HARVARD UNIVERSITY.
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LIBRARY
OF THE
MUSEUM OF COMPARATIVE ZOOLOGY.
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MUSÍ J DE LA PLATA
DIRIJIDA POR
eANCISCO P. MORENO
Fundador v Director di>l Museo
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TALLERES DEL MUSEU DE LA PLATA
"'1893
REVISTA
DEL
MUSEO DE LA PLATA
i
DIEIJIDA POR
FRANCISCO P. iVCORENO
Fundador y Director del Museo
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TALLERES DEL MUSEO DE LA PLATA
1092
';'«!'! 7 1894
La Efolttcloii iii los Aiiíalss
ESCRITA PARA LOS JÓVENES QUE DESEEN PRINCIPIAR EL ESTUDIO DE LA ZOOLOGÍA
MATÍAS RAMOS MEXIA
(Conclusión.) — Véase Tomo III páginas 248 y siguicutcs
Los Anuros (sapos y ranas), en su edad adulta, no tienen
. cola ; pero durante su desarrollo se parecen á los Peces. La
región caudal, ó urosoma, es larga y comprimida, y la respi-
ración se efectúa por medio de branquias externas. Después de
su metamorfosis, el cuerpo es corto, mas ó menos deprimido
y sin cola, pero con cuatro patas, de las cuales, las posteriores
son generalmente, como en el Hombre, mucho mas desarrolla-
das que las anteriores. La piel es desnuda y viscosa, ya lisa,
ya desigual ó verrugosa ; rara vez muy endurecida y casi córnea,
como en el escuerzo. La cabeza es achatada, unida al tronco
sin pescuezo, pero mas distinta que en los Peces ; la boca es
muy grande ; los ojos prominentes pero retráctiles en sus ór-
bitas y con pi'trpados bien desarrollados. Las Ranas son de
cuerpo relativamente delgado; las patas posteriores son muy
largas y propias para el salto. Los dedos de los miembros
posteriores están, mas comunmente, unidos por membranas na-
tatorias. Los Sapos son mas gruesos y pesados; la piel es ver-
rugosa y las patas posteriores son poco mas largas que las
anteriores, de modo que no pueden saltar tanto como las Ranas.
La metamorfosis de los Anuros, fig. 114> es muy instructiva por .
el hecho de que cuanto mas lentamente se verifica, tanto mas
perfecta es la estruc'tura de los órganos y mayor el tamaño de
la larva, ó renacuajo, con relación á la del adulto. El HyJodos
Martinicensis hace su completa metamorfosis dentro del huevo.
Muchas larvas son muy pequeñas, mientras otras, las del Pseu-
dis paradoxiis, por ejemplo, son mucho mas grandes que los
adultos. Esto prueba que el animal llega á su estado adulto
d
Fig. 114. Metamorfosis del Sapo.
a. Huevos reunidos en cordón. 6. Konacuajos recien salidos del huevo, c. Un Kenacuajo au-
mentado, d. Renacuajo que ha perdido ya sus branquias, jiero que aun no tiene patas, c. f. g. h. Es-
tados sucesivos del mismo, mostrando el desarrollo de las patas y )a atrofia de la cola.
comiéndo.se ú sí mismo, consumiendo ó eliminando su propio
protoplasma. Y nos enseña también que el antepasado de un
animal debemos buscarlo en otros animales de estructura mas
prematura y, por consiguiente, muy inferior en tamaño y en
rango zoológico.
La metamorfosis de los Anuros es interesante también por
que nos explica cómo de la forma alargada de pez, ha derivado
la de los cuadrúpedos. Esto se verifica por el desarrollo de los
miembros, á expensas del urosoma, el cual se atrofia, se cambia
en cola y luego desaparece porque ha sido reabsorbido.
■ Los Anuros se dividen en Aglosos, Oxidáctilos y Discodádüos.
Los Aglosos (a, sin; glossa, lengua) no tienen lengua; el
cuerpo es chato; los ojos están situados cercado las comisuras
de la boca; los dedos de las patas posteriores están unidos en
toda su extensión por membranas natatorias. Se encuentran en
los paí.ses cálidos, principalmente en los de la América del Sur, en
donde alcanzan hasta cerca de m. 0,30. El macho del «Sapo de
Surinam», ó Pipa Americana, toma los huevos y los apreta sobre
la piel esponjosa del dorso de la hembra, la piel se hincha al
rededor de cada huevo y estos quedan metidos en cavidades
donde se desarrollan. Los sapitos salen de esas celdas con su
forma definitiva, pero muy pequeños.
Los Oxidáctilos son los mas numerosos y variados de los
Anuros. Tienen lengua y los dedos terminan en punta.
Los Discoducfilos también tienen lengua ; los dedos termi-
nan en pelotas adhesivas, por medio de las cuales pueden trepar
á las plantas sobre las cuales viven.
Reptiles
Por su forma exterior, se parecen tanto á los Anfibios, que
estos han estado anteriormente clasificados como Reptiles. I\Ias
tarde, habiendo sido mejor estudiados, se les encontró ser muy
diferentes por su organización mas elevada.
Los Reptiles respiran exclusivamente por medio de pulmones,
tanto en su edad adulta cuanto en el principio de su existencia.
La piel, en vez de ser lisa y de secretar mucosidades, es dura
y sólida, ya sea por endurecimiento y osificación del dermis,
ya porque la epidermis se hace córnea. Muchos están cubiertos
de escamas ó de chapas óseas que forman una cascara dura.
El esqueleto es también mas óseo y completo que el de los
Anfibios; presenta gran variedad en los diferentes grupos y un
número de costillas, superior al de los demás Vertebrados,
pues son tan abundantes que no solo existen en el tórax, sino
también en el vientre, en el pescuezo y aun en la cola; si bien
son por lo general menos desarrolladas en esta parte del cuerpo.
En su desarrollo y organización, los Reptiles presentan muchas
analogías con las Aves; pero nunca alcanzan al mismo grado
de solidaridad de sus parles constituyentes, y esta imperfección
se muestra en su gran vitalidad. Pueden resistir muy conside-
rables mutilaciones sin morir; las heridas que serían mortales
en otros animales, se curan en los Reptiles. Los Lagartos y
muchas Serpientes reproducen los miembros cortados. Crecen
muy despacio y viven mucho tiempo, muy despacio también.
Los de países frios ó templados caen en sueño invernal en invier-
no, como nuestras golondrinas pequeñas; los de países cálidos
pasan su letargo en verano y despiertan al principio déla estación
lluviosa. También pueden vivir mucho tiempo sin tomar alimento
alguno. Muchos son acuáticos ; otros viven con preferencia en
el agua, pero en general, son mas terrestres que los Anfibios.
— 6 —
Los Reptiles se dividen en tres sul)-clases: Flagiotrcinos, Hi-
drosnurios y Qiiclonios.
Plagiotremos
Estos Reptiles estún caracterizados por tener el ano en forma
de hendidui-a trasversal. La piel está cubierta de escamas ó
chapas, cuyas formas, número, disposición y situación sirven
para su clasificación sistemática.
Se dividen en dos órdenes: Ofidios y Saurios; pero, como
sucede con tanta frecuencia, no se i)uede trazar una línea bien
clara de separación entre ellos, ])ues el árbol genealógico, na-
tural, tiene un intinito nijmero de i-amas.
Los Ofidios, lig. 115, son Plagiotremos sin miembros, ci-
lindricos y largos, y cuyos ojos ca-
recen de párpados. Tienen la facul-
tad de dilatar la boca y la faringe de
una manera extraordinaria. Sin em-
bnrgn, idgunos de esos caracteres y
otros de su organización interna,
pueden desaparecer en los Ofidios
y otros pueden encontrarse en los
Saurios, i)ues hay Lagartos sin
miembros y Serpientes incapaces de
dilatarla boca, Ó con miembros ru-
dinientai'ios.
La boca está jirovista de numero-
sos dientes encorvados hacia atrás;
sirven [lara retener la ¡¡r'esa pero no
para mascarla. Las Serpientes venenosas tienen en la mandi-
bula superior, dientes venenosos, ó colmillos, tubulares ó pro-
vistos de un canal y en relación con las glándulas del veneno
situadas cerca de los ojos y cubiertas por un músculo que
cuando se contrae comprime la glándula y la vacia en la herida
hecha por el diente. La lengua es córnea y bifida; es un ór-
gano del tacto y está encerrada en una liaina, de donde jiuede
ser proyectada á mucha distancia, por un agujero en la extre-
midad de la boca. Las Serpientes son de muy variadas dimen-
siones, desde la pec[ueña y vermiforme Tijphlops, hasta el gran
Boa ciinstrictor, de cuatro metros de largo.
Fig. 115.
Los Saurios, ó Lagai'tos, son también de cuerpo largo, pero
mucho menos (¡ue el de las Serpientes; los ojos están provis-
tos de párpados movibles; boca no cxtensible y dos pares de miem-
bros. Son animales inofensivos, cuyas patas son generalmente
tan cortas, que apenas pueden sostener el cuerpo mas ó menos
pesado y moverlo hacia adelante ; pueden ser mas desarrolladas
y servir para cavar ó para que el animal pueda trepar sobre
los árboles. En algunos Lagartos, las patas anteriores faltan
del todo y las posteriores son rudimentarias ; otros tienen las
anteriores pequeñas y carecen de las posteriores, ó son todas
tan rudimentarias é invisibles al exterior, que el Lagarto parece
una Serpiente. El cuerpo está por lo general dividido en tres
regiones: la cabeza, de formas variadas; el tronco, mas ó me-
nos grueso; y la cola, gruesa y larga, se hace gradualmente
mas delgada hacia su extremidad. La piel es semejante á la
de las Serpientes, pero mucho mas variada: con escamas de
diferentes formas y posiciones, chapas, verrugas y otros apén-
dices de la piel, á veces de muy extraño aspecto. En sus formas
exteriores, los Saurios son mas variados que los Ofidios, y se
dividen en Anillados, Vermilingües, Crasilingües, Brevilingiies y
Fisiliníjües.
Los Anillados, fig. 110, tienen una piel relativamente dura,
sin escamas y dividida en anillos por líneas que dan á la piel
Fig. IIG.
la apariencia de un mosaico. Carecen de miembros, y si algu-
nos los tienen, es solamente los anteriores; los ojos son muy
pequeños y cubiertos por la piel, como en las Cecilias. La Am-
pMsbaena fuliginosa es muy común en La Plata, y se parece
tanto á la lombriz de la tierra, que es fácil tomarla por un
gusano.
Los Vcrmilingües, ñ Camaleones, fig. 117, tienen lengua ver-
Fig, 117
miforme y muy protráctil: el cuerpo comprimido y cubierto de
una piel granulosa ; la cabeza es de forma muy diferente de
la de los demás Lagartos, es piramidal y con una cresta. Tienen
— 8 —
la facultad de cambiar el color de la piel bajo la influencia del
temor, de la cólera, etc. ; debida á la presencia de dos capas de
pigmentos de diferente color y capaces de cambiar de posición
la una respecto de la otra, ó de aparecer simultáneamente a la
superficie.
Los rasih'ngüef! tienen la lengua gruesa, carnosa y no pro-
tráctil. Algunos, mas pequeños, pueden trepar por paredes lisas,
gracias á estar sus patas provistas de uñas y pelotas adhesi-
vas. Otros son de tamaño considerable y parecidos ó. los Ca-
maleones. Los Bracos tienen la piel de los costados extendida
en ambos lados del cuerpo, formando un para-caidas reforzado
por las costillas, y por medio de esa especie de alas pueden
dejarse caer de cualquiera altura.
Los Brerilíngües, fig. 118, son intermediarios entre los Lagar-
Fig. 118
tos y las Serpientes. Unos se parecen á los primeros por tener
patas mas ó menos desarrolladas; otros son mas semejantes á
los Ofidios por carecer de miembros. El cuerpo es largo y cu-
bierto de escamas'. La lengua es corta, gruesa y sin vaina, mas
delgada en su extremidad y muy poco extensible.
[ Los Fisüingües, fig. 119, tienen la lengua delgada, larga,
protráctil y bifurcada. A este sub-órden pertenecen los mayores
Fig. 119
Lagartos, llamados Monitores, de los cuales unos viven cerca del
agua y otros en la tierra seca y arenosa.
La Paleontología nos dice que hubo en épocas muy remotas,
otros Saurios gigantescos, cuyos restos se vé ahora en los mu-
seos. Estos Saurios presentan una variedad de formas com-
pletamente extinguidas, y en comparación á los cuales parecen
pigmeos los que hoy existen. Los alimentos eran, sin duda,
mucho mas abundantes, y la mascidinidad, ó sea la fuerza que
hace gastar el prolo¡)losma, era i-elativamente menos poderosa.
Entre los mas pequeños fi^n-an los Pterosáurios ó Pterodáclylos,
los cuales, á juzgar por su esqueleto, estos animales podian volar.
— También se han encontrado dos esqueletos de un Reptil con
plumas en la cola y en las patas anteriores, y cuyas patas pos-
teriores eran mucho mas semejantes á las de las Aves que i'i las
de los Reptiles. Se le ha dado el nombre de Archaeopter/j.v.
Hydrosáurios
Estos Reptiles son acuáticos y de gran talla. La piel es ya
cariácea y dura, ya cubierta de chapas óseas que forman una
coraza. Están provistos de nadaderas ó patas cuyos dedos están
mas ó menos unidos por membranas natatorias.
Son en su mayor parte fósiles, y se distinguen por su ta-
maño generalmente colosal y por su organización elevada y pro-
pia para vivir en el agua. Existieron en épocas geológicas
anteriores, verdaderos monstruos que poblaron los mares, lagos
y rios, y que hoy han desaparecido. Se les ha dado el nombre
de Enaliosáurios.
El mas extraordinario de estos era el Plesiosauro. Su cuello,
largo como una serpiente, y terminado por una cabeza pequeña,
podía bien servirle para lanzarlo como un liarpon sobre algún
Pterodáctylo que se pusiese á su alcance. La cola era muy
corta, y muy largas las nadaderas.
Los letiosaurios, fósiles también, tenían el cuello muy corto;
cuerpo grueso y largo, cola larga también y probablemente
rodeada do una nadadera ; el hocico muy largo, como pico.
Los Cocodrilos, fig. 120, son los únicos representantes ac-
tuales de esos Reptiles extinguidos. Son de organización supe-
Fig. 120
rior á la de los Saurios y Enaliosáurios. Sus integumentos son
córneos y granulosos, con grandes chapas óseas, principalmente
en el lomo.
La cabeza es larga y chata, con largas mandíbulas y fuer-
Fig. 121
I— 10 —
tes dientes implantados en albeolos profundos. La cola es
también larga y comprimida, ^'iven en los países cálidos, en
la embocadura de los grandes rios y en los lagos.
«Las especies mas comunes de yacarés de los rios Paraná,
Paraguay y Uruguay son el AUkjator latirostris \ q\ A. sclcrops».
Quelonios
Por su forma, exterior, los
Quelonios, ó Tortugas, tig. 121
son, respecto de los demás
Reptiles, lo que los Sapos son
respecto de los Anlibios. Son,
además, de una estructura tan
especial, y difieren tanto de los
demás Reptiles, que se dis-
tinguen fácilmente de todos.
En estos Reptiles, la parte
calcárea de la piel está unida al esqueleto. El cuerpo es corto
y ancho: está encerrado en una coraza doljle, de cuyas partes,
una (espaldar) cubre el dorso y la otra, llamada peto, el pecho
y el vientre. El espinazo, en vez de ser movible, tiene todas
sus vértebras sólidamente unidas entre sí y con las costillas,
así como también, mas ó menos íntimamente, se une á otras
piezas óseas de la piel, llamadas chapas complementarias.
El dorso del animal está formado por las costillas, que en
vez de ser angostas y separadas por espacios, son muy anchas
y están todas unidas unas á otras y á 22 piezas óseas de la
piel, colocadas á ambos lados del cuerpo y llamadas chapas
marginales. El peto es chato, compuesto de nueve chapas óseas
y ([ue también son producciones dérmicas. El espaldar y el
peto están por lo general revestidos de otras chapas mas anchas,
Itroducidas por la ejiidermis, que se hace córnea y constituye el
cai-ey. En las Tortugas llamadas Sphargis, Trionyx y Cryptopus,
en lugar de carey tienen una piel cariácea ó blanda. La piel
del pescuezo, de las patas y de la cola es mas ó menos gruesa
y escamosa; pero todas esas partes son libres y movibles, y
pueden ó no ser completamente retiradas denti'o de la concha.
La boca carece de dientes; pero lo mismo que en el pico de las
Aves, las mandíbulas tienen una cubierta de láminas córneas,
dentadas y cortantes.
De todos los Reptiles, las Tortugas son los que viven mas
despacio. La Emgs píela no pone antes de tener once años de
edad. Los movimientos voluntarios de todas son de una lenti-
— 11 —
tud sin igual. Ln de los involuntarios, tales como la respiración
y la circulación de la sangre, está en relación con la lentitud
de los voluntarios. Pueden vivir un tiempo increíble sin respi-
i'ar ni comer; aún curli'indoles la cabeza pueden continuar con
vida durante muchas semanas. Indudablemente, el estado de
Tortuga es el bello ideal del protoplasma.
Las Tortugas ponen pocos huevos, á excepción de las ma-
rinas, las cuales ponen muchos. La madre no se toma ti-abajo
alguno por ellos; los deposita en el suelo ó en la arena, en donde
se desarrollan.
Los Quelonüdeos son marinos. Las hembras son muy gran-
des y los machos mucho mas pequeños. Los Eimjdeos viven
•en agua dulce y los Querskleos son terrestres.
Aves
Las Aves son Vertebrados ovíparos; de piel cubierta de
])lumas, y de miembros anteriores representados por alas. Son,
con los Insectos, los únicos animales que, debido á la compo-
sición química de su protoplasma, poseen verdaderas alas, y
solo ellas y los Mamíferos desarrollan una temperatura muy
elevada con relación a la del medio ambiente; de modo que la
vida en ellas es muy activa y, pov consiguiente, relativamente
corta, poi'que la vida es también una función química, y como
las Aves gastan mucho, producen, ó secretan, mucho calor,
que es una de las formas del protoplasma gastado. Pero como
el protoplasma adelanta en contra de la línea de resistencia,
oponiendo lo que su composición (juímica y su fuerza pueden
dar, las Aves tienen su cuerpo abundantemente cubierto de
pluma que se opone á la pérdida de calor, y esta cubierta es
uno de los caracteres exteriores que mas distingue a las Aves
de los demás ^'ertebrados. La composición química de las plumas
es la misma de la de las escamas de las mariposas, y ambas
contienen una notable cantidad de sílice.
Las plumas son formaciones epidérmicas enteramente corres-
pondientes al pelo de los Mamíferos, y aunque este pelo no es
menos rico en sílice que la pluma, sin embargo, el pelo es rela-
tivamente esca.so en los Mamíferos.
A las antedichas particularidades propias de las Aves, están
ligadas otras particularidades mas, no solo de su esqueleto
sino también de su organización interna.
El esqueleto tiene muchas analogías con el de los Siiurios, los
primo-hermanos económicos, ó avaros, de las Aves; pero difiere
por aquellas particularidades que son favorables para el vuelo.
— 12 —
Los huesos, en vez de ser pesados y llenos de médula ó de grasa,
como los de los Mamíferos, están formados de suslancia ósea
muy densa, es decir, sus huesos son mas teleósticos, llenos de es-
pacios vacíos, que aumentan á medida que crecen el animal y la
pluma ; como si la sílice que ha entrado en la composición de
la pluma hubiese dejado esos vacíos. Estos vacíos comunican
con otras cavidades pneumáticas, situadas en otras partes del
cuei'po y hacen que el peso de los huesos sea mas reducido, sin
perjudicar por eso á su solidez; por el mismo principio que
hace que un tubo sea tan fuerte como un cilindro macizo.
Las Aves son todas ovíparas. Y este es otro de los ca-
racteres que pone á las Aves, no solo en muy estrecha rela-
ción con los Reptiles, sino también muy lejos y aun opues-
tas á los Mamíferos. La preponderancia del anabolismo sobre
el catabolismo, que hemos visto hace tan indolentes á los
Reptiles, aparece en el ovario de las Aves y es la causa de
que sean ovíparas. El huevo acumula bajo la forma de dos
clases de vitelos, una considerable cantidad de alimentos que
cuando el huevo es fecundado, sirven para satisfacer el hambre
del embrión, sin que este se vea, como el de los Mamíferos,
obligado á adherirse á las paredes del oviducto materno. En
las Aves, además, cuando el huevo sale del ovario, no tarda
en quedar aislado de la madre por varias capas de albúmina
que se depositan una á una en derredor de él, y mas adelante,
por un líquido lechoso, que se endurece y constituye la cas-
cara. ( 1 )
En su desarrollo, los huevos de las Aves se asemejan mu-
cho á los de los Reptiles; pero siendo estos últimos animales de
sangre fria, sus huevos no necesitan sino el calor del medio
ambiente, mientras que el de las Aves exige el mismo calor
con que se formó, y la incubación debe llenar ese requisito.
El tiempo necesario para la incubación varía según el ta-
maño del huevo y según el grado de desarrollo en que nace
el pollo : como once dias para los pájaros muy pequeños, cuarenta
y dos para nuestros Avestruces y cerca de dos meses para los de
África. Los pollos de las Aves mejor organizadas para el vuelo
son los que nacen desnudos y mas atrasados y débiles; por lo
cual necesitan de los cuidados de los padres; pero en aquellas
mas sedentarias y económicas de su fuerza muscular, los pollos
nacen cubiertos de flogel, y tan adelantados en su organiza-
ción, que pueden seguir á sus padres y procurarse el alimento.
( 1 ) Se han observado algunos casos de huevos de gallina que han principiado
á desarrollarse por partenogcnesia.
13 —
Las Aves se dividen, por líneas de separación muy tortuosas,
en Nadadoras, Graladoras, Gallináceas, Columbinas, Escansoras, Pa-
sares, Raptaras y Cursaras.
Las Nadadoras, ó Palmípedas, son acuáticas ; con las patas
cortas, generalmente situadas muy cerca de la extremidad pos-
terior del cuerpo y provistas de membranas natatorias, que
unen los dedos (palmadas) ó quedan divididas (fisopalmadas).
Tienen plumaje tupido, y debajo, una espesa capa de flogel.
Nadan y zamlnillen con mucha facilidad, pero caminan con
tanta mayor dificultad cuanto mas at,ras están situadas las
patas. Las formas del pico y de las alas son muy variadas.
Las Impenes, fig. 122, son marinas ; tienen las alas muy
cortas, impropias para el vuelo,
mas bien semejantes á nadaderas
y cubiertas de plumas que parecen
escamas. No pueden volar y cami-
nan apenas ; para estar paradas se
apoyan sobre la cola, de modo que
el cuerpo queda vertical. En cam-
bio de sus imperfecciones para vivir
en tierra, nadan con admirable faci-
lidad, zambullen á grandes profun-
didades y permanecen por mucho
tiempo bajo el agua. Se alejan á
grandes distancias de las costas y
vuelven á tierra para poner; hacen
cuevas en la arena y ponen un solo
huevo, el cual empollan conserván-
dose en posición vertical, ó lo llevan
consigo entre las patas y metido
dentro del flogel. La especie mas
común aquí es el pájaro-niño, ó Aptenodijlcs vatagónica, muy
.abundante en las costas del Sur.
Los Alcidos, ó Pingüinos, habitan los mares del Norte; tienen
muy pequeñas las plumas de las alas, llamadas rémiges, á veces
son bastante grandes para hacer posible el vuelo. Las patas no
están situadas tan atrás como en las Impenes.
Los macaes (Coh/mbtis) y zambullidores {Podiceps) forman
la familia de los Cohjmbidos. Viven en el mar, pero ponen en
las lagunas y cañadas. Los macaes ponen dos huevos celestes,
en un nido flotante y cubiertos con yerbas.
Los Láridos (gaviotas) y los Preceláridos (petreles) se ase-
Fig. 122.
— u —
mejan mucho entre sí. Son notables por la facilidad y resisten-
eiade su vuelo. Sus alas son por lo general muy largas; (fig. 123)
á veces lo son tanto, que extendidas, miden mas de cuatro veces
la longitud de todo el cuerpo desde la punta del pico hasta la
extremidad de la cola. No es raro en las inmediaciones de Mar
del Plata, ver alguna de estas Aves que ha sido arrojada á
tierra por un fuerte viento del Sud-Este, y que no pueden tomar
el vuelo si no se las pone en el agua. El Petrel, ó Ave de la
tempestad, se aleja á grandes distancias de las costas, y con
Fig. 123
facilidad maravillosa, pesca su presa durante la borrasca, sobre
las olas enfurecidas.
Los Laiiieli rostros tienen el pico ancho, cuyos bordes, guar-
necidos de pequeñas láminas trasversales, constituyen una
especie de cernidor que deja pasar el agua y retiene el alimento.
Las alas son medianamente largas, pero con fuertes rémiges.
A esta familia pertecen el zancudo Flamenco, los Cisnes, Gan-
sos y Patos.
Los Pelícanos y Cormoranes pertenecen á la familia de los
Estegcmópodos.
Las Graladoras, ó Zancudas, tienen el pico, el pescuezo y las
patas muy largas; lo cual les permite (ó las obliga) á vivir en
aguas de poca profundidad : en las orillas del mar, de los rios
ó de las lagunas. Muchas se parecen á las Gallináceas ; otras
á las Palmípedas por tener los dedos provistos de membranas
natatorias. Todas tienen las patas colocadas cerca del medio
del cuerpo, de modo que caminan iVicilmente y aun corren con
ligereza; pero con pocas excei)ciones, nadan poco ó aun no lo
hacen nunca. Por lo general, hacen sus nidos en el agua ó
cerca de ella; rara vez sobre los árboles. En su tamaño y for-
ma general, así como en la de sus distintas partes, estas Aves
— lo-
sen muy variadas. A este orden pertenenecen el terutero ( Va-
nelliis cayencnsis), el tero real {Himantopus}, la becacina {Galli-
nago -paraguaiae), la bandurria {Ibis gtiarauna), las garzas ó mi-
rasoles (Árdeas), la cigüeña (Tihitahis loculator). Otra especie de
cigüeña llamada Anastomos lamelígerus, de la India, tiene el pes-
cuezo y el pecho revestidos de plumas que parecen escamas.
A la familia de los Balidos pertenece la Rhijnchaea Hilairii;
que es una especie de becacina parecida ¡i un Ibis. Esta peque-
ña Zancuda vive en los bañados inmediatos á las lagunas, y
tiene la extraña facultad de hacer por la cloaca descargas de
gases, por medio de las cuales pretende alejar de su nido á un
enemigo. Las descargas van acompañadas de un ruido seme-
jante al que se hace al pasar las uñas sobre un género de gró.
Esta propiedad es idéntica íx la que tienen los Coleópteros lla-
mados Brachinus crepitans, con los cuales la Rinquea de Hilaire
presenta también analogía en sus colores. Otra Zancuda, lla-
mada Psophia crepitans, también posee la misma facultad.
A la sub-familia de las GcdlinuUneas pertenece la gallareta,
ó Fúlica armillata, que si no se la asusta, puede domesticarse
tanto y en tal número en las casas de campo inmediatas á las
lagunas, que se hacen molestas, pues se toman toda clase de
libertades. Con las gallaretas vienen luego los patos, gansos,
cisnes y, finalmente, todas las aves de la laguna, hasta que el
dueño de casa se vé obligado á ahuyentarlas á todas.
A la familia de los Alectúridos pertenecen, á mas de la Sophia
crepitans, la abutarda y el chajá {Chaima chavaría), que cuando
el tiempo está malo se remonta en las aires hasta perderse de
vista.
Las Gallináceas son terrestres, de cuerpo grueso; el pico es
mas corto que la cabeza, generalmente fuerte y mas ó menos
encorvado hacia abajo en su extremidad, y los bordes cortan-
tes de la mandíbula superior sobrepasan los de la inferior. La
cabeza es p'iqueña, presenta á veces algunas partes desnudas
y callosas, ó crestas erectiles, ó lóbulos cutáneos de colores
vivos. Las alas son cortas y redondas, de modo que el vuelo
es pesado y ruidoso; son pocas las que vuelan con alguna fa-
cilidad. La pluma es frecuentemente de vivos colores en los
machos, los cuales muchas veces están hermoseados por el
mayor desarrollo de las plumas de la rabadilla. Las patas son
mas bien cortas y adaptadas á la locomoción ; el dedo poste-
rior no alcanza al suelo, v los anteriores son propios para
— IG —
escarbar. Pertenecen á este orden la perdiz grande (Bl/i/iicl/ottis
rufescens), la chica {Noihiira macidosa), la martineta (Tinamotis
elegans); el pavo del monte {Penelope cristata), el pavo real, el
común, los faisanes, la gallina, la gallineta, etc.
Las Columbinas, ó Palomas, se parecen á algunas Gallináceas,
pero difieren mucho de las demás. El pico es mas débil y mas
largo, y mas cortos el pescuezo y las patas ; el dedo posterior
se inserta á la misma altura que los demás y asienta sobre el
suelo; las alas son propias para un vuelo rápido y sostenido.
En su aspecto exterior, el macho apenas se distingue de la
hembra.
Escansoras ó Trepadoras se llama á las Aves que tienen dos
dedos dirigidos hacia adelante y dos hacia atrás; pero las fami-
lias que componen este orden difieren mucho entra sí y se
asemejan á las de otros grupos.
Los RhampMstidos, ó Tucanos, tienen pico extraordinaria-
mente grande pero muy liviano y con bordes dentados. Son
negros y con el pecho y la garganta de colores vivos. Los CuciíUdos
tienen pico largo y muy hendido. Entre ellos se cuentan la urraca
{Ptüolcptus gtiira) y el dormilón (Capiio maculatus), que desde las
provincias del Norte, se han extendido ya hasta
muy lejos al Sur de Buenos Aires. Los Pí-
cidos, ó Carpinteros, fig. 124, tienen pico fuerte,
derecho y cónico; lengua delgada, córnea y
chata, con ganchos dirigidos hacia atrás y
puede ser proyectada ú mucha distancia. Los
Psitásidos, ó Loros, tienen pico corto y grueso,
encorvado hacia abajo desde su base; las pa-
tas son cortas y fuertes. Son notables por su
plumaje, que sin tener brillo metálico, pre-
senta siempre colores aúvos y brillantes, en
los cuales predominan el verde, el rojo, el
azul y el amarillo. Hay una especie mas notable aun, porque
el macho es rojo y la hembra verde. Hasta en el color son com-
plementarios los sexos en estas Aves.
— 17 —
Los Faseres, ó Pájaros, son generalmente pequeños; de pico
córneo y de formas muy variadas. Todos vuelan con notable
facilidad y en el suelo caminan á saltos; muy pocos caminan
como las demás Aves. Es muy difícil establecer líneas de sepa-
ración entre ellos y los demás grupos; pero cuando se estu-
dia las numerosas especies de que se compone este orden,
se encuentra una gran semejanza entre todas ellas, con grada-
ciones tan insensibles, que hacen difícil establecer sub-divi-
siones.
Según la forma del pico, se dividen en cinco grupos: Levi-
rostros, Tcnuirostros, Fisirostros, Dentirostros y Conirostros.
Los Levirostros tienen el pico muy grande pero débil y livia-
no. Algunos se parecen mucho á los Tucanos y otros á los
Pájaros. Tienen un dedo dirigido hacia atrás y tres hacia ade-
lante; pero de estos, los dos externos están unidos hasta la
mitad de su longitud. El mas conocido de ellos es el Martin
pescador.
Los Tenidrostros tienen el pico largo y delgado, y de los tres
dedos anteriores, los dos exteriores están unidos en su base.
Los pica-flores ó colibrís (Trochilidos) pertenecen á este grupo.
Algunos tienen las plumas de la garganta semejantes á es-
camas.
Los Fisirostros tienen el pico hendido hasta cerca de los
ojos. Los mas comunes son las golondrinas.
Los Dentirostros son los mas numerosos ó, mejor dicho, casi
todos los Pájaros son Dentirostros. Son por lo general cantores,
con el pico ya mas ó menos subuliforme (como lezna), ya algo
encorvado; la mandíbula superior presenta á ambos lados en
su extremidad, una escotadura mas ó menos pronunciada.
Pertenecen á este grupo los pecho-colorados, el tordo, la ca-
landria, el zorzal, la ratona, etc.
Los Cmiirostros tienen el pico cónico y fuerte, el cuello corto
y la cabeza abultada. Son Conirostros los canarios, el gorrión,
el chingólo (Zonotrichia pileata), los cardenales, etc.
Las Raptaras, ó Rapaces, son de cuerpo robusto; el pico es
fuerte, ganchudo en la punta, con bordes cortantes y cubierto
en su base por una membrana llamada cera: piernas muscu-
losas, emplumadas hasta la articulación del tarso y á veces
hasta los dedos ; dedos largos y fuertes, callosos debajo y ar-
mados de poderosas garras corvas. Estas Aves tienen una vista
Tmio ir. 2
— 18 —
admirable; unas cazan de dia, otras son ofuscadas por una
luz muy viva y no salen á buscar su alimento sino durante el
crepúsculo ó de noche. Esta cualidad servía anteriormente para
dividirlas en Diurnas y Nocturnas.
Los Esf rígidos, ó Lechuzas, tienen los ojos grandes, dirigid(.)s
hacia adelante y rodeados, por lo general, de un círculo de
plumas rígidas; el pico es fuerte, encorvado desde su base; la
membrana de esta, ó cera, oculta por plumas cerdosas. El oído
tiene, por lo general, una válvula membranosa y un repliegue
cutáneo externo, sobre el cual están agrupadas las plumas, de
manera que forman una especie de pabellón ú oreja. Las pier-
nas son cortas y cubiertas de pluma hasta los dedos; estos
están armados de fuertes uñas.
Los Vultiirídeos, ó Buitres, son de gran tamaño. Pico largo,
encorvado solo en la punta. Patas fuertes, cubiertas de esca-
mas pequeñas, y terminadas por dedos delgados y con uñas
cortas y romas, poco aparentes para la prensión. La cabeza
y el pescuezo son en parte desnudos; la cabeza lleva, en algu-
nos, carúnculas, ó mejillas carnosas; en otros, la parte inferior
del cuello está adornada de una especie de collar de plumas
largas. Los Buitres vuelan á gran altura ; ascienden dando
grandes vueltas, como el Chajá. Aunque de gran tamaño, no
tienen garras muy fuertes para atacar y llevarse una presa viva
y *'uerte ; se sirven mas bien de su pico, y solo ata-
can animales vivos, cuando estos son tiernos y
débiles; se alimentan principalmente de osamentas
y de animales muertos. El Cóndor de los Andes y
el Cuervo del Paraguay son Vulturídeos.
Fig. 125. Los Accipüridos, ó Hcdconidos, tienen pico corto y
Cabeza de halcón generalmente dcutado. A ellos pertenecen las águi-
las, los chimangos, caranchos, gabilanes y halcones. Fig. 125.
Las Corredoras son de gran tamaño, y cuyas alas, siendo muy
rudimentarias, muestran que estas Aves nunca pudieron volar.
En cuanto á su forma, lo (¡ue tienen de común es que todas
parecen pollos mirados con un vidrio de aumento. Sus plumas
difieren mucho de las de las demás Aves y parecen mas bien
un grueso flogel que á veces hasta se asemeja al pelo, ó aun
puede estar trasformado en puntas.
Los Avestruces son las mas grandes de las Aves actuales.
— 10 —
El esqueleto, y principalmente sus huesos, difieren también délos
de las demás Aves. Los huesos son macizos y pesados; se pa-
recen mas bien á los de los Mauíireros. Las alas son cortas,
con plumas flexibles, cuyas liarbillas no están unidas; lo cual
las hace aun mas diferentes de las escamas y mas semejantes
al pelo. Pero si bien las alas no son propias para el vuelo,
son, sin embargo, muy útiles para que el animal pueda librarse
cuando es perseguido, pues echándolas de un lado al otro, en-
gaña á su perseguidor. En nuestro avestruz común, ó Rkea
americana, el pulgar está provisto de una uña fiexil:)le y aguda,
que cuando el avestruz capea, ó gambetea, sirve como de espuela
que aun penetra las carnes del animal y le estimula en la car-
rera. Estos Avestruces ponen los primeros huevos sin [ireocu-
parse de hacer nido, y aislados; mas tarde, cuando el macho
se enclueca, muchas hembras ponen en un mismo nido hecho
por aquel, á veces hasta mas de treinta huevos, y solo el macho
es el que hace la incubación y cuida de sus pollos y de todos
los que puede arrebatar á otros Avestruces menos amorosos ó
menos fuertes; de modo que suele verse un solo Avestruz con
cincuenta ó mas charas de todos edades.
El Avestruz de Áfrico, ó Struthio camcUtu, dAcan'/A hasta cerca
de 2 m. 50 de alto; tiene dos espuelas en las alas y solo dos
dedos, de los cuales el externo carece de uña. liARhea ctmerícatta
es ele 1 m. 50 de alto y tiene tres dedos todos con uña. El
Avestruz petizo, de Patagonia, ó Ehea Danvinii, es mas pequeño
aun y de patas mas cortas.
Los Casoares son de Australia y de las islas vecinas. Tienen
el pico alto, casi comprimido, y la cabeza generalmente provista
de un apéndice ó casco óseo, ó cresta. Las alas, en unos son
desprovistas de rémiges, en otros tienen cinco varillas redondas,
agudas y sin barbillas, semejantes á los cañones de las gallinas
crespas.
Además de estas Corredoras, hay otras Aves que se ase-
mejan también á las Gallináceas, y cuya conformación es muy
singular. Fig. 126. Los alas son aun mas rudimentarias que
en las que acabamos de indicar. Pertenecen principalmente á
la Nueva Zelanda y á ^ladagascar, y se las denomina Apteri-
gios. Las de la Nueva Zelanda, que son las que existen actual-
mente, son del tamaño de una gallina grande, completamente
cubiertas de plumas simples, lacias, sedosas, colgantes, con
barbas desmenuzadas y que parecen mas bien cerdas colgan-
tes. Las alas son rudimentarias, están, como en el Casoar,
completamente cubiertas por la pluma. Las patas son fuertes
— 20 —
y cortas; tienen los tai'sos revestidos de escamas, y los }iiés
son de cuatro dedos, de los cuales, el posterior no alcanza al
suelo. MI pico es parecido al de la becacina, por su forma;
pero difiere del de todas las Aves conocidas, en que las ventanas
Kg. 126
de la nariz están abiertas en su extremidad, listas Aves son noc-
turnas; so ]:)rocuran el alimento escarvando con las patas ó
introduciendo su lai'go pico en el suelo blando y fangoso.
En la Nueva Zelanda se encuentra, además del Apterix do
que acabamos de tratar, ó Kiici, como le llaman los indígenas,
restos fósiles de otras Aves sin alas, que se cree extinguidas
en su mayor parte. Algunas eran gigantescas, y sus nombres
son : Dinornis, PaJaptcnjx y Aepyornis.
Mamíferos
Los Mamífei'os son Vertebrados de sangre caliente; provis-
tos de glándulas mamarias y cuya piel, en lugar de estar cu
bierta de i)lumas, está revestida de i)elo ó, por lo menos, pro-
duce pelo.
Pero el rasgo mas característico de los Mamíferos es su
viviparismo, que en casi todos ellos es debido á un grado de
asimilatividad muy superior al de todos los demás animales
vivíparos. El huevo de los Mamíferos es excesivamente pequeño,
pero de una virulencia muy grande y casi siempre en actividad
— 21 —
desde el momento de ser fecundado. En su paso del ovario al
mundo exterior, por el oviducto, se adhiere a las paredes in-
ternas de este órgano, que en los Mamíferos y en otros animales
toma las formas y los nombres de trompas y i'dcro, y de este
último saca el alimento necesario hasta que el nuevo animal
nace en un estado mas ó menos adelantado de desarrollo.
Los Mamíferos, pues, son verdaderos y continuos parásitos,
durante un período mas ó menos largo de su existencia. Como
son los mas parásitos de todos los animales, el paso ó tran-
sición á otro tipo de animal debe tener lugar en ellos mas
l)ronto que otro tipo. De modo que como el Hombre es el
mas pai'ásito de los Mamíferos, es permitido creer será en él
que se verificará ese paso.
Ya el hombre mas sabio de una de las naciones mas ade-
lantadas de la época, y que mas sumisa es á sus leyes, se queja
de que el Estado vá absorbiendo al individuo de ese nuevo or-
ganismo animal que se llama hoy una nación, no una colonia,
como los Coralarios, menos asimilantes que nosotros.
La gran gástrula de Medusa, de que descendemos, no ha
producido sino individuos aislados, como los Vermes; solo los
organismos mas asimilantes; es decir, los hombres superiores,
son los que han alcanzado á agregarse á la manera de los
Briozoarios fijos, y en cuyos individuos existe mas división del
trabajo que entre los Coralarios. Las ciudades pueden, pues,
ser consideradas como los grandes Antozoarios de la Medusa,
cuyos individuos construyen sus habitaciones de una manera
análoga á la de algunos Anélidos tubícolas, y en los cuales,
no ofreciéndoles su secreción propia sustancias bastante só-
lidas para sus construcciones, tienen que tomar aquellas que
están mas á su alcance en el medio en que viven; pero no sin
dar, en cambio, mas ó menos cantidad de sus secreciones :
« el sudor de su frente » .
Siguiendo el mismo orden observado en todos los demás
animales, es muy racional el creer que en el Hombre, lo mismo
que en los organismos inferiores, la evolución y el progreso se
verifican á medida que la libertad individual disminuye, y que
la libertad individual disminuye á medida que la «moralidad»
aumenta y se hace capaz de atraer y unir individuos útiles ó
bastantes «morales» para formar un nuevo organismo; que
aparecerán después colonias humanas ambulantes, mas com-
pactas que las existentes ya, y mas tarde aun, enormes y ex-
trañísimos Equinodermos, los cuales serán tan superiores al
Hombre, como el Hombre es al Cefalópodo. Tales organismos
serán los descendientes de aquellos individuos capaces de observar
mas estrictamente las leyes verdaderamente morales de la Bio-
logía, y que no descubriremos sino por medio del estudio cons-
tante de la naturaleza.
Los niños y los hombres que creen saber bien todo lo que
es necesario aprender ; los que aceptan cuanto les enseñan las
personas que no han estudiado bien la naturaleza, ó que toman
al pié de la letra lo que no es sino parábolas ó metáforas de
la verdad, se ponen en el mismo caso de los animales inferio-
res: se quedan atrás porque se paran y no siguen la evolución.
Cuando una persona se detiene, se la oye decir: «creo esto fir-
memente» ; y cuanto mas cerca está de una verdad, tanto mas
tiempo permanece detenida.
Por eso es, sin duda, que ha habido y hay aun naciones
que por la iniciativa ó por la fuerza de unos pocos y la ignoran-
cia, el atraso y la indiferencia de todo el pueblo, han alcanza-
do á un grado de civilzacion relativamente elevado, y luego,
como si el adelanto y los empeños de unos pocos fuesen inútiles
para el progreso de la sociedad, ó han quedado estacionarias,
ó han desaparecido completamente, dejando, sí, tan solo partí-
culas de espuma, individuos mas ó menos aislados, como re-
presentantes degenerados y descoloridos, de esas civilizaciones
decrépitas y luego borradas por la ignorancia, y que, habiendo
llegado á la parte mas elevada en la onda de la evolución, han
servido de punto de apoyo á otra nueva onda, en una de las
cuales somos nosotros arrastrados ahora, por una fuerza que no
será difícil adivinar de donde nos viene, y por donde y hacia
donde nos lleva. Tenemos ya los datos necesarios para sabeiio,
y solo una persona infestada de esos horribles parásitos sili-
cosos, llamados ideas preconcebidas ó, mejor dicho, preocupa-
ciones, podrá negar terminantemente que el organismo en via
de formación está primero en la familia; cuando aprovechando
de los elementos adquiridos y eliminando otros muchos, venga
á constituirse bajo una base mas sólida y por vínculos mas
estrechos que los actuales. Pero nada se puede decir fuera de
tiempo; lo mismo en la época de Torquemada, que en la de
Heriberto Spencer, las consecuencias son siempre desfavorables.
Lo único que podemos permitirnos es comparar á las familias
desunidas con las colonias de Infusorios ó de Flagelarlos de
pedúnculo muy largo, ó con los Catalactas, que no alcanzan á
formar un A'ermes.
Pero si bien podemos presumir de donde nos viene y á
donde nos lleva la fuerza de la evolución, — en la parte mas
— 23 —
elevada de la onda del saber ¿á donde alcanzamos? ¿á que?
¡A un sueño hipnótico ! (1)
Esto no es una metáfora; es tan solo expresar con una pa-
labra lo que requeriría una larga explicación para hacer notar
la semejanza de lo que se llama sugestiones, en el sueño hipnó-
tico, con las intuiciones, ó sugestiones del medio; semejanza
debida, sin duda, á la armonía ó correlación que debe existir
entre la naturaleza («verdad») y nuestras ideas. (2) Porque las
nuevas teorías y los descubrimientos que todos los dias se
hacen, nos llevan siempre á un orden de ideas que, cierta-
mente, no somos nosotros, los civilizadores del siglo XIX,
lo primeros que las tenemos. «Nada hay nuevo bajo el Sol»:
«Las fuerzas que han modificado la superficie del globo son
las mismas que obran actualmente». Hubo otros en los tiem-
pos prehistóricos, que tuvieron ideas muy análogas y, segura-
mente, mas completas que las nuestras sobre la evolución.
El hecho de haberse encontrado la cruz llamada Swástica
(1) Hijpnos, sueño. — Se llama hipnotismo, sueño provocado ó hipnosis, á
cierto estado de somnolencia ó de sueño mas ó menos profundo en que se pone
una persona cuando concentra voluntariamente toda su atención, ó cuando por
muy distintos medios se la obliga á concentrarla en un objeto ó en una persona
con la cual se mantiene en relación.
Como los fenómenos reales afectan nuestros sentidos, ó puntos en C|ue desde
mas antiguo se han acumulado, por adaptación, los efectos de los distintos agen-
tes del medio, la excitación que por medio de los sentidos comunican al cerebro
esos agentes, y que constituye el trabajo mental, determina un mayor aflujo de
sangre al cerebro (observación del doctor A. F. Llobet y de otros médicos), y el
gasto y consiguiente agotamiento de la sangre que la excitación hizo afluir, nos
trae ese cansancio que llamamos (isueño)>. Este cansancio ó laxitud, produce creduli-
dad de tan variados grados, como variados son los medios de producirla y los
grados de debilidad intelectual de cada persona.
Todo lo que se observa en el hipnotismo no es sino fenómenos de las propie-
dades físico-fisiológicas de la materia de que estamos formados ; pero como esta-
mos adaptados á ellos, nos sorprende ver que son independientes de esa (cfuerza de
inercia» del organismo, que llamamos cowciewcia, cuando es mucha; voluntad, cuando
es poca, y movimiento reflejo ó involuntario, cuando la excitación que viene de
afuera se cambia en reacción de una manera mas francamente mecánica.
(2) Está tan arraigada en nosotros la mala costumbre de que todo cuanto
aprenilemos nos sea enseñado por otro, y estamos tan adaptados á ella, que
cuando el medio nos sugiere una idea nueva y clara, nos parece haberla recibido
de una persona ; que «una voz nos la ha trasmitido.» Asi puede explicarse la
creencia de los antiguos, de que un ser desconocido y sobrenatural «habló» con
tal ó cual individuo; como también las «revelaciones» y los <tdemonios familiares»
de algunos filósofos ó de los fakires ó anacoretas fakirizados, y de toda persona
que se fakiriza cuando se dedica al estudio sin conocer las leyes ú observar las
reglas higiénicas del estudio.
- 24 —
en los sepulcros de In edad del bronce, es la prueba mas con-
cluyente de que los sabios de los tiempos prehistóricos poseían
conocimientos mas exactos cjue los nuestros sobre la evolu-
ción. (1) Solo admitiendo esto, es que podremos explicarnos el
origen de los dogmas religiosos y ponerlos de acuerdo racional
con los hechos históricos y con los conocimientos modernos.
Pero solo el diagrama de la evolución podrá darnos una
idea ckra y precisa del catabolismo mental de nuestros ante-
pasados, del cual la Historia nos muestra el punto de conver-
gencia con el anabolismo mental, equivalente á su refecunda-
cion y verificado por lo que se llama el ((Cristianismo».
La comunidad, ó convergencia, como también puede llamarse,
de las ideas antiguas y las modernas, puede explicarse supo-
niendo que el cerebro humano es de un mismo tipo en toda
la humanidad; y como unas mismos causas producen unos
mismos efectos, siendo iguales ó semejantes los agentes del
medio, obrarán sobre los cerebros humanos iguales, de una
misma manera y sugerirán unas mismas ó muy análogas ideas.
Pero debemos admitir que el desarrollo y la estructura del
cerebro son limitados en cada individuo, y á medida que ese
desarrollo empieza á acercarse de su límite, el cerebro tiende
á adquirir consistencia, y por eso tiene lugar en él un fenó-
meno que llamaremos avidez, de credulidad. El hombre, entonces,
forma sus teorías y acepta las suyas propias ó las que le son
impuestas ó sugeridas por otras personas, y con tanta mayor
avidez, cuanto mas simple, pura é infantil es la estructura de
su cerebro; es decir, cuanto mas limitada es la onda de sus
conocimientos. En el desarrollo de las ideas, como en el de
los animales y por las mismas leyes (aumento progresivo de
estructura), la filogenia es una repetición amplificada de la
ontogenia.
Son tan íntimas las relaciones entre el cerebro y los órganos
de la reproducción, y tantas las analogías del sistema nervioso
de los Metazoarios con el núcleo ú órgano de la reproducción
de los Protozoarios, que todo nos induce á hacernos la siguiente
ZjJ "]
I l^ Está formada por dos I
(1) La SioasííCf! es asi I 1^ Está formada por dos I puestas en cruz y
en una misma dirección. Pero si invertimos la posición de una de las dos zetas,
la figura nos dará el diagrama de la evolución, el cual, en la Swástica, ha sido
arreglado de un modo imcomprensible para el profano, pero muy significativo para
el iniciado.
— 25 —
pregunta: ¿No tendrá lugar en el cerebro masculino un fenó-
meno análogo al observado ya en el ovario masculino?
En este, las células reproductoras se segmentan hasta hacer
tan pequeños los segmentos, que vienen á ser invisibles aún
con el auxilio de un poderoso microscopio. El resultado de esta
segmentación diminutiva es la formación de un nuevo indivi-
duo; pero en el cerebro masculino, la segmentación puede
producir un aumento siempre creciente de la división del tra-
bajo intelectual ; porque los nuevos segmentos, cual placas
fotográficas no «expuestas» aún, servirán para fijar en la
mente las imágenes de aquellos hechos no constatados an-
tes, apesar de que ya existían, pero ño hablan sido observa-
dos porque los cerebros carecían de las células ó segmentos
aptos para recibir impresiones mas delicadas y completas. Estas,
aumentando en número, sirven para hacer análisis cada vez-
mas perfectos, los cuales ofrecen mas amplia base para nuevas
síntesis mas y mas parecidas á la verdad; si bien tanto mas
ajustadas á ella y, por consiguiente, tanto mas concisas, abs-
tractas y oscuras. De modo que por eso, el estudio de la natu-
raleza aparece en la Historia, como una especie de emulsión de
los mismos «errores» y «verdades», que el progreso intelectual
separa y mezcla alternativamente por medio del lenguaje.
Cuando en el estudio de la naturaleza se toca un punto
interesante, es muy fácil dejarse llevar de sus seducciones.
Esto es lo que nos ha hecho salir del terreno de los hechos
que tenemos que aprender. Volvamos, pues, a tomar el camino
que habíamos dejado. Estudiar hechos es divertirse con los
mas lindos juguetes; hacer teorías es como deshacer esos
juguetes para ver qué es lo que tienen dentro.
Los Mamíferos se dividen en: Moiiotremos, Marsupiales, Des-
dentados, Cetáceos, Perisodáctijlos, Artiodáctijlos, Prohoscidios, Roedores,
Insectívoros, Carnívoros, Pinípcdos, Qncirópteros, Prosimios y Pri-
matos.
Monotremos
Estos Vertebrados, originarios de Australia como aquellos
con que hemos terminado el estudio de las Aves, son de una
organización tan singular, y presentan tantos caracteres que los
acerca de las Aves y de los Reptiles, que se les considera como
una clase intermediaria entre las Aves y los Mamíferos ; con
— 2G —
tanta mas razón, cuanto que se ha descubierto no mucho ha,
que, por lo menos, uno de ellos es ovíparo.
Este curioso animal, llamado OniithorJtt/iicJnis, fig. 127, está
cubierto de un pelo fino, suave y tupido. El cuerpo es dejirimido
y termina con una cola ancha y chata. Las mandíbulas son
córneas, de la forma del pico del pato, y también provisto de
láminas trasversales formando un cernidor que retiene el
alimento contenido en el agua ó en el barro. Tienen también
dos dientes córneos en cada mandíbula, y estas están cubiertas
por una membrana córnea, que forma una especie de escudo
Fig. 127.
en la base del pico. Las patas son cortas; los dedos llevan
fuertes uñas y están unidos por membranas natatorias; todo
lo cual las hace sean propias para cavar y nadar.
El otro género de Monotremos, llamado Echidna, tiene pico
cilindrico, largo y delgado; carece de dientes y la lengua es
vermiforme y protractil como la del oso hormiguero. El dorso
y los costados del cuerpo están cubiertos de puntas córneas,
como las del puerco-espin, y lo mismo que este, puede enros-
carse en bola. La cola es rudimentaria y los dedos tienen uñas
fuertes y largas.
Marsupiales
Estos Mamíferos son menos ovíparos que los Monotremos.
Deben su nombre á la presencia de una liolsa formada delante
de las mamas por la piel del abdomen y llamada marsiipium
(bolsa). Está sostenida por dos huesos especiales, unidos al
pubis ó interpuestos entre los músculos del abdomen. Estos
— 27 —
huesos marsupiales existen también en los machos y en las es-
pecies cuya bolsa es apenas visible. Los Monotremos también
los tienen, y en el Equidno sirve para sostener una bolsa; pero
las glándulas mamarias carecen de pezón saliente.
En los Marsupiales, el embrión no está tan íntimamente
unido á la madre, como en los demás Mamíferos, y el hijo
nace en un estado del todo rudimentario; tanto, que en el
Kangurú gigante, que es del tamaño de un hombre, la gesta-
ción dura solo treinta y nueve dias y tienen, al nacer, apenas
dos ó tres centímetros de largo. Los recien nacidos pasan á e.sa
especie de bolsa y se pegan á las mamas, donde quedan fijos
hasta que han alcanzado el grado de 'desarrollo en que nacen
los demás Mamíferos. Esta particularidad de los -Maz'supiales
les ha valido el nombre de Didelfos. En las especies en que la
bolsa es muy desarrollada, los hijuelos, aún mucho' tiempo
después de saber caminar, corren á refugiarse en ella cuando
temen algún peligro.
Por la diversidad de la organización y del género de vida,
los Marsupiales solos forman una serie paralela á la que cons-
tituyen todos los otros órdenes. En Europa no hay Marsupiales
actualm.ente; en América, solo las comadrejas son Masurpiales;
pero en Australia, además de los tipos especiales, hay otros
muchos. Los hay que representan á los Roedores, á los Ru-
miantes, á los Insectívoros, á los Lemurios. Hay Marsupiales
que se parecen á los lobos, á los perros, á las liebres, etc.
Los Roedores tienen los dientes como los ratones ; los miem-
bros cortos y la cola rudimentaria ; el pelage es tupido y suave,
y los ]Més propios para cavar.
Los Macrópodos, ó Kangurues, fig. 128, son por lo general
los'de mayor tamaño. Las patas posterio-
i"es son muy largas y fuertes; el tarso es
prolongado de una manera extraordinaria;
organización que les da la aptitud de dar
saltos prodigiosos, ayudados también por
su fuerte cola. El cuerpo disminuye en
desarrollo desde la parte posterior hacia
la cabeza ; esta es pequeña, así como los
miembros anteriores. Los dedos, en nú-
mero de cuatro, son muy fuertes y largos, y terminados por
uñas de forma semejante al vaso del caballo. El sistema den-
tario también se parece algo al del caballo.
Los Trepadores son de mediano tamaño. Las patas ante-
riores y las posteriores son casi del mismo largo, y terminadas
— 28 —
por cinco dedos ; su larga cola es prehensil ; son nocturnos y
viven en los árboles.
Los Rapaces, á los cuales pertenecen nuestras Comadrejas,
tienen un sistema dentario que se parece al de los Carnívoros,
ó al de los Insectívoros.
Los Marsupiales son también interesantes porque la Paleon-
tología nos dice fueron Marsupiales los primeros Mamíferos
que aparecieron en la Tierra.
Desdentados
Aplícase esta denominación á un grupo de animales forma-
do por un reducido número de géneros que, además de su
organización relativamente poco elevada, son caracterizados por
su sistema dentario incompleto (1); á veces carecen absoluta-
mente de dientes. Otros carecen de incisivos, y cuando tienen
caninos, son pequeños, sin esmalte y sin raíz. Hay, sin em-
bargo, algunos en que el número de dientes es muy conside-
rable; pero aun en estos mismos, la dentición aparece en una
edad ó época de desarrollo relativamente mas adelantada que
en los demás Mamíferos. En algunas especies fósiles « casi
toda su cabeza no era sino un enorme aparato masticatorio».
Con respecto á sus relaciones maternas, los Desdentados )'
los demás Mamíferos que estudiaremos en adelante, son supe-
riores á los Marsupiales, pues desde los primeros tiempos de
su desarrollo se hallan mas y mas unidos á la madre.
Casi todos los Desdentados pertenecen á la América, y solo
pocas especies á Asia y África.
Los Vermilingües, ú Hormigueros, tienen el cuerpo cubierto
de pelo generalmente largo; el hocico es largo, terminado por
una boca pequeña, y completamente sin dientes; lengua delgada
y muy protráctil, que introducen en los hormigueros, de donde
la sacan llena de hormigas que muerden ó se pegan en la sa-
( I ) Se dice que la dentadura es completa solamente cuando so puede distinguir
en ella las tres clases de dientes que se encuentra en el Hombre: incisivos, cani-
■^ 1 2 í
nos y molares. Nuestra fórmula dentaria se escribe asi: -.^- -r- -^ "q > y quiere
decir que á cada lado de cada mandíbula hay 2 incisivos, 1 canino, 2 premolares
y 3 molares ; es decir, 3- dientes en todo.
— 2'J —
liva viscosa de que está revestida. Los ojos y las orejas son
muy pequeñas. Las uñas de las patas delanteras son muy fuertes
y cortantes, les sirven para deshacer los hormigueros y los
nidos de los Termitas, así como también constituyen una bue-
na arma de defensa. Los_,Mánidos, ó Pangolines, tienen el
cuerpo todo cubierto de grandes escamas córneas, por entre
las cuales salen algunos pelos; la cola es muy larga y cubier-
ta también de escamas.
Los Dasypódidos, ó Tatos, tienen la cabeza y el cuerpo
cubierto de chapas óseas, colocadas en líneas trasversales y
que forman una coraza. Las patas son muy cortas, con uñas
muy fuertes, y se sirven de ellas para cavar con admirable fa-
cilidad. A estos Desdentados pertenecen las Mulitas {Proapus
hi/bn'iÍKs). Tienen las costumbres de los Hormigueros; se ali-
mentan de hormigas que se procuran por medio de su lengua
protráctil ; son diurnas. Los Peludos, ó Dasijpns, salen solo
de noche; se alimentan de carne y de raíces, y usan de su trompa
como los cerdos. Cuando nacen son trasparentes y de una con-
sistencia casi gelatinosa, l^os dientes aparecen solo cuando el
animal ha llegado á su estado adulto.
Los Matacos {Basypus conurus) tienen la cascara dividida
en dos regiones, cuyas placas están soldadas entre sí y divi-
didas en el centro del cuerpo por tres fajas trasversales y mo-
vibles; disposición que les permite hacerse una bola cuando
temen algún peligro que no pueden evitar retirándose á su
cueva.
Los Clamidóforos, ó Piches ciegos ( Cldamidophorus tritncahis).
son pequeños, de cuerpo cilindrico; la coraza está formada por
chapas coriáceas, dispuestas en veinticuotro hileras trasversales,
unidas débilmente á la piel. Los intermedios de estas y lo de-
más del cuerpo está cubierto de pelos largos y sedosos. La
parte posterior cae perpendicularmente, como si el animal hu-
biese sido cortado por un hachazo, y esta parte posterior está
cubierta por otra coraza perpendicular.
También se encuentra en esta pai-te de América, Tatos
fósiles, llamados GJijpiodon, Clilamydotlicrion, etc., de gran ta-
maño y que son intermediarios entre los Megatériclos, anima-
les gigantescos que han desaparecido y cuyos restos pueden
verse en los museos, ¡trincipalmente en el de La Plata.
Los Bradipódidos, ó Perezosos, deben su nombre á la exce-
siva lentitud de sus movimientos. Se parecen tanto á los Mo-
nos, que han estado clasificados entre ellos ; pero han sido
reunidos ¡i los Desdentados, á pesar de tener las mismas eos-
— 30 —
lumbres de los Monos, dos mamas pectorales, cabeza redonda,
cara corta y los miembros anteriores muy largos. Carecen de
incisivos y á veces también de molares. El cuerpo está cu-
bierto de un pelaje largo y grueso, semejante á las barbillas
de la pluma de avestruz. Viven sobre los árboles, en cuyas
ramas se cuelgan por medio de sus largas uñas; pero pura
caminar, la excesiva longitud de sus miembros anteriores les
obliga á sentar los codos. La cola es mas ó menos rudimen-
taria.
Cetáceos
Los Cetáceos son Mamíferos marinos, que careciendo de
miembros posteriores y siendo muy pequeños los anteriores, el
cuerpo ha conservado la forma del de los Peces : es grueso,
macizo, todo de una pieza y con un urosoma fusiforme, ter-
minado por una nadadera horizontal. La gigantesca talla de
algunas especies no les permitiría vivir fuera del mar, único
medio en donde pueden moverse con tan poco gasto de fuerza
muscular. En las especies grandes, los huesos del esqueleto,
lo mismo que los de la corvina negra, son esponjosos, y sus
poros están llenos de grasa líquida. La estructura del esqueleto
también tiene grandes analogías con el de los Peces. Se dividen
en Carnívoros y Herbívoros.
Los Carnívoros comprenden las especies mas grandes y al-
gunas de las mas pequeñas. La cabeza no está separada del
cuerpo por un pescuezo, sino que está unida al tronco, y las
vértebras cervicales están apretadas y soldadas las unas á las
otras en un espacio relativamente muy corto. Las ventanas de
la nariz están situadas muy distantes de la extremidad del
largo hocico, arriba de las fosas nasales, las cuales están sobre
la frente, y los ojos cerca de los ángulos de la boca. Las ma _
mas son inginales. El pelo no existe sino en algunos de los de
menores dimensiones. La piel es gruesa, lisa, blanda, aterciope-
lada al tacto y grasienta; dejjajo de ella hay una gruesa capa
de grasa, y esta sirve, mejor que el pelo mojado, para evitar
el desperdicio de calor, así como también para disminuir el peso
específico del cuerpo.
31
Los Denticetos tienen dientes preliensiles, ya en ambas man-
díbulas, ya en una sola. Los Delfínidos, flg. 129, tienen ambas
Fig. 129.
mandílnilas provistas de dientes mas ó menos numerosos. La
pequeña Pontoporia BMiivillei Weva 224 dientes en su largo pico.
El Narval, fig. 130, tiene solo dos dientes en la superior, uno
Fig. 130.
de los cuales toma un desarrollo enorme en el macho, es re-
torcido en espiral y está dirigido hacia adelante, como el es-
polón de un acorazado. Este Cetáceo, así como otros Delfínidos,
alcanza hasta mas de seis metros de largo. Los Catodóntidos,
ó Cachalotes, tienen una cabeza enorme; ella sola compone la
tercera parte del cuerpo, y está llena de grasa ó esperma líquida,
contenida en grandes cavidades. La mandíbula inferior está pro-
vista de dientes y las narices situadas en la extremidad anterior
de la cabeza. Después de la Ballena, los Cachalotes son los Cetá-
ceos mas grandes, pues algunos alcanzan hasta 20 metros de largo.
Los Mijsticetos, ó verdaderas Ballenas, fig. 131, son los Cetáceos
Fig. 131.
mas grandes; algunos llegan á 30 metros. La cabeza es lambida
muy grande, á causa del enorme desarrollo de las mandíbulas.
Estas carecen de dientes, pues fueron reabsorbidos antes del
— 32
nacimiento; ])ero de la superior y del })al:idnr, cuelgan cual una
densa cortina, dos hileras de láminas córneas, que parecen for-
madas de pelos pegados los unos á los otros. Estas láminas
son lo que constituye la ballena del comercio, y en la boca de
la Ballena forman un cernidor para retener los pequeños ani-
males que constituyen su único alimento. Estos quedan en la
boca y el agua pasa al través de las láminas. A pesar de su
gran tamaño, las Ballenas tienen un exófago muy estrecho, y
solo pueden tragar animalitos pequeños ó pulposos, tales como
medusas, moluscos, etc.
« Para respirar, las Ballenas sacan fuera del agua la calve-
za y una parte del lomo, soplan ruidosamente y con tal
fuerza, que una columna de vapor condensado se eleva á una
altura de cinco ó seis metros: diríase que es un chorro de
vapor (|uc se escapa por el estrecho tubo de una caldera,
con la particularidad de que el i'uido que hace es también
muy parecido al que hace aquel».
Los Herbívoros, fig. 132. se parecen á los lobos marinos. Tienen
la piel muy gruesa y con pelos
muy ralos. Las ventanas de la
nariz están en la extremidad an-
terior del hocico, y las mamas son
pectorales. Las nadaderas son
gi'andes, movibles en la articula-
ción del codo y con una especie
de mano provista á veces de pe-
queñas uñas. El pescuezo es corlo
pero con vértebras libres, y las
mandíbulas están provistas de in-
cisivos y molares. El Bmjoiuj tiene los incisivos superiores desar-
rollados en forma de defensas.
fig. 132.
Perisodáctilos
Los Perisodáctilos y los Arti-)d;ictilos forman el grupo de
los Ungulados, caracterizado principalmente por el desarrollo de
la uña que cubre los dedos y que constituye el casco, ó vaso.
— 33 —
Según que los miembros apoyen principalmente sobre un nú-
mero par ó impar de cascos, se llaman Perisodáctilos los que
apoyan sobre un número impar, y Artiodáctilos los que apo-
yan sobre un número par. Son por lo general grandes, nunca
muy pequeños, con miembros bien desarrollados y cola muy
delgada; principalmente herbívoros y de formas muy variadas.
Los Perisodáctilos, ó Imparidigitados, comprenden solo tres
familias: Tapíridos, Bhinoccridos y Équidos.
Los Tapíridos son de mediano tamaño, pelo corto, ojos pe-
queños, orejas movibles y agudas. La cabeza es larga, con una
trompa movible como la del caballo, pero mucho mas larga,
y en el pescuezo llevan una crin corta' y derecha. En las patas
anteriores tienen cuatro pequeños vasos semejantes á los del
caballo, y en las posteriores tres solamente. En su forma gene-
ral y en sus movimientos también se parecen á los caballos.
Su sistema dentario es |- y" I" ó |- Habitan las zonas tro-
picales de América y de la India.
Los RJiinocéridos son de cuerpo largo, macizo y jiesado ; patas
muy gruesas, todas con tres grandes cascos. La piel es rugosa,
á veces con grandes arrugas, y tan gruesa y dura que es casi
una coraza. Sobre la nariz tienen un cuerno y mas comunmente
otro mas, colocado mas arriba; ambos están sólidamente ase-
gurados en la piel. Los dientes son I- ^- y-
Los Équidos están representados hoy por el Caballo, los As-
nos, el Hemion, el Onagro, el Quaga y la Zebra. Todos tienen
patas largas, delgadas y fuertes, con un solo casco. A ambos
lados de cada hueso metacarpiano y metatarsiano, existen es-
tiletes óseos que representan dos dedos laterales, no desarro-
llados en las especies actuales; pero que en las especies fósiles,
llamadas Anquiierion é Hiparion, eran mas desarrollados y cons-
tituían pies tridáctilos. En el Caballo, que es el tipo de los
Équidos, suele aparecer actualmente un dedo accesorio en uno
ó en ambos miembros anteriores, y esta particularidad se tras-
mite á los descendientes. En los potrillos de pocos dias de na-
cidos, de todos los colores y probablemente de todas las razas
de caballos, cuando la luz y la temperatura lo permiten, puede
distinguirse en el pelo algunas señales de esas rayas oscuras
que tienen los caballos gateados en las patas, en el lomo y en
las costillas, y que son características de laZc])ra.
Tomo 17.
— 34
Artiodáctilos
Son los Ungulados que apoyan sobre un número par de
cascos; los dos dedos externos son rudimentarios; están colo-
cados en la parte posterior del pié y no tocan en el suelo; los
dos de en medio son iguales y sirven para apoyar el cuerpo.
Este orden esta formado con los Artiodáctilos j}aquidermos y
los Artiodáctilos ruiniantes.
Los Artiodáctilos pac¡uidermos comprenden solamente dos fa-
milias : los Suidios y los Obesos, caracterizados principalmente
por su sistema dentario completo, con grandes caninos é in-
cisivos oblicuos, y porque los metatarsianos de los dedos me-
dios no están soldados en uno solo.
Son Suidios el jabalí,
el cerdo, el babirusa, el
pécari, etc.
Los Obesos son solamen-
te los Hipopótamos, figu-
ra 133, cuya cabeza parece
mas bien la de un mons-
truoso sapo que la de un
Mamífero. Las patas son
cortas y apoyan sobre cua-
tro cascos. Debajo de su piel, casi desnuda, hay una gruesa
capa de grasa.
Fig. 133.
Los Artiodáctilos rumiantes están caracterizados por la facul-
tad que tienen de rumiar; la cual consiste en llevar á la boca,
por un movimiento análogo al de la regurgitación ó del
vómito, los alimentos ingeridos en la panza, ó rumen, para ser
bien masticados y luego digeridos completamente en la última
de las cuatro (tres á veces) divisiones de que consta el estómago
de los Rumiantes. Los incisivos y los caninos faltan casi siem-
pre en la mandíbula superior, y en la inferior tienen ocho in-
— 35 —
cisivos, rara vez diez, algo inclinados hacia adelante, y sirven,
con los bordes callosos de la superior, para cortar los vegetales
de que se alimentan. Las patas son por lo general largas y
muy adaptadas para correr; los metacarpianos y metatarsianos
casi siempre están soldados y con ellos se articulan los huesos
de los dos dedos medios, cuyas últimas falanges están cubiertas
por cascos que se tocan por una superficie plana, de modo que
pai'ecen ser uno solo cortado por en medio, por cuya aparien-
cia los Rumiantes se llaman también Bisulcos. Detrás del pié
existen frecuentemente dos uñas ó pequeños cascos que son
los dedos laterales rudimentarios. La cabeza es relativamente
pequeña y por lo general está provista de dos cuernos, ó astas.
La piel está cubierta de pelo tupido, corto ó largo y mas ó
menos rizado.
Los Tüópidos, ó Camélidos, son los que mas difieren de los
Rumiantes. Carecen de cuernos; su estómago tiene solo tres
divisiones; ellabio superior es hendido y está cubierto de pelo;
la mandíbula superior lleva dos incisivos y aun 4 ó 6 en la
primera edad; la inferior tiene solo dos, y en ambas mandíbulas
hay caninos bien desarrollados. La planta del pié es callosa y
cubre todo el [)ié, á excepción de los pequeños cascos de la ex-
tremidad de las últimas falanges.
Los animales que forman esta familia son
las especies Sud- Americanas del género Au-
chenia : la Llama {Auchenia lama), figura 134,
el Guanaco {A. huanaco) la Alpaca {A. acó)
y la Vicuña {A. vicunna); y los Camellos:
el Cameliis bactrianus, con dos jorobas y el
C. dromedarius, con una sola.
Los Derexos, ó Girafas, tienen el pescuezo ^"°' ^''^'
muy largo. Las patas posteriores son mas cortas que las ante-
riores. Tienen dos pequeños cuernos cónicos, óseos, cubiertos
por la piel y con un mechón de pelos en la punta, y los ma-
chos llevan además una protuberancia frontal. La mandíbula
superior carece de incisivos y de caninos. La lengua es movi-
ble y sirve, como la de las vacas, para agarrar las hojas ó las
yerbas de que se alimentan.
Los Moschidos son del tamaño y forma de un venadito ; ca-
recen de cuernos y el macho tiene largos caninos en la man-
díbula superior. El Almizclero posee cerca del ombligo una
bolsa glandular en donde se acumula el almizcle.
Los Cérvidos son de forma esbelta. Los machos están pro-
vistos de astas, las cuales son puramente óseas y no cubiertas
31;
por un estuche córneo como el de las vacas, cabras, etc ; son
raniiHcadas, de formas y dimensiones variables, y se llaman
jxdaxones. A excepción del Reno, solo los machos las poseen :
pero son caducas; es decir, caen y se renuevan; se desprenden
durante el invierno, ]:)ür su base, ea donde se encuentra una
corona de pequeñas prominencias óseas: caídas at[uellas, pronto
se desarrollan otras nuevas sobre la prominencia del frontal.
El número de puntas está, hasta cierto punto, en relación con
la edad del animal; aumenta cada año una de ellas hasta que
el animal ha llegado á su estado adulto. Pertenecen á esta fa-
milia el Venado, el Ciervo, el Alce y el Reno.
Los Cavicónteos son los Rumiantes cuyos cuernos son apén-
dices óseos del frontal, recorridos por canales ó cavidades mas
ó menos espaciosas, en las cuales circula la sangre, y están
cubiertos por el cuerno propiamente dicho. Este es de forma
variable, compuesto de sustancia córnea producida por la epi-
dermis, como el pelo.
En la mandíbula superior carecen de incisivos y de caninos ;
casi todos tienen dedos accesorios. Se dividen en Antüóptdos,
Ornws y Bovinos.
La mayor parle de los Ántilúpidos, fig. 135, se parecen ú los
Ciervos por su esbelta talla, por la
elegancia de sus formas, la ligereza
en la carrera y la presencia muy
común de lacrimales (1), y se dis-
tinguen por la estructura de sus
cuernos. El tamaño de los Ántilú-
pidos varía desde el de un cordero
recien nacido hasta el de un caballo.
Sus formas son en extremo varia-
das; los hay que se parecen al buey,
otros al caballo; unos tienen la cola
larga y provista de cerdas; en otros
es corta como la del Ciervo. Los
cuernos presentan diversas inflexio-
nes; se enroscan ó retuercen de diferentes modos; son contcr-
neados ó rectos; redondos, angulosos ó comprimidos, y la punta
Fig. 135.
( 1) Saco membranoso de paredes glandulosas que so abre al exterior debajo
del ángulo interno del ojo por una hendidura longitudinal de la piel. El humor
espeso, untoso y amarillo que secreta suele llamarse lágrima de ciervo. También
se llama lacrimal el pequeño hundimiento que hay en el ángulo interno del ojo
del caballo.
se inclinu en todas direcciones. En unos hay cuatro cuernos
y en otros presenta cada uno de ellos una bifurcación como en
los de los Ciervos.
Los Ovinos, cuyo tipo e> la Oveja, comprenden también el
Musmón, el Argali y la Cabra.
Los Bovinos son caracterizados- por sus cuernos redondos ó
comprimidos, encorvados hacia fuera. Cuerpo grande y pesado;
cuello corto, debajo del cual cuelga una papada; hocico ancho;
cola larga y terminada generalmente por un haz de cerdas. Sin
lacrimales y con dedos accesorios. Las hembras también tienen
cuernos.
A esta familia pertenece el Ocibos, cubierto de pelo largo
que oculta la cola. Cuernos muy gruesos, que están reunidos
en su ancha base, y cuyas extremidades están vueltas hacia
arriba. Estos animales tienen un fuerte olor de almizcle. Los
Bisontes, con la cabeza y el cuello cubiertos de pelo largo. Los
Búfalos tienen pelo ralo y grueso; patas y cola cortas, frente
abovedada y los cuernos comprimidos en su base. El Yak tiene
el pelo muy largo; los cuernos son delgados y colocados muy
arriba; la cola está poblada de pelo largo, como la del caballo.
Los Bes, ó Bueyes, no se pueden describir con exactitud para
nosotros; después de haber visto cuales son las peculiaridades
de los demás Bovinos — casi podría decirse de los demás Cavi-
córneos — porque para quien haya visto tantos miles de cabezas
. de ganado vacuno como hay aquí, todos los Bovinos no son
sino variedades de una sola especie. Vemos, en efecto, que to-
dos los caracteres distintivos de los demás Bovinos se encuen-
tran en muchos individuos del Bos argentino, según las cua-
lidades del suelo con cuyos pastos se alimentan y aun según
la estación. Aparecen, mas ó menos repentinamente, muchas
variaciones que unas veces desapai-ecen con la misma prontitud
con que aparecieron y otras quedan persistentes. Una de las
mas comunes de esas variaciones es la del pelo largo y rizado
que cubre la cabeza, el pescuezo y gran parte de las espaldas
de algunos toros. La fuerza y agilidad para saltar es, en algu-
nos individuos, solo comparable con la de los Antílopes. El
grosor, las formas y direcciones de los cuernos, así como también
el desarrollo y formas de las distintas partes del cuerpo, son
tan variadas, que hacen imposible toda descripción. Seguramente,
si una ó mas de estas variaciones se acumulasen por la acción
continua de las causas que las produjeron, solo se necesitaría
tiempo para efectuar una desviación muy considerable de la
forma original y dar origen á muy diferentes «especies».
38
Proboscideos
Con los Proboscideos, ó Elefantes, empezamos el estudio de
aquellos Mamíferos cuyas relaciones maternas son tan íntimas,
que cuando el hijo se separa de la madre, al nacer, una parte
de la membrana que cubre las paredes interiores del útero se
separa también y sale con el hijo.
La gruesa piel del Elefante está toda llena do arrugas cru-
zadas; lleva pelos ralos, acumulados solamente en la extremi-
dad de la cola, en donde forman un mechón. Su movible y
fuerte trompa es un órgano prehensil y del tacto, y es bastante
larga para permitir levantar del suelo el alimento sin que el
animal tenga necesidad de bajar la cabeza ; lo cual sería im-
posible, debido a que el pescuezo es muy corto ; de ella se
sirve el Elefante para llevar á la boca el pasto y las hojas de que
se alimenta, así como también el agua que absorve por medio de
una válvula y la arroja dentro de la garganta. Es, además, un
órgano del tacto, sumamente sensible, que tiene en su extremi-
dad un apéndice en forma de dedo con el cual puede levantar
los mas pequeños objetos. Es también una arma muy pode-
rosa con el concurso de sus defensas, llamadas improiaiamente
colmillos. Estas, que son incisivos trasformados, están situadas
sol)re el intermaxilar, que es muy desarrollado ; carecen de
raíz, están recorridas á lo largo por una cavidad interior y
pueden alcanzar un tamaño enorme. Los ojos son en extremo
pequeños ; las orejas, por el contrario, son grandes y colgantes.
Los miembros, cilindricos, parecen pilares macizos que sostie-
nen el enorme cuerpo, y se terminan en cinco dedos soldados
liasta el casco, que es pequeño y redondeado. Las hembras
tienen dos mamas pectorales. — Hoy no existen sino dos espe-
cies: una en la India y otra en África. La primera es de
mayores dimensiones; orejas movibles y mas pequeñas que en
la de África. Las defensas son mas chicas ; en cambio, la ca-
beza es mayor que en la de la especie africana, cuyas orejas
son inmóviles.
En los tiempos prehistóricos existieron otros Proboscideos
de mayor tamaño : tales como el gigantesco ¡Nlammouth, ó
Eleplias ¡yrimigenius, de tupido pelage y que ha sido descubierto
en los glaciares de Siberia, con su piel y pelo, y las carnes
bastante conservadas para lialjer sido devoradas por los ani-
— 39 —
males carnívoros, después de su exhumación. Las defensas,
acumuladas en grandes cantidades en aquel país, constituyen
el marfil de Siberia. Se dice haber encontrado allí defensas
hasta de siete metros de largo.
El Mastodonte, fósil tamliien, se distingue por las protube-
rancias de sus molares.
Roedores
Estos Mamíferos son caracterizados por su sistema dentario
que consiste en dos largos incisivos en la mandíbula superior
y dos en la inferior. Como no tienen caninos, hay un espacio
vacío, llamado diastema, entre los incisivos y los molares. Los
incisivos son afilados en forma de bisel, un poco encorvados y
cubiertos de esmalte solo en la cara anterior; la posterior ca-
rece de esmalte, de modo que los dientes se gastan por el uso,
pero como crecen continuamente, siempre quedan del mismo
largo. La boca es muy pequeña, debido al mucho desarrollo
de los músculos maseteros, que son los que sirven para apre-
tar las mandíbulas. Casi todas las especies actuales son pe-
queñas y cubiertas de un pelo suave y tupido. Los dedos son
movibles, provistos de uñas que á veces parecen cascos, y los
miembros anteriores tienen manos prehensiles, en las cuales, y
lo mismo que en las nuestras, las eminencias tenar é hipoté-
nar son las que se oponen á los dedos en el acto de la pren-
sión. Los miembros posteriores son generalmente mas largos
y fuertes que los anteriores. La mayor parte son plantígrados,
pero sus formas varían según las costumbres de cada especie.
Viven en cuevas y muchos son acuáticos. Algunos pasan sueño
invernal, el cual dura siete meses en las Marmotas.
Los Lepóridos tienen grandes orejas y cola corta. Detrás
de los incisivos superiores hay otros dos dientes que sirven
para distinguirlos de los demás Roedores. Las patas anteriores
son cortas, con cinco dedos todos cubiertos de pelo ; las pos-
teriores son muy cortas y con solo cuatro dedos, también
cubiertos de pelo. Los conejos y la liebre europea pertenecen
á esta familia.
Los Subungulados tienen pelo grueso y duro; cuatro dedos
en las patas anteriores y tres en las posteriores ; las unas son
grandes y semejantes á cascos. Los Subungulados son de
— 40 —
América meridional, y pertenecen á ellos el cuis {Cavia leuco-
pyga), el chanchito de la India {Cavia cohaya), la liebre de aquí
{Dolichotis patagónica) y el carpincho {IhjdrocJioerus capybara) ,
que es el mas grande de los Roedores actuales; pero se ha en-
contrado en las barrancas del Paraná, algunos restos fósiles de
un Roedor que, a juzgar por las dimensiones de esos huesos,
el animal á que pertenecieron debía tener la talla de un buey.
Los Octodóntidos y los Lagostómidos también son americanos.
De los primeros, el Capromys Fournieri y la nutria de aquí
(Myopotainus coypus) tienen las mamas en el lomo. El tucutuco
también pertenece á la misma familia, y varias especies ó
géneros de vizcachas pertenecen á los Lagostómidos.
Los Hystricidos tienen el lomo cubierto de púas ó de cerdas :
algunos tienen cola prehensil. El puerco-espin es de esta familia.
Los Bipódidos ofrecen cierta semejanza con los Kangu-
rúes, por la desproporción de sus miembros ; los anteriores
son casi rudimentarios y los posteriores muy largos, propios
para el salto; la cola es larga y terminada por un haz de pelos.
La actitud del cuerpo sobre las patas posteriores se parece á
la de un pájaro, lo mismo que por estar los huesos del meta-
tarso soldados en uno solo, les da también mucha semejanza á
un tarso. Se sirven de sus pequeños miembros anteriores para
llevar la comida á la boca, y de los posteriores para dar saltos
enormes con la rapidez de una flecha.
A otras muchas familias pertenecen muchas especies de
ratones y de otros Roedores semejantes. Los hijos del ratón
llamado Mus rattus, á veces se sueldan unos con otros por la
cola, como los cercarios marinos (pág. 67).
Los Castores se parecen á la Nutria; pero tienen la cola
aplanada horizontalmente en forma de remo y es escamosa;
son además mucho mas grandes.
Los Geómidos son notables por sus grandes abajónos; bolsas
que algunos Mamíferos tienen á los lados de la boca. Los
Myoxidos son muy parecidos á los ratones y á las ardillas.
Tienen la cabeza pequeña y la cola larga y muy poblada. Son
nocturnos y tienen sueño invernal. Los Sciuridos. ó Ardillas,
son de formas variadas. La cola es larga y muy poblada, y
también tienen sueño inverna!. Los Pteromys tienen una mem-
lirana entre las patas y la base de la cola, cubierta de pelo
y que hace las veces de alas ó paracaidas.
— 41
Insectivoi'os
Por su forma exterior, se parecen á algunos Roedores (fig.
136) ; pero difieren principal-
mente por tener sistema den-
tario completo y semejante mas
bien al de los gatos; los in-
cisivos son bien desarrollados:
los caninos pequeños, faltan á
veces; molares numerosos y
con tubérculos agudos. El cuer-
po está cubierto ya de pelo duro
y de puntas agudas, como el
puerco-espin, ya de pelo suave.
I.a cabeza es larga, con hocico
muy largo. Las orejas y la cola
son atrofiadas, pequeñas ó grandes; los ojos son pequeños y
á veces están escondidos bajo la piel. En la América del Sur
y en Australia no hay ningún Insectívoro. Los de los países
fríos pasan sueño invernal.
Carnívoros .
Sus caracteres distintivos son los siguientes: sistema den-
tario compuesto de |- incisivos, y canino muy saliente; dos,
tres ó cuatro premolares comprimidos; una muela sectoria, ó
carnicera, con dos ó tres tubérculos, y ninguna, una, dos y
rara vez tres muelas verdaderas, tuberculosas. En la mandíbula
inferior, la carnicera es siempre el primer molar; en la supe-
rior es el último premolar. Cuanto mas sanguinario es el
animal, tanto mas grande es la carnicera y tanto menos de-
sarrollados los molares. Estos son, por el contrario, mas gran-
des y numerosos en los que se alimentan también de vegetales.
Las extremidades llevan cuatro ó cinco dedos provistos de uñas
fuertes y casi siempre cortantes.
Los Úrsidos son plantígrados; de cuerpo pesado y hocico
largo. Son omnívoros, con dos grandes molares con tubérculos
— 42 —
romos, y la carnicera tuberculosa. Los Osos, de los cuales hay
varias especies, tienen la cola corta y las patos muy fuertes; vi-
ven en los huecos de los árljoles ó de las rocas, y la mayor
parte de ellos pasan sueño invernal. Los Nasjia, ó Coatís, tienen
la cola muy larga y el hocico en forma de trompa.
Los Mustclidos, fig. 137, son de cuerpo muy largo y de patos
cortas. Unos son plantígrodos y otros
semi-plontígrados. Detrás de la car-
nicera, que es muy desarrollada, casi
siempre existe solamente un molar
tuberculoso. Tienen, por lo general,
glándulas anales, cuya secreción da
al animal un olor muy desagradable
y que á veces constituye un medio de defensa. El Zorrino {Me-
pkitis siiffocans) es el mejor caracterizado á este respecto. El
Hurón ( Galictis vittata), cuya largura y flexibilidad de cuerpo
le permite entrar en cuevas muy pequeñas, y darse vuelto
dentro de ellas; de modo que cuondo se creía necesario sacarlo
tirándolo de la cola, se le vé sacar la cabeza fuera de la cueva.
Las Martas son por lo general pequeñas, ágiles, vivas y muy
ávidas de sangre y de matanza. El Armiño, célebre por su piel,
blanca en invierno, es también un Mustélido, así como la Nutria
verdadera, cuyos dedos son palmados; la cabeza ancha y chata:
orejas cortas; cola aplanada y terminada en punta. Mven en
cuevas ó orillos del agua y se alimentan de [)eces, de aves acuá-
ticas y de ranos. Hoy otros, llamadas Nutrias de mar, que se pa-
recen mucho á los lobos- marinos.
Los Viverrídeos se parecen unos á las Martas y otros á los
Gatos. El Goto de Algolio ( Viverra civetta) produce la algalia :
sustancia crasa, de olor á almizcle.
Los Cánidos son digitígrodos de unos no retráctiles. Pies
anteriores con cinco dedos, por lo generol, y los posteriores
con cuatro. Premolares 4; detrás de una v otra carnicero hav
dos molares tuberculosos; la carnicera inferiores con dos pun-
tas y la superior con tres. Pertenecen á esta familia los Lobos,
(Canis lupus, latrans, etc.), los Cliacales {Canis aureiis y mesomc-
¡as), el Perro {Canis famüiaris) y el Zorro, ó Canis vulpes (Canis
Axarae, el de aquí).
Los H¡jéiiidos tienen en el lomo una crin alta; cabezo gronde:
orejas grandes y paradas; piernas largas, con pies de cuatro
dedos, ])or lo general. La dentición es muy semejante á la del
Gato. Molares |^ Lengua espinosa en su parte posterior. Viven
— 43 —
de animales muertos y son inofensivos. El Proteles, ó Hijcna
civeta, se parece á las Hyenas y carece de carniceras.
Los Félidos son los únicos Carnívoros que tienen tan solo
cuatro molares arriba y tres abajo, en la forma siguiente -^
La única muela tuberculosa que existe en la mandíbula supe-
rior, no tiene en la inferior otra que le esté opuesta. Las
carniceras y los caninos son tanto mas desarrollados. La
carnicera superior es de tres tubérculos, de los cuales el del
medio es el mas desarrollado, y la inferior es de dos tubércu-
los iguales.
Los dedos anteriores son en númepo de cinco, y los poste-
riores de cuatro ; están todos armados de fuertes garras encor-
vadas, cortantes y muy retráctiles. Un ligamento, especial en
los Félidos, mantiene la última falange siempre levantada ; de
modo que cuando el animal deja de contraer los músculos que
hacen salir las uñas, estas se levantan y esconden entre los
dedos, y así, cuando caminan, estando levantadas vertical-
mente, no pueden desgastarse por el roce. Los Gatos, Leones,
Tigres, etc., pertenecen á esta familia. El mas notable de los
Félidos fósiles era el Machaerodus neogaeus, encontrado aquí ;
tenía los caninos superiores trasformados en defensas.
Pinípedos
Por su dentadura, los Pinípedos son Carnívoros, los unos
durante su desarrollo y los otros en la edad adulta. Pero sus
miembros, en vez de ser bien desarrollados como los de los
IMamíferos terrestres, han conservado una forma semejante á
las nadaderas de los Cetáceos. Los posteriores están dirigidos
hacia atrás y parecen una nadadera caudal doble, formada por
los dos miembros posteriores que faltan en los Cetáceos, pero
que en los Pinípedos se han desarrollado á expensas de la
región caudal, dejando tan solo una cola muy rudimentaria.
El cuerpo es grueso y fusiforme ; cubierto de pelo corto y
tupido, debajo del cual hay á veces otro muy sedoso y tam-
bién tupido. La cabeza es relativamente pequeña y de la mis-
ma forma de la de los Carnívoros, pero con hocico corto y
orejas muy pequeñas cuando no faltan del todo. El pescuezo
es muy corto pero con vértebras movibles y bien formadas.
Los Fócidos, o Lobos marinos, fig. 138, tienen dentición
completa ; los miembros no
pueden sostener el cuerpo cuan-
do están en tierra y solo sirven
para empujarlo búcia adelante.
Los Triquéquidos, ó Moi'sas,
Fig. 138. . , , ,
pierden muy temprano muchos
de sus dientes, pero los caninos superiores toman gran des-
arrollo y se convierten en defensas como las del jMacaerodo
fósil. Los miembros son también cortos pero mas adoptados
que los de las Focas para sostener el cuerpo.
Queirópteros
La mas notable particularidad de los Queirópteros, ó Murcié-
lagos, fig. 139, es la extraordinaria extensión de los miembros
lorácico.s, los cuales,
así como también las
demás extremidades
(patas posteriores y
cola) están casi com-
pletamente trasfor-
madas en membra-
nas que constituyen
órganos del vuelo.
Estos órganos son
enteramente diferen-
tes délos délas Aves
y mas bien podrían compararse con las alas de los Insectos.
La trosformacion de la piel en simple membrana, (jue en
los demás Vertebrados encontramos solamente cerca de la ter-
minación de las extremidades, en los Queirópteros es exagerada,
aiiarece hasta en los costados del cuerpo y, mas ó menos com-
pletamente, trasforma hasta los miembros en membranas. El
cuerpo, por el contrario, es recogido y pequeño. Solo en algu-
nas especies que se aumentan de frutas, los muslos y los lira-
zos son gruesos y carnosos, pero los antebrazos y las piernas
están mas ó menos completamente reducidos á huesos largos
V descarnados. Las uñas también han sido reabsorbidas v
Fig. 139.
membranizadas ; en los miembros anteriores, solo el pulgar.
y especialmente el índice, tienen uña ; los dedos de los poste-
riores son libres y están i)rovistos de uña. La boca es grande
y con sistema dentario completo y cuyos incisivos frecuente-
mente están separados en el medio. Los Queirópteros son noc-
turnos ; viven en los huecos'de los árboles, en las grietas de
las piedras, en las hendijas de las casas viejas, etc., en donde
pasan sueño invernal. Las hembras tienen dos mamas pectoi'a-
les y vuelan con el hijo fuertemente asido á la madre.
Los Fnigivoros son grandes; la cabeza es larga y semejante
á la de los perros ; orejas pequeñas y cola rudimentaria. La
lengua está cubierta de puntas córneas. Viven en las regiones
cálidas del África, de la India y de Australia.
Los Insectívoros son mas numerosos y variados ; tienen ho-
cico corto, orejas grandes ; por lo común llevan apéndices de
la piel en la cabeza, nariz y orejas, que dan á estos animales
un aspecto muy extraño. La mayor parte se alimenta de in-
sectos, á veces de frutas también; otros chupan la sangre do
las aves ó de los mamíferos.
Prosimios
Estos Mamíferos presentan caracteres que los hace parecer-
se á otros muchos animales. Estuvieron antiguamente clasi-
ficados con los monos, á los cuales se asemejan mas, prin-
cipalmente por tener los pulgares de los cuatro miembros
(( oponibles», como se llaman cuando se e.N.tienden en dirección
divergente á los demás del mismo miembro. El cuerpo está
cubierto de pelo suave y lanoso. La cabeza se parece á la de
los Carnívoros ; está también cubierta de pelo y es notable por
el gran tamaño de los ojos. Los miembros anteriores son por
lo general mas cortos que los posteriores, y en unos y otros
los pies son casi siempre prehensiles y con uñas chatas, á ex-
cepción del segundo de las patas posteriores, el cual tiene una
larga garra. Su sistema dentario se parece al de los Insectí-
voros y al de los Carnívoros. Viven en las zonas tropicales
de África y de Asia ; casi todos son nocturnos ; trepan hábil-
mente á los árboles, pero son lentos y perezosos.
46 —
Los Galeopitéciclos, f]g. 140, se parecen á algunos murcié-
lagos; tienen una membrana
aliforme que une los miembros
anteriores y los posteriores con
la cola; pero las piernas son
mas gruesas, con fuertes gar-
ras, y la membrana está cu-
bierta de pelo y es mas angosta
que la de los murciélagos; se
sirven de ella como de un pa-
racaidas. Tienen las costum-
bres de los murciélagos y tam-
bién dos mamas pectorales.
El Cheiromijs tiene cola larga
y muy poblada; los dedos muy
largos, con largas garras; el pulgar de las posteriores tiene uña
plana y es oponible ó, como diremos en adelante, divergente de
los demás dedos. Los dientes son : y- -^- |-) lo mismo que los
Roedores ; pero los incisivos carecen de raíz y están del todo
cubiertos de esmalte.
Los Tárcidos se parecen á ciertos ratones por su forma y á
la ardilla por sus costumbres. Tienen
cabeza gruesa, hocico corto, grandes ojos
» ^ y orejas, y tarsos muy largos.
l^,¿¡^ Los Lemúridos, fig. 141, comprenden
muchas especies que se distinguen prin-
cipalmente por el distinto desarrollo de
la cola, de los miembros posteriores, de
las orejas, etc., y son los mas perezosos
de los Prosimios.
Fig. un.
Primates
Los Primatos comprenden los Monos y el Hombre. Son plan-
tígrados; con sistema dentario completo : | incisivos cortados en
bisel; cara desnuda; dos mamas pectorales y con pulgares di-
vergentes, ya sea en las extremidades anteriores, ó manos, ya
en las posteriores, ó pies, ya en unas y otras.
Los miembros anteriores son generalmente mucho mas lar-
gos que los posteriores. Los dedos están casi siempre provistos
de uñas planas, pero algunos de los pies llevan á veces garras.
La cola es por lo general larga, frecuentemente prehensil, á veces
es muy corta ó falta del todo.
Con respecto á los detalles de sus formas, al color y á la
abundancia de su pelo, así como también á sus gustos y cos-
tumbres, los Primatos presentan grandes variaciones de grado.
«Muy pocos Primatos viven solitarios; casi todos forman
grandes manadas» sometidas, no á las mismas leyes biológicas,
como las colonias de los Invertebrados, sino al mondo de
los machos mas grandes, fuertes ó astutos. «Las hembras dan
á luz uno, dos ó rara vez tres hijos en 'cada parto, y los crian
y protejen con admirable ternura»: pero ú medida (¡ue el jó\en
crece y se hace adulto, aumenta también su amor sexual, ó
centrípeto, mientras que el amor maternal, el paternal y el filial
se hacen mas y mas centrífugos, \ disminuyen, y aun desapa-
recen en las especies, razas ó individuos inferiores. «Bajo el
punto de vista psíquico, estos animales, están á la cabeza de
todos los Mamíferos. Muy inclinados á la imitación» — excesi-
vamente, en el Hombre — «aprenden rápidamente á ejecutor toda
una serie de operaciones distintas para las cuales saben mas ó
menos aprovecharse de la experiencia. En cambio, son mal do-
tados respecto a los sentimientos; su natural maligno y per-
verso, sus pasiones ingobernables, los hace considerar como
los mas completos animales en la mala acepción de la palabra.
Los primeros restos fósiles aparecen en las capas mas antiguas
del terciario».
Los Primatos pueden dividirse en cuatro sub-órdenes: Arcto-
pitecos, Platirrincos, Catarrincos y Antropídeos.
Los Arctopitccos son unos lindos monitos de América meri-
dional; cubiertos de un pelo suave y lanoso; cola larga y muy
poblada, y algunos tienen mechones de pelo en derredor de las
orejas. El pulgar del pié es divergente y con uña plana; todos
los demás llevan garras y el pulgar de la mano es paralelo
á los demás. El mas pequeño, llamado cmarino, es del tamaño
de una rala. El Ouistiti es el mas común.
— 48 —
Los Platirríneos también son de América. Están caracteriza-
dos por su tabique nasal ancho; las ventanas de la nariz están
distantes la una déla otra. Los dientes son 30, ó sea-|-- y- -(.-•
Los pulgares de las manos son menos divergentes que los de
los pies y á veces están atrofiados. Las uñas son planas ó abo-
vedadas. La cola es larga y generalmente prehensil.
El Sakí rabón es notable por su gran barba y largo pelo de
la cabeza. El Nijctipitheciis es nocturno y con grandes ojos; el
tabique nasal es estrecho y las narices se abren hacia abajo.
Los Áteles, ó Monos-arañas, fig. 142, tienen patas muy largas y
Fig. 112.
delgadas, cola larga y prehensil y pulgares rudimentarios. Los
Mycctos, ó Aulladores, tienen el hueso hyoideo muy desarrollado
y la extructura de su larinje les permite dar aullidos tan fuertes,
que pueden oirse á grandes distancias.
Los Caiarr/iieos son los Monos del A'iejo mundo. Su taliique
nasal es estrecho; las ventanas de la nariz están próximas
entre sí y se abren debajo de la nariz. Los dientes son 32, ó
sea V Y -i, lo mismo (¡ue en el Hombre; pero están mas se-
parados, pues las mandíbulas son mas largas. Los caninos
son por lo genei'al mas grandes que los de los Platirríneos.
La cola es muy larga, á veces es rudimentaria y no es ni
prehensil ni capaz de ser arrollada. Los pulgares son todos
divergentes; las manos y los pies son prehensiles y con uñas
planas. Todos presentan ahajones, mas ó menos desarrollados,
á cado lado de las mandíbulas, y callosidades en las nalgas.
Con respecto a su inteligencia, los Gatarríneos son superiores
— 49
á los Platirríneos. Esta superioridad de los Caturríneos es tanto
mas digna de llamar la atención, cuanto que nosotros, los
Primates mas catarríneos, somos también los mas inteligentes;
y aun podemos creer que esa relación entre la superioridad
intelectual y la finura de la nariz, ya fué observada por los
hombres ilustrados de la antigüedad, pues á los Hebreos (Se-
mitas), a los hombres mas catarríneos, se les habia enseñado
que eran el (^ pueblo elegido n.
Comprenderemos en los Catarrínios solamente á los Cino-
cefálidos, Cercopitécidos y Semnopitccidos.
Los Cinocefálidos {kyon,\)Qvvo;hephale, cabeza) son de cuerpo
corto y pesado; la cabeza es como la fea caricatura de un
perro; los caninos son grandes y como los de los Carnívoros,
y la cola es corta ó mediana y terminada por un haz de pelos.
Las callosidades son muy grandes. Viven en los parajes mon-
tañosos del África. Estos Monos son los mas repugnantes,
perversos é insolentes de todos ; asaltan las plantaciones y
hacen en ellas los mayores estragos.
Los Cercopitécidos son de formas ligeras y graciosas; á ex-
cepción del Macaco, que es el mas parecido á los Cinocéfalos;
tienen miembros vigorosos y pulgares bien desarrollados. La
cola puede ser corta ó larga, pero sin mechón de pelos en su
extremidad.
Los Semnopitécidos son de cuerpo y miembros delgados y
delicados; cola larga; hocico muy corto; callosidades muy pe-
queñas; sin verdaderos abajones, pero con una bolsa laríngea
de tamaño variable; pulgar de la mano muy corto. El estó-
mago está dividido en tres par-
tes; lo que recuerda, en cierto
modo, el de los Rumiantes; se
alimentan de hojas y de frutas.
El Semnopiteco násico, fig. 443,
es notable por su nariz muy
larga y movible. El S. Nemaeiis
por el contraste y variedad de
sus brillantes colores. Los Co-
lobos se distinguen por la atro-
fia ó la falta de los pulgares
de las manos. Algunos tienen
pelo largo en los costados del cuerpo, una larga crin blanca
y la cola terminada por un haz de pelos.
Fig. 143.
— 50
Los Antropídeos carecen de cola, de abajones y casi siempre
de callosidades. Los dividiremos en: Hijlohátidos, Antropomorfos
V Hombres.
Los Hijlohátidos, ó Gibones, tienen la cabeza pequeña; redonda;
cuerpo delgado; los miembros anteriores son tan largos que
casi tocan al suelo cuando el animal está de pié. Callosidades
muy pequeñas; sin cola. Viven casi siempre sobre los árboles
y son sumamente ágiles.
Los Antropomorfos, llamados así por su gran semejanza con
el Hombre, tienen también los miembros anteriores mucho
mas largos que los posteriores; carecen de cola y de callosi-
dades, así como de abajones. Cuerpo cubierto de pelo tupido
en la cara inferior del tronco y de los miembros. Los Oran-
gutanes se distinguen por su cabeza corta, con orejas pequeñas;
lirazos que bajan hasta el
tobillo. Su talla alcanza has-
ta 1"50. Viven sobre los
árboles, en donde construyen
un nido sin techo. El Go-
rilla, fig. 144, es de cabeza
estrecha. Los miembros an-
teriores llegan hasta mas
abajo de la rodilla. Su esta-
tura es próximamente de
1™70, pero de enorme cor-
pulencia y de una fuerza
extraordinaria. Este Mono
gigantesco vive en la costa
occidental de África y es muy temido por su ferocidad. El Chim-
panzé, ó Troglodita, tiene las orejas grandes y semejantes á
las del hombre, pero muy separadas de la cabeza. Los miem-
bros anteriores bajan hasta las rodillas. Su talla es próxima-
mente 1™50, en el macho, pero son de mas corpulencia que el
hombre. Construye sobre los árboles un nido con techo.
Los Hombres son Antropídeos de miembros anteriores mu-
cho mas cortos que los posteriores, los cuales son aun mas
largos que en los demás Antropídeos (fig. 145); piel mas ó
menos desnuda y de color variable entre negro y blanco; pul-
gares paralelos en los pies y divergentes y mas ó menos
oi)onibles en las manos.
La desproporción que existe entre los miembros superior y
los inferiores, basta para explicar la distancia que separa al
Hombre de los demás Antropídeos. — Si ñjamos la atención
Fig. 144.
— si-
en las dificultades que presenta esta desproporción, para ca-
minar, y la gran actividad que caracteriza á los Primates y
principalmente á las razas humanas superiores, fácil sera com-
Hombro. GoriUa. CliimpanZL'. Oraugutau.
I'ig. 145. '
Cinocéfalo.
prender la necesidad que obliga al hombre á tomar la posición
vertical, y á conservarla en la locomoción.
Una vez admitido que el hombre ha adquirido la posición
vertical por la necesidad de caminar mas fácilmente, y que
todas las diferencias que existen entro las aptitudes intelectua-
les y morales del hombre, respecto de las de los demás Prima-
tos, no son sino los efectos del mayor desarrollo de su cerebro,
forzoso será admitir también que ese desarrollo es debido úni-
camente á la posición en que se encuentra durante los prime-
ros nueve meses de su vida. — La cabeza del hombre ocupa
durante esos nueve meses una posición tal, respecto de lo demás
del cuerpo, que favorece el mayor aflujo de sangre á esa parte.
Como la sangre es el vehículo de todos, los elementos de la
nutrición, resulta que el cerebro es, de todo el organismo, la
parte mas favorecida á este respecto, y, por consiguiente, la
que conserva mas tiempo su estado amiboideo, y la que ad-
quiere mayor desarrollo. — En los Mamíferos que no tienen la
posición vertical, el cerebro forma parte de la línea horizontal
ú oblicua en que está todo el cuerpo, de modo que el cerebro
no está en mejores condiciones que los demás órganos.
Los caracteres de su piel mas ó menos desnuda, y muy
especialmente el de su color variable entre negro y blanco,
pueden ser datos importantes cuando en el estudio de la An-
tropología tengamos ocasión de estudiar también la marcha de
la civilización y el significado de lo que llamaremos elementos
Semita y Arya, ó, mas bien, ecuatorial y polar.
Lo que en nuestra definición se refiere á la posición de los
— 52 —
pulgares, responde á la necesidad de no excluir de ella á los
hombres fósiles, cuya existencia revelan ciertos grabados encon-
trados en Francia. — El señor G. de Mortillet dice, al tratar de
esos grabados, que las representaciones de las manos muestran
solo cuatro dedos, siempre solamente cuatro dedos : el pulgar
nunca está representado. Esto prueba que el hombre de esos
tiempos tenía el pulgar, como lo tienen hoy los niños de muy
corta edad, doblado sobre la palma de la mano, y tal vez muy
pequeño, pero aumentó su desarrollo cuando la experiencia le
hizo conocer su utilidad.
El hombre cree ser él una creación especial; y en esto
está en la verdad, solamente porque todo es especial en el
mundo: todo es diferente y todo es semejante. La última especia-
lidad está en lo relativo al tiempo y al espacio, y se ve por el
hecho de que dos cuerpos no pueden ocupar un mismo lugar
en el espacio á un mismo tiempo ; la última analogía está en
que todo «se mueve» siguiendo la ley de la cruz.
ENSAYO M UNA BIBLIOGRAFÍA
DE LAS OBRAS
DON JOSÉ MIGUEL CARRERA
POR
J. T. NI E D I N A
I
bibliografía
Don José Miguel Carrera.
Somos los primeros en reconocer las deficiencias de que
este Ensayo adolece, y al publicarlo nos lisonjeamos sólo con
que contribuirá á añadir algunos elementos de consulta para
el estudio de la vida de Carrera á los que ya había logrado
acopiar el señor Zinny en sus apreciables trabajos biljjiográ-
ficos.
Modestísimo como es, ofrece, sin embargo, en general, al-
gún interés para los argentinos por el rol que le cu|)o desem-
peñar á Carrera en este país; y para los bibliógrafos el que se
deriva del conocimiento de las producciones de la « Imprenta
Federal » establecida primeramente en Montevideo, y más tarde
transladada á Santa Fé y Entre-Ríos.
Por lo demás, no hemos necesitado hacer otras referencias
á la persona de Carrera que las que fluyen naturalmente del
examen de sus trabajos impresos ó que á ellos tocan.
Pero ya que no se trata de historiar la accidentada vida del
general chileno, séanos lícito insertar aquí — porque no pare-
cerá fuera de lugar — el juicio que sus producciones literarias
merecieron al escritor que le ha estudiado quizás más á fondo,
don Benjamín Vicuña Mackenna, cuyas son las palabras que
van á continuación:
« Sin poseer la cultura ni el hábito que hace un arte se-
ductor de la versión del pensamiento. Carrera tenía el estro
innato y sublime que engendra la inspiración y arrebata el
alma y la mente en su vuelo fascinador. Nada hay más bello
en nuestros anales militares que las proclamas que el joven
general dirigió á sus soldados, ni nada más animado que sus
comunicaciones al Gobierno, ni más arrogante que las contes-
— 56 —
taciones al enemigo, cual la que escribió á Sánchez sobre el
arzón de su silla cuando se retiraba de Chillan, ni más elo-
cuente que su despedida al ejército cuando rogaba á sus sol-
dados prestaran obediencia al rival que le había reemplazado.
Todos los papeles que llevan la firma de Carrera en El Moni-
tor Araucano forman como el alma de este periódico, que com-
pendiaba todas las peripecias de la marcha de nuestra revolu-
ción. Como escritor militar. Carrera sólo puede compararse
entre sus contemporáneos á Bolívar, cuyo estilo palpitante y
ardoroso poseía. San Martín, que sólo sabía pensar y ejecutar
su pensamiento, carecía en su lacónica concentración de ese
modo expansivo que toma el alma al derramar sus emociones
en las. almas de los otros.
« Como escritor político, sus dotes eran menos brillantes,
porque la naturaleza indómita no se sugetaba al molde en que
la lógica vá agrupando los caprichosos giros del ingenio. Por
esto se repite y vuelve sin cesar sobre su mismo tema, y
también porque el aguijón que lastima su alma no le da treguas
para ir á buscar en la paleta los matices de la variedad y de
la gracia. En su Manifiesto, hay, además de la corrección del
lenguaje — que no era un dote propio — cierta elevación fría y
magestuosa, que traiciona pronto la cooperación de una mano
más adiestrada en el estilo de la publicidad y de una mente
más cultivada por la ilustración. Pero el resto de sus publica-
ciones hechas en Montevideo durante los años de 1818 y 1819
en que se consagró á este ejercicio, revelan el espíritu de un
escritor eminente, teniendo en bríos y ardorosa pujanza todo
lo que pudiera faltarle de corrección y de soltura. Este sello
tienen sus opúsculos como escritor titulados Un aviso á los pue-
blos de Chile, Cartas á tin corresponsal de Chile, y los periódicos
El Hnrón y la Gaceta de un pueblo del Rio de la Plata, que re-
dactó en aquella época.
« Unía también á su fogoso entusiasmo, una cualidad rara
en los escritores de su temple, la de la paciencia y la minu-
ciosidad para consultar sus datos y arreglar la forma general
de sus escritos. Resalta este carácter en las páginas de su
Diario, que es, sin disputa, la pieza histórica más curiosa que
se conserva en nuestro país por la escrupulosa prolijidad de
su redacción y la comprobación de todos sus detalles; á lo que
se agrega el esmero y limpieza con que escribía, casi día por
día, estos apuntes. El mismo cuidado y la misma puntualidad
observamos en la numerosísima correspondencia pública y par-
ticular que mantenía Carrera, donde su bella y limpia manera
— 57 —
de escribir se ostenta sin borrones, sin palabras rayadas y con
una esmerada puntuación. La obrita sobre educación que tra-
dujo Carrera durante su residencia en Montevideo, sus estu-
dios escritos del idioma inglés, y hasta los apuntes de cartera
que llevaba, tienen este mismo distintivo de orden y exactitud.
« La pluma de Carrera no obedecía siempre al impulso ve-
loz que latía en su mente. Arrastrábalo ésta sólo en aquellos
momentos calurosos en que el humo aún no disipado del com-
bate, ó el golpe imprevisto y terrible de un fracaso, lo excitaba
liondamente; pero en su manera habitual de escribir sabía ser
frío, minucioso, certero, persuasivo, casi siempre inexorable
cuando hablaba de sus émulos ó de su propia pasión, y no
pocas veces elocuente para revelar su razón empapada en luz». ^
« r;i hombre que manejábala pluma de esta múltiple y bri-
llante manera no podía menos de ser una palanca poderosa á
la causa que se arrimase. La federación, que á la manera de
la lava, estaba esparcida en las poblaciones, argentinas, más
como una pasión que como una teoría, necesitaba un eco. En-
contrólo ahora en la imprenta de Carrera. Dióle ésta el pensa-
miento, la forma, la divisa, y marchó después con ella á la victoria
y al poder.
« No fué, sin embargo, motivo de pocos afanes para Carrera,
en la pobreza y aislamiento en que vivía, el procurarse los
elementos que debían servirle para esta especie de tarea tan
nueva y desconocida para él. Tenía que ser escritor y publi-
cista, impresor y obrero, todo á un tiempo, en secreto y sin
recursos ni brazos auxiliares. Su ingenio suplía ¡os medios; su
constancia, que era incontrastable, le servía en lugar de la pa-
ciencia, que era inconciliable con su índole.
« Así, vemos que a medida que el destino se complacía en
cambiar las formas de la suerte del General chileno, sin qui-
tarle por esto jamás su fatalidad, el espíritu de éste seguía in-
contrastable sus diferentes rumbos, oponiendo su varonil esfuerzo
á todos los contrastes, á la manera de la barquilla que, batida
por incesante tormenta, obedece sin zozobrar á los encontrados
vaivenes délas olas».
He aquí ahora cómo el mismo escritor hace la historia de la
« Imprenta Federal » que sirvió á Carrera para dar a luz la
mayor parte de sus producciones.
« Carrera había traído de Estados-Unidos una imprenta que
era de su dominio particular, porque la adquirió con sus pro-
Vicuña Macicen na. El ostracismo de los Carreras, pág. 194.
— 58 —
pios fondos. Ni esta circunstancia había valido, sin embargo,
para respetarla en el secuestro general que se hizo por el Go-
bierno Argentino de todos los objetos de su expedición. Mientras
se disponía de ella, se depositaron los cajones en que estaban
acomodados la prensa y los tipos en la bodega de un chileno
llamado Serrano, que había sido dependiente de don Manuel
Gandarillas. Mediante esta circunstancia, pudo el joven don
Diego Benavente sustraer dos cajones de letra, y remitirlos á
Carrera á fines de 1817, juntamente con una pequeña prensa
que había servido para estampar naipes en una fabrica esta-
blecida por Gandarillas.
« No pudo recibir Carrera un regalo más precioso ni más
oportuno. Pero, ¿cómo aprovecharlo si él era del todo inhábil
en el arte de la tipografía? Su vehemente y sagaz empeño le
guió, sin embargo, en esta dificultad. Busco una Enciclopedia
inglesa^ estudió la teoría de imprimir, hizo construir por las
indicaciones y modelos del libro, algunos pequeños útiles, y
alquiló en una lozería seis docenas de platos para que le sir-
vieran en la distribución de los caracteres. Con tan ímprobo y
minucioso trabajo inició Carrera su tarea y aún llegó á compa-
ginar el primer pliego de su Manifiesto.
« Vino, sin embai-go, en auxilio suyo, al poco tiempo, su
antiguo camarada Benavente, que traía un acopio de tipos y
la prensa de fierro que había sido embargada a Carrera y que
él había logrado embarcar á escondidas. Benavente se había
hecho un mediano tipógrafo, tanto en la fábrica de barajas en
que trabajaban los chilenos, como en las imprentas de Buenos-
Aires, donde había aprendido el oficio de cajista para ganar su
diario sustento. La imprenta de Carrera montóse, pues, en un
pié respetable y recibió el nombre bombástico, pero solapado,
de Imprenta Federal de William P. Griswold y John
Sharpe. 2
« Carrera se constituyó en jefe de la empresa, juntamente
con Benavente, pero le ayudaba para escribir don Nicolás Herre-
ra, el supuesto redactor de su Manifiesio, y un oficial Sufriátegui,
mientras que el General Alvear, que no entendía de letras,
aunque fuese uno de los oradores más brillantes de su época,
y el chileno don Pedro Nolasco Vidal le servían de ayudantes
en el manejo de las prensas. Alvear, que en todas partes con-
- El señor Zinny ha sostcniílo que los nombres do Griswold y Sharpe eran
verdaderos, y aún añade que, según se cree, ambos vinieron en compañía de
Ctjrrera desdo Estados-Unidos y que continuaron sirviendo á sus órdenes hasta el
fin de su carrera. Parece, pues, que la verdades otra.
- 59 —
servaba su genio un lanto atolondrado, prefería servir la tinta
al tiempo de imprimir los i)iiegos, y como cargara demasiado
la mano, haciendo borrones en los tipos, contestaba á las que-
jas del prensista Benavente con alguna enérgica interjección,
exclamando de continuo : « mientras más negra mejor, así
pasará más intacto á la posteridad!» Y tenía razón, en efecto,
este original entintador, porque todas las publicaciones que se
hicieron en la Imprenta Federal se encuentran hoy tan frescas
como si acabaran de s¡ilir do la prensa » . ^
Acerca de la suerte que corriera esa imprenta, léase lo que
un escritor famoso en los anales de la prensa argentina y á
quien su carácter conventual no impidió mezclarse en las luchas
del periodismo, decía en 1825 :
« La imprenta famosa del finado General Carrera estaba
repartida en distintos parajes, dond^e la iba dejando aquel
hombre tan caminador. Yo he tenido la prolijidad de irla reco-
giendo, por ver si acaso podía ponerla en ejercicio, aunque lo
que pertenece á la prensa estaba ya en mi poder, pero me fal-
taban leti'as é innumerables otros utensilios. Entretanto, la
Providencia, cuando yo menos lo pensaba, me deparó un ex-
tranjero artista el más cabal que he conocido. Es un hombre
insignemente servicial, y que, además, ha hecho pleito-homenaje
de ser mi esclavo y seguir mi suerte. Nada quiere recibir y
anda descalzo como yo. Se llama D. Carlos de S. Félix y es
suizo de nación, capitán mayor que fué del ejército de inge-
nieros de Bonaparte. I'^ste señor, no sólo me ha arreglado la
prensa, supliendo los instrumentos que faltaban, sino que tam-
bién me ha hecho moldes y armarios de madera, fundiendo
letras, y ha provisto cuanto basta para una imprenta lu-
josa. » *
Puédese agregar todavía que los tipos de la Imprenta Fede-
ral, sirvieron también, según se presume, Ipara componer las
columnas del Correo Ministerial del Paraná, que se dio á luz en
los años de 1821 á 1823 por la « Imprenta de la Provincia de
Entre-Rios. »
^ Vicuña Mackerna, Ostracismo de los Carreras, pág. 200.
••Representación del R. P. lector jubilado F. Francisco de Paula Castañeda
al señor Gobernador de Santa-Fé (Mayo de 1825) publicada por Zinny, Efemeri-
dografia argireparquiática, pág. 19.
1812
1. — (En el comienzo de la póg.:) Proclama / De la
Exma. Junta Representativa del / Reyno a los habi-
tantes de la Pro- / vincia de Concepción. /
Fol. — Una hoja impresa por un lado. — Testo á dos cois. — Suscrita por Prado,
Carrera, Portales y el secretario Vial.
B. I. N.
Reproducida en el número 28 del tomo I de La Aurora, cor-
respondiente al 20 de Agosto de 1812, á cuya fecha debe, por
consiguiente, i'eferirse. Fué posteriormente reimpresa en el to-
mo I, pp. 209-10 del El espíritu de la prensa chilena, con la si-
guiente nota :
« La presente proclama tuvo lugar á consecuencia de la ce-
sación de los disturbios políticos de la Concepción, ocasionados
por la diversidad de opiniones entre los señores D. Juan Mar-
tínez de Rozas, su gobernador, y el General Carrera, presidente
de la Junta. La provincia de Concepción, que se babía sepa-
rado de la unión chilena, á las órdenes del primero, fué al fin
sometida al gobierno general por una revolución militar obra-
da el 8 de Julio de 1812. »
He aquí el texto de esta proclama :
« Habitantes del estado de Arauco : nuestra libertad esta
escrita en el libro de los destinos, no lo dudéis ; el Arbitro
Supremo ha extendido su omnipotente mano sobre nosotros ;
ya sólo resuena en todos los ángulos de Chile el dulce eco de
la unión : los manes del sabio Colocólo, del intrépido Caupoli-
cán, del imperturbable Rencu revi\-en el germen precioso que
no pudieron extinguir tres siglos de desvastación y tiranía. Sí,
ciudadanos de la inmortal Concepción : vosotros que habéis
anudado en la memorable noche del ocho los lazos sagrados
de nuestra fraternidad, pusisteis el atrincheramiento más fuerte
á nuestra sagrada causa : en él se estrellarán eternamente los
— G2 —
impotentes esfuerzos del despotismo expirante : verán con
asombro las naciones lo que pueden un millón de hombres
libres, unidos y generosos : reviviremos las glorias de nues-
tros progenitores, y se abrirán de par en par las puertas al
honor, á la virtud, al mérito. No tendréis que encorbar vues-
tra cerviz al falso brillo de unos mandatarios en que sólo lu-
cían los bordados: sólo se someterá el habitante chileno á la
ley que él mismo se dictó : ya no se profanará el santuario de
la justicia; y huyendo despavoridas de nuestro agradecido suelo
las pasiones mezquinas, el bajo interés, el egoísmo aniquila-
dor, la traición y la intriga, llegará á resucitar en. la América
el siglo de oro que cantaron los poetas. ¿Y á quien encomiará
la posteridad agradecida el goce más lleno de su felicidad ?
¿Quiénes ocuparán las páginas más augustas de nuestros fas-
tos? No trepidéis un punto, la gratitud común se dirige sin
equívocos á los ciudadanos armados, al virtuoso ejército, al
benemérito vecindario de la Concepción: á esos restaradores
inmortales de la unión inseparable; á esos héroes de la patria
que, penetrados de sus verdaderos intereses, volvieron las ba-
yonetas á la funesta preocupación de los extraviados. Reciban
del Gobierno, que la representa, los votos de la comunidad
entera, que sellará á todo trance su fraternidad, cordialidad é
inseparable unión. »
2. — (En el comienzo de la primera pág.:) Plan / de /
Uniformes / dado nuevamente por la Superioridad /
para todos / Cuerpos Veteranos, y de Milicias / del /
Exereito de este Reino. / (Bigote de adorno).
4°. — 8 pp. füls. — Pp. 9-12 contienen el «Plan de divisas.»
Suscrito en Santiago, en 7 de Noviembre de 1812.
En el ejemplar que teng-o á la vista, de propiedad de D. Nicolás Anrique, se en-
cuentra al final una nota manuscrita, fechada en 20 de Setiembre de 1814, y al
parecer con letra y rúbrica de D.José Miguel Carrera, que dice asi:
i< Para la INIarina se acuerda hoy el siguiente uniforme: — Casaca, cuello, bota
y solapa azul. Cabos amarillos. En la solapa, nueve botones. En la botamanga,
cuatro. En la faltriquera cuatro, y tres á lo largo del faldón. Espada-sable, som-
brero de picos. El centro blanco, el calzón corto. Cuando no sea riguroso el uniforme,
puede usarse pantalón azul y media-bota.
ic Hasta nueva disposición del Gobierno, será arbitro el jefe de la armada en dar á
la marinería y tropa el uniforme cjue guste.»
G3 —
1813
3. — (En el comienzo de la pan.:) Soldados / De la Pa-
tria, / Amigos y Compañeros, (sic).
Fol. — 1 hoja de 18 X -5 cents., impresa por un lado . — Texto en letra grande. —
Sin fecha ni firma.
Pareja ocupo á Concepción el 28 de Marzo de 1813; de modo que la impresión de
esta proclama debe referirse á acpiellos mismos dias .
B.I.N.
«VAMOS, no á pelear, a triunfar de un puñado de aven-
tureros que han osado invadir nuestrd suelo, esperanzados en
la alevosía que les aguardaba en Concepción, vendida por cua-
tro egoístas, que luego serán víctimas de aquel virtuoso pueblo,
celoso de su honor y vengador del engaño ultrajante. Pensaron
los infames sorprender el resto del Estado con una tentativa
repentina ; pero ellos son burlados ; aquella misma provincia
se alarma, sus esforzadas milicias se reúnen con energía; á la
voz de un PATRIOTA la tropa deserta y vuela hacia nosotros;
los caudales públicos se han salvado; el fuego de la LIBER-
TAD prende por todas partes, y si un cañón defendido de se-
tenta hombres fué capaz de poner en desorden á esos cobardes,
calculad cual es su fuerza, y si el valor de los fríos asesinos
puede medirse con el de los chilenos animosos. La seguridad
de la PATRIA pende de vuesto esfuerzo. ¡SOLDADOS! corra-
mos á la victoria, y volvamos al seno de nuestros hogares, co-
ronados del honor y de la virtud, que es la recompensa de las
almas grandes. ¡ Venganza á los viles, y gloria inmortal á los
brazos salvadores del pueblo que los invoca. »
4, — (En la parte superior de la pófj-O Reglamento/
Provisional. / (Biijote compuesto). Para evitar la mala
versación y extravíos, que por falta de / un Regla-
mento se han generalizado en el ano (sic) del Ser-
vicio y de los / propietarios, que después de auxiliar
con .sus bagages y útiles en / prorrata las divisiones
partidas y propios, los pierden muchas / veces; las
Juntas de Auxilios de cada cabezera, sus Comisiona-
— 64 —
dos / y Diputados de transito observaran provisio-
nalmente el siguiente: /
Fol. — Una hoja impresa por un lado, de 19^ 23 cents. — Texto á dos cois. — Sus-
crita en Santiag-o, en 8 de Abril de 1813, por Carrera, Pérez é Infante.
Este reglamento consta de ocho articules, y como lo dice el preámbulo que queda
transcrito, fué dictado para poner á los contribuyentes á cubierto de las injustas exac-
ciones de que eran victimas do muchos que les exigían auxilios y prorratas sin legitimo
titulo.
5. — (En el principio de la pág::) Proclama / del / Excmo.
Gobierno. / (Filete doble). Chilenos. /
Fol. — 1 hoja de 18X24 cents., impresa por un lado. — Texto en letra grande.
B. 1. N.
« La Patria e.stá afligida por la desesperada tentativa de un
emigrado español, que fundado en el derecho de oi)rimiraos,
que cree afecto á su impotente orgullo, ha seducido á nuestros
hermanos de Chiloé y Valdivia ¡jara que sirvan á establecer
su tiranía, y que así, destruyéndose entre sí estos fieles pue-
blos, sean después la presa de las potencias, cuya dominación
prefieren á nuestra libertad y á la igualdad con que nos enga-
ñan, al mismo tiempo que intentan esclavizarnos. Los valien-
tes araucanos pelean actualmente por defender el antemural
de nuestros hogares ; vamos á deberles nuestra gloria y nues-
tra felicidad. No los abandonemos y tengamos parte en sus
heroicos esfuerzos. Es preciso auxiliarlos, y el Gobierno, que
está convencido de la generosidad de los habitantes de la capi-
tal, quiere que se deban ú ella los socorros que aguardan nues-
tros hermanos. El que no pueda hacer una erogación absoluta,
será religiosa y prontamente satisfecho del empréstito que le
permita su fortuna. Ninguna será desestimada por pequeña, y
será igual el honor de todos los que concurran á un servicio
que inmortalizará su nombre entre los de los que han salvado
la Patria. — Carrera. — Portales — Prado.
6. — (En la parte de arriba de la hoja:) Proclama /ala
Valerosa Marina / de / Chile. (Bigote compuesto). Pai-
sanos y Amigos. /
Una hoja en folio impresa por un lado, de 19X26 cents. — Suscrita por
Carrera, Pérez é Infante.
Repr. en el Esp. de la prensa, 11, p. 110.
B. I. N.
— 65 —
« Cuatro piratas miserables, forzados por un viejo aventu-
rero, se atreven á insultarnos, y después de pasar á degüello
á' los mismos que los recibieron en Talcahuano, penetraron
hasta la ciudad de Concepción, vendida por la tración de un
infame. El honor de Chile y la seguridad de sus habitantes se
interesan en la ruina de esos salteadores, que sin declaración
de guerra acaban de atropellar todas las reglas de la justicia
y honradez, entorpeciendo nuestro comercio y obligándonos á
cerrar nuestros puertos.
« Vosotros, compatriotas, que sabéis burlaros del mar con
denuedo y bizarría, vais á cubriros de gloria, salvando al país,
vengando su crédito y escarmentando el atrevimiento insolente
de los malvados. ¿Qué se diría de la valiente marinería chilena
si mirase con indolencia el ultraje de su tierra y no corriese
á sepultar en el océano á esos cobardes? Pero haríamos la
mayor ofensa á vuestra animosidad si os creyésemos indife-
rentes en un suceso que toca tan de cerca vuestra honra y
vuestra conveniencia.
«¿Sois bravos, esforzados y honrados? Pues marchad á mos-
trar el esfuerzo, la arrogancia y el pundonor! De nada sirven
las virtudes, si realmente las hay, cuando no se manifiestan
en llegando la ocasión. ¿Sois laboriosos y deseáis aumentar
A-uestros intereses y con ellos los de la patria ? Pues aprove-
chad la oportunidad de enriquecer vuestras familias y sacar-
las del triste abatimiento. Los despojos del enemigo serán
vuestros. El aguarda un grueso auxilio de caudales que ha
pedido á Lima para aliviar la escasez en que se halla. Muy
pronto se presentarán en la mar los buques que conducen este
opulento socorro, y otros, llenos de cargamentos estimables.
Las presas serán vuestras, y á la gloria de salvadores de Chile,
añadiréis las fortunas de vuestras casas, elevándolas de un
golpe al grado de esplendor que las haga participantes de las
distinciones que la sociedad dispensa al brillo exterior. El Go-
bierno, por otra parte, gratificará vuestro empeño con premios
dignos de vuestro mérito.
«Paisanos: la Armada os espera; el reconocimiento de vues-
tros compatriotas os aclama; vacila el poder indecente de los
invasores, y la fama aguarda los triunfos de vuestro valor para
llevarlos á las naciones más remotas y á la posteridad más
dilatada, que bendecirá con ternura á sus libertadores y á
los fuertes brazos de los bravos que supieron vengar el nom-
bre CHILENO iwr mar y por iicrra. La victoria es segura : volé-
— 6G —
mos á alcanzarla : el viento hinche las velas, é inflame los
corazones el fuego del honor. »
7. — El / Monitor / Araucano / Periódico ministerial / y /
político. / Santiago de Chile: /En la Imprenta de Go-
bierno P. D. J. C. Gallardo. / 1813.
4°. — Consta la colección de este periódico, redactado por Camilo Enrlquez, de
dos volúmenes. El primer número apareció el. martes 6 de Abril de 1813 y el úl-
timo el 1.° de Octubre de 1814. El primer tomo se compone de cien números
ordinarios y de cuatro extraordinarios, y el segundo de ochenta y tres ordinarios
y de quince extraordinarios. En todo él se registran documentos emanados de la
pluma de Carrera.
Para mas detalles de este periódico, véase mi Bibliografía de
la Imprenta en Santiago de Chile, 1891, 4.° mayor.
1814
8. — ( En el principio de la primera pág. : ) Manifiesto /
del Gobierno / á/ los Pueblos. (Colofón.) Santiago:
P. D. J. Camilo Gallardo.
4°. — 4pp. foliadas, menos la primera.
Briseño, 2ÍSÍ. hihl., I, p. 190.
Este Manifiesto, cuyo texto vá á continuación, se publicó también en El Monitor
Araucano, del martes 2 de Agosto de 1814.
(( Al presentarse un nuevo Gobierno á la frente de sus con-
ciudadanos, nada es tan capaz de adquirir su confianza como
aquella exposición sincera y franca que coincide con los sen-
timientos de que con justicia debía estar prevenido el pueblo
mismo. Para hablar con hombres irreflexivos, sería bastante
el artificio de la palabra; pero cuando tratamos con los verda-
deros patriotas, que aspiran sólo á la seguridad de los dere-
chos de su país, ratifican en su corazón aún las medidas
impensadas de salvarlo ; ni necesita el Gobierno de apoyar su
exaltación en la ruina y conducta de sus predecesores, ni va-
lerse de otro lenguaje que el de la verdad : y ella formará
siempre nuestro carácter.
«Si la ocupación de Talca por los invasores de Chile hizo
adoptar al pueblo la conccntraci(')n del jioder al mando uniper-
— G7 —
sonal, él se puso por sus propios pasos en circunstancias tan
difíciles, que, excitada su natural delicadeza, al menor desvío
de las esperanzas que había concebido, se creyese más enga-
ñado en éstas que en los recelos que pensaba cautelar con la
innovación.
«Lo cierto es que un descontento general se había difun-
dido, en términos que, haciendo zozobrar el crédito de la au-
toridad, se murmuraba universalmente su arbitraria prorrogación
más allá del bimestre prefijado en la solemne aclamación del
7 de Marzo y debían mirarse marcadas con el sello de la ile-
galidad todas las emanaciones de un poder caduco por los
principios de su misma institución, y cuya permanencia sos-
tenida un tiempo ];)or la habitud de la fuerza, no dejó de des-
pertar con su mismo letargo el valimiento de ésta para volver
por los derechos del pueblo, que sin ella se veía imposibili-
tado á reclamarlos.
« Entretanto, una facción que siempre había sido sofocada
en las oscilaciones de nuestra libertad naciente levantaba su
cabeza erguida, insultando con sonrisa á los amantes de la
causa americana, como si la proclamación de sus derechos
fuese inconciliable con los deseos de la paz, ó como si los
pactos que la reglaban dejasen á Chile en !a oscuridad de su
antigua servidumbre. No era el menor aliciente de ese descaro
intolerable la persecución activa de aquellos j)atriotas, cuyo
sacrificio será un documento de justificación en el hecho de
lisongear á los rivales de nuestra causa : y nosotros nos con-
gratulamos del sufragio uniforme del generoso pueblo, que en
la premura de los momentos ocurrió á reunir su alegría al
voto de sus diputados, y de las honorables corporaciones que
el día 23 nos depositaron la confianza del mando hasta la de-
liberación del Congreso.
«Pueblos de Chile: vosotros tendréis en breve instalada esta
representación apetecida para perfeccionar los movimientos de
nuestra infancia civil. Nosotros esperamos con ansia el resul-
tado de la comisión anticipadamente encargada de las reglas
directivas de su convocatoria. Entretanto, la ratificación de las
provincias, que ha de valorizar el alto empeño que hemos
aceptado, encontrará en sus mandatarios los más delicados
protectores del gran sistema, y cuyos esfuerzos por la forma-
ción de la opinión y espíritu púL)l¡co, por la seguridad común
y por el aniquilamiento del choque funesto de las pasiones,
reduciéndolas ;í un punto de unidad, serán tanto más activos,
— 68 —
cuanta es la deplorable nulidad política en que se ve consti-
tuido el Estado.
« Pueblos de Chile : vuestra noble y eficaz cooperación sólo
puede hacer felices las tareas de un Gobierno cuyo único ob-
jeto es la prosperidad de la patria. — Santiago, 25 de Julio
de 1814. — José Miguel de Carrera. — Julián de Uribe. — Manuel
Muñox y Urzúa. n
9. — (En la parte de arriba de la páfj.:) Proclama / del /
Exercito Restaurador / á / sus hermanos de Concep-
ción. / (Bif/ote).
Fol. — Una hoja impresa por un lado. — Texto á dos columnas. — Suscrita por
D. José Miguel de Carrera. Reproducida en el Espirilu de la prensa chilena, II,
pp. 108-110, donde se le asigna la fecha de 19 de Junio de 1813. Sin duda por
equivocación se volvió á insertar en las pp. 500-502 del mismo volumen, bajo la
data de 25 de Julio de 1814.
B. 1. N.
« SOLDADOS que gemís bajo las banderas del tirano : el
Gobierno me encarga que os considere como víctimas de la
perfidia de algunos malvados; y yo tengo demasiadas pruebas
que me manifiestan la violencia con que cubrís sus filas. Los
que nacieron en el suelo de Arauco y descienden de los va-
lientes que por tres siglos resistieron el poder colosal de los
Carlos y los Felipes: los que desnudos, sin disciplina, sin la
ventaja de las armas de fuego, han derramado más sangre de
los tiranos europeos que cuanta les costó la conquista desde
el Missisipi hasta el Cabo de Hornos; es imposible que cuando
se trate de hacerlos esclavos, no ya de un grande imperio,
sino de un miserable satélite del Mrey de Lima, doblen su
victoriosa cerviz á tan despreciable yugo.
«ARAUCANOS: volved los ojos á vosotros mismos, y á la
experiencia de vuestos días. ¿Cuál es la suerte á que os des-
tina el mandatario del Perú? La España europea necesaria-
mente dejará de existir. El Virey, cuya devoradora ambición
ha agotado todas las fuerzas y recursos de Lima, es imposible
que subsistiera sin hacers3 esclavo de una potencia extranjera.
Ya estáis viendo que las legiones de Buenos-Aires penetran
por el Desaguadero ii proteger la revolucii'm de Aref[uipa y el
Cuzco, y que, exterminadas completamente las tropas de Goye-
neche, no se divisa un solo cuerpo que pueda resistir hasta
Lima las victoriosas armas de los LIBERTADORES DE LA
PATRIA.
— G9 —
« Interceptada en Chile la mayor parle de la provisión de
aquella capital, y apoderados nuestros puertos de los mejores
bu(]ucs de su comercio, la necesidad y el descontento aceleran
por momentos la libertad de nuestros hermanos de Lima. ¿Y
qué sería de nosotros constituidos á los extremos de la tierra
en un país ultramarino y sin los únicos recursos de vuestra
capital"? A tan funestas resultas añadid el desconsuelo más
sensible para una alma generosa. Los AlNIERICANOS, aunque
derramen por los europeos la última gota de su sangre, jamás
serán amados de ellos. Olvidad, si os parece, la ingratitud con
que lia jiagado el Gobierno de Cádiz los copiosos millones que
reciljiíj de América en la primer noticia de la iti-ución {sic) de
España, despojándonos del comercio, de la igualdad, de la
forma de gobierno que ellos tenían y de la representación na-
cional ; pero no olvidéis vuestros peligras en este momento.
Acordaos que Monteverde en Caracas envenenó á los mismos
soldados que se le pasaron y le entregaron aquel Estado, por
que eran americanos. Acordaos de la costumbre que han obser-
vado en Méjico y Quito de diezmar las tropas rendidas y de-
gollar á sus oficiales. Acordaos que en los mismos parlamen-
tos, y con el estandarte de María Santísima en la mano,
elevada como garante de la mutua buena fé, han destrozado á
boca de cañón á todos los sinceros y religiosos americanos que
se acercaron á un acto tan sagrado é inviolable por el derecho
de las gentes. Acordaos, últimamente, que jamás han procla-
mado una amnistía y perdón general á que no se haya se-.
guido después la muerte y las cadenas de infinitos ciudadanos.
«Esto es lo que debéis temer de vuestros opresores, al
mismo tiempo que la PATRIA coronada de legiones á quie-
nes inflama el genio de la LIBERTAD, os convida á unirnos
con ella y gozar los triunfos que prepara la justicia de su
causa. Pero, mirad que este es el momento que debéis apro-
vechar: no permita el Dios de los Ejércitos que, después de
manchadas las manos con la sangre de vuestros hermanos, os
desamparen los tiranos y os hagan mirar como los monstruos
de vuestro suelo. »
10. — (En la parte superior de Ja hoja y con letra ini-
cial de adorno.) Proclama / del / Gobierno a la Tropa. /
Fol.— Una hoja impresa por un lado .—Suscrita en Santiago, á 28 de Julio
de 1814, por Carrera, Uribe y Muñoz, y reproducida en el Espíritu de la prensa,
11, pp. 502-503.
R. I. N.
— 70 —
«SOLDADOS: con un valor y firmeza de alma que os ha-
rán memorables en todos los siglos, habéis sufrido las fatigas,
las intemperies y las privaciones que eran consiguientes á una
invasión de sorpresa y á una campaña en que la ejecución de
los sucesos debía verificarse en el mismo instante de las
disposiciones. Al fin habéis desempeñado la gloria de vuestra
PATRIA, y merecido un nombre distinguido entre los cuerpos
militares de los pueblos libres. Ahora es preciso que sosten-
gáis esta misma gloria con las virtudes pacíficas, y que os
reconozcan por los mejores ciudadanos del listado. Vuestros
deberes serán la obediencia y disciplina militar, y el resultado
de ellas, la tranquilidad, la seguridad pública y el buen orden
en todas las clases de la sociedad.
«SOLDADOS: concluida la guerra, todas las atenciones del
Gobierno se dirigen á consolaros de los útiles y gloriosos sa-
crificios que habéis consagrado á la patria. Vuestra desnudez
será cubierta, y en cuanto alcancen las fuerzas públicas, seréis
recompensados de vuestras privaciones. Por ahora se os pre-
paran cuatro mil vestuarios é igual número de fornituras. »
11. — (E)i Ja parte superior de ¡a hoja:) Proclama /del
/ Gobierno a la tropa. /
Fol. — Una hoja impresa por un lado. — Suscrita por Carrera, Uribe y Muñúz,
en Santiag-Q, á 28 de Julio de 1814.
B. I. N.
((MILITARES INVÁLIDOS: cuando vuestras heridas y de-
bilidad os presentan á los ojos de la patria como su porción
más preciosa y benemérita, también la reconvienen estrecha-
mente para que seáis recompensados de unos males sufridos
por su felicidad : venid, pues, valientes, cuyo heroísmo habéis
justificado con los gloriosos testimonios que os adornan ;
ocurrid á presentaros al Mayor de Órdenes, coronel don José
Samaniego, á (¡uien comisiona el Gobierno para que se arreglen
vuestros sueldos y se satisfagan cumplidamente por vuestra
vida; y cuando vuestros hijos y esposas coman el pan que os
aseguran vuestras heridas y la gratitud pública, tened cuidado
de estimular á la juventud que os rodea para que conozca que
la patria jamás se olvida de sus defensores. Para que llegue
i\ su noticia, publíquese, fíjense carteles é imprímase. »
— 71 —
12. — (En el principio de la primera pág.:) El Gobier-
no / á / las tiopas que salen. / Santiago 1814 Agosto 19.
4." mayor. — 2 pp. s. f. — Suscrita por Carrera, Uribe y Muñoz Urzúa.
B. I. N.
He aquí el texto de esta hoja, que es rarísima.
« SOLDADOS : Gritan por vosotros nuestros hermanos del
Sud. Los pueblos oprimidos os llaman á voces : escuchad su
clamor.
« Las divisiones del ejército que marcha á Santiago espe-
ran la vuestra para unirse. Ellas avanzan sorprendidas y vio-
lentadas: encontrémoslas, y abramos los brazos á la unión.
« Los sediciosos no tienen partido, y les desespera la deser-
ción, que no pueden evitar sus medidas más estrechas. Aque-
llos compañeros están decididos por lá justicia y por vosotros.
No los empeñemos en un viaje largo y penoso, cuando pode-
mos reunimos á su inmediación.
«¿A quién no lastima la desnudez y apuro en que han lle-
gado más de la mitad de 300 hombres, que á todos constan
ya desertados? ¿Por qué no evitamos la incomodidad de un
viaje extraviado y lleno de riesgos y persecuciones? Sabemos la
determinación general de venirse : les debemos el arrojo de
haberlo emprendido debajo el cañón y del fuego.
« Correspondámosles : toquen marchas redobladas; pero con-
tened ese fuego que se os descubre. No se derrame una gota
de sangre chilena. ¡ Viva la patria, muera el traidor ! Nunca
olvidemos esta distinción.
«Volvamos la tranquilidad al reino, sin hacer llorar una
madre, sin dejar un hijo huérfano. Con esta protesta vamos á
las armas y á la campaña; con su observancia coronaremos el
laurel más glorioso de las victorias del mundo; sólo así que-
dan satisfechos la humanidad, la patria y vuestros hermanos.
— José Miguel de Carrera. — Julián Uribe. — Manuel MuTwz y Urxiía.
1814
13. — Conducta /militar y política / del / General en Gefe
del / Exercito del Rey en oposición con las de / los
caudillos que tiranizaban el Reyno de Chile. /' Año
de 1814. [Colofón:] Sanliago: (sic) en la Imprenta
del Gobierno.
4°. — Port. — V. en bl. — 23 pp. — F. bl.
En este opúsculo del general D. Mariano Osorio se encuen-
tra el « Oficio con que José Miguel Carrera leyendo el remitido
(por Osorio) desde San Fernando, lo pasa á sus colegas. Mos-
tazal, 30 de Septiembre de 1814».
1815
14. — Viva Fernando VIL Gazeta / Ministerial del Go-
bierno de Chile Su redactor / El P. L. J. Fr. José
Maria de la Torre del Sagrado / Orden de Predicado-
res, Doctor Theologo en esta Real Universidad de
San Felipe. / Comprende desde 11 de Noviembre de
1814. hasta 11 de /Noviembre de 1815. / Tomo 1°. /
Santiago: Imprenta del Gobierno P. D. J. C. Ga-
llardo.
4°. — Periódico que comenzó el 14 de Noviembre de 1814 y terminó el 11 de
Febrero de 1817, cuando iba ya en su tercer tomo. En los números 11 y 13 del
tomo I, de 26 de Enero y 9 de Febrero de 1815, se encuentra: «Concepto que
D. José Miguel Carrera tenia de sus compatriotas y amor que les profesaba,
declarado en sus cartas confidentes. »
1817
15. — {Arriba de la pág. el escudo de armas de Estados
Unidos 1) hacia un lado la palabra Circülaire:) Bra-
ves Américains du Sud, / & Habitants de Buenos
Ayro. (sic) /
4°. mayor. — 2 pp. s. f . y 2 bles. — Proclama suscrita por Lo General Roul, y
en letras manuscritas: Filadelfia. La fechaos de 12 de Junio de 1817.
B. C.
En esta pieza, escrita en francés, en que á Buenos-Aires
se le llama Buenos Ayro, y á Pueyrredón, Purodon, se le cali-
fica á éste de «monstruo, vil y cobarde instrumento de las
— 73 -
Cortes del Brasil y deAíadrid». Dice el autor: «creed, valientes
americanos, que ningún motivo personal de venganza me ha
puesto la pluma en la mano, ni me propongo otro fin que lia-
ceros conocer la suerte que os aguarda si no aplicáis pronta-
mente el remedio antes que el mal sea incurable.» Y concluye
así: «Uno de los agentes de este traidor ha enviado á un tal
Belina, polaco. Este individuo era conductor de varias cartas
de pai'te del Embajador de Fernando para hacer fracasar la
expedición del General CARRERA, que tenía á su lado dos
generales y cierto número de oficiales destinados á ayudaros
á sacudir el yugo de vuestros cobardes enemigos. Habréis sa-
bido que ha hecho arrestar á los dos generales y á los oficiales,
y que se ha apoderado de las armas que se hallaban á bordo
de las naves de esta expedición (jue debía cooperar á vuestra
independencia y á la de Chile. La historia m;is remota no
ofrece ejemplo igual.»
1818
16. — Manifiesto / que / hace a los Pueblos / de / Chile / el /
Ciudadano José Miguel de Carrera. / 1818.
4°. — Port. — V. en bl. — Texto, pp. 1-36. — Suscrito en 4 de Marzo de 1818. —
Documentos, pp. S7-64.
B. M.
Reproducida en Valdés, Carrera, pp. 268-307 ; traducido al francés por el Co-
ronel Carlos Robert en EZ Independiente del Sud. 1818. Buenos Aires, Imprenta
de Ja Independencia. Véase Zinny, Efemeridor/rafía arfjiremetropolitana,
pág. 138.
Los documentos anexos son veintidós, á saber : 1 . — Oficio de la Junta
Gubernativa de Chile á Carrera, Santiago, 28 de Septiembre de 1811. — 2. Decla-
raciones que constan del proceso formado con motivo de la conjuración del 27 de
Noviembre de 1811.-3. Intimación del coronel don Juan Francisco Sánchez, 10
de Ago.sto de 1813, á Carrera, y respuesta de éste de la misma fecha. — 4. Oficio
de O'Higgins á Carrera. Penco, 2 de Febrero de 1814. — 5. Nota del autor. — 6.
Extracto á&lBiario de uno de los oficiales de la guarnición de Talca. — 7. Id. de
un oficial á las órdenes del teniente coronel D. Manuel Blanco Cicerón. — 8.
Extracto de los Diarios de dos oficiales del Ejército Restaurador durante el mando
de O'Higgins. — 9. Notas sobre la creación de la Junta Gubernativa de 1810. —
18. Oficio de O'Higgins al Director Lastra, 9 de Mayo de 1814, y respuestas de
éste de 18 del mismo mes, sobre la libertad de los Carrera, después de los trata-
dos de Lircay con Gainza. — 11. Respuesta de Gainza, de 13 de Mayo de 1814.
— 12. Orden del d¡a 11 de Mayo de 1814. — 13. Bando del Director Lastra, de
11 de Mayo de 1814. — 14. Nota del autor. — 15. Carta de Carrera á O'Higgins,
sin fecha. — 16. Oficio de O'H'iggins al Gobierno, 26 de Julio de 1814, acerca de
la conducta de Galnza. — 17. Oficio de Carrera al Gobierno de Chile, Mendoza, 20
de Octubre de 1814, con nn extracto de su Diario. — 18. Recibo dado á Carrera
por D. Agustín López. — 19. Oficio de D. Francisco Antonio Escalada, Buenos-
Aires, 19 de Abril de 1815, sobre la prisión de los tres hermanos Carrera, dirigido
á éstos. — 20. Id. de D. Ignacio Alvarez á Carrera acusándole recibo del plan que
habla propuesto para libertar al Estado de Chile. — 21. Párrafo del Patriota de
Baltimore, del 20 de Noviembre de 1817, sobre Carrera. — 22. Memorial de Carrera
al Congreso de las Provincias Unidas del Río de la Plata.
Como se habrá notado, no hay indicación alguna del lugar ni de la impronta;
pero, á todas luces, ha sido escrito ó impreso esto folleto en Montevideo.
« Los móviles de odio, por una parte, dice el biógrafo de
Carrera, y la aspiración de justificarse, por la otra, le habían
hecho ponerse á la obra de escribir un manifiesto, idea favorita
que había concebido desde los primeros días de la emigración
de Chile, pero que hasta entonces iuo había podido realizar.
Ejecutó la obra, según parece, en consorcio con el hábil escri-
tor Nicolás Herrera, antiguo ministro de Alvear, y ahora regente
del Superior Tribunal de Montevideo. Los materiales de im-
prenta estuvieron listos en Septiembre; pero el trabajo penosí-
simo de impresión duró cerca de ocho meses, pues este opúsculo
sólo se dio á luz el 4 de Marzo de 1818. » Vicuña Mackenna,
El ostracismo de los Carreras, Santiago, 1857, pág. 109.
«Siempre me pareció digno de un hombre honrado sacrifi-
car su reputación á la de su patria, dice Carrera. Si esta má-
xima no constituye el heroísmo, es, por lo menos, el resumen
de las virtudes más sublimes del ciudadano. En ella fundaba
yo mi silencio sobre mis servicios y persecuciones. No era
posible justificarme de las negras calumnias que fulminó la
envidia y la venganza de mis rivales, sin recordar sucesos que
empañarían talvez las glorias de mi patria; y, celoso de su
honor más que de mi nombre, sentía sin quejarme los ataques
de la injusticia, esperando del tiempo el desengaño, y de la
calma de las pasiones el triunfo de mi inocencia. Del tiempo
y la razón, los vengadores de la verdad. »
En este documento de gran importancia histórica, su autor
hace una compendiosa relación de su vida pública desde que
servía en España como sargento mayor en un Regimiento de
Húsares, hasta los días en que escribe, dando cuenta de sus
actos «como magistrado, como general, como ciudadano.»
«Pueblos ilustres de Chile, concluye: al poneros de mani-
fiesto mi conducta como magistrado, mis triunfos como general,
mis servicios, afanes y persecuciones como ciudadano, no llevo
otro fin ni me propongo otras miras que recordaros los dere-
chos de la patria y vindicar mi honor y reputación compro-
— /o
metidos por la calumnia y el fanatismo de las facciones, ante
vosotros y ante los hombres respetables de las naciones ex-
tranjeras, adonde había llegado mi nombre sin mancilla
Talvoz intentarán mis enemigos descubrir en este Manifiesto un
espíritu de rebelión contra el orden existente de las Provincias
de Chile, ó un desahogo femenil de particulares resentimientos;
pero yo protesto ante Dios y ante los hombres que no me
anima la venganza sino el honor Quiero que sepa el
mundo, la América y mis amigos que mi crimen es mi pa-
triotismo; que me persiguen porque me temen; que me temen
porque me conocen; que la energía de mi carácter no permi-
tirá jamás que gima mi patria entre los horrores de la opre-
sión y del abatimiento Quiero, si, que sepan los chilenos
que no son los españoles los únicos enemigos de su dicha, y
que la patria reclama los derechos (le su libertad contra la
tiranía exterior y contra la opresión doméstica. Quiero, sí, que
los chilenos reúnan todos los esfuerzos de su valor y de su
carácter para que la sangre preciosa de sus hijos no sirva de
pedestal á la grandeza de sus nuevos conquistadores; y que
una constitución libre, dictada por la voluntad general de los
ciudadanos, asegure con la independencia de la patria la felici-
dad de su ilustre descendencia. ¡Pueblo generoso! ¡Gamaradas
y compañeros de armas! Estos son mis votos: dignaos acep-
tarlos como el único don que puede ofreceros un compatriota,
un amigo perseguido, pero no delincuente. »
íT. —(En el comienzo de la hoja:) A los habitantes/
libres / de los Pueblos de Chile.
I hoja de 147 X 256 milimts., impresa por un lado. — Sin fecha, y suscrita
por D. José Miguel de Carrera. — Impresa sin duda en Montevideo, en Abril ó
Mayo de 1818.
B. G. M.
Reproducido en Valdós, Carrera, pág. 151.
En esta hoja circulada con motivo del fusilamiento de sus
hermanos. Carrera increpa de asesinos á Pueyrredón, San Martín
y O'Higgins, y les llama «monstruos sanguinarios que vomitó
el inherno para oprobio del nombre americano». Y dirigién-
dose á los pueblos de Chile, exclama: «¿En dónde están nues-
tros hermanos, nuestros compatriotas Juan José y Luís de
Carrera? ¿Cuál es la suerte, cuál el destino de esos ciudadanos
ilustres, de aquellos bravos generales que dirigieron vuestro
— 70 —
valor para levantar á la patria monumentos de gloria inmar-
cesible en las célebres jornadas de Yerbas-Buenas, San Carlos,
Chillan, Concepción, Talcahuano, Maipú, y Rancagua? ¡Ah!...
ya no existen ! Perecieron con la muei'te de los traidores y de
los malvados!...»
Hablando de esta proclama, expresa con verdad ^"icuña Ma-
ckena, que es «como un grito ronco y salvaje que brotara del
pecho desgarrado del mortal, y que tiene el hálito, la palpita-
ción, el filo acerado de la venganza».
18. — Documentos. / sobre la / execucion / de / D. Juan
José y D. Luis Carreras. (Viñeta). Buenos-Ayres. /
Imprenta de la Independencia. / (Debajo de una pe-
queña pleca.) 1818.
4°. — Poi't! — V. en bl. — Manifiesto que hace el Gobernador Intendente de la
Provincia de Cuyo sobre la ejecución que acaba de hacerse en los reos D. Juan
José y D. Luis Carreras, suscrito por D. Toribio de Luzuriag-a, en Mendoza, á 9 de
Abril de 1818, pp. 1-8, en la cual comienza la defensa que en favor de los reos
hizo D. Manuel Vázquez de Novoa en los dias 22 y 27 de Marzo de aquel año, que
termina en la pág. 35, donde comienza y sigue hasta la 78 y última la acusación
fiscal de D. Manuel de Corvalán, firmada el 4 de Abril de 1818.
B. M.
19. — (En el comienzo de la primera páfj.:) Un aviso /
a ' los Pueblos / de / Chile. /
4°. — 24 pp. — Sin pié de imprenta, pero sin duda de Montevideo. — El Aviso
está suscrito en 24 de Junio de 1818 y ocupa las págs. 1-4. — Los documentos, que
son cinco, llenan el resto de la publicación: — Solicitud de doña Javiera de Carrera
pidiendo se minoren las prisiones que padecen sus hermanos. — Id. para que se active
el proceso y se lleven á Chile los antecedentes. — Representación al Director de Chile
del apoderado de los reos don Manuel de Araos solicitando el indulto de los reos. —
Nota de San Martin pidiendo se sobresea en la causa de los Carreras, y oficio de
O'Higgins á Luzuriaga, de II de Abril de 1818, para que se trate á D. Juan José de
Carrera con toda indulgencia; y, finalmente, un memorial de D. José Miguel al
Soberano Congreso de las Provincias Unidas del Rio de la Plata en apoyo de sus
liermanos. — Hay varias not.is de mano de D. José Miguel.
B. M.
Reprod. en Valdés, Carrera, pp. 309-311. — Don R. Briseño ha supuesto
equivocadamente que este folleto fué impreso en Chile, Estadística bihlioíjráfica
de la literatura chilena, pág. 32.
En el texto de esta pieza, Carrera se esfuerza por convencer
á sus compatriotas de que en adelante sólo formarán una co-
lonia de Buenos-Aires. « Los mejores ciudadanos, les repite.
— // —
irán á la tumba de uno en uno; morirán con el valor de las
primeras víctimas (aludiendo á sus hermanos); se formará un
proceso á los ejecutores para seducir la opinión: los pueblos
se abandonanin á ia duda; los tiranos quedarán triunfantes, y
la patria con cadenas». « ^'ed, chilenos, dice en otra parte, la
suerte que os prepara el club de los aristócratas de Buenos-Aires!
De esta asociación nocturna de tiranos salió el fallo de muerte
contra los Carreras, mis hermanos, vuestros amigos, nuestros
compatriotas, los defensores de la libertad de su patria»! «¿A
qué esperáis, chilenos, concluye, para sacudir ese pesado yugo
con que pretenden nuestros libertadores unciros al carro de sus
caprichos ambiciosos? »
20. — (Arriba de la primera pág.:) Dialogo cui'ioso /
entre / El Director Pueyrredoi^ y su Secretario Tagle. /
(Colofón:) Imprenta Federal. / Por William P. Gris-
wol y John Sharpe.
4". — 4 pp. l'ols.
— Segunda parte / del Dialogo / entre el Director Pueyrredon
y el Secretario Tag\e. / {Colofón:) Imprenta Federal / Por
William P. Griswold y John Sharpe.
4°. — 4 pp. fols. — Ambas suscritas por Aarón-al-Raschlld. — Sin fecha.
B. G. M.
21. — Anecdo tilla / interesante y curiosa. / C^l? y?íe de la
hoja:) Reimpreso / por William P. Griswold y Jolin
Sharp.
— 1 hoja impresa por un lado, de 14X^0 cents. — Todo el texto orlado.
Dando cuenta de una aventura amorosa de Pueyrredon con cierta dama casada,
y de los manejos que se asegura puso aquél en juego para alejar de Buenos-Aires al
marido.
B. tí. M.
22. ■ — Acusación contra el Director del Estado / Don Juan
Martin Pueyrredon y el Secretario de Gobierno / Don
Gregorio Tagle ante el Soberano Congreso Nacional /
Por Don Benito Vidal. ( Colofón:) Imprenta Federal./
Por William P. Griswol y John Sharpe.
4". — 8 pp. fols., incl. la portada. — Suscrita en Montevideo á 31 de Agosto
de 1818.
B. G. M.
— 78 —
23. — Xilm. Gazeta , de un / Pueblo del Rio de la Plata /
a las / Provincias de Sud- America. / ^Co/o/Jjí;^ Im-
prenta Federal: / Por William P. Griswol y John
Sharp.
4°. — La colección consta de cinco números, de ocho páginas cada uno, de folia-
ción separada. — No lleva indicación de fecha.
« Los redactores y colaboradores fueron Carrera, D. Diego
Benavente, D. Pedro Nolasco Vidal, y Gandarillas, todos chile-
nos ; y el general D. Carlos Alvear, don Santiago Vázquez y
don Nicolás de Herrera, ciudadanos de las Provincias Unidas
del Río de la Plata, siendo ellos mismos los compositores,
distribuidores, etc., con el fin de que no se conociesen los ver-
daderos redactores. El objeto de esta publicación era el combatir
al partido dominante á la sazón en Buenos-Aires, y producir
así la espantosa anarquía que todos conocen.
24. — Prospecto del periódico titulado / El Riiron. / (Co-
lofón: ) Imprenta Federal. / Por William P. Griswol
y John Sharpe.
4°. — 7 pp. fols. y final bl.
B. G. M.
« El que escribe, se lee en este prospecto, hace mucho tiempo
que vé y llora los males públicos; hace mucho tiempo que
para tormento suyo esta en todos los secretos de los tiranos.
Cansado de consideraciones, y agitado por el riesgo inminente
de su patria, vá á despertar al pueblo haciéndole el servicio
más importante que pueda tributarle. Con este objeto se pro-
pone dar á luz un periódico bajo el título del «Hurón», donde
se manifestará la conducta púldica y secreta del Gobierno en
todos los ramos de la administración, y la de los individuos
que tienen el verdadero influjo en los negocios y son los com-
pañeros y agentes de sus crímenes. Si se le deja llevar al
cabo sus trabajos, este papel será la verdadera historia de la
revolución en el estado presente. De sus rasgos resultará el
cuadro en que los americanos vean con horror la suerte que
les espera. Sin resentimiento y sin aspiraciones, el Editor no
es conducido ni ¡>or el soplo empañado de la envidia, ni por
el sórdido interés de su elevación, ó de su venganza : la aus-
tera verdad dirigirá su pluma, apoyada en hechos y documentos;
que los que se consideren calumniados usen de iguales armas
— 79 —
})or medio de la imprenta: pero que no liljren su defensa á
la persecución y al espionaje, funestos recursos de los tiranos :
no harían más que justificarme ante el sagrado tribunal de la
opinión pública, que nos va á juzgar».
Al final viene el siguiente aviso del impresor: «Atendiendo
á las dificultades que presenta el Gobierno de Buenos-Aires
para la introducción de este periódico en los pueblos de su
jurisdicción, se advierte á los subscriptores que ocurran alNo-
voyá, en casa de D. Antonio Pereira, en donde se entregarán,
presentadas que sean las órdenes de los interesados. Su •precio
es gratis » .
— Núiu. I. — Sin fecha. — 7 pp. fols. y final blanca.
Especialmente enderezado conti'a la Logia.
— Núm II. — 8 pp. — Sin fecha.
Además del artículo general de fondo contra los miembros
del « Club aristocrático, » contiene al fin un comunicado sus-
crito i)or <(Los tertulianos,» también contra Pueyrredón.
— ISúm III. — 8 pp. — Sin fecha. — Contiene : Artículo sobre elecciones, guerra
á Santa-Fé y Entrerios, y tres comunicados. —Aviso á los españoles. —
Advertencia al Soberano Congreso. — Oficio al Director, con la firma supuesta
de (lAmifros del Gobierno".
Según el Duende de Santiago de 30 de Xo^"iembre de 1818, el
Virey de Lima daba dinero para que el General Carrera escri-
biese papeles, proclamas, manifiestos. Hurones, etc.
25. — El Duende / de Santiago. /( Co/o/Jw.-) Imprenta de
Gobienio.
8°. — Consta de un prospecto y de 19 números, el primero de los cuales apa-
reció el 22 de Junio de 1818, y el último el 14 de Diciembre de ese mismo año.
Los dos últimos son los referentes al examen del Manifiesto de Carrera, y están
firmados por D. Hipólito de Villegas.
El redactor del Duende fué don Antonio José de Irisarri.
26. — { Arriba de la primera pág-:) Nam.° 14. / El /
Duende / de / Santiago / del Lunes 2 de Noviembre de
1818. / {Colofón debajo de un fdete doble:) Reimpreso
en Buenos-Ayres / Imprenta de Expósitos.
8". — V¿ pp. — Inserta el editor, precedido de una advertencia, el Aviso á los
pueblos de Chile, y en seguida lo comenta, incluyendo la proclama de El Gobierno
á los pueblos, publicada en el número 66 del tomo II de El Monitor Araucano —
Al fin, bajo el epígrafe de Noticias plausibles se comunica la noticia del apre-
samiento de la fragata española María Isabel.
B. M.
— 80 —
La nota preliminar dice así: «El siguienie Aviso d los 2}iieMos
de Chile ha venido por el último correo de Buenos - Aires,
remitido por la mujer de José Miguel Carrera á un benemérito
patriota, que qn el momento de recibirlo lo entregó al Gobierno.
Aquel miserable hombre se afana en imprimir estas paparru-
chas en Montevideo, creyendo hacer un gran negocio con
estas malas partes de su genio sedicioso, ó, por decirlo de otro
modo, con estos abortos de su necia malignidad. Yo doy aquí
á luz las poderosas obras de aquel traidor para que por ellas
se conozca todo el fondo de su negro corazón. »
Debe haberse impreso á fines de 1818.
27. — Exposición , de la , conducta , del / Teniente Gene-
ral Brayer / durante el tiempo que / ha estado en la /
America del Sud. / La publica el / General San Mar-
tin / con su / contestación. / {DeJiajo de un jUete ser-
penteado : ) Buenos- Ayres : / En la Imprenta de la
Independencia. / 1818
8". — Port. — V. con una advertencia. — Texto, pp. 3-24. — La respuesta de
San Martin, datada en Mendoza á 17 de Octubre de 1818, empieza en la pág. 15
y llega hasta la 23, en la que se ha insertado el oficio pasado por el mismo San
Martín á D. Antonio González Balcarce.
28. — {En el comienzo de la primera páf/..) Contestación
de los Gefes / del Egéreito Unido De los Andes y /
Chile al manifiesto del ex-mayor / general D. Miguel
Brayer, sobre ' su conducta en el tiempo que per- /
maneció en Sud-America. , [Colofón:] Imprenta de
Gobierno.
8°. — 21 pp. — F. bl. — Suscrita en Santiago de Chile, á 1°. de Diciembre de
1818. — Se incluyen al fin varios documentos.
1819
29. — [En el comienzo de la primera pág.:) Testificación /
del Brigadier General O'Higgins , a la cita / del Te-
niente General D. Miguel Brayer / en el manifiesto /
— 81 —
sobre su conducta política, y militar / en la America
del Sur.
8°. menor. — 14 pp. y hoja final bl. — Suscrita en Santiago do Chile, á IG
de Febrero de 1819.
30. — Respuesta / del / Teniente General Brayer, / al / Ge-
neral S. Martin. / ( Viñeta). Imprenta Federal. / Por
William P. Griswold y John Sharpe. / 1819.
4°. — Púi-t. — V. en bl. — 17 pp. — F. bl.
Sin entrar, por supuesto, al examen del fondo de este escrito,
debo copiar aquí las palabras con que comienza y termina :
(( El General San Martín para responder al Mayiifiesto manus-
crito que dirigió al Gobernador de Buenos -Aires antes de mi
salida de aquella ciudad, el cual tenía por objeto rebatir odio-
sas calumnias difundidas contra mí, ha publicado algunas ho-
jas llenas de injurias, que dejan el alma del lector honrado é
imparcial dividida entre la indignación y el menosprecio...
« Colocado en la triste obligación de responder al señor San
Martín, cuyos excesos deponen ya contra él mismo, y de hacerlo
conocer de personas que no quisieran salir, sin duda, del con-
cepto errado en que están con respecto á él, voy á ponerlo de
manifiesto tal cual es...»
«Nota. — Después que remití la exposición de mi conducta
al señor Director Supremo y al Congreso, permanecí más de
tres meses en Buenos -Aires para obtener una respuesta. Du-
rante aquel tiempo escribí diferentes veces al señor Director
para obtener una audiencia, pero no se me contestó sino mucho
tiempo después. En esta entrevista me empeñó fuertemente á
no abandonar el país, asegurándome toda especie de conside-
raciones. Mucho tiempo después, viendo que no se accedía á
concederme pasaporte, no habiendo tenido efecto las promesas
de S. E. y enterado de que, lejos de esto, se aproximaban al
señor Director para empeñarle á tomar fuertes medidas contra
mí, mo determiné á abandonar repentinamente el país.»
31. — Refutación / de la calumnia intentada / contra / Don
Carlos Alvear / inserta en la Extraordinaria de /
Buenos-Ayres del 28 de Diciembre / de 1818. / Im-
— 82 —
prenta Federal: / Poi* William P. Griswold y John
Sharp.
4°. — Port. — V. en bl. — 10 pp. fols. — Suscrita en Montevideo, á 10 de Enero
de 1819. — En mucha parte referente á Carrera, y sin duda alguna publicada por
éste, según se desprende de la nota final de los Editores.
B. G. M.
32. — {Arriba de la primera pág.:) Otras / calumnias re-
futadas./( Co/o/ó».- ) Imprenta Federal. / Por William
P. Griswold y John Sharpe.
4°.— 12 pp. — Suscrita en 18 de Marzo de 1819.
B. G. M.
Repito aquí lo dicho en el ni^imero precedente.
33. — {Arriba cíe Ja primera pág.:) 'Nuevo desciihrimiento,
ó / máximas secretas / del actual Gobierno de Buenos-
ÁYres. / {Colofón:) Imprenta Federal. Por William
P. Griswold y John Sharp.
4°. — 6 pp. fols. — Es la «Carta del ciudadano L. N. de L. á un patriota de
Buenos-Aires", y toda ella referente á la Gran Logia. Creo que su fecha debe
referirse al año 1819.
B. G. M.
34. — {En el comienzo de la primera pág.:) Un / amigo
de la patria / a los , Pueblos de Sud=America.
4". — 3 pp. s. f. — F. bl. — Sin feclia, firma, ni pié de imprenta.
B. G. M.
Este opúsculo está todo él destinado á contar la A-ida y
muerte de Manuel Rodríguez, y es, á todas luces, obra de
Carrera. Ha debido imprimirse en Montevideo en 1819.
35. — {En el comienzo de la primera pág.:) Carta / del
ciudadano José Miguel Carrera / a un amigo de sus
corresponsales en / Chile. / ( Bigote ).
4". — 8 pp. — Suscrita en Montevideo en 8 de Enero de 1819. Sin lugar de
impresión, pero evidenteníente de aquella ciudad, y de la Imprenta Federal de
Griswold y Sharpe.
Reproducido en Valdó.s, Carrera, pp. 311-320.
B. G. M.
— 83 — •
Esta Carta de Carrera está por entero destinada á sincerarse
de la acusación de « godo » que se le había hecho en las Gace-
tas de 23 y 28 de Diciembre de 1818. En ella hace una ligera
revista de sus pi-imeros servicios ea Chile ; se defiende de la
participación que se le atribuía en los proyectados asesinatos
de San Martín y O'Higgins por los franceses Robert y Lagresse;
é insistiendo al final en las tentativas monárquicas de Pueyrre-
dón, dice, dirigiéndose á Alvarez : « Si quiere hacer un servicio
digno de un verdadero patriota, ¿porqué no manifiesta en sus
Gaxetas que Pueyrredón recibió un emisario francés de Luís
XVIII, el coronel Lemoins, que vino á proponerle el plan de
una monarquía en el Río de la Plata, reconociendo las Provin-
cias Unidas por su soberano al Duque de Orleans, bajo la
protección y garantía de la Francia, cuyo proyecto fué aprobado
en la Logia y remitido, en consecuencia, para saturarlo, en
calidad de ministro extraordinario el canónigo dignidad doctor
D. "N'alentín Gómez. ¿Porqué no denuncia los otros pasos que
ha dado esta administración para monarquizar el continente de
Sud- América? ¿Porqué calla las diligencias que hizo Pueyrre-
dón para traernos de rey al Infante de España D. Francisco de
Paula? ¿Porqué no dice algo de las sesiones privadas de la
Logia sobre si conviene más que el monarca que quieren dar
á los pueblos sea de la Casa de Borbón, ó de otra extranjera?»
«Viendo Pueyrredón, dice Carrera, ó la Gran Logia (que es
una misma cosa) que las calumnias groseras esparcidas en los
periódicos anteriores contra mi persona, la destrucción de la
escuadrilla que conduje de Norte- América para la restauración
de Chile, mi persecución y la de mi familia, y los execrables
asesinatos de los ilustres patriotas Juan José y Luís de Carrera,
mis hermanos, y del inmortal Rodríguez, no han podido ani-
quilar nli crédito patriótico en el juicio de los pueblos y de los
hombres de bien, apela ahora al arbitrio pueril y ridículo de
presentarme á las Provincias complotado con los españoles.
Para esto se valió de la pluma dúctil y manejable de Julián
Alvarez, que, como editor, como mayor de la Secretaría de
Estado, como venerable de la Logia Masónica, de escalera abajo,
como hermano de la Gran Logia del Gobierno, y como intere-
sado por espíritu de partido, celebraría esta oportunidad de
darse en expectación, arengando á los pueblos en estilo procla-
mero, como un hombre inspirado de grande importancia, cuya
palabra sagrada debe ser la guía y la norma de los ciudadanos.
Después, abusando de la fé pública, hace el Director que se
imprima y circule un libelo contra mí y otros patriotas de
• — 84 —
distinguido mérito en Gaxeta extraordinaria (coa letras grandes
y bordaditas) cuya publicación ha sido siempre el objeto de las
ministeriales extraordinarias, comprase la Gaxeta y leyese el
libelo á trágala perro. »
«Yo godo, exclama luego. ¿Qué le parece á usted ! ¿Habría
una sola persona que me haya tratado una sola vez que pueda
persuadírselo? Pues esto es lo que se piensa hacer tragar á
toda una nación por cuatro tiranuelos insensatos, sobre el prin-
cipio de que, menos ellos, todos somos ciegos como torpes.»
«Diga lo que quiera el Gobierno de Buenos -Aires, por sí ó
por su historiógrafo, concluye, yo haré cuanto pueda por libertar
mi patria de tiranos, y moriré por su independencia, aborre-
ciendo, tanto el despotismo sanguinario de las actuales Admi-
nistraciones, como la odiosa tiranía del Gobierno español.»
36. — {En el comienzo de ¡a primera pófj-:) Segunda
carta / del ciudadano José Miguel Carrera a uno de
sus corres[)Onsales en Chile. ' ( Colofón : ) Imprenta
Federal. / Por William P. Griswold y John Sharpe.
4°. — 20 pp. — Sin l'oclia.
B. G. iM.
Reproel, en Vaklés, Carrera, pp. 320-34:1.
En esta carta. Carrera se defiende del cargo de «godo» que
se le volvía á increpar con motivo de suponerle complicado en
la conjuración de los prisioneros españoles de San Luis ; y
dirigiéndose especialmente á Pueyrredón, después de pintar
con pinceladas vigorosas su conducta pública, le dice re-
firiéndose á los asuntos que tocaban directamente á su persona
y familia : « ¿Quién fué el que cooperó cobardemente al asesi-
nato de los Carreras mis hermanos, sin haber manifestado
hasta ahora ni un crimen aparente ; el que tiene una parte
principal en la horrorosa muerte del distinguido patriota don
Manuel Rodríguez, el que ha tenido en estrechas prisiones y
confinada á mi hermana doña Javiera, sin respetar las condi-
ciones que acuerdan al sexo débil hasta los salvajes; el asesino
de los bravos militares franceses Joung, Robert y Lagresse,
fusilados sin otro crimen que algunas relaciones de amistad
con mi persona, y sin permitirles siquiera el consuelo de elegir
su defensor, comprometiendo con tan escandaloso atentado el
crédito y el honor nacional? ¿ Quién es, por fin, el cruel ase-
sino perseguidor injusto de mi familia, el que me despojó de
la escuadrilla que conduje de Norte-América para la defensa
— S5 —
de nuesli'a patria; y el que, no ¡¡udieiido devorarme, ataca mi
honor, inventando tabulas para ofrecerme en espectáculo á los
pueblos, como un malvado, comparado al traidor Toledo, como
un pérfido vendido a los españoles, como un cobarde que
abandonó la causa sagrada de independencia de Sud-América?
Pregúntelo á todo el mundo, mi amigo, y los hombres justos
todos le señalarán con el dedo al Director Pueyrredón ; con el
dedo, porque nadie se atreve á hablar contra el tirano sosteni-
do por la Logia, y la Logia por las bayonetas. »
Pasa á continuación á reseñar en términos sumarios los
servicios que prestara en Chile á la causa de la revolución de
la independencia, y luego, en posdata, lo que contra él se había
dicho en los periódicos El Duende de Santiago y El Abogado Na-
cional. « En cuanto á éste, dice, lejos de quejarme de sus in-
jurias groseras, le quedo á ellas muy, reconocido. De autores
como don Pedro Agrelo, no son las injurias, son los elogios
los que ofenden al lionor y delicadeza de un luien ciudadano. »
Los números de la Gaceta de Buenos- Aires á que se aludo en
las dos ]iiezas anteriores son el del miércoles 23 de Diciembre
de 1818; la Extraordinaria del 28 del mismo mes, que sólo con-
tiene el artículo Aviso contra los traidores, firmado por don Julián
Alvai-ez, y las de 22 y 24 de Febrero y 10 de Marzo de 1819,
referentes á la conclusión de la guerra en Chile, y á los suce-
sos de los prisioneros en San Luís.
37. — Restimea documentado / de la / causa criminal se-
guida y sentenciada / en el Tribunal de la Comisión
militar de esta capital contra los reos /Carlos Robert,
Juan Lagresse, / Agustín Dragumette, Nai'ciso / Par-
chappe, y Marcos Mercher, / por el / delito de cons-
piración / contra las ' Supremas Autoridades / de las /
Provincias-Unidas, y de Chile en Sud-America. (2?/-
gote). Imprenta de la Independencia. 1819.
4". — Poi-t. — V. en bl. — 30 pp. — El resumen termina con la sentencia
(le muerto de Robert y Lag-resse, suscrita por Rondeau en Buenos - Aires,
á 31 do Marzo de 1819. — Lo restante del folleto lo llenan los documentos, que
son: — Cartas de Carlos Robert á don José Miguel Carrera, 12 de Noviembre de
1818. — Id. de Lagresse al mismo, de 19 de Noviembre. — Id. de doña Javiera
Carrera á su hermano don José Miguel, de 18 del mismo mes. — Carta al mismo
por un amigo que firma « El Guascudo ». — M. de doña Javiera á su hermano don
José Miguel, sin fecha; y, por fin, un borrador de carta de Carlos Robert á un
sugeto de Francia acerca de la impresión de un libelo contra el Gobierno Argentino.
B. M.
— 86 —
He aquí 'parte del preámbulo que precede al resumen:
«Bien notoria es la liistoria délos tres hermanos don José
Miguel, don Juan José y don Luís Carrera. |Ojalú hubieran de
borrarse de la de nuestra revolución ! Estos corrompidos y ambi-
ciosos americanos se apoderaron del gobierno de su patria para
sacriticarla á los españoles. Huyendo al territorio de nuestras
provincias, profanaron el lugar de su asilo con nuevos y repe-
tidos delitos. Testigos de la recuperación de Chile, debido al
valor y á la virtud de los buenos ciudadanos, su negra envidia
les dictó el propósito de llevar á aquel país el espíritu de
desorden, maquinando medios de derribar su gobierno. Sin
fuerza y sin talentos para la ejecución de grandes maldades,
fueron descubiertos en medio de su maquinación, librando su
seguridad en la fuga que hicieron de esta capital. Don Juan
José y don Luís se dirigieron por distintas sendas á Mendoza.
El primero fué acusado de haber muerto en su viaje un niño
postillón de la posta de Barrancas. El segundo se robó la balija
del correo de la Rioja con toda su correspondencia : y los dos,
estando presos en la capital de Cuyo, fraguaron una horrible
conspiración contra el Gobierno, en que fueron descubiertos, y
el brazo de la justicia se vio en la triste necesidad de descargar
el golpe sobre sus cabezas. Don José Miguel se refugió á
Montevideo, y rodeado de algunos prosélitos de entre los pros-
criptos por la patria, Hjó el foco de combustión con que su
venganza había jurado incendiar este Estado y el de Chile.
« Públicos son los manejos de su perfidia, públicas son las
proclamas, los periódicos, los papeles subversivos, las corres-
pondencias secretas con que ha intentado alarmar á los hombres
y á los pueblos contra el actual orden del país y contra sus
primeras autoridades ; pero sus proyectos clandestinos no eran
públicos, y la Providencia, que vela por la suerte de la patria,
los va descubriendo.
« El Gobierno, precavido con la noticia de algunas desprecia-
bles pero azarosas trazas de conjuración, se puso en vigilancia
por la seguridad del Estado y por la quietud del pueblo capital.
Le fué denunciada una correspondencia criminal que varios
individuos de nación francesa mantenían con don José Miguel
Carrera; y le fué denunciada, no jior medio del vil espionaje,
sino por el puro amor al orden, que decidió á un sugeto res-
petable, sin ambición para esperar, sin delitos para temer. Los
franceses Carlos Robert y Juan Lagresse eran los denunciados :
el primero había partido para Chile á promover la revolución
con la facción de los Carreras, y el segundo quedaba de corres-
— 87 —
ponsal en Buenos-Aires. El desprecio de una semejante noticia
hubiera sido un crimen. Procedió el Gobierno á sorprender la
correspondencia de estos hombres, etc. »
38. — Gaceta Federal — 1819 — Imprenta Federal ( am-
bulante ) La redactó el general D. José Miguel Car-
rera y duró hasta que fué declarada formalmente la
guerra á Buenos Aires, por los Gobernadores aliados
de Santa Fe y Entrerios, López y Ramírez.
ZiNNY, Bibl. argirep., pág. 27.
<( Los dos primeros meses de su residencia en el Entrerios
dice Vicuña Mackenna, consagrólos Carrera a proseguir su ta-
rea de escritor político para dar más 'pábulo al incendio que
amenazaba reventar y que como caudillo agitaba también, re-
moviéndolo con la espada, que al fin había salido de su vaina.
Redactó con este mismo fin la Gaceta Federal que se publicaba
en Santa Fé, hasta principios de Noviembre».
39. — Ley natural o catecismo al ciudadano por Mr. Vol-
ney, traducido y dedicado a la juventud de Chile por
un patriota: Filadelfia, 1819.
8». — 63 pp.
ZiNNY, Efemeridografia de la República Oriental, pág. 189.
1820
40. — Al Exercito de Buenos-Aires.
1 hojita impresa por un lado, del tamaño de media cuartilla de papel, sus-
crita por <c Los Gefes del Exercito Federal » invitando á la deserción á las tropas
del enemigo. Tanto esta proclama, como la del siguiente número, son indudable-
meute obra de Carrera, y han debido salir de su pequeña imprenta volante el año
de 1820.
Citada por Zinny, Efem. argireparq., pág. 50.
41. — Compañeros / No venimos á derramar vuestra san-
gre, sí á sacrificar gustosos la /nuestra por salvaros
— 88 —
de la esclavitud. Nueve años hace que peleamos por
la co- / muii libertad, y no son muchos meses los que
hemos empleado en oponernos al / nuevo yugo con
que nos amenaza vuestro gobierno. Vosotros sois las
primeras vic- / timas : recordad las veces que con pro-
mesas de victoria os han conducido vuestros sa- / crile-
gos gefes á una muerte ignominiosa. ¿ Quantos de vos-
otros han perecido en las / horrorosas jornadas de
Santa Barbara, Sausesito, Paraná, Ñaucay, Biraguay, /
El Palmar, Los Toldos, Santa-Pé, Frayle-Muerto, Car-
caraná, Estancia de / Larrechea, Herradura, Andino,
Paso de Aguirre, Barrancas, Pergamino, San / Nico-
lás, y San Lorenzo ? Al recordarlas se despedasa
nuestro corazón de pesar ! / Vuestro Gobierno asesina
los ciudadanos inocentes, roba el tesoro del Estado-
nos / vende ala Corona Portuguesa ¿Que esperáis
amigos para poner fin á tan- / tos males ? La Patria
perece si no uneis vuestros esfuerzos a los nuestros :
venid / camaradas á nuestros brazos, marcharemos
juntos á salvaida, castigando á los /Tiranos. /Vuestros
Compatriotas. / Los Libres Federales.
1 hojita impresa por un lado, del tamaño de media cuartilla de papel, con los
renglones que quedan transcritos. Obra que traiciona el e.stilo de Carrera. Los
tipos con que está compuesta revelan haber salido del taller de la. Gaceta Federal .
Cit. por Zinny, Efem. argirep., pág. 50.
42. — El General Ramírez á sus compatriotas.
1 hoja on fol. — Proclama fechada en el Cuartel General del Ejército Federal
de Entre-Rlos, en 15 de Octubre de 1819, y suscrita por Francisco Ramírez. Sin
indicación de imprenta, y atribuida á Carrera.
Zinny, Efein. orgireparq . , pág-. 51.
43. — El General López á los Cordobeses. — -Imprenta Fe-
deral de la Provincia de Entre Rios.
1 hoja suelta, en folio. — Proclama suscrita en el Cuartel General del Ejército
de Santa Fé, en 30 de Octubre de 1819, por Estanislao López, y atribuida á
Cari'era .
Zinny, Efem. aryircparq . , pág-. 51.
— 89 —
44. — El Excm. señor general don Francisco Ramírez á
los habitantes de Buenos Aires y su campaña. — Im-
prenta de la República de Eiilre Ríos.
1 hoja en fol. — Suscrita por D. Francúsco Ramírez. — «No tiene fecha, dice
Zinny, pero no tenemos duda que corresponde al memorable año 20, y aunque
sin aquella energ:ia y altisonancia de las anteriores, parece también ser obra del
mismo Carrera ».
45. — Proclama. — El exmo. señor general don Francisco
Ramírez a sus tropas. — Imprenta Federal de la Pro-
vincia de Entre Rios.
1 hoja en fol. — Datada en el Cuartel General en marcha, el 17 do Julio de
1820, y suscrita por D. Francisco Ramírez, aunque probablemente obra do Carrera.
Zinny, Efon. argireparq ., pág. 53.
46. — (En el comienzo de la primera pág. y debajo de
viñetas:) La Provincia de Entre-Rios se gloriará al
leer los oficios / de los Ylustres Cabildos y Goberna-
dores de las Provincias inter- ñas, por que ellos al
mismo tiempo que acreditan la unidad de / sentimien-
tos que afortunadamente reyna entre todos los Pue-
blos / que acaban de sacudir el yugo vergonzoso,
manifiestan la general / aprobación que tan justa-
mente ha merecido nuestro digno Go- / bernador, por
el acierto y valor con que supo conducir sus tro- /
pas á la victoria, y por la filantropía, patriotismo y
generosidad / con que cooperó á sellar la memorable
convención del 23 de / Febrero de este año. ¡ Quiera
el Cielo que tantos sacrificios y / tan relevantes vir-
tudes no sean infructuosas por los esfuerzos de la /
baja ambición, y que unidos los americanos todos
concluyamos / la grande obra dé nuestra regeneración
política !!!... / ( Colofón :) Imprenta Federal / de la Pro-
vincia de Entre-Rios.
4o_ _ 8 pp. s. f. — El preámbulo que queda copiado es lo único que precede
á los oficios de los gobernadores, que son los siguientes, todos dirigidos á D.
Francisco Ramírez, que lo era de Entre-Rios: — D. José Ignacio Maradona, San
— 90 —
Juan, 24 de Marzo Je 1820. — IJ. del Cabildo de la misma ciudad, de 2 de Mayo
de ese año. — Id. de D. Pedro José Campos, Mendoza, 20 de Marzo de 1820. — Id.
id., de 5 de Mayo de id. — Id. de D. Bernabé Aráoz, Tucumán, 10 de Marzo de 1820. —
Id., id., de 26 de Abril de id. — Id. de D. Francisco Antonio Ocampo, Riosa, 25 de
Abril de 1820.— Id. del Cabildo de la misma ciudad, de igual fecha. — Id. de D.
José Pío Zisneros, Catamarca, 20 de Abril de 1820.
47. — A los Chilenos / su compatriota / José Miguel Ca-
rrera. /
4°. — 1 hoja impresa por un lado, sin fecha.
Reproducida en la pág'. 217 del Ostracismo de los Carreras de D. B. Vicuña
Mackenna, Santiago, 1857, 8°. ; y en Valdés, Carrera, pág. 160.
Son conocidas en la.s circunstancias en que esta i)roclama
circuló y el efecto que produjo en el aumento de las filas de la
que Carrera llamó «División libertadora». Su texto es digno
de conocerse. Dice así :
« Como esclavos fuisteis arrancados del seno de vuestras
madres y esposas, é incorporados por la fuerza á las tropas
de los déspotas. Basta de sufrir la tiranía, ^'enid, paisanos,
antiguos compañeros de armas, unios á vuestro General para
restablecer la libertad de Chile, nuestra patria querida, derri-
bando ese monstruo que con el título de Director de Buenos-
Aires, y sostenido por una logia de malvados, oprime y escla-
viza las provincias de Sud-América. ^"enid á las banderas de
la liga federal de los pueblos contra el Tirano, y adquiriréis
un nuevo título á la inmortalidad. ¡¡¡La sangre inocente de
los Carreras y de los Rodríguez!!! Tantos pueblos invadidos!!!
Tantos ilustres patriotas desterrados mendigando el alimento
en tierras extranjeras !!! Tantas familias llorando su deshonor
ó la pérdida de sus riquezas usurpadas por los mandones, con
aparentes títulos de una política feroz!!! ¡Ah! no, para vos-
otros están demás los recuerdos de las atrocidades de las Di-
recciones de Buenos-Aires y Chile, después de haber sido sus
víctimas. Yo soy vuestro antiguo camarada: venid, y volveréis
á coronaros de laureles, sirviendo á la causa de los pueblos
contra los esfuerzos del despotismo central y de la tiranía del
Gobierno español. — José Miguel de Carrera. »
48. — Extracto / de / la causa criminal / seguida contra /
Los Carreras / ante / el Gobierno Intendencia de /
Mendoza / por el atentado de conspiración / contra ,
las autoridades constituidas. / Acompañado / de varias
- 91 —
notas, documentos y reflexiones / sobre la ejecución
de los reos (Bigote). {Epígrafe en inglés y su tra-
flucciún castellana). {Debajo de un filete ondularlo :)
Santiago de Chile / 1820. /( Colofón:) Imprenta de Go-
bierno.
4". — Port. — V. en bl. — 38 pp. — En papel azulete fuerte. — En la última
página, al pié, una nota y la fé de erratas. El extracto, que termina con la senten-
cia de 8 de Abril de 1818, ocupa 26 pp. — Siguen 2 pp. con ocho notas, y luego
los siguientes documentos : Consulta del Gobernador Intendente al Supremo Direc-
tor del Estado, Mendoza, 31 de Marzo de 1818. — Representación del Sindico
Procurador de Ciudad al Cuerpo Municipal, Mendoza, 6 de Abril de 1818; y, por
fin, las reflexiones políticas sobre la ejecución de los Carreras, suscritas en Men-
doza, á 10 de Diciembre de 1819.
1824
49. — A brief Relation of Facts and Circunstances con-
nected with the Family of the Carreras in Chile;
with some Account of the last Expedition of Briga-
dier-General Don José Miguel Carrera, his Death,
&c. By Mr. Yate.s.
Breve narración de los hechos y circunstancias relacionadas
con la familia de los Carreras, en Chile; con algunas noticias
de la última expedición del brigadier general D. José Miguel
Carrera, su muerte, etc.
Publicada como Apéndice, en las pp. 373-471 del libro
Journal of a residcnce en Chile, diiring the year 1822. And a voyage
from Chile to Braxil en 1823. By Maria Graham. London, 1824,
4". mayor.
Al incluirla en su obra, la señora Graham dice respecto de
esta pieza : « Fué escrita á solicitud mía por el señor Yates,
joven irlandés que, en unión de su amigo el señor Doolet sirvió
bajo las órdenes de Carrera. Enviados al Perú después de la
muerte de su jefe en calidad de prisioneros de guerra al Gene-
ral San Martín, hubieron de sufrir bastantes penalidades á
bordo del buque que los conducía desde Chile, y fueron encerra-
dos en el Castillo del Callao. La triste situación en que se
hallaban indujo al capitán F. Spencer á solicitar de San Martín
.se les pusiese en libertad, (¡uien se las concedió á condición
— 92 —
de que no habían de regresar jamás á la América Española.
Transladados á boi'do de uno de los buques ingleses que se
hallaban allí de estación, fueron llevados al Brasil por la «Doris»
y allí continúan en servicio del emperador Don Pedro. »
1828
50. — ( Dentro de una orla y en la parte superior una gran
viñeta con trofeos militares.) Premio postumo / a los
ilustres Jenerales / Juan José, José Miguel, y Luis de
la Carrera, / contenido en la siguiente / moción. /
{Colofón:) Imprenta de N. Ambrosy y C ^- : por C.
Molinare.
1 lioja en folio prolongado, impresa por un lado.
La moción, firmada por D. Manuel Magallanes, y que fué aprobada unánime-
mente por la Representación Nacional, es referente á la repatriación de los restos
de los tres hermanos Carrera. — A continuación se encuentra una especie de
alocución suscrita S. M. B. (Santiago Muñoz Bezanilla) <c último de los amigos y
compañeros de armas » de esos desgraciados chilenos, aplaudiendo aquel acto
gubernativo.
Keprod. en Valdés, Carrera, pág. 195.
51. — {Dentro de una orla:) Rasgo fúnebre /a la memoria/
de los / tres ilustres Carreras, / pi^onunciado / por el
ciudadano Luis B. de Tollo. /( Gí'«w i'iñeta). Santiago:/
1828. / Imprenta de N. Ambrosy y Q,\ ¡ por E. Mo-
linare.
8°. — 6 pp. fols., incluso la portada.
52. — Discurso fúnebre pronunciado en las exequias decre-
tadas por la patria a los tres hermanos Carreras, por
el Jeneral don Francisco Calderón. Santiago. Imprenta
de Ambrosy y C\ 1828.
4". — 10 pp.
Traba,jo atribuido á don .José Joaquín de Mora. — Rep. por Valdés, Carrera,
pp. 198-210.
53. — Canto fúnebre en las exeíjuias decretadas por la
patria a los tres hermanos Carreras por don José
— 93 —
Joaquín de Mora. Santiago, Imprenta de R. Rengifo.
1828.
4°. — 7 pp. y 1 en bl.
Rep. en Valdés, Carrera, pp. 210-213.
1853
54. — La dictadura /de O ' Higgins / por / Miguel Luis
Amunategui, / miembro de la Facultad de Filosofía
y Humanidades. / Memoria presentada a la Universi-
dad de Chile / en la sesión solemne que tuvo lugar /
el 11 de Diciembre de 1853. / Santiago. / Imprenta
de Julio Belin y C '^ . / 1853.
8°.— IV -495.
Trata especialmente de Carrera en las pp. 61-231.
1854
55. — Historia jeneral /de la / independencia de Chile, /
por /Diego Barros Arana./ {Epígrafe de Lucano).
Santiago. / Imprenta Chilena, Calle de San Carlos N°.
43. / 1854.
8°. — Véanse los dos primeros volúmenes.
1858
56. — Refutación / sobre ciertas apreciaciones á la obra /
publicada en Chile por el Sr. Mackenna : / El Os-
tracismo / de los / Carreras / por el Coronel / D. Manuel
— 94 —
de Olazabal. / Gualeguaychú. — 1858. / Imprenta del
Comercio.
4". — Port. — V. en bl. — Texto, pp. 1-28 — 1 para las erratas y final bl.
Este artículo en forma de carta fué reproducido en el nú-
mero 7, correspondiente al 19 de Noviembre de 1858, del pe-
riódico político publicado en Santiago con el título de La
Asamblea Oonstitmjente. La respuesta de ^'icuña Mackenna se
encuentra en los números 426 y 427 de la Revista comercial y
administrativa, Buenos-Aires, 1862.
1860
57. — Memoria sobre los últimos momentos de los Ge-
nerales Carrera y Bruno Morón por el coronel ar-
gentino D. Manuel A. Pueyrredon. — Publicada en El
Progreso de El Rosario, en 1860, y reproducido con
otros trabajos del mismo autor en un folleto.
ZiNNY, Efem. del Uruguay, pág. 190.
1862
58. — Rasgos biográficos de Doña Francisca Javiera de
Carrera y Verdugo, leidos en el «Círculo de Amigos
de las letras. » Publicados en El Ferrocarril de San-
tiago de 18(32 y en La Tribuna de Buenos-Aires del
1°. y 2 de Octubre del mismo año.
ZiNNY, Efem. del Uruguay, pág. 190.
1863
59. — Las liltimas palabras del General Carrera por Don
Pastor S. Obligado.
— 95 —
El Nacional de Buenos-Aires de 5 de Agosto de 1863. Re-
prod. en El Zonda de San Juan, núms. 229 y 230, del mes de
Septiembre de aquel mismo año.
ZiNNY, Efem. del Uruguay, [lág. 190.
60. — Biografía / del Brigadier General / D. José Miguel
de Carrera. / ( Dos veces Primer Magistrado de la Re-
píiblica de Chile. ) / Por / el General Argentino / To-
mas Iriarte. / Buenos Aires. / Imprenta de Mayo, Calle
Moreno W. 241 y 243. / 1863.
8°. — Popt. — V. en bl. — Advertencia preliminar, iii pp. — Texto, pp. 6-88.
61. — Historia jeneral / de la / independencia de Chile, /
por / Diego Barros Ara^na,. / {Epígrafe de Lucerno).
Tomo I. /Segunda edición corregida i aumentada. /
Santiago, / Librería de Pedro Yuste i C.'' Calle de
los Huérfanos, núm. 29 A. B. C, esquina de la de la
Bandera. / 1863. ( Colofón en el verso de la portada:)
Imprenta del Ferrocarril, Calle de Bandera N.° 39.
8°. — iv-450. — Único tomo de la obra que se reimprimió.
1873
62. — Últimos momentos /de D. José Miguel Carrera/
Cuadro del pintor oriental / D. Juan M. Blanes / por /
Juan Maria Torres ,' Montevideo / Imprenta de « El
Ferro-Carril» Plaza Independencia / 1873.
8". — 20 lin.
1888
63. — Carrera / Revolución chilena / y / campañas de la
independencia; /con un Apéndice / sobre la jenealogía
de la familia del Jeneral, / por / Ambrosio Valdes /
— 90 —
Segunda edición corregida i aumentada / Santiago /
Imp. de la Unión, de E. del Campo, / Calle de la
Moneda, núm. 56-B / 1888.
4°. — viii-578. — Retrato.
64. — Historia jeneral / de Chile por / Diego Barros
Arana Tomo IX / Santiago / Rafael Jover, Editor
/ Calle de la Bandera, núm. 73 / 1888.
4°. — 660 pp. — En todo él se trata de Carrera. Lo relativo á su Diario
militar se encuentra en las pp. 634 37.
65. — Memoria sobre la guerra civil en las Provincias
Argentinas en tiempo de las montoneras de Ramírez
y Carrera, 1820-1821.
Revista Nacional, Buenos-Aires, Octubre de 1888, pp. 289-327.
Es un extracto hecho por don Luís L. Domínguez del tra-
bajo del irlandés Yates, publicado como apéndice al libro de
María Graham, de que se ha hablado ya.
DATOS
SOBRE EL
/
Carbón de Piedra de San Rafael
(provincia de MENDOZA — R. A.)
PUBLICADOS POK EL
Museo de La. Plata.
Tomo ir
AL LECTOR
El descubrimiento en la República Argentina de verdaderos
depósitos de carbón de piedra que permite agregar á los mu-
chos factores de riqueza con que cuenta este suelo, uno de los
más grandes, más necesarios y sin el cual no pocos quedarían
inesplotados durante largo tiempo, es de tanta importancia para
los argentinos, que creo de mi deber reunir los datos principales
sobre esta interesantísima cuestión para que puedan ser consul-
tados fácilmente, y tener con ellos una idea exacta del valor
económico de este precioso hallazgo.
Anteriormente se había señalado la existencia de mantos
de carbón de piedra en varios puntos de las provincias de
Mendoza, San Juan y Jujuy, en los territorios de Misiones,
Neuquen y en distintos puntos de Patagonia; pero si se excep-
túan los del Retamito en la provincia de San Juan que indu-
dablemente pertenecen á la verdadera formación carbonífera,
los demás ó no corresponden á ésta sino á la formación Rhetica
y se encuentran en condiciones poco favorables de explotación,
ó no han sido aun suficientemente estudiados para conocer su
edad é importancia.
Al descubrimiento de verdadero carbón en San Rafael han
de seguir otros, y el «Museo de La Plata, » no omitirá esfuerzos
para hacerlos conocer, llenando asi uno de sus fines y una de sus
obligaciones. El informe que publicamos hoy del Sr. D. Rodolfo
Hauthal, encargado de la Sección Geológica y Mineralógica de
este establecimiento, contiene solo sus primeras impresiones
sobre el distrito minero descubierto por el Sr. D. José A. Salas.
Las dificultades inherentes á la época en que el señor Hauthal
visitó esos parajes, en el invierno, han impedido hacer un exa-
men mas detenido, el que se hará tan luego como llegue la buena
estación.
Como apéndice á este informe he agregado los antecedentes
del descubrimiento y los estudios á que ha dado lugar este
carbón, con los que no puede dudarse de que la industria ar-
gentina tiene en su suelo el combustible que hasta ahora pa-
gaba al extranjero.
Francisco P. Moreno.
Director del Museo do La Plata
<: Si
o „•
■o =
INFORME
SOBKE EL
DesciilJilHiiento t üññ le Pieira k Saii Muí
(PROVINCIA DE MENDOZA — R. A.)
POR
RODOLFO HAUTHAL
Encargado de la Sección Geológica y llinei-altígica del Musco de La Plata
La Plata, Agosto 4 de 1892.
Seíior Director de! Museo de La Plata. Dr. Francisco P. Morenor
Cumplo con el deber de dar cuenta al Sr. Director de los
primeros resultados de la corta escursion que he realizado en
la Provincia de Mendoza para estudiar los yacimientos carbo-
níferos descubiertos últimamente.
Los argentinos deben estar agradecidos al gaucho que ca-
zando guanacos en las Cordilleras del Oeste de San Rafael,
levantó los primeros pedazos de carbón de piedra que encontró
en sus correrías y que en vez de arrojarlos como cosa inútil
los entregó al Señor Doctor Don José A. Salas, en Mendoza,
y no deben estarlo menos á este por haber reconocido desde
el primer momento la grandísima importancia del hallazgo del
inteligente gaucho y la energía con que ha rastreado el punto
donde se halla ese carbón, hasta dar con él.
Es el caso de decir que el Dr. Salas es « the right man in
the right place»; podemos llamarle ¡pioneer descubridor de la
verdadera formación carbonífera en la República Argentina.
La visita que el Dr. Salas hizo al Museo de La Plata, y la
resolución tomada por el Sr. Director de comi.sionarme para
que me trasladara, á pesar de la estación ya tan avanzada, á
la Provincia de INIendoza, con el objeto de examinar la formación
de donde había extraído el Sr. Salas tan hermosas muestras
de este mineral que para el país vale mas que el oro, no le
^ -.,
— 102 —
he de olvidar pues me ha dado ocasión de corroborar de visu
el enorme valor que tiene ese descubrimiento, además de permi-
tirme estudiar, aunque someramente, una buena estension de la
falda andina, poco conocida aún bajo el punto de vista geo-
lógico y paleontológico.
Emprendí viaje el 13 de Junio. Los ocho primeros dias,
que fueron empleados en los arreglos para la exploración, los
aproveché en escursiones á los interesantes alrededores de la
ciudad de Mendoza.
LOS CERRILLOS — Bcstos glaciales
Mis instrucciones me indicaban el estudio de la formación
glacial en los alrededores de Mendoza, de cuyas manifestaciones
posee ya este Museo buenas fotografías.
El señor Director mo había hablado ya de estas manifesta-
ciones, pero nunca creí que alcanzaran tal magnitud, y que se
conservasen tan bien. Pienso que todos los Cerrillos no son otra
cosa que grandes morainas, cuya altura varía entre 50 y 100
metros formando entre ellos pequeñas cadenas.
Estos Cerrillos están formados por piedras sueltas de todo
tamaño, mas ó menos angulosas, mas ó menos rodadas; las
hay muy pequeñas como arena gruesa, hasta de tal mole que
á primera vista parecen rocas in situ.
Es imposible negar que estas enormes cantidades de rocas
sueltas sean vestigios de formaciones glaciales. El agua corriente
produce, cuando arrastra piedras y arenas, estratificaciones
según el tamaño de las piedras las que disminuyen en su
masa según la distancia á que se encuentran de su origen las
corrientes mas ó menos violentas y la inclinación del terreno
en que corren. Siempre las estratificaciones donde se encuentran
estas grandes piedras son inclinadas mas ó menos, pues no es
posible admitir que trozos de un volumen enorme sean arrastra-
dos horizontalmente por las aguas.
En las colecciones del Museo hay fotografías de las grandes
piedras con inscripciones indígenas que encontró el Director
de este establecimiento en el bajo de Cañota, las que miden
hasta 20 metros cúbicos; son traquíticas y han sido trasporta-
das desde los cerros de esta formación situados en pleno
macizo montañoso. Es por lo tanto imposible suponer que sea
el agua el vehículo que las haya conducido hasta su yacimiento
actual, sobre ó en la falda de terraplenes casi horizontales.
Los Cerrillos que he examinado creo que pertenecen á morainas
— 103 —
frontales, pero tenemos una fotografía tomada por el Señor
Moreno de morainas laterales perfectamente caracterizadas,
situadas entre la Crucezita y Boca de! Rio. El Señor Moreno
me ha comunicado que se pueden observar morainas mas exten-
sas en las inmediaciones de Cañota y entrada de la quebrada
de Villavicencio hasta el Carrizal y que estos fenómenos glaciales
se presentan hasta en la pampa del Paramillo de Uspallata á
3000 metros de altura. Parece que el valle prolongado que se
estiende entre las montañas qne dominan á Mendoza y San
Juan y la Cordillera, presenta los mismos fenómenos.
Mucho lamento que el poco tiempo que he podido disponer
para esta escursion, no me haya permitido estender mis inves-
tigaciones sobre este interesantísimo tema de las poderosas
acciones glaciales en el hemisferio Sur que explicarían tantos
fenómenos cuyas causas aún se ignofan.
BORBOLLÓN
Tuve tiempo de hacer una pequeña escursion al Borbollón,
conocido paraje de baños termales.
Es sabido que Mendoza abunda en aguas minerales. Stelzner
menciona las siguientes: fuentes de sal común (cloruro de
sodio) Puente del Inca; fuentes sulfurosas — quebrada de
Villavicencio; fuentes sulfatadas — Capi, Borbollón, Challao,
Boca del Rio; fuentes aciduladas calcáreas — Puente del Inca.
Estos fenómenos son tan interesantes é importantes que
vale la pena estudiar exactamente con toda exactitud estas
localidades y escribir una monografía sobre la materia. Aquí
debo concretarme á decir lo que he observado en Borbollón.
Las fuentes están situadas á 3 leguas de la ciudad de Mendoza
y á 120 metros menos que Mendoza sobre el nivel del mar, al
N. N. E., en un bajo de forma circular de 1 á 2 kilómetros
cuadrados, rodeado de pequeñas lomas cuya altura alcanzan á
10-12 metros, compuestas de arenas mas ó menos endurecidas,
entre las que se estienden capas de concreciones de formas
caprichosas en lajas, en bolas, vermiformes, radiculiformes,
osiformes, etc. No debemos pues admirarnos de que muchas per-
sonas crean que representan huesos ó plantas fósiles. En
esas lomas se encuentran bien visibles capas de una materia
blanca de granos muy finos pero ásperos, cuyo espesor varía
entre 10 y 80 centímetros, siendo la superior mas rica en mica
que las otras. Me inclino á creer que se trata de cenizas vol-
cánicas como se encuentran en muchos sedimentos en las
— 104 —
faldas de la Cordillera (las que he visto en algunos parajes) v
en muchos otros puntos de la República, incluyendo esta Pro-
vincia de Buenos Aires de donde el Museo posee muestras
recogidas en distintos puntos.
La temperatura del agua del pozo de Borbollón que tomó el
dia de mi visita, era de 25" Celsius, mientras que la del aire
era de 12" Celsius.
El agua, que es muy clara, tiene un viso azAilado y da
á las personas que se bañan el aspecto de muertos, como
el agua de Wildbad en la Selva Negra, y surge conteniendo
borbujas de gas carbónico bastante fuertes. No creo que la
temperatura de estas aguas sea de origen volcánico, sino que
es producida por un procedimiento químico que se desarrolla
á poca profundidad, relativamente, de la superficie de la tierra.
Lástima es que la virtud medicinal de estas fuentes no se apro-
veche mejor. Creo que una empresa que decidiese reemplazar
esas primitivas instalaciones, tan primitivas que parecen de los
tiempos antecolombianos, por un establecimiento de baños como
los que exije la cultura actual, haría un buen negocio pres-
tando al mismo tiempo servicios inapreciables á los pacientes
que ocurrieran á él.
CACHEUTA
Mucho había oido hablar de Cacheuta, de su petróleo y de
sus espléndidas plantas fósiles y el «Estudio Geológico del
cerro de Cacheuta y sus contornos» del Dr. Zuber aumentó
mi curiosidad por conocer ese punto. El ingeniero señor Odrzy-
wolski que dirije con toda competencia las perforaciones por
donde se extrae el petróleo, no solo tuvo la amabilidad de
mostrarme la maquinaria y demás instalaciones, sino que me
acompañó á buscar entre las capas fosilíferas donde se encuen-
tran las mejores muestras de plantas, pero la nieve que había
caido durante toda la noche y todo el dia hasta cubrir total-
mente el suelo, no me permitió hallar las deseadas capas y tuve
que detenerme allí otro dia, esjierando ser mas feliz, como
sucedió, encontrándolas á mas ó menos 5-6 metros bajo los
esquistos bituminosos llenos de restos de Esíheria mangaliensis
Jones y separadas de estos esquistos por una capa de una
arenisca dura de 10 cent, de espesor. Inmediatamente bajo
esta capa de arenisca se presenta otra de un metro de espesor
donde abundan restos de carbón y fragmentos de plantas y en
cuya base se encuentran las bellas plantas que buscaba, y que
— 1U5 —
me proporcionaron hermosísimas muestras para aumentar las
ya expiéndidas colecciones paleo-botánicas del INIusoo.
Bajo estos esquistos fosilít'eros se encuentran margas que
alternan con areniscas, siendo en estas últimas donde está el
depósito de petróleo.
La nieve no me permitió hacer observaciones para tomar
un perl'il exacto que hace mucha falta para conocer bien la
fisonomía de esa región. Pude observar solamente que hay al-
gunas rupturas con resbalamientos en las que se presentan las
capas cambiando de rumbo é inclinación, observación confir-
mada por el señor Ingeniero Eugenio Carreras, Director de las
minasde Petróleo, quien me dijo que la sucesión de las capas-
no es igual en todos los pozos.
En cuanto á la cantidad de petróleo en Cacheuta, puedo
solo decir que está mas ó menos agotc)da en el terreno donde
se han hecho los pozos ya en número de 1-4. En mi opinión
creo que convendria hacer trabajos en regiones situadas mas
adentro de las montañas donde abundan los vestigios de petró-
leo manifestados en alquitrán, etc.
CHALLAO
Mis instrucciones me indicaban los depósitos rhéticos del
Challao donde encontraría abundante material para las colec-
ciones del Museo, las que deben servirme para el trabajo que
se me ha confiado sobre esa formación. Visité varias veces ese
punto y sus inmediaciones donde también se presentan las
mismas rocas que son iguales á las de Cacheuta : margas,
areniscas y esquistos bituminosos con Estheria mangaUensis.
Por lo general las plantas no están tan bien conservadas como
en Cacheuta, si se exceptúa la interesante capa que he men-
cionado en mi nota sobre un nuevo género Filiceos, descubierta
por el señor Moreno y que ha tenido la suerte de volver á
encontrar á pesar de ser apenas visible entre las arenas y cas-
cajos del torrente seco. No merece estenderse sobre las preten-
didas minas de carbón del Challao, pues este combustible es
muy inferior allí y se le encuentra en muy poca cantidad ; en
cambio diré que las muestras de plantas fósiles que recogí
compensan los gastos y trabajos de la escursion.
VIAJE Á LAS MINAS DE CARBÓN DEL SEÑOR SALAS
Había examinado en casa del Dr. Salas excelentes muestras
de carbón v había gozado con la hermosa llama grande y
— lOG —
brillante del precioso combustible que encendido en chimenea
calentaba en breves momentos una espaciosa pieza y ansiaba
ponerme en camino hacia el punto donde se habia descubierto
tan grande riqueza.
Emprendimos viaje el 21 de Junio, en carruaje hasta San
Carlos y en muías hasta las minas á donde llegamos el 28.
Desde el camino á San Carlos el viajero se extasía ante las
espléndidas vistas de la majestuosa Cordillera cubierta de nieve.
Vi por vez primera la grandiosa altura de esas cumbres excelsas
de una pureza casi celeste. Especialmente el Cerro de Plata
y el imponente Tupungato atraían mi atención y hacían mas
decisiva mi resolución de tiempo atrás de escalar esas cumbres
y estudiar desde la base hasta la cima su estructura geoló-
gica.
La distancia á que me encontraba de la Cordillera no per-
mitía hacer observaciones geológicas, pero pude observar con
mas facilidad las faldas y notar que entre Mendoza y San
Carlos se presentan tres zonas distintas, como frente á Men-
doza : en las cumbres formas ásperas, escarpadas con faldas
muy inclinadas, luego faldas menos inclinadas separadas por
quebradas verticales que le dan un aspecto de abanico á medio
cerrar, y al pié una zona de cantos rodados en terraplenes que
descienden á la llanura mas ó menos alterados por la erocion.
Es esta tercera zona por donde pasa el camino, muy intere-
sante para mí, pues me daba ocasión de observar algunos de
los fenómenos que han dado origen á una gran parte de la
formación pampeana. No me es dado estenderme aquí sobre
este problema que aún no está resuelto, solo diré que creo con
von Richshoffen, que en estas formaciones los vientos han teni-
do gran intervención.
Hemos cruzado varias veces sobre capas de cenizas volcá-
nicas, piedra pomes y tobas que indican que la actividad
volcánica en esas regiones ha sido grande y que se mantiene
aun. El 22 de Junio avisté el Cerro Diamante, hermoso cerro
volcánico de 3000 metros de altura mas ó menos, en cuyas faldas
se observan profundos surcos y es bien visible el viejo Cráter
que se abre hacia el Oeste.
Las erupciones basálticas se han repetido muchas veces en
■este volcan con períodos de tranquilidad relativa, bastante pro-
longados, pues hemos observado en nuestro paso capas de
basalto y fonolito, etc., situadas sobre y entre sedimentos mas
■ó menos recientes.
Se tiene un buen perfil de estas capas en el Rio Diamante
— 107 —
que ha labrado su lecho en dos mesetas de una altura de
40 á 50 metros cada una.
En algunos puntos se nota con claridad discordancia entre
esas capas de sedimentos arenosos mas ó menos arcillosos, lo
que prueba que en un tiempo reciente sufrieron alteraciones
violentas por la actividad volcánica. Cubre estas formaciones
volcánicas un continuo manto de cantos rodados.
El dia 29 á las 4 de la tarde vimos desde una alta colina
abovedada y en el fondo de un valle, una tropilla de avestru-
ces, los que por el color y la talla creo que pertenecen á la
especie patagónica Rhea Dartvinii, la que aun no había sido se-
ñalada en esos lugares. No me fué posible cazar ninguno, pues
huyeron sobre la nieve. Esta también impedía las observa-
ciones geológicas, sin embargo pude distinguir un manto
calcáreo de 3 metros de espesor, en el que solo hallé algunos
fragmentos de fósiles de forma semejante á Crioceras de la
formación cretácea, pero su mala conservación no me per-
mite desde ya establecer una clasificación justa. Poco mas
adelante encontré otra roca calcárea diferente de la que aca-
bo de mencionar. Es algo mas arenosa y no tan compacta.
Abunda en ella un gasterópodo de la familia de las Turri-
tellidae, pero su estado de conservación es aun peor que el de
los fósiles de la capa anterior; solo se conservan los moldes
cóncavos. Recuerda esta roca otras de la formación terciaria.
Esta roca se transforma en una arenisca sin fósiles, á la cual
sigue otra calcárea de un metro de espesor, llena de moluscos,
la mayor parte fragmentados, tan abundantes que se puede llamar
brecha de moluscos. Sigue al Oeste un conglomerado colorado.
Todas estas capas llevan un rumbo mas ó menos N. S. y
una inclinación variable de 60" á 80" al Oeste.
Aun no había encontrado la mina; seguí los rastros de los
avestruces y hallé un pedazo de carbón, levantado por la pata
de uno de estos animales al huir. Escarvé con el martillo y
descubrí una veta de carbón y qué carbón ! Un carbón tan
puro como muchos de ¡os que se explotan con gran beneficio en
Inglaterra, Alemania y Francia. Hallada la primera veta, luego
le siguieron otras y pronto llegué á los trabajos hechos para
explotar el combustible en la mina «Mitre», (2500 metros sobre
el mar), trabajos sin sistema é inútiles. En ese punto se ob-
servan diez ú once vetas de 10 á 70 centímetros de espesor.
La roca en f|ue se encuentra es una marga arcillosa colorada
y gris. El rumbo de las vetas es de Este á Oeste y la inclina-
ción 70° v mas. al Norte.
— 108 -
Al dia siguiente visitamos las ]\Iinas « Eloisa » y «Roca»,
situadas á unos 7-8 kilómetros al Norte de la Mina «Mitre» y 700
metros mas altas (|ue esta (3200 metros). La nieve que, según
informes, en este año ha sido mas abundante que en los ante-
riores, diHcullaba el camino y costó trabajo largo á los peones
el limpiar de ella el manto carbonífero.
Mientras se hizo este trabajo, gocé en admirar la belleza
de la extensa cordillera, cubierta completamente de una capa
de nieve de la blancura mas limpia y brillante, la que les daba
la apariencia de gigantescas montañas de ¡ilata.
El lugar de las minas «Eloisa» y «Roca» forma un porte-
zuelo; al lado Sud está la «Roca», en el del Norte la «Eloisa».
La primera tiene 80 centímetros de espesor, la segunda la
«Eloisa», cuatro metros de carbón puro! además hay muchas otras
mas pequeñas. Su rumbo es mas q menos Este-Oeste y la
inclinación 70" á 80° al Norte, como en mina Mitre. Las rocas
en que se halla este carbón de «Eloisa» y «Roca» son distintas
á las de «Mitre». Solo he observado arenisca y conglomerados.
El problema mas importante que tenia delante era: ¿Forman
estas capas una verdadera formación carbonífera, ó nó?
Mis observaciones me permiten contestar afirmativamente.
Me baso en las siguientes razones :
1°. Los sedimentos que acompañan las vetas de carbón son
diferentes de las otras rocas próximas.
2". El rumbo de las capas carboníferas es totalmente dis-
tinto del de las otras capas. Las primeras tienen un rumbo
Este-Oeste inclinándose verticalmente al Norte; las otras tienen
un rumbo del Norte al Sud con la inclinación al Oeste. Luego
existe una gran discordancia.
3". Las capas de la mina «Mitre» y de las minas «Eloisa»
y « Roca » son iguales.
Esta concordancia entre las minas y la discordancia entre
éstas y las demás capas demuestran :
a) Que las minas pertenecen á una misma formación.
b) Que esa formación carbonífera es mas antigua que todas
las demás capas que están colocadas en discordancia sobre ellas.
Al Oeste de la mina « Eloisa » hay una formación volcánica
de Fonólito y al Oeste tenemos sedimentos en la disposición
siguiente:
1". Un conglomerado colorado.
2". Yeso, alabastro esplotable.
3". Calcáreo gris con lentes de silex córneo sin fósiles.
— 1Ü9 —
4°. Calcáreo blanquizco, amarillento con muchas moluscas
de gran tamaño.
5". Calcáreo negro pizarreño con muchas amonitas en buen
estado de conservación. Las capas 4" y 5" pertenecen, según
t>us fósiles, á la formación jurásica.
Los fósiles encontrados aquí indican que la fauna jurásica
es muy parecida sino igual á la encontrada por Bodembender
mas al Sud, Rio Malargue, en la falda occidental del Cerro
Colorado ( Rodeo viejo ).
Los amonitas de los géneros Hoplites y Peñsphmctes entre
los que es muy común //. mendoxamis, H. Behrenduen, P. Eokeni
P. Behrendsen y P. Dome Steinmann, determinan estas capas
como del Jura superior (Tithon), mientras que los géneros ^s-
pidoceras y Remecida indican que en ese punto se encuentra
también el Calloviano horizonte inferior del Jura superior y ya
señalado en Espinacito en la Provincia de San Juan y en Ca-
racoles (Bolivia).
No me ha sido posible continuar la investigación en este
sentido. Supongo que las rocas entre la formación jurásica y la
carbonífera pertenecen á la formación triásica.
Para determinar con mayor exactitud la edad de la forma-
ción carbonífera es necesario saber con seguridad cual es la
ca|)a sobre laque se encuentra el carbón, pero mi permanencia
en ese punto fué tan corta que no dispuse de suficiente tiempo
para mayores investigaciones y para buscar fósiles, sin em-
bargo, mi convicción es que se trata do una formación corres-
pondiente á la base de la verdadera formación carbonífera de
Europa, llamada Culm.
El estudio exacto del conglomerado que acompaña las vetas
de carbón, confirma esta determinación de la edad. El conglo-
merado es de aspecto negruzco, y el tamaño de los fragmentos
que lo com¡)onen varía entre una alberja pequeña y una ave-
llana. El asjíecto externo de estos fragmentos, muchos de ellos
deformados por presión, muestra claramente que el conglome-
rado ha sufrido enormes presiones; muchos fragmentos se des-
menuzan cuando se los extrae del cimento. El estudio micro.s-
cópico indica que estos fragmentos rodados son de un pórfido
antiguo y de cuarzo blanco ; los mayores y la mayor j^arte son
de pórfido que tiene la siguiente composición :
En un magma que solo con un gran aumento se vé que
está compuesto de pequeños feldespatos y cuarzos, se encuen-
tran grandes cristales de cuarzo que muchas veces tienen la
forma característica de los pórfidos cuarzosos, dihexaedros
— no —
mas ó menos corroidos. He observado también en este pórfido
plagioclasa y ortoclasa.
La presencia en este conglomerado de pórfidos que no se
encuentran cerca de las minas y la ausencia en él de rocas
que están inmediatas, prueban que este conglomerado es mas
antiguo que el Trias. En todo este conglomerado se encuentran
muchos pedazos de carbón, y es extraño que no solo el cimento
pero también el interior de los fragmentos, está impregnado de
restos carbónicos, de modo que es muy difícil hacer transpa-
rente el magma de los fragmentos porfíricos. Fenómeno no
menos extraño es el de que en todos los cristales del pórfido,
el cuarzo y los feldespatos han conservado su limpieza original,
sin embargo de tener muchas grietas.
El Sr. Maessen, de Mendoza, tuvo la bondad de mostrarme
algunos pedazos de rocas de la formación carbonífera del Reta-
mito, en la Provincia de San Juan, cuya edad ha sido deter-
minada por el Dr. Szaynocha, como la misma del Culm, ba-
sándose en fósiles encontrados alli.
Esas rocas areniscas son muy parecidas á las de las minas
« Eloisa » y «Roca», prescindiendo de las diferencias locales, y
no dudo de que Retamito pertenece á la misma formación car-
bonífera que estudio, la que se estiende seguramente mucho
mas al Sud de la República. Se le ha señalado en Malargue y
Neuquen donde se ha descubierto el mismo carbón que en
Mendoza. Al Oeste de estas minas «Eloisa » y « Roca », se han
encontrado otras capas carboníferas y sabemos que al otro lado
de los Andes, en la misma latitud, por ejemplo, en Tinguiririca
se ha señalado la existencia de carbón fósil.
He dicho mas arriba que se trata de una formación que puede
considerarse como eíjuivalente á la formación carbonífera infe-
rior europea, pero conviene decir que no siempre se puede asignar
á una formación Sud -Americana la misma edad que á una
europea por el solo examen de las rocas que forman el terre-
no. Las condiciones locales varían mucho el carácter petrográfico
de una formación, y sucederá que rocas sedimentarias de un
mismo carácter petrográfico pertenezcan á formaciones distintas
en los dos Hemisferios, mientras que otras que las presentan
desiguales corresponden á una misma formación. Sabemos, por
ejemplo, que hay grandes diferencias entre las formaciones ter-
ciarias y cuaternarias de los dos continentes. Si el carácter pe-
trográfico no es el mismo siempre, puede sin embargo corres-
ponder á la misma formación.
Por lo que respecta á la determinación de la edad de estos
— 111 —
carbones de San Rafael, es importante saber que la gran dis-
cordancia entre las capas carboníferas y las otras mas modernas,
se encuentra muchas veces en el Cidm de toda la Tierra.
Existe diferencia bastante notable entre las rocas de la mina
« Mitre » y las de las minas « Eloisa » y « Roca », cuya esplicacion
es fácil. Creo que las minas « Eloisa» y «Roca» con sus conglo-
merados y areniscas corresponden á la parte inferior de esta
formación, mientras que la mina <( Mitre» con margas arcillosas
pertenece á la superior, siendo intermediaria entre ellas el «Reta-
mito» con sus areniscas finas, etc. Como no me ha sido posi-
ble examinar con detenimiento el terreno entre «Mitre», «Eloisa»
y «Roca», no puedo decir lo que existe en él, pero no es impro-
bable que se descubra allí este horizonte intermediario de «Re-
lamí to».
Los depósitos carboníferos representados hoy por las minas
«Eloisa» y «Roca» se han formado en cuencas costeras, tran-
quilas y poco profundas, y por esta causa se presentan alli las
areniscas, los conglomerados y las grandes vetas de carbón,
mientras que los de la mina «Mitre» se formaron en aguas mas
profundas, donde no alcanzaron las piedras rodadas y las are-
niscas y sí solo las arcillas, y en la que los restos vegetales
menos numerosos solo formaron depósitos de menor espesor.
También de estas condiciones de depósito podrían resultar pe-
queñas diferencias en la calidad del carbón.
El Dr. Zuber dice en su informe que « el carbón se en-
cuentra en capas bien determinables y poco alteradas. » Siento
disentir con el Dr. Zuber.
En mi opinión toda la región está muy alterada. La incli-
nación casi vertical y la discordancia con las capas superiores,
prueban que esta formación carbonífera estaba ya alterada
antes de que se depositaran las superiores.
Las muchas rocas eruptivas y el hermoso volcan inmediato
son una prueba más de las grandes modificaciones de la dis-
posición primitiva de estas formaciones.
He observado con claridad dos grupos principales de ruptu-
ras, uno con dirección aproximada Norte Sud y la otra Este-
Oeste. Por las rupturas del primer grupo se produjeron las
erupciones de fonolito inmediatas á mina « Eloisa » y una
ruptura del segundo grupo separó la mina «Mitre» de las
otras.
Estas rupturas son una dificultad para la esplotacion del
carbón, pero aún es un problema en la geología la esplicacion
de formación tan complicada como lo es la de esta parte tan
— 112 —
importante y tan interesante de la Cordillera, y no es posible
decir desde ya cuál es la importancia de esas dificultades.
Es indispensable levantar un mapa geológico minucioso y
determinar en él la dirección de todas estas rupturas; solo así
se conseguirá saber donde se encuentran los depósitos mas
importantes de la formación carbonífera.
Al dirigirnos á San Rafael pasamos por la vieja Sierra
Pintada, montaña muy digna de ser estudiada con detenimiento.
Las rocas que allí vi, cuarzita, arenisca, esquistos arcillosos,
conglomerados, etc., y el rumbo i>rinc¡pal NO. -SE. é inclina-
ción al Oeste, de esas rocas muy presionadas y alteradas, me
trajo á la memoria la Sierra de la Ventana de esta Provincia
de Buenos Aires. Representa otro fragmento de esas viejísimas
montañas, que precedieron en el tiempo á las cordilleras actuales,
y es el vestigio de otra de las arrugas de la grandiosa fisono-
mía del antiquísimo continente Americano.
La impresión que me ha dejado mi corta visita á las mi-
nas del Dr. Salas, es que la República Argentina cuenta yá
con la gran riqueza que le faltaba para ocupar un puesto
prominente. El carbón en su suelo es una grandiosa realidad,
puede esplotársele con ventajas y su cantidad, á juzgar por lo
(pie he visto, es considerable. La buena calidad yá es conocida;
análisis químicos y esperimentos industriales comprueban su
bondad.
Si bien estos análisis muestran que el carbón mendocino no
es de tan buena clase como el de Cardiff, es conveniente decir
que las muestras que se han analizado del primero correspon-
den á trozos de la superficie, y que es sabido que el carbón
mejora generalmente en profundidad.
Sin embargo, si el carbón mendocino, según las muestras
actuales, no se puede com[)arar con el de Cardiff, se le puede
colocar entre los de Coventry, Sarreguemines, Marles, Firmi-
ny, etc., con respecto á las materias volátiles y coke, pero
distinguiéndose de ellos en su mucha menor cantidad de ceni-
za, lo que es una ventaja. Y ya que de cenizas hablamos,
recordaremos el descubrimiento, hecho por el profesor Kyle, de
vanadium en las cenizas del carbón de Mendoza, las que pue-
den dar lugar también á una esplotacion lucrativa. Los car-
bones mencionados de Europa, alimentan poderosas industrias
y hacen la riqueza de los distritos donde se encuentran. ¿Por
qué no se ha de obtener el mismo resultado en la República
Argentina ?
Puedo contar entre los dias mas agradables de mi vida los
— 113 —
que he pasado en la Cordillera, observando estos inapreciables
depósitos, cuyas bellas muestras puede examinar el público en
la Sección Geológica de este Museo, de la que estoy encargado.
El croquis geológico y los perfiles que acompañan este breve
informe, facilitarán mas el conocimiento del valor de este impor-
tantísimo descubrimiento.
Al terminar este breve informe, al que seguirán otros sobre
los materiales de estudio que he reunido en mi corta escursion
á Mendoza, Minas y San Rafael, quiero hacer presente las
atenciones que he recibido durante ella del Dr. D. José S. Sa-
las, de su señor padre el coronel D. José Salas, de D. José Vi-
llalonga, de los ingenieros señores Eugenio Carreras, Koenig y
Odrzywolski y de D. Carlos Siris, las que agradezco aquí.
Saludo al Sr. Director.
Rodolfo Hauthal,
Encargado de la Sección Geológica del Museo de La Plata.
Tmno ir
APÉNDICE
Hotícias y locmneDíos solire el carlioD fle pMra Se Saii Rafael
(MENDOZA)
EL DESCUBRIMIENTO DE LOS YACIMIENTOS
Debido al poco éxito que en general han tenido en la Repú-
blica las empresas mineras de carbón, como á la opinión contraria
de algunos sabios á la existencia de la formación carbonífera
en nuestro vasto y riquísimo suelo, he creído prudente para
evitar desconfiadas interpretaciones respecto al hallazgo del
precioso combustible en el departamento de San Rafael, prece-
der de una lijera narración de las circunstancias inherentes ¡i
tan valioso descubrimiento, la publicación de los informes
científicos é industriales á que ha dado origen y que va á hacer
el Museo de La Plata.
En casa de mi amigo el señor Deoclecio E. García, actual
gobernador de Mendoza, con motivo de una visita médica, tuve
ocasión de ver unas pequeñas muestras de carbón, á las que
no se daba mayor importancia y que le habían sido traídas
por un pobre paisano de los cerros mas altos de la pre-cordi-
Uera andina del Oeste de San Rafael.
— 116 —
Dichas muestras, desde luego, me llamaron la atención por
sus caracteres físicos, en mi concepto muy diferentes á los de
todos los carbones de procedencia nacional que durante mi
profesorado de historia natural en el Colegio Nacional de Men-
doza había tenido ocasión de tener á mi disposición, encon-
trándolos solo semejantes á los de los carbones que había visto
en el territorio del Neuquen, y cuya calidad había sido jiuesta
con éxito á pruelja en las fraguas por el coronel Manuel J.
Olascoaga, entonces gobernador del territorio.
Después de una conversación sostenida con el señor García
sobre la importancia que podía tener para el país la existencia
del carbón de piedra en San Rafael, y adivinando éste todo el
alcance de mi pensamiento, quedó concertado con él un viaje
que realizamos en Octubre del año noventa, a objeto de reco-
nocer el lugar de donde se habían extraído las muestras que
lo originaban.
Una vez allí, nos encontramos con que las vetas de cai'bon
que podían verse eran de poca potencia ; pero explorando con
mas prolijidad la rejion, dimos con una parte en que una de
ellas se engrosaba en mas de un metro, lo que, agregado á la
naturaleza de las rocas que las acompañaban, me hizo com-
prender que se trataba de una formación carbonífera explotable,
razón por la cual regresamos con García á la ciudad para
hacer el denuncio de dos minas que llamamos «General Mitre»
y «General Roca», las que, por otra parte, dejamos amparadas
con trabajadores encargados de seguir las exploraciones. Al
mismo tiempo, enviaba al químico Sr. Francisco Lavalle mues-
tras del carbón para un análisis, que realizó inmediatamente,
y por el (|ue comprobó la buena calidad del combustible.
A esta altura las investigaciones, y encontrándose en esa
época de paseo en Mendoza el antiguo y conocido comerciante
de Buenos Aires, Sr. Ruggero Bossi, realizamos en su presencia
y la de otros amigos una prueba industrial del carbón en las fra-
guas de la fábrica de carruajes del Sr. Luis Stoppel, después de la
cual nos convencimos de que en efecto se trataba de un combusti-
ble de muy buena clase, dando ello oríjen á que allí mismo se
hablara de la posibilidad de formar una sociedad para llevar
adelante los trabajos iniciados bajo tan buenos auspicios.
Entre amigos de Mendoza y de- la capital se formó, debido
casi exclusivamente á las relaciones del Sr. Bossi, una sociedad
— 117 —
por acciones de cuiiti'o mil [)Csos, (jue se distriijuyeron y limi-
taron entre veinte i)ersonas, y con la cual los descubridores
propietarios de las minas hicimos un contrato por el que nos
obligábamos á transferirle nuestras pertenencias carboníferas
en cambio de una acción para cada uno, además de un veinte
y cinco por ciento para ambos de las utilidades que pudieran
obtenerse con la explotación de a(¡uellas, y del cual acordába-
mos expontáneamente un cinco por ciento al Sr. Bossi, por su
eficaz pai-ticipacion en la constitución de la sociedad, (jue
convinimos en llamar «Carbonífera de San Rafael». Ya bajo el
patrocinio de ésta, se hicieron nuevas y mas satisfactorias
pruebas industriales del carbón en la usina del gas primitivo,
enviándose después de ellas al ingeniero Sr. J. C. Thierry á
las minas, como director técnico de los trabajos de exploración
emprendidos.
Al mismo tiem|io, mi distinguido amigo el general Roca,
ordenaba como ministi-o del Interior, al Departamento de Obras
Públicas, procediera al análisis de unas muestras procedentes
de las minas que yo le había enviado, el que realizó el Dr. Juan J.
Kyle, (piien llegó á obtener resultados inesperados, pues el sabio
químico encontró que no solamente se trataba de un combus-
tible de excelente calidad sino que sus cenizas, aunque muy
escasas, eran de una extraordinaria riqueza en vanadio, lo que
hacía del carbón analizado, un producto nacional de valor
inestimable en cuanto á calidad.
El Dr. Arata á su vez, comprobaba en el laboratorio muni-
cii)al á su cargo, la buena calidad del combustible.
Faltaba solamente, que la extensión y potencia de los yaci-
mientos descubiertos, estuvieran en relación con la importancia
química que los hombres de la ciencia reconocían por primera
vez á un carbón argentino. El ingeniero Thierry era quien
debía resolver en el terreno esta parte de la cuestión, y no
obstante que me asistía la convicción de que todas las proba-
bilidades eran de que se trataba de una verdadera y esplotable
rejion carbonífera, recibía dos meses después de instalado
aquel en las minas la triste nueva de que en las- vetas explo-
radas parecía concluirse á poca profundidad el carbón.
— 118 —
Alarmado con semejante noticia, me trasladé á las minas,
donde desanimado con la confirmación verbal de aquella esi^e-
cie, invité al mismo Sr. Thierry á hacer una escursion a pié
por aquellas cordilleras en busca de nuevos yacimientos. Un
dia entero le dedicamos. De regreso y rendido por la fatiga,
dejeme caer en una ladera en la que, una vez repuesto, reconocí
en seguida que en el suelo en que me había tendido, existían
indicios inequívocos de la formación que buscábamos.
Grito á mi compañero, que no me oye. . . Hago algunos
disparos de Winchester, que pasan también desapercibidos, y
tengo que resolverme á llegar entrada la noclie á las casas,
donde permanecí hasta el dia siguiente, en que volví al provi-
dencial lugar, con los trabajadores y herramientas necesarias
para su reconocimiento.
Así encontré la mina que denominé «Eloisa», cuya veta
principal alcanzaba á un espesor de un metro y ochenta centí-
metros en la superficie. Los primeros dos trozos de carbón
extraídos de allí aquel dia les hice saltar con mi propia mano,
encontrándose uno de ellos hoy en el Museo de La Plata y el
otro en exhil)icion en la Bolsa de Comercio.
Comuniqué todo lo ocurrido á la sociedad, que resolvió se
continuara en la «Eloisa» los trabajos, proseguidos por el
Sr. Thierry durante un mes mas, después de cuyo tiempo tuve
cjue volver á las minas, pues dicho ingeniero me comunicaba
de nuevo que el carbón se había concluido, y que la región
explorada no era de ninguna manera carbonífera sino jurásica
con algunas inexplotables vetas intercaladas de carbón.
Entre tanto, después del informe del perito, la sociedad
carbonífera de San Rafael debía por contrato disolverse ó con-
tinuar organizada, según que aquel fuera ó no favorable á los
fines perseguidos ; pero como yo tenía la persuacion de que en
esta ocasión el tal perito sufría una grave equivocación, vi a
mi socio señor García para que llenáramos para con nuestros
consocios un deber de conciencia, anunciándoles que nos inte-
resábamos en que antes de que resolvieran la rescisión de
nuestro contrato social á que estaban obligados, les concedía-
mos dictaminase otro perito, después de lo cual, y aceptado
por la sociedad, se me comisionó para instalar en la época
oportuna los trabajos que ci'eyera del caso, intertanto se con-
— liy —
disüngLiido geólogo Dr. Rodolfo Zuber visitara
las minas.
Concréteme entonces á seguir i»or su rumbo las vetas en la
mina «Eloisa» principalmente, con lo que pude al poco tiempo
de trabajo, constatar que no solo no se concluirá en ellas el
carbón, sino que su potencia aumentaba considerablemente á
medida que se profundizaban las escavaciones, llegando en
algunas partes una de las vetas á adquirir un espesor de cuatro
metros de puro carbón.
El reconocimiento que luciera de la región mas tarde el
Dr. Zuber, y el notable informe que sobre él pasó á la socie-
dad, fueron á la vez que la primera confirmación autorizada
de mis humildes ideas, una real promesa de nuevas riquezas
para el país, que despertó en el acto en el mundo científico,
un interés que confirma elocuentemei^te, el espontáneo concurso
prestado por el director del museo de La Plata, Dr. Moreno,
enviando al geólogo Dr. Hauthal á proseguir los estudios geo-
lógicos de la región, los que confirman en todas sus partes la
opinión de Zuber.
El costo total de los trabajos hechos hasta la fecha por la
sociedad en las minas, apenas alcanzara á quince mil nacio-
nales, pues que ellos se han hecho con la mayor economía,
habiendo destinado últimamente una buena parte de su capital,
á la adquisición de carros, muías y demás elementos para el
trasporte de carbón á Mendoza y San Juan, por el camino cuya
reparación acaba de decretar el Gobierno de la Nación, y lo
que por el momento está haciendo en pequeña escala, como
ensayo comercial en Mendoza, donde se vende con alguna utili-
dad carbón de San Rafael á los industriales á mas bajo precio
que el de procedencia extranjera.
Estos mismos elementos de movilidad servirían mas tarde
y con mas ventajas para el trasporte de carbón á San Rafael,
donde hay concedidos dos ferro-carriles garantidos, aunque no
hay proyectado el que mas convendría para el expendio de
carbón, que lo seria el de aquel punto á Mercedes de San Luis,
lugar á que converjen casi todos los ferro-carriles del interior,
en cuyo caso y para mayores ventajas, la sociedad carbonífera
podría costear uno de trocha angosta desde San Rafael á la
mina, sobre todo, si no fuera posible la navegación, en chatas
— 120 —
de remolque ó tracción de pequeño calado, del rio Diamante,
que sería mucho mas económico.
Dos años, pues, se ha estado trabajando casi en silencio,
para Ilegal' a resultados que empiezan á ser satisfactorios, y
que prometen serlo cada dia mas. En ese tiempo, como dejo
dicho, se ha tropezado con grandes inconvenientes, que debido
á la constancia y la te, se han podido subsanar en su parte
mas importante, ó sea, en la determinación de la cantidad y
existencia del combustible á explotar, de lo que por otra parte,
debo confesar, no tenia duda, pues en oposición á las ideas
de los naturalistas que habían predicho la no existencia de la
formación carbonífera en la República, obraba mi reconoci-
miento personal de la existencia de potentes yacimientos de
carbón en Malargüe, Rio Grande y Neuquen, á la vez que
conocía por la obra de mineralogía escrita en Chile por el sabio
Dr. Domeyko, el hecho de haberse encontrado en la vecina
república, sobre las cordilleras de Rancagua y otros puntos
análogos, aunque en escasa cantidad, carbón de mucho mejor
calidad que el que se explota al sud en las costas del Pacífico
á mas de haberse comprobado en Cracovia, que los fósiles
enviados para su determinación por el Dr. Berg procedentes de
la falda argentina en Retamito, provincia de San Juan, perte-
necían á la verdadera formación carbonífera.
Todo esto retemplaba mi espíritu en medio de mis primeros
y pasados contratiempos, y ello es lo que nos hace abrigar
ahora la firme convicción de que el dia que un ferro-carril
recorra el sud de la ¡irovincia de ¡Mendoza hasta el Neuquen,
los argentinos han de ver alzar en su trayecto millones de
toneladas de carbón sacado de entre interminables cadenas de
montañas, por millares de trabajadores, á los que no trepidaría
en Colocaí' en el rango de los principales factores del poderío
de nuestra patria, pues que ella, explotando carbón de una
parte de su dilatado territorio, se pondrá al igual de las nacio-
nes mas ricas y fuertes de la tierra.
José A. Salas.
INFORME DEL SEÑOR INGENIERO RODOLFO ZUBER
LAS PRIMERAS EXPLORACIONES
Es innegable que hasta ahora habia poca probabiHdad do
encontrar \a formación carbonífera vei'dadera en la Repidjlica
Argentina.
Las exphjraciones de d'Orbigny, Forbes, Harlt y otros, de-
mostraron la existencia de la parte inferior de esa formación
(sin hulla) en el Perú, Bolivia y en el Norte del Brasil, mien-
tras que la parte carbonífera se ha encontrado en poca exten-
sión solamente en el sud del Brasil.
Burmeister pretendía haber encontrado y determinado esa
formación en las provincias de San Juan y Mendoza ; pero
estudios posteriores ejecutados por Stelzner, Geinitz, Zuber y
Szajnocha demostraron, que lo que Burmeister consideraba
como carbonífero, pertenecía ai sistema triásico superior res-
pectivamente rético.
El crédito de esta cuestión decayó mucho debido á las rui-
dosas noticias publicadas por personas de competencia muy
dudosa, sobre hallazgos de carbón de piedra en varias partes,
de cuyo examen resultó después que el tal carbón en la mayo-
ría de los casos, no era otra cosa que piedras negras betu-
minosas.
LA FORMACIÓN CARBONÍFERA DE LA CORDILLERA
Renació el interés del asunto, cuando se descubrieron (en
el año 1889) fósiles de la formación carbonífera verdadera cerca
de Retamito en la provincia de San Juan. El descubridor fué
el Rev. P. Ferdinando Meister. Los fósiles llegaron á manos
del doctor Carlos Berg, quien los mandó al doctor Szajnocha,
_ 122
mi colega y amigo, profesor de la Universidad de Cracovia
(Austria).
Este determinó dichos fósiles y publicó su estudio en los
«Anales » de la Academia de Ciencias de Viena.
De este modo quedó comprobada la existencia de esta forma-
ción en las regiones cordilleranas; y se aumentó la probabilidad
de poder encontrar en alguna parte la hulla legítima en cantidad
explotable.
En la formación petrolífera de Mendoza (triásico superior),
se han encontrado en varios puntos indicios de carbón.
Es sabido que en esta misma formación se encuentran depó-
sitos de carbón fósil en algunos distritos de las Indias, de
Virginia ( Richmond ) y de Suécia ( Schonen ). Pero lo que se
habia encontrado hasta hoy en esta formación en Mendoza no
era mas que arcilla negra betuminosa, apenas con partículas
de carbón completamente inexplotable.
EL CARBÓN DE MENDOZA
Los primeros trozos de carbón verdadero de la provincia de
Mendoza, que yo sepa, fueron hallados en el departamento de
San Rafael (25 de Mayo), y remitidos á Buenos Aires en el
año 1891 por el Dr. D. José A. Salas.
Examinados por el Dr. J. J. Kyle, resultaron ser hulla de
primera clase, cuya ceniza contenía una cantidad considerable
de ácido vanádico. Su ensayo como combustible y para la fa-
bricación de gas fué coronado de éxito sumamente halagüeño.
El tamaño de los trozos mandados á Buenos Aires, hacía
suponer también que se debía hallar en cantidad considerable.
PRIMEROS TRABAJOS EN SAN RAFAEL
Debido a la actividad del Dr. Salas formóse una compañía
de exploraciones que dio principio á sus trabajos, desgracia-
damente mal encaminados, á punto de haberse ejecutado algu-
nas obras completamente inútiles, como ser una excavación
del lado opuesto á la inclinación de la capa de carbón, aleján-
dose de esta en vez de acercarse.
Estos trabajos me hicieron la impresión de que se hubieran
hecho con el propósito de no comprobar la existencia de de-
pósitos explotables.
Después de varias conferencias celebradas con el Dr. Salas,
quien á pesar de no ser geólogo, ha hecho estudios y reunido
— 123 —
observaciones de gran valor científico é industrial, tomé un
interés crecido en este descubrimiento y me decidí á visitar en
su compañía los ])arajes en cuestión, lo que se efectuó á fines
de Marzo pasado.
A pesar de liaber tenido muy poco tiempo disponible, he
podido llegar á un resultado positivo en este estudio, siéndome
además conocida esa parle de las cordilleras, — pues en el año
1887 tuve la oportunidad de hacer por allí una expedición a
Chile.
LOS YACIMIENTOS DE SAN RAFAEL
El descubrimiento del Dr. Salas, se encuentra en la Cordi-
llera, 120 kilómetros al Oeste del pueblo San Rafael, en la
parte divisoria entre los anuentes de los rios Atuel y Diamante.
Según el mapa de Brackebusch se pupde determinar su situa-
ción aproximadamente en GQ^GO' de longitud (oeste de Green-
wich) y 34030* de latitud sud.
La mayor parte de estas cordilleras se componen de calizas,
margas y esquistos fosilíferos que pertenecen á los sistemas
triásico, jurásico y cretáceo. Alternando y en concordancia
perfecta con estas estratas se encuentran depósitos inmensos
de yeso blanco (alabastro) y de areniscas coloradas. El rumbo
de estas capas es casi invariable de Norte á Sud (paralelo al
rumbo de las cadenas cordilleranas) y la inclinación predomi-
nante hacia el Oeste.
Filones poderosos de rocas eruptivas, como ser traquitas,
basaltos, fonolítos y andesitas, atraviesan con frecuencia esas
formaciones.
Lít formación carbonífera se encuentra tan tapada y escondida
bajo la mole de aquellas, que no debe extrañar el no haberse
dado con ella en ninguna de las expediciones y exploraciones
anteriores.
Los trabajos efectuados por el Dr. Salas condujeron primero
á descubrir una mina denominada General Mitre, y después
otras dos en mas altura y distancia bajo los nombres de Ge-
neral Roca y Eloísa.
El carbón se encuentra en capas bien determinables y poco
alteradas, con un rumbo fijo y constante. Lo acompañan are-
niscas, conglomerados y toscas oscuras ó negras, de un aspecto
que parece indicar una formación antigua.
El rumbo de estas capas es normal al de las cadenas de
montaña y casi invariable de Este á Oeste. La inclinación es
considerable (75° hasta vertical) hacia el Norte.
- 124 —
La constancia del rumljo demuestra que no tenemos que
hacer aquí con trozos sueltos de alguna formación antigua,
destruida posteriormente por el alzamiento de las serranías, sino
con una foi'macion fija que se extiende en grandes espacios
debajo de las formaciones arriba nombradas.
Lo que se ha descubierto hasta ahora son islas geológicas,
que deben estar en comunicación entre sí, debajo de los cerros
de formación mas reciente.
EDAD GEOLÓGICA DE LA FORMACIÓN
La discordancia tan evidente entre estas capas carboníferas
y las que componen las cordilleras principales, demuestran una
diferencia considerable de edad geológica, y siendo la forma-
ción mas baja que se haya podido determinar aqui, de edad
triásiea, resulta que las capas carboníferas no pueden perte-
necer á un sistema mas nuevo que al permeano.
Hasta ahora no se han encontrado fósiles que permitiesen
determinar esta edad con más exactitud; pero de las rela-
ciones estratigráficas arriba expuestas, resulta con evidencia
que esta formación carbonífera puede formar parte solamente
de la división importante comprendida en la geología moderna
bajo el nombre del sistema permo-carbonífero.
Lo acompañan también areniscas rojas mas antiguas ([ue
las mencionadas arriba, cuyo aspecto es idéntico al del cono-
cido «New red sandstone» (permeano).
ESPESOR DE LAS CAPAS DESCUBIERTAS
Las capas del carbón son numerosas, de un espesor varia-
ble desde pocos centímetros hasta un metro y mas en la su-
perficie.
Algunas de ellas se pierden á poca profundidad: otras au-
mentan considerablemente. La capa mas importante hasta
ahora es la que se descubrió en la mina Eloisa, la que tenia
en la superficie apenas un metro de espesor, y aumentó hasta
cuatro metros profundizando las excavaciones.
La naturaleza de las formaciones carboníferas explica la
dificultad con que se descubren en la superficie, presentando
como presentan mucho menos resistencia á las influencias
atmosféricas, que las calizas, cuarcitas, etc., de otras for-
maciones. Así se comprende que solamente por un estudio
minucioso, excavaciones artificiales, ó casualidad, se puede
comprobar su existencia en la supérele.
125
EXTENSIÓN DEL DESCUBRIMIENTO
Pero ya los hechos de presentar esta formación una estruc-
tura constante y regular, de haberse comprobado su existencia
en San Juan y entre los rios Atuel y Diamante, además, de
haberse encontrado carjjon mucho mas al Sud, en la prolon-
gación de la misma cordillera en Malargüe y Neuquen, prueban
con bastante evidencia que el carbón en cuestión no es un
hallazgo suelto y casual, sino, « que en estas cordilleras existe
una formación carbonífera .antigua en mucha extensión y con
capas de carbón explotables y de muy buena clase. »
Será cuestión de estudios posteriores el reconocimiento to-
pográfico y geológico de esta importante formación en toda su
extensión.
LAS TRES MINAS
Las capas de carbón descubiertas hasta ahora en la mina
Mitre parecen tener poca importancia; pero para poder juzgar-
las con toda seguridad, sería necesario ejecutar aun algunas
excavaciones mas y en mayor extensión.
Lo mismo se puede decir de la mina Roca; pero la mina
Eloisa, contigua á la anterior, dio ya en la superficie resulta-
dos tan espléndidos, que ya merecería la instalación de trabajos
mas serios y sólidos.
Para el principio me parece lo mas práctico atravesar el
portezuelo de que sale el arroyo de La Manga (afluente del rio
Atuelj, por un socavón de Sur al Norte, con el que se corta-
rían todas las capas de carbón allí existentes. Encontrándose
así capas explotables, se podrá seguir su rumbo al Oeste con
galerías atravesadas. Tal socavón sería, no solamente el trabajo
mas completo de exploración, sino también podría servir como
base para todas las operaciones subsiguientes como la extrac-
ción del mineral, el desagüe y la ventilación.
vías de COMUNICACIÓN
La distancia de las vias de comunicación existentes, hace
por ahora difícil la explotación de estos yacimientos, pero esta
dificultad no es invencible, siendo la naturaleza de los terre-
nos adyacentes bastante fácil para la construcción de caminos
carreteros ó de ferro-carriles portátiles en algunas partes ; y
— 126 —
un ramal de ferro-carril fijo, podría llegar sin muchos obs-
táculos hasta muy cerca de las minas principiadas. Además,
es notorio que en los distritos mineros mas importantes del
mundo, no han sido las poblaciones las que han atraído el
mineral, sino los minerales que han dado pábulo ú la población.
Para ilustrar mejor lo arriba expuesto, adjunto un croquis
geológico y tres secciones de los terrenos carboníferos en cues-
tión.
No puedo concluir este informe sin agregar mis felicitaciones
á los descubridores de cosa tan importante, y mis agradeci-
mientos mas sinceros al doctor José A. Salas por su valioso
concurso para su estudio científico, cuyas observaciones y de-
terminaciones tuve que comprobar, siendo casi exactas en todos
sus detalles.
Jujuy, Mayo 12 de 1892.
Dr. Rodolfo Zuber.
Nota — En el viaje efectuado con el Dr. Salas he hecho al-
gunas observaciones barométricas (con un arenoide sistema
Goldschmidt) de lasque he podido deducir las siguientes altu-
ras en metros arriba del nivel del mar.
San Rafael 841, Los Buitres 1781, Agua Caliente l.ji9, Mina
Mitre 2524, Mina Eloisa 312.5. — i?. Z.
F. C. Gran Oeste Argentin
Mendoza, Abril i8 de i8q2.
Señor T>. José A. Salas.
Muy sefior mió :
El dia trece del corriente se efectuó una prueba coa la hulla
de San Rafael que nos remitió á tal objeto.
A las 9 a. m. del dia ya citado, partió la locomotora N". 40
de la Estación Mendoza auxiliando al tren local de La Pax
hasta el kilómetro 603.
Después continuó á su regreso haciendo maniobras en la
Estación hasta las 4 y 30 p. m. En estos servicios se consu-
mieron GOO kilos de hulla.
Al proceder á limpiar los fuegos, se encontró la parrilla
libre de escorias.
La hulla presentada fué en un gran estado de trituración,
por cuyo motivo, una parte cayó al cenicero por entre los
barrotes y sufrió una combustión incompleta.
Marcando el manómetro 120 libras por pulgada cuadrada ó
sean 8 atmósferas, y trabajando la locomotora en auxilio del
tren á la Paz, al llegar al kilómetro 601 se abrió la bomba
de alimentación y continuó funcionando hasta el kilómetro
603 en cuyo momento marcaba el manómetro 100 libras por
pulgada cuadrada ó sean cerca de 7 atmósferas.
Los residuos sacados del cenicero y pesados, han dado 26
y medio kilogramos; pero estando mezclada la ceniza con el
cisco ó combustible menudo, no puede apreciarse aun el peso
efectivo do las cenizas para determinar la proporción.
Del modo como se opera la combustión en el hogar, como
de los datos que anteceden, puede deducirse las probabilidades
de una buena utilización en las locomotoras.
Esta prueba, por sí sola, no ha permitido poder apreciar
otras condiciones que deben llenar las hullas, para ser de
— 128 —
lleno aceptables en los hogares de las locomotoras ; pero sí
podría darse una opinión mas adelantada, haciendo otra prue-
ba con el tren local á La Paz y regreso á Mendoza, en cuyo
caso se necesitarla (3000) tres mil kilogramos de hulla.
Para el resultado, es condición muy favorable que la hulla
no esté tan triturada.
Saluda a Y. atentamente.
José A. Villalonga.
i
Buenos Aires, 13 de Febrero de 1891.
Señor Director del Departamento de Obras Públicas, Ingeniero Don
Juan Pirovano.
Tengo el honor de elevar á Vd. el informe sobre la compo-
sición y calidad de una muestra de cai'bon fósil procedente' de
una mina de las inmediaciones de San Rafael, Provincia de
Mendoza, de cuyo examen Vd. se dignó encargarme en nota
de esta Dirección de fecha 5 del corriente.
El mineral es de color negro lustroso, es muy quebradizo
y friable, su fractui'a es resinoide, y su polvo es de color ne-
gro mate.
Su pe.so (íspecífico 1.173. Calentado al aire libre arde con
llama larga, brillante y fuliginosa, experimentando una fusión
parcial, hinchándose para formar un coke esponjoso y muy
liviano, el (|ue se consume dejando una ceniza rojiza en canti-
dad insignificante.
Por destilación seca, desprende vapores ácidos y gases com-
bustibles, (juedando un coke aglomerado.
El análisis inmediato comercial ha dado como resultado:
Agua higroscópica 2.05
Materias volatilizables 49.51 ■)
Carbón fijo 47.81 Coke 48.44
Cenizas 0.63 )
100.00
Los ensayos para determinar el poder calorífico absoluto
por el método aproximativo de Berthier, dieron:
Gramos
1 Plomo reducido por 1 gramo 23.150
2 » » » 1 » 23.055
ó sea un promedio de gramos 23.102x234.
Tamo IV ' 9
— 130
calorías 5405
Análisis elemental — El carbón é liidrójeno, se dosaron por
combustión con cromato plúmbico; el ázoe por combustión con
cal sodado; el az.ufre por el método de Eschka, el oxijeno
por diferencia.
Dt'ducidas al agua y cenizas
Agua bigroscópica.
Carbono
Hidrójeno
Ázoe
Azufre
Oxijeno
Cenizas
Poder calorífico calculado sin tomar en cuenta
el azufre 6088
En vista de los resultados (jue anteceden, no bay duda que
el carbón de San Rafael es de mucbo mérito como combus-
tible.
Como sucede en la mayor parte de los carbones fósiles ba-
ilados en la República Argentina, este tiene una proporción
elevada de oxijeno, el que disminuye el poder calorifico utili-
zable de los elementos combustibles, asemejándose estos mine-
rales á los lignitas bituminosas.
Pero el carbón de San Rafael, es especialmente digno de
llamar la atención por la reducidísima cantidad de cenizas ó
materias minerales fijos que encierra ; esta circunstancia lo
diferencia de la generalidad de las lignitas y hullas terciarias
del país y de la Europa, ricas en materias minerales fijas,
cuya proporción muy variable alcanza basta 20 ó 30 % del
mineral, y constituye uno de los inconvenientes que acompa-
ñan el empleo deesa variedad del carbón como combustible; in-
conveniente que desaparece en el carbón de San Rafael.
El azufre, cuya proporción en este mineral pasa de 4 % no
existe bajo la forma usual de piritas ferruginosas y necesaria-
mente se halla asociado á los elementos orgánicos, ó tal vez
— 131 —
en estado lilire. Esta particularidad lia sido ya observada en
algunas hullas y en la lignita de Scmsal en la Sajonia.
Es indudable que el carbón de San Rafael puede emplearse
con ventaja en la fabricación del gas de alumbrado, pero no
siendo de gran valor por sci' inexactos los ensayos en pequeña
escala para determinar la cantidad y calidad del gas obtenible,
sería conveniente que estos fueran practicados en una de las
usinas de la capital, envi.ándose una cantidad suficiente del
mineral para las operaciones gasométricas y fotométricas.
En resumen, señor Director, el carbón de San Rafael es
un mineral que reúne muy buenas calidades como combustible,
sin ser de tanto valor calorífico, como el carbón de piedra de
las hulleras antiguas de Inglaterra, y por sus caracteres físi-
cos |)Oco favorables para el transporte, debido á la facilidad de
pulverización que lo distingue y ocasionaría mucha merma,
pero arde muy bien; deja poca ceniza, y según creo, podría
servir como excelente materia prima para la fabricación de gas
y para la elaboración de carbón aglomerado, tan usado hoy
como combustible. En fin, es el mejor carbón de piedra de
procedencia nacional que he analizado.
Saluda al señor Directoi- atentamente.
Firmado —
Juan J. J. Kyle.
Departamento
DE
OBFiAS PÚBLICAS
Buenos Aires, 2 de Junio He 1891.
Señor Director del Departamento de Obras Públicas de la Nación,
Ingeiiiero D. Juan Piroraiio.
Tengo el lionoi- de comiiniear á Xá. (|ue, creyendo sería
de interés é imporlancia hacer una investigación mas completa
de la ceniza de la muestra de carbón fósil procedente de una
mina situada en las inmediaciones de San Rafael, provincia de
Mendoza, en la cual habia encontrado un compuesto de Vanadio
según tuve la satisfacción de anunciar <á Vd. en mi segundo
informe referente á dicho mineral, de fecha 27 de Febrero, me he
ocupado continuando su estudio con los resultados cuantitati-
vos, que en el presente informe elevo á conocimiento de Vd.
por indicación del Exmo. señor Ministro del Interior, y á pe-
dido del propietario de la mina.
Como no fué atendida la indicación que hiciera en mi últi-
mo informe sobre la conveniencia de remitirme una cantidad
considerable de la ceniza vanadifera lo que habría facilitado la
investigación y la determinación de su importancia comercial,
me he obligado á destinar á este objeto el sobrante de la
muestra que aún existía en mi poder.
Apesar de la exigua cantidad de materia disponible para su
análisis completo, me ha sido posible efectuarlo cuantitativa-
mente, y como el resultado ha superado lo que habia sospe-
chado, paso á exponerlo para que por intermedio del señor
Director llegue á conocimiento del señor Ministro y á los pi-o-
pietarios del mineral, deseando que los datos les sean de uti-
lidad y que sabrán aprovechar por una explotación formal, lo
— 133 —
que promete ser una nueva fuente de Vanadio, sin i^'ual en
cuanto á i-iqueza.
El carbón de San Rafael después de su incineración com-
pleta, no. deja sino 0.03 % de ceniza, esto es, 1000 kilos de
mineral dan G kihis 300 gramos, cantidad muy inferior ¡i la
pi-oducida en la comltustion de la mayor jiarte de las hullas y
lignitas de este y otros i)aíses.
El color de la ceniza es verde oscuro cuando la temperatura
durante la incineración no haya alcanzado á fundir ó escorifi-
carla.
El análisis se practicó sobre la ceniza obtenida sin escorifi-
cacion y ha dado las cifras si.auientes que representan la com-
posición de la ceniza absolutamente libre de carbón ó sea la
parte incombustible ó inorgánica del carbón fósil de San Rafael.
Anhídrido Vanadico 38.22
» Fosfórico 0.71
Soluble en 1 » Sulfúrico 12.06
Acido nítrico. . . ./ O.\ido de Calcio 8.44
» Férrico 4 . 08
Alumina 3.32
Oxido de Potasio 1 . 73
/ Oxido férrico 0 . 42
] Alumina .5.26
Insoluble en
Magnesia 0.83
Acido nítrico. .
( Anhídrido Silícico 13.70
Hay rastros no determinados de Manganeso, Magnesia,
Cloro y perdida 1 . 30
100.00
Del anterioi- se vé que la ceniza es en efecto extraordina-
riamente rica en Vanadio conteniendo 38.22 % del Anhídrido
Vanadico ó pentoxido de Vanadio. Esto equivale á decir que
en cada 1000 kilos de carbón, siendo este igual á la muestra
que se me enviara, existen 2407 gramos del Anhídrido (ácido
vanadico anhidro) equivalente á 1351 gramos de Vanadio ele-
mental y á 3082-5 gramos del Metava7iadato de Amonio, siendo
esta la sal mas importante de las de vanadio por ser la mas
empleada en la industria.
A la importancia que reviste esta fuerte proporción de Va-
nadio en la ceniza del mineral de .San Rafael, hecho que es
poi- sí de mucho interés científico, hay que agregar la circuns-
tancia observada durante el curso de la investigación, que 80
— 134 —
por ciento del Vanadio total contenido en la ceniza analizada
se halla en un estado que permite su extracción bajo la forma
de Vanadato alcalino, por la simple digestión de una disolu-
ción amoniacal, quedando solamente 20 % en combinación
insoluble ó sea con los óxidos de hierro y de aluminio.
El tratamiento de estos no ofrece dificultad, pero es menos
sencillo. Por ser relativamente poco conocido el ácido Vanadico
me permito recordar al señor Director, que la aplicación indus-
trial del ácido vanadico bajo la forma de un vanadato soluble
es como «Mordiente» oxidante siendo superior á todos los
demás compuestos metálicos para teñir con anilina el «Negro
de vanilina.»
En la actualidad los fabricantes de productos químicos ela-
boran los vanadatos que se consumen en las tintorerías euro-
peas, principalmente de las escorias vanadiferas de algunos
establecimientos metalúrgicos, la que contienen de uno á dos
por ciento de vanadio. No me escapa que existen vanadatos
de plomo, cobre, etc., hasta en nuestras sierras; pero no en
cantidad suficiente para la industria. He aquí la razón jíorque
á mi modo de ver, el mineral vanadífero de San Rafael merece
una atención preferente, como materia prima para la elabora-
ción de los vanadatos, los que tienen un precio muy alto en
el comercio, valiendo el vanadato de amonio $ 20 oro por kilo.
Saludo atte. al señor Director.
Firmado —
Juan J. J. Kyle. •
ANÁLISIS DEL DOCTOR PEDRO N. ARATA
Densidad 1 . 138
Análisis inmediato
Agua 2.35
Cenizas 0.48
Coke 49.43
Materias volátiles 48.21
Calorías, método de Berthiei- 5809.32
Análisis elemental
Carbono 81.37
Hidrógeno 6 . 85
Oxígeno 11 . 19
Cenizas 0 . 59
100.00
ANÁLISIS DEL DOCTOR FRANCISCO P. LA VALLE
Carbón de la mina « General Mitre»
Humedad 4.250
Materias volátiles 43 . 700
Carbón fijo.... 51.330) ^ , ^ci acá
„ . •' ,. „,-,„ Coke 52.050
Cenizas 0.720 )
100.00
J'oder calorífico 5573 . 159
— 136 —
CARBÓN DE LA MINA <( GENERAL ROCA »
Humedad 2.260
Materias volátiles 41 . 720
Carbón fijo 55.222 ) „ , ^^ „,„
r, ■ ,, ,-Q, Coke 56.020
Cenizas 0. /84)
lUO.OOO
Poder calorífico 6075.920
Buenos Aires, Junio 18 de 1890.
RESULTADO DE LOS ENSAYOS HECHOS PARA LA COMPAÑÍA PRIMITIVA
DE GAS DE BUENOS AIRES
El término medio de las pruebas hechas fué el siguiente:
Carbón empleado 500^''-
Coke producido 240g''- Rendimiento 48 %
Gas » 186'"-900 » 37.38 '»
Duración de la destilación, 25 minutos.
( 1° al fotómetro Girond 26''"s45
Poder iluminante del gas: 1 2" » Dumas y Regnault24 » 37
(8» » Bunsen 27 » 30
Calidades del coke: muy liviano pero muy puro, y teniendo
proporciones infinitesimales de ceniza.
En resumen, dicho carbón, bajo el punto de vista de la
fabricación del gas, me parece ser de una calidad superior.
G. Le Roux.
Buenos Aires, Agosto 28 de 1892.
LA
SACARINA FAHLBERG
CONSIDERADA
BAJO EL PUNTO DE VISTA HIGIÉNICO
POR EL PROFESOR
D"^. PEDRO N. ARATA
Director de la Oficina Química Municipal de Buenos Aires
Tomo IV 10
LA SACARINA DE FAHLBERG
CONSIDERADA
BAJO EL PUNTO DE VISTA HIGIÉNICO
Con motivo de una solicitud de D. Arturo Diesel, represen-
tante de la casa Fahlberg List y C''., presentada á la Munici-
palidad de Buenos Aires, pidiendo que la Oficina Química Mu-
nicipal no opusiera obstáculos á la libre introducción de la
Sacarina, he debido estudiar en sus detalles la cuestión expo-
niendo mis opiniones al respecto.
A la verdad, la Oficina Química nunca ha perseguido la
Sacarina, pues no tenía un convencimiento perfecto de que se
tratara de un producto nocivo. Me había limitado á manifestar
á introductores y fabricantes el hecho de que era un producto
higiénicamente objetado por las autoridades francesas y que no
me hallaba por consiguiente autorizado á admitir su uso, antes
de que se pronunciaran otras personas llamadas por su auto-
ridad á resolver cuestiones de la magnitud é importancia que
envolvía el espendio de una sustancia poco conocida.
Los antecedentes que voy á exponer sobre la Sacarina jus-
tificarán mi conducta y servirán al mismo tiempo de funda-
mento á la opinión que he formado después y con conocimiento
de causa de que su espendio puede ser permitido con una res-
tricción sola, la de declarar la naturaleza del producto vendido.
Ante todo es menester decir que la Sacarina, aunque de sabor
azucarado, nada tiene que ver con las sustancias naturales que
llevan el nombre de Sacarinas. Es un producto artificial sobre
cuya preparación no puedo entrar en detalles, porque me llevaría
á una larga digresión, de los muchos que la química orgánica
ha logrado formar sintéticamente y que van enriqueciendo dia-
riamente la industria, la economía doméstica y la terapéutica —
por sus múltiples y variadas aplicaciones.
— 140 —
Considerada químicomeato es la Anliidro-ortosulfamina del
ácido benzoico
que fué descubierta por los señores Ira Ramsen y Fahlberg (de
Baltimore ), siguiendo las huellas de un trabajo de la señorita
Ana Wolkow.
La Sacarina es un polvo blanco, en pequeños cristales sin
olor y de un sabor muy dulce (una parte comunica su sabor
á 70.000 partes de un vehículo cualquiera) eñ trescientas veces mas
dulce que el azúcar, ¡tiene reacción débilmente acida, funde á
220° ; se disuelve en 400 partes de agua fría y en 25 partes de
agua hirviendo, en 40 partes de alcohol, difícilmente en el éter
y con facilidad en los líquidos alcalinos.
Calentada a 150° con ácido clorhídrico se trasforma en amo-
niaco y ácido ortosulfobenzóico. Fundida con potasa dá amoniaco
y ácido salicílico. La combinación de la Sacarina con los álcalis
precipita en amarillo el percloruro de fierro: el precipitado es
descompuesto por el ácido clorhídrico precipitándose Sacarina.
Se puede fácilmente caracterizar en los líquidos que lo con-
tengan aprovechando las reacciones indicadas ó la propiedad
que tiene de producir ácido sulfúrico cuando se funde la Saca-
rina con un álcali caustico y nitrato potásico.
Según Dohme Fahlberg y Remsen, la Sacarina comercial es
una mezcla de sustancias intermedias de la preparación, con un
60 por % de verdadera Sacarina pura.
La Badischen Anilin und Sodafabrik ha introducido en el co-
mercio un succedánec de la Sacarina que es la Metilsacarina y
que es menester distinguir del cuerpo que nos ocupa, aunque
tenga un sabor azucarado.
Desde la aparición de la Sacarina, la industria azucarera se
alarmó: usufructuaria de las conquistas de la química temió
una concurrencia desastrosa para sus intereses por parte de
este producto de síntesis orgánica. Principalmente en Francia,
las Cámaras de Comercio y el ministro del ramo, llamaron la
atención del Comité Consultivo de Higiene Pública y pidieron
una opinión sobre las condiciones higiénicas de esta nueva
materia como producto destinado á reemplazar el azúcar de
caña ó remolacha.
El Comité nombró una comisión compuesta de los doctores
Brouardel, G. Pouchet y Ogier para que informaran al respecto.
Después de recojer los datos existentes y hacer algunas expe-
riencias sobre la acción fisiológica, presentaron estos señores su
— 141 —
informe en la sesión del 13 de Ag'osto de 1888, con las siguien-
tes conclusiones: que la Sacarina no es un alimento y que por
consiguiente no puede reemplazar al azúcar en la alimentación ;
que el empleo de la Sacarina en la alimentación suspende ó
retarda las trasformaciones de las sustancias amiláceas y albu-
minosas ingeridas; que las preparaciones que tienen este etectO'
pueden estorbar las funciones digestivas y ocasionar dispepsias
y, por fin, que siendo la Sacarina una sustancia nueva cuya
acción diaria sobre la economía no había podido aun ser estu-
diada y que quedando por otra parte comprobada esa acción
perjudicial sobre la digestión, debía deducirse c]ue la Sacarina
y sus preparaciones debían ser proscritas de la alimentación.
A consecuencia de este dictamen, el Ministro, por circular de
16 de Octubre de 1888, prohibió el uso de la Sacarina.
Se explica que después de estas declaraciones de las auto-
ridades sanitarias francesas la conducta de la Oficina Química
Municipal debía ser por lo menos reservada en cuanto al pro-
ducto Sacarina. Dado su ¡joder sncaii ficante (es decir, de endulzar
á la manera del azúcar de caña) era mi temor que este pro-
ducto sirviera para dar una máscara, con apariencias de legi-
timidad, á los muchos jarabes de glucosa que la industria de
las falsificaciones introduce en el mercado como sustancias
de proveniencia regular. Aun(iue el análisis químico hubiese
podido revelar el fraude, con todo el gusto del producto, no
hubiese permitido reconocerlo al consumidor sin la comproba-
ción de investigación química. A esto se agregaban las sos-
pechas introducidas por la relación desfavorable del Comité
Consultivo de higiene de París, acerca de sus propiedades hi-
giénicas, aunque sus conclusiones no fuesen por el origen y
por los términos muy convincentes.
Este estado de duda se ha mantenido en mi ánimo, hasta
que decisiones posteriores de otras autoridades sanitarias y el
estudio atento de trabajos cuidadosos sobre la acción fisiológica
de la Sacarina, me han producido el convencimiento de su ino-
cuidad ; más aun, de las ventajas que su uso puede reportar,
no diré en la alimentación, pues no es un alimento sino á la
dietética, pues obrando á la manera de tantas otras mate-
rias que sin ser alimentos, son convenientes injerirlas perió-
dicamente en la economía para regularizar, corregir ó norma-
lizar las funciones del organismo mismo.
Tengo el convencimiento que la Sacarina como materia an-
tiputrescible es un desinfectante estomacal é intestinal, que sin
perjuicio, puede ser usado ventajosamente en la alimentación
— 142 —
á la manera del salol, naftol y otras sustancias análogas, te-
niendo además la ventaja del sabor dulce, para los que apete-
cen esta sensación agradable del sentido del gusto, y una ac-
ción fisiológica menos intensa, como se verá más adelante.
El trabajo primero y mas completo sobre la acción ñsioló-
ca de la Sacarina, es debido á los doctores V. Aducco y U.
Mosso, y ha sido hecho en la Universidad de Turin.
Con resultados concordantes, estos fisiólogos han estudiado
la acción general de la Sacarina, su acción sobre los cambios
en la nutrición, la vía de eliminación del organismo y la rapi-
dez de la absorción, en ranas, perros, chanchitos de la India,
y sobre el hombre.
Las ranas pueden vivir meses enteros en una solución de
Sacarina previamente neutralizada con un álcali, lo mismo que
en el agua pura, sin notarse otro fenómeno que el de presen-
tar orinas dulces. Tampoco sufre alteración su estado de salud
por repetidas inyecciones hipodérmicas de Sacarina.
Las ranas sacrificadas después de estos tratamientos pro-
longados, no han presentado alteraciones en los órganos im-
portantes para la vida.
Las experiencias sobre perros son aún mas interesantes.
En una primera serie no se notó ninguna alteración de la
salud de un perro al que se había administrado en el espacio
de diez dias 37 gramos de Sacarina. Su peso no se había alte-
rado; la cantidad de orina no había cambiado, y la composi-
ción tampoco había variado con respecto á la proporción total
de úrea y ácidos hipúrico, sulfúrico y fosfórico de las 24 horas.
Había aumentado la cantidad de cloruros, y la Sacarina pasaba
inalterada en la orina. Observaron además, que las orinas sa-
carinadas se descomponen difícilmente.
En una segunda serie hecha sobre un perro flaco y en ma-
las condiciones de nutrición, en once dias de experimentación
había aumentado de 16 á 19 kilogramos de peso, y confirmando
los resultados de la primera serie, observaron además que la
relación existente entre la cantidad de alimentos ingeridos y
las cantidades de úrea y de ácido sulfúrico eliminadas por la
orina, se hallaba inalterada, aun cuando se administraba la Sa-
carina conjuntamente con los alimentos. Deducían, por fin, que
durante la alimentación con Sacarina la nutrición se hace nor-
malmente y hasta puede mejorar, como lo comprobaba el
aumento notable de peso del animal.
Refieren, por fin, las experiencias hechas sobre sí mismos,
sobre otros amigos que se prestaron para estas investigaciones.
— 143 —
y sobre una recien parida de la Maternidad, á cargo del pro-
fesor Tibone.
La Sacarina fué usada por ellos en solución, en sustancia,
antes, durante y después de las comidas, en dosis fracciona-
das y en una sola. Continuaron su empleo una vez durante
nueve dias seguidos, tomando de 1 á 2 gramos en solución, y
en seguida, durante cuatro dias, en obleas y en dosis de cinco
gramos poi' vez! Durante estas observaciones hechas sobre sí
mismos y sobre otras personas que se prestaron á la experien-
cia, no observaron ningún fenómeno que denotara acción da-
ñosa de la Sacarina. La digestión fué normal, y en cuanto al
apetito, apesar de las dosis altas de cinco gramos en cada
toma, era al parecer aumentado.
Las experiencias hechas sobre la parturienta se hicieron
con el propósito de saber si la Sacarina se elimina por las
glándulas mamarias.
Le numerosas, repetidas y variadas experiencias en el hom-
bre, deducen que la Sacarina aun usada en dosis de cinco
gramos no causa trastorno ninguno en las funciones que si-
guen su marcha fisiológica; que la Sacarina no pasa ni á la
saliva ni en la leche; que media hora después de la ingestión
de la Sacarina, ésta se encuentra en la orina, y, por fin, que
veinte y cuatro horas después de la toma de cinco gramos de
Sacarina, ha sido totalmente eliminada del organismo.
Las conclusiones de este trabajo interesante, son terminan-
tes, y las expresan los autores en los siguientes términos:
« 1". Las investigaciones hechas sobre perros demuestran
que la Sacarina introducida en el organismo animal, pasa á la
oriía sin experimentar ninguna modificación.
« 2". Que la Sacarina tomada durante una serie de dias y á
altas dosis, no produce ninguna acción sobre los cambios nu-
tritivos.
« 3". Las oscilaciones que se notan normalmente en la com-
posición de la orina, se observan igualmente durante el uso de
la Sacarina.
« -4°. La Sacarina solo se elimina por la orina.
« 5°. La Sacarina no pasa en la secreción láctea ni en la sa-
lival.
« 6°. Introducida en el estómago ó debajo de la piel, se
absorbe rápidamente y aparece en la orina antes de media
hora.
■ « 7°. La Sacarina es una siistancia perfectamente inofensiva para
é hombre y los animales.
— 144 —
« Por lo que toca á la cuestión de saber si la Sacarina es
inofensiva ó no, podría objetarse que el uso mas prolongado
de la sustancia ocasionaría fenómenos que no liemos podido
observar á causa de la relativamente corta duración de nues-
tras experiencias. Esta observación no tiene sino un valor apa-
rente, si se considera que hemos usado hasta 37 gramos de
Sacarina en diez dias en un perro sin experimentar ningún
perjuicio, y que ambos hemos tomado hasta cinco gramos de
Sacarina por dosis, y durante muchos dias seguidos, sin haber
podido notar ningún cambio en las funciones de nuestro orga-
nismo. » (Archives italiennes de Biologie, YU, 158-171.)
Posteriormente, los mismos autores de este trabajo intere-
santísimo sobre la Sacarina, que hemos analizado, los doctores
Aducco y Mosso fundándose en la observación que habían hecho
acerca de las orinas sacarinadas, y resistencia que éstas pre-
sentan á la putrefacción y ningún olor de las materias fecales
de los animales é individuos sometidos á su acción, pensaron
que no ejerciendo acción ninguna dañosa sobre la economía
sería conveniente estudiar la acción de la Sacarina sobre los
procesos de fermentación y putrefacción que alteran muchas
veces las funciones del organismo para deducir de estas expe-
riencias la aplicación terapéutica que podía darse al mismo
cuerpo.
Se propusieron resolver estas cuestiones: ¿cuál es la acción
de la Sacarina sobre los fermentos amorfos ó solubles y los
figurados? ¿En qué proporción debe usarse para desplegar su
acción? ¿La actividad en estos procesos de fermentación es
mucha ó poca con relación á las sustancias análogas?
Reasumimos brevemente los resultados obtenidos por los
esperimentadores y publicados en el tomo VIII p. 22 á 35 de
los Archives italianes de Biologíe citados.
La Sacarina á la dosis de 0,1G % disminuye la actividad
de la levadura de cerveza y tiene una acción mas enérgica
que el ácido salicílico para detener la fermentación amoniícal
de la orina. Detiene igualmente la putrefacción del páncrecs y
estorba el desarrollo de los microorganismos de la putrefac-
ción.
Por lo que á las fermentaciones digestivas de los albuni-
noídeos se refiere, Aducco y Mosso de sus experiencias deducen :
1°. Cuando en un líquido péptico la Sacarina se encuenlra
en la proporción de 0,16 á 0,032 °/o ^^ transformación de la
albúmina cuagulada en peptona se hace mas lenta, pero no i^e
detiene.
— 145 —
2°. Si la cantidad de Sacarina disminuye a 0.0064 % (caii-
idad cuatro veces mas considerable dé la que necesita la Sacarina
para manifestar su sabor) la acción del jugo gástrico no se resiente
de ningún cambio.
3". El ácido benzoico á iguales dosis tiene acción igual á
la Sacarina.
4°. El ácido salicílico, por el contrario, manifiesta mayor
energía en estas reacciones que el ácido benzoico y la Sacarina.
Sobre el fermento de la saliva ejerce una acción igual á la
del ácido benzoico, mucho menor del ácido salicílico y es consi-
derablemente menos enérgica de la del ácido clorhídrico.
Abordando el tema de las aplicaciones, los autores creen que
puede reemplazar sin inconvenientes al azúcar como condimento
por su sabor dulce. Que su gusto es mas agradable en solu-
ciones muy diluidas y ligeramente alcalinas. Que pasa inalterada
en la orina sin tener influencia alguna en los fenómenos de
cambios orgánicos. Que su aplicación es preciosa para el médica
en el caso de diabetes sacarina. Esta afirmación está compro-
bada por Shitzer quien aconseja emplear la Sacarina en la
diabetes en vez del azúcar de caña.
El profesor Leyden por su parte ha sustituido en su clínica
de mujeres la Sacarina al azúcar.
Es evidente también que la Sacarina debe sustituir al azúcar
en los individuos afectados de polisarcia. Por fin, los autores
deducen de las propiedades antifermentescibles de la Sacarina
las aplicaciones importantes siguientes:
Toda vez que en el estómago se manifiestan procesos de
fermentación alarmantes, la Sacarina puede ser administrada
por la boca en solución ó en lavages por medio de la sonda
exofájica.
En los procesos inflamatarios de la vejiga y en las fermen-
taciones amoniacales de la orina consiguiente, la Sacarina
administrada interiormente, al pasar rápidamente por los ríño-
nes ejercerá una acción desinfectante sobre el órgano enfermo^
ó podría ser introducida también directamente en la vejiga. El
uso de la Sacarina para la desinfección intestinal está indicado.
Las sustancias que pueden introducirse en el canal intestinal
sin peligro son muy pocas y todas las que tienen acción mas
enérgicas que la Sacarina son tóxicas ó irritantes.
El profesor E. Salkowsky del Instituto patológico de Berlin,
ha confirmado estas experiencias, que hemos referido con de-
talles por ser las primeras que han sido practicadas con un
propósito científico de averiguar la verdad. En estos últimos
— 146 —
años el número de las autoridades científicos que han acon-
sejado el empleo de la Sacarina y se han convertido en sus
defensores y propagadores, ha aumentado considerablemente.
Podríamos citar un centenar de nombres; en Alemania: Leyden
Gerhard, Herrlich, Brieger, Lehmann, Fresenius, Landolt,
Liebrich, Roth, etc., etc., en Austria : Vogl, Barth, Drasche,
Benghammer; en Italia: Mosso, Bufalini ; en Suiza : Eichhorst;
en Bélgica: Brylants, Van Heurck: en Holanda: Foster; en
Inglaterra : Roscoe, Little, Jones, Attfleld, Lander Brunton,
Jennyk etc.; y en Francia: Constantin Paul, Dujardin, Beau-
metz, Pietrasanta, Bouchard, etc., etc.
Los doctores M. Slevenson y L. C. Wooldridge, profesores
de Química legal y fisiología en Londres, estudiando la Sacarina
bajo el punto de vista higiénico, llegan á estos resultados:
No tienen la menor duda sobre la completa inocuidad de la
Sacarina. Experimentadores dignos de confianza la han admi-
tido y sus experiencias no llegan sino á confirmar sus conclu-
siones. La han administrado en dosis elevadísimas á los perros
sin que experimentaran ningún trastorno y, por el contrario, ven-
tajas de su empleo. Comprobadas las propiedades antisépticas de
la Sacarina han llegado á determinar que 0,1 % de Sacarina
no ejerce ninguna inñuencia sobre la digestión de la peptona
de la fibrina, mientras 0,25 ejerce una acción marcada y 1 %
la retarda. Dado el poder endulzador de la Sacarina ese 0,1 %
equivaldría á un 30 % de azúcar, cantidad dietéticamente im-
posible de soportar en un alimento 1 La acción de la diastasa
sobre el almidón no era estorbada por 2% de Sacarina. Hicieron
experiencias sobre la influencia en la digestión estomacal con re-
sultados favorables para el producto y se administraron á sí mis-
mo dosis considerables y continuadas diariamente de Sacarina
sin experimentar ningún trastorno en sus funciones. Concluyen:
(( La Sacarina es del todo inofensiva aún tomada en canti-
« dades que exceden ampliamente las exigidas por un régimen
(( ordinario; tomada en cantidad conveniente, no trastorna ni
« impide la digestión: nuestra experiencia personal nos ha
« probado que puede ser injerida durante un largo espacio de
« tiempo, sin producir desarreglos en las funciones vitales. No
« existe ninguna razón para creer que el uso continuado pueda
« causar daños de ninguna especie ».
Sin embargo, la Sacarina en 1888 fué prohibida en Inglaterra
para axucarar la cerveza y en Italia la grabaron con un derecho
aduanero de 20 francos el kilogramo. En Portugal prohil)ieron
su uso, é igual cosa se hizo en España.
— 147 —
En cambio el Consejo Superior Sanitario de Austria, declaró
que el uso de la Sacarina en la fabricación de productos ali-
menticios, no es dañosa; que la Sacarina no es tóxica y hasta
es una sustancia preciosa bajo el concepto de ser bien prepa-
rada.
La célebre estación de química fisiológica aplicada á la
Viticultura de Klosterneuljurg llevó á cabo un estudio sobre la
Sacarina en sus aplicaciones á la enología, manifestando las
siguientes conclusiones:
1". Que en Austria no os prohibida la adición á la Sacarina
al vino.
2°. Que si el fabricante declara esta práctica, no puede
incurrir en ninguna persecución.
3". Que un vino natural mejorado por la Sacarina no es
en el sentido de la ley, ni un vino artificial ni un petit-vín.
Debe ser denominado vino mejorado por la Sacarina.
A". Así como el empleo de la glucosa para la falsificación
del vino ó de bebidas análogas está prohibido por el párrafo
tercero de la ley austríaca, y habiéndose claramente pronun-
ciado el Consejo Superior de Sanidad en contra de la adición
de ácido salicílico y glicerina al vino, esta misma autoridad ha
emitido la opinión que la Sacarina en pequeñas cantidades,
tales como las que pueden ser introducidas en el vino sin
alterar su gusto fundamentalmente, merece ser declarada ino-
fensiva según las observaciones de la experiencia adquirida
hasta hoy. La Sacarina es bajo este respecto igualmente admi-
sible como el alcohol y azúcar de caña, sin que estas adiciones
subleven ninguna objeccion legal, bajo la condición de ser decla-
radas.
Sigue la relación (|ue extractamos enumerando las ventajas
de la Sacarina recomendándolas en la práctica enológica y
refiriendo que: LOOl % de Sacarina mejora un vino ácido, la
dosis 0,002 lo hace de una manera mas manifiesta y la cantidad
de 0,003 % de un modo notable. La dosis de 0,004 ya le da
un sabor dulce demasiado acentuado. Siguiendo la relación que
es un verdadero panegírico de la Sacarina agrega que: «la
Sacarina se recomienda principalmente para axucarar los ali-
mentos y bebidas que solo se toman cuando son dulces en todas
aquellas enfermedades en que el azúcar es considerado dañoso,
como la obesidad, el diabetes sacarino, en las afecciones del
estómago, etc., etc.
Otro trabajo fisiológico sobre la Sacarina importante es de-
bido al doctor Jan Huijgens de la Universidad de Utrecht, quien
— 148 —
después de hacer un análisis de los antecedentes históricos de
la cuestión y la crítica de las objecciones de que ha sido objeto
la Sacarina por parte del Comité Consultivo de Higiene de
Francia y en la Academia de Medicina de la misma, concluye
de sus experiencias que la Sacarina usada por un tiempo pro-
longado no causa ningún daño, que no es tóxica, ni en sus
experiencias ha podido liallar una dosis cualquiera que causara
la muerte de los animales y que con toda confianza puede-
deducirse la inocuidad de la Sacarina como producto destinado
á sustituir el azúcar. El doctor K. Kornauth confirma y estiende
estas experiencias llegando á idénticas conclusiones.
En vista de estos numerosos trabajos que ¡irueban la ino-
cuidad del producto que nos ocupa, siguiendo nuestro criterio,
creemos que la Sacarina ha ganado su causa. Las objeciones
que se le pusieron en el primer momento, invocando argumen-
tos de posibles falsificaciones de sustancias comunes por medio
de ella, es inconsistente, pues el análisis químico fácilmente las
revela; y, la objeción mas seria, IR de una acción peligrosa 6
sospechosa sobre la economía, ha desaparecido, pues su ino-
cuidad está demostrada abundantemente con las referencias
trascritas de trabajos hechos por personas competentísimas en
estas materias.
Si la guerra que se ha movido á la Sacarina lo fué por te-
mores de que dañara la industria azucarera, á mi juicio ha
habido error de apreciación al iniciarla. Este producto no po-
drá nunca reemplazar al azúcar. Este último es un alimenta
usual en la vida doméstica, contribuye á la renovación de los
tejidos del organismo, forma parte de los productos de usO'
diario que deben ser ingeridos en diferentes formas, y en ma-
nera alguna podrá ser sustituido sino por productos similares,
es decir, por otras materias azucaradas, en el sentido recto de
la palabra.
En cambio, la Sacarina es un material industrial, higiénico-
y terapéutico precioso, que lejos de ser perseguido debe ser re-
cibido sin temor por las autoridades sanitarias de todos los
países, á semejanza de lo que se ha hecho en Austria-Hungría.
Si se le teme por la concurrencia que puede producir al azúcar
en los países azucareros, hay medios para remediar el mal
económico que según los timoratos podría producir, pero no
hay razón para calumniarla como producto peligroso, puesto-
que está demostrado que no lo es en verdad.
No admitimos, por eso, la concurrencia desleal que podría
hacerse con él á los preparados azucarados. No pensamos que
— 149 —
nadie tenga derecho de usarla engañando al público sobre la
calidad del producto vendido. No creemos que puedan con ella
falsificarse jarabes de glucosa, para pasarlos por de sacarosa
ó azúcar común, que se agregue á los licores, pastas alimen-
ticias y otros productos elaborados, sin- que el consumidor co-
nozca la naturaleza de la materia que consume.
Todo esto debe ser motivo de una reglamentación especial.
A mi juicio, entre la libertad extrema y sin restricciones y la
prohibición injusta é irracional de la materia útil, debe haber
un término medio, y lo hallo en las disposiciones dictadas en
Bélgica.
El real decreto del rey de los belgas, de 10 de Diciembre
de 1890, dado en vista del uso frecuente que se hace de la Sa-
carina para adulcerar productos alimenticios, licores, cervezas,
chocolates, confituras, etc., y atendiendo á la circunstancia de
que la Sacarina no es un producto alimenticio como el azúcar,
y hasta sospechado por algunos higienistas, prescribe que
todo fabricantes de materias alimenticias sacarinadas, lo manifieste
de una manera clara y visible en todos los rótulos y envases de las
materias que elabora en sus fábricas, bajo pena de multa.
Reasumiendo, por lo que al caso en cuestión se refiere, de-
bemos establecer que entre nosotros no hay ordenanzas ni
leyes restrictivas para el uso de la Sacarina ni para su intro-
ducción. Así, pues, el señor A. Diesel puede elaborar, introdu-
cir y expender la Sacarina de Fahlberg y List, sin más res-
tricciones que las que rigen para otras materias de condimento
ó de conservación análogas, que son reputadas no peligrosas
y aptas para el consumo.
Los que elaboren productos alimenticios con la mencionada
Sacarina ó cuerpos análogos que se presenten en adelante, de-
berán así declararlo á las autoridades sanitarias que vijilan el
expendio de materias alimenticias, como lo es la Oficina Quí-
mica Municipal en la capital de la República. Deberá inscribir
de una manera clara y visible en los envases de esas materias
elaboradas la palabra Sacarirmda.
Pedro N. Arata.
Buenos Aires, Agosto de 1892.
ACUÑACIÓN
MONEDA PROVINCIAL
EN MENDOZA
3B3Sr X.OS -A-lSrOS X>E 18SS-S4
ENRIQUE PENA
Aciilacióii de DioiieJa provincial n Mendoza
EN LOS AÑOS DE 1822 -1 824
Á principios del año 1822 las Provincias de Cuyo se encon-
traban en plena crisis económica. Arruinado su comercio y ce-
gadas las fuentes de producción, la vida se hacía difícil, pues
ni siquiera había moneda con que adquirir aún los objetos de
primera necesidad.
Mendoza había visto desaparecer la moneda de plata corta-
da, que era la que circulaba hasta entonces, pues, no produ-
ciendo el país ni frutos, ni exportando mercaderías bastantes para
pagar las que se introducían de Chile para su consumo, fué
necesario saldar esta diferencia con moneda efectiva.
En tal estado de cosas, el coronel D. Pedro Molina, que ha-
bía sido electo gobernador en Mayo de 1822, creyó conjurar el
mal acuñando moneda por cuenta de la Provincia. A este fin
se dirigió á la Honorable Junta Representativa pidiendo auto-
rización para establecer una Gasa de Moneda, bajo la denomi-
nación de «El Cuño».
La Junta, después de un detenido estudio del asunto, san-
cionó, con fecha 6 de Agosto de 1822, la siguiente resolución:
« La Honorable Junta, en sesión de esta fecha, ha sancio-
«nado el proyecto de V. S. estableciendo un Cuño Provincial,
«y, en su consecuencia, ha acordado proceda V. S. á verifi-
« cario con la economía que exigen las circunstancias en su
« administración, debiendo fielmente observarse en la amone-
« dación el peso y ley de la moneda nacional, tomando por
«modelo el signo de la cortada, corriente por ahora». '
Mientras el Gobierno preparaba las máquinas y útiles para
establecer el Cuño Provincial, donde debían sellarse monedas
* Archivo de Mendoza.
Tomo JV 11
— 154 —
que tuvieran por modelo el signo de la « cortada corriente, »
que no era otro que el de las piezas de plata selladas en las
Casas de Moneda de Potosí. Lima y México, conocidas por pla-
ta macuquina, se dirigió nuevamente á la Junta, proponiéndole
acuñar moneda provinciül de cobre, y ésta accedió á lo pedido,
disponiendo en 27 de Setiembre de 1822 :
« 1°. — Que se establecerá una moneda de cobre y su valor
«será el del octavo de real plata.
« 2°. — Su forma será circular, su peso y diámetro será el de
« un término medio entre el medio y cuarto real plata de la
« Nación.
« 3". — Llevará de un lado grabadas las armas de Mendoza
« y por el otro el número que indica su valor.
« 4°. — Se sellará por ahora la cantidad de diez mil pesos. "
El Gobierno observó esta ley en lo relativo al peso y diá-
metro de la moneda de cobre, y la Junta, admitiendo esas
observaciones, modificó su anterior resolución, disponiendo en
29 de Octubre:
« 1°. — Que el artículo 2". de la ley de 27 de Septiembre queda
« subsistente en cuanto á la forma circular.
« 2°. — El diámetro del octavo de cobre deberá ser el del real
« plata nacional, y el peso el de dos. »
Terminada ya la instalación de la Casa de Amonedación, de
la cual tantos beneficios esperaba el pueblo mendocino, el Go-
bierno dispuso dar al acto de la inauguración todo el esplendor
posible, á cuyo efecto invitó á las autoridades civiles y milita-
res, á la Sociedad de Enseñanza Mutua y al pueblo, á concurrir á
la casa donde se habia instalado «El Cuño», ¡i fin de presenciar
el acto de sellarse las primeras monedas provinciales.
El día antes del señalado para la inauguración se publicó
el siguiente bando:
« Estando cumplida la soberana resolución de la Junta y
« para darse á luz la moneda con los requisitos prevenidos,
« ordeno y mando:
« 1°. — Que se admitirá y circulará la expi'esada moneda en
« todo él territorio y jurisdicción de este Gobierno, con el mismo
« valor y legitimidad que ha tenido siempre la antigua mone-
« da nacional.
« 2°. — Si alguna persona resistiese admitirla, ya sea en el
« mercado, ya en pago de algún crédito ó poi- alguna otra
- Archivo de Mendoza.
— 155 —
« causa, sufrirá pena pecuniaria en favor del Estado, según la
« naturaleza y circunstancias del caso.
«3". — La persona que clandestinamente acuñe esta misma
« moneda, ú otra cualquiera de las que circulan, sufrini irremi-
« sihlemente la pena de muerte y sus bienes serán contiscados.
« i". — La mitad de ellos se aplicará en favor del denun-
« ciante, caso de haberlo en tan gravísimo crimen. »
El día 13 de Noviembre de 1822, hallándose reunidos en el
local de la Casa de Amonedación el Gobierno y lo más distin-
guido del pueblo, y en medio de músicas y cohetes, se sellaron
las primeras monedas provinciales.
En ese día y en tres distintas ocasiones se acuñaron trein-
ta y seis piezas, que fueron en el acto distribuidas entre las
personas que se hallaban presentes en el acto de la inaugura-
ción.
El alborozo con que el pueblo de Mendoza festejaba la
inauguración del Cuño era debido á la creencia de que con la
nueva moneda el comercio y la industria renacerían y cesaría
para siempre la escasez del medio circulante; y á tal punto
llegó el entusiasmo, que las familias llevaban á la Casa de
Amonedación sus alhajas y vajillas de plata para convertirlas
en moneda sellada.
El procedimiento que se seguía para la fabricación de la
moneda era el más primitivo. Los metales, barras ó chafalonía,
se fundían á fin de producir un lingote, el cual se batía á
martillo jiara reducirlo á lámina; luego se cortaban á tranchas
discos del tamaño conveniente, los cuales, puestos entre dos
cuños, eran golpeados á mazo, quedando así lista y concluida
la operación.
Siguiendo el procedimiento que acabamos de describir, se
sellaron pesetas y cuartos, que. como se comprende, tenían
que ser defectuosos en su forma, carecer del peso justo y de
una ley uniforme.
Como hemos dicho, era creencia en Mendoza que con el
hecho de sellar monedas la Pi-ovincia se enri(|uecería. De ahí
que la Junta Representativa, después de dictar la ley antes
mencionada para que se acuñase moneda de plata y de cobré,
dictara otra, en 15 de Enero de 1823, disponiendo:
<( 1". — Que se acuñara oro con el sello de la Provincia.
((2°. — Se adoptará para esta moneda el modelo detallado por
« la Nación para este metal en su signo, ley, forma, diáme-
« tro, etc.
— 156 -
«3". — El Gobierno se encargará de ordenar su circulación,
« adoptando las medidas que crea oportunas al efecto ».
La moneda de plata que se sellaba en « El Cuño », era en
pequeña cantidad, |)or falta de metales, pues el Gobierno no tenía
fondos para adfjuirii'los; de modo que, como la ley disponía
se acuñara oro, bien pronto sucedió que la Provincia no tuvo
fondos para adquirir el metal. Por otra parle, monedas de
cordón, de oro y plata, como disponía la ley sobre acuñación,
no podían sellarse en Mendoza por no haber, ni ser posible
construirlas en el país, las máquinas necesarias para efectuar
esa operación.
La moneda de plata, que continuaba saliendo en pequeñas
cantidades de la Casa de Amonedación, era tan imperfecta que
debía dar lugar á que fácilmente se imitara, como en efecto
sucedió. Pocos meses después de inaugurado «El Cuño», cir-
culaban monedas falsas, que, aunque presentaban cierta seme-
janza con las legítimas, eran de una plata de bajísima ley, de
zinc y aún de plomo.
El Gobernador Molina no prestó á este asunto la atención
que merecía; y de ahí vino que las falsificaciones se aumen-
taran de una manera alarmante. En el pueblo empezábase á
sentir un cierto malestar; el comercio negábase á recibir la
moneda provincial, y la Junta, creyendo que volvería á recu-
perar el perdido crédito la moneda de la Provincia, sancionó
una nueva ley en 5 de Julio de 1823, en que se dispuso :
« 1". — Que se sellara oro y plata de cordón en la Casa de
« Moneda de esta Provincia.
« 2". — Se observará fielmente en la amonedación el modelo
« de la nacional, en su peso, ley, diámetro y signo.
«3". — Llevará las iniciales de Mendoza en el lugar que
« corresponde.
« 4°. — Se encarga al Ejecutivo su circulo y respetabilidad, y
« al efecto tomará las providencias que sean necesarias.» "
Mientras que dentro y fuera de la Provincia se hacían las
gestiones para el cumplimiento de la anterior ley, continuaba
en Mendoza en todo su apogeo la falsificación de la moneda
provincial.
El partido opositor al gobernador Molina hacía valer como
arma política la cuestión de la moneda, acusando al Gobierno
por su inacción en castigar á los falsificadores. Aquél, á su
' Archivo de Mendoza.
— 157 —
vez, se escudaba con que era inaplicable la pena del fuego, que
establecían las leyes españolas vigentes en la Provincia para
los falsos monederos, como lo eran también las que el Go-
bierno babía establecido al reglamentar la ley del 6 de Agosto
de 1822. En esa emergencia, se dirigió á la Junta Representa-
tiva, con fecha 1°. de Diciembre de 1823, pidiendo la sanción
de una ley que penara con multa y presidio á los falsificado-
res de la moneda provincial; pues era de la mayor urgencia,
decía, atajar el progreso del mal que se trata de cortar.
La Junta, reunida en sesión extraordinaria, acordó entonces:
« 1". — Que el falsificador de moneda incurría en la pena de
« perder toda la que se le encontrara, y además dos mil pesos
« de multa, y, en su defecto, seis años de destierro fuera de la
« Provincia.
« 2". — El introductor de la falsa tnoneda es incurso en la
(( pena de perder toda la que introduzca, y además dos mil pesos
« de multa, y, en su defecto, seis años de destierro fuera de la
« Provincia.
« 3". — Los delincuentes en los dos artículos precedentes, si no
« son vecinos de la Provincia, sufrirán la pena de seis años
« de presidio en obras públicas.
« 4". — Los cómplices en el 1". y 2". artículo son igualmente
« comprendidos en las penas que en ellos impone.
« 5"- — Los artículos anteriores comprenden á todas las
« clases, sin distinción de privilegios y personas.
«6". —Se encarga al Gobierno la más rigurosa observancia
« é inflexible aplicación de estas penas, é igualmente tomará
« todas las providencias que crea oportunas al más exacto
« cumplimiento de esta resolución ». *
El pueblo, que había perdido la confianza en la moneda
provincial, en vista de la enorme cantidad de la falsa que cir-
culaba, muy poca fé tenía en las leyes dictadas por la Junta con-
tra los monederos falsos, puesto que en más de un año que
funcionaba «El Cuño», ni el Gobierno ni las autoridades habían
tomado medida alguna para perseguir á los falsificadores.
El comercio de la ciudad propuso entonces á la Junta sus-
tituir la moneda provincial por papel moneda, el cual, bien ga-
rantido, se comprometía á recibir y circular como moneda
metálica.
* Archivo de Mendoza.
— 158 —
Como liabia en el pueblo una gran excitación con motivo
de la cuestión de la moneda, la Junta resolvió que las sesiones
en que se tratara este asunto fueran públicas ; y, dispuesta
como estaba á dar al negocio una preferente atención, invitó al
Gobernador de la Provincia para una reunión (jue tendría lugar
el (i de Diciembre de 1823, Molina aceptando la invitación, con-
currió al local de la Junta, y fué á tomar asiento á la derecha
del Presidente. Se invitó igualmente á una delegación del co-
mercio, á fin de que diese explicaciones sobre el proyecto que
habían manifestado del establecimiento de un Banco y emi-
sión de papel moneda. En el curso de la discusión se acordó
oir la opinión de los hacendados, que formaban un gremio
muy importante de la Provincia; y habiendo concurrido, en
efecto, á la sesii'm del 7 de Diciembre, aconsejaron resellar toda
la moneda provincial á fin de poder así distinguir la buena de
la falsa.
A nada definitivo se arribó en estas sesiones, y el asunto
hubo de quedar pendiente hasta el 11 de Diciembre en que el
Gobierno, haciendo suya la idea de los hacendados, propuso á
la Junta resellar la moneda provincial, proyecto (|ue aceptó en
seguida, sancionando el 12 de Diciembre la siguiente resolución:
« 1°. — Se sobresellará toda la moneda, á excepción de la que
« aparezca no ser de plata.
« 2°. — Se encarga al Gobierno la ejecución de este decreto,
« y á su cumplimiento se tomarán las medidas que sean con-
« venientes . »
La agitación pública crecía por momentos. Kl comercio,
derrotado en su proyecto de emisión de papel para retirar la
moneda provincial, se negaba á recibirla, declarando que era
falsa la que circulaba.
La Junta urgía al Gobierno para que apurara el resello de
la moneda, y al efecto, el 24 de Diciembre le dirigía la siguiente
comunicación :
« La Honorable Sala de Representantes, en sesión de ano-
ce che, ha tenido en consideración que la demora del sobresello
« puede ser perjudicial, pues es muy probable que los mone-
« deros clandestinos se aprovechen del tiempo que corre para
« emitir cada día sumas que aumenten las que circulen, elu-
« diendo el celo y vigilancia del Gobierno, y para evitar el
« mayor mal posible es que ha acordado y decreta :
« 1°. — Que el Gobierno fije de una vez un término al sobre-
(( sello, el más breve que á su juicio sea posible.
— 159 —
« 2». — Que continúe este trabajo en las días de Pascua, sin
« suspenderse en ninguno de los festivos hasta su conclu-
« sión. » ^
No sólo nada se (Consiguió con esta ley, sino que ofreció
una nueva comi)licación. En efecto, ya no era únicamente el
comercio de Mendoza el que se negaba á recibir la moneda
provincial, sino también el Gobierno de Chile, que con fecha
30 de Enero de 1824 disponía lo siguiente:
« Ha principiado á internarse por la Cordillera una moneda
« acuñada en Mendoza, la que, según los ensayos que se han
« practicado, no tiene la ley ni el peso debido. El Gobierno no
« puede permitir esta internación sin atacar la fé pública de los
« ciudadanos de esta República ó de las Provincias limítrofes,
« bien se traiga con el fin de hacerla correr en estas campañas,
« ó de contrasellarlas para volverlas í\1 lugar de su procedencia.
« Por tanto, ha acordado y decreta :
« 1». — Se prohibe el curso de la moneda acuñada en Men-
« doza.
«2». — Los resguardos de Cordillera celarán escrupulosa-
« mente que no se interne en cantidad alguna y decomisarán
« toda la que encuentren.
«3". — La que decomisen será remitida a la Aduana Gene-
« ral, para que ésta la pase con la cuenta correspondiente á la
« Casa de Moneda, donde podrá destinarse para la liga, si fue-
« se conveniente.
(( 4°. — Comuniqúese, etc. — Errázuriz. — Benavente. » ^
La disposición del Gobierno de Chile vino á complicar más
la situación. Ya no era sólo el comercio de Mendoza el que
se defendía de la mala moneda : ahora el Gobierno de un país
vecino declaraba que aquélla no tenía ni la ley ni el peso de-
bido, y prohibía su circulación.
Con todo esto, cada día se hacía más insegura la situación
de la Provincia. Atribuía el pueblo todos sus males á la desi-
dia del Gobernador Molina en perseguir á los falsificadores de
la moneda, desidia y desprecio que el pueblo creía confirmada
por la lentitud con que se hacía el resello dispuesto por la ley
del 24 de Diciembre de 1823.
La Junta, que palpaba la excitación del pueblo, instaba al
Gobierno, en 27 de Abril de 1824, á que multiplicase las mesas
'' Archivo de Mendoza.
^ Boletín de las leyes y decretos del Gobierno, Santiago de Chile.
— 160 —
donde se cambiaba la moneda falsa por la antigua, y á que se
colocaran tres, por lo menos, en distintos puntos de la ciudad.
Nada bastaba ya para calmar el descontento general.
Dos días después, el pueblo reunido en la plaza principal en
actitud amenazante, pedía cabildo abierto, acusaba al Gober-
nador de cómplice en la falsificación de la moneda, y no temía
decirle que había perdido la confianza pública.
El pueblo invadió la sala capitular y decretó por sí mismo
la caída del Gobernador, coronel D. Pedro Molina.
Hé aquí, ahora, la descripción de uno de los ejemplares de
esa moneda que acabamos de historiar con las dos variantes
que conocemos.
MONEDA PROVINCIAL DE MENDOZA
ACUÑACIÓN DE 1822 Á 1824
"-^^
Anverso. — Armas españolas.
Reverso. — Las dos columnas de Hércules, cruzadas por la
inscripción PLUS ULTRA. En la parte superior, á la izquier-
da, P; á la derecha, A (Provincia). En el centro, 4; en la
parte inferior, á la izquierda, M; á la derecha, A (Mendoza)
Entre ambas letras, 823.
Metal: Plata. Peso: 12,010 gramos. Módulo: 350 mm.
1-2 Colección Morcó. — 3. variante colee. Peña. — 4. variante colee. Can'anza.
VOCABULARIO
MOCOVI-ESPANOL
FUNDADO EN LOS DEL
:£> . T -A. 'vjr o Xj I ]sr I
SAMUEL A. LAFONE QUEVEDO
ADVERTENCIAS
1. El orden es mas ó menos alfabético, pero conviene un
ligero examen en las inmediaciones de cada voz.
2. La misma voz á veces se dá con su articulación y también
sin ella. No siempre es posible desnudar al tema radical de
sus partículas accesorias, porque las vocales á veces son eufó-
nicas y casi siempre asimilables, como en la familia Mojo-May-
Pure.
3. De algunas voces taita la interpretación, porque Tavulini
no la dá; de otras, se anota que es dudosa con este signo (??).
VOCABULARIO
is/L oco^v^í-ESi'.^^nsronL.
FUNDADO EN LOS DEL
P, T A VO L hN I
Lo letra A, es la princijial
del alfabeto Mocoví. A veces
se confunde con la O, como
en la partícula acca, occo, en
los lílurales de verbo, primera
persona.
A — Primera vocal de los pro-
nombres demostrativos que in-
dican género ó sexo femenino;
ex. gr. : a7inl — esa.
A — Articulación inicial de
partícula pronominal en nom-
bres y verbos, como también
en los [¡renombres primitivos
de primera y segunda persona.
En primera de plural se vuel-
ve O.
A — Partícula final de verbo,
que lo hace activo ó transitivo.
A — lo — Caso régimen de
tercera persona.
ta la
N-Aá, pl., naaté — estancia.
Aquí está el do, Lugar, Ca-
can.
ía ' ta
N-Ai'i, pl., nai'i — Cautiva.
ta la
N-Aak, pl., Naccá — Cautivo.
tata
Y- Aak — Picarle mosquito.
Aaccassó — Tropezar.
ta o ta o
N-Aák, pl., aaccó — El pa-
riente.
ta
N - Aacó — Parentesco.
la ta
Aaccose — Ajo.
Yy-Aácte, pl., é — Mi espi
nula.
ta
L- Aácte — Carne.
N-Aaddik, ¡il., naaddicó — Ca-
mino. V. bueno.
ta o
L - Aagá — Tormenta.
ta ta
N-Aagaá, pl., naagatá — Dia.
ta ta í_
N- Aagaálodigat, pl., naagalá
leectal — ■ Dia de fiesta.
166 —
N - Aagatá leectaál — Dia de se-
mana santa.
la ta la
N-Aagav¿ik, pl., Naacó — Pa-
i-entesco.
ta
Aayé — Tú vas allí cerca.
Y-Aak — Mi pariente llaco.
ta ^ ta^^
A al, |)1., ali — Comadreja.
ta ta la
Aaló, pl., aalú — Hembra,
mujer.
Y-AaTót, ver ATot.
ta la
N - Aammalc'h — Apelativo.
r
Aa|)esék — Priinei'o
Y-Aapp¡ — Mi ai)uelo.
2_ la 1:2.
L-Aarayék, j)l., iaar yalcá —
Fiero.
te A te
L - Aare, pl . , Aarvé — Fiera .
Adj.
ta la
Aascliiii. pl., aascliini — Ba-
rro.
la
D - Aassoá — Sol.
to ta
LLya -S-Arangue — Andar allá,
saliendo de propia casa.
Ac
Accá — Oir.
Y-Accá — Mi barba.
Ni - Acca — Sentir, ver. W Yac-
cá .
Inii -ácca — Tirar cascote.
Y - Acca - revé — Pelo de bar'ba.
Inn- aca-tak — Tirar cascote.
Inn -ar- ék — Id
Accactarnialó — El les avisa.
o
S-Accactarniavá — Os aviso.
ta
L - Accácte — Aire.
o o
AccaTacti — Cebolla.
N - Accalectenná — Ovillo.
N-Accalmaik, pl., gui— Ombú.
Ñ - Accallapischigom — Mi ga-
lillo.
^ te
Ñ-Accallrrgué, pl., gué — Mi
sien.
Ñ- Accallascbignm. pl., ñacca-
lleragappiscliigom — Mi pulso
Accamé — Tú, en lodos los
casos.
_b_
¿Accami mavé Dovai? — Vd.
tiene mujer?
r
; Accami — "Wisotros id.
A.
¿Accami meccá canarlari? —
No tiene caballo?
Accami — Id vosotras.
Accamiá — Tú has.
N - Accannectennolé— Dedal.
Accanninni — Tragadla.
Y-Acc"-anni — Picarle víbora,
r
Accaquerectá, pl., al — Oveja.
r
Acc,ai[uerectá, ilialéh, plural,
o
iTialca — Cordero.
^^ te
- Accareveloó — Navaja de
afeitar.
ta
-Accari, pl., rí — Mi bola.
Accat-fci — Ordena !•.
-Accateh, pl., naccatcá — Pa-
labra.
-Accatéh, pl., tcá — Palabra.
te
-Accatek, pl., lea — Lechi-
guana.
-Accavi, pl., i — Palo de la-
guna.
te
Accavilqui, pl., <|ui — Mi pan-
torrilla.
Acconá — Tomar.
Acconi - ü — Tomar.
1G7
Acconiitiguit — Sírvase.
L - AclieugLié — Rio.
Act — Partículn.
Aciaga n
Actn iguequerila ppigom — Pi n"
ar'i-ibn.
Aclailiqueraaguim— Por aba-
.l'o.
Actainqueraaquim — Por abajo.
N - Acial — Espadaña.
N - Aclalipi — Espadañ.il.
'« — .
Aotamna(|qui - é — Iglesia.
o
AdamnaiNiui — Iglesia
Aetarevegué — Han ido.
L - AftanlassaaCLi — Purgatorio.
o o
N - Actarinaclarna — Médica.
o o
N - Actarinactarnaca — Médico.
ia r.o
Actarn-eh— Cagar.
Actaüh — Se fué.
Actavegue — Anda.
Y - Acté, vactéT — Mi nuera.
Ñ- Acté — Mi culo.
la
Actecté — Ajenos.
s
Y- Acteé — Madre.
Y- Acleéyavalé — Mi madras-
tra.
Ard - Actee -
ta r
Actema — Pozo.
A'írgen.
L-Aclengué, pl., lactenguele-
La grande.
Y - Actí, pl.. yactirí — Mi inil
mon.
Actictacta — Afligirse.
L - Actienccolé — Arroyo.
ActiT — Bañarse.
r o
L- Actissenarnarcte — Cruz.
ía
N -Acloco vit — Toba.
L-Actoguili — Laguna grande
L - Actügoctolé — Id. chica .
D - Aclogot — Asar.
r
Da - Aclogot — Cocer.
D - Actoi — Sonido.
L- Actoinna — Campana.
Acton — Cal.
ta
L - Actoguól — Lagunita.
ta
Addaira (x??) — Veréis.
Addai.Kíi — Ahora verás.
L-A(lah"i — \'erde.
te
Ñ-Adallá — Yo me lanceo.
S-Adapék — Lancear.
Addssü — Aquella pamda.
ta
Y- Addavék — Puntada.
ii
Di-Adó. pl., id. — Mi peslaña.
o
Y - Ademnamga — Enlendimien-
lo.
ta
Aden — Entender.
ta b
Adennactam — Pensar.
o
N- Adennactarnah — Entendi-
miento.
Adennactarni — Pensar.
Addí — Esa. acostada.
ta
Adinió — Saber.
Addissó — Eslá echada.
la
Adiloiyanayapé — Malo, pe-
cador.
Adiloiyé — Mala.
Ñ-Adoó, pl., ól — Sombrero.
ta ta r
L-Addok, pl., occó — Alto,
largo.
Y-Addonarnek -mi yerno.
Aé — Partícula final de verbo,
combinada de A y é.
N- Agaalavilni — Medio dia.
Ni -Agaccá
Mi freno.
Agactió — Manifiéstame.
168 —
Ñ-Agaviígan — Esc-ucliar.
¡a
Aüíivó — Oir.
I, Ai;aññ;il. pl., rasancaté —
Cnlmillo.
Agañali — Déjelo (([ueliuya).
YY-Aganni-ni — Üejai- tra-
bajo.
te .°:!ií
N-Agarnagá. pl.. id. — Mur-
Ain — Tirar con fusil.
cielago.
ín '
Agat —
te
Ñ - Agüen
AgLii - á
Maniiestar.
Servir.
SnnliliiMr
Aguí guit
Seguidme, an-
— Comulgar.
Aguictailelí -
dando.
te
Aguini — Sur.
Ann-Aglel- Aguas mayores.
Agua — Te — Caso régimen de
segunda persona.
te
L - Ai — Fuerte.
Y-Aí-yaví, pl.. yail— Mi lado.
te " '
N-Ai, pl.. H — Pescado.
te te
Avii — Rocío.
Y-Ayyagá, pl., al — Mi talón.
Act-Ayagué — Ir allá lejos.
te ■
Ayap — Boca.
N-Avapéh — Malo.
ta
Aval — Mosquito.
L- Aicté — Cajita.
te te te
LLya-Sas-Ayé— Voy allí cerca.
Aiglel, pl., cte — Mi miembro.
ÁyeTegré — Reir.
Y-AiTigri/i, pl., eco — Mi risa.
Aim — Yo, en lodos casos.
Aim, yo — si\ana, he visto —
^ta te
i 11 k, el rastro — lidiartaryék.
del tigre.
Ainnagan
Fijar.
Tirar con
Ainnarne- ctáli
fusil.
te '■
N-Aineke. \>\., naccá — Mozo.
' Ayyoviak — Partes vergon-
zosas.
Ayovó — Mi ropa (??)
N - Aiqque — Comida.
L- Airi — Cnjilns de (fVisforos).
Aja — Sí. — Abipon : liad, mu-
jeril; heé, varonil.
Alazán — Alazán.
Alá — Semilla.
Alactai'ui, pl., i — Mosc;i.
Alacte - vék — Ai'rojar
Alam — Pero.
0.0 o
ATamalcaeh, pl., alamactralcá
— Rabioso.
o
ATamatcayé. pl., aiamactrayé
— Rabiosa.
te
N - Alani — Se ha perdido.
o
Ñ- Alarctani — Yo pierdo.
N - Al arct - ani — Perder.
ATúI — Desterra !■.
te~
Álava — Tierra, suelo.
Alé — Terminación diminu-
tiva
YaTé — Macho.
L-ATegayek. pl.. lalegalcá —
Blanco.
_ te
Ali - aó — Esperar.
Y-Aliá/^ pl.. có — Mi hombro.
te
Alivit — Pared.
Aló — Ceniza.
Moii — Orbe.
io.to.
Aloactarni — Matar.
169 —
Aiii;icl;\rn¡ — M.it.ir.
aIuíicLí — Mahir.
Alnacli — Olii' Iu inaLes.
AÍoal — Miitnr.
Y-Aloli'i — l'lslny enlei-mo.
Y-Al(iláii/# — l'lstd) muy en-
feriiio.
Akik'' — Semillila.
Aliiii''i< — Ctíllicila.
Alolék, pl., Alolgüt — Ancho.
Aloní — Escarcho, liielo.
aTo(. |iI., Aloclé — Entrañas.
ü
AÍovía/¿ar — Mujer
Alta — Terminación que sig-
nifica mismo. Ver Nivan-
aUá.
El - Amacqui, pl.
te
i
Camisa
(tapa pieza?). Ver El 0(]qui,
pollera.
Amamach — Cuando, con
subjuntivo.
N - Aman — Gustarle.
Amartiü — Honrar.
te
N-Amenarnak naagVi — üia de
ceniza.
Amlá — Después que.
Amma - vó — Empujar.
Di -Ammacactari — Estoy bueno
LDi - Ammacatá — Estoy bueno.
Ldi - Ammacatauh — Estoy muy
bueno.
te
N - Ammactan — Mentir.
te te
N-Ammactaih— Mentira.
Ammanili, pl., Ammanigi —
Avestruz.
Amma|(ih, pl., Ammappigui
— Algarrobo.
Ammáppe — Algarroba.
Ammaquerék — Empujad.
cuando uno está adentro-
Tmno IV.
te b
D - Ammaquesadi? — Cómo está
usted?
Ammars('), \>\., Ammarsóle —
Calzoncillo.
Ammatcaye — Pícara embus-
tera .
Amniatcaili — Picaro embus-
tero.
te
N - Ammé — Regalo.
Idd - Amnie — Mi ombligo.
Ñ - Ammó — Pieza, término su-
cio por hombres.
Ammoe — Anda.
An — Dar
C- Anarlari
bailo.
Anat - á — Hallar.
te
N - Anaték nacca tcá
íiuana.
- Atender.
Tu ó vueslr(j ca-
Lachi-
Anenanrca, i»l., caté — Chacra
Angué — Todos.
te te ^
Anná. pk, Annále — Aguja.
Anná — Esa, ])arada, este.
ía ta
Annactinni ava — Rocío.
Mi cogote.
Y- Annagá
Annaglel — Aguas mayores.
Annagvíé, |)l., ló — Lazo.
Y-Annagué, pl., yannagló —
Mi lazo.
te
Annairó — Venid.
Annák — El viene.
Annancni — Caer.
Annanók, pl.. occó — Yacaré.
Annapcé — -Rienda sin treno.
Annassü — Esta (sentada?).
Annegleí, pk, eté — Miembro.
Anni — Ella.
Y- Annili — Mi guasca.
Anní — Esa, sentada .
13
— 170 —
Anni yeclé — Mi lunar.
Annilgorye — Nacido, grano.
Annissó — Aquella, sentada.
Annoasí^ü — Estas.
r.s
Annocco, Naique — Comida.
'N'er Abipon, gnaca, Toba,
naca.
Annovah.
L ta
Annolé, p., é — Agujitas.
Annoréli — Fuego.
Annorék — Infierno, con Lo-
ddigat.
la
LCccá - Annorék — F.l infiei'no.
r
Annareccolék — Fueguilo.
D-Annoró. pl.. ól — Jején.
Annoviak. pl., ó — Ropa.
Ao —
ia
Ay- Ap — Mi boca.
la
Apesék — El jirimero.
ta
N-Appá, ¡il,, nappi'i — Amigo.
o o
L-Appogat. pl., lappacaté —
piojo.
o
Y • App«Iactc, pl., ectraí — Mi
espalda.
Y - Appalaclecta, pl. — Mi es-
palda ó paleta.
b.la
Appalactrega. pl., á — Araña.
N- Appale, pl.. nappali — Fina-
do, sin enterrar.
N-Appaléke — Finado, uno, y
ya enterrado.
o
N - Appalgá — Oscuridad.
la
N -Appalí — Todos los difuntos.
ta
Appalócco — Paja de techar.
Appalorsat — Pajonal.
Ap|iarinactagan — Enseñar.
N - Appelé — Ramada.
Appequécte. pl., appeccaclí
— plato.
Ay - Appi — Mis labios.
N-App¡, pl., nappiri — Abuelo.
ta
Yoiy - Appiaga — Mis arrugas.
r
Api)i(|uini/.-, pl., qqul — Ñan-
dubay.
D - Appil - dio — salir, diciendo,
volveré, véase, Oppil-dió.
D - AppiT - é — volver, ver, Op-
pil-ek.
N - Appilená — viruela.
Appogon — arranco ( yugo).
Appogornectak -arranco (yugo)
Appoigui \ cerrar,
Appoinnigué [ { puerta
A|)poinnigul ) ó i>ozo ).
Appoigui — cerrad ( boca ).
ta ta
Y-AppO(i. pl, yai)poyé — ñaco,
(yo soy ó estoy, etc. )
Ñ - Api^oquenna, pl. al — mi
muñeca.
N - A[ii)Oqui - na — taparse, ver
Neppó — ^ poncho.
Y - Aqueidictá — estoy así no
mas.
N-A(|qui, pl, ili — lanza.
L-Aqquiacca, pl, la(|quiaga —
tijeras, latas.
r
Aquieta ppiguivó — seguidme,
andando.
Aqquictoctó — Dámelo.
Aqquii — venir.
A(|quil elcaté — tijeras.
Aqquió — venid.
Aqíjuió — santificar, honrar.
Aqquiót — traed.
N- Aqquippe — sed.
AquissaiTék — sígame.
r
Aqquissappiguivó — sígame
(en el rezoj.
171 —
Ardacteé — Virgen.
Ardassoaqui — vuestros pe-
cados.
YY - Arganni - ni — dejar tra-
líajo.
Argua, ver afjuh.
Yñi-Arirt, pl. actc — mi ca-
ballo.
Yñarlá — mi caballo.
Less Arnar-ni.
Es - Arnek — yo largo.
Less Arni.
L-Aschi — cabo de hacha.
N -Asclii, pl, il — jefe, cacique.
L - Aschil — • rienda con freno.
Aschila-á — tocar.
ta
N - Aschilaák — Casamiento.
Aschi lagan — pedir.
Aschil arnii — [¡edir.
o
Y-Aschilarva - mi marido ó
mujer, casado por iglesia.
AschiTavá — casamienLo.
Y - Ascliilegué, pl, é — mi me-
jilla.
Aschiliguil — estáis casado.
r
Y - Ascliimmaga — mi cuerpo.
Aschinect - anni — estar.
1 . Aschi nnectague rd a p p i g o m
— por arriba.
2. Aschintaaque edá aquini —
poi- abajo.
Aschij)igi-ip[)i — tropa de ca-
ballos.
3. Aschitagueedií lavarschigom
— muy arriba por Poniente.
4. Aschi[)icavek, \)\, aschipca-
0 o
yalcá — sui'uvi.
r o
5. Aschi|)igiii'ca, pi, Ascipiga —
caliallo.
Aschoannáca, pl, aschoanná
— dorado.
Ascipigá — caballos.
Asik — ir.
N- Asolcolek — maizito.
o
N -Asolé]), pl, nasolca — maíz.
d
N - Asolek nada 1 á, pl, nasolca —
choclo.
N - Assapicti — voluntad.
Assát — responder.
Asse.
N - Asseguéke — asado.
Asserarn — pitar.
N Asserarnaqqui, pl, i — ci-
gan^o.
N - Asercolék — tabaquito.
N - Asseréh — tabaco.
Asseve I eh — yo creo.
Asseve 1 ék — vo obedezco.
Assguectagát — lastimar.
Assisigóm — subir.
Assi 1 iá — tocar.
Assó — aquella que se mueve.
Asso — perder, se me perdiií».
o
N - Assoá/c, pl, acó — j)ecado.
Asso-a 1 ék — ofender.
Assoariel.
te
Assoctarqui, i)l, é — cincha.
Assoctai'quioleh paaschigom
— sobrecincha.
1 la
Assogat — pierdo.
Assogon — tronco.
ta
L- Assom — vano de j^uerta, pl,
te
lassomnii. Al)ip. lajam.
Assongá — centella.
te
L- Assompcéke, pl. cé — puerta,
la hoja.
Assongá — tronar.
Assoanngá — centella.
L - Assonnectak — truena.
— 172 —
Assonnectapéuk— tronó mu
cho.
Y-Assoró, pl, ole — mi tia.
L-Assól — caja del cuerpo.
L- Assol — bailar.
ia
Y-Assousc, pl, é — sobrini
mujeril.
Y-Assousse — mi muela.
Assovani — caer.
Assueicül — padecer.
L- Ateé — madre.
ta
N-Aték — mierda.
Atennacüle — engañai-.
L- Aulé— (cajila de fósforos).
L - Avá — pluma, ala en Abipon.
Ava — ver agua.
o]
Avá — nos, caso régimen de 1\
ia
Y -Avá, pl, á — mi brazo.
L- Avacca — cabo.
o
L- Avacca. \)\, lavagá — luz,
llama (de fuego).
Avaccanni — estrellas.
la
Avacappi — paja, pasto.
Avaccaya — tú, el que bus-
cabas.
Avactigui — abrid.
Avact-i-lck — destapar.
la
Ava-é — amar.
0.0
Avagalequecté, pl, é — manea.
ta
Avagan — castigar, ver ovar-
nagan.
Bisca-
Avaguesacca, pl, sá
cha.
Quelá L-Avál< — oido.
L-Avák — ver, vak — oido (?)
nariz?
la i„
N- Ava la, pl, alé — jerga.
N - Ava Taté — recado.
I,- Avalé — deber.
Y - Avaleglectá — mi padraslo.
la
Y - Avaleyaclee— mi madrasta.
Y- AvaTeyaTc — mi hijastra.
Y - AvaTiyaTc — mis hijastras.
Y-AvalquiyaTelí, pl, yavalqui-
o
yalcá — mi hijastro.
Avaniá —
N - Avannék — l)rujoria.
N - Avaré — mar.
I, - Avarschiguim - puniente.
N- Avali — hinchazón.
N- Avatipi — totoral.
N- Acatié — sentis.
N ■ Ave
ta
Ave-
- Negro,
tener.
Ave — tener, v. Idi.
Ave devé — deber.
Yaca-s. Ave — me quedo.
L- Ave — lana.
S- Ave latissenarnnrle — jurar.
Avegué — ir.
á — compa-
N - Avegravá,
ñero.
Avék — liiMi' á sí.
te ta
L- A,vel - Nivalga — tela.
N - AvelcaiA-, ])!, gó — moro.
Avenna, ¡ti, ál — olla.
o
N - Avennék, pl, navencá — ga-
ma, gamas.
N - Avennenenalgá — camatá
bajo la tierra con cera.
— 173 —
Avegue-cták — tirar á sí.
N-Avenidi, pl, Naverasaló —
saino.
o
L-Averayek, pl, Lu veralca —
oscuro.
0 0 o
L- Averayolé, pl, rynlé — lii^'».
o
L-Averrarik, pl, iqqti - hi-
guera.
N-Avetelalá Camntá — ijajn do
tierra con cera.
o o
L- Averranik, pl, Invei'i'üiqíjui —
higuera.
Y -Avih — quemarse.
Avie.
I.- Avil«¿ (?) la mitad.
N - Avirictiguí — porotos.
ta
L-Avit — la tarde.
ía
Avitquét — tú habrías habido.
Avó — poner.
Avó — alguno.
Avoé — habido.
b_
Avoglé ■ n — arrastrar.
ta
N-Avoglená, pl, á — -carreta.
N-Avoglená, ál — carreta.
N - Avoglenalé — carretel.
Avoglinió — arrastrar.
0 0 0
N - Avogongacté — plancha.
Avoyé — dámela, dar.
Avoyé - debe — deber.
Avoyé - yadé — dar puntazo.
Avoyé - linné — herir, lasti-
mar.
Avoyó — trae.
Avoyó — poner.
Avoyó — amar.
Avoyó latisenarnarté — jurar.
Iv-i-avol tú tienes, cosa sin
vida.
Avot — partícula final de
verl)0.
Avotafiue — está por.
La B es letra que casi no
existe en Mocoví, pero se co-
noce (|ue ellos la podían hacer
sonar. I,as dos [inlabras (¡ue
(■(intione el vocaliuiario [¡arece
(|ue son extranjeras.
I-a b mas bien debería bus-
carse en la o de la combinación
oa, y j>robablemente correspon-
de á la u consonante de otras
lenguas, y á la B de algunas.
Batata — batata.
Bebé — verba .
ta ta
Caaláca, pl, Caalá — aguaraz.
ta
Caaldit — monte aguará.
Caammectanni- inni — estar.
Caammectanni — estar quieto.
e-Cal)0 — cabo, grado militar.
Cacea.
Caccaliya — después.
Caccamí— que tú, que Vd.
Caccanomaqué - aaló — de
esta mujer ausente.
Cacearé, pl. éT — carancho.
Caerá tra (??)
Cactammarquí — por iglesia.
Lii— Cáete — mi cuchillo.
CacteTarnaqquí — mi horno.
Cactialiguí — mi hijito.
Cadappi-1 — tu boca, en tu
boca .
o
Cadennartí — tu nombre, te
llamas.
174
Codól — moncliolo.
ta
^-Gavi'i. |il, á — ini hermano.
'te
Ciiicé — es plural, bdzal.
Y - Caili, pl, ycaigó — mi cabeza.
(Jaim — laguna grande.
Ca 1 al — pero.
Le-Ccal<7,-, pl, got- ancha.
ta
T-Caleeccá — grueso, gruesa.
,r
Gallega — especie de hormi-
guero.
;.C.;[ 1 liad i — has malado"?
Ne-Gcan:i, pl, ál — (^ojinillo.
ía
N-Ccanc/t-, jil, cá — colchón.
Canni - aal.> — de esta pre-
sente.
Cannila.
Cañarían'.
— carpiuclin.
Carappi — en tu boca.
N - Ca.ssaák — vergüenzas.
Cassielega.
Cassiguia.
Cavat — f'orni("ar.
ta
Cavaták — liirnicar.
ta ^
Cavi 1 í — estás ó te vas.
Clavel — clavel.
ta
Coacte - gué — seguir en ca-
mino.
la
N-Coaguá pl, á — mi enemigo
ó enemiga.
Iñ - Coctaá, Coctaá — Dios.
ta s
Idios Coclaa — Dios.
Coctaolék- J - Ch — Diosesito.
L-Coctappé — Pentescostés.
Otoño, entrada de cuaresma.
Iñ-Cocte — mis ojos.
Capiguara
h
N-Cocté Icové — niña i. e. hue-
vo del ojo.
Coctel arnaipiui — hiu'no.
la j_
Coctesacca — tuerto.
Le-Ccoclicoléh, pl, I,ec(N;)l ii^ló
— chica.
Lee - Cochioléh — estoy un poco
mejor.
Le- Ccoclisolóke — chico.
N - Codoaren — sufrir.
b
(jr>doarni — tenga })aciencia.
Codimmaé — pique, pi((ues.
Il-Cogué. pl, él — mi codo.
N -Cogonnagal — orines.
o
N - Cogo n n ; i ( pi i — mi ve j i ga .
o
N - Cogonnek-vek— hacer aguas.
Coya — acompañar.
Coya — acompañar, véase iyá.
S - Coya — yo acompaño.
o
Coyai-nagal, pl, coyarncaté —
vela.
o
Valocco-Coyai'nagat — pavesa
o
L - Coyaqqui — sus estribos.
o
N - Covarqqui — estribos.
ta
N - Coicti — amor.
ta
N - Coictiá — querer.
o o
Coigosornácca — sábalo.
la
Coinnivó — venid ó entrad.
o
Coiorii — abrazos.
Iñ - Coippacca, pl, iñ coipá —
mi ceja.
la la
Coippaccu, pl, a — árbol.
Nch - Coippadit — coral.
N-CoTa — Cuenta ó coral.
175 —
I - Cco 1 accn, — azul.
o o
Le-Ccolayeh pl, Icá — tordillo.
In - ColiH|(jue — gargantilla, co-
llar.
ta _
Co I (irayék — liilo.
Comeiiij, pl, ál — almela.
ta
Connaé — tinaja.
ia
Gonne - v('i — aniniai'.se.
Conní — amarillo.
b
Goñadí, |il., coñadisaló — ga-
teado - |iel().
o
Coñoyek - i-ubio.
Coñoyeh-lave —rubio, ambos
pelo de caballo.
o o
Coñoyek. pl., coñolca^bayo.
Coñoréli lavé — cabello rubio.
ta
Coó — parir.
Co-ó — desoljl igarse.
ta o ta o
Coó, \)\.. cfH) — pájaro.
la
Coogoyé, pl., é — vieja.
Coogoyéke, pl., coogoyeccá —
viejo.
ta ta
Co ole — pajarillo.
Coronel — coronel.
Y • Coschiccammá, pl., :\\ — mi
tnl.iillo.
Y - Cossot — mi pescuezo.
ta 00
Covay a — caridad.
Covaqquirih — por vida suya.
L - Cové, pl., Icoveclé — huevo.
r
Coviquinnik, pl., có — paloma
Cata — partícula final de verbo
que dice esiá.
s
Y - Catáff, pl..ál — mi ]>adre.
ta
Y - Ctaayavalék — padrastro.
Ya - Cteéyavale— madrastra.
Le-Cctaa I e — grandes.
I'je-Cfara — hablar.
h.la
Doi - Ctacali'áu— impedimento.
K - Ctalgacté — peine.
ta ta
Nee-Ctiqíe. pl.. naactápe-tVente
Y - Ctapinih. |il., icta — pingo,
mulita.
¡a
E - Ctacjquí, pl., i — jarra.
Ne - Ctaqquiai'ye, vel - qquioryé
— lanza.
Y - Ctarnactá — mi corazón.
Ye - Bté — con Anni antepuesto,
mi lunar.
Ye - Ctecé — sobrina.
ta
Ne - Ctée — mañana
la
Nee - Cteect;i — la mañana tem-
prano.
Ye - Ctecék — sobrino veáse ek-
tecék.
Y - Ctekcé — riñon, ríñones.
Nie - Ctescó, pl., coró — mi tio.
Ni - Cti — lágrimas.
Di-Cticnní — levante, amanecer.
Ni - Cti - i — tú bebes.
Ni-Ctiicé, pl., él — nutria.
Ca - Ctilictí — tu miembro;
véase Eglét.
Ni - Ctimarnactá — la hiél.
ta o_ („
Ni-Ctinaca, })l., á — hormiga.
r
Li - Ctisaca — renco.
Ció — partícula tinalde verbo,
de movimiento.
o o
Le - Ctogayék, pl., lea — colo-
rado.
í» ta
E Ctogué- liclíl — tuvuvú
ta
Nee - Ctogot — pesarle.
E - Ctóh, pl., gué — colorado.
176 —
■ Le - CtoTnyet, pl.. lea — tor-
1.; - Clnlcaik, pl., p'j— i'osillo.
Na - Clniuiaé. \^.. i — "i''"
taee>.
E - Ctonesiicle — peneal.
E- Ctnni(i(|ue, pl.. eelnií'Kiui
— penea.
Cloñagayaniii — ya nu me
obedece.
Ch
Ch es una letra bastante cu-
riosa en América, por que pa-
rece ([ue es mudanza casual de
t y no de c. En Abipon es regia
que la t se vuelva ch al hern-
ia i. En Mocoví á veces se en-
cuentra í y otras ch, pero más
bien se inclina á este otro re-
curso et.
[ín la palabra Nischiripá, no
está muy claro el valor fonético
de esta letra, porque hay que
tomar en cuenta In s intrusa.
La sch parece que es mudanza
casual de ss. y en tal caso soria
un simple engrosamiento des.
Chicheo — engrosamiento de í.
Chacaccami — ¿Y ^ d.?
Chacaccami - damma - que-
sadi — ¿Y Vd. como está.?
O
Chacaim — si - ??
Chacaiquictapme — esta es
una excusa.
Y - chacaqquii — mi sobaco.
Chaqué.
Clia(|ueenna
Chaquiddiavit.
Char — la conjunción, y.
N - Chcoictevéh — cansarse.
N - Chcoippadit — corral.
Nis - Chiripá — chiripá.
Yn - Choetén — restituir.
La D es una de las letras más
curiosas del habla Mocoví: re-
presenta la R suave del Abipon.
y probablemente esa H suave
de los Quichuas que los Espa-
ñoles oían como L ex. gr. Lhua
|jor Rhnae.
La voz (hidns - nil: — durazn(j
nos dá el valor fonético de este
signo. Es una D linguo- palatal.
Llamar á lo D una letra den-
tal es tomar lo accidental como
causa de origen.
La D es siempre lingual pero
puede ser linguo labial, linguo
dental ó linguo palatal: cuando
pasa á ser linguo gutural ya se
convierte en gutural, porque es
la base de la lengua que con
la base del paladar produce
este sonido.
De - Gato — Gato.
la
Daaccassó — tropezar.
Daarí —
_!ü írt II- 1 ,
Daammacligui — apellido, te
apellidas.
Daassoá — sol - \ . A.
ta
Daccaví, pl., i - V. A. — pato
de laguna.
Dactoi — sonido; Véase -acto.
Dactonti — cocinar.
Davelegré
Dainmarii
reu'.
- misericordia.
— 177 —
Daloactnrñ — matar.
Dalolá — estí'i enfermo.
¿Dalolai — estáis cnl'ermo.?
o
l)aloIcartai-a
la
Idios Damai'tii — Dios ama.
íffl
¿Dammacatari — como está?
ía b
Dainmaquesadi — ¿como está
A'd.:'
Dámmaquirní.
ta
Dammárictini — ¿como está
Vd.?
Dammarini — estás desocu-
pado.
ta
Ydd - amme — mi ombligo.
Dannactarcti— ¿has hallado?
mejor ¿has buscado.?
Y - Dan - akciué — buscar.
Y - Dan - apqué — buscar.
Daniagui-lcaik — sordo, loco.
Dannoró, pl., ól — jején.
Daocactai'í - Dappilió — vol-
verás.
Dassoagui — tu pecado.
Dassoarssicti — tu pecado.
Ye-Ddek-mi amigo de pecado
te
Decnarni — buenos.
^ te
Deyalictaccó — andad y volved
ligero.
r. ta
Delococtaguit - Dennagáun —
bueno.
r. ta
Dennarnium — buenos.
Dennoctinni — apearse.
ta
Dennorschigom — montar á
caballo.
Dennoschigom-subeó monta.
Deveqque — su enfermedad.
Di - me
Toma IV
caso régimen de
primera, con tema verbal de 2^^.
ó 3". persona.
b
Diadanisimó — tu me levan-
tarás.
Accami - Dialamartinió — tu
me lovanlanis.
D¡alesacc('» — andad ligero.
Diülnlá — estov enformo.
te
¿Diammacaclá — como está?
ta
Diammacactarí- estoy iiucno.
ta
L - Diammacatá — estoy bueno
ó bien.
te
L - Diammacalauh — estoy mu-
cho mejor.
Diammacactinní — está bien.
Dictiarni — poi', del, por el
Este.
levante, ama-
Dicticnni ■
necer.
Dictinni — es de dia.
te
Dictinni — levante.
ta ta
lugar de islas.
Dictinni - vi
Dictinorí — el amanecer.
Dielei — morir.
_ b
Dilivari — desmayarse.
Dilivii — has de morir.
te
Diom — ■ haber de.
Diomal — hal:)iendo (-de-)
después que ??
Diomaldiavih — me había
quemado.
Diomaleccá — me parece un.
Aim - Diomaledó — á mi me
parece así.
Diomavé — parece que quiere.
te
Ydios damartii — Dios ama.
178
tas
Yni Dios, Ydios coctaa, Yñ-
coctaá, Coctaá, Dios.
Dischaguai
ah.
Quetro, disiitú — tú hul)ieras
Iiabido.
Dissiaquon — has deseado.
Dissik — vo la quiero para
(??)
Disinnetó - con Quetro — si
hubieras habido.
Dissiü — codiciar.
Doccactai-ctii — has robado.
ta
Doctió — tener.
Doddaerctá — vos solo.
Doennagan — rezar.
Doennagan — leer, estudiar.
ta
Doennagan ne — que tú reces
— á rezar.
b.ta
Doictacatran — impedimento.
Doinniañó.
Dolegarnarcti — la tu lengua.
o
¿a? Dololcactarn.
Donnaé — abrojo.
Donnactappequc — tronó mu-
cho, está por caer rayo.
Doqquialó — aborrece tu.
Doqquiancatá — aborrecer.
Dudasnik, pl., qqui - durazno.
Dudasnik \
b_ [ durazno.
Dudasniqqui )
E
La E es una articulación,
que se prefija á las más de
las dicciones que principian
por consonante, y en muchos
casos, á las partículas inicia-
les también. Se asimila con la
i que la precede ó sigue en la
forma que se expresa en el
Arte.
Enero — Enero.
te
E — nó - üdv. Abipon iná
E — terminación de femenino.
Ecca — lo que - fulano.
Eccá — ¿Quien ? ¿ cuál ? ¿ qué ?
singular. — Pronombre de-
mostrativo é interrogativo.
Eccáldicho-coctarnó.
Eccanánoyené vacael
Al canto del gallo, de tiem-
po pasado.
Eccanayapéh v. elavayek.
ta.
N-Eccanek-pl-ca, colchón.
ta ±
Eccanoddia — Gloria.
la
Eccáannorek — Infierno.
Eccappega — nombrar.
o
L - Eccolayek — ■ tordillo.
L - ccoliliá — tordillo.
b_
Eclari — hablar.
Eccuanasichococtarné
Ectalgacte — peine.
ta ta
Ectaqquí - pl - i — jarra .
_"_ ta
Ectaquiarryé. pl, dic — lanza.
te
Y - Ectecc - pl - ce — mi sobrina
varonil.
la
Y - Ectecék - pl - ce — mi sobrino.
Y-Ectekcé — mi riñon.
te
N - Eclée — mañana .
K terminación de femenino.
te
N - Ectee leya — pasado ma-
ñana.
N - Ecteé no mallarnec - teectá
— mañana por la mañana.
Ni - Ectescü - pl - oró — tio.
17!) —
L - Ectogavek — colorado
Ectogot — pesarle.
Ectoh, Ectogue — colorado.
Ectolcaik — rosillo.
te
Ecton — alegrarse.
Ectonessácte — pencal.
Ectoniqque - pl - i — penta.
Eccua — Quiénes? cuáles, qué
(plur)?
Eccuanasichococtarné.
Ecuatro — ■ cuatro Boliviano.
Edá — ser.
Edá — así.
Edá — eso-lo.
Eddá — ese parado.
Eddá — esto es un.
fe
L - Eddammé — ombligo.
Edaniapque — búscalo.
o
Y - Eddék - pl - Yyyaco — amigo.
Edasó — acjuel parado.
Eddoá — esos, esas, parados.
Eddoassó — aquellos, así pa-
rados.
Eddocolassé, pl, é — criolla
española.
te
Eddocolee/c, pl, assé — criollo
español.
E Domingo- pl, ol.
Eddoccoschi — criollos en ge-
neral castellanos.
te
Edó Nadiedii — ser.
L - Eeccácte — cuchillo.
Eect — se me disparó.
Eectacá — hablar.
te
Eectó — huir, disparar.
te
Ni - Eet — beber.
Egué-
•Yo he.
N. Eyii — pozo de balde.
E vaca té — lluvia.
Eyagot— llover.
Eyalí — venir.
Eyeccapegá — nombrar.
0.0
Eyemmaga — bienes.
Eyemmaréh — persona ( ?? ) .
Eyemmerék.
Ha
Eyennagat — mi nombre.
Ék — terminación de mascu-
lino.
^ r
Elacca -duerme.
Elacatá — está durmiendo.
L-Elahlpinnéh, espinazo.
Elaqueyadí — cerrad ojos.
N - Elarek — ■ dormir, sueño.
Elari — mandar, enviar.
Elarii accami, manda tú.
N - Elate/i- - pl - cá - chasque.
_ JL te
Elavayek magacti eccanaya-
péh — hijo de una, que te lleve
el Diablo.
„ te
Ele- pl-é — espina.
o
N - Eleagá — vida.
Eleva — mañana.
EÍeré — libro, pa peles
b
Y - Eiev - ari — desmayarse.
L-Eló — espejo pl. le.
Eliavih — está prendido.
Elsilactarné — he mandado
llamar.
te
N - EmmeA; - pl - ca - cuchara.
Ñi -Emmenih — costilla.
Enna — ese, parado.
Enná — ahí.
180
¡•j^l la
Ennaclarniíi — preguntar.
Enácle-pl -i — cuchillo.
ta
Ennactio — preguntar.
Ennaoék pl. ennerappegué —
isla chica.
El - Ennagat — llamarse; su
nombre de el.
Ennectoot \ aquel
En neo t \ lo tiene.
Ennaiot — yo tengo (el ca-
ballo. I
h
Ennnlnuiagaych — lobo.
Ennan - ni — acostarse.
Ennánaagaá — hoy.
Ennaoé — isla chica.
Ennaoguí — aipií dentro.
ta
En-apék — decir.
Enna pectá — está n diciendo .
Ennarnecták — reparar.
Ennasó — este, sentado.
Ennatió — pregunta, pregun-
tar.
Ennatai-nio — preguntar.
Ennectaó — estar aquí.
Ennectanní — estar.
Ennectoot — aquel lo tiene.
Ennegui — hoy.
Ennegui — ahora.
Enneguieta — ahora, en este
momento.
Enneguidi — ahora.
Ennegui idi — ahora en este
momento.
Ennegui chinnecteceta — hoy
de mañana.
Enneguectardiocti — cuando
yo tuviese miedo.
Ennoquectardischim squeé —
cuando (|uisiere yo comer.
o
Ennerarnaqqui — tintero.
Ennerarncaté — pluma de es-
cribir.
o
Ennerarnogat — tinta.
Ennevé — cerrazón, niebla.
Lennevéh — pasado de las 12.
Ennoa — esos, parados.
Ennoardas-soarssitri.
Ennoague — en su adentro??
muchos ?? 200 p.
Ennoassó — estos sentados.
Ne - Ennoc - ni — apearse.
D - Ennoctischiguim.
Ennogot — niños.
llnnogólc - pl - ctoléke — mu-
chacho.
Ennoí/óíe-pl -ctolé — mucha-
cha.
o
N - Ennoyagá — calor.
Ennoot — aquel lo lione.
D -Ennorc(di¡guim — montar.
o
L- Ennovim-ayé — flor.
Eon;'i — un (??) (tigre).
ía
Eonolék — un (??) unilo.
Eostia — hostia.
o
N - Eppacatc/,; - pl - cá — trenza.
ta
Eppé — noche.
Eppélave! — media noidie
Eplata — plata, i>eso.
Eqque — ir.
Eqquem — p(jr a(iucl.
Eranialó — la has mirado.
Ereal — real.
Esammó — yo le daré.
Esanné — yo le dov.
A
Esarniardo — vo te dov.
Esaniardo — yo te di.
Esanniarrno — vo te daré.
181 —
Esassogat — yo lio perdido.
L- Es -atea- pl- aete — el liijar.
Eseccapegíi — noml)rar.
Eso — aquel moviéndose.
Essavagaéh — león.
N - EssalgLi — luuno.
Essoá — a([uellos - lias.
te
Et — huir.
L-Etaá — padre.
Etres — tres.
N-Iívi'i — coser (var)
o ^ o
Evagayacca — agua.
Barayác — PeUeschi.
0^0 o b
Evagayacca lodigat navare —
mar.
Evaiot — yo tengo el hacha.
E\'año, Eveno.
N - Evaralék — damajuana.
N-Evaralgot pl id.
N -Evaré — caja.
N - Evaschargui — caldera, pava.
N - Evavancaté — ovillo.
ta
Y-Evé — mis caballos.
Y-Evél — voz.
' Everagui.
N - Evararnácte — hilo.
Evileh — obedecer. (¿?)
L-Evó — sangre.
b.o.
Evogot — importar, pertene-
cei'.
N- Evolék — puchero.
N - Evomá - pl - ale — cántaro.
Letra que no es del alfabeto
moco vi.
Fósforos.
La G sencilla debe parecerse
ii la muestra, puesto que la
vemos en garbanzo sin altei-a-
cion. Otra G tiene el mocoví
que corresponde al gr de Do-
brizhoffer, y que no es g, ni
es ;•.• la he oido en boca de un
Toba, que la hacía sonar tur-
binaiim in guftiire, como decia Te-
cho, «thrapatattle in the throat»
lo llama jNhinsñeld al tratar del
Payaguá, y Azara lo designa
en general como «narigal y gu-
tural. »
ta Z.
Giú, Gan — partícula verbal
que hace activo.
Garbanzo — garbanzo.
Guecca — con.
ta ta ^
Guelaek-pl-quelaalca — mulo.
ta
Y - guemactá — soñar.
o
Ni-Guemactark.
0.0.
Guemmaravaé — chinche, bin-
chuca — pl-id.
Y - guen — probar.
ta
Ni - guenne - ctó — correr.
Guit — partícula final de ver-
bo, acaso corresponda a nues-
tro re inicial.
o
Gon — partícula final de ver-
bo: lo hace activo.
Goppá — después. (¿?)
I vocal — Y consonante
ta
Ne - Yá — pozo de balde, veáse
(a
eyá.
Yaaddoalch — una yerbita.
Le - Yá — pasado.
Ya — ■ aun.
182
Ni - Yá, pl., á — compañero.
Aim Yiyá — yo acompaño.
I - Yaacté — mi espinilla.
Yi - Yaca
cado.
mis amigos, de pe-
E - Yacatc — lluvia.
ta
N - Yaccá — sentir.
ta
2 - Niagai ó Nigri.
Yaccairengué — onda.
Yaccona — cogió.
Yacoviraugué — quédate.
ia
Yaddavék — puntada.
ta te
Malaclayá yaddavék — /,no
se le ha añojado la puntada?
Yagansigom.
Yayarninni — déjeme.
Yalactectappigui — está por
caer rayo.
Yalactigui
Yalagacca
Yalegacca
Irucno.
blanco.
^ ta
Yalé, pl., é — hombre.
Y -Yalé, pl., lé — mi hija,
blanco.
o
Y - Yaielí, pl., Ygálcá--mi hijo.
Yaiirippí — mucha gente.
Yalolá ■ — estoy enfermo.
Yaloláuh — estoy muy en-
fermo.
Yani — dar
Yappaccaléh ■ — demasiado.
Yappaguéh — es (el) mas.
Yappaguek.
Yoi- Yappiagá — mis arrugas.
Yappoguek, v. Yappaguek
la ta
Yappoó, pl., ové — flaco.
ta ta
Yaqueidicta — igualmente.
Estoy así no mas.
ta ^
Yaqueiiippták — está ma-
mando aun?
ta _^
Ni - Yarla — ramada.
Yarnovió — que venga.
b o
Li - Yartaraéh — tigres.
b 0.0
Lidiartaryéh — tigre.
Yccoctá, jil., ál — rodilla.
o
YccoTácca — azul.
N - Yccoléh — Pueblito.
Y - Yctá — olfato, hedor.
s
Yctiia, pl.. al' — padre (mi)
Yctari — tú me hablas.
o.b
Yctaraacta — corazón.
Y - Yctí, pl., íl — mi pierna.
N
ta
N - Ycti-i — tú bebes.
N - Yctimarnactá — la hiél.
N - Yctimarraé — mi pimienta.
o.b
Yctirarayé — melón.
r
L - Yctisaca — rengo.
Yctischacaté — soi-tija, ani-
- Ycti — lágrimas.
ta
I
lio.
N - Ychococtarnáke — confe-
sión.
Yddi — allá.
Yddi — ese, acostado.
Yddictaquén.
. te
Yddioscoctaa — á Dios.
Yddissó — este, echado.
Ydi — yo he, tener.
b_
L - Ydiartaryéh — tigre.
Idioscoctaá — Dios.
ta
Ydisó sevet vel navatae —
esto me duele.
Yedoá — verba mate.
183
ia
Yessé — animales.
La - Yeualipi— tropa de yeguas.
ta
Yevet — doler.
Ygaotí — llevar.
b'.ta
Ygat — llevar.
ta
Yguemactii — soñar.
ta
N - Yguemactark — sueño, so-
ñar.
Yguen — proljar.
ta
N - Yguenne-ctú — correr.
ta
L - Ygorecté — oprobios!?
L - Ygoriscá — pobrecito, de
compasión.
ta
Ni - Yli — ciudad.
Yi- levante, lugar de islas.
Yyá — acompañar.
Yya — con.
Yyaacté — mi espinilla.
r
Li - Yyagacte, pl., é — zaraza.
o
Yyaganiño.
o
lyagiit — criar.
Yyalictacco — que vaya li-
gero.
ta
Yilnactarnii — comandar.
Y - Yssót — rendirse.
Yissot — él se rindió.
ta
Ni - Yk — gente.
Yk - ir.
Y
S
Lacea
Yiarii
mandar.
— dormir.
mandar.
- Ilactarniravó — yo te haré.
llamar.
Yléu — ver, Yschilen.
Ylialcá.
Yliaoguí — póngalo.
Y - Li - avó — poner.
Sch- Yliguini — poner.
Yiih — verdad.
iTik.
Ylik — rastro.
Ylioctó — ofrezca.
Yló ectoró — mi toro.
Ylu anná vaaccá — mi vaca.
Yló anua vaaccaé — mi ga-
llina gallo.
Cod-Ymmae — pique, pl. pique.
Yló ippióco — mi perro.
Yló nilolá — mi buev.
ta
Ymannaryé — ha quedado
embarazada.
ta
Ymamoré — ■ ha quedado
embarazada.
Li - Ymik etc. {véase otro
Jado.
ta ta S-
Ymméli, pl., Ymcá — casa,
rancho.
Yl - Ymmiarnicholé, pl.,
l)icaflor.
Y - Ymmih — mi nariz.
id —
Li - Ymik lavak, pl. lavacó —
ventana de nariz.
Ynchoetén — restituir.
Yniapék — decir.
Inídios — Dios.
Yniño — niño blanco.
Yniña — -niña blanca.
ta
L - Ynnagá — polvo.-
ta
L - Ynnagá — polvo, pólvora.
Ynnagló — coyunda, guasca
Yss- Ynnapék — ■ decir.
Si - S-Ynnectá — estar sentado.
— 184
- Ynnecté, pl., é — mi grano.
Ynniapcó — decidle.
Ynniapel': é Pedro annacó
— diga á Pedro que venga.
Ynniapek e Pedro deectacó
— diga á Pedro que lioble.
id
Ynni ai)esél<: — este es el
primero.
Ynni — él, en todos casos,
ese sentado.
Ynnictú — estar.
Ynniipséh — bigote.
Ynnik, pl., innagló — guas-
ca, coyundo.
Ynnik — coyunda, guasca
Ynnirapcó — decidle.
Ynnirapeh — me dijiste.
n.ta
Ynnisócca, pl., sil — zorrino.
Ynni segundo — este es el
segundo etc., asi de los diez
mandamientos.
Ynnisexto — el sexto.
Ynnissigom — levantarse.
Ynnissó — aquel, sentado.
Ynquió ecca.
Yñacá — muchacho, mu-
chacha, muchachos, mucha-
chas.
b.o
Yñardi — años.
Yñarlá — mi caballo.
r
Yñatvák — uno.
Yñcoctoá — Dios.
Yñiagá, pl., iñardi — año,
verano.
o
Yñoaca — dos.
ía ía
Yochácff, pl., ryé — gordo.
Yoet — hace.
Yole — chico.
Yppictiaé — maliciar.
Ippigom-leéh ó lasse— ange.
Yppigonnodia — gloria.
r ta
Ypioco — perro — pl. ipiogo.
Ypi-ver-lipi.
ta r la r
Ippigom-liipiguim — Cielo.
o.r
Ypporlagan — tropezar.
la
Yqquin — saludar.
Yqquinnió — probar.
E - Yschaccatqqui — su sobaco.
/ o o
Yschagat- Fe/-- Yaga t -criar.
b_
Se - Yschectecnar — comprar.
N - Yschiagá — barro.
Yschih — tuétano.
Yschili — mi cara.
r o
Yschiinnirappegagua — yo
te dije.
Ycchilen — ordenar.
Yschilnactarn — mandar.
Yschim sictariy rappegar-
dó doddaecterctá — (pilero ha-
blar á vos solo.
Yschinnii — maldecir.
ta
Yschipilassé, pl., é — Es-
pinera.
ta
Yschipileék, pl., niik — Es-
pinero.
Yschit — poder.
Yschiíc, pl., é — zarcillo.
Yschitinnió — restituir.
Yschoaló — camachiú.
ía
Yschoennagan — maldecir.
Yschoeten — pagar.
Yschoictinni-tu restituyes.
Yscüní — ordeno.
ta
A-S-Ysium — yo subo.
N - Yssi-á — desear.
Yssót — mi caja del cuerpo.
185
N - Yvalgá — aceite, grasa.
Yy-Yoá — ellos en todos ca-
sos, esos acostados.
Vy - Yoa — esos, esas, echados,
= ellas.
Yy - Yoassó — acjuellos, senta-
dos, aquellas, estos, estas,
acostados.
ía ía
Ni - Yoccó, pl., oró — mi suegi'o.
la
Ni - Yoccorú, pl., ó — mi suegra.
Yoddaactá — (conmigo) solo
(??).
Yvá — caso régimen de I''
persona, me.
ta
Ival, pl.. Iva — nieta.
Ival, pl., Ivali — mi nieto.
ta
N - Yvalgá — cebo, tela.
Yvaroá.
Yvorá.
La — buenos dias.
ta ta
Lá accami, i — buenos dias
tenga \á.
I - Lá — mandar.
Laacte — carne.
Laaga — oscuridad.
o r.o
Laaravék, pl., alca — fiero.
ta I
Laaré. pl., ayé — fiera.
Y ' - Lacea — dormir.
Laccagué.
Laccami — Ya tu habéis.
Lactam — casi- Fe?- Layam.
Lactamsciuee — yo casi he
comido.
te _
Lacteele — alto, largo.
Lacten — cuando él, noso-
tros, vosotros, con hubiere y
el verbo que se conjuga.
ta
Lacteugu('s pl., lactee-lc —
grande, femenino.
ta ta
Lactilih.
ta
Laclilik.
Lactom — partícula de pa-
sado.
Lactom — casi, habia, lia-
bias, habia.
Lactomqué — habláis, ha-
béis.
Lactomquedá — habíamos,
hablan.
Loctiaqueda, Lennetéo —
habré sido etc.
Lactomquedá — cuando yo
hubiere etc., etc.. V.
Lactomquedá — haber sido.
r
Lactomquedaquét — halier
de haber.
Ladalá — verde.
r ta r
Ladook, pl., laddoccó — alto
ta
Laganí — el ha.
o
Le - Lahlpinnéh — espinazo.
Layam — habéis, han. casi.
Layamsquee — yo casi he
comido.
ta
Layí — sepultura (??).
o. o
Lalagargol.
Lalegagaca — blanco.
o
Lalegayek — blanco.
ta
Lamacqui, pl., i — camisa.
Lannacó — ya vá á venir.
Lannatá — hallar.
Lañarla — chacra. (??)
^ ta o
Ne - Laoga — muerte.
18G
Ne • Laogá — muerte.
LaqcjLiio — venid.
o
Ne - Larék — sueño, dormir.
Lassé — terminación feme-
nina de individuo, Masculino,
de plural.
Lassoarcet — V. ofender, su
pecado de él.
Lassoayarcectó — tu has
ofendido. '(??)
Lassoariet.
Lassoh — fuego.
Latám — casi.
Lassoyalék — tu has ofen-
dido.
Ne-Latek, pL, cá — chasqui.
o
Latissenarnarte, con Ave
ó Avoyó — jurar.
te
Lavarschi(/o)M Vel guim —
poniente,del poniente, por,del,
de la parte del Oeste.
Lavé — ya.
Lávelo.
o
Laverayeh — oscuro.
Laviguió — retirad.
Lavit — la tarde.
Lavorí — algunos?
Lcaigó — cabeza de él ó ellos
Lcoctappé — otoño, al en-
trar de In cuaresma.
Ldoqquialó — cs preciso
aborrecer.
E - Le, pl., é — espina.
E - Le — loro grande.
o
Ne - Leagá — vida.
te
Leccala.
ta
Leccalaó.
LeccaleVi;, pl., got — ancha.
te
Leccachioléh Idiammacatá
■ — estoy un poco mejor.
heccochiolé, pl., liolé-chica.
heccochioléke, pl., liolcá —
chico.
Leccochiolek-un chiquillo.
o
Leccolayek — tordillo.
Leccoleliá — tordillo.
Leccotiolé-un poco ó chico.
Lectaát.
o
Lectogavek — colorado.
b_
Leda — parecer.
Leda — yo habré.
Ledacate — para dar lugar.
te te
Ledalissinnequét — cuando
hubiere sido, etc.
o
Leddacá.
Ledo — parecer.
Ledo — yo seré tu etc.
Ledo — que yo sea etc.
Ledicaté — Veáse ari'iba,
Ledacate.
Leéh--lerminacion de mas-
culino corresponde al Roman-
ce eíío, ero, ano, ino, eno, etc.
ex. gr. Yppigomleéh-m\gQ\kiS-'i-
e, habitantes del cielo N. B.
Aquí estii el Lé de Lulé.
la
Leennat— uña.
Lega — antes de.
Lega — mas, pero.
Lék--partícula final de ver-
bo, tal vez corresponda al
romance el que.
o
Lelactarnak — lo que man-
da, manda, manda (e. j. Dios)
187 —
Lemé.
Lenomalotk.
ta
LoniiGvóh — doce adelante.
la _,
Lennevéh nagalavilní — pa-
sadito de las doce.
Lenamalótk.
Lessarní — dejar trabajo.
Lei-aquet savoquequet-nos
vos, etc. habríamos habido.
E -Leré, pl., él— libro papel.
Aim-Lessanií yoennactéh — yo
dejo de trabajar.
Lesseglék — por una cua-
dra (?-?).
Ye - Leu — morirse.
Ye - Lev-ari — desmayarse.
Leyá — antes de
Leyá — pasado — otro ?"?
ta
¿Leyocté — cuantas veces?
Leyocte — ¿cuantas veces?
Y - Li-avó — poner.
Lichococtarnó.
r
Lictisaca — renco.
S - Ychi-Li-guini — poner.
r
Y - Lik — verdad.
Y - Lik — rastro.
Limanaré--lia quedado em-
barazada.
r. o
Y - Limmiarnicholc-maninbú
— picaflor.
Limmennatá — recien.
Limmoctiá — recien.
Linnictá — estar así.
Linnissigom — se levanta.
Lipi — terminación de mu-
chedumbre.
Lippi — terminación aumenta-
tiva.
Lñoví ■
Llegar.
Le- L6, pl., ó — Espejo.
Ló — los ; caso régimen de ter-
cera persona.
Y-Ló anná vaaccá — mi vaca.
Y -Lo anná vaccaé, pl., él —
mi gallina ó gallo (pero el
pronombre debe variar).
?■
Y-Ló anná accaquerectá, pl.,
ál — mi oveja.
Y-Ló anna qucecláha, pl., tá
mi cabra.
Loctaqueen.
Locteac — yo soy, tu eres, etc.
Loctiaquedá — haber sido.
Loctiaquedá, Lenneteó — ha-
bré sido.
Loctraen
Lotraen?
Loctraivileh — no quiere. ??
a.b
Loctreiraquét — cuando ellos
hubieren.
Lochaqueidictó —
b
Loddigat — mucho.
o
Loddigat — infierno . (??)
Loddigate, pl., Lecctaale —
grande.
o j. o o
Evagayacca lodigat — el mar
grande.
ííl ta 2_
Naagáa lodigat — dia de fies-
ta grande.
Loecté — los pechos.
Y-Ló-ectoró, pl., ol — mi toro.
Y-Lóennoa vaacca — mis vacas.
Logam — hemos.
r i
Y-Ló ippióco, pl., ogó — mi
perro.
188
Yddi - Loló — sapo ; pl
Lommá — lugar.
ta
Loinnioclií — acnlinr.
Lonennondó
mi buey.
mis hueves.
Y-Lórrilolá
Ennoa nüola-
E-Loqqui, pl., i — pollera.
Loqquivú — ve no mas, anda,
írt
Loquilí — zapallo.
Loschinagá — las nubes.
ta
Loschimmá — nubes.
Lot — en conj. Altip. rat.
Lotcaaschicó —
ios la
Loternequét — el l!al)ia habido
Lot-idrileya — tercero.
Lot-i-dri!eya cuarto — cuarto
Lot-i - drileya quinto — quinto
Lot -leva — segundo y otro.
Lotraeen —
Lovon, iil., ni — lobuno.
Loyotievegué — sacad.
-2. r
Lquelagatsaca — manco.
M
La M es una de las letras
curiosas del alfabeto Mocoví,
por esa tendencia a desapare-
cer que se le advierte: no se
sabe aun si es que se volatili-
za, pero lo cierto es que ado-
lece de cierta morbosidad. La
prueba de esto se halla en la
d, terminación de futuro, que
representa el am Abipon, y en
la pérdida de la m en Cam para
hacer partícula Ca de posesivo.
También en las partículas tom.
lactom, etc., se advierte (jue la
m puede suprimirse.
M — partícula adverbial, prefi-
jada á las preguntas.
M — partícula conjuntiva equi-
valente á nuestro conw en las
comparaciones; ex. gr..: inac-
cami, como tu.
I\I — jiiirtícula prepositiva con
que un verbo rige á oti'o en
infinitivo.
Mayor — mayor (grado militar).
¿Maaccá — acaso alguna?
Maagactii — manifestarlo — M
de infinitivo.
¿Maannactini — te has caido?
¿jNIaaqquii — comes?
¿Maaqíjuii — viniste?
ta
M«avé ( a)
Maccami — como tu ó vos.
Maccamí — á tí, á vos.
JNIaccnmí inniaovat — vos lo te-
neis.
Maccaquen — á alguna con
quieu? ,;acaso li alguna?
Mactaigué — adonde?
Mactaiqque — ¿dónde ha sido?
¿iMactai(|quc — dónde?
o
¿Macticagué — de dónde ha ve-
nido?
Macticagué — -¿de dónde vino?
Mactichococtarni —
¿Mactiguo — de dónde ha venido?
¿Mactilqueyagué — de ¿dónde
venis? \ev Míe.
Machaim —
ta
jNIadiedó — tu habrás, el habrá.
Madien? — por qué no comes?
¿Madien — por qué?
¿Madini —
Madippiló )
Madiappiló )
— 189
Mad¡ssií;'n — vos liabcis.
Miígactí — véase clavayck.
Muim — para mi.
¿Mal — acaso"?
Malaqui — ¿cuando? de pasado.
Malacca? — á ([iiiéii? femenino.
Malacca(|uen? — (puí? femenino.
te
MalaccagLien — acaso con al-
guna?
Malacconictó —
Malactavek? — se !e ha quitado?
¿Malactayá? — ¿se te ha aflojado?
¿Malag'uí — cuando? de pasado.
Male — tu has.
¿Maleccaquen — á alguno?
Maledcj — me parece que es, se
parece á. •
¿Maleeccá — á algún?
Maleedó — á mí me parece.
¿Malennactarniagué — ¿lo has
preguntado?
^^ te
¿Malichococtarní — te has con-
fesado?
Mallacaím —
¿Maliornecteectá— es temprano?
¿INIallen — por qué?
;^%üoacti — has matado?
''nliyá —
Malotcaavoyo —
Malottaeccó — acaso en el por-
venir.
¿Malpeectoctié ^ por tanto te
pesa ?
A te
Malouví quedaniik — ha vuelto
del Pueblo.
te
Mancoppii?— hace mucho tiem-
po? le hace.
Scancop]);'! — no liace mucho
tiempo.
Maní — mani.
te
Mannak — ha venido.
te te
Mannamanni — mentís ó has?
r
Mannare — (Mid)ai'azada.
te te
Manoen — \'el - nú.
Manonca — mas Itien (??)
Mansanik — manzano.
Maodassapti — no queréis (??).
Maodilixii —
Mapeseiguet —
te
Maryc^ih —
te
Maryaik —
' te
Maryaloat —
¿Massaotiaguit — lias respueslo?
te
Matchaadini — venir?
Mave —
¿Mave — tiene?
Mavoyé — de haber.
Meca — á alguno.
Meccá?
¿Meccá
¿Meccá aquelarii — acaso á al-
guno has enviado?
b
¿Accami Mecca canaidari — no
tiene caballo?
h
¿Meccá cactialarri — tiene hijos?
('¿Acaso hay de tus hijos?)
¿Mecca cactoviaguí — tenéis ro-
pa? i. e. ¿hay de tu ropa?
¿Mecca lelarii — acaso uno en-
viaste.
Meccaquen — qué?
¿ Meccaquen — acaso de alguien
ó alguna cosa,
te " ^
Meen cadenarti? — cómo te lla-
mas?
quien? masculino.
Acaso él?
190 —
ta
Meen? — ¿cómo?
Meetres — ¿serán tres?
Men — acaso no? en.
Men — como, así, en.
ta
¿Mennagué — dónde está?
Mennectá — ¿cómo es?
¿Mennectagué — dónde está fu-
lano?
¿Mennectarí — cómo está él?
ta _
Mennectarí cavili caetaglicti? —
¿cómo vas respecto a eva-
cuar?
ta ta
¿Mennectá daammactiguí ? — ■
¿cómo te apellidas?
Mes — no.
Mes- y-assapet — no quiero.
Mesca - Sea - No ? Nonm?
Mesca-assevelék — no obedezco?
Mesca eccá — No.
¿Mesca eccá laataccami? — Aca-
so no la carne (es á) ti? No
tienes carne?
Mescaedi'i — falsedad. No.
Mescaedá edá nquinniapeh —
falso es eso que estás di-
ciendo.
¿Mescaevaniá — No ves?
Mescainoen — mal. No estoy
bien.
Mescaló —
Mescoyocte — poco.
Mescoyoigué — muv cerca.
'ia
Meschamarnió — no te salva-
rás.
Meschiasapét — porque no quie-
ro.
Mes - d - assaptí — tu no quieres.
¿Mesdiscictii — no quieres?
Mesesiscit — no puedo, i ([. no
quiero.
Mes-y-assapét — yo no quiero.
b ta
Mesychocoictó — disgustar.
Mesissit — no ha querido.
ia
Mesnaic laat — no se puede
comer carne.
Mes - n - assapét — aquel no
quiere.
Mesñagayarná — No me hace
caso.
Messaden — no sé.
¿Mevalarvii — has jugado?
¿Mevania
¿Me vaqué
ta
hubisteis,
donde ?
Mevaqué ecca — ¿dónde ha na-
cido?
¿Mictilcagué — de dónde ha ve-
nido ?
Michococtarni — confesarte.
Midióle, Millolé — medio.
¿]\Iiischictii — queréis?
¿Miischictii nquiyó — • queréis
que yo la lave?
jNIik — partícula de interroga-
ción.
]\Iilili — es verdad.
¿Minirapék — qué te parece?
Minni — que, tan, como, así.
Minniapequen — hablando (??).
Minnictari — cómo estáis.
Minniclari? — cómo está usted?
¿Minnictrarí — cómo estáis?
ta
Minninií — hormiguero.
¿ÍNtippitiaé —
^.lischococtarní — el confesarse.
ta
Missa, pl., Misal— Misa.
o
Ne-iNlmek, |)I., nemm-aca —
Ñie-Mmenih, pl
tilla.
Mnaagaá
ca
mi eos-
191 —
ta ía
Mocoilasé, p!., sé — paisana de
San Pedro.
Mocoppactaogué — ven a apren-
derlo.
ta
Moennactarniguí — ha traba-
jado.
¿Moyectequen — muchas veces?
¿con muchos?
¿Moicti — acaso has heclio?
Molaquio — ¿cuando? de í'ut.
Mollori — de los Calchines.
Kíonnirsani — estar.
J^Ionnirctragué — dónde estáis
vos?
Mpaacterck - inosé — último.
ta
Msaccactorniavá —
N
La X es una letra muy usa-
da en el alfabeto Mocoví. En
todos los casos no debe repu-
tarse igual á nuestra N, pero
como navaja se dice navaja en
una y otra lengua, las dos N
deben tener mucho de común.
N — Partícula inicial de nom-
bre y verbo, que sirve de re-
fuerzo en las flecciones débi-
les.
N — Prefijo pronominal de ter-
cera persona ; ■ su valor es,
mas ó menos, el equivalente
de nuestro el.
Para que la N sea articula-
ción de primera persona debe
ir acompañada de una i ó y
como prefijo ó subfijo. Para in-
dicar segunda persona, el tema,
sea de nombre ó de verbo, lle-
vará una i final. En tercera
persona la N es prefijo del tema
sin la i de primera y segunda
persona. Ex. :
El mi — Ni - tema.
El tu —N - tema - i.
El su — N - tema.
La com Ilinación de N con *
j)roduce muchas veces el niñeo
de la N, ó sea la letra Ñ.
Naactécte — tengo que comer.
Naadik — pL, có — camino.
til ta
Naammatéh — apelativo.
ta
Na cavé ^-
Naccatarnák — un cuento.
Naccatek —
Nacticta —
Nactideavé —
Nactiedá —
ta
Nactileh —
te
Nactocovit — Toba.
Nactoctiaden — no visto.
Nactoinnilo — repique.
Ed Nadiedií — ser.
Nadinetappetá — cada uno.
Nagaala - ncanaera — semana
que viene.
Nagaalavilni — medio dia.
Nagavarnii — escuchar.
Nagalaviini
- pasadito de
ver arriba.
as
doce.
Nagalovilni
Nagui —
Naguiní — servir.
Nayap —
r r
Nayape/.-, pl., ke — malo, mal.
Nalactiactó — apúrate.
Nalani — perder.
Nalinnissigom — (ya) se ha le-
vantado.
Nalitchococtarni — cuando te
confesaste.
— 192 —
Nalosta — parejo.
Se- Nalosta — desparejo.
Nalüt — desterrar.
Nallacaim —
Nallarnecteectá — Sí, es tem-
prano.
Nam — mas.
Nam-quinni — mas-que.
Namactaih — es mentira.
ia ta
Niimanni — mentir.
Namactaili — una mentira.
Namcooyek — es mas viejo.
Nammaqqueró — empujad.
Nammennarnidv naagaá — dia
de ceniza.
Namquoilic.
o
En-Nanaique, pl, lea — víbora.
ia
Nanaték, pl, Naccatcá — la-
chigua na.
Nananimenarnák — el dia de
ceniza.
ta
V- Amenarnak.
ia
Nancactaic — mentira.
o
Ane-Nanrc«, pl, caté — chacra.
Nañanidim — diirmela — la -
me-da-r.
Nañanidimnió - dámelo.
Nañanimmó — tú me darás.
o
Nappalga — oscuridad.
Nappali — de los difuntos.
Napparinio.
Nappoiqui — cerrad bien
(puerta).
Naranquiqque — naranjo.
_ ta
Nasci 1 ialaá — has tenido to-
camiento.
Naschiagá — cosas (??)
Naschiaga — en la cara.
Nasla— sin (?)
Nasolcoléh — maicito.
o
Nasolé, pl, lea — maíz.
NasoléA: lodalá — choclo.
b.o
Nassotih — ofensa ??
Natríchococtá — no se con-
fiesa.
Navíija — navaja.
Navatié — sentis.
Navatiraé — navatié. — sentis.
Navelcaík — moro.
b
NaveradF- - zaino.
Navetelalá — camatá — sin-
cera, que no hace cera.
Naviqquiró — tiradla.
Navirictiguí — porotos.
Navovak — fornicar.
Ncaagactii — has descubier-
to ??
Ncaalectavek.
I Nca'aTiaiguen — has tenido?
Ncacconia — has alzado (??)
Ncatayá — es.
ia
Ncadi — sabes.
¿NcaToacti — has carneado?
¿CcaToacti) j^^^ ^^^^_^^,j^_
NcaToati )
Ncalovia — calla, ropa (??)
¿ Ncavatí — has fornicado?
Ncave.
Ncodarnictá — sufrió.
Ncodoarní — aguárdese.
b
Aim - Ncodoarnó lodigat — yo
sufro muellísimo.
Neocti — el amor.
Ncoitié — hechos, ó que tú
has hecho.
Ncoyoqquiriquí — besos.
Ncoippá — leña.
193
Ncoppá — hace.
Ncoppactiague — el tú apren-
derlo.
O
Ncovayornit).
Nchococlictó — amaras.
Nchococtió — amad.
Nchcoicteveh — cansarse.
Ndichococtarné.
Ndoloat.
ta
Neale — en lo porvenir.
ta
Nectée — ma ñaña .
Necteecta — media noche.
Necteetá — la mañana tem-
prano.
ta
Nectee leva — pasado mañana.
"ta
Necteé nomallanecteecta —
mañana por la mañana.
¿Neectoelí — no te pesa?
Nectoctió — pesar.
ta. o
Neectoniaco — alegrarse.
r
Negué — haber.
Neyá — pozo de balde.
ta o
Ne 1 aoga — muerte.
Nemadrinay — • tu madrina.
Nemecca .
Nepadrinayó — tu padrino.
Neppotialda — tocamientos.
Nerariaitá — mirarse.
Nessayarnéh — gobernador.
Nescayalcoctá — pronto.
Nevagué, pl, que — sandía.
Nevanialtá — te has mirado.
NevanitLi — mirarse.
Nevarranak — cocer, cocinar.
Ni — partícula final de verbo,
algo tiene de reflexiva — mu-
chas veces acompaña el re-
fuerzo inicial con N — No es
imposible que algo deba al
modo respetuoso de hablar
Tomo ir
con in á que se refiere Do-
bri/.hoffer, en el Abipon.
Ni — partícula inicial que con
verbo en 2^ persona es caso
régimen de 1".
la
Niacca — sentir.
Niccoléh — pueblito.
Nichococtarnarqui.
Nichococtarnáke — confesión.
la
Nieet-
beber.
¿Nigavoscocti-
ta " \
Nigangaigué/
ta
Nigancaigué^
ta
Ni^-uéen — correr.
Niyaini — cavad (??)
-has nacido?
¿adonde ha-
béis ido?
Niictonaco
Niictonague
ta
Alegrarse.
Niih
Niih
ciudad,
pueblo.
Niik — gente.
Niissité — ellos han.
Nimisenarnáca.
Y- Niño — Castellano de clase.
Nischit — levantarse.
Nissité — ellos desean.
¿Nissiti — quieres? ellos de-
seaban.
ta
Nivaneltá — yo mo miro.
Nnaagaa — un dia.
Y-Nnacca — tirar cascote.
Y-Nnaca - tak — tirar cascote.
b. o
Y - Nnactagan.
o. ta
Eye - Nnagat — mi nombre.
— llamarse.
b
E - Nnalquiagayéh — lobo, pl,id.
ta o
E - Nnarnecták — reparar.
Y - Nnar - vek — tirar cascote.
16
Ele -Nnagat
— 194 —
Y - Nnaí, pl, ctí — mi uña.
E - Nnavék — isla chica.
Y - Nnecté — mi grano.
la ta
Li - Nneclé, pl, é — grano.
E - Nnerappegué — islas.
o
E - Nnerarnaqqui — tintero.
o
E - Nnerarncaté — pluma de es-
cribir. Ver Abipon negro.
o
E - Nnerarnagat— tinta.
E - Nnevé — niebla, cerrazón.
Y - Nnischiguím — levantarse.
Dee - Nnoc - ni — apearse.
Noccorigú Icaigó — los cris-
tianos.
ta
E - Nnogóte — niño, niña.
r. o
Ne - Nnoyaga — calor.
o
Le - Nnoviaraye — flor.
ta
Noectaó — concebido.
Noddoeó — traedme.
r
Noén — bueno.
ta
Noen, pl, noinni — bueno.
ta ta
Se noen — fiero, malo.
Noennaclarnah — trabajar.
r
Noennagá, pl, rdi — campo.
ta _^
Noennarctk, pl, é — el mon-
taraz.
ta ta
Nocnnarce, pl, é — la mon-
taraza.
ta _!.
Noennardi — campo.
ta
Noennó — es bueno, preciso.
Noyapéh — malo.
o. r
Noyarni ossomgáo — Rayo.
Noyennectappequem — Yo es-
toy llorando por aquel.
Noyyá — gloria.
Nomaccami — si estáis.
Nomacticá.
Nomacti accami — si no estáis.
o
Nomactichococtarn.
Nomactiilné.
Nommayemmé — después de
Nomalaapesé, moyené vacael,
canto de gallo de tiempo
futuro.
Nomála — (ahora?) mas tarde.
Nomolavit — ahora mas tarde.
Nomalappesék — después del
primer.
Nomalchadini
Nomalelunes — después del
lunes.
Nomaloctimsalvat — cuando
yo lo carnee.
Nomaloctiaccaschih — cuan-
do yo vaya.
Nomalocti — partícula de fu-
turo.
Nomaloctia — cuando (cre-
yere etc.)
ta ta
Nomalsadene.
ta
Nomanagata — mas tarde de
mañana.
Nomanagate.
Nomanagata — mas tarde.
Nomanaagaa — dias porvenir.
Nomancoppá yemmó — mas
tarde de.
ta
Nomancoppá— mas tarde de.
ta ta
Nomanectee.
Nomanoyene vacael — canto
de gallo, futuro.
ta
Nomascá — antes de.
Nomascanavilni — mas tarde
de mañana.
Nomavé.
1<)5
Nomnscliikmoquce — si yo
voy á comer.
Nomcccíi.
Nomeccó.
Nomeccua.
Nnindilix i¡.
Noinlectaal.
Nomocti — partícula de fu-
turo.
ia
Nomoctisaik — Ijabré comido.
N o m o c t i s a 1 o a t — h a 1j r ó
muerto.
te
Nomsquee — si yo como.
Nomotia — cuando, con liu-
biere y - do.
Nonaloctiscivana — cuando
yo vea.
Nonnallatck — que lo encon-
tró.
Nonnar lalek — que lo encon-
ti-ó.
Nonnocte — viento.
Nonnoctelectii — huracán.
Noocti — el tú hacerlo.
Noomgi'i — invierno.
Noqquiyivó - venid mas ade-
lante.
o. d
b. d
Quetra — Notareneda — Ellos
— VÁ hubiera habido.
Nornascá — antes de.
Nossaga — primavera, tiempo
del botón.
r
Aim - Novarneiseh — yo soy
castigado.
Novennenenalgá camata —
bajo de tierra, con cera.
r. o
Novirart — traer.
Novinilcó.
Novovovók — viaje.
Nquée — comer.
Nqucdanita|)qué — estás bus-
cando.
te
N(jueen — cosa alguna.
Nqueeyenimaráh — de al-
guien.
Nqueeyemmai'éh — de otro.
Nquennectai 1 ó
Nquennevék.
Nquenapek.
Nqucnnegue — cosa alguna.
Nquesanü.
te
Nquennapek.
Nquilequeclaguék — refusila.
¿Nquippictiaé — has sospe-
chado mal?
¿Nquiniappega — qué has di-
cho"?
Nschcoictevéh — cansarse.
Ñ
La Ñ es una letra compuesta
que consta de N con y. A esta
combinación se da el nombre
de niñeo. En verbos y nombres
es índice de primera persona,
en singular. Véase la letra N.
Nosiemprela N-\- i se vuelve
Ñ ; pero si existe alguna ley
á este rcspeclo aún no se ha
descubierto. Posible es que ella
se encuentre en la diferencia
que sin duda existe entren con-
sonante é i vocal.
Ñaactih lodigát gracias .
- te
Ñaactik — que le doy las gra-
cias,
te te
Naden -Sadén — es que yo en-
tiendo.
te
Acca-Ñadó — el sombrero.
Ña latek — vo hallo.
— 196
Ñania — gustar (??)
Ñannorschim.
Ñavanaó — esperar.
Ñocaicé — mi bozal.
Ñoocta 1 ó.
Ñooctiaguá.
¿Ñoccoriguí Icaih — lo ha l.)au-
tizado?
Ñoddoa — yo te traigo.
Ñoyen — llorar.
Ñoqquigó — yo me animo.
ia
Ñovataé — sentir.
Ñoviquet — hubiese llegado.
La O es letra curiosa en el
alfabeto Mocoví; en muchos ca-
sos representa una A tanto en
el propio idioma como en el
Abipon: exgr: las terminacio-
nes de futuro y de algunos de
los pronombres. Véase la fo-
nología de esta letra en el Arte.
Y- Oaiá — mi estómago.
Ñ - Ocactartigi — llenar.
Occacti — hurtar.
Occactió — hurtar en futuro.
ta ía
Occa-n-Oddiá-noyyú — la glo-
ria, el Paraíso.
ía
N - Occoiná -leqquet — línea de
pescar.
ta
N - Occolalaté - pl - ól — caña.
N-Occolalatelsát — cañaveral.
L - Occoliolcá — chicos.
Occóm — nosotros, en todos
los casos.
?■
Occomí — gente.
r ia
N - Occoppagá — hambre.
Occorargan^ bautizar.
Occorarnii — l)aut¡zar.
N - Occoriguí Icaih — ci'istiano.
¿Occorígui Icaigui-eslas bau-
tizado? verbo que va siempre
con Icaiffd cabezas.
L - Occorigó Icaigü — cristianos.
¿ Maloccoriguilcaíh — acaso
está bautizado?
la z.
Y-Ocháca,pl-ryé — gordo, gorda.
Deenn - Ocni — apearse.
Ocoyarl — ogué — aflojar.
r
Octeyagan — carpir.
Y-Ocíelecta, pl-ari — muslo.
N - Octi - a — temer.
ta
N- Octava, pl-a — compañero de
trabajo.
Y-Octelecta, pl-ari — mi muslo.
la
L-Octingui — finados ya enter-
rados.
Octoann - ó — andaré.
Y - Octaqué — mi pecho.
ta
üctoan — ayudar.
Ñ-Odá — traer.
3* Ln-odo.
o
Odardacca, pl á — pavo.
Oddie nippiogué — espanten
los perros.
ta ±
Odardacca, pl - á — pavo.
JL la
L-Oddigáte, pl - lecc- taále —
grande.
Odó — llevar.
la
Y-Oecté, pl-é — mi tela.
la
Oennactagan — trabajar.
r
Oennagan — leer, regar.
te
N - Otenn-anni — quedarse, sa-
liendo otro.
la L
N - Oennaga — campo.
197 —
Oennnrnictacó.
ta L
N- Oennardi — campo.
Nchc - Oicto-véh — cansarse.
ta
Oet- hacer.
te
Oote — empezar.
N - Ogactartigui — llenar.
Oganni, pl-ile — pato casero.
ta
L - Oguili — zai)allo.
te b
V, - Ogodaó, pl-yé — la pobre.
E - Ogodaeccolék — pobrecito.
ta h
E - Ogodaek, pl - ccá — el pobre.
Ogon — nadar. Véase guay-
CLirú: Ogodi— agua.
Y - Ogoncaté — mi fusil,
te '•■''
Di-Ogoné, pl-di — venado.
Enn - Ogóte, pl -ctolé — mucha-
cha.
Enn - Ogóte, pl-ctoléke — mucha-
cho.
Oguá — nos, caso régimen
de l^
Oicti — hacer.
ta
Y-Oiyappiagá — mis arrugas.
Véase Yappia.
r
Oicteu — mucho.
S-Oyarniravó — yo te haré lla-
mar.
!L2£;ía
Oyagan — llamar.
N - OyapL'h — malo.
L-Oyyaque — lindo, linda.
N-Oyyá — gloria.
N-Oyen — llorar.
o
Ñ-Oyennáh — mi llanto.
Oyarnió — llamar.
Y - Ola — mis tesliculos.
Y-Olammch — mi hígado.
Y-OTc — chico.
N -OTé — fuego. "N^éase Annoréh.
Ole — terminación de dimi-
nutivos.
Y-Olcgarnagat — mi lengua.
Oléh — mis testículos.
te
Om - Oma — después.
L-Ommá, pl-até — lugar.
ta
N-Ommá, i)l-alú — la cama.
Y-Ommá, pl-alé — mi cama,
te L
Ommacte — acabar.
r
Ommactácca — acabar.
ta
Ommát — acabar.
Di - 0\nal — después cjuc (??)
N - Omanoyené vacael — al can-
to del gallo de futuro.
Omdiccani.
Omennanamiyarctesapck.
Omoaló — te has levantado (??)
ta L ta
Onnacca, pl-onné — novio.
te L
Onnaga, pl-;'tl — novia.
Y-Onné — mis vergüenzas, su-
cio por mujeres.
M - Onnirsani — estar.
te
Onii — casarse.
te
N - Onni)cte, et -ócte — viento.
N - Onnoctelectá — huracán.
Y - Ooctá, pl-al — mi vena.
te
Oocti — monte, muchos ár-
boles.
te
N - Oomga — invierno, frió.
te
Oon — casarse.
Enn - Oot — tenerlo se-movicnte.
t.o
N - Opi)arlacté — silla, sillas.
t.o
N - Op[iarlá, })l-acte — banco.
N - OppeTé — ramada.
Oppil-dió — volver, saliendo
de tal parte.
198
Oppilck — volver.
0})i)ili - guit — volver á jun-
tarse.
Oppil-vó — volver de casa aje-
na á juntarse.
N - Oqqui - á — aliorrecer.
Oqquia ■ — traerme.
ta
Ñ - Oqquiúcca. pl-ré — mi pala-
dar.
N - Oqquiacca — jialadar.
Oqquiancatú — aljorrecer.
Oqqui-go-vel vó — animarse.
Oqquii — anda.
Oqquió — andar.
Oquité — anda á traer.
n
Ynn - ürn-ó — entrar.
Añ - Orqui — V. otro.
Añ - Orqui — basin, caquise.
Ossactii — responder.
N - Ossagá — primavera de flo-
res.
ta ta
Y - Ossáp, pl-ppi — mis asenta-
deras.
ta
L - Oschimmá — nubes
r
Y - Oscliimmaga — mi cuerpo.
o
Y - Oschimmaga — mi piel.
Ossoactar(iui — faja, véase —
Lassót — cuerj)o. Aquí el rqui.
es continente de cuetyo, ergo —
faja.
Ossogninni — desnudar.
N - Ossogninni — desnudarse.
Ossonagá.
L — Ova — casado, casada por
iglesia.
Y - Ova — mi marido, mi mu-
jer, por iglesia ó postizo.
o
Ova-nos — caso régimen de b''.
o
N - Ovactornaleélie, pl-assé-No-
vaclarnaKa
dragón.
la
Ovagaleguecté, pl-é — manea.
N - Ovarnarnarcte — rebenque.
N Ovarnarni — rayo, centella.
(1
Ovarnité — pégale ai caballo
en que vas.
r
Ovarníigan — castigar. Véase
Avagan.
Y - Ove — mis dientes.
Y - Ové lacti vel laacti — mis
encias. Véase adec — madre.
Ové — sal.
L - Ovect-a — sospechar mal.
o
N - Ovencatih — memoria.
Overo — overo, pelo.
la la
N - Ovóte, pl-cté — diablo, de-
monio.
Ln - Ovi — llegar.
Ann-Oviak. pl-annovó — ropa.
b
Ayy-Ovi;di — mis vergüenzas,
sucio por hombres, limpio
por mujeres.
Ovib, pl-ovioccó — teja.
Ovilcó — que tu creas, tu
creerás.
Ovilék — creer.
N - Ovirii.
Ay - Ovó — mi ropa.
r. 00
Ovogogon — planchar.
0 0 o
N - Ovogongacté — plancha.
o
N - Ovogongacté — mordaza.
o
N - Ovovovok — viaje.
La P debe parecerse mucho
a la nuesti-a por cuanto la voz
jncaxo, pelo de caballo así, se
199
escribe tal y como se dice en
castellano. La P con la C se
confundían en el Cuzco del
tiempo de San Tliomas. 1550,
A. D.; acaso esta circunstan-
cia exqlique porque las voces
que empiezan por p tampoco
llevan prefijo posesivo de 2*
persona. Otra explicación se-
ria el valor posesivo de 2" que
esta letra encierra en las len-
guas Mojo-Baaues y Guaraní-
Ghirignanas.
ia la
Paaktek-ynosek — último.
Paaschigom — sobrecincha.
ia
Paavó — abajo ó de abajo.
Yñ-coi'Pdcca, pl-pá — mi ceja —
vide coi.
Ne - Ppacata — trenza.
o
Pacovayeh — desvergonzado.
Ne - Ppacaték, pl-ca — trenza.
N - Ppacaték — techo.
6
Pactarnni
la
Pactarrini
apretar.
- apretar.
Pactiornaca — el que cura zo-
bando.
o.r
Pactiornaga — la que cura así.
ía
Pagannata, pl-a — carona.
Paganactolé — caronita.
Pagansigóm — sobrepuesto.
la
N ■ Paguennava, pl-a — mi ene-
migo.
Payagá — sofocamiento, bo-
chorno.
ta _
Payé, pl-ele — viuda.
la ta
Pavéke, pl-Pallaca — viudo.
' ^ la
Y - Palacaté, pl-te — mi dedo.
L - Palacaté — dedal.
E - Ppe, pl-id — noche.
E - Ppect-aé — maliciar.
Ne - Ppela, pl-até — zapato.
E - Ppelavel — media noche.
E - Ppel é-pl-Eppele le — ciervo.
Y - Pi — partícula ñnal que de-
nota cantidad.
Y - Ppia, pl-até — mi pié.
la
Y - Ppiarnactá, pl-a — mi dedo
(de pié)
Picazo, p]-ol — picazo.
la r la
Y - Ppigom -Yppiguim — cielo.
Y - Ppigomleéh pl-lasse — an-
gelen— ccelicolffi.
o.b.
Piyarleh-ver-scavaira.
Y - Pinnéh, pl-aca — mi hueso.
ta
Piñaé, pl-é — langosta.
la.n.
Y - Ppioco lappagat, pl-cate —
pulga.
la o
Piogonaca, pl-a — brujo.
ta o r
Piogonaga, pl-al — bruja.
la
Ne - Ppó, pl-ótó — poncho.
r
Y - Ppo valocco — mi sábana.
Poan — trabajar.
Poanni — dejar caballo.
Aimi-Poccó — mi carbón.
Cadami-Poccó — tu carbón.
0.0
Poconcactayae/.-, pl-lca — ver-
gonzoso.
0.0
Poconcactayé, pl-id — vergon-
zosa .
o o
Pocovaye/,-, pl-alca — desver-
gonzado.
Pocovayé, pl-Pocoguayé — des-
vergonzada.
E - Ppocía-a — tocar.
Poct, ro, pl-ról — infiel.
— 200
Ne - Ppollodó— liábito, pollera.
ta
Ponnocte — viento.
Na - Ppoqui-ña — taparse.
o o
E - Pporagan — ir al campo á
correr aves.
o.r.
Y - Pporlagan — tropezar.
Q
La Q no [¡asa de ser nn re-
curso del alfabeto castellano,
por lo tanto carece de todo va-
lor en el mocoví. Lo propio
seria escribir el mocoví con K
en lugar de C y Q; mas como
Tavolini empleó este signo,
fuerza fué seguir usándolo, so
pena de aumentar confusiones
y de falsear el texto del Padre:
Dobrizhoffer (jscribe con K pa-
labras que en Tavolini están
con C ; y en los ejemplos que
dá es una k, y no q, que precede
á la e y á la i.
Q — partícula inicial, prep.
E - Oque — ir.
E - Qqueectii — andar.
E - Qquelók — atropellar.
o.b.
Ne - Qquelgare,pl -neqquegarayé
— moza.
o.b.
Ne Qquetgaré, pl-Ncqquegai-aye
— moza .
Quecca — de alguna.
¿Queccague — quién?
Queccan ■ — en los.
o
Queccancalaah — en las p;u'-
tes vergonzosas.
¿Quecca(|ue — quién?
Quectar — hubiera habido.
Quedar ó Quectaschisquee —
si yo hubiera comido.
Quectar — terminación — i'a.
Cuando, con subjuntivo. - Que
yo haya; si.
Quectaschideaschih — si yo
habla ido ya.
Quectardeaschik — si yo habia
ido.
ta
Quectarsquee— si yo comiese,
si yo hubiese comido.
Quectar — cuando con sub-
juntivo.
Quectatirad (i) — si no.
Queclarcaammectanni — ha-
biendo de estar.
Quectar — que yo haya, si.
Quectatrioctoamii — si no me
liubieses ayudado.
ia
N - Quecté, pl-é — patilla.
"' ta
N - Quecté, pl-té —patilla.
Queda-al niih -- pueblo.
Quedda — de (??)
Quedda — que estoy. (?)
Quee — comer.
ta
Queéctalotia — cuando yo —
con-j-e-fut-subj.
Queectomar — liabiendo de.
Queectomr — si yo hubiera.
Queectoctia — cuando yo hu-
biere.
Queeccuaagaya? — ¿Quiénes,
cuáles?
Queenna — por acá.
Queennassó — mas para acá
ó adelante.
bf
Queetla, Queltra — cuando,
con ere y ría.
ta ta
Y-Quel(>, pl., á — nii oreja.
Y - Quelá lavák — oido.
— 201 —
ta ta
Quelaé, pl., ó — muía, acaso
la orejuda.
^'l-Quelagíít, pl., cató — mi ma-
no.
L - Quelagalsaca — manco.
Quelectapevelí — cslá relam-
pagueando.
Quen everaguí —
Quen cave —
QuonnaToa —
Quenna — en la, aquí, en.
QuennactoinniTó —
Quenna airn — esto es para mí
ta
Quennánaá — en este lugar.
Quennagué — sobre todas.
¿Quenaguc — quién?
Quencavc —
Quennavactictaqué — lo (jue
sentías?
Quenneddoccoschí — entre los
cristianos.
la
Quennchaqueiviñó —
ta
Quennegaya? — quién?
Quennegaya? — qué tenéis ?
Quennegue navatió — qué sen-
tís?
Quennegue — qué (sentís)?
¿Quenneguequiiviti — qué te
duele?
¿Quennequé — qué cosa?
¿Quenneque — qué?
¿Quennequé dissi¿i — qué que-
réis ?
Quenniddí —
ta
Queniñaga —
Quennoangué — todos (??)
Trnno IV
Quennonqque — sobre todas
cosas.
Quennoot — lo tiene?
Quenoctia caamectanni — lia-
ber estado ó liaber de es-
tar.
la
Quenotiadedá — ellos habían.
r r
Quenotiadeeqque — él ha.
la
Quen(]uinnina —
Queonam yalé — de este hom-
bre ausente, femenino. Ver
cacea, etc.
Q ueqq ueegay ;í ? — cuá 1 ?
¿Quequegué — })ara quién ?
¿Quequequela — acaso el que?
Quera, pl., al —
ta
Queraaguini — por, de por
abajo.
Queraaguim — por abajo.
Quer aaquini — de por abajo.
Queraniali — has mirado.
i_
Querannüh — en el pueblo.
r
Quessaganrék, pl., ca — ca-
ma tá.
Quel — si, conjunción
Quet — si, terminación, ria.
Quet — habia, si.
d.b
Quetra — si el v ellos.
d.b
Quetro — si yo, ó tú ó noso-
tros ó vosotros.
Na-Qqui, pl., ilí.
Qquiaryé — lanza. Véase Nec-
o
taq(¡uiaryé.
ta ia
Na-Qquictectá, pl., á — Ganso.
Y-Qquin — saludar.
0-Qquisium — tu .sabes.
16
— 202 —
Qui _ terminación que dice
vaso ó cosa continente.
la ta
N-Quii, pl., il — almas.
L-Quiicté — cola, colas.
Quidyoa —
Ouiíldi —
Quiddipiguim —
QuiíiuaTó, pl., ó — culebra.
Quilfícm, pl.. á — ciego.
Quilagá, pl., al — ciega.
b_
Quilega — relampaguear.
N - Quileguectaguék — refusila.
Quilequectepegueu — mucho.
Quiligu(;k — relampagueó.
Quüik, pl., ccó — loro.
Ouiyó — lavarme.
Quivog-ón — lavar.
Quiyórnagat — jaljon.
Quimmisa — á misa.
Quiuiaguout — emliriagarse.
N-Quiniiq([ue —
Quinnicquicti — la embria-
guez.
Quinninomyalé— de este hom-
bre presente, femenino. Yer
canni.
Ouinni\issactití — embriagar-
se.
Quiñi — que, conjunción.
O
OuindeToyagué — mas allá de.
N-Quinniguc — mas (??).
Quiodaéke— do tu iM-ojimo.
N-Quippp, pl-, él — hacha.
Quischigué — mucho.
Quischigué neoppá — hace
muclio.
Y-Ran-á — mirar.
flfjni — partícula ti nal de
verbo.
Rappegardó — junto con (??).
Rek — partícula final de ver-
bo de movimiento.
Rd (inicial) — articulación de
primera y segunda perso-
na en plural para nombres.
r ta
Rdappigóm - uím — Norte.
Rdassoarssicti —
Rió - to— caso régimen de ter-
cera.
Ryaá-Zo — caso régimen de
tercera.
Rosa — rosa.
j^^ qui — partícula final que
.dice vaso continente ó cosa
que encierra. Véase qui ó
aqui. Abipon r ki.
Letra muy importan le del al-
fabeto Mocoví, por cuanto re-
presenta la H = J del dialecto
Abipon. Es probable que esta
S mas se parezca á la S grue-
sa inglesa en sliall, ó sea la x
ca talaría y gallega. Esto no obs-
tante está la voz sargento, que,
— 203
mas ó menos, nos dá á conn-
cei" uno de los valores fonéti-
cos de esta letra.
S — articLilarion inicial ó suli-
inicial de verbo : siempre se
refiere al sujeto de la oración,
y si ocurre con un tema de
seii'unda persona expresa
transición de primera á se-
gunda persona — Yo te.
S — partícula inicial que segui-
da de las letras e ó c, da va-
lor negativo á la dicción en
que ocurr'.
r
Soavoqué — hemos.
Sacte — terminación que dice
lugar donde se cría.
Saca — terminación que se
11 ta
encuentra en Ynnisacca —
o o
zorrino; Avaguesacca — viz-
cacha.
te
Sagat — manifestar.
Saliaó — esperar.
Aim-Sannancni — si yo me cai-
go.
Sannata — lo encontré.
Sappariñó — yo te enseñaré.
Sarjento — sargento (grado
militar.
Sassilaá — tocar.
Sassoalék — ofender, pesar.
Sat — terminación que cor-
responde al romance al. \.
Occolalalelsát.
í-e-Satca, pL, acté — ijar.
Savana — ver.
ta
Savé- ñaactih — gracias.
Savcijuét — Yo lialiín hnhiiln
Savotah devéqueccá — yo te
debo.
Sea — partícula negativa.
Scaec — No (lo hay), contes-
tando ]iregunta.
Scaeccá — ninguno,
¿Scaevanictá — no ves?
Sea lacea lo\'á — soltero.
o
Scalaccé laschiíavá — soltero
mas claro (que no tuMie
ella, porque Scalacca lleva
la a de femenino).
'"-
Scalacca lová — no casado ni
amancebado.
Scalecca lová — soltera.
o
Scalecca laschilavé — soltera
mas claro (que no tiene él
A(iui esta la e de mascu-
lino).
ta
Scancoppá — no hace mucho
tiempo. Y. la M.
o.b
Scavaira piyarleh — permíta-
me, con su licencia.
Scavitleyá — Anteayer (lega)
otro.
Sea vi t — ayer.
Schiguim — partícula final de
verb" (de movimiento hacia
arrilia.
Schih, pl. gó — mi cara.
Scoectanni —
o
lácti -Ssenarnarte — cruz.
Seh — terminación verbal —
Aim novarneiseh, — yo soy
castigado.
204 —
Sena I ostú — desparejo. Véase
alostá.
ta í(i
Seiioen, ¡>1., nní — malo, fiero
no bueno.
Sesaden — no sé.
ta i
Sesammaré — yo no quiero.
Sictariy — yo te hablar.
Ca-Ssigui — tu cara.
Sichococtarnarni — yo te con-
fieso.
Sidaigó, pl., odi, ri,. Yel si-
b
daidi-i — luna, mes.
Silácca — dormir.
Silactarrnravó — yo te haré
11a'-
Alm - Silari — yo te mando, en-
vío.
SinnaLran — pregunto.
ta
Sinnit, pl., cti — peludo.
Sinnornéh — salir.
Siranaá — mii'ar.
Sischoeten — yo pago.
Sissit — poder.
Si vana — ver.
Sleyocco — mucho.
Slessoctiéquedappigom — muv
lejos.
Sochaqquii — sin duda por
ta
toctiaqquii.
Soelegué — comenzar.
Soet — empezar.
Soyarniravo — mandaré lla-
marte.
Solecúcti — mucho.
Ne - Ssó — verruga .
La-Ssüt — caja del cuerpo. Ver
L-Assót, Y-ssot, mi caja,
etc.
Sovagan — castigar.
r
Sovarnagan — castigar.
Spactarnió — que apriete yo.
Speeclíi — esperanza.
Spoannogat — yo te dejo.
ta
Squee — comer.
Squeppeleyáuh — antean teno-
che; lit, mucho antes de
anoche.
Squeppeleyá — anteanoche.
Squeppé — anoche. Lit — no
noche.
Ne-Ssalgá — 1
o
Ne-Ssoyarnéh
nador.
lumo.
— cacique, gober-
E-Ssavagaéh — león.
La T es una letra que aun
necesita de estudio. Uno de sus
valores se determina con la voz
Teniente; pero está el otro va-
lor que se confunde con la D,
como en Dostao ]ior Tostado,
pelo de caballo. VA caslellano
no exige una c eufónica ante
la t, pero en mocoví se advier-
te esta necesidad cada y cuan-
do la t recibe aumento silábico.
Casi es de creer que en mocoví
205 —
haya una letra et, que ni seo
t ni c, sino un sonido enti-c
ambas. Otro tanto sucede con
la g y la /•, (¡ue se confunden.
En guaraní, la T es mudanza
de R en ciertas combinaciones.
Le-Taa — padre (aquí se vé el
•valor femenino del prefijo
a, y masculino del preíi-
.¡o e).
o Tanta — pan — voz quichua.
Tapec — partícula final de ver-
1)0; corresponde al romance
en ando, endo.
Tari — Ver Tapé ó Tapek -
Apek.
¿Taryen — por qué?
Tarro — pozo.
Tassi — curiosidad del M. S.;
en frente de yo miraba está
la voz tassi sin mas expli-
cación . Esta palabra es
nombre de una fruta.
Vulgarmente se llama al
sieso ó vulva tassi. Es mas
pulcro llamar á esta fruta
daca.
Tcadeccá -
gruesos.
nosotros somos
Tcadeccai — tú eres grueso.
Tcadicca — yo soy grueso.
Tcaleecca-
ta
Tcatecccá-
-el, etc.
-grueso, gruesa.
Té — partícula final de vei'bo.
Parece ser de actualidad.
La-Tcé — madre.
e Teniente — teniente (grado mi-
litar.
Tescó — tío.
Toctar — nó (mandando).
Toctarnoennactarnió — ^no tra-
bajareis.
ta
¿Toctardippictiao — no desea-
bas.
Toctarno^'ilió — no creas.
Toctarnamanni — no mientas.
b
Toctarnactennactió - lactisse-
la
narnácte ^ no jurarás.
Toctarnalvactarnió — no ma-
tarás.
o
Toctarncavatió — no fornica-
rás.
o
Toctarnocactió — no hurtarás.
Toctar dippictialó — no codi-
ciarás.
Toctardippictió — no desearás
( la mujer de otro hom-
bre.)
lová, leyá yalé.
Toctarnanorictas - chimmó —
no levantarás falso testimo-
nio.
Toctarnagayarniva — no me
obedece.
ia
¿Toctiaqquii — no comes?
Toctraeccá — no la, nada.
Toctraeccá nquinnigué dam-
maquiarni — Ya estás des-
pachado ó da. Ver Lo(j({ui-
vó.
Tom — partícula de pasado
liahía. Abipon, kan,
Tom — partícula de pasado,
hube.
206
Tomnr — Imbei- de íiilui-o.
la
Tómale — lueg-,o, ahoiM. en se-
guida.
ta
Tómalo — ahora, dcsinies de
poco tiempo.
s
Tomaloctrae — otra vez.
Tomquedá — liabiondo.
Tonquciraré — habiendo.
Tomascalennevek —
ta
Tomsquee-^yo iba á comer.
te ta
Tosaden —
Tostado- Dost.iol — tostado,
pelo de caballo.
TiiLina — ti. na.
Un — terminación de super-
lativo.
Um — partícula final do ver-
bo— de movimiento hacia
arriba.
Uomave — si tenéis.
Yaca - S - U. augué — yo me
quedo.
Ne - Va (r) — coser.
Vacalipi — hacienda, ganado.
[r r o
E - Vagayacca — agua.
E - Vagayacca lodigat — mai-;
los abismos del agua.
Ne - Vag^é, pl, que — sandia.
Y - "\'ál, pl, Yva 1 i — mi nieto.
Y -Val, 1)1, ivli ■ "
Y - Valarv
ta
Ni - ^'alga
mi niela,
é — jugar,
cebo, tMa.
\"a I occo — Heiii'illo.
r o
Vix 1 uceo - lco\arnagat — pa-
besa de la vela.
La-^'ak — oido. "S'cr Lavák.
Y - Van -á— Ver.
Ne- ^'ane • Itá — mirarse.
Ne - Várale"/.-, p!, got — flama-
juana.
Ne - Vararnácle — hilo.
Ne - ^^arancaté — ovillo.
Ne - Varé — caja, baúl.
Ne - Vascharqui — pava, cal-
dera.
V — parece radical de ([u ■-
darse.
" ta
Ye - Vé — mis cabellos.
Yaca - s ■ a - Vé — qued;.rse.
siguiendo otro.
Vék — partícula final de verbo
— indi c a m o \- i m i e n t o —
ennorni'ék — tú sales.
Ye - Vel. pl, yevi 1 i—mi vientre.
Ye - Yi'l — mi voz.
VeTek — creer.
Ye - Ve 1 ese — mis tripas.
r
E - Yelgácca, pl, evelgá — ra-
bioso.
o o. r
E - Vélgaga, pl, evelgagal —
rabiosa.
Ventana — ventana.
dole¡'.
la
^'ct
Aschi - Vmni — me levar to.
207
Vinagre — vinagre.
Virgen — virgen.
Vó — partícula final de verljo
indica movimiento: —
cnnormru
tu entras.
Ne - Vü — sangre.
ia
Y - Vó — mi casa, rancho, ^'cr
Ymmcli.
No - Volck — puchero.
Ne - Voma, ph ule — cántaro.
I
CONTRIBUTION
A LA
L
Dr. ti. ten Kate
Conservateur de la section anthropologique du Musée de La Plata.
( AVEC I o FIGURES EN 2 PLANCHES)
Tofno ]y, ^ 17
CONTRIBUTION
CRANIOLOGIE DES ARAÜGANS ARGEITINS
Dr. H. ten Ivate
Conservatcur de la section aDthvopologique du Jlusée de La Plata.
Le Musée de La Plata posséde. en deliors de ses grandes
series de cránes et de squelettes d'indigénes américains de pro-
venance diverse, une importante serie d'environ trois cents
cránes d'Indiens Araucans. Ayant commencé il y a quelque
temps Fétude d'une partie de cette serie, unique dans son genre,
je veux communiquer des á présent quelques uns des résultats
auxquels je suis arrivé. Je tiens á taire observer que le présent
travail n'est qu"un extrait en quelque sorte des registres cranio-
métriques et descriptils détaillés déposés au Musée. Vu le peu
de temps a ma disposition pour la rédaction de ce travail, je
suis obligé de nren teñir la, mais si briéve que soit la présente
communication, elle obtient une véritable valeur par la serie
considerable qui en est Tobjet. En effet, les auteurs qui so
sont occupés jusqu'ici de cránes araucans, n'ont eu á leur
disposition qu'un nombre relativement restreint: mon travail
complete done á la fois les données de mes prédecesseurs, tout
en fournissant des renseignements nouveaux.
— 212 —
Pour óviter des malentendus, il est absolument nécessaire
de faire ul>server ici que les crünes dont je m'occupe appar-
tiennent a des Indiens qui liabiLaient la Pampa ari;entine, pen-
dant ce siecle, et qu'il faut désigner, suivanl M. Francisco P. Mo-
reno, sous le nom d'Araucans plulót que de tout autre nom.
Ces Araucans sont les plus proclies parents, á tous les
points de vue, des Araucans du Gliili, et doivent étre distingues,
selon le Dr. Moreno, des Puelches, des Gennákens, et des Pa-
tagons ou Tehueiches. II existe malheureusement une confusión
extreme en ce qui concerne les noms ethniques des Indiens de
TAmérique du Sud australe et presque tous les auteurs qui se
sont occupés de la question, n'ont fait que contribuer a cet
ñ)ibrogli'o.
Je n"ai nullement la prétention d'entrer dans une critique;
qu"il sufHse de diré que les 119 cranes que sont Tobjet de
cette étude proviennent des régions pampéennes du Sud et du
Sud-est de la République argentine. C'est la Province de Buenos
Aires qui en a fourni la plus grande partie, des endroits nom-
més Azul, Olavarria, Guaminí, Puan, Tapalquen, Monte- Her-
moso, Bahía-Blanca, des tribus de Gatriel, de Linares, etc. Ces
cranes furent exhumes principalement par le Dr. Moreno et
les omployés du Musée Merlin et Canessa. Une autre partie a
élé rapportée de Salinas Grandes á General Acha (Traru-Lau-
quen) dans la Gobernación de la Pampa. Ces cranes ont été
gracieusement olTerts au Musée par M. le Dr. Estanislao S.
Zeballos. Un petit nombre enfin (les números d'ordre 101-105
et 119) proviennent de tombeaux modernes du Rio Negro et furent
exhumes par M. Moreno. lis doivent étre rapportés néanmoins,
selon lui, aux Araucans.
Les números d'ordre 3, 20, 30 et 53 ont apparlenu aux chefs
indiens Mariano Rosas, Manuel Guerra, Gherenal ' (fig. 5-6) et
Chipitruz.
Les auteurs qui se sont occui>és antérieurement de la cra-
niologie des Araucans, soit de la République Argentine soit du
Chili, et dont quelques uns, comme je Tai dit plus haut, n'ont
pas fait la distinction entre les Araucans et les Puelches, sont
les suivants: Morlón % Blanchard et Dumoutier ', Retzius *,
' Cf. Dr. Zeballos, País de los Araucanos, cliap. Urre Lauquen.
' Crania americana, p. 242-43, pl. 66, 67 et 68.
' Voyage au Pole Sud et dans l'Océanie de Duniont d'UrviUe. Anthropolo-
gie et Atlas, p. 56, pl. "27.
■* Ethnolog-. Schrií'ten, p. 131, pl. vi, fig. 7.
— 213 —
Barnnrd Dovis \ "\'¡rclio\v =, Riccardi ", de Quatrefages et Ha-
my \ José Toribio Medina '', et de Méi-ejkowsky «. J'ajoule
encoré M. Manouvrier ', qui a éludié des Araucans chiliens
vivanls, venus ii Pai-is. Comme les données bibliographiques que
J'avais i'i ma disposition sont assez restreinles, j'omels peut-étre
involiintairement d'autres auteurs donl les travaux ont du me
rester inconnus.
I.es cn'ines du Musée de La Plata ont été étudiés d'aprés
la niélhode de Broca ', sauf que pour la nomenclature de Tin-
dice céphalique j'ai emprunté aussi á la classificalion de MM.
Deniker et Laloy °. Pour les Índices verticaux et facial supé-
rieur, j'ai substitué la nomenclature cróée par M. Topinard '°,
á celle de Broca. Quant á la mesure du diamétre transversal
de rm-bile, je dois iViire oljsorver (|ue j'ai suivi M. Flower "
au lieu de prendre le dacnjon comnje \\u\ des points de re-
pére.
Je donnerai d"abord un exposé des cas individuéis pour
montrer la réparlition des diamétres principaux et de quelques
índices. Ensuite je ferai ressoi-tir la répartition de chaqué ín-
dice dans la serie totale, pour les hommes, les femmes et les
cranes de sexe incertain, par la métliode de groupement. Enfin,
je donnerai un exposé sommaire des prin</ii)aux caracteres des-
criplii's.
Tliosíiurus craniorum, p. 250-52. Siipplemont au Thes. eran., p. 60-6!.
Zoitsclir. f. Kthnologie 1874, Verhandl, p. 59 et 259. Crania ethnica ameri-
cana. Taf. II et III. Bei-Iin 1882.
Atti della R. Accatlemia de Lincei, serie iir, vol. iv, 1879.
Crania ethnica, p. 467-69, pl. i,::x, fig. 1 et 2.
Los Aborigénes de Chile. Santiago 1882. Cap. vi, p. 107-10, fig. 215-3').
Bull. Soc. d'Anthropologie de Paris, 1882, p. 176 et suiv.
Bull. Soc. d'Anthr., Paris, 1883, p. 73U.
Instructions craniologiques et craniométriqíies.
L'Anthropologie, t. I, 1890, p. 264. Note.
Eléments d'Anthropologie genérale, p. 685 et 918. L'indice cpie je donne
ici, n'est cependant pas l'indice facial total, mais supérieur.
Osteological Catalogue, Part. I, Man., p. xviii.
— 214 —
Caracteres craniométriques
H o M Kd E S
MESURES ABSOJ.UES
I i"
■s-s
índices
3
4
5
G
7
8
O
10
11
12
13
14
15
IB
17
IS
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20
21
22
23
24
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26
27
2R
29
30
31
32
33
34
35
311
37
3R
39
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41
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92
93
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101
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99
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94
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92
104
92
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101
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113
97
95
96
94
96
K E M: M[ E S
67.8
65.2
62.8
69.8
68.7
66.8
65.3C?)
69.1
67.3
63.7
60.9
72.7
65.7
72.3
64.6
66.6
66.6
70.5
67.1
66.4
69.6
72.6
78.6
67.1
73.3
67.8
64.7
68.2
71.2
66.4
69.9
66.1
70.4
66.6
68.2
72.2
G6.0
70.4
69.7
67.3
68.0
63.9
67.6
43.4
44.9
44.4
43.8
44.6
45.6
46.7
45.6
.53.6
49.0
49.1
46.5
46.4
44.4
60.0
45.6
49.0
37.9
44.4
44.6
46.0
47.3
46.6
48.2
64.0
51.0
50.0 (?)
46.3
46.0
46.5
47.3
61.9
45.6
49.0
49.1
41.8
50.0
68.7
42.8
42.4
46.4
42.8
48.0
50.0
48.2
47.4
46.1
48.0
50.0
48.2
51.0
47.1
94.6
86.4
90.2
95.0
84.8
88.4
88.1
87.8
86.0
81.0
81.4
97.6
90.4
88.0
83.7
90.2
85.3
102.3
92.7
86.7
84.0
88.4
94.7
75 0
92.7
91.9
78.0
89.7
90.2
85.4
90.2
102.5
90.2
85.7
88.0
90.0
85.7
92.6
97.4
85.4
97.6
92.3
81.0
89.5
97.6
94.7
84.6
86.7
86.5
97.0
87.S
88.9
95.0
89.7
92.1
89.7
90.0
93.0
89.7
— 215 —
F~ E M M E S — ( Contíimacian)
INCERTAINS
84.6
92.3
94.4
85.0
89.7
90.0
— 216 —
Les chiffres de ees registres f'ont ressortir que notre serie
d'Araucans est composée d'éléments fort disparates, ce qui est
pleinement confirmé par l'examen ü l'cjeil de ees piéces. Du
reste, le? figures ci-jointes donnent une idee des principaux
types dií'férents qu'on trouve dans la serie.
l'indice céphalique
des 119 cránes donne lieu au groupement suivant :
Hoinmcs ycnunes Inccrlains Total
HypenlolR'hocépliales O — 1 — 0 1
Dolichocéphales 2 — 1 — O 11
Sous-dolichocéphales 5 — 1 — 1 1
Mesaticéphales 6 — 3 — 3 | 12
Sousbraohycéphalcs II — lü — '^ '1
Brachvéphales 7 — 9 — ^ ' Qfi
Hyperbracliycéphales- 15 — 27 ' '
Ultra-bracliycéphales 7 — 8
)
On voit que quoique la brachycéphalie predomine incontes-
tablement parmi les Araucans (80,(3 pour cent), il y a cepen-
dant 9,9 p. c. de mesaticéphales et 9,2 p. c. de dolichocépha-
les, ce qui est remarquable dans une population qu"on a con-
siderée généraleinent jusqu"ici comme brachycéphale.
Mérejkowsky ' cependíuit dácrit un cráne araucan excessi-
vement dolichocéphale, ayant un Índice de 67.5.
Ce type dolicho et mésaticéphale de notre serie (les núme-
ros d"ordre 26-29, 54-57 etll4; voy. fig. 7-8), se rapproche par
l'ensemble de ses caracteres, assez des types de Lagoa Santa,
de Pontimelo, des Indiens de la péninsule californienne, des
Botocudos, des Fuégiens, etc., décrits par M. Soren Hansen ^ Ten
Kale ', le Dr. Philippe Rey *, M. Deniker ' et d'autres, et type
parmi lequel on devra tres probablement ranger aussi FAraucan
de Mére)ko\\sky.
L'explication de Texistence de ce type absolument différent
de la grande masse des Araucans est assez difficiie. A titre
d'essai cependant, je citerai d'Orbigny " qui dit avoir vu des
Fuégiens sur le Rio Negro, amenes du sud par les Patagons.
Comme les Araucans íVéquentaient souvent ce fleuve, il serait
possiblc que ees Fuégiens aient passé d'une tribu á Tautre et
1 Op. cit., p. 176.
- E Museo Luntlii. Lagoa Santa Racen, etc. Copenhague, 1888.
= BuU. Soc. d'Anthr., 1884, p. 551 et suiv.
* Etude anthropologique sur les Botocudos.
^ Mission scientifique du Cap. Horn; tome vii, Anthropologie, Ethnographie,
París, 1891.
" L'Homme américain, t. 1, Introducción, p. xiv; t. ii, p. 410.
— 217 —
ont laissé si non leur song pnrmi les Araucans, au moins
leurs ossements dans la terre araucanienne. M. Moreno de son
cote, me disait que quelques Fuégiens visitaient naguére detemps
á tcmps les rives du Rio Negro avec les Tehuelches. Peut-étre aussi
doit on les considérer comme des survivants, par atavisme, de
Fancienne race dolicliocéphalc des Paraderos dvi Rio Negro, pre-
miérement décrite pai- M. Moreno ', ou de celle de Pontimelo.
Quant aux brachycóphales de noti-e registre, il í'aut faire
des distinetions. II y a des cranes excessivement deformes,
ofírant un aplatissement pariéto-occipital oblique median, a la
ibis larges et tres hauts ( ultra-brachy-et hypsicéphales), rap-
pellant en quelque sorte la déformation pathologique dite aero»
céphale, avec cette différence cependant qu'il n'y a pas de
synostose prématurée des sutures corónale et sagittale. Les
figures 1-4, en donnent des exemples ?.
Ce sont les números d'ordre 1-25, 58-64 et 33 du registre
(|u'il faut ranger dans celte catégorie. Quoiqu'on trouve des
mésaticépliales parmi ce type, dus á la saillie de Técaille occi-
pitale, qui a causé une augmentation du diamétre antéro-pos-
térieur, la forme cranienne genérale n'en esl pas sensiblement
altérée.
Un second groupe de bracby et de mésaticéphales tendant
á la bracliycepbaiie. est composé des números 30-52 et 110-118.
(voy. tig. 5-(3) Je suis incliné á croire que ce type U^ est le type
brachycéphale précédent, mais non deformé. II se raproche d'un
crane anclen rapporté du Rio Negro par M. Moreno (le n" 170
du catalogue manuscrit du Musée) et que ce savant croit étre le
type araucan primitif sans déformation ethnique de la tete.
Les autres brachycéphales se trouvent presque exclusivement
parmi les femmes. Ces cranes son souvent plus ou moins de-
formes par aplatissement vertical de Tocciput en arriére, et
présentent le type décrit et figuré par Riccardi '■' et les auteui's
de Crania ethnica *.
Les cranes féminins de notre séi'ie présentent d"ailleurs de
grandes différences entre eux, non seulement dans leur morpho-
logie céphalique. mais encoré dans leurs caracteres faciaux.
Les fig. 3-4 el 9-10, en donnent des exemples. Je me reserve
' Revue d'Anthropologie de Broca, 1874, p. 72.
2 Cf. Medina, op. cit. fig. 222 et Topinard, Eléments, p. 735, fig. 102. Mr.
Topinard y figure un acrocéphale rappellant le type araucan deformé que nous
déerivons.
■' Op. cit., tav. II, fig. 7 et 8.
* Pag. 468.
— 218 —
d'entrcr dans plus de détails ti ce sujet, aprés Tétude de
60 nutres crúnes fáminins d'Araucans que posséde le Musée
de La Plata.
índice vertical OU de IIAUTEIIR-LONGUEUR
Si nous examinons ü préseiit l'indice vertical, nous obte-
nous le groupement qui suit :
líoínmcs Femmes Liccrlains Total
Coiirts 46 51 4 101 = 85,5 p. 100
Moyens 5 7 1 13 = 11,0 »
AUongés 2 2 — 4 ^ 3,3 »
53 GO 5 118
II en resulte que dans la grande majorilé des cas les crancs
son hauts, souvent méritant Tépitliéte de hypsicéphale, ce qui
confirme du reste les resultáis de M. Riccardi et d'autres.
índice transverso-vertical cu de iiauteur-largeur
Cet Índice donne lieu au groupement que voici.
Hmnmes Fcmmcs Inceríains Total
Courts 11 8 1 20 = 17,3 p. 100
Moyens 30 28 3 61 = 53,4 ..
AUong-és 9 24 1 34 = 29,1 »
~50 60 ~5 115
La forme moyenne predomine, on le voit, un peu plus de
la moilié. D'autres cranes, de type brachycépliale, ont, malgré
leur grande largeur, un diamétre vertical encoré plus elevé,
qui leur donne un Índice au-dessus de 100. Ce chitTre qu"on
pourrait confondre au premier abord avec celui d"un Índice
hypsi-sténocé[)liale, n'indiqne natui'ellement pas ce caractére
sur ees (ránes á forme arrondie. La véritable hypsi-sténocé-
plialie se rencontre cependant sur des cranes d'un autre type,
celui que j'approclie du type de Lagoa Santa et de ses congé-
neres ( num. d'ordre 28 et 55, par exemple).
índice facial supérieur
Les formes de la face se répartissent de la maniere sui-
vante :
Hmnmcs Ftiiwws Inccrtaíns Total
Brachyfaciaux 12 20 3 35 = 36,8 p. 100
Mésatifaciaux 17 11 1 29 = 30,5 >.
Dolichoíaciaux 14 16 1 31=32,6 »
Ü "¡7 5 95
¿lU
índice nasal
Cet Índice se décompose comme suit :
Hmnviís Fcnnncs Inccrtains Total
Le|itorrliiniens 31 23 2 56 = 48,G p. 100
Mésori'liinietis 18 16 1 35 ^ 30,4 »
Platyn-liinLL'iis 3 IV 2 24 = 20,8 »
52 58 5 ni
Le groupement suivant moutre la répai-tition de Y
índice orbitaire
Homwí-s l'^cnniirs Inrrríains Total
Microsémes 5 — — 5 = 4,2 p. 100
Miisosémes 22 3 2^ 27 = 22,8 »
Mégasómes 25 57 4 86 = 72,0 )>
52 60 6 118
Passons maiutenant aux
Caracteres Descriptifs
Ces caracteres que présente nolre serio sont, d'une maniere
genérale, les mémes qifont observes les autres auteurs: d'au-
tre part j'ai noté des caracteres dont quelques uns des cranio-
logistes ne font pas moition.
Je ne veux réléver ici que les suivantes :
En dehors des 33 cranes (números 1-25, 58-G4 et 115) de-
formes artiliciellement et rapiiellant racrocéphalie, lis se trou-
vent dans notre serie encoré 36 cranes plus ou moins defor-
mes; c"est á diré rasymétrie occipitale et pariéto-occipitale et la
plagiocéplialie. Quant a la derniére déformation, c'est le cráne
du rhef Ghipitruz (num. d'ordre 53), d'ailleurs anormal sous
d'autres rapports, qui en ofí're Fexemple le plus frappant. Sur
ce cráne, cette déformation porte presque exclusivement sur la
región parietale droite.
II y a en outre quatre ou cinq cranes présentant une sail-
lie notable des bosses cérébelleuses de Toccipital, mais comme
ces cranes appartiennent au type des 33 premiers deformes, il
n'y a pas lieu de les séparer des autres. Le nombre total des
cranes deformes atteint done le cliiffre enorme de 99 ou envi-
ron 82 pour cent.
L'existence d'une espéce de créte sagittale signaJée par M.
Deniker sur des cranes fuégiens et décrite avant lui par Man-
— 220 —
tegazza et Regalia *, se trouve sur plusieurs des crñnos nrau-
cans que j'ai eu sur les yeux. Ce sont cepemlant des brachy-
céphales aussi bien que des aulres, et des liomnies surtout
qui pi'ésentent ce caractére.
L'ent'oncement parliculiei- du ptérion que Mrchow a designé
sous le nom de sténocrotaphie, so rencontre plus ou moins mar-
qué 27 ibis d'un seul cote et -41 Ibis des deux cotes, proportion
tres forte égale h 57,1 ))our cent.
Le torus occipitnlis d'lícker ou bourrelet tiiins\ersal de Toc-
cipitiil se triiuve 13 i'ojs, soit comme une simple indication,
soit comme un bourrelel iiarfaiteinent mai'ípié, dans une pro-
portion de 9,1 pour cent.
L'os épactal dans ses varietés dit'térentes, soit unique, múl-
tiple ou inrom]ilet, fut oljservé 7 ibis sur les 119 cranes, égal
á 5,8 poui- cent.
Les sutures des cranes de notre serie sont généralemcnt
simples, excepté la sutui-e lambdoíde, (|ui est souvent compli-
(piée et intercalée de pelits os wormiens. Tri's souvent il y a
synostose parlielle, et a ce qu'il parait prématurée, de la plu-
part des sutures. L'élat des sutures est généralement en con-
tradiction avec la condition des dents, contrairement a ce qu"on
observe dans les races européennes.
La persistence (partidle) de la suture métopique ne i'ut
observée qu"une seule ibis (num. d'ordrc 113).
Le |ii'ognatliisme, facial ou alvéolo-dentaire, est rarement
acensé. II n'y a que quelques cranes íéminins de notre serie
(jui présentent un prognathisme bien prononcé.
La mandibule est généralement forte, massive et anguleuse.
L'apopliyse mucroniale de l'angle de la machoire (frocessvs in-
signis sive muero de Sandifort) allant de pair avec Yincisura pre-
mueronialis s'observe plusieurs ibis jiju-mi les crAnes masculins.
Les insertions musculaires sont généralement bien indiquées.
Les crétes temporales et les ligues temporales supérieures
et iniérieures du parietal sont souvent tres accusées.
L'usure des dents est en general tres forte et fréquemment
obli((ue interne (molaires et prémolaires), dans la machoire
supérieure, correspondant á une usure oblique externe de ees
dents du maxillaire inférieur. Les cranes masculins deformes
présentent généralement une usure des dents |)lus avancce que
les autres cranes, et surtout (jue les crünes féminins.
* Mission ilu C!i|i Iliii'n, loe. cit. \i. 33.
NOTA SOBRE UN NUEVO GÉNERO DE FILÍCEOS
DE LA
FORMACIÓN RHETICA DEL CHALLAO
(provincia de MENDOZA)
RODOLFO HAl^THAL
Encargado de la Sección de Geología y Mineralogfa en el Mnseo de La Plata
Arreglando la rica colección de plantas de la formación
rhética reunidas por el Director del Museo, Sr. Francisco P.
Moreno, en la Provincia de Mendoza, he encontrado una de
tal importancia que creo deber dar sobre ella algunas noticias,
adelantándome á la publicación de la monografía que preparo
sobre la formación rhética de la República Argentina.
Las localidades donde se encuentra el Rliet en la provincia
de Mendoza, no forman una capa continua hoy: son trozos dis-
persados en una vasta extensión de la región montañosa de la
provincia, sea en sus faldas ó en puntos muy elevados, abra-
zando unas veces importantes áreas, y otras presentándose solo
en muy pequeñas proporciones. El ingeniero doctor Germán
Avé-Lallemant, publica en este momento en los «Anales» de
■este Museo, un mapa geológico del departamento de Las Heras,
que muestra con mucha claridad la relación que se encuentra
entre esta formación y las demás que forman esas montañas,
y á ese mapa, al que acompaña un interesante texto ilustrativo,
remito al lector que desee mayores informaciones geológicas.
Las principales localidades entre las que han sido visitadas
por el Sr. Moreno y donde ha recojido muestras de plantas
«n ese departamento de Las Heras, conviene señalar San Igna-
cio, Cacheuta, Cb;dlao, Panquehua, inmediaciones de Cañota.
Cerro Pelado, Agua Hedionda, y Cerro Blanco, Agua de la
7orra, Cerro Vallejo, Cerro Colorado, minas del Carbón en el
distrito minero del Paramillo de Uspallata, en varias de las
222
cuales es digna de mención la abundancia de las plantas fósi-
es, así como la belleza de sus vestigios. Avé-Lallemant dice
con razón que « es notable el grado de fineza y delicadeza con
que están impresas en estas areniscas las hojas, y en qué
enorme cantidad!» (1) y que «estas plantas están á menudo
tan claramente visibles sobre los planos de las lajas de la are-
nisca como sobre el papel de un herbario». (2)
Las plantas pertenecen en su mayor parte á los géneros
Pecopteris y Thinnfeldia { Geinitz-Beitrage zur Geologie und
Palaeontologie der Argentinischen Republik II ) y están difun-
didas en las diversas localidades de tal manera, que aunque el
carácter petrográfico de la roca, que es una arenisca mas ó
menos fina ó ferruginosa, varía algo, se deduce la edad igual
de todas las capas de esta igualdad de las plantas fósiles. (3)
En el Challao, punto situado á cuatro kilómetros al noroeste
de la ciudad de Mendoza, se encuentran tres diversas capas
fosilíí'eras; — una conocida desde hace algunos años por el tra-
bajo de Geinitz arriba mencionado, y las otras descubiertas
por Moreno, las que aun no han sido descriptas, una de las
cuales abunda en plantas hermosísimas, mientras ([ue la otra
las contiene en bastante mal estado de conservación.
Estudiando las muestras de esta última capa, encontré entre
los ejemplares mejor conservados un fragmento, que me parece
ser de gran valor ciontiiico, y es el que voy á describir en se-
guida .
Es un fragmento de un Filiceo (Lámina I, fig. 1). Las pínu-
las, insertas con toda la base en el rachis principal, que es
estriado, con un ángulo muy oblicuo, son casi opuestas, oblon-
gas, lanceoladas, cuyas bases [se tocan unas con otras; su
margen es liso, sin ondulaciones, plano, y su extremo es re-
dondeado.
El mal estado de conservación de este objeto, no permite
observar los nervios con exactitud. La mayor parte de las lio-
jillas ha desaparecido, por desgracia, pero con buena luz se
pueden ver algunas impresiones bastante claras, que son los
vestigios de los nervios. Estos vestigios muestran que la ner-
vatura es del orden de las Neuropterideae. Penetran en las ho-
jillas de la rachis principal (fig. 2) algunos nervios tenues mas
ó menos iguales que se dividen con ángulos oblicuos dicotomi-
(1) Avé-Lallemant. — Estudios mineros de la Provincia de Mendoza, pág. 32,.
Boletín de la Academia Nacional de Ciencias de Córdoba, pág. 131.
(2) Avé-Lallemant, loe. cit., pág. 33.
(8) Geinitz, loe. cit. pág 14.
— 223 —
camenle algunas veces. Un nervio mediano no hay. Las im-
presiones visibles en la pínula á, muesti-an un nervio que es
un ]ioco mas grueso y mas claro que los otros, pero de ningún
modo como en las Pecopterideac. Por el contrario, la pínula
a' muestra que todos los nervios son iguales. (Véase la fig. 3,
que muestra la i)ínula aumentada).
Lo que hace que este ejemplar tenga una importancia ex-
cepcional, es que en él se encuentran restos de fructificación.
En sus pínulas a' á^ a% se pueden observar muy claramente
los sori, que son redondos, en la mitad interior de las pínulas
y solo uno en cada jM'nula. No se puede decir con seguridad si
exislii) un indiisium, pero algunos restos membranosos al mar-
gen del sonis rt", se pueden interpretar como restos de uno.
De lo expuesto resulta que esta planta es un filiceo del orden
Neuropterideae. Es difícil decir con seguridad á c.uál género ¡ler-
tenece; pero dados los caracteres mencionados y comparándolos
con los del género Thmnfcldia, hay mucha semejanza con este.
Si es una Tkinnfeldia, el descubrimiento de la fructificación es
de la mas alta importancia. En este caso sería errónea la opi-
nión de muchos autores, sostenida principalmente por Carlos
van Ettingshausen, que Tkinnfeldia no es un filiceo, sino que
pertenece á las Cycádeas ó Coniferas, y si exacto que es un Fi-
liceo, según la opinión manifestada primeramente por M. F.
Braun y sostenida mas larde por Saporta, Schimper y Renault.
Aun cuando las especies del género Tkinnfeldia son muy
polimorfas, hay bastantes diferencias entre este género y los
restos que describo. Las pínulas no son decurrentes, el modo de
inserción se aproxima mas al género Nilssonia de la formación
Rhetica de Bayreuth (Baviera), pero por su nervatura se dife-
rencia de este género. Creo, pues, que esta planta representa
un género nuevo, vecino del género Tkinnfeldia, ]3ero debemos
aguardar á que se hagan otros hallazgos que proporcionan
ejemplares mas perfectos para poder conocerlo bien. Damos ú
este género el nombi'e de Bmvardia mendozensis.
Rodolfo Hauthal.
Museo de La Plata, Abril de 1892.
EXPLICACIÓN DE LA LAMINA
Bravardia mendozensis. Hauthal. gen. nov,
Fig. 1. — La piedra con la planta fósil, tamaño natural (')
Fig. 2. — La planta sola, aumentada.
Fiff. 3. — Pínula a^ aumentada.
(1) Esta figura ostíí colocada al roví^s.
NUE^VOS DATOS
SOBRE EL '
TERRITORIO PATAGÓIICO DE MÁ CRUZ
POR
CARLOS V. BURMEISTER
Tmno IV 18
NUEVOS DATOS
SOBRE EL
TERRITORIO PATAGÚNICO DE SANTA CRUZ
CARLOS V. BURIVIEISTER (•)
Terminarla para el año de 1802 la comisión de que fui
encargado, por el Director del Museo de La Plata, para estu-
diar como viajero de ese estalilecimiento parte del territorio de
Santa Cruz, voy á dar cuenta de ios traljajos interrumpidos
en el mes de Noviembre del año anterior que continué en los
meses de verano siguiente, por la región andina, según las
instrucciones recibidas.
Contaba para el trasporte de los víveres y útiles del trabajo
con un gran carro de cuatro ruedas y con treinta caballos y
muías. Para la determinación geogrática de los lugares liabia
recibido un sextante y una brújula prismática, llevando ademiis
para otras observaciones, barómetros aneroides y termómetros.
Me acompañaron, secundándome eficazmente en todos los
trabajos, el preparador LCmilio Beaufils, los ayudantes Juan
Ivovicb, Federico Berry, un peón y Maish, indígena do la
Tierra del Fuego, de la tribu yagan, bombre que sabia ha-
cerse útil, y por último un portugués do estatura enorme y
exajerada paciencia y bondad como acompañante voluntario,
llamado Pedro Maria Rosa.
Durante todo el viaje nos procuraron la carne necesaria
para el sustento, cuatros perros galgos, incansables cazadores
(') El Sr. Carlos V. Burmeister, hizo el viaje á que se refiere este trabajo y
el publicado en el tomo ii de esta Revista, pág. 273 y siguientes, como natura-
lista viajero de este Museo; hoy ocupa un puesto análogo en el Museo Nacional.
F. P. M.
- 228 —
de avestruces y gunnacos. muy codiciada la primera de estas
presas por todo el i)ersonal á causa del buen sabor de su
carne.
Ordenado convenientemente todo lo necesario salimos el 29
de Diciembre de 1891 del Cañadon Quemado, donde se hallan
los edificios de la Sud- Prefectura y el galpón del Museo, sobre
la costa Sud del Puerto de Santa Cruz, con el cai-i'o cai-gado
y lodos los caballos, por la meseta hacia el paraje denomina-
do «I'^l Potrero», á unas cuatro leguas de distancia del punto de
partida y frente á casas del colono Cij)riano García, situadas
en la márjen norte del Rio Santa Cruz, hasta donde alcanzan
iiien las mareas. Antes de bajar al ihalweg del rio pasamos
al lado de unas salinas de varias cuadi'as de superíicie, donde
alzamos con una pala una arroba de sal, lo suficiente para
(•ondinientai- nuestra comida en todo el viaje. El descenso con
el cari'o de la meseta, de declive muy pronunciado, se hizo
con alguna dificultad, indicándonos mayores dilicultades para
el futuro, cuando nos halláramos lejos de las poblaciones
y estuviéramos atenidos por completo á nuestros propios
i'ecui'sos.
En este paraje íbamos á atravesar el rio con caballos, carro
y carga para lo cual nos esperaba ya un jjote tripulado con
marineros de la Sud-Prefectui'a que nos prestaría su ayuda.
Al dia siguiente á las 7 a. m. con la niai-ea baja, teniendo
el rio unos 390 metros de parte á parte, .se azotaron los ani-
mídcs á nado, llegando con toda felicidad á la orilla izquierda
sin exceptuar una potranquita, cria de una de las yeguas
madrinas que contaba apenas dos meses de edad, á pesar de
la temperatura del agua no mayor de X 7 centígrados y la
fuerte corriente que se calcula generalmente en 7 kilómetros
por hora. Como todos los rios nacidos de la delicuacion de las
nieves y ventisqueros de la Cordillera de los Andes, el Santa
Cruz, gracias también á un curso poco extenso, que no pasa
de 350 kilómetros, siguiendo sus vueltas, mantiene en sus
aguas, algún tanto blanquecinas, una temjjeratura casi cons-
tante durante las estaciones del año, en el verano lógicamente
más elevada ([ue en el invierno, [¡oríjue á veces llega á tener
una capa de hielo de 30 centímetros y permite ser atravesa-
do á pié de una orilla á otra, ó arrastra consigo grandes
témpanos flotantes.
Así, observé varias veces que el termómetro al ser sumer-
gido en el i'io no mai'caba mucho más y en ocasiones menos
que la tempei'atui'a ai)untada, exceptuando en algunos reman-
22'.)
ses, (loiidu |iiii- füllii (le <T)iTÍente y lundíi i'l sdl pudiji calcular
el agua y donde ^e pc.'^calian en el iiienur Ueinpo posible el
niayof númei-o de truclius creíble. Presencié en uno de esos sitios
la extracción de 14 peces en 1.") minutos con un sdId anzuelo.
La fuerza de la corriente de este rio no ha de causarnos
sorpresa si tomamos en consideración la longitud de su curso,
í|ue desde su salida del Lago Argentino liasla su desagüe en
el mar no pasa, en linea recta, de 225 kilíinietros, siendo la
elevación de este mismo lago sobre el nivel del mar admisi-
ble según mis observaciones en .3.50 metros próximamente.
Tendríamos según esln pai-a el rio un declive de 1 meiro .55
("enlfmeli'os por cada kiiómetro. inclinación suliciente |)ara
imprimirle una velocidad aún mayor de 7 kili')metros por hora
;i no estar conti'ari'eslada por las numerosas curvas, (¡ue
pi'olongan casi en una mitad más su curso. Empero tenemos
en el verano otro factor á su favor, en la mayor parte del
trayecto, representado por el \¡i'nto cduslante del Oeste, cuya
velocidad es por lo general de 80 kilómetros por hora, si bien
en el invierno reina calma, época en que también el rio tiene
mayor caudal de agua.
Aprovechando todavía l;i marea baja se llevó el carro vacío
hasta cerca del canal del rio, donde también se había hecho
varar el bote, cargándolo con todos nuestros pertrechos. Cua-
tro bordalesas vacías y bien tapadas se sujetaron con cuci'das
á los ejes del carro para conseguir que flotara una vez que la
marea creciente hubiese alcanzado la altura necesaria. Además
se había atado el vehículo con una soga larga á la popa del
bote para remolcarlo llegado el momento apropósito. Cuando
la marea estuvo llena flotaron bote y carro y enseguida se
puso en movimiento el primero impulsado por cuatro remos,
arrastrando trabajosamente al segundo. El viento con que ha-
bíamos contado para hizar velas, calmó en el instante oportu-
no. A las 10 a. m. desembarcamos en la márjen norte é hici-
mos varar el carro, notándose desde entonces fuerte viento, cuando
ya no lo precisábamos. La suerte ó la casualidad no favoi-ece
siempre ó más bien rara vez, á los que por circunstancias es-
peciales tienen que estar atenidos á ella. Durante el cur.so de
esta narración veremos cuan pocas fueron las combinaciones
casuales con resultado á nuestro favor.
Hasta hora avanzada de la noche, que en estas latitudes
conserva luz solar en el verano, dominando la oscuridad recien
á las 9.30 p. m.. estuvimos ocupados en alistarnos para la
marcha del dia siguiente, último del uño 1891.
— 230 —
1^1 caiTo (|uo lleviibu los útiles era objelo de luieslros cui-
dados especiales, pues una vez i'oto del)íamos por fuerza ahan-
(Idiiar LiVixn parle do la cari;a iinpi'escindible para la empresa.
Además se nos había pronosticado en la colonia, que no ha-
ríamos con éste más de dos ó tres marchas sin dejarlo tirado
en el campo, á causa de las enormes dificultades del suelo
(pío conocían algunos colonos. Hasta entonces ningún vehículo
liabía rodado sobre las planicies del norte do este rio. Por el
sud, ya una expedición se había llevado á cabo, al mando dol
teniente do navio D. Carlos del Castillo, remontando hasta el
Lago Argentino, pero se me dijo que sobre aquella banda no
oxistíiHi los inconvenientes, como ser piedras, Ijarrancas, ari'o-
yos y cañadas que se nos ¡n'esentarían en la que nos propu-
simos seguir.
Amanecía el dia cuando ya los caballos se estaban ensi-
llando y poco después el convoy empezó á moverse por sobro
el piso de guijarros y arcilla dura muy favorable [lara su pasn.
Dejamos atrás la casa del colono Gregorio Ibañez, edificada
á la orilla del rio y poco después enfi-entamos la Isla Pavón,
sobre la que distinguimos las últimas casas, las más avanza-
das en el desierto remontando el Santa Cruz. Allí saludamos
á D. Pedro Dufour, que las habita desde años atrás y que con
su afectuosa amabilidad nos dio un apretón de manos en señal
de despedida.
Demoramos solo el tiempo necesario para pasar y volver
en el bote de la isla, pero ya el tiempo de apacible y
solariego se había tornado ventoso y nublado. Apenas pa-
saron 20 minutos cuando se descargó una desagradable gra-
nizada con fuerte viento de cara, circunstancia que nos obligó
á levantar campamento á una legua aguas ari-iba de la isla,
en un rincón del rio, donde crecía bastante pasto para los ca-
Ijallos. A la tarde calmó un poco el viento, se despejaron las
nubes, y al calor de una gran fogata de leña de incienso y
calafate se secaron las ropas humedecidas.
El dia de año nuevo salimos, con buen tiempo y calma á
las 6.20 a. m. por el thahveg del rio sin dificultad, hasta las
8.20, alcanzando entonces un sitio en que una barranca de 50
metros de elevación lo limita y se acerca tanto al agua, que
no permite i)asar con el carro. A esa hora se presentó de sú-
bito el eterno viento del Oeste. No queriendo retroceder, se
procedió en seguida á descargar el carro y arrastrarlo con dos
cuartas, fuera de los cinco caballos atados á la lanza, barran-
ca arriba, aprovechando una escotadura natural de ésta. Se
— 231 —
Slll)¡eM ill ,'ll llnliilll'u Ids Cllidllcs \ sr I-I iloiMCnll Cll (^1 cai'rn,
pi'osiniiii'iidd ¡\ l;is U..'5r) l;i niiu'clri im iiiiiMiliniciiiiH'ii lo iiiliT-
i'umiiiilii.
llnn \('/. (Mii-iiii;i (le hi l>;ii-|'nnc;i |i;is,-iin( is poi' solu'c miii
|)arn|Ki l¡s;i (•iil)¡('ii;i de Hiios ,í;-íií¡;iim-i)s y iili;iinas matas iie,:;i'as,
(lejaiidM ,1 la der(^i-lia dlra elevada liarrauca de la meseta nii'is
alta como á media Ics'ua de distancia. A las 1(1 de la mafiana
afi'eci(') el \ienlo de cara (|ue levantaba polvo y arena, inco-
modaiidd nuiclio la vista. Si\ij,uimos la marcha hasta la 1 p.m.
para acampar á esa hora á la oi'illa del rio, donde hay un
i>eqLioño desplayado con ali;un poco de pasto, al pié de la bar-
ranca, de unos 1.5 metros de elevación, donde dejamos el car-
ro para evitar el descenso y la .subida al dia siguiente. Nos
liallamos frente al paraje llamado Bajada de la(.lhinas. Cayí'-
nin algunas gotas de lluvia i'i la tarde, pero á las 6 p. m. cal-
mó el viento y la temperatura hají') durante la noche á 2 ccii-
tigrados habiendo marcado el termómetro á la 1 p. m. -f 17
centigr. La distancia recorrida se calculó en 5 leguas y la po-
sición geognifica en 50"07' Lar. S. y 69" VS 30"' Lo'ng. ^^^
Greenco.
l']| trayecto recorrido el dia siguiente no h\r muy diliculloso,
pues la pampa sigue sin interrupción de nia\or importancia,
hasta una cañada cubierta de alto pasto y algunos pozos de
agua dulce quo la cruza en sentido de N. á S. Después de pa-
sar ésta, la planicie se torna algo ondulada y sal|>¡cada de algu-
nos trozos erráticos de cuarzita blanca y i-oji/.:! oscura ih;
tamaño reducido. Volvimos á encontrar el rio á las 12 del dia
alojando ;i orillas de un lecho seco de una loi-rentera que de-
semboca en éste, dando lugar á ([ue en el punto del desagüe
se forme una pequeña ensenada de poco fondo, en cuyo i)unto
se pescaron numerosas truchas.
Habíamos avanzado con rapidez haciendo próximamente 7
leguas. En cambio habia llegado ¡i convencerme de la im[)Osi-
hilidad de proseguir por el vallo, ni aun sobre la primera
pampa, pues más al W. el teri'eno se presenta con accidenta-
ciones suficientes para no permitir seguir con el carro. Mn
consecuencia determiné subir á la pampa más alta, que so
veía al N. á unas dos leguas en linea recta, proyecto que tra-
taríamos de realizar el 3 de Enero. Después que estuvimos
acampados se nubló el cielo y calmó completamente el viento,
incomodiíndonos mucho una nube de jiequeños jejenes y algu-
nos mosquitos vei'dosos de mayor tamaño. Lat. 50° 04'30'' S.
Long. GU°33'20" \V.
— 232 —
Baslniíle ¡(eunsa Iík' Iíi roi-l.-i umrcli.'i ild dia '■'>. |iiii-(|ii(' Iro-
|i('/aiiiiis Clin si'tÍos ¡nciiii\iMiienl,os. Ziinjóiios, (|ue fué pi-eciso
rellenar con la pala )• [licns, al,i;iinas cuosítas (|ne IiiiIki (|ue
l)ajar y oirás ascender, por Un cci'ca de las 12 del dia hicimos
alto al lado de nnas concavidades (|ue conlenian ai¡,ua, situa-
das dentro de una ((uelirada (pie descendía de la barranca per-
teneciente i'i la pampa miis alia.
Habíamos marchado tan solo cuatro le,i;iias y el rumbo i'i
i|ue nos en<.'oatn'd)amos con i-especto al alojamiento abandnna-
do esa mañana era se,min la bi'iijula 2!)2" 30'. En altura está-
bamos pi'(i.\.imamenle á 80 metros más ari'iba que por la ma-
ñana.
Delio hacer presente en este lugar, que los rumbos ó direc-
ciones que se citan son magnéticos y ajustados á la gradua-
ción de la brújula prismática.
VÁ agua contenida en los po/.os ei-a bastante mala, de color
amarillento y habitada poi' numei'osisinias pe(|ucñas larvas de
mos(juitos. La temperatura mantúvose durante la tai'de en 20
cenligr., pero auni|ue ésta era agradable, no lo eran así las pi-
caduras de los muchos jejenes (|ue animados poi' la calma
reinante, recien se escondieron á la entrada de la noche.
Antes de comenzar la marclia por la alti-planicie, de unos
SO metros sobre el rio, tjuise reconocei" su suelo i)Oi' algunas
leguas, lo que efectué al dia siguiente con Berry. llegando al
convencimiento de que era menestei- adoptar el rumbo 110"
Inicia la falda de una planicie elevada unos 15 meti-os sobre
ésta, evitando de ese modo algunas (|uebradas que descienden
hacia el valle del rio.
Muy cerca del campamento, en una bai-ranca, i|ue servia
de guarida á un león visto |)or Beaulils, se notaban en las
capas amarillentas de arcilla algunos fragmentos de huesos y
dientes de mamíferos fósiles. La posición de este sitio ha sido
fijada en 49» 58' lat. S. y 69" 45' long. W. Greenw.
El 5 de Enero temprano nos pusimos en movimiento ascen-
diendo por la manga de la quebrada, (|ue nos servia para
campamento, liasta la superficie de la meseta y una vez sobre
su llanura adoptamos el rumbo 116°. Una hora y cuarto des-
pués nos detuvimos un instante al pié de la siguiente meseta
más elevada ([ue la recien recorrida, abrigándonos al reparo
de unas viejas matas de calafate, que parecían invitai- á i'es-
guardarnos del fuerte viento de cara.
Aprovechando una pequeña quel)i-ada, volvimos á caminar
sobre esa nueva llanura arcillosa, en cuyo horizonte se desta-
— 233 —
cuba un cei'i'o do poca elc\iicii)n situado su linea media en di-
i'occion 75". Mionli'as lijaba con la bi'újuia esa [)OSÍc¡on ¡os
|ioiros se lan/.ai-on cMi perseguimiento de una bandada de aves-
liMicos, cdusiguiendo alcanzar y voltear' tres ejpm|)larcs, con lo
cual teníanlos asegurada nuosti'a alimentación por otros tantos
ilias. Volviendo á seguir adelantando distancias, íbamos dejan-
do \arias (leiiresiducs ¡i dL'rccIía é i/,i|iiierda, las cuides osten-
tan en el c(Mitro una laginia de bari'o m.'is ó menos búmedo,
festoneada |ioi- una faja de ellorescencias salinas. Cerca de las
11 a. in. Iiabii'iidiiuos ya alejado de 5 leguas del ¡umto de
partida, pues el camino llano sin accidentes favorecía extraor-
dinariamente la marcba del rodado, llegamos poi- fin á una
depresión un poco mayor que las anteriores, que formaba una
e.xtensa laguna de agua [xilablc, teniendo una superficie de
unas dos cuadras cuadradas, l'll agufi si bien potable, tenía un
color amarillento, se veía esi)eciidmente en sus bordes, pero
ya dentro del agua, una ancha zona roja-oscura, señalandu la
pi-esencia de plantas acuáticas en número muy crecido. Cree-
ríase que el color del agua provendría de la naturaleza del
fondo, efectivamente, aunque este era firme y formado de gi'an-
des cantos rodados, como si alguno se hubiese ocu|iado de
empedrarlo, no dejamos de obsoi'var el barro bian(|UÍzco entre
esas piedras, como formando una argamasa. ¿Numerosos fia-
meneos y patos buscaban alimento entre aquella vegetación
estraña y algunas abutai-das cuidaban de sus pichones en la
orilla. Por nuestra parte levantamos campamento en la márjen
oeste, al aljrigo de varias matas grandes y dejamos descansar
los caballos, también el siguiente dia, porque volví á adelan-
tarme con iJeri'v buscando en la dirección ado])tada un camino
practicable para nuestro vehículo.
Con esto objeto salí en dirección al cerro que situó ayer en
75", jiero que como nos habíamos desviado do la línea recta,
venía á quedar ahora.su línea media á 73" 3(1, su parle basal
izíiuierda vista del campamento á 7ü" y su derecha á 78". Se-
guí en dirección al medio del cerro, pero .i la media legua de
camino tuvimos que desviarnos hacia el N. para despunlar un
pe(iueño cañadon. Otra media legua más al W. y de nuevo
tuvimos que despuntar otra cañada más ancha que la anloi-ior
con manantiales. Por fin á las 20 cuadras mas adelante, nos
detuvimos al borde de un inmenso cañadon que corre de N. á
S. cuyos declives bastajite rápidos tenían una altura de 50 me-
tros más ó menos. A esta gran depresión se unia la quebrada
que acabamos de pasar, siendo un brazo de ella y asi como
— 234 —
en csn, cori'ian en su fondo luimcrosos mnmintiales, cuyas
niguas se recojían en grandes lii))(is. Allí también el posto era
aiiinidanle. viéndose pacer gran númoro di^ guanai-ds los cua-
les liuyeron al iiercihirnos. Despuos ([ue liuiumos descendido
ol fondo de esta gi'an quebrada, volvimos á subir |)or la cuesta
opuesta tomando una manga con im manantial (|uc nos lleva-
ba en dirección al cerro, y una vez de nuevo sobre la meseta
regresamos al alojamiento j)ara podei- llegar antes de medio
dio y observa)- la altura meridiana.
Para este sitio la latitud fué lijada en 40" 54" 45" S. y long.
70» Oo 30" W. Oreen w.
A la tarde cayeron algunas gotas de lluvia :i hi puesla del
sol, se levantó viento tan fuerte (jue amenazaba ari-asar la car-
pa, durando sin interi-u|)ci(in toda la noche.
Al dia siguiente, 7 do Muero, volvimos á emprender la mar-
cha c(in el carro á posar del fuertísimo viento que aún dui'aba
desde la tarde antiM-ior y que ora de cara. Tomamos el cami-
no que hal)¡a recurrido con Beri-y, despunl,ando los dos caña-
dones. Sin cmbai-go llegamos al borde del gran cañadon unas
15 cuadras mas al N. y así mismo lo pudimos descender,
aunque con gran trabajo.
La cuesta opuesta no hubiese sido posible ascenderla si no
hubiéramos tomado jior una manga de suave declive, en la
(jual ya cerca de su terminación, y ])oco antes de llegar á la
meseta encontramos un manantial de agua potalde y pasto
para nuestros animales. Aunque no eran mas de las 8 y 5
a. m. determiné pasar la noche en este punto, en atención á
que los caballos hablan trabajado mucho en las 4 leguas re-
corridas.
Dui'anto el trayecto no dejamos de ver rebaños de guanacos
contando algunos de éstos mas de 300 animales, entre gran-
des y chicos, habiendo entre los últimos algunos recien na-
cidos.
La situación de este paradero fué íijada en lat. 49''4S'15'' S.
y 70''1G' long. W. Greenw.
El viento siguió hasta la noche con suma violencia.
Al dia siguiente á las 5,20 a. m. seguimos la marcha por
la pin'te superior^do la alti-|ilanicie cri dirección 107°30' hacia
un cerro lejano, que se distingue apenas en el horizonte por
un color azulado. No avistábamos este cerro desde el campa-
mento, sinó~despues de una media hora de marcha sobre la
meseta y habiendo alcanzado ima nueva elevación de algunos
metros con que esta se presenta desde ahora uniformemente.
— 235 —
A más del ciM-ru ipu; iicnlin ilc iiiciicidiinr y i(iir Ihiiimi'C-
iiios Mau-aik. cniíin mas tarde lo supimus. disUn^ueiise lua-ia
los 88"30' alguiiüs conos y mesetitos lejanas y hacia los Vü"
otro cerro.
l'^ste dia Uió muy d(^sa,Li,i'adal)le poi- ol viento forinidalile y
la baja lem})eralura. Muy en breve alravesamos un cañadon
(|ue se dirige hacia el S. bifui'cjindosi; ''omn ;i una leiioa de
nosotros y rodeando al cerro ipie el dia anterior nos servia de
guia, y lo teníamos en ese instante á nuestra i/,(juierda dis-
tante poco más de una legua.
A dos leguas de ese cañadon, habiendo seguido s¡em|ire la
dirección 1()7°30' volvimos á encontrar' una nueva (juebrada
poco profunda, (jue describe un semi-círculo, cuyos extremos
se dirjjen al S. Dejamos esta quebrada i'i la izquierda siguien-
do nuestro ruml)0 en linea recta. * Por fin i'i las 10.45 a. m.
después de S leguas de marcha continua con el viento de cara
paramos en una (juebrada Iiaja siguiéndola por un trecho nos
ofreció una aguada miserable, constando ésta de algunos ho-
yos y charcos de agua situados entre montones de tierra y
barro. E\ p>araje no es aparente para alojamiento, por la falta
de leña, |)ero como se ha recorrido una buena distancia y los
caballos del caiTo se h'-ui candjiado ya dos veces, es menester
evitar qui' se cansen.
La noche fué exajeradamenle fresca.
Cerca del campamento se encontraron varias puntas de
flechas y fragmentos de silíce y basalto lallad(js. La situación
de este sitio ha sido fijada en lat. 4Ü"43'15" S. y long. 70»31'4I)'\
La marcha del dia siguiente fué de cuatro leguas siguiendo
por la alti-planicie la misma dirección 10S"30\ Ll viento decli-
nó por la mañana, pero en cambio se sintió frió. Salimos á
las 6 a. m. y paramos á las 8.30 a. m. en una (juebrada en
(jue se encuentra agua potable en grandes zanjones.
No bien estuvimos alojados cuando empezó á soplar de nue-
vo el viento del W. con suma violencia. A las 5 p. m. el ba-
rómetro indicaba una presión de 67,80 cm. la mas baja (|ue
haya observado desde la salida del Quemado.
Aquel dia vimos grandes humaredas á distancia de 2 á 3
leguas hacia el E. N. IL, por lo que deducimos que debian ha-
llarse personas, tal vez indios en las cercanías, (|ue probabU>
mente deseaban hablarnos, porque los grandes humos se ele-
vaban con frecuencia. En esta suposición contestamos pren-
diendo algunos arbustos.
El 10 de Enero siendo Domingo, lo dedicamos al descanso
- 23(; —
de \i» ciilKilIns. S;íI¡(_'|-iiii al caiiipo Yv(:)\¡c,li y (Iruz con los
peri'o.-^ [lai-a razar a\ esli-iiccs. Re,HTesai'nn á la 1 p. ni. cnu una
de esas uves, Iroyendo además datos muy imiiurtuntes si)l)re
nomenclatura geogrática. Se han encontrado en el cam})0 con
algunos indios tehuelclies. i|ue huyeron jirei-ipitadamente al
verlos, pero prontn su li-ainpiiii/.ai-on y se pusieron al halda
con ellos. Resultaron ser conocidos de Santa Crii/,; han estado
boleando guanacos y avestruces y regi'csahan al Tuerto, hom-
bres, mujeres y niños. Según nianifcslardii ims hallanins alo-
jados en un cañadon que llaman Yaten-guajen y donde saina
debían guillarse inscripciones y |)¡nturas indígenas en las
paredes de roca (|ue forman esla ijuebrada, ¡¡ero no en el sitio
donde nosotros lex'antamos la carpa sino mucho iii;is ahajo
hacia el Rio Santa (^.ruz.
También dijeron el nomlire del cerro ipie nos sirvi('i de
dirección y ya llamamos Man-aik. I, os ca/.adore,-^ trajeron
muestras de las rocas de este cerro (|ue son basallos escor¡;i-
ceos de color violTiceo y rojo.
Puedo apuntar aipii, (|ue desde (pie marchamos sobre la
meseta mas ¡dta, es decir, desde el dia 5 no lie notado ya
blocos erráticos, lo que demuestra (|ue la acción glacial se ha
ejercido .sobi'e las mesetas más bajas y en el valle del rio.
pero no en la planicie mas elevada. Este mismo dia :i las ."),,'_{()
p. m. el barómetro señalaba 67" GO, una presión aun mas
baja que la del dia anterior, estando el cielo muy cargado de
nubes oscuras y la temjieratura á X 3 centígrados.
Los guanacos son muy abundantes en este parage. Vienen
á tomar agua, pero al vernos permanecen sobre el boi-de de
la meseta mirándonos, y hacen grandes rodeos para divisarnos
mejor desde otro punto.
Teniendo la seguridad de hallarnos en la quebrada de
Yaten-najen, por los datos de los indios, mandé á Juan Y^vo-
vich y Pedro Rosa á las 2.30 p. m. con la instrucción de
seguir este cañadon para descubrir las inscripciones indígenas
que se me dijo existían sobre las rocas. Al dia siguiente á las
8.30 a. m. regreson los dos con la buena nueva de haber
encontrado pinturas y tablados á unas 7 leguas del campa-
mento. Permanecieron sin comer y casi sin taparse esa noche
por haber pensado regresar antes de oscurecer.
Ese mismo dia á las 2.40 a. m. provistos de la má(|uina
fotográfica fuimos Yvovich, Beaufils y yo para sacar vistas de
las inscripciones. Después de dos horas y media de fueiMe
galope en dirección E. S. E. por sobre la planicie, para evitar
237 -
£^
6
— 238 —
las vueltas de la r|uobraclo, alcanzamos un sitio de esta en
que las rocas de basalto íoraiíin una estr'echa garganta de
unos 30 metros de ancho con un pequeño arroyo y algunos
hoyos de agua, allí, muy cerca de una extensión de 10 cuadras
cubierta de buen pasto en (]ue se convierte la garganta, vol-
viendo á encajonarse de nuevo entre murallones de basalto á
cuyos pies yacen sin números de trozos caídos y cubiertos
por musgos, allí existe una cueva natural, (jue nos daba
cabida á los tres y sobre (iuya pared se notan al nivel del
piso actual varios dibujos ejecutados con pintura roja, repre-
sentando anillos irregularmente dispuestos, algunos más gran-
des que otros. Después de sacar una vista fotográfica de éstas,
atravesamos el prado natural que continúa la garganta volviendo
de nuevo á la quebrada basáltica. Sobre la |)ared de esta
muralla se ven numerosas figuras no ya pintadas, sino cince-
ladas ó picadas, de formas bien definidas. Algunas de estas
parecen de elalioracion muy reciente, por la coloración clara
de los surcos que en ciertas figuras tienen hasta 1 centímetro
de profundidad. Parece que los sitio.s por donde caminamos
han sido frecuentados por los indios á juzgar por los residuos
de los fogones, huesos, etc. Seguramente en sus ratos de ocio
algunos se habrán ocupado en tallar las piedras cercanas
figurando rastro de avestruz y pluma, boleadoi'as y otros
caprichos, como se vé por la copia que hice de muchas de
estas figuras.
Pasamos la noche en la cueva, al abrigo del viento y del
frió. Al dia siguiente 12 de Enero á las 9 a. m. estábamos de
regreso en el campamento. Durante la noche el termómetro baj('i
á — 2 centígrados, el agua en las tazas y baldes permaneció
helada. A causa del viento huracanado determiné no seguir
viaje ese dia, sino esperar el otro, dando tiempo también á que
los caballos que usamos tuvieran algún descanso. La situación
geográfica de este campamento en la quebrada de Ya ten -
najen la calculo en Lat. 49"4r40" y Long. 70''42', y la del
sitio donde se encuentran las inscripciones indígenas en Lat.
49°57'10" y Long. 70''30'.
Con buen tiempo y sin viento emprendimos al dia siguien-
te á las 6 a. m. la marcha en dirección 2G4" dejando el cei'ro
sáltico de Man-aik ú la derecha. Después de dos horas de
camino por sobre un teri'eno muy desventajoso para el corrí)
por los pastos que crecen en gruesos manojos, los revolcadc-
ros de guanacos, los hoyos, zanjas y depresiones, llegamos al
borde de la gi-an meseta cuya su|ierfic¡e seguíamos hasta
— 239 —
entonces, desde la cual se domina un inmenso panorani.i. I',]
valle del Rio Sheuen, la Cordillera de los Andes con sus
cumbres nevadas asomando por encima de otra meseta eleva-
da que limita este gran bajo al W. y aun se distinguen el
cerro Kmanaich y Koguetr situados á orillas del Rio Cliico.
Casi era im])0sible estar parado al borde de la meseta por el
viento espantoso que allí se sentia, como si éste pretendiei-a
ocultar aquel grandioso panorama, baciendo brotar lágrimas
de los ojos esa violenta corriente de aire ó imposibililando
tomar direcciones con la brújula.
Durante una hora seguimos bordeando la gran meseta
hasta que encontramos un cañadon (pie arranca del borde de
ésta y se dirige hacia el S. atravesándola diameti'aliiunite.
Como en ese cañadon no encontráramos agua, apnivocha-
mos la pequeña escotadura que este mismo cañadon formaba
en el borde de la gran meseta para descender en ese sitio
hasta el pié de aquella planicie, [lara internarnos desde enton-
ces en un laberinto de cerros y (|uebradas que alcanz;íbamos
á ver desde lo alto. El descenso de nuestro pesado vehículo
fué penosísimo á causa de la pendiente que formaba un ángu-
lo muy poco apropósito para bajar con carros y además la
altura de unos ochenta metros. Fué menester impedir el movi-
miento de las ruedas sujetándolas con cadenas, fuera de esto
so colocó un cuarteador por detrás para detenerlo y dejarlo
cori-er poco á poco hacia abajo, además liabia que calzar las
ruedas con piedras, de manera (jue todo el poi'sonal trabajamos
activamente cerca de dos hoi'as hasta que una vez abajo
levantamos campamento en una aguada viable desde arriba y
situada en una pequeña quebrada que corre hacia el N. W.
y cerca una planicie cubierta de pequeños guijarros, la cual
forma el segundo peldaño de la sucesión de altiplanicies, la
más elevada de las cuales acabábamos de descender. La
marcha del dia fué de 5 leguas y la situacidu del nuevo
alojamiento primero de la falda del Sheuen Lal. 4'J*4G'30'' y
Long. 70"53'3ü".
Desde que ya no era posible seguir por sobre la altiplanicie
no tenia objeto ninguno en seguir marchando tan al norte del
Rio Santa Cruz, del cual me habia separado corno diez leguas,
así que adopté para el dia siguiente el rumbo S. W., es
decir, 55" hacia unas lomas bajas, dejando á la derecha un
cerro de forma cuadrada y que llamamos Roca Cuadrada. MI
punto á que debia dirigirme, según mis instrucciones, era
el paradero llamado Car-aik, un poco al Norte del Lago
240
Ti
tSq'
O
Argentino, de manera que la direc-
ción adoptada debia llevarme })Oco
más ó menos hacia allá, empero las
dificultades del camino me hicieron
variar de la línea, obligándome a ir
primeramente á otro punto desde
donde alcanzamos con facilidad re-
lativa el paradero ya citado.
El 14 de Enero [¡roseguimos el
camino con rumbo 53" siguiendo
muy cerca del pié de la gran i)la-
nicie, que corre á nuestra izquierda
en la misma dirección. Este camino
nos lleva por un campo con poco
pasto, mata negra y desprovisto de
arbustos, cubierto de guijarros y
surcado por pequeños cañadones pa-
ralelos, á corta distancia uno de
otro, y dirigidos lii'icia ol N. W. Al
pni'ür por la mañana á las ('/ s;d¡-
nios con dificultad de la quebrada
donde alojamos, por sus faldas tan
empinadas, media hora después atra-
vesamos con mucho trabajo una
amena (¡uebrada y por fin á las
10.30 llegamos al borde de otra que-
brada que fué preciso descender.
Por una manga tratamos de hacerlo
con todo cuidado, se desprendieron
los laderos del carro, y ya llegamos
al fondo cuando se clavó la lanza
en el suelo, rompiéndose por la mi-
tad, entonces se volcó completa-
mente el carro sembrándose los
cajones y nuestros enseres por el
piso. Por fortuna corría un pe(|ueño
manantial por la ¡misma quebrada,
donde improvisamos inmediatamen-
te el campamento.
Allí permanecimos hasta el 17
de Enero ocupados en la compos-
tura del carro; se sacaron las rue-
das para ponerlas en el agua; se
— 241 —
ató la lanza rota con cuei-o de yuanaco que liulio que matar
al efecto. Fué pi-ec¡.so hacer tauíljicn un especie de puente
para atravesar el arroyito de la quebrada, rellenando su cauce
con ramas cortadas y piedras.
Desde los puntos elevados cercanos á nuestro campamento,
se domina bien el valle del Sheuen y se ven en los flancos de
la gran meseta que abandonamos el dia 13, grandes manchones
de matas quemadas. Esa misma meseta se observa ahora,
cubierta de basalto, hacia el S. y S. W., destacándose enormes
rocas de sobre ella, hasta que se torna en cerros y quebradas
á unas 4 leguas de nuestro alojamiento, precisamente en el
rumbo que debemos seguir.
La distancia recorrida desde el primer campamento de la
falda del Sheuen hasta el segundo donde permanecemos, ha
sido de 4 leguas y nuestra [iosicioii actual Lat. 49°48'10" S.
y Long. TPOO'lñ" W. Greenw. La gran Roca Guadi'ada se di-
visa como á distancia de 8 leguas, su ángulo superior izquierdo
á 91° según la brújula.
El 17 de Enero salimos todos á las 6 a. m. con rumbo 52°
hacia una pequeña quebrada, que parece internarse en esa
dirección, y corre á la izquierda y al pié de una loma cubierta
de grandes trozos de basalto, visibles desde el campamento.
Como á los 40 minutos de camino divisamos en dirección 123°,
per-o á una gi-an distancia, un pequeño cerro de forma parti-
cular que me recordó el llamado Kochait por Moreno y figurado
en su obra Viaje á la Patagonia Austral, pág. 403. Dos meses
más adelante comprobé la exactitud de esta presunción.
Al poco andar la planicie cubierta de guijarros se convirtió
en un i)edregal de basalto, que presentaba serios obstáculos á
la marcha del carro.
A las 10 y 40 a. m. habíamos penetrado algún trecho en
la quebrada f¡ue elegimos como rumbo, viendo ya á nuestra
espalda la loma cubierta de trozos de basalto á 219°. Al frente
teníamos entonces una colina de forma elíptica, toma á su
derecha y nos encontramos de pronto al borde de una elevada
barranca. Esto fué una verdadera sorpresa, pues no es|)eraba
semejante cambio en la configuración del tei-reno.
La barranca limitaba un valle que mostraba al W. como
á 10 cuadras una laguna situada al pié de un cerro agudo,
hacia donde nos dirigimos en' busca de agua para acampar.
Eran las 11 y 40 a. m. y después de haber hecho 4 leguas
y media, cuando paramos cerca de unos pozos de agua bas-
tante fea.
Tmm IV. 19
— 242 —
A la tai'de subí ¡i la cumliro del rerrito nsiudo, (¡ue alcanza
;i unos 2i)0 meli'os dü alt,ui-a y desde el cual no pude distinguir
á una distancia reo-ular por estar el aire muy velado. En la
laguna cercana al campamento se reconocen zanjas hec^lias
con pala con el propósito de lavar oro, por esta razón, llamé
á esta laguna, al cerrito agudo y á un arroyo que descubrimos
el dia siguiente «de los gambusinos» por llamarse así en
México á Ici buscadores de oro.
La situación gcogi-.ilica de este campamento ha sido fijada
en Lat. 4;)"50'01" S. I,ong. 71"2r20"' W.
Al otro din á las (> n. m. seguimos la marcha hiicia el S.
W. loiiiaiido pMi' \;t falda i/.(piiorda del ceiM'ito agudo. Después
do ^4 'í*^ hora tuvimos una nueva sorpresa, como la del dia
pi'ccodente, pues que el suelo se nos presentó exhalirupto cruzado
|)or una pi-ofunda (juebrada basiiltica. (|ue nos impidió el paso,
l'iir el fondo de ésla corria un bello arroyo de agua cristalina.
Tuvimos entonces que remontar la quebrada dui'ante una media
hora, i'_asta llegai- ú una pampa limpia de donde arranca,
balúéndonos acercado de nuevo al campamento abandonadd
[•ecien, por la vuelta que describimos alrededor del corritu
agudo. Entre el paraje del campamento y el sitio que ocupamos
ahora se ven dos lagunitas secas. Se buscó entonces un lugar
ajiropósito para ali'avesar este arroyo que es baslauto profundo
y llamamos Gambusinos por estar tan próximo á la laguna.
La operación de atravesarlo nos ocasionó nueva pérdida de
tiempo, poríjue la lanza se rompii') cuando el carro estuvo en
el a_iua. Tres horas de demora fueron empleadas en sacarlo
del ai-r'oyo y (componer medianamente la lanza para poder
continuar viaje. Eran las 10 y 30 a. m. cuando nos pusimos
en movimiento en dire(;cion 02" hacia el flanco derecho de un
cerro basáltico, cuya superficie presenta una curva semejante
á una silla de montar, por cuya razón le llamamos Cerro
Montura. Siguiendo un poco esa dirección, por un cañadon,
llegamos á una hondonada con una laguna, que dejamos á
nuestra izquierda, luego se eleva de nuevo el terreno, para
formar otra nueva hondonada con oti-a laguna, que esta vez
dejamos á nuestra derecha, volviend(i muy en breve á caminar
por un cañadon que nos llevó á una (juebrada pi-ofunda,
dirigida de N. E. desde el pié del Cerro montura á S. W.,
hacia cuyo rumbo se alcanzan á divisar las cumbres nevadas
de la cordillera. El piso de esta quebrada es nmy acciden-
tado por estar sembrado de grandes piedras ba-sálticas é irregu-
laridades producidas por cori-ienles de agua, agotadas al
<_'
— 243 —
liresoiile, iiero (|iio con una |H.'i|uori:i lluvia se forman al
instante. A la 1 j). ni. pasamos al lado do un mananlialito en
osla (jiií'lii'ada denioi'andd el (^"-cri'ito Mi.mtui'a á nuestra espalda
á 242", siendo esta la misma dirección á que se enconLral)a
on resi)Ccto á nosotros por la mañana, al atravesar el arroyo
Gambusinos. La distancia recorrida puede calcularse en cinco
leguas y media y la posición geográfica del campamento (>n
Lat. 50"02'30"' S." y Long. Tl^SS^ W. Greenw.
El 19 de Enero por haberse originado dificultades con los
caballos del carro no salimos hasta las G y 3U o. m., la c:iusa
fueron aluiiuos pantanos cercanos al manantial, (|uc ''slán muy
bien disimulados, cubiertus poi- la tiei-ra amarilla endurecida,
(pie se vé por todas pai'los. Estos no tienen gran extensión,
.1 lo sumí I ali;uu(is meii-os cuaih'ados y presentan debajo do bi
capa do tierra dura un barro semi-líipiicb) basta varios metros
<le profundidad. Estas especies de trampas naturales son muy
peligrosas, ponpie pueden desaparecer en (días cuballos con
í;inete. Se hallan por lo general cerca de algún manantial y
las hom(\s obsíu-vado en vin*ios (larajcs.
Seguimos |)or la (|uebrada iiácia abajo hasta cerca de una
laguna, donde se ensancha teniendo un piso tan blando de
arcilla amarilla ([uc se hace imposible seguir por ol medio con
ni carni. cuyas ruedas, se entierran hasta la maza. Por esta
ra/on tmimus f|uo i-oclinanios á In falda i/ip.iicrda de la
([uobrada. hallando allí un camino mas pi'acticable. Después
i\o pasar delante la a|)ertura de un cañadon i[ue se abre en ia
falda (|ue seguiniiis y donde se notan las capas ostralilicadas
del terreno ciinlciiiciido numerosas ostras fósiles, subimos por
otro cañaddií cmi un manantial hasta que á las 9 y 25 había-
mos concluido de ascenderlo, enconti'ándonos onlonces al pió
de un cerro. (|ue llamauKJS Arenisca, por estar compuesto
exclusivamente de estratificaciones amarillas y rojizas de esa
piedra.
Esc corro se veia poco después do salir del campameui(_i en
dirección 71°. Marchamos después por un suelo bastante favo
rabl(? para el carro, dejando el cerro muy cerca á nuestra
izíjuierda sin pensar ni remotamente en la nueva sorpresa que
se nos presentaría á las 10 y .3.0 a. m. Poco antes de esa hora
notamos que el nivel del suelo ib;i des(>endiendo, pero de pronto
vimos que habíamos avanzado liasta el l)orde de un barranco
elevado y muy poco in(dinado, como un iirecipicio, que í'ormaba
un flanco de un [¡rofundo cañadon en el que se veian buenos
pasl(3s y agua. Tratamos de buscar un rodeo, pero era inútil
— ^44 —
y lo mns c(iitcc|(} mo [larecii'i descorg'ar ul cami y de.^rPiuli'r
allí inisnio. E\ traljajo ¡lai'a lograr esto fué eiioi-me y puso á
|)i-uol>a la Iniena voluntad de todos. Inmediatamente se echaron
los cajones al suelo y lo (|ue no olVecia peligi'o de fomi)ersc
t"u(5 lai'gado cuesta ahajo.
l']sto mismo se \\m> con el caiTo, ¡loniéndole tres cahallos
con cuarta por detrás para irlo deteniendo y evitar así (jue
desendiera con demasiada rapidez. Una vez en un terreno
de menor declive, se llevó toda la carga al homljr'o hasta ahajo
y elejimos entonces un paraje conveniente \mvd pei'uocóai-. La
impresión que me ha dejado el descenso con el carro p(»r
acjuella pendiente, es de que si se presentan diticultades pare-
cidas avanzaremos muy des|)acio, y no sería difícil (|ue alguna
vez se nos hiciera pedazos el vehículo. Haliriamos andado
apenas cuatro leguas ese dia. A las 3 y 30 ]). m. enqiezi') á
llover, siguiendo lluvia hna toda la noche.
Aquí permanecimos dos dias para dar reposo á los animales
que hallan huen ¡jasto. Al siguiente dia de nuesli-a llegada
mandé á Ivdvich y Perico á (|ue siguieran á cahallo el caña-
don Inicia ahajo (W.) se fijaran en un gi-an lago i:(ue dice haher
visto desde una loma ayer el pinmero de los dos, al correr un
guanaco. Regresaron á la tarde ti-a yendo algunos pedazos do
lignita sacados de una h.arranca y hahian cazado dos avestru-
ces. V,n cuanto al lago, dicen (¡ue suhieron ¡\ una mesetita (|ue
demora en la ¡trolongacion de este cañadon y desde alli'i viei'on
un inmenso lago, que suponen sea el Bi(^dnia, pues que l\d\'ich
hrdiiendo ya estado en el Lago Argentino, uo i'econoi-e (|uo sea
el mismo.
A causa de haherse encontrado en este cañadon los ¡¡edazos
de lignita que menciono, Uamámosle cañadon de la Li.unila,
siendo la ])osic¡on geográfica calculada i)ara el canipameiilo
LaL 49"51'30" S. y Log. 71"-il'40" W. Greenw.
El 21 de h^nei'o, salí acompañado de Ivcivich pruM xcr el
sitio donde encontraron lignita y dar un vistazo hacia el lago.
Con ese ohjeto salimos hi'icia el Oeste hasta ([ue llegamos á la
mesetita hasáltica situada en la ]>rolongac¡on del cañadon
después que huíamos ascíMidido ¡i la suixM-ficie c(Mn|iuesta de
Ijasalto, avistamos al N. W". un gran lago, rodeada su cosía
occidental apenas visihle poi' la Lordillera nevada, noti'nidose en
un paraje un ventisquero enorm(\ ü(^ este lago se desprende un
rio. serpentea por un valle (¡ue coi-i-e de norte á sur. No me que-
daha duda pues, que el lago en cuesliou era el Biedma, y el ri
el llamada Orr ó Leona, (¡ue deseinlioca en el Lago Argentino
o.
li^l fuerte viciito i'cinante ¡igiLalia las aguas de Oíjuel eaofine
laiio, semejante á un mar, (ui'maad(j íj,i'aade oleadas, (|ue se
veian á pesar de la dis(aiic¡a. Notábanse también grandes
|iuntiis blancos en el agua, que eran témpanos de liieln algu-
nos de los cuales debian tener un tamaño colosal, puesto que
se dislinguian ;i mas de 10 leguas.
MI cui'so del Rio Leona liácia el Sud-üesle no era visible ni
tampoco el Lago Argentino, porque ocultaba el panorama un
cerro, cuya rorina semejante á murallas con troneras, torreci-
llas y almenas dio lugar á que le llamáramos Cerro Fnrtale/.a.
La cara de la mesetita basáltica desde la cual dominábamos
aquel paisaje y estaba dirigida al oeste, presentaba sus rocas
de Ijasallii columnar dispuestas en un semicírculo por lo cual
llam.iniiis á este meseta el Antiteati-o, como figura land)icn
en el cnupiis del viaje. Descendimos de la meseta y nos Iras-
ladamiis :\\ punto donde fué hallada la lignitíi. Ln una l)aiTanca
de capas de conglomerado y areniscas se ven en diferentes
puntiis, ramas y varios fragmentos de ti'oncos de árboles muy
comiirimidos y convei'lidos algunos de ellos imperfectamente
en ese mineral, consevando su aspecto vegetal con la cei'te/.a
bien Fiicil de rec(in(H'ei-. Ñus d¡s|)nsinios á regresar al campa-
mento. j)asando por una serie de conos erosivos de ai'eiila
blanca, cuando sobre uno de estos vio Ivovicli una piedra di'
forma tan rara, (|ue subió á verla y me llamó diciendo ser un
hueso de Sauí'io. En presencia de esta reliquia vi efectivamenle
(pii' se ti'atalja de un enorme i-eslo fi'isil de un Dinosaurio y á
juzgar por su Ibi'ma y tamaño creo haya sido un fémur de un
niii.'uibi'o de la familia de los Iguanodontiilos. Fuei'a de este
hueso encontramos, casi cubiei'tos por la ai'cilla, varios otros
huesos redondos de diez á veinte centímetros de diámetro, que
parecen pertenecer al mismo animal.
Vof desgracia, el fi'uiui' se ImlLiba coinimesto de un niinu.'i'o
infinito de pedacitos. que aun consersalian su posición natui'al,
sin embai-go la parte opuesta al trocante estaba ya deteriorada
\ mui-biis pe(|neños fragmentos diseminados ¡i su derredor,
el mal estado de conservación del fémur debido á los efectos
de la inhltracion y eonjelacion del agua una vez penetrada en
el hueso, no pei'milia ser movido de allí, pues se hubiese
desmoronado com|iietamente, con todo pude sacar un dibujo
lijero y tomar las medidas que doy á continuación:
Longitud total 1 meti'o 15 cm.
Anciio con el trocmiter 54 cm.
Ancho en su parte media 33 cm.
'2'íG —
Altura (l(>l li-iii-nnter 25 ciii.
üiáinelro del niisuio IS ciu.
Buscamos inútilmente ntrns restos y [n>\- lia Ti las (1 de la
ti.rde, regi'CsaiiKis al canipumeiiln.
K\ 22 de Enero salimos ú las !) y 25 a. m. por el cañadon
hacia el W. á causa de habernos detenido li-atando de llevar
con nuestros caballos á una yegua salvaje que había amane-
cido enti'e estos. Al cabo de
tres horas perdidas en su per-
secución se consií^uió Iraerla
al campamento, donde se ecln»
al suelo y no se quiso mo\ei'.
La dejamos atada con un lazo
á una mata y seguimos viaje
con la idea de v<_ilvci'la ¡i buscar
:'i la larde.
A las 12 del dia se tonKí
una vista fotoi^ráfica de un
.gi'upo de piedras de cuarzita
que indudablemente formaban
un trozo errático de gran ta-
maño y se hallaba actualmente
dividido en varios grandes tro-
zos.
En el l'ondo rlc osla misma
vista aparecen los conos erosi-
vos de arcilla donde se encon-
traron los huesos del üino-
saiu'io.
Al pasar por allá alzamos los
huesos y á la 1.30 p.m. paramos
la lado de una torrentera en
cuyo lecho encontramos un hoyo
grande con agua potable, pero
Fifí. III. — Fcmiir fie Dinosauri
1
10
de color blanquizco, por la ar-
muy cerca del AnÜteatro y al pi(' de
basalto, entre las cuales pasa una
cdlla. Estamos acanqiados
otra mesetita cubierta de
quebi-ada que pienso seguir mañana para alcanzar el nacimiento
del rio Leona del lago Biedma, con el objeto de lijar la posición
geográfica de punto tan interesante. Después de alojarnos fueron
tres hombres á buscar la yegua, pero regresaron trayendo parte
de la cai'ne, i)ues el animal no se cpiiso levantar y fui" carneado.
— 247 —
Ivsle alojiíinioiilo eslalia situado ii los -49» 51' de lal. sud, y 71°
58" de long. W. de Greenw. l'llcaiuino recorrido fué apenas de
ti'cs leguas por las occidentaciones 'del teri'oiio. Hubn que re-
llenar dos arroyitos con ramas y piedras y así mismo se rompió
por tercera vez la lanza del carro, que fué preciso comiionei"
durante la marclia.
El 23 de ¡Miero salimos á las 7 a. m. pasando poi- la que-
brada situada entre las dos meselilas l)asá!ticas Anfiteatro y su
compañera del Norte. Muy pronto salimos á un campo ondulado
y arenoso presentando sucesiones de colinas cubiertas de hlocos
erráticos, algunos de gran tamaño. Seguimos en línea recta
hiicia el punto donde sah^ el rio Leona del lago Biedmn donde
llegamos cerca de la 1 de la tardo, dos horas antes tocamos la
márjen de ese rio el cual descrilie un codo muy pronunciado
en aquel punto. MI campo es muy pobre, muy arenoso y com-
pletamente minarlo por cuevas de piches, de cunos animales se
preparí'i un suculento idnuierzo á nuestra llegada ii ()ri'-aik,
nombre dado por los indios tehuelclies al punto del nacimiento
del i-io Leona.
La composición del suelo de todo el gi'an Liajo (|ue se ex-
tiende desde la falda de las mesetas ba.sálticas abandonadas esta
mañana á las i|ue pertenece el Anfiteatro, demuestra haber sido
en otro tiempo fondo del lago Biedma. Este debía haber tenido
poi- lo tanto una extensión mucho mayor que en la actualidad.
Los blocos erráticos diseminados en todo el trayecto indican
que allí flotaban témpanos de hielo, donde hoy buscan su ali-
mento los pequeños desdentados.
El sitio elegido para campamento distaba unas cuatro cua-
dras del punto mismo donde las aguas del lago entran en cauce
para tVirmar el rio Leona. Existía un j)equeño des|)layado entre
la barranca y la orilla del rio, y allí levantamos nuesti-a tienda.
Pasto para los animales no hay casi ni aun cerca del agua.
Debajo de unas grandes matas de calafate ó incienso vimos
restos inequívocos de campamentos, como fogones, cajas de
conservas, botas viejas, botellas vacías, papeles y dentro de una
botellita tapada encontróse un pedacito de un mapa que acom-
paña á uno de los folletos de Moyano. con las siguientes pa-
labras escritas con lápiz: «Salud, á los viajeros del poi-vcnir.»
Cerca de estos restos de alojamientos existen varios montones
de huesos de guanacos blanqueados por el tiempo, que calculo
como pertenecientes á unos 200 esqueletos, como si se hubiesen
dado cita para morir todos allí. Las márjenes del rio son en-
teramente peladas, salvo uno que otro arbusto de incienso ó
— 248 —
calafate, (|ue sirve de abi-i^o conti-a los vientos fuerlísimos que
experimentamos todos los dias de nuestra permanencia en este
sitio. Otra circunstancia digna de mencionarse es la corriente
espantosa del rio cuyas aguas son blanquizcas y muy trias. La
profundidad cerca de la orilla es mayor de tres metros y en el
medio seguramente pasa de veinte. El ancho varía alrededor
de 80 metros cerca de nuestro campamento, en cambio antes
de alcanzar el Lago Argentino tiene este mismo i'io una amdmi'a
mucho mayor, hasta cerca de 200 meli'os. El fuerte viento i-ei-
nante levanta mai'ejada en el Lago Biedma, cuyo ruido al romper
en la playa, recuerda el bramido del Océano. Parado sobre
una colina, compuesta casi exclusivamente de piedras irregu-
lares y desde donde se domina expléndidamente el lago, se
vé en dirección 110° del otro lado de aquel, un cerro agudo y
nevado, cuya cumbre sobrepasa la altura de las nubes, el cual
está redeado de varios picos de menor elevación. Esa montaña
cercada de picos afecta la forma de un gigantesi'o cristal blanco-
Es el llamado volcrm Fitzroy por Moreno en 187G y [tostoi-ior-
mente Chalten por Moyano.
Sobre su naturaleza volcánica no puedo decir nada, tuve
ocasión de verlo durante muchos dias, sin estar oculto por nubes
pero ninguna vez he visto humo en su cumbre. Kn dirección
95", cerca del Nevado Fitzray, se divisa un pico nevado en me-
dio de un ventisquero que provee de témpanos de hielo á este
lago. En dirección 140° y á una dislancia que no pasa de dos
millas de la playa se vé asomar un arrecife de entre las aguas
del lago, probablemente es un enorme bloco errático, .sepultado
alli. Hacia el sudeste se distingue el cerro Fortaleza y al este
poco al norte los cerros INlontura, Arenisca y Anfiteatro. La dis-
tancia hecha ese dia fué de 5 leguas y la posición geogi'áfica
de Orr-aik ha sido fijada en lat. 49°, 44' , 30" S. y long. 72", 11' ,
50" W. Greenw.
Permanecimos acampados por cuatro diasen este alojamiento.
El primer dia mandé á Ivovich á seguir á caballo la mái'genes
del rio, para saber si sería posible seguir con el carro en esa
dirección hasta Cai'-aik. Asi llaman los indios á la región cer-
cana á la desembocadura del rio Leona y era allí donde tenía
orden de buscar un yacimiento de f('»silos, sacar una cantidad
de esos y trasportarlos en el carro. Ivdvicli regresó á la tarde
haciendo una descripción del terreno cjue había atravesado im-
posible de seguir con el carro, pues que en algunos sitios el
rio se acerca á barrancas á pique y cerros escarpados.
Trajo además huesos de Dinosaurios recojidos en la falda
— 249 —
del Cerro Fni-lale/.a. K\ 25 de l'inero se tomaron al.i;uiiíis \¡stas
rolog:riUieas y visitamos el sitio donde comienza el rio (|iii' allí
tiene una «ixtcnsion <\o unos (lO mcli'os. Solare la oi-¡lla opuesta
(doreclia) existen m(5danos do arena y soiire luio de éstos estaba
plantado un palo con una laldilla colorada clavada en su ex-
tremidad. Sohre esta orilla cu ve/, de los médanos se notan
aiílomeracioncs de blocos erráticos y bañado por las aiiuas un
gran desplayado cubierto de gruesos pedriscos de granito, ipn'
demuestran el nivel mas elevado á (pie deben liabei- alcanzado
los aguas.
Durante la nocbe se congelí') el agua en los vasijas que ba-
bíamos llenado el dia anterior. Mu el rio pescó Beauñls vai'ias
trurhas de nia\(>i' tamaño que las del rio Santa Cruz y otros
[)escados de menor talla. Al otro dia no so veía ílotai- en el
lago ningún témpano de bielo. Los campos cercanos son
enteramente pobi-es y faltos de caza, excepto los pe(|ueños pi-
(dií^s. i'ln estos (lias se Iraliají') acti\'amonto en la coin|H:)stura
del carro, el pedazo de la lanza rota se prolongVi con un trozo
de madera do incienso, torcido y nudoso, [)ero á falta de otro
se touK't lo mejor (|U(' li(d)ia. MI 27 do iMicro salimos de Ori--aik
con la idea de seguir hasta Cai'-aik, donde están los tVtsiles.
l']mpo'/amos á marchar i'i las 0.45 a. m. en dirección :'i la iz-
([uierda dol Cori'o Forlidt'za. Volvimos á pasar por parto del
camino ya heclio ;d venir por ('1 gran bajo y luego entramos
á un cami)o mu\' ipiebi-ado hasta ([ue nos convencimos d(! lo
imposibilidad do soguii- con (íl cai-ro. Mntre tanto habíamos
aNonzado muclh.) \ teniam(js el Cerr(.) Fortaleza ;'i [)ooas cuadras
á nuestra dei'ecbo. Una profunda quebrada formada por una
torrentera nos interrumpía el paso. Las paredes altísimas de
esta escotadura están formadas por capas muy abigarradas,
amarillas, rojizas y pardas oscuras, todas sin f(')siles. Resolví
dirijirme entonces hacia una meseta cubierta de basalto que se
destacaba ó nuestra izquierda. Para conseguir esto se ti-o|iez(')
con muchas dilicultades y fué menester uncir al corro los me-
jores caballos (¡ue tirando desesperadamente á los gritos y la-
tigazos del conductor llegaron por fin boñodos en sudor ó la
parte alta de la meseta, de donde con gran júbilo nuestro ar-
rancaba una quobi'oda de suave pendiente hacia otra mayor
cubierta de buen pasto dirijida de Norte á Sud. Una vez ollii
reconocimos en ella un brazo del cañadon de lo lignita, preci-
samente la ])rolongacion de a(]uel donde estuvimos alojados el
22 de Enero á la noche. Alcanzábanse á distinguir las mesetas
de Basalto, Anfiteatro v sus vecinas. A las 2 de la tarde desen-
— 250 —
3Íll;iiiii>s en esa quelirada cerca de uim.-- lidvo.s do agua. Las
piedras basálticas, pertenecientes á la meseta que escalamos
se han precipitado dentro de la quebrada oljtruyendo la marcha
regular del carro y en una de estas que presenta una superficie
lisa hacia el medio del cañadon gravé con el martillo una B y
la cifra 92 debajo. I.a marclia hecha ese dia ha sido de mas
de G leguas y la posición del campamento calculada en lat. 49°
56'30"sud y long. 72° 02'2ü"W. Greenw.
Para hacer la siguiente marcha partimos á las G.45 a. m.,
remontandii la ipiebrada hasta unas tres leguas donde se pierde
en una planicie elevada 'y ondulada. Allí pasamos al lado de
una laguna de bai'ro amíu-illo. Luego seguimos al S. W. pero
de nuevo fuimos detenidos por una bai-i-anca i'i pifjuo imposible
de salvar con el cari-o. lin esta emergencia, Ivovich que antes
ya había estado en este pai-aje, i-econoció á espaldas nuestras
la barranca fosilííora do Car-aik distanle unas tres leguas de
donde nos encontramos. Hicimos rumbo al punto (|ue el reco-
mendó para acampar j)or la abundancia de pasto, agua y leña,
como taml)ien [lor la cercanía á los sitio íbsilíferos. Empero la
línea recta no pudo seguirse p(ir impedirlo una escotadui-a ope-
rada por una toi-rentera idéntica á la del dia anterior con las
mismas capas abigarradas. Haciendo un rodeo evitamos este
mal paso y á la 1 ¡x m. después de hacer 5 leguas paramos
al lado de un pequeño manantial en la falda ile la meseta basál-
tica ([ue formaba el flanco de la (¡uebrada abandonada esa ma-
ñana. En ese punto aparecen capas de arenisca que contienen
grandes ostras fósiles y estas rocas forman una especie de por-
tada ó boquerón angosto á través del cual continua una ([ue-
brada angosta.
Después de alojar, Ivovich mnln un puma cuyo esqueleto
disecó Beauflls, poi- esta razón fué llamado este sitio Manantial
del León y su posición geográfica ha sido fijada en lat. 5()"02'01'"
Sud y long. 71''55"30" W. Greenw.
En la duda de poder ó no encontrar sin obsiáculo el lugar
(|ue indicó Ivovich, como campamento aparente para nuestra
expedición, salió éste á exploi'ar el terreno antes de partir al
siguiente dia y pronto volvió para servirnos de guia. Tomamos
por el boquerón, siguiendo el cañadoncito donde vimos un
bonito ejemplo de erosión en un trozo aislado de arenisca, i[ue
descansa sobre una base muy pequeña.
Después de legua y media de camino por buen terreno,
alojamos en una quebradila j)or donde corre un buen nian.m-
tial, liabiendo pasto en abundancia para los animales.
— 251 —
i'lshi i|upI)1-:hIm desciende de la misma falda de la mésela
liasiillica dolido so halla el MaiiauUal del Leou y vá á juiílarso
:i poras cuadras de nuestfo alojamiento con otra queijraila
mayor, oii la cual doseinliocan oirás varias. Lo mayí ir descien-
de t\c. la falda do un elevado c(^i-i-o hasiUlico cjue se avista desde
e! campainonlo y lleva on ol mapa de Moreno el nombre de
(k'i'ro Inclinado, cuya altura calculo en 500 metros. Este cerro
os una parte elevaila <Ur la misma meseta basáltica de que
voni^o hablando. Desjmes de habei- levantado la carpa y estan-
do ordenando todos nuestros efectos el pei'sonal expedicionario,
subí ;í caballo bástala cimdd'O d(^l cerro Inclinado, desde ilondo
lonii! con la lirújula [irisiiiiitica ini|)orl;uites direcciones. Se
alcanza á dist'nguir desde a(juella altura la mayor parle do
¡as elovaciones del camino seguido, los cerros Gambusinos,
Montura, Arenisca, Anfiteatro, Fortaleza y además se divisan
los dos lagos, Biedma y el Argentino. Este último se encueu-
Ira á unas tres leguas en línea recta del cerro. Esta montaña
es eN'idonlomi'uto un c-rálor, se ven los i'ios de escorias rojas
y basalto ;i su derredor, un semicírculo del cráter permanece
oü pi('. ol otro ha desaparecido, pero los innumerables írag-
niíMilos bas;'d lieos de todos tamaños, desde los trozos mas
enormes hasta los detritus mas peijueños, señalan aún el sitio
que ocu])!'» la pai'te que hoy falta de su inmensa boca.
1mi la parte mas alta del cerro, observé un rebaño nume-
rosísimo de guanacos, cuyo número no me atrevo á avaluai-
en menos de diez mil, y que ocupaba toda una falda de uno
de los Flancos del cerro. El viento (|ue experimenté oslando
|)ara(lo en la cuml)re, fué de un empuje lal. que me vi obli-
gado á permanecer echado sobre las piedras, durante las ráfa-
gas mas violentas, habiendo sin embargo intervalos durante
los cuales podia seguir mis observaciones con la brújula.
Al dia siguiente de nuestra llegada al campamento del Cerro
Inclinado, fuimos todos á la barranca fosilífera que dista ape-
nas doce cuadras de nuestra carpa. Desde allí se domina el
valle del Rio Santa Cruz, f|ue corre al Sud de la bm-ranca.
leniendo de valla á valla cerca de G leguas. La barranca fosi-
lif'oi'a so distingue desde muy lejos, pues apesar de ser de
conslituci(.iu idéntica á todas las domiis vecinas, tiene un as-
|iecto distinto, por haber sido lavadas sus capas superpuestas
de manera .'i dejarlas ver, las (¡ue forman un murallon á pique
de cerca de sesenta metros de altura con algunas gradas pro
viMiientes de estratificaciones de ai'onisca compacta. En caml)io
las oti-as barrancas cercanas son de pendiente redondeada y
— 252 —
cubierta de guijarros y vegetación, iui|iosil)ililaiidij \ci' .su com-
posición geológica.
Tuvimos la suerte de recojer algunos cráneos completos do
mamíferos extinguidos, algunos de la talla de un caballo y
aún mayores, como también otros restos pertenecientes al es-
queleto, lúi la liai'i'anca se pueden enumerar no menos de
veintiocho capas de diversos coloi'es, alternando los matices
rojizos, verdosos, pardos y amarillentos unos con otros.
Desde luego se reconoce encima do todas las estratiticacio-
nes el manto de basalto, tan extendido en esta parte de Pata-
gonia. Debajo existen arcillas amarillentas sin fósiles, luego
una capa de arenisca sin uímIuIos \- doiiajo de gruesa capa de
ésta otra con nodulos. Viene entonces una do arcilla color
plomizo que guarda huesos fósiles de mamíferos. Debajo are-
nisca con nodulos, en seguida arcilla endurecida amarillenta
entre la cual fueron encontrados huesos fósiles. Mas abajo una
capa de arcilla blanca compacta, después otra vez la esti'utili-
cacion fosilífera plomiza. Siguen hacia abajo en orden: arcilla
compacta color chocolate claro, arenisca i'ojiza con ncidulos,
arenisca verdosa, arcilla compacta chocolate oscuca, arcillas
Ijlancas, plomos, amarillentas, compacta chocolate, oscura,
amarillenta, plomo mas oscura, verdosa, amarillenta, verdosa,
amarilla, verdosa, oscui-a, parda y por lin aliajo el piso de
guijarros.
I'hi rosi'unou [)Ui'dc liocii'sc i\na los |V)s¡ios se halla. i en grue-
sas capas arcillosas plomizas aniai-illeatas (|ue se repiten á
varias alluras en esa bari'anca entre arenisca rojiza endu-
recida.
En el camino á la banquea, hallamos una carnoaila do loon,
es dócil-, un gran guanaco (ioscuartizado y tapado perfecta-
mente con paslo arrancado. Esta es la costumbre de los pu-
mas, para ocultar la presa (jue piensan comer, de los ojos de
las aves. Como teníamos necesidad del cuero del guanaco y
podíamos también a[)rovechar parte de la carne [lara darles á
los perros, se destapó el cuerpo y tomamos lo que nos hacía
falta. Cuando regresamos id campamento y volvimos á pasar
j)or ahí, estaban cuatro cóndores y algunos caranclios aposta-
dos en las puntas salioutes de las piedras, esperando conven-
cerse de la inmovilidad de la carne para devorarla. En varias
ocasiones pude observar esta misma costumbre de los pumas.
El último dia del mes de Enero y los tres primeros de Fe-
brero estuvimos ocupados en buscar fósiles en la barranca ya
descrita, v en otras mas cercanas al Cerro Inclinado, donde no
I
— 253 —
nparece sino la capa amarillenta Ibsilífera formando el suelo,
y algunos pequeños conos de erosión.
El 3 de Feljrero fué Ivovich aconipañado de Pedro Rosu ú
luiscar un sitio conveniente para alojar sobre la costa del Hio
Leona y á una distancia que jiermitiera fuesen llevados al
campamento los restos de Dinosaurios, f|ue se encuentran al
pié del Cerro Fortaleza.
Regresaron á la tarde con la nueva de que creian so pu-
diera acampar á dos leguas del sitio donde están los huesos
de los Dinosaurios y que les jmrece exislcn vndns por el rio
Leona.
El dia 4 de Felirero salimos á las 7 a. m. con el can-o, del
alojamiento del Cerro Inclinado, cuya ])Osicion geogi'álica lia
sido fijada en lat. 50" 02" S. y long. 71»48".iO" W. de Greenw,
con la idea de descender al vado del Rio Santa Cruz v aproxi-
marnos en lo posible al Cerro Fortaleza tomando |ior la costa
del Rio Leona, trayecto que habia exploi-ado Ivovicli. Durante
tres horas marchamos por un terreno muy accidentado y ('U-
bierto de grandes cantos rodados hasta que nos tuvimos que
detener al borde de un barranco de unos treinta metros, que
foi-ma el deslinde del valle del Rio Santa Cruz y el terreno
elevado. Kl descenso fué en extremo peligroso y hubo que re-
currir al método ya empleado otras veces, de inmovilizar las
ruedas con cadenas. Al pié de ese barranco pudimos se-
guir marcha con mayor velocidad, pues el suelo era cntei'a-
mente liso, exento de piedras, pero no muy firme, desde que
era compuesto de arcilla. Ln algunas partes se hundi.iii mu-
cho las ruedas, en otras hubo que hacer rodeos, para evitai-
pequeños lechos de airoyos secos. El fuertísimo viento reinante
durante la marcha hacía que se levantaran nubes do polvo
detrás de cada animal y como se arreaban á la \angu;u'dia los
caballos desensillados, las personas que venina airas (|uc(laban
permanentemente cubiertas de tierra, de manera (|ue todos pa-
nH:¡amos trajeados con telas de igual color.
VA terreno blando de arcilla formaba como una faja de
ciento cincuenta metros entre la barranca que descendíamos y
unas colinas que se sucedían paralelamente á esa, de manera
i|iie no parecía otra cos.i (|ue un antiguo lecho de rio. A la
1.30 p. m. llegamos á la orilla del rio Leona como á dos mi-
llas de su desembocadura en el Lago Argentino. Existe ahí
un rincón ó vuelta del rio, cuyo terreno como de dos cuadras
cuadradas está cubierto de buen pasto.
En los lados opuestos al rióse eleva la l^arranca que liuiit.-i
o
— 254 —
el lecho seco citado y que sigue remonfnndn la margen iz.quier-
da del rio Leona, liaciéndoso mas perpendicular á medida que
se aproxima á él, |)or otra parte las colinas antes paralelas á
esa l)arranca y que ¡'i su vez haciéndose mas elevadas se acer-
can á las aguas del rio y siguen por su orilla izquierda hacia
la desembocadura, antes de llegar á la cual se convierten en
médanos de arena, cubiertos de una espesa vegetación de cala-
fates y otros arbustos leñosos.
Imi este rincón, al pié de la primera colina se encuentra un
gran bloc errático de granito, partido j)or la mitad, de arriba
ahajo, pfM'O paradas aun las dos pai-Ics.
Parece como si fuera una señal coliicada á propósito para
indicar un buen alojamiento. Allí mismo levantamos la carpa
entre la piedra y el ¡mato donde las aguas del rio lamen el
|)ié de las colinas. La anchura del rio pasa de ciento cincuenta
melros y está sembrado de isloles. aunque h'ente mismo al
campamculo existe in:a extensión sin islas, donile el ai;iia
ciii'i-o con gi'an velocidad. Los islotes no se eiicuenliMii en el
medio del rio sim'i siempre cerca de una de las riberas, de
manera que el rio conserva siempre su anchura y gran cor-
riente.
Después de recorreí' un poco los alrcdedoi'es de esle rini'on
reconocí que efectivamenle el presunto locho de rio no podia
ser otra co.sa más que la continuación del rio Leona, como si
éste en oli'a época fuera á unirse al Rio Santa Cruz sin
desembocar en el Lago Argentino.
La distancia recorrida aquel dia fué de G leguas y la
latitud de este campamento Car-aik á orillas del rio Leona
ha sido calculada en 5(K)8' S. y Long. 71''59'30"'W, de Grem-
vich. Parándose al lado del bloco gi'anítico se divisa la cmn-
bre del Cerro Inclinado.
Desde las colinas bajo las cuales levantamos nuestra tienda
se 'domina un magnífico panorama hacia el Oeste. Se vé la
desembocadura del rio en el lago, los cabos que se internan
en el Punta Gualicho. Monte Frias y Avellaneda, nombres
dados por Moreno, también se reconoce por su forma i-ara
Hobler Hill y su vecino mucho más alto Castle Hill, denomi-
naciones dadas por Fitz-roy, que demoran sobr-e la costa norte
del Lago Argentino al oeste de nuesti'o campamento.
Las capas de arenisca endurecida que forman la barranca
costanera del lecho seco y más adelante las del rio Leona,
á medida que avanzan la'icia el oeste se elevan m;'is y mi'is,
asi se ñola del otro lado del rio. IVenli' á nuestro alojaniienlo
— 255 —
y también sobre la costa Sud del Lago Argén I ¡no qne estas
capas han sido solevantadas, tornándose de ImiMZdnlales que
eran en estratificaciones con una inclinacinn hasta de 25
grados. Más adelante pude observar de cerca este fenómeno,
precisamente en el sitio donde se descubre la mea que impul-
só hacia arriba los sedimentos. Esta roca la forman pizarras.
Debajo de los sediinicntos de arenisca aparecen las capas rpie
contienen los Dinosaurios.
El 5 de Febrero, dia de fuerte calor y lo (|uo era una
i'are/.a, sin viento, pero abundantes los jejenes y tábanos,
fuimos sorprendidos por el hallazgo en la angostura, donde el
rio baña las colinas, de una construcción cslraña, i'i manera
de una embarcación. Este objeto estal)a casi enterrado en el
fango del rio, pero después de extraído se i'econdció perfecta-
mente el esqueleto de un bote retubado <le cuero. Se hallaba
todo en un osLadi' inu\' malo de coniiiervaciMH, los cueros ya
casi descompuestos y las ligaduras con que se hablan sujeto
los extremos de las ramas, estaban desaladas. Se encontraron
tainl)ien dos pedazos de madera cortados evidentemente con
cuchillo, los cuales .servían de remos á juzgar por su forma de
cucharas.
Antes de nuestra salida del Quemado habíamos recibido
aviso de que un hombre llamado Acencio Bounel, de Punta
Arenas, merodeaba acompañado probablemente de otros suje-
tos de malos antecedentes en las cercanías de las Cordilleras.
Este hombre hol)ia hecho varias muertes en territorio chileno
y argentino, pero habla también logrado sustraerse á la acción
de la justicia, viviendo alejado de las poblaciones. Se le incul-
paba de frecuentes robos de caballos á los colonos é indios
tehuelches de Santa Cruz. Disponiendo, en consecuencia, de
numerosos caballos se trasladaba con suma rapidez del lugar
de sus hazañas á sus guaridas seguras, sin que nadie se
atreviera á seguirle. Los restos del lióte procedían sin duda de
este temido malhechor, como lo' evidenciamos más adelante.
No era difícil suponer que se hallase este hombre del otro
lado del rio, lugar que le ofrecía garantías de seguridad, pues
que el rio no era vadeable, como lo comprobamos. El 6 de
Febrero se construyó una balsa con troncos secos de liayas
que se hallaron diseminados en la orilla del lago cerca de la
desembocadura del rio. No fué posible empero atravesarlo por
causa de que la corriente empujaba la balsa hacia la orilla
donde nos hallábamos. Ese dia llovió hasta las 11 a. m.,
habiendo empezado la noche anterior. Al otro dia se volvió á
— 256 —
inlontai' el paso dol rio con la lialsa, \)ero nos convencimos
de lii iiuilü <le nuestros esfuerzos y renunciamos á este í^énero
de navegación después ([ue los tripulantes cayeron al a,i;ua.
El oltjeto que tenía en vista al atravesar el rio ei'a cumplir
con uno de los artículos de las insti-ucciones, que me imponía
la obligación de reconocer el Lago Argentino en su i)arle
occidental; para esto esperaba alcanzar á Hobler y Ca.-.tel iliil,
donde hasta entonces ningún explorador* había llegado por
tierra.
Entre tanto se hacían estos ensayos, lialiia remontado el
rio Leona hasta cerca el Cerro Fortaleza y llegué á la con-
clusión de (jue no era posible la extracción de restos de
Dinosaurio, sino por medio de una embarcación con que
remontar el rio hasta el paraje en cuestión. Por tieri-a era
poco menos que imposible poi- los accidentes del teri'eno.
A(|uello era un verdadero caos de barrancos a [lique, colinas
de erosión, lechos de torrenteras, tierras agrietadas, angoslui-as
imponentes del rio y todo lo peor que se puede imaginar. En
algunas partes existían sin embargo pequeñas playas á orillas
del rio, donde abundaba el pasto y la leña.
Teniendo en cuenta estas razones dejé á un lado los
Dinosaurio, para entregarme á la exploración del Lago Argen-
tino. No habiendo dado resultado la balsa reconstruimos el
esqueleto del bote de Acencio y culjriéndolo con nuestra carpa
sujeta fuertemente á él, obtuvimos una embarcación (|ue podia
soportar perfectamente cinco hombres. Durante una partida
de caza que hizo BeauHIs, observó el cuerpo de un pajarito
Zoiiotrichia, cuya cabeza estaba atravesada por una espina
de un calafate y i^endia de una rama. Es de suponer que
algún ave de i'apiña tenga esa costumbre, de colgar sus
víctimas para volver á buscarlas cuando (¡uiera y no tener
necesidad de llevarlas consigo si v.í en persecución de otra
presa. Durante los dias que h.emos permanecido en Car-aik
tuvimos invariablemente fuerte viento del oeste desde poco
desi)ues de la salida hasta la puesta del sol. El 9 de Febrero
al leviintarnos fuimos sorprendidos por la presencia de nieve
en todas las cerranías cercanas, l'^l Cci'ro Inclinado y mesetas
vecinas estaban blancas, más al oeste Hobler Hill y Castel
Hill parecían panes de azúcar, empero el fuerte sol derritió
muy en breve la nieve, menos en las cordilleras, donde los
cerros permanecieron blancos. En la tarde de aquel dia pudi-
mos ver en dirección 1'2."{" el agudo pico del nevado Fitz-roy.
(Continuará)
APÉNDICES
GRAMÁTICA MOCO Vi
Tomo IV.
20
APUNTES BIOGRÁFICOS
Reverencio Padre Fray Francisco Tavolini
de la orden seráfica
Suministrados por el R. P. fray Marcelo Venanzetti, Cura de San Jos¿
DE La Esquina, SanVa Fé
El M. R. P. Tavolini nació el 27 de Octubre del año 1827
en Italia, Provincia de Ancona, en los Estados Pontificios y
Ciudad de Matelica.
El ñño 1854 era ya profesor de filosofía cuando se embarcó
para nuestra América, al objeto de formar parte de la Misión
del P. A_ntonio Durand, costeada por el General Urquiza, ([uien
se propuso restablecer el Colegio de San Lorenzo.
Desde que llegó el P. Tavolini se dedicó á los trabajos
Apostólicos, con aquel espíritu de verdadero Misionero, que
lo movió á dejar la Cátedra de Filosofía, en su Provincia, á
dejar parientes y amigos, sacrificándose en todo por el bien espi-
ritual de sus liermonos en Jesu- Cristo los Indios, conducta
que observó hasta el fin de sus dias.
Poco tiempo estuvo en colegio, solo el necesario para aprender
la lengua castellana. En seguida, la obediencia lo destinó al
Chaco, en la Reducción de San Pedro, donde dio soltura á su
fervoroso espíritu en bien de los pobres indios que tenía á su
cargo; mas como la lengua Mocoví fuese un obstáculo para
comunicarse con ellos, se buscó un lenguaraz con quien estu-
diarla. Le sirvió de maestro el Indio Cacique Mariano Salteño,
con quién se entregó comjiletamente al estudio de la lengua,
al grado que solía decir que no descansó ni de día ni de noche,
hasta que al fin de los tres años de estar en la Reducción
consiguió formular el trabajo que conocemos.
■ — 260 —
El M. S. pasó ;i manos del General Mitre por conducto del
Dr. Granel, este señor lo obtuvo del mismo P. Marcelo Venan-
zetti, quien por algún tiem])0 ^ii'vió también en la Reducción
de San Pedro.
De San Pedro el P. 7'avolini fué llamado al Colegio ])ara
ser ocupado allí en calidad de Vicario, Maestro de Novicios y
Vicario de Coro, sin que por eso dejase de acudir á las Mi-
siones que de tiempo en tiempo daba en compañía de otros,
á los fieles de San Nicolás, Rosario, Pergamino, San Lorenzo
y varios puntos de la Provincia de Entre-Rios.
El año 1864 fué nombrado Guardian del Colegio, y en ese
Irienio sostu\o imponderaldes trajjajds animando con su fer-
vorosa prédica y vida ejemplar á todos sus subditos y ense-
ñándoles á sostener y sobrellevar las penalidades de los trabajos
apostólicos.
En 1867 fué nuevamente elegido Vicario, Maestro de Novicios
y Lector de Filosofía; y en el año 70 fué confirmado en los
mismos empleos y por renuncia del Guardian electo, P. Mar-
colino, (|uedó Tavolini de Mearlo in-cápite por año y meilio,
después de lo cual fué elegido Guardian por otro trienio.
Nuevamente pasó al Chaco y á la Reducción de Calchines
el año 74, y no es posible describir la alegría de su espíritu al
dejar atrás las obligaciones del Colegio y vei'se libre para dedi-
carse entero al bien espiritual de los indios y criollos que
durante tres años más estuvieron á su cargo, hasta que el año
77 fué llamado nuevamente al Colegio para desempeñar allí el
cargo de Vicario y demás oficios que antes ejerciera.
El año 79 se le aumentó el puesto de Lector de Filosofía y
Teología, y siguió desempeñando éste y los demás cargos hasta
el año 86 en que los médicos ordenaron dejase todo empleo y
todo estudio porque su salud c[uebrantada así lo exigía; tuvo
que renunciar también la patente de Comisario General que
había reciljido de Roma el año 1885.
Por tin en el año 89 el Ijuen P. Tavolini dejó de existir,
víctima de su enfermedad, apoploxia, lo que tuvo lugar el 2 de
Julio, al volver del Pueblo Roldan adonde hajjía ido á pre-
dicar. Cayó exánime en medio del camino siendo ya de noche y
no á mucha distancia del Colegio. Su muerte fué sentida y
llorada de todos.
Tavolini era hombre trigueño, de regular estatura, al)ultado
de es])aldas, corto do cuello y de una salud robusta. De talento
regular, aunque de memoria escasa, fué hombre de espíritu y
constante. Era él muy ol.iservador de la regla profesada; fervo-
— 201 —
roso y de un celo poco común ])oi- la salvación de las almas :
muy devoto, exacto y riguroso en su vida privada. Era pro-
fundo teólogo no menos que tilósol'o, y en el estudio }■ en la
oración, incansable.
Nota — Kl M. S. aludido esti'i bien <-u¡dado en la Biblioteca
del General Mitre, quien lo facilitó pai-a esta publicación; por
lo tanto se ha salvado del olvido en (jue hubiese permanecido
este monumento del tesón incansable del buen Padre, quien
sin pensarlo ha venido ú contribuir una de las obras mas im-
portantes para la filología Americana. Difícilmente se conse-
guiría un caudal de datos lingüísticos do más valor que el que
nos ha legado el buen P. Tavolini; y lo menos que podemos
hacer en recompensa de tantos desvelos, es ofrecer nuestros
votos por el eterno descanso de este piadoso Misionero é incom-
parable expositor de la Lengua AIocoví.
Pilciao, Mayo 8 de 1892.
APÉNDICE I
VOCABULARIO DEL INGENIERO NACIONAL DON JUAN PELLESCHI
Estos dos importantes Vocabularios son extractados de las
carteras del Sr. Pelleschi, y él los apuntó de lo que oía hablar
á los indios que lo rodeaban. Su valor para la fonología Clia-
quense es grande, pues nos hace leer lo que oía un italiano
que apuntaba con signos y fonología* castellana.
Las curiosidades que contiene son muchas.
Chico — mezca lúli — es literalmente «no grande))
Mocovitas — JNIo-co-uit. (Aquí se vé que esos indios oyen
de tales ).
Tobas — Ntocu-it.
El vocabulario de la india Fulgencia es aún mas interesante
porque contiene frases.
¿Me conoces? — Mediadini?
Aquí está la M intei-rogante, el Bi caso régimen de 1=*, y
adini 2"- persona del verbo.
No te conozco — Misi — S-adini.
incluye el Misi negación S sujeto de 1^ y tema verbal de 2^
persona.
Nosotros — Nojcum.
r r
da el valor fonético de la c doble en occom.
¿Me quieres? — Mujutir-ibá?
Este ejemplo á la interrogante Jí agrega la terminación tran-
sitiva de !•' iba=nxí\e».
No te quiero — Mesirujutir-abá.
La Me ó Mes es la negación, el sujeto yo está en el Sir y la
terminación aba es el caso régimen te. Estos ejemplos confir-
man lo escrito en el texto del Arte.
Si te quiero — Eeh-hi'i tiraban.
— 264 —
En este ejemplo la u final dice «mucho».
Tu — Ajeo mi.
Nueva prueba de la g-uturacion que encierra la ce Mocoví de
Tavolini. Sin duda equivale á la ce Ouichua— ó sea— guturacion
fuerte.
Basten estos pocos ejemplos para demostrar el partido que
se puede sacar de vocabularios levantados con inteligente ob-
servación.
M. S. DEL SEÑOR DON JUAN PELLESCHI
Vocabulario Mocoví con palabras Tobas del Bermejo. Habla de indio
Yál-leripi del cacique Nolasen
2(35 —
Enfermo
Espíritu
Estrellas
Falanges
ínter falan-
ges
Feo
Flecha
Frente
Fuego
Fulgencia
Gallina
Gato
Gente
Grande
Onaicüril
Herido
Hija
Hijo
Hombre
Joven
Labios
Laguna
Lanza
Lastimado
E
toél-lol-lreicque.
él-qui-hí.
bacjacni.
ti-pi-lú vel tipi-lr
cote.
ya-lé.
fiero,
logosu.
la-táppe.
nnoric, 1, cqite.
Fulgencia.
G
ma-jcae.
gyataicjque.
ripi.
a-lu?íc. 1, he.
Giiaicúru.
H
qui-mmaraicjque
lialé
ialecquevel yáléc
yal-lé, 1, ialé.
ne-cu-lécque.
L
M-pí.
nabanacj vel n -
vananá,
aijcjque.
véase herido qui-
mmaraicjque.
Lastimadura — S-dulcena - ddey-
sicjque.
León — • sabraicque.
Leña — ,jco-^«, 1, p/¿«.
Lindo — no-héun.
Lucero — ni-te-sé.
Luna — ciraigu, 1, ts.
Llueve — va-rát.
Madre
Madre ¡on
Macana
Malo
Manp
Mañana
Pasado mr
ñaña
Marido
Matacos
Médico
Mistol
Mocovitas
Muerto
Muchacha
Muchacho
Mucho
Mujer
Mujer
Muñeca
Nariz
No .
Noche
Nubes
Ojos
Oscuridad
Oreja
Oveja
M
- lií-te-é.
- na-ná-ic-caló.
- ni-pon, 1, ni-pún
- di-loécjque.
- né-pu-qjuinát.
■ ni-te-hé.
• ni-te-hc lia.
■ lu-há.
ppi-la-rá.
■ ne-taré vel ne-ta-
nacjque.
- ña-la, (n=l).
- mo-co uit.
- i-léb.
■ nojtolé.
■ véase joven.
• ü\\\c.que, 1, c.
■ ni-selianá «como
con j .
- ah-ló.
- lo-coté.
N
ly-micjque.
me-sedischia.
spé.
mabeg-licque.
O
cute cijuté
mpé, 1, ppé.
cquel-lál, licquelá
agritá.
2GG —
Pacú
Padre
Pájaro
Paloma
Palometa
Pelo
Perro
Pescado
Pescuezo —
Pié —
Pié —
Pierna —
Pierna su-
perior
Pierna in-
rior
Dedos del
pié
Dedos del
pié
Piojo
Pitar
Poco
Puerta
cjadül.
li-taá.
co-bó-coo.
- cubignicque.
- vera i.
- la//í', 1, vi.
- piocj, 1, cjquc.
- na-yi.
cosutte locosütt
(s dulce).
— lá-pié T
— le-ti.
— leti (lengua para
atrás al pronun-
ciar la 1.
lu-te-le-tá 1. lo
— mismo.
— li-a-té.
— pi-a-reta.
— Te-piar neta.
— la-pa-ca-té.
— ne-se-rana-gi.
_ Cü-chólic, 1, cquc.
— la-summe.
Relámpago— le-grá le-girá.
p>i^j _ la-tquiebegic g,
gutural.
Rodilla — li-cula.
Soga Y la
planta — nusile.
Si — ó-malé.
Snl — da-asvá.
Tabaco — ne-sericque.
Ti"Te — giataicjque.
Toldería — tam-najlii.
Tohas — nto-cu-it.
Tormenta — sso-na vei Isonna
Truena — sso-nú.
U
— li-natté.
V
Quebracho
Quebracho
Ratón
Raya
Red
Uña
Q
— ennoricque.
— nnoricque.
R
— ti-go-ná.
— na-nó-cque.
— ña-le-guicque 1,
c-la-leguecque.
Yia láctea — nadih, 1, cque.
Víbora — ná-naicque.
Viejo — ho-güéicque.
Mentó — nno-nó-te.
Yacaré
Yegua
— nadó-colubé.
— yéva.
Clave
— llamada (d Toba.
— signo de guturacion.
267 —
M.
2° VOCARULARIO MOCOVÍ
»S. FeJlcschi, ih' boca de ¡a india Fidcjencia
Amarillo —
Ándate —
Aquel —
Azul ■ —
anoraique
am-moch locqui
ndasLi-indusLi
eo-jlanát-te
varayac nodocri-
para tomar — ri nieto
Traeme agua
Blanco —
Bolas —
noraicique
no-cari
C
Cállate — naranidedi
Cardenal —
Carpincho —
Está comien-
do —
A'amos á co-
mer —
No lo cono-
ce —
¿ Me c o n o-
ces? —
No te conoz-
co —
Te conozco —
Aquella mu-
chacha no
cono c e
hombi-e —
Culo —
Carne del —
(será nalga?)
Cuchillo —
Duérmete —
Vamos á dor-
mir —
ttiralécjque
pironacjcque
cquié-é tacíjue
ya les socola-cque
yácque
me-sesa-dé
¡\Ie-dia-di-ni?
mi-si-sa-di-n¡
si-sa-dini
rnesiadé nosijmá
ialé
na -te
lo sápp
lij-cátte c T
D
lá-cjquéh
socolác silara su-
cjque
Vete á dor- emmólé ilacjqui
mir — V. m.
¿Quieres dor-
mir comi- mmaraiñihü tsi-
go? — lusúc
No cj u i e r o
dormii' con-
tigo — mesesa marcn
Venga que ninnarami loma
vamos á yal-lé silasúc-
dormir — que
E
Escopeta — ngu-ungjate
Traeme fue- acquitota noréc-
go — que
G
No me gusta me-se-sama-re
Si me gusta yocotancjque
¿Te gusta?- ho-ti-ta?
Está hablan-
do -
Tengo ham-
hi-to quetácjque
us-paut-te
bre
Aquellos
hombres — ■ ndasüyal-lé
Huevos — Nu-cubé
Humo • — ni-solg-rá
Lengua
ulleganaste
— 268
LL
Está lloran- nnuiéne tácquc-
do — (cc.hico)
M
Mejillas — la-silgho
Pecho de mu-
jer
lo-heté
Aquellos mu-
jeres — ndasú ahlú
Sangre de las
mujeres — le-ljiüi
N
Nalgas
Negro
Nosotros
Y. carne etc.
veraicque
nojcourn vel noj-
cüm
Párate — nu-cquina-tirini
Pato — joabi
Patrón — naco
El patrón vie-
ne — nobirona, nacoti
Pecho de mu-
jer — lo-heté
Pene — na nio
Pescado — nnayi
Púa — suibiitahé
Q
Me quieres? — mu-ju-tiribá?
Notequiero — me siru jutirbi'i 1
mesiruj utirabá
Si te (]UÍero — eeh-há-tirabau
Está quieto — jcal-llerini
Rojo
R
— ntocque
tóc-que c
Sangrcdemu-
jeres —
Sauce —
Sed tengo —
Si -
Siéntate —
Soldados —
Vienen los
soldados —
Soltera —
Soltero -
Tengo sueño
Suri -
Testículos
Tu
^'amos
Vayanse
Verde
A'uélvete
Vuelva
Yo
le-búh
babacjque
tsebent pacquipp
- ahaa á nasal }i=
c tos c
- un-nirini
- uatonácjque
nenojji nu-Ua
- tanácjque
- mesquica luhua
-onolécque ca lu-uá
. tsibeút ilaracjque-
- manicque
lü-lá lol-lá c T
ajea mi
se-aghé-dá
aycque-dá
la-dalá
do-pi-lí c m
l()-nne
— avim, allim
APÉNDICE II
ELEMENTOS GRAMATICALES DE LA LENGUA MOCOVÍ
Ádeliiitíj, « 31¡ll/r/datcs », t. 3", p. 501
1° — Al Mocoví faltan los siguientes sonidos del alfabeto
Español : f, ke, ki, 11, r. s, v, y muy raros con ñ y có.
2" — El género sustantivo solo s¿ distingue por los agrega-
dos: hombre, mujer. La forma del plural es en las pocas pa-
labras que terminan en /, una / agregada, y en todas las demás
se agrega ipi. Para formar diminutivos se agrega la palabra
olia y olee, cuando se ti'ata de un diminutivo mas fuerte. El
agregado lude¡¡at forma una especie de aumentativo.
3" — Los adjetivos se anteponen á los sustantivos; al compa-
rativo se antepone gaatebee; en el superlati\'o se agrega xa, y
esto después del sustantivo.
4° — Los pronombres son: ayiin yo, acaini tú, inni ó euá el,
id¿ ó culi ella; plural, ócoiii nosotros, ocamigi vosotros, idibá
ellos. Las mismas palabras se usan como posesivos, tan solo
con el antepuesto de c ó k.
S"- — Solo un tiempo se cambia ó trasforma por medio de
fleccion, cual es el loresente, los otros se distinguen por medio
de partículas antepuestas.
Pero la dicha fleccion del presente se diferencia ó se distin-
gue de seis maneras, tres en los verbos que concluyen con con-
sonantes, y tres en los que concluyen en vocales. La termina-
ción de la pi-imera y tercera persona del singular se pronuncia
igual, la segunda persona concluye en i y en e en dos de
aquellas especies de verbos. En el plural, en la jirimera perso-
na toma siempre ae (véase el Abipon), la segunda persona
siempre ii, la tercera persana e, y con algunos verbos que ter-
minan en vocales e; en una de las conjugaciones que terminan
en vocal se intercala t 6 d ante las formas personales, en dos
de las mismas, que aunque ambas terminan en c, se trasforma
esta una vez en git y otra vez en ga, etc.
— 270 —
G" — La forma del imperfecto es Ird/int ñ latniíca. la del per-
fecto 7tacjlaca, el tiemiio muy distante nagJadica, en el futuro la
vocal agregada al presente es o, el gerundio lleva tapcc; en el
infinitivo se pone la partícula on entre el verbo regente y la raíz
de la palabra (como en el Abipon): en el imperativo se ante-
pone glac, en el optativo iioxogodi, en el conjuntivo enomal y en
el imperfecto nküct.
A
APÉNDICE III
ORACIÓN DOMINICAL EN TOBA, ABIPON Y MOCOVÍ
Toba
Adelung « Mithrldates >
t. 3°,
495
piguen,
arriba,
1. Co-taa acloonatá keda
Nuesh'o- Padre tú el que estás allí
2. Yaiiateton adenagati.
Adorado sea el nombre tuyo,
3. Llaca - onac comi abogot,
Deja que venga á nos el tu reino,
4. Coulidi - ñeco kedá piguem, macaeno eiia alúa.
La roluntad taya se haga allí arriba así como en la tierra,
5. Canadena «^adimiza naax. sinaax ocom uadom.
Nuestro pan para todos los dias este dia á nosotros dá,
6. Caditca mantiguema adiotigoden emeke comi
Y también nuestras faltas perdona como nosotros
scaiiema sitiogodenax,
d nuestros ofensores perdonamos,
7. Tácame catino,
No nos dejes caer en lo malo,
8. Catac sanem comi.
También salva del mal á nosotros.
A b ip o n
Adelung-, ibid, página 503
1. Gretaa,
Nuestro Padre
que estás
2. Chigrieecat raaguiat gracalataliuichit ;
Ojalá se santifique el tu nombre;
keera hipiguem;
en el cielo;
3.
4.
— 272 —
Tit la anoguagacam guercapichkegoa
(?) Yn iKira tus vasallos iil quiere nos
ken aaloba
en la tierra
Chigrie
greeketegue
a
Ojalá ya cumplamos
meram yeeketelegué
como lo cuiujAen
hipiguem;
cielo;
Eco gnaca - naagiienga
Esos nuestros alimentos
ke neoga ;
en este dici;
eco ncaa
esos qué están
kenoré neogata
de cada dia (s)
calat
también
ñame-
da-
nos
Caláclica eenám giiercabokegoá kenó naaye grae-
Tambien esto mas tu perdónanos por esas malas 7mestras
gaeca, meraa guercabogala keco
costimihres, así como nosotros pcrdonámosles á esos que
nacayeteragoa;
mal hacen-nos;
oagayilaalam
7. Chitquüa
No quieras dejarttos escuchar
loencatagiie gueca
eca
de ese
engaños
8. Ych groangachitapram ke no naaye.
Nos has de guardar de los males.
am Jayaní graaunu eno
cuando estemos por caer en los
nam náa keeguet;
■mas malo Bntjo;
Nota — La traducción falta en Hervas y Adelung, y se ha
deducido de los romances que acompañan el texto de Brigniel.
Véase el capítulo sobre sintaxis en la introducción.
ORACIÓN DOMINICAL ABIPONA
En los M. SS. dichos de DobrizholTor, y que yo supongo
sean del P. Brigniel, propiedad hoy del eminente americanista
doctor Lamas, á quien debo la atención de haber podido extrac-
lar esta como tantas otras cosas más, se encuentra el siguiente
Padrenuestro con traducción interlinear, que se publica aquí
por lo que ha servido de guía para las versiones que se han
hecho de las otras oraciones Abipona y Mocoví. Basta rccor-
— 273 —
rerla ligeramente para que se reconozca su importancia en todo
sentido, y es por lo mismo que se anticipa su publicación,
pues ella mas bien correspondería al trabajo sobre el Abipon,
para el que tenemos muchos mas textos de la misma y aun
mayor importancia.
Pater tioster
Greta cañime Quiripiám chigrica traaquiam era
Padre UHcstro que estás en los cielos sea respetado el
graclatauiclii tanoquimacam grigitam greequetequé quena
tu nombre venid á nosotros que queremos cumplir en la
alóa quera mai'igich meem quera yeequetegué queco
tierra como tu quieres cómo cumple7i los que
quiñitaoat Quiripian. Queconaca (|uená noeyagá cachique
están coutigo en el cielo. Nuestra comida del cuerpo y del
Ilquigi quenore neotá tat nañañiermam enoagá, clach
alma de cada dia dámosle también hoy también
enam ercaoquela queno naaye gragir-ricá quera ar-
tenednos lástima pior malas nuestras costumbres como nos
caoque queco naquiatragoa chit oaltalam amblayam
apiculamos de nuestros enemigos 7io quieran escuchar cuando los quiera
grajañiñi Queno niloencatannacá liec namnaaqueent,
voltear con engaño el nudo hechicero
ychigroammachitapcam queno naaye. Amen.
nos has de guardar de los males. Amen.
Tomo ir. 21
APÉNDICE IV
Cortos Vocabularios Chaquenses
Vocabularios de A. Demersey « Hlstoire du Paraguay >■, Tom. I, pág-. 456
Recomiendo las pertinentes observaciones de este autor al
introducir sus cortas listas de palabras, que no se reproducen
porque es un libro que está al alcance de todos. Para mayor
utilidad del estudiante agregaré las versiones de Barcena, Cer-
vino, etc.
YocAB. Lengua
Cervino
Acachugle
Ichari
E é gii
Kgea
Y-atigui
Yoqui
Yahalgui
Ibo (del pié)
Yegik
Yaka
Y-asigr
Y-aigdc
Y-aigua
Ymajá
Vocabulario Toba
^ Demersay 1860 ^ Barcena 1620
López 1888
275
Este cuadro es interesantísimo, porque compara voces que
estaban en uso cuando se escribió el cuaderno dicho de Bar-
cena con otras en uso actual. L.a lista dictada por el indio
López la apunté yo con el vocabulario de Barcena á la vista.
Los prefijos como Demersay supone, son articulaciones prono-
minales, sin duda de I-"", persona.
Mi pié
Mi nariz
Mi ojo
Demersay
Hiapia
Hiecmic
Hiaété
Barcena
Ippia
Himic
Yaguet
Tabaco
Fuego
Si
Ojos
Pies
Dedos
Muslo
Voc. Machicuy
1 Hequéna
Tahasla
Tallase
Harlec
Hemenec
Heptehec
Hehihohoc
Mocoví de Tavolini
2 Yasseréli (mi
Annorek «
Ncocté
Yppia (mi
Ypplarnacta (mi
Yoctelecta «
Este vocabulario se cita porque está, pero no parece que se
ajusta a nada de lo que conocemos. Las violentas sincopacio-
nes y la necesidad de conocer el fonetismo de este dialecto en
oidos del Sr. Demersay obligan á suspender todo juicio. P es
radical de pie y até dedos en Abipon, así que liepletec pudiera
querer decir mis dedilos del pié.
Ort. Francesa. ' Ort. Española.
— 276 —
Pp. 370-372 Payaguá
Esta lengua usa la th Inglesa ch Alemana yy Española.
Abundan las letras dobles gt, \ü, gd. Eslo indica articulación
pronomimal del tipo Chaco-Mocoví ó Abipon.
"N'OCABULARIOS DE DeMERSAY Y MaNSFIELD
Demcrsay
Hermano
Niño (child)
Padre
Muchacha (gii'l)
Madre
Hermana
Mujer
Dios
Agua
Pan
Mano
Pié
Dedo
Cara
Pienia
Arco de tirar
Verdad
Bonito
Feo
Nariz
Boca
Oreja
Barba
Hyboro
Hychangá
Hyesigué (cuisse)
Hyock
Hyachaldi
Hyaheguada
Hyaka
Mansfield
Yagouá
Duanát
Eralguá
Luganára
Yojausá
Yog<:ibéra
Emjií'á
Jaacúm
Uaaac
Asyá
Sumajyá
Selló
Igutsán
Iguechógra
Yejegá
Soo
S'ac
Laggá
Thíak
Comparada la lista de Demersay con el vocabulario Lengua
de Cervino resulta lo siguiente:
' Paraguay y Brasil.
277
En el pi'cfijo Hy parece que tenemos el origen de la Y vel
S de 1" persona.
En seguida comparemos la lista de Mansfield con el mismo
vocabulario de Cervino, y sacamos en limpio esto:
Hermano
Padre
Madre
Hermana
Agua
Pan
Mano
Pié
Dedo
Cara
Resulta pues que el Payaguá de Demersay y Manfield es
en realidad la Lengua de Cervino. Cada autor escribe á su
modo las voces que cita, pero se advierte la identidad que vin-
cula á las mas de ellas. Imi la lista de arrilia parece como si
Ducaiat reprodujese el vaua (|uí':hua, niño. La forma femenina
en «hermana» es interesante ; no la hallo en Cervino, que tam-
poco dá ni "liijoD ni «cai-a», etc.
Manfield dice que duda si Duauat debiera escribirse así ó'
con L porijue de los dos modos oia la palabra. Esto parece
que prueija que la D sea índice inicial de 2'^ persona: con D
sería, tu muchacho, con L, el muchacho de él.
Yo llamaría la Y vel S iniciales articulaciones de 1", la D
de 2'% la L de 3* persona.
En la oración Payaguá que i'eproduce Manfield ex-Ade-
lung pueden aumentarse las siguientes interpretaciones:
Ham til. ó de tí.
Sahalda yo te amo
Ido dolor, enfermo
Olgu corazón {barriga
yalügo)
Nidogo me duele
Didodegue que yo hubiese un dolor
« Le Rio Paraná » de Mme. Lina Beck Bernard p. 286.
Esta señora reproduce un informe del Padre Constancio que
contiene dos vocabularios cortos, uno Mocoví y otro Abipon.
— 278 —
Van acompañados con las equivalencias de DobrizlioíTer y Ta-
volini.
Abipon Brigniel ó
Abuelo
Abuela
Padre
Madre
Hijo
Hija
JSicto
Nieta
Cielo
Amo d Dios
Adiós, amigo
¿ Como le vá?
Pan
Agria
Carne
Rio
Bernnrd
Loápeé
Cá té
Le ta
Lá té
Yi-ath
Yli-á-Ic
Y-a-al
Y-a-ál
E-pignm
No-a-car
La-yarip
Lá ariancitary
E-tan
E-narp
Pa-é
La zoncué
Dobrizlioffer
Neta
Ygate
Yilet (mi)
Yaitcate (mi)
Ypiam
Naripa
Etánta
Enópe
Elpagé
Lachanfiué
En mi M. S. faltan muchos de los nombres de pai-entesco, ¡¡or
eso no los he dado todos.
La L y N son articulaciones de 3=^ persona, la y ó i, de 1^.
Mocoví
Adiós, amigo
¿ Como le va ?
Pan
Agua
Carne
Rio
Arrogo
— 279 —
Jfmc. Bern:ird
La yapii
Jama que sady
Tautá (n?)
Yvariek
La-at
La tiavogué
Tavolini
Etantá
o ^ o
Evagayacca
ta
Laácte
l'Lacheugué
Lactieuccolé
La señora Bei-nard escribió estas listas con la ortografía del
P. Constancio. En el vocabulario de Pelleschi «agua» está
como barayac, varaiac.
La r del P. Constancio y de Pelleschi corresponden á la ¿r
de Tavolini; en la voz que dice «a'gua», es esa r ó g i[ue no
es ni una cosa ni otra.
Al reproducir los ejemplos de Tavolini lie elegido la articu-
lación correspondiente al otro ejemplo.
La es partícula de salutación en Mocoví.
Vocabulario Mocoví de Balbi
Pl. XLI Atlas Etnológico
Sol
Luna'
Dia
Tierra
Agua
Fuego
Padre
Madre
Ojo
Cabera
Narix
Boca
280
Lengua
Diente
Mano
Pié
Uno
Dos
Tres
Cuatro
Balbi
Loledaguat
Yobé
Napoguena
Capiate
Yñ i a teda
Yñabaca
Yriabacaocaiñi
Yñabacaocaiñiba
TaTolini
b.o.
Yolegarnagat »
Yove »
Nappoguenna (muñeca)
Arcappiaté nuestros
r
Yñalvak
o
Yñoaca
Para comodidad del estudiante se ha agregado las equiva-
lencias según Tavolini : las analogías son las más. Como se
verá, la voz que en Balbi dice «mano» es «muñeca» en Tavo-
lini; pero esta confusión se comprende.
APÉNDICE V
LA VOZ Agua.
Mucho de lo que se lio dicho en el texto acerca de vincula-
ción lingüística en América, encuentra su comprobación en las
voces de que las diferentes lenguas se valen para expresar la
idea de agua, humedad, etc.
RAÍZ A VEL YA.
En este grupo solo fallaría que establecer la identidad de la
Y con la L. La ti final en el ejemplo Mejicano es una ar-
ticulación pronominal. En el ejemplo Quichua es probable que
su análisis sea Ta-ctc y no yac-u. En este idioma la confusión
de LL y Y es completa. En Mejicano y Yucateco Y y L son
pronombres de 3* persona.
La T Aymará equivale á la Ch Quichua, pero falta que
probar que el Ta Toba corresponde morfo y fonéticamante á los
otros dos.
— 282 —
RADICAL N.
Quícluia (h) Unu
Mojo y sus dialectos j Une
ver. Martius, etc. | Ucni
Caríbico y dialectos Tuna
Mataco Ynoté
» (Naatti) Ynnat
Grupo Siux-Osaje (Balbi) Ni
» » » Mi ni
» Lerrape (Balbi) Ñipe
)) » » Nepi, etc.
Agua
Ignoro basta qué punto la N en los ejemplos Norte-Ameri-
canos pueda ser })rcfijo pronominal, pero es lista que merece
ser tenida en cuenta para cuando se ofrezca.
RAÍZ Oc Occo Co.
VEL Ac Acca Ca, etc.
— 283
De todas las listas, esta es la más importante por lo que
respecta á nuestra América. Parece como si ^k ú Ok vel Ko
fuese una raíz antiquísima que dice << agua » y que se combina
de todos modos y en los más de los idiomas. Una confusión
algo más que sospechada de la í y c aumentaría el catálogo
de lenguas que usan estas raíces.
Lo más cierto es, que en los Andes como en la región Ca-
ríbico-Brasiliense hallamos ese occo, oglicogh, ojeo, que dice
« agua » ó « cosa húmeda, » y también la raíz co, con el mismo
valor léxico, raíz ó sílaba i-adical (|ue desde los Andes hasta el
Atlántico sufre la siguiente gi-adacion :
Co, Ha, Hu, Hij, Y.
Se entiende que la H es una J más ó menos fuerte en su
guturacion, y parece como si pudiese pasar á ser una R tam-
bién de guturacion fuertísima : esa R, G, que en boca de Ló-
pez me sonaba á veces como grg y otras como rgr, ó sea un
gargarismo de lo más difícil de oir y reproducir.
Ese hu, hg, g Guaranítico debe compararse con el
agua
Aymará lutnia
Quichua hunu
que sin duda se analizan así :
hii-ma y liu-nu.
En el Lexicón de Sn. Thomas (1560), gnco y no gacu, es la
voz que dice agua.
La moi'bosidad de la e es en dirección de la ; y h muda.
— 284
Nota. — En los dialectos Caribicos se confunden la B y la L con la P y la R.
El punto que hay que resolver aquí es la posible identidad
de la r g Chaquense y de la r Caríbica. Las cuatro variantes
Moco\íes deben estudiarse ú la ¡lar de la forma Abipona. E?i-
arap. Igualmente curiosas son las últimas cuatro voces. Balaiina
debe compararse con Paraná y Balauá con Paraguay. No es
posible cerrar los ojos á las ecuaciones:
P=B=M,
L=R,
de suerte que si la P ó B no es una articulación inicial puede
tener correlación con el Ma — - agua - "\^ilela etc. El ara = aga =
agua = occ o etc., de las regiones Brasilienses etc., el 7ia en el
Caríbico y?<na— agua — puede con Ma producir las combinaciones
J'araná y Paragnay, llevando esta última la acumulación de y—-
agua — en Guaraní. No todos querrán reconocer la hipótesis de
que muchas de estas palabras que dicen «agua» sean acumu-
laciones de raíces idiomáticas y dialécticas con el mismo valor
o y o
léxico. Yo supongo que Evagayacca conste de la siguiente
acumulación :
o
J\ía -\- ara -\- acca = occo.
La y me parece mas bien electo del fonetismo Mocoví y no
me atrevería á ver en ella la raíz o tema Quichua- ya ó yacu.
285
(El que hace agua??)
Si Mrt, Ba, Pa son raíces ó temas idénticos, lo dicho en la
observación autorioi' baste; |)ei-o si no lo son. siempre están el
?«rt \'¡lela tima Aymará )• mayu Quichua ({uc denuncian una
raíz ma de importancia. Es de advertir (|ue el Vilela aunque
lengua del Chaco no ¡¡ertenece al grupo Abipon-Mocoví. Lo
mas probable es, que represente restos de las tribus predece-
soras de aquellas en esta región.
En este grupo entran dos consideraciones: si la t equivale
á una c su correlación se deduce. Yo lo creo posible; pero en
cualquier caso es curioso que tengamos una faja media en
ambas Américas en (¡ue hallamos esta raíz ó tema que dice
« a,"'ua ».
Raíz Pe, TJe, Me
Agua
id
id
id
id
id
id
id
id
( 1 ) Es por Balbi.
— 286 —
La ^e, i(.e, bi, mhi, tambicii son cariosas como sílabas que
entran en un conjunto (|ue dice «agua». Aquí como en las
demás listas se presupone que se trata de voces, combinadas
de dos ó mas raices que dicen la misma cosa ó se correlacionan
con ella. La confusión de la M con las otras labiales, la JJ
inclusive, se puedo pi'obor en América.
Sin dar mayor importancia á esta comparación por ahora,
reproduciré las voces que dicen «agua» en la Oceanía según
la lista de Codrington « Lenguas Melanesas » pág. 9G.
En el Archipiélago Malayo ivai es la voz mas común.
En Melaneso esta voz entra en combinación, como en noai
y kiiai, pero su palabra característica es pei, que parece ser
modificación de pe, be, y bei, loi, id, loe, etc.
También encontramos Uicn, titn, tami, luice, ko, kiimai, karo,
pala, raito y estas tres voces:
Malayo — ayer.
Malagasy ■ — rano.
Maori — wai.
Recomiendo esta observación do Codrington:
« Estos son usos aislados, pero la voz es un muy buen
» ejemplo do como una pidabra que pertenece al idioma tronco
» por lo general se conserva aquí y acullá en lugares que no
» lian podido comunicarse en tiempos recientes ».
« El Gava Uwii, (|ue acaso sea el Santa Cruz Inwe, corres-
» ponde el Icwo de Sumatra. Es voz idéntica con el Mota ¡iguin,
» fluido. Así como rano es, agua, en Malagasy, y mi, charco, en
» Fiji, así tnn es, agua, en Lakona, Islas de Banks, y tunin es
» un charco en las de Tor-res. Estos usos se corresponden no
» solo cuando la distancia (|ue los separa es de pocas millas,
» sino también cuando consta de la tercera parte de la circun-
» ferencia del Globo ».
Cuantos á priori rechazan toda idea de correlación entre
lenguas hoy geográficamente separadas, que ]iuedon ó no ser
ramas de un solo tronco. l']l párral'o de arriba nos enseña á
no despreciar rastros léxicos donde quiera que los encontre-
mos.
Esta consideración me impulsa á comparar lo que encuentro
— 287 —
en Quíchu.T con las voces correlativas en las demás lenguas
troncos de nuestra América :
1 Co, Araucano, La, Chimu ó Yunga, Ac ó Ag, Brasiliense
y Chaquense. '
2 Hu, Guaranitico, Cu y U, modificaciones de la misma
raíz.
3 Ojeo, Ok, Ak, Co, Chaquense, Brasiliense, Araucano.
4 To, Ta, To, Araucano, Chaquense tipo Lule y Chiquito.
5 Para, Guaranitico - Caribico, Chaquense, Brasiliense en
general.
6 Ma - Vuela, Aymará, etc.
7 Ma id. id.
Todos estos ejemplos parece que son rastros de contacto
lingüístico en una época remota. Si se atribuyen á casualidad
de nada valdrian, pero dadas otras analogías de que se ha
tratado, hay obligación de probar que no pueden por razones
científicas compararse. El onus probandi descansará sobre los
impugnadores de la hipótesis de interparentesco de lenguas.
Vi a. j e
A LAS
MISIONES ARGENTINAS Y BRASILERAS
POR EL ALTO l'RLGUAY
POR
JUAN B. AMBROSETTI
(Continuación — Véase la página 44S del tomo III)
Después de haber concluido el putclieron se deja secar el
rozado un mes, y una vez que las hojas de los árboles derri-
bados están bien secas, se les prende fuego por varios lados al
mismo tiempo; el rozado arde como un castillo de fuegos arti-
ficiales, y á las tres horas no quedan sino los árboles gruesos
humeantes que no han podido secarse bien, y los troncos cla-
vados en el suelo, mostrando las heifidas del hacha desvasta-
dora. Enseguida de la quema se espera á que llueva, y al otro dia
se procede á plantar.
Primero plantan maíz, del que se olvidan hasta la época de
la recolección, que es á los tres meses, y al año siguiente
vuelven á rozar el rozado, porque la vegetación es tan vigo-
rosa que brota debajo del m;u'z do un modo asombroso: y
después de vuelto á rozar y quemar, plantan el poroto; des-
pués del poroto abandonan el rozado, que queda llamándose
capuera, y hacen otro.
El tabaco lo plantan entre los troncos, después del maíz.
Nos despedimos de don Manuel Ferrer, y seguimos nuestra
marcha en medio de campos quebrados con isletas grandes de
montes, separadas unos de otras; el campo estaba cubierto ma-
terialmente de barba de chivo, que todo lo invade, haciendo
un estraño contraste con la tierra roja del camino.
El pedregal seguía; los caballos cuando empezaba á picar
el sol de Enero se hacían mas perezosos, molestados á cada
momento por la sabandija que allí abunda ; resolvimos acam-
par en la costa de un arroyo.
Al anochecer llegamos á la estancia del señor don .Juan
Antonio Rodríguez, persona sumamente simpática, que nos trató
espléndidamente.
Conversando con él sobre la barba de chivo, me dijo que
no convenía quemarla como hacían muchos : que sola se perdía
mas pronto; que, apesar de todo, cuando es tierna la comen
los animales, y que también debajo de ella siempre crece un
poco de gramilla.
Tamo IV. ■ 22
— 290 —
Los campos en toda la rei;¡on misionera son saleros, es
decir, la hacienda necesita sal i)ara poder engordar y vivir.
Allí le dan la sal común molida, en el salero, que es como
una especio de rodeo al lado de éste, poniéndosela en monton-
citos ; no emplean la sal de roca, por(|uc dicen (¡ue gasta la
lengua á los animales.
Yo siempre he sido gran partidario de dar sal á las hacien-
das en cual({uier campo, por muchas razones.
VISTA DEL CERRO PELADO
La hacienda acostumbrada á la sal, engoi'da rnucho mejor,
está mas libre de epidemias y se amansa mas pronto.
Los campos son allí en general de pastos duros; solo crian
en los establecimientos ganado vacuno, caballar, y ahora han
empezado con fuerza la cría de muías, que dá pingáies resul-
tados.
Raros son los campos alambrados: la mayor parte de los
potreros se hacen de troncos agujereados y unidos con trancas
de palo; algunos ponen también tacuaras, pero no dan buenos
resultados porque los animales los deshacen todos.
— 291 —
He visto lienzos de cuadras llenos de portillos.
Lo que he observado es que tienen muy buenos caballos,
todos bien i'ormados altos y gordos.
El Riograndés, como buen ginele, cuida mucho del caballo,
siendo muy prolijo: nunca lo suelta sin que lo haya refrescado
antes ú la sombra ó dádole un baño ; y como usan un basto
(que allí llaman sirigote) alto, levantado en sus dos estremos
y mullido, es difícil que se lastimen en el lomo.
Yo todo mi viaje lo he hecho con sirigote, y no he ni si-
quiera arañado el lomo de mi caballo ó de mi muía.
Al otro dia nos pusimos en marcha y llegamos al arroyo
Pirayú, a dos leguas de San Luis.
Allí encontramos a un negro viejo de ochenta y tres años
que hacia un dia que no comía, é iba en persecución de un
mozo, quien le había robado una pistola de dos tiros que le
costaba cuarenta mil reis ; lo invitamos con lo que teníamos,
y el pobre negro comió tanto, que yo creí que fuera á enfer-
mar. Después de la siesta nos despedimos del negro, dándole al-
gunas cosas para que comiera en el camino y nosotros segui-
mos para San Luis.
Encontramos algunas familias polacas que se dirijían á pié
desde Santo Ángel, buscando la costa para pasar á la Argentina,
sufriendo toda clase de necesidades.
Cai-gados con todos sus cachivaches, iban hombros, muje-
res y muchachos, sin conocer el idioma, sin dinero y sin ele-
mentos de ninguna especie, contando solo con la caridad de
los estancieros y con la Providencia.
Errantes, en espera siempre de algo mejor, exponen su sa-
lud y su vida, andando á la ventura, sin tratar antes de econo-
mizar algo ó tener algún elemento.
Pasamos el Pirayú por un magnífico puente hecho con las
maderas y piedras de la iglesia de los Jesuítas de San Luis,
y de allí seguimos siempre subiendo y bajando las dos leguas
que nos faltaban, sin encontrar agua por el camino.
Una cosa que me llamó la atención desde que pisé en terri-
torio brasilero, es el modo que sus habitantes tienen de medir
las distancias.
En esta parte del Brasil nadie sabe dar noticia de la dis-
tancia que media de un punto á otro.
Todos infaliblemente dicen que está muy cerca, y si se le
pregunta cuántas leguas hay, dicen un número que difícilmente
concordará con lo que diga otro.
of)2
Una vez pregunté á ocho personas una distancia, y me
dieron las siguientes respuestas:
Ocho, cinco, seis, nueve, siete, cinco y medio, siete y me-
dio, ocho leguas y un bocadiño, y resulta que el bocadiño es
peor que una legua.
Empezamos ú ver á San Luis: al fin respiro: en adelante
tomaremos caminos buenos.
CAPITULO IV
EN EL BRASIL: SAN LUIS
Ruinas. — Los jesuítas. — Su sistema y sus obras. — Un bautismo original. — La
cuestión de los compadres.
San Luis es un antiguo pueblo jesuíta reedificado; todavia
se conservan algunos edificios de aquella época.
Tiene unos 800 habitantes y como 200 casas repartidas en
calles bien delineadas.
La plaza es espaciosa y en un frente están las ruinas de la
Iglesia y el Colegio de los Jesuítas intacto aún sirviendo de
policía, cárcel y cámara municipal.
Los otros tres frentes son edificios jesuitas modernizados.
En el centro de la plaza hay un pozo de balde, público.
San Luis está colocado en una altura como todos los pue-
blos jesuitas, divisándose á gran distancia.
Con los restos de la iglesia, han edificado otra, mucho mas
pequeña, que aún no presta servicios.
Hay varias casas de negocio bastante buenas.
Su principal comercio es la ganadería y el cultivo del
tabaco.
Resolví quedarme un dia para que descansasen los caballos
que venían un poco pesados del viaje que acabábamos de
hacer.
A fin de no perder tiempo fui á visitar las ruinas que,
como he dicho, se hallan en la plaza misma.
De la iglesia no quedan sino algunos lienzos de paredes do
piedra y un sin número de columnas, de piedra también, cua-
dradas de un solo trozo con los capiteles y bases iguales,
y con un simple dibujo de cornisa.
Según el Padre Gay, autor de la República Jesuítica del
Paraguay, obra escrita en 1863, la más completa que conozco
— 293 —
sobre las misiones y do quien tomo la mayor parle de los datos
sobre ellos, el templo de San Luis tenía 75 varas de largo por
25 de ancho, con un magnífico frente de piedra labrada, (1)
sus cornisas eran de piedi-a blanca y roja.
Tenía 3 naves sostenidas por gruesos pilares de madera, de
los cuales existen todavía algunos, y rodeada completamente de
columnas de piedra que sostenían el corredor.
En una de estas columnas de madera, se encontró esta
inscripción grabada:
PN
S. Aloijsio 1717 — 13 de Mayo.
Un espléndido altar mayor, primorosamente labrado y dorado,
se hallaba al frente y el interior de la iglesia estaba pintado
al fresco. *
El año 18ül, se empezó á caer el techo, todo de teja espa-
ñola, á consecuencia más de los habitantes que de la acción
del tiempo.
Todas las casas de San Luis están en su mayor parte
construidas con los materiales de los jesuítas; piedras, made-
ras, puertas, ventanas, tejas, columnas, todo poco á poco vá
á parar á las casas; las piedras se destinan á las paredes, las
columnas sirven de umbrales, las maderas de tirantes, etc.
Al lado de la iglesia está aun en pié el colegio, que tiene
más ó menos 50 metros de frente por 20 de fondo: de un lado
y otro grandes columnas de piedra cuadradas sostienen el
corredor.
El techo es de 2 aguas, de teja española puesta sobre un
lecho de cañas atadas con isipo (lue aun se conservan muy
bien. El maderamen es inmenso, de madera dura.
Las paredes son de piedra y adobon crudo mezclado, y de
ancho de 1 y 2 metros.
Tiene 10 grandes puertas y 6 ventanas que corresponden á
8 salas, muchas de ellas con cielo raso de madera.
Las puertas y ventanas, todas de madera dura, se conser-
van aún; sus herrajes colosales funcionan todavía: uno de
los marcos de las puertas es saliente y escavado, formando un
bonito dibujo al rededor y rematando sobre ella con una
(1) En casa del Doctor Pinero, sobre el tapial, he visto capiteles jónicos con ca-
bezas (le ángeles, adornos de varias clases, como ser altos relieves representando
urnas con una llama sobre ellas, guirnaldas de flores y frutas, etc., cjue pertenecieron
al frente.
— 2dí —
águila de dos cabezas, todo incrustado con cristalizaciones
blancas.
Hoy sirve de mesa á los soldados de la policía una piedra
de un metro cuadrado y un decímetro de alto que fué del
cuadrante solar del ediñcio, ya casi todo borrado lleva la fecha
de 1745.
Tirados en un rincón que sirve de letrina hay una colección
de santos de madera de grandes dimensiones, el único intacto
es un San Francisco, de 2 metros de alto y hueco en su inte-
rior (1) los otros están rotos : pude reconocer al Padre eterno,
á San Ignacio, á una virgen, un ángel, etc.
En una de las salas del colegio se ha instalado provisoria-
mente la iglesia.
Allí hay muchos santos de la antigua iglesia modernizados
y pintarrajeados de nuevo por un pintor napolitano que los ha
dejado haciéndolos visajes mas ridiculos: una dolorosa parece
reirse, y una Santa Ana está guiñando el ojo.
Entre estos, un San Luis es colosal; allí arrimada á una
pared se halla una pila de ]nedra labrada, de un metro de diá-
metro, sobre un elegante pedestal.
A la entrada del colegio hay dos figuras de santos de pie-
dra, de metro y medio de alto, uno de ellos sin cabeza, y que
creo han pertenecido al frente de la iglesia.
Detrás del colegio por una gran escalera ancha de piedra,
se baja á lo que fué quinta, hoy llena de árboles y yuyos:
solo se ven los naranjos, que en todas partes, resistiendo á la
acción del tiempo, representan el recuerdo vivo de la dominación
jesuíta. ¡De cuántas escenas no habrán sido mudos testigos,
desde las conversaciones tranquilas de los reverendos padres
hasta el silbido de las balas en medio de los gritos de dolor
y matanza de los portugueses!
Y en esos salones del colegio, cuántos proyectos, cuántos
sueños dorados de dominación, cuando al concluir de una gran
fiesta los jesuítas se entregaban al descanso, después de ver
miles de seres humanos posternados á sus pies, sin mas vo-
luntad que la de ellos! Si se imaginarían en medio de sus
infinitas sensaciones de satisfacción, ellos que se creían los
fuertes, los invulnerables, los omnipotentes, que casi habían
llegado á dominar al mundo, que un dia un ministro con
cuatro plumadas echaría por el suelo como un castillo de
(1) Según la tradición, los jesuítas de vez en cuando se metían dentro de los
santos huecos, para hablar por allí á los indios á fin de infundirlos temor.
— 2'JO —
naipes, la obra de un siglo. Que sus grandiosos monumentos,
•que tanto sudor costaron á sus neófitos, serían presa de l;is
llamas: que sus ornamentos y sus riquezas serían botin de
guerra, y que ese pueblo que nunca se ocuparon de educar ni
preparar para la vida civilizada, se encontrase á los cien años
en las mismas condiciones que cuando fueron reducidos.
Este fué el error de los jesuitas.
I']llos no fundaron pueblos, nó! Lo que lucieron fué cons-
ti'uir suntuosas iglesias, inmensos colegios para ellos, explotar
Jos neófitos en un trabajo incesante, transformarlos en máqui-
nas que funcionaban á toque de campana, tratar de que co-
mieran bien, que bailaran y que rezaran mucho, sin inculcarles
ni despertarles ninguno de los sentimientos que transforman ú
la bestia en hombre.
Los casaban, los bautizaban, les administraban los sacra-
mentos, sin que pudieran comprender nada de todo eso.
Creían que echándoles el agua del bautismo ad majoren Dci (jlo-
riam era suficiente, y que solo por esto eran buenos cristianos
y ganaban el cielo.
Todo su afán fué de salvar almas, prepararlas para la otra
vida, sin acordarse de que aquí en la tierra es necesario vivir
no solo comiendo, bailando y rezando.
Ellos fueron los que precipitaron su ruina, ellos, que levan-
taron el edificio ficticio de un pueblo sin cimientos, que tarde
ó temprano tenía que venirse al suelo.
i Cuáles fueron los resultados que produjeron !
Si en los 100 años de su dominación, hubieran preparado
una generación siquiera á la vida civilizada, hoy las Misiones
serían otra cosa, y en vez de encontrarse cnti-e los naranjos y
•el monte, los escombros de sus obras, la vida activa de los
grandes centros llenaría esa región, que recien empieza á des-
pertarse.
Mucho se ha hablado de los jesuitas, i)oro en general, son
poco conocidos los medios que empleaban para, catequizar y
reducir los Indios y el método de vida que imponían á sus
neófitos.
No está demás decir algo al respecto: me guio por la obra
del Padre Gay, virtuoso sacerdote que, durante muchos años,
fué Vicario del pueblo de San Borja, ascendiendo hasta el grado
de Canónigo.
En sus momentos desocupados escribió la historia mas com-
pleta, sobre los pueblos de los jesuitas, haciendo así un seña-
lado servicio á la historia de las Misiones v mereciendo el ser
— 29(j —
publicada bajo los auspicios del InstiUdo Histórico y Geográ-
fico brasilero.
Los jesuítas bien disciplinad'.is por las leyes terminantes de
Loyola penetraron en las Misiones, armados de su inteligencia,
su íe, su abnegación, como el soldado (jue sabe que vá á la
muerte, pero que vá porque lo mandan, aún más, deseando la
muerte misma y el martirio, contagiados por las canonizaciones
de los otros mártires de su Compañía.
Mucho tuvieron que luchar, mucho que sufrir, jiero con el
tacto que les es característico, llegaron á dominar toda la re-
gión misionera fundando 33 pueblos y reuniendo en ellos 133
mil almas. Desde el año 1602 hasta 1707 imperaron de un modo
absoluto.
Todos los medios eran buenos para conseguir neófitos.
Compraban lindios esclavos á los otros indios, mandaban
caciques fieles con indios bien armados, los que reducían á
las buenas ó á las malas los de las otras trilnis 6 ilian personal-
mente solos á catequizarlos por medio de regalos, curando-
enfermos en las grandes epidemias de viruela que entonces se
desarrollaron, exponiendo frecuentemente su vida en medio de
mucdios peligros.
Otras veces acompañados con escolta de indios mansos,
hacían espediciones á tribus vecinas reduciéndolas por la fuerza,
sosteniendo mas de una vez verdaderos combates en los que-
siempre vencían gracias á las armas de fuego.
En el pueblo los halagaban para hacerlos gustar del sistema;
las reducciones estaban foseadas y atrincheradas.
De noche colocaban siempre centinelas, los que no dejaban
salir á persona alguna, á pesar de todo siempre había deser-
ciones, á tal punto que la población que llegaba en 1733 á 133.000
almas, en 1767, según el censo del Jesuíta Peramas solo tenía
93.1S1 habitantes.
Población de las Ciudades Jesuítas, segua el censo hecho en 1767,
de la obra del Jesuita Peramas
EN LA CUENCA DEL PARANÁ
HAltlTANTES
Sau Ignacio Guazú 1.926
Santa Marta de la Fi- 3.03-1
Sauta Rosa de Lima 2.213
Santiago 2.822
— -¿Vil —
San Cosme y San Damián..
Itapii.-l 6 Eucaruac'iüu. . . .
Candelaria
Santa Ana
Loreto
San Ignacio Miní
Corpus
Jesíis
Trinidad
EN LA CUENCA DEL URUGUAY
San Carlos 2.367
San José. 2.122
Apústoles 2.127
Concepción 2.839
Santa María Mayor * . . . 1.4T5
San Francisco Javier 1.527
Santos Mártires 1.662
San Nicolás 3.811
San Luis Gonzaga 3.353
San Lorenzo 1.242
San Miguel 3.164
San Juan. 3.791
Santo Angelo 2.362
Santo Thomé 2.172
San Francisco de Borja 2.0.S3
Santa Cruz 3.243
Yapeyú 7.974
AL NORTE DEL PARAGUAY
HAIilTANTES
San Joaquín 2.017
San Estanislao 2.3I-»
Tot(d.
Belén falta.
Yer un pueblo jesuíta, dice el Padre Gay, es verlos todos,
un mismo plano servía para trazarlos.
Estaban situados sobre alturas y cerca de un arroyo.
La plaza era cuadrada y espaciosa; en el frente Norte se
encontraban la Iglesia, el Colegio y el Cementerio.
Los otros tres frentes, en los que desembocaban 5 ó 9 calles,
las formaban galerías simétricamente repartidas de 20 á 24
brazas de largo (50 metros mas ó menos) y 4 á 5 de ancho
(10 metros mas ó menos) con corredores á ambos lados.
Las iglesias, siempre magníficas de 3 a 5 naves y con capa-
— 298 —
cidad para muclios miles de personas, poseían una arquileetura
regular, pei-o no ])i:)dian tener mucha duración por causa de la
cantidad de maderas que entraban en su construcción, como
ser la mayor parte de las columnas que sustentan el techo pe-
sadísimo y las que se hallaban intercaladas en las paredes.
En algunos pueblos las columnas eran de piedra, pero sin
cimiento.
Las paredes las hacían en parte de piedra labrada y en
parto (le ladrillos crudos.
Se entraba á la Iglesia por un atrio- en foi-ma de concha que
en general estaba sustentado por 8 ó 10 columnas de piedra,
redondas ó cuadradas de una sola pieza y de un bulto y peso
enorme; á este atrio se llegaba por gradas de piedra blancas y
rojas.
De piedra también hacían los arcos, nichos, cornisa, frisos,
etc., del frontispicio y las columnas y las estatuas de los san-
tos que había en ellos.
Los temi>los tenían 3 puertas de madera labradas.
A la derecha de la puerta principal, se encontraija la capi-
lla bautismal con su altar y pila de piedra labrada. En algunos
pueblos, era ésta de barro vidriado, con un grupo ó pintura
representando el bautismo de Cristo.
Las columnas {|ue separaban las naves y que eran 9 ó 12
de cada lado, tenían en su inteirolumnio una estatua de un
Apóstol, mayor del tamaño natural ricamente labradas y ador-
nadas.
Las capillas, no eran menos ricas, ni menos espléndidas;
Los confesionarios, curiosamente esculpidos y ]iintados, se
hallaban colocados entre las capillas.
Ordinariamente, había .'") altares con retablos de madera,
columnas, cornisas entalladas, llenos de dibujos, estatuas,
molduras, etc., doradas y pintadas, representando los símbolos
religiosos. El altar mayor que ocupaba el frente principal ei'a
•el mas lujoso. El coro de arriba abajo, estaba cubierto de es-
tatuas de santos y la del patrón del puelilo coronaba la cornisa
del altar mayor.
La media naranja esculpida y pintada á oro, tenía en sus
cuatro lados un nicho con el busto de un papa.
Haltía iglesias de 350 palmos de largo por 120 de ancho,
como la de San Miguel. La nave principal de la iglesia de Santa
Rosa que con la de Corpus eran las más ricas y suntuosas
tenía 280 palmos de largo.
Las estatuas y las ¡linturas son generalmente toscas, los
— 299 —
indios estamparon en las caras, la expresión ele su fisonomía
y todos parecen cansados, tienen algo de embrutecidos; no hay
una figura sonriente.
Los ornamentos de la iglesia eran numerosos y ricos, en
su mayor parte de plata, y había algunos de oro también.
Entre la iglesia y el portón del Colegio, se hallaba la torre
de madera formada por 4 pilai'es gruesos y altos con dos ó
tres pisos y rematando con un techo; se subía á ella por una
escalera que Sídía del patio del Colegio.
Nunca había menos de G campanas en cada reducción, las
que se fundían en «Apóstoles».
Las torres de Santa Rosa y San Miguel eran de piedra labrada.
A la izquierda de la Iglesia se hallaba el Cementerio, ha-
ciendo también frente á la plaza y comunicándose con ésta
por una puerta especial, cercado de a\tas paredes, plantado de
cipreses, naranjos y palmeras formando calles por donde circu-
laban las procesiones, calles que dividían el terreno en sepulturas
de diversas clases para cadáveres de inocentes, miembros de
hermandades, etc.
Los jesuítas eran sepultados separadamente junto al altar
mayor.
En medio del Cementerio había una gran cruz labrada y en
muchos losas sepulcrales con inscripciones guaraníes.
En el Cementerio y pegada á la Iglesia, había una Capilla
con pinturas que representaban á lo vivo las almas penando
en el Purgatorio; allí se decía misa todos los lunes.
Fuera del pueblo, había siempre una o dos hermitas con
sus capillas correspondientes donde se iba en procesión varias
veces por año; éstas eran dedicadas á los santos de más de-
voción de los fieles.
Por la sacristía de la Iglesia se comunicaban con el Colegio
ó casa de los jesuítas y con las otras reparticiones destinadas
á diversos usos.
El Colegio era un vastísimo edificio que del lado Este estaba
flanqueado por la Iglesia en todo su largo y formaba un cua-
dro de casas con frente á la plaza ii la derecha de la Iglesia.
Tenía doble corredor exterior é interior que descansaba sobre
columnas de piedra labrada ó de madera de unos 25 palmos de
alto. En el centro, se encontraba un palio vasto de 200 á 300
palmos de cada lado y en medio se hallaba colocado sobre una
columna un cuadrante.
Por un gran portón se entra en el patio; desde allí por una
gran vereda se llegaba al cuarto donde residía el cura.
— 300 —
Los aposentos destinados á los jesuítas eran vastos de 30
ó mas palmos cuadrados, bien techados, pintados y con vistas
deliciosas. Los corredores externos ó internos que aun quedan
son magníficos. El colegio de San Luis tiene 14 columnas cua-
dradas en el frente de los cuartos de los Padres y en el frente
paralelo; y 13 encada uno de las otras dos faces de su claus-
tro. En San Lorenzo las columnas eran redondas mas delicadas,
delgadas y estaban colocadas de á dos. En San Juan, eran tam-
bién redondas y en San Borja de madera.
En el ángulo recto correspondiente á la sacristía, estaba el
refectorio de los jesuítas, casi siempre todo edificado de piedra
labrada con lindos portales que servían magníficamente para ca-
pillas. En esta pieza se encontraba siempre un subterráneo mas
ó menos extenso.
Las demás casas paralelas i'i la iglesia estaban ocupadas por
las escuelas, prisión, almacenes, y los diversos talleres de pin-
tores, doradores, tallistas, etc.
En los arrabales, había una casa para recojer las doncellas
y viudas allí estaba también el hospital.
Un espacioso corredor esterior que tomaba los fondos de la
iglesia, colegio y cementerio, daba á una gran huerta, cercada
por pared de piedra y barro, donde sembraban toda clase de ver-
duras y frutales.
Las demás casas de la plaza se hallaban repartidas en cuar-
tos de 30 palmos por costado, uno para cada una ó mas familias
que cosían y dormían en un solo aposento, tjuienes con el de-
saliño que les era propio lo tornaban negro é inmundo; casi
todos dormían en el suelo, muy pocos en hamacas. (1)
Alrededor del pueblo, había una plantación artificial de
yerl)a mate para las necesidades del mismo. (2)
Fuera del cuadrado de la plaza se encuentran muy pocas
(1) En una nota de los anales del vizconde de San Leopoldo, i'eliriéndose al
pueblo de San Miguel, lo (jue puede aplicarse á todos los pueblos dice:
En esta misión había 1.400 familias que vivían en común, pasando los mas,
miseria sobre todo de vestidos.
De su trabajo se utilizaban los jesuítas para sus extensísimas plantaciones y
cosechas, zafras de yerba mate, algodón, trig:o, mandioca, caña de azúcar, batatas,
arberjas, habas, porotos, etc.
Además de los empleados en las fábricas de aceite, curtiembres y en el cui-
dado de sus estancias, etc.
(2) La yerba misionera, por lo bien preparada, tenia mucha aceptación en Bue-
nos Aires. Hubo época en que exportaron 14.000 arrobas.
Habiendo reclamado los comerciantes de la Asunción, una cédula real de 1670>
limitó á 12.000 arrobas la exportación de las Misiones. ( Gay )
— 301 —
ruinas, lo que hace suponer que la mayor parle de los indios
vivían en ranchitos insij^-nilieantes.
Estos pueblos tenían mas bien apariencias de grandes ha-
ciendas que de pueblos mismos.
De un lado la iglesia y el colegio con sus dependencias sun-
tuosas y del otro los ranchos miserables, en donde después del
trabajo sin ambiciones ni voluntad, se recojían los indios, es-
perando indiferentes el toque de campana que debía recordarles
tal ó cual obligación, hasta la de crecer y multiplicar.
A ese estado habían quedado reducidos los niños grandes,
€omo les llamaban en sus escritos paternales los jesuítas.
Veamos qué organización y qué método seguían para mane-
jar ;i sus neófitos.
El Superior de los Jesuítas residía en Yapeyú que era la
capital de las Misiones. Era nombrado desde Roma y mandaba
en absoluto sobre todos los demás; ten cada reducción había
dos jesuítas por lo menos. Uno, con el título de Cura, tenía á
su cargo la administración temporal y otro, el Vice cura, corría
con lo espiritual.
Según el Padre Gay, éstos no salían sino en las grandes
ocasiones; casi siempre se conservaban encerrados en su colegio,
gobernando por intermedio de otros indios.
Cuando aparecían en la iglesia lo hacían con gran pompa,
rodeados de una numerosa comitiva de sacristanes, acólitos,
niños de coro, etc., todos magníficamente vestidos.
Ninguna mujer podía entrar en el Colegio; ellos no iban á
casa ninguna de indios.
Solo recibían en la Iglesia los que se iban á confesar; los enfer-
mos mismos eran transportados á un cuarto especial al lado del
colegio que servía de hospital, donde los Padres los visitaban.
Los neófitos vivían mas en la iglesia que en sus casas con
sus familias.
Los 3G5 dias del año al amanecer^ todo el mundo se tras-
ladaba á la iglesia á oir misa con acompañamiento de canto.
Después sacaban un santo en andas y lo llevaban en pro-
cesión al lugar donde trabajaban; allí lo colocaban bajo una
ramada y después de rezarle otro rato, empezaban el trabajo.
Concluido el trabajo que no duraba sino hasta medio dia,
volvían de la misma manera al pueblo.
A la tarde se enseñaba la doctrina á los muchachos y des-
pués se llamaba á los neófitos para rezar el rosario.
Al toque del Ave Alaría, se reunían los muchachos al i'ededor
de una cruz que había en cada barrio y rezaban.
— 302 —
Antes de acostarse volvían ú rezar y hasta dormidos rezaban.
Para casarlos, los jesuítas en la ]juerta de la iglesia, jun-
taban los solteros y les echaban la bendición lo mas pronto-
posible.
El domingo, lo pasaban todo el dia en la iglesia.
Además celebraban las grandes fiestas indicadas en el ca-
lendai'io católico, con toda la pompa imaginable.
Habían establecido un sistema completo de espionaje entre
los mismos indios, así que estaban al corriente de todo lo cpie
sucedía, castigando á los que faltaban y haciéndose besar des-
pués la mano con estas jialajji'as: Dios se lo pague padre, pzícs
me habéis dado el entendimiento.
En cada reducción había autoridades nombradas entre los
indios con los pomposos títulos de corregidor, oficiales muni-
cipales, fiscales, cabildantes, ele, pero naíuralmenle no proce-
dían sin orden de los jesuítas.
Las pequeñas faltas eran castigadas con oraciones, ayunos
y cárcel; las graves, con azotes y a veces con la mueríe.
Cualquiera que fuese la edad que tuvieran los indios, estaban
obligados á trabajar para la comunidad; no les era pei-mitido
el uso de cosa alguna de propiedad particular.
Trabajaban según sus fuerzas en las canteras de piedra,
corte de maderas, edificación, los trabajos rurales, poda, car-
pido, plantación y cosecha del algodón, cultivo del trigo, maíz,
¡lorotos, añil, i'abricacion de yerba, pesca y cuidado de las ha-
ciendas, etc.
Las mujeres no hacían sino hilar el algodón, para lo que
recibían 10 onzas diarias, teniendo que entregar 3 onzas hilado,
siendo severamente castigadas si no las entregaban.
Los géneros fabricados con este algodón, servían para vestir
á toda la comunidad.
Los hombres rociijían una camisa, un pantalón, un poncho
y un gorro; y las mugores una camisa hu'ga, el Tipoy sin mangas
ni cuello y que según el teniente gobernador de Concepción
don Gonzalo Doblas dejaba descubiertos los pechos y se cenia
á la cintura por medio de una faja.
Nadie iba calzado; los músicos, sacristanes y cornetas eran
los únicos empleados en los trabajos de aguja.
Cuando las criaturas tenían de 4 á 5 años, la comunidad
se hacía cargo de ellas. Había encargados por el cura que lle-
vaban la matrícula de éstos y todas las mañanas al romper
el dia los reunía en la puerta de la iglesia, donde después de
oír misa se distribuían en los diversos trabajos, menos los
— 303 —
aprendices músicos y los pocos ú quienes enseñaban las pri-
nier-ii'^ letras.
Los jesuítas, tuvieron siempre buen cuidado de que sus
neóHtos no aprendieran el español, por el contrario, ellos apren-
dieron el ,ü,uaraní y á los pocos que enseñaban á leer lo hacían
en este idioma.
Tuvieron también imprentas donde imprimían libros de
oraciones en guaraní inventando signos convencionales para los
sonidos que ese idioma tiene y que son intraductibles en cual-
quier otro. (1) Todo lo que no tenía otro objeto sino el aislarlos
sin poder comunicarse con los españoles ó portugueses.
Además no era permitido á ningún viajero, el permanecer
en una reducción mas de tres dias y muchas veces lo acom-
pañaban fuera de sus fronteras antes.
Todo el sobrante del producto de las Misiones, era embar-
cado en buques de propiedad de los jesuítas y remitido á los
mercados españoles ó portugueses, vendiéndose allí, para com-
prar en cambio lo que ellos no podían fabricar, como ser armas
de fuego y ornamentos de iglesia, importando la exportación
jesuíta un millón de pesos anuales.
Tenían 39 grandes estancias, y entre ellas la de Santa Tecla
que poseía en tiempo del esplendor de su dominación, cincuenta
mil cabezas de ganado vacuno, caballar y mular.
Los jesuítas habían conseguido de España el permiso de
que los indios de sus reducciones pudiesen usar armas do
fuego para resistir á las invasiones de los mamelucos y jiau-
listas que continuamente los atacaban, arrebatando gran cantidad
de ellos que vendían después como esclavos en la provincia de
San Pablo.
Cada reducción poseía su arsenal provisto de fusiles, caño-
nes, etc., y fabricaban también pólvora. Los indios formaban
en compañías de infantería y caballería.
Los domingos á la tarde se reunían en la plaza ó en cual-
quier otro punto, y allí se les repartían las armas enseñándo-
les el manejo de ellas y diversas maniobras; concluido esto
las volvían á recoger y guardar hasta el otro domingo.
Había también compañías armadas de arcos, flechas, bolas,
hondas y macanas. A los muchachos se les obligaba el ejer-
cicio con flechas v hondas, ,etc.
(1) En la tercer.a parte de los Anales del Museo de La Plata, que contiene
el erudito trabajo del señor José Toribio Medina, pueden verse facsímiles de im-
presiones hechas en los pueblos jesuítas de Misiones y leer los datos sobre la
imprenta en esos lugares.
— 3()í —
Algunas veces hacían simulacros de combate, pero tanto se
entusiasmaban que había que separarlos á garrotazos.
Los paulistas aUados con los tupys, fueron los primeros que
probaron el valor y la discii)lina do los neófitos, siendo recha-
zados con grandes pérdidas varias veces.
Estos triunfos los envalentonaron tanto, que cuando ])or el
tratado de límites entre España y Portugal de 1750, las comi-
siones se trasladaron á Misiones para demarcarlos, los indios,
guiados por los jesuítas, se opusieron por las armas, siendo
vencidos y diezmados completamente en esa guerra.
Así pi'epararon el terreno para que mas tarde fuesen fulmi-
nados por los célebres decretos de expulsión que echaron por
tierra su obra secular.
Basta de historia.
Tuve ocasión de asistir en San Luis á un bautismo original:
Extrañé sobremanera que á la ceremonia no asistiera la
madrina, pero sí dos jiadrinos, los que dieron cada uno qui-
nientos reis, imjiorto del bautismo. Interrogué al dueño de casa
á lo que me contestó que así se usaba y <jue ya tenía dos ma-
drinas, y que cuando se casaran estos dos, que eran solteros,
tendrían otras dos más.
Quedé picado por la curiosidad, y como sé que por allí son
muy aficionados á los compadres, pregunté sobre esto á otro
amigo mió.
« — Vea, señor, me dijo; la cuestión de los compadres, por
aquí es un escándalo.
Nace una criatura, le echan el agua de socorro: ya tienen
señalados los padrinos para ello, que serían dos compadres.
Si estos, en vez, se hacen representar por otros dos, aquellos
no pierden el compadrazgo, pero éstos también lo adquieren,
así que son cuatro compadres. Si estos cuatro, son casados,
entonces son odio, porque las maridos ó las mujeres de los
padrinos también adquieren el título de compadres.
Esto es en el agua de socorro; para el bautismo se hace
otro tanto y para la confirmación lo mismo, así que si el padre
y la madre son muy aficionados á tener compadres cada cria-
tura puede tener veinticuatro padrinos.
Vea si no es una barbaridad; yo tengo una sola hija, pero
felizmente no tiene mas que seis padrinos.
305 —
CAPITULO V
En el Brasil: San Lorenzo, San Miguel, San Juan
De San Luis á San Lorenzo — Sus ruinas — De San Lorenzo á San Miguel — Los
encantos de una nociie al raso — Las ruinas de San Miguel — El templo —
Líi leyenda del Lovisoma — De San Miguel á San Juan — Electos de un cha-
parrón — Noche toledana.
Después de haber heclio seis leguas por entre campos ondu-
lados llenos de barba de chivo y con una que otra isleta de
monte, llegamos á San Lorenzo.
A la entrada empezamos á ver la muralla de ¡)iedra que
rodea la antigua reducción, que está jSituada sobre una emi-
nencia del terreno, toda invadida por un monte espeso.
Hoy San Lorenzo no tiene sino tres casas de negocio, que
componen toda su población.
RUINAS DE SAN LORENZO
Desensillamos en una de ellas, y mientras preparaban el al-
muerzo, fui con Felipe á pié á visitar las ruinas. Subimos la
cuesta, entramos por un portillo en la muralla, pasamos un
yuyal alto y tupido y después de andar como tres cuadras
entre yuyos, piedras y marañas, llegamos al colegio.
Se conserva bastante bien todo el frente principal, que está
casi intacto, con su amplio portón, y cuyo arco superior lo for-
man grandes piedras muy bien labradas ; las ventanas son
anchas y cuadradas. Todas las paredes son de piedras cúbicas
groseramente labradas, pero los marcos de las ventanas y del
Toma IV. 23
— 306 —
portón son de piedra lisa, pulida, y perfectamente ajustadas
unas con otras.
Sobre la parte superior del marco de piedra de las ventanas,
está grabada la cifra de Jesús, IHS.
En estos marcos se ven aun los agujeros rellenos de plomo
que sujetaban los fierros de los herrajes de las puertas y ven-
tanas. Los techos han desaparecido, y por el suelo entre los
árboles y los yuyos, se encuentran Ins columnas redondas que
sirvieron de sosten á los corredores.
Hay allí piedras labradas con dibujos de dragones, quime-
ras, etc.
Seguimos caminando, mas bien saltando entre los montones
de piedras y los troncos de los árboles caídos, pasando cuartos,
patios, etc., hasta que llegamos á la iglesia, que ha sido enor-
me. Se hallan aún en pié vastos trozos de las paredes laterales
y una parte del frente en el que se ven grandes troncos de ár-
boles labrados en forma de columna y engastados en él; la
puerta debió medir por lo menos cinco varas de ancho por ocho
de alto, según se puede ver aún por el marco. En medio de
la iglesia se halla un cementerio moderno: no se ven en él
sino cruces de madera llenas de trapos, etc.
Fuera del colegio y la iglesia, lo demás no tiene importan-
cia; esta última incendióse casualmente. (1)
San Lorenzo se fundó en 1691, y en la madrugada del 17 de
Agosto de 1756 fué sorprendido por las fuerzas de los españo-
les y portugueses aliados, que en número de mil ochocientos
españoles y doscientos portugueses, al mando del gobernador
de Montevideo Andone(|ue, tomaron al ¡¡ueblo (|ue tenía enton-
ces cuati'o mil (|uinientas almas, mas ó menos, y á tres jesuí-
tas, los padres Cosme y Miguel Javier, curas de la misión, y
al padre Tadeo, superior de ellos, que huyó de San Miguel, y
quien, según unos fué el autor de la rebelión contra éstos y
general de todas las batallas dadas anteriormente, según otros
el autor principal lo fué el padre Lorenzo Balda. En 1801, los
indios de esta Misión, no siendo protegidos suficientemente por
los españoles, pidieron anexarse i'i los portugueses, lo que dio
motivo para que el capitán don Francisco Barrete Pereyra Pinto,
emprendiese á favor del Portugal la conquista de las Misiones
orientales.
Recien á las cuatro pudimos salir de San Lorenzo; el sol
rajaba la tierra; era uno de esos dias atroces, y como el viaje'
(1) P. Gay.
— 307 —
que Icnia que hacei" era largo, marcliáljamos de-spacio por no
cansar los caballos, hlsa noche, no pudiendo llegar á San
Miguel, dormimos en la costa de un monte, arrullados por el
canto de los sapos de una lagunita que teníamos cerca.
Las noches en que se duerme al raso tienen también su en-
canto. Rodeando el fogón mientras se churrasquea y el mate
pasa de mano en mano, entretenidos en mirar la llama juguetona
subir, bajar, lamer los palos en sus infinitos é innumerables
movimientos, es algo que atrae, que fascina, que se hace ne-
cesario.
Nunca me acuerdo haberme aburrido mas que una noche
que no pudimos encender fuego por causa de la lluvia.
El mismo humo (|ue á veces ahoga es agradable, ese olor
característico tiene idgo de hogar: las reminiscencias parecen
despertarse en la mente del viajero, mientras los mosquitos no
lo incomoden.
Y cuando acostado en el recado se despierta, y echando una
mirada entredormido, medio de reojo, se ven los grandes tizones
de un rojo rubí, qué bien se vuelve á dormir dándose uno vuelta
con íntima y secreta satisfacción.
Y al amanecer, mojados de rocío, atizando el fuego, po-
niendo el agua <á calentar ó secando las pilchas, la llama vuelve
á retozar alegrándonos con su luz fantástica que arroja vivos
resplandores cada vez que es huroneada al sacar un palito en-
cendido para prender un cigarro. Y allí juntos, apiñados entre
mate y mate, se espera, contentos, que las últimas estrellas se
escondan presurosas y que el horizonte anuncie con la pompa
de sus espléndidos colores la venida del astro rey.
Ah ! el fogón ! no hay como el fogón en viaje, sobre todo
cuando hace frió...
Temprano llegamos á San Miguel, que desde lejos se divisa
por la gran altura en que está colocado : lo primero que se vé
son las ruinas de la torre y la iglesia, masa negra enorme de
piedra, que parece un castillo feudal: acercándose mas, se aper-
ciben las casas blancas modernas que se destacan del tinte
soml)río de las ruinas y del monte que las oculta.
Fui á casa de don Viriato Baptista y con él visité los res-
tos de este célebre pueblo.
Hoy ha empezado á poblarse. San Miguel tendrá 30 casas
con dos negocios bastante buenos.
Su principal comercio consiste en el tabaco y la caña ;
alrededor del pueblo hay algunas plantaciones de impor-
tancia.
- 308 —
San Miguel fué fundado dos veces: una en 1(>32 en la
Sierra de los Tapes por el célebre Jesuíta Cristóbal Mendoza,
martirizado después en San Borja; de allí tuvieron (¡ue salir
jíor causa de los portugueses y de los tigres.
ICn 1687 volvió á fundarse en el lugar que hoy ocupa á tres
leguas al SO. de San Juan sobre la margen izquierda del arroyo
Santa Bárbara.
I.os jesuítas españoles llegaron á juntar hasta iO.UOO in-
dios en esta Misión, que después de San Nicolás, fue la capital
de las misiones orientales del Uruguay.
Nueve calles desembocaban en la plaza de San Miguel, en
cuyo frente se hallaba el suntuoso templo de piedra.
El atrio tenía cinco arcos, sostenidos por columnas de pie-
dra con una vistosa balaustrada; en la cúspide del templo y
sobre una gradería, también de piedra, que coronaba el edificio,
se hallaba la estatua de San Miguel, y ú los lados las de seis
apóstoles.
RUI.NAS DE SAN MlfiL'EL
El cuerpo de la iglesia era de 3 naves con su crucero y
media naranja, tenía 80 metros de largo por 30 de ancho, y
5 altares de talla dorados.
En la torre, también de piedra, había G campanas y i'ema-
taba en un gallo de lata dorada que no faltó quien lo volteara,
creyendo fuese de oro (1).
(1) En casa del vecino don Gaetano Biaggio, he visto el frente de San Mi-
guel fotografiado de un plano levantado según las ruinas.
— 309 —
l'ln 17.j3, los indios al mando del cacique José Yyarayú.
alférez real de San Miguel, ostiíiado por los jesuítas empezaron
ú hostilizar á las comisiones d(^ limites españolas y portuguesas;
se dieron grandes liotallas y ¡res años des|:tues éstos tomaban
el pueblo que los indios al abandonar habían incendiado.
Salvaron con gi'an trabajo el li-uiplti, saqueado pnr los mis-
mos indios f[ue con el P. L,i^renzo 15alda se refugiaron en los
montes.
Cuando la confpusia de las misiones orientales del Uruguay
por los portugueses en ISOl. fué' tomado otra vez por Francisco
Borges del Canto, pero entonces ya no era ni sombra de lo (jue
había sido: mas tarde se empezé) á poblar y los vecinos ayu-
dando al tiempo, concluyeron de desínur iioco á poco el tem-
plo y las demás construcciones jesuíticas. <
l'd édrio de San Miguel está todo^ en el suelo; (juedan aún en
pié el frente, la torre y las paredes, todo de piedra perfectamente
bien trabajados. Los arcos, cornisas, capiteles, balaustradas,
adornos, nichos, columnas, todo está liecho con gusto y con una
gran proligidad.
Sobre la ¡¡uerta principal me llaimi mucijo la atención
una piedra que sirve de marco; tendrá 4 metros de largo por
1 l/'2 á 2 de grueso y debe pesar lo menos 10 toneladas. Esta
piedra sostiene gran parte del frente ; hoy está un poco rajada.
Gran esfuerzo liicieron los jesuítas para subir á una altura de
6 á 8 metros piezas tan enormes con los ¡¡ocos elementos de
que disponían.
Todas las paredes, aun la del frente, son de 3 metros de
ancho y tienen en su interior galerías con escaleras. Admirable
es el ajuste de las piedras, bien aplomadas y trabajadas con
mucho esmero. Las arcos del interior del templo también son
de piedra labrada, formados poi' cuñas que se encajan unas
en las otras.
La torre, de la que aun se conservan 3 cuerpos, tiene
también escaleras en el interior de las paredes ; los trozos de
piedra están simplemente ajustados sin mezcla ninguna. Lo que
dá una nota discordante en la torre, son unos mamarrachos
representando cabezas de tigre muy mal hechas, colocadas en
los cuatro ángulos del édtimo cuei-|)o (¡ue servían i>ara volcaí' por
la boca el agua de la lluvia y que desdicen del conjunto severo
y regular del resto del edificio.
Los techos faltan poi- completo. Este temi>lo fué incendiado
posteriormente, según dicen, por un rayo. La vegetación lo ha
invadido; en su interior han crecido ái-boles gruesos, y en mu-
— 310 —
chas [¡artes se ven grandes escavaciones hechas por los veci-
nos con el fin de sacar tesoros, hasta ahora sin resultado.
El colegio está muy destruido ; por todas partes se ven
grandes columnas cuadradas de los corredores; la edificación
en piedra ha ocupado mas de dos manzanas ; se conserva to-
davía un gran salón sin techo, con los paredes intactas y
blanqueadas aún ; he visto tinnl.)ien un gran sótano, todo
forrado y con piso de piedra.
Poco á poco, van cayendo las piedras : la torre está ven-
cida y grietada en muchas partes y el día menos pensado se
derrumbará. Las que podrán resistir mucho son las paredes
cjue los higuerones, como pulpos gigantescos, las sostienen
todavía con sus raíces múltiples pegados á ellas.
Este templo podría conservarse tal cual está, si el gobierno
se resignara á gastar un poco para limpiarlo de la maleza y
prohibiera que los vecinos anduvieran cavando en él. Si la
torre se ha vencido es porque le han hecho unos pozos
tremendos al pié de ella con el objeto y el resultado ante-
dicho.
Don Gaetano Biaggio, italiano, antiguo vecino de San Mi-
guel, ha construido fuera de las ruinas y á su costa una capilla
nueva, en donde ha recogido los santos del antiguo templo ; allí
vi como una docena, todos de madera, enormes la mayor parte
y del mismo tipo de los de San Luis ; el único interesante es
un San Ignacio de Loyola muy parecido á los retratos que
andan en venta. Casi todos estaban mutilados.
Resolví dejar unos caljallos y mientras esperaba otros que
mandé buscar, versó la conversación sobre el Lovisoma.
La leyenda del Lovisoma está muy en boga y todos la creen
á pies juntos ; muchas personas, serias al parecer, están conven-
cidas de su verdad.
El hombre que tiene la desgracia de ser el séptimo hijo
varón seguido, fatalmente es Lovisoma.
El Lovisoma, todos los viernes á la noche sale de su casa
y se trasforma en un animal parecido al perro, con grandes
orejas largas que, cayéndoles sobre la cara, se la tapan y con
las que producen un ruido especial: si el desgraciado es blanco,
el color del Lovisoma, será bayo y si es negro, negro.
Una vez que sale afuera, vá á los estercoleros y á los galli-
neros para comer escrementos de toda clase que es con lo que
se mantiene, además de las criaturas que todavía no han sido
bautizadas; sostiene peleas formidables con los perros que no
pueden hacerle nada.
— 311 —
Si uno no sabe y lo liiere, inmediatamente al recibir la
herida, se transform.a en hombre y aUí le dá las gracias por
el bien que lo lia hecho de (juitarlc el encanto que tenía encima
y que al otro dia se hará un deber en pagarle ese servicio;
pero guárdese bien el comedido por que el pago que dará será
un balazo, así que lo mejor es matarlo de una vez.
Los que son Lovisomas, son delgados, sin color, y enfermos
siempre del estómago por que dicen que con lo que comen no
pueden estar nunca bien; los sábados es seguro que están en la
cama después de la calaverada de la noche anterior.
Está tan arraigada esta creencia en esa gente, que le mues-
tran á uno con gran misterio á fulano diciéndole, aquel es
Lovisoma.
El pobre fulminado por este anatema es una especie de
escomulgado: nadie lo trata sino mijy á lo lejos, y apurándolos
mucho, son capaces de decir: — Vd. es un Lovisoma; y ha ha-
bido casos de haber ido algunos vecinos á la autoridad para
pedirle, que hiciera desalojar á tal ó cual individuo que era
una amenaza y un peligro para ellos por que era Lovisoma,
y tener ésta c[ue hacer grandes esfuerzos para tratar deconven-
cerlos que no existe tal cosa ; pero los tales vecinos vuelven á
insistir y el pobre Lovisoma tiene que abandonar el lugar.
Hasta la poesía popular se ha encargado de cantar la fata-
lidad del lovisoma en versos como estos:
Dentro en meu peito tenho
Urna dór que me consommé;
Ando cumprindo ó meu fado
Em trages de lobizonie.
Por causa de un caballo tuvimos que esperar hasta otro dia.
La atmósfera era sofocante, amenazaba llover pero apesar
de todo salimos: el terreno sigue elevándose cada vez más, los
campos son iguales á los otros, la barba de chivo continuaba
mostrándose; de vez en cuando atravesábamos un campo que-
mado recientemente entre una nube de cenizas de yuyos.
Cruzamos el arroyo y poco después llegamos á las ruinas de
San Juan, donde hoy no hay sino dos casas; pusimos los caballos
á la sombra y fuimos á visitarlas; no ofrecen ningún interés
por estar todo en el suelo; encontramos un cuadrante solar sin
fecha; algunas columnas y en el cementerio varias piedras del
frontis labradas con un San Juan, el corazón de Jesús y algunos
santos de madera arrimados á una pared, completamente apo-
lillados v descoloridos.
— 312 —
San Juan está colocado en una altura: i'ué fundado en 1G08,
según el padre Gay, en la época de su esplendor tuvo cuarenta
calles. Fué tomado por los portugueses en 1756.
En tiempo del emperador don Pedro I, (1824), se estableció
una colonia de alemanes que se dispersaron después.
De San Juan salimos con rumbo á Santo Angelo; la at-
mósfera cada vez mas cargada liacía insoportaljle la marcha:
el cielo estaba limpio, pero el horizonte se tornaba color azul
de acero: grandes nubes blancas venían en nuestra dirección;
á lo lejos relampagueaba y se sentía uno que oti-o trueno lejano.
Tratamos de apurar la marcha para dar con alguna de las casas
que veíamos a lo lejos, subimos un cerro y cuando llegamos
á su parte mas alta, la tormenta nos alcanzó: apenas tuvimos
tiempo de ponernos los ponchos, recibiendo el chaparrón mas
fuerte que he conocido. El agua con viento venía con tanta
fuerza que teníamos que taparnos la cara por el dolor que nos
causaba, no parecían gotas de agua, parecían piedras.
Felizmente la tormenta duró poco, pero lo bastante para
que nos hubiese pasado los ponchos y empai>ado completamente.
Al rato llegamos á casa de un bearnés anciano, don Ramón
Mosqueda, donde á fuerza de fuego pudimos secar mal las ro-
pas y pilchas del recado.
Esa noche la pasamos durmiendo con un ojo, porque en la
deliciosa mansión de don Ramón, los pollos, gallinas, pavos y
perros, habían invadido el cuarto de huéspedes que se hallaba
transformado en gallinero con toda la corte de parásitos ima-
ginables, pero esa también la pasamos consolándonos con la
reflexión de que si teníamos que rascarnos más de lo necesa-
rio, en cambio nuestros huesos descansaban.
CAPÍTULO VI
En el Brasil: Santo Angelo y Campo Novo
Llegada á Santo Angelo. — Buena impresión. — Comercio. — Futuro Ferro-Carril.
— Colonización. — La loca Miriam. — La esclavitud en el Brasil. — Tacurus.
— El vuelo nupcial de las hormig-as. — Marcha de noche. — El Tatú de rabo
molle. — Campo novo. — Sus ingenios. — Cruces en las casas. — Viva San
Juan Bautista. — San Antonio oficial del ejército del Brasil. — Campanas célebres.
Ni bien amanecía, ya estábamos de pié. Cruzamos el rio lyuhí
chico y el lyuhí grande en balsa con toda comodidad; pasamos
una picada corta y vimos aparecer sobre una altura al pinto-
— 313 —
resco pueblo de Santo Angelo, el último pueblo jesuíta de las
misiones brasileras cuyos restos ya no se encuentran. Fué fun-
dado en 1707.
En Santo Angelo todo es nuevo, allí se vé progreso y anima-
ción. Tiene una plaza muy bonita, rodeada de edificios modernos
y de casas de negocio.
La cámara municipal y policía se halla instalada en un
elegante chalet; la mayor ¡larte de las casas, tienen techos de
teja española y grandes ventanas cuadradas con vidrieras para
subir y bajar, y como casi todas están I)lan(|ueadas le dan un
aspecto alegre.
En el frente norte de la pla/.a, íi|)rovo('liiin(lo los materiales
del antiguo templo jesuíta, han cdilir;i(lo una iglesia moderna,
de un estilo agradable.
Santo Angelo tendrá mas 6 menos 800 almas, pero su cam-
paña es rica. Es una villa muy comercial; esporta grandes can-
tidades de tabaco, aguardiente, miel de caña, rapaduras, yerba
mate, maíz, fariña de mandioca y hacienda vacuna para los
saladeros Cachoeira, Porto Alegre y Pelotas.
Fuimos al hotel, donde hice relación con algunos ingenieros
del ferro-carril que estaba en estudio allí, lo que promete un
gran porvenir para esa región.
También había una gran empresa f|ue tenía á su cargo la
colonización de los terrenos, desde allí á Camacuan sobre el
Uruguay.
Los colonos que estaban en Santo Angelo eran en su mayor
parte polacos y suecos; estos últimos parecen los más aptos
en cuanto á los primeros, habían acampado en las orillas del
pueblo esperando su turno, pero con más ganas de mandarse
mudar para otra parte que de ir á las colonias.
Pasé varias veces delante de la oficina y pude observar alli
la distribución de víveres y vales á los colonos.
Según oí decir y quejarse á muchos, la empresa tenía todo
centralizado en Santo Angelo, mientras que en las colonias no
había siquiera un depósito y como los colonos no poseían ca-
ballos ni carros, tenian que venir de 5, 6 y 7 leguas á pié á
buscar víveres, para lo que empleaban dos ó tres días y otros
tantos de vuelta y como no podían cargar mucho á hombros,
cada semana tenían que volver á Santo Angelo quedándoles
natui'almente muy pocos dias para trabajar.
Frente al hotel andaba vagando una pobre muchacha polaca-
judía, llamada Miriam, que á consecuencia de que su novio, con
quien vino de Europa la había abandonado, perdió el juicio.
— 314 —
MiM muy doloroso verla casi desnuda cantando, gritando y
hambrienta por las calles, sin que nadie le hiciera caso.
Como no estamos acostumbrados á ver estas cosas, le hice
dar de comer en el hotel mientras allí estuve y como me es-
trañara la indiferencia con que todos la miraban sin socorrerla
dejándola en la calle abandonada peor que á un perro, traté
de averiguar la causa. Unos le sacaban el cuerpo diciendo que
en eso tenía que ver la Emjjresa de Colonización y otros con
misterio me dijeron: pero si es una judía, como si para hacer
una obra de caridad ó dar un pedazo de pan el desgraciado
tuviera que ser cristiano.
Yo comprendo en muchas personas ese adormecimiento de
los sentimientos para con las desgracias de los semejantes,
esos son los frutos de la esclavitud, (') que con los años ha
' Para dar una idea de lo que era la esclavitud en el Brasil, transcribo la
estadística C[ue publicó el Anuario de Rio Grande, para 1889.
Las 108 c[ue figuran en la provincia de Ceará fueron llevados poco antes de
la abolición, antes de estos ya habían libertado á todos los demás.
EXTINXQÁO DA ESCRAVIDÁO NO BRAZIL
Pela leí número 3.353 de 13 maio 1888 foi declarada extincta a escravidao no
Brazil. Para que se possa julgar do enorme sacrificio que resultou para os possui-
dores de escravos desta importante reforma, alias pacificamente eflfectuada, damos
abaixo uma nota de numero de escravos cjue foram matriculados até o dia 30 de
mar§o de 1887 e dos seus valores declarados eni matricula:
Provincias e municipio neutro: Escravos: Valores:
1 Minas Geraes 191.952 12t).316;¿88 S
2 Rio de Janeiro 162.421 105.896:250»
3 S.Paulo 107.329 73.557:811»
4 Bahía 76.838 52.054:767»
5 Pernambuco 41 . 122 27.619:235 »
6 Maranhao 33.446 22.499:874»
7 Sergipe 16.875 11 .279:860 »
8 Alagoas 15.269 10.039:004»
9 Espirito Santo 13.381 9.061:922»
10 P.ará 10.535 6.825:538 »
1 1 Parahyba 9.448 6.259:230 »
12 Piauhy 8.970 6.331:973»
13 Rio Grande do Sul 8.442 5.947:36:3»
14 Municipio Neutro 7.488 4.974:289»
15 Goyaz 4.955 3.386:997»
16 Sta. Catharina 4.927 3.379:200»
17 Paraná 3.513 2.465:^00»
18 Matto Grosso -3.233 2.117:757»
19 Rio Grande do Norte 3.167 2.134:987»
20 Ceará 108 77:175»
21 Amazonas O 000 »
Total 723.419 Rs. 485.225:212$
— 315 —
ncoslumbrado al pueblo á hacer (iif'ei'cncias odiosas enli-e los
hombres, narcotizando poco á poco el corazón, á tal punto, de
ver muchas veces con la mayor naturalidad flagelar un negro
ó vender al liijo separándolo violentamente de la madre.
Salimos temjjrano de Santo Angelo; "el tiempo amenazaba
llu\ia y hacía un calor sorocaiite.
Pasamos un brazo del rio Yyuhy y seguimos rumbo Norte.
La tiei'ra colorada, continuaba llena de Tacurús no muy altos
y como era la época del vuelo nupcial marchábamos entre una
nube de hormigas que nos incomodaban mucho, posándose en
la cara, manos, sobre nuestras ropas, en nuestro caballo, etc.
Como no pudimos pasar los arroyos Mbúrica y Nacorá por
estar muy crecidos con las últimas lluvias, tuvimos que seguir
por el camino de San Jacob, mucho mas largo pero mas seguro.
Seguíamos subiendo la sierra ; el campo presentaba s¡em[)re
el mismo aspecto, pero los cerros se hacían cada vez mas fuer-
tes faltando en este trayecto los arroyos; en cambio encontrá-
bamos sobre los cerros, lagunas de agua potable y por todas
partes isletas de monte aisladas: llegamos á las 5 á Santa Cruz,
en donde dormimos esa noche.
Al dia siguiente continuamos rumbo Este y á las 10 a. m.
con un calor sofocante llegamos á la estancia de don Mateo
Beck, alcanzando á las 7 a San Jacob, donde no quisieron dar-
nos posada ; resolvimos descansar un poco al lado de una zanja
pura cenar, esperar la luna y alcanzar la costa de alguna aguada
buena para pasar la noche.
Por el camino, cazamos un Tatú de rabo molle, tan pesado,
que tuvimos que arrastrarlo á la cincha.
A las G de la tarde del dia siguiente, después de muchas
fatigas llegamos á Campo Novo.
A provincia do Amazonas nao matriculou um só escravo.
Dos escravos nialriculados eram:
Do sexo masculino 384.615
Do sexolfemenino 338.804 7¿3.419
Segundo as categorias de idade distribuiam-sc os mesmos escravos do modo
seg'uinte:
Menores de 30 annos-. .... 336.174
De 30 a 40 annos 195.726
» 40 a 50 122.097
» 50 a 55 » 40.600
» 55 a 60 n 28.822 723.419
3ir, —
-J- VrJA-
Campo Novo pertenece al municipio de Palmeira: es una po-
blación pequeña de unos 100 á 150 lial litantes, está situada sobre
un especie de plato rodeado por un arroyo abundante de agua
que hace mover dos ingenios de yerba.
Campo Novo se halla en ¡ilena región del monte, así que es
una abra grande en medio de yerbales cuya exjilotacion cons-
tituye su principal comercio.
Habrá en todo como unos 20 hogares. 2 ingenios de yerba,
2 casas de comercio y una capilla de madera levantada á es-
pensos de los fieles.
Salí á recorrer el pueblo con don Urbano Melegares, dueilo
de uno de los ingenios, el que visitamos detenidamente; éstos
son iguales al de Saracurá cuya descripción ya he dado y solo
tienen diferencia en el modo de acondicionar la yerba, que en
vez de bolsas usan todavía
los tercios de cuero que
i-emiten <\ Itaquí unas 100
Fj^. \ leguas distante, en carre-
'^ tus enqileaiido mas ó me-
nos un mes de viage.
Para llenar los tercios
se hace del siguiente mo-
do: secóse antes el cuero
y se forma el tercio, es
decir, un saco. El cuero
debe estar bien mojado y blando. Una vez cosido se deja orear
una noche y ai otro dia se cuelga entre dos estacas por las dos
puntas de la boca y el enzurronador vá echando la yerba de á
poco y ajusfándole con un palo que tiene una punta aguda y
de forma cónica hasta que se llena completamente: después se
cose la boca y se pone al sol el tercio; lo que el cuero se seca,
apreta aprensando la yerba en su interior de modo que queda
como ]iiedra. Un buen enzurronador, llena 3 á 4 tercios por
dia, y éstos tienen por lo común capacidad de 6 á 7 arrobas bra-
sileras de 32 libras.
Observé que en muchas casas había cruces pequeñas sobre
los palos del corral, sobre la cumbrera y algunas pintadas en
las puertas, no solo en Campo Novo sino en todo el viaje. In-
terrogué á mi cicerone y entonces me dijo que era creencia ge-
neral que las cruces esas, libraban á las casas de las visitas
de las epidemias y en los corrales lo mismo á las haciendas.
Otra costumbre curiosa, son las banderas que todos los años
levantan á la salud de San Juan Bautista. Cada dueño de casa.
UN INGtMO DE -SERBA M\TE
— 317 —
busca un palo muy alto y .sobre él coloca un marco de madera,
de manera que que pueda girar con el viento como una veleta
y \<) clava un pedazo de lienzo en donde pinta estas letras V. S.
J. 15. (|ue quiere decir viva San Juan Bautista. Esto se hace
todns los años el dia de San Juan, en medio de fogatas, co-
heles y baile los (|uc pueden y un poco de cachaza. Otros le-
vantan sus banderas al santo de su devoción que generalmente
es San Antonio, San Pedro ó el Ivsjiíritu Santo, pero ninguno
es tan popular como San Juan, apesar de que San Antonio es
oficial del ejército brasilero y ;i quien todos los años hacen
gi-andes fiestas.
En un Anuario, encontré el j^or (|U(_' del oiicialato de San
Antonio y por ser original lo transcribí! en el pintoresco idioma
de Camoens. (1)
Al lado de la capilla de Campo Novo, existen dos campanas
(1) SANTO ANTONIO OFKICIAL DO EXERCITO DO BRAZIL
O nosso povo, que tanto festeja o milagroso Santo Antonio, ignora tal vez,
(juando Ihe faz festas de foguetos, pistoloes, bichas da china, fogueiras e baloes,
(jue está rondando preitos a urna dignidado núlitar, que fez parte da quadro do
c'xercito brazileiro antes da independencia.
O glorioso Santo teve eü'ectivamente ha elevada patente de tonente-coronel é,
.si nao recebe mais soldó, nao pode, aos monos, deixar de ser considerado official
honorario.
A sua l'é de officio nos informa do siguióte:
Por carta regia do 7 de vVbril de 1707 foi facultada á imageni de Santo Antonio
existente no convento de S. Francisco, da Bahía, a prac;a 'da capitao entrotido do
forte de Santo .■Antonio da barra daquella cidade.
Nao reza a chronica se foi por antiguidade ou se por merecimento; o facto é,
porem, (pie só mais de um secuto dopois, em 1810, por carta regia de 13 de Se-
tendjro, foi promovido a major de infantaria.
O Santo Antonio do Rio de Janeiro foi mais feliz em sua carreira e honras.
Por ocasiao da invasao de Duclerc, o governador Antonio de Albuquerque Coelho
de Carvalho conferio o posto de capilüo á imagem de Santo Antonio da ciilade do
Rio de Janeiro, posto que foi confirmarlo por carta regia de '¿1 de Margo de 1711.
Por decreto de 14 de Julho de 1810 foi [irumovido a sargento-mór de infantería;
e quatro anuos depois, por decreto de 26 de jullio de 1814, foi promovido á tenente-
ooronel da mesma arma, por occasia da «paz que o cóo se dignou conceder á mo-
narchia portugueza, devido isso ¡i sua intercessao »; sendo por aviso de 22 de Agosto
deste ultimo anno, dispensadas as despezas com o sello da sua patente.
Ainda em 1814, por decreto de 13 de Agosto, foi condecorado com a gra-cruz
da ordem de Christo.
De 1814 para cá a estrella do santo empallidecou.
Um ministro da guerra menos afieigoado ao Thaumaturgo, 'querendo promover
uní afilhado, transferio o tenente-coroncl San Antonio do quadro activo do exercito
para a classe dos honorario.s, onde ficará, sabe Deus ató quando.
— 31S —
de la iglesia de San Miguel, salvo algunas alMilladuras, se con-
servan muy bien y su sonido es perfecto.
Una tiene la siguiente inscripción.
San Miguel Ora jjro iwhis. Anuo 1757
La otra tiene la inscripción muy borrada pero aun se puede
leer
San Josephus 1749?
CAPÍTULO \n
L A C o L o M A MILITAR
La picada. — Los apretados. — La colonia militar brasilera del alto Uruguay. — El
ingenio del Estado. — Ingenio de caña. — Fariña de mandioca y de maiz. — El ma-
yor Federico de Gama Lobo Deza. — El teniente Sequeira. — El café en Misiones.
— El capitán Lima.
A las 3 de la tarde salimos de Campo Novo para llegar
temprano á la boca de la ])icada grande que conduce á la Co-
lonia Militar.
De Campo Novo á la boca de la picada hay dos leguas de
campo cubierto de isletas de vegetación, predominando en ellas
el timbó.
La región del monte cerrado, impenetrable, empieza allí para
concluir en el Uruguay y teníamos que atravesarla por la picada,
carretera de nueve leguas de GO cuadras cada una y de un an-
cho de 12 metros.
Fué abierta por los ingenieros militares del ejército brasilero
y el gobierno tiene votada una suma anual para su compostura
y limpieza, asi es que en todo tiempo es transitable.
Íbamos al trotecito, gozando del fresco de la noche y sin ser
molestados por los mosquitos ó tábanos, una luna espléndida
nos alumbraba el camino (pie al proyectar la sombra de los
árboles tenía un aspecto extraño; todo lo que nos rodeaba era
lo mismo, los grandes heléchos parecían enormes paraguas, las
matas de ortiga brava se asemejaban á grandes perchas de in-
mensos corazones, los árboles con sus brazos retorcidos como
gigantes fantásticos, libraban batalla desesperada contra ser-
pientes mas fantásticas aun, los liqúenes, heléchos y otros pa-
rásitos, le daban un aspecto de monstruos velludos, las tacuaras
describiendo su graciosa curba sobre el camino adornadas con
sus manojos de hojas, parecían [arcos de un inmenso palacio;
— 319 —
de vez en cuando algún isipú tronchado y suspendido sobre
nuestras cabezas como un serpenton parecían querernos saltar
al pasar.
Después de reposar un rato en el lado del Taruma llega-
mos á los Apretados, siendo ya de dia. Es un lugar |inico
en su género : para comprenderlo l)ien, es necesario compararlo
á un inmenso terraplén de mas de 100 metros y con caidas á
uno y otro lado, sumamente grandes y rápidas; esta obra de
la naturaleza hace que en caso de cualquier evento la Colonia
Militar está defendida por tierra ; con atajar la picada en este
punto es imposible la entrada por allí.
E.-:.te lugar fué indicado por los indios que acompañaban á
los ingenieros cuando la abriei'on, lugar rpie conocían por la
costumbre que tienen de andar en el monte.
Al fin y como á las 10 a. m. pasando el puente sobre el
arroyo San Francisco, llegamos á los suburbios de la Colonia,
cruzamos por delante de unas cliacras y entramos 'en la calle
principal del pueblo, el que me agradó desde el primer momento.
Nos apeamos en casa del teniente Sequeira, suegro de mi com-
pañero Felipe, donde desensillamos, almorzamos y dormimos
hasta la tarde en que fuimos á bañarnos en las aguas del Alto
Uruguay.
Des|)ues del baño visité al director de la Colonia, mayor don
Federico Gama Lobo Deza, antiguo oficial de la guerra del Pa-
raguay.
Al dia siguiente salí á recorrer el pueblo de la Colonia.
La Colonia Militar so halla situada ¡i 27°, 8' y 19" latitud sud
y á 10", 52' y 47" longitud occidental del meridiano de Rio Ja-
neiro; está rodeada de bosques vírgenes, y atravesada por el
arroyo Felizberto Pereira, tendrá 800 habitantes, pocos viven en
el pueblo y la mayoría desparramados en las chacras. La ma-
yor parte de los colonos son brasileros y hay algunos extran-
jeros dados prin<"',ipalmente al comercio.
Fl pueblo está colocado en sentido paralelo al rio Uruguay
y consta de dos calles sepai-adas entre sí por el arroyo Filiz-
berto Pereira, rumbo E. á O.
La calle principal, es larga, ancha, bien tenida, limpia, en
gran parte plantada de palmeras á uno y otro lado; en la mitad
de esta calle está la plaza, grande y espaciosa.
La parte del poniente concluye en el rio, mientras que la
del naciente, en la picada. Las casas de la acera Norte tienen
todas fondo al rio Uruguay gozando así de vistas expléndi-
das.
— 320 —
La liorranca en este punto tendrá 25 metros en la costa del
rio V unos 30 al medio de la calle.
La edilicacion en su mayor parte es de madera. Las casas per-
fectamente alineadas, están separadas unas de otras por unos
10 metros, algunas menos, todas tienen su buen cerco al frente
con bananas, ananás, palmeras, moras, etc.
Como á G cuadras al Este se halla el cuartel, donde está
alojado el destacamento de la Colonia, compuesto de 00 hom-
bres de diversos cuerpos del ejército y que en su mayor parte
tienen familia y son colonos, no teniendo mas obligación que
presentarse á las listas y algún otro pequeño servicio.
La atahona del Estado es un gran edificio de madera todo
de cedro incluso el techo de -40 metros de largo por 15 de
ancho.
Dentro tiene trapiche para moler mandioca, otro para caña,
prensas para mandioca, y un juego de molinos para maíz,
trigo, ele,, todo movido por la fuerza hidráulica de una rueda
de 3 metros de diámetro.
En este edificio los colonos pueden llevar sus productos y
elaborarlos sin gastos de ninguna especie.
La fariña que nosotros conocemos, se hace de mandioca
generalmente de la especie venosa llamada mandioca lirava. Al
año de ser plantada, se recoje y después de descascarada se
hace pasar por unos cilindros provistos de dientes de fierro,
madera ó de estrias que la convierte en una parle lilan(|uizca.
Esta pasta se coloca en unas prensas especiales á íin de es-
traerle todo el jugo: este es sumamente venenoso. El residuo que
queda en la prensa, se coloca en un horno de fierro o en va-
sijas de bai'ro y se somete á un I'lic.ho no muy vivo, moviendo
siempre la vasija hasta (|ue queda bien seco, esto es lo (|ue no-
sotros conocemos por fariña perfectamente comestible y que por
aquellas alturas suple al plan.
La fariña de maíz, se hace de otro modo. Se limpia l)ien el
maíz y se pone á i-emojo en una corriente de agua jior G ú 8
dias hasta que queda completamente blando: entonces se pisa,
se seca, se prensa y se pone á secar en un liorno como la fa-
riña. Esta fariña se usa mucho y sustituye por ser mas barata
á la de mandioca.
El Gobierno se ha reservado la i)ropiedad de todos los terrenos
del pueblo. Los colonos pueden gozarlos mientras viven en él, pero
no venderlo; también se muestra muy protector de ellos: estos
no solo tienen la tahona á su disposición sino también cuanta
herramienta jiueden necesitar, bueyes, útiles, carros, etc. y á
— 321 —
los 3 años de estar establecidos, el títiüo de propiedad de sus
chacras para que no puedan ser molestados mas.
Además los colonos tienen médico y botica gratis que em-
plean mucho, sobre todo, para enfermedades gástricas que abun-
dan entre gente como esa, tan desarregladas en el comer.
Visité también un ingenio de caña de azúcar, movido á agua
por una gran rueda. No fabrica sino caña ó cachaza, solo por
encargo hace rapaduras.
La caTia se fabrica de un modo muy sencillo: se esprime la
caña en los cilindros, se. recojo el jugo ó guarrapo, se coloca
en grandes bateas á fermentar y se pasa después por un alam-
bique para destilarlo recojiéndose la caña: indudablemente que
el saI)or, color y calidad de esta, depende mucho del grado
de prolijidad de el ingeniero, nombre que adjudican al faljri-
cante.
A falta de barriles y botellas, seMeposita entróneos de ár-
boles escavados y bien arreglados tapados con tablas clavadas
y con una canilla, sacándose de allí poco á poco según las
necesidades de la venta.
La clase de madera empleada influye también mucho : hay
algunas de ellas que de blanca la tornan color rhom y siendo
bien elaborada es á mi juicio superior á éste.
En la üirectoría, me fué presentado el capitán ^lanuel Be-
nedicto Lima, propietario de una de las mejores casas de la
Colonia, me invitó á visitarlo, allí me mostró en su jardín un
principio de plantación de café. Tenia plantas de 6 años, pre-
ciosas, bien desarrolladas y cargadas de frutos de dos á dos y
medio metros de alto; probé el café que encontré excelente, bien
preparado y estaba cosecliado en el año anterior. El grano es
muy lindo, grande y de mucho ride.
Lástima que los colonos no comprendan la importancia que
les reportaría la plantación de café y no cultiven siquiera unas
pocas plantas aunque mas solo fuera para uso propio.
Pero vuelvo á repetirlo, en IMisiones se necesita sangre nue-
va, hombres en cuyas fibras no se encuentre la herencia de la
semilla de plomo sembrada por los Jesuítas, hombres que sa-
cudan la inercia y la apatía que inculcaron con su dominación
despótica de 100 años. Ese es el defecto y la desgracia de toda
la región misionera que por un hombre inteligente despreocu-
pado y activo que se encuentra, uno tropieza con 200 negligen-
tes, apáticos y llenos de ridiculas preocupaciones.
La Colonia Militar fué fundada por iniciativa del Barón
de San Jacob, Coronel Diniz Días, quien se empeñó con el
Toina IV. 24
— 322 —
Gobierno Iinporial, siendo decretada su fundación en 1879.
El fin de esta Colonia no fué simplemente la Apricultura,
sino mas bien político bajo el punto de la Estratejia Militar,
según ellos, pero yo no veo qué importancia estratégica })uede
tener, cuando cerca no hay poblaciones, la Costa Argentina de-
sierta é inaccesible y el Uruguay en su mayor parte navegable
solo cuando hay crecientes, que en caso de un conflicto sería
para ellos como salir de la sartén para caer en el fuego.
r"l único beneficio que reporta esa Colonia es empezar á po-
blar la región del Alto Uruguay, honor indiscutible que cor-
responde á los Brasileros; no por la prioridad, sino por la forma
en que lo lian hecho.
CAPITULO VIII
UN POCO DE HISTORIA
Los Prolegómenos de Ja República Brasilera
Conspiración de Tiradentes — La República de Rio Grande — La Repúljüca de
Santa Catalina — Bentos González — Garibaldl — Los Farrapos — Himno Re-
publicano— Estro popular — Ti[io clásico de los Rio-Grandenses.
El 21 de Abril de 1792 subia las gradas del iiatíludo para
sufrir muerte afrentosa Joaquín José da Silva Javier, alias Ti-
radentes, el primer repulilicano Brasilero, Alférez de la Capi-
tanía de la Provincia do JNIinas geraes, que junto con algunos
otros compañeros, pi'omo\'ieron una gran conspiración para li-
bertarse de los portugueses y proclamar la Hepúl)lica Brasi-
lera.
No ¡'altó un Judas que los traicionara, todos fueron a|irclien-
didos y condenados como reos de alta traición, declarando
ademiís infames á sus hijos y nietos.
Tiradentes solo fué ahorcado y su cadáver despedazado, co-
locado en varias picas, fué objeto de escarnio en los parages
públicos.
Los demás pasaron á los presidios de África sin poder vol-
ver al Brasil bajo pena de muerte.
Esta fué la iirimer sangre derramada en holocausto de la
idea Republicana.
Hoy el Brasil Repul)licano agradecido conmemora el 21 do
Abril ;'i los pi'ecursoi'es de la República circunstanciados en Ti-
— 323 —
radentes a c[uien liu sido decretada una estatua. La gratitud
de los pueblos no es mentira.
En 1833, un Italiano Tito Livio de Zambicari, hijo del céle-
bre aereonauta Bolones, ardiente republicano y compañero de
Mazzini, empezó á sembrar la idea cpublicana en la Provin-
cia do Rio Grande, secundado por un militar esforzado y de
grandes virtudes pei'sonales, Bentos Gonzalves da Silva.
Dos años mas tarde, éste se ponía al frente del movimiento
revolucionario y en 183G en Yaguaron se proclamaba a Rio
Grande, estado independiente con el título de República Rio
Grandense, nombrando i'i Bentos Gonzalves Presidente y Gene-
ral en Gefe de su Ejército con el título de Gefe y Protector de
la República y libertad ile Rio Grandense.
Poco tiempo designes caía i)risionero del General Bentos
Manuel Ribeiro que, Republicano, se babia pasado á los Impe-
rialistas, fué conducido preso á Rió Janeiro junto con Zambi-
cari y otros y encerrado en una fortaleza: pudo escaparse á
nado volviendo á Rio Grande en 1837.
Durante su ausencia, el General Netto reanimó á los repu-
blicanos y trasladai'on el Gobierno á la Villa de Piratiny, lo
que bizo que los Imperalistas la llamaran por burla La Repú-
blica de Piratiny. En este punto se reunió á los republicanos,
otro Italiano que un dia debía ser célebre por sus proezas le-
gendarias, José Garibaldi. el Caballero de la humanidad, uno
de los hombres mas pui-os de este siglo que peleó siempre y
en todas partes en pro de la libertad.
La poesía se encargó de alentar la idea republicana. No
faltaron sus Tirteos que fulminaron la traición de Bentos Ma-
nuel, escribieron himnos á la República, epigramas ridiculi-
zando á los nobles, alalianzas á sus héroes y basta señales de
la Cruz en verso por los cuales se reconocían. Los Imperialis-
tas llamaron á los Repuljlicanos farrapos, es decir, andrajosos
y ellos tomaron ese nombre y se lo adjudicaron en cambio
como timbre de honor. Yo soy un Farrapo, decian con orgullo
y las muchachas : yo una Farroiipilla. Algunas de esas poesías
que he podido recojer, las trascribo.
— 324
Himno Nacional de la República Rio- Gbandense
(Revohtrcio. de 1835—45)
Nobre Povo Rio-Grandense,
Povo de Héroes, Povo Bravo,
Conquistaste a independencia,
Nunca niais seras escravo !
Avante, oh Povo Brioso !
Nunca niais retrogradar,
Porcjne atraz fica o Inferno
Que vos hade sepultar !
O magestoso progresso
E preceito divinal.
Nao teni nielhor garantía
Nosa orden social.
O mundo que nos contempla.
Que péza nossas aci,-úes,
Bem dirá nossos esfor^os
(¡antará nossos brazoes !
CORO
Da gostosa liberdade
Brilha entre nos o claráo :
Da constancia e da coragem
Eis acjui — o galardáo.
Signal da Cruz
O partido que pretende
Nossa moral corromper,
Vou fazel-o conhecer
Pelo signal.
Rebater os erros grossos
Dos sacuaremas devenios,
Porque sao das leis que temos
Inimigos.
Da palavra liberal
Tem elle tanto temor.
Como o diabo tem horror
Ua Santa Cruz.
Em seus escriptos transluz
A indacencia em grao subido,
De táo funesto partido
Livre-nos Deus.
Perseguir patricios seus,
P'ra d'estranhos ser bem visto,
Só faz quem nao crS em Christo,
Nosso Senhor.
Mas de Deus nao tem temor
O partido saquarema,
Longe yá o seu systema
Dos nossos.
Do povo se fazem amigos,
Quando tem necessidade:
Porém é sua amisado
Em nome.
Li(;áo tal o pouo tome
D'esta gente que desoja
Que o filho contrario seja
Do pai.
Vede qual é, reparai,
De Pernambuco lioje a sorte ;
Chora o ¡lai a triste morte
Do íilho.
Da desorden! o caudilho
Quer ver si ao mal nos conduz.
Porque odeia a clara luz
Do Spirito Santo.
Mas ha de ver com espanto.
Que, amando o povo a vcrdade,
Só quer paz e liberdade.
Amen.
— 325 —
Versos contra Bentos Manoel Ribeiro, hechos por sus adversarios
EN LA revolución DE I 8 3 5
Pode um altivo luimiUiar-se,
Pode um teimoso ceder,
Pode um pobre enriquecer.
Pode um pagáo baptisar-se.
Pode um avaro prestar-se,
Um lascivo confesar-se,
Pode um Mouro ser Christáo,
Pode um arrependido salvar-se
Tudo pode ler j)erdao !
Só — ó Bento Manuel — NAO.
Oh ! do inferno instrumento
Bento
Modelo dos tyrannos, da trai(;áo painel —
Manoel
No inferno te aguardan! qijal primeiro
Ribeiro
Com imi montao de chammas un brazoiro
Bento Manuel Ribeiro.
Diez años duró la guerra i'epulilicaaa en Rio Grande, hasta
que al fin, aniquilados, hicieron una |)az lionrosa con los im-
perialistas que por hacerla cargaron con la deuda púl)lica dé-
la república, pagaron sus tropas y reconocieron á sus jefes y
oficiales los grados que habían adquirido á su servicio.
La República Riograndesa murió, ¡lero en esa heroica Pro-
vincia quedó arraigada la idea republicana c[ue poco á poco fué
cundiendo por todo el imperio hasta minar completamente sus
bases para (jue, como un castillo de naipes, cayera sin la me-
nor protesta 45 años después.,
El campesino Rio Grandes, es un tipo muy parecido á nues-
tro gaucho; muy de á caballo, valiente, sufrido, enérgico, vive
en el campo trabajando en las estancias; tiene siempre buenos
caballos de silla y sobre lodo muy bien cuidados.
Usa generalmente un sombrero muy aludo para protejerse
de! sol, bombacha, manta, ya sea de verano ó de invierno y
usa chinelas sin medias: poco usa botas para el trabajo.
El recado difiere de los que se usan entre nosotros: el
basto lo forma el serigote del que ya hablé : llevan siempre dos
caronas cortadas, iguales de los dos lados con grandes puntas
y lo que nunca dejan es el pretal y la baticola que es muy
útil para andar por las sierras.
El Rio Grandes lleva casi siempre espada, cuchillo y una
pistola de dos tiros; algunos sustituyen la espada por un ma-
chete largo, muy útil para andar por el monte.
I
— 326 —
Su alimento iii'ineipal es el charque, el poroto, el niaiz y la
fariña; ya casi no hay quien coma solo carne.
Son muy aficionados á bailar y sobre todo á cantar con
guitarra, y sus poesías son muy parecidas á las de nuestros
paisanos. Las liay muy apasionadas, otras llenas de senti-
miento, otras jocosas, otras de sátira mordaz. Muchas veces
acostumbrado ya al portugués, al oirlos cantar, me parecía oir
á nuestros criollos.
CAPITULO IX
EL ALTO URUGUAY
ExPEDiciON QuEiREL. — En cano?, de San Javier á la Colonia Militar brasilera. — Sa-
lida de San Javier. — El agrimensor nacional Juan Queirel. • — La corredera de
Cunianday. — Las canoas. — Cómo so pasa una corredera. — Las correderas chico
alferjz. — Roncador — Borracho. — Murciélago. — Mbiguá. — Caza infructuosa. -Que-
damos cortados de nuestrcs compañeros. — Encuentro con los viajeros franceses:
almuerzo regio. — La corredera yacaré. — Tres piedras. — Salto. — Marcha á Sirga.
— Accidente á los viajeros.
Este capítulo y el siguiente pertenecen al agrimensor na-
cional don Juan Queirel, y vienen á llenar un vacío en este
libro: la descripción del Alto Uruguay desde San Javier á la
Colonia jMilitar.
El señor Queirel es uno de los pocos hombres que conocen
ó fondo nuestras Misiones y es el que ha medido mas campos
en ellas.
Hacen doce años que trabaja en mensuras, ya en la costa
del Paraná ya en la del Uruguay, mensuras hechas á costa de
grandes sacrificios personales y de dinero rodeadas de priva-
ciones y peligros entre las selvas vírgenes; las que no han po-
dido doblegar aún su carácter de fierro y su constancia á toda
prueba.
Además de sus tareas profesionales ha hecho observaciones
y colecciones de historia natural y de historia jesuítica, para
entregarlas á los especialistas y á los museos.
El lector al leer este capilulo podrá liacerse una idea de los
trabajos pasados como preludio de una mensui'a, y al mismo
tiempo conocer esa gran parte del Alto Uruguay. Las figuras
que se publican en este trabajo han sido tomadas de fotografía
hechas por el señor Queirel.
Dia 15— hX fin nuestra saliiln pudo efectuarse á las 2 p. in. del
puerto Calvo de San Javier.
— 327 —
Bajo los ardientes rayos de un sol tropical en nuestras ca-
noas sin toldos la Capitana, la Martin Fierro y la Giiarumba
nos deslizábamos suave y tranquilamente sobre las aguas quietas
del Uruguay.
La Capitana era una pequeña chalanita de 7.30 X 2.15 que
apenas podía conducirnos con mi compañero que gobernaba en
la poi)a y dos peones para el remo y botador, haciendo de ca-
pitán un criollo brasilero, hermoso indio de fuerzas atléticas y
musculatura robusta, que se llamaba Seo Manuel.
La Martin Fierro tenía 1Ü'"30 de largo y 1 metro de ancho
construida de un tronco de árbol calado Timbó; llevaba 120 ar-
robas y la tripulaban tres hombres, en ella iba el mayordomo
general, Bituco.
LAS CANOAS DEL ALTO URUGUAY
La otra embarcación era la mayor de todas y la tripulalsan
cuatro hombres; su jefe, Guarumba, otro indio como los demás,
de carácter grave y serio así que á su embarcación le dimos
ese nombre; medía 10 metros 80 de largo por 1 metro 15 de
ancho, de árbol igualmente de Timbó y de una sola pieza; car-
gaba IGO arrobas.
A legua y cuarto del puerto de San Javier un sordo rumor
vino á interrumi>ir tan prolongado silencio; era el alerta que
la corredera de Cumandai (Poroto chico) nos daba.
Hubo un momento solemne en la marcha nuevamente
em})rendida; estábamos .sobre la atronadoi'a corredera, los
i'cmos puestos á un costado de la embarcación y todos los
— 328 —
ti'ipulnntes con un botador tratan de romper la corriente de la
primera caida de agua, del lado de la costa brasilera.
Se ha luchado con esfuerzos inauditos sin desperdiciar un
momento oportuno para romper la corriente ; la embarcación
sube pulgada á pulgada no desperdiciando los peones á su
paso la oportunidad dejacirse á una ramo ó un gajo.
En medio del ruido infernal de la corredera no se oye casi
la voz sino gritando y á veces causa esta circunstancia, la no
buena interpretación a la voz del que dirije la maniobra.
No hay que perder un minuto; de este quizás dei>ondería
el éxito de la expedición: una rama que se quiebre basta para
perderlo todo, la corriente tomaría atravesada la embarcación
voleándola y haciéndola rodar sobre los cordones de piedras
hacia su caida, el precipicio.
Así se trabaja y se sigue. Ya, no hay ramas; la costa es un
vivo pedregal un botador dos y mas, i'i veces quedan clavados
en los agujeros de las piedras del lecho del rio. No puede
sacárseles, entonces se arrojan al agua sus dueños, la que les
llega al pecho, y apenas la corriente les permite tenerse de
pié tratando de no perder el equilibrio vuelven á trepar á la
canoa botador en mano mientras los otros la siguen empu-
jando ayudándose así [)or todos los medios imaginables.
Para hacer media legua de camino empleamos unas buenas
4 horas; pero al fin ya quedó salvado el mal paso y la Corre-
dera Cumandai la veíamos ya murmurar atrás.
Se hizo campamento, se cerró y ai'regló cada cual como
pudo para pasar el resto de la noche, eran las 7 p. m.
Dia 16. — Salimos á las 7 a. m. y por la costa brasilera na-
vegamos alcanzando á las 9 al arroyo que dá nombre á la
Corredera Camandai. A las 11, se tuvo que hacer una parada
para preparar un desayuno en la [lunta de la isla larga, costa
argentina y luego ponernos en viaje. A las 5 p. m. salimos
también con alguna dificultad la corredera Bayano, por la costa
argentina, haciendo la parte brasilera un gran seno y hacia
donde se halla el salto mayor de agua. En frente se divisa un
paredón de piedra y cimiento de un gran cerro que se eleva
unos 300 metros sobre la orilla del rio y pertenece á la costa
del Brasil. Se creería por lo (¡ue aparenta que intercepta el
paso pues á ninguna dirección ni derecha ni izquierda se vé
correr al Uruguay. Dicho cerro corre de S. á N. y el camino
es Este.
Una vez llegado al recodo dirigiéndose casi al Norte el rio
apenas mide 200 m.; en ese paraje se paró é hizo noche.
— 329 —
Din 17. — A las G 1 '4 nos pusimos en vinje al poco rato se
evantó una cerrazón que impedía ver á dos metros el camino
así que una hora después tuvimos que parar y a la vez apro-
vechar de hacer el desayuno, que por fin fué comida para hasta
la noche. A las 9 salimos nuevamente. Se oye á lo lejos el
ruido de la corredera Roncador cjue está á legua y mas pero
antes tuvimos que pasar otra no menos correntosa llamada
Chico Al fe res.
Se toma siem|ire por la parte argentina y una como otra
tiene una isla la f|ue se deja á la derecha pasando por entre
un estrecho cañal muy correntoso.
También en este paraje los hombres van al agua empujan-
do con hercúleas fuerzas las pesadas canoas y las emociones
á cada paso no son menos intimas en una que en otra cor-
redero .
Se pueden calcular haber andado ya 8 leguas de S. Javier.
Dia 18. — Nos levantamos ú las 4 y á las 5 salimos, al fin
á remo ])or remansos de una como de otra costo haciendn tra-
vesías para tomarlas del rio.
A las 8 montamos la corredera Borracho que se cruza por
la costa brasilera por ])asar en la oi-gentina el mayor raudal
de agua y á poco andar subimos la corredera Murciélago. El
canal pasa por medio rio.
A las 11.30 entramos en la corrodera Mbigtiá por costa ar-
gentina y se sigue á botador unos 1500 m. aún después de
pasar el primer salto ó caida mayor de agua.
Eran las 12, medio dio, cuando tuvimos que parar pora ha-
cer de comer y api-ovechamos esta parada para largar la perra
que uno de los peones traía en busca de caza.
No hubiéramos tenido la idea de hechdr al monte nuestra
cazadora que se llamaba Bonita. Este animal como todos los
de su raza, tienen la cualidad ó instinto de no regresar á las
canoas hasta no traer caza y echarla al agua, así fué que cor-
ríamos el peligro de permanecer hasta la noche en su espera.
El dueño de Bonita regresó del monte y nos dijo que ésta des-
pués de pisar á tierra se había internado y perdido de su vista
en las espesuras de unos altísimos cerros que se elevaban al
interior. Ya habíamos perdido 2 horas y nada se sentía y así
hubiese seguido indudablemente nuestra parada si no se le hu-
biera ocurrido al cazador Bogado de hacer disparar dos tiros
de escopeta á cuya detonación la perra abandonó su pesquisa
se nos aproximó cansada moviendo la cola humillada, quejosa
de no habernos podido complacer trayéndonos la caza apetecida
— 330 —
de algún venado, que es lo que mas abunda es estos lugares,
para refrescar nuestros víveres.
Inmediatamente después nos pusimos en marclia.
En la vuelta de unos de los tantos recodos que forma el
caprichoso Uruguay y tomando la dirección de una cancha que
tiene casi una legua á rumbo Sur, divisamos dos embarcacio-
nes que también subian como nosotros, las que supimos como
efectivamente fué, serían las que conducían unos dos señores
franceses que visitaban estos lugares y que habían salido de
San Javier un dia y medio antes que nosotros.
Estos señores vení;ui del Paraná ari'iba desde Piray Guazú
á Posadas y de ahí por tierra á Concepción donde los conocí
y habíamosnos relacionado.
Un ingeniero señor L. Francart y el señor Luis Graux de
Monchamp é iban hasta Paggi á tomar desde ahí la picada á
San Pedro y de San Pedro regresar á Pirai, cerrando el Polígono.
Nosotros como de costumbre nos habíamos adelantado á
nuestras otras 2 canoas cargadas, cuando quisimos juntarnos
la noche vino á imiiedirnosh.i, teniendo que parar en un lugar
que nos pareció mejor y (juedando separados por primera vez
de nuestros compañeros de las otras embarcaciones que tuvie-
ron también que parai- á su vez, así mismo de no distar los
unos de los otros do GOO metros, se diría inci'eible que no nos
hubiésemos podido juntar pora pasar una noche mejor acom-
pañados, pero tal es la fatiga do los jiobres peones que en todo
el dia no han cesado de usar el hotaddr ú el remo, el peligro
de alguna piedra con que poder chocar de noche que preferi-
mos pasarlo solos, mi compañero Felipe, dos marineros y yó,
no sin haber antes dádonos las buenas noches con nuestros
vecinos por medio de un }iito de sereno que cada cual tenía-
mos y con el que i)odíiimos oírnos á osa distancia.
Dia 19. — A la hora de costumbre nos recordamos y nos
pusimos en marcha hacia las embarcaciones que queríamos
alcanzar desde el dia anterior. Nuestro encuentro debe induda-
blemente ser bien comprendido de cuánta satisfacción ¡indo
servirnos.
Las serranías de una como de otra costa Brasilera y Ar-
gentina alternándose con grandes depresiones que terminan en
un arroyo grande ó chico presentan contrastes variados;
ambas orillas bañadas por rizadas olas chocan contra sus
piedras — forman rápidos mas o menos fuertes que detienen
repentinamente la pequeña embarcación produciendo una
emoción más en el viaje.
— 331 —
VA cnnto de Mbutú resuena en el silencio, solo interrumpido
por el continuo golpe de remo sobre las aguas y con el sonido
imitado con que responden los traviesos marineros, que soplan
un cuerno de vaca que a guisa de trompa cada embarcación
lleva por entretenimiento; mientras el canto melodioso áQ\Zor~.al,
el de la perdi?í grande de monte y la paloma, acompañan alegres
al viajei'O en su peregrinación sin aburrirlo.
Al fin alcanzamos a los viajeros; luimos i'ecibidos con
grandes muestras de alegría y satisfacción por ])arte de ellos
in\itándonos con un buen jai-ro de cliocolalo, que aceptamos
oportunamente para el desayuno. Después de comparar algu-
nos de nuestros apuntes de viaje seguimos juntos un trecbo,
:.* :í^.
%.-
-^¡¡^"■"'-'■'^ss/&eít£m:
■^«..^is.^
^^^^^^^
■^^^
P.VSAGE DE UNA CORREDERA EN EL ALTO URUGUAY
I
pero como navegiibainos con embarcaciones mas ventajosas
y quizás mejores marinos, los tuvimos (jue dejar á pesar nues-
tro otra vez, con compromiso de esperarlos y almorzar juntos.
Así lo lucimos, á las 11 paramos y en la espera jjreparamos
nuestra contribución para el silvestre banquete.
Aunque caminásemos mas, detuvimos nuestra marcha á
intervalos para poder hacer en la noche campamento juntos y
unijs metros abajo de la última caída de aguas de la corre-
dera locaré.
— 332 —
Dia 20 — Después de nuestras despedidas consiguientes ade-
lantamos el viaje a las G a. m. A las 12 paramos á liaeei- el
almuerzo después de pasar la corredera 3 piedras, menos cor-
rentosa que las anteriores. A las 2 V-, P- m- nos enl'rentamos
á la corredera llamada el Salto, cuyo rumor se oye de media
egua antes de llegar.
Al presentarnos á su frente y para pasar el primer ri'tpido
noté algunos preparativos en la gente, lo que me hizo suponer
c|ue el asunto era de cuidado. Un cordor de Sarandí cruza el
rio de una á otra costa que podrá tenor unos 250 m. Los
Sarandís nacen entre las })iedras que impiden el paso á las
aguas dejando pe(|ueños canales estrechísimos por donde hay
que pasar, ó mejor dicho, arrastrar la embarcación, pues los
marineros la tiran en el agua agari-adas con sirgas de los
costados. La marcha es rumbo al Norte en este lugar y el
mayor raudal ó canal pasa á la costa Brasilera. Nosotros lo
pasamos como mas ventajosa en nuestra costa.
El Salto tendrá un -desnivel de 0.80 m. en momento que lo
pasamos, pero tal es la velocidad de la corriente que las aguas
al caer forman un salpique espumoso sobre la caída que
aumenta la dificultad de maniobrar y elegir paso, pues no. se
ven las piedras del fondo, gruesos troncos hay clavados en
medio rio.
A las 5 p. m. pudimos quedar todos alojados en un puertito
formado por un ensenada del rio arriba y ya salvos del Salto
donde se pasó la noche.
Es oportuno hacer notar que para estos viajes las embarca-
ciones mayores de 200 arrobas de porte para subir el rio son
incómodas y menos seguras ; así mismo las de e.se porte deben
preferirse sean de un solo tronco cabado y no de costura ó
de tablas, pues las primeras de una sola pieza tienen mucho
menos peligro de agujerearse ó abrirse rumbo, como aconteció
con la do los señores franceses que una de ellas y la mejor
que solo llevaba de carga 160 arrobas y podia llevar 200 arrobas
sufrió la avería que queda dicha, es pi'eferible aumentar el
número de canoas y elegir las menores para subir el Alto
Uruguay.
Dia 21 — No tuvimos incidente alguno; marchamos por entre
remanses largos de las costas así que el camino á andar
promete ser mas largo que el de otros dias.
A las 5 subimos la corredera del Dorado que no es muy fuerte
pudiéndose pasar sin tener necesidad de echarse al agua la
gente.
— 33:3 —
Como amenrizaba lluvia a las 7 acampamos, sin haber dejado
incesantemente de admirar en lodo el viaje la magnificencia,
de estas tierras tan a[)tas para la coloni/acion.
CAPITULO X
EL ALTO URUGUAY
Expedición Queirel : Continuación del anterior. — Lluvia torrencial. — Noche inlenial
— Sigue la lluvia. — Situación critica; el rio crece. — Mudamos campamento. —
Nos avanza el agua. — Nuestros apuros de noche. —Como crece el Uruguay. —
l,a lluvia nos dá tregua. — Un náufrago. — Seu Lima doce. — Cuatro dias si)i
comer. — Cazamos un guazúljira. — Navegación original. — El bonete de Seu
Lima doce nos dá trabajo. — La corredera tararira aguas arriba y aguas abajo.
— La corredera chafori. — Una balsa de cedrb. — Carpinchos. — Vuelve la lluvia.
— Una piragua de Nondoay. — Las rapaduras como alimentos. — Las correderas
Mburica. — Pucha para tras. — Viuda. — Aparicio. — El Dr. Ramón Lasaga. —
Llegada á la colonia Militar.
Dia 22 — Es Domingo y ya hacen 36 dias que salí, de Buenos
Aires y aun no he llegado á Peperí.
Creia volver á los GO; quién sabe si podré hacerlo á los
150.
Seguimos la marcha; a las 8 tuvimos que parar en la costa
Brasilera en un paraje que apenas permitía, por despejado de
monte, hacer fuego, armar nuestra carpa, etc. ; pusimos los
encerados á nuestra canoa pues seguía amenazándonos el
tiempo.
Llovió á torrentes; los polares peones que ocupados en
nuestros reparos no habían tenido tiempo de hacerse el suyo
se mojaron deplorablemente.
Qué noche pasamos entre el ronquido de los tigres y el
estampido de los truenos lejanos con lluvia habiendo tenido
la precaución de hacer acostar á nuestros pies á Bonita como
centinela avanzada, para los bichos overos, como llaman á los
tigres nuestros peones.
A las 4 p. m. Bonita fué conducida ¡)or mí y su dueño al
lado opuesto, pero infructuosas fueron las tentativas de caza;
dos horas después regresamos sin traer nada.
Son las 7 y la lluvia con- tormenta se desencadena; es nota-
ble como los truenos parecen mas bajos en Misiones ; así
pasamos la noche bajo nuestras reducidas carpitas y en un
terreno de pendiente apenas algo limpio y que no es sino la
— 334 —
continuación de una espesa serranía eul)ierta de bosf|ue;
niienti-as la lluvia torrencial siguió hasta el amanecer.
Dia 23 — Con mal tiempo y lloviendo es imposible moverse,
pues nuestras canoas abiertas sin cubierta impiden trabajar á
no ser esponiendo las cargas.
Dia 24 — Toda la noche sigui('i lloviendo y sigue aún.
A buenas ó á malas debemos mudar campamenlo por que
el rio ha subido 2 metros de altura y soguini subiendo.
El agua baña la orilla de nuestra carpa, y al efecto de la
mudanza se reconoció á poca distancia un local mas adecuado
para nuestra instalación hasta tanto el tiempo lo permita y
podamos seguir viaje.
Estamos apenas á nueve leguas abajo de la Colonia Militar
Brasilera donde tenemos que preparar gente, más víveres,
canoas, y quién sabe cuándo llegaremos!
La lluvia inclemente y la creciente del rio determinarán de
nuestra suerte.
A las 11 a. m. un pequeño intervalo en la lluvia nos per-
mite mudar campamento.
Un pequeño puerto se descubre y se pueden llevar á él las
canoas sin peligro.
^'olvi^) á llover mientras nos mudiUiamos. y cuando aban-
donaba nuestro campamento el agua habia suliido media vara
más.
La nueva instalación se encuentra á dos metros sobre el
nivel actual de la creciente.
Continúa la lluvia y la creciente sigue amenazadora.
Por el medio del rio se ven pasar troncos de árboles, infi-
nidad de maderas sueltas (|ue llegando á detenerse un instante
para dar vueltas al i-ededor de una gran espiral embravecida
que rodea y amenaza sumergiéndolo todo ¡lara seguir después.
La noche nos invade, detrás do nosotros una alta barranca
de diez metros nos impide ensanchar nuestro campamenlo, así
que tenemos que acomodarnos una parte en las canoas y otra
parte en las dos carpitas.
A las once de la noche la voz de Felipe se oye, dando la
señal de alerta, todos saltamos de nuestras camas y vemos
que las canoas casi entran por la puerta de nuestras carpos.
VÁ rio en tres hoi'as ha crecido dos metros más, toda la
arboleda de la orilla grande y chica estii cubierta en gran
parte, formando remolino al oponerse á la corriente, cuyo
ruido mezclado con el de la lluvia y truenos es espantoso;
parece (|ue todos los elementos fpiieran oj)onérsenos.
— 335 —
No se puede pen.ler tiempo, linterna en mano hay que
esplorar la subida de la barranca al)riondo picada con ma-
chete.
■ Agarrándome de los gajos y alumbrando como puedo,
con la carabina á la espalda mientras trepo aquella cuesta
casi vertical de diez metros, resbalándome á cada paso, llego
sobre el cuchillón mientras las canoas cargadas y con gente
me acompañan subiendo también por aquella masa enorme de
agua que no concluía de crecer.
Al amanecer estaban amarradas casi al pié de nuestra carpa,
habían subido cinco metros sobre la copa de la arboleda mas
baja de la orilla.
Día 25. — Amanecemos y la lluvia sigue con intervalos. No
nos podemos mover hasta tanto se componga el tiempo y cese
de crecer el rio. Todo el dia lo pasamos sin ningún incidente.
Dia 26. — A'olvió i'i amanecer lloviendo como toda la noche
anterior; á la tarde vemos pasar canoas vacías, una fué seguida
por tres de nuestros peones en nuestra embarcación menor y
el que la conducía después de tomarla en una correntada que
formaba un gran árbol á mitad cubierto por el agua, la dio
vuelta quedando el peón colgado de un gajo, donde fué recojido
por sus otros dos compañeros después.
Como á las 6 y casi á la entrada de la noche se oyen gritos
á 1 kilómetro abajo en la costa Argentina frente a nosotros.
Se le responden y contestaron figurándonos que se aproximan
los gritos; volvemos á gritar y ya no nos contestaron.
Cerró la noche y no volvimos á oír nada haciéndonos mil
conjeturas distintas y presos de ansiedad nos acostamos des-
pués de cenar algo.
El rio creció mas y lo tuvimos á un metro y medio bajo de
nuestros pies.
Dia 27. — Ya no lluevo al tin, no obstante de estar nublado
el tiempo y nada seguro, como de lodos modos no podemos
seguir aprovechamos para descargar y desagotar las canoas
del agua que puedan haber recojido en los cuatro dias de lluvia
continua.
Para no aburrirnos trataremos de cazar algo. Pensar en
continuar el viaje sería una locura, el rio desbordado nos tra-
garía en la primera ragonada donde la correntada se triplica
por el obstáculo que le oponen los árboles, y como el rio baja
con la misma rapidez que sube, es mas prudente esperar.
Mientras estábamos haciendo estas reflexiones oimos una
voz desfallecida que salia entre la espesura bañada por la ere-
— 33G —
cíente. No podíamos ver nada pues estábamos en una especie
de ensenada.
La voz seguía percibiéndose mas cerca y ú nuestra vez tam-
bién gritamos.
Prestábamos silenciosa atención, violentos para conocer el
desenlace de esta aventura cuando vimos salir entre el follaje
semi-sumerjido de la orilla donde había una profundidad de
7 metros de agua, una forma humana en una canoa chica
escavada en un tronco que decía en brasilero con voz desfalle-
ciente: Tenho fóme, vo á morrer de fóme y l'rio, van para 4
dias (jue vivo sin comer dentro d'agua.
Se le tomó la canoa y con mucho trabajo lo ayudamos á
subir.
Daba espanto ver el conjunto de su persona, de estatura
regular, con largos cabellos color de humo amarillento sucio,
barba idem, sobre la cabeza medio la cubría una antigua gorra
de manga rola zurcida y remendada con parches de bayeta
multicolores.
Una bolsa cruzaba el cuerpo sobre una camisa vieja y se
sujetaba por un nudo bajo la garganta y un ex-pantalon com-
pletaban el vestuario, amen de un lio de cueros podridos de
tateto y oso hormiguero que le hice tirar al agua por su feti-
dez, antes de que se nos aproximara, les servían de cama.
El pobre fué derecho al fongon, que gracias á la abundancia
de leña era inmenso, calentándose hasta quemarse y allí medio
delirante esclamando siempre: moro de fóme y de frió.
Al rato sufrió un vértigo y vuelto en sí empezamos á
hacerlo comer poco á poco prohibiéndole que hablase. Tenía
un plato lleno de comida y no atinaba á llevar la cuchara a
la boca.
Concluyó el plato que roció con mates, vaciando dos pavas
de agua caliente.
El resto del dia lo pasó al lado del fogón, comiendo y
tomando mate.
A medida que reparaba sus fuerzas pudo contai'nos ijue se
llamaba Lima Doce ; dijo haber sido soldado y ya hombi'e ma-
duro en la revolución de Rio Grande, por el año 18í0 á 1845,
haber también empezado y concluido la guerra del Piu'aguay,
de la que tenía como recuerdo algunas cicatrices de lanza y
bala. Por su modo de mirar y de espresarse se conocía el tipo
del veterano que recuerda con orgullo sus pasadas campañas.
(Continuará)
NíieTos jatos SQlre el territorio ptapiico k Santa Cruz
POR
CARLOS V. BURMEISTER
( CQnolusio7i. — Véase la página 250 de este tomo)
I
Los desperfectos sufridos por el carro obligáronnos á hacer
fuertes reparaciones en él, especialmente era de todo punto
necesario reponer la lanza tantas veces rota, por esta razón
dispuse que fueran Yvovich acompañado del carrero Juan
Cruz y Pedro Rosa á buscar un árbol conveniente para lanza.
Para esto tenían que atravesar el río Leona y seguir al oeste
hasta hallar bosques de hayas, que no debían á mi juicio
distar mucho, cortar uno y traerlo á la rastra hasta enfrentar
el campamento. El 10 de Febrero debían salir estos hombres.
De mañana se trató de azotar los caballos necesarios para su
viaje para hacerlos nadar á la orilla opuesta, pero estos ani-
males no quisieron pasar, sino después de un trabajo horrible.
A las 9 de la noche saltó el viento de pronto al Este,
siguiéndole calma, que ese dia fué más tardía que otras veces
y silenciosamente empezó á deslizarse el bote, arrastrado por
la corriente pei'o con el auxilio de los remos, aquel tocó
felizmente la margen opuesta. La oscuridad envolvía los
objetos de modo que nos impidió ver la embarcación á los 20
metros de distancia. Un grito nos comunicó su arribo y á
la mañana siguiente vimos ensillar á nuestros compañeros,
los cuales alejándose se perdieron detrás de la primera barran-
ca. Al otro dia fui con Beaufils por la orilla del rio hacia
arriba para acercarme á los yacimientos de Dinosaurios.
Obsérvase que la barranca á pique de este costado del rio
está compuesta de capas solevantadas de arenisca compacta de
un espesor de 20 á 25 metros. En la parle superior de éstas
abundan las grandes Ostrea patagónica. Debajo de la arenisca
se hallan arcillas amarillas y rojizas sin fósiles, pero aquellas
que contienen restos de Dinosaurios están mucho más allá
deljpunto que alcanzamos, al pié del Cerro Fortaleza. En esta
escursion revisé las vueltas del rio y también una parte de la
costa norte del Lago Argentino, que se alcanza á ver desde lo
alto de la barranca de arenisca y que tiene mayor elevación
que aquellas que están sobre la opuesta margen cerca de la
Tmw IV 25 y 26
— 338 —
desembocíuluiM del rio. Otras de igual elevación están como
á una legua al oeste de la desembocadura y ocultan poi-
consiguiente la costa del Lago para un observador colocado
donde nosotros estuvimos. El Lago tiene una bahía de consi-
deración que permite se le acerce el rio Leona i'i unas
quince cuadras.
El 13 de Febrero regresó Maish del campo. :'i donde fué
á cazar con Hcaulils y Berry, diciendo (jue liabia visto humo
á lo lejos en el valle del Rio Santa Cruz. Lo mandé que
contestara con otro fuego, por si eran personas que se hubie-
sen extraviado.
Al dia .siguiente fui con Berry al Este, pero no vimos
humo ninguno. Galopamos entonces hacia el Rio Santa Cruz
y luego á la costa del Lago.
Sobi'e la costa del Lago ñútanse dos distintos barrancos
que señalan los niveles á que han alcanzado en los últimos
tiempos las aguas del Lago Argentino.
El barranco más lejano de la playa actual, que llamaremos
primero, tiene en su borde como una hilei-a de gruesos pedruz-
cos y cantos rodados, que son evidentemente blocos erráticos.
El segundo nivel no tiene caractei-es especiales, pero al llegar
al nivel actual se notan médanos de arena movediza.
El 15 de Febrero á las 8.30 a. m. llegaron los explorado-
res á la margen opuesta frente al campamento. Inmediata-
mente hice acercar nuestra caballada al rio y con facilidad
atravesaron á nado los tres caballos recien llegados para
reunirse á ellos. Después se embarcaron los tres hombres en
el bote hecho de la carpa el cual habia sido sacado á tierra
en la orilla opuesta y atado á un arbusto cercano. A las 10
a. m. estábamos todos unidos y escuchamos con interés la
narración de su viaje. Trajeron consigo pi-imeramente un
tronco fresco de haya para lanza del carro, luego un esqueleto
de ciervo Cervus chilensis, un cuero del mismo y dos cráneos
más de machos. Su infoi'me es el siguiente:
Tuvieron que seguir por la costa del Lago Argentino,
antes pobladas al parecer por tupidas matas de calafate, las
cuales están actualmente reducidas á cenizas y parados solo
sus troncos carbonizados. Los hombres c|ue hicieron este
incendio debieron tener muchos caballos á juzgar |)or los
rastros. Vieron varios fogones (|ue deben señalar sus aloja-
mientos. El suelo está minado por tucutucus hasta el pié de
Hobler Hill á donde llegaron, cazando los ciervos en ese
trayecto, que calculan en 12 leguas. Al pié de esta loma han
— 339 —
visto una laguna de agua clara de unas 5 cuadras de exten-
sión. Antes de alcanzar Hobler Hil! pasaron un arroyito
cuyas márgenes presentan ijosquocillos de hayas enanas. Más
adelante encontraron otro arroyo más considerable, verdadero
torrente, cuyo lecho estaba formado por enormes piedras
arrastradas por la fuerza de la corriente. Allí acamparon en un
bosque de árboles grandes eligiendo uno para lanza del carro.
Han tenido todos los dias lluvia. En ese último arroyo han
visto una cascada de dos metros de caída. Creen haber oído
gritos de lor'(.Ks en el bosque.
Nivel primero con
bloques eri-áticos
Nivel, sogiiudo Médanos de arena
Fig. IV.
En vista de la importancia geográfica que parecen tener los
sitios visitados por esta comisión, resolví ir en persona acom-
pañado de Ivovich y Beaufils, llevando los instrumentos nece-
sarios para fijar las posiciones de los puntos. I-]n esta virtud
pasamos el 16 de Febrero pr^r la tarde cuatro caballos á la
orilla opuesta y después nosotros mismos en el bote recons-
truido con la carpa, el cual fué sacado á tierra como lo hicie-
ron en la primera excursión y atado á una mata de calafate.
Nos fué favorable el viento que había calmado. Al dia si-
guiente á las 6.25 a. m. ya salimos los tres montados y lle-
vando un caballo carguero. Dosiiues de ascender la barranca
del rio, seguimos por un campo de poco pasto y sin matas
hasta las 8 a. m. hora en que nos detuvimos á orillas de la
ensenada observada dias antes desde las barrancas de arenisca
del rio I,eona. Nns hallamos ya al pié de la barranca de aro-
ni.sca soleviinlada que bordea la costa norte del lago y que tie-
ne la misma elevación que la ya citada del rio Leona. Alli á
orillas de la ensenada existe un pe(|ueño es|>acio muy pasto-
so y algunos manantiales cercanos donde también .se reco-
nocen señales evidentes de un corral de espinas, varios fogo-
nes y los esqueletos de animales carneados. Cerca de ahí
encontramos también silíces tallados. Más allá tuvimos que
pasar por la playa del lago llena de enormí^s blocos de grani-
— 340 —
to, piznrní, c.uui-cita y Iruzos do arenisca caídos de la bai'i'an-
ca, que se acerca tanto hasta el punto de no dejar apenas sino
unos metros de espacio entre su pié y las aguas del lago.
Es forzoso pasar por allí, pues la barranca es á pique. En
ella se descubren capas de arcilla color inorado oscuro y con-
glomerados parecidos á los que tenían linguita, observados en
el cañadon del mismo nombre. Pasada esta angostura y si-
guiendo siempre por la costa del lago con la barranca de are-
nisca menos determinada y mas retirada de la playa, se entra
á un campo recientemente (¡uemado. Generalmente se tiene á
la vista Hobler Hili, pero se pierde de vez en cuando detrás
de altas lomadas de arenisca y vuelve á aparecer salvando al-
guna punta que se interna en el lago. A las 11.25 a. m. des-
pués de 6 leguas de marcha, hicimos alto en la playa com-
puesta de grandes cantos rodados. Cuando paramos corría un
pequeño manantial desde la laida de la tierra elevada, pero á la
1 p. m. estuvo agotado. Nos estraña no ver ninguna gaviota en
este sitio, pues que hemos visto algunas en Orr-aik y Car-aik.
El viento se hizo muy fuerte á las 4.30 p. m. produciendo
grandes olas en el lago. Un enorme tempano de hielo que flota
frente á nosotros amenaza partirse en tres pedazos. Recojo al-
gunas muestras de fósiles marinos, que vienen de las capas
superiores de la arenisca y contienen pequeñas bivalvas. A la
tarde admiramos un magnífico arco iris completo que arran-
cando del sitio donde nos hallamos, terminaba pasando* por
encima del lago, al pié del Monte Frias. La posición de este
campamento ha sido determinada en lat. 50" 08' 20"' S. y Long.
72" 17" W. Greenw.
Al otro dia salimos a las 6 a. m. con lluvia por la costa
del lago y por encima de la ¡¡rimer barranca, cuya vegetación
de calafates sigue quemada y el piso minado por lauchas. A
las 10.15 a. m. quedaron ya las barrancas mas separadas de
la costa, y en ese punto existe una ensenada al oeste de la
cual se extiende una hilera de cerrillos compuestos de piedras
superpuestas irregularmente, manifestación glacial que se ob-
serva en otros puntos mas al oeste. Media hora después atra-
vesamos un aiToyo que arrastrando pedazos de pizarra sedes-
liza por entre dos altas barrancas que dan lugar á una gran
quebrada, cuya falda oriental es de arenisca solevantada y la
occidental de una roca esquistosa muy retorcida. Aquí nos
hallamos en el límite de la formación de arenisca. En las már-
jenes del arroyo crecen hayas enanas Fagusantárctica por cuya
razón le llamamos Arroyo de los ai'bolitos. Después de atrave-
— 341 —
sarlo caminamos siempre al trote por un campo extenso y liso
con los cerros elevados á la derecha y la costa del lago á la
izquierda. A las 12.30 del dia atravesamos un torrente, en ese
instiuite ]iobre en agua y después de pasarlo encontramos de
nuevo la hilera de cerrillos formados por gruesos trozos de
piedra. A la una de la tarde lloviendo y nevando hicimos cam-
pamento i'i orillas de un bosque de hayas, cerca de un arroyon
tori-encial (|ue corre al pié de Hobler Hill. Hasta este punto
hal)ian llegado los compañeros en su excursión. Ivovich me
enseñ(') el árbol que se había cortado y nosotros hicimos fuego
donde ellos tuvieron su fogón. Aquel dia marchamos 8 leguas.
Este arroyo fué llamado de las Hayas, por la abundancia con
que se encuentran esos árboles en la ipiebrada i)or donde cor-
re. La situación geográfica de este alojamiento, distante pocas
cuadi'as del desagüe del arroyo en el lago, ha sido fijada en
lat. nO^U' Sudy long. 72° 40' 50" \v. Greenw.
La quebrada de las Hayas se encuentra al pié de los cerros
Hobler y Castle, los cuales quedan uno al lado del otro norte sur.
Lntre estos dos cerros existe otra quebrada que corre de
este á oeste con un arroyo que desemboca en el de las Hayas.
\']\ 19 de Febrero salí con Ivovich á buscar paso por el ar-
royo de las Hayas con la intención de subir á Hobler Hill y
conocer la quebrada situada entre este último cerro y Castle
Hill. Cerca de la desembocadura del arroyo en el lago halla-
mos vado, encontrándonos del otro lado sobre cerrillos calcá-
reos que boi'dean la costa del lago y un gran canal del mismo"
que se interna hacia el oeste. Muy cerca del lago existe una
pequeña laguna donde Ivovich mató un ciervo.
La costa del canal es muy irregular llena de bahías é islitas
de rocas. La márjen opuesta la forma el pié del Monte Ave-
llaneda. Subimos luego al cerro Hobler no llegando empero á
la cumbre. Cuando de allí miramos hacia el oeste, dominan-
do toda la costa norte del lago, observamos con asombro una
inmensa humareda, proveniente de un gran fuego encendido
en la desembocadura del rio Leona.
Aunque suponía que debia haber pasado algo extraordinario
en el campamento de Car-aik, no era posible socorrer á los
compañeros, que habían quedado allí, además no debíamos
nosoti'os regresar sin haber adelantado mas al oeste para re-
conocer el canal del Lago Argentino. Descendimos del cerro
para entrar á la quebrada que queda entre este cerro y su ve-
cino mucho mas elevado Castle Hill. Allí existen espesos bos-
ques de hayas, donde vimos volar grandes bandadas de loros
— 342 —
Conuriís siimragdinus que íii-¡tnIion con todas sus fuerzas. El
cerro Castle estaba enteramente cubierto de nieve. Consta de
tres cabezas princii^ales dispuestas de este á oeste, siendo la
del medio la más elevada. Entre las dos cabezas occidentales
se precipita desde una altura enorme un choi-ro de agua que
forma el arroyo que desagua en el de las Hayas.
Esta quebrada con su arroyo la denomino de los Loros,
piir la pi'esencia de estas aves en ese paraje. Todos los cerros
(|ue se ven mas al oeste, están enteramenle blancos de nieve
y algunos ocultos por espesas nubes.
Para regresar al campamento, donde lo dejamos á Beaufils,
seguimos el arroyo de los Loros y donde éste se derrama en
el de las Hayas, encontramos un \adi) nlgo peligroso por la
corriente, pero que fué salvado.
En el campamento habia haliado Beaufils varios pedazos
de silices tallados por la mano del lidiiibio.
Al dia siguiente á las 7.50 a. m. salimos del alojamiento
liis tres, vadeamos el torrente de las Hayas y remontamos la
quebrada de los Loros con la intención de seguir \)ov la costa
di>l canal del lago. El camino fuera de la quebrada y teniendo
Hobler Hill á la espalda se hizo con suma dificultad por la
espesura del bosque, los pantanos y por los arroyos que á cada
paso cruzan el tei-rcno para derramarse en el canal. Atravesa-
mos dos arroyos de consideración, hasta que al medio diapa-'
ramos debajo de grandes hayas pertenecientes á un bosque,
(pie se estiende desde la costa del canal hasta los elevados
cci-ros nevados que corren formando cadena, desde Castle Hill
íiiicia el nor-oeste. Nuestro campamento distaba 10 cuadras del
borde del canal y otro tanto de aquellos cerros. La costa opues-
ta estaba formada por la continuación del Monte Avellaneda y
cubierta también de bosques de hayas. En el camino recoji,
entre el calcáreo de que está foraiado el cerro Hobler y los
demás, diversos fósiles jurásicos, Animonites y Orihoceras (|ue
se hallan en abundancia.
El 21 de Febrero salimos del campamento, cuya situación
geográfica ha sido calculada en lat. 50" 10' 25" Sud y long. 72°
57' 50" W. Greenw y no pudiendo seguir ya al pié de los cer-
ros ni |)0i" la costa del canal á causa del bos([ue impenetrable,
tuvimos que ascender los cerros. Allí al llegar á cierta altura,
desaparecen los arboles, los cuales á medida que se sube son
cada vez mas pequeños. Empero también el terreno presenta
dificultades muy grandes por las piedras que forman un
piso muy irregular y escabroso. Caminábamos entonces por la
— 343 —
faldn do un cerro on l'oi'ina do mésela cubierta de nieve por
cuya razón le llamamos Meseta de Nieve. Después de recorrer
una legua y media comprendí ([ue era imposible seguir á ca-
ballo, por esa razón, cargamos la máquina fotográfica y brú-
jula para seguir á pié, dejando los caballos atados.
Dejamos atrás la Meseta de Nieve y una quebrada pedregosa
que la separa del siguiente cerro el cual fué escalado y que
por no presentar vegetación alguna fué llamado Monte Calvo. La
nieve nos impidió el paso en muchos sitios y entre las piedras
recojimos pedazos de azabache. Desde aquel punto elevado se
(limiiiia perfectamente el canal del Lago Argentino, el cual en
su tei'minacion occidental remata en una serie de ventisqueros
do los ([ue se han desprendido grandes témpanos de hielo que
ilodin en el canal. Muy cerca de donde nos hallamos y hacia
norte apenas á dos millas se eleva lun pico agudo cubierto de
nieve al que llamamos Pico del Museo.
\']\ cielo despejado y el suave viento favoreció nuestras ob-
servaciones, de manera que pude relevar el canal y tomar vis-
tas fotogPiíficas del mismo, especialmente de los ventisqueros
occidentales
Una vez terminados estos IraliHJos regresamos rendidos al
sitio donde quedaron los caballos y volvimos después al cam-
pamento abandonado por la mañana. Calculo la situación geo-
grálica alcanzada en el Monte Calvo en lat. 50» 07' 15" Sud y
long. 73" 03' 20" W. Greenw, la altura sobre el nivel del Lago
Argentino en 1000 metros y la altura de este sobre el mar en
350 moti-os. Ln el lugar donde se hallan los ventisqueros se
ven numerosas montañas que forman parte de una cadena no
interrumpida de nevados.
El término del canal del Lago Argentino lo coloco en lati-
tud 500 02' por el norte y 50" 07' 4-0" por el sud y bajo la lon-
gitud de 73" 19' 30" W. de Greenw.
Las rocas que forman la Meseta de Nievo y el Monte C.alvo
son cuarzitas y pórfidos rojos.
Ll dia 23 de Febrero antes de pai-tir sentimos ruidos pare-
cidas á li'uenos, que supongo sean Ins hielos de los vont s-
quei'os (|uo rompiéndose caen al omial. \'ol\imos entonces á
la cpiebrada de los Loros, y al pií^ de Hobles Hill, hicimos
alti> á orrülas del arroyo, dol)ajo de frondosas hayas, con el
olijo o de cazar algunos loros y oirás aves, así como tiimljien
piantiis y fósiles contenidos en el calcíiroo de Hobler Hdl. .
En esa quebrada estuvimos ol dia siguiente alojados. Se
t-5
z
t-
;!!ii¡ii'l|IHiff|jlllll|lllli|lllllllil|WI|¡||
— 345 —
inaliiron dos ciervos, cuyos animales pai-ece que suplantan :i
los guanacos en la cordillera, pues que no hemos visto nin-
guno de estos últimos donde hallamos ciervos, y bosques de
hayas. Estos árboles son de alturas y gruesos variables, ha-
biendo troncos hasta de 4 metros de circunferencia, aunque
otros de solo 30 centímetros, siendo las alturas generales de
8 á 15 metros.
El 24 de Febrero abandonamos el campamento de la que-
bi'ada de los Loros á las 6.45 a. m. alcanzando el antiguo
campamento del Arroyo de las Hayas á las 8.15, seguimos
luego por la costa del lago el mismo camino que hicimos al
venir y á las 11.45 después de 5 leguas de marclia ])as¡imos
en la costa de la Ensenada frente á la cual termina la forma-
ción de arenisca. Esa tarde llovió, pero á la mañana siguiente
proseguimos la marcha con cielo nublado hasta el mfedio dia
recorriendo otras 5 leguas. Dejamos atrás el campamento de
la venida para acercarnos mas al rio Leona como efectivamente
lo hicimos el 26 de Febrero caminando también 5 leguas.
Cuando nos encontramos en esta ultima jornada á orillas
de la Ensenada donde se encuentran fogones de campamentos
abandonados, hallamos paciendo allí seis caballos los cuales
fueron arreados hasta llegar á la orilla del rio Leona, fi-ente
al alojamiento de nuestros compañeros y donde quedó el car-
ro. Al acercarnos á la márjen del rio y al arbusto donde de-
jamos amarrado el bote hecho de la carpa, notamos con sor-
presa que faltaba ésta, quedando solamente el armazón com-
puesto de varillas de haya pero había sido arrastrado cerca
del agua. Sobre la orilla opuesta divisamos á nuestros compa-
ñeros con armas en la mano y tratando de hacernos compren-
der algo que no entendíamos á causa del viento. Sin embargo
pudimos oir el nombre de Acencio por lo que inmediatamente
dedujimos, que debia ser este individuo quien se habia llevado
la carpa.
l'ji-a forzoso cruzar en este sitio el rio y puesto que no halla-
mos paso en ninguna parte, resolvimos cruzar allí. Tomé la
carabina Winchester que llevábamos y maté tres de los ani-
males que hablamos arreado hasta este sitio y que eran tan
ariscos que hubo que hacerlos pasar disparando por delante
de nosotros ocultos detrás de un matorral. Acto continuo se
sacaron los cueros á esos animales y aquella noche termina-
mos de coserlos rústicamente unos con otros sirviéndonos de
un cortaplumas para hacer agujeros y de los tientos de las
monturas como hilo.
— 346 —
A la mafinna si.uuiente quedó listo el bote dospues di; em-
parcharle un saco de marinero para tapar un agujero que no
pudo cubrirse con los cueros. Los agujeros de las costuras se
rellenaron con una mezcla de jabón y seljo de ciervo. Aposar
de esto hacía mucha agua, no obstante las numerosas varia-
das cataplasmas, pero calculé que podria permanecer á flote
durante 17 minutos á lo sumo. Entonces azotamos nuestros
caballos obligándolos á cruzar el rio á nado, y enseguida nos
embai'camos con todos nuestros accesorios y los dos pei'ros
galgos que hablamos llevado. Sin |i(''nlida de tiempo remaron
dos de nosotros con los remos que felizmente no liabian de-
saparecido, mientras que el tei-cei'o desagotaba el agua que
hacía el bote. Nueve minutos duró este viaje desesperado al
cabo de los cuales tuvimos la satisfacción de varar en un ban-
co de la orilla opuesta.
Allí uno de los compañeros de los que hablan quedado me
entregó un papel donde hablan consignado los sucesos de los
días de nuestra ausencia, decia así:
El Jueves 18 salieron al campo tres quedando Berry en el
campamento, éste sintió á las 11 de la mañana gritos del otro
lado del rio y se acercó á la costa viendo en frente un hom-
bre montado en un caballo bayo, el cual le habló en inglés,
diciéndole que pertenecía á una comisión compuesta de once
|)crsonas y venia del Chubut. Preguntóle también como había-
mos pasado el rio á lo cual Berry le indicó el bote; el indivi-
<luo fué á examinarlo y se despidió.
Cuando los tres regresaron del campo, se levantó fuerte
viento y no pudieron cruzar el rio para traer la embarcación
puesto que desconfiaron, que el desconocido seria Asencio
Bournel ; desde esa noclie rodearon los caballos.
El Viernes 10 cuando desperlai'on por la mañana, faltaba
el bote en la orilla opuesta. Uno de ellos hizo un gran fuego
en la desembocadura del rio. Aquel mismo dia divisamos el
humo cuando estuve con Ivovich escalando el cerro Hobler.
Este fuego lo hicieron para avisarnos que seria conveniente
nuestro regreso. El Sábado 20 á las 8 de la mañana fué con-
testado el fuego con otro en la m.'u-jen opuo-^ta en la falda de
la barranca de arenisca. Esa noche y las tres subsiguientes
estuvieron en continua alarma los caballos por cuya razón los
rondai-on haciemlo guardia siempre dos de ellos.
El Miércoles 25 á las 8 1/2 de la noche estando Pedro Rosa
y Berry de guardia, vio el primero, que por el lado del bloco
de granito se acercaba un houUjre á caballo. Le hizo un dis-
í
I
- 347 —
paro de remincíton |)rol)iil)lemente sin herirlo pues sintieron
distintamente el ^uiopai- del ciiludlo y los ijolpes de rebenciué.
(liinin si esto Imliiese sido una s(Mial, se ai-reinolinaron todos
nuestros cai;)nllos dis|)arando la mitad hiicia los cerros, y no
fué posible darles alcance y bastante hubo que hacer para coa-
servar los (|U(' (|iicdai"on que liicici'on tres nuevas tentativas
de f'n.i;a. Al dia sifíuiente salieron dos á seguir los rastros de
ios ciiballos ([ue faltaban |)ero no los encontraron.
l'lsta era la i-elacion ; por lo tanto Asencio Boiuniel se habia
llevado la niilad di' nuestra caballada. Ya lie narrado de la
manera (|ue nosotros pasamos el rio, lúi el instante de pisai-
la oi-illa opuesta regresaron también los caballos que faltaban
sin ser ai-reados por nadie.
Una \e/. lodos rcunidcis, lioudires )■ eaballos, conqjuesto el
carro y provisto de carne de avestru,ces que se cazai'on hasta
el dia 1" de Marzo, salimos el 2 de esc mes siguiendo el ca-
niinii pnr el i|iie habíamos venido hasl;i el inaiiaulinl del León
cerca del (Ií^imwj Inclinado. Esla mai-clia fui' de 7 leguas y como
ya he descrito los accidentes del suelo, se comprenderá que es
muy |)enosa para los animales. h]n ese manantial hicimos no-
(die \ lomamos luego pm- el cañudon donde estuvimos alojados
la noche del 27 de bañero, pero no en el mismo idojamiento
sino (|ue avanzamos hasta donde el cañadon se enangosta y
se cierra enire bnsallds, hasta el punto de no permitir el paso
del cari'o.
Al Ndroesle \ nui\ cerca del ahijauíienlo e.visle una elevada
mésela cubierla de basalto cercana al Anfiteatro. La situación
geográlica de este alojamiento ha sido fijada en lat. 48° 49' S.
y long. 71" .59' .30" W. Greenw. La distancia entre el manan-
tial del León y este [junto es de 5 leguas. I'll agua se encuen-
tra en grandes [xizos, alrededor de lijs ciiales ha)' pasto en
abundancia. Por la tarde mandi' un hombre á que viera el
mejor camino á seguir el dia siguiente para alcanzar el codo
del rio Leona situado en lat. 49° 47' 20" Sud y long. 72° 07' 30"
\\'. Greenw, Desde este último sitio pensaba dirigirme hacia
el Noreste hasta locar el rio Sheuen, para dos|)ues pasar hasta
el lago San Martin. Cuando regresó el exploi-ador del camino
trajo la noticia (|ue ¡loilia llegarse sin gi-an diticultad al codo
del rio Leona, tomando por la falda de la meseta basi'dtica
cercana á nuestro canqjamento.
Ll 4 de Mai-zo á las 6.40 a. m. empezamos la marcha y
siguiendo el camino indicado por el explorador llegamos á las
10 a. m. desjjues de 4 leguas recorridas al rincón del codo del
— 348 —
rio Leona. Desde allí tomé la dirección magnética á una me-
seta que se divisa en el horizonte h-'icia el N. K. quedando
sus faldas respectivamente á 204° y 26030' .
La última de éstas direcciones era la (]ue iba á seguir
para alcanzar el Scheuen.
Al dia siguiente tomamos la dirección indicada y á las 2
h')ras y media de camino por terreno ondulado y arenoso
alcanzamos unos cerrillos ostentando grandes blocos erráticos,
luego encontramos un cañadon que serpentea entre estos
cerrillos y remata después de dos horas de marcha en una
quebrada que seguimos hasta las tres de la tarde, hora en
ipie hicimos alto en un manantialcito de muy poca agua que
baja de la falda iz(|uierda de esa quebrada. Las pendientes de
esta quebrada la forman barrancas de arenisca cubiertas de
basalto. Aquel dia habíamos recorrido 9 leguas.
l']l dia 6 de Marzo proseguimos por la quebrada, la cual
se enangosta á las 2 leguas entre barrancas de arenisca blanca
y amarilla y una legua mas allá se abre de pronto desembo-
cando en un gran cañadon \nn' donde corre un ai royo de unos
6 metros de ancho ]>ero de muy poca agua y débil corriente.
Esa era el rio Scheuen.
En cuanto tocamos el rio desensillamos á poca distancia
de una gran piedra de arenisca en forma de obelisco, que se
halla al pié de la barranca de la falda izquierda del cañadon
del rio. Los caballos hallaron allí abundantes pastos y como
no se habian heclio mas de tres leguas, descansaron bien.
Desde este lugar, cuya situación geográfica es Lat. 49''20'40"'
Sud y Long. 71°33' W. Greenw, paraje muy conocido por el
obelisco de piedra arenisca que ya he mencionado y llamado
por los indios Shanijeshk-aik, pensaba visitar el lago San
Martin que queda al N. O.
Allí debia reconocer algunos fósiles hallados por Moreno
en el monte Pana.
En esta intención salí el 7 de Marzo á las 6 y 30 de la ma-
ñana acompañado de Ivovich montados en los dos mejores
caballos remontando la quebrada del rio. A las 7 y 10 tocamos
la primera parte donde se enangosta el valle. De nuevo se
ensancha considerablemente el valle por espacio de unas cuatro
leguas; al cabo de éstas existe una laguna llena de juncos
donde habia innumerables patos y cisnes. Allá también se vuelve
á enangostar el valle, después de lo cual de nuevo se ensancha.
En la última angostura desaparece el arroyo, aunque su lecho
seco es bien distinto. No nos detuvimos hasta las 11 y 30 á
- 349 —
orillas de una extensa lai^una y después de cruzar un ari-oyo
que corre [)or una quebrada que desemboca en la falda dei'eciía
del cañadon del Sheuen cuyo riacho vuelve á aparecer con
agua y sale de la extensa laguna, a orillas de la cual paramos.
Esta laguna tiene en su parte N. O. un cerro de l'ornin
redondeada y difícil de desconocer. No me (|uedaba duda de
hallarnos á orillas de la laguna Tar, y que aíjuel cerro era el
llamado Kochait en el viaje de Moreno. En todo este camino
observamos blocos erráticos y la distancia recorrida fué de
12 leguas. Estábamos muy cerca de la cordillera cuyos nevados
se veían á distancia de 5 leguas. La situación geográfica de
este campamento calculo sea Lat. ■49°13'05" Sud y Long.
72''00'10" W. Greenw. La proximidad de la cordillera la
notamos tamliien poi' una fuerte lluvia que duró toda la noche.
El 8 de Marzo salimos á las 7 de la mañana después de
secarnos un poco al fuego, dando \'uelta poi- el Sud de la
laguna Tar. después de una hor'a de galope alcanzamos el
limite de esa laguna y durante ese camino encontramos muchí-
simos manantiales y terrenos muy húmedos y cubiertos de
pastos. Cuando hubimos dejado atrás la laguna Tar que allí
termina en una punta, sigúele otra laguna mas pequeña y
angosta que se comunica con Tar por medio de un arroyo.
Todavía mas al Oeste hay otra laguna menor que la ante-
rior y (|ue tand>ien se comunica con la segunda por medio de
un arroyo. Por último á unas 10 cuadras al W. se extiende
un gran lago comunicado también por un arroyo con la última
mas pequeña de las lagunas. Este lago es el San Martin
de donde á mi ver nace el rio Sheuen, puesto que he seguido
perfectamente su cañadon ó valle y aunque en algunos sitios
su lecho está agotado, éste no deja de distinguirse claramente.
Según esto el lago San Martin es la naciente del Sheuen,
siguen dos lagunas, luego Tar y después sin interrupción el
cauce.
A las 9 y 15 a. m. nos hallamos al borde del lago San
Marlin dominándolo completamente desde la barranca situada
en la pai'te S. E. Está rodeada enteramente por elevados cerros
siendo el situado sobre la costa Sud, que es la que vamos á
seguir el cerro llamado Pana por Moreno en la falda del cual
se notan algunos bosques de Hayas. Poco mas adelante se
encuentran grandes farallones de granito. Tratamos de seguir
por la playa del lago, pero esto no es posible en algunos pun-
tos á causa de que las barrancas descienden á pique hasta el
agua unas veces, habiendo otras tal aglomeración de piedra,
— 350 —
que se hace impracticable el paso. A las 12 del dia hicimos
alio cu la márjen de un arroyito festoneado de hayas (jue se
decrama en el lago uniéndose en su desembocadura con otro
(|ue desciende tninliien del inmife l\iiiii.
El siguiente dia 9 de Mar/.o seguimos por la costa del lago
hasta su parte W. donde otro arroyo es mas considerable que
los anteriores; entrega sus agua al lago. Este arroyo corre por
una quebrada que parece venir del oeste y cuyos flancos lo
forman cerros enteramente nevados. En el camino recogí fósi-
les jurásicos, consistentes en moluscos Tinjonia: debajo de
éstos se nota una capa de carlion lavada por las aguas del
lago, pues también alli la bari'anca es á pique y no puede
apreciarse el espesor de esa capa.
Regresamos entonces, porque ya nuestros víveres se liabian
agolado, al campamento donde pasamos la noche y cuya
posición geográfica calculo en Lat. 49"06' Sud y L.ong. 72''28'
W. Greenw, habiendo llegado hasta 49°04'50" y Long. 72''34 '30"
cuyo último punto queda ya en la costa occidenlal di'l lago.
En la costa norte se vé un gran canal que parece comunicar
el San Martin con otro lago bordeado también de elevados
cerros.
Ese mismo dia emprendimos el regreso á Shanijeshk-aik,
no llegando sin embargo sino á uno de los manantiales que
desaguan en la laguna Far por el S. W.
El 10 de Marzo llegamos ii las 11 de la mañana al aloja-
miento donde hablan quedado con el carro nuestros compañeros.
Calculo desde este sitio hasta el punto mas occidental sobre
el lago San Martin á que llegamos en unas 15 leguas, i'il 1 1
de Marzo subí con Berry é Ivovich á la elevada meseta basál-
tica, que ya distinguimos desde el codo del rio Leona y cuyo
flanco oriental nos había servido de dirección. La parte baja
de esa meseta cuya altura calculn en unos 500 metros está
formada por capas de areniscas y arcillas amarillas y negras,
las superioi-es de las cuales contienen maderas petrificadas, la
parte mas elevada de la meseta está formada de un manto de
basalto de 20 metros de expesor entre cuyas piedras surjen
algunos manantiales. ICse dia experimentamos viento muy
fuerte el W. que en aquella elevación ei-a sumamente frió.
Hacia el Norte se ven o escalones de mesetas basálticas mucho
mas bajas que ésta, las que limitan oli'os tantos bajos ó de-
presiones Y por último una cadena de picos basálticos. Hiicia
el lado de la cordillera se ven los lagos Biedma y el San
Martin, pero no pude ver el nevado Fitz-Roy.
— 351 —
En la larde del día doce paramos sobre la costa del
Sheuen donde se acerca bastante á la barranca Sud. La lat. de
ese campamento ba sido fijada en 49"32'30" y loniiitud
71004 '45".
El tercer campamento sobre el Slifuen se hizo al lado do un
pe((ueño manantial, que desciende de la barranca Sud y cuyo
paraje lo denominan los indios Yotel-aik. Hasta este sitio el
terreno es bastante favorable pai'a seguir con el carro, pero
desde allí al Este empieza á pronunciarse un suelo arcilloso
muy blando que entoi-peció nuestras marchas. La Lat. de
Yotel-aik ha sido calculada en 49''31'45" Sud y su longitud
en 70''41 ' W. Greenw, y se reconoce ese punto i)or los baña-
dos qne forman el Sheuen.
El cuarto campamento sobre el Sheuen fué al lado del riacho
que sigue otra vez un cauce bien distinto, ostentando las
barrancas Sud cajias fosili'feras de mamíferos, las que distan
como una legua y media del riacho, el cual hace una curva
hacia el Norte y las barrancas una h.'icia el Sud, de donde
l)ro viene su separación. La posición de ese campamento fué
Lat. 49032 '45" Sud y longitud 70"0i'20" W. Greenw.
El 15 de Marzo hicimos una mai'cha muy corta, solo de 4
leguas á causa del piso pesado. El sitio donde alojamos sobre
el riacho dista apenas una legua de la barranca Sud pues se
han acercado estos dos después de terminar su curva respec-
tiva. También allí contienen fósiles las capas de las barrancas.
La latitud de ese último alojamiento es 49^35 '30" Sud y long.
69''50"50'.
Al dia siguiente se hizo otra marcha iie(jueña de 4 leguas y
media alcanzando el sitio llamado Kiaik-aik por los teliuelches.
Frente al campamento sobre la barranca Sud, hay un cono
erosivo de la forma de un mojón ó pirámide de frontera,
pudiéndose reconocer fácilmente, por esta señal el paraje así
llamado por los indios cuya posición geográfica ha sido fijada
en lat. 49o37'10" S. y 69039 '30" W. Desde este sitio que
abandonamos el 17 de Marzo hicimos una marcha de ocho
leguas para alcanzar el conocido paradero de Corpenk-aik,
donde el rio Sheuen se une al rio Chico, el que á su vez se
derrama en el Santa-Cruz en su desembocadui-a. Unas 3 leguas
antes de parar pasamos por la orilla de una laguna y un gran
bañado del Sheuen, los cuales se acercan mucho á la barran-
ca Sud de la cañada, la cual se ha tornado en un gran valle
hacia el Norte y se confunde con el del i-io Chico. El desagüe
del rio Sheuen en la laguna y luego al rio Chico es sumamiente
— 352 —
curioso y se efectúa por medio de dos brazos paralelos del
Sheuen que unen la laguna de este último con el rio Chico.
Uno de estos brazos paralelos, el mas occidental, recibe al
Sheuen ó llamado también Challa, á pocos metros de la lagu-
na y simultáneamente pasan parle de las aguas de e'ste al río
Chico y parte á la laguna.
Estos datos me han sido comunicados por [lersonas muy
conocedoras de ese paraje y que han vivido con los tehuelches,
cuyo cuartel general está situado precisamente en los alrede-
dores de Corpenk-aik. A eso del medio dia llegamos á la
orilla del rio Chico y allí hicimos alto mientras f|ue granizaba
V llovia con fuerza. Mas tarde vinieron muchos indios cuyos
t.»>"
Fig. VI.
toldos se velan por doquier á entablar conversación con noso-
tros y á admirar sorprendidos el carro por su tamaño. La
situación geográfica deestealdjamiento fué fijada eiilat. 4y"36 ' 10"
S. y G9°18'l'5" W.
Al otro dia marchamos hasta Oshchem-aik, paraje situado
á orillas del rio Chico donde e.visten unas casas de colonos;
allí quedamos una noche para pasar después al rio Santa-Cruz
y atravesarlo con carro y caballos. üshchem-aiU está por los
iOoaa'Sü" S. y GOoüi'lO" W. Greenw.
líl 1" de Abril nos embarcamos en el vapor «Usliuaia» y
llegamos á Buenos Aires ocho dias después.
Viaj e
A LAS
MISIONES ARGENTINAS Y BRASILERAS
POR EL ALTO URUGUAY
POR
JUAN B. AMBROSETTI
( Continnacion — Véase la página 336 de este tomo)
Bia 28. — Fué orden general que la flotilla debia marchar
hov, aunque la desicion ó buen ánimo por parte de algunos
tripulantes no fuese de la mejor por creer que el rio no
estuviese aún en condiciones favorables, pero, apesar de esto,
obedecieron todos.
Antes de marchar me estrañó ver que cada peón traia del
monte dos bastones largos de tres metros, uno terminado en
gancho y otro en orqueta.
Pregunté á un capataz y me contestó que de allí en ade-
lante teníamos que seguir de un modo muy distinto, ya no
seria á remo ni á botador de punta, sino enganchando ramas,
abriendo picadas por dentro del monte anegado y empujando
otras con el botador de orqueta.
Una vez en marcha comprendí que habia sido una impru-
dencia; á haberlo sabido antes soy también de los descontentos;
pero ya estaba en el baile y no habia mas que bailar.
Cada árbol sumergido, cada tronco que se detenia aunque
flotante por sus ramas enredadas abajo de agua, todo forma-
ba un hervidero espantoso y por su lado ó por encima habia
que pasar.
No pasaba instante en que no reflexionase considerando á
la altura en que navegábamos sobre la copa de los árboles,
como quedarían una vez retiradas las aguas los árboles de
pié con otros secos ó arrancados enorquetados en sus copas,
pero las espinas de las uñas de gato y juquerises no me
daban mucho tiempo para pensar, pues apesar de nuestros
cuidados no nos podíamos librar de sus caricias. Era imposi-
ble pasar por el lado exterior del monte, allí las ramas eran
mucho mas débiles y no podríamos aguantar la embarcación
por ser la corriente mas fuerte. Habríamos andado cuatro horas
calculando la marcha en 1000 metros por ahora cuando subi-
Tomo ir. 27
>
— 354 —
mos por unos remanses en los que estuvimos dos veces á
punto de zozobrar á causa del viejo Lima Doce.
Atracamos á la costa y acampamos; habríamos andado dos
leguas, y pasado la corredera Tararira. A la noche oímos el
toque de trompa que fué inmediatamente respondido por los
peones con gritos y alaridos.
Este es el saludo oficial que por allí se emplea cuando se
encuentran en viage. Los de la trompa bajaban con yerba para
el Sr. Fraga con una velocidad de ocho millas por hora.
El capataz afirmó que llegarían á San Javier en dia y
medio, nosotros aguas arriba habíamos puesto 14.
Dia 29. — La marcha siguió con el trabajo y la lentitud de
ayer; á la 7 y 30 a. m. estábamos frente á la Isla Sur de la
corredera Choforí, que la pasamos por la costa Brasilera por
donde pasa el canal principal.
Desde la desembocadura del Uruguay en el Plata hasta
aquí este pintoresco rio no ofrece vistas tan espléndidas y
cuadros tan admirablemente hermosos como en este lugar.
Entre dos canales estrechos de 100 metros cada uno en
que se divide el rio, se levanta airosa y en forma de torre
elevada de 50 metros, la Isla que lleva el nombre de la
corredera. Detrás se ven los cerros elevados de la costa
argentina que parece querer interponerse al paso de los canales,
pues el rio dá vuelta repentinamente á la derecha.
A media legua arriba y siguiendo la corredera se halla
otra isla del mismo nombre.
De noche alcanzamos una balsa con 34 hermosas piezas
de cedro que se hablan escapado con la creciente entregándose
á sus dueños, quiénes obsequiaron á los que la tomaron con
varias rapaduras.
Antes de llegar á tierra vimos una carpincha con dos hijos,
maté uno de ellos que desempeñó mas tarde el papel de
lechon en la cena.
Desgraciadamente habíamos elejido mal terreno para cam-
par; á nuestra espalda teníamos un cerro alto y nos instala-
mos en una faja apenas de cuatro metros y tan inclinada que
ágatas podíamos tenernos de pié y para que la cosa fuera
completa toda esa noche llovió á torrentes.
Dia 30. — Sigue lloviendo, y nos molestan los jejenes; á las 2
p. m. escampó ; por distraerme tomamos una canoa y subimos
hasta la barra del Alburicá en la costa Brasilera, entramos
como media legua dentro del arroyo pero no tuvimos suerte,
las tentativas de caza y pesca fueron infructuosas.
Dia 1" de Octubre. — Al amanecer volvió ú lloveí"; nos resig-
namos á esperar que se componíja el tiempo.
Pasó una canoa grande cargada de yerba que venía de
Nonohoy, la alcanzamos con una de las nuestras y compra-
mos treinta rapaduras que nos sirvieron de postre.
La canoa train un techo de paja especial de dos aguas que
la cubria en toda su extensión menos en la popa donde vá el
pelotero ó timonero que cuando llueve es el único que se
moja: a estas canoas cubiertas las llaman Piraguas. Adentro
venían una cliina y cinco criaturas que traian como única
mantención rapaduras.
A propósito de dulce; esta gente no estraña que les falte
el charque por meses para mantenerse, teniendo rapaduras, las
prefieren á todo.
Un solo individuo come seguido dos lios ó sean 4 rapadu-
ras mas ó menos 2 libras de azúcar.
En el dia sin ningún esfuerzo y con fruición se comen 10
ó sean 5 libras de dulce.
A las doce dispuse adelantarme con la canoa pequeña
acompañado de Felipe, dos remeros, nuestras armas y víveres
para dos dias.
Después de seis horas de remo cortando ¡a corriente y con
intervalos de garúas, llegamos al rancho de un tal Sebastian,
sobre la costa Brasilera.
Habíamos cruzado por las correderas Alburica y Pucha-
para-tras, que aunque cubiertas por la creciente eran impo-
sible pasarlas á remo, así que tuvimos nesesariamente que
asirnos de las ramas arañándonos y dejando girones de ropas
en las espumas de la costa.
Dia 2. — Lo pasamos esperando las otras canoas que llega-
ron muy tarde, así que dejamos la marcha para el siguiente.
Dia 3. — A la madrugada llovió torrencialmente, á las doce
subimos las correderas de la Yinda y después la de Aparicio,
y á las 4 de la tarde llegamos á la mejor casa construida en
el Alto Uruguay entre San Javier y este punto, de los señores
Fraga y Lasaga, Costa Argentina.
Domina dos grandes canchas al Oeste y Sur en cuyo reco-
do se halla en la falda de los gigantes cerros.
El Sr. Lasaga nos trató espléndidamente. Debo hacer notar
que desde el arroyo Anburicá costa brasilera, empiezan los
lotes de la colonia militar Brasilera del Alto Uruguay, viéndose
á cada kilómetro poblaciones y sembrados.
Pero como sucede en todo el Uruguay que frente á Gua-
— 356 —
leguaychú se halla Fraybentos, frente á Colon, Paysandú,
frente á Concordia, el Salto, frente á Federación, Consticion,
frente á Caseros, Santa Rosa, frente á Libres, Uruguayana,
frente á Alvear, Staqui, frente á Santo Tomé, San Borja,
frente á Garruchos, una colonia brasilera, frente á San Javier
otra, así aquí cada rancho Brasilero tiene su correspondiente
argentino en frente.
Dia 4. — Anoche llovió y temprano seguimos viaje; hacen dos
dias que navegamos entre poblaciones, sembrados y cañavera-
les, ocupando los declives de las barrancas y las faldas de los
cerros cubiertos de vegetación que forman un marco esplén-
dido de un verde oscuro que mas hacen resaltar el manto
verde claro de los cañaverales, otras veces aparecen grandes,
rosados, llenos de trozos enormes de árboles secos que apare-
cen blancos resaltando entre el vei'de de los maizales ó taba-
cales.
Todo salpicado de arroyitos que traen su pobre y continuo
tributo al Uruguay, mansos unos, inquietos otros, serpen-
teando por los cerros para caer como pequeñas y preciosas
cascadas.
Desde que salí de San Javier vengo estasiado contemi)lando
tanta belleza, siempre desigual, nunca monótoma, atrayente,
espléndida, lo sublime no cansa nunca y se admira siempre.
Ya divisamos la Colonia Militar, vemos la agrupación de
casas sobre la barranca suave, y por fin llegamos.
CAPITULO XI
EL ALTO URUGUAY
Viage en canoa. — La Costa Argentina. — La costa Brasilera. — Neblinas diarias. —
Las corredoras. — Las piedras que lloran. — Mariposas. — Saltos de agua. — El
Paraiso ó Iparré. — Cascayo. — Su ingenio y sus productos. — Layus. — El Pepiri
nieni. — Marcha á botador. — El Gran Salto de Moconá. — Morteros en las
Piedras. — Pescados. — Monos. — Corremos el canal. — Vuelta á Layus.
Al amanecer nos embarcamos con Felipe y dos peones en
una gran canoa de un solo trozo de cedro. Cruzamos el Uruguay,
fuimos á buscar á Fragoso, que vive frente á la Colonia Militar;
lo embarcamos, y empezamos á andar á fuei-za de remo y
botador aguas arriba, arrimados siempre á la Costa Argentina.
La canoa de una sola pieza y como todas, mal trabajada,
se deslizaba perezosamente, lo que me daba harto tiempo para
I
— 357 —
poder observar á mis anchas ambas costas, apesar que la
posición incómoda y forzada no me agradaba mucho.
La Costa Brasilera en un gran trecho, está rozada y plan-
tada de caña de azúcar, maiz, etc. Pasamos la Isla que esta
frente á la Colonia y que según tengo entendido es argentina;
parece por ser alta con un cerro en su centro, un castillo y
sus orillas no dan acceso: son de piedra, casi todas cortadas
á pique y está cubierta de la misma é intrincada vegetación de
la orilla.
La Costa Argentina se presenta virgen salvage, con su
vejetacion exhuberante.
De uno y otro lado, el terreno es hondulado, pero en la costa
Argentina, los cerros son mas altos que en la Brasilera.
Siempre cerca de la Costa Argentina, seguíamos navegando
ya á remo, ya á botador, ya ayudándonos con los gajos de las
plantas.
Uno de los peones, me dijo al rato, «elle patrón as pedras
que choran» (1) mostrándome en la orilla de la Barranca unas
piedras engastadas en ella que destilaban continuamente gotas
de agua.
De vez en cuando ya no lloraban sino que rujian y era
que entre los árboles, caia como un torrente un chorro de
agua grueso que formaba una pequeña cascada, al rebotar de
piedra en piedra.
La costa, en gran parte, mostraba á 10 ó 12 metros el
limite de las altas crecientes llena de arena y desprovista, como
una faja, de vejetacion arbórea, solo con uno que otro arbusto
chico, pero oprimida por el monte que mas atrás y mas alto
la cierra completamente.
Ya hemos perdido de vista á la Colonia ; el sol se hace
sentir cada vez mas fuerte y nosotros en la canoa y sentados,
lo recibíamos de lleno.
Pasamos la corredera del Turbo. Sobre las piedras húmedas
de la costa millares de mariposas amarillas se entretenian en
chupar el agua y cuando al pasar cerca de ellas empezaban á
volar, heridas sus alas por los rayos del sol, parecía una
fantástica lluvia de oro.
Avanzábamos cada vez más, aunque lentamente ; el paisaje
seguía el mismo con poca variante: lo único que rompia la
monotomia de nuestra marcha eran las correderas: después de
4 horas, llegamos á una muy grande, era la del Rio Paraíso i
Mire señor las piedras que lloran.
— 358 —
fué necesario gran trabajo para poder pasarla: una que otra
vez, se sentía una trompada de la canoa en las piedras.
Los peones sudaban, la canoa se movia poco, zafaba,
volvia á pararse, volvia á arrancar y al fin á i'uerza de trabajo
zafábamos del todo mientras ellos lanzaban sus alaridos de
costumbre.
Estábamos en la barra del rio Paraiso ó Ipané, espléndida,
ancha, como para servir de refugio á una gran embarcación ;
con sus orillas magníficas llenas de vegetación frondosa que
al ser reñejada en sus aguas le daban un tinte verdoso.
Como era necesario almorzar, saltamos á tierra en su orilla
izquierda, cuya barranca es baja, allí empezaba el campo de
los Sres. Storni y Ambrosetti: lo primero que vimos fué un
mojón de angico marcado á fuego con esta inscripción ^ pues-
to por el agrimensor nacional Don Juan de Queirel en 1889
cuando la mensura, y cuya posición geográfica es 54"2'39"
longitud O. de Paris y 27»13'56" latitud Sud (1).
Las costas se muestran igualmente: solo la argentina, siem-
pre mucho mas llena de cerros altos y cubiertos de vegetación
tupida, lo misma que la Brasilera.
Después de pasar una corredera, á las G, llegamos á Casca-
yo, que es de una playa en donde se amontonan los rodados que
las aguas arrastran, formando una especie de banco: un poco
más y llegamos sobre la costa Brasilera, puesto de don Anto-
nio Francisco de Olivera (a) Cascayo, donde pasamos la noche.
El puerto de Cascayo está frente á un gran cerro, su
barranca es mas de 40 metros de alta; la subimos después de
coleccionar muchas mariposas, que allí como en toda la costa,
abundan, y fuimos recibidos por el viejo don Antonio, Brasilero
de la Provincia de Paraná, de 65 años, que hace 13 que vive
en ese punto, acompañado de cuatro hijos varones y tres mu-
jeres.
El frente de su casa está rozado, destroncado y sembrado de
gramilla ; el edificio es de madera grande y cómodo, todas las
tablas, perfectamente aserradas y cepilladas; el techo es de
tejas de madera, cortadas iguales y está rodeada de un cerco
de tablas, muy bien hecho.
Dormimos muy bien, cenamos opíparamente, y al otro dia
temprano seguimos viaje aguas arriba.
Las costas presentaban en el mismo aspecto; piedras y
vejetacion; en las piedras vi muchos huesos dej caracol, (am-
( 1) Diferencia de tiempo en Paris 3 li. 45' 31, ^¡^.
\
— 359 —
puloria) los saltos de agua seguían abundando: pasamos
todavía algunas correderas y á las 11 llegamos a Layús cerca
del Pepiri Miní, después de haber cruzado las correderas Bocu-
do, Calesto Tejas, Sapos.
Bajamos á tierra y después de coleccionar una buena can-
tidad de insectos y mariposas, subimos la barranca de cerca
de GO metros y llegamos al rancho que ocupaba provisoria-
mente don Andrés Maidana.
Todo el dia lo empleamos en coleccionar y tomar datos
comerciales y preparar-nos para salir al otro dia a visitar
el famoso salto de Macona.
Temprano volvimos á embarcarnos: pasamos delante la
baria del Piripi Miní, que es un rio importante por el caudal
de agua cjue derrama sobre el Uruguay, pero desgraciadamente
no navegable; seguimos costeando la costa Argentina un poco
más, hasta que tuvimos que tomar 'la Brasilera.
La navegación era cada vez mas difícil; los remos fueron
inútiles, el botador solo nos hacia avanzar: oimos claramente
el i-ugido del Salto cada vez mas fuerte, los rápidos se sucedían
frecuentemente, ya el botador solo no daba : era necesario
saltar sobre las piedras y tirar la canoa a silga y echarse al
lago para empujarla; después de una hora de trabajo, vimos
el Salto.
Llegamos frente á él, saltamos en una playa pedregosa del
lado Brasilero y por allí seguímos á pié por mas de dos kiló-
metros para" poder gozar de su espectáculo.
El Salto se presenta espléndido, magnífico, el viajero se
siente estasiado ante la magestad imponente de esa masa
enorme de agua que se precipita dividida en chorros diversos
delante de uno; facisnado sigue como atraído caminando los
dos kilómetros sin sentir el calor sofocante y el sol abrasador
mirando siempre asombrado tanta belleza que la naturaleza
prodiga allí.
Y se sigue caminando sobre el gran pedregal lleno de
inconvenientes que se salvan instintivamente sin mirarlos,
avaros los sentidos de distraerse un instante de aquel espec-
táculo magno.
Se tropieza, se pisa mal, se reciben golpes en las piernas
contra los aristas de las rocas, pero la sirena del salto á cada
dolor sonríe siempre arrullándolos con su música estruendosa.
Y la marcha continua por dos kilómetros delante la escena
variada en su monotomia de aquel raudal de agua que sigue
precipitándose con arte infinito, mientras que dentro de uno
— 360 —
se sienten emociones múltiples de profunda admiración con-
templativa.
El placer de la satisfacción primero, el dulce abatimiento
después, alternándose á cada paso estimulan ó desalientan al
viajero sucesivamente bajo aquel sol terrible, que oye sin darse
cuenta la voz de anda!! anda!!
Aquí el Rio Uruguay completamente estrechado entre las
dos barrancas de sus costas se transforma en un canal de 25
metros de ancho que recibiendo las aguas del salto corre con
horrible velocidad formando remolinos espantosos coronados
por crestas de espuma constantemente aumentadas.
El Salto es uno de los más curiosos por su forma y dis-
posición: respresenta una S que saliendo de la costa Brasi-
lera corre después paralela al rio en una estension de cerca
de 2000 metros y termina en la costa argentina ; así que las
aguas se precipitan de la costa argentina hacia la brasilera
desde una altura de 5 á 6 metros.
La masa de agua está dividida en veinte y cuatro caldas distin-
tas cuyos tamaños son: principiando del lado argentino en me-
tros : 1—3—9—12—11—12—30—5—19—20—16—6—4—5—2—4—
27—25—50—90—2—40—200—300.
Las distancias que separan los chorros entre si son : 12 — 18
—60—22—15—5—4—2—3—12—8—8—5—2—4—3—03 — 10— 10.
Detrás del Salto un cerro cubierto de espesa vegetación
corre paralelo á él encuadrándolo con su mano verde.
Mi primera impresión fué de sorpresa al ver desaparecer
súbitamente el magestuoso Uruguay que acababa de recorrer
casi íntegro desde su boca hasta allí; luego fué de admiración
ante una obra tan magnífica; pero después el recuerdo terro-
rífico de su nombre el que tragó trajo á mi mente los naufra-
gios anónimos de las canoas que por allí se despeñaron y
hasta me pareció oir el terrible grito angustioso de los náufra-
gos rápidamente ahogado por el trueno retumbante de sus
aguas.
Caminando sobre la playa de piedras observé el curioso
trabajo del agua en ellas.
Cuando crece el rio toda la playa se cubre, como también
el salto y entonces los rodados al frotar contra el piso de pie-
dra lo desgastan agujereándolo y haciendo en ellos una espe-
cie de morteros de los que se halla llena la playa. Cada uno
de éstos tiene en su interior varios rodados.
En el canal del Salto, hervían materialmente los pescados,
predominando entre ellos el dorado, que caido del salto hace
— 361 —
esfuerzos para volverlo á subir nadando infructuosamente,
contra la corriente de las aguas pescamos cinco, todos de
gran tamaño, también vimos bogas, tarariras y otros que no
pudimos conseguir.
La roca que forma el Salto, creo sea Diorita.
Recojí algunos rodados, entre los que predominan la diorita,
Melafira los Silex y ágatas en abundancia, pero todos ellos
demasiado pulidos para ser de allí.
La posición geográfica del Salto es la siguiente: 27''08'19"
latitud austral 10''12"47' longitud Oeste del meridiano de Pan
de Azúcal de Rio Janeiro.
Mientras estábamos contemplando el Salto, aparecieron cerca
de nosotros una bandada de monos negros {Mycetes niger)
chillando y haciendo mil cabriolas entre los árboles; me entre-
tuve un rato miranto aquella gimnasia original, hasta que los
peones que son muy aficionados á bomerlos, mataron un casal,
pero yo ordené sacarles el cuero y tirarlos porque me repugnan,
parecen negros chicos.
Revisándoles el estómago, los encontré llenos de fruta de
guaimbé.
El Salto, ofrece un serio obstáculo á la navegación, pero
como el hombre nunca se arredra por nada, los canoeros ya
le han buscado la vuelta.
Lo que hacen para pasarlo, es subir con un aparejo las
canoas y cargas, entre el primero y segundo tumbo y una
vez arriba, toman el remanse que forman las aguas y marchan
20 leguas aún hasta llegar á Nonhoay.
De Nonhoay bajan en la época de creciente piraguas ó
sean embarcaciones grandes como chatas, cargadas y como el
Salto está tapado, lo pasan muchas veces; no estando bien
crecido el rio, zozobran, haciéndose pedazos en las piedras y
ahogándose mas de un tripulante.
CAPITULO XII
LAS CAMPIÑAS
La Picada. — Las Campiñas. — Yerbales y Yerbateros. — Sistema Brasilero y Para-
guayo.— Las muías. — El Monyolo. — Los perros. — Los tigres. — Sus historias.
— El tigre negro. — La mariposa de algodón.— La caza del tigre. — Venado. —
Auta y Tateto.— Vuelta á la Colonia Militar. — El mate foreber.
1° de Enero de 1892 lo saludamos con salva y un poco de
música de acordeón y tambor: pasamos todo el dia en Layus
— 3C2 —
muy tranquilos, haciendo nuestros preparativos de marcha
por las picadas del campo.
Después de almorzar fuimos agradablemente sorprendidos
por la llegada de una tropa de muías cargada de yerba que
venia de campiñas, las mismas que al otro dia nos debian
conducir.
En su totalidad, estaban gordas, cada una traia lo menos
10 arrobas brasileras de 32 libras, y llevaban -i dias de marcha.
Es muy curioso ver esos animalitos, porque todos son bajos
cargados con dos enormes Bruacones llenos de yerba-mate can-
chada; tan sufridos para la marcha apesar de la inhumación de
los troperos que las cargan muclias veces sin hacer caso á
las lastimaduras horribles que se les forman en el lomo y las
costillas.
Felizmente estas muías estaban poco lastimadas : de la
tropa faltaba una que habia pagado su tributo de carne fresca
á don Simón, como llaman por alia al Tigre. Hacía 4 dias á
la tarde, á invitación de Maidana, fuimos á cazar un venado.
Después de cenar recayó la conversación sobre la caza.
El venado siempre lo que siente ladrar los perros, corre
y se tira, ya sea al Uruguay ó á algún otro arroyo, así que
es necesario que algunos se queden en la canoa para escuchar
la corrida desde el Rio.
• Llámase corrida al ladrido de los perros que siguen el
rastro.
El tatito se caza de otro modo: los perros cuando encuen-
tran el rastro lo siguen hasta dar con él, al que corren y
obligan generalmente á meterse en algún tronco hueco donde
es fácil matarlo.
Otras veces no se esconde y se mata á bala.
La caza del anta, cambia de especie : si se tira al rio es
necesario clavarlo con una especie de arpón atado á una soga
porque sino es animal que zambulle mucho, una vez muerto
vá directamente al fondo y no sale sino á los dos ó tres dias,
mientras que fijada con el arpón, se trae cerca de la canoa y
como en el agua no tiene gran acción viene sin dificultad:
una vez cerca, lo matan á cuchillo.
Para cazarlo en tierra los montaraces, lo esperan con los
¡lerros en los lambedores ó barreros, que es un lugar de tierra
algo salitrosa, donde acostumbran de noche ir á lamer las
antas.
Allí se mata á bala, pero es necesario pegarle bien, por(¡ue
en tierra es muy peligroso, atropella, pisa con las patas de
— 363 —
adelante, muerde y tira con los dientes sin aflojar las patas,
de manera que saca el cuero ó el pedazo de un tirón.
Los perros, son las principales víctimas de los antas, y
mas de un cazador ha pagado cara su imprudencia.
Imi cuanto al tigre es otra cuestión muy distinta.
Cuando se dá con el rastro, se largan los perros que lo
siguen hasta encontrarlo, á los ladridos el tigre trepa sobre
algún árbol y se coloca en un gajo horizontal.
El perro debajo lo sigue acuando, como dicen por allí,
hasta que el cazador llega inmediatamente, trata de tirarle
apuntando al degolladero ó sangrador.
Si lo matan, cae del árbol y sino, herido solamente, trepa
como un rayo, mas arriba y de allí se descuelga al suelo,
atropellando; en este caso se le largan otra vez los perros
para entretenerlo y poderlo matar con mas seguridad; pero
á veces, no les hace caso ó los mata y entonces se traban
esos combates terribles en medio de la maraña mas intrinca-
da, sin mas testigos que la grandiosa magestad del monte
que repercute sus espantosos bramidos y las imprecaciones
del cazador.
Otras veces, no trepa y espera al cazador sentado sobre
sus patas traseras, moviendo acompasadamente su cola sedosa
y mostrándole sus fauces abiertas por un bostezo de imiia-
ciencia.
El cazador es necesario que sea valiente para que se le
acerque, la sangre fría es el todo en este caso: un buen
balazo decide la cuestión, pero si no dá bien en el blanco,
no le queda otro recurso que esperarle y tirarle otro tiro de
su pistola en la boca ó clavarlo de una puñalada, lo que es
algo difícil, porque el tigre cuando carga se levanta sobre sus
patas traseras y tira manotones desesperados c:(ue le aventan
el machete.
Los montaraces en general, están dotados de una sangre
fria admirable; en gran parte debida á la costumbre de
luchar contra la naturaleza á cada momento.
Ninguno la rehuye, no solo porque se divierten, sino porque
aprovechan el cuero y comen su carne, que según ellos es
deliciosa.
Se cuentan muchas historias de los tigres: esa noche
estuvimos conversando de ello.
En el rancho donde estábamos, se encontraban tres caza-
dores de tigres, así que la conversación fué por demás intere-
sante: algunos hechos merecen relatarse.
— 364 —
Fragoso, mi tropero, encontró una vez un tigre, que su perro
hizo trepar: se le acercó, no tenia su pistola sino cargada con
munición y como lo viera que estaba asustado según él, por
que es opinión general entre ellos que cuando un tigre trepa-
do tiene la cara arrugada y no mira al cazador, está asustado
y que en vez, cuando al contrario, muestra su cara lisa,
alegre y mueve la cola, mirando ú alguno, dicen que conoce
que entre dos cazadores, hay uno que tiene miedo y es al que
mira y al primero que salla. Guiados por estas suposiciones,
cuántas veces no se equivocan costándoles muy caro.
Viéndolo asustado lo empezó á embravecer hasta que
levantase la cabeza y cuando quiso incorporarse le metió la
carga en el sangrador, dejándolo muerto en el acto, lo maté
dijo, como á una jacutinga.
Al comerlo, le encontró los pulmones llenos de munición.
Antonio, otro de los tigreros, nos contó un caso original.
«Márquez, mi peón, es yerbatero y hablan trabajado juntos:
como casi todos, es muy lleno de supersticiones y en su pecho
ostenta á guisa de condecoración un escapulario monumental
que según él le salvó la vida.
Estaba zapecando yerba, cuando sintió que el escapulario
le golpeaba tres veces en el pecho: se dio vuelta y detrás de
él como á 5 varas vio al tigre en posición de saltarlo : como
un cohete se levantó y disparó llamando á sus compañeros:
llegó Antonio con los perros y un fusil; los ¡cerros dieron con
el rastro y corrieron al tigre que trepó.
Márquez quiso acompañarlo, pero Antonio que no usa
escajjulario le observó juiciosamente que no fuera porque con
escapulario no se encuentran nunca fieras en el monte y por
lo tanto no podrían dar con el tigre.
Entró al monte, encontró al tigre: le hizo fuego hiriéndolo
mal: el tigre saltó al suelo, lo atropello matándole dos perros;
pero en medio del combate pudo felizmente darle un mache-
tazo sobre los ojos que lo encegueció por la pérdida de sangre,
acabándolo de matar á puñaladas.
A propósito del escapulario, lo sucedido con Márquez es
fácil de explicar. El tigre cuando está por saltar, i)roduce un
sonido especial con las orejas: una especie de tic sui generis,
bien conocido por todos; esto fué lo que oyó Márquez y como
estaba agachado y trabajando, el escapulario balanceándose le
golpeó naturalmente.
Pero está tan persuadido que ha sido el escapulario, que
se confia al punto de no usar armas de fuego.
— 365 —
El tigre es muy aficionado á los perros, tanto que hubo
una época en que uno de ellos, tenia aterrorizados todos los
campamentos de yerbateros, de dia, de noche, á cualquier
hora, estuviesen reunidos ó nó, saltaba en medio de ellos y
arrebatando un perro, se lo llevaba.
Muchas veces le tiraron sin conseguir herirlo, hasta que
un dia después de haber muerto 18 perros en distintos cam-
pamentos, al querer saltar á un yerbatero que estaba tejiendo
una estera de tacuara, éste le pegó un tiro (jue lo dejó muerto
pero como los tendría asustados, llamó á sus compañeros los
que acudieron y solo después de hacerle una descarga se
acercaron á él.
A la Comisión Argentina de límites, otro tigre, una noche
se IIbto un perro y después del perro, vino y mató á un
hombre que dormia ¡¡rotundamente.
Pero un hecho mas liorrible su¿edió en las Campiñas de
Américo.
Un tal Manuel Juan, salió con un hijo á cazar; largaron
los perros en el monte, dieron con un rastro de tigre, al que
siguieron. El tigre después de matar á uno de ellos, operación
que efectúan dando vueltas con rapidez alrededor de un
árbol grueso y esperando agazapado que el perro pase aga-
chado siguiendo el rastro para darle un manotón en la nuca ;
se sentó, esperó á los cazadores y los saltó: el hijo de Manuel
Juan, cayó al suelo y el tigre se abalanzó sobre él.
Manuel Juan viendo á su hijo debajo del tigre, le tiró, pero
la pistola no dio fuego : entonces lo cargó con el machete,
pero el tigre se lo manoteó, viéndose desarmado y en medio
de la mayor desesperación, no oyendo sino la voz de la sangre,
saltó sobre el tigre y lo mont('), le metió las manos en la boca,
agarrándole las (|uijadas, y así estuvo un rato gineleándolo é
impidiendo que mordiera á su hijo.
El tigre al sentir el ginete se sacudió, se levantó ; entonces
el hijo que felizmente habia caído con la cabeza adelante y
resguardado entre las patas traseras del tigre, pudo salir,
agarra el facón del padre y lo cosió á puñaladas: el tigre mu-
rió, pero en las ansias de la muerte alcanzó á morder á Ma-
nuel Juan en un brazo, de un modo tan horrible, que hoy lo
tiene completamente inmóvil y dándole el último zarpazo en
una nalga, le dejó una profunda herida.
Yo lo conocí después en San Pedro y todavía al mostrarme
su brazo mutilado me decia riéndose: «i ¡que bicho desgrazado
para domar!!
— 366 —
Otro caso original sucedió en los campiñas del Paraiso.
Estaban acampadas 4 tropas. Los troperos á eso de las
8 de la noche, sintieron el tropel de las muías que espantadas
llegal)an á las carpas y de repente un ruido infernal de
tacuaras que se quebraban, relinchos, bufidos, patadas, etc.
Acudieron, juntaron las muías: habia dos heridas, velaron
toda la noche y al otro dia encontraron entre un facunral
deshecho el cadáver de un tigre muerto á patadas: las muías
seguramente le pegaron la ]:)rimera bien y en seguida de que
cayó ai suelo, siguiei'on su obra de defensa : le sacaron el
cuero y encontraron el cuerpo lleno de magullones y con
el cráneo y los huesos rotos.
Esa noche salió la conversación de tigre negro y como no
creyera en su existencia, me aseguraron que tanto en las
Campiñas de Américo como en Pari, frente á donde estábamos,
hablan muerto tigres negros: pocos dias después pude cercio-
rarme de la verdad, viendo el cuero del tigre negro muerto en
Pari que mandaban de regalo á D. Juan Carlos, de San
Javier, el que á su vez tuvo la deferencia para conmigo de
regalármelo.
El cuero es de un negro lustroso, liso, pero al moverlo y
mirándolo al través aparecen todas las manchas de un color
mas oscuro distribuidas lo mismo que en el tigre común.
El cuero tiene las siguientes medidas:
1 metro 87, largo del hocico á la raiz de la cola.
83, largo á la cola.
85, ancho en el medio.
72, ancho incluso las manos.
60, ancho incluso las patas.
46, ancho del cogote.
15, entre las orejas cortas.
Antes de acostarnos decidimos salir temprano para las
campiñas del Paraiso.
Al otro dia á las 5 a. m. montábamos en nuestras muías
y después de posar el arroyo de Monyolo nos internamos en
una [¡¡cada yerbatera : marchamos como 4 horas largas en
ella, subiendo siempre cerros más ó menos altos entre ellos
uno bastante fuerte llegando á las campiñas á las 9 y media.
La picada, como estaba muy transitada, se hallaba en buen
estado, así que con poco trabajo hicimos el viaje.
Las campiñas son seis, entre todas tendrán de superficie
mas ó menos una legua, hallándose separadas entre sí por
restingas de monte alto con abundancia de pitinga que es uno
I
— 367 —
de los mejores, sino el mejor posto de engorde para las
muías.
El monte que las rodea es lo que se llama fascinal.
Los pastos que se hallan en las campiñas son gramillas
en su mayor parte y están todas rodeadas por el Paraíso te-
niendo así abundancia de agua.
Mas adelante de las Camjíiñas se hallan los yerbales de los
ojos de agua, en éstas hay también un yerbal enorme.
El yerbatero es un tipo clásico especial; debe ser un hom-
bre sano, fuerte y de gran resistencia para el trabajo: su ca-
rácter generalmente es reservado, no se ocupa sino de la
estraccion de yerba que empieza en Enero y termina á tines
de Julio; fuera de ese tiempo, planta algo, pero casi siempre
poco.
Para explotar una cantidad de yerba, uno contrata por un
tanto la arroba con un gefe de coVnitiva ; éste va con sus
peones al monte y elije un campamento cerca de un yerbal.
Lo primero que hacen es ilimpiar completamente el terreno,
fabrican el rancho cubierto con hojas de palma pindó y de
construcción sencilla: después del rancho, hacen el noque, la
cancha y uno ó dos carigios, según la cantidad de gente que
componga la comitiva ó la importancia del yerbal. Todos estos
trabajos son de obligación de los peones ó tariferos, y el
patrón se obliga por ellos á darles la comida.
El noque es un rancho levantado del suelo como unas dos
cuartas, cubierto por un buen techo de hojas tacuaras y el
piso bien hecho de troncos de arbustos unos al lado de otros
sostenidos por horcones bajos de la altura indicada : este piso
como también las paredes del noque se revisten con una estera
de tacuara.
Para hacer la estera cortan las tacuaras y después de gol-
pearlas con una maza de madera, las abren en sentido longi-
tudinal de manera que quedan como cintas de cuatro dedos
de ancho, las que trenzan entre sí unas puestas en un sentido
y otras en otro, formando una estera bien cerrada. En cuanto
á los dibujos de ellas, son muy variados según la habilidad
de los tariferos.
Para hacer la cancha, caban una punteada en el suelo
en una superficie que varía según la cantidad de yerba que
pueden canchar por dia, siempre de forma cuadrada, angosta
y larga; después que han cavado, empiezan á mojar la tierra
que ha quedado limpia de troncos, piedras ó raices y a pisarla
con pisones de madera hasta que queda bien dura.
— 368 —
El carrilfo,. es una especie de porrillo hecha con troncos
de arbolitos de una altura del suelo que dá al hombro de un
hombre, sostenida por horcones, tendrá de largo 10 metros y
de ancho 3 metros: esta parrilla tiene alrededor una baranda
de 40 centímetros de alto; sobre esta parrilla ponen además
tres horcones en el centro en sentido logitudinal sosteniendo
una cumbrera. Un carrillo de estos dimensiones, puede cargar
100 a'^robas brasileras de yerba en hoja. La cumbrera central
del corigico sirve para poner una carpa en caso de lluvia.
Una vez que todo esto está pronto, los tariferos entran al
monte, quedando solo en el campamenta el campamentero que
generalmente es el patrón de la comitiva. El tarifero toma un
árbol de yerba y con su machete limpia el suelo, debajo de
él todos los yuyos que haya, voltea además un árbol grande
de otra clase y hace al lado de éste un gran fuego. El árbol
que voltea le sirve de parapeto contra el gran fuego y á éste
le llaman zapecador. Después de concluido el zapecador, se
pone una manea de tacuara en los tobillos que estira ó acorta
según el grueso del árbol y armado de su machete y ayudado
con la manea trepa sobre él desgajándolo de arriba abajo.
Una vez desgajado, baja y tomando los gajos los chamus-
ca en el zapecador uno por uno; concluida esta operación clava
dos estacas en el suelo, pone dos cintas de tacuara en ellas,
empieza á quebrar los gajos tirando la parte gruesa y acomo-
dándolos entre las estacas: una vez que están llenas de gajos
quebrados, los ata y forma un paquete con ellos, sigue así
hasta que concluye; después ata juntos los paquetes, hace dos
asas grandes de tacuara, se los pasa entre pecho y espalda y
marcha con su carga al campamento por el pique que antes
ha hecho para llegar al árbol de yerba. Muchos de estos dan
hasta 10 arrobas de yerba en hoja y hay hombres que cargan
hasta 14 arrobas.
La obligación de los tariferos es de traer como mínimun
6 ari'obas de yerba en hoja sino no ])agan la comida pero
cuanto mas traen es mejor para ellos, porque todos trabajan
por tarifa, es decir, por un tanto la arroba, una vez que llegan
al campamento se pesa la yerba y vá al carigio en donde se
coloca parada con las hojas para arriba. El compomentero
hace fuego y cuida de él que tiene que durar de 7 á 8 horas,
para que la yerba esté bien seca. Al otro dia cuando vuelven
los tariferos del monte con la yerba en hoja, el campamentero
ya les tiene el carigio desocupado y la yerba seca en la cancha.
(Caticluird,)
INTRODUCCIÓN
AL
ARTE MOCOVÍ
DEL PADRE TAVOLINI
ESTUDIO DE GRAMÁTICA COMPARADA
SAMUEL LAFONE QUEVEDO
Tomo IV. 28
INTRODUCCIÓN AL «ARTE MOCOVI»
DEL PADRE TAVOLINI
ESTUDIO DE ORANIATICA. COMPARADA
SAMUEL A. LAFONE QUEVEDO
I
w
I
Disertación preliminar
Las noticias que teníamos del Mocoví lian sido escasas y
poco satisfactorias; algo que al respecto han dicho Hervas, Ade-
lung, y de paso viajeros como Azara y otros. Puesto en la tarea
de hacerme cargo de lo que eran las lenguas americanas, y en
especial las argentinas, traté de conseguir un ejemplar de la
«Historia de Abiponibus» de Dobrizhoffer y en el acto comprendí
que se trataba de un grupo de idiomas de lo mas curioso é
importante. En Buenos Aires tuve ocasión de hablar al respecto
de mi estudio con el Dr. Lamas y General Mitre, y ambos pu-
sieron á mi disposición todo cuanto j)oseían (jue pudiese ins-
truirme y esclarecer mis dudas.
En la biblioteca del Dr. Lamas hallé preciosos manuscritos
dichos de Dobrizhoffer, pero que probablemente son obra de
Brigniel, ó de los otros padres sus compañeros, por lo que
cuenta el mismo Dobrizhoffer en su libro ya citado, t. II p. lOC)
y 8. Que no todo es obra de una sola mano se adviei'te por(|ue
de serlo no encontraríamos las variantes que existen en la tras-
literación: baste un ejemplo:
Dobrizhoffer — HaiuJia — Aquella.
Brigniel — Añtja -- Aquella.
— 372 —
Estas diferencias son típicas y muy importantes, como lo
haré ver después. Es imposible ponderar demasiado lo que me
han servido estos papeles y también la Gramática Abipona en
M. S. que tan generosamente puso á mi disposición el mismo
señor Lamas, mi ilustre compatriota, autor del opúsculo.
El General Mitre me facilitó también el j^recioso M. S. dicho
del P. Barcena, que contiene Arte y Vocabulario del idioma
Toba, un vocabulario del Lengua por Cervino y el importantí-
simo trabajo del P. Tavolini sobre la lengua de los Mocovíes —
materia de esta publicación.
Del ingeniero señor Pelleschi conseguí las carteras de apun-
tes que le sirvieron para escribir su interesante obra sobre el
Chaco y lengua Malaca, con permiso de utilizar todo cuanto
ellos contenían, y en su mérito se encontrarán dos vocabularios
Mocovíes entre los apéndices, muy curiosos los dos, sobre todo
bajo el punto de vista dialecto -fonético.
También he consultado los vocabularios Guaycurües que se
hallan en las obras de Castelnau y Gilii, y los cortos datos que
incluye Mansfield en su obra «Paraguay, Brazil & River Píate»
sobre los Payaguaes y su lengua, á lo que dedico un capítulo
en el apéndice.
De propia cosecha he tenido á la vista las conferencias con
López, el Indio Toba empleado en el Asilo de Huérfanos, con
quien cotejé todo el vocabulario de Barcena, pudiendo así ex-
plicarme algunas de las guturaciones y nasalizaciones, y mu-
chas otras cosas que saldrán <'i luz en el curso de estas publi-
caciones.
En cuanto al Mataco, he consultado los dalos publicados ))or
el Padre Cardús, de las Misiones de Tarija, y del Padre Re-
medí, ambos de la Orden Seráfica.
Con estos materiales y muchos otros, que no detallo, todos
compulsados por mí, accedi al pedido del Dr. Moreno, Director
del Museo de La Plata, y me puse en la tarea de preparar para
esta Revista el ]>recioso M. S. de Tavolini, que se reproduce
íntegro sin mas alteración que la de reducir al orden alfabético,
y medio gramatical, lo que en el original del Padre se halla á
granel. El padre, sea por la razón que se fuere, dejó su trabajo
á medio hacer, pero casi creo que debemos felicitarnos de ello,
porque sus datos los estimo mucho mas importantes que sus
deduciones, á juzgar por la muestra que nos ha dejado.
Hervas y Adelung en su «Mithridates» nos han conservado
un iiPadre Nuestro» Mocoví que nos servirá para cotejo. El dia-
lecto en que está se diferencia algo del que describe el Padre
— 373 —
Tavolini, pero tanto mejor para nuestros estudios de las Len-
guas del Chaco. A esta oración se dedica un capitulo en el
apéndice.
Como se verá, mi trabajo ha sido uno de exploración, de
reducir los datos de Tavolini á cuadros, buscando reunir en
ellos lo que era análogo, para poder así establecer reglas y
algo que pudiese llamarse «Arte del Mocoví». De mucho me ha
servido Dobrizhoffer, porque donde él confirma alguna obser-
vación mia sin trepidar la doy por establecida, y hasta he po-
dido determinar muchas cosas en que nunca hubiese caido á
no ser la pista que él nos dá. Por comodidad me he valido de
la traducción que el estimable americanista señor Larsen pu-
blicó en «La Revista de La Plata», poco antes de caer con la
enfermedad que temo privai'á á estos países de los conocimien-
tos de uno de los que mas han hecho entre nosotros por dar
á conocer lo que se ha escrito sobro las lenguas de la Repú-
blica Argentina; constándome que tenía varios otros trabajos
útilísimos entre manos.
En los siguientes capítulos trataré de hacer algunas obser-
vaciones generales acerca del penoso traljajo en que me he
metido y de los resultadijs que creo haber oljtenido. Donde hay
tanto que andar y tanta prueba que acumular, es imposible
evitar la prolijidad y muchas veces la repetición, pero en la
Introducción pueden darse por sentados principios, axiomas,
Ci'tnones fonológicos etc., desde que las pruebas van consigna-
das en el cuerpo de la obra.
Los europeos se quejan amargamente de la falta de datos
sobre las lenguas Sud-Americanas, como por ejemplo Latliam
en su Introducción á los «Elementos de Filología Comparada».
Aquí pues les brindamos un primer contingente que en seguida
se acompañará de otros de no menor importancia, me refiero á
los datos más que á las apreciaciones; pero unos y otros irán
llenando un vacío que ya se liace sentir entre nosotros.
Yo he encarado esta tarea sin mas idea preconcebida que
la de mucha disconformidad con los cánones filológicos euro-
peos, por cuanto noto que ellos se fundan en una completa pres-
cindencia del efecto que una lengua conquistada, y aun aplas-
tada, puede producir en la lengua conquistadora. He aquí la
fuente inagotable de diferencias dialécticas como las que ha-
llamos entre el Sánscrito, Griego, Latin, Teutónico, Escandinavo,
etc. Las mismas gramáticas sánscritas, griegas, latinas etc., no
son tales gramáticas de esas lenguas, sino las gramáticas de
unas lenguas artificiales que se hallan en ciertos libros, y (jue
— 374 —
jamás se hablaron por pueblo alguno mientras que la tiranía
socio-literaria no se la metiera á balazos. Precisamente porque
el ingles literai-io no era el dialecto hablado de ninguna de las
secciones de Inglaterra es que vino á ser comprendido y hoy
hablado en todas. El Sánscrito, el Griego, el Latin, son flores
de jardin, en las lenguas del Chaco, tenemos la naturaleza sin
grillos. La verdadera lingüística sabrá avalorar los méritos
comparados de uno y otro grupo. El botánico busca las ñores
silvestres para su herbario; si el español se hubiese dejado de
las monstruosidades del latin literario y hubiese acudido á sus
codialectos, la filología española no sería el chasco que hoy es
para todo el que se dedica á estudios etimológicos en esa no-
ble lengua, hija privilegiada de un matrimonio entre el Godo
y el Latin.
Hasta aquí llega nuestra preconcepcion de ideas, por lo de-
más solo pretendemos llevar adelante nuestros estudios Ame-
ricanos con los hechos y la verdad en la mano, aunque se venga
abajo toda una máquina de ideas arraigadas que no responden
á otra cosa que á la tiránica ciencia de hoy.
Yo sostengo que si marca en América dice lo que marca en
Europa, una fortaleza fronteriza, una línea de fronteras, es
mas prudente suponer que sea posible una identidad de origen
que lo contrario; no servirá para fundar una hipótesis de con-
tacto lingüístico, pero dá una pista que seguida con paciencia
y acierto puede conducir á resultados inesperados.
Yo por ahora prescindo de las analogías léxicas, porque son
falaces aunque muy seductoras; pero estoy dispuesto á recibir-
las tan luego como se ofrezcan pruebas gramaticales fundadas
en leyes fonológicas bien establecidas, cosa que no me parece
difícil, porque la falta de prueba escrita se suple con la pruelja
hablada, y la historia de las lenguas se conserva, ya sea en su
documentación, ya sea en sus codialectos.
II
Fonología
Mucho le falta á este capítulo para ser completo; pero no
era posible demorarlo más, solo por incluir en él la última
invención que pudiere resultar de la comparación de todas las
voces en todos los dialectos; cosa que se hará mas tarde pnr
mí ó por otros mejor preparados y con mas holgura. A mi me
— 375 —
basta hubei" estuldccido de una manei'a concluyento el canon
(|ue vá comprendido en estas dos palabras:
Abipon — Hüraha — V.Wü, parada
Mocoví — Adassó — Aquella.
De a(¡uí resultan estas ecuaciones:
H = Aspiración suavísima.
R = D
H = S S
A = O
Brigniel, que es mucho mas exacto que Dobi'izhoffer, puesto
quo háraha nunca pudo ser él sentado, da la forma erajá — aquel —
el edasó — aquel — del Mocoví: a inicial es de femenino, tanto en
uno como en otro idioma. *
Abipon — HañUia — Mlla- sentada.
Mocoví — aiuiissó — Aquella -sentada.
Brigniel da añija aquella.
Con este dato, ó mas bien rastro, porque le faltaba confir-
mación, pasé á buscar otras mudanzas de igual género, y las
hallé sin dificultad alguna: Kx. gr.
Español Abipon Mocoví
ta
Nalgas — Ajapi — Ossappi
Fiierta — Ajam — Assóm
Rayo — Ajaanga — Assomgii
Estos ejemplos fácilmente podrían multiplicarse, pero bastan
por lo que respecta á nombres. Pasemos ahora á los verbos.
Abipon: 1. Hápagr'anátr'an — 2. Hapagr'anatr'añí
Mocoví: 1. S apparinactagan — 2. apparinactarní.
Ambas voces dicen, yo enseño, tu enseñas: y aquí como en el
otro ejemplo una H se muda en S, la otra desaparece. Lo cu-
rioso es que Brigniel en la conjugación Abipona hace desaparecer
una y otra H.
Antes de haber descubierto esta ley fonológica, no me ex-
plicaba cómo era que la conjugación por S en P persona faltase
en Abipon; conocía la mudanza de H en S, ó mejor dicho, de J
— 376 —
en S, pero las dos H, vina en primero y la otra en segunda
persona donde no hacía falta, desbarataban mi hipótesis, hasta
c(ue di con el ejemplo de háraha que todo lo explicaba. Dobriz-
hoffer, como Alemán, podría distinguir entre aspiraciones que
nada dicen al oído Español.
Otra cosa más se averigua de los verbos de esta clase, que
en 3""^ persona la D inicial del Mocoví es equivalente morfoló-
gico de Y en Abipon.
Arreglado este punto faltaba que darme cuenta de otra de
las conjugaciones en el Abipon, que no parecía responder á
nada en el Mocoví, y (¡ue no obstante es típica y no excepcio-
nal en aquel idioma; me refiero á los verboseen Ri de 1^ per-
sona. Aquí vino también en auxilio mió el
Háraha = Adassó
ó sea R = D
y en seguida hallé que los verbos en Ri del Abipon correspon-
dían ú los que llevan Di en Mocoví. Ex.
Aunque no lo parezca, Rihé es Dissid. La a en este ejemplo
es de verbo activo ó transitivo, porque este tema significa así
desear, en el sentido de codiciar algo, mientras que Rí/ié es — de-
sear— voló, tener voluntad — el verbo auxiliar — Dissiá se analiza
así: D = R, refuerzo de conjugación con estas letras; segunda
/ = c porque el Abipon no le rinde el mismo culto exagerado
i't la / como el Mocoví; ss = h con lo que se completa la inlere-
quivalencia de letras.
ta
Rietacha y Diocfió parecen aún más distantes uno de otro, y
no lo están en realidad. La ch en aquel ejemplo encierra un ti
y debería escribirse Rietatid, porque así lo exije la ley fonoló-
gica de este idioma, en que la ch es un chicheo de t con i. La
2* persona es Gr-etachl — tú temes.
Va\ el ejemplo Mocoví debemos también tomar la 2-^ persona
([ue dice :
D-octi-á — tú temes
Olí —
el Mocoví usa ct, donde el Aliipou iiretiere ch, la a es simple-
mente la partícula d(! verbo transitivo, vuelta ó en 1* persona;:
y la o representa la e del Abipon, que es mudanza también
entre estos dos dialectos.
Siento no tener los pocos verbos que dá Brigniel en estadO'
de poderlos utilizar aquí, pues hay variantes serias entre sus
apuntes y lo que se halla en DobrizhoíTer.
En las transiciones se vé aun mas claro la perfecta analo-
gía morfo-fonológica que existe entre los dos dialectos: los ver-
bos abipones que se conjugan por H de 1* hacen el me con Ri,
así como los Mocovíes en S, lo hacen con Di.
En cuanto á la mudanza de a en o hemos ya dado varios
ejemplos, y nos queda otro más, la terminación am de futuro
en Abipon, que es o en Mocoví. En ladom tenemos el om=am,
y no se puede negar que en la o se ha suprimido la m. Lactom
es una combinación de la, ya, con om, de futuracion; la t es simple
articulación, y la c recurso del Mocoví, en lugar del c/í/c^eo Abipon.
Como curiosidad casual advertiré que esta partícula om es
el subfijo de futuro en algunos verbos Mayas, y, sea dicho de
paso, que las articulaciones pronominales en ambas lenguas
algo se parecen, como que la influencia caríbica se ha hecho
sentir en este idioma, ó la j\Iaya sobre el Caribe.
Otro valioso ejemplo puedo dar del cambio de a Abipona,
en o Mocoví: en las transiciones la partícula final la de aquel
idioma corresponde al lo de este, que ambas significan los, caso-
régimen de 3* persona. Concluiré con el ejemplo con (jue acaso
debí empezar :
Abipon «/.-«?» = Mocov¡ occom — nosotros.
Estas mismas interequivalencias fonológicas hacen compren-
der que el Toba es un dialecto mucho mas cercano del Mocoví
que del Abipon, pues aquellos como los Mocovíes se valen de
la S donde los Abipones emplean H ó R; y como la articulación
favorita de 2-'' es la partícula ad inicial, podemos sin mas con-
siderarla una abreviación de cad, ergo equivalente á gr en Abi-
pon. Que en Toba ese sea cdá, y este, ennasú, nos prueba que
se trata de analogías Mocovíes. En mi concepto los Tobas re-
sultan de mezcla de Mocovíes con Matacos; la fiereza de aquellos
con la vileza de éstos ha producido esa mezcla de los bellacos
Tobas, que son valientes si bien traicioneros.
Con los materiales que tengo reunidos espero poder hacer
con el Abipon y Toba lo que aquí con el Mocoví, y es induda-
ble que saldrán á luz otros hechos lingüísticos no menos cu-
riosos, pues no me es posible ci'eer que se hayan agotado ya
los cánones de mudanzas tbnéticus con estas cuatro ó cinco
interequivalencias. Sospecho que la o en oa del Abipon que en
Mocoví es la v en iva, me, sea una «¿ ójj del Quichua, Aymará
etc.; y una vez que se establezca que la ^ puede ser m veremos
resuelto el problema de la ])rocedencia de la p, articulación de
2^ persona en las lenguas Mojas y Guaraníticas.
En el Araucano ya se sabe por Falkner, Pebres y otros que,
R = D = S
Ruca = Duca = Suca = casa
y es raro que en las lenguas Chaquenses el Abipon conjugue
con R, donde el Mocoví y Toba usaría D ó S.
Basta lo dicho para hacer comprender la importancia del
•estudio de las lenguas del Chaco en el sentido de la fonología
Americana. Tenemos el Toba del tiempo de Barcena 1620 — el
de hoy — el Abipon del siglo pasado, el Mocoví de éste y del
siglo anterior, y varios otros dialectos de mas ó menos las
mismas épocas, de suerte que nos será posible instituir muchos
parangones y estudiar los cambios de algunas de esas lenguas
durante mas de dos siglos y medio. Ahí veremos que estos
•cambios no son tantos ni tan importantes como se ha preten-
dido, y que en su mayor parte resultan mas bien por defecto de
oído y de lengua : nosotros oímos de un modo y nuestra lengua
no responde ni así á eso mismo que oímos, mientras que los
signos con que escribimos son insuficientes para denotar el
valor fonético de los sonidos Americanos, particularmente si
•estos se relacionan con las lenguas del Chaco.
A nosotros nos parece imposible que puedan existir estas
violentas mudanzas de letras, pero esta imposibilidad solo re-
sulta de las ideas i)reconcebidas que cada uno conserva funda-
das en el fonetismo á que está acostumbrado, y también á cierta
enseñanza errónea sugerida por los nombres y clasificación de
los sonidos y otras causas. A propósito de este punto me per-
mito hacer las siguientes observaciones.
Lo que no sea verdad no es ciencia, y no obstante esto, se
nos impone, que la t, d son letras dentales. Concedo que la d
■Gótico-Española, y la íh Inglesa lo sean; pero la / y la d francas
son linguo-palatales, y aun pueden ser linguo-labiales. Es así
•íjue se explica esa extraña confusión de las letras Mocovíes:
d. i, 1, r, II, y.
— 370 —
Todas seis pueden pronuiu-iursc mediante una aproximación
<le la lengua al paladar, mientras que sería violentísima cual-
quier ;n-ticulacion que interesase la lengua con los dientes. Al
dar nombre ú las letras parece que siempre se les ha aplicado
el del órgano principal que se emplea para articularlas, nadie
puede negar que en el caso de las llamadas dentales lo es la
lengua ¿porqué razón pues llamarlas dentales? El órgano co-
mún ;'i todas ellas es la lengua, el casual, los dientes pues
entonces son linguales y no dentales, y siendo linguales se
comprende que unas á otras se sustituyan en razón de cual-
(¡uier detecto orgánico de boca ó de oído, amen la morbosidad
innata de las lenguas todas, y de los moneos y afectaciones de
casi todo ser liumano.
Nota I — El siguiente ejem}ilo dará á conocer la confusión
que sufren las letras é, i, ó vel u :
Hervas — Adelung
)) »
Tavolini
»
Briguiel
Dobrizhoffer
Hervas
López (1888;
Nota II — Todo estudiante de esta lengua deberá tener bien
presente:
1" Que la ]\I es una letra falsa, que en muchos casos desa-
parece del todo como en Latin, y que se sospecha equivalga á
la U y B ó P en ciertas palabras ;
2" Que la combinación Ct arriesga ser una letra media entre
la gutural y la linguo-palatal;
3° Que Kam el tema radical que dice, tú, puede desaparecer
en todo ó en parte como articulación pronominal, es decir, que
la debemos buscar como
Ka. a, am, o. nada.
'4° Que lo (jue mas interesa es el punto de probar la intere-
quivalencia de la M con la U, B ó P, pues así quedarían re-
sueltos muchos problemas que conducirían á nuevos esclareci-
mientos inesperados.
— 380 —
Nota III — A projKJsito de la confusión de la R con la D,
citaré del ((Fenicia» de Rawlinson las formas de estas letras eii
la remota antigüedad.
Letra Fcn!c-¡:i (¡riego antiguo Hebreo antiguo ^loderuo
R ^ q ^ <qp> 97 L
Estos signos son sacados de las inscripciones, así (jue son
de la mayor importancia, y nadie podrá negar que en algunos-
casos son letras idénticas. La media luna negra A es la T'
egipcia, que es la D ó R fenicia, con mas una cola ó pié.
Nota IV — En Cliiriguano.
El P. Manuel ^'iudes en su ((Arte de la Lengua Guaraya »
(Bib. Mitre), dá las siguientes equivalencias entre otras mu-
chas:
Nadie podrá negar la importancia de estos ejemplos tra-
tándose de lenguas vecina.s de las Ghiriguanas en que se ad-
vierte un fonetismo muy parecido.
III
Morfología
Parece imposible que el marciuagimín do lenguas Sud-Ameri-
canas sea susceptible de una clasificación cualquiera, y mucho
menos si ha de ser ella sencilla; pero la verdad es que si nos
limitamos á los grupos típicos y prescindimos de excepciones,
la tarea no es ni ardua siquiera. Podrá decirse que solo se
encara la cuestión del punto de vista moderno, pues que pre-
cisamente en las excepciones y arrinconamientos debemos bus-
car los restos de razas y lenguas mas antiguas; ]3ero á esto
respondo (jue el problema debe atacarse, por el lado de lo actual
— 381 —
y fácil, que solo asi llegaremos á la preparación que requiere
la otra parte de este estudio.
Buscando, pues, lo fácil y comprensible, he tratado de limi-
tarme en lo posible á la morfología de la articulación pro-
nominal, como única regla que debe conducirnos al objeto de
nuestras investigaciones, la clasificación científica de las len-
guas americanas en general y argentinas en particular. Con
este propósito he consultado y compulsado un inmenso número
■de vocabularios y aries de las lenguas de nuestros indios, y he
podido llegar á sintetizar de esta manera: que en América rei-
nan dos tipos, uno en el Atlántico y otro en el Pacífico, pero
con esta advertencia, que en la forma que conocemos los idio-
mas, no se debe suponer que se linllen ni unos ni otros libres
de mezclas.
El tipo Atlántico debe considerarse aquel en que la articu-
lación pronominal es inicial, y sus rhejores tipos son el Algon-
quin en el Norte, el Guaraní, el Mojo en el Sud.
Por el contrario, hacia la parte del Pacifico encontramos las
lenguas que postergan su articulación pronominal, como por
ejemplo el Quichua, el Aymará, el Chileno.
A nadie puede ocultársele la importancia típica y numérica
de los ejemplos que citamos en estos grupos; pero hay que
confesar que nos queda una muy conocida familia sin la cual
ninguna clasificación puede llamarse completa, y es la Caribi-
ca, acaso la mas trascendental de ambas Américas.
Geográficamente hablando, el Caríbico se interpone entre los
dos grupos. Atlántico y Pacifico, y lingüísticamente parece que
debería ocupar el mismo lugar, desde que su morfología arti-
cular se ajusta á los dos tipos, es decir, que tanto puede antici-
par como postergar su articulación pronominal.
Pero, ante todo, precisemos nuestra nomenclatura : Caribicos
llamo yo á esa serie de dialectos de los cuales el Caribe es
uno; daremos aquí algunos de los más conocidos:
IDIOMAS CARÍBICOS
Caribe, Cumanagoto,
Galibi, Piritu,
Tamanaco, Chayma,
y un sin número mas, cuya palabra característica es tona, que
dice agua, y su pronombre de segunda amore, arnuere, amanle, ó
algo que se le parezca, y su índice radical m en las posesiva-
ciones de la misma persona.
— 382 —
Estos dialectos poi-ccc qu(3 descienden de una lengua, origen
de todos ellos, de la que también debemos suponer que se de-
i-ivan el Guaraní y lenguas del Chaco, pero actualmente no me
es posible inclinarme á ninguna como mas típica del original.
Para evitar, pues, confusiones y conservando siempre la raíz
cari que parece ser eminentemente Americana, llamaremos á
esa lengua madre que tantos rastros ha dejado. Caria, nombre
adecuado, porque se relaciona con el que los primeros españo-
les daban á los indios guaraniticos de mejor índole, y que pa-
rece se arrogan para sí todas las razas americanas que se esti-
man en algo. El (juicliua le dice al hombre ó varón Ccari; el
Abipon llama al gigante Carigo; por último, en 1.561, don Fran-
cisco de Villagra al extender el título a favor del capitán Juan
Jufré, habla de « Casiangasla, que por otro nombre llaman
Tucuman», que mas abajo ya está ((Caria ó Tucuman», y
nuevamente « provincias de Cuyo, Caria, Famatina, Tucuman, é
Nocongasta », Trelles, «Rev. de la Rib. de Buenos Aires», t. 2,
pp. 112 y 122.
Lo que mas importa es que se elija un nombre que na
aumente las confusiones, y casualmente el nombre de Caribe
sería el peor de todos, por cuanto pertenece ya en particular
á un grupo que está algo distante de ser el mas típico. Acaso
con el tiempo resulte que el Tamanaco ó algún otro conserve-
mas rastros del idioma primitivo. Por ahora llamaremos á
todos los dialectos que tengan analogías Carias, lenguas Carí-
bicas, de suerte que al Galiln y Caribe les cabrá íamliicn este
caliticalivo.
Las lenguas Caríbicas, como sus ]>rimas y cuñadíis las
Guaraníticas y Mojo Maypures, son esencialmente Atlánticas
en su tipo de origen, porque su tendencia es á prefijar la arti-
culación pronominal; pero ellas á la vez adolecen de otra espe-
cialidad morfológica, y es la mezcla idiomática.
El Guaraní en singular tiene i)ronombres propios, mas 6
menos Caríbicos que á la vez le sirven para posesivar.
1. Che — 2. N de — 3. Y etc
Pl.l. Ore (nosotros, pero no vosotros, ni tú)
En el plural:
1. Xande (inclusive) — 2. Pe.
introducen la articulación Moja de singular:
1. N — 2. P.
— 383 —
La articulación inicial que corresponde á la fleccion verbal es:
1. A — 2. Ere — 3. O.
Pl.l. Oro (Ex)
NavelYa(Inc)
Pe — 3. O.
Aquí notamos Caribismo en el singular y Mayijurismo 6
sea Mojo, en el plural.
Pasemos ahora al Garíbico. para lo cual me valdré siempre
del folleto del señor Adam « Du Parler des Hommes». Este
autor ha probado que el Caribe mezcla dos idiomas, el Caribi-
co con el Arnaco, según el, ó mas Ijíen con el Mojo-Maypure,
produciendo así esas hablas varonil y mujeril que tanto llaman
la atención. La articulación característica del habla mujeril es
la siguiente :
1. N — " 2. P.
Pl. L W —
Estos índicas estiín delatando su origen, que es del grupo
jMaypure ó j\Iojo. El Arnaco sostituye d por n en primera per-
sona, diferencia que deberá explicarse al instituir la compara
cion; pero esta falta no afecta el argumento del señor Adam,
jiuesto que el mismo Arnaco pertenece al grupo Maypure.
VA Caribe, como todos estos dialectos, es rico en articula-
ciones para nombres y verbos, pero la típica del habla vyronil
son los prefijos :
1. Y — 2. a — 3. 1, (fem. t)
Pl.L K —
los mujeriles son :
1. N — 2. b (=p) — 3. 1, (fem. t) •
Pl. W(=U ó B).
Las articulaciones del balóla varonil ¡lueden considerarse
típicas en los dialectos Caríbicos, incluyendo entre ellos el Ru-
cuyena del señor Luciano Adam, aun cuando en tercera persona
use ch para' expresar sit.
El Galibí usa esta fórmula (« Lenguas de Guayana». Adam):
1. E(=I) - 2. a — 3. o
En el paradigma que el señor Uricoecliea incluye en su re-
publicacion del Arte Goajira (codialecto según parece del Arnaco)
— 384 —
■escrito por el P. Celedón, vemos (jue la U de primera y K de
.segunda alternan con la Y, A de las mismas personas.
La articulación inicial es varia, pero siempre inicial.
Todos estos idiomas observan la morfología Atlántica, es
decir, prefijan su articulación, pei'o con esta singular excep-
•cion, que el Caribe también la subfija, pues dice:
(1) N- aronca-i -em
aronca - n - i - em
Yo duermo, etc.
Hemos visto que estas tribus Caribicas se inclinan mucho
A la adopción de formas gramaticales de otras lenguas, pues
solo así se explican las dos hablas del Caribe, y las variantes
■entre las dos articulaciones, la verbal y la de nombres. En el
grupo IN'Iojo-jNIaypure, una y otra son idénticas, y no puede
•darse un mecanismo mas sencillo ni mas armonioso.
Aquí cabe una comparación muy curiosa, y para evitar
■citas y repeticiones, me refiero á la preciosa obra del señor
Codrington sobre las lenguas Melanesas, págs. 100-133, etc.,
■donde se podrá ver todo el asunto tratado de una manera ma-
gistral, y sin tendencias á probar analogías con las Lenguas
Americanas.
Dice nuestro autor (jue las articulaciones pronominales
1. u — 2. K o — 3. y
1. Ku — 2. mu — 3. na,
deben reputarse distintas, y pasa en seguida á darnos cuenta
de esta segunda serie,
1. Ku — 2. mu — 3. na
■que con razón lo llama la atención, como que no se trata de
formas excepcionales, sino al contrario, «Pues á todas luces
« es propiedad común en todos estos archipiélagos, lo que une
' 1 ) Obsérvese aquí el refuerzo verbal por N.
385 —
« las lenguas unas con otras de un modo digno de toda aten-
« cion. Sea cual fuere su procedencia y el camino por donde
« entraron á su actual distribución, está de manifiesto que
« estos pronombres se hallaban entre ellos antes de la sepa-
« ración. Este es un punto de sumo interés, en razón de los
« pronomlires de Khamti, (una de las lenguas del Tai en el
» continente asiático), á saber:
1. Kuu. Yo
2. man, Tu — 3. man. El».
Estos archipiélagos son los Polinesios, Melanesos, Microne-
sos y Malayos, de suerte que su distribución no puede ser mas
vasta; y aun sus variantes son significativos: de éstas solo ci-
taré algunas de las de primera persona :
Go, Ng, K,
Gu,
N.
Es Codrington mismo que dá la tVirmula general, y agrega
que sus articulaciones finales, desde luego presentan analogía
morfológica con nuestro grupo Pacifico-Americano, que subfija
estas ú otras partículas.
Compárese la serie Oceánica con la Caríbica, y se verá que
hay identidad entre casi todas las personas, hallándose la mayor
diferencia en las primeras personas, (¡ue por alguna i'azon en
que no es del caso entrar, es bastante varia aun en esos idio-
mas reconocidamente parientes cercanos.
Lo que importa saber, es si la siguiente fórmula es ameri-
cana típica de la región Pacífica :
1. N, H, T — 2. M — 3. N, Y
No cabe duda que lo es. En Méjico y en California, la halla-
mos con morfología Atlántica, es decir, que la articulación es
inicial : y en Sud-América es aun mas común y usada de ambos
modos. Yo he hecho un estudio prolijo de las principales len-
guas del Norte y del Sud, y en toda la región Pacífica y sus
inmediaciones, encuentro la M como letra característica de se-
gunda persona. Daré una lista, que está muy lejos de ser
completa :
Chibcha
Quichua
Aymará
Araucano
Patagón
Lenguas Caríbicas
Mosetonas
Chiquitas
del Chaco Abipon
Lule de Machoni
Chana Oriental.
»
»
»
»
Tomo IV.
29
— 3SG —
Para que el grupo Mojo-Maypure entre en este catálogo^
sería preciso probar ([ue
P = AI,
cosa que sospecho, pero no me basta esto.
El Aymarú invierte el uso de sus ai-ticulaeiones, cosa muy
digna de ser estudiada, porque es una lengua que parece arcaica:
Subtijos posesivos: 1. Na. Ha — 2. Ala — 3. Pa
» verbales: 1. Ha — 2. a — 3. N vel Y.
El Quichua es occidental en su morfología, aun cuando su
sistema pronominal tenga mucho de Algonkin, y en su mérito
deberíamos encontrar algún rastro de Aymarismo, adonde siem-
pre conservan las lenguas sus fósiles léxicos, en las palabras
compuestas. Combinaciones llamo yo á los pronombres Ñokha,
yo; Kham, tu; Pay, el; y desde luego en razón de la morfolo-
gía quichua, las partículas finales deberían representar algo de
importancia idiomática. Estas tres voces pueden analizarse así:
Ñokha — N(i)-F Yo (k?j-f ií«
Kham — K vel J(a) -f a»!
Pay — Pa -f. .?/
Residuo final:
Quichua I. Ha — 2. am — 3. Y
Aymará 1. Ha — 2. a — 3. Y
V.n las lenguas del Chaco advertimos la caducidad de la K
ó H inicial y AI final en el pronombre ahani de segunda per-
sona, y desde que el Aymará gradúa así:
Huma — f/i
ma — itiyo
a — terminación rerbal de segunda.
justo es sospechar (|ue el am Quichua y el a Aymarú sean una
misma terminación.
La N en Quichua es el ])ronoml)re nato do torcera pci'sona,
usado en su posesivacion, y en general, como la usa el Alemán
l)ara refuerzo. Que el Quichua use esta suerte de articulaciones
como finales de verbo poco significa, porque asi sucede en
todos los idiomas, y en los de Oceania, como lo hace notar
Codrington, esta misma serie:
1. Ku — 2. mu — 3. na
I
— as? —
tiene su uso restringido en óiganos de los grupos, cuando no
en todos, y siempi-e variada, no uniforme, la restricción.
]'j\ ([uii-liuiznnte ai'genlinii lia sil)ilado la H, produciendo s?íc
y sacha por /uic y Iiaclia; el Aymará en el plural de su iífí hace
S8a para decir intestro, de suerte que comprendemos cómo el
Mocoví ha podido derivar su fleccion verbal
1. S — 2. O — 3. y,
iniciales de un tipo Aymará,
1. Ha — 2. a — 3. y,
finales.
La o del Mocoví es una a del Abipon; y aparte de esto, pa-
rece que el pronombre akami puede perder todas menos w alguna
de sus letras, según exigencias dialécticas, razón por la cual
el Mocoví en muchos, mejor dicho en los más de los casos, se
limita al subfljo i de segunda persona, especialidad esta á que
me referiré mas tarde.
1mi üobrizhoffer se vé la identidad de la ileccion verljal Abi-
pona y Aymaní, atentas las respectivas morfologías.
Abipon: 1. Hakaleent — 2. Hakaleenchi — 3. Yakaleént
Partículas 1. Ha — 2. Ha — 3. Ya
ó sean i. Ja — 2. a — 3. Ya
Aymará: 1. — ha — 2. — a — 3. — y
Brigniel trae unas variantes muy curiosas, por e¡emi)lo:
A'erbo Volver
1. auiguilat — 2. uiguilachi — 3. yuiguilat
"\^erbo Poner arriba
1. ajañiguigam — 2. añiguigam — 3. ayañiguigam
Aquí se vé cómo el Abiiion también puede perder el prefijo
de segunda persona: en el primer ejemplo:
1. A (por Ja) — 2. — (por ha) — 3. y
en el segundo:
1. Aja — 2. a — 3. aya
(II Una aspiración casi muda pueile i'epresentar pl último recuerrlo de esta
letra.
— 388 —
El señor Adam nos ha hecho ver cómo los Caribes con sus
pronombres posesivos
1. Y — 2. a — 3. 1 vel t,
adoptaron una fleccion verbal extranjera, y en este estudio he
indicado cómo los indios del Chaco con articulación posesiva
1. Y — 2. Ca, A, Ad — 3. 1,
han podido tomar del Aymará ó Quichua su fleccion verbal
1. H vel S — 3. A, vel O, vel (— ) — 3. Y.
Las demás lenguas caríbicas también usan la misma arti-
culación posesiva
1. Y, E — 2. A, Ad, O — 3. Y-ch-T,
y para su fleccion verbal se valen de la serie
1. S, Gu, Hu — 2. M — 3. N,
que corresponden al tipo occidental ó Pacífico, y al Oceánico.
Parece, pues, que queda probado que en su morfología, y
hasta en la identidad de articulaciones, las lenguas del Chaco
pertenecen al grupo Caribico.
Concluiré esta parte del capítulo con el cuadro de las arti-
culaciones pronominales de las lenguas Caríbicas y Chaquenses.
CUADRO DE ARTICir.ACIONES
(1) En los Chiquitos «Mitridates» de AJelung.
(2) También Cad y Arel.
— 389 —
Ya se ha dicho que la D Mocoví es mudanza de R, y es
probable que lo mismo suceda en los demás dialectos, en cuyo
caso uno y otros todos se relacionan con la R de segunda per-
sona en Guaraní ; y como la L en Caribe es mudanza de R, nos
explicamos el Amanle, tú, de este idioma.
Para mayor claridad adjuntaré la gradación del Khaví — tú
en la América del Sud por ser esta una palabra trascendental.
GRADACIÓN DEL PRONOMBRE DE 2^
Resulta pues que la M es recurso gramatical de las mas
importantes lenguas de la América Occidental, como lo es tam-
bién en casi toda la Occeanía, y en ambas regiones significa
til ó tiujo: su uso morfológico en América se ajusta á los dos
tipos porque la hallamos como prefijo y como subfijo, pero
prevalece el uso Atlántico, como que parece que las razas Ca-
ribicas sean ó no de ese tipo, desciendan ó no de los Garios,
lo adoptaron y propagaron.
A lo que se vé, las hordas Caribicas debido acaso á su cos-
tumbre de matar hombres y apropiarse mujeres, siempre han
tenido facilidad de cambiar )■ mezclar su idioma.
Podemos admitir que existe una gran diferencia entre Oriente
y Occidente por su morfología distinta, y también por sus pro-
nombres de 2* persona que en la región Brasilica son,
— R vel D —
y en la Andina
K vel A, vel M
tres letras que forman el Kam.
Se ha hecho observar que las tribus Caribicas son inclinadas
— 390 -
á las mezclas y á api'upiarse lodo lo ajeno, y asi encontramos
que sus pronombres de 2'' persona son:
Cariljc Amanle
r^ ., ■ ,1 Amuore
Canbico en General } .
^ \ Amore
voces en que se vé la combinación de M con R, ó sea de los
tipos de Oriente y Occidente. El pronombre por M se encuentra
bajo las formas:
Am, Ma, Um, Mu etc ;
las vocales parece que son simplemente eufónicas.
El Mocoví y sus codialectos también mezclan sus articula-
ciones, pues la forma Cad en todas sus modificaciones C, A,
Ada, D, Gr, Rd, etc., no pasa de ser un
K + R
en que K es sincopacion de KAM: el Mataco, Toba y Abipon
nos enseñan como puede enfermarse y desaparecer esta partícula.
Akami — de mi —
ka — tui/o — Mocoví
ham — tú — Toba
am — tú — »
am — tú — Mataco
a — tuyo — »
h — tú — Abipon
Supresión completa. | . . | »
con i final. ] \ Mocoví
IV
Afinidades del Mocovi
¿De dónde proviene el Quicliuismo y aun Aymarismo del
Mocoví? Este es el i)unto que trataré de dilucidar en esta sección.
Que Quichuismo haya, no se puede dudar por un solo mo-
mento. Ya hemos visto que uno y otro idioma usan la y de
posesivacion, el Kham — tu — el ha y el sa, el a, la y etc., como arti-
culaciones verbales; y no concluye aquí el catálogo de analogías.
En Mocoví ek es terminación individual, como que en Qui-
— 391 —
cima k ó que lo es también. Qitiqui — mismo — en este idioma se
compara bien con el queque relativo de acjuel; pero aún más
importantes son los siguientes ejemplos.
En Mocoví ecca, cuna y yijijoa son demostrativos que según
la correspondiente morfología nacen de la C ó Ca, N ó Na y de
y. I']n Quichua encontramos,
Ca )■ Cay — artículo y demostrativo
X — articulo y posesivo de 3^
N a — patiícula de pluralidad en
cuna.
Y — partícula de 3=^ persona
que se usa en los llama-
dos infinitivos, en los
patronímicos Catamar-
canos con^o en Camisay,
Hualinchay etc. , y en
com b ¡naciones como
Chindiaysuyo, etc.
Lo primero (¡ue el estudiante de Quichua advierte es el uso
general de la N y del Ca como demostrativos de 3^ persona.
Que son Aymaraes también lo vemos en la terminación de flec-
cion verbal na y en la partícida de jjluralidad naca en que van
combinadas las dos sílalias, rumo en el inglés children, que du-
plica su plural, haciéndolo con er y en (¡ue son demostrativos
de 3'' persona. En castellano nómina es ahora un singular, que
puedo hacer nóminas, y resultaría asi un plural doble mediante
tres articulaciones pronominales, n, a, s.
Va\ ]Mocoví ecca. enna con ¡jijyoa son jironombres de un uso
lo mas general: la c inicial es simplemente fonética, mientras
que en el tercer ejemplo la terminación oa es de pluralidad.
El pi'onombre y de 3" persona es uno de los mas fuertes de la
América entera: lo encontramos en Méjico, Yucatán, en toda
la i'egion Caríbica, en la Andina, en fin, puede llamarse univer-
sal. Otro tanto casi }iuede decirse de la N, y no mucho menos
de la C. Podría entonces sospecharse que no fué del Quichua
sinii del Cario, ó primor idioma que los hubo el Mocovi, pen)
precisamente porque tanto uso hace de todos tres, debemos
creer que la balanza .se incline al Qüichuismo. El Caríbico no
ostenta esta particularidad, y seguramente si fuese elemento
Cario debería existir allí también: en esos dialectos encontra-
mos dos pero no tres de estos índices, y esta es una razón
<|ue abona en favor del Quichua — Aymarismo.
— 302 —
En realidad sorprende que siendo la P un índice tan impor-
tante de 3" persona en Quichua y Aymaní no lo hallemos también
en Mocoví; pero un rastro de tal pronombre lo distingo \o en
el oa, terminación de plural y déla voz aloa — tierra. Este o« es
el lina Caríbico, pronombre de 3" que en Aymará también se
encuentra como lina; la siguiente gradación es muy notoria :
liua — ba — im.
La analogía morfológica que existe entre mana allí — malo = no
bueno — y xcauen — malo=no bueno — sola nada importaría, pero
como un ejemplo más no deja de adquirir valor acumulativo.
La voz tanta es fácil que haya sido introducida de Santiago,
pero no así el verbo inniapelc — decir — cuya raíz es inni — decir
el ñi — quichua, con la e eufónica asimilada, y el ajielc — estoy —
pues inniapek equivale á estoy diciendo.
Este es un verbo que no se les cae de la boca de los Qui-
chuas, y que ha pasado al Castellano vulgar en el perpetuo
dicen con que salan la conversación, y en la frase ¿qué diciendo?
que equivale á un simple ¿por qué? Este es uno de aquellos
verbos cuyo uso debe ser antiquísimo, por la misma naturaleza
de su valor léxico, y por el uso vicioso ú que se presta, y á
que son tan adictas todas estas gentes.
\^erbos como occoranüi — bautizar- ó Icliococtarni — confesarse
presentan también analogías, que no pueden ni deben reputarse
casuales. La primera voz contiene la raíz occo que dice mojar
en Quichua, y el verbo tal cual en Mocoví se usa con la pa-
labra cabeza de suerte que en realidad significa mojar — cabera —
modo muy Mocoví de expresar lo que se hace cuando se cris-
tiana. Sensible es que no tenga las correspondientes palabras
en Toba y Abipon('): jiero nadie puede negar que la voz sea
Quichua; aliora la cuestión seria entre Santiago y el Perú.
Icliococtarni es otra voz singularísima, porque representa
una tradición y una tradición curiosa. Ningún doctrinero
verdaderamente impuesto en Quichua, la hubiese introducido, y
no consta que Tavolini fuese Quichuizante; pero es el caso que
esta voz la tenga en mi extracto de Brigniel bajo las formas
Icliaeatan — yo me confieso — é, ychat — yo confieso. En Quichua
la palabra se refiere á un rilo de la superstición Peruana:
ichucu — consultar el hechicero pajas.
ichuchi — confesarse con los hechiceros.
ichu — i^fly'« heno cortarla.
(1) En Abipon Yc/iacatan es — -yo mo confieso.
— 393 —
Los penitentes decían sus pecados á un puñado de heno y
este se arrojaba al rio. Por evitar confusión con esta ceremonia
los Doctrineros usaban la palabra confessacuni.
El tema radical Mocoví es — Ychoco lo demás es partícula
verbal. En cuanto al origen de la palabra no cabe la menor
duda; y el canon establecido que en Abipon a = o en Mocoví,
es una prueba acabada de que los dos dialectos adoptaron la
voz antes de su separación: esta debe haber sido bastante re-
mota por cuanto las palabras que dicen bueno y 7nalo en ambos
se distinguen de una manera inesperada, dado el íntimo paren-
tesco de los dos idiomas.
Mocoví Abipon
Noen — Bueno — Ariaic
Scauen — Malo — Naá
Sea — No > — Igná
El Toba aquí nos presta un importante servicio como se
verá en seguida:
V
Morfologia fleccional
Aun mas curioso que todo esto es la morfología fleccional
de nombre y verbo, por lo que respecta á la terminación de
segunda persona en L Esta singularidad de ninguna manera
puede llamarse Caríbica, ni apunta en otra dirección que al
Quichua.
FORMA MOCOVÍ
Nombre con tema cualquiera
1. Y -tema — 2. --r- tema -i — 3. L-tema
Verbo con tema cualquiera
1. S-tema — 2. tema -i — 3. Y -tema
1. S-tema — 2. O -tema -i — 3. Y -tema
¿2. Am -tema-i —
1. Ni -tema — 2. N- tema -i — 3. N-tema
— 394 —
FORMA QUÍCHUA
1. Toma-n-i — 2. Temn-n-qui — 3. Tema-n
Las de arriba son las formas típicas en uno y otro idioma
y se comprende que un ablandamiento del Id Quichua, pueda
resultar en la i final del Mocoví.
Gradación de Id = Qui
Ki > Hi > 'i
La N que en (juíchua es un simple refuerzo de conjugación
lo es también en Mocoví, si bien en este idioma con cierto valor
reflexivo de que carece aquel; pero es curioso que prefijando
una de las sílabas pospuestas en cada persona, queda como
residuo la i final de segunda, anomalía que no se explica de
otra manera.
Ahora naturalmente, falta que saber si esta mezcla se debe
ü contacto con las tribus Quichuizantes de Santiago ó con las
del Perú. Aun antes de conocer las lenguas del Chaco, he su-
puesto que los Quichuas de Santiago provenian de la región
Cacana ó Calchaquina obligados á trasladarse á Santiago \)ov
la gran seca de 1532 de que habla Lozano en su tomo W, p.
25, y hoy me inclino á creer lo mismo, pero en cualquier caso
se me concederá que la procedencia del quichuismo en nada
afectaría el argumento, siempre que se admita que existe, por-
que a priori tan podria resultar de contacto con Santiago como
con el Perú.
Toda dificultad se salva si suponemos que los Chaquenses
son descendientes de los Chancas, esos indios Piernudos, indó-
mitos, que arrancando del Perú se lanzaron sobre los Chacos,
tocando las cordilleras con su flanco derecho. El Inca Garcila-
so nos dá toda la historia; Montesinos cuenta
que hordas Caríbicas (de Tierra Firme) y Gua-
raníticas (del Brasil) invadieron y se estable-
cieron en el Perú, mas ó menos al entrar nuestra
era. Los petizos Peruanos por algo llamaron á
los de Andahuailas Chancas, piernas, como que altos y pier-
nudos son los del Chaco, y mil trescientos ó cuatrocientos años
son mas que suficientes para que un dialecto Caríbico se im-
pregne de voces y giros Quichuizantes, máxime cuando estos
eran mas civilizados y acaso descendían de hordas anteriores
de la misma estirpe. Los Latinos (Arianos) se sobrepusieron
á los Etruscos (Non Arianos) y de la mezcla salió el Latin,
Garcilaso
de la Vega
Chancas
— 395 —
<|uu no es ni Griego ni Sánscrito, pero que no deja de ser co-
Ariano; mas tarde vino la invasión teutónica, también co-Ariann.
se impuso al latin y de la mezcla resultaron los idiomas neo-
latinos.
Los mismos (|uipas de los Quichuas nos cuentan como ellos
se llevan 111 la peor parte en el gran descalabro en los primeros
siglos antes y después de nuestra era; y todos estos idiomas
revelan una base uniforme y común á todos, c[ue debe venir
(le siglos muy remotos. Los Guaraníes y Caribes pueden muy
bien poseer y hablar un idioma que no deba su origen á eso
salvajismo que nosotros conocemos. El salvaje embrutece al
civilizado cuando lo vence, si bien n la larga éste reacciona y
se produce la reconquista iutelectuu!.
En Inglaterra hemos visto algo semejante. El Anglo-sajon
era mas instruido y mas civilizado que el Normando y que los
Escandinavos que los vencieron. í^or siglos pareció que el
latin y el francés suplantarían el inglés, y con cuatro siglos
más encima se trata vii de ([uo el inglés vasrdlo expulse á su
señor Normando.
La Europa entera e^tá llena de conquislas de razas Arianas
sobre razas Arianas con intervalos de miles de años.
No hay, pues, nada histórica ni étnicamente imposible en
la hipótesis de que la / do primera y /.• de segunda pei'sona en
Quichua y Chaquensc tengan un solo origen, y ese inmediato
al Caríbico.
En el pronombre Iim¿ tenemos dos letras advenedizas, cosa
fácil de probar desde (|ue el femenino es aniii. La i' no pasa
de ser la partícula e eufónica que se muda en /, porcjue la sí-
laba siguiente también la tiene. Esta n como ¡)ronombre de
tercera persona es generalísima en todo el Chaco como tam-
bién en Quichua, porque si bien pa;/ es el, el subfijo n es de el:
asi. Yaya - n, seria del padre.
En ambas lenguas la ii sirve de refuerzo verbal, y en Qui-
chua á cada paso, para evitar cacofonía, lo que solo se com-
prende de una articulación rpie sea pronominal, y desde luego
abstracta.
En el plural, mientras el Abipon usa akdm, nosotros, y
aJcamiji, vosotros, solo distinguiendo las dos personas por la yi
final en la segunda, el Mocoví emplea dos palabras á la simple
vista distintas:
r r
1. üccom 2. Accami
Mas adelante se establece que la a Abipona á veces se pre-
300
senta como o jNIocoví, desde luego occom no es mas ni menos
((ue accam, si bien este idioma se vale de una variante dialéc-
(¡ra pai'a acentual' más la diferencia de pci'sona. En los plu-
rales de verbos encontramos occo y acca como pai'tícidas mediales
de refuerzo, lo que conlirma esta liipótesis.
El yyyoa. ellos, enciei'ra tres y, una que corresjionde á la i
inicial de inni, otra á la segunda i de la misma palabra, y
finalmente la del medio, que se parece á la y Índice fleccional
de tercera persona en un grupo de verbos. La y como letra
caractei'ística de tercera persona es muy general; el Chaima,
el Cumanagoto, el Guaraní, el Cbiquito, el Aymará, el Quichua,
etc., etc., todos la usan. En el Quichua se advierte en la ter-
minación y de pay, cay, etc., de los infinitivos nunia-y. el
([uerer, y en expresiones como esta: Chincha- y-sny o, la región
de Chincha.
La terminación oa es de [ilural, y la encontramos también en
cccuá de eccá. Parece que representa otro jironomlire de tercera
con cuya acumulación se produce un plural, el pa, él. del Qui-
chua, Aymará, etc. Que esto ])uedo ser asi se desprende de lo
siguiente :
Chaquense: alloa — tierra
Quichua: allpa — tierra
Barcena escribe aUuá; vo lo oi al toba Lo[>oz aloá; Dubri-
'«^
zhoffer ó sea Brigniel trae aloa en Abipon; Tavolini da alará,
pero á la par tiene aloá, orljo, i. e. la Tierra: del Lengua nada
conozco que se parezca, ni del Guaycurii tampoco. De estn po-
dría deducirse que la voz es tomada del Quichua, lo que es
altamente probable, pero tanto mejor porque nos probaría que
el Chaquense oia oá ó uá cuando el Quichua decía pa tanto el
pa como el ua eran pronombres y podían suiíHi'se uno á otro.
Como se verá aquí, mucha importancia se asigna al meca-
nismo pronominal, como que así debe de ser; con el tiempo
se convencerán todos (¡ue en los pronombres está la verdadera
i-lave de la clasificación en América, porque á ellos y no á
otra cosa se reduce casi todo lo que en este mundo nuevo se
llama gramática. El lexicón de ellas puede variar por mil mo-
tivos, pero no así sus pronombres; y es por esto que adverti-
mos grandes rasgos de analogía pronominal donde no se en-
cuentra mayor uniformidad léxica.
La morfología i)ronominal es el ininto mas imriortanto en
— 397 —
las lenguas americanas, y no desespero de verla reconocida
como única clave (jue pueda resolvernos el problema de esa
red enmarañada que ha puesto á raya tantas investigaciones.
Este capítulo que trata de la morfología podría hacerse ex-
tensivo á toda ó á la mayor parte de esta Introducción, pero he
preferido limitarlo á estas observaciones preliminares, debiendo
pasar en revista todas las demás partes de la oración, en el
orden en que ellas se encuentran en mi Ensayo Gramatical.
Donde todo es nuevo y difícil, cuesta limitarse en lo que
corresponde á lo que se llama «Arte» de un idioma según los
modelos que corren; los mismos padres Misioneros rehuyeron
la responsabilidad de reducir á regla lo que verdaderamente
parecía una masa informe de datos, que mas de una vez ha
sido clasificada de inorgánica, es decir, irreducible á la forma
gramatical. O se ha perdido mi tiempo, ó he acertado á poner
ley, ó, mejor dicho, á descubrirla donde pai-ecía que ninguna
cabía, y con este principio veo abrirse un horizonte muy vasto
á la Filología Americana. Hay mucha mcás armonía lingiiística
en nuestro continente que lo que se ha pensado; y de las
grandes agrupaciones que es])ei'o poder establecer tal vez re-
sulten analogías en que no habíamos soñado.
Mi método se reduce a ordenar todo en tablas ó paradigmas,
y de alli pasaré á comparar los resultados con formas análogas
en los codialectos. De esta manera una forma normal en el
dialecto de que se trata, puede pasar á ser típica en un grupo de
ellos, y en tal caso desaparece el último preteslo de llamarla
inorgánica. La base científica se ha asegurado estableciendo
ciertas leyes de mudanzas fonéticas que mas tarde serán de
aun mas general aplicación.
Tengo estudios muy serios hechos sobre el Abipon y Toba
pero no era posible entrar de lleno en el fonetismo de estos dos
dialectos, y me he limitado á citar uno que otro ejemplo, que
sin duda despertarán el interés de todo verdadero americanista.
La morfología y fonología de las lenguas del Chaco son de
un interés trascendental, y ponen en peligro axiomas de lin-
güística muy recibidos en Europa. Los filólogos europeos ful-
minan excomuniones contra los que se atrevan á creer que
una Gramática pueda ser mezclada. Yo no creo nada en mate-
ria de Filología, que no se funde en los hechos. En América
tenemos el Caribe que mezcla sus hablas, y desde luego sus
gramáticas; y también las lenguas del Chaco, cuya articulación
pronominal compleja no puede tener otra explicación que la de
mezcla de idiomas y de Gramáticas.
- 308 —
Parece (jiie es uno de los misterios Je la uiort'ología (lurí-
hica que buscan su articulncion pronominal, de una parle pora
los nombres y de otra pai'o los verbos: esto mismo se advierte
en las lenguas del Chuco. El Mataco, Mojo, Baure y Maypure
por el contrario son lógicos en su gramática, pero el Mataco
lingüísticamente hablando está mucho mas cerca del Mocoví
que el Mojo. Mas de una vez se ha dicho, pero no está demás
repetirlo, (|ue el Toba es un término medio entre el Moco\'í y el
Mataco, y este entre las lenguas del Chaco y el Quichua.
Yo nunca hago uso de la voz Turánica para expresar las
lenguas non-Arianas, porque veo que no se ha hecho lugar
entre los hombres de la ciencia; pero porque algo debemos
decir, y poi-que non-Ariano es algo lato, diré que el Mojo y
sus codialectos son idiomas de una sencillez Turánica, mientras
que las lenguas del Chaco en cuanto ú la dificultad de su mor-
fología podían muy bien ser Arianas. Las lenguas Célticas son
Arianas, y si me diesen á escojer entre ellas y las del Chaco,
no sé por cuáles me quedaría. La mejor pruel)a que podemos
tener de la complicación morfológica y fonética de aquellas, es
el hecho de que en un principio fueron excluidas de la familia
Aria na.
Hoy ya vemos en Europa levantarse otra nubécula : un sa-
bio inglés proclama que los Fineses y los ^'ascos son prc-Aria-
nos, y que de ellos partió la raza Ariana. Mañana tendremos
(|ue confesar que son lenguas hermanas, y mas tarde vendrán
otras sorpresas. Yo confieso que los pronombres Fineses ^'as-
cos y Húngaros son muy sospechosos, y espero con gusto y
sin i'ecelo el resultado de la batalla que se libre entre los Eu-
ropeos acerca de ese sistema de Filología á lo Lineo, que pre-
cursor del sabio de Candolle, hizo mucho pero no el toilo por
la Botánica.
En aquel continente, las seis letras d, t. I, r, n, y, jnieden
ser pronoml.ires de tercera persona.
Der, tlid, el, er, en, y, f, final de vei'bo
En inglés tenemos que Child es niño, en alemán lünd: este
hace Kinder en plural, mientras que el inglés hace childrcn, es
decir cr-f e?¿, ó sea acumulación de ¡¡articulas, ¡¡recisamente lo
que sucede en Mocoví.
Resulta, pues, que en europeo y en chaquense tenemos pai"-
tículas que morfológicamente hablando son idénticas: no se ha
probado que lo sean también fonéticamente, pero mientras que
— 399 —
no se pruebe lo contrario, las probabilidades á priori están en
su favor.
Pero mi argumento se reduce á esto : la confusión de par-
tículas pronominales en Europa, no ha determinado inorganis-
mo en sus lenguas; desde luego en América también podemos
tener gi-an variedad en la articulación y no por eso incurrir en
nota de lenguas sin gramática, sin morfología orgánica.
VI
Articulaciones
Como se verá en el texto, el Mocoví hace mucho uso de
partículas que si no son artículos mucho se parecen. La N y
la L son verdaderos artículos, y se > usan mas ó menos como
nosotros los usamos; son prefijos, y desde luego deben compa-
rarse con los pronombres L y N del Español la L del halóla
moderna, la N de la antigua.
La articulación L es americana, pues la liallamos en el
Maya ó lucateco, en el Caríbico, en todo el grupo Chaquense
incluso el Mataco, y bajo la forma de r en el gruo Mojo-May-
pure, si admitimos esta ecuación,
L = Y
desde luego incluiríamos el Guaraní, Ouíchua. Aymará, etc.
Esta L, según la clasificación que se ha hecho mas atrás,
(■orresponde al tipo Atl.intico.
La N, por el contrario, parece f|ue es propiedad del grupo
Andino-Pacífico. Concedo que el modo de usarla impone la
comparación con el mismo refuerzo pronominal en los idiomas
teutónicos, pero como aun está en tela de juicio la verdadera
cuna de la raza Ariana, todo puede ser. Lo único que puede
asegurarse es que los Árlanos, que nosotros conocemos como
raza, no son puros y no se concibe que pueda haber mezcla
gentílica sin que la haya también lingüística.
El importante rol que desempeña la N en nuestra América,
está ya fuera de toda duda. En Quichua su empleo raya en el
abuso, y este trabajo ha puesto en evidencia lo indispensable
que es en las lenguas del Chaco.
Recomiendo á mis lectores quieran fijarse en el texto de la
oración dominical reproducida por el señor Pimentel en su
admirable obra sobre las Lenguas Mexicanas, t. I, p. 50. Allí
— -loo —
verán un curioso iii repetido ad nauseam, sin traducción, y que
está brindando el sentido de él ó la, con sus mudanzas corres-
pondientes. Molina en su vocaljulario, dice : « In sirve de ornato
« en esta lengua, y en composición significa los que, etc.».
Mol.: voc. In.
De esto se deduce que es un pronombre, un relativo, ergo
una conjunción y un artículo posible. Antes de poseer un Mo-
lina ya me había convencido del valor gramatical del in Meji-
cano, pero necesitaba confirmación de un perito en la materia.
Hoy digo más: compárese este in con el inni Chaquense. Serán
ó no serán la misma partícula, pero ahí están ellos, y el tiempo
dirá si existe ó no interparentesco.
El Mocoví también usa las voces inni vel eccci, de tal modo
que fácilmente pueden tomarse por simples artículos: véanse
los Mandamientos, donde está bien claro inni segundo, etc., el
segundo, etc.
Así como inni parece que es una vocalización de la partí-
cula N de tercera persona, eccá es una ampliación eufónica del
artículo ó partícula ca tan común en Quichua y tantas otras
lenguas, como ser la Chiquita, etc. El Quichua es tan abun-
dante con su subfijo ca como con el otro n, y se comprende
que el Chaquense y el Quichua pueden haber derivado estas dos
articulaciones de un origen común; y justamente porque ambas
lenguas se valen de este mismo recurso, creo yo que los Cha-
quenses pueden ser los antiguos Chancas. Este argumento algo
tiene de círculo vicioso, pero es el caso que la hipótesis se
funda en esta y otras pruebas; y por suerte, aunque resultasen
no ser los Chancas, quedarían subsistentes las muchas analo-
gías que se notan entre el Chaquense y el Quíchua-Aymará.
Artículos también podrían llamarse las partículas eufónicas
e, i, a, iniciales ó sub-iniciales, es decir, en este caso, que pue-
dan preceder ó suceder á la articulación de refuerzo como en
el caso de la L que suele ser El, L, Le, Al, L, La, etc. La e
se vuelve i cuando se arrima otra i que la asimile.
Curiosas son también las articulaciones de plural, de pose-
sivacion y de fleccion verbal, pero hablaré de ellas al tratar del
sustantivo bajo todas sus fases. Si se quiere pueden llamarse
también artículos, porque al fin son pronombres; pero el nom-
bre poco importa.
— 401 —
VII
Género
Género abstracto de las palabras no existe en Mocoví, ni á
lo que se vé en los otros dialectos del Chaco, pero en su lugar
hallamos un bonito recurso articular para designar el sexo de
la persona á que se refiere la dicción. Si la voz es un pronom-
bre, la o ó ¿ inicial de masculino se muda en a; mas si la pa-
labra es un nombre sustantivo ó adjetivo usado como tal, en-
tonces el género se indica por subfijos.
h ó k — de masculino
e ó asse — de ^ femenino.
En Maya ó Yucateco, los prefijos que significan sexo, son:
ah — de varón
ix ó X — de mujer;
esta X suena como la sh inglesa ó x portuguesa.
En mi concepto, todo el grupo de lenguas Yucatecas, Maya,
Quiche, Cacchikel, etc., adolece de la influencia Caríbica, ya
sea de origen, ya por coníiuista, así que estas analogías pue-
den ser algo mas que casuales.
Del Quichua no pudieron aprender esto los Mocovíes, porque
aquel es un idioma que carece de toda articulación genérico-
sexual ; el único recurso que conocen es el de decir macho ó
hembra, con una excepción digna de atención f[ue es ese resto
de habla mujeril y varonil, mediante el cual la madre dice á
sus hijos huahua y el padre churi; ó mejor todavía, cuando la
hermana llama á la hermana, ñaña, lo que en boca de un her-
mano sería tura.
Varias veces he pensado que el género abstracto de las
palabras en las lenguas Arianas y Semíticas, podía en su origen
responder á una confusión de dos hablas mujeril y varonil,
porque realmente no se concibe un recurso gramatical mas
ilógico que este del género abstracto de las palabras: todo ello
se explica si suponemos que hubo tiempo en que lo que hoy
hallamos en el Caribe existía también en el Ariano. Esta indi-
cación bien merece la pena de ser estudiada por los filólogos
europeos.
Tomo IV. 30
— 402 —
VIII
Número
Lo que en Gramútica se entiende por número, es esa forma
de las palabras mediante la cual se distingue si hablamos de
uno ó mas individuos ó cosas de la misma clase; esta distinción
se efectúa por el empleo de partículas afijas. En este sentido
el Mocoví tiene número, y en grado superlativo, junto con todos
ó varios de sus codialectos.
La articulación de plural en Mocoví, Abipon, etc., se sub-
fija de la misma manera que en el español: así caballo sería
cahallol en plural, porque la I es el aumento típico para hacer
plural, como entre nosotros lo es la .s. Esta I tiene su analogía
con la r de los plurales teutónicos.
Otro medio muy común de formar plurales, es el aumento
silábico, y esta sílaba consta de una vocal, por lo general i,
con una consonante, que á primera vista parece eufónica, pero
que yo me inclino á creer sea letra perdida en el singular, que
reaparece en el plural, como en griego ^^ony,, rodilla, que en
plural es gónata.
En los plurales está la clave de las formas excéntricas de
la posesivacion de segunda persona.
Como se verá en las tablas de las terminaciones de plural,
mucha es la variedad de ellas; pero las más son reducibles á
las dos clases arriba indicadas. Nuestros signos son del todo
insuficientes para escribir los sonidos chaquenses, y mientras
no analicemos por completo las vocales finales con acento, no
debemos atribuir á capricho ó irregularidad lo que tal vez no
pase de ser la expansión lógica de una guturacion ó nasaliza-
ción difícil.
IX
Caso
Al tratar de las transiciones he creido haber descubierto un
resto de declinación casual en los pronombres. No es necesario
reabrir la discusión aquí : basta con indicar que en el texto se
— 403 —
han formado tablas de terminaciones que no dejan lugar á
duda de que existo algo muy parecido a caso régimen.
Aym — yo
y — mío ó de mí
y va — me
Este es un capítulo que debe estudiarse con detención, y,
si posible fuese, comparando estas con las transiciones del
Quichua, Aymará y Araucano, que por cierto, en los dos últimos
casos, son mucho más difíciles que las Mocoví-Abiponas.
Las formas análogas en el Mocoví y Abipon abonan mucho
en favor de la regla que establecemos, y la probabilidad indi-
cada de que la v Mocoví represente la p Quichua y Aymará,
me hace sospechar que este va no sea mas que un pronombre
de tercera, con el que se produce ¿aso régimen.
I-a hipótesis de que esta terminación de caso régimen es
un simple pronombre, se confirma con las variantes ilcli, me;
aléh, te; /, me, arri, te, en que entran partículas tan i^ronomi-
nales como léh é y.
La otra forma de este caso, Bi, inicial en lugar de yva
final, responde á un mecanismo de lo mas delicado, pues re-
sulta de exijencias de conjugación, y todo se ajusta á reglas que
ni se soñaba pudiesen existir.
Comparando este recurso gramatical del Mocoví con el sag-
jalda, yo te quiero, del Lengua, es fácil deducir el da, te, en
este idioma. Adelung en su oración Payaguá reproduce esta
misma palabra Sahalda, que acompañada de ham, tu ó tuyo,
parece quiere decir: tu yo te quiero.
Por lo que se vé, este mecanismo es antiguo en el Mocoví.
En esta introducción no me he propuesto reproducir argu-
mentos ni ejemplos, sino solo hacer la descripción de la len-
gua Mocoví á grandes rasgos, de suerte que el que rehuya la
tarea de recorrer el texto del P. Tavolini y las siguientes obser-
vaciones mías, pueda enterarse de lo que allí se encierra en
pocas palabras, dejando para el estudiante serio la verificación
de todo cuanto aquí se expone y se dá por ¡srobado.
— 404 —
X
Pronombres personales
En Mocoví son :
Aim — yo Accami — hi
r r
Occoni — nosotros Accami — • vosotros
y al rededor de este paradigma j cómo se agrupan tantas y tantas
lenguas americanas! En el capítulo de los Pronombres hago
ver cómo se hermanan el Payaguá, Guaycurú, Mocoví, Abipon,
Toba, Mataco y Quichua, el Caribe, Cumanagoto, Chaima, Go-
libi, Tumanaco, y pude agregar muchos otros. Allí se verá esa
curiosa enfermedad del pronombre de segunda persona (]ue de
akami pasa á una simple aspiración ó recuerdo :
Akanii
kliam — ham — am — m
Ca ha a o
Este eslabón que une si se quiere todas las lenguas fuera
del triángulo Guaranítico-Maya, con el tiempo incluirá tam-
bién las lenguas del grupo Méjico- Yucateco. Esta a de segunda
persona, tan típica en toda la América, incluye el Aymará y el
Yucateco, y, dada la caducidad de la M, todos los idiomas que
la tienen como característica de segunda persona.
Voy á dar aquí un ejemplo de cómo se eslabonan las len-
guas americanas, y cómo se explican unas á otras.
En Quichua
Ñakha es yo
Kham » tu,
es decir, que ambos pronombres contienen luia guturacion ja,
mas ó menos fuerte.
El Abipon nos presenta estas mismas guturaciones como ar-
ticulación verbal, bajo la forma
Ha — yo = Mocoví S
Ha — tu = nada
El mismo Abipon, según Brigniel, ofrece otro ejemplo que
explica el anterior.
A — yo
nada — tu
— 405 —
De esto se deduce que las dos guturaciones sufren diversa
enfermedad: la de primera se conserva ó se muda en S ó A;
la de segunda desaparece ó puede quedar como simple A.
Estos articulaciones Ha y A son iniciales según la morfolo-
gía chaquense, pero esto no quita que las podamos hallar como
subfijos en una lengua cuyo mecanismo gramatical así lo
exija: verbales son en Aiiiiton, y como verbales las buscaremos
en el Aymará.
Yaticlia - 1- ha — yo enseño
Yaticha-t-a — tu enseñas
Yatich - i — rl enseña
La t de primera y segunda persona responde á refuerzo, y
corresponde al Quichua por n.
Yacha - n - i — • ^ yo sé
Yacha-n-qui — tu sabes
Yacha - n — él sabe
No puede darse una explicación mas curiosa ni, según yo
creo, mas acertada de la articulación.
Si los Chancas vivieron en Andahuailas, su contacto con los
Aymaristas era fácil. Los mismos Aymaraes de su Ha, mi,
hacen ssa, nuestro, de suerte que hasta por ese lado hay ana-
En otra parte se ha explicado cómo esta articulación se
reduce á
1. Ha — yo
2. a — tu
de suerte que nos queda la serie Aymará
Ha — yo
a — tu
i — él
— 400 —
El Mocoví pierde el prefijo de segunda, conservándolo solo
en la cuarta conjugación de los verbos fuei'tes, cuya articula-
ción es
Se ha probado en otra parle que la o Mocoví representa una
a Abipona, así que tenemos identidad en los ejemplos.
Mas de una vez he dicho que en mi opinión las lenguas del
Chaco son de origen Caríbico ; desde luego es natural encon-
trar en ellas esa tendencia á apropiarse la fleccion verbal de
otros idiomas: el Caribe la ha tomado del Aruaco ú otro dia-
lecto Mojo-Maypure, el Galibi, Cumanagoto y Chaima de una
lengua tipo Andino-Pacífico, ó sea Oceánico, cuya forma es esta :
S
H — 2. M — 3. N
G
Dada esta condición de las lenguas Caríbicas, debíamos
esperar que dialectos de esta procedencia se resintiesen en su
fleccion pronominal de la proximidad á otras lenguas fuertes
de gente más civilizada que ellos; los Chancas en Andaliuailas
no podían estar ágenos al habla Quichua y Aymará, la articu-
lación pronominal del Mocoví y sus codialectos corresponde en
la fuerte á la Aymará, en la débil á la Quichua. Aceptemos
que los Chancas sean los Chaquenses tipo Mocoví y todo se
explica mediante el contacto que indudablemente duró casi mil
cuatrocientos años.
Con estudios de esta naturaleza nos iremos convenciendo
del verdadero encadenamiento que existe entre todas las lenguas
troncos de la América ; si nos limitamos á una, todo resulta
misterio, pero si tenemos á la mano un aparato gramatical de
todas las demás, luego empieza á hacerse la luz.
Un axioma es indispensable: que todo es mezcla. Creo fir-
memente que casi no hay un ¡ironombre personal (|ue no conste
de dos ó mas partículas pronominales de mas ó menos igual
valor léxico, aparte del general ó de tercera persona, que equi-
valdría i'i nuestro romance el mi, el tu, etc.
Pronombres como aym, yo, accami, tu, parecen ser bien sen-
cillos, y, no obstante, son combinaciones de por lo menos tres
elementos.
— 407 —
A — puede ser aumento eul'único.
A — es articulación de primera en Guaraní.
A • — es articulación de segunda en casi media América.
Y — es articulación de primera persona en todos los grandes
grupos, salvo el jNIojo-Maypure.
M — es articulación de primera, de segunda y de tercera en
varios idiomas troncos: como que es mudanza de w ó b,
y acaso de p: falta reducir esta interequivalencia á ley
para recien deslindar bien los valores léxicos de la par-
tícula.
Ca — es partícula de segunda y también de primera en plural
como por ejemplo, en el Maya.
Y — es articulación final de segunda, que solo puede compa-
rarse con una sincopacion del iqui Quichua.
XI
Pronombres Posesivos
En este capítulo se ha instituido un parangón entre las
formas que se notan en los 3 dialectos principales, el Abipon,
Mocoví y Toba; allí podrá verse una comprobación mas de la
ley fonética que rije entre los dos primeros. No es necesario
reproducir aquí lo que allí se dice, pero conviene que se lea
ese capítulo con atención porque es uno de los dos en que me
he fundado para sentar el canon.
Mocoví Abipon
S = H
D = R
O = A
Aspiración suave = H
La H de Dobrizhoffer, que se muda en S Mocoví, figura
como J en el M S de Brigniel, propiedad del Sr. Lamas.
Xll
Pronombres Demostrativos
Para mi éste y el anterior capítulo han- sido de singular in-
terés, porque aparte de toda otra consideración debo á ellos el
— 408 —
haber podido proljar la ley fonética ;i que me acabo de referir.
Hacía tiempo que sospechaba que la ecuación,
R = D
era de general aplicación en América: en Chileno se dice Drtca
ó Ruca — casa; en Guaraní nde — tú — se muda en ere para arti-
culación de verbo. Mas tarde me convencí que la partícula Cr
del Abipon no podía sino ser la otra Cad del Mocoví y Guay-
curú ; pero la prueba palmaria la obtuve recien al formar la
tabla comparada de los Pronombres Posesivos y Demostrativos;
y buscando ésta encontré las otras equivalencias á que tantas
veces me he referido ya.
S = H
Aspiración = H
O = A
Pero aparte de este descubrimiento, los Demostrativos bien
merecen la pena de ser estudiados con detención. Ellos distin-
guen las diferentes posturas de la persona ú objeto indicado;
y lo que es mas aún, el sexo del individuo. Muy de notarse
también es este mecanismo: la articulación de género es inicial
en los pronombres y final en los sustantivos, cosa, muy natu-
ral en esta lengua, cuya morfología es mixta de prefijos y
subfijos con inclinación á aquellos, y es de suponer que los
pronombres tengan algo de más arcaico que los sustantivos.
XIII
Pronombres Interrogativos
En estos parece que la idea interrogativa se halla en los
prefijos Q y M. La Q naturalmente es un recurso del alfabeto
Español, pero en realidad representa una K ó C. La M siempre
parece que es mudanza de B ó sea de W. En las lenguas
Teutónicas la combinación de G y W hace pregunta, y acaso
llegue el momento en que se pueda entablar comparación entre
estas partículas. Por ahora lo único que se sabe es que la K
y la M son letras que adolecen de la misma morbosidad en
uno y otro hemisferio. Yo sospeché la interquivalencia de la
R y D, H y S etc., antes de probarla, y con igual razón sos-
pecho que la M represente una B = W — sin desesperar de
poder hallar la prueba. En Chiquito los vocabularios dan la
— 409 —
M como mudanza de B y vire-ver.sa ; en Quícliua i(a suena ;Hfí
en Cliinchaysuyo.
Como se verá, muclio cjueda jior hacerse en cuanto á estos
pronombres, falta que intorpi'otarlos, compararlos y reducirlos
á tablas; recien después de todo esto y acaso con el aumento
de nuevos datos se logre completar este capítulo intrincado de
la Gramática Mocoví.
Yo mismo me descontento con lo escrito, y á veces dudo
si he acertado á distinguir entre el pronombre y el adver-
bio interrogativo; porque la verdad es que hay combinación
de ambas partes de la oración.
XIV
Los adjetivos y suá accidentes
Estos siempre son de poca importancia en las lenguas en
que no liay concordancia de género, número ó caso. El adje-
tivo es una voz que califica simplemente, y puede ser algo que
r
se parezca á nuestro adjetivo, como noen — bueno, — ó un
sustantivo como en nuestra frase ima mesa de caoba. En uno y
otro caso la voz que califica debe preceder como sucede también
en el Quichua del Cuzco, pero no en el Cuzco de Santiago y
Catamarca, pues en estos dos dialectos el simple adjetivo se
posterga ; por eso hallamos nombres de lugar como AUpachiri
— tieri'a fria — en este orden. Negro Potrero y Naranjo Esquina,
nombres de lugar en Tucuman responden á la otra construcción.
Potrero del Negro y Esquina del Naranjo ; son Quichuismos muy
comunes en las Provincias del Norte, y Catamarca está llena
de ellos, como por ejemplo : Criix- Puntilla, Cal Hornos, Cabra
CotTal.
En cuanto á los grados de comparación el Mocoví, como el
Abipon. etc., procede con partículas como nosotros ; ellas van
detalladas en el texto, y no hay para qué repetir lo dicho allí.
La terminación u ó uh parece que corresponde á nuestro istmo.
Todos estos puntos llegarán á ser de doble interés cuando
tengamos á la mano estudios sobre el Abipon y Toba.
Lo mas interesante de los adjetivos es la fleccion verbal
que admiten, y por suerte Tavolini nos ha dejado uno ó dos
ejemplos, así que los podemos cotejar con los que ha consig-
nado Dobrizhoffer en su « De Abiponibus. » La forma Tca-d-i-
ccá — yo soy ó estoy grueso — ha sido discutida en su lugar.
— 410 —
solo me resta que observar aquí que me inclino ú creer que
el Tea corresponda al romance ser ó estar. Al comparar los
ejemplos Mocoví y Abipon resalta lo mucho que me ha servido
el trabajo de Dobrizhoffer : el Padre siempre es una luz segura
que nos saca de mil apuros. De no ser el Abipon, tal vez no
hubiese caido en cuenta que la D es refuerzo, la i articulación
pronominal, la cea el tema que dice grueso .y el Tea el verbo
sustantivo.
XV
Numerales y Ordinales
Poco lia habido que observar acerca de esta sección : el
Abipon y el Mocoví se dan la mano en su pobreza. Parece
que ambos dialectos hacen uso del demostrativo inni, á que
se le aplica el niñeo y una (jue otra par'tícula; en singular algo
que diga solo ó su equivalente, y en plural la partícula oa de
pluralidad. Los numerales en realidad no dicen mas que este
solo, estos, ó red ahí estos, por que el ea final no pasa de ser
una articulación pronominal. En el interior es muy común oir
frases como estas: — líquidos doseitos no mas (x Catalana ó
gruesa), estexitos etc.
De lo escrito se deduce que estas dos naciones contaban á
dedo, y la cuenta procediendo de esta manera la alargarían
según sus necesidades. No se concibe como tanta sencillez en
la idea numérica pueda acompañarse con tanta complicación y
sutileza en los giros y mecanismo gramaticales; acaso robaron
su lengua y se les quedó atrás la numeración, ó será que las
mujeres no pudieron enseñarles lo que no sabían, como que
el bello sexo por lo general prescinde de esta ciencia.
En los Ordinales advertimos algo que no concuerda con los
temas de los numerales y que acaso desciende de algún otro
sistema de numeración.
Este es un capítulo que necesita mas estudio, cosa que no
me era posible por ahora ; pero opino que poco se adelantará
por este lado tratándose de las tribus salvajes. Cuando haya-
mos colocado en foi-ma tabular todos los numerales chaquenses,
de este tipo, y mas los guaraníes y caríbicos, recien podremos
formar un juicio acertado acerca de ellos; pero aun así, mucho
me temo que en cuanto al Mocoví quedaremos en lo dicho,
que uno es — este (dedo) solo — y dos — estos dedos — alzando
ó asentando dos.
— -i 11 —
XM
Nombre sustantivo
Los suslantivos y los verbos constituyen la verdadera difi-
cultad de las lenguas del Chaco, tipo Mocoví, aquellos por sus
plurales y posesivacion, éstos por su fleccion pronominal. A ellos
he dedicado la mayor parte de mi estudio, y conviene que á
grandes rasgos reproduzca en este lugar los resultados obtenidos.
El nombre sustantivo en Mocoví puede tener género, número
y posesivacion ; por ejemplo :
La N es articulación inicial de relación abstracta, la k termi-
ta
nación de masculino: aá es un tema que dice estancia, ó sea lugar,
la
así que ¡carece como si la voz Nnak e([U¡valiese á el de la tierra, indí-
gena, las víctimas de los Mocovies cuando entraron en los Chacos
haciendo de las suyas.
Estas terminaciones k y é, pueden explicarse así:
k — el que
e — la que
desde luego son tei'minaciones relativas y corresponden á las del
romance oro, eño, ano, eiigo, etc., con sus correspondientes feme-
ninos.
Las terminaciones de plural parecen ser infinitas y complica-
dísimas; pero en realidad ellas responden á valores fonéticos que
no pueden expresarse con nuestros signos.
El plural típico se forma arrimando una Z á la terminación, y
muchos oti'os con un simple aumento silábico cuya consonante y
vocal parece que responden á valores fonéticos, sin duda muy
reales en oidos de Mocovies, y á esa asimilación de vocales tan
notable en estas lenguas y en otras de las Américas. La sincopa-
cion también entra para mucho en estas articulaciones.
La comparación del Abipon con el Mocoví hace comprender
que estas terminaciones son de origen anterior á la separación de
los dos dialectos.
— -412 —
Los plurales muchas veces explican las irregularidades que se
advierten en la posesivacion de segunda persona, y es muy natu-
ral que así sea, porque esta persona requiere aumento silábico, y,
por lo tanto, la exigencia de restaurar consonantes calladas por la
sincopacion, pero que se restauran para producir eufonía. Los
PP. Misioneros parece que no cayeron en cuenta de este mecanis-
mo del idioma : á una todos exclamaron contra las irregularidades
del plural y de la posesivacion, y sin mas ni mas dejaron de hacer
un trabajo completo. Yo creo que con este estudio mió se desper-
tará otro interés en la materia, se acopiarán nuevos datos que res-
pondan á un plan científico, y mucho de lo que aun permanece
oscuro y excepcional se acabará de reducir á regla.
En los capítulos que tratan de la disminución y aumento, doy
ejemplos y hago comparaciones que establecen nuevos vínculos
entre el Abipon, Mocoví y Toba. La / parece que es la radical de
la idea de disminución, y ella se ajusta á la II en Ua, partícula di-
minutivo-deprecativa en Quichua, que lo es también en los idio-
mas romances y aun en los Teutónicos. Se sabe que en Etrusco la
terminación al quería decir hijo de madre, y ese mismo es su valor
léxico y morfológico en Yucateco, así que muy posible es que de
allí nazca la partícula I de disminución, porque en Europa también
las partículas diminutivas encierran la idea de hijo de, como el dimi-
nutivo-F'mjzmro que no es mas que — el chico de Francisco — Perico
el chico de Pero ó Pedro. El español disminuye por co, ca, por illo,
illa, y de muchos otros modos, pero el principal de todos interesa
la I, pues nuestra II no es mas que un sonido compuesto de I
con alguna otra letra.
XVII
La posesivacion
Todo estudiante de las lenguas Mocoví-Chaquenses, luego
comprende que sus dificultades empiezan cuando entra á ha-
cerse cargo de los nombres en su posesivacion y de los verbos
en su fleccion: los mismos PP. Misioneros han declarado que
en esto estaba el busilis, y, efectivamente, no se equivocaban.
En lo que ellos erraron fué en no reducir su copia de datos
á forma tabular, pero no es de extrañar que no lo hicieran,
porque ellos buscaban un instrumento para ¡)oder evangelizar
infieles, y no una curiosidad filológica. Indudablemente mucho han
contribuido á la copia de datos con que contamos para el mejor
conocimiento de las lenguas del mundo entero (casi dije todo) •,-
— 413 —
pero esto lia sido por incidencia y en época en que la verdadera
filología aun no había nacido.
Cuando los señores Lamas y Mitre pusieron á mi disposi-
ción los preciosos manuscritos chaquenses que enriquecen sus
bibliotecas, yo los compulsé ligeramente como quien apunta lo
que más le llama la atención; más tarde aumenté mis extrac-
tos, y finalmente concluí por ponerme en la tarea de copiarlos
al pié de la letra. Esta tarea me sirvió de mucho, pues llegué
á barruntar que existían analogías sorprendentes entre los va-
rios dialectos, y que el cúmulo de dificultades era susceptible
de ser reducido á reglas.
Concluido mi trabajo de copista, entré en la tarea de redu-
cir las posesivaciones á l;i forma de tablas, que he reproducido
en el texto de mi estudio gramatical, para que así otros se
impongan del método empleado.
Lo primero que advertí fué : '
1° Que unos nombres llevaban D como ai'ticulacion de se-
gunda persona, ó sea nuestro tu.
2" Que otros usaban la C en igual sentido.
3" Que un gran grujió reforzaba la posesivacion con N.
4° Que otro lo hacía con L.
5" Que la segunda persona llevaba la terminación i arri-
mada al tema.
6° Que la Y inicial era la letra característica de primera;
D ó C ó N ó L con i final de segunda; L ó N de ter-
cera en singular: en plural se aumentaba la partícula
en ar inicial.
Pretender que una clave tan sencilla alcanzase á cubrir
todos los ejemplos que podrían presentarse, era exigir algo que
ni el latin admitiría, y resolví formar mis cuadros con inten-
ción de relegar a las excepciones todo lo que no se ajustase á
las fórmulas propuestas, sin perjuicio de entrar á tomarlas mas
tarde en consideración.
Como" advirtiera que la posesivacion por D de segunda era
la mas numerosa, la coloqué en el primer lugar, y pude in-
cluir unos 100 ejemplos que mas ó menos respondiesen á la
fórmula
1. Y -tema — 2. D- tema -i — 3. L-tema
Pl. 1. Ard-tema ■ — 2. Ard-tema-i —
De éstos, cinco usan Ed en vez de Arel; dos hacen Ai-d y Ed
uno- Ed y Ard, en plural, respectivamente de primera y según-
— 414 —
da personas. Un ejemplo usa D sola en segunda de plural, j
dos emplean Arel en segunda de singular. Estas si se quiere
casi no son irregularidades, porque la A es mas bien eufónica
y podría omitirse á gusto del interlocutor.
Las aparentes irregularidades de lo terminación de segunda
se han distinguido con las letras a, b, c, d; una vez mas diré
que ellas realmente responden á exigencias fonéticas.
Por su importancia numérica esta puede llamai'se 1^ de las
fuertes, esto es, que no necesitan de refuerzo articular para ser
posesivada.
Dadas las ecuaciones.
Mocoví D = R Abipona
Mocoví R= G Abipona
en Abipon la formula tiene que ser:
1 Y — 2 R — i 3 L
Pl. 1 Gr — 2 Gr — i
Los dos ejemplos Mocovíes de Ard en 2'' de singular parecen
ser un recuerdo de la combinación completa Abipona.
1 Y — 2 R — i 3 L
Pl. 1 Gr — 2 Gr — i
La 2* clase de posesivaciones que forma la segunda persona
con C inicial consta como de cuarenta ejemplos conocidos; sus
articulaciones son las siguientes:
Pl.
Pl.
Pl.
3. L
3. Al
3. Al
Como se vé falta aquí esa regularidad que observamos en
la 1* clase. Yo opino que la posesivacion por C es mas arcaica,
y por lo mismo la hallamos mas corrompida. Las articulaciones
Pl. 1 Cod — 2 Cad — i
2 Cad — i
son Guaycurúes en su tipo; pero la mayoría de los ejemplos
carecen de esa d tan característica de este dialecto. A mas de
esto encontramos la combinación de la partícula Ar con las
— 415 —
otras Co y Ca, todo lo cual in('icn grandes mezclas de tradición.
La D = R es una reminiscencia guoranítica, la C al contrario
quichuista mientras que la ecuación morfolótíica,
L = N
pone á esta posesivacion muy cerca de la lengua del Cuzco.
Acordémonos que en Mocoví la m final es letra enferma ó ca-
duca, y que su articulación es inicial en general; entonces tenemos:
Quchíua Mocoví
1. — Tema — y {mi) 1. y — Tema
2. Kham — Tema — yqui 2. Ca — Tema — i
3. ' — Tema — n {su) 3. 1 — Tema
Creo que tengo razón de decir que el quichua admite el pleo-
nasmo.
Kham — tema — yqui — tu, tal, de, ti.
En los lemas débiles la N Quichua y Mocoví coinciden morfo
y fonológicamente, salva la diferencia entre prefijo y subfijo.
Esa i final de 2^^ persona, en una lengua cuya articulación
es inicial, no puede responder sino á una tradición quichuizante,
y me sirve de prueba indirecta de que los salvajes del Chaco,
son los Chancas. Mientras estuvieron en contacto con indios
del tipo Andino les aprendieron mucho; luego que pasaron á
ser vecinos de los guaraníes, se olvidaron algo de las pasadas
y aprendieron mucho de las nuevas relaciones; y con mas faci-
lidad de estas, por cuanto étnica y lingüísticamente hablando
estaban mas cerca del Guaraní que del Quichua.
Estas reincidencias en dialectos análogos explican esa doble
forma del Abipon Gr, que encontramos en el Mocoví ; pues
supongo que tanto el Ard como el Cod ó Cad Mocoví represen-
ten aquella partícula de posesivacion.
Una especialidad debo hacer notar en esta posesivacion : si
el tema empieza con C = K, no se repite la C de 2^ persona ;
parece que el idioma reconoce la fuerza de la C orgánica de la
voz, y la hace desempeñar un papel doble. En los verbos la
articulación inicial de 2^ puede desaparecer y desaparece en la
gran mayoría de los casos, y se comprende que igual cosa puede
suceder en los nombres.
Oidos delicados deben de ser los de estos indios, y lo cierto
es que los nuestros están muy lejos de alcanzar para todo lo
que tiene (jue oirse cuando es un Mocoví - Chaquense el que
articula las voces de su propio idioma.
— 416 —
XVIII
De los refuerzos pronominales
Tres cosas principales creo haber podido establecer en el
estudio gramatical que acompaña el material dejado por Tavo-
lini: l'^ una ley fonética de intercambio de letras; 2^ hacer ver
que no es materia imposible reducir las flecciones posesivas y
verbales á reglas gramaticales ; y S-'' la división de las mismas
flecciones en dos grandes grupos el uno fuerte y el otro débil.
Las dos clases de que se ha tratado en los párrafos ante-
riores, corresponden al grujió fuerte porque no necesitan de
refuerzo articular ósea pronominal para recibir la posesivacion;
al grupo débil corresponden a(|uellos que buscan el refuerzo con
N ó con L inicial, y de ellos proseguiré á tratar. Este recurso
gramatical del Mocoví, Abipon, etc., es curiosísimo y bien me-
rece que se compare con la articulación de igual valor en las
lenguas teutónicas.
Según yo pienso este refuerzo ])uede ser otro recuerdo más
de la lengua del Cuzco, que subfija la ?i cada y cuando se le
antoja, y se comprende que los dialectos del Mocoví -Chaquense
debieron usar como prefijo cualquier articulación que imitasen
de otra lengua.
El valor pronominal de la letra I es muy conocido en Eu-
ropa ya sea como I ó como ;•; mas no lo es tanto el de la letra
n, no obstante que aun se usa como prefijo y subfijo en las
lenguas Escandinavas, y también en el Mallorquín, dialecto Ca-
talán. En el castellano viejo debió ocupar el lugar de la I, pues
bastantes rastros encontramos en el Fuero Juzgo, y es proba-
ble que un estudio mas prolijo de los M SS llegase á dar aun
mas importancia á la /» como pronombre de 3* persona. Resulta
pues que hay correlación entre la 7i, pronombre de 3* en teu-
tónico y el refuerzo con la misma letra. Igual cosa sucede en
América: la n es refuerzo de fleccion débil, y lo es porque es
articulación pronominal de 3*. Para nosotros es cof. . que fácil-
mente se comprende, desde que aun podemos decii .
El mi,
El tú.
El su, etc.
■combinaciones en que se refuerza el posesivo con el pronombre
ó artículo el.
— 417 —
De lo dicho se desprendo que la iV presta los mismos ser-
vicios morfológicos en América que en Europa; ahora si su
origen lingüístico es el mismo, es cuestión aparte, que no cor-
responde á este trabajo: aquello es un hecho, esto seria una
hipótesis por ahora. Una cosa se puede asegurar que hoy se
levantan protestas serias contra la i'ecibida doctrina del origen
de las razas Aryanas, y todas en el sentido de api'oximacion
al Poniente.
La posesivacion débil en Mocoví reviste dos formas, una con
N, otra con L, cuya razón de origen sin duda se funda en la
identidad del valor léxico de las dos letras. La clase mas im-
portante es la que posesiva con N, pues Tavolini dá unos 48
ejemplos de esta Heccion, así que en importancia numérica ocupa
el segundo lugar.
Dadas las excentricidades fonéticas que ya se han explicado
■existe bastante regularidad en esta 'ñeccion ; su articulación es
la siguiente:
1. Ñ, Ni, N, Yñ — 2. N — i 3. N
Pl. 1. Arn — 2. Arn — i
La Ñ equivale á la Ni, la N y la Yñ responden á exigencias
•de pronunciación, en lo principal á causa de tema que comienza
por G. Lo normal es Ñ ó Ni de 1".
Cuatro ejemplos posesivan de S-"* con la L característica de
fleccion fuerte, pero es fácil la confusión donde los dos índices
son tan iguales en valor léxico.
Un ejemplo hace Neh, otro usa la Y sin refuerzo de 1% pero
como excepciones tienen su explicación, Nch es un niñeo especial
á causa de la C que la N hiere; y la Y puede resultar de error
gramatical en el que la usó así pelada.
Este uso de la N corresponde también á los dialectos Abipon,
Guaycurú, y acaso otros; desde luego es de origen anterior á
la separación de estas familias, ya porque era propio de la raza
primitiva, ya porque todos la derivaron de alguna otra lengua
que les sirviera de modelo.
Igualmente curiosa es la 2* clase de posesivaciones débiles
aquella que refuerza con L. Su articulación típica acusa imita-
ción de la otra por N como se verá de la siguiente fórmula:
1. Yl, Lii, Y — 2. L, Lee — i 3. L
Pl. 1. Arl — 2. Arl — i
Unos nueve ejemplos son los que nos dá Tavolini, de ellos
cuatro se ajustan á la forma típica; dos más usan la L solo en
.2* y 3=' de singular, y los tres restantes corresponden mas bien
Tomo IV. . 31
— 418 —
á la 1" fleccioii fuerte, forma excepcional, pues la Tch es mas
bien un chicheo de la B de 2^. No me doy cuenta ¡¡orque los
incluí en este grupo y á precaución los he repetido como pos-
data en el cuadro primero.
VA Abipon también ofrece ejemplos de posesivacion por L,
de suerte que no es fleccion casual al capricho sino un meca-
nismo de origen anterior á la separación.
El uso de la t con I de 2^ persona en el 2" ejemplo del tipo
B explica la combinación Nch en la clase anterior, pues ch no
pasa de ser un chicheo de t ante/, la regla en Abipon, la ex-
cepción de Mocoví, que prefiere la combinación ct.
XIX
Observaciones acerca del organismo gramatical
Después de un estudio detenido de la posesivacion Mocoví,
bajo todas sus fases, deduzco que las lenguas del tipo Mocoví-
Chaquense pueden ja'Harse de poseer un delicadísimo organismo
gramatical, que por cierto no es mas complicado que el que ha-
llamos en el Chiquito ó Kirirí.
Como se vera pude haber limitado mi trabajo á lo que ex-
pongo en el resumen que empieza en el cap. L; mas esto fuera
prematuro y era necesai'io haber levantado cuadros y haberlos
observado, para recien entrar á establecer reglas tan sencillas.
El estudiante de estas lenguas puede ahora seguirme en mis
métodos y acaso mejorarlos; pero no me podrá negar que se
ha introducido algo de orden donde todo era caos, y lo que es
peor, una tradición bien fundada que atribuía á estas lenguas
la falta de organismo gramatical. Así es la impresión que deja
cuanto se ha escrito al respecto, y si es cierto que tanto Hervas
como Adelung algunas reglas habían dado que pudiesen servir
de norte, también lo es que las habían establecido ron casi total
prescindencia de las mismas dificultades que todos á una pon-
deramos; el mismo Dobrizhoffer con ser que es mucho mas
extenso que los otros, no reprodujo mucho de lo que confir-
maba sus apreciaciones aun mas allá que los ejemplos citados
por él.
La verdad es que el fonetismo Chaquense es responsable de
mucho de lo que parece irregularidad; y lo demás se explica
mediante las mezclas que parecen ser el recurso favorito de las
razas Caríbicas, al grado que toda falta de lógica gramatical
en el organismo de cualquier lengua puede á -priori atribuirse
á influencias Caríbicas.
— 419 —
La fleccion verlml que tíinto tiene en común con la posesiva
me obligará ú volver sobre este asunto; baste pues lo dicho
hasta aquí.
XX
El Verbo
Si la ñeccion posesiva está llena de interés para el estudiante
de esta familia de lenguas ¿qué diré de la verbal? pues en ella
campean nuevas combinaciones que vienen á fortificar cuanto
se ha dicho acerca de aquella.
Los verbos como los nombres sustantivos se dividen en dos
grandes grupos: los de ñeccion fuerte y los de la débil.
Los primeros tienen por característica de l'^ persona una S
inicial, los segundos una N ó una D^ que .son los refuerzos que
entre los verbos corresponden á la N y L enti'e los nombres.
La necesidad de refoi'zar con una letra que no fuese L, y sin
embargo de valor gramatical análogo, se desprende del hecho
que la L en estos idiomas os índice temporal del verbo.
La N es la misma que figura y tanto se usa en los nombres
y la D asesa D que en Mocoví ocupa el lugar de laRAbipona.
El Mocoví se encontraba con dos dificultades al entrar á
conjugar su verbo porque la L que en los nombres le servía
para posesivar de tercera, y para reforzar todas ti'es personas,
estaba e.K^cluida de ese uso por servir ya de adverbio de tiempo
mas ó menos con el valor del romance ya; pero esta dificultad
se salvó mediante un recurso muy ingenioso; la L y la Y se
confunden y la L = R es una D posible, así pues hallamos que
en los verbos la 3'"^ persona se indica ya con Y, ya con D ini-
cial. Toda anfibología se evita con la mayor facilidad, pues
la Y sola inicial no es índice de I'' persona en los verbos, y la
D para ser articulación de 2'^ requiere la i final que complete
la pososivacion, de suerte que todo queda tan claro como la
luz del dia, si nos fijamos en la articulación complementaria.
XXI
Del verbo con S de I'' persona
1^ CLASE
El primer grupo de verbos se distingue por la S inicial ó
sub-inicial como característica de 1^ persona en ambos números.
Esta S en los verbos es tan típica como lo es la Y en los nombres.
— 420 —
La fórmula es la siguiente:
Sing. 1. S - tema — Pl. 1. S - lema Acca
2. tema Y — 2. tema I
3. Y - tema — 3. Y - tema E
La 2'' conjugación sustituye la Y con D; la 3=^ omite el pre-
fijo en 2^ y 3* personas ; la i^ completa la fórmula 1^ con el
prefijo O de 2* y otras partículas reforzantes, y la o'' reúne las
formas excepcionales.
Lo primero que llama la atención en la conjugación I'' la
mas numerosa, es la ausencia del prefijo de 2''': punto ora este
que me confundía; acudía al Abipon y nada sacaba en limpio.
Conocía la mudanza de h en s, pero el Abipon me presentaba
esta nueva dificultad.
1. H — tema
2. H — tema I
La deducion lógica se imponía: si una H hacía S, la otra
también tenía que hacerla.
Mi estudio principió con los nombres y verbos, y ellos nada
debían decirme en cuanto á las mudanzas de letras, si bien
me sugerían mas de una sospecha; pero al entrar á comparar
los pronombres Mocovíes con los Abipones, di con lo que bus-
caba, la prueba palmaria de ciertas leyes fonéticas mediante
las cuales se probaba hasta la evidencia que la una H Abipona
correspondía á la S Mocoví, y que la otra podía desaparecer.
Desde luego también se explicaba el misterio de la falta de pre-
fijo en 2* persona de la fleccion típica.
Era lo natural que la articulación de 2* se valiese de al-
guna sincopacion del pronombre accami — tú — que en realidad
encierra un ham muy conocido en todo el Chaco y los Andes.
Esta partícula parece que haya sufrido las siguientes pérdidas:
ham > ha > h > desaparición completa.
Aquí el signo > equivale á — queda ó resulta en.
Mas tarde veremos como la 4^ conjugación con su ó intrusa
confirma esta hipótesis.
Todo pues queda explicado: el Mocoví como el Abipon de-
riva su fórmula típica de una lengua cuya articulación fleccio-
nal consta de los afijos,
1. Ha = Ha = Sa
2. Ha = a =
3. Y = Y = Y
En Abipon deberemos buscar esta conjugación en la fórmula
de Dobrizhoffer.
L H - tema — 2. H - tema - i — 3. Y - tema
— .i21 —
En Bi-ignie!, es decir, el MS precioso que posee el Sr.
Lomas, la fórmula sería esta:
1. A - tema — 2. tema - i — 3. Y - tema
No puede darse una prueba mas bonita de la caducidad de
la articulación inicial de 2% ni de la importancia filológica del
MS ó MSS Abipones que enriquecen la biblioteca del Señor
Lomas; pues comparados estos con la obra de Dobrizhoífer
y otros importantes MSS de las Lenguas del Chaco, se
llega á conocer muchas cosas que se ignoraban, y que no re-
saltíd)an del estudio aislado de ninguno de ellos por separado.
Era necesario hacerse cargo de todos para descubrir la pista
que se buscaba.
Establecida la articulación afija,
1. Ha = Ha = S
2. Ha = a =
3. Y = Y = Y
se ha podido hallar también el origen de ella, y digo el origen,
porque yo acuso á las tribus Ghaquenses, como Caribicas que
son, de haberse apropiado lo ajeno en gramática como en todo
lo demás.
Las Lenguas Ghaquenses prefijan su articulación pronomi-
nal, las Andinas las subfijan. Gon este dato, y la muy cono-
cida articulación verbal del Aymará,
L ha — 1. tema — t - ha
2. a — 2. tema — t - a
3. y — 3. tema — y
comprendí ([uc el Mocoví y el Aymará derivaban su fleccion
verbal de un solo origen. Para mayor abuntamiento el Aymará
convierce en Ss su H de 1* en el plural.
Yo siempre extrañaba la diferencia tan notable que existe
entre la fleccion pronominal Quichua y Aymará dada la seme-
janza morfológica de ambas lenguas, lo que el Quichua tiene
de Algonquin, el Aymará tiene de Mejiciuio ó Yucateco, es
decir, que aquellos se valen de la n y k estos de la n y m
para I'' y 2^ persona; pero á la par de estas diferencias ha-
llamos en Quichua,
Ñok - ha — yo
k - liam — tu
y - articulación de 3".
Montesinos cuenta que las hordas del lado del Brasil y de
Tierra firme ó sean Caribicas, se enseñorearon de todo el im-
perio viejo del Cuzco, y las tribus Ghaquenses ya como Chancas,
ya como naciones Caribicas, pudieron tener algo en común con
esos conquistadores de los Andes: si Montesinos no miente, 6
cuenta invenciones, liay razón político-geográfica para creer en
el parentesco lingüístico de las lenguas Chaco -Andinas ; y si
lo hay es una prueba que confií'ma la relación de Montesinos:
es este un círculo vicioso que dejará de serlo desde el mo-
mento en que se reconozca analogía íntima entre los grupos de
lenguas indicados.
Está tan arraigada la idea de que las lenguas Americanas
son sin cuento y su organismo gramatical un maremagnum
sin atadero, que parece herejía pretender otra cosa; pero este
trabajo se funda en la comparación y se ha iniciado des¡)ues
de compulsar lo principal que se ha escrito acerca de los idiomas
mas generalizados de ambas Américas, sin descuidar las len-
guas del Viejo Mundo.
Siguiendo el consejo de los filólogos europeos he tratado
de descubrir alguna ley fonológica c|ue nos autorice á entablar
parangones y creo que he dado con la pista de descubrimientos
importantes: no rehuyo la responsabihdad de pretender que
estos puedan revolucionai" cierlos falsos axiomas de filología
que son moneda corriente entre los sabios Europeos.
Ya en varias partes se ha dicho que las lenguas Chaquenses,
y sobre todas el Mocoví, adoptan una moríblogia mixta, es decir,
que prefijan y subfijan articulación pronominal en este orden :
1. Persona — Prefijo — tema
— — » subfijo
■ — Prefijo — »
Pl. 1. » — Prefijo — » subfijo
— Prefijo — » subfijo
— Prefijo — » subfijo
En otras palabras carecen de subfijo la 1" y 3^ de singular
y de prefijo, la 2-' persona en amitos números.
El origen de la articulación parece cpie es como sigue:
1* S — resultante de una H ó J ó asi>iracion fuerte:
búsquese en el Kha de fiokfia, en el ha termi-
nación verbal del Aymará, y en el Gu -=
Hu= S Caríbico.
2* I — terminación ó característica de esta persona
búsquese en el «í/?/?'-tuyo-del Quichua.
3^" Y — equivalente de una L = R = D, búsquese
en la L del Mataco, del Gai-íbico, en la R
del mismo y Mojo-Maypure, en la L >• Y
del Mejicano y Yucateco, y en la T = R del
Guaraní.
— 423 —
Pl. 1* S-acca — Se lia dicho que la S proviene de una
guturacion fuerte, y no sería extraño que
el ácca reprodujese la S inicial l)ajo su
forma arcaica con vocales eufónicas. En
Yucaleco Caes articulación de P persona.
2. I — Véase el singular. La reduplicación de esta
letra puede responder á refuerzo que acen-
túe mas la idea de pluralidad.
3. Y - é — Véase el singular. La é final puede ser
refuerzo equivalente á otra V, que ])ara
evitar anfibología se muda en é. Mocoilek
hace jilural Mocoilassé, asi que esta e es
una plural posible de tercera ya á priori.
De las letras intercaladas se trata minuciosamente en las
notas del cuadro sinóptico en ca4a conjugación. En Inglés
encontramos que las terminaciones de plural son varias y que
responden á grandes mezclas de dialectos.
Ox — hiicij
Child — criatura
Mouse ■ — ratoncico
House — casa
no por esto deja de ser orgánica esta lengua: por idéntica
razón he dejado de lado todos los refuerzos de plural en el
Mocoví, y he limitado mi clasificación á la articulación típica
que se deslaca á la simple vista.
Desde que ya concedo que muchas de mis explicaciones
podrán ser mejoradas, pero creo que quedará siempre subsis-
tente lo principal, esa alma de todo idioma que hace posible
su reproducción á cierta regla.
XXII
2=" clase con S
La 2^ conjugación se diferencia de la 1* únicamente en la
I) por I de 3^ persona. La misma variante hallamos en el
Abipon.
1. H - tema — 2. H - tema - i — 3. R - tema
desde luego ella corresponde á la época anterior á la separación
de los dos dialectos.
De donde sacar la tal R = D sobra. En Guaraní Mojo-May-
pure etc., encontramos la i2 y la T de tercera persona. Lo que
falta que averiguar es la ley que rige en el uso de una ú otra
— 424 —
articulación. Esta se descubrii'ií una vez que formemos el
cuadro polígloto de las voces cuya articulación conocemos. Ave-
riguado el origen ó analogías de cada voz, estaremos en con-
diciones de poder dar salida á la pregunta: ¿por qué se usada
tal y no de cual articulación?
XXIII
3' clase con S.
La S'^ conjugación su|)rime el prefijo en 3^ persona. En Do-
brizhoffer no encuentro ejemplo alguno que pueda reputarse
análogo pero he a(|ui un extractado del MS tantas veces ci-
tado que posse el Sr. Lamas, y que yo ati'ibuyo á Brigniel.
Verbo acercarse
S. L A - cainn - oá — Pl. Rejjvoduce
2. cainy - oá — el
3. cainn - oá — singular
Aquí el Abipon ha conservado una A en 1^ como única
reliquia de su H 6 Ha de suerte que esta A representa la S
Mocoví. El mecanismo es el propio de este dialecto á saber:
1. Prefijo — tema
2. tema — subfljo
3. tema
Esta analogía nos prueba la exactitud de todo lo que oyó y
apuntó el P. Tavolini, y por igual razón, el P. Brigniel.
Es tan común esto de tema pelado que represente la fleccion
de 3* persona, que casi ni observación exige. El origen de esta
nueva variante, como la de la articulación debe buscarse en el
lexicón polígloto. Hordas ladronas que robaban mujeres é
idiomas, los robarían con muchas otras cosas anexas.
Esta A inicial de 1" persona se compara bien con la A
articulación inicial de verbo en Guaraní.
XXIV
4^ clase con S
La 4* Conjugación introduce un elemento muy curioso en
su articulación, pues admite un prefijo en la 2" persona, única
cosa en que se diferencia de la conjugación 1^. Yo no me doy
cuenta de esta variante en el mecanismo, ni creo que se le
halle solución satisfactoria mientras no se atribuya cada voz
á su lengua de origen; pero por lo que respecta al valor arti-
cular ó léxico de la partícula parece que es fácil explicarlo.
En la 3-'' conjugación lie demostrado como el prefijo A del
Abijion puede corresponder al prefijo S del Mocoví; y puesto
que la o de este dialecto puede ser la a de aquel, deberíamos
encontrar en el Abipon una fleccion que correspondiese á esta
fórmula.
1. A - tema — 2. A - tema - i — 3. Y - tema
Por cierto que en Dobrizhoffer puede ó nó hallarse un
ejemplo siempre que (|ueramos permitir í[ue un verbo con ar-
ticulación inicial por H puede prestar servicio doble; mas es
preferible buscar en Brigniel. que nos presenta ejemplos como
el siguiente:
A cnba r
1. Aan j Plural como
2. Aanch - i | 2. Aanchi - i
3. Yaant \ el singular
Esta fleccion nos hace ver que Brigniel y Tavolini con in-
tervalo de 100 años y en diferentes dialectos, oían y observaban
análogos mecanismos; no es pues casualidad lo que apuntó el
segundo sino una forma usual y bien comprendida en las len-
guas del Chaco de este tipo.
De que la o Mocoví á veces, ó las más, representa una a Abi-
pona, lo vemos en el futuro de una y otra lengua. La m letra
caduca en esos dialectos deja la a sola en este, dispuesta á
mudarse en la o de aquel. Es por esto que en el texto he
supuesto que la o inicial de 2* en esta conjugación represente
la partícula am — tú.
XXV
5^ clase con S
La 5=^ conjugación carece de importancia, porque si elimi-
namos una articulación inicial, que parece ser eufónica, ó de
no, refuerzo, lo que queda corresponde á una ú otra de las
conjugaciones anteriores. Los ejemplos son pocos y en los
principales entra esa E \e\ I que introduce tantas dicciones. Estoy
seguro que con el tiempo estas conjugaciones se reducirán,
cuando más á cuatro.
XXVI
La S índice Americano de 1' persona
De todo lo dicho se deduce que lo mas característico que
tienen las conjugaciones es: la S inicial de 1" y la J final de 2=^
persona; mas como la I es común á todos los grupos, resulta
— 426 —
que la clasificación se hace única y esclusivamete en razón de
la S de !'■'. El egoísmo gramatical de la raza conquistadora se
comprende fácilmente y por eso liallamos diferencias en 1"'
cuando no las hay en 2'' y 3^ entre idiomas que poi' otra parte
tienen muchos puntos de contacto.
Esta S puede muy bien compararse con la che del Guaraní
que realmente es ex, x Portuguesa ó Catalana, el sh Inglés y
X Italiano.
A i)i'opósito de la interequivalencia de s y ch recomiendo lo
que dice el Sr. Luciano Adam en la p. 22 de su folleto « Bu
Parler des Hommes » Trabajos como este adelantan el estudio
de las Lenguas Americanas: es corto y muy interesante.
El Toba emplea nuicho esta S característica de 1* persona:
á estar á lo que dá el P. Barcena es lo mas acentuado que
conserva su fleccion verbal.
El Lengua también usa la /? como articulación de l^ per-
sona. Ex: gr:
Sagdgii — entiendo
Sagjalda — te quiero (1)
En Payaguá sospecho que sahalda diga lo que Sagjalda en
Lengua, y en tal caso el Payaguá también emplea la S como
índice de 1" pei'sona.
Se vé pues que la S es una articulación pronominal que
como índice verbal puede llamarse Americana, y por lo tanto
es un eslabón que encadena muchas lenguas en un solo grupo.
En otro trabajo espero poder decir algo acerca de la posible
ecuación
S = Y
pero este es asunto que corresponderá al Lengua y Payaguá
idiomas en que parece que Demersay oía Hy donde yo creo en-
contrar solo y. Siendo ello así resultaría que la 5 y la / hoy
no estarían muy lejos una de la otra.
XXVII
Verbos débiles
Ya hemos recorrido ligeramente las 5 subclases del grupo
de verbos cuya flecion es fuerte. Pasaré ahora á los que exigen
refuerzo j)ronominal en su conjugación. Estas pueden ser de
tres clases.
(1) Vocab. tle Cervino. Bib. Mitre.
427
XXVIII
Refuerzo por N
El primer y mus importante grupo es aquel que acompaña
el tema con una iV inicial. Esta articulación parece que excluye
la S tan indispensable en el grupo de flecciones fuertes. En su
lugar reaparece esa Y vel I con que se posesiva de '". La com-
binación de íY con •/ á veces produce niñeo, otras veces nó: la
regla parece ser que la N acompaña á las vocales d vel ó.
La consonante c en el tema produce novedades como ser:
supresión de la i característica, y fuerte chicheo con la N.
En los mas de los casos está visto que la N lleva su cierto
valor reflexivo; pero en otros acompaña á verbos que son neutros
y aún activos, a juzgar por el romance con que los explica el
P. Tavolini. Es por esto que persisto en llamar á la W refuerzo
de verbo débil, en imitación de las lenguas Europeas, que se
valen del mismo recurso.
La articulación es la siguiente:
1. N - i - tema — 2. N - tema - i — 3. N - tama
Pl. L X - i - lema-iicca ) 2. N - tema - i — 3. N-tema-é
o y
^'el arj
Se entiende que la íYí puede volverse Ñ ó Y según se dijo
«mas atrás.
La conjugación Abipona se vale de idéntico mecanismo, y
la Y, como en Mocoví, puede ser índice de verbo reflexivo
neutro ó simple refuerzo. En cien años parece que este recurso
gramatical en nada ha variado. No está demás reproducir
.aquí un ejemplo de la fleccion Abipona.
Afrentar — Namilquetapeg
S. i. Ñi-amilq Pl. 1. Ñ-amilq
2. N -aamilgu-i 2. N-aamilgu-i
3. N - aamilq 3. N - amilgu -é
— 428 —
El Guaycurú tamljicn tiene su conjugación con N, y es pro-
bable que sea general entre los dialectos de este grupo de len-
guas.
En Quichua parece que todas las flecciones siguen el tipo
dcliil, pues en todas entra el refuerzo con n; verdad es que en
este caso la articulación es final en lugar de inicial, pero no
aí'ecta el hecho de que la n sea refuerzo, en uno como en otro
idioma. En otro lugar di un ejemplo de la fleccion Quichua.
XXIX
Refuerzo por D
Curiosa como es la fleccion débil reforzada con N, lo es
aun mas la otra que pide D. Ambas parlícuias son pronom-
bres de tercera, por lo tanto aptas para servir de refuerzo, se-
gún las exigencias de la conjugación. Esta D ocupa el lugar
de la L en los nombres, y por la razón ya referida de que
como partícula adverbial de tiempo quedaba excluida como
articulación pronominal de verbo.
La fórmula típica es la siguiente:
Sing. 1. D-i-lema — 2. D-tema-i — 3. D-tema
Plur. 1. D-i vel ar tema-acca — 2. D-tema-i — 3. D-tema-é
Al establecer la comparación con el Abipon falta que susti-
tuir la D con R, liecho lo cual se explica el verbo
Saltar
1. Ri-ahat — 2. R-ahach-i — R-ahát
Este verbo en Mocoví responde al romance bailar, y su flec-
cion es esta :
1. Y-assot — 2. D-assoct-i — L-assot
Pl. 1. Y-assoct-áca — 2. D-assoct-i — L-assoct-é
Es un bonito ejemplo que puede citarse como prueba de la
fonología de uno y otro idioma.
Sea por la razón que se fuere, el Mocoví no se contenta con
esta fórmula sencilla, sino que introduce otra variación me-
diante la sustitución de la D de tercera persona con N. El
Abipon hace otro tanto, y en este caso podemos cotejar el mismo
verbo en ambos dialectos, pues se corresponden en todo sen-
tido:
— 429 —
Desear
Abipon
— 1. Ri - ihé
— 2. Gr - ih-í
— 3. N - ihé
2. D - issi - á
3. N - issi - t- é
Así como en la clase anterior se sustituye la D de tercera
-con N, también en esta es una Y que ocupa el lugar de la D,
y el Abipon nos presenta su fleccion ancáloga.
Morirse
Abipon
1. Ri - igá
2. Gr - egach
3. Y - isa
En ambos casos el Abipon refuerza la R de segunda per-
sona con G.
En mi concepto es cosa muy admirable que los dos idiomas
hayan conservado tanta analogía en sus flecciones. Ignoramos
la época en que haya tenido lugar la separación de los dos
dialectos, pero lo probable es que sea ella pre-colombiana;
resulta, pues, que el organismo gramatical de las dos lenguas
ha podido resistir la fuerza destructora de cuando menos cua-
trocientos años: su fonelismo es muy distinto, pero en lo de-
más las analogías se imponen unas tras otras, y la misma
variación fonética nos viene á servir de mucho, pues con ella
podemos resolver otros enigmas mas de lingüística americana.
XXX
Grupo 3°
El último grupo, á que he puesto el número 3, consta de
unos nueve ó diez verbos, cuatro de los cuales parece que mas
bien son nombres sustantivos, i'i juzgar por la articulación pro-
nominal que se les arrima. Los dos primeros llevan partícula
final de fleccion verbal en plural, los otros dos se ajustan en
todo á la articulación sustantiva. La segunda clase se limita á
— 430 — '
dos formas del verbo tener, que acaso resulte ser mas bien
frase que verbo. La tercera clase incluye cuatro verbos que
son otras tantas excepciones, y no vale la pena de reproducir
(\([n\ lo que he podido averiguar á su respecto. No hay lengua
en el mundo libre de anomalías, pero los gramáticos siempro
prescinden de ellas al entrar á formar sus reglas.
Como en las Posesivaciones pude haberme limitado al ca-
pítulo que encierra el resumen, pero esto no hubiese satisfecho
al estudiante de lenguas reputadas como dificilísimas, si no
inorgánicas. Fuerza era el i'cducir todo á cuadros y sobre estos
cuadros entrar recien á sintetizar ; solo así, después de un
examen prolijo podría distinguirse entre el ar, mudanza casual
de yan, y ar articulación de primera en plural, y como esta
tantas otras complicaciones fonéticas que han dado lugar á
apreciaciones acaso no del todo exactas.
Los PP. Barcena y DobrizliolTer rehuyeron la tarea de re-
ducir estos verbos á regla, y el P. Tavolini se contentó con
darnos la íleccion mas ó menos completa de todos sus verbos
reproduciendo así tácitamente la opinión de sus antecesores;
pero los datos que todos tres nos suministran nos han facili-
tado el camino para salir adonde creo haber llegado. Otros
juzgarán de mi método, pero si resulta ser científico en su base
¿dónde quedará la apreciación de Dobrizhoffer? «Para la con-
« jugacion no se pueden presentar paradigmas, puesto que el
« número singular del presente de indicativo difiere en casi
« todos los verbos y es mas difícil de aprenderse que los au-
« mentos griegos. En particular la segunda persona toma nue-
« vas letras, no solo en el principio sino también en el medio
« y fin, según aparecerá de los ejemplos que van aqui puestos».
Trad. Larsen, pág. 257.
El ejemplo primero es este:
Amar
Sing. 1. Ricapit —
2. Grkápichi —
3. Nkápit —
La articulación normal es :
i. Ri-tema — 2. Gr
Pl. L Gr-tema-ácca — 2. Gr
(1) Corregido por el original.
— 431 —
En Mocoví sería :
1. Di -tema — 2. D-loiiia-i — N-tema
Pl. 1. Di - tema-ácca — 2. D-tema-iúii — N-tema-é
La ch por i de segunda es el chicheo normal del Abipon
cuando la / hiere una i, mientras que la i final es la letra ca-
racterística en la articulación de segunda en ambos idio-
mas.
El que guste puede examinar el cuadro de Dobrizhoffer á
la luz de mi estudio sobre el Mocoví, y verá allí explicadas
todas ó las mas de las dificultades. Ahora por qué un tema
toma una articulación y otro otra, lo puede contestar el que nos
diga por qué en español 'decimos amaba y decía, que en razón
de l(\gica y para comodidad del extranjero debió ser amaba y
deciba, máxime desde que sí decimos iba.
Dobrizhoffer acaba con estas palabras:
« Pero estos pocos son suficientes para mostrar los infinitos
« cambios de casi todos los verbos. Me abstengo de dar mas
« ejemplos que tengo en la memoria, porque no es mi intención
« enseñar lo lengua Abipona, sino tan solo mostrar lo extraño
« de su construcción, y evitar el cansar los oidos con tantas
« palabrotas salvajes. De lo poco que he escrito se colegirá que
« las inflecciones y variaciones de la segunda persona del sin-
« guiar, en particular solo pueden aprenderse por el uso y no
« por reglas ».
Y, no obstante, mucho de regla cabe; pues por las del Mo-
coví podemos analizar el verbo.
Vomito — Dob. Trad. Larsen
1. Riemaletépek — 2. Gremalitapék — Nemaletapék
Articulación :
1. Ri-tema — 2. Gr-tema-i — 3. N-tema
Temía : emale.
Terminación que corresponde al romance estoy con partici-
pio en ando ó endo: tápele.
La i medial, la característica de esta persona que se asimi-
la V absorbe la e del tema.
— 432 — •
Toda t que hiera una i sufi'e chicheo, asi que en esos verbos
en que una t de primera se muda en ch de segunda, ya sabe-
mos que representa la tei-minacion del tema propio del verbo,
lo que venga después de la /, que produjo el chicheo es simple-
mente partícula final. Atendida esta ley fonética del Abipon,
desaparecen las mas de las irregularidades que cita Dobrizho-
ffer en su interesante cuadro.
Al entrar á dar cuenta de la conjugación completa repro-
duciré lo que al respecto dice Adelung en su « Mithridales »,
quien por cierto está muy lejos de creer que sea imposible re-
ducir los verbos mocovíes á reglas de Gramática mas ó menos
comprensibles.
XXXI
Verbos Auxiliares
Según Dobrizhoffer, el Abipon carece de los verbos ser y haber.
Yo reproduzco lo que he encontrado en Tavolini y dejo su dis-
cusión para mas tarde, pues todo lo que alcanzo á vislumbrar
es que no hay un verbo Imher en el sentido de tener, pero que
acaso exista algo parecido á se?-. En la combinación ct tenemos
un ta que reaparece en el Toba noentá, yo soy ó estoy bueno,
semienta, yo soy ó estoy malo. Barcena también le niega el verbo
sustantivo al Toba, pero esta partícula ta no es otra cosa, y
siéndolo explica la partícula tapec dicha terminación gerundiva
pero que corresponde al romance estoij con ando ó endo; por lo
tanto es jjec y no tapec que corresponde á la terminación ge-
rundiva.
Que la t se vuelva ct es mudanza fonética del Mocoví. La
confusión que parece haber de t con d no es mas que aparente,
porque yo opino que la t sea radical del verbo sustantivo y la
d del pronombre demostrativo.
Esta t tiene visos de ser recurso americano. En Aymará la
encontramos en los verbos:
Yaticha - / - ha — Yo enseño
Yaticha - ¿ - a — Tu enseñas
Yatich' - i — El enseña
En Maya ó Yucateco, el mismo mecanismo en las partículas
T-e7i, T-ech, Lay ó Laijlo, yo soy, tú eres, aquel es.
(Contimtará)
índice
La Evolución de i.os Animales, por Matías Ramos Mexía (Coitclusion) . . . 3
Ensayo de una bihi.iügrai-ia de las obras de don José Miguel Carrera,
por .]. T. Meilina 53
Datos sobre el carbón de piedra de San Rafael (Provincia de Mendoza,
R. A.), publicados por el Museo de La Plata 97
La Sacarina Fahlberg considerada bajo el punto de vista higiénico, por
el profesor Dr. Pedro N. Arata, Director de la Oficina Química Muni-
cipal de Buenos Aires 137
Acuñación de moneda provincial en Mendoza, por Enrique Peña 151
Vocabulario Mocoví-Español, fundado en los del P. Tavolini, por Sa-
muel A. Lafone Quevedo 161
Contribution á la craniologie des araücans argentins, par le Dr. H. ten
Kate, Conservateur de la section anthropologique du Musée de La Plata . 209
Nota sobre un nuevo género de filiceos de la formación rhetica del
Chai.lao (Provincia de Mendoza), por Rodolfo Hauthal 221
Nuevos datos sobre el territorio patagónico de Santa Cruz, por Carlos
V. Burmeister 225
Apéndices á la Gramática Mocovi 257
Viaje á las Misiones Argentinas y Brasileras por el Alto Uruguay, por
Juan B . Ambrosetti, [Continuación) 289
Nuevos datos sobre el territorio patagónico de Santa Cruz, por Carlos
V. Burmeister, (Conclu.sioni 337
Viaje a las Misiones Argentinas y Brasileras por el Alto Uruguay, por
Juan B. Ambrosetti, i Continuación) 353
Introducción al Arte Mocovi del padre Tavohni, Estudio de Gramática
Comparada, por Samuel Lafone Quevedo 369
Á
1
La correspondencia relativa al Museo de La Plata
y sus Anales y Revista, debe ser dirijida á
FRANCISCO P. ¡\40REN0.
DIRECTOR DEL MUSEO DE LA PLATA.
Provincia de Buenos Aires. — República, Argentina,
La correspondance relative au Musée de La Plata,
ainsi quaux Annales el á la Revue de cet établis-
sement, devra étre adressée á
FRANCISCO P. MORENO,
DIRECTEUR DU MUSÉE DE LA PLATA.
Province de Buenos Aires.— République Argentine.
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