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MUSEO DE LA PLATA
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TOMO XXV
(THUCKKA SKIÍIH, TOMO l)
RUENOS AIRES
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TOMO XXV
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INSTITUTO DUO MU SU O
Personal directivo y científico
Director , Jefe fiel Departamento <le arqueología y etnografía y profesor
Doctor Luis María Torres
Jefe <lel Departamento de antropología y profesor : doctor Roberto Lelimann-
Nitsclie.
Jefe del Departamento de geología y mineralogía y profesor : ingeniero Moisés
K autor.
Jefe del Departamento de paleontología (vertebrados) y profesor : doctor Sant ia-
go llotli.
Jefe fiel Departamento de paleontología (invertebrados) y profesor : doctor Eduar-
do Carette.
Jefe honorario del Departamento fie zoología : doctor Carlos Brucli.
Profesor de anatomía comparada y zoología : doctor Miguel Fernández.
— de botánica y microg rafia vegetal : señor Angusto C. Scala.
— de arqueología : doctor Salvador Debenedetti.
— de cartografía : ingeniero Nicolás Besio Moreno.
— suplente de zoología : señor Horacio Ardi ti.
Secretario-bibliotecario : señor Maximino de Barrio.
VI
Académicos honorarios y correspondientes nacionales
ACADEMICOS I IONOKA lí IOS
ARGENTINOS
Doctor Angel Gallardo (Buenos Aires), 1 007 .
Doctor Carlos Spcgazzini (La Plata), 1912.
EXTRANJEROS
S. A. S. Albert 1 de Monaco, 1910.
Doctor Eligen Biilow Wariniug (Dinamarca), 1907.
Profesor William 11. Holnies (Estados Unidos), 1907.
Doctor Otto Nordenskjold (Suecia), 1907.
Doctor Santiago llamón y Cajal (España), 1907.
Doctor Joliannes llanke (Alemania), 1907.
Profesor Eduard Suess (Austria-IIungría), 1907.
Doctor Enrico Ilillyer Giglioli (Italia), 1909.
Profesor Frederic Ward Putnain (Estados Unidos), 1909.
Doctor Wi 11 ia in Jacob Ilolland (Estados Unidos), 1912.
ACA HÚMICOS GOlílíESlñ INDI ENTES
ARGENTINOS
Doctor Francisco Eatzina (Buenos Aires), 1907.
Doctor Miguel Cilio (Tncuinán), 1907.
Ingeniero Francisco Seguí (Buenos Aires), 1907.
Doctor Carlos Brucli (La Plata), 1920.
EXTRANJEROS
Doctor llcnrv Fairlield Osborn (Estados Unidos), 1907.
Doctor Hermana von Lhering (Alemania), 1907.
Doctor Yosliikiyo Koganei (Japón), 1907.
Doctor Gusta v Steinmann (Alemania), 1907.
Profesor J. Wardlaw liedway (Estados Unidos), 1907.
Doctor Hudolf Martin (Suiza), 1910.
Doctor Stanislas Meunier (Francia), 1910.
Doctor Giuseppe Sergi (Italia), 1907.
AhVlíltT UNCIA
Encontrándose vacante la dirección del Museo por fallecimiento del
doctor don Samuel A. Lafonc Quevedo, ocurrido el 18 de julio de 1Í120
en la ciudad de Tjs». Plata, el honorable Consejo Superior de la Universi-
dad me designó para dicho cargo, con fecha 18 de agosto del mismo año.
Los estudios científicos, en las diversas especialidades, que debían
componer el tomo XXY estaban, en parte, ya entregados a la imprenta
cuando sobrevino el fallecimiento del señor Lafone Quevedo, de manera
<pie mi primera medida, en lo que se refería a las publicaciones oficiales
del Museo, fue la de dar orden de impresión y acelerar, en lo posible,
la aparición del presente tomo, que encabezaría la tercera serie de la-
revista.
Las memorias que lo forman pertenecen a los señores jefes de depar-
tamento y profesores del instituto que dirijo, y mantienen el interés e
importancia que por lo general han revestido las investigaciones cientí-
ficas del Museo de La data.
Tengo el propósito de dedicar la mayor atención a estas publicaciones,
tratando de que ellas respondan o sean una consecuencia del desarrollo
metódico de las nuevas investigaciones en todas las ramas de las cien-
cias naturales en nuestro país, y en las que tendrán cabida aquellas
contribuciones de pura técnica o de nueva interpretación que proven-
gan de especialistas que trabajan fuera del país pero que se ocupan pre-
ferentemente de nuestros problemas.
Como lo he expresado en la Memoria (pie he tenido el honor de elevar
a la presidencia de la Universidad, y que se encuentra impresa al final
del presente tomo, trataré de proseguir la publicación de los Anales, in-
corporando a ellos los estudios científicos de un carácter general, de in-
vestigación definitiva o agotadora sobre todo tema que responda, estric-
tamente, a alguna de las series que las forman actualmente. Con mayor
interés, si cabe, editaré la Revista que, como se ha dicho, inicia hoy su
serie tercera ; con el mismo carácter que ha mantenido hasta el presen-
VIII
te, sin restricción alguna, y extendiendo en lo posible su difusión me-
diante el aumento de la tirada aparte para atender a las crecientes nece-
sidades del canje en las respectivas especialidades.
Y, por último, como una consecuencia del catálogo y del perfecciona
miento de la exhibición de las colecciones en todos los departamentos,
publicaré la (luía, que tanta falta siempre lia hecho y que hoy es nece-
sario entregar al público atento e interesado en conocer algunas expli-
caciones sobre los materiales que guarda el establecimiento.
K1 honorable Consejo Académico del Museo, constituido por todos sus
profesores, ha dispuesto, en la sesión del 15 de agosto de 1020, lo rela-
tivo del homenaje a la memoria de su ex director doctor don Samuel A.
1 aifone Quevedo.
A más del retrato que debe colocarse en el salón de la dirección, enco-
mendó al profesor doctor don Salvador Debenedetti y al que subscribe
la redacción de una noticia bio-bibli ográfi ca que haga conocer la incl ití-
sima obra del señor Lafone Quevedo. Resolvió, asimismo, que se publi-
caran, a continuación, los discursos pronunciados en el acto del sepelio.
Dada la urgente necesidad de dar el tomo a la publicidad, por estar
totalmente impreso, y detenida la redacción de la noticia por ausencia
del doctor Debenedetti que viaja en misión oíicial de estudio al norte del
país, sin conocerse con precisión la fecha de su regreso, he tratado de
reunir los datos más conocidos de la vida del ex director para cumplir,
en su lugar y en lo posible, con lo dispuesto por el Consejo.
Para que el conjunto de memorias originales de este tomo respondie-
ra al homenaje que se deseaba tributar, sólo se han admitido trabajos
del personal científico del Museo de La Plata : descripciones, clasifica-
ciones, etc., que se refieren a materiales y observaciones logrados por
sus autores en las diversas investigaciones emprendidas durante la ad-
ministración del doctor Lafone Quevedo.
Luis Ma Toninos,
Director.
La Plata, 27 de diciembre do 1920.
I(" SAMUEL A. L AFON 15 OUEVEIM»
diuiüctok Dicr, musko (1 !)0(i-l!)20)
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Después de una lenta y penosa dolencia el doctor Samuel A. La Tone
Quevedo falleció en la ciudad de La Plata, el 18 de julio dé 1920.
Había nacido el señor Lafone Quevedo el 28 de febrero de 1835, en
Montevideo, bajo la expatriación, pues su familia, se encontraba radica-
da en la República Argentina.
En 1850 se trasladó a Inglaterra, donde pasó varios años vinculán-
dose a distinguidas familias, y siguiéndolos cursos en la Universidad de
Cambridge obtuvo el título de Master of Arta.
Con una adecuada ilustración literaria, histórica y filológica, con sus
maneras cultísimas, propias de todo caballero amigo de la sociedad, el
señor Lafone volvió a Oatamarca, con la. intención de dedicarse a los
negocios y proseguir sus lecturas predilectas, y acaso intensificarlas aún
más, y dirigirlas hacia, la investigación del pasado americano.
Permaneció en aquella, provincia don Samuel — como todo el mundo
le llamaba — más de cuarenta años. Las atenciones del extenso dominio
territorial de sus padres le obligaban a recorrer aquellos valles de Cata-
marca y Tucumán, con suma frecuencia; a tratar con sus habitantes y
como consecuencia, a conocer los orígenes y la. vida actual de otros cen-
tros de población, hoy todavía modestos villorrios : Andalgalá, Belén,
Pilciao, después de aquella famosa Londres de Oatamarca.
Durante esos viajes empezó a recoger los abundantes materiales que
utilizaría luego para sus primeros ensayos de carácter arqueológico y
etnográfico, y al seleccionar sus elementos de información bibliográfica
el señor Lafone Quevedo encontró en el estudio de las lenguas indíge-
nas la. base más importante para sus futuras interpretaciones de clasi-
ficación étnica. Desde este aspecto de los estudios americanistas debe,
considerarse, con justicia, al señor Lafone Quevedo, como el precursor
argentino más autorizado.
IIKV. MUS. LA PLATA.
T. XXV
b
X
Conquistada por el esfuerzo personal, una respetable reputación, lo
vemos vinculado al grupo más distinguido de los historiógrafos argenti-
nos. Amigo y colega de Mitre, Y. F. López y A. Lamas, y colaborador en
las principales revistas históricas «pie circularon en buenos Aires en los
últimos cuarenta años. A este respecto la contribución original de este
autor es seria y proficua.
Dedicó su atención a comparar los textos de nuestros primeros cro-
nistas, a ilustrarlos basándose en nuevos documentos originales, proce-
dentes de los archivos de las provincias del norte argentino y aun con
los que, en copias, procedían de hispana y se reunieron en las coleccio-
nes de varios estudiosos y aficionados. El mismo poseía una hermosa bi-
blioteca americana.
Las migraciones de los pueblos indígenas de la época del descubri-
miento y conquista quedaron explicadas, en lo posible, por esas investi-
gaciones del señor Lafone Quevedo; y muchos otros problemas históricos
y lingüísticos, como el de la lengua de los diaguitas, que pudo determinar
a base de textos auténticos. La máxima parte de sus investigaciones las
comunicaba a la junta de Historia y Numismática, déla que fue su vice-
presidente.
Con el apoyo de Mitre y López el señor Lafone Quevedo se entrego
con grande entusiasmo a los estudios lingüísticos, utilizando las ricas
librerías particulares de tan ilustres patricios, hasta, que fué acogido con
alta deferencia e incorporado al Museo de La Plata, por su fundador el
doctor Francisco P. Moreno. El señor Lafone fué encargado de la sección
de estudios lingüísticos.
Poco tiempo después, fue designado profesor de arqueología america-
na en la Facultad de filosofía y letras de la Universidad nacional de
buenos Aires, 181)8; director del Museo de La Plata en 11)00 y doctor
honoris causa, de la Universidad de Dueños Aires, en 1910.
Su constante y activa labor de investigador fué el origen de una abun-
dante contribución escrita. La noticia bibliográfica que se agrega a con-
tinuación de estas páginas, pueden ilustrar al respecto, y en la «pie se
destacan las monografías etnográficas y lingüísticas.
Durante los últimos quince años, dos fueron las tareas más arduas
y difíciles que atendió con puntualidad ejemplar y un interés siempre
renovado : la enseñanza de la arqueología americana en la Facultad de
letras de la Universidad de buenos Aires y la dirección del Museo de
La Plata.
Ya han expresado su juicio con nobleza los jóvenes estudiantes que
escucharan sus lecciones. « El profesor Lafone Quevedo era sencillo —
dicen — sin vanas presunciones ni ridículos estiramientos; reuníase con
sus alumnos, los días de clase, en una de las salas subterráneas del
Museo etnográfico de la Facultad de filosofía y letras, y, sentados todos
XI
alrededor de una mesa que llenaba de libios, mapas y restos fósiles,
para ilustrar la explicación, desenvolvía su clase departiendo familiar-
mente con aquéllos. Sus lecciones eran verdaderas conversaciones entre
profesor y alumnos, las que nunca dejaba de matizar con reminiscencias
personales, ocurrencias chistosas o anécdotas de personajes históricos
que conociera y tratara en el transcurso de su larga vida.
El aspecto venerable que le daba su edad avanzada, su índole natu-
ralmente bondadosa, sus modos familiares y su palabra siempre amable,
dábanle, sobre todo en los últimos tiempos, más apariencia de padre o
de abuelo impartiendo consejos a su prole reunida, que de catedrático en
el sentido magistral de la palabra. »
La tarea directiva en el Museo de La Plata le trajo siempre grandes
preocupaciones, un tanto inadecuadas para su edad. No obstante, tan
grave inconveniente el señor Lafone Que vedo supo afrontar las vicisi-
t udes de la vida del Museo con confianza y acertadamente, impulsando,
en lo posible, su desarrollo progresivo. Fomentó con marcado interés los
estudios del pasado americano.
Habiéndonos referido en la «Advertencia» a los homenajes que se
han de tributar por disposición del honorable Consejo Académico del
Museo, agregamos a continuación los discursos en el orden que fueron
pronunciados en el acto del sepelio, que tuvo lugar en el cementerio de
La Plata, la mañana del líl de julio, después de realizados los servicios
religiosos en la iglesia de San Policiano de dicha ciudad.
L. M. Torren.
DISCURSO DEL DOCTOR LUIS MARÍA TORRES
Señores :
En nombre del señor vicepresidente de la Universidad, del personal
del Museo de La Plata y de la Junta de historia y numismática ameri-
cana de Buenos Aires, vengo a rendir ante estos despojos mortales de
don Samuel Lafone Quevedo, el más sentido homenaje de respetuoso
afecto.
Días tristes van corriendo para el Museo. Las diversas y difíciles cir-
cunstancias que han mediado en su desenvolvimiento durante estos úl-
timos años, como lo habrán experimentado, seguramente, la máxima
parte de las instituciones de la misma índole, y la penosa y prematura
desaparición de algunas vidas, tan vinculadas al progreso de las cien-
cias naturales en la Argentina, han acrecido nuestro dolor y nos hacen
recelar del porvenir.
XII
Los que acariciamos análogos propósitos de cultura (pie aquellos que
iniciaron los estudios de la naturaleza y el hombre americano en nues-
tro país, no podemos olvidar la obra de Francisco P. Moreno: su ar-
diente y extraña actividad, sus ideales, francamente dirigidos por los
más nobles sentimientos de patria y humanidad.
V hemos comprendido también que al poderoso impulso de su carác-
ter — fundido al calor de las más singulares interferencias de sentimien-
tos espontáneos — lia podido definir su acción en dos o tres hechos que
son ya capítulos de la historia argentina.
Don Samuel A. La fono Quevedo, que contaba en la época de la fun-
dación del Museo, con una apreciable ilustración y un grande entu-
siasmo por el estudio de los problemas del pasado americano, fue amigo
y desde los primeros momentos, puede decirse, colaborador de Moreno;
colega de Mitre y de Vicente Fidel López en las investigaciones lingüís-
ticas, y vinculado a los más ilustres historiógrafos del Río de la Plata.
Argentino de tradición y voluntad; pioneer en muchas empresas que
imdieron dar mayores atractivos a la explotación de las riquezas extrac-
tivas de nuestros territorios preandinos, y en el orden de las investiga-
ciones étnicas e históricas el más escrupuloso continuador de las ten-
dencias de su tiempo.
Espíritu activo, sagaz y atrayente; voluntad dirigida con tesón hacia
sus propósitos de investigador original.
Los estudios históricos, etnográficos y lingüísticos fueron temas cons-
tantes de sus elucubraciones. En ellos se ejercitó y descollaba después
de haber llegado n> la madurez, ya en plena posesión de los conocimien-
tos fundamentales, adquiridos en su larga estada en Inglaterra, bajo la
disciplina de la Universidad de Cambridge. Allí, en sus claustros, re-
cogió Lafone Quevedo, la instrucción y educación de todo caballero
inglés.
Lecturas de viajes y arcaicas crónicas relativas a empresas religiosas
y militares por América, en las que se enaltece, a justo título, la abne-
gación de los misioneros que vivieron entre los salvajes, influenciaron el
espíritu de Lafone, definieron su tendencia, y con caracteres muy acen-
tuados toda su producción científica.
Desde que se incorporara al personal técnico del Museo, como encar-
gado de los estudios lingüísticos, y durante su actuación como profesor
de arqueología americana en la Facultad de filosofía y letras de Buenos
Aires y de lingüística en la de La Plata, no interrumpió el desarrollo de
sus pacientes investigaciones. (Jomo demostración del respeto (pie inspi-
raron sus afanes y fatigas, las autoridades universitarias y el gobierno
de la Nación le estimularon y distinguieron repetidas veces, designán-
dole representante oficial en diversos congresos de americanistas.
El señor Lafone Quevedo ha cumplido su misión de maestro con sin-
XIII
cera convicción; tendiendo siempre a lo nuevo o revelando lo sencillo y
útil en el género de sns conocimientos.
Discurría en.sus materias predilectas con vivacidad, atraía por los
fundamentos que lo guiaban y por la amabilidad de sus juicios o afirma-
ciones. Analizaba con propiedad, mas no era muy dado a las grandes
construcciones.
Y como concepto esencial, derivado de su estilo y educación, tenía un
criterio positivo de las calidades, acciones y glorias del hombre, sin de-
jar de reconocer valor romántico, al orgullo de los linajes.
Así como muchos de los viejos señores de antaño en nuestro país,
filé don Samuel, católico de conciencia, pero discreto en sus pronuncia-
mientos de orden religioso, vale decir, sin intolerancias ni rigideces.
Fue ésta, entre las tendencias de su espíritu, la característica más fran-
ca de su personalidad, y en la intimidad de su trato — allá en su vieja
casona de And al gala — se advertían, detalle tras detalle, todos sus mé-
ritos y virtudes.
Para nosotros, los que lo liemos visto y conocido en sólo un sector de
su prolongada existencia, podemos reconocer unos y otros merecimien-
tos, y pedir para el anciano maestro, con las palabras de sus propias y
habituales oraciones, juicio sereno y paz en su tumba.
DISCURSO DEL DOCTOR SALVADOR DK1J10NEDBTT1
Señores :
La. Facultad de filosofía y letras de la Universidad nacional de Híle-
nos Aires, me ha confiado la dolorosa misión de representarla en esta
hora de su íntimo duelo, y despedir, frente a las puertas de la eternidad,
a este venerable maestro.
Filé hasta ayer el doctor Lafone Quevedo la reliquia superviviente de
aquella reducida falange de investigadores que marcó una etapa y ca-
racterizó una fase de nuestro desenvolvimiento científico.
Cuando la Facultad de filosofía y letras abrió sus aulas al desinterés
de los estudiosos, llamó al doctor Lafone Quevedo para ocupar la cáte-
dra de arqueología americana, materia que, por primera vez, iba a ocu-
par un lugar en nuestros programas universitarios. En este sentido,
puede afirmarse «pie fué su verdadero fundador.
Traía consigo un envidiable bagaje científico, reunido con su propio
esfuerzo, resultante de la investigación personal y de la afanosa obser-
vación directa de los hechos en su ambiente originario; tenía anteceden-
tes impecables de honradez en el estudio, de tenacidad en la disciplina
y de constancia en el trabajo; sus sospechas, sus ideas, sus conclusio-
XIV
nos diseminadas en sus valiosas publicaciones constituían la mejor ga-
rantía y eficacia para ilustrar y desarrollar la nueva ciencia que a sn
dirección se confiaba. Por ello, la Facultad de filosofía y letras, le llamó
y le puso en posesión de la cátedra que dictó siempre con el mismo en-
tusiasmo, con la sana energía y con el mismo sereno optimismo, hasta
pocos días antes di*, morir.
Dedicado por entero al estudio y a la enseñanza desplazó y suplantó
con profunda e íntima convicción los llamados valores de la vida redu-
ciéndolos todos a una forma única: el amor a la ciencia, liba lo llevó a
enseñar, encaminar, trazar rumbos y marcar pautas que se liarán tanto
más visibles cuanto más hondo sea el análisis — (pie alguna vez tendrá
que practicarse — de nuestras ciencias.
Allí deja como legítimo y sólido legajo a las generaciones presentes
y venideras su sabia producción de carácter lingüístico, arqueológico e
histórico, fuentes inevitables para todos los que quieren beber nuestras
cuestiones de americanismo.
La muerte sorprende al anciano maestro en plena labor; ni el peso de
los largos años, ni las vicisitudes del tiempo habían mellado su alma,
conservada hasta ayer con la frescura de una edad juvenil. Este hombre
extraordinario proyectaba, todavía, como si la eternidad fuera inherente
a sn naturaleza, seguir por nuevas y desconocidas rutas hacia la solu-
ción de los complicados problemas de las afinidades de los idiomas ame-
ricanos.
Fue la preocupación de sus últimos días establecer en forma definiti-
va el lugar geográfico donde las correlaciones lingüísticas se acentuaron
con mayor intensidad y donde podría sospecharse la cuna desde la cual
se inicióla dispersión de las estirpes americanas.
A la especulación, fruto del paciente estudio en el gabinete, unía
la experiencia de largos viajes ; buscando los secretos de nuestros
solitarios valles y montañas penetró en el alma de nuestras civili-
zaciones muertas y quiso reconstruirlas manejando sus restos dislo-
cados.
Sus continuadores podrán sorprender alguna falla en los métodos <»
conclusiones seguidos por el doctor Lafone Quevedo, pero lo que siem-
pre ha de aparecer en el conjunto de su obra multiforme es la sana sin-
ceridad de sus investigaciones y la indiscutible buena intención en el
propósito.
lloras vendrán de justicia en que se pondrán en claro los valimentos
de este muerto ilustre cuya vida, puesta al servicio de una idea, es para
nosotros un ejemplo.
La Facultad de filosofía y letras pierde con el doctor Lafone Quevedo
a uno de sus viejos y sabios profesores; sus discípulos, al perder su amor
y su consejo, recogen su nombre y sn enseñanza con toda veneración.
XV
En nombre de la Facultad, en nombre de su alumnado, doy el último
adiós al maestro y vaya en la cálida, doloroso e intensa despedida toda
nuestra amorosa ofrenda.
DISCURSO DEL, DOCTOR AREL SÁNCHEZ DÍAZ
Señores :
Ante las exequias del doctor Lafone Quevedo, la Facultad de ciencias
químicas no puede dejar de rendir el merecido homenaje a que él se hizo
acreedor. La Escuela de química y farmacia de nuestra institución uni-
versitaria platease funcionó durante catorce años como parte integrante
del Museo, mereciendo siempre, del que hasta ayer fue su director asi-
duo, el apoyo más decidido y los nobles afanes en favor de la evolución
y desarrollo de aquélla. No cabe, pues, suponer (pie dicha, escuela, eman-
cipada hoy como un organismo independiente dentro de la Universidad,
eche en olvido tan generosa protección y por ello levanto mi voz en este
recinto asociando la Facultad, cuya representación se me confiara, a las
honras que se tributan a quien en vida fué tan alto ejemplo de laboriosi-
dad, de respeto, de hombría de bien.
No he de examinar su vasta obra como arqueólogo y lingüista, ni seña-
lar su biografía (pie tantos rasgos propios y destacados ofrece en las múl-
tiples tareas que abordó desde su juventud; no he de seguirlo a través
de su vida en Cambridge, que alguna vez me relatara, y cuya Universi-
dad llegó a estamparle ese sello de fina aristocracia que usara siempre
en sus modales, ni he de detenerme a referir los prestigios que le rodea-
ran en su querida Andalgalá, donde su figura consular parecía agran-
darse hasta la altura de los elevados picos de su Catamarca inolvidable.
Pero no puedo silenciar algo que, por ser más íntimo, es de mayor
valor. Durante más de dos años y medio trabajé a su lado en la secreta-
ría del Museo, y ese trato diario, esas conversaciones repetidas sin que
la más suave observación rozase tan grata armonía entre nosotros, me
permitió conocerla esquisitez de su alma y la bondad de su corazón: ahí
tincaban, acaso, sus mejores cualidades, y llegué a quererle; disculparéis,
entonces, señores, la emoción natural (pie pongo en mis palabras.
La evolución constante que se opera en el mundo en que vivimos nos
proporciona ineludiblemente situaciones tristes como la presente en que,
por rara coincidencia, son varios espíritus jóvenes los que de viva voz
han de despedir al « viejo don Samuel » — tan querido y respetado —
mi su viaje a, la eternidad.
Se extinguió ya aquella, figura inconfundible que cruzaba el Bosque,
aquel octogenario que, ágil y fuerte hasta hace poco tiempo aún, mar-
XVI
ohaba con sil paso rítmico, su ligera inclinación hacia adelante, sus bra-
zos recogidos y su infaltable paquete de libros y periódicos mal liados,
tan lleno de afabilidad que no le abandonó nunca la dulzura, tan modesto
siempre que no vislumbró jamás la vanidad...
¡ Bien merece la paz de los cielos quien supo ser trabajador infatiga-
ble, quien poseyó virtudes indiscutidas, quien pudo despertar tan hon-
dos afectos !...
msoiiRso mu, inckmiouo Nicolás ijhsio moruno
Señores :
También la Sociedad Científica Argentina ha querido asociarse a este
duelo público en que nos coloca la muerte de Samuel Lafone Quevedo.
¡ No ha sido la Sociedad Científica, la menos favorecida por la labor
insigne y desinteresada de este buen espíritu y excelente hombre !
focas veces observamos que la muda segadora que cortados humanos
hilos, deja con toda prudencia prolongarse una vida útil, sana y honesta
como en este caso de Lal'one, quien cuanto más parecía acosado por los
años, tanto más se donaba al trabajo y a sus funciones con infatigable
tesón.
Los últimos meses de su vida debían ser atormentados por el áspero
conflicto de la Universidad «pie tanto amara y que sirviera con asom-
brosa energía, como el funcionario ejemplar por excelencia; todas las
fuerzas de su espíritu, todas las energías de su mente, todo cuanto podía
dar lo daba por la cara institución y jamás vimos que, a pesar de sus años
pudieran atajarlo para cumplir sus deberes en la gran casa, ni las incle-
mencias del tiempo, ni los achaques de la edad, ni la importancia o res-
ponsabilidad de los problemas que se debieran afrontar. Todos los epi-
sodios del conflicto repercutían en él con una intensidad dolorosa, y así
estaba en constante pesadumbre, desde que la armonía y la tranquilidad
de las aulas aparecieron resentidas y quebrantadas.
¿Qué otras vidas podrán ostentarse como ésta tan llenas de incesante
labor ?
Cuando la era de prosperidad nacional se derramaba sobre el país, in-
vadiéndolo todo y' arrancando a los propios estudiosos de su labor, para
obligarlos a intervenir en los múltiples problemas de la vida colectiva,
don Samuel continuaba silencioso en su labor obscura y la Sociedad
Científica lo encontraba siempre, desde los. años de su fundación, en
1805, hasta ahora mismo, dispuesto a las actividades desinteresadas,
indiferente a los desbordes de la época.
Ilecorred los 80 tomos de los Anales de la Sociedad y veréis cuán
XVII
pocos nombres llenan sus páginas más que el de Lafone Quevedo. Por
eso le lionra la Sociedad y por eso está presente por mi voz.
Mn Inglaterra, donde hizo sus estudios, toda la austera, severidad de,
ese gran pueblo, había resonado en su espíritu como las claras linfas del
arroyuelo retratan el innúmero rodar del celeste cortinado, sin esfuerzo
alguno y como el pulimentado espejo ante el espectáculo que presencia;
y eso le había quedado como una marca indeleble, como una arista pode-
rosa de su personalidad, mesurada y (irme.
Si tanto no hubiera disminuido el respeto actual por la ancianidad,
habría sido más que nadie un director espiritual de las generaciones,
por su serena discreción y por su diafanidad; pero la humanidad está
disgustada por el rumbo que ha tenido su gobierno en el siglo, y parece
ahora que buscara substituir la ruta de la experiencia por la de los idea-
les, y el ejemplo de los hechos pasados por nuevas armonías de las con-
ciencias basadas en una más pura igualdad y en su sentido más noble-
de la libertad y de la justicia, para todo lo cual hubiera sido éste un
buen aliado.
Su vida no fue un incendio avasallador, si no el dulce calor del hogar
íntimo, en cuyo derredor se junta la familia, en las horas de la vigilia,
para cimentar y acentuar la unidad afectuosa del pensamiento común y
sonreír ante los estragos de la vida, y las asechanzas de la fortuna. Por
eso su recuerdo es amable y será duradero como será duradera su labor
científica, basamento seguro de los estudios lingüísticos americanos, en
los cuales su obra quedará como un reguero de luz inextinguible.
Ahora que ha llegado al sueño amoroso, al sosiego de su vida suce-
derá el sosiego ininterrumpido de la muerte, y se reposará en la paz
profunda que, como compensación de las inquietudes de la vida que nos
ofrece la existencia, nos reserva ella misma para broche fi nal y seguro y
para refugio placentero. Cuanto más sella combatido y se está dispuesto
a, combatir en el dulce mundo, tanto más se aquilata y engrandécela paz
y la bienandanza de la dulce muerte, que para Lafone aparece como el
final de un viaje de hermoso objetivo y bien dirigido.
Bibliografía del doctor Samuel A. Lafone Quevedo M. A. (Cantab.) '
188]. Las -huías I rías de la Provincia <lc Calamorra, por Federico Schicken-
dan fez y Samuel A. Lafone Quevedo. (Publicación oficial). (13 (I) pá-
ginas, Catamarón.
1883. Observaciones sobre la Memoria histórica >/ descriptiva de la Provincia de
Tncnmdn , por Paul ( íroussac , en Diario 141 ('relíenle, Catamarón.
'■ La enumeración de los trabajos del autor que nos ocupa lia sido preparada por
el señor M. de Barrio secretario del Museo.
XVIII
1888. Londres y Catamarca. Cartas a La Nación, 1883-1884 y 85. (Con
apéndices y un mapa histórico), XV (1), 408 páginas, Buenos Aires.
I 890. Catamarca , en Diario Los Andes, Mendoza : reproducido en el diario La
Nación (16 de abril), Buenos Aires.
1890. Notas arqueológicas a propósito de un objeto de arte indígena, en Anales
del Museo de La Plata, sección Arqueología, 13 (3) páginas en folio,
La Plata.
1890-1891. La lengua Moco vi según el padre Francisco Tarolini. Manuscrito en
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DON SAMUEL A LAFONE QUEVEDO
EN 1918
ARQUEOLOGÍA DE LOS VALLES ORIENTALES
I)E LA PROVINCIA DE SALTA
(DEPARTAMENTO DE ROSARIO DE LA FRONTERA)
Pon LUIS MARÍA TORRES
I
Eli I as diversas excursiones que lie realizado por los pintorescos va-
lles del sudeste de la provincia de Salta, durante las vacaciones de in-
vierno de 1917 y 1918, traté de reunir noticias sóbrela existencia de
yacimientos arqueológicos, y hasta practiqué varios reconocimientos
en el terreno, siguiendo, con preferencia, el curso del río Rosario,
así como algunos desmontes artificiales destinados a nuevas obras de
riego y embalse, tan necesarios para la vida de las poblaciones de aque-
llos valles.
No debe decirse, por ahora, que la dilatada comarca que se extiende
desde la villa de Rosario de la Frontera hacia el este y aun al norte,
haya sido explorada desde el punto de vista arqueológico.
.Por dicha razón, las noticias que he logrado recoger y confirmar en
varios casos con hallazgos interesantes, pueden permitirme este princi-
pio de estudio y enunciación de algunos problemas arqueológicos, sobre
la. base de observaciones asociadas a los mismos hallazgos que, sin duda,
constituyen un conjunto apreciable para el conocimiento de las pobla-
ciones indígenas que habitaron nuestro territorio antes y durante la do-
minación hispánica. Estas apreciaciones se fundarán, exclusivamente,
en los restos de sus respectivas culturas.
Deseo dejar establecido, asimismo, que no pretendo atribuir a la serie
de elementos do que dispongo para esta breve descripción e interpreta-
ción, la importancia de serié de valor diagnóstico absoluto, y en cuanto
REV. MUSEO LA PLATA. — T. XXV 1
2
a la ilustración o comentario bibliográfico, que lo reduciré a términos ade-
cuados y admisibles para un propósito de preliminar esclarecimiento so-
bre las relaciones arqueológicas temporarias limítrofes entre las cultu-
ras generalizadas en las regiones andina y eliaqueña.
Y como no puede negarse el interés de toda suma de observaciones
logradas en el propio sitio de los hallazgos, me apresuro a desarrollar
este tema teniendo en cuenta la dirección de la enseñanza de nuestra
materia en la Facultad de filosofía y letras de la Universidad de Bue-
nos Aires.
II
El río Rosario, como los principales cursos de aguas de aquella región
del país, corre por entre terrenos de transporte y entre valles y que
Fig. 1. — Mapa clol territorio argentino. Con un punto
negro se indica la zona de los hallazgos
bradas cubiertos de una vegetación subtropical variada y de hermoso
colorido, bien conocida en sus caracteres particulares y en las plantas
útiles al hombre indígena por las descripciones de Miguel Lillo, Ednar-
3 —
«lo L. ULolmberg, Eric Boman y las misiones científicas de Erland Bor-
«leuskióld y G. de Créqui Montfort-E. Sénéclial «le la Gran ge.
A «lie:., kilómetros, sobre poco más o menos, en dirección norte nor-
oeste de la villa de Rosario de la Frontera lo cruza el camino general
«pie conduce a Santiago del Estero y que, ante todo, facilita el acceso a
las renombradas termas de dicha localidad, particularmente en los meses
«le invierno, en las que se disfruta de una temperatura primaveral.
En el punto o sitio de la intersección, y aun en un extenso recorrido,
el álveo de! río Rosario tiene algo más de cuarenta metros, término me-
dio, con costas y barrancas cortadas perpendicularmente y de altura
variable.
Durante los meses «le mayo a noviembre suele contener un ligerísimo
caudal, tan exiguo, que no alcanza para el riego de los cultivos en la
zona inmediata.
ífo sería esta la oportunidad para describir la orografía e hidrografía
de la comarca, ni tal cual carácter en detalle del sitio de los hallazgos y
sus adyacencias. Las faldas orientales de las sierras de la Lumbrera y
San Antonio, se extienden hacia el este, cubiertas de bosques y cruza-
das por antiguos arroyos, muchos de ellos desaparecidos, que han facili-
tado la vida a numerosas tribus chaqué has en épocas no lejanas, y, con
mayor razón, si cabe, durante el período prehispánico.
Las noticias a que me he referido, recogidas «ni los alrededores «le
Rosario do la Frontera prometen un resultado halagador, pues los
«latos revelados sin formular preguntas sugerentes pueden hacer supo-
ner que por allí han existido habitaciones permanentes, obras hidráu-
licas, cementerios en urnas funerarias, etc.
Son conocidos de los especialistas en esta materia algunos resultados
generales, sumamente interesantes, logrados en excavaciones sistemá-
ticas, que han dado a la publicidad varios miembros incorporados a
la misión científica Créqui Montfort-Sénéchal de la Gran ge y con mayor
amplitud los de la misión científica sueca, dirigida por el barón Erland
ífordenskiold, que recorrió el norte de nuestro país y el sur de Bolivia;
estudios que posteriormente y con éxito cada vez más franco, se han
proseguido en otras localidades del noroeste de Bolivia.
En todas esas investigaciones 1 se han puesto de manifiesto y planteado
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problemas de un alto interés arqueológico, que al referirlos a las cultu-
ras indígenas del territorio argentino y sus correspondientes patroními-
cos, solía notado la presencia de varias de ellas, como las de aruacos,
guaranís, diaguitas, quichuas y aimaras.
III
El yacimiento de urnas funerarias que explote en los primeros días
del mes de julio de 1917, estaba situado en la ladera occidental del pe-
queño cerro que se levanta a 500 metros del rio Rosario y del que sur-
gen las conocidas aguas termales tan afamadas de aquella localidad
salteria.
En un pequeño desplayado del costado derecho del camino y al pie
de grandes árboles, muy inmediatos a unas viviendas humildes, se en-
contraron los primeros indicios; fragmentos de cerámica negra y lisa,
de poca cocción. Una angosta y poca inclinada torrentera había puesto
en descubierto una sección del borde de uno de los vasos (I, 20579) y
los fragmentos se encontraban dispersos, a más de seis metros del sit io
donde las urnas estaban depositadas.
Rrackobuseh y Stelzncr han ofrecido los rasgos generales de las ro-
1910; Urnengrüber und Mounds i m bolivianischeu Flachlandc, Leipzig y Berlín, 191o ;
1 He ostlichc Ausbreitung der Tialiuanacokullur in Bolivien und ilir Verbal luis su y Ar-
uakkultur in Mojo s, 1917.
Estos estudios de Nordenskiold han visto la luz — como es sabido — en las prin-
cipales publicaciones periódicas sobro estas materias, como ser : K ungí. Svenuka Ve-
tenskaps- Acá don i ens Handlingar, Baessler-Archiv, Zcitschrift fiir Ethnoloyie, Ymer y
otras.
Contribuyen a estudiar estos mismos problemas de las migraciones precolombia-
nas y modernas de los indígenas sudamericanos como su habitat permanente, los
estudios de Eme yon Rosicn, A rch'aeological rescurchcs on the frontierof Argentino and
Bolivia in 1001-1002, Stocldiolm, 1904; Max Sciimidt, Dio Amaleen. Ein lleitrag
zum 1‘ roblan der Kultnrcerlreitunij, Leipzig, 1917 ; E. Boman, Migrations pnícolom-
biennes dans le Nord-Ouest de I’ Argentino, París, 1905.
En descripciones y comparaciones de T. Kocii-Gküniskiíg, Zwei ./abre linter den
Indianera. Peinen in Nordwest Branilicn, 1003-1905, Stuttgart, 1910; P. C. Mayntz-
1UJSEN, Uebcr vorkolumbianisclie Sicdelungen und Urnenfriedhofe der Guaraní am Alto
Paraná, en Aclan del XVII Congreso internacional de Americanistas, sesión de Buenos
Aires, Buenos Aires, 1912; Fui/. Kuausic, In den IVildnisscn Brasiliens. Bericlit und
Frgebnisse der Leipziger Aragnaya Expediliou 1008, Leipzig, 1911; F. F. Guríes, Núc-
eos rastros de la cultura guaraní, en Anales de la Sociedad científica argentina, LXXXV,
Buenos Aires, 1918 ; y por último en nuestra contribución : Los primitivos habitantes
del Delta del Paraná, parte relativa del resumen y comparación de las observaciones
generales, sobre la base del nuevo material descrito en toda la obra. Véanse parti-
cularmente, páginas 390 y siguientes, 551 y siguientes. Buenos Aires, 1913.
o
Big. 2. — Croquis de la localidad en la cual fueron descubiertas las urnas. Signos arqueológicos adoptados en el proyecto Torres-Boman
(i
cas y su disposición en la superficie de toda esa región. En la figura 3.
puede verse una demostración gráfica del corte realizado en el terreno
para extraer los restos de las urnas I, II, III. Se determinaron, en el
mismo corto del terreno pequefios fragmentos de otras dos, y, por últi-
mo, a seis metros de la número III y algo más hacia el rumbo este, el
cántaro que lleva el número IV. Basta recordar, para nuestro objeto,
aquellos pasajes de las descripciones que hicieron Brackebuseh y Stelz-
ner, según los cuales se hacen muy "visibles los depósitos superficiales
de arenisca arcillosa, en diversas tonalidades, capas de rodados, margas,
etc., predominando las formaciones depositadas por las aguas.
No obstante las remociones que ha experimentado el terreno en el si-
tio y en las adyacencias del enterratorio, la misma torrentera que habrá
destruido los bordes y aun las tapas de las urnas, las secciones principa-
les de los recipientes se han mantenido en su sitio desde que fueron
l-'¡g. :t. — Diagrama demostrativo ilc la posición (le los restos : A, capa de tierra vegetal removida;
I!, loess blanquecino y diversos materiales de transporte; C, ioees cólico
allí depositadas. Los deterioros que se notan en las urnas números I y
ri, se deben a que no lian podido encontrarse algunos fragmentos que
faltan déla sección ventral, y sin los cuales no logró terminarse la res-
tauración, sin excesos de yeso o mástic. Conviene que describa algunos
de sus caracteres.
Urna número 7. — Conserva su base y las dos terceras partes de la
sección ventral, su diámetro máximo alcanzaría a 55 centímetros. Base
cónica ; de arcilla o pasta verdosa bien preparada y mezclada con frag-
mentos cuarcíferos que presentan la superficie granulada. Cocción uni-
forme, al aire libre. Fabricada mediante el procedimiento del moldeado
interno y frotamiento de la tabla externa mediante un dispositivo (pie
ha dejado impreso el rastro de una manipulación regularizada. Sin orna-
mentación alguna. Es posible que la tapa haya sido arrancada por las
aguas, pues de ella sólo quedan pequeños fragmentos.
Urna número II. — Se ha restaurado más de una mitad de la sección
superior, parte de la base que es plana, pero no pudieron individualizar-
se los fragmentos de la tapa (?) con los correspondientes a los bordes.
Asas en el tercio superior, horizontales. Las dimensiones obtenidas son
7
aproximadas, no obstante los sectores restaurados. Poseo una fotogra-
fía de esta pieza (fig. 4), que permite observarla en conjunto. El mate-
rial y la técnica de fabricación se asemejan casi en absoluto a la anterior.
Urna número Til. — Restaurada en sus dos terceras partes. Con su
Fig. 4. — Urna N° II (20589). eu el sitio del hallazgo
base íntegra y sus contornos ventrales bien definidos. Los bordes muy
abiertos y base cónica. Correspondería a la categoría de las zonorias. Pa-
redes gruesas (10 nnn. término medio) de arcilla menos consistente e in-
suficientemente ligada. Factura tosca, tal vez por el sistema de tiras de
barro superpuestas. Sin ornamentación.
Urna número IV. — Trátase de un cántaro adaptado como pequeña
urna funeraria, pues conservaba los fragmentos
de algunos huesos del cráneo y extremidades su-
periores de un párvulo.
Es la más completa (fig. 5). Su forma ovoide,
con un ligero gollete; de 40 centímetros de alto
por 25 de diámetro máximo. Presenta una sola
asa horizontal. Paredes gruesas, de arcilla lige-
ramente cocida, técnica de fabricación análoga a
las anteriores. Sin ornamentos.
Los restos humanos debidamente individuali-
zados se distribuyen así :
Urna número 1. — Fragmentos craneales, ca-
ninos, premolares y molares del maxilar, extre-
midad proximal del fémur derecho: fragmentos déla diálisis del mismo:
fragmentos de tibia y peroné. El fragmento de diálisis presenta una lige-
ra coloración de ocre y ciertas incisuras paralelas de apariencia artificial.
Urna número Ti l. — Fragmentos de diáfisis de ambos fémures. Frag-
Fig. 5. — Pequeña urna
con restos de un párvulo
- 8 —
montos de diálisis del húmero, cúbito y radio, derechos. Varios otros
pequeños fragmentos craneales.
Urna número IV. — Fragmentos de huesos craneales de un párvulo,
a lo sumo de dos a tres meses. Un fragmento pequeño de madera traba-
jada, de forma cilindrica (¿tembetá?)
Los restos humanos se encontraban mezclados con residuos en gene-
ral y fragmentos de cerámica, tierra seca, pero sumamente inadecuada
para la conservación de ellos. La destrucción mayor fué ocasionada pol-
las malísimas condiciones del transporte.
III
liste enterratorio de huesos humanos en urnas, de liosario de la Fron-
tera, tiene, como habrá podido notarse, un interés particular, máxime
cuando los estudios propiamente arqueológicos van delineando los res-
pectivos dominios territoriales de las culturas indígenas prehispánicas
en los territorios que comprenden la cuenca del río de la Plata.
Fu otra oportunidad 1 me ocupé de ensayar una recapitulación sobre
la expansión de la cultura guaraní, basándome en los restos y urnas fu-
nerarias de su propio estilo, así como en otros restos de vasos del mismo
o análogo destino que yo atribuyo a la cultura « aruac ».
Recordaba en aquella ocasión, como punto de partida, algunos con-
ceptos de Paul Ehrcnrcich expresados en una de sus exposiciones capi-
tales *, sobre el sistema de enterramiento en urnas, muy generalizado
entre las tribus de Tupí.
Por aquel entonces ya se habían constatado en varios yacimientos, la
presencia de algunas formas típicas predominantes, caracteres de técni-
cas y estilos propios de pueblos y culturas indígenas generalizadas en
la parte oriental de Sud América; y esos hallazgos se realizaron en
territorios verdaderamente apartados de los supuestos centros origina-
rios de ellas, que se suponían del dominio diré exclusivo de otras más o
menos contemporáneas, pero al fin diversas, en el más amplio sentido.
Los nuevos estudios en el terreno, practicados en sus detalles más
esenciales con prolijidad, ofrecieron resultados que debían tenerse muy
presentes. En realidad los procedimientos puestos en práctica eran los
únicos que nos permitirían emancipar a las investigaciones propiamente
1 L. M. Toamos, Loa primitivo* habitante* del Delta del Paraná, en Biblioteca Cen-
tenaria, tomo IV, página 391 y siguientes, Unenos Aires, 1913.
- P. Eiikkniíeicii, Dio Etlcnographie Siidamerika * im Bctjinn de* XX. ./ ahrhnndert *
etc., en Arohiv fiir Jnthropologie, tomo III, página 47, 1905.
9
arqueológicas de la influencia, predominante de la argumentación llama-
da. histórico documental. Creo que esta última comprobación, el docu-
mento más la crítica, es de carácter secundario, exclusivamente amplia-
toria para estos problemas de prehistoria americana.
Las investigaciones a que he aludido corresponden, principalmente, a
Max Ulde, Erland Nordenskióld, Juan B. Ambrosetti, Eric Boman, y
S. Debenedetti, en los territorios a los que me estoy refiriendo y debido
a las cuales hoy ya podemos hablar de relaciones arqueológicas tempora-
rias limítrofes, para las zonas de culturas que por ahora distinguimos
en la región norte de nuestro país.
Dichas investigaciones lian planteado, en términos aceptables, varios
problemas principales y accesorios, y entre los primeros el estudio de
los yacimientos y origen de ellos; las formas típicas, los estilos, correla-
ciones de los caracteres esenciales con sus aspectos regionales, y, en
ciertos casos, verdaderos ensayos de cronología relativa general.
A la recapitulación de Boman se debe — como ya lo manifestara otra
vez — que se encarara, debidamente el problema de las migraciones pro.
y postcolombianas, fundadas en restos o vestigios de la costumbre
de aquellos pueblos de enterrar en urnas funerarias. El problema se
limitaba a la región oriental de Sud América.
Boman llama la atención, asimismo, sobre el enterramiento de niños
en urnas como singularidad de los pueblos del noroeste argentino.
En mi estudio sobre el Delta del Paraná ', se encuentra el siguiente
pasaje aclaratorio al respecto :
« De gran importancia como orientación preliminar para la exposición
y comentario (pie sigue, es lo que Boman reúne en su capítulo : Arctico-
logie de la Valléede Lerma, El Carmen, cimeticrc probablcmcnt (V origine
guárame.
«En distintos párrafos esboza su opinión sobre los caracteres de la
inhumación en urnas y las diferencias que encuentra en las costum-
bres de los pueblos del litoral de nuestros grandes ríos que la lian
practicado, y ex presa: llfaut chercher V origine de ccs cimetiéres parmi
les peuples de moindre culture qui avaient Vhabitude d’enterrer leurs morís
dans des untes grossicrcs. lis sont nombreux dans tonto la -partíe oriéntale
de l’Amériquc du Sud, a l’cst de la Cordilldre des Andes. Car mi cux nous
notons deux varietés d’cntcrremcnts dans des urnes. Ccrtaincs tribus pía -
<,‘aient, des la mort, le cadavre cnticr dans le vase. Choz d’autrcs, le corps
était d’abord deposé a meme la torre, et, quand la putréfaction avaitaccom-
pli son eeuvre, les os étaient ramassés et définitivement déposés dans V urne.
En l’état actuel de nos connaissances ethnogr aplaques sur le B resil, le pre-
mier de ccs modes fiinér aires peut-étre, en Amérique du Sud, presque exclu-
ToimiíS, Obra cit., píígina 392.
10
sivement atribué aux peuples de la race Tupi-guaranie, le accoud, a pea
d’exception prés, était pratiqué par d’ mitres, comme Kn-Arnaes, Cara'ibes,
Tapuyas. »
Contiene este párrafo transcripto, una afirmación que conviene no
aceptar de plano ; es la que se refieren las costumbres de inhumación
de cadáveres entre tribus Tupí-guaraní, por una parte y por otra, a
las de « Nu-Aruacs, Cara'ibes, Tapuyas». Otra cosa diversa es, a mi
entender, la relativa semejanza del tipo de urna comunmente adopta-
da por los Tupí-guaraní y afines, en cuanto a la morfología, proporcio-
nes, técnicas de fabricación y estilo.
Será necesario por mucho tiempo aún, proseguir con la ordenación de
observaciones, logradas en tan diversas circunstancias geográficas y de
yacimientos, que, en todo caso, revelan la presencia, de variedades tipo-
lógicas para los diferentes Kulturlcreise , o sean : el preandino argen-
tino, el platense y, por último, el amazonense. Esas diferencias funda-
mentales, son correlativas a los tres grandes complejos étnicos que cons-
tituyeron las poblaciones prehistóricas, protohistóricas y modernas de
esa parte de Sud América.
Si se tienen presentes los esquemas y diagnosis generales de los di-
versos tipos de urnas funerarias que los autores especialistas en esta
materia han determinado como muy comunes en el territorio argentino
y que he clasificado en orden serial se podrá entrever, lo que sig-
nifica esta interpretación y las afirmaciones que pueden admitirse por
ahora.
En cuanto a la cuestión de saber si los tipos morfológicos y tecnológi-
cos que agrego y distingo en mi recapitulación, con las letras X e Y, se
encuentran, exclusivamente, en los enterratorios de origen Tupí-guara-
ní, no puede admitirse sin reservas.
En el mismo ensayo de clasificación observé, que no sería exacto afir-
mar que a los grupos étnicos recordados pertenecen, exclusivamente, el
sistema de inhumación directa en grandes urnas, y (pie a los otros pue-
blos llamados Aruac, el de la inhumación indirecta en urnas análogas,
después de pintar los huesos con ocre. Nada significa que los vasos sean
de tamaño algo más pequeño, mejor trabajados, y ornamentados.
Entre los pueblos Tupí-guaraní, especialmente los del oriente y sur
del Brasil, se recordará, según las referencias de los cronistas que he
citado en la extensa exposición bibliográfica del capítulo dedicado a es-
tas investigaciones, que la costumbre más generalizada filé la del ente-
rramiento directo en la tierra, y por excepción o en contados casos, ex-
plicados por las mismas crónicas y evidenciados por descubrimientos
arqueológicos, el enterramiento en urnas que parecen corresponder al
Tomtus, Obra til., página 393.
11
tipo X, no tanto por lii forma — algo más abierta y de base cónica —
como por la factura grosera y la falta de ornamentación pintada.
Entre los Tupí-guaraní del occidente parece predominar el enterra-
miento de adultos directamente en grandes urnas del misino tipoX,
y como la cerámica funeraria puede también contribuir al esclarecimien-
to de la expansión de los pueblos y culturas, sin tener que someternos a
sólo los resultados de la crítica documental (pie nos habla de las cos-
tumbres, me parece de excelente criterio el procedimiento de Boman,
cuando establece que los cementerios de El Carmen (Salta) y San Pe-
dro de Lerma (Jujuy) demuestran ser de origen Tupí-guaraní.
El tipo Y es más apropiado para utilizarlo en la inhumación directa
en cuclillas, y aun para la inhumación indirecta de los restos óseos pin-
tados, así como para la conservación de los residuos o cenizas.
Es la urna más generalizada y por ello la referimos a los pueblos de
las extensas cuencas del Plata y Amazonas, con la excepción geográ-
fica que más adelante estableceré.
Según las referencias de arqueólogos, etnólogos y cronistas, las urnas
funerarias de los tipos X c Y y sus variantes morfológicas, han tenido
por lo general el destino supuesto, aunque no siempre ha sido destino
único, y casos se lian visto que a niños también estaban destinadas.
De esas mismas descripciones resulta que fueron descubiertos ejemplares
aún no utilizados con ese objeto, y que la inhumación directa no se ha-
bía realizado invariablemente, como se ha afirmado, en todos los casos.
Han fabricado ese tipo de urna pueblos de indudable origen Tupí-gua-
raní, según Ehrenreicli, Ihering, Ambrosetti, Boman y Nordenskióld.
entre los autores modernos, y también pueblos etnológicamente diferen-
tes : Aruae o Maipuré y Karaibi, según descripciones de Iíartt, Ferrei-
ra Penna y Goeldi, clasificaciones etnológicas y lingüísticas de K. von
den Steinen, L. Adam y P. Ehrenreich, divulgadas por Goeldi en el Bo-
letín del Museo Paracnsc, y que algunos han reproducido sin citar la ver-
dadera fuente de la cual extrajeran los datos.
Xo debemos olvidar la costumbre, sumamente generalizada entre pue-
blos indígenas de origen Karaibe, Nu-Aruac, Gés y aun Tupí-guaraní,
de la sepultura en cuclillas, empleando la urna, el cesto, cortezas y ra-
mas, y aun cueros para envolver los cadáveres. De esa singularidad en
las prácticas funerarias tenemos nuevos datos y explicaciones que des-
arrollaré en otra oportunidad, para ampliar el punto de vista en (pie se
colocara, al respecto, el etnógrafo Richard Andree '.
En párrafos anteriores he manifestado que era de rigor plantear el
estudio de las migraciones prehistóricas desde un punto de vista
* lt. Andkki:, litlinologischc Iietraclitmif/en iiher Hockcrbcalalhni;/, cu A rch i r l'iir An-
Ihropolofiic, tomo IV, página 2S2, Hraunsch'weig, 1907.
12
principalmente_arqueológico, a base del ya abundante material retirado
de los diversos Kulturlager délas regiones oriental y occidental de nues-
tro país, relacionados con los de territorios limítrofes. En ese sentido lie
aprobado el primer ensayo del señor Eric Boman.
Como una consecuencia de dicho ensayo, me propuse, a la vez, en mi
memoria sobre la primitiva población del Delta, presentar un bosquejo
de neriación, (pie no pretende realizar nada definitivo, pero que ha corre-
lacionado los principales caracteres de semejanza en la morfología, téc-
nica de fabricación y ornamentos de las urnas funerarias desenterradas
de varios yacimientos de la amplia región sudamericana que actual-
mente se subdivide en los dominios territoriales de la Argentina, Brasil,
Bolivia, Paraguay y Uruguay.
Para no repetir conceptos ya expresados ', debo llamar la atención
sobre los tipos morfológicos y tecnológicos que más deben interesar para
Kit;. l¡. Serie X. — Filias funerarias del norte argentino y región oriental de las cuencas de los ríos
I’araiul y Uruguay: a, b, urnas para adultos tipos de la Providencia y Carmen (Boman); c, il,
urnas para adultos (inhumación directa e indirecta según los cronistas y etnógrafos del Paraguay,
Brasil, Argentina, Bolivia y Uruguay); c, tipo de Pampa Grande (Amhrosetti) y Cosario de la
Frontera (Torres).
este comentario y que indudablemente son los que figuran en las series
segunda y tercera de mi citada contribución: letras d, e, de la segunda;
(t, b, e, de la tercera.
De todos esos caracteres semejantes he resumido los que creo corres-
ponden a la cultura Tupí-guaraní. Las urnas desenterradas del yaci-
miento de Rosario de la Frontera presentan caracteres tecnológicos y
estilísticos que los vinculan con aquéllos.
El tipo X estaría constituido por las formas: globosa, subgh diosa, ci-
lindrica cónica y derivadas, con boca amplia, de bordes plegados hacia
afuera, y base plana o de contornos convergentes en proporciones que
permitan un sólido asiento. Tamaño considerable, encontrándose el diá-
metro mayor en sentido vertical. Factura grosera, sin grabados ni pin-
tura, y de ligera cocción al aire libre; en el procedimiento de modelaje
predomina el conocido roulage de boudins, que le imprime, en ciertos
ejemplares, el aspecto de ornamentos imbricados.
No deseo (pie se comprenda a esta interpretación de los caracteres
Tokkus, Obra cit., páginas 392 y siguientes.
13
«n conjunto como una generalización absoluta, pues ya de aquellos pá-
rrafos transcriptos de la clasificación del señor Boman, se pudo compren-
der que allí se dedujeron conclusiones prematuras o precipitadas.
Ha expresado Andree, en su contribución sobre consideraciones
etnológicas en materia de sepulturas en cuclillas, que con respecto a
Sud América se observan variados sistemas. Las urnas grandes para
contener cadáveres no disecados se encuentran entre las agrupaciones
que ocupaban el valle del río Amazonas. Recuerda, asimismo, algunos
pasajes de las descripciones de A. de Humboldt correspondientes a sus
viajes por la cuenca del río Orinoco. Son por allí muy frecuentes los ha-
llazgos de hileras de grandes urnas con esqueletos enteros acuclillados.
Deseo recordar que be tratado de realizar en mi citado estudio, la enu-
meración y clasificación de las noticias sobre costumbres funerarias entre
los indígenas sudamericanos, y en particular, las de los grandes comple-
jos étnicos del Brasil, Paraguay y norte de la Argentina. La bibliogra-
fía (pie lia podido ilustrarnos con mayor precisión es, indudablemente,
la de carácter arqueológico; bibliografía que sería inoportuno repetir.
Como resultado de esa información ha surgido, también, el valor de
las diversas series, considerando a los caracteres morfológicos y estilísti-
cos, y, en muchos casos, a los de antigüedad relativa. Se comprende que
después de estos ensayos preliminares de clasificación, será necesario
practicar una revisión del material ya incorporado y descrito como de
valor cultural distinto.
En ese caso, el que nos estamos habituando a atribuir a pueblos de
Tupí-guaraní, no sería nada extraño que correspondiera sólo a una
manifestación de su influencia, y la misma reflexión podría aplicarse
al (pie comúnmente lleva el rótulo de restos de cultura Diaguita.
Las urnas funerarias de los yacimientos de El Carmen, Pampa Grande
y San Pedro, como estos mismos do Rosario de la Frontera, comprendi-
dos quedarían en esa revisión.
ISTo obstante, será conveniente atribuirles, provisionalmente, el valor
de restos de industria debidos a los modernos pueblos de Tupí-guaraní.
IY
Queda demostrado que mi propósito no ha sido otro que el de re-
velar un elemento más de juicio en el problema de las migraciones y
relaciones culturales indígenas del norte argentino, y la determinación
real del hecho me permitirá recapitular en breves consideraciones fina-
les el resultado de estas y otras observaciones :
I. El origen y la data cronológica del yacimiento que he explorado
se explican con las observaciones que he descrito. Considero que, a lo
u
sumo, debe atribuírsele una antigüedad no mayor que el de la última épo-
ca del período hispano-indígena, en aquellas regiones del Chaco salteño.
II. De la primordial organización de la serie de restos funerarios (ur-
nas), procedentes de la región de los valles preandinos de las provincias
de Jujuy, Salta, Tucumáu, Oatamarca y La Ríoja, y territorios limítro-
fes, se puede deducir por el estudio del material, Jornias típicas y estilo,
que existe un carácter y desenvolvimiento cultural regional, diaguita-
calcliaquí.
III. Que, basándome en las descripciones más completas que se han
realizado hasta ahora, e incluyendo el aporte tradicional, estimo que es
prematuro considerar a determinados procedimientos de inhumación y
conservación de cadáveres, como particularidad etnológica capaz de
facilitar la atribución de tal cual resto de cultura a alguna de las unida-
des antropológicas o lingüisticas de esta parte de Sud América. Luego,
pues, las inhumaciones primaria y secundaria en urnas, con sus prácti-
cas conducentes a cada una de esas formas, el sacrificio de párvulos y su
conservación en vasos, etc., etc., no constituyen una razón de proceden-
cia, es decir, un fundamento de exclusivo origen étnico.
IV. No obstante, considero admisible el supuesto de atribuir a los res-
tos de los cementerios de San Pedro y El Carmen origen Tupí-guaraní
(según Boman); el mismo origen a los extraídos del estrato de cultura
inferior do Pampa Grande (según Ambrosetti). Pero no serían de ese ori-
gen los del enterratorio de Chañar Yaco (Lafone Quevedo).
V. Estas urnas de Rosario de la Frontera se relacionan evidentemente
con la serie de restos arqueológicos que Nordenskjóld, von Rosen, Am-
brosetti, Boman y Debenedetti, determinan en aquellos valles como pro-
pias' de la cultura de pueblos de origen Tupí-guaraní (Chiriguanos).
VI. En cuanto a las urnas del Arroyo del Medio (Jujuy), que Boman
atribuye a pueblos de Di agüitas, no corresponden a los tipos conocidos
de esa cultura, ni a la Tupí-guaraní del occidente. En mi citado estu-
dio sobre la primitiva población indígena del Delta del Paraná, capítulo
dedicado a estas cuestiones, he señalado el cambio de opinión del señor
Boman al respecto de dicho origen. Después de referirlas a una cultura
extraña a la local les atribuye origen diaguita.
Me permitiré insistir en mi anterior diagnosis, pues ofrecen particu-
laridades morfológicas y de estilo, que las asemejan a muchos ejempla-
res retirados de los yacimientos de la amplia cuenca del Amazonas, per-
tenecientes a pueblos de origen Aruac. Las procedentes del enterratorio
del Arroyo del Medio, presentan, a la vez, ciertas condiciones de yaci-
miento, que han hecho pensar en su mayor antigüedad, viniendo así a
constituir un Kulturlager anterior al más antiguo de Pampa Grande.
Iludios Aires, 30 de julio de 1910.
EL Gil UPO LINGÜISTICO ALAR ALIJE
DE LOS CANALES MAGALLÁNICOS
Por R. LEHMANN-NITSCHE
.1 José Toribio Medina.
Eli mi trabajo sinóptico sobre el estado actual de nuestros conoci-
mientos respecto a los grupos lingüísticos déla región fueguina, Aloxan-
der E. Ohainberlain 1 distingue tres diferentes, a saber : el grupo Olía,
el grupo Yaligan y el grupo Alakaluf. Nosotros, ocupados desde tiempo
de la misma materia, liaremos en las líneas siguientes algunas rectifi-
caciones y daremos a la vez elementos nuevos para aclarar este impor-
tante problema.
En lo que hace al Ona, ya lie demostrado 2 que pertenece a un grupo
lingüístico que llamé Tslion y que ocupa los territorios magallánicos,
compuesto de una rama patagónica y de una rama fueguina; la primera,
puede dividirse en el Tehuel che (acepción moderna) o sea el Pa’ankün’k
1 Chamberí. a iNj The present siate of our knowledge concernió rj the flirec linguistic
stocks of the región of Tierra del Fuego, South America, in American Antliropologist, N.
S., XIII, página 89-98, 1911.
Lkhmann-Nitsciie, El grupo lingüístico 'Tslion de los territorios magallánicos, cu
Revista del Musco de La Plata, XXII, (= (2) IX), página 217-276, 1914.
Del vocabulario comparativo, incluido en esto trabajo, deben borrarse las pala-
bras tuelehe extractadas do Lorenzo Ilorvás (Catálogo de las lenguas dé las naciones co-
nocidas, I, pág. 133, Madrid, 1800), pues pertenecen a otro grupo lingüístico, ha-
biéndose designado con Tuelchc o Tchuelche, sucesivamente en varias épocas, indios
de tros idiomas completamente distintos (ver nuestro trabajo : El grupo lingüístico
-het de la pampa argentina, que se publicará en esta misma revista y donde se rec-
tifican otros errores contenidos en nuestro estudio sobre el grupo Tslion, debidos a
la interpretación corriente del mapa étnico del naturalista Tomás Falkner ; mientras
tanto, véase la Sinopsis preliminar de esta investigación, publicada en los Anales de
la Sociedad científica argentina, LXXXV, páginas 324-327, 1918).
]<) —
(del norte) y el Aónükün’k (del sur), y en el Tá’uiis’hn (del sudoeste) de
la Patagonia, mientras que la rama fueguina, está formada por el Sliílk’
iiani (del centro) y el Mánekenkn (del rincón sudeste) de la gran isla
fueguina. Estos dos últimos dialectos, son conocidos, como los aborígenes
que los hablan, bajo el nombre común de Ona. Antes y después de la
publicación de mi monografía recién citada, el doctor Antonio Cojazzi 1
y el padre «losé María Beauvoir 2, lian presentado nuevas observacio-
nes sobre los Shílk’nam y su lengua (el último también sobre el idioma
de los Teliuelches); ambos autores tratan, además, un poco de los Máne-
kenkn, (pie llaman líaus, cuyo idioma, abase de nuevos documentos lin-
güísticos, consideran, con nosotros, como codialéctieo del Shílk’nam. A
este respecto, Kavl Skottsberg a no se expresa bien cuando toma el idio-
ma de estos « Husli » (ortografía inglesa) como « diflerent from eitber
Ona», y en el mapa étnico que acompaña su trabajo (importantísimo
para el conocimiento de otros indígenas de aquellas regiones) sólo con-
tribuye a embozar las relaciones lingüísticas que hay entre las tribus
fueguinas y magallánicas. Últimamente, Charles Wellington Furlong s,
según datos que le fueron suministrados por los hermanos Bridges, com-
probó que Jtaush o aush es el nombre dado por los Shílk’nam a los Má-
nekenkn, y que esta voz, en idioma Yahgan, significa alga o keljt, « the
long-stemmed, flat-leaved seaweed abounding along tlieir coasts... It is
not improbable tliat the Yagans, wlio are adept at nicknaming and
seeing símiles, sliould liave drawn an anology between tliesepeople and
the Coastal weed and liave applied the word hauslt to tliis tribe as an
appellation of contempt ».
Respecto al grupo lingüístico Yahgan, nuestros conocimientos no lian
adelantado en nada y mucho debe esperarse de la gran obra del tinado
misionero Tomás Bridges, cuya publicación está encargada a la diligen-
cia del padre Fernando Iíestermann S. Y. I). El nombre Yahgan de es-
tos indígenas, es una ocurrencia del recién citado misionero Bridges, y
' Cojazzi, t'ontributi al folk-lore e ulV etnografía dovuti alie missioni salesiane. Olí
indii dell’arcipelago fueghino, Torino, 1911. — Una traducción castellana (Los indios del
archipiélago fueguino), fué publicada cu la liceísta chilena de historia g geografía, IX,
páginas 288-352, y X, páginas 5-51 (1914), pero faltan, sin que esto fuese indicado,
«d prefacio (pág. 7-9), el vocabulario alakaluf (pág. 125-140) y las conclusiones (pág.
111-147) del original italiano.
- JSiCAUVOii:, Los Shclknam, indígenas de la Tierra del Fuego. Sus tradiciones, cos-
tumbres y lengua, Buenos Aires, 1915.
:1 Skottshiírg, Obscrcations on the nativos of the Patagonian channcl región, ¡n Ameri-
can Anthropologist, N. S., XV, página 615, 1913.
1 Fuiu.ONG, Tribal distribution and settle, mente of the Fuegians, eomprising nomencla-
hire, ctymology, philology and populations, in The Qeographical lleviete, publ. by The
American Coograpliieal Socicty of New-York, III, página 181, 1917.
17
se debe a los detalles siguientes : Y.ahga-sliaga, es el nombre indígena,
para la Angostura Murray y yo supongo que se traduce con Canal chi-
co, puesto que y alca significa chico y shaga, canal anteponiéndose en
este idioma el adjetivo ante el nombre 5 ; Yahga, se llama una playa de
ese «Canal chico», la que en otra época era punto de reunión de fami-
lias fueguinas. Esta voz Yaliga ampliada con la letra n (¿tendrá un sig-
nificado esta ni no lo sabemos) filé entonces aplicada por el mismo
Bridges a los respectivos indios, en vez de Yámana, como ellos mismos
se llaman. Anteriormente, Fitz-Roy 3, a estos mismos indígenas había
llamado Tekeenica, en la idea de que éste era el nombre que ellos dieran
a una gran bahía de la isla Roste, lo que es error como lo comprobó la
Misión científica francesa 4.
Esta designación Tekenika, fué explicada por Domenico Lovisato del
modo siguiente 5 : « Fitz-Roy avrá chiesto naturalmente agli indigeni
come ehiamassero quel braccio di mare, ed essi, che sapebano che non
aveba noine, o che quel nome non conoscevano, lianno risposto Telce-
a naca , civó Telce — abbiamo visto, ed anaca — ma non siamo mai en-
trati, per daré il nome a quest’acqua. » Los autores de la Misión científica
observan 0 solamente que en una canción fueguina, recogida en la bahía
Orange, aparece la voz Takanaha a la cual los indígenas no atribuyen
significado alguno. La explicación dada por el mismo misionero Tomás
Bridges quita toda duda, pues dice1 * : « El nombre Tekinika fue dado
por Fitz-Roy a un gran estrecho en la isla Roste, llamado por los natu-
rales Putruaia (Bahía caliente) y por el almirante Fitz-Roy, estrecho de
Tekinika. Es el caso que al cruzarlo, preguntáronle a un muchacho abo-
rigen llamado Jemmy Button, el nombre del estrecho. No comprendió la
pregunta y dijo en su propia lengua : tékianaca , con lo cual quería de-
cir que le era un sitio desconocido. Telci significa: ver, y Tclcianaca, quie-
re decir : extraño, no visto antes. »
1 Mission seientifique da Gap Horn 1882-1883, VII, página 14, 283, 317, París,
•1891. — Bkidges, El confín sur de la República. La Tierra del Fuego y sus habitantes,
-en Boletín del Instituto geográfico argentino, VII, página 207, 1886.
- Adam, Grammaire de la langue Jágane, página 43, París, 1885.
3 Harrativc of the surveying voyages of II is Majcsty’s ships Advcnturc and lleaglc br-
tireen the ycars 1826 and 1836..., II, London, 1839.
' Mission scicntifique, etc., página 282.
3 Lovisato, Apunti etnografici con accenni gcologici sulla Terra del Fuoco, in Cosmos...
organo della Societá di geografía ed etnografía (Toriuo), VIII, página 132, 1884.
La misma explicación se halla en : Lovisato, Sulla collezione etnográfica della Ierra
del Fuoco illustrata del dolt. Colini, in liollettino della Socio til geográfico italiana, XVIII,
< = (2), IX), página 721, 1884.
Mission scicntifique, etc., página 282, nota.
' Bridges, El confín sur, etc., página 207.
llEV . MUSEO I.A PLATA. — T. XXV
2
18
Importante es un párrafo que parece lia escapado a los especialistas
en nuestra materia ; en un breve estudio del botanista Carlos Spegazzini,
que en 1 882, acompañado de su compatriota el teniente italiano Giacomo
Bove, navegara y naufragara en el archipiélago fueguino, leemos lo si-
guiente 1 * : « Por lo que he podido averiguar, parece que existen algunos
restos de otras tribus, destruidas o absorbidas por el desarrollo vigoro-
so de los Yagan; tienen muy poca diferencia física de los demás fuegui-
nos acuáticos, sólo hablan entre sí un dialecto o una legua especial; me
han dicho que uno de estos grupos vive en la isla Eremita y lleva el nom-
bre de Parri, mientras otra permanece en la isla Londonderry 1 y se co-
noce bajóla denominación de Adwipliin. » Nada al respecto hallamos en
la obra de la Mission Seientifique, ni en la lista toponímica en idioma Ya-
gan, insertada en las páginas 281-283 de esta obra, hay los dos nombres
recién mencionados. No existe, sin embargo, motivo alguno para poner
en duda los apuntes recién transcritos; por lo contrario, parecen solu-
cionar las diferencias lingüísticas entre las cuatro palabras apuntadas
por James Weddell 3 en 1823, en Indian Oove, del New Year íáound; en-
tre los vocabularios Tékeenica, publicados por Fitz-Roy, y entre el Yah-
gan de la bahía Orange, estudiado por la Mission Seientifique , diferen-
cias atribuidas por los autores franceses, a « errores o confusiones de
palabras cometidas por Fitz-Roy» 4. Considerando, además, que entre
los indígenas canoeros, vecinos de los Yahgan, o sea entre los Alakaluf,
existen diferencias dialectales enormes, tan bizarras como los canales
en que navegan — lo que será comprobado en este trabajo, — resulta
ser más que probable que también entre los Yahgan hayan habido va-
rios dialectos más o menos marcados, de los cuales uno sólo fué estu-
diado detenidamente por la admirable labor del misionero anglicano
Reverendo Tomás Bridges. Respecto al vocabulario del dialecto Tekeeni-
ca, transmitido por Fitz-Roy, creemos que se debe al joven fueguino
James Button, llevado con tres Alakaluf a Inglaterra; este joven era
oriundo de la región donde se reúnen Murray Narrow y Ponsonby Sound
(I, pág. 444; III, pág. 237), aguas situadas al norte de la bahía Tekenika,
y bien puede ser que hablara un dialecto distinto del de esta localidad.
No debe olvidarse, sin embargo, que demostró poca memoria para su
propio idioma, lo que llamó la atención de Fitz-Roy (II, pág. 210) y de
1 Spegazzini, Costumbres (le los habitantes de la Tierra del Fuego, en Anales de la So-
ciedad científica argentina, XIV, página 160, 1882.
“ Los indígenas do la isla Londonderry, han do ser Alakaluf. — Nota de li.
L.-N.
Weddell, A voyage towards thc South Polo performed in theyears 1822-1824, pá-
gina 273, Londou, 1825. — Ex. : Mission seientifique, ete., página 263.
‘ Mission seientifique, etc., página 271.
19 —
Darwin Fitz-Roy mismo distingue entre sus « Tekeenica » (aunque no
lo dice expresamente) tres subtribus, a saber : la de Jemmy Button, del
paraje recién indicado; la que vivió en las islas del brazo occidental del
canal Beagle; y la que habitó aquellas del brazo del este. Esta últi-
ma estaba separada de la primera por aguas « neutrales » (II, pág. 204)
— que bien pueden corresponder a la playa Yahgan arriba mencionada
— y fue llamada Yapu por Jemmy Button (II, pág. 183; cf. pág. 203,
205, 211, 323), pero los Alakaluf que viajaban con él a bordo del mismo
buque, titularon así, irónicamente, no sólo a Jemmy (I, pág. 445), sino
tafnbién a otros connacionales de éste (I, pág. 428, 449). Parece, pues,
<pie Yapu es apodo dado por los Alakaluf a los Yámana, en general;
pero aquellos de los últimos que así fueron apostrofados declinaban se-
mejante honor y llamaron así a otras tribus Yámana. Esta voz yapu, en
lengua Alakaluf como en lengua Yahgan, significa : lutra 2 3 * y aparece
también en el nombre indígena de la bahía de los Misioneros o sea Ya-
putroaya a. Opinamos, pues, que el grupo lingüístico Yahgan, estaba di-
vidido en varios dialectos, más o menos distintos.
El tercer grupo fueguino, o sea el Alakaluf, será estudiado en la in-
vestigación siguiente. Antes de entrar en detalles, deben tratarse los
datos del viajero holandés Oliverio van Noort 1 quien en 1599, en el es-
trecho de Magallanes, al oeste de la Segunda Angostura, en la isla
Santa Marta 5, tuvo un encuentro sangriento con los indígenas; tenían
como único abrigo, una capa hecha de pieles de pingüinos y vivían
en cavernas cavadas en la tierra; el viajero no menciona que hayan te-
nido canoas. Fueron llevados a bordo dos muchachas y cuatro jóvenes,
uno de los cuales aprendió un poco el holandés e indicó los nombres de
las tribus autóctonas y de las tierras habitadas por ellas; se entiende
que estas indicaciones sólo pueden utilizarse con muchas reservas ; el
nombre propio de la tribu respectiva era Enoo; el país, que ha de ser la
región norte de la península Brunswick, filé llamado Cossi ; la isla grande
(hoy Santa Elisa), Castemme ; la pequeña (hoy Santa Marta), Talke °. De
1 Darwin, Journal of rcscarclics into the natural liistory and gcology of tlie countries
risited during the royage round the world of II, M. S. « Rcaglc » under command of cap-
tain Fitz-Roy, R. N., página 223, Londou, 1902. — Es conocido quo la edición dc-
linitiva del célebre diario do Darwin no es absolutamente idéntica al tomo III del
Narrative of the surveying voyages, etc.
- Narrative, etc., II, appendix, página 138; Mission scientifique, etc., páginas 268,
276, 285; Bridges, El confín sur, etc., página 207.
3 Mission scientifique, etc., página 281.
1 Histoire générale des voyages.. . , X, página 342, París, 1752.
5 Narrative, etc., I, página 98.
f‘ En la edición del viaje do Noort, publicada por la, colección Uakluylus Posthu-
mus or Parchas his Pilgrimes, II, Glasgow, 1915, la tierra de los Enoo (ver pág. 191) es
20
estas palabras, Enoo tiene cierto parecido con inu, «dirección hacia el
oeste» en el yaligan de los misioneros *; Talca es nombre geográfico co-
mún en Chile % también aplicado a islas y derivado del araucano, donde
significa : trueno; pero ¿hay identidad real o aparente respecto a estas
dos palabras? No lo sabemos.
Las otras tribus citadas por aquel indígena de Oliverio van Noort,
eran los Kemcnetes, del país Kami ; los Karaikes, del país Marina (o
Morine en la edición inglesa); y los Kennékas, de Karamai. Estos últi-
mos ¿tendrán que ver con los Kenenilca, indios Olías del oeste de la gran
isla y así llamados por sus compatriotas del sur 3, o con Samakanika ,
nombre y aligan de la isla Hermitte? 4 Se equivocaron los autores del
Mithridates 5 al comparar esta voz Kennékas , con kunny, que por cierto
significa gente, pero no en el idioma de los Patagones como se lia creído
basta la fecha, interpretando mal a Fallcner, sino en lengua Puelche, que
nunca se extendió hasta los confines del estrecho de Magallanes (ver
nuestro estudio sobre el liet que se publicará en breve).
La última tribu mencionada siempre por el mismo indígena de O. van
Noort, o sean los Tirimenen , del país Kola, pueden identificarse, o con
los Patagones australes o con los Onas, pues según el relato del indio,
vivían más lejos tierra adentro, y sus hombres eran «le una talla gigan-
tesca y hacían con frecuencia la guerra a sus vecinos.
Resulta de lo antedicho, que los datos sobre los indios observados por
O. van Noort, no son suficientes para establecer su posición étnica, es
decir, lingüística; pero ateniéndonos a su habitat debemos considerarlos
como representantes del grupo Alakaluf, llamados Pesherii en el si-
glo xviii (ver más adelante), y nuestra suposición queda corroborada
por el estudio de las dos palabras también debidas a aquel indígena ; en
ese idioma Enoo, el pingüin, se llama compogre, y oripeggre el manto he-
cho de las pieles cosidas de otro pájaro, o como dice el texto inglés pues-
to que el párrafo aludido falta en la edición francesa : «The lilce cove-
ring tliey malee of other birds called oripeggre. » De estas dos palabras,
la última en algo se asemeja a oporkilh (Fenton) 11 o oporjal (Skotts-
llamada Castemine y no so menciona la isla grande (que en la edición francesa lleva
este nombre); el nombre Cossi, falta por consiguiente, en la edición inglesa.
1 Mission scientifique, etc., página 281.
- Asta Buruaga, Diccionario geográfico de la República de Chile, páginas 36G-375,
Nueva York, 18(57.
3 Fuiu.ong, obra citada, página 185.
* Miesion scientifique, etc., página 285.
5 Adki.ung-Vatkr, Mithridates oder allgemeinc Sprachenkunde. . ., III, página 333,
Berlín, 1812.
6 Mission scientifique., página 278.
— 21
berg) « piel <le guanaco», en uno de los dialectos modernos del Ala-
ba luf.
ltespecto a las diferentes secciones del grupo Alakaluf, pertenecen a
él, como rama más septentrional, los Chonos, cuya clasificación siempre
lia sido un problema para la etnología sudamericana; el estudio de todos
los datos que pueden reunirse sobre estos aborígenes, no admite otro
diagnóstico, puesto que earecemos de los comprobantes directos o sea de
documentos lingüísticos. Itespectoal origen del término Chonos, he com-
probado, en mi trabajo ya citado, que en el dialecto austral de la rama
patagónica del grupo lingüístico Tslion, la voz «gente », es chonlc (orto-
grafía castellana); que esta palabra ha llegado a ser una verdadera de-
signación gentilicia, muy usual en el sur de la Patagonia y en la Tierra
del Fuego donde filé adaptada para el oído castellano en la forma : chonqui
(los autores ingleses escriben : Tsóncca) ; y he comprobado, al fin, que en
e.1 dialecto Shílk’nam (Ona), cli’on significa : hombre. « Esta voz chon,
hispanizada, continuaba en la página 220, es la que a todo parecer, ha
dado motivo a llamar Chonos a ciertos indígenas y a un archipiélago
chileno. Desgraciadamente, hasta la fecha no hemos encontrado en la
literatura datos exactos sobre el origen de la interesante denominación.
Las noticias antiguas... no resuelven el problema indicado. » Desde que
escribí lo que antecede, se ha comenzado la publicación de una impor-
tante obra sobre etimologías chilenas 1 2 3 cuyo artículo 2703, dice : « Cho-
nos, antiguos indígenas de las islas Guaitecas y de Chonos, de los cua-
les quedan algunos ejemplares nómades del mar, de choñiun , pereza,
aburrimiento — perezosos. No puede afirmarse que sean de raza diversa
de la de los araucanos, porque los que fueron trasladados a la parte aus-
tral de Cliiloé, llamados Payos, por llevar payun, barbas, y los que
fijaron su residencia en Chaulinec, Huar y otras islas, no trajeron nin-
gún nombre propio, ni vocablo común que no encuentre su etimología
en la lengua general de Chile. Los Chonos del Ecuador traen su nombre
de chhocñi, légaña en quichua [dialecto del Cuzco] » \
Sin poder comprobar por el momento, si la voz Chonos, realmente de-
riva de una palabra araucana o quichua, me he convencido que no es
idéntica con la palabra chon, tslion (que significa: hombre) del idioma de
1 Skottsberg, obra citada, pág. 614.
2 Armengoi. Valenzuei.a, Glosario etimológico de nombres de personas, animales,
plantas, ríos y lugares aborígenes de Chile y de algunas otras partes de América, en Revista
chilena de historia y geografía, X, páginas 144-206 (1914); XI, páginas 218-262; XII,
páginas 219-296, etc. (en publicación).
3 Vocabulario políglota incaico... compuesto por algunos religiosos franciscanos
misioneros..., página 270, Lima, 1905. — Nota de R. L.-N.
— 22 —
los Patagones; puede ser que sea un apodo dado por los indios quichua
del norte, a sus vecinos isleños (ya para el siglo xvi puede comprobarse
la designación : Chonos, del Ecuador) 1 ; que este término hispanizado,
fué aplicado por los mismos españoles también a otra población, indí-
gena e isleña, que vivía muy al sur de la costa del Pacífico y nada tiene
que ver con sus tocayos del Ecuador.
Sea cual fuere la etimología del nombre Chonos, lo cierto es que
no hay motivo alguno para considerarlos como representantes de un
grupo lingüístico especial, como lo hiciera Alexander F. Chamber-
lain 2.
Respecto a datos especiales sobre los indios Chonos chilenos, el re-
lato más antiguo es aquél del viaje realizado con fines religiosos, por
los jesuítas Melchor de Yenegas y Mateo Estevan, en 1012 y 1013, y
transmitido, en la historia de aquella compañía, por el padre Pedro Lo-
zano 3. « Aquella gente, dice en la página 454, vive repartida en más de
mil islas, que desde más abajo de Cliiloé corren hacia el famoso estrecho
de Magallanes, y es por extremo pobre aunque de buena índole, pero la
más inculta de cuantas se encuentran por aquellos países. Divídense los
Chonos en varias parcialidades, esparcidas por todas las islas, sin tener
morada fija, pues se mudan de una a otra isla, llevando a cuestas su me-
naje tal cual y mudando consigo toda su familia para gozar la oportuni-
dad de recoger mariscos, que es el motivo de andar vagos y todo su sus-
tento sin tener otras sementeras o labores. Por bebida usan del aceite
de lobos marinos, pues en la mayor parte carecen de agua dulce... » [no
es menester reirse de afirmación tan infantil, puesto que muchos viaje-
ros se quejan de las condiciones del agua antihigiénicas para su estó-
mago; nuestros misioneros, según los conocimientos fisiológicos de su
época, por lo menos han meditado sobre el problema del agua, tan im-
portante para ellos]. El viaje de los dos misioneros, se efectuó al fin del
año 1012, desde Chiloé, «con diez buenos remeros chiloenses prácticos
en aquella carrera, por haber en otro tiempo cursádola con los que iban
a maloquear o cautivar los pobres Chonos » (pág. 455). Llevaba la doc-
trina cristiana, « compuesta en la lengua de los Chonos, el padre Mateo
Estevan, que se había aplicado a aprenderla con sumo trabajo ». Com-
prueba a continuación el padre Lozano que no tiene razón su compañero
1 Montesinos, Alémoires historiques sur Vancicn Pérou. Collection Tvrnaux-Gompans,
XVII, página 199, París, 1810.
4 Ciiamueulain, (>n thc... Clioiioan nuil tliv Charruan linguistic stocks of South Ame-
rica, in American Anthropologist, N. S., XIII, páginas 467-168, 1911.
Lozano, Historia de la Compañía de Jesús de la provincia del Paraguay, II, Madrid,
1755.
23
Nicolás del Tedio cuando escribe 1 que fuá el padre Juan Bautista Fe-
rro fino quien bizo esta versión del catecismo en la lengua de los Olio-
nos; consta de carta original del padre Melchor de Venegas, que « el
padre Mateo Estevan es el que lia tomado el trabajo de poner la doctri-
na en lengua de los Chonos y traducida con un intérprete Ohono que
sabe la lengua de Ohiloé [dialecto del araucano]... » (pág. 45G); « no sólo
pudo traducir en su lenguaje la doctrina cristiana, sino hacer arte, vo-
cabulario y algunas pláticas de los principales misterios... » (pág. 560).
Empezaron los misioneros « sus ministerios por la isla de Huaiteca
donde vivía el cacique principal don Pedro Deleo » ; continuando su gira
encontraron menos gente «de la que imaginaron habría en tanta multi-
tud de islas, pues llegan a mil » (pág. 559); « solamente pudieron descu-
brir como doscientas veinte almas » (pág. 501). Las cliozuelas de los in-
dios, «ni aun ese nombre merecen, porque se reducen a unos palos cla-
vados en tierra y cubiertos los claros con cortezas de árboles que de-
fienden de recibir el embate de los vientos, mas no reparan contra los
rigores del frío y sólo a fuerza de fuego los conserva calientes, princi-
palmente que las forman tan bajas y estrechas que en algunas de rodi-
llas tocaban los padres al techo y apenas cabían los dos estendidos. Sólo
tienen la triste conveniencia de poderlas fácilmente transportar a otro
sitio, porque si necesitan hacer viaje a sus pescas, cargan en su piragiii-
11a dichas cortezas y palos y la arman de pronto donde quiera que apor-
tan » (pág. 559-560). Navegaron los misioneros « en débilísimas embar-
caciones cuales son las piraguas [« tres tablas cosidas con hilo», pág.
455], y por mares casi siempre borrascosos » ; « convocaban en cada isla
la gente en varios puestos, y para juntarlos, se valían de algunos indios
más celosos que sabían bien sus madrigueras, porque sustentándose del
marisco, estaban divididos entre sí porque no les faltase este pobre ali-
mento si viviesen muchos juntos». En su carácter, los Chonos eran
«mansos, sin resabios de fiereza» (pág. 559), «gente dócil» (pág. 560).
Los misioneros, « tres meses gastaron en esta expedición, e instando la
cuaresma del año de 1613 en que debían asistir al cultivo de Chiloé, se
volvieron allá con los mismos peligros...» (pág. 561).
Itesulta, pues, que los Chonos visitados en este viaje eran canoeros;
no pueden ser Patagones como yo lo suponía en una época. Kespecto a
los estudios lingüísticos del padre Mateo Estevan, no sabemos qué suer-
te han corrido; ¿habránse perdido para siempre ?
1 Escribe el padre N. del Techo al narrar la misma expedición : « Valiéndose de
intérprete, el padre Juan Bautista Ferrusino (sic) en dos días tradujo al idioma chono
los diez mandamientos, las oraciones cristianas y el modo de aborrecer los pecados »
(Historia de la provincia del Paraguay de la Compañía de Jesús, libro VI, capítulo IX;
III, páginas 39-40, Madrid, 1897). — Nota de R. L.-N.
24
El amplio relato del padre Lozano que acabamos de extractar, va con-
tinuado en el libro del padre Miguel de Olivares donde respecto a los
Chonos, leemos lo siguiente 1 :
«El padre Melchor Venegas fue el primer apóstol y el primero (pie
dió noticia de la ley de Oios y predicó a estos indios más pobres y mise-
rables que los de Chiloé, que por lo rígido del país no tienen ovejas ni
ganado ni siembras ni casas, que sólo el marisco del mar, pescado y lobo
marinos es su comida. Las casas, unas cuevas cubiertas con cortezas de
los árboles. Son hijos del mar, estando en sus pescas metidos en el agua;
y afamados buzos para sacar el marisco donde saben que lo hay mejor.
Tienen idioma diferente del de Chile y Chiloé. »
«A esta misión de Chiloé pertenece también la misión de los Chonos,
indios que, como se dijo, viven hacia el estrecho de Magallanes, y a quie-
nes los celosos padres que residían en Castro fueron varias veces a pro-
curar su bien espiritual. Después empezaron a tener sus enemistades
con los chilotes indios y españoles ; o sólo por robar ovejas y cosas de
hierro o ropa, que de todo carecían, venían a la isla de Chiloé a hacer
sus malocas, y robaban lo que podían, en que no dejaba de haber muer-
tos de una parte y otra. Los españoles con los indios iban a sus tierras
y les volvían la vez, matando a los que encontraban de los hombres; y
a los muchachitos y a las indias cogían para servirse de ellos. Duró ésto
hasta el año de 1710 en que, conociendo los Chonos lo mal que les iba
con semejantes malocas con los españoles; y porque oti'os indios más re-
tirados, sus enemigos, les hacían guerra, se determinaron a venir a Chi-
loé a ofrecerse que querían ser cristianos y vivir al abrigo de los espa-
ñoles. Admitídseles con amor y agasajo; y discurriendo donde los
acimentarían, el cura de Calbueo, don Juan de Uribe, quien fué educado
por el venerable padre Mascardi, les ofreció una isla suya, cuatro leguas
del fuerte de Calbueo, la cual estaba despoblada, nombrada Guar. Allí
se acimentaron más de treinta familias ; y la Compañía [de Jesús] se en-
cargó de su educación. Los chonos viendo el buen trato que se les había
dado y que no les hacían trabajar, se fueron viniendo otras muchas fa-
milias hasta el número de doscientas, con más de quinientas almas, que
para que todos quepan y tengan donde sembrar y sus ganad i 11 os, les han
dado otras dos islas que estaban desiertas. De estos indios que, como se
dijo, tienen idioma propio, cuidan dos jesuítas distintos de los cuatro del
colegio de Castro. »
De la segunda mitad del siglo xvn data el informe que don Bartolo-
1 Oj.ivakks, Historia militar, civil y -sagrada de Chile [mitad del siglo xvin]. Colec-
ción de historiadores de Chile y documentos relativos a la historia nacional, IV, páginas
272, 394, Santiago, 1864.
25
me Gallardo ' dejara sobre su expedición a los Chonos y golfo de las
Penas, hecha en 1074-1075; va lleno de nombres geográficos en lengua
indígena que ha de ser cliona, material importante para investigaciones
posteriores y que tal vez puede ser estudiado y aclarado con la ayuda de
un moderno indio canoero o sea Alakaluf.
En el relato del viaje de don Antonio de Vea % hecho un año más tar-
de (1075-1070), también hay nombres geográficos que proceden del idio-
ma de los indígenas; es citada, además, varias veces, «la tierra de los
Caucagües», lo que para el editor del manuscrito da motivo a escribir
en nota (pág. 574) : «Podría sospecharse que la comarca llamada Cauca-
güe, no es otra que el grupo de islas Wellington, que un siglo más tarde
llamó Tayjatafes el padre Josepli García». Esta voz Caucalme, es sin
duda araucana, siendo lme, sufijo toponímico muy frecuente en lengua
mapuche, donde significa : sitio, lugar. Cauca , base de la designación
geográfica que nos ocupa, equivale, creemos, a cau-cau, voz onomatopé-
yicaconque los Araucanos de la edad media y de nuestra época 1 * 3, desig-
nan la gaviota. Ccmcauhue o Caucalme , puede traducirse pues con : sitio
donde abundan las gaviotas, interpretación dada también por Francisco
J. Cavada ! y por Pedro Armengol Valenzuela \ Se entiende sin dificul-
tad que los Araucanos, habitantes de Ohiloé, hayan así llamado a cierta
región austral y que este nombre fuera extendido, por los españoles, a
los nativos que la habitaran. Hoy en día, Caucalme es nombre de una
isla del archipiélago de Olí iloé, que yace sobre la costa oriental de la isla
de este nombre \
Del año 1698, poseemos un valioso vocabulario (229 palabras inclusi-
ve algunas cortas frases), apuntado por un filibustero francés, Jean de la
1 Gallardo, Expedición... a los Chonos i golfo de Penas (1674-1675), en Anuario
hidrográfico de la marina de Chile, XI, páginas 525-537, 1886.
- V isa, Espedición... a las regiones occidentales de Patagonia (1675-1676), en Anua-
rio hidrográfico de la marina de Chile, XI, páginas 539-596. 1886.
3 Valdivia, Arte, vocabulario y confesionario de la lengua de Chile, Lima, 1606;
edición facsimilar de J. Platzmann, Leipzig, 1887 (escribe : caucan lo que ha de ser
error do impronta por caucan). Ferrics, Arte de la lengua general del reyno de, Chile,
página 440, Lima, 1765. Havestadt, Chilidungu sive res chilcnscs . . . , página 223,
Monasterii AVest.phaliao, 1777 ; reimpresión de J. Platzmann, Leipzig, 1883 (no da
traducción). Augusta, ¿ Cómo se llaman los araucanos? página 16, Valdivia, 1907.
Cañas Pinociikt, Estudios de la lengua vcliche. Trabajos del Cuarto congreso científico
[ latino americano ] (Io panamericano) celebrado en Santiago de Chile del 25 de diciembre
de 1008 al 5 de enero de 1909, XI ( = 3, I), página 258, Santiago de Chile, 1911.
1 Cavada, Chiloé y los chilotcs, en Revista chilena de historia y geografía, III, pági-
na 369, 1912.
0 Armengoi. Valenzuela, obra citada, número 1175.
r' Asta Puruaga, obra citada, página 54.
26 —
Guilbaudiére, y publicado con otros documentos etnográficos de aquella
época, por Gabriel Marcel No se citan en el antiguo manuscrito, ni
nombres gentílicos ni el lugar exacto donde fueron hechas las observa-
ciones, indicándose como tal, el estrecho de Magallanes donde naufra-
gara el aventurero francés. El editor mismo se limita a entregar el do-
cumento al estudio de los lingüistas. Eué Brinton quien lo repasé) por
primera vez. Según éste % aquel vocabulario demuestra «que la base del
idioma es alikuluf y que éste difiere apenas en mayor escala del alikuluf
de la generación presente, que entre sí los vocabularios de esta lengua,
apuntados por Eitz-Eoy y Hyades en nuestro siglo. Pueden comprobar-
se algunas pocas palabras que pertenecen al Tsóneca |i. e. Patagón] y
al Yahgan, y que probablemente fueron introducidas por comerciantes
|!] indígenas.» Advertimos que las analogías respecto al idioma pata-
gón son más que dudosas y Brinton mismo se limita a citar dos únicas
palabras : agua, en fueguino arret, en patagón larra, y diente, shereldie
respectivamente curr , ocr ; según nuestro entender, sólo la primera de
estas dos voces presenta un parecido lejano. Respecto al Yahgan, Brin-
ton no da comprobantes, pero nosotros, en la misma fuente, es decir, en la
obra de la Misión científica francesa, hemos encontrado como nueve pa-
labras semejantes al fueguino de 1098 El general don Bartolomé Mi-
tre, quien también ha comparado el vocabulario de Jean de la Guilbau-
diére con otros sudamericanos, dice como sigue 4 : «Escrito con arreglo
' Marcel, Les fuégicns alafia da xvn° siécle d’ api es des doctrinen ts fra apa i s inódits.
Congres internacional des américanistcs, compte-rcndn de la huitieme session tenue á París
en 1800, páginas 485-496. — Idem, Vocabulaire des fuégicns a la fin du xvn° siccle.
Ibidem, páginas 643-646.
2 Brinton, Further notes ou Fuegian languages. (I). An early Fuegian vocabulary.
Proceedings of lite American Philosophical Society, XXX, página 250, 1882.
ü Compárense las voces siguientes :
Vocabulario «le lüitK
Yalignn «le la Misión
rirlitílic.ft francesa
arco iris aleude ukainikh
arena akali agala
cormorán . . . alóla alano
corteza ikuashc a'ishu, ayushu
frente arkakol (ver los demás vocabularios) ushkas
granizo ..... taltakuashe kayash
niño yapeti guelle kaiguela
ojo titsh (ver los demás vocabularios) tela
sol arlock anula
La última palabra, auala, es una forma primitiva, puesto que auala-kipa o sea
anula-mujer, significa : luna ; esperamos que nos será posible tratar este tema intere-
santísimo en otro estudio.
1 Mitre, Catálogo razonado de la sección lenguas americanas, I, páginas 158-159,
Buenos Aires, 1909.
27
a la ortografía y a la fonética francesa, es difícil de determinar a qué
lengua fueguina corresponde, y si las diferencias que se notan compa-
rándolo con los vocabularios posteriores, provienen de las variaciones
que baya podido experimentar la lengua en el espacio transcurrido, o
bien de las incorrecciones del anotador. Sin embargo, cotejándolo con
los vocabularios de Fitz-Roy, parecería que tiene por base el alalcaluf,
pues se puede señalar en él como unas veinte palabras que tienen ana-
logía con este idioma, aunque disfrazadas por la ortografía [conclusiones
idénticas a las nuestras, v. m. a.], y a más seis palabras parecidas al
Tehuelche o Tsóneca, mezcladas, y alguna que otra que podría ser de fi-
liación Ona o Yagana. Esto se explica, desde qu¡e se sabe, según las no-
ticias biográficas apuntadas por Marcel, que el compilador, en su prime-
ra entrada al estrecho naufragó en su embocadura occidental, en uno
de los canales del archipiélago, donde permaneció diez meses; y que la
segunda entrada la hizo por el cabo de las Vírgenes después de recorrer
las costas de la Patagonia, comunicándose con los Alalcaluf primero, y
posteriormente con los Tehuelches y los Onas. Por lo demás, este docu-
mento es una mera curiosidad lingüística. » Nosotros opinamos que el
vocabulario en cuestión fué apuntado en una y la misma región, es de-
cir, en el archipiélago situado al norte de la embocadura occidental del
estrecho; se ve del arreglo de las palabras, según la publicación origi-
nal hecha por C. Marcel, que el compilador ha buscado observar cierto
orden según las materias (partes del cuerpo, animales, etc.), agregando
o intercalando en lo sucesivo voces olvidadas en las secciones anterio-
res; la gran coincidencia de la mayoría de los vocablos con los moder-
nos tomados en 1908 por O. Skottsberg, comprueba, como se verá en el
cuadro comparativo, que deben proceder de las mismas regiones o sea
de los canales situados entre el golfo de las Penas y el archipiélago de
la Reina Adelaida. Se verá también, que casi todas las palabras de 1098
reaparecen ya en uno ya en otro de los tantos dialectos de los indios
canoeros, vagantes al oeste del estrecho de Magallanes. El valor del an-
tiguo vocabulario es, pues, inapreciable. Nosotros lo hemos transcrito
según una fonética más precisa y lo hemos arreglado según las materias,
lo que mucho facilita su estudio comparativo.
Lingüísticamente sin importancia, pero sí por sus indicaciones etno-
lógicas, es la « noticia sobre las costumbres de los Araucanos » que con
fecha 11 de junio de 1729, don Gerónimo Pietas dirigió al rey de Espa-
ña '. Habla de los Huiliclie (= gente del sur), Pehuenclie (= gente de
los pinos), Puelche (— gente del este), Pouyas, Íluili-Pouyas, Oaucagiies
1 Gay, Historia física y política de Chile... Documentos..., I, páginas 501-503, Pa-
rís, 1850.
28
y Chonos, tribus araucanas las tres primeras, y dice de los Pouyas lo si-
guiente :
«La nación de los Pouyas es distinta de las ya referidas, así en la len-
gua como en la fisonomía y natural, porque son algo pequeños ; las mu-
jeres más forzudas que los hombres, dóciles de natural y muy tímidos,
porque de oír disparar y aún de sólo ver apuntar con arcabuz, se tapan
los oídos y se dejan caer en tierra; están unidos los Giiilipoyas que este
nombre quiere decir : Pouyas de más adentro [mejor : del sur] ; es innu-
merable la muchedumbre de ellos.
«Los Pouyas viven los más cercanos a los de Nalmelhuapi, y entre
ellos y los Giiilipoyas ocupan desde el gran río que nosotros llamamos
río de los Sauces y ellos Labquen Leufu (pie quiere decir río mar [ha de
ser el río Limay que desde su confluencia con el Neuquen se llama hoy
en día : Río Negro], hasta la tierra de los Caucalmes, que poco más o
menos son cien leguas, y desde la cordillera todas las pampas hasta el
mar del norte tienen sus habitaciones (que son de cueros de vaca) a las
orillas de los ríos, porque hay muchos distritos grandes sin agua, y para
caminarlos la llevan en cueros de guanacos; es su mantenimiento, fuera
de unas raíces que hacen harina, carne de vaca que hay muchas y las
más son overas de blanco y negro ; sus armas son Hechas y laques [bo-
leadoras]; tienen guerras con otra nación incógnita de nosotros que ellos
dicen es costanera de la mar del norte ; entre Pouyas y Güilipoyas hay
un río grande que ellos dicen lo pasan en sus caballos, amarrándoles
por un lado y otro de la cincha dos cueros de guanaco llenos de viento
|debe ser el río Limay ; eso de los cueros llenos de viento, es idea toma-
da de los españoles y adaptada por los indios a. un fin especial]; yo tuve
indio e india de esta nación en mi casa, fácilmente aprendieron la len-
gua española, y a mi me enseñaron algo de la suya ; cuando tienen una
pena, con pedernales se sajan los brazos, vertiendo mucha sangre y este
es su llanto...
«A las orillas del golfo de Guateca, en las quebradas y playas de la
cordillera, viven los Chonos, entre las cordilleras y playa de los Evange-
listas vive la nación de los Caucahues...
« La nación de los Chonos es muy distinta de todas en talle, color,
traje, en vida, costumbres y comidas, pues aunque no estuve sino solo a
vista de su tierra, vi muchos que traían y tenían los soldados y vecinos
de Chiloé; su aspecto es de español, muy pálido, como cuando están en-
fermos ; su traje de pieles de animales ; su comida, todo género de peces
y mariscos, lobos y aves de las marinas; hacen cecina de ballena, de pe-
ces espadas, lobos y otros peces carnudos ; tienen embarcaciones que
llamamos piraguas; sus herramientas son de pedernal, hachas, azuelas
y escoplos y cuchillos ; no siembran ni tienen grano alguno ; no tienen
caballos, ovejas ni vacas ; son como peces en el agua, en particular las
— 29
indias que se están medio día en el centro del mar, cogiendo y buscando
los mariscos de concisa que están entre las piedras en el profundo, y mu-
chas veces cargadas con liijillo de pecho a las espaldas ; viven pocos
años los que comen nuestras comidas ; aprenden fácilmente la lengua
española ; no son tan osados como los de las otras naciones, pues aunque
vienen con sus piraguas a las islas pobladas de españoles y hacen algu-
nas hostilidades, es a islas que saben hay poca gente, hacen el daño que
pueden, y a toda prisa se vuelven...
«Los Caucahues que habitan más adelante entre las cordilleras y las
playas del golñllo de los Evangelistas, son ajigantados [confusión con
los Patagones de Magallanes] ; no supe si había en Chiloe quien supiese
sus ritos, porque no se les entiende su idioma ; son muy forzudos y muy
osados ; no muestran tener pavor a los tiros de arcabuz ni se esconden
de ellos; sus armas son unas varas gruesas de madera muy fuerte y muy
pesada que acá llamamos luma [voz araucana], de seis varas de largas,
aguzadas y tostadas por la punta ; estas las tiran como garrochas, y se
acostumbran a tirar al blanco a troncos de árboles con que se adiestran;
alcanza su tiro, con ser dichas varas del grosor de una pierna, más de
sesenta pasos, y por esto nunca los españoles se llegan cerca, y una vez
que se llegaron, aun hijo del sargento mayor Juan Garros de Bobadilla,
desde un cerrillo le tiraron una, y por entre un hombro y la cabeza lo
ensartaron ella, y saliendo la punta por el muslo contrario, lo dejaron
muerto clavado contra el suelo, con tal violencia que no cayó en tierra... »
Se vé bien claro que la descripción de los Pouyas, corresponde a los
Araucanos, la de los Chonos y Caucahues, a los Alakaluf.
Entro los documentos del siglo xvm que se redoren al tema de la
presente monografía, el más importante es la relación del viaje que el
padre José García Martí, de la Compañía de Jesús, hizo en 17 60 y 1707
desde Chiloé hacia el sur de aquellos archipiélagos, pasando el grado 48
de latitud austral. En carta dirigida al abate don Lorenzo Hervás con
fecha 31 de octubre de 1783, contestó a éste varias preguntas res-
pecto a las lenguas de las naciones de que tenía noticia. Empezando por
el norte, dice de los Chonos y Caucahues 2 que «cada una de estas nacio-
nes tiene su idioma propio, y aunque sé que las lenguas de estas dos na-
ciones no son dialectos de la araucana ; mas no puedo afirmar si son
dialectos desfigurados de una lengua matriz o si por ventura son dos
lenguas matrices. Los indios Chonos en otro tiempo vivían en el país
' FIickváh, obra citada, páginas 125-127.
- En el texto de la carta hay : Caucahues ; esta palabra, en la carta, está usada una
sola vez y la b es sin duda error de imprenta, pues en el diario (ver más adelante)
siempre se escribe : Caucahue.
— 30
Une yo en la carta geográlica llamo tierra Arme <le Ofki; mas actualmen-
te todos se hallan establecidos en las islas vecinas a dicha tierra firme,
las cuales están en la parte austral del archipiélago de Chiloé. En la isla
de Chiloé empieza a hablarse el idioma araucano o chileno ; los isleños
de Chiloé usan un lenguaje muy corrompido con muchísimas palabras
españolas que han adoptado y que declinan y conjugan según la sintaxis
del idioma araucano. l)e éste es dialecto la lengua chiloena, aunque al-
terada y corrompida con palabras forasteras como he dicho ».
Respecto a los Chonos, faltan datos en el diario del padre José García
Martí, que filé publicado posteriormente '.No sucede lo mismo respecto
a los Caucahue y conviene extractar los respectivos párrafos para acla-
rar también la posición cultural de estos indios, ya que su posición lin-
güística fué indicada por el mismo misionero, aunque en forma negativa
(su idioma, no es el araucano). .
Salió el padre García Martí desde Oaylin (isla de Chiloé) en 170(5,
embarcándose en cinco piraguas con cinco españoles y treinta y cuatro
indios Caucahues, para llegar hasta las islas de Guayaneco, de Camelan
y el canal Fayu. Resulta de los párrafos siguientes, que los Caucahue,
eran indios canoeros como hoy en día los Alakaluf :
Diciembre 0 de 1700: «... pudimos lograr con gran peligro el puerto
Chanaquelya, en la cordillera, bueno y libre de todos vientos. Aquí me
dijo un viejo indio Caucahue que ésta era la tierra donde él se había
criado ; que daba gracias a Dios de ser cristiano, que ahora ya tenía ha-
cha, vestido y comida; pero cuando gentil, él y los suyos padecían mu-
chos trabajos; porque sus vestidos en tiempo de invierno se reducían a
una manta muy pequeña, hecha de plumas de pájaros, que con las lluvias
se les podría y sólo les tapaba las espaldas; en tiempo de verano, se ale-
graban de poder dejar esta manta, yendo desnudos. La comida se redu-
cía a marisco crudo, pájaros y huevos de los mismos pájaros ; y cuando
lograban coger algún lobo, era un gran banquete, y aunque lo hallasen
muerto y podrido, no lo desechaban, y muchas veces lo comían crudo,
' García [Martí], Diario del viaje y navegación hechos por el padre... desde su mi-
sión de Caylin, en Chiloé, hacia el sur, en los años 1766 y 1767. — Este diario fuó pu-
blicado por primera vez y acompañado de una traducción alemana, por Christopii
Gottlieb von Murr, en una colección llamada : Nachrichten von verschiedenen Liin-
dern des spanischen Amerika..., II, páginas 507-616, Halle a. S., 1809-1811. De esta
edilio princeps, el texto español fuó reproducido por Diego Barros Araua, en los Ana-
les de la Universidad de Chile, XXXIX, páginas 351-380 (385), 1871, edición que he-
mos cousultado. Una reimpresión de esta última edición apareció en el Anuario hi-
drográfico de la marina de Chile, XIV, páginas m-v, 3-42 (47), 1889. Los datos sobro
la vida y escritos del padre García Martí y de otros jesuítas expulsados con su com-
pañía en el siglo xvm, pueden consultarse en : Medina, Noticias bio-bibliográjic.as de
los jesuítas expulsos de América en 1767, Santiago do Chile, 1915.
31
cogiendo con los dientes una punta de carne y con 3a inano !a otra punta
del pedazo, y con una concluí de marisco cortaban junto a los dientes el
pedazo o bocado que habían de engullir. Las embarcaciones se hacían a
fuerza de fuego y con conchas ; tenían de largo dos brazadas ; con la
pérdida muy antigua de un navio por estos parajes, hallaron unos clavos
que adelgazados en la punta, les servían de herramienta para desbastar
las tablas de sus embarcaciones, en cuya fábrica, aunque tan pequeña,
| emplearon] año y a veces año y medio; la vela para navegar con vien-
to, era un cuero de lobo ; con estas embarcaciones iban de puerto en
puerto, cuando lo permitía el tiempo, en busca de su comida, que por
aquí está muy escasa, padeciendo los pobres a veces ayunos más largos
y rigurosos que los más rígidos anacoretas, y con ser esta tierra de tan-
tas lluvias y de muchos fríos. Sus casas eran unas ramas » (pág. 365-
366).
Interesante también es el siguiente párrafo, que demuestra cuán
superficial era la « civilizaciém » otorgada a los indios Caucaliues por el
bautismo :
Enero 17 de 17 67 : « Poco después de haber acabado la misa, gritó uno
desde un cerrito : ¡ humo ! ¡ humo se ve ! Y certificados de la verdad, fui-
mos en busca del humo, y como a legua y media hallamos en la punta
del norte de la isla Camelan, en la boca del canal de Eayu, una ramadita
con cuatro almas : un hombre con su mujer y un hijito, y una soltera; al
punto que nos divisaron salieron a la playa, pintado el hombre el rostro
y con su plumaje en la cabeza que eran dos alas de pájaros ; el vestido,
así del hombre como de las dos mujeres, se reducía a una sola manta de
pellejitos de guillin o gato marino que les cúbrelas espaldas, y poco más
abajo de la cintura, pero no por delante; mas ni en el hombre ni en las
mujeres acté de ver aquel natural pudor que causa la desnudez, ni ellos
extrañaban cosa en que nosotros los viésemos desnudos ; el adorno allí,
de hombres como de mujeres, es una sarta de caracoles muy menudos,
puesta alrededor de la cabeza; y las mujeres añaden al cuello unas sar-
tas de bromas de palos que parecen hueso. Las voces y gritos quedaban
cuando me vieron eran descompasados y sin cesar. Luego que nos acer-
camos a la playa, se conoció que el hombre era hijo de uno que conmigo
iba, y unos siete meses antes había ido a mi misión; habló, pues, éste a
su hijo y conocidos, saltamos a tierra. Abracó al hombre y se mostró ale-
gre; llegamos a su ramadita, cubierta de ramas y pellejos de lobos mari-
nos. Su despensa se reducía a dos o tres montoncillos de pájaros lilis,
algunos ya podridos, por estar fuera del ran chito expuestos al sol y al
agua... » (pág. 369; lili , error de imprenta o variante ortográfica por lili,
file , etc., nombre araucano del pájaro Xanthornus cayennensis , que tal vez
ha dado motivo para llamar : Chile , al país que habita).
No menos interesante es el método de los Caucaliues para cazar paja-
32
ios «coimanes», narrado en la página 807. Lleva el cazador un hachón
de fuego, hecho de cortezas secas de árbol; los pájaros que duermen al
largo de la costa, encandilados con la luz del hachón, no huyen, y el
cazador les va dando con un palo delgado y de largo como 0 a 7 palmos,
en la cabeza y prosigue hasta que quiere, y después retrocede y va
cogiendo su caza. Método idéntico es usado actualmente por los indios
Onas de la Tierra del Luego, como lo hemos averiguado en un viaje
hecho en 1902. Como estos indios no conocen la canoa y le tienen mie-
do, no pueden practicar la caza a los cauquenes al estilo de los indios
Caucahues, relatada por el padre García Martí como sigue:
Cuero 12 de 1707 : « Sobre tardé salió la piragua a. cazado cauquenes
los que así cogen : echan en la piragua una porción de piedras menudas,
y en viendo tropa de cauquenes, enderezan allá, y tirando las piedras,
ya por aquí, ya por allá, los juntan en tropa con facilidad por estar sin
plumas competentes para volar porque las mudan, y así van juntando
las tropas que encuentran y arrean como a corderos, pues si alguno se
descarría, con una piedra que le tiren, se incorpora otra vez con la tropa;
así los van arreando hasta una barranca con playa y los hacen dejar el
agua y luego a palos cogen centenares » (pág. 37 G).
Para completar los datos anteriores sobre los Caucahues, agregaremos
también lo que García Martí indica respecto a sus supersticiones, capí-
tulo tan poco conocido : « Al pasar sobre ellos alguna bandada de papa-
gayos, nadie levantaba la cabeza a verlos porque de lo contrario habría
mal tiempo» (pág. 304); al ver la nieve, «muchos indios Caucahues se
tiñeron con carbón las caras, diciendo lo hacían por saludar a la nieve,
porque el que así no lo hacía, se moría » (pág. 358).
Más al sur de los Chonos y Caucahues moraban, en la época del padre
García Martí, los Calen y Taijataf. « Las naciones Calen y Taijataf,
escribe al abate Hervás (obra cit., pág. 125), hablan un mismo idioma
que es bastante gutural y nada semejante al araucano; las dos naciones
se entienden mutuamente, aunque parece que cada una de ellas tenga
su propio dialecto, del que nada entienden los araucanos o chilenos. »
Idealmente, para facilitar su tarea misionera, el padre García Martí
había conseguido, por intermedio de indios amigos, que representantes
de ambas naciones se juntasen algún tiempo y esperasen la llegada del
sacerdote; pero antes que esto sucediera, empezaron a pelearse y vol-
vían a sus respectivas comarcas, así que cuando llegó García, sólo se
encontró con unos pocos Taijatafes que pudo catequizar.
Respecto al habitat de ambas tribus, he aquí lo que se lee en el diario
del padre (pág. 372-373) :
« De esta nación Calen hay cuestas islas alrededor deGuayaneco una
familia llamada Jorjuip, que consta de 47 personas, fuera de 20 personas
que ya están en mi misión; lo demás de la nación vive en la costa de la
33 —
cordillera entre 48 y 49 grados de altura austral, y por esta altura pocos
más minutos entra al este el estrecho o canal llamado Calen, por donde
se comunica esta nación dócil; entre esta nación tiene nombre el caballo,
la medalla y otras cosas propias de españoles...
«La nación Tayataf, que vive entre 48 y 49 grados de altura por el
archipiélago que se avanza por la travesía al sudoeste y se comunica
con los Yequinaguercs, dice que hay por ahí cerca una isla llamada Ana-
fur que quiere decir : isla de gente perdida... »
Conviene apuntar acá una práctica supersticiosa, observada por el
padre García Martí entre los Tayataf, pero a todo parecer usual también
entre los demás indios de aquel grupo. Es la práctica de hacer « daño »
a alguna persona por medio del cabello de ella; abunda el informante en
los detalles que pueden consultarse en el original. Se precisa el pelo de
la coronilla de la cabeza, que de otra parte dicen que no sirve. La profi-
laxis contra el «daño» es sencillísima: «toda esta gente que hallé —
dice el misionero en la página 370 — va con el pelo del medio de la
cabeza cortado por temor del maleficio». Es posible que la costumbre
de los actuales Onas, de cortarse una gran coronilla del tamaño de un
plato cuando haya fallecido un pariente (observaciones propias), sea de
base idéntica, queriendo evitar los Onas la repetición de la brujería, de la
cual el muerto ha sido víctima, como creen. Superstición idéntica a los
Tayataf, sobrevive hoy en día entre los Chilotes que creen en el «daño»
que se puede hacer, sirviéndose del cabello do otra persona, y que por
consiguiente, llevan su cabello bien corto 1 * ; los «Peclieray» observados
por el capitán King, también tenían miedo de brujería análoga
Respecto a la etimología de los términos gentílicos que nos ocupan,
es menester dejar constancia que el mismo padre García Martí, para for-
mar el plural de Calen, unas veces escribe : Calenes, otras : Calenches
(p. ej., pág. 367). La voz parece araucana, aunque por el momento no
puede darse etimología acertada. Pebres da: culen, albaquilla 3 * ; pero
más bien debe pensarse en : c’len, cola, palabra que entra a formar ape-
llidos araucanos (p. ej. : Kurih’len, Colinegro; P’noh’len, Pisacolas) '. Hoy
en día, Calen es el nombre de una caleta sobre la costa oriental de la isla
de Chiloé, seis a siete kilómetros al este del puerto de Quetalco 5. Res-
pecto a la voz Taijataf, nada sabemos de su etimología ; ¿ será propia de
los indios canoeros 1
1 Martin, Ueber die Eingcborenen ron Chiloé, in Zeitschrift fiir J'Jthnologic, IX, pági-
na 177, 1877.
" Narrative, etc., página 313.
n Figures, obra citada, página 461.
1 Ferres, obra citada, página 605. Augusta, obra citada, página 27.
Asta Buruaga, obra citada, páginas 41-42.
UKV. MUSEO I.A PLATA . — T. XXV
La quinta y sexta tribu canoera, mencionada por el padre García Mar-
tí, está formada por los Lecheyel y los YeMnalmer. « Llegué más allá del
grado 48 de latitud, en donde están establecidas las naciones Calen y
Taijataf — dice en su carta, — y allí supe que después de estas nacio-
nes hay liacia el estrecho de Magallanes otras dos naciones llamadas
Lecheyel y Yekinaliuer, las cuales, según mis observaciones, deben estar
en la costa del estrecho de Magallanes. De la lengua de estas dos nacio-
nes solamente puedo decir que no es araucana o chilena. »
Respecto a la etimología de ambos nombres, sólo observaré que hoy
en día, Yecudahue es nombre de un « pequeño riaehuelo que tiene origen
y muere entre las montañas que yacen a moderada distancia hacia el
SSE. de la villa de Nacimiento » 1 (capital del departamento de este
nombre, provincia de Arauco). Yelánahuer, parece ser el mismo término
geográfico con que los araucanos significaron, en aquel entonces, una
comarca lejana, y los españoles a los indígenas de ella. Etimológicamen-
te, parece ser compuesto de yéku (cuervo) y nahuel (tigre), palabras usa-
das para apelativos2 3; la designación de gente como «tigre-cuervo»
(siempre que nuestra etimología es acertada), ¿ estará basada en algún
mito o en la fama de un antiguo cacique de este nombre ? ¿o es Yeld-
nahuer idéntico con Yclckiima, nombre de un espíritu malo entre los
Chonos, según las afirmaciones de Fitz-Roy ?
El diario del padre José García Martí es, pues, importante para el
conocimiento de los indios que en el siglo xvm moraban entre Chiloé y
el estrecho de Magallanes, no solamente por la indicación de las seis
tribus y su ubicación, sino también por un mapa con muchos nombres
topográficos en lenguas indígenas, material lingüístico que tal vez en un
día puede ser analizado, ampliado y comparado con otras fuentes, tarea
interesante para un geógrafo chileno que al mismo tiempo se dedicara
a investigaciones nuevas sobre los aborígenes de aquellas comarcas ;l.
Los demás datos del siglo xvm relacionados con nuestra materia,,
son bien pocos y aislados; he aquí algunos :
En el mapa de Juan de la Cruz Cano y Olmedilla J, tratado ya en
1 Asta Buiiuaga, obra citada, página 417.
2 Augusta, obra citada, páginas 31-36.
3 Los informes sobro los viajes al sur de Chiloé, siempre contienen nombres geo-
gráficos en lengua indígena que valen la pena do ser reunidos y estudiados en una
investigación especial. Citaré al ejemplo la isla de Indio « que en lengua de los
Chonos llaman Meñauque » (Machado, Diario del viaje hecho hacia el estrecho...,
1768-1769, en Anuario hidrográjico de la marina de Chile , XIV, página 124, 1889).
1 Cano y Oi.medu.i.a, Mapa geográjico de América meridional..., Madrid, 1775...
Copia publicada por Guillermo Faden, Londres, 1799.
nuestro trabajo anterior (pág. 221-222), se indican en el sur de Choele-
choel, isla del río Negro, los indios Atschaugli, « que no pueden ser iden-
tificados», como dije en aquella oportunidad. En un manuscrito del
padre José Cardiel sobre las dificultades que suelen haber en la conver-
sión de los infieles, etc. (Biblioteca nacional de Buenos Aires, manuscri-
tos n° 4390), del año 1747, estos mismos indios están mencionados, sin
detalle alguno, bajo el nombre de : Aschauget. Puede ser que esta voz,
no es otra que Alcshesh (que significa : hombre) o Alcjautsh (que significa:
muchos), en el lenguaje de los canoeros estudiados por Skottsberg; la
ubicación de aquella tribu, según el antiguo mapa, es, empero, dema-
siado septentrional, y más bien debe suponerse que Atschaugh o Aschau-
get, no es otra cosa que : atshaua , voz para decir : cascabeles, en la len-
gua Agiinüna kiinü o Puelche (según nuestras propias investigaciones
que se publicarán en otro trabajo) y: het, partícula gentilicia del idioma
« het », en el cual dice : gente.
De la expedición que los padres fray Benito Marín y fray Julián Real
hicieron a rlltimos del año de 1778 y principios del de 1779, a los archi-
piélagos de Guaitecas y Guaineeo, sólo nos interesa saber que « busca-
ron prácticos de los sitios que intentaban reconocer y del idioma de los
gentiles que iban a buscar » ; que « por medio de los prácticos e inteli-
gentes de su nativo idioma ... consiguieron de 33 que eran, que se em-
barcasen 11 » indígenas; puede resultar interesante también un estudio
lingüístico de los nombres geográficos indicados en el mapa que acom-
paña el libro de González de Agüeros y reunidos en una lista especial '.
Tócanos ahora tratar del libro del célebre naturalista y ex jesuíta
inglés, don Tomás Falkner 1 * 3, que representa la base de nuestros conoci-
mientos étnicos para el siglo xvin, respecto a aquellas regiones de Sud
América. Los autóctonos que vivían desde Valdivia hasta el estrecho de
Magallanes están divididos, según este libro, en cuatro naciones distin-
tas. La primera, llamada Pichi Huilliche (« gente chica del sur»), llega
hasta el mar de Chiloé y más allá del Nalmel Huapi; habla la lengua de
Chile o sea la araucana. «La segunda nación son los Chonos, que viven en
el archipiélago de Chiloé y sus inmediaciones. La tercera nación se llama
Poy-yus o Peycs y ocupa la costa del mar desde los 48 grados de latitud
sur; y desdo ese paralelo hasta el estrecho se extiende la cuarta nación,
que llaman de los Key-yus o Reyes. » Se equivoca Falkner al continuar
que las últimas tres tribus son conocidas bajo el nombre de : Vuta Hui-
1 González de Agüeros, Descripción historial de la provincia y archipiélago de
Chiloé en el reyno de Chile..., págiuas 218, 236, 249-250, Madrid, 1791.
4 Falkner, A description of Patagonia and the adjoining parís oj South America,
páginas 98-99, Hereford, 1774.
Iliclie («gente grande del sur»), designación que corresponde a los Pata-
gones, de talla alta.
Respecto de los Poyus, nada podemos agregara lo que escribíamos en
nuestro trabajo, página 231 : «parecen ser araucanos, aunque los demás
datos existentes sobre ellos dejan alguna duda al respecto...». La voz
misma hade ser araucana; ¿cuál será su significado? ¿Hay relación con
puuya, « cordones de que hacen boyas » ‘, o con poe o poi, nombre, en el
actual lenguaje de Cliilóé, de la Bromelia bicolor , que abunda en esas
regiones - ? En el caso de ser exacta la última etimología, Poi-hue signi-
fica un lugar caracterizado por la gran cantidad déla citada planta. Ese
nombre de Poyus tal vez es el mismo que Payos, como lioy en día se lla-
man los araucanos chilotes que viven en el ángulo sudeste de la gran
isla de Cliiloé 1 * 3, o como también se llama esta misma región 4; este nom-
bre : Payos, deriva, según Armengol Valenzuela (ver el párrafo trans-
cripto, pág. 21), del araucano payun, barbas. Es muy probable que Poyus
fueron llamadas no solamente tribus araucanas, sino también canoeras,
por lo menos por los indígenas que informaran a Falkner. Canoera, con
apelativo araucano, parece ser también la última de las cuatro naciones
citadas por Falkner, o sean los Key-yus o Reyes.
Respecto de estos Key-yus o Reyes, ya no supongo que pueden ser los
Ta’uiishn o Patagones del último sudoeste de Patagonia, como lo escribí
en la página 231 de mi estudio anterior. Tendrá razón el capitán King,
quien supone que son los indios Alakaluf, observados tantas veces por
él 5. Fijándonos que Falkner, unas páginas más adelante (pág. 111), los
llama « Key-yus o Key-yukues », debemos pensar más bien en una palabra
araucana que termina en liue, sitio, paraje. Key-yu tal vez no es otra cosa
1 Fkhiius, obra citada.
- Cavada, Chiloé y los chilotes, etc., IX, página 253.
Respecto a la bromelia llamada poe, escribe ROrhhto Mai.donado O. (Estudios
geográficos c hidrográficos sobre Chiloé, pág. 31-32, Santiago do Chile, 1897) : « El
cabo Matalqui so nos presentó como un tajamar inaccesible, que caía sobre las aguas
del Pacífico, por lo que dispuso cruzarlo por sobre el cordón de cerros que lo espal-
deaba, no obstante de que sus laderas son do más de 60° do pendiente y cubiertas
do las mortificantes povs o pocilios. Con tal objeto se despacharon seis taladores para
que abriesen una sonda que nos condujese a la playa del sur del cabo... Para dar
aviso al individuo que, saliéndose de la laguna de Cucao, debía salirmo al encuentro,
hice prender fuego al pocntal que se extendía por la ladera do los corros vecinos.
El incendio se propagó como a. un kilómetro, y la colosal columna que formó, al-
' canzó a divisarse por el norte hasta el lugarejo de Quetalmahue, según supimos
después. »
3 Martin, obra citada, página 165, nota.
1 KrüGer, Die patagonischen Anden swischen don 42. and 44. Grade siidlicher
Itreite. Petermanns Mittcilungen, Erganzungshoft CLXIV, página 28, Gotha, 1909.
!i Narra tire, etc., 1, página 87.
37
<iue corruptela de Icoihue , el fago tan común en el sur de Cliile, o debe
interpretarse Jcell-hue, siendo hell, lcelle, Icelli, nombre de una de las tan-
tas variedades de papas que hoy se cultivan en Chile ' y lmc, paraje. Pa-
labras parecidas son Rehuí (¿etimología?), una isla del archipiélago de
Chiloé ; San Miguel de Kihue, un pueblo pequeño al norte de San
Carlos a.
Otra breve noticia sobre los canoeros del estrecho de Magallanes, sal-
picada de algunas palabras, data del año 170(5 y es debida al navegante
francés Duelos Guyot \ Los hombres, dice, se llaman Pachpachevc las
mujeres Cap cap; «ils ont appris ces noms en montrant leurs personnes
et ensuite leurs parties qui distinguent le sexe ». Para decir: perro, indi-
caron la voz ouchi (usld en transcripción fonética); para decir: canoa,
sliorou, probablemente error de imprenta, en vez de : slieru (ver el voca-
bulario comparativo). Si entendemos bien otro párrafo que hay en la pá-
gina 12, la voz pachaclmi significa : cacique, y no es apelativo.
En la segunda mitad del siglo xviii se ha hecho célebre una designa-
ción que fué dada a los indios canoeros ubicados en el estrecho de Ma-
gallanes, y cuyo autor es el famoso Bougainville; me refiero al término
Peshcrd , que hoy en día todavía reaparece en la literatura científica y,
ante todo, en la popular. He aquí el relato original del navegante fran-
cés fechado diciembre de 1707 y tomado en bahía y puerto de Beau-
bassin, isla Dawson, enfrente del cabo Froward : « Je reconnus la méme
borde de sauvages que j’avois déjá vue á mon premier voyage 1 17 66]
dans le détroit. Nous les avions alors nommés Péchcrais, parce que ce
fut le premier mot qu’ils prononcerent en nous abordant, et que saris
eesse ils nous répétoient, comme les Patagons répetent le mot cliaoua.
La méme cause nous a fait leur laisser cette fois le méme nom. » Agre-
garemos que Bougainville, también al principio de 1708, entró en rela-
ciones con sus Pedierais en Puerto Galant, donde hizo la descripción de
ellos que llegó a ser clásica.
1 Cañas Pinochet, La papa... Acles de la Sociéié scientifique da Chili, XI, página
178, 1901 (indica : kell, lcelle); la lista del soñor Alejandro Cañas Pinoeliet filó re-
producida por Francisco J. Cavada, Apuntes para un vocabulario de provincialismos
de Cliiloé..., páginas 151-153, Punta Arenas, 1910. — Lknz, Los elementos indios del cas-
tellano de Chile. Diccionario etimológico de las voces chilenas derivadas de lenguas indí-
genas americanas, página 656 (kclli). — Cavada, Chiloc y los chilates, etc., página 257.
2 Asta Buruaga, obra citada, páginas 285, 415.
5 Phrniítty, Histoire d’un voyage aux ílcs Malouincs, fait en 1763 et 1764 : avee
des ohscrvations sur le détroit de Magellan et sur les Patagons. Nouvolle ódition, 11, pá-
gina 114, París, 1770.
4 Voyage autour du monde, par la frégaic du lloi La Róndense, et la Jlúle L’Étoile,
en 1766, 1767, 1768 et 1761), página 147, París, 1771.
Durante el segundo viaje del célebre capitán James Cook, fueron
observados en la bahía que boy lleva su nombre, el día 24 de diciembre
de 1774, muchos indígenas canoeros. Cook mismo escribe 1 : «Le lende-
main, ils nous firent une autre visite; je m’apergus qu’ils étoient de la
memo nation que j’avois vue autrefois dans la baie de Bon-Suceés, et
que M. de Bougainville distingue sous le nom de Pécliérais; mot quecos
indiens pronongoient a tout moment... » (pág. 38).
Los datos del naturalista Forster, compañero de Cook, que se hallan
insertados en la edición de aquel viaje que tengo a la vista, son más
amplios : « Les enfants ne prononcoient guéres que le mot Pcsseray, que
nous primes quelquefois pour un terme de tendresse, et d’autres fois
pour une expression de mal-aise ou de douleur » (pág. 35). « Quelques-
uns d’entr’eux proférerent un petit nombre de rnots, outre celui de Pas-
seray, dans lesquels je remarquai beaucoup de consonnes et de guttura-
les, sur-tout le 11 des Gallois; ils sembloient toxis grasseyer fortement;
ce qui contribua á rendre inintelligible ce qu’ils disoient » (pág. 37).
« Pendant l’absence de M. Cook, les naturels vinrent á bord; cbacun les
fuyoit, á cause de leur puanteur, et ils s’en en allerent bientót. Ils pro-
nongoient quelquefois le mot Pcsseray d’un ton si piteux que nous cro-
yions qu’ils mendioient quelque chose; mais en les examinan t de plus
prés, je n’observai pas le moindre changement dans leur contenance je
n’appergus qu’un regard stupidement fixe>> (pág. 41-42).
Ampliación délos datos recién reproducidos, es el siguiente párrafo 2 :
« De toxis les mots qu’ils prononcoient, nous n’avons distingué que celui
de pesserai , qu’ils répétoient souvent do maniere á nous faire croire qu’ils
vouloient exprimer leur amitié pour nous, et qu’ils trouvoient une telle
chose bien. Quand ils parloient, j’observai que leur langue comprend le
r et Vi précédé d’un th anglois, et qui ressemble un peu a ll des habitans
du pays de Galles, et plusieurs autres sons grassayés. »
Si es cierto (pie la voz pesserai es característica para los Alakaluf y
desconocida a los Yahgan (lo que, por el momento, no puede comprobar-
se), habrán los Alakaluf, en la mitad del siglo xvm, llegado más al sur
que al principio del siglo xix, época de los viajes de King, Fitz-ltoy y
Danvin.
Recordamos el párrafo ya transcripto (pág. 18) del doctor G. Spegaz-
zini, según el cual actualmente un grupo de indígenas que permanece en
' Cook, Yoyayc dans l’ liémisphdrc austral et autour du monde, fait sur les vaisseaux de
lloi L’ Aventure et La Résolution, en 1772, 1773, 1774 et 1773... dans lequel on a in-
serté la rélation du capitaine Furneaux et celle de Mm. Forsters. Traduit de Fanglais,
IV, París, 1778.
2 Foustek (i’KUic), Observations faites pendant le seconde voyage de M. Coolc dans
l’ hémisphérc austral et autour du monde..., página 228, París, 1778.
39 —
la isla Londonderry, se conoce bajo la denominación de Adwipliin; ellos
han de ser los descendientes de aquellos que trataran Cook y Forster.
El 30 de enero de 1780, al fin, el capitán español don Antonio de Cór-
doba, relata lo que observó en el estrecho de Magallanes 1 : « Poco des-
pués de amanecer se vieron salir de la bahía de Gastón 7 canoas que,
según se computó, contendrían como 03 indios entre hombres y mujeres
y niños; fuéronse acercando a la fragata con una gritería y voces formi-
dables; una de las canoas se adelantó, y estando como a tiro de fusil,
redoblaron sus individuos los alaridos, repitiendo a menudo la palabra
Peche ri , levantando unas plumas al aire y los brazos al cielo... » « La
palabra favorita y que a cada momento proferían, era Peclieri , que se
explicaba como equivalente de la de amigo. Mr. Bougainville distinguió
a estos indios con dicho nombre sin más motivo que repetición tan con-
tinua. »
En el segundo viaje de Antonio de Córdoba 2, fueron observados, en
diciembre de 1788, cerca de cabo Redondo y de San Isidro, indígenas de
la misma categoría, y las notas generales sobre ellos van ampliadas con
unas pocas palabras : « ole -ni, doy, di, daré » (pág. 27); «pissirí, hijo, niño,
muchacho y algunas veces hombre» (pág. 28); « kap , siempre que quie-
ren hablar del tiempo venidero; acagua, sencagua, texto de una canción ».
De estas voces, sólo la segunda tiene cierto parecido con los equivalen-
tes citados bajo « niño » en nuestro vocabulario comparativo.
Para concluir de una vez con los Pesheri, anticipamos de nuestra
reseña cronológica los datos del capitán inglés Fitz-Roy : «Más o me-
nos en las partes centrales del estrecho de Magallanes, hay una horda
pequeña y muy miserable cuyo nombre no conozco. Su exclamación usual
es : ¡ Pccheray ! ¡ Pecheray !, por lo cual Bougainville y otros así la lla-
maron. Por falta de un término más correcto, voy a usar la misma pala-
bra » (II, pág. 132). El capitán King, antecesor de Fitz-Roy, afirma tam-
bién (I, pág. 313, 315, 319) haberles oído esta exclamación: «We did
not remarle any thing peculiar arnong these people whicli we liad not
perceived in other nativos of Tierra del Fuego, except that tliey fre-
quently used the word « pecheray », a word particulary noticed by Bou-
gainville, who thought that it meant the ñame of the tribe; and, in
consequence, the Fuegians have been often called Pecherays » (I, pág.
313).
«During the day several Fuegian families liad arrived... I landed to
1 Relación del último viaje al estrecho de Magallanes de la fragata de S. M. Santa Ma-
ría de la Cabeza, en los años de 1785 y 1786..., página 41, 349, Madrid, 1788.
2 Apéndice a la relación del viaje al Magallanes de la fragata de guerra Santa María
de la Cabeza, que contiene el de los paquebotes Sania Casilda y Santa Eulalia para com-
pletar el reconocimiento del estrecho en los años de 1788 y 1789, Madrid, 1793.
40 —
visit them... We eutered :ill tlie wigwams but one, whicli was said to be
occupied by a woman in laliour. In tlie opening stood her husband... The
other Fuegians called him «Pecheray»; and appeaved to consider himr
while in the cbaracter lie liad assumed, as a being superior to themsel-
ves. Henee, ti i ere evidently is sometliing oí' a superstitions nature eo li-
nee ted witli the word; but our frequent attempts to lind out its precise
meaning, were unsucceful. On repeating tliis expression to a gronp of
natives, one of tliein immediately coughed up a piece of blubber, whicli
lie liad been eating, and gave it to anotlier, wlio swollowed it witli mueli
eeremony, and witli a peculiar guttural noise; tlien, looking up, and
pointing witli bis ftnger to the skies, solemnly pronounced the talisma-
nic « Pecheray ». Tliis word is also used in pointing to the sun » (I, pág.
314-315).
«A day or two after, the weather iniproved, and the Fuegians disper -
sed, probably for want of food, sonie going to the nortliward, but the
greater part along sliore to the southward. These people pointed up-
wards to the sky, when tliey were moing away, repeating the word
« Pecheray» (I, pág. 319).
101 significado de la exclamación que se ha hecho tan célebre, hasta la
fecha ha quedado dudosa; pero bien puede ser que es idéntica a pallieri
(vocabulario Spegazzini) *, pellieri (vocabulario Lista) 2, pélieri, pallieri
(vocabulario Cqjazzi) 3, palabra que se traduce con : hombre, gente. Puede
ser que nuestra palabra, en su segunda mitad, contenga la voz arri o
yerri, equivalente de : hermano (ver el diccionario comparativo), así que
el conjunto significara algo como: somos hermanos, etc. Nuestra suposi-
ción va corroborada por las palabras arriba citadas de don Antonio de
Córdoba, según las cuales, pecheri «se explicaba como equivalente de
amigo»; la palabra pissirí, indicado por el mismo como «hijo, niño,
muchacho y algunas veces hombre», tal vez es la misma que: pellieri ,
péller i, pallieri, pecheri, etc.
Lingüísticamente importante es el relato dado por el capitán 11. Fifcz-
líoy 1 sobre los autóctonos de las regiones más australes del continente
sudamericano. Guiado por autores anteriores, principalmente Falkner,
y basándose en sus propios viajes, Fitz-Eoy llega a distinguir los siguien-
tes grupos, a saber :
1 ScnoAZZiNi, Vocabulario A lakaluf, número ¡1, inédito ; vcl- (4 apéndice de este
trabajo.
- Lista, Los Tehitelvhes de la Patayonia, en Anales déla Sociedad científica argentina,
XLII, página 41, 1896.
1 Cojazzi, obra citada, página 136.
1 Narrative, etc., II, páginas 131-133.
41
Io Los Patagones, célebres desdo el viaje de Magallanes por la descrip-
ción que Pigafetta diera de ellos;
2o Los Yacana, término tomado del libro de Falkner que se refiere a,
los actuales Onas (pág. 137), pero también a la rama austral de los Pata-
gones que eran ginetes (ver nuestro estudio sobi'e el grupo lingüístico
-hct, en el cual se demostrará que Yacana-Tcünnii es voz del idioma puel-
che que significa: gente que camina);
3o Los Tclceenica, hoy conocidos bajo el nombre de Yahgan o Yámana
como ya filé explicado en las páginas 16-19 del presente trabajo;
Los cuatro grupos siguientes tienen mayor interés para nosotros y
se enumerarán, por consiguiente, en orden geográfico, del norte al sur :
4o Empezando con los Chonos , Fitz-Roy da algunos detalles sobre su
vida en las canoas, hechas de tablas de madera, etc. (II, pág. 142); tomó
a bordo dos representantes de esta tribu, que le proporcionaron datos
de alto interés sobre canibalismo, modo de enterrar a los muertos, habi-
lidad en orientarse en sus canales, manera de declararse la guerra, su-
persticiones, etc., etc. (datos que pueden leerse en el original, pág. 189-
196), pero dejemos constancia: que no filé averiguado ni el verdadero
nombre ni la patria de la tribu respectiva; que el nombre Chonos fué
aplicado a ella por el mismo marino inglés y sus compañeros, probable-
mente bajo la influencia del libro de Falkner; que uno de esos dos indí-
genas fué embarcado cerca de cabo Victoria, (pie flanquea el norte de la
(nitrada occidental del estrecho; el otro nunca había pasado más allá del
sur de este pasaje.
Respecto a las tres palabras, anotadas de la boca de uno de esos dos
indígenas, debe advertirse que por el carácter de su significado, no están
exentas de dudas, a saber :
«Los nativos de esta tribu», léese en la página 191, «suponen que
toda la gente blanca, originariamente, viene de la luna; llaman a esta
gente blanca : cubba, y a menudo usan una expresión respecto a ella que
significa : hombres blancos de la luna. » En el apéndice al tomo II (pág.
142), cubba está traducido con esta última interpretación. Confrontando
los demás vocabularios (ver nuestro cuadro sinóptico), encontramos en
la lista Alikulip del mismo Fitz-Roy, la palabra ak’kuba = cielo, y en la
lista de Skottsberg, alcabc — nieve, invierno.
El « espíritu bueno » que « consideran como autor de todo bueno, que
invocan en tiempos de angustias o peligro », llaman Ycrri Yupon (II, pág.
190; apéndice, pág. 142); la primera de estas dos palabras, encontramos,
con el significado de «hermano», en el vocabulario de 1698 (arri), y en
la lista Alikulip de Fitz-Roy (ar’re), y de Hyades (yeri).
La tercera palabra cliona, al fin, es Yaccy-ma , nombre de un « espíritu
malo, » « que piensan es capaz de cometer toda clase de daño, que es
causa de mal tiempo, hambre, enfermedades, etc.; que suponen es como
— 42
un gigantesco hombre negro » (II, pág. 100). Esta voz Yaccyma, a pro-
nunciar Yekkihna, ¿no será idéntica con Yekinaliue, etc., una de las tri-
bus canoeras mencionadas por el padre García Martí y ya tratadas por
nosotros ? (ver pág. 34 de este estudio).
Las tres últimas tribus de los indígenas canoeros, de Fitz-Roy, son las
siguientes :
5o Los Huemul, cerca de Qtway y Skyring Watcrs, cuyo nombre pro-
pio no pudo ser averiguado; «por el momento — dice Fitz-Roy — los
voy a llamar Huemul, porque tienen muchos cueros de una especie de
gama [Odocoiletis (Mazama) bisulcus] » (II, pág. 132); huemul, es voz
araucana ;
0° Los Peshera, que ya hemos analizado pág. 37-40 ;
7o Los Aliklioolip. «Al oeste — dice Fitz-Roy (II, pág. 132), — entre
la parte occidental del canal Beagle y el estrecho de Magallanes, hay
una tribu hoy llamada Aliklioolip... » Este nombre, como también él de
Tekeenica, se debe a Fitz-Itoy, como lo afirma expresamente el capitán
King (I, pág. 88) : « Nuestro conocimiento de los nombres de estas dos
tribus, Aliklioolip y Tekeenica, resulta de la examinación continuada
de la costa extrema de Tierra del Fuego, practicada por el capitán Fitz-
Iíoy a bordo del Beagle (1830). » En la obra correspondiente no he podi-
do hallar detalle sobre el modo cómo Fitz-Roy llegó a llamar con aquella
palabra a los fueguinos canoeros, cuyo límite oriental, según él (I, pág.
459), forma el Christmas Sound, pero el origen puede haber sido el
siguiente : Fitz-Roy, en el deseo de averiguar los nombres autóctonos
de localidades geográficas e indicarlos en su mapa, habrá preguntado a
los respectivos indígenas; así procedió en la bahía que bautizó : Tekee-
nica, como ya fué indicado, aplicando el mismo nombre a los correspon-
dientes indios, y así puede haber procedido al bautizar un cabo y llamar
los indígenas de sus alrededores : Aliklioolip. Respecto al significado
de esta palabra, nada sabemos, pero en el vocabulario de esta lengua,
apuntado por la Misión científica francesa, hay alikolif, con la traduc-
ción: mate», lo que equivale a : ilqualef de Fitz-Roy ya: uls-kualuf de
Borgatello. Nosotros suponíamos, pues, que la designación geográfica y
gentílica que nos ocupa, debía su origen a un mal entendimiento pul-
parte de los indios que Fitz-Roy consultara; mientras que él quiso saber
el nombre de la bahía, ellos le dieron la palabra que indica la esta-
ción del día respectivo, dándole la palabra que en la lengua de ellos
dice: madrugada, mañana, o sea: alikulip. Según una comunicación per
sonal que me hizo el doctor O. Spegazzini, Alakaluf o, mejor pronuncia-
do, Olakaluf, deriva del idioma Yahgan y significa: Traga-mejillones,
apodo con que estos indios apostrofaron a sus vecinos; en la obra de la
Misión científica francesa, los componentes de esta palabra yahgan se
escriben en ortografía francesa : oualo (« manger des oursins, des uuifs
43
<>u autre chose qu’il faut casser ») y : arliouf (« espéce de motiles, la plus
commime sur les plages»); nosotros aceptamos esta explicación tan
clara y sencilla, y suponemos que el mismo indígena Yahgan, llamado
Jernmy Button, baya designado ante el capitán Fitz-Roy, a esos vecinos
de su tribu, con ese apodo de : Traga-mejillones o Alikhoolip. Desde la
publicación de la gran obra de la Misión francesa, úsase generalmente
la variante : Alakaluf, adoptada por los expedicionarios según el uso de
los misioneros ingleses 1 ; nosotros también emplearemos esta última va-
riante, aunque Skottsberg 2 afirma que Alukulup es la forma que actual-
mente se usa por los chilenos y que fue usada por un mismo lenguaraz
indígena. Pero hay más todavía : como Alakaluf es nombre tan conocido
en la literatura científica, conviene extenderlo a todas las tribus cuyo
idioma tiene relación con el de los Alikhoolip de Fitz-Roy; de esta ma-
nera se explica el título de la presente monografía. No está fuera de
cierta probabilidad que el nombre verdadero déla horda respectiva haya
sido Etskinnish , voz dada en la lista do Fitz-Roy para decir : hombre.
El vocabulario Alakaluf, debido a Fitz-Roy, se halla en el apéndice
al volumen II de la obra expedicionaria 3 y consta de 194 voces, que más
tarde fueron reproducidas y confrontadas por el doctor Hyades, de la
Misión francesa 1 ; también O. Skottsberg 5 se ocupa un poco de compa-
rarlas con su propio material. En el texto del primer tomo de la expedi-
ción inglesa hallamos, además, en la página 53, la palabra sherroo,
canoa, y el apelativo Yal-la-ba , nombre de un muchacho, tomado a bordo
en 1827, cerca de Cape Rowlett, en el Admiralty Sound; advertimos que
yul’aha, en el vocabulario de Fitz-Roy, o yul-ebe, en el de la Misión fran-
cesa, significa: Este. En la página 61 del mismo tomo primero, hay la-a-
pas, hombre joven; y en la página 77, al fin, como lo fué comprobado en
Tamar Bay, en la parte occidental del estrecho, encontramos la ya cita-
da voz : sherroo, canoa, y otra nueva : peteet, niño.
Los estudios sobre los indios que nos ocupan, a partir de la expedi-
ción inglesa mandada por King y después por Fitz-Roy, son pocos e in-
suficientes cuando se refieren a lingüística, base para clasificaciones
étnicas. Daremos, en orden cronológico, una sinopsis sobre el tópico.
' Mission scientifique, etc., página 12.
2 Skottsberg, obra citada, página 578. En un trabajo anterior sobre la misma
materia, donde falta el vocabulario tan importante (Einigc Beobachtungcn iibcr die
Eingeborencn Westpcitagoniens . Ymcr, XXXI, página 240, 1910) el mismo autor escri-
be : Alokolup.
3 Narrative, etc., Appendix to volume II, páginas 135-140.
4 Misión scientifique, etc., páginas 272-277.
" Skottsberg, Obscvvations, etc., página 012.
lili 1870, el médico inglés doctor Thomas Tentón, aprendió de boca
de tres mujeres, procedentes de Crooked Reach, estrecho de Magallanes,
cuarenta y seis palabras que más tarde fueron publicadas por la Misión
francesa cuando visitara Punta Arenas En esta oportunidad, fueron
anotadas de boca de un niño, llamado Cirilo, de nueve años, otras die-
ciséis voces 1 2, que nosotros, en la lista comparativa que va al lin, liemos
significado como Fenton II cuando era menester citarlas. En 1908, Cari
¡ákottsberg 3 * * * pudo confrontar y rectificar ambas series.
Ventiséis es el número de palabras indígenas apuntadas el 8 de febre-
ro de 1879, en la parte occidental de Skyring* Waters, por el comandan-
te chileno don Juan José Latorre ‘ cuando visitara aquellas regiones;
por más corto que sea el vocabulario, para nosotros ha sido de gran uti-
lidad (va reproducido en el apéndice).
El vocabulario de palabras fueguinas, obtenidas de los nativos de
bahía Tilly, estrecho de Magallanes, por lí. W. Coppinger ', del Alert,
en el año 1880, consta de cincuenta voces y cinco apelativos; es intere-
sante que, según este autor, los indígenas saben distinguir, con designa-
ciones diferentes, sus propias embarcaciones (ayoux) de los botes perte-
necientes a los navegantes chilenos (sherroux).
Insignificantes eran los resultados lingüísticos, obtenidos por el estu-
dio de un grupo de indígenas de la isla Dawson que la empresa Hagen-
beck llevó a Europa en 1880 y 1881; este fenómeno es tanto más curioso
en cuanto las investigaciones somáticas sobre esa gente abundan y for-
man toda una bibliografía especial que no es el caso mencionar en el
presente trabajo. Las pocas investigaciones lingüísticas fueron hechas
por P. de Lucy-Fossarieu " y Seitz 7. El primero apuntó doce voces que
reproducimos en el apéndice; dice que ha buscado inútilmente encon-
trar una afinidad entre ellas y los vocabularios de las regiones vecinas;
algunas de sus palabras, sin embargo, se hallan en la lista de Fitz-Eoy,
citada por el mismo P. de Lucy-Fossarieu; otras se encuentran en el an-
tiguo documento de 1<¡98 que en el año 1881, no era publicado todavía.
1 Mission scienti/ique, etc., página 278.
- .l/ission 8cientiliquc, etc., página 279.
3 Skottsuhrg, Obscrvations, etc., páginas 613-61-1.
1 LatoiíRE, Esploración de las aguas de Skyring o del despejo i de la parle austral de
Patagonia, en Anuario hidrográfico de la marina de Chile, VI, página 88, 1880.
!i Coppinger, Cruise of Ihc «Alert». Four years in Patagonian, Polynesian, and
Mascarene waters (1S7S-SP), página 122, Lomlon, 1883.
'■ De Lucy-Fossaiueu, Ethnographie de V Amérique antarctique. Patagona, Arauea-
nicns, Fucgiens. Mómoires de la Sacióte d’ Ethnographie [ de Paria'], número I V , página
177, 1884.
7 Seitz, Ucber die Feuerliinder. Archiv fiir palhologiaehe Anatomie und fiir klinische
Mcdicin, herausgegeben von Iíudolf Virchow, XCI, página 181, 1883.
— 45 —
Topinard, en la discusión de una conferencia que L. Mauouvrier 1 diera
sobre este mismo grupo de fueguinos, se refirió, en términos vagos y
generales, a su idioma, y citaba la palabra Icieppa, carne; agreguemos
que esta voz existe también en la lengua patagona (yeper). En la va-
riante : yeper , la palabra para decir : carne, se halla también en el breve
vocabulario fueguino (18 palabras) que el médico doctor Johannes Seitz,
apuntó en Zurich cuando prestó sus servicios profesionales a. la desgra-
ciada indiada, cuyos individuos más característicos fallecieron a causa
de una epidemia pulmonar, etc.; mas sus apuntes no lian de ser muy
exactos, pues él mismo lamenta la dificultad que tenía para entender a
los indígenas; de esas palabras, sólo una es idéntica con una del voca-
bulario de 1 G98 (ver también el apéndice).
Siguen cronológicamente los apuntes lingüísticos tomados por el bo-
tanista doctor Carlos Spegazzini cuando en 1882, acompañara la expe-
dición austral argentina mandada por el malogrado teniente G incomo
Bove, De estos apuntes, unas pocas palabras ya han sido publicadas,
pei'ola mayoría del material, hasta la fecha, lia quedado inédita. Res-
pecto a las voces ya publicadas, hallamos en el ya citado estudio del se-
ñor Spegazzini sobre las costumbres de los fueguinos 2 dos palabras
alakaluf, ají i — canoa (pág. 101) y át-jl = choza (pág. 103), y su trabajo
botánico 3, también contiene un número de designaciones que los indios
fueginos, sean Olías, sean Yahgan, sean Alakaluf, dan a ciertas plantas
de su país : de estas palabras Alakaluf, buena parte ha sido comprobada
por O. Skottsberg 4. En el apéndice reproducimos la lista original. El
material inédito, ha sido brevemente mencionado como número 14, por
el general Mitre, en su catálogo r’; nosotros debemos a la gentileza del
doctor Spegazzini, no solamente el estudio de todas sus observaciones
lingüísticas, sino también el permiso de publicar en el presente trabajo,
todo lo que se relacione con el Alakaluf. Constan estos apuntes de dos
1 Manouvrier, Sur les Fuégiens du Jardín d'acclimatation, in Bulletins de la Société
d’ Anthropologie de París, (3) IV, página 775, 1881.
2 Spegazzini, Costumbres,, ote., páginas 161-163.
2 Spegazzini, Plantas per Fuegíam a Carolo Spegazzini anuo 1882 collcctac, in Anales
del Musco nacional de Buenos Aires, V ( = (2) II), páginas 39-104. En esto trabajo hay 13
designaciones en lengua alakaluf que serán reproducidas en el apéndice. Las desig-
naciones indígenas agregadas a otro trabajo del señor Spegazzini que trata de los
bongos fueguinos (Fungí fuegiani, en Boletín de la Academia nacional de ciencias de Cór-
doba, XI, páginas 135-308, 1887), pertenecen al idioma yahgan, como lo liemos com-
probado por una comparación con los vocabularios do esta lengua; las palabras res-
pectivas, corresponden a los números 66, 67, 312, 313 y el número 114 (allush), tam-
bién ha de ser yahgan.
1 Skottsiierg, Obscrvations, etc., páginas 610-611.
” Mitre, obra citada, páginas 176-177.
— 46 —
vocabularios distintos, a saber: el primero se debe a un indígena lla-
mado Sahualkis, oriundo de la península Brecknock, hombre joven ele
más de 25 años, criado en la misión inalvina, que algo sabía del idioma
inglés y que ya había viajado a bordo de varios buques en carácter de
marinero; el vocabulario dictado por él, consta de ciento sesenta y
seis voces, etc. El segundo vocabulario, fué obtenido por el señor Spe-
gazzini, de boca de un indio llamado Bánerko, hombre que vivía com-
pletamente solo al pie del monte Darwin, en Darwin Cove; se compone
de cincuenta y nueve palabras. Al publicar en el apéndice ambos voca-
bularios, los liemos arreglado según materias, adoptando, con la ayuda
del mismo señor Spegazzini, una transcripción más o menos fonética y
conservando para la traducción de las voces indígenas, el idioma italiano.
La gran obra de la «Mission scientifique du Cap Hora, 1882-1883»
cuya parte etnográfica está dedicada a los Yámana, contiene muy poco
respecto a los Alakaluf *. Va primero la comparación del vocabulario de
Fitz-Roy con las palabras tomadas de una mujer Alakaluf (sin proceden-
cia especial) que vivía entre los indígenas de aquella otra tribu; no está
fuera de cierta probabilidad que el nombre gentil de la horda a la cual
dicha mujer pertenecía, era Hékciiné, voz indicada para decir « hombres».
A continuación, sigue el vocabulario de otro dialecto facilitado por el
doctor F en ton y ampliado por el doctor Hyades como ya lo hemos rela-
tado en la página 44.
Corta y desconocida es la lista de palabras de los autóctonos Guaicaro
de la península Brunswick, agregada por Ramón Lista en nota, a un
breve estudio sobre los Telmelches de la Patagonia ; consiste en dieci-
nueve palabras y contiene, además, indicaciones de carácter general ;
reproducimos este corto vocabulario en el apéndice.
El misionero salesiano padre «losé María Beauvoir, publicó en 1901
un diccionario Ona cuyo «breve prospecto comparativo entre los idio-
mas fueguinos » , contiene cuarenta y una voces de la lengua Alakaluf* ;
la procedencia exacta de esas palabras no está indicada ni tampoco se
dice si ellas fueron suministradas por un solo o por varios individuos;
suponemos, sin embargo, que se deben a un individuo solo, oriundo de
los alrededores de la isla, Dawson, en aquel entonces sede de la misión
salesiana. Dichas cuarenta y una palabras, más tarde, fueron reprodu-
cidas por Alejandro Cañas Pinochet quien agregó al fin déla lista once
1 Mission scientifique, etc. páginas 272-278, 278-279.
- Lista, obra citada, página 41, nota.
J Beauvoir, Pequeño diccionario del idioma fueguino-ona con su correspondiente cas-
tellano, páginas 7-8, Buenos Aires, 1901. — En el apéndice, reproducimos las 41 voces
alakaluf.
1 Cañas Pinochet, La geografía de la Tierra del Fuego >j noticias de la antropología
— 47
palabras nuevas, fruto de observaciones personales en las conversacio-
nes con los indios, como él mismo dice. El mismo padre Beauvoir, en su
ya citado libro sobre los Shelk’nam ', inserta en una tabla lingüística
comparativa, ciento quince palabras Alakaluf, en parte nuevas, en parte
las anteriores, en parte algunas de la Misión científica francesa, como lo
dice expresamente en nota; lian sido, pues, mezclados los materiales
lingüísticos de dos o más dialectos Alakaluf, motivo que nos lia indu-
cido a no tomarlos en consideración.
Pequeño pero bien documentado es el « vocabulario fueguino, recolec-
tado por uno de los oficiales del buque [Presidente Pinto], el contador
Iriarte, y por uno de los cabos de mar del Huemul que tuvo a su cargo
dos muchachos fueguinos que voluntariamente se embarcaron en última
Esperanza » ; consta de cuarenta y tres voces y va insertado en el informe
que de su expedición a los canales Mayne y Gray, efectuada en 1904,
diera el capitán de fragata Arturo Wliiteside, bajo cuyo nombre cita-
remos esas palabras 2. Báse cuenta el comandante chileno de la gran
diferencia en los dialectos de los canoeros y en la construcción de las
embarcaciones : «la de los canales, son hechas de tablas cosidas entre
sí, y las del estrecho, son de cortezas y amarradas. Los restos de canoas
que hay varadas en las playas de Muñoz Gamero, permiten notar un
gran parecido con las dalcas o bolis del sur de Chiloé y de Guai-
t ecas » .
Importante bajo todo punto de vista es la monografía del botanista
sueco Cari Skottsberg 3 quien no obstante varias dificultades, consi-
guió un amplio vocabulario (264 palabras y 16 frases) sirviéndose para
apuntarlo, de una mujer oriunda, al parecer, de los alrededores de puer-
to Gallant, en la parte oeste del estrecho; confrontó y controló, además,
como ya lo hemos mencionado, los materiales de Fenton y del indígena
Cirilo y aquellas indicaciones de Spegazzini que se hallan en su primer
trabajo botánico (Plantae, etc.); y comparó, por fin, un poco los vocabu-
larios de Fitz-Koy y de H y ades (de la Misión científica francesa). Com-
probaremos por medio de la presente monografía que no acertó Skotts-
>/ etnografía de sus habitantes. Trabajos del Cuarto congreso científico [ latino americano ]
(Ia pan-americano) celebrado en Santiago de Chile del 25 de diciembre de 11)08 al 5 de
enero de 1909, XI (= 3, 1), página 393, Santiago de Chile, 1911. — En el apén-
dice, reproducimos aquellas 11 voces.
1 Beauvoir, Los Shelhnam, etc., págiuas 15-17.
2 Whiteside, Memoria sobre los trabajos hidrográficos efectuados en los canales Mayne
i Cray por el crucero «Presidente Pinto» al mando del capitán de fragata señor Arturo
Whiteside, en los meses de marzo i abril de 1904, en Anuario hidrográfico de la marina
de Chile, XXVII, páginas 18-20, 1912. — En el apéndice reproducimos el pequeño
vocabulario.
3 Skottsberg, Observations etc., páginas 605-614.
— 48
berg cuando dijo que su « brief vocabulary proves thatwe liavea fourtli
htnguage, whicli may be spoken of as Fuegian».
Nuestra reseña bibliográfica se termina con un vocabulario Alakaluf
que fué recogido por el sacerdote salesiano M. Borgatello y agregado
por Antonio Cojazzi a su interesante libro sobre los fueguinos Como
en el caso del vocabulario del padre Beauvoir, tampoco sabemos la pro-
cedencia exacta, ni sabemos si se debe a uno sólo o a varios individuos,
pero según experiencia propia suponemos que el lenguaraz indígena ha
sido una sola persona, oriunda de los alrededores de Dawson Islaml. Se
compone el vocabulario de cerca de quinientas cincuenta palabras y
ciento treinta y siete « expresiones varias ».
VOCAB IJLAKIO COMP ABATI VO
Anuís vi ación lo». — 1! = Borgatello, 1911; 13v — Beauvoir, 1901; C — Coppinger,
1880 ; CP = Cunas Piuochet, 1908 ; Cir — Cirilo, 1883 ; F = Fentou, 187(5 ;
FR = Fitz-Roy, 1830-32 ; G = do la Guilbaudiére, 1(598 ; II = Hyatles, 1883 ;
La = Latorrc, 1879; Li = Lista, 1895; LF = do Lucy-Fossarieu, 1881; S =
Seitz, 1882; Sk = Skottsberg, 1908; Sp = Spegazzini, 1882 (Plautae); Sp 1 =
Spegazzini I, 1882 ; Sp II = Spegazzini II, 1882 ; W — Whiteside, 1904.
Advertencias. — La palabra francesa incluida en paréntesis que sigue a la co-
rrespondiente palabra española, es aquella que se baila en el texto original de
Jean de la Guilbaudiérc.
En la transcripción de las voces indígenas según el vocabulario de Fitz-Roy,
fueron suprimidos los signos diacríticos.
PARTES DEL CUERPO
Cabeza (tete) : G, \yakabed\ 1 2 shepi ; C, iakalus.
Cabello (clieveux) : G, terlcaf3] F, terhlcaufh; C, therhoun ; Li, terkof;
Bv, terskaf; Sk, te’rrko : f ; B, terlcaf.
Frente (front) : G, arica Icol; F, urkuarh (tete) ; cf. Bv, tel kar; ef. Sk,
to.shl ka.l (face), tesh’l-kar (forehead) ; B, orkudr (capo), cf. tel-
kar (fronte).
1 Cojazzi, Gli indii, etc., páginas 125-140.
- Comparando las palabras indígenas de 1698 para : cabeza, brazo, puño, dedo,
resulta que yakahed lia de significar al dedo (yuk’kaba, Fitz-Roy) o a la mano (yu-
kcbe, Hyades) con que el intorrogador tocó aquella parte del cuerpo cuyo equiva-
lente, en lengua indígena, deseaba saber. En el primer renglón de nuestro cuadro,
yakabed fué encerrado, pues, en corchetes.
3 En el original, tereuf, error de imprenta como se ve de la comparación con las
correspondientes palabras insertadas en los otros vocabularios.
— 49
Ojo (yeux) : G, titsh; FE, tclkh ; F, delh ; La, tcsh 1 ; LF, tc’léh[-lctca\ ; II,
tételo ; Li, tel,téel ; Bv, telh ; W, tez , tash ; Sk, tesh’l ; B, tcllc ,
tels .
Cejas (sourcils) : G, tish eri ; L, tesli erile ; G, tliesseris ; B, telshiulcu.
Nariz (nez) : G, lutshc ; C, los ; S, nos[-kva\ ; H, lishi (front) ; Sk, lau.xl.
Ñato (camarde) : G, pashareze ; cf. Sp II, palliéri (nomo, mascliio); cf. Li,
pcllicri (hombre) ; ef. B, pelierí, palliéri (nomo).
Mejilla (jone) : G, sheltefare.
Oreja (oreille) : G, tuerkal 3 ; F, dehl’koulo; Sk, te.llca:olo ; cf. B, hollar.
Boca (bouclie) : G, afflet ; LF, anf’kle’rishlfkva] ; Cir, oftekalh ; La, o/3;
Bv, afftalcal; W, ajf 4 ; Sk, a.Jltai ; B, aflddai, afguldá.
Labio (levres) : G, ajfirie; FR, uffeare; H, ujiéli ; Bv, afjiry ; Sk, afe.
re; B, afierí, áufiri.
Lengua (langue) : G, paileaf; cf. C, patliers (teeth).
Diente (dents) : G, sherckdic ; FE, sheriquish (tootli of sea!): F, tshirilcti ;
LF, shc’rik’til; S, tshiligi ; La, terrelciti ; Bv, sherikti ; W, sec-
rede; Sk, tshc.regdi ; B, sherilcde.
Mentón (mentón) : G, askart; cf. FE, uf’lca; La, ofkesh; cf. II, ujké-ini.
Garganta (gorge) : G, ilkart; cf. Bv, tshaVerskal (cuello); Sk, jc.lkarrr;
B, ilkar (nodo alia gola).
Cuello (col) : G, irsetel.
Brazo (bras) : G, [yabed] 5 shart; cf. La, kio sharti \
Puño (poingj : G, yakabed 7, sharkal; cf. La, yakaspe yeper * ; Sp I, yeka-
palir (mano).
Dedo (doigt) : G, yakabed, sharkal \tufi\ ” ; FE, yuk’kaba; F, darkalkhl;
' En el original hay tcsh-}m para : ojos, teih-erilc para : pestañas, iexli-ayink para :
cejas, así (pío tc.sh, os : ojo propiamente dicho.
3 En el original, Icuerkal, error de imprenta (compárese los demás vocabularios).
3 En el original hay of-kesh para : barba, ofsli-ayiuk, para : bigotes, así que of,
debe decir : boca.
' Eu el original hay aff-shiayo para : bigote (ver la nota anterior).
3 Ver nota número 2, página 48; eu el original, yabed, lo que debe ser un lapsus
calami en vez de yakabed.
3 Traducido en el original con : uñas.
7 Ver nota 2, página 48 ; parece que yakabed y sharkal, son sinónimos.
s Yakaspe yeper, es traducido eu el original con : muslo; yakaspe, debe ser idéntico
con yakabed (ver nota 7) ; yeper, se traduce con : carne, comida, como lo comprueban
otros vocabularios Alakaluf (Skottsborg) ; también es palabra del idioma patagón
(ver pág. 45 de este trabajo).
3 Ver nota 7. A todo parecer, no hay palabras especiales para distinguir : puño,
de : dedo; el indígena, por consiguiente, no entendía la pregunta del navegante
francés, y debe haberle contestado, para satisfacerle, con cualquier cosa; en el caso
presente, agregó a su contestación anterior tufi, lo que quiere decir : enfermo (ver la
HEV. MUSEO T.A PLATA. — T. XXV
i
50 —
H, yukébe (main); Bv, darkalkl; Sk, tau.xl xa: riel; B, tolskar,
tolskar tefé.
Uña (ongle) : G, teltelu; W, taul taul.
Teta (mamelle) : karresseli; Sk, kai.tsh’el (stomack); B, katshiel (ventre).
Pezón (tetón) : G, urke; F, urkld ; Sk, au.rxk’ (breas t).
Vientre (ventre): G, gabedye; Bv, kaetshel; ef. la palabra siguiente:
Ombligo (nombril) : G, kuslietaye ; C, kutshiss (stomacli), kut choice (legj;
B, katshelsda (cintura).
Riñones (rognons) : G, atekona.
Pudenda c? (parties de l’bomme) : G, igre.
Pudenda 9 (parties de la feinrne) : G, kauste ; Sk, kau.tlcstl (intestinos).
Nalgas (cul) : G, kededehel.
Muslo (euisse) : G, kat sherbuel ; FR, kut ¡aba; F, kath’ karrh’ (jambe) ;
LF, kalt[kwa] • H, kut lambé ; Sk, ka.txkar (legj; B, katkar, kat.
Pierna (jambe) : G, kat; FR, kut; F, kath (euisse, fémur); C, kxit choice;
Bv, kat; W, kat; Sk, kat (legj; B, kat (piede).
Dedos del pie (orteils) : G, tortekualke; W, thokuer.
ELEMENTOS Y NATURALEZA
Agua (eau) r G, arrét.
Agua dulce (eau douce) : G, arret perlin.
Agua de mar (eau de meij : G, arret sliapte.
Mar (meij : G, sliapte; Sp I, tshapaklihl (mare morto); Sp II, tsliiápl (uni-
ré); W, tshafila; Sk, tshea.pl; B, tshiapl.
Ola (lame, lioule) : G, afflrin, oyeke; cf. Sp I, ¿iftshilak (l’abassare della
mare); B, ayaeda (marea).
Alta mar (liaute meij : G, ailliceheta; cf. FR, arshi ; cf. H, asid (coucber
du soled); cf. Sk, a.tshikulail (west); B, al-leksda (fondo).
Río (rivióre) : G, stetler.
Arroyo (ruisseau) : G, shcstesslioler.
Corriente (courant) : G, yakslie; Sp II, akshiókvar (acqua).
Gota (goutte) : G, kadqck.
Fuego (feu) : G, ollai; Sp I, tahlíli ola (accendi il fuoeo); B, olei (accen-
dere il fuoeo).
Llama (flamine) : G, stctel; FR, tet’tal; Sp I, tetél; II, tetele; Sk, sh’ta.
tka : l.
Humo (fumée) : G, telkeslie; FR, teVUcks, telk'luish; Sp I, daVk; Sp 11,
telkis ; II, tiVla/iks; B, telks.
rúbrica : adjetivos). No deja de llamar la atención, sin embargo, que Borgatello,
también indica : tolskar y tolskar tefé para el término : dedo.
51
Leña para el fuego (bois a bríiler) : G, lcakaslie; Cir, kolcas ; Li, leeleásh ;
Sk, va. raes 1 ; 13, háleosle.
Cielo (ciel) : G, arle alta ; cf. FR, ák’huha ; H, cleu-ué; Sk, arrx’ ; B, arica
(cielo), arlcaéta, arleaitá (nuvola).
Nubes, vapores (núes, vapeurs) : G, «y el; lí, aiash (lever «le la lime); 13,
aiel (pioggia fine).
Lluvia (pluie) : G, dctsliahual, tleoshelart ; FR, usli’qunl ; F, ohlitshikuar
(pluie), kitsliihuar (eau); II, uaiakal (pluie).
Viento (vent) : G, alashe.
Viento arriba (vent par en liaut) : G, leakard ; cf. 13, akatel kartshio (ven-
to forte).
Exhalación (évents) : G, akarashelishe ; Sk, ókia.rsh’li (ice).
Granizo (grele) : G. taltakuashe.
Nieve (neige) : G, ledsheb eslíe; FR, as’ lio ; H, esh-u;
Hielo (glace) : G, akahee 2; Sk, a. lcaebe (snow, winter); 13, aleare (neve).
Trueno (tonnerre) : G, laical ; Sp II, takkál; B, laical.
Relámpago (éclair) : G, aahcclai deslcesh.
Arco iris (arc-en-ciel) : G, akadé 3 ; Sk, aleja. ielokl; B, ac-hiorihéh , ah-
hailíle.
Sol (soleil) : G, arloch ; Sp II, err éláleu (solé), alhuahu áluk (mattino);
Bv, arelocle; Sk, arrx-a.luk; B, arelóle, árrélule.
Luna (lime) : G, yakapetsli * arle; Bv, y chapes alóle; Sk, i.rkapish a. hile ;
B, i aleapestsli i alop, i aleapesh i ala.
Estrella (étoile) : G, kollaslie; FR, leonash; Sp I, leunalir; Sp II, hollásli ;
H, kunn’ash ; Sk, h.ollasli’ ; B, leol-lash.
Día (jour) : G, léala; Bv, hala; Sk, lea.ldgti; cf. ha. la lórk (gloaming);
B, léala.
Noche (nuit) : G, aloui; cf. F, yuVlupre; cf. H, at-ulapu ; cf. B, ac-lciói,
ac-kióler, áleioi (si fa notte).
Hace buen tiempo (il fait beau temps) : G, hesepgarre; cf. B, leayeirle
(giorno chiaro).
Hace calor (il fait chaiul) : G, appel; Sk, a.pócll ; B, apel.
Hace frío (il fait froid) : G, ishesshe; FR, hishach; Sk, ki.sh’ash’ ; B, ki-
saleetshi, leisole.
Obscurece (il fait noir) : G, haberla lione.
' Skottsborg agrega on nota : « The sound is sometimos so kard and sharp tliat
it closely resembles k. »
2 En el original, alabee, error do imprenta.
3 Dice el editor del vocabulario de 1698 : « Lo mot est-il fini ? Je ne saurais dire ;
car le conteau du rolieur a sonvent mordn sur le texte. Pour les mots cjui seront
dans le méme cas, uous l’indiquerons par le signo *. »
’ En el original : yakabetsh, lo qne ha de ser error de imprenta, etc.
52
Tierra (terre) : G, alket; B, ákkate (térra Ion tana).
Campo abierto (prairie) : G, shalkayo; cf. FE, kehtlao (stone).
Arena (sable) : G, álcali; cf. B, kioptshe olkalde (spiaggia).
Montaña (montagne) : G, ar (j akart ; B, árkakar .
Boca (roche) : G, shardol.
Barranca (falaise) : G, shidekap.
Selva (forét.) : G, dabdartan, kars; cf. B, tshielaktshia kar, arica kar (co-
lima) [aricar verde].
OAMA, UTENSILIOS, VESTIDOS
Toldo (maison) : G, hastlie; FE, lint; Sp I, át-lihl; Sp II, dtt(c)l; W, ata;
Sk, at; B, at.
Chalupa, canoa (chaloupe, canot, navire) : G, shero * : FE, sherroo C,
slierroux; La, sheruka 1 2 3; W, será; CP, tshiru; Sk, tslid.rru; B,
sherur.
Hacha (hache) : G, adgny (ortografía original).
Facón (serpe, manchette) : G, aipel.
Cuchillo (couteau) : G, islart; cf. II, ijlstilh.
Fierro (du fer) : G, astashe ¡ai; B, autaske (coltello di ferro).
Harpón (varre) : G, irsel; Sk, ish’l.
Ilarpón (harpon) : G, irkebal; FE, ihlka.
Ecmo (pagaie, aviron) : G, kuainyi; cf. H, uai-áik (aviron d’homme).
Canasto (panier) : G, daye; F, talia; O, dawyer ; W, tallo ; Sk, ta.ju; B,
taio.
Balde? (sceau) : G, uastakuarre ; cf. B, kara ustaskar (sega).
Bastón (báton) : G, kar re; F, kat; Sp I, lidrak, kdrák huilis ; CP, kaarr;
Sk, ka . rksku : Unid ; B, kar (bragia).
Piel para abrigarse (pean dont ils se servent pour tout vétement) : G, ita;
B, ita (collana fatta con ossicini delle zampe degli uccelli).
Piel [de lobo marino ?J (pean) : G, alak; W, yáliaks; Sk, a. Hale.
Par de medias (pair de bas) : G, akshe.
1 En la edición original, liay un asterisco (ver la notaS, página anterior) que debe
suprimirse, puesto que la palabra respectiva es completa, como resulta de la. compa-
ración con los otros vocabularios. La misma palabra fu 6 apuntada también en 176fi
por Duelos Guyot (ver el texto do nuestro trabajo, pág. 37).
2 Apuntado por el capitán King (Narrativo, etc., I, pág. 53, 77, 104). En el primer
viaje do los buques Adventurc y Ilcatjlc, al mando del capitán King, fué descrito ya
en 1833, en un libro especial, por John Macdouall, olerk del Boagle y la palabra
slieroo, también está mencionada en esta obrita (Macdouall, Narrative of a voyage
to Patagonia and Terra [sic] del Fuégo [sic], trougli tbe straits of Magellan, in II. M.
S. Ad venturo and Beagle, in 1820 and 1827, pág. 110-111, London, 1833).
En el original, hay : banco, en vez do : barco, sin duda, error do imprenta.
53
FAMILIA
Hombre (bomme) : G, alcshele she ; cf, FE, acr’inish; cf. Sp II, tshelldk
(fratello), yéklcóu tshelldk (bambino); cf. Sk, a.kshesh.
Mujer (femme) : G, alcshele tep ; cf. Sp II, etlátap .
Prostituta (femme débauchée) : G, alcshele tep sheli 1 ; F, ip’pa (bomme),
ipa tshelis (femme); Sk, i.ppa (wliite man), ippa sli’elis (white
woman) ; B, terueja (vecchio), terueja shels (vecehia).
Hombre viejo (vieil bomme) : G, akshel(e) slii Jcoikep ; cf. B, orlcep.
Mujer vieja (vieille femme) : G, alcshele tep kokelishe ; B, aoik leulash.
Hermano, hermana (frére, sceur) : G, arri; FE, ar’re; Sp I, enagapahr
id est enagap dhr (fratello maggiore), uari (fratello m enore); H,
yeri; Bv, ari’laik; B, arri.
Cuñarlo (beau-frere) : G, a(lc)shele rct.
Niño (enfant) : G, yapeti guelle 1 2; FE, patctc; II, pétité (mi) hijo (mon) en-
fant) ; G, haslie tapan.
ANIMALES
Ciervo (cerf) : G, jegel (ortografía original); cf. la palabra siguiente.
Cuerno de ciervo (son bois) : G, belcjul.
Ferro (chien) : G, shallci ; FE, shiVoke; F, shallci; C, sharlciss; Sp I, salid;
LI, shallci ; Sk, tsh(i)a .lid ; B, sliialki.
Eatoncillo (souris) : G, askaiselap ; cf. C, akraceps.
Lutra (loutre) : G, laten, aoshelap ; cf. Sp I, lágutel kazka (lutra), sulcuts-
haluf (leopardo di mare); Sk, la.eltl ; B, lol-let, lalt.
Lobo marino (loop marin) : G, alkuatsheta; B, alkials, alakash .
Foca (marsouin) : G, kallona.
Ballena (baleine) : G, aballa; Sp II, abela; Sk, a. pala; B, apela, apla.
Mono (guenon) 3 : G, adinyi.
Abutarda (outarde) : G, islap, oatsliol ; Sp I, Imatsliau-ul (avutarda del
kelpo); B, ialcar aslap (corvo), uatshiol (otarda)..
Cormorán (cormoran) : G, alóla, Sp I, lahleif (cormorano), alalcli Ulihlli
(novo di cormorano).
Bernacho (bernix, bernicle) : G, gatelishc.
Pato (canard) : G, rarshaux.
1 Sheli etc., parece femiuizar, expresamente, la palabra antecedente.
2 Puede ser que esta palabra lia sufrido errores de transcripción, etc.
3 Se entiende que debe haber sido un mono mantenido a bordo del buque, en el
cual navegaba Jean de la Guilbaudiére.
54
Pato vapor (canard qui lie volé point) : G, atargy (ortografía original).
Malva (gaviota) (man ve) : G, kailx ; SpI, igkaik (gaviota aganibe rosse) ;
B, kaiel, kan.
Gaviota (goéland) : G, tslieshiuette ; Sp I, tshóet (gaviotín).
Contramaestre (contre-maitre) : G, pittc.
Golondrina (hi rondel le) : G, kololcotsha ; B, kvalkvatsliia.
Pengiiin (pingouin) : G, karasse; cf. C, karaicuspoug (steamer-duck).
Huevos (oenfs) : G, lessheli; FE, lith’le ; Sp I, lihhlli ; Sp II, lethli ; B,
lesle, iorel.
Huevo empollado (íeuf convé) : G, uaf sholinyi.
Pez (poisson) : G, orolle; C, areous, areersh.
Concha (coquille) : G, sishaux ; C, chaloux.
Almeja (mondes) (montes) : G, apteshuée; W, affshte (erizos).
Cardo de mar (chardon de mer): G, kabesshe ; C, kaicotchi (sea-eggj ; cf.
W, kapó (choros).
Araña (araignée) : G, koplap.
PLANTAS
Árbol (arbre) : G, teshelart ; Sp, taslika (Fagus antárctica) ; Sk, tshe .a: la
(wood).
Hoja (fenille) : G, argol ; Sp, alcoól ( Fagus betuloides) ; Sk, a.llkol (Fotho-
fagus antárctica) ; B, alkol (ramo), alkiol (rovere).
Corteza (écorce) : G, ikuashe.
Leña de pino (bois de pin) : G, paikle .
Leña de laurel (bois de laurier) : G, ten; cf. B, ter (fungo parassita del
faggio).
Arbusto (brande): G ,pilkuet; Sk, pi.lekutl (FJmpetrum rubrum, Tepualia
stipularis); B, peluk (frutto di Berberís microphylla) .
Repollo (choux) : G, deshankre.
Ortiga (ortie) : G, gicrap.
Hierba (herbe) : G, shakalam; S, shakalu (Poa pratensis, P. scaberula) ;
Sk, sli’a.ka:lf (Scirpus cernuus) ; S, shekalef.
«Junco (jone): G, eshep; cf. S, iékkabesse id est iékkab esse (Marsipposper-
mum grandiflorum) ; cf. Sk, je . kkabi : sse id est je.kkab i : sse
(idem).
Helécho (fougere): G, teshaurick; cf. Sp I, tetshiol (Poa).
Musgo (mousse) : G, deshafishe.
Alga (varech) : G, kitshabasske 1 ; Sk, kitsha, .p'óksh’.
Alga larga (varech large) : G, abal.
' Eu la ortografía original, quat vhabasche, error de transcripción, pues para de-
PRONOMBRES
Yo (moi) : G, Jciushi ; cf. Sp I ,jsio, shio.
Tú (toi) : G, shosse ; cf. Sp I, ssiau.
Él (lui) : G, hollé; cf. Sp I, haló-lcs (noi (lúe).
Mío, mía (ilion, ma) : G, hasshe ; cf. Sp I, ais ; Sk, hosh.
Para mí (pour moi) : G, letreshon.
ADJETIVOS
Grueso, grande (gros, grand) : G, agonil: FE, oic’kwel; H, haiflcil; Sk,
a . Jad : l (large) ; B, ak-kel, ali-ltvi '.
Pequeño, poco (petit, pcu) : G, ikot; FE, yiko-at ; Sk, i . kjau : t ; B, ikiot.
Muy grueso (fort gros) : G, agonil dux.
Muy pegueño (fort petit) : G, ilcot dux.
Bueno (il est bon) : G, y ego ; FE, shoko (small) ; H, shuku (petit).
Enojado (je suis faclié) : G, atashe; Sp II, atásJi; Sk, a.tta: sh’.
Muy enojado (je le suis beaucoup) : G, atashe agoni.
No enojado (je ne le suis plus) : G, atashe kiep.
Duro (dur) : G, aove.
Frío (il est froid) : G, mehalleke.
Podrido (il est pourri) : G, paskesshe.
Indispuesto (j?ai mal) : G, afile ; FE, ahf ; cf. H, Mff.
[Enfermo ... G, tufi] ; Cir, dof ; Sk, toffi.
Bueno, rico (á manger) : G, lap lap ; FE, ly’ep ; F, la'ip ( joli, bon); H, la-
la'if ; Sk, la.ip; B, la-iep , layep.
[Blanco ... G, yalmpetsh 3j ; Sp II, yalccpekiar ; Bv, yelcapes; Sk, i.rkapish ,
ish’liapisli ; B, iaJcapetsh.
ADVERBIOS
Mañana [= día !J (demain [= jour !j) : G, Icalas [— Jcala!]', Bv, Jcala (día);
Sk, ka.logti (day), lea. la liirk (gloaming).
cir ka, siempre se usa ca, nunca qua ; compárese, además, la palabra análoga,
apuntada por Skottsbcrg.
' Ak-kvi, se halla en la combinación : isola grande.
'2 Componento do la palabra quo dice : luna ( j/akapctsh arle) y que so traduce con :
sol blanco, o más bien : astróu blanco, puesto quo en varios idiomas primitivos de
América, las palabras para designar ya el sol, ya la luna, son idénticas; ver nota
4 de la página 51 y página 26 de este trabajo.
— 5 (i
Ayer (liier) : G, arica; cf. 1!, alkualák.
Aquí (ici) : G, lesbi.
Lejos (il y a loin) : G, aullé; B, áuel.
Sí (oui) : G, A mam.
Sí, por cierto (oui, certes) : G, allus; F yaüu; So I, ghuilhhua; Sp II, ghil-
laia , ghhuü-hua ; cf. H, alellc ahí; Sk, ai. lo.
No (non, nenni) : G, lcadais.
Nada (ricn du tout) : G, Iciepi; Sk, kjip (no, notliing) ; cf. B, Ici-ata (niente).
No vale nada (il ne vaut ríen) : G, hiep ; ver la palabra anterior.
Bastante (assez) : G, tasheli.
VERBOS
Abrazar (embrasse-moi) : G, alien t slietez.
Acostarse (se couclier) : G, ilcshelor.
Atar (attacher quelque cliose) : G, Icabishilar.
Mesar (baisemoi) : G, kan he Icashe.
Bofetear (un soufflet) : G, affilabesshe.
Cantar (clianter) : G, tállcai.
Cazar (cliasser, á la cbasse) : G, lajxkart ; B, layeksh.
Cocer (faire cuire) : G, isgura.
Cortar (couper) : G, illai.
Coser (coudre) : G, itabesslie ; ver : piel para abrigarse.
Dar (donne-moi) : G, shamdeshi.
Darse vuelta (tourne-toi) : G, abrillef.
Descamar (je vais éter l’écaille) : G, sisliauolo dega...
Devolver (je te le rendí a i) : G , yatulai.
Dormir (dormir) : G, torpelan.
Esperar (attends) : G, guyatte.
Esperar (attends un peu) : G, guyatte guldo.
Hacer sefias (faire un signa!) : G, leurgushe.
Hipo (le liocquet) : G, denhalalclce.
Irse (je vais partir) : G, alshi ; FE, ah ah ; H, liash (marcber) ; Sk, asid ;
B, ask.
Irse (allons-nous en) : G, alsherba; cf. F, ahí; H, ali (course); B, alc.sk
(correre).
I rse (allons-nous en) : G, kisliulgar.
Irse (il s’en va) : G, yet lepcr.
Irse (va-t en) : G, tel.
Irse (marche) : G, luida.
Levantar (lever, monter) : G, arlcap.
Levantarse (léve-toi) : G, arkau.
Llevar (porter) : G, asliet alear.
57 —
Mentir (menteur) : G, talcarol ; B, tolcarlc.
Mentir (vouz mentez) : G, talcarre ; B, tolcarlc.
Mirar (regarder) : G, qualcona (ortografía original).
Mostrar (montre-moi) : G, eslcottelai.
Orinar (nriner) : G, lees leer.
Parir (enfanter) : G, alia.
Quemar (brnler) : G, obillia.
Rascarse (se gratter) : G, Icokualiste.
Reír (rire) : G, peshil ; cf. FR ,fe-ay’l.
Remar (ramer, pagayer) : G, oyelce; cf. : alta mar.
Robar (derober) : G, alcuashc.
Rodar (rouler) : G, tikual.
Romper (rompre) : G, aleleal ; FR, ukka’il ; II, uke-ail.
Ruido (bruit) : G, taix.
Sentarse (s’asseoir) : G, hushe ; FR, shulclca ; II, shulcuil.
Sonarse las narices (se mouclier) : G, lutslie kisk...', cf. nariz.
Soplar (souffler quelque cliose) : G, shiuashe.
Tener (tiens) : G, shelu.
Tirar (jeter) : G, lcainyel.
Tomar (prends) : G, qualam (ortografía original).
Venir (viens) : G, laxkara.
Venir (viens me clierclier) : G, akuatel ; H, akumuan (venez).
Ver (voir) : G, lakshe; Sk, lokjor.
Volver (retournons) : G, aslcayen.
Volver (il revient) : G, lekur ; cf. Sk, lo-tshal.
FRASES
Saca el agua de la canoa (vide l’eau du canot) : G, ataptoba... ; cf. Sk, ta-
pasrar.
No sé nada (je n’eri sais ríen) : G, ailcet.
Quiéres venir ? (veux-tu venir ?) : G, yodeger.
I Gomo se llama ésto ? (comment s’appelle cela?) : G, alcuasalga.
Dónde está ? (ou est-il ?) : G, kakua.
Está adelante (il est devant) : G, kuakusliao...
Así es (c’est cela) : G, kakoslictez.
58 —
APÉNDICE
Para facilitar a los americanistas que piensan seguir nuestros estu-
dios la indispensable labor bibliográfica, reproducimos a continuación
aquellos vocabularios del idioma Alakalnf que sólo con grandes dificul-
tades pueden ser consultados ; los títulos de las respectivas publicacio-
nes originales ya fueron comunicados en su lugar debido y deben bus-
carse en las notas al pie del texto de esta monografía.
Latorre, Exploración de las aguas de Skyring, etc. (1879), ver página 44
Arco de fiecba : sehialla.
Barba : of kesh.
Barco 1 : sheruka.
Cejas : tesh-ayiuk.
Bigotes : ofsli-ayiulc.
Dientes : terrekiti.
Ojos : tesh-pu.
Pestañas : tesh-erik.
Frente : kioftalka.
Cara : kichipskiai.
Fiecba : arca.
Cuerda : kioshalaska.
Perro : peshu.
Uñas : kiosharti.
Madera : ancliufalla.
Vello, pelo : ayiv.lt.
Vello del brazo : terua-ayivk.
Muslo : yiaeaspe yeper.
1 : liualac.
2 : arree.
3 : kugualec.
4 : tushicarcagii e.
5 : tugualec [ef. 3].
0 : Iciujuafteric.
7 : tushergualgvale.
8 : kiushaleci.
De Lucy-Fossarieu, Ethnographie de VAmérique antarctique, etc.
(1881), ver página 44 :
Pied : djo’kochl-kwa.
Nez : chlia’re-ku'a.
Oeil : te’leh-ku'a.
Oreille : korehVkel-kica.
Bouclie : anf-kle’richl-kica.
Dents : che’rik’til-kwa.
Langue : le’kcl-kmi.
Jambe : kalt-kira.
Main : dero’ aleld-kica.
Bras : perchl-lcva.
Feu : wavach-kwa.
Viande : vo’percld-kwa.
«Cetto notation, bien qu’elle rende mal les sons qu’elle veut róprésen-
ter, peut eopendant en donner une idée. Nous ignorons ce que c’est que
cette terminaison kwa (prononce plutót khca) qui se représente á chaqué
inot. Dans la conversation, nous n’avons pas remarqué que ces indigé-
nes en fissent aussi souvent usage. »
' En ol original, por error de imprenta, hay : banco.
59 —
Seitz, Über die Feuerlander, etc. (1882), ver página 44 ; ortografía
alemana :
Wasser : auwa.
Fleiscli : jepper.
Seekund : vergebrusch.
Pfeil : dreso.
Binsen : jakapasch.
Muscheln : tsclmrri.
Ziilme : tschiligi qua.
Haml : corocasch qua.
Auge : decorli qua.
Bart : hoschiam qua.
Na se : nos qua.
Zunge : lecor qua.
« : leklcers qua.
Frau : u'isclikuna.
Hübner : kokokok.
Weli tun, niclit tangen, sehleclit :
balo.
Weg, tot : kcp.
Coire : hige higc.
Spegazzini, Plantae per Fuegiam... collcctae, etc. (1882), ver página
45; ortografía italiana :
Drimys Winteri Forst. : sháalku,
shalakudhr.
Berberís empetrifolia Lam. : kiérr.
Maytenus magell anica (Lam.)
Hook. fil. : lcialakvar df salir.
Myginda disticlia Hook. fil. : tciis.
Escallonia serrata Smith. : kiilpel.
Oreomyrrhis andícola Endl. : shalt.
Yeronica elliptica Forst. : áital.
Fagus betuloides Mirb. : alcoól.
Fagus antárctica Forst. : tdslika.
Libocedrus tetragona Endl. : la-
paiékhl.
Marsipposperm um grandiflorum
(Forst.) Hook. fil. : ieklcabésse.
Poa pratensis L. shakálu.
Poa scaberula Hook. fil. : sliakálu.
Poa caespitosa (Forst.) Hook. : se-
ciól.
Spegazzini, Vocabulario Alakaluf número I (1882), inédito, ver pági-
na 46; ortografía italiana :
Pelo, barba : ai-ihhl, afyassuhl.
Mano : yekapahr.
Carne : alkahhl.
Acqua : yáuas.
Mare : dsham, dshamhhl.
Mare morto : tsliapalchhl.
L’abassare della marea : dftshilak.
Sale, salato : ákis.
Fuoco : tetél.
Accendi il fuoco (imper.) : táhhlióla.
Segnale di fuoco, fumo : taslcunalihl.
Fumo : daVlcs.
Legua da fuoco (cf. foglie...) : <if salir.
Neve : asauíhl.
Vento ovest : áhrkvahs.
Solé : hauaganuk.
Luna : kunukahr.
Stella : kunahr.
Capo, punta di térra : ena-tassdnak.
Isola : yisiiíalirkáhr.
Pietra : glieiló.
Argilla : akiaúas.
Casa, wigwam : At-hhl.
Casa : átupil.
Canoa : ahjli, dhtli.
Grossa corteccia : panahr.
60 —
Arco per le canoe : ¿isse(i)hhl.
Fionda, fucile : seniki .
Arpone con uno o due barbe : yailil-
kahr.
Arpone a piú barbe : tdndühr.
Asta di arpone : ghe(i)rihl.
Asta di arpone rotondo e di cipres-
so : aténa-kahr.
Asta di arpone sottile, baeclietta
(generalmente per la freccia) :
¡ifddkóhl.
Asta di pino : lupaihhl.
Asta, bastone, pali : lulrak, kdrak
huilis.
Azza : kareskal dfdáhhl.
Pelle di lutra : lágutel yetdlhhl.
Pelle d’Arctoceplialus : kiyooro ye-
tdlhhl
Uomo, masebio : huologatul.
Donna, femmina : ásaragapihl.
Feminina : atakjl.
Itagazzo graiule : iisxhua.
liagazzo piccolo: niyohhl, aiyolaJchl.
Padre : ddroaia.
Madre : tshaf.
Figlio (cf. ragazzo grande) : ai-yol.
Figlio : paralihl.
Fratello maggiore : enagapahr.
Fratello [menore] : udri.
Gane : huauahhl.
Tuco tuco, cururu (Gtenomys) :
ayama.
Lutra : lágutel kazka .
Foca (Otaria juhata) , masebio : ala-
Icáhhl aralc-hld.
Foca (Arctoccphalus) : a/salo.
Leopardo di mare : ssukutshdhif .
Delfino : yimassoana.
Balena : dshauú-kl.
Avutarda di térra : ddk’L
Avutarda bianca : atei-ahhllaf.
Avutarda del kelpo : huatshauul.
Carancio : kaiskalaik , kalapa...
Cormorano : lüh leif.
Gaviota comune : tshelau.
Gaviota a gambe rosse : ighaik.
Gaviota grande bianco : karahud-
laJca.
Gaviotin (Sterna sp.) : tshóet.
Pato vapor : gaiafl.
Pica-pietre : aúarighiia.
Pingüino saltatore : gdk, gdkllchua.
Pul cilio di grosso uccello (cf. avu-
tarda, novo) : ddklddriolihhl.
Uovo : lihhlli.
TJovo di cormorano ; alákli lihhli.
Pesco rosso del kelpe : Tcleina .
Gráncbio : atakalóalhua.
Concliiglie grande (Patella) : ha-
kahhlla.
Concbiglia a punta acuta : goatüss.
Concliiglia (Mytilus) : txhdpahhl,
tshdpa.
Fagus Forsteri : hudkayu.
Drymis : ssdluk , ssdlak-huahr.
Brba : seinahr sig.
Poa Hagellata : setshiot .
Kelp : layaas ydhrkarohhl.
Foglie degli alberi : alakoala ka-
nahr.
Foglie di legua dura (Maytenus) :
kialaklmalir afsah r.
lo : jsió, shió.
Tu : ssiáu.
Egli, quello : satdhó .
No i due : lialóks.
Yoi due : ukák’hhl.
Mió padre : ais dároaya, ais ka-
raahz, ais karól.
Tuo padre : siatiks ddroaia .
Mia madre : ais tshaf.
Mia moglie : ais kvishkvahz.
— 61
Mia femmina : ais aták-hhl.
Tua femmina : siaulcs atalc-hhl.
Tua moglie : siausgi atalcl.
Sua muglie o marito : lcvi atalcl.
Mió figlio : ais parahhl.
Tuo figlio : siaus parahhl.
Silo figlio : gu parahhl.
Mió fratello maggiore : ais endgd-
pdhr.
Tuo fratello maggiore : siaulcs cna-
gdpcihr.
Sao fratello maggiore : kvei endgd-
pahr.
Mió fratello [menore] : ais udri.
Calore del solé, del fuoco : dó.
Freddo : gliesas.
Quieto, pacifico : tshienatshjól.
Battagliero : tshicnalchuil.
Felice : tshicnalaif.
Ñero : alciuóalcahr.
Bianco : ilcifkahr.
Rosso : delhhl.
Si, é certo : ghuílhhua.
No : y ah l i.
Va (imper.) : tahlilisahr.
Va via (imper.) : talihliahl.
Va sopra, monta : tahhli apdhr.
Vieni sotto : apáhar tahhli ahr.
Vien qui entro (imper.) : tal di atu-
páhr lusáhr.
Vieni : hapnhlil.
To vengo : siloaláhlil gohhldau.
Correre : lihldfdela.
lo vo al capo, alia punta : enatassa-
nalc aslcaslo.
lo non voglio andaré in canoa : ye-
Icamaghijlo.
lo voglio andaré in canoa : sima
aselalir.
Distendere, mettere sotto : yela dsd-
hual.
Distendersi, mettersi sotto : yialc.
lo mi distendero : yiakaialihlo.
Distenditi, mettiti sotto (imper.) :
tahhli akdak.
Siediti : tahhli haleiosekahr.
Cadere : alass, alas nerald.
Va a dormiré (imper.) : tal di kilcjol
tsha.
lo non voglio andaré a dormiré :
kilcjol kaus sciya.
Vostra sorélla maggiore sta dor.
mendo : kilcjol lchu saus cnagd-
pdhr ya.
Piangere : yarakasta.
Ridere : idsliif.
Tosse : yclcli.
Maritarsi, ammogliarsi : dtshila.
Prendere : luín-ahr.
Prendí questo : apa lianahr.
lo non voglio prendere : talddi yc-
Icamagaildo.
lo voglio prendere : yela soa liana-
ralir.
Colpire : yerasó tshetslidrak.
lo colpii : yerasó tshitsharalcl
siau.
lo battero : yerakanalcihhl.
Colpire di punta (freccia) : yerasó
gairahhl.
Arponare un gran el lio : yerasó alca-
panaralcl.
Battere con un bastone : Icaridol
yeralcahr .
Lanciare, colpire con l’arpone : yif-
tela.
lo tirai : siau yiftela.
lo tirero : siau yiftelana.
Clii tiro 1 : pdlihld yiftelaka ?
Daré calci : ta/tela.
(¡2
lo non conosco : kap-hai.
Metiere un vestito : Icurask, ku-
rahl.
Porta acqua : kakareskot ghiauas.
Porta un altro salle spalle : ydlchuii-
ralchuoa.
lo sono amm alato : s siau af, siau
ákl.
Spegazzini,
gina 4C :
Pelo, barba : affálaku.
Mano : tama.
Acqua : akshiókvar, (juinas.
Mare : tshidpl.
Fuoco : tsharkval.
Fumo : telkis.
Mattino : alkuá kuáluk.
Notte : atkóbi.
Tuono : takkál, akaínik.
Piova : kapkásh.
Solé : errélaku.
Luna : kárrin.
Stella : kollásh.
Casa, Avigwam : att(e)l.
Freccia : dá-ahhl.
Fionda, fucile : shellekhli.
Stivaloni : tshbkkur.
LToino, mascliio : palliéri.
Donna, femmina : etlátap.
Eagazzo : aiol.
Bambino : yekkóu tstielák.
Madre : tshdp.
Fratello : tshielák.
Dottore : isapakvil
Cañe : ssdlki.
Carne di guanaco : Idhiel.
Carne di volpe : nüssh.
Delfino bianco : sliidktál .
Siete voi ammalato f : af gari
siau.
lo non sono ammalato : af ghiaul
su.
É egli ferito Jí : af yaghin f
Egli non e ferito : af ghiaul ycka-
ma.
Sta nella casa : akiol yakálir.
Siate generoso con me : peseio.
Balena : abela.
Strozzo : ayettertóo.
Pappagallo : palpa.
Uovo : lethli.
lo : tshalkva.
Calore del solé : appel.
Stizzito, in collera : atásh.
Ñero : tárrilcár.
Bianco : yaképekiár, ikifkáhr.
Eosso : kiérup.
Azzurro : aricar.
Si : éilaf, ghilhua, ghhuil-hna.
No : yatkulá.
Correre : alias.
Siediti : ssdkkár.
Cadere : kúrkaltshi.
Mangiare : tóotla.
Piangere : attekstá.
Kidere : tshilkoá (J?).
Tosse : áhohó.
Kubare : yekkiáltshi.
Prendere : ellár.
Prendi questo : tlelló.
lo voglio prendere : tshilkvá (?).
Dar calci : kettertshatshoh
Un ojo al cañe : kaisskutshakál.
lo non conosco : kessliiash.
Vocabulario Alakahif número II (1882), inédito, ver pá-
— 63 —
Lista, f Los Guarniros, etc.] (1895), ver página 40 :
Fuego : charcuish.
Viento : lefeslcar.
[Nube : arkayeta.
Hombre : pellieri.
Mujer : esnatun.
Ojos : tel, téel.
Boca : asfjestail.
Nariz : huicharek.
Cabeza : hnrlcúar.
Perro : shalki.
Beanvoir, Pequeño diccionar
Hombre : yppa, lioilcen.
Mujer : ypachelis.
Hombre (genérico) : hékainé.
Cabeza : orkuar.
Cabello : terscaf.
Frente : tel-kar.
Ojos : telh.
Nariz : olelelsteiskat.
Oreja : kiaiciu.
Boca : afftakal.
Diente : scerikti.
Lengua : lejéld.
Labio : affiry.
Cuello : chaVcrskdl.
Mano : pelier, ter’va.
Dedo : darkalkl.
Brazo : per-karr.
Vientre : hae’chel.
Pierna : kat.
Pies : katzors.
Comer : tohola.
Pescado : yaulchcl.
Leña : kelcásh.
Mano : teregua.
Dedo : fol karjk.
' Brazo : merr.
Dientes 1 : lefeskar.
Pelo : tercof.
Cantar : lektan.
Llorar : ctkastal.
io, etc. (1901), ver página 46 :
Dormir : cheeksta.
Fuego : tcharkouc.
Frío : kizas.
Sol : arelóle.
Luna : yekapcs alok.
Noche : akiowen.
Día : léala.
Agua : akschokuar.
Sangre : keplailc.
Enfermo : halen.
1 : takonaido.
2 : tilkaaon.
3 : koufir.
4 : aitetele.
5 : koupaclipé.
Padre : telechaon.
Madre : chaqui.
Hijo : peliel.
Hija : an’né.
Hermano : arilaik.
Cañas Pinochet, La geografía de la Tierra del Fuego, etc. (1908),
ver páginas 46 y 47 :
Estrellas ; fualas.
Gato : yéreto.
Chaqueta : achecho.
Piedra : keshlaf.
Palo : leaarr.
Guanaco : layen.
* Debe haber confusión..
64 —
Piedra : lektal. Pañuelo : norri.
Canoa : purler, chirú. Carne : yipre.
Remo : guallacall.
Whiteside, Memoria sobre los trabajos hidrográficos , etc. (1004), ver
página. 47 :
Mujer : yngsalc.
Cabello : Icalvig, Icaborlc.
Ojos : tez, tash.
Nariz : mans.
Oreja : Tcáhuel.
Boca : affshiulc.
Diente : scerecte.
Lengua : alot, alajte.
Mano : tanna.
Dedo : ajfshoicer.
Brazo : appail.
Pierna : leat.
Pie : thocuer.
Rodilla : lcotchenkiau.
Uña : taultaul.
Bigote : affsliiayo.
Casa : ata.
Manta, abrigo : y aludes.
Chaquetón : chincho.
Canoa, bote : será.
Buque : imassi.
Botella, recipiente : chokarkau.
Canasta : tallo.
Flecha : hanalcene.
Cuchillo : ajfshash.
Cigarro : yiashka.
Gorra, sombrero : y en ele.
Agua : chafilar.
Fuego : offehar.
Lluvia, llover : apere.
Nieve, nevar : soyer.
Arco iris ; leebnai.
Flor : lealaleala.
Árbol, madera : sillana.
Perro : horro.
Pescado : y anchen.
Choros : leapó.
Erizos : affshte.
Sueño, dormir : ¡eolia.
Poco, menos : mayo.
Mucho, más : pinna.
Suficiente, nomás : layamma.
Pleito, pelear : toles.
SINOPSIS 1
Un vocabulario apuntado en 1008 por un aventurero francés, Jean de
la Guilbaudiére, y publicado en 1890 (1802) por Gabriel Marcel, es el más
antiguo documento lingüístico de los canales magallánicos ; proceden
todo parecer, de la región comprendida entre el golfo de las Penas y el
archipiélago de la Reina Adelaida. Transcrito por nosotros en fonética
1 Esto resumen, ya fué publicado provisoriamente por nosotros bajo el título : El
(/ñipo lingüístico Alákaluf de los canales magallánicos, sinopsis preliminar, cu .¡nales
de la sociedad científica argentina, XXXVI, páginas 215-219, 1918.
65 —
moderna y arreglado por materias, ha revelado una importancia singu-
lar; sus palabras reaparecen, ya en uno, ya en otro de los vocabularios
recolectados posteriormente en las regiones que se extienden desde el
archipiélago de los Chonos, inclusive, hasta el cabo Alakaluf o Aliklioo-
lip, y que abarcan también el estrecho de Magallanes.
Arreglado aquel vocabulario de 1098 en una columna vertical, las
columnas siguientes, en orden cronológico, fueron destinadas para aque-
llas palabras de los vocabularios posteriores que correspondían a las vo-
ces de la columna primera, suprimiéndose las distintas. l)e tal manera,
que de un solo golpe de vista se destaca el grado de afinidad entre un
vocabulario cualquiera y aquél de 1098 (por dificultades tipográficas, el
cuadro fué impreso de un modo más sencillo). Ese antiguo documento
contiene, pues, en parte, el origen do todos los demás vocabularios de
las regiones indicadas, y sin él nos hubiera sido imposible comprobar las
diversas relaciones entre los tantos dialectos que corresponden casi a
cada uno de los vocabularios posteriores.
Estos últimos se deben a los siguientes autores : Duelos Guyos (17GG),
Córdoba (1788), Fitz-Roy (1830-32), Fenton (187G), Latorre (1879), Cop-
pinger (1880), Lucy-Fossarieu (1881), Seitz (1882), Spegazzini (1882),
Fenton (1883), Hyades (1883), Lista (1895), Beauvoir (1901), Wliiteside
(1904), Cañas Pinochet (1908), Skottsberg (1908), Borgatello (1911),
Beauvoir (1915).
Las diferentes tribus que, como pudo comprobarse, componen un solo
grupo lingüístico, son las siguientes, enumeradas de norte a sur :
Los Chonos , aunque faltan comprobantes directos; el nombre Chonos ,
deriva o del idioma araucano o del quichua y es una adaptación hispa-
nizada; por lo menos, en el dialecto de esta lengua que se habla en el
Cuzco, chholcñi dice : légaña, y los Chonos del Ecuador « diz que traen
su nombre de esta palabra ». Parece, pues, que Chonos, es un apodo dado
por los indios Quichua del norte a sus vecinos isleños ; que este tér-
mino, más tarde, fué hispanizado y aplicado por los mismos españoles
también a otra población indígena e isleña, que vivía muy al sur de la
costa del Pacífico y nada tiene que ver con sus tocayos del Ecuador.
Del idioma « Chono chileno» no se conoce ningún documento lin-
güístico, pues nada se sabe respecto a la traducción de la doctrina cris-
tiana y del arte, vocabulario y pláticas que compuso el padre Matías kis-
te van en 1G12. Pero las indicaciones indirectas sobre esta lengua, y
los datos sobre las costumbres y el grado do cultura de los indígenas
respectivos, no admiten otra conclusión que la siguiente : los indios del
archipiélago chileno llamado Chonos, i>ertenecieron, bajo todo punto de
vista, a sus vecinos australes del grupo Alakaluf.
Los Caucahue, al sur de los Chonos recién tratados, fueron así llama-
dos según las islas de este nombre donde moraban y que son idénticas,
HF.V. MUSEO LA PI.ATA. — T. XXV
5
probablemente, con las islas Wellington de la nomenclatura moderna.
La voz es araucana, compuesta de caucan, gaviota, y hue, sitio, lugar
y se traduce con : sitio donde abundan las gaviotas.
Al sur de ellos bailamos, mencionados también en el siglo xvm, los in-
dígenas Taijataf y Calen ; el habitat de los primeros, y ellos mismos,
son tal vez idénticos con los Caucahue recién tratados; la palabra Tai-
jataf, ha de ser del propio idioma de ellos. El nombre Calen, por el con-
trario, más bien parece araucano, relacionado con culen, albaquilla, o
con c’len, cola, palabra que entra a formar apellidos araucanos.
Al norte del estrecho de Magallanes, están mencionados en los docu-
mentos del siglo xvm, los Lecheyel y los Yelcinahues o Yék- inahueres. El
primer nombre, por el momento, no puede ser interpretado; el segundo,
parece ser araucano y se halla en una variante, hoy en día, como nombre
de un riachuelo del sur de Chile; tal vez deriva del araucano yelcu,
cuervo, y nahuel, tigre; ambas palabras son usadas para apelativos arau-
canos.
(Los términos gentilicios Poy-yus y Key-yus, bien conocidos por la
obra de Falkner, también derivan, parece, déla lengua araucana; el pri-
mero quizá, significa : paraje de las bromelias, pues esta planta (hoy
llamada poe o poi) abunda en Cliiloé; hue, significa: sitio; el segundo
término, tal vez corruptela de Icoihue, el árbol tan común en el sur de
Chile, o de kell-hue — paraje de papas (Jcell, helle, Icelli, es nombre de
una de las tantas variedades de papas cultivadas en Chiloé). Ambas
tribus llevarían, pues, un apelativo araucano, pero pertenecen proba-
blemente a las tribus canoeras del mismo grupo lingüístico como las re-
cién tratadas.)
A los AlaJcaluf pertenecen los Enoo de Oliverio van Noort (1599) que
moraban en las islas del estrecho de Magallanes, como puede compro-
barse por la semejanza con voces modernas, de una de las palabras re-
gistradas. Ellos son idénticos con los Peshera, así llamados en 17GG por
Bougainville, por repetir continuamente esta voz, que parece contener
la palabra arri o yerri, que significa : hermano; para otros autores pal-
lieri (Spegazzini), pellieri (Lista) o pelieri, pallieri (Borgatello), es equi-
valente de : hombre. Según los compañeros del capitán Cook, los indíge-
nas de la bahía Cook, al sudoeste del estrecho de Magallanes, también
pronunciaron esta palabra que adquirió tanta popularidad en la litera-
tura etnológica.
Los indios de la isla Londonderry que, según Spegazzini, en 1882
eran conocidos bajo el nombre de Adwipliin, han de pertenecer, por su
ubicación, al mismo grupo.
Los « Chonos » y « Peshera » del capitán Fitz-Koy, fueron así desig-
nados según nombres ya existentes, y los « Huemul » que moraban cerca
de Otway y Skyring Water, fueron así llamados por él, a causa de la
67
gran cantidad de cuei’os de una especie de ciervo, conocida éntrelos via-
jeros por su nombre araucano : huemul.
Los Alikulip, al fin, vivían al oeste, entre la parte occidental del ca-
nal Beagle y el estrecho de Magallanes. Este nombre se debe a Fitz-Boy,
quien llamó así, originariamente, un cabo y después a los indígenas de
sus alrededores ; no se sabe cómo llegó a adoptar este término ; tal vez,
al preguntar a los canoeros por el nombre del cabo, ellos no lo entendie-
ron y refiriéndose a la hora que era, contestaron : mañana ( alikolif ', als-
ltualuf). Según una comunicación personal del doctor O. Spegazzini,
alakaluf, o mejor pronunciado : ólakaluf, deriva del idioma Yahgan y
significa : Traga-mejillones , apodo con que estos indios apostrofaron a
sus vecinos; en la obra de la Misión científica francesa, los componentes
de esta palabra Yahgan, se escriben, en ortografía francesa, oualo («man-
ger des oursins, des oeufs ou autre chose quhl faut casser») y arliouj
(espéce de moules, «la plus coinmune sur les plages») ; nosotros acepta-
mos esta explicación tan clara y sencilla. Desde la expedición francesa
al cabo de Hornos se emplea en la literatura la ortografía : Alakaluf,
siguiendo el uso de los misioneros ingleses ; actualmente, los chilenos
conocen más bien la forma : Alukulup (Skottsbeg).
Como Alakaluf es nombre tan conocido en la literatura científica,
conviene generalizarlo y extenderlo a todas las tribus cuyos idiomas tie-
nen relación con el de los Alikhoolip de Fitz-ltoy ; proponemos, pues,
para ellos, la designación de «grupo lingüístico Alakaluf», y el signifi-
cado de la palabra indígena como : Traga-mejillones, corresponde ade-
más, perfectamente, a una costumbre muy característica de todos ellos.
La comparación del antiguo vocabulario de 1698 con los posteriores
y con los modernos ha hecho resaltar un fenómeno bastante curioso ;
salvo pocas excepciones (por ejemplo la voz para decir : ojo) las pala-
bras antiguas no se han transformado en mayor escala; parece que se
hayan extinguido, repentinamente, para ser reemplazadas por «creacio-
nes nuevas». A este fenómeno debe atribuirse, parece, la enorme varie-
dad de los dialectos del grupo lingüístico Alakaluf que es tan grande
que quedaron veladas, hasta la fecha, las relaciones interdialectales.
Aunque nuestra tarea se ha limitado a una simple comparación lexico-
lógica, los materiales debidos principalmente a Borgatello, tal vez son
suficientes para un breve esbozo gramatical de uno de los dialectos del
grupo Alakaluf.
Reunidos los dialectos que se hablan o hablaron en los canales maga-
llánicos y circunvecinos, en un solo grupo lingüístico, el Alakaluf, cabe
preguntar si hay o no relación entre éste y el Yahgan, de las islas del
cabo de Hornos. El nombre «Yahgan» de estos indígenas es una idea
del misionero anglicano T. Bridges, y se debe a los hechos siguientes :
Yahga-shaga (que supongo debe traducirse con : canal chico ; galea, chi-
68
co : aliaga, canal), es el nombre indígena para la angostura Murray;
Yahga , para una playa de ella, en otra época punto de reunión de fami-
lias fueguinas. Esta voz Yahga, ampliada con una n, fué entonces usada
por Bridges para los respectivos indios, en vez de Yámana , como ellos
mismos la llaman. En la idea que TeTceenica era la designación indígena
de una gran bahía de la isla Hoste (lo que es error según la Misión cien-
tífica francesa), Fitz-Roy, anteriormente, había llamado Tékeenica a esos
misinos indios Yahgan ; según T. Bridges, esta palabra debe analizarse :
telci, ver, y anaca , extraño, no visto antes. Fitz-Roy mismo distingue
entre sus «Tckeenica » (aunque no lo dice expresamente), tres subtri-
Ims, a saber : una del paraje donde la angostura Murray so reúne con
Ponsonby Souud, otra del brazo occidental del canal Beagle, y la ter-
cera del brazo Este del mismo canal, separada de la primera por aguas
neutrales y llamada por sus vecinos Yapu ( voz que en ambas lenguas,
yahgan y alakaluf, dice : lutra, y que es apodo empleado en varias opor-
tunidades). Spegazzini, al fin, en 1882, llegó a saber que los autóctonos
de la isla Eremita, se llaman Parri. Esta diversidad de tribus parece
explicar las diferencias lexicológicas entre los vocabularios que posee-
mos del idioma Yahgan. Teniendo en consideración que entre los Alaka-
luf vecinos, existen enormes diferencias dialectales, resulta probable
que también entre los Yahgan hayan existido varios dialectos, de los
cuales uno sólo fué estudiado detenidamente por el misionero anglicano
Tomás Bridges. Hasta que sus estudios sean publicados definitivamen-
te, no sabemos si se trata de un idioma o de un grupo lingüístico Yah-
gan. Tampoco puede decirse, por el momento, algo preciso sobre las re-
laciones lingüísticas entre el grupo Alakaluf y el Yahgan, ya sea este
idioma aislado, ya grupo lingüístico; varias palabras (nueve más o me-
nos) del vocabulario Alakaluf de 1698 y del diccionario Yahgan de la
Misión francesa son bastante parecidas, es cierto; pero de la última len-
gua, desgraciadamente, faltan documentos tan antiguos como los que
hay de la primera ; en caso afirmativo, las semejanzas entre ambas, me
parece, serían más numerosas y mejor marcadas. De todos modos, es de
esperar que la publicación de los manuscritos del reverendo T. Bridges
y un estudio gramatical del Alakaluf, aclaren también este punto intere-
sante. Por el momento, deben separarse los canoeros fueguinos y maga-
llánicos, lingüísticamente en dos grupos, el Yahgan y el Alakaluf.
6»
EPÍLOGO
Entregado el presente trabajo a la imprenta, nos llegan dos estudios 1
del reverendo John M. Cooper sobre los indígenas fueguinos que re-
presentan un complemento valioso del nuestro, ante todo bajo el punto
de vista ergológico, y que coinciden en un todo con nuestros resulta-
tados lingüísticos; be ahí lo que en la página 448 de su primer estudio
dice sobre el tópico el reverendo John M. Cooper : « A comparison of
tlie foregoing lexical material shows with reasonable clearness that the
same Alacalufan tongue is spokcn by all the non-Yaligan canoeusing
indians of the channels and inlets nortli and soutli of the Strait of Ma-
gellan and up the west Patagonian eoast as far at least as Port Grap-
pler... ». Respecto de los Chonos, escribe en la página 451 : « Taking all
things into consideraron, tliere seems to be a slight preponderance of
evidence in favor of the existence of a linguistic dividing-line at the
Taitao Peninsula or the Gulf of Penas, but the evidence pro and con
is too near evenly balanced and to slender to justify a reliable conclu-
sión. »
' Cooper, Fucgians and Chonoan tribal relations. Proceedings of tlic ninctccnth inter-
national Congrcss of Amcricanists, lield at Washington, Dccember 27-31, 1916, páginas
445-453, Washington, 1917.
Cooper, Analytical and critica! bibliography of the tribes of Tierra del Fuego and
adjaccnt ierritory. Smithsonian Institution, Burean of American Ethnology, Bullelin
LXIII, 233 páginas, Washington, 1917.
SOBRE ALGUNOS EMBRIONES DE CRIPTÚRIDOS
Pou MIGUEL FERNÁNDEZ
(CON TRES LÁMINAS (I-III) Y OCIIO FIGURAS INTERCALADAS EN EI. TEXTO)
En la presente comunicación daré figuras de conjunto, con las des-
cripciones coiTespondientes, de algunos embriones de la perdiz común
(Nothura maculosa) y de la perdiz de la sierra (Nothoprocta cinerascens) ,
que fie logrado reunir los últimos años. Siendo los criptúridos un grupo
considerado por muefios morfólogos como el más primitivo quizá entre
los carenados, y no conociéndose por afiora ni un solo embrión de cual-
quiera de sus representantes, fie creído que, aunque escaso, este mate-
rial no carecería de interés.
Casi todos los huevos de Nothura maculosa proceden de ejemplares
recluidos en una jaula bastante grande, con piso de tierra, y en la que se
había plantado un poco de pasto y algunos pequeños arbustos. Las per-
dices solían poner los huevos sobre el suelo, generalmente al lado de
alguna planta de pasto, pero sin confeccionar nido alguno. Para incitar
a la hembra a seguir con la postura, los huevos no fueron retirados en
seguida, y, en efecto, se consiguió así, con frecuencia, que pusiera un
segundo y hasta un tercer huevo al lado del primero. Sin embargo, las
aves no comenzaron nunca la incubación, siendo necesario por esto recu-
rrir a gallinas o a la incubadora.
Los embriones de la perdiz de la sierra proceden de un nido de La
Falda, Córdoba, que contenía ocho huevos en distintos estadios de evo-
lución, siendo el embrión 28 el más adelantado y el 2G el más joven. Este
último fué puesto dentro de las 24 horas antes de recoger los huevos,
pues el día anterior el nido contenía un huevo menos.
Los huevos de perdiz son sumamente susceptibles de sufrir por gol-
pes, etc., en el transporte, por ser su membrana vitelina bastante más
delicada que la del huevo de gallina. Llega esta susceptibilidad a tal
punto que, por ejemplo, en La Falda, el transporte desde los alrededores
— 71
hasta el hotel, por lo general, bastaba para impedir el desarrollo normal
del embrión. Fueron muy escasos, por lo tanto, los embriones aprovecha-
bles de las numerosas remesas debidas a la amabilidad de varios amigos 1 .
Los huevos de la perdiz común, muy conocidos, son de color violáceo
obscuro, tienen un largo de 41 a 46 milímetros y un ancho de 30 a 32
milímetros. Sus dos extremos son casi iguales y poco puntuados. Los de
la perdiz de la sierra son más grandes, unos 50 por 33 milímetros y de
un bello color rosado. Poco tiempo después de la postura, tanto unos
como otros pierden gradualmente el brillo de su colorido, el que tira más
y más hacia el gris, siendo así fácil distinguir entre los huevos de un
nido los más y los menos avanzados en la incubación.
. EMBRIÓN 26
(Lílmina I, 1)
El más joven de los embriones del nido de perdiz de la sierra y con-
servado dentro de las 24 horas después de puesto en cloruro de platino-
bicloruro de Rabí el 25 de noviembre de 1916.
El disco germinativo es circular y tiene 6ram7 de diámetro. El diámetro
transversal y el antero-posterior del área pelúcida son ambos de 2mm2 ;
sin embargo, el área no es circular, siendo más bien piriforme, aunque
no alargada como en la mayoría de los estadios siguientes. En su centro
existe una región más espesa, de forma ovalada, de unos 0mm5 de largo y
0mm3 de ancho, que, hacia la parte caudal, se continúa en una zona me-
nos densa, pero siempre (vista por transparencia) más obscura que el
área pelúcida. Esta zona, no separada de la espesa por un límite neto,
es en su parte craneal algo más angosta que ésta, pero hacia la caudal
se hace más ancha y al mismo tiempo más gruesa y menos transparente.
Llega hasta el borde del área pelúcida, pero, debido al vitelo, no es po-
sible determinar si lo sobrepasa o no. Hacia la parte lateral, la zona se
continúa sin límite neto en el área pelúcida.
El óvalo y la zona que le siguen constituyen el comienzo de una línea
primitiva. El óvalo parece ser más adelantado en su evolución que la
segunda y será probablemente lo primero que se ha formado. Correspon-
de sin duda alguna al « nudo primitivo », como lo ha descrito, por ejem-
plo, Mitroplianow (1902) en el pato. En su embrión (fig. 2, lám. IX) puede
verse también cómo del « nudo primitivo » se dirige una zona poco dife-
renciada hacia el borde caudal del área pelúcida; sólo que ambas forma-
1 Aprovecho esta ocasióu para agradecer a todos los que me ayudaron a reunir el
material en que se basa este trabajo, ante todo a las señoras Ida y Margarita Eicli-
horn al doctor lleraclio Rivas y al señor Carlos Roth.
72
ciones son menos netas, siendo el embrión probablemente menos des-
arrollado. Un surco primitivo falta aún.
KMHllIÓN 18
Nothura maculom, puesto el 5 de diciembre de 1910 y conservado sin
previa incubación un día- después en cloruro de platino-bicloruro de Rabí.
El disco germinativo no es circular por haberse arrollado algo sus bor-
des laterales en el momento de la fijación. Diámetro mayor del disco (en
dirección cráneo-caudal) : 0 milímetros. El área pelúcida es alargada y
piriforme, aproximándose a la del embrión 11; puede distinguirse una
parte anterior más ancha y otra posterior más angosta. Su largo, en la
línea media, es de 2mm2; el diámetro transversal mayor es de 2mm.
La línea primitiva tiene un largo de lmm5; comienza a ()mm7 del borde
anterior del área pelúcida como una ancha cinta (0mm28), redondeada en
su extremo anterior en forma semicircular que, hacia caudal, se vuelve
más y más angosta, y al propio tiempo opaca y menos neta. En su
extremo caudal es tan "poco distinta, que no es posible asegurar con
exactitud si llega hasta el borde del área pelúcida o no. Es bastante más
adelantada que la del embrión 20; su parte craneal se continúa directa-
mente en la región caudal y ya no existe tanta diferencia entre el aspecto
de una y otra como en aquel estadio, lia aparecido, además, el surco pri-
mitivo que se extiende por todo el largo de la línea. Sólo en su extremo
craneal el surco no existe.
La región del área pelúcida, inmediata a la línea primitiva, es relati-
vamente opaca; ella ocupa por completo la parte caudal y angosta del
área, mientras que en la craneal y ancha queda alrededor de ella una
zona clara bastante extensa.
Gérmenes vasculares faltan por completo.
EMBRIÓN 20
(Lámina I, 2)
Nothura maculom, conservado sin incubación previa y dentro de las
24 horas después de puesto, en cloruro de platino-bicloruro de líabl el
10 de diciembre de 191(1.
El disco germinativo tiene 5"""1 de diámetro; el área pelúcida es de
posición algo excéntrica y de forma ovalada, un poco puntiaguda en su
extremo caudal (2 X 2mm25). Su límite, con el área opaca, lo constituye
un rodete bastante prominente.
La línea primitiva tiene lmu’6 de largo y se encuentra algo a la izquier-
— 73 —
da de la línea media. El surco primitivo existe en todo el largo de la
línea, y es mucho más profundo que en el estadio anterior; los bordes
laterales de la línea también aparecen más marcados y prominentes
«pie antes (pliegues primitivos). La línea forma en su extremo anterior
un ensanchamiento circular, en (cuyo centro el surco termina por una.
pequeña fosa. A este respecto, el embrión se parece al de 8 terna de
Grolis, 1907 (lig. 1, lám. XXI). En el extremo caudal de la línea primi-
tiva ludíanse de cada lado y cerca del rodete marginal del área pelú-
cida dos pliegues transversales, separados entre sí por surcos. Los de
la izquierda son más grandes que los de la derecha. Son parecidos a los
del embrión 7, sólo que su tamaño es mucho mayor comparado con el
del embrión.
El extremo caudal del surco primitivo llega hasta sobre el rodete mar-
ginal, dirigiéndose en esta parte de su recorrido hacia la derecha. (El
surco que aparece sobre la fotografía, como continuación de la línea pri-
mitiva. sobre el área opaca, es artificial.)
Toda el área pelúcida aparece, por transparencia, bastante obscura,
más o menos como las partes vecinas a la línea primitiva en el embrión
11; sólo una zona muy angosta, al lado del rodete marginal, y que ocupa
aproximadamente el tercio craneal de la periferia, es más clara. Como en
el embrión 11, está limitada hacia caudal por un delgado pliegue, sien-
do, empero, la zona mucho más angosta y el pliegue menos neto que en
aquel embrión.
Por transparencia se observa que aparecen sobre el área pelúcida,
cerca de su borde caudal y derecho, los primeros gérmenes vasculares ;
si existen otros del lado izquierdo, no se pudo comprobar, debido al espe-
sor del rodete marginal.
EMBRIÓN 11
(Lámina I, 3)
Nothura maculosa, puesto en la incubadora (a unos 40° C.) un día des-
pués de la postura e incubado durante 23 horas. Conservado, el Io de
diciembre de 1915, en líquido de Zenker.
El diámetro total del disco germinativo es de 5mm6. El área pelúcida
tiene un largo de 3mm4 en dirección cráneo-caudal, y puede distinguirse
en ella una parte anterior más ancha (de 2 mm. de ancho) y otra caudal
más angosta (de lmm6 de ancho). En esto el embrión se asemeja al
siguiente.
Los limites del área pelúcida están indicados por un rodete promi-
nente hacia ventral.
Paralelo al límite craneal del área pelúcida y aúna distancia de Qmm28
74 —
de aquél, se extiende una delgada duplicatura arciforme, quizá produ-
cida por la conservación. Aunque pueda ser artificial, separa una zona
anterior transparente y angosta del área principal más opaca. Se ase-
meja a la misma formación ya existente en el embrión anterior, sólo que
es mucho más ancha.
En la línea primitiva pueden distinguirse dos partes, una craneal de
1 “"ui 2 de largo y otra caudal de unos 0mm85, formando launa con la otra
un ángulo muy obtuso. Toda la línea primitiva es recorrida por el surco
primitivo, el cual termina en forma abierta en su extremo craneal, lio
existiendo ni el « botón » ni la fosa del estadio anterior. Tanto la línea
como el surco son perfectamente netos en su trayecto craneal, pero en
su sección caudal la línea se hace menos prominente y el surco menos
hondo, a medida que avanzan hacia caudal. En el extremo caudal existe,
como en el embrión siguiente, un botón o nudo poco neto.
Por transparencia se observa que la zona del área pelúcida vecina a
la parte craneal de la línea primitiva es más opaca que el resto. Hacia
craneal está delimitada por una línea relativamente neta, la que se
extiende en dirección lateral y algo caudal, hasta llegar al límite entre
la parte anterior más ancha y la posterior más angosta del área pelú-
cida. En la zona obscura se eneuenti'a, en ambos lados, una vesícula de
contornos elípticos muy marcados, aun menos transparente que ella,
y que hace iirominencia hacia dorsal. No encontrándose, ni en los
embriones que le siguen ni en los más jóvenes, nada parecido, es proba-
ble que ambas vesículas sean sólo un producto de la fijación, si bien su
posición bastante simétrica podría inducir a creer que se tratara de for-
maciones naturales. La zona obscura, a ambos lados de la parte anterior
de la línea primitiva, estará ocupada por mesoderma, mientras que en
el área clara, delante de la línea, esta hoja aún no se ha desarrollado.
Dentro de esta área más transparente, penetra, partiendo de los alrede-
dores del extremo anterior de la línea primitiva, una zona algo más den-
sa, mal delimitada, bastante ancha, que ocupa sólo las partes mediales
e indica el comienzo de una extensión del mesoderma hacia craneal.
A los lados de la parte caudal de la línea primitiva, la zona obscura
no es ni tan ancha ni de aspecto tan uniforme. Las partes laterales del
área pelúcida de esta región están ocupadas por gérmenes vasculares,
los que hacia caudal rodean el extremo de la línea primitiva, y se
extienden detrás de ella, en la mediana, también sobre el área opaca.
Hacia craneal llegan más o menos hasta el límite entre la parte ancha
anterior y la delgada posterior del área pelúcida. Aunque sus gér-
menes vasculares se extienden más hacia craneal, este embrión corres-
ponde, en cuanto a su desarrollo general, bastante bien al embrión
pe pollo de la figura 873 de Iiueckert (1900).
75
EMBRIÓN 12
(Lámina II, 4 y 5)
Nothura maculosa, puesto el 10 de diciembre de 1915 e incubado des-
pués de tres días durante 38 horas. Conservado en líquido de Zenker.
El embrión mide, del extremo craneal de los pliegues medulares al
caudal del surco primitivo, 3 milímetros; al surco primitivo corres-
ponden lmmG.
Ambas duplieaturas primitivas están bien formadas, la derecha es
algo más gruesa que la izquierda (ancho de ambas, incluso el surco pri-
mitivo, unos 0mm3). Cada duplicatura termina en su extremo craneal en
forma de punta; en el caudal ambas se reúnen, formando un nudo bas-
tante marcado alrededor de la terminación del surco primitivo. El surco
se comporta a este respecto como en el pollo (véase flg. 485 y 48G de
Hertwig, 1903). No se observa, en cambio, ni en éste ni en ningún otro
de los embriones, nn surco transversal en forma de hoz como se indica
para muchas aves, por ejemplo para Haliplana y para el gorrión (véase
fig. 490 y 491 de Hertwig, 1903). También en algunos otros embriones
que he tenido a mi disposición falta el hoz marginal; algunos de ellos
tenían el mismo grado de desarrollo que los ya descritos, de otros no
estoy seguro si son del todo normales y por esto no los describo.
El surco primitivo no es perfectamente derecho, sino más bien ondu-
lado, sobre todo en su parte posterior.
En craneal de la duplicatura primitiva el surco se continúa sin inte-
rrupción pero desviándose algo y formando así un ángulo muy obtuso con
el surco primitivo. Esta parte craneal del surco es el llamado surco dor-
sal. No está aquí netamente separado del primitivo como se indica ge-
neralmente para el pollo (véase fig. 485 ó 517 de Hertwig, 1903).
El surco dorsal está limitado, de ambos lados, por las placas me-
dulares y llega hasta la extremidad craneal de éstas. Ambos surcos, el
primitivo y el dorsal, no están sobre una misma línea, sino que el pri-
mero se encuentra algo a la izquierda del segundo, como suele verse
también en el pollo (véase Hertwig, pág. 8G5, 1903). También en el em-
brión siguiente tiene esta posición.
Las placas medulares tienen 2mm5 de largo; el surco primitivo las
sobrepasa por lo tanto en su extremo caudal por 0mm5. El límite caudal
de las placas es bastante neto, sobre todo el de la derecha. En su extre-
ího craneal se inicia ya la formación del tubo neural, comenzando ambas
placas a levantarse en forma de pliegues. Esta parte del embrión mues-
tra una asimetría muy marcada; la duplicatura izquierda se ha levan-
tado algo sobre la derecha y ésta a su vez sobrepasa del lado derecho a
7G
la línea en que la placa medular arranca del ectodenna (compárese
lámina II, 4 y 5).
En el lado ventral se observa la cuerda en formación, que se presenta
como una línea algo prominente pero delgada, con un ensanchamiento
claviforme en su extremo caudal. Éste está situado en el extremo cra-
neal del surco primitivo, (pie aparece bifurcado al observarlo del lado
ventral. La cuerda no se destaca tan netamente como en el embrión 7.
No pudo observarse canal neurentérieo, ni del lado dorsal ni del ventral.
El área pelúcida tiene forma de herradura alargada; su parte craneal
es bastante más ancha (hasta 2,nml) que la caudal al bulo del surco pri-
mitivo (l"‘m5).
En el área el límite craneal del mesoderma está constituido por mía
línea muy neta que, partiendo del embrión, se dirige hacia lateral y algo
caudal. Debido a la asimetría del embrión, está ubicado en el lado dere-
cho bastante más hacia caudal que en el izquierdo. Sólo el extre-
mo craneal del embrión (0mm3 midiéndolo en el lado izquierdo, el doble
en el derecho) se interna en la zona libre del mesoderma. El área pelú-
cida está delimitada, sobre todo en su lado derecho, por un rodete
bien marcado. Hacia caudal el área pelúcida se continúa en un área
vascular elíptica de unos 3 milímetros de ancho por 2 de largo. Ante
todo, en su zona craneal, a los lados del extremo caudal del surco primi-
tivo, los islotes sanguíneos son más densos; y de allí se extienden, en
forma de dos cuernos, sobre los bordes del área opaca llegando en direc-
ción craneal aproximadamente hasta el extremo anterior del surco primi-
tivo. El centro del área vasculosa caudal contiene muy escasos islotes,
pero es más opaca que la zona que lo rodea, lo que indica el mayor espe-
sor que allí parecen tener las hojas embrionarias.
El área vasculosa se asemeja a la figura 873 del pollo de Emeekert
(1906) por estar aún concentradas sus imites principales en el extremo
caudal del embrión, pero la cantidad de islotes sanguíneos es mayor que
en éste. No hay semejanza alguna con el siguiente de los embriones del
mismo autor, aunque en cuanto al desarrollo de la cuerda y de la placa
medular, nuestro embrión de perdiz le correspondería bastante bien.
EMBRIÓN 7
(Lámina II, ti)
Notliura maculosa. El huevo fué incubado una semana después de la
postura y durante 35 horas. Conservado, el 11 de diciembre de 1915, en
líquido de Zenker. Largo total : 3 milímetros; largo del surco primitivo:
lmm3.
El surco primitivo forma, como el del embrión anterior, algunas simio-
77
sidades. Los rodetes que lo delimitan son, en su parte anterior, anchos,
pero desaparecen casi hacia su extremo caudal. El surco allí termina en
forma abierta, sin que existiera detrás de él un nudo formado por la
unión de los rodetes como en el embrión anterior. Parten del surco pri-
mitivo un número considerable de pequeños surcos transversales, que
no sólo dividen los rodetes sino que se internan, además, un cierto tre-
cho en el tejido vecino, apareciendo toda la región, alrededor de la línea
primitiva, como «segmentada » en forma irregular o entrecortada en una
cantidad de pequeños rodetes transversales. Los surcos son más frecuen-
tes en la región media de la línea primitiva. Los de un lado están aveces
— pero no siempre — enfrente de los del otro. El más craneal de los sur-
cos y el rodete transversal delante de él, ya pertenecen a la parte de la
línea primitiva que está rodeada por la terminación caudal de las dupli-
caturas medulares.
El surco dorsal, que puede observarse netamente en el fondo de la
parte aún abierta del tubo medular, se continúa en su extremo caudal
en el primitivo. En este punto el uno forma un ángulo poco pronunciado
con respecto al otro, y el surco dorsal está en su totalidad situado algo
a la derecha del primitivo. El embrión se asemeja en todo esto mucho al
anterior.
Las duplicaturas medulares se han levantado; en la región craneal a
la línea primitiva son paralelas entre sí sobre un trayecto de 0mm5 a
0mmG, permaneciendo en la misma región el surco medular perfectamen-
te abierto. Hacia caudal se abren en forma de arco, haciéndose al
propio tiempo más bajas y circundando el comienzo de los rodetes pri-
mitivos aquí muy anchos. Sería ésta la región del nudo de Hensen, en
la cual no puede distinguirse ni del lado dorsal ni del ventral un canal
neurentérico.
Hacia craneal de su trayecto paralelo las duplicaturas se alejan
primero un poco la una de la otra, acercándose luego hasta casi tocarse.
Resulta así estar casi cerrada toda la parte craneal del tubo me-
dular. El extremo anterior del tubo se ha doblado sobre el lado ventral
y su « sutura» tiene un largo de 0mmG en la parte dorsal y 0mm12 en la
doblada. En el extremo oral de ésta se observa que las duplicaturas de
ambos lados se continúan la una en la otra en forma de arco, pero que-
dando en todo el trayecto perfectamente acoladas.
No existe, por lo tanto, un neuroporo anterior abierto.
Sobre todo el largo de la «sutura» se nota un pequeño surco, no
siendo por esto probable que las duplicaturas ya se hayan soldado, sino
que más bien parecen entrar recién en contacto la una con la otra.
En la parte de esta región correspondiente al lado dorsal, las duplica-
turas no sobresalen con respecto a las partes laterales del embrión mien-
tras que en el extremo doblado son bastante prominentes. El ancho del
78
tubo medular en toda la parte eerrada es de unos 220 g; el extremo an-
terior doblado Inicia ventral no es más ancho que la región que le sigue.
Según la descripción que antecede, las duplicaturas medulares se ha-
brían acercado la una a la otra hasta entrar en contacto en todo el largo
del cerebro. Esta manera de unirse es muy diferente de la comunmente
observada, en la que queda abierta la parte correspondiente al cerebro
anterior durante mucho tiempo, mientras que las partes de la región me-
dia del cerebro son las primeras en soldarse (véase, p. ej., Kupffer, 1905,
lig. 270 y 271, pollo con 5 y 7 segmentos primitivos). Aunque ya en el
embrión anterior había indicios de que las placas medulares comenzaban
a levantarse primero en el extremo craneal, no estoy seguro que este fe-
nómeno se produzca normalmente en la perdiz de esta manera, pues en
el embrión siguiente el comienzo de la soldadura completa del tubo
medular se efectúa en la misma región como en otras aves.
Examinando el embrión del lado ventral se observan cuatro pares de
segmentos primitivos bien desarrollados, los que casi no son visibles
del lado dorsal por sobreponerse a ellos los bordes de las duplicaturas
medulares.
El borde craneal del ombligo intestinal forma un semicírculo situado
a 0mm3 ó 0,un*4 del extremo anterior. Siguiendo de él, hacia caudal, la
cuerda dorsal aún se distingue sobre un largo de lram3 como un fino
hilo, cuyo extremo caudal se ensancha en forma de clava. El extremo
craneal de la cuerda no es visible.
Los gérmenes vasculares rodean al embrión en forma de herradura,
cuyos extremos craneales no llegan aún a la altura del vértice del em-
brión. Alcanzan su mayor desarrollo a los lados de la línea primitiva,
mientras que en caudal del embrión existen relativamente pocos vasos,
y la región posterior de la zona elíptica es relativamente rica en
islotes sanguíneos. En el estadio anterior la misma estaba casi del todo
desprovista de ellos.
En general, la zona de los gérmenes vasculares es más ancha que en
el pollo según las figuras 880 y 885 de liueckert (1900).
Falta aún todo indicio de un vaso circular o seno terminal.
EMBRIÓN 25
(Lámina II, 7)
Perdiz de la sierra del mismo nido que los embriones 20, 27 y 28, con-
servado en seguida, después de sacarla del nido, en líquido de Zenker.
Largo total del embrión 4mml ; largo del surco primitivo 350 a 400 ¡ju
Este embrión es bastante más desarrollado que el anterior; poseo un
embrión de Notliura maculosa de un desarrollo intermedio entre ambos
— 79 —
pero según su aspecto general podría no ser del todo normal, por lo cual
prefiero no describirlo.
Examinando el embrión 25, en total se ve que existe en todo el lar-
go de su sistema nervioso, excepción lieclia de su extremo caudal,
una sutura dorsal, cuyos bordes no parecen haberse soldado aún y se
levantan netamente en forma de pequeños rodetes. De cortes transver-
sales resulta, sin embargo, que existe un neuroporo anterior abierto en
una extensión de 100 g sobre el lado ventral y de 850 ¡j. sobre el dorsal,
y cuyo mayor ancho es de 50 \i. Inmediatamente hacia caudal del poro
existe una zona de 200 de largo en que el tubo está perfectamente
cerrado, habiéndose soldado sus bordes. A partir de ella el tubo está to-
davía abierto, no alcanzando las duplicaturas a tocarse, aunque el espa-
cio entre ellas sea muy angosto.
Resulta de este embrión, como ya lo he mencionado al describir el
anterior, que el cierre del tubo neural tiene lugar en la misma región
(pie en los demás vertebrados, y no comienza por el extremo craneal
como podría creerse tomando por base aquél.
Visto por el lado dorsal, el arquencéfalo es más ancho que largo y su
contorno craneal tiene una dirección casi perfectamente transversal,
mientras que sus paredes laterales se dirigen en forma oblicua hacia
caudal y medial. (La forma es muy distinta de la que ofrece el gorrión
de 10 segmentos primitivos, figura 275, de Kupfter, 1905.)
Las vesículas ópticas aún no están diferenciadas. Entre arquencéfalo
y cerebro medio existe una entalladura bien marcada; este último
tiene su ancho mayor hacia craneal, adelgazándose hacia caudal. No
está tan bien separado del cerebro posterior como del arquencéfalo.
En el cerebro posterior están diferenciadas por lo menos dos partes, una
craneal, el cerebelo, relativamente corto y bien separado de la caudal,
y el que en el embrión siguiente estará separado en forma menos neta
del cerebro medio que del mielencéfalo. Si en la parte caudal de éste,
muy largo comparado con el cerebelo, existen otras diferenciaciones no
es posible constatarlo. En caso de existir son muy poco netas.
Aproximadamente hasta el quinto segmento primitivo el tubo neural
es más ancho entre dos pares de segmentos primitivos que entre un
mismo par.
A unos 2,nra9 del extremo anterior los bordes de la «sutura» dorsal
comienzan a alejarse el uno del otro. En los primeros 350 \¡. el espacio
existente entre ellos es angosto, en forma de grieta, pero luego se en-
sancha abriéndose en una cavidad de contorno rómbico, cuyo fondo está
en su tercio craneal a mayor profundidad que en su parte más caudal,
donde se levanta a un nivel superior, disminuyendo al propio tiempo
el alto de las duplicaturas medulares que forman el borde déla cavidad.
En los cortes se observa que en la primera región el tubo neural está
— 80 —
simplemente muy abierto, pero que no existe una unión entre las dis-
tintas hojas blastodérmicas. Hacia el fin de la misma región la cuerda
se interna más y más en la base del tubo neural, adelgazándose la pared
ventral de éste a tal extremo que sólo queda una delgadísima capa del
lado dorsal de la cuerda. Sin embargo, aún no hay unión entre cuerda,
tubo medular y mesoderma. Ésta, es decir, la formación de la línea pri-
mitiva, corresponde a la región posterior de la cavidad. La línea primi-
tiva es aquí muy voluminosa, y como resulta de una comparación con
los embriones más adelantados (28 y 4) es ésta la parte que formará el
botón caudal.
La línea primitiva sobrepasa hacia caudal la cavidad rómbica en
más de 200 p, y hay sobre ella, en esta parte, un hondo surco primiti-
vo que desaparece hacia craneal a medida que la línea avanza en
la cavidad rómbica. Los rodetes primitivos, y especialmente el izquier-
do, están entrecortados por hendiduras transversales como en el em-
brión 7 y también en el fondo de la parte caudal de la cavidad
rómbica existen abultamientos transversales, netos sobre todo hacia sus
bordes. Ya en el estadio anterior la parte craneal de los rodetes primi-
tivos, rodeada por la terminación caudal de las duplicaturas medulares
aparecía muy ensanchada y dividida por uno o dos surcos transversales
entre los que existían los correspondientes abultamientos.
Comparando ambos embriones se llega a la conclusión de (pie hiparte
posterior y más levantada del fondo de la cavidad rómbica está formada
por la línea primitiva y que sólo los bordes levantados están constituidos
por los extremos de las duplicaturas medulares. El largo total de la línea
primitiva es de unos 400 p.
No existe en los cortes indicio alguno de un poro neurentérico.
No existen placas auditivas.
El embrión posee nueve segmentos primitivos; un décimo está en for-
mación.
El intestino está cerrado en su parte craneal sobre un largo de 900 p,
comenzando a abrirse en el saco viteíino a la altura del primer segmento
primitivo.
El corazón no tiene aún forma de S, ni se han unido los tubos endotelia-
les de la derecha y de la izquierda. El tronco de las venas vitelinas ocupa
el borde de la entrada anterior del intestino; de cada lado se continúa en
una sola vena vitelina de dirección transversal al eje del cuerpo «pie for-
ma la principal unión entre el embrión y el sistema vascular viteíino.
La vena terminal del sistema vascular viteíino no es aún completa.
Hacia craneal llega hasta la región del arquencéfalo y parece que las
de la derecha y de la izquierda se unieran delante de la cabeza
por algunos vasos poco netos. No se observan venas vitelinas que par-
tiendo del extremo anterior del seno terminal se dirigieran hacia caudal.
81
EMBRIÓN 27
(Figuras 1 y 5)
Del mismo nido y tratado en igual forma que el anterior. Largo total :
4ram8; 11 segmentos primitivos.
En este embrión las partes del cerebro tienen, en general, una confi-
guración parecida a las del an-
terior; sólo las vesículas ópti-
cas están mejor marcadas y
.sobresalen más hacia lateral.
El contorno anterior de la ca-
beza, sin embargo, difiere de él
de 3 y de 1(¡, por no sobresalir
el cerebro anterior en forma
tan abrupta como en aquellos
embriones, y tiene la conforma-
ción característica de los em-
briones de la perdiz de la sie-
rra. (Véase embrión 28.)
En cambio el aspecto de la
región caudal (fig. 1) del tubo
neural difiere de el del embrión
25 más de lo que se esperaría
en embriones de tan poca dife-
rencia en cuanto a su desarro-
llo general. La diferencia men-
cionada consiste en que tam-
bién en la región caudal existe
entre las duplicaturas medula-
res sólo una angosta cisura, es-
tando la cavidad rómbica ape-
nas indicada. En la región que
correspondería a ésta, las duplicaturas medulares se ensanchan poco a
poco (fig. 1), adelgazándose luego para continuarse en los rodetes pri-
mitivos (r. p.). Éstos y el surco primitivo (s. p.) sobresalen unos 170 \j.
sobre el extremo caudal de las duplicaturas medulares.
De algunas medidas, resulta que es la región correspondiente al me-
soderma caudal no segmentado la que ha crecido con una rapidez rela-
tivamente mayor que el resto del embrión :
Embrión ‘25 Embrión 27
Largo total 4raml 4mm8
Del extremo anterior al primor segmento -primitivo 17 19
Del extremo anterior al último segmento primitivo. .....' 2 7 3 1
KRV. MUSEO I-A PLATA. — T. XXV G
Fig. 1. — Notlioprocta cine>ascenn, embrión 27, extremo
caudal : pl. I. = placa lateral ; r. p. — rodetes pri-
mitivos ¡ s. ncur = sutura neural; seg = continua-
ción de la zona de los segmentos primitivos ; ». p. =
surco primitivo. Las partes entre las dos líneas pa-
ralelas a arabos lados de los rodetes primitivos estón
algo levantadas (comienzo del botón caudal).
82 —
La diferencia de longitud del embrión 27, comparada con la del 25, es
hasta el primer segmento primitivo relativamente escasa (0mm2), alcanza
ya al doble en la región del último segmento (0m,“4) y llega para el em-
brión total a ()mm7. Sobresaliendo el surco primitivo en ambos casos en
igual grado (0mm2 resp. 0mm17) es la región de los segmentos primitivos
y ante todo la caudal a ellos hasta el comienzo del surco primitivo la que
más se ha alargado, y al rápido crecimiento longitudinal estará correla-
cionada la falta de la cavidad rómbica en el extremo caudal del tubo
medular. Como no puede tratarse de una deformación mecánica debida
a la fijación (pues entonces también la línea primitiva se habría alarga-
do), me parece que la parte caudal se ha anticipado en su desarrollo a.
las demás regiones.
EMBRIÓN 3
(Lámina III, 8, y figuras 2, 3 y 4)
Nothura maculosa. Este embrión forma parte de una pequeña remesa
que el señor Carlos Rotli trajo personalmente y con el mayor cuidado
de La Del lina (Córdoba). Fué luego incubado durante 40 horas en incu-
badora y conservado el 30 de octubre de 1915 en líquido de Zenker.
Aunque otros dos embriones de la misma remesa, incubados sólo hasta
el estadio con surco primitivo, no parecen normales en todos sus detalles,
este embrión, sin duda, lo es. Siendo el número de estadios jóvenes que
no parecen normales tan excesivo, es muy probable que muchos de ellos
se regularicen luego, continúen su evolución y darán fetos normales.
Largo total (incl. surco primitivo) 4mm4; el surco primitivo sobresale al
tubo neural 0mml$ 11 segmentos primitivos.
El sistema nervioso central está bastante más desarrollado que en el
embrión 25, habiéndose separado en la mayor parte de su trayecto del
ectoderma. Un neuroporo anterior abierto existe sólo en el lado dorsal
sobre el segundo corte que interesa las vesículas ópticas. Más hacia
adelante el cerebro está cerrado, persistiendo, sin embargo, desde el neu-
roporo hasta el extremo craneal del embrión un surco que ya no está en
comunicación con el canal central. Del lado ventral no existe ya indica-
ción alguna del cierre, pues hasta el surco falta, Hacia caudal del neu-
roporo el tubo neural está cerrado, pasando el ectoderma sobre él sin
sutura, en un largo de 2mra4. Recién después la sutura aparece, pero sus
dos bordes están aún acolados el uno al otro y recién medio milímetro
más caudal la cisura se hace real (fig. 2, X)> para ensancharse en el extre-
mo caudal en una apertura elíptica de unos 50 \i. de ancho, y por lo tan-
to, mucho más angosta que la apertura rómbica del embrión 25.
Las vesículas ópticas aparecen delimitadas con respecto al cerebro en
83
el lado craneal sólo por una hendidura poco profunda, mientras que su
separación caudal está constituida por una fuerte entalladura (fig. 4).
Tienen por esto el aspecto de estar dobladas hacia caudal. Los pedún-
culos ópticos comienzan ya a separarse de las vesículas. El dien-
céfalo se ensancha detrás de las vesículas ópticas y alcanza a unas 180
a 190 ¡a más caudal que ellas. (Las relaciones entre cerebro y vesículas
ópticas sólo pueden observarse bien por transparencia y por esto no apa-
recen en la fotografía.) El di encéfalo está separado por una entalladura
muy neta del cerebro medio, el cual, en cambio, se
continúa, adelgazándose repentinamente, en el ce-
rebelo, pero sin existir entre ellos una fuerte hen-
didura. Ambos juntos son piriformes. El límite
entre cerebelo y mielencéfalo es muy pronunciado.
En este último pueden distinguirse cuatro neuro-
meras poco netas.
En cnanto al desarrollo del cerebro anterior el
embrión está bastante más adelantado que el del
gorrión de 15 segmentos primitivos (Kupffer, 1905,
fig. 270) teniendo mayor parecido con la figura 165
de Froriep (1905), sólo que sus vesículas ópticas
llegan menos hacia caudal, comparadas con la ex-
tensión del diencéfalo.
Las vesículas auditivas aún no se notan de afue-
ra, pero en el corte se observa que el ectoderma de
esta región es muy alto (30 ja); acolado a él y de
ambos lados del tubo muirá 1 existe una gran pla-
code nerviosa (n. VII-VIII).
El surco primitivo, que sobrepasa al tubo neural
por unos 100 ¡a, está rodeado en esta región por
los rodetes primitivos, de menor volumen que las
duplicaturas medulares, en las que se continúa.
Además, puede observarse el surco primitivo hacia craneal entre las
duplicaturas medulares sobre un trecho algo menor, siendo, por lo tanto,
su largo total, casi de 200 ¡a. A los lados del extremo caudal del surco
existen unos pocos surcos transversales, que se abren en él. Son pareci-
dos a los del embrión 7, aunque menos pronunciados. En el fondo de la
apertura elíptica caudal del tubo neural no se distingue ya el surco, pero
en cambio existe en ella, muy cerca de su extremo caudal, un botón he-
misférico (fig. 2 b. v.) que se levanta del fondo del surco medular, de-
jando a cada lado escasísimo espacio. En la fotografía aparece el botón
como unido con los rodetes primitivos lo que, sin embargo, no es el caso.
En el corte (fig. 3) el botón resulta estar formado por células del
mismo carácter como las de la línea primitiva. En los cortes que pasan
ir
f
Fig. 2. — Nothura maculo-
sa, embrión 3, extremo
caminí : b. v. — botón vi-
telino ; a. p. = surco pri-
mitivo ; en su extremo
caudal tres pequeños sur-
cos transversales.
84
l>or él transversalmente existe mía delgada pero neta línea de separa-
ción entre botón y surco primitivo; sin embargo, hacia caudal no existe
discontinuidad entre el botón y la línea. El botón es del todo parecido a
los observados en los reptiles y en el conejo (fig. 454 y 605 de Hertwig,
1903) y como aquéllos es probable que pueda homologarse con la for-
mación de igual nombre, tan característica en los anfibios. Sin embargo,
no me atrevo a asegurar que sea una formación normal. Faltando en los
otros embriones y existiendo sólo en éste que ha sufrido un transporte
bastante largo, sería posible que su existencia se deba a las sacudidas
a que el huevo estuvo expuesto durante el viaje. .
El pliegue semilunar que limita el embrión en su extremo caudal es
artificial y producido por la fijación.
Fig. :¡. — Nothura maculosa, embrión 3. Corte transversal por el botón vitelino
La membrana bucal está formada. El intestino está cerrado sobre un
largo de 900 g, antes de abrirse en el saco vitelino. En este trayecto su
pared ventral es gruesa, la dorsal muy delgada, lo que ya estaba indica-
do en el estadio anterior.
El corazón tiene forma de S; los cuernos del seno venoso se encuen-
tran a 180 g delante del primer segmento primitivo.
El sistema vascular del saco vitelino está más desarrollado que en el
embrión 25. El seno terminal es bastante completo, quizá más que en el
embrión siguiente. En su extremo craneal puede observarse cómo se con-
tinúa en las venas vitelinas, las que no comunican con el seno venoso
por un vaso único relativamente fuerte, sino sólo por la red general irre-
gular. Toda el área pelúcida está ocupada por numerosos vasos, que fal-
tan sólo delante de la cabeza, en la región sin mesoderma. Las duplica-
turas amnióticas aún no están indicadas.
85 —
EMBRIÓN 16
(Lámina III, 0)
Notliura maculosa , incubado varios días después de la postura en in-
cubadora durante 37 lioras. Conservado el 29 de diciembre de 1915 en
bicloruro concentrado. Largo total (vértice-extremo caudal de la línea
primitiva) : 4mm5. 12 segmentos primitivos.
En el lado dorsal del cerebro anterior la sutura lia desaparecido, y
sólo en el extremo craneal subsiste una pequeña pero neta entalladura,
no visible por su pequenez en la fotografía. Dé los cortes resulta que el
neuroporo anterior está cerrado.
Las vesículas ópticas están mejor diferenciadas que en el embrión an-
terior; la hendidura que las separa del cerebro por el lado caudal es más
pronunciada y el pedúnculo óptico, por lo tanto, más delgado. Sobre los
cortes el diámetro de su hueco es de 45 ¡a. Las vesículas ópticas tocan el
ectoderma.
El di encéfalo está mejor separado del cerebro anterior secundario que
antes y aparece más abultado hacia lateral.
El cerebro medio, cuyo aspecto general coincide con el del embrión 3,
no se continúa como en aquél en el cerebelo, sino que entre ambos exis-
te una entalladura poco marcada.
El largo del cerebelo alcanza más o menos al doble del primer « seg-
mento » del mielencéfalo (170 g contra 80 a 90 ¡a), al que siguen otros dos
« segmentos » igualmente cortos y luego una cuarta sección mielencefá-
licaen laque no puede distinguirse segmentación. Su ventrículo se adel-
gaza, como puede verse también en la fotografía, paulatinamente, hasta
que a partir del sexto segmento primitivo el canal central aparece en los
cortes como una delgada cisura dorso-ventral.
El tubo neural se abre a partir de 3mm25 del extremo anterior. En es-
ta región el canal central conserva aún forma de cisura, pero después de
unos 400 ¡a se hace más ancho, hasta llegar a ser casi circular con 35 ¡a
de diámetro en los cortes (a 3mm85 o 3mm95 del extremo anterior). La en-
trada a la pequeña cavidad así formada está indicada por un punto bas-
tante neto en la fotografía. La cavidad indica la terminación del tubo
neural, pues, en los cortes, por ella comienza la línea primitiva.
En la vista de conjunto el tubo medular aparenta prolongarse más
hacia caudal, pero resulta de los cortes que en esta región ya la cuerda,
el tubo neural y el mesoderma se lian unido, constituyendo la línea pri-
mitiva. El surco de esta región, que en la fotografía del total aparece
tan pronunciado como el surco neural hacia craneal de la pequeña cavi-
dad, resulta ser en los cortes muy superficial y pequeño : es el surco
primitivo, el cual hacia caudal se hace menos hondo hasta desaparecer.
8(5
El largo total del surco primitivo es de GGO la línea primitiva comien-
za algunos pocos cortes más craneal y es por lo tanto algo más larga.
Los cortes por la parte caudal ensanchada del tubo neural y por el
comienzo del surco primitivo coinciden bien con las figuras 539-541 de
Hertwig, 1903 (pollo de 48 horas). En cambio el surco primitivo aparece
en los cortes más caudales mucho más angosto (pie en las figuras de
aquel embrión.
No existe poro neurentérico.
Las placas auditivas tienen unos 1G0 g de ancho, y apenas comienzan
a invaginarse, pues su centro se encuentra a 15 ¡j. más hacia adentro que
los bordes.
El intestino está cerrado sobre un largo de lmml delante del ombligo
intestinal, el cual comienza a la altura del primer segmento primitivo.
La curvatura en forma de S del corazón es mucho más pronunciada
que en el embrión anterior. El seno terminal del saco vitelino aún no es
del todo completo. Los vasos vitelinos, todavía irregulares, se acercan al
embrión en la región de los segmentos primitivos, y especialmente hacia
su fin, indicando así la región en que más tarde se hallarán las arterias
vitelinas.
EMBRIÓN 28
(Lámina III, 10, y figuras 7 y 8)
Perdiz de la sierra, del mismo nido y conservado conjuntamente con
25, 20, 27 y 29. Largo total : G,mu; 19 segmentos primitivos.
El largo relativamente muy considerable de este embrión, comparado
<;on el de 1G y 4, está sin duda en correlación con el tamaño mayor de
Notlioprocta y de su huevo.
El embrión está doblado algo hacia la derecha, sobre todo en su parte
caudal, primer indicio de la torción con respecto a su eje longitudinal.
El contorno craneal de la cabeza difiere mucho de el de los dos últi-
mos embriones. En éstos el borde anterior del cerebro anterior se presen-
ta como una prominencia neta y bien delimitada con respecto a las
vesículas ópticas, mientras que en el embrión 28 el contorno craneal del
cerebro y de las vesículas ópticas forman una línea parabólica no inte-
rrumpida.
Esta diferencia en la conformación del contorno craneal es constante
en embriones de Notliura maculosa por un lado y de Nothoproeta ciñeras-
cens por el otro, como se ve comparando las fotografías de 3 y 16 (lámi-
na III, 8 y 9, y fig. 4) con los dibujos de 27, 29 y 28 (figs. 5, G y 7). En el
embrión 29, de 16 a 17 segmentos primitivos, la cabeza tiene casi forma
triangular, y el cerebro anterior sobresale por lo menos tanto con res-
pecto a las vesículas ópticas como en 3 y 1G ; pero sin embargo el ccto-
87
(Terina que cubre ambas formaciones pasa sobre el surco que bay entre
ellas sin formar una hendidura. Los embriones 3 y 10 presentan otro
tipo en cuanto a la conformación del contorno anterior de la cabeza
que los 27, 29 y 28, y es probable que éste sea característico para cada
Extremos anteriores del embrión 3 de Nothura maculosa (4) y do los embriones 27, 20 y 28
de Nothoprocta cinerancenx (5, fi y 7)
una de. las dos especies. No deja de ser interesante que aves tan próxi-
mas ofrezcan ya, en estadios jóvenes, diferencias tan manifiestas. No
siendo conocida la anatomía de una y otra, tampoco puede decirse si
estas diferencias en los embriones son indicios de las que existen en los
adultos.
88
El arco liial es más prominente que en 10.
Las vesículas ópticas tocan el ectoderma, el cual, en el punto de con-
tacto, adquiere mayor espesor (25 ¡j. mientras en su rededor sólo llega a
8 ¡j.) como primer indicio de la formación del cristalino.
Las fosetas auditivas tienen un ancho de 150 g sobre 45 ¡;. de profun-
didad, son por lo tanto muy abiertas, aunque menos que en 10.
La sutura mediana del cerebro ha desaparecido por completo, también
en su extremo posterior y anterior.
El cerebro medio está netamente
separado del anterior y del cerebe-
lo. Comparado con el primero es
más pequeño que en 10, haciendo
en cambio más prominencia que el
cerebelo. Éste está separado del
mielencéfalo y del cerebro medio
por fuertes entalladuras. El mie-
lencéfalo adquiere su mayor ancho
en la parte anterior, siendo allí ma-
yor que la del cerebelo. La fosa
romboidea ha adquirido su forma,
característica que aún no tenía en
el estadio anterior; el epitelio de
su membrana tectoria es chato.
No pueden distinguirse subdivi-
siones en el mielencéfalo.
El canal central tiene, antes de
ensancharse en su extremo caudal
un ancho de 50 y. y un alto de 70 ¡j.
(fig. 8, X)- En el ensanchamiento
su diámetro llega a 140 \x en senti-
do transversal y a 1 00 en el dorso-
ventral, siendo mucho mayor (pie el
de la pequeña cavidad que le co-
rresponde en el embrión anterior. Mas caudal vuelve a adelgazarse, for-
mando un delgado canal, el cual pronto desaparece.
Al propio tiempo la pared del tubo medular se continúa en la ancha
masa no diferenciada que constituye la parte craneal de la línea primiti-
va. Sobre los mismos cortes también la cuerda se une a la línea, ensan-
chándose antes. Falta todo indicio de un canal neurentérico.
Una línea primitiva, es decir, una unión entre ectoy mesoderma exis-
te sobre 3G0 p. de largo, de los que corresponden entre 230 y 300 ¡j, a la
ancha zona craneal, arriba mencionada (que formará luego el botón cau-
dal). En los cortes por la misma no puede distinguirse la región corres-
>'¡g. 8. — Xochoprocta cinerascens, embrión 28,
extremo caudal, X 55 : c. c. = canal central;
l. p. hit. — limito caudal de la continuación
del mesoderma de las placas laterales ; l. p. p.
c. = línea primitiva, parte caudal ; l. p. p. cr. =
línea primitiva, parte craneal; p. t. n. = pared
del tubo neural ; r. s. p. = región de los seg-
mentos primitivos.
89
pondiente a la continuación del tubo neural y de la cuerda, de las que
forman la continuación de los segmentos primitivos; aunque las cé-
lulas correspondientes a la primera parecen estar algo más juntas. En
cambio se nota en la fotografía de conjunto una región mediana separa-
da por límites bastante netos de las laterales de lo que, como en el em-
brión anterior, resulta una aparente continuación del tubo medular en
la región de la línea primitiva. (Este límite está punteado en el dibujo
esquemático, fig. 8.) Resulta, sin embargo de los cortes, que el tubo
medular no llega más allá de la terminación del canal central.
A la línea primitiva sigue una región de 110 ¡j, de largo en la que no
existe, en los cortes, unión entre ecto y mesoderma. Se nota en cambio
(pie en el ento y en el ectoderma pequeños grupos de células hacen promi-
nencia (en la cavidad blastocélica) a manera de crestas irregulares. Pue-
de ser que se trate ya de la formación de la membrana anal, pero también
es posible que en esta región hubiese existido aún una unión entre ecto
y mesoderma, la que se habría roto al ser fijado el embrión, debido a la,
contracción de las células mesodermales muy poco unidas las unas a las
otras. En todo caso, es ésta la región en que la parte caudal de la línea
primitiva aparece en la fotografía de conjunto como una línea corta y
delgada. En todo caso (aún teniendo en cuenta que el mesoderma podría
haberse contraído), su aspecto es muy distinto a los cortes de la figura
3353 de Duval (1889, pollo) (pie corresponde a la misma región.
No existe surco primitivo.
Caudal a esta región los celouias de ambos lados están en comunica-
ción, mientras que en los embriones anteriores seguía a la línea primiti-
va una región en que el mesoderma de ambos lados aparecía unido
pero sin existir en él celoma.
En los cortes no existe aún indicio alguno del alantois; sin embargo,'
un pequeño triángulo muy transparente en la parte caudal de la línea
primitiva, visible en la preparación total, podría ya indicarlo.
La formación del intestino está, más adelantada que en el embrión an-
terior, su apertura en el saco vitelino comienza ahora a la altura del ter-
cer segmento primitivo, y en la región de los segmentos primitivos las
paredes laterales del intestino toman (sobre todo en la mitad anterior de
la región) posición perpendicular.
El corazón tiene forma de S, como en el estadio anterior; las aortas
descendentes se tocan desde el tercer al sexto segmento primitivo, pero
sin que existan perforaciones de sus paredes.
Están a la altura del último segmento y en el comienzo de la zona no
Segmentada en comunicación con una red de finos vasos, de laque se di-
ferenciarán en el estadio siguiente las Aa. vitelinas (véase lám. III, 10).
En la región del corazón y en la de la mitad anterior de los segmentos pri-
mitivos se extienden, en forma radiada, numerosos vasos muy finos sobre
90
el saco vitelino que comunican liacia medial con las Vv. vi telinas, hacia
lateral con el retículo general del sistema vitelino.
La concentración de los vasos en ambas regiones está mucho más ade-
lantada que en el embrión anterior, donde estaba apenas indicada. Aún
no existen sin embargo Aa. vitelinas de mayor volumen. El seno termi-
nal es completo y se continúa hacia craneal en las Vv. vitelinas, que de-
lante del embrión casi se tocan. El sistema vascular vitelino no está aún
tan desarrollado como el de la figura 898 de Kueckert (1900).
La parte craneal del embrión comienza a « hundirse » en el saco vite-
lino, lo que indica la formación de la duplicatura amniótica anterior.
El riñón cefálico (o primitivo?) se encuentra, con seguridad, del seg-
mento primitivo 9 al 18. A partir de allí, existe aún un ducto de Wolft
libre sobre 075 y (a la izquierda) ó 750 y (a la derecha). No tiene hueco y
termina en punta 700 y antes del canal central de la médula.
EMBRIÓN 4
(Lámina III, 11)
Nothura maculosa , incubado dos días después de la postura durante
50 horas. Conservado, el 30 de octubre de 1915, en líquido de Zenker.
Largo total : 4mm5; 22 segmentos primitivos.
En el ojo la bolsa del cristalino se ha invaginado, teniendo en el fondo
un diámetro algo mayor (40 y) que el de la apertura externa (85 y). ¡áu
profundidad es de 40 y. La bolsa del cristalino se forma, pues, en el mis-
mo estadio que en el pollo.
La bolsa auditiva tiene forma elíptico-rómbiea, siendo su eje dorso-
ventral el mayor. Está aún muy abierta.
El cerebro medio es mucho menos prominente hacia craneal que en
las figuras 97 y 104 de Schauinsland (1902) o figura 37 de Keibel
(1902). En cambio, el cerebro anterior es más prominente que el medio
y de ahí que el límite craneal del cerebro forme con el eje del cuerpo
un ángulo recto o quizá ya algo obtuso, pero no agudo como en aquellas
figuras. La curvatura apical es, pues, menos adelantada que en ellas.
La fosa romboidea aparece transparente, vista de arriba; en el corte,
su membrana tectoria está formada por células planas.
El corte por el canal central es fusiforme en la región del mesoderma
no segmentado, redondeado del lado dorsal, del ventral puntiagudo;
tiene sólo 15 y de ancho pero (50 de alto. Cerca de su extremo caudal se
ensancha hasta llegar a ser casi circular (ancho 00 y, alto 70 y), siendo,
además, la pared dorsal del tubo neural mucho menos gruesa (10 y) que
las laterales (35 y). En el objeto entero obsérvase del lado dorsal en esta
región, sobre la médula y algo al lado de la línea media, una pequeña
91
raya de 40 de largo, que aparenta ser el resto de la sutura. Sin embar-
go, resulta de los cortes que ésta ya no existe y que el sistema nervioso
está completamente cerrado y separado del ectoderma.
En el mismo corte, en que el canal neural alcanza su mayor volumen
también se reúne el mesoderma y la cuerda, que aquí es muy ancha y
aplanada (25 X 100 ¡;.). La unión de cuerda y pared del tubo neural se
efectúa 45 [/. más hacia caudal, donde el tubo aún es hueco. El hueco
desaparece recién 100 ¡j. más atrás. En los últimos cortes con canal me-
dular, y en los que la cuerda, el mesoderma y las paredes ventrales y
laterales del tubo nervioso ya constituyen una masa única, el ectoderma
forma en la línea media una hendidura bien neta, la que, dada su posi-
ción, podría considerarse como un resto del canal neurentérico. Pero
es dudoso si efectivamente lo es, pues no existe ninguna otra indicación
del canal, tampoco en la disposición de las células.
El broto caudal se encuentra sobre 270 \j. de largo, contados a partir
déla terminación del canal central. El contorno de su parte craneal apa-
rece en los cortes de forma elíptica. Más caudal pueden distinguirse en
ella una parte dorsal más pequeña, de forma de nudo, y otra ventral
más ancha que hace prominencia hacia ventral en forma de semi-
círculo. Esta última se interna entre los brazos derecho e izquierdo del
seno alantoideal, recién esbozado, los que, con los extremos dirigidos
hacia adelante, rodean a la prominencia en forma de herradura. El seno
alantoideal llega, en su extremo caudal, a 50 ¡j, de profundidad ; hacia
craneal desaparece paulatinamente. Los dos cuernos del alantois apa-
recen en la figura del total como dos pequeñas estrías transparentes,
el botón caudal como una prolongación corta y ancha del extremo cau-
dal del embrión entre ambas. A los lados, los cuernos del alantois apare-
cen delimitados por unos rodetes poco netos, los que son, como se ve en
el corte, los límites mediales del celoma. Caudal del alantois existe
en un solo corte (22 y aún una unión entre las tres hojas; ya en el
siguiente el celoma de un lado comunica con el del otro.
No existe surco primitivo.
En la membrana bucal, aun bastante gruesa, se tocan el ecto y el
entoderma. También en los dos primeros surcos viscerales ambas hojas
están acoladas.
El intestino está cerrado sobre 900 de largo, antes de abrirse en el
saco vitelino; también en la región de los segmentos primitivos el surco
intestinal ya está bien pronunciado.
El ducto de Wolff termina 450 ¡j. caudal del último segmento primiti-
vo, acolado al mesoderma; no tiene hueco.
Las aortas descendentes se tocan del tercero al octavo segmento pri-
mitivo, existiendo sobre los cortes más craneales de esta región ruptu-
ras en sus paredes.
92
El sistema vitelino primario está ahora bien formado. Las arterias
vitelinas salen del embrión entre el segmento 19 y 21 ; ellas y sus rami-
ficaciones principales están netamente delimitadas.
Las dos principales venas vitelinas toman su origen del seno terminal
bastante lateral y por medio de varias ramas a manera de los dos vasos
marcados con « v. va. » en la figura 118 de Schauinsland (1902), pero
algo más hacia los lados, y se dirigen como fuertes vasos al seno venoso.
Lateral con respecto a ellas, atraviesa el área pelúcida de cada lado un
delgado vaso, unido al principal por numerosas linas ramificaciones
transversales. Los vasos de ambos lados se reúnen en semicírculo
delante de Ja cabeza. El seno terminal dobla, como en los embriones
anteriores, en su extremo craneal cerca de la línea media y se continúa
en un corto vaso longitudinal que probablemente se une a la mencionada
parte arciforme, No sé si esta configuración de las venas vitelinas es
típica o alguna variación individual. La masa principal de la sangre ya
pasa por los vasos más laterales, no por las continuaciones directas y
mediales del seno terminal.
En todos los discos germinativos llama la atención la poca extensión
(pié los vasos vitelinos tienen delante del embrión. Tanto en el pollo
(véase la figura de llueckert, 1900) como en Pufinus (tíg. 1T8 de Schau-
insland, 1902), la parte del sistema vitelino delante del embrión es mu-
idlo más larga, siendo, en cambio, en Rali plana (tíg. 104 de Schauins-
land, 1902) tan corta como en la perdiz.
El amnion cubre la cabeza, los arcos viscerales, la mayor parte del
corazón y el primer segmento primitivo.
CONCLUSIONES
Resumiré los principales datos obtenidos de los embriones de perdices
descritos, con el fin de averiguar si en conjunto su desarrollo ofrece más
bien rasgos primitivos o modificados, y con^qué grupos de aves las per-
dices tienen el mayor parecido del punto de vista embriológico.
En el estadio más joven (2(5) la línea primitiva ya está desarrollada;
pero siendo su parte anterior mucho más gruesa y opaca que el resto, es
probable que aquélla se haya formado primero y que la línea tome
su origen en el centro del área pelúcida, creciendo luego hacia caudal,
como ya fué demostrado para varias aves, por ejemplo, para el go-
rrión (Schauinsland), el cuervo, el pato y Sterna (Mitrophanow, 1901,
1902). No he observado hoz caudal, ni dentro del área pelúcida ni en
su límite posterior. Dado el número muy escaso de embriones, es, sin
embargo, posible que un estadio semejante exista, pero que no se hallaba
— 93 —
entre mi material. La línea primitiva puede estar quebrada en ángulo
(embrión 11), como suele ser frecuente en el pollo.
La hendidura en el nudo de Ilensen, poco pronunciada en el pollo pero
a veces muy neta en otras aves : Diomcdea y gorrión según Schauinsland
(fig. 491 y 492 de Hertwig, 1902), Sternn según Grohs (1907, fig. 1), existe
en el embrión 20 de la perdiz, pero falta en otros embriones conjunta-
mente con un nudo de Hensen neto (11 y 12). Ambas formaciones pare-
cen ser inconstantes también en la perdiz, lo mismo como lo hizo notar,
entre otros, Grohs (1907) para Stcrna.
El botón vitelino del embrión 3 ofrece algún interés; creo que hasta
ahora esta formación no se ha observado en las aves, pero aparece con
regularidad en los reptiles y también se la conoce de mamíferos (conejo).
Es, como se acepta generalmente, un resto del botón vitelino o de Rus-
coni de los anfibios.
El canal neurentérico falta en todos mis embriones. Es conocido que
esta formación tampoco existe en el pollo, pero que la poseen muchas
otras aves, por ejemplo el ganso, el pato, Melopsittacus , Motacilla, el es-
tornino, Diomedca, Háliplana, el emú, etc. Encontrándose en mi material
estadios correspondientes, creo que puede excluirse desde ya que dicho
canal sea una formación constante en las perdices, y es hasta pro-
bable que no existe en ellas. A este respecto, las perdices se asemejan
al pollo.
También en el desarrollo del sistema vascular vitelino las perdices
coinciden bastante bien con el pollo, faltándoles caracteres reptiloides.
Lo mismo vale para la aparición del amnion, como se ve comparando
los embriones 1 G, 28 y 4 con la figura 37 e y f, de Keibel (1902). La
aparición tardía del amnion suele considerarse como carácter no primi-
tivo, por formarse éste en los reptiles en una época menos avanzada de
la vida embrionaria. En los reptiles, la parte craneal del embrión se
interna en la región del blastoderma situada delante y debajo de la
cabeza, cuando esta región carece aún de mesoderma, formándose así
una duplicatura amniótica anterior libre de mesoderma (proamnion).
Muchas aves acuáticas (Phaeton, Diomcdea, según Schauinsland, 1902,
fig. 91-93) conservan la misma característica o, lo que es lo mismo, el am-
nion se forma en ellos en un estadio relativamente joven. Según Schau-
insland (1902, pág. 191), la formación de la duplicatura craneal del am-
nion se efectuaría bastante más tarde en el estornino, gorrión y cuervo,
apareciendo el amnion del pollo en estadios mucho más adelantados aún.
Las perdices americanas se comportan, en cuanto v, la formación del am-
nion, de la misma manera como el pollo, tanto por su aparición tardía,
como por no existir un amnion libre de mesoderma (proamnion).
A pesar del número reducido de embriones que he tenido a mi disposi-
ción, puede llegarse ya a la conclusión de qne la embriología de las perdí-
04
ces coincide, en cuanto a sus caracteres generales, bastante bien con la
del pollo, alejándose, en cambio, de las formas que se consideran primi-
tivas a este respecto, como, por ejemplo, la de las aves acuáticas.
La embriología apoya, basta cierto punto, la conclusión a que se llega
por el estudio de la morfología de los adultos (Gadow, 1893), de que los
Criptúridos poseen el mayor número de caracteres aliñes con los Galli.
(La embriología de los Tu mices y llalli, grupos cercanos de los últimos,
y eon los que, según Gadow, los Criptúridos tienen también semejanzas
morfológicas, no está estudiada.)
Debido al gran número de caracteres primitivos del adulto, Gadow
llegó, sin embargo, a la conclusión de que los Criptúridos son tan primiti-
vos como los antepasados comunes de los tres grupos arriba menciona-
dos (llalli, Tu mices y Galli), y que de aves con los caracteres de los Crip-
túridos podrían derivarse fácilmente los Ratitae. Como se ve, Gadow
asigna a las perdices americanas una posición muy central e importante
del punto de vista ñlogenético. Conviene mencionar a este respecto que,
sin embargo, Haswell (1887) encontró en el emú un neuroporo muy bien
desarrollado en varios embriones cuya edad oscilaba entre 118 boras y
7 días, mientras que el mismo falta en los estadios correspondientes de
las perdices (28 y 4) y que en cuanto a este carácter, el emú es, por lo
tanto, más primitivo que ellas. Tampoco muestran los jóvenes embrio-
nes de las perdices la forma alargada tan característica para los Ratitae
(avestruz africano según- Mitropbanow, citado por Keibel, 1902), y emú
según Haswell (1887). Sí esta conformación es un carácter secundario
adquirido por los Ratitae, o si fué ya heredada de sus antepasados, aún
queda por resolver.
La escasez de rasgos arcaicos en los estadios jóvenes de las perdices,
no quita por supuesto el valor a los datos de la anatomía del adulto,
pero en todo caso indica que no estaría demás estudiar la organogenia
de estas aves, con especial atención en lo que respecta a aquellos carac-
teres que se consideran como primitivos, para establecer si efectiva-
mente lo son.
LITERATURA CITADA
1888. Duval, M., Atlas d’embriologie, París.
1893. Gadow, II. , Voegcl. Systematischer Tcil, en Bkonn’s, Elassen und Ordnungen
des Tierreichs.
1907. Guoiis. W., Dte Primitivrinne der Flusseeschwalbe (Sterna Virando L.), Zeit-
schr. f. wiss. Zool., vol. 85.
1900-1906. HeiU'WIG, O., Handbucli, der 'verglcichenden und expcrimentcllen Entwic-
klungslelirc , Jena. Las partes siguientes :
1905. Fkoiukp, A., Die Entwicklung des Auges.
95
1903. Hkiitwig, O., Die Lchre vvn den Kcimblaettcrn.
1902. Kkibkl, F., Dic Entwicklung dcr aeusscren Koerpcrform.
1905. Kupfkkij, K. v., Dic Morpliologic des Ccntralncrvcnsystcms.
1906. Ruicckkrt, J . , Dic Entwicklung dcr cxtracmbryonalen Gcfacssc dcr Foegel.
1902. Schauinsi.and, H., Die Entwicklung dcr Eihacute der Rcptilicn und
Yoegel.
1887. Haswkll, W. A., Obscrvalions on tlie early stages in the developmcnt of thc
Emú (Dromaeus Novae Hollandiae), Proc. Linn. Soc. New South Wales, vol.
II, pág. 577-600,
1901. Mitiiophanow, P., Ucber'die érate Entwicklung dcr Krache (Corma frugilegus),
Zeitschr. f. wiss. Zool., vol. 69.
1902. Mitropiianow, P., Beilraege zur Entwicklung dcr IVasservocgel, Zeitschr. f. wiss,
Zool., vol. 71.
EXPLICACIÓN DE LAS LÁMINAS
LÁMINA I
1. Nothoprocta cinerascens, embrión 26, por transparencia X 1
2. Nothura maculosa, embrión 20, del lado dorsal X 15.
3. Nothura maculosa, embrión 11, del lado dorsal X 20.
- LÁMINA II
4. Nothura maculosa, embrión 12, del lado dorsal X 15.
5. El mismo por transparencia X 15*
6. Nothura maculosa, embrión 7, del lado dorsal X 15.
7. Nothoprocta cinerascens , embrión 25, del lado dorsal X 15.
LÁMINA III
8. Nothura maculosa, embrión 3, del lado dorsal X 15.
9. Nothura maculosa, embrión 16, del lado dorsal X 16.
10. Nothoprocta cinerascens, embrión 28, del lado dorsal X 10
11. Nothura maculosa , embrión 4, del lado dorsal X 10-
Revista del Museo de La Plata, tomo xxy
Lámina l
Revista dke Museo de La Fi.ata, tomo xxv
Lámina II
i;
Revista del Museo de La Plata, tomo xxv
Lámina 111
ii
GUÍA Y CATÁLOGO DE LA COLECCIÓN DE METEORITOS
EXISTENTES EN EL MUSEO DE LA PLATA
CON ESPECIAL MENCIÓN DE LOS METEORITOS ARGENTINOS
Pon M. KANTOR
I. Introducción. — II. Definición y datos históricos. — III. La caída de los meteori-
tos. — IV. Tamaño y forma. — V. La corteza de los meteoritos. — VI. La natu-
raleza química do los meteoritos. — VII. Clasificación do los meteoritos. — VIII.
Las figuras do Windmanstatten. — IX. Hierro meteórico y hierro telúrico. — X.
Hierro meteórico y hierro industrial. — XI. La estructura do la parte pétrea do
los meteoritos : cristalina (granular o porfírica), clástica (broehiformo o tobácea),
condrítica, lluidal, vitrea. — XII. Origen do los meteoritos. — XIII. Los meteo-
ritos caídos en la República Argentina : 1, Capcrr ; 2, Otumpa; 3, Puerta de
Arauco; 4, Indio Rico; 5, El Perdido; G, Nogoyá ; 7, Luján ; 8, Cacharí. — XIV.
Datos sobre otros meteoritos caídos en la República Argentina. — XV. Los me-
teoritos caídos en otros países. — XVI. Moldes de meteoritos.
I. Introducción
La colección de los meteoritos que posee el Museo de La Plata es
muy modesta en comparación con las colecciones similares de los gran-
des museos de Europa y Norte América; consta actualmente tan sólo
<le37 ejemplares, con un peso total de 183,9 kilogramos, mientras que la
colección del Museo Británico se compone de 580 ejemplares la del
Museo de Historia Natural de París, de 532 ejemplares, con un peso total
de 2258 kilogramos % la de Field Museum en Chicago 3 de 057 ejempla-
res, con un peso total de 750G kilogramos, y aun una colección particu-
lar, The Ward Coonley Colection ', cuenta con 425 ejemplares de me-
teoritos de diversos puntos del mundo.
* Segúu el catálogo de Fleteher de 1908.
5 Según el catálogo de S. Meunier de 1909.
'1 Según el catálogo do O. C. Farrington de 1916.
4 Según el catálogo de 1909, Chicago.
ilF.V. MUSEO I.A PLATA.
T. XXV
— 98 —
Hemos considerado, sin embargo, oportuna y de interés la publicación
de una guía y catálogo de los meteoritos que se encuentran en el Museo
de La Plata, porque en la colección del Museo, única en el país, están
reunidos casi todos los meteoritos caídos o encontrados en la República
Argentina.
El meteorito más grande que lia caído en la república, el de Otumpa
(Gran Chaco), que alcanzó un peso de G34 kilogramos, lúe regalado, al
principio de la independencia, al embajador de Inglaterra, sir Woodbine
Parissli, y se encuentra desde el año 1820 en el Museo Británico; y el
meteorito que representa el mayor interés científico, el de Nogoyá, fue
repartido en 1880 entre los principales museos y academias de ciencias
del mundo, encontrándose actualmente los tres fragmentos más grandes
de un peso total de 2245 gramos que suman más de la mitad del peso
primitivo del meteorito, en la Academia de ciencias berlinesa.
En cambio, poseemos casi íntegro, debido al doctor Francisco P. Mo-
reno, fundador del Museo, el meteorito del Caperr (Patagonia), de un peso
de 114 kilogramos.
Poseemos casi íntegramente el hierro meteórico de Puerta de Aren-
co (La Rioja) y las piedras meteorices de El Perdido, de Indio Rico y de
Cacliarí (provincia de Buenos Aires). Del meteorito fósil de Luján, ha-
llado por Florentino Amegliino, sólo hay un fragmento.
Conforme al uso general, damos a los meteoritos los nombres de la lo-
calidad donde cayeron o fueron encontrados.
Preferimos en la descripción los meteoritos argentinos, y sólo damos
datos generales sobre los demás meteoritos de la colección.
En ambos casos indicamos el tipo a que pertenece el meteorito según
la clasificación de Stanislas Meunier u O. C. Farrington.
II. Definición y datos históricos
Los meteoritos son cuerpos sólidos, metálicos o pétreos, o una mezcla
de ambos, que tienen un origen extraterrestre.
Es de interés evidente compararlos con cuerpos semejantes de origen
telúrico, como son nuestros minerales y rocas.
Esta comparación puede ilustrarnos sobre muchos problemas trascen-
dentales : los fragmentos de otros cuerpos celestes ¿tienen la misma
composición química y mineralógica que los minerales y rocas ? ¿puede
una investigación detallada de los meteoritos darnos los datos suficien-
tes para conocer su génesis ? ¿ pueden los meteoritos informarnos sobre
la existencia de vida orgánica en otros planetas? ¿contribuye, en una
palabra, el estudio de los meteoritos, y en qué grado, a! concepto que
tenemos formado de la armonía cósmica?
— 99
La naturaleza, de los meteoritos es eonoeida desde linee relativamente
poco tiempo (desde fines del siglo xvni). Su investigación exacta se en-
contraba con dos obstáculos : Io o so reconocía su origen celeste y en-
tonces se le atribuían propiedades divinas; 2o o se desconocía este ori-
gen, dando lugar a confudirlos con minerales telúricos.
Ya los egipcios y la antigüedad griega y romana conocieron los me-
teoritos, cuya caída fue considerada como acto de la divina voluntad;
los meteoritos mismos fueron adorados en templos especialmente cons-
truidos, como imágenes del dios Sol y de otras deidades.
Durante muchos siglos y por pueblos diferentes continúa la venera-
ción de los meteoritos, lo que encuentra su explicación en que antigua-
mente dominaba la certidumbre de que estas piedras tienen un origen
celeste.
Sin embargo, en los tiempos modernos, este origen no filé general-
mente aceptado basta fines del siglo xvm, cuando a raíz de una caída
de meteoritos, que ocurrió el 13 de diciembre de 1798 en la India, cerca
de llenares, en presencia de una gran cantidad de espectadores, la con-
vicción seba hecho general y completa.
til. La caída de los meteoritos
Toda una serie de fenómenos acompaña la caída de los meteoritos, los
que difícilmente pueden observarse en todas sus fases por un solo espec-
tador.
A primera vista aparece el meteorito, si no lo impiden las nubes, o du-
rante el día el brillo del sol, como un punto luminoso que rápidamente
aumenta su volumen apareciendo como un bólido.
El brillo del mismo en noches claras, es muy intenso. Lo mismo que
la intensidad del brillo, el color del bólido varía durante el trayecto.
La altura a que los meteoritos aparecen en la atmósfera es muy con-
siderable, lo que explica por qué son generalmente visibles simultánea-
mente desde varias áreas de un país.
El trayecto que describen los bólidos con una velocidad enorme (30
a. 40 km. y a veces hasta 100 km. por segundo), tan sólo comparable con
la velocidad de los planetas lanzados en sus órbitas, es más o menos in-
clinado con relación al horizonte.
En su viaje por la atmósfera, muy corto — pocos segundos bastan
para que sea atravesada, — el meteorito tiene a veces el aspecto de una
escoba ardiente.
En su corto itinerario, el meteorito llega al reposo en alturas diferen-
tes de la atmósfera (de 4 a 47 km. aproximadamente) y al instante de
reposo sigue su caída, casi vertical.
100
Una explosión divide el bólido en varios fragmentos que se proyectan
en distintas direcciones.
Un ruido más o menos intenso, que puede ser percibido en una área
de muchos kilómetros, acompaña la explosión, que puede repetirse va-
rias veces.
La llegada del meteorito a la tierra va acompañada generalmente por
un zumbido que se asemeja al de un enjambre de abejas o al ruido pro-
ducido por el vuelo de una bandada de pájaros.
Al llegar a la tierra, los meteoritos pueden incrustarse en ella a pro-
fundidades distintas, según la clase del suelo en que lian caído.
IV- Tamaño y forma
El tamaño de los meteoritos es muy variable; eneuéntranse fragmen-
tos de 0°rl lo mismo que bloques de varias toneladas, pero generalmen-
te no alcanzan el peso de una tonelada.
Pesos mayores a una tonelada se conocen tan sólo por excepción ;
así el meteorito de Chupaderos (Mójico) tiene un peso de 15.600 kilo-
gramos (otro ejemplar del mismo sitio, 9kg290), el hierro meteórico más
grande que se conoce, Bancliito (Méjico), pesa 50 toneladas.
La piedra meteórica más grande (Long Island) alcanza un peso de 550
gramos.
El hierro meteórico de Otumpa (Gran Chaco) debía tener un peso
aproximado de 13.500 kilogramos, según lo reíiere don Miguel Rubín
de Celis.
La forma de los meteoritos no es irregular, como generalmente se ad-
mite; según Dolí predomina el prisma con cinco facetas. La forma esfé-
rica se encuentra tan sólo excepcional mente, salvo en casos de tratarse
de fragmentos pequeños.
La superficie de los meteoritos está llena de cavidades redondeadas,
comparables a la impresión que produce el dedo sobre una pasta blanda;
son engendradas por violentas acciones mecánicas debido al choque con
torbellinos gaseosos durante su paso por la atmósfera.
Es muy variable la cantidad de fragmentos que se cosecha durante
una caída de meteoritos; en la lluvia de piedras de Mocs fueron encon-
trados 2760 fragmentos con un peso total de 385 kilogramos. Igualmen-
te numerosa ha sido la cantidad de fragmentos encontrados en Orgueil,
L’Aigle, Pnltusk, etc.
La superficie del terreno en que están repartidos los meteoritos de
una sola caída tiene notablemente la forma de una elipse alargada, según
se comprobó en muchos casos.
101
V. La corteza de los meteoritos
Los meteoritos poseen generalmente una corteza delgada, de color ne-
gro opaco, raras veces brillante, que envuelve toda la masa. La forma-
ción es debida a las altas temperaturas experimentadas por los meteori-
tos durante su paso por la atmósfera. En los hierros meteóricos la cor-
teza tiene una composición análoga a la magnetita.
VI. La naturaleza química de los elementos
Los elementos químicos que con más frecuencia se encuentran en los
meteoritos son :
Aluminio, calcio, carbono , hierro, magnesio, níquel, oxígeno, fósforo, sí-
lice, azufre.
En menor cantidad y menos frecuentes se encuentra :
Antimonio, arsénico, cloro, cromo, cobalto, cobre, hidrógeno, litio, man-
ganeso, nitrógeno, potasio, sodio, stroncio , estaño, titanio, vanadio. Tam-
bién ha sido indicada en los meteoritos la presencia de vestigios de los
demás elementos químicos.
La mayoría de los elementos citados se encuentran en combinaciones
formando minerales que, en parte, corresponden exactamente a los mine-
rales terrestres. Se conservan para este grupo, de minerales de los me-
teoritos los mismos nombres que empleamos para los minerales telúricos:
olivino y forsterita, enstatita y broncita, augita y diopsido, oligoclasa,
labradorita y anoftita, leucita, magnetita y cromita.
El cuarzo, tan común en la tierra, parece faltar en los meteoritos.
Otras combinaciones químicas no tienen sus análogos en los minera-
les terrestres. Pertenecen a este grupo : cliftonita, forma cúbica de gra-
fito : troilita, un sulfuro doble de hierro y de níquel ; schreibersita, cuya
composición química se aproxima a Uíi,Ee,P ¡cohenita, carburo de hierro
y níquel; laurencita, protocloruro de hierro; oldhamita, CaS ; y daubrec-
lita, CrS.
VIL Clasificación de los meteoritos
Los meteoritos se ordenan generalmente en tres clases :
Ia Siderita o hierro meteórico;
2a Sider olita ;
3a Aerolito o piedra meteórica.
102
La clasificación de S. Meunier en siderita, litosiderita, y litita corres-
ponde exactamente a la mencionada arriba (adoptada por Fletcher) y
tiene la misma base :
Io Los sideritas se componen de hierro niquelífero, con carácter exte-
rior de acero y contienen también substancias minerales como troilita,
sclireibersita y grafito.
2“ Las siderolitas, un producto intermedio entre sideritas y aerolitos,
contienen hierro metálico y substancias minerales, como divino, bron-
cita, etc.;
3o En los aerolitos predominan las substancias minerales (divino, au-
gita, anortita y otros). Pequeños granos metálicos se encuentran disemi-
nados en la masa.
VIII. Las figuras de Windmanstátten
La estructura de las sideritas se caracteriza generalmente por las fi-
guras llamadas « Windmanstatten » (según el nombre del descubridor),
que aparecen sobre una superficie pulida del hierro meteórico, cuando
se la ataca con ácido diluido.
Estas figuras se pueden ver en el Caperr (véase íig. 1).
Windmanstatten hizo su descubrimiento, que ha sido de mucho alcan-
ce para el estudio de los meteoritos, en 1808 en un hierro meteórico de
Agram (caído en 1751).
Las figuras «Windmanstatten» se componen de listas rectas y entre-
cruzadas, algunas de éstas de color gris, otras de color algo rosado. Los
espacios intermediarios se parecen por su color a uno de estos tipos.
Una investigación más prolija demuestra que se trata en realidad de
distintas aleaciones de hierro y de níquel.
lieichenbach filé el primero en distinguir en las sideritas : Jcamacita,
taenita y plessita. Kamacita es la aleación de hierro con poco níquel
(0 a 7 %) ; taenita es rica en níquel.
Plessita, o hierro de relleno, se llaman los espacios intermediarios trian-
gulares o rectangulares, formados por las listas entrecruzadas de kama-
cita o de kamacita y taenita.
El ángulo bajo el cual se cruzan las listas que forman las figuras
« Windmanstatten » depende de la orientación de la superficie atacada
por el ácido. Es igual a 00° cuando esta superficie es paralelan una cara
de octaedro; es de 00° cuando la superficie atacada es paralela a una
cara de cubo; presenta un valor distinto y variable cuando las secciones
observadas no tienen orientación determinada.
Las figuras « Windmanstatten» expresan, por lo tanto, una estructura
103
laminar, paralela a la cara del octaedro (de aquí el nombre de hierro
octaédrico).
En cambio, liay meteoritos que no muestran las figuras de « Wind-
manstatten », como el hierro meteórico de Braunau (Bohemia) (hierro
hexaédrico). En el hierro meteórico liexaédrico, el porcentaje de níquel
es inferior a 0 por ciento.
Los hierros meteorices de una constitución compacta se llaman
ataxitas.
E. Cohén (Mcteoritenlcundc, .II) da la siguiente clasificación de las
sideritas :
Grupo de kamacita Ni -j- Co — 7 por ciento, como máximo;
Grupo de lcamacita-plessita, Ni -f- Co = 7 a 13,50 por ciento;
Grupo de plessita-siderita, M -j- Co — 15 a 30 por ciento;
Grupo de taenita-plessita, M -f- Co = 30 a 50 por ciento. *
La taenita es muy rara en el hierro octaédrico.
Según un estudio interesante de Minué la estructura del hierro me-
teórico, principalmente la separación en kamacita', taenita y plessita, se
ha producido en el estado sólido del hierro. Rinne se basa sobre la ob-
servación de las láminas de troilita, las que, presentes en el hierro oc-
taédrico, carecen de su estructura.
Como el punto de fusión de la troilita es de 950°, la estructura que se ca-
racteriza por las figuras « Windmanstatten » lia podido formarse sólo en
una temperatura inferior a 950°, es decir, en el estado sólido del hierro.
IX. Hierro meteórico y hierro telúrico
El hierro, metal el más valioso en la industria moderna, no por su
precio, sino por sus innumerables aplicaciones, es un componente muy
común de minerales y rocas, pero casi siempre en combinación con oxí-
geno o con azufre.
Los minerales de hierro son los óxidos y los sulfures, los óxidos en
primera línea, que por distintas operaciones metalúrgicas, mediante la
reducción con carbono, se transforman en hierro metálico.
Las condiciones naturales no son favorables para la existencia del
hierro nativo, por la gran afinidad que tiene con el oxígeno y el azufre,
razón por la que fue negada por largo tiempo su existencia en la natu-
raleza en forma pura.
• Cuando Nordenskjold, en 1870, encontró en Ovifac (Groenlandia) va-
* F. Rinne, Physikaliscli-chcmische Bemerkungen iiber technisches und metcorisches
Eisen. Nenes Jahrbueh fiir Mineralogie, Geologie und Paldontologie, julio, 1905.
— 101
rias masas de hierro al pie de rocas basálticas que llegaron a un peso
de 25.000 kilogramos, se atribuyó al principio a este hierro un origen
meteórico.
La presencia de níquel y cobalto (hasta 2 °/0) en el hierro de Ovifac,
hizo aún más verosímil su parentesco con el hierro meteorice.
l*ero cuando más tarde se demostró (pie el basalto mismo contiene
cierto ] (orcen taje de hierro niquelífero y que este basalto se encuentra
in situ, el origen terrestre del hierro de Ovifac quedó definitivamente
demostrado.
El hierro telúrico se encuentra, además, en Bohemia, Brasil (Minas
(¡eraos), en los yacimientos de platino de los montes Urales, etc.
Los siguientes minerales se componen de hierro y níquel en distintas
proporciones :
Avarovita, FeNL (Nueva Zelandia);
Josephinita, FeaNi0 (Oregón);
Octibbehita, FeNi (Missisipi).
X. Hierro meteorice y hierro industrial
El hierro industrial es, por su enorme importancia y el rol que des-
empeña en la vida económica moderna, objeto de ciencias especiales que
le son enteramente dedicadas, así : metalurgia del hierro, ensayos espe-
ciales del hierro, sidcrología.
La última se ocupa de estudios microscópicos del hierro industrial y
es de gran interés la comparación de los resultados por ella obtenidos
con los de las investigaciones del hierro meteórico.
Como el hierro meteórico, el hierro industrial no es químicamente
puro; contiene en primer término carbono, cuya importancia es tal, que
sirve de base para la división del hierro en hierro colado (2,3 a 4,7 %
C), acero (0,5 a 2,3 °/0) y hierro dulce (0,00 a 0,50 °/0).
El hierro industrial contiene, además del carbono, otros elementos quí-
micos, como manganeso, sílice, fósforo, níquel, wolfram y otros.
Ferrita es el nombre que corresponde al hierro industrial con un con-
tenido de carbono hasta de 2 por ciento en solución sólida.
Cementita es el nombre que corresponde a Fe3C.
Ferlita es una mezcla mecánica de ferrita y cementita.
Niquelferrita o ferroníquelita es una solución sólida de hierro con
níquel.
El hierro industrial contiene, además, grafito, Fe,P y FeS.
Estos componentes tienen sus correspondientes en el hierro meteórico :
Niquelferrita o ferroníquelita es común a ambos; cementita del hierro
105
industrial corresponde a la colienita del hierro meteórico; Fe3P y FeS
corresponden a la schrcibcrsita y troilita de las sideritas. También se
encuentra grafito en el hierro meteórico.
XI. Estructura de la parte pétrea de los meteoritos
Cristalina (granular o porf trica), clástica (breckiformc o tobácea), con-
drítica. — La estructura de la parte pétrea de los meteoritos no difiere
en muchos casos dé la estructura de las rocas terrestres y puede ser de-
signada con los mismos nombres : cristalina (granular o porfírica) igual
que en algunas rocas volcánicas, clástica (brechiforme o tobácea), como
en- las tobas volcánicas.
La mayor parte de los aerolitos y las siderolitas presentan, sin embar-
go, una particularidad en su estructura que no tiene analogía con los
minerales terrestres; la masa terrosa o compacta, contiene numerosas
inclusiones cristalinas en forma de esferitas, a las que Rose dio el nom-
bre de « condros ».
Éstos se componen de olivino, broncita, enstatita, hierro niquelífero,
cromita, anortita, a veces también de vidrio.
Los condros, por su composición mineralógica, se aproximan a una
roca terrestre, conocida con el nombre de «Lherzolita».
Tchermak supone que los condros sean gotas endurecidas que se han
formado durante la erupción de masas líquidas y compara la masa en
que están incluidas con nuestras tobas volcánicas.
Estructura , Jtuidal y vitrea. — Sorby ha observado en algunos meteo-
ritos la estructura fluida!, semejante a la conocida en algunas rocas te-
rrestres de origen Ígneo.
En las llamadas « telctitas » fué observada también la estructura vi-
trea. Como «telctitas prehistóricas» pueden considerarse «las moldavi-
tas », cuerpos transparentes de vidrio negro verdoso, del tamaño de una
nuez más o menos, que se encuentran a millares en los sedimentos ter-
ciarios de Bohemia.
XII. Origen de los meteoritos
El hecho de que los meteoritos se componen de los mismos elementos
químicos de que está compuesta la tierra y de que no contienen ningún
elemento que sea extraño a esta última, habla a favor de una composi-
ción análoga de nuestro planeta con ese cuerpo celeste (unos o varios)
cuyos fragmentos, en forma de meteoritos, liemos llegado a conocer.
— 10<) —
Si comparamos la partes pétreas de los meteoritos con nuestras rocas,
podemos precisar más la semejanza y desemejanza entre unos y otros.
Las rocas terrestres se dividen en tres clases: rocas eruptivas, rocas
sedimentarias y rocas metamórficas.
Las rocas eruptivas se lian formado en estado Ígneo y se lian solidi-
ficado en la superficie, ojiarte en la profundidad y parte en la superficie.
La estructura de las rocas erujitivas revela uno u otro modo de for-
mación y se presenta como cristalina, porfíriea o vitrea.
Una clasificación, poco usada boy, divide las rocas eruptivas en áci-
das y básicas, según la mayor o menor cantidad de ácido silícico conte-
nido en la roca.
Las rocas ácidas y entre ellas el granito — la roca ácida más común
del globo terrestre, — la que se supone como primera corteza del globo
terrestre solidificado, no tiene su representante entre los meteoritos.
Por otra parte, las rocas básicas, sobre todo aquellas que contienen
olivino, como algunos basaltos, lherzolita y otras, tienen una semejanza
notable en su composición y estructura con los meteoritos.
Según S. Meunier la analogía de los meteoritos con algunas rocas te-
rrestres es completa; el meteorito eliassiguita no difiere de la roca du-
nita, el meteorito eulcrita no difiere de algunas lavas.
Las rocas eruptivas terrestres se llaman también «rocas primarias».
Un su formación intervinieron agentes dinámicos internos. Debido a accio-
nes dinámicas exteriores, sobre todo a la acción geológica del agua y de
la vida orgánica, se lian formado las rocas secundarias o sedimentarias.
Éstas tampoco tienen sus representantes entre los meteoritos, lo que po-
dría inducir a primera vista a negar la existencia de agua y de vida or-
gánica en el cuerpo o cuerpos celestes que dieron origen a los meteoritos.
Las rocas metamórficas de origen terrestre se forman de las rocas
eruptivas y sedimentarias por acciones dinámicas y del calor interno.
Algunos meteoritos dan testimonio directo de aceiones metamórficas y
podrían llamarse, según Meunier, meteoritos metamór Jicos , como la tadjé-
rita, la stavropolita , la chantonnita y otros.
La ausencia en los meteoritos de representantes del tipo granítico y
la falta absoluta de componentes que se asemejaran a las rocas sedimen-
tarias no se presta a una interpretación única.
Pueden hacerse dos suposiciones :
Ia Los meteoritos son fragmentos de cuerpos planetarios, constituidos
como el globo terrestre, y provienen de las partes interiores de estos
cuerpos, naturalmente más densas;
2a Los meteoritos provienen de cuerjms planetarios donde faltan en
absoluto las rocas graníticas, lo mismo que los terrenos estratificados,
encontrándose estos cuerpos en un estado de evolución inferior al de
nuestro planeta.
107
Admitiendo la segunda suposición, el problema de la existencia de
vida orgánica en los cuerpos celestes que dan origen a los meteoritos
quedaría de antemano resuelto en un sentido negativo.
Mas verosímil nos parece la suposición primera.
• Según Tcliermak la separación de los meteoritos en fragmentos es de-
bida a fenómenos volcánicos. Si los cuerpos planetarios, donde se pro-
ducen esos fenómenos volcánicos, son de un tamaño reducido, la fuerza
centrífuga no alcanza para atraer hacia su superficie los fragmentos
proyectados, que giran, por lo tanto, en el espacio, de donde nos llegan,
en ciertas circunstancias, los más grandes y los más densos.
Esta última interpretación deja espacio a las investigaciones futuras
sobre la existencia de substancias orgánicas en los meteoritos.
Si es cierto que los datos que tenemos hoy no .son suficientes para
afirmar la existencia de vida orgánica en los cuerpos planetarios que
dieron origen a los meteoritos, también es innegable que el material que
poseemos es sumamente escaso y que nada hasta hoy prueba lo con-
trario.
Los meteoritos que presentan para nosotros un interés doble por su
vínculo con la tierra y por la relación con los demás cuerpos celestes,
forman, según Daubrée, uno de sus más talentosos investigadores, un
lazo entre la sucesión de las épocas terrestres, objeto de la geología, y la
constitución del cielo, fin de la astronomía.
XIII. Los meteoritos caídos en la República Argentina
1. Hierro mctcórico (siderita) Capekii Aiken, Chubut
(Vánso lámina IV)
L. Fletcher, describe el hallazgo de este meteorito, que es el más gran-
de de la colección del Museo de La Plata, del modo siguiente : « El ca-
pitán Musters, encontrándose en una expedición en Patagonia, en el
mes de septiembre de 1809, fijó su atención en una masa pesada que
tomó por mármol». Sobre este viaje Musters 1 relata: «hay en ese lugar,
llamado por los naturales Amakaken 2, un peñasco esférico de mármol,
que los indios acostumbran levantar para probar sus fuerzas. Casimiro
me informó que esa piedra estaba allí desde hacía muchos años, y que
' G. Cu. Musthks, Vida entre los patagones, página 206, en Iiibliótcca centenaria,
Universidad nacional de La Plata, tomo I, 1911.
2 Francisco P. Moreno corrige la indicación de Musters, indicando como el lugar
del hallazgo Capen-, río Songncrr en la longitud 70°20' Oeste y latitud 45°15' Sud.
108 —
la costumbre citada era muy vieja. El peñasco era tan grande y tan pe-
sado que apenas pude asegurarlo con los dos brazos y levantarlo basta
(d nivel de mis rodillas: pero algunos de los indios consiguieron alzarlo
hasta sus hombros ».
1). Francisco P. Moreno, director del Museo de La Plata, vid esa
masa el 4 de abril de 1896, durante su viaje de exploración en el inte-
rior de Patagón i a y se dió cuenta que no se trataba de mármol, sino de
hierro y habiendo reconocido su origen meteorice, lo trajo para el Museo
de La Plata.
El Museo de La Plata debe así la presencia en sus colecciones «leí
Fig. I. — Capen - A iken. Figuras ele 'Wimlinanstatteii
meteorito más valioso a su fundador F. P. Moreno, fallecido en noviem-
bre de 1 919.
El (,'apcrr tiene las siguientes dimensiones : 48 centímetros de largo,
8 1 de ancho, 27 de alto.
Peso : 1 14.000 gramos: peso específico : 7,S37.
Análisis químico, por L. Flclchcr
Fe 89,87 %
Ni 9,33
Co 0,53
Cr vestigios
Cu ; vestigios
Las figuras « Windmanstatten» son bien visibles sobre una cara puli-
da del meteorito.
Predominan : Jcamacita y pies sita, y en pequeñas cantidades se pre-
sentan schreibersita y taenita.
El meteorito Caperr-Aikcn se considera del tipo « médium octaédrico»
109 —
según Farrington y del tipo caillita, según la clasificación de Meunier.
El Musco Británico posee un fragmento del «Caperr» de 313 gramos.
El Museo de Historia Natural en París, un fragmento de 38 gramos.
2. Hierro meteórico (siderita) Otumpa, Oran Chaco
Miguel Rubín de Gelis investigó por primera vez este meteorito en el
año 1783.
Fué hallado por los indios en un lugar desierto, llamado Otumpa, en
el Gran Chaco.
El meteorito sobresalía del suelo, donde estaba enterrado, unos 30
centímetros, y se pensó al principio que se trataba del afloramiento de
una veta mineral.
Rubín de Gelis calculaba el peso total del meteorito en 30.000 libras,
y declaró que en cien leguas alrededor de Otumpa no había minas de
hierro.
Al mismo tiempo se encontraron masas de menor tamaño.
Un ejemplar de 1400 libras (634 kilg.) fué transportado a Buenos Ai-
res, al principio de la independencia y regalado al embajador de Ingla-
terra si r Woodbine Parish.
Se encuentra desde el año 1826 en el Museo Británico.
El meteorito fué analizado por Proust y Howard y reconocido como
hierro niquelífero sin silicatos.
Un análisis completo fué hecho por O. Sjóstróm en 1898 1 :
Fe.. 91,25 °/„
Ni........ 5,11
Co 0,57
Cu 0,03
Cr . 0,03
P 0,18
S 0,05
C1 vestigios
El meteorito contiene nodulos de grafito y troilita. Su peso específico
fué determinado por Sjóstróm en 7,7679. Pertenece al tipo : ataxita (Fa-
rrington), o Rasgatita (Meunier). Del Otumpa poseemos sólo un fragmen-
to de 870 gramos.
Existen, además del ejemplar más grande del Museo Británico, frag-
mentos en otros museos; en el Museo Nacional de Historia Natural de
París, de un peso de 2353 gramos, en el Field-Mitseum de Chicago,
1 Citamos según C. O. Farrington, Analyscs of iron meteoritos, Chicago, 1907.
110 —
<l<»s fragmentos do un peso total de 793 gramos, en la colección Wanl
Coonloy, Chicago, un fragmento de 793 kilogramos.
El O lampa ligara en algunos catálogos con el nombre « Campo del
Cielo ».
3. Hierro meteórico (siderita) Puerta de Arauco, La liioja,
camino de Carrizal a Tinoe/asta
(Vúase lámina V. figura 5)
« El incendio que al caer produjo en un pajonal — relata sobre el ha-
llazgo el doctor Enrique Herrero Ducloux, — llamó la atención de unos
Kig. 2. — Pue rta de A rauco. Figuras «1c Wmdmaiistíitten s/,
arrieros que por el lugar pasaban y como habían presenciado el meteoro
acompañado de una luz vivísima y de un fuerte ruido, no tardaron en
orientarse en el campo, recogiéndolo y transportándolo a Mazan, donde
lo entregaron al ingeniero don Daniel Babot. Este lo regaló al doctor
Schmidt, quien con un desinterés digno del mayor elogio lo donó al Mu-
seo de La Plata por intermedio del profesor Carlos Brucli, cuando este
último realizó una expedición de estudio a la provincia de Catamarca,
en abril del corriente año (1997). »
El meteorito tuvo la forma de un tetraedro irregular, y medía en su
111
eje mayor 9cm5, teniendo Gfimo de ancho y Gcm5 de altura. Su peso era.
de 1533 gramos, su densidad 7,050 a 7,071.
El peso de la parte conservada en el Museo es de 1 kilogramo 110
gramos.
Análisis químico, por E. H. Ducloux
Fe
Ni. .... .
Co
S. . . . . .
P. . . . . .
FcCr„Ot
MgjSiO,
91,869 »/ o
6,609
0,404
0,131
0,648
0,040
El meteorito es una « octaedrita brechada » y se considera del tipo
Caillita (E. H. D.). (Véase fig. 2.)
4. Piedra mete úrica Indio Rico, Pringles, provincia de Buenos Aires
(Vínso lámina V, (Igunv (i)
Juan J. J. Kyle, en un trabajo fechado el 22 de abril de 1887, relata
lo siguiente : «la piedra meteórica de cuyo análisis daré cuenta en este
trabajo, fué hallada en la estancia denominada Indio Rico, situada en el
partido Pringles de la provincia de Buenos Aires. Medida en sus puntos
más prominentes, sus dimensiones son las siguientes : tiene de largo
0m25, de ancho 0m22 y de alto 0,n19. Sus superficies son algo irregula-
res, habiendo en éstas muchas depresiones casi circulares de 0ni15 a
üm20 de diámetro. Pesa casi exactamente 15 kilogramos, siendo su peso
específico 3,055 ».
El doctor Kyle no indica la fecha de la caída o del hallazgo del me-
teorito, que debe ser en todo caso anterior al mes de abril de 1887.
Este meteorito fué donado al Museo de La Plata por el señor Pareja.
Su peso es de 11.800 gramos.
Análisis químico
Parte magnética, 18,31 °/0 :
H erro metálico 4,96
Níquel . 0,37
Oxido ferroso férrico .............. 7,40
Sulfuro de fierro (azufre 1,81). ..... 4,99
Óxido de níquel. 0,59
Hierro cromado ................... vestigios
«■
112
Solubles en ácido clorhídrico, 43,10 °/0 :
Anhídrido silícico 14,73
Oxido ferroso 2,71
— férrico 8,96
Alúmina 2,50
Oxido de níquel 0,34
— magnesio 12,23
— sodio 0,34
Agua y pérdida 1,29
Insoluble en ácido clorhídrico, 38,59 °/„ :
Anhídrido silícico 21,79
Oxido ferroso ; 4,21
Alúmina 1,73
Óxido manganoso 0,50
— de níquel 0,07
— tle magnesio 9,20
— de potasio. 0,28
— de sodio 0,63
Pérdida 0,18
El doctor Kyle considera que el hierro y el níquel se encuentran en
la forma de FeuNi, lo que corresponde a la Icamacita,
El sulfuro ferroso corresponde a la troilita. No acompañaba schrciber-
sita a la troilita (ausencia de fósforo).
El silicato insoluble en ácido clorhídrico (38,59 °/„) corresponde a
broncita.
En cuanto a las partes solubles en ácido clorhídrico, el doctor Kyle las
considera pertenecientes, en su mayor parte, al olivino.
Esta piedra meteórica es del tipo erxlébenita.
5. Piedra meteórica El Perdido, estación de este nombre
del ferrocarril del Sud
(Véase lámina VI, figura 7)
Sobre su hallazgo informa el doctor Enrique Herrero Ducloux, lo si-
guiente :
En el mes de septiembre de 1900 recibió el Museo, como donación del
señor Bennike, director del Syd og Nord de Buenos Aires, una roca de
forma irregular, de color pardo rojizo y de 300 gramos de peso, proce-
dente de un campo distante 10 kilómetros de la estación El Perdido, del
ferrocarril del Sud, entre Irene y Borrego, cerca de Bahía Blanca. La
muestra venía acompañada de una carta, por la cual el señor Bennike
explicaba la forma del hallazgo hecho por un peón en el año anterior,
mientras araba en un campo del señor Cristian Larsen, a 300 metros
de la casa de la chacra.
*
— 113
Peso primitivo 30.260 gramos. Forma irregular, angulosa. Superficie
desigual, color predominante pardo-rojizo con manchas grises y rojas,
fractura difícil. El ejemplar de la colección tiene un peso de 25 kilogra-
mos 200 gramos.
Peso específico 3,452 a 3,470.
La composición química, investigada por el doctor Enrique Herrero
Ducloux, los caracteres exteriores de esta piedra meteórica y un estudio
petrográfico hecho por el doctor Berwerth, en Yiena, demuestran un
parentesco entre esta piedra meteórica y la anteriormente descrita (In-
dio Rico). Tomando en cuenta la distancia escasa de los dos hallazgos
(unos 35 km.), los autores consideran El Perdido y el Indio Rico, como
dos fragmentos de un mismo cuerpo celeste
0. Meteorito carbonoso Nogoyá
Cayó el 30 de junio de 1879, a 30 leguas del Uruguay, no lejos de No-
goyá (prov. de Entre Ríos) y fué entregado al Museo Nacional de Buenos
Aires.
Burmeister, en aquel tiempo director del Museo, remitió fragmentos
del meteorito a A. Daubrée (París) y a la Academia de ciencias de Ber-
lín. Dos trabajos sobre el meteorito Nogoyá, uno de H. Webslcy, en 1882,
y otro de (3. Friedheim, en 1888, aparecieron en los Sitzungsbericlitc der
K. P. Akademie der Wissenschaften.
Un estudio reciente del meteorito data del año 1914; se titula Nota
sobre el meteorito carbonoso de Nogoyá. Su autor es el doctor E. Herrero
Ducloux.
La primera descripción del meteorito de Nogoyá la debemos a A.
Daubrée.
De fractura litoida, relata Daubrée en Gomptes rendas (1880), es
opaco y de un negro verdoso, debido a pequeñas fibras que lo atravie-
zan, frágil, recuerda por su aspecto a ciertas lignitas terrosas o arcillas
carbonosas. En la pasta negra del meteorito se ven acá y allá, aun a
simple vista, numerosos granos angulosos de 0mm5, algunos son hiali-
nos y de un tinte verde-botella de peridota, otros son blanquecinos.
Se distinguen también granos mucho más pequeños, de brillo metá-
lico y de un color amarillo de latón, como la pirrotina. En algunos puntos,
pequeñas manchas rojas redondeadas se destacan sobre el fondo negro ; se
parecen exactamente a las qne produce la exudación del cloruro de hie-
rro en varios meteoritos y en el hierro nativo de Ovifac. Debido a efio-
' Véase : Scuili.hr, Meteoritenfund in der argentinisohen Provine Buenos Aires, en
Gentralhlatt für Mincralogie, Gcologie und Paleontologie, página 716, 1906.
KKV. MUSEO LA PLATA. — ■ T. XXV
8
— 114 -
rescencias se lian formado eapitas blancas. La costra que resulta del ca-
lentamiento producido durante el paso por la atmósfera, presenta fila-
mentos negros fundidos y opacos, formando arrugas onduladas sobre un
fondo de color pardo-tombac.
El imán atrae las partículas finas que quedan rodeadas por la subs-
tancia carbonosa.
A. Daubrée, supone que el carbono se encuentra en el meteorito en
estado de combinación orgánica y considera posible que en este meteo-
Fig. 3. — Xorjoyá (prov. de Entre Eios) s/,
rito, más ique en cualquier otro, sean encontrados vestigios orgánicos.
El meteorito carbonoso de Nogoyá fue estudiado en 1888 por Fried-
heim.
El análisis químico dió a Friedbeim los siguientes resultados :
115 —
Por análisis parciales obtuvo :
O . . 1,43-1,62 «/o '
Cantidad total do S 3,27
N 0,034
P 0,064
Por una extracción con éter de 40 gramos del polvo, Friedlieim obtu-
vo una solución de S con una substancia orgánica.
La separación de esta substancia orgánica del azufre, dice Friedlieim,
ha sido perfectamente posible mediante sacudimientos repetidos con
mercurio y la filtración inmediata.
Por ese método Friedlieim constató 0,21 por ciento de substancia or-
gánica en el meteorito de Nogoyá.
Al interpretar los resultados, el autor dice 1 : « Como lo demuestran
todas las determinaciones, el material es completamente descompuesto,
contiene, por cierto, todas las substancias propias a los meteoritos, pero
no se puede ni remotamente constatar en qué distribución se encontra-
ron éstas en el meteorito, porque no sería imposible que provengan de
influencias terrestres.
«Es notable la elevada cantidad de carbón libre.
«Los resultados obtenidos no permiten, sin embargo, dilucidar el pro-
blema del origen de este carbón libre.
« Así como en los casos de los otros meteoritos carbonosos de Alais,
Booxefeld, Orgueil y Kaba, quedó demostrada la presencia de substan-
cia orgánica en el meteorito de Nogoyá, se comprobó, además, la exis-
tencia de nitrógeno, pero en una cantidad tan reducida, que es imposi-
ble determinar la combinación de la substancia orgánica. »
El doctor Enrique Herrero Ducloux se ocupó del meteorito do No-
goyá en 1914. En su Nota sobre el meteorito carbonoso de Nogoyá, rec-
tifica la fecha de la caída del meteorito, lo mismo que el nombre de la
localidad donde cayó, que erróneamente se escribe por todos los auto-
res Nagaya o Nogoyá, en lugar del nombre verdadero, que es Nogoyá.
Determina el peso específico del meteorito en 2,424.
F1 análisis mineral dió al doctor Herrero Ducloux los resultados si-
guientes :
Agua a 110° C 4,095 "/o
Pérdida al rojo 13,680
Acido silícico on SO., 29,200
— sulfúrico en SO, 2,613
— - fosfórico en P20, 0,231
— clorhídrico en C'l 0,0014
— sulfhídrico en S 2,093
1 Damos la traducción del texto alemán.
J 1 tí
Óxido de aluminio, Aqcq 1,180
— de cromo Cr.,0., 0,530
— ferroso FeO »
— férrico F903 28,880
— magnético F304 (impuro) 1,210
— de manganeso MnO 0,069
— de níquel NiO 2,140
— de cobalto CoO 0,290
— de calcio CaO 2,296
— de magnesio MgO 16,488
— de potasio Iv.,0 0,156
— de sodio NaaO 0,505
Amoniaco NIT., 0,002
Cobre vestigios
Azufre total, 3,278-3,298 :
Azufre libre 0,139-0,159
— de XS04 1,046
— de XS 2,093
— orgánico vestigios
Nitrógeno total, 0,169-0,178 :
N de (N1IJX 0,00164
N do X(NO„) »
N do X(NOa) 0,00088
N do materia orgánica .... 0,166-0,175
Por un análisis orgánico fueron determinados :
Carbono libre 1,113-0,996
Hidrógeno 0,334-0,218
Carbono que corresponde a combinaciones volátiles 0,554 a 0,557 por
ciento.
El autor sintetiza las conclusiones del análisis orgánico en varios pá-
rrafos de los que reproducimos algunos :
a) El carbono se baila como elemento libre, pero en gran parte forma
un compuesto ternario con el hidrógeno y el oxígeno y aun en pequeñas
porciones un cuerpo cuaternario con el ázoe ;
b) No es posible fijar el porcentaje de hidrógeno orgánico exactamente ;
c) Las proporciones de oxígeno escapan a una evolución precisa pol-
la presencia de materia mineral oxidada y reductible;
(1) La riqueza en ázoe no puede atribuirse a una acción telúrica poste-
rior a la caída, pero las formas (pie este elemento reviste pueden ser el
resultado de una evolución del ázoe primitivo;
e) Si los fenómenos caloríficos que en la masa del meteorito se han
realizado durante la caída no han alterado profundamente la constitu-
ción de su parte orgánica, puede admitirse que la materia negra se eo-
117
loque entre los liumoides, pero no entre los compuestos definidos que la
moderna química lia aislado en el humus.
A. Daubrée clasifica el meteorito de Nogoyá como asiderita, pertene-
ciendo al grupo más importante de los meteoritos carbonosos.
Daubrée encuentra la mayor semejanza entre el meteorito de Nogoyá
y el do Cold-Bookewchd (Bonne Espérance), caído en el afio 1838.
Esta semejanza fue completamente confirmada por los estudios quí-
micos posteriores de Friedlieim y de Herrero Ducloux.
En el ejemplar que posee el Museo de La Plata, la costra tiene el as-
pecto como si fuese completamente fundida. La superficie escoriforme
es ondulada y atravesada por numerosos poros, lo que podría indicar un
desprendimiento de gases durante la fusión (véase fig. 3).
El espesor de la costra fundida no supera un milímetro. Del Nogoyá
poseemos tan sólo un fragmento de 12 gramos.
Más de la mitad del meteorito se encuentra en tres fragmentos, que su-
man 2k"245 gramos, en la Academia de ciencias de Berlín.
Fragmentos del meteorito, de menor peso, los poseen :
Io El Museo Nacional de Historia Natural de París (210 gr.) ;
2o El Museo Británico (31 gr.);
3o El Museo Ward-Ooonley (10 gr.);
4° El Field Museutn (10sr5).
7. Meteorito fósil Lujan, provincia de Buenos Aires
Donación : Enrique Herrero Ducloux.
Este meteorito fué hallado por Florentino Ameghino en las cercanías
de Luján, a G metros de profundidad, en terreno cuaternario no removi-
do y 5 metros más abajo que una costilla de megatherio. De color pardo-
negruzco se parece a limonita. La superficie está cubierta de pequeñas
partes de un mineral amarillentoblanco, que es aragonita.
Análisis químico, por Alian A. A. Kylc
83,16 «/o
FeO 0,26
NiO 3,45
A1,0, 0,80
CaO 0,54
Mu O 0,21
SiO, 1,72
11,0 10,47
CoO vestigios
TiO, vestigios
— 118
No conocemos el peso primitivo. El peso del fragmento de nuestra
colección es de 33,32 gramos.
Su peso específico según Herrero Ducloux es 3.909.
8. Piedra meteórica ( aerolito ) Caciiakí, provincia de Buenos Aires
(Véase lámina VI, figura 8)
Fué encontrada, según relata el doctor E. Herrero Ducloux en su nota
preliminar, en el mes de mayo del año 1910, por los señores ltazetti y
LTrbina en un campo de este último, situado en las inmediaciones de la
estación Cacharí (F. O. S.), en el partido del Azul de la provincia de
Buenos Aires. No se conoce la fecha de su caída, habiendo sido hallado
por casualidad, a una profundidad de un metro y medio.
«En su aspecto de conjunto es una masa poliédrica irregular, recor-
dando una pirámide fusible de Seger deformada, achatada por el choque.
« La superficie es muy heterogénea, lisa en unas partes, es rugosa en
otras, con huellas profundas, de dedos y estrías engendradas por el aire
durante la caída; se notan cavidades desiguales y es bien visible la cos-
tra de ablandamiento, que en algunos puntos ha alcanzado a la vitrifi-
cación del material, con color negro en un borde, pardo en general, y
grisáceo a trechos.
« La masa es heterogénea, compacta y granujienta, notándose dos zo-
nas irregularmente repartidas, una pardo y pardo-amarillenta y otra
blanca grisácea. »
El aerolito fué donado al Museo por los señores liazetti y Herrero
Ducloux.
Peso primitivo del aerolito : 23ks5G0; densidad media : 3,13.
Peso de los ejemplares de la colección 21 kilogramos 400 gramos.
Análisis químico en 100 gramos, por E. H. Ducloux
119 —
El autor de la «Nota preliminar», de acuerdo con estos datos, se in-
clina a determinar el meteorito perteneciente al tipo Juvinosa de Fa-
rrington.
XIV. Datos sobre otros meteoritos caídos en la República Argentina
a) En el Museo Nacional de Buenos Aires hay un meteorito que lleva
la ficha : Aerolito de Atacama , donación general Mitre.
El peso del meteorito es de 230 gramos.
h) En el catálogo de S. Meunier figura un meteorito Campo de Puca-
rá (prov. de Catamarca), descubierto en 1873. Es del tipo Braunita.
c) En los Estudios químicos de la República Argentina, por el doctor
Enrique Herrero Ducloux, encontramos una indicación sobre un meteo-
rito caído en Mendoza. El meteorito está descrito por un autor anónimo
en los Anales de la Sociedad Científica Argentina, tomo X1Y, página 3G3,
1898.
d) En una breve nota « Description d’un fragment de monde inconnn,
tombé du cicl le 14 janvier 1898 dans le roisinage de la estación Alto Verde
(prov. de Mendoza) Republique Ar g entine » , su autor informa que el meteo-
rito en cuestión tuvo una estructura granular, de grano fino, era de co-
lor rojo parduzco, no ejercía influencia sobro la aguja magnetizada y
tenía olor a azufre aún varios días después de la caída. Su forma era de
un sólido regular con las dimensiones 7,5 X 7 X 4 centímetros.
No conocemos el destino de este meteorito.
Dato sobre un meteorito, caído en el límite entre la República Argentina
y la República del Uruguay, el 13 de abril de este año, a las 10 y 30 de
la noche.
El 13 de abril, a las 10 y 30 de la noche, se vió en el cielo, casi simul-
táneamente en la ciudad de Buenos Aires, en Gualeguaycliú (prov. de
Entre Ríos), y en Mercedes (República del Uruguay), en una distancia
aproximada de 200 kilómetros, una bola enorme, de un brillo intenso,
que corrió en el espacio de sur a norte, dejando tras sí, como una espe-
cie de cometa, que fue desapareciendo poco a poco, hasta quedar conver-
tido en una mancha. Al producir su recorrido se notó un ruido, como
cuando se quema un cable eléctrico, y al caer produjo una formidable de-
tonación (pie repercutió en Mercedes, haciendo retemblarías vidrieras y
puertas de algunas casas, habiéndose oído el estrépido de la caída, unos
cuatro minutos después de perderse de vista el bólido.
120
Suponemos que el bólido (se trata de un meteorito según toda verosi-
militud), lia caído entre las ciudades de Mercedes (República del Uru-
guay) y Gualegnaychú (prov. de Entre Ríos, República Argentina).
XV. Meteoritos de otros países
9. Hierro meteórico (Siderita) Mtsteca, Oaxaca , Méjico
Conocido en 1804, hierro octaédrico. Tipo : Caillita (97 gr.).
10 y 11. Hierro meteórico (siderita) Toluoa, Méjico
Hallado en 1784. Tipo : Médium octaedrita (250 gr. y 12 gr.).
12. Hierro meteórico (siderita) Hex River, Mountains Kapland, Africa
Hallado en 1882, hierro hexaédrico. Tipo : Braunita (85 gr.).
13. Hierro meteórico ( siderita ) Nelson County, Estados Unidos
Hallado en 1850. Tipo : Nelsonita (00 gr.).
14. Hierro meteórico (siderita) Roussoumuski, Moscou (725 gr.)
15. Siderolita Missouri, Miney , Hstados Unidos
Hallado en 1857. Tipo : Logronita (81 gr.).
10. Siderolita Krasnoiarsk, Siberia
Hallado en 1749. Tipo : Pallasíta (27 gr.).
17. Siderolita Yaca Muerta, Sierra de Chaco , Chile
Conocido en 1801. Tipo : Logronita (11 gr.).
18 y 19. Siderolita Alten Finmarken, Noruega
Hallado en 1902. Tipo : Pallasita (40 y 22 gr.).
121
20. Piedra meteórica (aerolito) Condrila brechada esferolítica
Tabory, Oschanslc-Perm , Rusia
Caído el 30 de agosto de 1887. Tipo : Canellita (00 gr.).
21. Piedra meteórica ( aerolito ) Condrila cristalina Oaiíley, Kansas
Hallado en 1895. Tipo : Tadjerita (5 gr.).
22. Piedra meteórica (aerolito) Condrita cristalina Kernouve
Cléguércc, Vanne, Francia
Caído el 23 de mayo de 18G9. Tipo : Erxlébenita (G gr.).
23. Piedra meteórica ( aerolito ) Condrita esférica Autiion, Lancé ,
Pont Loisclle, Prunay, Loire et Chaire , Francia
Caído el 23 de julio de 1872. Tipo : Stauropolita (1G gr.).
24. Condrita esférica Bjurboele, Finlandia (108 gr.)
Caída el 15 de enero de 1899. Tipo : Montrejita.
25. Piedra meteórica (aerolito) La Bécasse
Indre, Francia (.16 gr.)
Caída el 31 de enero de 1879. Tipo : Luceita.
2G. Piedra meteórica (aerolito) Mocs, Rolos, Hungría
Caída el 3 de febrero de 1882. Tipo : Chantonnita (77 gr,).
27 y 28. Piedra meteórica (aerolito) Pultusic, Ostrolenlco, Polonia
Caída el 30 de enero de 18G8. Tipo : Chantonnita (21 y 3gr)
»
29. Piedra meteórica (aerolito) Deniliquin, Barratla ,
New ¡South Wales , Australia (275 gr.)
Hallada en Méjico en 1845, condrita intermediaria. Tipo Tadjerita.
122
30. Piedra meteórica (aerolito) New Concokd,
Ohio , Estados Unidos
Caída el Io de mayo de 1860, condrita intermediaria. Tipo : An-
malita (4 gr.).
31. Piedra meteórica ( aerolito ) Ness County, Kansas , Estados Unidos
Encontrada en 1897. Tipo : Luceita (585 gr.).
32. Hierro telúrico (2 gr.)
33. Cohenita (1 gr.)
34. Sehreibersita (2 gr.)
El Museo de La Plata adquirió recientemente tres meteoritos : Ben-
dcejo (Bahía, Brasil), descubierto en 1811 (1 kg. 371 gr.) y Tarapacá , dos
ejemplares de 5.400 gramos y 715 gramos respectivamente. Los meteori-
tos fueron descubiertos en 1889 y 1890.
XVI. Moldes de meteoritos
SIDERITAS
1. Puerta de A rauco 1 (La Bioja) República Argentina
La caída del meteorito data de 1904. Tuvo un peso originario de
1 533 gr.
2. Staunton. Augusta County, Estados Unidos
El original fué hallado en 1869, tuvo un peso de 82 kg.
3. Werneudinsk (Witim) Rusia Asiática
El original fué hallado en 1854. Tuvo un peso de 18 kgs.
1 Véase lámina V, figura 5, I?.
123 —
AEROLITOS
4. New Conoord, OMo, Estados Unidos
El original cayó el Io de mayo de 1 SCO.
5. Wold Cottage, Thwing, Yorkshire Inglaterra
El original cayó el 13 de diciembre de 1795. Tuvo un peso de 23 kg.
G. Doralla, Pathyalla Baja , India
El original cayó el 15 de febrero de 1815. Tuvo nn peso de 12 kg.
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— 124
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, TOMO XX V
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3?ig. 4. — Caperr-Aiken (Cliubut)
Revista j>ei. Museo de La Plata, tomo xxv
Lámina \
1 •’ JLL. (j. — Indio Rico (provincia <lc i '.nonos Aires)
Revista i»ki, Musko DK La Plata, tomo xxv Lámixa VI
F¡ e. 7. — El Perdido (provincia, de Buenos Aires)
. — C'achari (provincia de Buenos Aires)
Fig. ,s.
125
Sobic el meteorito fósil de Lvján
Juan J. Kyj.e, Análisis de una piedra meteórica (de ludio Rico), on Anales de la So-
ciedad Científica Argentina, vohuneu 24, página 128, 1887. La primera mención sobro
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paldontologiquc Argcntine. Exposition Universelle do 1878. París, 1878.
Sobro la piedra meteórica do Uacharí
Enrique Herrero Ducuoux. Kola preliminar sobre la piedra meteórica de Cacharí,
en Primera reunión de la Sociedad Argentina de Ciencias Naturales, Tucumán, 19 1G ,
página 559-560 (con 2 láminas), Buenos Aires, 1918-1919.
4
CARTA LITOLOGICA DE LA MESETA CONTINENTAL
EN LAS PROXIMIDADES DE QUEQUÉN
(segundo informe preliminar)
roií M. KANTOR
Teniendo a nuestra disposición las muestras y datos batimétricos que
gentilmente nos lia remitido la Dirección de Hidrografía del Ministerio
de Marina, y a base de la carta Proximidades de Quequén, publicada por
el Ministerio de Marina en 1917, liemos trazado una carta biológica que
debería ser la continuación de la ya publicada por nosotros en Recher-
ches océanographiques sur le litoral mar ¡time de la province de Buenos Aires
(véase bibliografía).
La carta presente no es, sin embargo, la continuación inmediata déla
anterior, pues falta la parte desde Mar del Sud (38°21' lat. S, 58° long.
Oeste) basta médano Miércoles (3S°31/ lat. S, 58°2S' long. Oeste), de la
que no se han lieclio investigaciones batimétricas. Con el propósito de
dar una interpretación científica del material que nos llega, publicamos la
carta presente, esperando que la laguna mencionada se llene alguna vez.
CONDICIONES LITOLÓGICAS DE LA COSTA
Las capas del Chapadmalál (vease el trabajo anterior) desaparecen a
mitad de distancia entre el arroyo de las Brusquitas y el arroyo de Du-
razno. En el misino sitio desaparece también, hundiéndose bajo el nivel
del agua el ensenadense (pampeano inferior de Florentino Ameghino),
quedando tan sólo la parte superior del mismo horizonte que continúa
inclinándose hacia el sur hasta varios kilómetros más allá de Miramar.
Según recientes observaciones de Carlos Ameghino en la región que
sigue al sur de Miramar, entre las desembocaduras de los arroyos La
Tigra y Malacara, se observa también el ensenadense basal (junto con
127
el interensenadense y el ensenadense crispida! en sucesión regular).
Desde el arroyo de Totora liasta el arroyo de Cliocoii, el aspecto de
la costa es completamente distinto al que presenta en la región del Cha-
padlo alab
No hay grandes acantilados verticales en ninguna parte. La costa se
presenta siempre como un plano inclinado, a veces de pendiente muy
suave, cuya superficie está constituida por el terreno pampeano denu-
dado y más o menos cubierta por arenas movedizas. Esta costa, así incli-
nada y más o menos denudada, lleva en la región el nombre de « despla-
yado». El cordón de médanos que caracteriza la región, empieza desde
la desembocadura de Durazno (véase carta anterior).
Aspecto de la costa <U*1 sur de Miraiiiar (Médano de la Mesa)
En la región que tratamos, este cordón se extiende en una ancha faja
hasta Quequén Grande con una altura media de 20 metros. El médano
Miércoles, que tiene la forma de un cono achatado, destacándose de los
demás médanos (pie lo rodean, alcanza una altura de 40 metros.
El médano de la Mesa llega a una altura de 24 metros.
El único río déla región, el río Quequén Grande, que baja de la Sierra
del Tandil en dirección SSE., tiene un ancho de unos 00 metros y una
profundidad de 0 a 10 pies (según la estación del año).
CONDICIONE^ TOPOGRÁFICAS DE LA MESETA CONTINENTAL
La costa representa una línea muy débilmente ondulada, aproximán-
dose a una recta, (pie corre en dirección ENE.-SSO.
Las isobáticas de 3 y 5 brazas son paralelas a la costa.
128
Las isobáticas de 12, 14, 1G, 18, 20 brazas son irregulares, sinuosas,
pero conservan su dirección paralela a la costa.
Las únicas irregularidades del fondo son bancos y surcos.
Suponemos, como lo dijimos en nuestra publicación anterior, que los
bancos son de tosca y que su origen es debido a la mayor resistencia de
esta roca al trabajo de erosión en comparación con el íoess. La altura de
los bancos no alcanza a 3' brazas. La inclinación de la meseta es más
grande en Quequén que en Mar del Plata y Miramar. Si trazáramos un
perfil en la dirección normal a la costa, en el punto donde desemboca el
río Quequén Grande, resultaría que la inclinación de la meset^i en esta
parte es 1 ’ 320 (aumento de 1 metro por cada 320 metros). La inclina-
ción media en la región de Mar del Plata es 1 ) 1200.
CONDICIONES LITOLÓGICAS DE LA MESETA CONTINENTAL
Loess. — Se encuentra tan sólo basta la isobática de 15 metros; a ma-
yores profundidades : arena fina, muy fina, grava, tosca.
El loess es de color amarillento gris, en el interior aparece pardo.
En la superficie reacciona con HC1, en el interior no da esa reacción.
En el loes casi siempre se constata la presencia de anélidos.
La roca se deshace fácilmente entre los dedos.
Tonca. — Se presenta mayormente perforada por Lithodomus patago-
nicus , también compacta, casi siempre con anélidos ; en las muestras
XXVIII y XXXII la tosca tiene la forma de « Loesskindel ».
Grava y piedra. — Suponemos que se trata de pórfidos cuarcíferos,
cuya procedencia de Patagonia hemos señalado en nuestro trabajo an-
terior.
Arena. — Llaman la atención las muestras XXXII, XXXIII, XXXV
y XXXVI, de color gris obscuro, por la abundancia de magnetita.
Limo arenoso. — Es la única roca libre de restos de organismos.
La distribución del material es más regular que en la región anterior-
mente estudiada, lo que es debido a la menor velocidad de las corrientes
de marea.
Las arenas forman tan sólo la capa superior de la meseta. Ya en poca
profundidad empiézala formación pampeana, en esta parte el piso ense-
nadense.
En cuanto a la distribución de los restos de organismos en los sedi-
mentos submarinos es de notar la falta de Halistylns columna Dale, tan
común en la región anteriormente estudiada.
lieservamos algunas observaciones de orden general para nuestro tra-
bajo definitivo.
CARTA LITOLOGICA
I)E LAS
QUgQUJSJV
FJEFERENCIAS
1 1 /ATO A /i £ //O SO , CO/VC/t/t ¿ A A/ /VA
: O . r. CO/VCH// /AS Tfí/ re/ HADA S .
129
l’KOLKDICNCIA DIO LAM ML'IOMTHAS DIO SONDAJIO INDICADAS ION LA CAIMA
KIOCOGIDAS DIOS DIO MAYO A DICII0M1JKI0 DIO 1910
II
HKV. MUSEO LA PLATA
T. XXV
ISO
BIBLIOGRAFÍA
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publicada por el Ministerio de Marina, 1917.
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zas, 191(5 (2a edición).
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gentina, tomo LXXXVI, pago, 85 ct suivantes, Buenos Aires, 1918.
Moisés Kantoii, Investigaciones oecunográjicas en el litoral marítimo de la provincia
tic Buenos Aires (comunicación preliminar), en Boletín del Centro Naval, tomo XXXV 1 .
página 557 y siguientes, Buenos Aires, .1919. (lis el trabajo anterior, traducido al
castellano,)
IMlOfiEDKNTKK l»K MINAS FUNERARIAS DE I.A ItIO.IA (ARfíENTINA)
l'oit R. L El l M AN N -N I TSC 1 1 E
Durante una exploración arqueológica, efectuada en el año tle 1914
en la provincia de La Rioja, el señor Eric Boman se preocupó especial-
mente de salvar el contenido de las urnas funerarias en las cuales fueron
depositados los niños de la población autóctona. La descripción de aque-
lla alfarería y de todos los detalles respecto del carácter de esos enterra-
torios, será publicada por el mismo señor Boman 1 ; debo anticipar que
la. edad de los esqueletos infantiles, fue determinada por el conocido
odontólogo doctor Alejandro Cabanne, según la dentadura, la mejor ba-
se, parece, cuando se trata del material osteológico de una raza cuyos
cambios somáticos durante el crecimiento son aún completamente des-
conocidos.
1 Mientras tanto, el señor E. Boman me lia facilitado los datos siguientes :
« Los esquolctos proceden do dos cementerios que contenían, exclusivamente, pár-
vulos depositados en urnas. Estas urnas están decoradas con ornamentos pintados.
La costumbre do enterrar en esta forma los niños liasta 2 ó 3 años de edad, y elegir
para ellos, cementerios especiales donde no se enterraban niños de mayor edad ni
adultos, es característica para la región diaguita y conocida do las provincias do Sal-
ta, Catamarca, Tucumáu y La Rioja.
« El cementerio de San Blas do los Sauces está situado unas cuadras al norte de
la iglesia parroquial del departamento del mismo nombre (provincia de 1.a Rioja).
Se extrajeron de 61 25 urnas con esqueletos do niños.
« El cementerio do Huaico está situado cerca del pueblito de Chaqui, cinco kiló-
metros al sur del anterior ; dió 7 urnas.
«En cuanto a la edad do estos cementerios, la alfarería en ellos contenida demues-
tra que proceden de los siglos inmediatamente anteriores a la conquista española ;
deben, por consiguiente, pertenecer a los Dinguitas, (pie en aquel entonces habitaban
esta región.
« Comparando la determinación do la edad hecha por el doctor Cabanne, con las
cifras de Marclli, resulta que son erróneas. »
Tomando en consideración este punto de vista, lie aceptado el amable
ofrecimiento del señor Boman, de estudiar también por mi parte ' los
residuos óseos contenidos en las urnas funerarias por él excavadas:
estaban, como puede imaginarse, mal conservados; me limité por consi-
guiente a algunas mediciones de los huesos largos, aunque el material,
guardado en las colecciones del Museo nacional de historia natural de
Buenos Aires, pueda contribuir, en un día, para hacer conocer uno u
otro detalle de la osteología comparativa de la raza americana.
En casos como el presente, los huesos largos de criaturas siempre es-
tán separados en sus tres componentes, la diálisis y las dos epífisis; es-
tas últimas, en nuestro material, o faltan del todo o están fragmentarias,
así que no podían ser utilizadas para reconstruir el respectivo hueso en
su totalidad. Quedaron, pues, para su estudio únicamente las diálisis que,
/auto de mieiix, debían representar el hueso entero. Hemos determinado
su largo máximo por medio de un compás de corredera, en el fémur en
proyección paralela al eje longitudinal de la diálisis. Desgraciadamente,
no conocemos ningún trabajo, ni siquiera perteneciente a la medicina
forense, (pie indique el tamaño do los huesos largos en las diferentes
épocas del crecimiento y es menos probable que exista una investigación
sobre el tamaño de la diálisis durante el crecimiento. Las medidas obte-
nidas en nuestro material, pueden compararse, por lo tanto, únicamente
entre sí mismas, pero servirán, esperamos, para base de otras investiga-
ciones análogas y posteriores. Van a continuación las cifras aisladas ;
cada individuo está designado según la localidad del hallazgo; la edad
fué determinada por el doctor A. Oabanne, según los dientes :
Largo máximo de la diálisis (en mili me león)
San Ulan li : Húmero derecho, 88; húmero izquierdo, 8!); radio izquierdo, 09; cu-
bito izquierdo, 78 ; fémur derecho, 109. — Edad : 10 a 12 meses.
San Ulan lí : Húmero izquierdo, 70 ; cubito izquierdo, 00 ; lémur derecho, 02 ; lé-
mur izquierdo, 91. — Edad : recién nacido.
San Ulan (t) : Húmero derecho, 71 ; húmero izquierdo, 70; radio izquierdo, 58; ti-
bia derecha, 79. — Edad : 5 meses.
Huaico H : Húmero derecho, 81 ; húmero izquierdo, 81 ; radio derecho, 03,5; radio
izquierdo, 04 ; cubito derecho, 73 ; eúbito izquierdo, 73 ; fémur derecho, 90 ;
fémur izquierdo, 09. — Edad : 5 meses.
Ilnaleo C : Radio derecho, 00 ; radio izquierdo, 07 ; eúbito derecho, 75 ; eúbito iz-
quierdo, 75 ; fémur derecho, 107 ; fémur izquierdo, 109. — Edad : 4 '/* años.
Ilnaleo I) : Húmero derecho, 0! ; húmero izquierdo, 03 ; fémur derecho, 74 ; fémur
izquierdo, 74 ; tibia derecha, 04 ; tibia izquierda, 04. — Edad : recién nacido.
1 El mismo material ya fué estudiado por el doctor Carlos A. Marelli en su ar-
tículo : Inves ligaciones osteológicas sobre esqueletos infantiles recogidos por Eric Boman en
el norte de la provincia de La ¡Hoja, en Primera reunión nacional de la Sociedad argenti-
na de ciencias naturales, Tucumán, 1016, páginas 511-522 Buenos Aires, 1918-1919.
lili VISTA DKI.
I. AMINA IX
R II VISTA IJIil. MCSKO l>K LaÍI’LATA, TOMO X\\
b) Vista del paisaje (lo la formación do la bota orjs pataoiinica (Tenitoriu del Clmbiit)
Las medidas que anteceden, permiten determinar los índices húmero-
radial y fémoro-radial, pero las respectivas cifras no pueden compararse,
claro está, con las obtenidas en huesos enteros, compuestos de la diálisis
y de las dos epífisis; es pues interesante comprobar que el resultado, en
ambos casos, es idéntico.
Arreglando las diálisis de nuestro material según su largura absoluta,
es decir según la edad, obtenemos el siguiente cuadro para el
índice Inímcro-radial (según la largara tic la» diálisis)
en niños tic la raza americana
i Diálisis ilel 1 1 ú lucro Diálisis dol radio índico Inimoro radial
«San Illas Q 70 nim 58 ínin 82,80 °/0
Huaico II 81 64 79,01
San Illas K 89 09 77,53
De este cuadro resulta lo siguiente : til antebrazo, en niños de menor
edad, es relativamente más largo que en niños mat/ores. Este detalle del
crecimiento fue observado también en la raza blanca y es bien conocido
desde mucho tiempo ; hay un trabajo sobre este tópico debido a E. T.
Ilamy que calculó el índice húmero-radial sobre huesos infantiles, pero
completos (diálisis más las dos epífisis), y la serie de índices por él obte-
nidos comprueba el ya mencionado detalle del crecimiento :
índice húmero-radial (según la largara de lo» liaeso s completo»)
en niños de la raza blanca 1
Udiid liaseis Termino medio
1 a 10 días 11 76,20 °/0
1 1 a 20 días . . . 7 71,78
21 a 30 (lías ......... 7 74,51
2 a 5 meses 3 73,03
0 a 24 meses 0 72,10
5 a 13 £ años 0 72,30
La segunda proporción que pudo ser examinada en el material osteo-
lógico de La Eioja, se refiere al fémur y al húmero. Arreglando las cifras
respectivas en la misma forma que antes, resulta el siguiente cuadro pa-
ra demostrar el índice fémoro-h uniera! :
. ' IIamv, llecherches sor les proporlions da liras el de l’avant-hras aa.r diff'érents Ages
de la rie. Ilnllclins de la Socivlv d’ Anthropologic de París (2), Vil, p. 507, ¡872. Idem.
Reme, d' Anlliropologic, I, p. 87, 1872.
Índice fémaro-humcral (según la largura de las diálisis)
ni unían de la raza americana
Itmlisi» tlcl IYmiiih' Diálisis ilt l limnero ímlirti O'inom-himir.i'iil
Huaico 1) 71 mili til mui H(j,49 °/0
San illas K ÍKÍ 7l¡ SI ,72
Huaico II ¡MI SI SI ,82
San lilas K 109 SS SO, 73
liste cuadro indica «jno el fémur, con el crecimiento del individuo, se
alarga más que el húmero; la oscilación de los índices entre 80,49 y
80,73 es notable, e insignificante la contradicción de los dos casos inter-
medios (81,72 y 81,82). 101 resultado obtenido en nuestro material, por el
momento no puede ser comparado con otros datos como lo hemos hecho
respecto al índice húmero-radial, pues todavía no existen investigacio-
nes suficientes sobre el índice fémoro-hnmeral ; el mismo Th. Mollison,
«pie se ha ocupado especialmente de las proporciones tanto del hombre
como de los primates, escribe al respecto : « Parece que no se hallan,
en la literatura, observaciones sobre las variaciones [durante el cre-
cimiento! (b‘l índice íemoro-hu ineral en el hombre. Como ya puede
esperarse, según el índice intermembral, el fémur [durante el crecimien-
to! se alarga masque el húmero, así que en el recién nacido, según nues-
tras mediciones, de (i individuos, el índice fémoro-hnmeral es 80,3 en tér-
mino medio, mientras que en el adulto (término medio de 100 Badenses)
es 70,5» Por insuficientes (pie sean estas indicaciones, concuerdan con
los resultados nuestros, obtenidos en los párvulos riojanos, a saber : el
fémur, con el crecimiento del individuo, se alarga más que el húmero.
Nuestro breve estudio permite pues concluir que ciertos detalles del
crecimiento son idénticos en el niño de la razo americana g en el de Iti raza
Id a neo.
' Moi. i. ison, l)ic l{iir)iir[iiiiiiiiitionni der 1‘riiitulcn. Morpliologinelien ,/ahrlnich, XI. II,
]>. 221-222, 1910.
INVESTIGACIONES GEOLÓGICAS EN LA LLANURA PAMPEANA
Pon nr. doctok SANTIA(P) KOT1I
Reseña general de las acciones dinámicas en la llanura pampeana
de la provincia de Buenos Aires
Acciones endógenas — La lian uva pampeana presenta condiciones
geológicas muy excepcionales por encontrarse los horizontes inferiores
de la era cainozoica y todos los de la era mesozoica cubiertos de una es-
pesa capa de sedimentos neógenos.
Las acciones orogénicas que dieron origen a las cordilleras de los An-
des más recientes de la República Argentina no han llegado a producir
efectos en la provincia de Buenos Aires, por esta razón los estratos me-
sozoicos y terciarios inferiores no se encuentran en ninguna parte a flor
de tierra y para conocer las relaciones cstratigráficas y la construcción
tectónica de este suelo hay que recurrir a los medios «le sondeo.
Los fundamentos de este territorio están formados por rocas arcaicas
y paleozoicas que se encuentran a descubierto sólo en las sierras del Tan-
dil y de la Ventana. Estas sierras son un pequeño resto de enormes ca-
denas de montañas «pie en otro tiempo estaban unidas con las sierras
de San Luis y de Córdoba, así como con las d<“ la Banda Oriental y del
brasil.
1 Por acciones endógenas se, entienden todos los acontecimientos que producen las
fuerzas internas de la tierra, como, por ejemplo, los fenómenos que se relacionan
(son las acciones volcánicas y todas las qne producen dislocaciones en las capas te-
rrestres y cambios en la. estructura de las rocas. Por acciones exógenas se compren-
den las fuerzas que operan en la parte exterior de la tierra, como ser : la atmósfera,
que produce la descomposición y denudación de las rocas, (‘1 agua y el viento, que
transporta el material de un punto a otro, c-tc.
1 :■{<)
Debido a que las antiguas montañas estuvieron expuestas a la acción
destructora de las fuerzas exógeuas durante eras geológicas enteras, las
sierras del Tandil y de la Ventana lian quedado separadas de las primi-
tivas cadenas de montañas y sobresalen de la llanura, pampeana como
islas del mar.
Mientras que las sierras de la provincia de Buenos Aires no lian su-
frido otra modificación que la. de denudación, en otras partes de la repú-
blica, fuerzas endógenas estibaron nuevas capas sedimentarias y rocas
volcánicas encima de los antiguos macizos. En la región de la cordillera
encontramos capas de edad terciaria y mesozoica, plegadas encima de
rocas arcaicas y paleozoicas, las que en nuestra, provincia se hallan en
posición primitiva como fueron depositadas sucesivamente; y en nin-
guna parte se nota una acción orogénica después del tiempo paleozoico.
Ha habido también en este territorio movimientos más recientes en
la corteza terrestre, pero no orogénieos, que producen un plegamiento
de las capas una encima de otra o dislocaciones verticales con fallas y
llexuras, sino seculares o mejor dicho eustáticas 1 que motivaron trans-
gresiones y regresiones marinas y ondulaciones locales en las que las
capas no perdieron su continuidad.
Es cierto que el doctor Florentino Ameghino, en sus obras, habla de
hundimientos, quebraduras y fallas relativamente recientes (neógenas)
que dice que se pueden observar en la provincia de Buenos Aires.
En una. de sus obras, titulada La formación pampeana o estudio sobre
los terrenos de transporte , 1 <S81 , página 15, escribe :
« En algunos puntos lie observado la existencia de dos o tres depósi-
tos lacustres, colocados uno debajo de otro, y separados por capas de
terreno rojizo que no han sido depositados en el fondo de depósitos de
agua permanente.
« Es indudable que antes que se formara el depósito lacustre inferior,
la superficie del terreno estaba a seco; luego, debido sin duda a un hundi-
miento parcial, se formó una depresión que filé inmediatamente ocupada
por las aguas, pero que, poco apoco, se fue cegando por causa de depósi-
tos sucesivos de materias terreas acarreadas por las aguas, o bien forma-
das por repetidas tormentas de polvo y arena., hasta, quedar completa-
1 Por movimiento eustiítico se entienden las mutaciones que se producen en las
riberas del mar en relación entre su nivel y la tierra firme. Algunos autores hablan
de movimientos positivos, cuando la superficie del mar se ha elevado o la costa se
lia hundido produciendo una transgresión, y de movimientos negativos cuando el
mar ha descendido o la tierra firme se ha elevado y se ha producido una regresión.
Cuando se ha elevado ligeramente una parte de la tierra o se ha producido un hun-
dimiento en algún lugar, se habla de movimientos regionales. Estas clases de torce-
duras en la posición primitiva de las capas se observan con bastante frecuencia en
el interior de la llanura pampeana .
137 —
mente desecada. Pero más tarde, durante la época en que ese mismo
punto se hallaba convertido en tierra firme, o más bien dicho, en terre-
no que no estaba ocupado por aguas permanentes, inundaciones periódi-
cas y tormentas de arena y polvo, continuaron levantando el nivel del
suelo, hasta que con el tiempo volvida producirse otro hundimiento que
convirtió, por segunda vez, ese punto en hondonada «pie volvió a ser
ocupada por las aguas, convirtiéndose otra vez en un lago o laguna que
se poblé de animales acuáticos por un largo espacio de tiempo, hasta
que la continuación de las mismas causas que habían dado por resultado
la desaparición del lago precedente, lo hicieron desaparecer a su vez,
para repetirse el mismo fenómeno por tercera o aún cuarta vez.
« Estas diferentes transformaciones de diferentes puntos de la llanura,
y en un punto bajo o alto, seco o pantanoso, se pueden explicar muy
bien admitiendo una serie continua de pequeños sublevamientos y hun-
dimientos, que solamente ejercían su acción sobre pequeñas regiones,
pero que con su continuación han concluido por transformar completa-
mente la superficie del país. »
Se verá, más adelante, que las capas que él llamó lacustres se depo-
sitaron en esteros parecidos a los que se forman aún hoy a nuestra
vista.
> En otro trabajo, .Excursiones geológicas g paleontológicas en la provincia
de Buenos Aires (Boletín déla Acad. Nac. de Ciencias de Córdoba , t. VI,
1884), habla de quebraduras producidas por hundimientos de las capas
en barrancas que se hallan a inmediaciones de Las Garzas y publicados
perfiles demostrativos que representan fallas. Este fenómeno no tiene
nada parecido con lo que en geología se entiende por falla ; el mismo
A meghino dice : « Estos dislocan) ientos localizados a trechos de cortí-
sima extensión no pueden de ningún modo atribuirse si fuerzas internas.
Son el resultado de simples hundimientos del suelo: debidos a acciden-
tes locales de las capas subyacentes, y es a hundimientos de esta natu-
raleza que deben su origen la mayor parte de las lagunas de la Pampa.
« Si el suelo de la provincia de Buenos Aires no hubiera estado cons-
tituido por esas capas de naturaleza distinta y no hubieran existido en
sus profundidades esas diferentes napas de agua y arena semifluida, no
hubiera tenido lugar esa multitud de hundimientos, y la Pampa del sud-
este sería en nuestra época, debido a la falta de agua, una vasta llanura
tan estéril como la del sudoeste. »
En su última publicación, en que se ocupa detenidamente de la forma-
ción pampeana, él vuelve a insistir que en tiempos neógenos ha habido
movimientos tectónicos que ocasionaron fallas y quebraduras.
En este trabajo, que se titula Las formaciones sedimentarias de la re-
gión litoral de Mar del Plata y Chapalmalal (Anales del Museo nacional
de Buenos Aires , serie 3a, t. X, 1909), dedica un capítulo entero a este
RKV. MUSEO LA PLATA.
T. XXV
10
138 —
fenómeno. En la página 402 escribe, textualmente, lo siguiente : « Una
«le las novedades más inesperadas de mi viaje y que lia de llamar la aten-
ción de los geólogos, es el descubrimiento de fallas y quebraduras en la
cuarcita silúrica, acaecidas durante los tiempos neógenos. Algunas de
esas dislocaciones son ciertamente posteriores a la mitad inferior de la
formación pampeana. Como en toda esa región no hay el menor vestigio
«le fenómenos volcánicos, se deduce que esas dislocaciones fueron el re-
sultado de movimientos puramente tectónicos.
« Con el propósito de darme cuenta de la causa a que obedecen las pro-
fundas diferencias geológicas que hay entre las barrancas del norte de
Mar del Plata y las que se extienden al sur de la misma localidad, he
levantado un pcrlil de la parte de la costa atlántica comprendida entre
Miramar al sur y la boca de Mar Chiquita al norte, una. longitud apro-
ximadamente de 75 kilómetros, indicando en él la posición y disposi-
ción de las distintas formaciones geológicas. Naturalmente que todos
los datos que contiene no deben considerarse como absolutamente exactos
sino solamente aproximados, pues falta un relevamiento topográfico y
altimétrico exacto de toda la región costanera. Es superfino agregar que
la escala vertical es muy exagerada con relación a la horizontal. »
El citado perfil está representado en la figura XV, y Ameghino dice
«pie basta un simple golpe de vista para percibir que el valle de Mar
Chiquita corresponde a una ancha y profunda falla geológica, que corre
de este a oeste y que al formarse ha entreabierto el macizo de cuarcita
dividiéndolo en dos partes y rellenándose luego la ancha hendidura con
materiales recientes. Resulta, empero, que no se trata de un perfil geo-
lógico exacto sino de una simple demostración gráfica tal como el supo
nía «pie deberían presentarse las condiciones geológicas en esta región
admitiendo la existencia de una falla. Si se levanta un perfil exacto de
la relación estratigráfica como so presenta en las barrancas a ambos la-
dos de este valle, resulta todo lo contrario de lo que afirma Ameghino,
es decir, que en esta localidad en tiempos neógenos no podía haber ha-
bido una dislocación.
Lo que él ha tomado por una falla abierta, rellenada por materiales
pampeanos, no es más que un angosto valle de erosión, como se observa
en todas partes en las montañas de cuarcita silúrica de la provincia de
Buenos Aires.
A ambos lados de la supuesta falla las capas pampeanas del horizonte
mesopampeano (ensenadense) y las neopampeanas (bonaerenses) se en-
cuentran a un mismo nivel, y en ninguna parte he podido descubrir al-
gún fenómeno que demuestre que en tiempos neógenos se haya produ-
cido una dislocación con falla.
Fíe tocado aquí la cuestión de falla para desvirtuar las opiniones
erróneas referente a los efectos que produjeron los movimientos eustáti-
cok que tuvieron lugar en distintos tiempos en la llanura pampeana.
En los 40 anos que practico estudios geológicos en la provincia de
Huenos Aires no be visto un solo hecho que pruebe con evidencia la
existencia de dislocaciones con fallas o flexuras en el terreno pampeano.
No se deben confundir los movimientos orogénicos con los eustáticos. Los
primeros han dado origen a las montañas, sea que presiones laterales,
que activaron en dirección horizontal, hayan plegado las capas unas en-
cima de otras, como es el caso en la sierra de la Ventana, o que movi-
mientos en sentido vertical ocasionaron dislocaciones de las capas por
fallas y flexuras, como se observa, por ejemplo, en las sierras de Bal-
carce. Para el lector que no está al corriente de los problemas orogéni-
eos agregaré una vista de la sierra de la Ventana en que se ve clara-
mente el plegamiento de las capas (véase lám. Vil).
Muy distintos son los movimientos eustáticos. Éstos no han dado ori-
gen a montaña alguna en la provincia de Buenos Aires, sino que moti-
laron que la costa se sumergiera paulatinamente debajo de las aguas
del océano, produciendo de esta manera las transgresiones en que el
agua del mar penetraba por las depresiones al interior de la tierra firme,
o viceversa, que la plataforma continental emergiese paulatinamente del
océano produciendo regresiones.
Estas clases de movimientos de la costa y del mar se han producido
varias veces durante el tiempo en que se formóla llanura pampeña. Los
hundimientos y elevamientos del terreno no se han verificado uniformes
en nuestra costa, v. gr., las capas marinas que se depositaron durante
la última transgresión que ha habido en nuestro territorio, se encuen-
tran en Carmen de Patagones en una altura de 50 metros, mientras que
en La Plata se hallan a muy pocos metros sobre el nivel del rio de la
Plata.
Además de los movimientos positivos y negativos en el litoral se ob-
servan, en la provincia de Buenos Aires, ligeras perturbaciones muy lo-
cales en el terreno pampeano, las que no motivaron transgresiones ni
regresiones marinas. Estos fenómenos poco estudiados son comparables
a las torceduras en pisos de tablas; las capas no pierden la continuidad
como en las dislocaciones con fallas y flexuras; frecuentemente se pre-
sentan en forma de cúpulas y hoyas o en prolongadas ondulaciones. Si
se compara su extensión horizontal con la altura de las lomas, la dife-
rencia del nivel es tan insignificante que las capas aparecen en posi-
ción horizontal.
Un ejemplo de esta naturaleza nos presentan las barrancas de Los Lo-
bos. En la costa atlántica, a unos cinco kilómetros al sudeste del faro,
en Punta Mogotes aparecen en la base de la barranca capas del horizon-
te eopampeano que vuelven a perderse más al sur debajo de las aguas del
mar a un kilómetro antes de llegar a la rambla de Miramar: la distancia
de un punto a otro es aproximadamente de 30 kilómetros y la mayor al-
tura que alcanzan las capas eopampeanas no pasa en ninguna parte de
10 metros. Ahora Lien, si se construye un perfil geológico de dos metros
de largo en la misma escala horizontal como vertical, la capa copam-
peana tendría un poco más de medio milímetro de altura; los bancos que
se venen distintas alturas de las barrancas y que ocupan grandes exten-
siones, aparecerían en posición completamente horizontal. Por las rela-
ciones estratigráficas que presentan las capas de los distintos horizontes
pampeanos se puede saber que el máximo de la combadura no pasa de
10 metros de altura porque encima de los estratos eopampeanos se ha-
llan, en posición concordante a éstas, capas mesopampeanas, de manera
(pie el levantamiento del terreno tuvo lugar después de depositarse los
estratos de este último horizonte, y luego entró un período de erosión.
Las aguas abrieron a través de los depósitos eo- y mesopampeanos va-
lles laterales, que en el tiempo neopampeano se volvieron a llenar con
sedimentos de este horizonte y del horizonte postpampeano. En las ba-
rrancas más altas faltan generalmente las capas de estos dos horizon-
tes más modernos, en cambio las encontramos en el fondo y en las fal-
das de todos los arroyos que desembocan al mar en esta región. Se ob-
servan también algunos antiguos valles rellenados completamente de
estos sedimentos; la morfología de estas barrancas es muy instructiva;
encontramos aquí a veces los estratos neopampeanos depositados direc-
tamente sobre los eopampeanos, faltando los del horizonte mesopam-
peano.
Otra región tan interesante como laque acabo de mencionar, se en-
cuentra en el partido Adolfo Alsina. El terreno en esta región es muy
ondulado y las lomas más altas están construidas de capas eopampea-
nas, mientras que las del meso- y neopampeano se encuentran en el te-
rreno bajo, lo que nos demuestra que el encorvamiento de las capas
tuvo lugar antes del tiempo mesopampeano. El movimiento de la cor-
teza terrestre ha producido en este partido hoyas que fueron ocupadas
por grandes lagunas sin desagües lo que nos explica la existencia de
salinas como la de Epecuén, que no tiene un origen marino.
También en el partido de Villarino los movimientos regionales han
producido depresiones en formas de hoyadas sin desagüe; algunos se
hallan a un nivel inferior al del ruar. También en ellas hay salinas de.
origen terrestre.
En la provincia de Santiago del Estero he observado una combadura
muy reciente del terreno. Entre Eigueroa y Añatuyti, el río Salado ha
abierto un canal a través de depósitos neo y postpampeanos ; a medida
([ue el terreno se elevó, el agua profundizó su cauce, y parece que el
levantamiento continúa aún hoy. La altura de la combadura es muy
insignificante en comparación con la extensión horizontal que ocupa, y
Kf.vísta r>i-:i. Museo de La Plata, pomo xxv
La mina Vil
A istas (le capas plegadas en la siena de la Ventana
141
si no fuera el río Salado que lia cavado su cauce a través de .ella, no se
notaría que aquí ha habido un movimiento de capas. Las barrancas del
río, en la parte más alta de la combadura, apenas tienen ocho metros, y
la extensión que ocupan pasa de 70 kilómetros; en esta parte no existe
un valle, toda la anchura del cauce, de barranca a barranca, no pasa de
«den metros, mientras que enfrente de ASatuya, donde termina la cava-
dura, el valle del río Salado tiene más de dos leguas de ancho y apenas
se conocen las antiguas barrancas.
lis sabido que el litoral de la provincia de Buenos Aires se halla,
actualmente en un período de regresión, pero estos movimientos «astá-
ticos ribereños son independientes de los que han producido las comba-
duras locales en el interior de la llanura pampeana. Todos esos movi-
mientos en la corteza terrestre no han dado origen, en la provincia de
Buenos Aires, ni a mesetas ni mucho menos a cordones de montañas
de plegamientos, y solamente han puesto en descubierto capas de los
horizontes superiores de la formación pampeana. La edad de las capas
copampeanas, que son las más antiguas que añoran en la provincia de
Buenos Aires, todavía no está bien establecida, pero en ningún caso
puede corresponder a una edad más antigua que a la del mioceno de
Europa.
Acciones exógenas. — Mientras que en otras regiones de la .República
Argentina, durante el tiempo terciario, se formaron las cordilleras más
altas, en nuestra provincia numerosos ríos y arroyos depositaron ince-
santemente detritos de las antiguas sierras, como también los de las
montañas que se elevaron, durante el mismo tiempo, en las depresiones
que existían anteriormente en la llanura pampeana. Es sabido que mu-
odios ríos son tan antiguos como las montañas por donde corren actual-
mente. Al mismo tiempo que se formaron las montañas por el dislóca-
miento de las capas, la actividad erosiva de las aguas abrió nuevas
salidas, cavando así los valles que frecuentemente tienen una dirección
transversal al eje del plegamienfco.
En las serranías se ve frecuentemente que los ríos actuales han cava-
do su lecho a través decapas que el mismo río depositó en tiempos ante-
riores. Un ejemplo muy interesante de esta naturaleza se puede observar
en la línea del ferrocarril de (Miemos a Salta; el río Mojotoro ha cavado
en algunas partes su actual cauce a través de enormes masas de sedi-
mentos fluviales de edad relativamente moderna; existen aquí barrancas
completamente a pique que tienen trescientos y más metros de altura.
En esta parte se puede ver claramente que no se trata simplemente de
acumulaciones detríticas en la falda de una montaña, sino de capas flu-
viales en un ancho valle.
En diversos trabajos he demostrado que la acción erosiva de los ríos
1 42
es muy distinta en las sierras a la de las llanuras. 15 n las regiones mon-
tañosas el río conserva su dirección primitiva durante largos períodos
geológicos. Primero profundiza su lecho verticalmente, y recién cuando
lia formado su curva de pendiente normal, que algunos autores llaman
«Thalweg», ensancha lateralmente el cauce, abriéndose así los anchos
valles que se observan en las antiguas cordilleras. En las llanuras, la
acción erosiva de los ríos es, en eierto modo, negativa; es decir, que en
vez de profundizar el cauce, lo levanta continuamente; el río, en lugar
de conservar su dirección primitiva, cambia continuamente el curso,
extendiéndose en sentido horizontal; cuanto más llano es el terreno tanto
más numerosas son las curvas de su curso. 151 material que la corriente
saca de un lado del río, lo vuelve a depositar a corta distancia en el lado
opuesto, y con el material que acarrea de las sierras levanta el lecho y
los bordes de ambos costados, formando los llamados albardones. Por la
acumulación continua délos materiales a lo largo de su curso, el río llega
a correr con el tiempo en un nivel más alto que el de la comarca vecina,
y si en una creciente se abre una boca falsa, el agua se derrama al terre-
no bajo, formando así los grandes bañados conocidos con el nombre de
«estero». Este fenómeno se veri tica todavía hoya nuestra vista. Uno
de los esteros más grandes actuales es el de Patino, formado por el río
Pilcomayo, y de él me he ocupado detalladamente en un trabajo titulado
La construcción de un canal, ote. (liceísta del Musco de La Plata, t. XVI,
1 909).
En esos esteros se volvían a formar nuevos ríos, (¡ue generalmente
tomaban una dirección muy distinta de la que tenían anteriormente.
Muchos de los actuales ríos, que nacen en las cordilleras, se pierden en
esteros sin que se vuelvan a formar nuevos cauces, y toda el agua se in-
liltra al subsuelo.
En tiempos neopampeanos existía en el noroeste de la provincia de
lliienos Aires un enorme estero mucho más grande que el de Patino, del
que lian quedado solamente las lagunas Mar Chiquita, Gómez y Carpin-
cho, y en él se perdieron numerosos arroyos y ríos de las sierras de Cór-
doba y San Luis. Todo el material que acarrearon quedó en esta región,
y de él se formaron los cordones de médanos que existen en «Tunín, Ge-
neral Arenales, General Pinto, Lincoln, etc. He encontrado en estos
depósitos fósiles característicos que prueban que son de edad neopam-
peana. En aquel tiempo el estero desaguaba por los ríos de Arrecifes y
de Areco al río Paraná. Debido a. un levantamiento del terreno durante
la regresión postpampeana, el agua se abrió una nueva salida por el no
Salado (pie desemboca en la ensenada de Samborombón. A principios
del siglo pasado, el río Quinto desaguaba todavía en esta ensenada ; hoy
sus aguas se pierden en un estero que existe a unas ocho leguas de La-
boulaye. El río Cuarto, que también desaguaba antes en el estero de Mar
143
Chiquita, ha formado un nuevo estero a pocas leguas de Carlota, donde
nace hoy un pequeño Saladillo que desemboca en el río Carcarañá.
Los esteros han desempeñado un gran papel en la formación de la lla-
nura pampeana, y más adelante se verá que es debido a ellos que el agua
subterránea en los depósitos pampeanos sea frecuentemente salobre.
Muy interesante es la historia del río Paraná qne nos revelan las per-
foraciones practicadas en el nordeste de la provincia. En los tiempos
miocenos, esta región, como parte de las provincias de Santa Fe y Entre
ltios, formaba un gran golfo con numerosas ensenadas y angostos cana-
les, en el qne desembocaba, un poco más abajo de La Paz, el río Paraná
y otros importantes ríos. Cuando entró el período de regresión en que el
mar se retiró mucho más al este de la actual costa Atlántica, el fondo
del golfo se levantó por el lado de Entre Ríos a mayor altura que por el
lado de Santa Fe y de Buenos Aires. Esto está demostrado por el hecho
de que las capas marinas «pie se depositaron durante la transgresión, se
encuentran en las barrancas de la ciudad de Paraná a unos cuarenta,
metros sobre el nivel del río, mientras que por el lado de Santa Fe y
Buenos Aires, éstas están a unos diez o veinte metros debajo del ríe», y
cuando se elevó el terreno, las corrientes tomaron una dirección más al
sudoeste del actual curso del río. En todas las perforaciones que hemos
practicado desde La Plata hasta San Nicolás se han encontrado, debajo
de las capas pampeanas en una hondura de 20 a 40 metros, según la
altura del terreno, depósitos fluviales del antiguo lecho del río Paraná.
Se trata de sedimentos muy característicos, fáciles «le reconocer por la
gran abundancia de granos de arena y rodados de rocas calcedónieas
que contiene, y este material no se diferencia en nada del que deposita
actualmente el río. Estos estratos conducen excelente agua inagotable y
se conocen por el nombre de « segunda napa ».
Debido a nuevos movimientos eustáticos, el curso del río se desvió
otra vez por el lado de Entre Ríos, y entonces se depositaron en la pro-
vincia de Buenos Aires, encima de los sedimentos fluviales, las capas de
los horizontes meso y neopampeanos que forman las altas barrancas de
este lado del río. Durante todo este tiempo, el río tenía abierta su salida
al océano entre las capas marinas entrerrianas y los depósitos terrestres
pampeanos. Durante la transgresión postpampeana, el agua del mar pe-
netró por esta depresión hasta la altura de San Pedro, donde se mezcló
con el agua dulce del río Paraná, lo que está demostrado por los bancos
de concliillas de agua salobre que se encuentran en esta localidad, [gua-
les clases de moluscos viven actualmente en los alrededores de Monte-
video. En algunas partes el río ha cavado sus canales hasta la profundi-
dad del antiguo lecho terciario, y actualmente se depositan sedimentos
muy recientes sobre ellos.
Otro río caudaloso «pie recibía toda el agua de la más alta cordillera
144 —
de la región noroeste de la república, desembocaba en tiempos postgla-
ciales en Babia Blanca al océano. La depresión del terreno que se extien-
de desde este puerto en dirección noroeste, presenta análogas condicio-
nes que el Delta del Paraná, y está rellenada por depósitos fluviales
post-pampeanos, en los (pie abundan los bancos de conchillas de agua
salobre, lo que prueba, que en otros tiempos el agua dulce se mezclaba
en estos lugares (ion la. del mar. Este caudaloso río, como muchos otros
que cruzaron en épocas geológicas la provincia de Buenos Aires, han
desaparecido.
Los sedimentos gruesos y pesados (pie arrastraban los ríos de las cor-
dilleras, se depositaron a lo largo de su curso y en los esteros. Los mate-
riales finos, como ser la arena, y el limo, los vientos los desparramaban
sobre las comarcas vecinas, levantando de esta manera el terreno. A
causa del continuo cambio del curso délos líos por la llanura, un mismo
río lia pasado varias veces por un mismo paraje, pero cada vez en un
nivel más alto. Esto nos explica que en las perforaciones se encuentren
dos, tres o más depósitos lluviales, uno encima de otro, separados por
capas cólicas.
Los antiguos lechos del río son mejores conductores de agua (pie los
depósitos de origen cólico y por esto los poceros hablan de primera,
segunda, tercera y más napas de agua.
Por lo dicho se ve que los ríos lian sido los agentes que acarrearon el
detrito de las regiones montañosas, formando los depósitos fluviales. Los
vientos que desparramaban el material tino, conjuntamente con la arena
traída de los médanos de la costa y la ceniza volcánica proveniente de
los centros volcánicos, que en tiempos cretácicos y terciarios abundaban
en Patagonia y en otras regiones, dieron origen a los depósitos eólicos,
terraplenándose de esta manera las depresiones (pie existían anterior-
mente en la provincia de Buenos Aires.
Sería un grande error creer (pie las capas, que se depositaron en dis-
tintos tiempos geológicos, se hallan una encima de otra con la regulari-
dad de círculos anuales de los troncos de árboles. Todo lo contrario: los
sondeos de investigaciones que se practicaron en los últimos años en
nuestro territorio, han demostrado (pie la morfología del subsuelo es
muy complicada.
En las perforaciones se encuentran frecuentemente capas relativa-
mente recientes, colocadas directamente encima de antiguas, faltando
las de los horizontes geológicos intermedios, y a veces las capas de ma-
yor antigüedad se hallan a menor profundidad en un paraje, que las más
recientes en otro lugar. x
En la depresión que existe en Avellaneda, por ejemplo, por donde
corre el río de Matanza, los estratos postpampeanos, (pie son los más mo-
dernos, se hallan directamente depositados sobre capas marinas tercia-
— 14-5 —
l ias del horizonte entrerriano, faltando los de los pisos neo y mesopam-
peano.
Estas complicaciones fueron motivadas, en parte, por los movimientos
regionales ya mencionados y por la erosión que ocasionaron ondulacio-
nes en el terreno. Los ríos y arroyos abrieron nuevos valles a través de
los depósitos antiguos, que luego se rellenaron nuevamente con sedimen-
tos más recientes.
Lo que lia complicado más la relación estratigráflca del subsuelo déla
provincia de Buenos Aires, son las transgresiones que dieron origen a
las capas marinas intercaladas en los depósitos terrestres.
De estos fenómenos me ocuparé más adelante.
11
La formación de las areniscas rojas
Dejando a un lado las antiguas sierras, el terreno de la provincia de
Buenos Aires está formado de rocas sedimentarias de origen terrestre y
marino; rocas macizas volcánicas neógenas no se han constatado en nin-
guna parte en este territorio.
Las capas más antiguas que hemos encontrado en las perforaciones,
pertenecen a la formación de las areniscas rojas. Depósitos de esta for-
mación se hallan en casi todas las regiones de la llepúbliea Argentina.
En Patagonia se encuentran tanto en la cordillera como en las mesetas;
en las provincias del norte forman una gran parte de las cordilleras,
siendo muy plegadas. Las barrancas del río Paraguay, Alto Paraná y
Uruguay se componen principalmente de este sedimento, y abundan
también en el interior de Misiones y en la provincia de Corrientes. En
estos lugares se hallan generalmente en posición primitiva, es decir, que
no lian sufrido plegamientos orogénicos. En el Chaco y en la llanura pam-
peana no se hallan a la superficie, pero se han encontrado en casi todas
las perforaciones a mayor o menor profundidad.
Esta formación ha sido descrita bajo distintos nombres. D’Orbigny,
que filé el primero que la ha estudiado, la llamó «terciario guaraní-
tico ». El la dividió en dos pisos que corresponden a edades geológicas
muy distintas.
A mediados del siglo pasado se practicaron dos perforaciones en la
ciudad de Buenos Aires, y se encontraron, debajo de los depósitos mari-
nos entrerrianos, depósitos sedimentarios de color rojo, que Burmeister
colocó en la formación guaranítica de D’Orbigny.
Brackebusch ha estudiado esta formación en la cordillera de las pro-
vincias del norte, y como él ha encontrado en algunas partes esta are-
ñisca impregnada de substancias bituminosas, propuso llamarla forma-
ción petrolífera o sistema de Salta.
Adolfo Doering designó las areniscas rojas, como Eurmeister, «forma-
ción guaranítica ».
Amegliino lia empleado el mismo nombre para las areniscas rojas que
existen en la Patagonia, dividiéndolas más tarde en dos formaciones.
Las capas que él consideró más antiguas, las llamó « formación cliubu-
tense» o « de las areniscas abigarradas », y las capas que consideraba
más modernas, «formación guaranítica» o «de las areniscas rojas». Re-
sulta-, empero, que los depósitos que él llamó areniscas abigarradas, no
son areniscas sino tobas volcánicas, y se encuentran en distintos horizon-
tes; a veces se hallan encima de las areniscas rojas, de manera que esta
denominación puede dar lugar a lamentables equivocaciones. En la Pa-
tagonia abundan los restos de dinosaurios, tanto en la toba abigarrada
como en la arenisca roja, y por esta razón he propuesto llamar a todo el
complejo de capas que contiene esta clase de fósiles « formación de los
dinosaurios». El doctor Windhausen objetó este nombre, diciendo que
los dinosaurios no estaban distribuidos en todas las series, sino que se
hallaban únicamente en la parte más alta hacia el límite superior. Esta
afirmación no es exacta, pues estos restos son más escasos en los hori-
zontes superiores que en los inferiores, y todo el grupo de los Dinosau-
rios so extingue al terminar este período geológico.
Windhausen ha estudiado la formación en el Neuquén, y parece que
él mismo no haya encontrado fósiles de vertebrados. Se basa solamente
en algunos huesos de dinosaurios que ha coleccionado el doctor Wicli-
nuuin cillas barrancas del río Negro, y si él hubiese practicado un estu-
dio serio de las barrancas del río Neuquén habría visto que estos restos
abundan más en la parte inferior que en la parte superior. Él considera
que es más conveniente emplear, para toda la serie de estas capas, el
nombre «areniscas abigarradas», lo que seguramente daría lugar a con-
fusiones, como ya he dicho.
El doctor Ilonarelli ha estudiado el sistema de las areniscas rojas en
la provincia de Salta. Él las ha dividido en tres horizontes : a) formación
petrolífera o areniscas inferiores; b) horizonte calcáreo dolomítico: <■) are-
niscas superiores.
A mi parecer, el nombre «formación petrolífera» no se debe emplear:
aún no sabemos si los yacimientos petrolíferos se hallan en todas partes
en las mismas capas.
La Dirección de minas, geología e hidrología de la Nación ha mandado
practicar estudios en la provincia de Corrientes, y como no encontraron
las verdaderas capas de areniscas rojas en los lugares que menciona
D’Orbigny, en las barrancas del río Paraná, propuso eliminar (‘1 nombre
« formación guaranítica » de la literatura geológica.
147
Mientras que no se establezca un nombre colectivo para toda la serie
de estas capasen cuestión, aceptado por todos los autores, conservaré el
nombre «formación ele las areniscas rojas».
Esta formación tiene mucha analogía con la arenisca roja trunuca que
en Europa central se encuentra encima de los depósitos ' pérmicos. La
diferencia entre una y otra arenisca consiste en que la de Europa está
formada por una roca bien consolidada., muy apreciada para, construccio-
nes, mientras que en nuestro territorio es poco consistente. Se trata de
una acumulación muy compacta de arena no cementada, que se puede
cortar con pico. Solamente los bancos de cuarcita que se encuentran
intercalados en ella son utilizables para construcciones. El color predo-
minante en uno como en otro, es rojo, de tintes variantes. Tanto aquí
como en Europa., se observan localmente rocas de colores muy vivos,
amarillo, verde, azul, etc.; por cuya razón en Alemania se señaló a. esta
formación con el nombre Buntsandstein (arenisca abigarrada).
Mientras que en Europa la formación de arenisca roja se depositó en
el tiempo del mesozoico inferior, aquí lia tenido su mayor desarrollo en
el período cretáceo superior. Muy característica para las dos formacio-
nes es la enorme masa de arena de grano intiy uniforme, frecuentemente
de origen eólico, lo que está demostrado por la falta de estratificación.
Si ésta existe, es generalmente de estructura diagonal, como la produ-
cen los vientos en las dunas. Con esto no quiero decir que se compone
exclusivamente «le arenisca, pues en Europa, como aquí, se encuentran
en ella bancos de' dolomita. y caliza, así como capas de conglomerados,
«le arcilla o marga, etc. En la Patagonia, como en la región noroeste de
la república, abundan en los conglomerados los rodados de rocas calce-
«Iónicas. En los depósitos de sedimentos finos abunda «;1 material de ori-
gen volcánico, que en muchas partes forma una verdadera toba. Común
a las dos formaciones son, además, los grandes yacimientos de yeso <pn>
contienen y la escasez de restos de animales, mientras que abundan los
fósiles de vegetales, lo que indica un origen terrestre. En la Patagonia
se hallan, en ciertas localidades, numerosos restos de dinosaurios de los
«males ya he hablado, mientras que en el norte «le la república, donde la
formación de las areniscas rojas está muy desarrollada, éstos faltan casi
por completo. Se han encontrado hasta ahora solamente en Salta, algu-
nos huesos de estos animales. Lo que abunda en ambas partes son tron-
cos de maderas petrificadas (véase fig. 1).
Lo que más llama la atención es que en nuestro territorio se encuen-
tran en la formación de las areniscas rojas interposiciones «le loess d<*
considerable espesor. Parece que este sedimento falta enla arenisca roja
triásica de Europa, a lo menos no se le menciona,. Es cierto que el loess
«pie se encuentra intercalado en la arenisca roja a veces está muy modi
ficado y presenta una estructura de dolomita. He visto bancos de loess
US -
Vista de li* formación de las areniscas rojas «le t'acie lluvial, con estratos de arenisca, arcilla y conglomerad'
a, troncos de madera petrificados (Concordia, Entre Ríos)
que a primera vista se. podrían confundir con dolomita, pero en los ana
lisis químicos resulta que. contiene muy poco de magnesia. Son princi-
palmente las capas de loess con muchas toscas que presentan el carácter
de dolomita cavernosa.
La estructura es algo distinta de las concreciones calcáreas que se
encuentran diseminadas en forma de toscas en la masa del loess más re-
ciente. se presenta generalmente en forma de muy delgadas capas concón
l ricas y onduladas, ftbro radiada, parecida a la caliza oolítica < véase lig. 2).
En la provincia de Entre lííos. por el lado del río l'ruguay. el loess
Fio;. 2. — Tosca del loess in IV: i pampea no de estructura oolítica. procedente de una cantera
de Concepción del Cruguay
de estructura dolomítica tiene una gran extensión, y hay bancos de con-
siderable espesor, pero hay también depósitos que no dilieren délos mas
modernos. En las barrancas del río Uruguay, a la altura del Salto, In-
visto debajo de la arenisca roja depósitos de loess que. por su consisten-
cia y estructura, no se distinguen del loess meso- y eopampeano (véase
lámina VI II y perfil de la figura 3).
Ya Darwin, en su viaje por la república del Uruguay, en el año 1832.
había visto en la región de Mercedes (Río Negro), en varios lugares y
debajo de la arenisca roja, depósitos de loess. El habla de capas de lodo
pálido o rojizo enteramente igual a la formación pampeana '. En aquel
' Geología de la América meridional (Geological obsercaiions ou South America. Voyage
4>f H. M. J. « Beagle »). Versión castellana por Alfredo Usen ti ( Irrogo. Santiago de
Chile, lí)0t¡. páginas 157 y 158.
tiempo no se conocía la verdadera naturaleza del loess, y muchos auto-
res le confundían con arcilla o limo. En las perforaciones practicadas en
la provincia de Buenos Aires le liemos encontrado en muchas partes en
la formación de las areniscas rojas; de esto me ocuparé en otro lugar.
En Europa, como en nuestra república, la formación de areniscas rojas
es de gran potencia. Bonarelli calculó que en la provincia de Salta tiene
más de 4000 metros. En la región superior del río Limay he visto mon-
tañas tabulares, formadas de esta formación, que tienen 2000 metros de
altura, y en el chaco de Santiago del Estero se ha practicado un sondeo
que. pasa de 2000 metros de profundidad sin haberlo atravesado total-
mente. La escasez de fósiles hace difícil establecer con exactitud la edad
geológica a que corresponde y de subdividirlo en pisos.
Eevista del Museo de La Plata, tomo xxv
Lámina \ 1 1 1
Alistas rte la barranca del lío "Uruguay, frente a la ciudad de Concordia, donde
debajo de la formación de las areniscas rojas
existe loess tipien
151
III
La formación de las tobas de transición
Encima de los depósitos de la arenisca roja, en los que en la Patago-
nia abundan los restos de dinosauros, se encuentran capas do una toba
volcánica de color gris claro de tinte amarillento o verdoso. En algunas
partes están reemplazadas por arenisca o arena suelta del mismo color
que la toba, generalmente de granos gruesos de cuarzo y de rocas eal-
eedónicas; a veces se observan en la masa principal estratos de arena
roja. En esta arenisca abundan los troncos de madera petrificada ; en
algunas partes hay también restos de mamíferos correspondientes a la
launa pyrotheriana ; huesos de dinosauros no he encontrado en ella en
parte alguna. Ameghino menciona la presencia, de restos de megalosau-
rideos, pero creo que se trata de una equivocación.
Hay lugares donde la toba está transformada en loess más o menos
puro; en estos parajes abundan los restos de mamíferos. En otros lugares
presenta un carácter arcilloso ; este es precisamente el caso en la facies
marina, y hay parajes donde tiene una estructura algo pizarrosa. En ge-
neral es poco compacta; en la superficie parece una acumulación de ha-
rina. cenicienta.
Ameghino ha dividido estos depósitos en varios pisos y los ha colo-
cado con las areniscas rojas (formación guaranítica); pero teniendo en
cuenta el carácter litológico y la fauna de mamíferos, se tendría que
colocarlos más bien en la formación patagónica, si no se la quiere con-
siderar como una formación independiente.
Estos depósitos forman la transición entre las areniscas que contie-
nen restos de dinosauros y la toba gris patagónica típica. Hay lugares
en la Patagonia, en los que no es posible establecer el límite donde ter-
mina la formación de las areniscas rojas y donde comienza la toba gris.
Este fue el motivo, porque Ameghino ha considerado la fauna pyrothe-
riana y notostylopiana, de las cuales me ocuparé más adelante, como
correspondientes a un mismo horizonte geológico. Recién más tarde se
dió cuenta de que se trataba de dos faunas que han vivido en tiempos
muy distintos. El geólogo doctor Hauthal, que ha practicado estudios
en el sur de Patagonia, dice (pie no existe discordancia visible entre el
cretáceo y el terciario.
A pesar de todo esto el doctor Wilckens, que ha estudiado las diver-
sas faunas marinas de la Patagonia, sostuvo que entre el mesozoico y el
cainozoico no existe una transición de facies marina, pero él no lia
practicado estudios en el terreno. Es cierto que hay lugares donde se
i r>2
nota entre la formación de las areniscas rojas y la de las tobas de tran-
sición una discordancia bien visible.
En las barrancas del río Negro, al norte de lioca, existen dos depósi-
tos marinos que presentan un carácter litológico muy distinto, y se nota
una perfecta discordancia de erosión. Los estratos inferiores se compo-
nen de una marga amarilla de tinte rojizo, la que contiene mucho mate-
rial lino de origen volcánico, y los superiores se componen de toba gris
muy distinta de la anterior. Por los fósiles que contienen parece que las
dos correspondan a una misma transgresión marina, pero la primera co-
rresponde a la parte superior de la formación de las areniscas rojas, y
la, segunda pertenece ala de las tobas de transición; los depósitos mari-
nos están separados por capas de areniscas con troncos de madera pe-
trificada sin vestigios de fósiles marinos. Probablemente se trata de dos
trangresiones, de las cuales me ocuparé más adelante.
Discordancias existen solamente en lugares donde lia habido una in-
terrupción en la sedimentación; en general la formación de las areniscas
rojas pasa gradualmente a la formación de las tobas de transición y esta
última a la toba gris patagónica.
En parajes donde la sedimentación ha sido continua, no es posible es-
tablecer los límites entre estas tres formaciones, no siendo que éstas
contengan fósiles. El doctor Sehiller, que ha practicado estudios en la
costa del mar, en Comodoro Eivadavia, ha sostenido (pie las capas que
forman la base de la barranca en aquel puerto, son las mismas que se
encuentran al pie «le la barranca, en el pico Salamanca, mientras Ame-
ghino afirma que las primeras corresponden a la transgresión patago
nense y las segundas, a la salamanquense. Ciertamente en su carácter
litológico los estratos de la toba de transición son mucho más parecidos
a los de la formación patagónica que a los de la formación de las are-
niscas rojas, pero sería tan incompatible incluirlos en la primera como
en la segunda. En un trabajo que trata de la división de los depósitos
sedimentarios de la Patagonia y de la llanura pampeana 1 he reunido
estos estratos en un grupo independiente llamándolo « formación de las
tobas de transición».
lis cierto «pie, de los trabajos de especialistas en invertebrados re-
sulta que la fauna marina de las capas rocanenses típicas que forman el
horizonte superior de la formación de las areniscas rojas, se diferencia
poco de la «pie se halla en la toba de transición. El mismo fenómeno se
observa también entre los depósitos patagonenses y cntrerrianos; la
fauna marina que se encuentra en ambos estratos es tan parecida, que se
le consideraba correspondiente a una misma formación, mientras que la
1 Nenes Jahrbuch fiir Mineraloyie, Geoloyie ttnd PálttonUtUujic, Itcil «;/<•. liaml XXVI,
1908.
153 —
fauna de los mamíferos en los misinos estratos, es completamente dis-
tinta; más adelante se verá que, en la formación patagónica, faltan los
grandes edentados, mientras que, en las capas entrerrianas, son muy
abundantes.
Otro tanto sucede entre la fauna de mamíferos de Notostylops, que
se hallan 'en las capas superiores de las areniscas rojas y la Pyrotherium
que se encuentra en la toba de transición; entre las dos hay un largo
período de desarrollo filogenético. La fauna de Pyrotherium presenta
el carácter de los mamíferos del terciario inferior, y como en estas capas
faltan los restos de dinosauros, no se las debe colocar en el cretáceo,
como lo ha hecho Ameghino.
Estos depósitos no afloran en la provincia de Buenos Aires y en for-
ma típica los hemos encontrado únicamente en las perforaciones practi-
cadas en el partido de Bahía Blanca. Por este motivo no entro aquí en
una descripción más detallada; me ocuparé de ellos cuando trate de los
respectivos sondeos.
IV
La formación de la toba gris patagónica
Estos depósitos, que están formados en gran parte por tobas volcáni-
cas, no tienen una dispersión tan general en la república como la for-
mación de las areniscas rojas, y están reemplazados en las regiones del
norte por otras clases de sedimentos. En su forma típica se encuentran
en la Patagonia, donde alcanzan un considerable espesor. Las mesetas
déla Patagonia constan en gran parte de estos sedimentos, que impri-
men a toda la región un carácter orográfico muy singular (véase lámina
IX, h).
Antes se conocían estos depósitos por el nombre de « formación pata-
gónica ». El geólogo Steinmann, considerando que se deben designar con
un nombre más específico, propúsola denominación « molasa patagóni-
ca», suponiendo que correspondan a los depósitos que en Suiza se de-
signan con este nombre, el que no indica un período geológico deter-
minado.
El doctor Wilckens adoptó esta denominación, pero él conocía la for-
mación únicamente por los fósiles marinos, que los museos de Buenos
Aires y de La Plata, le habían enviado para ser determinados. He de-
mostrado, en el trabajo recién mencionado, que la formación en cues-
tión no tiene ninguna analogía con la molasa, y propuse llamarla « for-
mación de la toba gris patagónica », lo que no ha tenido aceptación
general; el doctor Stappenberck en sus diversos trabajos sigue llainán-
HEV. MUSEO LA PLATA.
T. XXV
11
154
ilola molasa patagónica. Parece que este señor no conocía la inolasa, pero,
por lo menos, debía saber que es un termino que expresa el carácter Uto-
genético y no un determinado tiempo geológico.
Por molasa se entiende un complejo de capas correspondientes a di-
versos pisos del terciario mediano, muy desarrollado en el territorio de
Suiza; se compone de enormes capas de conglomerados y areniscas con
interposiciones de estratos de limo de origen marino y fluvial. Sedimen-
tos eruptivos faltan por completo. La formación de la toba gris patagó-
nica, por lo contrario, se compone esencialmente de materiales volcáni-
cos; también se presenta en dos facies, una marina y otra terrestre.
El material de la primera es menos uniforme que el de la segunda.
En la facie marina las capas de tobas arcillosas alternan frecuentemente
con toba arenosa, pero el sedimento predominante es de origen volcá-
nico. La facies terrestre, mucho más importante que la marina, está for-
mada por una masa de ceniza volcánica homogénea en color y composi-
ción, que no presenta estratificación, pero se observan en ella localmente
interposiciones de estratos más o menos arenosos y arcillosos y muy ra-
ramente conglomerado, como es el caso en todos los depósitos de toba.
En algunas partes está transformada en loess más o menos puro. Se
trata de acumulaciones en su mayor parte cólicas de materiales de erup-
ciones volcánicas del tiempo terciario inferior.
A fines de la era mesozoica y al principio de la cainozóica hubo en
la Patagonia una gran actividad volcánica, que dió origen a las tobas
abigarradas cretáceas y a la toba gris del terciario inferior. Durante el
tiempo terciario superior las erupciones eran menos frecuentes y enton-
ces se depositó, encima do la toba, la arenisca gris patagónica, de la
cual hablaré en el capítulo Y.
Las tobas cretáceas son de colores vivos, muy variables, mientras que
las del terciario son de color gris uniforme. Las de la formación de tran-
sición son, por lo general, de color gris claro con tinte azulado o verdo-
so, raramente amarillento y las de la formación patagónica, gris ceni-
ciento con partículas blancas de piedra pómez. La diferencia más nota-
ble entre las dos formaciones consiste en que la primera presenta el
aspecto de un amontonamiento de polvo fino muy suelto, mientras que
la segunda es de estructura migajosa y tan compacta que se necesita el
pico para cavarla. Las muestras que resultan de los sondeos triturados
por el trepano se diferencian principalmente unos de otros porque los
de la toba de la formación de transición presentan un aspecto pizarroso
y los de la formación patagónica, un aspecto granuloso.
Es sabido que es muy difícil identificar, por la naturaleza de las ro-
cas, la contemporaneidad de las capas que se encuentran en distintos
regiones, pero la toba gris es tan característica que, donde quiera que
se halle, se puede saber aun sin que contenga fósiles, que corresponde
155
al terciario inferior. El geólogo que la ha estudiado en la Patagonia, la
conoce fácilmente encontrándola en las perforaciones de otras regiones,
y sería absurdo si se la designara por molasa.
La formación de toba gris aparece en la superficie en todas las regio-
nes de la Patagonia, siendo en el sur algo menos pura. En el interior
predominan las facies terrestres y en la actual costa atlántica las mari-
nas, pero en la misma costa se encuentran a veces los fósiles marinos
mezclados con restos de mamíferos terrestres.
D’Orbigny y Darwin ya conocían estos depósitos y los designaron con
el nombre de « terciario patagónico ». Ellos los identificaron con las capas
marinas que forman la base de las barrancas del río Paraná en Entre Píos.
Mucho tiempo se supuso, que estas capas se extendiesen debajo de la
formación pampeana hasta el río Negro, en cuyo punto aparecen otra
vez en la superficie, cubriendo toda la Patagouia hasta el estrecho de
Magallanes. Si bien Darwin había encontrado algunos fósiles de mamí-
feros, no se dió cuenta exacta déla naturaleza de estas capas. Recién
(mando el doctor Francisco P. Moreno en sus primeras exploraciones
coleccionó numerosos restos de mamíferos, se llegó a saber que se tra-
taba de una formación que en su mayor parte es de origen terrestre.
Más tarde Florentino Ameghino, que estudió esta fauna y la comparó
con la de Entre Ríos, se convenció que los restos de mamíferos que se
encuentran en las capas de la Patagonia y en las de Entre Ríos corres-
ponden a dos épocas geológicas muy distintas. Por las investigaciones
(pie ha practicado Carlos Ameghino durante muchos anos en la región
sur de la Patagonia, y por los estudios de las comisiones exploradoras
que mandó el doctor Moreno por todo el territorio, desde Mendoza hasta
el estrecho de Magallanes, se conoce hoy esta formación casi mejor que
cualquier otra. Los fósiles de mamíferos, que se hallan en ella, han lla-
mado tanto la atención del mundo científico, que sabios de Europa y de
los Estados Unidos de Norte América han venido a prácticar estudios.
Se han dividido estos depósitos en numerosos pisos, y se ha discu-
tido mucho sobre la edad geológica que les corresponde; pero no entro
aquí a ventilar problemas cronológicos.
No se halla esta formación en parte alguna de la superficie en la pro-
vincia de Buenos Aires; pero en las perforaciones practicadas en el par-
tido de Bahía Blanca, hemos encontrado la facies terrestre que, como he
dicho, es tan característica que se puede reconocer sin hallaren ella fó-
siles; en las otras regiones parece que esté reemplazada por capas de
loess. En cambio, hemos encontrado en las numerosas perforaciones
practicadas en otras localidades, depósitos marinos que, por su posi-
ción estratigráfica, seguramente corresponden a esta formación. De ellos
me ocuparé en el capítulo que trata de las transgresiones y regresiones
marinas.
15(5 —
Y
La formación de las areniscas patagónicas
El doctor Adolfo Doering luí creado en el año 1882 1 para los depósi-
tos de areniscas que se hallan en la región entre el río Colorado y el río
Negro y en los territorios de la Patagonia, el nombre de «formación
araucana», y la dividió en dos pisos.
En el más antiguo, que llamó «piso araucano», ha incluido las siguien-
tes caitas: « Margas de detrito volcánico de Santa Cruz, Chichina], etc.
División superior de las areniscas osíferas de la Patagonia austral, con
Nesodon, Anchitherimn , etc. Horizonte superior de los bancos de la me-
seta araucana en el curso intermedio del río Colorado y del río Negro.
Arenisca fosilífera de Santa María, Catamarón, con Corbicula Stelz-
neri , etc. » (?).
En el piso superior, que llamó «piso puelche», ha incluido los estra-
tos siguientes : Areniscas de la Pampa occidental. Arenas semifluidas de
la cuenca pampeana 2.
Los dos pisos los consideró más modernos que la formación patagó-
nica, la que, según él, se compone de los pisos paranense, mesopotámico
y patagónico.
El doctor Doering no conocía personalmente el terreno sino hasta el
río Negro, y ha incluido los depósitos de la Patagonia austral en ha for-
mación araucana, basándose principalmente en las observaciones practi-
cadas por el doctor Francisco P. Moreno en sus exploraciones en el sur
de la Patagonia. Como las capas en que Moreno ha coleccionado una
gran cantidad de mamíferos santacrucenos, son más modernas que los
estratos marinos déla formación patagónica, él supuso que también fue-
ran más modernas que las de Entre Ríos, porque en aquel tiempo no se
sabía que estas últimas eran mucho más recientes.
El error que ha cometido Doering fué el suponer que las capas de
areniscas, que en el litoral del río Negro se hallan depositadas directa-
mente encima de estratos marinos de la transgresión entrerrienso y las
de Santa Cruz, correspondiesen a un mismo horizonte geológico. Más
tarde Ameghino demostró, con toda evidencia, que las capas que con-
tienen la fauna de Santa Cruz son mucho más antiguas que las entre-
na anas.
1 Expedición al río Negro, volumen III, Geología, Buenos Aires, 1882.
* Doering señaló esta formación también : tobas ¿raquíticas en la Patagonia, for-
mación postpatagónica y subpampeaua.
157
Hoy sabemos también con toda certeza que los depósitos de arena
encontrados en las perforaciones practicadas en Buenos Aires, los que
forman el piso « puelche » de Doering, son más antiguos, y no más mo-
dernos que las areniscas del río Negro.
Amegbino corrigió el error cometido por Doering, y excluyó déla for-
mación araucana las capas con fósiles de la fauna de Santa Cruz, toman-
do como piso araucano típico las areniscas del valle de Santa María (Ca-
tamarca), pero cometió el error de considerarlo más moderno que el de
las areniscas rionegrenses. (Más adelante se verá que estas últimas no
son más antiguas que el piso ensenadense.) Él ha cambiado varias veces
la correlación de los pisos y los nombres; así el nombre aran can ense lo
ha substituido por el de rionegrense, colocándolo en la formación telmel-
che, denominación creada por Doering para los depósitos glaciales; más
tarde lo colocó otra vez en la formación araucana. El piso teliu elche
ligara en un cuadro de divisiones en la formación pampeana y en otro
en la araucana.
Lo dicho basta para demostrar el desorden que existe en la correla-
ción de los pisos de la formación araucana, y para evitar confusiones he
abandonado esta denominación, llamándola «formación de las areniscas
patagónicas ».
Las capas sedimentarias que en la Patagonia se hallan encima de la
formación de las tobas patagónicas, presentan mucha analogía con la
« mol asa » de Suiza; se distinguen también dos facies, una terrestre y
otra marina, siendo, empero, esta última poco importante en compara-
ción con el enorme espesor que tiene la primera.
La masa principal se compone, en la Patagonia, como en la Suiza, de
una arenisca no muy consistente, con intercalaciones de arcilla, marga
y a veces tiza o, mejor dicho, creta de agua dulce, así como de bancos de
caliza. En ella abundan materiales de origen volcánico, como ser, toba,
piedra pómez, etc., las que faltan en la mol asa de Suiza, o al menos son
muy escasas. En cambio, encontramos en las dos regiones enormes depó-
sitos de conglomerados (Nageljiuh) y yacimientos de carbón pardo (lig-
nita). En la cordi lera, y especialmente en la precordillera, predominan
los depósitos límnicos, (pie se amontonaron en enormes cuencas de agua
dulce.
En la región de las mesetas y en el litoral de la Patagonia estos depó-
sitos son, en gran parte, lluviales o cólicos, y solamente cerca de la costa
actual he visto interposiciones de estratos marinos.
En otras regiones las capas se encuentran en posición horizontal,
mientras que en la cordillera y precordillera han tenido participación
en los movimientos orogénícos, formando las capas más antiguas parte
de las montañas, como en los Alpes. En Suiza abunda la molasa ya en
el oligoceno, siendo escasa en el plioceno; en la Patagonia comenzó su
158
sedimentación a principios del mioceno, y continuó depositándose hasta
el fin del terciario.
Es sabido que la molasa en Suiza se depositó durante la formación de
los Alpes. También en la Patagonia la sedimentación de las areniscas
patagónicas está relacionada con el levantamiento de la cordillera. Es
opinión muy general que el volcanismo no lia tenido participación en el
levantamiento de los Alpes, La cordillera en la Patagonia, por lo con-
trario, se ha formado por acciones volcánicas, lo que está demostrado
hasta la evidencia por el hecho de que las capas sedimentarias, en las
inmediaciones de los centros volcánicos, están muy dislocadas, mientras
que las que se hallan apartadas de ellos han conservado la posición pri-
mitiva. Han sido principalmente las erupciones que dieron origen a las
rocas de estructura granítica, que motivaron también los plegamientos.
Fuera de la cordillera, donde existen las rocas efusivas de estructura
basáltica, las capas sedimentarias se hallan en posición casi horizontal.
Se observa que a ambos lados de la cordillera Central, que está for-
mada por la zona granítica, se han hundido enormes masas de terreno.
En el lado oriental se formaron en las depresiones cuencas de agua
dulce de grandes extensiones, unidas entre sí por estrechos brazos que
se bifurcaron en el interior de los macizos.
En el lado oeste se formaron en las depresiones los golfos y estrechos
del Pacífico. Las erupciones que dieron origen a las rocas de manta han
producido solamente pequeñas hoyas sin desagüe; éstas son muy carac-
terísticas en la región tabular de la Patagonia.
Muy significativo es que en la región del lago Musters, completamente
separado de la cordillera, donde hay macizos de rocas volcánicas crista-
linas, existen también extensas depresiones.
Dentro de los grandes lagos, al lado este de la cordillera, se formaron
los estratos límnicos de la formación de las areniscas patagónicas, y los
ríos que salían de ellos depositaron capas fluviales en la región tabular
a lo largo de sus cursos.
Las acciones volcánicas que originaron el levantamiento de la cordi-
llera de la Patagonia duraron hasta fines del tiempo mioceno; las erup-
ciones continuaron hasta el período plioceno; pero éstas eran mucho me-
nos intensivas y no produjeron grandes dislocaciones. Por esta razón los
depósitos límnicos antiguos se hallan con mayor frecuencia en posición
perturbada que los más recientes. En el suroeste del lago Nalmel Huapí,
entre Bariloche y Puerto Moreno, hay un cordón de sierras que se com-
ponen, en parte, de rocas graníticas y, en parte, de arenisca dislocada.
En ella lie coleccionado numerosas impresiones de plantas que, según la
determinación del doctor Kurtz, corresponden al tiempo mioceno. Las
mismas capas continúan hasta cerca de un antiguo volcán, llamado Pico
Quemado; en esta parte las areniscas se hallan comprimidas entre rocas
159
volcánicas, presentando un gran pliegue en forma de abanico ; en estas
mismas capas abundan las plantas fósiles, y en algunas partes se obser-
van bancos de lignita. Encima de estas capas dislocadas se encuentran
estratos límnicos más recientes poco o nada perturbados, los que tam-
bién contienen impresiones de plantas y moluscos de agua dulce. Me
llamó mucho la atención que tanto en la cordillera como en la precordi-
llera predominan los pliegues en forma de abanico, los que cambian tan
frecuentemente el rumbo (véase lám. X).
En toda esta región existían todavía en el plioceno enormes lagos; los
actuales son solamente pequeños restos que se han conservado después
del tiempo glacial.
Debido a un cambio del divortium aquarum en el tiempo postglacial,
una gran parte de los lagos que se hallaban al este de la cordillera
comenzaron a desaguar en el océano Pacífico, y muchos de ellos se seca-
ron por completo, de manera que hoy podemos estudiar sus antiguos
fondos. Los ríos que nacen en las sierras y que antes desaguaban en
estos lagos han abierto en los antiguos fondos cauces de cientos de me-
tros de profundidad, poniendo al descubierto los estratos inferiores que.
presentan la estratificación característica de los depósitos lacustres o,
mejor dicho, límnieas (kreuzschichtung) . Estos importantes depósitos son
poco conocidos en la literatura de la geología argentina (véase lám. XI).
Una de las regiones más instructivas para el estudio de las formacio-
nes sedimentarias en la Patagonia, que yo he visitado, se halla al norte
del lago Fontana, entre el río Frías y el río Corcovado. En esta zona se
encuentran representadas todas las formaciones desde las areniscas rojas
de la edad cretácea hasta los depósitos glaciales.
A finos del tiempo plioceno existían todavía en la proeonlillerade esta
región, grandes cuencas de agua dulce semejantes a grandes golfos unidos
por estrechos. Por ejemplo, la cuenca de la región del lago La Paz, el que
se ha conservado hasta hoy, estaba unida por un estrecho con la gran
cuenca de la colonia 10 de Octubre, en la que se ha conservado el lago
Rosario y algunos lagos más pequeños.
La cuenca de la región del lago La Paz desaguaba antes al valle Pani-
lla Grande por el río Tecka; otra, que se halla en la comarca del río Pico,
donde han quedado tres pequeños lagos, tenía su desagüe por el gran
cañadón de Genova; y la tercera, la del río Frías, derramaba sus aguas
por los ríos Omkel y Appeleg» Todavía hoy se pueden conocer bien los
antiguos desagües por las terrazas que están en las faldas de las sierras.
En estas pampas se hallan las divisiones délas aguas continentales, y la
mayor parte de los ríos que nacen actualmente en las sierras del lado
este de la cordillera Central, corren por abras al Pacífico. En esta región
existen tres aberturas o boquetes que atraviesan la cordillera Central ;
la más al norte se halla cerca del lugar donde se une el río Corcovado
160
con el río Frío, formando el río Carrenleufú, que más abajo toma el nom-
bre río Palena, que desemboca al golfo del Corcovado.
El río Frío, como el Corcovado, han cavado su salida a través de sedi-
mentos límnicos depositados en estrechos, que se comunicaron con las
cuencas 1G de Octubre y lago La Paz. En las faldas de las sierras se
observan, a una altura de 300 a 400 metros sobre los valles, las anti-
guas terrazas que presentan un declive contrario al actual curso de estos
ríos (véase lám. XII).
La cuenca del río Pico tiene su salida al Pacífico por un boquete, que
en algunas partes apenas mide 50 metros de anchura, y no es posible
transitar por esta quebrada al Pacífico.
La tercera salida, la de la cuenca del río Frías, se halla al norte del
lago Fontana. También este boquete es tan estrecho que no se puede
seguir el curso de este río, y no se sabe con seguridad donde desemboca
al Pacífico.
En tiempos glaciales estos grandes lagos estuvieron helados y las gla-
ciares transportaron el detrito délas serranías fuera déla cordillera a la
región tabular. La zona de las morenas terminales está marcada por
grandes bloques erráticos.
Los torrentes que salían de los glaciares acarrearon el detrito sobre
las mesetas, formando esta inmensa capa de rodados fluvio-glaciales que
cubre casi toda la Patagonia. Las morenas que se depositaron en las
salidas de los valles de la cordillera, motivaron que, después del tiempo
glacial, las aguas quedaran represadas en la precordillera y comenzaran
a desaguar por los mencionados boquetes, abiertos por el hielo a través
de los macizos graníticos.
Con el tiempo estas aberturas se profundizaron tanto que, no sola-
mente los lagos se desagotaron por completo, sino los ríos que nacen en
las sierras, y que antes desaguaban por ellos, cavaron profundos cauces
en los antiguos fondos. En las barrancas de estos nuevos ríos que, comí»
he dicho, en algunas partes tienen cientos de metros de altura, se pue-
den estudiar los depósitos límnicos superiores (pliocenos); los inferiores
(miocenos) afloran solamente en los lugares donde ha habido disloca-
ciones.
La loma Baguales, que forma una colina de 1307 metros de altura sobre
el mar y separa la cuenca del río Pico de la del río Frías, presenta análo-
gas condiciones, que las de la colina de Albis en Zurich (Suiza) que está
formada de mol asa de agua dulce. En la parte inferior del Albis predomi-
nan los estratos de areniscas y de sedimentos arcillosos; encima siguen
conglomerados (Nagcljluh) bastante consistentes; hiparte superior sc-
compone de conglomerados poco cimentados llamados loecherige JS’agcl-
Jluh. Como el conglomerado inferior pasa gradualmente al superior poco
cimentado, sin que se note una discordancia bien definida, se discute si
Lámina X
Río vist a mor. Museo mo La Plata, tomo xxy
,'apfts «Ir la formación «!<■ las areniscas patagónicas, plegadas en forma de abanico,
Revista del Museo de La Plata, tomo xxv
Lámina XI
Vista de un antiguo fondo de lago, atravesado por un arroyo, en la Colonia 16 de Octubre
Lámina XII
Rkvista
i
.ATA. TOJI'
XXV
Lámina XII
nrx Mrsico m: La
— 161
todo el complejo (Nagelfluh) corresponde a la molasa, o si la parte supe-
rior puede ser glacial.
En la loma Baguales se observa el mismo fenómeno. La base está for-
mada de arenisca con intercalaciones de limo más o menos arenoso,
estratos de creta y bancos de lignito, en que abundan plantas fósiles y
conchillas de agua dulce. Todas estas capas se hallan en posición ligera-
mente perturbada. En la parte superior predominan los conglomerados
que en la cumbre presentan el aspecto de los depósitos glaciales más
antiguos '.
Más al sur de la loma Baguales hay un cordón de sierras de mayor
altura, llamado Cumbre Negra. En una quebrada, donde el arroyo de
Los Patos entra a la pampa del río Frías, hay una barranca muy a pique
que se compone de depósitos de la formación de las tobas de transición,
que contienen fósiles de mamíferos, pero tan mal conservados que no he
podido extraer siquiera uno entero; merced a la presencia de restos de
Notohi})¡)ide«s y Lcontiniideas no cabe duda que se trata de la fauna pyro-
theriana.
Unos 300 metros más arriba del mismo arroyo hay terrazas con barran-
cas descubiertas formadas de arenisca y loess arenoso que contienen mu-
chos mamíferos fósiles. En este paraje encontró dientes de Homalodon -
totherium, Astrapotlicrium y de Nesodon; son géneros que abundan en
la formación de las tobas patagónicas. Mezclados con ellos hallé un crá-
neo completo de un Tlieosodon y trozos de mandíbulas de Protypothc-
rium , que aparecen tanto en los estratos de Santa Cruz como en los de
Entre Ríos, y del mismo yacimiento saqué un trozo de maxilar de To-
xodontherium y la parte posterior de un cráneo de un género de Scclido-
therium casi del tamaño de la especie leptoccphalum, géneros que hasta
ahora no han sido encontrados en la formación de las tobas patagónicas.
No cabe duda que estos depósitos conservan restos de mamíferos que
forman la transición entre la fauna patagonense y la entrerriense, y que
corresponden al horizonte inferior déla formación de las areniscas pata-
gónicas.
Ameghino ha creado sobre esta fauna un piso llamándolo friasemc
(J‘rUmen) y lo colocó en la formación magallánica « magcllaniensc »,
cuya relación estratigráfica nunca la ha definido bien.
En el río Frías no he podido establecer con seguridad si las capas
friascnses están depositadas sobre las tobas patagónicas, porque la falda
déla montaña se halla cuesta parte cubierta de sedimentos sueltos o de
montes. Pero en el. río Corcovado, cerca de donde se junta con el río
1 En la Patagonia he podido constatar dos períodos glaciales, uno tal vez del ter-
ciario superior, cuyo material es cimentado, y otro cuaternario formado por mate-
riales sueltos.
1(52
Huemules, hay depósitos de la formación de las tobas patagónicas, y
siguiendo este último río, encontré, depositadas sobre ellas, capas que
indudablemente corresponden al horizonte friasense. En estas areniscas
lie coleccionado muchos fragmentos de huesos de mamíferos, entre ellos
hay placas de una coraza (le Peltephilus, género que no se encuentra en
capas entrerrianas y trozos de mandíbulas de Prothypothcrium y Pacha-
rucos , que se hallan tanto en la toba patagónica como en los estratos
entrerrianos y el loess eopampeano. En el mismo yacimiento encontré
dos trozos de mandíbulas y fragmentos de dientes de un género de la
familia Mcgatheridae de tamaño mediano, probablemente del género Pro-
megatherium , que se encuentra en los depósitos entrerrianos y en el loess
eopampeano, poro no en las capas de la toba patagónica.
En la pampa grande donde nacen el rio Huemules, que corre al Pací-
fico, y el río Techa, que corre al Atlántico, afloran en muchas partes
depósitos de la formación de las areniscas rojas. Esta región es muy
interesante, porque se ve aquí cómo las rocas graníticas han atravesado
las areniscas rojas y las tobas patagónicas.
Más al sur, en los nacimientos del río Mayo, los depósitos de la for-
mación de las areniscas patagónicas corresponden a un horizonte más
reciente. Estas capas, que se hallan en posición normal, se componen de
una arenisca gris azulada y contienen muchos mamíferos fósiles; entre
los restos recogidos en esta región hasta el lago Blanco hay muchos que
se encuentran en los estratos entrerrianos y en el loess eopampeano,
pero ninguno característico de la toba patagónica.
En la región tabular y en el litoral de la Patagón ia la formación de
las areniscas patagónicas es, como ya he manifestado, menos desarro-
llada que en la región de la cordillera. No he visto en parte alguna de
los parajes explorados por mí grandes complejos de estratos línmicos,
como los mencionados. La formación está representada principalmente
por areniscas fluviales o cólicas ; muchas de ellas están reemplazadas por
conglomerados poco cimentados, (pie se pueden confundir fácilmente
con los rodados lluvioglaciales. En el valle inferior del río Chubut hay
depósitos de estos conglomerados que, en algunas partes, se hallan sobre
las tobas de transición y, en otras, sobre capas marinas patagónicas, pa-
sando gradualmente a los rodados lluvioglaciales, de manera qne no es
posible fijar un límite entre unos y otros.
En Puerto Madryn hay, encima de la toba patagónica de l'acies mari-
na, un complejo de capas de areniscas de considerable espesor en que
abundan los troncos de madera petrificada. En un lugar he visto inter-
calado en ellos un banco de conglomerado que contiene muchos fósiles
marinos, especialmente la Ostrca patagónica, tan abundante en los estra-
tos marinos de Entre Ríos. Para mí no hay duda que este banco corres-
ponde a la transgresión entrerriense y no a la patagoniense. También
163 -
(Jarlos Ameghino ha encontrado más al sur, en el cafiadón de Santa
liosa, los mismos conglomerados con fósiles marinos, y los consideró
correspondientes a los rodados tehuelclies, nombre creado por Doering
para los depósitos finvioglaciales. Aquél sostiene que no se diferencian
en nada de éstos y que los lia visto arriba de las mesetas. Por esta
razón su hermano, Florentino Ameghino, suponía que el tiempo gla-
cial en la Patagonia comenzó en el mioceno, lo que es un gran error. En
la cordillera no he visto, en capas con plantas fósiles del mioceno, algo
parecido a morenas. Los más antiguos depósitos glaciales los he visto
en el valle superior del río Deseado, antes de llegar al lago Buenos Ai-
res, y éstos a lo sumo pueden ser del plioceno superior.
La barranca del río Negro está formada, desde la costa atlántica hasta
cerca de Chichinal, por areniscas, y encima de ellas recién se hallan los
rodados telmelches. En el valle inferior las areniscas se encuentran
directamente sobre capas marinas con la misma Ostrea pata (jónica que
contienen los conglomerados en cuestión. Estas son las capas de arenis-
cas que Doering ha designado con el nombre de formación araucana y
que Ameghino llamó más tarde piso rionegrense, tomando por araucano
típico las areniscas del valle de Santa María, en Catamarca. Estas últi-
mas son seguramente más antiguas.
Me llamó mucho la atención que, desde el Meridiano V, que forma el
límite de la provincia de Buenos Aires, hasta cerca de Chichinal, en una
extensión de unos 500 kilómetros, no aflore otra formación más antigua,
lín algunas localidades la arenisca está transformada en loess más o me-
nos puro. El doctor Witte la ha estudiado en el partido de Patagones y
la considera de origen eólico equivalente en edad al loess mesopam-
peano.
El geólogo Bailey Willis, que la lia visto en el río Colorado, la con-
sidera también como equivalente en la edad al loess pampeano, pero de
origen fluvial. No hay duda que en estas regiones están representadas
las dos facies, la fluvial y la cólica. En el río Negro se observan con fre-
cuencia, intercalados en la arenisca, estratos de piedra pómez rodados
que seguramente no han sido llevados por los vientos; éstos abundan
más en la parte superior del valle que en la parte inferior.
Otra circunstancia que me llamó también la, atención es que no he
encontrado depósitos de las areniscas patagónicas en ninguna parte en
las barrancas del río Limay hasta dar con el río Collón-Gura, donde están
otra vez muy desarrolladas y descansan directamente sobre la toba pata-
gónica, que contiene mamíferos fósiles característicos de esta formación.
En esta región están reemplazadas frecuentemente por conglomerados.
En ninguna de las regiones que yo he visitado en la Patagonia he encon-
trado, encima de las capas de la formación délas areniscas patagónicas,
otra clase de depósitos «pie rodados finvioglaciales o morenas ; por lo
tanto, el horizonte superior no puede ser más antiguo que el plioceno.
Las areniscas en las barrancas del río Negro forman seguramente el
horizonte más reciente de la formación de las areniscas patagónicas y,
por lo tanto, no pueden ser miocenas, como suponía Ameghino.
He dividido esta formación en cuatro horizontes o pisos ' : el inferior
llamó «piso friasense», que contiene los mencionados restos de mamí-
feros que forman la transición entre la fauna patagónica y la entrerriana.
Las capas que contienen las plantas fósiles que el doctor Kurtz declaró
miocenas, las he designado «piso nahuel-huapiense ».
Las mencionadas capas de arenisca gris azulada, que se hallan en las
nacientes del río Mayo y en la región del higo Blanco, y que contienen
restos de mamíferos parecidos a los del piso eopampeano y entrerriano,
las he incluido antes en el « piso rosanense» creado por Ameghino para
los estratos marinos que se hallan en el cañadón de Santa Rosa, al sur
de San Julián. Pero como la posición estratigráfica de estas capas mari-
nas no está bien aclarada (probablemente corresponden a la transgre-
sión entrerriana), considero conveniente separar la facie terrestre de la
marina, y propongo, para la primera, la denominación «piso mayoense»
por encontrarse bien desarrollado en las nacientes del río Mayo.
Para las capas de areniscas que se hallan en el río Negro sobre los
estratos marinos y que forman el horizonte superior de esta formación,
he conservado el nombre «piso rionegrense» creado por Ameghino.
Debo hacer presente que esta división de pisos se relaciona única-
mente con la formación de las areniscas patagónicas. Como Ameghino,
en sus divisiones cronológicas de las formaciones sedimentarias, no ha
observado las reglas usuales en la geología, se ha generalizado aquí mu-
cho la idea que cada término de piso expresa un tiempo geológico dis-
tinto, y por esto hago esta prevención. Está establecido que los térmi-
nos de pisos, en las divisiones estrat i gráficas, tienen solamente un valor
regional y que un piso de una localidad puede ser sincrónico con uno de
otra región designado con distinto nombre.
En la provincia de Buenos Aires los depósitos de las cuatro formacio-
nes, que acabo de mencionar, están cubiertos por capas más recientes o
reemplazadas por loess pampeano; solamente en la í’egión entre el río
Colorado y el río Negro se encuentran a descubierto las areniscas del
piso rionegrense y estratos marinos de la transgresión entrerriana.
He tratado ligeramente estas formaciones poco conocidas porque con-
sidero indispensable que se las conozca para poder darse cuenta de la
correlación estratigráfica del subsuelo de la llanura pampeana.
1 Beitrag sur Gliederung der Sedimentablagerungen in Patagónica and der Pamjxisrc-
gion. Nenes Jahrbuch fiir Minee, etc., Beilagebaiul XXVI, 1908.
165
VI
La formación del loess pampeano
En la provincia de Buenos Aires esta formación tiene mucha más im-
portancia que las anteriores descritas y por esto la trato más detenida-
mente.
Eué también D’Orbigny el primero que la ha estudiado. Él la llamó
arcilla pampeana (argüí pampéame). Darwin, que se ocupó de ella con mu-
cha atención, la llama «légamo pampeano» (pampean mud). Burmeister
la designó como D’Orbigny «arcilla pampeana» (Pampasthon) y Ame-
gliino la llamó «limo pampeano».
Estas denominaciones no responden a la verdadera naturaleza del te-
rreno pampeano. En primer lugar, la arcilla, como el limo, son sedimentos
impermeables, mientras que el loess es un buen conductor de agua, mo-
tivo suficiente para no confundir estos nombres cuando se trata de estu
dios prácticos. Por su composición litológica, estructura y permeabili-
dad presentan las condiciones del sedimento llamado loess.
En la Dirección general de minas, geología e hidrología de la Nación
se ha adoptado, en los perfiles geológicos, la misma señal para la arcilla
y el loess, lo que considero no admisible por motivos prácticos, pues
mientras que en el loess pasan mil litros de agua, en la arcilla, bajo las
mismas condiciones y en el mismo tiempo, no pasa ni medio litro.
Cuando se trata de estudios de las aguas subterráneas es de suma
importancia conocer las condiciones físicas de las capas del subsuelo,
ante todo, si se compone de sedimentos impermeables o de permeables,
de manera que se debe hacer una distinción entre la arcilla y el loes.
A todos los geólogos que practicaron estudios en nuestro territorio,
les ha llamado la atención la enorme masa de sedimentos finos de es-
tructura y de color tan uniforme que cubren no solamente las llanuras
de la provincia de Buenos Aires, sino que se encuentran también en las
cordilleras y todos han tratado de explicar su origen. En el deseo de
evitar en lo posible toda polémica, en el presente trabajo me ocuparé
sólo de los puntos más importantes para dar una idea de la naturaleza
de estos depósitos tan singulares. Tengo en preparación una obra, en que
someto a un análisis crítico lo que se ha escrito sobre el origen y la
edad de la formación pampeana.
..El loess se considera, generalmente, como una masa homogénea de
polvo terroso, depositado sueltamente por los vientos, compuesto de ar-
cilla y arena fina, más o menos calcárea y se lo coloca con las rocas ar-
cillosas ( Pelitas ).
Archibaldo Geikie en su tratado de geología 1 define el loess en la
forma siguiente :
«Con el nombre de «loess» se designan unos depósitos notables de
arcilla homogénea no estratificada y de singular uniformidad, que se
descubrieron primeramente en el valle del Rhin y luego se han hallado
cubriendo vastas extensiones en el antiguo y nuevo mundo. Contiene
algunos granos de cuarzo y hojuelas de mica y encierra muchos molus-
cos terrestres (escasos acuáticos y ninguno marino). Tales depósitos se
han hallado en sitios elevados, a 5000 pies en los Cárpatos y 8000 en el
norte de China, donde Richthofen le reconoció un espesor de 1500 a
H000 pies, como ocurre también en ciertas comarcas áridas de la América
del Norte. Después de emitirse diversas hipótesis sobre el origen de tan
singulares formaciones, parece la única explicación satisfactoria la de
que sean producidas por el transporte aéreo en estado de polvo sumamen-
te tenue y acumuladas y fijadas después por la vegetación o sea lo que
se llama un origen eólico. »
Esta definición como casi todas las publicadas en los tratados de geo-
logía es muy insuficiente y no responde ni a la naturaleza del loess en
general y ni mucho menos a la déla formación pampeana. El loess, no so-
lamente por su origen sino por su carácter físico en general, difiere mu-
cho de todos los otros sedimentos que forman el grupo arcilloso. La arcilla
pura es un silicato hidrado de aluminio, producto de la descomposición
de rocas fehlespáticas, pero en estado puro se encuentra raramente en la
naturaleza. Lo que se entiende usualmente por arcilla es silicato hidrado
de aluminio, mezclado con otras substancias, sobre todo con productos
de materias orgánicas, óxido de hierro, magnesio, etc., y minerales no
descompuestos. La arcilla que contiene cierta cantidad de cal es amarga
y si contiene arena fina es limo, pero de ninguna manera es loess, que
presenta condiciones físicas muy distintas. Los verdaderos sedimentos
arcillosos contienen una gran cantidad de minerales en estado coloidal
que en la humedad se, hinchan y forman una masa impermeable. En el
loess no es así.
En los análisis mecánicos del loess por tamaño de las partículas, se
consideran los granos de tamaño menor de 0mm05 como partes arcillosas
y las de tamaño mayor de 0mm05 como partes arenosas; en la práctica,
empero, la parte del loess tomada como arcillosa no es impermeable.
Separando de las partes señaladas como arcillosas las partículas de ta-
maño menor de 0mm01, dejan filtrar el agua, mientras que el limo com-
puesto de iguales partes de arena y arcilla es impermeable, porque la
arena está envuelta en substancias coloidales. Esto demuestra que la
1 Gcoloijia, por Archibaldo (leikic, traducción, extracto y anotaciones con datos es-
pañoles por don Salvador Calderón, Barcelona, 1895.
- 1 67
TjOcss granulado : a, tamaño natura] : b, ampliado dio-/, veces': c. triturado con ¡n uña y ampliado diez veces
(I, arena cuarzosa ampliada cuatro veces
— 168 —
parte más fina del loess contiene pocos minerales en forma de coloides.
Mientras la arcilla en el agua se ablanda, formando una masa plástica
y en estado seca se raja porque las substancias coloidales se encojen,
el loess en estado húmedo y seco no se altera, conserva sxx consistencia
y no se raja. La permeabilidad del terreno no depende únicamente de
la clase de minerales de que se compone, sino del estado en qxxe se en-
cuentra y sobre todo de la estructura de la masa. Dos muestras de tie-
rras pueden dar en los análisis químicos un resultado muy parecido, y
sin embargo, el poder de filtración de agua puede ser muy distinto.
La gran permeabilidad del loess es, sin duda, debido a su estructura
particular, muy distinta de los demás elementos arcillosos.
El loess presenta una estructura mi gajosa; la masa está formada, en
gran parte, por una acumulación de granos irregulares de diámetros
distintos, lío se trata de granos de arena de rocas trituradas ; con el
microscopio se ve que ésta se compone de partículas finísimas de dis-
tintos minerales, muy ligadas unas con otras, pero no cementadas; se
pueden triturar con la uña. En los horizontes inferiores de la formación
pampeana se encuentran capas de considerable espesor, compuestas de
loess granulado, que tienen el aspecto de depósitos de arena (véase fig. 4).
Estos congregados de polvo fino, consolidados en forma de grano, cons-
truyen la masa fundamental; los granos de arena de rocas sólidas son
de menos importancia y su cantidad cambia mucho, según la localidad.
Los granos o, mejor dicho, migajas de loess son de tamaño muy distinto;
algunos son tan pequeños que sólo se distinguen con el lente de au-
mento; otros son del tamaño de arena gruesa y no se disuelven por sí
solos en el agua, a pesar que se pueden pulverizar con los dedos. Debido
a estas circunstancias el loess forma una masa porosa que deja filtrar el
agua. Además de los poros y capilares, los depósitos de loess pampeano
presentan una estructura muy cavernosa y están atravesados en todas
las direcciones por canalitos de distintos diámetros que provienen pro-
bablemente de raíces de plantas descompuestas o de gusanos (véase
ligs. 5, G y 7).
Esta estructura es uno de los caracteres distintivos del loess y que
está relacionada con su origen, lo que no se observa en los otros sedi-
mentos arcillosos.
Si el loess se compusiera de arcilla y arena, como siempre se afirma,
los poros, canalitos y cavernitas estarían rellenados con materias coloi-
dales, mientras que en el terreno pampeano están abiertas tanto en las
capas más recientes, como en las más antiguas; en ciertas profundida-
des están saturadas constantemente de agua. No cabe la menor duda
que esta estructura particular es debida a la escasez de minerales en
estado coloidal.
Se entiende que en los depósitos del loess pampeano se observa toda
- 169 —
o mesopampeano como se presenta en su estado natura] en la barranca lavada por
Clx tamaño natural)
clase de transiciones, como es el caso en otras rocas sedimentarias.
Cuando se trata de estudios de las aguas subterráneas, es necesario to-
mar en cuenta estas circunstancias.
Sería un grande error creer que el loees pampeano forma una masa
de polvo fino de minerales acumulados sueltamente. Si bien es cierto
que los depósitos de loess, que se bailan en el valle superior del Rliin,
considerados como típicos, son poco consistentes, éste no es un carácter
general. Yo lie estudiado estos depósitos y de ninguna manera se puede
Fig. <>. — Estructura de loess del horizonte neopampeano do fractura fresca
tamaño natural
considerarlos típicos, porque se trata de loess muy impuro, como por
ejemplo el de Córdoba.
Solamente las capas más recientes forman una acumulación de mate-
riales sueltos, como en todos los otros sedimientos: la masa es tanto
más consistente cuanto más antigua es. En la llanura pampeana tenemos
depósitos de loess que presentan el aspecto de peñas; no se trata única-
mente de bancos de toscas, si no de loess casi libre de cal. El fondo del
río de la Plata está formado por loess del horizonte mesopampeano, qixe
se diferencia del neopampeano por su mayor consistencia. Antes de
existir el puerto de Buenos Aires, los carros entraban al agua, para des-
171
b
l’’>g- 7 — Estructura del loess del horizonte ncopampeauo de fractura fresca :
a, tamaño natural; b, ampliado tres veces y media
172
cargar las lanchas. El tránsito era enorme y los carros cargados pasa-
ban sobre el piso de loess como sobre empedrado y nunca se formaron
pantanos (véase figs. 8 y 9, que representan loess de aspecto de peñas).
En los horizontes inferiores se pueden construir galerías sin la nece-
sidad de calzarlas. En la provincia de Entre Eíos he visto loess de edad
cretácea, que se utiliza para construcciones.
Parece que el loess de la China presenta análogas condiciones, puesto
que hay ciudades cavadas en las barrancas y millares de gentes viven
en una especie de cavernas. La friabilidad es solamente un carácter del
loess más moderno, pero como se ha descrito por primera vez el del valle
del Rhin, que es poco consistente por ser del tiempo diluvial, se lia to-
mado la friabilidad por un carácter general.
En cuanto a la composición mineralógica, no es posible hacer una de-
finición terminante en forma general, porque ésta varía mucho no sola-
mente de una localidad a otra, sino también de un horizonte a otro en
un mismo punto.
Como regla general se puede decir que cuanto más puro es el loess,
tanto mayor es la cantidad de minerales zeolíticos que contiene. Estos
minerales, que forman la masa principal, se encuentran tanto en las par-
tes gruesas consideradas arena, como en las partes finas consideradas
como arcilla, estando en estas últimas en proporción mayor. La separa-
ción de las acolitas de los otros minerales por medio del análisis mecá-
nico es muy difícil, pero se distinguen fácilmente tratándolos con colo-
rantes. Las zeolitas del loess pampeano tienen un gran poder de absor-
ción; mezclando una cantidad de loess con una solución «acuosa de
colorante queda este absorbido y en poco tiempo el agua se vuelve clara.
,Las materias colorantes forman con los silicatos de las zeolitas una com-
binación química indisoluble en el agua. Hay loess que contiene tantos
minerales zeolíticos, que toda la masa parece teñida. Es cierto que las
arcillas presentan condiciones análogas, pero el poder de absorción co-
lorativa es mucho menor; además las zeolitas clel loess se distinguen de
la arcilla pura (caolín) por la facilidad con que se descomponen en ácido
clorhídrico.
Los minerales zeolíticos del loess pampeano han sido aún poco estu-
diados, pero presentan, en todo sentido, análogas condiciones con las
que abundan en la tierra vegetal (Ackerboden), y no cabe duda que, en
gran parte, son productos de la descomposición complicada de los sedi-
mentos, después de ser depositados. En el loess pampeano se observan
con el microscopio gran cantidad de laminitas y «astillas transparen-
tes, que algunos autores consideran sean células silicosas de plantas,
lo que es muy probable, si se toma en cuenta que la vegetación es uno
de los agentes más eficaces para la descomposición de las rocas.
Otros productos de origen secundario son las toscas, que se compo-
173
Depósitos de loess mesopampeano que presenta el aspecto de peñas
Vista tomada en la costa al sur de Miramar
174
nen de concreciones calcáreas que forman, principalmente en los hori-
zontes pampeanos inferiores, bancos de considerables dimensiones. Tam-
bién los cristales de yeso y los granos de manganeso que se presentan en
forma de concreciones, como los granos de hierro que en el loess típico
se encuentran en proporción bastante considerable, son productos secun-
darios. Los últimos se distinguen de los granos de hierro magnético con-
tenidos en la arena, por estar ligados con polvo de loess.
Como materiales primarios, es decir, materiales que no han sufrido
alteraciones, sino que han sido depositados en el estado como se en-
cuentran actualmente en el loess pampeano, hay que mencionar en pri-
mer lugar la arena de cuarzo y de rocas calcedónicas y sobre todo vi-
drios volcánicos. En algunas localidades abundan laminitas de mica,
minerales de feldespatos, piroxeno, hornblenda, zircón, así como peque-
ños fragmentos de diversas clases de rocas, pero la presencia de estos
materiales varía según la procedencia de los sedimentos. En el loess de
Córdoba, por ejemplo, se observa entre el material no transformado
gran cantidad de mica y otros productos de rocas cristalinas, y en el de
Entre Ríos predominan los granos de arena de rocas calcedónicas. En
las barrancas de la costa en Miramar el loess del horizonte superior se
compone, en gran parte, de arena fina y polvo de conchillas, mientras
que en el de los horizontes inferiores de la misma localidad, abundan
materiales de erupciones volcánicas.
Vidrios volcánicos nunca faltan en las muestras de loess pampeano;
en general son más abundantes en los horizontes inferiores que en los
superiores y se ha afirmado que hay loess que los contiene hasta en un
90 por ciento; en tal caso no se trataría de loess sino de tobas. Efecti-
vamente, se ven a veces pequeños estratos de ceniza volcánica en los
depósitos de loess, y existen también capas de los llamados depósitos
lacustres que presentan el aspecto de tobas; se trata, empero, de inter-
posiciones de poca importancia y de naturaleza completamente distinta
del loess típico.
En la formación de la toba patagónica se observan a veces capas de
loess muy puro, y suelen encontrarse también en otras formaciones del
terciario inferior, así como en la arenisca roja cretácica.
En Entre Ríos y en perforaciones hechas en la provincia de Buenos
Aires he encontrado capas de loess típico de considerable espesor en
medio de las areniscas rojas. Ya Darwin había hecho las mismas obser-
vaciones en el territorio de la República Oriental del Uruguay. Todo
esto demuestra que el origen del loess no depende de la clase de sedi-
mentos ni del tiempo, ni de la manera como han sido depositados, sino
del proceso de la transformación del material.
El doctor Federico Bade ha practicado investigaciones petroquímicas
del loess pampeano, y su informe que se publica a continuación, con-
175
Vista de la lian-anca en la costa de Miramnr. en que
176 —
tiene un resumen de los resultados obtenidos hasta ahora. De él se pue-
de ver que la masa fundamental del loess se compone de productos de
la descomposición de los sedimentos de cualquiera procedencia.
Una particularidad del loess es su color pardo; el tinte puede variar
algo, puede ser más claro o más obscuro, amarillento o algo rosado, pero el
color fundamental es pardo en toda región de la tierra, donde se encuen-
tran estos depósitos, lo que seguramente está relacionado con su origen.
Esta uniformidad de color no se presenta en ninguna otra clase de
sedimentos; hay, por ejemplo, también arcillas y limo pardos, pero tan
frecuentes son los de otros colores verde, azul, etc., loque no se observa
jamás en el loess típico.
Sobre el origen del loess se lia escrito mucho y todavía hoy se discute
este problema.
Durante mucho tiempo sólo se conocía en la geología el loess existente
en el valle del Rliin, y se decía que este sedimento se depositaba única-
mente en los grandes valles, lo que, por cierto, no es el caso.
En lugares expuestos a inundaciones, como, por ejemplo, en el delta
del Paraná, no se forma loess sino arcilla, limo o arena; puede haber es-
tratos insignificantes de loess, pero en este caso siempre es muy impuro.
Depósitos de alguna consideración, como existen en las barrancas de la
tierra firme, no se observan en las islas del Paraná.
En el valle del Rliin se encuentran, como en la llanura pampeana,
frecuentemente, materiales de origen volcánico. En un antiguo cráter
volcánico, cerca de Bonn, al cavar un pozo, hallaron hasta los 20 me-
tros de profundidad loess, y algunos geólogos, a principios del siglo pa-
sado, dedujeron de este hecho que fuese de origen volcánico. Más tarde
esta teoría fué muy combatida, y como en algunas partes abundan en el
loess del Rliin caracoles de agua dulce y í'estos de mamíferos, se decía,
que se trataba de una formación lacustre. Se suponía que entre Basilea
y Maguncia (Máinz) hubiese existido en tiempos cuaternarios un gran
lago que se bifurcaba a los valles laterales y fué en el que se había de-
positado esta enorme masa de material tan uniforme. Pero el loess no se
halla solamente en el valle sino también en las faldas de las montañas
a unos 400 metros de altura. El gran geólogo inglés Lyell, que se ocu-
pó mucho del problema, demostró que en tiempos tan recientes no podía
haber habido un lago tan grande en estos parajes, pues la barra que los
separaba del mar tenía que encontrarse más abajo de Colonia, precisa-
mente en una región donde no hay montañas altas. Lyell admitió, que
el loess debe ser de origen lluvial, pero no depositado en un lago, sino
por inundaciones periódicas. Para explicar la existencia del loess en las
faldas de las montañas donde no podían llegar las inundaciones, decía
que forzosamente había que admitir hundimientos y levantamientos lo-
cales del terreno.
3 77
Después de largas discusiones se llegó a la conclusión que el mate-
rial del locss del lili i n provenía de los glaciares y que había sido depo-
sitado por los vientos. Se afirmaba que éste se distinguía del de la ar-
cilla por componerse de polvo lino de rocas trituradas mecánicamente y
no de la descomposición química de las rocas feldespáticas como esta
última. Basado en esta afirmación errónea se decía que el polvo más
fino de las morenas terminales, una vez seco, fué llevado por los vientos
y depositado en los valles como en las faldas de las montañas.
Es muy probable que una parte del material primario del loess del
lihin provenga de los enormes ventisqueros que cubrieron en el tiempo
glacial gran parte de Europa, pero en tal caso ha sufrido las mismas
transformaciones que el loess existente en la llanura pampeana.
No obstante estas circunstancias, se ha querido aplicar la teoría gla-
ciar para el origen del loess en general y se sostenía que todos estos de-
pósitos tienen que ser. do edad cuaternaria.
Una teoría, que cuenta hoy con muchos partidarios, es la que fundó
von Riehthofen, llamada «eólica», la que mucho antes de él ya había
aplicado Bravard para el origen del loess pampeano.
Yon Riehthofen ha estudiado muy detenidamente los enormes depó-
sitos de loess que existen en el norte de China y se convenció que este
material podía haber sido depositado únicamente por los vientos. De
aquí la denominación « teoría eólica ». Él combatió la idea de que el mate-
rial procedía de morenas, y dijo : «Si el material proviniera de glacia-
res o de los hielos continentales y polares ¿dónde están estos depósitos
que podrían suministrar semejante masa de polvo fino? » Él supuso que
este material tuviese el mismo origen que la arena en los desiertos de
la Asia central, que es producto de la descomposición de las rocas de
las sierras y que los vientos hubiesen dejado la arena en las regiones
desprovistas de vegetación, habiendo llevado el polvo fino a mayores
distancias.
Antes que Riehthofen practicara sus estudios, Pumpelly supuso que
el loess en China se hubiera depositado en grandes lagos. Más tarde
cambió de opinión y admitió la teoría eólica, pero conjeturó que una
parte del material proviniera de glaciares y otra parte de la descompo-
sición de las rocas de las sierras. Dijo que las rocas feldespáticas de
gneiss y granito, por ejemplo, habían sido descompuestas hasta cientos
de metros de profundidad y si asomaban estas rocas en la superficie era
porque el detritus había sido llevado por la erosión. El material grueso
quedó en la orilla de la estepa mientras que la arena fué llevada en
forma de médanos y el polvo fino levantado por los vientos a grandes
alturas y depositado en forma de loess.
Bailey Willis, que también practicó estudios en China, encuentra
muy acertada la opinión de Pumpelly en su fondo, pero no en sus de-
178
tulles; él entra en largas explicaciones, demostrando que el loess de
China debe su origen a grandes cambios climatológicos, origen que atri-
buye también al de la Pampa. De esto me ocuparé cuando trate de nues-
tra región.
Todos los autores mencionados suponían que los sedimentos habían
sido tranformados en loess antes de haber sido transportados; esto no
es cierto, a lo menos, no está en armonía con los fenómenos que se ob-
servan en la formación pampeana, como demostraré más adelante.
Llama la atención que mientras el loess de China y la teoría del ori-
gen eólico se encuentran citados en casi todos los tratados de geología
el de la llanura pampeana, que es más importante, casi nunca se cita a
pesar de las publicaciones de D’Orbigny, Darwin, Burmeister, Bravard,
Amegliino, etc.
Becién a fines del siglo pasado, debido a descubrimientos de restos
humanos en los depósitos del loess pampeano, se despertó el interés de
los sabios extranjeros.
Para establecer si todo el loess pampeano es de edad cuaternaria o si
existen depósitos terciarios, vinieron algunos geólogos para practicar
investigaciones. Es de lamentar que ellos no hayan hecho estudios de-
tenidos de esta formación y que hayan publicado sus opiniones sin co-
nocerla a fondo, difundiendo ideas completamente erróneas, tanto res-
pecto de su origen, como de su edad geológica.
Es muy natural que a un observador, como era D’Orbigny, tenía que
llamarle la atención la admirable homogeneidad de la composición y del
color que presenta el loess xmmpeano, que cubre tan extensa zona, así
como los restos de mamíferos gigantescos que se encuentran en él. Par-
tidario de la escuela de Cuvier, de la teoría, de cataclismos y repeti-
das creaciones, dijo que estos grandes animales habían perecido eviden-
temente antes de la actual creación.
En la creencia que las cordilleras se hubiesen levantado repentina-
mente, supuso que forzosamente tenían que haberse producido grandes
perturbaciones en la tierra, porque de otra manera no se podría explicar
el aniquilamiento simultáneo de los grandes animales y la acumulación
de tanta arcilla pampeana.
El decía que estos mamíferos pertenecían a géneros (pie habían vivido
en zonas de clima tropical, que habían sido arrastrados por las aguas a
la cuenca pampeana y que las violentas corrientes habían formado una
sola mezcla, depositándose de esta manera una masa porosa de un color
uniforme rojizo sin estratificación bien visible.
Si bien la idea que los sedimentos pampeanos se hayan formado a
causa de una gran catástrofe, ha sido muy combatida, el trabajo de
D’Orbigny no ha dejado de tener influencia en la explicación del origen
del loess. Todavía hay hoy geólogos que sostienen (pie la uniformidad
179
del materia], de la textura y del color que se observa en todas partes
donde existen estos depósitos, no se pueden explicar por la acción de
los vientos y forzosamente hay que admitir que se hayan formado de-
bajo del agua.
Darwin encontró conchas marinas mezcladas con huesos de mamífe-
ros en el loess pampeano y dedujo de este hecho que la formación se ha-
bía depositado en estuarios. Él supuso que en el tiempo que se depositó
el loess pampeano existían en la provincia de Buenos Aires dos grandes
estuarios, el del Río de la Plata y otro en Bahía Blanca.
La hipótesis de D’Orbigny y Darwin fueron muy combatidas por Bra-
vard '. Con mucha razón él objetó que si se admitía que el loess pampea-
no hubiera sido depositado bajo el agua en antiguos estuarios era nece-
sario reconocer también que el agua hubiese cubierto toda la superficie
del terreno donde se encuentra. Éste se halla tanto en la cordillera a gran-
des alturas, como en toda la llanura y se pierde en la costa del Atlán-
tico debajo de sus aguas.
Bravard se dedicó mucho a coleccionar fósiles en la provincia de Bue-
nos Aires y dice que los mamíferos, cuyos restos se encuentran en el
loess pampeano, han vivido en el mismo paraje donde están enterrados
y que los esqueletos articulados demuestran bien claramente que no han
sido arrastrados por las aguas. Él demuestra que los cadáveres han sido
tapados de tierra por los vientos en la forma como se cubren actual-
mente en el campo. De sus observaciones hechas en el terreno llegó a
las conclusiones siguientes :
Ia « La tosca con osamentos fósiles, que forma la base plana délas pam-
pas y cubre los depósitos marinos del último período terciario en la Pa-
tagón i a, en Entre Ríos y en el Brasil, no ha sido depositada por las aguas
de un estuario ;
2a « Considerando las diferentes mesetas del terreno pampa, situadas a
diferentes alturas, en el nivel uniforme que debían originariamente te-
ner en la suposición de una formación submarina, es imposible encon-
trar, sea en las inmensas extensiones que ocupan, sea fuera de esta su-
perficie, ninguna otra barrera a las aguas del océano Atlántico que las
cadenas de las cordilleras; luego no se puede admitir la existencia de
un estuario en una época geológica contemporánea a la formación de
este terreno ;
3a «La tosca no ha sido formada, ni bajo las aguas del mar, ni bajo las
de grandes lagos, porque no contiene ningún cuerpo organizado marino
o lacustre (?) y en ningún punto de su inmensa extensión presenta en su
espesor esas alteraciones de capa de arena, de guijarros y de cascajo,
tan características de los aluviones de todas las edades en que se ve
Eegistro estadístico del Estado de Buenos Aires, 1857.
180 —
.siempre estereotipado, en cierto modo, el movimiento de las ondas que
las lian conducido;
4a « Los cadáveres de los animales que poblaron en otro tiempo el vasto
continente de la América y que se encuentran lioy en toda en su exten-
sión enterrados a diferentes profundidades bajo la superficie del suelo,
no lian sido transportados de lejos, conducidos ni depositados por las
aguas; porque todos los huesos de un mismo esqueleto se encuentran
en conexión, o reunidos en grupo, y siempre bastante próximos los unos
de los otros para no dar lugar a suponer que han sido batidos y removi-
dos por las olas en el fondo del mar, de grandes lagos o de grandes
ríos ;
5a « En fin, después de haber llamado la atención sobre el hecho tan re-
marcable de las impresiones de dípteros en la tosca en contacto con los
esqueletos, y el no menos significativo de la frecuente reunión observa-
da de los esqueletos por pares de la misma especie, terminaremos este
parágrafo declarando que las causas hidrológicas son totalmente ex-
trafias a los fenómenos de toda naturaleza que se han manifestado du-
rante la formación pampa, ajenos también a las perturbaciones que la
vida animal ha sufrido durante esta formación. »
Luego de estudiar detalladamente la formación de médanos, se con-
venció que los fenómenos que obran a nuestra vista bastan para expli-
car el origen de la formación pampeana.
151 opinó que el material proviene de los médanos de la costa y que
ha sido dispersado por los vientos sobre la llanura pampeana y los
valles y faldas de las montañas conjuntamente con la ceniza volcánica
arrojada por los numerosos cráteres que existían antes en la cordillera
y terminó su trabajo sosteniendo que la acumulación de los depósitos
pampeanos es el resultado de causas atmosféricas y terrestres.
Como se ve, es Bravard quien ha implantado primeramente la teoría
del origen eólico del loess, y no von Richthofen, pero como su trabajo
lia sido publicado en el Registro Estadístico del Estado de Buenos Aires
en 1857, el que tenía poca circulación en el mundo científico, ha queda-
do ignorado; seguramente von Richthofen no lo conocía, por eso dejó de
mencionarlo.
Otro autor que trató de explicar el origen del loess pampeano es Bur-
meister. Como D’Orbigny y Danvin lo tomó por arcilla (Pampas ti ion)
que, según él, corresponde al diluvium de los antiguos geólogos. Este sa-
bio opinó que en su origen habían intervenido varias causas y dijo :
« Es evidente que en una formación que cubre en un punto valles eleva-
dos hasta una altura de 12.000 pies, y en otro se presenta bajo el nivel
del mar actual, no puede ser formada repentinamente por un cataclismo
como ha creído D’Orbigny, quien deduce de la elevación súbita de las
cordilleras el principio de la época geológica, que lia causado el depósito
181
(le las pampas. Pero tampoco puede aceptarse la opinión de Darwin, que
la formación diluviana déla ltepública Argentina sea el depósito ma-
rino del gran estuario en la antigua boca del río de la Plata, cuando se
observan en los puntos más remotos de nuestro suelo los mismos depó-
sitos. »
Él combatió también la opinión de Bravard diciendo : «¿Cómo puede
explicarse la formación de depósitos con conchas y cascajos por la ac-
ción de los vientos 1 »
Burmeister dice : « % Si la formación del depósito diluvial no es el
resultado de un cataclismo, ni tampoco el depósito en un estuario, y de
ningún modo, por último de un depósito exclusivamente atmosférico,
cual es la verdadera causa de él, y qué fuerzas geológicas lian acumu-
lado tantas masas arenosas y arcillosas, que cubren hoy casi toda la su-
perficie baja de la América del Sur hasta un espesor de 20 metros y
1008'?* La contestación única, satisfactoria, a todos los fenómenos ob-
servados es que la acumulación de los terrenos diluvianos no es el pro-
ducto de una causa sola. » Él participó de la opinión de D’Orbigny, que
la época de la formación pampeana principió con una elevación de las
cordilleras que ha causado una diferencia notable en el nivel del suelo
argentino y dice : « Somos partidarios también de la opinión de Darwin,
que inmediatamente después de la elevación del terreno más alto en los
contornos de las cordilleras y serranías del interior de la república, se
han conservado lagunas considerables de agua salada en los lugares más
bajos. Pero no participamos de la opinión de los sabios, que el depósito
pampeano sea un depósito marino. » Él cree que en estas lagunas y en-
senadas los ríos y arroyos y principalmente las lluvias fuertes de aveni-
das hayan traído los depósitos diluvianos sucesivamente de las monta-
ñas vecinas, deponiéndolas eu los valles elevados como en las llanuras.
Admite, por fin, la posibilidad de que animales gigantescos hayan
caído muertos por circunstancias naturales en el suelo seco cerca de las
ensenadas, y que se hayan conservado intactos por su tamaño colosal
durante algún tiempo, hasta que una tormenta formidahle como las que
conocemos en nuestros días, los tapó con arena movediza, según lo ex-
plica Bravard. «Todos estos fenómenos, dice, son naturales y no es pre-
ciso recurrir a causas anormales y extravagantes para explicar la for-
mación del suelo actual de la tierra. »
Se comprende que con esto Burmeister no puede explicar la sorpren-
dente uniformidad que presentan los depósitos pampeanos y no hay ne-
cesidad de discutirlas. Si el material hubiera sido depositado en las
lagunas, acarreado de las montañas por ríos y arroyos en época de gran-
des lluvias, se verían otros fenómenos, sobre todo presentarían estratifi-
Anales del Museo público de Hítenos Aires, tomo I, 1864 a 186!).
- 182 —
(•aciones; las capas de arena y guijarros alternarían con linio y arcilla,
como en todos los aluviones, mientras que en la masa fundamental del
loess pampeano no aparecen estratificaciones bien visibles.
Adolfo Doering trata estos depósitos bajo el punto de vista petroquí-
mico. En un trabajo, publicado en el año 1874 ', él explica detenida-
mente el proceso químico de la descomposición de las rocas y me llama
la atención que en este estudio no haya tomado en cuenta la acción de
la vegetación que tanta participación tuvo en la formación del loess.
En aquel tiempo él supuso que la gran uniformidad que demuestran los
depósitos pampeanos en todas partes, solamente se podían explicar ad-
mitiendo que el terreno estaba cubierto de agua. Los argumentos que
cita en apoyo de su opinión son muy interesantes y reproduzco las par-
tes más esenciales. En la página 202, dice textualmente lo siguiente :
« En todo caso nunca se establece una completa separación de los mi-
nerales por la actividad del agua, siendo siempre, depositados en una
mezcla y llevados a la misma distancia los fragmentos más pequeños de
los de más peso específico, con los mayores de los de peso menor. Es-
tando, además, sometida la fuerza o velocidad de las olas del agua, a un
cambio periódico, formando al mismo tiempo una especie de capa irre-
gular, no se puede observar en ninguna parte un depósito uniforme de
fragmentos de roca de la misma naturaleza o tamaño, si no sólo una mez-
cla irregular de ellos.
« El feldespato ofrece un grado relativamente ligero de su facultad
de decaimiento, circunstancia muy aparente para poder ocasionar el
rapto, o a lo menos el de los productos del desmenuzamiento acumula-
tivo hacia localidades lejanas.
« Del mineral firme nace la greda morfa, voluminosa, que está some-
tida en sumo grado al arrollamiento; pero el descaecimiento del mineral
que empieza ya en la roca compacta de los peñascos de la sierra, acom-
páñale durante todo el curso de su viaje y entrega durante este procedi-
miento constantemente nuevo material de tierra fina que bajo estas cir-
cunstancias es depositada en localidades lejanas, aumentando considera-
blemente el contenido relativo de greda de los sedimentos de aquéllas.
« El contenido bastante considerable del silicato de tierra greda en-
contrado en el terreno del Rosario, cai’acteriza todo el territorio de las
costas bajas del Paraná como resulta desde luego, de la calidad compac-
la gredosa de las clases de terreno entre Rosario y Buenos Aires.
« Volveríamos a lo expresado, manifestando las mismas apariciones
explicadas anteriormente, y que se presentan a nuestra observación, aún
ahora durante los presentes períodos aluviales por la actividad de los
' Boletín de la Academia nacional de ciencias exactas de la Universidad de Córdoba,
tomo I, 1871.
183 —
ríos de las sierras, y nos quedaría que investigar si sirven ellos para
aclarar la formación de la pampa. Aunque la suposición de un naci-
miento gradual o aparición creciente de la pampa, por la actividad de
los ríos en la gran extensión de la llanura de aquella, por sí sola ofrece
poca probabilidad, desaparece tanto más al considerar las apariciones
<pie acompañan a las operaciones de los ríos. En todas partes donde la
planicie de la pampa es cruzada por aguas corrientes, causan estas al-
teraciones en el estado normal y nniforme de las capas del terreno,
l’or una parte ocasionan, por la corrosión, endijas hondas e irregu-
laridades en la forma de la superficie; y por otra, sobrepasa siem-
pre el tamaño de los fragmentos de rocas, que llevan consigo y deposi
tan en gran calibre, al volumen de aquellos que se encuentran en las
llanuras de los terrenos vecinos, como sucede en el territorio de las cos-
tas de río Primero, río Segundo, etc., prueba de que las olas del agua,
que se mueven ahora en el territorio, son acompañadas de una fuerza y
velocidad mucho mayor que aquellas bajo cuya influencia se efectuó la
formación del terreno de la pampa.
« Es principalmente contraria a aquellas suposiciones, la singular y
uniforme llanura de todo el territorio pampa. Admitiendo aún, que la
transmigración de polvo de los pamperos haya contribuido en mucho a
esta llanura, no se podría explicar de ello todavía, la uniformidad de un
espacio de terreno tan grande. Y así parecen llevar todas estas señales a,
la única suposición probable de que un gran mar de agua, tapando toda
la planicie, ocasionó por sus uniformes golpes de olas, la formación de
pampa.
« Bajo esta suposición, las apariciones en las inundaciones y depósi-
tos del constitutivo del terreno, aunque análogas a las inundaciones de
los ríos al presente, habían sido siempre modificadas en el curso de sus
evoluciones, y menos determinadas especialmente en sus cambios regu-
lares.
« Nos tendríamos que figurar en este caso, la existencia de aguas per-
manentes cuyos límites señalarían en parte las sierras de San Luis, Cór-
doba, Catamarca, etc. El torrente del agua ocasionado por la fuerza de
la caída en una dirección determinada, no reinaría en estas circuns-
tancias, fuera de algunos torrentes locales y más generales, causados
por el calentamiento irregular de las diferentes capas de agua, los mo-
tivos que ocasionan los golpes do olas en las aguas estancadas, son ex-
ternos, pues principalmente se observan en su superficie y desaparecen
gradualmente en el aumento de la hondura de las capas más bajas. Es-
I ando, a consecuencia de esta circunstancia, los parajes hondos del fondo
del mar protegidos contra la intluencia de los golpes de las olas, y los
puntos sobresalientes, por el contrario, expuestos a sus ataques, tienen
los últimos, al cabo de algún tiempo, que ser gastados gradualmente de-
1 84
poetándose los productos do la inundación, tan pronto como ¡legan en
sus cambios graduado a las capas de agua más lejanas e inmóviles, lle-
nando las honduras del terreno y formando de este modo con el tiempo,
si la calidad de los sedimentos es uniforme, una completa igualdad en
el nivel del fondo.
«Al transferir estas particularidades a las circunstancias manifesta-
das, tendríamos que buscar los parajes hondos del fondo del supuesto
mar de la pampa, por falta de otros puntos de apoyo positivos, ahí don-
de después de la vertiente de agua, y aún en las circunstancias presen-
tes, se encuentran dichos parajes en los puntos lejanos de la tierra,
mientras que tendríamos que descubrir, en las rocas o sierras sobresa-
lientes, aquellos puntos de donde salía constantemente nuevo material
para alzar el nivel del fondo del mar, y donde era llevado para aquella
dirección.»
Cuando Doering conoció más a fondo la formación pampeana aban
donó la hipótesis deque estos sedimentos hubieran sido depositados de-
bajo del agua y en sus publicaciones que aparecieron más tarde, admite
<pie se formaron en terreno seco.
En el año 1884 publicó, en el mismo Boletín, tomo Y, un trabajo titu-
lado Estudios hidrognósticos y perforaciones artesianas en la República
Argentina . Este es un estudio científico muy importante y de gran utili-
dad práctica para el conocimiento de las condiciones de las aguas sub-
terráneas. En él trató muy a fondo los fenómenos de las salinas que
existen en terrenos muy modernos en el interior de las llanuras y de las
sales que contiene el loess pampeano. Referente al origen de los depósi-
tos salitrosos dice : » se han generalizado principalmente dos distintas
opiniones; la una considera las salinas a causa de su contenido de clo-
ruro, de origen marino y la otra sostiene que las materias salitrosas que
encierran, no son más que los productos de lixivaciones de las rocas y
sierras vecinas tal como lo indica en realidad el predominio de sulfates
sobre los cloruros en las eflorescencias salitrosas de estas depresiones. »
Jlabla de las distribuciones, de la transgresión que dió origen a la for-
mación marina entrerriana, la que no ha llegad»), ni siquiera, hasta la
altura de La Paz; no obstante, admite la posibilidad de una conexión
antigua de la salina santiagueña con el océano terciario. Menos proba-
ble le parece una conexión con las salinas que existen en Córdoba.
El hace presente, que los datos que existen hasta ahora acerca de la
naturaleza de las diversas formaciones de las salinas, son insuficientes
para formar con anticipación un juicio determinante sobre los detalles
de su génesis y de la naturaleza de sus sedimentos inferiores.
Teniendo en cuenta que en todas las salinas que menciona, se trata
de depósitos muy recientes y que en ninguna de ellas se han encontrado
fósiles marinos, se puede afirmar ya hoy, que no son de origen marino.
185 —
Además, las mismas sales se encuentran también en los depósitos de
loess que seguramente se forman en el mar.
De este problema me ocuparé más adelante.
Muy interesante es la descripción que liace del régimen de los ríos y
arroyos que cruzaron las llanuras pampeanas.
En ella demuestra como continuamente cambiaron sus eiusos y que
tin mismo río podía pasar con el tiempo por el mismo lugar por donde
había pasado antes, pero en nivel más alto. Este sabio La sido el prime-
ro que La constatado que estos antiguos lechos de ríos cubiertos de una
extensa capa de loess son los verdaderos « criaderos » de los pozos se-
misurgentes.
El autor que se La ocupado más que ningún otro en el estudio del
loess pampeano es Florentino Ameghino. En el antes mencionado libro
titulado La formación pampeana, describió detalladamente estos depósi-
tos y se ocupó de su origen y de la edad geológica que les corresponde.
Kespccto a su origen, llegó a las mismas conclusiones de Burmeister;
después de tratar la hipótesis de los distintos autores ya citados dice :
«En resumen, la teoría del doctor Burmeister, la que más se acerca de
la verdad, es completamente exacta en el fondo, pero errada en algunos
de sus detalles. Como Burmeister afirmó que la acumulación de los te-
rrenos pampas no es el producto de una sola causa, sino de muchas, es
menester conocer todas las causas, para poder formarse una idea de la
parte que cada una La tomado en la formación de ese grandioso monu-
mento geológico», y más adelante sigue diciendo : «Xo solamente creo,
como el doctor Burmeister, que el principio de la época pampeana fué
señalado por un sublevamiento que levantó a un nivel superior la cor-
dillera de los Andes, sino que tengo la convicción profunda que aún des-
pués de verificado dicho sublevamiento, las fuerzas internas lian conti-
nuado a reaccionar contra la parte de la corteza del globo, actualmente
llamada pampa, produciendo un sin fin de sublevamientos y hundimien-
tos, que continuaron durante toda la época pampeana y que han dado
por resultado la esparción de los terrenos de transporte sobre toda la
superficie de la vasta llanura. »
Anteriormente cuando traté de las acciones endógenas, ya me he ocu-
pado de estos supuestos movimientos locales y no vuelvo a discutirlos;
en ningún caso puede explicarse por ellos la uniformidad de la composi-
ción del material y estructura que presenta el loess pampeano.
En los trabajos que Ameghino publicó más tarde, se ocupó preferen-
temente de los fósiles que esta formación contiene y de la subdivisión
.en pisos, como de la edad geológica que les corresponde.
También el ingeniero Eduardo Aguirre se ha ocupado en varias pu-
blicaciones del origen del loess pampeano; él opinó que éste es de origen
fluvial; comparó los depósitos que se hallan en el noroeste de la provin-
KKV. MUS. LA PLATA.
T. XXV
13
cia de Buenos Aires, con los del delta del Paraná, y supuso (pie éstos se
extendían en aquel tiempo mucho más al sudeste que actualmente. Él
manifiesta lo que transcribo 1 * :
« El origen de esta formación es igual al del loess europeo, que es
una capa diluvial de origen lluvial, en que apenas puede distinguirse
una estratificación, pues no se lia depositado en el fondo de estuarios,
ni de mares, si noque es el producto de transporte de ríos y arroyos pe-
queños, cuyos sedimentos lian ido avanzando en línea de una antigua
costa o sobre una tierra ya emergida. » No participa de la opinión de
Bravard que es una acumulación de sedimentos por los vientos y dice :
« No puede admitirse, dados los caracteres físicos de la arcilla calcárea,
(pie no puede formar nunca médanos movibles, porque se aglomera por
sí sólo cuando los granos están suficientemente divididos. Tampoco se
lian encontrado cenizas volcánicas en la pampa. »
Aguirre tiene razón; gran parte del material seguramente lia sido
transportado de las serranías por ríos y arroyos, pero luego lia sido dis-
persado por los vientos sobre el terreno y no cabe la menor duda que la
masa fundamental es de origen eólico. Con esto puede explicarse, empe-
ro, solamente el transporte y la procedencia de los sedimentos y de nin-
guna manera el carácter (pie presentan estos depósitos \
No es el objeto de este trabajo analizar todo lo que se lia escrito
sobre el origen de la formación pampeana y me limitaré a comentar
las publicaciones de los geólogos Gustavo Steinmann y Bailey Wi-
llis que en los últimos años se ocuparon mucho con el problema del ori-
gen del loess.
El profesor Steinmann es uno de los más obstinados defensores de la
teoría del origen glacial de todo el loess, donde quiera que se encuentre.
Después de haber efectuado una corta excursión en la provincia de Bue-
nos Aires para darse cuenta de la formación pampeana, llegó a conven-
cerse que los horizontes inferiores de esta formación no pueden ser de
edad cuaternaria y para no abandonar su teoría glacial, se empeñó en
demostrar que los depósitos de los horizontes inferiores y superiores tie-
nen que ser de distinto origen. En una conferencia dada en la Sociedad
geológica alemana 3 manifestó que las capas superiores se asemejan en
su estratificación y composición al loess más reciente del Rhin.
Dice que es generalmente poroso y rico en cal, y que no presenta deri-
vaciones de capas de tosca; donde él lo alcanzó a observar contiene sola-
1 Constitución geológica do la provincia de Buenos Aires (Censo general tic la
provincia, 1882).
* Aguirre filé el primero que se lia dado cuenta del carácter litológico do los de-
pósitos pampeanos y los comparó con el loess del Rhin.
a Publicada en Monutuberiahl der Dcutschen Gcoluyischcn Gcxcllschaft, Iahrg, 1906-
187
mente pequeñas almendras de tosca nunca muy grandes y no forma ban-
cos continuados de cantos rodados.
La parte mediana es, según él, de una construcción más complicada;
pues dice que en las barrancas de la costa al sur de Cabo Corrientes, se
observa en la falda descubierta, que pasa de 15 metros de altura, una
masa sin tosca, de color castaño rojizo, que se alterna con otras capas
más claras, ricas en toscas, y que los rodados de tosca alcanzan a veces
a enormes dimensiones unidas a menudo en forma de bancos.
Éstos son, según él, los caracteres inequívocos del loess antiguo en el
alto Kliin. Manifiesta que la formación pampeana inferior difiere nota-
blemente de los horizontes más recientes.
Hace presente que en la formación del loess del liliin no conoce nada
parecido y que la construcción particular se le hizo comprensible al in-
dicarle yo sitios de la formación antigua, donde Ameghino creyó haber
reconocido en escorias y tierras cocidas, vestigios de actividad humana.
Él opina que se trata, de trozos de lava, arrojados por el aire desde la
cordillera distante más de mil kilómetros o lo que parece más probable
que esta porosa lava haya sido trasportada por los ríos; dice que su pre-
sencia en este punto demuestra, en todo caso, que ha habido una gran
actividad volcánica en el tiempo del pampeano inferior, lo que induce a
suponer que la ceniza volcánica haya tenido gran participación en la
composición de las capas inferiores. Más adelante entra en consideracio-
nes generales de las formaciones diluviales de Sud América y trata de
demostrar que los depósitos glaciales y los que se relacionan con ellos
ya sea fiuvio-glaeiales, limo-glaciales o eolo-glaciales presentan una ana-
logía que permite establecerla concordancia délos tiempos diluviales
en todo el globo.
Comparando las condiciones (pie presentan los depósitos pampeanos
con los del loess que hay en el valle del lihin, él llegó a los resultados
siguientes, que traduzco al español : « Las formaciones pampeanas me-
diana y superior corresponden al loess antiguo y al más reciente en la re-
gión del alto Rhin y la tierra postpampeana a nuestro loess de trasporte
secundario. El depósito del horizonte más antiguo de la Argentina pre-
senta evidentemente constraste con los demás; también es dudoso, que
tenga una espareión tan general como aquella. En los perfiles de loess
en la región de Córdoba, estudiado prolijamente por Bodenbender, pue-
de reconocerse a pesar de las facies fluviales allá predominantes, todos
los depósitos de la formación pampeana, menos el más antiguo; éste po-
dríamos más bien compararlo con las capas de Jujuy, teniendo en vista
que ellas se formaron durante una época de erupciones do tobas volcá
nicas. Así como tenemos que buscar el equivalente de las capas de gra-
nos gruesos de Jujuy en las antiguas mantas de rodados de Europa,
quizá tendríamos que comparar el piso de Monte Hermoso con las tobas
188
y arenas pliocenas superiores. Nuestra comparación conduce a un re-
sultado muy importante; entre la región de loess argentino y el del alto
1 Mi i 11 hay una grande analogía (pie sería, inexplicable, si el loess de las
dos regiones no se hubiese formado de igual manera y al mismo tiempo.
¿Qué explicación nos suministra Sud América respecto del origen del
loess ? Agua y viento han contribuido conjuntamente, es generalmente
la contestación y las opiniones difieren solamente sobre este punto. ¿A
cuál de estos agentes hay que atribuir la mayor participación'? Para la
presencia del loess pampeano rigen generalmente las mismas reglas que
para el de Europa; contrario a todos los otros depósitos análogos, se
extiende independientemente délos actuales y anteriores cursos de ríos,
de manera que si quisiéramos declararlo por un depósito de agua, ten-
dríamos que recurrir al concepto antidiluviano del diluvio universal. Se
extiende desde los terrenos bajos hasta arriba de las sierras pampeanas,
cubriéndolas como con un manto; con todo esto conserva su condición
independiente de la composición del subsuelo; también encima decapas
sin cal es originariamente rico en carbonato igual al nuestro. Por lo
tanto es exótico.
« Esto demuestra decididamente que su origen es cólico y el agua no
puede haberlo trasportado sino secundariamente y haberlo aplanado
y ensuciado. Se ha formado, como en Europa, durante el tiempo dilu-
vial, en repetidos y determinados períodos y evita, acá como allá, las re-
giones del ultimo tiempo glacial. Esto presupone condiciones especiales
para su origen, las que tuvieron lugar periódicamente. Si fuese solamen-
te el polvo de la descomposición de las sierras, que se hubiera acumu-
lado bajo un clima seco de estepa, como lo suponía von Iiiehthofen, ten-
dría que haberse formado y extendido el loess sobre vasta zona de la
cordillera y de la llanura, lo que no es el easo. En Atacama, en la alta
planicie boliviana y en la Pampa, se produce polvo que es alzado y lle-
vado y luego depositado, pero de éste no resulta una formación de loess
(pie pudiese ser comparado ni remotamente con el diluvial. Para pro-
ducir éste, son indispensables inmensas cantidades de finísima arena
seca, expuesta a los vientos, que incesantemente la arrojarían sobre ex-
tensa superficie. Si nos preguntamos: ¿cuándo y dónde, en tiempos di-
luviales, han existido tales condiciones? hallamos una sola contesta-
ción satisfactoria, dada en primer lugar, por Jentzsch.
«Donde se derriten grandes masas de hielo continental, las morenas
de fondo son lavadas y preparadas por el agua de deshielo; los rodados y
la arena gruesa, fina y finísima, son distribuidos sobre la superficie, este
material triturado mecánicamente y no descompuesto químicamente,
es suelto y además rico en carbonates, donde las morenas se hallan en
sierras calcáreas. Entra en acción el segundo factor, el viento, que reina
constantemente con bastante violencia desde los glaciales en dirección
— 189 —
al ecuador; lu arena gruesa queda depositada en el suelo en forma de
dunas y la más fina es llevada como polvo por el aire.
« Así se verifica una separación del materia! con disminución del ta-
maño de granos con dirección del polo al ecuador. Si es exacta esta su-
posición, es de esperar que en todas las grandes zonas de hielo se en-
cuentre confirmada esta ley de separación. En cuanto a los rodados y al
loess se ha confirmado ya por hecho la ley de Elie de Beaumont. Es sa-
bido que en Alemania del norte hay una ancha zona entre el loess y los
rodados gruesos, pero más claras y más sencillas son las condiciones en
Patagonia. Al sur hasta. aproximadamente la aíturadel río Chubut(44°)
existen morenas y rodados y entonces comienzan a predominar las are-
nas, según lo ha demostrado S. lioth y recién desde el río Negro (ca. 40°)
aparece el loess, que se puede observar hasta el círculo trópico. Esta
subordinación sencilla de las condiciones délas tres clases de materiales
aparece más borrada en Europa central a causa de la dirección para-
lela de las sierras centrales y de los Alpes con la parte terminal del
hielo. En Sud América y también en Norte América está más clara y
más demostrativa.
« Así llegamos a las siguientes conclusiones :
« Los depósitos de loess diluvial se hallan desde los glaciales conti-
nentales hacia el ecuador, porque su origen exige una zona de depósi-
tos fluvio-glaciales llanos. La formación de un depósito de loess presu-
pone el retroceso de los glaciales continentales hasta los polos y por
esto se reflejan más claramente los cambios climatológicos del tiempo
diluvial en la división de los perfiles del loess, que en los depósitos gla-
ciales, fluvio-glaciales e interglaciales.
«La naturaleza complexa de las variaciones climatéricas en el tiem-
po diluvial <pie deducimos de los perfiles de loess del Alto lihin, reapa-
rece en la arcilla pampeana y con esto queda demostrada la concordan-
cia de las dos regiones, según nuestros conocimientos actuales. »
CONSIDERACIONES GENERALES
«Todas las experiencias respecto a las formaciones diluviales de Sud
América nos conducen a la conclusión, que, en primer lugar, todos los
depósitos o fenómenos glaciales, como también los que se relacionan a
ellos, ya sean fluvio-glaciales, o limo-glaciales y eolo-glaciales, son estra-
tigráficainente análogos a los del hemisferio del norte. Los rastros de
la última época glacial nos llevan sin interrupción desde el Ecuador
hasta el Cabo de Hornos. Vemos, en efecto, que sus extensiones, según
observaciones hechas por Nordenskjóld, en Patagonia, II. Meyer en Ecua -
dor (también en Africa Central) y por nosotros en el Alto Perú, apare-
1 00
cen ser en todas partes esencialmente iguales, verbi gratín, el retroceso
de la nieve perpetua es en las mismas latitudes de igual proporción, ite-
ro parece ser algo más elevado en las latitudes altas que en las bajas.
« En el Tacora, situado a 17°30' de latitud, cuya cima, de GOfiO metros
de altura, se halla en el límite de la nieve perpetua, encontramos las mo-
renas frontales de la época glacial basta los 4200 metros; en las cor-
dilleras orientales, región más lluviosa, en el Tunari, aproximadamente
en la misma latitud (17°10') el límite de la nieve se encuentra a 5200
metros, mientras que las correspondientes morenas frontales descien-
den hasta 3000 metros. No importa cómo se calcule el límite de la nieve
durante el último tiempo glacial; su posición difiere hoy entre las dos
montarías en el mismo sentido y más o menos en la misma proporción.
«Con esto queda comprobado, que en Sud América ya en tiempo gla-
cial, reinaban las mismas diferencias climatológicas que hoy y como
lo mismo está constatado en extensas regiones de Europa, resultan otras
conformidades importantísimas entre muy apartadas zonas de los dos
hemisferios. Procederemos entonces acertadamente, si nos abstenemos
de toda pretensión de dar explicaciones sobre las épocas glaciales, que
no sean de carácter general.
« Con esto parece, que la estratigrafía de las formaciones diluviales
alcanzan un inesperado grado de analogía, (pie permite establecer la
concordancia de los tiempos diluviales en todo el globo. Al mismo tiem-
po podemos determinar los depósitos terrestres en cuanto se relacionen
con fenómenos glaciales con más precisión, que cualquier otra capa se-
dimentaria, para cuya paralelización casi sólo tenemos que limitarnos a
los fósiles que contienen.
« Una determinación más exacta de los tiempos diluviales sólo nos
podría ofrecer la disposición de las salinas, si se pudiese comprobar, que
estuviera motivada por una causa general, como lo está demostrado en
algunos casos, por ejemplo, en el trías y al fin del cretáceo. La precisión
de la determinación de los tiempos diluviales tiene tanta más importan-
cia porque nos permite establecer con exactitud la transgresión pre-
histórica del hombre sobre las distintas regiones de la tierra. En Sud
América aparece el hombre recién contemporáneamente con la fauna
del hemisferio del norte la que en aquella parte no existía aún en tiem-
pos del piso del Monte Hermoso y la que aparece recién en los depósi-
tos antiguos del loess (= pampeano intermedio Roth). Los vestigios se-
guros del hombre, que lioth me ha mostrado, no anteceden de ninguna
manera a las capas superiores del loess antiguo, quizá llegan solamente
hasta el loess moderno, quiere decir, hasta el último tiempo interglacial
(Riss-Wurm). Todos los hallazgos más antiguos son, por lo menos, dudo-
sos, en parte empero, como en las tierras cocidas en el pampeano infe-
rior en Cabo Corrientes, no son producto de homo americanvs sino pro-
191
ductos naturales, los que la fantasía del homo europacm inmigrado lia
estampado como productos artificiales. »
El profesor Steinmann lia visitado solamente las barrancas de los Lo-
bos en la eosta atlántica de Mar del Plata, y las del río Paraná en Pa-
radero, yo le he acompañado en sus excursiones para discutir en el te-
rreno los problemas del origen y la edad de la formación pampeana. Es
natural que con tan pocos días él no se ha podido poner al corriente de
todos los fenómenos que presenta tan magna formación.
Así, por ejemplo, no es exacto que en el loess neo-pampeano hay sola-
mente pequeñas «almendras de toscas, nunca muy grandes». Si bien es
cierto que, en los depósitos superiores, éstos, en general, son menos abun-
dantes que los inferiores, se observan, sin embargo, en los primeros fre-
cuentemente bancos de toscas de considerable espesor y extensión,
mientras que en el loess más antiguo faltan a veces por completo.
En la suposición que las tierras cocidas y escorias que él ha visto, en
la base de la barranca de Los Lobos sean productos volcánicos, declaró
que el loess antiguo tiene un origen distinto del de los horizontes supe-
riores; sin embargo, estos productos son tan abundantes o más en las
capas superiores que en las inferiores. Si las unas fuesen de materiales
provenientes de glaciales, las otras tendrían que ser del mismo origen.
La diferencia entre el loess neo- y ineso-pampeano es mucho más grande
que entre este último y el eo-pampeano.
Le ha llamado la atención al mismo Steinmann el aspecto peñascoso
que presentan las capas del piso meso-pampeano y declaró que en Ale-
mania no ha visto nada parecido, no obstante las parale! iza con las ca-
pas inferiores del loess cuaternario del Rliin.
Otra inexactitud consiste en la afirmación, que el loess pampeano tí-
pico falte en Patagonia y en la Cordillera. Con esto él demuestra que no
conoce estos territorios, pues en Patagonia existen capas que no se di-
ferencian del loess pampeano y en las cordilleras hay enormes depósitos
que presentan más semejanza con el loess del Rliin que con el de las
capas superiores de la provincia de Buenos Aires.
Hemos visto que él supone que el material del loess provenga de las
glaciales de las regiones polares; como argumento aduce : « Es sabido
que en la Alemania del norte hay una ancha zona entreoí loess y los ro-
dados gruesos, pero más claras y más sencillas son las condiciones en
Patagonia. Al sur, hasta aproximadamente -a la altura del río Ghu-
but (44°), existen morenas y rodados y entonces comienzan a predominar
las arenas, según lo ha demostrado S. Roth, y recién desde Río Negro
(ca.40°) aparece el loess que se puede observar hasta el círculo trópico.
Esta subordinación sencilla de las condiciones de las tres clases de ma-
teriales aparece más borrada en Europa Central. »
No me explico, cómo Steinmann puede hacer semejantes afirmacio-
nes ; mal podrá haber demostrado que los rodados Alivio-glaciales termi-
nan en Cliubut y que allá comienzan a predominar las arenas, puesto
que estos rodados se extienden hasta las inmediaciones de Bahía Blan-
ca, donde se observan en algunas partes estas capas depositadas direc-
tamente sobre el loess. No existen tales separaciones de materiales por
zonas. En la provincia de Buenos Aires encontramos en medio del loess
típico depósitos de arena cólica.
En Junín, por ejemplo, hay médanos de arena con fósiles característi-
cos del pampeano superior y el loess de este horizonte es muy arenoso,
mientras que el de más abajo es muy puro. La arena seguramente no
procede de la Patagonia, sino de las serranías de Córdoba y San Luis,
como lo demuestra la abundancia de materiales de rocas cristalinas an-
tiguas que faltan en el sur. Es un concepto muy erróneo creer que el
loess está formado por sedimentos triturados mecánicamente y no des-
compuestos químicamente. Más adelante demostraré que éste puede for-
marse de toda clase de materiales por procesos diagenéticos. También
es un gran error, si él afirma que vestigios seguros de la existencia del
hombre se han encontrado únicamente en las capas superiores. Restos
humanos se hallaron en los tres horizontes neo, meso y eo-pampeano y
los objetos mejor trabajados proceden de las capas más inferiores que
afloran en la provincia de Buenos Aires.
Con lo expuesto está suficientemente demostrado que el profesor
Steinmann no conoce a fondo la formación pampeana, y que no está au-
torizado a expresarse en forma tan terminante como lo ha hecho.
En análogas condiciones se encuentra el geólogo Bailey Willis ; él se
había formado una opinión sobre el origen del loess pampeano antes de
practicar estudios en la llanura pampeana. El objeto principal de sus
investigaciones era establecer la antigüedad del hombre en la Argenti-
na. Le he acompañado en una excursión de tres días por la ribera del
río Paraná hasta San Lorenzo; más tarde hizo otra en compañía de
Ameghino por ¡a costa atlántica desde Mar del Plata hasta Monte Her-
moso, y una tercera excursión solo fué por el río Colorado hasta el Fortín
Uno.
Basado en las observaciones hechas en estos tres cortos viajes publi-
có un informe en el fíulletin 52, del Burean of American Etnology , Was-
hington, 11)12.
Tal como Steinmann, (pie menciona todos los antecedentes favora-
bles a su teoría sobre el origen glacial, Bailey Willis se vale solamente
de los fenómenos que son favorables a su hipótesis, para afirmar (pie el
loess se ha formado debido a cambios climatológicos periódicos.
Bailey Willis admite que la mayor parte del loess pampeano corres-
ponde al período terciario superior, pero agrega que el proceso de su
deposición no excluye que los depósitos más modernos sean de edad
193 —
cuaternaria. Contrario de Steinmann, quien como liemos visto supone
que el material proceda de glaciares de las regiones del sur, dice (pie lia
sido arrastrado por los ríos de la región norte y especialmente del oeste.
Bailey Willis cree que el antiguo continente de la provincia de Bue-
nos Aires compuesto de rocas de cuarcita, dolomita y especialmente de
granito y de pizarras cristalinas, se había sumergido debajo del océano,
pero que depósitos marinos relativamente modernos, mesozoicos y ter-
ciarios, de que están formados en parte los Andes, no se habían encon-
trado en esta región la que formaba una isla cuando el océano llegaba
hasta la cordillera actual. Después que este antiguo continente se ha-
bía transformado en una llanura debido a un cielo de actividad erosiva,
se inició, según él, un nuevo proceso de perturbaciones, hundiéndose
una parte, la de Buenos Aires por ejemplo, unos 300 metros debajo del
río de la Plata y levantándose otra parte algunos cientos de metros,
como la sierras del Tandil y de la Ventana. Terminadas estas perturba-
ciones de hundimientos y levantamientos, dice que ha entrado nueva-
mente un proceso de erosión para igualar el terreno.
Supone asimismo que existen dos grandes depresiones, (lelas que una
forma el estuario del río de la Plata y la otra, el de la Bahía Blanca,
(¡ue se extienden hacia el interior en cuyo medio se hallan las sierras
de Córdoba, del Tandil y de la Ventana.
Opina que los dos hechos, de que se trata de una superficie de un an-
tiguo continente que se formó por erosión de las antiguas rocas crista-
linas y de que durante la dislocación la superficie se cubrió con la for-
mación pampeana, constituyen los acontecimientos fundamentales déla
historia geológica de la región pampeana, y agrega que ésta se encuen-
tra actualmente en un período de levantamiento y por consiguiente ex-
puesta a la erosión.
Luego el autor formula las siguientes preguntas, que él mismo con-
testa : ¿ de dónde procede el material ! ¿cómo lia sido depositado? ¿qué
episodios se pueden distinguir durante este largo proceso ? ¿a qué épo-
cas geológicas corresponden estos episodios ? ¿en qué relaciones están
con la aparición del hombre '?
Referente a la primera pregunta manifiesta, (pie en cada una de las
mencionadas depresiones se formó un sistema de ríos ; en una el río Pa-
raná y el Uruguay, en la otra el río Colorado y un gran afilíente, el Sa-
lado o Curacó.
' Estas son congcturíis. erróneas ; parece que bailey Willis no conoce la literatu-
ra : si él hubiera consultado solamente los trabajos de burmeister, habría visto que
en Buenos Aires existen interposiciones de capas marinas terciarias y en cambio,
hasta "ahora, no se ha constatado su existencia en la parte norte y oeste de la cor-
dillera.
— m —
Estos ríos, o los anteriores a ellos, acarrearon el material característi-
co del terreno de donde nacen sus atinentes. En un caso se trata de la
región central y oeste de Sud América ; el terreno es muy arcilloso con
mucho hierro de distintos colores pardos, gran parte de los sedimentos
pampeanos al norte de la sierra de la Ventana procede de estas regio-
nes y tiene este carácter.
El sistema del río Colorado nace en Los Andes y acarrea grandes
cantidades de arena y también limo de los (pie se formaron los depósitos
arenosos que se diferencian tanto de la arcilla parda, descrita frecuen-
temente como arenisca terciaria.
Al mismo tiempo las sierras pampeanas han suministrado muchos ma-
teriales (pie se depositaron en sus inmediaciones y que también se com-
ponen de limo y arena.
La acumulación de tan enorme masa de material ha necesitado largo
tiempo y presenta una singular uniformidad en que han intervenido
distintos agentes, especialmente el viento, el que motivó su unifor-
midad.
Esto es, en resumen, lo que Bailey Willis dice de la procedencia del
material, lo que, empero, se halla en completa contradicción con el cxa
men petrográfico de las muestras que él llevó a los Estados Unidos y
cuyo resultado se ha publicado en el mismo libro. Aparte de todo esto,
no comprendo cómo pudo él decir que el terreno donde nacen los afluen-
tes de los ríos Paraná y Uruguay, es arcilloso, siendo (pie estas cordi
lleras están formadas en gran parte de areniscas rojas y rocas cristali-
nas. Basta examinar el material que depositan actualmente estos nos
para convencerse que es completamente distinto del loess pampeano.
Cierto es que el río Paraná, que cruzaba ya en los tiempos terciarios la
llanura pampeana, ha suministrado mucho material, pero esto nos de-
muestra precisamente que estos sedimentos han sufrido una completa
transformación después de haber sido depositados.
El loess (pie se halla en el sur de la provincia de Unenos Aires y (pie,
según Bailey Willis, proviene de material acarreado por el río Colorado,
no se diferencia en nada del que se halla al norte de las sierras de la
Ventana. Es cierto que las barrancas del río Colorado se componen en
muchas partes de areniscas, que no han sufrido una transformación des-
pués de haber sido depositadas como el loess (pie hay en la misma región.
Los mismos fenómenos se pueden observar en el noreste de la pro-
vincia: en el medio de depósitos de loess típico se encuentran capas flu-
viales de considerable espesor que no presentan ninguna alteración y
«pie fueron depositadas por el antiguo río Paraná y otros ríos. Con esto
está bien demostrado que el carácter singular del loess pampeano no de-
pende de la procedencia del material, como quiere demostrar Bailey
Willis.
195
De extrañar es lo que dice referente a las dos depresiones que ocupa-
ron sus dos sistemas de ríos. Afirma, que en la provincia de Buenos Ai-
res no existen depósitos marinos mesozoicos modernos y terciarios y sin
embargo el terreno en Buenos Aires se sumergió, según él, 300 metros
debajo del nivel del Río de la Plata. Para salvar esta contradicción adu-
ce que la rapidez del hundimiento se habría correlacionado con la sedi-
mentación de tal manera que los depósitos fluviales quedarían siempre
arriba del nivel del mar.
Más adelante se verá que durante el tiempo en que se depositó la for-
mación pampeana, lia habido varios hundimientos y que el mar penetré»
a veces muy al interior del continente. Las depresiones más grandes del
tiempo terciario no se hallan ni en Buenos Aires, ni en Bahía Blanca.
Para explicar la transformación de los sedimentos fluviales en loess,
Bailey Willis dice, que los depósitos aluviales en los ríos en regiones
lluviosas con vegetación se componen de limo y arena do granos gruesos
y finos y de carbonates vegetales. Donde por una u otra causa, el ierre-
no no está cubierto de vegetación, el viento lleva las partes finas, dejan-
do las más gruesas. Debido al frotamiento de los granos entre sí produ-
cido por los vientos, éstos se gastan y también se descomponen quími-
camente, resultando un polvo de limo y arena cuarzosa fina con óxido
de hierro. De esta manera se forma por la acción del agua y viento un
producto, que presenta las condiciones químicas y físicas de la tierra
pampeana. En los lugares húmedos y helados o cubiertos de vegetación,
está excluida una acción de erosión ; por lo tanto hay que presuponer
que haya habido un clima seco y estéril en el tiempo que se formaron
los depósitos de loess. Pero como en ellos abundan los restos fósiles de
grandes mamíferos hervívoros, los que pava su existencia necesitaban
una abundante vegetación, él explica la contradicción suponiendo cam-
bios climatológicos, y que en aquel tiempo haya habido condiciones geo-
gráficas especiales.
Luego entra en largas explicaciones sobre los cambios climatológicos
que han tenido lugar en los tiempos cuaternarios, pero dice, que con
esto no quiere afirmar que el loess pampeano sea de origen glacial, co-
mo tampoco que el de la China esté relacionado con glaciares. En la
pampa no ha visto fenómenos por los cuales pueda constatar cambios de
períodos glaciales e interglaciales; no obstante admite períodos de ■cli-
ma húmedo y de clima seco que teóricamente correspondan probable-
mente a períodos de alta y baja temperatura.
Él afirma que los cambios climatológicos se pueden constatar, tanto
en las barrancas en las costas de Mar del Plata, como en las del río Pa-
raná, por el carácter variante que presentan los depósitos y especial-
mente por los fenómenos de acción erosiva que se observan en ellos.
La erosión es, según él, una erosión típica de viento ; dice que en las
barrancas del norte se ven los electos de erosión en el límite del hori-
zonte medio (cnsenadense) y superior (bonaerense) pero como no es po-
sible saber la cantidad de material que ha sido llevado por los vientos,
tampoco se puede decir si se trata de una erosión local y si ésta ha sido
motivada por un cambio de clima general o temporáneo local.
Pero como el mismo fenómeno se ve también en Mi ruinar y jSecocliea
es probable que sea general, motivado por un cambio geográfico y clima-
tológico.
Por la naturaleza que presentan los depósitos de las barrancas del
río Paraná se pueden distinguir, según él, seis episodios de cambios cli-
matológicos que son :
Io Loess terroso pardo, aluvial, húmedo;
2o Erosión de viento. Formación de tosca, semiseeo ;
3o Formación lacustre, húmedo ;
4° Erosión de vientos y depósitos de loess, semiseeo y seco ;
5o Formación de tosca, semiseeo;
0° Formación de tierra negra, húmedo.
Continúa diciendo que análogas relaciones estratigráficas se obser-
van en otras localidades, lo que indica que tuvieron lugar cambios cli-
matológicos durante el tiempo en que se depositó el loess pampeano
y cree que sobre esta base se pueden hacer las subdivisiones en pisos
Esta clase de cambios periódicos del clima está en completa contra-
dicción con los fenómenos que se observan en la formación pampeana y
él mismo dice, que no ha practicado estudios suficientes para poder ha-
cer afirmaciones terminantes. En primer término, si hubiera habido pe-
ríodos secos y estériles, como él supone, los fósiles de mamíferos estarían
limitados a ciertos niveles, y no distribuidos en toda la masa sin regla
alguna.
Los vestigios de erosiones de vientos que él atribuía a un período se-
co, son fenómenos locales que no corresponden a determinados tiempos,
se encuentran en lodos los horizontes y frecuentemente en medio de ca-
ltas de loess pardo, que según su hipótesis, ha sido depositado en una
época de clima húmedo (véase fig. 9).
Los bancos de toscas están distribuidos también sin orden y se hallan
en todos los horizontes, pero, como he dicho, en general, son más abun-
dantes en los inferiores que en los superiores. La posición de estos ban-
cos cambia a veces en cortas distancias; en las barrancas de la costa
entre Mar del Plata y M i minar se pueden observar en una localidad va-
rios bancos, 'uno encima del otro, en loess que corresponde a un mismo
1 Bailey Willis entra ¡i comentar la división de pisos hechos por mí y Ameghino,
pero como aquí se trata esencialmente del origen del loess, no entro a discutir pro-
blemas cronológicos.
- 197 —
: o, horizonte copnnipeíuio ; b, horizonte nio.sopainpeimo
piso y ;i poca distancia son más escasos, faltando en otros lugares por
completo (véase lámina XI 11, a, b y c). Por la presencia de toscas no es
posible hacer deducciones sobre el clima que reinaba en tiempo de su
formación.
Todos los fenómenos que se observan en el loess pampeano indican
«pie los cambios climatológicos no lian influido mucho en la composición
del loess. El que se encuentra debajo de la arenisca roja cretácea pre-
séntalas mismas condiciones que el que se halla encima de los depósitos-
marinos entrerrianos (terciario).
Nada indica que hubo períodos de climas húmedos que alternavan con
secos y estériles.
Hay barrancas, donde están representadas capas que contienen fau-
nas correspondientes a distintos tiempos geológicos, sin poder consta-
tar discordancia.
El loess de un piso pasa gradualmente al de otro, y tínicamente por
los fósiles es posible determinar a qué piso corresponde. La base de la
barranca, figura 10, está formada de loess que contiene la fauna del ho-
rizonte eo- pampean o y la parte superior contiene fósiles característicos
del meso-pampeano y nadie puede decir dónde acaba un horizonte y
principia el otro. La misma cosa sucede en la barranca, figura 11, donde
están representados los horizontes neo- y meso-pampeano. No dudo que
en tiempo cuaternario ha habido en nuestra región análogos cambios
climatológicos que en la región norte. Si bien la llanura pampeana
no ha sido cubierta de hielo, la baja temperatura que reinaba en ese
tiempo probablemente ha contribuido a la desaparición de los grandes
mamíferos, que se extinguieron por completo en el postpampeano ; en
este caso Ameghino tendría razón de atribuir al loess pampeano una
edad terciaria. Parte de los estratos postpampeanos se han depositado
seguramente en los tiempos glaciales y presentan un carácter completa-
mente distinto del loess pampeano. Mientras este último forma una ma-
sa homogénea, los depósitos postpampeanos se componen de estratos
muy heterogéneos. El origen de un depósito homogéneo presupone un
clima poco variante, y uno heterogéneo, uno variante. Todas estas cir-
cunstancias hablan en contra de la hipótesis de Bailey Willis.
Seguramente son las aguas y los vientos que han acarreado y distri-
buido el material sobre la llanura pampeana, como lo he demostrado al
tratar de las acciones endógenas, pero esto no explica la uniformidad de
la estructura, composición litológica y color que presenta el loess en to-
das partes donde se encuentra. Estos agentes podían únicamente rede-
positar los sedimentos ya transformados en loess. No hay duda que una
parte del material de las capas superiores proviene de depósitos de loess
más antiguos. Frecuentemente se observan en la formación pampeana
capas de toscas rodadas y estas únicamente pueden proceder de loess
MI!) -
horizonte nicsopmnijenno ; b, horizonte neopmnpcnno
200
más antiguo, pues este es el único sedimento en que se forman estas cla-
ses de rocas.
Las capas de loess removida se distinguen de los depósitos primarios
por su color pardo sucio; en ellos abundan fragmentos de loess endureci-
do así como granos y rodados de tosca (pie presentan generalmente lige-
ras estratificaciones (véase lig. 11). Todo esto demuestra que en la rede
Fig. 12. — Estructura de loess removido con toscos rodados del horizonte mesogiinipeano
posición del loess las aguas tenían mayor participación (jue los vientos.
Los vestigios de erosión del viento, que se observan en las barrancas,
son insignificantes en comparación con los del agua. Se ven con suma
frecuencia anchos valles que lian sido abiertos por ríos y arroyos a través
de depósitos de loess antiguo rellenados de capas más modernas.
Ciertamente los vientos transportan continuamente materiales tinos
de un lado a otro y es cierto (pie las tormentas de t ierra son más fuertes
y más frecuentes en los años de seca (pie en los años lluviosos, pero esto
Lámina XII!
Revista j>ki. Museo de La Plata, tom<
x \ \
Lámina MU
201
«le ninguna numera nos prueba que durante el tiempo que se depositó la
formación pampeana haya habido algún período en que toda esta región
formaba un desierto estéril.
Las regiones de clima árido transfórmanse en desiertos con médanos
de arena movediza, pero en ninguna zona desprovista de vegetación se
ven formarse depósitos sedimentarios parecidos al loess pampeano.
El loess pampeano de todos los horizontes presenta el mismo carácter;
la masa principal tiene el aspecto de los depósitos cólicos y contiene fó-
siles de mamíferos diseminados sin orden alguno ; en él se encuentran
interposiciones de capas de facies marinas, de arena pura fluvial y eóli-
ca, de ceniza volcánica, estratos lacustres o palúdicos con fósiles de agua
dulce y depósitos de loess removido, caracterizado por las toscas roda-
das. Las figuras 12 a 17 presentan la estructura de distintas capas de
loess y lacustres.
En las serranías y en sus inmediaciones hay a veces en la masa de
loess puro, fragmentos de rocas acutanguladas, como se observan en las
morenas Entre las diversas facies se observan toda clase de transi-
ciones ; hay,, por ejemplo, loess tan arenoso, que apenas se puede clasifi-
car como tal, y en medio de la toba volcánica existen capas de loess muy
puro, y otras más o menos transformadas.
Las distintas facies mencionadas se observan tanto en los depósitos
más antiguos como en los más recientes.
Ahora bien, si la hipótesis de Bailey Willis fuese exacta, que el loess
debe su singular uniformidad a cambios climatológicos periódicos, ha-
bría que admitirlos, no solamente para el cuaternario, sino por todo el
terciario.
He tratado la opinión de estos dos geólogos tan detenidamente porque
ellos, como he dicho ya, se han ocupado en los últimos años más que
otros con el origen del loess. Hemos visto que uno y otro atribuían la
uniformidad, que presentan estos depósitos, a la acción de los vientos.
La diferencia entre Steinman y Bailey Willis consiste en que el primero
opina que el material traído por los vientos ha sido triturado mecánica-
mente por los glaciares, mientras el segundo dice que se trata de
sedimentos provenientes de las rocas descompuestas traídas por los ríos
do las regiones montañosas y dispersadas en períodos áridos por los vien-
tos. Besulta que ellos, así como los autores mencionados antes, creen que
el material haya sido depositado en forma de loess, como se presenta en
1 En Carhué, que se halla en plena llanura a míís «le 50 kilómetros «le los prime-
ros cordones «le la Sierra de la Ventana, he visto capas «le loess muy puro sembradas
«le rodados acutangulados sin otros vestigios característicos de morenas. Es muy
probable que este material haya sido transportado por el agua muy gruesa durante
grandes crecientes que llevaban los cascajos flotantes.
HEV. Ml’S. I.A l'I.ATA. — T. XXV
14
202
Estructura ile loess removido, del horizonte mcsopnmpeniio
la, llanura, pampeana, lo que seguramente es un error. La masa principal
«leí loess pampeano no se compone de arcilla y arena «jomo la transpon .
tan los ríos, ni de limos glaciares, ni tampoco de arena o ceniza volcáni-
ea, como los depositan directamente los vientos. Las condiciones físicas
y los caracteres petrográficos del loess pampeano son distintos de los de
todos los mencionados sedimentos y está demostrado hasta la evidencia
«pie se trata de un producto que ha sufrido un proceso diagenético, quie-
re decir que los materiales han sufrido una transformación después de ha-
ber sido depositados.
Me convenzo siempre más «pie el material primario se compone, por lo
menos en los horizontes inferiores, en gran parte de ceniza volcánica que
ha sufrido una transformación.
Si examinamos las j>artes no descompuestas que contiene la masa, ve-
mos que esta diferencia no es solamente de una localidad a otra sino
también de un horizonte a otro. Ya lio llamado la atención sobre el hecho
«pie en el loess que se halla en la base de la barranca en la costa atlán-
tica de la provincia de Buenos Aires, predominan los productos volcá-
nicos y en el de ¡as capas neopampeanas de la misma localidad, las par-
tículas de conchillas marinas y la arena fina. En el loess de Córdoba
abundan los materiales de rocas cristalinas y en el que se halla encima
de las capas marinas en Entre Ríos, la arena de rocas calcedónicas.
Gran parte del material no descompuesto del loess cretáceo se compo-
ne de los mismos sedimentos que las areniscas rojas en que abundan los
productos de erupciones volcánicas.
Es evidente que el loess se puede formar de muy diversos sedimentos
y que no depende de la clase del material primario sino del proceso dia-
genético que ha intervenido.
Los llamados depósitos lacustres, que a veces no tienen un metro de
espesor y que se encuentran intercalados tanto en el loess cretáceo, co-
mo en el más moderno, neopampeano, presentan caracteres muy diferen-
tes de los de la masa principal ; sin embargo no cabe duda que se han for-
mado de los mismos materiales primarios.
Este hecho demuestra claramente que la singularidad del loess no es
motivada por la clase del material, ni por la manera cómo ha sido trans-
portado, sino por la transformación que ha sufrido, después de haber si-
do depositado. En todas partes se puede observar que cuanto más rápi-
damente se han depositado los materiales tanto menos puro es el loess.
IJn ejemplo tenemos en la diferencia que hay entre los estratos post-
pampeanos y los depósitos de loess pampeano ; los primeros presentan,
como he dicho, un carácter litológico y morfológico heterogéneo y los úl-
timos, homogéneo. Los sedimentos postpampeanos se depositaron du-
rante el período cuaternario ; las capas inferiores que contienen restos
de animales extinguidos, corresponden al tiempo diluvial y los superio-
204
205 —
removido, lo que es muy explicable, teniendo en cuenta que una. parte
de este material proviene de la llanura pampeana. En el terreno alto no
hay en ninguna parte de esta región estratos postpampeanos ; sin em-
bargo, no hay duda que durante todo el tiempo cuaternario ha habido
también en estos lugares deposiciones de sedimentos, pero estas han si-
do tan lentas que se ha podido verificar un proceso diogenético más o
menos perfecto. Así como en los lugares donde ha habido una sedimen-
tación continua no se nota discordancia entre uno y otro horizonte, tam-
poco hay una discordancia entre la tierra vegetal y el loess; la transición
!
es tan gradual que no es posible fijar el límite entre una y otro. Discor-
dancias existen solaménte en las partes donde ha habido una interrupción
de sedimentación, por ejemplo, en los lugares de denudación, donde la
tierra vegetal o capas más recientes se hallan directamente sobre capas
más antiguas.
En el terreno alto de la. llanura de la provincia de Unenos Aires el
depósito de loess de los horizontes neo- y inesopampeanos no alcanzan
un espesor de 40 metros.
El espesor del horizonte eopampeano no lo conocemos con exactitud,
porque solamente las capas más superiores se hallan al descubierto. Se
puede decir sin exageración, que el espesor de las capas visibles de los
tres horizontes en la provincia de Buenos Aires no pasa en conjunto de
50 metros y durante este tiempo la fauna de mamíferos ha cambiado
tres veces. Teniendo en cuenta que los depósitos postpampeanos alcan-
zan 30 metros de espesor, puede formarse una idea de la lentitud con
que se efectuó la sedimentación del loess pampeano en la provincia de
Buenos Aires. Un cambio de la fauna de mamíferos, como lo presenta
la formación pampeana, se observa en otras partes solamente en capas
que se depositaron durante el mioceno superior hasta el cuaternario.
Hace como 30 años, que he dichoque uno de los agentes más eficaces
en la transformación de las distintas clases de sedimentos en loess ha
sido la vegetación. Contrario a la hipótesis de Bailey Willis, según
la cual, solamente en regiones estériles se forman depósitos de loess, sos-
tengo que únicamente en lugares donde hay vegetación puede este for-
marse.’
Es un hecho que no deja lugar a duda, (pie durante todo el tiempo en
(pie se formó el loess pampeano, esta llanura estaba habitada por gran-
des mámíferos hervívoros, los que para su existencia necesitaban una
abundante vegetación, que a su vez requería un clima húmedo. En todas
partes donde hay plantas, se forma con el tiempo una capa de tierra ve-
getal y como no se encuentran interposiciones de esta clase de estratos,
ni en los horizontes antiguos ni en los más recientes, forzosamente hay
(pie admitir que esta se ha transformado en loess de la misma manera
•pie los huesos frescos se convierten en fósiles. Se puede decir que el
2(Hi
oimocIaHidoe a^uuzi.ioii j.>i» uuiminul unpisocl n.i ssou) o\i u.uu''ii.i]sj]
207 —
loess es una tierra vegetal fósil. Contrario a la arcilla y el linio que con-
tienen muchas materias orgánicas, el loess está casi libre de ellas.
La transformación de los diversos sedimentos en loess se verificó en
las capas más superficiales, lo que nos explica la falta de materiales or-
gánicos, porque la oxidación de estas materias lia sido más completa
que en los lugares que no estaban preservados del contacto directo con
la atmósfera.
El loess se forma en todos los lugares donde hay tierra vegetal, no so-
lamente en estepas como siempre se supone.
Esto se puede ver en los espesos bosques del Chaco, donde el suelo
presenta las mismas condiciones, que en la llanura pampeana.
Las raíces de las ¡llantas penetran al suelo, absorven ha substancia
mineral, que necesitan para su crecimiento y la vuelven a depositar en
la superficie al descomponerse bajo otras combinaciones. Las plantas no
sólo descomponen las rocas, sino que retienen también el material en
las tierras donde crecen, de manera que las partes finas no pueden ser
llevadas por los vientos y se forma en poco tiempo una capa de tierra
vegetal donde antes no existía. Un ejemplo tenemos en Ñapóles, cuando
las corrientes de lava y ceniza en las grandes erupciones del Vesubio
Cubren el terreno. En las rocas volcánicas nacen primeramente pequeños
organismos y luego plantas gramíneas que necesitan poca agua para
crecer. Estas preparan el terreno para otras plantas y en pocos años el
material volcánico se transforma en tierra vegetal muy fértil.
Practicándose una excavación en el terreno alto de la llanura pampea-
na, se ve que el contenido de humus disminuye gradualmente con la
hondura hasta encontrarse loess puro, lo que está motivado por la for-
ma en que se efectúa el proceso de la transformación. A medida que en
la superficie se renuevan los productos de las plantas descompuestas y
se mezcla con sedimentos que acarrean el agua y el viento, las raíces de
las plantas y otros procesos químicos descomponen los sedimentos y los
materiales orgánicos desaparecen a causa de la oxidación, quedando por
último como residuo los minerales que componen el loess.
En lugares donde la acumulación de nuevos sedimentos es rápido, el
proceso de transformación es menos completo y por esto encontramos
loess más o menos puro, lo que no sería el caso, si el viento lo hubie-
ra, depositado directamente. No es admisible suponer que los vien-
tos, que transportan el polvo fino de otras regiones, depositen en una
misma localidad en una parte loess puro y a poca distancia muy are-
noso.
En todas partes donde por la naturaleza del terreno se puede consta-
tar una sedimentación rápida, el loess es impuro. En las inmediaciones
de las serranías abundan fragmentos más o menos grandes de rocas, que
están diseminados en la masa de loess; estos seguramente no fueron
208
Estructura de depósito lacustre del horizonte ncopanipeauo
209 —
transportados por los vientos, sino que son de la misma localidad y no
han sido transformados en loess por su tamaño.
En el examen microscópico del loess pampeano se observan grandes
cantidades de partículas irregulares, que algunos autores consideran co-
mo células silicosas de las plantas descompuestas.
No cabe la menor duda que las zeolitas, que forman la masa principal
«leí loess pampeano típico, son minerales que se han formado secunda-
riamente y es posible (pie provengan en parte de la descomposición de
vegetales, pero no hay un método que permita identificar los (pie se han
formado por procesos puramente químicos y los en que ha intervenido
una acción biológica.
Si bien es cierto que la vegetación y los microorganismos, son los
agentes más eficaces para la descomposición y transformación de los se-
dimentos en las capas superiores, no hay duda que la vida animal ha te-
nido también su participación. Darwin, por ejemplo, ha publicado unin-
teresante estudio en que demostró que las lombrices, que viven en la
tierra, tragan partículas de rocas, transformando de esta manera la com-
posición de la tierra vegetal.
Todos estos procesos han sido, hasta aquí, poco estudiados, se conoce
mejor la participación que ha tenido la vida orgánica en la formación
de la caliza, que en la formación del loess.
Los trabajos petrográficos tratan extensamente de la diagénesis, que
se produce en los sedimentos marinos y i’ocas metamórficas y no se ocu-
pan de las acciones que se desarrollan en las capas de tierra vegetal.
Con la química agrícola, que se dedicó en los últimos años a la investi-
gación de esta clase de problemas, estos estudios han adelantado mucho
los conocimientos sobre el origen del loess. Ellos han contribuido a in-
terpretar la verdadera naturaleza de los coloides del suelo; nos explican
las causas, por qué los terrenos en los montes y en los campos en gene-
ral presentan una estructura tan singular y demuestran cómo el polvo
terroso fino se une en agregados o congregados ( Aggregate ), formando
una masa de estructura migajosa, muy porosa y no plástica. La estruc-
tura migajosaque presenta el loess, es uno de los earaetei’es que lo dis-
tinguen de la arcilla y del limo. En las capas, donde las migajas están
destruidas, lo que sucede frecuentemente en el loess removido, presenta
más analogía con la arcilla y el limo, y algunos autores lo llaman loess
limoso (Loess-lchm).
La diagénesis no lia terminado de ninguna manera con la transforma-
ción de los distintos materiales en loess; su acción es continua, como en
todos los sedimentos.
Los bancos de toscas son de origen secundario, lo mismo que la con-
sistencia petrosa que presentan las capas más antiguas, es debida a pro-
cesos químicos posteriores a la transformación primaria de los sedimen-
— 210 —
Estructuro de capa lacustre ilel horizonte mesopampeano. intercalada en el Ion
— 211
tos. Ciertamente la composición mineralógica del material influye en la
diagéncsis ; en loess muy calcáreo los bancos de toscas son más abun-
dantes que en loess pobre de cal, pero las capas antiguas de igual com-
posición que las más recientes son siempre más consistentes. El loess
pampeano de los horizontes inferiores se diferencia del que lniy en el
valle del Rliin, porque es más antiguo y la diagenesis es más avanzada
y no porque tiene distinto origen. Así como la arcilla plástica se trans-
forma en pizarras o la arena suelta en arenisca, y basta en cuarcita, a
causa de procesos diagenéticos, el loess está sometido también a análo-
gas alteraciones en el transcurso de los tiempos geológicos.
En los depósitos cretácicos, encontramos bancos de loess tan con-
solidados que se lo puede usar para construcciones. Se podría objetar,
que a éste no corresponde ya el nombre de loess, pero en tal caso habría
que diferenciar también la arena suelta, de la arenisca. En la formación
de la arenisca roja encontramos arena suelta y bancos muy duros ; sin
embargo, todo es considerado como arenisca.
Por lo expuesto está demostrado hasta Ja evidencia, que la formación
del loess pampeano no está limitada a un determinado período geológi-
co, como por ejemplo el glacial.
En resumen se puede decir que el loess pampeano tiene el mismo origen
que la tierra vegetal ; es tierra vegetal que ha perdido las substancias orgá-
nicas. En su génesis han intervenido dos procesos : el de la sedimentación
y el de la loessijicación. En la sedimentación no solamente ha tenido par-
ticipación el viento, sino también el agua. De arcilla proveniente de la
descomposición de las rocas, depositada por el agua sobre superficies
cubiertas de vegetación, puede formarse loess ; la materia coloidal de la
arcilla toma en este caso una estructura migajosa y porosa, pierde su
plasticidad y se transforma en una masa permeable. El material fino tri-
turado mecánicamente por glaciares o cualquier otro agente, lo mismo
que la ceniza volcánica depositada por los vientos, también tienen que
experimentar una transformación para convertirse en loess. Su origen
no depende ni de la composición del material ni de la manera de su
transporte. El loess de la zona granítica, de Tandil, por ejemplo, presenta
la misma, condición (estructura, color, etc.) que el de la sierra de la
Ventana, que se formó de detritus provenientes de rocas de pizarra cris-
talina. En el uno como en el otro caso ha intervenido en su formación
un proceso químico.
La loessificaeión se ha verificado en la tierra vegetal que está en con-
tacto con la atmósfera donde podía verificarse el proceso de oxidación
de las substancias orgánicas ; en capas preservadas de la atmósfera no
se forma loess. Se verificó también un proceso de metamorfosis en capas
inferiores, en que lia intervenido como agente principal el agua que cir-
cula en ellas. Análogos procesos se verificaron, empero, también en otras
clases de depósitos sedimentarios. A este respecto véase el informe del
doctor F. Bade, que se publica al final.
El proceso de sedimentación por el viento y el agua, y la loessificación,
después de ser depositado el material no están en contradicción con nin-
gún fenómeno que se observa en el terreno; así se compréndela presen-
cia de cantos en el loess de las regiones montañosas, que por la teoría
cólica no es explicable.
El conocimiento de estos hechos no es solamente de interés puramen-
te científico, sino también de gran utilidad para las investigaciones
prácticas. Sabiendo que la transformación de los minerales se opera en
las capas superiores expuestas al contacto directo con la atmósfera, no
podemos esperar encontrar en los depósitos de loess yacimientos de
combustibles de origen orgánico porque debido al proceso de oxidación
estas materias han desaparecido.
El carbón de piedra, el petróleo y los gases naturales tenemos que
buscarlos en las capas marinas, lacustres o de pantanos, que se hallan en
toda la llanura de la provincia de Buenos Aires, a mayores o meno-
res profundidades, interpuestas en el loess de la formación pampea-
na. Estas capas se depositaron bajo condiciones muy distintas de las
del loess; las materias orgánicas quedaron preservadas del contacto at-
mosférico y han estado sometidas a un proceso de descomposición com-
pletamente diferente del que se verifica en la tierra vegetal. De este pro-
blema me ocuparé en otro lugar.
líe aquí el informe del doctor Bade, que contiene un resumen de los
resultados obtenidos hasta ahora en los exámenes petroquímicas del
loess pampeano.
El estudio petroquímica confirma plenamente (pie la formación del
loess pampeano es debido a un proceso químico que el material lia su-
frido después de haber sido depositado. En el análisis racional que el
doctor Bade ha practicado, se verá que él distingue dos grupos de mine-
rales, uno primario y otro secundario que se formó dorante el proceso de
loessilicación. El admite también dos transformaciones, una que se veri-
fica solamente en las capas superiores (tierra vegetal) y otra que tiene
lugar en el subsuelo, preservado de la intlueneia directa de la atmósfera.
Este proceso diagenétieo resulta bien claro del estudio sobre los fenó-
menos de absorción del loess pampeano.
213 —
Y1I
A.— Investigaciones petroquímicas del loess pampeano,
por el doctor Federico Bade
lín el presente trabajo se trata de aclarar en lo posible la composición
del loess pampeano. Naturalmente el resultado obtenido está limitado
por la naturaleza del método químico de investigación. Sin embargo, se
lian constatado algunos hechos que pueden ser de gran alcance para ex-
plicar el origen del loess.
La tarea de determinar cuantitativamente una mezcla de diferentes
minerales, como el loess, los que están además en gran parte descom-
puestos, es casi imposible. Este material tan lino con 50 por ciento do
partes arcillosas tampoco se presta para una separación mineralógica
por su peso específico con la solución de Thoulet. Sin embargo hice un
ensayo con el aparato Brogger aplicando el yoduro de metileno y mez-
clas de éste con benzene, pero sin resultado satisfactorio. Las partículas
quedaron en suspensión por un tiempo demasiado largo y además una
gran parte adheridas a las paredes del aparato. Por eso he renunciado
a hacer la separación del loess íntegro; en cambio aplique este método
con buen resultado a la separación de la arena fina del loess, análisis
específico (véase pág. 110).
De los métodos ópticos de investigación debí abstenerme, porque la
fineza del material dificulta la determinación cuantitativa de los mine-
rales. Quedaban entonces como únicos métodos de investigación los
procedimientos químicos.
El método aplicado por mí se basa sobre el distinto comportamiento
de ciertas clases de minerales tratándolos con soluciones alcalinas y
acidas. Por este método se puede determinar la presencia de ciertos
<1 nipos de minerales sin que se consiga individualizar la especie. En un
trabajo que trata del loess de la formación pampeana los doctores W.
Maigen y P. Werling ' han hecho un ensayo para caracterizar el loess
por su comportamiento con ciertos disolventes. Además del análisis to-
tal ellos agregan los siguientes datos: Io Las cantidades de óxido do
aluminio y sílice soluble en una solución al 5 por ciento de hidrato de
sodio; 2o Las de las substancias solubles en ácido clorhídrico al 5 por
ciento. La solución de tales concentraciones no se puede considerar
como apropiada, sabiendo por las investigaciones de Lungc y Millberg
Bcrichle der Xahirforscheudni Gcsclhcliaft Zh Frcihnrg i llr. Band XXI.
214
que la sílice en forma <lc cuarzo en estado pulverulento no resiste a la
acción disolvente de una lejía de 5 por ciento de sosa.
Pero el objeto de un ataque directo de la tierra pampeana con una so-
lución alcalina no puede ser otro que el de determinar la cantidad de
sílice libre que está en la tierra en forma amorfa soluble y además el
óxido de aluminio no combinado. La primera puede tener su origen en
los restos de esqueletos silicosos de foraminíferos o representarnos cé-
lulas silicatizadas de vegetales. Por ensayos preliminares liemos podido
constatar que la sílice de la tierra de infusorios (Kieselguns) tratán-
dola con la solución de Lunge y Millberg (1 °/0 NaOH y 5 % Na2CO ') es
completamente soluble, pero lo mismo resulta con la sílice de las célu-
las vegetales ; en un ensayo apropiado nos liemos cerciorado de este he-
cho. Elegimos el pasto fuerte para preparar con él una cantidad de cé-
lulas suficientes para nuestro objeto. Es evidente que poruña simple
incineración de éste se altera el estado del ácido silícico del esqueleto
de la planta, transformándolo en un estado menos soluble. Para evitar
este inconveniente no fué usada para la oxidación de las partes orgáni-
cas del pasto la llama, sino una solución oxidante: la mezcla de bicromato
de potasio con ácido sulfúrico. Conseguimos una cantidad suficiente de
esqueletos que observándolos con el microscopio representaban todos
los caracteres de células silicatizadas de los vegetales, que resultaron
solubles en la mencionada solución.
El resultado alcanzado por este método químico es, pues, limitado;
este define en nuestro casóla presencia de cierta cantidad de ácido silí-
cico libre y amorfo sin resolver el problema de su origen.
Por el mismo tratamiento alcalino entra en solución una cierta canti-
dad de óxido de aluminio. La presencia de este en estado libre y también
la del óxido de hierro libre son una prueba determinante que en la for-
mación de la tierra pampeana han infinido en parte los mismos factores,
que en las regiones tropicales favorecen la descomposición laterítica.
Estas condiciones que contribuían a la formación de laterita son poco
conocidas ; la más verosímil es la teoría de Bauer. Según este autor, los
hidratos de aluminio y de hierro representan los productos finales de un
proceso de hidrólisis que han sufrido los silicatos disminuyendo la can-
tidad de sílice a causa del lavado de los suelos por las agua de la lluvia.
Pero esto proceso destructivo nunca ha tomado en la formación de la
tierra pampeana un incremento tan grande como en las zonas tropicales.
Al contrario, hay que admitir que diclio proceso de hidrólisis se ha dete-
nido principalmente en una fase anterior ala descomposición laterítica,
fase que podemos llamar constructiva, es decir, en la formación de los
minerales de zeolitas.
Son estos minerales, silicatos dobles hidratados de aluminio, calcio y
magnesia, que forman una gran parte del loess y que por sus cualidades
215 —
son semejantes o tal vez idénticos a las zeolitas del suelo (Bodenzeo-
lithe).
El geólogo It. Gans trata de clasificar las múltiples zeolitas en su tra-
bajo titulado Zeolitas y compuestos análogos, su constitución y su impor-
tancia para la industria y la agricultura '.
Según la capacidad de absorción respecto a soluciones de cloruro de
amonio, de sales de calcio, potasio y sodio, el autor distingue tres gru-
jios de zeolitas :
1er Grupo : Aluminio-silicatos. Las zeolitas de este grupo que están
caracterizadas por al fácil intercambio de sus bases ligadas con hidrato
de aluminio, entre ellas hay que enumerar Jos siguientes minerales:
Desmina, Stilbita, Cliabasita y también los compuestos zeolíticos del
suelo. Se supone en ellos un reemplazamiento de un hidrógeno hidroxí-
lieo del ácido silícico por el radical Al(OH)ONa.
2o Grupo : Silicatos dobles de aluminio. La absorción, es decir, la con-
mutación de las bases de estos compuestos con otras de soluciones de
sales es menos rápido, se acepta como probable un hidrógeno hidroxí-
lico sustituido por el radical (A10)H2.
También esta clase de zeolitas se encuentran en las capas superiores
descompuestas del suelo y pueden formarse de los minerales del primer
grupo por acción de ácidos.
3er Grupo : Natrolita y Analcima. Estas demuestran apenas un poder
de absorción. En estos silicatos la sílice está unida con el óxido de alu-
minio por una triple ligadura.
Esta clasificación de Gans tiene solamente un valor limitado para nos-
otros, pues como el loess representa una mezcla de distintos minerales y
un aislamiento de las zeolitas no ha sido posible, lo único que podemos
constatar es que en el loess están contenidos silicatos dobles de alumi-
nio, y Oa y Mg, cuyo alto poder de absorción nos hace suponer la seme-
janza de estos con las zeolitas del primer grupo de las cliabasitas y stil-
bitas.
Como todos estos minerales se caracterizan por la fácil descomposi-
ción con ácido clorhídrico, tenemos en la determinación de las partes
solubles del loess en este reactivo un medio aproximado para avaluar la
cantidad de las substancias zeolíticas ; fué esto la causa por qué nos-
otros hemos empleado el análisis racional del loess por el ataque con
ácido clorhídrico. Nuestro modo del análisis racional se compone de las
siguientes fases:
Ia Ataque con la solución alcalina;
2a Ataque con ácido clorhídrico ;
3a Ataque con ácido sulfúrico ;
1 Jahrbuch <ter. /ir/ 1 . l'veunsiHchcn Gcologinchen Landesanitall, Haft 2, 1905.
4u Disgregación del residuo con carbonato de sodio. Estas operacio-
nes y sus resultados trataremos en hiparte especial.
COMPOSICIÓN DE I.A TIERRA PAMPEANA
Análisis físico de la tierra pampeana
La separación de las partículas de la tierra según su diámetro se lia
hecho con el aparato de Sclione. El loess presenta bastantes dificultades
para la separación, por estar las partes arcillosas muy ligadas a las are-
nosas. Aun haciendo hervir previamente la tierra durante largo tiempo,
como aconseja Hilgard para esta clase de sedimentos, no se obtiene el
resultado deseado, pues siempre quedan partes arcillosas pegadas a las
arenosas. Se podría tratar primeramente la tierra con ácido clorhídrico
diluido para ablandarla, como recomiendan algunos químicos, pero a mi
parecer este procedimiento es contrario al verdadero objeto del análisis
que debe darnos a conocer la verdadera naturaleza de la tierra, porque de
ella dependen en mucho sus cualidades físicas. Una. partícula de carbona-
to de cal, por ejemplo, hace físicamente el mismo efecto que un grano de
cuarzo o feldespato; el tratamiento con ácido clorhídrico haría despare-
cer esta partícula de cal quedando naturalmente falseado el análisis
físico.
En la muestra analizada por nosotros el contenido de cabornato de
calcio es muy insignificante, así que no tendría mucha influencia en este
caso el tratamiento con ácido clorhídrico: pero hemos observado otra
alteración en el loess tratándolo con ácido clorhídrico diluido. El si-
guiente cuadro demuestra que se trata de cantidades no despreciables
de substancias minerales, que una solución de 5 por ciento del ácido ex-
trae del loess.
Concentración del ácido clorhídrico al por ciento
Tuiuporutimi Tiempo en horas
Normal '/»
Normal .1
Normal 2
550 1
tío se debe, pues, aconsejar que se prepare el loess de. esta manera
para obtener más fácilmente la separación mecánica. He encontrado
«pie el siguiente procedimiento es más adecuado. La muestra de loess
217
se hierve primero con agua por algún tiempo; se decantan en seguida
las partes arcillosas suspendidas en el agua y el residuo se aplasta cui-
dadosamente con un pistillo de goma; se decanta de nuevo y se sigue
la, operación hasta que las aguas de decantación no contengan arcilla.
Hecho esto se deja pasar el residuo y las aguas de lavaje por e-1 aparato
de «Selione» obteniendo así, sin dificultad, la separación de las partí-
culas según su diámetro.
Análisis físico del loess de La Plata
Diámetro en milímetros «le lns partículas Oramos por ciento
Menor y hasta 0,004 54,0
De 0,004 hasta 0,03 2,5
De 0,030 hasta 0,035 10,5
Do 0,035 hasta 0,040 5,7
Do 0,040 hasta 0,045 4,0
Do 0,045 hasta 0,050 5,0
De 0,050 hasta 0,075 17,0
Do 0,075 hasta 0,1 2,0
Para formarse una idea de la fineza de las partículas del loess, hay
que compararlas con los granos de arena de las dunas, conocidos por
sus tamaños reducidos; según Atterberg, su diámetro es término medio
0, 2-0,0 milímetros ; ninguna fracción del loess llega a este tamaño.
Suponiendo que las finísimas partes formaran una simple mezcla re-
sultaría un sedimento casi impermeable, debiéndose, por consiguiente,
atribuir la permeabilidad del loess a la estructura particular que pre-
sentan estos depósitos.
La estructura particular es debida a una especie de concretación, es
decir, a la unión de las partes arcillosas en forma de granos que consti-
tuyen una masa de estructura migajosa (« Kriimelstruektur »). Parece,
con mucha probabilidad, que la materia de cementación sea ácido silícico,
libre, amorfo y soluble, que siempre se encuentra en el loess en cantidad
considerable, o quizá también masas zeolíticas.
El proceso de cementación se puede ver claramente en uno de los
constituyentes del loess: examinando con el microscopio las partículas
de « hierro magnético » contenidas en el loess, se observan que están
casi siempre ligadas con otros minerales de tal manera que resisten a la
separación mecánica, lo que no pasa con el hierro magnético de las are-
nas fluviales ; en la estructura migajosa del loess debemos buscar la
causa de su porosidad y, por consiguiente, su permeabilidad y su gran
capilaridad.
REY. MUS. LA PLATA.
T. XXV
15
218 —
¡Separación de las partes arenosas de loess por su peso específico
Para esta operación liemos usado el yoduro de metileno en combina-
ción con el benzene, según R. Brauns; obtuvimos por este medio las
siguientes fracciones :
l’c'Hi) cspecílico
Hasta 2,51 •
Do 2,51 hasta 2,6.
Do 2,6 hasta 2,64
De 2,64 hasta 2,67
Do 2,67 basta 2,725
Do 2,725 hasta 2,8
Menor que 3,0
Mayor que 3,0
Pérdida
10Ü partes do arena contienen por ciento
7.5 muchas partes vidriosas
26.5 ortoclas y partos vidriosas
31.5 oligoclas y cuarzo
17.5 oligoclas y cuarzo
2.0 anortita
2.05 mica
4.0 augita, turmalina, hornblenda
3.0 magnetita
5.5 pérdida
Separadas las partes arcillosas arenosas tlel loess encontré en éstas
unas migajillas de color negruzco que llamaron mi atención ; estas
partículas de 0,1 milímetro de diámetro aproximadamente son poco
consistentes, tratándolas con ácido clorhídrico daban lugar a fuertes
desprendimientos de cloro: separándolas cuidadosamente por medio de
lente be juntado material suficiente para efectuar este análisis :
Porcentaje de las parten solubles en ácido clorhídrico
Bióxido do manganeso 13,5 °/0
Óxido do aluminio. 8,6
— do hierro 5,2
27,3 «/o
Porcentaje de las partes insolubles en ácido clorhídrico
Sílice 61,2 «/o
Óxido do aluminio 4,4
— de hierro 3,8
— de calcio 1,2
— de magnesio 0,8
71,4 «/o
La cantidad del peróxido de manganeso, que es muy notable, fué de-
terminada según el método yodométrico de Bunsen. En el suelo y sub-
suelo de la provincia de Buenos Aires el manganeso se encuentra, a
menudo, en la forma de concreción arcillosa, conteniendo peróxido de
manganeso. En este caso la reacción de Volhard para la comprobación
219 —
de la presencia de manganeso o su dosaje naturalmente queda sin re-
sultado, puesto que el peróxido de manganeso es insoluble en ácido ní-
trico ; siendo así debe determinarse por extracción clorhídrico según el
método de Fresenias.
ANÁLISIS QUÍMICO DEL LOESS PAMPEANO
El análisis químico racional nos proporciona datos notables sobro el
carácter particular del loess ; nuestro método de análisis se basa en las
investigaciones de Lunge y Millberg sobre la solubilidad de las dife-
rentes formas del ácido silícico en soluciones de carbonatos e hidratos
de sodio. Según estos autores, el método más apropiado para separar el
ácido silícico amorfo del cristalizado (cuarzo) consiste en aplicar una
solución que contiene 5 por ciento de carbonato de sodio y 1 por ciento
de hidrato de sodio. Esta operación produce solamente la solución del
ácido silícico amorfo libre, que luego se determina del modo usual.
Hecho esto se tratan los sedimentos con ácidos : es sabido que el ácido
clorhídrico concentrado ataca solamente en una proporción insignifi-
cante la cao! i na, tipo de la arcilla pura, mientras que el ácido sulfúrico
concentrado la descompone pero no altera los feldespatos.
Tratando, pues, una muestra de tierra, primero, con ácido clorhídrico,
se descomponen ciertas substancias minerales que acompañan a la arcilla.
Uno de los caracteres singulares del loess pampeano es el alto porcen-
taje de substancias minerales de fácil descomposición con el ácido clor-
hídrico. Ahora bien; los sedimentos volcánicos y el puzolano que se usa
para morteros hidráulicos presentan condiciones semejantes, lo que se
atribuye a la presencia de zeolitas, es decir, silicatos dobles de aluminio
y principalmente de calcio que contiene cierta cantidad de agua de
constitución. El ácido clorhídrico pone en libertad una cantidad consi-
derable de ácido silícico, la cual se disuelve por el reactivo de Lunge y
Millberg y se determina. Esta cantidad de ácido silícico es la que perte-
nece a las zeolitas; después de haber así eliminado los componentes de
estos minerales, se vuelve a tratar la misma muestra con ácido sulfúrico
concentrado, para descomponer la arcilla (caolina) ; las bases de estas
substancias van en solución y tratando el residuo con la solución alca-
lina de Lunge, se obtiene la separación del ácido silícico puesto en li-
bertad que correspondía a la caolina.
El residuo que nos queda, contiene solamente cuarzo y feldespato o
substancias análogas; disgregándolo con carbonato de sodio y siguiendo
el método común para análisis de silicatos, se determina, por fin, la can-
tidad total de ácido silícico, óxido de aluminio y de calcio. De las rela-
ciones de estas substancias se puede calcular entonces por la fórmula
‘220
publicada por Hazard y Tscliermak el porcentaje de cuarzo, auortita,
ortoclas y albita.
Para mayor claridad doy a continuación un cuadro que demuestra el
curso que hemos seguido en el análisis racional :
Esquema para el análisis racional del loess
(Tierra pampeana tratada con el reactivo de Lunge)
Residuo
Lavado y tratado con ácido clorhídrico
concentrado.
Residuo
Tratado con el reactivo de Lunge.
Residuo
Tratado con ácido sulfúrico concen-
trado.
Residuo
Tratado con el reactivo de Lunge.
Residuo
Disgregado con la mezcla de Na3C03
y k.co3.
Solución
Contiene el ácido silícico libre, amorfo,
y el óxido de aluminio libre del loess.
Solución
Contiene las bases de las substancias
zeolíticas.
Solución
Contiene el SiO., de las zeolíticas.
Solución
Contieno las bases de la caolina (a).
Solución
Contiene el ácido silícico de la cao-
lina (3) (b).
y después de determinado el contenido total en Si02AL03 y CaO, se
ha calculado las cantidades del cuarzo y de los feldespatos.
El análisis total, que hemos efectuado antes del racional, nos sumi-
nistra los siguientes datos :
I. Análisis total del loess pampeano de la barranca de La Plata
Agua a 120° 4,32 °/0
Pérdida al rojo 3,38
Ácido silícico (SiO„) 62,70
Óxido de hierro (Fes03) 6,00
— de aluminio (Ad203). 15,00
— do manganeso (Mu304) 0,60
— de cilicio (CaO) 2,80
— de magnesio (MgO) 1,9
— de potasio (KáO).. . 1,88
— de sodio (Na.,0) por diferencia . 1,40
Cloro (Cl) 0,02
Ácido sulfúrico (S03) rastros
221
II. Análisis racional del locss natural observando el esquema (pág. 220)
Io Tratamiento directo con el reactivo de Longo :
Acido silícico libre amorfo y soluble.. . 3,52 °/0
2o Tratamiento del residuo con iícido clorhídrico concentrado :
a) Soluble en el ácido :
Ácido silícico (SiOs) 0,25 °/0
Óxido do hierro (F203) 4,26
— de aluminio (A1.,03) 7,51
— de manganeso (Mu303) 0,20
— do calcio (CaO) 1,25
— de magnesio (MgO) 1,12
b) Precipitado por el ácido clorhídrico y disuelto después por el reactivo
de Lunge :
Acido silícico (SiO„) 14,50 °/0
3o Residuo de la operación anterior tratado con ácido sulfúrico y después con la
solución de Lunge :
a) Óxido de aluminio (A„03) 1,67 °/0
b) Ácido silícico (Si02) 2,81
4o Residuo, disgregándolo con la mezcla do carbonato do sodio y de potasio,
contiene :
Ácido silícico (SiOa) 41,05 °/0
Óxido de aluminio (A.03) 6,70
— do calcio (CaO) 1,36
Xota. — Todos los datos fueron calculados en por ciento do la substancia original.
Resulta, i>ues, que el ácido silícico contenido en el loess se reparte
del modo siguiente :
Io Ácido silícico libre :
a) Amorfo y soluble 3,52 °/0
b) Cristalizado (cuarzo) 20,29
2o Ácido silícico combinado :
a) En substancias zeolíticas 14,75 °/„
b) En la arcilla (caolina) 2,81
c) En anortita 2,93
d) En feldespato do potasio y sodio. . 15,76
c) En pérdidas de la operación 2,64
Suma 62,70 °/0
Las partes finas del loess con un diámetro menor que 0,004 milímetros
las hemos analizado en la misma forma :
222
Análisis total
Agua a 120° ........................ 5,30 °/„
Pérdida al rojo ..................... 7,33
Ácido silícico (SiO,). ................. 55,80
Óxido do hierro (l(’s03) ............... 5,60
— do aluminio (AlsO,) . ........... 17,68
— de manganeso (Mn3Ot) ......... 0,43
— de calcio (CaO). ............... 2,15
— do magnesio (MgO) ............ 1 ,64
— do alcalino por diferencia (Na,0). 4,07
Análisis racional de las partes menores de 0,004 milímetros del loess
1° Tratamiento directo con la solución do Lunge :
Ácido silícico (SiO.,) ............... 7,34 °/0
Óxido de aluminio (A,Os) .......... 0,34
2o Ataque con ácido clorhídrico concentrado :
a) Soluble eu el ácido :
Ácido silícico (SiOa) 0,29 °/0
Óxido de hierro (F,03). 4,80
— do aluminio (A,03) .......... 12,92
— de manganeso (MnaO,) . ...... 0,35
— de calcio (CaO).. 1,17
• — de magnesio (MgO). ......... 1,05
b) Óxido silícico precipitado por el ácido clorhídrico y disuclto en la solu-
ción alcalina :
Ácido silícico (SiO,) . 22,00 °/0
3o Tratamiento del residuo con ácido sulfúrico concentrado y después con la so-
lución alcalina :
a) Óxido de aluminio (Ala03) ....... 4,42 °/0
b) Ácido silícico (SiO,). ............ 5,89
4o Disgregación del residuo con carbonato de sodio y de potasio :
Ácido silícico (SiO„) ............... 18,83 °/0
Óxido do aluminio (ALO,). ......... 3,36
— de calcio (CaO). ............. 0,59
— de magnesio (MgO). ......... rastros
El ácido silícico de las partes linas del loess está repartido del modo
(pie sigue :
1° Ácido silícico libre :
a) Amorfo y soluble 7,34 °/0
b) Cristalizado (cuarzo) ............ 9,46
— 223
2o Ácido silícico combinado :
a) En zeolitas 22,00 °/0
b) En caolina 5,90
c) En auortita 1,29
ñ) En feldespato de potasio y sodio. . 8,10
Pérdidas 1,71
Suma 55,80 °/0
I)e estos íimilisis resulta que la mayor parte (leí loess pampeano y en
más alto grado sus partes finas se compone de substancias zeolíticas,
como lo demuestra el siguiente cuadro :
Tierra pampeana natural Partes finas de 0,004 milímetros
Ácido silícico libre amorfo .... 3,52 °/0 7,34 °/0
Para demostrar mejor la singularidad de la tierra pampeana respecto
a su gran contenido en substancias de fácil descomposición, agregaré
finalmente un cuadro relativo a las cantidades de estos minerales con-
tenidos en varias especies de loess :
Clnso do tierra Partes descompuestas
Looss do La Plata 45,40 °/0
Partes finas 0,004 milímetros del mismo. 65,75
Loess natural de Córdoba 65,49
— de Chiba (de la expedición de liichthofen). . . 34,13
— de Alemania, según Hilger 31,22
Puzolana de la Auvergno, según Kivot. 41,10
Hemos visto, pues, que el loess de la República Argentina sobrepasa,
en cuanto a su fácil descomposición, la puzolana y mucho más aún el loess
de Alemania y de China. Las cantidades de ácido silícico puestas en
libertad por el ácido clorhídrico y las de las bases que van al mismo
tiempo en solución, no se hallan en una simple relación estequiométrica.
Debemos suponer, pues, que los silicatos llamados zeólicos no corres-
ponden a un solo tipo de minerales sino a una mezcla de varios.
Para ampliar el estudio sobre el loess pampeano, fueron investigadas
algunas muestras más, procedentes de diferentes horizontes de la for-
mación pampeana y elegidas por el doctor Santiago Roth ; eran las si-
guientes :
I. Eopampeano de Miramar, profundidad de 8 metros ;
II. Neopampeano de Paradero, profundidad de 3 metros;
III. Infrapampeano de Salto Oriental, que se encuentra bajo la are-
nisca roja;
— 224 —
IV. Infrapampeano calcáreo que se encuentra bajo la arenisca roja;
V. Ceniza volcánica del neopampeano de Monte Hermoso, profun-
didad variable.
Para los apólisis se lia seguido el misino método explicado anterior-
mente con la muestra de La Plata.
!. I.OICSS KOPAMPEANO DE M1RAMAH
A. Análisis general
Ácido silícico (fiiO.) ........
Oxido do hierro (F,03). . . . . .
— do aluminio (A1403) . . .
— do calcio (CaO) ......
— de magnesio (MgO) . . .
— do sodio (Na40 . . /
— de potasio (K4Q). ) ^°r
Agua 120°.. ...............
Pérdida al roj o . ............
diferencia
Total
57,16 o/0
5,43
17,28
2,83
1.67
3.68
8,35
3,60
100,00 °/o
B. Determinación de los óxidos libres
Las cantidades de anhídrido silícico y óxido de aluminio, contenidas
en la tierra en estado libre, fueron determinadas por el método do Lnnge,
tratamiento con una solución alcalina (5 por ciento de carbonato de so-
dio y 1 por ciento NaO); el óxido de hierro libre, según Folmer Johnson,
con una solución de sulfato de cobre; el eopampeano contiene :
Anhídrido silícico (SiOt) ............. 4,76 u/0
Óxido de aluminio (A1403). ........... 0,89
— de hierro (F40.,) 1,54
C. Solución clorhídrica
Áeido silícico (SiO„). . 14,44 °/0
Óxido de hierro (F403) 3,25
— de aluminio (Alaü;1). . 7,34
— de calcio (CaO) ............... 0,79
Las proporciones moleculares son las siguientes :
SiOs Fe4G3 A1403 CaO
= 0,2391 : 0,0203 : 0,0708 : 0,01 11
2 7
: Si04 = 1 : 2,66
A1403 : SiO, = 1 : 3,43
A! A l
Fe.03 i
24
1
225
D. Solución sulfúrica
Proporciones
moleculares
Relación molecular :
ALO,
(SiO.,) = 1 : 2,084 y A1403
D. Solución sulfúrica
Si03 = 1 : 2, 9
E. Composición del residuo no atacado por ácidos
Ácido silícico (Si02). 38,62 °/0
Óxido de aluminio (A1„03) 5,21
— de calcio (CaO). 0,73
( (Al A) : (SiOa) = 1:4:50
1 ((ALA) : (SiO„) = 1:12
Proporciones
moleculares
0,6394
0,0510
0,0130
III y IV. INFRAPAMPKANO DHL SALTO
A. Análisis general del locss
(') Incluso 3,2 por ciento do ácido carbónico.
227
D. Extracción sulfúrica
Hemos agregado si los análisis de muestras de loess pampeano el de
una ceniza volcánica de Monte Hermoso, pues como en parte los mine-
rales del loess consisten en materiales vitreos de origen volcánico y que,
según B. Willis, importan liasta un 80 por ciento, sería interesante esta-
228 —
blecer por un análisis racional si la fácil descomposición del loess res
pecto a ciertos reactivos se puede atribuir a un mayor o menor conte
nido de « ceniza volcánica ».
A. Análisis general de la ceniza volcánica de Monte Hermoso
Ácido silícico (SiOa) 66,01 °/0
Óxido do hierro (FCjO.,) 2,18
— do aluminio (Ala03) 13,09
— do calcio (CaO) 0,71
— de magnesio (MgO) 0,55
— do sodio (Na.,0)...J .
, . ; . > por diíorencia.. . 6,u7
— do potasio (lía O). .) 1
— do manganesio (Mna04) 0,17
Agua a 120° (HaO) 5,75
Pérdida al rojo 4,94
Total 100,00 ®/o
11. Determinación de los óxidos libres
lie! aciones proporcionales :
(A1A) : (SiOt) = l:6
229 —
E. Composición del residuo no atacable por ácidos
Relación molecular :
(Al.O,) : (SiOs) 1 : 10
CONSIDERACIONES
Comparando los resultados de los análisis totales de estas muestras,
llama la atención una uniformidad bastante grande del porcentaje de
los componentes principales. Las muestras de loess de Baradero y de
Miramar tienen casi una composición idéntica, con la única excepción
del contenido en ácido silícico que en el loess copampeano sobrepasa
por 2,5 por ciento al de Baradero, no obstante de tratarse de localida-
des tan distantes una de la otra.
En cambio en el loess infrapampeano observamos una disminución
en el porcentaje de óxido de aluminio y un ligero aumento en sílice.
La ceniza volcánica se distingue por su alto contenido de álcali 0,5 7
por ciento contra 3,7 por ciento de las muestras de loess y en sílice
00,04 por ciento.
El análisis racional de la ceniza volcánica demuestra que el porcen-
taje de substancias zeolíticas y caolínicas es muy pequeño, por lo tanto
la fácil descomposición del loess con ácidos, no se puede atribuir a la
presencia predominante de vidrio volcánico ; así que el loess no puede
contener un 80 por ciento de estos minerales como se afirma en la pu-
blicación de Willis, porque en este caso el loess sería casi indescompo-
nible por ácido.
Separación f ísica. — Era de esperar que con mayor cantidad de partes
arenosas contenidas en el loess aumentara también proporcionalmente
el porcentaje en sílice, peroúio es así. Obtuvimos por el aparato Scbone
las siguientes fracciones del loess:
Arena
, 0,2""“ 0,1-02™“' 0,05-01™“'
J 0- 13,1 23,3
V ..r, 36,40
l'nrtes arcillosas!
0,01-0,05 0,01™“'
12,85 45,01
57,86
Miramar eopampeano
230
Partes arcillosas
30,43 45,73
76,16
8,34 27,65
35,99
Resulta entonces, como el porcentaje de sílice no guarda proporción
con el porcentaje en partes arenosas, que estas últimas no pueden ser
constituidas en mayor parte por cuarzo; un hecho que fué comprobado
por el análisis general.
Óxidos libres. — Casi la décima parte de la sílice del loess, sea de
cualquier formación y procedencia, se encuentra en estado amorfo libre,
mientras la cantidad de óxido de aluminio libre es muy variable. En la
formación eo- y neopampeana es casi idéntica alrededor de 1 por ciento,
en cambio baja en el loess infrapampeano a 0,20 por ciento. Podemos
suponer que el proceso de descomposición laterítica ha tenido lugar en
la formación infrapam peana en menor escala, o que el óxido de aluminio,
una vez formado, ha entrado de imevo en combinaciones silicosas. Se
podría objetar, empero, que el método de determinar el sil ice amorfo y
libre y el óxido de aluminio libre, por medio de un ataque directo con
la solución de Lunge, no es apropiado porque pueden ser disueltos por
este reactivo también los alumosilicatos. Desgraciadamente no existen
trabajos sobre la solubilidad de los silicatos respecto a soluciones alca-
linas de la concentración del reactivo de Lunge. En cambio fué consta-
tado por W. Pukall, que tratando la caolina con una solución concen
trada de hidrato de sodio, aquélla se transformaba en una substancia
arenosa casi completamente soluble en ácido clorhídrico. Esta substancia
es idéntica, como demostró el mismo autor, a un mineral zeolítico obte-
nido por acción .recíproca de metasilicato y aluminato de sodio en so-
lución alcalina, es decir, que la acción de hidrato de sodio sobre el
alumosilicato no es la de un disolvente sino la de una neutralización
parcial, formando un nuevo compuesto zeolítico, un hidroalumosilicato
de sodio igualmente insoluble en agua.
Podemos admitir con más razón que una solución alcalina (1 °/0 hi-
drato de sodio y 5 °/0 carbonato de sodio) usada por nosotros, no pue-
de disolver alumosilicatos del loess, sino los compuestos que ya se
encuentran en estado libre y respecto a la sílice también en forma
amorfa.
Además las cantidades de óxido de aluminio y de sílice encontradas
como libres, se hallan en una relación molecular tan irregular y distinta
de todos los compuestos alumosilicosos conocidos que por este motivo
tampoco es aceptable admitir la solubilidad de óxido de aluminio y de
la sílice en forma de combinaciones preexistentes.
Iiaradero neopampeano. . . .
I. Salto infrapampeano. . . .
A reua
^ 0 11,2 18,29
} 19,41
\ 0 37,93 20,70
I 58,63
— 231
La relación molecular entre el óxido de aluminio y de la sílice en
amorfo libre es la siguiente :
I. Miramar eopampeano (A1303 : Si02) 1:9
II. Baradero neopampeano (A1303 : Si03). 1 : 10
III. Salto I infrapampeano (A1303 : Si02) 1 : 18,4
IV. Salto II calcáreo (A1303 : Si03) 1 : 52
Ahora, como demuestra el cuadro siguiente, entre todos los minera-
les conocidos de la clase de los alumosilicatos no liay ninguno que
posea una relación mayor entre el óxido de aluminio y la sílice que 1 : 4,5.
Pues las proporciones moleculares de los alumosilicatos, puestos en or-
den, según Dana, son las siguientes :
Caolinita.
Halloysita (A1303 : Si02) ........ 1:2
Newtonita
Cimolita (A1303 : Si03) 1 : 4,5
Montinorillonita (A1303 : Si03).. . 1:4
Pyrophillita (A1303 : SiO„) 1:4
Allopliana (A1303 : Si03) 1:1
Collyrita (A1303 : SiO„) 2:1
Sclirotterita (A1303 : Si03) 8:3
Queda, pues, excluida la suposición que las cantidades de óxido de
aluminio y sílice, disueltas por el reactivo de Lunge, formaran combi-
naciones estequiométricas, y confirma la idea de hallarse en estado libre
como productos de la descomposición parcial laterítica de las rocas pri-
marias que ha dado lugar a la formación del óxido de aluminio libre (lii-
dragillita).
Mucho más importantes han sido los procesos liidrolíticos de descom-
posición de rocas primarias para la formación de zeolitas (como primera
fase de este proceso se puede aceptar la formación de ácidos alumo-sili-
cosos complejos del tipo de la caolinita). De nuestros ensayos de absor-
ción efectuados con el loess pampeano con diferentes soluciones de
sales y colorantes, resulta que no existe casi ningún mineral o roca na-
tural que demuestre un grado tan perfecto de fenómeno de asorción,
es decir, de la transmitación de bases de ciertos silicatos del loess por
las de las soluciones salinas, sean orgánicas o inorgánicas. Como ya
mencionamos, son las zeolitas las únicas entre los minerales conocidos
y bien caracterizados que demuestran una capacidad de reacción aproxi-
mada, como se observa en el loess.
Aceptamos, pues, la presencia de silicatos amorfos en el loess, que
son de una composición parecida a las zeolitas y que intervienen en las
absorciones más importantes.
232
Disponemos en el tratamiento con el ácido clorhídrico (le un medio de
lijar aproximadamente la cantidad de substancias zeolíticas que contiene
el loess pampeano, determinando la cantidad de bases que van en solu-
ción y la de sílice que forma con ellas los compuestos silicosos.
En el siguiente cuadro doy los resultados obtenidos, calculados en
proporciones moleculares :
1. Eopampeano Atirantar
CaO MgO Fe203 A1203 SiO,
1,5 ; 2J> : 8_^:^7 : 24
4 10 24
corresponde a :
II III II III
4 (K O) : 10 (E,03) : 24 Si O, 2 R O 5 11,0, 12 SiO,.
II. E eopampeano
CaO MgO Fe.,0., Af.O., Si O,
3,5 : 2,7 : 2,8 : 6,8 : 19,5
o en números redondos :
6 10 20
7
II III
G K O : 7 R203 : 18 SiO,
En estos cálculos presuponemos que la cantidad de hierro soluble en
ácido clorhídrico forma parte de las zeolitas, reemplazando en parte el
óxido de aluminio en los alumosilicatos. La relación molecular entre la
233
suma de los radicales trivalentes Fe203 ALOj y la sílice sería en las
muestras investigadas, entonces, la siguiente :
lli
I. Miramar RaO, : SiO„ 1 : 2,4 y A1,0, : SiO, 1 : 3 3/,
III
II. Baradero RsO:1 : SiO, 1:2 y A1303 : SiO, 1 : 2,9
III
III. Salto 1 R,0, : SiO, 1 : 2 4/, y A1203 : SiO, 1 : 3 ’/»
Pero tomando en consideración el hecho que casi todas las zeolitas
conocidas no contienen hierro, podría ser posible también que el óxido
de hierro soluble en HC1 correspondiera a un silicato amorfo hidratado
simple de hierro, tal vez de la forma del chloropalo Fe, (Si03) 3 5 H90.
Si restamos del total del sílice la cantidad correspondiente al óxido
de hierro en este mineral o sea 3 : 1 obtendremos las siguientes relacio-
nes moleculares para el óxido de aluminio y el de la sílice :
proporción molecular entre el óxido de aluminio y el de la sílice resulta
la siguiente serie de compuestos :
Al O
I. Grupo de Mordenitas con la proporción molecular. — ~
II. — de Heulandita — — — '/
III. — de Phili paita t— — — */4
IV. — de Chalmsita — — — */4
V. — de Natrolita — — — */3
VI. ‘ — de Thomsonita y Hidronefelita con la proporción molecular. . . — '/,
Como nosotros encontramos para los silicatos descompuestos por el
ácido clorhídrico una relación molecular entre el óxido de aluminio y la
sílice que varía entre '/2 y */4 es de suponer que las substancias zeolí-
ticas se asemejan al tipo de Thomsonita y Natrolita.
La relación de álcali que tal vez puede tomar parte en la. composición
de la zeolita la hemos deducido de la cantidad de álcali soluble en 1101
concentrado.
Sobre la probable constitución de las zeolitas del loess nos vamos a
detener más adelante en el capítulo que trata de los fenómenos de ab-
sorción del loess.
Minerales descompuestos por el ácido sulfúrico. — Estos compuestos
del loess los hemos llamado caoliuíticos por ser la caolina tipo de los
KEV. MUS. LA PLATA. — T. XXV
1G •
— 234 —
alumosilicatos caracterizados por su fácil descomposición en ácido sul-
fúrico concentrado y por su estabilidad al ataque con ácido clorhídrico.
Las relaciones moleculares entre el óxido de aluminio y la sílice en las
muestras investigadas fueron las siguientes :
Miramar (Al.,0., : SiO.,) 1:2
Paradero (Ala03 : SiO„) 1 :2
Salto I (Ala03 : Si02) 1:3,18
Salto II (Al.,0., : SiO.) 1 : 2,17
Con excepción de las muestras del Salto I, las otras demuestran la
relación molecular 1 : 2 que corresponde en los minerales de alumino-
silicatos al de la primera clase comprendiendo : Kaolinita, Ilalloysita
y Newtonita.
Según Dana, las dos especies de minerales como Kaolinitay Newtonita
no se descomponen con ácido clorhídrico pero sí con ácido sulfúrico en
calor, mientras que la Halloysita se descompone con todos los ácidos.
Pero existen variedades de Halloysita, como Lenzinita, que no se gelati-
niza por el ácido clorhídrico. Llegar a una decisión respecto a uno de
estos minerales es naturalmente imposible, pero la poca plasticidad que
demuestra el loess es lo que conduce a la consecuencia de colocar los
minerales caoliníticos del loess a la clase de Halloysita (Var. Bol. Len-
zinita, etc.) que en comparación con la verdadera caolina no posee
plasticidad.
El contenido de substancias caolínicas en el loess es muy variable se-
gún su procedencia, si calculamos sóbrela cantidad de óxido de aluminio
la cantidad de Halloysita según la fórmula de Le Chatelier 2 (H2OAlaO;,
SiO¡¡). Sílice : 43,5 por ciento, óxido de aluminio : 30,9 por ciento, Agua :
19,0 por ciento, obtendremos las siguientes cantidades de substancias
caolínicas :
Miramar 5,41 °/0
Paradero.... 8,14
Salto 1 15,03
Salto II 12,75
Una cantidad de 15 por ciento de caolina como en el loess de Salto 1
ya debía ejercer su inlluencia y producir una cierta plasticidad del loess,
sin embargo no se observa mayor plasticidad que en las otras muestras.
Oreemos, pues, que las substancias caolínicas del loess no corresponden
a una caolina verdadera sino más bien a variedades al tipo de Halloysita.
Cuarzo y Feldespato. — Los residuos de las distintas muestras de
loess y de la ceniza volcánica, que nos quedaron después del tratamiento
con el ácido sulfúrico y la solución de Lunge, representan un conjunto
de minerales, prevaleciendo los de la clase de feldespato y cuarzo.
235 —
Hemos calculado el contenido en anortita, ortoclasa, albita y cuarzo,
según Hazard, aceptando los valores aproximados para las relaciones
siguientes :
Para la anortita :
OaO
y
ai2o3
A1jG3 1,825 J SiÜ2 1,182
Para ortoclasa y albita :
A1203 _ 1
Si02 ~ 3,54C’
resultando para las muestras de :
Es muy lógico preguntarse ahora si existe una relación entre la com-
posición del loess y su edad geológica, pero nuestro material investi-
gado no es suficiente para poder contestar tal pregunta. Habría (pie
extender los estudios analizando muestras de distintas formaciones,
pero que sean del mismo lugar, y no como en nuestro caso, de muestras
no solamente de distintos horizontes, sino de lugares distantes unos de
— 230
otros centenares de kilómetros. Sin embargo, creo que no sea su per-
lino llamar la atención sobre algunos hechos observados en este estudio
comparativo, con distintas formaciones del loess pampeano.
El contenido en hidrargilita es el mayor en las formaciones eo y neo-
pampeano, casi tres veces del de infrapampeano, mientras que la can-
tidad de sílice amorfa soluble no varía mayormente.
Respecto a lacantidad de zeolitas se nota (pie el loess de las formacio-
nes eo y neo-pampeano tiene mayor cantidad de estos silicatos como
también de feldespatos, pero en cambio, corresponden a las formaciones
más antiguas mayor cantidad en substancias caolínicas.
Ahora bien ; los minerales determinados por el análisis racional pode-
mos dividirlos en dos grupos: el primero, o los minerales preexistentes
primarios, como el cuarzo, los feldespatos y semejantes y el otro que
comprende los minerales llamados secundarios que se han formado du-
rante el proceso de loessificación como el hidrargilita, las zeolitas, la
sílice amorfo soluble y las substancias caolínicas.
Según la idea que nos formamos sobre la observación de este proceso
de loessificación, tenemos (pie esperar lógicamente una constancia o
aumento de los minerales secundarios.
Es posible que las transformaciones primordiales del loess tengan lu-
gar solamente en una capa superior o en el suelo accesible entonces a la
acción de diversos factores como la vegetación, la influencia de la atmós-
fera, etc. ; y una vez substraídas a ellas, es decir, formando subsuelo,
cesa este proceso, teniendo lugar la segunda etapa, la fosiíicación carac-
terizada por la desaparición casi completa del humus.
Supongamos que la descomposición laterítica que da lugar ala forma-
ción de hidrargilita como la formación de zeolitas son fenómenos parti-
culares al suelo.
El contenido de estos componentes debe ser entonces independiente
de la edad de la formación pampeana.
Observamos, en realidad, que la cantidad de hidrargilita y zeolitas es
algo mayor en las formaciones más modernas, debido probablemente a
una cierta solubilidad de estos minerales en soluciones alcalinas y como
tales podemos comprender las aguas de la primera napa.
Mientras constatamos una cierta retrogradación de hidrargilita y
zeolitas ala par de mayor edad geológica de las formaciones pampeanas,
en cambio notamos un aumento bien apreciable en substancias caolí-
nicas y diminución correspondiente en feldespatos. Debemos atribuir
este fenómeno a un proceso diagenético, ayudado durante el período de
fosiíicación por los productos de descomposición del humus.
— 237 —
B, Estudio sobre Sos fenómenos de absorción del loess pampeano
El análisis químico racional de diferentes muestras del loess, descrip-
to en el capítulo anterior y además los fenómenos de absorción observa-
dos con el loess respeto a soluciones de ciertas sales y colorantes básicos,
nos llevaban a la conclusión de que una gran parte de loess pampeano
debe estar constituida por substancias neolíticas.
Es nuestra opinión que estas acolitas no solamente llevan una misión
importante como parte integrante del loess, desde el punto de vista
mineralógico, sino que también su presencia nos facilita aclarar ciertas
particularidades de la formación pampeana, como la presencia de la
tosca, la de las aguas alcalinas, cambio de distintas napas de agua de
diferente tipo, etc.; por eso liemos creído necesario estudiar detenida-
mente el efecto recíproco entre las soluciones y el loess pampeano.
Veremos más adelante que nuestros resultados concuerdan en parte
con los obtenidos por diferentes autores, efectuados con las tierras ara-
bles para fines agrícolas.
Un resumen bastante amplio sobre trabajos de absorción se encuen-
tra en el tomo LII del Buró of soils, Norte América; además en la enci-
clopedia de Fremy tomo UXIX por Scldosing y en la. tesis del doctor
Orsini F. F. Ni col a, Contribución al estudio de los fenómenos de absor-
ción y adsorción , de los cuales nos liemos servido en mayor parte para
la breve exposición histórica sobre trabajos de absorción.
En el año 1848 M. Huxtable y M. S. Thompson descubrieron una
nueva calidad en la tierra vegetal : la de fijar ciertas materias fertilizan-
tes ; al mismo tiempo M. Thompson encontró la particularidad de la tie-
rra arable de retener el amoníaco tanto de una solución alcalina amo-
niacal como también de soluciones de sus sales como sulfates, nitratos
o clorhidratos. Poco más tarde comenzaba M. Th. Way sus investiga-
ciones clásicas, demostrando que el poder absorveote de las tierras ara-
bles no se limita a las sales amoniacales sino se extiende también a
todas las sales solubles de bases alcalinas y alcalino-terrosas. Demostró
también que la naturaleza de los ácidos que entran en las sales alca-
linas solubles es indiferente. M. Th Way ya se ocupaba también de
la cuestión a que elementos del suelo debía atribuirse el poder absor-
vente y llegaba a la conclusión que este no pertenecían ni a la arena
ni a la cal (carbonato de cal) sino a las partes finas y arcillosas.
Fué el primero que atribuyó la absorción a un intercambio entre la
base de ciertos silicatos del suelo (zeolitas, caolín as) y la de la sal usada
como fertilizante.
Los trabajos de Way quedaron casi olvidados pero sus resultados
fueron completamente confirmados por los ensayos de R. Gnus ejecuta-
288
dos en parte con tierras vegetales, pero, lo qne es, más importante, con
diferentes minerales de la clase de zeolitas, como apopliilita, analcima,
natrolita, desmina, stilbita y chabaeita.
Antes de entrar más detalladamente en la disensión de los trabajos
de 11. Gans, que indudablemente resolvieron de un modo concluyente
las dudas respeto a las verdaderas causas de los fenómenos de absorción,
mencionaré, todavía, por interés histórico, los trabajos de algunos autores
que si en realidad no contribuyeron en aclarar los fenómenos de absor-
ción, más bien desviaron los conceptos sencillos sobre estos que ya
fueron exteriorizados por Way en sus primeros trabajos.
Según Schlosing, que lia puesto en paralelo la fijación de los princi-
pios fertilizantes con los fenómenos de tintorería, el humus de los suelos
se comporta como un mordiente, quiere decir que sirve para retener
estos principios sobre la superficie de los elementos arenosos; una supo-
sición que él no comprueba con datos experimentales.
M. Grandeau ha estudiado especialmente la influencia de la materia
orgánica en la fijación de los principios fertilizantes ; como objeto él ha
elegido para sus investigaciones la llamada « tierra negra » de Rusia,
que según este autor es de una gran simplicidad; una mezcla de arena,
blanca y humus. La disposición del ensayo era la siguiente : La tierra
filé puesta en un balón y lavada con un ácido muy diluido, que debía
eliminar las bases, insolubilizando al mismo tiempo los ácidos húmicos;
después de haber tratado la tierra con una solución amoniacal, quedaba
la arena casi enteramente decolorada. Evaporando en sequedad una
parte de la solución amoniacal del humus y calcinándola, encontraba en
las cenizas potasio, calcio, óxido de hierro y ácido fosfórico. M. Gran-
deau deduce ahora que estos principios unidos a la materia húmica se
han escapado a la acción disolvente del ácido diluido : el poder absor-
vente del humus los había retenido. A mi parecer la conclusión a que
ha llegado M. Grandeau no es del todo convincente. Con mayor razón
se puede atribuir el contenido de la ceniza a un intercambio del amo-
níaco con las bases de zeolitas de la tierra arenosa (como calcio y potasio)
sin necesidad de recurrir a un poder de retención del humus ; puesto
que se trata de una tierra conocida por su fertilidad no es de suponer de
<pie la arena blanca sea compuesta por cuarzo; en este caso naturalmente
no podría poseer un poder de absorción.
El humus mismo, problabl emente, contiene el ácido fosfórico en for-
ma de un ácido complejo orgánico.
Llama la atención que los grandes químicos agrícolas como Knop y
Grandeau, no obstante los trabajos de Way, se formaran ideas tan ex-
trañas sobre fenómenos de absorción. Knop cree que por la absorción
del amoníaco de una solución de cloruro de amoníaco se forma ácido
clorhídrico libre, que en suelos pobres de cal, hay que neutralizarlo,
239 —
agregando carbonato de calcio para que se verifique la absorción. Pero,
según los ensayos de Way, la absorción de nitrógeno está basada en el
intercambio del amoníaco contra la base de ciertos hidroalumo-si beatos
dobles. Es sabido que Knop ba usado el poder de absorción de los suelos
relativo al amoníaco para su método de clasificar las tierras arables. La
facilidad con que el suelo suministraa las plantas ciertos elementos ferti-
lizantes que muy amenudo se encuentran en un estado apenas accesible
al ataque con ácidos diluidos, pero sí fácilmente solubles a causa de fenó-
menos de absorción, la explica Grandeau por una hipótesis ingeniosa. Él
supone que los principios nutritivos pueden unirse a la materia húmica
que posee para ellos una gran afinidad y, una vez unidos a esta materia,
se hallan más susceptibles para ser disueltos por los ácidos de las raíces
de las plantas que penetrarían en ellas dejando afuera los coloides
(humus) retenidos por la membrana externa de las células.
Más tarde la mayoría de los químicos se inclinaron otra vez a la
opinión de Way, aceptando como causa principal para el poder de
absorción de los suelos el intercambio químico; confirmativos en este
sentido son los trabajos de Frank enl86G. Él ha estudiado el efecto de la
absorción de KC1, pero en vez de agitar la tierra con una cierta cantidad
de una solución de KOI al uno por ciento, la deja filtrar por una capa de
tierra de distintos espesores ; su modo de operar es, pues, muy parecido
al nuestro. De sus resultados menciono solo los más importantes: Frank
constataba que el contenido de cloro no cambiaba pasando la solución
por una capa de tierra ; que en una profundidad de 12 pulgadas el filtra-
do contenía solamente un 9 por ciento de la cantidad anterior de potasio
y al fin penetrando por una capa de G pies, todavía retiene un 2 a 2,5
por ciento del potasio original. Por eso opina el autor que a una cierta
atenuación, una parte de potasio en 40 ó 50.000 partes de agua, es más
efectivo para retener la substancia disuelta que el poder de absorción
del suelo. Encontraba, además, que la absorción de potasio de una solu-
ción de sulfato, es más rápida y que 3a presencia de cloruro de sodio dis-
minuye 3a absorción de potasio. Una solución que contiene 1 gramo de
cloruro de sodio y 1 gramo de cloruro de potasio disueltos en 100 cen-
tímetros métricos de II 5 O atravesando una capa de tierra de 18 pulgadas,
guardaba todavía 18 por ciento del potasio primordial contra 5 por ciento
sin adición do cloruro de sodio; es decir, la presencia de sodio reduce la
absorción de potasio.
De las investigaciones de Salomón efectuadas con soluciones de nitrato
de calcio quedaba establecido que el contenido de humus no influye sóbre-
la absorción, lo que es contradictorio a la teoría de Grandeau. Treutler
demostraba, además, que la presencia de humus rebajaba la absorción,
probablemente por la formación de grandes cantidades de ácido carbó-
nico.
240 —
Fig. 21. — Aparato para ensayos de absorción
— 241
Si es cierto que los trabajos de Biedermann no aportan ningún nuevo
elemento para la teoría de la absorción, no obstante demuestran el gran
valor de una íntima coherencia entre el poder de absorción de los suelos
y su fertilidad.
Antes de tratar los resultados de nuestras investigaciones debo hacer
presente, que la forma de ejecutar los ensayos influye mucho sobre
ellos.
Muchas de las contradicciones son debidas a menudo porque los en-
sayos no fueron verificados del mismo modo. Hay que distinguir bien las
dos formas de practicar la absorción, sea por filtración de una solución
de sales poruña capa de tierra y analizando los cambios que han sufrido
los filtrados; o poniendo en contacto una cierta cantidad de tierra con la
de una solución, agitándola. En el primer caso, el de la filtración, se pue-
de, agregando siempre nuevas cantidades de la solución salina, llegar a
un agotamiento completo del poder de absorción contra la base de la solu-
ción salina empleada ; en el segundo caso, agregando a la tierra una can-
tidad dada de solución salina no se llega a un intercambio total. Pues
como la reacción entre las bases de las zeolitas y la de la solución es
reversible, se establece un equilibrio interviniendo la acción de masa.
Los ensayos de Way, Knop, Rumpler, Henneberg, Stchmann y Brus-
tlein pertenecen todos al segundo caso.
Los ensayos de filtración, probablemente por exigir largo tiempo,
varias semanas a veces, son poco numerosos; entre ellos figuran los de
Franlc, ya mencionados, con tierras arables y además los nuestros con
el loess pampeano.
Nos decidimos por el método de filtración, por ser éste el que más se
aproxima a las condiciones naturales en que obran en la naturaleza las
aguas subterráneas sobre las capas de loess y esperando que tal vez los
fenómenos de absorción nos podían dar alguna luz sobre las relaciones
genéticas de las aguas subterráneas de la formación pampeana.
La disposición de los ensayos fué la siguiente : En un tnbo de vidrio
de 1,5 metros de largo y 2,5 centímetros de diámetro se pusieron 100
gramos de tierra pampeana secada a 120°, que formaban una columna de
25 centímetros de espesor sujetada entro dos tapones de algodón desen-
grasado de manera que dejaba libre en la parte inferior del tubo, un
espacio de 35 centímetros de altura que servía para almacenar el filtrado.
La base del tubo fué cerrada por un tapón de goma provisto con dos
tubos de vidrio, uno, el más corto a (véase dibujo fig. 21) servía para
dar salida a la solución filtrada y el otro, b, que alcanzaba hasta el algo-
dón inferior para dejar pasar el aire desalojado por el líquido filtrante.
Para la filtración fueron usadas soluciones de distintas sales, con pre-
ferencia de las que suelen encontrarse en las aguas de la Provincia,
como cloruros, sulfatos, bicarbonatos alcalinos, bicarbonatos y cloruros
242
alcalino-terrosos. Para obtener datos directamente comparables se ha
empleado soluciones normales de las distintas sales.
Cada una de estas soluciones filé puesta en la parte superior de su
tubo respectivo. El tiempo necesario para que se acumularan en la liarte
inferior 100 centímetros cúbicos del filtrado era, término medio, 3 a 4
días. Las reacciones que tuvieron lugar entre las soluciones filtrantes y
la tierra pampeana están ilustradas para mejor claridad por cuadros
que van adjuntos.
El primer campo doble, de 10 centímetros de altura, representa 100
centímetros cúbicos de la solución aplicada antes de la filtración, es
decir, la parte izquierda, azul, el catión potasio; en la parte derecha, co-
lorada, el anión claro ; los siguientes campos dobles corresponden en-
tonces, en el mismo orden a los filtrados ; el cambio de bases está ex-
presado por un cambio de colores, eligiendo para el calcio y magnesio:
verde y amarillo.
I. Ensayo de filtración con una solución norma l de cloruro de pota-
sio. — Por el análisis se constata que en el filtrado 1 quedó presente
todavía una parte del potasio 7 por ciento, la mayor parte : 05,29 por
ciento, está reemplazada por calcio y una parte menor, 27,80 por ciento,
por magnesio. El contenido de cloro quedó estable.
Por la filtración a través de la capa de loess, el líquido lia sufrido, pues,
una transformación fundamental. Mientras que antes de la filtra ceión la
solución contenía solamente cloruro de potasio, ahora contiene principal-
mente cloruro de calcio y de magnesio. En los filtrados sucesivos siem-
pre quedó invariable el contenido de cloro bajando rápidamente el tenor
en calcio y magnesio hasta que desaparece totalmente en el quinto filtra-
do, como se ve en los datos correspondientes:
Filtrado 1
2
— 3
t Calcio . .
( Magnesio,
i Calcio . .
( Magnesio,
\ Calcio . .
/ Magnesio
í Calcio
4 s
l Magnesio
( Calcio
o 1
( Magnesio
Por ciouto
65,29
27,86
38,8
10,2
9,24
2,5
3,82
1,15
vestigios
0,0
Por ciento
Cambio total 93,15 C1 100
— 39,0 C1 100
— 11,74
— 4,77
— 0,0
N
Suma total 148,66 cm — KC1
La cantidad de cloruro de potasio que ha sufrido un intercambio con
el calcio y magnesio de las zeolitas de la tierra pampeana no es despre-
CUADRO I
ENSAYO DE FILTRACIÓN CON UNA SOLUCIÓN 1/10 NORMAL DE CLORURO DI- POTASIO
100
90
80
70
60
60
40
30
20
10
0
f~~l SODIO.
□ CALCIO.
[ ] MAGNESIO.
l~\ CLORO.
CUADRO
ENSAYO DE FILTRACIÓN CON UNA SOLUCIÓN MO NORMAL DE CLORURO DE SODIO
100
90
80
70
60
50
40
30
20
10
f~~] SODIO.
□ CALCIO.
| | MAGNESIO.
Q CLORO.
— 243 —
dable : 100 gramos de esta tierra pueden transformar 1,25 gramos de
cloruro de potasio en 0,65 gramos cloruro de calcio y 0,184 gramos de
cloruro de magnesio»
II. Ensayo con una solución de cloruro de sodio — En los filtrados
sucesivos se lia encontrado el contenido de cloro invariado. También
tuvo lugar un cambio del sodio contra calcio y magnesio que se mani-
festaba en las distintas fracciones del modo siguiente :
En el filtrado 1 (100 cm) se ba conmutado del contenido de sodio :
Suma total. ...... 148,36
La reacción entre la solución de cloruro de sodio y la tierra pampeana
es análoga a la del primer ensayo con cloruro de potasio, pero hay una
diferencia bien pronunciada respecto a la velocidad con que se producen
los intercambio de las bases ; con cloruro de potasio la conmutación de
bases es mucho más enérgica ; ya en el primer filtrado encontramos 93
por ciento del potasio reemplazado por calcio y magnesio, mientras del
sodio solamente 59,68 por ciento ; en cambio en el cuarto filtrado, del
potasio 4,77 por ciento no más, pero del sodio 13,35 por ciento; recién
en el octavo filtrado la reacción entre sales de sodio y las zeolitas de la
tierra lia disminuido tanto como en el cuarto filtrado de la solución con
cloruro de potasio.
Los resultados totales son casi idénticos en los dos primeros ensayos;
de una solución */i0 normal de cloruro de potasio, fueron transformados
148,66 cm por ciento, y de una solución igual de cloruro de sodio, fueron
transformados 148,36 cm por ciento en cloruro de calcio y magnesio; si
se compara la cantidad de sodio y potasio, reemplazada por calcio y mag-
nesio, resulta que están entre sí, como sus pesos atómicos.
— ‘2-14
III. Ensayo de filtración con una solución de sulfato de sodio */I0 nor-
mal. — El objeto de este ensayo era el de comprobar si el radical ácido
tiene influencia alguna o no sobre el intercambio entre las bases zeolí-
ticas y el sodio.
Se han seguido analizando las filtraciones hasta que cesó la reacción
casi completamente, lo que sucedió en el filtrado 7.
El intercambio entre las bases zeolíticas y el Na, es análoga a los
casos anteriores : se observa estabilidad de la cantidad de cloro y reem-
plazamiento parcial del sodio por calcio y magnesio.
Del sodio 100, se han conmutado:
En el filtrado 1
9
3
4
6
7
l’or ciento
61,29
29,38
20,45
14,35
9,25
7,88
5,65
]'i ti
148,25 cm
’ ¡SO.
Comparando los cuadros II y III se verá, que la absorción del sodio
por la tierra pampeana se verifica del mismo modo e independiente-
mente del radical ácido.
IV. Ensayo con solución */,„ normal de cloruro de magnesio. — Las
investigaciones precedentes nos dan a conocer que las sales de potasio
y sodio cambian sus bases contra calcio y magnesio de las zeolitas ;
% ahora cómo se comportan soluciones de sales alcalino terrosas al fil-
trarlas por el loess ? tendrá lugar a su vez un intercambio de calcio o
magnesio y sodio o potasio de las zeolitas ? Para resolver esta cuestión
filé investigada la absorción que debía tener lugar filtrando una solu-
ción N de cloruro de magnesio eligiéndola como tipo de sal alcalino
terrosa.
De los análisis de los filtrados sucesivos resultaba que se han con-
mutado :
Por ciento l’or ciento
En el filtrado 1
Contra calcio .
Quedaron invariados.
69,20
26,8
í Total
1
96 C1 100
CUADRO
ENSAYO DE FILTRACIÓN CON UNA SOLUCIÓN 1/10 NORMAL DE SULFATO DE SODIO
100
90
80
70
60
50
40
30
20
10
0
SODIO.
□ CALCIO.
|_3 MAGNESIO.
Q CLORO.
CUADRO IV
ENSAYO DE FILTRACIÓN CON UNA SOLUCIÓN T IO NORMAL DE CLORURO DE MAGNESIO
100
90
80
70
60
50
40
30
20
10
0
¡ [ MAGNESIO.
| | CLORO.
□ CALCIO.
245
A la cantidad invariada de cloro corresponden aproximadamente la
suma de las cantidades de calcio y magnesio 90 por ciento. La diferencia
de 4 por ciento de magnesio tal vez representa la cantidad que fué reem-
plazada por álcali, pero es tan mínima que prácticamente no se puede
hablar de un intercambio del magnesio de la solución y del álcali de las
zeolitas.
Bien pronunciado, empero, es el intercambio del magnesio de la solu-
ción y el calcio de las zeolitas; es sorprendente que la misma proporción
que observamos ahora en el primer filtrado entre el calcio y magnesio,
es decir, 2,5 a 1, resultaba también, al filtrar una solución de cloruro de-
potasio por el loess : Io en el primer filtrado de cloruro de potasio había
de calcio 08,29 por ciento y magnesio 25 por ciento ; y 2o en el primer
filtrado de cloruro de magnesio había de calcio 09,2 por ciento y de
magnesio 20, S por ciento.
Para poder determinar la cantidad de calcio proveniente del loess
conmutado por magnesio hemos proseguido la filtración hasta el cuarto
filtrado donde ya se manifestaba la ausencia del calcio.
Del contenido de magnesio de la solución se ha cambiado :
Determinada por diferencia
100 gramos de loess trasmutan pues 0,0 gramos de cloruro de mag-
nesio en 0,09 gramos de cloruro de calcio.
Aproximadamente la misma cantidad de cloruro de calcio (0,05 grs.)
encontramos en los filtrados de la solución de cloruro de potasio.
Podemos afirmar el principio, entonces, que el calcio de las zeolitas
del loess pampeano es convertible contra potasio, sodio y magnesio en
igual grado, tratándose de soluciones equivalentes.
Y. Ensayo con una solución de bicarbonato de sodio normal. — Esta
sal es la causa de la fuerte alcalinidad de las aguas de la provincia y a
veces uno de los componentes que más prevalecen en ellas. Era de pro-
veer que, filtrando una solución de bicarbonato de sodio por una capa
(le loess, tuviera lugar un reemplazamiento de sodio por calcio y mag-
nesio de las zeolitas de la tierra, fenómeno ya constatado con otras sales
de sodio, pero en este caso la absorción de sodio debía traer ciertas
complicaciones.
El intercambio entre la base de soluciones de cloruro y sulfatos alca-
linos y el Ca o Mg de las zeolitas del loess produce la formación de sales
de calcio y magnesio fácilmente solubles, que después se encuentran en
el filtrado, no así con el bicarbonato de sodio. Es cierto que primera-
mente también van a producirse cantidades de bicarbonatos de Cay Mg
proporcionales al poder de absorción de la tierra para el sodio, pero no
se van a presentar en los filtrados.
Es a saber que la concentración máxima de soluciones de bicarbo-
natos de Ca y Mg estables todavía a temperatura normal y presión at-
mosférica es la que corresponde más o menos a una solución */i0 normal
de estas sales.
Filtrando ahora una solución ‘/10 normal de bicarbonato de sodio y
suponiendo que la conmutación de sodio y Ca y Mg se verifica en este
caso en proporciones iguales como con las soluciones de cloruro y sul-
fato de sodio, había que encontrarse en el filtrado 1, una solución l/15
normal de bicarbonato de Ca y ‘/¡o de bicarbonato de Mg aproximada-
mente.
Soluciones tan concentradas no son estables, tiene que haber forzo-
samente una precipitación parcial de los carbonatos de calcio y magne-
sio con desprendimiento, al mismo tiempo, de ácido carbónico. El filtrado
tendrá por consiguiente una alcalinidad menor que la que tuvo la solu-
ción antes de filtrarse. La disminución de la alcalinidad es la medida
exacta de la cantidad total de los carbonatos alcalino terrosos precipi-
tados e incrustados ahora en el loess.
Los ensayos que damos a continuación demuestran claramente que
los fenómenos producidos por filtración, de una solución de bicarbonato
de sodio normal, toman este curso previsto por nosotros.
La alcalinidad de la solución que era antes de la filtración, 100, ha
bajado en el filtrado 1 a 05,(5 por ciento, correspondiendo :
Bicarbonato de calcio. 12,6
— de magnesio 13,6
— de sodio (por diferencia). 40,00
En el filtrado 2, ha bajado a 71,2 por ciento, correspondiendo :
Bicarbonato de calcio 2,85
— de magnesio. 6,75
— de sodio 61,6
CUADRO Va
ENSAYO DE FILTRACIÓN CON USA SOLUCIÓN 1/10 NORMAL DE BICARBONATO DE SODIO
100
90
80
70
60
60
40
30
20
10
0
□ SOD'°- □ MAGNESIO.
□ CALCIO. | | Acido Carbónico de Bicarbonatos.
100
90
80
70
60
50
40
30
20
10
0
CUADRO VB
ENSAYO DE FILTRACIÓN CON UNA SOLUCIÓN 1/10 NORMAL DE BICARBONATO DE SODIO
| | SODIO.
□ Calcio 4- Magnesio calculado en Calcio.
Acido Carbónico de Bicarbonatos.
Acido Carbónico de Carbonatos.
247
En el filtrado 3, lia bajado a 83,3 por ciento, correspondiendo :
Bicarbonato de calcio , 2,6
— de magnesio. . 3,2
— de sodio 77,5
En el filtrado 4, lia bajado a 91,8 por ciento, correspondiendo :
Bicarbonato de calcio 1,43
— de magnesio 2,00
— de sodio 88,37
En el filtrado 5, lia bajado a 95,71 por ciento, correspondiendo :
Bicarbonato de calcio 1,1
— de magnesio 1,62
— do sodio 92,99
En el filtrado G, lia bajado a 98,2 por ciento, correspondiendo :
Bicarbonatos álcalis terrosos 1,5
— alcalino 96,7
En el filtrado 7, quedó invariable la alcalinidad.
Sorprende que en todos estos filtrados siempre se encuentra una
mayor cantidad de magnesio que de calcio, al revés de lo que pasaba fil-
trando cloruro y sulfates alcalinos. En estos casos, la relación entre
calcio y magnesio de los filtrados era más o menos 2,5 de calcio contra
1 parte magnesio. Podemos explicarnos esta excepción, fácilmente, por el
siguiente razonamiento : es muy probable que se hayan formado a causa
de la absorción cantidades de bicarbonatos de calcio y magnesio en la
proporción observada antes (2,5 Ca : 1 Mg) inmediatamente después se
precipita una gran parte en forma de carbonates insolubles y natural-
mente mayor cantidad de calcio por ser más insoluble el carbonate de
esta base que el de magnesio. El filtrado que sólo contiene las cantida-
des no precipitadas de calcio y magnesio en forma de bicarbonatos,
debe contener lógicamente más magnesio que calcio.
Para ilustrar mejor el intercambio total del sodio de la solución y del
calcio y magnesio de las zeolitas, se ha agregado el cuadro Y. b.
La suma del calcio y magnesio precipitada en forma de carbonates y
expresada en calcio fue hallada por la diferencia de la alcalinidad antes
y después de haber filtrado. Sumando esta cantidad de calcio a la de
los bicarbonatos (magnesio expresado también en calcio) obtenemos los
siguientes datos :
Del sodio, de la solución de bicarbonato de sodio, 100, se lian conmu-
tado contra calcio (calcio y magnesio) :
En el filtrado 1, 00 por ciento de esta cantidad :
34,4 o/,
25,(5
- 248 —
Como carbonates . .
— bicarbonatos
En el filtrado 2, 38,4 por ciento de esta cantidad :
Como carbonates 28,8 °/0
— bicarbonatos 9,6
En el filtrado 3, 22,5 por ciento de esta cantidad :
Como carbonates 16,7 °/0
— bicarbonatos 5,8
lili el filtrado 4, 1 1,(53 por ciento de esta cantidad :
Como carbonates 8,2 °/0
— bicarbonatos 3,43
En el filtrado 5, 8,01 por ciento de esta cantidad :
Como carbonates 4,29 °/„
— bicarbonatos 3,72
En el filtrado (i, 3,3 por ciento de esta cantidad :
Como carbonates 1,8 °/0
— bicarbonatos 1.5
Absorción total 143,84 cm3 ‘/10 normal.
En 100 gramos de loess se precipitan 0,5 gramos carbonatos alcalino
terrosos expresados en CaCo3 o en 1 metro cúbico (2500 kgrs.) 12,5 ki-
logramos carbonato de calcio.
VI. Ensayo de filtración con una solución de normal de carbonato
de sodio. — Es conocido (pie ya una cantidad relativamente limitada de
carbonato de sodio en las aguas de riego, es muy dañina para los culti-
vos, según consta por las investigaciones de Hilgard; es pues de interés,
no solamente científico sino más bien práctico para la agricultura,
investigar el comportamiento del loess pampeano respecto a una soln
ción de. esta sal.
Citaré brevemente los resultados de los ensayos, considerando en un
capítulo aparte las consecuencias para la agricultura intensiva..
La alcalinidad 100, lia bajado en el filtrado 1, 14,15 por ciento, co-
rrespondiendo :
Bicarbonato de calcio
— de magnesio (no existen carbonates)..
9,85
4,30
CUADRO VIa
ENSAYO DE FILTRACIÓN CON UNA SOLUCIÓN i 10 NORMAL DE CARBONATO DE SODIO
100
90
80
70
60
50
40
30
20
10
0
| | SODIO.
□ CALCIO.
| [ MAGNESIO.
Acido Carbónico de Bicarbonatos.
fg}r| Acido Carbónico de Carbonates.
CUADRO VI8
100
90
60
50
40
30
20
10
0
¡ 1 SODIO.
□ Calcio + Magnesio calculado en Calcio.
Acido Carbónico de Bicarbonatos.
Acido Carbónico de Carbonatos.
249 —
En el filtrado 2, 30,00 por ciento, correspondiendo :
Bicarbonato <le calcio 21,78
— do magnesio (no hay carbonates) 8,22
En el filtrado 3, 32,8 por ciento, correspondiendo :
Bicarbonato <lo calcio 22,5
— de magnesio (no liay carbonates) 10,3
En el filtrado 4, 32,9 por ciento, correspondiendo :
Bicarbonato de calcio. 22,5
— de sodio (no hay carbonates) 10,4
En el fdtrado 5, 73,8 por ciento, correspondiendo:
Carbonato do sodio 41,8
Bicarbonato de sodio 32,00
En el filtrado C, 91,00 por ciento, correspondiendo:
Carbonato de sodio. 82,00
Bicarbonato de. sodio 9,00
En el filtrado 7, 91,00 por ciento, correspondiendo:
Carbonato de sodio 82,00
Bicarbonato de sodio 9,00
En el filtrado 8, lia alcanzado su alcalinidad primitiva.
En los primeros cuatro filtrados se constataba la ausencia total de so-
dio, de 400 centímetros cúbicos de carbonato de sodio; es de suponer
que se habían formado cantidades equivalentes de carbonates alcalinos
terrosos, las que, por su insolubilidad, naturalmente no aparecen en los
filtrados; sin embargo, debe haber tenido lugar, además, otra reacción
entre la solución carbonata! y la tierra que se manifiesta por la presen-
cia de bicarbonatos. Un simple intercambio de Ca y Mg del loess y el
sodio de la solución debía producir precipitación de carbonatos alcali-
nos terrosos en el loess, con su correspondiente disminución de la alcali-
nidad del filtrado. La presencia de bicarbonatos, en los primeros 4 filtra-
dos, no existe, como tampoco otras sales lo que demuestra que una
parte del sodio del carbonato fue absorbido bajo desprendimiento de
ácido carbónico que a su vez ha disuelto una pequeña cantidad del car-
bonato de calcio y magnesio precipitado en la tierra y es este el que fue
encontrado en forma de bicarbonato en los filtrados 1 y 4.
Este proceso de absorción del sodio, de la solución de carbonato de
sodio, no es debido pues únicamente a un intercambio de bases, como
17
KBV. MUS. LA PLATA.
T. XXV
— 250 —
en los casos anteriores, sino debe haber tenido lugar también una cierta
neutralización de compuestos ácidos por parte del carbonato de sodio
sin cambio de bases. Sobre la naturaleza de estos componentes de carác-
ter ácido no podemos hacer solamente meras conjeturas. Parece, a prime-
ra vista, lo más verosímil aceptar que sea el ácido silícico libre y amorfo
del loess, que se disolvía poniendo en libertad ácido carbónico, pero
debemos prescindir de esta idea por no haber encontrado sílice en los
filtrados.
Más admisible es la idea de interpretar la neutralización parcial del
carbonato de sodio como causado por una agregación del sodio a ciertos
silicatos de la clase de los ácidos alumo-silícicos ; un fenómeno de esta
clase fué observado por Pukall 1 ; tratando caolina por carbonato de
sodio o hidrato de sodio, se forma una zeolita de la composición si-
guiente :
2SiOá A1203 Na., O 2ELO
Además R. Gans 2 en sus investigaciones sobre zeolitas y compuestos
análogos constató que la absorción de amoníaco, en algunos suelos arci-
llosos, aumentó a causa de un previo tratamiento con una solución de
carbonato de sodio. No da una explicación del hecho observado por él,
pero aceptando la posibilidad de una nueva formación de zeolitas abase
de substancias arcillosas, resulta bien esclarecido este fenómeno.
La absorción de carbonatos alcalinos por la arcilla o suelos arcillo-
sos ha sido discutida en una controversia por I. Durnont y L. Maquen-
ne 3, mientras el primero declara todavía como prematuro dar una
explicación razonable sobre este hecho, L. Maquenne replica que el
poder absorvente de la arcilla es una consecuencia lógica de la cons-
titución química... es decir, que tendrá lugar la saturación de oxidrilos
libre del hidrato de aluminio de la molécula de la arcilla por sodio.
Hemos visto que esta explicación abarca solamente una fase de la
absorción, no tomando en cuenta el cambio de bases.
El fenómeno de la absorción de carbonato de sodio por el loess pam-
peano se compone, pues, resumiendo en pocas palabras nuestras ante-
riores consideraciones, de dos reacciones distintas : primera, intercam-
bio de Na de la solución y calcio y magnesio de la tierra, con precipita-
ción do carbonatos alcalino-terrosos, y segunda, neutralización de una
parte de carbonato de sodio, probablemente por los ácidos alumosilíci-
cos (substancias del grupo de la caolina), a consecuencia de éste, resulta
la formación nueva de zeolitas y desprendimiento de ácido carbónico.
1 Berichte, página 2099, 1910.
* Jahrbuch des prensa, geol. Landesanstalt, página 186, 1905.
3 Comptes-rendus de la Academie de Sciences, tomo GXLII, página 347.
251
El poder de absorción del loess pampeano no es despreciable: 100
gramos de esta tierra hacen desaparecer 1,77 gramos de carbonato de
sodio o 1 metro cúbico, 44 kilogramos.
VIL Ensayos con soluciones de bicarbonatos alcalino -ter rosos. — Al fin
liemos ampliado de absorción investigando el efecto de la filtración por
capas de loess sobre soluciones de bicarbonatos de calcio y magnesio.
Me limito a mencionar el resultado que, como era de esperar, no era
otro que el obtenido con soluciones de cloruros y sulfatos alcalino-
terrosos, es decir, cambio de una parte de calcio por magnesio y por
otra parte cambio de magnesio por calcio, estableciendo siempre la
relación de 1 : 2 entre calcio y magnesio en los filtrados.
De estos ensayos resulta que el poder de absorción de la muestra de
loess analizada proveniente del horizonte neopampeano, se manifiesta
en el intercambio de bases al calino- terrosas de las zeolitas por las alca-
linas do soluciones salinas, fenómenos bien conocidos en las tierras de
cultivo. Podemos, pues, atribuir a las zeolitas del loess, un origen análo-
go a éstas.
Lo que he dicho sobre el intercambio de bases no se puede generali-
zar para cualquier clase de loess, al contrario, es de suponer que el loess
de mayor profundidad ya se encuentra en un estado de « saturación
absortiva» para sales alcalinas, es decir, que esta clase de loess en
contacto con soluciones de ellas queda indiferente no demostrando un
intercambio de cal y magnesio de sus zeolitas y álcali de las aguas por
haberse agotado su poder de absorción para bases alcalinas.
En cambio, deben reaccionar fuertemente con soluciones de sales al-
calino-terrosas absorviendo las bases de ellas, conmutándolas contra las
alcalinas de sus zeolitas.
Sería quizas posible hacer una clasificación del loess basada sobre las
manifestaciones de su poder de absorción. Formando como elemento de
comparación la absorción de bases alcalinas, seguramente encontraría-
mos en la formación pampeana horizonte con absorción muy activa y otras
«saturadas» (refiriéndome siempre a la absorción de bases alcalinas)
que no demuestran tal absorción. La razón de esta diferencia debemos
buscarla en el efecto del contacto del loess con las napas de diferentes
tipos de agua. En otro trabajo que trata de la clasificación de las aguas
de la llanura pampeana, demostraré que efectivamente existen horizon-
tes de distinto carácter de absorción y haré un ensayo para establecer
una í’elación genética entre los distintos tipos de agua, apoyándome en
los fenómenos de absorción.
252 —
VIII
Formación post-pampeana
Esta formación ha sido descrita también bajo distintas denomina-
ciones. A. Doering la llamó « formación querandina » y la dividió en
dos pisos, uno inferior, « querandino », y el otro superior, « platease»,
considerándola de edad diluvial. Él separó el aluvial de esta formación,
llamándolo «formación uriana». F. Ameghino en unos trabajos adoptó
la denominación de Doering y en otros la llamó post-pampeana, divi-
diéndola también en dos pisos y las separó del aluvial.
Antes, cuando yo conocía solamente estos depósitos en la costa del
Río de la Plata y en las depresiones por donde corren los ríos y
arroyos que desembocan en el Río Paraná, los consideré como corres-
pondientes a la aluvial ; más tarde, cuando he tenido ocasión de estu-
diarlos en toda su amplitud, me convencí que gran parte de ellos tienen
que ser diluviales. No es posible establecer un límite fijo entre lo aluvial
y lo diluvial por la fauna marina, porque ésta no ha cambiado durante
la transgresión y la regresión que se efectuaron en ese tiempo. Muy
distintas se presentan las condiciones en cuanto a la fauna de mamífe-
ros, pues durante el tiempo que se depositaron estas capas, un gran
número de familias se han extinguido por completo.
En la costa atlántica y en el Delta del Paraná las capas post- pam-
peanas se componen de arcilla, limo, marga, arena y rodados; estos últi-
mos se encuentran solamente en la parte sur de la provincia de Buenos
Aires. Desde San Pedro hasta el Río Negro hay en todas partes del
litoral, en el terreno bajo, bancos de conchillas, en que abunda especial-
mente el género Azara labiata. Estos depósitos se extienden en algunas
partes hasta una distancia de 70 y más kilómetros de la costa actual.
En el norte y en el este de la provincia de Buenos Aires las capas con
fósiles marinos faltan por completo en el terreno alto, mientras que en
el sur, en Carmen do Patagones, por ejemplo, se hallan arriba de las
mesetas, en una altura de más de 50 metros sobre el nivel del mar.
En las depresiones, en el interior de las llanuras, las capas marinas
están reemplazadas por estratos palúdicos (lacustre Ameghino) ; Ame-
ghino considera estas dos facies como dos pisos de distinta edad geoló-
gica, lo que es una contradicción, puesto que él mismo dice: «Mientras
en la costa se depositaban los bancos de conchas marinas mencionadas,
tierra adentro se formaban grandes lagunas a lo largo del curso de los
antiguos ríos nuevamente interrumpidos.» La facie marina que consi-
deró más antigua, la llamó piso querandino y, la facie palúdica, piso
— 253 —
píntense. El doctor Lutz Witte lia practicado un estudio muy detenido
en el partido de Patagones de los depósitos provenientes de la transgre-
sión y regresión postpampeana y si bien es cierto que se trató de inves-
tigaciones locales, estas nos han suministrado datos de gran importan-
cia para la interpretación de las relaciones estrati gráficas de estas capas
en general
En el noreste de la provincia de Buenos Aires existen bancos de
conchillas y capas palúdicas (lacustre Amegli.) que dejan lugar a dudas
si corresponden a una misma transgresión o a dos distintas. Este pro-
blema lo vienen a resolver los estudios de Witte.
Por las relaciones estrati gráficas que presentan los distintos bancos
de conchillas que se hallan en la región de San Blas, llegó a la conclu-
sión, que todas han sido depositadas durante la misma transgresión y
regresión, pero que se pueden distinguir cinco estados de avances y
retrocesos del mar. El dice que después de la regresión en el tiempo
plioceno, que dió lugar a la formación de las areniscas rionegrenses,
hubo una nueva transgresión marina en la época cuaternaria y opina
que los tres primeros estadios corresponden al tiempo diluvial y los dos
segundos al aluvial. El primer estadio está representado por los rodados
fluvio-glaciales (tehuelches) con fósiles marinos que se hallan en una
altura de 50 a 00 metros sobre el nivel actual del mar ; en el segundo
estadio, representado por bancos de conchillas en las mesetas, cerca de
la costa llegó el mar a una altura de 10 metros.
Él considera que este último corresponde al piso queraudino de Ame-
ghino.
Los depósitos del cuarto estado se componen de bancos de conchillas,
terrenos salitrosos cerca de la costa y los del quinto, de rodados y de
arena movediza moderna.
Comparando estas condiciones estratigráñeas con las del nordeste de
la provincia, resulta que Ameghino tenía razón al atribuir los pisos
querandino y platense, al tiempo diluvial. No puede caber ya duda, que
las faeies marinas y palúdicas inferiores de la formación postpampeana
correspondan todavía al terreno diluvial y que solamente la parte supe-
rior desprovista de mamíferos fósiles sea aluvial. Pero en lo que
Ameghino no tenía razón, es que él ha considerado el pampeano lacus-
tre (piso lujan en se) de edad terciaria; es evidente que este piso fórmala
facie palúdica de las capas marinas, que se hallan en los rodados fluvio-
glaciales en Patagones. En el partido de Magdalena y en otras partes
de la costa se pueden observar dos clases de bancos marinos ; en los
unos las conchilhis están sueltas y en los otros, cementadas. Estas últi-
1 Memoria del Ministerio de obras públicas de la provincia de Buenos Aires, tomo II,
1914 y 1915, La Plata, 1916.
— 254
inas seguramente corresponden a los estadios uno y dos de la división
de Witte y las otras sueltas al estadio tercero, que forma el piso quc-
randino, de Ameghino. La diferencia consiste en que al sur los bancos
más antiguos se hallan en un nivel más alto que los más recientes, pero
que en el nord-este sucede lo contrario.
Las capas de concliillas cementadas, que corresponden a esta trans-
gresión, se hallan en esta región sólo en los terrenos bajos ; tampoco las
lie encontrado en parte alguna en el interior, mientras que los bancos
de conchillas sueltas del piso querandino llegan, por la depresión del
Río Paraná, hasta la altura de San Pedro.
Los hechos demuestran que después del primero y segundo estadio de
la transgresión, la costa se elevó en el sur de la provincia a mayor altura
que en el norte. En el Río Negro, durante el tercer estadio, el mamo ha
llegado a cubrir los depósitos anteriores, mientras que en el partido de
Magdalena se pueden observar en muchas partes bancos de conchillas
más recientes directamente encima de los más antiguos.
En cuanto a las facies palúdicas, Ameghino distinguió un piso pam-
peano lacustre o lujanense y otro post-pampeano — lacustre o píntense.
Estos depósitos se observan en casi todas las depresiones, en la provin-
cia de Buenos Aires, por donde corren ríos y arroyos y jamás he encon-
trado entre uno y otro horizonte capas de loess pampeano. Las capas de
estos dos pisos se componen generalmente de una marga de color gris
claro verdoso, que en algunas partes, en las provincias de San Luis y
Córdoba, está reemplazada por una toba volcánica más o menos pura del
mismo color y por esto han sido confundidas con las capas lacustres. En
los depósitos lacustres post-pampeanos se observan frecuentemente es-
tratos de limo arenoso y de tierra negra, lo que ocurre raramente en el
lacustre lujanense. En los dos depósitos abundan pequeüos caracoles
palúdicos, especialmente Hydrobias.
La diferencia entre estos dos depósitos lacustres consiste en la fauna
de mamíferos; mientras que en el lacustre lujanense abundan los fósiles
de mamíferos extinguidos, estos faltan casi por completo, o al menos son
raros, en el lacustre post-pampeano.
Dividiendo los estratos exclusivamente por los fósiles que contienen,
seguramente el piso lujanense habrá que incluirlo en la formación pam-
peana, como lo ha hecho Ameghino, pero no cabe duda que estos estra-
tos se depositaron durante la transgresión querandina. Capas marinas
de esta transgresión no se observan en ninguna parte interpuestas en
el loess pampeano, siempre se hallan encima de este, de manera que por
la regla de la superposición hay que colocar el piso lujanense en la for-
mación postpampeana.
La formación post pampeana comprende los depósitos arcillosos, mar-
gosos, limosos y arenosos con bancos de conchillas marinas y de agua
— 255
salobre, que contienen escasos restos de mamíferos extinguidos. Forma
una ancha faja en la parte litoral de la provincia de Buenos Aires y se
extiende en el terreno bajo en algunas partes hasta 70 kilómetros más
adentro de la actual rivera marina. En el interior de la llanura pam-
peana esta formación está representada por capas palúdicas que Ame-
ghino llamó lacustres. Las inferiores contienen abundantes restos de
mamíferos fósiles y se depositaron en esteros, cañadones y valles de
ríos y arroyos. Á esta formación pertenecen también los médanos fijos
y los de arena movediza que se hallan en la parte litoral y a lo largo do
los ríos y arroyos que nacen en las sierras, como los que se hallan en los
alrededores de los antiguos esteros. En el terreno alto de la llanura, la
formación está representada por una capa de tierra, humus, de poco
espesor.
Llama la atención que después de haberse formado el loess pampeano
se depositó en la llanura pampeana solamente una capa de sedimentos
que, por término medio, no pasa de dos metros de espesor y se podría
suponer que hubiera, habido solamente una acción de denudación. Cier-
tamente, en regiones onduladas, ha habido en las lomas una acción de
denudación en vez de acumulación, pero estos parajes son muy limita-
dos en comparación con el terreno completamente llano. Hay regiones,
como por ejemplo, la de Junín a Carlota, completamente llanas, donde
durante todo el tiempo post-pampeano ha habido una sedimentación.
Numerosos ríos y arroyos, que nacen en las sierras, acarrearon continua-
mente arena y sedimentos finos y los depositaron en los esteros, donde
se formaron médanos a los cuales los desparramaron los vientos sobre
las llanuras ; sin embargo, la capa post-pampeana, fuera de los cañadones
y de las zonas de médanos, no pasa de dos metros de espesor, listo nos
demuestra la lentitud de la sedimentación del material que se transfor-
mó en loess, pues en estas llanuras los depósitos post-pampeanos pasan
gradualmente a las capas de loess.
Al tratar de las transgresiones marinas me tendré que ocupar de nue-
vo con la formación post-pampeana y por esto no entro aquí en mayores
detalles.
IX
Las interposiciones marinas en la llanura pampeana
Hemos visto que el subsuelo de la provincia de Buenos Aires está
construido en su base fundamental de capas continentales, es decir, de
sedimentos que se depositaron en la tierra firme.
Intercaladas en ellas se encuentran, en distintas profundidades, capas
250 —
marinas provenientes de transgresiones, en las que el mar penetró muy
al interior de la llanura pampeana.
El verdadero conocimiento de la relación estrati gráfica de las capas
marinas con las de origen terrestre es de importancia fundamental para
todas las investigaciones geológicas que se hacen en la llanura pam-
peana, ya sea ])ara la explotación de las aguas subterráneas o ya para
aprovechar cualquier otro producto natural. A primera vista parece muy
sencillo eso de constar por los sondeos las interposiciones marinas en
los depósitos terrestres, pero en la práctica se presentan muchas difi-
cultades. En las perforaciones hechas en la provincia de Buenos Aíres,
se lia observado que las capas marinas de transgresiones, que tuvieron
lugar en distintos tiempos geológicos, no están siempre separadas por
estratos de origen terrestre, sino que hay lugares donde los depósitos
marinos correspondientes a distintas transgresiones se hallan uno direc-
tamente encima de otro, y a veces no es posible decir dónde termina el
uno y empieza el otro, porque en las perforaciones raramente se consi-
gue sacar fósiles en estado de poderlos determinar.
Además, hay capas marinas pertenecientes a dos formaciones con fau-
nas muy parecidas, por ejemplo, ly entrcrriana y la patagónica. Hemos
visto que durante mucho tiempo, estos dos depósitos marinos se han
considerado como contemporáneos y solamente por los restos de mamí-
feros, que se encuentran en ellos mezclados con los marinos, se lia podido
comprobar que corresponden a dos períodos geológicos distintos.
Por otra parte, de sondeos practicados en la provincia de Buenos Ai-
res, sabemos hoy que este terreno nunca ha estado totalmente cubierto
por el mar en un mismo tiempo geológico; mientras una localidad se ha-
llaba debajo del unir, otra formaba tierra firme, y en otra transgresión
esta última se sumergía y la otra comarca quedaba en seco. La falta de
fósiles característicos dificulta la determinación de la edad exacta en las
capas marinas, que se encuentran en las diversas profundidades. Ante
todo tenemos que establecer cuántas transgresiones tuvieron lugar du-
rante el tiempo en que se depositaron los sedimentos en la llanura pam-
peana y estudiar la relación estrati gráfica de las capas marinas en las
regiones donde éstas se hallan a descubierto, para poder hacer así de-
ducciones por analogía.
El doctor Richard Stappenbcck, geólogo de la Dirección de minas, geo-
logía e hidrología, lia hecho un ensayo para establecer las relaciones es-
trati gráficas en el subsuelo de la llanura pampeana.; el trabajóse titula:
Resultados geológicos de algunas perforaciones hechas en las provincias
orientales de la República Argentina .
El dice : « Debo anticiparme a manifestar que el presente informe no
1 Boletín del Ministerio de, agricultura, tomo XVI, número 4, 1913.
— 257 —
agota la materia y que por no salir fuera de los límites de este trabajo
no puedo dar aquí las razones que me inducen a emplear el término
« formación pampeana » de un modo completamente distinto al que lo
lia sido hasta ahora. Haré tan sólo presente que, fundado sobre conside-
raciones climatológicas, litogénicas y paleontológicas, abarco con dichos
términos un espesor de terreno muy superior al de los terrenos que otros
autores han acostumbrado a llamar pampeano. »
Basado en los resultados de perforaciones hechas en estas regiones, él
cree poder distinguir cuatro formaciones (terrenos) : Ia Aluviones de poco
espesor; 2a La formación pampeana con las dos interposiciones marinas
más antiguas, es decir, los «estratos santafeeinos » y los «estratos en-
trerrianos» con el piso paranense; 3a El cretáceo; áa Las mantas de me-
láfido.
Los aluviones se componen, según él, en general, de depósitos pocos es-
pesos « de arcilla, fango, arena o limo y tienen importancia sólo en el delta
del Paraná ». Los depósitos marinos de la transgresión postpampeana no
los menciona, y sin embargo, son de una gran importancia para los es-
tudios de las aguas subterráneas, porque no sólo es salada el agua en
estas capas, por lo común, sino porque también lo es la de las napas in-
feriores en los parajes donde existen estos depósitos. Tampoco es cierto
lo que dice que se encuentran solamente en el delta del Paraná.
De la formación pampeana escribe textualmente lo siguiente : « La
formación pampeana está formada en esta región por depósitos de ori-
gen terrestre, es decir, loess arcilloso, tosca, arcilla, marga, marga de pie-
dra, arena y en muchas partes también una arena calcárea (Kalksand)
muy característica, pero no muy espesa que, sobre todo, no se halla en
un horizonte determinado. En estos depósitos terrestres se hallan inter-
puestas en las provincias orientales las dos interposiciones marinas más
inferiores conocidas ahora. Para la más antigua de ellas propongo el
nombre de «estratos santafeeinos», porque la provincia de Santa Fe
está, al parecer, completamente en el dominio de esta transgresión del
mar. La interposición marina más reciente que sigue, está constituida
por los estratos en trerrianos conocidos hace mucho tiempo. »
Lo <pie dice referente a las interposiciones marinas es inexacto; más
adelante se verá que, durante el tiempo en que se depositaron los estra-
tos que él llama pampeanos, ha habido seis transgresiones marinas y no
solamente dos.
No comprendo bien cuáles sean los depósitos marinos que él señala
con el nombre de «estratos santafeeinos», y que, según él, predominan
en Santa Fe, pues no conozco en parte alguna del territorio argentino
depósitos marinos que puedan corresponder a tal transgresión; él mismo
admite la posibilidad de que sea la misma que dió origen a la fase ma-
rina de la formación patagónica.
— 258
No veo ventaja alguna en eso de crear denominaciones nuevas para
capas completamente hipotéticas, pues esto sólo sirve para aumentar la
confusión ya existente en la terminología de pisos y formaciones. El
proceder de Stappenbenck es tanto más inexplicable puesto que en el
mismo trabajo propone se elimine «areniscas guaraníticas», creado por
D’Orbigny, por haber sido estas capas mal definidas. Según él, no
se trata más que de un cambio de facies de los estratos entrerrianos;
este es otro error. Cierto es que las areniscas rojas que forman el ho-
rizonte inferior de la formación guaranítica, como lo ha definido D’Or-
bigny, faltan en las inmediaciones de Corrientes, donde él las ha hecho
figurar en su perfil esquemático, pero existen en otras partes que él men-
ciona. De ninguna manera, pues, se trata solamente de una distinta fa-
cie de las capas entrerrianas; estas últimas son terciarias superiores y
las areniscas rojas son cretáceas o por lo menos del terciario más in-
ferior.
Lo peor del concepto no consiste solamente en la nomenclatura, por-
que él afirma que la parte noroeste de la provincia de Buenos Aires,
parte de Córdoba y casi toda la provincia de Santa Fe hasta Santiago del
Estero, se encontraban debajo del mar durante el tiempo de su supues-
ta transgresión santafecina. En el mapa que acompaña el informe, el lí-
mite occidental de los estratos santafecinos arranca de la costa atlán-
tica cerca de la Mar Chiquita, atraviesa la provincia de Buenos Aires y
pasa en Villa Sauce a la Pampa Central, tomando la dirección hacia La
Carlota, cortando así toda la provincia de Córdoba de sur a norte.
Según esta exposición, tendríamos (pie suponer que en esta parte exis-
tiera una grande geosinclinal, y es muy importante, para las investiga-
ciones de la geología práctica, saber si ésta realmente existe. La expe-
riencia ha demostrado, por ejemplo, que los yacimientos petrolíferos se
encuentran con mayor frecuencia en los anticlinales que en los sinclina-
les y no se deben buscar ni en capas que se depositaron en mares abier-
tos, ni en los centros de grandes depresiones, sino en los depósitos lito-
rales, es decir, en estratos que se depositaron en golfos, bahías, ensena-
das o en una palabra, en mares vadosos.
En muchos trabajos he demostrado que estos territorios, desde tiem-
pos cretáceos, jamás han sido cubiertos totalmente por el mar. Durante
las diversas transgresiones el mar ha invadido el continente por las de-
presiones producidas por movimientos eustáticos y regionales formán-
dose así algo como archipiélagos. Encontrado esta opinión Stappen-
beck dice en su mencionado trabajo: « Habiéndose encontrado los
estratos santafecinos únicamente en perforaciones, daré los datos obte-
nidos hasta hoy : ya en el año 1008, Koth había indicado el hallazgo de
arcilla con fósiles marinos en las perforaciones en Selva, en la esquina
del sudeste de la provincia de Santiago del Estero y en Timóte, en la
— 259
parte noroeste de la provincia de Buenos Aires, como residuos de la
transgresión marina más antigua conocida en la región pampeana ', de-
duciendo de allí la conclusión de que el mar hubiese invadido el conti-
nente en largos brazos (fjorde), conclusión que a él le parece confirmada
por los resultados obtenidos en las perforaciones del Saladillo y Lincoln,
en la provincia de Buenos Aires 2. En Saladillo se encontró, en efecto,
otra vez la arcilla y arena arcillosa marinas fosilíferas, mientras que en
Lincoln, no; pero el hecho de no existir un depósito en un punto no es
una prueba decisiva de que no haya existido alguna vez, y de lo que
paso a exponer resultará, como creo, que estos testigos de depósitos ma-
rinos no indican brazos estrechos del mar, sino una importante y exten-
sa irrupción del mismo en la región pampeana. El mapa agregado da
una idea general sobre el límite hasta hoy conocido de estas capas com-
puestas casi esencialmente de una arcilla verde obscura gris, obscura o
gris verdosa obscura, es decir, de un depósito del tipo del Blauschlick
(fango azul) y más raras veces de una arena más o menos árcillosa. En
el sudeste de la provincia de Buenos Aires se hallaron en Macedo, en la
línea de Juancho a Viboratá, debajo de arena negruzca y a la profundi-
dad de 00 metros, conchillas marinas. Lamento no haberlas tenido, de
modo que no me es posible decir si pertenecen al depósito marino más
antiguo o no. En la perforación efectuada en Guido, profundizada hasta
290 metros, se encontraron 80 metros de arcilla verde marina 3. En la
perforación de Saladillo, ya mencionada, se halló desde 105m40 a 24SmG0
arcilla azul y arena arcillosa con conchillas marinas que JRot.li juzga
tal vez como contemporáneas de la formación patagónica 4. La arcilla
marina con ostras de Timóte es ya conocida desde algún tiempo; hace
poco que se descubrió el mismo horizonte en una perforación en Pehuajó,
pero no en Guanaco, según me informaron. También en Villa Sauce ha
sido atravesada esta capa con ostras fósiles desde los 184 metros. El
punto más occidental de donde conocemos hasta ahora este horizonte
marino, es la estancia El Gallinao, en la parte más meridional de la pro-
vincia de Córdoba cerca del pueblito de Van Praet. Allí existe de 215m65
a 253m60 de profundidad, una arcilla marina gris verdosa, obscura, con
fragmentos de ostras fósiles, descansando sobre arena, arcilla y marga
terrestre de la formación pampeana. Del mismo modo deben pertenecer
a este horizonte marino los depósitos de arcilla que en Rufino comienzan
' S. Roth, Bcitrag zar Glicderung dcr Scdimcntablagcriingen in ralagonien und der
, Pampasregion Nenes Jalirbuchf, Min. Bell., XXVI, página 132.
2 Memoria presentada a la honorable Legislatura por el ministro de Obras públicas,
1911-1912. La Plata, 1912.
3 Datos suministrados por ol señor ingeniero Ford.
4 Memoria, loe. cit. , página 258.
— 2(50
;i los 174 metros bajo la superficie y en los cuales, según Valentín, hay
huesos de pescado no tratándose de ninguna manera de depósitos la-
custres, como cree Both, (pie no han podido formarse en tal espesor por
las condiciones existentes en la región de la transgresión. »
Si en una perforación no se han encontrado depósitos con fósiles ma-
rinos, no es permitido afirmar que estas capas hayan existido antes; te-
nemos que hacer las deducciones por los hechos que se observan y no
por suposiciones. Las capas marinas no faltan solamente en Lincoln,
sino también en otras localidades, como lo demuestran los numerosos
sondeos practicados en la provincia de Buenos Aires.
En la zona que él indica como límite de sus estratos santafecinos, he-
mos encontrado en muchas partes capas marinas y no pueden ser más
antiguas que las extranjeras y fuera de esta zona se encontraron depósi-
tos marinos que seguramente corresponden a transgresiones más anti-
guas que la entrerriana.
Naturalmente se llega a tales resultados, si se considera el fango azul
(Blauscldick) como testigo de depósitos marinos y se afirma que capas
limosas que contienen restos de peces, conchillas de agua dulce y fósi-
les vegetales (como en el caso de Bu fino) no pueden ser de ninguna ma-
nera depósitos lacustres, por el espesor que presentan.
Para mí no hay la menor duda que él ha reunido en su terreno santafe-
vino, capas marinas que correspondería distintas transgresiones; este
término no está justificado y debe ser rechazado ; en primer lugar, no se
han observado en ninguna parte de nuestros territorios capas marinas
(pie correspondan a tal transgresión; los estratos que él menciona perte-
necen en partea la facie marina de la formación patagónica, en parte a.
la entrerriana y aún a otras más modernas, como las que cita en la línea
del ferrocarril de Juanclio a Viboratá.
Lo que dice referente a las capas marinas entrerrianas tampoco con-
cuerda con la realidad. El que no conoce esta región por estudios pro-
pios y mira el mapa que acompaña el informe, tiene que creer que el
mar de la transgresión entrerriana .haya cubierto toda la provincia de
Entre Kíos, gran parte de las provincias de Corrientes y de Santa Ee y
solamente la parte más oriental de la provincia de Buenos Aires.
Al terminar con la descripción de los estratos santafecinos manifiesta :
«la interposición inmediata más reciente que no es de origen terrestre,
la forman, como ya hemos dicho, los estratos entrerrianos con el piso
paranense ».
Los estratos que se designaron con el nombre « formación entrerria-
na », y que antes se suponía que hayan sido depositados durante la trans-
gresión patagónica, se componen de dos facies, una marina y otra fin
1 Segundo censo de la República Argentina, tomo I, Geología.
— 261
vial; pero Stappenbeck no liace distinción entre una y otra clase de
capas; en su mapa figura todo como terreno entrerriano. En trabajos
liidrogeológicos es de gran importancia conocer las comarcas qtie lian
estado cubiertas por el mar en las diversas transgresiones; el lector que
mira este mapa tiene que creer que el mar durante la transgresión baya
llegado basta el Alto Paraná, y que en la provincia de Buenos Aires
baya alcanzado solamente basta el límite oriental, es decir, la parte de
la costa del río Paraná y río de la Plata.
En realidad, en aquel tiempo, el mar no alcanzó a llegar a la altura
de La Paz, y las perforaciones practicadas en el territorio de Buenos
Aires ban demostrado que las aguas del océano habían penetrado en
muchas partes de esta provincia basta el interior del continente. Ya
D’Orbigny y Darwin sabían que la base de las barrancas en la boca del
río Negro está formada de capas marinas entrerrianas. Stappenbeck po-
dría alegar que no conocía el resaltado de nuestras perforaciones y que,
por esto, no lo había hecho figurar, pero ello no justifica que baga figu-
rar capas marinas en parajes donde no existen. Según él, los estratos
entrerrianos se encontrarían en toda la provincia de Entre Ríos basta
llegar al río Uruguay; puedo afirmar que entre Concordia y Concepción
del Uruguay no existen capas de esta formación, ni marinas, ni lluvia-
les. Estos depósitos están bien estudiados en las barrancas del río Pa-
raná, pero no sabemos basta dónde, en el interior de esta provincia, baya
llegado la transgresión. lie practicado algunas investigaciones en Ba-
savilbaso y no be encontrado ni estratos fluviales, ni marinas entrerria-
nas en esta localidad.
No entro a discutir lo que dice referente al terreno cretáceo y la man-
ta melafídica, que forman, según él, el horizonte más inferior, porque
trato solamente de las transgresiones.
El doctor Stappenbeck manifiesta: «La crítica, basada en exploracio-
nes propias, decidirá entonces si la delimitación de la formación pam-
peana, como yo lo entiendo, es natural y, por lo tanto, si es justificada
o no. » De este corto análisis crítico se puede ver que sus exposiciones
no están justificadas.
Los límites de los estratos santafecinos y entrerrianos, trazados en el
mapa, son completamente erróneos, y carecen de valor científico y prác-
tico. Tratándose de un informe oficial de una repartición nacional, sería
de esperar que, por lo menos, los datos que se publican, fuesen exactos,
basados en observaciones en el terreno, pero resulta que todo es hipoté-
tico. El trabajo no está acompañado por un solo perfil geológico de las
perforaciones que se mencionan.
En los estudios geológicos practicados por medio de sondeos be po-
dido constatar basta ahora depósitos marinos que corresponden a seis
transgresiones. Estas son las siguientes, comenzando con la más anti-
— 2 (¡2 —
gua : Ia rocanense; 2a patagonense; 3a entrerriense; 4a mesopampeana o
ensenadense; 5a neopampeana o belgranense; 6a post-pampeana o que-
rand i nense.
La transgresión rocanense. — Esta transgresión lia sido fundada so-
bre depósitos marinos que lie descubierto en un viaje de exploración
realizado en 1895 a 1890 en ¡os territorios del Neuquén y del Rio Negro.
El paraje se halla en la barranca al norte del valle superior del Río Ne-
gro a unas tres leguas del antiguo fuerte General Roca. En otro viaje a
Patagonia encontré capas marinas en la toba abigarrada en un paraje
llamado valle de las Plumas, en la barranca del río Cliubut.
Hoy conocemos muchos lugares en Patagonia, donde existen interpo-
siciones marinas en la formación de la arenisca roja, descubierta por
Carlos Ameghino y el doctor Hauthal, así como en el territorio del Neu-
quén, descritas por el geólogo Windhausen, las que, por los fósiles que
contienen, parece que deben su origen a la misma transgresión.
La edad geológica exacta, a la que éstas corresponden, no está toda-
vía bien definida; algunos autores la consideran cretácea, y otros, ter-
ciaria inferior, lo que ha dado motivo a largas polémicas; ya existe una
considerable literatura que trata del asunto. Muchos de estos autores no
han practicado estudios en el terreno. En el presente caso no nos inte-
resa saber si corresponden al cretáceo superior o al terciario inferior,
sino conocer la relación estratigráfica que representan con las formacio-
nes de origen terrestre y saber si el mar ha cubierto en este tiempo toda
nuestra región como suponen algunos geólogos o si ha penetrado sola-
mente en ciertos parajes al interior del continente.
En los años 1912 y 1913, el doctor Anselmo Windhausen, geólogo de
la Dirección general de minas, geología e hidrología de la Nación, ha
practicado estudios en los territorios de Río Negro y Neuquén, para es-
tablecer la formación en que se encuentran los yacimientos petrolíferos
que existen en aquella región. En un informe publicado en los Anales
del Ministerio de agricultura (sección geología, mineralogía y minería,
t. X, n° 1, 1914), trata ampliamente de las relaciones estratigráficas de
las capas marinas de la transgresión rocanense y de las areniscas rojas
y me permito hacer algunas aclaraciones respecto a su interpretación.
En las páginas 25 y 2G de la citada publicación dice : « Las relaciones
petrográficas y estratigráficas de estos depósitos han sido descritas por
los distintos autores de una manera muy diferente, lo que se manifiesta
ya por la diferencia de los nombres. Mientras que Ameghino creó el
nombre de las areniscas abigarradas y rojas (guaranítico y chuhutiano)
hay dos nombres que también tienen uso en la literatui’a científica :
Formación de los dinosaurios (Roth)y Formación guaranítica (Wilckens).
« Respecto de la denominación Formación guaranítica, opino que es-
— 263
tán justificadas las objeciones de Roth (pág. 94), pues sóbrela edad y las
relaciones de las areniscas de Corrientes etc., para las que creó ese
nombre D’Orbigny, tenemos basta abora muy pocos datos. También
tengo que declinar el nombre de la Formación de dinosaurios, pues vere-
mos más adelante que los restos de éstos, no están distribuidos en toda
la serie, sino que se hallan únicamente en la parte más alta hacia el lí-
mite superior. Por todas estas razones creo más conveniente trasponer
el nombre de las «areniscas abigarradas» (gres bigarrcs Ameghino) a
toda esta serie. Comprendo, pues, bajo este nombre, toda la serie de los
sedimentos, cuyo límite inferior está formado en el cerro Lotena por ca-
lizas neocomianas con bivalbos y en Gonvuneo por arcillas con los Fo-
lypty chites (| Barreábanos?) terminando estos sedimentos hacia arriba
con las formaciones que caracterizan la transgresión del piso rocanense.
« Los ensayos de una separación de pisos y subpisos dentro de esta
serie no han dado hasta ahora un resultado aceptable, y mis propios
estudios están lejos de representar una solución que satisfaga completa-
mente en este sentido. Pero sin embargo, logré constatar en mi último
viaje algunos hechos, que quizá puedan ser considerados como un pri-
mer paso en este camino. Seguro es, que tal división de la serie hará
apoyarse siempre en la diferencia de los caracteres litológicos, y que
tendrá por consiguiente siempre un carácter más o menos convencional.
« La falta de fósiles es completa, y únicamente los horizontes superio-
res contienen los restos de los dinosaurios.
« Es un error pues, si Ameghino ha tratado de paralelizar depósitos
marinos con partes de estas areniscas, hablando también de intercala-
ciones marinas dentro de esta serie. Según mi actual conocimiento, estas
intercalaciones en el sentido de Ameghino no existen, y el proceso de la
sedimentación de las areniscas abigarradas terminó por llegar desde la
región atlántica la transgresión del piso rocanense, cuya edad considero
provisoriamente como senoniano de acuerdo con Wilckens. »
Windhausen cree que la creación de pisos y subpisos dentro de la
formación de las areniscas abigarradas (areniscas rojas) pueda ser de
provecho en lo futuro para la cuestión del petróleo. Aquí no quiero ocu-
parme de divisiones en pisos, ni de la cuestión de nombres, sino del pro-
blema, si la transgresión que dió origen a las capas marinas en Roca
haya sido general o parcial. Tratándose de la opinión de un geólogo que
ha practicado estudios en el terreno, creo conveniente citar, lo que dice
en diversas partes en su informe a este respecto.
En la página 28 Windhausen escribe : « Roth y con él Burckardt y, apo-
yándose en éstos, Ameghino se han formado la idea de que el piso roca-
nense sea nada más que una intercalación marina dentro de las « are-
niscas con dinosaurios». Pero observaciones en el camino a la sierra
Auca Mahuida muestran más claramente aún que las al norte de la Co-
264
lonia Roca misma, que esta idea es falsa. Así pues, no estoy de acuerdo
con Rotli cuando escribe lo siguiente : « Los depósitos del piso rocanen-
se no descansan sobre las areniscas con dinosaurios, sino forman una
lenteja dentro de éstas. Es imposible que en aquella época toda la Pa-
tagonia extra andina hubiese sido inundada por el mar. He encontrado los
depósitos en cuestión solamente en dos lugares, cerca de Roca y cerca
del Valle de las Plumas (río Cliubut). Forman fajas estrechas, cuya ex-
tensión es insignificante comparándola con las de los depósitos conti-
nentales. Hay que suponer, que estas fajas han sido depositadas en
« fjords » que penetraron en el centro del continente.
«Pero nuestro actual conocimiento se ha ampliado de manera que
podemos seguir la distribución de estos depósitos desde General Roca
a través del río Colorado hasta el volcán Payén a base de fósiles que ha
recogido el doctor Backlund, siendo probable que estos depósitos tengan
conexión con el senoniano y daniano de Malargue, Pírcala, etc., que fue-
ron descritos por Burckardt. Todos estos hechos y las relaciones a la
fauna de María Farinha (Pernambuco), las que mencionó por primera vez
Burckhardt, como también el conocimiento de los depósitos equivalentes
de la Patagón i a, hablan en favor de la opinión de Wilckens 1 de que se
trata de un proceso transgresivo grande y uniforme. Puede ser que
ciertas partes del continente, también en la zona extra andina, hayan
permanecido elevadas sobre el nivel del mar, formando así islas, porque
el mar de esta época, sin duda alguna, era muy playo y poco profundo en
estas regiones, lo que explicaré detenidamente más adelante. »
En la página 35 dice: « La opinión dominante consideran las Arenis-
cas Abigarradas como depósitos continentales o terrestres. Con esta opi-
nión fija, yo también me había dedicado al estudio de estos depósitos,
pero tengo que confesar que, cuantos más perfiles de esta serie se me han
ofrecido a la vista, sobre todo en mi último viaje, tanto más he puesto
dudas en esta interpretación. Por otra parte está creciendo el número
de los que declinan terminantemente del carácter terrestre respecto de
semejantes formaciones europeas y norteamericanas. Según losgeólogos
norteamericanos los red beds siempre son depósitos marinos, aunque
formaciones correspondientes a un mar con condiciones muy singula-
res » 2.
Más abajo, en la misma página continúa : «El piso rocanense en esta re-
ejión no es una intercalación dentro de las areniscas abigarradas, sino una
formación bien distinta, que se presenta netamente ■ con un carácter trans-
(j resino encima de aquella serie. Se observa sus depósitos en mayor ex-
1 Wilckens no lia practicado estudios en el terreno.
2 Seguramente los maros tenían que presentar condiciones muy singulares, si en
sus depósitos so encuentran únicamente restos do animales terrestres.
265
tensión como una capa continua desde la confluencia hasta el otro lado
del río Colorado, y parece que existe en ciertas partes una conexión sin
interrupción a las formaciones fosilíferas, que describió Burckliardt de
la parte meridional de Mendoza. Según noticias, que he recibido, parece
que casi todo el curso superior y medio del río Colorado corre por ba-
rrancas de estas capas y un poco al norte de este río las capas de refe-
rencias pasan por debajo de la formación pampeana. Amegliino menciona
depósitos del piso rocanense de la bajada de Gualiche en el curso infe-
rior del río Negro, y por otra parte es un hecho extraño, que ni el perfil
de la perforación de Argerich ni en los perfiles de perforaciones pampea-
nas se ha notado algo de la presencia de depósitos de esta ópoca. Según
von Ihering, las relaciones faunísticas entre Roca y María Familia son
el resultado de un mar, que ligaba la región andina con el valle del río
Amazonas a través del continente, pero Wilckens pretendió con mayor
razón en mi concepto, el camino atlántico de esta fauna. Tierra firme su-
pongo para aquella época en la región del norte de Buenos Aires y déla
Pampa y al otro lado quedó una faja estrecha dé tierra andina (en sen-
tido estricto), de manera que la región de nuestros estudios formaba la
bahía septentrional de un mar que inundaba la mayor parte de la Pata-
gonia. Los que insisten en pretender la diferencia de las edades de lui-
siano, salamquiano, rocaniano, etc., pueden tratar de paralelizarlos
con las distintas faces de mi perfil, suponiendo algunas diferencias loca-
les y temporales del movimiento en distintos lugares pero no cabe duda,
que todo ese proceso corresponde perfectamente al ciclo de una trans-
gresión grande y uniforme. »
Concluye su infome diciendo: «Así era la configuración de la región
cuando entró en la época del piso rocanense el mar desdo el este o sud-
este ahogando paulatinamente todo el continente. La región se transforma,
a una llanura ribereña del mar, cuya pequeña inclinación se prolonga ha-
cia el este en el suelo del mar con la misma inclinación insignificante.
En el fondo se extiende la montaña descrita, y en su falda la erosión
está creando cañadones hondos en capas blancas. La fauna se compone
principalmente de los dinosaurios.
« Avanzando paulatinamente la transgresión desde la región atlán-
tica, entran brazos de mar entre las elevaciones montañosas de la tierra,
los suelos de los cañadones se transforman en golfos del océano, mien-
tras que los ríos empiezan a depositar deltas largos de las bahías y en
el océano.
« Todos los sedimentos de la transgresión son transportados sólo por
■cortas distancias, son masas de arena gruesa y fango, que deben su ma-
terial a un acarreo de los sedimentos antiguos del continente ahogado.
En los golfos con las barrancas paradas de los antiguos cañadones, se
separan trozos grandes de las peñas pendientes que caen abajo, para
KEV. MUSEO LA TLATA. — T. XXV 18
— 266
ser embalados en las masas de fango, sin sufrir mayor transporte. En
otras bahías, en donde las corrientes del agua cambian muchas veces su
dirección, se forman las areniscas con estratificación entrecruzada, que
observamos en gran extensión en el mismo horizonte. En ciertos lugares
la sedimentación agarra los esqueletos de los grandes dinosaurios y los
entierra. Arrecifes arenosos se forman en el agua poco'honday, llegando
hasta la superficie del mar, pueden producir separaciones de bahías y
brazos, en las que se depositan capas de material muy fino, y enrique-
ciéndose la ley de sal, tiene lugar una secreción de yeso, que a veces
llega a tomar grandes proporciones.
« Cuanto más el mar, por avanzar la transgresión, llega a tocar el pie
de la montaña, profundizándose en la región de la planicie, tanto más
penetra paulatinamente desde el este o sudeste la fauna marina. Pero
siempre son formas que prefieren un agua muy baja, faltando completa-
mente formas del alto mar. El papel principal lo tienen las ostras, que
se presentan en una cantidad sorprendente. En ciertos puntos favorables
hay formaciones de arrecifes de briozoos y corales.
«Así viene la culminación del proceso, pero por poco tiempo domina
el mar aquí durante aquella época y la región de las formas pelágicas,
de la vida del alto mar, queda siempre muy lejos en las profundidades
del océano Atlántico. La regresión se lleva a cabo aún más rápidamente
que ha llegado la transgresión, depositando, otra vez esta faz regresiva
masas de arena gruesa y de material arcilloso. Así se concluye el ciclo
y en la región de nuestros estudios el piso rocanense representada últi-
ma transgresión hasta el día de hoy. »
Como se ve, Windhausen incurre continuamente en contradicciones ;
por una parte, él combate la opinión de Amegliino y la mía que los es-
tratos marinos rocanenses se depositaron en golfos y angostos canales
(Fjords), afirmando que se trata de una transgresión general y unifor-
me, que ahogó paulatinamente todo el continente, y en otros lugares, él
mismo habla de bahías y brazos.
No quiero someterle a una crítica severa ; le he citado solamente para
corregir algunos errores muy perjudiciales para la interpretación de la
relación estratigráfica entre los depósitos de origen terrestre y los
marinos.
Este informe está acompañado de un croquis topográfico y geológico
del terreno que él ha explorado y de varios perfiles geológicos esquemá-
ticos.
El que no ha practicado estudios en esta región, difícilmente puede
formarse una idea clara de las condiciones geológicas que presenta esta
zona, porque Windhausen ha usado, en los planos y perfiles, distintos
signos para los mismos depósitos.
En su perfil esquemático transversal déla parte central y oriental del
— 267
territorio del Neuquen (lámina XIII) entre el cabo Loteua y Roca figuran
varios pliegues normales con anticlinales y sinclinales. Yo be podido
constatar en esta región solamente una gran geosinclinal que se manifies-
ta en el hecho, que en las barrancas del río Negro aparece a la altura
de Roca la formación de arenisca roja (arenisca abigarrada) que falta
más abajo.
En este perfil hace figurar una sinclinal en Roca y otra en la confluen-
cia del Neuquén que está rellenada de estratos del piso rocanense, loque
es inexacto, pues en Neuquén no existen depósitos rocanenscs. Enfrente
de Roca mismo la formación de arenisca roja no esta bien visible, porque
el pie de la barranca se halla cubierto de materiales sueltos, pero un
poco más arriba antes de llegar a la estación Allén está bien desarrollada
y en la confluencia de Neuquén las barrancas están construidas total-
mente de capas de esta formación ; solamente en la parte más superior
hay rodados fluvio-glaoiales.
Las condiciones geológicas se presentan en las barrancas de esta loca-
lidad muy claras y si Windhausen las ha estudiado, no me explico cómo
ha podido construir semejante perfil.
Eventualmente se podría suponer que la arenisca roja formara en este
punto la loma de una anticlinal, pero jamás de una sinclinal.
La parte más inferior está formada de arenisca de color rojo de tinte
algo variante. La masa principal se compone de arena cuarzosa y de
l oca calcedónica mezcladas do materiales finos en gran parte de origen
volcánico. No presenta una estratificación neta, no es muy consistente,
pero contiene capas y concreciones cuarzíticas. En esta arenisca abun-
dan los trozos de madera silicificada y restos de gigantescos dino-
saurios.
En el mismo pie do la barranca he sacado un fémur y algunas verte-
bras de un dinosaurio, el más grande que se conoce. Encima hay otra ca-
pa de arenisca de color algo más claro en la que he coleccionado numero-
sos restos de cocodrilos correspondientes a una familia que se encuentra
en los depósitos wealdeanos y purbekeanos de Inglaterra. Esta arenisca
tampoco presenta una estratificación neta y termina en la parte supe-
rior en un banco de cuarcita. Encima de ésta se hallan otra vez capas de
la arenisca roja característica, con restos de los grandes dinosaurios y
madera silicificada, las que llegan hasta arriba de la barranca, donde hay
una capa de rodados fluvio-glaciales. En toda esta parte no he encontra-
do estratos con fósiles marinos algunos a pesar de haberlos buscado con
empeño.
El perfil esquemático del valle del río Negro en la altura de Roca
(fig. 4) que ha construido Windhausen, es aún más defectuoso. Según
este perfil, la base de la barranca en el lado sur está formada de arenis-
cas abigarradas, sobre las cuales se hallan las capas básales del piso
hornm ÑúCá Rto H^ro
268
Demostracióu estratlgráfica de las barrancas del valle del río Negro, frente a Itoca (según Kotli)
— 269
rocanense; encima se encuentran capas que él llamó del jagüel y la parte
superior de la barranca está formada por los rodados patagónicos (fluvio-
glaciales). En el lado norte las condiciones geológicas son, según él,
completamente distintas. Los depósitos del jagüel, que en la barranca
sur se hallan encima de las capas básales del piso rocanense, se encuen-
tran aquí debajo de las capas fosilíferas rocanenses ; directamente arriba-
de estas últimas existen, en la barranca alta, rodados patagónicos y en
el terreno más bajo hacia el valle, la arenisca del río Negro (piso rione-
grense).
Para explicar Sa diferencia de las condiciones geológicas en las ba-
rrancas sur y norte hace figurar dos fallas en el valle del río Negro.
Para mayor claridad reproduzco el perfil en cuestión y publico con-
juntamente uno, que demuestra, la relación estratigráfica de las princi-
pales capas que afloran en este lugar (véanse figs. 18 y 19).
En el lado sur, las barrancas están a pique y por esto las condiciones
estratigráficas se presentan más claras que en el lado norte, donde los
contactos de las diversas formaciones están frecuentemente cubiertas de
materiales sueltos.
En el perfil de Windhausen, la base de la barranca sur está formada
de su arenisca abigarrada, que en mi esquema se marca con el número 1.
La masa principal se compone de areniscas rojas con interposiciones
de estratos arcillosos en que abunda el material de origen volcánico. De
los mismos sedimentos está formada la barranca en la confluencia del
Neuquén, hallándose aquí únicamente en la parte más superior capas de
rodados fluvio-glaciales. El color predominante es rojo con tinte varian-
te. En estas areniscas rojas abundan los restos de dinosaurios y troncos
de madera silicificada.
Encima de estas se hallan otras areniscas de color gris claro con ban-
cos de cuarcita y madera silicificada. Estas son las areniscas que él llama
capas básales del piso rocanense; en mi perfil están marcadas con el
número 3. Los mismos depósitos continúan sin discordancia hasta casi
la cumbre de la barranca y corresponden a la formación de las tobas de
transición. En la parte superior la arena está mezclada con toba volcá-
nica, faltando los bancos de cuarcita, pero se trata en este caso solamente
de un fenómeno local. En general, la base principal se compone de una
toba volcánica gris clara, que se halla en muchas partes de la Patago-
nía encima de la formación de las areniscas rojas. En ella se hallan inter-
posiciones de areniscas y capas más o menos arcillosas ; a veces la toba
tiene el aspecto de verdadero loess ; en este caso el color es pardo.
Windhausen ha dividido estos depósitos en dos horizontes, llamado el
superior « capas del jagüel » ; en mi perfil está marcado con el número 4.
Se podría discutir eventualmente, si la liarte inferior, que él señala
en su perfil de la barranca sur como capas básales del piso rocanense,
— 270
correspondiera a la formación de las areniscas rojas, porque en estos
depósitos se encuentran frecuentemente interposiciones de areniscas
muy parecidas. En el capítulo, que trata de la formación de las tobas de
transición, lie demostrado que a veces no es posible establecer el límite
entre estas dos formaciones, no encontrándose fósiles de mamíferos o de
dinosaurios en ellas.
En el presente caso se nota, empero, entre los dos depósitos una per-
fecta discordancia ; no se trata de una interposición, sino en esta parte
aparece por primera vez en el río Negro la arenisca roja. Para mí no hay
duda, que las areniscas, que ól señala en este perfil « capas básales del
piso roeanense», son más modernas que los estratos marinos rocanenses
típicos y que correspondan a la formación de las tobas de transición '.
En el lado norte del valle, frente a Roca, la barranca no está a pique;
aquí existe una zona de erosión de unas tres leguas de ancho formada
por cerritos (llamados cuchillas) ; recién en el fondo se levanta la barran-
ca de la meseta.
Según el perfil de Windhausen, las llamadas capas del jagüel, que en
las barrancas del sur se hallan encima de las capas básales del piso ro-
canense, se encuentran aquí debajo de las capas fosilíferas del piso
roeanense y por esto él supone que deba existir en el valle una falla.
Cabe preguntar, ¿ cómo sabe ól que las capas del jagüel forman en esta
parte el yaciente de los estratos marinos roeanense, si, según su perfil,
no afloran en ninguna parte en esta localidad ?
En la forma como él ha construido el perfil, las capas del jagüel esta-
rían cubiertas por los depósitos marinos rocanenses y no llegarían en
ninguna parte a la superficie. Las barrancas en el fondo de la zona de
erosión estarían, según él, construidas de capas de este último piso ;
directamente encimase encontrarían los rodados rluvio-glaciales y en la
zona de cerrillos estarían cubiertos de la arenisca del río Negro, que
llegaría hasta el pueblo de Roca. En el texto dice: «En el pueblo mismo
afloran areniscas de color gris sucio que contienen algunos fósiles (Ory-
pitea sp. etc.) se trata de la pendiente del horizonte principal que descri-
biré más adelante .» Esta afirmación es errónea como todo el perfil, que
no responde en nada a la relación estratigráfica, como se presenta en
realidad en el terreno.
1 Estando ya terminado el presente trabajo, recibo una publicación (Am. Jour.
Sci. — Eourtli Series, Vol. XLV, número 265, Jauuary, 1918) en la (pie el doctor
Windhausen trata nuevamente el problema de las formaciones cretáceas y terciarias
de la Patagouia. En ella da un nuevo perlil de las barrancas del río Negro, al sur
de Roca, completamente distinto al primero, pero ésto tampoco es exacto y aún
menos corresponde a la realidad cpio el primero. No entro de nuevo a discutir este
trabajo, pues las conclusiones a que llega están en completa contradicción con los
hechos, que so observan en la Patagouia.
271 —
El pueblo de Roca se halla en el valle bastante retirado de los prime-
ros cerrillos que forman la antigua barranca. En este lugar no hay capas
del piso rionegrense y mucho menos estratos marinos rocanenses. Se
trata de depósitos muy recientes ; los fósiles que consisten en Ostreas y
Grypheas, que se encuentran en abundancia en ellos, han sido arrastra-
dos por las aguas de los yacimientos primarios, que se hallan en la zona
de erosión. Se puede observar, hoy mismo, que en las grandes lluvias los
torrentes, que salen de los cerrillos, acarrean estos fósiles, que son muy
resistentes, hasta el medio del valle.
En el lado norte, directamente enfrente de Roca, los depósitos más
antiguos que afloran, son las capas marinas típicas de la transgresión
rocanense ; encima de estas hay estratos de la formación de la toba de
transición y encima de esta última se halla en algunas partes arenisca
del piso rionegrense.
La parte más superior de los cerrillos y la planicie están formadas
por los rodados fluvio glaciales patagónicos. No hay duda, que Windliau-
sen ha confundido las areniscas ripnegrenses con las capas de la forma-
ción de tobas de transición, que constituyen la masa principal de la zona
de los cerrillos.
Los estratos marinos rocanenses se componen de una roca calcárea
no muy consistente, en que abundan partículas de vidrio volcánico. Es
de color amarillo con un tinte rosado, en ella abundan especialmente
la Ostrea Ameghinoi (rocana) y la Gryphea Burlchardti, Estos depósitos
están marcados en mi perfil con el número 2.
En frente de Roca no se ven las capas de la formación de la arenisca
roja, porque la base de la barranca de los cerrillos está cubierta por sedi-
mentos sueltos recientes, pero más arriba, en frente déla estación Alien,
llegan hasta considerable altura en la barranca. No cabe la menor duda,
que éstas forman el yaciente de los estratos marinos del piso rocanense
y no las capas del jagüel. En otras partes de Patagonia he encontrado
capas marinas de esta transgresión intercaladas en las tobas abigarradas,
que forman parte de la formación de las areniscas rojas.
En un esquema estrati gráfico longitudinal de la meseta, en frente de
Roca, que he publicado en 1898 1 figuran los estratos marinos roca-
nenses como intercalados en la arenisca roja. Bebo hacer presente, que
en aquel tiempo, basándome en las divisiones de Ameghino, consideraba
las areniscas y tobas que se hallan encima de las capas marinas corres-
pondientes a la formación guaranítica (arenisca roja). Más tarde, después
de estudiar las condiciones estratigráficas en la Patagonia hasta el río
Deseado, me he convencido, que las areniscas y tobas que contienen la
fauna de Pyrothcria, son mucho más modernas que los depósitos que
1 Revista del Museo de La Plata, tomo IX, 1898.
272
contienen los restos de dinosaurios y los separé de aquellas, llamándo-
las «formación de la toba de transición ».
Referente a los términos y a la agrupación de los depósitos sedimenta-
rios, se puede ser de distinta opinión ; el hecho es, (pie las capas que Wiu-
dhausen ha designado con nombres del «jagüel y básales» del piso ru-
canease, se hallan en el lado norte de Roca encima de los estratos marinos
rucaneases : las he marcado yo con los números 3 y 4, no porque las consi-
dere como dos horizontes distintos, sino para paral elizarlos con los pisos
de Windhausen l. La masa principal se compone, como he dicho, de toba
gris clara más o menos arenosa; en ella se encuentran bancos de cuar-
citas y estratos de arena cuarzosa gris clara y rojiza. Estas intercala-
ciones se encuentran tanto en la parte superior como inferior y cambian
de una localidad a otra. En la arena abundan los troncos de madera sil i -
ciflcada y en algunas partes se encuentran aquí, en la toba, fósiles mari-
nos ; entre ellas hay Ostreas y Gnjphcas que abundan en el piso roca-
nense lo que es de gran importancia.
Cuando encontré las primeras Ostreas y Grypheas, supuse que se tra-
taba de fósiles depositados secundariamente. Estos fósiles son muy re-
sistentes y pueden ser arrastrados a grandes distancias sin deteriorarse
mucho: no solamente los he encontrado en sedimentos de transporte
reciente en medio del valle del Río Negro, sino también en los depósi-
tos de rodados lluvio glaciales en las mesetas de la cuenca de Vidal.
Pero en la misma toba se encuentran otros fósiles, que no pueden haber
sido transportados de otra parte. Entre éstas hay uno muy particular ;
lo he mostrado a varios especialistas en invertebrados y ninguno me lia
podido decir, a qué grupo pertenece. Tiene alguna semejanza con las
Anthozoas y tiene la forma y tamafiode una coraza de Glyptodón. Cuan-
do encontré el primer ejemplar, supuse que se tratare de una coraza de
la familia Glyptodón, pero resultó, que se componía de capas puestas
una encima de otra, como en una cebolla. También hay una Ostrea de
tamaño mayor que las que se encuentran en los estratos marinos roea-
nenses típicos. A los especialistas, (pie estudiaron la fauna marina pro-
veniente de Roca, les llamó la atención, que ésta se compone de una
1 Nota suplementaria. — El doctor Ricardo Wichmann ha publicado un interesante
trabajo, titulado Contribución a la geología de la región comprendida entre ti río
Negro y arroyo Valcketa (Anales del Ministerio de agricultura de la Nación, sección
geología, mineralogía y minería, tomo XIII, número 411)19.)
En este trabajo ól propone el término « Formación detrítica de Chichinal » para
las capas tobíferas que se hallan encima de los estratos marinos rocanenses típicos
y que Windhausen llamó roeanense basal y jagüel. No me opongo al término pro-
puesto por Wichmann, siempre que se considere como piso local de la formación
de la toba de transición. De este asunto me ocupo más detenidamente en otro tra-
bajo.
— 273 —
mezcla (le tipos cretáceos y terciarios. En el mencionado perfil, publi-
cado en el afio 1898, lie representado los depósitos, que contienen fósiles
marinos, como un solo yacimiento y parece que Windhausen lo lia in-
terpretado lo mismo.
Si se tratara de una gran transgresión general, como él opina, que
anegara paulatinamente todo el continente al terminarse el proceso de
la sedimentación de la serie de las areniscas abigarradas, se tendría que
admitir una invasión de nuevas formas de moluscos, cuando se depositó
la toba gris. El hecho es que los estratos marinos del piso rocanense
típico se componen de materiales característicos de la toba abigarrada,
en que se encuentran los restos de dinosaurios, mientras que las capas
que están encima de estas últimas y que contienen fósiles marinos, se
componen de la toba gris, en que se halla la fauna Pyrotheria. Entre
uno y otro depósito se nota una perfecta discordancia.
Las condiciones estratigráíicasde esta región demuestran que, cuando
se depositaron las capas superiores de la formación de las areniscas ro-
jas, la transgresión rocanense avanzó hasta Roca, pero no llegó hasta la
barranca sur, donde falta todo vestigio de fósiles marinos. Aquí existía
un golfo; seguramente los estratos marinos rocanenses no se deposita-
ron en un mar profundo y se podría suponer que, cuando entibó el perío-
do de regresión, se depositaron las capas de la toba gris en un estuario;
así se explica las interposiciones de arena, en que abundan los troncos
de madera si deificada.
La transgresión y la regresión tienen que haber durado largo tiempo;
el mar avanzó en el tiempo cretáceo y se retiró en el terciario inferior.
Cuando se depositaron las capas marinas inferiores, que afloran en la
zona de los cerrillos, estuvieron todavía en actividad las erupciones vol-
cánicas, que dieron origen a la toba abigarrada y al entrar el período de
regresión, ya empezaron las erupciones que dieron origen a la toba gris
tan característica en Patagonia.
Más adelante, al tratar dé la división de las formaciones, se verá que
en la fauna de mamíferos se nota un largo período de desarrollo, que se
verificó durante este tiempo.
La fauna Notostylops , que se encuentra en la toba abigarrada y que
por su posición estratigráfica corresponde a las capas marinas rocanenses
inferiores, presenta un carácter completamente distinto de la fauna
Pyrotheria, que se encuentra en la formación de la toba gris de transi-
ción. En esta última fauna encontramos ya roedores, que aparecen en
Europa por primera vez en el terciario inferior y hay muchos géneros de
Ungulados provistos de dentadura de corona alta con raíces cortas
(liypsolodonte.) mientras que los géneros de la fauna Notostylops son to-
dos de dentadura baja ( Brachyodonte) . En Europa se ha necesitado casi
todo el tiempo terciario para la transformación de la dentadura brach-
274
yodonte en liypsolodonte. No dudo, que una vez bien estudiada la fauna
marina de Roca se podrán distinguir también dos pisos. Cuando colec-
cionó fósiles en este paraje, no be tenido la precaución de separar los de
las capas inferiores de los délas capas superiores, habiendo supuesto,
que se tratara de un solo yacimiento y todos los que lian coleccionado
más tarde fósiles en el mismo paraje, los consideraron también pertene-
cientes a un solo horizonte.
No sería para mí una sorpresa, si, una vez estudiadas detalladamente
las condiciones estrati gráficas de toda esta región, resultara que el
océano Pacífico, en que se depositaron las capas jurásicas y cretácicas
inferiores, que constató Burckhardt en el sur de la provincia de Men-
doza y en el terrritorio de Neuquén, hubiese avanzado en el cretáceo
superior hasta Roca y (pie al principio del terciario brazos del Atlántico
hubiesen penetrado al continente hasta aquellos lugares. Hasta que no
esté aclarado bien este problema, considero los depósitos marinos en
cuestión como pertenecientes a una sola transgresión y regresión.
Estoy de acuerdo con Windhausen, que los estratos marinos más an-
tiguos, que afloran en Roca, se hayan depositado al terminar la sedi-
mentación de las areniscas rojas, pero no participo de su opinión, que
esta transgresión haya sido general y que toda la formación de las are-
niscas rojas sea de origen marino.
Tampoco es cierto, que los restos de dinosaurios se encuentran sola-
mente en los horizontes más altos, que corresponden a la transgresión
rocanense, como él afirma; al contrario, estos restos son más abun-
dantes en las capas inferiores y al haberse terminado la sedimentación
de esta formación, los dinosaurios se extinguieron por completo. En las
capas, que él llama básales del piso rocanense y del Jagüel, no he en
contrado en ninguna parte de la Patagonia restos de estos animales y
por esto las considero de edad terciaria.
He entrado en todos estos detalles por tratarse de la región clásica,
donde afloran las capas marinas del piso rocanense.
En las perforaciones practicadas en la provincia de Buenos Aires he-
mos encontrado, en muchas partes, depósitos que corresponden a esta
transgresión ; en Bahía Blanca, por ejemplo, se hallan estos en la parte
superior de las areniscas rojas en el límite, donde comienza la toba gris
clara de transición
La transgresión patagonense. — Los depósitos marinos de esta trans-
gresión se conocen mejor que los anteriores; ya D’Orbigny y Darwin los
1 lie escrito el presento trabajo en el año 1916 ; desde entonces lian aparecido
algunas publicaciones que tratan do la transgresión rocanense. Por investigaciones
practicadas por el doctor Keidel y el doctor Scliiller resulta, que en la región del lago
— 275
lian estudiado. Como lie dicho, se suponía antes que los estratos marinos,
que forman la base de las barrancas del río Paraná, en Entre Ríos, y los
que se encuentran en la costa Atlántica, en la Patagonia, correspondie-
sen a una misma transgresión, pero los restos de mamíferos que se ha-
llan mezclados con fósiles marinos en estas capas, han demostrado con
evidencia que han sido depositados en distintos tiempos geológicos.
La distribución de los estratos marinos patagonenses presentan con-
diciones singulares; se encuentran en casi toda la costa atlántica de Pa-
tagonia. Desde la parte norte del golfo Nuevo hasta más al sur del río
Santa Cruz, éstos forman la base de las barrancas y también se encuen-
tran en el interior en la región tabular y en la cordillera. Yo los he visto
en la cumbre del cerro Colorado que se halla al sur del lago ÍTahuel
Huapí a una altura de 2000 metros, y cerca de Corral Foyel en el río
Manso, que desemboca al Pacífico, como en las sierras, donde nace el
río Chubut y en río Deseado a unos 350 kilómetros de la costa atlántica.
Con más razón se podría suponer que esta transgresión marina cubriera
toda la Patagonia y no la rocanense.
Sin embargo, se puede afirmar que, en el tiempo que se depositaron
estas capas, la mayor parte de la Patagonia formaba tierra firme.
En otro lugar he dicho que la formación de la toba gris se compone
de dos facies, una marina y otra terrestre y que esta última tiene una
extensión mayor que la primera. La contemporaneidad de las dos facies
está demostrada por el hecho de que en algunas partes se encuentran en
los estratos marinos, restos de mamíferos pertenecientes a géneros que
abundan en los depósitos terrestres. Por ejemplo, be encontrado en fren-
te de Trelew, a unos 20 kilómetros de la desembocadura del río Chubut,
restos de JSfesodon , Protypotlierium y Propa laehop lop lio rus , que son fósiles
muy característicos de la formación patagónica, en capas con moluscos,
esqueletos de delfines y huesos de pengiiinos. Otro yacimiento donde
los mamíferos terrestres están mezclados con fósiles marinos, se halla
en la barranca del río Chubut antes de llegar a Gaiman. Tratándose de
un paraje que presenta un perfil muy interesante, adjunto una fotogra-
fía (véase lám. XIY). Las capas más inferiores se componen de depósi-
tos de arena con bancos de cuarcita de la formación de la arenisca roja;
en ellos lie encontrado restos de mamíferos de la fauna Notostylops . So-
bre éstos se hallan depósitos de toba gris clara, igual a la que en Roca
se encuentra sobro las capas marinas. Aquí no he encontrado ninguna
Colbuapi y río Chico, territorio Chubut, existen varias interposiciones marinas en
depósitos terrestres do la formación de la arenisca roja y la toba de transición, de
manera que no se trata do un solo ciclo do transgresión uniformo, como supone
Windhausen. Habrá que admitir por lo monos dos, do los cuales uno correspondo al
piso rocanense y el otro al piso salamanqnense do Ameghino.
276
clase de fósiles, pero en otros lugares abundan en esta tóbalos restos de
la fauna Pyrotherium. Directamente, encima, hay un banco de toba de
color más obscuro, que contiene los mencionados restos de mamíferos y
moluscos característicos de la formación patagónica. Más arriba siguen
estratos marinos sin mamíferos.
La parte más superior de la barranca está formada por depósitos de
rodados patagónicos. La presencia de restos de mamíferos terrestres en
estratos marinos, demuestra con evidencia que esta región no puede ha-
ber sido cubierta totalmente por el mar en el tiempo que se depositaron
estas capas ; no hay duda que éstas se formaron en una ribera.
En la costa de Patagonia predominan las facies marinas y en el inte-
rior las terrestres. En el tiempo de la sedimentación de la formación pa-
tagónica toda esta región debe haber presentado una configuración, como
en la actualidad la Tierra del Fuego y la parte sur de la costa del Pací-
fico. La distribución de las capas marinas indican que en el centro de
Patagonia había grandes golfos que comunicaban por medio de angostos
canales con el mar abierto y no está excluido del todo, que más al norte
existían estrechos como el de Magallanes que unían el Atlántico con el
Pacífico.
Al norte del río Negro no se conoce ningún lugar, donde afloren de-
pósitos marinos de esta transgresión, lo que es muy sorprendente, pues
en las cordilleras del norte encontramos capas más recientes plegadas,
pero hasta ahora no han sido constatados con seguridad estratos mari-
nos de la formación patagónica. Tengo noticias de que en Mercedes, pro-
vincia de Corrientes, se explotan canteras de cal que quizá podrían co-
rresponder a esta transgresión.
En cambio se han encontrado en las perforaciones practicadas en la
provincia de Buenos Aires, en numerosos lugares, capas marinas que
indudablemente han sido depositadas durante la transgresión patago-
nense. Más adelante se verá qne en Bahía Blanca existen en eierta pro-
fundidad las dos facies de la toba gris patagónica, lo que se puede esta-
blecer por el carácter litológico de las muestras de tierra extraída de las
perforaciones.
En otros lugares donde falta la toba, sólo se puede deducir que las ca-
pas corresponden a esta transgresión, por la posición estratigráfica que
ocupan.
Florentino Ameghino ha subdividido la formación patagónica en nu-
merosos pisos, lín un trabajo titulado Les formatiom sedimenta i res da
erétacé supérieur et du tcrtiaire de Patagonie (An. del Mus. nac.de Bue-
nos Aires , t. XV, 1906), divide estos depósitos en dos formaciones :
Santacruzienne y Patagoniennc .
En ellas él distingue ocho horizontes marinos, lo que no se podría ha-
cer ni en las localidades mejor estudiadas de Europa.
con fósiles ele mamifej •
Lámina X IV
Revista del Museo de La Plata, tomo x x v
\ ivsta de la barranca en Gaiman (Clmbut) : ct, Formación de las areniscas rojas con fósiles de mamíferos (Notostylops); h, Formación de la loba de transi-
ción sin fósiles; c, Formación de la toba gris patagónica con fósiles marinos y mamíferos característicos; d , Formación de los rodados 11 uvi o -glaciales
patagónicos.
Lámina XV
.¡los malinos,
i sea.
FORMACION IM. AUKNISCA ROJA
Arenisca \ cuarcita.
OS.
Rkyista i>kl Ml'sko i > i . La Plata, tomo xxv
Lámina XV
I.A I» A 7.
SANTA II. EN A
1*01-111 «lo las barrancas del río Paraná, provincia «l<? Entro Iííos
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lVrlil «!»■ las barrancas «lo liosa rio Santa Fe), basa«lo on sondeos practicados por el Ministerio do Obras públicas do la Nación
FORMACIÓN I'OST-I'AMI'KAXA
formación i'amoeaxa
FORMACK >X EXTRERRIANA
FORMACION 1>K ARENISCA ROJA
Arenisca y cuarcita.
277
Para mí no hay duda que las capas marinas que se hallan en la for-
mación de la toba gris patagónica, han sido depositadas durante una
misma transgresión.
La transgresión entrerriense . — Hemos visto que encima de la forma-
ción de la toba gris patagónica, se hallan en el territorio de la Patago-
nia depósitos sedimentarios que por su carácter litológico presentan mu-
cha analogía con la m olasa de Suiza. Se componen especialmente de
arenisca y conglomerados (Nagelfluh) con estratos de marga y arcilla y
se distinguen, como en Suiza, dos facies, una marina y una terrestre.
En la costa atlántica y en la región tabular esta formación está menos
desarrollada que en la cordillera y la precordillera, donde alcanza un
espesor hasta cerca de mil metros.
Esta serie de estratos se podría designar con el nombre « molasa pa-
tagónica», pero como esta denominación ha sido propuesta para la for-
mación de toba gris patagónica, podría dar lugar a confusiones y, por
esta razón, los he llamado «formación de areniscas patagónicas».
Personalmente he visto en los territorios de la Patagonia las capas
marinas correspondientes a la transgresión entrerriense únicamente
cerca de la desembocadura del río Negro al Atlántico y en Puerto Ma-
dryn. En el primer paraje las capas marinas se encuentran debajo de la
arenisca del río Negro y forman la base de la barranca. En Puerto Ma-
dryn están separadas de los estratos marinos patagónicos por’capas de
areniscas lluviales y forman un banco de conglomerados en que abun-
dan la ostrea Phitippi y la ostrea patagónica. Aquí está bien demostra-
trado que existen dos depósitos marinos y que entre la transgresión
patagonense y la entrerriense ha habido una regresión del mar durante
la cual se depositaron las capas de areniscas fluviales que contienen ma-
deras silieificadas.
La región clásica de las capas de la transgresión entrerriense se halla
en la costa del río Paraná entre Victoria y La Paz; aquí ya la estudia-
ron D’Orbigny, Darwin, Bravard y Burmeister, etc. En estas barrancas
se pueden observar dos facies, una marina y otra fluvial, las que han
sido tomadas erróneamente por dos pisos. Aquí se puede estudiar direc-
tamente la relación estrati gráfica entre las capas entrerrianas y el loess
pampeano, mientras que en la provincia de Buenos Aires las capas ma-
rinas están cubiertas en todas partes por sedimentos más recientes y las
conocemos solamente por los sondeos.
Agrego aquí un perfil geológico de las barrancas entre La Paz y Dia-
mante y otro de las barrancas en Rosario; este último está basado en
datos obtenidos en sondeos practicados por el ministerio de Obras pú-
blicas de la Nación en ocasión de la construcción del puerto (véase lámi-
na XV).
— 278
En la región de La Paz hasta cerca de Santa Elena, los depósitos en-
trerrianos están representados por la facie fluvial. En las grandes ba-
jantes del río aflora en la base de la barranca, en el puerto de La Paz,
una peña de cuarcita de color gris y rojo de la formación de las arenis-
cas rojas (formación guaranítica de D’Orbigny) y algo más al norte, ca-
pas de loess pampeano. Las mismas capas de loess he visto también al pie
de la barranca entre Santa Elena y el río Feliciano (véase lám. XYI) y
en Diamante. Estas observaciones que se pueden hacer solamente cuan-
do el río está muy bajo, demuestran que el yaciente de los estratos en-
trerrianos está formado en parte de la arenisca roja y en parte de loess
pampeano. En esta región no me ha sido posible establecer la relación
estrati gráfica entre estos dos últimos depósitos, pero en Concordia y en
Salto Oriental se halla loess pampeano típico directamente debajo de la
arenisca roja.
En las barrancas de La Paz los depósitos fluviales entrerrianos están
formados de arena suelta con bancos de cuarcita y estratos de arcilla;
los únicos fósiles que he encontrado aquí son troncos de madera silici-
ficada.
Los depósitos de arena de color gris amarillento con pequeños estra-
tos rojos se componen de granos de cuarzo y de calcedonia. La abun-
dancia de este último material es muy característica, tanto para la facie
fluvial como para la facie marina. Sobre estos depósitos se encuentran
capas de marga arenosa de color gris claro parecidas a las que Ameghino
llamó lacustre y encima de éstas sigue loess pampeano algo arenoso. La
parte más superior está formada por un espesa capa de tierra humus.
Hasta unas diez leguas en dirección a Paraná la construcción geoló-
gica no cambia mucho, solamente que no he visto en esta parte aflora-
miento de la arenisca roja, ni de loess en la base de la barranca. Antes
de llegar a Santa Elena he encontrado las primeras capas con fósiles ma-
rinos, que aumentan gradualmente de espesor hasta la ciudad de Para-
ná. donde la formación entrerriana se compone únicamente de la facie
marina. El ama la atención que los restos de mamíferos terrestres son
muy abundantes en las capas marinas, más que en las de origen lluvial
y que están limitados a ciertos niveles déla parte inferior; los he encon
trado desde Santa Elena hasta Diamante.
Los yacimientos más ricos en mamíferos, se hallan en las barrancas de
Curtiembre y Villa Urquiza. Estas capas se distinguen de las que con-
tienen únicamente fósiles marinos por sil color más obscuro. A unas dos
leguas más arriba de Curtiembre hay, en la base de la barranca, estratos
de limo arenoso, que contienen muchos restos de mamíferos mezclados
con fragmentos de conchilla y moldes de moluscos, así como rodados de
toscas, cantos de cuarcita y de rocas calcedónicas y es posible que estos
rodados y los moldes de moluscos provengan de capas más antiguas.
Revista di: i. Museo de La Plata, tomo xxv
Lámina XVI
Vista de la barranca del Pnrmnt entre Santa Llena y Feliciano (Entre tilos)
279 —
Se puede ver frecuentemente en las costas actuales, que el mar arroja
a las playas materiales provenientes de formaciones antiguas, que se
mezclan con las de sedimentos recientes lo que debe haber sucedido en
el presente caso. En Villa Urquiza hay un banco de arenisca en parte
transformado en cuarcita, que contiene dientes y trozos de maxilares de
mamíferos terrestres mezclados con dientes y fragmentos de huesos de
cocodrilos, restos de peces de agua dulce y de mar, dientes de tiburones
y de delfines. Estos depósitos presentan las mismas condiciones que se
observan en las playas de grandes estuarios.
Todos estos hechos demuestran, evidentemente, que la trangresión en-
trerriense no ha cubierto toda la provincia de Entre Ríos, como supone
Stappenbeck y otros autores.
El mismo Burmeister, que opinaba que el mar terciario se extendía
desde Entre Ríos hasta Patagonia, después de haber estudiado las ba-
rrancas en Paraná, admitió que éstas formaban la costa del mar que ro-
deaba la parte antigua de la América del Sud ya levantada en esa época
sobre el nivel del océano ; textualmente dice 1 : « No se forman tales de-
pósitos de conchas en costas del mar abierto, sino principalmente en en-
senadas y bahías; y una tal bahía ha sido el lugar en donde se formaba
el depósito calcáreo de la formación terciaria, que por este su modo de
formarse no puede ser universal para toda la extensión de la dicha for-
mación. En verdad testifican las observaciones en diferentes lugares,
que el depósito calcáreo no es carácter general, sino una producción lo-
cal bastante circunscripta. »
Por las investigaciones que he practicado en la provincia de Entre
Ríos desde el año 1882, y por los resultados obtenidos en los sondeos
practicados en las provincias de Buenos Aires y Santa Fe, he llegado a
las conclusiones siguientes : en el tiempo terciario anterior a la trans-
gresión entrerriense, el territorio de Entre Ríos y partes de la llanura de
Santa Fe y Buenos Aires se hallaban en seco. El río Paraná ya corría
por estas regiones mientras que el río Uruguay no existía aún o por lo
menos tenía un curso distinto del actual. Éste ha abierto su cauce que
separa las provincias de Corrientes y Entre Ríos, del Brasil y Uruguay,
en tiempos relativamente recientes.
Cuando entró el período de transgresión entrerriense, el mar avanzó
en dirección de sur a norte transformándose la región en un mar vadoso
con numerosas ensenadas, bahías, golfos y angostos canales; la parte de
Entre Ríos por el lado del río Uruguay, no se sumergió nunca debajo
del agua. En el principio, la región entre Buenos Aires y Paraná forma-
ba un golfo en que desembocaban el río Paraná y numerosos pequeños
ríos y arroyos.
1 Anales del Museo público de Buenos Aires, tomo I, página 118.
— 280
lili estos parajes podían vivir los animales terrestres, cuyos restos en-
contramos en las capas inferiores de la barranca mezclados con fósiles
marinos. Entre los mamíferos abundan los roedores parecidos a la nutria
y al carpincho los que solamente viven en las orillas de ríos; Megamis,
un roedor del tamaño de un gran buey que seguramente tenía el modo
de vivir de los anfibios, lo mismo que los distintos géneros de la familia
Toxodontidae, muy semejante a los hipopótamos. Entre estos restos abun-
dan también los de cocodrilos, de tortugas y de peces de agua dulce pare
cidos al surubí, bagre, armados, etc. Todas estas piezas demuestran que
no han sido acarreadas de grandes distancias por el agua y que se depo-
sitaron en la orilla del golfo, donde se mezclaron con restos de vertebra-
dos marinos, como ser delfines, tiburones y otros peces de agua salada
y moluscos. Al norte de Santa Elena no se encuentran en estos depósi-
tos ningunos fósiles marinos, en cambio, contienen, en gran abundancia,
troncos de madera silicificada, que presentan las mismas condiciones
<pie las que acarrea actualmente el río Paraná.
Cuando el mar avanzó hasta la altura de Santa Elena, se depositaron
en Cerrito, Paraná y más abajo, las capas que contienen únicamente
fósiles marinos.
El río Paraná, como los otros ríos menos caudalosos, ya en aquel
tiempo han atravesado una gran llanura donde depositaron los rodados
gruesos antes de desembocar en el golfo, lo que está demostrado por la
ausencia de conglomerados. Los depósitos fluviales, como marinos, se
componen de arcilla, limo, arena fina y gruesa ; raramente se encuen-
tran estratos de pequeños guijarros de rocas calcedónicas. Cuando entró
el período de regresión, el terreno se elevó del lado de Entre Píos a ma-
yor altura que del lado de Santa Fe y de Buenos Aires. En Paraná el
fondo del golfo terciario se elevó 100 metros sobre el nivel actual del
océano, mientras que los mismos depósitos se hallan en Buenos Aires a
unos 10 ó 20 metros debajo del mar. Al retroceder el mar se formaron
en esta región grandes lagunas y bañados, donde se depositaron las ca-
pas de limo y marga que presentan el aspecto de los estratos lacustres,
que se hallan entre los depósitos marinos y el loess pampeano. Becién
cuando el terreno quedó completamente seco, se empezó a formar el
loess que en algunas partes de Entre Ríos alcanza a un espesor de unos
20 metros.
Con el levantamiento del fondo del golfo acabó la actividad acumula-
dora del río Paraná en Entre Ríos y empezó la acción erosiva. El río
comenzó a abrir nuevos canales a través de los depósitos fluviales y ma-
rinos y se desvió por el lado más bajo de Santa Fe y Buenos Aires, don-
de se depositaron capas «le arena fluviales encima de los estratos mari-
nos y del loess eopampeano. Esto nos explica que en los sondeos que se
practicaron entre Buenos Aires y Rosario se encontraron encima de las
281
capas marinas entrerrianas depósitos fluviales y que donde la facie ma-
rina falta, la fluvial se halla directamente encima del loess, como por
ejemplo, en Rosario.
Con motivo de la construcción del puerto de aquella ciudad, se han
hecho numerosos sondeos en aquel paraje y como la construcción geoló-
gica es muy instructiva, he construido un perfil de la relación estrati
gráfica, como se presenta en las barrancas y en el subsuelo (véase lámi-
na X’V).
Aquí los depósitos entrerrianos están representados solamente por la
facie fluvial, como en La Paz, y descansan encima del loess pampeano.
La masa principal consiste de arena con interposiciones de estratos de
arcilla y pequeños rodados y alcanza, en algunas partes, un espesor de
cerca de 40 metros.
También en San Nicolás existen solamente depósitos fluviales y en Ja
estación Campos Salles, que se halla a cinco leguas de aquel pueblo, se
encontraron las dos facies como en Santa Elena.
En toda la costa del río Paraná, desde Buenos Aires hasta Rosario, el
loess pampeano forma el yaciente de los estratos entrerrianos; encima
de estos últimos se hallan generalmente capas lacustres y, sobre éstos,
otra vez loess pampeano; quiere decir que las capas fluviales y marinas
forman una interposición en los depósitos del loess pampeano. Es, pues,
evidente, que el subsuelo de esa región preséntalas mismas condiciones
estrati gráficas que las barrancas de Entre Ríos desde La Paz hasta
Diamante, únicamente que el terreno se ha elevado en este último lado
a mayor altura. Muy interesante es que el río Paraná actual ha cavado
su cauce a través de la formación pampeana y entrerriana y que actual-
mente deposita su material de acarreo directamente encima de las capas
terciarias.
Si se comparan los restos de mamíferos que están mezclados con los
fósiles marinos en las capas de Entre Ríos, con los que se encuentran
en las de Monte Hermoso y en la base de las barrancas de Los Lobos,
entre Mar del Plata y Mira mar y Cliasicó, las que forman el horizonte
eopampeano, como también con los que se hallan en las capas de are-
niscas de las sierras de Catamarca y en las nacientes del río Mayo en
Chulnit, resulta que todos ellos corresponden a una misma fauna que
representa un período de desarrollo. No muestran más diferencias que
cualquier otra fauna proveniente de distintas regiones; en conjunto pre-
sentan el mismo grado de evolución, y en todas estas capas se encuen-
tran numerosos tipos comunes que faltan en los depósitos más antiguos
y más modernos. El loess -del horizonte eopampeano forma, por consi-
guiente, el equivalente de las facies marina y fluvial de la transgresión
entrerriense, las areniscas en las sierras de Catamarca y de las nacien-
tes en el río Mayo que contienen la misma fauna ; lo que está compro-
1!)
KBV. MUSEO LA PLATA. — T. XXV
— 282
bado también por el hecho que en los lugares donde existe loess de este
horizonte, faltan las capas marinas entrerrianas.
Después de este tiempo han tenido lugar grandes cambios geográfi-
cos en nuestras regiones; cuando entró el período de regresión, el con-
tinente sudamericano se unió con un centro de desarrollo de mamíferos,
del cual antes había estado separado. Más adelante se verá que en los
depósitos de loess mesopampeano aparecen repentinamente géneros que
no pueden haberse desarrollado aquí, porque faltan los precursores en
capas más antiguas y, por lo tanto, tienen que haber inmigrado.
Por otro lado, la presencia de los mencionados restos de mamíferos en
la arenisca de Catamarca, nos demuestra que estas sierras, como mu-
chas otras, no existían cuando se depositaron las capas marinas entre-
rrrianas y el loess del horizonte eopampeano, porque ellas están plega-
das formando parte de las montañas.
ÍTo entro aquí en ulteriores detalles; para nosotros basta saber que
la transgresión entrerriense tuvo lugar en el tiempo en que se depositó
el loess del horizonte eopampeano.
La transgresión mesopampeana o ensenadcnse. — Las capas marinas
que se depositaron durante esta transgresión no tienen la importancia
de las anteriores. En las perforaciones que practicamos en el interior de
la llanura en la provincia de Buenos Aires, no las hemos encontrado en
ninguna parte. Personalmente las he visto en la costa atlántica, en Mar
del Plata, intercaladas en el loess del piso mesopampeano.
También se encontraron en las excavaciones en el dique de Ensenada,
donde las ha estudiado Ameghino; de aquí el nombre «transgresión en-
senadense». Respecto a estas capas, él dice' : «Uno de los resultados
más imprevistos ha sido la constatación de que el pampeano inferior está
subdividido en dos secciones poruña capa de origen marino que se inter-
pone más o menos en la mitad de su espesor con un grueso de uno a tres
metros. Esta capa marina se ha encontrado en las excavaciones del puer-
to, precisamente en el fondo de la excavación, a siete metros debajo del
nivel del agua del río. Está formada por una capa de color pardo, ver-
doso, algo arenosa y aglomerada por un sementó calcáreo en el que se ve
innumerables impresiones de moluscos marinos, particularmente de los
géneros azara , cardium y ostrea , conjuntamente con numerosas Batanas,
de las que ha desaparecido casi por completo el esqueleto calcáreo. La
existencia de esta capa en la ciudad de Buenos Aires la he podido cons-
tatar por el examen de las muestras extraídas de los pozos semisurgen-
tes, y parece se extiende a una parte considerable de la provincia, pues
1 Contribución al conocimiento (le loe mamíferos fósiles de la Repiíblica Argentina, en
Actas (le la Academia nacional de ciencias en Córdoba, tomo VI, página 29, 1889.
283 —
se lia encontrado en los Altos Verdes, partido del Saladillo, cerca del río
Salado, a más de 80 metros de profundidad de la superficie del suelo. »
Hemos heclio varias perforaciones en el pueblo de Saladillo y en nin-
guna de ellas hemos encontrado una capa marina que pueda correspon-
der a la transgresión ensenadense. En una perforación hecha hasta la
profundidad de 250 metros sellan encontrado, en la hondura de 165 me-
tros, depósitos marinos de unos 25 metros de espesor, que, por su posi-
ción ostra ti gráfica, deben corresponder a la transgresión patagonense.
Naturalmente, esto no prueba que en otros parajes del mismo partido no
pueda haber capas marinas más modernas, pero si éstas se hallan a 80
metros de hondura, más probable es que correspondan a la transgresión
entrerriense y no a la ensenadense.
En el parque de Saavedra y en la plaza de Armas, de La Plata, se han
hecho numerosas perforaciones, y en ninguna se encontraron estratos
marinos más modernos que los de la transgresión entrerriense.
Bravard dice que ha visto en la parte inferior de la barranca, en San
Lorenzo, capas marinas que, en dirección a Bosario, se pierden debajo
de las aguas del Paraná.
Yo he recorrido muchas veces estas barrancas en el tiempo de grandes
bajantes en busca de estos estratos, pero no he podido descubrir ningún
vestigio de ellos; en cambio, he encontrado bancos de conchillas de agua
salobre (Braclcicasscr) en los que abunda el género Azara, a unos GO
kilómetros más arriba, antes de llegar a la desembocadura del río Carca-
rañá; quizá Bravard ha confundido estos parajes. En algunos antiguos
mapas este lugar está señalado con el nombre puerto Gómez, que hoy ya
no existe.
El banco está visible solamente en las grandes bajantes del río Paraná,
y se intercala en el loess del piso mesopampeano (véase lám. XVII); la
presencia de un banco de conchillas de agua salobre prueba que, durante
la transgresión ensenadense, el agua del mar se mezclaba en esta altura
con la del río Paraná. El mar en ese tiempo llegó, por lo menos, hasta la
altura de San Pedro. En la barranca del bañado que existe entre Para-
dero y San Pedro, antes de llegar a la estación Tala, hay en el medio del
loess mesopampeano un banco de ostreas. Es sabido que estos animales
viven solamente en el mar y no en aguas salobres (Braclcicasser). En el
presento caso no se trata de conchillas mezcladas y arrojadas en una
playa, sino de un banco de ostras en que los individuos han vivido en
sociedad en el sitio donde se hallan hoy; las dos válvulas están casi
siempre unidas y cerradas, y hay individuos jóvenes y viejos. No cabe la
menor duda que el mar llegó hasta esta localidad. Este banco de ostras,
que descubrí hace más de 40 años, es el único que se ha constatado hasta
ahora en el piso mesopampeano tan al interior de la provincia de Bue-
nos Aires. Parece que las capas marinas de esta transgresión sean más
284
abundantes en la eosta del Uruguay. El doctor K. Walther menciona
varias localidades, entre otras, una, el «arroyo de las Víboras», donde
existe un banco con fósiles marinos en que, según él, se han encontrado
restos de una defensa de Mastodom, lo que demostraría evidentemente
que pertenece al piso mesopampeano.
La transgresión ensenadense tuvo lugar después déla inmigración de
los mamíferos exóticos, loque está demostrado por la presencia de diver-
sos géneros de las familias Equidae, Mastodom, Arctotlierium (Arctodus),
etc., que se encuentran en este horizonte geológico. Durante el tiempo
que se depositaron estos estratos han tenido lugar grandes cambios geo-
gráficos en nuestro continente, lie dicho ya que después de la transgre-
sión entrerriense, cuando entró el período de regresión, la tierra firme
de la provincia de Buenos Aires se extendía mucho más al este de la
actual costa; en todas partes se ve que el loess mesopampeano se pierde
debajo de las aguas del océano. Esta región estaba en conexión con otro
centro de desarrollo de mamíferos y entonces inmigraron géneros exóti-
cos, cuyos precursores faltan en las formaciones más antiguas de nues-
tro territorio. He demostrado también que capas que contienen la misma
fauna de mamíferos, como las que se encuentran en los estratos marinos
entrerrianos y en el loess eopampeano, están plegadas en las sierras de
Catamarca, quiere decir que se han formado en el período de la regre-
sión. Los- movimientos orogénicos que dieron origen a una gran parte de
las cordilleras actuales, probablemente han motivado un nuevo hundi-
miento de la tierra firme en la provincia de Buenos Aires o, viceversa,
el hundimiento ha motivado la estivación de las capas en las regiones
andinas. El hecho es que la comunicación mencionada quedó otra vez
cortada. Debido al avance del mar durante la transgresión ensenadense,
el agua de los ríos y arroyos quedaba represada en el interior de la lla-
nura, y se depositaron las capas lacustres que se observan interpuestas
en las capas del loess mesopampeano y que se hallan en la misma posi-
ción estratigráfica que las marinas.
La transgresión neopampeana o bel gránense, — Capas marinas de esta
transgresión se han constatado hasta ahora únicamente en la parte lito-
ral de la provincia de Buenos Aires. Amegliino ha atribuido a ella el
banco de ostras en San Pedro, lo que es un error. En 40 años que me
ocupo en investigaciones de la formación pampeana, no lie encontrado
en el interior déla llanura estratos marinos interpuestos en el loess neo-
pampeano. Con esto no quiero decir que en depresiones rellenadas con
loess de este horizonte no pueda haber intercalaciones marinas, pero en
ninguno de los numerosos sondeos practicados y alejados de la actual
costa, los hemos constatado.
En La Plata se observa, en muchas partes de las barrancas que limitan
Revista del Museo de La Plata, tomo xxv
Lámina XVII
Yisln de la barranca cu Puerto Gómez (provincia de Santa Pe)
— 285
el bailado de la Ensenada, interposiciones marinas en el loess del hori-
zonte neopampeano : cuando se hacían excavaciones délas cloacas se
encontraron desde la orilla del bañado basta la diagonal 79 y calle 04,
mientras que faltaban en otras partes. Estos bancos son de poco espe-
sor, y en ellos abundan las ostras, que son b abitantes del mar, lo que
demuestra que en este tiempo La Plata estaba rodeada por el mar y no
por el estuario del río de la Plata.
Amegbino, que fué el primer autor que los ha visto y quien se ocupó
de esta transgresión, dice 1 : « Esta misma capa se sigue a lo largo de la
costa, habiéndose encontrado en Tolosa, Ringuelet, Pereyra, Conchitas,
Quilines, Bel gran o y San Pedro. En Bel grano constituye los bancos ma-
rinos estudiados por Bravard, que los bahía tomado por postpampeanos,
como también Burmeister y Moreno. Los pozos de balde practicados en
la meseta lian demostrado lo erróneo de esta opinión, poniendo a descu-
bierto la capa de conchillas a 8 ó 10 metros de profundidad debajo déla
superficie de la arcilla roja. Pero en algunos puntos, como, por ejemplo,
en la misma ciudad de Buenos Aires, falta completamente, al parecer
debido a antiguas denudaciones que la barrieran de la superficie del
suelo de entonces.
« Conjuntamente con las conchillas se encuentran restos de crustáceos,
huesos de pescados, restos de cetáceos y también huesos de mamíferos
terrestres, entre los que he podido reconocer las especies siguientes :
Typothcrium cristatum , Toxodon cnsenademis, Mastodon platcnsis, 11o-
plophorus imperfectas , Eutatns Seguini } ISeoracanthus Burmeisteri , etc.»
Seguramente Amegbino ha confundido capas marinas de distintas
transgresiones; entre los mamíferos que él menciona hay algunos que
no se encuentran en el neopampeano, como, por ejemplo, el Typothcrium .
En Ringuelet, Pereyra, Conchitas y Quilines, no be encontrado en nin-
guna parte capas marinas intercaladas en el loess pampeano. En estos
lugares existen bancos con conchillas marinas correspondientes a la
transgresión postpampeana. Si en Bel gran o se han encontrado realmente
en alguna parte a 8 ó 1 0 metros de profundidad estratos marinos, éstos
corresponden a la transgresión ensenadense. En este paraje, el fondo del
río de la Plata está formado de este horizonte, y encima hay solamente
depósitos limosos muy modernos, faltando las capas neopampeanas. He-
mos hecho numerosos sondeos en la costa, entre Buenos Aires y Tigre,
así como en la costa del río Paraná, y en ninguna parte se encontraron
en el loess neo- y mesopampeano sedimentos con conchillas marinas o de
agua salobre, con excepción del banco de ostras en San Pedro, que
corresponde, como he dicho, a la transgresión ensenadense.
* Contribución al conocimiento de los mamíferos fósiles, en Actas de la Academia nacio-
nal de Córdoba, página 31, 1889.
— 286
En la costa atlántica, entre Mar del Plata y Miramar, existen sedi-
mentos de origen marino que en algunas partes están depositados direc-
tamente sobre el loess del horizonte eopampeano, los que Amegliino
llamó «eolomarino» y que consideró interensenadense. Se trata de sedi-
mentos que no han sido depositados en el fondo del mar sino arrojados a
la playa por las olas durante las mareas y que han sido luego llevados
por los vientos a mayor o menor distancia.
Hay lugares que se componen de una acumulación de fragmentos de
conchillas y entre ellos hay aveces conchas enteras, pero la mayor parte
consiste en arena de médanos mezclada con pequeños fragmentos de
conchillas, en algunas partes cementada, formando bancos muy duros.
lín la barranca de la costa del mar, cerca del arroyo Mala-Cara, par-
tido de Necochea, hay una arenisca compuesta de arena y fragmentos de
conchillas, en que abundan huesos de mamíferos que presentan la carac-
terística estratificación eólica de los médanos. Éstos se hallan encima
del loess del horizonte mesopampeano y en la parte superior presenta el
aspecto de loess muy arenoso (véase lám. XVIII).
En otras partes estos estratos rellenan los valles laterales, y es en
estos lugares que a veces se hallan directamente encima del loess eopam-
peano.
He manifestado ya antes que en esta región ha habido un movimiento
regional, en que las capas meso- y eopampeanas se elevaron en forma de
una suave loma. Debido a este levantamiento, los ríos y arroyos abrie-
ron anchos valles a través de los depósitos meso- y eopampeano, que se
rellenaron más tarde con sedimentos neopampeanos, y en éstos se en-
cuentran en el fondo de los arroyos capas marinas y en las barrancas las
llamadas capas eolomarinas.
El loess de este horizonte es en todas partes muy arenoso y muy cal-
cáreo, de un color claro, conteniendo pequeñas partículas de conchillas.
Por uno de estos valles laterales corre el arroyo Corrientes, en Punta
Mogotes, que está rellenado de loess neopampeano, en cuyo medio exis-
ten bancos de arenisca con fragmentos de conchillas, que Amegliino
señala en su perfil 1 como « arena y arcilla eolomarinas coetáneas del
interensenadense». Xo hay la menor duda que éstas corresponden al
horizonte neopampeano.
En los terrenos altos no he encontrado en esta región capas que se
depositaran en el fondo del mar, que seguramente se hallaba retirado de
la actual costa, pero en algunas partes penetraba en las mareas altas
por los valles laterales, depositando las capas de conchillas fragmenta-
das. El mismo Amegliino admitió que estos valles laterales se han abier-
1 Las formaciones sedimentarías de la región litoral de Mar del Plata y Chapadmalal,
on Anales del Museo nacional, serio 3a, tomo X, página 366, 1909.
Lámina XVIII
Lámina XIX
Revista del Museo de La Plata, tomo xxv
Lámina XVIII
287
to después de depositarse el horizonte mesopampeano y que más tarde
se han vuelto a rellenar, por lo tanto las capas en cuestión no pueden
corresponder a la transgresión ensenadense.
Ha habido también grandes cambios geográficos después del tiempo
mesopampea.no. Grandes extensiones de la tierra firme se sumergieron
debajo de las aguas del Atlántico, y se interrumpió la comunicación
terrestre con el viejo mundo, que existía anteriormente durante algún
tiempo. De los datos que se poseen actualmente délas capas marinas de
la transgresión belgranense, se puede deducir que el mar haya alcanzado
solamente a cubrir la plataforma «lela región litoral déla provincia y
que no haya penetrado al interior de la llanura.
La transgresión postpampeana o querandinense. — De esta transgre-
sión me ocupé ya, cuando traté de la formación postpampeana; no sería
una sorpresa para mí, si resultara que esta fuera la continuación de
la anterior, pero por ahora nos faltan las pruebas. Hemos visto que en
estos depósitos se distinguen dos clases de bancos de conchillas; en los
más antiguos las conchillas están cementadas y en los más modernos
están sueltas. Las primeras corresponden a los estadios uno y dos y las
otras al estadio tres de la división de White '.
El hecho que las capas marinas y col omarinas belgranenses se hallen
solamente en la parte litoral, demuestra que el mar ha estado estacio-
nado en esta región y que durante ese tiempo se depositaron las capas
más superiores del horizonte neopampeano, las que son de arenas cólicas
y loess. Más tarde ha habido un pequeño movimiento eustático que mo-
tivó un avance del mar llegándose a mezclar el agua salada con la del
río Paraná a la altura de San Pedro, donde existen los bancos de con-
chillas (Azara labiata).
En todo caso la transgresión querandinense es mucho más importante
que la belgranense. Las capas provenientes de la primera alcanzan en
algunas partes un espesor hasta de 30 metros, mientras que las de la
segunda no pasan de tres metros, y solamente las acumulaciones eólicas
tienen mayor potencia.
Hemos visto que Ameghino suponía que los estratos marinos belgra-
nenses habían desaparecido en Buenos Aires por la denudación; en tal
caso hubieran desaparecido más bien las capas eólicas que se hallan en
las lomas y no las marinas que se encuentran en las depresiones del te-
rreno.
A pesar de que los depósitos marinos déla transgresión querandinen-
sé están limitados a la región litoral y que el mar ha penetrado única-
1 Memoria del Ministerio de obras públicas de la provincia de Buenos Aires, de 1914-
1915, tomo II, La Plata, 1Ü16.
— 288
mente por los valles de los ríos y arroyos más al interior de la llanura,
ha habido grandes cambios hidrográficos en el territorio argentino. En
ese tiempo caudalosos ríos han perdido su curso superficial y otros han
cambiado completamente la dirección.
Por ejemplo, en Bahía Blanca, en tiempos anteriores a esta transgre-
sión, corría un gran río que formaba el desagüe de la cordillera de los
Andes de la región noroeste de la república. Otro gran río desembocaba
en la ensenada de San Borombón, el que formaba el desagüe de las sie-
rras «le Córdoba y San Luis. Hasta muy al norte se nota la influencia de
esta transgresión; en Santa Ee desembocaba en el Paraná, un gran río
que recibía importantes afluentes délas serranías hasta Salta.
Cuando entró el período de la transgresión «pierandinense, el agua de
los ríos y arroyos quedaba represada en los valles, y se formaron enor-
mes esteros en los que se depositaron las llamadas capas lacustres que
representan la facie palúdica de esta transgresión. En este tiempo se for
mó en la provincia de Buenos Aires el gran bañado que existe entre Ba-
radero y San Pedro; aquí el agua del mar se mezclaba con el agua dulce
y más al interior se depositaron las* capas lacustres, en las que se en-
cuentran bancos que se componen de puros pequeños caracoles de los
géneros Planorbis e ITydrobias, etc. Estos depósitos palúdicos se pueden
seguir por el río Arrecifes hasta más allá de Pergamino y por el arroyo
del Salto hasta cerca de Colón y Junín. Otro bañado de menos importan-
cia existe entre Lima y Alsina, por donde corren el arroyo Cañada Hon-
da y el río de Areeo; los depósitos palúdicos se extienden hasta Carmen de
Areco y Giles. Muy interesantes son las dos depresiones del terreno por
donde corren actualmente el río Luján y el río de Las Conchas, que se
unen en el partido de San Fernando.
En la primera, el mar llegó hasta más arriba de Pilar y los sedimen-
tos palúdicos se extienden hasta el partido de Mercedes. Estos depósi-
tos han sido muy estudiados por Amegliino, quien los ha dividido en dos
pisos lacustres, pampeano o lujanense y pos-tpampeano o querandino.
Entre uno y otro no hay loess pampeano primario y si no se encuentran
mamíferos fósiles, no es posible decir a qué horizonte corresponden. En
los dos pisos se observa en algunas partes loess removido, mezclado con
otros sedimentos. En la otra depresión, por donde corre el río de las
Conchas, los depósitos marinos y de agua salobre se encuentran hasta
la altura de Moreno.
Análogas condiciones presenta el terreno bajo que se halla entre Lo-
mas de Zamora y la Capital federal. Los bancos con conchillas de Azara
labiata llegan hasta la cañada de La Paja, en Marcos Paz y el arroyo de
Cañuelas. Buenos Aires formaba en aquel tiempo una península que
estaba unida con la tierra firme por un angosto itsmo en Merlo.
Una de las depresiones más importantes rellenada con los sedimentos
— 289 —
de la transgresión querandinense es la de la Ensenada de San Borom-
bón con la cuenca del río Salado. Aquí no lie practicado estudios deta-
llados y no sé hasta dónde llegan las capas de las facies marinas; las
palúdicas tienen una enorme extensión, las lie encontrado en Bragado y
en frente de Cliacabuco, así como en Las Flores, Saladillo, etc. Lo que me
llamó la atención es que no llegaran hasta Junín; he estudiado el lecho
del río Salado, cerca de la laguna del Carpincho y aquí faltan estos de-
pósitos, lo que demuestra que este desagüe se ha abierto recién cuando
entró el período de regresión.
Toda la zona inundable del sur de la provincia está formada de depó-
sitos de esta transgresión. En el litoral hay una ancha faja de la facie
marina mientras que más al interior en las depresiones por donde co-
rren los arroyos, predomina la facie juilúdica. En muchas partes las de-
presiones están tan terraplenadas que se diferencian del otro terreno
solamente por la clase do pasto que crece en ellas.
La antigua Bahía Blanca que está rellenada con estratos de la trans-
gresión querandinense presenta condiciones muy parecidas a las del
delta del Paraná, pero ignoro hasta dónde se extienda la facie marina;
he visto algunos bancos de conchillas un poco antes de llegar a Méda-
nos ; casi en todas partes están cubiertos de médanos.
A pesar de que ya no existen corrientes superficiales del gran río que
desembocaba en ella, esta bahía conserva todavía en la actualidad el
carácter de un poderoso estuario con grandes islas como la de Zurita o
Bermejo, isla del Monte Trinidad, isla del Monte e isla Verde. Este es-
tuario se une con el del río Colorado, que a su vez está en conexión con
la bahía de San Blas. En muchas partes se observan las dos clases de
depósitos marinos; en los inferiores las conchillas están cementadas y
en las superiores sueltas. En toda esta costa hasta la bahía de San Blas
los estratos marinos se elevan poco sobre el actual nivel del océano y ge-
neralmente están cubiertos de médanos. Muy distintos se presentan los
estratos en río Negro, donde los ha.estudiado el doctor Witte; allí se
encuentran arriba de la meseta conchillas marinas mezcladas con los
rodados patagónicos, lo que se observa también en algunas partes más
al sur.
Del hecho que los depósitos marinos de esta transgresión se hallan
en el sur a mayor altura que en el norte, algunos autores han sacado
la conclusión de que el nivel del mar haya llegado a mayor altura hacia
los polos durante el período glacial. No puedo participar de esta opinión,
pues si el mar hubiera alcanzado la altura en que se encuentran en el
río Negro las conchillas marinas mezcladas con rodados patagónicos,
una gran parte del territorio entre Carmen de Patagones y Bahía Blan-
ca hubiese estado cubierto por el mar. En mi concepto se trata de un
levantamiento de la tierra firme regional en el período de regresión,
290 —
vale decir, que las barrancas en el río Negro se elevaron a mayor altura
que el terreno más al norte. Así se explica que las capas marinas de la
transgresión entrerriense afloren en estas barrancas y que más al sur
aparezcan también las de la transgresión patagonense, mientras que en el
norte del río Negro se encontraron unas como otras solamente en las
perforaciones a cierta profundidad.
Me llamó mucho la atención, que más al sur de Había Blanca no se
baya encontrado en ninguna parte capas marinas de las transgresiones
ensenadensc y belgranense y que tampoco hayan sido constatadas por
otros geólogos que practicaron estudios en estas regiones.
Los depósitos palúdicos son tanto o más significativos para la calidad
de las aguas subterráneas que los marinos, porque estos últimos se en-
cuentran únicamente en la costa, mientras que los primeros son frecuen-
tes en el interior déla llanura. De los estudios de la calidad de las aguas
que hemos practicado, resultó que en los lugares donde existen estratos
de una u otra facie, el agua es, por lo general, salobre hasta considera-
bles profundidades.
En primer lugar hay que tomar en cuenta los esteros que ocupan
grandes extensiones de terreno. Éstos se lian formado, como he dicho
ya, porque durante la regresión las aguas quedaron estancadas en el in-
terior de la llanura. Es cierto, que esteros se forman en la actualidad a
pesar de que el mar se halla en regresión, lo que es motivado por la obs-
trucción del desagüe, sea. por las acumulaciones de materiales o por mo-
vimientos regionales muy recientes; este fenómeno es poco conocido en
la geología y se puede decir que es una singularidad de la llanura ar-
gentina. Un estero muy moderno se halla en la región de Córdoba donde
se pierde el río Cuarto, el que se ha formado a causa de acumulación de
sedimentos. Aquí se puede observar un fenómeno muy interesante :
cuando llueve mucho en las sierras de Córdoba y se llena el estero, el
agua corre por los cañadones hasta cerca de Rufino y cuando llueve mu-
cho en esta región, corre por los mismos cañadones en dirección opuesta
hacia Carlota.
En la provincia de Santiago del Estero he tenido ocasión de estudiar
un estero, que se formó en Eigueroa, debido a un movimiento regional
muy reciente, el que parece continuar aún hoy; durante mi permanen-
cia en el chaco de aquella provincia, se han abierto grietas de un metro
y más de ancho; he visto una de ellas que tiene una extensión de algu-
nas leguas. lís de suponer que estas hendiduras tan superliciales se ha-
yan producido a causa de un leve alzamiento del terreno.
La zona de levantamiento se halla entre Añatuya y Eigueroa; en este
trayecto el río Salado corre por un cauce muy encajonado. Las barran-
cas son a pique y tienen término medio unos 7 metros de altura, alcan-
zando en el centro de esta zona hasta 13 metros. En esta parte no existe
291
valle, el cauce del río ocupa toda la anchura de la abertura, que no pasa
de 50 metros. El terreno es muy llano, los bordes de las barrancas a am-
bos lados tienen la misma altura, como la línea del ferrocarril Central
norte, la que corre paralela en una distancia de 8 a 10 kilómetros. En un
plano levantado por la Dirección del ferrocarril de la región, las curvas
de nivel de un metro pasan de un lado al otro, como si no existiera río
y demuestra un declive gradual en dirección hacia Afíatuya. El monte
llega hasta las mismas barrancas y el río presenta el aspecto de un ca-
nal tortuoso, cavado a través de un bosque.
Antes de llegar a Añatuya, más o menos en frente de la estación Me-
lero, el río presenta un aspecto completamente distinto, corre por un
valle de algunas leguas de ancho que se distingue del terreno vecino
únicamente por la falta de monte ; aquí no hay barranca y el río no tiene
cauce fijo. El agua corre por zanjones que se dividen continuamente, vol-
viendo a unirse a cortas distancias.
En la parte superior, en la región de Figueroa, existe un estero que
está en conexión con una gran salina, la que a su vez está unida con el
estero del río Norcones.
Toda la configuración del terreno demuestra claramente que el estero
de Figueroa se ha formado debido al elevamiento de la zona entre Aña-
tuya y aquella localidad y que más tarde el agua ha buscado una salida
por este lado. Seguramente el alzamiento no se lia producido brusca-
camente; a medida que el terreno se elevaba, se profundizaba también
el cauce.
La provincia de Santiago del Estero es una región típica de esteros y
por esta razón creo conveniente reproducir un mapa de una parte del
río Salado, en que se pueden ver cuatro esteros actuales, lo que facilita
la comprensión do los antiguos esteros en la provincia de Buenos Ai-
res (véase lám. XIX).
En los parajes donde hay esteros, los ríos no tienen un curso definido;
se dividen en brazos, de los cuales se apartan zanjas más o menos gran-
des, por donde el agua se derrama sobre los terrenos más bajos, trans-
formándolas en bañados con lagunas e islas. En estos bañados se for-
man nuevos zanjones que mueren a corta distancia o se reúnen en un
brazo principal, que se aparta completamente del estero para perderse
en el terreno seco, como por ejemplo, el río Muerto en el mencionado
mapa. De los sedimentos que acarrean los ríos que alimentan el estero,
se forman médanos de arena y albardones. Los médanos presentan el
aspecto de islas, y los albardones que se hallan generalmente a lo largo
de los zanjones, forman fajas longitudinales de terreno seco.
Debido a estos albardones, el agua en las lagunas y pantanos se halla
frecuentamente en un nivel más alto que el fondo del zanjón como está
indicado en el corte adjunto (véase lig. 20).
— 292 —
En tiempo de creciente el agua pasa por encima de los albardones y
en la parte inferior de los esteros los zanjones se reúnen a veces en un
brazo principal, renaciendo de esta manera nuevamente el río con caiice
bien definido.
En el mapa lámina XIX, se puede ver que el río Salado, en San Mi-
guel, se divide en numerosos brazos, que esparcen sus aguasen un este-
ro de unas 1 0 leguas de largo y otras tantas de ancho, el que en tiempo de
lluvia sé transforma en una inmensa laguna, en la que los médanos
aparecen como islas. Cerca de Santo Domingo el río se forma otra vez
de zanjones que arrancan del estero; de aquí el agua corre en una ex-
tensión de unos 100 kilómetros por un cauce bien definido de unos 50
metros de ancho y con barrancas de 4 a 5 metros de altura. En las épo-
cas de lluvias en el Chaco, el río es muy correntoso; en tiempos norma-
les lleva poca agua y en las estaciones secas del año hay agua solamente
en las partes más hondas del lecho, llamadas remansos.
Xo se trata de agua estancada, como creen los lugareños, sino de
l-'ig. 20. — Corto do un zanjón en un estero
agua subterránea que circula a poca profundidad, como resulta de los
sondeos que he practicado en muchas partes en los lechos de ríos secos.
Del mismo estero arrancan otros ríos que se pierden en el Chaco. En al-
gunos mapas de la provincia de Santiago del Estero, el río Horcones
desemboca un poco más abajo de Santo Domingo en el Salado; puede ser
que antes se juntaran estos dos ríos, pero gente conocedora de los luga-
res me asegura que en esta parte no hay tal río y que el Horcones des-
agua hoy en el estero en las inmediaciones de Nueva Esperanza.
Cerca de Uritu-Huasi el río Salado se divide en dos brazos; uno toma
la dirección al oeste pasando por San Pablo y el otro en el paraje Las
Piruas se bifurca en dos hondas zanjas que derraman su agua en los ba-
ñados. En tiempos normales existen aquí tres lagunas; las dos más gran-
des, la de Maco y la de Jumi Esquina, tienen agua en todo tiempo, aun
cuando el río Salado esté seco. En épocas de creciente, todo el estero
forma una gran laguna de unos 40 kilómetros de largo y el agua pene-
tra en la salina que existe al oeste. La laguna Maco está en comunica-
ción por medio de zanjones con otras lagunas más chicas y el agua se,
junta con el brazo que sale de la laguna Jumi Esquina. En frente de Ei-
gueroa el agua de todas las lagunas y pantanos se junta en un solo
cauce bien definido y el río corre por Suncho Corral hasta cerca de Aña-
tuya, donde se divide otra vez en brazos laterales.
— 293 —
En las estaciones secas, empero, el río en esta parte no tiene corrien-
te superficial, el agua circula a muy poca profundidad, como lo demues-
tran las numerosas excavaciones producidas por los remansos que tienen
siempre agua. En las épocas de las lluvias, cuando la creciente viene del
norte se llena primero el estero de Figueroa y el agua retrocede por un
largo trecho al noroeste, echándose en la enorme salina que se encuen-
tra al oeste del río Salado y recién cuando ésta se llena, corre por el
cauce que pasa por Suncho Corral. La administración del ferrocarril
Central norte proyectó cerrarla entrada a la salina. Ésta sería una obra
muy beneficiosa; se evitaría que el agua se cargue de sales, pero tendría
<pie hacerse con compuerta para darle entrada a la salina en las gran-
des crecientes, lo que demandaría grandes gastos.
Seguramente el río Salado tenía antes otro curso y debido al mencio-
nado movimiento regional, se formó el estero de Figueroa y el agua se
abrió la salida por este lado, pero no he podido practicar estudios para
determinar su antigua dirección. En la línea del ferrocarril de Añatuya
a Tintina he visto en varias partes depósitos fluviales, que demuestran
que en tiempos no muy lejanos ha corrido por este lado un importan-
te río.
He entrado en estos detalles, porque los esteros, en la provincia de
Buenos Aires, de los tiempos geológicos presentan condiciones análogas
a los actuales en Santiago del Estero. Volvamos a la provincia de Bue-
nos Aires.
En la época de la transgresión postpampeana, en que el agua de los
ríos y arroyos quedó represada en el interior de la llanura, se formó un
enorme estero en la región de Mar Chiquita (Junín).
Este estero no ocupaba solamente gran parte del terreno de Junín y
Arenales, sino también de Lincoln, Pinto, Villegas y se extendía hasta
las provincias de Santa Fe y de Córdoba. Me he podido formar una idea
de su extensión durante la grande inundación en el ano 1914 ; todas las
numerosas cañadas estaban llenas de agua, la que en algunas corría
como en ríos; el terreno alto aparece en esta inmensa superficie de agua
como grandes islas.
El ingeniero Emilio Frey ha practicado por encargo del doctor Fran-
cisco P. Moreno un estudio del antiguo curso del río Quinto. Su informe
contiene interesantes datos los que creo convenga se reproduzcan aquí.
El señor Frey dice :
« El antiguo río Quinto intérnase en el partido de General Pinto como
media legua al sur de la estación Eleodoro (ferrocarril Pacífico, ramal
Alberdi al sudoeste) formando una gran cañada donde existen todavía
muchas lagunas de agua salada más o menos grandes. Esta gran cañada
sigue con rumbo al este (paralelamente y al sur de las vías del ferroca-
rril) hasta dar con los campos de Cernadas, Laborde, Gandulfo y con
— 294 —
los fondos del campo A n choren a, los cuales antiguamente formaban una
sola laguna, cuya extensión no bajaba de 20 leguas cuadradas.
« Todo el cauce de esta gran laguna es fácil reconocerlo en el terreno
siendo tierra greda, en parte arcillosa, cubierta de pajonales y (junca-
les1?) junquillos. El nivel de las aguas de la laguna estaba de 102 a 103
metros sobre el mar (plano de la comisión). El desagüe está en la extre-
midad este de la antigua laguna y sigue la cañada en dirección sureste
hacia Pazos Kanki para vaciarse en los campos de El Central y Los
Blancos, donde formaba otra laguna grande de cinco leguas cuadradas,
que llegaba hasta muy cerca del actual pueblo de General Pinto. De
esta antigua laguna sigue el cauce del antiguo río hacia el noroeste, li-
mitado en su margen derecha por el cordón de médanos que se extien-
den del pueblo de General Pinto hacía el norte.
« El cañadón se interna en el campo La Gemianía, donde formaba
otras lagunas de menores dimensiones que las anteriores. Toma rombo al
este y se interna en el campo San Juan desde donde sigue la cañada vi-
sible en el terreno hacia Vedia. Por este mismo cauce del antiguo río
Quinto bajó la creciente grande del mismo rio que hubo en el año 1903-
cuyas aguas llegaron hasta Vedia; en esa creciente volviéronse a formar
todas las lagunas antiguas antes mencionadas. Es probable que los mé-
danos que se extienden de Pinto hacia el norte sean de reciente forma-
ción y que el río Quinto haya seguido anteriormente directamente al
este «leí pueblo de Pinto, donde existe también una gran cañada que
cruza todo el campo San Juan, volviendo a juntarse con el otro cañadón
frente a la estancia «San Juan». En el campo «El Central» desemboca
un cañadón grande que baja del sur (partido de Lincoln) que probable-
mente es algún otro cauce o afluente del río Quinto. Marzo de 1907. —
Emilio E. Frey. »
Análogas condiciones presenta el antiguo curso del río Cuarto, que,
como hemos visto, ha formado un nuevo estero en Carlota.
Todos estos esteros son grandes resumideros que alimentan el agua
subterránea, pero en vez de ser beneficiosos son perjudiciales. El agua
dulce de las lluvias y de los ríos que se acumula en estos lugares, en
poco tiempo se carga de sales, y debido a las corrientes endosmáticas,
penetra a grandes profundidades, lo que es uno de los motivos que en
estas zonas el agua, no sólo de los pozos comunes, sino también la de
los semisurgentes, oh siempre más o menos salada. De este problema mu
ocuparé en otro capítulo.
El material que acarrean los ríos y arroyos se deposita en los esteros
y aquí se observa el mismo fenómeno que en las playas de la costa del
mar. De la resaca que las olas echan a la orilla de las lagunas, una vez
seca, se forman los médanos de arena, mientras que el material más fino
— 295
es llevado por los vientos a grandes distancias. Este proceso se puede
observar boy muy bien en el nuevo estero del río Cuarto.
El ingeniero Eduardo Aguirre opinaba que los médanos que existen
en Junín provenían de la costa del mar, pero no cabe la menor duda que
éstos se lian formado de arena que acarrearon los ríos al antiguo estero
de esta región, y se puede ver que existen en toda la zona, que aquél ba
ocupado.
El estero de Mar Chiquita es el más grande que yo conozco y se pue-
den distinguir depósitos de dos horizontes geológicos, uno aluvial y otro
diluvial; este último contiene muchos huesos de mamíferos extinguidos.
Esta es otra confirmación que la transgresión postpampeana comenzó en
el tiempo glacial, como lo ha demostrado Witte, y que las capas lacus-
tres lujanenses corresponden a esta transgresión y no a una anterior,
como suponía Ameghino.
El horizonte más antiguo de este estero se compone de una marga
gris clara, más o menos verdosa, que contiene mucho material volcánico.
En algunas partes se encuentran capas que presentan el aspecto de ver-
dadera toba. La masa principal, empero, consiste en arena y limo trans-
formado ya algo en loess; loess puro hay recién debajo de estos depósi-
tos. Las capas del horizonte aluvial están formadas de arena, marga y
limo, mezcladas con mucha materia orgánica y se distinguen de las más
antiguas por su color más obscuro. La acumulación de materiales no ha
cesado todavía., pero éstos ya no provienen de las serranías, sino del te-
rreno alto de las comarcas vecinas.
Al principio de la transgresión este estero estaba en comunicación
con el antiguo estuario del río Paraná, el que se encontraba en ese tiem-
po entre San Pedro y Baradero y muy probablemente también con la
depresión del terreno por donde corre actualmente el río Luján. Cuando
entró el período de regresión, estas salidas quedaron obstruidas por los
médanos que se formaron en la parte este del estero y el agua en las
crecientes se abrió una nueva salida por el actual río Salado.
La transgresión y regresión postpampeana lian producido, como he
dicho, notables cambios hidrológicos en la provincia de Buenos Aires.
Durante el período de transgresión la actividad erosiva de los ríos y
arroyos era casi nula en la llanura, en cambio ha habido una fuerte se-
dimentación. Las dexiresiones por donde corrían antes los ríos y arroyos
se llenaron de sedimentos y algunos de los antiguos cursos están com-
pletamente nivelados y se conoce fínicamente por la calidad del pasto
que crece en estos lugares. Recién después de retirarse el mar, las co-
rrientes comenzaban a abrirse nuevos cauces.
Todo indica, que el levantamiento del terreno no ha sido uniforme en
toda la provincia, y las mencionadas conchillas marinas que se encuen-
tran en Carmen de Patagones a unos 50 metros de altura, demuestran
296 —
bien claro que en el sur era mayor que en el norte. Pero también en el
lado del río Paraná el terreno se elevó algo más que en la región cono-
cida por la zona inundable de la provincia. Naturalmente, en la parte
que se elevó más, la acción erosiva era también mayor. Saliendo de Bue-
nos Aires en dirección a San Nicolás o Pergamino se puede observar
que las líneas de los ferrocarriles pasan continuamente por cortes y te-
rraplenes mientras que de Mercedes a Rufino o Villegas los campos son
casi llanos, lo mismo que en la zona inundable; se ven aquí solamente
médanos de arena. Por el lado del río Paraná el agua de algunos ríos y
arroyos, como por ejemplo, de los ríos Luján, Areeo, Arrecifes, etc., lia
excavado sus salidas en los antiguos cauces, poniendo a descubierto las
capas lacustres que se depositaron al principio de la trangresión y en
l^s que abundan los restos de mamíferos fósiles. Otros lian abierto sus
cauces a través de los depósitos de loess de los horizontes neo- y meso-
pampeanos, como los arroyos Ramallo, del Medio y Pavón.
La regresión postpampeana aún no lia terminado; en muchas partes
del litoral se puede observar un lento avance de la tierra firme en di-
rección hacia el mar. Se podría suponer que éste sea debido a la acumu-
lación de material en las playas. En los lugares donde las barrancas es-
tán batidas por el mar la tierra firme retrocede, pero encontramos bancos
de conchillas marinas recientes en alturas muy superiores al nivel actual
del mar. Bailley Willis tiene razón al afirmar que actualmente nos en-
contramos en un período de erosión, pero ésta se efectúa solamente en
las regiones onduladas, por ejemplo, en el lado del río Paraná; en las
llanuras continúa la sedimentación.
Cuando empezó la transgresión querandina, y si es la continuación
de la belgranense, no lo he podido constatar. El hecho es, que capas de
esta última se encuentran interpuestas en el loess pampeano, mientras
que los estratos de la transgresión querandina se hallan en todas partes
encima del loess, lo que demuestra que ha habido un retroceso y un nue-
vo avance del mar. No cabe duda alguna que la transgresión comenzó
en tiempos diluviales y no aluviales como se suponía antes y como Bail-
ley-Willis sostiene todavía en su último trabajo. Esto está demostrado
con toda evidencia por los numerosos restos de mamíferos extinguidos
<pie se encuentran en estos depósitos, pues no se trata de huesos roda-
dos provenientes de capas más inferiores, como él afirma. Los esqueletos
más completos que se poseen han sido encontrados en las facies palúdi-
cas de esta transgresión; en Mar del Plata hemos sacado en una capa
de limo postpampeano muy arenoso un esqueleto casi completo de Me-
gatherium.
Las interposiciones marinas en las diversas profundidades de los de-
pósitos de origen terrestre, que se encuentran en la llanura pampeana,
demuestran que durante todo el tiempo cretáceo superior, terciario y
— 297
cuaternario, lia habido movimientos eustáticos o seculares, pero no oro-
génicos, que plegaron las capas unas sobre otras; tampoco se lia consta-
tado con seguridad la existencia de fallas. Durante todo este largo tiem-
po ha habido una sedimentación y denudación en las partes que se ele-
varon a causa de movimientos regionales; el agua y el viento activaron
en forma erosiva mientras que en las depresiones y en el terreno llano
se acumulaban materiales frecuentemente ya transformados en loess;
así se encuentra a menudo loess removido en forma de conglomerados.
Sobre la edad relativa y la división en pisos de las formaciones aquí
tratadas, me ocuparé en otro capítulo.
X
i
La división de las formaciones en pisos u horizontes
He tratado las formaciones en el presente trabajo bajo el punto de *
vista litogénico y no cronológico, de manera que las capas de una forma-
ción no representan un tiempo geológico distinto de las capas de otra.
Por ejemplo, mientras que se depositaron en una parte arena, limo, arci-
lla o toba volcánica, que corresponden a la formación de arenisca roja, en
otros lugares los sedimentos se transformaron en loess pampeano, vale
decir, que hay loess pampeano sincrónico a la arenisca roja. Del mismo
modo mientras que en un paraje se depositaron capas marinas durante
una de las transgresiones, en otro lugar se formaron depósitos terrestres.
Todas las formaciones aquí mencionadas han sido subdivididas en
pisos u horizontes geológicos. Aún cuando en el presente trabajo no
trate de resolver problemas cronológicos, creo necesario hacer algunas
observaciones a este respecto. Las capas de la formación de las areniscas
rojas , que son las más antiguas que se encontraron en las perforaciones
en la provincia de Buenos Aires, alcanzan, en algunas partes de la repú-
blica, miles de metros de espesor. Se entiende que una formación de tal
magnitud abarca varios horizontes geológicos. En el norte de la repú-
blica, donde estos depósitos tienen su mayor desarrollo o, mejor dicho,
donde están más a descubierto, han sido hasta ahora poco estudiados, y
la falta de capas marinas hace muy difícil la subdivisión en pisos. En la
Patagonia, donde lian sido explorados primeramente por Carlos Ame-
gliino, su hermano Florentino los dividió en dos formaciones : arenisca
abigarrada o chubutense y arenisca roja o guaraniensc , y a cada una la
subdividió en cierto número de pisos.
Ya he demostrado que esta separación no está justificada y que está
en contradicción con la relación estrati gráfica que se observa en el terre-
KBV. MUSEO I.A PLATA .
T. XXV
20
298
no. En primer lugar, no se trata de arenisca sino de toba abigarrada, que
se baila en algunas partes encima de la arenisca roja y en otros lugares
intercalada en ella, de manera que hay que considerar las dos clases de
depósitos como correspondientes a un solo sistema o unidad de capas,
quiere decir, que correspondan a una misma formación.
En la formación de la arenisca abigarrada o clmbutense, Ameghino
lia distinguido dos pisos: Pardeen y Proteo d i d e Iph éen, y tres hiatos con-
siderándolos de edad cretácea inferior sin comprobarlo. En el territorio
argentino las capas del cretáceo inferior, constatadas por fósiles carac-
terísticos, son de naturaleza muy diferente a las déla formación chu-
butense que él indica.
La formación de la arenisca roja o guaranítica él la ha dividido en
siete pisos, incluyéndolos en el cenomaniense, senoniense y daniense.
Por el material de fósiles que se posee actualmente no es posible distin-
guir tantos pisos, ni mucho menos establecer semejante paralelismo con
horizontes geológicos del cretáceo de Europa. El piso rocanense, por
ejemplo, lo ha colocado él en el cenomaniense, a pesar de que no se ha
encontrado en estas capas un solo fósil de guía (Leitfossil), y no es
posible por consiguiente saber con certeza a qué piso del cretáceo supe-
rior europeo corresponde. Algunos especialistas en invertebrados consi-
deran este piso de edaü terciaria.
Las capas que contienen restos de mamíferos se encuentran en condi-
ciones aún menos favorables que las marinas para para leí izarlas con
pisos europeos, porque en el cretáceo de Europa no se ha constatado la
presencia de mamíferos placentales.
Sobre la fauna Notostylops , Ameghino ha establecido tres pisos : basa!,
inferior y superior, y aunque él considera a estas capas más recientes
que el piso rocanense, los ha colocado en el cenomano.
Las capas marinas rocanenses, como las terrestres que contienen los
restos de mamíferos, se hallan en la parte superior de la formación déla
arenisca roja y forman dos facies y no dos pisos de distinta edad geo-
lógica.
No se puede negar que, en su carácter general, estos mamíferos pre-
sentan semejanza a los que se encuentran en Europa y Norte América,
en las capas del terciario inferior, pero en su gran parte pertenecen a
familias y hasta a órdenes diferentes; entre ellos no hay un solo género
del terciario inferior de aquellas regiones.
Mamíferos placentales faltan en el cretáceo de Europa y América del
Norte; éstos aparecen repentinamente en el terciario inferior, donde
están representados ya los roedores con dentaduras muy especializadas.
Naturalmente estos mamíferos no han aparecido espontáneamente en la
tierra y tienen que haber inmigrado de otro centro de desarrollo.
En la Patagonia aparecen los mamíferos placentales en la parte supe-
— 299 —
rior de la formación de las areniscas rojas. Ameghino menciona algunos
representantes de aquellos que, según él, se encuentran en capas inferio-
res, pero se trata de restos poco significativos, y además su procedencia
no está bien aclarada.
La fauna notostylopiana es una de las más abundantes en formas y no
es posible derivarlas de los pocos mamíferos de carácter dudoso, que,
según Ameghino, se han encontrado en capas más antiguas; es evidente
<pie proceden de un centro de desarrollo aún desconocido. Algunos auto-
res la quieren derivar de tipos, que se encuentran en las capas «Puerco-
bed» (Nuevo México) y lleims (Francia) que se considera eoceno basal.
Ameghino, al contrario, se empeñaba en demostrar que todos los mamí-
feros placentales se habían desarrollado de precursores encontrados en
las capas de areniscas rojas de la Patagonia.
Me he ocupado mucho con el estudio de estas faunas y me he conven-
cido que los mamíferos del terciario de Europa y de América del Norte
son más evolucionados que los de la fauna notostylops. Esta última de
ninguna manera puede derivarse de tipos del « Puerco-bed » o de lleims
porque está representada, en gran parte, por familias de un orden que
no se han encontrado en ninguna región fuera de Sud América y además
faltan Rodentias, .Litopternas, Gravigrados, etc.; éstos aparecen recién
en capas más modernas. Las mencionadas familias presentan aparente-
mente alguna analogía con mamíferos de otros órdenes, y por eso Ame-
ghino las ha colocado con Primates, Hyracoideas, Hippoideas , Áncilopodas
y hasta con las Tillodontas. Se trata, empero, solamente de analogía y no
de homología; lo parecido consiste en la adaptación a un cierto régimen
de vida y no en parentesco.
He reunido estas familias en un solo orden llamándola Notoungulata,
nombre aceptado por la mayor parte de los paleontólogos y zoólogos. Es
de lamentar que algunos de ellos hayan incluido en estas otras familias,
que se encuentran también únicamente en la Patagonia, pero que no tie-
nen afinidad alguna con las verdaderas Notoungulatas.
Las familias de Notoungulatas, provenientes de la formación de las
areniscas rojas, presentan caracteres muy primitivos; en los cráneos qúe
poseemos, el cerebro es poco desarrollado, todos los géneros están pro-
vistos de dentadura con corona baja (brachyodontc), y el segmento tem-
poral conserva organización propia de los reptiles. Es sabido que en los
mamíferos falta el hueso cuadrado, y algunos zoólogos lo homologaron
con uno de los liuesecillos auditivos, suponiendo que el yunque repre-
senta el cuadrado de los reptiles. En los cocodrilos el hueso cuadrado
está unido por medio de suturas con el exoccipital y el pros-quamosum, y
forma el conducto auditivo externo en el cual está fijada la membrana
timpánica. He demostrado que el cráneo de los Notoungulatos presenta
una organización análoga ; el tympanico está formado de dos huesos, uni-
300 —
dos por suturas con los demás huesos temporales, y la parte post timpá-
nica corresponde al hueso cuadrado.
Además, en la parte occipital existe una cámara auditiva que falta en
los otros ungulados. En algunos reptiles esta cámara está formada pol-
lina bolsa membranosa y en otros está osificada. Las mismas observacio-
nes se pueden hacer en los cráneos de los Notoungulatos ; la mencionada
cámara está formada por una delgada lámina huesosa, unida por suturas
con los huesos que forman el segmento temporal; en algunos cráneos
encontrados en la formación de las areniscas rojas, la lámina no está osi-
ficada en la parte occipital, mientras que en los géneros provenientes de
capas más recientes, está cerrada por completo. También el pie de los
Notoungulatos, provenientes del horizonte con Notostylops, es menos
evolucionado que en los (Tngulatos terciarios. En el pie de los géneros
del suborden Gondylarthra, considerados como los más primitivos de los
Ungalatos, se nota un principio de digitígrado, los dedos laterales son
mucho más cortos que los tres internos, mientras que en los Notoungu-
latos más antiguos el pie es plantígrado. En la mano, el primer dedo
(pollex) es oponente, todas las falanges terminales tienen la forma de
uñas y no de baso o garra.
No es aquí el lugar de discutir problemas filogenéticos; si lo he tocado
ha sido para demostrar que no es posible admitir que los Notoungulatos
se hayan desarrollado de tipos del terciario de Europa o de Norte Amé-
rica, y que los géneros del horizonte con Notostylops presentan eviden-
temente caracteres más primitivos que la fauna de « Puerco-bed» y de
«líeims». Siendo estas últimas capas las más antiguas del terciario en
la división de los tiempos geológicos, es evidente que los depósitos que
contienen la fauna Notostylops y la rocanense tienen que corresponder,
por lo menos, al cretáceo superior, formando las capas de tobas (pie se
hallan encima, la transición entre la era mesozoica y la cainozoica.
Por los elementos que se poseen hoy, podemos caracterizar únicamen-
te los horizontes superiores de las areniscas rojas; aun cuando en capas
inferiores haya restos de reptiles, éstos son tan escasos que no permiten
hacer división de pisos; lo que más se prestaría para caracterizar los
1 lisos, serían los troncos de madera silicificada que se encuentran en
todos estos depósitos, pero hasta ahora éstos no lian sido estudiados.
La formación de la toba de transición. — Ésta se compone, en gran
parte, de toba de color gris claro y de areniscas; Ameghino la dividió
en tres pisos : astraponotcnse, sehuenense y pyrothericnse considerando
1 Conservo en el presente trabajo los términos propuestos por Ameghino, ya muy
conocidos en la literatura, si bien no se deben emplear en este caso nombres de ani-
males sino geográficos. Alborto Gaudry llamó las capas con Pyrotherium, « Ktago du
— 301 —
las dos primeras correspondientes al senoniense , y el último al danicnsc.
Eli mi concepto, faltan elementos para hacer tales divisiones, y mucho
menos posible es parangonar los mencionados horizontes con los de
Europa.
Estos son los depósitos que Windhausen llama «capas del Jagüel» y
«básales del piso rocanense», que, como hemos visto, en Roca se hallan
encima del piso rocanense. He dicho ya que en el lado norte de Roca se
encuentran en ellos fósiles marinos parecidos a los del piso rocanense
típico; pero el carácter litológico de los dos depósitos es distinto, y se
nota entre ellos una discordancia muy pronunciada. La formación de la
toba de transición está bien caracterizada por los mamíferos que se en-
cierran en ella, conocidos por el nombre de «fauna Pyrotheriana o Pyro-
ihcriense », la que contiene numerosos géneros que no se hallan ni en las
capas más antiguas ni en las más modernas.
Ameghino ha colocado, en sus últimas publicaciones, los tres pisos en
la formación de las areniscas rojas (« guaranítica »), pero, si se reúnen
los estratos en grupos naturales por el carácter litológico y sus fósiles,
no se debe incluirlos dentro de las areniscas rojas ; más bien podrían
caber en la formación patagónica : así los había considerado este autor
anteriormente.
lili un trabajo publicado en el año 1891 (Enumcr. synopt. de Mamif.
/os. de Patagonic), decía el autor citado : « Según nuevas reseñas, es po-
sible que las capas terrestres de Pyrotherium y Trachytherus correspon-
dan a la formación patagónica. » En el Museo de La Plata tenemos ma-
míferos fósiles, coleccionados por Carlos Ameghino, que figuran como
provenientes de la formación patagónica; entre ellos hay géneros carac-
terísticos déla fauna pigrotlieriemc, lo que demuestra que él consideraba
las capas en que fueron encontrados como pertenecientes a esta forma-
ción y no a la de las areniscas rojas.
Tomando en cuenta que en la fauna pyrotlicricnsc hay numerosos géne-
ros y hasta familias que no se encuentran ni en las capas más antiguas
ni en las más modernas, opino que no se deben incluir estos estratos ni
en la formación de la arenisca roja ni en la patagónica, y por esta razón
he establecido por ellos una formación independiente. En un trabajo en
(pie me ocupé de la división de los depósitos sedimentarios de la Pata-
gonia, los he designado con el nombre de « Formación de las tobas de
transición», porque constituyen la transición entre las tobas abigarra-
das y la toba característica de la formación patagónica '.
Deseado » y las con Notostylops, «litago dn Casamayor»; estos términos los usa tam-
bién F. 15. Loomis.
' Nenes Jahrbncli für Alincralogie, Qcologic und Falcontologic Bcilage, Band XXVI,
1908.
— 302 —
En la fauna pyrotheriense encontramos muchos géneros provistos «le
dentaduras de corona alta con raíces cortas (hypselodonte) , mientras que
los géneros de la fauna notostylops todos tienen dentaduras de e-orona
baja, lo «pie indica que se trata de un largo tiempo de desarrollo. En
Europa se ha necesitado casi todo el período terciario para la transfor-
mación de la dentadura brachyodonte de los mamíferos en la hypsolodonte.
No cabe duda que los estratos de las tobas de transición han de po-
derse dividir en pisos una vez estudiada detalladamente la relación de
los estratos y de los mamíferos que ellos contienen. Bel piso «astrapo-
notense », Ameghino dice que forma la transición de las capas No-
tostylops a las de Pyrotherixm , siendo la estratificación perfectamente
«íoncordante con las capas que se encuentran abajo y arriba. Los yaci-
mientos que él conoce se encuentran en los límites de los lagos Mustera
y Oolhue-Huapi, pero cree que tienen una extensión tan considerable
como los de Notostylops , y que pasarán todavía algunos años antes de
conocer este piso y su fauna. Los fósiles que él ha publicado en su lista
como característicos de este piso, seguramente provienen de distintas
regiones y horizontes.
En la región tabular, entre el lago Mustera y el río ühubut, hay enci-
ma de las capas de las tobas abigarradas, que contienen restos de mamí-
feros, estratos de la toba de transición como los que se hallan en Boca
encima del piso rocanense típico, pero en vez de contener fósiles mari-
nos, abundan aquí los restos de la fauna pyrotheriensc.
El carácter general de esta fauna es el del terciario y no del cretáceo;
como he dicho, contiene restos de roedores que hasta ahora no han sido
encontrados en parte alguna en capas mesozoicas con dinosaurios.
Por los estudios que he podido practicar personalmente en mis viajes
por la Patagonia, opino «pie las capas que contienen la fauna de Pyro-
therium forman la facie terrestre de las capas marinas que Ameghino
1 1 ain ó sal am a n q u en ses .
Sabemos positivamente que los estratos de la formación de la toba de
transición se hallan en todas partes encima de las areniscas rojas y no
intercaladas en ellas. Toda subdivisión en pisos es prematura; ante todo
hay que determinar por separado los fósiles de cada yacimiento y esta-
blecer la posición estratigráfica que él ocupa por la regla de la super-
posición. Esta clase «le estudios aún no se ha hecho con la exactitud
necesaria. Ameghino ha publicado un perfil geológico a través «le la Pa-
tagonia, pero no se trata de un perfil exacto, sino de una demóstracmn
hipotética de la relación estratigráfica; debiendo considerarse única-
mente como un ensayo.
1 Le « formutions aódimentairea (lu eré lacé aupórieur el da lertiaire de l’alagonie, página
97, 1906.
303
Los depósitos de las tobas patagónicas. — Amegliino los había dividido
(mi dos formaciones, en una publicación donde trata él de la división y de
la edad de las formaciones sedimentarias de la Patagonia 1 2 : llama a la
parte más antigua «formación patagónica» (Patagonicnne), y a la parte
más reciente « santa cruceña » ( Santacruziennc) ; en trabajos anteriores
él había considerado esta última como más antigua.
La formación patagónica la ha subdividido en seis pisos marinos, que
corresponden a tres facies terrestres con tres hiatos, y la santacruceña
en tres pisos con fauna de mamíferos, que corresponden a dos pisos con
fósiles marinos y un hiato. Según esta división, tendríamos que admitir
(pie la fauna marina, durante la transgresión patagón iense, haya cam-
biado ocho veces, o que estas capas correspondan a ocho transgresiones
distintas; lo uno, como lo otro, está en contradicción con los hechos que
se observan en el terreno. Llama precisamente la atención, que la fauna
marina haya cambiado tan poco de carácter que hasta ahora no ha sido
posible definir claramente la diferencia que existe entre la de la trans-
gresión patagoniense y lacle la entrerriense s. Gomo se ha dicho ya más
atrás, antes se consideraban estos dos depósitos como correspondientes
a un mismo horizonte geológico, y solamente por los restos de mamífe-
ros que se encuentran mezclados con los fósiles marinos, se ha podido
demostrar que las respectivas capas han sido depositadas en distintos
tiempos.
No conozco otra formación que haya suministrado más fósiles de ma-
míferos que la toba gris de la Patagonia; se cuentan por millares las
piezas que hay en los museos. No cabe la menor duda que, durante el
tiempo en que se depositó esta toba, la fauna de mamíferos había sufrido
notables cambios, pero de la mayor parte de las piezas se ignora en qué
horizontes fueron encontradas. Hemos visto que en el Museo de La Plata
hay entre los fósiles de la formación patagónica, coleccionados por Car-
los Amegliino, géneros típicos de la fauna pyrotheriense , porque en aquel
tiempo se consideraban todas estas capas correspondientes a un mismo
horizonte geológico. Resulta que hoy tenemos una mezcla de formas de
las cuales solamente se sabe que provienen del complejo de tobas pata-
1 Le s forinations sódimentaires (lu ('retacó supórtate ct du iertiaire de Patagonic, en Ana-
les del Musco nacional de Buenos Aires, tomo XV.
2 El señor Martín Doello-.Jurado, que so lia dedicado al estudio de las faunas
marinas, me manifestó que entro la fauna marina patagónica y entrorriana existo un
cambio muy notable.
• Me fundo en los resultados a que llegó el doctor II. v. Ihering, quien declaró a
los depósitos marinos que se hallan enfronte do Trolow, como correspondientes al
entrerriano, y por lo tanto ésto os un yacimiento típico do la formación do las tobas
patagónicas, el quo contieno restos do mamíferos marinos como terrestres caracterís-
ticos del patagónico y quo faltan en el entrerriano.
304
gónicas, y (le muchas se ignora hasta la localidad donde fueron encon-
tradas. Recién cuando Carlos Ameghino se apercibió que estos fósiles
debían corresponder a distintos pisos, su hermano Florentino hizo una
separación déla fauna, confeccionando al mismo tiempo una nueva agru-
pación de los estratos. Las capas entrerrianas, que antes consideraba
como patagónicas típicas y más modernas (pie las santacruceñas, las
separó de esta formación, conservando el nombre « formación patagó-
nica» para las capas marinas (lela costa déla 1 'a fagonia. De estos cam-
bios resultó una gran confusión en la cronología, y el que no está al
corriente de todos los detalles, no se da cuenta déla realidad. Esta sepa-
ración posterior y ad hoc de la fauna tenía (pie dar malos resultados.
Los géneros de caracteres primitivos los colocó en los pisos más anti-
guos, pero es bien sabido que muchos géneros se lian conservado sin
modificación durante varios períodos geológicos. Hay (pie establecer los
pisos de una formación por la correlación estra ti gráfica (pie presentan
las capas entre si y recién entonces se puede caracterizar la fauna que
contiene cada una.
Según mi criterio, por los elementos que poseemos hoy de la formación
de las tobas patagónicas se puede establecer únicamente tres horizontes
geológicos : Io Horizonte tecla, que figura en la división de Ame-
ghino como piso más antiguo. Estas capas forman la base déla toba gris
patagónica, en ellos he encontrado algunos mamíferos que abundan en
la fauna pyrotheriense, como por ejemplo, Arcliacolii/rax , que no se ha
encontrado hasta ahora en los estratos superiores; 2o Horizonte San
Julián, que forma la parte intermedia. A este pertenecen las capas
marinas en la costa, las que en algunas partes se internan en la región
tabular de la Patagonia, y la facie terrestre, en que algunos géneros
(pie faltan en las capas superiores como por ejemplo, Golpodon, Propa-
chyrucos, etc. ; 3o Horizonte Santa Cruz, que forma la parte superior
de esta formación. En el territorio de Santa Cruz estas capas se hallan,
según Ameghino, encima de los estratos marinos.
Por las muestras (pie se obtienen en las perforaciones no es posible
determinar horizontes, solamente se puede decir que provienen de la
formación de tobas patagónicas y si son de la facie marina o terrestre.
La formación del locas pampeano. — Ameghino la ha dividido también
en numerosos pisos, separando de ella los inferiores que afloran en la
provincia de Buenos Aires y colocándolos en la « formación araucana»,
término (pie como hemos visto fuó propuesto en el año 1.332 por Doering
para las areniscas grises del río Negro. En ella Doering ha incluido las
capas de tobas (pie contienen fósiles característicos de la formación
patagónica, como por ejemplo, el Ncaodon . La arenisca rionegrense se
halla en las barrancas del río Negro, directamente encima de capas ma-
305
riñas entrerrianas, y como la formación de la toba patagónica, es más
antigua que la entrerriana, resulta que lia reunido en una misma forma-
ción depósitos de distintas edades geológicas. Amegliino trató de corre-
gir los errores cometidos por Doering, pero incluyó en la formación arau-
cana depósitos que se hallan en distintas regiones de la Jtepública y que
no tienen relación entre sí. Además lia hecho continuamente cambios
en su ordenamiento de pisos ; en un tiempo colocó en esta formación los
rodados tehuelches (término creado por Doering para los depósitos gla-
ciales). Por todas estas razones no he tomado en consideración la deno-
minación «formación araucana» que debe desaparecer de la literatura.
Las capas superiores de la formación de loess pampeano Amegliino
las ha dividido en seis pisos y varios hiatos. Está claro que un depósito
que no alcanza a 50 metros de espesor no es posible dividirlo en tantos
pisos.
El loess pampeano tiene cientos de metros de espesor, pero en la
provincia de Buenos Aires solamente la parte superior llega a la super-
ficie del terreno.
Para evitar confusiones de nombres he propuesto nuevos términos pa-
ra los horizontes o pisos, los que me han sido aceptados por la mayor par-
te de los autores que se ocupan de esta formación. La parte que aflora
en nuestra provincia la he dividido en tres horizontes que se distinguen
los unos de los otros tanto por el carácter litológico cuanto por la fauna
que contienen.
Las capas superiores las he designado con el nombre de «neopam-
pcano»; este horizonte abarca los pisos bonaerense y belgranense de la,
división de Amegliino.
Las capas que se hallan debajo de este horizonte las designé « meso-
pam pernio ». A este horizonte corresponden los pisos « ensenadense cus-
póla! », « interensenadense » y «ensenadense basal » de Amegliino.
Las capas más antiguas que se hallan a descubierto en la provincia
de Buenos Aires las llamé « eopampeano ». A este horizonte pertenecen
los pisos chapadmalense y hermoseóse de Amegliino. Los pisos puel-
chense, mesopotamense, paranaensey araucanense y las areniscas del
valle de Santa María en Catamarca, que figuran en las divisiones del
mismo autor, son sincrónicos con el horizonte eopampeano.
Para las capas de loess que forman el yaciente de estos tres horizon-
tes y que en la provincia de Buenos Aires se encuentran solamente en
las perforaciones, propongo el nombre colectivo de « infrapampeano »
por no poder subdividirlo en pisos.
Los tres horizontes mencionados se pueden caracterizar con precisión
por los fósiles que contiene cada uno de ellos y por la estructura y el
color que presentan sus capas.
Cuando traté de la formación del loess pampeano he dicho que las
— 306 —
capas son tanto más consistentes cnanto más antiguas sean, pero este
carácter general no es determinante en todos los casos. Hay, por ejemplo,
localidades donde abundan los bancos de toscas en los depósitos neo-
pampeanos, y por esto presentan el aspecto del loess consistente de los
horizontes inferiores; otras veces faltan las tocas en el loess antiguo y
este tiene la apariencia del loess de los horizontes superiores.
El loess eopampeano es, en general, de un color pardo más rojizo
(pie el de los horizontes superiores y tan característico que a veces se
puede determinar el horizonte sin encontrar fósiles.
El loess del horizonte mesopampeano también es de color pardo,
pero en vez de ser rojizo, es de tinte amarillento o bayo, y el del hori-
zonte neopampeano es mucho más claro. En parajes donde la sedi-
mentación del loess de los tres horizontes ha sido continua, no es posible
fijar un límite exacto entre unos y otros horizontes, porque el cambio de
la estructura y del color es gradual ; en cambio donde ha habido una
interrupción en la sedimentación es fácil distinguir un piso del otro. En
puntos, donde afloran depósitos de un solo horizonte a veces es muy
difícil poder determinar a cuál de los tres horizontes corresponden, no
encontrándose fósiles en ellos que nos sirvan de prueba.
El medio seguro para determinar los horizontes son los restos de ma-
míferos que en aquellos se hallaren. Basado en esto, Amegliino ha he-
cho las divisiones arriba mencionadas, pero del examen crítico de las
listas de fósiles que 61 ha publicado como típicos de cada piso, resulta que
en gran parte son de carácter puramente local. Por los fósiles hasta
ahora coleccionados del terreno pampeano se puede constatar con evi-
dencia que durante el tiempo en que se depositó el loess de los tres
horizontes, la fauna de mamíferos ha cambiado tres veces su carácter.
La fauna de mamíferos en el horizonte del loess eopampeano, con su
interposición de los estratos marinos entrerrianos, presenta un carácter
esencialmente sudamericano. Con pocas excepciones los géneros, cuya
procedencia se conoce con certeza, son descendientes de formas que se
hallan en las capas más antiguas de la Patagonia y algunas familias pri-
mitivas se lian extinguido por completo. El horizonte eopampeano está
bien caracterizado por un gran número de géneros que no se encuentran
ni en capas más antiguas ni en más modernas.
Durante este tiempo se han desarrollado familias y subfamilias con
numerosos géneros que se han extinguido otra vez durante el tiempo en
(pie se depositaron las capas eopampeanas y presentan un ciclo de evo-
lución tan largo como un período entero del terciario de Europa.
En el horizonte mesopampeano notamos un cambio completo en la
fauna de mamíferos. En él encontramos numerosos tipos exóticos que
han inmigrado de otro centro de desarrollo y al mismo tiempo aparecen
por primera vez muchos géneros de diversos grupos sudamericanos que
307
se desarrollaron aquí. Los pocos géneros actuales que se lian encontrado
en este horizonte pertenecen a familias que no lian cambiado casi nada
desde los tiempos terciarios inferiores, y especies actuales no hay nin-
guna.
La fauna del horizonte neopampeano presenta mucha semejanza con
la de mesopampeano. Todos los grandes edentados de este último hori-
zonte se encuentran también en el neopampeano. Son pocos los géneros
(pie se han extinguido durante la sedimentación de estos dos horizon-
tes i entre ellos hay el Typotherio que abunda todavía en el mesopam-
peano inferior y falta por completo en el neopampeano superior. Lo
característico en la fauna del horizonte neopampeano consiste principa-
mente en la gran abundancia de géneros extinguidos mezclados con res-
tos de animales que viven actualmente en la llanura pampeana. No se
puede negar que las faunas de mamíferos de los horizontes meso- y neo-
pampeanos presentan mayor analogía con la fauna del período plioceno
que con cualquier otra fauna de la era cainozoica.
La fauna de la formación postpampeana presenta en todo sentido las
condiciones del cuaternario; en ella no encontramos ningún género que
no exista en el neopampeano. Lo que llama la atención es el gran nú-
mero de géneros extinguidos que se encuentran en las capas inferiores
y aun en la parte superior hay proporcionalmente más géneros extingui-
dos que en los depósitos glaciales de Europa. En la caverna Eberhard
do Última Esperanza se han encontrado 8 géneros extinguidos, mientras
que los restos de mamíferos encontrados en las capas de las cavernas en
Europa consideradas de edad diluvial, pertenecen en su gran parte a
géneros que han emigrado a otras regiones.
Una gran sorpresa ha sido el hallazgo de vestigios inequívocos de la
existencia del hombre en el tiempo « eopampeano ». Como éste en otras
partes del globo apai’ece recién en los tiempos cuaternarios, este hallazgo
ha dado lugar a una gran polémica. Algunos autores ponían en duda, si
las capas en que fueron encontrados estos vestigios, es decir, objetos
trabajados por el hombre y una vertebra cervical (atlas) humana, co-
rresponderían o no a este horizonte ; pero como conjuntamente con los
objetos se encontraron también los fósiles característicos del propio piso
no quedaba duda a este respeto. Otros autores sostienen que los depósi-
tos de los horizontes forman el equivalente del cuaternario (pleistoceno)
de Europa y de América del Norte y como no pueden negar que la fauna
de las capas inferiores presenta un carácter más antiguo, creen que la
evolución de los mamíferos en la llanura pampeana se haya verificado
bajo condiciones muy excepcionales. Todas estas objecciones .son infun-
dadas y en contradicción con los hechos que se observan. En el cua-
ternario de Europa muchos animales de las capas más antiguas se
extinguieron por completo pero no se ha desarrollado ningún género
que no haya existido ya en el terciario superior. Esto se observa tam-
bién en el horizonte neo- y postpampeano pero no en los horizontes
inferiores.
Examinando la fauna de los tres horizontes en conjunto, encontramos
(¡ondiciones completamente distintas de las que se presentan en el pe-
ríodo cuaternario ; no solamente que aquí se extinguieron numerosos
géneros, familias y hasta subórdenes enteras, sino que aparecieron tam-
bién numerosas formas nuevas. No hay la menor duda, que nuestra re-
gión es el centro de desarrollo de los grandes Edentados y de los Aro-
toungulatos . En la fauna de la formación patagónica se notan algunos
tipos exóticos que han emigrado. Es posible que los primeros represen-
tantes del suborden ¡Atapierna ¡ que se encuentra en la fauna pyrothe-
riana, desciendan del mismo tronco como los Verhsodactylos, pero ese gru-
po se ha desarrollado aquí. Después de la inmigración de tipos extraños
en el terciario inferior, esta región quedó durante un largo período ais-
lada de los otros continentes y recién al terminar el tiempo eopampeano
ha habido una nueva inmigración de mamíferos. Ahora bien; en la fauna
de Santa Cruz, que forma el horizonte superior de la formación patagó-
nica, no se encuentra ninguno de los grandes Edentados ; todos estos
gigantescos mamíferos como, por ejemplo, Magatherium, Lestodon , Glyp-
todon etc., como numerosos géneros de Notoungulatos y Litopternos se
desarrollaron recién en el tiempo en que se depositó el loess de los tres
horizontes pampeanos mencionados. De todo esto resulta bien claro,
(pie las c.apas de loess (pie a lloran en la provincia de Buenos A irres no
pueden formar el equivalente del cuaternario del hesmisferio norte, aún
admitiendo que la evolución de los mamíferos se hubiese verificado en
forma excepcional. El desarrollo filogenético, como se presenta aquí,
abarca en Europa y América del Norte todo el tiempo terciario superior
desde el mioceno inferior hasta el plioceno superior.
El Glyptodon y otros géneros de edentados se encuentran en Texas
ya en el plioceno superior (Blaneobed). En nuestros territorios aparece
por primera vez en el horizonte mesopampeano y seguramente no ha ve-
nido de América deí Norte sino que se ha desarrollado aquí. En la capas
copampeanas el género Glyptodon típico aún no existía, en cambio se en-
cuentran sns precursores. No se trata de un tipo especial de la familia
Glyptodontidae sino de un grupo de variaciones que Ameghino lia reunido
bajo los nombres genéricos Palaehoplo ph orus y Plohophorus y que presen-
tan caracteres del Hoplophorus , Panochtus y Glyptodon , de este grupo se
han especializado los últimos tres géneros. Si el género Glyptodon se en-
cuentra en Texas en capas plioeenas o pleistocenas, el mesopampeano
donde aparece por primera vez, tiene que ser más antiguo. En el mismo
horizonte encontramos los géneros Mastodon , Jlippidion, Onohippidion ,
Arctotherium , Machaerodus , etc., que no se desarrollaron aquí, lo que de-
309 —
muestra que recién en ese tiempo ha habido un intercambio de mamí-
feros entre el hemisferio del norte y el del sur y que las capas eopam-
peanas corresponden a un tiempo anterior a esta inmigración..
No cabe la menor duda que el hombre ha habitado la provincia de
buenos Aires antes que se desarrollaran los géneros típicos de Glypto-
don , Panochtus, etc., y por lo tanto su existencia en tiempos terciarios
está bien demostrada.
La división cronológica de los tiempos geológicos está basada en la
relación estratigráfica como se presenta en Europa y para caracterizar
los horizontes geológicos se han tomado con preferencia invertebrados
como fósiles típicos o característicos (Leitfossil). Para establecer la co-
rrelación de los estratos en las distintas regiones déla tierra por medio
de la fauna marina, la América del Norte presenta mayor facilidad que
la América del Sud. Aquí encontramos solamente en las capas de las
eras paleozoicas y mesozoicas fósiles característicos que son determinan-
tes para los pisos en Europa, faltando estos por completo en los estratos
de la era cainozoica. Por esta razón el profesor W. 13. Scott ha dicho
(píela correlación de los pisos déla formación pampeana con los de
otras regiones se puede establecer únicamente por la fauna de mamí-
feros.
Otros autores sostienen, empero, que la determinación de pisos se
puede hacer únicamente a base del desarrollo de la fauna marina. En
tal caso sería difícil y hasta imposible hacer subdivisiones de nuestra
región. liemos visto que la fauna marina de las transgresiones pata gó-
cense y entrerrienseha cambiado tan poco, que se consideraban las dos
formaciones de una misma edad geológica, en cambio durante el tiempo
de la sedimentación que transcurrió entre una y otra se han desarro-
llado familias enteras de mamíferos con numerosos géneros, como por
ejemplo, todos los gigantescos edentados que faltan en las capas de la
. formación patagónica y que abundan en las entrerrianas.
La paralelización de los pisos de nuestra región con los de Europa es
hoy imposible. Quizá los roedores, que aparecen por primera vez en la
fauna pyrotheriana y los edentados que emigraron de aquí, puedan ser
utilizados con el tiempo para establecer correlaciones. Pero por los tipos
que poseemos hoy, no es posible afirmar en absoluto que la fauna pyro-
theriana corresponda a la de Reiins o que los depósitos del Blanco Bed,
de Texas, donde se encuentra el glyptodon, sean contemporáneos con
el piso mesopampeano por existir este género también en el neopam-
peano.
Ante todo hay (pie determinar con exactitud la fauna (pie contiene
Cíida horizonte. Contamos con un gran material de mamíferos fósiles de
la formación pampeana, que Ameghino ha distribuido en los pisos que
él ha creado, pero, como he dicho, una gran parte de las piezas que men-
3] O
ciona son de procedencia dudosa, lo que puede dar lugar a lamentables
errores. De muchos fósiles que el doctor C. liovereto lia publicado como
provenientes de estas mismas capas sé positivamente, que han sido en-
contrados en horizontes superiores al invocado. Citaré un caso muy
significativo. El señor Parodi que vive en Miramar y que ha colec-
cionado en aquellas barrancas muchos fósiles que se hallan en los
museos de Buenos Aires y de La Plata, me mandó unos restos de IIo-
plopliorus, diciendo qne provenían del terreno cha padm álense. Como
tenía duda que este género existiera en este horizonte, me hice acompa-
ñar por él al lugar donde lo sacó y resultó que había estado en depósitos
neopampeanos. Ilay un gran número de mamíferos fósiles distribuidos
en los museos de los cuales únicamente se sabe, que han sido encontra-
dos en la formación pampeana; de muchos de ellos se ignora la locali-
dad, dónde fueron coleccionados y muchos menos se puede saber de qué
horizonte provienen. Naturalmente materiales reunidos en estas condi-
ciones no deben utilizarse para establecer los fósiles de guía para los
pisos. Por esta razón prefiero no publicar listas de fósiles de los hori-
zontes geológicos tratados en el presente trabajo ; algunos resultarían
incompletos y otros defectuosos. Lo que se ha hecho en este sentido
debe considerarse como trabajo preliminar, liecién ahora, que conoce-
mos mejor los depósitos sedimentarios en nuestros territorios y que se
han hecho divisiones por la regla de la superposición de los estratos se
puede comenzar a establecer con exactitud los fósiles característicos que
contiene cada horizonte, debiendo ser excluida toda pieza de dudosa
procedencia.
Los depósitos de loess pampeano presentarán siempre dificultades
para establecer los límites entre los pisos. La sedimentación del loess en
la llanura pampeana ha sido continua desde los tiempos cretáceos hasta
el cuaternario; el carácter biológico ha sufrido modificaciones durante
este largo tiempo; pero, como he dicho, la estructura y el color no bastan
como determinantes para hacer separaciones y solamente en lugares
donde ha habido una interrupción en la sedimentación, estas señas son
utilizables. Las capas marinas de las transgresiones tampoco son sufi-
cientes para determinar horizontes; los depósitos de la transgresión en-
trecríense, por ejemplo, se intercalan en el horizonte eopampeano y el
loess que se halla encima de los bancos marinos ensenadenses contienen
los mismos restos de mamíferos que las capas que están directamente
debajo de ellas. Análogas dificultades para la separación de pisos presen-
tan los fósiles.
Hemos visto que la fauna de mamíferos ha cambiado tres veces el
carácter durante el tiempo en que se depositó el loess que aflora en la
provincia de Buenos Aires, pero la mutación de las formas no se verificó
de repente ; los nuevos géneros se especializaron gradualmente délos
— 311 —
tipos más antiguos En el horizonte mesopampea.no encontramos el
Olyptodon , Panochtus y otros fósiles que se desarrollaron de precursores
que se encuentran en el eo pañi pean o y conjuntamente con ellos apare-
cen géneros exóticos: pero la inmigración no tuvo lugar, recién al ter-
minar la sedimentación de este horizonte, como lo demuestra la pre-
sencia de restos de ciervos en las capas marinas cntrerrianas. Por
consiguiente no se puede fijar límites rigurosos entre uno y otro hori-
zonte por la aparición de nuevas fonnas.
Tenemos que hacer la división de los estratos en grupos naturales, se-
gún las condiciones geológicas como se presentan aquí y no sobre el
orden de sucesiones cronológicas establecidas en Europa.
Podemos decir con evidencia que las capas donde se encuentran el
Panochtus, Hippidion , Mastodon , Machacrodus y Typotlierium, correspon-
den al horizonte mesopampea.no, y las capas con Panochtus , Mastodon,
Equus, Anchenla (guanaco), Cervus campestris, Canis Azarac, Félix con
color, etc., en (pie falta el Typothcrium, corresponden al neopampeano.
En cambio es un error colocar toda la formación pampeana en el plio-
ceuo, como lo ha hecho Ameghino, y más erróneo es considerarla de edad
cuaternaria como sostienen otros autores, por ser el loess que se en-
cuentra en la región clásica en el valle del Rhin del tiempo glacial.
La formación del loess pampeano representa un sistema o complejo
de capas que abarca varias épocas geológicas, pero hoy faltan todavía
los elementos positivos para puntualizar la correlación sincrónica de
los horizontes de nuestras divisiones con los pisos de Europa o con los
de América del Norte. Por la semejanza que presentan nuestras faunas
con las de otras regiones se pueden hacer únicamente deducciones vero-
símiles, pero no es posible solucionar en definitiva la controversia entre
los diversos autores referente a la edad de las formaciones en cuestión.
Adjunto publico un cuadro demostrativo de la relación estrati gráfica
que presentan los depósitos sedimentarios de la provincia de Buenos
Aires, separados enjgrupos bajo el punto de vista litogenét.ico, indicando
las épocas a que puedan corresponder, según mi apreciación.
1 Hornos visto que en las divisiones hechas por Ameghino figuran hiatos, poro
se podría hablar niíís bien do zonas de transiciones.
312
CUA l)KO DHMOSTIÍATIVO 1>H I.A COKlt K.I.AC'lÓN ICSTl(ATIGKÁl<’ICA J>1! 1.08 OICI-ÓSITOS
OliSKHVA DOS ION I.A I.I.ANUIIA 1* A M 1*10 A N A
313 —
SEDIMENTARIOS DE FACI ES FÚLICAS Y FLUVIALES Y DE VACIES MARINAS Y LÍMNICAS,
I)E LA PROVINCIA DE DUEÑOS AIRES
HKV. MUSEO I.A n.ATA. — T. XXV
21
- iíl 4 —
XI
Consideraciones generales del régimen de las aguas subterráneas
en la provincia de Buenos Aires
En general se dividen las aguas subterráneas en dos categorías : «ju-
veniles y vadosas». Las primeras provienen de grandes profundidades
de las rocas macizas y las segundas son alimentadas por agua atmosféri-
ca (pie infiltra al subsuelo o por aire cargado de vapores de agua que
circula en las capas superiores y se condensa por el cambio de la tempe-
ratura.
Aquí me ocupo solamente de las aguas vadosas; de las juveniles tra-
taré en otro capítulo al hablar de las aguas termales en Bahía Blanca.
En las aguas vadosas se distinguen también dos clases principales :
« agua de manantiales » que circula por las hendiduras de las rocas y
agua de filtración que se halla en los sedimentos sueltos.
Agua de manantiales se halla en la provincia de Buenos Aires sola-
mente en las sierras de Tandil y de la Ventana, mientras que el aguado
filtración se encuentra en todas partes de la llanura; en cualquier punto
que se practica una excavación, se encuentra agua a mayor o menor
profundidad.
Por lo general se distingue aquí agua de la primera y de la segunda
napa o agua de pozo de balde, semisurgente y surgente.
Algunos autores hablan también de agua freática. Este término es
tomado del francés eaux préatiques, agua de pozo alimentada por aguas de
lluvias locales que se infiltran en el terreno de acarreo más reciente y que
no traspasan las capas impermeables. Todos estos términos son frecuen-
temente mal empleados. El agua de los pozos de balde o freática en el
loess pampeano y la llamada semisurgente, provienen, por lo general, de
un mismo horizonte; solamente porque el pozo se ha perforado a mayor
profundidad, el caudal de agua es mayor, y por esto lo llaman semisur-
gente. Para poder hablar de una primera y una segunda napa, éstas tie-
nen que ser separadas por una capa impermeable, o por lo menos, el
agua debe circular por distintas clases de sedimentos.
Los términos primera y segunda napa se han generalizado tanto que
considero conveniente conservarlos, aunque la procedencia del agua sea
la misma. Por primera napa entiendo el agua de los pozos comunes que
se hallan en la formación pampeana, y por segunda o tercera napa, la
que circula en los antiguos lechos de ríos o se halla en depósitos mari-
nos o de lagos, separados por capas de loess.
El agua freática, tal como la ha definido A. Daubrés en su gran obra
315 —
Les eaux souterines , poco o nada tienen que ver con el agua de la primera
napa en la formación pampeana. Agua freática se encuentra en la pro-
vincia de Buenos Aires en la formación postpampeana, principalmente
en la zona donde existen médanos. En estos parajes el agua de lluvia se
infiltra rápidamente en el suelo hasta encontrar una capa impermeable o
saturada completamente de agua y se acumula en la arena. Por esta ra-
zón hay en los médanos napas de agua dulce y al traspasar la capa im-
permeable o al llegar al loess pampeano, frecuentemente el agua es sa-
lobre.
La abundancia de esta agua depende de las lluvias locales, mientras
que la del agua de la primera napa en el loess pampeano, no. En parajes
donde la arena de los médanos se halla directamente sobre el loess, fal-
tando una capa impermeable, quiere decir, donde el agua freática está
en comunicación directa con la de la primera napa, sucede a menudo
(pie en tiempos lluviosos, el agua de los pozos es perfectamente potable
y en tiempos secos, no es utilizable, porque el agua dulce por ser más
liviana se halla arriba y una vez agotada ésta, se extrae el agua salobre.
En la costa marítima de Holanda donde el agua del mar se infiltra en los
médanos y se mezcla con el agua de lluvia, se construyen pozos especia-
les para extraer solamente el agua dulce más superficial.
El agua freática se halla en Europa en los depósitos aluviales y dilu-
viales, quiere decir, en acumulaciones de materiales sueltos. En las ro-
cas compactas el agua subterránea se encuentra solamente en forma do
manantiales.
En la llanura pampeana no es lo mismo. Aquí se encuentra el agua
de la primera napa en todas partes, aun cuando faltan sedimentos suel-
tos aluviales, lo que es una de las singularidades de esta región.
En la provincia de Buenos Aires el agua de la primera napa se halla,
generalmente en el loess del horizonte mesopampeano y en algunas par-
tes también recién en el eopampeano, pero raramente en el neopampea-
no. El loess mesopampeano es una roca compacta, si bien no muy dura
y el agua se encuentra con frecuencia en los bancos de la tosca dura.
En la llanura pampeana el agua de la primera napa, por lo general,
no proviene directamente de las lluvias que infiltran al suelo. La capa
de tierra vegetal que cubre casi todo el- terreno, absorve gran cantidad
de agua, pero una vez saturada por completo es casi impermeable; de-
bido a las materias en estado coloidal que contiene, filtra muy poca agua,
al subsuelo.
El agua de lluvia corre entonces a los ríos y arroyos y en los terrenos
bajos donde éstos faltan, se forman lagunas y cañadas. La mayor parte
se evaporiza; una parte es absorbida por la vegetación y solamente don-
de falta la vegetación, se infiltra algo en el subsuelo.
Llama mucho la atención que siendo el loess un sedimento en que el
¡Htí
agua circula con cierta facilidad, la de la lluvia penetra a poca profundi-
dad. De experimentos practicados en nuestro laboratorio, resulta que el
agua cargada con un 5 por mil de cloruro de sodio, se infiltra en dos horas
a 20 centímetros, mientras que el agua destilada cillas mismas condi-
ciones, precisa 48 horas para llegar a esta hondura, quiere decir, que la
velocidad del movimiento del agua salobre en el loess es 24 veces más
rápida que la del agua destilada, lo que debe ser motivada por los pocos
minerales en estado coloidal que el loess contiene.
Se entiende que en los experimentos de laboratorio no se pueden imi-
tar exactamente las condiciones que se presentan en la naturaleza. El
loess que se coloca en tubos de vidrio es más suelto, y en cambio, faltan
los pequeños canales que existen en los depósitos naturales.
He tenido ocasión de observar la infiltración de agua por gravitación
en capas de loess en estado natural. En el bosque de La Plata se hizo
un pequeño lago. Se practicó una excavación en el loess del horizonte
neopampeano y durante más de un mes se dejó correr día y noche agua,
no llegándose a cubrir nunca todo el fondo.
Para estudiar el efecto de la infiltración de agua en este sedimento
practiqué una serie de sondeos y resultó que las superiores estaban im-
pregnadas de agua, mientras que a cuatro metros de profundidad el loess
estaba completamente seco.
Con toda evidencia puedo afirmar que en lugares donde la primera
napa se halla a más de 10 metros de profundidad en el loess, el agua no pro-
viene de las lluvias que se infiltran por las capas superiores. Practican-
do en- períodos de abundantes lluvias sondeos en cualquier parte, se ob-
serva que debajo de la capa de tierra vegetal el loess al principio es algo
húmedo, pero en el pozo de la perforación no se junta agua y a pocos
metros de la superficie está completamente seco; antes de llegar al nivel
de la primera napa el loess está otra vez algo húmedo, debido a la acción
capilar, que hace subir el agua en los sedimentos.
Estas condiciones que se observan en todas partes, demuestran con
evidencia, que los pozos comunes en la formación pampeana son alimen-
tados por agua que circula en las capas inferiores y no por agua de llu-
via que se infiltra en la parte superior, pues en este caso no podría haber
en tiempos de lluvia una zona intermediaria de loess completamente
seca.
Se podría admitir más bien que la primera napa está alimentada por
precipitaciones subterráneas. Algunos autores suponen que el aire car-
gado de vapores de agua que circula en el subsuelo, se condensa a causa
del cambio de temperatura y que estas precipitaciones tienen mayor in-
ilueneia sobre las aguas subterráneas, que las lluvias en la superficie.
He atribuye mucha importancia al aire nebuloso. No hay duda que la
primera napa de agua está en comunicación con la atmósfera, lo que está
317
demostrado por el Lecho que la presión atmosférica influye sobre la
abundancia del agua en los pozos comunes. La estructura del loess es
ciertamente favorable a la circulación del aire, pero el problema está to-
davía poco estudiado. Y aquí se observan muchos hechos que hablan en
contra de esta hipótesis.
En su conjunto, la formación pampeana constituye un gran resumidero
del agua de los ríos y arroyos que nacen en las cordilleras y en las se-
rranías pampeanas. En diversas ocasiones he demostrado que, fuera del
río Paraná, no hay otro río de alguna importancia en nuestra provincia
que tenga su curso superficial. Toda la enorme masa de agua de la cordi-
llera del norte y de las sierras de Córdoba y San Luis circula subterrá-
neamente. (El río Negro y el río Colorado se hallan fuera de la forma-
ción pampeana.)
La llanura pampeana forma una enorme cuenca rellenada de sedimen-
mentos y agua; en algunas partes el agua llega casi a la superficie del
suelo, pero no constituye un horizonte geométricamente plano, como fre-
cuentemente se supone. De estudios que he practicado, resulta que el ni-
vel de la primera napa de agua, forma una línea muy ondulada, que no co-
rre paralela con las ondulaciones que presenta la superficie del terreno.
Este fenómeno hay que atribuirlo en parte a la capilaridad del loess y
sobre todo a la presión hidrostática de las napas de agua que se hallan
a mayor profundidad. Practicando un sondeo hasta la segunda napa,
donde la línea del nivel de la primera napa forma una curva convexa, el
agua en los tubos sube a veces a mayor altura que la de la primera,
napa, mientras que en la curva cóncava el agua de las dos napas llega a
la misma altura. En toda la región noroeste de la provincia de Buenos
Aires he encontrado que el agua de la segunda napa, llega en las perfo-
raciones por lo menos a la altura de la primera napa lo que demuestra
con evidencia, que los pozos comunes son alimentados por agua de la
segunda napa.
Es sabido que todos los sedimentos conducen agua; debido a la acción
capilar, ésta sube en la arcilla a mayor altura (pie en la arena, a pesar de
circular en esta última con más facilidad. Según Mitscherlich el agua
sube por capilaridad en la, arcilla, miles de metros (?) mientras que en la
arena el ascenso por capilaridad es de pocos metros; prácticamente la
arcilla es impermeable, absorbe el agua, pero no la trasmite a las capas
permeables.
En los sedimentos el ascenso por capilaridad y la rapidez del movi-
miento del agua por presión está en la relación inversa; cuanto más fino
el material, mayor es la altura a que llega el agua por capilaridad, pero
tanto más lento es el movimiento; y cuanto más grueso es el material, tan-
to más rápido es el movimiento y a menor altura llega por capilaridad.
Vale decir, que el sedimiento de gran capacidad capilar, prácticamente es
— 318
mal conductor de agua y el efecto de transmisión es nulo. De allí resulta
que una capa de arcilla de poco espesor basta para impedir que el agua
de las capas inferiores pase a las superiores por presión liidrostática.
Ahora bien, el loess es un sedimento excepcional; tiene propiedades
de la arcilla y déla arena. Debido al material sumamente lino, el efecto
capilar es parecido al de la arcilla, pero debido a la estructura miga-
josa y cavernosa, es de gran capacidad de agua y a causa de la escasez
de materiales coloidales, circula con relativa facilidad. En los depósitos
de loess, que están en contacto con agua permanente, ésta sube por la
acción capilar y se llenan no solamente los poros finos capilares, sino
también los canales de mayores diámetros y todas las cavernosidades,
cargándose toda la masa de agua como una esponja. En sondeos prac-
ticados en arcillas saturadas completamente de agua, el rendimiento es
casi indo, mientras que en los pozos construidos en el loess hasta la pri-
mera napa es bastante abundante.
Las condiciones particulares que presentan las aguas subterráneas en
esta región hay que atribuirlas, en parte, a las circunstancias, que la masa
principal déla formación pampeana se compone de loess y en otra parte
al fenómeno que los ríos y arroyos, que nacen en las sierras, pierden su
curso superficial al correr por la llanura pampeana.
Los antiguos lechos de ríos, que se encuentran interpuestos en los de-
pósitos de loess, son los que alimentan, como he dicho, no solamente las
napas inferiores, sino también los pozos comunes.
En el período terciario, cuando se formó el loess de los horizontes in-
feriores, la región de la actual llanura pampeana era cruzada por cauda-
losos ríos que desaguaban en los golfos, bahías y ensenadas que se exten-
dían al interior del continente, como ya he demostrado en otras partes.
Gran parte de estos ríos han existido antes que muchas de las actuales
sierras; al mismo tiempo que se plegaron las capas por la acción de los
movimientos orgánicos, los ríos se abrieron nuevamente salidas. Se ob-
servan frecuentemente en los anchos valles de las antiguas sierras cor-
dones de colinas compuestas de estratos lluviales en posición perturbada,
(pie presentan rumbos y declives distintos de las formaciones más anti-
guas. En muchos de los valles que se hallan dentro de las cordilleras,
en tiempos normales el agua corre superficialmente, y al llegar los nu-
merosos afluentes a los valles principales, ésta se infiltra al subsuelo y
circula subterráneamente.
En las cordilleras muchos ríos conservaron su dirección general du-
rante largos tiempos geológicos. En la llanura pampeana, por el contra-
rio, los ríos cambiaron continuamente el curso. Debido a estos cambios
un río ha pasado en distintas épocas por la misma localidad, pero cada
vez en un nivel más alto. En las perforaciones se encuentran con fre-
cuencia antiguos lechos de ríos separados por depósitos de loess.
319 —
Gomo los antiguos lechos están cubiertos de loess, no se puede co-
nocer el curso que los ríos tenían, pero a veces es posible determinar de
qué región o sierra provenían por la composición litológica de los estra-
tos fluviales. En Junín, por ejemplo, se encuentra debajo de una capa de
loess de 100 metros de espesor un antiguo lecho de río; comparando el
material con el que deposita actualmente el río Cuarto, se ve que prove-
nía de las sierras de Córdoba. La arena contiene mucha mica y pequeños
rodados de rocas que abundan en estas sierras. En La Plata y en la cos-
ta del río Paraná so halla 1.a segunda napa (pie está a una profundidad
de 00 a 80 metros debajo del loess en estratos de arena, como los depo-
sita actualmente este río. La arena contiene muy poca mica y es de co-
lor amarillenta por la gran cantidad de grano de rocas calcedónicas. En
San Pedro se encontró, en la profundidad de la segunda napa, un depó-
sito de arena que a primera vista se ve que proviene de un río afluente
del Paraná.
Los antiguos lechos de ríos ocupan muchas fajas de terreno en la for-
mación pampeana, pero de muchos de ellos ya no es posible determinar
de qué serranía proviene el material. Durante el tiempo en que se formó
el loess pampeano ha habido grandes cambios geográficos; cadenas de
montañas enteras han tenido que desaparecer para suministrar tan enor-
me masa de sedimentos.
Estos depósitos fluviales se componen, en gran parte, de arena suelta;
es muy raro que en los estratos, que forman la llamada segunda napa,
hay rocas duras, y por esto el agua procedente délas regiones montaño-
sas circula con toda facilidad en todas partes y no solamente en las hen-
diduras en forma de manantiales. Estos depósitos de arena acuífera for-
man las llamadas papas semisurgentes y surgentes.
Por pozos semisurgentes se entienden aquí los construidos hasta la
segunda napa, que no se agotan, y por surgentes a los en que el agua
llega a la superficie del terreno sin bombear.
Estos términos están mal empleados. Agua surgente es toda la que
brota de la tierra, y se ha confundido el nombre surgente con el nombre
artesiano, que es el término técnico empleado en casi todos los idiomas
para el agua que circula en sedimentos que se hallan entre dos capas im-
permeables y la que llega por presión hidrostática a mayor altura que la
superficie de la tierra '.
El mismo término se emplea también para el agua ascendente por pre-
sión hidrostática, aunque no llegue hasta la superficie. En este último
caso son pozos con nivel piezométrico negativo, y cuando llega a mayor
altura do la superficie, pozos artesianos con nivel piezométrico positivo.
1 El nombro artosiano proviene (leí francés, del condado Artois, donde so han cons-
truido los primeros pozos do esta clase.
a 20
líl término sargento correspondería, por consiguiente, al agua artesiana
con nivel piezométrico positivo, y el término semisurgente a la con nivel
piezométrico negativo. Adoptando los nombres snrgente y semisurgente,
éstos se tendrían que emplear también para el agua de la primera napa
y no solamente para la de la segunda. Cavando un pozo al pie de las
barrancas del río Paraná, por ejemplo, el agua de la primera napa llega
hasta la superficie del terreno y corre frecuentemente en forma de
pequeño arroyo. Al contrario, cavando un pozo en terreno alto hasta más
abajo del nivel de la primera napa, por lo general es semisurgente. En
Junín, por ejemplo, los poceros me hablaron de una segunda napa semi-
surgente que, según ellos, se halla a unos 30 ó 40 metros de profundi-
dad; en realidad la segunda napa se halla recién pasando los 100 metros
de hondura.
El agua de la segunda napa, en todos los sondeos que liemos practi-
cado en la provincia de Buenos Aires, pertenece a la clase de agua
artesiana, si bien no circula entre dos capas impermeables. Por lo gene-
ral es de nivel piezométrico negativo; los casos de ser de nivel piezomé-
trico positivo son raros.
Los antiguos lechos de ríos, en que se hallan las corrientes artesianas,
se componen, en su masa principal, de arena de grano más o menos fino
en estado semifluido, que sube por los caños de las perforaciones, junto
con el agua, a considerables alturas. Encima de estos estratos a cilíferos
hay loess o depósitos lacustres permeables; es una gran excepción que,
entre la primera y la segunda napa, haya una capa de arcilla, y jamás la
liemos encontrado en gran extensión.
A pesar que falta una capa de sedimentos impermeables, que es una
de las condiciones principales para las aguas artesianas, el agua de la
segunda napa sube en todas partes en los tubos a mayor o menor altu-
ra, lo que es debido a las condiciones particulares que presenta el loess
pampeano.
liemos visto «pie el loess reúne propiedades de la arcilla y «le la are-
na; en estos depósitos el agua sube por capilaridad como en la arcilla, y
debido a su estructura y composición, circula, como en la arena, de ma-
nera que este sedimento desempeña dos funciones : conduce el agua de
la segunda napa, por presión, a las capas superiores y, una vez que éstas
están saturadas, substituye las capas impermeables. De aquí resulta que
la presión hidrostática de la segunda napa y el nivel del agua de la pri-
mera se equilibran.
Como la capilaridad depende de la estructura y la composición del
loess, el agua que circula en un mismo depósito fluvial sube en una parte
a mayor altura que en otra; en un lugar donde hay encima de estos
depósitos loess arcilloso, el ascenso es mayor que donde hay loess are-
noso.
— 321
lío cabe duda que las irregularidades del nivel que se observan en la
primera napa y la diferencia de la presión hidrostática que presentan
las corrientes en los depósitos lluviales, son debidas en gran parte a las
distintas clases de loess que se hallan encima de estos últimos.
Es cierto que el agua freática alimentada por lluvias locales, tampoco
presenta una línea de nivel horizontal, sino que sigue más o menos a
las ondulaciones de la superficie del terreno. En las zonas de dunas, por
ejemplo, el agua freática se halla, en las partes elevadas délos médanos,
a mayor altura que en las bajas. Como en este caso se trata de arena fina,
el agua de lluvia que se infiltra al terreno está retenida por la capilaridad
y la adhesión del sedimento, pero en depósitos de materiales más grue-
sos, como ser estratos de guijarros, el nivel del agua freática sigue tam-
bién más o menos al declive de la superficie del terreno, y en este caso
influye solamente la adhesión.
En el loess pampeano no es así; las curvas que forman la línea del
nivel de la primera napa de agua por lo general no corren paralelas con
el relieve del terreno. En Baradero, por ejemplo, en terreno muy ondu-
lado, en un paraje llamado «El Rincón», el nivel déla primera napa
forma un plano casi horizontal.
Hemos hecho varias perforaciones; en una, practicada en la loma más
alta, se encontró la primera napa a 20 metros de profundidad, y en otra,
hecha a unos tres kilómetros de aquélla, en un bajo, se halló a tres me-
tros, lo que corresponde a la diferencia de altura del terreno.
En cambio, en sondeos practicados en el cafiadón del río Salado, en
Junín, donde el terreno es muy llano, el nivel de la primera napa forma
una línea ondulada. En General Arenales he levantado un perfil geoló-
gico a través de todo el partido ; la superficie del terreno es muy ondu-
lada y la línea del nivel de la primera napa forma también suaves ondu-
laciones, pero éstas no corren paralelas con el relieve del terreno.
Con el fin de investigar si hay la posibilidad de alimentar el canal del
Norte con agua subterránea, he practicado en el partido de Junín nume-
rosos sondeos hasta la segunda napa, que se halla en aquella región,
como hemos visto, a unos 100 metros de profundidad. Aquí no cabe duda
alguna que las corrientes subterráneas se hallan en un mismo antiguo
lecho del río. Encima de los depósitos fluviales se encuentra en todas
partes loess pampeano, que en algunos lugares es más arenoso que en
otros. En las perforaciones practicadas en puntos donde la línea del
nivel de la primera napa forma una curva convexa, el agua subía en los
tubos de revestimiento a mayor altura que a la de la primera napa, mien-
tras que donde forma una curva cóncava, llegaba solamente a esta altu-
ra. Este hecho demuestra con evidencia (pie la presión hidrostática de
la segunda napa es influida por la clase de loess que se halla encima de
los estratos fluviales. Gomo la acción capilar y la rapidez del movimiento
están en relación inversa, resulta que en parajes donde el agua de la
segunda napa sube por capilaridad a mayor altura, el rendimiento en los
pozos construidos hasta la primera napa es menor que en terrenos donde
sube a menor altura.
Se entiende que el agua subterránea de la formación pampeana en la
provincia de Buenos Aires, no proviene fínicamente de agua de ríos y
arroyos que nacen en las sierras y que circulan en el subsuelo. Hay
zonas donde las condiciones geológicas son favorables para la infiltra-
ción de las aguas de lluvia, y hay ríos con curso superficial que alimen-
tan directa o indirectamente la primera y segunda napa.
lín la provincia de Buenos Aires el único río de importancia que se
puede considerar como proveedor de agua subterránea, es el Paraná; los
otros ríos y arroyos forman más bien canales de desagüe. Es cierto que
en los períodos de lluvias, cuando están crecidos, rezuman agua al terre-
no, pero ésta es insignificante en comparación con la cantidad de agua
(pie substraen durante el año del subsuelo.
Todos los ríos y arroyos de agua permanente, que tienen su origen en
la llanura pampeana, son alimentados con agua de la primera napa; los
alimentados únicamente por agua de lluvias en la mayor parte del año
están secos. Los de agua permanente corren, en tiempo normal, en un
nivel más bajo que la primera napa; en cualquier parte que se practique
una excavación en el borde de un arroyo, brota agua.
En las cuevas cavadas por las nutrias, en la base de las barrancas, se
ve brotar agua, y algunos propietarios de campos prohíben la caza de
estos animales, diciendo que ellos abren las vertientes y aumentan en
esta forma el caudal de agua del arroyo.
En tiempos de crecientes, se infiltra el agua de éste al terreno vecino,
pero cuando baja su nivel vuelve a surgir a su cauce. Se puede ver que,
después de la lluvia, corre durante algún tiempo en las zanjas y aguje-
ros un poco de agua que se filtra de las barrancas.
Contrario a los ríos y arroyos que nacen en las sierras y pierden su
corriente superficial en la llanura por infiltración de sus aguas, los (pie
tienen su origen en la Pampa pierden el cauce en su curso superior.
Basta que el lecho de un arroyo se llene con materiales que los vientos
traen de las comarcas vecinas y que se eleve un poco sobre el nivel de
la primera napa para transformarse en una cañada, donde corre agua
solamente cuando llueve. En un trabajo publicado en la Revista del Mu-
seo de La Plata , tomo XVI, titulado La construcción de un canal , etc., he
citado algunos ejemplos de cómo arroyos de agua permanente se trans-
formaron en menos de 50 años en cañadas, donde corre hoy solamente
agua cuando llueve.
También las lagunas que se hallan a un nivel más bajo que la pri-
mera napa, suelen secarse en los años en que el nivel déla primera napa
— 323 —
baja mucho, mientras que en los períodos de grandes lluvias, cuando
están llenas de agua, ésta se filtra al terreno vecino.
Durante el tiempo en que practicaba estudios en Junín, he hecho algu-
nas observaciones sobre el régimen del agua en la laguna Mar Chiquita.
El fondo de ésta se compone de loess arenoso y el terreno en sus alrede-
dores está formado en gran parte de arenado médanos fijos, quiere decir,
«le sedimentos permeables. He hecho varios pozos de observación en dis-
tintas partes en las inmediaciones de la laguna y he podido constatar
que el nivel de la primera napa subía a medida que aumentaba el agua
en la laguna. Me llamó la atención que, durante un invierno lluvioso, el
cambio de nivel del agua en la laguna y la primera napa había sido muy
insignificante. Este hecho nos prueba que el aumento del agua subterrá-
nea en los años de lluvias regulares es de poca importancia, a pesar de
que se trata de una zona donde existen muchos médanos. Muy distinto
es en años lluviosos. En el año 1914, por ejemplo, ha habido en la región
noroeste, de la provincia de Buenos Aires una gran inundación, que se
extendía a las provincias de Córdoba y Santa Fe. Todas las cañadas y
depresiones del terreno estaban llenas de agua; las tierras altas pare-
cían grandes islas en un mar de agua dulce. La inundación duró muchos
meses, y, siendo el terreno en toda esta región permeable, se almacena-
ron enormes cantidades de agua subterránea; hasta el año 1910 el nivel
de la primera napa se halló a una altura que pasaba de lo normal. Algu-
nos años antes, cuando practiqué los estudios en Junín en el verano, y
que no había llovido algunos meses, el agua en la laguna y la de la pri-
mera napa subía repentinamente en toda esta región; en algunas casas
penetrábanlos zótanos. De las averiguaciones que practiqué para expli-
carme el fenómeno, resultó que en la primavera había habido grandes
lluvias en las sierras de Córdoba y que el agua del río Cuarto corría por
cañadones hasta cerca de Rufino; todo el estero que forma este río, al
este de Carlota estaba lleno de agua. Todas estas observaciones demues-
tran evidentemente que el agua de la primera napa, en la región noroeste
de la provincia de Buenos Aires, está alimentada por aguas de lluvias y
por corrientes subterráneas.
En la región de las sierras de Tandil y de la Ventana, el agua de la
primera napa es también alimentada por aguas de lluvias y corrientes
subterráneas, pero aquí hay que tener en cuenta, además, los manantia-
les de las sierras que vierten sus aguas en el loess pampeano. lie prac-
ticado algunos estudios de los manantiales en estas sierras, y citaré un
ejemplo : cerca de la estación Azucena, el señor Emilio Ancliorena había
plantado en una délas colinas toda clase de árboles para formaron gran
monte, y como esta colina se compone de granito se necesitó mucha agua
para el riego. El había hecho, sin éxito, muy costosas perforaciones en
el granito. Le aconsejé de abrir una zanja a través de un pequeño valle
324
hasta el granito, y se encontraron fuertes corrientes subterráneas, que
provienen de manantiales que están cubiertos de loess y cantos.
En todas partes al pie délas sierras, donde se hace una excavación de
alguna importancia, se da con corrientes subterráneas que provienen de
manantiales de los macizos y no de agua de lluvia ; éstos son segura-
mente aún más abundantes a mayores profundidades. Tengo la convic-
ción que en los alrededores de las sierras, los manantiales tienen mayor
participación en la alimentación de las aguas que circulan en el loess,
que el agua de lluvia, a pesar que el terreno, por su composición areno-
sa, es favorable para la infiltración.
Parece que los manantiales, que se hallan en las sierras del Tandil, no
dependen del agua de las lluvias que se infiltra por las hendiduras a los
macizos.
En todas partes se ven pequeños ojos de agua que brotan de las rocas
y el agua no es más abundante en los períodos de lluvias que en los de
sequía. La colina donde estaba la piedra movediza, forma un cono casi
desprovisto de vegetación y no parece posible que en él pueda almace-
narse tanta agua en los años de lluvia para alimentar los numerosos ma-
nantiales que existen en su alrededor. Es cierto que en las faldas de las
colinas de granito, cubiertas de tierra vegetal y de materiales detríticos
después de las lluvias, brota abundante agua, pero estas corrientes se
secan en poco tiempo, mientras que en los manantiales, que se hallan en
las rocas macizas, el agua no aumenta ni merma en todo el año, según
me manifestaron los vecinos.
El pueblo de Tandil se halla en el fondo de un valle rodeado de coli-
nas; hemos hecho varias perforaciones de profundidad y resultó que el
terreno está saturado completamente de agua. Los pozos no merman sen-
siblemente en los tiempos de grandes secas, lo que prueba que no están
alimentados únicamente de las aguas de lluvias.
Una gran parte de los arroyos, que nacen en estas serranías, pierden
su curso superficial por infiltración, no obstante hallarse relativamen-
te cerca la costa del mar. Sin embargo, el aumento de agua de la primera
napa por este medio no es tan grande como a primera vístase podría su-
poner, porque los arroyos que renacen en estos lugares son tan numero-
sos como los que se pierden. Entre Mar del Plata y Tres Arroyos exis-
ten numerosos arroyos que forman un drenaje natural, de manera (pie
en los años regulares la infiltración y el desagüese equilibran en la zona
donde el agua subterránea está influida por las sierras del Tandil; lie-
mos practicado varias perforaciones y hemos encontrado en diversas
profundidades depósitos fluviales intercalados en el loess con fuertes co-
rrientes de agua que son los principales surtidores de agua de la prime-
ra napa.
En Mira mar, Tandil, Olavarría y Azul, en cuyos lugares hemos hecho
325 —
sondeos, el agua de todas las capas es de buena ealidad, mientras que
en Coronel Vidal donde se hizo una perforación hasta la profundidad de
430 metros, el agua de la primera napa, como las délas capas inferiores
es de mala calidad por hallarse en la zona de la transgresión querandi-
ua. En ninguno de los anteriores sondeos, se encontraron capas marinas.
También los arroyos y ríos (pie nacen en las serranías de la Ventana,
en gran parte pierden su curso superficial por infiltración de sus aguas.
En el lado norte y noroeste existe en las llanuras una gran depresión,
formada por un movimiento regional en el tiempo mesopampeano. Se
trata de una hoya sin desagüe, en que se formaron las lagunas de la Ca-
riada Grande de Alsina, Cochicó (Arbolito) del Monte, del Venado, Pa-
raguayas, Epecuén y algunas más chicas que están en comunicación en-
tre sí, pero no tienen desagüe al mar. En ésta se observa un fenómeno
curioso; la mayor parte de los arroyos no llegan hasta la depresión, el
agua se infiltra antes al suelo y vuelven a nacer nuevos arroyos que recién
desaguan a las lagunas. Como éstas no tienen desagüe al mar, se han
acumulado en ellas durante los largos tiempos geológicos tantas sales,
que en la laguna de Epecuén se explota sal de cocina. (Es sabido que el
agua en los hoyos sin salida, frecuentemente es más salada que la del
mar.) El agua de los arroyos (pie nacen en el noreste, norte y noroeste
de las serranías de la Ventana, se evapora en las lagunas, así no es
extraño que el agua subterránea por lo general sea de mala calidad en
esta región. En Carhué existen pozos artesianos con nivel piezométricos
positivo, pero el aguano es de buena calidad ; el residuo fijo de las mues-
tras que hemos analizado pasa de 200 partes en 100.000.
En el lado sur y sudeste hay algunos ríos y arroyos que conservan
su curso superficial hasta el mar. El régimen do las aguas es como en
todos los ríos; en tiempo de creciente infiltra agua al terreno vecino, que
vuelve a surgir en el cauce cuando baja el nivel. En las zonas de los mé-
danos una parte del agua de la primera napa o, en este caso, mejor di-
cho freática, proviene seguramente de agua de lluvia, que se infiltra en el
terreno. También en los valles y en los alrededores de estas serranías, en
muchas, partes la composición del terreno es favorable a la infiltración
del agua de lluvia, pero los surtidores principales del agua de la primera
napa son los manantiales y las corrientes subterráneas.
Como en las serranías del Tandil, la mayor parte de los manantiales
de estos macizos derrama sus aguas subterráneamente al loess pampea-
no. Éstos aquí seguramente no son alimentados por agua atmosférica
que se infiltra por las hendiduras en las rocas. Hay manantiales que se ha-
llan casi en las cumbres de las montañas. El río Sauce Grande, que es
alimentado por manantiales, nace cerca déla Ventana, que es la parte
más alta de toda la sierra, y la construcción tectónica de estas monta-
ñas indica que aquí se trata de aguas juveniles, de las que trataré cuan-
— 326 —
do me ocupe <le las corrientes subterráneas del partido de Bahía Blanca.
En el noroeste de la provincia de Buenos Aires, el río Paraná es el
gran surtidor de las aguas subterráneas; la zona de su influencia se ex-
tiende basta una gran distancia de la costa.
En toda la costa desde La Plata hasta San Nicolás hay en la profun-
didad de 40 a 00 metros un depósito de arena acuífera que forma en esta
región la segunda napa. Se trata de un antiguo curso del río Paraná más
ancho que el actual delta. En las perforaciones practicadas en el norte
de la provincia de Buenos Aires, lo hemos constatado desde San Nicolás
hasta Rojas, lie estudiado el régimen del río Paraná y el de las aguas
subterráneas durante más de 40 anos y puedo afirmar que en esta zona
el agua de la primera napa no es alimentada por agua atmosférica, que
se infiltra por las capas superiores. Solamente en tiempos de grandes cre-
cientes, cuando los bañados, como el de Arrecifes, que se encuentra entre
Baradero y San Pedro, el de la Cañada Honda, que existe entre Capilla
y Pilai', están llenos de agua, hay infiltración, pero ésta es muy insignifi-
cante y de efecto puramente local. En las partes donde el río Paraná
toca directamente a las barrancas que son compuestas de loess, se infiltra
agua que sube por la capilaridad, pero el efecto no es tan grande como
algunos autores suponen. Las crecientes y bajantes del río influyen algo
en el nivel de los pozos de balde que se hallan cerca de las barrancas,
pero aún no se ha establecido con exactitud hasta qué distancias se nota
el efecto. Para eso sería necesario construir una serie de pozos de obser-
vación con cota bien determinada y hacer mediciones liidrométricas du-
rante algunos años. ITe vivido seis años en San Nicolás y observé, que
el nivel del agual del pozo de la casa, que se halla a menos de un kiló-
metro del río, subía y bajaba con las crecientes y bajantes periódicas del
río, mientras que en un pozo, en una quinta que se halla más o menos a
cinco kilómetros de la barranca, el nivel del agua bajaba tanto, que se
tenía (pie profundizarlo a pesar que hacía meses que el Paraná estaba
muy crecido.
Es sabido que las crecientes periódicas del río Paraná son debidas a
las grandes avenidas en su curso superior; las lluvias locales en su curso
inferior no tienen influencia sobre el nivel; durante largas secas en la
provincia de Santa Fe, Entre Ríos y Buenos Aires, el río a veces está
muy crecido. Solamente en la parte más inferior se nota un cambio de
nivel producido por las mareas y los vientos.
El régimen del río Paraná con relación alas aguas subterráneas es com-
pletamente distinto del de los ríos, que tienen semejante influencia sobre
el agua de filtración en los valles. La depresión que se halla entre la pro-
vincia de Buenos Aires y Entre Ríos y que forma el delta, presenta las
condiciones físicas solo de un ancho cauce de río y no las de un valle.
Este delta se extiende desde el río de la Plata, por lo menos, hasta la
— 327
confluencia de los ríos Paraguay y Alto Paraná en la provincia de Co-
rrientes. En todo este largo trayecto no hay ningún afluente de mayor
importancia. El terreno se eleva longitudinalmente hacia Corrientes,
pero no lateralmente. Las islas en Corrientes no se hallan a mayor altura
sobre el nivel del río que en Buenos Aires y todo este terreno es anega-
dizo; en tiempo de las grandes crecientes, (pie vienen del norte, la depre-
sión entre las dos barrancas forma un solo cauce, que en algunas partes
pasa de 50 kilómetros de ancho. Este enorme cauce está rellenado de
sedimentos semifluidos; la masa principal se compone de arena y limo;
capas de verdadera arcilla son muy raras. Lo que se toma generalmente
por arcilla es el material más fino proveniente del loess pampeano.
A pesar de la abundancia de materias orgánicas en estado coloidal,
que estos sedimentos aluviales contienen, el agua se filtra con relativa fa-
cilidad. Los pozos y zanjas abiertas en las islas se llenan de agua que
se filtra del terreno. En la parte inferior del delta, hasta donde alcanzó la
transgresión querandina, predominan los sedimentos arcillosos, o mejor
dicho, los limosos y más arriba de Paradero los arenosos; ios bancos de
arena pura lavada son muy frecuentes. Este terreno está continuamente
removido a causa de los cambios del curso de los canales; solamente en
los 50 años que yo conozco este río he notado grandes cambios. En San
Nicolás, por ejemplo, los vapores de carreras pasaban antes entre la ba-
rranca y una isla que hay enfrente; más tarde se formó un banco de
arena y hoy el canal está completamente cerrado. Debido a estos remo-
vimientos, el material esta muy mezclado, lo que es una de las causas por
qué el agua circula con cierta facilidad.
Los depósitos de aluviones, que corresponden al horizonte postpam-
peano, tienen un espesor, en término medio, de 10 a 15 metros y descan-
san directamente sobre la formación terciaria entrerriana de faeie fluvial
y marina. En ninguno de los numerosos sondeos, que hemos practicado
en las islas, hemos encontrado loess pampeano entre los depósitos post-
pampeano y entrerriano ; recién debajo de estos últimos, se encuentra
loess que corresponde al horizonte infrapampeano. La formación en-
trerriana se compone, en general, en la parte superior, de capas fluviales
y en hiparte inferior, de marinas. En algunas perforaciones no se ha en-
contrado la facie fluvial, hallándose el postpampeano directamente sobre
las capas marinas y en otras faltan estas últimas y las capas fluviales
están directamente sobre el loess infrapampeano.
El espesor total de la formación entrerriana varía entre 50 y 80 me-
tros; en ninguno de los sondeos practicados en el Delta entre el Tigre y
San Nicolás hemos encontrado un espesor que alcance a 100 metros.
Llama mucho la atención que las capas fluviales se componen casi ex-
clusivamente de arena muy pura, lavada; es una rara excepción encon-
trar interposiciones de estratos de arcilla o do limo y jamás tienen gran
328
espesor y extensión. La arena en general es de grano más grueso que la
de los bancos postpampeanos y a veces contiene rodados de rocas calce-
dánicas; no obstante ser semillúida, no se puede perforar en ella, no lle-
vando el zapato de los caños de revestimiento junto con la media o em-
pleando agua de inyección muy espesa.
En la faeie marina, en cambio, predominan los sedimentos limosos que
alternan frecuentemente con estratos de arena y a veces se encuentran
capas de verdadera arcilla plástica de considerable espesor, pero siem-
pre interpuestas en forma lenticular. Tanto las capas fluviales como las
marinas están completamente saturadas de agua, pero las primeras son
mejores conductores ; en ellas circula el agua con gran facilidad, se puede
decir que forman una mezcla de agua y arena, que sube por la presión
basta cierta altura en los tubos de las perforaciones.
A hora bien, estos estratos, como liemos visto, no están limitados al
delta del Paraná, se extienden debajo del loess pampeano hasta gran-
des distancias del río. En un perfil que hemos levantado desde La Plata
hasta el centro del delta, las arenas acuíferas forman un horizonte sin
interrupción ; en el norte las hemos encontrado, como ya he dicho, desde
San Nicolás hasta el Pergamino, donde aún continúan.
Entre la arena acn itera, que forma en todas partes en esta región la
segunda napa, y el loess, se encuentran frecuentemente capas de las lla-
madas depósitos lacustres, que se han tomado erróneamente por capas
impermeables. Basada en esta suposición, la dirección de Obras sanita-
rias había hecho una reglamentación para la construcción de pozos
semisurgentes en los alrededores de la Capital federal, que dificultaba
mucho el aprovechamiento de esta excelente agua. En realidad estos se-
dimentos presentan para la circulación del agua las mismas condiciones
que el loess. La primer napa se halla frecuentemente en depósitos la-
custres del horizonte inesopampeano y el agua en los pozos construidos
hasta esta napa es tan abundante como en el loess. Si los depósitos lacus-
tres fueran sedimentos impermeables, se encontraría en la región ñor
«leste de la provincia de Buenos Aires y en el este de Santa Fe con fre-
cuencia agua artesiana de nivel piezométrico positivo.
Como en el delta del Paraná no existe, encima de los depósitos lluvia
les entrerrianos, una capa impermeable, el agua del río se infiltra a las
capas inferiores, donde se halla en todas partes bajo una presión, que
equivale a la altura de las capas impregnadas de agua, que están en-
cima. Aquí tenemos el fenómeno ya explicado. La presión hidrostática
del agua, «pie circula en el antiguo lecho del río Paraná, y la altura a que
llega en el loess pampeano que hay encima, se equilibran.
Las irregularidades en el nivel de la primera napa de agua, que se
observan en esta región, seguramente provienen también en gran parte
de la distinta composición biológica del loess, pero todo indica que exis-
329 —
ten corrientes subterráneas independientes de la infiltración del río Pa-
raná. En el tiempo terciario este río lia tenido afluentes que lioy no exis-
ten ; uno de estos liemos constatado en San Pedro.
El antiguo lecho de río, que se halla en Junín a los 100 metros de
profundidad, también puede haber sido en el tiempo terciario un afluente
del Paraná. En Quilines, en el lugar de la cervecería, el nivel piezomé-
trico de la segunda napa subió en años pasados varios metros, mientras
que en La Plata no se notó ningún cambio do nivel, lo que demuestra
que existen distintas corrientes subterráneas en esta región. Es muy
posible también, que las corrientes que se hallan a mayores profundida-
des, influyan en la segunda napa y ésta a su vez en el nivel de la pri-
mera. Todavía faltan los datos exactos para poder explicar todos los
fenómenos que se observan.
Tan complicadas como el régimen, se presentan también las condicio-
nes en cuanto a la calidad de las aguas subterráneas en la formación
pampeana. Es un fenómeno muy conocido aquí, que la calidad del agua
de la primera napa cambia a poca distancia, lo que está motivado en
gran parte por el origen del loess. En general el agua en el loess es alca-
lina y de composición química distinta de la de las aguas freáticas que
se encuentran en los médanos.
También la calidad del agua de la segunda napa cambia a menudo de
una localidad a otra.
En La Plata, por ejemplo, el agua de la segunda napa es de excelente
calidad y en Ensenada en la misma arena acuífera es tan salobre que
no se puede utilizar. Lo mismo en Buenos Aires en la quinta de Lezama
el agua de la segunda napa es buena y a menos de 100 metros de la
barranca en dirección al río no es potable, a pesar de encontrarse en la
misma clase de estratos. El ministerio de Obras públicas de la Nación ha
practicado en el puerto de Buenos Aires y en Río Santiago numerosas
perforaciones, y el director general de Obras hidráulicas, ingeniero Lan-
ge, me ha facilitado una gran serie de perfiles. Examinando las condi-
ciones geológicas del estuario en La Plata y del Delta del Paraná
resulta, que en todas partes, donde los depósitos de la transgresión que-
randina se hallan directamente encima de los estratos entrerrianos flu-
viales o marinos, el agua es de mala calidad.
En lugares donde hay entre estas dos formaciones depósitos de loess,
frecuentemente es también salobre ; por ejemplo, entre La Plata y En-
senada se encuentra encima de los depósitos entrerrianos una capa de
loess y encima de estas recién están depositados los estratos de la trans-
gresión querandina ; en toda esta parte el agua de la segunda napa es de
mala calidad. En cambio, donde estas últimas capas faltan, el agua es
buena.
No cabe la menor duda, que la mala calidad del agua de la segunda
22
TIEV. MUS. LA PLATA. — T. XXVr
— 330
napa en estas partes está motivada por la transgresión querandina, pero
sería un gran error deducir de este lieclio que en todos los depósitos
marinos el agua tenga que ser salobre. En La Plata, por ejemplo, encon-
tramos, intercaladas en el loess del horizonte neopampeano, capas ma-
rinas de la transgresión belgranense y el agua de la segunda napa es
buena, como también la que se halla en los depósitos marinos que están
debajo de la facie fluvial.
Es bien sabido que en el mar no se deposita sal ; para que ésta se pre-
cipite, el agua tiene que evaporarse. Por esta razón el agua salobre se
encuentra frecuentemente en sedimentos depositados en los mares vado-
sos, donde el agua ha quedado represada.
La península San Blas es uno de los parajes de nuestra costa, donde
se puede estudiar actualmente este proceso. El doctor Witte ha practi-
cado investigaciones geológicas en esa región y ha descripto cómo se
forman todavía hoy salinas. Reproduzco la parte en que habla del agua
del mar, que se evapora en las depresiones 1 :
« Más adelante tendré ocasión de demostrar que toda esta costa del
Atlántico se encuentra actualmente en un período de regresión. A me-
dida que el mar se retiraba, su fondo quedaba en seco, y en consecuen-
cia, las depresiones submarinas se transformaban en salitrales. Cuando
éstas quedaron cortadas del mar por completo, el agua represada en ellas,
en parte rezumábase al subsuelo y en parte se evaporaba, precipitándose
las sales.
« Al principio las depresiones quedaron en comunicación con el mar,
formando lagunas, pudiéndose distinguir dos tipos : lagunas en comuni-
cación continua con el mar por medio de canales, y lagunas a las que el
mar tiene acceso solamente en tiempos de mareas muy altas. En las pri-
meras se forman con el tiempo los salitrales, y en las segundas las salinas.
« Los alrededores de San Blas presentan en la actualidad las condi-
ciones en que se puede estudiar este fenómeno en todos sus detalles.
En el sistema de lagunas, delante de la que se halla situada la mencio-
nada península en forma de una barra, y el que es el resultado del último
movimiento regresivo del mar, están representados todos los tipos de
que hablé más arriba. En él se repite ahora y visiblemente el proceso de
la formación de salitrales y salinas del mismo modo que se desarrolla-
ban anteriormente los que se encuentran más en el interior en un estado
de formación concluida.
«El proceso es el siguiente:
« En las ensenadas, donde la corriente de la marea no es suficiente-
mente fuerte para arrastrar materiales gruesos, es decir, rodados y are-
1 Estudios geológicos de la región de San lilas, Ministerio de obras públicas de la
provincia do Buenos Aires, páginas 28 a 31, La Plata 1916.
331 —
ñas, se deposita la materia más fina que el agua lleva en suspensión,
y que consiste en un limo fangoso, conocido con el nombre alemán
Scliliclc. Este es completamente idéntico a las tierras arcillosas que se
encuentran en las depresiones del interior. Favorece la deposición, o
más bien dicho la precipitación de esa materia, por la circunstancia que
el aguado las lagunas es siempre más salada que el agua del mar afuera.
« Mientras que el Schliclc en otras costas, en donde la cantidad de
lluvias es mayor que en nuestra región, forma una tierra muy fértil, v. g.,
en el mar del Norte, cuyas tierras se conocen con el nombre de «Mas-
cben », el limo fangoso de las costas sur de la República Argentina es
casi estéril, debido a las sales que contiene, lo que es motivado por las
siguientes circunstancias :
« Todo depósito arrojado por el mar a la costa, en terreno situado en-
tre el nivel de la marea alta y el de la baja, queda mezclado con agua
marina. Abora bien; si los depósitos son permeables, como lo son la
arena y los rodados, el agua circula por ellos casi con la misma pronti-
tud, como se retira la marea, mientras en depósitos poco permeables o
impermeables, como son las materias arcillosas, el agua del mar queda
retenida como en una esponja basta que vuelva otra vez la marea alta.
«En costas muy playas, como en el presente caso lo son especial-
mente los alrededores de San Rías, grandes extensiones de terreno que-
dan en seco durante el intervalo entre la marea alta y la baja. En países
de clima húmedo y de lluvias copiosas, como lo son las regiones septen-
trionales de Europa, esos terrenos vuelven a. desalarse con mucha pron-
titud, mientras que en regiones como las nuestras sucede lo contrario.
En este territorio la insolación y, en consecuencia de ésta la evaporiza-
do]!, es muy fuerte, mientras que las lluvias son muy escasos. Resulta
de esto, que durante la marea baja se produce un enriquecimiento de
materias salinas en los limos fangosos que durante la marea alta están
cubiertos por el agua del mar, y en vez de disminuir la concentración
de sales se aumenta cada vez que aquella penetra en las depresiones.
Por otra parte, el agua de mar que entra en las lagunas, se pone también
siempre más salobre, como ya he demostrado más arriba, y esto produce
una aumentación déla precipitación de las materias arcillosas que lleva
en suspensión.
« Este proceso se repite diariamente en las lagunas situadas detrás
de la península de San Blas, las que en el mapa son designadas como
arroyo, nombre que les han dado erróneamente los vecinos de la región,
probablemente por su forma estrecha y por la fuerte corriente causada
por el cambio de las mareas.
« Durante cada marea baja quedan en seco por algunas horas vastas
áreas de su fondo y se produce el efecto arriba descripto. En las partes
donde llegan solamente mareas muy altas, y que quedan a descubierto
por mayor tiempo, la concentración progresiva de sales en el terreno es
aún más intensa.
« La formación de las salinas es muy análoga. La diferencia consiste,
como lie dicho, en que estas se pueden formar únicamente en lagunas
sin desagüe a las que el mar tiene acceso solamente durante mareas muy
altas osizigias, y en las que el agua estancada se evaporiza paulatina-
mente. Se pueden distinguir dos casos diferentes. El primero es el si-
guiente : el agua se evaporiza por completo en el tiempo entre una y
otra marea sizigia, y entonces sobre la capa de sal formada en conse-
cuencia de la evaporización, se deposita primeramente la arena y la ma-
teria arcillosa acarreada en la nueva marea sicigia. Este es un proceso
que se repite continuamente. Después de cada marea alta se depositan
en primer término los sedimentos, y luego se forma una costra de sal al
evaporizarse el agua. El resultado de este suceso es la formación de ca-
pas alternantes de sal, de arcilla y arena.
« En el otro caso la cantidad de agua que entre en las depresiones
durante las mareas sizigias es tan grande, que no puede evaporizarse
por completo hasta la marea siguiente. Entonces las materias que el
agua lleva en suspensión, se precipitan, pero la sal queda en solución,
produciéndose así una concentración cada vez mayor. Cuando en conse-
cuencia de la regresión de mar, el agua, ni en mareas altísimas, tiene
más acceso a las depresiones, entonces se evaporiza por completo,
formándose así las grandes salinas, como ocurrió, por ejemplo, en la sa-
lina de Piedras, del Inglés, etc. Constaté el caso primeramente des-
cripto en el salitral, cerca de La Colonia, en la parte extrema nor-
oeste de la región marcada en el plano adjunto. Allí encontré bajo la
capa superficial de limo arcilloso capas de sal que alternan con estratos
de arena marina verdusca, la que contiene restos de moluscos marinos.
« Los dos casos se hallan combinados a veces. Así por ejemplo, en la
Salina de Espuma, situada a unas 5 leguas arriba de Carmen de Pata-
gones, encontré debajo del limo arcilloso estratos de sal, que alternan
con arcilla y arena, al parecer de origen marino.
«He tenido oportunidad de estudiar detenidamente la Salina de Es-
puma. En medio de la depresión se halla un depósito de sal gema de
color algo rosado, de la cual no se ha hecho análisis, pero seguramente
es más o menos la misma que la de la Salina del Inglés. Esta última,
como la de la. Salina de Piedras, es cloruro de sodio casi puro, con un con-
tenido muy pequeño de cloruro de potasio. El análisis que se ha hecho
de la sal de la Salina del Inglés en la sección química de esta reparti-
ción, ha dado el siguiente resultado :
Cloruro de sodio 1)9,055 °/0
Cloruro de potasio 0,354
Anhídrido sulfúrico vestigios
— 333
« En esta salina se pueden distinguir distintas zonas. En el eentro se
encuentran las sales, que quedaron en solución basta el fin de la evapo-
ración del agua, y que se bailan encima de la arcilla salífera en forma
de una cubeta. En su alrededor se observa una zona compuesta de arci-
lla salífera, que contiene, además de cloruro de sodio y de potasio otras
sales, que se cristalizaron antes que aquellas. Después sigue una zona
exterior caracterizada por las grandes cantidades de yeso que contiene.
Los cristales de yeso en forma de flechas casi transparentes e incoloros,
se bailan casi diseminados en un limo negro algo bituminoso de olor de
fango podrido (sapropelo).
« Estas tres zonas son, según mi concepto, hiparte déla depresión,
donde se lia producido el proceso final de la evaporación del agua de
mar. »
Lo citado basta para comprender, que en depósitos marinos, el agua
en una parte es salada y en otra potable. Los estratos marinos, que se
bailan en La Plata intercalados en el neopampeano son de poco espesor
y han sido depositados en la barranca de una costa y no en una depre-
sión, donde el agua había quedado represada y se hubiera podido eva-
porar.
En el delta del Paraná a la altura de Paradero hemos hecho sondeos
hasta la segunda napa y el agua resultó muy buena, mientras que en el
Tigre, donde se verificó un estudio sistemático, no hemos encontrado
agua potable, ni en las capas superiores, ni en los estratos fluviales y
marinos entrerrianos. Este hecho nos demuestra que a la altura de
Paradero el mar se retiró sin haber dejado represada agua salada, mien-
tras que en la parte inferior del delta y en la costa, donde existen los
depósitos marinos querandinos, se verificó un proceso como el que lia
descrito el doctor Witte.
Aquí se nos presentan complicaciones que es muy difícil explicar.
En La Plata el agua de la segunda napa, como hemos visto, es buena y
a menos de un kilómetro de la antigua barranca es salobre. Se podría
suponer, que la presión hidrostática en la zona de agua buena impidiera
la penetración del agua salobre, pero en la zona de la transgresión que-
randiua se observa lo eontrario. En Ensenada, por ejemplo, no sola-
mente el agua de las capas superiores, depositadas durante la. trans-
gresión querandina, es salobre, sino también la de las capas de loess
mesopampeano y de los estratos entrerrianos, de manera que la presión
hidrostática de la segunda napa no ha impedido aquí la penetración del
agua salobre a las capas inferiores. El fenómeno se podría explicar, ad-
mitiendo que la salmuera formada en la superficie del terreno durante
la transgresión haya penetrado a las capas inferiores, por ser el agua
salada más pesada que la dulce o que haya habido un intercambio por
difusión. Esta explicación está, empero, en contradicción con otras obser-
334: —
vaciones. En Mar de Plata existen pozos al pie de la barranca en un ni-
vel más bajo que el del mar, donde llega diariamente la marea.
He examinado las capas en que se halla el agua ; éstas se componen
de loess faltando una interposición de una capa impermeable que impide
que el agua del mar penetre a la napa de agua dulce. Aquí el fenómeno
se podría explicar como en La Plata, admitiendo que la presión liidros-
tática en la napa de agua dulce impida que el agua del mar penetre al
subsuelo; pero entonces está excluido un intercambio por difusión.
Análogas condiciones se observan en el interior de la llanura, en lu-
gares, donde está excluido que el mar baya influido sobre la calidad del
agua. Es un fenómeno muy común que el agua de la segunda napa sea
de buena calidad, mientras (pie la de la primera napa alimentada por la
segunda no es potable. En estos casos no hay duda que las sales tienen
que encontrarse en las capas superiores y son disueltas al circular el
agua por ellas. También es de suponer que la presión liidrostática impi-
da, que el agua salobre de la primera napa se mezcle con la de la segunda.
El doctor Baile, después de un estudio de la composición química de
las aguas subterráneas en ha provincia de Buenos Aires, ha llegado a la
conclusión de que la alcalinidad del agua en el loess pampeano está
relacionada con el origen de este sedimento. Pero esto no nos explica,
por qué el agua en un pozo, cavado en el loess, está tan cargado de sales,
que no es utilizable y a poca distancia en otro pozo, en los mismos depó-
sitos, es potable.
Cuando practicaba estudios hidrogeológicos en la provincia de San-
tiago del Estero, he tenido ocasión de hacer algunas observaciones, que
pueden contribuir a aclarar en algo las condiciones particulares, que
presenta el agua de la primera napa.
Añatuya y toda la línea de ferrocarril hasta Tintina se provee de
agua del río Salado. En todo este trayecto, más de 200 kilómetros, no
se ha encontrado hasta ahora agua potable, a pesar de haberse hecho
perforaciones hasta una profundidad de más de 2000 metros.
En tiempos normales se lleva el agua desde Aüatuya en trenes espe-
cíales y cuando el río Salado está seco en esta localidad, se la trae de
Suncho Corral. El año en que practiqué los estudios, era de gran seca
general ; el nivel de la primera napa había bajado en todas partes y en
el río Salado no corría agua superficialmente desde la frontera de la
provincia de Salta. Mediante sondeos, hechos en el cauce del río, cons-
taté que existían fuertes corrientes a poca profundidad. El agua para
la población de Suncho Corral y para las locomotoras de los trenes y
aserraderos se traía desde la estación la Aurora. Con un aparato de son-
deo a mano practiqué una perforación de unos 8 metros de profundidad
en el lecho del río, al lado de la usina de aguas corrientes y el resultado
fué sorprendente, pues un solo pozo daba suficiente agua para toda la
— 335
población ; la bomba de la usina no la podía desagotar. Si bien el agua
no era de primera calidad, se la podía utilizar perfectamente bien.
He hecho también una serie de sondeos en el terreno alto y resultó
que solamente cerca de la barranca el agua era utilízable ; a unos 100
metros del río es tan salobre, que no se puede tomar. Hemos visto que
el río Salado corre en Suncho Corral por un cauce muy encajonado,
cavado a través de un antiguo estero y no cabe duda que el agua lia de-
salado el terreno, en las inmediaciones del río. El efecto, empero, que
produce este proceso es muy limitado ; en sondeos hechos en el lecho del
río en la profundidad de 20 metros el agua resulté salobre. Si en el trans-
curso de los tiempos el río tomara otra dirección y se rellenase este
cauce con sedimentos tendríamos el mismo fenómeno que se observa en
los depósitos pampeanos, de que el agua en un pozo es potable y en otro
a poca distancia salobre.
Aún más singulares se presentan las condiciones en Añatuya. En
esta localidad el río Salado forma un estero de más de tres leguas de
ancho ; allí el río no corre por un cauce bien definido, se divide conti-
nuamente en brazos, que a mayor o menor distancia vuelven a unirse.
En tiempos de grandes crecientes todo el estero se innunda y en el te-
rreno más bajo se forman lagunas, donde el agua se evapora y se acu-
mulan las sales, que contiene en solución. Aquí se verifica el mismo
proceso, como en los terrenos llanos, en la costa del mar.
Gomo las perforaciones de profundidad que se verificaron en esta parte
del Chaco habían dado un resultado negativo, trató de investigar si había
la posibilidad de proveer a esta región de agua de corrientes subterráneas
del río Salado, como en Suncho Corral. Con este fin practiqué numerosos
sondeos, los que tuve que efectuar a la buena ventura por no conocer los
lugares donde antes existían lagunas o cauces del río. Encontró en varios
puntos, entre el pueblo y el río Salado, agua utilízable aunque no de
primera calidad. El caudal de agua en los pozos de ensayo no era tan
abundante como en Suncho Corral. Presenté ala dirección del ferrocarril
del Norte un proyecto de instalación de aguas corrientes para las nece-
sidades del pueblo y la línea hasta Tintina con un sistema de bombeo
que se emplea en Holanda, en regiones, donde existe agua potable de
poco caudal encima de agua salada. (Hasta hoy la instalación no se hizo.)
Se trata en los presentes casos evidentemente de un proceso de desa-
lación del terreno, posterior a la sedimentación, limitada a las capas su-
periores a lo largo de antiguos cauces del río Salado. El efecto es rela-
tivamente limitado, porque el agua de este río en tiempos normales es
algo salada ; en ríos de agua completamente dulce la desalación tiene
que ser más eficaz.
Admitiendo que haya habido un análogo proceso de desalación din
rante la sedimentación del loess, en que .se halla la primera napa de
agua, tenemos una explicación por qué el agua en una misma zona es de
diferente calidad. En la provincia de Buenos Aires las condiciones mor-
fológicas del terreno eran más favorables para una desalación parcial
que en el río Salado. Aquí el proceso se pudo verificar también en el te-
rreno alto y no solamente a lo largo de los ríos y arroyos.
En la época en que se depositó la formación pampeana, el terreno era
menos llano que boy. En las lomas el agua de las lluvias disolvía las sa-
les contenidas en el suelo y éstas se acumulaban en las lagunas, donde
el agua se evaporaba. Es natural, que el loess, formado en las antiguas
pendientes y lomas, contiene menos sales solubles, que el que se deposi-
tó en las depresiones y en el terreno llano, y por consiguiente el agua que
se filtra por estas napas, tiene «pie ser de distinta concentración. Todo
esto se refiero solamente a las aguas de la. primera napa ; se encuentra,
empero, frecuentemente en las napas inferiores, en el interior de la lla-
nura, agua muy salada.
Nuestros estudios lian demostrado con toda evidencia, que los anti-
guos esteros han tenido una gran influencia sobre la calidad de las aguas
de la segunda napa, pero en forma distinta ele la que acabo ele explicar.
En ellas se verificó un proceso parecido al de la formación de salinas
en las costas de mar vadoso, con la diferencia que la sal no proviene de
agua de mar evaporada, sino del agua de los ríos.
En el antiguo estero de la región de Mar Chiquita, en Junín y en sus
alrededores las condiciones geológicas del subsuelo son parecidas a las
de la costa, por ejemplo, en los bañados de Ensenada y La Plata. He-
mos visto que en Ensenada las capas más superiores están formadas por
estratos marinos de la transgresión querandina ; éstas se hallan direc-
tamente encima del loess mesopampeano, faltando el del liorizante neo-
pampeano y debajo se encuentra la arena acuífera de la segunda napa.
En La Plata faltan los estratos marinos querandinos, en cambio hay
loess neopampeano.
En Ensenada el agua de la primera y segunda napa es salobre; en La
Plata la de la segunda napa es buena y la de la primera napa es en to-
das partes más o menos alcalina, variando su concentración muy a me-
nudo. En la zona del estero de Mar Chiquita las capas superiores se com-
ponen de depósitos lacustres, de limo y de arena, que forman la facie
palúdica o límnica de la transgresión querandina.
Éstos se hallan también directamente sobre el loess mesopampeano
y debajo de éste se encuentra arena acuífera de la segunda napa. Fuera
del estero, las capas límnicas del tiempo de la fcrangresión querandina
faltan ; en cambio se encuentran sobre el loess mesopampeano depósi-
tos de arena de médanos lijos y loess arenoso correspondientes, como en
Lia Plata, al horizonte neopampeano. Ahora bien, en todos los sondeos,
que hemos practicado en el terreno del estero, el agua, de la primera y
337 —
segunda napa es salobre, mientras que fuera de esta zona, la de la se-
gunda napa es buena y la de la primera cambia de un punto a otro. Co-
mo se ve, las condiciones en las dos regiones son iguales, y no puede
caber duda alguna, que la mala calidad del agua de la segunda napa, en
Mar Chiquita, es debida al estero que se formó en tiempos de la trans-
gresión querandina.
Llama la atención que en las dos regiones el agua salobre, provenien-
te en un caso de la transgresión marina y en el otro del estero, lia pe-
netrado a través del loess mesopampeano basta la arena acuífera, mien-
tras que fuera de la zona de la transgresión y del estero no lia habido
un intercambio del agua de la primera y segunda napa.
Según el doctor Atterberg los sedimentos compuestos de granos de
tamaño menor de 0,002 dificultan un movimiento molecular vigoroso en
el agua, pero en el presente caso se halla la misma clase de interposi-
ción entre la primera y segunda napa. Puede ser que agua de gran
concentración de sales penetre con más facilidad a las capas inferiores ;
este fenómeno aún no está aclarado.
En mi concepto, la calidad del agua subterránea se mejoraría con el
tiempo, si se pudiera dar una rápida salida a las aguas que se estancan
en los esteros, cañadones, bañados, en una palabra, en las zonas de inun-
daciones. En vez de aumentar las sales nocivas, se produciría una des-
tilación. A propietarios de bañados he aconsejado abrir zanjas para
dar salida al agua y con esto han mejorado mucho el terreno. La idea
de almacenar el agua de las inundaciones para tenerla disponible en
tiempo de sequía que, teóricamente, parece muy razonable, en la prácti-
ca no daría resultado, pues en poco tiempo ésta estaría tan salada que
no sería utílizable para el riego.
Beferente a la composición que debe tener el agua potable, los higie-
nistas y especialistas en la materia, no están en todo de acuerdo y no es
posible establecer una fórmula general.
El doctor Hans Hofer von Heinhalt, conocida autoridad en materia
de aguas subterráneas, dice 1 :
« Que un agua potable buena debe tener las condiciones siguientes :
«Ia Ser transparente, sin color y olor o sabor extraño ;
«2a La temperatura debe variar, durante las estaciones del año, en-
tre límites estrechos (0 a 12) ;
«3a Debe ser poco dura, sobre todo no contener mayores cantidades
de sales de magnesio ; el límite máximo de dureza en grados alemanes
se fija generalmente en 20. El límite máximo de residuo seco es de 500
miligramos y de substancia orgánica 50 miligramos por litro;
1 Grundwasser und Quellcn-Einc Hydrogeologie des Untergrundes- Braunschweig, pági-
na 12, 1912.
« 4a No contener amoníaco, especialmente amoníaco albuminoide, ni
ácido nitroso y de nitrato en cantidades mayores (máximo 15 mg. de áci-
do nítrico por litro) ; snlfatos y cloruros (cloruro de sodio autóctono má-
ximo 300 mg,), Finalmente, exenta de compuestos de hierro, ácido fosfó-
rico, hidrógeno sulfurado y sulfuros alcalinos;
« 5a Contener poca substancia orgánica y ser exenta de organismos
con tendencia a la descomposición (máximo 30 mg. por litro) ;
« 6a Ser libre de gérmenes patógenos y el número de gérmenes inofen-
sivos no debe exceder de 150 por centímetro cúbico. »
Aceptando estas condiciones como reglas para juzgar el agua potable,
resultaría que en la provincia de Buenos Aires solamente la de los ma-
nantiales en las sierras del Tandil y de la Ventana se podría clasificar
como buena, pero el mismo autor hace presente, que los mencionados
no deben considerarse en todos los casos como máximos.
Otros autores admiten 800 miligramos de residuo lijo por litro como
límite para el agua potable ', pero aún en este caso tendríamos en la lla-
nura pampeana muy pocas aguas subterráneas que presentasen estas
condiciones ; casi todas las de la primera napa pasan este límite. Se en-
tiende que la buena calidad del aguano depende tan sólo de la cantidad
de residuo lijo sino también de la clase de sales que contiene en solu-
ción. Citaré un caso concreto para demostrar que los preceptos formula-
dos por los higienistas y especialistas, que se ocupan de la composi-
ción del agua potable, están a veces en contradicción con lo que se ob-
serva en la práctica.
Cuando se descubrió el agua termal en la estación La Vitícola, ¡a
Compañía de aguas corrientes de Bahía Blanca, intentó demostrar que
el agua del río Sauce Grande era preferible para el consumo a la del
agua termal, que se halla en aquella región y encargó a una comisión de
químicos para (pie informara. En este informe se menciona el resultado
de un análisis químico del agua del pozo del Puerto Militar, (pie repro-
duzco a continuación:
Materias salinas
Carbonato de calcio ....
— de magnesio .
— do sodio . . . . .
Cloruro de sodio
Nitrato de sodio. .......
Sulfato de sodio
Sílice
Total .
Gramos por 1.000.000
20,775
15,120
201,121
810,000
3,935
355,000
30,000
1,450,951
1 Según nuestra determinación 800 miligramos por litro corresponden a 80 par-
tes en 100.000.
— 339 —
«de lo que precede se desprende, que el agua analizada no es potable
por el exceso de materias salinas que contiene; principalmente cloruro y
sulfato de sodio, comunicándole este último propiedades ligeramente
laxantes. »
Ahora bien, según, este análisis, el residuo fijo es 145,00 partes en
100.000, o sea en número redondo 1,450 miligramos por litro, quiere de-
cir, el doble de lo que generalmente se admite para agua potable buena.
La experiencia demuestra, empero, que el consumo continuo de agua de
este tipo que contiene hasta 200 partes de residuo fijo en 100.000 no es
perjudicial a la salud.
Es verdad, que el agua del pozo del Puerto Militar no es de primera
calidad, pero el declararla no potable, por el exceso de materias salinas,
es un gran desacierto, pues todas las aguas de mesa embotelladas con-
tienen mayores cantidades de sales. Las sales que dominan son : carbo-
nato, cloruro y sulfato de sodio. No liay que tomar en cuenta el car-
bonato.
Sulfato de sodio se encuentra en todas las aguas que circulan en el
loess pampeano y en algunas regiones lo hay en proporciones, que a las
personas no acostumbradas a este tipo de agua, produce al principio un
efecto laxante, que desaparece empero al poco tiempo. Hay numerosas
poblaciones que están obligadas a hacer uso de agua, que contiene
hasta dos gramos de sulfato de sodio por litro, y si bien no tenemos una
estadística médica sobre el efecto que produce el consumo continuo, la
experiencia ha demostrado que no es perjudicial para la salud. De-
clarar no admisible un agua, que contiene menos de medio gramo de
sulfato de sodio por litro, es juzgar los casos sin reflexionar.
La sal, que el agua del Puerto Militar contiene en mayor cantidad, es
cloruro de sodio (sal de cocina) que no llega a un gramo por litro y en
esta proporción no influye en el sabor. La presencia de cloruro de sodio
en agua termal o en agua de la segunda napa no significa peligro alguno
para el consumo continuo y es tolerable, no siendo su contenido en can-
tidad que produzca un sabor desagradable y que cambie el gusto en las
bebidas. Muy distinto es, si se lo encuentra enagua de la primera napa,
en los centros poblados, donde las letrinas llegan hasta, la misma napa ;
en este caso podría provenir de orines y su presencia indicaría la posi-
bilidad que exista una contaminación.
Vestigios de amoníaco o ácido nitroso en pozos cavados en el loess
pampeano fuera de las poblaciones tampoco significan peligros para
la salud. En cambio encontrando estas substancias o amoníaco albiuni-
noide en agua que circula por aluviones, o en pozos, que se hallan cerca
de letrinas o resumideros, hay que sospechar que exista contaminación
con materias fecales o substancias animales en putrefacción.
En general se puede decir, que el peligro de la contaminación del agua
— 340
de la primera napa no es tan grande como frecuentemente se supone.
En los grandes centros poblados de Europa se lian hecho minuciosos
estudios y resultó, «pie el peligro de contaminación de las aguas de fil-
tración es menos grande, que en las aguas corrientes superficiales.
En los alrededores de Buenos Aires se ha tratado de prohibir el con-
sumo del agua de la primera napa ; sin embargo, ésta es higiénicamente
mejor que el agua del río de la Plata purificada artificialmente, porque
aquélla pasa por un filtro natural de loess, cuyo poder de absorción es
mucho más grande que el de los filtros artificiales de arena. Esto está
demostrado prácticamente.
La población de Rosario, por ejemplo, hasta el año de 1880 se surtía
de agua de la primera napa ; todas las letrinas llegaban hasta esta napa
y sin embargo las enfermedades que se propagan por el agua como ser
el tifus, no eran más frecuentes que después, cuando se estableció el agua
corriente, tomándola del río Paraná.
En cuanto al sabor del agua subterránea de la llanura pampeana, es
muy variable y depende naturalmente de la concentración de sales que
contiene.
Todas las aguas mineralizadas tienen un gusto particular, la que
circula en el loess pampeano siempre es más o menos salobre, pero a
veces en forma tan insignificante que solamente las personas acostum-
bradas a agua muy dulce notan un gusto extraño. El sabor desagrada-
ble (pie produce el agua en el paladar, depende mucho del tipo de agua,
a que la persona está habituada. El que está acostumbrado a beber agua
de la primera napa, encuentra desabrida la de aljibes. Un agua de sabor
algo salobre no extingue la sed, pero como la de la primera napa contiene
carbonato o bicarbonato que mejora el sabor y produce un efecto resfres-
cante, la gente que vive en los alrededores de Buenos Aires la prefiere
al agua corriente de la Capital, afirmando (pie esta tiene un gusto a
agua estancada.
El doctor Mauricio de Thierry autoridad en materia de agua mineral,
hablando de las aguas subterráneas de los suburbios de Buenos Aires
dice: 1 «Respecto al criterio referido, ya hemos consignado nuestro
parecer en el estudio que, sobre las aguas superficiales y subterráneas
del país, hemos publicado en 1905, denominado Contribución al esUi-
(lio de las aguas superficiales y subterráneas de la República Argenti-
na (Anales del Ministerio de agricultura, 1915) ; y desde entonces, el
crecido número de muestras de aguas que tuvimos que examinar, ha
venido a robustecer la opinión que ya teníamos en aquella época, es
decir, que los límites a adoptar para la totalidad de las substancias mi-
1 Anales del Ministerio de agricultura, sección minas, tomo VIII, número 1, pági-
nas 11 y 12, 1912.
341
noniles disueltas en una agua destinada al consumo del hombre, así
como los respectivos de cada uno de sus componentes, no han sido aún
determinados de una manera indiscutible; sin duda, conviene siempre
usar, para el fin indicado, las aguas más puras, es decir, las menos mine-
ralizadas ; pero no hay razón alguna para rechazar todas las que no ca-
ben en los cuadros trazados para las aguas potables por los higienistas
y especialistas en la materia, cuando en la región en estudio no existen
aguas parecidas a las que ellos dan como tipo. » Y más adelante sigue
diciendo :
« Las aguas de esta napa tienen una composición muy variable ; el
residuo seco a 105 varía entre 0,400 y 1 gramo, y a veces más ; en pozos
semisurgentes de la calle Calvo hemos encontrado 1,080 y 1,350. En
general, la proporción de sulfato y de cloruro sódico es relativamente
baja; pero todas las aguas de esta napa presentan un carácter común a
muchas otras del país: son alcalinas, debido a la presencia de bicarbo-
nato sódico en cantidades que representan, frecuentemente, la mitad
más o menos del total de las sales disueltas, y hasta el 70 por ciento
del mismo, acompañadas a veces de pequeñas cantidades de carbonato
sódico o de silicato de la misma base. Aunque la composición de estas
aguas difiero mucho de las de los tipos potables, es evidente que su uso
para el consumo del hombre no trae inconvenientes para su salud, por
lo menos que sepamos, y por consiguiente, se incurriría en un error grave
al declararlas inaptas para este fin, precisamente a causa de la propor-
ción de bicarbonato sódico que contienen, substancia que, en general,
caracteriza a ciertas aguas minerales, pero no figura en ninguno de los
cuadros que fijan los límites de composición de las aguas potables. »
El sabor del agua no depende tan solo de la cantidad de sales que
contiene, sino también de sus combinaciones ; así por ejemplo, un agua
que contiene dos gramos de cloruro de sodio, acompañado de bicarbo-
nato de calcio o magnesio, tiene un gusto menos salado que un agua en
que faltan estos últimos.
Aquí no se trata, empero, únicamente de agua de beber sino de agua
de consumo en general. El agua subterránea del loess pampeano puede
contener una cantidad de residuo fijo aproximadamente de 250 partes
en 100.000, sin que se note un gusto extraño en las bebidas de café, te,
mate y en las comidas preparadas con ella.
Basado en experiencias prácticas, hemos fijado como tolerable para el
consumo en general para el agua del tipo pampeano la cantidad de resi-
duo fijo en 150 a 200 partes en 100.000.
' En algunas regiones de la provincia de Buenos Aires los habitantes
se ven obligados a usar agua que contiene mayor cantidad de residuo
fijo, sin que se hayan constatado malas consecuencias.
Si un agua que pasa de 80 partes de residuo fijo en 100.000, no fuera
— 342
utilizadle, gran parte (le la llanura pampeana no sería habitable por
falta (le agua potable.
Por lo expuesto se ve que el régimen de las aguas subterráneas de la
llanura pampeana no se puede juzgar por principios generales, sino que
cada región requiere un estudio especial. Si en Europa, donde los hidro-
técnicos, geólogos e higienistas se ocupan desde mucho tiempo de esta
clase de investigaciones, hay todavía muchos problemas no resueltos,
mucho menos es de esperar que aquí, donde recién se empieza con un
estudio hidrogeológico sistemático, se puedan explicar todos los fenó-
menos que se observan.
Me he ocupado aquí casi exclusivamente de los fenómenos generales,
que se presentan en la segunda napa de agua ; de las aguas que circu-
lan en las capas de mayores profundidades me ocuparé cuando trate de
los resultados obtenidos en las diversas perforaciones practicadas en los
distintos partidos de la provincia de Buenos Aires.
RECONOCIMIENTO MICROQUÍMICO
DK LOS
OXALATOS SOLUBLES EN LOS VEGETALES
Pon AUGUSTO C. SC AL A
Presentando en la práctica alguna dificultad la determinación de la-
existencia del ácido oxálico y de los oxalatos solubles, he tratado de ha-
llar una reacción microquímica que no dejara dudas respecto a su pre-
sencia en las células, o en los zumos de ellas extraídos. La reacción ha-
llada me parece llenar todas las condiciones exigidas para el caso.
El ácido oxálico puede hallarse en el vegetal al estado libre, o bien
combinado al sodio, potasio, calcio y magnesio. Los dos primeros (Na y K)
son solubles, y por tanto no son visibles directamente al microscopio ;
los dos últimos (Mg y (Ja) son insolubles, es decir figurados, y por esto,
directamente visibles.
Por tanto, el ácido oxálico, como los oxalatos de sodio y de potasio,
requieren artificios de técnica para revelar su presencia.
Las reacciones mieroquímicas usadas son muchas, pudiendo citarse
como principales las siguientes :
Precipitación al estado de oxalato de calcio por el nitrato cálcico;
Precipitación al estado de oxalato de estroncio por el nitrato de es-
troncio ;
Precipitación al estado de oxalato de plata por el nitrato argéntico.
Esta última reacción es la más típica, pues los cristales son bien for-
mados y permiten la localización relativamente bien definida, pero tiene
el inconveniente de dar también con los otros ácidos orgánicos, que
como el tártrico, cítrico y málico, pueden hallarse también en la célula
vegetal.
Convenía, pues, encontrar una reacción microquímica más típica, en
— :U4 —
el sentido de que no se prestara a confusiones posibles, y ¡a (pie propongo
creo responde a este fin :
Si se tratan eortes de peciolo de un Oxalis cualquiera, por una gota
de solución de nitrato de cobalto al 1 por cien-
to, se obtiene, en frío, y después de uno o dos
minutos de reposo, un precipitado blanco cris-
talino más o menos abundante que, observado
al microscopio, presenta el aspecto del esque-
ma : cristales alargados, prismáticos, aislados,
y formando maclas más o menos abundantes,
muy numerosas y a menudo de aspecto gene-
ral estrellado.
La ventaja de esta reacción se afirma si se
tiene en cuenta que no la dan los tres ácidos :
tártrico, cítrico y málico, que como ya dije
pueden encontrarse también en los mismos o en un mismo vegetal, por
ejemplo, oxálico y tártrico, oxálico y málico.
El profesor doctor Oogliati está haciendo los ensayos necesarios para
aplicar esta reacción al dosaje del ácido oxálico.
('lístales de Oxalato de cobal-
to (del pecíolo de Oxalis ar-
ti cu lata).
Enero 5 de 1921.
ALGUNOS INTERESANTES CERAMBÍCIDOS
Pon CAELOS BKUCIf
Anoploderma (Sypilus) D’Orbignyi Blnch.
Al ocuparme déla forma femenina de Anoploderma (Pathoccrus) Wag-
neri Waterb. 1 (Physis, 1. 1, 1914, p. 381 385 y figuras), he anunciado que
poseía también un ejemplar hembra de otra especie congénere, atribu-
yéndolo entonces a Anoploderma (Sypilus) D’ Orbignyi Blnch. Reciente-
mente, el doctor Luis María Torres trajo al Museo varios individuos
machos y hembras de esta última especie, los cuales me permiten ahora
ofrecer una descripción detallada de estos interesantes longieornios, y
clasificar con más acierto al ejemplar referido.
Dichos insectos proceden de la estancia del señor Ernesto Quirno, en
Ohilecito, departamento San Carlos (Mendoza), y han sido recolectados
por el preparador de nuestro Museo, don Juan Durione, del 15 al 25 de
noviembre de 1919.
Este hallazgo confirma, para las hembras de esta especie, la vida sub-
terránea, que es seguramente característica para todos los representan-
tes del grupo de los Anoplodennini , con alas rudimentarias y élitros sol-
dados; coincide con las observaciones hechas por Gounelle en el Brasil
sobre Hypoceplialus annatus Desm. (Ann. Soc. entorno}. F ranee , 1905, p.
105-108, pl. VI y fig. en texto).
Relata el señor Durione que encontró a todos los ejemplares en un
estrecho sendero o camino, desprovisto de vegetación, de suelo bastante
duro y arenoso.
La primera A^ez vió a tres individuos machos, reunidos y girando alre-
* Redescrita un año después por el profesor Laineerc cu Alíñales tic la Sociétc enio-
mologiqnr de ¡''ranee, volumen 84, píígina 286, til] 5.
T.\
UHV. MUS. I.A PI.ATA. — T. XXV
dedor de un montoncito de tierra removida, sumamente agitados, como
si quisieran perforar y penetrar en el suelo. Capturados los tres machos.
Durione extrajo luego de poca profundidad un coleóptero grande, de
cuerpo casi melolontoide, que no era sino la forma femenina de los mis-
mos longicornios.
Días más tarde, también por la mañana, encontró un par de ambos
sexos: esta vez, la hembra con la mitad del cuerpo fuera de la tierra, el
macho en igual estado de agitación que los anteriores.
Un tercer ejemplar hembra fué descubierto casualmente, haciendo una
excavación en el suelo : en un ancho canal vertical, estaba a unos 15 cen-
tímetros de profundidad, próxima a un raigón.
Por último, otros dos ejemplares más recogió Durione, ya muertos y
bastante mutilados.
Si, por un lado, celebramos estos importantes hallazgos, es de sentir,
por otro, no haber obtenido más datos biológicos sobre esos curiosos
insectos.
Probablemente, las hembras salen después de lluvias, cuando el suelo
Fig. 1.— .1 nojilodcrma (8.) D'Orbignyi Bínele, c? ejemplar <lel Río Negro
tres veces aumentado
esta menos endurecido, a los efectos de la fecundación, para enterrarse
otra vez y pasar una vida subterránea, como verdaderos cavadores, en
busca de lugar propicio para desovar. Las larvas se desarrollan segura-
mente mi las raíces de algún chañar u otra planta indígena. A la costum-
bre de cavar se debe que casi todos los ejemplares tengan las mandíbulas
desgastadas, lo mismo que las pestañas o brochas de corditas de las
tibias y tarsos; estos últimos tienen a menudo algún artejo amputado,
si no faltan completamente en los miembros anteriores.
Los individuos son muy variables en sus dimensiones, pero llama espe-
cialmente la atención el reducido peso en relación de su tamaño. Mitán-
dolos contra la luz, su cuerpo es translúcido; debajo de los élitros,
fuertemente abovedados, queda un espacio amplio libre, y la cavidad
abdominal aparece asimismo vacía, con visceras rudimentarias. Ta 1 orga-
nización liace presumir que las hembras en estado adulto, de aspecto
pesado y torpe, que contrasta con el temperamento ágil y vivaz del ma-
cho, no toman alimento alguno; así sospechó ya Gounelle para Anoplo-
derma (Migdolus) fryanum Westw., del Brasil, que es la especie « más
arcaica» del grupo, según Lameere.
Esto es todo lo que sabemos por ahora de Anoploderma (S.) D’Orbiy-
nyi. A la descripción de la hembra haremos preceder las principales
características del macho, para poder apreciar mejor las diferencias de
ambos sexos.
La especie es típica para las regiones xeró fitas, y ha sido señalada
hasta la fecha délas siguientes localidades: provincia de Buenos Aires:
Chacabuco, Bahía Blanca, San Blas; Río Negro ; Neuquén; Córdoba;
Mendoza; La Rioja y Santiago del Estero.
Característica del macho. — Los diez ejemplares que tengo a la vista,
varían de tamaño de 18 a 28 milímetros de largura por 7n““5 a 9mm5 de
anchura máxima. Los individuos proceden-
tes del sur de Bahía Blanca y Río Negro,
se diferencian de los del noroeste Argenti-
no, por su cuerpo más robusto, algo más
convexo y por la abundante pilosidad, que
cubre la cabeza, el pronoto y pecho. En los
ejemplares del norte, esta pilosidad es mu-
cho más fina y más rala, casi caduca sobre
la cabeza y el pronoto, cuyo dorso es com-
pletamente glabro.
El macho es más esbelto que la hembra ;
su cuerpo menos convexo, los élitros algo
estrechados hacia el ápice con alas inferio-
res perfectamente desarrolladas y aptas
para el vuelo.
De un negro subopaco, por debajo par-
dusco; los artículos 1 a 3 de las antenas,
palpos y miembros lustrosos, pardo rojizos; las antenas desde el 4o ar-
tículo más o menos rojo-ferrugineos, opacos, con estructura densa pon-
iera. Observando la superficie del insecto con fuerte aumento, se perci-
be una estructura alutácea, de mallas microscópicas, notable también
sobre los élitros.
La puntuación es bastante densa, pero irregular sobre la cabeza y el
pronoto ; dos espacios lisos, contiguos delante del vértice de aquélla;
Kiíí. 2. - — Anoploderma (S.) 1) 0 i
bignyi lilncli.. (f de Mendoza
(los veces aumentado.
348
sobre el pronoto se distingue solamente en los individuos glabros, tres
líneas paralelas, lisas, mal definidas.
Las antenas tienen los artejos 1 a 3 lisos, con algunos puntos impre-
sos; el 3er artejo es muy corto (característico para el subgénero Sypiius),
los artejos 4 a 10 son fuertemente dentados en serrucho.
Los ojos bastante grandes, convexos y groseramente granulados, son
apenas escotados.
Las mandíbulas falciformes, bastante agudas, llevan un diente trian-
gular prebasilar.
Las patas son poco robustas, los trocánteres posteriores normales; las
tibias en el ápice dilatadas y biespinosas; los tarsos son delgados, bas-
tante largos, sus artículos debajo pestañados y glabros en la línea
mediana.
Característica de la hembra (no descrita). — De cuerpo robusto, con-
vexo y subeilíndrico ; de tamaño variable desde 20 basta 35 milímetros
de largura por 9 a 14 de anchura máxima. De color pardo obscuro, con
la cabeza, pronoto y tibias negruzcas, los élitros más o menos rojizos y
pardos en la base; la parte inferior es algo más clara, el metasternón de
un pardo amarillento.
La pilosidad es tenue, grisácea, de regular densidad sobre el pecho,
nula sobre el pronoto; el metasternón y abdomen son casi glabros. La
superficie, a excepción de los élitros, como en el macho, finísimamente
reticulada, alutácea.
La cabeza es ancha, muy inclinada ; el labio soldado, subtruncado en
el ápice con una débil carena mediana. La puntuación desigual, es algo
más fina y densa en los costados, gruesa y subrugosa sobre la frente.
Entre los ojos se destaca una carena ancha, en forma de burlete; delante
de ésta, la frente presenta dos fosetas o impresiones, más o menos pro-
fundas o confluyentes. Sobre el vértice, paralelamente a las fosetas ante-
riores, se nota dos espacios lisos.
Los ojos, de la mitad del tamaño de los del macho, son más finamente
granulados, menos prominentes y apenas escotados.
Las mandíbulas son desgastadas en los cinco ejemplares : en todos
poco encorvadas, romas en la punta; en uno completamente rectas, y
rudimentarias (o desgastadas) en otro; todas poseen un diente interno
obtuso.
Las antenas .son cortas, no sobrepasan de la mitad del pronoto. El nú-
mero de sus artejos varía de 10 a 1 1, siendo el escapo grueso, cilindrico.
El segundo artejo muy corto, transversal. Normalmente, el 3er artejo es
más cortoque los demás; el 4o más largo que los subsiguientes; el termi-
nal más largo que los precedentes y acuminado en el ápice. El escapo es
groseramente punteado, provisto de pocos pelos; los artejos son subglo-
34!)
bulares; apenas estrechados en la base, lisos, lustrosos, con ralos pelillos
cortos y sin estructura poniera.
El pronoto es irregularmente punteado : la puntuación más lina y ce-
rrada en los costados, interrumpida por tres estrechas líneas lisas, mal
definidas, la mediana acompañada a veces de una ligera depresión, y las
laterales desprendiéndose de fosetas situadas en el tercio anterior del
pronoto. Éste es algo más ancho que largo, apenas más estrechado hacia
atrás, sus contornos suborbiculares con el borde anterior menos arquea-
do que en el macho; todo el margen está ribeteado, sobre todo el poste-
Fig. 3. — Anoplodenna (S.) D1 Orbignyi Blncli., $ Q vistas de arriba y por debajo
dos veces aumentadas
rior, que es ligeramente sinuoso. Los episteruos protorácicos son abulta-
dos, lisos y lustrosos.
Escudete punteado, truncado en el ápice, con los ángulos ligeramente
redondeados.
Los élitros son muy convexos, bastante más anchos (pie el protórax,
menos angostados -hacia el ápice que en el macho. En la hembra son
completamente 'soldados en la base y en la sutura, cuyo margen es
ribeteado como todo el borde externo. La puntuación es grosera, al-
go más dispersa y menos confluyente que en el macho. El reborde epi-
pleural es angosto, separado de los húmeros por una estrecha hen-
didura.
Las alas inferiores son muy rudimentarias, formadas solamente por
350
laminillas transparentes, sublineares, cuatro veces más largas que an-
chas, con dos venillas muy pálidas apenas distinguibles.
El pecho es hirsuto, pero la pubescencia fina y no muy densa. El pros-
lí'ig. 4. — Anuplutlerma (S.) D’ Orbignyi lilucli. 1, 3, ti y lia, calmza, antena, tarso ante-
rior y posterior <lol inarlio ¡ 2, ‘¿a, 4, 4«, 5, 7 y 7a, cuboxa, nntonn, ala interior, tarso
anterior y posterior ilo la hembra (lig. 3 y 4 «Ir igual aumento ; 4 a más aiiiium Irola).
temo finamente rugoso; su proceso es ancho, de costados paralelos, brus-
camente doblado al nivel de las ancas anteriores; las cavidades cotilo! -
deas anteriores están cerradas por un finísimo listoncillo délos epímeros
tpie se unen al proceso prosterna!, El proceso raesosternal se inclina
¿551
hacia atrás, donde es liso y profundamente escotado, superpuesto por el
lóbulo redondeado del metastefno, que termina entre las ancas inter-
medias.
El metasternón es muy amplio, subglabro, lino y bastante densamente
punteado; profundamente surcado en el medio; sus episternos son anchos,
truncados en el ápice.
El abdomen es algo más largo que el metasternón, netamente obcóni-
co, su puntuación más gruesa, pero rala, con pubescencia solamente en
el margen posterior de cada segmento ; el proceso intercoxal es triangu-
lar; el pigidio sobresale de los élitros, su superficie es rugulosa y pubes-
cente.
Las patas son robustas. Los fémures cortos, algo hinchados, guarneci-
dos de pestañas, muy dispersamente punteados, densamente en su borde
inferior. El ángulo terminal inferior de los trocánteres es algo destacado
del fémur.
Las tibias con puntuación subescabrosa, son ligeramente hirsutas y
muy dilatadas en el ápice; las anteriores e intermedias armadas con una
espina, angulosas, visiblemente retorcidas, sobre todo las intermedias;
las tibias posteriores son aún más robustas, pero menos angulosas e iner-
mes; todas las tibias son dispersamente pubescentes yen el margen api1 *
cal adornadas con una densa franja de pestañas rojizas.
Los tarsos son mucho más cortos y más gruesos que en el macho ; los
intermedios apenas más largos, los posteriores muy gruesos. El primer
artejo tarsal es en todos ellos algo más largo que los dos subsiguientes
reunidos; los artejos 1 a 3 de los tarsos anteriores son cilindro-cónicos,
por debajo convexos, glabros, solamente en los costados pestañados. En
los tarsos intermedios y posteriores estos artículos son densa y ancha-
mente pestañados, solamente en la línea mediana, glabros, planos por
debajo, muy convexos por arriba; todos tienen forma triangular.
Anoploderma (Sypilus) ferrugineum Goun.
El ejemplar hembra, que cité de Córdoba (Physis, t. 1, p. 383, 1914),
atribuyéndolo a la especie precedente, es, sin embargo, bastante distinto
de los individuos de Mendoza, y corresponde sin duda a la especie de
S. ferrugineum, descrita por Gounelle ', sobre ejemplares procedentes
del río Salado, Santiago del Estero.
Anoploderma (S.) Gounellei Lamr. 5 es sinónimo, como el mismo pro-
1 liullctin flu Miiséum national d’ kisto i re nalurcllc, número 4, página 194, l’aría, 1913.
" fítillclin, loe. cii., número 2, página (¡2, 1915.
fesoi
sentí
Lameere h> hizo constar ', de £. ferrugineum Goun., que repre-
i una forma intermediaria entre 8. Breueri Lainr. y 8. D’ Orbignyi
Blncíi.
Hasta la fechase co-
nocía únicamente indi-
viduos machos de 8.
ferrugineum, que difie-
ren de 8. D’ Orbignyi
por su coloración ferru-
gínea, por la puntua-
ción del pronoto, más
dispersa y más finamen-
te punteada. Según La-
meere, las antenas se-
rían más delgadas y
fuertemente dentadas en serrucho. El lóbulo inferior de los ojos es
menos hinchado y el cuerpo menos estrechado atrás.
I'ig. i). — Anoplodcnna (S.) ferrugineum Goun. 9 vista de costado
tres veces aumentada
mas
algo
Característica de la hembra (no descrita). — El ejemplar único mide 21
por 7mm5.
De color pardo lerrugmeo uniforme, solamente las puntas de las man-
díbulas negras; bastante lustrosa y casi glabra, la pilosidad del pecho
escasa.
La cabeza es mucho más convexa que en la hembra de 8. IB Orbignyi,
sobre todo el vértice, donde la puntuación es granulosa detrás de un
espacio liso; del resto, toda la puntuación es más dispersa. La carena
interocular es ancha, pero corta, el espacio delante de esta carena con
dos impresiones contiguas, débiles; la frente es bastante convexa.
Las mandíbulas son agudas, falcifonnes, como en los machos, provis-
tos del diente prebasal.
Los ojos son pequeños, casi rudimentarios y poco convexos..
Las antenas compuestas de 11 artículos; el 4o con el 5o casi fusiona-
dos, el terminal largo, oblongo-ovalado.
El pronoto es 'muy convexo, subgloboso, completamente glabro, la
puntuación fina y diseminada ; apenas se nota las impresiones dorsales,
no así las líneas lisas como en 8. D’ Orbignyi.
Los élitros también soldados, llevan puntos gruesos, poco profundos
y separados, solamente rugulosos en la región basa!. Los miembros y
tarsos son apenas más delgados que en las hembras de la especie citada.
' anuales de la Sociclé enlomologiquc de Frailee, volumen 84, página 286, 1615.
353
Pleiarthrocerus opacus Iíruch
En la última visita que me hizo mi malogrado amigo Juan Richter,
me obsequió con un interesante cerambícido, que, a primera vista, reco-
nocí como individuo hembra de Pleiarthrocerus opacus, que años atrás
describí sobre ejemplares del sexo masculino (Revista del Museo de La
Plata, t, XIX, 1914, p. 340-
345, fig. 1-5).
He aquí las características
di 1 ejemplar que Richter obtu-
vo de Oran, provincia de Salta;
los dos machos descritos pro-
cedían de Tucumán.
9- Largo 30 milímetros por
10 de anchura.
Más grande que los dos ejem-
plares típicos; idéntica en for-
ma, coloración y pilosidad, pe-
ro con caracteres sexuales
radicados en las antenas, que
son más cortas, no flabeladas
y compuestas solamente de 1 1
artículos (18 en el cf). Los fé-
mures y tibias intermedias y
posteriores carecen de la bro-
cha de pelos; los élitros son
desprovistos de la espina api-
cal interna.
Las antenas son algo más largas que la mitad del insecto, más pilosas
que en el macho, llevan pinitos pilígeros, salvo en los ángulos délos cua-
tro últimos y todo el artejo terminal, que están cubiertos por una tenue
pubescencia de aspecto afelpado. Los artejos son desiguales; desde el 3o
al 10° angulosos del lado externo-apical y hacia la punta fuertemente
dentados en serrucho. El 5o artejo, el más largo, tiene igual largura que
el escapo; los artejos 4o, t>° y 7o son algo más cortos, subiguales; el 3o
aún más corto, igual al 8o y 9o, el 10° es pequeño, triangular; el artejo
terminal (11°) es lobulado, bastante grueso y en su superficie se percibe
vestigios de fusión de otros artejos, probablemente los supernumerarios
de los machos.
Los demás detalles corresponden a la descripción que he dado en 1914
del macho. El insecto es negro, subopaco, y está cubierto de pelitos cor-
354
tos y acostados, blanquecinos, mezclados con otros ful vos y también con
setas y pelos largos hirsutos, que forman un conjunto de manchas inde-
finidas.
ACANTHACHRYSON n. gen.
Este género tiene las características de Achryson Serv., del cual se
distingue fácilmente por la conformación délas antenas y por el pronoto
armado de dos espinas.
La cabeza es hendida entre los tubérculos
anteníferos; la frente corta y vertical.
Las antenas son poco más largas que el
coleóptero : el escapo es grueso, ciliiulro-
obcónico, algo arqueado, casi tan largo como
los artículos 3, 4 y 10; éstos son una terce-
ra parte más cortos que los artículos 5, G,
7 y 11 ; los demás (S al 10) gradualmente
más cortos que el 7o artículo, de manera
que las siguientes cifras corresponden a
sus dimensiones equivalentes: 7,5; 1,5; 8;
8; 12; 12; 12; 11; 10; 8 y 12.
El pronoto es tan ancho como largo, tiene
su anchura máxima en el 2o tercio posterior,
después se estrecha bruscamente hacia la
base; sus ángulos anteriores son redondea-
dos; de cada lado, encima de la dilatación,
se destaca una espina bastante aguda.
El escudete es pequeño, oblongo-rectan-
gular.
Los élitros, bastante convexos, son trun-
cados en la base, subparalelos en los costa-
dos, hacia el ápice estrechados, redondea-
^ iy. 7.— Acanthachnjson sj)L)iithoi’(i% cloSs B 1 1161'IllCS
Brucli. Contornos ile la antena, el
tórax <le costado y de arriba. LaS putas COlllO eil Acfli ySOH • lUS CUUtrO
ancas anteriores son globosas, salientes;
las anteriores contiguas. Los fémures son gradualmente hinchados en
forma de maza, los cuatro posteriores subpedunculados, moderadamen-
te comprimidos; los posteriores no sobrepasan al 3er segmento ventral.
Las tibias son cilindricas, biespinosas en el ápice. El primer artejo
tarsal del último par de patas es tan largo como los tíos subsiguientes
juntos.
El segmento anal es cónico, por arriba poco escotado.
355
El proceso prosternal es estrecho, linear, en el ápice canaliculado. El
proceso mesosternal subcuadrado. El metasterno longitudinalmente sol-
eado.
Genotipo : A. spinithorax n. sp.
Largo: 9-11 milímetros.
Obscuro pardo rojizo: cubierto de puntos pilígeros : los pelos setosos.
canos, mezclados con rubios: bastante tupidos y acostados, algunos
destacados sobre la cabeza, antenas, élitros y patas: el pronoto adorna-
do de dos líneas confluyentes de
pelos blancos; la pubescencia es
más corta y tenue en la parte in-
ferior.
Lá cabeza es densamente pu-
bescente, adelante y encima de las
mandíbulas hirsuta: entre los ojos
y el vértice se distingue una estre-
cha línea impresa, glabra, y otra
sobre la frente apenas notable. La
garganta es lisa, más adelante,
entre los lóbulos inferiores de los
ojos, está transversal mente arru-
gada.
Las antenas son bastante hirsu-
tas en la parte inferior de los ar-
tículos básales, que son también
más groseramente pubescentes y
cilindricos: después del 5o artículo
la pubescencia es más tenue, las antenas son bastante comprimidas ha-
cia el ápice.
El pronoto presenta una leve gibosidad transversal en su mitad ante-
rior; las dos espinas dorso-laterales son ligeramente divergentes, casi
tapadas por un remolino de pelos. La puntuación es más dispersa y me-
nos marcada sobre el dorso, que está adornado por dos líneas de pelillos
blancos, confluyentes en sus extremidades y tercio anterior, dejando un
estrecho espacio mediano glabro ; entre dichas líneas y las espinas se
nota otras dos fajas, poco densas, de pelos canos.
Los élitros tienen los húmeros bastante salientes, de cada lado una
depresión acentuada y otra más débil postescutelar. La puntuación es
irregular, gruesa en la región anterior, perdiéndose casi del todo hacia
el ápice. Sobre el dorso y costados délos élitros se nota dos anchas eare-
Fig. 8. — Acanthachryson spinithorax Brueli
cuatro voces aumentado
mis, en forma de costillas, desvanecidas liacia adelante y atrás; al cos-
tado externo de la mediana acompaña un intervalo glabro.
Provincia de Catamarca, 191 7i
Los dos ejemplares típicos de este interesante longicornio fueron co-
leccionados por el señor lOmilio Angustí y me han sido comunicados
amablemente por el profesor Martín JJoello- Jurado.
EN PIZARRA DEVÓNICA DE LA CHARADA
CKKCA J)K CUYAllÁ, KN MATTO GliOSSO (itHASII.)
(CON TRES FIGURAS EN El. TEXTO)
Por WALTHER SCHILLER
Con motivo de una exploración geológica en los campos auríferos de
Cuyabá en Matto Grosso, hace nueve años, hice una rápida excursión a
la Serra da Chapada Entre otros, visité (10-4-1912) también el curso
superior del Corrego 3 dos Morrinhos, como cinco kilómetros al nordeste
del pueblito Sant’Anna da Chapada 3 (más o menos cuarenta kilómetros
al nordeste de Cuyabá), en primera línea para buscar los fósiles devonia-
nos recogidos por Smitli y descritos por Derby (1890 resp. 1895).
Cierto es que, por falta de tiempo y por ser la época sumamente desfa-
vorable, no he encontrado el punto de hallazgo, tampoco como Evans
(1894) 1 a su vez, pero, en cambio, he observado dos fenómenos que me
han inducido a escribir estas líneas, pues seguramente pasará aún cierto
tiempo hasta que pueda publicar los resultados totales de aquel viaje.
Como no dispongo de la literatura necesaria, ignoro dónde en el mundo
existan cosas análogas; de todos modos, ambas singularidades deben
' « Graud Platean de Cuyabá» o «Serra Azul» de Castelnau (1850-53); Vogel
(1893) la llama también « Serra de Sao Jeronymo ». Todos estos nombres hoy en día
no se usan. Con «Serra Azul» se denomina, me parece, generalmente la montaña al
norte, mientras que se comprendo bajo « Serra do Sao Jeronymo », la altiplanicie que
•so extiende al sudeste do la Chapada hacia el sur.
- Arroyo.
3 « Aldeia da Chapada » o « Villa da Chapada » de Derby (1890 resp. 1895).
1 Que yo sepa, nadie ha vuelto a coleccionar en este punto. En cambio, el lugar
de los hallazgos de Vogel (1893), cerca de Lagoinha (« Taquarassú », 65 km al
este de Cuyabá), ha sido explotado repetidas veces, v. gr., por Karl Carnier, un
señor Schmidt (?) y, a mi pedido, por el poblador alemán Emil Hein, que vivo cerca
de allí. Las colecciones recogidas por ellos, estarán depositadas en su mayor parte
en los museos de Munich, Río de Janeiro y La Plata.
ser muy raras. En uno como en el otro caso trátase de uno y el mismo
esquisto infra-devónico, existente en la parte más superior del mencio-
nado arroyo << dos Morrinlios », (¡asi inmediatamente en su nacimiento
(más abajo no estuve).
L’ara mejor orientación daré un cuadro de la serie devónica de
aquella región, hecho según mis propias observaciones un poco más
detalladas que las de Derby (Smith) (1890 resp. 1895), Yogel (1893),
v. Aimnon (1893) y Evans (1894). El que quiere formarse pronto una
idea de toda la serie de capas, debe subir desde el sur y pasar por la
casa del mencionado señor Emil ilein, la senda de caballos 1 a Sant’
Anua. En este conjunto de rocas pueden estar escondidos en cualquier
lugar los diamantes, aunque, según mi conocimiento, nadie hasta hoy
día ha tenido la suerte de encontrarlos allá. Pero, como ya lo han i-e-
eonocido otros investigadores, todos los ríos diamantíferos de los alre-
dedores nacen, al parecer, en la Chapada. Tal vez debe buscarse aquí la
patria (es decir, el yacimiento secundario) de estas piedras preciosas, pero
hasta ahora se han hallado sólo en rodados lluviales de yacimientos de
tercer y cuarto orden (del Terciario Cuaternario). Según lo que ha de-
mostrado Rimann (1915-10, 1917) por primera vez para Siul América,
los diamantes proceden primordialmente de rocas efusivas básicas, que
han surgido, a lo menos en los estados brasileños de Babia y Minas
Geraes, en parte en el Cambriano, en parte entre el Triásico y Cretáceo.
Los « ifincouN rocíes >> al norte del Morro Vermelho (al norte de Sant’
Anua), mencionados por Smith (Derby, 1890 resp. 1895, pág. 03), ¿se-
rán tales rocas diamantíferas í
Serie de estratos, especialmente del DEVONIANO DE LA CHAPADA
cerca de Sant’ Anna
Cuaternario } Tierra vegetal, escombros de las faldas, rodados lluviales.
/W- l)evo- í Concentraciones superficiales, pardas hasta negras, de óxidos
nimio ] (^e fierro y manganeso, semejantes al « Bohnerz » : la así llu-
( inailn « Canga » '.
' Es este el «camino » más peligroso que lie andado en caballo tal vez en toda mi
vida, pero el precipicio sur de la Chapada ofrece aquí, casi en los confines del
mundo civilizado, al mismo tiempo la vista do un paisaje tan encantador (pie que-
dará inolvidable. También Oastelnaii (1850), cuyo viaje en muchos puntos, repre-
senta ipiizá, hasta nuestros días, la expedición científica, más grandiosa en Sud Amé-
rica, ha recibido del margen do la Chapada, una impresión imborrable; él llama
la bajada a la llanura de Cuyabá, una de las más difíciles pero tal vez la más pin-
toresca, variada y notable.
- « Tapanhoacanga » de Eschwego (v. g. 1833) y « Tiipanlionacaiiga » de Evans
(1894, según Fonseca). « Tapaubúaeanga » (este es también el nombre de un pueblo
859
Discordancia de erosión
Areniscas ferruginosas de color rojo-marrón, en
parte con eolitos de hierro y pizarras arcilloso-ini-
cáceo-a leñosas; en la superficie con una corteza de
limonita parda, raras veces de hematita roja.
« Arenisca sangrienta » : arenisca rojo-marrón
que contiene hematita y arcilla: tiñe el agua del
rojo de sangre.
Esquisto arcilloso-arenoso de color azulejo-ro-
jizo-gris, que lleva hojitas muy finas de muscovi-
ta; libre de cal; blando, cuando se humedece se
transforma en barro, en el agua se deshace fácil-
mente.
« Pizarra detonante » : esquisto arcilloso par-
do, en estado fresco de color rojo-marrón con un
tinte azulejo, con abundancia de hematita y mu-
chas eseamitas de mica clara; sin rastro de cal;
muy dura. '.
en la, provincia do Minas Geraes) significa en la lengua general de los indios Tupíes
(= Guaraníes) « cabeza de negro»; más exactamente debería decirse « itá-tapan-
luina-acánga » = «piedra-negro-cabeza» con que se denomina la limonita fibrosa
(«glaskopf» pardo). Es notable que para decir «negro» se úsala misma palabra
como en algunos dialectos del Aruac (« tapaiúna » en el délos indios Banivas del
río Icanna, « tapaíuna » o « tapaiún » en el de los liarás, « tápayuna » en el de los
Carútanas, « tapayúna » en el do los Catapolítanis y Siusíes). Por supuesto, el
nombre de los indios Tapanhonas tiene que ver también con este término. La « ca-
beza » llámase en la lengua general Tupí, a más de «acanga» y «canga», aun «ja-
canga». (La bibliografía al respecto, csp. Martius, 1863, y Koch-Griinberg, 1911,
me filé proporcionada, por mi colega el doctor Robcrt Lehmann-Nitsclie.) En efec-
to, los bloques obscuros de canga, parecidos a escoria, a menudo tienen gran se-
mejanza con cabezas lanudas.
En esta oportunidad debo mencionar que Krause (1911) llama «canga» a arenis-
cas rojas ferruginosas, lo que no coincide con la costumbre general.
1 No he podido comprobar si el número VII forma las capas encima de los números
V-VI ; podría ser que representa una facies de ellos o un horizonte aún más inferior.
Tampoco lie podido aclarar, por el tiempo sumamente escaso, la estatigrafía de los
d i feren tos bancos del número VII ; ellos corresponden seguramente a las cifras 1-5
del perfil de Smitli, de los cuales proceden, pues, las petrificaciones (Dcrby, 1890
resp. 1895, pág. 62).
4 En un corte microscópico no se ve nadado extraño. La roca es de una estructura,
tan fina (« densa »), que sólo con un aumento de por lo menos 200 veces se recono-
cen fragmentos angulosos de pequeñísimos cristalitos. En la masa (¿arcillosa?) clara,
intensamente impregnada, de hematita rojo-marrón, se distinguen feldespatos altera-
dos (entre los nicols cruzados sou visibles a menudo las estrías do maclas délas pla-
gioclasas) y hojitas dispersadas de mica clara (¿ sericita ?). El doctor Franco Pasture
comprobó, además, la existencia de fragmentos de cuarzo, angulosos y sumamente
menudos. Otros minerales no fueron reconocidos por el tamaño tan reducido do los
Infra-Dcvo- (
n ía n o
Vil ’
I (varios metros)
granos.
Areniscas rojas, etc., en parte negruzcas.
/ itj'ru- Devo-
niano
(Inclinado 10°
al norte)
V -
(muchos metros)
iv a
(unos cuantos
metros)
Pie- Devo-
niano
(Inclinado fuer-
temente ul nor-
oeste; grupo
más inferior
que adora).
VI 1 i
(muchos metros) )
Capas arenoso-arcillosas de color rojo, rojo ama-
rillo, etc., con capitas superficiales negruzcas; es-
tán tapadas casi completamente por la vegetación
y el ripio.
Areniscas ferrugínéas de color pardo-sucio, con
concreciones de arenisca más dura, las que por la
) descomposición salen en relieve y en forma de ca-
\ pas concéntricas (¿en parte erosión de viento1?) '.
I En los pisos superiores encuéntrase también are-
nisca de color gris-amarillo en estado descom-
puesto ; cuando está fresca, manchada de rosa y
pardo.
Areniscas friables « (Stubensandstein) » de color
{ rojizo y gris, en estado fresco blanquizco, amarillen-
to, rosado, rojo y azul-rojizo, de grano grueso y
fino en la misma muestra, de vez en cuando inter-
calaciones de pedregullo grueso de cuarzo (conte-
niendo en parte cristales de roca apenas gasta-
dos) .
Arriba : estratos de conglomerado y arenisca,
de color gris-claro, amarillento, rojizo.
Abajo : conglomerado basa! con muchos frag-
mentos de cuarzo angulosos y más o menos redon-
deados (basta el tamaño de una papa).
Capa de elaboración arcillosa, color blanquizco-
amarillento (¿caolina? “).
Discordancia tectónica •
III *
(como 100
metros)
II
(2 metros)
1
(0m10 — 0,u20)
Pizarras arcillosas, en partes arenosas, de color rojo-marrón,
con filones de cuarzo aurífero más jóvenes (pero aun pre-devóni-
cos) .
' y - No han sido examinados más detenidamente.
3 Provienen de este precipicio seguramente rodados de cuarcita parda, de color
gris en estado fresco con fractura concoidal, luego rodados do cuarcita de arcosa,
do color pardo hasta rojo, on estado no descompuesto de color gris claro, con los
feldespatos blancos caolinizados.
1 Parece que allá tienen también su origen concreciones homatíticas tiren osas que
llevan mica clara, encontradas más abajo como rodados.
5 Véase la nota 3.
G Probablemente es este el lugar donde Karl Garniel- ha recogido la caolina abso-
lutamente pura en mayor cantidad, que filé descrita por Goldschlag (1913, 1913).
(Garnier estuvo en la casa de Emil ITein.)
361
EI, FENÓMENO DE TENSIÓN
La primera de las dos singularidades, mencionadas al principio, es la
que me indujo a llamar la pizarra dura número Vil, a tratar aquí, di-
la serie devónica, en mi diario: «pizarra detonante». Desde 15 años, en
el terreno y durante mi ocupación en el Museo lie despedazado muestras
de rocas de todo el mundo, pero nunca he notado un ruido tan intenso
como en este caso, cuando las rompí. Si alguien hubiese estado a mi lado,
mirando en dirección opuesta, debería haber creído que fuera un tiro:,
la brusca detonación se podría comparar muy bien con la de un fusil
militar, como, v. gr., de un máuser. El sonido era. demasiado fuerte
para un fenómeno de resonancia, y hay que interpretarlo, seguramente,
como consecuencia de una tensión, paralizada de repente, análoga a. la del
hielo <pie revienta, o de una tabla de madera que se rompe al secarse,
o también de una piedra que se raja en el fuego. El caso es especialmente
raro porque la pizarra yace apenas un metro debajo de la superficie de la
tierra, denudada por la erosión desde largos tiempos. Tratándose de pro-
fundidades más grandes, ya se conocen tales fenómenos en mayor múñe-
lo, en caso que la montaña había sido excavada, rápidamente. Una gran
cantidad de ellos, por ejemplo, lia sido compilada en una publicación de
Eduard Suess (11)13), apenas un año antes de su muerte. Pero de dónde
viene la tensión latente tan intensa en una roca completamente libre de
presión y la cual no ha sido nunca, desde su depositación, objeto de disloca-
ciones es un problema que no me explico.
EL FENÓMENO DE EROSIÓN FLUVIAL
Ahora bien: el esquisto detonante recién tratado es al mismo tiempo
aquella roca que presenta el segundo fenómeno que voy a tratar, es de-
cir, una especie de erosión fluvial que no conozco ni de la naturaleza
ni déla literatura. Pues bien : el arroyo de 1-2 metros de ancho, corre
un buen trecho en toda su anchura sobre el plano de una capa de la piza-
rra, como en un canal llano con piso revestido de cemento, casi sin roda-
dos y sin rastro de una acción royente en forma de V, a pesar de que hay
en el lecho del arroyo uno u otro fragmento anguloso del tamaño de
un puño hasta de una cabeza. De vez en cuando, la suela del cauce
baja al próximo banco inferior, formando una pequeña cascada. El im-
porte de la inclinación de las capas y por consiguiente también la caída
1 También en el corte microscópico no lie visto ningún vestigio de presión, como,
v. gr., machaeamiento de la roca, extinción ondulosa del cuarzo, etc.
REV. MUS. LA PLATA. — T. XXV 24
T. XXV
3 (¡2
de las aguas son alrededor de 10°; la curva general déla inclinación del
arroyo es naturalmente algo más empinada por las cascadas. Se podría
creer en una excavación artificial, pero no tiene tal aspecto de ninguna
manera. Eo lia existido allá con seguridad un lavadero de oro o dia-
mantes y, aunque fuera así, ¿quién hubiera aplanado tan esmeradamente
el lecho1? En fin, no veo ninguna razón plausible, y parece que esta for-
ma de erosión tiene que ser considerada como una casualidad sumamente
curiosa.
OILSRRV ACIONES A LAS FIGURAS
l*or falta de mapas exactos de aquella región, presento un pequeño
plano de ubicación, que es tal vez algo desproporcionado, pero cuyas
deficiencias son disculpables, porque lo hice después de la excursión,
de memoria, por no haberme sido posible dibujar un croquis suficiente-
mente exacto en el mismo lugar, a causa de la neblina y lluvia reinante.
Difiere algo del croquis de Yogel (1893), que me parece ser algo inexac-
to respecto a los alrededores de Sant’ Anua. En caso de ser el arroyo del
Larranjal de él y la tázenda adyacente (como 12 km línea recta al nord-
este de Sant’ Alina, según su bosquejo) idénticos con el arroyo dos Mo-
rrinlios y con el puesto vecino, entonces la distancia sería desde el
pueblo demasiado grande, pues para este trecho he echado solamente
50 minutos de andar despacio a caballo; también Smitli (Derby, 1890
resp. 1895) calcula sólo cuatro « miles» como distancia desde Sant.’
Alina. Además, la fazenda, según Yogel (1898), no tiene más «pie 201
metros arriba de Cuyabá, lo que me parece imposible respecto al ran-
cho situado sobre el arroyo dos Morrinhos.
La declinación magnética del año 1912 no he podido averiguar; sola-
mente sé que en el año 1888, según Yogel (1898), eran 3°5' este. Como
desde 1890 hasta 1910, en los puntos más distintos de Sud América ha
tenido lugar una rotación de la desviación magnética de más o menos
2 ° - -i ° del este al norte resp. del norte al oeste, al parecer sin excepción,
por eso hay que suponer que la declinación, en tiempo de mi estada en
la región de Cuyabá, haya sido prácticamente igual a cero.
En el perfil de la figura 2 han sido marcados ciertos detalles que no
están en la misma traza de un perfil perpendicular y plano, pero que exis-
ten en los alrededores y han sido tomados en cuenta por sus cualidades
geológicas o morfológicas.
Lamento que justamente en el lecho del arroyo dos Morrinhos era
imposible sacar una buena vista fotográfica, porque la quebrada, a
causa de los bordes densamente cubiertos de arbustos y árboles, es-
taba, sumergida en la obscuridad, y no menos por el tiempo tan des-
favorable.
363
l'ig- ]. — Croquis topográlieo-gcológico como 1 : ir>.000 «le la región do Saut'Anna ila
(Matto-Grosso)
Chapada
Corno 5 km 0 '/7an ? O3jon o/7ori Como ¡Ton
— 3 (¡4 —
a
A
a
m
O
c!
O
O
»o
o
V
Pl
Cl
fc't
tl(*é07lCZ7l¿&
Fio. 3. — Tros perillos transversales al rededor de 1 :
1 50 del Arroyo dos Morrinlios cerca de Saiit’Aima
da Chapada.
— 365 —
PUBLICACIONES CITADAS
a) Referentes a la Chapada de Guyabá
1850-1853. Francis bu Castei.nau (resp. Eugknf. iPOskry y Cordikr), Expé-
dilion dans les parties centrales de l’ Amérique dn Snd, de Rio de Janeiro a Lima , el de
Rima au Para; ex ventee par ordre du gouverncment franjáis pendant les a anees 1843 a
1847, sons la direction de Francia de Caatelnau. Histoire du voyage. Tumo deuxiiunc. A
París, choz P. BertrauA, librairo-óditour, ruó Saint- Andró-dos-Arcs, 53 (ancien 65),
1850. — 'romo cinquiémo. A París, ote., 1851. — Qiiatribmo partió: Itinéraircs el
(•o upe góologique. A París, ote., 1852 (1853). (Atlas).
1886. Otto Clauss (resp. Kaki. v. Fritscii), Bcricht iiher dio Schingú-Expedifion
im Jahre 1884. ür. A. Petermanns Mitteilungcn aus Justos Pcrtlies’ Geographischer An-
stalt, 32. Band, 1886, G otlia, páginas 129-134 y 162-171. Con lámina 7.
1886 '. H[krhicht] H. Smith, Do Rio de Janeiro a Cnyabd. Rio de Janeiro, 1886.
1890 X Orvii.i.k A. Dkrby (resp. Hkrukrt H. Smitil). Véase 1895.
1891. P[aul] Ehrknrkicii, Beitrdge sur Gengraphie Central- Brasilieiis. ZcitschriJ't
flor Gesvllschaft für Erdkwnde su Berlín, Band XXVI, 1891, número 3, Berlín, 1891,
páginas 167-191. Con lámina 4.
1893. P[ethr] Vogkl, Rcisen in Mallo Grosso 1887-88. (Zweitc Schingú- Expedí! ion).
Ib id., Band XXVIII, 1893, N° 4-5, Berlín, 1893, páginas 243-295 y 309-352. Con
láminas 3-5.
1893. Lui)\v[i«] v. Ammon, Devonisehe Terstciucrungcn ron Lagoinlia in Moto Grosso
( Brasilicn). Ibid. El mismo tomo, páginas 352-360. Con 7 ligaras en el texto. (Apéndice
a P. Vogel.)
1894. J[ohn] W. Evans, The Gcology of Mallo Grosso (particularly the Región drai-
ned by the Uppcr Paraguay). Quartrrly Journal of tlic Gcological Society for Vcbruary
1894, Vol. 1 (London, 1891), páginas 85-103. Con 2 figuras en el texto y lámi-
na VIII.
1895 '. Orvii.i.k A. Dkruy (resp. IIek'iíkrt II. Smitii), Nota sobren Geología e, Pa-
leontología de Mallo Grosso. Revista do Musen Nacional de Rio de Janeiro, volunte 1
(Scguimento aos Archivos do Musen Nacional, volume IX), Rio de Janeiro, 1895 (1896).
(En portugués c inglés), páginas 59-88. Con 3 ligaras en el texto.
1909. Miguel Arrojado Riiikiro Lisboa, Oeste de S. Paulo. Sal de Mato Grosso.
Geología, Industria Mineral, Clima, Vegetando, Solo Agrícola, Industria Pastoril. Estra-
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1913. Joiin M. Ci.ahkk, Fosseis Devonianos do Paraná. Ministerio da Agricultura,
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27 figuras en el texto y láminas 1-27 (con 36 páginas explicativas).
1913. Mauiucy Goi.nsum.AG, Beitrag zur Keimtnis de.r Petrographie Paraguaya und
des angrenzenilen Gcbietes von Mallo Grosso. Inaugural- Disser tal ion de.r Hohen philoso-
phischen Eakultát der Universitiit Jcna vorgclegt, Jema, 1913, páginas 1-59 (63).
' No he podido consultar este trabajo.
s Esta, edición estaba fuera de mi alcance.
n Por primera, vez aparecido en el año 1890.
— 8(56 —
1913. Maukick Goi.DSCur.ACi, Zar Uetrographic Paraguaya and Mallo Grossos. Mit-
leilungen der Géographischen Gesellschaft in Mánchen, 8. Bañil, Miiuchcn, 1913, p;í*^¡ -
lias 293-301 .
b) Oíros trabajos
1833. W. L. vos Escmvuurc, Piulo Urasiliensis. Zinc Ilcilie von AbUandlungen iiber
Urasiliens G oíd-, Diamanten-, and andera mincralischen lleichtum, iiber die Gescliichte seiner
Entdeckung, iiber das Vorkommen sciner LagersUilten, des Betriebs, der Ausbeute and die
darauf beziiglichv Gesctzgebung u. s. w. Berlín, G. Iieimer, 1833, páginas i-xxii, 1-623
y planillas 1-XX1. Con láminas I-X. Véase páginas 221-227 y 583-581.
1863. C a n i . FitiKi»i<[icn] l’im.fiiM’J von Maktius, Bcilrügc zar Etlinograpliie an<l
Sprachenkwnde Urasiliens. 11. Zar Spraclicnkunde. Glasearía Linguarum Brasiliensiuin .
Glossarios de diversas Lingous e Dialectos, que falla» os Indios no Imperio do Brazil. Wor-
lersammlung brasilianiseher Sp radien. Erlangen, Druck von Jungo &■ Solm,1863, pági-
nas i-xxr y 1-548. Véase páginas 7, 9, 32, 88, 231, 263, 286, 527 y 539.
1911. Thhodois KóCII-GküNhkhg, Aruak-Sprachen Nordweslbrasiliens and der an-
grenzenden Gebiete. Bañil XL1 [der ili'itfcen Folge Bañil XI] iler Mitteilungen der An-
tliropologisclien Gesellschaft in Wien, Wicn, 1911, páginas 1-200. Con 22 fotografías en
el texto y un mapa. Véase página 90.
1911. Fiíiiv, Khausk, í a den WHdnissen Urasiliens. Ilerichl und Ergebnisse der Eeip-
ziger Aragaaya-Expedition 190S. 11. Voigtliindcrs Verlag, Leipzig, 1911, páginas i-vin
y 1-512. Con 517 tiguras en el texto, 337 fotografías en 69 láminas, además 2 mapas.
1913. EduaRO Suuss, Deber Zerlegaag der gebirgsbildenden Krafl. Mitteilungen der
Geologischen Gesellschaft in IVien, VI. Bañil, 1913, Wien, 1913, páginas 13-60. Con 1
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1917. Eiíkiuiakd Iíimann, Deber das Muttcrgestein der Diamanten Urasiliens. Tsclter-
maks Mineralogische und Petrographisvhe Mitteilungen herausgegeben ron E. Bccke. (Nene
Folge) Vierundilreissigster Bañil, V. u. VI. lloft, Wicn, 1917, páginas 255-261 .
1 No lio podido consultar esta publicación.
MEMORIA DEL MUSEO DE LA PLATA
La Plata, diciembre 31 de 1920.
¡Señor presidente de la Universidad , doctor don Carlos F. Meló.
Presente.
Tengo el agrado de elevar a la consideración del señor presidente, la
Memoria del Instituto que dirijo, correspondiente al año de 1920.
131 documento que remito es, con más propiedad, sino una. Memoria de
lo actuado por el que subscribe, el estado del Museo en el momento que
asumo la dirección, y el esbozo, a la vez, del plan de trabajos científicos
«pie me propongo realizar.
Aprovecho la oportunidad para solicitar del señor presidente y del
Honorable Consejo Superior el mayor apoyo a las iniciativas futuras de
esta dirección, y con este motivo mees grato saludar a V. S. respetuosa-
mente.
Luís Ma Torres,
Director.
M. de Barrio ,
Secreta rio.
riUMEKA PAUTE
ADMINISTRACIÓN
I
No obstante la regularidad y corrección que caracterizaron a la ges-
tión administrativa del difunto ex director, doctor Samuel A. Lafone
Quevedo, algunas prácticas administrativas y ciertos cambios en la di-
lección científica fueron causas de que, desde algún tiempo, se observa-
ran anomalías que el doctor Lafone Quevedo no advirtiera, o por su
ancianidad, no se animara a remediar.
Ha contribuido a dificultar aquella gestión de mi antecesor la per-
manencia en el Museo de la Escuela de Química y Farmacia, convertida
boy en Facultad.
Puedo manifestar (pie la máxima parte de los obstáculos lian desapa-
recido con la reconquista de su vida independiente, desligada de verda-
deros compromisos paternales, y de los (pie he tratado de librar al Musen
desde que comprendí que se encontraba detenido en su primitivo y sor-
prendente desenvolvimiento, bajo la dirección de su fundador, el doctor
Francisco P. Moreno. 8 i en esta última transformación hacia su carác-
ter inicial de Museo y centro de investigaciones sobre la naturaleza y el
hombre americano recayera algún juicio adverso, de verdadera impor-
tancia y evidente imparcialidad, tendría que soportarlo, por haber sido
el principal gestor de esa transformación.
Tengo la convicción que el Museo de La Plata lia de recobrar su alto
prestigio científico que otrora conquistara por el saber y la dedicación
de todo su personal, y que en esa senda ya despejada por su fundador
lia de contribuir con eficacia a la cultura general del país y en su buen
nombre y reputación.
Reorganizado su personal directivo, científico y administrativo, y algo
mejor dotado este último en sus emolumentos, las variantes en la vida
interna del Museo se harán cada día más evidentes. He logrado satisfa-
cer un verdadero anhelo, señor presidente, desde el momento que el Ho-
norable Consejo Superior me autorizó a invertir algunas sumas en el
mejoramiento de los sueldos del personal de talleres, pues desde hacía
varios años, esos empleados no habían recibido estímulo de ninguna
especie.
Falta aún considerar una mejor distribución de funciones y organiza-
ción de categorías en los servicios de investigaciones científicas, biblio-
teca y archivo, así como en las remuneraciones del personal superior.
Puede comprobarse que los jefes de departamentos no reciben los mis-
mos honorarios, aunque todos tienen el correspondiente recargo de ta-
reas; quiero, decir, que a las obligaciones de la función técnica agregan
el de la enseñanza de una o dos asignaturas del plan de estudios de la
Escuela de Ciencias Naturales, que, por los estatutos vigentes, funciona
en este Instituto, y está constituida por la, mayor parte de su personal
científico.
En cuanto al personal de vigilancia y limpieza del establecimiento lo
he seleccionado y aumentado convenientemente, en la forma que me lo
permitieron los recursos.
Para proceder a la liquidación, diré, de las cuentas de la pasada admi-
3(59
Distinción, solicité de la secretaría los datos necesarios y el estado de la.
caja en la fecha que me hice cargo de la dirección, 19 de agosto del co-
rriente año. De dicho informe — datado el 29 de agosto — se obtienen
los siguientes datos :
Fondo «lo reserva, según certificación do la intervención nacional, al
Io de septiembre de 1919 1.278 01
Fondo de reserva., acumulado después del Io de septiembre 321 66
De la tesorería. «I<; la. Universidad, para boletos «le ferrocarril, por via-
jes colectivos de alumnos 350 »
Ib; la. tesorería de la Universidad, para gastos, presupuesto ordinario. 2.000 »
De boletos «le ferrocarril 139 60
Total 7.089 27
II A II 10 It
Depósito en el Hunco de la Nación 1.130 05
Facturas pagadas 1.772 OS
Vales 797 65
Caja 89 19
Total 7.089 27
lie tratado de cancelar todos los compromisos que el Museo había,
contraído con las casas de comercio de esta plaza y aun con las de Bue-
nos Aires. Desde aquella, fecha he abonado, por distintos conceptos, la
suma de pesos nueve mil quinientos noventa y nueve, cuarenta y ocho
centavos ($ 9599,48) moneda nacional.
La deuda actual está reducida a la suma de mil ciento treinta y un
pesos con cincuenta y un centavos ($ 1131,51) moneda nacional. En esta
suma no están incluidas las facturas a pagar en el extranjero, por desco-
nocer su importe a consecuencia de las fluctuaciones del cambio. Tampoco
se incluyen los gastos de pasajes de ferrocarril, por no tener datos com-
pletos de las compañías, (pie los envían siempre con gran retraso. Final-
mente, no están incluidos tampoco, los gastos ocasionados por la impresión
del tomo XXV de la revista < leí Museo, que actualmente está en prensa.
En adelante, se observarán escrupulosamente las resoluciones de la
presidencia sobre adelantos de sueldos y pasajes de ferrocarril.
Por último, el estado «le la caja es el que expresan las cifras siguien-
tes :
DH11U
1*0808
Fomlo do reserva 4.990 17
De la. tesorería, «le la. Universidad, para, gastos. ... 13.169 63
Fondo Moreno 1.230 »
Pasajes para ferrocarril 139 60
Total 19.529 40
870
llAUKlt
IV.SOS
banco do la Nación, depósito 8.731 26
Facturas pagadas 0.415 40
Cuentas pendientes 81 1 80
Vales 706 »
estampillas 16 87
Caja L>20 17
Total 10.520 4 0
II
Desde mucho tiempo antes de hacerme cargo de la dirección del Mu-
seo, me propuse subsanar las serias deficiencias (pie el edificio pre-
sentaba para la conservación de los materiales en varias de sus seccio-
nes. Muchas de las reparaciones, ampliaciones, etc., hechas durante la
administración anterior, resultaron, desgraciadamente, sumamente per-
judiciales, y las estrecheces experimentadas con motivo de funcionar en
el Museo las escuelas de dibujo, química y farmacia y medicina, reagrava-
ron anualmente esa situación que, por fin, creo que ha quedado conjurada.
Obtuve de la Dirección de arquitectura el mayor y más eficaz concurso
para realizar los estudios que finalizarían en una reparación general con
ampliación en los servicios de desagües, luz eléctrica, obras sanitarias,
ote. Los servicios de desagües se encontraban en tal estado de destruc-
ción (pie el edificio presentaba serias manifestaciones de ruina. Conseguí,
además, el concurso de la honorable Cámara de diputados de la nación
y del Exmo. ministro de Obras Públicas doctor don Pablo Torello, para
allegar recursos especiales con ese objeto.
A moción del ex diputado doctor Carlos Alfredo Becú, se votó la par-
tida especial de $ 143.000 moneda nacional; partida (pie será ampliada
en más de 100.000 pesos moneda nacional, para, el ejercicio financiero
del aüo 1921.
Las obras se lian iniciado en los primeros días del mes de noviembre
próximo pasado, y alcanzan en este momento, su mayor actividad. Abrigo
la esperanza de que el hermoso edificio del Museo de La Plata pueda
encontrarse totalmente reparado en junio del año próximo. Así me lo ha
asegurado el señor ingeniero Sebastián Ghigliazza, jefe de la Dirección
de Arquitectura.
Como consecuencia de estas reparaciones, las salas de exhibición ex
perimentaián cambios favorables. Se ampliarán los departamentos de
paleontología, geología y mineralogía, arqueología y antropología ; se do-
tará de un nuevo local al departamento de botánica, y ya está, puede
decirse, formada la «Sala Moreno» en homenaje al fundador del Museo.
— 371
1 1 an «iontribuído a dotarla con donaciones de diverso carácter la señorita
Victoria Aguirre, los hijos del extinto, señora .luana María Moreno de
Gowland, señores Francisco y Eduardo Moreno y el que subscribe.
Se instalarán durante los primeros meses del año 1921, quince nuevas
vitrinas, particularmente en el departamento de zoología (pie dirige el
doctor don Carlos Brucli. Nuevos e interesantes conjuntos de materiales
de estudio señan extraído de los depósitos para hacerlos conocer del pú-
blico siempre interesado en nuestros progresos. Durante seis meses de es-
te año el Museo ha estado habilitado para las visitas del público y lo han
frecuentado más de 43.700 personas, incluyendo escuelas y sociedades.
Entre las reparaciones y mejoras en la exhibición están comprendidas
la ornamentación de las rotondas y salas, con nuevas pinturas de motivos
americanos en las primeras, y de asuntos propios de cada especialidad
en las segundas. El instituto contará, para este objeto, con un artista
especializado en la preparación de cuadros para museos, que le asegu-
rará un nuevo e interesante motivo de atracción para las gentes obser-
vadoras.
Dado el desarrollo importantísimo de nuestra biblioteca, he dispuesto
que dos salas contiguas a la «Sala Moreno », se'destinen para la amplia-
ción de aquélla; en dichas salas se instalarán las secciones denominadas
de geografía y geología, particularmente la parte de obras y folletos. En
los talleres del Musco se preparan las estanterías adecuadas, y en su
pequeña minerva los rótulos de todas las vitrinas.
He habilitado, asimismo, locales apropiados para el uso «le los espe-
cialistas que deseen consultar nuestros materiales, de manera que les
sea posible trabajar con la mayor y más entera libertad. Han sido nues-
tros huéspedes este año, los señores doctor don Ivar Sefve, de la misión
científica sueca, y el adscripto al departamento de paleontología del Mu-
seo Nacional «le Buenos Aires, don Lúeas Kragiievieh.
SEGUNDA PAUTE
TRAPAJOS OI ONTÍ RIOOS
1
GEOLOGÍA Y MINERALOGÍA
El señor ingeniero «le minas don Moisés Kantor, como jefe del depar-
tamento de geología y mineralogía, y el profesor Walter Sohiller, con-
tiníian ocupándose de sus temas en las respectivas especialidades.
El señor Kantor lia reunido un conjunto muy apreeiable de materia-
les y observaciones sobre el fondo de la costa marítima del sur de la
provincia de Buenos Aires; composición del loess extraído de diferentes
profundidades, y otros elementos que pueden contribuir al esclareci-
miento de la debatida cuestión del origen de las formaciones neógenas
ile nuestro territorio. En el tomo XXV de la Revista se publicarán algu-
nos de los resultados obtenidos en las investigaciones del año que ter-
mina, y el señor Kantor proseguirá con este tema en los subsiguientes,
hasta darle el carácter de investigaciones sistematizadas.
La dirección del Museo se propone fomentarlas de manera que puedan
ellas extenderse a otros sitios de la costa sur de la Patagonia.
El doctor Scliiller, de regreso de Europa., lia vuelto a. sus interrumpi-
dos estudios sobre tectónica de la región próxima al Aconcagua; y
publicará en el tomo XXV los resultados de su excursión al alto Para-
guay, realizada en 1912.
(Jomo lo lie manifestado, el departamento de geología y mineralogía
será ampliado y dotado de nuevas instalaciones, mejorándose conside-
rablemente el material de enseñanza.
11
PALEONTOLOGÍA
En cuanto al departamento de paleontología lie introducido una
modificación que ya se hace efectiva.
El doctor Eduardo (Jarette tiene a su cargo todo lo relativo a inver-
tebrados y plantas fósiles, correspondiendo al doctor Santiago Rotli la
tarea relativa al resto del valioso matorral que proviene, principalmente,
de las formaciones terciarias y cuaternarias.
El doctor Rotli trabaja activamente en la terminación de dos estudios
de recapitulación y nuevos puntos de vista de su ya larga obra científi-
ca, (pie aparecerán en los tomos XXV y XXVI de la Revista. En cuanto
al doctor (Jarette está dedicado a la organización del nuevo departa-
mento como a la preparación de su catálogo, y ha terminado un estudio
de sistemática sobre cérvidos fósiles.
Así como otros departamentos del Museo, los de paleontología serán
ampliados y reparados, atendiendo a. las más urgentes necesidades, pues,
son mis deseos impulsar en lo posible su desarrollo.
III
ZOOLOGÍA
El doctor don (Jarlos Brucli, jefe honorario del departamento, piensa
reunir y coleccionar nuevos ejemplares de la fauna argentina, destinan-
do para el canje las actuales colecciones extra-argentinas, en la forma
que fuere más ventajosa para el Museo.
Las colecciones de aves y coleópteros argentinos han experimentado
un gran aumento, al propio tiempo que el doctor Bruch ha escrito nume-
rosos e importantes trabajos y puesto al día el correspondiente ca-
tálogo.
IV
BOTÁNICA
El departamento de botánica ha sido, hasta el presente, uno de los
menos favorecidos; pero el que subscribe se propone dotarlo de nuevo
local, mejores laboratorios, vitrinas especiales y un conjunto de obras
que permitan al profesor don Augusto O. Scala, hoy decano de la Facul-
tad de Ciencias Químicas, el mayor logro en los resultados de tales inves-
tigaciones.
Las colecciones del departamento de botánica han aumentado de una
manera apreciable con ejemplares traídos por el señor Scala de varios
puntos del país, y en los próximos tomos de la Revista aparecerán traba-
jos descriptivos y sistemáticos sobre los nuevos materiales.
Y
ANTROPOLOGÍA
El departamento de Antropología no ha enriquecido sus colecciones,
durante estos últimos años, de una manera apreciable. Es uno de los
asuntos que ocupará mi atención, el de fomentar decididamente los estu-
dios que dirige en el Museo el doctor Roberto Lehmann-lSíitsche.
Por las series ya adquiridas y muchas de ellas estudiadas, por la
riqueza del material bibliográfico disponible en nuestra biblioteca y las
mismas perspectivas que ofrece el problema arqueológico del hombre
- ¡574
prehistórico en nuestro país, trataré de imprimir una gran actividad a
las nuevas investigaciones antropológicas.
A los diversos temas que el doctor Lehmann-Nitsche luí tratado en
estos últimos tiempos, se agregarán todos aquellos que puedan surgir de
la utilización del material antropológico ya acumulado y del que acrece-
rá mediante exploraciones por realizarse en varios sitios del país que
aún no lian sido estudiados desde este punto de vista.
Por ahora, el doctor Lehmann-Nitsclie se propone publicar las últimas
monografías que tiene terminadas sobre asuntos folklóricos.
VI
ARQUEOLOGÍA Y ETNOGRAFÍA
Desde hace ya tiempo las colecciones de este departamento se encuen-
tran totalmente inventariadas: alcanzan a más de 47.000 piezas.
DI doctor Salvador Debenedetti se ocupó de las que procedían de la
región noroeste del país, y el que subscribe de las restantes.
Deseo mantener, en principio, el criterio de no comprar materiales a
simples coleccionistas. En consecuencia, no pienso distraer suma alguna
de dinero en adquirir curiosidades arqueológicas, sino verdaderas series
de valor diagnóstico.
Planeada una investigación de este carácter, se realizaría por partes
sucesivas; con criterio de unidad que permita en el momento oportuno
asociar varias observaciones, dado que en esta disciplina es menester
del auxilio de otras que deben concurrir a la determinación de la edad
y orden sucesivo de las culturas. Se tratará, siempre que fuere posible,
de las relaciones culturales con vestigios de otras originarias de terri-
torios limítrofes, y de todo aspecto que nos ilustre sobre el verdadero
estado intelectual de los pueblos americanos.
Antes de ahora lie pretendido fijar un esquema de los procedimientos
que es necesario observar en nuestra ciencia. Para que se comprenda
como deseo encarar las subsiguientes investigaciones arqueológicas en
nuestro país, emprendidas por el Museo, reproduzco dicho esquema:
o) Exploración:
Descripción topográfica ;
Estudio de los yacimientos ;
Determinación de su origen;
Data cronológica de los mismos.
I>) Descripción:
Composición de las series: material ;
— 375
Clasificación ;
Análisis de las formas : formas típicas ;
Análisis de las técnicas de fabricación ;
Análisis de la ornamentación: estilo ;
Análisis de las técnicas de la ornamentación.
c) Interpretación :
Correlaciones preliminares ;
Caracteres del desenvolvimiento cultural regional ;
Sucesiones;
Similitudes;
Interpretaciones de la ornamentación (realismo, idealismo);
El avance en la evolución;
degresiones ;
Cronología relativa general ;
delaciones con el desenvolvimiento integral de la cultura pre-
histórica.
La aplicación adecuada de los distintos procedimientos enunciados en
la exploración y descripción a algunos de los problemas arqueológicos
de nuestro territorio, nos prometen nuevas y tal vez inesperadas pers-
pectivas.
Xo trataré de acumular material arqueológico con el simple propósito
de aumentar colecciones. Ha llegado el momento de proceder con verda-
dero criterio selectivo, perfeccionando, a la vez, los métodos científicos.
Durante el afio .1920 se han incorporado a las colecciones de este
departamento nuevas series procedentes de Mendoza ; de yacimientos
explorados por el (pie subscribo en las inmediaciones de San (Jarlos,
(Jhilecito, Viluco y Los Papagayos, más de cuarenta leguas al sur de
la capital de aquella provincia.
Los cambios proyectados en la distribución de los materiales, que se
harán efectivos este mismo año, mejorarán notablemente la exhibición.
Mientras tanto el que subscribe, jefe ad honorem del departamento,
entregará a la imprenta varios trabajos para los tomos XXVI y XXVI 1
de la Revista del Museo.
VII
EXPEDICIONES
En los primeros días del mes de eneio de 1921, saldrán en excursión
científica, a proseguir sus planes de investigaciones, el ingeniero M.
Kantor y doctor E. Carette.
El primero se dirigirá a la ciudad de Bahía Blanca, para de allí poder
utilizar los recursos de transporte que le lian sillo ofrecidos gratuita-
mente para el Museo, por el señor jefe de estado mayor de marina, capi-
tán de navio don Ismael Galindez, y otros jefes que han secundado con
la mayor buena voluntad los estudios del mencionado profesor.
La excursión del doctor E. Carette será costeada con una suma desti-
nada para ese objeto por la señorita Victoria Aguirre.
El doctor Carette se dirigirá a San Rafael, Mendoza, y de dicho punto
emprenderá viaje a la alta Cordillera, con el objeto de recoger materiales
para los departamentos de paleontología, geología y mineralogía.
Con recursos más exiguos, si cabe que los anteriores, mandaré ex-
I raer colecciones antropológicas «le dos yacimientos que ya he podido
observar y que se encuentran en la segunda sección de las islas del
Paraná.
Será necesario, señor presidente, que el honorable Consejo superior,
si; dé perfecta cuenta de ¡a imposibilidad en que me encuentro para rea-
lizar cualquier programa de investigaciones sobre la base de una parti-
da de 200 pesos mensuales.
lie tratado de interesara particulares sobre este aspecto de nuestra
vida cultural, y hasta el presente sólo la señorita Victoria Aguirre y
don Manuel Sáenz Rozas, han respondido a mis solicitudes.
Tengo la esperanza de que mejores tiempos nos esperan, para cuando
hayamos logrado que estos primeros ensayos en la inversión de dona-
ciones particulares puedan considerarse satisfactorios para donantes y
donatarios.
El Museo de La Plata necesita hoy que se le lije anualmente una
suma de quince o veinte mil pesos para el mantenimiento de sus nue-
vas investigaciones. Sobre esa suma podría trazarse un plan en el que
tomarían parte todos sus profesores; se lograrían reanimar sus labora-
torios y verdaderas sorpresas estimularían la labor, particularmente
en geología, antropología, y paleontología, y atraeríamos una verdadera
corriente de hombres de ciencia que vendrían al país a ese objeto y por-
que necesitan conocer los materiales sudamericanos para fundamentar
sólidamente muchas o las más importantes de las conclusiones a que so
han llegado en dichas especialidades.
Los estudios sobre la naturaleza y el hombre americano que fueron y
constituyen hoy su programa de estudio, al ampliarse por los nuevos
términos de comparación y al perfeccionarse por la minuciosidad de los
métodos, aseguran al Museo un halagador porvenir.
377
yin
BIBLIOTECA
Del último catálogo de la Biblioteca, mapoteca, y depósito de publica-
ciones resulta, (pie las existencias son mayores de las que se tenía co-
nocimiento.
Al hacerme cargo de la dirección dispuse una nueva distribución de
libros y folletos, y la organización y limpieza del archivo de publicacio-
nes del Museo.
En Ja. biblioteca ha sido necesario remover una parte muy importante
de los libros; se notó cierto desorden y una dejadez evidente en el esta-
do de conservación.
En cuanto al depósito de publicaciones puede decirse (pie la desorga-
nización era absoluta. Después de más de dos meses de tarea constan-
te se ha terminado con la clasificación de pliegos, recuento y nueva
distribución. El resultado es satisfactorio pues revela una existencia
mucho mayor que la anotada en estadísticas anteriores, indudablemente
hechas con mucha precipitación.
Deseo dejar constancia del celo e interés demostrado para efectuar
dicha tarea, por el señor profesor don Claudio J. Luyóla y su ayudante,
el preparador de arqueología don Octavio Fernández.
Según la estadística que ha levantado el personal déla biblioteca, sus
existencias se forman así :
Considero a este catálogo incompleto, y es mi propósito que, al reali-
zar el doble fichado para remitir un ejemplar a la Biblioteca central de
la Universidad, preparemos el inventario definitivo. Esta tarea se reali-
zará durante los primeros meses del año 1921.
En párrafos anteriores he dicho que la biblioteca será ampliada en tres
salones contiguos a la «Sala Moreno », porque su actual local es ya su-
mamente estrecho.
Cumplo con el gratísimo deber de poner en su conocimiento que la
señorita Victoria Aguirre ha donado más de 300 volúmenes que adqui-
rió en el remate de libros que pertenecieron a la biblioteca del doctor
Moreno. La donación de la señorita de Aguirre ha venido a llenar un
REY. MUS. LA PLATA. — T. XXV *¿ñ
vacío sensible, pues entre las obras que la constituyen, se encuetran
muchas de importancia' sobre viajes polares, geografía física, geología,
paleontología, etc.
IX
PUBLICACIONES
El que subscribe asumirá la dirección de publicaciones, que alguna
vez estuviera dependiente de la secretaría.
En adelante se publicarán: la Revista , iniciándose la tercera serie en
el tomo XX. V, de la numeración general; y si se presentara la ocasión
de algún trabajo de amplitud y de conclusiones generales, los Anales , en
su respectiva serie, tal como ya están organizados.
Cuanto antes me lo permitan los recursos publicaré la Huía.
Con este objeto me dirigí solicitando fondos para imprimirla, en buen
número de ejemplares, a la casa Piccardo y Compañía, primero, y al
Jockey Club de Buenos Aires después. Presenté una serie de argumen-
tos, hablé de la importancia del Museo, visité e hice hablar a personas
(pie tenían que resolver el petitorio, en ambas instituciones, me empeñó
en la solución favorable con la mayor constancia y discreción que deben
contarse para tales casos, y el resultado, señor presidente, lia sido ne-
gativo. No obstante insistiré, y, si es necesario, pondré a contribución
mi peculio particular.
En adelante haré imprimir menor número de ejemplares de ¡a Revista,
y en cambio aumentaré el de las tiradas aparte, en proporción «pie me
permita satisfacer el canje en las respectivas especialidades.
Pienso, también, en solicitar una ayuda pecuniaria' a los suscritores
de la Revista, exceptuando a los estudiosos que la necesitan como ins-
trumento de trabajo y a las instituciones que mantienen con el Museo
im canje regular.
Publicada la Guía, se vendería al público al precio de un peso el
ejemplar y destinaría e! dinero recaudado al capítulo de exploraciones.
— 379 —
TEKOEKA PAUTE
ENSEÑANZA
1
La enseñanza en las diversas materias o especialidades que constitu-
yen el plan de ciencias naturales, se lia desarrollado durante el presente
año con regularidad y con mayor número de estudiantes. Los cursos de
correlación lian sido igualmente muy concurridos.
Dada la índole de todas las enseñanzas, lian funcionado los laborato-
rios de zoología, botánica, mineralogía y geología, casi sin interrupción
desde principio del año; particularmente los primeros.
Se han dictado hasta el 15 de diciembre los siguientes cursos:
Etnología para ciencias naturales y correlación, doctor Luis María
Torres.
Mineralogía para ciencias naturales y correlación, ingeniero Moisés
Kantor.
Geología para ciencias naturales y correlación, ingeniero Moisés Kan-
tor.
Botánica para ciencias naturales y correlación, señor Augusto C.Seala.
Paleobotánica para ciencias naturales y correlación, doctor Eduardo
< ’arette.
Paleozoología para ciencias naturales y correlación, doctor Eduardo
Oarette.
Embriología y morfología de invertebrados para ciencias naturales,
doctor Miguel Fernández.
Trabajos de laboratorios para ciencias naturales, doctor Miguel Fer-
nández.
Antropología para, ciencias naturales y correlación, doctor lt. Leh-
mann-Nitsche.
Geografía física para correlación, señor Esteban Menéndez.
Cristalografía (curso libre) para ciencias naturales, doctor Walter
Schiller.
Paleontología general para ciencias naturales, doctor Santiago Iioth.
Según lo lian podido observar los señores profesores Miguel Fernán-
dez, Moisés Kantor, Walter Schiller y Eduardo Carette, en sus respec-
tivas especialidades, los estudiantes que asisten a las clases con el de-
seo de amor al saber sin el lili único de obtener un titulo habilitante,
aumentan y forman un núcleo importante. En este resultado altamente
halagador, dehe verse, señor presidente, el empeño y la competencia de
nuestros profesores y el grande afecto por la institución.
¡Son ya muy apreciables los frutos que hadado la enseñanza y los mé-
todos de investigación que se ponen en práctica en los laboratorios del
Museo, y pronto tendremos una serie de publicaciones en la lievista que
lian de exteriorizarlas debidamente.
En el plan de reparaciones están comprendidas las que deben intro-
ducirse en los laboratorios de los profesores Fernández, Kantor y Sclii-
11er. Se los dotará, además, délos elementos más útiles.
La inscripción de alumnos es la siguiente:
Oioiiciiis naturales 10
Dibujo técnico 9
Profesorado de dibujo 30
Correlación 353
Total 303
En cuanto a la Escuela de dibujo se prepara, por su cuerpo de profe-
sores, un nuevo plan de estudios con la creación de cursos nocturnos
para obreros que le darán un mayor interés y la vincularán a las clases
obreras de la ciudad de La Plata.
El profesor don Emilio Coutaret ha puesto al servicio de las reformas
sus conocimientos y experiencia, y podemos esperar que los resultados
han de premiar su constante preocupación en el progreso de la escuela.
O HSKItVAt MUÑIOS (¿ION lili AT.IOS
Por lo expuesto habrá notado, señor presidente, que trato de encon-
trar mejores perspectivas para las actividades del personal científico del
Instituto. No he omitido esfuerzo para asegurarlas, tengo el mayor en-
tusiasmo y un gran deseo por satisfacer, y encontrándome en la obliga-
ción de ser el intérprete de todas las aspiraciones del personal científico
del Museo, las expreso con franqueza.
En otras circunstancias de la vida de la Universidad, o sea en tiempos
normales, no tendrían cabida algunas reílexiones que haré al señor pre-
sidente en esta memoria sobre el fin principal de las tareas que están a
nuestro cargo, y porque, perteneciendo el Museo a uno de los institutos
científicos que la constituyen, debe participar de sus horas de agita-
ción o de tranquilidad.
Todos los que alguna vez han meditado y escrito explicándonos lo que
debe ser un Museo, establecieron entre sus conclusiones, además de la
definición substancial, que la condición inseparable para que funcionen
381
estos establecimientos es la (le que deben ser muy independientes; re-
cintos de meditación, silencio y estudio.
De esas reflexiones se desprende la consecuencia de que no habiendo
sido así la realidad debiéramos buscar una solución conciliable con los
intereses permanentes.
Un sentimiento común he oído expresar al respecto de la coexisten-
cia de otros institutos en el propio edificio del Museo, y más aún de la
intervención de su director cillas cuestiones genérales de la adminis-
tración universitaria. Se cree más conveniente para asegurar el éxito
de las tareas científicas, que debiera observarse absoluta independencia,
o desvinculación de otras instituciones, y la intervención de su perso-
nal directivo circunscripta o relacionada solamente con la vida del Museo.
Esto es más esencial de lo que pudiera creerse, por el carácter o la
educación de los hombres que encuentran su satisfacción en las con-
quistas de orden científico, hechos ya en una convicción teórica o im-
pulsados hacíala verdad, por provisional que fuere, y no preocupados
por pasiones políticas o mercantiles; ellos aspiran a la vida tranquila,
pero sin negarse ni ocultarse cuando una condición de la propia ciencia
que cultivan se lo indica o exige. Y comprenden, también, que deben
contribuir a la ilustración y felicidad de las clases superiores como de
todo el pueblo, que ala vez busca vivir — pero con otras perspectivas —
en las mil agitaciones de los momentos presentes.
¿ Cómo podríamos afrontar con confianza la ardua tarea (pie se nos en-
comendara ? La ratificación del programa inicial de los trabajos cientí-
ficos del Museo de La Plata requiere, por el mismo respecto de la obra
realizada, no sólo la buena intención de proclamarlo y cumplirlo pol-
lina parte, sino la necesidad imperiosa de favorecer a los (pie se dispon-
gan a llevarlo a la práctica y proseguirlo, asegurando el éxito más com-
pleto; en último término, la garantía necesaria para (pie todos los sacri-
ficios puedan sumarse en la obtención de un progreso de la ciencia.
Preves como deseo que sean estas reflexiones, no quisiera que se com-
prendan como manifestaciones de desagrado por el ruidoso choque de
los acontecimientos sociales que diariamente se renuevan, y que en rea-
lidad dan carácter progresivo a la vida de la democracia, perturbando
por instantes ese silencio para la meditación y el estudio, tan necesario
e higiénico para el espíritu como pueden serlo otras circunstancias di-
versas.
INDICES DE LOS TOMOS XIV A XXIV
DE LA SERIE «ENERAL, O SEA DEL TOMO I A XI DE LA SERIE SEGUNDA
OIISICKVACIONKS l'.UEA KI, USO OKI. ÍNIMOK
Los Ionios tic esta serie comprenden del 1 al 1 1 que corresponden respectivamente a los
números 14 al 24 de la serie general.
Todos los tomos llevan las dos indicaciones, por ejemplo, tomo XIV =: segunda serie
tomo I, y así sucesivamente.
Los Ionios XIX, XXIII y XXIV de la serie geueral, o sean los tomos VI, X y XI de
la segunda serie, tienen primera y segunda parte, que se indica con una la o 2». a conti-
nuación del número del tomo.
Los números colocados a continuación de los títulos de los artículos, indican el 1», el
tomo de. la serie general: el 2», el tomo de la serie segunda: el último, el número de la
página: cuando se trata de tomos que tienen la y 2» parte, esta indicación ocupará el ter-
cer lugar.
Por un error tipográfico se lee en la portada del tomo XXIV, parte primera : segunda
serie, lomo XII. en vez de : segunda serie. Ionio XI.
La segunda serie de la Revista del Museo de La Píala termina con el tomo XXIV de, la
serie general.
ÍNDICE ALFABÉTICO POR AUTORES
TOMOS XIV-XXIV (SEGUNDA SERIE 1-XI)
Ameghino, Carlos y Torres, Luis María. — Informe preliminar sobre las
investigaciones geológicas y antropológicas en el litoral maríti-
mo sur de la provincia de Buenos Aires. . XX = VII, 153
Biraben, Max. — Sobre algunos cladóceros de la República Argentina (parte
tercera) ............................... XXIV = XI-2», 82
Bourgeois, J. — Description d’tine espécc nottvelle de Chauliognathus du
Brésil XV = II, 283
Bruch, Carlos. — Metamorfosis y biología de coleópteros argentinos (parte
III).................................... XIV = I, 123
— Longicornios argentinos nuevos o pocos conocidos. .... XV = II, 198
884
Bruch, Carlos. — Nuevas especies de los géneros Phtlochloenia y Demúdenla
(Coleópteros lamelicoruios) XVI = III,
— Descripción de «los nuevos Lamelicornios do la. launa argentina.
xv n = iv,
— Catálogo sistemático de los Coleópteros de la República Argentina :
Parte I ........................ XVII = IV,
1 'arte II ......... ............... . XIX = VI-2a,
Parte III XIX = VI -2a,
Parte IV .... XVI 1 = IV,
Parte V .... XVI 1 = IV,
Parte VI XIX = Ví-2a,
Parte VII ... XIX = VI-2a,
Parte VIII .......... XVI II = V,
Parte IX XIX = VI-2a,
— Suplemento al Catálogo sistemático de los Coleópteros de la Repú-
blica Argentina, I (Adilenda, corrigenda y resumen). .........
XIX = Ví-2a,
— Apuntes sobre antropometría de cuatro naturales «leí noroeste ar-
gentino.. XVIII =-- V,
— Longieornios argentinos nuevos o poco conocidos.. . . XVIII = V,
— Exploraciones arqueológicas en las provincias «lo Tueumán y Cata-
marca .................................. XIX r= VI-1»,
— Catálogo sistemático do los Formícidos argentinos. XIX — V 1-2“,
— Suplemento al Catálogo sistemático de los Formícidos argentinos,
I (Addeuda et corrigenda). XIX = VI-2a,
— Descripción «le un Cerambícido extraordinario «lela República Ar-
gentina ( Pleiarthrooerus opacan n. gen. n. sp.) . . . XIX — VI-2a,
— Contribución al conocimiento de los Bethylidac (Hymenoptera) ar-
gentinos y descripción de una nueva especie. . . . XIX = VI-2a,
— Nuevas especies «le Coleópteros liidrofílidos. ...... XIX = VI-2a,
— Un nuevo gorgojo del « Prosopanclie » (Oxycorynus párvulas Brucli).
XXII! = X-2a,
— Contribución al estudio de las Hormigas de la provincia de San
Luis. ...... ......... XXIII = X-2a,
— Cerambícidos argentinos nuevos o poco conocidos. XXIV = XI-2a,
— Observaciones biológicas sobre Temnoccra spinigera Wicd. (I)iptcra-
tiyph'ulae) XXIV — XI -2a,
Burckhardt, Cari. — La iórmation pampéenno de Plumos Aires et Santa
Fe ......... XIV = 1,
Bücking, H., Herrero Ducloux E., y Outes, Félix. — Estudios de las su-
puestas « escorias y tierras cocidas » de la serie pampeana «le la
República Argentina ............................. XV = II,
Bücking, H., y Outes, Félix. — Sur la atrncture des scories et «torres cui-
tes » trouvées «lana la serie pampéenne et quelqnes éléments de
comparaison .................................. XVII = IV,
Cobanera, María L. y Spegazzini, Carolina. — Nota sobre grasa de Ca-
melas Dromedarius XVIII = V,
Cobanera, María L y Herrero Ducloux, E. — Datos sobre la acción «lelas
sales de cobalto y vanadio en los vegetales XVIII = V,
Cobanera, María L. — Datos sobre las sales de alúmina en la vegetación..
XXI1J = X-2a,
340
71
143
■171
303
181
220
235
■101
17!»
346
538
47
161
1
'211
527
34 0
142
447
231
291
170
1 Hi
138
78
22
145
7
— 385 —
Uebenedetti, Salvador. — Noticia sobro una urna antropomórfica del vallo
<lc Yocavil (provincia <lc Cataniarca) XXIII = X-2a,
Delachaux, Enrique A S. — Las regiones físicas de la República Argentina.
XV = II,
*** Enrique A. S. Delachaux, f 10 de abril de 1908 XV = II,
Doering, Adolphe. — La formation pampéenne de Córdoba XIV = I,
Ducci, Zacarías O. F. M. y Lafone Quevedo, S. A. — Los pronombres dé-
la lengua Toba con referencias a los del Mocoví. . . XVIII — V,
Fernandez, Miguel. — Dio Entwicklung der Mulita (La embriología do la
Mulita) XXI = VIII,
Fernández Mareinowski, Kati. — Embriología del sistema nervioso cen-
tral de la Mulita XXI = VIII,
Früh, J. — (Véase Lehinaun-Nitsche, Nouvollos recberebes, et.c.). XIV = I,
Gallardo, Angel. — Hipolaridad de la división celular. XVI = III,
Gardner, G. A. — El uso de tejidos en la fabricación de la alfarería prehis-
pííniea en la provincia de Córdoba (Rcp. Argentina) con versión
inglesa XXIV = XI -2a,
Grouvelle, A. — Description dos Clavicornes nouveanx do la République Ar-
gontine XXI 1 1 = X-2a,
Herrero Ducloux, E. — Aguas minerales alcalinas do la República Argen-
tina XIV =1,
— Nota sobre la ceniza del volcán Riuinaiiüe XV = II,
— El hierro moteórico de la Puerta de Araueo XV = 11,
— Nota sobre el meteorito de « El Perdido » XVIII = V,
— Contribución al estudio de la Micromvrin cugcinoirles (Hievonymm)
( muña-maña ) XVIII = V,
— Nota sobre el agua hedionda de la Quebrada de II naco (provincia
de San Juan) XXIII = X-2a,
— Aguas termales de Caimancito (provincia de Jujuy). XXIII = X-2a,
Herrero Ducloux, E. y Outes, Félix F. y Bücking, H. — (Véase lliic-
king, II.)
Herrero Ducloux, E-, Cobanera, María L. — (Véase Cobanera, María E.)
Herrero Ducloux, E. y Herrero Ducloux, L. — Las aguas minerales do
los valles de llualfín y otros de la provincia de Catamarca. . .
XVI = 111,
— Datos analíticos de la. yerba-mate y sus falsificaciones
XXII I = X-2a,
Hicken, Cristóbal M. — Polypodiacearum Argentinarum catalogas (Catá-
logo de las Polipodiáceas argentinas) XV = 11,
Horn, Walther. — Mfígacephala (Phaeoxantha) Trcmolerasi XVI = 111,
Hunt, Richard J. y Lafone Quevedo, Samuel A. — El Vejez o Aiyo...
XXII = IX,
— El Choroti o Vofuaha XXIII = X-la,
Ihering, H. von. — (Véase Lehmann-Nitsche, Nouvelles recherches, etc.).
XIV = I,
— Le chica domestique des Calchaquis. XX = Vil,
Kantor, Moisés. — Minerales de wolfram en la sierra de Velasco. XX = Vil,
— Contribución al conocimiento de los « cerros de Rosario », con sus
yacimientos de mica de la provincia de San Luis. XX III = X-2a,
— El problema de las inundaciones de Andalgalá (provincia de Cat.a-
XXI II = X-2a,
196
102
132
172
232
1
1
1 53
7
128
234
9
19
84
29
34
206
270
51
121
226
32
160
101
116
164
257
marca-
165)
Kantor, Moisés ~ Nota sobro el onix-mármol de la provincia de San Luis.
XXIV = XI-2*,
Keidel, H., y Schiller, W. — Los yacimientos do casiterita y wol tramita
de Mazán, en la provincia de La Rioja XX — Vil, 124
Lafone Quevedo, Samuel A. — Tipos de alfarería de la región Uiaguito-
Calcliaquí. XV = 11, 295
— Las lenguas de tipo Guaycurú y Chiquito comparadas. XVII = IV, 7
— Rasgos psicológicos de indios sudamericanos.... XXIV = XI-2a, 63
Lafone Quevedo, Samuel A. y Dueci, Zacarías, O. F. M. — (Véase Duc-
ci, Zacarías, O. F. M.)
Lafone Quevedo, Samuel A., y Hunt, Richard. (Véase 1 1 unt, Richard).
(Véase Ilunt, Richard)
Latcham, Ricardo E. — Antropología chilena XVI = 111, 241
Leboucq, H. — (Véase Lehmann-Nitsche, Nouvelles reeherches, etc.)
XIV = 1, 243
Lehmann-Nitsche, R. — Nouvelles recherches sur la formation pampécnnc
et Fhonime fossile de la Répnblique Argentino XIV = I, 143
— Relevamiento antropológico de una india Guayaquí. . . . XV = II, 91
— Clavas cefalomorfas de piedra procedentes de Chile y la Argen-
tina XVI = III, 150
— Hachas y placas para ceremonias procedentes de Patagonia
XVI = III, 204
— Vocabulario Chorote o Molote (Chaco occidental).... XVII IV, 111
— El grupo lingüístico Tshon de los territorios magallánicos
XXII = IX, 217
— Jetudos antliropologiques sur les indiens (grupo Tshon) de la Térro
de Feu XXI 11 = X-2'1, 174
— Relevamiento antropológico de una india Yagan. . XXlll = X-2a, 185
— Relevamiento antropológico de dos indias Alacaluf. XXIII = X-2a, 188
— Relevamientoantropológicode tresindiosTehuelehc. XXlll — X-2¡1, 192
— botones labiales y discos auriculares de piedra, procedentes de la
región norte de la desembocadura del río Negro (Patagonia sep-
tentrional) XXIII = X-2“, 285
Mitología sudamericana. I. El diluvio según los Araucanos de la
Pampa XXIV = XI-2a, 28
Mitología sudamericana. II. La cosmogonía según los Puelche de
la Patagonia XXIV = XI-21, 182
Mitología sudamericana. 111. La marea alta según los Puelche de
la Patagonia XXIV = XI-21, 206
Longobardi, Ernesto. — Estudio geoquímico de los aceites de la formación
petrolífera de la República Argentina y de liolivia.. XX = Vil, 198
Marelli, Carlos A. — La complicación y sinostosis de las suturas del cráneo
cerebral de los primitivos habitantes do la República Argentina.
XVI =111, 353
Marie, Charlos. — Inlluenco de certains colloides sur la di tl'érence de poten -
tiel cathodiquc XVII = IV, 131
Martin, R. — (Véase Lehmann-Nitsche, Nouvelles recherches, etc.).. ......
XIV = 1, 374
Merian, P. — Les araignées de la Torre de Feu et de la Patagonie comino
point de départ de eomparaisons géographiques entre diverses
couchos faunistiques .' XX = VII, 7
387
Moohi, Aldobrandino. — Nota preventiva mil JHprothomo platennis Ame-
ghino XVII = IV, tí!)
Olivier, Ernest. — Description d’un iioiiveau Lampyride argeutin. XV =11, 291
— Description d’un Lampyride mmveau déla République Argentine.
xvi = iii, r>n
— Lampyrides de Misiones XVII = IV, 86
Outes, Félix F. — Sobre el hallazgo de alfarerías mexicanas en la provincia
de Buenos Aires XV = II, 283
— Les scories voleaniqucs et les tufs de la série pampéenne de la Ré-
publique Argentine. Avortisscment aux spécialistes a propos
d’un mómoire du docteur Florentino Amegliino. . . . XVI = III, 34
— Los pretendidos instrumentos paleolíticos de los alrededores de
Montevideo (Rep. Oriental del Uruguay) XVI = 111, 39
Outes, Félix F. — La eeríímica cluriguana XVI = III, 121
— Sobre una fació local de los instrumentos neolíticos bonaerenses. .
XVI = III, 319
— Los tiempos prehistóricos y protobistóricos en la provincia do Cór-
doba XVII = IV, 2GI
— Variaciones y anomalías anátomo-antropológicas en los huesos del
cráneo de los primitivos habitantes del sur do Entro Ríos
XVIII = V, 53
Outes, Félix F. y Bücking, H. — (Véase Bücking, II.)
Outes, Félix F., Herrero Ducloux, E., y Bücking, H. (Véase Büc-
king, II.)
Pie, Maurice. — Description de denx Coléopteres de FAmériquo méridionale
XVI = III, 37
— I’lnsieurs nouveaux Coléopteres de la République Argentine
XVII — IV, 108
Raffray, A. — Psélapliides de la République Argentino XV = 11, tíl
Rengade, E. — Sur la forme des courbes de refroidissement des mélanges bi-
lí ai res XVII = IV, 93
Roth, Santiago. — A propos du crílne de Pontimelo (ou plutót Fontezuelas).
XIV = 1, 471)
— La construcción de un canal de Bahía Blanca a las provincias andi-
nas bajo el punto de vista hidrogeológico XVI = III, 171
— Un nuevo género de la familia Megnthcridac XVIII = V, 7
— (Guillermo Salom y Surcda, j el 19 de julio de 1911). XVIII = V, 227
Scala, Augusto C. — Nuevo método parala fijación y conservación de proto-
zoarios XV = II, 54
— La técnica de doble coloración diferencial en histología vegetal. .
XV =11, 221
Schiller, Walter. — Contribución al conocimiento de la formación petrolífera
(cretáceo) de Bolivia del Sur XX = VII, 168
Schiller, W. y Keidel, H. — (Véase Keidel, II.)
Schrottky, C. — Nuevos Himenópteros sudamericanos XVI = III, 137
Scott, W. B. — La corrélation des formations tertiaireset quaternaires dans
FAmérique du Sud. XIV = I, 465
Spegazzini, Carolus. — Fungí aliquot Paulist.ani XV = II, 7
Spegazzini, Carolina y Cobanera, María L. — (Véase Cobancra, María L.)
Steinmann, G — (Véase Lebmann-Nitsclie, Nouvelles recherclies, etc.)...
XIV = I,
161
388
Steinmann, G. — Sur les scories intercáleos «lans la furmation pampécnnc
inférieure XIV = I, 461
Torres, Luis María. — Arqueología «h; la cuenca ilel río Paraná. XIV = 1, 53
Torres, Luis María y Ameghino, Carlos. — (Véase Amcghino, Carlos). .
Vignau, Pedro T. — líl asfalto «le Auca-Mabuida XX = Vil, 107
Witte, Lutz. — Estudios geológicos «le la región «le San lilas (partido «le Pa-
tagones) XXIV = Xll-la, 1
Zirkel, F. — Examen inicroscopi«|iie «les spéciniens «le Kamallo «¡t Alvear. .
XIV = 1, 154
ÍNDICE ALFABÉTICO POR MATERIAS
TOMOS XIV - XXIV (SECUNDA SERIE I-XI)
A NT lío POI.O t¡ í A FÍSICA
Bruch, Carlos. — Apuntes sobre antropometría «le cuatro naturales del nor-
oeste Argentino XV1I1 = V, 47
Latcham, Ricardo E. — Antropología chilena XVI = 111, 211
Leboucq, H. — (Véase Lehmann-Nitsche, Nouvelles recherclies, etc.).
XIV = I, 243
Lehmann-Nitsche, R. — Nouvelles recherches sur la fonnation painpéenne
et Phonnnc í'ossile «le la Républiquo Argentine XIV = 1, 191
— Kelevamiento antropológico do una india Guayaquí. . . . XV = II, 91
— Et.udes anthropologiques sur les indiens Ona (grupe Tshon) «le la
Torre de Feu XX1I1 = X-2a, 174
Kelevamiento antropológico de una. india Yagan. XXIII = X-2a, 185
— Kelevamiento antropológico «le dos indias Alacaluf. XXlll = X-2a, 188
— Kelevamiento antropológico de tres indios Telnielehe. XXII 1 = X-2a, 192
Marelli, Carlos A. — La complicación y sinostosis de las suturas del cráneo
cerebral de los primitivos habitantes de la República Argentina.
XVI = 111, 353
Martin, R. — (Véase Lehmann-Nitsche, Nouvelles reoherchcs, etc.)...
XIV = 1, 374
Mochi, Aldobrandino. — Nota preventiva sul Diprolliomo platennis Ame-
ghino XVII = IV, 69
Outes, Félix F. — Variaciones y anomalías auátomo-antropológicas en los
huesos del cráneo «le los primitivos habitantes «leí sur de Entre
Ríos XVI 11 — V, 53
A Itqi/ICOI.OUÍA
Bruch, Carlos. — Exploraciones arijueológicas en las provincias de Tucu-
mán y Catamarón XIX = VI-la, 1
Bücking, H., Outes, Félix F. y Herrero Ducloux, Enrique. — Estudio
de ‘las supuestas « escorias » y « tierras cocidas » «le la serie
pampeana de la República Argentina XV = 11,
138
Bücking, H. y Outes, Félix F. — Sur la strueturc des scorius et « tenes
cuites » trouvées dans la serie painpéenne, ct quelques éléincnts
do compara, ison XVII = IV, 78
Debenedetti, Salvador. — Noticia sobre una urna antropomórfica del valle
de Yocavil (provincia de Catamarca) XXIII = X-2a, 10(1
Gardner, G. A. — El uso dolos tejidos en la fabricación de la alfarería pro-
hispánica cu la provincia, de Córdoba, (Rep. Argentina) (con ver-
sión inglesa) XXIV = XI-2a, 1 28
Herrero Ducloux, E., Outes, Félix F. y Bücking, H. — (Véase Bücking.).
Lafone Quevedo, Samuel A. — Tipos de, alfarería de la región iJinguito-
Calchaquí XV = 11, 295
Lehmann-Nitsche, R. — Clavas cofalomorfus de. piedra, procedentes de
Chile y de la Argentina XVI = 111, 150
— Hachas y placas para ceremonias procedentes de Patagonia
XVI = III, 201
— Botones labiales y discos auriculares de piedra procedentes tic. la
región norte de la desembocadura del río Negro (Patagón ia sep-
tentrional) XXIII = X-2a, 285
Outes, Félix F., Herrero Ducloux, Enrique y Bücking, H. — (Véase
Bücking, H.)
Outes, Félix F. y H. Bücking. — (Véase Bücking, H.)
Outes, Félix F. — Sobre el hallazgo de alfarerías mexicanas en la provincia,
de Buenos Aires XV = 11, 289
— Les scorios volcan iques et les tufs de la série pampéenc de la Ré-
publique Argentino.. Avertissement aux spécialistes ñ propos d’un
mémoire du docteur florentino Ameghino XVI = 111, 31
— Los pretendidos instrumentos paleolíticos de los alrededores de
Montevideo (Rep. O. del Uruguay) XVI = 111, 39
— La cerámica chiriguana . XVI = III, 121
— Sobre una facies local de los instrumentos neolíticos bonaerenses.
XVI = III, 319
— Los tiempos prehistóricos y protohistóricos en la provincia de Cór-
doba XVII = IV, 2(11
Steinmann, G. — Sur les scories intercalées dans la formation pampéenne
inférieure XIV = I, 4 f» I
Torres, Luis María. — Arqueología de la cuenca del río Paraná. XIV = I, 53
— Informe preliminar sobre las investigaciones geológicas y antro-
pológicas en el litoral marítimo sur de, la provincia do Buenos
Aires XX = VII, 153
Zirkel, F. — Examen microscopique des spécimens de Enmallo et Alvear. . .
XIV = 1, 454
BOTANICA
Hicken, Cristóbal M. — Polypodiaccarum Argentinarum catálogos (Catá-
logo do las I’olipodiáceas argentinas XV = II, 22(1
Scala, Augusto C. — La técnica de doble coloración diferencial en histolo-
gía vegetal XV = 11, 221
Spegazzini, Carolus. — Fungí aliquot Paulistani XV = 11, 7
- 390 —
ICTNOGKAI'ÍA
Lafone Quevedu, Samuel A. — Kasgos psicológicos do indios sudameri-
canos XXIV = XI -2a, 03
GKOGKAFÍA
(iiir^iiHO Viajes, Topografía y Geodesia)
Delachaux, Enrique A. S. — Las regiones físicas de la Kepública Argen-
tina XV — II, 102
GICOF.OGÍA
Ameghino, Carlos y Torres, Luis M. — (Véase Torres, Lilis M.)
Burckhardt, Cari. — La lorination panipéenne de Buenos Aires et Santa Fe.
XIV = 1, 140
Doering, Adolphe. — La formatiou panipéenne de Córdoba XIV = I, 172
Früh, J. — (Véase Lehinann-Nitsche, Nonvelles recherclies, etc.). XIV = 1, 153
Kantor, Moisés. — Minerales de Wolfram en la sierra de Velasen. XX — Vil, 110
— Contribución al conocimiento de los « Corros de Kosario » con sus
yacimientos de mica de la provincia de San Litis. XXIII = X-2a, 101
— El problema de las inundaciones en Andalgalít (provincia de Cata-
marca) X X 1 1 1 = X -2a , 257
— Nota sobro el onyx-mármol do la provincia do San Luis.....
XXIV = Xll-2% 109
Keidel, H. y Schiller, W. — Los yacimientos do casiterita y w olí Vainita de
Mandil en la provincia de La Rioja XX = Vil, 124
Lehmann-Nitsche, H. — Nouvolles rechercbes sur la formatiou panipéenne
et l'hoimne fossilo de la ltópublique Argentino XIV — I, 113
Koth, Santiago. — A propos du eráne de Pontinielo (oii plutót Fontozuelas).
XIV — 1, 470
— La construcción de un canal de Bahía Blanca a las provincias andi-
nas, bajo el punto de vista hidrogeológieo XVI = 111, 171
Schiller, W. y Keidel, H. — (Véase Keidel, II.)
Schiller, Walter. — Contribución al conocimiento de la formación petrolí-
fera (cretáceo) de Bolivia del sur XX = Vil, IOS
Scott, W. B., La eorrélation des formations tertiaires et quaternaires dans
PAmériqne du Snd XIV = 1, 165
Torres, Luis María y Ameghino, Carlos. — Informo preliminar sobre las
investigaciones geológicas y antropológicas en el litoral marítimo
sur do la provincia de Buenos Aires, (anuo XX — Vil, 153
Witte, Lutz. — Estudios geológicos do la, región de San Blas (partido de
Patagones) XXIV — XI-l", 1
LINGÜÍSTICA
Dueci, Zacarías, O. F. M. y Lafone Quevedo, Samuel A. — Los pronom-
bres do la lengua Toba con referencias al Mocoví. XVIII — V, 232
391
Hunt, Richard J. y Lafone Quevedo, Samuel A. — El Vejez o Aiyo.. . .
XXII = IX,
— El Choroti o Yoltui.li» XXIII = X-l*,
Lafone Quevedo, Samuel A ., y Ducci, Zacarías. — (Véase Ihicci, Zacarías)
Lafone Quevedo, Samuel A., y Hunt, R. — (Véase Hunt, Richard) ....
— (Véase Hunt, Richard)
Lafone Quevedo, Samuel A. — Las lenguas de tipo Guayen rú y Chiquito
comparadas XVII = IV,
Lehmann-Nitsche, R. — Vocabulario Chorote o Soloto (Chaco occidental),
XVII = IV,
— El grujió lingüístico Tshon de los territorios magallúnicos
XX11I = IX,
MITOLOGÍA
Lehmann-Nitsche, R. — Mitología sudamericana. 1. El diluvio según los
Araucanos de la Pampa XXIV = Xl-2a,
— Mitología, sudamericana. II. La cosmogonía según los Puelche do
la Patagonia. XXIV = XI-2a,
— Mitología sudamericana. 111. La marea- alta según los Puelche de
la Patagonia XXIV = XI-2a,
NICCKOLOGÍA
Enrique A. 8. Delachaux, -|- 10 de abril de 1008 XV = II,
Guillermo Salom y Snreda, -J- el 10 de julio de 1011 . XVIII — V,
PA I.KONTOI.OG í A
Ihering, H. von. — (Véase Lehmann-Nitsehe, Nouvelles recherches, etc.).
. XIV — i,
Roth. Santiago. — Un nuevo género de la familia Megalhcriilac. XVIII = V,
Steinmann. G. — (Véase Lehmann-Nitsche, Nouvelles recherches, etc.). . .
XIV = 1,
QUÍMICA
Cobanera, María L. y Spegazzini, Carolina E. — Nota sobre grasa de
Camelas Dromcdarius . . . '. XVIII = V,
Cobanera, María L. y Herrero Ducloux, E. — Hatos sobre la acción de
las sales de cobalto y vanadio en los vegetales.. . . XVIII = V,
Cobanera, María L. — Datos sobre las sales de alúmina en la vegetación.
XXIII = X-2a,
Herrero Ducloux, E. y Cobanera, María L. — (Véase Cobanera, María L.).
Herrero Ducloux, E. — Aguas minerales alcalinas de la República Argen-
tina XIV — I,
Herrero Ducloux, E. — Nota sobre la ceniza del volcíín Rininahué. XV— II,
— El hierro mcteórico déla Puerta do Arauco XV — II,
— Nota, sobre el meteorito de «El Perdido» XVI11 — V,
— Contribución al estudio do la Micromería engenioides ( Hieronymus)
(muña-muña) XVI II = V,
7
111
217
28
182
20(1
132
227
l(i()
7
161
145
!>
4!»
84
2!»
34
392
Herrero Ducloux. E. — Nota sobre el agua hedionda de la Quebrada de
II naco (provincia de San Juan.... XXIII = X-2a,
— Aguas termales de Caimancito (provincia de Jujuy). XXI11 = X-2;i,
Herrero Ducloux, E. y Herrero Ducloux, Leopoldo. — Las aguas mi-
nerales de los valles de Hualfíu y otros de la provincia de Cata-
marca XVI — III,
— Datos analíticos de la yerba-mate y sus falsificaciones
XXIII = X-2a,
Longobardi, Ernesto. — Estudio geoquímico de los aceites de la formación
petrolífera de la República Argentina y de llolivia. XX = VII,
Marie, Charles. — Influence de eertains colloídes sur la différenee de po-
tentiel cathodi<jue XVII — IV,
Rengade, E. — Sur la forme des courbes de refroidissement des mélanges
binaires XVII = IV,
Spegazzini, Carolina E. y Cobanera, María L. — (Véase Cobanera,
María L.).
Vignau, Pedro T. — El asfalto de Auea-Mahuida XX = VII,
ZOOLOGÍA
Biraben, Max. — Sobre algunos (Jladóceros de la República Argentina .. .
XXIV - : XI -2a,
Bourgeois, J. — Description d’une espece nouvelle <le Chauliognaihuts du
Brésil XV =11,
Bruch, Carlos. — Metamorfosis y biología de Coleópteros argentinos (parte
III). . XIV :: 1,
— Longicornios argentinos nuevos o poco conocidos.. : . . . XV =11,
— Nuevas especies de los géneros Philochlocnia y Demodcma (Coleóp-
teros lamelicornios) XVI = 111,
— Descripción de dos nuevos Lamelicornios de la fauna argentina.
XVII = IV,
— Catálogo sistemático de los Coleópteros de la República Argentina :
Parte! XVII = IV,
Parte II XIX = VI-2a,
Parte III XIV = VI-2»,
Parte IV XVII = IV,
Parte V XVII -- IV,
Parte VI XIV = VI-2a,
Parte VII XIX = VI -2a,
Parte VIII XVIII = V,
Parte IX ..... ...... XIX = VI-2a,
Suplemento al catálogo sistemático de los Coleópteros de la Repúbli-
ca Argentina, I (Addcnda, corrigenda y resumen). XIX = VI-2a,
Longicornios argentinos nuevos o poco conocidos. . . XVIII = V,
Catálogo sistemático de los Formícidos argentinos. XIX = VI-2a,
Suplemento al catálogo sistemático de los Formícidos argentinos,
I (Addcnda et corrigenda) XIX = VI-2a,
Descripción de un Cerambíeido extraordinario do la República
Argentina ( Plciarlhrocerus opacas n. gen., n. spec.). XIX = VI-2a,
Contribución al conocimiento de los Bethylidae (Hymenoptera)
argentinos y descripción do una nueva especie.. . XIX = VI-2a,
20li
270
51
121
108
131
98
107
82
288
128
198
340
71
148
471
308
181
22b
235
401
179
31b
538
161
211
340
442
393
Bruch, Carlos. — Nuevas especies de Coleópteros hidrofílidos. XIX = VJ-2a, 447
— Un nuevo gorgojo del « Prosopanclie » (Oxycorynus parmihis Bruch).
XXIII = X-2a, 231
— Contribución al estudio de las Hormigas de la provincia de San
Luis XXIII = X-2a, 291
— Cerambícidos argentinos nuevos o poco conocidos. XXIV = Xl-2*, 5
— Observaciones biológicas sobre Temnoccra xpinigera Wied. ( Díptera ,
Syrphidae) XXIV = XI-2a, 1 7 1»
Fernandez, Miguel. — Die Entwickhuig der Mulita (La embriología do la
Mulita) XXI = VIII, 1
Fernandez Marcinowski, Kati. — Embriología del sistema nervioso cen-
tral 'de la Mulita XXI = VIII, I
Gallardo, Angel. — Bipolaridad do la división celular XV1=III, 7
Grouvelle, A. — Description des clavicornes nouveaux de la République
Argentino XXIII = X-2a, 234
Horn, Walther, — Megacephala (Pliacoxaitllui) Trcmolernsi XVI = III, 32
Ihering, H. von. — Lo ehien domestique des Calchaquis XX = VII, 101
Merian, P. — Les araignéos de la. Torre de l'Vu et <1 la l’atngonie comme
point de dópart de eomparaisons géographiques entre ilivorses
conches faunistiques. XX — VII, 7
Olivier, Ernest. — Description d’un nouveau Lampyride argentin XV =11, 294
— Description d’un Lampyride nouveau de la République Argentino.
xvi = ni, no
— Lampyrides de Misiones XVII = IV, 8(5
Pie, Maurice. — Description de deux nouveaux Coléoptércs de l’Amérique
méridionale XVI = III, 37
— Plusieurs nouveaux Coléoptércs de la Répiib]i<|ue Argentino....
XVII = IV, 108
RafFray, A. — Psólapbides de la République Argentino . XV =11, 01
Scala, Augusto C. — Nuevo método para la fijación y conservación de pro-
tozoarios XV = 11, 54
Schrottky, C. — Nuevos 1 1 ¡menóptoros sudamericanos XVI = III, 137
KK.V. MUS. I.A l'f.ATA.
T. XXV
ÍNDICE
Auvhrthncia VII
Doctor Samuel Lafone Quevcdo, director del Museo (1906-1920). Noticia bio-
bibliográfica ix
Urnas funerarias en la cuenca del río Rosario (Departamento do Rosario de
la Frontera, por Luis María Torres 1
El grupo lingüístico Alakaluf de los canales magúllameos, por R. Lehmann-
Nitsche 15
Sobre algunos embriones de criptúridos, por Miguel Fernández 70
(luía y catálogo de la colección de meteoritos existentes en el Museo de La
Plata, con especial mención de los meteoritos argentinos, por M. Kantor. 97
Carta litológiea do la meseta continental en las proximidades de Quequén.
(Segundo informo preliminar), por M. Kantor 126
Las proporciones de los esqueletos infantiles procedentes de urnas funerarias
de La, líioja (Argentina), por R. Lehmann-Nitsehe 131
Investigaciones geológicas en la llanura pampeana, por el doctor Santiago
Roth 135
Reconocimiento microquímico de los Oxalatos solubles en los vegetales, por
Augusto C. Scala 343
Algunos interesantes cerambícidos, por Carlos Bruch 345
Extraños fenómenos de tensión y erosión lluvial en pizarra devónica de la
Chapada, cerca de Cuyabá, en Mato Grosso (Brasil), por Walther Schiller. 357
Memoria del Museo de La Plata, correspondiente al año 1920, por L. M.
Torres 367
índices de los tomos XIV a XXIV de la serio general, o sea del tomo I a XI de
la segunda serie 383
PUBLICACIONES DEL MUSEO DE LA PLATA
Las publicaciones «leí Museo de La Plata, comprende los siguientes
grupos :
ANALES
En entregas en 4o mayor, y en las cuales se publican las memorias ori-
ginales del personal científico del Museo, «pie por su amplitud e impor-
tancia, particularmente «le las ilustraciones que las acompañan, no pue-
den incluirse en la Revista.
REVISTA
Volúmenes en 8o mayor, de 25 pliegos por lo menos, yen los cuales se
publican, también, las memorias originales del personal científico del
Museo y las de los colaboradores tanto del país como del extranjero.
BIBLIOTECA
Volúmenes en 8o menor de 25 pliegos por lo menos, «pie contienen tra-
ducciones de obras y estudios publicados en el extranjero, relacionados
con asuntos que sean tema de investigaciones en el Museo; lo mismo
que series «le artículos de vulgarización científica.
CATÁLOGOS
Eju volúmenes en 8o menor, en los que se incluyen los inventarios ra-
zonados o simplemente enumerativos de las diversas colecciones del esta-
blecimiento.
GUÍA
En formato algo menor aún que el de los catálogos, la dirección «le!
Museo ba resuelto publicar la Guía, para que el público pueda lograr
mayor provecho en sus visitas al establecimiento.
398
LMILMMKA SEKLE
Las diversas publicaciones correspondientes a la. primera, serie, se lía-
lian «le venta, en el Museo a los precios siguientes :
ANALES
SUCCION ZOOLOGICA
IVSOH
Primera parte. 5.00
Segunda parte. ........... ] 0 . 00
Tercera parte. ............ <S . 00
SUCCIÓN DE HISTORIA GENERAL
Primera parte 10.00
SECCIÓN DE ARQUEOLOGÍA
Primera parte. 5.00
Segunda parte.. 5.00
Terrera paite 5 . 00
SECCIÓN GEOLÓGICA Y MINERALÓGICA
Primera parte 10.00
Segunda parte 35.00
Tercera parte 28.00
SECCION DE HISTORIA AMERICANA
1*15 SOS
Primera, parte. ........... 6.00
Segunda parte. 20.00
Tercera parte ............ 80.00
SECCIÓN DE PALEONTOLOGÍA
Primera paite. 70.00
Segunda parte 70 . 00
Tercera parte 70.00
Cuarta parte ............. 20 . 00
Quinta parte 20.00
SECCIÓN DE ANTROPOLOGÍA
Primera parte 20.00
Segunda, parte. 20.00
SECCIÓN BOTÁNICA
Primera parte 20.00
REVISTA
(nsneio nn cada tomo)
Pomol '20.00
Tomo II. ........ 10.00
Tomo III. 10.00
Tomos I V y V 10. 00
Tomo VI 10.00
Tomo Vil 10.00
'Pomos VIH y IX 20.00
'¡'oídos X a XI I . 10.00
Tomo XIII. 10.00
ATLAS GEOGRÁFICO DE LA REPÚBLICA ARGENTINA
Entrega primera, mapa de la provincia de Catamarón, en cuatro hojas, agotad»
— 399 —
SEGUNDA SERLE
ANALES
Pesos ni/n
Tomo I, entrega I ..... 10.00
Tomo I, entrega II ..... 20.00
BIBLIOTECA
Tomos I a IV
4.00
REVISTA
Tomo XIV (segunda serie, tomo I) ...... 10.00
Tomo XV (segunda serie, tomo II) 15.00
Tomo XVI (segunda serie, tomo III) 18.00
'Pomo XVII (segunda serie, tomo TV) 10.00
Tomo XVIII (segunda serie, tomo V a Vil) 10.00
Tomo XIX (Ia parte) (segunda serie, tomo VIII) ................. 15.00
'Pomo XIX (2a parte) (segunda serie, tomo VIII) . 10.00
Tomo XX (segunda serie, tomo IX) 10.00
Tomo XXI (segunda serie, tomo IX) 15 .00
Tomo XXII (segunda serie, tomo IX) 10.00
'Pomo XXIII (Ia parte) (segunda serie, tomo X) 10.00
'Pomo XXIII (2a parte) (segunda serie, tomo X) ....... 10.00
Tomo XXIV (Ia parte) (segunda serie, tomo XI) 10.00
'Pomo XXIV (2a parte) (segunda serie, tomo XI) 10.00
Tomo XXV (tercera serie, tomo 1) ......... 10.00
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Austin 1997