Paraná,
p. 397.
tibialis (Klug) Nov. Act. Leop. Carol. XII,
1 825, p. 431 .
paranensis Parry, Trans. Ent. Soc., 1872, p. 80, Paraná, (Argón-
pl. I , I'. 4. tina í)
Sclci'ognalliiis Hopo
Bacchus Hope, Cat. Lucanicl., 1845, p. 26. * Rio Negro, Na-
Sclerostomns Darwinl Bnvin. Uandb., V, 1847, huel Huapí,
p. 424. Nenqnen (Cor-
bipimclatus Pliil. An. Univ. Chile, 1859, dillera),
p. 050.
caelatus (Blncli.). #N cuquen, (Clios-
Lucanus caelatus Blnch Voy. D’Orb., 1843, malal).
p. 194, pl. 12, f. 4.
¡Scortizns vittatus Runo. Handb., V, 1847,
p. 423.
variolosns Hope (Westw.) Cat. Etican, 1845,
p. 25.
182
•cucullatus (Bínela). *Neuquen (Cbos-
Lncanus eucullatus Rlneb. Voy. D’Orb., 1843, nndal).
p. 104, pl. 12, f. 10.
Fairmairei Parry, Trans. lint. Soe. 1<S(*4, p. (¡I . * .Neuquen, Lago
linear.
femoralis (Guér.).
Doro un femoralis Guér. ltev. Zoo]., 1831),
p. 303.
Seleropuat litis Daneiui Iíope, Ann.Nat. ITist.,
VIII, 1845, p. 302.
moiloshiH I’hil. A n. I J li i v. Chile, 1850, p. 057.
# Río Negro (Na-
huel lluapí),
Neuquen, Clin
but y Santa
Cruz (rog. Cor-
dillera), Tierra
del Fuego.
Solo rosto mus ruji femoralis ( hirtis, Traías. Lina.
Soe. Load., 1843, p. 450.
rub ripea Burm. Ilandb., V, 1847, p. 424.
vittatus (lisebseb.). * Neuquen.
Lueauus viltatus lisebseb. lintomogr., 1835,
p. 0.
Lueauus rubroritlatus Blneb. Voy. D’Orb.,
1843, p. 104, pl. 12, f. 0.
Iloxaph vlliiin Gniy
aequinoctiale Buquet, Aun. Soe. lint. Fr., 1840, # Misiones, (Bom-
p. 375, o”. pland).
Westwoodi iíope, Croe. lint. Soe. Load.,
4840, p. 11.
Cjibicros, 5; especies, 11.
I MI... S( JA K A 1S A lili» A li
COIMtlM!
Iliii-vsI fi’iius I )¡iln. .
caribaeus llerbst, Kiit., II, p. 300, pl. 10, f. 7.
planas Dalia, lipbeiu. lint., 1821, p. 10.
parallelus Cast. Ilist. Nat. las., II, 1840, p. 03.
* Misiones, A lio
Paraná.
# Misiones.
IülulinopilM 15. mu.
dytiscoides (Sebre.ib.).
tíearahaeus <i)/l iseoides Sebreib. Trans.
* Córdoba, San
Bina. Luis, Catamar-
183 —
Soc., VI, 1.802, i». 191, i»l. 20. f. 3. ea, Clmbut,Ba-
Eudinopus ateuchoides Burm. (leu. quaed. liía Blanca.
Ins., 1840, tabula- 20.
Mcgalliopa lísdiscli.
aeneicollis Waterli. Aun. Mag. Nat. Hist. (0), Y, # Misiones (Alto
1890, i». 413. Paraná).
argentina (5 ¡llet, Aun. Son. lint. Belg., 1910. * Córdoba, Cata-
marea.
bicolor Guór. liev. Zool., 1889, |>. 299. * Buenos A ires, Pa -
anricollis Blncli. Voy. D’Orb., 1843, p. 158, ta-gonia.
pl. 10, f. 3.
chalybaea Blneli. Voy. D’Orb., 1848, p. 158. * Oa-tamaroa, Tucu-
inán.
picea Burm. Stett. Ent. Zeit., J874, p. 120. Argentina.
punctatostriata Blncli. Voy. D’Orb., 1843. p. 159.. * Patagón ia.
puncticollis Blncli. Voy. D’Orb., 1843, p. 158. # Córdoba, Cata-
marca, Pat-ago-
nia.
violácea Blneli. Voy. D’Orb., 1843, i». 157, pl. 10, # Oa-ta marca-, Bue-
f. 2. nos Aires, Pa-
tagón ia, Clm-
but.
Canillón llofTiniiiuis.
atramentarius (Burm.). Catamarón, Tueu-
Ooprobim atramentarius Burm. Stett. Ent. man.
Zeit., 1873, p. 415.
bipunctatus (Burm.). # Córdoba.
Coprobius bipunctatus Burm. Stett. Ent. Zeit.
1878, p. 412.
bispinus (Gemí.).
Atembas bispinns Germ. Ins. Spee. Nov., I,
1824, p. 97.
coeruleicollis Blncli. Voy. D’Orb., 1848, p. 105.
conformis llar. Berl. Ent. Zeit., 1808, ]>. 80.
curvipes Mar. Berl. Ent. Zeit., 1808, p. 33.
dives llar. Berl. Ent. Zeit-., 1808, p. 181.
edentulus llar. Berl. Ent. Zeit., 1808, p. 82.
fuscorubrus Blncli. Voy. D’Orb., 1813, p. 171.
HBV. MI MICO l,A l’t.ATA. — T. IV. (I, 211, 1011.)
* Buenos Aires, Pa-
raná.
Paraná.
Argentina.
Buenos Aires.
* Salta-
Buenos Aires,
(Pumpa).
* Comentes.
i a
184
granuliceps Felselie, Deutseh. Ent. Zeit, 1910,
p. 340.
janthinus Blneli. Voy. D’Orb., 1843, p. 101.
Lacordairei (Cast.).
Jlyboma Lacordairei Cast. Iíist. Nat. Ins., 1,
1840, p. 74.
(Janthon (jeminatus Blneli. Voy. D’Orb., 1843,
p. 100.
latipes Blnoh. Voy. D’OrI)., 1843, p. 101.
lituratus (Oerm.).
Atenekus lituratus Cerní. Mag. D’Entom., 1,
1813, p. 117.
var. chlorophanus Mannerh. Nouv. Mém.
Mose., 1, 1829, p. 38.
qmdripuslulatus (Juér. Veril. Zool. 13ot. Ver.
VVien., V, 1855, p. 587.
lividus Blneli. Voy. D’Orb., 1843, p. 104.
ctipricollis llar. Berl. Ent. Zeit., 1808, p.
44.
Coprobius somicupreus Burm.Stett. lint. Zeit.,
1 873, p. 4 1 3.
mutabilis late. Cast. Voy. Ainériqne S., 1859,
p. 100.
muticus llar., Col. Hcftc., 1807, p. 78.
opacus lloli. lies. Eligen., 1858, p. 40.
pilosus Eelsehe, Deutseli. lint. Zeitselir., 1910,
]). 339.
piluliformis Blneli. Voy. D’Orb., 1843, p. 100.
plicatipennis Blneli. Voy. D’Orb., 1843, p. 104.
fractipes llar. Berl. Ent. Zeit., 1808, p. 101.
principalis (Biirin.).
(loprobius principalis Biirni. Stett. lint. Zeit,.,
1 873, p. III.
quinquemaculatus Lap. de Cast. Iíist. Nat., II,
1840, p. 09.
vyanoptcrus liedtb. lie i se Novar. Zool., II,
¡807, p. 53.
var. (uncticollis Lúe. Voy. Cast. 1859, p. 99.
* Buenos Aires.
Córdoba, Santa,
lie, San Luis,
Paraná, Pata-
gonia.
* Babia Bbmea, Tu-
cumán, Pata-
gonia.
* Buenos Aires.
Corrientes, Entre
llíos.
* Buenos Aires.
* Córdoba, Santa,
Ee, Tuounián
Catainarca.
* Buenos Aires.
* Buenos Aires, San
LuiSjTueuinán.
Mendoza.
Buenos Aires.
Patagonia.
Tueumán, Cata-
marón, Salta,.
* Misiones.
185 •-
saiijptiincollis G-itór. Veril. Zoo!, bofe. Ges.
Wicn, v, :i<sr»r>, p, 586.
Reicliei Eclsehe, Deutsoli. Enfc. Zeit., 11)10, p. 340.
ruges vis Blnclu Voy. D’Orb., 1843, p. 150.
tessellatm Ericlis. Wiegm. Archiv., 1847,
p. 105.
rutilans Cast. Ilist. y- ais, II, 1840, p. 09.
s anguine oraaeiúatus (¡Iludí.).
Tctraaechma nanyuineomaculata Blnds. Voy.
D’Orb., 1848, p. 108, pl 10, f. 0.
seminitens Har. Bevl. Ent. Zeit., 1808, p. 84.
septemmaculatus (Lafcv.).
Ateuchus septemmaculatus Latr. Voy. JULumb.
et Bonpl. Obs., 1, 1811, p. 180, pl. 17, f. 5.
Camthon coro natas Perty, Del. Anitn., art.
1830, p. 87, pl. 8, f. 1.
Ateuchus fasciatm Maimerh. JSouv. Mém., i,
1829, p. 37, pl. 2, f. 1.
(Joprobius histrio Serv. Enoycl. méthod., X,
1825, p. 852.
speculifer Lap. «le Cast. Tlist. Nat., II, 1840, p. 08.
substriatus Har. Herí. Ent. Zeit., 1808, p. 88.
tetraodon Blndi. Voy. D’Orb., 1848, p. 102.
tristis Har. Berl. Ent. Zeit., 1802, p. 409.
opacas Lúe. Cast. Voy. Amór. Sud., 1859,
p. 97.
Mendoza.
# Salta, Tueumán,
Fatagonia.
* Buenos Aires,
Misiones.
Patagón i a»
? Mendoza.
Argentina.
* Misiones, Tueu-
mán, Fonnosa,
Chaco.
* Misiones, For-
mosa.
Corrientes.
Córdoba.
# Salta, Tueumán.
xanthurus Blneh. Voy. D’Orb., 1848, p. 100. Corrientes.
Uelloehilum Escliscli.
cupreicolle (Blneh.). .1 tijuy.
Ilyboma cupreicollc Blneh. Voy. D’Orb., 18 48,
p. 157, pl. 10, f. 4.
Canthon cupricollis Lúe. Cast. Voy. Amor.
S., 1859, p. 99.
irroratum Lap. de Cast. Hist. Hat., II, 1840, p. 74. * Cínico, Tueumán.
Orbignyi (Blneh.). Corrientes.
Ilyboma Orbignyi Blneh. Voy. D’Orb., 1843,
p. 3 00.
pygmaeum Gillet, Ami. Soe. Ent. Belg., 1910, p. * Buenos Aires,
rubripenne Gory, Mag. Zool. Ins., 1881, pl. 87. # Misiones.
1 80 —
valgum Bimn. Sfcet.fr. lint. Zeit., 187.'», p. 40!). * Tueuinán.
variolosum Burm. Stefct. Enfc. Zeit., 1878, p. 409. * Eormosa, Cata-
marón.
Uroxj'S YWstw.
angulicollis (Bole). «Argentina..
Choeridimn angulicollis Bole lies. Eligen.,
1858, p. 41.
clilaticollis (Bínele). * Buenos Aires.
Choeridimn dilatietdle Blneli. Voy. D’Orle,
1818, p. 178.
líroxgs slrialm llar. Col. Ilefto, III, 1808,
p. 41.
robustas (llar.). * Buenos Aires.
Choeridimn robustmn llar. Col. Ilelte., 1808,
1». 81.
Trieliilluin llnrold
Heydeni llar. (Jol. Hefte, III, 1808, p. 58. * Paraná, Misiones,
Tueuinán, En-
tre Ilíos.
Cantliiiliiini Krichíj.
bituberculatum llar. Ool. Hefte, 1, 1807, p. 80. Buenos Aires,
breve ((¡erm.). * Buenos Aires,
Copris breve Cierm. íns. Spec. Nov., 1884, Córdoba, Tuou-
p. 1 08. mán, Santa Ee.
Caulhitliuin lúgubre llar. Col. Hefte, I, 1807,
p. 89.
moestum llar. Col. Hefte, I, 1807, p. 87 y 88. '! Argentina,
prasinum (Bínele). Corrientes.
Choeridimn prasinum Bínele Voy. D’Orle,
1848, p. 109.
< '.lioeriiiimn Soi-v.
apicatum llar. Col. I lidie., 1807, p. 10, 9* Argentina,
carbonarium llar. Col. Ilelte, 111, 1808, p. 81. * Tueuinán, Salta.
Otil licrus. lOiiclis.
appendiculatus Mannerle Nouv. Mein. Mose., * Chaco, Santa Ko,
1 889, p. 18. Tueuinán.
187
contractas Burm. Stett. Bnt. Zeit., 1874, p. 127. # Tucumán.
rotundatus (Blncli.). * Corrientes,
o’ ( Jopris rotundatus Blncb. Voy. D’Orb.,
i 848, p. 181.
9 (Jopris Polynicc Blncli. 17_oy. D’Orb., 1848,
p. 181.
Ontherus quadratm Ericlis. Schoinb. Reise
Guayan., III, 1848, p. 504.
sulcator (Fbr.). Buenos Aires,
Copris sulmtor Fbr. Syst. lint., 1775, p. 27. Fonnosa, Mi-
Oopris Nisus Oast. llist. Hat., II, 1840, p. 79. sienes, Curdo
Copris oualipennis Blncb. Voy. D’Orb., 1848, ba.
1». 180.
PinolitM Kríolrn.
anaclypticus (Mannerb.). * Misiones, For-
Copris anaclypticus Mannerb. Nouv. Mein. mosa.
Soe. Hat. Mosc., I, 182!), p. 42.
Copris hos Blncb. Voy. D’Orb., 1848, p. 178.
Copris Mannerheimi llar. Berl. lint. Zcit.,
1859, )>. 224.
Haroldi Waterli. Ann. Nat. llist. ((»), VII, 1891, * ltioja, Córdoba,
p. 359.
Nisus Oliv. Bnt., I, 8, 1789, p. 139, pl. 2, f. 17. * Chaco, Misiones,
Alto Paraná..
nobilis Waterh. Ann. Hat. Hist. (0), VII, 1891, * Córdoba, Tucu-
p. 392. iná.n.
semiaeneus (Cerní.). * Córdoba.
(Jopris semiaeneus Ccnn. Ins. Speo. Hov.,
1824, p. 101.
Copris crenatipennis Blncb. Voy. D’Orb. Col.
1843, p. 178.
var. Copris semicuprens Cerní, ins. Spoe.
Hov., 1824, p. 102.
torulosus (Jisebsob.). * Henqtien, Lago
Copris torulosus Escbsch. Bntoin., 1 822, p. 29. Lacar.
Copris pimctatissimus Curt. Trans. Linn. Soe.,
XIX, 1845, p. 444.
Copris valdivianus Pbil. An. Univ. Chile,
1859, i». 004.
triangulariceps (Blncb.) # Argentina, Cata-
Copris triangulariceps Blncb. Voy. D’Orb.,
1843, p. 177.
marca.
188
Piñatas andícola Thiv. (!ol. ITeftc, TI, 1 887,
1>. 98.
Gopris aricius Binch. Voy. D’Orb., 1843,
p. 178.
Selea«tcii|»rÍN Ituvin.
p. 97.
Kiiernnitim Bnill.
arachnoides Brull. Ilist. Nat., ÍLI, 1834, p. 289.
Anomiopsis dioscoridcs Westw. Pro o. Zoo!.
Soe. Bond., V, 1837, p. 13.
Pachysoma Lacordairei Cast. Ilist. Nat. Ins.,
IT, 1840, p. 08.
dentifrons (Gu6i\).
Psammot rapes dentifrons G-uér. Mag. Zool.,
1838, p. 40.
Anomiopsis aclianas Blnch. Voy. D’Orb.,
1843, p. 155, pl. 10, t. I.
planicolle Burin, Boíl. Rut. Zoit., 1801, p. 01.
# San Juan, San
Luis, Córdoba,
Mendoza, Ca-
tamarón, Tueu-
mán, Río Ne-
gro, Patagón m.
Buenos Aires,
Río Negro, Pa-
tagonia.
# Buenos Aires,
San Luis, Cliu-
but.
pulvinatum Burm. Stett. Rut. Zeit., 1873, p. 405. Córdoba,
simplicifrons Rairin. Aun. Soe. Rut. Belg., 1893, Santiago del Rs-
p. 008. tero.
— 189 —
Anomiopsis Himn.
auritus Bunn. Berl. Ent. Zeit., 1801, p. 08, pl.
la, f. 5.
bilobus Bunn. Berl. Ent. Zeit., 1801, p. 03, pl. 1,
f. 0.
cavifrons Bunn. Berl. Ent. Zeit., 1801, p. 03, pl.
i, r. 7.
furciferus Bunn. Berl. Ent. Zeit., 1801, p. 04, pl.
i, r. 8.
lieteroclyptus Blnch. Voy. D’Orb., 1843, p. 150.
San Juan, Rioja,
Catamarca.
San Juan, llioja,
Catamarca.
* Catamarca, Men-
doza.
Córdoba, San
Luis.
* Catamarca, Entre
Ríos.
<¿l vplio<lerus Wostw.
centralis Bunn. Stett. Ent. Zeit., 1873, p. 407.
montícola Burm. Berl. Ent. Zeit., 1801, p. 07, pl.
\a, r. io.
sterquilinus Wcstw. Proc. Zool. Soc., V, 1837,
p. 13.
# Córdoba.
# Mendoza, Cata-
marca, Santia-
go del Estero.
# Mendoza.
(¿romplias Brull.
Lacordairei Brull. Hist. Nat. Ins. Col., III, 1834, * Buenos Aires,
p. 304. Córdoba, Mi-
inermis llar. Col. Ilefte, V, 1809, p. 02. siones, Chaco,
Tucumán.
ICnnent'nlxliis Lslif?.
loboceplialus (llar.). Mendoza.
Onthophagus lobocephalus llar. Col. Ilefte,
IV, 1808, p. 84.
Itolhitcs 1 1 n.rol <t .
onitoides llar. Col. Ilefte, IV, 1808, p. 81.
Oruscal u>i Hatos
Davus Iflrielis. VViegm. Arcliív, I, 1847, p.’107.
# Buenos Aires,
Córdoba, Rio-
ja, Tucumán,
Mendoza, Salta
* Tucumán (Valle
Tafí).
IMianacus Mac Lcuy
Acrisius Mac Leay, Ilor. Entom., 1, 1811), p. 127.
Batesi llar. Col. licite, IV, 1808, j». 82.
bonariensis Gnér. Icón. Regí), aniin. 1829-38, Ins.
1>. 79.
ensifer Cerní. Mag. Ent., VI, ]>. 147.
o* (lucalis Cast. 1 1 ist. Nat., IT, 1840, p. 79.
faunus (Fbr.).
Copris faunas Fbr. Hyst. Ent., 177o, |». 23.
imperator Clievr. Cuér. leen, liega, aniin. Ins.,
1829-38, p. 77, pl. 21, f. 8.
dimidiatus Sol. Cay, Hist. Chile, V, 1851,
p. 03, pl. 15, f. 8.
Jasius (01 i v.).
Scarabaeus Jasius Oliv. Entoin., I, 3, 1789,
p. 109, pl. 7, f. 50.
Milon Dej. Blncli. Voy. D’Orl|., 1843, p. 174.
Mimas (Linn.).
Scarabaeus Mimas Linn. Syst. Nat., ed. X,
1758, p. 347.
sapliirinus Stnrni, Cat., 1820, p. 05, ]>1. 2, l‘. 15. o’.
splencliclulus (Ebr.).
Gopris splendidulus Fbr. Spec. Ins., I. 1781,
p. 23.
Metidas Cast. líist. Nat., 11, 1840, p. 82.
Tncmnán.
* Tncmnán, Córdo-
ba, Cata marca.
* Corrientes, Tucu-
inán, Chaco.
* Fon n osa .
* Chaco (Argent. i)
* Córdoba, Cala -
marca, Mendo-
za, Tucnmán.
* Chaco, Corrien-
tes, Tucnmán.
* Buenos Aires.
* Misiones.
* Misiones, (Bom-
pland).
* Buenos Aires,
Córdoba, Men-
doza, Corrien-
tes, Tucnmán.
I>ciHlro|icin<»n l'c.rty
bahianus llar. Col. Iíefte, III, 1808, p. 83. # Misiones, Alto
Paraná.
Onf liophogiiM Liil.i-.
biclentatus Crup. Aun. Con. Se. Pliys. Brux., I,
1819, p. 134, pl. 7, í. 5.
hirculus Mannerli. Nouv. Mém. Mosc., 1, 1829,
p. 39.
acucas Blncli. Voy. D’Orb., 1843, p. 183.
brasilicnsis llar. Berl. Ent. Zeit., 1859, p. 224.
* .1 ujuy .
* Buenos Aires,
Córdoba, <1 ti-
juy, Tncmnán.
19 J
Icliosloma Arrow
Mrtum Olíaos, Dcutsch. lint. Zeit., 19.1.0, p. 1 7.‘í. Clmbut.
rufum Arrow, Trans. Ent. Soc. Lond., 1904, p. 741. Patagonia.
Stroebeli (Steinli.). * Buenos Aires,
Orplmus Stroebeli Steinh. Atti. Soc; Ital. Se. Bahía Blanca,
Xat., XV, 1872, p. 556. Patagonia.
l\i/toderux Stroebeli (Steinli.) Bor'g, Stett. Ent.
Zeit., 1881, p. 54.
F Tdiostoma Me, don Arrow, Trans. Ent. Soc.
Lond., 1904, p. 741.
OrlioiInciiN Sorv .
campsognatlius Arrow, Trans. Ent. Soc. Lond., * Buenos Aires,
1904, ]>. 744, pl. 36, f. 2. Santa Fe, San
Luis.
cornutus Olíaos, Dcutsch. lint. Zeit., 1910, p. 174. * Buenos Aires,
Tueumán, San-
ta Fe.
(loclodcs Wostw.
gibbus (Perty). # Formosa, Misio-
Jlybosorus giblms Perty, Del. Anim. art., nes.
1830, p. 43, pl. 9, f. 5.
Jlybosorus brasiliensis Cast. Ilist. Nat., II,
1840, p. 108.
Metacliocdus «lo Borro
discus de Borre, Aun. Soc. Ent. Belg., 1886, p. # Buenos Aires,
118. Chaco santa-
fecino.
brunneicollis de Borre, Ann. Soc. Ent. Ilelg., * Córdoba.
I 886, p. 1 19.
CliaclodiiH Wostw.
piceus Westw. Tyans. Ent. Soc., IV, 1846, p. 166, * Buenos Aires,
pl. 11, f. 4.
striatus de Borre, Ann. Soc. Ent. Belg., XXX, i
1886, p. 117.
Argentina ?
192 —
/VI Iiyroiis Mac Leay
clialybaeatus Fairiu. Ann. Seo. Ent. Fr., 1802, Argentina,
p. 242.
excavatus Cast. llist. Nat. Col., 1 T, 1840, p. 103. # Tucuinán,Santia-
lanuginoms Klug, Berl. Arad., 1843, ]>. 28, go del Estero,
pl. 2, f. 2.
mexicanus Klug, Berl. Abad., 1842, p. 20,
pl. 2, f. 4.
flavithorax F. Lynch A. Naturalista Argont., V, * Buenos Aires,
1880, ]». 140. Córdoba, Tu-
cumíin.
sexdentatus Cast. 1 List. Nat. Col., 11, 1840, p. 103. * Chaco, Misiones,
Formosa.
tridentatus Mac Leay, HovaeEnt., 1, 1810, p. 124. * Misiones (fronte-
var. castaneus Guér. Icón. Regn. anim., ra brasilera).
1820-38, p. 83, ])1. 22, 1. 7.
llolhorrras Kirby
(Kiicaniims) bonariensis Klug, Berl. Acad., 1843, # Buenos Aires,
p. 52, n° 22.
(liueanUuiH) sculpturatus Mannerh. Nouv. Mém. * Gatamarca, Mi-
Soc. Nat., Mosc., I, 1820, p. 44. sienes,
tucumanensis Bouoom. Bull. Soe. Ent. Fr., 1003, #Tueumán.
p. 200.
Tauroccrasf es l’hil
patagonicus Pliil. Stett. Ent. Zeit., 1800, p. 110, * Patagón ia, Chu-
pl. 2, f. 1. but, Santa
Cruz.
Friekius Ocrmain
variolosus Cermain, An. TJniv. Chile, XCV1Í, * Neuquen, Lago
1807, p. 200. Luoar, Chubut,
Santa, Cruz.
Trox Fin-.
aeger Guér. Icón. Regn. anim. Ins., 1.820-28, p. 85,
pl. 22, f. 0.
* Buenos Aires,
Córdoba, Co-
rrientes, Tueu-
mán, Jujuy.
— 193
arge ntinus Har. Gol. Hefte IX, 1872, p. 143.
Borre! llar. Gol. J lefio IX, 1872, p. 84.
brevicollis Eschscli. Entomogr., I, 1822, p. 12.
lachrymosm Gurfc. Trans. Linn. Soc., 1845,
p. 445.
leprosas Bínelo Yoy. D’Orb., 1848, p. 188.
bullatus Gurí,, Trans. Linn. 8oc. XIX, 1845, p. 444.
paüujonieus B In el i . Voy. D’Orb., 1848, p. 18b.
ciliatus Bínelo Voy. D’Orb., 1.848, p. 11)0. (Lago-
pelus Burm. )
Candczci llar. Col. Hefte. IX, 1872, ]>. 113.
gemmiferus Blncli. Voy. D’Orb., 1848, p. 187.
var. guttifcr llar. Gol. Hefte. IV, 1808, p.
80.
liemisph.aeri.cus Burm. Stett. Ent. Zeit.,' 1870,
p. 253.
globulatus Faina. Aun. Soc. Ent. Fr. (0) III,
1884, p. 490.
pampeanus Burra. Stett. Ent. Zeit., 1870, j». 255»
p as tillar ius Bínelo Voy. D’Orb., 1848, p. 187.
(G besas Burra.)
pedestris llar. Gol. Hefte IX, 1872, p. 128.
denticulaius Blneh» Voy. D’Orb., 1848, p. 189.
pilularius (Ierra. Ins. Spec. Nov., 1824, p. 113.
scaber (Linn.)
Silpha scabra Linn. Syst. Nat. ed. XI I, 1707,
p. 573.
Trox barbosas Laicli. Verz. Tyrol. Ins. I,
1781, p. 31.
arenarias Fbr. Mant. I, 1787, p. 18.
Scarabaeus arenosas Gmel. Ed. Linn. 1, 4,
1788, p. 1580.
hispidas Payk. Faun. Suec. I, 1798, p. 81.
trisnlcatus Gurt. Trans. Linn. Soc. XIX, 1845,
¡». 440.
variolosas Metalo Broc. Ac. Phil. 1, 1840,
p. 138.
Buenos Aires,
Córdoba, Tucu-
mfiio
Argentina.
# Clmbut, Carinen
de Patagones.
Bio Negro, Glm-
but, Sfca. Cruz.
* Buenos Aires, Pa-
togenia, Men-
doza, San Luis.
Patagonia, Men-
doza.
* Santa Cruz, Tie-
rra del Fuego.
Carmen de Pata-
gones, Bio IV.
* Buenos Aires,
Córdoba, Men-
doza, Catara ar-
ca, San Luis,
Bio Negro.
Patagonia, Córdo-
ba. Rioja.
* Argentina
Spec. cosmoplt.
Argentina,
(Buenos Aires).
— 1 94 —
saberosas Fbr. ¡áyst. lint. 1775, ]>. 31. (Omorgus
Buriii).
vnmulus Oliv. lint. 1, I, 178!), p. 7, ¡*1. 1, t. 4.
(jihlniH Oliv. lint. 1,4, 178!), p. 13, ¡>1. 2, f. 13.
ovalan Beauv. Ins. AtV. et Am., 1805, p. 175,
pl. 4, b., f. 2.
denticulatm Beauv. Ins. AtV. et Am,, 1805,
p. 170, pl. 4, b. f. 8.
altoruatas Say. Bost. Journ. Nat. í List. 1,
1885, p. 179.
pnnctuim Leo. Journ. A o. Pliil. Vil, 0, 1854,
p. 215.
nobilin Wollast. Col. llesperid., 1807, p. 98.
tórpidas llar. Col. 1 lefte IX., 1872, ]>. 59.
Oloeolus («crin.
aphodioides (Illig.)
Mololoullia ap kodio ¡den Illig'. Wiedem. Areh.
Zool. 1, 2, 180!), p. 109.
globosas (Say.) Bost. Journ. 1, p. 179. Gemí. Mon.
1843, p. 188.
Macleayi (l Yrty)
Acanthocerus Mac Laai/i Perty, Del. Anim.
art. 1880, p. 48, pl. 9, f. 4.
pusillus Cast. Hist. Nat. Col., II, 1840, p. 114.
Acanlli»<M‘i'iis Mac. Lcay.
politus (Germ.).
Sphaeromorphm politus Germ. Zeitsr.hr., IV.
1848, p. 114.
AlkIIOIHI!VI
Aoantliaphoiliiis A. .Sclmihll.
Bruchi A. Sehmidt Sor. lintoniol., XXIV, 1909-10
(1909), p. 07.
Apliodius Illig.
argentinensis A. Sehmidt, Not. Leyd. Mus., XXXI,
1909, i». 101.
* Buenos Aires,
Córdoba, Tucu-
mán, Mendoza,
Misiones,
t Buenos Aires.
* Chano.
Misiones.
( 'ornen tes.
* Tucumán.
* Misiones.
* I tío Negro, Na-
hnel líuapí.
* Santa. Fe.
gracilipes Har. Berl. Ent. Zeit., p. 279.
granarius (Linn.).
8caralmcus ( Calamostcrnus) f/mvariws Linn.
Syst. Nal., 1, 1707, p. 547. Numerosas si-
nonimias,
lividus (OI i v.)
Scambaeus (Nialus) lividus Oliv. Ent., i, 0,
1789, p. 8(5, pl. 2 (i, f. 222.
8. suíuralis (Kl>r.) Syst. lint., I, 1792, p. 28.
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8. var. limicola Pan/,. Eaun. (¡erm., 1798,
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capí cola llar. Berl. Ent. Zeit., 1802, p. 081
y 090.
var. oblnuf/Hs Scop. Ent. Oarn., 1700, p. 8.
Argentina.
*Spec. cosmopol.
Argentina,
Chnbut, Bue-
nos Aires.
#Spee. cosmopol.
Argentina,Bue
nos A i res, Men-
doza, Tiioiimíin
M isiones.
* Formosa.
* Olinlmt.
* Santa Fé, Tucu-
mán.
*Spec. cosmopol.
Ghubut.
— 1 90 —
juvenilis Mills. Col. Fr. Lamell., 1 842. p. 272.
rufotcstuccus Della Torre, Berieht. Ver. Nat.
Oberóstr., l<S7í), |>. 10!).
niilat'lv lia Ji’Oili.
flaveola (llar.).
Aphodius Jiaveolm Mar. Bevl. Ent. Zeit.,
1807, p. 280.
* Buenos Aires,
Córdoba, Men-
doza, Catamar-
ca.
infuscatopennis A. Sehinidt, Soe. Entonto]., XXIV, * Buenos Aires,
1001)- 10 (1000), p. 12. Nofc. Leyd. Mus. Chaco santafe-
XXXI, 1000,]». 112. ciño, Misiones,
Ss° del Estero.
I‘]ii|>ai*ia Sei'v.
argentina llar. Col. lleíte, II, 1807, ]>. 00.
bitubericollis A. Sehmidt, Soe. Entonad., XXIV,
1000-10 (1000), ]). 44.
costnlata? llar. Col. JIcfte, T, 1807, p. 82.
excavaticollis (Blneh.).
Oxijomus cxcavaticollis Blneh. Yoy. D’Orb.,
1 840, ]>. 184,
San Luis, Men-
doza.
* Buenos Aires.
* Chaco santafeci-
no.
* Buenos Aires,
Catamarca, SK0
del listero, Co-
rrientes, Tueu-
inán.
ovalipennis Llar. Col. líefte, VIII, 187L, p. 110.
* Argentina, Cór-
doba, .Paraná,
Mendoza.
AtaeniiiM Ilurolil
crenatostriatns (Blneh.).
Oxi/omhs crcnatostriatus Blneh. Voy. D’Orb.,
1 8 I ; í , p. 18 1.
crennlatns A. Seluuidt, l)euts<di. lint. Zeit. 1010,
i». ;ir»o.
cribricollis (Burm.).
'Eu-paria cribricollis Burm. Stett. lint, Zeit.,
1877, p. 411.
crcuatulm Fairm. Ann. Soe,. Ent. Fr., 1883,
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Derbesis So!. Cay, llist. Chile V, 1851, ]>. 72.
* Catan turca.
* Santa Fe.
* Buenos Aires,
Punta Arenas.
* Buenos
A i res,
197
Aphodius rubripes Boh. lies. Eligen., 1858,
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gracilis Melsli. Proc. Ac. Pliil., II, 1844, p. 137.
Aphodius chil cusís Sol. Gay, Ilist. Gliilo, V,
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1900-10 (1909), p. 30.
imbricatus Melsh. Proc. Acad. Pli i 1 ., II, 1844,
p. 130.
Ataenius sórdidas llar. Gol. Hefte, V, 1809,
p. 103.
Mendoza.
* Buenos Aires,
Santa Fe, Mi-
siones, Tucu-
nián, E. llíos.
* Buenos Aires.
* Buenos Aires,
Mendoza., San
Luis, Tueu-
ínan, Catamar-
ca, Eorinosa»
* Misiones, Buenos
Aires.
*Tucumón, For-
mosa.
laborator llar. Col. Ilefte, Y, 1809, p. 102.
luctuosas (Burm.).
MupaHa luctuosa Burm. Stett. Ent. Zeit.,
1877, p. 41.
morator llar. Col. Hefte, V, 1809, ]). 198.
opacus llar. Col. Ilefte, T, 1807, p. 100.
opatrinus llar. Col. Hefte, 11, 1807, p. 82.
opatroides (Bínele).
Oxi/omus opatroides Bínele Voy. D’Orb., 1843,
p. 185.
picinus llar. Berl. Ent. Zeit., 1807, p. 281.
platensis (Bínele).
Oxyomus platensis Bínele, Voy. D’Orb., 1843,
p. 1 85,,
Ataenius ivteyer llar. Col. Ilefte, III, 1808,
p. 80.
Argentina.
Buenos Aires,
Mendoza.
* Buenos Aires,
Córdoba.
Córdoba, Entre
II ios.
* Buenos Aires.
* Buenos Aires.
# Buenos Aires,
Tiieumán, Cha-
co, Entre Píos,
Misiones, Co-
rrientes.
* Buenos Aires,
San Luis, Co-
rrientes, Cha-
la», SK0 del Es-
tmo, Mendoza,
Ca ta nía rea .
punctato-hirsutus A. Schmidt, Soc. , Entorno].,
XXIV, 1000-10 (loop), I». ao.
pusillus (Himii.).
Mil parta panilla Burni. Stett. lint. Zeit., 1871,
p. 410.
simulator llar. Col. llel'te, 111, 1808, p. 85.
Steinheili llar. Col. Hefte, XII, 1874, p. 18.
stercorator (Ebr.).
Svarabaena sterco nitor Ebr. Syst. lint,., 1775,
p. 20.
Oxijomun bonaricmis Kliig, Breisverz. 1820,
1*. 4.
Oxyomus Heinelceni Wollast. Ins. Mador.,
1854, p. 228.
Aphodius "i dcnomlnatm Clievr. Aun. Soc.
lint. Er., 1801, p. 118.
* Tucumán.
* Eormosa, (Iliaco
santaleeino,
Tiicmuán.
Mendoza, San
Luis, Itioja.
* Buenos Aires.
* Argentina, Bue-
nos Aires.
Saprosiles Kcdt.
breviusculus llar. Col. Ileí'te, I, 1807, p. 81.
Entre llíos.
ISiinnnohiiis licor.
cruentus llar. Berl. lint. Zeit., 1807, p. 282.
bidens Horn, Trans. Amer. Bnt. Soc., III,
1871, p. 20a.
placidas A. Sclimidt, Ste.tt. lint. Zeit., 101 I, p. 88.
* San Luis, Mendo-
za, Misiones,
Tucumán.
Argentina.
IMem-ojihoriis Muís.
parvulus Clievr. Aun. Soc. lint. Fr., 1804, p. 415. # Tucumán.
nanas Ilorn (nec Degeer) Trans. Amor. lint.
Soc., X I V, 1 887, p. 00.
4a,Al*ll YltlíVI
,\rln|iiis Krirlis.
párvulas Olmas, Deutscli. lint. Zeit., 1010, p. 175. Cata marca..
— 199 —
IMianim» nal lia Hopo.
Jenseni Ileller, Deutscli. Ent. Zcit. 1, 1908, p. 55,
f. 1-3.
minor Brucli, Rev. Mus. La Plata, t.. XY1I, 1930, p.
72, fig. 1-5.
Ricliteri Oliaus, Deutsch. Ent. Zeit., 1909, p. 447,
MKLOLOIVT1IINI
Aslaena Kriclis.
bicolor Oliaus, Dcutscli. Ent. Zeit. 1911.
tridentata Ericlis. Wiegm. Avcli. I, 1847, p. ¡01.
Haplmloma Ulncli.
magellanica Jílncli. Cat. Coll. Ent., 1850, p. 115.
Hombr. et Jacq. Voy. Póle Sud Zoo!. IV,
1842, p. I 17, pl. 8, f. 9. (liracliyi)liylla)
AIa.-ro-.oma Hopo
castaneum Guér. Kev. Zoo!., 1839, p. 301.
glaciale (Fbr.)
Mclolontha placialis Fbr. Syst. Ent., 1775,
p. 35. Fnirm. Miss. Hoiontif. Gap Moni,
VI, p. 82, pl. I. f. 8.
Scricoidcs atricapilis Ourt. Trans. Linn, Roe.
Lond., 1842, p. 451, pl. 41, f. 4.
8. Reichei Guér. Rev. Zool., 1839, p. 301.
Acria Cui't.
lucida Gurt. Trans. Linn. Roo. Lond. XIX, 1845, p.
454, i>l. 41, f. 0.
piceaKolbe, Ilamb. Magalli. Sanunclrcise Gol., 1907,
p. 111.
Ala.vpa líln.li .
sylvatica Germain, Mon. Aun. Roo. Ent. Fr., 1802,
p. 730, pl. 18, f. 10.
IIHV. MUSHO LA PLATA. — T. IV. (I, 21, 1011.)
* Mendoza.
* Rio Negro (Vied-
raa).
San Luis.
# Tucunián.
* Tiioumán.
Tierra del Fuego,
Estrecho de
Magallanes.
Patagón ia.
# Olmbut, Tierra
del Fuego.
Tierra del Fuego.
Tierra del Fuego.
* Rio Negro, Lago
Nahuel lltiapi.
14
‘200 -
* Bio Negro, Lago
Nal) iiel 1 1 u;t ]>i .
viridis Sol. Gay, ITist. Chile Y, 1851, p. 307, pl.
17, f. 18.
IjÍmI ronyx Guíír.
antarcticus Brenske Aim. Soc. lint. Bel. XLIV,
1900, p. 109. — Ib id. Bxped. antarct. Belg.
Ins., p. 32, pl. II, f. 1, 3.
castanens Gerinain, Aun. Soc. lint. Fr., 1862, p.
741, pl. 18, f. 19 22.
Faminaei Blneli. Oat. Coll. lint., 1850, p. 114.
hirsutus Brenske, Aun. Soe. lint. Belg., XLIV,
. 1900, ¡>. 1 10. — lbid. lixped. antai ct. Belg.
Ins., p. 32, pl. II, f. 2, 4.
obscuras Pliil. Stett. lint. Zeit., 1864, p. 325.
testaceus (Fbr)
Mdolontlia teatacoa Fbr. Syst. lint., 1775,
1». 35.
ni(j>'i(xpx (’lu cir. Bev. Zool., 1839, p. 302.
melanocephalus Ilombr. et Jaeq. Yoy. Péle
Sud, Ins., ]>1. 8, f. 10.
I-Jogeiiys Giiír.
bidentulus Fairm. Ann. Soe. lint. Belg., 1892,
p. 243.
denticeps BIneli. Cat. Coll. lint., 1850, p. 167.
morio Burin. Ilandb. TV, (2), 1855, p. 16.
obesus Bnrin. Ilandb. IY, (2), 1855, p. 15.
obscurus Blneli. Cat. Coll. lint., 1850, p. 167.
opacicollis Fairm. Ann. Soe. lint. Belg., 1892,
p. 213.
pallens Blneli. Cat. Coll. lint., 1850, p. 167.
paliidicornis Blneli. Cat. Coll. lint., 1850, p. 167.
piliferus Biirm. Ilandb. IV, (2), 1855, p. 16.
xanthocerus Mar. Col. licite Y, 1869, p. 123.
Patagonia, Tierra
del Fuego.
# Chubut,Bio Pico.
Tierra del Fuego.
Patagonia, Tierra
del Fuego.
* Neuquen.
*Cliubut, Tierra
del Fuego.
* líioja.
* Córdoba.
* Buenos Aires,
Córdoba, Cha-
co, Patagonia.
* San Luis.
* Buenos Aires,
Patagonia, San
Luis,
líioja.
* Clmbut.
* Córdoba, Cata-
marca, Tueu-
mán.
* Catamarón.
Patagonia.
- 201
Aplcroricma Fairin.
acuticollis Fairm. Aun. Soc. Ent. Fr. ((>), 111, 1884,
p. 491.
Ilomalochiliis Blncli.
niger Blnch. ( 5at. Col!. Ent., 1850, p. 172,
puixctatostriatus Blnch. 1. «., 1850, p. 172.
(lama Jtluoli.
pallida Blnch. Cat. Dolí. Ent., 1850, p. 118.
squaxniventris Steinli. Atti Soc. Ital. Se. Eat. Y,
1872, p. 558.
Pili lucillo unía Blnch.
argentina Brucli, llev. Mus. La Plata, XVI, 1909,
p. 843, pl. 1-1 1, f. 2 a-e.
centralis Bruch, Eev. Mus. La Plata, XVI, 1909,
p. 848, pl. 1-11, f. 1, a-c.
cuyana Bruch, llev. Mus. La Plata, XYI, 1909, p.
347, pl. l-II, f. 1 a-c.
Oliausi Bruch, llev. Mus. La Plata, XVI, 1909, p.
840, pl. I-I I, f. 5«-c.
Piottii Bruch, Bov. Mus. La Plata, XVI, 1909, p.
844, pl. I-I I, f. [\a-o.
texta Hiirm. llandb. I V, (2), 1855, p. 84.
tucumana Bruch, llev. Mus. La Plata, XVI, 1909,
p. 845, pl. I- II, f. 4 a-c,
Demúdenla Blnch.
Aulai Bruch, llev. Mus. La Plata, XVI, 1909, p. 349,
pl. I II, f. 7 a-c.
bonariensis Bruch, llev. Mus. La Plata, XVI, 1909,
p. 350, pl. .1-1 1, f. 8 a-c.
comata Blnch. Cat. Ooll. Ent., 1850, p. 122.
distincta Bruch, llev. Mus. La Plata, XVI, 1909,
p. 351, pl. I-ll, f, 9ft-c.
Tierra del Fuego,
Punta Arenas.
Patagón ¡a.
Patagonía.
Corrientes.
San Luis, Bioja,
* Buenos Aires,
Córdoba ?
* Córdoba.
* Mendoza, Cata-
marca.
* Buenos Aires.
* Córdoba.
Misiones.
* Tucumán.
* Chaco san tafee i -
no.
* Buenos Aires.
Corrientes.
* Chaco santafcci-
no.
IsonyciiUM Mamierli.
albocinctus Mannerh. Nouv. Móin. Mosa, 1, 1809,
I». 08.
Buschmanni Phih
mus Bnrm. Hamlb., IV, (2), 1855, p. 45.
* Cáenos Aires,
Córdoba.
* Neuquen, Rio Ne-
gro.
* San Luis.
Macrodactj’lus Latr.
pumilio Burm. Ilandb., ! V, (2), 1855, p. 58. * Salla.
Hiéranla Sovv.
nigriceps Gnér. Icón. Régn. anim. Tus, 1 848, ]>. 1 02. Corrientes.
ri.s Sorv.
lignicolor Clnch. Cal. Coll. lint., 1850, p. 120.
Ceraspis Serv.
* 'Cuchos Aires,
Chaco santafe-
cino.
? variabilis Curm. Handb., 1 V, (2), 1855, p. 94. * Misiones, Alto
Paraná.
Ancislrosoma Curtís
vittigera lirichs. Wiegsn. Ardí i v, í, 1847, p. 108. * Tuciinián, Cata-
marea.
lkacrliro«lenia Hlneh.
castanea Clnch. Oat. Coll. lint., ¡850, p. IOS.
cuprascens Burm. Ilandb., IV, (2), 1855, ]». 200.
lucida Berg, Inf. ofd. HSxpd. Rio Negro (Ca fago-
nia), 1881, p. 100, pl. 2, f. 14, (sin deserip-
ción).
picea Non IV. lint. Nadir., XX, 1804, p. 1 15.
substriata Clnch. Cal. Col!, lint., 1850, p. 185.
L’atagonia.
Patagonia.
* Rio Negro, Sali-
nas 1 ¡Ideas.
Patagonia..
Cal agonía.
Ijaclinostcrna llope
conformis (Clnch.)
A íici/Ioni/cha- conformis Clnch. ( ¡al . Coll. lint.
1850, p. 185.
* M isiones
platal.
(Com-
208
Acugolnsia Kolbo
Michaelseni Kolbe, Hamb. Maga!! i. Sammelreise
Col., 1907, i». 112.
LbMagoiiia. y.. Tie-
rra. del Fuego.
Aeyloehilus Oliaus
assimilis Oliaus, Deutscli. Ent. Zeit., 1 9 LO, p. 177.
curvidens Oliaus, Deutsch. Ent. Zeit., 1910, p. 177.
Ottianus Oliaus, Deutsch. Ent. Zeit., 1909, p. 435.
strumosus Olmus, Deutsch. Ent. Zeit., 1909, p. 4.84.
Gata, marca.
* Santiago del Es-
tero.
Santa, Fe.
* Buenos Aires.
liaslaiKM-hilus Olmus
Bruchianus Oliaus, Deutsch. Ent. Zeit., 1909, * Santiago del Es-
p. 430. tero.
liu rmeistcriiíllus Berg
mirabilis (Schickend.)
Bnrmeistcria mirabais Schickend. Trans. Ent.
Soe. Lond., 1808, p. 101, pl. 7.
* Catainarca, Bil-
ciao, Andalga-
lá.
Kliioxena Berg
Bruchiana Oliaus, Deutsch. Ent. Zeit., 1009, p. 440. # í Jlmbut, Valle
Corcovado.
patagónica Oliaus, Deutsch. Ent. Zeit., 1909, p. 440. * Patagón i a, Pam-
pa, Central.
vestita Berg, Inf. ofcl. Expd. Kio Negro ( L’atago- # Fio Negro,
nía), 1881, p. 100, pl. 2, f. 13. Oliaus, 1. c.
1 909, p. 439.
HIJTEHIVí
AiiciiiiiiIíi Samouollo
Bruchiana Oliaus, Deutsch. Ent. Zeit., 1911. # Catamarca.
testaceipennis Blnch. Cat. Coll. Ent., 1850, p. 188. # Buenos Aires f
Chaco, Tucu-
ináii, Jujuy.
— 204 —
SI rigodenna Burm.
sulcipennis Burm. Tlandb., IY, 1844, p. 31(5.
var. fulgicollis 11 reme Aun. Soc. Ent. Fr.,
1844, p. 304, pl. 8, f. G.
tucumana Oliaus. Stett. Eut. Zeit., 1902, p. 51.
¡llacraspis Mac Loay
chrysis (Linn.).
Scarabaeus chrysis Lian. Mus. Lud. Ulr.,
17(54, p. 21.
cincta (Dnuy), 111. oxot, Tus., 111, 1782, p. (51, pl.
44, f. 4.
var. bivittata M. Leay Hor. Ent., I, 1819,
p. 57.
clavata Oliv. Ent. 1, p. 72, pl. 8, f. (58. — Burm.
Hundí). LY, 1844, p. 355.
dichroa (Maiiuerli.).
Antichira dichroa Mannerli. Nouv. Mém.
Muse., I, 1829, p. 50, pl. 2, f. 4.
var. cribrata Waterli. Trans. Ent. Soc. Load., 1881,
p. 539.
tctradactyla Burm. Hundí). Ent., LY, 1844,
1». 354.
festiva Burm. llundb. Ent. IY, 1844, p. 359.
morio Burm. Tlandb. Ent. I Y, 1844, p. 355.
brasüiensis Arrow, Proe. Zool. Soc. Lond.,
1 903, vol. II, p. 25(5.
Pscii(loi)in<;ras]»¡» Oliaus
afíinis (Cast.).
Macraspis affinis Cast., Ilist. Nat., II, 1840,
p. 1 18.
ItuIHa Latr.
lineóla Linn. Syst. Hat. cd., X, ]>. 350.
subsp. epliippium Fbr. Mant. Ins., I„ p. 29.
lícspcra Drury, 111. Exot. Ins., 111, p. 71, pl.
44, f. 3.
* Salta,
* Tucumán, Salta.
# Misiones, Alto
Paraná,
# Misiones, Alto
Paraná,
# Misiones.
* La Plata, Cór-
doba.
* Misiones, Alto
Paraná.
* Misiones, Chaco
santa fecino.
* Misiones, Iguazú.
* Tucumán, Chaco,
Misiones.
— 205
lloinonyx < í iu'¡\
chalceus Blnch. Cat. Ooll. lint., 1850, p. 214.
*Tucumán, Cata-
marca, Corrien-
tes.
cupreus Guér. Eev. Zool., 1889, p. 300.
elongatus (Bínele)
Ilútela do wj ata Blnch. Voy. D’Orb., 1842,
p. 102, pl. II, f. 8.
fuscoaeneus Olians, Stett. Ent. Zeit., 1905, p. 313.
#Tucnmán, Salta,
? Patagonia.
Sierra de Cór-
doba, Tucu-
nnin.
# Córdoba, Santia-
go del Estero,
Mendoza.
(’elwlnnla II ac Lea, y
alliacea (Cerní.).
¡luida alliacea Cerní. Ins. Spee. Nov., 1824,
p. 117.
bonariensis Burni. Handb., IV, (2), 1855, p. 522.
crassipes Olmas, Stett. Ent. Zeit., 1905, p. 319.
liturell a (Kirby).
Huida liturclla Kirby, Trans. Linn. Soc.,
XII, 1 818, p. 407.
* Misiones, Alto
I 'arañil.
í Buenos Aires.
* Misiones.
* Misiones (Bom-
pland).
var. Jlavovittata Perty, Del. Anim. art., 1830,
p. 49, pl. 10. f. 11.
paraguayensis E. Bates, Trans. Ent. Soc. Lond.,
1904, p. 200.
pulcliella (Kirby).
Huida pulchella Kirby, Trans. Linn. Soc.,
X1T, 1818, p. 405, pl. 21, f. 10.
xanthof/rnmma Perty, Del. Anim. art., 1830,
p. 49, pl. 10, f. 9.
Sancti Jacobi Olmas, Stett. Ent. Zeit., 1905,
p. 318.
sórdida (Cerní.).
Entela sórdida Cerní. Ins. Spec. Nov., 1824,
p. 118.
testaceovirens Blncli. Cat. Coll. Ent., 1850, p. 213.
vitUpennis E. Bates, Trans. Ent. Soc. Lond.,
1904. p. 204.
*Tucumán, Misio-
ne,s, Chaco.
* Misiones, Cha-
co santafecino,
Eonnosa.
* Córdoba, Tncu-
míi,n, Chaco, Mi-
siones, Santia-
go del Estero.
* Misiones, Alto
Paraná, Tucu-
mán.
* Chaco.
Ifoploguat luis Mac Leay
Helmenreiohi Oliaus, Stett. lint. Zeit., 11)05, Buenos Aires.
p.322.
I'lalycodia Uimn.
inflata Oliaus, Stett. Ent. Zeit, 1904, p. 280. * Tueumán, Cata-
marca, Salta.
Hub.sp. tucumana Oliaus, Stett. Ent. Zeit., 1904, * Tueumán, Tafí,
p. 288. Oata, marea,
limbata Oliaus, Stett. Ent. Zeit., 1901, p. 288. * Salta, Tueumán.
simplicior Oliaus, Deutscli. Ent. Zeit., 1909, * Tueumán (Tafí).
1». 441.
Aulacopalpiis Guér.
pilicollis (Faina.).
Tribostethes pilicollis Faina. Ana. Soe. Ent.
Fr., 1882, p. -191.
punctatus (Fairm. et Cerní.).
Tribostethes punctatus Fairm. et Germ. Rev.
Zool., 1 800, p. 208.
# Patagonia, Oliu-
but, Neuquen,
Santa Cruz, Es-
trecho Maga-
llanes.
Patagonia, Valle
del Bago Blan-
co, Neuquen.
Itia<livs( «*ru us Gmir.
angustus F. Pliilippi, Stett. Ent. Zeit, 1804, p. 822. # Neuquen, Bago
Bacar.
spectabilis Erielis. Wiegm. Areliiv, 1, 1847, p. 100.
obscurus Pliil. Stett. Ent. Zeit., 1804,
p. 217.
$ major Phil., 1. o., 1804, p. 317.
Philippii Germain, An. IJniv., Ohile, CXV,
1904, p. 481.
* Río Negro, Na-
liuel Huapí,
Cordilleras de
Cliulmt y Neu-
quen.
IIylanioi'|tli;i A miw
elegans (Muría.). #Oordill. del Neu
Aulacopulpus eleijans Burm. Ilandb., IV (I), quen, Clmbuty
1844, p. 459. Santa Cruz.
Gallichloris pereleyans Curtís, Trans. Binn.
Soe. Bond., XIX, 1845, p. 449.
9 Y uf imana Arrow, Aun. Nal. Ilist. (7), vol.,
I V, 1899, p. 208.
207
I.eucot livrciis Mac Leay
cribratipennis Blncli. Oat. Ooll. Ent., 1850, p. 288.
clorsalis Blneh. Oat. Ooll. Ent., 1850, p. 239.
femoralis Blncli. 0¡it. Ooll. lint., 1850, p. 237.
hirtus Oliaus, Deutsch. Ent. Zeit., 1910, p. 178.
liumilis Blncli. Oat. Ooll. Ent., 1850, p. 239.
marginaticollis Blnoli. Voy. D’Orb., 1837, p. 192,
pl. 11, f. 9.
rufipes Blncli. Oat. Ooll. Ent., 1850, p. 238.
rugipennis BInch. Oat. Ooll. Ent., 1850, p. 238.
Stempelmanni Oliaus, Deutsch. Ent. Zeit., 1909,
l>. 110.
* Buenos Aires,
Oórdoba, Mi-
siones, Tucu-
mán.
* Oorrientes, Cha-
co, Tueunián.
* Tuemuán, Chacó.
Salta.
* Oatainarea, Tucu-
eumán.
Oorrientes.
* Misiones, Alto
Baraná.
* Buenos Aires,
(Iliaco.
* Chaco santafeei-
iio.
* Oórdoba, Mendo-
za, Oorrientes.
HiinaniiN Oliaus
murinus Oliaus, Deutsch. Ent. Zeit, 1909, p. 442. * Buenos Aires.
(¿«‘niales Kirby
Borelli Oam. Boíl. Mus., Torillo, IX, 1894, |>. 1. * Tueuinán.
cylindricus Bunn. ilandb., I V (1), 1844, p. 514. * Misiones,
tucumanensis Oam. Boíl. Mus., Torillo, IX, 1894, Tueuinán.
]). 3.
II eíe rog^on ¡ales Oliaus
bonariensis Oliaus, Deutseli. Ent. ' Zeit., 1909, # Buenos Aires,
p. 444.
Itliiiogcniaf «;s Oliaus
antennatus Ourtis, Trans. Linn. Soc., XIX, 1845, Mendoza, Santa,
p. 451, pl. 41, f. 3. Oliaus, Deutsch. Ent. Fe, Oliaco.
Zeit., 1909, p. 440.
Tribontetlies tcsiaceus Steinli. Atti. Soc. Ital.
Se. Nat., XV, 1872, p. 559.
*208 —
carbonarius Oliaus, Deutsch. Ent. Zeit., 1909, * Buenos Aires,
p. 440.
I *s<¡- ii ilo" <‘ii i ;« I <\s Ohaim
Richterianus Oliaus, Dentscli. Ent. Zeit., 1910, Buenos Aires,
1*. 180. Santa Fe.
I>VIVASTlrVI
< : y<*loc"««|»liala Latr.
andina Bretli. An. Mus. Nae., Buenos Aires, s. III. * Tucumán.
t. IV. 1905, p. 331, f. 2 a-d.
laminata Burm. Handb., V, 1847, p. 57. # San Luis,
melanocephala (Fbr.). * Misiones, Chaco,
Melolontha melanocephala Fbr. Syst. Ent., Catamarea.
1775, p. 30.
Tívar. dimidiala Burm. Ilmulb., V, 1817,
]». 57.
í elegans Hora. Trans. Am. Ent. Soe., V,
1875, p. 143.
métrica Steinh. Atti Soe. Ital. Se. Nat., XV, 1872, San Luis, Río
p. 559. Cuarto, Río
párvula Berg, luí*, olcl. ICxpcd., Río Negro
(Patagonia), 1881, p. 100, pl. 2, f. 15.
modesta Burm. Handb. , V, 1847, p. 38.
occipitalis Fairin. Ann. Soe. Ent. Bel}*1., XXXVI,
1892, p. 244.
paraguayensis Arrow, Proe. Zool. Soe. Load.,
1903, p. 257.
pútrida Burm. Handb., V, 1847, p. 51.
scarabaeoides Burm. Handb., V, 1847, p. 39.
signaticollis Burm. Ilamlb., V, 1817, p. 03.
testacea Burm. Handb. V, 1817, p. 57.
tucumana Bréth. An. Mus. Nao., Buenos Aires,
s. III. t. IV. 1905, p. 330, f. 1 a-d.
variabilis Burm. Handb. V, 1847, p. 44.
verticalis Burm. Handb. V, 1847, p. 51.
Negro.
* Buenos Aires.
Rioja.
Alto Paraná.
* Córdoba, Mendo-
za., Catamarea,
Tucumán.
* Catamarea, Tucu-
mán.
* Buenos Aires.
* Catamarea.
* Tucumán.
* Misiones.
* Catamarea.
— 20!)
Erioscclis Bunn.
emarginata (Manncrh.). * Misiones, Chaco.
Apogonia emarginata Mannerh. Nouv. Mein.
Mosc., I, 182!), p. 54.
Dvst’ineliis Harold
bidentatus (Bunn.).
Ghalcpus bidentatus Bunn, Ilandb., V, 1847,
p. 81.
fuliginosus (Bunn.).
Ghalcpus fuliginosus Burin. Handb., V, 1847,
p. 78.
gagates (Bonn.).
Ghalcpus gagates Burin. Jlandb., V. 1847,
p. 81.
hydropliiloides (Bunn.).
Ghalcpus hydrophiloidcs Bunn. Ilandb., V,
1847, p. 77.
luridus (Bunn.).
Ghalcpus luridus Bunn. Ilandb., V. 1847,
p. 78.
rugifrons (Bunn.).
Ghalcpus rugif rons Bunn. Handb., Y, 1847,
p. 80.
Stcnocrrates Burm.
cultor Bunn. Handb., V, 1847, p. 65.
laborator (Fbr.).
Geótrupos laborator V br. Syst. lint., 1, L80 1 ,
1». 18.
var. thoracicus Esehsch. Mótil. Ao. L’etr., VI,
1818, p. 453.
* Biiciioh Airea,
Cínico, Salta.
* Misiones.
* Buenos Aires.
* Buenos Aires,
Córdoba, Cha-
co santafecino,
Misiones, Tu-
cuináii.
* Buenos Aires,
Chaco, Tucu-
mán, Misiones.
* Buenos Aires,
Córdoba, Tucu-
nuin, Misiones,
Salta,
* Chaco, Santa Fe.
* Misiones. Tucu-
iníin, Salta.
Potlalgus Bunn.
bonariensis Bunn. Handb., V, 1847, p. 118.
globosus (Bunn.).
Hetcronychus globosas Bunn. Ilandb., V, 1847,
p. 91.
* Buenos Aires.
Buenos Aires, Tu-
cuiiian.
‘210
IJgyrus Burra.
bidentulus Faina. Ann. Hoo. lint. Belg., XXXVI, * Mendoza, Bioja,
1892, p. 244. Catamarca.
Burmeisteri Stcinh. Ai, ti Soc. Ital. He. .Nat., X V, * Buenos Aires.
1872, p. 500.
distinctus Vaina. Aun. Soc. lint. Belg., 1892, * Córdoba, Eioja.
1». 244.
humilis (Baria.). * Buenos Aires, Mi-
líelvronychus humilis Baria. Ilandb., V, 18 17, sienes,
p. 9.1.
patagonus Hteinli. Atti Hoc. Ital. He. Nat., XV, * Buenos Aires, 1 ‘a -
1 872, p. 500. ta genes, Men-
doza.
scarabaeinus (Perty). * Misiones, Tucn-
Gyclocophala scarubaoina Perty, Del. Anim. aián, San Luis,
art., 1 880, p. 40, pl. 9, f. 5.
villosus (Bima.). *Tucuinan.
Podalf/ua villosus Baria. Ilandb., V, 1847,
p. ! 20.
.'Si'aplophilus Burra.
tdcaptophilus cornulus Hteinli. Atti Hoe. Ital.
211 —
Se. Hat. XV, 1872, p. 501. Oliaus, Dcutsch.
Bill. Zeit., 1010, p. 180.
11 ot liyniis Hopo
m.i ñor Steinli. Atti Soc. Ital. Se. Hat., XV, 1872,
p. 561.
latifex Bimn. Hundí)., V, ¡817, p. I 15.
Colacus OlimiH
bicolor Oliaus, Deutscli. Bnt. Zeit., 1910, p. 181.
morio Oliaus, 1. c., 1910, p. 182.
Thronlsl.es Burm.
niger (Blnch.)
Craiocnemis niger Blnch. Voy. D’Orb., 1 848,
p. 101, pl. 11, f. 1.
Rouxi Burm. Handb. V, 1847, p. 177.
Orycloinui'iilius (luiír.
bimaculatus Guér. Voy. Cuquillo, 18130, p. 80, pl.
3, f. 3.
var. variegatm Guér. Mag. Zool., 1888, p. 225.
var. pictus Waterli. Newm. Entorno!, 1842,
p. 281.
Dilohoilerus Itoiche
Abderus (Sturin)
Oryctes Abderus Sturin, Cat., 1820, p. 00, pl.
2, f. 17.
Mentor Guér. Icón. Ilegn. Aniin., 1830, pl.
28, f. 2.
Oxylígyrus Arrow
politus Oliaus, Dcutsch. Bnt. Zeit, 1910, p. 188.
Goclosis Hojk-
biloba (Linn.)
ücaralmcm hilaba Linn. Sysfc. Nal. i, 2, p.
544.
* Patagones, Cha-
co.
Buenos Aires.
Catamarca, Salta.
Tncunián.
Patagón i a.
* San Luis, Men-
doza.
* Neuquen, Cordi-
lleras.
* Buenos Aires, Ba-
hía Blanca, K.
Argentina.
# Santa Fe.
# Porinosa.
212 —
Hippocrates Blnch. Voy. D’Orb., 1843, p. 191, * Chaco santafeei-
pl. 11, 1- 3. no, Misiones,
var. bicornis Burm. Ilniulb. V, 1847, p. 21 (i. Tucumán, Ju-
j".y.
II 4*1 ero" o iii |» luis Himii.
Astyanax Bonn. Handb., Y, 1847, p. 220. * Catainarca.
Duponti Burm. Ilandl). V, 1847, ]). 232. * Buenos Aires,
Santa Be, Cór-
doba, Chaco.
inarmatus Olmas, Deutsch. lint. Zeit., 1910, p. 185. * Córdoba.
Pauson (Berty). # Buenos Aires.
Scarahueus Pauson Perty, Del. Anim. art.,
1830, p. 45, pl. 9, f. 14.
I'llMMIia Hopo
infundibulum Burm. Ilandl»., V, 1817. p. 234. * Misiones, Alto
Paraná.
Pan (Fbr.) * Chaco, Formosa.
Geótrupos Pan Fbr. Syst. lint., 1, 1801, p. 5.
9 Geótrupos quadrispinosus Fbr. Spec. Ins., I,
p. 1 1.
$ tícarahacus Titanias Perty, Del. Anim.
art., 1830, p. 45, pl. 9, f. 12.
Stralegiis Ilope
tridens Iteiche, Ana. Soc. Ent. Fr., 1859, p. 12. # Córdoba, Tucu-
var. Alocus Burm. Handb., Y, 1847, p. 138. mán.
(¿olofa IIopc
cochlearis Olmas, Deutsch. lint. Zeit., 1910, p. 082. * Catamarea.
Pelagon Burm. Ilandl)., Y, 1817, p. 254. #Tacumán.
illr^iiloNoiiia Kirli.v
Janus Felsche, Deutsch. lint. Zeit., 1900, p. 352. * Salta, Santiago
del listero.
— 213
L>ycoplionlcs Ih'iich
Joergenseni Brucb, Rev. Mus. La Plata, XVII,
1910, p. 7.3, íig. y, f. I, 5.
AgSMU'epiiala Serv.
Mannerlieimi Cast. Aun. Soc. lint. Kr., 1832,
]>= 404.
furcala tlory, Uuór. Icón. Rógn. Anini., p. 87,
1>1. 23, f. 2.
IMiíLmhiis Latr.
affinis Bonn. Handb., V, 1847, p. 58.
caviceps Kolbc, Aun. Soc. lint. Belg.
flmbriatus Bonn, llamlb., V, 1847, p. 151.
valgus (Fbr.).
(icotrupcx vnlym Kbr, Syst. liloutli., I, 1801,
p. 18, 02. Bonn, llamlb. V, 1847, p. 100.
mr. castancus Lee. Proe. Ac. L’bil, I, ]>. 304.
vervex Bunn. llamlb., V, 1847, p. 154.
THoplus Huviii.
cylindricus (Mannerb.).
Phileurus cylindricus Mannerb. Méin. Mos-
cou, I, 1820, ]). 47.
Phileurus sinodendroides Perty, Del. Anim.
art., 1830, p. 44, pl. 9, f. 7.
CI2TOIVIÍVI
Itlacsia Ituriii.
atra Bunn. Handb., III, 1842, p. 015.
subrugosa Moser, Aun. Soc. lint. Belg., 1005,
p. 211.
* San Luis, Córdo-
ba, Santiago
del Estero.
* Misiones, Igunzii.
* Buenos Aires, Mi-
siones, Tucu-
mán.
* Tucumán.
* Entre Ríos.
* Misiones.
* Buenos Aires, Ba-
bia Blanca, N.
Argentina.
* Misiones (Bomp-
land).
* Entre Ríos.
* Salta., Tucumón.
— 214
Allorllinu Kimii.
cornifrons ((lory et Perdí.)
(Hi/mnolis aornifrom < S ory et Perdí. Mon.Oe-
toines, i 822, p. ;{r»o, j»i. 05, í‘. 2.
* Misiones, Alto
Paraná, Chaco
mistral, Tocu-
mán.
Colines líunn.
semiopaca Moser, Aun. Soo. Ent. Belg. 1907,
p. 148.
I.yiiliii'l is Mm; L(üi,y
Bruchi Moser, Deutseli. Ent. Zeit., 1910, p. 294.
clialcipes (lory ct Perdí. Mon. Cet., 182.4, p. 854,
pl. 71, f. 2.
flava (Wel>.)
Cetonia Jl ava Web. Obs. Entoin., 1801, i*. 07.
flavomarginata Blneh. Voy. D’Orb., 1842, p. 192,
pl. 12, f. 1.
litigiosa (lory et Pereli. Mon. Cet., 1822, p. 257,
pl. 72, f. I.
inquinita Tlioms. Typ. (Jetón. Paria, 1878,
|>. 11.
pudibunda Bario. Kev. Soc. Farniac. Argén!., 1800,
p. 574.
rufilateris íllig. Wiedm. Areliiv., I, 2, p. 110,
i,i. ¡, r. i.
schistacea Burm. Hundí*., V, 1847, p. 558.
undata (Oliv.)
Cetonia undata Oliv. Ent., I, 1789, 0, p. 84,
pl. 12, f. 128.
() i/mnet¡H vennifíulea Bonn. Ilandb., II!, 1842,
p. 288.
ear. híiiiíUn Burni. Ilandb., III, 1842, p. 290.
rae. mulata (lory el Perdí. Mon. Col., 1828,
1*. 850, pl. 71, f. 5.
* Buenos Aires,
Mar del Plata.
# /i
Chaco santafeci-
no.
# La Plata.
# Alto Paraná.
* Santiago del Es-
tero.
* ( Jórdoba, Mendo-
za, Tucumán,
Chaco, Misio-
nes.
* BuenosAires, To-
en mán.
* Chaco.
* Santiago del Es-
tero.
* Misiones.
Sult^i'ii. 1 1 o|>lo|> vü-'i Tlumis.
albiventris ((lory et Perdí.)
(Ij/mnctis albiventrhi (lory et Perdí. Mon.
* Misiones, Alto
Paraná.
215
(Jet., 1833, i>. 173, pl. 75, f. 3.
"b GynmcUu Jmeornbm Gory ct Perdí. Mon.
Cet., 1833, p. 372, pl. 75, f. 5.
9 Gynmetis singiúaris Gory et Perdí. Mon.
Cet., 1833, p. 309, pl. 74, f. (i.
liturata (Oliv.)
Cetonia liturata Oliv. lint., I, 0, 1789, p. 80,
pl. 12, í. 121.
Cetonia aeu m i nal a lierlwt, Kül'., III, 1790,
p. 259, pl. 32, f. 8.
Gearabaem peni erar ta Voet, Coleopt., I, 1800,
p. 24, pl. 5, f. 37.
spinosa Fischer, Mém. Mo.sc., VI, 1 828, p. 259,
pl. 22, 1. 5.
reticulata ( K i rby)
Cetonia reticulata Kirby, Trans. Linn. Soo.,
v XII, 1818, p. 410.
Gyinnetin anoguttata Gory et Perdí. Mon.
Cet., 1833, p. 803, pl. 73, f. 3.
Gyinnetin carbonaria Gory et Perdí. Mon. Cet,
1838, p. 800, pl. 74, f. 2.
líwlolphii Frolilioli, Naturf., 1792, 20, p. 115.
<lymneti.H varia Gory et Perdí. Mon. Cet.,
1833, p. 305, pl. 78, f. 0.
Subgon. Marinnrina ICirliy
rubida (Gory)
(lyinnclis rubida, Gory, Mon. Cet., 1 838, p. 372,
75, t. 0, a".
tigrina (Gory et Perdí.)
Gynmetin tigrina Gory et Perdí. Mon. Cet.,
1888, i». 349, pl. 09, f. 0.
Gynmetin var. albonparna Blncli. Voy. Il’Orb.,
1848, p. 193, pl. 12, f. 4.
Gymnctis títroebeli Burm. Itev. Soc. Farinac.
Ar»ent., 1800, p. 570.
Gynmetiu Fouchardi Blncli. Voy. I)’()rb.,
1848, p. 193, pl. 12, t. 2.
I<]ii|»lioi'i;« Itnrm.
Inri da (Fbr.)
Cetonia hiriila Fbr. Syst. lint., I, 1801, p. 19.
IH4V. Ml'SUO I.A l'I.ATA. T. IV. (I, ‘24, 1011.)
* Cliaco.
* Córdoba, Misio-
nes, Mendoza.
* Misiones, Chaco.
* Buenos Aires, Ba-
lda Blanca, Cór-
doba, San Luis,
Mendoza, Cata-
marón, Tucu-
mán, Misiones.
* Buenos Aires,
Córdoba, Oo-
Cetonia adspersa Web. Observ. lint. I, 1801,
p. 71.
Cetonia J'asci enluta ICseliseli. Entona, 18215,
p. 25.
rufcsccus (lory el. Perdí. Moa. (Jet., 1 833,
1». 207.
Scarabaeus sordens Lina. Ed. (Im el., I, 4,
p. 1573.
lava Serv.
Bomplandi (<í yllli.)
Tr idilios lioniplaudi (lyllh.Sdi6nh.Syn. las.
I, 1817, 3. App. p. 196.
Goliathus fasciatus Kirby, Trans. Lian. Soc.,
XII, 1818, p. 407.
V Inca ser rico! lis (Jory et Perdí. Moa. (Jet.,
1833, |*. 108, pl. 14, ('. 3.
9 (hliathus trieuspis Drap. Aaa. (lea. pliys.
Unix., II!, 1819, p. 272, |d. 42, I. 4.
clathratus (Oliv.)
Cetonia clathratas Oliv. Joura. I List. Nat.,
I, 1792, p. 93, pl. 6, f. 2.
Inca Fabricii Pevty, Del. Aaiai. art., 1830,
]>. 51, ])1. 1 1 , f. 3.
laca Weberi Serv. Eaeyel. mótil., X, p. 381.
Cetonia laca Web. Obs. Eat., I, 1801, p. 66.
Géneros, 120; especies, 390.
Kan.. PASSALIDAE
Spasalus K.mj)
crenatus (Mae Leay)
Paxillm eremitas Mae Leay, Mor. Entona I,
p. 106.
Passalus paaeticotlis S<‘.rv. Eaeyel. métli. X,
p. 21. — Kanp, Moa. Passalidae, 1871,
p. 81.
IV el «mis Kaup
interruptus Lian.
laica mis interruptus Lian. Syst. Nat. 1, 2,
p. 560.
rrientes, Mea
do/.a, Taeu
aaia, Calamar
ea.
*Jnjuy, Misiones
Alto Paraná.
* Misiones.
# Misiones.
* Misiones.
- 217
Passalus spectábilis Perty, Del. Anim. art.,
1830, p. 55, pl. 11, f. 15.
unicornis (Serv.) * Misiones,
Passalus unicornis Serv. Eneyel. méth. X, máii.
p. 20.
P. occipitalis Eseliscli. "Nouv. Mém. Mosc. I,
p. 21.
/’. sutumlis Bnrm. Tlandb. Y, 1847, p. 485.
IMeleides Kaup
anguliferus (Percli.) # Misiones.
Passalus anguliferus Pereli, Mon. Passal.
p. 75, pl. 5, f. 7.
I''|>i|tliniius Kanp
paxilloides Kanp, Prodr. III, Col. licite V, 1809, # Misiones.
I). 19.
Ve ln fius Kanp
cephalotes (Serv.) * Misiones,
Passalus cephalotes Serv. Eneyel. mótil. X, Paraná.
p. 20.
P. sinuatus Eseliseli. Xouv. Mém. Mosc. I,
]). 25.
Géneros, 5 ; especies, 6.
Tucu-
Alto
218 —
ÍNDICE ALFABÉTICO
DIO (JÉNIOKO.S Y SlíISU ION IOUOS DIO DAS FAMILIAS LUDA NI DA 10, S(JA RABA 101 DA 10
(OOlMÍINI-ClOTONINl), l’ASSALIDAIO
Aeantliapliodius A. Sclunidt 191
Acanthocorus M. Leay 191
Aeoia (Jurt . . . l!l!)
Aelepus Erielis. 198
Acyloehilus Oliaus. 203
Ac igolasia Kolbo 203
Agaoeephala Serv 213
Allorhina üurin ... 211
Ancistrosoma (Jurt 202
Anoylonyolia 202
Auoninlu Suuiouello 203
Auomiopsis llunii 289
Aimiodiini 191
Apliodius lllig 191
Aptermleina Faina 201
Astaona Erielis 199
Ataca i as llar 196
Athyreus M. Lcay. 192
Aulaeopalpus Guér 206
Blaesia Burni 213
üolbites llar. 189
Bolboceras Kirby. 192
Bothyuus I lapo 211
Braehystcrnus Guér 206
Hanncinlevia Schickuil 203
Burmoisteriollus Berg. 203
(MUMor'm 206
< Ja ii Mi id i mu Friclis 186
Oauthou llodinaiins 183
Castauochilus Oliaus. 203
Gcraspis Serv. 202
Oioi'onini 213
Oliaetodus Wostw 191
dlmlupiiH 209
Obesas Iturm. (subg.) 193
Obiasoguatbus Stopli 181
Chooridium Serv 186
Olocotus Gorm 191
Ooelodos Wostw 191
Ooclosis I íopo 211
Oolacus Oliaus 211
Cocui ni 182
C'opris. 187
('oprobian. 181
Cotiuis Buria 211
Cyclocephala Latr. 208
Dcltochiluia Eschsch 185
Demodema Blucli 201
Dcadropemou Perty 190
Dicrauia Serv. 202
Didaetylia D’Orb 196
Dilobodorus líoicho. 211
Dynastini 208
Dyseinctus llar 209
Enema líope. 212
Eaaearabdus Lshg 189
Epipbaaus Ivaup 217
Ereiaobothyuus Oliaus 21o
Erioseelis Buria 209
Eucautbus Boucoai. (subg.) 192
Eueraaium Brall ' 188
Eudinopus Burai 182
Euaauas Oliaus 207
Eu paria Serv 196
Euplioria Baria 215
Eurysteruus Dalia 182
Friekius Geriaaia 192
Gama Bhadi 201
Geniales Kirby 207
G I.Al’II YltlNI 198
Glypboderus Wostw 189
Guióla 1 1 upe . . ‘ . . . 212
Gramplias Itrull 189
Gyaiael.is M. Leay 211
llaplodema Blaeli 199
1 leterugeuiul.es Oliaus 207
íreterogomplius Buriii 212
Heleronyohus 210
Ilcxnphylluin Gray 182
llomaloehilus Blaeb 201
1 loinonyx Guér. 205
1 loploguatlius M. Leay 206
219 —
I loplopyga Tlioms. (aubg.). 214
líl/hoSOI'IIS I!)l
I lylamorpha Arrow. 20(1
Idiostoma Arrow 19.1
lnr.a Sorv 21(5
Isonyohus Maunerh. 202
Lachnosterna Hopo 202
Hago peina Buriri. (subg.). 103
Loptinopterns Hopo 131
Loueotliyroua M. Loay 207
Ligyrus Bunn 210
Liogenys Gtuór 200
Listronyx Guór 200
I jUCani i) a e Fam 131
Lycophonfces Brucli 213
Macraspis M. Loay 204
Macrodactylns Lafcr. 202
Macrosoma Hopo 100
Marmarina. Kirby (subg.) 215
Mii.ypa 1 1] noli 100
M.egalosoma Kirby 212
Megatliopa Usohseh. 133
Melolontiiini. 190
Metaelioodus do Borro. 101
Miloxona Borg. . >. 203
Nutridos Kaup 217
Molona Kaup. 210
Oehodaous Sorv 101
Oinorgus Burin. (subg.). . ,. 104
Onfcborus Ericlis 18(5
Onthoph.agus Lat.r. 100
Orphnm 101
Oruseatus Bat.es 180
Oryet.omorpluis Guór 211
Oxyligyrus Arrow 211
l’achrodoina Blnoli 202
l’aohyxoma Blneh 188
Rassalidae Fiim. 210
l’assalus 210
I’olidnofca M. Loay 205
Pliaouognatlin Hopo 190
l’linnaeus M. Loay 100
l’liilonrus Lafcr. 213
l’hiloohlooniii Blncb 201
Pinotns Ericlis. 187
Platycoelia Bunn 200
Plectris Sorv 202
Ploiirophoriis Muís 108
l’odalgus Itnrm 209
I’.siiinniobins llar 198
I’aeudogouiafcos Ohaus 208
Psoudmnaoraspta ( Miaña 201
Py toderas Bunn 191
Rliizogeniiit.es Ohaus. 207
Rutóla Latr 201
RuriCLi.Ni 203
Saprosit.os ltedtb 198
Scaptophilus Bunn 210
SCAItABAEID.E Fililí. 182
Srlorognathus Hopo 181
Sclcroslomus 181
Scortisns 181
Selenoeopria Bunn 188
Ser ico i (les 109
Spasalus Kaup 210
Stonoerutoa Bunn 200
Stratogus Hopo 212
Stroptocorus Fairin 181
Strigoderma Bunn. 204
Tan roceras tea Pliil 192
Thronistcs Bunn. 211
Tviboslclkcs 200
Triohilluin llar 180
Trioplus Bunn 213
Trox F. 102
Uroxys Wostw 180
Voturius Hopo 217
ÍNDICE ALFABÉTICO
DE ESPECIES, SUBESPEOIES Y SINONIMIAS 1)E LAS FAMILIAS LUCANIDAE
SCAHAHAEIDAE (COPllINI-CETONINl), l’ASSALIDAE
220
uclianus Blneli 1 88
aoneieollis Watorli. [83
acucas Blncli 1 90
itocj 11 i noctia lo Bni| 182
ajflnis l’liil. (Cliiasogn.) 181
allinis Gast. (Psdoinacr.) 201
allinis ISimii. (Piiileur.) 213
albiventris G. ct P.. 214
albocinctns Mannerh. 202
albosparsa Blncli 215
¡liliácea Gcnu. 205
Alocas lSiirui. 212
uUcnialuH S¡iy 10 1
luuichorcla l1' 1 «ír>
anadypticns Mannerh 187
andícola llar 188
andina Brfctli 208
angulieollis Boíl. 180
anguliferus Perdí 217
augustas F. Phil 200
anoguttata G. et P 215
¡intaretieus iíronske 200
Jintemmtus Curt. 207
¡aphodioides Illig 101
¡apicatuiu llar. 180
appendiculatus Mannorli 180
Uraclinoides Brull 188
arenarias F. 103
arenosas Ginel. 103
argentina Gillet (Mogatliopa) 183
argentina llar. (Eupar.) 100
argentina Bruch (Philocli.) 201
argentinensi# A. Bcliinidt 101
argentinas llar. (Trox) 103
argentinas Olmas (Seaptoph.). . . . . 210
ariclus Bluch 188
assimilis Olmas 203
Astyanax Baria 212
ateuchoidcs Baria 183
¡itra Baria. 213
atraincnturius Burin 183
alrimpilis Gnrt 100
Aalai Brneli 201
aaricollih Itlndi 183
anrltaH Barm 180
Bucchus Hopo 131
baliianas llar 100
barbosas Laicli 103
llatesi llar 100
bicolor Gnér. (Megiitliopa). 183
bicolor Olmas (Astaon.) 100
bicolor Olmas (Colacus) 211
bicornis Baria 212
bicaspis Germ 188
hidras llora. 108
bidentntas Drap. (Ontliopli.). 100
bidcntatus Baria. (Dyscinet.) 200
bidcnlalas Faina, (Liogcn.) 200
bidentalas Faina. (Ligyr.) 210
bililuratus Marsh 105
biloba Lina 211
bilolms Baria 180
binmcnlatus Gmír 211
hipándolas l’liil. (Mclerogn.) 181
bipnnctatiis Bnrin. (Oantli.) . . 183
bispinns Gemí 183
bitnbercahitniu llar... 180
bitnbericollis A. Bcliniidt 100
biviitala AI. Lcay 201
Boniplandi Gyllli. 210
bonariensis Gnér. (Plmnaens). . . . 100
bonaricnsis Klng. 102
bonurionis Klng (Os.yo-m). 108
bonaricnsis Brncli (l)einod.) 201
bonariensis Burm. (Pclidnt.). 205
bonaricnsis Olmas (llcterogen.) . . 207
bonariensis Baria. (Podalg.) 200
Bordli Caín 207
Borrei llar 103
1)0 s Blncli. 187
brasilirnsis llar. (Ontiiopli.). 100
brasilicnsis Gast. (llybos.j 101
brasiliensis Arrow (Macrasp.). 201
breve Gerin. 180
brevicollis Fscbscb 103
brevinscnlus llar. 108
Brnclii A. Bcliniidt (Acantbapb.) . . 101
Brnclii Moser (Gyinnet.) 211
Bnicbiana Olmas (Milox.) 203
Bracbiaim Olmas (Anom.) 203
Braehianas Olmas (Castanoch.) . . . 203
brnniieicollis de Borre 101
bullatiis Gnrt 103
Biisdinianni l’hil 202
Bnrmeisteri Bteinb 210
caelntiis Blndi 181
eainpsogimtiins Arrow. 101
Candczei Mar. 103
capicola llar 105
capitulas Geer. 105
carbonaria Mannerb. (Belenoe.). . . 188
carbonaria G. et P. (Oymnct.) 215
22 1
earbonarium llar
carbonarias Obaus
cnribaotis I lorbst
casta lira lllncli.
castanoum Giuír ' . .
rashmcits tíuér. (Atbyr.).
eastaneus Gormain (Listron.)
eastaneus Loe. (I’hilonr.)
cavieops Kolbo.
oavi Proas Burm
centra-lis Ibirm. (Glypbod.)
cent-ralis Jirncli (Philocb.).
eepbalotes Sorv.
cbalceus Blncb.
cbalcipes G. ct P.
ohalybaea Blncb
cbalybaeatus Fairm.
rhUcnsis Sol.
e.hilocnsis Loss.
ehlorophanus Mamiorb.
clirysis Litio
ciliatus Blncb
cinota Drury
cinelieollin Luo. /
<•1 Mili c.hIhh 1 lopo
clatbratus Oliv
clavata Oliv
cocblearis Obaus
eoeruleicollis Blncb
coniata Blncb
conferíais llar. (Cantil.)
eonformis Blncb. (Lacbnost.)
conlractiis Bimii
ooniilVoiiM G. rt I’
liornutjts Obaus (Ocbod.)
c.mnutns Stoinb. (Ercniobotb.) . . . .
voronatus Porty.
costal ata llar.
crassipos Obaus
crcnatipeiinin Blncb
cronatostriatus Blncb
urenatiiliin Fairm. (Ataca.)
armalm Oliv. (Trox)
eremitas M. Lcay (Spasal.)
crouulatus A. Schmidt (Ataca.) . . .
cribrata Waterli.
oribratiponnis Blncb.
cribricollis Buriri. . . .
crinicollis Gemí.
cruontiiH llar
cucnllatus Blncb
cultor Biirni 20!)
cnprascoiiN Bnnn. 202
ciiprcicollc Blncb 185
cuprciis Giicr 205
r.iiprirvllin llar. (Cantlion) 181
ciipricollis Lúe. (Cautbon) 185
curvidons Obaus 203
curvipcs Mar 183
cayana. Brucb. 201
(•i/iiiioplmiii Itcdl.b 181
cylindriciis Biirm. (Genial.) 207
cylindriciis Manncrb. (TriopL). . . . 213
Darwini Biirm. (Sclcvosl.). 181
Darwini Hopo (Sclcrogn.) 182
dasyplcurus Gcrni. 210
Davus Ericlis 180
Dejeani Sol 181
dfiiioniinatiix Cliovr. 108
dcnticcps Blncb 200
(Iciitinulalim Blncb. (Trox) 103
(Ifíiilír.iiliiliiH Bca.uv. (Trox) 101
dciitil’rons Guór 188
Dcrbcsis Sol. 100
diebroa iMannmb. 201
dilaticollis Blncb 180
dimidiata Btirin 208
dlmidiatus Sol. 100
dioscoridcs Westw 188
discus do Borro (Metacboed.) 101
discus Wiodni. (Apbod.) 105
distincta Brucb 201
distinctus Faina 210
divos llar 183
dorsalis Blncb 207
dttcalis Cast 100
Dnpouti Burla 212
dytiscoidcs Sclircib 182
cdontuliis llar 183
elogans Bnnn. (Ilylaniorpb,). 200
cleijans llora (Cycloccpb.) 208
clongatus Blncb 205
oniargina.ta Manncrb. 200
cnsilcr Gorm 100
opbippiiim F 204
orytbrocnonius Burm 181
oxaratus Burm. 210
excavaticollis Blncb 100
oxeavatus Cast. 102
fabius Fairm 210
Fiihrídi Porty 216
Fairmairoi Parry. 182
180
208
182
202
100
102
200
213
213
180
180
201
217
205
214
183
102
1 07
181
181
201
103
201
181
105
210
201
212
183
201
183
202
187
214
101
210
185
100
205
187
100
100
104
210
100
204
207
100
188
108
182
222 —
Faininaei Blucli. 200
fasciatus Mauncrh. (Atciuih.) 185
fasciatus Kirby (Goliath.) 210
Jane, imítala Kschsch 210
fuiinus F. 100
femoral is Guér. (Sclorog.) 182
fcmoralis Blucb. (Leucoth.). .... 207
femoratus Tliouis 181
festiva Burm. . 204
figurator llar 107
liiubriatus Ilnnn 218
(lava Web 214
llaveola llar 100
llavithorux l1'. Lynch A 102
lluvoinurginutu Blucb 211
Jluvoeitlata Perty 205
b'oucliardi Blucb. 215
fratipes Har 184
fulgicollis Bromo 201
fuliginosas üurm. 200
furcula Gory 218
lii reí loras Bnrm. 180
fuscouciicus Oliaus 205
l'uscorubra G. et P. 215
fuscorubrus 111 noli 188
gagatos Bnrm. 200
<jemmatua Blucli. 181
gommi loras Blacli 108
gibbns Porfcy (Cooloil.) 101
ílibbua Oliv. (Trox) 101
gluaialo F 100
globosas Say (Cloeotus) 104
globosas Baria. (1‘oilulg.) 200
IllobiilaluH Fui mi 108
graoilis Molsh 107
grácil i pos llar 105
granarías Lina. 195
Granti Stopli 181
granuliceps Fclschc 184
guttifer Har. 193
lluroldi Watcrli. (Pinot.). 187
llaroldi Stcinh. (Ataca.) 107
I [üinolccni YVollast 108
1 Iclmcnrciclii Olíaos 20(1
licmispliacriciis Baria 103
héspera Drary. 204
lietcroglyptns Blacli 180
Heydoai llar 180
llippocratcs Blacli. 212
bircnliis Manncrli 100
hirsutas Brcaskc. 200
liirtam Oliaus (Idiost.) 101
birlas Oliaus (Lcucotli.). 207
hispidas Payk 103
li ¡sirio «Serv 185
1 1 1 1 1 1 1 i 1 ¡ s Blucb. (Lciicotli.) 2(»7
1 1 1 1 1 1 1 i I i s Baria. (Ligyr.). 210
hydropliiloidcs Baria 200
iaibricatoides A. Scbinidt 197
imbricatus Molsh. 107
imperator Glicvr. 100
inarniatus Oliaus 212
Inca Web 210
iurrmis llar . . 180
¡alíala < lliaus 200
iiifu ixlibul n ni Bnrm 212
iiifuscatopciiais A. Sclimidt 100
inquinita Tlioius 211
inleqcr llar 107
iuterruptus L. 210
irroratnin Lap. de Casi 185
j;i n tli i a as Blncli. 181
.lanas Púlsela; 212
.1 asi as Oliv 100
Jonseni llcller 100
Jocrgcascni Bracli. 213
juvenilis Mills 100
labora tor llar. (Ataca.) 107
lahorutor P. (¡áteaocr.) 200
hwhri/mosus Cari. 103
Lacordüiroi Casi. (Canlli.). 18 1
Lacordairci (Jase. (I* aelii/s .) 188
Lacordairci Dcj. (Grompli.) 180
laniinata Baria. 208
lanu¡iinosuH Klng 102
latilex Baria. 211
latipes Blucb 181
leprosas Blucb 193
liguicolor Blucb. 202
limbata Oliaus 200
limbatus Wiedm 105
limieola Panz 105
lineóla L . 201
litigiosa G. et P 211
literata Oliv 215
lituratus Gemí 181
liturclla Kirby 205
lívidas Blucb. (Cantil.) 181
lívidas Oliv. (Apliud.)... 105
lohocophulus llar 180
lucida Curt. (Aecia) 100
lucida Bcrg (Pacbrod.). 202
luctuosos Ilurm
I ii i/ libre I í;i.r. . . ,
lurida I1'.
Iiii'idiis Borní
Macleayi l’erty.
inacalicoHis Montrouz
magollaniea Blneli
major Pliil
Manncrhcimi llar. (Copris)
Mu.nnorbrimi ( *nsf>. (Agaocepb.) , . .
niarginaticollis lllncli
Mellon Arrow
molanocepbala F. .
melanoccphalas Hombr. ot Jaeq..
Mmélas Casi
Mentor Guór
mohrica Stoinb
mexicanas Klug
Mieliaelseni Kolbe
Mi Ion l)o.j.
Mimas L. . . ,
minor Ilroch (Phaonng.)
tninor Steinli. (llothyn.).
mirabilis Schieknd
modesta Itiinu
modestas Phil
mocstum llar
montícola llorín.
morator llar.
inorio Burin.(Liogen.)
morio Huno. (Macrasp.)
morid Olíaos (Colarais)
morillos ( díaos
mus llorín.
motaliilis Lur.
ninticus llar. (Cantil.)
miMious Stepli. (Apliod.)
nanas lloro
niger lílncli. (llomalocliil.)
niger lllncb. (Til ronist.)
uii/riccps Ciuír. (Listron.).
oigrirc.ps Ciiór. (Dieran.)
.Visas Cast. (Copris)
Nisos Oliv. (l’inot.)
nobilis Water! i. (Pinot.)
nobilis Wollast. (Trox)
untaos llar
obesos llorín.
oblon(/ns Seop
obscuros Pliil. (Listron. ).
obscuros lllncb. (Liogen.)
oliscaras I’bil. (Ilraebyst.) 2UI1
obsoletas K. 195
oeeipitalis l|'airm. (Cyeloeepb.). . . . 20K
iieeipil lilis Kscbseb. (J 'asnal.) 217
Obaosi llroeli. 201
onitoides Mar. 180
opacicollis Fairm. 200
opacos Boli. (Cantil.) 181
opacas Loe. (Cantil.).. . 18f>
opacas llllirli. (Copris) 188
opacos llar. (Ataco.) 107
opa trio os llar .107
opatroides lllncb 107
Orbignyi JUncli 185
Ottianos Olíaos 208
ovalipeiinis lllncb. (Copris). 187
ovalipennis llar. (Popar.) 10(1
muitas Beauv 101
palíeos lllncb 200
pallóla lllncb 201
pallidicornis lllncb 200
pampeanos llorín. 198
Pan F 212
paragoayensis F. Bates (Pelid.).. 205
paragoayensis Arrow (Cyeloeepb.). 208
parallolns Cast 182
paranensis Parry 181
parrilla Berg. 208
párvulos Clievr. (Plcuropli.) 198
párvulos Olmos (Aclop.) 198
pastillarios Blocli 193
patagónica Olíaos 203
patagónicos l’liil. (Tumor.) 102
pataijonicas lllncb. (Trox). 193
patagonas Stoinli. 210
Pausen Pert.y 212
paxilloirlos Kaoj» 217
pedestris llar. 193
Pringón llorín 212
pcnicrasla Voct 215
pcrclei/ans Cnrt. . . . 200
Pbilippii Cermain 200
picea Bonn. (Mcgatli.) 183
picea Kolbo (Aecia). 190
picea. Nonfr. (Paclirod.) 202
piceas Westw. 191
picinns Har 197
piel as YVatorli. 211
pilicollis Fairni 200
piliferus. Ilurm 200
pilosos Fríselos 181
197
180
215
200
HM
105
109
200
187
213
207
101
208
200
190
21 1
208
192
203
100
100
100
211
203
208
182
180
189
197
200
201
21 1
207
202
181
181
105
198
201
211
200
202
187
187
187
194
188
200
1 05
200
200
224
pilularius Gorm 193
pilulifonais Bluch 181
i'iottii Bruch 201
placidas A. Sohniidt 198
planicollo Itimn 188
I llana a Dalia 182
platcnsis 111 noli 197
plicatipcunis Bluch 181
polit.us Gorm. (Acantli.). 194
politus Olmas (Oxylig.) 211
Polyniee 151 indi 187
prasinuni lílncli 181!
principal is 15imn 181
pudilninda lliimi. 211
piilchclla Kirhy 205
pulviimtuiu Baria 188
puniilio Baria 202
punctatissimua Curfc 187
puuotato-hirsutus A. Sclnnidt. ... 198
punctatostriata lUnch. 183
puuotatostriatus Bluch. 201
punclalua Loe 194
punctatiis Faina. otGonn. (Aulac.). 200
puncticollis liluch. (Mogatli.) 183
puncticollis Sorv. (Passal.) 210
pusillus Casi. (Clocot.). 194
pasillos Bunn. (Ataca.) 198
pútrida Baria. 208
pygumouni Gillct. 185
<1 uadratua Ericlis 187
quadripusl ululan Guér 184
quadrispinosus F. 212
(|iiia(|aciaa<'alatas Lap. do (Jast. . . 184
ridloxas A. Sclnaidt. 195
Ucichoi Fclsidio (Gaatli.) 185
Itcichei llar. (Pinol.) 188
lleiohci Gaér. (Serie.). 199
rcticulata Kirby 215
Richtori A. Sclnaidt (Apliod.).. . . . 195
Riohtcri Olmas (Phaeaog.) 199
Riclitcrianas Olmas. 208
robustas llar 186
rotiiadatas Blacli. 187
líauxi Baria 211
rábida Gory 215
rabripoaao Gory 185
rub ripea Baria. (Solerogu.). 182
rubripea Boli. (Aphocl.). 197
rtibrovUlaltm Bluch 182
Itiulolpliii Fruid 215
ruf oseáis G. ot l*. 216
rufifemorulis Cart. 182
rujimaiui Arrow 206
ralilatcris ¡llig. 211
ralipos Lian. (Apilad.). 195
rulipcs Bluch (Lcacotli.) 207
rufo les lacena llalla Torro 190
rul’aia Arrow (Idiost.).. 191
ragifrons Baria 209
ragipouais Blaoli 207
rugosas Bluch 185
ratilans Gast 185
saphiriaus Stiiria. 1 90
Saaidi Jacobi Olmas 205
saagaiaooaiacalatas Bluch. . 185
auniiuimcoUia Gaór. 185
scabor L 193
scarahaoinas Porty 210
scarabaeoidos Baria 208
schistacoa Baria 211
scalptaratus Maaacrh.. 192
soiilcllaria Ruth. 195
soiaiaonoas Gcrai. 187
acmioupreua Baria. (Coprob.) 181
armicupreua Gcriu. (Coprin) 187
soiaiaitoiis llar. 185
soiaiopaca Moser 214
soptoinumcalatas Latr 185
aequona Walkor. 195
aerricolüa G. ot P. 210
soxdoatatas Gast 192
sigaaticollis Baria 208
aimilia Baria 214
simplicifroiis Faina... 188
siaiplicior Olmas 206
siiaalator llar 198
sinyularia G. ot P. 215
sino dendroidea Porty 213
ainuutus Eschsch 217
sordens L. 216
sórdida Gerui 205
sórdidas llar 197
spcciosus Faina. 181
spoctabilis Ericlis. (Brachyst.) . . . . 200
apoolabilia Porty (Passal.) 217
spoculifor Lap. do Gast 185
apiloplerua Gorm. 195
apinosa Fisch 215
sploadidalas F 190
squauiivoiitris Stciah 201
Stcinhoili llar 198
Stoiiipcliimiiui Olmas 207
:s terco rato r F
storquilinus VVostw.
stria, tollos Faino
slriatus llar. (IJroxys)
striatus de Borre (Chaetod.)
•Stroebeli Steinli. (Idiost.)
Stroebeli Burio. (Gymnet.) .
strumosos Olíaos.
suberosos F
subrugoNa, Moser
sulistria.ta Blncli
HubstrialiiH llar
sulcator F
snlciponnis Borní.
suUiralis F. (Apilad. )
siUiiralis Bonn. (Passal.)
sylvatic.a Gerniaio
tessclalns Erichs
testacea. Bono
tcstaeeipeonis Blncli
tostaceovirens Bloeli.
testáceos F. (Listroii.)
lestaccns Steiuli. (Tribost.)
tctradaelyla Bonn
tctraodoo Blocli.
toxta Bono.
thoraciem Eschsch
Ubialis Klog
tigrioa G. et P.
Titornm Pcrty
tórpidos llar
torolosos Esclisch
Iriaogolariceps lllocli
trieaspis Drap.
tridens Koiclie
t.ridootata Erichs.
tridoutatus M. Leay
tristis liar
trmde.alm Cort
5 —
tocomaoa Brocli (Philocli.). 201
tocomaoa Olíaos (Strigod.) 201
tucuioa.oa. Olíaos (Platyc.) 200
tocoioaiia Brct.li. (0,ycloce|)li.) .... 208
tucooiaoeosis Boocm. (Bolboc.) . . . 192
tucuiuanensis Caín. (Geoiat.) 207
ondata Oliv. (Gymnet.) 211
mulata G. et 1*. (Gymnet.) 214
unicornia Serv 217
valdinianns Ourt 187
valgom Bono. 180
valgos F 2.111
validos Bonn 210
varia G. et P . . . . 215
variabilis Borní. (Cernsp.). 202
variabilis Bono. (Cyclocoph.). . . . . 208
varicgatm Gnór. 211
variolosoio Bono. 180 f
variolosas Ilope (Sclerogn.) 181
variolosos Gcnnain (Frick.) 192
variolosas Mclsli. (Trox) 192
vermiculca Bonn 211
vertical is Bono 208
vcrvcx Bonn 213
vespertinas Pao/,. 195
vestita Borg 203
villosns Bono 210
violácea. Blneli 183
viridis Sol. 200
viltalus Bono. (Scortiz.) 181
vittatns Eschseli. (Sclerog.) 182
vittigora Erichs. 202
viUipeaais F. Bates 205
Webcri Serv 210
IFeslwoodi Ilope. 182
xantlioceros liar 200
xanthoyramma Perty 205
xaotborns Bloch. 185
— 22;
198
189
210
180
191
191
215
203
194
213
202
185
187
204
195
217
199
185
208
203
205
200
207
201
185
201
209
181
215
212
194
187
187
210
212
199
192
185
1 93
Puní. 15IJPUKSTIDAE
Kerremansi Brneli,
1011
y\<-lM-i'iisia (¡iisl.. ot flory
Ms. I leiitseli. lint,. Zeit., * (lamentes.
l*olv<-<‘sla Sol.
excavata Blnuli. Voy. D’Orb., 1840, p. 1 4 i > . * Córdoba,, Cata-
marón, Mendo-
za, Misiones.
Acmaeodcra Escbscli.
asperata Roed, An. líniv. Chile, XXXYlll, 1878, * Catamarón.,
p. 420.
mendozana Bruch, Ms. Deutseh. lint. Zeit., 101 1. * Mendoza.
Ricliteri Briieh, Ms. 1. e. * Misiones,
sericeiventris Brucli, Ms. I. c. * Misiones.
Tyndai'is Tlioms.
Lethierryi Théry, Bnll. Soc. lint. Kr., 1800,]). 105. Paraná,
patagica (Berg) * Buenos Aires,
Ptosima patagica Berg, An. Soc. Oient. Arg., Patagón i a, San
1885, p. 225. — Brueli, Deutscli. lint. Juan.
Zeit.. 1000, ]). 74 0.
Aneylol «da Wntorli.
oculata Waterli. Aun. Mag. Nat. llist., 1882, p. 172. # listreeho de Ma-
gallanes.
1 llago figurar las ospeoios ipio lio doscripl.o úHimaiiioiilo, las raíalos serán |iiilili-
radas on uno do los próximos números do la. revista mencionada.
227
IC|»ÍHf OIIHMlf is Sol.
pictus (íory, Mon. J>upr. ¡áuppl., IV, 1841, p. 04,
pl. 12, f. 04.
var. vittatus Pliil. Sbebb. Bnt. Zeib., 1804,
p. 284.
l*4‘I<‘<‘0|>N<‘|{lpllllH Sol.
dépressus (Fbr.)
Buprestis depressus Fbr. Sysb. Enb., 1774,
p. 21í).
Buprestis angularis Sclionh. Syn. Ins. App.,
1817, i». 119.
Buprestis sulcatus Tlmnb. Nov. Acb. Acad.
IJpsal., IX, 1827, |». 44.
C.lirysesllics Sol.
tripunctata (Ebr.)
Buprestis tripunctata Fbr. Mant. lns., 1, 1787,
p. 17!).
ambigua Gory, Mon. Buprest. Suppl., I V,
1840, p. J22, pl. 21, f. 120.
Steinheili Tlioms. Typ. Buprest., 1878, p. 24.
. Ilvpoprasis Kninn. nt, (lonn.
Harpago Fairm. eb (lerm. Rev. Mng. Zool., 1804,
p. 200.
magnifica Pliil. An. Univ. Chile, I, 1805,
I*. 051.
EuHiroma Sol.
gigantea (L.).
Buprestis gigantea L. Sysb. Nab., ed. X, 1758,
p. 408.
Buprestis maxima L. Mus. Acad. Fridr., p. 82.
Buprestis caribana, Voeb, Cab. Col., ed. 1,
1800, p. 02, pl. 48, f. 1.
Buprestis var. (3 oliath Casb. eb (lovy, Mon.
líupr., I, 1880, p. 5, pl. 1, f. 2.
* Eío Negro, Bago
Nahuel Huapí,
Neuquen.
* Misiones, Iguazú.
* Misiones, Ignazii.
*Neuquon, Lago
Lacar.
* Misiones, Salba
enbre Embarca-
ción y Yacaiba,
Jujuy (Venburi
legib.)
- 228 —
Jtluchroma columbio, a Manncrh. Bull. Soc.
I ni p. Nat. Mosc., VIII, 18; 57, p. 31.
l'L var. Harperi Sliarp, Trans. Ent. Soc.
Lond., J881, |>. Üí>;t.
Ilalecin Cast. et Gory
caesia Gory, Mon. lbipr. Suppl., I V, 1840, p. 114,
pl. 20, f. 112.
I Aialcopliora Sol.
liberta (Gemí.).
liuprestis liberta Gemí. Ins. Spec. Nov., 1824.
]). 38.
I*.sIlo|>l«M‘a Sol.
Subgim. I>»ilo|i(ci'a ti. str.
attenuata (Pbr.).
Huprestis attenuata Fbr. Ent. Syst., 1794,
p. 187.
Psiloptera filióla Ohevr. Sill). Bev. Ent., V,
1838, p. 04.
pardalis (Casi, ot (¡ory)
íluprestis pardalis Cast. el Gory, Mon. Bnpr.,
1, 1830, p. 20, pl. 0, i-. 20.
Iiuinerosa Glicvr. Silb. Itev. lint., V, 1838,
p. 04.
Subgon. I.ampi'lis Spin.
aeneopicea (Kerr.)
Psiloptera aeneopicea Kerr. Ann. Soc. Ent.
Bel»., 1893, XXVII, p. 505.
argenteosparsa (l’crty).
liuprestis ari/euteosparsa Perty, I )clcct. Anim.
art., 1 830, p. 1 8, pl. 4, I'. 1 0.
Baeri Kcer. Mon. Buprest., T. V. 1910, p. 108.
Batesi (Sannd.).
Psiloptera liatesi Sannd. Trans. lint. Soc.
Lond., 1 809, p. I, pl. 1 , I'. 3.
callimicra (Km*.).
* Patagonia, (Río
Aysen.)
Buenos Aires (ex-
colec. Berg).
* Misiones (fronte-
ra brasilera).
* Misiones (Igna-
/.ú).
* Misiones, Posa-
das.
* M isiones.
* Tucumán.
Buenos Aires.
Tucunián.
221» —
Psiloptera. callimicra Kerr. Aun. Soe. lint.
Belg., 1893, p. 500.
corynthia (Faino.).
Psiloptera. eonjvihia- Faina. Aun. Soe. lint.
Fr., 18(54, p. 2(54.
cupriventris Kerr. Aun. Soe. lint. Belg., 1900,
p. 288.
derosa (Gory)
Buprestis derosa Gory, Mon. Bupr. Suppl.,
IV, 1840, p. 44, i>l. 1(5, 1. 91.
/’.s tiloptera marpinella Kerr. Ann. Soe. lint.
Belg., XXXVJ1, 1893, p. 500.
Desmaresti Tlnnns. Typ. Buprest., 1878, p. 30.
dumetorum (Gory)
Buprestis dumetorum Gory, Mon. Buprest.
Snppl., IV, 1840, p. 90, pl. 15, f. 80.
instabilis (Cast. et Gory)
Buprestis instabilis Cast.et Gory, Alón. Bupr.,
1, 1830, p. 31, pl. 8, f. 35.
Buprestis rariabilis Alannerh. Bull. Soe. Imp.
Nat. Alose., Vi 11, 1837, p. 47.
plagiata (Gory)
Buprestis pía gi ata G ory, AI on . Buprest. Suppl.,
IV, 1840, p. 84, pl. 14, í. 80.
Psiloptera cupreofossa Faina. Ann. Soe. lint.
Fr., 1804, p. 205.
platensis Tlioins. Typ. Buprest. a pp. la, 1879, p. 10.
tucumana (Guér. et Perdí.).
Buprestis tucumana Guér. et Percli. Gen. Ins.,
1835, n° 2, i>l. 0.
Buprestis .Lacord aire-i. Cast. et Gory, Alón.
Buprest., I, 1830. j). 35, ]»1. 8, f. 40.
viridiaenea (Burni.).
Psiloptera riridiaenea Burm. Stett. lint. 55eit.,
XXXI 11, 1872, p. 371.
Ec-I ¡no^onia Spin.
americana (llerbst)
Psiloptera americana llerbst, Col., IX, 1801,
p. 107, pl. 148, f. 3).
Córdoba, Mendo-
za., Tueuiníin,
Ga tamalea.
Argentina.
Córdoba.
# Córdoba, Alendo-
za, Catamarca,
Tueumán.
* Tueumán.
* Chaco, Alisiones.
* Córdoba, Alendo-
za, San Luis,
Catamarca, Tu-
cumón, Santia-
go del listero.
La. Blata.
* Paraná, H. liíos,
Mendoza, Ca-
ta marca, Tucu-
niá.n,S"0 del lis-
tero.
Pampa s.
* AI endoza, San
Luis.
Fsiloptera (hnnaini Fairm. Aun. Soe. lint.
Fr., 1 804, p. 20(5.
Buqueti Spin. Aun. Sor,, lint. Fr., 1827, p. 112. *Neuquen, Lago
¡tu prestís Dufouri Oast. et (lory, Mon. Bn- Laear.
prest., 1, 18:5(5, p. 107, pl. 27, f. 147.
denticollis (Fairm.). * Mendoza.
Fsiloptera denticollis Fairm. Ann. Son. lint.
Fr., 18(54, p. 2(57.
4 OiaUropoceila Tlioms.
Leyboldi (Hteinli.). Mendoza.
Psüoptera ¡jcyholdi Steinli. A tti Hoe. f tul . íáe.
Nat., XV, 1872, p. 502.
ornata (Gory). * Mendoza, San
Fsiloptera ornata (lory, Mon. Buprest. Supph, Luis, Catamar-
IV, 1840, p. 02, pl. 1(5, T. 00. oa.
/¡aleda eleyans l’liil. íátett. lint. Zeit., 1800,
p. 145.
Fsiloptera impremí Fairm. Ann. Soe. lint.
Fr., 18(54, p.
l'ygitaira Krrr.
scripta (Oast. et (lory). * Río Negro, Na-
1 1 n p rent¡s seripla'i last. et (lory, Mon. Buprest., Imel 1 1 napí.
T, J 827, p. 120, pl. 24, C. 100.
(laudichaudi Sol. (¡ay, llist. Chile, IV, 1840,
p. 4 70, pl. 1 2, f. 8.
l*f oroltol liri.s Fiiinii. «t (Icnn.
•corrosus Fairm. et. (lerm. Ann. Soe. lint. Fr., * Cliulmt.
1 858, p. 714, pl. 1 5, f. 2.
Tvluurliciiia Kiirin.
compacta Herg, An. Univ. lis. Aires, 1880, VI, Córdoba.
1». 152.
crassicollis (Oast. et (lory). * Córdoba, Cata-
lluprestis crassicollis Oast. el (lory, Mon. lin- marea,
prest., 1, 1827, p. 1 12, pl. 20, l‘. 15(5.
guttulata (liairm.). * Cata marca.
231
Tt/ndaris guttnlata Fairmi. Aun. Soc. Ent.
Fr., 1858, p. 738.
irrorata (Gory). Mendoza, Cór-
Ptosima irrorata Gory, Mon. Bu prest. Suppl., doba.
IV, 1840, p. 72, pl. 13, f. 70.
Tyndaris a ttcnuatus Fairm. Ann. Soc. Ent.
Fr., 1804, p. 261.
spliaericollis (Cast. et Gory). Córdoba.
HnprcxUs spliaoricollis Cast. et Gory, Mon.
Buprest., I, 1 827, p. 40, pl. 10, í. 40.
vittipennis Bruch, Deutscli. Iínt. Zcit., 1000, * Catamarca.
p. 747.
M rlanopliiln Eschscli.
bahiana Kerr. Ann. Soc. Ent. Belg., 1807, p. 14. #Tucumán.
orientalis (Bunn.). *Tucuinán, Chaco
Anihaxia oricntalix Bunn. Stett. Ent. Zcit., santafecina.
XXX 111, 1872, p. 373.
albovillosa Kerr. Ann. Soc. Ent. Belg., 1800,
p. 331. — Bruch, Deutsch. Ent. Zcit., 1000,
p. 747.
Trig'otiogciiium llar.
angulosum (Sol.).
Trigonophorm angnlosus Sol. Cay, llist. Chi-
le, IV, 1840, p. 400, pl. 12, f. 7.
Avthaxia ruginosa Faina. Ann. Soc. Ent.
Fr., 1807, ]>. 024.
Anthaxia rugifer Redtb. Boise Novara Col.,
II, 1807, p. 88.
Te tragón oselio ni a Tlioms.
Joergenseni Bruch, Ms. Deutsch. Ent. Zcit., 101 1 # Mendoza,
purpurascens Kerr. Mém. Soc. Ent. Belg., VI, * Catamarca, Men-
1807, p. 15. doza.
undata (Steinli.) San Luis, Men-
Pachypyga undata Steinh. Atti Soc. Ital. Se. doza.
Nal., X V, 1872, ]). 504.
Mendoza. Cordi-
llera,
HHV. MUSICO I-A l’I.ATA. T. IV. (I, 111, H) 1 1. . )
1(!
A n I li a x i a Escliscli .
Bruchi (Kcit. inss.) Brucli, Dcutscli. lint. Zeit.,
11)0», i». 718.
concinna Mannerh. Midi. Soo. Imp. Nat. Muso.,
1837, p. 88.
opiata Gory, Mon. Buprest. Suppl., IV, 1841,
p. 290, pl. 50, f. 391.
cupripes Faina, ot (lona. Ana. Soo. Ent. Fr., 1858,
p. 717.
marginicollis Sol. Gay, llist. Oliile, lVr, 1819,
p. 502, 1*1. 12, r. 10.
verecunda Ericlis. Nov. Aot. Loop. Acad. Suppl.,
1834, p. 229.
* Buenos Aires,
Catan larca.
* Buenos Aires,
liío Negro,
Neuquen.
* Río Negro, Neu-
quen.
* Río Negro, Ne.u-
quen, Cliubut.
* Río Negro, Na-
liuel Huapí.
Agrilaxia lvcrr.
brunneipennis ( K err.).
Anthaxia hrunneipennis Kerr. Ann. Soc. Ent.
Belg., XL1 V, 1900, i*. 299.
canaliculata (Kerr.).
Anthaxia canaliculata Kerr. Oompt. Rend.
Soc. Ent. Belg-., 1887, p. (>.
coriácea (Kerr.).
Agrilus coriáceas Kerr. Compt. Rend. Soc.
Ent. Belg., 1887, p. 0.
decipiens (Burm.).
Agrilus decipiens Muría. Stett. Ent. Zeit.,
XXXI 11, 1872, i*. 385.
maculicollis (Kerr.).
Anthaxia maculicollis Kerr. Coiapt. Rend.
Soc. Ent. ‘Belg., 1887, p. 0.
plana (Kerr.).
A nthaxia plana Kerr. Ann. Soc. Ent. Belg.,
XL1V, 1900, |>. 302.
vitticollis (Gory).
Agrilus <)////<!<>///* Gory, Mon. Muprest. Suppl.,
IV, 1840, p. 215, pl. 35, f. 205.
* Córdoba.
Argentina.
Argentina.
Buenos Aires,
Córdoba..
Argentina.
* Tucuinán.
Muenos Aires.
233
Culis Casfc. ot (lory
bella (Guér.).
Antlmxia bella Guér. Voy. Duperr, Ent., II,
1830, y, «0, pl. 2, f. 11.
bimaculata (Gory).
Antlmxia bimaculata Gory, Mon. Buprest.
Supph, IV, 1840, p. 20.8, pl. 50, f. 208.
Caris hemiptera Burm. Stett. Ent. Zo.il;.,
XXXI II, 1872, p. 874.
Authnxia debüipentm Steinli. Alt i Soo. Ital.
Se. Nat., XV,, 1872, p. 508.
Clirysobolhris Escliscli.
aiirocincta Bunn. Stett. lint. Zeit., 1872, p. 382.
consanguínea (Gas!, el Gory).
Coloboyaster consanguínea Casi, el Gory, Mon.
Buprest., vol. II, 1838, p. 10, pl. 2, f. 8.
cordobensis Casi, et Gory, Mon. Buprest., yol. II,
1888, p. 55, pl. 10, f. 75. • — Burm. Stett.
Bnt. Zeit., 1872.
cupreipes Fairm. Aun. Soc. Ent. Fr., 1804, p. 202.
Desmaresti (Casi, et Gory).
Buprestis Desmaresti Cast. et Gory, Mon. Bu-
prest., S, 1.880, p. 84, pl. 8, f. 39.
Chyj/sobothris maxima Burm. Stett. Ent.
Zeit., 1872, p. 878.
Ghrysobothris Lacordairei Tlioiris. Typ. Bu-
prest., 1878, p. 30.
generosa Casi, et Gory, Mon. Buprest., vol. II,
1838, p. 28, pl. 0, f. 40.
holochalcea Bimn. Stett. Ent. Zeit., XXXI II,
1872, p. 880.
platemis Kerr. Jalirb. Hainb. Wiss. Anst.,
XIX, 1902, ]). 00. — Brucli, Dentscli. Ent.
Zeit., 1909, ]>. 749.
laticollis Bunn. Stett. Ent. Zeit., 1872, p. 379.
myia Gory, Mon. Buprest. Suppl., IV, 1841, p. 100,
pl. 28, f. 101.
polyspilota Burm. Stett. Ent. Zeit., 1872, p. 882.
* Río Negro, X cu-
quen, ühubut.
* Mendoza, Buenos
Aires, Chaco.
Tucumán.
Misiones (ex-co-
lec. Berg).
Córdoba.
# Córdoba, Men-
doza.
* Córdoba, Santia-
go del Estero,
Tucumán, Ca-
ta marea.
* Buenos Aires. .
* Buenos Aires,
Córdoba, Tueu-
mán, Misiones.
# Misiones.
Patagonia.
Pamníí., Entro
Ríos.
234
rugosa Cast. efc Gory, Mon. Boprest., vol. 11, 1838,
p. 54, ¡>1. 10, f. 74.
niagcllanica Gory, Mon. Boprest. Suppl., IV,
1S41, i>. i s;;, pi. ;¡i, r. no.
taciturna Kerr. Mém. Soe. lint. Belg., 1 «S‘»7, p. 30.
Aclenodcs Ijüc.
costipennis (Cast. efc Gory).
llnprestis costipennis Cast. efc Gory, Mon. Bu-
prest., vol. II, 1 838, p. .3, pl. I, f. 3.
Con ostial lia Esuhso.h.
magellanica (Faino.).
Stignwdera magellanica Faino. Aon. Son.
lint. Fr., 1 <384, p. 401.
!‘¡lliis<'iis Sol.
Bruchi Kerr. Genera insectoruni, Buprest., 1003,
p. 202.
erratus (Faino.).
Stignwdera errata Faino. Aon. Soe. Ent. Fr.,
1807, p. 027.
Stignwdera chilensis Faino, et Geno. Aon.
Soe. lint. Fr., 1858, p. 733, pl . 15, f. 13.
fascipennis (Kerr.).
Omwgnatha fascipennis Kerr. Aon. Soe. lint.
Bel”'., XL1 1 1, ]>. 330.
Gounellei Kerr. Genera insecfconuo, Boprest., 1003,
]). 201.
nigrocoeruleus Kerr. Genera insectornm, Bo-
prest., 1 003, ]>. 201 .
paranaénsis (Sanio!.).
Oonognallta paranaensis Saund. Trans. lint.
Soe. Lond., 1872, p. 251, pl. 0, l‘. 3.
principalis (Cast. efc Gory,.
Stignwdera principalis Cast. et Gory, Mon.
Boprest., vol. 11, 1838, p. 54, pl. 15, f. 80.
punctifer Cast. efc Gory, Mon. Boprest., 11,
1838, p. 05, pl. 15, f. 81.
Buenos Aires
Córdoba, Tu-
eunuin, Tierra
d<d Fuego.
Buenos Aires.
# Misiones.
* Tierra del Fuego,
Esfcr. de Maga-
llanes.
* Río Negro (Na-
liuel Iluapí).
* Neoqoen.
( ’liae.o.
Argentina ?
Argentina f
Paraná.
Misiones.
235
superbm Oa.st. oí, Gory, Mon. Buprest., II,
i s;¡s, i», (id, pl. ir», r. 82.
Klniji Gory, Mon. I»ii|>rest. Suppl., IV, 1841,
p. 137, pl. 24, f. 13.
propinguus (Burm.).
Conor/nathapropingua Buvin. Stett. Ent. Ze it.,
XXXIII, 1872, p. 37(5.
DnclylozoUcs ( 'licvr.
alternans Ohevr. Silberm. Rev. Ent., Y, 1838, |>. 80.
Zemina pudibunda Oast. et Gory, Mon. Bu-
prest., II, 1839, p. (>, pl. 2, f. 9.
Bomplandi Brueli, iMs. Deutseli. Ent. Zeit., 1911.
Bruchi Kerr. Genera, insectornin Bupvest., 1903,
p. 2 ir*.
Brullei (Oast. et (íory).
Zemina, I »ndlc i Cast. et Gory, Mon. Buprest.,
II, 1839, p. 4, pl. 2, f. 5.
Clievrolati Kerr. Mé.m. Soe, Ent. Belg., 1897, p. 17.
confusa Eairm. et Germ. Aun. Soe. Ent. Er., 1858,
p. 273.
Zemina conjuncta Gory, Mon. Buprest., LY,
1841, p. 197, pl. 33, f. 189 bis.
conjuncta Ohevr. Silberm. Rev. Ent.,V, 1838, p. 52.
Zemina villa, la Oast. et Gory, Mon. Buprest.,
II, 1839, p. 5, pl. 2, I', (i.
Zemina biei Itala Sol. Gay, I List. Chile, IV,
1849, p. 483.
cuyana? L’hil. Gerinain, An. Univ. Santiago de
Chile, 1907, p. 23.
dispar Kerr. Genera, iiisoctorum Buprest., 1903,
p. 215.
Fairmairei Kerr. Mém. Soe. Ent. Belg., 1897,
p. 4(5.
humeralis (Gory).
Zemina lmmeralis Gory, Mon. Buprest. Suppl.,
IV, 1841, p. 199, pl. 33, f. 191.
Joergenseni Brueh, Ms. Dentsch. Ent. Zeit., 191 I.
jucundissima (Gory).
Zemina, jucundissima Gory, Mon. Buprest.
Suppl., IV, 1841, p. 198,]»1. 33, f. 190.
Corrientes.
I’ntagonia, Men-
doza.
Misiones.
Renguen.
Mendoza.
Buenos Aires.
Patagonia.
Patagonia.
Mendoza.
* Tuouinán.
* M isiones.
Patagonia.
* Misiones.
Argentina. (Mon-
tevideo).
Stigmodcra cribricollis Fairm. et Germ. Aun.
Soc. Ent. Fr., 1858, p. 722, pl. 15, f. 8.
Leyboldi Steinh. Atti Soc. 1 f al . Se. Nat., XV, 1872.
p. 505.
morosa (Cast. et Gory).
'/amina morosa Cast. et Gory, Mon. Buprest.,
IT, 1839, ]). 5, pl. 2, f. 7.
picta (Cast. et Gory).
/omina picta Cast. et Gory, Mon. Huprest.,
1 1, 1889, |». 8, pl. 1, f. 8.
/omina rnbrouolata Sol. Gay, 11 ist. Oliile, I \r,
1819, |*. 480.
/omina cribcllata Faina. Aun. Soc. Ent. Fr.,
1804, p. 203.
quadrifasciata (Mannerh.).
íjasionota q uad rifase iota Mannerh. Hall. Soc.
Imp. Nat. Mose., IX, 1837, p. 02.
Ihicty tozados tot razona Ghevr. Silbenn. llev.
Ent., V, 1838, p. 80.
/omina Orbignyi Cast. etGory, Mon. Buprest.,
11, 1839, p. 3, pl. 1, f. 2.
/omina qnadrizonata Bínele Voy. D’Orb.,
1840, p. 150.
Spegazzinii Brueli, Ms. Deutsch, Ent. Zeit., 1911.
stenoloma Bliil. Stett. Ent. Zeit., 1804, p. 315.
tricolor (Faina.).
Conognatha tricolor Faina. Ana. Soc. Ent.
Fr., 1804, p. 204.
Hypcruut lia Mamiorli.
liaemorrlioa Faina. Kev. Zool., 1851, p. 348.
pygmaea Kerr. Mém. Soc. Ent. Belg., VI, 1897,
p. 40.
signaticollis Desni. Ana. Soc. Ent. Fr., 1843, p.19.
pl. 1, C. 2.
Stempelmanni Berg, An. I J ni v. Buenos Aires, VI,
1889, p. 154.
vittaticollis Desoí. Ana. Soc. Ent. Fr., 1843, p. 19,
1.1. 1, C. 1.
Mendoza.
Patagón i a.
Mendoza.
* Misiones, Para-
ná, Corrientes,
Patagonia, Men-
doza.
* Mendoza.
Mendoza.
* Mendoza, Neu-
qnen.
* Tucumán, Cata-
marca..
Buenos Aires.
* Córdoba, Santia-
go del Estero.
* Córdoba, Tucu-
mán, Mendoza.
Tucumán.
237 —
Corydon ]l, I )(\yr.
aeneus Brueh, Deiitscli. Ent. Zoit., 1909, ]). 749.
nitidicollis (Oasfc. efc Gory).
(Jomcbm nitidicollis Oasfc. et Gory, Mojí. Bu-
prest., II, 1839, p. 18, pl. 4, f. 28.
Amyla TIkhiih.
punctipennis Wafceiii. Aun. Mag. Nafc. Hisfc. (5),
XI, 1887, p. 447.
Diadora Kerr.
argentina Bmcli, Ms. Deutscli. lint. Zeifc., 1911.
Atnorpliosoina (JíimI,
penicillatum (Klug).
Afjrilm pcnicillaius Klug, Enfc. Eras., vol. 1 1,
1829, p. 429, pl. 40, f. 12.
Amorplioslernus H. Deyr.
Bruchi Kerr. Genera, insectorum, Bupresfc., 1903,
p. 250.
Sleuogasler Sol.
globithorax Gory, Mon. Bupresfc. Suppl., IV, 1841,
p. 201, pl. 33, f. 192.
irroratus Oasfc. efc Gory, Mon. Bupresfc., vol. II,
1839, p. 3, pl. 1, f. 3.
Agrllus Stopli.
aenescens Kerr. Genera insectorum, Bupresfc.,
1903, ]). 270.
angninus Kerr. Genera insectorum, Bupresfc., 1908,
p. 207.
= spiniger Oasfc. efc Gory, Mon. Bupresfc., II,
1839, p. 10, pl. 2, f. 10.
* Misiones.
* Tucumán.
Paraná, Argenfc. ?
* Tucumán.
* Misiones, Iguazú.
* Tucumán, Tafí
viejo.
* Salta, Jujuy.
* Fnrmosa, Misio-
nos.
* Formosa.
* Tucumán.
— 238
angustus (Chevr.).
titenoyaHter aru/mliiH Chevr. Col. Mex. Cent.,
11,1 835, p. 1 37.
2)roj)iu<jum Chevr. Silbenn. Rev. lint., V,
1837, |>. 95.
muilinolalnti Cast. ct ( ¡ory, Mon. Bnprest., II,
1839, p. (¡2, pl. 14, f. 81.
argentinus Kerr. Genera insectonun, Tin prest.,
1903, p. 271.
aurocephalus Gory, Mon. Bnprest., Supph, IV,
1811, p. 218, pl. 3(1, I'. 209.
bellicus Kerr. Genera ¡nsectoriim, Bnprest., 1903,
p. 209.
Bergi Kerr. Genera insectonun, Bnprest., 1903,
p. 274.
Blancliardi Saund. Cat. Bnprest., 1871, p. 115,
n° 59.
ater Blueh. Voy. D’Orb. lint., 1840, p. 154.
bonariensis Kerr. Genera insectonun, Bnprest.,
1903, p. 270.
Bruclii Kerr. Genera insectonun, Bnprest., 1903,
p. 270.
Caroli Kerr. Genera insectonun, Bnprest., 1903,
p. 273.
clirysostictus (Klug).
Buprestis chrysostictus Klug', lint. Brasil,
1827, p. 7, pl. 40, f. 0.
artjutuluH Mannerli. Bnll. Soc. íinp. Nat.
JVlosc., 1837, p. 109.
dilaticornis Kerr. Mein. Soc. lint. Belg. 1897,p. 80.
fasciatus Kerr. Genera insectonun, Bnprest., 1903,
p. 273.
fossifei* Kerr. Genera insectonun, Bnprest., 1903,
p. 272.
' foveivollis Kerr. Compt. Itend. Soc. lint.
I lelg., 1 887, p. Vil.
frigidus Gory, Mon. Bnprest. Snppl., IV, 1811,
1>. 254, pl. 12, l‘. 247.
insanus Gory. 1. e., 1841, ]>. 255, pl. 42, f. 258.
mendozanus Steinli. Atti Soc. Ital. Se. Nat.,
XV, 1872, p. 505.
fulvolineatus Kerr. Genera insectonun, Bnprest.,
1903, p. 209.
Corrientes.
* Buenos Aires.
* Chaco.
Argentina ? (Mon-
tevideo).
* Tncumán, Salta,
Misiones.
Buenos Aires
Ratagonia.
* Buenos Aires.
* Tucunián.
*Tucumán, Salta.
* Buenos Aires,
Corrientes.
* Misiones.
* Tucuinán.
Entre Ríos "?
Men<lo/.a.
Corrientes.
Jhirolincatus Cast. et Gory, Mon. Buprest., II,
I 889, | >. (i 1 , pl. 13, f. 7!).
leucostictus (Klug).
l>i<i»iTstis Icucostictm Klug, Entoin. Brasil,
1 827, p. 9, pl. 40, I'. 8.
albomacnlifer Saund. Cat. Buprest., 1871,
p. 1 1 5, n° 70.
multispinosus (Klug).
Hit ¡nrslix mnlUsphioxHH Klug, Entoin. Brasil,
1827, p. 8.
prolo))fi<ttHs Casi., et Gory, Mon. Buprest., II,
1885, p. !). pl. 2, f. 0.
neuquensis Kerr. Genera inseetorum, Buprest.,
1908, p. 209.
nobilis Burm. Stett. Ent. Zeit., XXXIII, 1872,
p. 888.
obscuripennis Gory, Mon. Buprest. Suppl., IV,
1841, p. 200, pl. 00, f. 258.
omissus Kerr. Genera, inseetoruin, Biquest., 1908,
* Ga ta ma rea.
* Salín.
*Xeuquen, Lago
Laoar.
Tucumáii.
Paraná.
# Misiones, Iguazíi.
p. 270.
pauperculus Gory, Mon. Buprest. Suppl., I V, 1841,
p. 202, pl. 44, f. 250.
percautus Kerr. Genera insectoruni, Buprest.,
1908, p. 271.
perplexus Burm. Stett. Ent. Zeit., XXXIII, 1872,
1». 880.
piliferus Kerr. Mein. Soo. Ent. Belg., 1897, |). 1 12.
praecipuus Kerr. Mein. Soe. Ent. Belg., 1 897, p. 00.
puellus Cast. et Gory, Mon. Buprest., 1 1,1889, p. 24,
pl. 5, f. 29.
ruñcollis (Ebr.) Mant. Ins., vol. I, 1787, p. 184.
rugosicollis Blncli. Voy. D’Orb., 1840, p. 154.
saltensis Kerr. Genera insectormn, Buprest., 1908,
. p. 207.
Shiptoni Briieli, Ms. Deutseli. lint. Zeit., 1911.
sulpliurifer Burm. Stett. Ent. Zeit., XXX III,
1872, p. 884.
thoracellus Cast. et Gory, Mon. Buprest., 11, 1839,
1». 59, pl. 18, f. 77.
mj-namcm Kerr. Mein. Soe. Ent. Belg., 1897,
1». 108.
* Entre Ríos.
* Buenos Aires.
Paraná, Entre
Ríos.
Buenos Aires.
* Misiones.
* Córdoba, Men-
doza.
Patagonia.
Patagonia.
* Salta, Tiieiiinán.
* 'l'iieuináii.
Paraná, Entre
Ríos.
* Buenos Aires.
tlioracicus Cast. et Gory, Mon. Buprest., LI, 1889,
p. 58, pl. 1 8, f. 1 0.
* Misiones,
das.
Posa
24:0
tucumanus Kerr. Genera inseetorum, Buprest.,
1903, p. 207.
verutus Kerr. Mém. Soc. lint. Belg., 1897, p. (!7.
* Tucumán,
viejo.
* Tucumán.
Ta-íí
(■eralíii.s llarolit
distinctus Kerr. Ann. Soc. lint. Belg., XLIU, * Tucumán.
1 899, p. 340.
I aragrilus Sumid.
abjunctus Kerr. Genera inseetorum, Bu prest.,
1903, p. 290.
Bei’gi Kerr. Genera inseetorum, Buprest., 1903,
p. 290.
brasiliensis (Cast. et Gory).
A (/rilan braniliennin Gast. et Gory, Mon. Bu-
prest., 11, 1839, p. 09, pl. 15, f. 92.
Bruclii Iverr. Genera inseetorum, Buprest., 1903,
p. 290.
credulus Kerr. Mém. Soc. lint. Belg-., 1897, p. 54.
sulcicollis Kerr. Genera inseetorum, Buprest.,
.1903, p. 290.
* Buenos Aires.
* Buenos Aires.
* Buenos Aires,
* Tucumán, Gata-
marea.
* Salta.
* Tucumán.
ISergidora Kerr. f' '
picturella (Kerr.).
Acmaeodera picturella Kerr. Gompt. Iiend.
Soc. lint. Belg., 1887, p. VI.
# Buenos Aires,
Chaco santafe-
cino.
Pnchysclieiiis Sol.
atratus Kerr. Ann. Soc. lint. Belg-., XL, 1890,
p. 322.
Bruclii Kerr. Genera inseetorum, Buprest., 1903,
p. 318.
circumscriptus Kerr. Genera inseetorum, Bu-
prest., 1903, p. 318.
hexagonalis Kerr. Genera inseetorum, Buprest.,
1903, p. 319.
nigerrimus Kerr. Genera inseetorum, Buprest.,
1903, p. 320.
# Misiones, Posa-
das.
# Formosa.
# Formosa.
# Misiones, Ignara!.
# Misiones, Alto
Paraná.
241
transversus Kcrr. Genera insectonun, Bu prest.,
1 903, p. 320.
undularius (Burm.).
Brachys undularía Burm. Stett. lint. Zoit.,
1872, p. 387.
vicinus Kerr. Genera insectorum, Buprest., 1003,
1». 320.
viridicollis Gory, Mon. Buprest. Suppl., IV, 1811,
p. 313, pl. f>8, C. 330.
JLius 11. JJoyr.
Bruchi Kerr. Genera insectonun, Buprest., 1003,
p. 323.
castor Saund. lint. Montli. Mag., vol. XIII, 1870,
]). 40.
modestus Kerr. Mém. Soc. lint. Belg., 1807, p. 141.
pollux Saund. lint. Montli. Mag., vol. XIII, 1870,
p. 48.
tucumanus (Kerr.)7
Brachys tucumanus Kerr. Ooinpt. Rend. Soc.
lint. Belg., 1887, ]>. VI.
Itracliys Sol.
acutus Kerr. Genera insectorum, Buprest., 1003,
p. 320.
vicinus Kerr. Genera insectorum, Buprest., 1003,
p. 325.
Taph rocci'iis Sol.
angustus (Gory).
Brachys anyustus Gory, Mon. Buprest. Suppl.,
IV, 1841, p. 338, pl. 57, f. 333.
argentinus Brucli, Deutsch. lint. Zeit., 1000,
}>. 750.
elongatus (Gory).
Brachys clonyatus Gory, Mon. Buprest. Suppl.,
IV, 1841, p. 327, pl. 55, f. 320.
tenellus (Gory).
Brachys tenellus Gory, Mon. Buprest. Suppl.,
IV, 1841, p. 334, pl. 50, f. 328.
# Alto Paraná.
* Buenos Aires.
* Misiones, Chaco
santafccino.
# Tucumán.
* Alto Paraná,
Iguazú.
Paraná, Argent. ?
* Misiones, Iguazú.
Paraná, Argent. 1
* Tucumán.
* Pormosa.
* Misiones, Tueu
mán.
* Salta.
* Tucumán.
* Entre Ríos.
* Buenos Aires.
242 —
Callímiera II. Deyr.
cyanea Iverr. Mein. Woc. lint. Bel**-. 1<S1)7, p. 110.
taciturna ((lory).
(Joraclmx taeitimi as (lory, Mon. Bupresfc.
Suppl., IV, 1841, p. 280, pl. 41!, 1‘. 272.
Géneros: ltí ; especies. 18!).
Faiii. rUIXAÍilDAE
Troscus Lutr.
Scliaumi Bonv. Aun. Soe. lint. Fr., 1800, p. 352,
pl. 8, f. 1.
I.issomus I >u I ni .
punctulatus Balín. Iipliem. lint., I, 1824, p. 14.
cribratus Eselisdi. Tlion Ardí, lint., 14, 1,
1820, i». 31.
Laconla ¡rei (Jlerst. Linn. lint., 1800, ]>. 113.
Géneros : 2 ; especies : 2.
I un. MOIVOMMIDAIi
91 vpori'li a^'iis Tlioms.
Bonvouloiri Tlioms. Pliys., 1, 2, 1807, p. 120.
Géneros : 1 ; especies : 1 .
Film. i:rc\iiAiiii.Aii
Giislraiiliieus Guér.
bisulcatus (Latr.).
(¡alba bisulcala Latí'. Aun. Son. lint. Fr., 1834,
p. 133.
* M ¡sienes.
* Tuemnán.
* Buenos Aires.
* Misiones, Alto
Paraná, Tueu-
mán.
Argent ina ?
* Formosa.
243 —
G. atraías Gtiér. Ann. Soc. Ent. Fr., 1843,
|*. 1 88, i*I. (í, f. 50-52.
Adelotliyreiis Honv.
flavosignatus Bonv. Mon. Aun. Soc. Ent. Fr., 1870,
1>1. 80, f. 1.
1*1 crol msiiN Knelisc.li .
(U-isitlhvmis) llistrio (íllér. 1(5011. Kogl). Anilll.,
1880, pl. 12, f. 2 a-b. — Ann. Soc. Ent.
Fr., 1843, p. 194.
tuberculatus Luc. Voy. Oast., 1857, p. 09.
var. I) ras i licuáis Oast. Sil b. Kev., III, p. 174.
Tliyl acoslorims llmiv.
Walkenaeri (Guér.).
Pterotarsws Walkenaeri Guér. Ann. Soc. Ent.
Fr., 1843, p. 190, pl. 0, 1‘. 72.
I>anu‘sls West \v.
suturalis Westw. Tijdschr. Ent., XXVI, p. 08, pl.
3, f. 8-9-18.
(léiKicos : 5 ; especies : 5.
F¡iin. ELATEUIDAE
Adeloccra Luir.
chilensis (Sol.).
Agrypnus chilemis Sol. Gay, Hist. Oliile, V,
1.851, ]>. 7. pl. 13, f. 1.
vitticollis Fairin. et Gerni. Kcv. et Mag. Zool.,
1800, p. 208.
crux K. A. et A. IT. E. Pliil. Stett. Ent. Zeit.,
XX, 1800, p. 247.
* Buenos Aires.
* Misiones, Alto
Paraná.
# Misiones.
Argentina.
#Neu(juen (Bago
Lacar)
* N cuquen.
•244
Ililoltilarsns Latí'.
lignarius Canil. Moa. Elat., I, 1857, p. 80. * Buenos Aires.
Iloinirrliipus Latí-.
elegantissimus Canil. Elat. Nouv., III, 1881, ]>. 20.
var. .11 o Hffoti Canil. Elat. Nouv., IY, 1888,
p. 12. — Ana. Son. Ent. Belg., 1880, p. 7.
fascicularis (Ebr.). *Tueumán.
l'Jlutcr/tiNciou taris Ebr. Mant., I, 1787, p. 171.
Clialeolcpidius Msclisch.
limbatus Escliscli. Tlion Arcli. Ent., II, 1820, p. 33. * Buenos Aires,
porcatus Oliv. Ent., II, 31, p. 14, pl. 7, f. 74. Córdoba, Cha-
striatus Ebr. Syst. Eleutli., 11, 1700, j». 220. co, Tueumán.
zonatus Eseliseli. Tlion Ardí. Ent., 11, 1820, p. 32. # Misiones (Eronte-
ra brasilera).
Sciniof iih lOticliaoli .
distinctus (llerbst) Kafer, X, i>. 5, pl. 150, f. 3.
inormis Kirby, Trans. Lina. Soe., XI 1, p, 383.
luteipennis (3-uér. Voy. Eavorite, 1838, p. 20, pl.
228, f. 2.
suturalis (Ebr.).
JSlatcr untura lis Ebr. Ent. Syst. II, 1701, p.
224.
* Misiones.
* Río Negro, Ñon-
guen.
* Misiones, Alto
Paraná..
angulatm Drury Illustr. exot. Tus., III, pl.
47, f. 5.
Cropiilius Canil.
castaneus (Blnch). * Corrientes.
JHcrepidius castaneus Blneli. Voy. D’Orb.,
1843, p. 132.
flabellifer (Erielis.). Wiegin. Ardí. 1'. Naturg., * Buenos Aires.
I, 1817, p. 77.
!■<;(« ‘rovi'opiiliiis Ouér.
marginatus Canil. Elat. Nouv., TV, 1800, p. 28. Paraná.,
rufus Steinh. Atti Soe. I tal. Se. Nat., XV, 1872, San Luis,
p. 500.
— 245 —
AllO|tlÍS«llíllS Citml.
bicarinatus Canil. Mon. Elat., II, 185!), p. (!2.
brevipes Scliw. Deutsele Ent. Zeit., 1900, p. 101.
ftavescens Sclnv. Deutscli. Ent. Zeit., 1906, p. 102.
mutabilis Scliw. Deutsch. Ent. Zeit., 1904, p. 51.
var. Discrepidius maculicollis Bínele Voy.
D’Orl)., 1848, p. 122.
pubescens Cand. Mon. Elat., II, 185!), p. 75.
ripurus Cand. Mon. Elat,, II, 1859, p. 00.
Diere |t ¡<lins Eschsch.
ramicornis (P. de Boauv.)
ramicornis P. de Beauv. Ins., I, 1805, p.
1 0, pl. 7, f. 2.
Dicrcpidins pací mico mis Esclúsele Thon Arele
Ent., 11, 1829, p. 10.
Iseliioilonliis Cand.
crassiusculus Reine. Deutsele Ent. Zeit.., 1900,
p. 100.
fatuellus Cand.* Mon. Elat., II, 1859, p. 1 18.
lateralis Oand. Ame Soe. Ent. Bclg., l!)00, p. 84.
rubiginosas Sclnv. Deutsele Ent. Zeit., 1900, p. 107.
testaceus Sclnv. Deutsele Ent. Zeit., 1 904, p. 50.
unicolor (Bínele)
JMcrcpidim unicolor . Bínele Voy. D'Orb.,
1843, p. 133.
I). magnico mis Bínele Voy. D’Orb., 1843,
p. 138.
Monocrepiilnis Esolisuli.
abreviatus Cerne Zeitsclir. f. Ent., 1, 1857, p. 229.
bellus (Say) Proeed. Acad. Nat. Se. Philad. III,
1>. 108.
variegatns Steinle Col. Hefte, 1875, p. 122.
bigatus Cerne Zeitselir. f. Ent., I, 1857, p. 228.
brunnipennis Caiul. Mon. Elat. II, 1859, p. 257.
cincticollis Sclnv. Deutsele Ent. Zeit., 1900, p. 1 19.
Misiones.
Argentina.
* Mendoza.
* Buenos Aires, Ba-
hía Blanca.
* Ibienos Aires.
* Tuemnan.
* Chaco, Formosa.
* Tucumón.
* Argentina, Bue-
nos Aires.
# La Plata.
Córdoba.
# Buenos Aires.
* Buenos Aires, Co-
rrientes.
# Misiones.
* Buenos Aires.
Argentina..
# Buenos Aires.
Tuounián.
decoras Burin. Stett. lint. Zeit., 1875, p. 207.
* Hueiios Aires, Pa-
raná,Tueunián.
Drakei Selnv. Deutscli. lint. Zeit., 1800, p. í)í). * Tiicumán, Santia-
go del listero.
figuratus Selnv. Deutseli. lint. Zeit., 1807, p. 100. Argentina,
fimbriatus Selnv. Deutseli. lint. Zeit., 1000, p. I 10. Mendoza,
fuscofasciatus liseliscli. Thon. Arcli. lint., 1820, Córdoba, Corrien-
p. 138. tes, Tueunián.
puyionatus Genn. Zeitschr. f. lint., I, 1857,
p. 223.
Germari Boh. líes, linden., 1858, p. 07. * Buenos Aires,
iusujuis Canil. Moa. lilat., II, 1850, p. 214. Córdoba,
heteroderoides Steinh. Atti Soe. Ital. Se. Nat., San Luis.
XV, 1 872, p. 057.
incultus Oand. Mon. lilat., 11, 1850, p. 250. * Tueunián.
insulsus Oand. lilat. Nouv. Base. V, 1805, p. 20. # Santa Be, Chaco,
Misiones.
leucopliaeatus Cand. Mon. lilat., 11, 1850, p. 201. * Salta, Tueunián,
•I tijuy.
malleatus (Cerní.). * Corrientes, Salta,
Kioto' malleotas Cerm. Ins. Spec. Nov., 1824, Tueunián, Cha-
ti. 50. co, Elisiones.
fonaos as Oast. ílist. Nat. Ins., II, p. 232.
nigrosuturalis Selnv. Deutseh. lint. Zeit., 1000, Córdoba,
p. 1 17.
pertusus Cand. Compt. líend. Soe. lint. Belg., 1878, Mendoza,
p. 70.
pictus Cand. Mon. lilat., II, 1850, p. 207. * Tueunián.
posticus (liseliseh). lintomogr., 1822, p. 70. * Buenos Aires,
propinquus Cand. lilat. Nouv., V, 1805, p. 20. # Santiago del lis
tero.
pseudoscalaris Selnv. Deutseh. lint. Zeit., 1800, # Santa Be, Chaco,
p. 08. Catamarón, Tu
cuinán.
ruñcornis Selnv. Deutseh. lint. Zeit., 1000, p. 114. Mendoza,
scalaris (Cerní.). # Buenos Aires,
Kioto' scalaris Cerní. Ins. Spec. Nov., 1824. Córdoba, Cha-
p. 4 7. oo, M isiones,
oblongo p un ct atas Blnch. Voy D’ürb., 1843. Tueunián, Pa
p. 135. tagonia.
truncatus Cand. lilat. Nouv., II, 1850, p. 78. Argentina?
247
Acolus Eschsch.
basilaris Sclnv. Deutscb. Ent. Zeit, 1900, p. 131.
elegan tulus Burm. Sfcett. Ent. Zeit., 1875, p. 208.
lateralis Steinli. Atti Soc. Ital. Se. Nat., XV, 1872,
p. 507.
melliculus Cand. Mon., Elat., II, 1859. p. 295, pl.
5, f. 9.
Moreleli Tarn. Gol. Azores, 1800, p. 94.
var. rubricatns ('and. Mon. Elat., II, 1859,
p. 295.
Oberndorferi Sehw. Deutscb. Ent. Zeit., 1903, p. 07.
pyroplabtus Berg, An. Soc. Cient. Argent., 1892,
p. 01.
sordidus Sclnv. Deutscb. Ent. Zeit., 1900, p. 103.
tropicalis Catnp. Biol. Centr. Am., III, 1895,
p. 307, pl. 10, f. 10-11.
Misiones.
Buenos Aires.
Buenos Aires.
* Buenos Aires, Tu-
eumííiii.
Argentina.
# Santa Fe.
(Iliaco santafe-
cino.
* Buenos Aires.
Ilclcfoilores Latr.
caninus (Germ.).
Monocrcpidius caninus Germ. Zeitscbr. f. Ent.,
I, 1857, p. 231.
Laurenti Guér. Voy. Favorito, 1838, p. 31.
rufangulus (Gyllb.).
lüatcr rufangulus Gyllb. Sebonb. Syn. Ins.
Append. p. 149.
asinus Germ. Zeitscbr. f. Ent., 1, 1857, p.
# Oatamarca.
# Córdoba, Tucu-
míín, Guaco.
* BuenosAircs, Pa-
tagón ia, Men-
doza, San Luis.
231.
1L patagónicas Steinli. Atti Soc. Ital. Se.
Nat., 1872, p. 508.
azoricus Tarn. Gol. Azores, 1800, p. 93.
11. atlanticus Cand. Elat. Nouv., 1, 1808, p. 20.
vagus Cand. Elat. Nouv., V, 1895, p. 32. * Buenos Aires,
Córdoba, Salta,
Tucuinán.
DrnNlciiiiN KkoIihcIi.
pictus Steinb. Atti Soc. Ital. Se. Nat., XV, 1872, # Buenos Aires,
p. 508.
UIOV. MUSEO LA PLATA. — T. IV. (II, 11, 1011.)
17
— 248
pullatus Cand. Mon. Elat., 11, 1859, p. 482.
(¿raimnoplioriis So).
Bruchi Scliw. Deutseh. lint. Zeit., 1904, p, 71.
Megapcnthes Kiesw.
flavipes ¡áchw. Deutseh. Ent. Zcit., 1900, p. 135.
lMiysori'liimis Esdisoli.
erythrocephalus (Fbr.).
Water erytrocephalus El)r. Syst. Eleutli., II,
1791, p. 241.
AmrliaNlomorpliiiH C'anip.
phedrus (Cand.) Mon. Elat., II, 1859, p. 401.
car. Anchastus crux-ni(jra Flent. Aim. Soc.
Ent. Belg., 1895, p. 170.
■car. A . Qrouoelli Flent. 1. e. 1895, p. 170.
Pomaehiliiis Ksulisi-li.
bipartitus ('and. Elat. Nouv., VI, 1890, p, 50.
centralis ('and. Elat. Nouv., VI, 1890, p. 50.
crassiusculus Cand. Mon. Elat., III, 1800, p. 29.
fulvescens Schw. Deutscb. lint. Zeit., 1904, p. 78.
granulipennis Cand. Mon. Elat., III, 1800, p. 89.
subfasciatus (Cerní.).
Water subfunda tan (¡crin. Ins. ►Spee. Nov.,
1821, p. 50.
SI ihatloilerus Himn.
* Buenos Aires, Pa-
tagón ia.
* Río Negro, N cu-
quen.
* Mendoza.
# Tuounián.
* Santiago del Es-
tero.
( Iliaco.
( Iliaco.
* Buenos Aires, Tu-
eumán.
* Buenos Aires.
* Tucumsi.li.
* Formosa.
Patagonia, Santa
( Iruz.
murinus Burin. ¡átett. Ent. Ze.it., 1875, p. 272.
249 —
1’arapomaclilliiiR Sohw.
cosmesoides Sclnv. Dentseh. Bnt.. Zeit., 1900, p.
1 40.
Agrypnella
squamifer (Cand.).
(Jri/plohypnutf squamifer ('and. ¡dial . Nouv., I,
1808, p. 88.
Meter ostethus pictus Sclnv. Deutsch. Ent. Zeit.,
1890, p. 147.
Ilyptioidcs Stcph.
magellanicus (Ein. Binch.).
Agrióles mngellanicm Ein. Bínele Voy. Polo
►Su el, .1858, p. 90, ph 0, f. 12.
Corymbites fnegensis Faino. Natnraliste, 1885,
p. 11. — Aun. Son. Ent. Fr., 1885, p. 46.
Mouadicus Canil.
Bruchi Sclnv. Deutsch. Ent. Zeit., 1900, p. 142.
Api opiiN EscJisoli.
agrestis (Ericlis).
Bardiophorm agrestis Elidís. Zeitsdir. 1‘.
Ent., vol. 11, 1840, p. 881.
angusticollis Sclnv. Deutsdi. Ent. Zeit., 1900,
p. 143.
K oristoiiolua Ciiml.
Bruchi (Sclnv.).
Triplonychus Bruchi Sclnv. Deutsch. Ent.
Zeit., 1906, p. 144.
canescens Steinh. Atti Soc. Ital. Se. Nat., XV,
1872, p. 508.
castaneus Steinh. Atti Soc. ital. Se. Nat., XV,
1872, p. 509.
exoletus Ericlis.
* Mendoza.
Tierra, del Fuego.
* Buenos Aires.
* (Iliaco, Misiones.
Mendoza.
* Salta, Tucumán.
San Luis, Mendo-
za.
* Mendoza, S. Luís,
Cívtanmrciv.
* Corrientes.
— 250 —
Cardiophorus exoletus Ericlis. Zeitschr. f.
Ent., vol. IT., 1840, p. 325.
farinosas ('and. Méin. Soc. Zool. IiT., IV, 1891, p.
500. ]>1. 4, f. 2-3.
luteus Schw. Deutsch. Ent. Zeit., 1900, p. 145.
nigricollis Schw. Stett. Ent. Zeit., 1902, p. 205.
piceus Schw.* Deutscli. Ent. Zeit., 1900, p. 140.
tumidicollis Schw. Deutsch. Ent. Zeit., 1900, p.
1 45.
lísl h(‘so|>us KhcIiscIi.
hepaticus (Eriohs.).
Cardiophorus hepaticus Eriohs. Zeitselir. f.
Ent., II, 1840, p. 330.
humeralis Steinh. Atti Soc. Ital. Se. Nat.,XV, 1872,
]>. 509.
l’yropIioruM lllig.
boops Germ. Zeitschr. f. Entom., III, 1842, p. 09.
grossicollis Blncli. Voy. D’Orb., 1843, p. 141.
Bruchi Canil. Elat. Nouv., VI, 1895, p. 00.
candelarius Germ. Zeitschr. f. Entom., III, 1842,
p. 59.
P. diffusm Germ. Zeitschr. f. Entom., III,
1842, p. 01 o".
Elater ígnitas Esehsch. Tlion Ardí, lint., II,
1829, p. 32.
candens Germ. Zeitsclir. f. Entom., II, 1842, p. 05.
planicollis Blnch. Voy. D’Orb., 1843, p. 143 cA
var. observator Germ. Zeitschr. f. Entom., III,
1842, p. 04.
Candezei Eanv. Bnll. Soc. Ilist. Nat. Norm., IV,
II.
clarus Germ. Zeitschr. f. Entom., III, 1812. p. 18.
angas! m Blnch. Voy. D’Orb., 1813, p. 139.
crassus Blnch. Voy. D’Orb., 1843, p. 141,
foveolatus Germ. Zeitscbr. f. Ent., III, 1842, p. 03.
Germari Canil. Mon. Elat., IV, 1803, p. 48, pl. 1,
f. 3.
Gran Chaco.
* Mendoza.
* Tucumán.
Buenos Aires.
Mendoza.
* Tucumán.
San Luis.
Corrientes.
* Chaco (Córdob
falso).
* Misiones.
* Corrientes, Entr
Ríos.
* Corrientes.
* Andes ? Ar^enfi
na.
Buenos Aires.
Buenos Aires.
* Córdoba, Cata
marca, Tucu
man, Chaco.
251
illuminans Germ. Zeitsehr. i. Entone, III, 1842,
p. 80.
fulvotomcntosus Bínele Voy. D’Orb., 1848,
p. 139.
helvolus Germ. Zeitsehr. I', lint., 1842, p. 28.
Janus (Herbst).
Elater Janus Herbst, Naturs. <1. Kafer, Vol.
X, 1.851, p. 1.0.
Elater spcculalor Illig. Mag. Gesell. Nat.
Freund. Berlín, 1, 1807, p. 147 f/.
minor Voet, Col. vol. I, pl. 43, f. 17 9-
leporinas Caml. Mon. Elat., IV, 1803, p. 47.
lineatus Cand. Mon. Elat., IV, 1803, p. 02.
lucernula (Illig.).
Elater lucernula , Illig. Mag. (íesell. Nat.
Frenad. Berlín, I, 1807, p. 147.
luculentus Gerin. Zeitsclir. f.Ent., 111, 1842, p. 40.
facijcr Germ. I. e. 1842, p. 48.
nyctolampis Germ. Zeitelir. f. Entom., III, 1842,
p. 54.
(jibbieolln Blucli. Voy. D’Orb., 1843, ]». 142.
nyctophanus Gemí. Zeitsehr. f. Entom., III, 1842,
p. 12.
Elater noctilucas Esehseli. Tlion Arele, II,
1829, p. 32.
nyctophilus Germ. Zeitsehr. f. Entone, III, 1842,
p. 51.
ocellatus Germ. Zeitsehr. f. Entone, 111,1 842, p. 49.
variolosas Sol. Gay, Hist. Chile, V, 1851, p.
29, pl. 14, f. 5.
conicicollis Fairm. et Germ. Col. Chile, 1800,
p. 5.
Ortizi Cand. Mém. Soe. Ent. Fr., 1891, p. 500, pl. 4,
f. 1.
parallelus Germ. Zeitsehr. f. Entone, III, 1842,
p. 45.
rubripes Bínele Voy. D’Orb., 1843, p. 140.
pellucens (Esehsclr).
Elater pellucens Esehscle Thon Arel). Ent.,
II, 1829, p. 32.
luscas Cand. Elat. Nouv., IV, 1889, p. 47.
perspicillatus Germ. Zeitsehr. f. Ent., 1842, p. 54.
phosphoreus (Lime).
Argentina.
* Chaco sautafeci-
no.
Mendoza.
Argentina.
* Misiones.
* Misiones.
* Buenos Aires,
Córdoba, Co-
rrientes.
Buenos Aires.
Buenos Aires.
* Mendoza.
Chaco.
* Buenos Aires,
Córdoba, Chaco.
Chaco, Catamar-
ca.
Buenos Aires.
* Tucumán.
252
Elater phosphoreus Linn. Syst. Nat., I, 1842,
p. 052»
üinerarim Gcrm. Zeitsdn. f. Ent., 111, 1842,
p. (55.
punctatissimus Blndi, Voy. D’Orb., 18-1,1, p. 118.
donyatm lilnoli. Voy. D’Orb., 1841. p. 137 o *.
laticollis Blnch. Voy. D’Orb., 1843, p. 118 9-
pyrophanus (Illig.).
Elater pyrophanus Illig. Mag. Gesell. Nat.
Freund. Berlín, 1807, p. 140.
Elater angmticollk Esdisdi. Tlion Ardí.
Entom., I, (2) 1820, p. 32.
P. jryrrhoderus Gemí. Zcitschr. f. lint., III,
1842, p. 37.
.Elater Incens Illig. Mag. Gesell. Nat. Frenad.
Berlín, I, 1807, p. 150.
.Elater mnminatm Esdisdi. Tlion Ardí.
Entora., í, 1820, p. 32.
P. ijuadratieolUs Blnch. Voy. D’Orb., 1843,
p. 140,
l\ [melosas Gemí. Zeitsdir. f. En tora., lii,
1842, p. 39.
P. aculipenniH Casi, líist. Nat. Anim. arfe., 1,
1835, p. 210.
Elater quadricollis Escliscli. Tlion Ardí. Ent.,
I, (2) 1829, p. 32.
pyrotis Geno. Zeitschr. f. Ent., III, 1842, p. 42.
* Buenos Aires.
Córdoba, Tiicii-
mán.
Argentina.
Argentina.
II¡í«»Ide& Solí w .
semiotides (Hchw.).
Pyrophorus semiotides Soliw. Deutscb. Ent.
Zcit., 1900, p. 154.
Río Negro (Na-
liuel lluapí).
l.lltliiiN KscIimcIi.
canaliculatus (Faina.) \
Denmveus oanal ¡enlatas Fairm. Natnralistc,
1885, p. 11. — Ana. Hoc. Ent. Fr. 1885, p.
45.
1 Según Eleutiaux, esta especie debe pertenecer ¡il género Corymbitcu el cual figu-
ra en Gen. Ineeelonnn, lilat. 190(1, p. 220 corno sinónimo del géu. Ludlm EseliscSi .
253 —
Confín!) i tes Fleut.iaux, Rev. chilena de Hist
Nat., 1 907. p. 215.
Tiliionema Sol.
abdominalis (Guér.). * Neuquen.
Alan* abdominalis Guér. Voy. Favorite,
Mag. Zool., 1839, p. 21, pl. 228, f. 8.
Osoi’iio (/'mui.
ambiguus Canil. Fiat . Nouv., 111, 1881, p. 100. Patagonia.
Cariliorliiiiiis Escliscli.
bonariensis Canil. Mon. Elat., IV, 1803, p. 277. Buenos Aires,
liumeralis Escliscli. Tlion Avcli. Ent., 1820, p. 34. * Misiones,
modestus Canil. Mon. Elat., IV, 1803, p. 207. Argentina
plebe j us Canil. Mon. Elat., IV, 1803, p. 258. ' * Córdoba.
Trichopliorus Muís, ct Oo<l.
decorus (Cerní.). 1 * Neuquen.
Ludius decorus Germ. Zeitsclir. f. Ent., IV,
1843, p. 48.
Cardiorhinus granulosas Sol. Gay, Hist. Chi-
le, V, 1851, p. 32.
Geno mecas raficollis Sol. Gay, Hist. Chile, V,
1851, p. 30, pl. 14, f. 0.
Ludias rnjithorax F. Phil. An. Univ. Chile,
1887, p. 88.
Amhlignathus\abdominalis Sol. Gay, Hist. Chi-
le, V, 1851, p. 30, pl. 14, f. 11.
Cosmesus Eschseb.
atomus Scliw. Deutsch. Ent. Zeit., 1004, p. 80. * Buenos Aires, Tu
cumán.
1 Figura oh (¡en. Inaeolorum Elat., 1907, p. 200 cu ol génoro Triohophorue ; Flou
tiaux liev. chilena de. Hist. Nal., 1907, p. 221, coloca esta especio en ol género Lu
dius y agrega la sinonimia que he mencionado.
254
honariensis (Boh.).
Ectinus bonariensis Boli. li.es. Eligen, 1858,
p. 70.
obtusipennix Steinh. Atti Soc. I tul. Se. Nat.,
XV, 1872, ]>. 5<¡0.
Drakei Sclnv. Dcutseh. Ent. Zeit., 1800, p. 102.
fasciatus Oaud. Moa. Elat., IV, 1803, p. 340.
flavipes Canil. Elat. Nouv., V, 1805, p, 53.
flavovittatus Sclnv. Deutscli. Ent. Zeit., 1000,
p. 351.
crucitjer Selnv. Dentseli. Ent. Zeit., 1004,
p. 70.
minor Canil. Moa. Elat., T V, 1803, p. 353.
sulcifrons Canil. Mon. Elat., IV, 1803, p. 350.
tricolor Canil. Elat. Nonv., V, 1805, p. 00.
I’aracosincsus Scliw.
dimidiatus Sclnv. Dentseli. Ent. Zeit., 1000, p. 345.
Agrióles Eschscli.
australis Fairm. Ana. Soc. Ent. Fr., 1883, ]>. 402.
Anaspasis Ciuid.
parallela (Sol.).
Dcromccux parallelns Sol. Gay, Hist. Chile, V,
1851, p. 15.
Anaxpasis faxciolata Canil. Elat. Nouv., 111,
1881, p. 4.
Protelater Fleutiaux Ilev. chilena de ITist.
Nal., 1007, p. 218.
* Buenos Aires.
Misiones.
* Formosa.
Corrientes.
* Buenos Aires.
* Buenos Aires.
* Buenos Aires.
Buenos Aires.
* Tueumán.
Tierra ilel Fuego.
*N cuquen, Lago
Lacar.
Géneros : 38 ; especies : 112.
— 255
ÍNDICE ALFABÉTICO DE GÉNEROS
DK LAS FAMILIAS BUPItESTIDAH, TRIXAGIOAE, MONOMMIOAB,
BUCNKMIDAB, FXATER1DAE
Achonisia 0. «0' O ............. . 221»
Aomaoodora Eschsch ............ 220
A oten od 08 Lac 234
Adclocora Latr . 243
Adelothyreus Bonv. . 243
Aeolus Eschsch 247
Agrilaxia. Koir . 232
Agrilus Steph. 237
Agriotoa Eschsch ............... 254
Agrypiiella Camp ............... 249
AmbUgnathm 253
Amorphosoma Cast 237
Ainorphostcrnus II. Deyr 237
Amyia Tlioms . ................. 237
Anaspasis Caiul . 254
Anchastomorphus Caín]» . ........ 248
Anehastus ..................... 248
Ancylotola Watorh. 220
Anopliaehin.s Caín!. ............. 245
Anthaxia Eschacli .............. 232
Aptopus Eacliscli ............... 249
Borgklora Kcrr 240
Bruchys Sol. ................... 241
Buprbstidak Fam. ............. 226
Callinúcra H. Doyr 242
CardiorMuus Eschsch. .......... 253
Chalcolepidius Eschsch . ......... 244
CJialcopIiora Sol 228
Chalcopoecila Thonia. ........... 230
Chrysesthes Sol ................ 227
Chrysobothris Eschscli 233
Conognatha Eschsch 234
Corydon II. Deyr. .............. 237
CorymbitcH ..................... 253
Cosmosus Eschsch 253
C repulí us Cand. 244
Curia C. et G 233
Daotylozodes Clievr. ............ 235
Dcromccw ..................... 252
Diadora Korr .................. 237
Dicropidins Eschsch. ............ 245
Dilobitarsns Latr. .............. 244
Drastoriim Esohmtli 247
Ecfcinogonhi Hpin. .............. 229
Elathiudak Fam. 243
Epistomentis Sol ............... 227
Esthcsopus Eschsch ............. 250
Euchronia So! 227
Eucnkmidak Fam 242
Gastraulacus Guér . 242
Gcnome cus 253
Gorullos llar 240
Grammopliorus Sol. ............ 248
I Idiocia 0. ct G . . 228
Jleinirrhipus Latr .............. 244
Heter ocr cp i d i u s Guér. 244
líetorodercs Latr. 247
lleteroslelhus 249
Hifoides Scliw 252
Iloristonotus Cand. ............. 249
llyporantha Mannorh ........... 236
Hypnoidos Steph 249
Hypoprasis Fairm. ot Gonu ...... 227
líyporrliagus Tlioms. ........... 242
Ischiodontus Cand. ............. 245
Lamcsis Wcstw ................ 243
Lampotis Spin. (subgou.). ....... 228
Lissomus Dalm. ................ 242
Lissothyreus subgen 243
Lius H. Doyr. 241
Ludios Eschsch. 252
Megapenthos Kiosw. 248
Melanopliila Eschsch ........... 231
Monadicus Cand. 249
Monocrepidius Eschsch .......... 245
Monommidak Fam . ............ 242
Osorno Cand ................... 253
Paohypyga Stoinh ............... 231
Paehysclielhis Sol. 240
Paracosmesus Schw. 254
Paragrilus Saund. .............. 240
ParapoinachiliuB Schw 249
I’olocopsolaphus So!. ............ 227
Physorrhimis Eschsch ........... 248
1'ÍtIlÍSCllS Sol 231
Polyeosta Sol 22(5
Poinachilius Eschscli. 248
Protelatcr 254
Psiloptora Sol 228
l’torobot .liria Faina. ot Gonn 230
PtorotniHiis Eschscli.. 243
l'tuuimu 22(5
Pygicora Korr 230
Pyropliorus Illig 250
Seiniotns Esclisch 244
Stenogaster Sol 237
Stibadodcrns Bnrin 248
Taplirocorna Sol 241
Tetragonoschoina Tiloma 231
Tliylaoostornns Bonv 243
Tibinnonia Sol 253
Trirhnplinrns Mills, id God 203
Trigonogeninm llar 231
Tiiixauidae Fam 212
Troscns Latr 242
Tylauclionia Bnnn 230
Tyndarls Tlioms 22(5
ÍNDICE ALFABETICO DE ESPECIES Y SINONIMIAS
Dli í. AS FAMIUAS BUIMIESTIDAE, THIXAGIDAH, MONOMMIUAE, ElíCNEMIIME,
ELATKIÍIDAE
nlidoniiiialis GiuSr. (Tildón.) 203
abdominalis Sid. (Ambliyn.) . 253
abj anotas Korr 240
abroviatas Gemí... 215
aouminatu8 Eschscli 252
ucutipennis Cast 252
acatas Korr 241
aeneopicoa Korr 228
aenescens Korr 237
aouous i5ruch 237
agrostis Eriohs. . 240
albomaculifev Saund 239
ulbov il losa Korr 231
alternaos Chevr 235
ambiyua Gory 227
umbiyuus Canil 253
americana Horbst. 220
angninns Korr... 237
any ularia Sclionh. 227
anyiilatu8 Drury 214
angiilosiim Sol. . 231
angiisUoollis Soliw. (Aptopaa). . . . 240
anyualiooUia Eschsch. (Pyropli.). . . 252
augustas Cliovr. (Agril.) 238
angustus Gory (Tapliroc.) 241
anyu8tu8 Blnoli. (Pyropli.) 250
argén teosparsa Porfcy 228
argentina Brucli 237
argentinas Korr. (Agril.) 238
argentinas Bracli (Taphroo.) 241
(iryuhilti h Mannorli 238
(18ÍHH8 Gorm 247
asporata Roed 22(5
atar Blncli 238
atlanlimiH Canil 247
atratus Korr (Pacbysch.) 240
atratua Gndr. (Gastranl.) 243
attennata Ebr 228
(ittenualus Faina 231
atonías Sehw 253
aarocophalns Gory 238
anrocincta Baria 233
anstralis Faina 254
azancas Tara 247
liaori Korr 228
liahiana Korr 231
basilaris Sclnv 247
Batosi Sanad 228
bella Guór 233
bollicus Korr 238
bollas Hay 245
Borgi Korr. (Agril.) 238
Borgi Korr. (Paragril.) 240
bioarinatiis Canil 245
bigatus Gemí 245
bimaculata Gory 233
bipartitas Canil 248
bisulcatus Latr 242
bivittata Sol 235
Blanchardi Sanad 238
257 —
üomplaudi Brucli
honarionsis Korr. (Agril.)
honarionsis Canil. (Oariliorh . ) . . . .
honarionsis Boh, (Cosmos.)
Bonvouloiri Thonis . .
boops Gemí
brasiliensis C. ot G. (Paragril.). . .
brasiliensis Cast. (Pterotars.)
hrevipos Sclnv
Ilnielü Bnicli (Antliax.)
Bruchi Korr. (Pithisc.).
Bruchi Korr. (I)actyl.)
Bruclii Korr. (Amorphost .)
Bruchi Korr. (Agril.)
Bruchi Korr. (Paragril.)
Bruchi Korr. (Pachysch.)
Bruclii Korr. (Lilis)
Bruchi Sclnv. (Grammoph.)
Bruolii Sclnv. (Monadie.)
Bruchi Sclnv. (Iloriston.). . . . . . .
Bruchi Canil. (Pyroph.)
Brullei C. et. G
bruuiioiponnis Korr. (Agrilax.). .
brumiipomiis Canil. (Monoer.) . . .
Buquoti Spin
caesia Gory
callimicra Korr
canaliculata Korr
canaliculatus Fairni
canilolarius Gorm
candens Gorm.
Candozei Fauv
canoscons Stoiuh
caninas Gorm
cctribana Voot
Caroli Korr
castaneus Blnch. (Cropid.)
casfcanous Steinh. (Iloriston.). . . .
castor Saimd
oentralis Canil
Chovrolati Korr
rhilmsin F. ot Gorm. (Sligmod.) . .
chilensis Sol. (Ailcloo.)
chrysostictus Klug
cincticollis Sclnv
cinemrius Gorm
circumscriptus Korr. ...........
darus Gorm
colnmbiea Mannorh
compacta Borg
concintia Mannorh
contusa Fairm. ot Gorm 235
conicieollis Fairm. ot Gorm 251
conjuncta Cliovr. (Dactyl.) 235
conjnncta Gory (Zcmina) 235
consanguinoa C. ot G 233
cordobcnsis C. ot G 233
coriácea Korr 232
corrosas Fairm. ot Gorm 230
corynthia Fairm 220
cosmosoidos Sclnv 240
oostiponnis C. ot G 234
crassionllis C. ot G 230
crassiusculus Sclnv. (Ischiod.). . . 245
crassiusctilus Canil. (Pomach.)... 24S
crassus Blnch 250
credulns Kerr 240
c ribellata Fairm 230
cribrat ns Eschsch 242
oribricollin Fairm. ot Gorm 230
ornciflcr Sclnv 251
orine U. A. ot A. II. 10. Pliil 243
critx-nii/m Flout 24 S
cuprcipos Fairm 233
onpreofom Fairm 220
oupripcs Fairm. ot Gorm 232
cuprivontris Korr . 220
cayana Pliil 235
cyanca Korr 242
debilipennix Steinh 233
decipiens Burm 232
decoras Burm. (Monocrop.) . ..... 240
decoras Gorm. (Trichoph.). ...... 253
donticollis Fairm 230
iloprossus Fbr 227
llorosa Gory 22!»
Dosmaresti Tlioms. (Lampet.). . . . 221*
Desmarosti C. ot G. (Chrysob.) . . 233
diffnÑim Gorm 250
dilaticornis Korr 23S
dimiiliatus Sclnv 254
dispar Korr . 235
disti notas Korr. (Goral.) 240
ilistinctus llorbst (Somiot.) 244
Drakoi Sclnv. (Monocrop.) 240
Drakoi Sclnv. (Cosmes.) 254
Dufouri C. ot G 230
dumetorum Gory 220
elc¡i<inH l’hil 230
ologantissimus Canil 244
clogantulus Burm 247
olongatus Gory (Taphroc.). 241
235
23S
253
254
242
250
240
243
245
232
234
235
237
238
240
240
241
248
240
210
250
235
232
245
230
228
228
232
252
250
250
250
240
247
227
238
244
240
241
248
235
234
243
238
245
252
240
250
228
230
232
258
rlongatus Blnch. (Pyroph.) . . .
erratas Faina
crythrocophalns Fbr
oxcavata I ti noli
oxolotns Elidís
Jaoi/or Gorm
Fairmairci Koit
farinosas Cand.
fasciatus Koit. (Agril.)
fasciatus Cand
fascicnlnris Fbr
fiisoiolala Caiul
Ihsciponnis Koit
fafucllns Cand
fignrntus Sclnv
/¡Hola Clicvr
liinbriatiis Schw
Habellifer Blnch
llavescens Scliw
Ilavipes Schw. (Megapenth.)
Ilavipes Cand. (Cosmes.)...
Jlavolinoatus C. et G
Ilavosignatns Bonv
Ilavovittatus Scliw
J'onnosua Cast
fossiler Koit
fuveicullis Koit
I'ovoolatiis Col ín
frígidas Gory
fuegcnsis Faina
falvoscons Schw
falvolineatus Kerr
fulvotomentoaua ltlnoli
fascofasciatas Eschsch
(laudiohtiudi Sol
generosa C. ot G
(¡ermaini Faina
Gorman Boh. (Monocrep.). .
Germari Cand. (Pyroph.). . .
gibbicollia Blnch.
gigantea L
globithorax Gory
dolialh C. ot G
Gnnnolloi Kerr
grannliponnis Cand
tjraiiuloaua Sol
¡iroaaivollia Blnch
Grouvellei Flout
guttulata Faina
haemorrhoa Faina
Ilarpngo Faina, ot Germ. . .
Harperi Sharp 228
hclvoltia Gorm 251
hcmiptem Baria 1 238
hepáticas Krich.s 250
hctorodoroidos Stoinli 210
liexagonalis Ivorr 210
histrio Gnér 243
bolochalcoa Biinn 211
lloiKjeti Cand 244
lmmoralis Gory (Dactyl.) 235
hnnieralis Stcinli. (Esthos.) 250
linmeralis Eschsch. (Cardioph.) . . 253
humcroau Cliovr 228
iijiíUua Escliscli 250
ilinminans (íerni 251
impreaaa Faina 230
incaltus Cand 240
inennia Kirby 241
iiiactnua Gory 238
insignia Cand 240
instabilis C. et G 220
insulsas Cand 24 ti
irrorata Gory 231
irroratns C. ot G 237
.lanas Jlerbst 251
Joergenseni Brach (Tetrag.) 231
Joorgonseni Brach ( Dactyl.) 235
jncnndissima Gory 235
Korromansi Brach 220
Klugi Gory 235
Lacordairci C. ot G. (liuprest.). . . . 220
íjucovdairei Thoms. (Chrysob.) . . . 233
Lacordairei Gerst. (Lissoni.) 24 2
lateral is Cand. (Ischiod.) 245
latoralis Stoinh. (Acolas.) 247
laticollis Baria. (Chrysob.) 233
laticollis Blnch (Pyroph.) 252
Lanrenti Gnér 247
leporinas Cand 251
Lethierryi Tliory 220
lencopliaotns Cand 240
loncostictas Klng 230
Eoyboldi Stoinh. (Chalcop.) 230
Eoyboldi Stoinh. (Dactyl.) 230
liberta Gorm 228
lignarias Cand 244
limbatns Eschsch 244
liueatus Cand 251
laceas Illig 252
Incernula HHg 251
Incnlcutns Gorm 251
252
234
218
220
211)
251
235
250
238
254
244
254
234
245
240
228
240
244
245
248
254
230
243
254
210
238
238
250
238
240
248
238
251
210
230
233
230
246
250
251
227
237
227
234
24 8
253
250
248
230
230
227
259 —
lasciosns Germ
I H8CU8 Cailll
luteipeunis Guór
lateas Selnv
maeulicollis Kerr. (Agrilax.)
maculieollis Blnch. (Auopliseh.) . .
magellaniea Gory (Chrysob.)
magellaniea Fairm. (Conogn.). . . .
magellanicns Em. Blnch
laagaicoriüs Blnch
magnifica I.’liil
melleatus Germ
marginales Gand
mar ginclla Kerr
marginicollis Sol
maxima L. (Euclirom.)
rnaxima Baria. (Chrysob.)..
molí icol us Canil . .
mondo/, ana Bruch
mendosa» us Stoinli
minor Voct (Pyroph.)
minor Canil. (Cosmes.)
ínoilestns Kerr. (Lias)
modestas Canil. (Cardiorh.)
Moreleli Tarn
morosa C. et G
multinotatus C. et G
mnltispinosus Klng
marinas Barm..
matabilis Sobw
myia Gory
aeaqncnsis Kerr
nigerrimas Kerr . .
aigrieollis Selnv
aigrocooruleas Kerr
nigrosuturalis Sehw
uitidicollis C. et G
aobilis Barm
noctilucas Escbscb.
nyctolampis Gcrm
nyctophanns Germ
nyetopbilas Germ
Oberadorferi Selnv
oblongo-panctatas Blnch
obscuripennis Gory
observator Germ
obtusipennis Steinb
ocol latas Germ
oenlata. Watorh
omissas Kerr
opiata Gory
OrbU/nyi C. et G 23(1
orientalis Barm 231
ornata Gory . 230
Orti/i Canil 251
parallela Sol 254
parallelas Germ. (Pyroph.) 251
paranaiinsis Saund 234
parilalis C. et G 228
. patngica llerg. ................. 22(5
patagónicas Sleinb 247
panporculns Gory. 239
pcdinicornis Esehsoh 24 5
pellaseens Eseliseb 251
penieillatnm Klng..... 237
porcautus Kerr 239
perplexus Barm 239
perspicillatus Germ 251
pertnsns Canil 24(5
phedrus Canil 248
phosphorous E 251
piceas Selnv. 250
picta C. et G 236
pictarella Kerr 240
pictas Gory (Epistom.) 227
piettis Canil. (Monocrcp.) 246
pictas Steinb. (Drast.) 247
pidas Selnv. (Uctcrost.) . . . . : 249
piliferus Kerr 239
plagia ta Gory 229
plana Kerr 232
planicollis Blnch 250
platensis Thoms. (Lainpot.) 229
platcnsis Kerr. (Chrysob.) 233
plebejas Canil 253
pollnx Saund 241
polyspilota Barm 233
porcatas OI i v 244
postieas Escbscb 24(5
praeoipnus Kerr 239
principalis C. et4G 234
prolóngalas C. et G 239
propingaus Barm. (Pitbisc.) 235
propinguas Cbevr. (Agril.) 238
propingaus Canil. (Monocrep.). . . 246
pseailoscalaris Selnv 246
pubescens Canil 245
pudibunda G . et G 235
paellas C. et G 239
pugionatus (lena 246
pelletas Canil 242
panol, atissimus Blnch 358
252
251
244
250
232
245
234
234
249
245
227
246
244
229
232
227
233
247
226
238
251
254
241
253
247
236
238
239
24 8
245
233
239
240
250
234
246
237
239
251
251
251
251
247
246
239
250
254
251
226
239
232
punctifcr C. ct G 234
punctipcnnis Waterh 237
punctiilatus Diilm 242
purpurascons Korr 23]
pygmnon Korr 230
pyroplianus lllig. 252
pyroplabtus Berg. 247
pyrotis Gorm 252
pyrrhodents Germ 252
iiuadrutivollin Blnch 252
ttiuidritiolUs Esclisch. 252
<(ua<lr¡ (nacíala Muimorli 230
quadrizoiuila Jllucli 230
rniuicoruis 1*. do Boauv 245
Kichteri Bruch 220
ripurus Cand 245
rubiginosas Solnv 245
nibriaatitn Cand 247
nibripes Blnch 251
rubronotata Sol 236
rnfangulus Gyllh 247
rulicollis Fbr. (Agril.). 23!)
niJicoUiH Sol. (Uouomeo.) 253
rulicornis Scliw 246
rujithorax F. Phil 253
rufus Steiuli 244
rugifer Itodtb. 231
rtvjinosa Faina. 231
rugosa O. ot G. 234
nigosicollis lílucli 23!)
saltonsis Korr 23!)
scalaris Gorin 246
Schaumi Honv 242
scriptaC. ot G 230
somiotidos Solnv 252
sericciveuti'is Brucli 226
Shiptoni líruch 23!)
signatioollis Dosm 230
npeculutor Illig 251
Spegazzinii Bnich 236
spliaorioollis C. ot G 231
xpiuif/cr C. ot G 237
sórdidas Solnv 247
i «¡mmnoHH Korr 23!)
si|uami(br Cand 24!)
SteinheUi Tlioias 227
Steiupelmanui Borg 236
steuoloina Pliil 236
striatim Fhr 24 1
subí'asciatus Gorni 248
xulcalus Tli mili 227
siileieollis Korr 240
suloi Croas Cand 254
xupcrbiai C. ot G 235
siilplniriícr Jliirin 230
suturalis Wostw. (Lamesis) 243
suturalis Flir. (Semiot.) 244
taciturna Korr. (Clirysob.) 231
taciturna Gory (Callimio.) 242
tendías Gory 24!
tcstucous Scliw 245
Iclrazuna Cliovr 230
tlioracollus C. ot G 23!)
tlioracicus C. ot G 230
transversas Korr 241
tricolor Faina. (Dactyl.) 236
tricolor Cand. (Cosmes.) 254
tripunctata Fbr 227
tropical is Canil» 247
trúncalas Cand 210
itiberoulatud Luo 243
tacaniana G. ot l’orcli 22!)
tacanianas Iverr. (Agril.) 240
tuenmanus Korr. (Lias.) 241
taniidicollis Solnv 250
andata Stoinli 231
andalarias Baria 241
unicolor Blncli 215
vagas Cand 247
variabilis Mannorli 220
varicyutuH Stoinb 245
vurioluxuu Sol 251
verecunda Erichs 232
ver utas Korr 240
vicinas Korr. (Fachyscli . ) 24 1
vicinas Korr. (Braoliys) 24 1
viridiaonoa Burni 220
viridioollis Gory 241
vittula C. ot G 235
vittatioollis Dosm 230
villiiliiH l’liil 227
vittioollis Gory (Agrilax.) 232
vil tioollis I1’, ot Gorni. (Adoloo.). . 243
vitt ¡ponáis Braoli 231
Walkenaeri Gaér 243
zonatas Esohsch 244
LOS TIEMPOS PltElllSTÓltlCOS Y PltOTOII IST(>HlCOS 1
ION LA PROVINCIA DIO CÓRDOBA
por Félix f. outes
Secretario y director «le publicaciones del Museo de La Plata: profesor
en las Universidades de La Plata y Buenos Aires
Al doctor Ramón ./. f arcano .
INTRODUCCIÓN
*
La provincia «lo Córdoba, si se aceptase como cierta una opinión bas-
tante difundida, constituiría, del punto de vista, antropológico, un cam-
po de investigación casi estéril. En realidad de verdad, tal creencia —
desprovista, desde luego, de todo fundamento — «lebe su origen al co-
nocimiento imperfecto de los materiales reunidos en diversas épocas, y
á. propósito de los cuales sólo se han publicado, basta ahora, referencias
incidentales, descripciones someras ó escuetos inventarios.
Por ello, pues, resolví, en 1906, escribir una memoria que resumiera
los antecedentes dispersos sobre las culturas primitivas do Córdoba, y
en la que pensaba describir el material conservado en el Museo de La
Plata; pero, ó, poco de haberla iniciado, debí abandonar la tarea: en pri-
' Kn rl curso do osla memoria empico sólo condicionnlmcnto las designaciones
« período neolílieo » y « tiempos protohistóricos». Mullido es el valor restringido «pie
eoliran esos tórnanos al abordar asuntos de pa.leoetnología europea y el concepto
perfectamente definido que sus creadores les asignaron (conf. Loan Avkw.'RY, l'rc-
hisforic Timen nn illnatratcd bi / ande ni rcmains and the man ñera and euatoms of modera
mvaqca, 2 y siguientes. London, 1900; Gauiukl et. Adkikn »k Mortillet, Le préhis-
1 arique. Orif/inr, ef antiquité deVhomme, 15 y siguientes. Paris, 1900); pero, en Amón-
en, toda, equivalencia cronológica resulta imposible, pues la, mayoría de los balotan-
tes indígenas estaban en el momento histórico de la conquista, en pleno período neo-
lítico, mientras, por otra, parte, son basta ahora insuficientes los estudios realizados
sobre las industrias metalúrgicas aborígenes, su procedencia, antigüedad, desarrollo
y proneaann tecnológico.
mor término, obligado por la taita de tiempo para continuarla, dada la
labor múltiple y ubicua (pie entonces realizaba; y, por otra parte, al con-
vencerme (pie para, ponderar los pretendidos hallazgos paleolíticos, era
imprescindible conociera el terreno de viau. ICI intervalo lia sido largo :
recién en el mes de julio de 1 !>()!> pude trasladarme ¡i Córdoba — como
siempre á mis expensas — y examinar allí, conducido gentilmente por
el doctor Adolfo Doering, los sedimentos pampeanos acumulados en la
cuenca del valle del río Primero; aprovechando, al propio tiempo, mi
estadía para conocer y estudiar colecciones cuya existencia ignoraba.
He tropezado, también, con dificultades de otra especie : para redac-
tar algunos capítulos de esta memoria, he debido utilizar un fondo his-
térico-documental harto abigarrado, somero, ambiguo, hasta contradic-
torio; y aun memorias de especialistas, aparecidas en los últimos tiem-
pos, que se resienten de falta de dirección y ausencia de método, por
cuya causa aparecen embrolladas sus observaciones. Por ello lia sido
menester completar é ilustrar los capítulos referidos, mediante un apa-
rato erudito en cierto modo copioso que los empíricos juzgarán fuera de
lugar y los frívolos recibirán con un gesto de marcada displicencia, pero
que será apreciado — así lo espero — en su justo mérito, por los «pie valo-
ran la importancia y disciplinas estrictas (pie implican los procedimien-
tos analíticos y críticos, aplicados á cualquier investigacióif científica :
en todo caso, c’cat une besogne faite unefois pour tontea etpour tona.
Cerraba esta memoria un capítulo final que resumía mis observacio-
nes, y en el cual señalaba ciertos paralelismos constatados ó fijaba iden-
tidades y desemejanzas; no obstante estar redactado, he preferido sa-
crificarlo, pues se trataría de una síntesis prematura, autorizada por un
conjunto muy limitado de hechos.
101 material que he estudiado, procede en primer término del Museo
de La Plata, cuyas series comprenden además de las colecciones formadas
por el doctor Florentino Ameghino en los alrededores de Córdoba
otros objetos obtenidos en diferentes oportunidades 2; he aprovechado,
también, las piezas selectas existentes en el Museo Politécnico de Cór-
doba, cuyo conservador me permitió estudiarlas; y, por último, algunos
• Las colecciones particulares <lol doctor Amegliino fueron compradas por ol Masco
do La Plata. Ea la nota elevada coa tal motivo al señor Ministro de (Miras Públicas
do la provincia de lineaos Aires, doctor Manuel II. Gonnet, por el director cu aquel
entonces dol Instituto, doctor Francisco 1*. Moreno, se menciona «una serio do aal i-
giiedades procedentes de la ciudad de Córdoba, comprendiendo algunos cráneos hu-
manos, instrumentos de piedra y hueso, hachas pulidas, alfarería, ídolos de barro »,
etc. (conf. Copiador marzo 1885 á marzo 1889, folio 385).
s Fueron reunidos algunos en Chaquiuchuna (departamento de San Alberto) en <1
curso del viaje (pie hicieron juntos los doctores llamón J. Coreano y F. P. Moreno ;
otros los obtuvo el doctor lí. Lchmanu-Nitscbe, como resultado de un canje con el
— 263
objetos aislados, propiedad del doctor Jacobo YVolfí, residente en aquella
ciudad, quien tuvo la gentileza de facilitármelos; fuera de otros pocos
recogidos personalmente durante mi estadía en la provincia.
Causas ajenas á mi voluntad me lian impedido examinar la rica colec-
ción que fué del doctor Juan Bialet Massé y la muy hermosa que posee
el E. P. Tablo Cabrera 2: si las hubiera estudiado, esta memoria sería
exhaustivo. Asimismo, la ausencia del doctor Guillermo Bodenbender,
quien en la época do mi viaje á Córdoba se hallaba, practicando estudios
en La E i oja,, me impidió conocer ciertos objetos reunidos en la provincia
y que se hallan depositados, junto con otras piezas pertenecientes á las
culturas Diaguitas, en el Museo déla Universidad custodiado por aquél
sabio geólogo.
Y una palabra, todavía, : que los doctores Adolfo Doering y J. Wollí,
como el E. P. Jerónimo Lavagna, conservador del Museo Politécnico, se
dignen aceptar la expresión de mi sincero agradecimiento por las múlti-
ples atenciones que me han dispensado.
Museo Politécnico de Córdoba; y, unos pocos, los trajo el doctor Santiago Rotb,
jefe do la sección do Paleontología del Museo.
Debieran existir, sin embargo, otras piezas : así, por ejemplo, una nota de la di-
rección del Museo fechada el 10 do noviembre do 1888, agradece al señor Tristón
Granados la donación de una « bola » y dos bacilas de piedra procedentes do Cór-
doba (conf. Copiador marzo 1885 á marzo 1889, folio 550) ; poro no he hallado esos
objetos á pesar do las pesquisas hechas.
* La colección llialot Massé, formada durante la, construcción del dique do San
Roque (departamento de Panilla) y constituida, por varios centonares de ejemplares,
fué ofrecida, en venta particular después de haber muerto su propietario. Como no
fuera posible obtener comprador, dado el precio lijado, fué sacada, ó, remate y adju-
dicada, por una friolera.
9 Llegarlo á Córdoba, una do mis primeras atenciones fué pasar á saludar al K.
P. Cabrera á quien pedí, con todo empeño, autorizara el estudio do su colección. El
ilustrado sacerdote no opuso inconvenientes, y fijó la fecha para comenzar la tarea;
pero, en el preciso momento que me dirigía á su casa el día convenido, recibí una
esquela por medio do la cual me hacía saber que la agravación do una vieja do-
1 encia le impedía atenderme y separar los objetos que debía revisar. Do regreso, ya
en La Plata, llegó sí. mis manos otra carta suya fechada en Córdoba el 29 do julio
de 1909, en la cual ¡no expresaba, una vez unís, el sentimiento que lo había causado
lo ocurrido y me reiteraba sus ofrecimientos, comprometiéndose á enviarme dibujos
ó fotografías : « como usted disponga, pues », me decía. Acepté, y con fecha 11
de agosto de 1909, en carta certificada, me permití enviarle las instrucciones ne-
cesarias para obtener las fotografías en la forma más adecuada,, y anotar las indica-
ciones ile que había menester ; aunque llamaba, su atención sobre la, conveniencia de
que me remitiera los objetos — como lo había hecho el doctor Wolíf — para simpli-
ficar la tarea y obtener resultados positivos. Como hasta la fecha no he recibido
respuesta alguna, he creído prudente no demorar por más tiempo la aparición de
■esta, memoria.
BKV. MUSEO I.A l’I.ATA. — T. IV. (11, 15, 1911.) IS
FRIMEHA PARTIS
PERÍODO PALEOLÍTICO
(CAPÍTULO 1
ANTECEDENTES
§ 1. Geología y estratigrafía de la cuenca del valle del río Primero
Fuera absurdo tornar á describir — después de haberlo hecho sabia y
detalladamente los doctores Guillermo llodenbender y Adolfo Doering —
los sedimentos pampeanos depositados en la amplia cuenca del río Pri-
mero frente á la misma capital de Córdoba y sus alrededores. Las investi-
gaciones de los especialistas nombrados, llevadas á cabo durante largo
espacio de tiempo, comprenden, como es sabido, un amplio corpas de ob-
servaciones estratigráficas harto meticulosas; y de tanto más valoren la
actualidad, cuanto que muchos de los perfiles clásicos descriptos, situa-
dos en los barrancos que dominan la ciudad, han sido destruidos para
dar cabida á los caseríos de las nuevas barriadas; no presentan la frescu-
ra de los primeros tiempos, cuando recién fueron puestos al descubierto
al realizarse obras ferroviarias ú otros trabajos; han desaparecido casi
íntegramente al desplomarse los estratos friables; ó, por último, están
ocultos bajo una tenue capa formada, por las lluvias que arrastran los
materiales pulverulentos de los niveles superiores, y luego los depositan,
á guisa de cutícula, sobre las paredes verticales de las profundas to-
rrenteras ó barrancos á pico.
Conviene, pues, y es casi imprescindible para señalar la posición de
los hallazgos de (pie voy á ocuparme y fijar su antigüedad relativa, resu-
mir aquellos estudios inapreciables y establecer las concordancias que
puedan existir entre ellos; ya que para substituirlos serían menester
investigaciones igualmente amplias y detalladas, hoy por hoy difíciles
de llevar á buen término.
Con anterioridad á la publicación de los estudios do llodenbender y
Doering — de los que es, sin duda, un antecedente a preciable — el doc-
tor Florentino Ameghino describió por incidencia y sumariamente, la, se-
‘20 5 —
He püinpenim 1 «le l¡t roción qu«‘. me ocupa. I)íhMii«>uíii, «lojamlo «lo ludo
los pisos referibles cronológicamente ¡i. la. «'‘poca, lioloccna. y íí, los «pie
designaré con el número 1, otros cuatro, caracterizados así :
2o (Constituido por materiales pulverulentos, color pardo claro ; con
1 lili mis últimas publicaciones sobre asuntos paleoetnológicos ó en las que, por
excepción, abordo tenias geológicos, lie substituido el substantivo « formación » con
que se ha. designado impropiamente basta abura á. los sedimentos pampeanos, por el
«le «serie». Los motivos que me lian compélalo á realizar el cambio, son, sin duda,
obvios ; por», conviene se conozca, el valor exacto que doy íí la referida designación,
lie querido indicar con ella, tal cual lo expresaba la Comisión internacional encar-
gada de componer una nomenclatura geológica, cierta sucesión decapas que se desea
considerar aparte (G. Dkwalque, Sur V nnification de la nomenclaturc géologiqne.
Ilésumé el conchmom da secrétaire général de la Commission, en Congrbs géologique ínter-
aational. Compte renda de. la 2mr nession ; llologne, ÍSS I, 555. Bologna, 1882) ; aun-
<|iic, en el caso ocurrente, sin darle acepción ostrat.igriílica, como lo resolvió el
( '«ingreso geológico reunido en Bolonia en 1881 (I)kwamiue, Ibid., 552 ; y, especial-
mente, véase la página. !>8 donde se registra la resolución definitiva, tomada al
tratar el $ 8 del informe de la Comisión inlernacio.nal). La salvedad apuntada, se
justifica, considerando que los sedimentos pampeanos forman un complejo deficien-
temente estudiado, aun sin explicación del punto de vista geológico, y peor inter-
pretado en su estratigrafía. No obstante el conocimiento imperfecto do la pode-
rosa formación sedimentaria referida, se lian planeado en diferentes oportunidades
clasificaciones estratigrálicas cuyos autores confunden ó ignoran, en muchos casos,
las reglas de nomenclatura ya establecidas y aceptadas. lian multiplicado, así, los
pisos, los horizontes y, lo que es peor, en los últimos tiempos ciertos especialistas
parecen atacados «le una « biatomanía » alarmante, señalando aparentes discordan-
cias al solo objeto, quizá, de tener preparado albergue para otros elementos estrati-
grálieos • — nuevos pisos y horizontes — que caracterizarán con faunas teóricas como
algunas de las descriptas basta ahora, compuestas, en mucha parte, do especies
simplemente sinónimas.
líl problema do la edad de los sedimentos pampeanos se presenta., pues, muy obs-
etiro, basta embrollado ; mientras, por otra, parte, el lamentable obstruccionismo de
algunos elegidos que. atribuyen á sus teorías y afirmaciones infalibilidad absoluta y
se encierran dentro una. torre de marfil que juzgan intangible, demorará la solución
deseada.
Por todo ello, be reunido prudentemente bajo la designación indeterminada, de
«serie pampeana», los pisos comprendidos desde el clásico de Monte Hermoso basta
el llamado «lujanen.se». Tiempos vendrán en que dicha designación se definirá, co-
brará, valor estratigrálieo y representará cronológicamente una « ópoca » ; pero, en
la. actualidad, sería prematuro pronunciarse, pues aun no se sabe con certeza, dada la
carencia de estudios prolijos do geología, estratigrafía., petrografía y paleontología
estratigráfica, como también por la. pobreza «le perfiles discretos que abarquen una
área geográfica extensa, si los sedimentos pampeanos corresponden en su totalidad
á la. época pleistocena <> algunos de ellos representan la pliocena ó si aun resultan en
parte miocenos. La tarea será lenta, por de contado, piles recién se han comenzado á
realizar perfora. «dones contraloreadas, á observar en otros lugares <|ue ya no son
Lujan, Mercedes, Pergamino, San Nicolás, etc. ; pero será menester examinar cómo
se presenta, la, serie en cuestión en el territorio de otras provincias, en las cuencas
de los ríos interiores, en los valles «lo las serranías, y, en fin, tomar en cuenta más
restos fósiles de mamíferos y moluscos actuales, terrestres ó de aguas
estancadas 1 ;
d° Areillo-arenoso, rojo claro, con depósitos semilacustres; estratos
de guijarros, arena ó ceniza volcánica, y con gran cantidad de los restos
orgánicos señalados en el piso superior i ;
4o Estratos más ó menos alternados de guijarros, casquijo y arena,
con poquísimos fósiles 3;
5o Arcilla compacta, poco arenosa ; rojiza ; con grandes hendiduras
colmadas de materiales diversos fuertemente cementados4;
Por lo demás, el doctor Amegliino no se detenía en mayores detalles,
pues esbozaba sólo los grandes lincamientos que le sugerían sus obser-
vaciones.
Algunos anos más tarde, en 1890, apareció la extensa memoria del
doctor Bodenbender, y á que me lie referido !i. Sus observaciones,
«le una faciee local que ilustrará el proceso de formación y proporcionará valiosos ele-
mentos «le criterio para formular las grandes divisiones cronológicas.
Mientras tanto, conviene no emplear la palabra « formación », cuyo concepto filé
fijado por la Comisión internacional á que me he referido : /.o mot forma lio n — se
«licc en el informe presentado — entrame l’idóe d’ origine et non celle de tempe. II nc
doit pae ctrc employó oomme synomjmc de ay atime (*) ou ¿lago (Dhwai.quh, Ibid., 554) ;
distinción que encuentran justificada estratígrafos tan conocidos como E. Ronevicr
(couf. E. Rhnhvihr, Chronographo géologique, en Congres gcologiqiic international .
Compte renda de la 6a seesioa, Zurieh 1894, 528 y siguiente. Lansanno, 1897) ; y que
establecen aún autores ingleses, cuya tendencia al uso incorrecto de la palabra que
me ocupa, es bien conocida : The tena « formation » — se dice en una obra apreciada —
very commonly emploged hg Britieh geologiele, ie perhape bcet retained ae a louee general
tena to indicato uny eet of bode, large or email, which liare eomc oommon charavterietic,
either ae to mineral natare or foeeil contente, or ae to the mode in which the depoeit hae
been formad. If used in a niciaNiTic eenee, it should be cmploycd ivith refcrcnce to the
mode of formation or the lilhologieal natare of the roche ; eo that wc muy euitably epeal,
of the « Challe Formation », or the « Coal Formation », or of a « marine formation », or
a « laeuelrinc formation. » (IIionky Au.hynh Nicuoi.son and Richard Lydkkkek,
Á manual of Falacontology, I, 41. Edinburgh and London, 1889).
1 Florentino A.m kghin'o, Informe eobre el Maeeo antropológico y paleontológico de
la Universidad nacional de Córdoba durante el año 1885, en Boletín de la Academia
nacional de Ciencias en Córdoba (República Argentina), VIII, 352. Buenos Aires, 1885.
8 Amhgiiino, Ibid., 351 y siguiente.
3 Amhgiiino, Ibid., 350.
1 Amhgiiino, Ibid., 349 y siguiente.
8 («mu, humo lio ohn uhn i > k i c , /,« cuenca del valle del río ¡‘rimero en Córdoba. Des-
cripción geológica del valle del río Trímero desdo la sierra de Córdoba hasta la Mar Chi-
quita, en Boletín de la Academia nacional de Ciencias en Córdoba (República Argentina),
XII, 5-54, con 4 láminas y 1 mapa, liueuos Aires, 1890.
( ) En «4 texto original «lico terrain ; poro tóngaso un inunda «|UU ol Congreso substituyó la tlosig
nación terrain jioi- systime (víase : UHWAi.iji'K, Ibitl., 5.r> I ¡ y la resolución corrruponiliculc. coate-
n ¡da cu la página ¡MI).
— 2(57 —
hedías con laudable diligencia, son las más completos y amplias publi-
cadas hasta ahora y abarcan, sin iluda, una extensión territorial rela-
tivamente considerable. Mo obstante ser un estudio muy condenando,
calidad qne dificulta sobro manera una nueva síntesis, podrían caracte-
rizarse en la forma siguiente los diferentes pisos que establece :
Io Tierra vegetal ;
2o Loess pulverulento más ó menos arenoso ; casi siempre sin estratifi-
cación alguna ó á veces sub ó estratificado francamente ; ofreciendo, tam-
bién, capas do arena micácea, gravas y arenas 1 ;
.‘Io .Rodados, casquijos y arenas ; con frecuencia aparecen estratos
alternados ó aislados de arcilla arenosa estratificada, y aun de ceniza
volcánica 2 ;
4o Arcilla lina pulvurulenta, á veces compacta, otras arenosa; estra-
tificada ó no ; con poca tosca; y con capas, en ciertos lugares, de rodados
ó guijarros. Predomina en este piso la coloración grisácea 3 ;
5o Gran cantidad de tosca rojiza-; poca arcilla-, por lo común com-
pacta 4 * * ;
Por último, y de ello van corridos apenas dos años, el doctor 11.
Lehmann-Nitsche publicó una mínima parte de las extensas observa-
ciones geológicas y estrati gráficas realizadas por el doctor Adolfo
Doering en la serie- pampeana de la provincia de Córdoba. \ Aquel distin-
guido hombre de estudio, cuya labor enciclopédica es tan sabia, tan
interesante y apreciada, divide en cuatro pisos los sedimentos deposita-
dos en la cuenca del valle del río Primero ; á saber:
Io Tierra vegetal ;
2o Locssgm su mayor parte cólico; ceniza de piedra pómez blanca ó
verde; y una mínima porción del piso constituida por arena micácea ó
arcillosa, ó arcilla bien estratificada 0 ;
3® Capas de guijarros y arena fluvial con la intercalación, casi siempre
á mitad de su desarrollo, de un estrato de loess ó arcilla de poca ex-
tensión 7 ;
1 Bodknheniíek, Ibid., 8 «- 22.
s Bodknbendkr, Ibid., 8 sí 23, 33 y siguiente.
3 Bodenbkndkr, Ibid., 8 á 23, 25, 26, 27, 29.
4 Bodenbkndkr, Ibid., 8 á 10, 25.
Adolphk Doering, La formation pampéenme de Córdoba, en Robkrí Lehmann-
Nitsciik, Nouvclles recherches sur la formation pampéeme, ct Vhomme fosaile de la R6-
pnblique Argentina, publiciulsM en Revista del Museo de La Finta, XIV (segunda se, ríe,
I), 172-190, -con una Minina; Buenos Aires, 1907.
■ * Doering, Ibid., 172, 175 ú 179.
7 Doering, Ibid., 172, 179 y siguiente.
4o Parecido al superior pero más compacto; grietado; con tosca, y
capas de ceniza volcánica 1 ;
Asimismo, el doctor Doering subdivide al piso 2 en tres snbpisos;
pero, no insistiré sobre ese detalle, pues debo volver á tratar más ade-
lante el mismo asunto con cierta amplitud.
Determinados los caracteres esenciales délos pisos establecidos por
los doctores Amegbino, Bodenbender y Dooring, pueden lijarse las
siguientes equivalencias (Mitre las divisiones es trat i gráficas mencio-
nadas :
1’ÍHOS
División do Amcghino.. 1 2 y 3 I ü
División do Hodonbcndcr .. . . 1 2 3 4 y ó
División do I locring 1 2 l> I
Á decir verdad, y aunque parezca lo contrario, no existe discrepancia
substancial en los resultados generales obtenidos por aquellos observa-
dores. Todos ellos establecen un piso medio formado por guijarros, cas
quijo y arena (4, Amegbino; 8, Bodenbender; 8, Doeringj ; por otra parte,
para los doctores Bodenbender y Doering el superior (2, de ambos auto-
res), está constituido casi en su totalidad por loe.su pulverulento (pie el
doctor Amegbino subdivide (pisos 2 y 8 de su clasificación), tomando en
cuenta el mayor predominio de arcilla y arena en los niveles inferiores;
y, por último, el piso inferior (5, Amegbino; 4, Doeringj arcilloso, más
ó menos compacto, agrietado y con mucha tosca, es uno mismo para los
doctores Amegbino y Doering, mientras Dodenbender lo subdivide (pi-
sos 4 y 5 de su clasificación) según sea mayor ó menor la proporción de
arcilla, ó menos ó más la cantidad de tosca, respectivamente. Asimismo,
el doctor Bodenbender liace notar que la constitución « normal » de su
l»iso 4 se baila, alterada y substituida en cierta parte del valle por una
Jaclcfi « local » arenosa y estratificada 2 (pie, es muy posible, el doctor
Doering refiriera á su piso 8 ; como es también sabido que este último
especialista considera correspondiente á su piso 2 :| la capa de ceniza
volcánica señalada por Bodenbender en los alrededores del Observato-
rio Astronómico y que incluye en el piso 8 de su clasificación
1 Douiiino, IhiiL, 172, ISO.
J IIoiuon hkn i >eu, lliiil., 2!l.
* Doichinu, lililí., 184 y H¡y> II ¡(MI I c .
‘ IfonHNiiKNOlcit, Ihiil., M. Ln capa do coniza que existe en ol bucara, la ubica
ol autor citado olí el límite do sus pisos 2 y 3; poro, lo cierto os que ligara dentro
do esto último, según so desprendo dol texto que acompaña al perfil respectivo
(Ibiil., 17). Sin duda alguna, dicho estrato os ol misino (pie caracteriza la división
inferior dol piso 2 do Doering y que aparece cu ol Observatorio y sus alrededores
(Dokkin’u, IhiiL, I7¡l, 184 y siguiente).
269
Se trata, como lo he dicho, de simples divergencias de detalle que, en
muchos casos, tienen por causa la dificultad de precisar el límite de los
estratos que constituyen los pisos.
Durante mi estadía en Córdoba, he examinado con detención los
diversos aspectos y particularidades que ofrece la serie pampeana, y he
podido constatar, con tal motivo, la bondad de la distribución en pisos
formulada por el doctor Doering; á mi entender, la más lógica y ajustada
á verdad, pues concuerda con las divisiones naturales «pie ofrece, muy
distintamente, el terreno1 *.
Itesumiendo : los sedimentos pampeanos depositados en la cuenca del
valle del río Primero corresponden, sin duda alguna., á. una formación
terrestre (pie ofrece diversos aspectos ; en los niveles superiores preva -
I ece en gran parte el tipo aéreo y d ef ocies eóliea (pisos 2 y 3, Ameghino;
2, Bodenbender. 2, Doering) s; luego, en el piso medio, el limoso, de /Vi-
cies francamente fluvial (4, Ameghino; 3, Bodenbender; 3, Doering); y,
por último, una sucesión de estratos, también de tipo limoso y facictt en
casi su totalidad Huvio-lacustre 3, constituyen la base de la poderosa
serie sedimentaria, que me ocupa (piso ó, Ameghino; 4 y 5, Modenben-
de; 4, Doering).
Los mismos especialistas citados en el curso de los párrafos anterio-
res, han tratado de establecer un paralelismo cronológico entre los sedi-
mentos pampeanos cordobeses y los de localidades «clásicas» situadas
en las llanuras de la provincia de Buenos Aires.
Bodenbender refiere al lujanense 4 (pampeano lacustre) sus pisos 2 y
1 Estaría, sin duda, fuera de lugar, un análisis crítico de las grandes divisiones
estratigrúlieas propuestas por los doctores Amoghino y Jíodeubender. Como lo lio
dicho cu el texto de este estudio, deseo agregar y comentar, cuando sea oportuno,
antecedentes esenciales destinados á fijar la posición, establecer la antigüedad rela-
tiva y orientar al lector en asuntos, quizá, en algunos casos, poco familiares.
■ Adopto los tipos de formaciones y la agrupación en facies de las mismas que
propone Ronevicr (Rknkvihh, Ibul., 536 y siguientes).
3 La interpretación do los hechos geológicos que contribuyeron al desarrollo de los
sedimentos depositados en el valle del río l’rimoro, esbozada discretamente por Bodon-
bender — cuyas observaciones y prolijos perillos son, hn ('1 caso, los únicos detalla-
dos — me inducen á considerar á los estratos que constituyen la baso do la serie
pampeana de aquella región, como una facies fluvio-lacustro (véase en primor tér-
mino : Booicnuundeh, Ibid., 45, 46 ; especialmente 47 y siguiente ; 49. Conviene,
asimismo, informarse de la memoria del mismo especialista, La llanura al este de la
sierra de Córdoba, Contribución á la historia del desarrollo de la llanura pampeana,
publicada en el lióle, Un de la Academia nacional do Ciencias en Córdoba, XIV, 25, 23,
36, 39, 41, 51. Buenos Aires, 1894).
4 Las grandes divisiones estratigríificas de la serie pampeana do la República Ar-
gentina, reclaman una revisión que se hace imprescindible. Empleo, pues, condicio-
— 270 —
.'}; mientras considera al i como representante del bonaerense (pampea-
no superior) y á los señalados con los números 5 y (i correspondientes al
ensenadense (pampeano inferior); designaciones todas — como ya se sa-
be — de clasificaciones estrati gráficas conocidas '.
En cuanto si las identificaciones del doctor Amegliino, lian sido tan
instables que lie preferido reunirías, para mejor comprensión, en el cua-
dro sinóptico que sigue:
Pisos
ilo ( Ymlolm
( 1 885)
Equivalencias
(188!))
(1891) *
1 iij anoiiHü
bonaerense
indeterminado
ensenadense
luj alíense
bonaerense
belgranensc
ensenadense
)
\
1 ajánense
bonaerense
) en parte ensenadense y belgranense
\ en parto pueleliense
Por otra parte, el doctor Doering no ha determinado la equivalencia
de los sedimentos que describe. Su agrupación en tres pisos responde á
un concepto de estratigrafía local, pues aprovecha, como es fácil com-
probarlo, las mismas divisiones naturales del terreno. Sólo expresa su
creencia do que les (Upóla séUtdoniqncs veris du lacustre pampeen de
liuenos Aires correspondent aux conches de fierre ponen has i que de Vétage
supérieur de Córdoba B.
No existe, pues, en cuanto á cronología, esa discrepancia mínima y
tolerable, anotada al tratar de la estratigrafía regional; y no encuentro,
por desgracia, concordancia alguna en las opiniones de los diversos au-
tores, ni aun entre las emitidas en distintas épocas por un mismo in-
vestigador.
Conviene, pues, analizar brevemente las identificaciones hechas hasta
ahora, para lijar su verdadero valor.
utilmente, las designaciones de pisos que aparecen en el texto, y mientras no se
llevo á cabo ol examen crítico á que me lio referido.
1 Bodknhknder, La cuenca, etc., 43.
s Ameghino, Jbid., 350 íí 352.
3 F. Am comino, Contribución al conocimiento do los mamíferos fósiles do la República
Argentina, en Actas do la Academia nacional do delician cu Córdoba, VI, 30, 32, 33 y
31. liuenos Airos-Paris, 1880.
4 F. A[micuiuno], llovióla critica y hibtioyrdjlca, en llovióla argentina do Historia Na-
tural, I, 50. lineaos Aires, 1801.
6 Doeking, Ibid., 187. D’ailleurs — dice juiciosamente el doctor Doering, — faute
d’ investigations correspondentes, il n’est pao encore poosible, juoqu’d prósent de comparar
cnsemble los cauches des différents ótages de Córdoba avec les systémes de la formado»
pampéense de liuenos Aires suivant Ameghino et lloth ot par conséquont deles harmoniser
(Ibid., 187).
— 271
Bodenbender so apoya, según parece, en argumentos exclusivamente
estnitigráíieos; desde que en oí curso de su extensa memoria no mencio-
na un solo hecho paleontológico, corroborante de sus afirmaciones : la
base resulta, así, insuficiente. Asimismo, al identificar sus pisos 2 y 3
con el lujanense ó pampeano lacustre, incurre en un grave error de In-
terpretación; bastará recordar que el piso 2 está constituido por loess
pulverulento eólico y por capa de gravas y arenas que evidenciarían, á
lo sumo, una limitadísima y circunscripta /«cíes fluvial. Este último as-
pecto, so acentúa de tal modo en el piso que lo caracteriza en todo su
desarrollo; desde luego, resulta aún más absurdo considerar como una
formación lacustrina á estratos de rodados grandes, casquijo y arena,
que sólo pueden haber sido depositados por aguas corrientes más ó me-
nos rápidas. Por otra parte, los depósitos lacustres distribuidos en
el pampeano — que en mi opinión no constituyen un piso — están bien
caracterizados litológica y estrati gráficamente para, ser confundidos
con una formación terrestre de tipo limoso y f ocies lluvial ! Por último,
tampoco puede admitirse que el piso 4 del autor nombrado represente
al bonaerense (pampeano superior), pues los elementos paleontológicos
que de allí proceden prueban, como lo demostraré á su debido tiempo,
algo bien distinto.
La opinión de Ameghino, emitida en 1885 contenía algo de verdad,
pues era lógico suponer la posible equivalencia de su piso 5 con el en-
senadense (pampeano inferior). Por 3o demás, en aquel entonces no-refi-
rió á horizonte alguno la poderosa formación lluvial del piso 4 de sus
divisiones; y consideraba á los señalados con los números 8 y 2 como
representantes del bonaerense y 1 ajánense respectivamente (pampeano
superior y lacustre).
La interpretación que acabo do mencionar fuó reproducida por su au-
tor, con una alteración importante, algunos años más tarde; el piso 4,
es decir, los potentes estratos de rodados, casquijo y arena serían equi-
valentes del bel gránense 2. Esta identificación es tanto más inverosímil,
cuanto que no existe prueba paleontológica alguna que la corrobore.
Asimismo, la vasta acumulación de sedimentos fluviales de aspectos di-
versos que constituyen el piso en cuestión, aportados, muchas veces,
por aguas que han corrido con allure torrencial ■ — vale decir, en corto
espacio de tiempo contrasta, notablemente, con la formación marina,
de la transgresión belgranense que implica hechos geológicos produci-
dos con lentitud milenaria, pues ha sido menester el progresivo descen-
so del terreno, y la acumulación paulatina de los densos bancos de mo-
luscos que caracterizan aquella formación.
* Ameghino, Informe, ote., 350 á 362.
8 Ameghino, Contribución, etc., 32.
272
Por último, en 18ÍI1 ', el mismo doctor Ameghiuo al analizar la me-
moria del doctor Bodenbender sobre la geología y estratigrafía de la
cuenca del valle del río Primero, formuló una nueva identificación, subs-
tancialmente distinta de las anteriores. Sus pisos 2 y 8 representarían
el lujanense (pampeano lacustre); el 4, el bonaerense (pampeano supe-
rior); mientras parte, del 5 correspondería al ensenadenso (pampeano in-
ferior) y el resto al puelcliense (araucano). _N o obstante las variantes
introducidas, no aportaba ningún hecho nuevo en apoyo de sus inter-
pretaciones; como tampoco ofrecía — aunque era mencionada al pasar
— la pruelia paleontológica imprescindible; y se reducía ¡i someterá
un lecho de Procusto, las observaciones de su colega, realizadas en lu-
gares (|ue ofrecen multitud de particularidades y «características» lo-
cales.
En cuanto á la posible equivalencia de las capas de ceniza volcánica
verde de Córdoba con el lujanense (pampeano lacustre) de la provincia
de Buenos Aires, supuesta por el doctor Doering 1 2 3, no se lia estableci-
do, como pudiera creerse, fundándose en una igualdad de faunas, sino
en la identidad de cierto proceso químico porque habrían pasado los
estratos de ceniza de la serie pampeana cordobesa, intensificado en ele-
mentos litológicos semejantes (pie constituirían la mayoría, de los su-
puestos depósitos lacustres del piso á que me he referido a. Bu descom-
posición crónica de la ceniza volcánica básica bonaerense, en el supuesto
de que así lo fuera, habría formado capas más ó menos estratificadas
verdosas, confundibles, es cierto, por su aspecto, con los verdaderos de-
pósitos lacustres bien caracterizados por la presencia de elementos zoo
genos; pero, para que dichas capas constituyeran una referencia segura
al objeto de establecer determinados paralelismos, sería menester fijar
previamente la posición estratigráfica de los estratos de ceniza señalados
en diversas localidades de la República, y determinar los elementos lito-
lógicos y mineralógicos que los constituyen; tarea, por desgracia, aun
no realizada.
El criterio restringido del doctor Bodenbender, las interpretaciones
instables del doctor Ameghino y la identificación dudosa del doctor
Doering, basada en hechos aun no comprobados, me han inducido á uti-
lizar los antecedentes paleontológicos de la región, para, con argumen-
1 Amuuuino, ¡invista, ole.., f>0.
4 Doicking, Ibid., 187.
3 La cendre verte basique, exposée danv un grand nombre de lieux, <1 l’air et d l’humi-
dité, vanv arriver juvqu’á la lixiviation, forme en se dccomposant des conches de couleur
ocraciíc, juvqu’au brun routjedtrc tres fcrnujineuvev ; mais pendan I loar dépól danv l'eau.
spócialemcnt en próvcnce de matiércv ori/aniques, et aussi danv les endroils exposés d une
273
tos «lo esa clase, aun no empleados, tentar de pronunciarme sobre la
equivalencia relativa de los pisos que forman' la serie pampeana en la
cuenca del valle del río Primero. Para ello me valdré de las observacio-
nes contenidas en la memoria del doctor Doering que forman, quizá,
uno de los pocos ensayos de paleontología estratigráíica. publicados bas-
ta ahora en mi país '.
En el cuadro I, he reunido los diversos géneros cuya presencia
se ha. constatado, hasta ahora, en los tres pisos naturales (Doering) en
(pie aparecen distribuidos los sedimentos (pie me ocupan, pero habiendo
conservado, además, en el mismo, las subdivisiones del citado autor
¡tara definir mejor la posición de los hallazgos.
Se observa, en primer término, que con los 20 géneros distintos pro-
cedentes del piso 2 (2 y 3, Ameghino; 2, Bodenbendeij puede, sin vio-*
leneia alguna, formarse dos grupos : el uno constituido por 11 géneros
(55 "/„) aun existentes, y, el otro, por 0 (45 °/0), completamente extingui-
dos \ Se nota, asimismo, la presencia, de elementos que caracterizan en
absoluto al bonaerense (pampeano superior); en primer hxgnr .TJqnus 3,
luego, en niveles inferiores (subpiso intermedio) Odocoilcm, IHdctphys y
Conepatvs
El examen demuestra, pues, que el piso 2 (2 y 3, Ameghino; 2, Bo-
denbendeij corresponde, sin duda, al bonaerense (pampeano superior).
ahondante filtration d' can souterrainc, ¡1 se forme purfois des conchen d’une esphee d’ ar-
dite séladonitiqne de conlenr plus ou mohín verddtre, nurtout noun l’aclion nimnltanóe de
l’ can nn pea saumdtrc (/hid., 173).
1 (jomo lo manifiesto ou ol texto, utilizo los (latos paleontológicos contenidos en
ol estudio del doctor Doering (Ibid., 175 st. 180), quien no sólo lia anotado los fósiles
do cada piso, sino también los retirados de onda uno de los estratos. Unicamente lie
substituido la nomenclatura genérica y específica empleada por aquel distinguido
investigador, y lie eliminado, también, las designaciones sinónimas, valiéndome
para ello de las últimas memorias paleontológicas de Florentino Ameghino.
* La proporción centesimal de géneros actuales en el piso 2 es, sin duda, notable.
Conviene se sepa que Ameghino en 1889 (Contribución, etc., 950), anotaba 25 géneros
comunes íí las faunas del bonaerense y do los terrenos actuales, sobro el total de 72
géneros señalados en aquel horizonte (30 °/n).
:l «Un punto importante — dice Ameghino en una. publicación reciente — que
parece claramente establecido, es que el género Equun estú limitado al pampeano
superior (bonaerense y lujanense) y también al postpampeano antiguo (platease), pero
falta completamente en el pampeano inferior (ensenadense) ». (F. Amkgiiino, Nuevas
especien de mamíferos cretáceos y terciarios de la llcpíihlica Argentina, en Anales de la
Sociedad Científica Argentina, LVII, .332. Buenos Aires, 1901).
4 Para establecer la comunidad de géneros entre los diversos pisos de la serie
pampeana, me lie valido de la publicación lufís reciente al respecto (I1’. AMlídllINO,
Les formations sódimen taires du c.rétacó mtpérieur el dtt tertiairc de Catagonie, mi Anales
del Museo Xacional de Unenos Aires, XV, 181 tí 192. Buenos Aires, 1900).
- 274
Cuadro I
275 —
Los restos fósiles obtenidos en bis eapnsde rodados, casquijo y arena
(4, Amegliino; 3, Bodenbender y Doering) son poquísimos; y los tres gé-
neros determinados, Mastodon , Numylodon y Sclcrocalyptus l, son co-
munes al cnsenadense y bonaerense, señalándose, también, los dos pri-
meros, en el lujanense y platense.
En este caso, los géneros poco expresan; y conviene, por ello, reserve
mi opinión hasta tocar, más adelante, otros argumentos.
Por último, en el piso 4 (5, Amegliino; 4 y 5, Bodenbender), se habrían
encontrado según Amegliino 2 — dam les conches supéricurcs, repitiendo
la frase de Adolfo Doering 3 — restos de especies pertenecientes á los
géneros Toxodon , Dicoclophorus y Lomaphortts. Como lo saben los espe-
cialistas, Toxodon y Lomaphortts son elementos comunes al ensenadense
y bonaerense; en cambio, Dicoclophorus caracteriza — aunque acaso
fuera discutible 4 — al hermosense, piso donde también existe Toxo-
don, pero en el cual falta en absoluto Lomaphorns. La presencia de este
’ Amkghino, informa, ote., 357 ; Dokking, Ihid.. ISO.
! Amkghino, Contribución, etc., 30.
3 Doering, Ihid., 180.
1 Mis reservas á propósito de Dicoclophorus, son fundadas, lili 1870, Enrique
üervais y Florentino Amegliino describían la nueva especio Ctenomys latí dam, valién-
dose de una mandíbula inferior traída del río do la Plata por el coleccionista F. Sc-
guin (II. Gkuvais et F. Amkghino, Le s mammifh'cs fossilcs da l’Amérique du Sud,
68-09. Para-Buenos Aires, 1880). Aunque los autores nombrados no indicaron la
localidad ni el horizonte de donde procedía la pieza do que se sirvieron, so sabe
que el yacimiento correspondía al ensonadense (pampeano inferior) pues el doctor
Amegliino, poco tiempo después, decía : « Los huesos sobre que he fundado el C.
latidens, especie bastante diferente de las actuales, provienen de las toscas del fondo
del río de la Plata, es decir del pampeano inferior» (F. Amkghino, La antigüedad
dal hombre en al Plata, II, 323. Buenos Airos-Paris, 1881). Ctenomys latidens subsistió,
como especie válida hasta 1887 (F. Amkghino, Apuntan preliminares sobra algunos
mamíferos extinguidos del yacimiento do «Monte Hermoso », existentes en el Musco La
P lata , 4, do la tirada, aparte de dicha memoria (|ue debió aparecer en el tomo I del
Boletín del Museo La Plata, que j anuís vió la luz pública. Buenos Aires, 1887), época
<-n la cual la consideraba Amegliino como «muy escasa por encontrarse sólo en terre-
nos muy antiguos, propampeanos ódol pampeano inferior. » (Amkghino, Apuntes, etc.,
■1 ; véase, igualmente, el cuadro do cronología paleontológica incluido entro las pági-
na§ 334-335, del tomo II de La antigüedad, etc.). Pero, un año más tarde, con mate-
rial más numeroso y completo, Amegliino funda el género Dicoelopliorus, distingue en
él varias especies, en una de las cuales, Dicoclophorus latidens, incluyo A Ctenomys
latidens que, por esta causa, desaparece do la nomenclatura (F. Amkghino, Lista de
las especies de mamíferos fósiles dal mioceno superior de Monte, Hermoso, hasta ahora co-
nocidas, í¡. Buenos Aires, 1888). Dicoclophorus latidens figura como especie típica del
horizonte de Monte Hernioso en el texto de la clásica, obra, de Amegliino sobre los
mamíferos fósiles do la, líepúbliea (Amkghino, Contribución, etc., 158), no obstante
aparecer en los cuadros sinópticos de géneros y especies reunidos al final do aquella
valiosa contribución, como especie también propia del ensenadense ó pampeano infe-
Cuadro II
rior (AmuOiiino, Contribución, oto., SM-3, 1)17 y 1)83) ; adjudicación reiterada — lo
liaré notar — cu publicaciones posteriores (l'\ Amkciiino, Sinopsis gcológico-palconto-
I ogiva, on Segundo censo de la República Argentina, I, 178. Buenos Aires, 1808). Sin
embargo, on memorias recientemente aparecidas, Dicoelophorus os género caracterís-
tico y exclusivo del piso liormoson.se (Amicühino, Les J'ormations, etc., 181 y 501).
Entrego, sin comentario alguno, estos antecedentes — cpio se relieren á un ele-
mento considerado como típico — al juicio del lector libre de prejuicios.
277
último género en el piso 4 (le, los sedimentos pampeanos depositados en
la cuenca del valle del río Primero, excluye por completo la posibilidad
de (pie los estratos superiores del mismo, pueden referirse al hermo-
sense. La « incompatibilidad » paleontológica mencionada al pasar,
quizá pudiera explicarse recordando, simplemente, la vaguedad de in-
formaciones á propósito délos restos fósiles reunidos en el piso 4; la
frase de Doering transcripta en uno de los párrafos anteriores, no im-
plica (pie los restos de Toxodon, LomaphoruH y Diaoclophorm procedan,
exactamente, de una misma localidad ó nivel. Pienso, sin embargo, (pie
boy por lmy sería poco serio y basta precipitado, referir al bermosense
una parte de los estratos del piso 4, valiéndose de elementos paleonto-
lógicos de valor dudoso, como lo demuestro en nota. En cuanto al resto
de las capas, sólo el examen de las especies (pie de ellas proceden, con-
tribuirá, como se verá más adelante, á determinar una equivalencia es-
I ratigráfica relativa.
Puestos á contribución los géneros, sólo resta, examinar las especies,
á las <pic be distribuido en el cuadro II en igual forma, que aquéllos.
De las 17 especies procedentes del piso 2 (2 y .‘3, Amegbino; 2 Boden-
bender), apenas 1 (0 °/o) es común al ensenadense y bonaerense; las otras
1 (i (5)4 °/0), corresponden al bonaerense (5 = .‘31 °/o), al lujan en so (1 =
li °/0) ó son comunes á este último piso y al bonaerense ((3 — .‘37 %); es
decir, 74 por ciento de especies son propias del pampeano superior ’.
Asimismo, basta en los niveles inferiores (subpiso inferior), se encuen-
tran especies exclusivas del piso á que acabo do referirme; en ese caso
se encontrarían : Gli/ptodon reticulatus, Panochtus tubcrculatna, Scelido-
llicrium leptocxpliiilnm , etc.
Las especies, pues, corroboran el resultado obtenido al examinar los
géneros: el piso 2 (2 y .‘3, Amegbino; 2, Bodenbender) equivale al
bonaerense (pampeano superior).
Los restos fósiles reunidos en los estratos de rodados, casquijo y arena
del piso .'3 (4, Amegbino; .'3, Bodenbender), sólo lian permitido una
determinación genérica; en cuanto á los del piso 4 (5, Amegbino; 4 y
r>, Bodenbender) — descartando Dimalophorm hxUdem, por los motivos
expuestos oportunamente — Toxodon emmwd-emin y Lomapkorm imper -
ffict-m, son elementos si bien considerados basta abora, como propios del
ensenadense, desprovistos,. por desgracia, del valor de especies caracte-
rísticas, tanto más cuanto que á una de ellas se la considera dudosa por
algunos especialistas s.
1 Kl resto <le l;is especies se disfrilmye (Mi til siguiente forma : 1, común sil lu jú-
nense y píntense; ], común ni lujnnenso, platón so y á la fauna actual ; 1, propia (leí
píntense, y 1. común al platease y ¡í la fauna actual.
* Según parece, los caracteres específicos do Toxodon finsciifídansis no son Ilion de-
278 —
Los (luto» paleontológicos de que se dispone en la actualidad, son,
pues, limitados para pronunciarse con seguridad sobre la equivalencia
estrati gráfica. del piso 4 ; y será menester poseer elementos de prueba
decisivos, como podría serlo Typotherium cristatmn. Sin embargo, y con
las reservas que el caso exige, puede admitirse en principio que algunos
de los estratos superiores del piso de que me ocupo, representan al
ensenadense (pampeano inferior).
Por desgracia, los argumentos paleontológicos expuestos y las identi-
dades orgánicas señaladas, no comprueban el sincronismo de los sed i
méritos pampeanos bonaerenses y los depositados en la cuenca del valle
del río Primero. Se trata, boy por hoy, de simples liomotaxias, vale decir-,
de complejos más ó menos equivalentes que, para referir á un momento
geológico preciso, será menester demostrar anticipadamente — mediante
el estudio meticuloso y extensivo de la serie pampeana de localidades
intermedias — que no son resultancias de meras condiciones exteriores
idénticas, sin ser contemporáneas.
Y, para terminar : durante mi estadía en Córdoba, me lia llamado
sobremanera la atención el aspecto francamente moderno de los pisos
superiores de la serie pampeana (2 y 3, Doering); en primer término, el
locas cólico con moluscos actuales, apenas emigrados algunos de ellos á
las anfractuosidades de los riscos próximos, y su elevado porcentaje de
géneros y especies de mamíferos actuales (55 “/« .V 12 °/0, respectivamen-
te), quesería aún mayor si se eliminaran ciertos elementos cuyos carac-
teres especííicos están mal definidos ó se confunden con los de otros to-
davía existentes y, luego, la interesante formación lluvial del piso 3
(Doering), tan semejante por su constitución y estratigrafía á los depósi-
tos aluvionales pleistocenos europeos, y originada, seguramente, come»
aquéllos, por exageradas precipitaciones atmosféricas que modificaron
los regímenes de los cursos de agua preexistentes. 151 doctor Doering, al
formularle esas objeciones, me observaba (pie sin duda olvidaba las
«viejas» capas de ceniza volcánica intercaladas á diversos niveles de
los altos barrancos ; pero, quizá no recordara el sabio especialista en ese
finidos (véase : l¿. Lyokkkicii, .1 shuh / of Ihe oximel uiujulales of Anjenlina, en Ana-
Im del Museo do La l'lula, l'aloonloluiiía,. 1 1 , 1(1. bu Plata, 1808; Nantiauo Iíotii,
lleolijloaoiones sobro la donllniihi del ’l'oxodon, en llovióla dol Mimen do La l'lula, VI, ¡M7
y siguiente. La Plata, 1805) ; y los argumentos opuestos por Ameghino para defen-
der dicha especio son, sin duda, poco eficientes (confr. F. Amkoiiino, Sur les ongalés
fossiles de V Argentine, en Revista del Jardín Zoológico de Hítenos Ayrcs, (sie), 11, 21(5 y
siguientes. Buenos Aires, 1801).
1 En tales condiciones so hallarían : l'iseavia debilis, Didelphys jiitju, Computas eor-
Anbcnsis y Folia palnstris.
279
momento, las «lluvias» de aquellos materiales caídos, aun ó mediados
del siglo xviii, en plenos campos bonaerenses
Por todo ello, su posición y otros muchos motivos que no sería opor-
tuno tratar en esta memoria, pues estarían fuera de lugar, es mi creencia
que el piso 8 de Doering (4, Ameghino; 8, P>odenbender) debe corres-
ponder, como el 2, al bonaerense ó pampeano superior.
Sea lo <pie fuere, los sedimentos descriptos someramente en el curso
de este parágrafo constituyen una serie alta, mente instructiva, y demues-
tran, una, vez más, (pie los pisos superiores del pampeano representan,
cronológicamente, la época pleistocena 2.
§ II. Los yacimientos paleolíticos
Los diversos restos atribuidos al hombre pleistoceno de la provincia
de Córdoba, proceden, casi sin excepción alguna, de las capas del piso
2 de Doering (2 y .'5, Ameghino; 2, Bodenbendcr).
Como lo he manifestado incidentalmente en el parágrafo anterior,
aquel distinguido investigador agrupa los diversos estratos del piso
referido, en tres subpisos: superior, intermedio é inferior. Del punto
de vista biológico, el primero está constituido por loess cólico, pardo
claro, con la intercalación de una capa de ceniza volcánica blanca,
ácida ; el intermedio se halla formado por loess muy mezclado con ceniza,
ó loess compacto cólico, figurando, además, una potente capa cinerítica
verde y básica ; mientras en el tercero predomina notablemente la arena,
aunque como en los otros, se ha señalado una capa de ceniza volcánica
blanca, ácida 3. Paleontológicamente (véase el cuadro 11), el subpiso
superior ofrece un porcentaje apreciable de especies actuales (28 °/0) ó
de otras comunes al lujanense y plateóse ó ála fauna de éste último piso
(28 %); en el intermedio sólo aparecen elementos extinguidos, notán-
' / toas witncxs — dice Fa, licuor — lo a vaxtclond of axlicx being carne, d hy Ihc xcindx,
and darkening Ihc. adióle xky. ¡I xprcad over ijreal parí of Ihc jurixdiclion of Bueno»- Ag-
res, passed Ihc Rivcr of Ríala, and xcallcrcd it'x contení x on both xidex of Ihc river, in xo
vmch that Ihc yrasx was covercd wilhashex. (Tiiomas Fai.knhu, A dexcríplion of Rala-
gonia and Ihc adjoining parís of Soulh America, 51. Iícreford, 1774.)
* Es do felicitarse que viejos conocedores do los sedimentos pampeanos, como el
doctor Santiago Roth, opinen que el piso bonaerense (pampeano superior) es cuater-
nario. (S. Roto, Bei.lrag zar Gliedcrnng der Sedimeníablagcrungen in Valayonicn and
der Rampaxregion, en Nciicx Jahrbuch für Mineralogía, Geologie and. Palaonlologic,
Bcilagc-Band XXVI, 142. Stuttgart, 15)08.)
8 Dokring, Ibul.. 172, 175 ¡í 179.
RBV. MUSEO I.A PI.ATA. — T. IV. (11, 10, 1011.)
10
280 —
«lose una proporción grande de especies del bonaerense (45 °/0) ó del
bonaerense y 1 ajánense (45 u/u), habiéndose señalado, también, una
(9 °/0) exclusiva del último horizonte; por otra parte, en el subpiso infe-
rior se ha encontrado Sclerocalyptus amatas, común al ensenadensc y
bonaerense. Por todo ello, pienso «pie las subdivisiones de Doering son
aceptables en principio, aunque es imprescindible poseer mayor número
de antecedentes paleontológicos para, así, despojarse de toda reticencia.
En cuanto ú la estratigrafía detallada del piso que ha proporcionado,
hasta ahora, casi todos los diversos restos atribuidos al hombre, noto
<pie no existe discrepancia substancial entre las observaciones de Boden-
bender y Doering, pues el cotejo de los resultados obtenidos por ambos
en una localidad típica, resumidos á continuación, sólo señala ciertos va-
cíos, explicables, quizá, si se tiene en cuenta que los cortes examinados
no fueron posiblemente los mismos.
piso 2
('arte, del ferrocarril á Malagüeño
DOKIUNIi 1
ItODICN It ION 1)1011 1
a) Tierra vegetal (0,40 á 0,50
centímetros).
a) Tierra vegetal (0,35 á 0,00
centímetros).
Subpiso superior
b 1 ) Loess cólico amarillento (0,50
centímetros).
b") Loen» fluvial, con fragmentos
de pequeños guijarros de tierra
aglomerada (0,5 centímetros).
V") Loess cólico pulverulento,
amarillo-blanquecino, con infiltra-
ciones calcáreas (2 á 2,50 metros).
o) Capa de ceniza volcánica blan-
ca (0.50 centímetros).
d) Loess cólico, amarillento cla-
ro, igual á V" (3 metros).
b) Loess pulverulento, sin estra
tificación (0 metros).
1 Dokuing, IbUl., 175 á 179.
* I5oi>KN mcNDKií, ¡ai cuenca, ote., 17 y siguientes.
281
tínbjwo ínter ■medí o
e) Loess subestratifi callo de sedi- e) Locas por lo común estratifi-
mentación eólica, muy mezclado á. «ado (4 ó, 5 metros),
«ioniza, volcánica (4 metros),
f) Capa de coniza volcánica ver-
de (1 metro).
fl) Loen® cólico, casi sólido, apó-
lisis estratificado y con pequeñas
piedras ó fragmentos menudos de
guijarros (ó metros).
ttnbpiso inferior
h) Arena micácea poco compacta
y con pequeños guijarros rodados
(1 metro),
i) Arena arcillosa en lechos y de
estratificación continuada; notán-
dose, en otros lugares, unaca.pa.de
o, eniza volcánica blanca. (2 metros).
k) Loess cólico, no estratificado,
compacto y con líneas de vivianita
(0.50 á 1 metro).
l) Arcilla verde, muy arenosa,
bien estratificada en capas ondu-
ladas (3 metros).
d) Arena, micácea y gravas (1 á
2 metros).
c) Loess estratificado, ondulado
(0,50 á 1 metro).
J) Anuía de mica. (2,50 metros).
Considero al perfil de Malagüeño, como la mejor pauta para, el estudio
de la estratigrafía, de los sedimentos que forman el piso 2. Durante mi
estadía en Córdoba lie encontrado sus elementos ostral, i gráficos en diver-
sos cortes que ofrecen los barrancos próximos á la ciudad; y, á decir
verdad, sólo abrigo reservas respecto á las capas do ceniza volcánica.
Estos mantos que serían tan característicos, no se presentan, tal cual
lo suponía antes de conocer el terreno, con la nitidez deseada; por el
contrario, ofrecen grandes soluciones de continuidad y, en muchos ca-
sos, resulta muy difícil, sino imposible, constatar su existencia. Así, la
capa einerítica correspondiente á c, no lie podido hallarla bien ca-
racterizada; otro tanto sucede con la /; pero, en cambio, á la más infe-
rior la he encontrado claramente definida, formando en lugares próxi-
mos al parque. Crisol, dos ó más estratos finísimos, algunas veces hasta
•282 —
do un milímetro de espesor. Sin embargo, y vuelvo á repetirlo, las solu-
ciones de continuidad son muchas y sensibles, y recuerdo — pues me
llamó mucho la atención — que durante mis excursiones por las cerca-
nías de! Observatorio Astronómico, encontró en el corte recién hecho
para dar lugar al trazado de una nueva calle, una. aglomeración aislada,
pequeña, de forma irregular y muy condensad a. de la ceniza volcánica
blanca correspondiente al subpiso inferior
Los pretendidos yacimientos paleolíticos mencionados hasta, ahora,
llegan al número de cuatro.
La posición estrat. i gráfica del más moderno — en el límite de la capa
b ' con la tierra vegetal — y el examen prolijo del terreno, me han con-
vencido de que se trata, de un KnUur hujer francamente neolítico; por
ello, pues, me ocupare en la parte pertinente de esta memoria, de las
diversas circunstancias que rodearon ese hallazgo y del material que lia
proporcionado.
Le sigue, dada su posición, el yacimiento del corte del ferrocarril á Mala-
güeño, uno de los primeros descubiertos. «Se encuentra — decía el doctor
Ameghino en 1885 — á una profundidad de 5 á (» metros algo más abajo
<pie la capa pulverulenta, en la parte superior de ¡a capa sobrepuesta
á los rodados. Allí, sobre ambos lados del corte, se puede seguir por
muchos metros una capa con numerosos fragmentos de carbón, tierra
quemada y huesos de Toxodon, Mylodon 1 2 3, Glyptodon, Tolypcutcs, Enfa-
túa, etc., unos quemados y los otros pisados y machacados de modo que
están reducidos á pequeños fragmentos » a. Luego, en publicaciones pos-
teriores, agregaba que se trataba de «una capa de terreno de unos 20 ó
80 centímetros de espesor, que se presentaba sobre los dos lados opues-
tos del corte en una extensión de 15 á20 pasos, conteniendo en todo su
espesor y desparramados sin ningún orden, pequeños fragmentos de car-
bón vegetal y de tierra, cocida., conjuntamente con huesos quemados, y
una grandísima cantidad de pequeños fragmentos de huesos de Toxodon,
Mylodon 4 y Glyptodon , etc., la mayor parte indeterminables; estos
1 Hortenbonder, íi pesar do su meticulosas observaciones, sólo mencionaba en 1S!)()
la capa do ceniza volcánica correspondiente al subpiso inferior ( La cuenca, etc.., 1 I
17, 35), En sus últimas publicaciones, aunque el párrafo pertinente resulta liarlo
ambiguo, parece se rcliric.ru. ú las capas cineríl.icas de los subpisos superior (í interme-
dio ((i. UoDKNiiiíNDiín, I, a niara de Córdoba. Constitución geológica y producios minera-
les de aplicación, en Anales del Ministerio de Agricultura (Sección Geología, Mineralogía
y Minería), II, 11o II, 79. Unenos Aires, 1905.
s [ Eumylodon ].
3 Amugiiino, Informe, etc., 353.
1 (Eumylodon'].
— 283
iiiniimoiíiblos fragmentoH presentan el aspecto de huesos que hubieran
sido machacados y pisados entro dos piedras, y luego en parte que-
mados, estando mezclados con fragmentos de cáscaras de huevos de
avestruz que también han sufrido evidentemente la acción del fuego, y
algunas astillas de huesos largos partidos para extraer la medula, que
por acaso han escapado á la trituración, por decirlo así, á que han sido
sometidos todos los demás huesos»
Por su posición estrat ¡gráfica se trata., sin duda alguna, de un buen
yacimiento primario; el nivel aproximado indicado por Ameghino coin-
cide con el señalado por Bodenbender y Doering, quienes los ubican en
los estratos o y o respectivamente, es decir, eu la. potente capa, de Iochh
subestratiíicado de sedimentación eólica, muy mezclado á ceniza volcáni-
ca que constituye buena parte del subpiso intermedio 4. En cuanto al ha-
llazgo en sí mismo, observaré que tanto Ameghino como Doering lla-
man aventuradamente — y hasta con impropiedad — «fogon», á una
vasta acumulación de restos distribuidos en amplio espacio de terreno,
tan extendido, (pie los materiales diversos aparecían, según la. frase
reiterada de Ameghino, « sobre los dos lados opuestos del corte » 1 * 3.
No he podido examinar, como lo hubiera deseado, el yacimiento de
Malagüeño; la vegetación ha disimulado el corte, y el largo tiempo trans-
currido ha contribuido, desgraciadamente, á la rápida destrucción del
talud primitivo; y, por otra parte, tampoco conozco pieza alguna de las
retiradas del pretendido Kultur lar/cr que me ocupa. Haré notar, sin em-
bargo, (pie hasta ahora no se ha probado (pie la vasta acumulación de
huesos (pierna, dos no es el resultado de un incendio accidental, de una
quemazón de campo circunscripta ó de un simple pajonal incendiado por
(d rayo.
L’or todos estos motivos, considero altamente dudoso al yacimiento del
corte del ferrocarril á Malagüeño.
1 Ameghino, Contribución, etc., 68.
4 Bodenijendek, La cuenca, etc., 18 ; Doeking, Ibid., 177.
3 Ameghino, Informe, ete., 353 ; Ameghino, Contribución, etc., 68. Sin que por ello
incurra en minucias lexicográficas, entiendo que debe llamarse « fogón s>, á un espacio
reducido ocupado por el fuego destinado á quehaceres domésticos. Aun más, es sabido
que en multitud de pueblos primitivos, los fogones se hallan protegidos por una ca-
vidad natural del terreno ó hecha al efecto ; y que en los mismos casos do hogares
comunes, como los llamados « fogarines » por los actuales campesinos de la Anda-
lucía, se elige una depresión que favorezca el mantenimiento del fuego y su mejor
aprovechamiento. .Se me ocurre, pues, que un concepto tan bien determinado, no ha
menester de los venvoin bibliográficos corroborantes.
liaré notar, asimismo, que el corte hecho para dar puso á los rieles del ferrocarril
á las canteras de Malagüeño, tiene una anchura de 15 metros, según datos comuni-
cados por el ingeniero II. II. I’etty, de la empresa.
•284
El tercer yacimiento fue descubierto en las proximidades del Observa-
torio Astronómico, «al pie de la barranca, sobre los dos costados opues-
tos de una pequeña canaleta ó hendidura formada por las aguas pluviales.
Presentaba una superficie aproximada de un metro y medio cuadrado,
con un espesor de 15 centímetros. 101 terreno estaba conglomerado y
convertido en ladrillo por la acción del fuego, y consolidado además por
infiltraciones calcáreas y vetas de tosca. En todo su interior estaba
lleno de huesos quemados y fragmentados de Toxodon , Mylodon ‘, un
edentado indeterminado, quizás el Valgipes, y huesos y fragmentos de
coraza de un Tolypeutes , conjuntamente con algunos fragmentos de cás-
cara de huevos de avestruz» 1 2. Hacía notar además su descubridor,
el doctor Ameghino, que al «mismo nivel que el fogón, pero á alguna
distancia », había recogido « dos cuarcitas talladas » y restos de Hctdi-
dotherium y Viseada heterogenidens ; y, por último, que en niveles supe-
riores del corte había hallado üclerocalyptns ornatus , Macmvchenitt
sp. y Eutatus sp. 3.
Los restos del pretendido fogón á que se refieren los antecedentes re-
sumidos en el párrafo anterior, proceden del estrato k, formado por
lovss eólico no estratificado, compacto y con líneas de vivianita. La mejor
característica de dicha capa es, sin duda, la presencia del mineral de
hierro nombrado y, justamente por ello, creo que existe un perfecto iso-
cronismo entre el yacimiento y el terreno adyacente : gran parte del pre-
tendido fogón que me ocupa, conservada en el Museo de La Plata, ofrece
en toda la masa y aun envolviendo los diversos restos que contiene, una
producción apreciable de líneas gruesas y finas de vivianita.
Como describiré dichos restos, que forman parte de las series de nues-
tro Instituto, en el curso del capítulo siguiente, me abstendré, por aho-
ra, de analizar los elementos de prueba aportados para atribuir al hombre
pleistoceno los materiales diversos hallados en las proximidades del Ob-
servatorio.
Por último, en el (Ju rae, ao, localidad próxima á la misma ciudad de
Córdoba, « en los capas superficiales de la meseta, debajo de la t ierra
vegetal, hasta uno ó dos metros de profundidad », el doctor Ameghino
habría encontrado — con la fortuna de siempre — «á orillas de una
pequeña torrentera cavada por las aguas pluviales, y á una. profundidad
de dos metros... varios instrumentos en cuarzo y cuarcita, y algunos en
una, especie de roca obscura, de apariencia basáltica, todos tallados gro-
1 [Humylodon].
s Amiouiiixo, Contribución, etc., (¡8 y .siguiente; véase, además, Ami'.ouíno, lu-
jó rute, (¡te., 353 ; Dokkino, Ibitl., 17‘d.
LtlKUlllNo, Contribución, etc., («ti .
285 —
sol ament e «obro las <los caras, do forma más ó menos amigdaloiden, unas
puntiagudas en una extremidad y redondeadas en la otra, y las demás
ovaladas, redondeadas en las dos extremidades, de un largo variable en-
tre tí á 14 centímetros» 1 . Más adelante agregaba que se encuentran,
también, en las mismas capas, « guijarros rodados tallados sobre un cos-
tado en forma de cuña, y algunas grandes lajas retalladas sobre uno de
los costados laterales en la forma de los racloirs momtcriew, conjunta-
mente con piedras de cuarcita, ó basalto, con numerosas facetas, que pa-
recen han sido percutores ó machacadores» 2 3.
Los antecedentes, cu este caso, son, sin duda, vaguísimos; y, por otra
parte, el material obtenido nunca, filé publicado, (labe, pues, la duda \
CAPÍTULO II
EL MATERIAL CONSERVADO EN EL MUSEO DE LA PLATA
Á poco de haberme vinculado al Museo de La Plata, el jefe de prepa-
dores don Gabriel Garachico, me hizo saber (pie en los depósitos se en-
contraba un cajón conteniendo buena parte de uno de los pretendi-
dos fogones paleolíticos de Córdoba, adquirido al doctor Ameghino, junto
con las colecciones diversas que le fueron compradas hace muchísimos
años, liaré notar que el «testigo», tan oportunamente traído del yaci-
miento originario, estaba bien conservado y acondicionado; revestido
exteriorícente de arpillera y colmado do yeso el espacio comprendido
entre ésta y la caja que lo contenía.
En un principio supuse procediera de Malagüeño, y así lo dije en pu-
blicaciones anteriores 4 ; pero, después he sabido, por el mismo doctor
Ameghino, (pie se trata del pretendido « fogón » del Observatorio Astro-
nómico, descripto en el capítulo precedente.
1 Amkoiiino, Contribución, etc., 55.
s Amkouino, Contribución, etc., 55.
3 Ruego ¡í los lectores (le esta memoria, quieran recordar al leer el capítulo cu
(pie describo el material neolítico do piedra, el último párrafo del doctor Ameghino
transcripto en el texto, y que se refiere á los « guijarros rodados tallados, racloirs
mvstericns », y a los « percutores ú machacadores».
. 1 Eíqi.ix E. Oírnos, Emtujino llicitiucuo Duci.otix y II. IIUckinu, listadlo de lux su-
puestas «encorio» » y « tierra* cocido s» de la serie, pampeano de la República Arpen ti» o,
en Revisto del Museo de Lo Ciato, XV, 145, nota 1. Hílenos Aires, 1008.
La parte traída á La Plata, formaba un bloque de terreno de 95 decí-
metros cúbicos b constituido por loess compacto sin estratificación, pardo
algo obscuro, con menudos fragmentos redondeados de rocas diversas,
pocas pajuelas de mica, y algunos pequeños guijarros y aun pedazos
angulosos, pero con las aristas embotadas, de cuarcita, (¡lita, granito, etc.
Ln toda la masa se observan líneas gruesas y finas de. vivianita que, en
ciertos lugares, llega á estar tan eon densa da que forma manchas muy
Fig. 1
visibles. En la parte superior del bloque (fig. 1), se nota una cavi-
dad alargada y de sección semicircular, que se extiende en un espacio
ile 200 milímetros y (pie tiene 4o milímetros de ancho y 35 milímetros
de profundidad; esta depresión estaba colmada de loess cólico muy pul-
verulento, y tiene sus paredes revestidas de numerosas líneas de vivia-
nita.
Como no se notaran rastros que evidenciaran la acción del hombre, ni
1 En la actualidad, y por las causas que se expresarán en el texto, el bloque lia
quedado reducido á 72 decímetros cúbicos. Advertiré, asimismo, que el doctor
Lehmaun-Nitsche lia descripto muy sumariamente la parto del «fogón» del Observa-
torio Astronómico, conservado en el Museo de La Plata ; pero, sus observaciones se
reducen al simple examen de la superficie externa del resto del bloque, después de
haber sido preparado para su exposición (confr. Lhiima \nt-N írseme. Ibid., 136).
287
se constatara la transformación «leí terreno en' « ladrillo por la acción
del fuego», hice seccionar una buena parte del bloque para conocer su
Fio. •>'
disposición interior. Pude, entonces, darme cuenta, que en la parte supe-
rior y hacia un lado (fig. 2), aparecía una zona rica en placas y vértebras
Fig.
sueltas de Tolypeutes sp. (tig. 3) ', la mayor parte intactas y, las menos,
quemadas en su totalidad ó apenas en la periferia.
En fragmentos de terreno separados de los otros lados del bloque,
1 Juzgo ¡noticioso insistir mayormente ;í propósito de la dificultad, casi insupera-
ble, de determinar específicamente, mediante restos sueltos de coraza, un edentado
obtuvo, :il mismo nivel de la aglomeración referida, algunas placas ais-
ladas del edentado nombrado (fig. 4), casi todas quemadas, y un pequeño
Fifí. 4
fragmento de tierra cocida de 10X8 milimel ros. rojo sucio y fácilmente
disgregadle.
como Tolipeulcs, cuyo polimorfismo de placas es tan intenso. Me bastará recordar,
simplemente, para justificar mis reservas, la frase de Ladillo refiriéndose al género
que me ocupa: On nc saurait done vire a «ser eirconspeel dans Vólablisscment d’cspbces oit
de genres fossilcs dont on nc posséilcraU quedes fragmente de bouclier(V. Laiiii.i.k, Con-
tributions á ■ V étudc des edentés d hundes mobiles déla lie publique Argcntine. en Anales
del Museo de La Piala, Zoología, II. 20. T.a I'lata, 1895). Conviene, sin embargo,
comparar los elementos osteológicos reunidos en la figura 3 de esta memoria, con
las diversas reproducciones contenidas en las láminas correspondientes del intere-
sante estudio del conocido zoólogo francés citado (Ihid., lámina I, figuras 18 á 22;
plancha II. figuras 28 á 52).
28!)
Por último; apareció, también, la celdilla cilindrica de unhimenóptero
cavador (fig. 5)
Pertenece, asimismo, á nuestras series, una délas dos «cuarcitas talla-
fias» encontradas por el doctor Ameghino «en el mismo nivel
que el fogón» del Observatorio, « pero á alguna distancia»
(fig. 6).1 2 * * * * * 8 Esta pieza que habría sido hallada junto á un esque-
leto de Tolypeutes sp. y á huesos de Viseada heterogenidensy Sce-
lidothermm sp., es un rodado de cuarzo, ovoide p, ero compri- ^ . 1;
mido, con el diámetro mayor de 60 milímetros, el menor de
4f> milímetros, y cuyo espesor no excede de 28 milímetros, ('na de las
caras ofrece cierta pátina pardo-amarillenta y una reducida eoncresión
calcárea poco extendida : mientras la otra está
perfectamente blanca. Sólo se ha conservado
una parte mínima de la corteza primitiva del
guijarro utilizado; mientras en el resto de am-
bas superficies, se notan fracturas irregulares y
amplias que, al converger hacia uno de los lados
forman una periferia cortante, bien diferente de
la opuesta que es redondeada y espesa.
Sin duda alguna, los diversos materiales con-
servados en nuestro Instituto, constituyen un
Fig. <> (754. colee, lí. L. I’.). -/, , . , , , , „ ■
conjunto aprecíame; y tanto mas suficiente, a
mi juicio, para ponderar él hallazgo del Observatorio, cuanto que ha per-
mitido contralorearlo experimenta luiente.
Estoy convencido, como lo he manifestado en el capítulo anterior, del
1 Se trata de tina celdilla terminal rota, cilindrica y de liase redondeada. Tiene
en la actualidad 15 milímetros de largo, 10 milímetros de diámetro, y un espesor
casi constante en las paredes de 2 milímetros. La cavidad central acusa un diámetro
de 5 milímetros, como todas las fabricadas por himenópteros cavadores está consti-
tuida por el mismo terreno fuertemente aglutinado ; y. se me ocurre, c|ue dada la
forma y tamaño, quizá podría referirse al género Oxijbelus, ya que las construidas por
Odynerus son periformes (véase, si se desean mayores antecedentes : F. J. Bkktiiks.
.Votes biolotjiques sur trois hi/ménoptércs de Hítenos .tires, en Revista del Musco de La
Ríala, X, 195 y siguientes, figura 1 de la lámina. La Plata, 1902).
8 Amicghixo, Contribución, etc., 69. No abrigo la menor duda sobre la identifica-
ción de la pieza á que me refiero en el texto, pues conserva aún adherida la etique-
ta de la antigua colección Ameghino, con la indicación A 103. Cuando buhe de
escribir, en 1908, la presente memoria, pedí á aquel paleontólogo se sirviera comu-
nicarme los antecedentes que aun poseyera para explicar los números y letras de sus
series de Córdoba. Desde luego accedió á mi deseo, y así supe que el objeto referido
había sido «encontrado — repetiré los datos al pie de la letra — con la vizcacha y
mataco fósil del fogón antiguo».
r— 290
isocronismo de los materiales referidos con el terreno adyacente ; el exa-
men detallado del bloque conservado en el Museo, disipa las dudas que
podrían suscitarse. Por otra parte, analizando mis propias observaciones
y las realizadas por Ameghino en el terreno, se nota una coincidencia,
sino completa, por lo menos relativa; se trata., efectivamente, de huesos
quemadosy de trozos de terreno, más ó menos reducidos, convertidos en
tierra cocida. Asimismo, el área ocupada por el depósito — 1 metro 50
cuadrado — y el espesor de 15 centímetros del mismo, indican una
aglomeración circunscripta. •
Por todo ello juzgo que la observación final de Lelanaim-Mtsclie al
ocuparse del bloque conservado en el Museo es, simplemente, exagerada:
eette pidee — dice — comino t-elle m prouve ahsolumcnt ríen et moi-meme
je me demande si Ameghino ue destjMs trompé ' .
En cuanto al guijarro de cuarzo que lie descripto y figurado, ofrece,
también, caracteres que acreditan su isocronismo con el terreno que lo
envolvía. En primer término, la pátina amarillenta que cubre una de
las superficies, es idéntica á la que ofrecen los pequeños fragmentos de
roca de la misma naturaleza que he encontrado en el bloque conservado
en nuestro Instituto ; luego las adherencias de terreno sin ser absoluta-
mente semejantes á las de aquellos fragmentos, son, sin duda, de lóese
pampeano, de ese lóese pardo-grisáceo tan abundante en el piso 2 (Doe-
ringj de los sedimentos depositados én la cuenca del valle del río Pri-
mero.
Podría objetárseme, sin embargo, que en la superficie opuesta el color
del guijarro es diferente; pero ello se explicaría sin mayores violencias,
recordando que es muy posible que dicha cara haya estado á la intempe-
rie, vuelta hacia el corte de la barranca donde fué obtenido, vale decir,
expuesta á la acción de los agentes atmosféricos.
Ahora bien, j se trata de un instrumento tallado intencionalmente ?
El examen prolijo de dicha pieza me ha evidenciado que no existe el
menor rastro de los elementos que caracteri-
zan el trabajo intencional, como tampoco se
notan señales de uso, pues la parte de perife-
ria cortante no muestra embotamiento alguno
ni las fractura-s secundarias producidas por la
utilización más ó menos continua.
No obstante, por su forma y demás detalles
morfológicos, pudo haber sido un simple gui-
jarro natural utilizado para hendí r, aun-
que de una eficacia relativa dado su tamaño reducido (fig. 7).
Por el conjunto de las diversas circunstancias enumeradas, creo que
Lkumann-Nitschk, Ihid., 430.
— 291
el yacimiento de los alrededores del Observa!, orio Astronómico, es uno de,
los menos dudosos 5 aunque sería aventurado considerarlo como un ver-
dadero Jüíííw lager y, mucho menos — dada la falta de elementos de
prueba material suficientemente demostrativos- — inferir do él la exis-
tencia del hombre pleistoceno en aquella región de la República.
— 292 —
SICÍJIJNDA PA RTE
I’ 1011 IODO NIOOLÍTIOO
CAPÍTULO 1
A NTICÍMODIONTIOS
§ I. Los pueblos neolíticos
En las breves noticias diluidas en las páginas de viejas crónicas de la
conquista ó de documentos coetáneos, no llegan á definirse con claridad
los pueblos indígenas (pie habitaban la provincia de Córdoba al finalizar
el siglo xvi, vale decir, cuando se realizóla colonización efectiva del te-
rritorio; ni tampoco constituyen aquellos antecedentes histérico-docu-
mentales, dispersos y de valor desigual, el Corpus mediante el cual podría
reconstruirse, más ó menos discretamente, la vida diaria de agrupacio-
nes (pie, dada su ubicación geográfica, debieron constituir el vínculo
entre las culturas primitivas de los llanos meridionales de la Kepública
y las délas regiones montañosas del noroeste ó délas selvas eliaquenscs.
Asimismo, sometiendo aquellos textos alas operaciones analíticas usua-
les, se notan numerosas ambigüedades y aun faltas de concordancia entre
ellos, que dificultan sobremanera su comprensión é impiden formular
concl usiones defi n i ti vas.
líl documento más antiguo en que se menciona especialmente á los
primitivos habitantes de Córdoba, sólo dice: « hablan una lengua que
llaman comechingona y otra zanavirona » l * * 4.
En una carta posterior, escrita por un profundo conocedor de los pue-
blos indígenas de la antigua provincia del Tucumán, se afirma que los
misioneros no habían menester de aquella última lengua, pues los Sana-
virones y otros indígenas eran « poca gente y tan hábil, (¡ue Indos han
aprendido la lengua del (luzco»1. Pero, el padre Alonso de Barzana
1 Ilchicióu <lv. las provincias de Tucuman que dió Pedro Sotelo Narvaez, vecino de
aquellas provincias, al muy ilustre señor licenciado Cepeda, presidente desta Real Audien-
cia de La Plata, eu Relaciones ycoyráficus de Indias, II, 151. Madrid, 1885.
4 Carta de (sic) padre Alonso de Rarzana, de la compañía de Jesús, al P. Juan Señas-
— 293
agregaba en su interesante epístola, que la labor de catequizar indíge-
nas en la jurisdicción do Córdoba se tornaba liarte difícil: «no liemos
sabido basta, agora — escribía — con que lengua podrán ser ayudados,
porqm1. son tantas las que hablan» \
Y surge, así, la primera duda, pues, si era el sanavirone uno de los
idiomas hablados por los primitivos habitantes de cierta región de Cór-
doba, según Pedro Sotelo Narváez |, poi que los misioneros lo desechaban,
en vez de utilizarlo para, solucionar los graves inconvenientes que halla-
ban en su ( arca. ? acaso la población estaba formada, por elementos tan
profundamente heterogéneos ? No lo ere, o, sin embargo, pues la. compulsa,
meticulosa de los documentos más fehacientes publicados hasta ahora —
la « lí el ación » de Jerónimo Luis de Cabrera y las dos cartas cita-
das — y otros corroborantes, persuade que en el momento histórico de la
conquista española vivían en la región montañosa de Córdoba y en los
llanos más próximos á las faldas de ese sistema, de serranías, numerosas
agrupaciones indígenas caracterizadas, quizá, por una dualidad lingüís-
tica cuya causa se ignora; que poseían, además, diversos dialectos loca-
les; pero que constituían, sin duda., una unidad étnica, un KtilturJcrcis
perfectamente definido, dado sus caracteres sociológicos semejantes,
sino idénticos.
Los referidos pueblos de montañeses, eran designados ó se llamaban
á sí mismos Comcch i ligones. En realidad de verdad, sería hoy por hoy
casi imposible fijar con certeza este detalle esencial; pero, sea lo que
fuere, la existencia de dicho nombre, es fácil comprobarla dados los di-
versos elementos de criterio de que puede echarse mano para, ello.
Así la toponimia primitiva, la divulgada en el preciso momento de la,
fundación de Córdoba, registra una designación sugerente: á la serra-
nía, que se prolonga al sur de ¡a ciudad, se le llamaba, « de los Comedón-
gones», además de poseer su nombre indígena de Charabá luego, en
los documentos contemporáneos, no es extraño que al referirse sus auto-
res á la fundación de Cabrera, lo hicieran con la, escueta frase de « pobló
en los Comechingones » 3 ; asimismo, los gobernadores á partir do 1 574 lo
lian, na provincial, ni llelaeianes ¡/rourd/icas <!<• Indias. II, Apéndice III, l,IV. Ma-
drid, 1885.
1 Uakzana, Ihitl., L1V y siguiente..
1 Archivo municipal, (le Córdoba, I. (M. Córdoba, 1882. El texto del señalamiento
de términos Inicia el sur de la nueva ciudad, permite suponer que en aquel entonces
(1573) se llamaba sierra de los Comechingones, .no sólo á la conocida actualmente,
bajo ese nombre, sino también á las eminencias, más ó menos aisladas, qno existen
al norte del Champnquí hasta el cerro de los Gigantes : « desde esta dicha ciudad —
dice el viejo documento — como bá prolongando la Sierra llamada de los Come Chin-
gónos » .
1 Fragmento!» de la información de méritos y servicios de Hernán Mejía Miravul, en
eran <le las « provincias (le Tticuinún, 1 Magüitas, juries e < omechingo-
nes » ’.ror otra parte, las crónicas más primitivas emplean la referida
designación étnica ■; la misma, que aparece, con ligeras variantes de
ortografía en los viejos mapas de Doet (1585) :l, Mercator (1587),
VV.ytlIiet (151)7) \ láiiscliotím (1508) 11 , (¿nadas (1(»08)‘', Koerins (1(11 1) ó
en el sin lecha, de riscal, or 7, ya al noroesli‘,al norte ó en la misma (Jór-
doba. Es sabido, por último, que los cronistas del siglo xvm — Lozano
y su repetidor Guevara — hablan indistintamente de la «provincia »,
del «distrito», déla «nación» ó del «territorio» de los Comecliingo-
nes, aunque refiriéndose, siempre, á la parte montañosa de la provincia.
En cuanto á la existencia de los Sanavirones como entidad étnica
más ó menos independiente, sería prematuro emitir una opinión defini-
tiva. Sin embargo, llama la atención la concordancia perfecta (pie existe
entre diversos documentos á propósito de la región en que vivían aque-
llos indígenas. En 1585, Sotelo Narváez señalaba la existencia de
pueblos primitivos (pie hablaban «Zanavirona », á lo largo del río Sa-
lado8; los documentos de la misma época, se refieren reiteradas veces á
las « provincias de los salabines y safiabirones en el río Salado» !) ; y la
.1. T. Micdina, Colección de, documento»' inédito» paca la historia de Chile, XVI, 181.
Santiago do Chile, 18!)8 ; Servicio» del capitán Hernán Mejía Mirara!, en cuyo expediente
fi<iura la información levantada para averiguar qué indio» eran lo» que vivían en el valle tic
Talanieurava, en Ibid., XXVI, 195. Santiago do Chile, 1901. Podría multiplicarlas
citas, poro juzgo suficientes las traídas á colación, obtenidas do documentos produ-
cidos por uno do los autores principales do la conquista y colonización do Córdoba
y publicados, por otra parto, cu un repertorio accesible.
1 Archivo municipal, etc., 1-11 y passim. Conviene so sopa, sin embargo, que don
Jerónimo Luis do Cabrera, autos de entregar el gobierno á Gonzalo de Abren de
Pignoren, agregaba á sus títulos de capitán general y justicia mayor, el de goberna-
dor de las « provincias de Tucumau, Xuries y Diaguitas de la Nueva Andalucía », etc.,
(conf. Archivo municipal, etc., 25 y passim).
s Rui Díaz dio Gijz.mán, Historia argentina del descubrimiento, población y conquis-
ta de la» provincia» del llio de la data, en Pedro i»h Anuicus, Colección do obra» y
documentos relativo» á la historia antigua y moderna de las provincias del Rio de la da-
ta, I, 77, Rueños Aires, 188(5. Rui Díaz firmaba la dedicatoria de su obra al duque
de Meilinasidonia, en la ciudad de La Plata el 25 do julio de 1612,
3 V. M. Mauiitua, Juicio de límite» entre el Perú y /¡alivia. Prueba peruana presenta-
da al gobierno argentino. Carta» geográfica» (seguíala serie), carta V. Barcelona, 1906.
1 A. P„ Noiidenskioi.D, Facsímile- Atlas lo llie early history of cartography, láminas
XLVII y U. iStocklioini, 1889.
Mauiitua , Ibid., carta Vil.
0 NoudexskioM), Ibid., carta XLIX.
7 Mauiitua, Ibid., cartas IV y X.
8 Sotei.o Naiiváez, Ibid., 146.
8 Información de los mérito» y servicio» del capitán Nicolás de (¡ árnica (1585), cu
.1. T. Micdina, Colección de documento» inéditos para la historia de. Chile, XXIV, 106 ;
— 295 —
■crónica- <lc*l padre Nicolás del Techo trae el párrafo siguiente que corro-
bora las referencias anteriores: Esterensis Collegn excursores — dice —
quinqué f criné mensium spatio, littora fluminnm ¡Salsi cü J hiléis excutientes,
septem ludo ni ni milita Exhomologcsi <i multis nunquam alias usurpatá
expiavérc ; inultos baptizavérc , supcrstitiosas consuetudines abolcvére , Idola
■cremavére, Tonocotibus , Diaguitis, Sanovironibus ad se adventantibus per
interpretes nostra my sirria cxplicavérc
Considero, pues, probable, (pie los Sa-navi roñes debieron formar
•diversas agrupaciones instaladas ni sudeste do la- actual provincia de
Santiago del Estero y, quizá, en el ángulo noreste de la de Córdoba.
Asimismo, no se han conservado sino vagas referencias á propósito de
los Indamas, que algunos suponen fueron indígenas que vivieron, tam-
bién, en la provincia de Córdoba. La verdad es que en ciertos documen-
tos, se menciona una « lengua » de aquel nombre 2; en otros, el texto es
suficientemente explícito para suponer, con relativa certeza, se tra-
tara tan sólo, de una subtribu que hablaba, el ►Sanavirone :l; pero, ningu-
no de ellos hace referencia con precisión á localidad ó región alguna.
Parece, por otra parte, qne las extensas llanuras meridionales y orien-
tales de Córdoba, estaban en el momento histórico de la conquista muy
poco pobladas4. No existe, por desgracia, referencia aceptable á propó-
sito de los indígenas que por allí merodeaban ; sólo se sabe que á la región
próxima, al río Cuarto se la llamaba « provincias de Chocancharagua
ó Chocanehavara », y que á descubrirla filé en 1574 Lorenzo Suárezde
Eigueroa, quien encontró agrupaciones sumamente incultas \ Más hacia,
el sur érala «Trapalanda» fabulosa".
recórrase, igualmente, el texto de las páginas <105 y 'IOS. Santiago do Chile, 1900.
Un la actualidad, uno de los departamentos meridionales do la. provincia de Santiago
del Estero, lleva el nombre de Salavina.
1 Nicolao i>kl Thcho, Historia provinciae Paraquariae Socictatis . fesv , 235. Leo-
dii, 1(573.
* Uauzana, Ibid., LIY.
3 So r i : lo Nahvákz, Ibid., 144.
* Sor 10,0 Nauvái'.z, Iliid., 152.
5 l’icoito Lozano, Historia do la conquista del Paraguay, Ilío de la Plata y Tucumán,
•en Colección de obras, documentos y noticias inéditas ó poco conocidas para servir á la
historia física, política y literaria del Río déla Plata, IV, 283. Unenos Aires, 187-1.
Con mayores antecedentes histórico-dooumontales, os probable pueda demostrarse
i|iio ya por aquella ¿poca, las campiñas meridionales de Córdoba, eran habitadas pol-
los Puelches septentrionales ; quizá esos «Pampas» que vivían próximos á San Luis
á mediados del siglo xvn (Alonso di: Ovalli:, Histórica relación del reino de Chile, I,
!77. Santiago de Chile, reimpresa sin fecha por J. T, Medina), y deseriplos menuda-
mente un centenar de años después por Tomás Ealkncr (Kalknhh, Ibid., -1 5 , 99 y
siguientes).
’ En las copiosas informaciones levantadas para evidenciar la existencia de los
— T. IV. (II, 17, 1011.)
RIÍV. MISTO I.A PLATA.
20
Los antecedentes histérico-documentales de que dispongo, no me per-
miten determinar con certeza, ni aun relativa, el sirca, geográfica ocupa-
<la por las sigrupaciones de Comccliingones.
La antigusi provincia, ¡i que por extensión se aplicsiba también aquel
nombre, se extendía desde Sumampa al norte (actual departamento ho-
mónimo en la provincia de Santiago del listero), basta alcanzar por el
sur la jurisdicción de la ciudad de la Tunta de ¡os Venados (San Luis),
«donde da principio la serranía que Córdoba tiene á distancia de tres le-
guas al poniente» Como considero á estos antecedentes demasiado
vagos, es menester recurrir á otras referencias que puedan corroborar-
los y ampliarlos. La toponimia de la actual provincia de Córdoba, ofrece
en algunos de sus nombres geográficos cierta desinencia que parece
serle propia: me refiero al substantivo sacat. Así, la primitiva Córdoba,
filé fundada precisamente « en el asiento que en la lengua de estos in-
dios — dice el acta, respectiva — se llama Quisquizacate » Dejando de
lado las interpretaciones más ó menos antojadizas de algunos cronistas
á propósito de la traducción de dicho substantivo y el idioma á que per-
tenecía, no cabe la menor duda, de que se trata de un elemento idiomá-
tico propio de los indígenas que habitaban la. localidad, que, como lo he
dicho en párrafos anteriores, eran los Comedí ¡ligones3. Por desgracia,
enignuíticos pueblos de Talan y Curaca — emplearé una de las múltiples denomina-
ciones — se suelen encontrar ciertas referencias que sin duda contienen un fondo de
veracidad, alterada grotescamente en las deposiciones de españoles obsesos por su
visión aurua, y mucho menos dcsligurada por los testigos indígenas. Conviene, pues,
examinar dichos documentos, publicados en muchas partes por Manuel Ricardo
Trelles (Curtan de Indias, en llevista de la Biblioteca pública de Buenos Aires, III, 51-65.
Unenos Aires, 1881) ; resumidos por Mareos Jiménez de la Espada (Relaciones geográ-
ficas de Indias, II, apéndice 111, XLVI1I-LI1. Madrid, 1885) y reproducidos en sn
integridad por José Toribio Medina (Scrridos del capitán Hernán Mcjía Miraval, etc.,
en Ibid., 1 5)7, 237).
1 Lozano, Ibid., I, IM!l,
8 Archivo municipal, etc., 21. La fundación de Córdoba se realizó el 6 de julio de
1573. Algunos meses después, el 11 do marzo do 1574, so dispuso que la ciudad se
edificara en otro lugar del valle del río, á « un cuarto de legua» del escogido en un
principio (Ibid., 51).
:l .í propósito de la desinencia sacat, dice Lozano : « á la verdad, era uso común
de estas provincias, intitular los pueblos del nombre do los caciques, como so reco-
noce en la lengua misma, kakana... y en la Sana r¡ vena, que se habla vulgarmente en
la Jurisdicción de Córdoba, en que sacat significa pueblo, y se hallan aun los Hama-
ca t, Anizacat, Cltinzucat, Costozaual, que eran pueblos <lc esos caciques» (Ibid., I, 171 y
siguiente) ; pasaje — el transcripto — reproducido por el padre José Guevara con la
sola variante de haber substituido Costasacai por Sanumbuzacat (conf. J. Gukvaha,
Historia del Paraguay, Ilío de la Plata y Tucumán, en Anales de la Biblioteca, V, 192.
Buenos Aires, 1908). Ambos cronistas, sin embargo, incurren en error por cuanto su-
ponen existiera la costumbre de designar las localidades con el nombre del jefe res-
— 297
se conservan muy pocos <le esos nombres primitivos de lugares; sólo co-
nozco los de Non saca te (departamento de Iscliilín), Salsa cate (departa-
mento de Totoral), Anisacate (departamento de Santa María), y Costasa-
cate (departamento de río Segundo); un reducido conjunto, disperso en
departamentos del norte, oeste y centro '. En cambio, los documentos y
crónicas primitivos registran buen número de localidades caracterizadas
por el elemento de que me ocupo, y sólo en la « encomienda» de indí-
genas que se adjudicó Jerónimo Luis de Cabrera, figuran 2(5 de aquéllas,
unas situadas en el valle de Cosquín y las más, en las cercanías de Qui-
lino ó distantes de esa aldelmcla, seis leguas á lo sumo 2.
Todas las designaciones geográficas á (pie acabo de referirme, se ha-
llan, pues, circunscriptas á la región montañosa y á las llanuras más
próximas á las faldas serranas. Sin embargo, aun más al norte aparece
un poblado de « Isacate », como término de la jurisdicción de Córdoba 3 ;
hacia el este, los límites de Santa Fe y Santiago del Estero parece es-
taban determinados por un lugarejo llamado « Marchinsacati» 4 ; asi-
pectivo ; bastará recorrer, para convencerse de lo antojadizo do la referida interpre-
tación, la copiosa nómina de caciques y pueblos de la « encomienda » que se ad-
judicó don Jerónimo Luis do Cabrera. En ella figuran, entre otros, los pueblos do
«Ausaoat», « Ohupissacat », « Unsacat », « Chulusacata », « Sauisncat», etc., cuyos
caciques eran Oxil, lio, Salaya, Vellisto y Natuartimo, respectivamente (conf. Indio s
de Córdoba, en Revista de la Biblioteca pública de Rueños Aires, III, 123. Buenos Aires,
1881) (*).
' lio formado la breve lista incluida en el texto, vallándome do las ricas nóminas
de lugares de cada departamento, contenidas en la excelente obra- de Rio y Aehával
(Manuel 1j. Río y Luís AoiiÁval, Geografía de la provincia de Córdoba, II, 176 y
siguiente. Buenos Aires, 1905). Á las designaciones referidas, podría agregarse la de
Guy aséate (Guyasaeat ?) en el departamento de Tulumba, y la de (Jbaracate (Cliar-
sacat ?) en el do Cruz del Eje que, sin iluda alguna, son nombres desfigurados.
3 Los nombres contenidos en la «encomienda» de Jerónimo Luis de Cabrera, son
los siguientes: Yaeaya-sacat, Main-sacat, Masegua-numbosacat, Yuias-sacat, Cat-
Lansacat, Ausacat., Chupissacat, Unsacat, Chulusacata, Snuisacat, Gualala-sacat,
Papasacata, Ipachisacat, Cauira-sacat, Asiasacat, Mnnusaeat, Idaclianavo-sacat,
Milangasacat, Camasacate, Soia-sacat, Tucuina-sacat, Mundena-sacat, Quaso-sacat,
Umba-sacat, Insacat, Inclún-sacat (Indios de Córdoba, etc., 123 y siguiente). Todos
estos nombres debieron ser de lugarejos situados en los departamentos de Iscbilín y
Tulumba. Schuller, lia reunido la mayor parte de las designaciones caracterizadas
por la desinencia saeat, mencionadas en las crónicas más conocidas (conf. R. R.
Sciiullek, Vocabularios y nuevos materiales para el estudio de la lengua de los indios
Lincan-Antai (Afacamcños)-Calchaqui, 81 y siguiente. Santiago do Chile, sin fecha).
3 Archivo municipal, ote., 66 y 163 ; Lozano, Tbid., IV, 282.
1 Manuel M. Oekveiia, Historia de la ciudad y provincia de Sania l<'e, l!>7 A-IRRR,
1, 135. 153, Sania Fe, 1908. Creo que la citación hecha por (fervora debe registrar
(') Los nombren contenidos en la referida encomienda, los transcribo tal nial lian sido publicados,
piro me consta que aparecen desfigurado* por numerosos errores de copia.
mismo, el mapa de Lúeas de Quitos, registra el nombre de Sonsoeate
sobre el curso inferior del río Salado l, y Ave Lallemant habría llegado
ú establecer que los indígenas que vivían en las serranías orientales do
San Luis, en el « valle de (Joncarran y el bajo del río de Oonlara, » eran,
también, (Jomee.hingones \
l*or otra parto, un conquistador perspicaz, y siempre, bien informado,
el licenciado Juan de Maticnzo, llama « provincia de ancenusa », á la
región comprendida entre los ríos Salado y Dulce que, según él, era
habitada por « los indios (pie llaman comenchinganes » ; y, en otro lugar
de su obra Gobierno del Perú , hace notar claramente que los indígenas
referidos llegaban á « ealamochita », es decir, confirma las suposicio-
nes de que los pueblos (¡omechingones alcanzaban bástalos prolonga-
mientos australes de la cadena de montanas poco elevadas que lleva
su nombre a.
Todo este cúmulo de antecedentes confirma en gran parte mis afirma-
ciones : el área de dispersión de aquellos indígenas era. extensa, pues
sin duda alguna comprendía todas las sierras cordobesas, y quizá las
llanadas más próximas.
Los valles templados y las quebradas umbrosas de las serranías, es-
taban habitadas por una densa población. Jerónimo Luis de Cabrera
que recorrió esa parte del territorio antes de fundar á Córdoba, calcula-
ba en JO. 000 el número de indígenas; diez aiios después, sólo aquella
ciudad tenia 12.000 individuos aptos para ser repartidos; y, aun en
1000, el número de indígenas que la servían, alcanzaban á 8000 \
el nombre verdadero '(leí lugarejo, desde que el autor nombrado ha tenido ¡í la vista,
las más de las veces, documentos originales ; sin embargo, conviene se sepa que en
otros documentos posteriores, á las « tapias » ó « taperas » de Marchinsaeato se las
llama de «Martín Zarate» (conf. Dncuo i>n Ai.vk.au, Cuestión (le límites iuter-provin-
<•, iales cnlre Santa-Fe y Rueños Airee, 8(¡. Buenos Aires, 1880).
I Mauistua, I liid. , carta XI. Debe recibirse con reservas la referencia geográfica
del mapa do Cpiirós, plagado de errores injustificables. « ¡lacia Halabina — dice por
otra parto Lozano (Ibid., IV, 126) — anduvieron muy solícitos en el obsequio de
nuestros conquistadores los caciques Nuqui y Aquina, que. mandaban en el pueblo
de Cansagat » [Gansacat ?].
s (¡Kit. ma\ Avíe Lai.i.hmant, Arqueoloyía aryeulina, en Revista de la Sociedad yco-
yr Aflea aryenlinu, I, 129. Buenos Aires, 1881.
II .Iuan mi M ati unzo, Gobierno del l'erú, 1811 y siguiente. Buenos Aires, litio.
« Otro pueblo — dice Matieuzo -(pie se di/.e sane tingo del estero, que es en la pro-
vincia do los ludios ¡lirios, de allí sale un Río que diz, en id estero, que va á me-
terse en otro Río grande que di/.en Río Salado, y en medio de ellos esta la provincia
de aneenusa que son los Indios que llaman comenchinganes » (Ibid., 189).
4 Relación en suma de la tierra y poblaciones que don Gerónimo Luis de Cabrera, yo-
bernador de las provincias de los juries, lia descubierto, donde va d poblar en nombre (Ir
un muy estad una ciudad, en Relaciones yeoyrájieas de ludias, II, 110. Madrid, 1X80;
29!) —
Por desgracia, los primeros conquistadores y los ¡nitores de crónicas
conocidas son parcos, con exceso, en cuanto si. informaciones á propósito
de los caracteres morfológicos de aquellos interesantes pueblos de mon-
tañeses : « la gente desta tierra es una gente crecida. » dice Sotelo Nar-
váez, algo más escrupuloso, pero igualmente lacónico l.
Asimismo, el conocimiento de los earácteres lingüísticos de aquellos
pueblos, constituye boy por hoy un problema insoluble, planteado con
antecedentes contradictorios proporcionados por los contemporáneos y
comentadores posteriores. En los comienzos de este parágrafo lie demos-
trado,11por otra parte, la falta absoluta de concordancia entre los datos
suministrados por Sotelo Narváez y los del jesuíta Jíarzana, no obstante
tratarse de sujetos bien informados. Oreo, con todo, y quizá futuras in-
vestigaciones lo evidencien, que el Sanavirone no debió ser el idioma más
generalizado entre los montañeses de Córdoba, desde que los misioneros
no se valieron de él para catequizar á los indígenas. Es probable, también,
sean sin fundamento las suposiciones de Lozano y (i nevara sobre el ori-
gen Sanavirone de la desinencia mcat 2 y aun del mismo nombre Co-
mecbingones 3 ; recuérdese, tan sólo, la frecuencia en la toponimia lo-
cal de designaciones con aquella característica, posible indicio de la
existencia de cierta entidad lingüística difundida, y proveniente del mis-
mo idioma hablado por los indígenas con quienes trataron lós primeros
colonizadores
Es indudable, por otra parte, la existencia de varios dialectos locales,
mencionados, no sólo por los misioneros, sino también en las largas
epístolas que el Cabildo cordobés dirigía á las autoridades de la metró-
poli; formas dialectales que las buenas gentes de la época no tenían
ambajes en considerar como idiomas independientes \
Sotkuo Nakvákz, Ibixl., 151; Tkoho, Ibid., ■!(!. Asimismo, Harzana expresa en su
«¡ubi. (¡bul., LVIll), (pío según noticias transmitidas por el gobernador do la provin-
cia de Tucumán, existían en Córdoba alrededor do SO. 000 indígenas «sin bautizar»-
1 Carece por completo de verdad, colno lo hace notar Paul Groussae (Gukvaka,
¡hid., 1!), nota 2), la suposición de que Díaz de Cuzuuín atribuyese á los Comeohin-
gones «la calidad de pigmeos» (P. dk Anoiíu.s, Indice < laográfico é histórico, agrega-
do ¡i la Historia argentina del descubrimiento, etc., XX11I ; véase, igualmente, la voz
« pigmeo »). El cronista nombrado, como uno de tantos, no se ocupa en lo unís mí-
nimo de los caracteres morfológicos de los primitivos habitantes do Córdoba.
2 Lozano, Ibid., I, 175 ; Gukvaka, Ibid., 192.
3 Gukvaka, Ibid., 230.
1 « Estando en el asiento que en la. lenguado estos indios se. llama (¿uisqn izara fe >*
(conf. Archivo municipal, etc., 21).
'■ Hakzana, Ibid,, LIV y siguiente ; Vioknth G. (¿husada, Los indios cu Im pro-
vincias del I lío de la Plata, en Historia, I, 311. Muchos Aires, 1903.
800
Por suerte, los caracteres sociológicos «le los Comedí ¡ligones lian sido,
relativamente, mejor anotados.
La mayor parte de sus alimentos era, según parece, de origen exclu-
sivamente vegetal. Á poco de haberse realizado la conquista, comían
aun maíz, fréjoles ', las semillas de (Jhcnopodium quinoa, las sabrosas
vainas do las especies de Proxopix «pie abundan en la región y las fi ntas
de Gouerlia decorticanx 2.
El uso de excitantes, tan difundido en la mayoría de los pueblos
indígenas sudamericanos, era muy limitado entre los montañeses «le
Córdoba, quienes fabricaban escasa cantidad de bebidas fermentadas :l ;
pero observaban, en cambio, una interesante costumbre : aspiraban pol-
la nariz el polvo obtenido triturando las frutas «le Piptadcnia muero-
carpa 4.
1 Debe tratarse, sin «bula alguna, «lo represen tantos «leí género Phascolus ; aunqu«-
«ís imposible establecer la especie, pues ya en el momento histórico «le la conquista
había en la antigua provincia «le Tucumán « frísoles «le muchas maneras ». (Sotki.o
Nauváhz, Ibid., 141). liaré notar, que en las tumbas prehispánieas «le Ancón, se han
hallado hasta ahora granos «le Phascoluis vulgaris, Ph. multi/lorus, Ph. pallar y Pli.
stipiilaris. (A. dio Rociikiiuunk, Rcchcrchcs d’ethnoyraphie botanique sur la flore den
sépidtures póritincnncs d’ Ancón, páginas 12, 17 y siguientes «le. la tirada aparte «le
esta memoria aparecida en las Avien de, la Sooióté f/iunccnne de, Bordeaux. París, 18711 ;
L. Wittmack, IHe Nutzplanzcn dar alten Peruaner, en Congrhs international des Amcri-
caninten. Coniptc-rcndu de, la sepliémc session. llcriin 18SS, 331 y siguientes. Berlín,
1890), y «pie las dos primeras especies existen cultivadas en la República Argentina
(.J. IIinitONYMllS, Plantae diaphorioae Jlorac aryentínae, en Boletín do la Academia na-
cional de Cieneiae en Córdoba (República Argentina), IV, 273 y siguiente. Buenos Aires.
1882).
* Sotki.o Nauváhz, Ibid., 151. Sotelo Narváez no especifica que comieran preci-
samente las semillas, va i ñas y frutas, pero, las especies vegetales ¡í que aludo en el
texto ofrecen sólo esas partes comestibles. Además, es tan sabido «pie las semillas de
Cheriopodium quinoa constituyen un alimento vulgarísimo en gran extensión de Sud
América, «pie las vainas «le. Pronopin nigra y Prosapia alba forman la base de la ali-
mentación de los indígenas y campesinos ilol norte do la República, y que los frutos
do Gouerlia decorticans son, también, utilizados entre los pueblos primitivos del
Chaco, que juzgo inútil ofrecer los ejemplos que, en otro caso, fueran imprescin-
dibles.
3 Oaiiukua, Ibid., 111 ; Soria, o Nauváhz, Ibitl., 152. «lis gente «pie no se em-
briaga— dice Cabrera — ni se dan por esto del beber, como otras naciones de in-
dios, ni se les hallaron vasijas «pie para esto suelen tener. » Sin duda alguna, « I
limitado « caudal de la azua » («diitdia) á «pie alude Solido Narváez, debió ser «le
Prosapia, única clase «pie se fabricaba en la antigua provincia de Tucumán (conf.
Bauzana, Ibid., l.VI ; Bhuxaiik Cono, Historia del Nuevo Mundo, I, 317. Sevilla,
1890).
4 «Toman por las narices «d sebil, «pies una fruta como pilca ; hócenla polvos y
bóllenla por las narices» (Sotki.o Nauváhz, Ibid., 152). Al leer por primera vez el
texto transcripto, se me ocurrió «pie en la época «lo Sotelo Narváez «piizá podría
301
Bus habitaciones debieron afectar una, forma y disposición curiosas.
Por desgracia, sólo se sabe que eran amplias, bajas, construidas de tal
modo que la mitad de la altura correspondía á, una excavación hecha en
el suelo, y á las que se penetraba « como á sótanos,» según la expre-
haberso llamado « cebil » á una leguminosa distinta de Piptadenia macrocarpa, ele-
mento exclusivo do la formación fitogeográfica subtropical. Efectivamente, esos bos-
ques do Piptadenia, en los cuales, según la frase de Eduardo L. Ilolmberg, «so
siento (d viajero como solicitado por un mundo solemne y algo místico, en el «pie
reinan la paz y el silencio», no se oncuontran, ni aun esporádicamente, en la pro-
vincia de Córdoba, pues el habitat do aquel gónero alcanza, íí lo sumo, al sur de
Tueutnán y ciertos lugares del noreste de Cutamurcn. Pero, Sotelo Narvácz agregaba
en su interesante carta : « ques una fruta como vilca», dato complementario sufi-
ciente para poder determinar la especio vegetal cuyas semillas, trituradas, aspiraban
los indígenas de Córdoba. Con efecto, refiriéndose á la « vilca » uno de los más
sabios cronistas de Indias, expresa que « produce unas vainas enjutas, como alga-
rrobas, de una tercia tic largo y dos dedos de ancho, y en ellas unas pepitas del
tamaño y delgadeza de medio real, la cáscara, lisa, de un color leonado oscuro y
muy delgada » (Cono, Ibid., II, 95). Con este antecedente de importancia., solicité
los buenos consejos del doctor Carlos Spogazzini, quien me manifestó, con su genti-
leza habitual, que, dada la descripción precisa y hasta meticulosa del padre Cobo,
podía, sin reticencia alguna, identificar á. la « vilca» peruana con Piptadenia macro-
carpa El hecho de usar los primitivos habitantes de Córdoba los frutos do aquel ve-
getal extraño á la. región, demostraría, pues, que dichas agrupaciones indígenas
mantenían relaciones comerciales — posiblemente simples intercambios — con los
pueblos limítrofes.
Por desgracia, nada se ha publicado sobre la composición química, de las vainas
y semillas de Piptadenia macrocarpa, pues las investigaciones hechas por Emilio
Wolff (Aschcn-Analysen ron Latid und fors twirlschaftlichcn Produkten, Fabrik- Ah fa-
llen und wildwachscnden Pflanzcn, II, 105-106. Ilorlin, 1880), sólo so refieren á ceni-
zas, cuyo análisis se diferencia notablemente del orgánico ó inmediato ; y las mismas
referencias contenidas en la clásica obra do .1. Ilieronymus (Ibid., 282), carecen
de interés : esta ignorancia dificulta dosde luego, y sobremanera, la explicación
do la costumbre que me ocupa. Se sabe, sin embargo, que las semillas de la. legu-
minosa. referida, son ricas en ácido tánico ; y, quizá, los indígenas, conociendo dicha,
propiedad, usaran el polvo á modo do astringente para combatir la. mináis tan fre-
cuento en las selvas subtropicales. No obstante, si prolijos estudios demostraran que
las vainas y Homilías contienen snpouinn., el polvo en cuestión habría sido, como en
diversas regiónos de América el de otras especies de Piptadenia, un fuerte excitante.
Varios antecedentes me inclinan á considerar como probable la última suposición.
Así, por ejemplo, en el siglo xvuí, los Lulos que vivían en las selvas chaqucnses,
observaban cierto ritual durante el cual los ancianos se hacían « soplar con un ca-
nutillo en las narices — dice Pedro Lozano — los polvos de la semilla del árbol lla-
mado senil, que son tan fuertes, que les privan del juicio», etc. [ Descripción choro-
yraphica del terreno, ríos, arbolee, y animales de las dilafadíssimas Provincias del Gran
Chaco, Gualamba : y de los ritos, y costumbres de las innumerables Naciones bárbaras, c
infieles, tiñe le habitan, 96 y siguiente. Córdoba (República Argentina), 1733] ; mien-
tras, por otra, parte, ('I doctor Salvador Debenodetli, del Museo etnográfico tic la Fa-
cultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, ha tenido la gentileza
de comunicarme que cuando entre los Matacos del Chaco argentino una mujer desea.
— 802
sión (le Jerónimo Lilis de Cabrera Los caseríos eran abundantes, y
tan próximos los unos de los otros que, en ciertos casos, no existía entre
ellos una verdadera solución de continuidad. Todos estos núcleos de po-
blación eran pequeños, á lo sumo formados por 40 habitaciones, gene-
ralmente constituidos por la reunión de JO, 20 o menos, distribuidas cu
llegar íí ser médico, además de someterse á diversas pruebas, debe absorber asimis-
mo, por la nariz, polvos de Piptadenia maeroearpa, qne á poco ejercen su acción
tóxica hasta dejarla «como enloquecida» — repitiendo la frase de mi amable infor-
mante, — momento «pie so aprovecha para arrojarle el perro, que el ritual exige
devore. No hay duda, pues, que entre los ludes y Matacos, los polvos de la legu-
minosa que me ocupa, se empleaban y aun se usan como excitante enérgico, pues
como se habrá notado, llegan á producir ataques epileptiformcs. Max Uhle, en
uno do sus eruditos estudios, ha eondensado numerosas é interesantes referencias á
propósito de la costumbre de aspirar excitantes entre los indígenas sudamericanos
(Max Uiií.k, .1 snuffing-lubc J'rom Tiahnanaeo, en Bullctin of the Frcc miiseum of Science
and Art of the University of Pcnnsylvania, 1, 100-177. Philadelphia, 1898). Al occidente
de América, los antiguos Peruanos de las regiones centrales (Jauja) y meridionales
(Lucana) del Imperio, los indígenas de los alrededores de La Paz, las tribus actua-
les de los ríos Punís (Ehrenreich) y IJcayali (Mareoy), como también los Yamamadis,
Ipil riñas, Antis, Chontaquiros y Conibos, aspiraban ó aspiran el polvo del tabaco
(sairi). Asimismo, las agrupaciones principales de la cuenca dt¡l Amazonas, como sel-
los Omaguas, Tecunas, Pases, Muras y Maullos; los W i tutos y Paravil lianas, de sus
tributarios septentrionales el Yapará y el río Urálico ; como también los Otomanos,
Guahibos, Salivas, Yaruros y quizá los Mai puros y Tamanacos del sistema del Ori-
noco, aspiraban al polvo (partea ó niopo) obtenido, especialmente, do las semillas de
Piptadenia peregrina, costumbre que llegó á extenderse hasta la isla de Haití (IJm.i:,
Ibhl., 1 G 1-1 í»4 ). Los pueblos indígenas sudamericanos (pie aspiraban tabaco lo hacían
medicinalmente, poro, también de ese modo, los sacerdotes llegaban á producir éx-
tasis (Uiir.n, Ibid., 171, nota 3) ; mientras el uso del polvo de Piptadenia ha causado,
siempre, efectos mucho más tóxicos, no sólo al aspirarse sino también al emplearse
en forma de ungüento (conf. IJm.ic, Ibid., 107, nota 3; 171, nota 21).
Se ha dicho que los montañeses de Córdoba guardábanlos polvos que aspiraban en
el interior de las conchas de Home oblotujm (Dohiunu, ibid., 175) ; y, aunque no
conozco los hallazgos que puedan acreditar dicha afirmación, nunca estaría en pugna
con la lógica desdo que las tribus de Puras (Amazonas) usan con tal objeto las Ampo-
llarlas (P. Eiiuunricicii, lieitriige zar Fblkerkunde Brasiliens, en Veroffentliehungen
a as den Kdnigliehen Museum fiir Vdlkerkunde, II, 02 ligara 11. Berlín, 1891) y otro
tanto hacen los Antis y Witotos (Uiii.u, Ibid., 174, nota 1).
1 (jAiHUOltA, Ibid., 111. Los informes del fundador de Córdoba, son, sin duda, los
más precisos y detallados sobre el particular. En los documentos y crónicas posterio-
res sólo se registran vaguedades : así, la. brevísima referencia de Hételo Narváoz al
respecto, resulta ambigua en exceso (ibid., 152) ; los textos de Rui Díaz de Guz-
máu (ibid., 35 y siguiente, 09 y 77)y Lozano (Ibid., IV, 03), son igualmente obscu-
ros ; y en la crónica de Guevara, aparecen los hechos desfigurados por completo
ibid., 230). Es probable, pues, que el imperfecto conocimiento y las malas descrip-
ciones del tipo de habitación propio de los Comechingoncs, haya originado la especie
tan difundida de su troglodismo, que Funes, el déan de Córdoba, juzgaba inverosí-
mil por razones en verdad poco atendibles (Ghicgokio Fijnks, Ensayo de la historia
un recinto circulni' protegido por val lados de cnctáceas y arbustos espi-
nosos
En los documentos contemporáneos de la conquista, no se describe
separadamente la indumentaria de los hombres y mujeres : sólo se ha
anotado en aquéllos que vestían amplias camisetas y que se cubrían,
también, con mantas; ambas adornadas con multitud de cliaquiras 2
civil del Caraguay, Rueños Aires y Tncumdn, I, 120, nota a. Hítenos Aires, IKIII), y
que Angelis, no obstante, <;onsi«loi-»i.l»n. como (Anoicms, índice, gvcogrtijieo ya
citado, XXIII).
1 Cahuiciia, Ibid., 1J0 y siguiente.
2 Es imposible saber cuál era la clase de cliaquiras con que adornaban los Coiue-
ehiiigones sus vestidos. El « grauo de aljófar», el «abalorio ó vidrio muy menudo,
que llevaban los españoles para vender ¡i los indios del Perú » (Diccionario de la lengua
castellana por la ll cal Academia española, 303, in roce. Madrid, 1800), y aun las «cuentas
blancas» á. que alude Antonio de Herrera en su conocida, crónica (Historia general, de.
Ion hechos de los Castellanos atlas Islas y Tierra Firme del mar Océano; década IX, 180.
Madrid, 1730), corresponden, más bien, á acepciones restringidas, pues en realidad
de verdad se ha llamado cliaquiras, no sólo á las cuentas « hechas de huesos y con-
chas do la mar de varios colores », sino también á « cucnteeitas de oro y do plata muy
delicadas» (Cono, Ibid., II, 163 y 206).
Asimismo, de la definición contenida en el Ióxico de la Academia, podría inferir-
se que ehaqnira no fuera, como en verdad lo es, uno de tantos americanismos. He
podido establecer, sin embargo, que dicho vocablo no es Quichua, como lo pretende
A. Cañas Pinochct ( Estadios etimológicos de las palabras de origen indígena usadas en el
lenguaje vulgar tiñe se habla en Chile, en Actos de la Socictó scicntijiquc du Chili, XII,
100. Santiago, 1002), ni mucho menos cbiquita.no, como lo asegura Ciro Hayo (Vo-
cabulario de provincialismos argentinos y bolivianos, en Reme hispaniquc, XIV, 335. Pa-
ria, 1007), sino procedente del Cuna, uno de los idiomas ístmicos (*). Efectivamente,
Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdoz, rolirióndoso á los primitivos habitantes do la
« provincia de Cueva» en la antigua gobernación de Castilla del Oro, á esos indíge-
nas que habitaban entre el golfo de Uraba y el río Atrato al este y el curso del Cha-
gres al occidente, es decir en el istmo do Panamá, y una mínima, parte del noroeste
do Colombia, dice : « Destos caracoles grandes so hay.cn unas conteyitas blancas de
muchas maneras, é otras coloradas, ó otras negras, ó otras moradas, 6 camiticos de
lo mesmo : c hayen brazaletes en que con estas qiientas mezclan otras, ó olivetas de
oro que se ponen en las muñecas y eiiyima de los tobillos ó dcba.xo de las rodillas por
gentileya : en espcyial las mugeres, (pie se presyian de sí ó son principales, traen to-
das estas cosas en las partes que he dicho ó á las gargantas, ó llaman á estos sartales
cachi ra ó á las cosas desta manera, « (G. FicunÁndkz du Ovihdo y Vaí.déz, Historia
general y natural de. las ludias, islas y Tierra-Firme del mar Océano, III, 138. Madrid,
1853). Es indudable, pues, que el vocablo enchiva ó ehaqnira tenía una acepción muy
lata y fue difundido, especialmente al occidente do Stul América, por los conqnista-
( ) I,im Un mis son los i mi I gemís conocidos, tiiinliiéii, «mi les nombres de Tules, Uiuiueiiiiiis, Mine
dingns. UtievnH, ¡tuvimos, Unybns, Ulmeiimieim, T’neut.is, etc., sobre ouyns nllitidndeH lingüistirnH y
ergologbi en general, se encontrarán resúmanos discretos en publicncinncs de Daniel I!. Itrintoii
(Tlie ameriea.il race, 1711 y siguiente. New York, 1891) y AH'nnso l’innrt (T, ex indicas de. Vctatde Pa-
namá, en Jtevuc d' Ethnographic, VI, 47 y siguientes, l’nris, 1887).
304
tanto eu la abertura del cuello como en las bocamangas, ruedo, etc. 1
Las referidas piezas do vestir eran tejidas de lana de Lama hminttdms
¡/lama y Lama vicngna, ó aun, quizá, de Lama Imanadlas \
«loros voniilos dol nortes así también lo suponía Zorohahel Undrígucz (Diccionario de
chilenismos, 110 y siguiente. 1875) pero basado, tan solo, en el nuteceilnntc (pie liga-
ra en el glosario agregado como apéndice á la obra de Oviedo por sus editores (Ovik-
DO, Ibiil., IV, 597) ; aunque el autor chileno, como el mismo Rodolfo Lenz, incurren
en error al suponer á la voz que me ocupa y, por ende, á la « lengua de Cueva »,
como de las Antillas (It. Lknz, Los elementos indios del castellano de Chile. Diccionario
etimolójieo de las voces chilenas derivadas de las lenguas indígenas americanas. I, 260.
Santiago de Chile, 1001 -1005).
1 Oaiuciíka, lliiil., NO; Sorr.i.o NaiíVÁicz, [bul., 151 ; Haijzana, IbUl., LV11. Ca-
rece que llarzana limitara el uso de las camisetas y mantas á los individuos (le
cierta alcurnia, á los «principales», según lo anotaba en su carta. Pero se trata de
uno de sus párrafos más ambiguos, pues, en líneas anteriores, refiriéndose ¡í los pri-
mitivos habitantes (le Córdoba, hace notar que muchos de ellos « andan vestidos como
la gente del Piró» (Ibid., LVII) ; y, más adelante, podría inferirse de su relato que
el vestido de los Comochingoncs fuera parecido, sino idéntico, al de indígenas (pie
vivían próximos á listero, os decir, plumajes de avestruces los hombres y cubiertas
las mujeres por « pequeños lienzos» (Ibid., LVII). Los relatos de Cabrera y tíntelo
Narváez deben considerarse como absolutamente verídicos, desde ¡pie pudieron ver
á los indígenas en los primeros años do la conquista y tratar continuamente con
(dios. Por otra parte, las interesantes figuritas nnt.ropomórlicas de barro cocido «pie
describiré en otro capítulo de esta memoria, aportan un elemento de prueba apre-
ciable.
1 Sotici.o Nahváez, Ibid., 151 ; Caureha, Ibid., 140. Juzgo á los textos de ambos
conquistadores, suficientemente explícitos: « es gente — dice el primero — - que de su
natural se vestía de lana de ganado del Piró, que tienen alguno, aunque más peque-
ño » ; mientras el fundador de Córdoba, hace notar (pie los montañeses de la región
que visitaba, criaban « mucho ganado de la tierra » para aprovechar su lana. Ahora
bien, los españoles llamaban « carneros de la tierra », no sólo á la especie Lama
huanachus, sino también á sus variedades L. huanachus gluma y L. Imanadlas pacos
(conf. Cono, Ibid., 11, 31!) y siguientes). Como es sabido, la lana preferida por los
primitivos Peruanos para la confección de sus vestidos comunes, era la. de la. última
variedad citada, aunque también se utilizaba bastante la de llama y, menos, la de
guanaco ; en cuanto á ciertas lujosas prendas de vestir, eran tejidas con lana de L. vi-
cugna. El texto do tíotelo Narváez so refiero, sin duda, á I,, huanachus gluma y á I.
viougna, pues recalca el hecho de que se tratado animales pequeños : el uno, absolu-
tamente local ; el otro, aunque fuera do su habitat, aclimatado en la antigua, provin-
cia del Tucuiuán (*)como lo afirman contemporáneos fidedignos (Baiizana, Ibid., L\ I).
tíiu embargo, debo hacer recordar (pie Nohring lia hallado, caire los restos de ma-
míferos obtenidos en el cementerio de Ancón, algunos cráneos «pie cree podrían
pertenecer á einer Klcinercn lias se des Lama [ Lama huanachus gluma ] ; quizá la misma
(pie parece haberse desarrollado en la provincia del Tucumán (conf. A. NkiiiunG,
(Jvber Alt-peruanischc Haustliiere, en Congres International des Américanistcs. C'ompte-
rendu de la sepíleme session. Berlín, tSHH, 315 y siguiente. Berlín, 1890).
(*) I.a antigua provincia «1(4 Tucmnitn con) prendía las actuales de .tijuy, Salla, ( 'animaren, Turu-
nnlu, Santiago del Estero, líioja y Córdoba.
305 —
En cuanto á los adornos, consistían en plumajes colocados en la ca-
beza, á ¡os (pie se agregaban grandes alfileres, especialmente de cobre,
anchos y comprimidos. Además llevaban láminas y brazaletes, también
de metal
Por último, es indudable que tenían grandes sembrados 2 ; y habían
domesticado para utilizar la lana, las especies de camélidos á que me
he referido anteriormente 3.
Paitan, casi por completo, informes detallados referentes á bis diver-
sas manifestaciones de vida psíquica de los (Jomechi ligones, l’arzana,
sólo hace notar en su carta que mostraban marcada predilección por la
danza, y que frecuentemente cantaban en coro 4 ; y los textos de Sotelo
Narváez y del jesuíta nombrado, coinciden en cuanto á afirmar que los
primitivos habitantes de Córdoba no tenían un complicado sistema
religioso \ Por otra parte, los « sudatorios » á que se refiere con cierto
detalle Sotelo Narváez en su Relación, es muy posible los practicaran
con propósitos terapéuticos r'.
1 Carrera, Ibid., 140; Horneo Narváf.z, IMd., 151. El concepto que hubo de ex-
presar Sotelo Narváez en su Relación, desvirtuado por una grave trocatinta, queda
aclarado al leer el párrafo explícito de la carta do Jerónimo Luis de Cabrera : « Traen
todos los mas — dice el fundador de Córdoba — en las ticas de las cabezas», etc. Opi-
no que debe entenderse por ti ceas á los plumajes destinados al adorno do la cabeza
(conf. Domingo do S. Thomas, Lexicón ó Vocabulario de la lengua general del Rere, 174,
i n vocc. Valladolid, 15150.
9 Carrera, Ibid., 141. Podro Lozano (Ibid., I V, 03), considera á los Comochingo-
nes como esencialmente cazadores y pescadores ; pero, son afirmaciones vagas, sin
antecedentes que las corroboren y que no proceden de un contemporáneo.
1 Carrera, Ibid., 140; Hotei.o Narváez, Ibid., 151.
4 Barzana, Ibid., LVIII.
5 Sotklo Narváez, Ibid., 152; Barzana, Ibid., LVIII.
6 « Usan otra cosa — dice el conquistador á que me refiero en el texto — ques
meterse en casas debajo de la tierra y muy abrigadas á sudar, como manera de ba-
rios, y de allí salen después que sudan mucho tí que les dé el aire, aunque se enju-
gan dentro. » (Hotei.o Narváez, Ibid., 152). Esta curiosa costumbre, mencionada
quizá por primera vez entre los indígenas sudamericanos, coincido con las do ciertas
agrupaciones centro y norteamericanas. Dejando de lado los tcmazcalli de los anti-
guos Mexicanos, me bastará hacer notar que entre los Klamath y Modoc del sud-
oeste del estado de Orogón, cada cabaña indígena posee su sudadero construido
sumariamente sobre el piso ; aunque unos pocos, casi siempre semisubterráncos y
destinados á celebrar ceremonias fúnebres, son fabricados con mayor solidez (Ai.rert
S. Gatsciiet, Tht Klamath indiana of aonlhweatern Oregon, en Conlribulionn to Korth
American Kthnology, II, parte I, H2 y siguiente. Washington, Í8110). Los mismos in-
dígenas, observados por S. A. Barrelt al noreste y ni sur de los estados de Califor-
nia y Oregón, respectivamente, construían sudaderos sencillos para uso diario, pero
no poseían los especiales para ceremonias (conf. The material culture of thc Klamath
Lake and Modoc indiana of Nortlieastern California and aouthern Oregon, en IJnivcraity
— 30(5 —
Asimismo, es imposible determinar, boy por hoy, la organización
familiar y social. « Cada, pueblo — dice Cabrera en su Relación — no es
más que una parcialidad ó parentela»; y, más adelante, agrega : « viven
cu cada «¡asa. á cuatro yá cinco indios casados y algunos á más » 1 Podría
inferirse de los párrafos transcriptos, que los ( lomechingones estaban
agrupados en pequeños clanes totémicos : pero, no encuentro en los di-
versos antecedentes histéricos-documentales de que dispongo, referen-
cia alguna que denote las imprescindibles costumbres matrimonia
les exogámieas 2. Parece, por otra parte, que la mujer podía, obte-
nerse por compra, y que el matrimonio se disolvía con cierta facilidad,
pues aquélla abandonaba á veces al marido y llegaba á casarse nueva-
mente3 ; como es indudable, también, que entre las diversas agrupacio-
nes que habitaban las serranías solian existir relaciones hostiles
Los primitivos habitantes de la •provincia de Córdoba, no obstaculiza-
ron formalmente la tarea de los conquistadores; sólo se mencionan en los
documentos de la época, unas pocas reacciones aisladas que fueron sofo-
cadas con facilidad \ Por lo demás, muchos meses después de haber-
se fundado la ciudad, existían aun en sus alrededores algunos pue-
blos de indígenas; pero, no obstante, los naturales fueron absorbi-
dos ó se amalgamaron con los españoles tan rápidamente que Pedro
Lozano calculaba en trescientos los sobrevivientes en la época en que
escribía su apreciada crónica (i. Quizá esta última apreciación haya sido
of California publicationv in .-huerican Archaeology and Ethnoloyy, V, 245 y siguiente,
(¡gura 1. Berkeley, 1910). Conviene se sepa, por último, que entre los Klamatli y
Modoc, los sudaderos agregados á las habitaciones se mantienen con propósitos
terapéuticos, realizando, como en otros pueblos, una forma de medicina preventiva
ó curativa (Baioikt, ¡bal., 24(5 ; Max Baktuix, ¡He. Medie, in der Xaturvolkcr. liihno-
loyiache Hcitraijo zar Urycnohichlc der Medie, in, 135 y siguientes. Leipzig, IS93).
J Oahkhka Ibiil., 111.
3 Cuando leí por primera vez las ordenanzas dictadas por el gobernador Cénzalo
de Abren de Figuoroa, acerca de los indígenas de Córdoba (conf. Archivo munici-
pal, etc., (57, especialmente los artículos (i y 7), creí que ciertas disposiciones conte-
nidas en las mismas, respetaban tal cual regla de descendencia propia de clanes
totémicos. ¡Sin embargo, una lectura más detenida, me evidenció que sólo se trataba
de reglamentaciones que obedecían á necesidades del momento.
Igualmente, sería aventurado aplicar á los primitivos habitantes de Córdoba las
generalizaciones de Burzuua á propósito de la organización social de las agrupa-
ciones indígenas de la antigua provincia, del Tucmmín (Bakzana, ¡bid., LV y si-
guiente).
3 Archivo municipal, etc., 09.
I Caduiíha, ¡bal., 111.
3 Lozano, Ibid., IV, 281 y siguientes; Archivo municipal, etc., 225 y siguiente.
II Archivo municipal, etc., 182; Lozano, Ibid., IV, 283. líío y Aehával (Iliid., I,
307
•exagerada, juica a! finalizar el siglo xvni (1707), existían aún ocho pue-
blos ¡Samados de « Indios» y que eran los de Hoto, Pichanas (departa-
mento de Cruz del Eje), Cosquín (departamento de Punilla), Nono (de-
partamento de San Alberto), ¡Sonsácate (departamento de Iscbilín), y
otros tres, La Toma, San Antonio y San Jacinto, cuya posición precisa
ignoro pues los lia y del mismo nombre en diversos departamentos de
la provincia ®.
Actualmente no se conserva el más pequeño núcleo de población indí-
gena'; pero son sin duda veraces las afirmaciones de Angelis respecto
al carácter primitivo de Jos habitantes de Soto y Pueblito (departa-
mento de Cruz del Eje y Capital, respectivamente), y de Weyenbergh
á propósito de los de Pichanas (departamento de Cruz del Eje), dado
los antecedentes expuestos
§11, Los yacimientos neolíticos
En numerosas localidades de la provincia se han hallado, no sólo mu-
chos objetos pertenecientes á los pobladores neolíticos, sino también sus
propios restos óseos. Desgraciadamente, jamás se han realizado estudios
sistemáticos en las verdaderas estaciones señaladas ; y, lo que es aun
más sensible, el material recogido se ha inutilizado en gran parte para
la ciencia, ya por haberse extraviado ó por haber caído, después de
largas vicisitudes, en misinos de personas inexpertas.
Sin embargo, ciertas publicaciones, aunque sucintas, dejan entrever
que es muy posible se encuentren aun Kultur lager de importancia; así,
por ejemplo, en 1875 el doctor Luis Braokebuscli visitó en el cerro de
Intilmasi (departamento de liío Cuarto), las grutas ó abrigos que allí
existen, donde constató la existencia de frescos rupestres y petroglifos,
y encontró, también, algunos objetos de piedra11. Asimismo, ¡as puntas
373), hacen referencia' sí un grupo «te Siuiuvironos subsistente en Quilino («leparta-
inento «le Iscliilín) en el primer tercio del siglo xvn.
1 Relación que manifiesta el estado actual de los nct/ocios correspondientes é esta Pro-
vincia de Córdoba del Tucumdn en las cuatro causas do. Justicia, Policía, Hacienda y
(Inerra, con las comisiones, y encargos anexos á estos ramos, que forma el Brigadier Mar-
qués de Sobremonte para entregar á su sucesor el señor don José González, Ingeniero en
Gefe, en Cuestión de límites entre las provincias de San Luis y Córdoba, página, cxxxi «lo
los anexos. Córdoba, .1881.
5 Ano loas, índice geográfico ya «sitado, XXIII ; II. VVicrcKiiKimu, AU-indianisehe
fVcrkscMge, PJHÍspUzen n. dyl„ en Vcrhamllmujm der Berlincr (lesellsoliafl fih- Anlhra-
pologie, J'Jlhnologie mid Urgcschich te, XII, 373. Berlín, 1880.
’’ Li'is IlliACKEltcscil, Informe sobre, un viaje geológico, hecho en el verano del año
de flecha, de hueso descriptas por Weyenbergli, fueron recogidas acciden-
talmente j)or un campesino en los alrededores de Cruz del Eje, bajo el
occipital de un cráneo humano que apareció, con otras partes del esque-
leto, en una pequeña cavidad abierta sobre la pared casi á pico de un
barranco
Investigaciones más amplias han sido las realizadas por los docto-
res F. Ameghinoy A. Doering en los alrededores del Observatorio Astro-
nómico, aunque, también, sobre ellas sólo se han publicado brevísimas
noticias. La meseta que existe en el lugar á que acabo de referirme,
está cubierta en muy pocas partes por tierra vegetal, apareciendo, gene-
ralmente, la capa b' del subpiso superior de Doering (véase la página
280 de esta memoria), que ha sido puesta al descubierto por los agentes
erosivos. En el límite de ambas capas (a yb') pero penetrando en el hu-
mus, se han encontrado restos pertenecientes á una estación francamente
neolítica, consistentes en fragmentos de (marzo, puntas de flecha bien
f alladas, alfarerías, pedacitos de carbón, huesos quemados de Mazama
rufas, Zurdías cilíatus y cáscaras calcinadas de huevos de líltea sp. 2. Este
yacimiento mencionado por Doering, es, sin duda, el mismo á que se
refiere Ameghino, con más detalle, en su Informa, y del que proceden
restos humanos de individuos braquicéfalos, de «frente elevada, mandi-
lada inferior pesada», «fuerte prognatismo en el maxilar superior » y
« á menudo deformados artificialmente en sentido antero-posterior » ;
numerosos cuchillos, raspadores, puntas de Hecha triangulares con y
sin pedúnculo, hachas, morteros, molinos y percutores de piedra; como
también diversas piezas de hueso, alfarerías autropomórlicas y unos
pocos objetos de cobre 3.
lín las proximidades de esta estación fu ó descubierta otra más inte-
resante, au miiicu d'unc concha corrcspondant á la partía supáricurc da b,
IS7o, por tus ¡Sierran (le Córdoba y de San Luis, en Boletín de la Academia nacional de
Ciencia» exacta» exintente en la universidad de Córdoba, II, 170. Córdoba, 1875.
1 WkvioniuciuíH, Ibid., 370 y siguiente.
4 Dokiun'c, Ibid., 183.
3 Amiuuhno, Informe, etc., 351 y siguiente; Amucuino, Contribución, ote., 53.
Adolfo Doering uioneionn el descubrimiento de cráneos bnu|uicél'alos, alfarerías,
objetos de cobre, ele., al ocuparse de la capa vegetal del corte del ferrocarril á Ma-
lagüeño (Do mu NU, Ibid., 175). No abrigo duda, sin embargo, do que la estación á
que me refiero en el texto estaba ubicada en la meseta del Observatorio ; y pienso
que Doering ha procedido en la forma indicada, tan sólo para caracterizar una capa
con elementos retirados de otra equivalente.
lin la parte pertinente de esta memoria, al referirme á la estación deseripta so-
meramente en el texto, lo liará individualizándola con el número 1.
30!)
par coméqneut sur la lint ¡Ir. entre eetlc derniérc vi Ir lit végétal supérieur qui
mwqm.it ici complelement par Vcfl'et de la dénudalion l *. Do tillí so retiró,
un squelctte de femme, ciu front dolichocéphale et deprime, aux parois
crdniennes épaisses ; il était étendue sur le cote droit dans la direetion dn
couchant ait levant, le visage tourné vers le nord, la colonne vertébrale
un peu conrbée vers V avant, látete incliné o en avant, et sur le eóté, les
jambes plmjés en avant, comme si Vindividu en question eut reposé sur
les génoux on eut été aeeroupi, de maniére que les talón» soicnt en con-
tad a ver. le lamín. Les genoux idélaicnl expendan! p«s rapprochés dn
eorps comme dans les sépulcres indiens et ne fonnaient pus non plus
un angle droit avee la colonne vertébrale. Les bran tombaient normale-
ment en avant, les mains reposant sur la poitrinc... A environ 30 ccn-
t i motees des pieds dn squelctte, mais a une plus grande prof ondear quecelui-
cijilavaitune file de pierres, de meme qida l’cst, un peu en dessus de la
tete... Au-dcssus dn squelctte se tronca-i t une pointe de Jl éche en q nariz hlane
grossiérement tramillé, semblables a cellos qui Pon tronca aux environs et
qni avaicnt été mise h nu par dénudation de la sur face. Vas la moindre
trace de fragmente de poterie dans le voisinage. Dans la t erre, en dessus dn
squelctte quelqucs esquilles d.’os brisés et deux petits
morccau dn charhon ~. Para mejor inteligencia de
la. descripción transcripta, lie reconstruido, es- ®
quemáticamente, la posición del esqueleto (fig. 8). ^
Los restos referidos estaban acompañados — ©
dice Ameghino — por « numerosos instrumentos
de piedra tallada, de formas variadas pero gene- ®
raímente toscos» ; el más « característico — hace H
notar — es una especie de punta de dardo (?) unas veces pequeña y otras
de dimensiones considerables, tallada, en sus dos caías, de modo que re-
presente la formado una almendra. Siguen, este instrumento una cantidad
considerable de piedras arrojadizas talladas de modo que presenten nu-
merosas facetas, ángulos y aristas, y que sin duda lanzaban con la honda ;
pequeños molinos primitivos formados por dos piedras aplastadas en for-
ma de pequeños quesos, que frotaban unas sobre otras; percutores, mar-
tillos, algunos raspadores bastante escasos, etc., pero no se ha encontrado
allí hasta ahora ningún vestigio de alfarería »... « En cambio — agrega,
por último — se lia recogido una forma de hacha de piedra pulida sin sur-
co alrededor, casi igual á la hacha de piedra pulida de Europa» 3. Asi-
mismo, Adolfo Doering registra algunos datos complementarios; como
1 Dokiunu, tliiiL, 183.
s Dokiunu, Ibid., 184.
1 A m ku u i no, Informe , cíe. , 354 ; Amkuimno, ■Contribución, ote., 53.
310 —
ser, la presencia de huesos humanos rotos y quemados y de una valva
de Anodonta sp. \
Ameghino ha referido todos los restos de la segunda estación al pe-
ríodo mesolítico de sus clasificaciones arqueológicas, que — según su
criterio — representaría la facha más moderna de; la evolución indus-
trial del hombre pleistoeeno argentino \ Sin embargo, creo, como ya lo
he manifestado en otra parte de esta memoria, (pie se trata de una es-
tación, relativamente antigua, pero perteneciente á los habitantes neo-
líticos.
En primer término, los restos parece proceden de la parte superior de
la capa de locas cólico, exageradamente pulverulento, que cubre la me-
seta y en el cual, dada aquella particularidad, cualquier intrusión mo-
derna puede disimularse en brevísimo espacio de tiempo, sin quedar
rastro alguno de la removida verificada Además, al visitar el terreno
acompañado del doctor Doering, he podido darme cuenta que se trata
1 Doiauxu, Ibid., 183 y siguiente.
s Amicuiiino, Contribución, etc., 50 y siguientes. Sur Ira borda de qttclques ririerea rt
petita ruiaacaux — dice el doctor Ameghino al definir los depósitos mesolíticos — au-
deaaoua de tu conche de ierre (¡ni contient lea objeta neol i liliquea de tu province de llucnox-
.lyrea, deja mentionnea, on trouve dea (lepóla góologiquea modernea qui out une ópaixxcnr
de .7 a 7 mbtrea, un pea dureia génériilemenl par dea injillraliona cal eai rea el ferrugineu-
aea. Cea (lepóla — agrega — conlicnnant dea objeta d’une ópoque plita inicien ne que relie ó
ItiqueUc (tpparliennent lea objeta preceden! a, nidia qui cependunt aont poxlcrictira el de beau-
cintp a l’exlin elion dea derniera reprexentanta de la fauno foaailc de La ¡'lata (Asm-
umxo F., L’ lio ni me proliialoriqno daña la Cíala, en llerue <V .Inthropologie, VIII, 237 .
l’aris, 187!» ; consúltese, igualmente, la conocida obra del mismo autor: La antigüe-
dad, etc., I, 563 y siguientes). 161 período mesolítico comprendía, geológicamente, los
estratos superiores del piso platease do las clasificaciones estratigrálieas ya conoci-
das, es decir, de las formaciones lacustrinas post-pampeanas que aparecen en el
curso de ¡os ríos y arroyos de la llanura (A.mkuuino, La antigüedad, etc., 1, 563 y
siguiente; Amcüimno, Contribución, etc., 50). 8iu embargo, como en los úll irnos
tiempos el doctor Ameghino ha establecido el sincronismo del plateóse y (pierandiuo
{Amiíghino, Sinopaia, etc., 1 4 3 y paaaini), se impone una revisión (pie establezca el
valor cronológico y estratigráíieo de sus clasificaciones.
3 Sin duda alguna, la posición de los diversos restos (pie constituían la estación II
•del Observatorio, ha sido fijada con poca escrupulosidad. Ameghino, al mencionar el
hallazgo por primera vez, sólo decía: «debajo de una capa de tierra de unos 60
á 80 cm. de espesor» (Informe, etc., 351 y siguiente). Luego, unís tarde, hablaba
de « una capa, de polvo pardo-rojizo, poco coherente » (Amkuiii.n'o, Contribución, etc.,
53) ; de lo cual podría inferirse fuera la b' del subpiso superior de Doering, lo (pie, sin
embargo, no e.s probable, pues el mismo Ameghino ha incluido la estación ipic me ocu
pa en su período mesolítico ó sea en los estratos superiores del piso plateóse ó post-
pampeano (Contribución, etc., 50 y siguientes) y, en cambio, es sabido (pie mucho
antes del año 1880, ya consideraba á la capa b’ — parte integrante del piso 2 de Doe-
ring— equivalente, del lujanense ó pampeano lacustre (A.MK.ÓllINO, Informe, etc.,
352; véanse, asimismo, las páginas 270 y siguientes de esta memoria), l’or otra
— 311
«le una localidad en la cual los agentes erosivos lian debido actuar des-
de tiempos remotos; do modo, pues, que es muy posible que el loess poco
coherente que allí predomina-, baya constituido el piso primitivo sobre
el cual vivieron los habitantes prehispánicos, abandonaron sus utensi-
lios y enterraron sus muertos. Asimismo, conviene se sepa que los res-
tos humanos, según me lo manifestó el distinguido especialista nombra-
do, aparecieron al descubierto en una de las cuevas que allí abundan.
Por otra parte, la fauna- retirada, sino del mismo yacimiento, de sus
proximidades, comprende una gran cantidad do elementos actuales.
« Piltre los huesos de animales recogidas en este punto — dice el doc-
tor Ameghino — hay restos do una especie de perro parecido al Cania
Azaras 1 pero no idéntico, y que parece representar una forma extingui-
da ; una especie de Dolichotis, del tamaño del D. patagónica ; dos ó tres
especies pequeñas del género Cavia ; el Ctenomys magellanicus ; restos
de Lagostomus tricodactylus 2 ; algunas muelas de Equus rcctidens ; una
especio extinguida de guanaco de gran talla, Anchenla corduhcmis 8 ; el
Cercas campcstris varias piezas de Mylodon r’ sp. ? ; restos abundantes
de Euphractus minutas % etc., conjuntamente con moluscos de agua dulce
«[lie hoy no se encuentran en los alrededores, y un gran Bulimus que ha
emigrado 25 leguas más al norte » 7.
paite, Adolfo Doering describo la estación II al ocuparse de la tierra vegetal do los
cortes próximos al Observatorio Astronómico, y ostablecc que los objetos y restos
humanos hallábanse au milien d’wne conche correspondant. d la partie supérieure de h,
par consóqnent sur la limite entre cctte derniére ct le lit véyétal mpdricur (Ihid., 183).
El texto transcripto os ambiguo, pues igualmente puedo inforirso «pío la capa á que
se refiere el autor sea independiente ontro a’ y h’ [tero perteneciente á la primera
{tierra- vegetal), ó so trata do los niveles superiores do h’ . Haré notar que el emba-
razo producido por tal galimatías se complica, aun más, desdo el momento que el
mismo doctor Doering vuelve á mencionar la estación II al tratar del loess eólico
amarillento de la capa h’ del corte del ferrocarril á Malagüeño, pues se trata
— dice — de conches qni eorrespondent d cct horizon (Ibid., 175). Naturalmente (pie he
preferido, en el texto, colocarme en la poor do las situaciones.
1 [G’flim (Cerdoeyon) Azarar'].
5 [Piscada viseada].
■’ [Lama cordnbensis].
1 [Udocoilcns (Blastóceras) campcstris],
5 [ Eumylodon ].
6 [Zacdius dlialus].
7 Ameghino, Contribución, etc., 53. La especie de Bulimus á que se refiere Ame-
ghino, dehe ser el Borns oblonyus que, según Doering, ha inmigrado hacia el norte
de Santiago del Estero. Aquel gasterópodo también se suelo encontrar en las sepul-
turas indígenas «le la sierra «le Córdoba ; y debió constituir, como lo dice muy jui-
ciosamente el especialista alemán, vn articlc commercial des indiens d’alors (Dokiiing,
Ibid., 175).
REV. MUSEO I.A PI.ATA. — T. IV. (II, 17, 1911.)
21
— 312 —
Por último, ln dolicocefalía del sujeto es un detalle de valor relativo :
en primer término por ser dudosa, desde que se lia argumentado sobre
« algunos fragmentos de cráneos » — expresa Ameghino — « pues bas-
ta ahora — agrega — no se ha podido conseguir uno entero ; » y luego,
de existir realmente, porque nada tendría de particular tratándose de
una mujer. Juzgo, pues, también prematuro, hablar de una « raza dol ¡en-
célala », valiéndose de limitados elementos de prueba..
Por todo ello, creo que los interesantes restos de la segunda estación
del Observatorio Astronómico, constituyen un depósito intrusivo que
basta podría explicarse, sin mayores violencias, recordando el curioso
tipo de habitación semisubterránea que construían los pobladores neo-
líticos. Es de lamentar que todos los objetos que acompañaban al esque-
leto hayan desaparecido, perdiéndose, así, valiosos elementos de crite-
rio; en cuanto á los pocos huesos humanos reunidos por los descubri-
dores, serán descriptos en una memoria separada, en la que me ocupo de
los caracteres morfológicos de los primitivos habitantes de Córdoba.
Por lo demás, en Soto, Candelaria, San Marcos, Cruz de Caña, Car-
bonera (departamento de Cruz del Eje), Olaen, Capilla del Monte, Cos-
qnín, Tanti Chico, San Hoque, San Francisco (departamento de Pa-
nilla), Sahlán (departamento do Colón), Alta Córdoba, San Vicente
(departamento de la Capital), Tránsito, Nono (departamento de San Al-
berto), Villa María (departamento de Tercero Abajo) é Intihuasi (depar-
tamento de Río Cuarto), se han hecho numerosos hallazgos esporádicos,
casi siempre en la superficie del suelo ó al remover el terreno para
hacer plantaciones. Asimismo, en las márgenes del lago San Roque (de-
partamento de Panilla), existen numerosos é importantes Kultur lager
neolíticos; allí fue formada la hermosa colección Bialet-Massé, de allí
también proceden los diversos objetos reunidos por el señor Francisco
Moya no, descriptos en esta memoria, y siempre, cuando las aguas bajan,
es fácil hallar piezas hermosas y bien conservadas.
CAPITULO II
Klt'líH<H)S IMTPUMTItKS Y l>KTltOULll'’OS
§ 1. Frescos rupestres
Al norte de Córdoba, las prolongaciones de la Sierra Chica deter-
minan una altiplanicie que se desarrolla entre elevaciones pronuncia-
das. Del cordón que constituye el límite oriental, forman parte los ce-
313
Fig. 14
Frascos rupestres del cerro Cnsa «leí Sol
1 ros llamados Casa del Bol y Colorado (departamento de Kío Seco), en
los cuales existen algunos abrigos, pequeñas grutas, ó simples paredo-
nes de roca que conservan interesantes frescos rupestres, dcscriptos
someramente por el señor Leopoldo Lugones en el suplemento ilustrado
de un diario político de Hílenos Aires
Descartando dos abrigos cuyos frescos aparecen destruidos por com-
pleto, existe otro, próximo al cerro de la Casa del Bol, que conserva
intactas alrededor de 70 figuras blancas, rojas y negras. El señor Lu-
gones copió algunas de ellas 1 2 : un carnicero todo blanco, sin duda el
Cania ( Cerdocyon) Azarae (fig. 9); un felino, dibujado tan sólo en sus con-
tornos, mediante gruesos y alargados puntos negros (fig. 10); dos ungu-
lados, también blancos, el primero representando un Lama hitan a chila
(fig. 11), el otro, una especie indeterminable (fig. 12); cierta figurita ne-
gra que bien pudiera ser antropomórfica (fig. 13); y, por último, un di-
bujo que es de todo punto imposible identificar (fig. 14).
Al pie del cerro Colorado existen otras dos grutas. En una, el señor
Lugones bailó 45 figuras, y de allí son las representadas en las viñetas
15 y 10 : un Hubo vitujcllanicita blanco 3 y tres triángulos rojos con pro
longaciones digitiformes. La última gruta que mide 4 metros de largo,
2 metros 50 de ancho y I metro 50 de altura, en la boca, contiene alre-
dedor de 150 figuras, la mayor parte blancas, distribuidas en casi toda
la extensión del techo, y que representan, por lo general, individuos
adornados con plumajes y sosteniendo con las manos arcos ú otros obje-
tos (fig. 17, 18 y 19). Sin embargo, en la misma gruta aparecen figuras
1 Lnoroi.no Llgonks, Las gruías pintadas del cerro Colorado, en La Nación (Buenos
Aires), suplemento ilustrado número 30, 2G do marzo de 1903. Debo hacer notar
— para dejar á salvo mi pulcritud científica — que el señor Lugones no establece
claramente en la mayoría de los casos, si se trata de abrigos, verdaderas grutas, tal
cual lo entienden los espeleólogos, ó simples paredes formadas por las rocas :í pico :
según ól mismo lo manifiesta, ha empleado «la designación de grutas por estar ya
consagrada en las descripciones de Ambrosetti ». lis de lamentar (pie el talentoso
escritor cordobés haya optado por una designación que, para el caso, pudiera ser
perfectamente inoportuna. Por otra parte, en un artículo mediocre y mal infor-
mado que publicó hace ya algunos años Damián Menémlez (conf. La Biblioteca,
VI, 408-414. liuenos Aires, 1897), no so mencionan los frescos rupestres existentes
cu el cerro de la Casa del Sol, no obstante describir sus particularidades con
cierto detalle.
* « Preferí — dice el señor L ligones — la exactitud á la cantidad ». Eli cuanto á
las viñetas intercaladas en el texto de esta memoria (figuras 9 á 20), son reproduc-
ciones fieles do las que aparecieron en la noticia del autor nombrado : sólo se ha
modificado la técnica do presentación de los clisés.
3 En la sierra vive también otro Strigido, el Scops brasilicnsis, provisto de orejas
emplumadas. Dado su pequeño tamaño, es difícil que los indígenas hayan parado su
atención en él.
ornitomórficas, como el NarcorJnnnpkus (/ryphiis reproducido en la vi-
ñeta 20.
Dejando de lado los frescos que comprenden figuras indeterminables
(fig. 14 y 1 (?) ó sumamente esquematizadas y convencionales (fig. 13),
se observa, casi siempre, una marcada tendencia realística en todas las
representaciones zoomórticas, ornitomórficas y antropomórficas. El car-
nicero reproducido en la viñeta 0. muestra muy bien tratados sus deta-
I<’ig. 21. — Pct roglifos del arroyo Luampniniia
lies típicos : hocico puntiagudo, orejas enhiestas, cola gruesa; y otro
tanto sucede con el guanaco (fig. 1 1) que ofrece, también, sus particula-
ridades más características. El buho de la figura 15, sin duda el quitiU-
pe serrano de orejas emplumadas, y el cóndor aliabierto, de largo cuello,
amplia corbata y pico poderoso, ofrecen un realismo sobresaliente. Y,
las mismas representaciones humanas, no obstante ser llenas y sin de-
talles, alcanzan una flexibilidad que sorprende, como acontece con la
reproducida en la viñeta 19.
Por desgracia, los informes de que dispongo, son, como se ve, harto
reducidos, é ignoro otros detalles (pie pudieran ser importantes : el tipo
de los abrigos ó grutas, la distribución de las figuras, la técnica que
predomina en ellas, etc.
317 —
§ 11. Potro glifos
ir
A
Fig. 22
Fig. 22
Sobre una de las márgenes del arroyo Luampampa que, según entien-
do, corre no á mucha distancia de Pichanas (departamento de Cruz del
Eje) ; 1 existe un gran bloque de piedra que ofrece una cara dirigida ha-
cia el poniente, completamente lisa, y sobre la cual aparecen
numerosas y complicadas figuras finamente grabadas en la
roca (fig. 21). Sería, sin duda, contraproducente describirlas,
tal es el conjunto abigarrado que forman, pues se trata,
como en otros petroglifos argentinos de líneas
irregulares que siguen trayectos muy sinuosos.
Sin embargo, conviene llamar la atención á propósito de al-
gunos detalles. Se observa, en primer término, una figura an-
tropomórfico altamente esquematizada (fig. 22) 2; luego, círcu-
los concéntricos ó simples, provistos de un punto en
el centro (fig. 25); figuras circulares ó más ó menos
semicirculares
de cuya perife-
ria superior se
destacan prolongaciones á modo de
rayos (fig. 24); y, sobre todo, so-
bresalen dos dibujos complicados
ó inidentificables (fig. 25).
Quizá existan otros detalles interesantes, pero, en la fotografía (pie
se me ha proporcionado, no aparecen con la debida claridad. Se hace,
pues, indispensable, un nuevo examen de la interesante roca grabada á
(pie acabo de referirme, y obtener si fuese posible, otra fotografía que
recoja, mediante la preparación previa del caso, todos los grabados que
los agentes erosivos hayan aun respetado.
Fig. 24
1 No obstante los esfuerzos que lie realizado, me lia sido imposible conocer con
exactitud la ubicación del arroyo Luampampa. Durante mi estadía en Córdoba, in-
terrogué sobre el particular al R. P. Cabrera, quien no pudo suministrarme los
datos de que había menester ; y, ya de regreso, solicité por carta certificada
(14, XI, 1909), al señor Manuel E. Río, se dignara comunicarme lo que supiera
al respecto. Desgraciadamente, no lio recibido hasta la fecha respuesta alguna
del distinguido autor do la Geografía de la provincia de Córdoba.
! El esquematismo do la figura humana tal cual aparece en la viñeta intercalada
en el texto, os común ií todos los frescos rupestres y petroglifos americanos (conf.
Eme Román, Antigmlée de ¡a région andino de la llópnbliqm Argentino et du déscrt
d' Atacama, II, 680 y siguientes, figura 152. Paria, 1908).
— 318
CAPITULO III
EL MATERIAL CONSERVADO EN EL MUSEO DE LA PLATA
Y EN OTRAS COLECCIONES
§ I. Objetos de piedra
a) Instrumentos
Láminas ó cuchillos. — Muy pocas son las láminas conservadas
en las colecciones que he examinado. Los 15 ejemplares hallados al
revisar las series del Museo de La Plata proceden de la estación I
délos alrededores del Observatorio Astronómico y están, por lo general,
mal individualizadas. Son láminas externas, trian
guiares y poligonales, tipos, como se sabe, estable-
cidos por el ilustre Evans 1 2.
Las láminas externas que tengo á la vista son
apenas dos : una de 91 milímetros de longitud, 42
milímetros de ancho y 20 milímetros de espesor ; la
otra de 75, 48 y 20 milímetros respectivamente. En
ambas la superficie interna es
plana y la externa convexa (fig.
20).
Abundan, como siempre, las
de tipo triangular (10 ejempla-
res), cuya longitud, ancho y es-
pesor máximos alcanzan á 79,
50 y 2o milímetros, respectiva-
mente, acusando las mismas me-
didas mínimas 52, 29 y 10 milí-
metros. Por otra parte, en casi la- totalidad de los
ejemplares la base y el ápice aparecen dilatados y
corresponden al ancho medio de cada pieza; asimis-
mo, la extremidad opuesta al plano de percusión re-
sulta ligeramente angular, ó redondeada; los bordes
Fig. 2G. - — Estación I del
Observatorio (719, colee.
M. L. !>.), s/3.
Fig. 27. — Estación I del
Observatorio (687, colee.
M. L. !>.), »/3.
1 Números (574, 678, 680, 682, 683, 685, 688, 670, 712, 715, 717 á 720 de las co-
lecciones «arqueológicas del Museo de La Plata.
s .Joux Evans, The aneien t slone implcmcnts, weapons and ornamenta, of G-rcat Bri-
tain, 275 y siguiente. London, 1897.
319 —
son paralelos casi sin excepción alguna; la superíicie interna plana, ra
lamente cóncava, mientras la externa se presenta en la mayoría de los
ejemplares mal caracterizada 5 y, por último, el dorso se encuentra las
más de las veces en el plano medio de la lámina, por excepción hacia
uno dolos lados (fig. 27).
Bu cuanto á las láminas poligonales, ofrecen la base poco dilatada y el
ápice más bien estrecho y puntiagudo ; los bordes irregulares; la super-
ficie interna indistintamente plana ó cóncava., y la externa, espesa. y ele-
vada. lino de los ejemplares de este tipo, que es uno do los peor carac-
terizados del material que estudio, mide 75 milímetros de longitud, 45
milímetros de ancho y 18 milímetros de espesor; el otro tiene (1!), 43 y
20 milímetros, respectivamente.
Las rocas utilizadas, pegmatita, ortofido, pórfido euarcífero y cierto
material — el más abundante — que podría ser diorita ó aun granito, pues
es imposible determinarlo mediante un ligero examen macroscópico, no
han facilitado la obtención de láminas bien caracterizadas. Sin embargo,
parece que los descubridores de las estaciones de los alrededores del
Observatorio hallaron una «cantidad considerable» de láminas de sílice
<pie, por desgracia, lian desaparecido *.
Raspadores. — De cinco raspadores procedentes de la estación I
del Observatorio ", cuatro tienen forma de herradura, más ó menos defi-
nida. Tres de ellos han sido confeccionados en lámi-
nas triangulares mal caracterizadas; el cuarto es
una lámina externa (lig. 28). La mayoría ofrece la,
base estrecha y el ápice dilatado. El filo, en bisel,
ocupa sólo el contorno de aquél y, excepcional men-
te, 1 2/3 de la periferia total del utensilio. La superfi-
cie interna aparece siempre plana; la externa ofre-
ce, como ya lo he dicho, los caracteres propios del
tipo de lámina utilizada.
Las pocas piezas á que acabo de referirme alcan-
zan á una longitud, ancho y espesor máximos de 48,
46 y 18 milímetros, y mínimos de 36, 31 y 16 milímetros 3.
Tengo á la vista, asimismo, otro raspador pequeño, roto y tallado en
en una lámina triangular, que presenta todos los caracteres de los ya
mencionados. El ancho casi constante de esta pieza es de 25 milímetros
y su espesor no excede de nueve milímetros.
M. L. !>.), */,
1 Amkouino, Informe, oto., 358.
* Números 759, 7(10, 76-1, 777, 788 do las colecciones neqiteolúgiciis dol Muso» do
La Plata. Véa, so : Amicoiiino, Informe, ote., 355.
3 La longitud do los raspadores la tomo, como la do las láminas, do la baso al
ápice.
— 320 —
Lago Sun Roque (colee. M. P.)
321
Raederas. — Entro los objetos adquiridos por el Museo Politécnico
de Córdoba al señor P. Moyano, y recogidos por éste en los Kultur lager
de las márgenes del lago San Roque (departamento de Punilla), be baila-
do oebo raederas constituidas por delgadas lajas de pizarra arcillosa (?).
Cinco ejemplares son semilunares, en creciente (fig. 29, 30, 31, 32 y 33) ;
los otros tres irregularmente rectangulares (fig. 34, 35 y 30). El filo se
halla siempre en la periferia cóncava, y está determinado ya por el
adelgazamiento paulatino de la laja (fig. 29 á 31, 34 á 30) ó por un cha-
flán que rebaja oblicuamente 10 á 12 milímetros del espesor del borde
(fig. 32 y 33). En un ejemplar de cada tipo, la. línea del filo se baila inte-
rrumpida por finos dentellones (fig. 32 y 35) ; y be notado, también, que
una de las raederas semilunares (fig. 31) muestra por ambas caras tres
ranuras que se corresponden, y en otra rectangular (fig. 30), aparecen
las dos superficies cubiertas basta la mitad por profundas estrías que
se dirigen perpendicularmente liacia el filo.
La longitud de estos instrumentos oscila entre 100 y 03 milímetros;
y el ancho, tomado en el centro del objeto, entre 59 y 32 milímetros.
En cuanto al espesor, en el cuerpo de la laja pocas veces excede de 9
milímetros y nunca es menor de 4 milímetros, pero alcanza, en dos ejem-
plares, al máximo de 11 y 14 milímetros respectivamente. Sin embargo,
en las proximidades del filo disminuye siempre y oscila, entonces, entre
3 y 1 milímetro.
Es muy posible «pie las piezas descriptas hayan sido utilizadas por
los indígenas para prepararlas pieles, para, alisar las caras dorsal y
ventral del madero de los arcos, etc.
Perforadores. — El único ejemplar de perforador de piedra que
conozco de la provincia de Córdoba, está constituido por un fragmento
prismático triangular de cuarzo, de 50 milímetros de lon-
gitud y 20 milímetros de ancho máximo (fig. 37).
Esta pieza, por otra parte, no muy bien caracterizada, pro-
viene de la estación I del Observatorio '.
Molinos. — Los pobladores neolíticos de Córdoba, tenían
molinos constituidos por dos muelas : una fija y otra movible.
De las primeras, sólo tengo á la vista, dos ejemplares, ob-
tenidos en la estación I del Observatorio 1 2. La más primitiva
y pequeña, es un si mide rodado de serpentina, comprimido,
irregular, y cuya longitud, ancho y espesor máximos alcan-
zan á 102, 83 y 48 milímetros. Ambas superficies son ligera-
mente cóncavas, con depresión máxima de 3 á 2 milímetros, y,
Fig. 37.— Fs-
tnción I del
Observatorio
(761, colee.
M.To I*.),»/.,
1 Número 701 (le las colecciones arqueológicas (lcl Museo de La Plata.
! Números 668 y 701 de las colecciones arqueológicas del Museo do La Plata.
una de ellas, muy pulimentada por el uso. La otra, muela tija, formada
por un fragmento irregularmente rectangular de liornfels, y (pie debió
ofrecer, por ambas caras, una concavidad natural adecuada para el uso
;V que se la destinaba, tiene 171 milímetros de largo, 10:5 milímetros de*
ancho y 74 milímetros de espesor. La superficie que se ve en la viñeta
.‘58 es manifiestamente cóncava, con profundidad de 12 milímetros á lo
— 323
«unto, y se luí liit. muy pulimentada por el uso continuo (lo que lia sido
•objeto; la otra cara, deprimida como la que acabo de referirme, no tiene
trazas de haber sido utilizada (fig. 38),
Las muelas movibles parecen ser más abundantes; lie examinado 8
•ejemplares de la estación 1 del Observatorio, y 2 recogidos en Cosquín
•(departamento de Panilla), aislados y superficialmente \ Todas, sin ex-
cepción alguna, son, en realidad de verdad, rodados adecuados que no
presentan el menor rastro de trabajo primario.
Tres de ellas, de forma muy irregular, presentan señales de uso en
una. ó tíos de sus muchas caras.
Una es rectangular, comprimida, con una de las caras planas, y la
•otra ligeramente convexa y usada (fig. 39). Esta pieza tiene 168 milíme-
tros de longitud, 88 milímetros de ancho y 47 milímetros de espesor
máximos.
Otras cuatro muelas movibles son elípticas, con ejes mayores y me-
nores que oscilan entre
196-118 milímetros y 123-
7!) milímetros, respectiva-
mente; y con espesores,
máximo de 57 milímetros
y mínimo do 34 milímetros
(fig. 40). En los ejemplares
de este grupo ambas su-
perficies son ligeramente convexas (fig. 40), una plana y la otra muy
convexa (fig. 41, a) ó ambas casi del todo planas (fig. 41, b). Por lo demás,
se han usado indistintamente por una ó ambas ca-
ras, aunque siempre el desgaste se dirige hacia un
solo lado de la periferia.
Por último, dos piezas tienen forma subcircular :
una de ellas con ambas caras ligeramente convexas;
mientras el segundo ejemplar muestra sus dos su-
perficies muy gastadas hacia el misino segmento de
borde (fig. 42). Las muelas de este grupo tienen de
eje mayor, menor y espesor, cada una de ellas, 145
y 102 milímetros, 119 y 83 milímetros, 43 y 39 mi-
3 ímetros, respectivamente.
Los descubridores délas estaciones del Observa-
torio, encontraron, no sólo en la I sino también en
la II, numerosos ejemplares de muelas de molinos
como las que acabo de describir someramente, pero, de ese abundan-
a b
Fig. 41. — Estación I del Observatorio (G69, 672
colee. M. L. P.), >/,
Fig. 42. — Cosqnín, (862
colee. M. L. I’.), '/,
' Números 660, 667, 669, 670, 671, 672, 697, 706, 862 y mi ejemplar aun no nu-
merado de las colecciones arqueológicas del Musco de La Pinta.
te material, sólo se conserva el mencionado en párrafos anteriores1.
Morteros y sus manos. — Además de los molinos descriptos, los
indígenas de Córdoba también tenían morteros portátiles ó Ajos para
triturar los granos.
De los primeros, que, según parece, abundaban en la estación 1 del
Observatorio 2, sólo conozco un ejemplar donado al Museo de La Plata
por su vicedirector el doctor K. Herrero Dueloux, y que fue encontrado
en Tan ti Chico (departamento de Panilla) junto con restos humanos 3.
Es mi gran fragmento de aplita, naviforme, de .‘335 milímetros de longi-
tud, 24(> milímetros de ancho y l(i(> milímetros de alto. La cavidad, algo
1'ÍCC. 4". — Tanti Chico (colee. M. I.. I’.), '
excéntrica y oval, alcanza á tener de largo, ancho y profundidad, 245,
170 y 80 milímetros, respectivamente (tig. 43).
De los segundos, se han señalado en los alrededores de Capilla del
Monte (departamento de Ibmilla), poco menos de cinco decenas ". Los
1 Amkoiiino, Informe, etc., 351 y siguiente; A M 1:0111x0, Con Ir ib lición, etc., 53.
« Cerca de cien morteros y molinos primitivos de distintas formas y tamaños, mu-
chos partidos», dice Ameghino en la nómina que corre agregada íí su Informe,
(Ibid., 359).
* Véase el texto transcripto en la nota 1 de esta misma página.
1 « Un mortero de piedra con su mano — dice la nota de remisión del doctor He-
rrero Dueloux — encontrado en Tanti Chico, en la propiedad del doctor Garzón,
junto con restos humanos perdidos, hace cuarenta años. »
' lí. Lkiim ann-N itscii k, Los « mortero s» de Capilla del Monte (Córdoba). Contribu-
325
morberos lijos <le la localidad nombrada, so encuentran, indistintamente,
en las superficies de los grandes afloramientos rocosos próximos á. las
faldas serranas ó en rocas ralis pequeñas y aisladas que emergen del te-
rreno. Son cupul ¡formes, de circunferencia bien definida; con diámetros
que oscilan, aproximadamente, entre 200 y 120 milímetros; y los liay
desde la simple depresión apenas notable hasta algunos que tienen 500
milímetros de profundidad, pero los de 250 á 200 milímetros de hondu-
ra parecen ser los más abundantes. Están agrupados irregularmente y
en número variable, aunque siempre situados próximos á los cursos de
agua y dispuestos de tal modo que, en cualquier caso, la labor podría ha-
berse realizado simultáneamente en todos los de un grupo Por des-
gracia, las interesantes pierres a cupules de Córdoba no han sido aun es-
tudiadas con detención; la breve pero sugerente noticia publicada por el
doctor B. Lelimann-ÍTitsche sobre esos morteros comunales, no contiene
sino observaciones someras, anotadas en pocas lloras de estadía en el
lugar de la. referencia y no ofrece, desde luego, datos exactos y esen-
ciales.
Las manos ó majaderos de los morteros portátiles ó fijos, lian con-
sistido, á veces, en rodados alargados de forma irregular como uno que
tengo á la vista, obtenido en la estación I del Observatorio, que alcanza
á 101 milímetros de largo por 70 milímetros de ancho máximo, y que
presenta usada sólo una de las extremidades 2.
Asimismo, es frecuente hallar majaderos constituidos también por
rodados, pero más ó menos fusiformes ; cinco ejemplares que he revisa-
do de este tipo alcanzan la longitud máxima de 270 milímetros y mínima
de 117 milímetros, oscilando el ancho entre los términos extremos de
-S!) y 40 milímetros. Cuatro de estas piezas fueron halladas en las esta-
ciones do las márgenes del lago San Boque (departamento do Panilla) y
una en Olaen en el mismo departamento 3.
Además de esas formas primitivas y groseras, existen otras bien indi-
vidualizadas que podrían definirse como sigue. Las más abundantes son
ción á la arqueología argentina , cu Revista del Musco de La l'lala, XI, 216 y siguientes.
La Plata, 1904.
1 Hubiera deseado reproducir el dibujo que ilustra la noticia del doctor Lohniaun-
Nitsche y que esbózala distribución de los morteros, pero, he preferido no hacerlo
por ser un croquis en el cual no coincide la escala aproximada sobre la cual dice el
autor haberlo levantado, con las distancias mencionadas en el texto y utilizadas
como base : « En la sección Ia están tres morteros, que distan entre sí dos metros
respectivamente, y ésto nos sorvirá de escala para los demás grujios. » ( Ib id,
217).
s Número 703 de las colecciones arqueológicas del Museo de La Plata..
3 Colección del Museo Politécnico de Córdoba, y número 860 de las colecciones
arqueológicas del Museo do La Plata.
— 32<S —
perfectamente cilindricas, tal cual la que aparece dentro de la cavidad
del mortero representado en la viñeta 43, y que fue hallada en Tanti
Chico (departamento de Panilla) jubito con aquel mismo utensilio *. Esa
mano y otros cuatro ejemplares semejantes que he examinado en el Mu-
seo Politécnico do Córdoba, procedentes todos < leí lago San Roque,
ofrecen una longitud máxima de 280 milímetros y mínima de 103 mili-
metros, variando el ancho entre 77 y 07 milímetros; y presentan siempre
ambas extremidades redondeadas por el uso.
Otros dos ejemplares, recogidos en la última localidad nombradaI 2 3, son
subcónicos, con señales evidentes de uso continuo en la base. Estas pie-
zas titmen, cada una de ellas, 102 y 128 milímetros de longitud y 80 y
45 milímetros de ancho, respectivamente.
Por último, una de las manos más pequeñas obtenidas en la estación
I del Observatorio, tiene forma de pirámide truncada de base triangu-
lar, pero con las aristas muy redondeadas. Dicho majadero tiene 83 milí-
metros de longitud y 52 milímetros de ancho máximo en la base :t.
El doctor Ameghino tuvo ocasión de ver, hace ya largos años, una
mano de mortero recogida en la sierra de Córdoba, que encontró « pare-
cida á las de Patagonia»; pero, de las « varias» que obtuvo en la esta-
ción 1 del Observatorio, sólo se conservan las dos mencionadas en el
curso de los párrafos anteriores 4.
Platos. — Entre los interesantes objetos del lago San limpie conser-
vados en el Museo Politécnico de Córdoba, he hallado un plato subcir-
cular excavado en una placa de granito ó diorita de 50 milímetros de
espesor, y cuyos diámetros, mayor y menor, tienen 232 y 200 milímetros
respectivamente. La excavación se ha hecho en toda la superficie de la
placa, alcanza á tener 40 milímetros de profundidad máxima, y está li-
mitada por un borde cuya periferia es redondeada.
Palas. — También procede de los Kultur lager á que acabo de referir-
me, un instrumento que, dada su forma tan especializada, es indudable
■debió emplearse como pala (lig. 44) s. De conjunto más ó menos triangu-
lar, va estrechándose á partir déla base, hasta estrangularse ligeramen-
te y marcar el comienzo de una prolongación, actualmente rota, quizá
destinada á adaptarse á un mango. La superficie interna es algo cón-
cava y la exterior convexa; tiene, asimismo, la primera, toda su
periferia rebajada oblicuamente por un chaflán que se dirige de aden-
I Forma parto do las colecciones arqueológicas del Museo de La Plata y no lia
sido aun numerado.
II Colección del Musco Politécnico de Córdoba.
3 Número 722 de las colecciones arqueológicas del Museo de La Plata.
4 Amiíghino, La autujiiedad, etc., 1, 510 ; Am mohíno, informe, etc., 255, 25!).
3 Colección del Museo Politécnico de Córdoba.
tro hacia afuera, más notable en la base ó filo y, mucho menos, á me-
dida quese aproxima á la estrangulación mencionada.
La longitud actual de este instrumento es de 184 milímetros; alcanza
Fig. 44. — Lago San Boque (colee. M. 1*.). */4
el ancho máximo de 141 milímetros en la proximidad del filo, pero sólo
tiene ti<¡ milímetros donde se inicia el mango; en cuanto al espesor, es
casi constante de 18 milímetros. Por último, el filo se halla muy gas-
tado en todo su desarrollo.
a 0
Fig. 46. — Olacn (850, colee. M. L. P.). y/3
Hachas. — Las hachas de piedra pulida halladas esporádicamente en
algunas localidades de Córdoba ó en las estaciones permanentes men-
cionadas en las páginas anteriores, corresponden á formas muy difun-
didas en las provincias andinas y subandinas déla República. Por des-
REV. MUSEO LA PLATA. — T. IV. (II. 23, 1911.) 22
— 328
gracia, y á pesar de haber centenares de ejemplares conservados en las
colecciones públicas y privadas existentes en el país, no se lia tratado
de formular su agrupación tipológica. Juzgo, pues, prematuro, fundar
Fig. 48. — Lago San Roque (colee. M. 1’.), */3
tipos sobre material tan limitado como el que tengo ¡i la vista, y tomando
en cuenta, para, ello, caracteres morfológicos cuyo valor ó persistencia
es difícil fijar por ahora. Prefiero, desde luego, describir someramente
— 32!) —
los caracteres más salientes de las piezas, pero, trotando de establecer
ciertas separaciones, sobre cuya posible importancia tipológica podrán
pronunciarse los investigadores del futuro *. *
Casi la totalidad — lo ejemplares 8 — de las hachas que tengo á la
vista, están constituidas por tres partes principales : cabeza, cuello y
cuerpo 3. En ocho de ellas la cabeza es hemisférica algo comprimida y
1 Un csjiccialistn norteamericano, Uorard Fowko, lia. agrupado tipológicamente la
colección do hachas reunidas on los Kullur lager do Estados Unidos y conservadas on
«■I I turma, of Kllmologa do Washington. The arrangemcnt of stonn axes — dice aquel
autor — may he hased upan thc manner of formina the groare (O. FowifH, SI o no ari,
on Thirteenth animal Re por t of thc Burean of Ethnology to thc secrctarg of tlic Smithso-
nian Institution, 1891-92, 63. Washington, 1896). Distingue, en primer término, dos
grandes clases : una que comprendo ejemplares con el cuello limitado por dos bur-
letes notables, y por cuya causa la excavación de aquél apenas llega al plano exte-
rior del cuerpo del hacha ; y, otra, en la que incluyo las piezas cuyo cuello ha sido
excavado exclusivamente en el cuerpo y no tiene burletes limitantes. En la segunda
elaso distingue, asimismo, siete grupos que caracteriza en la forma siguiente :
a) cuello completo, sección elíptica ; h) ejemplares largos, estrechos, delgados, de
cuello completo y sección elíptica muy comprimida ; c) cuello cu ambas superficies
principales y en una de las Laterales, mientras la otra aparece excavada en línea
recta en toda su extensión. Por otra parto, la superficie lateral rodeada por el cuello
es estrecha; d) cuello semejante al del grujió anterior, una de las superficies latera-
les redondeada, y que so desarrolla en toda su longitud, ya sea en línea recta ó en
curva, etc. ; c) cuello semejante á los dos grujios anteriores é igual forma general,
sólo una de las sujierlieies laterales es chata ; f) cuello en ambas superficies jirinci-
jtales y en una de las laterales, siendo ostns dos últimas chatas ; g) cuello sólo on
ambas superficies principales, siendo las dos laterales achatadas (Fmvitic, Ihid., 63
y siguientes, figuras 29 á 38). Como se habrá notado, Fowko llega íí establecer
grupos tomando en cuenta caracteres que, on realidad de verdad, carecen de valor
tipológico, como serían la longitud, el ancho, el osposor, etc.
9 Números 857 y 859 de las colecciones arqueológicas del Museo de La Plata ; y
ejemplares do las series del Museo Politécnico de Córdoba.
3 Fowko en su estudio citado, emplea los siguientes términos descriptivos : llama
raheza tí la parte situada por encima del cuello, hoja, á la. que se
halla jior debajo do aquél ; caras, á las superficies más anchas ó más
ó menos planas ; lados, á las superficies estrechas ; frente, al lado
situado á mayor distancia de la. mano ; dorso, al lado más próximo
á la mano cuando se usa el hacha ; y, filo, á la porción cortante
(Fowkk, Ibid., 62). Estas designaciones no me satisfacen : así, jior
ejemplo, la de hoja sólo puede originar un error do concepto, desdo
que la parte del instrumento primitivo á que Fowko la aplica, es,
casi siempre, densa y uniformo y bien distinta, por cierto, do la
verdadera hoja estrecha que caracteriza á las hachas modernas ; é
igualmente las designaciones de frente y dorso serían conjeturales
para los casos en que el cuello rodea toda la pieza ó únicamente
las superficies principales, pues faltarían, entonces, los elementos
de criterio indispensables para sabor la posición cierta que tuvo el hacha en el man-
go mientras fué usada. Las designaciones empleadas en el texto subsanan, á mi en-
poca elevada, excepcionalmente subeilíndriea y prominente: el cuello
a h
Fig. 40. — Cosqui» (857, colee. M. L. I*.). -/ <
completo, aunque poco notable en un ejemplar y apenas esbozado en
otro; el cuerpo cuneiforme simétrico, más órnenos comprimido las
Fig. 50. — Saldá» (colee. M. 1\). */3
superficies laterales redondeadas ; y la sección circular (fig. 4(i, 47 y 48)
Las ltaehas á (pie acabo de referirme proceden de Candelaria (departa-
temler, los inconvenientes apuntados, armonizan el conjunto de términos descripti-
vos y los simplifican : conservo, por ser oportuna, la designación de cabeza [véase la
331
mentó do Cruz del Jijo), OJaen, Sun Boque (departamento do Punilla),
lugares no precisados de éste último departamento, y San Vicente (depar-
tamento de la Capital).
En otras cinco, la cabeza es subliemisférica, el cuello, cuerpo y super-
ficies laterales semejantes á los ejemplares anteriormente descriptos ;
pero, la sección es elíptica (flg. 49 y 5.0). Estas piezas proceden de Soto
b
a
Fig. 51. — Cosquin (colee. M. 1\), v/a
(departamento de Cruz del Eje), Cosquín, San Boque (departamento de
Punilla) y Saldán (departamento de Colón).
En otro ejemplar, recogido en Cosquín (departamento <lo Punilla), de
cabeza subhemisférica, cuerpo cuneiforme y sección elíptica, el cuello
incompleto rodea sólo ambas superficies principales y una de las latera-
les que os convexa, mientras la otra aparece francamente achata'
da (íig. 51).
Por último, una hacha hallada en el departamento de Punilla, aunque
figura 45, a], ; al surco (tjroovc) lo llamo cuello (b) ; á la hoja, cuerpo (c) ; el q no
comprendo dos superficies principales y dos laterales (d y c), las caras y lados, res-
pectivamente, de la nomenclatura do Fowko ; y suprimo, desdo luego, los términos
frente y dorso que quedan involucrados en las designaciones indeterminadas do su-
perficies laterales. En cnanto á la sección de las hachas, ha sido obtenida, siempre,
donde so inicia el cuerpo inmediatamente por debajo del cuello.
332 —
se ignora la localidad precisa donde fue obtenida, tiene la cabeza irregu-
larmente hemisférica, el cuello completo, el cuerpo cuneiforme pero asi-
métrico, los lados redondeados y la sección elíptica irregular (fig. 52).
Las medidas más importantes de los diversos objetos referidos, apa-
recen reunidas en el cuadro incluido en la página siguiente : como es
fácil notarlo, la longit ud de las hachas pulidas de Córdoba es reducida,
i,
a
Fig. f>2. — 1 )c|mi rt amento do Puiiilla (colee. M. 1*.), v/3
pues no excede, en los ejemplares que he examinado, de 150 milímetros,
y, en cambio, hay muchas de ellas que ni aun alcanzan á 100 milímetros.
Asimismo, muchas de las hachas que acabo de describir, presentan
señales evidentes de uso continuo: el lilo, en algunos ejemplares, se
halla gastado hacia una de las superficies laterales ó muestra fracturas,
seguramente producidas durante el trabajo.
Por otra parte, el doctor 11. Lehmanu-Nitsche me ha comunicado la
fotografía de una hacha de tipo insólito, hallada en la «quebrada del río
Seco » (departamento de liío Seco '?) l, y que afecta la forma de una letra
1 En la provincia de Córdoba existen varios lugares llamados Río Seco (Fhan-
OI8CO Latzina, Diccionario geográfico argentino con ampliacionen enciclopédica» ríopla-
Ichhch, 5110 y siguiente, invoco, ltuenos Aires, 18!)!)); sin embargo, la circunstancia
que al mencionar la procedencia de la pieza se haya agregado el substantivo «que-
brada», me hace suponer se trate del río que corre en el departamento del mismo
nombre, al norte de la provincia. K1 hacha á que me refiero, so encuentra depositada
en el Museo de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la Universidad
do Córdoba, á cargo del doctor Guillermo Uodonbender que, como lo he dicho en la
introducción á esta memoria, no he tenido oportunidad de visitar : los diversos da-
tos que á aquélla se refieren me han sido comunicados por el profesor doctor K.
Lehmanu-Nitsche.
333
Cuadro III
T. El cuerpo CkS ancho y cuneiforme comprimido; los brazos pequeños y
cortos (íig. 53). Por debajo de estos últimos se notan surcos pulidos
originados, sin duda, por el frotamiento de las ligaduras que debieron
sujetar la pieza al mango; y el mismo filo, se halla bastante gastado,
lista hacha tiene 103 milímetros de longitud, 01 milímetros de ancho
máximo, y 20 milímetros de espesor.
Otros especialistas lian descripto ó mencionado algunos ejemplares de
Iiachas obtenidas también en Córdoba. .Rodolfo Virchow describió some-
ramente en 1884 un ejemplar, que consideraba como martillo (Stcinham-
mcr), de cabeza redondeada, cuello completo, cuerpo cuneiforme compri-
mido, superficies laterales al parecer achatadas y sección cuadrangular '.
Asimismo, se refiere á una. mano de mortero (xUmd) que es, sin duda, una
hacha de cabeza subcilímlrica, cuello completo, cuerpo cuneiforme y
sección circular 1 2. Por último, describe en forma muy vaga y sin ilustra-
1 R. ViHCiiow, Altertbnmcrn muí einen fichadcl der Calchaqui/t, nowie Sleingcralhe van
( 'alomaren, Córdoba n. o. w. in Argcntinicn, o» Vcrhandlnngrn der HcrUncr Ucxclhchafl
J'iir Antliropologin. Ethnologie and Urgcnchichtc, XVI, 37í), lámina VII, figura 10.
Berlín, 1884.
? Virchow, Ibid., 370, lámina VII, figura 11.
334
ciones, una pequeña hacha, y otras dos piezas, según él mart illos, respec-
to de las cuales no puede abrigarse la me-
nor duda que también se trata de hachas.
Desgraciadamente, es imposible saber con
seguridad los caracteres principales de
estas piezas, una do las cuales tenía, cuello
completo mientras no era así en la otra.
Los cinco ejemplares á que se refería Vir-
chow, fueron obtenidos en Cruz de Caña,
Carbonera (departamento de Cruz del Eje)
y San Francisco (departamento de Pani-
lla); siendo las longitudes de tres de aqué-
llos, 200, 185 y 105 milímetros.
También el malogrado Enrique Hillyer
Giglioli poseíaensu soberbia colección par-
ticular, sette bolle avcette soléate, piuttost o
grandi e ben faite, procedentes de San Mar-
cos (departamento de Cruz del Eje), San Vi-
cente y Casquín (departamento de Panilla)'.
Las hachas «sin surco alrededor» «casi iguales filas de piedra pulida
de Europa», halladas en la estación II del Observatorio1 * 3; y los ejem-
plares, también pulidos, obtenidos en la estación I de la misma locali-
dad, no los he encontrado en el Museo de La Plata 4.
10g. 53. — (¿uebruda «lid río Seco
(«oleo. M. U. «lo O.), */,
b) Armas
Puntas de flecha. — La mayor parte de las puntas de flechas de
Córdoba que he examinado, están desprovistas de pedúnculo. Asimismo,
casi todas ellas puedo referirlas, sin violencia á formas conocidas que
sirvieron para planear la clasificación de esa clase de armas que corre
impresa en una de mis obras anteriores “.
1 ViRCUOW, Ibid., 370.
8 E. JÍILLYHR Gioi.ioí.i, Materiali per lo aludió delta «cid delta piedra» dai tempi
prcietorioi ull’ época alíñale, «n A rehirió per l’ Antropología c la Etnología, XXX, 2JL
Fironzo, 1001.
" Amiooiiino, Informe, ote.., 351,
1 AmiíOIUNO, Informe, ote., 355. Quizá las hacíais procedentes «le la estación á
«pie me refiero en el texto sean las cuatro, tres do ellas con cuello, mencionadas por
Amoghiuo en la lista do los objetos reunidos el año 1885 para el Musco del cual era
conservador en aquel entonces (Ibid., 358).
*• FÉLIX F. Outks, La edad de la piedra en Patagonia. Estudio de arqueología com-
parada, en Anales del Museo Nacional de Buenos Aires. XII, 500. Buenos Aires, 1905.
— 335 —
Las fl celias sin pedúnculo, que forman el primer grupo do aquella clasi-
ficación, comprenden cuatro tipos, de los que tres — amigdaloide, lancco-
§ lado y triangular — se bailan representados en el mate-
rial que describo en esta, memoria. De forma amigda-
loide, sólo be encontrado un ejemplar trabajado por
ambas caras, espeso y de 45 milímetros de longitud, 35
milímetros de anclio máximo y 24 milí-
metros de espesor (íig. 54). El tipo lan-
ceolado está representado por seis ejem-
, piares 2 que, salvo uno, tienen roturas
«id Observatorio (702, importantes: aparecen también tallados
«•olee. m. l. p.), */,. p0r ainbas caras siendo la longitud, an-
cho y espesor del más grande 65, 25 y 10 milímetros
respectivamente; dado el estado de los otros ejempla-
res, sólo puede, decirse, que su ancho y espesor máximos
alcanzan á 27 y 13 milímetros respectivamente, y á 15 y
3 milímetros como máximos (11 g. 55).
Las Hechas triangulares afectan la forma de triángulo 1
isósceles; están talladas todas, excepción hecha de un no <794, colee,
ejemplar (789), por ambas caras; y sus espesores oscilan M' L' 1')’ s/l‘
entre 12 y 5 milímetros, aunque son más frecuentes los de 7, 8 y 9 mili-'
metros 3. He hallado, de ese tipo, cinco de las variedades fundadas en el
Fig. 50 (785) Fig. 57 (799) Fig. 58 (7811) Fig. fifi (702)
Estación 1 del Observatorio (colee. M. I<. I’.), '/„
estudio á que me he referido, y otra más desconocida hasta ahora, cu-
yos caracteres, como siempre bien matenidos, son los siguientes : a) la-
dos y base rectos, un ejemplar de 89 milímetros de longitud (actual) y
31 milímetros de base (fig. 56) ; b) lados rectos y base con escotadura
1 Número 762 do las colecciones arqueológicas del Musco de La Plata.
2 Números 758, 780, 782, 700, 704 y 814 de las colecciones arqueológicas del
Museo de La. Plata.
8 Números 700, 768, 770, 77.1, 773, 771, 776, 778, 770, 780, 781, 783, 785, 780, 787,
789, 791, 792, 793, 795, 796, 798, 800, 802 de las colecciones arqueológicas del
Museo de La. Plata ; y tres ejemplares do las series del Museo Politécnico de Córdoba.
Fig. GO. — Estación
I del Observato-
rio (781), colee. M.
I,. IV), */,. '
Fig. til (7(>K) Fig. 02 (700)
Katiu-uiu X del Observatorio
(colee. M. ¡j. 1’.), */a
curvilínea ó angular más ó menos notable, longitud mayor y menor 4<»
y 35 milímetros respectivamente, ancho mayor y menor
37 y 1!) milímetros respectivamente (fig. 57 y 58); c) la-
dos rectos y base convexa, longitud máxima 37 milíme-
tros, mínima 15!) milímetros, en cuanto al ancla* es impo-
sible conocerlo pues todos los
ejemplares se liallanrotos(fig. 50);
e) lados convexos y base recta,
longitud máxima 43 milímetros,
mínima 152 milímetros, ancho má-
ximo 43 milímetros, mínimo 1 7
milímetros (fig. (SO);/) lados convexos y base
provista de escotadura curvilínea ó angular más
ó menos manifiesta, longitud máxima y mínimum 38y2l>
milímetros respectivamente, ancho mayor 30 milímetros,
menor 18 milímetros (fig. 01 y 02); <j) subtipo nuevo, co-
mo ya lo dije, y caracterizado por tener sus lados cón-
cavos y la base convexa, teniendo
el único ejemplar que forma parte
de la serie 34 milímetros de longi-
tud (actual) y 27 milímetros de an-
cho en la base (fig. 03).
Por otra parte, entre las Hechas
triangulares he hallado un gran ejemplar asimé-
trico con uno de sus lados rectilíneo, el otro con-
vexo, y la base ligeramente escotada (fig. 04) *.
Las puntas de Hecha pedunculadas son, sin
duda, raras y están mal individualizadas v En
un ejemplar de limbo lanceolado y sin aletas, el
pedúnculo, apenas esbozado, es de periferia cur-
vilínea y base puntiaguda (fig. 05). En otros dos, el pedúnculo es más o
menos semejante pero el limbo resulta escutiforme (fig. 00). Por último,
otra punta de Hecha cuyo limbo se halla roto, tiene el pedúnculo cua-
drangular y de base recta (fig. 07). Estas pocas piezas alcanzan á la lon-
gitud máxima de 1)1 milímetros y mínima de 3!) milímetros, siendo su
ancho I * 3 mayor y menor 31 y 20 milímetros, respectivamente.
Hesumiendo: las puntas de Hecha sin pedúnculo representan el 00,17
Fig. ua. — lista
pión I dol Qb-
Hcrviitorio (800,
coluc. M. I¿. l\),
v/3-
Fig. 04. — Estación i del Ob-
servatorio (7">7, coleo. M.
e. r.), a/3.
I N limero 757 de las colecciones arqueológicas del Museo de La Plata.
s Números 7(i(i, 775 y 781 de las colecciones arqueológicas del Museo de La Plata ;
y un ejemplar do las series del Museo Politécnico de Córdoba.
II K1 ancho de las Hechas pedunculadas lo obtengo en la base del limbo.
337 —
por ciento del material, mientras las con pedúnculo corresponden, tan
sólo, al 9,52 por ciento. Por otra parte, en las Hechas del primer grupo
son más numerosas las triangulares (78,95 °/0), menos las
lanceoladas (18,42 °/0) y, mucho más escasas, las amigda-
loides (2,G3 °/0).
Las puntas de flecha descriptas en los párrafos ante-
riores proceden, casi en su totalidad, de la estación I del
Observatorio, y son las mismas reunidas en eso Knltnr
lager por el doctor Ameghino y mencionadas en su Infor-
me‘ ; sólo cuatro ejemplares provienen de las estaciones
situadas de las márgenes del lago San Hoque (departa-
mento de Panilla).
Ningún detalle se ha publicado hasta ahora sobre las
puntas de flecha do Córdoba, mencionadas
por Ameghino en otra de sus publicacio-
nes 1 2 3, ni sobre las conservadas en el Freo
Museum of Science and Art de la Universi-
dad de Pennsylvania — procedentes de
Olaen (departamento de Panilla) — y do-
nadas por el profesor Giglioli \ En cuanto á las que po-
seía en su colección el sabio especialista italiano y proce-
dentes también de Olaen, eran pequeñas, pedunculadas
y, algunas, de trabajo grosero4.
Proyectiles. — Los conocidos proyecti-
les llamados « bolas arrojadizas » ó « bolea-
doras » abundan, relativamente, en las esta-
ciones neolíticas de Córdoba.
En el Museo Politécnico de esa ciudad he hallado ocho
ejemplares procedentes de los Knltnr lagcr del lago San Ho-
que (departamento de Panilla), y uno de cierto lugarejo des-
conocido del mismo departamento.
Cuatro son perfectamente esféricos, y sus diámetros osci-
lan entre 07 y 59 milímetros. Otros cuatro son también es-
féricos pero con visible depresión polar; por ello el diámetro ecuatorial
varía entre 84 y 58 milímetros y el polar entre 08 y 50 milímetros. Por
último, otro ejemplar es comprimido longitudinalmente, por lo que el diá-
— Lago
San Roque (colee.
M. 1\), »/3-
I1' i rr . (¡0. — Kstlicióll
I «leí Olmervatono
(700, coloe. M. 1..
1’.). tf/a-
Fig. B7.— Esta-
ción 1 del 01>-
Horvatorio (775
colee. M. L.
1M, */,-
1 A MUÍS III NO, Informe, ote.., 3.r>.r».
5 Am comino, ha anligilrdad, o.l.c., I, .r>10.
3 Collcctions and pnbUcationn, en JUtlleUn of thr Fre.r Mnsemn of Science and Art. I, I2(>.
rhiladolpliia, 1897.
1 Gioi.ioi.i, Ihid., 214.
metro ecuatorial tiene sólo 57 milímetros y el polar llega á G3 milímetros.
Esta última pieza y una esférica, están provistas de surco ecuatorial;
que, en la primera tiene 1 milímetro de ancho y 0,5 milímetros de pro-
fundidad; mientras en la otra llega á 8 y 1 milímetro respectivamente.
IJna hola fragmentada obtenida por el doctor Amcghino en la esta-
ción I del Observatorio ', debió ser esférica, algo comprimida en los
polos, y presenta un surco ecuatorial sinuoso de 1,5 milímetros de ancho
y 0,5 milímetro de profundidad.
El tipo esférico parece ser el más común : de esa forma era un ejem-
plar que tuvo ocasión de ver, hace muchos años, el doctor Ameghino 1 2;
y así también eran otros cuatro, recogidos en San Marcos (departa-
mento de Cruz del Eje), y que poseía en su colección el doctor (liglioli 3.
Por otra parte, el doctor Ameghino se refiere á « una cantidad consi-
derable de piedras arrojadizas talladas de modo que presenten numero-
sas facetas, ángulos y aristas, » halladas en la estación 1 1 «leí Observa-
torio, y «(pie — agrega — sin duda lanzaban con la honda» \ Esos obje-
tos no se encuentran en el Museo de La Plata; y, en sus series, sólo
he hallado unas pocas piezas procedentes de la. estación 1 del Observa-
torio, cuyas formas coinciden, en cierto modo, con las descriptas some-
ramente por el doctor Ameghino. No creo, sin embargo, que se trate de
proyectiles para lanzar con la honda; es más probable sean núcleos ó
residuos de fabricación, por lo que me ocuparé de ellos al tratar de la
técnica al finalizar el parágrafo I de este capítulo.
c ) Adornos
Pendientes. — Los adornos de piedra, se reducen á pequeños pen-
dientes, generalmente muy sencillos.
Uno de ellos (íig. (18) más ó menos elíptico, de sección circular y ta-
llado en una pizaira elorítica, tiene 44 milímetros de longitud, 18 milí-
metros de diámetro y está bien pulimentado exteriormente.
Otro ejemplar (fig. (>{)) es fusiforme, presenta exteriormente numero-
sas facetas pulidas, es de sección poligonal, y ha sido tallado en un
1 Número l¡(it¡ de las colecciones arqueológicas del Museo de l.a l’lata. Es el único
ejemplar conservado de los varios que reunió el doctor Ameghino en la estación I
(conf. Informa, etc., 359).
3 Amcgiiino, La antigüedad, etc., 1, 510.
3 Giomoli, Ibid., 214.
1 Amcghino, Informe, etc., 354 y 358 ; vóase, asimismo, Amcghino, Contribu-
ción, etc., 53.
339
fragmento de pizarra arcillosa. Tiene 39 milímetros de longitud y 1 1
milímetros de diámetro máximo.
Un tercer ejemplar ®g. 70) alargado y comprimido, tiene en una de
u
Fig. GS. — Lago San Ro-
que (colee. M. L\), , .
Fig. 09. — Lago San Ro-
que (colee. M. P.)f */3.
Fig. 70. — Lago San Ro-
que (colee. AI. 1’.). .
sus extremidades — que son ambas redondeadas — una perforación
bicónica. Esta pieza alcanza á 43 milímetros de longitud y á 15 milíme-
tros de diámetro máximo.
Los tres ejemplares á que acabo de referirme, proceden de las estacio-
nes del lago San Hoque (departamento de Punida) l * 3.
Por otra parte, durante mi estadía en Córdoba, tuve la fortuna de
hallar otro pendiente en los barrancos próximos á la es-
tación del Ferrocarril Central Argentino, donde se inicia
el camino que luego conduce al caserío de San Vicente.
Lo encontré junto á una pequeña cabeza antropomóríiea
de barro cocido, de que me ocuparé á su debido tiempo, y
es de pizarra elorítica, fusiforme pero algo comprimido,
rodeado en el sentido de su diámetro menor por una fina
ranura cuyo ancho y profundidad alcanzan a 0,5 milíme-
tros, y cubierta su superficie por numerosas impresiones
prismál ico-triangulares, dispuestas en series rítmicas (fig.
71) '. Alcanza á 35 milímetros de longitud, siendo su diá-
metro máximo de 15 milímetros.
Fig. TI. — Alrertc
dores do Córdo-
ba (9411, coleo.
F. F. O.). V,.
ti) Objetos de uso incierto ó desconocido
1. Entre los objetos que obtuvo en canje el doctor lí. Lehmann Nitsche
del Museo Politécnico de Córdoba, he hallado uno procedente de Trán-
sito (departamento de San Alberto) ;i, más ó menos alargado, comprimí
1 Se conservan en el Museo Politécnico de Córdoba.
5 Forma parte de mi colección particular.
3 Número 858 de las colecciones arqueológicas del Museo de La Plata.
<1<> y puntiagudo; (ton talón y un dorso aplanados; tallado á grandes
golpes por ambas superficies; é intactos, sólo el dorso referido y parte
Fig. 72. — Tránsito (S5S, colee. f ,. P.). '/*
de la arista opuesta, (pie están constituidos por la superficie natural del
fragmento de dimita utilizado (fig. 72).
El t rabajo primario efectuado, lia sido, pues, reducido, y lia dado á la
pieza un marcado «aspecto» paleolítico: sin (pie por ello deje de estar
bien individualizada : se adapta con comodidad á la mano (fig. 73), etc.
Á mi modo de ver y dadas las señales de uso que tiene, quizá debió
emplearse como los futchoirx a poifptée , para romper huesos, hendir crá-
neos, etc. Por lo demás, las anfractuosidades de las caras de este objeto
— que tiene 185 milímetros de longitud. 80 milímetros de ancho y 52
341
milímetros de espesor máximo — aparecen colmadas de una incrusta-
ción calcárea.
2. Otra pieza, también de aspecto
con el diámetro mayor (pie alcanza
á 95 milímetros, el menor á 80 mi-
límetros, y el espesor máximo á 18
milímetros; y íué obtenida en la
estación I del Observatorio (lig.
74) La periferia de una de las
superficies de este rodado achata-
do, lia sido trabajada á grandes
golpes, produciéndose, así. micha-
lian que termina en arista corlan-
te, en la que se notan señales de
uso. Es muy posible que. este objeto,
como el procedente de Tránsito, ha-
ya servido para romper huesos, etc.
Fi"
74. — Estación 1 del Observatorio
(711. colee. M. L. P.), -/3
3. Entre el material de la estación
I del Observatorio que se conserva
en el Museo de La Plata, lie encontrado un fragmento laminar de pi-
zarra arcillosa de lo milímetros de espesor máximo, cubiertas de estrías
ambas superficies planas; y con uno de los bordes redondeado, mientras
el otro es de sección francamente angular \ Quizá se trate de una rae-
dera fragmentada.
4. Una lámina rectangular de pizarra arcillosa, cuya longitud llega a
205 milímetros, el ancho no excede de 56 milímetros y el espesor se
mantiene casi constante en 15 milímetros, presenta á lo largo de las
cuatro aristas (pie determinan las caras mayores, una serie de menudas
1 Número 711 de las colecciones arqueológicas del Museo de 1.a Plata.
£ Número 710 délas colecciones arqueológicas del Museo de La Plata
— 342 —
escotaduras, muy poco profundas y colocadas las unas al lado de las
otras (fig. 75) lis imposible saber, ni aun siquiera presumir, el destino
do este objeto que fue recogido, como otros muchos, en las estaciones
de las márgenes del lago San Roque (departamento de Punilla).
5. Pero, entre todos los objetos de piedra de uso desconocido ó incier-
to, quizá sean los más intere-
santes, unos pocos ejempla-
res (pie conservan grabados
más ó menos profundos y
complicados.
Uno de ellos 1 2 es alargado
y de sección oval ; sn forma,
por otra parte, es muy seme-
jante á la de las hachas de
piedra pulida halladas en Chi-
le. en las provincias de Llan-
quiltue y Chiloé (fig. 76). Co-
mo la roca en que fuá fabri-
cado, es pizarra clorítica
esquistosa poco tenaz, so ha-
lla destruido en parte: no
obstante, una de sus superfi-
cies laterales, es redondeada
y pulida. Por aquella-misma
causa lus dibu jos se han con
servado en parte y defectuo
sámente.
I ’róximas á la periferia d<
la extremidad más ancha \
sobre nna de las superficies
principales, se notan clara
mente dos líneas, una recta
y junto a ésta, otra quelira
da. que parece debieron ro
dear por completo al objeto (tig. 76, a). Por otra parte, en la superficie
reducida que constituye aquella misma extremidad y limitadas por lo?
elementos decorativos referidos, se ven algunas líneas quebradas somi
borradas. Asimismo, en una de las superficies laterales (tig. 76, b), se no
Cosqui» (SCI, rohf . XI. I,. T\),
1 Se conserva en el Museo Politécnico ele Córdoba.
■* Numero SOI de las colecciones arqueológicas del Museo de La Plata.
tan claramente tres rectángulos «concéntricos,» colmado el espacio
comprendido entre el mayor y el que le sigue por líneas oblicuas muy
juntas. Este último dibujo debió reproducirse en la superficie lateral
opuesta, pues allí se observan rastros de líneas dispuestas en forma muy
semejante; por desgracia, esa parte del objeto se baila muy deteriorada.
Todos los dibujos que se conservan parece lian sido trazados indistin-
tamente con instrumentos puntiagudos ó romos.
La pieza que acabo de describir tiene 179 milímetros de longitud, 51
milímetros y 31 milímetros de diámetro mayor y menor, respectivamen-
te; y procede de Cosquín (departamento de Panilla).
6. Otro ejemplar más pequeño *, afecta la forma de triángulo isósce-
les, es de sección rectangular, y con todas sus caras ligeramente Conve-
lí
ti
a
Fig. 77. — Lago San Hoque (colee. M. P.), */3
xas. Una de las superficies principales (tig. 77, a) se baila ornamentada
con líneas rectas y quebradas dispuestas simétricamente; en la otra (fig.
77, b) sólo se lian grabado paralelas con el espacio libre entre ellas, ocu-
pado por otras líneas que se entrecruzan formando un sencillo retícula-
do. Asimismo, en las superficies laterales del objeto á (pie me refiero, se
ven, en una de ellas, simples lineas quebradas y rectas (fig. 77, c) y, en
la otra, un conjunto complicado de esos mismos elementos geométricos
entre los cuales sobresalen dos quebradas, más ó menos paralelas, (pie
terminan en una vuelta gancb iforme como si se hubiese deseado trazar
así, tan rudamente, una representación zoomórfica, quizá un reptil (fig.
11,(1).
Esta pieza, procedente de las estaciones del lago San Roque (depar-
tamento de Punilla), tallada en pizarra clorítica y con todos sus graba-
1 Se conserva en el Museo Politécnico de Córdoba.
KEV. MUSEO I.A PI.ATA. — T. IV. (II. 24, 1911.)
844
dos muy superficiales, tiene 78 milímetros de longitud, 40 milímetros de
ancho mayor y 23 milímetros de espesor máximo.
Debió ser un objeto de la misma clase que el descripto, el conservado
Fig. 78. — Lago San Roque (coloo. M. P.), s/:,
por Giglioli en su colección, pues el inolvidable maestro al describirlo,
decía: una pintadera íitica quadrangolarc , incisa con discqni lincari xva-
riatixu ogni lato
7. Por último, la tercera pieza, recogida también en las estaciones
del lago San Hoque (departamento de Panilla), es sin duda, la más inte-
1 Giglioi.i, IbUl., 244. Debo hacer notar, á propósito <le la breve referencia trans-
cripta en el texto, que ni el objeto descripto por mí, ni el perteneciente ¡í la colección
Giglioli se asemejan sí las «pintaderas» encontradas en Canarias, en las grutas neolí-
ticas ó eneolíticas de Liguria, en los fondos de cabaña de Keggio-Emilia ó en la re-
gión de Cronstadt, Derbyshire, Priesterlnigel (Moravia), etc., que, como es sabido,
son verdaderos sellos-matrices de tierra cocida ó arcilla endurecida, provistos íí veces
do mango, con grabados profundos y que, puede ahora asegurarse, se utilizaron por los
hombres primitivos, como aun lo hacen algunas pocas agrupaciones actuales, para apli-
car los colores con que so adornaban la piel (véase, por ejemplo, ya que trata do los
845
resante '. Trabajada en una laja de arenisca (?) roja, pulida groseramen-
te, ofrece un cuerpo alargado cuyo ancho máximo alcanza á 57 milíme-
tros, el que luego se estrangula hasta tener sólo 41 milímetros, para
después expandirse nuevamente pero sin exceder de 43 milímetros de an-
cho. Por lo demás, este objeto, cuyas extremidades son curvilíneas, tie-
ne la longitud de 145 milímetros y un espesor, casi constante, de 14
milímetros (fig. 78).
Los grabados que lo ornamentan, actualmente sem iborrados, apare-
cen en ambas superficies principales del cuerpo : son muy complicados
y están formados por líneas quebradas, paralelas, series de losanges, etc.,
(pie reproduzco fielmente en la viñeta 78-, cuyo original lo obtuve me-
diante un calco. Asimismo, en la extremidad más ancha y próximas á
los bordes laterales, existen cuatro perforaciones bicórneas, dos por ca-
da lado y muy próximas entre sí las de cada par :
este detalle me hace presumir se trate de una placa
pectoral ó adorno frontal.
8. Un pequeño fragmento ovoide y pulimentado
de pizarra clorítica, cuyo diámetro mayor es de 44
milímetros y el menor de 37 milímetros, tiene cu-
bierta su superficie de tajaduras de sección angular
([lie se entrecruzan, y cuya profundidad no pasa de
4 milímetros (fig. 79).
Procedente del lago San Roque (departamento de Panilla) 2, esta pie-
za podría haber sido utilizada para pulimentar los bordes de las puntas
de Hecha de hueso, para- aguzar el filo de las raederas, etc., pero, dichas
aplicaciones resultan dudosas, pues se trata de una roca blanda.
Fig. 79. — Lago San Fo-
que (colee. M. P.), 2/3.
9. Otro curioso utensilio de aplicación desconocida — pues seria aven-
turado considerarlo como una hacha ó azuela de forma insólita — proce-
dente de las estaciones del lago San Roque (departamento de Panilla) 3,
está formado por una placa de cierta roca esquistosa que no he podido
determinar personalmente, en la que se ha. tallado un cuerpo más ó me-
nos elíptico y del cual, paulatinamente, se destaca una prolongación
triangular á modo de mango ó cabo (fig. 80).
objetos más típicos : Rene Vernau, Les pintaderas de la Grande Cañarle, en Revue
d’ Ethnographie, III, 193 y siguientes, con 35 ligaras en el texto. Paria, 1885). Está,
pues, fuera de lugar, la designación utilizada por Cliglioli que, de seguir empleándose
sólo originará numerosos errores de concepto.
1 Se conserva en el Museo Politécnico de Córdoba.
* Se conserva en el Museo Politécnico de Córdoba.
3 Se conserva en el Museo Politécnico de Córdoba.
Esto objeto conserva unas de sus caras bien pulida, mientras la otra
es grosera, pues corresponde a la superficie natural de la roca utilizada:
por lo demás, toda la periferia ha
sido redondeada cuidadosamente,
y el filo, que ocupa 180 milímetros
del borde del cuerpo, es aun cor-
tante y determinado por el adelga-
zamiento de ambas superficies.
La pieza que me ocupa tiene 218
milímetros de longitud, 165 milí-
metros de ancho máximo en el
cuerpo, 84 milímetros donde se ini-
cia la prolongación, 43 milímetros
casi en la extremidad de ósta, y
un espesor que oscila entre 25 y 22
milímetros.
10. Dos son los objetos di* uso
desconocido que aun me resta des-
Fig. 80. — Lago San Roque (colee. M. 1*.), 1 /3 CTÍt)Ír
Uno de ellos, procedente del lago San Roque (departamento de Luni-
lla) ', es de pizarra elorítica verdosa y en forma de paraleüpípedo rectán-
gulo; de 224 milímetros de longitud, 00 milímetros de ancho y 70 mili-
Fig. 81. — Lago San Roque (colee. M. P.),
metros de altura (fig. 81). Al exterior ha sido pulimentado groseramen-
te, sus extremidades son redondeadas, y <4 detalle más curioso que ofre-
ce, lo constituyen tres excavaciones casi del todo circulares, colocadas
muy próximas entre sí, y cuyos diámetros alcanzan á 56, 62 y 54 milí-
metros, no excediendo su profundidad de 50 milímetros.
1 Se conserva en el Museo Politécnico de Córdoba.
— 347 —
11. La otra pieza, también del lago San Roque (departamento de ra-
nilla) *, es un prisma más ó me-
nos recto de pizarra cristali-
na (?), pulido exteriormente, y
con una ranura poco profunda
en cuatro de sus caras. Asimis-
mo, está atravesado por una
perforación de diferente calibre:
por una parte de 18 milímetros
de diámetro, la que luego se
continúa con otra más estrecha,
que sólo tiene 5 milímetros. Los bordes exteriores de la perforación son
redondeados (fig. 82). Este objeto tiene 46 milímetros de altura y un
ancho máximo de 37 milímetros.
Fig. 82. — Cano Sun limpio (colee1.. M. I’), ’/j
c) Técnica
Los habitantes neolíticos de Córdoba han empleado para fabricar sus
instrumentos y armas de piedra, las rocas siguientes, enumeradas en
progresión decresiva : cuarzo, diorita, filita, pizarra clorítica, aplita, sí-
lice, cuarcita, arenisca, anfibolita, granito, calcedonia, gneiss, hornfels,
serpentina, pórfido cuarcífero, ortofldo y pegmatita. El cuadro IV
resume la frecuencia nominal de las rocas nombradas y su proporción
centesimal 2 : como puede notarse, el cuarzo, la diorita y la filita predo-
minan notablemente, tanto, que representan más de dos tercios del ma-
terial examinado.
Cuadro IV
1 So conserva en el Museo Politécnico «lo Córdoba.
’ Los resultados numéricos contenidos en el cuadro IV se relieron ¡í 100 objetos,
suma que no comprende las piezas cuyo material no be podólo determinar.
Todas las rocas á que acabo de referirme proceden de los mismos
macizos montañosos de la provincia, donde abundan. Deben exceptuar-
se, sin embargo, la cuarcita, cuya existencia sólo se lia constatado en
forma de depósitos reducidos en la cuesta de Yatán, al oeste de Pocho
(departamento de Pocho) ó cerca de Candelaria (departamento de Cruz
del Kje) ; y (‘1 pórfido cuarcífero, que aparece solamente en la región
septentrional de la Sierra
Á pesar de lo limitado del material, puedo asegurar «pie los indígenas
Fig. 83. — Estación T del Observa todo Fig. 84. —Estación I >bl Observatorio
(841, colee. M. I,. !>.), ’/a (fi‘<4. colee. M. L. 1'.), -j:¡
de Córdoba han obtenido la materia prima referida, utilizando los roda-
dos fluviales; y. pocas veces, bloques matrices desprendidos de las gran-
des masas rocosas.
Asimismo, es indudable que han empleado preferentemente rocas si-
1 Bodenbkndkr, La sierra, etc., 48 y 63.
— 349 —
líceas para fabricar armas y ciertos instrumentos que habían menester
de trabajo secundario más ó menos prolijo; reservando las rocas resis-
tentes para amelas, morteros y sus manos, hachas, proyectiles, etc., y,
las relativamente blandas, para todos aquellos
objetos que, dada su aplicación ulterior, de-
bían de recibir detalles complementarios va-
liéndose de instrumentos primitivos poco ade-
cuados.
Elg. 85. — Estación I del Obser-
vatorio (U95, colee. M. L. P.), s/3.
Los diversos objetos de piedra tallada des-
criptos en el curso de este parágrafo han sido
trabajados por
losusualespro-
cedimientosde
percusión y
presión. La circunstancia feliz de haber-
se hallado en la estación 1 del Observa-
torio algunos percutores, núcleos y resi-
duos de fabricación l, me permite formu-
lar algunas brevísimas observaciones
al respecto.
Los percutores están constituidos, en
primer térmi-
no. por simples
rodados más ó
menos redon-
deadosdecuar-
zo, diorita y
psefita, desde
el tamaño de una naranja hasta el de un huevo
de gallina (tig. So)2: luego, por fragmentos
prismáticos — casi siempre rectos — de cuarzo
y basalto, con las bases redondeadas, las ca-
ras, en algunos, ligeramente talladas para fa-
cilitar quizá la adaptación á la mano, y cuya
altura oscila entre 106 y 71 milímetros (tig.
84) 3. Asimismo, he hallado un ejemplar de cuarzo, elíptico y achata-
Eig. SC. — Estación I del Observatorio
(705, colee. M. L. P.), s/3
Pig. 87. — Estación I del Observa-
torio (837, colee, it. L. P.), */3.
1 Ameghixo, Informe, etc., 355, 358.
8 Números 659, 662, 665, 707 y 723 de las colecciones arqueológicas del Museo de
La Plata.
3 Números 654, 839, 840 y 842 de las colecciones arqueológicas del Museo de
La Plata.
do ‘; y, otro de di orita, irregular, que presenta una arista curvilínea con
la cual parece se hubiera descargado golpes 1 2 *. Por último, un ejemplar
discoide ofrece el detalle insólito de tener en ambas superficies un ho-
yuelo (fig. 85) \
Los núcleos son de forma y tamaño diferentes ; uno absolutamente
irregular 4 * * * ; ol representado en la viñeta 80 es de diorita, alargado —
tiene 105 milímetros de longitud — y conserva el plano de percusión \
Sin embargo, la mayoría está constituida por rodados de cuarzo, casi to-
dos del tamaño de un huevo de gallina ó de paloma, conservando algu-
nos parte de su superficie natural, y ofreciendo numerosas facetas y
aristas (fig. 87) 8.
En cuanto á los residuos de fabricación que fueron recogidos y aun
se conservan — verdaderos éclats de dégagement — son todos de diorita,.
groseros, de gran tamaño, y, excepcionalmente, pequeños.
Haré notar, por último, que el tallado de algunos instrumentos • — los
raspadores y perforadores, por ejemplo — es muy grosero; en cambio,,
las puntas de Hecha lian sido retocadas consumo cuidado, obteniéndose
así. ejemplares herniosos.
Respecto á los objetos de piedra pulida, mis observaciones no pueden
ser sino limitadas. liaré notar, no obstante, que casi todos han sido ter-
minados con sumo cuidado; y he notado en las hachas que para produ-
cir el cuello y aun para terminar el desbaste del cuerpo, se ha empleado
el conocido procedimiento de menudas picaduras.
§ II. Objetos de hueso
Pocos son los objetos de hueso conservados en los museos de La
Plata y Politécnico de Córdoba; y, asimismo, de las diversas piezas pro-
1 Número 836 de las colecciones arqueológicas del Museo de La Plata.
8 Número 661 de las colecciones arqueológicas del Museo de La Plata.
8 Número 695 do las colecciones arqueológicas del Museo de La Plata.
Número 663 de ¡as colecciones arqueológicas del Musco de La l*lata.
6 Número 765 de las colecciones arqueológicas del Museo de La Plata.
c Números 837, 838, 843, 845, 846, 847, 848, 850, 851, 852, 855 y 866 de las coleccio-
nes arqueológicas del Museo de La Plata. Estos objetos son sin duda muy semejan-
tes á las « piedras arrojadizas talladas do modo que presenten numerosas facetas,
ángulos y aristas » & que alude Amegliino al ocuparse de la estación 11 del Observa-
torio, y que, según su criterio, los habitantes primitivos de Córdoba « lanzaban con
la honda» (Ameciiino, informe, etc., 354).
— 351
cedentes de la estación I del Observatorio, sólo lie encontrado escaso'
número \
a) Instrumentos
Alisadores. — En el Museo de La Plata y entre los objetos déla
estación I del Observatorio, se encuentra un alisador
bien conservado, y pequeños fragmentos de otros dos 2,
, Todos tres lian sido trabajados en costillas de
■fiMM Lama, huanachus , á las cuales se ha eliminado
total ó parcialmente la cara interna. Así, el re-
presentado en la viñeta 88 conserva ambos lados
del hueso utilizado, pero, se lia sepa-
rado la, cara interna con la ayuda de
un instrumento sumamente cortante
que no ha causado el menor esquirla-
miento, sino nn corte nítido, hecho lo
cual se ha extraído, también, el tejido
esponjoso; otra costilla, en cambio,
ha quedado reducida a la cara exter-
na, pues se ha eliminado integramen-
te la interna y el tejido esponjoso, del
que apenas se conservan rastros disi-
mulados por un pulimiento deficiente.
Fig. 89. — Es-
tación I del
Observatorio
(808. colee,
xr. L. P.),
s/3-
Fig. 90. —
El tercer fragmento que tengo á la Estación i
vista conserva liarte de la mitad de la cara Ínter- 11,1 0bs6l‘*
vatorio (729
na y borde correspondiente, los cortes son algo colee, m. l.
Fig. 88. — Estación ^ . ., ..
i del Observatorio groseros, y otrece en el eje de la cara externa x->> ó-
*736- colec- M- L- una serie rítmica de minúsculos ornamentos triangulares
hechos, al parecer, con un instrumento cortante con el
cual se lian trazado la base y los lados, excavándose luego el interior
(fig. 89). Este mismo objeto parece haber estado bajo la acción del fuego.
Punzones ó agujas. — De la misma procedencia que los alisadores
descriptos, son dos objetos estrechos, aguzados y actualmente rotos,
uno de los cuales — el mejor conservado — parece hubiera sido que-
mado (fig. 90) 3. Ambas piezas, dados los detalles morfológicos que con-
Amegiuno, Informe, etc., 355, 35!). La enumeración contenida en el Informe
citado, dice : « Cinco puntas de Hecha de hueso, tres de ellas con pedúnculo den-
tado. Varios punzones y agujas, algunos pulidores, un silbato y otros instrumentos
de hueso de uso desconocido. » (Ibid.. 35!)).
2 Números 736, 807 y 808 de las colecciones arqueológicas del Musco de La
Plata.
3 Números 729 y 741 de las colecciones arqueológicas del Museo de La Plata.
352
servan, no obstante su pulimiento, inducen á suponer (pie fueron traba-
jadas utilizando huecesitos estiloides de los dedos rudimentarios de
Lama Imanadlas, ó quizá, de Od ocoi le as (Blastóceras) campes tris.
h) A rmas
Fig. 01. — La-
go San Ro-
que (colee.
M.P.), */*■
Puntas de flecha. — Las pocas puntas de flecha de hueso que he
examinado, se presentan muy bien individualizadas Todas
ofrecen como carácter común un pedúnculo de base rectilí-
nea. y lados provistos de pequeñas escotaduras dirigidas per-
pendicular ú oblicuamente al eje de la flecha.
Por lo demás, cinco de ellas tienen limbo sin aletas: en
una, de forma triangular (fig. 91), y en las oirás,
lanceolado (fig. 92).
He visto una, tan sólo, de limbo triangular y con
aletas muy pronunciadas (fig. 93). Este ejemplar es,
asimismo, el de mayor tamaño: tiene 08 milímetros
de longitud y 25 milímetros de ancho 1 2 3.
Por lo demás, las otras puntas de flecha que he examinado
alcanzan longitudes que oscilan entre 50 y 42 milímetros, y
anchos que varían entre 12 y 9 milímetros. En
cuanto al espesor es, generalmente, de 2 y 3 mi-
límetros.
Además de estas armas de hueso, que proce- Ro(lue (73:¡
den de la estación I del Observatorio y de los (0,ec' 5I-
Kaltar lagcr del lago San Roque (departamento1*
de PuniHa), el doctor Weyenbergh describió, hace ya mu-
chísimos años, otras tres semejantes encontradas en las
cercanías de Cruz del Eje, junto á un cráneo humano :1.
Los ejemplares á que me refiero son todos con pedúnculos
y aletas, muestran las escotaduras mencionadas; y, en
uno de ellos, el limbo es triangular, y lanceolado, en los
otros4. En cuanto á la longitud de esos ejemplares que,
según entiendo, se conservan en el Museo de la Cniversi-
Fig. 02. —
Lago San
Fig. 93. — Lago
San Roque (co-
lee. XI. P.), */,.
1 Números 733 ¡í 735 <le las colecciones arqueológicas del Museo de La Plata, y
otros tres ejemplares conservados en el Museo Politécnico de Córdoba.
s Recuérdese que el ancho de las puntas de flecha peduneulada-s lo obtengo en la
base del limbo.
3 Whyexhkrgh, Ibicl., 370 y siguientes.
1 Wkyknbkrgii, Ibid., figuras 2 á 4. Al describir Weyenbergh con minuciosidad
exagerada estos objetos, trata <le explicar algunas manchas blancas y negras (pie
— 353
wm
dad de Córdoba, á cargo del doctor U. Bodenbender, oscila
entre 82 y 4 1 milímetros, y el anclio entre 20 y 1 6 milímetros 1 .
Puntas de jabalina. — Creo que debe
considerarse como punta de jabalina á cier-
to objeto obtenido en la estación I del Ob-
servatorio (departamento de Panilla), tra-
bajado probablemente en un peroné de car-
nicero, bien pulimentado, y cuya punta
está determinada por un corte en forma de-
pico de flauta que ocupa dos tercios de la
longitud total que alcanza á 70 milímetros
(fig. 94) s.
c) Adornos
Fig! 94. — Es-
tación i (leí Elementos para collares. — El úni-
observatoi-io ^ aciorno de hueso que lie examinado 3, es
(731 , coleo.
m. l. p.). un fragmento de 53 milímetros de longitud
correspondiente a la extremidad distal de
un fémur de pájaro, al cual se lia dejado solamente el
tejido compacto. Sin duda alguna, se t rata de una pie-
za destinada á formar parte de un collar.
d) Objetos de uso desconocido
En el Museo Politécnico de Córdoba se conserva una
curiosa pieza, constituida por la cara anterior y su ex- n_
1 ' 1 J Fig. 9b. — Lago San
tremidad próxima! de un carpo de Lama huanachm, noque (colee, m. p.).
-
aguzado hacia la extremidad dista!, pero de punta
ofrecen los ejemplares, diciendo que es posible fueran alteraciones producidas por
una pasta corrosiva ó uu veneno (Ibid., 373) ; y, también afirma, que la dureza del
hueso ¡ludiera ser debida, muy probablemente, á cierta preparación especial desti-
nada á hacerlo más resistente (Ibid., 372). A mi entender, el zoólogo alemán denotó,
al decir tales cosas, una perspicacia demasiado profunda.
1 Datos comunicados por el doctor K. Lelnnaun-Nitsclie.
8 Número 731 de las colecciones arqueológicas del Museo de La Plata. Quizá el
objeto á que me refiero en el texto, sea el « silbato » mencionado por el doctor Ame-
ghino en su Informe (pág. 359). Sin embargo, se trata de un tipo de punta de flecha
ó jabalina bastante común entre los fabricados por numerosas agrupaciones indí-
genas sudamericanas.
3 Número 809 de las colecciones arqueológicas del Museo de La Plata.
redondeada (fig. 95). En dos sitios diferentes y colocadas simétrica-
mente por ambos lados, se ven escotaduras verticales al eje del objeto,
en cuyo fondo se lian hecho otras angulares más pequeñas.
Esta pieza de aplicación desconocida, obtenida en las estaciones del
lago San Roque (departamento de Panilla), y que tiene 179 milímetros
de longitud, ha sido pulimentada con cuidado en la extremidad inferior.
<•) Residuos
Los residuos reunidos en la estación I del Observatorio, consisten en
huesos largos partidos longitudinalmente, y menudos fragmentos ó es-
quirlas '.
Por lo general, se trata de restos indeterminables: unos pocos que
he podido identificar corresponden á fémures, tibias, costillas, metacar-
pos y metatarsos de Lama huanachus ; y tibias, seguramente de roedores.
Algunos 2 de (dios han sido roídos por roedores : otros 1 muestran
cortes nítidamente hechos con un instrumento afilado, y unos pocos,
parecen haber sido quemados.
§ III. Objetos de concha
Adornos. — Un pequeño fragmento discoide de concha de Borus
obloiiffH# ‘, de 33 milímetros de diámetro, perforado en el centro, y con
di
1 Amkgiiino, Informe, etc., 359.
Número 730. 817 y 832 de las colecciones arqueológicas del Museo de La Plata.
Número 732 de las colecciones arqueológicas del Museo de La Plata.
1 A propósito de este objeto, que lleva el número 738 de las colecciones arqueoló-
gicas del Museo de La Plata, decía el doctor Amegliino : «un ador-
no de collar trabajado en una conclulla probablemente marina »
(Informe, etc., 359). Aprovechando la última estadía en Buenos Ai-
res del doctor 11. von Ihering, director del Museo de Sao Paulo, so-
licitó su opinión al respecto ; con reservas, pues en ese momento
no disponía de material de comparación, me hizo saber que era
muy probable se tratase do un elemento de la fauna malacológica
local. Posteriormente, he comparado el fragmento á que me refiero
en el texto con el material numeroso que se conserva en el departa-
mento de Invertebrados de la sección de Zoología del Museo de La
Plata y, puedo ahora afirmarlo, que sin duda se trata de un pedazo
de la concha de Borus oblongas, correspondiente á la vuelta mayor
la espira de ese gasterópodo, y del lugar que aparece marcado en la viñeta 97.
tres pares de escotaduras angulares en la periferia (fig. 90), debió formar
parte de un collar, ó ser una simple « chaquira »
destinada á otra clase de adorno. Fue obtenido
en la estación ! del Observatorio (departamento
de Punilla).
§ IV. Objetos de metal
Fig. 90. — Estación l del Ob-
Los « pocos objetos de cobre » hallados por el senatorio <7:¡s, colee. >i.
doctor Amegliino en la estación 1 del Observato- 1 h /l'
rio (departamento de Punilla), no los lie encontrado, por lo que creo se
lian extraviado; consistían en «un estilete » y «otro instrumento — se-
gún su descubridor — de uso desconocido»
§ V. Alfarerías
En las estaciones neolíticas del centro y norte «le Córdoba no abunda
la cerámica destinada a quehaceres domésticos usuales; recuérdese que
al hablar Jerónimo Luis de Cabrera de la temperancia de los habitantes
de las serranías, decía : « es gente que no se embriaga ni se dan por esto
del beber, como otras naciones de indios, ni se les hallaron vasijas que
para esto suelen tener» 1 2. También en los llanos meridionales de la pro-
vincia, frecuentados siempre por agrupaciones esencialmente nómadas,
los hallazgos lian sido hasta ahora limitadísimos y desprovistos casi de
valor.
Xo obstante, el reducido material (pie describiré en el curso de este
parágrafo, comprende ejemplares interesantes, y, entre ellos, una buena
serie de pequeñas figuras ant ropom órñcas altamente sugerentes.
En cuanto á las alfarerías mencionadas por el doctor Amegliino en
una de sus obras 3 4 y las conservadas en el Freo Museum of Science and
Art , de la Universidad de Pennsylvania ‘, no han sido descriptas hasta
ahora.
1 Amkghixo, Informe, etc., 355, 359.
2 Cabrera, Ibid., 141.
3 Ameghino, La antigüedad, etc., I, 510.
4 Collections and piiblications, eu Bulletm of tlie Free Museum of Science and Art, I,
126. Las alfarerías referidas fueron donadas por el profesor doctor Giglioli, y pro-
cedían de Olaen (departamento de Punilla).
35 6
Asimismo, es en verdad lamentable que baya desaparecido un gran
número de curiosas piezas reunidas por el mismo doctor Ameghino en
la estación I del Observatorio l *.
<i) Alfarería lisa
En los amplios depósitos lluviales que existen á lo largo del valle del
río Tercero, en las proximidades de Villa María (departamento de Ter-
cero Abajo), tanto en la misma superficie del terreno como á diferentes
niveles del corte que ofrecen los aluviones referidos, el doctor Santiago
Roth, jefe de la sección de Geología y Paleontología del Museo de La
Plata, lia encontrado importantes Kultur lager. De esas estaciones, que
parece fueron permanentes, be examinado un limitado número de alfa-
rerías fragmentadas, bailadas junto con huesos, en estado subfósil, de
caballo (?), Lama huanauhux, y otros elementos absolutamente indeter-
minables
Representan, sin duda, una industria bastante primitiva. No existe,
en primer término, homogeneidad entre las partes componentes de la
pasta cerámica utilizada: los dégraissants 3 * * * * 8 agregados á la materia plás-
1 Los objetos extraviados son los siguientes, según el detalle contenido en el In-
forme del doctor Ameghino : « Una gran cantidad de ollas, vasijas y vasos de barro,
unos pocos enteros y los demás en fragmentos. Muchos de estos objetos llevan ador-
nos do un carácter primitivo, escotaduras ou los bordes, guardas griegas, combina-
ciones de ángulos, triángulos, curvas, etc., grabados en hueco. Algunos llevan figu-
ras humanas y otros dibujos en relieve y bajo relieve Varias grandes tinajas (en
fragmentos) que enteras debían tener como un metro de alto. ¿Urnas funerarias?
Varias grandes vasijas do fondo pequeño y aglobadas en el centro, con cuatro filas
de agujeros circularos, dispuestos en dos filas que parten del fondo mismo de las
ollas dirigiéndose hacia arriba (en fragmentos). El objeto do estas hileras do perfo-
raciones es completamente enigmático. Dos objetos de barro en forma de grandes
platos planos y llenos de agujeros como una espumadera, de uso desconocido. Varios
otros objetos de barro de forma y uso desconocido. Varias rodelas de tierra cocida
agujereadas, para el uso (sio) del tejedor, y otras sin agujero de uso desconocido. »
(Ibid., 359).
‘ Números 864, 865, 867 á 877, 880 á 882 do las colecciones arqueológicas del
Museo de La Plata.
8 Los autores de libros clásicos sobro el arto do fabricar piezas de cerámica, lla-
man materias dégraissantes ó « áridas » á las que se introducen en las pastas con el
objeto de evitar los peligros do una plasticidad exagerada, que podría ser causa de
desecaciones lentas 6 irregulares y, como consecuencia, originar deformaciones y
aun rajaduras, quizá más graves, durante el cocimiento (conf. Ar.icx. Brongniart,
Traite des arts céramiques ou des pólenes considérées dans leur histoire, leur pratique ct
leur théorie, I, 83. Paris, 1877). Los dégraissants, como lo hace notar Brongniart,
actúan sobre las pastas no sólo como medios mecánicos ó físicos de división, sino
— 357 —
tica, están constituidos por fragmentos menudos — - variables en ta-
maño — de cuarzo y sílice que, como muestran sus aristas y ángulos
más ó menos embotados, quizá representen una verdadera arena cuar-
zosa gruesa empleada como material « árido » y no elementos obtenidos
ex profeso, por trituración de aquella clase de rocas Se notan, tam-
bién, difundidas en la pasta, pequeñísimas pajuelas de mica.
La cocción es incompleta, notándose casi siempre en las secciones,
tres zonas: rojiza ó bermeja la externa, negra, la media,, ó indistinta-
mente rojiza, bermeja, ó negruzca la interna. Por ello, casi todos los pe-
dazos ofrecen una coloración exterior pardo terroso ; sin embargo, algu-
nos pocos corresponden á vasos perfectamente cocidos y, entonces, mues-
tran una franca coloración bermeja ó roja obscura.
Bien ó mal cocidos, todos los fragmentos son duros y no pueden
rayarse con la uña.
Asimismo, la alfarería lisa que me ócupa, lia sido bien pulimentada
exterior é interiormente ; pero, á pesar de ello, se notan inflexiones
y es trias.
Dos pedazos aislados comprenden segmentos de bordes, los que son
achatados y ligeramente plegados hacia el exterior.
El espesor de las paredes en estas piezas oscila entre 8 y 4 milímetros ;
y, como se trata de fragmentos sueltos y pequeños, os imposible recons-
truir su forma general, pudiéndose asegurar, á lo sumo, que el diámetro
de la boca de algunos de ellos alcanzaba á 240 y 130 milímetros.
h) Alfarería con impresiones de textiles
Además de las pocas alfarerías con ornamentos grabados de que me
ocuparé más adelante, he hallado en los museos Politécnico (Córdoba)
y de La Plata, tres ejemplares con impresiones de tejidos.
también ejercen una influencia importante sobre su fusibilidad ; y, asimismo, al
originar con sus granos ú fragmentos irregulares una falta de homogeneidad entre
las partes que componen la pasta cerámica, contribuyen, en cambio, á hacerla me-
nos frágil, más resistente á los choques y cambios de temperatura, justa, monto por
el obstáculo que oponen sus olemeutos más groseros, más densos, de mayor tenaci-
dad y tamaño que los gránalos del material plástico (Ibid., 84, 86). Los dógraissauts
naturales más utilizados son el cuarzo, sílice y arena, mientras la alfarería vieja
pulverizada figura entre las artificiales (Brongniakt, Ibid., 71 y siguientes).
' Como lo he dicho, la a, roña figura entro las materias dégramaniem ; y, precisa-
mente ese material «árido» emplean los Quichuas que viven en la actualidad al
norte del lago Titicaca (E. NokdunskioI.d, Einigc licilriige zuv Kcnnlnis der Sildame-
rilcnninchen Tongefdsse und ihrc.r Hentcllung, en Knngl. Seenslca Vetenskapsakademiens
Handlingar, XLT, número 6, 7. Uppsala y Stock h el m, 1906).
I no de los dos. procedentes del lago San Roque (departamento de
Panilla.), que forman parte delasse
l ies de la primera institución nom-
brada, es el fondo, casi completo, de
nn pequeño vaso modelado en pasta
muy poco homogénea, cargada de
muscovita, regularmente cocida, de
color gris, y que ofrece una marca-
da convexidad interior y es cónca-
vo exteriorícente. En el centro tie-
ne 1 !( milímetros de espesor; pero,
éste disminuye a 17 milímetros en
la periferia y no excede do 7 milí-
metros en las paredes. En toda la
superficie interna se notan líneas
que se. entrecruzan y llegan á te-
ner más de un milímetro de ancho
y profundidad (fig. 1)8). Al exterior
y sólo en la superficie circular ó casquete esférico (pie constituye el
fondo, se notan, con bastante claridad, las impresiones de un tejido de
a b
Fig. 00. — Lago San Roque (colee. M. I*.), s/;,
canastería no muy fino (fig. 99, a), y del grupo llamado por Masón de
simple interlocking coils (fig. 99, b) '.
Fig. 08. — Lago San Roque (colee. M. I*.). ' <
' Oris Tijktox Masón, Ahoriginal- american haskctrij : Sindica in a iextile art without
machine»'»/, en Animal licporl of Ihc Board of Regenta of thc Smithsoniaii Insütution.
I’eport of Ihc U. S. Xational Musen»». 1902, 248 y siguientes, figuras 41 B, 43 á 45.
El segundo fragmento corresponde a una mínima parte del fondo de
otro vaso, quizá de mayor tamaño que el anterior, modelado como aquel
en pasta poco homogénea, pues los granulos de cuarzo y sílice agregados
a b
Fig. 100. — Lago Su 11 Roque (colee. M. P.), 2/3
■como déyrahsants son muy irregulares y, además, abundan las pajuelas
de muscovita ; de color rojo sucio ; y de 7 milímetros de espesor en el
mismo fondo y (5 milímetros en los restos de las paredes conservadas.
a b
Fig. 101. — Estación I del Observatorio (725, colee. M. L. P.)t 1/<
7STo ofrece ornamento alguno, y sólo en la parte circular, exterior y plana
del fondo, aparecen las impresiones de canastería (fig. 100, a) mal con-
servadas y correspondientes á un tejido del mismo tipo que el anterior,
pero más fino, con las puntadas muy próximas y ajustadas al tunda-
mentó (fig. 100, b).
Washington. 190-1. -Coil'cd baeketry — dice Masón — is produem by an ovcr-and-over
■scivimj wiih soine kiiul of flexible material, eaeh siiíph interloéking with the une inmedia-
tcly nndenieatli it (íbid, 244). Al referirse al grupo mencionado en el texto, agrega :
Coiled work iu whieh títere man be anU *ort of foundation, bat the etitehes mcrcly inter-
■hek without catch'mg antier the roña orsplints or grate beneath. This form easily passe a
¡uto those in whieh the stieh takee one or more elemente of the foundation (íbid., 248).
KEV. MUSEO LA PLATA. — T. IV. (II. 25, 1911.) 24
— 3G0 —
Por último, la tercera pieza, conservada en el Museo de La Plata
y procedente de la estación I del Observatorio ', es un pedazo aislado
y pequeño, modelado, como los otros, en pasta poco homogénea, cargada
de muscovita, mal cocida, poco tenaz, negra-grisácea, y pulimentada
sin prolijidad por el lado interno. En la superficie exterior que, por otra
parte, se halla mal conservada, so notan con dificultad (lig. 101, a) las
impresiones de un tejido que pudiera ser, también, de canastería y que
correspondería, si así lo fuera, al grupo diagonal twined wcaving, esta-
blecido por Masón (fig. 101, b) 1 2 3. Pero, este fragmento, que sólo tiene
4 milímetros de espesor, corresponde sin duda á la pared de un vaso,
y tal circunstancia como el hecho de que el ancho de los cordones de la
urdimbre sea muy uniforme aun al penetrar en la trama, contribuyen á
suscitar dudas sobre si en realidad se trata de un tejido de canastería
ó es, simplemente, la impresión de la tela grosera de un vestido ó bolsa
aplicada sobre la pasta fresca para facilitar en alguna forma su mode-
ladoü. El mal estado de la pieza (pie sólo ha permitido obtener un molde
positivo mediocre, y la falta de elementos de comparación me impiden
lijar este detalle con relativa certeza.
El valor de los objetos que acabo de describir, fuera del que pudieran
tener para un estudio ulterior sobre la industria textil de los aboríge-
1 Número 725 de las colecciones arqueológicas del Museo de La l’lata.
2 Masón, Ibid., 234 y siguiente, ligara 20. Twined work — dice Masón — has a set
of warp rods or rigid elemente as in wickcrwork, but tlie wefl elemente are commonlij ad-
ministered in paire, though in thrce-strand twinin; / and in braid twining threc weft elemente
are employed. In passing from warp to warp theee elemente are twistcd in half-turne un
cach other eo as to form a two-strand or three-etrand twine or braid and uenully so deftly
as to kcep the emooth, glossy eide of the weft outward (Ibid, 231). Al ocuparse del
grupo mencionado, añade : In diagonal twined wcaving the twieling of the wefl filamente
ie prcoisely the same as in plain twined wcaving. The differencc of the textnre ie caused by
the munner in whioh the wefl oroeeee the warps. The leehnie of the diagonal wcaving con-
siste in passing over lwo or more warp elemente al caoh tura, juet as in wcaving with a
single element. lint the warp of the diagonal twined weaving never pasees over or tender
more than one weft as it doee in twilled wcaving (Ibid., 234).
3 La práctica de emplear tejidos flexibles de prendas de vestir, bolsas, redes, etc.,
para facilitar el proceso de manufactura de las alfarerías, se ha señalado con fre-
cuencia en Estados Unidos, donde, como es sabido, hánso realizado investigaciones
concienzudas sobro el particular (conf. Wii.i.iam lí. Ilor.MHS, Prehistoria textile ja-
beles of the United States, derivad from impressions on poltery, cu Tliird Animal Ilcport
of the Burean of Ethnology, 1SSÍ-’S2, 397 y siguientes. Washington, 1884 ; W. II.
Hoi.mios, Prehistorie textile art of Eastern United States, en Thirteenth Animal llepori
of the Burean of Ethnology, lH91-’92, 37 y siguientes. Washington, 1896 ; W. 11.
lloi.MKS, Aboriginal poltery of the Eastern United States, en Twentieth Animal Ileport
of the Burean of American Ethnology, 1S9S-99, 71 y siguientes. Washington, 1903 ;
W. 11. HolmicS, Use of textiles in poltery making and embelliehment, cu American An-
thropologist, (neto series), III, 100. New York, 1901).
— 361 —
nes argentinos, consiste únicamente en que ellos evidencian ciertos pro-
cedimientos técnicos puestos en práctica por los primitivos alfareros de
las agrupaciones neolíticas cordobesas: en primer término, la utiliza-
ción de canastillos como soportes ó «ejes» para facilitar el modelado
y luego, la aplicación en ciertos casos, de telas flexibles para sostener
y manejar las alfarerías durante el proceso de manufactura 2, ó aun el
modelado total de aquéllas dentro de canastos que desaparecerían, que-
mados, durante el cocimiento 3 * 5.
e) Alfarería con ornamentos grabados
La alfarería ornamentada por intaglio obtenida en Villa María (depar-
tamento de Tercero Abajo), en los mismos Kultur lager que la cerámica
lisa descripta es, sin duda, menos primitiva que aquélla.
La pasta de uno 1 de los dos fragmentos que tengo á la vista es homo-
génea y bien cocida ; mal pulimentada la su-
perficie interna ; pero, en cambio, lo lia sido
con tanto cuidado la externa, que el color rojo
obscuro producido por el co-
cimiento tiene toda la apa-
riencia de un engobe. El otro
fragmento " so aproxima por
todos sus caracteres á la
cerámica lisa ya mencio-
nada. El espesor de estas i'ig- 103. — vuia m¡i-
. ría (878. colee. M.
piezas no excede de 7 milímetros. l. r.>,
Fig. 102. — Villa .María (S7!)
colee. M. L. P.), °l¿
1 Prácticas semejantes lian sido también constatadas entre los indígenas norteame-
ricanos (Fhaxk Hamii.tox Cosiiixo, A sludy of Pueblo pottery as illustrative of Zuñí
callare growth, en Foarth Animal Report of thc Burean of FAhnology, 1882-’ 83, 198 y
siguientes, figuras 526, 529 á 531, 533. Washington. 1886; Hoi.meS, Aboriginal pol-
lery, etc., 69 y siguientes, figuras 31 y 32; Holmes, Use of textiles, etc., 399, lámi-
na VII, a; Masox, IbUl., 354, lámina 106); que parece conocieron, igualmente,
los habitantes prehistóricos del noroeste argentino (conf. .Jua.x B. Ambhosetti. Algu-
nos vasos ceremoniales de la región Calchaqní, en Anales del Musco Nacional de Ráenos
Aires, Vil, 131 y siguientes, figuras 4 y la. Buenos Aires, 1902).
■ Boimin describe en su hermosa obra, recién aparecida, un vaso hallado en La
Paya (provincia de Salta), en cuyo fondo se conserva nítidamente la impresión de
la red sobre la cual filé modelado (Jbiñ.. I, 241 ; lámina XIV, figura 28e ; lámina
XV, figura 30).
3 Xo se trata, tampoco en este caso, de una afirmación antojadiza ; existen ejem-
plos corroborantes de mi afirmación (conf. B.omax, Ibid., I. lámina II, figura 3).
1 Número 879 de las colecciones arqueológicas del Museo de La Plata.
5 Número 878 de las colecciones arqueológicas del Musco de La Plata.
- 362
Los ornamentos son muy simples : en un fragmento (fig. 102) se notan
restos de una guarda constituida por líneas quebradas paralelas; en el
otro (fig. 1 03), parece se hubiese trazado una greca poco complicada. En
Fig. 104. — Estación I del Observato-
rio (744. colee. M. L. F.), * .
Kiir. 105. — Estación I del Observatorio
(740, colee. M. L. I\), */3
ambos casos los grabados son profundos y lian sido hechos con instru-
mentos de punta poco aguzada.
En cuanto á la cerámica ornamentada obtenida en la estación I del
Observatorio si bien su pasta es bastante homogénea, pues los gra-
nulos del déf/raissant utilizado son de reducido tamaño, se halla, en
cambio, sobrecargada de muscovita, lo quo da á todas las piezas una
marcada apariencia pailleté. La cocción es incompleta, notándose en las
secciones tres zonas, la central negra y las exteriores rojizas. Por lo
demás, en los fragmentos (pie tengo a la vista la coloración externa es
negra ó bermeja, están regularmente pulimentados, y son todos duros
y tenaces.
1 Números 726, 737, 730, 710, 712 a 745 de las colecciones arqueológicas del
Museo de La Plata.
— 363 -
Como -se trata de fragmentos pequeños, es imposible intentar la recons-
trucción de la forma que afectaron los vasos, cuyo diámetro, en la boca,
alcanzaba en algunos á 138 y 85 milímetros; oscilando el espesor de las
paredes entre 7 y 5 milímetros. Los bordes son achatados, o redon-
deados con ligero pliegue hacia el exterior.
Los ornamentos son sencillos : líneas que se inician en el borde y per-
pendiculares a éste (fig. 104); guardas consti-
tuidas por rectas y quebradas (lig. 105) ; pun-
tos alargados, dispuestos diagonalmente en las
paredes del vaso y en series rítmicas (lig. 106);
guardas, quizá más com-
plicadas. formadas por ele-
Fijr. 109. - Lago San Ruque melltOS rectilíneos qUC li-
(colec. J. W.). 1/l . , .
mitán espacios colmados
de puntos alargados (fig. 167): y series rítmicas de
impresiones prismático-triangulares (fig. 108).
Casi todos estos ornamentos han sido trazados con
instrumentos de punta poco aguda, casi redondeada.
Por último, un minúsculo
fragmento de cerámica obte-
nido en las estaciones del lago
ci i> ,1 . i i Fig. 110. — Lago San Ko-
ban lio que (departamento de , ® ; 9.
1 1 que (colee. M. P.).
Panilla), 1 y cuyos caracteres
coinciden en general con los que ofrecen las alfa-
rerías del Observatorio, muestra en su superficie
externa serie de breves impresiones rectangulares
(fig. 169).
(I) Pesos para el huso
Fig. lll. — Lago San Hoque
(colee. M. P.). 9/¿
Tres ejemplares de pesos para el huso conserva-
dos en el Museo Politécnico de Córdoba, y que proceden de las estacio-
nes del lago San Roque (departamento de Panilla), lian sido modelados
en pasta homogénea, bien cocida; son de color rojo sucio; duros, bien
pulimentados y discoides. Lno de ellos es achatado (fig. 1 10); los otros
dos con ambas superficies convexas (fig. 1 11); y todos, con perforaciones
más ó menos bicónicas. El mayor tiene 44 milímetros de diámetro y el
más pequeño 24 milímetros; en cuanto al espesor de estas piezas oscila
entre 18 y 10 milímetros.
! Forma parte de la colección particular fiel doctor J. Wolff, de Córdoba.
r) Figuras antro pomórficas
El modelado. — La plástica se llalla representada en las coleccio-
nes de objetos neolíticos cordobeses, por pequeñas figuras humanas de
ejecución rudimentaria : hombres y mujeres desmr
dos ó semivesf ¡dos, cuyo sexo está indicado sólo por
algunos caracteres secundarios.
Modeladas en pasta muy semejante á la empleada
por los alfareros de la estación I del Observatorio,
más ó menos bien ó mal cocida, de coloración roji-
za, bermeja, parduzca y aun negra; no ofrecen entre
sí caracteres comunes, sino, por el contrario, es fá-
cil hallar diferencias sensibles en la ejecución y en
(d mismo tratamiento de los detalles.
Podría inferirse de tales deseme-
janzas que esas representaciones no
son contemporáneas pero, no lo creo
así. pues casi todas ellas proceden de
K¡g. 112. — Lago Sa» lio- los Kultur h((/er existentes en los al-
c'm- (roi.-c. u. i .1 re(|ec|ores misma ciudad de Cór-
doba ó ile las estaciones próximas á las márgenes del la-
go San Roque (departamento de Panilla), donde se las ha
encontrado ¡uVc-mfle con las piezas diversas descriptas en
la segunda parte de esta memoria '. (<■'>»• colee, m. l.
Las diferencias apuntadas, es posi- 1 ')' a‘
ble tengan por causa : en primer término, la rudeza
del arte y la misma inexperiencia do los coroplastas
indígenas que, en muchos
casos, solo lograron produ-
cir groseros esbozos: y, por
otra parte, la rara persis-
tencia con que todos los
k¡u'. 114. — Chaquiin-iiu- primitivos reproducen ti-
na (8SG. ralee. M. L.
pos ¡nvaicos, con
(9S1
Fig. 1 13. — Estación
I del Observatorio
i’O, Va-
tantas
menos variantes cuanto
menores han sido las i n Unen cias modificadoras.
Creo, por las circunstancias ligeramente
enunciadas, que los grupos formados por mí
Fig. 115. — Lago San Roque
(colee. M. I’.). */;,
1 «Numerosos objetos de barro — dice Aineghino, refiriéndose ¡í los hallados en la
estación 1 del Observatorio — de un arte muy avanzado unos, otros muy toscos... »
(Informe, etc., 355).
Fig. IHí. — Lago San Hoque
(colee. Al. l\), *¡4
con los objetos referidos, dan una idea bastíante completa de la forma-
ción y posible evolución de los principales tipos plásticos.
En la representación antropomórfica de
aspecto más arcaico (fig. 112) 1, el obrero se
lia reducido á modelar los contornos de
una cabeza informe, pues apenas se notan
en ella dos cavidades correspondientes á
ambos ojos,
y la barbi-
lla podero-
sa y promi-
nente. El
tronco, uni-
do directa-
mente á
aquélla, tri-
angular y
achatado, desprovisto de brazos y de
piernas, sólo ofrece algunas líneas gra-
badas, representaciones, quizá, de sim-
ples adornos.
En otros ejemplares (fig. lid y 1 11) 2,
no obstante haberse respetado la cons-
trucción rudimentaria del tronco, pues es aun achatado — casi una
placa — y de forma trapezoidal, se notan pequeños muñones en lu-
gar de los brazos, y aparecen por
primera vez modeladas las piernas,
aunque unidas entre sí.
El esfuerzo continuo realizado
para alcanzará una interpretación
francamente realística de la forma
humana, queda evidenciado al exa-
minar otro grupo de piezas (fig.
115, lili y 1 17), que no son, como
las anteriores, placas de tierra cosi-
da representando figuras grosera-
mente humanoides, sino un tipo
plástico bien distinto y en el cual
se observa un proceso técnico se-
117. — Lago San Hoque
(colee. M. !>.), “I,
achatado
Fig. 118. — Lago San Roque (colee. M. I? ), s/:l
1 Se conserva en el Museo Politécnico de Córdoba.
■ Números 750 y 880 de las colecciones arqueológicas del Museo de La Plata.
mojante al (pie caracteriza los ;s«va de las épocas más primitivas de los
orígenes del arte griego.
Fig. 111K — Chaquineluiua (885
colee, M. L. P.), 9/>{
En unos casos (fig. 1 15) ', el tronco, que debió ser cilindrico, se conti-
núa con las extremidades inferiores reuni-
das en una sola pieza, puntiagudas y sin
pies: mientras sólo aparece esbozada por
detrás la linea interglúteá y la separación
de ambos muslos.
En otros (fig. 1 1 (5) ’ se nota mayor segu-
ridad y soltura en la interpretación gene-
ral : la cabeza, redondeada y comprimida,
resulta tan ancha como el tronco y coloca
da directamente sobre éste: la nariz aguile-
ña se destaca de la misma frente, y apenas
existe indicación de boca; los brazos están representados por cortos
muñones: el tronco y las piernas son
de ejecución sumaria, sin detalle
anatómico alguno, arinque existe cier-
ta proporción entre las espaldas y ca-
deras, y la cintura se ve señalada con
nitidez. Pero, en
el dorso «le la fi-
gura es donde
se observa un
contraste nota-
ble, dado td tra-
tamiento rea lis-
tico y basta acer-
tado, — in abs-
tracto,— de la región glútea y aun de las mismas
piernas.
No para ahí la evolución de este tipo plástico;
los coroplastas reproducen, con rara prolijidad, to-
dos los detalles de la indumentaria sin violentar el
Fig. 120 — Estación 1 del Observatorio
(753, colee. M. L. I\), 2/3
Fig. 121. — Lago San Roque
(colee. M. T\), */3
canon establecido, es decir, la adherencia de las
extremidades inferiores, y llegan á modelar estas
últimas por completo, basta flexionadas, conjuntamente con cierta incli-
nación del tronco hacia delante (fig. 1 1 7) :l, detalles, todos, que despojan
á la figura de su rigidez primitiva y le transmiten cierta flexibilidad.
1 Se conserva en el Museo Politécnico de Córdoba.
2 Se conserva en el Museo Politécnico do Córdoba.
3 Se conserva en el Museo Politécnico de Córdoba.
En un torso aislado (tig. 1 18) l, llama sobremanera la atención, el tra-
tamiento cuidadoso de
toda la región glútea, tan
realístico, que se nota,
suavemente modelada, la
depresión aplanada de-
terminada por la cara
posterior del sacro. Sin
embargo, esta misma pie-
za conserva muchos de
los cara (aeres primiti-
vos, entre otros, el diá-
Fi.ir. 122. — ciiaquincimna (.s,s4. <:oic<-. m. i., i'.». s 3 metro enlistante que ofre-
ce en todo su desarrollo, y la cintura apenas indicada; mientras posee,
asimismo, la particularidad de haber tenido siempre una sola mama de
forma hemisférica, la que no se lia agregado me-
diante punta laye.
La última facien del tipo plástico que acabo de
describir, parece ha dado la pauta para las demás
obras similares: no obstante, se nota aún otro pro-
greso: ambas piernas llegan á
modelarse por separado (lig. 119,
120 y 121), y aunque informes,
casi muñones, transforman por
completo el aspecto de las pe-
queñas ligaras. Por lo demás, el
tronco no ofrece mayores perfeccionamientos: man
t iénese casi del mismo diame-
Fig. 123. — Estación I del
(728, colee. M. L. P.), v/3.
Fig. 124. — l ago San
Foque (colee. J.
H, ba-
teo, con la cintura marcada
por excepción (fig. 1 19) -; y las
mamas, cuando las hay, están
bien ubicadas, son hemisféricas, y aunque no se
haya indicado el pezón, una minúscula perfora-
ción señala su abertura. Los brazos, como siem-
pre, son cortos muñones. La cabeza es compri-
mida y ligeramente echada hacia atrás; la cara
indistintamente ovalada (lig. 120) 3 ó cuadrada
(fig. 121) 4, muestra los ojos con su abertura pal-
Fig. 125. — Lago San Foque
(colee. J. AV.), */i
1 Se conserva en él Museo Politécnico de Córdoba.
'-Número 885 de las colecciones arqueológicas del Museo de La Plata.
1 Número 753 de las colecciones arqueológicas del Museo de La Plata.
1 Se conserva en el Museo Politécnico de Córdoba.
— 368 —
pebral ligeramente oblicua, y la boca horizontal señaladas por toscas
incisiones, la nariz aguileña se desprende de entre ambos ojos, y la bar-
billa es redondeada y prominente.
Dos de estas piezas representan individuos parados, y en la otra (fig.
121), el personaje se halla grotescamente sentado.
Por último, en la representación (pie considero más perfecta (fig.
Fig. 126. — Estación I del Observatorio (727. colee. M. L. 1*.).
1 22) *, no obstante reproducirse en ella muchos de los detalles señala-
dos en los últimos párrafos, se nota mayor soltura y seguridad en la in-
terpretación toda. Es una mujer desprovista, como en otros casos, do
verdaderos brazos; con el torso rudo pero bien tratado: los senos en-
hiestos y hemisféricos: sumamente ventruda: y con los miembros infe-
a h
Fig. 127. — Lago San Roque (colee. *í. W.) . ?/3
riores algo flexionados. Esta figura presenta todos sus relieves bien mar-
cados, las espaldas amplias, la curva violenta, pero natural, determi-
nado por el amplio vientre; y las mismas prendas de vestir que cubren
la cintura del sujeto, ocultan pero no disimulan, la morbidez de las nal-
gas, y marcan, aun más, el exagerado desarrollo del abdomen al apare-
cer ajustadas para cubrir el pubis.
Número 88! de los colecciones arqueológicas del Musco de La Plata.
Además de estas piezas, por desgracia mutiladas, lie examinado cier-
to número de cabecitas sueltas.
Algunas de ellas (fig. 123) 1 son de ejecución tan sumaria que cuesta
hallar los elementos indis-
pensables para identificar-
las; sólo muestran toscas in-
cisiones indicadoras de los
ojos, rodeadas de dibujos com-
plicados — probablemente
adornos corporales — que
cubren por completo la cara.
Las hay, también, con la
nuca achatada por completo,
y la parte facial muy grose-
ra, pesada, proyectada hacia
delante, provista de incisiones horizontales (pie señalan la boca y los
ojos (fig. 1 24)
La cara ovalada de otro ejemplar (fig. 125) 3, se afina para determi-
nar el mentón, y los ojos no son ya recogidos sino casi horizontales.
Otras tres (fig. 12<>, 127 y 128) 4, si bien modeladas con cuidado, se-
guridad y hasta elegancia, pare-
ce fueran la reproducción de mo-
delos convencionales de líneas
harto rígidas, pues, su nuca acha-
tada y muy sumariamente trata-
da, sus ojos y boca representados
por simples incisiones rectilí-
neas, y la barbilla dura y recogi-
da, no alcanzan á transmitirle
verdadera expresión de vida.
x Fig. 129. — Lago San Hoque (colee. M. V.), -/3
Por último, dos cabecitas (fig.
129 y 130) 5, como siempre, muy achatadas por detrás, de nariz aguile-
ña, mentón fuerte y proyectado hacia delante, y ojos y boca indicados
en la forma sumaria usual, ofrecen, además, un nuevo detalle: amplias
cejas que á pesar de su ejecución grosera, mediante simples incisiones
irregulares, les dan cierta expresión de gravedad y fiereza.
Como las figuras antropomórficas de que me he ocupado se hallan en
Fia. 1 ü.-.
Estación I del Observatorio ( < 4!) . colc<
.M. 1„ l>.): •'/,
1 Número 728 ele las colecciones arqueológicas del Museo de La Plata.
5 Colección del doctor J. Wolfl' (Córdoba).
Colección del doctor J. Wolit' (Córdoba).
4 Números 727 y 749 de las colecciones arqueológicas del Musco de La Plata ; y
colección del doctor J. Wolff (Córdoba).
5 Colección del Museo Politécnico de Córdoba ; y colección de Félix F. Cutes.
gran parte muy mutiladas, sólo puedo decir rpie dos de ellas, conserva-
das íntegras, llegan á tener 92 y 8o milímetros de altura, respectiva-
mente (fig. 1 12 y 1 10) : alcanzaban, pues, tamaños bastante apreciables:
pero, es muy ]>robal)le, las hubiera aun
mayores, pues una cabecita aislada (ñg.
127), llega á 59 milímetros de altura por
r>8 milímetros de ancho máximo.
Los adornos. — Los coroplastas in-
dígenas al modelar las figuras antropo-
mórficas, han indicado los
adornos llevados por los indi-
viduos.
En primer término, algu-
nas de las caras conservan dibujos, más ó menos complica-
dos y superficiales, que corresponden, sin duda, á pinturas ó
tatuajes. En una de las representaciones más primitivas, son
harto abigarrados, constituidos por líneas
quebradas (fig. 122); en otra, también de
aspecto arcaico, son paralelas y puntos en
serie rítmica (pie, desde el ángulo externo
del ojo, se dirigen al borde inferior de la
mandíbula (fig. 124): las hay con una simple línea de
puntos bajo el labio inferior (fig. 125), ó por varias pa-
ralelas formadas por aquellos mismos elementos, com-
prendidas por rectas que se inician en las comisuras
de los labios y terminan en el mentón (fig. 121); por
último, en algunos ejemplares mejor tratados, los ador-
nos faciales son líneas quebradas paralelas que despren-
diéndose del ángulo interno del ojo terminan en los
pómulos, y pequeños puntos alargados que se inician en las comisuras
de los labios, y luego limitan el mentón (fig. 120); ó líneas paralelas de
puntos que cruzan las mejillas, acompañadas, por otra parte, de puntos
ubicados bajo el labio inferior (fig. 129).
Desde) luego, es imposible determinar si los adornos en el mismo
cuerpo recién descripto, representan pinturas ó verdaderos tatuajes.
En algunas de las cabecitas, el cabello, indicado mediante líneas poco-
profundas, cae hacia atrás y hasta el cuello (fig. 1 30, b) ; ó aparece dividi-
do por el centro en dos mitades, en cada una de las cuales se inicia una
trenza en ronde-bosse y agregada mediante past-illagc que cae hasta la
espalda, y cuyas extremidades libres aparecen reunidas (fig. 120, b) '. El
! Una de las trenzas de la figurita á que me refiero en el texto se lia desprendido^
poro so nota aun claramente el lugar que ocupaba.
Fig. 132. — Lago San
Roque (colee. J.
Fig. 131. — Es-
tación I ,dcl
( )bserva torio
(752, colee.
M.I.. L >.),*/,•
(t b
Fig. 130. — Alrededores de Córdoba
(9412, colee, F. F. O.), ]/i
— 371 —
grupo constituido por las piezas á que me lie referido en párrafos ante-
riores (pág. 369 de esta memoria), y que llama tanto la atención por su
tratamiento convencional, ofrece, asimismo, otra particularidad intere-
sante: el cabello, comprimido por la banda de que me ocuparé más
adelante, se divide sobre la frente y cae á Jos costados tapando las
orejas (fig. 126 y 128); pero, la interpretación en alto relieve, resulta
tan «estilizada» como el resto de la figura L
lín «manto á los adornos agregados al cuerpo sin mutilarlo, los hay
representados de diversa clase.
Llama desde luego la atención, una amplia banda frontal, en ronde-
bosw, que llevan casi todas las cabecitas. Las más de las veces el ador-
no referido rodea por completo la cabeza (fig. 120, 121, 125, 120, 127 y
130) ; pero, en algunos casos, después de aparecer anudado sobre aqué-
lla, sus extremidades libres caen por detrás lmsta el cuello (lig. 129).
Para indicar el dibujo ó, quizá, ciertos detalles del tejido, m lian hecho
breves incisiones (fig, 120, 121, 125 y 129) ó puntos profundos (íig. 120
y 127) *.
Uno de los ejemplares (íig. 126) parece hubiera tenido, además, cla-
vados en la parte superior de la cabeza, algunos adornos particulares,
¡mes son sumamente profundas las perforaciones que allí se conser-
van 1 2 3; y en otra cabeeita (íig. 128, c), caen sobre la nuca dos pendientes,
indicados por una línea rodeada su extremidad libre por muchos puntos
poco profundos.
La mayor parte «le los ejemplares llevan collares, indicados en forma
más ó menos tosca. (Ja, si siempre son rectas ó líneas «le puntos poeopro-
1 Barzana asegura on su curta quo « muchos » do los habitantes do Córdoba ves-
tían como la «gente del I’irú » (Barzana, Ibiñ., LVll); no es, pues, antojadiza la
interpretación del tipo do peinado que hago en el texto, usual entre una gran parte
de los antiguos habitantes del Tahunntinsuyu : « La parte de cabello que cae sobre
el rostro — dice Cobo — cortan por la mitad do la frente, y desde las sienes cuelga
lo restante hasta en derecho de la boca, cubriendo las orejas, y de aquel largo lo
traen cortado parejo en ruedo de la cabeza » (Cobo, Ibid., IV, 158).
2 Sin duda las bandas frontales que llevan casi todas las cabecitas, son los « to-
cados », á que alude Jerónimo Luis do Cabrera en su Relación y que, según 61,
hacían de « lana » y « por galla » (Cabrbra, Ibid., 140). Es marcada, por otra
parte, la semejanza que existe entre las bandas frontales usadas por los montañeses
de Córdoba y el llanto peruano : « trenza ó cinta tejida do lana » — dice el ilustre
Cobo — « la cual es gruesa medio dedo y tiene do ancho un dedo atravesado ; con
ella — agrega — dundo muchas vueltas, vienen íí hacer una manera do guirnalda ó
corona del anchor do una mano, con la cual ceñían el cabello por encima de la
frente» (Cono, ¡Md,, IV, 150).
a Keeuórdense las Ucean ó plumajes y las « varillas largas » de metal que los indí-
genas se colocaban en la cabeza (Cabrkra, Ibid., 140 ; Sotf.lo Narváhz, Ibid.,
151).
fundos, dispuestos sobre el pecho (fig. 112, 113, 114 y 11(5) ó rodeando
el (mello (Iig. 118, 1 lí) y 121); pero, en otros casos, la indicación, aun-
que constituida por incisiones superficiales, llega á complicarse, parece
que el collar sustentara pendientes ó placas triangulares (íig. 122) ó fue-
ra, más bien, una faja tejida, estrecha y ornamentada (íig. 120).
Rodeando la cintura, se nota, aun en las íi guras de f urden más arcaica.,
una ancha y gruesa faja indicada mediante una técnica semejante íi la
observada al tratar la que envuelve la cabeza, es decir, breves incisio-
nes, puntos ó, también, líneas sinuosas poco profundas (fig. 115, 117,
118 y 122).
Por último, creo que no sería aventurado interpretar las líneas de
puntos que rodean los tobillos do un ejemplar (íig. 1 17), como otras tan-
tas indicaciones de anillos.
La indumentaria. — Las prendas de vestir aparecen reproducidas,
las más de las veces, con realismo sorprendente; y han sido tratadas,
por lo general, con mayor prolijidad que los adornos.
En las figuritas de modelado sumario, se nota, con claridad, un pe-
queíio delantal que no llega á cubrir las nalgas del sujeto y ceñido á la
cintura por la faja á que me he referido en párrafos anteriores. Dicha
prenda de vestir aparece indicada por dos líneas paralelas que compren-
den series de puntos (fig. 1 Lo, a) ; pero, en fragmentos aislados que tengo
á la vista *, el delantal referido esta ornamentado con grabados más
complicados (fig. 13 L y 132) 1 2.
En las representaciones antropomórfieas más perfectas de la serie
(fig. 117 y 122), el delantal aparece substituido por un verdadero tapa-
rrabo en ronde-bosse, ceñido por delante y por detrás con ayuda de la
faja y que cubre tanto el pubis, como la horcajadura y las nalgas, pero
ipre deja libre los muslos. Esta prenda de vestir aparece ornamentada
por series rítmicas de ankistrones separados por líneas quebradas (fig.
117), ó por franjas cuyo dibujo está indicado muy sumariamente (fig.
En el Museo de La. Plata, Invierno de 1910.
1 Número 752 de las colecciones arqueológicas del Museo de La Plata., y colec-
ción del doctor.). Wollf (Córdoba).
* Harzana, en su carta, al referirse á la indumentaria de los indígenas de Córdoba.,
dice que los « paiiitos que traen las mujeres son muy labrados, llenos todos de
chequira », etc. (IbUl., LVII y siguiente).
A I» EN I) I CE
Después de haberse terminado la impresión de buena parte de esta
memoria, han ingresado á las colecciones del .Museo de La Plata, dona-
dos por el señor H. Pallmer, algunos objetos encontrados en el establecí-
Kig. Eí'E I). limado YV-lrz (eoloc. M. I.. 1*.), 1 /3
miento ganadero (pie posee, el caballero nombrado en las proximidades
de la estación Dalmacio Yélez, del ferrocarril Andino (departamento de
Tercero Arriba).
Además de algunos fragmentos sin importancia, forman parte de la
— 374 —
donación referida una muela fija y un mortero que creo útil describir.
La primera está constituida por una placa de mieaesquisto irregular-
mente rectangular (fig. 133), cuya longitud, ancho y espesor máximos al-
canzan a 330, 230 y 25 milímetros respectivamente. En una de las caras
se nota una depresión alargada, fusiforme, que llega á tener alrededor
de 220 milímetros en sn diámetro mayor y 100 milímetros en el menor,
Fig. lí?4. — Dalmncio Yélez (colee. M. L. P.), v/5
cuya profundidad no excede de 17 milímetros, y que se encuentra muy
pulimentada por el uso.
En cuanto al segundo, es de granito ó diorita, subliemisferico, con el
fondo circular, achatado, á concavidad exterior y de 100 milímetros de
diámetro. La excavación es, también, más ó menos hemisférica, de 150
milímetros de diámetro y 112 milímetros de profundidad. Esta pieza
licué de diámetro total 235 milímetros, y 105 milímetros de altura. Sus
paredes son espesas; en el fondo alcanzan a 40 milímetros, y las late-
rales oscilan entre 00 y 50 milímetros, aunque si* estrechan luego para
formar un labio redondeado é irregular (fig. 134).
INDI G E
DE LAS MAT HUIAS CONTENIDAS EN EL TOMO XVII (SEO UN DA SlOlí 1 10, TOMO IV)
Las lenguas do tipo Guaycurú y Chiquito comparadas, por el profesor Sa-
muel A. Lafone Quevedo i 7
Nota preventiva sul JHprothomo platemis Amoghino, del dottoro Aldobran-
dino Mochi 60
Descripción de dos nuevos Lamelicornios de la fauna argentina, por Carlos
Bruch 71
Sur la structuro des scories et «torres cuites» trouvées dans la sórie pam-
péenne, et quelques ólóments de comparaison, par Félix F. Outes avee la
collaboratiou du doctour H. Bücking 78
Lainpyrides do Misiones uoinmós et dócrits par Ernest Olivier 88
Sur la formo dos courhos do rofroidissomont dos mólanges hiuaires, par E.
Rengado OH
Plusieurs nouveaux Coléoptéres do la líópublique Argontino, par Maurice
Pie 108
Vocabulario Chorote ó Soloto (Chaco occidental), por Robert Lehmann-
Nitsehe 111
Iníluonce de certains colloides sur la différeuce de pontentiel cathodiquo, par
le doctour Charles Marie 131
Catálogo sistemático de los Coleópteros de la República Argentina, por Car-
los Bruch 143
Para 1 : Carábidac (Cicindclinac, Cambinae ) 145
Pars IV : Lucanidac, Scavábacidac (Coprini-Cctonini), l’anmlidae 181
Para V : linprestidac, Trixagidac, Monommidac, líuoncmidac, Jilaleridac . 226
Los tiempos prehistóricos y protohistóricos on la provincia de Córdoba, por
Félix F. Outes. 261
Introducción 261
Primera parte. Período paleolítico. — Capítulo I. Antecedentes 264
$ I. Geología y estratigrafía de la cuenca del valle del río Primero. 264
§ II. Los yacimientos paleolíticos 279
Capítulo II. El material conservado en el Museo des La Plata.. 285
Segunda parto. Período neolítico. — Capítulo I. Antecedentes 21)2
$ I. Los puoblos neolíticos 292
§ II. Los yacimientos neolíticos 307
Capítulo II. Ereseos rupestres y potroglifos 312
25
— 37 ti —
$ 1. Frescos rupestres 312
$11. Petroglifos 317
Capítulo 111. El material conservado en el Museo do La Plata y en otras
colecciones 318
$ I. Objetos do piedra.. 31 X
a) Instrumentos 31 s
Láminas ó cuchillos 3ix
Raspadores 31 SI
Raederas . •, 321
Perforadores 321
Molinos 321
Morteros y sus manos 324
Platos 32<i
Palas . 32ti
Hachas 327
b) Armas 331
Puntas do ilecha 331
Proyectiles. 337
o) Adornos 33X
Pendientes. 333
d) Objetos do uso incierto 6 desconocido 33!)
n) Técnica 317
$ II. Objetos do hueso , 350
u) Instrumentos 351
Alisadores 351
Pun/.onos 6 agujas 351
b) Armas 352
Puntas de Hecha 352
Puntas do jabalina 353
c) Adornos 353
Elementos para collares 353
d) Objetos de uso desconocido 353
e) Residuos 351
$111. Objetos de concha 351
Adornos 351
$ IV. Objetos do metal 355
$ V. Alfarerías 355
a) Alfarería lisa 35ti
b) Alfarería con impresiones de textiles 357
o) Alfarería con ornamentos grabados 361
d) Pesos para el huso. 363
e) Figuras antropoindrficns 364
El modelado 361
Eos adornos 370
La indumentaria 372
Apéndice 373
PUBLICACIONES DEL MUSEO DE LA PLATA
PRIMERA SERIE
Las diversas publicaciones correspondientes á la primera, serie, se ha-
llan de venta en el Museo á los precios siguientes :
ATLAS GEOGRÁFICO DE LA REPÚBLICA ARGENTINA
Entrega primera, mapa de la provincia de Catamarca, en cuatro hojas. 12.00
PUBLICACIONES DEL MUSEO DE LA PLATA
SEGUNDA SERIE
Las diversas publicaciones correspondientes á la segunda serie, se
hallan de venta en el Museo á los precios siguientes :
ANALES
Pesos m/u
Tomo I, entrega I 6.00
Tomo I, entrega. II 25.00
BIBLIOTECA
Tomo I 4.00
Tomo II 4.00
REVISTA
Tomo XIV (segunda serie, tomo I) 24.00
Tomos XV á XVII (segunda serie, tomos II á IV) ............... , 12.00
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The paper meets the requirements of ANSI/NISO
Z39-48-1992 (Permanence of Paper)
Austin 1996