y-
UNIVERSIDAD NACIONAL DE LA PLATA
MUSEO
(FACULTAD DE CIENCIAS NATURALES)
REVISTA
DEL
DE LA PLATA
DIRECTOR
SAMUEL A. LAFONE QUEVEDO, M. A. (Cantab.)
Doctor honorU causa
la Facultad de filosofía y letras (Universidad de Buenos Aires), etc., etc.
TOMO XXIII
SEGUNDA PARTE
(segunda seri e* tomo X )
k / v
1920 -
\ ..
v-£?0flian Déte*3'
r
^¡sBftiahV
APR 9 1920
ai
BUENOS AIRES
IMPRENTA DE CONI HERMANOS
684, perú, 684
1916
PUBLICACIONES DEL MUSEO DE LA PLATA
SEGUNDA SERIE
La segunda serie de las publicaciones del Museo de La Plata, com-
prende los siguientes grupos :
ANALES
En entregas en 4o mayor, y en las cuales se publican las memorias ori-
ginales del personal científico del Museo, que á causa de las planchas
de gran formato que las acompañan, no pueden incluirse en la Revista.
REVISTA
Volúmenes en S° mayor de 25 pliegos por lo menos, y en los cuales se
publican, también, las memorias originales del personal científico del
Museo y las de los colaboradores tanto del país como del extranjero.
BIBLIOTECA
Volúmenes en S° menor de 25 pliegos por lo menos, que contienen tra-
ducciones de obras y estudios publicados en el extranjero, relacionados
con asuntos que sean tema de investigaciones en el Museo ; lo mismo
que series de artículos de vulgarización científica.
CATÁLOGOS
En volúmenes en 8o menor, en los que se incluyen los inventarios ra-
zonados ó simplemente enumerativos délas diversas colecciones del esta-
blecimiento.
UNIVERSIDAD NACIONAL DE LA PLATA
II K VISTA
MUSEO DE LA PLATA
MUSEO DE LA PLATA
CONSEJO ACADÉMICO
Presidente : doctor Samuel A. Lafone Quevedo, M. A. (Cantab.).
Consejero titular : doctor Miguel Fernández.
— doctor Juan Carlos Delfino.
— doctor Enrique llenero Ducloux.
— doctor Luis M. 'rorros.
— doctor Santiago llotli.
— doctor Guillermo F. Schaefer.
Consejero suplente : doctor Carlos Bruch.
— doctor Enrique J. Poussart.
Secretario : doctor Carlor E. Heredia.
ACADÉMICOS HONOR AllIOS
Y CORRESPONDIENTES NACIONALES
ESCUELAS 1)E CIENCIAS NATURALES
ACADÉMICOS HONOKAUIOS
Doctor Angel Gallardo (Buenos Aires), 1907.
Doctor Carlos Spegazzini (La Plata), 1912.
ACADÉMICOS COIlltESPON DI ENTES
Doctor Juan B. Ambrosetti (Buenos Aires), 1907.
Doctor Francisco Latzina (Buenos Aires), 1907.
Doctor Miguel Lillo (Tueumán), 1907.
Ingeniero Francisco Seguí (Buenos Aires), 1907.
ESCUELA DE CIENCIAS QUÍMICAS
ACADÉMICO IIONOUAKIO
Doctor Juan J. J. Kyle (Buenos Aires), 1907.
MUSEO DE E A PLATA
ACADÉMICOS HONORARIOS
Y CORRESPONDIENTES EXTRANJEROS
ESCUELAS DE CIENCIAS NATURALES
ACADÉMICOS HONORARIOS
S. A. S. Albert I de Monaco, 1910.
Doctor Eligen Biilow Wanning (Dinamarca), 1907.
Doctor Ernest Haeckel (Alemania), 1907.
Profesor William H. Holines (Estados Unidos), 1907.
Doctor Otto Nordenskj oíd (Suecia), 1907.
Doctor Santiago Ramón y Caja! (España), 1907.
Doctor Johannes Ranke (Alemania), 1910.
Profesor Eduard Suess (Austria-Hungría), 1907.
Profesor Fredcric Ward Putnam (Estados Unidos), 1909. f
Doctor William J. Hollaud (Estados Unidos), 1912.
ACADÉMICOS CORRRSRONDI UNTES
Doctor Ilenry Fairfield Osborn (Estados Unidos), 1907.
Doctov Ilermann von Uicring (Brasil), 1907.
Doctor Yoshikiyo Koganei (Japón), 1907.
Doctor Richard Lydekker (Inglaterra), 1907. f
Doctor Rudolf Martin (Suiza), 1910.
Doctor Stanislas Meunier (Francia), 1910.
Doctor Giuseppe Sergi (Italia), 1907.
Doctor Gusta v Steinmann (Alemania), 1907.
Doctor Paul Vidal de la Blaclie (Francia), 1907.
Profesor J. Wardlaav Iíedway (Estados Unidos), 1907.
Doctor Ricardo J. Hunt (Inglaterra), 1914.
ESCUELA DE CIENCIAS QUÍMICAS
ACADÉMICO HONORARIO
Profesor Willielm Ostwald (Alemania), 1907.
ACADÉMICOS CORRESPONDIENTES
Profesor Armand Gautier (Francia), 1907.
Profesor José Rodríguez Carracido (España), 1908.
Profesor Harvey W. Willey (Estados Unidos), 1907.
MUSEO DE LA PLATA
PERSONA L miílíOTIVO Y OI líNTÍ PICO
DOCTO lv SAMUHI, A.. I, AFONO QUEVEDO, M. A. (Cantal..)
Director
DOCTOR ENRIQUE HERRERO DUCUOUX
DOCTOR CARLOS E. HEREDIA
Secretario, bibliotecario y direclor «Id publicaciones
SEÑOR MAXIMINO DE BARRIO
l'i osecrelario
ESCUELAS DE CIENCIAS NATURALES
DOCTOR SANTIAGO ROTII
Jefe «le sección y profesor de Paleontología
DOCTOR GUALTERIO SCUILLElí
Jefe de sección y profesor de Mineralogía
SEÑOR AUGUSTO O. SO A LA
Jefe de sección y profesor de llolunica
DOCTOR EDUARDO CARETTE
DOCTOR CARLOS BRUCIl
Jefe do Micción y profesor «lo /.onlugiu
DOCTOR MIGUEL FERNÁNDEZ
SEÑOR HORACIO ARD1T1
DOCTOR SAMUEL A. LAFONE QUEVEDO
Profesor de l.iugtiislica
DOCTOR ROI JE UTO LEU M ANN-NITSCHE
Jefe «le sección y profesor «le Antropología
DOCTOR SALVADOR DEBEN EDETTI
l'rofoaor a.lj.iiiui .lo ,\i',|nci>li.K.a
DOCTOR RABI.O MURIAN
l'rofuMir .tu IVicii
DOCTOR LUIS MARÍA TORRES
.1»» fu do micción y profesor de El ungí ulm
INGENIERO MOISÉS 1CANTOR
Jefe de sección y profesor de Geología
DOCTOR ENRIQUE HERRERO DÜCLOUX
Director y profesor de Química analítica
DOCTOR FEDERICO LANDOLPH
Profesor de Química orgánica
DOCTOR ENRIQUE J. POUSSART
Profesor de Química general
SEÑOR LEOROLDO HERRERO DUCLOUX
SEÑOR EDELMIUO CALVO
Profesor adjunto de Química farmacéutica
INGENIERO ALEJANDRO BOTTO
Profesor de Química analítica cualitativa geneial
DOCTOR ALEJANDRO OYUELA
Profesor «le Terapéutica
DOCTOR ALEJANDRO COGLIATI
Profesor «le Farmacia práctica
DOCTOR JUAN C. DELFINO
Profesor de Higiene
ESCUELA DE CIENCIAS QUÍMICAS
DOCTOR MANUEL V. CARBONELL
ni.
DOCTOR GUILLERMO F. SCITAEFER
l'rníosor «lo Química analítica c-jicc i.l
DOCTOR PEDRO T. Y ION ALT
Profesor «le Análisis Mineral
SEÑOR JUAN E. MACHADO
Profesor hi. píenle «le Farmacia práctica
DOCTOR I’. ABEL SÁNCHEZ DÍAZ
Profesor sóplente «le Química general
DOCTOR ATILIO BADO
DOCTOR SEGUNDO J. TIEGHI
Profesor suplente «le Química orgánica
DOCTOR M. LEGUIZA MÓN l’ONDAL
DOCTOR CARLOS E. HEREDIA
1'i.ifcsoc .le medícame. lo. Miilólion»
ESCUELA ANEXA DE DI 1UIJO
SEÑOR E. COUTARET
Profesor do Dibujo geométrico y do pompoeliva
SEÑOR A. BOUCHONV1ELE
Profosor do Dibujo ouilogriiütio y do relieve
SEÑOR JOSÉ FONRÜUGE (h.)
Profesor do Dibujo natoiaí
SEÑOR ANTONIO ALICK
Profesor de Dibujo do arte y pintura
SEÑOR II. BERGHMAN S
Profesor de Caligrafía
DOCTOR ROBERTO LEUM ANN-NITSCHE
Profesor do Analoiiiin artística
SEÑOR JOSÉ M. DE LA TORRE
Auxiliar do dibujo
SEÑOR JUAN E. JORGENSEN
Pi o fe sor auxiliar de Acoareh
DOCTOR CARLOS BRUCIl
1‘üifa.ui anadiar da Fotografía
SEÑOR JOSÉ M. REY
Profesor auxiliar de Cartografía
SEÑOR ANTONIO PAGNEUX
ileute do Dibujo de arle y pintura
UNIVERSIDAD NACIONAL DE LA PLATA
MUSEO
(FACULTAD DE CIENCIAS NATURALES)
REVISTA
DEL
MUSEO DE LA PLATA
DIRECTOR
SAMUEL A. LA FUÑE QUE VEDO, M. A. (Cautab.)
Doctor /innon'.i cansa
en la Fnculfnil «lo filosofía y letras (Universidad do Dueños Aires), ele., ote.
TOMO XXII I
SEGUNDA PARTE
(SEGUNDA SERIE, TOMO X )
BUENOS AIRES
IMPRENTA DE CONI HERMANOS
684, PERÚ, 684
1916
I) A T O S
boiikk
LAS SALES DE ALÚMINA EN LA VEGETACIÓN
Poií MARÍA LUISA COBANERA
INTRODUCCIÓN
El conocimiento exacto de los elementos qne entran en la composición
de los organismos vegetales, tiene doble interés : teórico, estableciendo
las relaciones qne existen entre los fenómenos de orden químico y los
fenómenos biológicos de la planta; práctico, en la aplicación de esos
fenómenos á la agricultura y alas industrias que con ellas se relacionan.
Pocas cuestiones, sin embargo, han permanecido tanto tiempo en la obs-
curidad á pesar de muchas décadas do experiencias y discusiones. La
química analítica penetra poco á poco el misterio de esa sombra y hoy
puede contar entre sus sometidos, próximamente la mitad do los cuerpos
simples. En primer término los elementos plásticos de Bertrand, gigan-
tes por su acción, no podemos calificar de otro modo la función por llenar
del hidrógeno y del oxígeno al combinarse y constituir la savia que con-
tagia vida á su paso, provocando la actividad celular ; el carbono, que
unido á los anteriores, forma la enorme falange de los compuestos terna-
rios ; el nitrógeno, esencial de los principios inmediatos que concurren
á la generación de las plantas, así como á la reproducción incensante de
sus tejidos y desenvolvimiento de sus energías vitales.
No podemos dejar de citar, al lado de estos, otra serie de cuerpos, que
al incinerar la materia vegetal, saltan á nuestra vista en cantidad nota-
ble, sugiriéndonos la idea de que su presencia en la planta llena un
importante papel. Los análisis de esas cenizas nos hablan del azufre, del
fósforo, del calcio, del magnesio, del hierro, del potasio.
RKV. MUSEO LA PLATA. — T. XXIII
2
s
Todas las experiencias dirigidas en el sentido de investigarla compo-
sición elemental délos vegetales, lian estado acordes en atribuir á estos
elementos un papel principal, desde que la falta de cualquiera de ellos
torna míseras las cosechas, y la cuestión abonos estuvo reducida, hasta
hace pocos años, á mantener la> riqueza del terreno, en lo que se reliere á
aquellos de tales cuerpos que pudieran estar en delecto ; dirigiéndose
siempre las preocupaciones hacia el ácido fosfórico, la potasa y el ázoe ;
preocupaciones que se hubieran colmado, especialmente las relaciona-
das con el ázoe, si su porvenir hubiera estado reducido sólo á los yaci-
mientos chilenos de nitro, cuyo lili filé previsto para épocas muy cerca-
nas, pero los abonos sintéticos azoados han, revolucionando, tornado
los horizontes.
Mas el campo se ha ampliado. No se habla ya sólo de estos grandes
componentes; un mundo de infinitamente pequeños, que hasta ayer se
consideró su presencia accidental en los vegetales, reivindican hoy sus
derechos, como elementos fisiológicos, creando numerosas dificultades y
planteando gran número de problemas en el reino de las plantas.
Son estos los elementos que Bertrand llamó catalíticos, serie que se
enriquece día á día con cuerpos cuya naturaleza y función no han sido
aún determinadas, que pertenecen quizá á compuestos intermediarios,
útiles al desenvolvimiento del sér, cuerpos que probablemente tienen
actividad en las reacciones químicas del medio vital, actividad supuesta
de presencia, papel catalítico, dado lo exiguo de sus proporciones.
El estudio de estos elementos nos ofrece nuevas fuentes para penetrar
en el mecanismo interno de los fenómenos fisiológicos, amplio campo que
presenta aún al observador mucha mies que cosechar.
Los estudios interesantes de Bertrand, de Nagaoka y Sawa, de Loew,
citados entre los muchos que se lian hecho, descubren la función que
desempeña el manganeso en la vida de los vegetales ; un papel fisiológico
bien definido : vehículo de oxígeno, que cede á la laccasa; acción de catá-
lisis, pues sin ser arrastrado á la reacción, su presencia en cantidades
ínfimas produce efectos considerables.
ltaulin y Javillier nos dieron á conocer la inlluencia que el cinc ejer-
ce sobre algunos hongos y levaduras, y numerosos trabajos de Eorsliaun-
ner, de Demargay, etc., nos hablan de él en especies ya terrestres, ya
marinas.
La industria debe á los varechs gran parte del bromo y yodo que se
produce, y (huitín, y sobre todo Bourcet, han hallado trazas en las demás ;
y ¿ por qué no aceptar que los vegetales deben contener vestigios de todos
los elementos, aun délos más raros, si Meissner, Grandeau, Duclaux, etc.,
han encontrado cobre, Bunsen y Kirclioff litio en la vid y el tabaco,
Agulhon, boro en variadas especies, el arsénico reconocido por Tasilly
y Lervide en algunas algas, el vanadio y cerio señalado ha poco por
Demaryay ; Malaguti, Durocher y Sarzeau lian constatado trazas de
piala. (>ii algunas especies de algas, y el bario, liara no citar más, puesto
en evidencia por Sebéelo en numerosos árboles ?
Pláceme consignar aquí el desarrollo siempre creciente que en nues-
tro país ha alcanzado esta clase de investigaciones, proporcionando los
experimentadores datos interesantes, quizá factores eficientes para la
resolución de múltiples incógnitas. Gándara, investigando la acción de
la plata coloidal de Bredig y haciendo ensayos con el manganeso; E.
Herrero Ducloux, estudiando la influencia de las sales de cobalto y vana-
dio; Damianovich, con soluciones coloidales de materias colorantes, han
abierto nuevas sendas en la biología aplicada, que siguen siendo explo-
radas con numerosos trabajos en gestación.
El aluminio, que con toda propiedad podemos agregar á la lista ya
extensa dé los componentes vegetales, ha sido tratado en su relación con
las plantas por algunos autores; Bertheloty Andró lo han estudiado sobre
un número limitado de especies 1 ; C. F. Longworth y Potor Alisten de
New York y casi simultáneamente Pellety Fribourg 2, publicaron memo-
rias más amplias; pero, posteriores á ellas, so abre camino nuestro tema,
provisto de todo el interés que la conquista de nuevos palmos puede
ofrecer, y encontramos en el extremo oriente á esos laboriosos hijos de
Nipón, á Stocklasa en Bohemia y á Bertrand y Agulhon en París, luchan-
do con ideas modernas, colocando el tema (pie me decidí á tratar, por la
recomendación que de él hacía United States Department of Agricul-
ture, en su prospecto de enero 31 de 1911, como altamente intere-
sante.
Al encararlo he tratado de eslabonar los hechos, hechos observados
en condiciones precisas, bien determinadas, con medidas numéricas y
términos de comparación, convencida do (pie un trabajo efectuado en
otras condiciones no ofrecería sino un interés mediocre á los efectos de
una conclusión general.
El tema comprende varios capítulos :
I. De los métodos en la química vegetal ;
II. Métodos de investigación de las sales de alúmina ;
III. Evaluación do la alúmina en los vegetales ;
I Y. Influencia de la alúmina sobre los vegetales superiores ;
V. Acción de la alúmina sobre las licopodiáceas ;
YI. Conclusiones.
En el primer capítulo hago una exposición somera de ¡os métodos
analítico, sintético y mixto, aplicados á la química vegetal y que en las
distintas partes de mi trabajo son puestos en práctica.
1 M. Bkktiiiíi.OT, Ghimic végólale ct agricolc, VIH, píígina, 00.
s Gkandkau, y límales tic la scicncc agronomique, etc., Vil, 1!)07.
10
101 capítulo segundo está dedicado á una recopilación de los métodos
principales, especialmente los que se refieren á tres tan íntimos aliados :
hierro, aluminio y ácido fosfórico. Ofrezco de los más corrientes algunos
datos y observaciones personales, efectuados con el fin de controlar
resultados y que la elección del método que en todas mis operaciones
había de acompañarme, no fuera elegido al acaso, sino guiada por la con-
vicción de que los datos á obtener estarían, en lo posible, próximos á la
exactitud.
El tercer capítulo trata de la presencia de la alúmina en gran número
de plantas, agregando á mis datos personales, con ánimo de hacer más
extensa la comparación, aquellos que han sido indicados por los análisis
de los diferentes autores.
Los capítulos cuarto y quinto consignan los resultados de una serie
de experiencias realizadas con sales de alúmina sobre algunas especies
fanerógamas y el caso especial de las licopodiáceas.
Las conclusiones comprenden :
a) De la presencia normal y constante de la alúmina en las plantas ;
b) Utilidad de este elemento en las especies.
I
1)13 LOS MÉTODOS 13N LA QUÍMIOA V1CCIETAL
Cuando al efectuar el análisis de las cenizas de un vegetal, nos encon-
tramos en presencia de cuerpos como el manganeso ó el aluminio, el hie-
rro ó el litio, nada podríamos afirmar, ni ningún dato concluyente dedu-
cir, á no ser el muy simple, deque esos cuerpos existen en el organismo
vegetal. Ante ese hecho muchas incógnitas se presentan, muchas pre-
guntas sin contestación se formularían, si nuestros medios no estuvie-
ran reducidos más que á ese paso ; pero no sucede así ; en contraposición
al análisis tenemos la síntesis, mediante la cual se reconstruyen medios,
se modelan según las necesidades, se suprimen elementos, se agregan
otros y se llega así por atinadas manipulaciones á demostrar la utilidad
ó el perjuicio que el cuerpo por ensayar reporta á la planta.
Hablando, pues, de los métodos por seguir en la química fisiológica,
citaré el método analítico, el sintético y el mixto, obteniendo, por la
combinación de los tres, un medio eficaz para la consecución de datos
interesantes.
11
Método analítico
131 análisis recurre á la planta para su cometido, tal como nos la ofrece
la naturaleza, teniendo en cuenta los importantes factores que lian con-
currido á su desenvolvimiento: la atmósfera, el suelo, el agua; desdo-
blando tanto al organismo como medio en el cual vegetó, en sus compo-
nentes.
En efecto, es tan íntima la relación entre la planta y su medio, que
no podemos tratar de la una, sin tener muy en consideración el ambiente
(pie propendió á su crecimiento. Del punto de vista fisiológico, no pode-
mos despreciar ni aun aquellos elementos de los cuales existan sólo
trazas en el medio ambiente, tan así trazas, que las reacciones de la
química mineral sólo con mucho esfuerzo consigan delatarlos, pues
debido á la extensión ilimitada del medio, ala movilidad de sus partes,
á la, duración de la vida de los vegetales, las cantidades más insensibles
de un elemento del suelo ó del aire pueden, acumulándose, producir en
las plantas efectos apreciables.
Por otra parte, si bien es cierto que los vegetales deben asimilar
aunque sean vestigios de todos los elementos del suelo, hay un factor
importante que pone valla á la, uniformidad en la absorción y ese factor
es la especie vegetal. Berthier 1 reconoció que las cenizas de maderas
de una misma, especie son químicamente semejantes, vegetando en
terrenos iguales, pero el tenor y la composición de las especies quími-
cas varía de una planta á otra y en la misma especie vegetal, según los
suelos y las condiciones de vegetación.
Con todo, está fuera de duda la influencia de la especie natural de
la, planta sobre la, composición de las materias minórales que encierra.
Y á este fenómeno está íntimamente ligado el hecho de que floras espe-
ciales obedezcan á terrenos de determinada composición, constituyendo
verdaderas etiquetas de ciertos elementos particulares contenidos en el
suelo : tal la violeta y la genciana de las minas francesas de cinc en las
fronteras belgas; tales algunas algas y otras plantas yodófllas propias de
los litorales, y para los botánicos no escapa á primera vista si está en
presencia de terrenos calcáreos ó silicosos por sus lloras caldcólas ó
silícolas. Pero el trabajo se torna arduo cuando penetramos en la región
de los silicatos múltiples ; allí sería aventurado asegurar que la influen-
cia se debí1, á elementos especiales, dada la complejidad del medio, pues
bien podría ofrecer circunstancias que pasaran al observador desaper-
cibidas.
Junalen do ehimir el de pln/siqitc, tomo XXXII, 182f»
12
Si la ilora natural de una región cambia cuando el terreno de calcáreo
¡se torna en yesoso ó arcilloso, puede atribuirse este lieclio á la predilec-
ción de ciertas especies por el calcio, el azufre, el silicio ó el aluminio.
Sin embargo esta preferencia no se traduce siempre en una abundante
absorción; por ello es que lia habido hasta hoy elementos que lian sido
desechados del análisis, porque, cuerpos (pie se encontraban en muy
débiles proporciones, era de suponerse no desempeñaran ningún papel
importante en el acto de la vegetación.
Encontrada la acción fisiológica, del manganeso, éste, como todos los
demás elementos que forman parte de la serie catalítica, ha concurrido
á ensanchar los horizontes del campo analítico, ofreciendo minucioso
estudio en esa pequeña fracción que resta para tornar completo el por-
centaje de las cenizas.
No pasarán desapercibidas las múltiples deficiencias de que adolece
este método, que se limita á considerar el organismo tal cual lo ofrece la
naturaleza. Sus conclusiones carecen de solidez, y es de esperarse, tenien-
do en sus fundamentos factores tan inseguros como son :1a composición
del medio ambiente, la extensión ilimitada de ese medio, la movilidad
de sus elementos y las múltiples, incesantes y complicadas reaccionesde
tan vasto laboratorio.
Hechos de sumo interés se han revelado acerca de la constitución de
los vegetales mediante este método, pero no lia alcanzado su valor á
fundar una teoría química vegetal.
Método sintético
La reconstrucción de un medio formado de compuestos químicos deíi
nidos, apropiado á las necesidades del vegetal (pie en él debe desenvol-
verse, tal es el íin por llenar del método sintético.
No podría enumerarse la cantidad de experiencias realizadas en este
sentido, pero con toda propiedad podríamos decir (píela, mayor liarte de
los ensayos, en el campo de la química vegetal aplicada, responden á
este lin.
Es ardua la tarea y con ser (pie los experimentadores no desfallecen,
aún la incógnita permanece enhiesta. En efecto, para llegar á su resolu-
ción, no es suficiente conocer los elementos del medio exterior que con-
tribuyen al desarrollo de las plantas, es necesario saber precisamente
las transformaciones químicas á lin de determinar el papel de cada uno
de ellos y es ese proceso de composiciones y recomposiciones cuyo cono-
cimiento está vedado en gran parte.
Hechos tan vulgares como la germinación délas semillas expuestas á
13 —
¡a humedad, la conservación de las flores en agua, condujeron á plantear
un problema : ¿pueden ser el aire y el agua .suficientes para el desenvol-
vimiento de las plantas ?
Experiencias de Duliomel !, Ingenlionsz 2, Tillet 3 4 y experiencias
mucho más concluyentes de Hassenfratz 5 y Saussure s demostraron que
la materia organizada de los vegetales puede producirse con la ayuda
de compuestos del aire y del agua, y este es el punto inicial sobre que
reposa el método sintético.
Poro ¿son los elementos del aire y do! agua suficientes para formar la
materia organizada, capaces de dar al vegetal todo el desarrollo que
puede adquirir en las condiciones más favorables1? Todos los ensayos
realizados al respecto, sea valiéndose únicamente del aire y del agua,
sea usando medios inertes, no han proporcionado sino plantas raquíticas,
que si bien hicieron concebir esperanzas en un principio, indicaron luego
que los progresos retrogradan y el organismo perece al fin víctima del
medio.
Los resultados se modifican favorablemente, cuando á aquellos facto-
res se les agregan ciertos elementos minerales; el peso délas recoleccio-
nes es muy superior.
Sería extenso y saldría de los límites de mi trabajo hacer historia- de
los muchos ensayos de Boussingault y Ville, efectuados con variedad de
compuestos químicos, y que los condujeron á la conclusión do que una-
mezcla de elementos minerales, en presencia de un compuesto definido
del ázoe y de los elementos del aire y del agua, ejercían una influencia
favorable en el desarrollo del vegetal. Pero, con todo, si se comparan las
plantas obtenidas basta aquí en los medios artificiales, aun los más com-
pletos, con las recolecciones que proporcionan las tierras arables, nos
encontramos que, á pesar de los esfuerzos gastados, fáltale al experi-
mentador mucho aún para igualar á la naturaleza.
Pedir á la química agrícola la reconstrucción del agregado terroso en
toda su perfección, corpúsculo alrededor del cual gira toda esa ciencia,
es por hoy una quimera; sería pedir á la química biológica la recons-
trucción de la célula viva.
Queda fuera del dominio de los compuestos químicos definidos toda
esa serle, de cuerpos que constituyen!, casi en su mayor parte, los seres
vivientes: los coloides cuya química adquiere en la biología una impor-
1 Mómoires de l’Académie des Sciences, 1748, página 272.
s Ingenhousz, Expéricnccs sur les v égétaux, página- 387.
a Mómoires de V Académic des Sciences, 1772, página 99.
4 Anuales de chúme, página 179, tomo 13.
5 Saussure, Recherches chimiqucs sur la régétation, páginas 39 y 225.
u
tanda que estuvo lejos de atribuírseles. Ellos parecen ser la base funda-
mental de las ñinciones químicas del suelo, gobernando el poder absor-
bente de las tierras arables. Suprimir de los medios sintéticos esos
cuerpos, más que químicos, dinámicos, es colocarnos en situación muy
inferior á la naturaleza.
La tierra arable debe á su tenor de hiilrógelos, representados por los
hidratos de aluminio, de hierro y de silicio, el almacenamiento de las subs-
tancias nutritivas, pues, debido á fenómenos de « adsorción », impiden
su arrastre mecánico por las aguas. La especificidad que mantienen para
la adsorción esos coloides es un fenómeno inexplicable aún hoy, pero
constituye la base principal de la selección de ciertos elementos en la
nutrición de la planta. Los coloides y sobre todo los coloides húmicos
adsorben entre los ácidos con predilección el ácido fosfórico y no los
ácidos clorhídrico, nítrico y sulfúrico. Igualmente en las bases hay una
selección. El sodio, el calcio y el magnesio, en el orden enumerados,
son más difícilmente adsorbidos que el potasio. Es por esto (pie, tra-
tado un suelo por la potasa, se produce una substitución en detrimento
de la soda y de la cal, revelándose en ese hecho un fenómeno altamente
interesante: almacena el coloide un cuerpo indispensable al crecimiento
de las plantas y que es fijado en proporciones más considerables que las
otras bases, menos importantes y parcialmente superfinas.
Y si por encontrar en los medios naturales cuerpos como el sodio ó el
calcio, los hacemos figurar en iguales proporciones al reconstruirlos sin-
téticos, i podemos asegurar, por ello, que sometemos la planta á condi-
ciones idénticas? Lejos de ello se está, desde que eludimos la presencia
de cuerpos dinamogénicos (pie impiden ó dificultan la absorción de cier-
tos principios para facilitar la de otros. De suerte que el método sinté-
tico habrá dado un paso decisivo, cuando, conociendo á fondo la química
coloidal, pueda usar de sus elementos á modo de los medios naturales.
Incurriríamos, pues, en error si elimináramos en este método una can-
tidad de causas secundarias, que corroboran á la acción de los agentes
primordiales, tales son: las propiedades físicas del suelo y del subsuelo,
la descomposición de las materias orgánicas, el grado de acidez ó alca-
linidad del medio, la naturaleza de las combinaciones de los elementos,
etc., etc., fenómenos casi todos ellos presididos por la acción de los
coloides.
Inmensas son las ventajas que el método sintético ha reportado al
estudio de los abonos, primero indicando que sus efectos generales se
deben en especial al elemento azoado, luego al ácido fosfórico y por fin á
la potasa, y últimamente incluyendo en la bondad de esos mismos abonos,
los elementos catalíticos. Así como los hemos encontrado enriqueciendo
el método analítico, mucha más fecunda se revela su incorporación á la
síntesis, y tenemos ya hoy la industria del sulfato de manganeso, después
15 —
•le los últimos descubrimientos, tomando un incremento colosal, que es
de esperarse contagiará, á nuevos y variados elementos.
El método sintético ha servido también de fundamento á la teoría de
las rotaciones culturales, que se explica por la influencia predominante
•pie ejercen á su vez los distintos elementos sobre diversas especies.
Tenemos un ejemplo en las ventajas que encuentra el agricultor en
hacer alternar los cereales y las praderas artificiales. Reposa esto sobre
el hecho demostrado por el método sintético que los cereales toman del
suelo todo el ázoe, mientras que el trébol, la alfalfa, que extraen esto
elemento principalmente del aire, exigen con predilección al suelo mate-
rias minerales 1.
Cultivar una tierra implica empobrecerla de determinados elementos,
según sea tal ó cual especie la que se cultive ; de modo que si ese elemento
no se proporcionara artificialmente por un medio cualquiera, el terreno
concluiría por tornarse estéril. Es este un problema que le está reser-
vado al método sintético, pero su resolución será posible, ofreciendo
entonces una base segura á la práctica agrícola, el día que la consecución
de un medio artificial, capaz de asegurar el desenvolvimiento máximo
de los vegetales, sea un hecho ; ese día que Liebig ya en 1841 presintie-
ra: « Y entonces, decía, podrá el agricultor, como en una factura bien
organizada, llevar libros, para anotar, según las recolecciones, la natu-
raleza y la cantidad exacta de las substancias que debo proporcionar á
cada una de sus tierras para mantener la fertilidad » 2 * * 5.
Método mixto
Un intermediario de los precedentes timemos en el método mixto.
Se dispone para su uso de un suido químicamente igual á los terrenos
naturales ; esa es la parte que debe al método analítico y dispone al
mismo tiempo arbitrariamente de factores accesorios : tales son la atmós-
fera, extensión del terreno, las substancias químicas que al medio se
pueden agregar, etc. ; he ahí la participación del método sintético.
La expresión sintética del método mixto es, pues: un suelo natural y
1 Los agrónomos americanos tratan do rojnvonocor las antiguas teorías do Do
Caudolle. Han, en efecto, probado que la infertilidad de la tierra podría ser debida
á la prosencia de venenos segregados por las raíces. Según esto, cada especio produ-
ciría una substancia tóxica particular comparable ála orina, á los gases de la respi-
ración humana y cualquier otro producto de excreción, constituyendo en un tiempo
unís ó menos largo un ambiente nocivo. Esta substancia, no tóxica para otras especies,
desaparecería ya por oxidación, ya por cualquiera otra acción química, en el inter-
valo de una rotación.
5 Líame;, Chimie appliquér <) l’agricnlturc, página 208.
1(>
disposición arbitraria de uno cualquiera de los factores que influyen en
la vegetación.
Encuadradas en sus límites es que se lian sucedido infinidad de expe-
riencias y uno á uno lia desfilado la gran mayoría de los elementos
químicos ante la observación de los experimentadores, siguiendo las
sendas frazadas por Kulilmnnu l, lian tratado siempre de ponerse al
abrigo de las múltiples causas de error inherentes al procedimiento
mismo, eligiendo terrenos de igual naturaleza y reservando distintas
zonas sin abono, destinadas á servir de términos de comparación ; pesan-
do las substancias agregadas y el producto de las culturas y multipli-
cando y haciendo variedad de ensayos. Es de este modo como se lia
llegado á la conclusión de que ciertas sales minerales ejercen una influen-
cia apreciable sobre las culturas agrícolas.
El método mixto se encamina á fundar sobre una base segura la teo-
ría química de la práctica agrícola, ensayando sobre culturas determina-
das la acción de cada compuesto, definido como partes constitutivas de
los abonos ó mejoradores, apreciando con precisión la influencia de cada
uno de ellos. Es el eslabón (pie une el análisis, que no considera, única-
mente á la naturaleza, con la síntesis que trata sino productos obtenidos
artificialmente.
Asimismo no nos separamos de los dominios del método mixto, al
investigar cuáles son los principios délos abonos, que tornan un terreno,
agotado por una especie vegetal, fértil para esa misma especie, indican-
do así las causas de la esterilidad y el modo de combatirla.
Cuáles son los elementos físicos y químicos del medio en (pie vive el
vegetal y cuál es la influencia de cada uno de ellos sobre el desenvolvi-
miento de la planta ; cuáles son las transformaciones sucesivas de los
elementos de ese medio y qué relaciones existen entre esas transforma-
ciones y el vegetal; tales son los dos principales problemas por resolver
de la química de las plantas.
Hemos revistado tres caminos por seguir para la consecución de resul-
tados : el método analítico, sintético y mixto. Ninguno de ellos nos pro-
porciona recursos suficientes para hacer un estudio completo, para llegar
á resultados definidos, todos resuelven con grado de perfección muy
diverso los problemas que se refieren á esas proposiciones, pero de tal
modo se enlazan y se completan, que allanan muchas deficiencias que sin
su ayuda mutua ofrecerían.
Hemos revistado el método analítico, proporcionándonos hechos ais-
lados, entre los cuales nos hace concebir vagamente relaciones lejanas.
En especial el capítulo tercero de mi trabajo está trazado bajo las exi
Comptca-rcndim, 1848, pagina 1118, tomo XVII.
17
gen chis siempre limitadas del método analítico, estudiando la presencia
de las sales de alúmina en algunas especies argentinas y generalizando
el concepto con numerosos datos suministrados por autores, ya naciona-
les, ya extranjeros.
El método sintético proporcionándonos medios perfectamente limita-
dos, menos complejos que los naturales por el número y por la natura-
leza de las substancias que lo componen y conocidos a prior i, lia sido el
que me lia guiado á realizar una serie de experiencias en medio líquido
y medio sólido inerte consignadas en el capítulo cuarto do mi trabajo,
tendientes á investigar el valor de las sales de alúmina en algunas espe-
cies, determinando á raíz de ellas si se trata de un elemento indispen-
sable ó por lo menos útil á la vida vegetal.
Las experiencias del método mixto, de resultados más positivos, desde
que al efectuarlas ya hemos pisado los peldaños que nos brindaran los
anteriores métodos, nos colocan en el terreno de la práctica, agrícola,
agregando las sales de alúmina á medios naturales como abonos. Van
en ese sentido mis experiencias sobre tierra arable, pero siempre en
medios limitados, siendo de lamentar la ausencia de conclusiones más
generales por medio de culturas extensivas, que sin embargo las ofrezco
extraídas del interesante trabajo de Stocklasa.
II
MÉTODO ANALÍTICO. INVESTIGACIÓN DEL ALUMINIO
Justado del aluminio en la naturaleza. — El aluminio no se encuentra
en estado libre en la naturaleza; pero sus compuestos y sobre todo sus
compuestos oxigenados (y esto es una consecuencia, de la gran energía do
combinación que tal elemento manifiesta hacia el oxígeno) son abundan-
tísimos. En apoyo de esta aserción, encontramos al aluminio ocupando el
primer lugar entre los metales y tercero entre los elementos, en segui-
da del oxígeno y del silicio, como constituyente principal de la corteza
terrestre, contribuyendo próximamente con un ocho por ciento en su
composición.
Su óxido, unido á la sílice, es la base de la generalidad de las rocas.
Los silicatos do alúmina se encuentran ya en las rocas platónicas, ya en
terrenos sedimentarios, producto de la disgregación de aquéllas, como
términos extremos del eterno ciclo por recorrer.
Los feldespatos que ostentan en primera línea la ortoclasa (KA1Sí3Or)
y su numerosa corte: hialofana (BaAl.,Si microclina (monoelino
18 —
inimétieo), albita (Na AlSi3Os), oligoclasa (ti ((Ja, Na,, K,)02A1,03, fiSiO,),
labradorita (Na,, Ca) O . Al,033SiO,), anortita (0aAl,Si„O8). La andalu-
cita (Al2Si05) ó (Al,()3, íáiO,) y sus aliñes: el topacio (F,Al,Si04) y
la distena (Al,SiO. triclino). El granate (0a3 Al, ¡ái30,,) con su intere-
sante grupo : el berilo (Gl3Al,Si6018) la turmalina cuya fórmula (/rosno
modo (Al4Btí0lt. con silicatos) se complica notablemente cuando se mezcla
con las micas ya potásicas, ya magnésicas, la cordierita (Mg,Al4SL018)
y continuaría con la serie interminable de los silicatos de aluminio, si
citara aquí los numerosos componentes del grupo de la epidota, los sili-
catos hidratados del grupo de los zeolitas, algunas eloritas (amesita),
las w eméritas y los piroxeno-anlibol tales: la augita (MgAl,SiO(i), la
espodumena (LiAlSiaOü), la hornblciula (OaMgAl,¡ái ,(.),,) entre los prin-
cipales.
Rivalizando en importancia con la larga serie ya citada, encontramos
las micas, sea moscovita (KH,Al3Si30,,), sea biotita (HK,Al3Si30,,,
oMgSiOJ y si á los individuos citados se agregan las múltiples y muy
variadas combinaciones que son susceptibles de producir y que se cono-
cen con los nombres de granito, gneiss, sienita, pórfido, entre tantas y
tantas otras, podremos apreciar la extrema importancia (pie estas sales
de aluminio alcanzan como componentes de la costra terrestre.
Pero no se detienen ahí los silicatos dobles : no sólo se mezclan para
constituir las grandes moles que erizan la superficie del globo, sino que
se disgregan hasta convertirse en el polvo impalpable que constituye la
arcilla y demás sedimentos que forman en gran parte los terrenos de
aluvión. Entre estos sedimentos citaré el kaolín ó tierra de poycelana
(Al, Si, Ü7, 211,0) y el loess componente de esos enormes depósitos
eólieos y que tan importante papel desempeñan en nuestra formación
pampeana, y para concluir con los silicatos de aluminio, citaré la agru-
pación de las pizarras, que aunque metamorfosis de las arcillas y eshe
bón que cierra el enorme ciclo que los elementos del suelo han de reco-
rrer, no por eso dejan de ofrecernos importante depósito de nuestro ele-
mento.
Pero no he citado hasta aquí sino una clase de sales, silicatos múlti-
ples de aluminio, en grado mayor ó menor de basicidail, en grado mayor
ó menor de hidratación. Si bien es cierto que ellos constituyen la falange
principal de los compuestos de aluminio, no podemos pasar en silencio
aquí otros cuerpos importantes, entre los que se citan : el corindón, con
sus variedades azul (zafiro), roja, amarilla, violada y verde (rubí, topacio,
amatista y esmeralda oriental de los joyeros respectivamente) y el esme-
ril, todos ellos óxidos de aluminio más ó menos puros y anhidros, en-
contrándose la hidralgilita [A1(01I)3], el diaspro [AIO(OII)] y la bauxita
[Al, 0(0H)J entre los hidratados; y continúan los compuestos con la
espinela [M" Al ,04), M" =Mg,Zu,Be], la criolita (Na3AlFlü); la serie de
19
los fosfatos : la variseita (A1P04 + 2HsO), la gibsita (AlPOj+a'/j llsO),
la wawclita (2A1PO*, AÍOsM3, 41/., 1I80) y la cvansita (A1PO,, 2A10nlI3,
ClljO); y los sulfatas, cutre ellos la aluminita (Al2S040s, 9H,0) y los
sulfates dobles con su individuo principal la alunita ó piedra alum-
bre (Al, K(Sü4).[OJrB|).
Diseminación del aluminio en la naturaleza. — El mineral de aluminio
ocupa por lo común los estratos superficiales del suelo, respondiendo
á lo sentado por la teoría cosmogénita más comúnmente aceptada, según
la cual el primer material que debo solidificarse para formar la costra
terrestre, está constituido por el elemento mús liviano y más oxidable *.
La misma profusión de tales compuestos, que llevan al aluminio á
ocupar uno de los primeros lugares, hace que sea poco menos que impo-
sible darles ubicación, pues al citar unas regiones, incurriríamos en error
al omitir otras, pues donde no bay granito, gneiss, sienita, traquita con
su contingente de feldespatos, hay yacimientos clásticos : arenas y are-
niscas, tierra arable ó loess, arcillas ó pizarras.
Sin embargo no pasaré por alto algunos compuestos de aluminio, que
aunque menos esparcidos que los anteriores, merecen especial mención,
pues constituyen en gran parte la fuente de explotación de este metal.
Me refiero á la alunita ó piedra alumbre, cuyas minas más célebres se
encuentran en la Tolla, corea, de Oivitavooeliia, revistiendo cavidades
do rocas cavernosas como producto do descomposición de las tra quitas ;
y los yacimientos análogos de Mont-Doré.
La presencia de compuestos de aluminio en los productos volcánicos,
así como en las aguas minerales ( Vichy), aunque siempre en pequeña
cantidad, vienen á completar la importancia en el reino mineral.
Tal profusión se trueca al pasar á los vegetales. No es el aluminio en
este reino un elemento de primer orden, muy al contrario, las cenizas
vegetales nos lo revelan entre los pequeños. Son contadas las especies,
sin embargo, que lo acusan en cantidad apreciable, ellas, entre otras,
miembros de la familia Licopodiácea (22-57 °/0), en especial el Licopo-
dium chamaecyparissns, no alcanzando en las demás familias sino porcen-
taje muy bajo, con raras excepciones conocidas boy como la Orites ex-
celsea, árbol de Australia (50 °/0).
La difusión del aluminio sufre mayor descenso aún cuando de los vege-
tales se pasa, á los animales. El organismo animal no cuenta al aluminio
entro sus constituyentes normales 2 (Guarcschi, Enciclopedia química,
tomo VIII, página 875.
Lo encontramos, pues, en verdadera escala decreciente, estando su
1 .1. Guaiuíscih, Enciclopedia química, página 874, tomo VIH.
s Permítaseme dudar de tal aseveración y pensar para el aluminio en los animales
un cambio radical de ideas, como el que ha suscitado cu el reino do las plantas.
máximum cu la materia mineral y su mínimum cu los organismos más
complicados.
Historia del aluminio y de sus sales. — El alumbre potásico es cono-
cido de tiempo inmemorial. De los yacimientos que la isla.de Lipari
posee, era. transportado en (¡00 (a. de <1. 0.) á Palenuo y aplicado en la
industria, tintórea de los fenicios, (¡riegos y romanos lo conocieron
también.
En el siglo vm de nuestra era se explotaba en la Mesopotamia la
aluminita y era introducida en Italia, Francia y otros países europeos,
con el nombre de «alumbre delioccha», con que algunos lo conocen
aún boy.
Es este producto el que D eber en aquella época describiera y enseña-
ra á purificarlo y á calcinarlo. Paracelso diferenció el alumbre del vitrio-
lo é hizo notar (pie la base de éste era un óxido metálico, mientras la
del primero una tierra calcárea.
En el siglo xil la explotación de la aluminita se hace en los alrede-
dores de Ñapóles, en donde existo, lo mismo (pie en las otras regiones
volcánicas, por la acción del gas sulfuroso y del oxígeno atmosférico sobre
las traquitas y sobre la lava l.
Maggraf demostró en 1754 el error en que Paracelso incurriera al
afirmar la presencia de cal en el alumbre, estableciendo por primera vez
la diferencia que existe entre cal y alúmina, y Lavoisier y más tarde
Ohaptal y Vauquclin en 1797 llegaron á la feliz conclusión de que el
alumbre era una sal doble : sulfato de aluminio y de potasio.
En cuanto al aluminio metálico, varios ensayos realizaron Davy
(1807) y (Ersted (1821) entre otros, para aislarlo, no podiendo desplazarlo
ni por el potasio ni por electrólisis. Pero fué recién en 1827 que Wohler
consiguió obtenerlo bajo la forma de un polvo gris obscuro por la acción
del potasio sobre el cloruro de aluminio de (Ersted, que recién en 1815
transformó en un bastoncito metálico. Pero es Saint-Olaire Deville
(1815-1857) quien da un paso decisivo hacia la obtención del aluminio
metálico, tratando de hacer industrial su preparación, descomponiendo
el cloruro de aluminio de (Ersted (proc. Wohler), mediante el sodio
metálico, que substituyó al potasio, cambio que hizo menos onerosa la
preparación, fijando las bases del procedimento industrial que ha pri-
mado hasta pocos años ha.
Deville pudo así aislar el aluminio en cantidad bastante considerable,,
como para demostrar sus propiedades industriales, que encontraron muy
especial acogida en la exposición de 1855.
Percy, por esa época, usó la criolita como fuente de producción del
1 Müi.i.un, Journal f. praktischo chimie, página 257, tomo LLX, citado por Guáres-
elo, Enciclopedia química.
21
aluminio, punto inicial de la industria química de este elemento, indus-
tria que alcanzó notable perfeccionamiento en 1885 en que se introdu-
jeron los métodos electrolíticos que perfeccionaron Héroult, Kiliani,
Hall, Biicherer, Minefc, entre tantos otros, métodos (pie han sido adopta-
dos hoy en casi todos los países de producción.
No terminaré esta breve reseña, sin citar los ni truros de aluminio,
(pie se presentan con muy especial interés para los temas agrícolas.
Sales muy modernas son, pues aunque ofreciendo grandes promesas para
el ful uro, no las lia consagrado la. industria aún en sus dominios, los
métodos de obtención no han salido hasta hoy del campo del laboratorio.
Sin embargo hace unos 30 anos Mallet publicaba por primera vez la
obtención de cantidades notables de nitruros de aluminio, cuerpo que, en
presencia del agua y sobre todo al contacto de los álcalis, cede parcial-
mente su ázoe para formar amoníaco, dato que lo hace figurar al lado
de los otros nitruros y nuevos abonos azoados, como fuente inestimable
de producción de ázoe.
Métodos de evolución de la alúmina
No haré aquí historia do los métodos analíticos de un cuerpo. El alu-
minio no tiene una personalidad química tan definida, que nos permita
hablar sólo de él ; más que métodos exclusivos, son los que expondremos
hablando con los distintos autores, métodos de separación de una serio
de aliados, que parecen complotarse para proceder en forma, análoga, ante
los reactivos principales, diferenciándose sólo en el detalle, diferencias
que los químicos han aprovechado para combinar de mil modos y conse-
guir de nuestro elemento la expresión exacta en sus combinaciones.
Nos limitaremos aquí á considerar el aluminio, sólo como componente
de cenizas vegetales, y por lo tanto los ensayos que se han hecho para
separarlo de los fosfatos y de las sales de hierro en primer término y
secundariamente de la cal, de la magnesia, etc., que en aquellos produc-
tos son sus más constantes compañeros.
Á pesar de las múltiples combinaciones ideadas, á pesar de la infinidad
do reactivos puestos enjuego, giramos aún hoy en torno del que podríamos
llamar método clásico ; el que usara Bertlielot y Andró en sus ensayos,
el que usan ácada paso los analistas, convencidos de que para desterrar-
lo, sería sólo ante aquel que ofreciera mayores ventajas, punto al cual es
difícil llegar. Nos lo demuestra el hecho de que ninguno de los tantos
métodos ideados haya alcanzado la aceptación que en todo tiempo ha
Ion ido aquel cuya base es la precipitación por el amoníaco y cuyo tér-
mino final, la obtención de la alúmina por diferencia.
Método clásico he dicho y en realidad no habría autor á quien poder
22
atribuirlo ni señalar la época <le su comienzo; uno y otra se pierden en
los albores del análisis.
En la imposibilidad de hacer una cronología de los métodos, he tra-
tado de (pie esta recopilación sea un tanto provechosa, agrupándolos
según sus afinidades.
He aquí la síntesis que me propongo seguir.
I. Métodos vola- ( Evaluación directa.
métricos f Evaluación indirecta.
Por calcinación directa.
Pesada al estado ) prtícil)ita.
II. Métodos gra-
vimétricos . .
de A1,0., J (]0 eomo
Con NII,.
Con NaoS.Oj ((Jhaucel).
’ i Con mezcla (iátock)
Al(OII)3. [
K1 — KIO ,
\ Pesada al estado de A1P04 (Oarnot).
111. Métodos electroquímicos.
Métodos volumétricos
Evaluación directa. — La volunietría del aluminio está constituida por
una serie de métodos, basados en algunas de sus reacciones de precipita-
ción, aprovechando los cambios de coloración que los reactivos experi-
mentan en presencia de los indicadores, y se concibe que así sea, dada la
ausencia de reacciones coloreadas de las sales de aluminio ; sin embargo,
como una excepción está el método propuesto por Telle 1 basado en el
cambio de coloración que presenta una sal de alúmina precipitada por un
álcali, en presencia de un fluoruro.
Son sin duda las reacciones de las sales de aluminio con los álcalis
las que han suscitado mayor número de métodos. Empleando un licor
titulado de amoníaco ó de potasa, para el dosaje de la alúmina en el
alumbre, que bien podemos aplicar al caso de las cenizas, Erlenmeyer y
Lewinstein 2 han reconocido que el resultado es tanto más exacto cuan-
to más extendida es la solución, sin duda porque el sulfato aumenta
su basicidad á medida que la solución se extiende. Sin embargo, como es
imposible evitar completamente la formación de la sal básica, los auto-
res obvian tal dificultad, transformando el sulfato en clorhidrato, por un
tratamiento con cloruro de bario. Neutro ó básico, el cloruro de aluminio
es totalmente descompuesto por la potasa ó el amoníaco.
1 Til. Se. pharmacologie, 1909, páginas 656-658.
* Journal de chimic et de pharnuwic, 3a serio, tomo XXIX, página 59.
23 —
Los autores, hablando de la bondad de este método, citan gran número
de datos que la apoyan.
Guáreselo colocándose en el caso de una solución de composición
variable y que tenga ácidos volátiles, circunstancia que podremos elimi-
nar en las cenizas, calienta la solución con ligero exceso de ácido sulfú-
rico y cuando el ácido volátil es eliminado, se opera como en el caso del
sulfato de aluminio conteniendo ácido sulfúrico libre: primero se preci-
pita el ácido agregando cloruro de bario con dimetilamidoazobencina y
se titula, el ácido libre, luego con fenolptalena y solución titulada de po-
tasa se determina la cantidad do alúmina, teniendo en cuenta que: 1
gramo KOH corresponde á (F1G095 de Al.
Reis 1 2 emplea una solución de oxalato de amonio en caliente, aprove-
chando la propiedad del aluminio de formar en presencia de aquél com-
puestos solubles. Usa como indicador el cloruro de cal y operando en
caliente agrega gota á gota el oxalato de amonio, que no formará oxala-
to calcáreo, hasta tanto todo el aluminio no haya sido transformado en
sal doble de aluminio y amonio. Tres equivalentes de oxalato amónico
corresponden á uno de alúmina. Si la solución contiene ácido libre,
se neutraliza con amoniaco y se agrega ácido acético hasta reacción
ácida.
Como se comprenderá, todos estos métodos no son posibles sino en
ausencia de los metales del grupo del hierro ó de cuerpos que, como el
plomo, el cinc, el estaño, el cromo, sean capaces de dar con la potasa
compuestos solubles.
Evaluación indirecta. — Fleischer 3 aplica la reacción de los fosfatos so-
bre las sales de aluminio, agregando cantidad conocida y dosando el ex-
ceso con solución de urano. He aquí el modo de proceder : la solución li-
geramente ácida do sales de aluminio es tratada con acetato de sodio y se
agrega excuso conocido de solución 1/10 de sal do fósforo (contiene
2tF'8G5 de sal por litro). En caliente se determina el exceso con solución
de urano y hallada por diferencia la cantidad correspondiente al alumi-
nio, se deducirá el tenor de la solución, sabiendo que 1 centímetro cú-
bico de solución 1 /10 fosfórica corresponde á (F005098 de Al.
Si la solución por dosar tuviese reacción fuertemente ácida, se neutrali-
zaría hasta débil precipitación y se acidificaría débilmente para luego
agregar el acetato de sodio.
Un método usado en gravimetría puede ser modificado para dosar el
aluminio volumétrico, pero ciertamente sin otra ventaja que la mayor
1 Enciclopedia química, volumen 111, piígin» 800 .
9 T¡ert., volumen XIV, página 110(1.
" Gcauiíscih, Enciclopedia química, volumen 11, píígina 388.
I1EV. MUSEO I.A ri.ATA. — T. XXIII
3
21
rapidez en la operación, dosando con licor titulado de hiposulfito de so-
dio el yodo pnesto en libertad (Stock), según la reacción
A12S04 + 5KI + KIO., + ;1H20 = 2A.1(()II)3 + 31v3S04 + (¡1
Métod os graviniótr i eos
Por calcinación directa. — Se puede determinar la cantidad de alúmi-
na contenida en una sal por calcinación directa, cuando se trata sea de
combinaciones con ácidos fácilmente volátiles (nitrato de aluminio, etc.),
sea de compuestos ácidos orgánicos. Puede aplicarse este método, siem-
pre que no haya substancias fijas en presencia (Fresenius) *, ni cloruro
de amonio, porque éste obra al rojo sobre la alúmina, produciendo clo-
ruro de aluminio volátil.
Si las sales se encuentran en solución se evaporan á bañoinaría y el
residuo ó directamente la sal si está al estado sólido, se coloca en crisol
de platino y so lleva al rojo muy lentamente, manteniéndose á tempera-
tura elevada hasta peso constante.
Este proceder da siempre resultados pobres, porque trazas de la sal
son arrastradas con los productos combustibles.
Por precipitación al estado de hidrato de alúmina. Precipitación con
NII3. — El amoníaco actuando sobre una solución de sales de aluminio
da un precipitado de hidrato blanco y amorfo (coloide).
Su naturaleza coloidal hace que comparta con las substancias que tal
se manifiestan, la propiedad de disolverse parcialmente en el agua, for-
mando las llamadas seudosoluciones ó soluciones coloidales (liidrosol);
de ahí que á los fines del análisis sea necesario eliminar este inconve-
niente, poniendo enjuego la acción del calor y la influencia de un elec-
trolito, que en este caso será una sal amoniacal. Ella atenúa la solubili-
dad parcial, que ofrece la alúmina hidratada en presencia del amoníaco
(Malaguti y Durocher 1 2, Fresenius 3, Fuchs). La cantidad de sal amonía-
co para operar una precipitación completa de la alúmina, debe ser tanto
mayor cuanto más grande sea el volumen de la solución por precipitar y
la del amoníaco precipitado. La acción de la sal debe ser completada por
ebullición, que se prolongará suavemente hasta tanto el amoníaco libre
haya sido eliminado en casi su totalidad. íái la filtración se operase siu
haber eliminado el exceso de amoníaco, se podría tener una pérdida no-
1 Analyse chimique quantitative, 8a edición francesa, tomo I, página 259.
! Anuales (le chimie ct de pharmaeic, 3a serie, tomo XVII, página 421.
* Analyse chimique quantitative, 8a edición francesa, tomo I, página 171.
25
tatole, tanto más grande cnanto mayor fuera la dilución y el exceso de
amoníaco más considerable (Malaguti y Durochcr) '.
Una ebullición enérgica y prolongada tornaría el medio ácido, debido
á una descomposición de la sal amoníaco, y mía parto del hidrato precipi-
tado pasaría en solución (Fresen ius). lie ahí porqué el reactivo precipitan-
te debe ser agregado en ligero exceso. Disminuir los momentos de ebulli-
ción, mediante la menor cantidad posible de gas por eliminar, implica evi-
tar un peligro: la acidez del medio por descomposición de la sal amonio.
El hecho de que el precipitado so transforma poco á. poco en seudo-
solución á baja temperatura, hace que sea requisito indispensable efec-
tuarla precipitación y el lavaje en caliente.
liste último resulta una operación relativamente penosa, por tratarse
de un coloide, siendo la lucha con la adsorción evidente. En efecto, la
porción de sal fijada sobre el coloide no es arrastrada completamente
por el lavaje, operación que se efectúa para evitar las pérdidas por
seudosoluciones con agua caliente ó con agua conteniendo unas gotas
de amoníaco y pequeña cantidad de sal amonio (Treadwell) y agua pura
al final. Los tres primeros lavajes deben hacerse por decantación y con-
cluir con lavajes agitados sobre el filtro, hasta que las aguas no den re-
acción sensible de cloro.
La filtración, también difícil, es conveniente hacerla por succión, así
se opera la desecación completa del precipitado; de otro modo es nece-
saria. una desecación lenta, prolongada y completa, que es difícil conse-
guir en el hidrato de alúmina, dada su consistencia, por lo cual nos ofre-
ce una. calcinación laboriosa, expuesta á pérdidas por proyección, si no
se la conduce con cuidado.
La calcinación requiere tiempo prolongado á temperaturas vecinas del
blanco para tener la seguridad que las últimas trazas de ácido son ex-
pulsadas (Mitscherlich), sobretodo si la solución ha sido sulfúrica, por-
que nos encontramos entonces en presencia de un sulfato básico de
alúmina, que no pierde su acción sino bajo la influencia prolongada de
altas temperaturas.
La precipitación del hidrato de aluminio es impedida por la presen-
cia de ciertos ácidos orgánicos fuertemente liidroxilados, á cuyos oxi-
drilos se fija, para dar combinaciones complejas. Siendo el oxidrilo la
condición del fenómeno, se encuentra que cuerpos que tienen dicha
agrupación múltiple, tal sucedo con ol azúcar, la glicerina, ote., gozan
del mismo poder. Evitaremos, pues, su presencia siempre que tengamos
que dosar alúmina.
ISTo es esta, una separación, por lo tanto suponemos ausentes cuerpos
(pie se comporten como la alúmina para con el amoníaco.
Loe. cit.
26
Esbozados así los principales fenómenos de esta operación, podremos
sintetizar el método en la forma siguiente :
La solución, bastante extendida, es adicionada de gran cantidad de
sal de amonio y á la ebullición, tratada por ligero exceso de amoníaco,
ebullición (jue se mantiene hasta reacción débilmente alcalina. Lavaje en
caliente, calcinación fuerte y prolongada.
En lugar del amoníaco puede emplearse en la precipitación el carbo-
nato ó el sulfuro de amonio, que, por el hecho de corresponder á ácidos
muy débiles y en los compuestos respectivos del aluminio sumamente
hidrolizables, no dan las sales de sus aniones correspondientes, y su ines-
tabilidad en las condiciones ordinarias se traduce en la formación de
alúmina hidratada con desprendimiento de anhídrido carbónico y ácido
sulfhídrico en uno y en otro caso.
De todos los reactivos empleados para la precipitación de la alúmina
el sulf hidrato de amonio es el que obra completamente y de manera
inmediata (Malaguti y Durocher), importando poco el volumen de la
disolución alumínica y la presencia de sales amoniacales. Para Erese-
idus la precipitación con cualquiera de ambas sales no aventaja en
exactitud á la del amoníaco.
Precipitación con hiposulfito do aodio. — El aluminio puede serdosado
al estado de alúmina, mediante la precipitación con hiposullito de sodio
(Cliancel) 1 agregado en exceso y en solución extendida 2 ((FIO de alú-
mina por 50 centímetros cúbicos de líquido) y ligeramente ácida, si hay
ácido libre se satura la casi totalidad con carbonato de soda. Se obtiene,
después de haber calentado hasta completo desprendimiento de ácido
sulfuroso, un precipitado que se lava con agua hirviendo, se deseca y se
calcina, primero suavemente para eliminar el azufre y se termina con
fuerte calor.
La alúmina obtenida es compacta, fácil de recoger y lavar, y después
de la calcinación la alúmina anhidra pulverulenta, opaca y de un blanco
puro (Fresenius) 3. Para lióse 4 este método da resultados pobres por la
acción disolvente del ácido sulfuroso. Aun por ebullición prolongada
queda ordinariamente en disolución una cantidad de alúmina que no se
puede despreciar, y cantidad tanto más grande, cuanto mayor ha sido el
tiempo demorado en operar la filtración.
Precipitación por medio de Ja mezcla yoduro y odato. — Fundado en la
1 liosic, 'frailé d’analyse, páginas 148-151, edición francesa. 1862.
8 Las fases de esta precipitación hasta llegar á la alúmina son : hiposullito de alú-
mina inestable, descomponible en alúmina y ácido liiposulfuroso, á su vez inestable
con desprendimiento do ácido sulfuroso y depósito de azufre.
3 Analyse chimiquc quantitative, tomo II, página 260, 8a edición francesa.
4 Traite tVanalyse, páginas 148-151, edición francesa. 1862.
27
fácil liidrolización de las sales de aluminio, Stock 1 ha fundado un mé-
todo. En efecto, una solución de cloruro de aluminio, despojada total-
mente de ácido libre, presenta siempre reacción ácida á los indicadores
comunes, debido á la parcial hidrólisis sufrida:
A1C13 + 311 . OH ^ Al(OH)3 -f 3H01.
Constituye, pues, un equilibrio que puede ser destruido con variar la
concentración, puesto que se determina una condición por la cual es
lijado el ácido, la hidrólisis puede proceder de otro modo á interesar
toda la masa de la sal, sin que el aluminio pueda precipitar en totalidad
como hidrato.
Se modifica en ese sentido introduciendo en el sistema una mezcla de
yoduro y yodato potásico, que obrando con el ácido libre permite la
sucesiva y completa hidrolización de la sal (Christensen) 2.
Operando en frío, á la larga resulta integral, pero en caliente y sobre
todo cuando se destruye el yodo libré por el hiposulñto de soda, es total
en algunos minutos, aun en solución extendida. La ausencia de hiposul-
fito torna la operación lenta, requiriendo entonces cantidad doble de
mezcla yodatoyoduro y calor prolongado de bañomaría para eliminar la
totalidad del yodo.
E11 síntesis el método es este : Á la solución alumínica neutra ó lige-
ramente ácida (si es ácida se neutraliza con la soda hasta formación de
precipitado y se redisuelve con algunas gotas do «ácido), so agrega exceso
de una mezcla de partes iguales de solución al 25 por ciento de yoduro
de potasio y de una solución saturada de yodato de potasio (encierra
más ó menos 7 °/0 de K103). Después de cinco minutos se decolora exac-
tamente la solución con hiposulfito sódico al 20 por ciento. Para asegu-
rarse de la total precipitación, so agrega aún una pequeña cantidad do
mezcla yoduroyodato, luego un ligero exceso de hiposulfito y se man-
tiene al calor del bañomaría media hora. Se filtra, se Lava con agua hir-
viendo, se seca y se calcina.
El autor cita numerosas experiencias con resultados muy exactos, y
Treadwell, después de haberlo ensayado, lo recomienda calurosamente.
La presencia de sales de cilicio y magnesio, así como el ácido bórico* no
tienen influencia sobre la bondad de los resultados; no así cuerpos orgá-
nicos ricos en oxidrilos, que impiden la precipitación y el ácido fosfórico
que influye diferentemente, dando precipitados fosfatados difíciles de
lavar: 2A1203P,03 mezclado á la alúmina, si ella está en exceso; y sola-
mente 2A1203P20.. si el exceso es de ácido.
1 Hcriclic der Dcutseh-Chcmiachen Gcscltediaft, página 518. 1900.
5 ZcUxehr. fiir anorg. Chrmic, XIV, página 801. 1897.
Precipitación y calcinación al estado de fosfato. — Hasta aquí el alu-
minio (losado al estado de alúmina puede ser pesado también como fos-
fato (Carnot) \
La base de este método es la precipitación de las sales de aluminio en
solución neutra en presencia de los fosfatos alcalinos, al estado de fos-
fato neutro de alúmina (A11H),) insoluble en ácido acético (diferencia de
los fosfatos alcalinos tórreos); precipitación que no es impedida por el
ácido tartárico, el azúcar, etc., pero sí por el ácido cítrico (Grotbe).
Este método de dosaje conviene sobre todo cuando la solución con-
tiene hierro (Fresenius), el cual debe ser previamente reducido al míni-
mum por medio del hiposulfito de sodio, pero puede servir también para
el caso exclusivo de la alúmina en la forma siguiente :
La solución clorhídrica de sales de alúmina es extendida á 500 centí-
metros cúbicos con agua fría y neutralizada con amoníaco. Se agregan
en seguida 4 centímetros cúbicos de ácido clorhídrico concentrado y 2
gramos de fosfato de soda disuelto en agua; se agita hasta disolución el
precipitado formado. Se agregan 10 gramos de hiposuliito de sodio en
disolución en poquefia cantidad de agua y 15 centímetros cúbicos de
ácido acético cristalizadle. Se calienta á ebullición hasta que cese el
desprendimiento de ácido sulfuroso. Se filtra tan rápidamente como sea
posible, se lava en caliente, deseca, calcina y pesa el fosfato de alúmina.
Al hablar de las separaciones, allí donde este método ofrece ventajas,
insistiremos en él.
Y para concluir con los métodos de aluminio, tocaré la vía electroquí-
mica, usada sólo para separaciones.
En licor mantenido ácido las sales de aluminio no sufren descompo-
sición aparente ó utilizadle bajo la influencia de las corrientes, pero si
se electroliza el oxalato doble de aluminio y amonio, esta sal se trans-
forma progresivamente en carbonato (Classen) á y la alúmina se preci-
pita bajo la forma de un hidrato gelatinoso, flotando en el licor. Si se
calienta en seguida para eliminar el carbonato amónico, se podrá recoger
sobre un filtro la alúmina y después del lavaje calcinar y pesar.
Posaje de la alúmina en medios complejos
Los métodos más ó menos aceptables y (pie hemos pasado en revista,
cuando la alúmina se encuentra sola en las soluciones, se tornan al pasar
á los medios complejos; y la preocupación (lelos autores por obtener pro*
Comptes-rcndus. 1881-1884 .
Iíiiían, Analysc chimique quantitative par électrolysc, página 193. 1899.
— 29 —
cedimientos precisos, se deja traslucir en las múltiples formas de sepa-
raciones ideadas.
Al encarar los diversos métodos, daremos por consumado el hecho do
la insol ubi lización de la sílice, que comúnmente forma parte de las ceni-
zas, por el proceso ordinario de tratamientos clorhídricos.
Dosificación de la alúmina por diferencia. — Por la falta de métodos
exclusivos para su dosificación y por las facilidades que ofrecen en cam-
bio para su determinación los cuerpos que le acompañan, es que la alú-
mina de antiguo se dosa por diferencia.
Se parte de la solución con sus sales al máximum y con las precaucio-
nes ya detalladas (pág. 24) se opera la precipitación con amoníaco ó con
carbonato de sodio y amoníaco (estación Halle, Alemania). El ácido fos-
fórico de ordinario se encuentra en las cenizas de las plantas, en propor-
ciones tales como para precipitar el hierro y la alúmina totalmente al
estado do fosfatos. El precipitado al rojo nos da la mezcla FeaO,, . A1203 .
iy>(.
La separación se puede operar calcinando con soda y sílice (Treadwell),
tomando la masa fundida con agua y dosificando en el filtrado el áeido
fosfórico. El residuo insoluble es tratado con ácido clorhídrico y en se-
guida con ácido sulfúrico en caliente. Se opera la reducción de las sales
férricas con cinc y se dosifica volumétricamente el hierro, determinando
la alúmina por diferencia.
Andrlick 1 y Tollens 2 operan la precipitación con amoníaco y débil
acidificación con ácido acético y diré con el último autor : el precipitado
puede ser considerado como fosfato neutro de hierro, pues se encuentra
raramente el fosfato de alúmina en las cenizas de las plantas en canti-
dades apreciables. Si ella estuviera presente, se dosificaría el fósforo con
el reactivo molíbdico, el hierro volumétricamente y la alúmina por dife-
rencia.
So debe evitar la ebullición del líquido débilmente acético como se
hace á veces 3, porque el precipitado de fosfato de hierro y alúmina
puede contener con facilidad pequeñas cantidades de cal, siendo que
aun en la precipitación en frío algunas veces se observa (J. y B. Ste-
fanow).
Separación por medio de los álcalis. — El hecho de que el hidrato de
aluminio obre como ácido débil ante las bases enérgicas y forme sales
solubles, en las que el aluminio figura como factor del anión, tal los alu-
minaos, ha sido la causa de que se aplique esta propiedad en la separa-
ción de los cuerpos que nos ocupan.
' Grandkau, Anuales de la scicncc agronomique, 3a serie, tomo II, página 393.
’ Expcrimcnt station record, V, XIII, números 3 y 4.
3 GltANDKAU, Anuales de la Science agronomique, 3a serio, tomo II, página 402.
Pero una objeción hay que hacer: los álcalis que constituyen la base
de estos métodos, aun en su estado de pureza, pueden contener, según se
ha demostrado, cantidades sensibles de alúmina (Pellet y Eribourgj '.
Para obtener resultados exactos será necesario efectuar ensayos en
blanco con los reactivos por usar y poder así descontar las cantidades de
alúmina agregadas, extrañas á la muestra.
Por otra parte, cuando se opera la precipitación en esta forma, es im-
posible quitar totalmente el álcali al hidrato de hierro, aun mediante
lavaje prolongado con agua hirviendo, por tratarse, más que de un sim-
ple arrastre mecánico, de un fenómeno químico (V. J. Hall) Este hecho
de por sí transforma en penosos los procedimientos, para darnos resul-
tados poco precisos; es por esto (pie el hierro no debe ser pesado, des-
pués de precipitación con potasa; es necesario disolverlo en ácido clor-
hídrico y operar la precipitación con amoníaco (Treadwell).
Knop para anular este inconveniente precipita los dos cuerpos con
sulfhidrato de amonio, tal lo han indicado Malaguti y Durocher, lava
con agua adicionada de pequeña cantidad de sulfhidrato y efectúa la
separación de los dos óxidos por medio de la potasa, á la cual ha agre-
gado también algunas gotas de sulfhidrato.
Encontramos, pues, una serie de métodos que, definidos á grandes
rasgos, se reducen á una precipitación de hidratos de hierro y alúmina
y transformación del último en aluminato, previo tratamiento con exceso
de álcali. Si la mezcla hubiera sido calcinada, el tratamiento con la
potasa sería infructuoso; la alúmina anhidra no se transforma por ese
medio en aluminato. El reactivo tendría que usarse entonces en forma
de fundente y, tomando el producto con agua, podríamos separar el sex-
quióxido insoluble del aluminato alcalino en solución.
Rose 1 * 3 procede partiendo del hierro al estado de sexquióxido en pre-
sencia de la alúmina : evaporando la solución hasta pequeño volumen
en cápsula de plata ó de platino, se la mezcla con solución de hidrato
de potasa y se la somete á ligera ebullición. Si la potasa está en exceso
la alúmina so redisuelve 4. Se filtra y lava el hidrato de hierro y en el
líquido se precipita la alúmina, sobresaturando con ácido clorhídrico y
adicionando luego de carbonato de amonio ó mejor de sulfuro de amonio,
previa saturación con amoníaco.
1 Gkandicau, Anuales do la soienoc agrunomiqac, 3a serio, tomo II, página 102.
a Am. che ni. Journal, tomo XIX, páginas 512-525.
3 lióse, Traité d’analyse, página 148, edición francesa. 1862.
1 Si la solución de aluminio contuviese magnesio precipitaría el aluminato de mag-
nesio iusolublo en exceso do álcali, pero por ebullición, con gran cantidad de cloruro
de amonio, se descompone en cloruromagnésicoamónico soluble <5 hidrato de alumi-
nio iusolublo.
31
La separación completa depende de las cantidades que existan de los
cuerpos en el líquido. Si la muestra fuera poíno en hierro (hasta 1 °/0 do
la masa empleada en la experiencia), un solo tratamiento alcalino sería
suficiente para operar la separación de los óxidos; no así si el hierro se
encontrara en exceso, porque entonces el abundante precipitado retiene
cantidades de alúmina. Se hace necesario entonces someter el precipi-
tado á subsiguientes tratamientos alcalinos (Treadwell) *, «pie pueden
alcanzar á tres ó cuatro, según la cantidad de hierro presente. Más radi-
cal y rápido es una fusión con potasa de la mezcla aun en presencia do
mucho hierro.
Experiencias repetidas han demostrado (Rose, Lowe) que aun para
cantidades considerables de hierro se puede separar la totalidad de la
alúmina invirtiendo la adición de reactivos, esto es, agregando gota á
gota la solución clorhídrica de las dos bases en solución hirviendo de
hidrato de potasa no muy extendida y teniendo cuidado de agitar la
mezcla. Como el sexquióxido así obtenido contiene pequeñas cantida-
des de potasa, se debe disolver en ácido clorhídrico y precipitar con
amoníaco.
Si la. cantidad de alúmina combinada al hierro es muy débil, este mé-
todo no es preciso (Rose).
Partiendo del protóxido de hierro, no se mejoran los resultados, máxi-
me si se ha operado la reducción de las sales con exceso de ácido sulfu-
roso en caliente, pues precipita la alúmina en pequeña cantidad al esta-
do de sulfato.
Barff 1 2 rechaza la fusión de los óxidos con nitro y soda y propone en
cambio la marcha de ácido nítrico y clorato. Los óxidos lavados, dese-
cados, mas no calcinados, los somete á la acción del álcali.
Campredon 3 y Joung 4 precipitan los óxidos con amoníaco, funden
con soda cáustica y en el líquido separado por filtración dosifican la alú-
mina al estado de fosfato.
No nos queda sino agregar, después de todo lo expuesto, que estamos
en presencia de métodos que dan siempre porcentajes elevados de alú-
mina, si no se procede á una doble precipitación, que complica notable-
mente los procedimientos.
Precipitación por medio del hipo sulfilo sódico. — Si abandonando los
álcalis, pasamos al hiposulllto, encontramos que el modo diferente do
reaccionar sobre las sales de hierro y aluminio constituye otro medio de
operación, base de distintos métodos, ya como reactivo principal (Clian-
1 Treadwf.ll, Trattato de chimica analítica, tomo II, página 91, edición italiana.
5 Bidlctin de la Sociclé chimique, VIII, página 339. 1867.
* ( luido da chimistc métallurgistc, páginas 499-500. 1898.
1 Anahjsl, página 13, 1888.
cel) y;i como medio accesorio (Garnot, Stock). En efecto, la insistencia
de un único ion del aluminio hace que la acción reduetora del hiposul-
lito no se traduzca sino en desprendimiento de anhídrido sulfuroso y
actúe sobro las sales para producir la alúmina hidratada insoluble. En
cambio, en presencia del hierro, transforma el ion férrico en ferroso, pro-
ductos solubles que so prestan ú toda operación analítica.
lievistado ya el método Ghancel en los procedimientos exclusivos de
la alúmina, lo tocaremos aquí, en lo que concierne á la separación de las
sales de hierro, fin para el cual lo propuso su autor (1850).
El cambio de coloración del líquido en presencia del hiposulüto es el
proceso de reducción délas sales férricas, pero la descoloración del licor
no ofrecerá al analista la seguridad plena de la ausencia de un cuerpo,
como se lo podría ofrecer una precipitación y filtración. Después de ha-
ber dejado actuar el hiposulfito y durante el lavaje del precipitado, una
pequeña cantidad de sales ferrosas se liidrolizan, impregnan el papel y
en la calcinación el precipitado aparece rojizo (Levine) l.
Pero el más grave inconveniente del procedimiento Chancel en mez-
clas complejas es que hace abstracción del ácido fosfórico preexistente
en las soluciones. El precipitado calcinado no es constituido por alúmi-
na pura, sino por una mezcla del óxido y de su fosfato 2.
No haré aquí sino citar el procedimiento Stock, ya descrito (pág. 2G)
y que sin otras modificaciones se puede aplicar á la separación, método
que emplea el hiposulfito, no como precipitante, sino para introducir
modificaciones ventajosas en el medio.
Por esta misma circunstancia corresponde colocar aquí el método
(Garnot, 1882) 3 que no es sino una modificación feliz del procedimiento
Gliancel y más aún del método Fischer 4 5 (dosificación de la alúmina al es-
tado de fosfato en medio acético, sin intervención del hiposulfito). Se fun-
da en la solubilidad é insolubilidad en el ácido acético respectivamente
del fosfato ferroso y del fosfato de aluminio, cuerpo éste al cual se llega,
compuesto perfectamente definido con 41,85 por ciento de alúmina.
El método, tal como lo consigna Garnot 3 en su obra, es el siguiente :
Se satura incompletamente el ácido libre por el amoníaco, se agrega
el fosfato alcalino en exceso, con relación á la cantidad que se presume
de alúmina : luego se vierte hiposulfito. Se debe tener cuidado de dejar
obrar en frío, si hay sal férrica hasta descoloración completa del licor.
1 llulletin do l’ Aosooiation dos (incidió (¡ludíanlo el deo 6 ludíanlo de l’ Instituí Mcurice,
número 17, página 31. 1913.
- Loe. cit.
3 C'omptes-rcndus, 18 de julio de 1881, 7 de abril de 1884.
1 Zeitschrift fiir anal. Chemie. 1865.
5 Ai>. Caknot, Traité d’analyse des subotanceo minórales.
— 33 —
Habiendo sido totalmente la sal llevada al mínimum, se agrega poco á
poco el acetato de sodio y se mantiene á ebullición durante 20 ó 30 mi-
nutos. Se deja reposar, se lava por decantación y luego sobre el filtro
con agua caliente; se seca, calcina y pasa el fosfato de alúmina.
De la mayor ó menor cantidad de hierro en la solución depende la
bondad de los resultados ; si la porción es mínima, su aplicación es ex-
celente ; en cambio, en caso contrario, proporciona datos excesivos. En
tales circunstancias es necesario operar la reducción de las sales en so-
1 ueión clorhídrica por medio del ácido sulfuroso y eliminar el exceso de
reactivo por ebullición. En frío neutralizar la mayor parte del ácido,
agregar el liiposulfito y el fosfato y consumar su acción en caliente
(Oarnot).
Aún con estas precauciones, es muy difícil obtener un fosfato de alú-
mina perfectamente blanco, por el arrastre de mínimas cantidades de
hierro (la sobrecarga hace variar el tenor de alúmina de 0,20 á 0.30 °/0),
impureza que es tanto mayor, cuanto que la reducción se opera en ca-
liente, debido á que la alúmina, en presencia del liiposulfito en tales con-
diciones, empieza á precipitar antes que todo el hierro sea llevado al
mínimum, y de ahí los precipitados rojizos (Devine).
Numerosos autores han realizado prolijos estudios sobre el método
Oarnot. De entre ellos Camprcdon ’, aplicándolo á los minerales de hie-
rro, ha efectuado ensayos de control, con cantidades conocidas de hie-
rro y alúmina, obteniendo para ésta resultados exactos.
Pellet y Fribourg 2 (1907) hacen un prolijo estudio, aplicando el méto-
do al caso especial de las cenizas. En experiencias realizadas sobre lí-
quidos de título conocido, llegan á determinar para el procedimiento un
error medio de 0,0004, y ensayos realizados (1903) con cenizas sintéti-
cas revelan al método Oarnot. capaz de apreciar cantidades do alúmina
correspondiente al 2 por ciento y aun al 0,20 por ciento de cenizas.
Ensayando el método en presencia de sales de manganeso en propor-
ción variable, han demostrado que ellas no tienen acción sobre los re-
sultados 3 4.
Levine 1 ha ensayado el procedimiento, encarándolo desde distintos
puntos de vista, llegando á las siguientes conclusiones basadas en datos
precisos :
Ia La acidez del líquido no debe ser ni muy débil ni excesiva.
En el primer caso, cuando la solución se hace hervir, después de la
1 Campredon, Traite ñ’analyse métallurgique, 1898.
5 («haniuíau, Anuales de la Science agronomiqne.
* Loe. oit.
4 lhdletin de l’Associalion des anvicns ¿ludianls, número 17, piíginns 37 y siguientes».
1913.
- 8-1 —
adición del fosfato, se produce en el fondo del vaso un precipitado adhe-
rente, cuya redisolución en ácido clorhídrico, aun en exceso notable, es
difícil, obteniendo por esto resultados pobres.
Siendo fuerte la acidez, la precipitación por intermedio del hiposulii-
to es incompleta y hasta nula.
2a Que en soluciones puras de alúmina la precipitación es completa,
se utilice ó no un acetato alcalino.
3a El fosfato alumínico arrastra de un modo continuo mínimas canti-
dades de hierro, en presencia ó en ausencia de un acetato, arrastre que
se evita sólo por una doble precipitación, proceder (pie debe adoptarse
igualmente en presencia de sales de cal, magnesia y manganeso.
4a Los acetatos no parecen desempeñar papel alguno en la exactitud
del método.
Datos personales. — Dos series de ensayos efectué con el método
Carnot :
Io Sobre soluciones puras de alumbre;
2o Sobre líquidos conteniendo á la vez alumbre y sales de hierro.
Realizado un ensayo en blanco, obtuve un residuo apreciado en
0"r0()()8, residuo «pie siempre tuve en cuenta en las operaciones subsi-
guientes :
ia serie : soluciones de alumbre puro
Se puede comprobar una pequeña diferencia en defecto, que según
los datos es tanto mayor cuanto mayor es el precipitado de fosfato alu-
mínico. Esta solubilidad es señalada por Carnot, y Lasne la ha calculado
en GROOOS operando con 250 centímetros cúbicos de solución *.
Anuales de chimie analylique, noviembre 9. 1890.
35
?" unir : dosificación de la alúmina rn presencia de sales de hiena
La presencia de hierro aun en pequeñas cantidades enriquece los re-
sultados, por un arrastro en la precipitación, evitable sólo por una re-
precipitación, que complica el método.
Acción del sulfato de amonio sobre el nitrato de alúmina y nitrato bási-
co de hierro. — Beilstein 1 propone un método de separación basado en
la solubilidad del nitrato de alúmina y la insolubilidad del nitrato bási-
co de hierro en el sulfato de amonio. Los resultados no son satisfacto-
rios, si no se opera una reprecipitaeión, pues siempre pequeñas cantida-
des de alúmina son arrastradas con el nitrato de hierro.
Métodos de separación usando altas temperaturas. — Hay una serie de
procedimientos que sólo describiré someramente, pues su complicada
manipulación hace que se desechen en los trabajos corrientes.
El llamado método de los nitratos (Sainte-Claire Deville) 2 consiste en
evaporar en seco en una, cápsula, de porcelana la solución nítrica do am-
bos óxidos y calentar progresivamente hasta 200°, manteniendo á esta
temperatura hasta tanto no se desprendan vapores rutilantes. Losnitra-
tos do hierro y alúmina son descompuestos en su totalidad; en cambio
los de calcio y magnesio, si los hubiera, resisten bien (el nitrato de mag-
nesio puede sufrir un comienzo de descomposición, pero será, llevado al
estado soluble por tratamiento con nitrato amoniacal. Se moja la mate-
ria con solución concentrada de nitrato de amonio y so calienta á 100°
hasta que todo el olor amoniacal haya desaparecido; se diluye y deja
algún tiempo en caliente). La alúmina y el peróxido de hierro quedan
netamente insolubles, mientras que las tierras alcalinas se disuelven por
completo al estado de nitratos.
1 7 teme de chimie analytique, página. 81. 1893.
s Anuales de chimie el de pli psique, 3a serie, volumen XXXVIII, página 15. 1853.
— 3(¡ —
Rivot y Sainte-Olaire Deville 1 proceden sometiendo al rojo la mezcla
de ambos óxidos, reduciendo el sexqnióxido por medio de una corriente
de hidrógeno y arrastrando luego el hierro al estado de percloruro, me-
diante una corriente de ácido clorhídrico al rojo.
Queda como residuo la alúmina, y el hierro se puede determinar ya
por diferencia ó recibiendo el percloruro y dosificándolo directamente.
Este método es recomendable sobre todo cuando hay poco hierro y
mucha alúmina (Fresenius).
LMIÓte preconiza un medio de separación combinando el procedimien-
to citado con el método Sonnenseheind. En efecto, separando el ácido
fosfórico por el nitromolibdalo de amonio, precipitan luego los óxidos de
hierro y alúmina por exceso de sulfhidrato que mantiene en disolución
el molibdeno. Separados el hierro y la alúmina, se someten al procedi-
miento Rivot-Sainte-Claire Deville y se obtiene la alúmina pura. L’IIóte
considera éste, el método por excelencia 2.
El método Sonnenscheind es cómodo sólo cuando hay poco fosfórico en
presencia «le mucho peróxido de hierro y alúmina; por otra parte, siendo
tan molesto separar las bases despojadas del ácido fosfórico del exceso
considerable de ácido molíbdico, es preferible pesar la totalidad P2Ob,
Fe.,03 y A1.,03 y dosificar el primero por el molibdato, el hierro volumé-
trico y la alúmina por diferencia (Fresenius).
De las opiniones expresadas se deduce que estos métodos están con-
traindicados para el caso especial de las cenizas :
Io Por la abundancia de fosfatos con relación á las dos bases;
2o Por las pequeñas proporciones que la alúmina alcanza en esos pro-
ductos.
Pellet y Fribourg 3 ensayando el método en cenizas ya sintéticas, ya
reales, no quedan satisfechos, siendo el procedimiento muy largo y re-
quiere dispositivos especiales. Además, la pequeña cantidad de alúmina
en las cenizas exige muestras considerables, la abundancia de fosfórico,
exceso de reactivo molíbdico y, por fin, la separación del molibdeno me-
diante el sulfhidrato no es completa, de modo que el precipitado de hie-
rro y alúmina proporciona cifras elevadas.
Separación por intermedio del éter. — El distinto modo de comportarse
el cloruro férrico y el cloruro de aluminio en presencia del éter ha hecho
(pie se aplique como medio de separación.
Una solución de cloruro férrico, adicionada de su volumen de ácido
clorhídrico .'S.'i por ciento, tratada por el éter, le cede á éste el hierro,
1 Grandkau, Analyse des matiéres ayricolés, volumen 1, página 116.
4 Comptes-rendus, 21 de marzo do 1887.
3 Grandkau, Anuales de la scicncc ayronomique, 3a serie, volumen II, página 116.
37
mientras que el aluminio queda en el líquido clorhídrico. En las condi-
ciones ordinarias tres tratamientos con éter son suficientes, para que la
solución acuosa, neutralizada casi completamente, no responda á las
reacciones más sensibles del hierro. La presencia de ácido nítrico ó de
ácido sulfúrico no dificulta la dosificación (Hanriot) l.
K.otlie 2 ha ideado un dispositivo, modificado después por Oarnot, para
la separación del líquido clorhídricoetéreo conteniendo hierro, no sólo
de la solución clorhídrica de sal de aluminio, sino de las de otros meta-
les, como ser: cobro, manganeso, cobalto, níquel, cromo, titano y vana-
dio, en caso de estar presentes.
Gooeh y Ilavens 3 modifican el método anterior, completándolo en el
sentido de obtener la precipitación del cloruro de aluminio hidratado
(Aln Cl0 . 1211,0) por una saturación con ácido clorhídrico gaseoso, des-
pués del tratamiento etéreo.
Operan así : se hace una mezcla con partes iguales de ácido clorhí-
drico concentrado y éter anhidro. Al líquido límpido y homogéneo que
se debe obtener, se agrega la mezcla de los dos cloruros disueltos en la
menor cantidad posible de agua y se opera la saturación con ácido clor-
hídrico gaseoso á baja temperatura. El cloruro de aluminio se precipita
y recoge en un crisol de Gooeh. Se lava con mezcla éteroclorhídrica sa-
turada de ácido clorhídrico gaseoso; se seca á 150° durante inedia, hora,
so mezcla con un gramo de óxido de mercurio, se calienta gradualmente
para, volatilizar el mercurio y se calcina, hasta peso constante el residuo
de alúmina pura.
Influencia de los ácidos orgánicos en la separación. — Un recurso de
separación de la alúmina y el hierro es el basado en el diferente modo
de comportarse dichas bases hacia los ácidos orgánicos ó sus sales (ácido
acético, succínico, tartárico, fórmico, oleico, etc.). No es el método del
acetato (Gibbs) 4 un modo de separación del hierro y del aluminio, sino
de la eliminación de ambos de las combinaciones con los demás metales.
En efecto, una de las características de las sales que nos ocupan, es
su fácil hidrolización, y tanto más acentuada., cuanto menos enérgico es
el anión que la constituye. Debido á este fenómeno es que el acetato de
hierro y el de alúmina por simple ebullición de su solución acuosa dan
origen á acetatos básicos insolubles, que por hidrólisis completa so
transforma en el hidrato correspondiente. Se excusa decir que tal hidró-
lisis no tiene lugar en presencia de ácido libre, por lo tanto es necosa-
1 Bulletin de la Société clúmique, volumen Vil, página 161. 1892.
5 llcvuc de clúmic analytiqne, página 119. 1897.
a Frkscnius, Analj/se chimiquc quantitalive, 8a edición francesa, volumen II, pá-
gina 276.
4 Journal fiir praktische Chemie, XCV, página 356. 1865.
l io, si liay acidez excesiva, un tratamiento con carbonato de sodio ó
carbonato de amonio hasta casi neutralización. Se está en condiciones
entonces de agregar una solución concentrada de acetato de sodio ó de
amonio en relación con la cantidad de óxido por precipitar; se somete á
la ebullición, pero no muy prolongada, porque (ornaría el precipitado
mucilaginoso (Fresen i us). Si por la presencia del acetato alcalino trans-
mitiera esta reacción al medio, una neutralización con ácido acético se
impone. El precipitado es lavado por decantación y filtración con agua
hirviendo adicionada de pequeña cantidad de acetato desodio ó de amo-
nio. Para análisis rigurosos es necesario una reprecipitación (Fresenius,
Gibbs), puesto que es el medio de evitar el arrastre de otros metales.
El precipitado de alúmina y óxido de hierro es á menudo difícil de
lavar, como todo coloide. La filtración es tan lenta, que el agua de lavaje
se enfría, y entonces, si el líquido es ácido, redisuelve en parte el óxido
de hierro.
Para evitar este inconveniente es necesario neutralizar tanto como
sea posible, mientras no aparezca precipitado, antes de agregar el ace-
tato alcalino y agregar al líquido mucho acetato de sodio (1 y medio á
á dos gramos por 0gll de hierro y alúmina). El lavaje es entonces fácil
(Jungck).
El ácido fórmico y sus sales se comportan de modo análogo al ácido
acético y es con frecuencia reemplazado en el análisis, obteniendo por
hidrólisis formiatos básicos que por calcinación dan alúmina (Leclére) '.
Se opera en solución bastante extendida, conteniendo ligero exceso
de ácido sulfúrico. El ion férrico debe ser transformado en ferroso á los
fines de la separación, y para ésto es preferible emplear el hiposuliito de
sodio de amonio, que no deja residuo' en los precipitados como el liipo-
sulftto de sodio.
La presencia de ácido sulfúrico haría que á la ebullición el hiposul-
íito se descompusiera rápidamente, faltándole tiempo para arrastrar
toda la alúmina; á fin de reemplazarlo se agrega gran exceso de formiato
de amonio. El ácido fórmico, libre en solución extendida, desplaza muy
débilmente al ácido liiposulfuroso. Si después déla adición del formiato
amónico se lleva a la ebullición con exceso de liiposulfito, el hierro se
mantiene al estado de protosal, mientras la alúmina precipita progresi-
vamente como formiato básico, mezclada con pequeñas cantidades de
azufre.
Desecado el residuo, es necesario embeberlo de ácido nítrico, para eli-
minar el ácido fórmico y evitar así la presencia de un residuo de carbón
en la alúmina calcinada (Leclére) a.
1 Comptcs-rcndiis, tomo CXXXVIII, página 1 16. 1905.
* Loa. cit.
— 39 —
L;t acción «leí Acido tartárico de mantener la alúmina en disolución
en licor amoniacal, ha sido usada de largo tiempo para separar el hierro
de la alúmina (Rose l, Carnot) 2 3.
Á la solución de los dos óxidos, débilmente nítrica ó clorhídrica, se
agrega exceso de ácido tartárico (más ó menos diez veces el peso de la
alúmina) y amoníaco en cantidad suficiente para que el licor se torne
límpido.
Se vierte entonces ligero exceso de sulfhidrato de amonio en el líqui-
do llevado hacia 80°, se agita luego y calienta duranto dos horas en vaso
cubierto, se deja depositar el sulfuro de hierro «pie so recibe y lava so- .
bre íilf ro; la alúmina pasa en disolución. La separación es perfectamente
neta en soluciones pobres en hierro y ricas en alúmina. En caso contra-
rio se tiene un precipitado voluminoso de sulfuro, que retiene por adhe-
rencia proporciones apreciables de alúmina.
Para la separación del hierro de otros metales como el cinc, manga-
neso, cobalto y níquel, pudiéndose aplicar también para arrastrar con el
hierro la alúmina (Mitscherlich, Pagels) en caso de que esté presente,
Rose ? aplica la acción del ácido succínico sobre ambas bases.
Á la solución que no debe encerrar exceso de ácido sulfúrico, se le
agrega amoníaco hasta «pie el líquido tome un color rojo obscuro, y luego
acetato de sodio ó de amonio hasta que el tinte sea rojo pronunciado;
se precipita con un succinato alcalino, calentado ligeramente; después
de enfriamiento se separa por filtración el succinato de hierro del líqui-
do que contiene todos los otros metales. Se lava el precipitado con agua
fría, después con agua amoniacal caliente, lo que le hace perder gran
parte de su ácido. Después de desecación se calienta al rojo, se oxida
con ácido nítrico y se calcina nuevamente.
Y para concluir con los ácidos orgánicos, haremos una descripción del
método de los oleatos (Rorntrager) \ Pesados ambos óxidos de hierro y
alúmina, se les redisuelve en ácido clorhídrico (es de notarse, á pesar de
la elección del disolvente por el autor, que ambos óxidos no se disuel-
ven sino difícilmente en el ácido clorhídrico) ; la solución es llevada á
casi neutralidad por la potasa y se precipitan ambos óxidos con un jabón
potásico neutro y líquido (este jabón es preparado por Keysser, de Hanó-
ver, y Onde, de Leipzig) en caliente y tratando de evitar un exceso, por-
que se disolverían los oleatos precipitados. Se filtra por papel antes mo-
jado con agua caliente y con agua caliente se efectúa el lavaje hasta
1 Itosic, Traite d’anaiyscs qnantiiatives, edición frnncosa, piígiwi 150. 1802.
4 Journal de pliannaeir el de. ehimie, 5a serio, tome IV, p. 2(5G.
3 Fkksknius, Analyee oliimiquo qnantitalirr, volumen I, piíghm GOL
1 Reme de ehimie annhjtique, pfígina 100, 1800.
KI!V. MUSICO I.A I’I.ATA.
T. XXIII
4
— 10
la desaparición del cloruro potásico. Para separar ambas bases, se trata
el precipitado gelatinoso con petróleo en caliente, basta que el líquido
filtrado sea incoloro, lo que indicará la disolución completa del oleato
de hierro. Se calcina el residuo constituido por alúmina pura.
Además de presentar la desventaja de no ser completamente insolu-
ble el oleato de alúmina en el petróleo, el solo hecho de citar como re-
activo jabones y por consecuencia álcalis (potasa ó soda) y líquidos como
el petróleo, que deben actuar sobre precipitados coloides, nos hace
concebir el método como de lo más penoso y con resultados nada satis-
factorios.
Separación lasada en la influencia de compuestos orgánicos. — Como
último término de los métodos de precipitación, citaré varios procedi-
mientos basados en la influencia de ciertos compuestos orgánicos sobre
las sales de alúmina y sus fines, especialmente las sales de hierro.
En 1885 Hinski y von Knorre 1 hicieron pública la existencia de un
ferrinitroso (3 2 naftol de fórmula (C1QIIU(), .NO)., Fe que se presenta en
forma de precipitado voluminoso pardo obscuro, poniendo en presencia
de una solución neutra ó débilmente ácida de una sal férrica, una solu-
ción de nitroso ¡i naftol en ácido acético al 50 por ciento más ó menos.
Las sales ferrosas producen el precipitado correspondiente, muy soluble
en los ácidos minerales, pero siendo imposible obtenerlo puro exento de
sales férricas, pues se oxida lentamente en frío, con rapidez en calien-
te, razón esta por qué el dosaje debe hacerse sólo con sales al máximum.
La ausencia de análoga reacción con las sales de alúmina, fué la base
sobre que fundaron los autores el método siguiente : Partiendo del sul-
fato ó cloruro férrico y de aluminio, se lleva su solución á pequeño vo-
lumen, se neutraliza con amoníaco hasta comienzo del precipitado y se
redisuelve en algunas gotas de ácido clorhídrico. Se agrega entonces al
licor frío su propio volumen de ácido acético á 50 por ciento y un lige-
ro exceso de nitroso $ naftol, disuelto en el ácido acético á 50 por ciento,
agitando. Después de seis ó siete horas se filtra el ferrinitroso [3 naftol, se
lava con ácido acético 50 por ciento y al fin con agua fría, hasta que una
gota del filtrado no deje residuo apreciable sobre una lámina de platino.
Un gran exceso de nitroso ¡3 naftol colorearía el agua de lavaje en ama-
rillo débil, pero no tendría influencia sobre el resultado. En crisol de
porcelana se efectúa la calcinación en presencia de cantidad igual al
precipitado de ácido oxálico puro, elevando la temperatura gradualmen-
te. Se pesa el sexquióxido.
1 Berichte der Deutsch-Chimischeii fíesellschaft, XVIII, página 1795. 1885.
5 El nitro /2 naftol os un reactivo extremadamente sensible del hierro ; el agua de
Charlottenbourg, que encierra solamente 3 miligramos de hierro por litro, so colora
netamente de verde bajo su acción (Berlín, Techuischo Hochselmle).
— 41
Para (losar la alúmina en la solución se evapora á fin de sacar la ma-
yor parto del ¡icido acético; se opera, entóneos la precipitación con amo-
níaco. La alúmina obtenida es obscura por su mezcla con las combina-
ciones orgánicas; se lava con agua caliente, se deseca, se calcina y pasa
la alúmina perfectamente blanca.
Según los autores, un exceso más ó menos grande de precipitante no
ejerce influencia alguna sobre la separación integral de la alúmina, pero
á pesar de lo ventajoso que suponen al método, llegan á la conclusión
de que es preferible dosar en una parte alícuota el hierro por el proce-
dimiento indicado y en otra fracción la totalidad do ambas bases por
los métodos ordinarios, determinando alúmina por diferencia.
Estando presente el ácido fosfórico, este procedimiento no tiene apli-
cación, pues el precipitado de sales férricas encierra este ácido en canti-
dades apreciables.
Vignon ‘, basándose en la acción diferente de la trimetilamina sobre
las sales de hierro y aluminio, propone un método consistente en agregar
á los compuestos férricos y de alúmina gran exceso de trimetilamina
concentrada; se deja reposar durante 24 horas, se filtra y lava con tri-
metilamina, se seca y calcina.
Otro reactivo que obra, á la vez que como precipitante de las sales de
alúmina, como reductor de las sales férricas, es la fenilhidracina, que fué
empleada parala separación de ambas bases por Hess y Campbell 1 2. La
solución clorhídrica de esas sales, llevada más ó menos á 250 centíme-
tros cúbicos, es calentada, después de adición de amoníaco diluido, á
ebullición ; se agrega en seguida gota á gota hasta decoloración una so-
lución neutra y saturada de bisulfito de amonio, obtenido haciendo
pasar una corriente de gas sulfuroso en el amoníaco diluido al medio.
El hierro es completamente reducido y la solución caliento es adicio-
nada do 1 ó 2 centi metros cúbicos de fenilhidracina. que precipita la
alúmina, pero el precipitado no es puro, arrastra una cantidad de ácido
fosfórico que concurre á formar un fosfato do alúmina. El precipitado es
recogido en un filtro, lavado con agua caliente, conteniendo una peque-
ña cantidad de bisulfito de fenilhidracina, hasta que las aguas no den
reacción sensible con el sulfuro de amonio. Se deseca, se calcina y en
el residuo debemos tener en cuenta la presencia del anhídrido fosfo-
roso.
Debe evitársela presencia del cromo, pues precipita cuantitativamen-
te por la fenilhidracina.
He ensayado este método y puedo declarar que, debido á la naturale-
1 Comptes-rendus , página. 638. 1885.
5 Anuales de chimic analytiquc, página 230. 1900.
42
za de los reactivos, se Lace penoso el operar ; los lavajes deben efectuar-
se con insistencia, pues parece ser que los fenómenos de adsorción, tra-
tándose de estos cuerpos orgánicos, son más tenaces que usando otros
precipitantes y por lo tanto es de esperarse que la separación sea me-
nos rigurosa.
Métodos electrolíticos. — Son numerosos los procedimientos de separa-
ción que se lian ideado, de las sales de alúmina y de hierro por vía elec-
troquímica, diferenciándose sólo en los disolventes que ponen en presen-
cia durante la operación ; ya oxalato de potasio y amonio (Parodi, Mas-
cazzini, Olassen, lieiss), ya licor citroalcalino (Smitli), ya licores tartro-
amoniacales (Smitli y Miiluj y que contribuyen ó á mantener la alúmina
en disolución y favorecer sólo el depósito de hierro, ó a provocar una
precipitación de la alúmina en el seno del líquido, después de operar la
corriente transformaciones en la constitución química de los reactivos
en presencia, al mismo tiempo’ que se produce el depósito de hierro en
el cátodo.
De ellos daré los más importantes, considerando á los demás sólo con
modificaciones en el detalle.
Según Olassen *, si se somete en frío á la electrólisis una solución de
sales de hierro y aluminio, á la cual se ha agregado gran exceso de oxa-
lato de amonio, el hierro se deposita sobre el cátodo casi en su totali-
dad, antes de que la alúmina se separe, lo que no sucede hasta tanto la
cantidad de oxalato de amonio, aún no convertida en carbonato por la co-
rriente, sea preponderante. Como término de la operación se obtiene la se-
paración total del hierro en el electrodo y transformación completa de la
alúmina en hidrato. Para conocer el <1 nal de la electrólisis, se investiga
en algunas gotas del licor el hierro por medio de sus reacciones sensibles.
En la práctica se agrega á la solución de los sulfatos neutralizados con
amoníaco (los cloruros no convienen) un exceso de oxalato de amonio,
suficiente para redisolver el precipitado, se extiende hasta 150-175 cen-
tímetros cúbicos y se agrega aún calentando, 2 ó o gramos de oxalato de
amonio, para 0°*1 de metales. Se electroliza á la temperatura que ordina-
riamente se produce la operación, esto es 49°, pero el líquido se enfría
ulteriormente poco á poco. Con corriente de 1,0-1,95 amperes y 4, 3-4, 4
volts, en tres horas la electrólisis es completa. Es útil no prolongar la
acción de la corriente mayor tiempo de lo necesario para la separación
completa del hierro, porque entonces una gran parte de la alúmina forma-
da puede adherirse al cátodo, de donde es muy difícil eliminarla, efecto
que igualmente lo producen corrientes más fuertes, elevando la tempe-
ratura del electrolito. Cuando el depósito de alúmina se produce, se agre-
ga al líquido, sin interrumpir la corriente, ácido oxálico, (pie se vierte
Iíiban, Analyse chimiqac quantitativc par éledrohjse, página 227. 1 891) .
— 43 —
poco ¡i poco en el vaso basta redisolución completa de la alúmina, y se
continúa la electrólisis, para, depositar las últimas porciones do li ierro
disueltas, ó se lava el electrodo con solución latente diluida de potasa,
que disuelve la alúmina sin atacar el hierro.
Si esta base se encuentra en exceso con relación á la alúmina, el mé-
todo da sin dificultad buenos resultados ; en caso contrario se está ex-
puesto á. provocar el depósito de alúmina deque hablábamos, aplicando
entonces el procedimiento indicado.
Con electrodos rodantes se opera así : para (F'2 de hierro y respecti-
vamente de aluminio, como sulfates, se emplearán 7 gramos de oxalato
de amonio, diluyendo todo en 125 centímetros cúbicos de agua. Se elec-
troliza á 70 °, con 000 vueltas por minuto, ND100=7 amperes, G-7 voltios.
La operación dura 55 minutos (Fisclier). Error analítico : 0"r0002-0,0003.
Para la determinación de la alúmina, que la tenemos totalmente pre-
cipitada en el licor por la influencia del carbonato de amonio, prove-
niente de la acción de la corriente, en medio amoniacal, so evapora para
iluminar el exceso de amoníaco, se filtra el precipitado, se seca, calcina
y pesa la alúmina.
Según Olassen, determinaciones efectuadas en solución conteniendo
(F'l de hierro y 0Rr00 de alúmina, empleando más ó menos 8 gramos de
oxalato amónico para 120 gramos de vehículo, han dado resultados
muy satisfactorios.
Si se prefiere no obtener la precipitación do la alúmina, que siempre
es una desventaja para el depósito de hierro, es suficiente agregar á la
solución, conteniendo sales de hierro y aluminio, un gramo de tartrato
de potasa y electrolizar á temperatura de 50 á 00°, con corriente de un
atnpere más ó menos y una diferencia de potencial de 4 á 5 voltios. Se
deposita, así completamente (F1 de hierro en 5 ó 0 horas, permaneciendo
el líquido límpido hasta el fin»
En licor alcalino adicionado de sal de Seignettey aun en presencia de
una gran cantidad de ácido fosfórico, el hierro es rigurosamente sepa-
rado del aluminio, compacto y exento de fósforo (Engels) b Es necesario
á veces tener cuidado de no agregar sino la cantidad de sal de Seignette
necesaria, para impedir la separación del hierro bajo la forma de sal
básica, pues en presencia de mucho tartrato quedaría un poco de hierro
en solución. La intensidad de la corriente podrá ser llevada hasta 1,6
ampere; el depósito se efectúa rápidamente.
Hollard y Bertiaux 2 han descrito un método electrolítico que per-
mite la separación del hierro, del manganeso y del aluminio.
> Rujan, Anal yse chimiquc qnantilafive par ¿tcctrolysc.
5 lIoi.r.AUD ofc IJkktiaux, Analysc des métaiix par ¿ Icclrohjsc , páginas 17 y 167. 1906.
— 44
El líquido que mantiene las tres bases es tratado eon 7 centímetros
cúbicos de ácido sulfúrico puro á 00“ B., evaporando suavemente abaño
de arena para eliminar todo el ácido clorhídrico existente. Se toma eon
agua, se agregan 5 gramos de ácido cítrico puro y 50 centímetros cúbicos
de solución concentrada de ácido sulfuroso. Se neutraliza con amoníaco
á 22° (son necesarios 20 á 30 centímetros cúbicos) y se agrega aún un
exceso de 25 centímetros cúbicos de amoníaco, diluyendo con agua des-
tilada de 250 á 300 centímetros cúbicos.
La electrólisis del hierro se efectúa de la manera siguiente : estando
las sales al máximo, con la temperatura do 40° que produce la corriente,
sin ir más allá, con peligro que se forme por los efectos reductores, sul-
furo de hierro, y eon corriente de un ampero por decímetro cúbico, el
depósito se produce completo en 0 á 8 horas para 0gr050, en 12 horas
para 0b'r250 á 0S1500 y en 14 horas para un gramo de hierro metálico.
El fin de la operación se confirma, ensayando las reacciones sensibles
del hierro. El electrodo se lava primero con agua citratada, luego con
agua destilada y por fin con alcohol.
Los resultados son un tanto excesivos, debido al arrastre junto con el
hierro de pequeñas cantidades de carbono, provenientes del ácido cítrico
y trazas de azufre, proveniente de la reducción de los sulfates, sobre-
carga estimada en 0gI0018 para cada Üs‘100 de depósito obtenido (Ho-
llard, Fribourgj.
El líquido que contiene el manganeso y la alúmina, al cual se deben
agregar las aguas de lavaje, se acidula con ácido sulfúrico (4 á 5 centí-
metros cúbicos de ácido (i(i° B.)y so sumerge en ól el electrodo positivo,
para redisolver la cantidad de óxido de manganeso (pie se haya deposi-
tado. Se agregan 25 centímetros cúbicos de solución concentrada de
ácido sulfuroso y amoníaco hasta neutralización y luego aún un exceso
de amoníaco de 30 á 35 centímetros cúbicos.
Se electroliza el manganeso como sigue: se diluye el líquido de 250 á
300 centímetros cúbicos con agua destilada, y se dispone el electrodo en
que se desea efectuar el depósito como polo positivo (es mejor tomar
cilindros despulidos ó el electrodo de Hollard de platino iridado). Se
opera con corriente de 0,4 á 0,5 ampere, calentando de modo de llegar
gradualmente de 80 á 90° al fin de la primera media hora, temperatura
esta última que es necesario mantener en el curso de la operación. La
electrólisis dura 10 horas y es retardada por la presencia del súbito de
amonio. Se debe tener la precaución de mantener el baño ligeramente
alcalino hasta el fin. Se lava el electrodo con dos baños de agua hirviendo
ligeramente alcalina, y una vez secóse lleva al rojo, transformándose en
peróxido (Mn304) los superóxidos ó bióxido de manganeso depositado.
Si una parte de óxido se hubiera destacado del electrodo, será necesario
separarlo por filtración del baño, calcinarlo y agregar su peso al anterior.
— 45
En fui, Hollaril para dosificar la alúmina evapora los líquidos restantes
con ácido sulfúrico en exceso. Evapora á seco, toma el residuo con par-
tes iguales de ácido sulfúrico y ácido nítrico, para destruir la materia
orgánica; evapora nuevamente á seco y toma con ácido clorhídrico para
precipitar la alúmina con amoníaco y cloruro de amonio.
En las experiencias que consignan los autores acerca de este método,
así como nuevos ensayos de Pellet y Fribourg demuestran la exacti-
tud del método Hollard y Bertiaux, pero por su extensión aconsejan
aquéllos desecharlo y dosificar directamente la alúmina en la solución
conteniendo hierro, manganeso y alúmina por el procedimiento Carnot.
El problema del calcio
Los resultados muy variables en los análisis délos abonos fosfatados,
según los laboratorios, filó la causa, de que la Asociación belga de quí-
micos llevara á cabo en 1890 una encuesta acerca délos procedimientos
á seguir, y Glasser, Pellet, Stutzer, Crispo y Olaus sometieron sus mé-
todos á la discusión; pero son ellos algunos solamente de los tantos que
existen.
Después de haber detallado los procedimientos para separar el hierro,
la alúmina y el ácido fosfórico, parece (pie la. elección pudiera ser hecha,
pero se presenta un temible cuarto en discordia: el calcio; que así como
ha suscitado problema, tratándose de los fosfatos naturales, lo plantea
igualmente para las cenizas, cuya presencia torna semejantes los casos
y análogos por lo tanto los procedimientos por seguir.
Me limitaré sólo á esbozar los métodos, eliminando los detalles que
no creo sean al caso y expondré algunas críticas y ventajas que podrán
servir de guía, tratándose de una elección.
Pellet y Fribourg precipitan previamente la cal con oxalato de amo-
nio, para obtener en seguida, el hierro, la alúmina y el ácido fosfórico en
conjunto y libre el precipitado de la cal.
Á los mismos autores se debe el método que propone precipitar pre-
viamente el ácido fosfórico por el nitromolibdato de amonio y dosificar
luego la alúmina y el hierro en el líquido, liste procedimiento da bue-
nos resultados, siempre que so verifique ensayo en blanco con el reactivo
molíbdico, porque podría por sí aportar materias precipitables por el
amoníaco, sobre todo cuando la substancia contiene mucho ácido fosfó-
rico y relativamente poca alúmina, habiendo sido propuesto por nume-
rosos autores, entre ellos Stutzer Beyet1 2.
1 Ghandkau, Anuales de la scicncc agronomique, 3a serie, tomo II, página 421.
! Bullclin de l’Assodation belge des cli imistes, número 5. Febrero 20 do 1890.
Claus 1 preconiza un método basado en la precipitación previa del
calcio por medio del ácido sulfúrico en presencia de alcohol. En el líqui-
do, eliminando el exceso de alcohol, se precipitan luego con amoníaco
los fosfatos de hierro y alúmina. Un método análogo propuso Glasser,
poro en 1800 el doctor Th. Meyer lo combatió, porque no tenía en cuenta
la magnesia, base que, como la cal, podía ir á enriquecer el precipitado
de fosfatos.
Engelbreclit hizo conocer la falta de fundamento de esta refutación,
si se tiene el cuidado de eliminar el exceso de amoníaco, pues sólo en
presencia de éste, el precipitado de fosfato de hierro retiene la magnesia.
R. Jones introdujo algunas modificaciones en este procedimiento, pero
no son fundamentales; se refieren á pequeños detalles del modas operau-
di y además que no tiene en cuenta la presencia posible del manganeso.
De esta deficiencia partió una segunda modificación de Jones, Tesclie-
macher y Smitli en esta forma :
La solución alcohólica es alcalinizada por el amoníaco, destilando
luego el alcohol amoniacal. Se opera la precipitación por el amoníaco y
se elimina el exceso. El precipitado filtrado y lavado incompletamente
es redisuelto en ácido nítrico, adicionado de fosfato de amonio y repre-
cipitado con ligero exceso de amoníaco. Se lava cuatro veces. Se calcina
y pesa el precipitado de fosfato doble de alúmina y de hierro.
En 1S!)3 Glasser introduce una tercera modificación en su método,
debido á que, precipitando por el amoníaco, los fosfatos no tienen una
composición constante. Neutraliza, pues, la solución con amoníaco, pero
debe quedar ligeramente ácida. Se agrega acetato de amonio; se calienta
á 70°, se filtra y lava con agua á 70°. Se redisuelve el fosfato en ácido
clorhídrico y se le precipita en las mismas condiciones con adición de
fosfato de soda. Si se quiere separar el fosfato de hierro, se funden los
fosfatos después de pesados con el carbonato de sodio. Se trata con agua
caliente que disuelve el aluminato de soda; el fosfato de hierro es redi-
suelto en ácido clorhídrico y precipitado.
Esta modificación viene á coincidir con un procedimiento que Crispo
había propuesto en 1890 2, con base del empleo del acetato de amonio
como precipitante sin llevar á ebullición, procedimiento que Crispo
modificara en 1903 por la participación que el flúor pudiera tener en los
datos, debido á la formación de un fluoruro doble soluble, preconizando
un método, que adoptaron las estaciones agronómicas belgas, holande-
sas y luxemburguesas.
lie aquí el método : pesar en cápsula de platino 5 gramos de la niate-
1 Bulletin de V Associution behje des chimisles. Junio Io do 1890.
! Bulletin de V Associution behje des cliimistes. Marzo 31 do 1890.
47
ria, hacer una masa semifluida con ácido sulfúrico, calentar dos horas,
removiendo á menudo para sacar el flúor, disolver en agua regia, llevar
á 500 centímetros cúbicos. Extraer 50 centímetros cúbicos, neutralizar
con algunas gotas de amoníaco, agregar 50 centímetros cúbicos de clo-
ruro de amonio semisaturado, llevar á ebullición; si el líquido se
enturbiara, redisolver en ácido nítrico gota á gota. Agregar 10 centíme-
tros cúbicos de acetato de amonio saturado, hacer hervir algunos ins-
tantes, dejar enfriar completamente para redisolver el manganeso, filtrar,
lavar dos ó tres veces con cloruro de amonio al décimo en frío. Eedisol-
ver el precipitado en 2 centímetros cúbicos do ácido nítrico y eliminar
el ácido fosfórico con licor nitromolíbdico. Filtrar y lavar con ácido
nítrico 1 por ciento. Al filtrado agregar 50 centímetros cúbicos de clo-
ruro de amonio semisaturado, precipitar el hierro y la alúmina por el
amoníaco, disolver y reprecipitar en las mismas condiciones.
Ferdinan Jean 1 procede eliminando previamente el ácido fosfórico
por el método eitromagnesiano y eliminando luego el compuesto orgá-
nico por una larga manipulación con tratamientos sucesivos de ácido
nítrico, ácido sulfúrico 0(5° B. y mezcla de nitrato y cloruro de potasio
completado con la acción del calor. Precipita luego en el líquido libre
de ácido cítrico el hierro y la alúmina mediante amoníaco y cloruro de
amonio.
(xraiuleau 2 precipita en block por el amoníaco los fosfatos de hierro,
de alúmina y de cal; con un tratamiento acético disuelve el último fos-
fato. So verifica si en el filtrado hay hierro y alúmina, precipitando en
ese caso nuevamente por el amoníaco y retomando por el ácido acético;
agregando el precipitado si lo hay al anterior. El líquido que contiene
los fosfatos de hierro y aluminio en solución nítrica, se somete al trata-
miento molíbdieo para eliminar el ácido fosfórico y en la solución resi-
dual se precipitan con el amoníaco el hierro y la alúmina.
Lindet 3 sigue un método cuya base ha sido más de una vez encon-
trada en los anteriores : eliminación del ácido fosfórico por medio de la
mezcla magnesiana y separación subsiguiente de las bases por los pro-
cedimientos ordinarios. La característica del método estriba en la mani-
pulación por seguir paro oxidar la materia orgánica, ya preconizada por
Yillier, consistente en un tratamiento nítrico en presencia de una sal do
manganeso. lie aquí algunos detalles: el líquido amoniacal, proveniente
de la separación del ácido fosfórico por el procedimiento citromagne-
siano, se satura con ácido nítrico y se adiciona de (P5 de sulfato ó ni-
1 .-fu unías da c/ihnia nnafi/tiqiia, página 1)7. 181)5.
s Grandkau, I, página 328.
3 líente de chimic analyUqttc, página 291. 1897.
48
trato de manganeso. La mezcla colocada en un balón es calentada sua-
vemente y el ataque se produce durante la evaporación del líquido,
agregando ácido nítrico cada vez que el ataque se torne lento. Cuando
una adición de ácido no determine más desprendimiento gaseoso, el áci-
do cítrico habrá sido eliminado, y, por lo tanto, su presencia no consti-
tuirá un obstáculo para la precipitación del hierro y la alúmina por el
amoníaco. El precipitado separado es redisuelto y dosado por los me-
dios ordinarios, el hierro, ei aluminio y el manganeso. El cloruro de va-
nadio puede ser substituido con ventaja á las sales de manganeso, pues
su acción es mucho más enérgica; 0s*'l es suficiente para oxidar rápida-
mente 20 gramos de ácido cítrico.
Henri Lasne ha realizado un extenso estudio sobre la investigación
de la alúmina en los fosfatos, estudio que ha dado lugar á controver-
sias por parte de Gladding y von Grueber, cuyos resultados no dejaré
de citar, puesto que ellos contribuirán á enriquecer el criterio en cues-
tión tan discutida. Según Lasne los métodos que reposan en la pesada
de los sexquióxidos al estado de fosfatos pecan perla base, debido áque
la composición exacta del precipitado no se conoce que, por ot ra parlo, es
muy variable. Para comprobar ésto, es que realizó prolijos estudios, ten-
dientes á dos fines : examinar la solubilidad y la composición del preci-
pitado 1.
«En licor acético el fosfato de alúmina es bastante soluble para arras-
trar pérdidas considerables que hacen desechar este modo de precipita-
ción ó de separación. La solubilidad disminuye en la ebullición. En licor
ligeramente amoniacal en presencia de cloruro de amonio, la solubilidad
es nula y la precipitación integral.
« En la ebullición durante media hora con hiposulfito de amonio se ob-
tiene también una precipitación completa y el precipitado de una con-
textura igual á la alúmina obtenida por el procedimiento Chaneel. La
solubilidad es tan débil, que sólo con mucho esfuerzo se podría consta-
tarla.
«La composición del precipitado varía con el método, el grado de aci-
dez del licor y el exceso de ácido fosfórico en presencia.
« La cantidad de ácido fosfórico, unido á una misma cantidad de alú-
mina, es mínima en licor débilmente amoniacal, donde el fosfato neutro
es en parte disociado, aun cuando el líquido contenga quince veces más
ácido fosfórico que el que es necesario. En licor acético en cambio, y,
' Aúnales de chimie analylique, I, páginas 405 y 425 ; II, págijias 81 y 103.
Comptes-rendus de l’ Académie des Sciences. París, junio 1895.
Guandkau, Anuales de la Science agronomique, 3a serie, II, páginas 442 y siguien-
tes. 1907.
49 —
sobre todo en la. ebullición, la composición del fosfato neutro es sobrepa-
sada aun en presencia de dóbil exceso de ácido fosfórico.
« Examinando la precipitación con hiposulfito de amonio, la propor-
ción de ácido fosfórico en el precipitado no está en relación con el ex-
ceso contenido en el licor en que se forma. Si partimos de un líquido que
contiene los elementos del fosfato de alúmina neutro y agregamos dosis
crecientes de fosfato de amonio, la proporción de ácido fosfórico en el
precipitado, desde luego inferior ála que corresponde al fosfato neutro,
va creciendo muy rápidamente, basta que el licor representa un exceso
do 0sr5 de ácido fosfórico por litro, entre 0"rG y 1 gramo. La composición
queda estacionaria y corresponde exactamente al fosfato neutro, más
allá de ella crece de nuevo. Se obtendrá, pues, exactamente el fosfato
neutro, si se opera la precipitación en un licor conteniendo por litro
0gr8 de ácido fosfórico al estado de fosfato de amonio, pero esta condi-
ción presenta bastante elasticidad para ser fácilmento realizada.
« Cuando el líquido contiene álcalis el fosfato do alúmina arrastra al
estado de fosfato una cierta proporción de esos cuerpos, formando una
especie de laca.
« El precipitado debe ser calcinado quince minutos para perder ente-
ramente su agua de combinación.»
Es después de esta serie de conclusiones que Lasne propone un méto-
do para la separación de la alúmina, cuya base es : la. soda disuelve la
alúmina en presencia de un exceso de ácido fosfórico y de un exceso,
porque en caso contrario se formaría un aluminato de cal indescomponi-
ble por la soda. Disuelta la alúmina, todas las demás bases que liabi-
tualmente la acompañan, son totalmente precipitadas, sea al estado de
fosfatos, sea al de sexquióxidos.
De este modo, sogán el autor, no quedan ni vestigios de alúmina en
el precipitado, y para asegurarse de ello es necesario durante el lavaje
tomar algunas precauciones para evitar la carbonataeión de la soda.
Obtenida la solución de albúmina, una doble precipitación se impone
pues sólo así se llega á un compuesto definido.
En resumen, el procedimiento es éste :
Para lgr25 de substancia privada de sílice y débilmente ácida se pro-
cederá con 5 gramos de soda cáustica pura y 1 gramo de fosfato de soda;
cantidad (pie será insuficiente cuando baya gran cantidad de carbonato
do cal, cuerpo que bay que tenerlo muy en cuenta. So vierte la solución
de fosfato agitando y se mantendrá una bora bacía 100°, se completará
á 250 centímetros cúbicos y se corregirá para tener en cuenta el volu-
men del precipitado, agregando 5 centímetros cúbicos de agua. Se ex-
traerán 200 centímetros cúbicos sobre el licor filtrado, continuando la.
operación sobre 1 gramo. Con esta manipulación se evita el inconve-
niente debido á la carbonataeión durante el lavaje.
50 —
Se opera entonces la precipitación con amoníaco y cloruro de amo-
níaco; se redisuelve en ácido clorhídrico extendido al vigésimo y en ca-
liente. La segunda precipitación al estado de fosfato y en presencia de
hiposulíito no se aparta sino en detalles del método Carnot.
Para el autor, este método numerosas veces verificado sintéticamente
es riguroso y evita todas las complicaciones que produce el empleo del
ácido cítrico y molíbdico.
El hecho de (pie Gladding en un método análogo empleara potasa en
lugar de soda y el acetato de amonio en lugar del hiposulíito de amonio,
dió lugar por parte de Lasne á una refutación.
La elección de la soda, según Lasne, tiene doble ventaja : es más
fácil de obtener pura que la potasa y su equivalente es menor. Gladding,
en cambio, no da ninguna razón en apoyo de su preferencia, además
omite la adición de fosfato de soda, detalle que para Lasne es de suma
importancia, porque evita posibles intromisiones de la cal.
De su estudio crítico llega á las siguientes conclusiones :
Ia Cualquiera que sea el modo de precipitación empleado, si el licor
contiene soda ó potasa, cJ fosfato de alúmina arrast ra esos álcalis al es-
tado de fosfatos alcalinos y ésto en proporción considerable que no se
puede eliminar por lavaje, debido á fenómenos de adsorción.
Determinada esa sobrecarga por el autor, la estima en un 9 por ciento
en licores conteniendo 6 gramos de sales alcalinas en 250 centímetros
cúbicos; de ahí que sea necesaria una reprecipitación;
2a Toda vez que se precipita el fosfato de alúmina en licor ácido, por
ligero que sea, y aun por el ácido acético, la precipitación es incompleta.
Queda en solución una cantidad de alúmina que crece con la acidez y
constituye una fracción importante del cuerpo por (losar. Operando en ca-
liente, los resultados son menos erróneos sin ser exactos. Así en el pro-
cedimiento Crispo, quedan sobre 250 centímetros cúbicos de líquido más
ó menos 2 miligramos de alúmina en solución ;
3a En licor muy ligeramente amoniacal la precipitación de la alúmina
es integral, aun en gran presencia de fosfato de amonio;
4a El precipitado producido por el hiposulíito de amonio es granular,
fácil de lavar, al contrario de lo que sucede con los precipitados gelati-
nosos que proporcionan los otros métodos. La precipitación por este me-
dio es completa después de media hora de ebullición, tiempo mucho
más corto que el necesario para precipitar con el mismo reactivo la alú-
mina pura (Ohaneel). Sin embargo, el licor, quedando aún débilmente
ácido, retiene en solución una traza de alúmina, pero tan débil que
apenas puede reconocerse ;
5a La composición del precipitado es variable según el tenor del líqui-
do en fosfato de amonio y según la acidez, ó mejor según el método de
precipitación; á cada método corresponde, pues, en realidad, un solo
51
tenor en fosfato de amonio que lo conduzca al fosfato neutro. Cuanto
más ácido es el líquido, tanto más rico en ácido fosfórico es el preci-
pitado.
101 estudio realizado se profundiza teniendo en cuenta la precipitación
por medio del hiposulíito. Las condiciones según las cuales se debe ope-
rar para obtener un fosfato de composición definida son las siguientes :
La disolución del primer precipitado (hay que tener en cuenta que en el
procedimiento Lasnc la primera precipitación se lia operado integral por
medio del amoníaco y es sólo en la segunda que usa el biposulfito) en el
ácido clorhídrico, que se hace muy rápidamente en frío, da un licor
donde están reunidos más ó menos los elementos del fosfato neutro de
alúmina, acompañados de una cantidad débil de soda, sin iníluencia en
razón de la dilución.
Una serie de experiencias conducen á Lasne á sentar que : basta 0gr2
de fosfato de amonio en exceso (sobre 250 centímetros cúbicos) el peso
del precipitado y su tenor en ácido fosfórico crece rápidamente; entre
(Fr3 y 05r5 esas cantidades quedan sensiblemente constantes para reto-
mar en seguida un camino creciente. Una curva representativa ostenta-
ría entre sus dos ramas ascendentes un intervalo entre 0sr25 y 0?r5, en
el cual la composición del precipitado es exactamente la del fosfato
neutro.
Á pesar de todos estos estudios para conseguir el método riguroso,
Lasne indica una ligera pérdida por solubilidad, pérdida que es cons-
tante si se opera siempre en igualdad de condiciones, por lo que respecta
al volumen, á la composición y á la acidez del líquido. Esa pérdida es de
(U'0008 de alúmina y deberá agregarse al peso final con el mismo dere-
cho que se descuentan las cenizas de un filtro en un precipitado. Insiste
en una calcinación enérgica, puesto que aún después de una hora, de
calcinación la sobrecarga se estima en 2 por ciento, más ó menos.
Método usado en el presente trabajo
No podré indicar con el nombre del autor el procedimiento que fué de
mi elección, pues tiene de varios y no se limitadla marcha exclusiva de
ninguno. Los distintos métodos que, combinados, forman el medio de
separación seguido, harto probados están para que una vez más ofrezca
aquí datos comprobando su bondad.
De cada muestra se hicieron dos porciones: una destinada á la valora-
ción del ácido fosfórico en particular; otra parala determinación total de
ácido fosfórico, hierro y aluminio, y que sometida luego á las manipula-
ciones, más de una vez citadas en el curso de la exposición de métodos,
52
nos lleva á determinar por volumetría el hierro y deducir la alúmina
por diferencia.
Primera muestra : Evaluación del ácido fosfórico. Método Grafteau
Las bases de este procedimiento son :
Ia En una solución fosfatada encerrando :
a) Cantidad conveniente de ácido nítrico;
b) Cantidad conveniente de nitrato de amonio (solución saturada);
d) Exceso de nitromolibdato amónico.
El ácido fosfórico se precipita al estado de fosfomolibdato de amonio;
2a La precipitación es completa á temperaturas próximas de 70 gra-
dos centígrados;
3a El precipitado formado en presencia de citrato es puro (Pellet);
4a La desecación se hace sin descomposición de 105 á 110 grados cen-
tígrados.
lie aquí el modo de operar: la solución exenta de sílice (no digo de
ácidos orgánicos, puesto que tratándose de cenizas están ausentes), eli-
minada por los procedimientos ordinarios de insolubilización, esto es,
repetidos tratamientos ácidos, es neutralizada con amoníaco, hasta prin-
cipio de precipitado, precipitado que se redisuelve con algunas gotas de
ácido nítrico. Se concentra más ó menos á 15 centímetros cúbicos, se
adiciona de 10 á 15 centímetros cúbicos de citrato de amonio, 3 á 3 cen-
tímetros cúbicos de ácido nítrico concentrado, 10 á 15 centímetros cúbi-
cos de solución saturada de nitrato de amonio y alrededor de 30 centíme-
tros cúbicos, según la riqueza en fosfatos, de nitromolibdato de amonio
preparado en el momento 1 2. Se coloca el líquido á temperatura más ó
menos de 70 grados centígrados 3 y se deja expuesta á ella algo más de
media hora, pues no siendo ésta una reacción de iones reclama un tiempo
apreciable para su consumación. Al cabo de este tiempo se ha deposi-
tado un precipitado amarillo de fosfomolibdato de amonio (si se tornara
1 El procedimiento Grafteau no es sino una modificación del que Finkener propuso
en 1878. Fuó el mismo que Pellet propuso en 1887, sobre todo la adopción del citrato
amónico para regularizar la composición del fosfomolibdato. (Allí VIa Coiujr. iutoru.
(tu oliim. (tpp., 1, pag. tío . )
* El nitromolibdato se prepara agregando siempre sobre una cantidad de líenlo
nítrieo, igual cantidad de solución saturada do molibdato do amonio (17 á 20 °/u).
La mezcla debe hacerse en esta forma y no íí la inversa, porque el ácido nítrico,
siempre en exceso con relación al molibdato agregado, disuelve el ácido molíbdico
que se origina.
3 Es muy conveniente la disposición del vaso en un bañomaría, de modo que am-
bos niveles permanezcan á la misma altura.
53 —
blanco habría que desecharlo por formación de ácido molíbdico), que se
separa á través de filtros pareados, lo más pequeño posible ó más conve-
niente en crisol de Gooeh con pasta de papel
Los lavajes se efectúan con agua nítrica al 1 por ciento ó nitrato de
amonio en la misma proporción. Se debe lavar el menor número de veces
y con la menor cantidad posible de líquido, seguir con un lavaje de agua
pura y terminar con uno muy ligero de alcohol 1 2.
Desecado convenientemente de 105 á 110 grados centígrados, se pesa
como fosfomolibdato y, multiplicado por el factor 0,0375, se reduce á
anhídrido fosfórico. Han sido propuestos también los factores 0,0373 y
0,0367.
Segunda muestra : Efectuado la dosificación anterior y calculado el
ácido fosfórico de las cenizas, se está en condiciones de deducir la canti-
dad equivalente de hierro para formar el fosfato.
Insolubilizada la sílice y llevadas las sales al máximum, se adiciona la
solución de un exceso conocido de percloruro de hierro. Se neutraliza
con amoníaco hasta principio de precipitado, que se redisuelve con algu-
nas gotas de ácido nítrico.
Se agrega acetato de amonio y se deja reposar en frío, hasta depósito
completo del precipitado, se filtra y lava con agua fría, pues el fosfato
do calcio, recientemente precipitado, es soluble en el ácido acético, pero
en caliente puede ser reprecipitado.
Todo el ácido fosfórico so encuentra, separado así bajo la forma do
fosfato de hierro ; sin embargo una pequeña cantidad de hierro puede
haber sido di suelta, puesto que, en general, la precipitación del acetato
básico no es integral sino en caliente. Se calienta, pues, el líquido á
ebullición, lo que se puede hacer impunemente, desde que todo el ácido
fosfórico ha sido separado; no hay que temer ya que el calcio sea arras-
trado como fosfato. Si hubiera hierro se lava con agua caliente, después
de filtración.
Obtenida así la separación total del hierro, alúmina y fosfórico, se
hace de ellos una solución nítrica y se opera la precipitación con clo-
ruro de amonio y amoníaco en caliente, con todas las precauciones que
al describir el método se han enumerado.
Pesada la totalidad del anhídrido y ambos óxidos, so efectúa la diso-
lución con ácido sulfúrico diluido 1:5 en caliento; so roduce con cinc en
presencia de dicho ácido; se dosa volumétricamente el hierro con per-
1 La pasta do papel so prepara desliendo un gramo do papel de filtro en agua
ealienle y completando ií un litro. So debo agitar antes do usarla.
* Este lavajo tiene como contralor do su bondad el heclio do la invariabilidad do
color; si la operación ha sido deficiente el precipitado se torna verde y hay que
desecharlo por descomposición del fosfomolibdato.
54
manganato, y, teniendo en cuenta la cantidad de alúmina agregada, se
deduce la alúmina por diferencia.
͡1
EVALUACIÓN DE LA ALÚMINA EN LOS VEGETALES
Historia. — Las primeras notas referentes al aluminio en el reino ve-
getal fueron consignadas á principios del siglo xix por Saussure, arro-
jando una serie de datos, análisis casi todos ellos de cenizas de especies
arborescentes, en las cuales pudo acusar cantidades ínfimas de alúmina,
no alcanzando en ninguna de ellas el 1 por ciento de sus cenizas.
Estos análisis vienen á corroborar la opinión que Thénard 1 * expone en
1815, de que la alúmina figura entre el residuo incombustible de las
plantas. Si ella existe, opina, corresponde á menos del centesimo de las
cenizas.
Esta misma escasa proporción fué el motivo por qué Boussingault y
Berthier eliminaran la alúmina, como elemento sin interés, de una serie
de análisis, efectuados personalmente ó en colaboración con otros quími-
cos distinguidos. Sus declaraciones son testimonio de ello. Después de
señalar Boussingault los grandes componentes minerales de las plantas
agrega: « Hay otras substancias, pero en cantidades suficientemente mi-
nimas para ser despreciadas» 3, incluyendo entre ellas la alúmina, pues
refiriéndose á los vestigios de este cuerpo encontrados en gran número
de cenizas, atribúyeles una presencia accidental. Sin embargo, menciona
el Lycopodium complanatum, que contiene tartrato de alúmina, cuerpo
que hace á tal vegetal apto para ser utilizado en la industria tintórea.
Berthier atribuye la ausencia de la alúmina á la insolubilidad de sus
sales en aguas y á su débil afinidad con los ácidos orgánicos, así como
á que sus sales solubles en los ácidos minerales son desfavorables á la
vegetación.
Malaguti y Durocher, en sus numerosos trabajos de análisis vegetal 3,
llegan á sentar que la alúmina, entre otros cuerpos que ordinariamente
se encuentran en muy débil proporción, no parecen jugar un papel tan
importante en la vida de las plantas, como aquellos señalados por sus
1 Thénard, Traitó de chimie élémentaire théorique el pratiquc, volumen III, pági-
na 29.
1 Boussingault, Économie míale, tomo I, página 86.
3 Anuales de chimie el de physiqae, tomo XLIV, página 257. 1858.
55 —
grandes proporciones ; pero no le atribuyen ya una presencia acciden-
tal ; los datos de sus análisis la revelan de modo tan constante, que
no quedan dudas de la presencia de éste, como de otros apreciados
en vestigios en el tejido vegetal. Atribuyen á la mayor parte de las es-
pecies 2 á 4 por ciento de alúmina en sus cenizas ; otras alcanzan á un
<> y 8 por ciento ; la Euphorbia helioscopa y el Junius conglomeratus su-
ben á 9 por ciento, y la Calluma vulgar is llega á 13 por ciento.
Á estas opiniones, siempre desfavorables en lo que se refiere á, la in-
Huencia de las sales de aluminio en la vida de las plantas, suceden las
de Gasparin (1872) formuladas en el mismo sentido, y repetiré con él :
«Si el hierro entra evidentemente en la nutrición de las plantas, no su-
cede lo mismo con la alúmina, la cual no puedo ser considerada, como un
alimento para los vegetales >■» l II.
Delierain en su artículo Cenizas 2, si bien concede al hierro y al man-
ganeso una presencia evidente en las plantas, en cambio la encuentra
dudosa en el caso de la alúmina; y tratando más tarde do la asimilación
délas substancias minerales por el organismo vegetal, no hace alusión
alguna á la fijación de la alúmina.
Miintz y Girard 3 en su libro Les engrais dicen : « Se encuentra ordi-
nariamente pequeña proporción de alúmina en las cenizas vegetales,
pero ella parece accidental y no indispensable. »
Gon el título Sur la préscnce de V alumine dans les plantes et sur sa ré-
partition 4, Berthelot y Andró han publicado una serie de experiencias
efectuadas con determinadas especies, llegando á la conclusión de que
la alúmina existe en proporciones sensibles en las cenizas de las plantas
anuales provistas de raíces profundas y abundantes. Pero es detenida
casi totalmente después de su absorción ó de su fijación por las raíces.
Llega á las hojas en dosis mínima y aun en el caso de un árbol tal como
el tilo en dosis infinitamente pequeña.
Thénard dice : « Del punto de vista agrícola, la alúmina no tiene sino
un papel físico en los terrenos, á los cuales torna más ó menos compactos
{arcillas), pero en cuanto se refiere á la nutrición de las plantas, encon-
trándose en pequeña cantidad, cuando no ausente en el organismo, hace
suponer que no se trata de un elemento muy útil. » « Desde luego, las
plantas en que he encontrado vestigios de alúmina, dice, lejos de tener
•el aspecto de aquellas á cuya familia pertenecen, so alejan de él. Si la
I Gasparin, Traite de la détermination des ferros arables dans le laboratoire, página
105. París, 1872.
’ Dictionnairc Wnrtz, tomo II, página 785.
II MU NT/. Y Guíahd, Les enijrais, volumen I, página 38.
1 lIURTUKt.oT, Chimie n'ijétale et agrieole, volumen III, página 60, 1890, y Anuales de
. chindo et de pliarmacie, tomo 1', página <129, 1895.
11EV. Ml'SKO I,A l’I.ATA.
T. XXIII
5
alúmina desempeñara un papel importante, debería suceder lo contra-
rio » \
Fresenius en un capítulo dedicado á las cenizas vegetales lia modifi-
cado un tanto su exposición de unos años á esta liarte, en lo que se re-
fiere á la alúmina. En la sexta edición francesa de su obra - no cita el
aluminio entre los componentes de los vegetales; y tratando d»*. los méto-
dos, no se preocupa de su presencia; sin embargo, para los casos en que
por excepción se pueda encontrar, indica la marcha por seguir. En la
octava edición francesa de la citada obra 1 2 3 dice, después de citar los
principales componentes: «Además se encuentra frecuentemente litio,
rubidio, estroncio, bario, cobre, liuor, á veces alúmina (en cantidad bas-
tante considerable en las cenizas de los licopodios) >>, y cita también
aquí un procedimiento por seguir en caso de que la alúmina esté presente.
Á partir de 1880 se puede citar una serie de autores, que si bien no
estudian en especial las sales de aluminio en lás plantas, se ocupan de
ellas accidentalmente, cuando no las omiten por completo, en trabajos
que por su índole bien podrían considerarlas.
. Encuentro de interés exponerlas aquí, valiéndome de los datos (pie
han acumulado Pellet y Fribourg en su trabajo L’ alumine llana lea plan-
tes 4, para hacer más palpable la evolución que lia sufrido el concepto
de las sales de alúmina, relacionadas con la fisiología vegetal.
Lugini 5 6 opina que son elementos accidentales en las plantas, no ne-
cesarios á su vegetación. Dumington 3 atribuye á la alúmina, entre otros
óxidos, un papel también accidental, desde que los supone presentes por
sólo la adherencia del polvo al organismo. Lestini 7 8 encuentra que mu-
chas substancias contenidas en las cenizas de las plantas no son consi-
deradas como útiles para su desenvolvimiento, sobre todo el aluminio,
el flúor y el litio.
Según él, ningún elemento cuyo peso atómico no alcance á 50, no-
puede entrar en la composición délas materias minerales del organismo
(el magnesio es excepción).
Ricciardi H, basándose en sus análisis, afirma que la alúmina en las
1 Guandeau, Anuales (le la Science ayronumique, 3a serie, tomo II, página 330.
2 Fuesicnius, Traité d’analyse ohimique quautitative, 6a edición francesa, página 1113.
3 Fiíesenius, Analyse ohimique quautitative, 8a edición francesa, volumen 11, pági-
na 456.
4 Guandeau, Anuales de la seicnoe ayronomique, 3a serie, volumen Vil, página 331.
1907.
5 Jahrcsberieht Ch., página 940, 1878.
6 J. An. Ch. S., página 24, 1886.
7 Gaz. ohim. ital., página 107, 1885.
8 Gaz. ohim. ital. página 151, 1889.
plantas no depende de la cantidad de este elemento en el terreno y que
generalmente es más abundante en las cenizas de los troncos y ramas,
menor en las envolturas de las semillas y menor aún en las hojas.
En este mismo sentido, es decir, atribuyéndolo escaso ó ningún va-
lor, presencia accidental ó constante, pero ínfima, á las sales de alumi-
nio en la vida de las plantas, es que se manifiestan W arden, Thomas
Masón, Maiden y Smitli, Lawall, Pero i val, Ooupin, Snyder y tantos
otros.
Iguales conclusiones alcanzan una serie de trabajos realizados por
muchos autores en las plantas azucareras (remolacha, caña de azúcar) ; la
alúmina no abandona aún el papel que le han hecho desempeñar para
las demás especies los antiguos.
Pero, después de un siglo de continua investigación, los conceptos
cambian. Bertrán»! ha izado la bandera, proclamando el triunfo de los
pequeños ; y al lado del manganeso, del boro, del cinc, ensaya el alumi-
nio .lamano en el Japón, inducido á ello por la riqueza en alúmina de
ciertos vegetales exóticos, sobre todo la Grites cxeelsea (más <le 50 por
ciento), publicando ya en 1907 en el Bull. of Agr. Collcge of Tokio las
memorias de numerosas experiencias realizadas; también en el extre-
mo oriente, Loew y sus discípulos; Stocklasa en Bohemia; el mismo Ber-
trán»!, en colaboración con Agulhon en épocas recientes, inician una era
nueva, en la cual la alúmina reivindicará sus derechos como elemento
importante en la fisiología vegetal. Y tenemos en las plantas el caso de
antiguo conocido en el reino animal : substancias tóxicas, venenos vio-
lentos, obrando como estimulantes y hasta como remedios del organis-
mo. El cobre, el manganeso, el aluminio, el cinc, el yodo, son tóxicos
violentos de las plantas, pero en cantidades infinitesimales, se conocen,
si no el mecanismo de su acción, sus efectos; atribuyéndoselo ya papel
dinamogénieo, ya destructores de toxina., ya obstáculos de secrecio-
nes del vegetal que han de envenenar los terrenos, ya siempre estimu-
lantes.
De las cenizas vegetales
El procedimiento de la destilación en vasos cerrados no díó sino re-
sultados variables y complejos, tratando de arrancar el secreto de la
composición que encerraban los cuerpos organizados. Pero cuando La-
voisier substituyó este procedimiento por el de la combustión, se abrie-
ron nuevos horizontes y el problema de la composición mineral de los
seres organizados se constituyó en inagotable fuente <le estudios é in-
vestigaciones.
Después que la ipiímica agrícola ha demostrado que para el desenvol-
58
vimiento do onda especie vegetal sou indispensables ciertos minerales,
se lia sentido la necesidad de conocer cuáles son esas substancias que
contribuyen al crecimiento de la planta, partiendo, para llegar á esta con-
conclusión, de que el residuo incombustible está constituido por los ele-
mentos minerales, que, en una forma ó en otra, contribuyeron á la lisio-
logia del organismo.
Tenemos, pues, en las cenizas vegetales la condensación, diré así, del
esqueleto mineral que sostuviera al organismo; pero aunque ellas no
representen de modo completo la suma de principios inorgánicos ence-
rrados en el vegetal, el estado actual de la ciencia no nos da un proce-
dimiento mejor que pueda ser aplicado á todas las especies vegetales y
que conduzca más fácilmente á los lines del análisis, proporcionando
importantes servicios á la agricultura, si bien no satisface todas las exi-
gencias de la fisiología.
Revistando la serie de trabajos y opiniones que referente á la albú-
mina han dado á luz los experimentadores, se encuentra á menudo esta
manifestación que bien podremos calcarla del texto de la de Jonlie :
«En el curso de mis numerosos análisis de plantas me lie ocupado ra-
ramente de la alúmina, por creer que su presencia es accidental y muy
á menudo debida á los polvos terrosos que quedan adheridos á las ho-
jas, al tallo y sobre todo á las raíces. »
Ante declaraciones como éstas, se siente la necesidad de salvar un
inconveniente que podría conducirnos á graves errores, desde que, sobre
todo en nuestro caso, tratamos un elemento que ha permanecido en tela
de juicio durante tantos años, máxime cuando el polvo que ensucia las
partes del vegetal y más aún la tierra arcillosa, que rellena los huecos
más recónditos de las raíces, llevan en su composición la alúmina que
debiéramos atribuir en su totalidad á la constitución de la planta que
analizamos.
De ahí que no podamos considerar como cenizas puras las obtenidas
ordinariamente, las cenizas brutas, que encierran, á la vez que arena,
carbón y ácido carbónico. Estas últimas impurezas no influirían á los
fines del análisis, del mismo modo que las arenas, pues uno y otro son
relativamente fáciles de eliminar y no modificarían tan profundamente
la composición del vegetal, como la arena aportando cuerpos nuevos.
Para salvar el inconveniente que ofrece la presencia de la arena
que redunda en una modificación de fondo, es que, en los análisis que
ofrezco, he preparado las muestras de modo tal, que no pueda, atribuir
á agentes exteriores lo que en realidad se ha encontrado formando parte
de la planta, elemento absorbido durante la vegetación y para las nece-
sidades inmediatas del vegetal.
Las especies analizadas son en su mayoría plantas arborescentes, es-
pecies argentinas de las que he considerado sólo el tronco, parte del ve-
— 59
ge tal donde se supone encuéntrase el término medio de la proporción
de alúmina l.
Esos troncos fueron previamente descortezados, desde que en super-
ficies tan rugosas, tan resquebrajadas, tan llenas á menudo de plantas
parásitas, no se hubiera podido eliminar una causa de error por limpieza
que hubiera resultado, á pesar de rigurosa, siempre imperfecta.
En cuanto á las plantas herbáceas, sus partes verdes fueron prolija-
mente lavadas y sus raíces no sólo lavadas, sino sometidas á un ligero
raspajo, no haciendo al caso desestimar una parte, por cuanto, en estos
ensayos, mi ánimo no era determinar la totalidad de cenizas de la planta,
sino el porcentaje de alúmina en esas cenizas.
Pasando ahora al carbón, otra de las impurezas de las cenizas brutas,
nos encontramos con que es difícil obtener de ¡a materia vegetal cenizas
exentas de carbón, por calcinación suficientemente moderada, para, no
provocar pérdida de sales volátiles. Nos movemos, pues, en un brete;
dos causas de error nos asedian : ó bien las cenizas quedan carbonosas ó
bien ellas no son expresión fiel de la totalidad de materias minerales
contenidas en la planta. y
Tratando en lo posible de conciliarme con ambas, procedí del siguien-
te modo : una vez transformada la madera en trozos de carbón más ó
menos pequefíos, fueron calcinados á la. mufla á temperaturas del rojo
sombra. Forzosamente obtenía un residuo en todos los tonos del gris
según los casos ; eran éstas las cenizas brutas impurificadas por el car-
bón. Sobre una porción de estas cenizas se determina la cantidad total
de materias minerales, extrayendo por un ataque con agua caliente los
cloruros. La solución separada se evapora á sequedad hasta constancia
de peso. El residuo insoluble de las cenizas se calcina impunemente al
rojo vivo. Adicionando ambas porciones tenemos la cantidad de cenizas
reales; es decir, la totalidad de elementos minerales contenidos en las
cenizas brutas. Por el cálculo, se refiere al peso de la planta seca y se
halla el porcentaje de alúmina (losada con referencia á las cenizas rea-
les 2 * * 5; sobre ellas es que están calculados los datos de mis análisis.
1 Distintos autort's han hahhwlo (lo la ubicación do las sales do alúmina on las
distintas partos do la planta. : la alúmina os detenida casi totalmente después do su
absorción ó do su fijación por las rafees. No llega íf. las hojas sino on dosis mínimas
(llortholot y Andró). La alúmina es mús abundan to en las cenizas do los troncos y
do las ramas, menos en las vainas y semillas y aun en más escasa proporción en las
hojas (M. L. Ricciardi). Existe el aluminio en cantidad considerable en las hojas del
Rymplocos (25 °/„) constituyendo concreciones on el parónqnima en ompalizada
(Euler).
5 Este procedimiento es calcado sobre el seguido por Agulhou. Tesis. París, 1910.
Alúmina dosificada en una serie de especies argentinas
Ofrezco aquí las dosificaciones de alúmina calculada con relaciónalas
cenizas y con relación ó la materia seca. En ningún caso me lie limitado
á la desecación en el aire, forma en que acostumbran calcular algunos
autores, pues considero que hay cierta elasticidad en el dato. He proce-
dido siempre con la materia desecada en la estufa de 100 á 105°.
Para cerciorarme una vez mús de la bondad del método por seguir y
estando ya sobre el campo de exploración, he tomado al azar dos mues-
tras : quebracho blanco (Aspidosperina quebracho Sehl.) y cardo de Cas-
tilla ( Gynara cardunculus). En uno y en otro caso dosifiqué la alúmina con-
tenida en las cenizas brutas y sobre nueva muestra repetí para cada
uno de ellos un segundo dosaje, previa adición de cantidad conocida de
alúmina, obteniendo los resultados siguientes:
(¿ucbruvho blanco
Gramos
Alúmina por ciento de ceniza bruta 1,038
— adicionada 0,050
— dosificada con la adición en 2 gramos 0,0768
— deducida por ciento de ceniza bruta 0,040
Cardo de ('astilla
Alúmina por ciento de ceniza bruta 0,356
— adicionada 0,093
— dosificada con la adición en 2 gramos 9,1001
— deducida por ciento de ceniza bruta 0,355
Los resultados, más ó menos concordantes en ambos casos, revelan el
empleo de un método, si no exacto, bastante aproximado.
61
ESTUDIO lilIlLIOGnÁEICO DE SALES DE ALÚMINA
— 62 —
«53 —
KN I, AS HSI’KCIKS VEGBTAI.KS KN «ENKUAI.
Publicación
— (4 —
Nombre «le la planta
Árbol ilol pan (fícraloitia Sil ¡(¡mi v. do llnri),
pulpa
Arlad did pan (Ceratonia Siliqtia v. do Ituri),
semillas
Arbol del pan (Ceratonia Siliqua v. de Cata-
nia), pulpa
Arbol del pan (Ceratonia Siliqua v. de Cata-
nia), semillas
Avena
Banana
Bananero (savia)
Baobab (libras)
Barba do viejo (Ueuea buriata)
Belladona
Boletas edulis
Botón de oro
Brezo
»
»
Bryone blanca
»
Berro (de tierra)
Cafó (raíces de planta joven)
» (raíces de planta antigua)
» (hojas)
» (pulpa)
» (semillas)
Campeche
Canela
Cáñamo
Caz. Chim. 1 1 a 1 . , XIX, 1 880.
» »
» »
» »
Jmmi. Boy. Agr. Soc. Fngland, XI, p. 93.
'frailó de Kiinig, p. 851.
Uull. Soc. Cliim., 1896, p. 927.
Jahresb. Cliem., 1890, p. 2877.
Arcli. Pilarín., 2a serie, 111, p. 11, 1862.
Chem. Centralbl., 1856, p. 846.
Areli. Phaim., 3a serie, XXVII, 1889, p. 193.
dahresb. Agr. Chem., 1891, p. 244.
Anorganischo Chemio, II, p. 608.
Jahresb. Chem., 1855, p. 722.
Asclien Analysen, II, p. 128.
Pelouze et Fremy.
Amor. Journ. Pliarm., IjIX, 1887, p. 68.
Chem. News, LXXIX, 1889, p. 122.
Areh. Pliarm., 3a serie, 1872, p. 482.
» » »
» » »
» » »
» » »
Pelouze et Fremy.
Jahresh. Chem., 1862, p. 511.
Journ. Agrie., 1876.
»
Cardo
Carpe
Cerezas ,
Cicuta
j »
Coloideo
» (Golchieum antumnale F.), ilor....
» (Colchioum autimnalo L.), anteras.
» »
Corydale bulbosa
Cornezuelo (Secale oornutum del B. secalinua)
» (Secale oornutum del Secale cércale)
» (Secale oornutum del Socale cereale)
» (Sécalo oornutum del Socale cércalo)
Correhuela
Castaño de India (madera)
Pelouze et Fremy.
Journ. Amer. Chem. Soc., 1880, p. 24.
Traite de Konig.
Amer. Journ. Pliarm., 1897, p. 90-97.
Amer. Journ. Pliarm., 1891, p. 328.
Pliarm. Centralbl., 1855, p. 834.
lincicl. di Cliim. Cuareschi, X, p. 477.
Finid, di Chim. Cuareschi, X, p. 177.
» »
Anorganischo Chinde, 11, p. 608.
Chem. Centralbl., 1857, p. 705.
Chem. Centralbl., 1857, p. 705.
Jahresh. Chem. Will, 1869, p. 796.
Pliarm. Centralbl., 1855, p. 811.
Compt. rend, Acad. Se., 1895, i>. 288.
65
66 —
Nombre do ln ¡danta
Castaño de ludia (corteza)
» » (hojas de primavera). . . .
» » (hojas de otoño)
» (Fagus o astanea L., Castanca vulgu-
ris Lam., Caz tunea vesca Wild., Castane a
sativa Mili.)
Clavel ( Dianthus caryophyllus), raíces
» » tallos
» » hojas
» » ñores
Cebada
» (paja)
Cola de caballo ( Equisetum máximum )
» (Equisetum telmuteja de Pisa)
Ciruelo (Prunus vemsus), 21 do mayo
» 28 do mayo
» 11) junio, lrido inad.
(Prunas domestica)
Centeno
» (semillas y paja)
Publicación
Compt.-rond. Atad. 8c., 181)5, p. 288.
Gnareschi-Enc. di Chim., X, p. 511).
Journ. prakt. Cliem., XVIII, 1878, I, p. 204-207.
» »
» »
» »
Jouru. Cliem. Soc. London, LI, 1887, p. 718-750.
Pelouze et Frémy.
Chem. News, XXX, 1874, p. 137.
Staz. Sper. Agr. Ital., XIV, 1888, p. 355.
Ztsclir. Au. Chem., XXX, 1891, p. 401.
» »
» »
1‘harm. Ccntralhl., 1851, p. 452.
Jahrcsb. Chem., 1850, p. 666.
Dictionnaire de Wiirtz, II, p. 791.
Cannabis sativa L
Guareschi-Enc. di Chim., X, p. 499.
Cardamomo (Elettaria cardamomum Mat.)
Cardamomum amo mam (semilla é involucro)
Guareschi-Enc. di Cliim., X, p. 485 — Chem. News, 1899,
LXX1X, p. 122 — Z. fiir lint. d. Nahr., 1899, 11, p. 919.
Calafate (llerberis buxifolia, 1!. mycropbylla
Eorst)
Gaya (Acaya o Iba melara, Spondias venulosa
Mart., <S. Myrobalanus Vellos), goma....
Cepa-caballo (Xanthium spiuosum L.)
» » planta seca.
Cacao
An. .Soc. Cientif. Arg., Vil, p. 97.
An. Dep. Nac. Hig., I, p. 532, 15. A.
Areh. f. Pharm. Bd., 10, p. 297.
Arcli. f. Pharm. l!il., 10, p. 297.
Traité de Konig, p. 1027.
»
»
»
Dafne morillóu
Diente de león (raíces do Taraxacum)
» (Leontodón Taraxacum)
Espiuillo (11. A.), Espinilla (Chile), Acacia
Cavenia Hoolc y Arn. (madera)
Encina
»
» dulce (Orites excelsa)
Auier. Jouru. Pharm. , 1887, p. 277-278.
Traité de Konig, p. 1027.
Pelouze et Fréiny.
Amer. Journ. Pharm., LX1X, 1897, p. 543.
Pharm. Ccntralhl., 1855, p. 820.
An. Dep. Nac. llig. (15. A.), I, p. 659.
Aun. Chem. u. Pharm., LXXXII, 1852, p. 111.
Chem. News, 88, 1903, p. 135.
(¡7
70
71
REV. MUSEO LA PLATA.
T. XXIII
6
l'ublicución
— 72 —
Nombro <lo la planta
Lino silvestre
» precoz (Bélgica)
» cultivado (llolamin)
» (Huillín)
» de muy buena calidad
Licopodios (L. Chamaecyparissus Bonn.),
recolectado en marzo
Idem ídem, recolectado en noviembre
Lycopodium clavatum de Bonn
» »
» »
» »
Lycopodium clavatum, esporos
» polvo comercial
Lycopodium alpinum
L. ohamaooypariHsua y alpinum
Lycopodium chamaocyparlssus .
Lycopodium chimaecyparissus .
L. annotinum
L. complanatum
L. denticulatum
L. sclayo
L. Billardieri
L. ccniuum
L. pleymaria
L. Billardieri
Licopodios
Pelouzo et Erémy.
» »
» »
» »
» »
Aun. Ghcm. u. Pliarm., LXXX1I, 1852, p. 111.
» »
» »
Cliem. News., XXX, 1874, p. 137.
Anorganische Cliemie, 11, 1, p. 608.
Journ. prakt. Glicm., LUI, 1851, p. 13, LVIII.
Just's Bol. Jahrosbericht, I, 1880, p. 39. Jahresb. Agr.
Gbcrn., 1880, p. 383.
Just’s Bol. Jahresbericht, I, 1889, p. 39. Jahresb. Agr.
Chem., 1880, p. 383.
Cliom. News, XXX, 1871, p. 137.
Pllanzen 1‘hysiologie, 1, 1807, p. 132.
Anorganisclie Gltemie, 11, 1, p. (¡08.
Journ. prakt. Ghem.. LUI, 1851, p. 13, LVIII, p. 133.
Bot. Centralbl., XL, 1889, p. 97-129.
Journ. prakt. Ckeni., Lili, 1851, p. 13, LVIII.
Ann. Chem. u. Pliarm., C, 1856, p. 297.
Chem. News, XXX, 1871, p. 137.
Journ. Botany, IV, 1875, p. 169.
Proc. líoyal Soc. London, XLIV, 1888, j). 121.
» »
» »
Aschen Analysen, 2a parte, p. 128.
Maesa pida
Limón (Citrus limonum líisso, Citrus medica
var. B.), zumo
Idem ídem., corteza
ídem, parónq. ilol fruto sin jugo
Idem, semillas
Lotus corniculatu8
Llantén (Blantago media)
(Blantayo marítima), hojas
Jahresb. Chem., 1857, p. 530.
Staz. agr. 1 tul. , 1895, XXVIII, p. 287.
» »
» »
» »
Guareschi, Ene. de Chim., Supl., 1899-1900, p. 382.
Anorganische Chemie, II, p. 608.
Chem. Centralbl., 1858, p. 113.
( Blantayo marítima), semillas
Vitis Hederacea (plantas verdes trepa-
doras de Virginia)..
Armería marítima
Madreselva (bayas frescas)
» »
Pharm. Centralbl., 1817, p. 739.
Jahresb. Chem., 1850, p. 672.
Chem. Centralbl., 1856, p. 393.
78 —
74
Nombro do la planta
Manzanas
»
Malva rósea (Prímula farinosa), raicea
» hojas
» tallos
» íloroa
» planta entera.
Minal ( Crotuu minal Par.), raicea, tallos y
hojas
M uña-muña (Micromeria Eugenioides llie.).
Mamón ( Carica Papaya Lin. o Papaya vul-
gar is Doc.)
Miel
Merlina
Marsilea quadrifoliata
Mejorana
Mijo
» (Awa) (Panioum italicum).
» (Hiyé) Panioum Cruscorvi)
Millingtonia hortensis, corteza...
Musgos (Cyathea serva)
( Fontinalis antipyretica) .
M. de España (Tillandsia dianthoidea)
(Fontinalis antipyretica), río Che . . .
(Fontinalis antipyretica), río Iser . . .
Gladonia rangifcrmia (do Riep. cerca de
Paasau)
Gladonia rangifcrmia (de Frauonborgo) ....
» (de alrededores de Sterz)
M. de Islandia délos bosques de Baviera. .
Sphagnum cuspidatum
Mirto (Myrthus Cheken), tallos
» hojas
Nogal, Ia variedad (madera)
» (corteza)
» (hojas)
2a variedad (corteza)
» (hojas)
Narciso
Nabo
Nabina (semillas)
» (semillas)
» (semillas)
Publicación
Journ. Amer. Clioni. Soc., XX111, 1001, p. 860.
Traitó de Konig, p. 551.
Aun. Chein. u. Pharm., CYI1I, 1858, p. 208.
» »
» »
» »
» »
Au. Soc. Cient Arg., XXIV, p. 55-56.
lie v. del Mus. E. P., XV1I1, 2a serie, V, p. 41.
An. Dcp. Nac. Hig. (11. A.), 1, p. 8.
Ztsch. lliol., XE1, 1001, p. 155.
Amor. Journ. Pharm., LXV1I, 1805, p. 308.
Proc. Itoyal Boc. London, XL1V, 1888, p. 121.
Traité de Konig, p. 983.
Pelouze et Frémy.
Journ. Cheui. Soc. London, LI, 1887, p. 748-750.
» »
Yierteljahresh. prakt. Chem., X, 1861-1862.
Proc. Royal Soc. London, XLIV, 1888, p. 121.
» »
Comp.-reud. Acad. Be. Paris, Ll, 1860, p. 176.
Arch. Pharm., 2a serie, CXLV, 1871, p. 131.
» »
Arch. Pharm , 2a serie, 111, 1862, p. 14.
» »
» »
» »
» »
Amer. Journ. Pharm.., LV, 1883, p. 246.
» »
Pharm. Centralbl., 1850, p. 897.
» »
» »
» »
» »
Jaliresb. Agr. Chem., 1861, LX11, p. 61.
Pelouze et Frémy.
Pharm. Centralbl., 1851, p. 826.
— 75
- 7(¡ —
Nombre (lo la planta
Publicación
Nabina (paja)
» (paja)
» (P¡'ja)
Nuez dulce (carne)
» (cáscara)
Nuez
Naranjas (piel)
» mandarinas (Unjas)
» » (ramas, piel y somil.).
» » otra var. piel y soinil.)
» » (Gitrus nobilis) Lam.,
zumos
Naranjas mandarinas (Gitrus nobilis) Lam.,
corteza
Naranjas mandarinas ( Gitrus nobilis) Lam.,
parénquima del fruto sin jugo
Naranjas mandarinas (Gitrus nobilis) Lam.,
semillas
Onobrychis sativa
Ophelia chirota, tallos
» hojas
Opio do Bollar (Indias)
Versea Linyue, Nees al) Es
1‘ireum (Vliytolaooa drástico Poopl' y Elidí
Anisomoria drástica Moq.), raíz
Pimpinela (grande).
Paletada (Capsella bursa pastoría). . . .
Paja (Gallmm mollugo) planta entera .
Paja serrucho (Soirpus asper) hojas . .
» » raíces. .
» » tallos . .
Pharm. Centralbl., 1851, p. 826.
» »
Staz. Sper. Agr. Ital., XXXIV, 1 1101 , p. 388.
dahresb. Cliem. Will . , 1886, p. 706.
» »
Jahresb. (Jliem. Will., 1868, p. 81-1.
(taz. Chim. Ital., XIX, 1880, p. 150.
» »
» »
Staz. agr. Ital., 1805, XXVIII, p. 287.
Vanicum monostaeliyum
Vanicum cappillarc
Papayo (Carica papaya var. Marnao íeinea) .
Paso de asno (Tnssilago /arfara) hojas
Paulina sorbilis, cáscaras do semillas. . . . . .
» semillas mondadas
» pasta
Vetalostigma quadriloculare
Phylotacca Decandra, raíces
Pie de alondra
Pinos, tallos, hojas y frutos
»
» »
Guareschi, Ene. di Cliim., Supl., 1800-1000, p. 382.
Ardí. Pilarín., 2a serio, CXXXIX, 1860, p. 218.
» »
Chem. News, XXXVIII, 1878, p. 146.
An. Soc. Cient. Arg., X, p. 107.
Pharm. Centralbl., 1836, p. 681.
Encyclop. Pelouze et Frémy.
Pelouze et Erémy.
Pharm. Centralbl., 1854, p. 731.
Cliem. Centralbl., 1856, p. 423.
Kev. del Museo I,. 1\, XV., 2a serie, II, p. 183.
» »
» »
Jahresb. Agr. Chem., 1804, p. 223-225.
» »
Ztsclir. Oesterr. Apot. Verein, 1870, p. 361-373.
Amor. Jouru. Pharm., LIX, 1887, p. 340-342.
Jahresb. Chem. Will., 1866, p. 708.
» »
» »
Chem. Centralbl., 1867, p. 142.
Amor. Jouru. Pharm., LXIX, 1807, p. 134.
Pelouze et Frémy.
Bot. Centralbl., XL, 1880, p. 07-120.
Compt.-rond. Acad. Se., París, CXXX, 1000, p. 01,
— 77
Nombro de la jjlnnta
PíllOls (hojas frescas)
» (tallos)
» (cortezas)
» (frutos)
» (mousse) ?
Pinas syloestvis (poleu del pino de Escocia).
» larix
» sylveatris
Abrís excelsa
Pinas sylveatris (Pino de Escocia),
corteza do 220 años
corteza de 172
corteza de 125
tronco de 220
tronco de 172
tronco de 135
Pinas pumilio madera (bosq nos de llaviera).
» corteza
Pino blanco
Pinos
Piper methystioum, Kava Root
Plátano
Polysacoum pisocarpium
Pimienta de agua (Pulyyonnm hydrapiper)
» roja (Capsioum) fruto entero. . .
» » , » vaina frut. maduro
» » (Paprika)
P atata
Quinas, cortezas.
C. officinalia
G. succirubra
Quina de Puerto Cabello, corteza
Quinas diversas
Remolachas, roja de Munich, raíces . .
»' roja do Munich, hojas. . .
» do Weyenstophen, raíces
» de Weyenstophen, hojas.
Remolacha
»
(en 1885)
(en 1886)
»
Retama
Rododendrón (lthudodendnm ferruginctim) .
Publicación
Tharauder forsl.l. Jahrosh., 1851), p. 88.
» »
» »
Arch. Pliarm., 3“ serie, CCXX1X, 1891, p. 389.
Jahrcsb. Agr. Chem., 1861, p. 98.
» »
» »
Jahresb. Cliem., 1853, j). 579 ; 1862, p. 509.
»
»
»
» »
» » »
Aseheu-analysen, llerlin, 1880, pars. 11, p. 87, 100, 130, 131.
» »
Chem. Coutralbl., 1860, p. 587.
11er. l)out. Chem. Gesoll., XXXI 1, 1899, p. 2575.
Arch. Pliarm., 3a serie, XXVII, 1899, p. 193.
Amor. Journ. Pliarm., LVI1, 1885, 21.
íamdw. Vers. Stat., XEll, 1893, p. 369; X EV 1 , 1895, p. 327.
» » »
» » »
liot. Centralbl., XE, 1889, p. 97-129.
Traité de Chinde, 111, 1815, p. 383.
Amor. Journ. Pliarm., EIX, 1887, p. 86.
Jahresb. Chem. Will., 1868, p. 811.
Pliarm. Centralbl., 1855, p. 631.
Chem. Centralbl., 1862, p. 151.
» »
» »
» »
'frailé do Ronig, p. 751 .
Traité de Künig, p. 765.
1905.
Kecli. de Cliim. et de pliys. appl. a la agr., 11, 1886. p. 5
» »
Pelouze et Eréniy.
Recherehes cliimiques sur la végétation, París, 1801.
7!) —
— 80 —
Nombro do la planta
Rododoudrón (Ilhododendron fcrrugincum ) . .
Ruibarbo
Jlhun toxicodcndron, hojas al oslado soco. . .
Rosas, (raíz)
» (tallos)
» (hojas)
» (flores)
Sangre de Drago (Croton crythraema Mart.),
corteza
Sparlium scoparium L. (Cytisus scoparius
Link. ; Genis ta acoparla Lam.; Parotham-
mw vulgaris Wiinm.)
Sanco (‘Salir, vitellina), otofio, hojas
» otono, corteza y innd.
» priinav. hojas
» primav. corte, y mad.
Sauce de 5 años, corteza antigua
» corteza joven
Sensitiva (Panicum cepillare)
Seringa (Syringa vulgaris)
» flores
» hojas
Soja híspida
»
» planta entera
cotiledones
envoltura
‘Stervovaulou Fesuvianum
Sanco (Acor Ncgundo) hojas : cultura en agua
cultura en suelo
Samb ricas nigra, raíces
Siconioro (Acer pscudvplatanus)
Trigo
»
» (semillas)
»
» (salvado 18,50 °/0 del trigo)
» (moyuelo 8,50 °/0 del trigo)
» (harina 26 °/0 del trigo)
» (harina 45 °/0 del trigo)
» do invierno
Publicación
Recherches chimiques sur la vógétation, l’aris, 1801.
Pharm. Centralbl., 1853, p. 739.
Jahrcsb. Chcm., 1858, p. 530.
Journ. Prakt. Clieni., XVIII, 1878, p. 204-207.
» »
» »
» »
An. Dep. Nac. llig. (B. A.), I, p. 194.
Guáreselo, Ene. di Chiui., X, p. 555.
.íahresl). Oliom., 1853, ji. 851-854.
» »
» »
» »
» »
» »
Jahresb Agr. Clieni., 1894, p. 223-225.
Bot. Centralbl., XL, 1889, p. 97-129.
Jahresb. Clicm., 1867, p. 769.
» »
Revue des industries chimiques ct agricoles, 1882.
Journ. Chem. Soe. London, XLIII, 1883, p. 472
» »
» »
Gaz. Chim. Ital., X, 1880, p. 9.
Landw. Vers. Stat., XXIX, 1883, p. 241.
» »
Jahresb. Agr. Chem., 1875-1876, p. 136.
Bot. Centralbl., XL, 1889, p. 97-129.
Journ. Royal Agr. Soc. England, II, p. 93.
Journ. Chem. Soc. London, LI, 1887, p. 748-750.
Journ. Iituulw, L, 1902, p. 231.
Analyst, IV, 1879, p. 126-133.
v »
» »
» »
» »
Bot. Centralbl., 1889, p. 97-129.
81
Nomine de lu planta
Trigo
» productos de molienda (harina osp.).
» ( » n° 2). .
» ( » iiii'or.),
» ( » polvo )
» (salvado). . .
»
Tayuya (Trianosperma flaifolia)
Tapsia Garyanica ct Sylphium)
Tilo
Turlia
Trillas
» do los Apeninos (blancas)
» » (negras)
Té del Labrador (Lendum palustre;
1‘ubliención
Clieni. News, XXXIX, 1879, p. 80.
Arkansas Slatinn, Bull. n° 12, p. 75-77.
Journ. Cliem. Soc. London, XXXVII, 1880, p. 721.
Journ. Pliarm. ct Cliiiu., XXV, 1877, p. 588.
Coinpt. í'oml. Acad. tíc. París, CXX, 1895.
Anorganiscbe Cliomio, 2a parto, I, p. 008.
Coinpt. -reiul. Acad. Se., Paria, CX, 1890, p. 870.
Staz. Sper. Agr. Ital., XVi, 1888, p. 737.
» »
Ber. Dent. Bot. Gesell., III, 1885, p, 57.
» do New Jersey (Ceunolluts amcricunua). .
» del Paraguay
» »
» do Java, (hojas)
» » (madera)
Trébol encarnado (Trifolium inoanuilum). . .
Tabaco do la Habana
Amor. Journ. Pliarm. LVI, 1884, p. 131.
Arcli. Pliarm., 1873, p. 375.
» »
Giiarosclii, Ene. do Cliim., tíupl., 1899-1900, p. 382.
Cita de .1. Coniiii, Tesis, B. A., p. 21.
» cultivado cu las islas
del Paraná
Tabaco do la Habana
» do la Habana, cultivado cu La Plata
» Marylaud, cultivado en Pila, 1893.
» do la Habana (pulverizado)
» de la Habana (sin pulverizar)
» iilipiuo
» Kontuclcy
» Marylaml
» Mozambique
» Virginia
» cbileno, colorado
» chileno, negro
» chileno, pito
» chileno, lariro-cstroclm
Cita de .1. Comin, Tesis, B. A., p. 51.
» »
» »
» »
» »
» »
Tesis B. A., p. 03 y siguientes.
» »
» »
» »
» »
» »
» »
» »
» »
83
84
Nombre de la planta
Tabaco lanceta, variedad chilena.
misionero, pito
misionero, colorado
criollo, Cambá
criollo, mejorado
salteño
tncumano
corrontino
correntino, Para
correntiuo, pito
paraguayo
habano
del Chaco
Nicoziaua glauco, Palau-palau
(hojas)
desperdicios de fábricas
divorsos do Grecia
de Habana y Ilanóvor
de Virginia
(hojas)
do la Habana
do Hungría. .
diversos
diversos.
Verdolaga
Vulneraria (AuthylUs vulneraria) . . .
Vid (jugo do uvas)
» (tallos)
» (jugo do uvas).
» (uvas var. iáylvancr)
» (uvas)
» de Asti, var. Pinot, Galletría d’Asti. .
» do Asti, var. Hurlara, Costigliolod'Ast
» (uvas y hojas)
Vinos, más d monos fermentados
Publicación
Tesis, B. A., ]>. 153 y siguientes.
Vinos
Vino blanco de Erfurt
Vinos
Vino do Borgoña (no enyesado).
» de Cher (no enyesado). . . .
Jahresb. Agr. Cliem., 1865, p 108.
Amer. Chem. Jouru., II, 1889, p. 37.
Oesterr. Chem. Ztg., 1898, p. 479.
Dict. do Chovallior et Baudrimont, 1878, p. 1132.
Chem. News, 1874, p. 117.
Traité de Konig, p. 1051.
Gaz. Chim. Ital., XIX, 1889, p. 150.
Jahresb. Chem., 1873, p. 851.-
Dict. do Clievallier et Baudrimont, 1878, p. 1131.
l,e Tabao, 1868.
Jouru. Amer. Chem. Soc., 1880, p. 24.
Guareschi, Ene. di Cliim., Supl., 1899-1900, p. 382.
Analyst, VI, 1881, p. 197-201.
Compt.-rend. Acad. Se., Paris, CXXX, 1900, p. 91.
Staz. Spcr. Agr. Ital., XXXIV, 1901, p. 338
Ztschr. Untors. Nahr. u. Genos., IV, 1901, p. 204.
Just’s Bot. Jahresb., 1874, 11, p. 855.
Gaz. Cliim. Ital., XIX, 1889, p. 150.
Reí. lav. eseg. Lab. Chim. R. Staz. Euol. Asti, 1878, p. 111
» »
Jahresb. Chem., 1847-1848, p. 1083.
Analyst, VI, 1881, p. 197,-20!.
Trattato di Analysa chiiuica, vol. 11, p. 514.
Chem. Centralbl., 1881, p.394.
Repert. Analyt. Chem., 1882, p. 242.
Compt. rend. Acad. Se., Paris, CIV, 1887, p. 853.
» »
85
Nombro ilo la planta
Vino do Touraino, lio enyesado
» do Koussillon, enyesado
» do España, enyesado
» ilo Sicilia, enyesado
» de Amlo, enyesado
» preparado en laboratorio con uvas de
Huesca, no enyesado
Vino
Vinos diversos : Peccioli, 1884
» Gliczzano, 1884
» Calci, 1884
» Collesalvetti, 1883
» Collesalvetti, 1884
» San Giuliauo, 1884
» San Giuliauo, 1885
Vinagro do sidra
Winter vordailora (Drymits ll'inlori Forstor).
Journ. Amor. Ghem. Soc., XXII, 1900, p. 218.
An. Soc. Oiontíf. Arg., XX Yl, p. 112.
Zanahoria
Zumaque (Rhus (¡labra). . .
» (Ilhu8 aromática),
Zarzaparrilla
» de Caracas.
Uol. Central 1)1., XL, 1889, p. 97-129.
Journ. Amer. Cliem. Soc., II, 1880, p. 24.
Awer. Journ. Pharm., Lili, 1881, p. 209.
Compt.-rend. Acad. Se., Paris, CXXXI, 1900, p. 422.
Jabresb. Chem., 1847-1848, p. 1095.
87
TIEV. MUSEO LA PLATA,
T. XXII!
7
88
Después ile efectuada esta vasta recopilación, lie creído interesante
reproducir gráficamente la presencia de la alúmina en las especies, por
vía ilustrativa, pues ninguna conclusión radical puede obtenerse de una
heterogeneidad como la que se observa en los datos consignados.
La selección de las familias ha sido dificultosa, siendo preferidas : Io
aquellas que ofrecían mayor número de ejemplares analizados; 2° que
sus datos fueran puramente de alúmina y libres por lo tanto de óxido
de hierro y otras impurezas; 3o que los análisis se refirieran á las distin-
tas partes del vegetal y no á una en particular.
Al observar la gráfica podemos asegurar que en el seno del reino
vegetal, como en la naturaleza en general, la alúmina y roano modo se
revela el índice del grado de perfeccionamiento del ser.
Al estudiar la difusión del aluminio, lo hemos encontrado ocupando
uno de los primeros lugares entre la materia mineral, decrecer en las
plantas con la complejidad del sór y alcanzar límites intangibles, para
los medios actuales, en la materia organizada por excelencia: el organis-
mo animal.
Así entre los vegetales el aluminio alcanza porcentajes elevados en
los hongos, en los liqúenes, en los heléchos, como exponentos rudimen-
tarios de las plantas, y especialmente en los licopodios, para bajar y
mantenerse siempre á niveles escasos en las especies superiores.
Un estudio más profundo y extenso y datos proporcionados siempre
89 —
<>n igualdad de condiciones hablarían con más eficacia al respecto, pero
ya en este ligero esbozo se nota la predilección de! aluminio por las
especies inferiores.
IV
MÉTODO SINTÉTICO. INFLUENCIA DE LA ALÚMINA
SOBRE LOS VEGETALES SUPERIORES
Constatada la presencia del aluminio en las diferentes especies vege-
tales, nos proponemos aquí investigar la influencia que dichas sales
ejercen en el desenvolvimiento de la planta.
El camino realizado en nuestra investigación, poco ó nada nos dice,
desde que se supone que las raíces son capaces de absorber indiferente-
mente todas las substancias solubles, contenidas en el medio donde se
desarrollan, á pesar do las necesidades específicas del organismo, según
las cuales unos cuerpos son arrastrados en gran cantidad en los cambios
de materias, mientras otros apenas lo son.
La presencia de la alúmina en pequeña cantidad en las plantas, salvo
raras excepciones, nos harían llegar fácilmente á la conclusión que
alcanzaron numerosos experimentadores, para éste como para otros ele-
mentos de porcentajes ínfimos : que se trata de cuerpos extraños, intro-
ducidos por un simple fenómeno de osmosis á través de las raíces.
Está en este fenómeno de absorción el hecho explicable de por qué
siendo los compuestos de aluminio tan extremadamente repartidos, sean
arrastrados al torrente vegetal en muy escasa cantidad. El hecho prin-
cipal está en la poca basieidad del hidrato i. Todas las sales que el alu-
minio forma con ácidos débiles son fácilmente hidrolizables, dando ori-
gen al hidrato de aluminio coloidal, incapaz por lo tanto de atravesar
las membranas vivas. No podemos contar, pues, en el caso de nuestro
elemento, con la ayuda, como disolvente, del ácido carbónico; tal se nota
en el caso del hierro y del manganeso. Además las sales de aluminio
más difundidas son los silicatos, compuestos muy estables, especialmente
en presencia de los ácidos vegetales. El alumbre, una de las sales solu-
bles del aluminio, encontrándose naturalmente en la corteza terrestre,
es absorbido por las plantas. Fluri piído comprobar asimismo que el
aluminio es arrastrado al torrente vegetal por diversas plantas acuáti-
cas, cuando se presenta di suelto bajo la forma de ion 2. Pero, con todo,
' Eoi.kk, fínmdlgcn tmd erpebnisse dc.r PJIanzcnchcmic, II, píígiim 155. 1908.
5 Loe. cit.
90 —
no se lia podido comprobar cuál es el papel que desempeña en los inter-
cambios, qué modificaciones sufre desde su entrada al torrente, cuál es
su acción precisa ante la célula vegetal. El caso muy especial de las
concreciones de aluminio en el parénquima de empalizada en las hojas
del Symplocos nos está revelando la formación de un cuerpo insoluble
á fuerza de acumulación de materia; pero este hecho, propio de una
especie, no se puede generalizar, y para las demás se ignora si el
elemento es retenido en la planta ya como elemento constitutivo, ya
como cuerpo puesto en reserva ó si es abandonado al medio, bajo una.
forma ú otra, al estado de producto inutilizablo ó como producto que,
siendo la base do fenómenos catalíticos, llegue al medio para evolucio-
nar nuevamente y constituir una cadena completamente cerrada.
Pero la presencia de un elemento en un ser no es una prueba de su
contribución y utilidad, en lo que concierne al funcionamiento vital.
La extremada difusión de los compuestos de aluminio hace que este
elemento se halle, sin excepción, presente en los medios culturales; y
estando así en contacto con el vegetal sometido al análisis, ha sido la
causa de que su existencia en las cenizas se haya atribuido en muchos
casos á mero accidente. No son raras, pues, las notas de los autores al
hojear los datos acumulados en este sentido : « Alúmina proveniente del
suelo », « alúmina proveniente del polvo adherente á las plantas », etc.
Nos encontramos, pues, en una posición ambigua, muchas dudas se
suscitan; no podemos atribuir á nuestro elemento sino un valor nega-
tivo, un papel indiferente. Está allí presente porque la plántalo absorbe,
encontrándolo en forma soluble en el medio; pasa al torrente, y á juzgar
por las observaciones que Eluri hizo del poder especial que estas sales
tienen en presencia de substancias plasmolizables, paralizando la im-
permeabilidad de la membrana del plasma, es de esperarse que rompan
el equilibrio en los fenómenos osmóticos de las células y produzcan una
honda perturbación en el organismo que se traduce en manifestaciones
de vegetación raquítica.
La fase de las investigaciones realizadas por el análisis cambia cuando
el método sintético viene á comprobar si aquellos datos tienen razón de
ser, dándoles el valor que antes no se les pudo atribuir sino de un modo
condicional; el método sintético, que nos permite experiencias directas,
manejando medios ya privados por completo del elemento por ensayar
(ensayos testigos), ya con cantidades variables y perfectamente cono-
cidas.
Algunos datos históricos
El estudio de la. influencia de las sales de aluminio en la vegetación
data de nuestros días. Las experiencias son realizadas en terreno plena-
!)1
mente conocido y estudian, no ya la presencia, sino la influencia de las
sales de aluminio sobre determinadas culturas.
J amano *, en 1907, con experiencias realizadas en Tokio, comprobó
«pie el alumbre ordinario en dosis de 0gr2 por ciento mata rápidamente
pequeñas plantas de centeno en tres semanas, efectuando los cultivos
en agua. Esa acción nociva fue aminorada, efectuando ensayos semejan-
tes, pero cambiando de medio : valióse del suelo.
Disminuyendo las dosis entre 0,02 y 0,002 por ciento de alumbre amo-
niacal y experimentando sobre centeno y lino, teniendo cuidado de eli-
minar del resultado la acción fertilizante del amoníaco, permitiéronle
constatar una acción netamente propicia, que se tradujo en aumento de
peso en la recolección.
En 1911 ensaya Stocklasa 1 2, en Bohemia, la influencia del aluminio
sobre cultivos de remolacha, obteniendo los resultados siguientes :
Superficie de cada parcela 5000, abonos agregados por hectárea :
Io A cada parcela 50 kilogramos P al estado de superfosfato : 00
kilogramos de K2Q al estado KOI ;
2o Además de lo indicado á las parcelas por experimentar : 9 kilo-
gramos de Al al estado de sulfato.
Primera experiencia
Peso do Al ni estado do sulfato o
Peso do las raíces, por hectárea ........ 35.800 kgr.
Aumento, por hectárea —
Peso do las hojas, por hectárea. . 27.400 kgr.
Azúcar por ciento do raíces 17.3 °/0
Azúcar total, por hectárea 6.193 kgr.
Aumento do azúcar, por hectárea
Aumento do azúcar, por ciento do testigo.
9 kgr.
36.100 kgr.
300 kgr.
27.500 kgr.
17.5 "/„
6.317 kgr.
121 kgr.
2.0 «/,
Segunda experiencia
Peso de Al introducido, por hectárea. . . .
Peso de raíces, por hectárea
Aumento do raíces, por hectárea.
Peso do hojas, por hectárea
Azúcar por ciento do raíces
Azúcar total, por hectárea
Aumento de azúcar, por hectárea
Aumento do azúcar, por ciento de testigo.
36 . 200 kgr.
18. .400 kgr.
16.5 o/0
5.973 kgr.
9 kgr.
38.000 kgr,
1.800 kgr.
20.800 kgr,
16.7 «/o
6.346 kgr.
373 kgr.
6.2 o/0
1 linll. of . 4gr . Collcgc of Tokio. 1907.
4 Experiencia citada por Bertrand en el VIII Congreso de química aplicada. New-
York, septiembre do 1912.
— 92
Bertrand y Agullion 1 (París, 1912), inducidos por los interesantes
resultados que dio á publicidad en 1911 Stocklasa sobre el empleo del
sulfato de aluminio como abono catalizador, encontraron confirmados
los datos de aquél, efectuando experiencias en macetas sobre cebada y
rabanillo.
Con la pequeñísima dosis de 2 miligramos por 1 kilogramo de tierra,
el rendimiento de la cebada aumentó en un 18 por ciento calculado sobre
el fruto fresco y en un 1 7 por ciento calculado al estado seco.
En el rabanillo el aumento fue de G á 10 por ciento. La dosis de -1 mi-
ligramos resultó casi sin iniluencia sobre el fruto seco, aunque estando
fresco se notara un pequeño rendimiento. Esto hecho lo atribuyen á una
acumulación en la planta de agua junto con el elemento, al utilizar can-
tidades mayores del abono catalizador. Diez miligramos por kilo de tie-
rra resultaron ser dosis demasiado elevada, si bien en la cebada se pudo
constatar un aumento en el peso del cereal fresco.
De las experiencias realizadas llegan á la conclusión de que el alumi-
nio es un elemento propicio para los fines agrícolas.
Trabajos de índole semejante han realizado Loew, Aso, Nagaoka,
Sawa y Katayama en el Japón, que tan fecundo se ha mostrado en ensa-
yos acerca de abonos catalíticos 2.
Una experiencia previa
Acción del aluminio sobre la germinación. — Antes de entrar de lleno
á mis experiencias sobre el vegetal, he tratado, siguiendo las experien-
cias de Morel con la modificación de Agulhon 3 de determinar la acción
del aluminio en el acto de la germinación, valiéndome para ello de gar-
banzos (semillas de Gicer aretinium) y de soluciones de sulfato de alu-
minio.
He creído interesante realizar estos ensayos, desde que en ese primer
fenómeno del funcionamiento vital la planta realiza su desarrollo á
expensas de las reservas que la semilla contiene, vida muy distinta á la
subsiguiente, en que, extrayendo el vegetal, del medio en que se desarro-
lla, los elementos necesarios ásu desenvolvimiento, realiza en su seno la
síntesis de las materias que irán á constituir sus órganos.
1 Memoria presentada al VIH Congreso do química aplicada. New York, septiem-
bre do 1912 y publicada por Chemiker Zeitung, número 131, página 1272.
s No lian estado á mi alcance los trabajos do estos autores, pero recojo la citación
que Bertrand liaco de su obra en el artículo Sur le rule (lee infiniment petita chimiqucts
en agrieullure. Ballet in de soicncea pharmaeologm, XX, página 41.
“ Agui.iion, Tesis, página 80. París, 1910.
93 —
Primera experiencia . — Constó de cinco ensayos, uno de ellos testigo,
cuyo riego se efectuó con agua destilada; en los cuatro restantes se usa-
ron en cambio líquidos conteniendo cantidades crecientes de sulfato de
aluminio en la siguiente forma : 0sr01, 0grl, 1 y 10 por litro. El medio usa-
do fue arena al ácido clorhídrico. Se sembraron 10 semillas en cada vaso
y á diario se regaban con 100 centímetros cúbicos de líquido respectivo.
Segunda experiencia. — El resultado obtenido en el ensayo anterior me
indujo á insistir con soluciones mucho más diluidas. Las proporciones de
la sal de aluminio fueron 0sr001, 0gr005, 0gr01 y 0gr05, efectuando tam-
bién un ensayo testigo con agua destilada. En los cuatro vasos las semi-
llas se comportaron sin variantes con el caso normal ; parece que no no-
taran la presencia de un cuerpo extraño en su medio.
Be estas observaciones se deduce que las sales de aluminio, aun en
dosis infinitesimales, no ejercen acción favorable alguna en el acto de la
germinación, y que soluciones concentradas de las mismas sales retar-
dan el acto y atrofian al individuo, tanto más cuanto más concentra-
da sea.
Experiencias sobre vegetales superiores
Medios sintéticos. — lie realizado mis experiencias que caen bajo el
dominio del método sintético, unas en medio líquido, otras en medio só-
üt —
I ¡do inerte, agregándole en líquidos nutritivos las substancias minera-
les necesarias al desenvolvimiento; experiencias que, aunque no me pro-
porcionaran los vegetales con la frondosidad que un medio natural po-
dría darles, me llevaban, por medio de la comparación con un ensayo tipo
y con el manejo de medios preparados al efecto y, por lo tanto, perfecta-
mente conocidos, á poder valorar la influencia de las sales que se ensa-
yaban. He elegido para mis experiencias especies comunes, tales el gar-
banzo (Gicer aretinium) y la lenteja (Ervum-lens).
Culturas en medios líquidos. — El dispositivo usado fue en extremo
sencillo, según se puede apreciaren las fotografías, desde que, dadas las
especies que me proponía ensayar, no podía usar con ellas de la riguro-
sidad que los ensayos de esta índole requieren para evitar acciones
bacterianas, consecuencia de la falta de asepsia en los medios y en las
semillas.
El garbanzo no se puede cultivar en esas condiciones : la germinación
es normal, el tallo crece, pero las hojas no alcanzan á desarrollarse y la
planta muere y se deseca en algunos días.
Igual fenómeno be observado en las lentejas y será quizás común á
todas las leguminosas, las cuales parecen necesitar de la simbiosis bac-
teriana, á pesar de los nitratos presentes en las soluciones nutritivas.
Proceder sin la asepsia necesaria, por otra parte, nos conduciría á erro-
res lamentables, en caso de que, al experimentar, no tuviéramos un en-
sayo tipo; de modo que todas las circunstancias que podrían actuar, mo-
dificando nuestros resultados en los individuos sometidos á la experien-
cia, serían comunes con los de aquél.
Los vasos destinados á los cultivos tenían una capacidad de 750
centímetros cúbicos, cerrados en su parte superior por un dispositivo
de cristal, (pie sostenía á las semillas mediante un diafragma de tela
blanca perfectamente desengomada, con tantas perforaciones cuantas
raíces tuvieran que atravesarlo. I)e este modo se mantenía la semilla en
una atmósfera húmeda, sin estar sumergida en el agua.
Mediante un vástago lateral de vidrio, se insuflaba aire cada veinti-
cuatro horas y la renovación de los líquidos se efectuaba semanalmente.
Para no herir el fototropismo negativo de la raíz, usé de ligeras cajas
hechas de papel obscuro, dentro de las cuales disponía los vasos. Por
lo que se refiere á luz, sol y aire, todos los vasos han recibido su influen-
cia por igual.
El líquido nutritivo usado tenía la fórmula siguiente :
95 —
.Solución norma! do Knop Gramos
Ca (NO,), 1.00
K,HP04 ............... ............ 0.25
KNO, . . . ........ ................... 0.25
MgSO,. 0.25
FeSO, 0.05
MnSQ1 0.05
Agua destilada hasta 1000 centímetros cúbicos.
Este líquido rae ha servido invariablemente para los ensayos, al cual
se le ha agregado cantidades conocidas de sales de aluminio, en propor-
ción distinta según los casos.
En una operación previa se colocaban las semillas por germinar en are-
na pura y húmeda, hasta alcanzar las radículas 2 centímetros más ó me-
nos ; eran transportadas entonces á los vasos, teniendo cuidado de no
elegir ni las más exuberantes, ni las más pobres, sino un justo término
medio. Á partir de la siembra en los líquidos, semanalmente se anotaba
la longitud media de las raíces y de los tallos, con cuyos datos .se han
obtenido gráficas que corresponden á cada experiencia, dándonos una
idea de cómo se efectuaba el crecimiento, y que no represento aquí, por-
que no ofrecen otra particularidad que un desarrollo regular y propor-
cionado á la riqueza en aluminio de cada solución.
Terminada cada experiencia, se procedió á determinar la cantidad de
materia fresca y la misma al estado seco, medíante la acción de la. es-
tufa de 100 á 105° ib, hasta constancia de peso.
Estas determinaciones como fundamentales, por ser ellas las que arro-
jarían luces sobre los rendimientos de las pequeñas cosechas; y luego,
por vía ilustrativa, con carácter puramente secundario, la determinación
de la cantidad de alúmina, asimilada tanto por las raíces como por los
tallos. El análisis se ha encargado de revelar que este dato es de muy
difícil determinación, pues si bien la presencia del aluminio indica una
acción marcada sobre el crecimiento de los vegetales, como más adelante
se verá en sus detalles macroscópicos, la determinación de las cantida-
des de sal, que operan tales fenómenos, son tan pequeñas, que muchas
veces escapan á la sensibilidad de los reactivos, máxime en nuestro
caso, cuando los métodos pecan de poco rigurosos.
Primera experiencia en líquidos . — Fue realizada con garbanzos, utili-
zando para su cultivo el medio líquido á que ya he hecho referencia.
La siembra se efectuó el 27 de «agosto y el cultivo se prolongó por es-
pacio de cuarenta días, época en que se tomó la fotografía correspon-
diente (pág. 97) h
1 Debo hacer constar aquí mi más íntimo reconocimiento al profesor don (Jarlos
Broeli, á cuya gentileza debo la mayor parte do las fotografías que ilustran el
presente trabajo.
— í)(¡ —
PUSO M 101)10 l)li U X A PLANTA
Por ciento
Aumento con relación al ensayo tipo :
Araso n° 2 con 5 miligramos sulfato de aluminio, materia verde 9
Vaso n° 2 con 5 miligramos sulfato de aluminio, materia seca 10
El cuadro adjunto ofrece los datos obtenidos, por lo (pie se refiere á
los pesos de las plantas en estado fresco y secas, así como las concentra-
ciones respectivas del sulfato de aluminio, sal en la cual recayó mi elec-
ción. Cada vaso contenía seis plantas, excepto el número 2 en donde se
malogró un ejemplar. Observada la semilla para explicar la falta de des-
arrollo, encontré que le raicilla había sido herida al disponerla, y ésto,
cuando por el tiempo transcurrido ya no era oportuno reemplazarla. La
ausencia de un pie en ese vaso hace que á primera vista no manifiesten
mayor exuberancia los ejemplares que contiene; sin embargo, calculado
el promedio para cada individuo, acusa un rendimiento apreciado en un
!) por ciento, tratándose de la planta verde, y en un 10 por ciento en la
materia seca. No sucede con las raíces lo que con las hojas, pues, á pesar
de estar en menor número que los demás vasos, el conjunto manifiesta su
mayor turgencia y abundancia.
En los vasos 3 y 4 se manifiesta claramente la acción tóxica del alu-
minio, no sólo con el descenso del peso, sino hasta en el aspecto mismo
de las plantas; su vegetación se torna elorótica y la atrofia se observa
con predileción en la raíz.
El estudio histológico 1 efectuado en las raíces del ensayo testigo y
las del vaso 4, que eran las más atrofiadas, nos demuestra claramente que
la miseria de la planta, bajo la influencia de una cantidad excesiva de
aluminio, es debida en gran parte al poder astringente de sus sales, pues
1 Mi gratitud al profesor A. O. Scala, (í cuya pericia y gentil dedicación debo los
estudios histológicos que ofrezco.
Cultura ilo garbanzos en medio líquid
- 98 —
99 —
los cortes ilustrativos nos revelan una atrofia por contracción especial-
mente «le los linces leñosos.
Muy bien caracterizados (corte .1), apenas se destacan diferencias entre
antiguos y nuevos en el corte 2. Nada «litó en cuanto á las células de
la zona cortical, donde la. contracción mayor se nota en la región externa,
quizás por el contacto más inmediato con los líquidos nocivos, influencia
puramente exterior.
Debo observar que los cortes se lian hecho tratando en lo posible de
mantener igualdad de condiciones. Han sido efectuados sobre una raíz
secundaria en cada individuo.
Las histología de los tallos no ha ofrecido mayores particularidades,
siendo las diferencias entre un ensayo y otro apenas sensibles.
Cumplida así la misión del primer paso, entré á investigar la cantidad
de alúmina asimilada, tarea ardua que me obligó á caminar con pies de
plomo, dada la pequeña cantidad de muestra adquirida para cada ensayo
y dadas las cantidades tan ínfimas de alúmina por analizar.
Como para seguir los métodos usados, me hubiera visto en la necesi-
dad de fraccionar aún esas pequeñas muestras, allané el nuevo inconve-
niente con el proceder siguiente :
Desde que el único elemento que había variado en las experiencias
era. la sal de aluminio, consideré que estando los vegetales en análogas
condiciones para los demás factores del medio, ellos debían haber sido
asimilados por igual; por lo tanto, fraccioné las muestras sólo en el en-
sayo tipo que me proporcionaba un material relativamente abundante,
para determinar por una parte ácido fosfórico y por la otra la totalidad
de los tres : hierro, alúmina y fosfórico, y, deduciendo el hierro, obtener
la alúmina por diferencia.
En los demás casos, en una única muestra hice la última determina-
ción; el ácido fosfórico lo consideré como en el ensayo testigo, pero siem-
pre proporcional á la materia incinerada.
Así obtuve datos que consigno en el cuadro siguiente :
De estos datos se desprende que hay mayor abundancia de alúmina
en las raíces, circunstancia que vendría á corroborar las aserciones de
Bertlielot y André, cuando dicen que la alúmina es detenida por las nu-
ces casi en su totalidad, después de su absorción ó su fijación a, si no
fuera porque expongo aquí mis más vehementes dudas acerca de los da-
tos en cuestión, pues fácilmente podría ir á enriquecer los resultados el
hecho de haber las raíces estado en contacto con los líquidos aluminosos,
durante un tiempo más ó menos largo, que ha tornado profunda una sim-
ple adherencia y que un lavaje, aunque prolijo, no haya conseguido ex-
tirpar. Sin embargo, hay algo en contra de esta duda y es el hecho no-
torio de la atrofia de la raíz, la cual no se nota en los tallos. La planta
decrece en su vegetación, pero no hay mayor atrofia.
Así lo revelaron estudios histológicos, hechos lo mismo aun para
las raíces y que no ofrezco aquí porque la similitud de uno y otro corte
les quita toda importancia.
Se ve, pues, que las anomalías observadas en la raíz y ausentes en los
tallos nos inclinan á suponer como verídicas las conclusiones de los ci-
tados experimentadores.
Segunda experiencia. — En líquidos nutritivos.
1 A pesar (le aparecer las plantas <le este vaso más pobres, relacionadas con el
ensayo tipo, las cenizas están indicando una mayor asimilación do sales.
* Bkkthklot, Chimie végótale et ayricole.
101
Con ánimo de observar la influencia de las sales de alúmina en otra
especie, es (pie filé elegida la lenteja Ervum-lcm ; experiencia que se
efectuó en análogas condiciones á la anterior.
Corresponde á ella los datos siguientes :
PESO DHL TOTAL DE LAS PLANTAS DE UN VASO
De los datos de esta experiencia se deduce que en igualdad do condi-
ciones la lenteja resiste menos la acción del aluminio que la especie an-
terior, esto es, que su óptimum estaría ubicado en dosis aún más peque-
ña que la que corresponde al garbanzo. En efecto, los datos comprue-
ban que la parte del follaje decrece aun en el vaso número 2, habiéndose
tenido que lamentar la pérdida de varios pies en los distintos números
quizá por un medio excesivo. Sin embargo, un vestigio se observa aún
de la acción benéfica del aluminio, que hace prever que la dosis óptima
de esta planta está aún más abajo de 10 miligramos por litro, y ese ves-
tigio se observa en las raíces de las plantas correspondientes al ensayo 2.
Ellas han alcanzado un desarrollo mayor que las dol ensayo testigo,
así 3o acusa su peso, tanto frescas y secas como calcinadas, pero ello no
es lo suficiente como para alcanzar rendimiento apreciable en la planta
total.
He aquí el cuadro correspondiente, cuyos datos constatan lo observa-
do en la experiencia anterior, de que las raíces son especialmente favo-
recidas por la acción de nuestro elemento, pues no alcanza la parto
verde aún un aumento de peso, cuando ya la raíz lo está acusando.
1 02
Cultura (lo lentejas c»u medio licjn ¡«lo
— 103
l'HSO M KI>1 0 !>K TINA ri.ANTA
Cultura sobre arena
Es muy penosa la adquisición de este medio en las condiciones que
las culturas lo exigen, pues la presencia de sales en exceso, perjudicia-
les a las plantas, hace que se tenga que luchar con su eliminación, si no
completa, por lo menos en dosis tal que permita, al individuo desenvol-
verse y poder apreciar los resultados de la experiencia realizada.
Tratamientos repetidos con ácido clorhídrico concentrado y lavajes
con agua destilada, sucedidos de una apropiada calcinación, no fueron
suficientes en este caso para extraer por completo las sales, pues se
trataba de una arena común y por lo tanto muy impura.
Ensayada la solubilidad en el agua, no encontré de ella, residuo apre-
ciable, no así sometiéndola á la acción del ácido clorhídrico concentrado
y en caliente por espacio de seis horas. Dejó un residuo escaso de sales
de hierro y pequeñísimas cantidades de alúmina que, aunque no resul-
taba una condición desventajosa, no desistí de ensayar en él.
Otro inconveniente, proporcionaron las macetas, pues debido á la ma-
teria de que están fabricadas, contribuían fácilmente á alterar el medio,
ofreciendo á la planta un contingente más ó menos grande de sales.
Evité en lo posible esto, revistiéndolas interiormente de una ligera capa
de para fin a, precaución que, si bien era un obstáculo á, la aereación y
exudación del medio, es desventaja esta siempre más aceptable que la
anterior.
Elegí para, este ensayo el garbanzo, sembrando en cada maceta', que
contenía 2 kilos de arena, semillas en número de 5, con fecha 5 de octu-
bre. El líquido de riego fué el mismo usado como medio en las culturas
anteriores y la, serie se compuso de un ensayo tipo y 3 con cantidades «le
alúmina, creciente hacia el número más alto.
MI riego se efectuó en la siguiente forma,: diariamente se suministra, -
11HV. MUP150 T,A J’T.ATA. — T. XXIII
8
- ]()+ -
Fig. 4. — Cultura (le garbanzos cu arena
han 100 centímetros cúbicos ú cada maceta, de modo que las cantidades
de aluminio agregadas por día eran :
Miligramos
Ensayo tipo 0
» 2 0.01
» 3 0.02
» 4 0.03
Á los diez días so pudieron observar en las macetas 1 y 2 plantitns
normales do una altura, media, do 7 centímetros. El crecimiento fuó mu-
elle más lento en los vasos siguientes, notándose la pérdida de 2 pies en
el número 3 y 1 en el 4. Pasando de las anteriores á estas últimas se
notaba una gradación en el color, siendo las plantas de la maceta 4 no-
tablemente cloróticas. Vivieron por espacio do 25 días, á partir de los
cuales se empezaron á manifestar como irresistibles al medio,
lie aquí los datos de esta experiencia :
PESO MEDIO DE UNA PLANTA
Como se puede comprobar por los resultados expuestos en el cuadro
adjunto, esta experiencia ba sido de resultados puramente negativos,
pero ha indicado una modificación por realizar en las subsiguientes
experiencias.
En efecto, la adición de la sal de aluminio en la forma realizada ha
sido un error, porque, si bien es cierto que se agregaba en dosis muy
pequeñas, pero sumadas ellas al cabo de 25 días, resulta en números
redondos :
Miligramos
Ensayo 1 0
» 2. ....... ........ 25
» 3 50
» i 75
cantidad, por sí sola, descontando las adiciones, que podrá haber pro-
porcionado el medio suficiente para matar la planta, sobre todo las dos
últimas.
Método mixto. — Experiencias en tierra arable.
Llegamos en nuestras experiencias al medio (pie la planta exige y
cuyas nostalgias se lian observado en los ensayos anteriores, donde, si
bien el organismo so encontraba en presencia de materias capaces de
coadyuvar á su desarrollo, faltábale los agregados terrosos, esos órga-
nos fundamentales del suelo vegetal, verdaderos reser vori os de las es-
pecies minerales y de sus elementos derivados por acciones químicas y
bioquímicas que constituyen en el suelo el mundo de los coloides. La
planta recupera aquí sus dominios, y es en ese medio que, aun con por-
ciones apreciables del elemento por ensayar, se comporta para nuevas y
especiales ediciones de modo muy interesante.
Analizada la tierra con que se operó, respondió al tipo de limoareno-
sa, poco calcárea, rica en humus. He aquí los datos principales :
Koacción
A runa gruesa. .
Arena lina. ....
Arena muy lina
Arcillas. ......
Humus. .......
Cal asimilable.
Azoe total
Acido fosfórico.
ligeramente íícida
1 11.708 <’/»
25.012 »
19.025 »
20.466 »
20.000 «loo
4.076 »
3.789 »
0.983 »
Los ensayos anteriores, y muy especialmente la experiencia de resul-
tado negativo efectuada en arena, me indujeron á extremar las dosis,
que si pecaron en todos los anteriores de excesivas, fue porque se reali-
zaron casi simultáneamente.
Primera experiencia : Maíz (.'5, 111, 1918). — Se dispusieron las semillas
en número 5 en cada maceta, con capacidad para 1 kilos de tierra. El
riego con los líquidos conteniendo sulfato de aluminio se efectuó una sola
vez y al principio de la experiencia, agregando las dosis de 0,1, 5 y 20
miligramos de aluminio á los vasos 1, 2, 3 y 4 respectivamente.
Después de la germinación reduje al número de tres los ejemplares de
cada maceta y el crecimiento se produjo con regularidad, efectuando
riegos diarios con igual cantidad de agua para cada vaso.
Á los 40 días se sacó la fotografía, donde se observa son los ejem-
plares del número 2 y 3 los más hermosos, correspondientes á 0,1 y 0,5
miligramos de aluminio.
En la misma relación estaban las raíces, indicando el desarrollo en
las de las macetas citadas que no hubieran podido seguir por mucho
tiempo aún, por estrechez de la vasija.
107
Main eu tierra arable
108
He aquí los (latos :
PUSO MlfiDIO DE UNA PLANTA
Segunda experiencia : Habas (3, III, 1913). — Una modificación liay en
este ensayo, en la forma de suministrar el elemento que nos ocupa. Tami-
zada la tierra, fué homogéneamente mezclada con el sulfato de aluminio
reducido á polvo muy fino y en las siguientes proporciones : 0, 1,2, 5,
10 y 20 miligramos respectivamente á los vasos 1, 2, 3, 4, 5 y 0 por kilo
do tierra, teniendo las macetas capacidad para tres kilos. Los riegos se
efectuaron á diario con cantidades iguales para cada ensayo de agua des-
tilada. La fotografía fué tomada á los treinta días y los datos dicen lo
siguiente :
PESO MEDIO DE UNA PLANTA
Como se puede ver, los rendimientos son apreciables en los vasos 2, 3
y 4 <pie tenían sal de aluminio en las cantidades de 1, 2 y 5 miligramos
respectivamente.
Debo hacer constar que en esta serie efectué los análisis de las ceni-
zas obtenidas, según los datos expuestos, y todos los esfuerzos hechos
para caracterizar la alúmina han sido infructuosos en la mayoría de
las macetas.
Se han comprobado vestigios únicamente culos ejemplares délos nú-
1 Oí)
110 —
meros 4 y (i, hecho que parece estar en contradicción con la intiuencia
favorable que el aluminio ejerce.
Tercera experiencia : Avena (2 0, IV, 1013). — Un último ensayo se rea-
lizó para alejar una duda. Hasta aquí había usado el sulfato de aluminio
por ser la sal, por su solubilidad, de fácil manejo. Pero cabe preguntar
ante los resultados de las experiencias citadas : ¿son ellos debidos á la
acción del aluminio, como se ha supuesto, ó son efecto de la presencia del
ion ácido?
Duda muy bien planteada desde que no sería ésta la primera vez que
so atribuye á tales iones un papel así interesante. De todos conocido es
el importantísimo papel de intermediario que el ion sulfúrico desempeña
para combatir la clorosis.
Igual pregunta cabría si en lugar del sulfato de aluminio usáramos
el cloruro ó cualquier otra sal, cuya presencia y acción podría descom-
ponerse en dos factores '.
Para eliminar estas dificultades es que dispuse operar con hidrato de
aluminio, desde que el uso de aluminatos me colocaría en la condición
(pie trataba de eliminar.
Lo preparé por simple precipitación con amoníaco, en ausencia de sa-
les amoniacales ; después de prolijo lavaje, desequé y pulvericé conve-
nientemente, forma en que fué mezclado con la tierra en las proporcio-
nes siguientes : 0, 2, 5 y 10 miligramos para los vasos 1, 2, 3 y 4 respec-
tivamente. Cada maceta contenía plantas en número de 12. Á los treinta
días fueron fotografiadas, y al extraerlas de la fierra, se pudo compro-
bar que las raíces de las plantas del número 2 tenían un desarrollo no-
table con relación á las demás, como asimismo se puede observar en
las hojas.
P1CSO MEDIO I)E UNA PLANTA
1 El empleo prolongado do cloruros ó sulfates lia parecido peligroso á ciertos au-
tores (Aso) (pie temen la polución del suelo por la liberación de iones ácidos.
1 1 1
Avenas en tierra arable
112
Conclusiones (lo la parte IV
Después de haber efectuado la serie de experiencias descritas se llega
á las conclusiones siguientes, tratándose de la acción de las sales de
aluminio sobre las plantas fanerógamas:
Ia Las sales de aluminio no tienen ninguna acción favorable en el acto
de la germinación y sí tóxica elevando dosis;
2a El aluminio agregado en muy pequeñas dosis tiene acción neta-
mente favorable sobre las culturas, puesto de manifiesto en el rendi-
miento tanto de la materia fresca como seca;
3U Esa acción tiene un óptimum, pasado el cual la vegetación se hace
cada vez más pobre, hasta llegar á las dosis tóxicas;
4a Los fenómenos de intoxicación se manifiestan : en las hojas por una
clorosis marcada, decrecimiento y muerte ; y en las raíces, por una nota-
ble contracción de los tejidos;
5a El óptimum varía con la especie vegetal, siendo unas plantas más
sensibles que otras á las mismas dosis;
Üa Á pesar de la marcada influencia de las sales de aluminio sobre las
plantas, su acción no se puede explicar, sino como de presencia, dado
que las pequeñas cantidades que los análisis revelan en las cenizas, no
son para pensarlo como parte constituyente de órganos ;
7a Pasando la dosis óptima y antes de entrar á la dosis tóxica se nota
un exceso de peso en el vegetal fresco sobre el ensayo tipo, relación que
se torna inversa en la materia seca unas veces, otras quizás por un ale-
jamiento algo mayor de ese límite se observa sólo un descenso muy
grande en el porcentaje de rendimiento entre la materia fresca y la de-
secada.
Bertrand y Agullum ', (pie observaron este hecho en experiencias rea-
lizadas con sulfato de aluminio en la cebada y el rabanillo, lo explican
poruña acumulación de agua en la planta, junto con el elemento al utili-
zar cantidades mayores de abono catalizador.
V
INFLUENCIA I)E LAS SALES DE ALÚMINA SOBlíE LAS LlOOl’ODlÁCEAS
De entre los vegetales se destacan los licopodios por las cantidades
variables de alúmina (pie les atribuyen los analistas, pero siempre ele-
1 Ghemikcr Zciliuuj, número Eli, página 1272. 1912.
ii3
varias con relación á las pequeñas dosis que. nos revelan las cenizas de
las demás especies.
Al consignar l’ellel y Krihourg 1 el siguiente cuadro:
analizan un licopodio que no especifican y para el cual encuentran
ÍP'90 de Al,Oa por ciento de cenizas y concluyen pidiendo se insista so-
bre aquellas variedades muy aluminosas, para constatar si el dato co-
rrespondiente es normal ó exagerado, debido á una cantidad más ó me-
nos elevada de tierra.
Esta absorción fuma, de lo comán en las oirás familias ha sido expli-
cada por Knop, deludo á que las raíces de licopodios segregan, además
de ácido carbónico, ácidos orgánicos fuertes, que disuelven la alúmina
del suelo y la colocan en condiciones de ser absorbidas por las raíces.
El estado en que se encuentra nuestro elemento en estos vegetales
ha sido igualmente objeto de estudio, aunque no se haya podido llegar
á una conclusión definitiva.
En 1SS8 Church en una memoria 2 expone las opiniones de distintos
autores á este respecto : John opina que la alúmina se encuentra al esta-
do de acetato; Ritthausen, al estado demalato; Arosenius, como tartrato.
Mayer 3, hablando déla alúmina encontrada en el Lycopodium compla-
1 Grandkau, Anuales de la Science agronomique, 3a serie, píígina 462. 1907.
2 Church, A. II., Proc. Popal Soc. London, XLIV, página 121. 1838.
3 Lehvh. Agr. Chcm., 3a edición, página, 280. 1886.
m
115
natum, dice que se halla al estado de acetato y en cantidades tales, que
puede utilizarse directamente como mordiente.
1’ fe (Ver, W. ', en fin, refuta la opinión de Arosenius, diciendo que es
inexacto se encuentre la alúmina en el licopodio al estado de tartrato.
Haya ó no especies que alcancen un porcentaje elevado, en general
los licopodios son especies ricas en aluminio, y este dato me llevó á ha-
cer ensayos con algunas variedades de estas plantas, sometiéndolas á. la
acción de las sales de alúmina, no ya en dosis infinitesimales, sino en
cantidad a preciable.
Cada experiencia, constaba sólo dedos ejemplares: el número 1 re-
gado diariamente con agua destilada; el número 2 con cantidad igual
de una solución (F'l por mil de sulfato de aluminio, usando para los cul-
tivos tierra arable.
El punto de partida no fueron los esporos, como hubiera sido de de-
sear; las dificultades que el caso ofrecía, hicieron que partiera de peque-
ñas plañí il as, elegidas con todo cuidado entro las miís semejantes.
Primera experiencia : Licopodium capen sis (12, IX, 1912). — El ensa-
yo se hizo en un lugar apropiado para el desarrollo de la planta, con techo
cubierto, sin corriente de aire y con bastante humedad. El crecimiento
se notó bien pronto, mayor en el individuo 2, y la experiencia se hubiera
continuado, á no ser porque á los treinta y dos días sorprendí al licopo-
dio 1 con parte de sus hojas mustias, momento propicio para sacarla
fotografía que ofrezco página 1 14.
Prolijamente lavados, procedí ú determinar el peso de la materia fresca,
luego desecada á 100-105°, Jas cenizas, y en ellas, por los métodos indi-
cados, la alúmina, obteniendo los datos siguientes:
hivopnd'nim eapensis
Planta fresca
12.(5530
1.0330
0 . 0408
0.0022
15.1634
1.9400
0.0852
1.8548
» seca.
Cenizas
Materia, orgánica,
Cenizas
7.0160
2.0542
6.4850
7.6520
0.9864
10.5086
' l'/lamcn rhysUdogic, I, {trigina 132. 1897.
’ Los datos ostrin dados por cíenlo do conizas.
i
i n¡
o
117
So puede notar que, habiendo tenido normalmente la planta un (5 poi
ciento de alúmina en sus cenizas, lia habido una notable asimilación
por parte del ejemplar sometido á la acción del alumbre.
Una explicación de cómo se opera tan abundante absorción del alu-
minio por el licopodio no ha sido posible encontrarla hasta hoy *.
Scf/unda experiencia. Lycopodium capensis (var. azurea). — En igual
forma que anteriormente, procedí en este caso, iludiendo constatar que la
influencia de la sal de aluminio era más marcada, ayudada por la. ven-
taja! de haber podido prolongar por más tiempo el ensayo.
Empezando la experiencia, el 22 do septiembre, se tomó la. primer
fotografía, á los 30 días (pág. 1 1(5), donde ya la ventaja en el desarrollo
del licopodio 2 está bien manifiesta. Se continuó el cultivo aún por espa-
cio de 20 días y al cabo de ellos se tomó Ja segunda fotografía (pág. 118)
en donde se observa que el licopodio 2, por su frondosidad, parece tener
un medio más propicio que el ejemplar 1.
Inmediatamente se procedió á determinar los datos que reúno en el
cuadro siguiente :
Lycopodium capcnsis (var. asurca)
I II
ria,nt.¡i fresca 3.9854 7.5200
» soca 0.3931 0.5752
Cenizas 0.0216 0.0448
Materia orgánica 0.3718 0.5304
Cenizas
Tercera experiencia. — Debo hacer constar aquí, aunque no ofrezca
la fotografía, y los datos que deseché por no considerar de interés, que,
efectuada una experiencia, con tres ejemplares de Selaginella, no ha
habido en ninguno de ellos una acción manifiesta de las sales de alumi-
nio ni en sentido favorable ni desfavorable. Las plantas permanecieron
indiferentes; y, de ofrecer la fotografía, no hubiera sido sino para que
so observaran tres ejemplares de un mismo aspecto físico, después de DO
días de estar sometidas al tratamiento; y por lo que se refiere á los datos
resultaría, más ó menos lo mismo, «latos concordantes en los tres ejem-
plares.
Eui.mt, Grundlagcn und crgebnisse der Pjlanzcnchcmic, IT, páginas 156-198.
118 —
Sin embargo, lia resultado provechoso este ensayo, en el sentido de
demostrar (pie Sola </ incll a ■, si bien se muestra menos sensible en el apro-
vechamiento del aluminio que las especies anteriores, sin embargo
puede soportar un suelo aluminoso sin resentirse.
Podríamos considerarla, pues, como eslabón que uniese esta familia
Ki¡r 10
con el resto de los vegetales, desde (pie su comportamiento para con el
aluminio las acerca á las fanerógamas estudiadas.
De los análisis efectuados en este capítulo y por los datos recogidos
de otros analistas, podemos considerar á las Licopodiáceas como fami-
lia que hace excepción entre las demás acerca de su comportamiento
para con las sales de aluminio.
Io Los datos de sus cenizas acusan proporciones tales, (pie induce á
creer este elemento como un componente plástico la planta;
2o Sometidos á la acción de las sales de aluminio, se opera una absor-
ción abundante que redunda en el mejoramiento del vegetal;
.‘3° No todas las especies de licopodio manifiestan con igual sensibili-
dad su predilección por dichas sales.
listas consideraciones no puedo de ningún modo generalizarlas, á no
ser la primera, para la cual cuento con el apoyo de numerosos analistas,
pero no así las restantes, en donde un pequeño número de experiencias,
no son suficientes para conducirnos á una afirmación categórica y
general.
CONCLUSIONES GENERALES
El estudio realizado es sólo un capítulo de tema tan interesante; la
acción de las sales de alúmina sóbrelas culturas de los vegetales micros-
cópicos, así como el estudio sobre plantas variadas en culturas extensi-
vas, para, determinar de una manera precisa las condiciones de su em-
pleo, arrojarían datos no menos interesantes.
Es mi trabajo un grano de arena que va á unirse, cuan pequeño es, á
la obra que tan empeñosamente han realizado investigadores de los fenó-
menos que so operan en ese superficial estrato de la corteza terrestre :
la tierra, arable.
Mi pequeño esfuerzo deja plantado un jalón. Queda él librado al espí-
ritu de los estudiosos y observadores de nuestro suelo. Que el entusias-
mo y la dedicación soñada, y que condujeran á Bertrand á tan felices
adquisiciones para la ciencia, sean con ellos.
El aluminio observado como elemento constitutivo de las plantas se
puede considerar un componente normal, relativamente abundante en
las especies inferiores, decreciendo su proporción en las superiores, man-
teniéndose uniforme, casi sin excepción, en porcentajes que no alcanza-
ron al 3 por ciento de las cenizas.
Esta, misma circunstancia lo hace desechar como componente plástico
del organismo vegetal y contarlo en cambio en las filas de los infinita-
mente pequeños, cuya acción en sí no es conocida, aunque se conocen
sus ef ectos.
De las experiencias realizadas y cuyas conclusiones particulares están
consignadas al final de los correspondientes capítulos, se deduce que el
aluminio es un abono catalítico para las plantas fanerógamas, cuya dosis
óptima varía con la especie y con el medio de cultivo.
Más allá de esas dosis, siempre exiguas, actúa como un tóxico para la
planta, siendo uno de los primeros síntomas de su acción funesta : la
clorosis, estando seguida luego de raquitismo y por fin de muerte.
La acción del aluminio sobre las Licopodiáceas se manifiesta en dis-
lllíV. MUSEO T.A BLATA. — T. XXII!
0
120
tinta forma. No es ya un abono catalítico, sino simplemente un abono,
especialmente sobre aquellas especies en que el porcentaje elevado de
nuestro elemento nos obliga á colocarlo entre los elementos plásticos de
la planta, circunstancia (pie hace se destinen dichas hierbas en la indus-
tria tintórea como mordiente, aprovechando la propiedad adsorbente del
elemento (pie las domina.
Musco ele La Plata, julio ele 1913.
DATOS ANALÍTICOS
IA Y lililí A MATE Y Sl!S FALSIFICACIONES
Por el doctor ENRIQUE HERRERO DUCLOUX
Profesor do química analítica cu las Universidades de Buenos Aires y La Plata
y el SEÑOR LEOPOLDO HERRERO DUCLOUX
Profesor de farmacología en la Universidad de La Plata
INTRODUCCIÓN
El origen de este estudio, que duda. la. magnitud del tema no dudamos
en llamar preliminar ó de orientación, filé una invitación del ingeniero
Carlos 1). Giróla para acompañarlo en una empresa tan interesante co-
mo desinteresada que emprendió hace más de un año, cuyo fin principal
era estudiar el problema do las falsificaciones denunciadas cada vez con
más intensidad en la yerba mate del comercio, ya procediese del Brasil
ó del Paraguay ó fuese elaborada en el territorio de la república.
Aceptada la invitación y contraído con ella un compromiso no fácil de
cumplir, la complexidad del problema por resolver, surgió apenas plan-
teado parcialmente, pero ya demasiado tarde para renunciar á. una tarea
tpie comprendíamos estaba ligada á intereses morales valiosos y á inte-
reses materiales considerables, pues queso trataba de salud pública por
una. parte y de una industria nacional de gran porvenir por otra, sin con-
tar con que el mercado argentino de yerba brasilera y paraguaya repre-
senta. capitales comprometidos que suman muchos millones de pesos.
Las reclamaciones respecto déla pureza de las yerbas comerciales han
recrudecido en estos últimos años, y algunos fabricantes é importadores
han llegado á explicar la suspensión do sus negocios, por la imposibilidad
de luchar con éxito ante el avance creciente de la mala le de los compe-
tidores y la. falta de medidas reglamentarias por parte del gobierno en
sus aduanas y en yus laboratorios de contralor, que sirviesen de dique ¡i
la invasión de adulteraciones protegiendo los pYoductos gemimos. Exa-
geradas ó no, estas denuncias lian producido un movimiento de opinión
que lia provocado en nuestros grandes diarios debates animados y con-
troversias muchas veces cómicas, llevando ¡i las esteras oficiales la con-
vicción de la necesidad de una reglamentación en la materia, pidiendo
al técnico del laboratorio normas seguras, como las que existen ya entre
nosotros, para un gran número de substancias alimenticias.
Mientras realizábamos en el laboratorio nuestras pacientes investiga-
ciones, el asunto llegó á su período agudo, produciéndose dictámenes y
proponiéndose soluciones que aprovechamos nosotros debidamente —
como más adelante expondremos — y más de una vez creimos que toda
nuestra labor sería estéril; pero al entregar estas páginas á la imprenta,
el problema sigue en pie y pensamos que si nuestro esfuerzo no ha lo-
grado lo que más por interés científico que por vanidad, hubiésemos am-
bicionado, no es poco demostrar lo impracticable de un camino para
ahorrar á otros esfuerzos que en otra dirección puedan triunfar.
En el estudio de materias alimenticias, para establecer el criterio de
pureza, el punto de partida es la definición rigurosa del producto (píese
juzga. Así lo han entendido los bromatólogos de autoridad reconocida y
los congresos internacionales para la represión de fraudes de materias
alimenticias : la yerba mate no escapa áesta regla y su definición, según
el eminente profesor doctor O. Hartwich 1 de Zuricli, sería traducida li-
teralmente :
« El té del Paraguay proviene de las hojas de numerosas especies del
género llex, familia de las aquifoliáceas» [4.2], en tanto que el Congreso
de la Cruz Blanca en su sesión de París de 1909 la sancionó en los si-
guientes términos [39] :
«Hojas desecadas y ligeramente tostadas, rotas ó groseramente pul-
verizadas, á veces mezcladas con fragmentos de tallos, de peciolos y pe-
dúnculos florales del Llex pttraguuriensis ¡St. llil. (Ilicáceas); no deben
haber sido privadas d^ su cafeína y deben contener como mínimum 1,25
por ciento de cafeína. »
Hay entre las dos definiciones una diferencia tan notable por la am-
plitud de criterio de la primera y la estrechez de la segunda, que no se
sabe si admirar el conocimiento exacto del asunto en el profesor suizo ó
lamentar la ausencia de nuestros delegados oficiales en el debate que
precedió á la definición del congreso; pero en cualquier caso, el invesli-
1 Las citas bibliográficas que se hacen en el presente trabajo, respecto de estudios
sobre yerba mate, se indican por medio de números entre paréntesis rectos con refe-
rencia al índice bibliográfico (pie se inserta al final de esta introducción. Las demás
citas se harán al pie de las páginas correspondientes.
123 —
gador se lialla. confundido y desorientado, falto de base segura y prácti-
ca. para, iniciar su trabajo.
lÓn electo, al limitar al Jlex para <iuari en sin St. II ¡1. las especies del
género admitidas, se obliga á. los técnicos encargados del contralor á.
buscar caracteres distintivos de las especies del mismo género, so pena
de cometer injusticia; y al fijar el mínimum de 1,25 por ciento de prin-
cipio activo sin determinar el método de evaluación por emplear, se des-
conoce evidentemente las variaciones que á este respecto presentan las
yerbas de pureza indiscutible — como veremos en su lugar — y se olvi-
da. la influencia del método en los resultados de análisis de este género
de substancias. Al i ora. bien, la empresa que representa la limitación pri-
mera, considerando tan sólo aquellas especies que pueden acompañar al
Jlex par ag liar iensis como impurezas ó falsificaciones, es por sí sola gigan-
tesca y de ello son prueba los trabajos deCador [23], Loesetier [25], Thé-
venard [31] y Londner 1 13] principalmente, cuya aplicación es limitada y
difícil, contra la opinión enunciada por el erudito profesor Juan A. Do-
mínguez 1 48] en un informe elevado al ministerio de Hacienda, y que se
explica solamente, teniendo en cuenta su excepcional competencia en
inicrografía vegetal, coincidiendo con nuestras reservas el eminente pro
fesor doctor Carlos Spegazzini [3(5] á. quien por largos años ha ocupado
y preocupado el problema.
Y si á las dificultades que crean las numerosas especies del género
Jlex, mezcladas posiblemente al I. paragna riemis, se agregan las que
provienen de la supuesta presencia de plantas como
Villarczia congonha (1). C.) Miers, Icaeináceas,
Villarezia mucronata. , I?, y P.,
Symplocos caparoensis Schwarke, Symploeáceas,
tfymplocos lanccolala ■ A. I). O.,
>Sy ni ¡llocos enriabais JMnst.,
Rndyea viyrsinifolia Benth., Rubiáceas,
liudgea major (Chain.) Müller,
Rapanea lactcvircns Mez, Myrsináeeas
Rapanea maicnsis Mez,
Rapanea guganensis Aubl.,
Lomatia obliqua (R. y P.) [47]
en mayor ó menor proporción y en un estado de división ó desmenuza-
miento variable y á veces extremo, fácilmente se comprenderá que la
tarea del micrógrafo experto se complica sin medida, transformando una
operación de contralor (pie debe ser por su propio carácter y objeto, rá-
pida, fácil y concluyente, sin réplica, en una investigación de gabinete
sin plazo y sin límites.
Si la. inicrografía. vegetal no ha alcanzado á resolver el problema, sino
cuando se trata de hojas en fragmentos de cierto tamaño, con operado-
1 24
nes laboriosas y en manos muy experimentadas, la química analítica lia
quedado todavía más atrás en la cuestión, porque no poseemos el cono-
cimiento exacto de la composición de las hojas antes citadas, ni siquiera
de las pertenecientes al género llex, dentro de las especies consideradas
como probables impurezas ó falsificaciones :
lle.v (lamosa Ileiss. var. : ’montevidensis Loes.,
Ilex amara (Well.) Loes.,
llex a (finís Garda.,
Ilex theezans Mart.,
llex euyabensis Ileiss.,
Ilex diurética Mari.,
Ilex eonoearpa lieiss.,
llex pseudothea lieiss.,
llex glazioviana Loes.,
llex congonhinha Loes.,
llex vitis idaea Loes.,
llex paltorioides lieiss.,
llex chamaedry folia lieiss.,
Ilex symploeiformis lieiss.,
llex cognata lieiss. [42], [47]
más ó menos frecuentes, algunas con propiedades bien marcadas y per-
judiciales y otras tan vecinas del i. paraguariensis que más merecen el
nombre de variedades y muchas muy estimadas [41bU].
MI eminente químico brasilero Ecckolt 1 11 1 emprendió la tarea hace
muchos años, pero no logró su lili ante las dificultades insalvables de
obtener las muestras de estudio que se le prometieron y que después de
17 años de espera no llegaron al laboratorio, tropezando en las piedras
que los yerbateros de mala fe iban colocando en su camino. Como Thé-
venard hacía notar, las propiedades de los llex son demasiado poco cono-
cidas; y algunos concesionarios de las selvas de mate son muy felices, al
poder entregar al comercio mezclas más ó menos complejas y se oponen
al estudio serio que pondría en evidente peligro sus especulaciones [31 1.
El establecimiento del patrón de cafeína sería la solución más simple
del problema, si la riqueza en principio activo de las hojas del J. para-
guariensis fuese constante ú obedeciese en sus variaciones á leyes cono-
cidas; pero ¿cómo podemos fundar una opinión seria á este respecto,
cuando la edad de las hojas, su mayor ó menor insolación, el suelo don-
de el árbol crece, el procedimiento de testación y la heterogeneidad do
la yerba manufacturada aunque pura (proporción de fibras, raicitas, etc.)
influyen tan extraordinariamente en aquel dato1!
Además, ¿qué cifra adoptaríamos éntrelas conocidas y debidas en
gran número á analizadores eminentes í Observemos cronológicamente
los datos admitidos hasta hoy :
125
Annltandoi*
Stonhouse [27] [29]
Stcnhouso
Stahlseltmitlt
Straucli
Wli rUíHcr .
Bialet [4]
Hofí'mann [13]
Byaason
Gay [37] . .
Peekolt [11],
I )smliov
Maoquaire [1.8] ...........
Katao [17]
Siedler (en ramas) [21].
Cerrado [34]. .............
Karsten y Olbinaims [38]. . .
A. Schiniper. .............
Kletzlnsky [4 lllis] .........
IJcrtrand y Devuyst. [40], . .
Alossamlri [50] .
Salmtiní 1
y convengamos en que, aún dejando de lado las cifras de Gay y Dauber
por exageradas, las restantes son suficientemente divergentes para per-
mitir falsificar, iones groseras si sólo á la riqueza en cafeína nos atuvié-
ramos.
La, opinión del público no nos ofrece tampoco asidero ni nos señala
rumbo en nuestra empresa. El gusto del consumidor es algo tan capricho-
so y variable, tan arbitrario y sujeto á influencias extrañas, que legislar
al respecto, fijando normas, sería tan eficaz como dictar leyes respecto
de modas en el vestir, imponer platos en el menú de nuestro pueblo ó
reglamentar los canta, ros que han de tararearse en nuestras callos. Los
fabricantes de yerba imite lo saben y al formar un tipo determinado, han
asegurado su triunfo consultando esos mil factores ocultos, desprecia-
bles en detalle, que el comerciante inteligente maneja como los hilos in-
visibles de un gigantesco teatro de títeres : y desde la forma del envase,
el nombre de la marca, los detalles del rótulo, el sistema del cierre, hasta
el color y el aroma de! producto, su estado de división y su sabor, han
sido discutidos y calculados, ensayados y lentamente modificados, antes
de pensar en la pureza de la substancia. En un molino nos han señalado
un caso elocuente del escaso valor de la opinión del consumidor : una,
fábrica, acreditó una, marca, formando su yerba con productos del Para-
1 Carta particular «le 7 de julio de 1915. Se trata de ensayos practicados sobre
siete muestras comerciales de distintos orígenes y preparadas según distintos proce-
dimientos; la, cafeína, se determinó por el método de Grandval.
gn ay y del Brasil mezclados, aunque se declaraba toda como paraguaya, ;
sobrevino una época de escasez de yerba paraguaya y la fabrica comen-
zó á aumentar la proporción de brasilera basta excluir la primera; cesó
aquel estado de cosas y la empresa reanudó la práctica de las mezclas
acercándose á la paraguaya; pero el público protestó creyéndose enga-
ñado, cuando en realidad no lo era, y la rúbrica dio la razón al consumi-
dor, tanto más que así consultaba sus propios intereses...
Es tan sugestionable el público, que actualmente la impresión do-
minante en el mercado es de recelo y desconfianza. Y la menor variante
en el color ó el aroma, el menor dejo de amargura que se note en el pro-
ducto basta boy familiar, bastan para que se, crea que la yerba es falsa
y que la yerba de anta , arovira, eauna, sapupenta, voadcira , mico , pimcn-
ta, congéna, etc., están actuando sobre el estómago, sino por sus compo-
nentes (ignorados ó pocos conocidos) al menos por lo exótico de sus nom-
bres. «Tefe de línea en el Chaco ba liabido que lia hecho fumar á sus
oficiales yerba mate, primero en mezcla con tabaco picado y luego pura,
sin despertar sospechas, aunque se trataba de fumadores entendidos, y
nosotros liemos experimentado con algunos colegas ese poder de suges-
tión, desecando adulterantes puros de yerba, cuya aroma era elogiado en
el laboratorio como proveniente de excelentes muestras de yerba mate.
Al discutir los resultados de nuestro trabajo y establecer conclusio-
nes, hemos de insistir sobre este punto, mas convengamos desde ahora
en que el investigador no puede alcanzar por ese lado para sus fines,
normas de conducta.
Con pleno conocimiento de las dificultades, emprendimos pues nues-
tra labor, en busca de una constante física ó química que permitiese
clasificar una yerba como pura ó adulterada y los capítulos siguientes
mostrarán el camino recorrido, los elementos de estudio á nuestra dis-
posición, el criterio que nos lia guiado y los resultados alcanzados.
Incluimos en seguida la bibliografía química sobre yerba mate que lie-
mos utilizado, por creer útil este resumen á otros investigadores, que
deseamos numerosos, esperamos impacientes y auguramos más felices
que nosotros.
mnLIOGKAFÍA QUÍMICA SOBRE YERBA ]\I ATM V SUS UALSli-'lUAClONMS
1 1 j. Bonpland (Ahilé).
Manuscritos inéditos existentes en el Museo de farmacología de
la Facultad de ciencias médicas de Buenos Aires, que lian comen-
zado á publicarse en 1914, bajóla dirección del profesor Juan A.
Domínguez. [Contienen datos numerosos sobre yerba mate.]
127
[l',lRJ. Paroim (Domingo).
185!). (N’otsi. sobre la composición de la yerba mate.
Buenos Aires, Revista Farmacéutica, 1, 281-282.
1 2 1. Mantegazza (Pao lo).
1800. Sulla America meridionale. Lettere mediclie.
Milano, 1 vol. 333 p. + 6 planclias. [Contiene capítulos dedica-
dos á estudiar plantas indígenas medicinales, citando análisis quí-
micos de diversos autores y observaciones propias.]
|3|. I’eokokt (Til.).
1808. Analyses de materia medica brasil eirá.
Pío de Janeiro, (bibliografía del profesor Juan A. Domínguez.)
|4|. Bialet y Massé (Juan).
1875. El mate.
Buenos Aires, Revista Farmacéutica, XIII, 208-275. [Contiene da-
tos químicos del doctor Pedro X. Arafca.]
[5J. Leguizamón (Honorio).
1877. Yerba mate. Observaciones sobre su cultivo y usos [y so-
bre sus componentes].
Buenos Aires, 1 vol. in 4o.
[0]. Akata (Pedro X.).
1877. Apuntes sobre la cera contenida en las hojas déla yerba mate.
Buenos Aires, A. 8. G. A., III, 132-130.
1 7 1. Akata (Pedro X.).
1877. Contribución al estudio del tanino contenido en la yerba
mate. 1
Buenos Aires, A. 8.- G. A., III, 257.
1 8|. Kylh (Juan J. J.).
1877. La yerba mate de Caá-Guazú.
Buenos Aires, A. 8. G. A., III, 42-45.
[!)]. Lenoble (Onésimo).
1878. La yerba mate.
Buenos Aires, A. 8. R. A, XII, 501-502. [Estudio que se publicó
(in Montevideo y contiene curiosos datos químicos que no han sido
después confirmados.]
[10]. Con i. (Emilio K.).
1879. Apuntes sobre la yerba mate.
Buenos Aires, 1 folleto in 16°, 32 p. [Recopilación y resumen
de los trabajos conocidos hasta la fecha y nuevas investigaciones
did doctor 1 )omingo l’nrodi.|
|ll¡. Peokoi.t (Th).
1882. VVien, Zcitschrift ñ. Allgcm. Apothekcr- Vercins, n° 19.
128
[12]. Epery (R. P.).
1883. Essai sur le maté.
París, 1 vol. in 4o. |Tesis del doctorado en medicina. |
| 1 8 1. IlANAITSSRlv (T. F.).
1881. Dio Nalirungs und Genussmittel.
Oassel. 1 vol.
[14] . Doublet (R. N. A.).
1885. Le maté.
París, 1 vol. in 8o. [Tesis del doctorado en Medicina.]
[15] . Oáitvet (D.).
1887. Nouveaux éléments de matiére medícale.
París, 2 vol., xii p 084 p. p 800 iig.j 104 1 p, p 701 íig.
[16] . Kuntz-Krause (IL).
1894. Beitriige zur Kenntniss von llex yarcujuayensis (Mate) und
ilirer chemisclien Bestandteile.
Uuenos Aires, A. *S'. ('. A., XXX VI II, 279.
1 1 7 1. K atz (B. Alexander).
1896.
Berlín, Gentralbl. fiir N’ahrungsmittel-Chemie, II, 261. Chem. Gen
tralbl., II, 671.
[18] . Macquaire (P.).
1896. Le maté, sa constitution, su composition cliimique et ses
propriétés pliysiologiques.
París, 1 vol.
[19] . Planchón (G.) et (Jollín (E.).
1896. Les drogues simples d’origine végétale.
París, 2 vol. : ll p 805 p. p 626 íig. ; 988 p. p 758 Iig.
[20] . Loesenkr (TIl).
1896. Beitr. z. lvenntnis d. Mate-Fllanzen.
Berlín, Berioht d.plumu. Gesselsclui/t.
[21] . SlEDLER.
1898.
Berlín, Berichte der deutschen phartn. Gesselschqft, V1TI, 828.
[22] . Polenske (Ed.) und BüSSE (W.).
1898. Beitr. z. lvenntnis d. Mate íáorten des llandcls.
Berlín, Arb. Kaiser l. Gesundlieitsamt, X V, 171.
[23] . Oador (L.).
1900. Anat. IJnters. d. Mate-Bliitter mit Beriicksiclitigung ilires
Gelialtes an Tliein.
Erlangen, 1 vol.
— 129
[24] . Tscmuoii (I)1 A.) und Oesterle (I)' O.).
1900. Anatomiselier Atlas der Pliarmnkognosie nuil Nalirungs-
mittelkunde.
Leipzig, 1 vol, vi -f- «‘i «5 2 -f- 80 pl.
[25] . Loesener (Tli.).
1901. Monograpliia Aquifoliacearum.
Halle, 1 vol.
[20 1. Dietericii (Karl).
1901. [Paraguay-Tliec odor Mate.]
lierichte Deutsch. Phann.GcsscIncli., 11, 258.
[27 j. Künig (1)'' J.) und Bomer (Dr A.).
1903. Chemisclie Zusammensetzung der menseliliclien Nali-
rungs und Genussmittel.
Berlín, 1 vol., xvm + 1535 p. [En las páginas 1018 y 1019
conf ine cuadros do análisis de diversas muestras de yerba, de llild-
wein, Byasson, Katz y otros. |
[28] . Neger (F. W.) und Vanino (L.).
1903. Der Paraguay-Toe.
St uttga rt, I vol.
[29] . Künig (I)’- J.).
1904. Die menschliclien Nalirungs und Genussmittel.
Berlín, 1 vol., xxv + 1557 p. [Contiene datos de composición
de diversas muestras y las cifras medias correspondientes á análi-
sis modernos.]
[30] . More a u de Tours (A.).
1904. Le Maté, étude liistorique, eliimique et pliysiologique.
París, 1 vol.
|3 1 J. TiiévenAim) (Maurice).
1900. Beclierches histologiques sur les Ilicacées.
París, Travaux de Laboratoire de m atiere médicale de PÉcole
supérieure de pliarmacie, IV, I -f- 149 -+- VI pl. [Dedica suma
atención á la yerba mate con gran acopio de datos histológicos,
químicos y comerciales.]
[32]. Planchón (Louis).
1900. Pi’écis de malicie médicale.
París, 2 vol. : 780 p. -j* 170 fig. : 858 p. -f- 314 fig.
[33 1. POUCHET (G.).
1907. Précis de pliarmacologie et de m atiere médicale.
París, 1 vol. 1 1 1 -f 879 p.
[8 1 ]. (Jorrado (Alberto).
1908. Contribución al esf lidio de la yerba mate.
Buenos Aires, 1 folleto, 09 p. [Estudio de verdadero mérito, so-
bre muestras definidas y con buena bibliografía. |
[35]. Vogl (A.).
15)08. I)ie wichtigstcu vegetabilisolien Nalmmgs und Genuss-
mittel.
Berlín, 1 vol.
[;>(>]. Seegazzini (l)1' Oarlos).
1909. Al través de Misiones.
La Blata, Revista de la Facultad de ay roño mía y veterinaria, V,
5) -J- 93. [Contiene los datos recogidos por el autor en su viaje de
estudio á través de los yerbales misioneros, del punto de vista bo-
tánico é industrial. j
[37]. Villiers (A.), Collin (Eug.) et Fayolle (M.).
1909. Aliments sucres, aliments stimulants.
Baris, 1 vol. 395 p. ( Estudia el mate del punto de vista anató-
mico y químico, 304-309. |
|3S|. Kaiístkn (l)1' ( íeorgj, Ootmanns (l)1' Fricdrieli).
1909. Lehrbucli der Bharmakognosie.
lena, 1 vol., vi + 358 p. + 513 fig.
[39J. F RANCHE (Olí).
1909. Compte-rendu des travaux du deuxiéme Congres interna-
tional pour la répression des fraudes.
París, 1 vol. in 8o, 1490 pp. [En las páginas 718 y 749 figura el de-
bate (pie promovió la definición que se adoptó después, página 1300.]
1 10). Berteanh ((L). et Devuyst (T.).
1910. La composition cliimique du IMaté du Brésil et de l’infu-
sion de Maté.
Baris, Bullctiu des Sciences pharmaeoloyiques, XVII, 349-353.
1 4 1 1 . Goitis (A.) et Fluteahx ((!.).
1910. Etat actuel de nos connaissances sur les plantes renl'er-
inant de la calcine.
Baris, Bulletin de Sciences pharmacoloyiques, XVII, 595) 01 5.
[41bisJ. 1P itt ti A (Gustavo R. P.).
15)10. Infor macees geráes sobre a exploracáo e cultura do Mate
on Congonheira.
San Pablo, 1 folleto, 83 p. [Bibliografía del doctor Luis Guglial-
meli].
[ 4 3 J . Hartwioii (l)1' C.).
15)11. Die mensclilichen Genussmittel, ilire Ilerkunft, Yerbrei-
tung, Gescliiclite, Anwendung, Bestand teile und Wirkung.
Leipzig, 1 vol., yiv + 878 p. + 34 tafeln.
131
[43]. Lendner (A.).
191 I. Conl ribui ion á l¡i étude des Ihlsiílcations du Mató.
Bern, Mitteil. ans <L (ícb. dcr lu'bensmificlnnlers v. Ihjijiene, II.
j 44 J. HÉItAlL (.).).
1912. Traifcé de matiere médicale.
París, 1 vol. xiv + 847 pp. + 448 íig.
[45]. Meoei (Gabriel).
1912. Cenizas de yerba mate, su composición química.
Unenos Aires, l folleto, 03 p. [Trabajo de escaso provecho por
no contener indicación alguna respecto de las muestras analizadas
en cuanto ó su origen, preparación, fraccionamiento, etc.]
|46|. Lavalle (Francisco (P.).
1913. La yerba paraguaya.
Buenos Aires, Revista de la Universidad de Buenos Aires, XXI,
05-82. [Estudio de la acción del calor sobre su composición quími-
ca, influencia del clima y del suelo en el cultivo de la planta y
mejoramientos en su elaboración.]
[47 ) . Beytiiien (D* A.), Hartwioii (I)r O.) uml Klimmer (DrM.).
1914. Handbuch der Nalirungsmittel Untersucliung.
Leipzig, 3 vol. [En la parte de botánica microscópica y en la de
fisicoquímica, dedican capítulos enteros á la yerba mate y sus fal-
sificaciones.]
[48] . Domínguez (Juan A.).
1915. [Informe técnico presentado al ministerio de la ilación.)
[Estudia el problema de la falsificación de yerbas; filé publicado en
extracto por los grandes diarios de Buenos Aires.)
|49|. S Á NO hez (Juan A.),
1915. [Conferencia sobro una nueva reacción de la congoniila mi
la. yerba, ma te adulterada.] |Fué publicada en extracto por los gran-
des diarios de Buenos Aires y dió lugar á una controversia en la
prensa.]
[50]. Alessandri (Prof. Jlr P. E.).
1910. Drogó e e piante medicinali.
Milano, ! vol. xv -j- 778 pp. -f- 207 íig.
MUESTRAS 1)E ANÁLISIS
Las muestras que utilizamos en id presente estudio corresponden á
envíos del ingeniero Carlos I). Giróla, director del Museo agrícola de la
Sociedad Rural Argentina en su casi totalidad, habiéndonos servido tam-
bien de dos muestras remitidas por la casa Domingo Barthe á pedido
del doctor Juan E. Sola. En los trabajos de comprobación de reacciones
aisladas, las casas de Freixas, Urquijo y compañía y de Enrique P. Or-
tega y compañía nos han proporcionado muestras diversas con una
amabilidad extrema (pie obliga nuestro reconocimiento, demostrando
siempre vehementes deseos de que se llegue a resolver el problema, de
las falsificaciones y ofreciendo su concurso á este fin en la forma (pie
consideremos más eficaz.
La colección del ingeniero Giróla corresponde á muestras recogidas
directamente en los yerbales ó en los molinos de yerbateros (pie son
propietarios de bosques, habiendo intervenido nuestro cónsul general
en Ilío do .lancho y los cónsules en Paranaguá, Pío Grande y otras lo-
calidades del Brasil para obtener las de este país.
liemos agrupado las muestras en tres divisiones:
a) Yerbas tipos del comercio, consideradas como genuinas ;
h) Yerbas adulteradas, con declaración expresa de la falsificación ;
o) Adulterantes puros, con designación vulgar.
Conservando en todos los casos la denominación original, con su or-
tografía anárquica y colocando entre paréntesis cuadrados los nombres
técnicos que les corresponderían si fuesen lo que su nombre vulgar per
mite suponer.
Las muestras analizadas fueron :
a) Yerbas tipos del comercio, consideradas como genuinas:
N° 1. Sarmiento, de Misiones (llep. Argentina).
N° 2. Naounday, de ¡Misiones (llep. Argentina).
N° 3. Flor de La industrial paraguaya, de Asunción (Paraguay).
N° 5. Guayrá de La industrial paraguaya, de Asunción (Paraguay).
N° (*. Yerba molida de La industrial paraguaya, de Asunción (Para-
guay).
N° 7. Flor sin rival de La industrial paraguaya, de Asunción (Para-
guay).
A. Yerba barbacuá, puro llex, de Misiones (Itep. Argentina).
N° 7,3. llex paraguay cusís (ó sea yerba mate) barbacuá superior, mo-
lida, lo mejor que se recibe del Paraguay, de Domingo Barthe.
N° IB. Extra especial, de Curitiba en Paraná (Brasil).
N° 2B. Especial, de Curitiba en Paraná (Brasil).
N" 315. Superior, de Curitiba. en Paraná (Brasil).
N" 1 15. Tercios, de Curitiba en Paraná. (Brasil).
N“ 5B. Inferior, de Curitiba en Paraná (Brasil).
Nu GB. Guimaraes especial, de Puerto don Pedro II en Paranaguá
(Brasil).
N° 7B. Nácar, de Puerto don Pedro 11 en Paranaguá (Brasil).
Nu 8B. Gustoza y Quequem, de Paranaguá (Brasil).
133
N° OI*. Sultana, de Curitiba, en Paraná (Brasil).
N" 10B. Extra especial, de Curitiba en Paraná (Brasil).
I>) Yerbas adulteradas, con declaración expresa de falsificación :
N° 7F. Yerba, viciada con caima (?) vassoura (?) y pimenteira (?), de
I p i ranga (Brasil).
N° SF. Yerba, viciada con caluma, de Ipiranga (Brasil).
N° 9F. Yerba viciada con congonba, de Ipiranga (Brasil).
B. Yerba barbacuá, con mucha congonilla, de Río Grande del Sud
(Brasil).
c) Adulterantes puros, con designación vulgar:
N° 1 F. Anta [ Villarezia macrophylla ] de Kío Grande (Brasil).
N° 2F. Aroeira, de Río Grande (Brasil).
N° 3F. Mico, de Río Grande (Brasil).
N° 4F. Pimenta, de Río Grande (Brasil).
N° 5F. Yoadeira, de Río Grande (Brasil).
N° OF. Sapupema, de Río Grande (Brasil).
N° Ga. Caona, caverá, congoinha, congonilla, etc., molida, de Río
Grande (Brasil) de don Domingo Barthe.
S/N. Congonilla pura f Villarezia congonlia].
Las cauna corresponden según Spegazzini, comúnmente, al Symplo-
cos uniflora y con menor frecuencia al Prunuft brasiUcnsis, llamado
también pcscguciro bravo.
Las muestras (pie se emplearon en reacciones especiales y de com-
probación fueron además las siguientes:
a) Congonba (Villarezia congonha), de Río Grande (Brasil).
b) Yerba canchada, de Paraná (Brasil).
c ) Yerba de San Francisco, residuo de yerba chilena.
d) Sasafrás de Río Grande (Brasil).
c) Mateína en hoja (Ilcx paraguariemis) de Enrique P. Ortega.
f) Yerba Mitre, elaborada en mayo de 1915 (Brasil).
y) Yerba, Mitre, elaborada en agosto 1913 (Brasil).
li) Yerba, Nato, elaborada en mayo 1915 (Brasil).
i) Yerba Negrita, elaborada en mayo 1915 (Brasil).
j) Yerba especial, elaborada en mayo 1915 (Brasil).
/,) Yerba, cultivada, do Bonpland en Misiones (Rep. Argentina).
MÉTODOS ANALÍTICOS
En la elección de los métodos de análisis se lia tenido en cuenta que
no se trataba de hacer el estudio de la composición química elemen-
tal, ni siquiera el análisis inmediato do las hojas de un vegetal, sino de
134
determinar la existencia de constantes y variables en los principios
inmediatos orgánicos y en los elementos minerales constitutivos de
mezclas heterogéneas provenientes del desmenuzamiento ó pulveriza-
ción grosera de hojas, peciolos, pedúnculos llórales y rundios jóvenes de
una ó varias espeeies vegetales, más ó nimios alteradas por la acción
del calor.
Nos preocupaba más obtener resultados comparables que datos riguro-
sos y por eso liemos elegido en muchos casos, métodos convencionales
que pueden ser substituidos ventajosamente por otros, en trabajos de la-
boratorio de carácter netamente científico.
En primer lugar, se lia hecho el fraccionamiento de las muestras por
medio de un tamiz de mallas de un milímetro, separando la parte que
pasaba á través del cedazo para todas las determinaciones y dejando de
lado el resto. Se ha querido con ésto colocar las muestras comerciales
en un mismo punto de partida, acercándonos á su homogeneidad más
perfecta, aumentando la proporción de materia noble, valga la palabra,
más pulverizable que las fibras, nervaduras, tallos, etc., y facilitando la
demostración de adulterantes que deben dominar en los demonios más
finos, como escapando al examen visual y rápido en ese estado.
No se considera como adulteración la presencia de palos, verdaderas
impurezas que la observación superficial revela y que indicarán en yer-
bas genuinas una calidad mejor ó peor.
Humedad. — Nos servíamos de una estufa bailo domaría, cuya camisa
de agua se conservaba á nivel constante mediante un refrigerante de
reflujo y cuya salinidad se había graduado, de modo que el termómetro
señalaba 100 °0. en el centro de la cámara. Las muestras en cantidades
muy vecinas de 5 gramos se mantenían en esta estufa, durante doce ho-
ras y se observaba la pérdida de peso alcanzada.
Ensayos preliminares indicaron que después de diez horas de calefac-
ción los pesos eran sensiblemente constantes.
Tjas cifras obtenidas en las demás determinaciones no se han calcula-
do en materia seca, por lo concordantes que son los datos de humedad
de todas las muestras estudiadas, aún entre las de más distinta proce-
dencia.
(lenizas. — Se obtuvieron en horno de mufla, á la temperatura del ro-
jo sombra, en cápsulas chafas de platino sobre diez gramos de substan-
cia, no siendo necesaria manipulación alguna ni adición de materias
auxiliares para que las cenizas alcanzasen la pureza exigida, sin que en
ningún caso se notasen principios de fusión ó adherencias á los reci-
pientes.
La característica de las cenizas ha sido la heterogeneidad en el color,
presentando partículas policromas, mezcladas con otras verdes, amari-
llas, grises, rojizas y blancas, por lo cual el dato de color anotado co-
— 135 —
rresponde el producto do la pulverización ulterior de las muestras que
se somol ieron á análisis.
Las cifras consignadas en los cuadros corresponden á 100 gramos de
cenizas libres de carbón que se determinaba como se indicará oportuna-
mente.
Fraccionamientos iior disolventes neutros. — El carácter de este traba-
jo nos indujo á apartarnos de los métodos que comúnmente se siguen en
análisis inmediato de vegetales eligiendo cuatro disolventes (pie em-
pleados sucesivamente sobre una. misma porción de las muestras nos
proporcionase extractos complejos en cuanto á constitución, poro fáci-
les de obtener con peso constante.
Se operaba con tetracloruro de carbono, cloroformo, alcohol de 90°
y agua destilada, sobre cinco gramos de substancia desecada previamen-
te á 100° O. Para los tres primeros disolventes se procedía en extracto-
res de Soxblet hasta completo agotamiento comprobado, llevando el úl-
timo residuo á un frasco de Erlenmeyer, donde en contacto con 200 cen-
tímetros cúbicos de agua destilada, después de haber desalojado el alco-
hol por evaporación, permanecía durante cinco días á la temperatura
ambiente y con agitación frecuente.
El extracto primero (CCIJ presentaba un color verde profundo y opa-
co, un aspecto homogéneo, con un olor fuerte y variable según las mues-
tras, conteniendo cera, materias grasas y colorantes y algunas resinas,
así como gran parte del principio activo, no podiendo decirse que la le-
talidad por la desecación previa, que las muestras sufrían.
El extracto segundo (001,11) poseía una coloración verde intensa, al-
go transparente, un aspecto homogéneo y un aroma agradable, excepto
en algunos de los adulterantes, exagerándose en la pimenta y en una.
muestra, de yerba con caima : contenía, como el anterior pigmentos, resi-
nas y algo del principio activo.
El extracto tercero (CáHsOH) estaba teñido en ver de claro, perfectamen-
te transparente, brillante, separándose en escamas parcialmente y con olor
muy suave y no desagradable. Además de las substancias colorantes arra s-
tradas, contenía resinas, substancias albuminoideas, toninos y azúcares.
El extracto cuarto (11,0) coloreado de amarillo verdoso que se inten-
sificaba por el calor, era. homogéneo, difícil de secar, transparente y con-
tenía colorantes, hidratos de carbono, una. parte del tanino, materias
albuminoideas y sales minerales y orgánicas.
1 Pudro N. Aiiata, Análisis inmediato de los vegetales. Buenos Aires, 1879 ; Ai.-
j-’K kdo N. Ai.t.kn, Comercial Organie Analysis , I. 429 y siguientes. Londres, 1898;
I Ui a<¡ kn hoiti.'i.' v Scui.audkn'u aukkn, .1 nalyso des vdgólmi.r (líneyolopi'dlo Préniy) ;
L. Uosi’.ntiiai.kr, (InnahUgr der rlinnisohcn I'jlanzcnnntcrsuclnntg, Berlín, 1901; 1'’,.
II Kit imito Puci.otix. Contribución al estudio do lo i\tioromrria nigniioides (llierony-
nuis), (mi liceísta del Masco do La ¡'lata, XVII!, 34 y siguientes. Buenos Aires, 1911.
HF.V. Ml'StíO I.A 1*1. ATA.
T. XXIII
10
Todos los extractos so evaporaron á 100°ü. excepto los acuosos que
se secaron entre 105° y 110°C'., usando siempre matraeitos de cuello
ancho ó cápsulas de vidrio lí.
bJxtracto acuoso directo. — El estado de división de la substancia fa-
vorecía la obtención de este extracto á la temperatura ambiente, actuan-
do con dos gramos de cada muestra y 200 centímetros cúbicos de agua
destilada, prolongando el ataque durante cinco días con agitaciones fre-
cuentes, filtrando después sobre filtros puros y despreciando la primera
fracción del líquido filtrado.
Sobre este líquido se practicaron las determinaciones siguientes:
a) índice de refracción, á 20° C. , utilizando un refractómetro universal
de Féry, regulado de modo que trabajando con luz monocromática diese
para el vidrio del aparato 1 *
3TB = 1.51 11
b) Poder rotatorio, observando con tubos de cien milímetros y luz mo-
nocromática en un polarímetro de Lippich.
o) Resistividad eléctrica, utilizando un puente de Koldrauschy usando
como vaso uno de Arrhenius con electrodos de platino platinado y ter-
mómetro. Las medidas se hicieron á 18°C. con variaciones no mayores
de medio grado, habiendo determinado las constantes del aparato, á fin
de facilitar comprobaciones y hacer comparables nuestras cifras, siguien-
do el modo operativo conocido
d) Cenizas que se determinaron sobre el extracto obtenido en cápsulas
de platino, desecando entre 105 y 110°C. una fracción del líquido para
obtener por pesada la cifra correspondiente á extracto acuoso directo y
llevando después á la mufla hasta incineración completa al rojo sombra.
El punto de fusión de estas cenizas era bajo y la coloración verde ma-
nifiesta de muchas, demostraba ya la presencia de cantidades notables
de manganeso bajo forma soluble.
c) Alcalinidad de las cenizas del extracto, que se calculó en 11,80, y
se determinó agregando un ligero exceso de 11,S04 en presencia de
n
heliantina y evaluando el ácido no combinado con K(OII) — , pero sin
llegar á neutralidad completa y haciendo con un ensayo blanco la correc-
ción necesaria 3.
1 (JiiAiti.KS Fí:uv, Un nuuvcau refravtoinblre en Les nuuveaulós clt ¡liliquea, l'aría, 1003.
8 W. Ostwald y lí. LüTUifiK, Manuel peal ¡que des mesures pliysico-chimiques, París,
1001. (Traducción de Ad. Jouve sobre la 2a edición alemana).
•3 Max Klostuismann, Die wivhtiijsten Methoden zur Untcrsuchung dev Nahrungs- und
Uenussmittvl, en ¡landbucli d. Uiuvh. Arbcitsmclhoden\ll, 100-dñl. Borlín-Yiona, 1013.
137
f) Tanino del extracto determinado cuantitativamente por el método
de Lowcnthal ' eon preferencia. al procedimiento adoptado por la Aso-
ciación internacional de la industria del cuero, por las razones anotadas
al comienzo de este capítulo.
Además, se realizaron experiencias para caracterizar cualitativamente
el tanino de las yerbas genuinas y de los adulterantes, de las cuales sólo
figuran en los cuadros las correspondientes al alumbre férrico, el agua de
bromo, ácido sulfúrico y formación de tanoformos ó reacción de Stiasny.
Extracto alcohólico directo. — Se obtuvo en la misma forma, (pie el ex-
tracto acuoso y solo se utilizó para llegar á la cifra correspondiente á
materias solubles en alcohol de 90°, en frío y directamente y para deter-
minar el índice de refracción como en el caso anterior, teniendo en cuen-
ta que el alcohol empleado poseía un índice
= 1.302(1
á la. temperatura de 29°<J. La evaluación del tanino soluble en alcohol
se hizo por el método ya indicado.
Ázoe total y materia proteica. — Se empleó el método de Kjeldald, con
el líquido de ataque preconizado por Wilfartli y siguiendo en todo el mo-
do operatorio aconsejado por Konig 1 2.
La materia proteica se calculó multiplicando el ázoe total por el factor
empírico 0,25.
Azufre total. — Aunque en el estudio cuantitativo de las cenizas el
dato del azufre debía encontrarse, quisimos obtener el dato directo co-
rrespondiente. á azufre mineral y orgánico y para ello utilizamos la
bomba de Maliler, donde en presencia de oxígeno comprimido á 25 at-
mósferas, quemábamos pastillas de un peso medio de tres gramos de
muestra, colocando previamente en el fondo del obús 19 centímetros cú-
bicos de agua, destilada.
Por lavado cuidadoso de la. bomba con agua destilada, se obtenía, un
líquido turbio que, alcalinizado con hidrato potásico y acidulado luego
con ácido clorhídrico, nos permitía eliminar la sílice de las cenizas pro-
ducidas y valorar el azufre bajo la forma de sulfato bárico con el modo
operatorio clásico.
Cafeína (materna f). — La evaluación del principio activo se hizo, adop-
tando el método que podría llamarse de Lendrieli-Nottbohm-Katz 3 des-
1 Amihkt Míenmele, Gotas d’ana h/nc quanlitativc den produils de V industrie eltimi-
i/ite, 432 y siguientes. Bruxellcs, 1912.
2 •(. Künio, Untc.nnehnny von Nalirnngs, fícnnssmíHeln nnd Gcbrauchsgegcnstmtdcn ,
210 y siguientes. Iterlín, 1910.
* K. IjKNDIUCU y E. Nottuoum, Zcitnrhr. f. Unten, d. Nalirunr/s- nnd GcnvssmUtet.
XVII, 219; XVIII, 299. Berlín, 1909 ; J. Katz, Arch. d. Pharm. XLII (1901).
pues de haberlo sometido ¡i un estudio previo y haber comprobado la
comparabilidad de sus resultados.
El modo operatorio puede explicarse así : 20 gramos de materia pul-
verizada « 1 mm.) se mezclan bien con 10 centímetros cúbicos de
agua destilada y se dejan en inaceración 2 horas, removiendo á menudo.
Después se lleva la materia húmeda á un cilindro de extracción de
Schleicher & Schiill y en un tubo de Soxhlet se extrae por tres horas con
tetracloruro de carbono, calentando á fuego directo. Nosotros prolonga-
mos la extracción hasta decoloración completa del líquido del sifón y
calentábamos en baño de muría muy activo.
El ex tracto se adiciona con 1 gramo de parolina y se (‘vapora el le-
traeloruro de carbono en baño de muría; se extrae con agua hirviendo
cuatro veces; primero con 50 centímetros cúbicos y tres veces más con
25 centímetros. Se filtra el líquido frío á través de filtro mojado y se
lava éste con agua caliente.
Después de enfriar, se añade 10-30 centímetros cúbicos de KMn04 al
1 por ciento y se abandona por 15 minutos; se agrega agua oxigenada
al 3 por ciento (conteniendo en 100 cma, 1 cm:l de ácido acético) hasta
decolorar y se calienta en baño de maría 15 minutos, filtrando en caliente
y lavando con agua caliente. Se evapora el líquido en baño de maría, se
seca el residuo á 100°0. y se extrae con cloroformo caliente.
Filtrado éste y evaporado en baño de maría da la cafeína (mateína"?)
bastante pura y muy bien cristalizada en agujas ó haces radiados de un
color blanco amarillento.
Oxalatos solubles ó ¡usolubles. — La proporción exagerada, (pie en un
ensayo obtuvimos con uno de los adulterantes de yerba (anta) nos indu-
jo á determinar el ácido oxálico (pie las hojas pudiesen contener bajo la
forma de oxalatos solubles é insolubles.
El método adoptado filé el preconizado por Berfhelot y Andró 1 que
ya habíamos empleado en ot ra ocasión con resultados muy comparables ".
Para extraer ios oxalatos solubles somet imos 25 gramos de las muestras
á la acción del agua hirviendo durante una hora y después las dejamos en
inaceración durante 24 horas más; se repitió este ataque y los líquidos
resultantes mezclados se filtraron, se acidularon con ácido clorhídrico,
se llevaron á la ebullición algunos minutos y se filtraron de nuevo.
Para extraer los oxalatos insolubles, se procedió de igual manera, pe-
ro atacando 50 gramos de hojas con una solución clorhídrica formada
por 400 centímetros cúbicos y 25 centímetros cúbicos de ácido clorhí-
drico.
1 M. Buhtiiui.ot, Chimie vógótale el agrieole, III, 217 y siguientes. París, 1899.
8 E. IIkukioi») Duci.oux y 0. E. SpuGazzini, Dalos sobre la ladina rliombifoiiu
(llook.) cu liceísta de la Universidad de Hítenos .tires, XV, 890-112 Buenos Aires, 1911.
La precipitación en ambos casos se lu'zo, agregando á las soluciones
acidas obtenidas amoníaco, produciéndose nn precipitado complejo, for-
mado por oxalafo calcico mezclado con sulfato calcico, ácido fosfórico,
materias colorantes, sales orgánicas y otras impurezas. Se agregó ácido
bórico en solución concentrada para disolver las sales orgánicas extra-
ñas y luego se aciduló fuertemente con ácido acético, se añadió acetato
calcico y se calentó en baño do maría. Recogido en un filtro este precipita-
do así purificado, fué redisuelto en ácido clorhídrico, repitiéndose la ope-
ración descripta dos veces más; y, calcinando y pesando luego el oxalato
calcico transformado en carbonato y después en sulfato de la misma ba-
se, se anotaron los resultados que en los cuadros figuran.
Reacción de fluorescencia. — La reacción hallada por el doctor Juan A.
Sánchez [49] para distinguir la yerba mate pura de la yerba adulterada
con congonilla, mereció toda nuestra atención, pues aunque su autor só-
lo la ] ireconizaba para descubrir una. de las falsificaciones probables, se
trataba en realidad de la más coman y de cualquier modo representaba
un paso importante en el terreno donde queríamos penetrar.
(Jim suma, gentileza, y por medio del doctor Angel Sabatini nos comu-
nicó el doctor Sánchez los detalles de su modo operatorio que pueden
sintetizarse así: 0,10 gramos de yerba más 5 centímetros cúbicos de
agua, dos! iluda, so someten á temperatura, de ebullición durante un mi-
nuto; se filtra y so agrega al filtrado la. mitad de su volumen de formal al
40 por ciento; se añade enseguida un volumen de ácido clorhídrico con-
centrado igual al volumen total del líquido obtenido por la adición del
formol, se hierve la mezcla durante cinco minutos y se filtra. El líquido
filtrado se observa á la luz solar y si tiene congonilla la muestra, exami-
nada, (aún en la proporción de 10 por ciento) debe presentar una fluo-
rescencia verde).
Siguiendo en todos sus detalles este procedimiento, pero observando
los fenómenos de fluorescencia en el haz luminoso de una lámpara de
arco liliput de Leitz, como fuente poderosa y constante de luz blanca,
para independizarnos de las variaciones del cielo y poder trabajar en
cualquier momento, sometimos á experiencias todas nuestras muestras,
repitiendo en muchos casos las observaciones y aún comprobando las
lluoroseeneias obtenidas mediante una lámpara, de arco de luz ultra vio-
leta do Leitz y trabajando fuera, de la influencia de luces extrañas en la
distinción de fluorescencia y opalescencia, de acuerdo con Ostwald y
Luther, con luz polarizada.
Los resultados que en los cuadros figuran corresponden á las observa-
ciones hechas en la luz blanca de la lámpara de arco de Leitz, sobre los
líquidos límpidos que el procedimiento permito preparar, obteniendo
una fluorescencia fuer te, en las diez y ocho muestras tipos, con variacio-
nes de intensidad poco notables, en las cuatro muestras adulteradas y
-- 140 —
en las ocho muestras de adulterantes puras, notándose una debilitación
bien visible en dos de éstas (aro eirá y sapupema).
La sorpresa que estos resultados inesperados nos produjeron nos lle-
vó á experimentar con otras yerbas que señalamos al hablar de las
muestras con las letras a k, once en total, podiendo comprobar que to-
das daban igual reacción, unís intensa en a (eongouha de líío (¡runde)
pero notable en las demás y sin que pudiese distinguirse la d (sasaírás
de Itío Grande) délas otras muestras, yerbas comerciales de diferente
calidad, pero acreditadas en el comercio.
El problema se planteaba en esta forma : todas las yerbas tipos co-
merciales daban la reacción, como asimismo las yerbas adulteradas con
declaración expresado su falsificación ; todas las muestras do adulteran-
tes daban también la reacción, aunque fuese débil en las señaladas co
mi) aroeira y sapupema ; debíamos, pues, admitir que nuest ro est udio se
había hecho sobre yerbas adulteradas en su totalidad ó suponer que la
reacción no poseía el valor que su autor le señalaba, aunque debía reco-
nocerse siempre en él un espíritu de observación digno de elogio y pro-
pósitos altamente nobles que sobradamente disculpaban un posible
error.
Para salir de dudas, reclamamos del ingeniero Carlos 1). Giróla una
confirmación de sus cartas ya citadas y verbal mente primero y luego
por escrito 1 insistió en que las muestras de yerba tipos comerciales de-
bían considerarse como genuinas, por las precauciones adoptadas en su
recolección. \r como si esto no bastase, nos dirigimos á la casa Enrique
P. Ortega y compañía en busca de hojas enteras de lia v paraguaricnsis,
que se nos proporcionaron con una amabilidad que nos apresuramos á
agradecer, obteniendo además una declaración expresa y firmada por el
señor Enrique P. Ortega 2, asegurando que las muestras que se nos en-
tregaban eran de una completa é indiscutible pureza.
Realizamos entonces ensayos con hojas casi enteras, aisladas y elegi-
das al azar y también con varias á la vez, pulverizadas como las ante-
riores, por nosotros, y en todos los casos la fluorescencia verde apare-
ció, con la misma intensidad que en nuestros ensayos primeros y en
otros que realizamos con hojas secas de vid, de ombú, de sombra de
toro, etc.
Además ensayamos una muest ra de yerba procedente de llonpland
(Misiones) y obtenida por cultiro, remitida por su propietario para cono-
cer su riqueza en cafeína y el resultado fue también positivo.
Llegamos pues al convencimiento de que la reacción de fluorescencia,
practicada por nosotros según el modo operatorio ya indicado, carecía
1 Carta particular, lecha 28 de junio de 1015.
s Carta particular, fecha 7 de julio de 1015.
141
por completo <le valor pava permitirnos distinguir, en nuestras mues-
tras, las yerbas genuinas, de las yerbas adulteradas y de los adulteran-
tes puros.
Reacción <ic albuminoides solubles. — Al estudiar las propiedades dé-
los taninos solubles en agua, en presencia de ácido nítrico concentrado,
pudimos observar la, formación de anillos opacos y aún precipitados
más ó menos abundantes después de algún tiempo, operando con las
muestras de yerbas adulteradas y con los adulterantes y aún con al-
gunas yerbas comerciales. (Jomo esta, rea, oció», podría atribuirse á albú-
minas solubles en agua y aún á globulinas que hubiesen sido solubilida-
des por las sales contenidas en las muestras, el doctor Carlos A. Sagas-
turne practicó ensayos, colaborando con nosotros, haciendo maceraeiones
con agua destilada y con cloruro sódico al 8,50 por mil y provocando la
formación de anillos por superposición de estos líquidos en ácido nítri-
co concentrado.
En las muestras de adulterantes puros que estudiábamos, el resulta-
do fue negativo, siendo positivo y bien visible, aunque con intensidad
variable, para las yerbas tipos del comercio ; pero debe hacerse notar
que también fue negativo en tres muestras de yerbas adulteradas (7 /,
8/ y 9/) y ésto quita á la reacción el valor que hubiésemos querido
atribuirle.
También ensayamos con el doctor Sagastumo la acción del sulfato
magnésico, disuelto hasta, saturación en los líquidos obtenidos por ma-
eeraeión, presentando todos una tu rlmlez que se acentuaba, sin embargo,
en las muestras de la serie /, excepción hecha de la 3,/’ (mico) que se
acercaba mucho á las yerbas tipos.
Calor de combustión. — Pedimos también á este método físico la so-
lución que buscábamos, aprovechando las primeras evaluaciones de azu-
fre total que realizamos con el obús calorímetro de Mahler ; pero nos
detuvimos en la primera serie, ante los resultados alcanzados y nos li-
mitamos á la determinación del azufre, como indicamos oportunamente,
sin medir variaciones de temperatura, sin observar las precauciones
que las observaciones calorimétricas exigen.
Como lo habíamos experimentado para las mantecas y sus falsificacio-
nes esta constante física, era, inútil, tratándose de las muestras de
yerbas examinadas. Pos datos que en los cuadros se incluyen corres-
ponden á la primera serie, única considerada.
Composición de las cenizas. — Buscamos también en este terreno la solu-
ción ansiada, y con tal fin, se hicieron los análisis sumarios de las ceni-
zas, comprendiendo sin embargo que la diferente constitución del suelo
' K. y I.. H küukuo Dcci.ocx, natos calorimétricos <le mantecas argentinas, »>» ¡icris-
ta de, la Facultad de agronomía i/ veterinaria Y, Píi-IOG. La Plata, 1000.
142
y las variaciones de clima en los distintos puntos de procedencia de las
yerbas, así como la inllucncia de la edad de las hojas, de la época de su
recolección y de la mayor ó menor proporción de elementos extraños
(libras, pedúnculos, peciolos, etc.) inlluirían en los dalos por obtenerse y
Inician inútil en principio la investigación de niélales raros que acci-
dental ó incidentalmente podrían encontrarse.
La alcalinidad en (11, SO,) se determinó como queda dicho al tratar de
las cenizas del extracto acuoso y esto nos evita repeticiones. De las ci-
fras obtenidas sobre un gramo de cenizas, dedujimos por cálculo el
anhídrido carbónico (CO„) que como se comprenderá no es el contenido
realmente por las cenizas, sino el que se considera necesario para, sa-
turar las bases alcalinas y aloalinoterrosas no unidas á ot ros ácidos.
El ácido clorhídrico (en 01) se valoró volumétricamente en una solu-
ción acuosa de un gramo de cenizas por id método de Volhard modifica-
do por ltofhmund y Jbirgstlialler l.
Los demás elementos que figuran en los cuadros se hallaron siguiendo
la siguiente martilla sistemática :
Oiiat ro gramos de cenizas fueron at acados por ácido clorídrico diluido
(I : ñ) y adicionado de unas golas de ácido nítrico; se llevó ó sequedad
en baño de loaría y se repitió el ataque con una pequeña cantidad de
ácido clorhídrico puro y unas gotas de ácido nítrico, se evaporó en baño
de muría y se llevó luego á la est ufa, manteniendo el residuo por dos ho-
ras á 120°0. Se dejó enfriar, se atacó con ácido clorhídrico concentra-
do, en frío, durante media hora, removiendo bien la masa salina y se
agregaron 200 centímetros cúbicos de agua destilada; se calentó en ba-
ño de maría, agitando, y se filtró á través de filtro tarado seco, lavado
con agua caliente é intercalando algunos lavados con ácido clorhídrico
al 20 por ciento. Se secó el filtro con el residuo, entre 105 y 1 y se
pesó; se llevó á la mufla, se mantuvo allí al rojo vivo y después sobre
un mechero de Meker y se pesó de nuevo : este último peso se consideró
como anhídrido silícico (Si ()„). Por diferencia entre las dos pesadas se
obtuvo el carbón de las cenizas.
El líquido se llevó á 500 centímetros cúbicos y se hicieron tres frac-
ciones, así :
a) 250 centímetros cúbicos fueron neutralizados con amoníaco y luego
acidulados con ácido clorhídrico en la proporción de 1 por ciento, lleva-
dos á ebullición y precipitados con cloruro bórico, siguiendo el modo
operatorio aconsejado por 1 1 illebrand 2 hasta pesar el sulfato bórico que
se calculó en anhídrido sulfúrico (SO.,).
1 F. P. Treadwiíli., Chimie aiiuli/tique, II, 6 (i -i. París, 1912.
• W. F. Iln.LisiíKAXD, The analysis of silicato and carbonate rocha, l!)ti-l!)7. Wash-
ington, 1910.
— 143
b) 1.25 centímetros cúbicos fueron adicionados con ácido nítrico, di-
luidos con a f;Ha. á. .'500 centímetros cúbicos y llevados á la I empeiatura.
de ebullición ; se alealinizó con amoníaco, agregándolo poco á poco de
modo que la. ebullición persistiese sin sobresaltos, y se mantuvo así
hasta que el olor de amoníaco casi desapareció. Se filtró en caliente y rá-
pidamente, lavando con agua hirviendo y reservando el líquido filtrado,
se redisolvió el precipitado obtenido con ácido clorhídrico y se repitió
la operación mi todos sus detalles dos veces más. 101 precipitado obteni-
do en la. tareera, libración, se secó, se. calcinó libre del filtro y so pesó
como suma de anhídrido fosfórico , óxido férrico y alúmina
-f- Ke.,0.,-1- Al. A los ensayos que en la primera, precipitación daban
un precipitado blanco ó amarillento se agregaba un volumen conocido
de una. solución valorada de cloruro férrico.
101 precipitado complejo (P20..-j-Fe20.,-j-Al, O.,) se utilizaba para de-
terminar volumétricamente el óxido férrico (Fe, O.,), reducido á sal ferro-
sa. mi solución sulfúrica por el método clásico de Margueritte.
Los líquidos obtenidos en las tres precipitaciones y lavados, se eva-
poraban á sequedad, se calcinaban ligeramente y se redisolvía el residuo
en ácido clorhídrico con una pequeña cantidad de ácido nítrico. El líqui-
do así obtenido se neutralizaba, imperfectamente con amoníaco, se agre-
gaba. un exceso de agua de bromo y más amoníaco, y se llevaba á ebu-
llición, siendo el volumen no menor de 800 centímetros cúbicos. El
precipitado obtenido se redisolvía y se repetía la operación, secando y
calcinando el segundo precipitado para pesar el manganeso como óxido
salino y calcularlo en óxido mayan oso (MnO).
Cuando el ensayo cualitativo acusaba pequeñas proporciones de man-
ganeso, recurríamos al método colorimétrico de Walters 1 y utilizando
para las medidas un colorímetro de Dubosq perfeccionado, de grandes
columnas.
El líquido resultante do la separación del manganeso y de la segunda,
precipitación, se empleaba, para determinar la cal, precipitándola por el
procedimiento clásico como o x al ato y calcinando y transformando el pre-
cipitado en sulfato eálcico que pesado se calculaba, en óxido calcico (Ca.O).
En el líquido libre de cal se precipitó la magnesia, siguiendo el modo
operatorio de Jarvinen 2, pesándose al estado de pirofosfato magnésico
y calculando como óxido magnésico (MgO).
c) 125 centímetros cúbicos eran tratados como en el caso anterior, es
decir, precipitando el conjunto (Pi,0;.-j-Ee.,03 + AUO.,), pero en una sola
operación, puesto que la purificación del precipitado no nos interesaba. Se
disolvía el precipitado en ácido nítrico y se determinaba el ácido fosfó-
1 II. I'.. Wai.tuiss, Chemical Neint, LXXX1V, 230. Londres, 1001.
v K. K. .JXitviNKN, Zt'¡lnchr, f. toad, l'lirmir, XLIV, 335. llerlín, 1005.
rico al estado de fosfomolibdato amónico según Finkener, pero haciendo
la precipitación por el nitromolibdato amónico, en presencia de citrato
amónico y á la temperatura del baño de muría durante una hora. Se cal-
culaba luego como anhídrido fosfórico (P.,()..) y por diferencia se obtenía
el ó.vido <lo aluminio (A1„0;I) pues ya conocíamos el peso total de los óxi-
dos de hierro y de aluminio y el anhídrido fosfórico por la fracción h y
el peso del óxido férrico determinado volumétricamente.
l'J.vpvricucia.s (¡uímicobiolóyican. — Los interesantes resultados obte-
nidos en estos últimos años en los métodos bioquímicos para distinguir
las substancias proteicas de origen vegetal, en el estudio de las falsifica-
ciones de materias alimenticias, gracias á las investigaciones de Schiitze,
lvowarski, llelander y Iku farelli entre otros ', nos hicieron buscar cu est e
rumbo algunos datos y con tal lin, aceptamos el ofrecimiento del doctor
Carlos A. Sagastume de prestarnos su inteligente colaboración.
lie aquí expuesto por el mismo doctor Sagastume, en síntesis, lo que
en este campo se realizó.
Se trató de ensayar la acción de las yerbas sobre los sueros normales
de cobayo y do conejo, comenzando por estudiar si existía toxicidad
para estos animales de parte de las yerbas (ti) y (¡á/N).
I. a) Cobayo : Soporta sin reacción aparente, inyecciones subcutáneas
de dos centímetros cúbicos de numeración (G) al 2 por ciento en H2()
al 8,50 por mil de NaOl. Se practicó una inyección diaria durante tres
días ;
b) Cobayo : Igual experiencia con numeración S/N. Igual resultado;
c) Cobayo : Por vía intraperitoneal : Maeeración (G) al 2 por ciento en
IPO fisiológica:
Primera inyección de 3 centímetros cúbicos
( ! ramos
Poso «lo l animal momentos untos do la inoculación y
después do 12 horas do ayuno ISO
Peso del animal cuatro días después 4li5
Segunda inyección de 3 centímetros cúbicos á los cuatro días de la primera
Poso ilol cobayo 4 (Jó
Poso, cuatro días después do la segunda inyección . 110
líl animal murió 48 horas más tarde.
d) Cobayo : Las mismas inoculaciones por vía intraperitoneal, se repi-
1 J. Konig, Chemie der mcnschUchcn Nahrungs- and Genussmittel, 111, Ia parte, 330.
llorlín, 1010.
145
tieron con maeeración S/N, y el animal murió á los seis días de la pri-
mera. inoculación.
c) Cobayo : Practicadas inoculaciones intraperitoneales, no ya de ma-
ceraeión, sino de infusión de 2 gramos de yerba (0) en 100 centímetros
cúbicos de 11,0 destilada y abandonada á enfriamiento espontaneo, el
animal soportó tres inyecciones con intervalos de tres días entre cada
una observándose una ligera diminución de peso.
f) Cobayo : Repetida exactamente la experiencia anterior con infu-
sión (H/.N) se observaron iguales resultados.
Los hechos apuntados indican que las yerbas ((!) y (S/N) no encierran
á las dosis mencionadas, productos tóxicos para el cobayo, pues aunque
las inyecciones intraperitoneales de macera ción produjeron la muerte de
los animales, esta tuvo lugar al cabo de varios días; tiempo más que su-
ficiente para el desarrollo de una infección secundaria, aportada por la
misma yerba que no filé previamente esterilizada. Probablemente por
ese motivo, las infusiones no ocasionaron la muerte de los animales.
II. Se ensayó luego, si las yerbas podían engendrar, anticuerpos en el
seno del organismo animal.
Practicada una inyección semanal, los conejos no resistieron más que
tres inyecciones intraperitoneales de 10 centímetros cúbicos de macera -
ción al 2 por ciento, (blando por la gran diminución de peso y el estado
general, se notó que los animales iban á sucumbir, ensayado su suero, no
contenía, anticuerpos capaces de desviar el complemento, ni precipiti-
nas específicas. Solo en un caso, el suero de un conejo preparado con
inaceración de yerba (G) acusaba una muy débil desviación del comple-
mento. Activando sobre maceración (S/N), el mismo suero, no se repitió
el fenómeno.
Estas experiencias no habilitan á creer que haya habido reacción es-
pecífica. Las dificultades para llegará, un método de diferenciaciones por
vía biológica, saltan á la vista. La esterilización no es nunca completa
sinose llega á temperaturas superiores á 130° -140° ó bien por ebulli-
ción que se prolongue más de 20 minutos. Como la. molécula proteica
que es la generadora «le los anticuerpos específicos, se altera en esas con-
diciones, se trabajó con maceraciones á 20° durante 24 horas. Por otra
parle, según lia sido ampliamente demostrado, las especies animales muy
afines, no reaccionan biológicamente. Lo mismo debe ocurrir con los ve-
getales, y éste era nuestro caso.
CUADRO 1. — Y le K n as
Ñuta. — Los (latos químicos corresponden á 100 gramos de substancia, en todos los cuadros
1 47
ANÁLISIS
TIPOS PICT. COM KHOTO
(¡nayril (Paraguay)
Mor sin rival (Paraguay )
Flor «I i • Oys (Paraguay)
29.8
70.2
2480
3.033
1.047
7.440
precipitado azul verdoso
precipitado ninnriilo claro
anillo blanquéenlo
1 . 3029
0.530
2 . 288
14.300
0.105
0.1715
0 . 008
0 . (54 1
imlaMc
anillo muy visible
r.
39.0
61.0
9 . 366
7.177
6 . 952
2 . 558
1 2 . 028
13.940
30.750
1.3330
-f 0°19
2380
3 . 803
0.962
7 . 103
precipitado azul verdoso
opalescencia
anillo amarillo pardo
28.300
Yerlm molida (Pnragun.v )
5
63.5
36.5
9.433
8 . 652
7.348
3 . 680
18.220
15.000
29 . 300
1.3331
-f0°17
2470
3 . 288
0.842
8.200
precipitado azul verdoso
ligero precipitado amarillo
anillo amarillo
27.100
1 . 3630
7 . 052
2. 112
1 3 . 387
0.088
0.1615
0.021
notable
anillo bien visible
7
47 . 8
52 . 2
-{-0° 18
2184
3 . 567
1.222
5 . 693
precipitado verde azulado
ligero precipitado amarillo
tuerto anillo blanquecino
25 . I 66
1 . 3630
6 . 924
2.187
13.668
0.113
0.3200
notable
anillo bien visible
de análisis.
148
CIJADUO 1. — V Klí II AS
Datos analíticos
. . 1 >1 lililí
(irado do lineza :
( <1 mui
llimiedad íí 100° C
Cenizas
Íu) Mat. sol. olí CC14
b) Mat. sol. olí CCl.,11
c) Mat. sol. en CaH6011
d) Mat. sol. on HSÜ
Extracto acuoso directo
n) Indico do refracción á 20°
b) Poder rotatorio
c) Resistividad eléctrica á 18° C
d) Cenizas del extracto
e) Alcalinidad de las conizas on lís804
f) Tanino del extracto
/Pos(S01)3(NlI4)iS04,21H20
y) Reacciones del tanino 5 HsO,Iir
(lI,S04
Extracto alcohólico directo
a) Indice de refracción
b) Tanino del extracto
N total
Materia proteica
S total
Calcina
Oxalatos solubles en KJCs01
Oxalatos insolubles en Ca C.,04
Reacción de fluorescencia
Reacción do albiiniinoides solubles
Calor do combustión
— 149 —
TIl’OS Dl'l, COMKKCIO (Continuación)
— 150 —
CUADRO S. — YKiuiAS
151
TIPOS nicr, COM MUGIO (Conclusión)
UIÍV. MUSICO Í,A I'I.AI A.
T. XXIII
11
CIJ A DI? O 11.
Nota. — Las cifras que ligaran en la linea ile cafeína (mateína) de este cuadro no deben conside
adoptado, cuya interpretación se hace en el capítulo : Discusión (le los resultados.
153
TBKANTHS !>B Y BUBA
rn.rsc como correspondientes :í dielio principio activo, sino como los residuos hallados con el método
CUADRO III. — YERRAS ADULTERADAS
154
CUADRO IV. — CENIZAS DE YEIiUAS TIPOS DEL COMEKCIO
155
3
&
A
a
o
o
a
O
~0
o
D
o
2
D
o
n
Q
Sh
Sh
O
a
O
c3
c3
o
3
O
V
o
V
bíD
55
-JJ
25
o
Ü
35
9^
a
3
c3
O
n
m
25
§
O
Q
O
c3
3
3
a
o
o
-2
3
©
00
35
3
©
a
o
70
25
O
O
35
3
■£>
5*
3
35
2
3
1-3
C
O
o
3
O
2
3
O
,2
U
c3
25
O
35
v3
w
(M
sas uo unidas á otros ácidos,, según la alcalinidad.
CUADRO IV. — CENIZAS DE VERBAS TIPOS DEL COMERCIO (Conclusión)
15 (i
Mol
(luili.lli.i-iiiiiii.ui;))
[UI.MiIh») U.l ) \
MU
(i:uu.iuc^-i¡qil!.ui;))
liuujing
US
(KiioinuMU,!)
monliouf) a' tizoxsug
M¿
(ynSiiuu.iej
'II "Hia<í uop «miau,!)
•lu.iyfj
MU
(jmSuuu.iu.i
‘XI <ui>oj noli
H¡100(1«9 S0U.UÍUU11Q
U‘J
yuu.mjuniiun;))
-KII.IOJ II [
MI
(iuiu.iu,x-ini!|uii,i)
ÜOllUOJ.
(yuBJUj-iiqui-iuQ)
.loi.iodng
(liiiu-iuj-uqijuii, ))
[uioatls;,!
(2) El ácido carbónico no corresponde al que. se bailaba combinado con las bases, sino al calculado para saturarlas alcalinas y alc-alinoterro
sas no unidas á otros ácidos, según la alcalinidad.
157 —
CUADRO V. — C IONIZAS DIO TIORBAS adulteradas
(1) Las conizas presentan un aspecto heterogéneo, con partículas diversamente
teñidas, correspondiendo el color anotado al producto de su pulverización.
(2) El íícido carbónico no corresponde ni que se hallaba combinado con las bases,
si n o al calculado para, saturar las alcalinas y alcalinotcrrosas no unidas á otros
ácidos, según la, alcalinidad.
CUADRO VI. — CENIZAS DE ADULTERANTES DE YERBAS
- 158 -
o
o
4-3
(2) El ácido carbónico no corresponde al que se hallaba combinado con las bases, sino al calculado para saturar las alcalinas y alcalino térro
sas no unidas á otros ácidos, según la alcalinidad.
15!) —
DISCUSIÓN DK J.OK IMOSUJjTADOM
Tócanos ahora, la tarea de discutir los resultados que liemos obtenido
con las muestras á, nuestra disposición, para poder después establecer
nuestra, s conclusiones. La variedad de los datos y la multitud de cifras
que forman los cuadros de resultados hacen muy difícil un examen
comparativo, sino clasifica, mos previamente las determinaciones en gru-
pos para, apreciar su valor como soluciones del problema, que perse-
guíamos.
En este sentido, pueden formarse cuatro grupos bien delinidos á, sa-
ber :
a) Determinaciones cuyas cifras presentan una uniformidad perfecta
ya se trate de yerbas tipos ó falsificadas ó de adulterantes puros;
b) Determinaciones cuyas cifras presentan divergencias notables aún
tratándose de muestras pertenecientes al mismo grupo ó contradiccio-
nes visibles en los distintos grupos considerados;
c) Determinaciones cuyas cifras presentan diferencias en los diferen-
tes grupos de muestras, con uniformidad en cada uno de ellos, salvo
raras excepciones ; y en fin,
d) Determinaciones cuyas cifras presentan uniformidad dentro de ca-
da grupo de muestras y variaciones visibles ya se trate de yerbas tipos,
yerbas adulteradas ó adulterantes aislados.
Fácilmente se comprenderá, que el valor de las determinaciones, cons-
tituyendo las dos primeras secciones, es nulo en nuestro caso, no al-
canzando los de la agrupación tercera sino á insinuar una solución rela-
tiva, y dudosa, pues que exigiría mayor número de ensayos de compro-
bación sobre muestras do toda procedencia. Quedan solamente las de
la cuarta, división como base, de criterio do pureza, y no exageraremos
su valor, pues aunque nos merezcan confianza nuestras manipulaciones
y los métodos elegidos, comprenderemos Ja necesidad de más elementos
de juicio para fundar opiniones categóricas.
Corresponden a la primera, agrupación los datos de humedad, índices
de refracción y poder rotatorio, así como la riqueza en óxido magnésico
de las cenizas.
Entran en el segundo grupo los datos de cenizas totales, extractos de
fraccionamiento con cloroformo y agua, extractos directos con alcohol y
agua, resistividades eléctricas, alcalinidad de cenizas del extracto acuo-
so, tan i nos solubles en agua, y en alcohol, oxalatos solubles é insolubles,
así como la, riqueza en silice, cloro, ácido fosfórico y óxidos de manga-
neso y calcio de las cenizas.
Pertenecen á la tercera, división los datos de extractos de fracciona-
Hit)
miento en tetra cloruro de carbono y alcohol, cenizas de extracto acuoso
y albuminoides solubles, así como el porcentaje en óxido férrico de las
cenizas.
Y en lili, forman la cuarta categoría y primera en realidad por su va-
lor, los datos de ázoe total y proteína, cafeína y anhídrido sulfúrico de
las cenizas.
Dejando de lado los dos primeros agrupa mi en tos, observaremos que
los datos del tercero pueden juzgarse de cierto valor para caracterizar
las yerbas tipos comerciales, porque el extracto obtenido en el fraccio-
namiento con tetracloruro de carbono es muy superior al que nos pro-
porcionaron los adulterantes, excepción hecha de la muestra 7,3; el ex-
tracto alcohólico del mismo fraccionamiento es mucho mayor cu los
adulterantes, salvo las muestras 0/ y (i a que igualan á las yerbas tipos ;
las cenizas del extracto acuoso directo disminuyen mucho en los adulte-
rantes, aunque en la muestra S/Isr la diferencia es nula; la reacción de
albuminoides solubles tan notable en las yerbas tipos, desaparece en
casi todos los adulterantes, pero aparece en las yerbas falsificadas con
la intensidad propia de las primeras; y en fui, el óxido férrico ian bajo
en las sofistilicaciones y tan fuerte en las yerbas comerciales, aunque
elevado también en las yerbas falsificadas.
Admitiendo que se trate de un caso excepcional en lo que se refiere á
la muestra 7 ,3, el dato del extracto con tetracloruro de carbono no sería
despreciable, así como también el del extracto alcohólico, atribuyendo
á causas fortuitas los resultados obtenidos con las muestras 0 f y 6 a; la
reacción de albuminoides solubles transformada en reacción cuantitati-
va y las cenizas del extracto acuoso quizá pudiesen sumarse á las dos
determinaciones anteriores y el dato del óxido férrico quedaría en últi-
mo término, por lo contradictorio de las cifras que las yerbas adultera-
das proporcionan.
Quedan solamente los datos de la cuarta, agrupación. 101 ázoe lolal y
la materia proteica de él deducida, nos parecen caracterizar las yerbas
de calidad á medida que aumentan sus proporciones, ya adoptemos
nuestras cifras ó el porcentaje fijado por Bertrand y Devuyst para sus
ensayos [40], 2,13 en término medio; el anhídrido sulfúrico de las ceni-
zas totales es también á nuestro juicio dato importante, pero en sentido
inverso, pues escaso en las yerbas tipos, aumenta en las adulteradas y
se exagera en las sofistilicaciones puras; y la cafeína (mateina1?), aunque
variable en las yerbas tipos entre límites bastantes alejados, falta en los
adulterantes y disminuye en las yerbas inferiores ó falsificadas.
En los cuadros figuran porcentajes de cafeína (materna í) para los adul-
terantes ; pero creemos suficiente para explicar esta aparente eontradic
edén hacer notar, que esas cifras sólo representan el residuo obtenido,
aplicando á esas muestras el método adoptado para todas las demás, es
161
decir, la sobrecarga que representarían en el dato de cafeína por su pre-
nuncia en mezclas con yerbas genuinas; en genera!, se trataba- de residuos
amorfos, pardos, que no daban las reacciones específicas de la calcina.
No somos do opinión de (pie este dato por sí sólo, sea la norma para
juzgar de la pureza de las yerbas y basta llegamos á afirmar que tampo-
co sus proporciones están en relación directa y estrecha siempre con la
calidad del producto. Tais observaciones apuntadas en la introducción
de este trabajo aclaran este concepto y, además, no debe olvidarse que
una yerba no sólo vale por su principio activo, como no se estima un
vino únicamente por su alcohol, ó un chocolate por su teobromina ó un
café y un té por su cafeína. El papel de la mateína en la infusión sería
muy discutible y no consideramos en último término que sea indispen-
sable, como no se ha considerado en Europa el alcaloide en el café, que
se consume en cantidades enormes, desprovisto de cafeína, eso sí, con
declaración expresa de su extracción. Se trata en general de un pasa-
tiempo, de una forma, grata, de ingerir agua, caliento azucarada, ó no,
aromatizada, de un sabor propio y con resultados variables nat uralmen-
te según las personas y las circunstancias, antes que de un elemento
que la terapéutica deba reglamentar; la cafeína y sus preparados ó la
misma yerba mate, pero ya dosificada, serán las armas que el médico
utilice para obtener un determinado efecto, en tanto que el higienista,
sólo buscará evitar una acción nociva producida por principios extraños
y propender al consumo moderado de los principios activos conocidos y
que como la cafeína, sus isómeros y afines, se consideran como excita-
dores del sistema nervioso, ya que las opiniones tan contradictorias res-
pecto de su acción sobre la. nutrición, obligan á dejar ésta de lado sin
duda alguna.
No dudamos en admitir teóricamente que puedan expenderse yerbas
no constituidas tan sólo por llex paraguaricnsis II. II il., con tal que no
contengan substancias nocivas y se exprese claramente su composición, como
se admite la miel de glucosa, el queso de leche descremada y adicionado
de féculas, el aceite de oliva mezclado con maní, algodón, etc., el café
con achicoria y bellotas, la manteca con margarina ó manteca de coco,
etc., etc;., indicando siempre la presencia de las materias extrañas y dando
así al consumidor de escasos recursos el medio do procurarse placeres
inocentes ó alimentos sanos.
Pueden las reparticiones públicas y las casas importadoras, en sus
contratos, establecer un cierto número de condiciones por llenar que ase-
guren la pureza, del producto, su calidad correspondiente al precio, ó su
valor cuando se busque un efecto determinado; pero el gran público se-
guirá arrastrado por los vaivenes de la opinión que el comerciante hábil
forme y cimente, y el papel de las autoridades se limitará, á velar por la
salud pública, por medio de sus oficinas técnicas.
Nosotros proponemos que el ministerio de Agricultura de la Nación,
por medio de una comisión de botánicos y químicos — de la cual nos
eliminamos desde ahora — estudie el problema de las yerbas y sus adul-
terantes en toda su amplitud, como debía hacerlo para el té, donde más
de una sorpresa nos aguarda, sin citar otros estudios que en Norte Amé-
rica han costado muchos años y muchos millones y que entre nosotros
destruirían muchos negocios de mala fe en las materias alimenticias y
seudomedicamentosas de importación, para los tontos de América...
liONOl.lJSIOiNKS
Las estableceremos como consecuencia de nuestra labor y de los razo-
namientos que preceden, mas no pretendiendo para ellas sino el valor
(pie el pedestal de las experiencias hechas pueden prestarles.
lié aquí nuestras conclusiones:
a) La definición de yerba, mate sancionada por el congreso internacio-
nal para la represión de los fraudes, en su sesión de París, no puede acep-
tarse ;
b) La definición modificada por adoptarse podría ser:
Yerba mate es el producto formado por las hojas desecadas y ligera-
mente tostadas, rotas ó groseramente pulverizadas, á veces mezcladas
con fragmentos do ramas jóvenes, de peciolos y pedúnculos llórales, del
llc.v paragiuu'ien.siíi St. 1 1 ¡1. y de ot ras especies del mismo género, con tal
tpie no tengan ninguna substancia nociva;
c) Convendría establecer en los contratos ó pliegos de condiciones de
grandes empresas ó reparticiones públicas comodato adicional á esta
definición un tanto por ciento mínimo de principio activo (mateína), sin
perjuicio de especificar proporción de tallos, grado de fineza y otras con-
diciones de composición que se adopten;
d) Los datos obtenidos en nuestras investigaciones no permiten con-
siderar resuelto el problema, de las falsificaciones, sino en los casos en
(pie éstas fueran groseras ó exageradas;
e) La riqueza en ázoe total y en anhídrido sulfúrico de las cenizas to-
tales son los datos «pie mejor distinguen, en las muestras examinadas y
por los métodos adoptados, las yerbas genuinas de sus adulterantes ;
f) No vemos inconveniente, del punto de vista téorico, en (pie se per-
mita el expendio (le yerbas adicionadas con otros vegetales, á condición
de que se exprese la composición de la mezcla y de que el producto no
contenga principios nocivos;
¡i) Una inspección severa á los molinos y la prohibición bajo fuertes
penas de importar adulterantes, como ahora se importan, serían los me-
163 —
dios de disminuir las adulteraciones, si no se adopta la conclusión an-
terior;
h) Las manipulaciones (pie la yerba sufre (sa.peca.do y tostación) lineen
muy difícil el empleo eficaz de los métodos bioquímicos para descubrir
falsificaciones;
i) El análisis micrográñco es teóricamente el único medio de resolver
el problema de las adulteraciones, pero prácticamente no es aplicable á
productos heterogéneos y pulverizados para distinguir impurezas ó fal-
sificaciones, exigiendo además especial preparación y largas investiga-
ciones ;
j) Se impone una investigación metódica hecha por botánicos y quí-
micos en colaboración, en los puntos de origen y después en el gabinete
y el laboratorio.
Y antes de terminar estas páginas, repetimos lo que decíamos en la
introducción: que vengan nuevos investigadores que deseamos numero-
sos, esperamos impacientes y auguramos más felices que nosotros.
Musco <le La Plata, julio <le lí>15.
UONTItlliUClÓN AL CONOCIMIENTO
OK
DE LA PROVINCIA 1»E SAN LUIS
Poli M. K A NT Olí
Profesor ilu Geología en la Universidad de I,n Piala
BIBLIOGRAFÍA
1. L. BraCkebusch, informe sobre el viaje geológico, hecho en el verano del
año 1875 por las sierras de Córdoba y San Luis, lloletín de la Academia Nacio-
nal de Ciencias Exactas, tomo 11, página 190. Córdoba, 1875.
2. G. AvÉ Lallemant, Apantes sobre la geognosia de la sierra de San Luis.
Actas de la Academia Nacional de Ciencias Exactas existente en la Universi-
dad de Córdoba, tomo 1. Buenos Aires, 1875.
8. G. AvÉ Lallemant, Memoria descriptiva de la provincia de San Luis. Han
Luis, 1888.
4. J. Valentín, Informe sobre ana excursión efectuada en la provincia de
San Luis. Eevista del Museo de La Víala, 1895.
5. G. Bodenbender, Comunicaciones mineras y mineralógicas 111. La mica
de la sierra de Córdoba, lloletín de la Academia Nacional de Ciencias en Cór-
doba, tomo XVI, página 27o, 1899.
(i. F. Tannhaüsek, Petrographische Untersuchungcn argentinischer Gestcine.
Sepurat-Abdruck aus dem Nenen Jahrbuch fiir Mineralogie, Geologie nuil Va-
liiontologie. Beilage Batid XX. Stultgart, 190(1.
7. Gastón Barrié, Informe sobre el estado de la minería en la provincia de
San Luis. Anales del Ministerio de Agricultura (¡áeeeión Geología), lomo IV,
número 4. Buenos Aires, 1910.
8. K. Stappenbeuk, IJebersicht tieber die nulsbareu Lagcrsliittcn Argenli-
uiens und der Magelhaenslander. Zvitschrift fiir praktische Geologie, lleít 2.
1910.
9. II. Beber, Las velas con magnetita (Martita) y las de Wolframita de la
pendiente occidental del cerro de Morro (prov. de San Luis). Ministerio de Agri-
165
cultura. Dirección general de Minas, Geología ó Hidrología. Boletín número 3.
Serio B (Geología). Buenos Aires, 11)13.
10. II. Gbutii, Die pam pinen Sierren Zcntralargcntiniens. Gcologischc Rund-
schau, Heft 8, 1013.
11. 11. Gerth, Constitución geológica, hidrología y minerales de aplicación do
la provincia de San .Luis. Anales del Ministerio de Agricultura. (Sección Geo-
logía, Mineralogía y Minería), tomo X, número 2. Buenos Aires, 1014.
REFERENCIAS
L. Braekebuseh (I) lité el primer geólogo que, en un viaje por las sie-
rras de San Luis y Córdoba, pasó por los cerros de Eosario pero sus
datos, por lo general muy justos, no son exactos en sus referencias á los
cerros mencionados, puesto que dice que estos cerros se componen de
I raqui ta, mientras «pie en realidad las rocas délos cerros de Eosario son
andesita y micacita.
G. Ave Lallemant (2) repite el error de Brackebuscli en el mismo año,
y más tarde en el año 1888 (3) 1 2.
.1 . Valentín (4) y Gastón Barrió (7) no nombran en sus informes el
yacimiento de mica existente en los cerros de Eosario; tampoco en E.
Stappenbeck (8) encontramos indicación alguna referente á la mina
de mica.
En el importante trabajo de Tannbauser (0), uno de los de la serie de
investigaciones petrográficas, hechas en Alemania con material y datos
proporcionados por Braekebusch, y que en alto grado han contribuido al
conocimiento de las rocas argentinas, encontramos también datos sobre
algunas rocas de los cerros de Eosario.
G. Bodohbender (5) estudia los yacimientos de mica en la Provincia
de Córdoba, descubiertos anteriormente á los de Han Luis.
E. Beder (9) estudia una región vecina á la nuestra.
Y H. G erth, en un trabajo general sobre las sierras pampeanas (10) y
sobre la provincia de San Luis (11), se refiere también á. nuestra región.
1 « ... continuó nú viaje por Tapias y el Bajo de la Cuesta, á los Cerros de 1! osa-
rio, que jamás han sido descritos por naturalista alguno. Encontré que ellos eran com-
p lientos también de troquilo (pág. 160).
5 Según Avé Lallemant, los Cerros de Rosario llevaron en los antiguos títulos ele
la conquista el nombre de «Cerros de los Apóstoles». El cerro más alto es el Agu-
jeteado en latitud 32°57'23", longitud 65°42'17“ O. Grcenwich, altura 1402 metros.
Los otros conos escarpadísimos que rodean al más alto son del lado del oeste,
el cerro de Portezuelo y déla Huerta; al sur, el Desbarrancado; al norte, el de la
Aguada, y Coro y al este el cerro Sal, Hinojo, Largo y del Valle (3, página 22).
SITUACIÓN 1)10 LA MINA 1)10 MICA
La mina de mica llamada « La Realidad » está situada á una distan-
cia de unos 15 kilómetros déla estación «La Toma», del Ferrocarril
líuenos Aires al Pacífico en dirección noroeste, casi al pie del cerro, á
Kifí. I
una altura de 1040 metros. Desde la estación, que está á 800 metros
sobre el nivel del mar, hasta la mina, la pampa aumenta, constantemente
en altura.
En la estación del ferrocarril «Villa Mercedes », al sur de « La. Toma »,
se cruzan tres líneas férreas: Buenos Aires Pacífico, Nocional Andino
y Noroeste Argentino (las tres pertenecen ahora al F. ('. B. A. P.).
167
Además de la mica, se conocen en la provincia de San Luis varios
minerales úliles, como: oro en (lamida. Honda, wolframila mi los (Viado-
res, mármol llamado ónix, en Santa Isabel.
CONSTITUCIÓN GEOLÓGICA
Como la tarea que se nos había impuesto era el estudio directo del
yacimiento de mica, nuestras investigaciones geológicas no lian podido
extenderse más allá de las inmediaciones de la mina.
A
El portador de la mica es una veta pegmatítica, cuyas cajas (Neben-
gestein) son de micacita.
La micacita tiene un rumbo noroeste-sudeste y una inclinación al
nordeste, de un ángulo diferente de 20-40°. La inclinación puede variar
aun en poca, distancia vertical, como demuestra, el croquis número 2.
Los cerros, compuestos do micacita, se levantan á poca, altura sobre
1 Gerfch (11, pág. 60) incurro en un error, quo nos pareco necesario salvar, cuando
dice quo el mármol de San Luis os aragonita ; se refiere al trabajo de Bodenbender :
Comunicaciones mineras y mineralógicas. Onix-mármol de las provincias de San Luis y Men-
doza publicado en el tomo XVII del Boletín de la Academia Nacional de Córdoba , el
año 1012. (« Bodonbondor nos ha mostrado quo el mármol do San Lilis, como muchos
otros depósitos do fuentes termales, se compone do aragonita, la modificación róm-
bica déla calcita»); mientras que Bodenbender en el trabajo aludido, después de
discutir ol problema, llega á la conclusión que reproducimos textualmente :
« Esto concuerda con el concepto más aceptado de que el ónix sea siempre calcita. »
(pág. 361.) Esta misma conclusión nos la confirma el doctor Bodenbender en una
carta particular.
El polvo do ónix, tratado por una solución do nitrato do cobalto, según el método
do Moigon, dió al doctor E. Herrero Ducloux también la reacción de calcita, y no
de aragonita.
ltF.V. MUSCO I.A PI.AIA.
T. XXIII
12
el nivel del valle (hasta 120 m.), sus lados tienen inclinaciones suaves,
y están cubiertos de escombros de reducido tamaño.
Al lado oeste, en el mismo límite con las rocas micacíticas, se levan-
tan los cerros andesíticos, que ya por su aspecto exterior se diferencian
de los formados por la micacita; son más altos (300-350 m. sobre el nivel
del valle), sus faldas tienen inclinaciones bruscas, en algunas partes se
ven cortes hasta verticales, tienen numerosas hendeduras y cavidades;
abundan los grandes bloques de andesita.
lín la andesita se observan á veces separaciones en forma de columnas.
En la parte sudeste se observa cómo la andesita cubre directamente
la micacita.
En el valle, en dirección nordeste, se ven varias lomas, compuestas
algunas de cuarzo y otras de cuarzo y feldespato, (pie son indudable-
mente la afloración de vetas de pegmatita.
En el cerro micacítico hemos encontrado los siguientes minerales :
1. Moscovita (de color blanco, pardo, amarillento, etc.).
2. Biotita.
3. Feldespato (ortoclasa y microclina).
4. Cuarzo (lechoso, transparente, rosado).
5. Turmalina negra (en grandes cristales).
0. Granate (raro).
7. Berilo (raro).
8. Apatita (incrustada en los feldespatos).
1). OI orita.
10. Talco.
11. Magnetita (muy rara).
12. Columbita (un solo ejemplar).
El estudio microscópico de las rocas ha sido hecho por el doctor W.
Scliiller, cuyos resultados son los siguientes :
Augita- a n des í tica
Bajo un solo nicol se ven :
a) Muchas pequeñas augitas, de color verde pálido, en parte listones
angostos, algunos cristales hechos pedazos; listones aisladamente algo
más grandes; varios individuos presentaban estructura zonar;
b) Mineral negro (hierro titánico í), en abundancia, Unamente distri-
buido;
c) Hornblenda, rara, de color verde amarillento, hasta pardo moreno;
pleocroítica; en parte forma listones más grandes que los mayores cris-
tales de augita; varios individuos están transformados en los bordes ó
por completo en óxido de metal de color negro;
169
d) Biotita, también rara, de color moreno obscuro, hasta amarillento
verdoso, está representada por placas algo más grandes que la mayoría
délas augitas, que en ciertos lugares están encerradas por aquélla. Posi-
blemente, la augita tal vez sea en parte un producto de alteración de la
biotita.
Bajo los dos nicoles cruzados se ven :
a) Muchos listones, generalmente pequeños, de plagioelasa finamente
estriada (amaclada), á veces con estructura zonar;
h) Ortoelasa no constatada ;
c) La masa fundamental no es reeonoscible.
Micacita
a) Mucha, biotita moreno-amarilla;
h) Moscovita en abundancia;
c) Mucho cuarzo;
d) Feldespatos raros y muy descompuestos.
Tannhauser (0) hizo un estudio microscópico de andesitas procedentes
del e,erro de Rosario, determinándolas como andesitas de piroxeno con
hornblenda y andesitn de hornblenda con piroxeno.
EL YACIMIENTO DE MICA
131 portador de la moscovita, es una veta, pogmatítica.
La moscovita es blanca, rubí, amarilla ó verde; el cuarzo es lechoso ó
transparente; el feldespato, blanco ó rosado. Muchas veces la pegmatita
representa la estructura de piedra jeroglífica.
La turmalina, en grandes y lindos cristales, es muy frecuente en la
pegmatita y parece tener una cierta influencia sobre la cualidad de la
mica: donde hay una concentración de turmalina, la mica es de una cua-
lidad inferior, quebradiza y de reducido tamaño.
En algunas partes del yacimiento se observa una separación do los
componentes, de tal manera, que el cuarzo forma como una veta aparte
y después sigue el feldespato con la mica. (Croquis n" 3.)
La concentración de la mica en grandes hojas se produce con mayor
frecuencia al contacto entre la pegmatita y las cajas de micacita. El
mismo fenómeno se observa en los yacimientos de mica déla sierra. Alta
y la sierra Chica de Córdoba. (U. Bodenbender (5, pág. 270.)
Se trata principalmente de «mi' sola veta pegmatítica que tiene un
170
rumbo noroeste-sudeste 1 y una inclinación variable al sudoeste; tiene,
por lo tanto, una inclinación contraria á la de la micacita.
El espesor de la veta, es variable (de pocos ctins. hasta 3 ms.); en tér-
mino medio, l,u5.
La longitud de la veta, reconocida es de unos 300 metros, pero, según
toda probabilidad, debe ser aun mucho mayor; según la inclinación, la
veta está reconocida en unos 48 metros.
Sin duda alguna, ocurrieron en el cerro micaeítico presiones tectóni
cas, lo que se demuestra por una ondulación de las capas en algunas
partes. De sumo interés nos parece el hallazgo que hemos hecho, en la.
nnitiimninuiii ¡un
' * <111- i « *‘intiiiiiniuiiiiiiiin nnn.
4 + 4 4* 4 4 4'4 +,i!i:i,¡IH¡!i;ii,llllll i ¡ ,! lili, h
i
f 4 4 4 +///, •//,//////// y/////,,
el t\+ +uiiiiiiiiiiiiiiiiiiin
i- T i i-4(/
• \* 4
+ + +
Ai
.. + +
ai >
iiiiiinnuiiiii n iiinti , ■/
i 4 ^uiiiiiiiiiiliiiiiiiiiiiiiiiiiinii
1 + 4v iiiiiniiiiiiiiiui ■iiiiiiiihi.il
i- 4 ^^i'iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiUiiiiii
4 4'4 '^'Illlllllllllllllll // /////////✓/ ///
•*■ + + +. t niiiniilii m i n/m ii t nt i n i A
e\+ 4 +iinniti¡uiiiiii inuiiiiiiiiiii ]
+• + 4 ’tii/iHumi/i t // iiii/iiiiitiiin 1 1.
- 4 4 f 4 *iiiiiiiiii/niiiiiiiiiiiiiltiilin V
4 4 ..LJ \ituiiillliiiiliiiiiniiuiillili)i
'\t i * 4 's'iiiiiiinii:iiiiiii<nilininni\
4 D ii)iiiniii/in/ttiunuiiit,i
X~tiiiiH/nttftiiiiiinitiiiitniif)\
+ *‘Jlliilillltll!lÚUIIIIIillliili\l
*♦ \iuiililHlliil/IIHIIIUIlllll\
4 +iiiimuiiiiiuiíitiiiiiinni
4 +iiiniiiiiimiiiiitniiiiiHi 1 1((
^^iiiiiii/liliiilinm/iinn m
+ ///////////////// / ////////// / )
4*444+44 +ui{iiíii/iiiniu/iniiu muí [
* 4^ 4_i— 4 4 + inimiiiiiiimnutii unir
1 +44 t * + 4 i/l/lllllllflll llllllll ll II III \
444 *•////////////// //////// iin/iiiL
+ t 4 ii‘iui/iiin i/iu/ii un mii\
iiniinini iiimii in
1 4 ’iiiiiiiiinliiiiiiiii
4 4- + 4 •
14 11..
1\4 4 4
♦ 1 4 4
At
i 4 M ’
»• ^ +
1 4+4-
+“1 -fV
4 4*4 4
*\t 4
\
•1111111111111:11/1111.!
l'eldespalo
1>'¡"
3
veta, de unos listones de mica que están plegados, como lo demuestra la
fotografía (fig. 5): nos indica que estos movimientos tectónicos intluye-
ron también en la veta pegmatítica.
el producto
La mica para la. venta se, corta en huma rectangular y no debe tener
fallas, ni rayas, id quebraduras de ninguna, especie.
La mica manchada 2 tiene su valor, pero, naturalmente, menor que la
mica blanca.
1 Nos referimos siempre al norte magnético.
* Esta mica puede considerarse do una cualidad excelente.
171
La menor medida, de! corte es de 1 '/, X 2 pulgadas inglesas y la ma-
yor que se lia podido conseguir di*. 1 2 X 115 pulgadas inglesas.
La clasificación y distribución en cajones .se lineen según la medida.
Únicamente el 5 por ciento más ó menos de la mica extraída resulta con
valor mercantil *, y es un grave problema poder aprovechar el resto que
se encuentra naturalmente en enormes cantidades, aplicando algún mé-
todo mecánico para la fabricación de planchas grandes de mica. Como
soldadura, se han aplicado en algunos casos los boratos y el silicato
de boro.
Hl) Al) U1SOLÓCUOA
/ M.
Zoés
r^bbl
■T nfr®nsr^-r^
Para la determinación de la edad geológica de las rocas en cuestión,
sería, conveniente agregar las observaciones b celias
sobre un pozo de 93 metros de profundidad á una
distancia de cinco kilómetros de La Toma en di-
rección á, la mina (en el campo del señor Monte-
negro).
Los primeros 23 metros eran loes de color ama-
rillo, con granos bastante grandes de cuarzo, y ho-
juelas de moscovita; el loes contiene CaCO.,.
Más adelante, basta los 82 metros, el loes es pardo
amarillento, contiene muy pocos granos de cuarzo
y no reacciona, con 11(31.
En el intervalo de metros 23 hasta metros 50,
se encontraron cuatro capas delgadas (de un metro
de espesor) de una toba andesítica.
Desde los 82 metros empieza la micacita.
Si las capas de tobas andesíticas encontradas en
el loes, procedieran de erupciones que dieron ori-
gen á los cerros andesíticos, la edad geológica de
los últimos no podría ser muy antigua, pues una
parte del loes debería considerarse de una forma-
ción anterior á la de, las tobas volcánicas.
Valen!, i n ( I) atribuye poca edad á las rocas ande-
sil, ¡cas.
Según Gerth (11), las erupciones andesíticas de-
ben haber ocurrido al fin de la, época terciaria.
Más difícil es la determinación de la edad geológica de los esquistos
cristalinos.
■ o es
' ¡ / / / / / / / ' ‘ 1 /
' ¡MicáciÜai
/ ' i i i ' ' , '/,/
Exenta t : IOO 0
Fig. 4
1 Según Roso las manchas negras, rojas y pardas en las Moscovitas provienen de
a Spccularita, y la diferencia en el color es debida únicamente al espesor más ó me-
.172
La sierra (le San Luis, que en su mayor parte está compuesta ele
esquistos cristalinos (micacita y gneis), pertenece a la serie de las sie-
rras pampeanas, cuya edad está todavía en discusión.
Stelzner las consideraba como arcaicas.
Lodenbender sostiene la misma opinión '.
Iveidel y Gerth atribuyen ¡i las sierras pampeanas una edad precám-
brica, pero en lo referente á la sierra de San Luis no quedan otras
demostraciones que la analogía con otras sierras pampeanas que son de
esta edad.
En nuestro caso debemos limitarnos á la demostración de la edad re-
lativa de las rocas en cuestión.
Fig. f>. — M’ioa do la vota pegm «a tilica plegada por la presión lateral
1. vista dr fronte; 2, vista <le perfil
Las vetas pegmatíticas pueden tener como único origen una erupción
granítica. La riqueza de la pegmatita en turmalina (boro como agente mi-
neral i zador), ex])lica la formación de grandes cristales por un enfriamien-
to lento. Parece que el exceso de boro tuvo una influencia inversa sobre
la formación de hojas grandes de mica, las que, en contacto de mucha tur-
malina, aparecen quebradas y rajadas y en general de pequeño tamaño.
Las vetas de pegmatita son apófisis de una masa granítica, posterior
en su edad á la micacita.
El orden natural de la formación de las rocas discutidas, se nos pre-
senta así en la siguiente forma :
líos grande del mineral. Según Dana la substancia negra es Magnetita, la colorada
Specularita y la parda es un óxido de hierro acuoso.
1 La mina de Wolfram «Los Cóndores» en la sierra de San Luis, Boletín de ¡a
.¡endemia Nacional de Ciencia* en Córdoba, tomo XVI, pagina 211. Pílenos Aires, 18119.
173 —
1. Micacita, la roca más antigua.
lün la micacita debieron haber existido grietas y hendeduras antes de
la erupción granítica.
2. Erupción granítica.
Apófisis de pegmatita y el rell enamiento de las grietas y hendeduras
de la micacita.
3. En una época posterior, sin relación directa con la formación de
las rocas 1 y 2, ocurrió también la erupción de las andesitas.
4. Tobas volcánicas.
Granito á flor de tierra no hemos encontrado en esta región.
ÉT LIDES A N TlíltOPü LOG I (¿IJ ES
SUK
I, K S I ¡N I) I lí IN S O N A
(üROUl'E TSllON)
Dli LA TEIiRE DE FEU
Par lk Dr. lt. LEHMANN-N1TSCHE
En octobre 1898, le colonel Pedro Godoy, gouverneur de la Terre de
Feu, avait envoyé a l’Exposition nationale de Buenos Aires deux la-
milles d’indiens Ona qu’on avait logés dans une grande tente. Les in
diens avaient apporté tout le bagage ergologiquo de lour eivilisation
si primitive, ot pendan i les honres de visite, le publie se precipita pour
contera pler ce spectacle exotique pour la capitule de l’Argentine, et
jouit d’un tablean vivant, qui rappelait les teinps préhistoriques.
Oes gen s étaient des personnes tranquilles et sérieuses : jainais on
ne les entendit se disputer, et ils devinrent bientót les enfants gatés
des visiteurs. Cependant ils niirent des difiieultés aux observations an-
thropologiques, et les deux femraes, encouragées par leurs époux, rae
permirent seuleraent de leur raesurer la taille.
Je ne ]>uis done présenter que tres peu de chose au leeteur : ce peu
eontribuant á la connaissance des indigenes de FAinérique du Sud, ne
peut, a nion avis, etre refusé.
Le ])lan d’étude et les ínétliodes étant les ineines «pie je su i vis pour
un groupe d’indiens Takshik amones du Chaco ¡\ Buenos Aires, je prie
le leeteur de s’infornier dans ce travail 1 des íuéthodes (observations,
mesures, photographies), eraployées.
1 Lkiimann-Nitscuic, Eluden anlhropologiquen nur leu ¡u dio un Takshik (groupe Ouai-
eitvií) du Chaco anjenUn. ¡Invista del Manco de Jai ¡‘loto, XI, \i. Ü ti l - ti 11 . I!UI. Voir
175 —
ÉT U J > ES A N T III lOrOLOG 1Q U ES
MATÉRIEL
Les individus examines sont au nombre de sept et. correspondent a
deux iamilles. L’liomme numéro 1 (Tclioskúíi) est insirió sivcc Kossancli
(n° 4) Isiqnelle accouelia a Pexposition nicme, le 11 novembre 1898,
d’ime fillette (n° 7). Le chef de la deuxieme famille, Kiótemen (n° 2), est
avec sa femme Altcliek (n° 5), et leur onfant (la petite filie numero (>):
líelo, enfin (n° 3), gargon de sept ans, est frere de Kiótemen.
Oes indiens provenaient des environs de Ilarberton dans la región
australe de la grande ile de la Terre de Feu.
J’ai constató plus tard qu’ils s’appellent eux-memes Shilk’nani ; que
le nom Ona n’est qu’une corruption du mot tsli’on qui veut dire liomme
dans leur langue; que cetto corruption se doit aux indiens Yagans
Yámana), et est devenue apres le tenue general pour désigner les
Shilk’nam et les Mánckcnltn, tribu aujourd’bui éteinte du sud-est de Pile
en ineme temps. J’ai reuní la langue Ona avec les langues de la Pata-
gonia (Tii’u iiahn et Trini elche), proposant le groupe linguistique Taitón'.
OBSKRVATIONS
Jeunes gens et gargon
I. Tchmkiái (planche III).
Jeune liomme de 22 ans plus ou moins. Bien portant, de bel aspectet
imposant. Avec son mantean, fait de la peaíi du guanaco, sur les épau-
les, et les clieveux ceints par le k’ochel (fait du cuir frontal du raéme
animal), Tchoskiái se montre á nous comme un vrai prince du désert.
diez lui, ou pour mieux dire, dans la tente qui lui sert d’abri, c’est
aussi : Ducci, A proposito degli. indiani Taksliik, sin di a ti, dal dottorc Roberto Lchmann-
Nilsche. Revista geográfica, italiana, XII, p. 5. 1905.
1 Lkiimann-Nitsciik, El grupo Tshon de los países magallánicos. Sumarios de las
eonforoncias y memorias presentadas al XVIIo Congreso internacional de los ameri-
canistas, sesión de llnenos Aires, 10 al 21 do mayo do 1910. Resumen número 47.
Buenos Aires, 1910. Reimpreso en : Idem, Actas del XVIIo Congreso internacional
de americanistas, sesión do Buenos Aires, 17-23 do mayo de 1910, p. 220-227. Bue-
nos Aires, 1912. Idem, El grupo lingüístico Tshon de los territorios magallánicos. Re-
vista del Museo de La Plata, XXII (=2, IX), p. 217-270. 1914.
— 1 7(i —
un bourgeois, pére <lc famille, lid' du premier íruit de son unión, que
sa femme luí a doxiné quelques jours a pros son arrivée a Buenos Aires.
II se montre tres obligeant et ne fait aucune résistance aux manipula-
lions que demandent les mesures; il nous domie. aussi beaucoup de
lenseignements sur sa langue.
Couleur de la pean : Broca 151, plus ou ínoins. Les ongles p rosque ro-
ses, comme cliez l’européen.
Yeux brun foneé, la conjonctive bleuátre ; l’ouverture palpébrale
étroite, oblique, sans pli mongol. Expression réservée.
Oheveux noirs, forts et tombant sur le front comme une eriniére; ils
avaient été coupés sur les ares surorbitaires, plus ou moins horizonta-
lement. Les sourcils, noirs, ne se rejoignent pas et manquent presque
completeinent. Les eils supérieurs raros; les inférieurs manquent en-
tierement. Pas de barbe; au lien déla moustaohe. quelques petits poils
noirs; de memo au mentón.
La tete est en général de proportions moyennes, large et liante avec
1 'occipital proéminent. Le visage est large, rond, aplati, sans relief, les
jones rondes. La partió du front qui est libre de clievoux, est tres basse
et oblique; les pommettes et les angles mandibulaires saillants. Le nez
de grandeur moyenne, triangulaire vu de face; sa racine étroite, liante;
le dos un pon convexo, étroit vers la racine et s’élargissant veis la poin-
te; celle-ci est aplatie, arrondie et tombante; les narines un peu visi-
bles de face; la cloison, minee; les ailes, un peu bombóes. Les lévres de
la bouclie pleines, grosses mais pas saillantes; le mentón fort, arrondi,
sans fossette.
Les incisives droites, massives; la dentare en général trésbonne, deja
asée, d’un blanc jaunatre.
L’oreille de grandeur moyenne, longue et étroite, appliquée avec peu
de relief, se continuant avec le lobule qui est petit et sessile. L’hélix
enroulé normalement, mais proéminent en son milieu, oii l’antiliélix est
redressé; le nodulo de Danvin manque.
La poitrine large, bombée, avec un peu de ta i 1 le. Le ventre et la ré-
gion glutéale de développement moyen. Les mollets courts et peu déve-
loppés. Les mains de grandeur moyenne, larges, fines, avec membrane
natatoire de 30 millimétres; Pannulaire, de chaqué cóté, plus long que
l’index (observé sur le vil). Les ongles ne présentent lien de particu-
lier quant i\ longueur, largeur et courbure. Les doigts se terminen!; en
pointe, minees; le medias de la main droite est convexo dans le seas ra-
dial, probableinent du a l’habitude de fabriquer avec la main droite les
pointes de íléclie au moyen d’un verre «le bouteille, et de serrer le frag-
ment entre les doigts I et 11-111 (déformation professionnelle) . Les pieds,
d’une longueur moyenne, larges, lourds ; les doigts deja un peu défor-
més par le cuir qui les enveloppe en guise de chaussure. La plante du
177
pied bien cambrée, le dos de li antear moyenue, le talón eourt; le pre-
mier et le deuxieme doigt de ineme, longueur, d’apres l’observation sur
le vif.
Pouls par minute 73, respiration 17-18; tempera ture a l’aisselle 37°.'!.
Notre ami a les deux avant liras tatoués; du milieu interne de l’arti-
culation du conde deseend veis le cote radial une ligue faite de petites
raies tran versal es noires, bleuíitres, chaqué raie a ¡«cine d’un centimétre
de longueur : ce tatounge s’appelle etetéi. II y a de plus des cicatrices
blandios en forme de ligues longues et parnlhMos (toxi) ; ees cicatrices
vont du eftté radial de l’avant-bras jusqu’A la, moitié du liras ; on les
trouve aussi sur les jambes. Une denxieme espece de cicatrices est re-
présentée par des points ronds, blancs et isolés, sur les avant-bras.
2. Kiótemen (planche IV)
Jeune homme qui n’a pus plus, dit-on, de 18 ans. Minee, mais bien
dévcloppé, sauf la nmsculature. Avec son mantean de pean de guanaco,
il est beaucoup plus imposant que dans le costume d’Adam. De carac-
tore dissimulé, bourru, peu accessible.
Couleur de la pean : Broca 21, plus ou moins.
Yeux brun foncé, fente pal pébrale horizontale, tres étroite, fendue;
pli mongol tres faible. Expression peu gaie.
Oheveux noirs, droits, mais flus, densos, coupés comino chez l’indien
anterieur. Sourcils noirs, tres minees. Les poils de l’aisselle manquent
[nesque complétement, ceux de la región pubique sont tres minees.
La teto est de proportions moyennes, quant a longueur et largeur,
liante; le visage haut, largo, rond, aplati. Les jones un peu rentrées. Le
front bas, un peu relevó en arriere, les pommettes saillantes. Le nez
grand, avec racine largo et liante; ledos est. ótroitet haut veis la rae, i no,
il sYilargit vers la poiute; de proíil, le dos est un peu busqué, la pointe
est de largeur moyenue, aplatie, tres peu elevé; les narines fendues, de
face, on aper§oit seulement leurs angles externes; les ailes un peu bom-
bees. De la bouche, les' lévres n’ont rien de remarquable ; elles sont
peu arquées ; la fente buceale est large. Mentón peu prononcé, arrondi,
sans fossett.e.
Les incisivos, droites, opa([iies, massives; la denture tres bonne, quoi-
que deja usée est de couleur bl anche jaunatre.
L’oreille est presque de la memo formo que choz le numéro 1 , A l’exce)»-
tion de l’hélix qui ne ressort pas tant vers sa partie moyenue ; Pantihélix
n’est pas aussi retroussé au méme endroit et le lobe est mieux marqué.
' Ln |)liot,i)gni|ih¡o (!(> (■(>!• ¡mlit'ii bit. ('nqiloyt't' jioiu- lo nunióni 21 «li's IVnmllafpIn
J'ür (/<’» Unlm'irhl hi .1 nl/iro/wtof/ir, lilhnogni)>h¡c innl (Icoiiraphir, Editóos |inr lo pro-
foascmr lí. Martin i\ Zuricli on 1U02.
178
La poitriue bien développée. Le con court. Ventre et región glutéale
ne pvésentent lien de remarquable. Les mollets faibles, longs. Les mains
maigres, larges, étroites, tiñes avec les doigts ediles. Membrane natatoire
nórmale (27 millimetres). A dimite, le quatrieme doigt est plus long que
le deuxiéme; gauche, on observe le contra iré (sur le vivant). Les (in-
gles longues, étroites, bombees. Les pieds sont longs, larges, leurs doigts
déformés par le cuir qui sert de ehaussure. La plante bien cambrée; le
dos de bauteur moyenne; c’est le deuxiéme doigt, de chaqué cóté, qui est
le plus long.
Pouls par minute 00; respiration 18; températele sous l’aisselle 37 “ 1 .
Le systeme de tatouage et de cicatrices décrit choz le numero 1, ne
se trouve diez Kiótemen que sur l’avant-bras gauche.
3. Kelo (planche 111).
C’est un garcon de sept ans plus on moins, bien portant, gros, un vrai
Kartoffelbuuch. 11 témoigne avec moi, une certaine timidité qui ne dis-
para! t pas pendant les quehpies jours que je me suis occupédes indiens;
avec sos compatriot.es, il est gai, éveillé, ruso.
(Jouleur de la pean : tres obsecre, plus lbneée (pie llroca 22, ce qui
correspoml au type protoniorplie de l’individu.
Yeux bruns ou brun foncé, le bord intérieur de Pil is ne d ¡lloran t pas
de la périphérie ; fente palpébrale oblique, potito, fendue, pli mongol
fort. Expression sotte, débonnaire.
Oheveux noirs, presquc droits, durs; chevelure tres forte, descendant
irréguliérement en bas du front et se rapprochant aux sourcils. Les cils et
soureils noirs; les derniers sont tres lares, maisse réunissent au milieu.
La tete est grosse, plus ou moins ronde, de proportions moyennes,
largo, liante; l’occiput un peu proéminent, les lmsses parietales pon
marquées; le visage est rond, de peu de relief, la physionomie ressemble
un peu au type africain. Les jones rondes. Le front est bas el. presque
perpendiculaire, ctroit, aigu ; vu d’en baúl, i! se rétrécif en avant,
ce qui est remarquable, la t ete étant largo et les ares zy gomal ¡(pies
saillants. Le nez petit : sa racine tres largo, presque aplatie; le dos ne
s’est pas développé: il est largo et aplati et va s’aplatissant de ¡ilus en
plus veis la pointe; celle-ci est largo et ne s’éléve que d’une maniere
insigniflante. Les narines sont visibles en avant, fendues; les ailesquel-
que peu bombóes. Les lévres de la boliche pleines, peu arqueos; la. lévre
infórieure est [ilus grosse (pie la supérieure, ilont la muqueuse n’est pas
retroussée. brognathisme de tonto la región maxillaire. Mentón arrondi,
peu saillant, peu marqué, sans fossette.
Les incisives grandes, droites, massives, tacliées; denturetrés bonne.
Oreillo de grandeur moyenne, longue, se rétrécissant vers le bas; le
lolmle petit, sessile; l’hélix partnut recourbé se redresse en arrien' a la
17!)
balitear de la bifuroation de Pantihólix, tundís (¡no eelui-ci est assez
saillent. Ancua nodulo de Danvin.
La poitrine largo, bombee; le con de longueur moyenne. Le ventee
bombé, Kelo mangeant ton jones : c’estun vrai paddy. A la place de l’om-
bilic, une liernie de grandeur moyenne, La región glutéale assez plei-
ne; les mollets ra oyens, longs. Les mains relativement coartes et lar-
gos, assez fines; membrane natatoire de 20 millimétres. Les doigt.s
eflilés, l’index jilas long (pie l’annulaire (chaqué ma.in observée sur le
vivan!.). Les ungios eourts, de largeur moyenne, bombóes. Kelo se les
mango (onychoplingie). L<is pieds relativement eourts et largos, dój¡Y un
peu dólbrmós; la plante cambrón, talón court, le doigt II est jilas long
que le l (observé diez le vivant).
Pouls par minute, 76; respiration, 20; température sous l’aisselle,
presque 3 7 “3.
Ancun tat.ouagc ni cicatrices.
Fernmes et enfants
4. KoHüuntch (planche II, tout a, gauche, ;Y cote de Tclioskiái armó de
son are).
Jeune femme de t(i ans au jilus, marióe, dit-on, avec Tchoskiái (n° 1).
La jihotographie que muís avons jirise ¡Y l’exjiosition fin octubre 1808,
demontre qu’elle est en ceinte; le 11 novembre, elle accoucha pendan t
la nuit de son premier enfant (n" 7), sans qu’il y eut de diííiculté quel-
conque. La naissance déla petite fillette surprit, le lendemain, le public
curieux. Kossantcli est. grele et montre toas les signes de la jeunesse.
(lonleur de la |i('an : brun jaunfitre.
Yeux brun, brun toncó, lente paljióbrale oblique, ótroite, amygdaloi-
de, ójiicantlms assez fort.
Cheveux noirs, lisses, seos, cassants, descendant jusqu’a trois centi-
métres au-dessus des sourcils et terminant par un liord irrógulier; il en
resulte que le front projireinent dit est tres petit; d’ailleurs il est con-
velí de cheveux tout petits, noirs, donnant l’aspect d’une liypertricho-
se. Les sourcils noirs, tres minees et non confínenla. Les aisselles pres-
que dónuóes de poils.
La tete de longueur moyenne, large, liante; le visage de hauteur mo-
yenne, large, infantile, aplati; les jones piales. Le front bas, droit, les
pommettes saillant.es. Le nez de grandeur moyenne; la racine moins
large, jilutot basse que liante; le dos large, bas, droit, aplati, tombant,
peu elevó. Los na, riñes juesque invisibles do face, (ondúes; les ailes
un peu bombóes. Les levres de la boliche assez jdeines, pus arquócs.
Mentón rond, peu saillnnt, minee, sans fossette.
180
Lea ineisives droites, opaques; grandes, massives et groases oomme
le reste de la dentare qui ne correspond pas a la íinesse du viaage; den-
tare b'nnnc, mais déjá na pea asée, de couleur jaunatre.
L’oreille de grandeur raoyeaae, pas aaillaate, loagae, pea boiabée;
lobale petit, appliqné; l’hélix replié de la maniere nórmale, saas pré-
aeater la partiealarité déerite diez les trois individua nuiles. Aaeua un-
dule de Darwin.
La poitriae pea boiabée, étroite; le eoa de longiieur íaoyeaae; les
seias de grandeur ínoyeane, peadaats, hémisphériques; mamelón petit,
árenle large, les deax lie s’élevant pas de la aiamelle, n’ea sont que
la tenuinaison direete. lies molleis de développement moyea, langa.
Les maias coartes, largos, linea; les doigts ediles, le quatrieme dépas-
saat le deuxiéme de chaqué cote (observation sur le vivaat); les ongles
longs, étroits, bombes et tendres, pas coupés ; Pongle le plus long eat
celui du doigt V. Les pieds courts, assez larges, lias; avec la plante
bombee et le dos de liauteur ínoyeane; lears doigts longs, fias, minees,
le second est pías long qae Porteil, de cliaqae cote. Le pied n’est deja
plus de forme nórmale.
Ponía par minute, 05, températele sous Paisselle 37 °5.
Aux deux avant-bras se trouvent les raies de tatouage indiquées, de
coulear bleuátre, et les cicatrices longues, paralléles et blanehátres; ces
derniéres remontent, agauche, jusqu’á la moitié du liras.
Taille : 1,51 m.
5. AUchvk (planche II, au centre).
Peíame d’au plus 20 ana, épouse de Lviótemen (a" 2). Ltobuste, lómele,
mere d’une flllettede six á sept mois (n° G).
Coulear de la pean : jaunátre-gris-brun.
Yeux brun foncé, tente palpébrale un peu oblique, petite, pli mongol
assez fort. Expression un pea sotte.
Oheveux noirs, droita, lisses, dura, seca, lbrts; au l'ront, la méme parti-
cularité que diez Pantérieure. Les cheveux sont coupés transversale-
ment au-dessus des yeux.
La tete est grosse, large, liante; le viaage baa, large, rond, apla-
ti ; le front bas, droit ; les pommettes sainantes. Le nez de grandeur
moyenne; racine large, basse; dos large, bas, droit, mais un pea eon-
vexe, aplati ; pointe olituse, large; lea narinea, plasou moins rondes, pres-
que invisibles de face; les ailea un peu bombóes. Lea lévres de la bou che
grosses, saillantes, non arquées; le mentón de développement moyen,
rond, sans fossette.
Les ineisives droites, opaques, massives; dentare tres bonne, mais
fort asée, de coulear d’ivoire.
L’oreille de grandeur moyenne, pas saillante, de forme intermédiairci
entre la ronde et la longue, pon bombee; le lobnle petit, appliqnó; hélix
reeourbé normalement; nn petit noclnle de Darwin ¡í chaqué oreille.
La. poil riñe large; les nuunelles grandes, tombantes; mamelón po-
tit; aréola aplutic, largo. Les multéis assez torta, eonrts. Les nniins
tres linea et minees, de longueur moyenne, assez étroites; les doigts
longs, minees, eftilés ; l’annulaireest pina long qne Pindex, de chaqué cote
(observé sur le vif); les ougles longs étroits, aplatis. Les pieds gros,
lourds, eonrts et 1 urges; la plante cainbrée, le dos assez haut; le second
doigt plns long qne l’orteil, observé sur le vivant. Une corde enfcoure
la cheville. Le pied est deja un pen deformé, les doigts IY et V étant
redressé (en dedans) :
Pouls par minute, 70.
Les petits tatouages bleuatres se trouvent sur les deux avant-bras;
sur le bras droit et sur le bras et Pavant-bras gauches; les cicatrices
sont longues, paralléles et blandios; ces derniéres aussi sur les jambes
(en directiou transversale) et sur le bus des euisses (en direotionlongitu-
dinale).
Taille 1,075 m.
0. Fillette de sept, mois (planche II, au centre), premier enfant de Al-
tchi'k (n° 5). Lien développée. Oouleur du visa-ge tres clairo.
Yen x avec pli mongol, tente jialjiébrale obliqne.
Cheveux noirs; pas de soureils.
La tete est caractérisée par le nez dont on ne voit que la pointe; la
racine est large et ]ilat.e, formant presque un jilan avec le front.
L’oreille est assez grande, large; le lobule bien marqué et presque
libre; Forcille gauche avec un nodulo de Darwin assez fort, observation
faite aussi choz la mere (nn 5) sur les deux oreilles.
7. Filíe nouveoM-nóc, enfant de Kossantch (n° 4), née le 11 novembre
1898. Enfant fort.
Pean de couleur tres chaire; les indiens ayant demeuré quelque temps
a l’exposition, j’ai pu observer qu’aprés quatre semaines, la peau était
devenue d’un brun-jaune ou jaune-brun d’une maniere assez jnononcée;
la. lin de la. oinquieme somaine, l’enfant était aussi tuneó que l’autre
de sept mois (n° (!)•
Yeux avec pli mongol tres fort; tente palpébra.le fendue.
L index du pied est plus long que l’orteil (observé sur le vivant).
182
TAliLUAU ANTIIÜOl’OMKTKKII K
Corps
_ I
0
CJD
co
3
en
en
V
1 \
d
du vértex (tai lie)
de la í'acine tln uez
du mentón (pointe)
<le la íoiircliotbe ateníale. . . .
ile la septieme vertebre cervicale
de l’acromion
(le la rainure articulaire iln ra
dina
(le l'extrómitó inlerieure du ra-
iliua
de l’oxtrémité inférieuro du íná-
diua
de l'ombilic
du bord supórieur du puliia . . .
du périnóe (plus mi ínoins). . . .
ilu genou
de la inallóole interne
Hauteur du vértex (attitude assise).
Grande envergure (liras horizontaux)
Largeur biacromiale
Membre supérieur : longueur totale.
louguenr du bras
- — longueur de l’a
vant-bras
Main : longueur
— largeur
Troisiíune doigt : longueur externe.
— longueur interne.
— longueur de la plia-
lange básale
l'ied : longueur
— largeur
Oireonlcronee de la poitrine
— du mollet
Mrsuros ubsolurs
ou uiillimrhrs
Mr SU les rrlalivrs
n lu luíllr 100
Groupo d’Indiens Ona aux onvirons de Harberfcon, Torro de Feu (Sud)
Rev. Museo de La Plata, tome xx (ser. n, t. x). Planche II
Groupe d’Indions Ona dans l’Exposifcion iSTationale de Buenos Aires 1898
Rev. Museo de La Plata, tome xx (ser. ii, t. x).
Planche III
Tclioskiái »
Rev. Museo de La Plata, tome xx (ser. ix, t. x).
l'íiótemen »
Rey. Museo de La Plata, tome xx (seií. ii,
>
5SWS31
MSsifl
r. • ..ví-.v
* >»y ' gV* ) t
:íi >•?>,
Groupe cVIndiens Ona aux environs de Harberton, Terre de Feu (Sud)
La Plata, tome xx (shk. ii, t. x).
Planche VI
Bev. Museo de
Groupe d’Indieus Oua aux euviroiis de Harberton, Taire de Feii (Sud)
Rev. Músico i>¡¿ La Plata, tome xx (ser. ii, t. x). Planche VII
Group© d’Indieus Oua aux euvirous de Useless Bay, Torre de Feu (Nord)
Tíev. Museo dk La Picata, tome xx (ser. it.
W
>
s
o
2:
J
x
Groupe d’IntlieiiB Onn> aux eiivirons de Useless Bay, Torre de Fea (Xord
PVB
Peni mes Oua au.x envirous de TJseless Bay, Teñe de Feu (Nord)
Kev. Mdseo de La Plata, tome xx (ser. ii, t. x).
Planche IX
183 —
TAIU.KAI! A N I II ItOI’OM l'M'Itl <{l I K
RÉSUMÉ
Les indiens Olía, exhibes á Buenos Aires, sont des gens bien faits, forts
et bien développés. La taille diez les deux lioimnes est de 3, SO et 1,72
metros, chez les denx femines 1,675 et 1,51 métres. La couleur de la
pean est, en general, d’un brun-jaunc sale; le garyon, est de teinte bcau-
eonp i>lns oliscare. Les yeux brun-foncé, la, fente palpélirale potito,
lendne ; le pli mongol a, vrai dire no se trouve <pie, choz les enfants et
nr.V. MURF.O T,A ri.ATA. — T. XXIII
les femmes. Les clieveux noirs et droits, lisses; la région frontal e, eou-
verte d’une clievelure tres dense, laisse un petit espaee correspondant
au front pliysionomique. Je crois que le cuir appliqué autour de la tete
du nouveau-né, produit une certaine déformation frontale du cráne, telle
qu’elle se ti'ouve, parait-il, eliez les adultes (voir planche IV, le profil).
Le nez, diez les liommes, est bien développé, la raeine assez liante. Les
dents sont niassives, usées en partie et jaunátres. Quant á 1’oreille, on
observe presque le méine type eliez tous les indi vidas; eeci est proba-
blement du á une parenté assez proeliaine. Les pieds gardent une bonne
proportion avee les extréini tés, mais ilssontunpeu déíbrmés a cause
du cuir de guanaco qui les enveloppe en forme de babouelies.
Aux photographies que j’ai fait prendre a l’exposition en 1898 (plan-
ches II á IV), j’en ai ajouté quelques-unes recueillies par moi plus tard :
la planche I représente les mémes indiens de l’exposition, entourés de
leurs compatriotes; la idanclie V et VI, des indiens de la méme région.
Les planches Vil á IX, en fin, nous montrent les derniers indiens du
nord de Pile, aujourddmi éteints; je les ai visité en 1902 et je dois les
photographies á Poxtréme bienveillance de messieurs Aleck A. (lamerón
et F. W. Belt, propriétaires des terres de Useless Bay, diez qui j’ai sé-
journé quelques jours. J’espére compléter mes études, faites en 1898,
dans une seconde publication.
RELEV AMIENTO ANTROPOLÓGICO
1)K
II N A 1 N D I A Y A G A N
Por i5i. Dr. R. LEHMANN-NITSCHE
Revisando mis apuntes antropológicos encontré las observaciones que
hiciera, ha tiempo en 1902, sobre una india Yagan, perteneciente ú la
tribu indígena que fué estudiada tan detenidamente por la- Mission scien-
t {fique du cap ITorn, y que representa, por la primitividad de su cultura,
una reliquia do los grupos étnicos más inferiores. En el año indicado
hice un viaje á. la Tierra del Fuego y me detuve algún tiempo en la comi-
saría de Río Grande, situada en el Esto de la isla y en las inmediaciones
de la misión Salesiana del mismo nombre. Á unas leguas de la comisaría,
tierra adentro, cerca de un pequeño río llamado «del Fuego», las auto-
ridades argentinas tenían establecido un destacamento de policía, com-
puesto de im sargento y algunos soldados. Vivían esta gente en la manera,
rústica que resultaba del alejamiento completo de un centro de civiliza-
ción; dos, tres chozas hechas de los troncos del fago; una carpa, ca-
ballos, perros y algunas mujeres, he ahí los rasgos característicos del
destacamento.
De las cinco mujeres, compañeras de aquellos gendarmes, cuatro eran
Onas y una Yagan como pude comprobar por un breve examen lingüís-
tico; la última por la. pequeñez de la talla, y la. esbeltez del cuerpo, se
distinguía ¡i simple vista de sus compañeras robustas y gordas. Todas
('lias, sin duda., habían sido arrebatadas á sus antiguos dueños, los Onas,
en una de las sangrientas luchas con que los avances de la llamada civi-
lización blanca siguen manchando sus pretendidas tendencias de pro-
greso. Que una india Yagan se halle entre los Onas, es cosa relatada con
cierta frecuencia por los viajeros; dicen (pie los Onas del sur aprovechan
la oportunidad de conseguir por el rapto mujeres de la tribu Yagan que
antes habitaba la costa alrededor del canal de Rengle.
18(i
Parece inútil publicar el relevamiento antropológico de un solo indi-
viduo y ante todo del representante de una tribu detenidamente estu-
diada, como los Yagan por la Mission scicntijique <lu cap Ha ni ; pero
observamos que el présenle relevamiento, probablemente será el último,
pues de los Yagan, como lie podido convencerme, apenas deben existir
todavía cincuenta individuos. Pasamos ahora al cuadro descriptivo y
métrico.
Anolsli alias Oarmen, 15 á 10 años, del sudoeste de la isla, mujer de
un soldado del destacamento de policía de Río Grande. Observada, marzo
7 de 1902.
Cutis amarillo marrón, más bien amarillo ; partes expuestas al aire
ídem; partes cubiertas, de un amarillo marrón ; la palma de la mano como
del europeo, con un matiz amarillento. Iris pardo obscuro.
Cabello negro, cuando cae la luz sobre él, se notan partes de color fe-
rruginoso ; denso, bastante recto, las puntas partidas.
Tórax bien desarrollado.
Mano linda, esbelta, dedos delgados, adelgazándose hacia la punta ;
uñas convexas.
Pie rectángular, esbelto, empeine alto, planta abovedada, talón no
proeminente ; en ambos costados, el dedo segundo sobresale al primero.
El largo externo del dedo medio es 108 milímetros, el largo interno 75
y el largo de la falange basal 57 milímetros ; la membrana natatoria mido
por consiguiente 33 milímetros.
Cabeza de tamaño mediano, sin deformación artificial ; cara amigdaloi
dea, con los pómulos marcados, vista de perfil, bastante chata; ojos pe-
queños en forma de almendras, gran pliegue mongólico, párpados supe-
riores é inferiores no visibles ; frente bastante alta, derecha, sin aboveda -
miento, cubierta de cabello hasta dos pulgadas sobre las cejas ; pómulos
muy salientes, de color rojizo; nariz de tamaño, altura y anchura media-
nas, base algo levantada, dorso un poco cóncavo, punta ancha, redonda,
alas apenas separadas por el surco dorso alar, ventanas más ó menos re-
dondas, el tabique delgado, sin surco mediano ; labios de tamaño medio,
bien arqueados, orejas de tamaño mediano, forma normal, pegadas, ló-
bulo pequeño, algo separado de su base; no hay nodulo de Danvin.
Dentadura hiperortógnata, dientes grandes, amarillentos con partes
blancas, completos.
Pulsación por minuto 83, respiración 22-23.
Kkv. Museo de La Plata, t. xxm (sek. ii, r. x)
Lámina X
, l j
'
K. I,. N. fot.
India Yagan
'
187
«ELEVAMIENTO ANTROPOLOGICO
di-:
DOS INDIAS A LACA LUI'
Pon El. í)jí. U. LEH MAN N-N ITSCII E
Á principio de LÜOli tuve oportunidad de realizar un viaje á los cana-
les inagallánicos y á la Tierra del Fuego cuya descripción no lia sido
publicada aún. Cuando navegábamos, á bordo del vaporcito Elena, en los
canales y nos encontrábamos en el paraje llamado Puerto Hope, un toldo
europeo y dos chozas indígenas llamaron nuestra atención. Hice (pie el
vapor se detuviera y bajamos á tierra. Saludónos un hijo de la tierra ibé-
rica quien se dedicaba á la caza de nutrias, etc., y el toldo servía de vi-
vienda para él y para almacén de los cueros de los animales cazados.
Al lado había dos chozas indígenas, hechas del ramaje de los árboles,
y las hojas secas indicaron (pie ha tiempo fueron construidas. Eran los
indicios de la morada de una familia Alacaluf, desaparecida, asesinada,
muerta quién sabe cómo y porqué; los dos miembros sobrevivientes, las
dos muchachas hermanas cuyo relevamiento se dará en las líneas siguien-
tes, pasaron a ser propiedad del español quien había venido á reemplazar
la familia Alacaluf y cuyo Winchester había de triunfar sobre el arco y
la flecha de los desgraciados hijos del suelo.
Las dos hermanas citadas dilicrcn como cuatro años en edad. La mayor
había tenido un niño que falleció en la corta edad de algunos meses; (‘I
padre nos enseñó la tosca cruz (pie como buen cristiano había erigido so-
bre la tumba, situada en la orilla opuesta del canal. La hermana menor
estaba en cinta y sus senos ya empezaban á secretar calostro. Á base de
un vocabulario que llevaba conmigo, pude comprobar que eran Alacaluf.
Doy los datos siguientes sin bibliografía y como simple material para
contribuir al conocimiento de una de las tribus más primitivas (pie so-
breviven en el mundo.
189 —
N° 1= Ernesto,, 17 á 18 años, del canal Bárbara, compañera de un es-
pañol que so mantiene con la caza do nutrias, etc. Observada febrero 25
de 1902 en Puerto I-Iope, archipiélago magallánico.
Cutis parduzco claro, partes expuestas al aire más pardas, partes cu-
biertas, de un marrón amarillo sucio, palma déla mano, amarillenta. Iris
pardo obscuro.
Cabello negro, aparece castaño obscuro cuando se lo mira contra la
luz; abundante, más bien lacio que rígido.
Tórax bien desarrollado; senos pequeños, colgantes; posones peque-
ños, aureola pequeña, no se distingue en el color del color de los pe-
sones.
Mano bien formada, esbelta, uñas muy convexas. El largo externo del
dedo medio es 98 milímetros, el largo interno G9 y el largo déla falange
basal 50 milímetros; la membrana natatoria mide por consiguientes 29
milímetros.
Pie corto, esbelto, empeine bajo, talón poco saliente, el dedo más largo
es, en el pie derecho, el segundo, en el pie izquierdo, el dedo grande.
Cabeza bien formada, sin deformación artificial; cara de contorno ovi-
forme; ojos amigdaloideos ; frente pequeña, perpendicular, no abovedada,
el borde del cuero cabelludo irregular; pómulos no proeminentes; nariz
de tamaño mediano, baja, algo ancha, base un poco levantada, dorso un
poco arqueado, punta ancha, redonda, alas no abovedadas, ventanas re-
dondas, no hay surco mediano del tabique; labios de tamaño mediano,
arqueados; orejas pequeñas, pegadas á la cabeza, el hélice algo saliente
<mi el medio, nodulo pequeño, no hay nodulo de Darwin.
Dentadura hiperortógnata, de tamaño medio, sin defectos ni deforma-
ciones, de color amarillento.
Pulsación por minuto 07, respiración 20.
N° 2. Kimoehr’ehaf alias Elena, 22 años, del canal Bárbara, hermana
de la anterior, con ella compañera del mismo español que se mantiene
con la caza de nutrias, etc. Observada febrero 23 de 1912 en Puerto
llope, archipiélago magallánico.
Cutis de color pardo, partes expuestas al aire un poco más pardas,
partes cubiertas de un marrón amarillo sucio, palma de la mano de un
matiz marrón amarillento. Iris pardo obscuro.
Cabello negro, pero pardo obscuro cuando se lo mira contra la luz ;
más bien lacio que rígido; pequeño bozo.
Tórax bien desarrollado; senos de tamaño regular, largos, colgantes,
pesones largos, aureola de tamaño mediano, en su color poco distinta del
color de los posones.
Mano corta, fuerte, uñas cortas, arqueadas. El largo externo del dedo
medio es 101 milímetros, el largo interno 71 y el largo de la falange ba-
190 —
«al 53 milímetros; la membrana natatoria mide por consiguiente 30 mi-
límetros.
Pie corto, rectangular pero esbelto, empeine bajo, talón pequeño, el
dedo sobresaliente es el segundo en ambos pies.
Cabeza de íormas regulares, sin deformación artificial, la cara más o
menos redonda, algo aplastada vista de perfil ; ojos amigdaloideos; frente
pequeña, derecha, no abovedada, el límite entre frente y cuero cabelludo
irregular; los pómulos poco salientes ; nariz de tamaño regular, de an-
chura mediana, la base algo levantada, dorso un poco convexo, punta re-
donda, alas no abovedadas, ventanas de contorno angular, no hay surco
mediano del tabique; labios de tamaño mediano, arqueados; orejas pe-
gadas, el hélice sale algo en el medio; lóbulo pequeño, no hay nodulo de
Darwin.
Dentadura ortógnata, dentadura maxilar sobrepásala mandibular; el
tamaño de los dientes es de término medio, el color amarillento; no hay
defectos ni deformaciones.
Pulsación por minuto 02, respiración 20.
Kkv. Museo t>f. I.
Pl.ATA, T. XXIII (SKI!. II, T. X)
Lámina XI
Lámina XII
Rev. Museo de La Plata, t. nxiii (seu. ii, t. x)
R. í„ Tí. fot.
[i. L. N. fot.
Indias Alacnluf
RELEV AM IENT1 > A NTROEOLOGIOt )
di:
TRES INDIOS TEJI II ELCHE
Pok 101. l)u. R. L El i M ANN-N ITSC 1 1 E
Un el mes de febrero de 11)05, se detuvieron en La Plata, algún tiem-
po, unos indios Teliuelclie que á la vuelta de la Exposición internacional
de San Luis, regresaban á su patria, las comarcas del Río Santa Cruz en
Patagonia. Componían la troupe un matrimonio anciano y tres hombres
jóvenes, Casimiro, Bonifacio y Colojo. Todos vestían á la gaucho-europea
y los diarios relataron sus proezas de domadores y enlazadores, demos-
tradas en un gran torneo pan-indio-americano que fue preparado para
aquella exhibición universal. De todo modo, la reunión de tantos repre-
sentantes de diferentes razas fue aprovechada para un examen compa-
rativo de sus capacidades acústicas y en el minucioso estudio nuestros
Tehuelehe han alcanzado altas clasificaciones Aquí en La Plata, me
tuvieron que demostrar sus talentos musicales : una monografía sobre
sus primitivos cantos, lijados por el fonógrafo, como también sobre el
arco musical usado por ellos, es el resultados de una paciente investiga-
ción i. Servíanme al fin como profesores de su idioma; apunté un copioso
vocabulario y grabé textos tehuelehe en los tubos del fonógrafo. De estos
estudios me he servido al preparar un trabajo sobre el idioma patagón
1 Archives vf psycholvijy, edited l»y li. ¡á. Woodworst, uu 11, july 1908. New York.
— Esta publicación lalta en las bibliotecas dol país ; no mo es posible dar una cita
exacta.
L u II M ann-N ITSC UK, Patayonische Gesünye and Musikbuyeu. Anthropus 111, p. 930.
1908. — El amigo Casimiro, tocando el arco musical, se presenta en la página 930,
según una fotografía hecha por nosotros; esta fotografía filó reproducida también
cu la siguiente obra : Outjos y Bkucii, Las viejas razas argentinas [seis grandes cua-
dros murales], cuadro V, número 18. Buenos Aires, 1910.
I í)8
con sus variaciones y sus relaciones con una de las lenguas fueguinas,
llegando á la conclusión de que puedan abarcarse en el grupo lingüístico
Tshon
En lo que hace á releva mien tos antropológicos, tuve menos suerte:
el bueno de Casimiro, representante típico de la tribu Teliuelche y ejem-
plar hermoso de su raza, casi se abalanzó hacia mí como toro apenas ha-
bía determinado la altura total, la altura del borde superior del esternón
y la del ombligo, medida que me parecía, de importancia ; Bonifacio y
Colojo, á duras penas, podían calmarlo. Aunque ellos permitían tomarla
mayoría de las medidas, la buena oportunidad había desaparecido, y no
creía conveniente seguir molestando ó. los indios con apuntes y observa-
ciones. Me limitaré pues «ó breves indicaciones descriptivas.
N° 1. Bonifacio? mozo robusto, alto, al parecer de musculatura entre-
nada; de carácter franco, abierto; por su fisonomía parece tener sangro
de las tribus indígenas, vecinas de los Teliuelche, e. d. Puelche ó Arau-
canos; su talla elevada corresponde al clásico crecimiento gigantesco
de los Patagones.
K" 2. Colojo , mozo también robusto, distinto de los otros por su peque-
fía talla y su fisonomía que más bien parece araucana; no tan inteligente
como el anterior, pero dócil en su trato; trabajando en una cuadrilla de
p’eones, difícilmente podría, ser separado, tanto representa el tipo del
gaucho.
N° 3. Casimiro, joven, gordo, alto, el modelo del tipo Teliuelche, según
nuestras ideas; la cabeza grande, maciza, leonina; pliegue mongólico
persistente é influenciando el carácter de la fisonomía; de temperamen-
to inconstante y colérico.
Talla = i"’7S8.
üe los detalles morfológicos, trataremos los siguientes en globo :
Cutis; es de color gris amarillento; Colojo (n° 2) es el más obscuro y
presenta un tipo pardo obscuro.
Cabello; es como los conocemos do tantos indígenas americanos : lacio
y pardo obscurísimo que parece negro; rígido y bastante grueso.
’ Lbumann-Nitsciie, El grupo Tshon de los países magallánicos. Sumarios de las con-
ferencias y memorias presentadas al XVIIo Congreso internacional de los americanistas,
sesión de Buenos Aires, 16 :il 21 de mayo de 1910. Resumen número 47. Buenos Ai-
res, 1910. Reimpreso en : Actas del XVIIo Congreso internacional de Americanistas, se-
sión do Buenos Aires, 17-23 de mayo do 1910, p. 226-227. Buenos Aires, 1912.
Ídem, El grupo lingüístico Tshon de los territorios magalldnicos. Revista del Museo de
La Plata, XXII 2, IX), p. 217-276. 1914.
Iíkv. MuüKü di¿ La Plata , t. xxiii (skk. n, t. x)
Lámina XIII
lí. L. N. fot.
Buni fació
Colojo
ludios Tchuelche
Kiív. Museo be La Plata, t. xniii (sek. ii, t. x)
Lámina XIV
Casimiro
R. L. N. fot.
Sincliel (no fué uiodido)
Indios Teliuelclio
195
NOTICIA SOBRE UNA URNA ANTROPOMÓRFICA
DEL VAL L E DE Y O C A V 1 L
(l'HOVINCIA uk catamaiica)
Entre las colecciones adquiridas al señor don ¡Segundo Salvatierra pol-
los Museos de historia natural de La Plata y etnográfico déla Facultad
de filosofía y letras, de Buenos Aires, se encuentra el ejemplar que mo-
tiva esta sucinta nota. En la repartición de las series, la pieza que nos
ocupa tocó en suerte al museo de La Plata, donde se encuentra actual-
mente, catalogada bajo el número 0100. La única noticia que podemos
consignar sobre este ejemplar es que fuó hallado en el valle de Yocavil,
provincia de Catamarea. La procedencia resulta un tanto vaga : mayo-
res indicaciones sobre las características del hallazgo ó particularidades
sobre el yacimiento del cual fue exhumada no se conocen, á pesar de
nuestros esfuerzos en tal sentido.
Sin embargo, como se trata de un ejemplar de forma insólita en nues-
tras regiones arqueológicas del noroeste, hemos creído oportuno su pu-
blicación.
Por su forma general pertenece á la serie de alfarerías antropomórfi-
cas, modeladas y decoradas. Su carácter funerario es indiscutible.
Gomo se puede ver, por la figura 1, el cuerpo propiamente dicho de la
urna es ovoide. En los extremos del eje máximo están colocadas las asas
y guardando la. misma orientación (pie ellas se levanta, en una parte, el
gollete, amplio, alargado y de forma, subcónica; en la correspondiente
á la otra asa, encima de ella, ha sido modelada una cabeza de mujer.
Es, en conjunto, de forma esbelta ; la pasta homogénea y bien cocida y,
como sucede generalmente, la decoración ha sido trazada con anteriori-
dad á la cocción, de donde resulta la firmeza y persistencia de los colo-
res. El modelado ha sido ejecutado con bastante grosería ; los relieves
197
son prominentes, y los rasgos fisonómicos y demás accesorios duros y
toscos. La plasticidad que se observa muy frecuentemente en otros mode-
lados conocidos de la región, sobrepasa en mucho al de este curioso
ejemplar. La altura total de esta pieza es de 330 milímetros y el ancho
de la boca 190.
Atendiendo á su forma, este ejemplar resulta raro en la región ; puede.
Fig. i
sin embargo, soportar una comparación con otros procedentes de comar-
cas más ó menos vecinas, donde la idea de obtener vasos con estos ca-
racteres generales parece no ser nueva. En Galingasta 1 se ha encontra-
do un vaso blanco, antropomórfico y decorado (pie presenta peculiarida-
des de formas análogas al que nos ocupa. El vaso de referencia está
actualmente en poder de la señora viuda de Aguiar.
Además, en el museo de La Plata, se encuentra, procedente deCopia-
1 Desiderio S. Aguiar, H naipes en Segundo censu general de la provincia de San
Juan, tomo I, página 221. Buenos Aires, 1915.
— 1 i)«S
pó (Chile), un ejemplar análogo, en su forma general, al de Aguiar y al
que motiva esta descripción. Otro vaso con iguales caracteres que los
mencionados, se conoce : procede de Tongoi (Chile) y fué publicado por
José T. Medina 1 quien, erróneamente, afirma que la representación mo-
delada que ostenta el ejemplar es la de un «gato montés ». El carácter
francamente antropomórfico del vaso <le Tongoi no puede ponerse en
duda.
La decoración de la pieza de Yocavil está distribuida en dos porciones
independientes : en el cuerpo propiamente dicho y en el gollete. En la pri-
mera, dividida á su vez en dos partes, se encuentran trazados dos elemen-
tos de decoración espi ralada, unidos, y determinando la conocida figura
de serpiente estilizada en forma de co amplia (lig. 2). No insistiremos ma-
yormente sobre el carácter de esta ornamentación por cuanto su presen-
cia está harto generalizada en la cerámica de la región ; es comunísimo
hallarla en los platos ó pucos, casi siempre en la superficie externa, y en la
porción inferior de las urnas de tipo Santa María. No es muy frecuente,
pero suele hallarse en ciertas ollas rojas (veleros) que se han descubierto
profusamente en el departamento de Belén, provincia de Catamarca.
En las urnas funerarias de tipo Santa- María, generalmente;, esta
figura ornamental ocupa posiciones simétricas en el cuerpo propiamente
dicho de la urna y suele estar colocada á ambos lados de una banda cen-
tral en la que predominan elementos de carácter geométrico, consistentes
en guardas griegas encadenadas y que no son sino síntesis, estilizacio-
nes supremas, de figuras que en su origen tuvieron definido carácter
zoomórfico.
Estas estilizaciones no solamente aparecen de una manera clara en la
cerámica sino también y con más fuerza- en los tejidos. Esta estrecha
correlación entre los motivos ornamentales, nos ha hecho sospechar que
el decorado que cubre á ciertas urnas, sobre todo á las de carácter an-
1 .Josli Toiuiuo Miíuina, Los aborígoiua s de Chile, página ‘122 y figura. 1 8(5 . ¡Santia-
go, 1882.
199 —
tropomórfico, son representaciones reales de los ponchos y inantas que
debían envolver al muerto.
IGn la pieza (pío nos ocupa, esta decoración espiralada, posiblemente,
<>s también una aplicación de la que se encuentra en los tejidos, cnten-
Cnlclinqni (Col. Lafono Quovedo)
Santa María (Outes)
Tolombón (Col. I. áfono Quevodo)
Y non vil (Col. Salvatierra) Cerro de. los Mojarras (Col. Brucli) Loma Itiea (Outes)
Fig. :¡. _ Fases distintas do la estilización do un figura zoomórfica pintadas
en urnas funerarias do la región diaguito-calchaquí
diéndose que lia sido ampliada, por obligarlo así la extensión de la su-
perficie que tenía que decorarse.
Sobre estas lígulas, distribuidas independientemente y eu posición
simétrica, lian sido trazadas dos figuras con caracteres zoomórfieos : la
cabeza. afecta la forma de un triángulo deformado, lleno; el cuerpo rom-
13*
URV. Ml'SK.O LA PLATA.
T. XXI II
200
boide, está ocupado por dos triángulos llenos, opuestos, y las patas lar-
gas y recogidas terminan en tres ó cuatro dedos.
Tampoco es ésta una decoración original : se la encuentra con distin-
tas modalidades en mucha alfarería de la región y especialmente en las
urnas (veleros) de tipo Belén. En algunas de tipo Santa María ocupa la
porción ventral y el cuerpo del animal representado — posiblemente
un batracio — se presenta jaquelado.
Tal decoración zoomórfica se encuentra con cierta rareza en la parte
interior de ciertos pucos 1 : en uno procedente del Cerro Pintado de las
Mojarras, descrito por Bruch 2, aparece esta misma decoración zoo-
mórlica, pero estilizada de tal manera que el batracio representado ha
perdido la cabeza, y las patas se han separado del cuerpo del animal.
El conjunto de la decoración ha perdido su carácter zoomórfieo origina-
rio para adquirir otro, por estilización gradual, al extremo que, á prime-
ra vista, parece ser geométrico puro, como puede verse en los dibujos
semiesquemáticos de la figura 3. Hemos representado en ellos las dis-
tintas fases que ha atravesado este símbolo en la cerámica de la región.
La estilización de esta figura real ha llegado en ciertos casos á perder
casi todos sus caracteres originarios, convirtiendo la primitiva decora-
ción realística en figuras con tendencia á geometrizarse 3 y en las cuales
apenas se conservan rastros de los elementos que la constituyeron. El
decorado de una urna de Santa María 4 es la mejor prueba que aduzco
en apoyo de esta tesis, como puede verse en la figura 4.
Son, por otra parte, muy frecuentes estas disociaciones de órganos,
como también lo contrario, en las representaciones más ó menos reales
«pie se observan en el decorado de las alfarerías del noroeste argenti-
no. Posiblemente responden en muchos casos á fantasías del artista
pero, en general, cabe afirmar que obedecen al proceso natural que ha
seguido la decoración en su desarrollo.
1 Véase : Carlos Bucen, Exploraciones arqueológicas en las provincias de Tvcumán
y Catamarca en Revista del Museo de La Plata, tomo XIX (2a serie, t. VI), páginas G0
y G9. Buenos Aires, 1913. Samuel A. La CON H Quuvc.no, en Tipos de alfarerías en
la región diaguito-calchaquí en Revisla del Museo de La Plata, tomo XV (2a serie, t.
III), página 391, Buenos Aires, 1908, reproduce otro ejemplar que ya había sido pu-
blicado por FÉI.IX OUTHS en Alfarerías del Noroeste argentino en Anales del Museo de
La Plata, tomo 1 (2a serie) página 18. Buenos Aires, 1907.
“ Buucii, Exploraciones, etc., página 108.
3 Sobre esta interesante cuestión se lia extendido acertadamente el doctor Luis Ma-
kía Torres, en lo que se refiere á la cerámica prehistórica ríoplatense, en su obra :
Los primitivos habitantes del Delta del Paraná, páginas 570 y 571. Buenos Aires, 1911.
' Véase : Samuel A. Laconk Qukvedo, Catálogo descriptivo ó ilustrado de las hue-
cas de Chañar- Iaco (provincia de Catamarca), en Revista del Museo de La Plata, tomo
III, página 59. La Plata, 1892.
201
El zoomorfismo que nos ocupa, con pocas variantes en sus caracteres,
se encuentra en alfarerías procedentes, entro otras partes, y no muy fre-
cuentemente, en La Paya, (Valle Caleliaquí) ', en Pampa Grande 2, en
(lasabindo y Quebrada de Humahuaca (provincia de Jujuy) 3, grabada
sobre un disco pectoral de bronce; en Tolombón, Oafayate. San Carlos y
Puearilla (provincia de Salta) 4 ; en Vipos y Quilines (provincia de Tucu-
mán y en Andahuala, Santa María y San José (provincia de Catamarca).
En resumen, puede decirse, que las representaciones del batracio que
nos ocupa, lian sido generalmente pintadas en urnas funerarias; raras ve-
ces apa recen modeladas y sólo una, vez grabada sobre un objeto de bronce.
Las circunstancias antes apuntadas hicieron sospechar á, Ambrosetti
(pie estas representaciones eran verdaderos símbolos de valor, diríamos,
religioso y propios de una cultura típica, traída por gentes que, largas
migraciones y arrinconamientos sucesivos obligaron á quedar confinadas
en las yermas é ingratas regiones interandinas del noroeste argentino s.
Igual opinión fue compartida, posteriormente, por Quiroga y Lafone
Qucvedo 7 . Tanto Ambrosetti como Quiroga, en apoyo de dicha conjetu-
ra, traen datos abundantes recogidos del Folk-lore local y de las tradi-
ciones vivientes, de comarcas apartadas. Por otra parte, ambos fundan
dichas conclusiones en la correlación de los símbolos, es decir en la cons-
tante representación de esa figura zoomórfiea, asociada á, otras — cru-
ces, serpientes y avestruces — cuyo valor meteorológico nadie ha pues-
to en duda.
He ve, pues, que este motivo ornamental zoomórfieo es de carácter
muy local. Su área de dispersión no se extendió, en territorio argentino
y. en sentido norte, hasta más allá de La Paya, en el corazón del valle
' .1. B. Ambrosetti, Exploraciones arqueológicas en la ciudad prehistórica de La Vaya.
Facultad de filosofía y letras, publicaciones do la, sección antropológica, número 3,
páginas 243 y 397. Buenos Aires, 1907.
5 J. B. Ambrosetti, Exploraciones arqueológicas en la Pampa Grande (provincia de
Salta), Facultad de filosofía y letras, publicaciones de la sección antropológica, núme-
ro 1, páginas 81, 109 y 118. Buenos Aires, 1906.
’’ J. B. Ambrosetti, Antigüedades calchaqníes en Anales de la Sociedad científica ar-
gentina, torno LII, página 176. Buenos Aires; y Notas de arqueología calchaqní, pá-
gina, 235. Buenos Aires, 1899.
I .J. B. Ambrosetti, Notas de arqueología calchaqní, páginas 250 á 259. Muchas de
las figuras utilizadas por esto autor fueron reimpresas en la obra de Quiroga : La
Unís en America. Buenos Aires, MCMI. En general, como lo hace notar á su vez el
doctor Ambrosetti, esta representación zoomórfiea se encuentra asociada á otras del
mismo carácter que, por lo común, son serpentiformes.
II .1. I!. Ambrosetti, Ñolas de arqueología, ote., página 235.
" AoAn Quirooa, La Cruz en América, páginas 221 á 238.
7 Samuei. A. L apone Queveihi, Tipos de alfarería, ote., página 330.
Oalchaquí y hacia el sur, parece haber alcanzado sólo hasta las vecin-
dades de Londres, en el valle de Quinmivil, provincia de Catamarón '.
Su centro, á estar á los datos que hemos reunido, debe radicar en la
región de Santa María y valle de Yocavil, en la provincia citada. De es-
ta región es de donde procede la mayor cantidad de ejemplares conoci-
dos, caracterizados por la decoración tic referencia.
No deja de llamar la atención que en los petroglifos de la región del
noroeste argentino, en los cuales, parece haberse sintetizado los ele-
mentos decorativos que se encuentran en la alfarería, este ornamento
zoomórfieo no se encuentra ni una sola vez. Difícil es dar una solución
terminante á este problema dado los escasos datos que poseemos sobre
este asunto. Posiblemente habrá en ello una cuestión de cronología, co-
rrespondiendo, en ese caso, la introducción de este ornamento ó un pe-
ríodo posterior ó más avanzado de la cultura regional en su lento des-
arrollo.
Por lili, sobre el gollete lia sido trazada unasepiente que describe casi
tres vueltas á su alrededor. La cabeza está constituida por dos triángu-
los unidos y el cuerpo cubierto por líneas paralelas que, al entrecruzar-
se, forman un reticulado continuo (lig. 5). En la parte interior del gollete
presenta una decoración simple, constituida por líneas paralelas descen-
dentes. La figura así representada es, una vez más, un motivo ornamen-
tal de frecuencia abrumadora en la cerámica del noroeste argentino,
razón por la cual no insistiremos en detalles mayores.
Tendríamos, pues, un ejemplar que, aunque antropomórfico por sus
líneas y su modelado, es, por su decoración netamente zoomórfico.
La cara humana modelada con relieves fuertes (fig. (i) es de aspecto
tosco pero demuestra firmeza : las arcadas superciliares, describiendo un
amplio círculo, se cierran junto á los extremos de los labios que, como
están abiertos, dejan ver la doble hilera de dientes 1 ; de los ojos, coloca-
1 En ol Poní, y especialmente en la región tic Mocho, ¡ilmmhui estas representacio-
nes zoomórfieas en vasos elegantemente modelados. En el museo tic La Plata, exis-
ten varios y entre ellos uno, de color negro, que sobre los lomos del sapo ostenta dos
elegantes serpientes en relieve.
1 Esta técnica es la misma usada para obtener la representación do caras humanas
que se observa en muchas urnas de tipo Belén y que ocupan su parte media ventral.
Véanse : Oijtics, Bnucu, Lakonic Quicvicdo y AMimosicm, en sus ya citados trabajos.
dos en posición oblicua, bajan i res líneas y á su alrededor corre un círculo
pintado, como toda la decoración, de negro; las orejas han sido también
modeladas en relieve y al costado de la que está ubicada á la izquierda
presenta un moño prominente que es, sin duda, la representación de la
atadura del cabello. El peinado de esta figura está hecho con cierta pro-
lijidad : partido sobre la frente cae á ambos lados de la cabeza y queda
recogido y atado con el moño ó que nos hemos referido. Posiblemente
sobre el lado derecho existió el cabedlo recogido como hemos dicho, pero
el moño se extravió. Conserva rastros que nos permiten hacer esta afir-
mación.
En la región correspondiente al cuello ha sido trazada una decoración
que bien pudiera equivaler á la representación de un collar : consiste
ésta en una serie de puntos distribuidos entre dos líneas que se unen
bajo las orejas y se continúan luego, como línea sola, alrededor del cuello.
El carácter antropomórfico de la urna que nos ocupa es análogo, aun-
que no por los motivos ornamentales que la adornan, al de la llamada
«Urna Quiroga», procedente de Amaincha ó Amaiclia, provincia de
Tucumán.
La urna de Amaicha filó publicada por primera vez por Quiroga fue
descripta por Ambrosetti 2 y publicada de nuevo por Quiroga 3 *. La reim-
primid una vez más Lafoue Quevedo 1 y últinuimente la utilizo l’osnan-
•sky para basar en el estudio de su simbolismo una posible correlación
entre las culturas de Tiahuanaco y lasque se desarrollaron en el noroes-
te argentino 5 *.
Demás está decir que las conclusiones á que arriba este autor, no son
boy poy boy aceptables por cuanto las pruebas que aduce pecan de in-
suficiencia y muchas veces caen en lo antojadizo, cuando no en lo senci-
llamente fantástico. t
Lafone Quevedo después de establecer analogías entre la decoración de
la « Urna Quiroga » y otras conocidas 0 determina el área de dispersión
— el valle Calebaquí propiamente dicho — de las urnas de tipo Santa
María, consideradas tanto por su forma como por su decorado y llega á la
conclusión probable de que tales manifestaciones de la industria alfare-
ra « responden á una cultura anterior ála de los lucas (|ue allí fuá arrin-
conada cuando se vino abajo aquel primer imperio del Perú del cual nos
habla Montesinos en sus memorias » 7 8.
Oreemos oportuno agregar que Max Ulile, al intentar fijar los jalones
de nuestra cronología prehispánica y los probables períodos de nuestras
extinguidas culturas, sostiene que, efectivamente, las urnas de que trata-
mos son típicas y presentan todos los caracteres de una evolución local
Como se habrá podido notar en el curso de esta memoria, se trata de
1 Adán Quikoua, L'olk-lorc Calchaquí, en llolclíu del Instituto geográfico argentino,
tomo XVIII, página 560. Unenos Aires, 1807. Este autor interpretó la urna como una
representación de Puellay.
2 Joan B. Amkkosistti, Notas de arqueología, etc., página 150.
:l Adán Quikooa, La Cruz cu América, página 160.
1 Samuel A. Lakone Quevedo, Tipos de alfarería, ele., plancha I.
5 Autuko Posnansky, TI signo escalonado cu las ideografías americanas con especial
referencia á Tiluianaeu, ligara -10. Berlín, 1013. llago notar que, equivocadamente,
esto autor, afirma que esta urna existe en el museo de La Plata. Nunca ligará en-
tre las colecciones que so guardan en dicho musco : perteneció á la colección priva-
da del doctor Quiroga y á su muerte, por venta, pasó á ser propiedad del museo de
Bellas Artes do Buenos Aires, donde actualmente se encuentra.
“ Matilda Stevensgn, Tlie Sia en Elcvcnth annual of the 1¡ urca a of eihnoloyy,
1880-1890, página 146 y siguiente. Washington, 1894.
1 Samuel A. L alone Quevedo, Tipos de alfarería, etc., plancha I.
8 Max Uhlk : Las relaciones prehistóricas entre el Perú y la Argentina en Actas del
XVIIo Congreso internacional de americanistas, sesión do Buenos Aires, 17-23 de mayo
«le 1910, páginass 514 y 515. Buenos Aires. 1912.
205
mi ejemplar cuyos caracteres esenciales radican en su forma. Los ele-
mentos decorativos que cubren su superficie no son nuevos en absoluto
pero sí presentan la novedad de su distribución. En general, en la cerá-
mica de la región, que indudablemente es contemporánea de esta urna,
estos mismos motivos ornamentales se encuentran vinculados entre,
sí, dentro de una rigurosa unidad. En el caso actual guardan perfecta
independencia y cada uno juega papel propio.
Por otra parte, es frecuente encontrar en los distintos tipos de cerá-
mica, combinaciones de estos elementos decorativos, serpientes y sapos,
notándose ello en especia! en las urnas de carácter antropomórfico, que
ostentan figuras modeladas ó simplemente pintadas.
Resulta difícil establecer con precisión los fines á que fué destinada
esta preciosa urna. Dada su pequenez y el angostamiento que presenta
el cuello del gollete en su unión con el cuerpo de la pieza, debemos de-
sechar la suposición de que haya servido para los fines funerarios de
inhumaciones directas é inmediatas. Además, no conocemos las condi-
ciones especiales en que se efectuó su hallazgo pues, de conocerlas, tal
vez, pudiéramos inducir alguna consecuencia formal.
El hecho de su perfecta armonía, en lo que á decoración y técnica se
refiere, con las urnas funerarias del tipo de Santa María y Belén, y la com-
probación muchas veces establecidas de sucesivas inhumaciones de un
mismo resto humano podría hacernos sospechar que sirvió esta urna para
guardar restos humanos esqueletizados : en este caso lo sería de una cria-
tura 1. (Jomo hemos dicho, esta suposición se hubiera podido probar sólo
en el caso de que el hallazgo estuviera prolijamente documentado.
De no ser así se trataría, sin duda, de una urna votiva de muy poco
uso á juzgar por su aspecto : por otra parte, muy generalizada estuvo en
toda la región del noroeste argentino la práctica de fabricar cerámica
cuyo carácter no puede corresponder á otro fin.
En la imposibilidad momentánea de establecer esta conclusión, nos
hemos limitado á describir este ejemplar como una contribución al co-
nocimiento de las formas exóticas de cerámica en la región diaguito-cal-
ehaquí.
Salvador Debenedetti.
Musco do La Plata, julio do 1!)I5.
1 Hallazgos comprobatorios de esta tesis serían los efectuados y publicados por
Amuuosktti en Exploración cu arqueológicas rn Pampa Grande, páginas H2 y 83 y por
Tun Katic en Anlhropologie, des ancirns ha hit anís de la rótjion oalohaqitic, Anales del
Museo de La Piala, sección antropológica, tomo 1, páginas 11 y siguientes. La Plata,
MDCCCXCVI.
NOTA
SOliltIC 10 L
AGUA HEDIONDA DE LA ÜUEBRADA DE RUACO
(PROVINCIA DIO SAN .11 AN)
Poli Ki. DOCTOR ENRHpJE HERRERO DIJCLOIJX
INTEOD l) ÜO 1 ( )JS
Al proponer la clasiticaeión de las aguas minerales de la República
Argentina (pie fné adoptada por el doctor del Arca en su precioso
libro sobre la materia *, no dudé en colocar la fuente de la Quebrada de
Huaco, conocida por el nombre de Agua Hedionda, entre las fuentes
sulfurosas verdaderas, no sólo porque así resultaba de los análisis rea-
lizados por Max Siewert % aceptados sin discusión por todos los que
después se lian ocupado del asunto — como oportunamente veremos —
sino también porque mis ensayos del afio 1900 me convencieron de (pu-
esta agua podía compararse con las de más fama en su género del viejo
mundo, despertando en mí el deseo de estudiar más completamente su
composición.
lista nota comprende los resultados alcanzados por mí en los ensayos
preliminares ya citados, el análisis practicado bajo mi dirección por
mis distinguidos ex alumnos doctores Juan E. Lava y Víctor L. Meau-
rio en 11)11, en la Facultad de ciencias de Buenos Aires, y en fin, los
estudios que en las vacaciones de 1914 inicié con muestras especiales
1 E. Hkkukko Duclocx, Hidrología agrícola e industrial, en Censo agropecuario de
la república, Rueños Aires, 1908.
- EnhiQUC diíi. Auca, Aguas minerales especialmente de la República Argentina.
Ráenos Aires, 1910.
3 Max Siiowkkt, Uebcr einige Mineruluasser and Ueilquellcn der Argentiniselicn
Republik, en La Cinta Monatssch rij't, tomo 11, páginas 101-1 67 . Rueños Aires, 1874.
207
y proseguí en el corriente año, repitiendo y comprobando los datos del
anterior, ante la sorpresa de las cifras obtenidas (pie rectifican, sin
duda alguna, el concepto original y obligan á modificar la clasificación
adoptada desde 1874.
Son las aguas sulfurosas, entre las aguas llamadas minerales o medi-
cinales, las que más difícilmente pueden estudiarse en el laboratorio,
sin correr el peligro de que su composición se haya modificado por el
transporte, comprendiendo en tal causa de variación la influencia del
envase, del aire, de la luz, de la temperatura,, del tiempo transcurrido
y de las reacciones secundarias que la materia orgánica disuelta ó sus-
pendida puede engendrar. Y esta circunstancia es de un valor extraor-
dinario en nuestro país, donde las distancias y los medios de comuni-
cación no se corresponden, disminuyendo éstos cuando aquellas crecen,
y mientras no se emprenda un trabajo de investigación en las fuentes
mismas, como lo ha realizado mi aventajado ex alumno doctor Héctor
Bolognini, con los manantiales de La Laja en la provincia de San Juan
Además, las aplicaciones de las aguas sulfurosas en terapéutica
exigen casi sin excepción su empleo en los manantiales, por lo cual es
doblemente necesario observarlas y estudiarlas al surgir y no á la dis-
tancia tras las contingencias del transporte, como conviene hacerlo en
el caso de las aguas llamadas de mesa, pues que su destino es ser con-
sumidas en condiciones completamente distintas.
Los trabajos realizados hasta la fecha de la, publicación de mi estudio
sobre las fuentes do la provincia de Catmnarca ’, donde se establecen
los tipos de aguas sulfurosas argentinas más importantes, corresponden
á investigaciones dignas de mucho aprecio, pero utilizando muestras en
general transportadas y en muchos casos recogidas en condiciones des-
favorables. Así se explica la distribución sujeta á correcciones que allí
adopto y (pie podría substituirse con ventaja, aunque sin carácter defi-
nitivo por el cuadro siguiente:
AGITAS SULFUROSAS
a) Sulfurosas verdaderas : La Laja (SJ); Poronga! (S)-, Copaliues (N) ;
Quebrada del Luingo, 80 °c (S);
b) Sulfhídricas simples: La Cieneguita (M); Copaliues (N); Volcán (J);
c) Sulfhídricas clorosulf atadas : Rosario de la Frontera (S) ; Pera
' Héctor Bolognini, Los métodos de análisis en las aguas minerales y estudio de
los manantiales de La Laja (San Juan). Buenos Aires, 1912.
1 15. y L. IliciutRito Duci.oox, Las aguas minerales de los valles de Hualjln y otros
de la provincia de Catamarón, en liceísta del ]\tnsro de La Plata, tomo XVI, páginas
f» 1 - 120. Buenos Aires, 1909.
ItRV. MUSICO LA PLATA. — T. XXIII
14
— 2im
lito (M) ; Cerro Caclieuta, minas de petróleo (M); Sosneao (M); Los Me-
lles (Mj; Cajón grande Campanario (M) ; Hedionda de Jaelial (SJ); Río
de los papagayos (SJ); Salados del Albardón (SJ); La Puntilla (SJ);
A) Sulfatadas ó accidentales : Aguas Amarillas (M); Azufre de Río
Hondo (SE) ; Sierra de Zonda (SJ); Pismanta (SJ); Tal a casto (SJ).
Adopto el nombre de sulfurosas verdaderas para aquellas aguas que
contienen sulfures alcalinos ó alcalinoterrosos como substancia minera-
lizante característica y de acuerdo con lo establecido por el sabio pro-
fesor Armand Gautier ; reservo la designación de sulfhídricas simples
para aquellas de mineralizaeión escasa y (pie contienen ácido sulfhídrico
en mayor o menor proporción, casi siempre débil ; coloco entre las
sulfhídricas do r osulfatad as las que no poseyendo sulfures en su compo-
sición, al surgir en el manantial, tienen cloruros y sulfates como sales
dominantes, pediendo éstos últimos engendrar por descomposición
hidrógeno sulfurado ó sulfuro», hiposulñtos y sulfitos; y en fin, señalo
con el título de sulfatados ó accidentales los que contienen ácido sulfhí-
drico en presencia de sulfates con muy pocos cloruros y cuya sulfura-
ción puede ser variable y atribuidle á causas accidentales.
Ha de llamar la atención que pasen del primero al tercer grujió varias
aguas que Max Sieivert clasificó como sulfurosas verdaderas, pero la
jiresencia de bicarbonatos alcalinos en ellas, que el mismo analizador
establece, obliga a esta corrección (pie alcanza también al Agua He-
dionda y que plenamente se justifica como veremos en su lugar. Las
aguas sulfurosas de Mendoza estudiadas por Isola 1 confirman resul-
tados en gran parte inéditos obtenidos por mí antes de 1905, y por eso
las clasifico de acuerdo con el mismo criterio, aun contradiciendo opi-
niones ya aceptadas. Respecto de las otras provincias que en el cuadro
figuran, sólo he utilizado datos obtenidos sobre muestras transportadas,
y esa circunstancia me induce á no dar carácter definitivo á mi clasifi-
cación.
DATOS GENKUAI.ES
La fuente sulfurosa de la Quebrada de 11 naco es una de las primeras
de este grujió que se han estudiado en el país, contribuyendo á su co-
nocimiento principalmente las jiublicaciones de Stelzner 2 y de Max
Siewert :l que otros viajeros y especialistas han comentado y comple-
1 Ui.isus Isoi.a, Estudios de las aguas minerales y potables de la provincia de Men-
doza. Buenos Aires, 1905.
a A. Sticlznkk, Hcilrügu zar Gcologie und Palaconlologic der Argcntinischen llcpubVüc.
(Jassel y Berlín, 1885.
:l Max Sikwkkt, loe. e.U.
20!»
tiulo después, admitiéndose, sin embargo, en cuanto á su composición
química los datos del segundo, aún en trabajos recientes y de carácter
oficial.
Situación. — La fuente se halla en la Quebrada de 11 naco, al nordes-
lirthlcUt .
L&
K ' A/diructfi arriba
L a frmirufa ’f* {
Y Lev €&ing1xdf/*r •
V Kl jy^ieTtA
a B urna EfpO'ciMut
AngualctTti
mMm
i.'ÓJ'íCíoí
ti Colorado
^Anmjvn
‘Oununo
{teioreulo
Horran
\ Tilla H
r
unco
, i m
v-vW,
[ijfcrtal
i •
fx nutrir»
* wW 1
fío L. C* .*BiCT >rP#
\\ . A.1 ! C rui
i'ig. 1 . — M ;i p; de la región y vías de acceso
te de Jaelial y en el departamento del mismo nombre de la provincia de
San Juan. Sus aguas se vierten en el arroyo Cauquenes ó de Huaeo que
corre á lo largo de la Quebrada con caudal variable. La figura 1 da una
idea de la situación del manantial con relación á la villa de Jaelial
y poblados vecinos, así como también de los accidentes principales
del terreno: corresponde á un bosquejo depositado en la mapoteca del
210
Museo de La Plata y perteneciente á estudios de carácter geográfico,
realizados bajo la sabia dirección del doctor Francisco P. Moreno.
Altitud. — Se puede admitir como más probable la cifra de í)00 me-
tros sobre el nivel del mar para la altitud de la fuente.
Vías de acceso. — Para llegar al manantial partiendo de Jacha! hay
que recorrer aproximadamente ocho leguas á través de camino carre-
tero y arenoso en su mayor parte, pues sólo en la quebrada es de herra-
dura y pedregoso, podiendo volverse intransitable en épocas de grandes
crecientes del arroyo.
El coronel Moscarda ', en su valioso libro de carácter militar, calcula
Fig. 2. — El valle do la Ciénaga en la quebrada de Huaro
en seis horas diez y siete minutos el trayecto de la villa de Jachal al
distrito de Huaco, pasando por el caserío de Pampa Vieja que se con-
cluye de atravesar á las dos horas y media de la salida de el achal, y en-
trando después en la quebrada, donde debe vadearse el arroyo Cau-
quenes cinco veces para llegar á una esplanada que se llama Cieneguita
constituida por varias fincas de carácter agrícola. Abandonando las
casas de Cieneguita, y después de una hora y diez minutos de marcha,
se encuentra la fuente Hedionda en la mitad de la quebrada.
Como se ve, no puede considerarse fácil ó cómodo el trayecto, pero
el proyecto de ferrocarril entre San .luán y Jaclial en vías de pronta
realización, permite asegurar que el acceso á la fuente se simplificará
1 Juan F. Moscarda, Guía geográfica militar de la provincia de San Juan, página
241. Buenos Aires, 1902.
21 1
en gran parte por los elementos de que dispondrá entonces la villa de
Jaclial y los poblados de Pampa Vieja y Cieneguita, permitiendo á los
viajeros hacer estaciones en esos puntos, y favoreciendo además ciertas
obras de defensa y mejoramiento en la parte de camino comprendido en
la Quebrada de Huaco.
Descripción. — Se considera esta región de Jaclial como la más pin-
toresca de la provincia de San Juan y algo desús bellezas naturales
puede apreciarse por las fotografías que adornan esta nota y que debo
á la extrema amabilidad de mi ilustrado amigo don Garlos Correa Luna,
director de la revista Fray Mocho de Buenos Aires.
Fi«-. ¿i. — La quebrada de Huaco cu la proximidad de la fuente
En medio (le las montañas, después de atravesar el valle de la Ciéna-
ga (Cieneguita) entregado hoy al cultivo y transformado ya en un em-
porio por el riego, el viajero penetra en la quebrada, en cuyo fondo corre
el arroyo, estrecha más y más á medida que llega al manantial, con pa-
redes desiguales y de considerable altura, donde las rocas calizas con-
servan su estratificación perfecta presentando los efectos de erosión de
las aguas y de los vientos, apenas cubiertas de vegetación.
En la proximidad de la fuente los bancos de roca caliza pierden su
horizontalidad, la vegetación desaparece casi por completo y las barran-
cas adquieren por su altura verdadera grandiosidad. El agua surge con
violencia, templada y límpida, buscando una pileta natural entre las ro-
cas, saturando el aire con ácido sulfhídrico y recubriendo todo á su paso
212
con una capa sin cesar engrosada, de color variable, y naturaleza hete-
rogénea, rica en azufre, carbonato calcico y sílice, con proporciones va-
riables de substancia, orgánica.
En la base de la barranca se abren varias cavernas practicadas como
abrigos ó viviendas para el viajero, representando ellas la futura esta-
ción balnearia, cuya instalación plantearía el problema, del transporte
del agua para batios, pues el ancho de la quebrada no permite pensar
(ui construcciones adecuadas sobre el mismo manantial.
Después de visitarlo Max Siewert, el manantial lia sufrido algunos
cambios en su aspecto y sobre todo con motivo del terremoto de 1894
— que también parece haber modificado las fuentes de La Laja y Pis-
Fig. 4. — La quebrada de Hunco en el manantial : ú la izquierda lns cuevas de abrigo
manta — no creyendo sin embargo que haya llegado á variar su compo-
sición química.
hatos (teológicos. — Ib mapa que acompaña á esta nota y (pie debo á
la esquisita gentileza de mi sabio amigo ingeniero Enrique Hermitte,
me evita largos comentarios y explicaciones : es un fragmento de la car-
ra que el doctor Ricardo Stappenbeck 1 trazó para, su estudio sobre la
precordillera de San Juan y Mendoza y con su clave de colores, sirve
para, identificar la naturaleza geológica, de la región de la fuente y de
las sierras del sur y del oeste de Huaco. Desgraciadamente, la escala
del mapa no permite apreciar en el punto correspondiente al manantial,
' Kiciiahd Stapimínhkck, El agua subterránea al pie de la cordillera mendocina y
savjuaiiina en . tríales del Ministerio de Agricultura (Sección Geología, Mineralogía y
Minería), tomo VIII, número 5. Buenos Aires, 1913.
— 2 1 3 —
la presencia <Ie bancos de roca caliza que forman las barrancas de la
quebrada y quoya Mas Hiewerl caracterizó como paleozoicos.
En el mapa trazado por el doctor liodenbender 1 con conocimiento
del trabajo de Stappenbeck, Iluaco aparece sobre estratos recientes,
flanqueado al este por terreno pleistoeénieo (?) y terciario y al oeste por
terreno carbonífero permiano y triásico, apoyado éste en Ja sierra de Ja
dial constituida por terreno siluriano y devoniano y cruzado aquél por
terreno cretáceo superior andino.
El conocimiento más perfecto de la geología de la región puede ad-
quirirse estudiando la memoria del mismo autor 5 dedicada á las forma-
ciones carboníferas de la República con motivo de la presencia de man-
tos de combustible en Huaeo y al establecer su parentesco con los
estratos de Pagan zo, reúne gran número de datos originales y aprove-
cha las observaciones recogidas por Stelzner en su viaje de 1873 al
atravesar la quebrada de la fuente, desde San Juan á Córdoba, entre
cuyos resultados so halla un perltl (pie comprende Jaclinl-lluneo-Snlini-
tas y que liodenbender amplía en su libro citado sobre la liarte meri-
dional de la provincia de La Rioja.. También son de gran valor los estu-
dios de Siepert \ de Stieglitz 1 y de Bodenbcnder 3 cuya consulta es do
aconsejar para conocer algo de la petrografía de esta zona, respecto de
lo cual no insisto, para no romper el marco que esta nota tiene señalado
por su propia índole.
Sin embargo, creo útil y pertinente extractar lo (pie Stappenbeck dice
de la hidrografía de Jacha!, por la relación íntima que se busca entre
las fuentes de Tableaste, La Laja y Hedionda:
Tengo pocos datos sobre el agua subterránea de esta pampa [de Jaclial] :
pero es muy probable que el agua de los arroyos infiltrados se acumula en el
ripio y loess, formando así la, alimentación del río de lluaeo. bu analogía, con
regiones de igual constitución geológica nos permito la conclusión de (pie haya
' Guillermo Boduniikndku, Parte, meridional de la provincia de La Rioja y regio-
nes limítrofes, en Anales del Ministerio de Agricultura (Sección Geol., Mincr. y Mili.)
tomo VII, número 4. Buenos Aires, 1912.
‘ Guillermo Bodenbender, Sobre la edad de algunas formaciones carboníferas en la
República Argentina, en Revista del Musco de La Plata, tomo Vil, páginas 131-149.
La Plata, 1896.
P. Siepert, Petrographischc Untersuchungcn an alten Ergussgcsteincn der Argcn-
tinischen Republilc, en Jahrbueh. fiir Mineralogía, Geología nnd Palaconiologie, 1894.
1 O. Stieglitz, Xur l'ctrographie Argcntiniens : J)ie G estriñe del Vorkordillerc von
San Juan nnd Mendoza, en Tsehermack’s minrralogisrbe nnd petrographischc Mítteiluv-
gen, tomo XXX, página 418. Viena, 1911.
Guillermo Booenhenoer, Petrografía, en Anales del Ministerio de Agricultura
(Sección Geni., Mincr. y Minería), tomo II, número 3. Buenos Aires, 1907.
agua bajo fuerte presión hidrostática probablemente surgen te, en el subsuelo,
pues el terreno de acarreo traído de todos lados hacia la cuenca, debe llenar el
fondo y las partes laterales, sobrepuesto después por otros depósitos de la
Fig. C. — El manantial del Agua Hedionda
descomposición y desintegración de las rocas, cuyas partes más finas llenan el
centro del valle, alternando hacia la orilla con ripio y desmoronamientos. De
ral composición del subsuelo resulta la posibilidad de la existencia de varias
napas de agua artesiana. Hasta hoy no se ha hecho perforación alguna para
— - 2 ir» —
usar las aguas subterráneas de la llanura tan fértil de Jachal. Sólo un parte
de esta panipa es cultivada, pero en todo casóla, red de canales es bastante
propagada para que con el sobrante del agua de riego so aumente el agua sub-
terránea por infiltración y por consiguiente se agrande el río de Huaco. Este
río corre ahora por dos cauces estrechos en cal siluriana, uno tras de otro, es-
tando en el medio el Vallecito formado por erosión en los estratos calchaque-
ños y en los estratos de Paganzo. Aguas abajo de las fuentes termales de Agua
Hedionda, se ha proyectado un dique de embalse para aumentar la irrigación
en la región de Huaco.
lis probable (pie si se realizan perforaciones en busca de las napas sur-
gentes, lleguen á la superficie aguas del tipo de la Hedionda, de Tala-
casto ó de La Laja, comprobándose plenamente la aseveración del doc-
tor Stappenbeck, qoe dice :
La formación de las vetas de azufre por manantiales no se puede poner en
duda y lo mismo sucede con las relaciones que unen este fenómeno con las
fuentes termales de Baños de La Laja, pues tendríamos «pie poner en conexión
estas fuentes y las vetas de azufre de la Punta de Villicum con procesos post-
volcánicos, pero no vemos ni cerca ni lejos de ese punto rastros de actividad
volcánica. Además la. sorprendente semejanza de la presentación y de la apa-
rición, como también de la casi igual temperatura de los manantiales de los
Baños do La Laja, Talaeasto y Agua Hedionda apenas permiten declinar la
idea de un origen semejante. Pero como no existen rocas volcánicas cerca de
los Baños de La Laja, tampoco las hay en la quebrada de Tabicaste ó en los
alrededores de Agua Hedionda, habría entonces que suponer la existencia en
la profundidad de algún macizo de rocas volcánicas. Por estos hechos parece
mejor desechar por completo una explicación basada cu la actividad postvol-
cánica y es más simple suponer que agua atmosférica se lia infiltrado en las
sierras á grandes profundidades, donde se calentó y lia subido otra vez bajo la
presión bidrostática dentro de la cal Asurada cargándose en el camino con
varios minerales, especialmente con carbonato de calcio. Si adoptamos las ideas
de Lcpsius ', este camino nos da. tambiém una explicación fácil y sencilla del
ácido carbónico con el cual el agua termal se cargó durante el proceso de di-
solución de la cal. Podernos explicar el contenido de sal, revelado por el aná-
lisis, por una extracción de las calizas silurianas marinas, donde como en los
baños de La Laja ha sido comprobado un contenido extraordinario de cloruro
sódico, hay que tener en cuenta que el agua termal tiene que correr todavía por
los estratos calchaqueños impregnados con sales antes de salir á la superficie.
Sin disentir el parentesco de origen, debo hacer notar qne las fuentes
de La Laja figuran en el cuadro por mí propuesto como sulfurosas ver-
' lii i’sins, Notteeu zite (¡cologie roa Dcuiwhland : 1> ) l'ber (lie llerhinijl den A oltlcn-
xrtiirc in den tiefen Qitellm. NotkhlaU des V netas JHr Iñdhinide tnid d. drossh. i/eol.
Ltnidesmist. su DavmsUtdl. MIOS.
ir.
Itl.'.V. MCHK.O t.A II, A'! A. — T. XXIII
•laderas, por la confianza plena que el estadio del doctor Bolognini ya
citado me merece, en tanto qne el manantial de Agua Hedionda se halla
Fig. 7. — Cueva practicada en la barranca como vivienda ó abrigo
entre las sulfurosas sulfhídricas clorosulfatadas por las razones (pie ex-
presaré en el capítulo dedicado á métodos analíticos.
Temperatura. — Varios son los datos de temperatura que de esta fuen-
te se conocen y no concordantes siempre. Así, por ejemplo, Igarzá-
217
bal ' al hablar del Agua Hedionda, le atribuye 80 °F., es decir, 26° OTO.,
mientras que Max Siewert le da 24° 50. y el doctor Stappcnbeck ’ le
señala 21° 5 á, 25 °0. en una publicación reciente.
El dato no carece de importancia, por las relaciones que se tiende á
establecer éntrelos manantiales sulfurosos de San Juan atribuyéndoles
un origen común, explicando su termalidad por causas ajenas al volca-
nismo y justificando sus diferencias notables de composición por la na-
turaleza y estado de las rocas que han encontrado en su camino hasta
la, superficie del suelo, partiendo de la capa, profunda cuya temperatura
revelarían.
Recursos. — Los datos que anteceden son suficientes para demostrar
que se trata de una estación balnearia primitiva, tan hermosa como po-
bre, tan útil como desamparada, fuente de riqueza inexplotada hasta aho-
ra en dependencia directa de las vías de comunicación por construirse.
Todo lo que se dijese hoy, sería falso al llegar los rieles hasta Jachal ;
tan profundo es el cambio que se produce en esos núcleos de población
formados con esfuerzos increíbles y con sus propios elementos, miando
quedan ligados ú las capitales de provincia, y por ende ú Buenos Aires
por la vía férrea. Los fuertes comerciantes y agricultores de Jachal se
preocuparían de proporcionar el capital necesario para que los viajeros
y enfermos tuviesen las comodidades que exige un establecimiento mo-
derno, como los que en Europa atraen millares do enfermos, entre los
«pie nuestros compatriotas figuran con fuertes contribuciones en dinero
que podría quedar cu el país con el mismo ó mejor resultado.
Es prudente entonces esperar la terminación del ramal férreo hasta
Jáchal para poder exactamente apreciar los recursos de que la fuente
dispondría.
Aplicaciones. — La terapéutica acepta hoy como agentes valiosos las
aguas minerales sulfurosas, reconociéndoles una actividad en sus efec-
tos superior (x cualquier otro tipo y justo es decir que el vulgo se lia
adelantado ó, esa observación, con su propia experiencia, frecuentando
este manantial á pesar de todas las dificultades que su empleo traía
aparejadas.
En forma de baños y como bebida, de hace muchísimos años, el Agua
Hedionda lia sido buscada por numerosos enfermos de la piel y dé las
vías respiratorias, habiéndose empleado con resultados positivos en afec-
ciones venéreas, cambatiendo úlceras de origen diverso y en dolencias
ilo carácter reumático.
' Rakakí, S. Igakzáhal, La provincia de San .luán en la Exposición de Córdoba.
página 73. B non os Aires, 1873.
! Riciiaiu) St a i’pkn n bcií , loe. cit.
MÉTODOS ANALÍTICOS
Los resultados que Usuran en los cuadros correspondientes a mis aná-
lisis de 11)14 y 11)15 lian sido obtenidos siguiendo, en general, los méto-
dos que se detallan en mi estudio sobre las aguas minerales de los valles
de Hualfín y otros de la provincia de Oatamarca, citado anteriormente,
por lo cual no los indicaré aquí, limitándome á la exposición de los pro-
cedimientos especiales que la naturaleza de la fuente exigía.
Los datos del análisis de mis ex alumnos Lara y Meaurio correspon-
den á métodos semejantes y en gran parte idénticos á los por mí segui-
dos, pues que fueron obtenidos bajo mi dirección, habiéndose modificado
en detalle el modo operatorio por las condiciones especiales del trabajo
en la Facultad de Ciencias.
Y en fin, las cifras que forman el cuadrito de los ensayos de 11)00,
proceden de la práctica de los métodos adoptados en esa fecha al ini-
ciarse en el ministerio de Agricultura los trabajos preparatorios del
Congreso hidrológico que debió celebrarse en dicho año, como puede
verse en el tomo XIV de esta. Revista '.
Muestras. — Las muestras fueron recogidas de acuerdo con mis indi-
caciones por el jefe de correos de Jachal señor Galaburri, en 1914 y
1915, utilizando una serie de envases de cierre hermético preparados de
antemano de 500 y 1000 cin3 de capacidad, dejando una. cámara, gaseosa
inferior á. 1 cin3 de modo que la cantidad de oxígeno aprisionado fuera
despreciable con relación al volumen, máxime teniendo en (menta que
los frascos se llenaron en una atmósfera rica en ácido sulfhídrico. For
otra parte la limpidez perfecta de las muestras servía de comprobación
de la ausencia de oxígeno atmosférico, pues una característica del Agua
Hedionda — común á. casi todas las de su género en mayor ó menor gra-
do — es la exagerada sensibilidad respecto del aire, en cuyo contacto al
cabo de pocos minutos adquiere una opalescencia visible que se con-
vierte en turbidez, produciéndose más tarde un depósito de azufre en
cristales microscópicos.
Color. — El color fué observado á través de espesores de 20 y 50 cni.
y por el procedimiento Ohamberlain, resultando incolora mientras no
había azufre libre ; y dando luego coloraciones variables azules ó ver-
dosas débiles, cuya explicación os obvia y (pie han preocupado á ana-
lizadores europeos en otras aguas sulfurosas i * cuando se producen sin
1 E. lililí lo: lio Duci.oux, Aguas minerales alcalinas de la República Argentina, en
Revista del Alusco de La Piula, tomo XIV, páginas 9-52. Buenos Aires, 1907.
- José Gasa ríos Gil, Análisis químico de las aguas minero medicinales de Alcedo
(Santander). Santander, 1908.
precipitación de azufre, es decir, cuando corresponden al sigua no alte-
rada y en la que cabe suponer combinaciones desconocidas sulfuradas
de un poder tintorial extraordinario.
índices de refracción y dispersión. — Fue determinado con el refractó-
metro universal de Féry el primero y después con el refractóinetro de
Pulfrích se ratificó y corrigió el índice de refracción medido, haciendo
una serie de observaciones para llegar al índice de dispersión.
El refractómetro de Pulfrich empleado pertenecía á la Escuela supe-
rior -h- ciencias físicas de la Universidad y la. amable colaboración del
profesor ingeniero Adrián l’ereyra Mígitez Cutí pañi mí sumamente efi-
caz, no sólo porque mis medidas fueron contraloreadas cuidadosamente,
sino también porque me sugirió la idea de aprovechar el fenómeno de
la dispersión, para construir curvas que en caso de dispersión anormal
podrían ser más características que los índices simples de refracción ó
dispersión y que como un espectro de absorción obedecerían á la natu-
raleza y á la concentración de los cuerpos disueltos. So incluyo las cur-
vas que el profesor Pereyra Míguez trazó con los valores de n =/(X) y
»■' — n =/(>„) para agua pura y agua sulfurosa, pero creo pertinente ha-
cer constar aquí su opinión de que, aún cuando el trabajo hecho con los
inseguros decimales de cuarto y quinto orden hacen prever una gran in-
fluencia. de los errores de observación, parece que el agua Hedionda,
presenta un fenómeno semejante á la dispersión anormal, sin ser exac-
tamente lo mismo, podiendo atribuirse al cuerpo en solución ó quizá al
azufre que se separa en contacto del aire, pues presentando el líquido
opalino absorción se produciría dispersión anormal.
Los cuadros de cálculos que sintetizan nuestras observaciones tienen
como base en el caso del agua pura., los datos establecidos en las tablas
de Lnndnlt y Olnvolson :
ÍNDICE DE REFRACCIÓN Y DISPERSIÓN CON EL REFRACTÓMETPO DE PULFKICH
ayo
Valores de Chwol-
li/na de la Fuente Hedionda
— 22] —
222
(Jonductibilidad eléctrico. — Km* determinada con mi puente, de Kolil-
rausch, modelo perfeccionado de Ilartmann & Brauu utilizando vasos
«le distinta forma porque «pieria observar la influencia del tiempo en
recipientes herméticamente cerrados y la del aire en vasos abiertos. Las
medidas se hicieron con intervalos de seis días durante tres meses,
mi el primer caso y durante doce días en el segundo llevando «il siste-
ma a temperatura constante para las lecturas, no habiéndose notado
variación alguna en el recipiente cerrado y no podiendo tenerse en
cuenta los cambios observados en el segundo caso por ser despre-
ciables.
Itadiootividad. — • ICn la imposibilidad de hacer observaciones «limetas
en el manantial, actué con muestras cuya fecha de obtención conocía
exactamente, para poder calcular en caso de resultado positivo en las
medidas, la radiactividad del agua en la fuente, utilizando las experien-
cias del doctor Fr. Hammer y délos profesores Moureu y Bardet vulga-
rizadas entre nosotros por el doctor Del Arca ' para introducir un
poco de seriedad en la propaganda comercial de aguas europeas radiac-
tivas.
Las observaciones primeras se hicieron con un fontaktoscopio de
lílster y Geitel cuya capacidad era conocida y que había visto funcionar
con extrema sensibilidad para determinar la radiactividad de los manan-
tiales de sierra de la Ventana, en manos del doctor Pritz Baile. Los
ensayos repetidos con el agua y con el sedimento «le. la fuente «pie
en recipiente metálico se me remitió dieron resultado completamente
negativo.
Recurrí entonces a un aparato «le medida más perfecto «le Giinther y
Tegetmeyer de Braunsxveig que el profesor ingeniero Adrián Pereyra
Míguez puso a mi disposición, haciendo con él tres ensayos sin pérdida
de tiempo, con igual resultado, lo «pie me autoriza para establecer como
nula la radiactividad del Agua Hedionda y de su sedimento, ó cuando
menos tan débil que á distancia de siete días en recipiente de vidrio
grueso y cierre hermético desaparece totalmente.
Y estimo más conveniente abandonar desde ahora ilusiones engañosas
á este respecto, sin quitar por eso mérito alguno al agua, «pie explotar
la credulidad ó la ignorancia, sosteniendo una falsedad. Por otra parte,
mis resultados negativos adquieren un extraordinario valor para la tesis
substentada por el doctor Stappenbeck, por la circunstancia de «pie i‘l
doctor Bolognini, actuando en los manantiales de La Laja ha constatado
en los tres una radiactividad no a preciable .
Datos químicos. — Por las razones ya expuestas sólo me ocuparé del
1 Kn'iuqijh Di: i. Auca, Agua» mine, rule» especialmente (le tu HoptíbUuu .In/cnliiia, OH
y 101. Hílenos Aires, 1910.
•22:-!
flúor y del azufre en sus distintos estados en lo que se retí ere á métodos
de det erminación.
El flúor mereció mi atención especial por tratarse de un agua sulfu-
rosa y por la circunstancia de haber observado Stelzner, en su viaje por
Hunco, la presencia de fluoruro de calcio sobre el espato calizo deposi-
tado por el agua, observación que repite Max Siewert después al des-
cribir la fuente. Además, las publicaciones de Gautier y Claussinann
demostrando la difusión de este elemento en la naturaleza y su relativa
abundancia, en aguas minerales, me, indujeron a obtener un aparato apro-
piado para practicar el método ideado por estos dos sabios ' lo que no
pude conseguir por no haberse entregado al comercio, antes de estallar
la guerra europea, viéndome obligado á trabajar con el dispositivo acon-
sejado por Casares 1 2 3 con resultado negativo en el agua y dudoso en el
sedimento, obteniendo con éste último un resultado positivo mediante
el empleo del aparato de Eosset en dos ensayos distintos.
El azufre en sus distintas formas era el problema que más interesante
aparecía después de mis primeros ensayos de 1900. Las reacciones cua-
litativas practicadas sobre agua libre de la acción del aire, demostraron
en seguida en las muestras por mí examinadas en 1914 y 1915 que los
sul furos alcalinos no existían y los hiposulfttos tampoco, cuando menos
en propon*, iones suficientes para poder ser descubiertos por los reactivos
conocidos.
La reacción del ¡ni roprusiafo sódico practicada sobre agua que fuera
del contacto del aire había sufrido la acción de una corriente de hidró-
geno puro, hasta perderse todo el ácido sulfhídrico libre, fue negativa
aún después de agregar algunas gotas de hidrato potásico. Y aunque al
practicar la reacción directamente sobre el agua, tuve en cuenta, las con-
clusiones del profesor Fages-Virgili :l me inclinaron a asegurar (pie solo
ácido sulfhídrico libre contenían las muestras al llegar al labora-
torio.
Las reacciones con la plata metálica en limaduras finas desengrasa-
das, con sulfato cádmico, con sales de plomo, con soluciones de iodo
11
de concentraciones correspondientes á — y antes y después de ex-
1 A. (¡AUTir.ii y 1’. (Ji.ai’smann, Rcchercho ct desoye des plus pe lites qnanlitós de, flúor
dans les minéranx, les cnux ct les tissus vivante cu Journal de phnrmaeie el de ehimie,
VI, 5-232. París, 1912; Le flúor dans les canx minórales, on Hall. Soc. Chirn. Francr.
XV, 707-717. París, 1914.
3 José Casarhs Gil., tibor das Yorkommen betrachtlicher Mcnyen von Fluor in vicien
Mincralwasscrn der PyrenaenkcUe. and in Geyser des Yelloivstonc Parles en Zeilsehr. fiir
anal. Chemic, 1905, XLIV, 729-735.
3 Juan F agios Virgit.i, Dio Einwirkuny der Suljidc anf die Xilroprnssiale en Zcils-
ehrift fiir analytische Chemic, XLV, 109-439 (1900).
224
pulsar el ácido sulfhídrico por el hidrógeno puro, me continuaron en mi
creencia, permitiéndome el último reactivo la valoración del hidrógeno
sulfurado contenido por el agua en solución, siguiendo el procedimiento
aconsejado por Treadwell en su tratado clásico. Los resultados de mis
ensayos de 190.0 tenían su explicación, aceptando una descomposición
parcial de los mil lutos por la acción de la materia orgánica y organizada
contenida en aquellas muestras (pie habían sufrido un largo transporte,
en contacto del aire, podiendo interpretarse las cifras de Max Siewert
en este punto como error de procedimiento ó alteración de la muestra.
Admitir para las últimas muestras que he examinado en 1914 y 1915
una descomposición de los sulfures, abandonando azufre y quedando
solo ácido sulfhídrico en solución no es posible, porque ninguna de las
dos reacciones :
ÜJ a d + CXL O = U aX'C );| + tí
Na, tí -f- tíiO, -j- ( )=NaiSi();, + tí
pudo realizarse en ausencia de oxígeno ; y porque de haberse producido,
el azufre libre no hubiese podido pasar desapercibido, ya engendrando
opalescencia ó turbidez, ó depositándose en las paredes y fondo de las
botellas en cristales microscópicos, como sucedía en cuanto nuestra agua
se hallaba en contacto del aire, según queda dicho :
2IIsS + Oi=2líaO + Si.
Por otra parte, la presencia de anhídrido carbónico libre y semieom-
binado, constatada por otros ensayos, aleja la posibilidad de que exis-
tan sulfures alcalinos ó alcalinoterrosos en solución, sin descomponerse
como ya lo establece Gautier al clasificar las aguas sulfurosas y lo confir-
ma Treadwell en la ecuación :
Na,S-|-CO.,, HaO=NaiCO;1 -f- H,tí
aunque bueno es recordar «pie analizadores eminentes parecen no acep-
tar esta teoría y presentan en sus cuadros analíticos ácido carbónico
libre y semicombinado, en presencia de sulfures alcalinos y alcalino-
terrosos.
tíe admite generalmente que en las soluciones de anhídrido carbóni-
co la forma de disociación del ácido engendrado se puede represen-
tar así :
ll2CC);, = ll+ütX);
«leí mismo modo que en las soluciones de .sulfures alcalinos, potásico por
ejemplo, la disociación se liaría según la ecuación :
lCaS=2K- + S
225
y más todavía, así :
K3S + H30==H8' + OH'-|-2K-
fundándonos en que la presencia de iones 8" en el agua produce :
a* +h3o— HS+oir.
Ahora bien los iones S” 6 H* así como los HS ' é II. • tienden á unir-
se dando 11,8 extremadamente poco disociado como lo muestra, su con-
ductibilidad eléctrica con lo cual tendríamos una tendencia del sistema
1I3G -}- KsS á formar IlaS que se exagerará enormemente en presencia
de H3CO, disociado, dominando en masa el ácido carbónico sobre los
compuestos sulfurados.
Y si á esto agregamos la diferencia considerable de los calores de
formación de las sales del H3C03 y del II sS, con ventaja para el primero,
lógico es admitir que en último resultado el sistema tiende á la forma-
ción de carbonados y bicarbonatos alcalinos, quedando ácido sulfhídrico
libre disuelto.
Cualquiera que sea la teoría que se acepte, creo que tratándose de las
muestras por mí examinadas, hay que descartar la presencia de todo
compuesto do azufre (pie no sea ácido sulfhídrico libre y ácido sulfúrico
combinado por las razones expuestas.
OUADROS 1)15 RESULTADOS
En orden cronológico corresponde insertar en primer lugar el análisis
de Max Siewert que hasta hoy se ha repetido en todas las publicaciones
científicas y de vulgarización :
Agua de la Quebrada de IJuaco
(Año ilo. 1874)
Temperatura 24° 5 C
Densidad 1.00308
Por mil
SiO, 0.0150
A1SÓ. -
K,HO. 0.1582
Na., SO, _
L'aSO, 0.7207
' W. Ostwai.o, Trailé de ehimic inorganique.
Por mil
220 —
MgiáO,
üilCO., 0.0700
M Mg,0, SCO,) 0.3035)
KoCO., 0.0080
Na,CO, 0.0700
Na, ¡3 0.11.13
NaCl 1.7082
Residuo soco 8.2088
(JO, libre 0.4551
La salinidad del agua aparece muy superior á la que lie constatado en
mis últimos análisis y la riqueza en anhídrido earbónico libre supera en
mucho á la que he encontrado, no insistiendo en cuanto al sulfuro sódico
admitido aquí por las razones expuestas anteriormente.
Agrego enseguida mis datos del año 1900 sin mayores comentarios y
solo como prueba de las transformaciones que un agua sulfurosa puede
sufrir en condiciones ordinarias, sino so observan especiales precaucio-
nes :
ICnsayo del A ¡Jim Hedionda
Datos generales :
Color
Olor
(12 do juicio cío 11)00)
1
I
Sabor
Aspecto
Sedimento
Reacción en frío con tornasol
— después de hervir, con tornasol
— con (Cy .FeNO)Na,, directa . .
— con (Cy:il'\iNO)Na,-f-K(01I) . .
blanquecino
penetrante y complejo,
dominando el I1,S
nauseabundo
muy turbio
abundante, pesado,
Illanco sucio y caseoso
acida
ligeramente alcalina
rojo violáceo
rojo violáceo
Materia, mineral en suspensión
l'»r mil
0.0432
Acidos y bases :
Acido silícico en SiO,
— sulfúrico en SO;(
— clorhídrico en Cl....
— sulfhídrico en II, S. . .
— nítrico en N,0:.
— nitroso en NaO.,
Oxido férrico en l''e,0,
— de aluminio en A1,0;1
— cáleico en CaO
— magnésico en MgO. . .
Amoníaco en NIl,
0.0172
0.1405)
0.7101
0.00750—0.00504
0.0003
0.0007
0.0432
0.3419
0.0385
0.00173
227
('ompucstos do azufro :
Azu (Yo total
— de XSO,
— de XSO., y XS.,0.,
— de XS
— de II, S
0. I 1051—0. 10028
o.or>(>3(>
0.00378
0.04158—0.04536
0.00756—0.00504
Presento ahora los resultados analíticos délos doctores Laray Meaurio.
sí. que ya lio licclio referencia. Respecto de la forma de combinación del
azufre no insisten por las condiciones en que recibieron las muestras,
contentándose en expresarlo en ácido sulfhídrico :
Análisis del Agua de Hedionda '
Datos físicos :
(Octubre do 1011)
Color
Aspecto
Reacción al tornasol en trío
— al tornasol en caliente
— ■ con fenol ftaloína en frío
— con fenolftaleína en caliente.
— con heliantina en frío
— con heliantina en caliente. . . .
Densidad íí 15° C
Punto crioscópico
Presión osmótica, cu atmósferas
Resistividad eléctrica íí, 20° C (ohm-cm.)
Materia, en suspensión
li^cram. blanquecino
opalino
ligeramente alcalina
alcalina
neutra
alcalina
alcalina
fuertemente alcalina
1.0026
—0o 135
1 .634
185.5
escasa (azufre coloidal)
Datos químicos :
Alcalinidad total en ll^HO,
Alcalinidad verdadera en 1 1
Residuo ¡í 1 1 0° C
— fí 180° O
— al rojo
Pérdida al rojo
Ácido silícico en SiO
— sulfúrico en SO.,
— clorhídrico en 01 .
— sulfhídrico en H.,S
— carbónico en CO., (comlj.)
— nítrico en N.,0.,
— nitroso en N„0.
Oxido de hierro en Fe40., f
— de aluminio cu Al, O., 1
— do calcio en CaO
1*01' mi)
0.4211
0.1274
2.871 I
2.7022
2 . 6050
0.1872
0.0175
0.6800
0 . 5600
0.0340
0.1885
0
0
0 . 0030
0.2260
Juan 15. Lara, carta particular de 4 de enero de 1014.
228
l’or mil
Oxido ile magnesio eu MgO 0.0643
— de sodio eu Na40 0.8760
— do potasio en KiO 0.0631
— de litio en Li^Q contiene
Amoníaco libre en Nlla 0.0014
Amoníaco albuminoide en NII3 0.00017
Acido carbón, semicomb. y libro en CO., 0.1079
Observación microscópica. — En el sedimento se lian notado algas como
Orenotrix, Begiatoa y variadísimas diatomáceas; gránalos de azuíre y
algunos protozoarios.
Y como conclusión, presento los resultados de mis análisis últimos,
agregando un ensayo del sedimento de la fuente :
Análisis del Agua Hedionda
(Muestras ilo 1914 y 191!>)
Datos generales :
Color incolora
Olor sulfhídrico
Sabor salino
Aspecto límpido
Reacción eu frío alcalina
Reacción después de hervir fuertemente alcalina
Materia en suspensión vestigios
Densidad ¡í 15° C 1.00277
Indico do refracción á 20° C (u„) 1 .3335
Resistividad eléctrica ú 18° C (ohm-cm.) 286.6
Punto crioscópico —0o 163
Presión osmótica 1.960 atm.
Radiactividad 0
l’or litro
Alcalinidad total en 1LSO, 0.4508
Alcalinidad verdadera en H2SO, 0.0710
Residuo á 100-105° C 2.8770
— á 180° C 2.8684
— al rojo 2.6228
— al rojo +HaSO, 3.2125
Amoníaco salino 0.00371
Amoníaco albuminoide 0.00021
Acidos y bases :
Ácido silícico en Si04 0.0192
— sulfúrico en S03 0.5844
— carbónico en COt 0.2024
— fosfórico en PtO. 0.00072
— bórico en l$s03 v.
229
Combinaciones hipotéticas :
Ácido silícico on SiO
Óxido do aluminio on A140,
Sulfato cálcico en CaSO,
— magnésico cu MgSO,
— potásico en K2SO,
— sódico en NasSO,
Carbonato ferroso en FeCO,
— manganoso en MnCO,
— sódico en Na^CO,
— Utico en LiaCO.,
Cloruro sódico en NaCl
Cloruro amónico en (NH,)C1
Fosfato sódico en Na,PO,
Ilicarbonatos :
Bicarbonato ferroso en FeC505
— manganoso en MnCsO„ . . .
— sódico en Na^CjO,,
— Utico en LijCjOj.
Por litro
0.0192
0.0046
0.5035
0.1614
0.0964
0.2421
0.0014
0.00034
0.4825
0.0023
1.3476
0.0116
0.00163
0.0019
0.00046
0.6827
0.0036
Cálculo en iones
m
ci.
NO
0.00006
l) . 8260
<0.00081
280
(Ja 0. 1480
Mg 0.0322
K 0.0431
Na 0.8171
lii 0.0004
N 1 1 , 0 . 0031)
¡¡eluciones iiiiinciicu * :
Cationes (K . Na . Li)
Cationes (Ca . Mg)
Anión (80,)
Anión (01)
Anión (CO;l)
Aniones (8< >, . Cl)
Sal i iii cu lo ilc lu ¡lilclu
lili lun gramos
materia seca
Azufre 10.010
Anhídrido silícico 34.675
— carbónico 1.030
— fosfórico 0.013
— sulfúrico 0.850
Cloro, Fluor y lloro vestigios
Oxidos de hierro y aluminio. . . . 0.200
— de calcio 7 . 350
— de magnesio 1 .530
1‘crdida al rojo 25.176
Alcalis y no evaluado 0.266
Kadiacti vidad nula
Musco de La 1‘lala, 1015.
,C° Guachi
Salto
-:-S ..
;
' uerta
Villa, j\ferce(
[moco-
r;. ■ v -
(fr /
ucun
ü a! i tan
’uerta
Villa ffrcedíes
Huaco
[moco-
■Cu al ¡tari
l/npt. . Dirección G-"í de Minas. Geología t l/ii/ro/oyia
C? Guachi
Salto Amarillo
y ksv 1
U^--. l0r\ 1 '
i
it Cv ' i
V / H
2 del Fuerte h 'fa*
déla
RE GIÓN DE JACHAL
Fragmento del Mapa
de la Pre cor dillera de
S an Juan. y Mendoz a
del
D- RICARDO STAPPENBECK
de la
Dirección General de Minas,
Geologia e Hidrología
Escala = 1 : 500 000
Referencias
Dacita
Diorita, Diabas
Siluriano (inferior)
_ Estratos de Paganzo
Estratos calchcLc/ aeños
Devoniano
Eoes
Andesita
Por finita
Rodados ( Schotter)
Depósitos mas recientes
Rrcilla del agua dulce
m NUEVO CONGOJO DEL « PIlOSOPANCllE»
(OXYCOHYNUS PARVULUS Punen)
Pon CARLOS BRUCIl
.lefo de la Sección Zoológica del Museo <lc La I’lata
Oxycnninis pnrvulus n. spcc.
Ah O. liydnorae ZVr.sc. ct O. Ilollcri Bmch tintura minore , dorso
convcxiore nitcntioreqnc neo non antennarum tihiarnmque fábrica
rcccdit.
Color castaño us plus minnsve intensas , in elytris nigrescente.
Capul laxe grosseque punctatus; frons subplana fovea interoculari
nótala; rostrnm vix arcuatum , ápice tennis punctato . Antennae
crassae, parum rostro breviores ; articulas sccundus subglobosus ,
tertius vix latior guaní longns, sequentes transver si, penúltimas
magnas rectángu la vis, terminal i s subpyriformis.
Vronoium grosse punctatum sicut capul, lateraliter eximie arcuatum
ct retrorsum lenitcr angustalum.
Quacque elytra costulis 5 parum prominulis percursa spatiis grosse ct
J'ere rugóse punctatis.
Paí s corporis infera patenter punctata ; abdomen punctatione et pubes-
confia tcnuissima donatum.
Tibiar anterae dente comprenso late ct lenitcr cúrvalo terminatae, me-
dia# ct posticac apicem versas conspicuo dilatatac.
Longitudo tota lis 4-0 lililí., lat. 1 ,8-2,2.
Monte Hermoso, Provincia. Pmnaerensis, I, 1910, in Prosopanche
Bonacinai Speg. (Dr. Carette legit).
Esta, especie difiere de O. liydnorae Pase, y de O. Jlcllcri Bruch por
su pequefia estatura, su cuerpo más convexo, de superficie más lustrosa,
1G
REV. MUSEO LA PLATA.
T. XXI II
232
distintamente punteada y por la configuración de las antenas y tibias.
De color rufo-castaño, más ó menos obscuro, con los élitros negruzcos.
Bastante convexo, de superficie sem i lustrosa.
La cabeza es gruesamente y dispersamente punteada, subplana sobre
la frente, que lleva una excavación interocular. El rostro es poco encor-
vado, su ápice más finamente punteado.
Las antenas son espesas, algo más cortas que el rostro; el segundo
artículo es subgloboso, el tercero algo más anclio que largo, los siguien-
tes netamente transversales, disminuyendo de largo y aumentando de
ancho; el segundo artículo de la clava (décimo) es grande, subcuadrado
y el terminal subpiriforme.
El pronoto es moderadamente convexo; sus costados son bien arquea-
dos y también hacia atrás un poco estrechados; la puntuación es, como
sobre la cabeza, gruesa, bastante dispersa, pero en la parte posterior y
en los costados, los puntos son más juntos, mezclados con algunos otros
muy finos.
Los élitros llevan de cada lado cinco aristas o costillas, poco destaca-
das, cuyos espacios presentan una puntuación gruesa, irregular y rugo-
sa, notándose en los espacios internos y marginales tres hileras de pun-
tos y solamente dos en los restantes.
La parte inferior es algo más pardusca, distintamente punteada: los
puntos son gruesos y muy separados sobre el protórax, más finos y den-
sos sobre el meso, el metatórax y el abdomen, que también lleva la
pubescencia tenue más apretada.
Las patas son robustas. Las tibias anteriores fuertemente comprimí-
233 —
das, terminan en un diente ó lóbulo bastante largo y algo encorvado.
Las tibias medianas y posteriores son muy dilatadas hacia el Apice, pro-
vistas de setas y tienen el borde externo ligeramente dentellado.
Los ejemplares traídos por el doctor Carette son algo variados en
coloración y tamaño, midiendo de 4 á 6 milímetros de largo por 1,5 á 2,2
milímetros de ancho. Este gorgojo vive sobre Prosopanche , como O. hyd-
norae Pase, de cuya biología me ocuparé próximamente.
DESCRIPTION DES CLAVJCORNES NOUVEAUX
1)10 LA Ult¡l‘lJliLI(¿U10 A UO ION TIN 10
l'AK A. U lio UVIOL LIO
Mombre honoiaire de la Soeiété Eutomologiquc de Frailee
IVITIDUEIDAE
TELOCOIVUS n. gen.
Gaput oculis haud maximis, tota capitis latera haud occupantibus ;
cp is tomo por recto ; suida antennalibus brevibus , converge ntibus ;
labro modice producto, integro; mandibulis ápice simplicibus. lüg-
tra clon gata, striaia. Abdomen conicum, sal late margiuatum, 3"
segmento in maxima parte et duobus ultémis expositis; 2° quam
aléis breviore , Ia et 3o subaequalibus quam 4o paulo longioribus ,
5o quam aléis multo longiorc.
Nouveau genre voisiu comme aspect général des Goniorgctus Sharp.
Teloeonus miriíit:us u. sp.
Suboblongus , postice valde acuminatus , /ere quinquies longior quam
in maxima latitudéne latior, modice convexus , nitidus, abdomine
praecipue ad apicem tenuiter jlavo-pubescens, rufo testaceus ; ehjtris
extra late regionem scutellaremnigris. Antennae aliquid clongaiae;
clava oblonga, Io articulo quam 2o longiore, 3o quam praecedentibus
angustiore. Gaput transversum, antice truncatum , subdense puncta-
tum, ínter antennarum bases transversim impressum et bipuncta-
tum ; fronte epistomoque sat convcxis, hoc antice injlcxo ; oculis
antennarum basin fere attingentibus ; tcmgoribus rctrorsum conver-
235
gentibus. Prothorax antice quam postice paulo angustiar, lateribus
arcuatns, cirdter 1 */a, in maxima latitudine latior quam longior,
subdense punctatus ; punctis basin versus majoribus ; margine antico
truncato ad extremitatcs tenuiter margínalo ; angulis anticis obtu-
sis, subliebetatis ; lateribus tenuiter marginatis ; angulis posticis
hebetatis, obtusis ; basi trúncala extra médium tenuiter marginata.
Scutellum subpentagonale, punctatum. Elytra liumeris rotundata,
tune quam prothorax latior a , lateribus subrvfa ápice obligue trún-
cala, angulis exlernis late rotundata, suturalibus obtusa, circitcr
1 longiora quam simul in maxima latitudine latí ora, pnnctato-suh-
striata; striis paulo ante apicem emnescentibus ; intervallis latís,
subconvexis , unilineato-punctulatis. Abdominis segmenta dense púne-
la,lata. Corpus subtus fulvo-testaceum. — Long. : 7,5 mm.
Suboblong, forbement et longuement acriminé veis Je sommet de l’ab-
domen, presque cinq fois plus long que large dans sa plus grande lar-
geur, modérément convexo, brillant, glabre sur P avant- cor ps, couvert
sur l’abdomen d’une pubescence llave, fine, progressivement plus mar-
quée vers Pextrémité, roux testacó ; élytres noirs, sauf une tres large
tache triangulaire, s’étendant entre les épaules et s’avan^ant sur la
suture, etune tres étroito borduro sur les cOtés et le sommet des élytres.
Anteunes relativement longues; .‘l"10 articlc jués de trois (bis aussi long
que large; massui' plus d’une Ibis et demie aussi longue que large; der-
nier articlc, plus étroit- (pie le précédent. Téte un pon moins de deux
fois plus large au niveau des yeux que longue, tronquée au bord anté-
rieur; eótés paralléles contre le bord antérieur, sinués presqu’en quart
de circonférence en avant de l’insertion de Pantenne, sinués et diver-
gents vers Parriére entro les yeux, enfin obliquement eonvergents á par-
tirde la base de l’orbibe de l’ceil; front et épistome assez convexos,
séparés par une large impression transversale, peu profonde, terminéede
chaqué cóté par un point enfoncé; ponctuation irréguliére, plus dense
et moins forte sur Pépistome que sur le front. Yeux moyennemenb gros
et saillants, occupant l’intervalle entre l’insertion de Pantenne et la
base de la tete. Prothorax un peu moins large en avant qu’á la base, a
peine plus large en avant que la téte avee les yeux, faiblemenb arqué
sur les cotés, présentant sa plus grande largeur vers les deux cinquie-
mes de la longueur a partir de la base, subparalléle controlábase, envi-
ron une fois et deux tiers plus large dans sa plus grande largeur que
long, presque densement ponebuó; bord antérieur tronqué, finement
rebordé aux extrémités; angles antérieurs obt.us, un peu émoussés, eótés
finement rebordés; angles postérieurs obtus, émoussés; base finement
rebordée sauf au railieu. Ecusson subpentagonal, presque deux fois plus
large a la base que long, assez densement pointillé, lisse au milieu do la
margo basilaire. lílytres arqués á la base, aiTondis aux épaules, alors
tres netteraent plus larges que le prothorax daus sa plus grande largeur,
arqués, modérement élargis sur les cotes, prósentant leur plus grande
largeur vers le premier cinquiéme do la longueur a partir du sominet,
largement arrondis aux angles apicaux externes, obliquement tronques
au sommet, en angles obtus aux angles suturaux, environ une Ibis et un
cinquiéme plus longs que larges dans leur plus grande largeur, ponc-
tués-substriés; stries ettacées un peu avant le sommet ; intervalles lar-
ges, subconvexes, chacun avec une ligne de tres petits points; nuirges
latórales íinement, les apicales, tres finement rebordées. Tergites assez
densement et peu fortement ponctués. Dessous du eorps un peu plus
clair, pubescent sur les derniers sternites; pattes robustes.
Segment supplémentaire de l’abdomen du mále apical, triangulaire,
émoussé á l’extrémité.
— llépublique Argentine, Gob. Misiones (O. Brucli legit).
Collections du Musée de La Plata, (1 Brucb et A. Grouvelle.
nACItUS IOMtrS n. Rim.
Capul oculis maximis, tota capitis latera oocupantibus, epistomo por-
reóte; saléis antennalibus b recibas, eonvergentibus ; labro ■paran i
producto; mandibulis ápice simplieibus. til yira clon gata, st ríala.
Abdomen suboonieum , sat late marginatum ; 4o et ñ° segmento expo-
sitis, 3o in maxima parte occultato; 2o quam aliis breviore, Io, 3o et
4o subaequalibus , ultimo longioribus.
Oe gente se place entre les Brachypeplus et les Macrostola.
I\laci'«>stolo|»s innsilalns n. sp.
Suboblongus, postice aeuminatus, paulo magis ter longior quam in
maxima latitud ine latior , modicissime convexas , nit ¿dulas, glaber,
testaceas. Antennae subbreves. Caput transversum, antice trunca-
tum, fronte convcxiusculum, subdense punctulatum, ínter anteunu-
rum bases bipunctatum et Ínter púnela subimpressum ; epistomo
convexo, antiee injlexo, tenuissime punctulato; oculis mugáis antea-
narum basin attingentibus. Prothorax antice quam postice vix angus-
tio)-, lateribus rotundatus, circitorin maxima latitudine duplo latior
(guam longior, subdense punctatus ; margine antico trúncalo atrinque
vix si nuato ; angulis anticis rotundatis tenuissime marginatis ;
angulis posticis breviter rotundatis; basi arcuata, extra médium
237
tenuissime margínala. Seutellum subpcntagonale , parce tcnucqne
punctulatum. JUlytra humcris rotundata , tune qnam prothorax
latiera, lateribus modicissime arcuada, subparallcla , angulis posti-
cis rotundata , ápice obligue retrorsum trúncala, circiter / '/5 lon-
giora quam simul latiora, punctato-striata ; striis paulo ante api-
cem evaneseentibus ; striarum intervallis convexis unilineatis, tenue
punctulatis ; margine apicali breviter inflexa, subtiliter margínala ;
marginibus lateralibus valde inflexis, tenuiter marginatis. Abdomi-
nis segmenta parce punctata. — Long. : 8,5-4 mm.
Suboblong, acuminé vors lo sonnnet do 1’ abdomen, un pon plus do trois
Cois plus long que largo dans sa plus grande largeur, trós modérémont
oonvexe, un peu brillant, glabro, testacó légérement fauve. Antennes
presquo eourtes, massue oblongue, moins d’une fois et demie plus lon-
gue que large, symétrique; premier article moins long que les deux sui-
vants reunís ; longueur de la massue subégale au cinquiéme déla lon-
gueur totale de l’antenue. Tete presque deux fois plus large au niveau
des yeux que longue, tronquée au bord antérieur ; cótés paralléles con-
tre ce bord, sinués presqu’en quart de circonférence en avant des bases
des antennes, sinués et divergents vers barriere entre Ies yeux apres ces
bases, enfin obliquement convergents a partir de la base de Forbite de
l’oeil ; front médiocrement convexe, presque densement pointillé, séparé
<lc l’épistome par une impression large, peu profonde, terminée de cha-
qué ebté, pros de la base do l’antenne, par un point enfoncé; épistome
modérément convexe, tronqué au bord antérieur et briévement infléchi,
<lensement et tres finement pointillé. Yeux gros, saillants, presqu’en demi
cercle, occupant l’intervalle entre l’insertion de l’antenne et la base de
la té te. Prothorax ¡\ peine ])lus étroit en avant qu’a la base, a peine plus
large en avant que la. téte avee les yeux, arrondi sur les eétés, présen-
tant sa plus grande largeur vers le milieu de la longueur, alors tres net-
tement plus large que la tete, environ deux fois plus large dans sa plus
grande largeur que long, presque densement ponctué. Bord antérieur
subtronqué, faiblement subsinué de chaqué coté; angles antérieurs
arrondis, finement rebordes; cótés a peine visiblement subsinués dans
la moitié basilaire, bordés comme les angles antérieurs; angles posté-
rieurs briévement arrondis; baso faiblement arquée dans le milieu, plus
fortement vers les extrémités, finement. rebordée de chaqué cóté; région
<les angles postérieurs assez largement subdéprimée. ílcusson subpenta-
gonal, plus de deux fois plus large á la base que long, éparsement et
tres finement pointillé. Elytres subtronqués a. la base, arrondis aux
épaules, alors nettement plus largos que le prothorax dans sa idus
grande largeur, l ies faiblement arques sur les cótés, subparallolos, lar-
gcmenl: arrondis aux angles apicaux externes, obliquement tronqués au
sominet et forniant des ungios suturaux obtus, environ uno fois efc un
cinquiéme plus longs que largos, ponctués-striés; intervalles convexos,
cliacun avee une ligue de tres petits points; sirios eiláeées pros du smn-
inet, détenninant une étroite margo lisse un peu inlléeliie, tinement
rebordee; marges laterales tbrteinent declives, surtout vers la base,
ponctuées en ligues, íinement rebordees. Calas huméraux marqués. Ter-
gites éparsement pointillés, Iinement et éparsement pubeseents. Sterni-
tes pubeseents; pattes robustos.
Segment supplémentaire de Pabdomeu du mále apical, émousséáPex-
trémité; dernier segment sinué.
— Paraguay. Haut Paraná. (Bertoni legit) Plusieurs individus.
Oollections du Musée de La Plata, O. Brueli et A. (írouvelle.
íllacroslalops MÍngiilaris n. sp.
*S ’uboblongus, postice acuminatus, circitcr quater lonijior quam in má-
xima lalitudino latió r, modioissimo convexus, niiidus, ¡/labor , testa-
coas. Caput transversum, concexiusaulum, antice trunealum, sub-
dense punctulatum, Inter antennarum bañes bipunctatum et Ínter
puncta subimpressum ; oculis magnis, antennarum basin attingen-
tibus. Prothorax antice quam postice paulo latior, ungid is anticis
rotundatus, circitcr sesquilatior quam longior, subdense punctulu-
tus; margine antico arcuato ; lateribus subrectis, antice cuín ángulo
tenuiter marginal is, postice paulatim subíate explanatis ; angulis-
postieis breviter rotundatis ; basi subtruncata, extra médium tenui-
ter margínala. Scutcllum subpentagonale, subtilitcr alutaceum et
ad latera tenuissime punctulatum. Eligirá Itumer is rotundala, tune
quam prothorax latiera, lateribus subrecta, angulis postieis sat late
rotunduta, ápice obligue retrorsum trúncala, circitcr l longiora
quam simal in maxima lalitudino latiera, punelato substriala ; iuter-
oallis concexiusculin, tenuissime uuilineuto punctulutis ; margine
apicali breve laevi et injtcxa ; lateribus stricte, ápice strictissimc
marginatis. Abdominis segmenta subtilitcr alutacea, parce tenui-
terque punctulata. Corpus subtus subochruceo-testaceum. — Long .
H,ñ-4 mm.
¡áuboblong, environ quatre fois plus long que largo dans sa plus grande
1 argén r, tres modérément convexo, brillant, glabro, testacé légérement
fauve. Massue des úntennos oblongue, presqu’une fois et demie plus
longue que large, un peu plus dilatée en dedans qu’en dehors; premier
article un peu plus long que le deuxiéme, longueur de la massue infé-
rieure au quart de la longueur totale de l’antenne. Tete presque deux
fois plus large au ni vean des yeux que longue, tronquee au bord anté-
riour, prosqu’éohaneréo en quart de cerdo do chaqué cóté, en avant de
Finsertion de l’antenne, tres faiblement sinuée de chaqué cótéet élargic
vers l’arriere entre les yeux, brusquement un peu rétrécie en arriére de
ceux-ci; front légérement convexo, presque densement pointillé, separé
de l’épistome par une impression trans versa.! e, terminé de chaqué cóté
par un point enfoncé; épistome convexe, lisse; yeux gros, oecupant le
cóté de la tete entre sa base et Pinsertion de l’antenne. Prothorax fai-
blemcnt rétréci vers la base, largement arrondi aux angles antérieurs,
presque droit sur les cótés, a peu pies aussi large a la base que la tete
au niveau des yeux, en vi ron une fois et demie plus large dans sa plus
grande largeur que long, presque densement pointillé. Bord antérieur
arqué; angles antérieurs, cótés et base, sauf les milieux, finement rebor-
dés; marges laterales eftacées en avant, progressivement explanée»
vers la base; angles postérieurs arrondis; base arquée. Ecusson subpen-
tagonal, presque deux Ibis plus largo A la baso «pie long, tros llnomont
pointillé sur les marges laterales et apicales, til y tres arrondis nuxépau-
les, alors un peu plus larges que le prothorax dans sa plus grande lar-
geur, presque droits sur les cótés, un peu élargis vers le sommet, lar-
gement arrondis aux angles apicaux externes, obliquement tronqués au
sommet formant des angles suturaux obtus, environ une fois et un tiers
plus lougs (pie larges dans leur plus grande largeur, ponetués, sub-
striés; stries eftacées un ¡ieu avant le sommet, laissant ainsi uneétroite
marge lisse, infléchie; intervalles larges, faiblement convexos, chacun
avee une fine ligne de points. Marges latérales et apicales tres finement
rebordées. Tergites tres finement alutacés, éparsement et tres finement
pointillés, a peine visiblement frangés de petits poils dorés au bord
apical.
Dessous du corpa tea tacó un pon juuna.tro; abdomen tros lluomont
pubescent; pattes robustos.
Segment. supplémentaire de l’abdomen du mslle apical, triangulaire;
dernier segment chez la femelle briévement tronqué au sommet, impres-
sioné en dessous contre le bord apical et orné de chaqué cóté, contre ce
rebord, d’un tres petit faisceau de poils.
— Paraguay, Yillarica (II. Richter legit). Plusieurs exemplaires.
Oollections du Musée de La Plata A. Grouvelle et O. Bruch.
♦qilaens (?) exproNsiiK n. s]).
Suboblonfius, postico modicc attcnuatus, eirciter qninquies longior
quilín in maxima latitudinc latior , modioissime convexus , nitidus ,
(jlabcr, fulvo-rufm ; eh/tris ápice al ¡quid injuscatis , antcnnac bre-
210
ves. Gaput fronte vix convexum et dense punctnlatum ; ínter anten-
narum bases haud profunde impressum : epistomo subdepresso, sub-
tiliter punctulato; oculis antennarum basin haud attingentibus,
modicissime prominulis. Prothorax antice quo, m postice paulo an-
gustio)', lateribus arcuatus, circiter in maxima latitud ine sesquila-
tior quam longior, disco punctis gcminatis subüliter punctulatus ;
margine antico subtruncato ; angulis anticis obtusis subhebctatis ;
lateribus tenuiter margiuatis ; angulis posticis obtusis hebetatis;
basi subarcuata, extra médium tenuiter margínala. Scutellum sub-
triangulare, transversum, convexiusculum, praecipue ad latera
subtilissimc punctnlatum. EUjtra humcris brcviter rotundata, tune
quam prothorax in maxima latitudine vix latiora, lateribus sub-
recta, parallela, angulis posticis rotundata, ápice obligue trunca-
ta, paulo longiora quam simul latiora, tenuiter striatopunctata ;
striis paulo ante apicem evanescentibus ; Inter vallis latís plañís,
unilincato-punctulatis ; margine apical i confuse subtilissimequv
punctulata, sicut margiuibus lateralibus tenuiter margínala. —
Long. : (> mm.
Snboblong, briévement arrondi a l’extrémité de l’abdornen, environ
einq fois plus long que large dans sa plus grande largeur, á peine con-
vexo, brillant, glabre, roux-fauve un peu foncé, légerement enfuiué vers
l’extrémité des élytres. An tenues coartes; massue oblongne, á peine
plus longue que large, symétrique, subégale au quart de la longueur to-
tale de l’antenne. Tete moins «le deux fois plus large au niveau des
yeux que longue, subsinuée aubord antérieur; cotes subparalléles cou-
tre le bord antérieur, profondément sinués en avant de l’insertion de
l’antenne, briévement sinués aprés celle-ci, faiblement sinués, divergents
vers l’arriére entre les yeux, tres briévement subparalléles aprés ceux-ci
et enlin convergents vers l’arriére; front á peine convexo, densement
ponctué, separé de l’épistome par une vague impression, accentuée de
chaqué cote prés de la base de l’antenne; épistome subdéprimé, briéve-
ment infléchi en avant et sur les cotes, trés íinement pointillé sur sa
marge basilaire; yeux moyens, peu saillants. Prothorax un peu plus
étroit en avant qu’á la base, plus large en avant que la tete avee les
yeux, arqué sur les cótés, modérément élargi, présentant saplus grande
largeur vers le milieu de la longueur, environ une fois et demie plus
long que large dans sa plus grande largeur; ponctuation formée sur le
disque depoints espacés, trés lilis géminés et sur les cótés de points plus
forts et serrés; bord antérieur subtronqué; angles antérieurs obtus, lé-
gérement émoussés; cótés íinement rebordés; angles postérieurs modé-
rément obtus, émoussés; base subtronquée, largement et Iinement rebor-
«lée de chaqué cóté; marges des angles antérieurs assez longuement et
— 241 —
briévement infléchies. Ecusson subtriangulaire, plus (le cleux Ibis plus
largo la baso que long, Iros flnomont pointilló sur los eótós. Elytros
tronques la baso, bribvoinont arrondis aux ópaules, subparal 161 es, s\
pon pros do la ínfimo largeur que le prothorax dans sa plus grande lar-
geur, arrondis aux anglcs apicaux externes, obliquement tronqués au
somraet, formant des angles suturaux obtus, un peu plus longs que lar-
gos ensemble, finement striés-ponctués; stries ponctuées effaeées un peu
avant le sommet; intervalles larges, plans tres finement pointillés en
ligue; mar ge apicale finement rebordée comine les marges laterales, cou-
verte d’une ponctuation extrfimement fine peu serrée, confuse, marges
laterales fortement et brusqueraent inflécbies surtout au-dessous des
ealus luunéraux. Tergites assez densement pointillés, premier et deu-
xieme tergites apparents fortement impressionnés de chaqué cote contre
le bord interne de la marge lateral e.
— Eépublique Argentóle. Gob. Misiones. Un exemplaire.
Colleetion (3. Brucli.
C'ampsopyga alricolor n. sp.
Suboblonga, postice acuminada, circitcr quinquics longior quam in
máximo l dtitudinc latior, subconvexa , glabro , nítida , otra ; corporc
subtus píceo ; bucea , antennis tarsisque , dilutioribus. Antennac bre-
ves. Capul depressum , antice subsinuatum, fronte dense punctatum ,
Ínter antennarum bases atrinque punctatum ; epistomo antice laevi,
breve inflexo ; oculis antennarum basin haud attingentibus , modice
prominulis. Prothorax antice quam postice paulo angustiar, lateri-
bus antice arcuatus, postice subrectus, rctrorsum aliquid, circitcr
duplo in máximo, latitudinc latior quam longior, dense punctatus ;
margine antico truncato ; angulis anticis obtus is , hebetatis ; lateri -
bus stricte marginatis ; angulis posticis obtusis, tenuiter margina -
tis ; basi extra médium trúncala, tenuiter margínala. Scutellum
extra in longitudinem lineam strictam dense punctulatum. Elytra
depressa, basi arcuata, humeris obtuse-hebetato-angulosa, tune quam
prothorax sublatiora, latcribus subrccta, aliquid amplióla , angulis
posticis rotundata, ápice separatim latissime arcuata, subprofunde
striato-punctata ; striis apicem f ere attingentibus ; intervallis, stric-
tis, depressis, unilineato-punctulatis ; marginibus lateralibus, prae-
cipue basin versus, valdc injlexis, strictissime marginatis.
Abdominis segmenta ápice tenuiter fulvo marginata, subdense punctu-
iulata. — Long. : 0 mm.
Suboblong, acuminó vers le sommet de l’abdomen, euviron quatre fois
plus long que large (lúas sil plus grande largeur, t'aiblement, convexo,,
déprimé sur les élytres, noir; dessous du corps brun de poix; bouclie,
antennes efc tarses plus clairs. Antennes coartes; massue oblongue,
nettenient moins d’une ibis et demie plus longue (pie large, légérement
plus dilatée en dedans qu’en deliors, un peu plus euurte que le quart
de la longueur totale de l’antenne. Tete moins de deux Ibis plus large
au niveau des yeux que longue, tronquee au bord antérieur; eótés tres
briévement paralléles en avant, sinués eontre l’insertion de l’antenne, a
peine sinués entre celle-ci et l’udl, subtronqués, divergents veis l’arriére
entre les yeux, enlin urques, íbrtement eonvergents a pros les bases des
orbites des yeux; front a peine convexo, densement ponctué biponetué
impressionné entre les bases des antennes: épistomo faiblement eon-
vexe, briévement iníiéchi eontre le bord antérieur, densement et line-
ment ponctué surtout veis ce dernier. Yeux nioyens, un i>eu saillants.
Protliorax un jieu plus ótroit en avant qn’á la base, arrondi sur les cotes,
surtout dans la partie antérieure, présentant sa plus grande largeur un
peu en avant du niilien, alors tres nettement plus large que la tete, en-
viron deux fois plus large dans sa plus grande largeur que long; dense-
ment ponctué; bord antérieur subtronqué; angies antérieurs largement
arronilis; eótés íinement rebordés; angies postérieurs obtus a peine
émoussés: base subtronquée et íinement rebordée, sauf dans le milieu;
marges des angies antérieurs et partió antérieure des eótés íbrtement
et assoz brusquement inllécliies. Éeussou environ deux Ibis aussi large
a la base (pie long, densement pointilléde chaqué eóté. Élytres subtron-
quós á la base, briévement arrondis aux épaulcs, alors un peu plus lar-
gos (pie le protliorax dans sa plus grande largeur, tres íaiblement ar-
qués et élargis sur les eótés, arrondis aux angies apicaux externes, tres
largement et séparément arrondis au sommet, un peu plus longs que Un-
ges ensenible dans leur plus grande largeur, ponetués-striés : stries cn-
íoncées, atteignant presque le sommet, intervalles á peu pies aussi Un-
ges que les stries, cliacun avec une ligue de tres petits points; marges
latérales íbrtement inllécliies, surtout vers la base, íinement reborilées;
calas liuméraux marqués. Tergites Íinement alutacés, presque dense-
nient pointillós, trés étroitement bordés de roux au sommet; troisiéme
et quatriéme sternites impressionnés de chaqué cóté.
— Paraguay, Puerto Bertoni, Haut Paraná (Bertoni legit). b individus.
Oollections O. Brucli et A. Grouvelle.
Luliiopa Ilriiclii íi. sp.
Oblonga , circitcr duplo longior quam latior , modice convexa , lux níti-
da, dense tenueqm Jlavo-cinereo pubescens, setis erectis, albidis et
— 243
nigris, in elytris lincato-disposiiis intermitáis ; nigro br turnea ochra-
cco-tcstaceo variegata. Antennae gráciles; Io articulo valde angu-
loso-dilatato. Caput atrinque ante-oculos sat valde lobatum , his
parce brevissimeque setosis. Prothorax antice profunde emarginatus,
disco ante basin, transversim quadri-subimprcssus ; basi tenuiter
marginata. Elytra humeris obtuse angulosa, vix perspicuo dentata,
ápice separatim breviter rotundata ; lateribus sat late cxplanato-
reflexis ; disco ochracco-tcstacco variegato , praecipuc post médium
macula transversa ornato. Corpus subías nigro brunneum. — .Long. :
df-4 mm.
Oblong, environ deux fois plus long que large, moclérément convexe,
íaiblement brillan t, couvert d’une vestiture double, comprenant une
pubescence flave-cendrée, fine, coucliée, serrée et des soies noires ou
blancliátres, dressées, un peu inelinées en arriere; peu espacées, confu-
ses, sur la tete et le prothorax, disposées en lignes sur les élytres. Cou-
leur brun noirátre, varice de taches jaunes, testacées, tres légérement
rembrunies ; massue enfumée; premier article fortement saillant, angu-
leux au bord interne, troisieme presque quatre fois plus long que large.
Tete tres transversale, déprimée sur le front, assez fortement lobée de
ehaque ebté, par suite nettement et assez profondément sinudo entre les
lobos antéoeulaires et le bord antdrieur de l’épistome; ,yeux présentant
sur le mi lien de leur eonvexité, quelques potitos soies dressées. JL’rotho-
rax rétréci en avant, h peine i\ la base, arqué sur les cótés, tres nette-
ment, plus de deux fois plus large dans sa plus grande largeur que long
dans sa plus grande longueur, fortement échancré au bord antérieur,
rembruni sur le disque, jaunatre et largement réfléchi-explané sur les
eotés; soies foncées groupées sur le disque, soies elaires sur les marges
latérales; disque marqué transversalement, sur la moitió basilaire, de
(piatre impressions peu aceentuées et sur la moitié antérieure de deux
impressions encore plus faibl es ; base tres étroitement rebordée. Écus-
son tres transversal, arrondi au sommet, glabre, densement et tres fine-
ment ponctué. Elytres enangle obtus, ít peine denté aux épaules, arqués
sur les cótés, séparément et tres briévement arrondis au sommet, assez
largement réfléchis explanés sur les cótés, brun-noiratres, variés de peti-
tes taches linéaires, un peu plus foncées, portant les soies sombres et de
taches elaires comprenant principalement au déla du milieu, une assez
grande tache transversale; de chaqué cóté de l’écusson contre la base,
une petite tache claire. Dessous du corps brun noirátre, densement et
finement potictué, tres briévement et densement ¡tubesccnt.
— Province de Buenos Aires (C. Bruch legit). Plusieurs exemplaires.
Oollections du Musée de La Plata, C. Bruch et A. Grouvelle.
244
INx-adius glalier u. si>.
Brevitor oblongas, convexas, nítidas, glaber, ater; antcunis fulvo-tes-
tacéis; prothoraois basi atrinque stricte et cUjtrorum basi late ful-
vo-rufis. Caput subdepressum, subdense punclulatum. Brolhora.v
transversas, antice angustatus, disco punctulatus ; margine antico
late et baud profunde emarginato stricte margínalo ; angulis anticis
late rotundatis ; lateribus antice valde rotundatis, postieis rectis,
antrorsúm sat convergentibus ; angulis postieis hebetatis ; basi
arcuata, ah atroque parte scutelli breve subsinuata. Scutellum sub-
triangulare, basin versus magis valde punclulatum. Elytra lateri-
bus arcuata subampliata, ápice separatim latissime subrotundatu,
tam elongata quam simúl in maxima latitudine lata, tenuiter puncta-
to-substriata ; linearum intervallis latís, dense tenuiter punctulatis ;
striis suturalibus ad apicem indicatis. Corpus sabias dilate piceum.
— Long. : 3-4 mm.
Oblong-, environ une ibis et deux tiers plus long que largo dans sa plus
grande largeur, convexe, brillant, glabre, noir; antennes fauve-testacé ;
base du prothorax étroitemeut bordée de roux aux extrémités; moitié
basilaire des élytres de la méme couleur; dessous du corps brun de poix ;
tres pea foncó; pattes et épipleures des ólytres plus elairs. Antennes
courtes; sixieme «a liuitióme articles tres transversaux, lmitiéme amor-
qant presque la niassue; celle-ci oblongue, compacte, deuxieine article
plus court que les deux nutres, dernier un peu plus long que le premier.
Tete tres transversale, légerement convexe sur le front, déprimóe sur
l’épistome, un peu relevée de chaqué cote vers la base de l’antenne,
densement pointillée sur le front, sinuée au bord antérieur, sinuóe de
chaqué cote jusqu’aux yeux, ceux-ci óchancrant les marges latérales du
front. Mandibules fortement recourbées; labre nettement visible, ]>ro-
fondément sinué. Prothorax rétréci en avant, environ deux fois et demie
plus largeála base que long, moins fortement ponctué sur le disque que
la tete, ponctué á peu pies comme celle-ci vers les cotes; bord antérieur
largement et peu profondément échancré, íinement rebordé; angles anté-
rieurs largement arrondis; cótés fortement arques dans la partió anté-
rieure, prestpie droits, asse/, convergents en avant dans la partió basi-
laire; angles postérieurs émoussés; base arquée, briévement sinuée de
chaqué cótó de l’écusson, bordee aux extrémités par une étroite marge
lisse; bords latéraux étroitement rebordés, région des angles postérieurs
légerement réílécliie. Écusson subtriangulaire, environ deux fois plus
large á la base que long, á peine visiblement alutaeó, couvert d’une ponc-
tuation fine á la base, s’atténuant et s’espagant vers le somrnet. Élytres
245 —
subtronques á la base, de la largeur de la base du protliorax, en angles
modérémenfc obfcus aux épaules, arrondis sur les efités, s\ peine élargis,
tres largement et séparément arrondis au sommet; environ aussi lougs
que largos dans leur plus grande largeur, finement ponctués; stries un
peu irréguliéres vers le sommet; intervalles des stries finement et den-
sement pointillés; bords latéraux étroitement rebordes, sommet encore
plus étroitement; stries suturales légérement m arquees au sommet. Py-
gidium tres densement pointillé. Poitrine et abdomen présentant une
pubeseeneo dorée, éparse; extrémités internes des hanclies postéricures
et de leurs troeliantcrs décorées eliaeuno d’un petit faiseeau pubeseent.
Angles apicaux externes des tibias saillants en angle aigu.
— Bópublique Argentine. Province de San Luis, Alto Pencoso (C.
Brucli). Province de Santiago del Estero. Plusieurs exemplaires.
Collections du Musée de La Plata, O. Brucli et A. Grouvelle.
Aiii|thiei'ossus vicinns n. s¡>.
Oblongas, paulo ma.gis duplo longior quam latior, modice convexas ,
nitidus , piceus , antennis, clava infúscala excepta, pedibusque dilu-
tior, dense flavo pubcsccns; pubcsccntia in elytrorum disco subtenui
pilis longioribus snbincrasmtis, retrorsum valde incurvato-deflexis,
ad latera magis multis intermixta. Antennae subg vaciles. Capul
dense punctatum . Prothorax angulis posticis rotundatus, in máxi-
ma latitudine paulo duplo latior quam longior, alutaceus, subdense
punctatus ; marginibus lateralibus subíate concavo-reflexis, breve
ciliatis ; basi medio truncata, vix producto. Elytra longiora quam
simulin maxima latitudine latior a, ápice separatim latissimc rotun-
data, vix perspicuo áluta cea , subparce punctata ; punctis ab basin
ferc tenuibus, apicem versus attenuatis; marginibus lateralibus
longe ciliatis. Apud marem abdominis ultimum segmentum subtrun-
catum medio lobo mínimo, nítido et producto instructum ; elytro-
rum fasciculi ante médium et haud juxta suturam positi. — Long. r
4, 5 -4, 7 mm.
Gblong, un peu plus de deux Ibis plus long que large dans sa plus-
grande largeur, modérémenfc convexo, brillanfc, brun de poix; úntennos
efc pattes brun rongeatre clair, massue des antennes enfumée; pubes-
cence llave, plutót serrée, plus fine sur le disque des élytres, entremélée
sur celles-ci de poils plus longs, plus épais, arqués vers Barriere, forte-
menfc coueliés, plus nombreux sur les marges latérales. Antennes iires-
que gréles; massue environ une fois et dernie plus longue cliez le male
que cliez la femelle, nettement plus courte que les articles trois á huit
pris ensemble. Tete convexe sur le front, densement ponctuée, flnement
alutacée; yeux presque saillauts en demi-cercle. Prothorax moins de
deux fois plus large á la base que long dans sa plus grande longueur;
1 argén r maximavers le premier quart de la longueur a partir déla base;
tégument alutacé; ponetuation moins forte et plus éparse que celle de
la tete; angles antérieurs obtus; marges laterales assez largement réllé-
cliies, subconcaves, briévement eibées; angles postérieurs arrondis;
base tres légerement sabíante en uniere dans le milieu, bordee par une
trésétroite marge, arquée, inlléebie. Écusson petit, subtriangulaire, tres
transversal. Tí ly tres anguleux aux épaules, un peu plus longsque largos
ensemble a la base, tres largement et séparément arrondis au sonunet,
tres flnement et á peine visiblement alutaeés, plus flnement ponctués
que le prothorax, longuement ciliés sur les cotes. Male : dernier sternite
subtronqué, présentqnt au milieu un petit lobo saillant, subcarré, bril-
lant. Fascicules des élytres places avant le milieu par rapport á la base,
relativement éloignés de la suture.
Provineo de Buenos-Aires ((1. Brueh legit). Un mfile et une femello.
üobeetion 0. Brucli.
Crvptarelia easlanoseens n. sj>.
Ovata, convexa, nítida, pubcflavo-ochracea vestita, sulf úreo castanca;
capite antice, prothoracis marginibus, antennis pedibusque dilutio-
ribus. Antcnnac subg vaciles ; clava ovata apican versus subangus-
taia. Gaput transversissimum, subdepressum, subdense punctatum ,
punctis apican versus paulatim attenuatis ; margine antico subar-
cuato, medio breviter vix sinuato. Prothorax transversas subparal
lelus, subdense punctatus ; angulis anticis, antrorsum posticis brevi-
ter retrorsum modice productis ; basi late subtruncata, ab atraque
parte scutclli breviter subsinuata. Seutellum trausversum, subtrian-
gulare laeve. Llytra circiter 1 ‘/4 longiora quam simal latiora, hu-
meris breviter obligue trúncala, ápice separatim obtuso acuminata,
dense lineatopunctata et lineato pubescentia ; lineis alteráis vix va-
lidioribus; punctis apicem versus attenuatis. — Long. : 3,8 vim.
Ovale, environ deux fois et demi plus long que large dans sa plus
grande largeur; convexe, brillant, marrón un peu enfumé; marge anté-
rieure de la tete, bords marginaux du prothorax, antennes et pattes rou-
geátres; pubescence flave-dorée, peu serrée, coucliée, plus longuesurles
cotes du prothorax et sur la partie antérieure des marges laterales des
élytres. Antennes coartes légerement épaissres; premier article épais,
plus de deux fois plus long que large; deuxiéme moins épais, environ
247 —
une ibis et. demie plus long que largo; troisiéme encore un peu épais,
presque deux fois plus long que largo; quatriéme a liuitieme progressi-
vement un peu épaissis, quatrieiue t\ sixiéme subcarrés, cinquiéme un
peu plus long que le quatrieiue et le sixiéme, septiéme et liuitieme sub-
transversaux, neuviémc á onziéme formant une inassue ovale, un peu
atténuée vers l’avant, presque deux fois plus longue que large, dont le
premier article est en forme de troné de cóne renversé; le deuxiéme un
peu pl ns transversal que le premier, est sinué au sommet et le troisiéme
trés nettemeutmoins long que large, est terminé par uno partió coniquo,
trés surbaissée. Tete subtriangulaire, arrondie en avant, plus de deux
fois plus largo au niveau des yeux que longue, subdéprimée, couverte
d’une ponctuation presque dense, atténuée vers l’avaut; marge anté-
rieure briévement inflécbie, impressionnée au milieu; labre caché, yeux
un peu saillants, a convexité plus accentuée vers l’arriére. Protliorax
rétréci en avant, arrondi dans la partió antérieure des cótés, subparal-
léle dans la. partió basilaire, nettement plus de deux fois plus large í\ la
base que long, sensiblement ponctué comme la tete, plus fortement vers
la région des angles antérieurs; bord antérieur vu de dessus peu pro-
fondément écliancré, arqué en avant ; angles antérieurs vus de dessus
trés largement aigus. vus de face presqu’arrondis, ünement rebordés
comme les cótés, ceux-ci bordés par une trés étroite margo concave;
angles postérieurs un peu saillants en arriére, vus de dessus aigus, vus
de face un peu obtus; base largement subtronquée, briévement sinuée
de chaqué cóté de l’écusson. Écusson petit, subtriangulaire, trés trans-
versal, lisse. Élytres subtronqués la base, briévement et obliquement
tronqués aux épaules, arqités sur les cótés, í\ peine élargis, subacuminés
séparément au sommet, densement ponctués en ligues; lignes alternes
trés légéroment aeoontuécs, substriécs, points atténués contro lo sommet;
ponctuation confuso sur les régions humérnles; ]nibescence formant, sur
les lignes de points, des lignes alternativement, á peine aceentuées.
Stries suturales á peine marquées au sommet. Marges latérales étroite-
ment rebordées.
— ltépublique Argentine. Province de Buenos-Aires. Un exemplaire
male.
Collection A. Grouvelle.
Je rapporte a cette espéce un exemplaire femelle provenant déla pro-
vince de Tucumán, conservé dans la collection O. Bruch.
Cet insecte a une forme plus trapue et une tete plus large; les anten-
nes plus greles et plus allongées sont terminées par une massue assom-
brie et les élytres sont arrondis .séparément au sommet.
HKV. MUSICO LA rí/ATA.
T. XXIII
17
— 218 —
OSTOMIDAE
Aneyrona argentina u. qi,
Oblonga, eirciter 2 l/¡ longior quam in maxima latitudine latior, mo-
dice convexa , nitidula, Jiavo-pubescens, fulvo-ferruginea. Antennae
breves ; clava elongata, intus subvalde dilatata. Caput fronte conve-
xiusculum, dense punctatum, antice late subsinuatum. Prothorax
transversissimus , antice modice, postice vix angnstatus, in disco plus
minusve parce, ad latera densius punctatus ; margine antico late
profundeque emarginato ; angulis anticis antrorsum productis , he-
betatis ; lateribus ar cuatis, substricte cóncavo -mar ginatis , basi me-
dio breve et atrinque late subsinuata ; pilis pubescentiae elongatis,
stratis, ad latera magis densatis. Elytra disco depressa , subparalle-
la, ápice conjunctim rotundata, eirciter 1 */a longiora quam simal
latió ra, punclato-lincata, vix striata ; intervallis alternis paulo la-
tioribus, vix elevatis ; setis pubescentiae ar cuatis, valde injlexis. —
Long. : 3,5 mm.
Oblong, environ denx fois et (lemie plus long que large dans sa plus
grande largeur, modérénient convexe, déprimé sur le disque des élytres,
un peu brillant, fauve ferrugineux; pubescenee flave longue et coueliée
sur la tete et le prothorax, plus courte, sétifonne arquée en arriero et
disposée en ligues sur les élytres. Antennes eourtes; niassue nettement
plus longue que le tiers de la longueur totale de Pantenne, assez forte-
ment dilatée en dedans, premier et deuxiéme articles tres transversaux,
dernier plus long que les prócédents, subacuminé dans la partió apieale.
Teto un peu plus de deux fois plus large que longue, convexe sur le
front, tronquee et sinuée de chaqué cote au bord antérieur, densement
ponetuée; points plutot gros, modérément profonds. Bord antérieur bor-
dé par une étroite marge déprimée, lisse, limitée en arriero par une fine
strie arquée, présentant en avant une ligue de petits points; labre sai 1 -
lant, subrectangulaire, relevé en bourrelet au bord antérieur. Yeux a
peine saillants, coiqiés transversalement au bord postérieur. Prothorax
rétréci en avant a peine á la base, arqué sur les cótés, nettement plus
de deux fois plus large, dans sa plus grande largeur (pie long, a peine
visiblement chagriné, couvert d’une ponctuaction plus forte que cello
de la tete, espacée sur le disque, surtout vers la base, plus serrée vers
les cotés. Bord antérieur profondément écliancré, étroitement rebordé,
sauf au milieu; angles antérieurs saillants en avant, émoussés; marges
latérales lbrtement inlléchies bordees par une margo rélléchie densement
— 249 —
ponctuée, étroite et concave en avant, plus large verslabase; angles
postérieurs obtus; base briévement subsinuée au niiliou, largemont <lo
chaqué cote, reborclée seulement aux extréinités. Écusson transversal,
arrondi au soinmet, transversaleiuent subplié, marqué de quelques points
ala base. Élyt.res obliquement tronqués í\ la base prés des épaules, cel-
les-ci en angles obtus, émoussés, paralléles, arrondis ensemble au som-
met, environ une fois et deux tiers plus longs que larges ejisemble,
ponctués en ligues; intervalles alternes des lignes ponctuées un peu
plus larges, subélevés: points des lignes rapprocliées groupés deux
a deux obliquement; soies inflécliies légérement sur Pintervalle large.
Marges latórales fortement inflécliies, bordées par une étroite canne-
lure.
Gob. Misiones. Un exemplaire.
Oollection O. Bruch.
COJLYDIIDAE
I’iolvdiis iiidcsoens n. sp.
Ovatus, circiter 4 '/„ longior quam in maxima latitudine latior, conve-
xas, nitidus , glaber, atcr, leviter subcyaneus iridescens. Antennae
snbincrassatae, Io articulo arcaato, ápice obligue trúncalo . Ca-
pul fronte convexiusculum , plus minusve subdense profundeque
punctatum. Prothorax subir anver sus , antice quam postice vix la-
tior ; margine antico arcuato, ad extremitatcs valde sinuato ; angu-
lis anticis antrorsnm acuto-prodnctis , lateribus ad longitudinis pri-
mam guarí am partan obtuso angulosis, antice posticcquc vix itndn-
latis , juxta angulis posiieis breve vnldeqnc sinuatis, pulvinato-
marginatis ; angulis posticis extus hebctato-productis ; bastí ante
scutellum trúncala , atrinque obligue vix sinuata ; disco subdense et
quam capite minus valde punctato, medio late excávalo ; excavatione
antice latiore et profundiore, lateribus trisinuato , cuín basi tribus
sulcis juncto, ima parte vix punctato. Scutellum mínimum , sub-
oblongum. Elytra ad basis extremitatcs obligue trúncala , humeris
dentata , lateribus arcuata, vix ampliata, ad apicem breve subrejlcxa,
dein profunde sinuata et ápice separatim obtuso acuminata, polita ;
singulo elytro in disco sexics striato ; intervallis alternis elevatis :
Io suturali, solum juxta-basin •, 2o integro paulo ante apicem obtuse
breveque angnloso-clcvato et dein abrupto in verticcm terminato ;
.3° snbintcgro , ápice obtuse angnloso-clcvato et abrupta' in verticcm
terminato ; 4o humeral} ; 5o simili . — Long. : 5-5,5 mm.
Ovale, environ quatre fois et demie plus long que large dans sa plus
grande largeur, convexe, glabre, noir avec un léger refiet irisé, bleuátre.
Antennes un peu épaisses; preinier article épais, arqué en dedans, obli-
quenient tronqué á l’extrémité; deuxiéme encore un peu épais, sub-
carré; troisiéme subearré; quatriéme á neuviéme progressivement et
tres faiblement épaissis; quatriéme a septiéme subcarrés, buitiéme a
neuviéme suballongés; dixiéme en forme de troné de cóne ren versé,
brusquement plus large; onziéme transversal, subcylindrique, nettement
plus étroit que le précédent. Tete faiblement transversale, légérement
convexo sur le í'ront, prolbndément et plus ou moins densement ponc-
tuée vers la base, plus densement et plus íinement en avant; bord anté-
rieur tronqué au milieu, faiblement sinuéen a vant des yeux, eeux-ci peu
saillants, écliancrant fortement les marges du front á facettes assez for-
tes. Prothorax plus large que la tete, á peine plus large en avant qu’á
la base, légérement transversal, assez densement et íinement ponctué
sur ses parties saillantes, lisse au foiul des impressions creusées sur le
disque. Bord antérieur arqué au milieu, briévement sinué de chaqué
cóté contre les extrémités; angles antérieurs aigus, un peu saillants en
avant; eótés formant un angle largement obtus, émoussé, vers le pre-
mier quart de la longueur á partir du sonimet, á peine ondulés en avant
et en arriére de cet angle, fortement et briévement sinués contre 1’ angle
postérieur, bordés par un assez fort bourrelet un peu irrégulier, et une
trés étroite marge concave; angles postérieurs saillants latéralement,
en forme de dent émoussée; base tronquée devaut Péeusson, obliquement
subsinuée do chaqué colé. Disque creuséd’une forte et large impression,
jdus étroite en avant qu’á la base, limitée sur les eótés par une margo
trisinuée et á la base par une partie arquée en avant, séparéede la base
du prothorax par un lobe traversé par un sillón longitudinal et limité
sur les eótés par des sillons obliques, convergents en avant. Impression
eoii])ée en avant, par un fort sillón transversal, séparant en avant une
partie se raccordant progressivement avec la surlacedu disque, longitu-
dinalement subélevée au milieu, et en arriére un lobe subtriangulaire
élevé sur le fond de l’impression, limité par des largos sillons devenant
plus profonds vers la base. Écusson petit, suboblong, enfoncé. Elytres
arqués séparément de chaqué cóté de Péeusson, obliquement subtron-
qués entre l’angle postérieur du prothorax et Pepaule, dentés á Pangle
liuinéral, arqués sur les eótés, a peine élargis, trés briévement et trés
légérement réllcchis avant Pextrémité, puis prolbndément sinués en
quart de cerele, briévement subparalléles et enfin subarrondis séparément
au sommet, environ trois fois plus longs que larges ensemble dans leur
plus grande largeur. Disque de chaqué élytre marqué de six stries limi-
tant des intervalles alternes plus étroits, plus ou moins élcvés, réunis
<leux a deuxála base; premier intervalle sutural, assez fortement élevé
— 251
dans la région scufcellaire, tres légérement dans la partie apicale; deu-
xieme modéréinenb elevé, so relovant en dent obtuso vers Pextrémité,
puis s’infléchissant verticalemenb et rejoignant Pextrémité de Pélytre;
troisiéme semblable au deuxiéme inais n’att.eignaut pas le sommet; qua-
triéme semblable au troisiéme; marges laterales de chaqué élytre presen -
tant une carene élevée seréunissant á la bordare margínale; sommet de
l’élytre terminé par une forte dépression concave, limitée par les care-
nes discoidales et marginales. Dessous du corps brun de poix, assez den-
soment et fortcment ponctué sur lo mésostcrnmn, ñnomcnt ct éparsemont
sur le motas ternum et P abdomen. Premier segment de Pabdomen coupé
longitudinalement de chaqué cóté, par une double Signe fémorale for-
mée en dedans par le prolongement de la ligue margínale de Pintervalle
des hanclies, et en dehors par le prolongement de la ligne margínale de
oes hanches.
Chaco de Santiago del Estero et province Salta. Deux exemplaires.
Collections A. Grouvelle et O. Bruch.
Ijithophorus tuberosus n. sp.
B. suoeineo Paso, et praccipue Eryi Qronv. arfinis; paree Imneqne
áureo -s ubsquamos us ; pro thorace transverso , ante médium basin ver-
sus aliquid angustato, post médium suhp ar alíelo ; disco quadri-im-
j) resso; prima impressione discoidali , oblonga , maxima ; tribus aliis
approximatis, valde impressis, in marginem basilari , externis valde
oblongis , intermedia mínima; intervallis Ínter impressiones valde
carinatis , antice et praecipue juxta basin elevatis ; elytrornm inter-
vallis aliernis valde tubcrosis. — Long . : 5,5-6 ,5 mm.
Ovale, un peu plus de trois ibis plus long que largo dans sa plus gran-
de largetir, épais, convexe, déprimé sur le disque des élytres, noir, opa-
que, parsemé de tres petites soies squamiformes dorées. Antennes bru-
nos, un peu plus chaires vers Pextrémité, s’épaississant progressivement;
dernior article trós nottoment plus court et plus óbroit que le préeédont.
TOfce faiblemenbtransversale, déprimée, assez densement subsquameuse
un peu inflóchie sur Pépistome, sinuée au bord antérieur; ponctuation
plutot forte, peu Berrée, superficielle ; deux vagues impressions sur l’oc-
eiput. Prothorax médiocrement transversal, snbparalléle dans la moitió
antérieure, modérément rétréci vers la base dans la moitió basilaire,
subonduló sur íes cótés, traverso dans la longueur par deux tres fortes
carenes laterales arquees en dehors en avant, tangentes au bord anté-
rieur, briévement et fortcment atténuées un peu en avant du mil i en, se
— 252
relevant en forme de gibbosité et rejoignant l’angle postérieur corres-
pondant. Bord antérieur subtronqué, relevé en bourrelet entre les care-
nes latérales, sinué, refléclii en arriére en deliors de celle-ci; marge dn
bord antérieur présentant an ínilieu, contre le bord, une coarte carene
longitudinale émoussée. Angles antérieurs aigus, fortement émoussés,
un peu saillanls en avant. Cbtés l'aiblement sinués en avant et en arrié-
re, bordés par un faible bourrelet et par une marge subexplanée qui
s’étend sur toute la région de l’angle antérieur, puis s’atténueet s’eftace
vers le milieu de la longueur; marges entre le bord lateral et la carene
latérale correspondante couvertes d’une grosse ponctuation peu serrée,
superflcielle, et arinées au milieu, un peu en avant de la gibbosité de la
carene latérale, d’une gibbosité allongée, dentiforme, brusquement dé-
eoupéeen avant, moins fortement en arriére, largement subsillonée dans
cette partie et bordée en avant et en deliors par un sillón peu enfoncé.
Angles postérieurs droits, émoussés. Base arquée en arriére au milieu,
siuuée de cliaque cété. Disque du prothorax présentant un ensemble de
reliefs et d’impressions (relief discoidal) de forme générale trapézoidale,
appuyé sur la base par son cété largo, s’arrctant vers le dernier tiers
do la longueur i\ partir du sommet, bordó en avant et sur les eotés par
une légére saillie subcaréniforme émoussée, étroitement anguleuse, vers
l’arriére au bord antérieur, sinuée sur les cótés, plus accentuée contre
la base, bordée en dedans par une strie nettement marquée, enfermant
quatre impressions lisses, une antérieure et trois basilaires : l’antéricu-
re largo, peu profonde, subcordiforme, se réunissant par sa partie en
pointe á l’impression intermédiaire basilaire; celle-ei plus profonde, pré-
sentant au milieu un trés gros point enfoncé; impressions externes
allongées, oblongues, également plus profundes (pie l’impression anté-
rieure, marquées en avant par un trés gros point enfoncé. Impressions
basilaires séparées par deux carénes sublongitudinales, bordant en
avant l’extrémité de l’impression antérieure, se réunissant á la base
contre l’écusson, soudées chacune avant l’extrémité á une caréne ar-
quée, oblique, qui rejoint l’angle basilaire du relief discoidal, en enfer-
mant l’impression basilaire correspondante. Xntervalles entre les caré-
nes latérales et le relief discoidal grossiérement et peu profondément
ponctués. Écusson ovale, convexo. Él y tres sinués ii la base contre le
prothorax, obliquement trompiés aux extrémités, en angles obtus,
émoussés aux épaules, subparalléles, longuement atténués ver le som-
met, fortement sinués avant l’extrémité, terminés chacun au sommet en
deliors par une partie transversale et en dedans par une saillie angu-
leuse trés émoussée, environ deux fois et un quart plus longs que larges
ensemble, assez profondément, assez iinement striés-ponctués. Inter-
valles suturaux un peu relevés vers la suture, dans la partie basilaire,
formant au sommet des saillies anguleuses apicales, cliargées d’une ligue
— 253
<le trés petites gibbosités portant cliacune uno squamule dorée; stries
suturales devenantde véritables sillons enfoncés vers le soinmet, s’effa-
§ant avant de l’atteindre; deuxiéme et quatriéme intervalles disco'idaux
ehargés de fortes saillies gibbeuses, allongées, moins serrées, et plus
fortes sur les deuxiémes intervalles que sur Ies quatriémes ; sixiémes in-
tervalles lniméraux, moins fortement gibbenx, septiémes latéraux en-
core moins ; gibbosités des intervalles s’arrétant vers le sommet, au ni-
veau de la sinuosité apicale; gibbosités basilaires et apicales plus ac-
centuées. Marges latérales donticulées.
Grand Cínico, Santiago del Estero. Plusiours exemplaires.
Collections Musée de La Plata et A. Grouvelle.
Cervlon Wagneri n. sp.
Rcgnlariter oblongum, convcxum, nitidum, glabrum, castaneum ; an-
tennis pedibusque dilutioribus. Antennae subincrassatae, 9 articula-
tac; 2° articulo subquadrato, 3a cuín pr accedente subaequali, clava
globosa . Capul transversum, antice truncatum, fronte subdense punc-
tulatum, ínter antennarum bases striatum, cpistomo sublaeve. Pro-
tliorax antice angustatus , lateribus arcuatus, juxta basin parallelus,
transversas, in disco quam caput minus dense sed ma gis valide punc-
tatus: margine antico vico emarginato ; lateribus pulvinato-margi-
nadis; angulis posticis subobtusis; basi armata , ante scutcllum breve
rctrorsum producía et impresso-marginata; disco ante médium
extrinque impresso; marginibus lateralibus valde infiexis. Scutel-
lum transversissinium, ápice latissime obtusum. Elytra humeris
angulosa, vix perspicuo hebetada, lateribus arcuada, vix ampliada,
ápice conjunctim breviter rotundata, circiter scsquilongiora quam
simul in maxima latitudine latiora, lineato-punctata ; Uncís ad api-
cem attenuatis ; linea suturali et P dorsali tenuibus, 2a-Ga paulatim
magis impressis et praecipue at basin inagis striatis ; intervallis
juxta suturam plañís, aliis subconvcxis, confuse et plus minusve
parce punctulatis ; lateribus stricte pulvinato margine. — Long. :
2,2 mm.
Kéguliérement ovale et convexe, environ idus de deux fois et dernie
plus long que large dans sa plus grande largeur, brillant, glabro, mar-
rón ; pattes et antennes plus claires. Antennes de neuf articles, un peu
épaisses; premier article tres épais, dilaté-arrondi, en dedans, environ
aussi long (pie large; deuxiemo un peu épais, subearré; troisiemo i\ liui-
tiéino progressivement un peu épaissis; troisiemo subégal au deuxiéme,
les antros serrés, progressivement plus transversal! x ; neuviéme subglo-
buleux, environ trois ibis plus large que le précédent, terminé par une
petite calotte pubescente. Tete plus de deux ibis plus large «pie longue,
tronquée en avant, convexo, presque densement pointillée sur le iront,
striée entróles bases des úntennos; épistome transversalement convexo,
tres iinement pointillé; yeux moyennement saillunts, bords des orbites
tres convergents en avant. Prothorax rétréci en avant, arqué sur les
eótés, paralléle contre la base, presque deux fois aussi large a la base
que long, moins densement et un peu plus fortement ponctué que le
front. Bord antérieur vu de dessus a peine échancré; angles antérieurs
obtus, presqu’arrondis, cotes bordes par une strie et un étroit bourrelet;
angles postérieurs presque droits, á peine émoussés; base arquée, un
peu saillante en arriero, étroitement explanée devant l’écusson; disque
impressioné de chaqué cóté en avant du milieu. Écusson tres trans-
versal, en angles extrémement obtus au sommet. Élytres subtronqués a
la base, légérement sinués ensemble dans la région scutellaire, en angles
presque droits a peino émoussés aux épaules, arqués sur les eótés, a
])eine élargis, brióvement arrondis ensemble au sommet, un peu plus
d’uno Ibisetdemie plus longsque largos ensemble dansleur plus grande
largeur, ponctués en ligues. Sur chaqué élytre, ligue sutúrale et pre-
ndere dorsale fine, deuxiéme á quatriéme dorsales progressivement plus
accentuées, devenant de véritables stries, toutes atténuées vers le som
met; intervalles plans vers la suture, plus subconvexe, iinement, confu -
séinent et peu densement pointillés. Marges latérales pliées, laissant
voir de dessus le bord latéral, iinement ponetuées en ligue, bordées par
une strie et par un bourrelet s’arretant a l’épaule.
Bépublique Argentino (C. Bruch), deux exemplaires.
Oollections C. Bruch et A. Grouvelle.
(Icrylon palíMis n.
Oblongum, sat latum, modicissime convexión, nitidum, glahvxon, cas-
taneuin ; antennis pedibusque dilutioribus. Antennae subincrassatae ,
2o articulo subquadrato , cuín 3° subaequali ; clava subglobosa. Capul
transversum antice arcuatum ; fronte transversim convexa, dense
punctata ; epistomo subconvexo, brevi, sublaevi; oculis modice pro-
minulis. Prothorax antice angustatus, trausversissimus, in disco
parce subtiliterque, a latera densius validiusquo punctulatus ; mar-
gine antico trúncalo; angulis anticis hebetato-obtusis ; lateribus
antice arcuatis, postice subrectis, parallelis ; angulis posticis sub-
rectis ; basi medio retrorsum producía, atrinque subtruncata ; mar-
ginibus lateralibus prope latas etjuxta basin in longitudinem valde
latcque impressis ; margine laterali Ínter scutelluin et nnpressionem
lateralum late et haud profunde imprcsso. Scutcllum transversissi-
mum , ápice hit i mine obtmnm. .TJIptra humeris rotnndata , Inter ¡bus
arcuata , vix ampliata, conjnnctim vix rotundata, circiter 1 '/, Ion-
giora quam simulin máximo, latitudine latiora, disco tcnuiter linea-
to-punctata, ad latera paulatim validius striato-punctata ; Uñéis et
striis basin versus minus impressis ; lateribus stricte pulv inato -mar -
ginatis. — Long. : 1,1 mm,
Oblong, un peu plus (le deux fois plus long (pie lar ge dnns sa plus
grande largeur, médiocrement convexo, brillant, glabro, marrón, bouelie,
antennes et pattes plus claires. Antennes un peu épaisses; premier arti-
cle plus épais, modérément dilaté, arrondi en dedans; deuxiéme encore
un peu plus épais, subearré, troisiéme subégal au deuxiéme, quatriéme
A. neuviéme progressivement un peu épaissis, dixiéme subglobuleux, envi-
ron trois fois idus largo que le précódent, terminó par une potito calotte
pubescente. Téte plus de deux ibis plus largo que longue, arrondio en
avant, transversalement convexe et deiisement pointillé sur le front,
eonvexe et tres flnement pointillée sur l’épistome; yeux modérément
saillants, bords de leurs orbites assez convergents en avant. Protliorax
assez rétréci en avant, arqué sur les cótés dans la partie antérieure,
droit, subparal lele dans la partió basilaire, un peu plus de deux fois
plus largo a la base que long, éparsement et tres (inement ponctué sur
le disque, plus densement et plus fortement sur les cótés; bord auté-
rieur tronqué; angles antérieurs obtus, émoussés; cótés bordés par une
strie et un fin bourrelet; angles postérieurs ]ncsquo droits; base un peu
saillante en arriero dans le m ilion, longuement subsinuée de chaqué
oóté, en partie rebordee par une ligne de petits points serrés; de chaqué
cóté du disque, une impression longitudinale, largo et profunde, partan t
déla base, séparée dubord latéral par une étroito mnrge, convexo, attei-
gnant environ lo troisiéme quart do la longueur A partir do la base; sur
la marge basilaire, de chaqué cóté de l’écusson, deux impressions largos,
peu profondes. Écusson tres large, extremement obtus au sommet. Ély-
tres subarqués séparément A la base, subanguleux aux épaules, arques
sur les cótés, A peine élargis, arrondis ensemble au sommet, environ une
fois et un tiers plus longs que larges ensemble dans leur plus grande
largeur, ponctués en ligues eííacées pies du sommet; ligues suturales et
prendere dorsale fines surtout A la base, deuxiéme A cinquiéme dorsa-
les progressivement plus marquées, cinquiéme dorsale eñ'acée sur le
calus humeral, devenant confuso vers le dernicr tiers de la longueur;
intervalles internes plans, externes subconvexes, tous A peine visible-
ment pointillés; intervalle entre la quatriéme et la cinquiéme strie mar-
qué d’uno ligne de points comparables A ceux do la quatriéme ligne,
eífacéo sur le calus lmméral, devenant confuso en mónie temps que la
cinquiéme ligne. Marges laterales fortement infléeliies, pliées, tres line-
meut ponctuées en ligues, bordees par une strie et un bourrelet visibles
lorsque l’insecte est examiné de dessus. Des stries femorales sur le pre-
mier segment de Pabdomen. Mésosternum se développant á partir du
sommet, dans le plan du métasternum; saillie prosternale largo, inlléebie.
République Argentine, Gol). Misiones (Itichter legit). Un individu.
Collection O. Brucb.
EL PROBLEMA
DE
LAS INUNDACIONES EN ANDALGALÁ 1
(PROVINCIA DE CATAMARCA)
Por M. KANTOR
LOS RÍOS DE LA CORDILLERA Y SUS DESBORDAMIENTOS
%
Los ríos que descienden de las cordilleras y sus anexos entre los 26°
y 35° de latitud sur los califica Burmeister como completamente insignifi-
cantes, y dice que apenas merecen este nombre : « Ninguno de ellos tiene
un lecho profundo con mucho caudal de agua, sino solamente un curso
débil de 2 á 3 pies de agua que forman una corriente impetuosa sólo
temporalmente y sin ninguna regularidad. Entonces arrastran grandes
guijarros y bloques, pero en tiempos ordinarios no pueden arrastrar unís
que rodados y arena. Estos ríos se forman por la reunión de arroyos que
descienden de las cumbres cubiertas de nieve, ó tienen su origen en las
praderas suspendidas á lo largo de las pendientes y aparecen en seguida
como litios de agita apenas visibles. Ellos salen de la montaña por gar-
gantas muy estrechas que parecen ser el resultado de la erosión, se des-
vían todos al esto ó al sudeste conformo la inclinación do la llanura y
allí mueren después de un curso más ó menos largo, ya sin extremidad
’ Llegué á Andalgalá en misión científica pocos días después de la última inunda-
ción del 18 do diciembre de 1915; pudo ver sus efectos desastrosos y la miseria es-
pantosa que produjo en la población. Me contaron que no menos de 35 víctimas so
llevó la creciente.
Con estas páginas no pienso resolver de una manera definitiva el problema de las
inundaciones en Andalgalá, sino tratar do demostrar toda la importancia que el
asunto implica.
definida, ya perdiéndose en las lagunas y ciénegas. (Burmeister, Descrij)-
tion physique de la lié publique Argentine, t. I, pág. 290.)
Sin embargo, estos ríos son de enorme importancia para la región del
noroeste y presentan un gran interés como factor geológico.
Únicamente junto á los ríos se concentran poblaciones más ó menos
grandes, mientras que lejos de ellos, á veces en una distancia de muchos
kilómetros, no hay ni rastro de vida. Así, v. gr., en la región de Andalgalá
que nos ocupa ahora, el vasto «Campo de Andalgalá» es despoblado,
mientras (pie en las orillas del río se lia formado una villa floreciente y
rica. Pasando el cerro de Las Oapillitas al norte se atraviesa el «Cam-
po de Arenal», un verdadero desierto, con sus médanos movedizos, y
llegando á la Punta de Palastro (ó llualasto) donde el río de ¡Santa Ma-
ría, después de haber corrido muchas leguas de norte á sur por el valle
del Cajón, se desvía bruscamente y corre en esta parte de sur á norte
hasta juntarse con el río de Calchaquí, de nuevo nos encontramos con
una población densa para estos lugares; la naturaleza parece como cam-
biada, la estrecha llanura entre las sierras de Santa María y del Ancón-
quija está sembrada de frutales, vidas y alfalfares. Las poblaciones
Puntilla, San José, Loroliuasi, Recreo y Santa María forman en realidad
un solo pueblo que se extiende de sur á norte en una longitud de unos
lo kilómetros.
No sólo un río, un arroyo, un manantial, una aguada cualquiera tienen
una importancia análoga.
Hay otro factor que sirve como agrupador de; las poblaciones en las
provincias del noroeste : son las minas. En cierto grado más indepen-
dientes del agua siempre necesitan de ella para lavar y elaborar los
minerales y no son raros los casos en que la falta ó poca abundancia
del agua es causa del abandono de yacimientos de minerales muy va-
liosos.
Por otra parte, cuando se abandona un establecimiento de elabora-
ción ó fundición de metales, las instalaciones para la provisión de agua,
un pozo por ejemplo, sirven para prolongar por lo menos una peque-
ña parte de vida en otra época muy intensa y que sin esto hubiese
desaparecido sin dejar huella alguna : v. gr., en el ingenio de Pilciao,
establecimiento que tenía 40 años atrás más de 000 habitantes, hoy con-
serva algunos ranchos donde habitan pocas familias merced al pozo de
agua potable de unos JO metros de profundidad (pie allí ha sido cons-
truido.
Siendo el curso de los ríos la línea agrupadora de poblaciones se
1 Lo mismo ocurrió cu la época precolombina : encontramos restos (le la cultura
antigua do los indios en la Punta de llualasto, en Quilines, en Pucará, etc., siempre
junto á algún río ó arroyo, ó cerca de ellos.
— 259 —
comprende toda su importancia, y aún más, puesto que de ellos depen-
den directamente el bienestar y la vida de los pobladores.
Esta dependencia es tanto mayor cuanto que los ríos presentan en
estas provincias dos aspectos desfavorables : las sequías y las inunda-
ciones.
Y mientras las sequías representan un fenómeno que amenaza solamen-
te al bienestar de la población, las inundaciones violentas y periódicas
con su aspecto de verdaderas catástrofes, afectan no solamente los bie-
nes, sino también ocasionan numerosas víctimas, como pasó en el último
desbordamiento del Andalgalá que costó 35 vidas y ocasionó pérdidas
por más de medio millón de pesos; para una población relativamente pe-
quena (3000 habitantes), una suma enorme.
EL PUEBLO DE ANDALGALÁ
El pueblo ó Fuerte de Andalgalá construido en tiempos de la conquis-
ta por los españoles, para, la defensa contra las tribus calchaquí, se en-
cuentra en el vértice de un triángulo formado por las sierras de Ancon-
quija, de los desprendimientos del Atajo y del Ambato y cuenta con una
población do 3000 habitantes siendo uno de los centros vinícolas de la
provincia, de Catamarón. En el siglo pasado cuando so trabajaron las
minas de cobro y oro en Las Capí Hitas, era un importante centro mine-
ro. Desdo el año 1904 ( ?) un ramal del Ferrocarril argentino del norte
le une con La Eioja y el litoral.
EL RÍO DE ANDALGALÁ
El río de Andalgalá se forma de dos arroyos principales : el Andal-
galá (en su parte superior llamado también el Candado) que tiene su na-
cimiento en el Cerro Negro, compuesto de esquistos cristalinas, y el río
Blanco que baja del Anconquija ’, una sierra granítica. El Andalgalá
lleva agua clara, mientras el río Blanco trae mucha arena y tiene mate-
rial fino en suspensión y parece de un color pardo amarillo.
El río do Andalgalá corre directamente por la parte central del pue-
blo, como lo indica el croquis y esto explica como la catástrofe producida
por la última creciente pudo tener consecuencias tan desastrosas para
la población.
' lío seguido ol lío hasta su nacimiento en el cerro Negro, pero no ho podido se-
guir el curso del río Blanco.
A Lugar do la catiistrofo.
Croquis de la cuenca del río Andalgalá
Escala 1 : 400.001)
261
OBSERVACIONES GEOLÓGICAS
Al norte de Andalgalá, el río corre en un lecho angosto y poco pro-
fundo. Sus barrancas son conglomerados, probablemente diluviales, ce-
mentados por arena, ó son arena sola.
No hay loes, como lo indica Külm en el mapa adjunto á sn trabajo :
Informe sobre un viaje de estudios en la provincia de Gatamarca y parte
de Titcnmán. Boletín de la Instrucción Pública , números 50-5 1 . En el lecho
del río se encuentran cantos rodados de diferentes tamaños do granito
con cristales grandes de feldespatos de color blanco, granito con feldes-
pato colorado, andesita, una roca de aspecto basáltico y rocas metamór-
ficas, algunas muy plegadizas.
En los conglomerados predominan rocas antiguas. Las barrancas de
conglomerado y arena siguen hasta La Toma y de ahí empieza el gra-
nito colorado (rico en moscovita), pero en trechos vuelven á aparecer las
barrancas de" conglomerado llegando á considerables alturas (unos 70
metros).
Las barrancas de acarreo diluvial (Scliotter) tienen mucha importancia
durante las crecientes : presentan menos resistencia que la roca firme
y en tiempo de los torrentes impetuosos se destruyen con mucha facili-
lidad, preparando para el río cauces nuevos y libertando una cantidad
enorme de rodados y arena, que aumentan así los detritus do la región
superior del río y llegan con su fuerza destructora hacia la llanura, como
pasó en la última inundación en Andalgalá.
11 o cas metamórñcas, especialmente cuarcita, so encuentran ya á una
altura de 2140 metros, cerca de un lugar que antes se llamó la Florida.
La relación con el granito predominante demuestra la menor edad del
último, pitos vetas de pegmatita atraviesan la cuarcita y se ve como la
erupción granítica levantó la cuarcita en forma de cúpula.
Por el camino del Candado al cerro Negro llaman la atención las ba-
rrancas del río, que en liarte son de una altura de 15 metros y se com-
ponen de un granito sumamente descompuesto y dos vetas de Basal-
to (?) que corren en la dirección N. 30° E. con inclinación casi verti-
cal. La primera de estas vetas tiene un espesor de 50 centímetros, la se-
gunda de tres metros. Las paredes de un granito blanqueado son en esta
parte altas (unos 50 metros) y escarpadas, y la anchura del río de unos
seis metros.
De la relación que se observa entre el granito y el gneis y micacita,
es fácil deducir que la erupción granítica ocurrió aquí en una época
posterior á la formación de las esquistos cristalinas, ó tal vez do rocas
pizarrosas que por el granito han sido metamorfoseadas.
FLORA. DE LA REGIÓN
Algunos datos sobre la llora de la región me lian sido proporcionados
por el distinguido botánico señor 1*. Jorgensen, que me acompañó basta
el Candado.
La llora del campo seco de Andalgalá (pie en gran parte es la misma
de todas las provincias andinas, se caracteriza en que sus representantes
casi siempre son muy espinosos y de muy poco follaje, si éste no falta
por completo, como en la familia de las cactáceas.
Estas familias espinosas y de poco follaje se juntan en la quebrada
del río Andalgalá con la llora alpina, de la que muchas especies se pueden
también encontrar en la tierra cultivada del Fuerte de Andalgalá, lle-
vadas probablemente como semilla por las crecientes del río Andalgalá
y que lian podido desarrollarse á pesar de la diferencia del clima, á lo
largo de las acequias.
La Hora, arriba de la Junta (1900 metros), es más pronunciadamente
alpina con muy pocos y escasos representantes de la ilora del campo
seco.
Las familias más representadas de las dos lloras son : las de Compues-
tas, Leguminosas y Solanáceas.
La familia de las Cactáceas está representada por relativamente pocas
especies, pero en gran cantidad, entre las cuales la más característica y
la que llama más la atención es un Gereus gigantesco de una altura (pie
alcanza 0-7 metros; se encuentra en la serranía desde el pueblo hasta
alturas de 2100 metros más ó menos.
En las alturas mayores, hasta 4000 metros se encuentran otras espe-
cies de cactáceas, pero de tamaño muy reducido.
LAS INUNDACIONES DEL RÍO ANDALGALÁ
Las crecientes en estas partes montañosas y áridas son fenómenos
completamente naturales y frecuentes y con mayor ó menor fuerza ocu-
rrieron en el pasado y se repetirán en lo futuro ‘.
1 En La Nación del 24 de diciembre, leemos un informe de la Dirección del riego :
... expresa en su informo (pie en los cuatros siglos de existencia «pie tiene el pueblo de
Andalgalá no existe memoria de que se baja producido lina inundación de la magnitud
de esta última.
... la mencionada dirección considera la última inundación do todo punto excepcional.
Este punto de vista no parece ser la de todos los andalgalenses. EL corresponsal
do La Prensa comunica entre otros en el número del 19 de diciembre, página 12 :
... Las aguas del río Andalgalá se desbordaron sobre ambas márgenes en varios puntos,
cumpliéndose asi los pronósticos ijuc se habían, hecho hace muchos años.
— 263
Enumeraré las inundaciones del rio Andalgalá anteriores á la última,
de las que pude obtener datos, siendo ésto de tanta más importancia-
cuanto que algunos, equivocadamente, consideran la última inundación
por su fuerza y efectos como algo completamente excepcional.
El doctor Fr. Kiilm, describe la inundación del 17 de febrero de 1913 :
. « la creciente sobrepasó mucho las dimensiones anteriores. La llegada de
la noche del 16 al 17 de febrero se hacía sentir por el ruido semejante á true-
nos lejanos, que producían los grandes cantos rodados en el cauce del río por
sus choques continuos en el transporte: en la mañana, el lecho del río, ordina-
riamente seco, era llenado por un caudaloso torrente de color chocolate y con
corriente rapidísima, de modo que era imposible pasar á la parte de Andalgalá
que se halla al otro lado; he visto que el caballo de un jinete que ensayó la
travesía fué llevado por la fuerza del agua. Este torrente corrió con casi igual
caudal y rapidez por tres días y noches y es fácil imaginarse qué enorme can-
tidad de agua fué transportada así hacia el llano. Allá ni el terraplén, ni las
defensas ó puente del ferrocarril podían resistir á tal imprevisto ataque». (Doc-
tor Franz Kiihn , Informe sobre un viaje de estudios en la provincia de Catamar-
ón y parte de Tucumán. Boletín de la Instrucción pública, t. XV, nos 50-51.)
El doctor Sclimidt se acuerda de una creciente muy grande del año
1897.
F. Seliiekendantz cita una tormenta espantosa en Pilciao, unas cua-
tro leguas al sur del fuerte de Andalgalá.
... «pude observar las densas nubes que, cual enormes bolas, parecían venir
rodando sobre el campo. En media hasta cayeron una y media pulgadas de
agua, inundando todo el territorio de Pilciao y penetrando en las pocas calcinas
de metal que entonces había». (F. Schickendantz, Un nuevo sulfato. Boletín de
la Academia nacional de ciencias de la República Argentina, t. III. Córdoba,
1879.)
El doctor Samuel A. Lafone Quevedo en una correspondencia á La
Nación da una descripción pintoresca de una inundación ocurrida por
los años 79 á 80:
... «entre nosotros se habla siempre de ese año como el del Volcán , porque
así se llaman unos torrentes de agua ó de barro, que en ciertos años suelen
llevarse todo por delante. La estación bahía sido de seca, y los cerros se ha-
bían quemado todos, de suerte que la tierra se hallaba en el mejor estado para
sor arrastrada por la fuerza del agua de los altos á los bajos inmediatos. Pa-
rece que ciertas nubes cargadísimas de humedad habían dado contra las altu-
ras heladas del Anconquija y sus contrafuertes, depositando allí su agua en
forma de lluvia torrencial, (¡ue instantáneamente se descolgó por mil quebra-
dlas, cañadas, riscos y despeñaderos, arrastrando la tierra, raigones, arbus-
18
REV. MUSEO LA PLATA. — T. XXIH
tos, en fin, cuanto alcanzaba á abarcar y aglomerado todo en las quebradas
principales, envolvía en su marcha destructora, los bosques, céspedes floridos
y cuanto embelleciera los valles del Choya y otros desagües del vasto Ancon-
qui ja. La destrucción frió total en aquel precioso valle con sus continuaciones
de la Hoyada y Negrilla, quedando sólo un pedregal interminable, donde antes
se extendiera un largo y sombrío verjel, pereciendo á la vez un hombre y mu-
chas muías de carga que fueron cogidas en una estrechura de la quebrada.
... «yo me hallé en el borde del río cuando llegaba el volcán y advertí que
bajaba como una inmensa pared de barro negro retinto toda erizada de troncos
de árboles seculares que había derribado en su marcha irresistible.
«En las estrechuras del cauce del río estos maderos y cantos rodados impro-
visaban un dique momentáneo (pie contenía el río de lodo hasta (pie éste con
su fuerza acumulada vencía toda oposición y se arrojaba con triplicada furia
por todos los bajos que encontraba, tapando majuelos, calles, potreros, etc.,
con manto negro en partes de más de media vara de alto. El barro y las pie-
dras se acabaron, mas por dos años posteriores fuimos invadidos por un to-
rrente de arena conducida por el agua de riego, (pie perjudicó bastante á las
labranzas.
« ... hoy ya (en el año 1884 1) se han olvidado en el Fuerte del torrente de
barro y á los pocos meses una margarita encarnada en los cerros, flor que no
se ve en Andalgalá, se creaba en el suelo... '.»
LA ÚLTIMA INUNDACIÓN DEL RÍO ANDALGALÁ
Se produjo del 17 al 18 de diciembre á las 2 a. m. La precedieron dos
crecientes en las dos noches anteriores. La primera bastante importante
destruyó una casa nueva, propiedad del señor Alfredo Clerisy y duró una
hora. La segunda, de la misma duración, era de poca fuerza. La tempe-
ratura era sumamente alta. La lluvia se produjo en forma torrencial, lle-
gando á caer 100 milímetros durante un tiempo relativamente breve.
El ancho total del río durante la última creciente que produjo la catás-
trofe abarcó unos 700 metros, inundando potreros, viñas y casas.
Llegaron muchos cantos rodados que se han depositado en varias liar-
les, pero principalmente se han amontonado un poco antes de llegar al
nuevo puente formando lo que aquí se llama una isla (una barricada)
obligando al río á buscar un nuevo cauce. (Comunicación verbal del se-
ñor P. Jórgensen.)
Según el informe de la dirección del riego, el río de <)m7 de caudal por
segundo, creció á 1400 metros, esto es 2000 veces su volumen de agua
normal.
1 Una excursión arqueológica al través de los valles calchaquics, publicada cu La Na-
ción el 19 de octubre de 188-1, número 4255 y siguientes. Véase también : Londres g
Catamarón 1888, púg. 104-106.
265 —
Teniendo el río á esta altura una pendiente easi uniforme de 40 por
mil se convirtió en un verdadero torrente que arrasaba todo ¡i. su paso.
(La Nación , 24 diciembre 1915.)
La. creciente corría barranqueando las calles, inutilizándolas para el
tráfico de vehículos y arrastrando buen número de personas de las cua-
les hay 24 desaparecidos, entre éstos 12 muertos. (La Nación , página
9, 21 diciembre).
Durante la tormenta se produjeron descargas eléctricas. Todo era
trueno y relámpago — me contaron los testigos oculares.
La línea telegráfica fue destruida en una extensión de seis kilómetros.
La vía férrea ha sido interrumpida.
El río, salido de su cauce natural, con una rapidez enorme formaba
cauces nuevos, como en la Toma y no lejos de Andalgalá (unos 2 '/2 ki-
lóm. al 2L) donde no menos de 25 obreros que trabajaban en las obras de
irrigación y tenían sus carpas en el mismo lecho del río fueron víctimas
de la creciente y de la poca previsión humana '. Muchas casas del pue-
blo se han derrumbado y todos los puentes, con la única excepción del
nuevo puente de hierro construido por el gobierno el año pasado, han
sido destruidos.
Según la comunicación verbal del señor P. Jórgensen, la cantidad de
desaparecidos era aun mayor de 35.
Si las proporciones del desastre no resultaron todavía mayores, filé de-
bido á la vegetación (viñas, frutales, alfalfares), merced á la cual el río
se ha descargado al norte del pueblo de una parte de cantos rodados, gra-
va, arena y toda clase de vegetales arrastrados.
Se puede decir que por esta causa se ha salvado en gran parte el
pueblo.
Los daños de las viñas son bastante considerables, quedando en par-
te cubiertas por arena, y en parte arrasadas por la corriente. Los alfal-
fares inundados están completamente cubiertos de arena é inutilizados.
Una parte de las obras de irrigación han sido destruidas (véase lám. V
y vi).
Mientras que en algunas calles se han producido por la erosión del río
1 Como no existen datos precisos sobre el número de las víctimas indicaré los de
los diarios :
La mayor parte do los desaparecidos son de una cuadrilla de obreros de los trabajos de
irrigación. Algunos cadáveres fueron arrastrados á seis kilómetros. (La Prensa, pág. 12.
19 diciembre 1915.)
El nuevo cauco del río cu Aguada barrió el campamento de irrigación, donde se per-
dieron 26 peones, de los que so lian encontrado 15 cadáveres. (La Prensa, pág. (5, 21 di-
ciembre 1915.)
El Minero de víctimas que se registra basta ahora llega á 24. (La Prensa, pág. ti. 22
dic embre 1915.)
... 24 desaparecidos entro ellos 12 muertos. (La Nación, pág. 9, 21 diciembre 1915.)
surcos fie lm50 de profundidad, en otras la arena lia formado depósitos,
llegando éstos hasta en las casas a una altura de lm50 (véase láminas: Ili
y iv).
LAS CAUSAS DE LAS INUNDACIONES
Es imposible calificar las crecientes de los ríos de la cordillera con otro
nombre que el de catástrofes geológicas : quien lia observado el cambio
asombroso que produce una inundación, el acarreo de numerosos bloques
de tamaño de varios metros cúbicos y de peso de muchos toneladas, la
formación de nuevos cauces fluviales, el trabajo enorme producido por
la erosión, la sedimentación rápida y momentánea de enormes cantidades
de material, la obra destructora en todo el trayecto, el cambio del paisaje
hasta tal punto que uno empieza á dudar si realmente se encuentra en el
lugar que ayer todavía conocía en sus más mínimos detalles, deberá con-
vencerse que se ha juzgado algo injustamente de las ideas catastróficas.
Johannes Waltlier, en un excelente estudio que se titula Das Oesetz
der Wiistenbildung , se ocupa de fenómenos semejantes á los referidos y
dice al respecto :
A pesar de estar tan convencido sobre la duración de los períodos geológicos
y a pesar de creer en fuerzas continuas que obran lentamente, considero sin
embargo, que de las ideas de las catástrofes violentas se lia pasado hoy al
otro estremo y «pie se cree en la paz eterna de la historia terrestre, lo que no
es más que un lindo sueño.
... So schr ich von der Lüngc geologischcr Zeitriiume überscugt bin, und so
sehr ich un die langsam wirkenden, stetigen Kraften glaubc, so meine ich docli,
dass man aus der Lehre von den gcwaltsamcn Kutastropheu tiente iu das ande-re
Extrem ver fallen ist uml dass man an einen ewigen Frieden in der Erdgeschichle
glaut, der nur ein schoner Traum seiu Icann. (Johannes Waltlier Das Gesetz der
Wiistenbildung. Berlín 1900, pág. 6).
La causa directa de las inundaciones reside en el clima y la topogra-
fía. El clima seco es la causa déla rareza de las lluvias 1 y de la rapidez
de la evaporación y las sierras ejercen una influencia condensadora y
rápida sobre las nubes saturadas, que tienen una gran tendencia á des-
cargarse.
Los tablas meteorológicas de T)avis nos indican la desigual distribu-
ción de lluvias de Andalgalá llegando su mínimo (de 0 hasta 15 mm.) en
los meses de mayo, junio y julio y su máximo en los meses de enero, fe-
brero y marzo.
1 Sobre la desigualdad do las lluvias en verano é invierno, véase Davis, Clima
de la República Anjentina. Buenos Aires, 1902.
1ÍHV. MUSEO I>E T.A PLATA, T. XXIII (Slü!. II. T. X)
LAM. I
2. Río de Andalgalá visto desde “La Aguada ".
üev. Museo re I7\ Pjata, t. xxrn (ser. ir. t. x)
LAm. II
2. Defensa construida en D — D de la figura 1
Bev. Museo de la Plata, t. xxiií (ser. ii, t. x) lAm. iii
La erosión del río durante la inundación.
Bev. Museo de La Pi.ata, t. xxnr, (sek. ir, t. x) LAm. IV
Material depositado por el río durante la inundación.
Lugar de la catástrofe
Obras de irrigación destruidas por la inundación
— 2(37
Años 1895-1900
Mriximuni Mínimum
Mili mol ros M ilí metros
Enero.. 138.3 36.1
Febrero 114.0 29.9
Marzo 161.5 9.0 ’
Las crecientes se producen año por ano durante los últimos tres me-
ses, pero no es imposible que haya una cierta periodicidad en las crecien-
tes extraordinarias, que se repiten cada cierto número de anos.
Sin embargo, en el caso referido (del río Andalgalá) se nota más bien
una tendencia progresiva en la fuerza de las crecientes.
La del año 1913 sobrepasó en mucho, según Külin, las crecientes an-
teriores y la del año 1915, como liemos visto, era de efecto terrible, in-
mensamente mayor á la del año 1913.
Y es de temer que en el futuro las crecientes se repetirán con más ím-
petu todavía.
Es que el río cerca del pueblo deposita cada año más y más material
sobre su lecho. Su fuerza acumuladora en ciertas partes es mayor que la
de erosión. En este caso es forzoso que el río busque nuevos cauces, lo
que ya pasó durante la última inundación.
La primera desviación del río la hemos visto en La Toma á una altura
de 1400 metros, y á una distancia de Andalgalá de unos 12 kilómetros.
La segunda desviación del río pasó á distancia de unos 2 ’/2 kiló-
metros al norte del pueblo y es aquí donde ocurrió la catástrofe. Én
esta parte la barranca baja del lado derecho del río, formada de conglo-
merados cementados por arena, no pudo oponer la resistencia necesaria
á la fuerza del río y este con gran ímpetu destruyó la barranca, cargán-
dose con los rodados y arena y formó un cauce nuevo á una distancia de
unos 50 á 200 metros del antiguo.
LA DEFENSA
A una distancia de pocos metros del lugar de la catástrofe ha sido
construida una defensa que representa una pirca de 87 metros de largo
con cimiento bajo tierra de 2m70 y 4 metros de ancho; su altura sobre la
tierra es de unos tres metros, su coronamiento tiene un ancho de 3"Y0.
Supongo que se trata de una defensa previa. Pero aún en este caso
había que tomar en consideración que no es al desvío de uno de los bra-
' Da vis, Clima de la Jleptíblica Argentina, 112.
2 68
zos del río al que se debe la inundación ', sino como liemos visto, fue la
inundación la que produjo el desvío y que va á obrar del mismo modo pol-
las razones expuestas, en lo futuro, llegando tal vez á destruir la defensa
hecha, ó en el caso que la fuerza no alcanzara para este efecto, forman-
do nuevos brazos al norteó al sur de la defensa, sobre todo al sur.
CONCLUSIONES
Ia La última creciente en Andalgalá del 18 de diciembre de 1915, no
era un caso excepcional y se repetirá con la misma ó mayor fuerza en lo
futuro;
2a Las obras de irrigación construidas quedan en la zona de peligro.
Para idearlas de nuevo, no solamente hay que contar con inundaciones
de la magnitud de la última, sino aun mayores;
3a Debería quedar absolutamente prohibido á los habitantes y obre-
ros de irrigación tener las viviendas en el lecho del río;
4a Debería idearse una defensa sólida, la que á nuestro juicio sería el
desvío del río á una quebrada, unos siete kilómetros al norte, llamada la
Cañada, que no pasa por ninguna población 1 2.
Con esto se conseguiría :
a) El pueblo de Andalgalá quedaría completamente fuera de peligro
en las crecientes futuras;
b) El riego sería beneficiado por la menor cantidad de arena que en
las épocas de crecientes llevaría el río; la parte principal de cantos ro-
dados, grava y arena, el río la transportaría ála quebrada de la Cañada ;
c) Una parte de las obras de irrigación podría quedar en el mismo
lugar.
No es necesario añadir que el cultivo de viñas, alfalfares, etc., es de
una importancia eficaz, sirviendo para las crecientes como barrera natu-
ral, y el amparo de aquella parte déla población que ha perdido sus pro-
piedades, no sería sólo de un efecto inmediato, sino tendría también una
influencia benéfica para el porvenir.
1 ... a uno do los brazos do! río se debe gran parte de la inundación (correspon-
dencia. a La Nación, 21 diciembre, pág. 9).
- Sobro la posibilidad de comunicar el río Andalgalá con la quebrada de la Ca-
ñada, hemos recibido una impresión durante nuestro viaje. Para realizar esta co-
municación sería necesario un previo estudio detallado hecho por un ingeniero ex-
perto.
26!) —
EXPLICACIÓN DE LAS LÁMINAS
Lámina I. Fig. 1. — Fuerte de Atulalgalá, calle San Martín.
Fig. 2. — Río de Andalgalá visto desde «La Aguada».
— II. Fig. 1. — Río do Andalgalíí durante la creciente del 18 do diciembre de
1915. A, cauce antiguo del río ensanchado; I?, cauce nuevo, formado
por la inundación ; D-D, lugar donde lia sido construida la defensa.
— 11. Fig. 2. — Defensa construida on D-D (véase lámina II, fig. 1) ; largo 87
metros, altura 3 metros, ancho 3 metros ; cimientos bajo tierra 2 me-
tros 70 centímetros.
— III. Erosión del río durante la. inundación. Escavación do lin50, producida
en la callo Vicente López.
— IV. Material depositado por el río durante la inundación ; el río llegó en las
casas hasta una altura do lm50, y dejó allí depositada arena hasta un
espesor do 50 centímetros.
— V. Lugar do la catástrofe ; cu se encontraban las carpas de los obreros
de la irrigación; la línea negra indica una obra de irrigación destruida.
— VI. Obras do irrigación destruidas por la inundación ; las líneas negras in-
dican la dirección de los canales .
Nota. — Las fotografías lian sillo tomadas por el lnüiil fotógrafo do Andalgalíí, señor Francisco
J. Avellaneda. Las indicaciones en las fotografías lian sido lieclins do acuerdo con mis observacio-
nes en el mismo logar de los sucesos.
Otua. — Llamo hujar ác la catástrofe el sitio donde perecieron los obreros de irrigación, no obstan-
te que la onfrtstrofo abarcó un dren mucho mayor, que Incluyó también el l’uoblo de Andalgalíí, por
considerar la pérdida do vidas de estos obreros como lo nuis lamentable del desastre producido por
la inundación del Id de diciembre de 1015.
AGUAS TERMALES I)E CAIMAN CITO
(PROVINCIA DE JUJUY)
Pon el 1J* ENRIQUE HERRERO DUCLOUX
INTRODUCCIÓN
Este trabajo no se debe á la iniciativa de un laboratorio oficial, ni es
el complemento de una exploración científica, ni corresponde á una em-
presa comercial : es una contribución al estudio de las aguas minerales
de la provincia de Jujuy que be podido realizar gracias al apoyo de don
Antonio Ereixas, con cuya amistad me honro, quien ha costeado todos
los gastos necesarios para el reconocimiento del lugar y la toma y trans-
porte de muestras, siendo para mí un deber aportar mi colaboración des-
interesada á este estudio, que añade un capítulo más a la serie de los que
en el terreno de la hidrología argentina vengo realizando desde 1900.
El problema de la explotación industrial de las aguas minerales argen-
tinas, substituyendo á sus similares extranjeras, en terapéutica y aún
como bebida higiénica, ha preocupado hondamente al señor Antonio
Ereixas en su carácter de hombre de empresa, coincidiendo con el pensar
del eminente economista doctor Eleodoro Lobos, al juzgar como hombre
de gobierno mi estudio sobre las aguas minerales de los valles de Hualfín
y otros de la provincia de Oatamarca. Y aunque el entusiasmo y la fe
ciega en las riquezas naturales de nuestro suelo que el señor Ereixas po-
see no siempre son los factores del triunfo, cuando se debe luchar con la
dejadez, la indiferencia y la apatía de los gobiernos y particulares del
interior, queda al menos el consuelo de haber alcanzado un conocimiento
que servirá de base á esfuerzos futuros más fructíferos que los nuestros.
Después de una investigación preliminar que hice sobre aguas recibi-
das desde Caimancito, á pedido del citado señor, se trasladó en marzo
de 1915 á las fuentes el joven Alberto Ereixas, provisto del material
271
necesario y con indicaciones concretas de mi parte, para recoger las
muestras y hacer algunas observaciones sobre el terreno, desempeñando
su misión con especial acierto, pues sus apuntes de cartera y sus foto-
grafías me han proporcionado un complemento precioso de los resul-
tados de laboratorio.
LA. REGIÓN DE RAS FUENTES
Las aguas estudiadas surgen en la provincia de Jujuy, en la región
poco poblada del gran valle comprendido entre las sierras de Calilegua
al NO. y los últimos cerros de la sierra de Santa Bárbara al SE., dentro
de la cuenca del río San Francisco, afluente del Bermejo. Distan de Ju-
juy, siguiendo la vía férrea, 13í) kilómetros y de Tucumán 432 kilóme-
tros, no podiendo considerarse difícil su acceso desde la estación Cai-
mancito (307 metros de altitud) situada á una legua y media más ó
menos de ellas.
Siendo Caimancito como queda dicho, la estación del ferrocarril pró-
xima á las fuentes, he dado este nombre al grupo de las aguas termales
que motivan estas páginas. En realidad, se hallan todas á lo largo del
curso de un pequeño afluente de la margen derecha del río San Fran-
cisco, sobre una eminencia (pie alcanza más de 70 metros de elevación
sobre el nivel del agua y que se encuentra cubierta por un bosque
espeso.
En esta altura el río San Francisco tiene un ancho que varía entre 200
y 300 metros, corriendo sobre un lecho arenoso y en parte fangoso, entre
orillas desiguales formando barrancas de 2 á 4 metros de altura y playas
dilatadas cubiertas las primeras de lujuriosa vegetación. Abunda en sus
aguas la pesca, no explotada actualmente, y en sus orillas se ven yacarés
no escasos y patos salvajes, garzas y flamencos en gran número.
La selva comienza exuberante en las riberas barrancosas y á distan-
cia de cien metros en las playas, poseyendo los árboles una corpulencia
menor á medida que se alejan del río, pero manteniéndose en toda la
extensión del bosque el tejido enmarañado de enredaderas y matorrales
que hacen á aquél completamente impenetrable. Dominan como esencias
forestales los algarrobos (Prosapia), espiadlos (Acacia), quebracho blan-
co (Aspidospcntia) , quebracho colorado (Loxopterygium), palo blanco
(My rsine), palo amarillo (Gliuncoa), pacará (Enterolobium timbón), cedro
(Gedrela), y quina-quina (Eugenia sp.) ; siendo huéspedes de esta mara-
villosa decoración los tigres (Felis onga), hurones (Galictis barbara) y
antas (Tapiñes americanus), los loros (Conurus, Ara) y las águilas (Gera-
noetus), sin que deban olvidarse las serpientes más variadas, los enjam-
bres de tábanos (Tabanas), mosquitos (Gulex, Anoplides) y jejenes (Ni-
REY. MUSEO LA PLATA. — T. XXIII 19
— 272
mulia) y las hormigas, piques ( Sarcophylla pcnctrans) y arañas que for-
man una imponente legión.
Las aguas de todas las fuentes termales de Caimancito reunidas for-
man un arroyo, aunque no pueden considerarse como sus únicos tributa-
rios estos manantiales, porque nace tres kilómetros más arriba de la
fuente número 4, la más lejana de las estudiadas, y según manifiestan
conocedores del lugar, debe su origen a una surgente fría.
El lecho del arroyo está formado por una arena amarillo rojiza, con
abundancia de cantos rodados, poseyendo en sus orillas una vegetación
extraordinaria.
Se ba bautizado á las fuentes más importantes de la región con núme-
ros que son verdaderos números de orden de sucesión, á partir de la des-
embocadura del arroyo. El plano esquemático de la figura 2 da una idea
de la situación de los diversos manantiales y de sus relaciones con el
arroyo, pero no debe darse á sus indicaciones sino un valor relativo, sobre
todo en lo que á distancias se refiere y advirtiendo que el curso del arroyo
no es recto como en el dibujo aparece sino sinuoso desigualmente.
CLASIFICACIÓN
Sería aventurado buscar en el extranjero tipos de comparación para las
aguas de Caimancito, máxime cuando en este género de fuentes la mine-
ralización y la termal idail tienen una importancia tan distinta según sea
la aplicación á qué se las destine.
Sin dificultad se ve que las fuentes 1 y 4 pertenecen al grupo de las
aguas termales de débil mineralizaeión, dominando en ésta los sulfates
y cloruros alcalinos con cantidades no despreciables de bicarbonato só-
dico, en tanto que las fuentes 2 y 3 más mineralizadas, merecerían ser
clasificadas como termales-clorosulfatadas-al cal inas débiles.
La gama de las temperaturas da á estas aguas un valor especial por
estar repartidas las extremas entre las de distinta mineralizaeión, como
puede verse :
No se conocen experiencias realizadas con estas aguas in situ , por ra-
zones obvias, entre las que no pueden despreciarse lo salvaje de la esta-
ción, privada de recursos y no desprovista de peligros hoy. En cuanto a.
sus aplicaciones, no dudo en afirmar que podrían ser lasque se exigen a
. museo de la Plata t. xxiii (ser. n, t. x LAm. vil
.5*
u-
Mapa parcial de la Provincia de Jujuy, comprendiendo la región de las fuentes
273 —
las termas de Bains (Yosgos), Evans (Orense), Sail-les-Bains (Loire),
Saint-Laurent (Ardedle) y Wildbad Gastein (Salzbnrgo), sirviendo como
excelentes aguas de mesa las F, y F.,, convenienteinentes captadas de
modo <pxe se evitase la presencia de nitritos y amoníaco en proporcio-
nes valoradles, aun después de ser transportadas.
No son escasas las personas que han buscado en estos manantiales
curación á reumatismos rebeldes á pesar de todas las dificultades, y mu-
chos han manifestado que obtuvieron positivos resultados.
Queda en pie la duda de su carácter de aguas ferruginosas débiles y
me atrevo á afirmar que la mayor parte del hierro evaluado en la materia
en suspensión, se hallaba disuelta en la fuente si se tiene en cuenta la
limpidez constatada allí ; pero prefiero hacer constar el hecho y esperar
otras comprobaciones.
La radiactividad debido á contenido de compuestos radiactivos queda
descartada, porque las observaciones de laboratorio se hicieron á una dis-
tancia no mayor de quince días; la radiactividad inducida podría existir
aunque escasa en las fuentes mismas.
RESULTADOS ANALÍTICO
' No so hace mención en este estudio do los métodos analíticos empleados por haber
sido objeto de explicaciones detalladas en trabajos anteriores del autor : llevista del
Mu seo de La Plata, XIV, 9-53; XVI, 51-120; XXIII, 200-230.
t
274
Bev. Museo de La plata, t. rsni (ser. ii. t. x> lám. VIH
Fig. 3.— Apunte ilustrativo de la zona de las fuentes
Plano esquemático de la región de las fuentes adyacente
— 275
Ion potásico K
— sódico Na
— amonio NI!,
Relaciones numéricas :
Cationes (K . Na)
Cationes (Ca . Mg)
Anión (SO,)
Anión (Cl)
Anión (Cün)
Aniones (SO, . Cl)
FUENTE NÚMERO 1
Esto es cl manantial mtis corcuno á lo desembocadura del ¡moyo, no
teniendo en cuenta unas pequeñas vertientes que surgen 200 metros más
abajo. Como lo muestra la fotografía, se halla esta fuente en el mismo
lecho del arroyo, formando parte de éste, sobre la margen derecha ; brota
en un pequeño hoyo con depósitos rojizos y se vierte en dos piletas
desiguales que presentan sedimentos del mismo color y abundantes
algas.
Su altitud sobre el nivel del mar es de 500 metros.
Su caudal es escaso y no excede de 150 litros por hora.
Al surgir presenta una coloración ligeramente amarilla, y un aspecto
turbio que desaparece por sedimentación; no se nota desprendimiento
alguno de gases y el termómetro sumergido en ella acusa 56° C.
En el momento do tomar las muestras, el agua en las piletas tenía un
ligero olor sulfuroso, pero el 1I,S no se constató por los reactivos ordi-
narios, perdiéndose completamente tal olor al llegar al laboratorio.
La materia en suspensión evaluada en las muestras, contenía 0.00305
de Fe.O:, por litro de agua.
KICSULTADOS ANALÍTICOS
Dalos físicos :
Color incolora
Aspecto en reposo transparente
Reacción alcalina
Densidad á 4o C 1.00041
Temperatura 56° C.
Punto crioscópico — 0°0¡10
Presión osmótica 0.3600
Resistencia, eléctrica específica á 18° . . 15(55.1
Radiactividad no aprociablo
Las vertientes á que Idee referencia, situándolas más cerca de la des-
embocadura. del arroyo, son dos y se hallan sobre la mareen izquierda de
Rkv. Museo de La Plata, t. xxiii (seii. xt, t. xx LAm. IX
El rio San Francisco Fig. 5. F.l arroyo de los manantiales
277
éste: una de ollas brota de una pared y la otra del suelo, formando en
realidad un solo manantial.
(Jomplement.ando los datos analíticos de la fuente número i, me pa-
rece rtf.il indicar los resultados obtenidos con estas dos vertientes, aun-
que incompletos por la escasez de las muestras.
FUENTE NÚMERO 2
Este manantial es el más importante del grupo por su rendimiento.
Como puede apreciarse en el plano esquemático de la región (fig. 2) yen
el apunte ilustrativo de detalle (fig. 3), esta fuente no está situada como
las demás sobre el lecho mismo del arroyo, sino sobre su margen izquier-
da, liada el interior de una pequeña eminencia y á más de treinta metros
de la orilla.
En este punto son varias bis fuentes (pie surgen, aunque no del cauda!
de la. número 2, contribuyendo sin embargo á formar con ella, un pequeño
arroyo que se vierte en el principal, constituyendo el conjunto un rincón
por demás pintoresco, entre dos cerros de unos cien metros do altura,
cubiertos de bosques impenetrables.
La fuente número 2 brota del suelo arenoso, al pie de los árboles, for-
mando una. pequeña piscina que deforman las ramas caídas y que lian
agrandado en varias ocasiones los que visitaron el lugar.
El rendimiento es considerable y lo creo suficiente para prestarse á un
aprovechamiento en grande escala. Su temperatura, es también la más
elevada, pues el termómetro sumergido en las grietas por donde surge,
dentro de una extensión de un metro de radio, acusa 59° C. y en algunos
puntos 5S°5.
HS1 aguaos incolora e inodora, ligeramente turbia, por materiales que
arrastra, pero (pie deposita, en corto tiempo; el hierro contenido en la
materia mineral en suspensión es 0.00 195 por litro.
Hay desprendimiento intermitente de gases, sin olor a preciable y en
bastante cantidad; la muestra que se trajo al laboratorio dio el resultado
siguiente :
l Vatímetros cábieus
GOj 1.20
O 10.00
N residual S7.00
100.00
Coincidiendo con la salida del gas, aumenta el caudal del agua cu el
manantial, alrededor del cual Ilota una especie de valió muy húmedo y
caliente que parece brotar del suelo.
KKMM.TADOS ANAI i I ICOS
Dalos físicos :
Color incolora
Aspecto on reposo transparente
Reacción alcalina
Densidad á 1° C 1.00171
Temperatura 59° C.
Punto crioscópico — 0°003
Presión osmótica 1.1187
Resistencia. eléctrica específica, ¡i 18° . . 000.7
Radiactividad no aprecialde
Dalos químicos ;
Materia mineral en suspensión
Alcalinidad en 11 ,80,
Materia orgánica en O (sol. alcalina) . .
Materia orgánica en O (sol. ácida)
Residuo á 100-105° C
— á 180°
— al rojo
Acido silícico en SiO
— sulfúrico en SO.,
— clorhídrico en C1
— nítrico en N.,0.,
— nitroso en N.,0;,
— carbónico en OtP
sil I fli id rico en 1 1 ,S
— fosfórico en P..O,
Oxido férrico en Fe.jO.
— do aluminio en ARO.,
— manganeso en MnO
— calcico en (Ja()
— magnésico en MgO
1'oe litro
0.0175
0.0700
0 . 0005
0.0010
1 . 0930
1 .0001
1 . 0500
0.0510
0.3170
0.2118
<0.0002
0
0.0311
0
0.00057
0 . 002-1
0.0018
v .
0.01 95
0.0 100
2 Tí»
Por litro
Oxido potásico en K„0 0.0163
— sódico en Na„0 0.4505
Amoníaco salino 0.000155
Amoníaco allmminoide 0.000066
Cases :
í co2
0o — 760"'"’ ’ O. . .
f N.. ,
(Jen tí metros cúbicos
11.640
5 . 630
17.870
Combinaciones hipotéticas :
Anhídrido silícico en SiO„ 0.0540
Oxido férrico en F e20:1 0.0024
Alúmina en A130. 0.0018
Sulfato cáleico en CaSO, 0.0473
— - magnésico en MgSO, 0.0318
— potásico ('ti K„SO, 0.0301
— sódico en Na.,SO, 0.5041
Carbonato sódico Na3C03 0.0750
Cloruro sódico en NaCl 0.3590
Cloruro amónico en (Nllt) C1 0.00048
Nitrato sódico (Mi NaNO. <0.0003
Nitrito sódico (Mi NaNO, 0
Fosfato calcico en Ca:,l’.,()( 0.00119
lista fuente posee un manantial adyacente de muy escasa, importan-
cia.. Se halla, situado ú unos dos metros de distancia de la principal y
consiste en un hilo de agua continuo, pero que no alcanza sino á mojar
la tierra y unirse al arroyito formado por la fuente número 2.
Merece citarse también cueste capítulo el manantial que en el plano
llévala, designación de fuente número 5, que nace en lo profundó del bos-
que cerca de la fuente número 2. 1’ara llegar hasta ella basta colocarse de
cara á la corriente del arroyito que forman los manantiales anteriores y
subir hacia la izquierda, sobre un terreno barrancoso, en plena marafia
salvaje.
Su rendimiento no es de importancia..
(lomo la muest ra, obtenida era escasa, me limité á aquellas determina-
ciones que habían de permitir establecer su parentesco con la. sargento
vecina y los resultados confirman esta suposición, como puede verse:
ce i: Nic, xiSmktio 5
Color incolora
Aspecto por reposo límpida
Reacción alcalina.
Resistencia eléctrica específica á 22° . . 481 .2
Materia mineral en suspensión 0.0335
Alcalinidad en II, SO, 0.0031
Acido silícico en ¡Si O, 0.056(1
— sulfúrico en ¡SO., 0.3800
— clorhídrico en (Jl 0.2082
— nítrico en N ,(),, <[0.0002
— nitroso en N.,03 0
— sulfhídrico en H„S 0
— • carbónico en CO. 0.0118
Con la letra INI se señalan en el plano general y en el apunte ilustra-
tivo unas fuentes (pie forman con sn caudal el otro brazo del arroyo tri-
butario. El joven Alberto Ercixas manifiesta (pie remontando el curso de
ese brazo basta más de 500 metros, no lia encontrado la fuente principal,
aunque sí varios ojos de agua insignificantes. El caudal de este arroyito
es tan importante como el del brazo formado por las demás surgentes
del grupo de la fuente número 2, y su temperatura al desembocar en el
arroyo tributario es todavía de 40° O.
La muestra, traída al laboratorio sólo permitió hacer las determinacio-
nes que á continuación detallo, pero suficientes para considerar del mis-
mo tipo á las fuentes números 2, 5 y M :
Color incolora
Aspecto límpido
Reacción alcalina
Resistencia eléctrica específica á 22° . . 464 .5
Materia mineral en suspensión 0.0260
Alcalinidad cu II, SO, 0.1029
Acido sulfúrico en SO., 0.3885
— clorhídrico en C1 0.2576
— nítrico en N..O. 0.0002
— nitroso en N,0;, 0
— sulfhídrico cu IIJ8 0
— carbónico en OO 0.0462
FUENTE NÚMERO 3
Ltemontando el curso del arroyo de los Manantiales, en busca di* la
fuente número 1, se encuentra, á 400 metros de ésta, sobre un recodo
muy pronunciado, la. fuente número 3.
Brota de una inmensa pared, constituida por materiales heterogéneos
de aluvión y coronada de árboles, arbustos y matorrales en toda su
extensión, alcanzando una altura de diez metros y una extensión de se-
senta metros en el punto donde se tomaron las muestras. El agua se une
directamente al arroyo que se estanca parcialmente al pie de la pared
Um. X
]ÍKV. MUSEO DE tiA PLATA, T. XXIII (SER. II. T. X ,
Fig. 6. Otro aspecto del arroyo de los manantiales
Fig. 7. Barranca sobre el arroyo
281
(sitada, formando un pequeño lago de aguas verdosas y calientes, con una
profundidad máxima de un metro. L’ara llegar á los ojos de agua, os me-
nester vadear el estanque y aprovechar unos escalones cavados sóbrela
pared misma, con alguna, dificultad.
Los guías que acompañaron al joven Freixas hicieron notar que en
muchas ocasiones, creciendo el caudal del arroyo sin coincidir con gran-
des lluvias en el punto mismo, la fuente adquiere grandes proporciones,
surgiendo el agua en forma de pequeñas cascadas y no lamiendo las
rocas como de ordinario.
El rendimiento del manantial os de apreciación difícil, pero puede ase-
gurarse que es de importancia.
El agua brota á 41° O., incolora, inodora y límpida. En la materia mi-
neral en suspensión determinada en el laboratorio había 0.0015 de FesO,
por litro.
KKSUr/rATHKS ANACÍ ricos
Dalos físicos :
Color incolora
Aspecto en reposo transparente
Reacción alcalina
Densidad íí 'Io C 1.00103
Temperatura, 41° C.
Punto crioscópico — 0°130
Presión osmótica 1.6721
Resistencia, eléctrica específica á 18° . . 350.0
Radiactividad no aprocialdo
Dalos químicos :
Materia mineral en suspensión
Alcalinidad en IlaSO,
Materia, orgánica en O (sol. alcalina). .
Materia orgánica en O (sol. ácida)
Residuo á 100-105° C. .
— á 180°
— al rojo
Acido silícico en SiO„
— sulfúrico en SO.,
— clorhídrico en 01
— nítrico en No0„ .
— nitroso en N„<).,
— carbónico en (JO„
— sulfhídrico en H„S
fosfórico en P„On
Oxido férrico en Ke,()
— de aluminio en Al^Cq
— manga, noso en MnO
— cálcico en CaO
Por litro
0.0012
0. 1.106
0. 0003
0.0010
1.7078
1.7012
1 . 6908
0.0312
0 . 6050
0.3071
0.0003
<0.0002
0.0536
0
0 . 00059
0.0016
v.
v.
0.0315
282
l*or litro
Óxido magnésico en MgO U.021Ü
— potásico en K.O 0.0091
— sódico en NaaO 0.7299
Amoníaco salino 0
Amoníaco allmminoide ()
C’entíinelios cúbicos
29.300
l . 350
17.100
CombiiHU'.ioiiCK h ¡jioltUicuH ;
Anhídrido silícico en ¡áiO 0.0312
Óxido férrico en Fea03 0.0016
Alúmina en A1..0. v.
Sulfato calcico en GiiSO, 0.0837
— magnésico en MgSO, 0.0630
— potásico en K.SO, 0.0168
— sódico en Na.SO, 0.8972
Carbonato sódico en Naa003 0.1286
Cloruro sódico en NaCl 0.5061
Cloruro amónico en (NHpOl 0
Nitrato sódico en NuNO, 0.0004
Nitrito sódico en NaNO <0.0003
Fosfato calcico en Ca^P,/)^ 0.00123
(¡uves
( 00-
0o— 760,nm ' O..
( N..
KUKNTK NÚMIOKO I
Esta es la más alejada de la desembocadura del arroyo en el río San
Francisco y se halla situada dentro del lecho mismo de aquél, sobre la
orilla izquierda.
Brota tranquilamente del suelo arenoso, entre los cantos rodados, sin
intermitencias y sin burbujeo apreciable, pudiéndose decir con mayor
propiedad que filtra, á la sombra de los árboles que cubren la orilla del
arroyo. Surge en varios puntos dentro de una extensión no mayor de
un metro cuadrado, pero si se hacen pequeñas excavaciones alrededor, se
ve brotar el agua sin dificultad.
Su altura sobre el nivel del mar es de 590 metros.
Su rendimiento es bastante difícil de apreciar porque el agua no se
acumula en pileta alguna y se pierdo en seguida en el arroyo; pero se
puede calcular aproximadamente en 50 litros por minuto.
Jai temperatura del agua es de 18° O., habiendo advertido el que tomó
las primeras muestras que había diminución en la cifra, obtenida.
Su aspecto es perfectamente límpido, sin materias en suspensión, pol-
lo cual he creído oportuno determinar el hierro contenido en lasubsfan-
Rey. Museo de La Plata., t. xxnt (seii. ir, t. x.)
Lím. XI
Fig. 8. -Fuente núin. 1, en el lecho del arroyo (56° C.)
Fig. 9. — Fuente núm. 2, la de mayor rendimiento (59° C.)
— 283 —
ciíi separada por filtración en el laboratorio, obteniendo 0.00185 de Ee.O,
por litro y atribuyendo el resto ¡i arena arrastrada.
En la fuente es incolora y en el momento de tomar la muestra el olor
recordaba el IES, sin obtener reacción de dicho «as por los reactivos
ordinarios.
HRSUI.TADOS A N At.ÍTICOS
Dalos físicos :
Color incoloro.
Aspecto cu reposo transparente
Reacción alcalina
Densidad á, 4° C 1.00056
Temperatura 48° C.
Punto crioscópico — 0°035
Presión osmótica 0.1210
Resistencia eléctrica específica á 18° . . 1.330,2
Radiactividad no apreciable
Datos químicos :
Materia mineral en suspensión
Alcalinidad en H2SO,
Materia, orgánica en O (sol. alcalina). .
Materia, orgiiniea. en O (sol. árida) . . . .
Residuo a 100-105° C
— ít. 180°
— al rojo
Acido silícico en SiO.
— sulfúrico cu SO.,
— clorhídrico cu C1
— nítrico en NaO,,
— nitroso en N30.
— carbónico cu (JO,,
— sulfhídrico en I13S
— fosfórico en P3On
Oxido férrico en
— de aluminio en Al2Oa
— manganeso en MnO
— cálcico cu CaO
— magnésico en MgO
— potásico en KaO
— sódico en Na., O
Amoníaco salino
Amoníaco álbum inoide
l*o r litro
0.0148
0.1029
0 . 0004
0.0009
0.5076
0.4980
0.4626
0.0380
0.0900
0.0600
<0.0002
0 . 0002
0.0102
0
0.0018
0.0002
0
0.0053
0.0038
0 . 0032
0.1718
0.000107
0.000049
Cases :
( co:
0°— 760"’"' \ O..
(n..
Con 1 i mot roa cúbicos
24.700
5.000
18.800
281
Combinaciones hipotéticas :
Centímetros ruíneos
Anhídrido silícico en SiCL 0.0380
Óxido férrico en Fe., O., 0.0018
Alúmina en Al^O. 0.0002
Sulfato ciíleieo en CnSCq. 0.0128
— magnésico en MgSO, 0.01 M
— potásico en Is^SO, 0.0059
— sódico en NíqSC), 0.1280
Carbonato sódico on Na4C03 0.1108
Cloruro sódico en NaCl 0.0988
Cloruro amónico en (N1I,)C1 0.00033
Nitrato sódico en NaNO., <0.0003
Nitrito sódico en NaNO., 0.0003
Fosfato calcico en Cajl>o08
Este manantial posee unti fuente adyacente que brota á corta distan-
cia, en medio de la selva; pero sn vecindad y el escaso rendimiento, me
indujeron á no realizar en ella investigación alguna, citando tan solo su
existencia, como dato ilustrativo.
Museo de La Plata, mayo 25 do 1910.
Iíev. Museo de I.a Plata, t. xsm (ser. ir, t. x.)
LAm. XII
Fig. 10. — Fuente núm. 3, brotando de la pared a (41° C.)
Fig. 11. — Fuente núm. 4, en el lecho de! arroyo (48u C.)
TROCE DENTES DE LA REGIÓN NORTE
DE LA DESEM TOCADURA DEL RÍO NEGRO (l'ATAGONIA SEPTENTRIONAL)
Por ROBERT LEHM ANN-NITSCHE
Al profesor doctor Otto Stoll, ¡titrich, el autor
agradecido.
Cuando, en 1900, estudiábamos en varios museos etnológicos de
Europa, las colecciones americanas, llamó mucho nuestra, atención una
pieza conservada en el museo de la sociedad geográfica y etnográfica de
Zuricb. Era un disco de piedra, blanquizco, tirando al verdoso gris una
de cuyas caras tiene un borde bastante saliente (fig. 8). No tan curio-
sísimo es la destinación enigmática y el tamaño notable de la pieza, cu-
yo diámetro mayor es de G,9 centímetros, como ante todo su proceden-
cia : Valle del Río Negro , Patagonia, donde el objeto en cuestión fue
hallado, en diciembre do 1884, por el señor Jorge Claraz, colono suizo
que buenos años do su vida había pasado en la República Argentina y
especialmente en Patagonia, y que en colaboración con el señor Heusser,
escribió una monografía sobre la constitución geológica de la provincia
de Buenos Aires. Al parecer, la aludida pieza era un adorno primitivo
de los indígenas, destinada á ser llevado en el perforado labio inferior
(tembetá, botoque) ó en el perforado lóbulo auricular. Opúsose á esta in-
terpretación la. falta, absoluta de otras piezas análogas en la indicada, re-
gión, y la presencia, de uno (pie otro ejemplar de tembetá en Ohile ’, no
nos parecía suficiente para, afirmar que también en el norte de la Patago-
nia, sobre la costa atlántica, haya existido antaño tal costumbre bizarra.
Resolvimos, pues, pedir datos sobre aquel objeto hallado por don Jorge
Claraz, y esperar otros hallazgos, comprobantes de tal novedad etno-
gráfica de Patagonia. El conocido americanista doctor Otto Stoll. cate-
Mudina, Los ahoríjen es de Chile, figuras 75-77. Santiago do Chile, 1882.
«Irático de la universidad de Zuricli, tuvo la gentileza de remitirnos una
descripción detallada de la interesante pieza susodicha y permitirnos su
publicación. En lo que hace al segundo punto de vista, hemos esperado
años, pero se cumplió nuestra expectativa : al efectuar, al principio de
1910, un viaje de estudio al valle del Río Negro, subvencionado por el
Museo de La Plata, parábamos algunos días en Carmen de Patagones y
en Viednm, al sud de este pueblo: conocíamos allá varias personas colec-
cionistas de objetos prehistóricos y etnográficos que por nada quisieron
separarse de sus pasatiempos, pero que con el mayor gusto nos permitie-
ron el estudio de todo lo que parecía importante. Al inspeccionar
aquellas colecciones cuya cantidad es muy diferente, hallé, con gran
sorpresa mía, la solución del problema referente á la pieza enigmática,
de Zurieh ; ¡ había, en realidad una época, en la cual los antiguos mora-
dores de la costa atlántica, al norte de la desembocadura del Río Negro,
usaban botones labiales y discos auriculares! carácter ergológico que re-
laciona a aquellos Patagones con ciertos indígenas de Chile, Bolivia y
del Brasil.
Á continuación va una breve descripción de las piezas estudiadas por
nosotros; empezamos con las más chicas, tomando en consideración tam-
bién las dimensiones de ambas caras que sólo en los objetos más volu-
minosos, son iguales.
Xo 1. Tiene la forma de un corcho usado para botellas medicinales. Ambas
caras son planas, una do ellas de bordes salientes. Altura lcm8, diámetro de la
x« i
X» 2
X» 3
cara, grande 2cm3, idem del cuerpo lcm4. Material : calcárea blanda rojiza ama-
rillenta, la superficie con finísimos puntatos negros en forma de estrellas. Pro-
cedencia : Bahía de San Blas.
X ’ 2. En forma de tapón ó corcho chato. Ambas caras son planas, una de
bordes salientes. Altura lcm2; diámetro de lacara grande 2cm6, idem del cuerpo
2'"’2. Material : especie de esquiste negro verde, de variada consistencia, pues
en la superficie muy gastada por las influencias atmosféricas, se destaca como
relieve un sistema de ramificaciones como las venas en el dorso de la, mano.
Procedencia : Alrededores de. Carmen de Patagones.
X ’ 3. Tiene la forma de un tapón con que se cierra un frasco de mostaza.
Una cara de borde saliente : la cara chica es plana, la saliente abovedada. Al-
lura lcm4, diámetro déla cara grande 3cm2, idem del cuerpo 2cm7. Material : es-
quisto (?) verdezco pardo. Procedencia: Alrededores del faro de Río Negro.
2S7
N° 4. Tiene la forma «le un disco. Ambas caras planas, levemente irregula-
res, ambas salientes y una más que la otra. Altura (espesor) lcm6, diámetro de
la cara grande 4cm0, ídem de la cara chica 3cm7, ídem del cuerpo 3cm3. Material :
calcárea blanca amarillenta y brillante, cubierta con pequeñas dendritas. Pro-
cedencia : Bahía de San Blas.
N° 5. Disco con el borde algo excavado, así «pie se asemeja á una roldana :
ambas caras de igual diámetro : el centro presenta una perforación con bordes
N» 4 x° 5
perpendiculares y de un diámetro de 5 milímetros. Altura (espesor) lcm3, diá-
metro de la cara 4cm0, ídem del cuerpo 3cm(h Material : calcárea blanquizca.
Procedencia : Bahía de San Blas.
N° 6. Disco con el borde muy cóncavo, que se parece á una bobina de las
que se venden en las tiendas. Ambas caras de igual diámetro, una casi plana,
la otra un poco cóncava. Altura (espesor) lcm6, diámetro déla cara 5cm4, idem
x» i;
del cuerpo (en el fondo del surco) 4cm0. Material : arenisca de un rojo muy
marcado, parecidísimo al de ladrillo artificialmente quemado, así «pie el pro-
pietario de la pieza, el farmacéutico señor don Joaquín Otero, cree «pie haya
sido fabricada de ladrillo, opinión inadmisible. Procedencia : Bahía de San
Blas.
N° 7. Disco con ambas caras salientes, una algo más «pie la, otra ; á corta
distancia del centro hay una perforación bicóncava «pie iguala al diámetro de
N° 7
una ampolleta. Altura (espesor) lcm4, diámetro de la cara mayor 6cm0, ídem de
la cara menor 5cm6, ídem del cuerpo (en el fondo del surco) 5cm0. Material : cal-
cárea blanquizca amarillenta. Procedencia : Bahía de San Blas.
N° 8. La pieza de Zurich es la más grande que conozco : va pues en el últi-
mo lugar. Según los datos del profesor Stoll, es un disco chato, de caras un
poco cóncavas, una algo más saliente «pie la otra : el surco, producido por la
excavación del borde, es de diámetro asimétrico, así que los bordes «le la cara ma-
REV. MUSEO LA PLATA. — T. XXIII
20
288 —
yor, son delgados, mientras que la cara menor, es continuación del cuerpo (véa-
se el dibujo, hecho por el profesor Stoll). Altura (espesor) en la parte unís
gruesa l0,n5, ídem en la más delgada lcm2, diámetro de La cara mayor 6cm9,
ídem de la cara menor 6cm3, ídem del cuerpo (en el fondo del surco) 6cml. Ma-
terial (determinación del profesor Ulricli Grubenmann de la universidad de
Zuricli) : Piedra natural ; no es, como podría creerse, una composición artificial
de arenas endurecidas por el fuego ; la piedra está fuertemente eflorescida y
presenta sobre un fondo gris verdoso, una cantidad de granitos negros incrus-
tados de grandor muy distinto, (pie sin embargo no sobrepasa medio á un mi-
X» 8
milímetro : la mayoría de ellos son más pequeños aun : están distribuidos de-
manera irregular : en algunas partes, y ante todos á los lados de la pieza, es-
tán muy aglomerados y sobresalen algo por no haber sido atacados tan fuerte-
mente por la delitescencia. A causa de esto, la superficie es áspera. Proceden-
cia : valle del Río Negro, sin más detalles (véase la introducción). Por datos
recogidos in situ sobre el señor Claraz, supongo que el hallazgo fue hecho entre
Patagones y la costa.
Los números : 1 a 3 son propiedad del doctor Carlos M. Hildemann, médi-
co : 4 y (i, del señor Francisco Otero, farmacéutico ; 5 y 7, del señor Federico
Schlamp, talabartero, todos de Patagones ; el número 8 se conserva en las co-
lecciones de la Sociedad geográfico etnográfica de Zurich.
¡ Cual lia sido la destinación de las curiosas piezas recién descritas i
- 289 —
Los fres primeros números se caracterizan inmediatamente como boto-
es para, el labio inferior, también llamados botoques ó tembetás ; tales
•zas que yo mismo be sacado de los labios de Chiriguanos, se llevan
1 perforación del labio inferior de tal modo que la cara mayor mira
tro é impide caiga el botón para afuera : poco á poco, dilatán-
la perforación, el botoque tiene que ser reemplazado por otro
más g.
Las otras ,-;ezas admiten, además de la recién indicada, otra explica-
ción ; recordándonos que algunos de los pueblos que usan el botoque la-
bial, también se perforan el lóbulo auricular para llevar un disco cuyo
diámetro aumenta con la dilatación progresiva de la perforación lobular
(los Botocudos del Brasil, por ejemplo), encontramos una solución satis-
factoria; en el caso de un disco auricular, su borde tiene que ser excava-
do y presentar un surco, limitado por dos caras salientes para que la
X» !>
pieza quede bien fijada dentro del agujero artificial del lóbulo. Con-
sideramos, pues, los números 5 á 7 como discos auriculares.
La forma délas piezas números 4 y 8, admite ambas explicaciones. En
lo que hace al ejemplar de Zuricli, el señor Stoll, en su carta, observa
que el peso (110 gramos) de la pieza, tal vez no admitía su empleo como
tembetá; puede entonces que haya sido disco auricular. Las perforaciones
de las dos piezas números 5 y 7, pueden haber servido para fijar un col-
gaje de plumas, siempre que no fueran hechas posteriormente por otra
clase de indígenas que no usaron ni botoques labiales ni discos auricu-
lares y querían servirse de esas piezas, halladas por ellos en el sitio de
antiguos paraderos, para completar su collar. Piedras en forma de dis-
cos, de un diámetro de 2cm5 á 3 y de una altura de lcm5, perforados en
el medio, procedentes de San Blas y de los alrededores de Patagones,
también se hallan en las colecciones particulares estudiadas por nosotros,
pero por el momento es imposible saber si han de ser atribuidos á aque-
lla antiquísima población que usara el botoque labial y auricular; es, sin
290 —
embargo, probable. Casi segura nos parece que una boleadora de un tipo
bizarro, con surco ecuatorial y grabados (altura 4om2, diámetro 4cm7),
hallado en San Blas y conservado por el doctor C. M. Hildemann (figu-
ra 9), era de aquella gente ; su material es del mismo estado de conser-
vación é idéntico al del tembetá número 1, y procede de la misma Bahía
de San Blas, como queda comprobado por el examen de cántaros roda-
dos hallados allá mismo.
Yernos, pues, que antiguamente, en el ángulo formado por la orilla
norte del Río Negro y el Atlántico, se usaba el botoque labial y el
disco auricular, probablemente en combinación; como estas piezas fue-
ron fabricadas allá mismo, se trata de una población autóctona, y no
de algunos pocos individuos, llevados allá, por otros indios, como pri-
sioneros, etc.
o
o
o
CONTRIBUCIÓN AL ESTUDIO
l)K LAS
HORMIGAS DE LA PROVINCIA DE SAN LUIS
Por CARLOS BRUCII
Jefe de la Sección Zoológica y profesor en el Museo
de la Universidad do La Plata
A principios de 1914, y por encargo del Museo de La. Plata, hice en
compartía del doctor Eduardo Oarette, un viaje á la provincia de San
Luis, con el objeto de realizar allí estudios zoológicos y botánicos. Como
programa nos habíamos propuesto explorar principalmente la región del
Alto Pancoso, habiendo obtenido resultados satisfactorios,- en cuanto á
las colecciones y observaciones que alcanzamos á reunir y que serán
motivos de futuras comunicaciones.
Para comenzar con ellas, dedicará este trabajo a las hormigas que
oportunamente pudimos estudiar, Iniciándolo con el deseo de adelantar
algo más nuestros conocimientos sobre estos himenópteros.
Como se verá, la provincia de San Luis es rica en formícidos; hemos
tenido la suerte de descubrir buen número de nuevas formas, cuya cla-
sificación se debe al profesor Eorel, á quien agradecemos sinceramente
los servicios prestados.
CARÁCTER DE LA REGIÓN
La región explorada es muy seca y asoleada, por consiguiente la tem-
peratura en verano es bastante «'levada. El terreno se presenta, ligera-
mente ondulado, con lomas bajas y tendidas : emistituye el Alto Pen-
cóse una. anchísima, lonja, de tierras, cuyo nivel sobre la «menea de la
Laguna Bebedero, punto más bajo de toda la provincia, es de unos 280
metros (üGO m. elevación total). Al norte, esta elevación corre hacia la
Sierra del Gigante y hacia las pampas en sus costados este, oeste y sud-
oeste desciende en pendiente muy suave, casi imperceptible.
El terreno del Alto Pencoso es árido, muy arenoso, con pocas piedras;
en lugares asoman á veces capas de areniscas y margas coloradas yesífe-
ras, sobre todo bien visible en la sección que cruza la vía férrea, antes de
llegar á la misma población, y que vino á ser lugar preferido para nues-
tras observaciones.
La vegetación es la xerófila, tan característica de todas las provin-
cias del noroeste argentino ; formada aquí por montes de arbustos y
árboles bajos, pero bastante tupidos.
Los principales representantes de esta flora son: la jarilla (Larrea
divar icata), los algarrobos (Prosopis alba y P. nigra), el chañar (Gour-
liea decorticans) , la brea ( Gaesalpinia praecox), el peje (Jodina rhomb-i fo-
lia), el piquillín (Condalia micropliylla), el quebracho blanco (Aspido.s-
pcrma quebracho) y la retama (Bulnesia retama). Estas plantas se en-
cuentran ya mezcladas entre el monte, ya alternadas con grupos de de-
terminadas especies, ocupando entonces trechos de extensión variable,
según las condiciones más ó menos propicias del terreno. Existen tam-
bién lugares que carecen de pastos ii otras plantas bajas, substituidas
éstas por las cactáceas ó «pencas» (Cereus lamproclilorus y 0. coeru-
lescens, Opuntia sulpliurca y O. diademata , etc.), tan abundantes que die-
ron origen precisamente al nombre de la localidad.
En otros lugares, como en el Desaguadero y por la Laguna Seca, al
norte del Alto Pencoso, el suelo es salitroso y la vegetación típica se
compone entonces de plantas halófilas, como la zampa (Atriplex Gricse-
bachi y A. lampa), el jume (Spirostachys patagónica y tí. vaginata) y otras
afines, etc. Por la Laguna Seca encontramos otra vez sedimentos yesífe-
ros y capas de caliza muy descompuesta, en forma de lajas, aprovecha-
das de vez en cuando por las hormigas para formar sus nidos.
COMPONENTES DE LA EAUNA MIRMECOLÓGICA
Son los sitios áridos y arenosos que mejor se prestan á la nulificación
y el desarrollo de ciertas hormigas, cuya abundancia es allí verdadera-
mente sorprendente.
Casi todas las especies encontradas, pertenecen á las subfamilias de
las mirmicinas y dolicoderinas. De las ponerinas , amantes de regiones
algo húmedas, no hemos visto ni un solo representante; sin embargo ha
de haber de ellas una «pie otra especie de los géneros Leplogeitys, Lela-
— 293
tomma y Hol coponer a, ya conocidas de regiones vecinas (provincias de
Córdoba y Mendoza). De la misma provincia. TJotaiomna (F.) quadridcna
(F,)} fin; recogida por Strobel en 18(55, y últimamente por el señor (Jar-
los Lizer en la Sierra de San Luis.
De dorilinas hemos encontrado solamente los individuos masculinos
y las obreras de Eciton (Acamatus) Strobeli Mayr, especie muy difundida
por toda la. república. Es asimismo notoria la escasez relativa en cam-
ponotinas, sólo representadas por los géneros Brachymyrmcx y Campo-
notm , con las especies (pie oportunamente citaremos.
Predominan, pues, en toda la. región las dolicodcrinas de los géneros
Bonymynnex y Forelius. Del último, las especies F. nigriventris For. y
F. chalybaeus Em., abundan extraordinariamente, á tal punto, que raros
son los sitios en campos pelados y arenosos, que no muestren los cráte-
res típicos de sus nidos, a cuyo alrededor se reúnen siempre grandes
aglomeraciones de sus ágiles obreras.
De las minnicinas, no falta en la región la dañina Atta ó Acromyrmex;
al contrario, este género es abundantísimo, si bien representado por po-
cas especies, siendo la. hormiga colorada (Acromyrmcx (Moellerius) Silvcs-
trii Em.) muy común en toda la provincia.
Del género Pogonomyrmex liemos encontrado seis formas distintas,
cuatro de ellas eran aún desconocidas. El número de representantes del
género Plieidole es superior al de Solcnopsis ; las primeras anidan con
frecuencia, entre terreno duro, á veces entre la misma tosca ; de las últi-
mas, Solcnopsis Pylades For. es menos abundante como en otras regio-
nes. Por último, mencionaremos todavía los géneros Grcmastogaster y
Gryptocerus, cuyas especies son casi todas arborícolas.
Este conjunto de géneros y especies ya. citadas, con otras más, encon-
tradas también durante nuestro viaje, permiten formar un concepto bas-
tante edaro de la fauna mirmecológica de esta región de San Luis. AI
enumerar todas las especies que hemos recogido, reproduzco de cada una
su correspondiente descripción, limitándome muchas veces solamente á
las características principales ó más fáciles de distinguir. Además agre-
garé también todas nuestras observaciones sobre nulificación y otros
detalles biológicos, completando estas descripciones con fotografías y
dibujos originales, que servirán para mejor interpretación.
Pam. FORMICIDAE
Suiiüuii. DoiiVi iwi:
Eicilon (.Vcamalus) Slrohcli Mayr
(Ialin. VIH, lig. 1, (j*. y liy:. 1¡ <¡>)
La biihta Btrubcli Mayr, .humar. Sao. íXat., Modona, 111, 1888, p. 1 lili (p. 8, t„ sep.) q*.
= Ecilon n i te un Mayr, 1. c., 1888, página 188, (p. i), t. sep.) <£.
Esta especie se extiende seguramente por todas nuestras provincias
y territorios, desde Jujuy y Misiones al norte, hasta Iiío Negro y Oliu-
but al sur : ha sido señalada hasta ahora de Buenos Aires, Santa Ee,
Córdoba, San Luis, Mendoza, Entre Ríos, Misiones, Salta, Tucumán,
Catamarca, Jujuy, Río Negro y Ohubut.
En Alto Peneoso, algunos individuos masculinos (E. (A.) Strobeli),
atraídos por la luz de la lámpara, vinieron, como suelen hacerlo, á veces
en enormes cantidades durante las noches de verano. En cambio, las obre-
ras (E. (A.) nitens) las hemos hallado debajo de estiércol seco de vacu-
nos, en algunas galerías terrestres muy superficiales, que debían servirles
de refugio y no como verdaderos nidos, los cuales aun no conocemos.
En cuanto se refiere á dichas obreras, mis observaciones recientes'
confirmaron plenamente su identidad con la forma masculina, descripta
por Mayr como especie distinta (L. Strobeli), lo (pie Berg ya suponía al
1 Durante mi estadía en la estancia do Tornquist (Sierra de la Ventana), pude pre-
senciar, por primera vez, nna irrupción do estas hormigas guerreras, que anidaban
debajo de los cimientos do la cochera. El ataque lo llevaron simultáneamente contra
dos nidos : uno de Pheidole Beryi Mayr, y otro de Solenopnin Pyladen var. tricuspis
For., situados ambos sobro el camino del parque, á unos treinta metros del ediñeio,
y separados uno de otro por una distancia de ocho metros. Las obreras de licitan
salían por una simple grieta entre dos ladrillos, y dada la solidez de aquella cons-
trucción, no filé posible explorar el nido.
A las 8 de la tarde (15, II, 1918), millares de obreras formando una densa colum-
na de dos á tres centímetros do anchura, habían ya invadido el primer nido y
cargadas con regular cantidad do ninfas, se encaminaron céntralos Solcnopniti. Mien-
tras que una parte de las guerreras penetraban en el nido de éstas, otras volvían
hacia la cochería, escoltando á las que cargaron con la presa.
En ningún momento he observado lucha entre invasores y agredidos ; una sola
vez vi tí una Pheidole, que l'uó decapitada por llevarse una ninfa, de la cual se apo-
deró inmediatamente una de las agresoras.
Las obreras y soldados del primer nido, parecían alborotadas y huyentes; por el
— 295 —
ocuparse de nuestros formícidos *, y á esta opinión se remitió también
últimamente el doctor Gallardo 2.
Nuestras figuras (lám. VII, 1-2 y 2 a) representan macho y obrera de
E. (A.) Strohdi Mayr, cuyas características son :
Obrera. — Tiene 2,5 á 0,5 milímetros de largo; es de color rufo cas-
taño con las mandíbulas y el borde anterior de la cabeza más obscuros ;
es brillante, fina y dispersamente punteada y pubescente. Los ojos fal-
tan ó son solamente indicados por un punto pigmentado amarillo. La ca-
beza subcuadrada, es mucho más finamente punteada que el tórax, casi
glabra, con su vértice inerme, atrás fuertemente escotada en arco. Los
costados del tórax y mefcanoto son inermes, muy densamente puntea.-
dos, opacos, subcoriáceos. Pecíolo, abdomen y patas son dispersamente
pilosas.
Macho. — Largo del cuerpo 10 milímetros, del ala 17 milímetros.
Su color es el mismo de la. obrera, salvo el tórax, que en parte es más
ó menos pardusco. Todo el cltcrpo es bastante fino y densamente pun-
teado, cubierto de una pilosidad amarilla leonada, muy tenue, adherente
y en ciertas partes algo más larga y destacada. El tórax es opaco y más
pubescente sobre el dorso que en los costados. Las alas son bastante
amarillentas, con sus nervaduras más obscuras.
Subían.. I*OI\iClSIFVAI2
Eetatomma (lüda(omma) qtiatf ridcns (F.)
Fórmica quadridcns F. Entoin. Syst., II, 1793, página 362,
Eetatomma bvunnea Smith, Catal. Hym. Brit. Mus., VI, 1858, página 103, íj>, Q> .
Recibimos últimamente obreras de esta especie de Córdoba (Birabén
leg.) y de San Luis (Lizer leg.); además esta hormiga ha sido señalada
del Paraguay, Brasil, de la Guayan a y de Colombia.
contrario, los Solcnopsis quedaron tranquilamente por los alrededores y aun en las
propias galerías del nido, donde se hallaban muchos Eolton dedicados al saqueo en
el momento que hice una, sección con la pala. A las 8 de la noche, la. correría había
terminado; volviendo más tarde if. la cochera, observó con mucha satisfacción cómo
salían do las mismas grietas algunos individuos masculinos, que en efecto correspon-
dían al Eciton (A.) Strobeli y que volaron durante varias noches alrededor de la luz
de acetileno.
1 11 luto C., Enumeración sistemática f) sinonímica de los formícidos argentinos, chilenos
! I uruguayos. Anales de la Sociedad científica argentina, tomo XXIX, 1890, página 16.
Gallardo A., Observaciones sobre algunas hormigas de la República Argentina.
Anales Musco Nacional, tomo XXVII, página 6. Buenos Aires, 1915.
Obrera. — Mide 10-11 milímetros ; es de un rojo moreno muy obs-
curo, subopaco, de aspecto sedoso; las estrías densas y muy linas son
longitudinales sobre la cabeza, las mandíbulas, el dorso del protórax y
metatórax, y transversales en la parte anterior del protórax, el metató-
rax y nudo del pecíolo; sobre el abdomen son aún más tenues y subcir-
culares. 101 pronoto giboso presentados espinas ó tubérculos; el epinoto
dos espinas cortas, bastante agudas. Todo el insecto lleva pelillos cortos
pálidos, muy esparcidos y destacados.
Hembra. — De 15-1 G milímetros, se asemeja á la obrera en cuanto á
coloración y estructura. Sus alas son llavo hialinos, las nervaduras de
un testáceo pálido.
Siilifiim. UVIlMICIWi;
l’ogotiomy rme x «-uineiilui'iiis M¡iyr, subsp. peiieosen^is Por.
(Lám. VIII, lig. 3, íj>, y íig. 4, (j?)
l’orel, liull. Suc. raud. Su. Mui., ;")0, 184, 1914, página 2!i5, íj, (j*.
lista hormiga es muy abundante en las proximidades de Alto Pen-
coso, y considerada por Forel como raza de P. cunicularius Mayr, con la
cual tiene mucha semejanza.
Obrera. — Ordinariamente más pequeña y más esbelta que la espe-
cie típica, mide 0,4-!), 4 milímetros. Su color es de un rojo ferrugineo;
todo el cuerpo está cubierto por una pubescencia blanquecina, erguida
y corta. La cabeza es subopaca, longitudinalmente arrugada, apenas
más estrecha que en P. cunicularius. Las espinas inferiores del epinoto
son largas y agudas, mientras que la especie típica tiene solamente la-
minillas redondas.
Macho. — Mide de 8 á í),5 milímetros, es negro, con el abdomen y
los tarsos de color castaño; las mandíbulas, tibias y la extremidad del
abdomen son moreno obscuros; las alas son ligeramente parduscas. La
cabeza y el tórax son subopacos, bastante rugulosos, longitudinalmente
arrugados : la cabeza es casi tan ancha como larga, convexa atrás y es-
trechada delante de los ojos. El tórax es algo más ancho que la cabeza ;
el epinoto lleva dos espinas en punta, algo más largas que anchas en la
baso. El abdomen es liso y lustroso. La pubescencia es erguida, amari-
llenta, más densa, más larga y mucho más fina sobre el cuerpo y miem-
bros que en la obrera.
Hembra. — Es aún desconocida.
Por su apariencia y manera de caminar se distingue fácilmente esta
297 —
hormiga ele las otras especies congéneres, encontradas en los mismos
lugares.
La forma más esbelta y el desarrollo de sus miembros le dan mayor
agilidad; las obreras corren rápidamente, llevando el cuerpo bien desta-
cado del suelo y el abdomen casi doblado por debajo, dirigido hacia
adelante. Durante el día hemos visto varias veces obreras acarreando
semillas de gramíneas recogidas del suelo.
Nidos. — Como los otros representantes del género, esta especie ha-
bita los sitios áridos y anida con frecuencia en e! terreno duro. 101 nido
es completamente subterráneo, desprovisto de cráter alguno, solamente
indicado en la superficie del suelo por un pequeño orificio de tres hasta
cinco milímetros de diámetro, que da acceso al interior. El examen de
una decena de estos nidos excavados en distintos lugares, mostró carac-
teres más ó menos constantes. Ordinariamente tiene 30 ó 40 centíme-
tros de profundidad y está compuesto por escaso número de cámaras ó
cavidades subovalares de dos á cuatro centímetros de diámetro. Así, el
nido es bastante sencillo, constituido solamente por una galería central
más ó menos perpendicular, con pocas ramificaciones que conducen á
las cámaras mencionadas. Casi siempre las ramas superiores que se des-
prenden de la galería principal, se dirigen hacia los costados y vuelven
hada, arriba para terminar en las cámaras; otras veces, éstas se comu-
nican entre sí por est rechos canalículos
Un nido se compone generalmente de una colonia, poco numerosa, co-
mo do algún centenar de obreras con escasa cría, representada en aquella
estación (febrero) por ninfas ya coloreadas. Una sola vez, el nido tenía
1 Mucho extraño que la descripción dada por Berg del nido do Pogonomyrmcx cn-
nicnlarius Ma,yr (Berg. Anales Son. Cient. Argén t., p. 9, 1890. Id. Gallardo, Anales
Mus. Nací., Bs. Aires , p. 12, 1915), difiere tan fundamentalmente do las observacio-
nes nuestras sobre la raza de esta especio y sobro otras especies congéneres. Estas
observaciones coinciden también con los datos suministrados por mi diligente cola-
borador Mac Donagb, quien acaba de examinar algunos nidos do aquella especie en
Entre Ríos.
El doctor Berg dice por ejemplo : « Hace grandes nidos en forma de caracol en suelo
arenisco, del cual extrae tierra y granos gruesos de arena, para obtener la forma caracte-
rística. En otros casos el nido está construido por granos de arena aglomerados, ofreciendo
siempre In forma de caracol. A reces mide ISO centímetros de didnictro y puede sacarse
entero, siendo el sucio compacto, ote. »
Ri ii negai' la meticulosidad que en Indos sus trabajos caracterizó if. mi inolvidable
maestro y amigo, me inclino sí, creer que confundió sus observaciones, atribuyendo sí
la especie en cuestión las propias, hechas sobre nidos de Phcidole Bergi, de la cual
agrega : « haciendo agujeros en el sudo, que comunican con canales ramificados ».
Las construcciones en forma de caracol, si la comparación vale, son típicos para,
esta última especie ; por otra parto, son precisamente las obreras do la misma, las
que llevan íí su nido otras hormigas mutiladas ó muertas (véase pííg. 306), costum-
bres que menciona también Berg, como del Pogonomyrmcx.
208 —
mayores proporciones : quince á veinte cámaras albergaban unas cuatro-
cientas ó más obreras, entre las cuales liemos bailado una docena de in-
dividuos masculinos, los que obtuvimos también de algunos otros nidos.
Los machos son bastantes ligeros, por su hábito y vuelo recuerdan á
ciertas avispas pompílidas.
Varias veces entre las cámaras superiores de los nidos encontramos
almacenadas semillas de vegetales, principalmente gramíneas.
Pog onoinyrincx ciiniciilarius» May r, suOsp. peiieosensi.s Fov.
var. «luliia Foi\
Forel, Hall. Soc. Vatul. So. Nat., 1914, página 207,
¡Se trata de una dudosa variedad de la raza precedente, establecida
por Forel sobre tres individuos encontrados aisladamente. Según ese
autor, se distingue dicha variedad del tipo de la raza, por los detalles
del epinoto, cuyo plano declive tiene dos aristas, de las cuales la exte-
rior, saliendo de las espinas superiores, termina lmcia afuera de la arista
de la espina inferior. El borde posterior de la cabeza sería también me-
nos neto y más convexo.
Pogonomyrincx i-aslratus Mayr
Mayr, Animar. Soo. Nat., Modena, 1868, página 13, t. sep. i£.
lbid., Ferli. zool. bot. (¡ce., Wion, 1887, página 011, (j* .
lista hormiga se conoce hasta la fecha de Mendoza, San Luis, Río
Negro, Ohubut y Santa Cruz. l)e Alto Pencoso hemos traído como una
veintena de obreras, recogidas aisladamente.
La especie se caracteriza por el lindo color rojo de la cabeza y del abdo-
men; este último es mate, muy lina y longitudinalmente estriado. La va-
riedad negra (var. carbonarius Mayr) parece no existir en las provincias
del norte.
Obrera. — De (i-7 milímetros, tiene tórax, patas, mandíbulas y esca-
lios completamente negros, mientras que la cabeza y abdomen son ro-
jos. La pubescencia es cana, corta y bastante esparcida, los pelos de las
amoquetas son rubios. La cabeza longitudinalmente estriada es tam-
bién finamente reticulada. La parte posterior del pronoto y el mesonoto
son á lo largo arrugados, subvenniculados ; las arrugas del metanoto
corren en sentido transversal ; las dos espinas epinotales son bastante
largas y agudas.
Macho. — Mide 7 milímetros; es de un moreno negro: las mandíbu-
— 29!) —
las, antenas, pecíolo y patas son de color moreno castaño, el abdomen
rojo ferrngineo. La cabeza subestriada, es muy finamente retícula da ; el
tórax estriado, arrugado y punteado; el epinoto tiene dos espinas agudas.
I’ogonomyrmex inermis For.
(L¡ím. VIH, fig. 5, £)
Fori'l, Itull. Roe. Fauil. Re. . A 'al., 1911, piíginn. 2(>7,
De esta especie, fácil de distinguir por la carencia do espinas epinota-
les, liemos encontrado dos pequeños nidos, solamente con formas obreras.
Obrera. — De 5-6,5 milímetros, es de color rojo bastante subido, el
abdomen negro con el pigidio flavo castaño. La pubescencia es erguida,
blanquecina, obtusa y bastante abundante; los pelos déla barba son
rubios. La cabeza es cuadrada, semiopaca, groseramente arrugada á lo
largo, finamente reticulado punteada. El tórax es muy convexo, tosca-
mente arrugado, subreticulado : las arrugas son longitudinales sobre el
dorso y transversales en la parte anterior del pronoto. El epinoto es
inerme.
Nidos. — Los dos que liemos examinado, se encontraban en suelo po-
co duro, algo pedregoso; tenían 3 y 5 cámaras respectivamente y á es-
casa profundidad.
Se diferencian de los nidos do P. cnnic. var . pcncoscnsis, por sus cá-
maras más pequeñas, separadas por canalículos muchos más cortos.
En ninguno de ellos vimos cría, tampoco individuos sexuales.
INtgonoiti'V’riiicx ItruHii For. Kiilisp. mirmis For.
(Lililí. VIII, fig. 0, ; lig. 7, (jb
*
Foro!, Bell. Soc. Faitd. Sv. Kat., 1 9 1 <1 , piígina 268, <£, Qb
Según criterio del autor (Forel), esta hormiga vendría á representar
una. estirpe de P. Bruclii, dando á ésta un valor específico. Ambas for-
mas tienen mucha semejanza con Pogonomyrmex cocirctatus Maye, dis-
tinguiéndose la raza micans á primera vista por su coloración.
Obrera. — Mide 0,5-8 milímetros; la cabeza es de un rojo bastante
vivo, su borde anterior, mandíbulas, funículos y tórax son obscuro par-
dirrojos, el pecíolo, abdomen y las patas completamente negros. La pubes-
cencia. es erguida, amarillenta pálida, brillante y bastante abundante.
La. cabeza, es semiopaca, de superficie sedosa, densa, y muy finamente,
estriada á lo largo y lleva gruesos puntos, poco impresos. El tórax es
300
muy toscamente estriado: transversalmente en la parte anterior del pre-
noto y metanoto, longitudinalmente en la parte posterior del pronota y
en el mesonoto; las espinas epinotales son bastante largas.
Macho. — De 9-10 milímetros, es negro, con antenas y tarsos pardo
obscuros, lo mismo que el abdomen, de color castaño en su parte ante-
rior. La cabeza es algo más ancha (pie larga, bien convexa, subglobosa,
semimate, con la escultura más irregular y más grosera que en la obrera.
El tórax es algo más estrecho que la cabeza, sus estrías dorsales son más
tinas; lleva también puntos esparcidos. El epinoto tiene dos dientes
anchos, muy obtusos, más cortos que su anchura. El abdomen es casi
Fig. 1. — Corte vertical por un nido de Pogoñomynnex Jlruchi For.
subsp. micans Ford. */2 del natural
liso, muy débil y finamente retícula do. Toda la pilosidad grisácea es
mucho más larga, más tina y más densa que en la correspondiente obrera.
Esta hormiga es tan abundante como P. cunicuJarius subsp. penco-
sensis For., pero por su hábito se asemeja más á P. c-oarctatus Mayr;
quizá convendría mantener á ésta como tipo de especie, considerando
como variedades á las formas Jlruchi For. y micans For. Esta última
camina, como las otras especies, con el abdomen siempre estirado y no
recogido como lo hace P. cunicularius.
Nidos. — Los nidos, desprovistos de cráteres, tienen el orificio de
entrada pequeño y se encuentran en terreno firme ó duro yá escasa pro-
fundidad. Se diferencian, sin embargo, de los que Construye P. cunicula-
rius, por sus cámaras más aglomeradas, en comunicación con cortos pasa-
jes (fig. 1 ). Cuando el suelo es menos duro, estos pasajes ó canalículos son
301 —
más largos, mucho más ensanchados y de sección perfectamente circu-
lar, dispuestos más órnenos en sentido horizontal, distribuidos en distin-
tos niveles. Las cavidades délas cámaras son variables; en nn nido hubo
algunas de mayor capacidad, ocupadas por abundante cría y uno que otro
individuo alado. De estos últimos hemos visto solamente formas mascu-
linas, y la cría, ya en estado de ninfas, correspondía siempre á obreras.
Varias veces hemos encontrado cámaras con semillas de vegetales,
mezcladas con los pequeños frutos rojos del piquillín (Condalia micro-
pln/lla). Los seis nidos (pie pudimos examinar se componían de colonias
poco numerosas, que en ningún caso pasaría mucho de unas trescientas
obreras.
Pogonoinyi'inex (Ephcbomyrmex) IXaegelii For.
(Lím. IX, fig. I,
Forol, C. llcnd. Soc. lint, liclg., 1880, página xu,
Mayr, Vcrh. sool. bol. Ges., Wien, 1887, página 012, Q f <3*.
Los ejemplares típicos de esta especie proceden del Brasil; de la Ar-
gentina es conocida de las provincias de Buenos Aires. Santa Fe, Cór-
doba, San Luis y Salta.
Al examinar un nido do l\ inennia For., encontramos en una cavidad
adyacente tres obreras mucho más pequeñas, identificadas por Ford
como P. (E.) Nacgclii. Por sus a moquetas o barba muy corta, y las cua-
tro espinas epinotales, esta especie corresponde al subgénero Ephcbo-
myrmex Wlieeler.
Obrera. — Mide poco más de 4 milímetros; es de color rojo ferrugi-
neo bastante vivo, el abdomen es castaño; su escultura es groseramente
eseabroso-reticulada. La, cabeza es longitudinalmente arrugada, subreti*
culada, el tórax fuertemente reticulado. El metanoto está provisto de
cuatro espinas, de las cuales las dos superiores son más largas. El pri-
mer nudo del pecíolo es bastante largamente pedunculado, adelante ver-
ticalmente truncado, tiene un diminuto diente debajo de su pedúnculo;
el segundo nudo presenta, también debajo una protuberancia, gruesa, y
obtusa. El abdomen es liso y lustroso, muy dispersamente punteado.
Todo el cuerpo, incluso antenas y patas, está cubierto de pelos cortos,
gruesos y obtusos, perpendicularmente erguidos.
Hembra. — Según la descripción de Mayr, tiene 5 milímetros de
largo y se asemeja mucho á la obrera. El metanoto y escutelo son grose-
ramente reticulados, longitudinalmente arrugados; los planos basal y
declive del metanoto gruesa y transversalmente arrugados; las espinas
epinotales inferiores son mayores y más agudas. Las alas son ligera-
mente parduscas, tienen dos células cubitales.
Macho. — Es apenas más largo que la hembra; negro, las antenas,
pecíolo, aneas y fémures son de color pardo obscuro, tibias y tarsos más
amarillentos. Las mandíbulas son cuadridentadas. La cabeza es rugosa-
mente reticulada, las estrías frontales convergentes hacia atrás. El me-
tanoto es ruguloso, provisto de dos dientes muy obtusos. El abdomen es
liso y muy lustroso.
Oemaslogusler quatlriformis liog. sul>si>. ISovereloi For.
(I-itin. X, lig. 2 ,
Forol, liuU. Soo. I'ititd. He. Mal., lililí, página H2,
Por omisión involuntaria no figura esta subespecie en el trabajo de
Eorel con procedencia de Alto Pencoso, donde la hemos recogido varias
veces sobre jume (Spirostachys). Ha sido señalada también de Tucumán,
y en La Plata la encontré en las ramas delgadas y secas del sanco (Sam-
bncus). Una variedad más pequeña procede de líosario.
Se conoce solamente la forma obrera, descripta por Eorel como sigue :
Obrera. — De 3,1 á 3,4 milímetros, es casi negra (bastante más obscu-
ra que el tipo de la especie); las espinas son rojizas, lo mismo que las
mandíbulas: patas, antenas y primer nudo son pardas. Es más pequeña,
que el tipo de especie, apenas más grande que la variedad gracüior Forel,
pero bastante más robusta (pie ella. Difiere sobre todo de las dos, como
también déla subespecie nidis Emery, por su escultura mucho más débil
y por su segundo nudo un poco más corto, á lo menos una y media vez
más ancho que largo y débilmente, pero bastante netamente escotado
atrás, en el medio. La frente y el occipucio son muy lustrosos y muy
débilmente reticulados, lo mismo que el epistoma; la frente es casi lisa.
El dorso del promesonoto y el segundo nudo son también muy lustrosos
y débilmente reticulados. Los escapes son algo más largos, pasando el
borde posterior por más que el doble de su espesor. Lo demás como el
tipo de la especie.
Creniaslogaster ltriichi For.
(Liim. ix, tig. a,
Forol, Mótil. Sou. lint, llehj., XIX, 1ÍI12, págum 21!),
Los primeros ejemplares de esta especie coleccioné en Huasán (Cata-
marca) sobre los frutos del Quimil ( Opuntia) ; después recibí también
algunos de Salta y de Tucumán. En Alto Pencoso los encontramos sobre
«zampa» (Atriplex), y una vez sobre un lienzo empapado con' sangre de
303
apereá (Cavia), que momentos antes colocábamos á la sombra de un
arbusto. Buen número de obreras, que ú pocos metros tenían sn nido en
el suelo, saboreaban con avidez la substancia sanguínea, no obstante su
régimen vegetal.
Obrera. — De 3,2-4 milímetros, es negra; clipeo, antenas y miembros
son obscuro castaños, las mandíbulas y espinas epinotales rufo castaños.
Es densamente reticulado punteada, opaca, menos en el medio del epis-
toma, de la frente y del vértice, las espinas y los miembros que son lisos,
lustrosos. El abdomen es lustroso, muy tenue, monte subrotieulado. Las
mejillas, costados de la cabeza y do la frente, lo mismo (pie el tórax son
longitudinalmente arrugados. Está cubierta de una pilosidad pálida,
bastante larga y abundante, destacada y algo menos oblicua sobre los
escupos y las tibias. Las espinas son muy divergentes y muy largas. El
abdomen es bastante piriforme, truncado y ancho adelante, muy estre-
chado y punteagudo atrás.
La descripción original menciona aún más detalles; los que preceden
bastarán para distinguir la especie, de la cual se conoce hasta ahora
solamente las obreras.
Nidos. — El único que excavamos, estaba en tierra arenosa; tenía
un pequeño orificio de entrada sin cráter. Las pocas cámaras ó galerías
eran más ó menos horizontales, superpuestas y muy irregulares; no pa-
saban do 20 centímetros de profundidad, y contenían regular número de
obreras, pero ninguna cría ó individuos sexuales. Era el único nido te-
rrestre que encontramos de osle género.
Cremaslogastci* hrevíspinosa Mayr, subsp. cruols For.
var. carminis For.
(Lrtin. IX, flg. 4, £)
F orcl , Bull. Soc. Vaud. Se. Xat., 1914, página 270, c£.
J)e paso por la Itepresa del Carmen, al norte de Alto Pencóse, reco-
gimos una veintena de obreras de esta nueva variedad, sobre un alga-
rrobo (Prosopis), en cuyas ramas debían guarecerse; ella, con la forma
subsiguiente, aumenta la ya larga serie do variedades conocidas de C.
brev isp i n os a J\ I ay r .
Obrera. — Mide 2, 9-3, 5 milímetros; es de color moreno, con el abdo-
men negruzco : su tamaño es mayor, su color más obscuro que en el tipo
de la raza, procedente de Colombia; también las espinas son más largas.
La, superficie es lustrosa,, cubierta de diminutos puntos pilí foros, bas-
tante esparcidos; la pilosidad muy tenue y apretada. La cabeza es sub-
cuadrada, muy convexa. Los costados del tórax son reticulados, subgra-
nrcv. museo la tlata. — t. xxiii 21
— 804
nulados, con algunas arrugas longitudinales. Las espinas epinotales, en
forma de diente triangular, son algo más largas que anchas en la base.
tlrcmaslogasler hrcvispinosu Mnyr, mibsp. .Uocllcii For.
vais lueiimaneiisií) For.
(l.lllll. IX, lig. 5, ; llg. U, (^ )
Forel, Bull. Soc. Yaud. So. Nat., 1914, página 271, Q .
En Alto Peneoso esta hormiga no es rara sobre los algarrobos y anida
entre las galerías taladradas por larvas de cerambícidos; la he recibido
también de Tucumán (Shipton) y de Salta.
Es mayor (pie la variedad precedente.
Obrera. — i)e 2,5 á 4,5 milímetros, es de color, escultura y pilosi-
dad muy parecida al tipo de la raza, las espinas son también más largas.
La cabeza es menos convexa, más alargada que en aquél, relativamente
más pequeña en las grandes obreras. El abdomen lleva, algunas series
de pelos erectos, semiobtusos.
Hembra. — Mide 7, 5-8, 8 milímetros; es muy semejante á la obrera,
de color más claro, castaño, con el abdomen casi negro. La pilosidad es
algo más esparcida, mezclada con pelos más largos erguidos, más abun-
dantes sobre el abdomen. Los costados del tórax son lisos, solamente en
la parte posterior de las mesopleuras y en el epinoto lleva débiles arru-
gas. Las espinas epinotales son muy obtusas; las alas apenas amarillen-
tas, sus nervaduras testáceas pálidas.
En varias ocasiones hemos encontrado colonias numerosas, siempre
en las ramas perforadas por larvas de cerambícidos, sin que pudiéramos
notar mucha construcción propia. Entre las galerías centrales hubo
hembras en abundancia, pero nunca vimos individuos masculinos. La
cría, en estado de larvas adultas y de ninfas, correspondientes todas á
obreras, que estaban aglomeradas entre las cavidades debajo de la
corteza.
lMicidolc líergi Mayr
(l.ilin. IX, íig. 7,
Mayr, Valí. zool. lot. (los., Wicn, 1887, página 593, ')£, página 1)05,
Esta especie abunda en Alto Peneoso y está difundida probablemente
por todas las provincias, pues la tenemos en Buenos Aires, Santa Ee,
Entre Ríos, Córdoba, Mendoza, Tucumán, Salta y Catamarca; parece que
no se extiende mucho al sur del Río Negro, donde es substituida por la
— 305
variedad mbparallela Em. Se conoce todas sus formas, pero nos fijare-
mos preferentemente á los soldados, puesto que en el género Phcidole
son ellos que presentan los caracteres específicos más marcados.
Soldado. — De 5, 5-6, 5 milímetros, es de color rufo castaño, con las
mandíbulas más obscuras y el abdomen moreno; es lustroso y dispersa-
mente piloso. La cabeza es convexa, en los costados redondeada; su mi-
tad anterolateral longitudinalmente arrugada, subreticulada, la frente
estriada; la mitad posterior lleva puntos pilíferos esparcidos. El escapo
KIr. 2. — OiUhmim do l'hddolc. A , y tío Vh. njrfninotllti Mnyrj 11, y do 3’h. upininoiHn vnr. pcn-
co.icnm Forol | C, y do l’li. (K.) aberran,! Mnyr, do nrtiliiv y O do costado; .1), y do ]'h. ller-
;/i Mnyr ¡ 35, ^ do l’h. Vcrgi, con mayor mnnmito; F, con amnonto proporcional n las donáis (15
voces).
es Linchado y acodado en la base; las fosetas antenales son subcircula-
res. El protórax es muy fina y dispersamente estriado; las mesopleuras
y el metanoto son reticulado punteados, subgranulados, el último sobre
el dorso también estriado; las espinas epinotales son erectas, algo diver-
gentes. El pecíolo es opaco, subgranulado; el segundo nudo es el doble
más ancho que el primero (fig. 2, D).
Obrera. — De 3, 2-4, 5 milímetros, esbelta y ágil, es de color rojo ferru-
gineo con el abdomen moreno negro; e.s algo más lustrosa que el sol-
dado. Tiene el pronoto liso y brillante, el mesonoto y metanoto opacos,
granulados (reticulado punteados); las espinas epinotales son peque-
ñas. El segundo nudo del pecíolo es subglobular (fig. 2, E y F).
— :¡0(> —
Estas hormigas son exclusivamente insectívoras; acarrean siempre
otros insectos á sus nidos, á veces tan desproporciona! mente grandes,
(jue sólo con esfuerzos de muchas obreras unidas consiguen arrastrarlos.
Su presa la llevan con suma agilidad, salvando hábilmente á los obstá-
culos que ofrece el terreno. Casi siempre cargan con el insecto ya muerto,
y entre sus presas hemos anotado pequeñas arañas, larvas, ortópteros,
hemípteros y coleópteros de todas clases.
Una vez les arrebaté un hermoso crisomélido ( Lhimolpus ¡sur ¿numen si*)
aun medio vivo; otra vez, unas treinta obreras arrastraban á un escara-
bajo (Diloboderns Abderus) que poco antes había sido pisado, y otro
grupo, empeñadísimo, trabajaba por introducir á su nido una gran lan-
gosta (ISehistocerca paranensis), en cuya, tarea cooperaron también varios
soldados.
En distintas ocasiones he comprobado su agresividad contra otras
hormigas, y aun contra sus propios congéneres : se apoderan entonces
de los individuos sexuales. Estas costumbres las he observado varias
veces después de alguna erupción ó de un vuelo nupcial de las hormi-
gas negras; las obreras de la Pheidole recogen luego los machos que en-
cuentran ya moribundos en el suelo.
Durante una excursión que hicimos á Martín García, en compañía de
mi distinguido amigo doctor Neiva, pudimos presenciar la repetición de
estos hechos.
El 9 de diciembre del año pasado, al otro día de un recio aguacero,
hubo en la isla numerosos enjambres de la hormiga colorada Acromy nnex
(M.) striata. Á la mañana siguiente, encontramos muchas hembras fe-
cundadas y desaladas, ocupadas en fundar nuevas colonias, mientras
que los machos eran ávidamente recogidos por obreras de Pheidole Ber-
(ji, y transportados á sus nidos.
Otros dos casos presenciados en Alto Pencoso eran aun más intere-
santes, pues se trataba de verdaderos ataques, en el momento de produ-
cirse las erupciones do individuos sexuales : una de Pheidole spininodis
var. y otra de Pli. aberrans. Los dos nidos de éstas estaban á corta dis-
tancia de otros, ocupados por las agresoras, y, era curioso observar la
actitud de los soldados de ambas partes. Mientras unos estaban preo-
cupados en defender é introducir de nuevo al nido á los pares alados,
los otros se abalanzaron sobre estos últimos, tan pronto que se aleja-
ban, y buscándolos cuando caían al suelo, después de un vuelo breve y
recto.
En cada caso, la mayor parte de la colonia y de nuestra Pheidole
se encontraba afuera, corriendo en todas direcciones; el espectáculo fué
interrumpido con la entrada del crepúsculo.
Por lo común, los soldados no se alejan mucho; algunos vigilan casi
siempre la entrada al nido, y penetran en él tan pronto que advierten
307
peligro; al excavar varios nidos, los liemos encontrado refugiados en las
cámaras inferiores.
Unos cuantos experimentos,
para comprobar la admisibilidad
de otras hormigas é insectos, ti-
rados simplemente entre el ni-
do, nos dieron los siguientes
resultados : varias obreras de
Acromyrmex (M.) Silvestrü y de
Solenopsis Pylades, lo mismo que
algunos carábidos (Platysma y
Helenopliorus) , escaparon poco
después, al parecer sin ser mo-
lestados. Un pequeño coccinéli-
do (Goccinella aneo-ralis), fue lan-
zado desde el interior á varios
centímetros de altura, probable-
mente por algún soldado. Otra
especie de esta familia (Peda
sanguínea) lo fue también recha-
zada, llevándola las obreras
para afuera. Varios insectos,
depositados cerca del nido y
previamente muertos, fueron re-
cogidos poco después por las
obreras.
Nidos. — Además de varios
nidos, excavados en las proximi-
dades de Alto Pencoso, he pod i-
do examinar otros de la misma
especie en La Plata y en la Sie-
rra de la Ventana. Todos corres-
ponden á un tipo bien caracte-
rizado y casi idéntico para las
demás especies que citaremos
• leí género. Me refiero aquí sola-
mente á nidos construidos en
terreno firme, á veces muy duro
y libre de obstáculos; otros, he-
mos contrado también sobre los cerros, debajo y entre las piedras : éstos
son menos regulares, y sus cámaras están adaptadas á las condiciones
especiales del terreno.
El nido normal de Pheidole Bergi (fig. 3) tiene siempre el orificio ó
Fig. 3. — Corte vertical por un nido típico
de Pheidole Beryi !Mayr. s del natural
308 —
la boca de entrada ancha, circular, de 2 á 3 centímetros de diámetro. El
cráter, si existe, es extendido, formando una valla circular, baja, á me-
nudo solamente un semicírculo, de diminutos fragmentos de la tierra
extraída.
El camino ó canal que conduce á las cámaras superiores, es una exca-
vación amplia; desciende verticalmente, casi siempre en especie de
espiral ó forma de caracol irregular, á veces con numerosos recodos
laterales.
Las cámaras son pequeñas, de 4 á 5 centímetros de fondo y de poca
altura; arriba son abovedadas; están superpuestas más ó menos en un
mismo eje vertical y en comunicación por canalículos rectos, estrechos,
de unos 3 á 4 milímetros de diámetro. El número de cámaras, en los nidos
estudiados varía de 5 á 10, y la profundidad total de éstos entre 40 y 60
centímetros.
En los recodos de la parte superior del nido, muchas veces hallamos
almacenados insectos muertos ó restos de ellos para el alimento.
La cría nunca es muy abundante y yaco en el fondo de las cámaras.
La proporción de soldados en una colonia siempre es mayor en relación
á las otras especies congéneres, que hemos encontrado; en ningún nido
hubo individuos alados.
Nuestra lámina I, representa un nido visto de arriba y en sección verti-
cal, tomado por la Laguna Seca, al norte de Alto Peneoso, construido en
terreno arenoso bastante duro. Al lado del orificio del nido se nota otra
entrada, que no tenía comunicación con las cámaras. El cráter es bajo,
extendido, formado por una valla circular perfecta, de unos 25 centíme-
tros de diámetro. Como se ve por la sección, la entrada es recta, verti-
cal, y el nido se compone aquí solamente de tres cámaras amplias, pero
bajas y superpuestas que apenas llegaron á 25 centímetros de profundi-
dad. El pilar ó la rama central ha sido desprendida, para hacer más visi-
ble la disposición de las cavidades en la fotografía.
IMicidolc spiuinotlis Mayr
Mayr, Yerli. zool. bot. fíes., Wien, 1887, página 591, If, página 605, <£.
La especie típica procede del Tandil ; fue coleccionada también en
Tapalquén, Olavarría, ltío Colorado, Pergamino é Isla Verde (Córdoba),
y personalmente la encontré en La Plata y en la Sierra de la Ventana ;
durante nuestra excursión la hallamos raras veces.
Soldado. — De 5,5 0 milímetros, es de color rufo castaño ó castaño
amarillento, con mandíbulas, borde anterior de la cabeza y abdomen más
obscuros, el último más pardusco. El cuerpo es liso y muy lustroso; dis-
— 309 —
persamente piloso, con los pelos leonados y erguidos. La cabeza es gran-
de, rectangular, más larga (pie ancha. Las mandíbulas muy robustas tie-
nen su borde masticador no dentado, solamente en algunos ejemplares
un diente apical poco marcado. La frente entre las láminas frontales,
como las mejillas son longitudinalmente estriadas; las estrías en las
fosetas antenales son oblicuas. El resto de la cabeza es liso, muy brillan-
te, con puntos Anos, pilíferos y muy esparcidos. Las espinas epinotales
son fuertes, triangulares. El segundo nudo del pecíolo es tres veces más
ancho que largo, formando de cada, lado una, espina, aguda, ligeramente
dirigida hacia atrás (íig. 2, A).
Obrera. — De 3, 2-3, 5 milímetros, es lisa y lustrosa, do color moreno
ó castalio obscuro, con mandíbulas, funículos, articulaciones cielos miem-
bros y los tarsos más amarillos. La, pubescencia es más fina y más pálida
que en el soldado. La cabeza es convexa, las mejillas son longitudinal-
mente estriadas; las estrías en las fosetas antenales curvadas. El pronoto
es liso, el metanoto presenta algunas estrías transversales; los dientes
epinotales son pequeños. El segundo nudo del pecíolo es redondeado
lateralmente, una y media vez más ancho que el primero.
IMioídoIe spiiiinoilis Mnyr, vnr. penposeiisis For.
(Uní. IX, llp. 8, %)
Ford, Bnll. Soo. I'inid. Se. 1 Val., 19.14, página 271, Q, (jh
Esta variedad local es mucho más abundante en la región que la
especie típica.
Soldado. — De 0,2-0, 8 milímetros, so caracteriza por las espinas del
segundo nudo del pecíolo, que son más cortas y tienen más bien forma
cónica (ftg. 4). La cabeza es también
más larga, más de una quinta parte
más larga que ancha (Forel). El esca-
po es distintamente hinchado en su
tercio posterior (ñg. 2, B).
El color de nuestros ejemplares es
también más claro, amarillo castaño.
Obrera. — Algunos ejemplares
son más obscuros que el tipo de la especie, pero ordinariamente son más
claros; el escapo es algo más largo y la cabeza apenas más ancha atrás.
Hembra. — De 8,2 milímetros, es de un amarillo rojo, con las man-
díbulas y parle anterior déla cabeza pardas; el cuerpo todo luciente.
Las estrías son longitudinales sobre la frente y las mejillas, oblicuas en
las fosetas antenales. Todo el resto es liso con puntos esparcidos; la
Flg. 4. — T'odnln, a, ilc ^ rheidole tpinino-
din tipien ; b, do la vnr. pencoaensin Forol
;il()
pilosidad es como en el y. La anchura de la cabeza atrás es mayor que su
longitud, también mayor «pie adelante. El borde posterior es débilmente
escotado y tiene una carena occipital visible. Los ojos están en el tercio
anterior. La cabeza es más bien algo más ancha que el tórax. Éste es
corto, con dos fuertes dientes triangulares agudos. El segundo nudo es
«los veces más ancho «pie largo, sincontar sus conos la torales agudos.
Macho. — De 5 milímetros, es más claro que el tipo «le la especie; «le
un amarillo sucio pardusco. La cabeza y dos fajas longitudinales sobre el
mesonoto son pardas.
Las alas son subhia-
linas ligeramente ama-
rillentas. La cabeza
es tan larga como an-
cha, con los lados muy
estrechados y «lere-
clios detrás «le los ojos;
su borde posterior no
es distinto del articu-
lar (en la especie típica
la cabeza es más ancha
que larga, y sus bordes
detrás de los ojos son
convexos). Entre la ca-
ra declive y la cara ba-
Fig. 5. — A, cabeza (le la hembra; B, del macho de Ph. spinino-
dis var. pencoscnsis Forel. ; (J, dyl macho de Ph. spininodis tí-
pica.
sal del epinoto el ángulo es dentiforme y no redondeado como en el
tipo de la especie.
Nidos. — De seis nidos «pie hemos examinado de esta hormiga, tres de
ellos los hallamos en suelo margoso, extremamente duro; otros «los, al
contrario, en tierra arenosa, bastante blanda, y uno debajo de estiércol
seco. Este último, formado de galerías y cuatro pequeiías cámaras, era
habitado por una colonia poco numerosa, compuesta de obreras, de unas
cuantas larvas grandes y solamente recogimos á dos soldados.
Como manifestamos ya más adelante, hay mucho parecido entre estos
nidos y aquellos construidos por Pheidole Bergi. El orificio de entrada
es siempre ancho, perfectamente circular; el material extraído está dis-
puesto en semiarco, concéntricamente, algo distante del agujero. La
excavación en la parte superior es amplia ; en l«>s nidos en terreno blando
observamos mejor estas vueltas y recodos características.
Los niilos entre terreno «luro, á menudo con incrustaciones «le tosca,
presentan una disposición más ó menos irregular, como lo demuestra la
sección representada en la lámina II. Aquí el suelo era tan duro, «pie
nos costó trabajo de cavar con la pequeña pala «le acero. Expresamente
311
se lian dejado las ramas ó pilares centrales, para hacer más visibles los
canales verticales que comunican con las cámaras.
Este nido tenía unos 30 centímetros de profundidad ; albergaba mu-
chas obreras, pero pocos soldados, algunos individuos alados (c? y 9), y
escasa cría en estado de larvas.
Pheidole (Elasmopheitlole) aberrans Mayr
Mayr, Animar. Soe. Nat., Modena, 1868, páginas 11-15, t. sep. r¡f, 5.
Ibid., Verh. zoul. bol. Gen., Wien, 1887, página 583, página 602, cy
Forel, Bull. Soe. Vaud. Se. Nal., tí), 1918, página 30, q".
A o es rara en los alrededores de Alto Pencoso y Sierra del Gigante.
Podemos citarla de Buenos Aires, Martín García, Sierra de la Ventana,
Santa Fe, Mendoza, Tucumán y J ujuy; es conocida también del Uru-
guay y Brasil.
Soldado. — Be -1,5-5 milímetros, es fácil de distinguir de los prece-
dentes, por tener toda la superficie de la cabeza densa y muy tenuemente
estriada, y por la conformación de las losetas antenales, muy alargadas,
mucho más largas que el escapo (fig. 2, C y G).
De color rufo testáceo ó castaño rojizo, las mandíbulas y la parte ante-
rior déla cabeza son más obscuras, el abdomen más pardo. Está cubierto
por itelos bastante largos y pálidos. La cabeza es rectangular, con los
312
costados algo arqueados; la frente cóncava, las láminas frontales son
muy dilatadas, divergentes hacia los ángulos posteriores de la cabeza;
por consiguiente las fóselas antenales son muy alargadas, ocultando el
escapo, (pie es corto. Las estrías de la cabeza son longitudinales, en la
región posterior curvadas; el borde postero-superior es fuertemente
carenado. Las mejillas son estriadas; los ojos pequeños; las mandíbulas
Fi<r. 7. — Corto vertical por un nido do Pheidole
(Elasmopkcidolc) aberrans Mayr. '/¡ dol natural
robustas, el borde mastica dor
lleva dos dientes inferoapicales
romos. El tórax es fuertemente
elevado y convexo. Las espinas
epinotales dentiformes, bastan-
te fuertes son erectos y diver-
gentes; el postpecíolo es trans-
versa 1 , subgl obu 1 a r.
Obrera. — De 2,5-3 milíme-
tros, es semejante al soldado,
generalmente más obscura, con
la cabeza y el abdomen moreno
rojizos. La pubescencia es la
misma. Las láminas frontales no
son alargadas, lo mismo las me-
jillas, apenas estriadas; el esca-
po llega solamente basta el bor-
de posterior de la cabeza. El
tórax y el pecíolo son reticulado
punteados, subgranulados, el
protórax presenta algunas care-
nas agudas, transversales, se-
micirculares; el mesotórax un
surco transversal profundo; las
espinas epinotales son diver-
gentes.
Hembra. — De 9 milímetros,
es de color moreno obscuro, con las mandíbulas, la parte anterior de la
cabeza y los miembros más rojos; los fémures son también obscuros en la
parte media. La cabeza es tan ancha como larga, convexa y muy pareci-
da como en el también con las mismas losetas antenales y con la ca-
rena superoccipital ; las estrías longitudinales sobre la cabeza son mucho
más separadas. Las mandíbulas son bidentadas en el ápice. El tórax es
alargado, convexo. Los dientes epinotales son bastante fuertes, forman-
do un ángulo recto. La pilosidad es como en el if. apenas más lina; las
alas son como en el o*.
Macho. — De 0,6-6, 8 milímetros, es moreno negro, brillante; sus
313
mandíbulas, antenas, tarsos y articulaciones de los miembros son amari-
llo castaños, las tibias más obscuras. La pilosidad es la misma que en la
obrera. La cabeza es tan larga como ancha, algo más ancha adelante
que atrás; hacia el vértice es convexa, es subopaca y longitudinalmente
arrugada. Los ojos son grandes, algo alargados. El escapo es tres veces
más largo como grueso. Las mandíbulas tienen 3 á 4 dientes. Las alas
son ligeramente flavo rojizas. Una parte del mesonoto, el epinoto y
pecíolo son reticulado punteados, subocapos con arrugas finas, irregula-
res. El dorso del tórax es muy finamente estriado.
Varias veces hemos encontrado las obreras de esta especie refugiadas
debajo de estiércol seco de vacunos; en un caso, entre galerías irregula-
res y muy superficiales, junto con obreras de otra especie, difícil de
determinar por la falta de soldados.
Nidos. — En cuanto á su nulificación, es casi idéntica á la de las
especies congéneres. Nuestra fotografía reproduce un tipo normal do ni-
do, excavado en suelo bastante duro. Constaba de cuatro cámaras super-
puestas, de forma más ó menos abovedada, de unos 5 centímetros de
diámetro y 1,5-2 centímetros de altura máxima. La colonia de este nido
estaba compuesta de un millar de obreras, y sacamos unos veinte sol-
dados, cinco hembras y tres machos; tenía escasa cría en estado larval.
Además de las especies citadas del género Plieidole, hemos coleccio-
nado sueltas diversas obreras é individuos alados de ambos sexos, en
cuya clasificación no quiso arriesgarse el profesor Forel, hasta conocer
á los correspondientes soldados.
SoI«>iio|»sIh l\vln«l«*s Por. 1
(Muí. IX, fl ji. I),
Solenopsis gciiiinntn F., sulisp. I*yl;nles For.
Forel, Bull. Soc. Ent. Bclg., 1904, página 172, Q.
Ib'id., Deutsche Entomolog. ZeUschrift, 1909, página 268,
Solenopsis Pylades es una de nuestras hormigas más conocidas, difun-
dida casi por toda la región neotrópica y señalada también de Méjico,
Colombia, Brasil, Paraguay y Uruguay. Se encuentra seguramente en
todas las provincias argentinas; es abundantísima en la provincia de
* l’ov comunicaciones recibidas á último momento del doctor Santschi, advierto
que esta especio es considerada ahora como variedad de S. Snevissimn Sm.
Buenos Aires, Santa Be y sur de Córdoba; ]a tenemos ahora de Entre
llíos, Misiones, Mendoza, San Luis, Tueiumín, Salta, Catamarea, del llío
Negro y norte del Oliubut.
No es tan común en los lugares estériles que liemos recorrido; existe,
sin embargo, desde el Alto Belicoso hasta la Sierra del Gigante, pero
nunca en colonias muy numerosas, y algo distinta en su nidiíicación,
como veremos después.
En cuanto ú la posición sistemática, esta especie filé tomada siempre
por la 8. geminata F., á la cual se asemeja mucho; Forel la consideró al
principio como estirpe del tipo mencionado, dándole más tarde también
un valor específico. De las variedades de 8. Pylades, segurament e se ha
de encontrar en San Luis también las variedades Kivkteri, tricuspis
Forel, quinquecuspis Forel é incrassata Forel, que recibí de lugares con-
fines, coleccionados por el señor Weiser.
Obrera. — Mide de 2,1) á 5,5 milímetros; en los individuos de San
Luis y de Mendoza su color es de un lindo castaño, bastante llave; se
cambia en castaño más ó menos pardusco, en otros «pie proceden de
Buenos Aires y regiones más húmedas. Las mandíbulas son algo más
rojas; el abdomen es pardo ó moreno negro, con la mitad anterior de un
color flavo ó rufo castaño. La pequeña obrera es castaña, en el dorso
y los nudos es más obscura, con el abdomen moreno negruzco. Las man-
díbulas tienen los dientes todos en el mismo borde masticador. El clipeo
presenta dos carenas y dos dientes agudos (algo más cortos que en 8.
geminata), además un diente mediano y dos dentículos á los lados exter-
nos de los grandes. La cabeza es mucho menos cuadrada que en 8. gemi-
nata, como en 8. Gayi (de Chile), con los ángulos anteriores redondeados;
en las pequeñas obreras es mucho más larga que ancha, en las grandes
lo es menos y redondeada en sus costados. Está cubierta en todas partes
por una pilosidad rojiza, erecta y algo dispersa. Además, en las obreras
315
mayores, la, cabeza no es excesivamente grande y las mandíbulas son
solamente poco encorvadas, lo que comprueba perfectamente el dimor-
fismo específico entre 8. Fyladcs y 8. geminata. El pedúnculo del primer
nudo es más grueso en la base, estrechado en el ápice, siendo en gemina-
ta casi de igual espesor.
Hembra. — Tiene como 6 milímetros de largo; es de color castaño
flavo como la obrera; sobre el tórax tiene tres fajas pardas longitudina-
les: una mediana anterior y dos laterales situadas más atrás; el resto
del dorso es más obscuro, lo mismo que los nudos. El abdomen es casi
negro, con la parte anterior, como la obrera, flavo castaña, y los segmen-
tos ribeteados del mismo color, pero más subido. Las alas son subliiali-
nas, sus nervaduras muy pálidas amarillas. La pilosidad es como en la,
obrera. La cabeza es cuadrada, no alargada atrás. Los ojos son muy
gruesos y muy convexos.
Los dientes del epistoma
son muy cortos y muy obt u-
sos. La cabeza es lisa y lus-
trosa, con la, puntuación dé-
bil y esparcida (abundante
y fuerte en geminata).
Macho. — Es completa-
mente negro, muy liso y
muy brillante; los funícu-
los y tarsos son de un amarillo pardusco, las tibias y articulaciones
obscuro morenas. El epinoto es algo opaco, finamente reticulado y en
parte estriado, los nudos son en los costados también reticulados. La
cabeza es muy pequeña, subglobular. El tórax es mucho más ancho que
cu la hembra, y más convexo. El primor nudo es mucho más ancho en el
ápice que en la base, termina en una, arista horizontal y no en lóbulo
redondeado, como en la obrera y hembra; el segundo nudo es subglobu-
lar, en la parte antero-lateral anguloso.
Fig. 0. — Pecíolo tío Solcnopsis l'ijlades Forol
A, do la obrera : 1?, del niaclio
Nidos. — Esta Solenopsis se encuentra en todas partes, ya solitaria,
ya asociada debajo de algún tronco ó de una piedra, ó muchas veces de-
bajo de excrementos secos de vacunos. Abunda sobre todo en los campos
do tierra vegetal y arcillosa, á las orillas de bañados y hasta en terre-
nos anegadizos, lugares que prefiere á los demasiado secos.
Hace sus nidos en la tierra, con túmulos ó montículos cupuliformes,
que se destacan sobre el suelo. Estas construcciones son las más fre-
cuentes y podemos considerarlas cornos típicas, si bien no corresponden
á la, región de que nos ocupamos, donde precisamente están desprovis-
tas de cúpulas.
La cúpula de un nido normal es de tamaño variable, de 10 á 30 ccntí-
metros de altura, y mide unos 20 a 40 centímetros y aun más en su base.
Está formada de tierra aglutinada, y tiene relativamente poca resis-
tencia, hundiéndose fácilmente al pisarla ó ejerciendo presión sobre ella.
Su superficie forma una costra uniforme, de poco espesor, que cubre
totalmente el nido, cuya porción saliente ó parte superior está acribi-
llada de agujeros, de sección perfectamente circular, y con unos 4 á 5
milímetros de diámetro : corresponden estos agujeros á un sistema de
canalículos irregulares, entrecruzados y laberínticos. Una cúpula des-
mantelada de su costra externa, tiene todo el aspecto de una esponja.
Fig. 10. — Cújrala ile un nklo <le Solcnopsis Paladea Forel. ’/, del natural
Estos mismos canalículos continúan también en el suelo, pero á mayor
profundidad son menos numerosos, a veces verticales, terminando en
galerías ensanchadas ó cámaras, destinadas á la cría.
Dan acceso al nido casi siempre pequeños agujeros en el suelo ó en el
propio túmulo ; á veces alguna grieta le sirve de entrada. Un nido de
grandes dimenciones alcanza á unos 40 á 50 centímetros de profundi-
dad desde el nivel del suelo, y alberga una colonia compuesta de mu-
chos millares de obreras con abundante cría y bastantes individuos se-
xuales.
La ubicación que toman las hormigas en las dos partes correspondien-
tes, en la cúpula ó en el nido terrestre, cambia según la estación del año,
ó según las condiciones atmosféricas del momento. Así encontramos, por
ejemplo, durante el verano toda la colonia reunida en la misma cúpula
317
y parte superior del nido, mientras que en invierno frecuenta las ga-
lerías más abrigadas en el suelo.
Muy á menudo las lluvias inundan los terrenos bajos, y las hormigas
buscan entonces amparo entre los túmulos, que en ocasiones de crecidas
más fuertes, muchas veces se desprenden de su base. Flotando sobre las
aguas, ofrecen á la colonia refugiada en ellos muchas probabilidades de
salvación. De estos mismos casos podré citar varios de los alrededores
Fig. 11. — Fragmento ¿le un nido de Solcnopsis Pylades Forel mostrando
las galerías laberínticas típicas. Tamaño natural
de La Plata; el doctor von Iliering 1 publicó también interesantes obser-
vaciones que hizo durante una inundación en Pío Grande del Sur.
Hemos dicho ya, que de los nidos vistos en Alto Pencoso, ninguno
tenía cúpula, sin duda, la calidad del terreno demasiado arenoso y seco
desfavorece este tipo de construcción. Los nidos allí son todos más
pequeños y de menor profundidad que de costumbre; el sistema laberín-
tico es el mismo, pero los canalículos son mucho más separados entre sí;
el acceso es entonces por varios pequeños agujeros, rodeados casi siem-
pre de tierra extraída, muy desparramada.
1 H. von I ¡i í:i:ing, Dic Ameisen von Ilio Grande do Sttd, en Berliner cntomologische
Zeitsclirift, 39, 1894, páginas 332-333, referente á S. ye minuta.
318 —
Muchas veces hemos hallado estas hormigas debajo de estiércol seco,
donde forman canales terrestres bastante superficiales.
En uno de estos casos nos llamó la atención que muchísimas de las
obreras grandes tenían sobre sus antenas ó miembros, cabezas troncha-
das de obreras menores de la misma especie, prendidas por las mandí-
bulas. Habíamos juntado muchos ejemplares, pues á simple vista, creía-
mos que fueran ácaros ó algún otro parásito mirinecoülo. Después nos
explicamos el caso. — Desde luego, cabe de suponer alguna lucha con
obreras de otra colonia, que fueron decapitadas durante el ataque, sin
darles tiempo de soltar sus mandíbulas. El hecho nos parece aun más
verosímil, cuando ludio entre las obreras capturadas diversas con algu-
no de sus miembros amputado.
Interesantes resultan también los nidos, ó más bien las colonias de
esta Solenopsis , que encontramos por la Laguna Seca y al sur de la Sierra
del Gigante. Allí están debajo de piedras y en terrenos casi siempre ane-
gados, sobre todo en esta última localidad, donde los vimos en las orillas
de una pequeña vertiente de aguas muy salitrosas («Vertiente del Gigan-
te», en el extremo sur de la sierra y en la propiedad de Conrado lleta).
Si bien la presencia cu aquel ambiente, excesivamente húmedo, nos
muestra otra vez la hidrofiliade estas hormigas, es probable que su esta-
día sea solamente transitoria. Las construcciones consisten, en estos ca-
sos, de algunos canales horizontales, como de un centímetro de anchura,
cerrados desde arriba por el contacto de las lajas yecíferas ; los canalí-
culos terrestres son muy superficiales ; el suelo es completamente moja-
do. lín ninguno de esta clase de nidos hemos encontrado mucha cría de
las hormigas, en cambio abunda un estalilínido (Apocellus mendozanus) ,
cuyas costumbres mirmecofilianas conocíamos ya de otras regiones.
Por último, recordamos también algunos termitos, sacados de las
cavidades de nidos debajo de estiércol y que parecen ser congéneres con
otros, en la provincia de Córdoba, de donde los citó Silvestri.
Otros estafilínidos y el gracioso pleláfido Fustiger elegans Kafir., lo
mismo que el liemíptero Ischnoderus spec., be encontrado todos frecuen-
temente en La Plata, entre los nidos de Solenopsis Pylades.
Solenopsis aitgtiiala Km. subsp. hiiusanensis Por.
(Mm. ix, i¡g. 10, £)
Ford, Mém. Soc. Ent. liclg., XX, 1912, página 8, <£.
Esta pequeña hormiga, junto con las dos siguientes, representan tres
distintas razas de la especie típica 8. angulata Emery. De ellas hemos
recogido solamente obreras aisladas, caminando sobre el suelo; una vez,
— 319 —
de la subespecie Garettei Forel, encontró una pequeña colonia entre un
tallo de cicuta (Gonium)
seca.
Careciendo, pues, por
el momento, de observa-
ciones biológicas, citare-
mos sus características,
como las concibe el pro-
fesor Corel, adviniendo
á la ve/ ó la dificultad
que presenta su clasifi-
cación.
Las obreras de la sub-
esp. huasanensis For. las
he coleccionado por pri-
meva ve/ en Iluasán
(Catamarca); las volvi-
mos á encontrar en la
ciudad de San Luis,
agrupadas sobre un es-
carabajo pisado, que in-
tentaban llevarse.
Obrera. — De 1,7
Fif;. 12. — n, Solenopuis angulata Em. subsp. tiuasanensis Fo-
i'cl; b, S. angulata Hubsp. CarrttH Ford ¡ e, S. angulata wtbsp.
mentloiensis Forol ¡ if, poololo do sulwp. huasa nensis ; o, do
subsp. Cnrcttri ; /. do subsp. mendozensis ; g y h, do S. tennis
Mnyr subsp. ircísrrí Forol.
milímetros, es do color
castaño, con la cabeza apenas más obscura, el abdomen pardo, los miem-
bros y las mandíbulas amarillentas. Los dientes del epistoma son más
cortos que en el tipo de angulata. Los ojos son bastante más grandes,
alargados como en la variedad dolichops Em., pero compuestos de unas
ocho á diez facetas, á veces planas, en parte atrofiadas. El escapo es más
largo, dista del borde posterior como dos veces su espesor. El postpecíolo
es más ancho, dos veces tan ancho como el primer nudo. Difiere aún del
tipo por su forma más delgada, más alargada (fig. 12, a y d).
Solcnopsis angulata Km. subsp. C'.arHlol For.
(Tiltil). IX, flg. 11,
Forel, líull. Se. Vand. Soc. Nal., 49, 181, 1913, piígina 21, t. sep.
Los ejemplares típicos de esta subespecie trajo el doctor Oarette de
Mendoza (Potrerillos); no es rara entre los montes alrededor de Alto
Pencoso, y se encuentra también en el Delta del Paraná (Arroyo Olianá).
Obrera. — De 1,8-2, 5 milímetros, es de color castaño, con la cabeza
RRV. MUSEO LA PLATA.
T. XXIII
22
820 —
más obscura, el abdomen más ó menos pardo, los miembros más claros
y los tarsos amarillentos.
Se distingue del tipo de la especie por su tamaño mayor (1,8 mm.),
sobre todo por sus grandes ojos, compuestos de diezá doce facetas y por
el segundo nudo (pie es mucho más estrecho. La cabeza es también algo
más larga (íig. 111, h y e).
Los individuos del Delta de Paraná son aún mayores (2,5 mm.), más
obscuros, de color castaño moreno, el abdomen negro, las mandíbulas,
funículos, articulaciones y tarsos más claros flavo castaños.
Solcnopsis uiigulata Eui. subsi>. mcixluzciiüis For.
(Lililí. IX, Iig. 12, c£)
S. uuguluta *Em. suliap. Ciu-vUui For. var. nieiiilozuiiüiü For.
Forel, lililí. Soc. Vaud. Se. Nat.} 11), 181, 1913, página 21, t. sep.
lliid., Ihill. Sao. Vaud. So. Nal., 50, 181, 1911, página 277.
Los ejemplares típicos son de la misma procedencia que los anteriores;
en San Luis los encontramos por el Hincón Grande, al norte de Alto
Pencoso; tengo también algunos de Concepción de Tucumán (Sliipton).
Obrera. — Es del tamaño de la estirpe Carettei (3,8 mm.), pero más
esbelta, más estrecha, y su color es mucho más claro, de un flavo cas-
taño; el occipucio algo más obscuro y la cabeza sobre todo es angosta,
1 ‘/j más larga que ancha, con los costados apenas convexos. Los ojos
no tienen sino ocho á nueve facetas, pero ellos son todavía más grandes
que en el tipo de ti. a ngu la tu.
Esta hormiga fué descripta por Forel como variedad de la subespecie
Carettei; después la consideró como raza o subespecie de angulata, te-
niendo en cuenta el nudo del pecíolo (pie es mucho más espeso y dis-
tintamente conformado; es casi cúbico, arriba tan espeso como abajo y
casi plano, mientras que en Carettei es cónico, con el ápice débilmente
obtuvo (fig. 12, c y/).
Solcnopsis tennis Muyr subsp. IVciscri For.
(Lilm. IX, lig. 13, ¡^)
Ford, liull. Soc. Vaud. So. Nat., 50, 181, 1911, páginas 278-280 Q, (j'.
Estirpe hallada en Canals (Córdoba), de donde me trajo el ingeniero
Weiser todas las formas. Seguramente existen también en San Luis la
especie típica y la otra subespecie Delfinoi Forel, pues éstas abundan
en regiones muy fronterizas, de donde las recibí por intermedio del se-
321 —
ñor Weiser. Tratándose de diminutas hormigas, como las anteriores son
difíciles de reconocer; Ford da las descripciones siguientes :
Obrera. — De 1, 2-1,0 milímetros, es de color moreno, con la cabeza
más obscura y el abdomen casi negro, todo algo más claro que el tipo
de tennis. Las mandíbulas son armadas de cuatro dientes, el último so-
bre el borde interno. Los ojos son mayores que en el tipo de la especie,
tienen 10 á 12 facetas : su diámetro es tan grande como el espacio entre
ellos y el borde anterior de la cabeza. La escotadura mesoepinotal es
también un poco menos fuerte (pecíolo, fig. 12, g y h).
Hembra. — De 5-0 milímetros, es más clara que la obrera, de color
castaño, con el dorso del tórax y la mitad del occipucio pardos; el abdo-
men es casi negro, con el borde distal de los segmentos amarillento. La
cabeza es subcuadrada'(costados y borde posterior marcadamente conve-
xos), mucho más ancha que el tórax, más estrecha adelante que atrás. Las
mandíbulas son estriadas lo mismo que la parte anterior de las mejillas.
La cabeza lleva gruesos puntos esparcidos ; la distancia del borde poste-
rior al escapo es mayor que el espesor de éste. La cara declive del epi-
noto es tan larga como la basa! y es separada de ésta por un ángulo ob-
tuso. El nudo del pecíolo es alto, largo como su pedúnculo anterior; hay
un diente debajo el pecíolo. El postpecíolo es casi dos veces más ancho
que largo, cóncavo adelante, con los lados algo dilatados y algo prolon-
gados hacia abajo. Su cara superior es muy larga y convexa, más larga
que la inferior. Las alas son bastantes hialinas. Los costados del tórax
y de los nudos son finamente reticulados y subopacos; la cara basal del
epinoto es fina y transversal mente arrugada.
Macho. — De 2, 3-2, 7 milímetros, es negro, con los miembros y las
mandíbulas de un amarillo pardusco sucio; luciente y poco esculpido.
Las mandíbulas son estrechas, tienen un solo diente visible. El escapo
es tan largo como esposo. La cabeza trapezoidal, es estrechada atrás,
tan larga como su anchura anterior, con un borde posterior marcado. El
postpecíolo es ancho, estrechado adelante y ensanchado atrás.
Cryptoeerus pellalus Em. subsp. Ellenriederi For.
(Lililí. IX, fig. 14, í|>)
Forel, Sitzungsbcrichtc K. B. Akad. Wissensch., Miinchen, 1911, II, p. 258, <£, Q.
El único representante del género Cryptoeerus, del cual hemos reco-
gido solamente obreras, sobro ramas do algarrobo, al lado déla Represa
del Carmen. Tenemos también algunas de Buenos Aires (Llavallol), Ro-
sario y do Tucumán ; de ella subespecie describió Forel las formas de
soldado, obrera y hembra, (pie procedían do Santa Fe.
Soldado. — Según descripción de Forel, mide 5 milímetros; se di-
ferencia del tipo de la especie, por el borde posterior del escudo cefálico
convexo, con los ángulos posteriores no truncados : estos ángulos son
redondeados (no angulosos). El surco transversal del pronoto es obsoleto
casi imperceptible. El margen lateral del epinoto es convexo, formando
apenas un ángulo obtuso, detrás de su mitad; los ángulos posteriores
son también obtusos, en forma de dientes encorvados hacia adelante.
Los dos artículos del pecíolo tienen prolongaciones laterales, bastante
obtusas y encorvadas hacia atrás. El abdomen es solamente en los án-
gulos anteriores fuertemente ribeteado. El
cuerpo presenta pelos setiformes linos y muy
esparcidos. El resto, color y escultura, como
el tipo de la especie.
Obrera. — De unos 1 milímetros, es negra,
opaca, con el escapo, artículo basal y ápice del
funículo, lo mismo de las espinas (incluso de
los nudos), tibias, tarsos y extremidad de los
fémures rojo castaños. Los ángulos ántero-la-
terales del escudo cefálico son de un amarillo
castaño, de aspecto membranoso. Toda la su-
perficie, también de las patas, es densa y muy
finamente reticulado punteada; la cabeza, tó-
rax y los nudos llevan también un reticulado
grueso, de mallas destacadas, que forman
losetas poco profundas, con pelos plateados,
cortos y escain iformes. La cabeza es bastante
más larga que ancha, más ancha atrás que ade-
lante, el escudo es bastante convexo. El borde
posterior de la cabeza es anchamente escotado,
con los ángulos posteriores anchos, oblicuamente truncados, no membra-
noso transparentes. El pronoto es convexo, tiene los ángulos anteriores
dentellados, el borde lateral convexo inerme. El mesonoto presenta un
ángulo lateral obtuso. El epinoto es muy enangostado atrás, tiene dos pe-
queños dientes obtusos, el anterior más pequeño. Todo el tórax es muy
estrechado hacia atrás. El pecíolo y abdomen son como en el el abdo-
men es algo más ribeteado hacia atrás, más de 1 '/, más largo (pie ancho.
Hembra. — Larga de (5,8 milímetros, tiene el abdomen completa-
mente negro, sin las manchas amarillas alargadas como el tipo de la es-
pecie; las alas son ahumadas, parduscas con algunos lugares más claros.
El escudo cefálico es más alargado (pie en el y, pero atrás más estre-
chado y casi desvaneciendo por el aplanamiento del borde. Sobre el
borde de la foseta antenal no existe el ángulo sobresaliente. La meso-
pleura tiene abajo un diente.
Fig. 13. — J Vryptocerus peltalus
Em. subsp. Ellenriederi Forel,
15 veces aumentado.
— 323 —
CJrypl.overus qnndrnfus Mnyr
Mayr, shuntar. Soc. Xa t . , jModena, 18(i8, píígina 17, t. scp. Of.
Fancry, Zoolog. .Jahrh., f.. IX, 18!)(!, pííginn. (531, <£¡ lig. I.
Menciomunos esta especie recogida por Strobel cerca de San Luis
«mi el año 1805; parece que no lia sido coleccionada después en el país.
Emery, describiendo obrera y hembra de la misma dice que es muy co-
mún en el Paraguay. La descripción típica de Mayr corresponde al sol-
dado o sea La obrera mayor.
Soldado. — Según la descripción de Mayr (obrera mayor), tiene 5,8
milímetros de largo; es negra, lustrosa, con la cabeza adelante algo roji-
za, las antenas y patas rufo testáceas. El primer segmento del abdomen
presenta cuatro pequeñas manchas amarillas (2 adelante y 2 atrás). Está
cubierto do puntos pilíferos, con diminutos pelos blanquecinos y adhe-
ridos. Cabeza y tórax son groseramente punteados. El pronoto tiene un
diente lateral pequeño; el mesonoto de cada lado un tubérculo sub-
triangular obtuso; los dientes del metanoto son breves, obtusos y grue-
sos. Los nudos del pecíolo en los lados con un diente agudo y recurvo;
el nudo posteriores más anchoque el anterior.
Cyphoniyrmex rimosus Spiii. v¡iv. peneosensis For.
(Liim. X, fig. 1, <J>)
Ford, 7)t(72. Soc. Vaud. So. Xat., 1914,
píígiua 281,
De esta pequeña y bonita
hormiga recogimos sobre el sue-
lo arenoso como una docena de
obreras, que sirvieron á Eorel
para fundar una nueva variedad
muy afín, por cierto, a la var.
fusca Emery.
Obrera. — Nuestros ejem-
plares miden dos milímetros y
difieren de la variedad fusca
Em., por los tubérculos del me-
sonoto, que son más planos, con-
trariamente á, los del epinoto,
«pie son más fuertes. Su color es
moreno rojizo, muy obscuro,
Fig. 14. — ^ Cyphomyrmex rimosvs vnr. pencosénsis
Forel, 15 veces nuinentnilo
con las mandíbulas y patas más claras, los funículos y tarsos testáceos;
toda la superficie es opaca; su forma característica la dan perfectamen-
te nuestras figuras.
Acromyrmc.v lohíeoenis Km. var. peneoscnsis Km-,
(Uní, X, llg. 2, <£)
Forel, Bull. Soc. Vaud. So. JS'at , 1914, página Ü82, <£.
Los individuos que capturamos por los alrededores de Alto Pancoso,
representan al parecer una variedad definida de la especie Jobicornis lüm.
En efecto, las obreras mayores son todas algo más pequefias que aque-
llas de la especie típica. Tienen los escupos más largos, la cabeza atrás
más estrecha, no más ancha que á la altura de los ojos, y las espinas
epinotales (aun las del pronoto) son sin duda más largas, más delgadas
y algo más encorvadas. Por lo demás es como el tipo de la especie, opa-
ca, de un negro rojizo, erizada de espinas y sobre todo muy fácil de re-
conocer por el lóbulo basal del escapo.
Esta especie llamada vulgarmente «hormiga negra», lo mismo que
Acromyrmex Lundi Guér., tiene como ella una vasta dispersión geográfi-
ca, pues, se encuentra desde el Brasil en casi todas nuestras provincias
y territorios. Sin embargo, la primera substituye en las regiones áridas
y secas á A. Lundi , que prefiere lugares más húmedos y tierra vegetal,
para la construcción de sus nidos. La variedad 2>u>icosensix se encuentra
también en la provincia de Buenos Aires, Ilío ‘Negro, Santa Fe y Cór-
doba.
Nidos. — Los que hemos visto en Alto Pencoso, son exactamente
idénticos á los que construye la especie lobicornis, los cuales había ob-
servado anteriormente en la provincia de Catamarca.
Esta hormiga anida con preferencia al pie de alguna cactácea ó de
algún arbusto, formando su nido á veces hasta los dos metros de pro-
fundidad, si las condiciones del terreno lo requieren. En la parte infe-
rior, se encuentra la bonguera, que ordinariamente es única para cada
colonia, establecida sobre el piso de una espaciosa cavidad, (pie comu-
nica con el exterior por medio de canales más ó menos ramificados.
Los nidos viejos, con colonia muy numerosa, están formados en la
misma cavidad, sucesivamente agrandada, ó en varias, más ó menos con-
tiguas, al parecer con entradas independientes. Las bongueras, tal vez
porque semiagotadas, siempre las vi pobre en micelio.
Exteriorícente, el nido se caracteriza por una especie de túmulo ó
cúpula de grandes dimensiones, que proviene de la tierra y de los resi-
duos de la bonguera, acumulados sobre el suelo.
Nuestra lámina III, representa el túmulo de un gran nido de la va-
325 —
riodad poncosensis Fot'., que hallamos en los fondos de la escuela del
pueblo. El túmulo medía, más de tres metros de diámetro en su base, y
casi un metro do altura; á su costado hubo un pequeño algarrobo (Pro-
sapia) y algunas matas de Lycium; por encima había crecido un grupo
de bromelias. Todo el túmulo formaba una masa homogénea, mezcla de
tierra arenosa y residuos vegetales, de color pardusco y aspecto de café
molido. En la parte superior contamos unos quince agujeros, dispuestos
en dos grupos, como si correspondiesen á dos bongueras.. Por ellos sa-
lían las obreras, llevando granos de tierra, que depositaban sobre el
suelo, formando los montículos que aparecen en el primer plano de nues-
tra fotografía.
Acronijrmex (liloell^ritts) fraotioornis For. rar. Joergenscni For.
(Líim. X, fig. 3, J¡>)
Ford, Jtiill. Soc. T'aiid. Re. Xat., 49, 181, 1913, página 34, 5¡>, (j) .
El tipo de la especie procede del Paraguay; la variedad fué descu-
bierta por primera vez en Mendoza por el señor Pedro Joergensen ; nos-
otros la encontramos en una sola ocasión durante nuestro viaje. Am-
bas se caracterizan por el escapo acodado y sublobulado en la base.
Obrera. — De 7 milímetros, tiene un color mate rufo ferrugineo uni-
forme., excepto las mandíbulas y el bordo anterior de la cabeza, que son
obscuro castaños, brillantes. Está cubierta de pelillos rufos, muy espar-
cidos y de tubérculos pilíferos, diminutos sobre el vértice y bien des-
arrollados sobre el abdomen. La frente es longitudinalmente estriada;
las grandes espinas del tórax son gruesas, las otras cortas y espesas;
las del epinoto son largas y agudas.
Hembra. — De 9-10 milímetros, es muy parecida á la obrera, del
mismo color, con las alas ferrugineas, bastante obscuras. En ella, la ca-
beza es más ancha que el tórax; el pronoto lleva dos dientes laterales
fuertes y en punta ; el mesonoto y escutelo son groseramente arrugados
á lo largo, el último escotado en el ápice.
Macho (aún no descripto). — Más pequeño que la hembra (8 milíme-
tros), del mismo color, exceptuando la cabeza que es moreno obscuro lo
mismo que ol escapo y el tórax en la región del mesonoto; las mandíbu-
las son ferrugineas. La cabeza es bastante más ancha que larga, la frente
vertical rugosa, subestriada, el vértice groseramente arrugado á lo largo.
El tórax es apenas más ancho que la cabeza, bastante giboso, más fina-
mente estriado que la. hembra ; las espinas son menos pronunciadas. El
abdomen es semilustroso, débilmente tuberculado, el primer segmento
sobre el dorso ancho y longitudinalmente impreso.
Para la descripción de la forma masculina me lie servido del ejemplar
(pie recibí de mi amigo Pedro Joergensen de Mendoza.
Nidos. — El único (pie pudimos explorar si bien muy superficialmente,
nos dió alguna idea de las costumbres de esta hormiga. Lo hallamos en
terreno pobre en pastos; desde afuera no se distinguía más que el orifi-
cio de entrada, de un centímetro de diámetro, por él desfilaban (ó de la
tarde) numerosas obreras acarreando vegetales. Un canal conducía, casi
verticalmente á la primera cámara, situada á medio metro de profundi-
dad. Dispuestas más ó menos vertical mente, descubrimos dos cámaras
más, con residuos y aun con restos de bonguera, que pendían en este
caso de la cúpula de la cavidad.
La bonguera la alimentaban con gramíneas; los residuos ó fragmen-
tos de paja eran todos excepcionalmente largos. El nido debió tener ma-
yores proporciones á juzgar por el gran número de obreras que escapa-
ron por el conducto de las galerías inferiores. La ausencia de cráter ó
túmulo indica que estas hormigas acostumbran probablemente á despa-
rramar los residuos como suele hacerlo la especio siguiente.
Aci'omyrmex <M oclleriiiüí) Silvesti'ii Eiu.
(L¡lm. X, fig. 4, í£)
Kniery, Aíem. Jco. Sü., Jiologna, 1905, página -12, <£.
Forel, Deutsoh. Eut. Zcitschrift, 1911, página 292, Q q¡*.
Santsclii, Itcvue Suiasc Zouluij., 1912, página 530, Q,
Esta llamada «hormiga colorada», es tan abundante y dafiina como
Acromyrmex Lundi y lobiconm, y es aún más difundida por las regiones
secas y áridas. Por los alrededores de Buenos Aires la encontramos en
el suelo pampeano ; por el sur llega hasta el Río Negro y Clmbut; por el
noroeste se extiende en todas las provincias, habiéndola, obtenido de
Santa Fe, Entre Ríos, Córdoba, Mendoza, Catamarón, Salta y de Tueu-
mán. Es muy común en toda la provincia de San Luis, doméstica, como
sus congéneres mencionados, pues no falta huerta ó terreno cultivado,
por donde no haga su aparición.
Muy parecida á Acrom. (M.) strinta Rog., esta especie, sin embargo,
se reconoce fácilmente por la falta- de tubérculos sobre el abdomen, que
es muy finamente estriado.
Obrera. — De 3-fi milímetros, es semil astrosa, de un color rojo su-
bido, con los escupos y las patas ordinariamente parduscas; el abdomen
es moreno obscuro ó negro, muy densa y longitudinalmente estriado con
puntos pilíferos. La cabeza es longitudinalmente arrugada y subreticu-
lada entre las arrugas. El tórax tiene más ó menos la misma escultura
327
pero su reticulado es más grosero y se confunde más con las arrugas.
Las espinas toracales son largas y agudas, sobre todo las epinotales. Las
cuatro espinas del pri-
mer nudo del pecíolo
son bien desarrolladas,
las posteriores largas.
En algunos ejempla-
res de Santa Fe, Cata-
marca y Monte Hermo-
so, el abdomen es rojizo,
sobre el dorso se distin-
gue también las dos
manchas amarillas que
poseen las hembras.
La obrera menor tie-
ne el abdomen liso, lus-
troso y casi glabro : las
espinas son todas más
pequeñas.
Hembra. — De S.5-Ü
milímetros, muy pare-
cida á la obrera, del mis-
mo color; el abdomen
más rojo sobre el dorso,
está adornado con dos
hermosas mancha. sama-
rillas, ribeteadas gene-
ralmente con un borde
negruzco, algo desva-
necido. Las alas son
parduscas, opacas. La
escultura es como en
la obrera, pero el tórax
tiene estrías fuertes y
más regulares que las
arrugas en aquella. Las
espinas prenótales in-
feriores y epinotales
son bastante desarro-
Fig. 15. — Corte vertical por un nido de Acromyrniex (lí'ólle-
rius) Silvestrii Ein. var. jlruchi Ford. (Sierra de la Ventana,
Buenos Aires). ’/, del natural.
liadas.
Macho. — De 8 milímetros, es completamente negro, excepto la pun-
ta de las mandíbulas y de las antenas, que como los tarsos son testáceos.
La superficie es opaca, algo brillante sobre el abdomen y en todas partes
328
incluso los miembros, muy finamente granuloso-reticulada. Las estrías
del tórax son algo más finas y más separadas que en la hembra; el ab-
domen es solamente reticulado. Las espinas inferiores del protórax son
más diminutas; las epinotales más cortas y más delgadas; las alas del
mismo color.
Nidos. — Para su nulificación prefiere esta Afta terrenos de escasa
vegetación, de tierra arenosa, firme, pero no demasiado dura y libre de
I4'ig. H>. — Cámara con bonguera pendiente «le Acromyrmex (2[.) Silvestrii Era.
vav. liruchi Forel. (Sierra de la Ventana). Tamaño natural
obstáculos como piedras ó raíces de plantas. La aglomeración de nidos
en estos sitios es á veces muy grande.
Los nidos carecen de túmulos ó cráteres propiamente dichos; no siem-
pre las obreras depositan los residuos alrededor, concéntricamente con
la boca del nido, pues, por lo general, acostumbran á desparramarlos á
mayor distancia. En un nido que pude observar durante cuatro mañanas
consecutivas, las obreras, ocupadas en agrandar sus galerías, deposita-
ban la tierra cada día en un sitio diferente. El material expedido, lo
transportan siempre en forma de diminutas pelotitas de arena ó tierra,
que se deshacen fácilmente al secarse.
Los nidos de una colonia numerosa (lám. T.V), se componen ordina-
riamente de unas veinte y más bongueras, establecidas en cámaras su-
perpuestas y en comunicación por canales verticales. La entrada tienen
por una boca, á veces por varias, como de dos centímetros de diámetro,
329 —
que conduce á las primeras cámaras del nido, casi siempre de cavidades
más pequeñas y muy irregularmente dispuestas. Éstas carecen de bon-
gueras, pero las obreras suelen aprovecharlas para acumular sus provi-
siones acarreadas y para depositar en ellas los residuos que luego trans-
portan al exterior.
Las cámaras inferiores, destinadas á las bongueras y á la cría, son ca-
vidades de mayor capacidad, más ó menos elípticas de paredes bien ali-
sadas y fondo plano. Se desprenden del canal de acceso, que es vertical,
casi siempre ramificado; muchas veces son perfectamente orientadas, de
manera que con una sección se descubre más ó menos la totalidad del
nido. La bonguera (fig. .10) cuelga siempre desde la pared superior en
forma de delicadas laminillas blanquecinas; es alimentada con los vege-
tales previamente reducidos á pequeños fragmentos, los cuales, en aque-
lla estación (febrero), procedían délos pétalos de una acantácea (Justicia
Echcgarayi Ilier.), muy abundante en la región.
Casi todos los nidos que liemos examinado eran muy ricos en bon-
gueras. En varias ocasiones las cámaras llegaron basta un metro y me-
dio de profundidad.
Larvas hubo pocas, y en un estado bien desarrollado, la mayor parte
ya transformadas en ninfas; ninguna vez hemos encontrado individuos
sexuales, á pesar de haber visto varias veces hembras fecundadas ente-
rrándose en el suelo, sin duda para fundar nuevas colonias.
Además de los nidos, que liemos observado en San Luis, be podido
excavar algunos de la misma especie en Cata marca, y de la variedad
Bruchi Forel, últimamente en la Sierra de la Ventana. El doctor Ca-
rette pudo hacer lo mismo por su parte, durante su reciente viaje en
Monte Hermoso. Todos estos nidos corresponden á un mismo tipo de
construcción, á excepción de un «miso en JTunsán (Catamarón), donde una
colonia, habitaba el tronco de un viejo nogal en la propiedad de los so-
ñores Lafone y Mamey. La bonguera debió estar en la parte inferior del
árbol, en la superior, un gran boyo estaba ocupado con los residuos.
Mirmecófllos. — Examinando el contenido de algunas bongueras,
liemos encontrado dos especies de pequeños ácaros, una de ellas bastan-
te abundante; varios ejemplares del ortóptero Attaphila Bergi Bolívar,
que tal vez representarían una variedad de la misma ; además algunos
diminutos coleópteros, pertenecientes á los Trichoptcrygidae, de cuyo es-
tudio me ocuparé oportunamente.
En cuanto á las Attaphila, éstas son idénticas con las que encontré en
Huasán en los nidos de Acromyrmcx lobicornis. Comparándolas á su vez
con los ejemplares típicos de A. Ungí, recogidos por centenares en los
nidos de Acromyrmcx hundí, se distinguen de estos por su pequeño ta-
maño y su coloración de un amarillo sumamente pálido (no rojizo), mucho
más claro aún que las mismas formas juveniles de la especie típica. Si
resultan en efecto ser adultos, como supongo, representarían una varie-
dad «pie llamaremos var. minoi*.
Cotejando nuestro esquema (íig-. 17 a) con los dibujos (pie acompa-
ñan la descripción ori-
ginal notamos ligeras
diferencias en la forma
general y en los dos úl-
timos segmentos abdo-
minales, que son redon-
deados y no escotados
y t niñeados respectiva-
mente. Tampoco pode-
mos atribuir nuestros
ejemplares á individuos
masculinos, por carecer
de alas y otras caracte-
rísticas radicadas en
los últimos segmentos.
Las antenas de A.
Ber (j i son variables en
cuanto ála cantidad de
artejos y en su forma.
Normalmente tienen 1 1
artículos, pero á menu-
do se componen de 9 á
10, y entre nuestros
ejemplares de San Luis
contamos basta 12 ar-
l'ig. 17. — Attaphila licrgi Boliv. var. viinor. A, hembra ,5/, au- tí CU 1 OS (íig*. 17? (I)» 1£1
mcntiula; B, cabeza do liento ; palpo maxilar; D, antena 12
articulada; K, ídem 10 articulada de A. ltergi típica; l'\ pala «HHUClltO li.SUiul CIllOU-
posterior. Las figuras B-K con mayor aumento. (;eS pOl* bl Subdivisión
del 3o y 4o artículo. En
casos de diminución del número de éstos, las antenas son más robus-
tas, sus artículos netamente obcónicos, como los presenta la figura 17 e.
La cabeza de los ejemplares de San Luis es más convexa que en el dibu-
jo de Bolívar. Las mandíbulas son tridentadas, el diente apical es más
largo y agudo; detrás de los otros y sobre el mismo borde internóse
nota dos débiles y diminutos dentículos. El lóbulo interno de las maxi-
las es curvo y termina en espina córnea, aguda, con una serie de setas
1 lkiMVAK, .J . , IJu nuevo ortóptero tnirmevójilo Attaphila Ucnji, en Coiuuuieaciouee del
Muevo nacional de Hucuoe Airee, número 10, páginas 331-330, lámina li, 1901.
— 331
del lado interno ; los palpos maxilares corno en la. descripción original.
Los palpos labiales tienen el artículo terminal oblongo, ligeramente ar-
queado. Las patas presentan en todos los ejemplares siempre la misma
configuración.
Attaphila Bergi se encuentra por centenares en cada nido do Aero-
myrmex Lundi (La Plata), donde viven entre los residuos vegetales del
propio nido, es decir, con los que las hormigas cubren su bonguera.
Cuando enjambran los individuos sexuales, se fijan generalmente sobre
el dorso del tórax ó del abdomen, y salen con ellos fuera del nido. Haré
notar, que los machos son sumamente raros, siendo curioso el porcentaje
mínimo que obtuve hasta la fecha, en relación con el enorme número de
hembras.
Subfam. IMH.ÍCIIOIM ISIX/VI,
II emos dicho ya desde el principio, que son precisamente las dolicode-
riiias con los géneros .Dorymyrmex y Forclius, los representantes más
característicos de aquella fauna mirmecológica ; muchas de ellas están
difundidas también por las demás provincias del noroeste, y otras re-
aparecen en las regiones pa tagónicas que ofrecen más ó menos parecidas
condiciones del suelo.
Casi todas las especies de los géneros mencionados son arenícolas ; se
asemejan á primera vrista, por la esbeltez de su cuerpo y el gran desarrollo
de sus miembros, que favorece su marcha tan rápida. Algunas, sobre todo
Dorymyrmex planidem , ensifer, exsanguis y Forelius chalybaeus y nigri-
ventris, al verse perseguidas, corren tan velozmente, que no es fácil
atraparlas.
Generalmente los Dorymyrmex se ven solitarios; raras veces se en- .
euontran muchos dé ellos reunidos fuera de sus nidos, mientras que con
los Forclius sucede todo lo contrario. De estos últimos podemos ver casi
siempre grandes aglomeraciones de obreras alrededor de los nidos y, es
curioso observar á F. nigriventris, que muestra su máxima agilidad du-
rante las horas de mayor calor. Entonces salen en masa, y se mueven
siempre vertiginosamente, dando la ilusión de que fuesen llevadas por
una fuerte ráfaga de viento.
Sobre el régimen de alimentación pudimos tomar algunas notas res-
pecto a las especies 1). planidens, F. chalybaeus y F. nigriventris, las que
citaremos al ocuparnos de las mismas.
En cuanto á la nulificación de nuestras dolicoderinas, observamos, que
ordinariamente prefieren el suelo arenoso, no demasiado duro ; la pre-
sencia de los nidos se revela siempre por los hermosos cráteres, que son
piramidales y bastante altos en el género Dorymyrmex, más bajos y
— 332 —
extendidos en él de Forelius. Sin embargo, los nidos que vimos de 1).
planidens estaban casi desprovistos de cráteres y se encontraban en suelo
bastante desigual y pedregoso. Otros detalles sobre algunos nidos de
dolicoderinas, examinados en Alto Pencoso, daremos á continuación, á
la vez que una descripción breve 1 de las especies y variedades que he-
ñios recogido.
Doryiuyrinc* (l*»aiiiinoiiiyrma) planiticns» Muyr
(l.álll. X, lig. ó, <£)
Mayr, Annuar. Soc. Nal., Modena, 1868, página 166 (p. 7, t. sep.),
Bréthes, An. Museo Nací., Buenos Aires, XXVI, 1914, página 231, figura 1, (j) , pá-
gina 232, figura 2, qI*.
Gallardo, An. Museo Nací., Buenos Aires, XXVIII, 1916, páginas 28-33, figuras 10, 11,
12,13,5,9,(3».
lista especie, como las cuatro subsiguientes, corresponden al subgé-
nero Psammomynna, establecido por Porel para los Jbryinynne a' con lar-
gas amoquetas ó barbas, y por tener el pecíolo nodiforme.
Las demás especies que mencionaremos, tienen el nudo del pecíolo en
forma de cuña, llevan ó no amoquetas, y se colocarían en el subgénero
Oonomyrma Porel.
/>. planidens os la mayor y más hermosa de nuestras especies de este
género. Hasta la fecha ha sido señalada solamente de las provincias an-
dinas (Mendoza, San Luis, La ltioja, Salta y Oatamarca), propagándose
hasta la vecina República de Chile. Se conoce las tres formas.
Obrera. — De tí-(i,5 milímetros, es de un bello amarillo ocráceo ó ana-
ranjado y muy brillante. El epinoto y mesonoto son coriaceo-rugosos ; el
primero es fuertemente abovedado y lleva un diente dorsal pequeño,
erecto y comprimido. El quinto artículo del palpo maxilar está insertado
poco antes del ápice del cuarto.
Hembra. — De 11 milímetros y del mismo color de la. obrera, pero
el mesonoto presenta una banda mediana anterior (ocasionalmente des-
doblada), y dos laterales más ó menos obscuras, á veces poco notables,
lís también lisa y lustrosa ; mesonoto y abdomen son iinamente punteado
1 Estando por entregar esta parto do mi comunicación, apareció ol trabajo del doctor
Gallardo sobre las dolicoderinas (Las hormigas de la República Argentina. Subfamilia
Dolicoderinas. Anales del Museo Nacional de Historia Natural de Jiuenos Aires, t. XXVIII,
1916, pág. 1-130). En él, el autor so ocupa minuciosamente de todas las especies ar-
gentinas, describiendo algunas formas nuevas y reproduciendo sus descripciones
originales. Por esto creo innecesario repetirlas en su integridad y me limito á citar
aquellos caracteres diferenciales más fáciles de reconocer.
333
reticulados, el epinoto lo es más fuertemente. El mulo del pecíolo tiene
forma, de cono elevado, con punta, obtusa y es más alto que ancho en su
base. Las alas son hialinas con las nervaduras flavo parduscas.
Macho. — De 5 milímetros ; es negro lustroso ; las mandíbulas,
boca y borde anterior del clipeo son de un amarillo pardusco, las ante-
nas, tibias, tarsos y órganos genitales son pardirrojos. La pilosidad es
corta, grisácea y bastante esparcida. Las alas como en la hembra, en el
pterostigma obscurecidas.
listas hormigas son insectívoras. La. primera vez que las encontramos
cerca de la Laguna Seca, sorprendimos muchas obreras, (pie recorrían
con actividad las ramas de un algarrobo, sin duda, en busca de alguna
presa; pero, volvieron al nido, que estaba á distancia de unos cincuenta
pasos del pie del árbol, aparentemente, sin haber logrado el objeto de su
incursión.
Nidos. — -Examinando después aquel nido, descubrimos en algunas
cavidades superiores abundantes restos de insectos, como langostas,
chinches y coleópteros, de ellos varios bupréstidos (Chrysobothris y Gu-
ris), que viven precisamente sobre algarrobos ; más tarde, los hemos
vuelto á encontrar en otros nidos.
Los pocos nidos (pus pudimos excavar, estaban en suelo salitroso, en-
tre calizas yesíferas, muy descompuestas, formando un piso desigual,
duro, pero poco compacto. Las cámaras, ajusfándose á estas condiciones
del suelo, tenían una disposición de la más irregular. El orificio de en-
trada. era siempre relativamente grande, cerca de un centímetro de diá-
metro; las galerías tortuosas: cualquier recodo ó hueco entre las piedras
servía de cámara.
Por fuera no vimos cráteres, propiamente dichos, y solamente poco
material desparramado, no obstante de ser la colonia de cada nido bas-
tante numerosa. Hubo siempre regular cantidad de larvas, pero no he-
mos dado con ningún individuo sexual.
Es muy posible, que con distintas condiciones del terreno, los nidos
presentan otro tipo de construcción, más característico para esta espe-
cie; lo revelarán las futuras investigaciones, que deben hacerse sóbrelos
nidos de nuestros Dorymyrmex en general.
I)oi-vinyrin«‘x (1*.) Ilavcsccns Mnyr
Mnyr, Silzhcr. Alead, intuí., AVien, Lili, 18(’>(>, ptígina <195, Q , qL
(hdlnnlo, An. Mu neo jXavl., Hítenos Aires, .19.1(5, jnígina 28, Q, .
Dorvinv i hicv (1*.) mucronntiis Uní.
(Mui. X, lifí. ti, $)
Eniery, Boíl. Suo. lint. Uní., 37, lí)05, página 171, ligara 34,
Gallardo, .la. Manco Aniel., Ilaonos Airos, 11(1(5, páginas 31-37, ligara 14-15, (j*.
Es muy probable, que los dos nombres precitados correspondan á una
misma especie, para la cual, en caso de confirmarse esta suposición, de-
bería prevalecer el primero.
El doctor Gallardo (loe. oit., 1 1) 1 (i, pág. Id- 14), se ocupó ya del asunto y
dió las razones de su sospecha que las obreras descriptas por Emcry, co-
mo I). mucronatas (ó tal vez las de 1K ensifer Forel), correspondían á las for-
mas sexuales de i), flavcscens Mayr, publicadas casi 40 años antes. La de-
ficiente descripción que dió Mayr del macho d ejlavescens, no permite con-
frontarla con la que Gallardo presenta del macho de i), mucronatas (pág.
30-37), y la cuestión, sin el estudio de aquel tipo, no se puede resolver.
Durante nuestro viaje hemos encontrando solamente á iKensiJ'er Eor.,
una especie muy vecina, tal vez raza de mucronatas, pero el señor Gar-
los Lizer trajo de esta última muchas obreras típicas, recogidas por la
Sierra de San Luis. La especie existe también en Mendoza, Catamarca,
en el Río Negro y Chubut ; de Puerto Madryn procede el tipo.
Obrera. — De 4,5-5 milímetros de largo; es de un amarillo rojizo su-
cio, con las antenas y patas más claras y el abdomen algo más obscuro,
castaño. El (plinto artículo del palpo maxilar está insertado mucho antes
del ápice del cuarto. La espina dorsal del epinoto es fuerte y aguda, di-
rigida hacia atrás. El pecíolo es alargado, lleva un nudo redondeado y
bajo. La cara anterior del abdomen es plana, vertical. Debajo de la cabeza
y sobre el clipeo lleva una franja de largas amoquetas ó barbas. El epi-
noto, meso y metanoto son subopacos, fuertemente reticulado puntea-
dos; el resto es lutroso muy débilmente reticulado.
El doctor Gallardo describe también el macho (loe. oit., pág. 35-37,
fig. 15), ofrece de la obrera una descripción más extensa de lo que pre-
cede, extraída de la misma.
Doryinyrmcx (I*.) ensilVr Eor.
(Mili. X, llg. 7, <£)
Ford, Moni. Suo. lint. Bdg., XX, 11)12, página 40, <£.
Gallardo, An. Manco Aracl., Buenos Aires, lülü, página 37, ligara 1G, ^5.
Esta especie es muy parecida á J). mucronatas Ein. y tal vez sería una
estirpe de ésta, como lo manifestó ya el doctor Gallardo, á cuya opinión
— 335
adhiero. Los ejemplares típicos lie recogido en Muasán, como en Alto
Peneoso mezclados con I). exmnguin Ford, cuyo color y hábitos imitan
perfectamente. En una ocasión me parece haberlas sacado hasta del
mismo nido. El doctor Lehraann-Nitsehe trajo varios ejemplares de
Aguada Cecilio (Río Negro). Hasta ahora se conoce solamente las formas
obreras, cuya descripción reproduce el doctor Gallardo.
Obrera. — Ésta mide de 3,8 á 4,8 milímetros; es de un amarillo su-
mamente pálido, y casi incolora, pero algo obscurecida, pardusca sobre
el vórtice, tórax y el abdomen. Además de la coloración, difiere de D.
mucronatus por su mesotórax más estrecho, cilindrico; el ep inoto, tam-
bién abovedado, tiene la espina dorsal algo más larga y más aguda. El
pecíolo es muy alargado, su nudo casi en forma, de cuña baja, menos re-
dondo que en la especie mencionada.
El único nido, al parecer propio de los individuos recogidos, no difiere
visiblemente con aquellos de D. exsanguis.
Dorjmyrmex (I*.) Bruehi For. var. ehenina For.
(Lám. X, fig. 8,
Ford, Bull. Soc. Vaud. Se. Nat., 1914, página 282,
Gallardo, Jn. Museo Nací., Buenos Aires, 1910, página 41, figura 17,
Esta es una variedad negra, muy semejante al tipo de la especie que
encontré en Huasáp (Oatamarca), y que se distingue fácilmente de las
demás especies del género, por la espina dorsal del epinoto, muy fina,
larga y algo encorvada. El pecíolo es también largo, presenta el nudo
«asi en forma do bufia ó escama triangular y baja, que puede considerarse
como una transición entro los géneros Vmimumyrma y Conomyrma.
liemos juntado una veintena de individuos en el lugar llamado Malu-
co, al norte de Alto Peneoso. El doctor Lchimlnn-Nitschc trajo dos
ejemplares de Aguada Cecilio (Río Negro).
Obrera. — Mide 2-2,6 milímetros; es lustrosa, de un negro ébano,
con las mandíbulas y patas pardo obscuras. (El tipo de la especie, algo
más pequeño, es pardírrojo, las mandíbulas, mejillas, tarsos y articulacio-
nes son «le un amarillo un poco rojizo; el abdomen es castaño negruzco.)
El epinoto, metanoto y los lados del mesonoto son subopacos, y (también
la espina) fuertemente retieulado punteados.
HIÍV. MUSICO T< A PLATA» — T. XXIII
— ;{;h¡ —
Dorymyrmcx alltonigcr For.
(Láin. XI, fig. 1, Q )
Forel, Bull. Soo. Vaud. So. Nat., 1914, página 283, Q.
Gallardo, An. Museo Nací., Buenos Aires, 1916, página 42, Q .
Con el nombre de alboniger describió el profesor Forel una hembra de
Borymyrmex, de la cual recogimos sólo tres ejemplares refugiados deba-
jo de estiércol seco; la única vez que hemos hallado á un representante
de este género en estas condiciones. Sobre la posición sistemática do esta
hormiga, Forel duda, si realmente se trata de una especie nueva, ó «le la
hembra de 1). Bruchi var. ebenina ó de 1). ensifer ; tampoco no está se-
guro si corresponde al subgénero Psammomyrma ó al de Gonomyrma.
Por mi parte sospecho que I). alboniger pudiera ser hembra de la men-
cionada variedad ebenina , sin que para ello tenga mayor argumentación.
Hembra. — Mide 5 milímetros de largo, es enteramente lisa y muy
luciente, salvo el epinoto, «pie es, a lo menos en parte, muy lulamen-
te arrugado transversalmente. La cabeza, tórax, escama (salvo en la ba-
se) y dorso de los segmentos abdominales, excepto un ancho margen
de cada borde distal, son de un negro ligeramente pardusco. Lo demás,
miembros, parte inferior y lados del abdomen son de un amarillo pálido,
casi blanquecino. Las alas son subhialinas. La pilosidad es erecta, corta,
amarillenta y muy rala; es muy corta en la cabeza y el tórax, más abun-
dante y oblicua sobre los miembros. Lleva también largas ninnquctus
debajo, detrás y en los lados de la cabeza, y otras más ralas sobre el epis-
toma.
Dorymyrmex (tlonomy rmn) Carel tei For.
Forel, Bull. Soc. Vaud. So. Nat., 1913, página 244 (p. 42, t. aep.), <£.
Gallardo, An. Museo Nací., Buenos Aires, 1916, página 67, figura 33, í¡>.
Esta pequeña hormiga fué recogida la primera vez por el doctor Ca-
rette en Mendoza (Potrerillos); en Alto Pencoso hemos encontrado sola-
mente obreras solitarias. Esta especio es muy parecida á ./). breviscapis
Forel, pero difiere de ella por su tamaño más pequeño, los eseapos aun
más cortos, y por diferencias que se manifiestan en la cabeza, el tórax y
en la escama.
Obrera. — De 2 milímetros, es de un castaño negruzco, con los miem-
bros castaños y las mandíbulas amarillentas. Ella es lisa, lustrosa y casi
sin pilosidad erecta, con pubescencia acostada, diluida, pero bien visible,
sobre todo sobre la cabeza y los miembros. Los ojos son muy grandes.
337
Los escupos no alcanzan el borde occipital. El epinoto es muy estrecho,
su cono es muy alio (como en 1). Wolfl'hüfjcU) y so eleva dircetamonto
desde el borde anterior.
Doryiiiyrmex (C.) breviscapis For. var. Caretteoides For.
(Lám. X, fig. 9, <£)
Ford, JhtU. Soc. Batid. Se. Nal., 1914, página 284,
Gallardo, An. Pitisco Nací., Buenos Aires, 191(5, página 69, figura 34, <£.
Ha establecido el profesor Eorel esta variedad sobre obreras que re-
cogimos de paso por el Rincón Grande, al norte de Alto Pencoso. El
doctor Gallardo la cita de Alta Gracia (Córdoba) y de La Rioja.
Obrera. — Mide 1,7-2 milímetros; tiene la forma de breviscapis y la
talla do Carcttei , do manera que podría ser una forma intermediaria
entre estas dos especies, de las cuales la última, tal vez es una raza de
breviscapis.
Nuestros ejemplares son de un color pardo rojizo con el abdomen par-
do obscuro.
Ilorymyrmox (<',.) WoliTluigHl For.
Ford, Dentsch. Ent. Zeiischr., 1911, página 307, c£.
Ibid., Bull. Soc. Vaud. Se. Nal., 1914, página 284, Q.
Gallardo, An. Manco Nací., Buenos Aires, 1916, páginas 64-65, c£, Q , figura 31,
Nosotros no hemos coleccionado esta especie, pero el señor Lizer me
obsequió con algunos ejemplares recogidos por él en la Sierra de San
Luis. La conocemos también de Catamarca, La Rioja, Córdoba, Buenos
Aires (La Plata y Miramar) y el doctor Lehmann-Nitsclie nos trajo ejem-
plares del Río Negro. El tipo procede de Mendoza.
El macho no ha sido aún descubierto; tampoco los nidos están estu-
diados.
Obrera. — Tiene algo más de 3 milímetros; es negra, con antenas y
patas de color castaño; las mandíbulas, lados del clipeo, tarsos, articula-
ciones y bordo posterior de los segmentos abdominales son más amari-
llentos. Es lustrosa, muy fina y débilmente retieulada y apenas pubescen-
te. Las barbas debajo de la cabeza son más cortas que los sobre el clipeo.
El epinoto termina en cono agudo, subespinoso, más largo, más delgado
y más agudo que en 1). pyramicus. Algunas otras características contie-
ne la descripción original, reproducida por el doctor Gallardo.
Hembra. — De 5,5 milímetros, es semejante á la obrera ; de un pardo
negruzco, con una pubescencia bastante densa que le da un tinte grisáceo.
Los miembros, las mejillas y mandíbulas son de un amarillo pardusco,
las coxas son pardas. Las alas son subhialinas con las nervaduras pardas.
Iloryniyrincx {('..) cxsaiiguis Fm\
(1-iUii. xi, ti” . 'j, ¡i, O, i, o?)
Forel, Mem. Soc. Ent. Belg., XX, 1912, página 38,
Ibiil., liull. Suo. Faud. Se. Nal., 1913, pagina 212 (p. 40, 1. sep.) Q, página 213 (p.
•11, t. sop.)
(¿¡diablo, Ja. Musco Nací., buenos Aires, 191tí, páginas 13-15, c£, Q,
Esta hormiga es muy común en las provincias de Catamarca, Mendo-
za y La ltioja; en nuestro viaje la hemos encontrado con frecuencia en
suelo arenoso, muy liviano, y alguna vez también en suelo pedregoso,
pero siempre mezclado con mucha arena. Conocemos todas las formas de
esta especie; ya hemos dicho, que con ella hemos hallado á menudo las
obreras de J). ensifer.
Obrera. — De 3,5 milímetros de largo; de un color amarillento muy
pálido, ligeramente pardusco en el vértice, costados y cara declive del
tórax ; algo más obscuro en el abdomen. El epinoto termina en un cono
dorsal pequeño y obtuso. Ella es densa y finamente punteada y pubescen-
te; el tórax es más bien ret ¡ciliado, mediocremente lustroso, la cabeza
algo más lustrosa. Los miembros están desprovistos de pelos erectos y
sobre el cuerpo se nota solamente uno (pie otro pelo; tiene también lar-
gas barbas debajo de la cabeza y sobre el epistoma.
Hembra. — De 8,6-í) milímetros; de un amarillo pálido, ligeramente
rojizo, á veces con una mancha parda entre los ojos y que abarca tam-
bién los ocelos; el dorso del tórax y del abdomen son también pardos,
pero cada segmento del abdomen lleva el borde distal más ó menos an-
cho amarillo. Las alas son hialinas con sus nervaduras amarillentas y el
pterostigma pálido. El epinoto no lleva traza de cono. La escama es afi-
lada en el ápice. Existen largas amoquetas debajo de la cabeza y sobre
el epistoma.
Macho. — De 3,5-4 milímetros; es más ó menos del color de la hem-
bra, con las mandíbulas y los miembros más pálidos; en algunos de mis
ejemplares, el dorso del tórax y del abdomen son ligeramente parduscos.
Las alas como en la hembra, con el pterostigma aun más pálido.
Nidos (lám. Y.). — Los nidos de esta hormiga fácilmente se distinguen
por sus cráteres altos, piramidales y perfectamente regulares, levantados
con granos de arena. Por la, mañana son lo más hermosos; durante el día,
los vientos y el trajín de las mismas hormigas desmoronan los cráteres,
— 339
rodando la avena por las galerías, qne por consiguiente requieren un
continuo retoque, trabajo que ejecutan las obreras casi siempre por la
noche y en las primeras horas del día. Muchas veces, hemos visto á la
mañana numerosos cráteres que por la tarde habían desaparecido casi
totalmente.
Las dimensiones de los cráteres son variables; su diámetro general-
mente tiene cerca de 10 centímetros, pero los hemos visto también ape-
nas de 5 y aun mayores de 15 centímetros, siendo su altura más ó menos
la tercera, parte de su diámetro total.
En ninguno de los nidos examinados, nos fuá posible observar con
exactitud la disposición de las galerías ó cámaras, debido á «pie éstas
se derrumbaron con suma facilidad al efectuar las excavaciones. Por lo
visto, podemos afirmar, que las cámaras ó cavidades son bastante amplias,
irregular mente dispuestas, comunicando hacia el exterior por un canal
relativamente ancho ; las paredes de las cámaras parecen ser ligera-
mente endurecidas. El orificio de entrada es de pocos milímetros, la pro-
fundidad de los nidos de 20 á 30 centímetros. Una colonia de esta hor-
miga. no es nunca muy numerosa en individuos.
Dorj'inyi'inex (C5.) «‘xsnnguis Fnr. vivr. cnrltonaria For.
Foro!, Ihtll. Soc. Fand. So. Nat., 1913, página. 2-13 (II, t. sop.), página 244, (jb
Gallardo, An. Musco Noel., Buenos Aires, 191(5, páginas 45-47, (jb figuras 18 y 19.
Una variedad bastante más pequeña y de color pardusco ; es relativa-
mente más abundante que la especie típica.
Se encuentra en Alto Pencoso hasta la Sierra del Gigante ; además
ha sido señalada de Mendoza, Córdoba y del Clmbut.
Obrera. — De 2, 5-3, 4 milímetros ; es más pequeña que el tipo de la
especie, de color pardo, más ó menos obscuro (ó pardo rojizo), con las
patas y antenas algo más claras ; las mandíbulas y el borde anterior de
la cabeza son más pálidas. Las patas y antenas son algo más cortas y el
borde posterior de la cabeza es apenas menos convexo que en D. exsan-
guis típica.
Macho. — De color enteramente pardo, con los miembros más claros
y las mandíbulas amarillo pálido. Estas últimas tienen tres pequeños dien-
tes detrás del apical. El escapo alcanza el borde posterior de la cabeza.
El doctor Gallardo da una descripción más detallada, basada sobre
tres individuos masculinos, hallados por él mismo en Alta. Gracia (Cór-
doba), los (pie presentan ligeras diferencias.
Los nidos de esta variedad son completamente, idénticos á los que
construye la especie, típica.
34:0
llorymjTmcx (<G.) pyi-ainieus Kog.
Fronolepis pynimim Uogor, Herí. Ful. Zcilscbr., Vil, 1 tíi>3, página lli(), <J5.
Fórmica insana Buokloy, Proo. Ful. Soo. Philadclphia, V, 1806, página 105, c¡5, Q .
Gallardo, A u . Musco Nací., Buenos Aires, 1010, páginas 51-50, ligaras 23, 21, 25,
5, 9» d*.
El doctor Gallardo cita 1). pyramicus con procedencia de la Sierra del
Morro (San Luis) ; además de muchos puntos de la provincia de Buenos
Aires, de Córdoba, La Itioja, Corrientes y tic Carmelo (Uruguay) ; su ra-
dio de dispersión llega hasta Illinois (Estados Unidos). Parece que sus
razas y variedades, no están aún bien definidas, existiendo asimismo
ciertas dudas, sobre cuál sea el verdadero tipo de la especie.
Las tres formas que describe detalladamente el doctor Gallardo de un
mismo nido, las considera como J). pyramicus típico. Un estudio compa-
rativo de todas las formas sexuales, que aún faltan por conocerse, podrá
resolver más tarde las dudas.
Oorvinyrmex ((..) pyrainlcus Kog. sultsp. hriiiinctis For.
(Lám. XI, lig. G, £)
Forel, Vcrh. zool. bol. Gcs., Wien, 11)08, página 385, Q .
Gallardo, Alt. Museo Nací., Buenos Aires, 1910, páginas 59-60, ^5, (j) , ligara 20, Jj.
Los ejemplares que recogimos por el Alto Peneoso y Mataco fueron
determinados por Forel como variedad brunneus , lo mismo que otros pro-
cedentes de Misiones y Jujuy. Se conoce también de Brasil y Paraguay.
Obrera. — I)e 3, 5-3, 7 milímetros, de un pardo obscuro con el tórax
castaño amarillento; los tarsos y la parte anterior di*, la cabeza son par-
dirrojos; esta coloración es algo variable. Según la descripción, difiere del
tipo por varios caracteres radicados en la cabeza y en el tórax, como pol-
la forma de aquélla, la del clipeo, inserción de antenas y grandes ojos;
por el mesonoto uniformemente convexo sin impresión transversal, etc.
Hembra. — De 0 milímetros de largo, parda, con las mandíbulas y
lados del epistoma amarillo rojizo.
— 341 —
Dorymyrmox (C.) Ihoraeieus (Santschi)
\
(Lám. XI, íig. 5, ^ )
Morymvrmex (C.) pyraniicus líog. subsp. brunneus For. vnr. thoraclca Santschi
Santschi, Jievue suissc de zoologie, XX, 1912, página 531, figura 3.
Dorymyrmcx (C.) thoracicus (Santschi).
Gallardo, A n. Musco Nací., Buenos Aires, 1916, páginas 52-53, í¡>, figura 22.
Esta hormiga, d escripia por Santschi como variedad do la raza brun-
neus, la considera el doctor Gallardo, como especie propia, separándola de
J). pyramicus. Ella es muy abundante en Alto Pencoso (procedencia omi-
tida en el trabajo de Forel), y mencionada de Santa Fe, Córdoba, Tucu-
ra án y Jujuy. Según Gallardo, tiene un hábito algo distinto a esta úl-
tima, de la cual difiero principalmente por el surco mcsoepinotal en
forma de canaleta profunda, como también por la forma del cono dorsal.
Obrera. — Larga de 3,2 á 3,5 milímetros, tiene la parte anterior de
la cabeza, el tórax y los tarsos de color rojo amarillento ó de amarillo
ocre ; el resto de la cabeza (á veces toda) y el abdomen negruzcos ; las
antenas y patas son castañas. La liarte anterior de la cabeza y el abdo-
men son lustrosos, el resto algo más mate. La cara declive del epinoto
presenta un pequeño escalón.
Forelius elialyhaeus Era.
Emery, Bull. Soc. Ent. Ital., XXXVII, 1905, página 176, <£, (j) , qC
Gallardo, An, Musco Nctol., Buenos Aires, 1916, página 84, <J>, Q , qL
Do los representantes del género es ésta una do nuestras especies más
conocidas, dispersada por todas las regiones áridas, tanto en el sur co-
mo en el norte. Además de una nueva variedad F. rubriceps For., hemos
encontrado también las otras, que años antes había traído de Catamarca
y que fueron descriptas por el profesor Forel.
El tipo de chalybaeus procede de Puerto Madryn (Clrabut); tenemos
también ejemplares de este lugar, como otros de la provincia de Buenos
Aires, de Córdoba, Mendoza, Catamarca y de La Rioja.
Obrera. — - Mide 2 á 2,0 milímetros de largo, es de color negruzco ó
castaño con un pronunciado reflejo azul de acero, ligeramente verdoso ;
las mandíbulas y patas son pardas, más ó menos castañas. Su aspecto es
Rubopiteo, debido á la puntuación muy fina; la pubescencia es pruinosa.
101 epinoto es bastante convexo. Fn su forma y escultura se parece á F.
Mac Cooki, del cual di (tere en varios puntos.
Hembra. — Más ó menos de 4 milímetros; ella es más pálida que
la obrera, castaño pardusca, con retajo metálico débilísimo, que á veces
ni existe. El tórax es robusto; el pecíolo mucho más alto que en la obre-
ra. Las alas palidísimas tienen dos celdas cubitales cerradas y carecen
de celda discoidal.
Macho. — Tiene algo más de 3 milímetros y el color de la hembra,
poco más claro, con reflejo metálico que tira al violáceo. El escapo es tan
largo como los tres primeros artículos del funículo juntos; el tórax es
ancho, el epinoto convexo. Las alas tienen las nervaduras de las celdas
cubitales desvanecidas.
Las ágiles obreras de esta hormiga las encontramos á todas horas del
día sobre los cráteres y los alrededores de sus nidos ; se alejan de ellos
en todas direcciones, pero marchan al parecer más bien aisladas, y ni van
ni vienen nunca por un camino único trazado. Recorren los cráteres
muy agitadas, describiendo espirales cerrados y penetran rápidamente
en el nido, tan pronto que se ven atacadas.
Tanto ellas, como los demás representantes del género que citamos,
despiden un fuerte olor á manteca rancia, lo que es peculiar también pa-
ra otras especies extranjeras.
Muy á menudo hemos visto obreras saboreando los frutos bien sazo-
nados de cactáceas (Cereus lamprochlorus), presentando entonces el abdo-
men bastante distendido. No obstante, deben ser también insectívoras,
pues en más de una ocasión, hemos encontrado restos de coleópteros en
las cavidades superiores de sus nidos, sin (pie nos fuera dado observar
una sola vez, á obreras llevando semejante presa. En cambio, luimos tes-
tigos del instinto agresivo y de la creofagia de F. nigriventris.
Nidos. — F. chalybaeus y sus variedades construyen sus nidos casi
siempre en suelo arenoso, más ó menos duro, libre de obstáculos y de ve-
getación. Los cráteres son bajos pero regulares, perfectamente circulares,
más ó menos de 10ál2 centímetros de diámetro; su orificio de entrada es
pequeño, de algunos milímetros. De él, un corto pasaje, casi vertical, con-
duce á las cámaras ó cavidades irregulares, más ó menos alargadas, gene-
ralmente mucho más largas que altas, dispuestas con la misma irregula-
ridad y en comunicación con estrechísimos y cortos canalículos, que ape-
nas dan paso á una sola hormiga á la vez. En un nido con una colonia
numerosa, se cuenta centenares de estas cámaras, que llegan á unos 20
centímetros de profundidad y ocupan muchas veces otros tantos de ex-
tensión.
Muy curioso nos resultaron varios nidos excavados en terreno de are-
na suelta, en los cuales encontramos las paredes de sus cámaras fuerte-
mente guarnecidas por una. costra bastante resistente. Este detalle per-
fectamente visible en nuestra fotografía (lám. VI), revela el grado de
— 343
precaución que las hormigas tienen, para evitar el desmoronamiento de
sus construcciones.
En todos los nidos que liemos examinado, encontramos millares de
obreras con abundante cria, entre ella muchas ninfas ; el tipo de cons-
trucción era siempre el mismo.
Forelius ehalyhaeiis Km. v;ir. niinor Por.
Ford, lililí. Soc. Viuul. Se. Nat., 1913, página 241 (39, t. sép.),
Gallardo, An. Musco 1 Yací., Buenos Aires, 1916, página 86,
Esta variedad, hallada por el doctor C’arette por primera vez en Mendo-
za, la recogimos también en Alto Pencoso; ella se encuentra también
en Río Negro, y abun-
da en la región occiden-
tal de la Sierra de la
Ventana, donde la ob-
servé personalmente.
Obrera. — Mide po-
co menos de 2 milíme-
tros de largo y según
la descripción de Forel,
se distingue déla espe-
cie típica por su peque-
ño tamaño. El tórax
un es poco más corto
que la cabeza, y esta
última mucho menos
ancha. Las patas y las
antenas son también
más cortas, los escapos
no sobrepasan la cabe-
za más que por su espe-
sor. El perfil del tórax
es absolutamente recti-
líneo.
Nidos. — Los ni-
dos de esta especie se
encuentran á menudo
agrupados sóbrelos ca-
minos, á veces al lado
de las mismas bocas de los nidos de la hormiga colorada (Acromyrmex
Silvestrii Em. (Sierra de la Ventana). Tanto los cráteres, como las cons-
tracciones terrestres, son la mitad del tamaño de los de la especie típica.
Las cámaras son también irregulares, pero más separadas y recuerdan
en algo á galerías laberínticas, sobre todo en nidos construidos en terre-
no firme; entonces las paredes de estas cámaras son ligeramente alisa-
das, en suelo arenoso son solamente algo endurecidas.
Forclius clialyhacus Km. subsp. alhi vculris Fui-.
(L¡lm. XI, lig. 7, cj>)
Ford, Alóm. Soc. Ent. Bchj., 1012, página 15,
Gallardo, An. Museo Nucí., 1! nonos Aires, 1916, página 80, <£.
El profesor Forel, á esta raza pigmea la llama, no sin razón, encanta-
dora, esta misma impresión tuve de ella, al descubrirla por primera vez
en Huasán, donde es mucho más abundante que en el Alto Pencoso.
Aunque coincide casi en el tamaño con la. variedad minor, tiene un há-
bito completamente distinto y diflorcá primera vista de ella por su vien-
tre blanquisco, casi siempre algo distendido; del tipo de la especie, no
sólo por su pequeño talle, sino también por su escama cortante y el
color.
Obrera. — Del tamaño de la variedad minor, de un azul obscuro ver-
doso metálico; los tarsos y las mandíbulas son amarillentas, las antenas
y patas son rojizas y parduscas respectivamente. El abdomen es blan-
quizco, con la extremidad más ó menos pardo, ligeramente metálico.
Ella es bastante lustrosa, densamente punteada, mediocremente pu-
bescente. La pilosidad erecta es muy esparcida sobre el cuerpo, pero fal-
ta en las tibias y los tarsos. Entre otros caracteres, la escama es muy
diminuta, muy baja y fuertemente inclinada, delgada y cortante en el
vértice; tanto ella como el pecíolo quedan recubiertas por el abdomen,
dirigido hacia adelante.
Nidos. — Los nidos de esta raza difieren ligeramente de aquellos de la
var. minor, por algunos detalles de sus cámaras, las que más bien tienen
el carácter de la especie típica. Los nidos se encuentran con mayor fre-
cuencia en terreno duro sobre los caminos, en arena mezclada con polvo.
Sus cráteres son casi siempre muy pequeños y extendidos ; las cámaras
alcanzan á poca profundidad (+ (í-8 centímetros), ofrecen la misma irre-
gularidad en su disposición, que en chalybaeus, pero las cavidades son
sumamente bajas, relativamente más espaciosas y menos numerosas.
345
Forclius elisilyhaeiis Em. subsp. gramil» For.
(Lililí. XI, fig. 8, £ : lám. XII, flg. 2, Q)
Forel, Alé m. Soc. Ent. Bclg., XX, 1912, página 46, <£.
Ibid., Bull. Soc. Vaud. Se. Nat., 1914, página 285, Q } qL
Gallardo, An. Museo Nací., Buenos Aires, 1916, páginas 87-88, , (f , figura 89
De esta forma teníanlos ja obreras que había- encontrado en Iluasán so-
bro un higo podrido; al examinar en Alto Pancoso un nido, ludíamos tam-
bién los individuos sexuales. Dice o i profesor Forel, quo ol !>. chali/bacns
forma en cierto modo transición entre las razas albiventris y granáis y que
sin él, se debería considerar estas últimas como especies distintas. Esta
subespecie se reconoce fácilmente por su talla bastante más grande.
Obrera. — De 3,5-4 milímetros; de un azul metálico obscuro; las
mandíbulas de amarillo rojizo; las antenas, tarsos y articulaciones roji-
zas y las tibias pardas con visos metálicos. La escama es inclinada y
muy espesa, obtusa en el vértice.
Hembra. — Mide 5,5-6 milímetros, ella es más grande y más obscura
que la especie típica; la cabeza y el tórax son de un castaño negruzco,
la primera es a veces rojo pardusco. Los reflejos azulados son bastante
«lábiles. Los bordes distales de los segmentos abdominales son blanque-
cinos. Las alas son débilmente teñidas de amarillento, con las nervadu-
ras pardo amarillento.
Macho. — De 3-3,3 milímetros, de color pardo con las mandíbulas y
miembros algo más pálidas.
FoitIIiih clinlyhiH'iis Km. var. riihricops (For.)
Forclíus chalybacus Em. subsp. gramlis For var. rubríceos For.
Forel, Bull. Soc. Vaud. Se. Nal., 1914, página 286, q*.
Gallardo, An. Museo Nací., Buenos Aires, 1916, páginas 85-86, *5 ; C? » figura 38, Q .
De esta variedad liemos encontrado las tres formas, pero por olvido
el ejemplar femenino no filé remitido al profesor Forel, y esta omisión
influyó posiblemente su apreciación, habiendo el autor considerado a-
rubrico ¡ps como variedad de la raza granáis. El doctor Gallardo al descri-
bir la hembra, refiere la variedad al tipo clialybaeus, teniendo en cuenta
el tamaño de ambas formas : vendría á establecer una transición entre
chalybacns y F. rufas Gallardo,
Además «le San Luis, es conocida también do la Sierra de Cór-
doba.
Obrera. — De 2, 4-3, 5 milímetros (le largo; se distingue del tipo de
la especie, por el tamaño mayor de ciertos individuos y por tener la ca-
beza, antenas, tibias y tarsos rojizos, tórax y abdomen son obscuros con
reflejo metálico.
Hembra. — De 4,2 milímetros, es más ó menos del mismo color ge-
neral que el tipo de la especie, con la cabeza castaña rojiza, las antenas,
patas, mandíbulas y escudete castaño amarillento, el abdomen negruzco
con los bordes distales blanquecinos.
Macho. — De 3-3,5 milímetros, es un poco más claro que el de la
raza granáis, de un amarillento sucio, con la cabeza pardo claro. En in-
dividuos bien maduros, la cabeza es parda, el tórax, abdomen y los ru-
ínenlos de un amarillento pardusco, escupos y miembros amarillentos
claros.
Nidos. — Los dos nidos que hemos examinado eran idénticos á los
de F. chalybaeus, solamente uno era de dimensiones extraordinarias,
tanto su cráter como las construcciones en la tierra ; la colonia era tam-
bién muy próspera.
Forcliu.s nigriventris For.
(Láni. XI, tíg. 9, <£)
Ford, Mein. Soc. Ent. lichj., XX, 1912, página 44, i£.
Brfetlies, An. Alusco JYac l., Buenos Aires, 1914, página 233, Q .
Gallardo, Jn. Museo Nací., Buenos Aires, 1916, páginas 81-84, Q , figuras 36-
9, 9-
Este Forelius se distingue de los precedentes de inmediato por su co-
loración. Es abundatísimo en Alto Pencoso y señalado hasta ahora de
Córdoba, Mendoza, Catamarca, La Rioja, Tucumán y Santiago del Este-
ro; no lo conocemos aún del sur.
Obrera. — Mide de 2,0 á 3,5 milímetros; es de un lindo amarillo ro-
jizo o anaranjado, con el abdomen negro brillante, ligeramente verde
metálico. Como dice Forel, esta especie es bien caracterizada por la for-
ma de su escama, extremadamente baja, soldada al pecíolo más ó menos
como en el género Tapinoma, subhorizontal, formando adelante solamen-
te un pequeño escalón acuminado.
Hembra. — De 5 milímetros, tiene el color de la obrera con el borde
distal de los tres primeros segmentos abdominales blanquecinos y una
mancha en forma de Y en el mesonoto.
Forelius nigr i contris es una hormiga arenícola; prefiere los sitios ári-
dos y despoblados de vegetación para, anidar; es aún mucho más ágil
347
que la especie chah/baeus, creófaga, agresiva y muy voraz. En sus nidos
no liemos hallado nunca vestigios di», alimentos, en cambio, pudimos ob-
servar varias veces obreras transportando insectos, y los dos casos (pie
relataremos liarán apreciar sus costumbres.
Examinamos una vez á un viejo tronco de «peje» (Jodina rhombifo-
lia), cuya, parte superior era habitada por termitos, mientras que en la
inferior, algo húmeda, hubo muchos otros insectos, principalmente larvas
é ¡magos de un pequeño coleóptero (Acanthocerus) , que tratábamos de
recoger. Habíamos despedazado el tronco, y al parecer agotado el mate-
ria! entomológico; volviendo ratos después al mismo sitio, gran número
de obreras de nuestro Forclius , habían invadido aquellos fragmentos,
que unas escudriñaban prolijamente, mientras que otros ya se alejaban
con larvas y aun con i magos del coleóptero, que nosotros, sin sospechar-
lo, habíamos dejado. Su presa la llevaron entre pocos individuos; lo ha-
cían con suma rapidez, salvando la distancia de muchísimos metros,
hasta su nido.
Otro hecho que muestra la voracidad de esta hormiga, lo observamos
en un ataque á dos pequeñísimos roedores, ratas arborí colas, muy co-
munes allí. Las habíamos bajado de su nido, sobre un chañar y como
eran de muy corta edad, las depositamos al pie del árbol, confia-
dos en que la madre, que había logrado escaparse, se encargaría nue-
vamente de ellas. Ni habría pasado media hora, cuando nos acercamos
a los animalitos que cubiertos de hormigas chillaban desesperada-
mente : no eran sino Forclius nigriventris. Estos atacaron con tanta
ferocidad, que ya les habían resecado los párpados y partes del labio,
mientras que los mortificaron también conmordizcos en otras partes del
cuerpo.
Este último caso, si bien el único que hemos observado, pinta perfec-
ta,mentó el inst into sanguinario do esta hormiga, que no recordamos ha-
ber visto señalado.
Nidos. — Del gran número de nidos que hemos visto, la mayor par-
te, pudiéramos decir casi todos, se encontraron en suelo arenoso, más
bien blando que duro. Ellos están siempre provistos de un cráter bajo,
muy extendido y regular, con un pequeño agujero de entrada en el cen-
tro (Iám. Vil).
Muchas veces, en nidos de una gran colonia, el cráter es extendido, de
unos 30 centímetros de diámetro, pero en pequeños nidos no alcanza á
medir los .1.0 centímetros; las construcciones en tierra, abarcan más ó
menos las mismas medidas en toda su extensión. Las galerías y cámaras
son tan irregulares y semejantes como en F. chah/baens, con la diferen-
cia,, que ordinariamente estas cámaras son mucho más separadas entre
sí, y en comunicación por canalículos un poco más anchos. Las paredes
— :M8 —
de todas son ligeramente endurecidas, pero no tan perfectamente guar-
necidas como en los nidos de la otra especie mencionada.
Entre las cámaras liemos hallado siempre' pequeños grupos de larvas,
alguna vez también ninfas.
Subfaui. « : A UI>0.\0TI\A 12
Kracliymyrmex Iongicoriiis Por.
(Uní. XII, lig. 3, <£)
Ford, Milleil. Nalurhist. Mam: uní, llamlmrg, 1900, Ilcih. Julirb. Ilumb. wisn. Anal.,
XXIV, 1907, página 9, <¡>.
Esta es la única especie del género que liemos recogido en Alto Pen-
coso, pero estoy seguro que debe de haber ahí también alguna otra, co-
mo B. breviooniis Em. y /». patagonieus Mayr, por haber recibido éstas
de lugares muy vecinos de las provincias de Córdoba y Mendoza.
B. longicornis, fácil de reconocer por sus antenas largas, tenemos
ahora de Buenos Aires, Mendoza, Tucumán y Salta, lie aquí sus ca-
racteres específicos.
Obrera. — De 1, 5-1,0 milímetros, de un pardo amarillento, con las
mandíbulas, antenas y patas pálidas de amarillo sucio. Lustrosa, confu-
sa y débilmente reticulada, todo el cuerpo con pilosidad amarillenta,
rabí y erecta, y muy dispersamente pubescente. Las tibias y los es-
capes llevan solamente pubescencia adherente. La cabeza es tan ancha
como larga, en el extremo posterior cóncava ; el borde posterior casi rec-
to y los lados son fuertemente convexos. El escapo sobresale al borde
occipital por un buen tercio de su largura; el 2o y 3o artículo de los funí-
culos son algo más largos que anchos, todos los demás mucho más largos
que anchos. Las suturas del tórax son muy pronunciadas ; los segmentos
todos más anchos que largos, el pronoto lo es mucho más. La esca-
ma es muy baja y fuertemente inclinada, tapada por el primer segmento
del abdomen, que es arriba también muy inclinada hacia adelante. Los
miembros son bastantes largos.
Nidos. — Varias veces hemos recogido obreras solitarias sobre plan-
tas y en el suelo. En otra ocasión (Sierra del (ligante), al entrar á su ni-
do, que estaba en la pared vertical de un gran bloque ó brecha de con-
glomerados. Allí penetraban por una grieta insignificante, que conducía
á otras más interiores, abiertas entre las piedras de rodados del mismo
conglomerado. Todos los pequeños recodos y espacios entre las piedras
eran al parecer ensanchados, por la extracción de algún material térro-
349
so; estaban ocupados por centenares de obreras que cuidaban buen nú-
mero de larvas.
()niH|>onof tis (ill yrniof urlin) puncí nial us Mayr s. str. '
(Lilm. XII, fig. 4, minor )
Mayr, Animar. Sac. Nal., Modona, 18G8, jingiim- 3, t. sep., Q .
Esta especie se extiende basta el Brasil ; nuestros ejemplares proce-
den de Buenos Aires, Córboba, Mendoza, Salta y Alto Pencoso. En
esta localidad liemos observado varias veces sus obreras sobre las ma-
tas de Lycium, infectadas con coccídeos, de cuyas secreciones sorbían
ávidamente. De la serie de razas y variedades, que se conoce d e punctu-
latus sen. strict., liemos encontrado solamente dos, que citaremos des-
pués.
Obrera. — De 4-7,5 milímetros, es negra con las antenas, mandíbu-
las y patas rojas. La cabeza y tórax son subopacos, muy densa y fina-
mente reticulado punteados ; el abdomen es lustroso, cubierto de estrías
transversales, densas y finísimas, casi imperceptibles. El epistoma es
carenado, mi el ápice recto. La cabeza es débilmente y muy dispersamente
punteada.; los puntos son más abundantes sobre las mejillas y más grue-
sos en el occipucio ; los escupos sobrepasan apenas al borde posterior.
La pilosidad es bastante fuerte ; la pubescencia fina, corta y esparcida,
muy tenue, densa y apretada sobre las coxas (fig. 19, A-C).
Hembra. — Una hembra desalada que encontramos entre obreras
debajo de una piedra, mide 10 milímetros ; tiene el color de la pero
es más lustrosa y con la escultura mucho más fina. El epinoto es más
opaco, debido á la pubescencia densa muy tenue y apretada, que cubro
también al pronoto, los episternos, á la escama y las coxas. Del resto,
la pilosidad y pubescencia son algo más finas y ralas que en la obrera.
Nidos. — Esta hormiga, como las dos variedades subsiguientes ani-
dan casi siempre en suelo debajo de piedras. Do tros nidos que hemos
examinado, dos de ellos se encontraban en esta forma, el otro, en suelo
arenisco, completamente libre de todo obstáculo. Este último tenía mu-
cho parecido con el nido (pie describimos al final de una variedad de C.
1 El enorme número do especies, razas y variedades del género Camponotus, que
so eleva a un millar, comprendidas do todo el mundo, motivó al profesor Forel do
clasificarlas entro los 24 subgéneros, creados, salvo algunos, todos por el mismo.
(Le ge n re Camponotus Mayr ct les garres voisins. Revire suisse fie Zoologic, vol. 22, n° 9,
1911, pííg. 257-276.)
blundus , el cual excavábamos el mismo día. lil orilicio y canal de acceso,
Fig. 1 í). — Cabezas do Camponotus : A, ^ mayor; li, ^ miuor; (', ^ do G. puuciulatus
Mayi* s. «Ir. ; 1), ^ mayor do G. •punetulaius var. andiejena Km. ; may. do G. piuictulatua
subsp. minutior F011,; F, mny.; (¡, ^ min. ; 11, Q ; I, do O. macúlatela F. subsp.
bonariensis Mayr. ; K, may.; L, ^ min.; M, Q ; N, (j* do G. mua liog. ; O, may.
y P, min. do G. blandus Sm. subsp. rosariensis For. var. mendozenaia For. (aumen-
tadas todas 10 veces).
como también los canalículos y cámaras eran más amplias ; los canalí-
culos de comunicación cortos, por consiguiente algunas cámaras bas-
351
tante contiguas ; varias de ellas estaban separadas entre sí, por un corto
pasaje, solamente de uno ó dos centímetros.
Las cámaras en tierra, de los otros dos nidos estaban más irregular-
mente dispuestas, siendo el terreno pedregoso. En la superficie de éstos
se advierte siempre una serie de canales y cavidades irregulares, cerra-
das por el contacto de la piedra (pie cubre al nido. Casi siempre se
encuentra en las cavidades superiores á las obreras con sus larvas ó los
capullos de ninfas, que transportan hacia las cámaras inferiores, tan
pronto que se ven molestadas.
(!<im pon o I lis (llyrinolurba) punelulatus Mayr vai\ aiidigona E111.
(Lítm. XII, fig. 5, mayor )
Emery, Rcnd. Acc. So. liologna, VII, 1905, página 71,
El tipo de esta variedad (descripto como raza) procede del Perú y Bo-
livia ; la tenemos ahora de Tandil, Olavarría, Sierra de la Ventana, del
Ilío .Negro, de Santa Cruz y Salta.
Los ejemplares del Alto Pencoso, determinados por Forel como var.
(indígena, se diferencian del tipo de punctulatus, por la escultura, sobre
todo en la cabeza, mucho más fina, la pilosidad más rala y la pubescen-
cia muy breve y menos abundante, faltando casi del todo en las mejillas.
La puntuación de la cabeza es también más fina. En algunos soldados ó
obreras mayores (íig. 19, D), la cabeza es relativamente más ancha á la
altura de las mejillas.
Esta forma es muy afín a la variedad imberbis Em., con la cual pudiera
ser tal vez sinónima. Nuestros ejemplares los hemos encontrado solita-
rios y debajo de piedras.
Cattiponof iis (illyrinol urlin) piim-l nial us Mayr, subsp. iiiiiiuf ior For.
var. iniMliorui'a For.
(Lililí. XII, (ig. (i, minor, fig. 7, mayor )
Ford, liull. Soo. Vaud. So. Nal., 1913, página 47, t. scp.
Esta variedad de la raza minutior Forel, que conocíamos ya de Men-
doza, la hemos hallado varias veces en Alto Pencoso, pero en abundan-
cia en los terrenos salitrosos circunvecinos del Desaguadero. Vive allí
debajo de piedras formando lóelos como la especie típica. El profesor
Forel da las siguientes características :
REV. MUSEO LA PLATA — T. XXIII
24
— 352
Obrera. — Larga de 4,7-!),G milímetros. Bastante más grande que el
tipo de la raza, del cual se distingue entre otros, por su escultura reticu-
lado punteada, bastante más tuerte y más opaca, y por su cabeza negra,
tanto en las pequeñas como en las grandes obreras. Cabeza y abdomen
son netamente negros; el tórax y los miembros rojos; las mandíbulas
de un pardo rojizo. La escama es menos espesa que en el tipo minutior,
del resto idéntico á esta raza (lig. 1!), 10).
Gamponotus (Itlyrmoturha) niaculatiis P. subsp. bonaricn.sis Maj-r
Gamponotiis bonnricnsis M:\yr
Mayr, Animar. Soc. Nal., Modo lia, 1808, página 101 (p. 3, t. sep.)
lista hormiga os considerada como una de tantas razas de la. especie
maculatuti, cuyo número alcanza un centenar, sin contar á las respecti-
vas variedades. En Alto Belicoso la liemos hallado dos veces entre unos
troncos viejos de peje (lodina), pero abunda en la provincia de Buenos
Aires y la tenemos de Córdoba, Mendoza, Catamarca y Misiones. He
aquí algunas características de las tres formas :
Obrera. — De 5-7 milímetros, es de un rufo testáceo, con las coxas
y fémures más pálidos, amarillentos, la cabeza y á veces el dorso del
tórax más obscuros; el abdomen es negruzco, más ó menos testáceo
en la parte anterior, á veces del todo obscuro. Toda la superficie, inclu-
so la cabeza y los miembros, es finamente reticulada; es lustrosa, id ab-
domen es algo más brillante y la escultura del mismo algo más lina, el
reticulado subtransversal. La pilosidad es muy escasa, no muy larga y
erguida. El largo de los escupos, como la hechura de la cabeza, mues-
tran para las tres formas las esquemas (lig. 19, F-I).
Hembra. — De 10 milímetros, es de color y escultura muy parecida
á la obrera; ordinariamente es algo más obscura, de un castaño rojizo,
con el reticulado un poco más fino. Las alas son subhialinas, amarillen-
tas pálidas, con las nervaduras testáeeas.
Macho. — De 0 milímetros, es de un negro ébano, con los funículos,
partes bucales y genitales, lo mismo que los tarsos testáceos. Escultura
como en la obrera; la pilosidad también bastante rala. Las alas como en
la hembra con los nervaduras más pálidas.
Nidos. — Hasta la fecha, no he visto nidos terrestres de esta hormi-
ga. Las colonias se encuentra con frecuencia entre troncos viejos muy
carcomidos, donde forman galerías anchas y laberínticas. En los dos ca-
sos de Alto Belicoso, parece que ocupaban los nidos abandonados por
353 —
los termitos, puesto (pie las construcciones eran completamente idénti-
cas á las que observamos de estos neurópteros.
Por los alrededores do La Plata esta hormiga abunda mucho entre los
tallos de Sienta (Conium) y del Saneo (Sambucus), donde se encuentra
casi siempre todas las formas reunidas. Con la medula de los tallos
fabrican alguna vez separaciones ó tabiques transversales, á distancia
de uno á dos centímetros y sobre los cuales descansan las larvas y capu-
llos de las ninfas. Dichos espacios se comunican por amplias aberturas
y el todo, con el exterior por uno que otro agujero en el tallo ó la rama
de la planta.
Camponoliis (Hjiiiiobracliys) mus ltog.
Roger, Bol. lint. Zeitschrift, VII, 1863, página 143.
Esta camponotina tiene una vasta dispersión geográfica y es muy co-
mún en las provincias del norte, sobre todo en lugares secos. En el sur
llega hasta el Clinbut; existe también en el Paraguay y Brasil. Por sus
costumbres se asemejan estas hormigas a las recién citadas, pues ani-
dan casi exclusivamente en vegetales o troncos viejos, muy carcomidos ;
son más escasos en los sitios pedregosos de regiones serranas y nunca
he visto nidos de construcciones terrestres propiamente dichos.
En las provincias del norte se las encuentra casi siempre en trozos
secos de grandes cactáceas (Ccreus y Opuntia), que reúnen á veces colo-
nias muy numerosas.
Obrera. — De 4,5 á 9,5 milímetros, es negra y casi opaca con las
antenas y tarsos algo rojizos; toda bastante fuertemente retieulado pun-
teada, en partes muy fina y dispersamente pubescente, distintamente
pilosa y hirsuta, con los pelos de un amarillo dorado, muy densos y de
aspecto sedoso sobre el abdomen. La cabeza lleva en la parte anterior, en
el epistoma y las mejillas pelillos cortos, finos y adheridos ; otros, más
largos, destacados y más claros, casi blanquiscos son bastante abundan-
tes en la parte inferior y sobre las coxas anteriores. El tórax, epinoto y
escama son dispersamente hirsutos ; la pilosidad de los miembros es cor-
ta y oblicua.
Hembra. — De 12-13 milímetros : en nuestros ejemplares de un ne-
gro rojizo con las mandíbulas, antenas y tarsos rufo castaños. La escul-
tura es bastante más fina, la pubescencia y pilosidad menos abundantes
que en la obrera. Las alas son subopacas amarillo parduscas, bastante
obscuras.
Macho. — Mide solamente 0 milímetros; tiene el color y escultura de
la obrera. La pubescencia es más fina y más abundante sobre la cabeza
354
y el tórax; la pilosidad eu cambio más rala, también en el abdomen, cor-
ta y tenue sobre los miembros. La cabeza es tan ancha como larga, los
escapos sobresalen al borde por algo más de la mitad de su largo total,
líl tórax es amplio, bastante más ancho que la cabeza. Alas como en la
hembra, poco más transparentes y más claras (fig. 19, K-N).
Camponolus ( \Iyi-m««nim‘liis) blandos Svn. sulisp. rosaricnsis For.
var. niondozcnsis For.
(L;nu. XII, fig. 8, fj) minar, lig. 0, mayar)
Ford, lililí. Soc. Finid. So. Nut., 1913, página 17, (£.
Esta hormiga la coleccionó el doctor Oarettepor primera vez en Men-
doza; la hemos hallado varias veces solitaria en Alto Pencoso y en una
ocasión junto a su nido.
Obrera. — De 7-1 1 milímetros; difiere de la raza romrienxia, por su
Fig. 20. — Esquema de un nido de Camponotus (Myrmocamelus) blandas Sm. subsp. rosarieusis
For. var. mendazensis Forol, '/» >lel natural nproxiuiiulamoiito.
color enteramente negro, con las antenas y extremidad de los tarsos ro-
jos y las mandíbulas pardirrojas. (La cabeza en algunos de nuestros
ejemplares es sin embargo más ó menos rojiza.) Está cubierta por una
pubescencia densa y dorada (algo más fuerte que el tipo de la raza), y
con una pilosidad larga, erecta y bastante densa. La cabeza es trapeci-
forme, bastante ensanchada atrás. Las patas son negras con la pilosidad
Iíev. Museo ue La Plata, tomo xxiii (ser. n, t. x)
Lámina I
Nido do Pheklole Hcrgi Hayr (’/„)
Rev. Museo de La Plata, tomo xxiii (sek. ii, t. x)
Lámina II
X i < I o do Phcidolc sjtiiiinod.is Míiyr vnr. pencóse nsi s Ford f 1 /;l)
Kev. Museo de La Plata, tomo xxiii (sek. ii, t. x)
Nido
Rev. Museo de La Plata, tomo xxiii (ser. ii, t. x) Lámina IV
Rielo de Acromyrmcx (Ifocllcrius) Silvestrii Bm. Sección vertical y esquema
Kkv. Müseo de La 1'i.ata, tomo xxm (sKit. u, r. x)
Lámina V
Cráteres (le nidos de Dorymynnex exsctiiguis Ford (1/3)
Lev. Museo de La Plata, tomo xxiii (seis, ir, t. x)
Lámina \'I
Nido de Foreliiis chalybacus F o reí (*/.,)
Kev. Museo de La Plata, tomo xxiii (sek. ii, t. x)
Lámina VII
Nido de Forelms nigriventris Forel (*/3)
Iíev. Museo de La Plata, tomo xxiii (se ti. ti, t. x)
Lámina Y III
Figuras: 1, Eciton (A .) Slrobcli Mayr (j* ; 2, ídem : 3, Pogonomynnex cunicula rius Mayr pencoscnsis For. 4 , ídem 0*
5, Pog. inermis Por. ^ : G, Pog. Jlruchi For. var. viicans For. ^ ; 7, ídem 0*
Khv. Museo dio La 1’i.ata, tomo xxiii (ser. ii, t. x)
Lámina IX
Figuras : 1, Pogonomyrmex (E.) Naegelii Por. 2, Cremastogaster quadrifonnis lioveretoi For. ; 3, C. Bruehi Por. ; 4,
C. brevisjjinosa crucis carininis For. $ ; 5, C. brevispin. itoelUri tueumanensis For. £ ; 6, ídem Q; 7, Pheidole Bergi % ;
8, Ph. spininoclis pencosensis For. '}£ ; 0, Solenopsis Pylades For. 10, ,S\ angulata huasanenais For. $; 11, <S'. «>13. Ca-
reltei For. 12, S. ang. mendozensis For. ; 13, S. tennis Weiseri For. <£ ; 14, S. Cryptocents peltalus Ellenrwderi For , .
Iíiív. Museo de Í.a 1'lata, tomo xxm (sei:. u, T. x)
Lámina X
ÍVni-as: 1, Oyphomyrméx rimoius peneosensis Por. 2, Aa-omyrmex íobiconiis pcncosensi* Por. $; (MO
«eómi» Joergenseni Star. $; 4, ¿«rom. PD Slowtrii Em. $; 5, Dorymyrm** (V.) planidens Mnyr $¡ 0, »• W «•«-
iíayr $, 7, D. (V.) entifer Star. $, 8, »■ (P.) BrucéclañnaY or. $; o, i>. W Cor^o,,^ I-»v. $.
Ituv. Mi-seo de La Plata, tomo xxiii (seis, ii, t. x)
Lámina XI
Figuras : 1, VorgmyrtgM albaniger For. ^ ; 2, D. (G.) exsanguis Por. 3, ídem Q > 4’ W«>» Cf : r>» <c-> Morajféttg
Santschi 0, I). (C.) pyramicus brunneux For. ?¡>; 7, Forelius chalybaeus albiventris For. ; S, F. ehulybaeux gran-
dis For. ^ : i), F. nigrivcntris For. ^ .
]¡t'.v. Moseo de La Plata, tomo xxiii (ser. ii, t. x)
Lámina XII
Figuras: 1, Forelius chalybaeus Era. Q* ; 2, F. ehalybaens granáis For. Q ; 3, Braclij¡¡myrmex longieamis For. O; 4, Cam-
ponotus (3t.) punctulatus Mayr minar ; 5, ídem v. andit/ena Em. tymcxy.; (i, O. (M.) pxxmt. minutior mediorufa For. $
min. 7, ídem may. ; S, O. (M.) blandus st. romríensis v. méndozcnsis For. J min. ; 9, ídem <J> mayor.
PUBLICACIONES DEL MUSEO DE LA PLATA
PRIMERA SERIE
Las diversas publicaciones correspondientes á la primera serie, se ha-
llan de venta en el Museo á los precios siguientes :
SECCIÓN ZOOLÓGICA
ANALES
SECCIÓN DE HISTORIA AMERICANA
Primera parte.
Segunda parte .
Tercera parte. .
Pesos
3.00
8.00
6.00
SECCIÓN DE HISTORIA GENERAL
Primera parte ............. 8.00
SECCIÓN DE ARQUEOLOGÍA
Primera parte. .
Segunda y tercera parte. . . .
3.00
3.50
SECCIÓN GEOLÓGICA Y MINERALÓGICA
Primera parte 7.00
Segunda parte 28.00
Tercera parte ............ 21.00
Pesos
Primera parte 4.00
Segunda parte. ........... 18.00
Tercera parte 82.00
SECCIÓN DE PALEONTOLOGÍA
SECCIÓN DE ANTROPOLOGÍA
Primera parte .
Segunda parte.
16.00
10.00
SECCIÓN BOTÁNICA
Primera parte. ........... 16.00
REVISTA
{precio de cada tomo)'
Tomo I agotado
Tomos II á V ........... , 13.00
Tomo VI. 15.00
Tomo VII 20.00
Tomos VIII y IX. ....... . 30.00
Tomos X á XII ........... 13.00
Tomo XIII.. ............ . 5.50
ATLAS GEOGRÁFICO DE LA REPÜBLICA ARGENTINA
Entrega primera, mapa de la provincia, de Catamarca, en cuatro hojas, agotado
PUBLICACIONES DEL MUSEO DE LA PLATA
SEGUNDA SERIE
Las diversas publicaciones correspondientes á la segunda serie, se
bailan de venta en el Museo á los precios siguientes :
ANALES
Pesos m/n
Tomo I, entrega I ........ 8.00
Tomo I, entrega II 35.00
BIBLIOTECA
Tomo I . . . 4.00
Tomo II 8.00
Tomo III . 4.00
REVISTA
Tomo XIV (segunda serie, tomo I) . agotado
Tomo XV (segunda serie, tomo II) 18.00
Tomo XVI (segunda serie, tomo III) . 15.00
Tomo XVII (segunda serie, tomo IV) 12.00
Tomos XVIII á. XX (segunda serie, tomo V á VII) 10.00
Tomo XXII (segunda serie, tomo IX) 10.00
Tomo XXIII (Ia parte) (segunda serie, tomo X) 10.00
355
muy corta, fina y rala. Esta variedad tiene la misma gran talla y forma,
un poco menos convexa del tórax que el tipo de la raza (lig. 1 !), 0-1’).
Nidos. — Fue una mañana de atmósfera, muy pesada, con amenaza
de lluvia, cuando vimos las obreras de esta linda hormiga, cuidando los
capullos de sus ninfas, los que habían desparramado por el suelo, varios
iludios alrededor del nido. Por fuera de éste, hubo solamente obreras
pequeñas, y recién al introducir una sonda en el agujero, se asomaron
también los soldados u obreras mayores.
Dicho nido estaba en suelo arenisco, compacto y libre de vegeta-
ción. No tenía ni cráter, ni residuos por fuera; el orificio era tan estre-
cho que apenas permitía el paso de una hormiga á la vez. Un conducto
único bajaba casi verticalmente, del cual se desprendían otros canalícu-
los ó ramas extendidas en todas las direcciones. Estos canalículos, bas-
tante largos, terminaban por lo general en una cámara subovalar, de 2
á3 centímetros de diámetro máximo, pero alguna vez comunicaban a va-
rias de estas cámaras, quedando entro ellos un espacio corto. La direc-
ción de los eanículos era más ó menos horizontal; en su terminación dis-
tal, se dirigían muchas veces hacia arriba. Nuestro esquema (fig. 20), he-
cho á medida que hicimos la excavación, dará una idea de este tipo de
nulificación.
EXPLICACIÓN DE LAS FIGURAS DE LAS LÁMINAS
Lámina I. — Nido do Phciñolc, licrgi Mayr, visto do arriba y por sección vertical,
dol natural aproximadamente.
— II. — Nido do rimidolc spininodia Mayr, vnr. pcncoscnsis Ford, visto do arri-
ba y por sección vertical. dol natural.
— III. — Túmulo ó cúpula do un nido do Acromyrmcx lobicorni s Ein., var. pen-
cosctisis Forel. */lr del natural.
— IV. — Sección vertical por un nido do Acromyrmcx (Mollerius) Silvestrii Emery.
El esquema al lado completa las cámaras en primer término ; en la
mitad inferior las cámaras con las bongueras ; las dos cámaras inme-
diatas (medianas) con los vegetales frescos acarreados ; en las supe-
riores los residuos y tierra para expedir al exterior. '/„ del natural.
— V. — Cráteres de los nidos do Dorymyrmex cxsangnis Forel. '/, del natural.
— VI. — Cráter de un nido de ForcUiiz cltalybacus Emery y sección vertical por
el mismo nido. */g del natural aproximadamente.
— VII. — Cráter de un gran nido de Forclins ni gr ivenir i 8 Forel, y sección ver-
tical por el mismo nido, construido en suelo arenoso blando. del
natural aproximadamente.
— VIII. Fig. 1. — Kciion (Arómalas) Sirobcli Mayr, cf, aumentado cuatro veces
(a la izquierda arriba la ^ con aumento proporcional).
Fig. 2. — Eciton (Aclimatas) Strobeli Mayr, mayor = (E. nilens Mayr),
aumentada seis veees.
Fig. 3. — Pogonomynnex cnnicularius Mayr, snbsp. pencoscnsis Forel,
$ mayor, aumentada seis veees.
Fig. 4. — Pogonomyrmex o unioularius Mayr, snbsp. pencoscnsis Forel,
(j* aumentado seis veees.
Fig. 5. — Pogonomyrmex inennis Forel, <¡>, aumentada seis veces.
Fig. ti. — Pogonomynnex Brnchi For., snbsp. micans Forel, aumentada
seis veees.
Fig. 7. — Pogonomynnex Bruehi For., snbsp. micans Forel. cf, aumen-
tado seis veees.
jÁ.mi.na IX. Fig. 1. — Pogonomynnex (Epliebomyrmcx) Xaegelii Forel, <J>, aumentada
oolio veces.
Fig. 2. — Cranastogasler quadriformis Kog., snbsp. Hovercloi Forel,
aumentada ocho veees.
Fig. 3. — Cremastogaster Brnchi Forel, <£, aumentada ocho veees.
Fig. 4. — Cremastogaster brevispinosa Mayr, subsp. crucis For., var. car-
minis Forel, <£, aumentada ocho veees.
Fig. 5. — Cremastogaster brevispinosa Mayr, subsp. Moelleri For., var.
tucumanensis Forel, aumentada ocho veces.
Fig. ti. — Cremastogaster brevispinosa Mayr, subsp. Moelleri For., var.
tncnmancnsis Forel, Q , aumentada ocho veees.
Fig. 7. — Pheidolc Bergi Mayr, aumentado seis veces.
Fig. 8. — Pheidole spininodis Mayr, var. pencoscnsis Forel, rif, aumentado
seis veces.
Fig. 9. — Solenopsis Pylddes Forel = S. saevissima Sni., var. Pyladcs Forel,
?¡> mayor, aumentada ocho veces.
Fig. 10. — Solenopsis angulatu Em., subsp. huasanensis Forel, <£, aumen-
tada diez veees.
Fig. 11. — Solenopsis angnlala Fin., snbsp. Carel tei Forel, aumentada
diez veees.
Fig. 12. — Solenopsis angnlata Em., subsp. mendosensis Forel, aumen-
tada diez veees.
Fig. 13. — Solenopsis tennis Mayr, subsp. ll'eiseri Forel, § mayor, aumen-
tada diez veees.
Fig. 14. — Cryptocerus pcltatus Km., subsp. EUcnriederi Forel, ?j>, aumen-
tada ocho veces.
— X. Fig. 1. — Cyphomynncx limosas Spiu., var. pencoscnsis Forel, aumen-
tada diez veces.
Fig. 2. — Acromynnex lobicornis Em., var. pencoscnsis Forel, <£, aumen-
tada ocho veees.
Fig. 3. — Acromynnex (Moellerins) fracticornis For., var. Jocrgenseni Forel,
mayor, aumentada seis veces.
Fig. 4. — Acromynnex (Moellerins) Silvestrii Emery, ?¡> mayor, aumentada
seis veees.
Fig. 5. — Dorymyrmex (Psammomynna) planidens Mayr, aumentada
seis veees.
Fig. (i. — Dorymyrmex (P.) mucronatas Emery, <£, aumentada ocho veees.
Fig. 7. — Dorymyrmex (P.) ensifer Forel, aumentada ocho veees.
Fig. 8. — Dorymyrmex ( P.) Brnchi For., var. ebeniua Forel, <¡?, aumentada
diez veees.
357
Fig. 9. — Dorymyrmcx (Conomyrma) brcviscapis For., var. Carettcoiács
Forol, ?¡>, aumentada dio/, voces.
jÁmina XI. Fig. 1. — Dorymyrmcx allwnigcr Forol, 9> aumentada ocho vw.cn.
Fig. 2. — Dorymyrmcx (V.) cxsangnis Ford, aumentada ocho voces
(en alcohol).
Fig. 3. — Dorymyrmcx (C.) exsanguis Forel, Q , aumentada seis veces.
Fig. 4. — ■Dorymyrmcx (C.) cxsanguis Forel, (f, aumentado ocho veces.
Fig. 5. — Dorymyrmcx (C.) thoracicus Sant.schi, <£, aumentada ocho veces.
Fig. 6. — Dorymyrmcx (C.) pyramicns (Rog.), subsp. brunneus Forel,
aumentada ocho veces.
Fig. 7. — Forelins chalybacus Em., subsp. albivcnlris Forel, aumentada
diez veces (en alcohol).
Fig. 8, — Forelins chalybacus Em., subsp. graváis Forol, <£, aumentada
ocho veces.
Fig. 9. — Forelins nigriventris Forel, aumentada ocho veces.
— XII. Fig. 1. — Forelins chalybacus Emery, Q?, aumentado diez veces.
Fig. 2. — Forelins chalybacus Em., subsp. granáis Forel, 9 > aumentada
ocho veces.
Fig. 8. — Brachymyrmcx longicornis Forol, aumentada diez veces (en
alcohol).
Fig. 4. — Camponotus (Myrmoturba) punctulatus Mayr, ?¡>, minor, aumen-
tada seis veces.
Fig. 5. — Camponotus (Myrmoturba) punctulatus Mayr var. anáigena
Emery, mayor, aumentada seis veces.
Fig. G. — Camponotus (Myrmoturba) punctulatus Mayr, subsp. minutior
For., var. meáiorufa Forel, ^ minor, aumentada seis veces.
Fig. 7. — Camponotus ( Myrmoturba ) punctulatus Mayr, subsp. minutior
For., var. meáiorufa Forel, mayor, aumentada seis veces.
Fig. 8. — Camponotus (Myrmocamclus) blanáus Sin., subsp. rosariensis
For., var. menánzensis Forol, ^ minor, aumentada seis veces.
Fig. 9. — Camponotus (Myrmocamclus) blanáus Sm., subsp. rosariensis
For., var. menáozensis Forel, mayor, aumentada sois veces.
ÍNDICE
Datos sobro las sales do alúmina en la vegetación, por María Luisa Coba-
nera 7
Datos analíticos do la yerba mato y sus falsificaciones, por el doctor Enri-
que Herrero Ducloux y el sofior Leopoldo Herrero Ducloux 121
Contribución al conocimiento do los «Corros do Rosario» con sus yacimientos
do mica do la provincia do San Luis, por M. Kantor. 164
jStudes anthropologiques sur les indiens Ona (groupe Tshon) do la Torre de
Feu, par lo docteur R. Lehmann -Nitsche 174
Kc.lovamicuto antropológico de una india Yagan, por el doctor R. Lehmann-
Nitsche 185
Relevamionto antropológico de dos indias Al acal uf, por el doctor R. Leh-
mann Nitsche 188
Relevamieuto antropológico de tres indios Tchuelche, por ol doctor R. Leh-
mann-Nitsche 192
Noticia sobre una urna antropomórlica del vallo do Yocavil (provincia do Ca-
tamarca), por Salvador Debenedetti 196
Nota sobro ol agua hedionda do la Quebrada do Hunco (provincia do San Juan),
por Enrique Herrero Ducloux 206
Un nuevo gorgojo del Prosopanche (Oxycorynus parvulus Bruch), por Carlos
Bruch 231
Doscrlption dos oluvloornos nouvonnx di' la, Rópublli|uo Argentino, par A.
Grouvolle 234
El problema, do las inundaciones en Andalgalá (provincia do Catamarca), por
M. Kantor 257
Aguas termales do Cnimnncito (provincia de Jujuy), por el doctor Enrique
Herrero Ducloux 270
Botones labiales y discos auriculares do piedra procedentes do la región norte
de la desembocadura del Río Negro (Patagonia septentrional), por Robei t
Lehmann-Nitsche 285
Contribución al estudio do las hormigas do la provincia do San Luis, por
Carlos Bruch 291
This preservation photocopy was made
at BookLab, Inc. in compliance with copyright law.
The paper meets the requirements of ANSI/NISO
Z39.48-1992 (Permanence of Paper)
Austin 1996