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'^K^f'^
HARVARD UNIVERSITY.
LIBRARY
MUSEUM OF COMPARATIVE ZOOLOGY.
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YXnouOMja 13 , i<^o9
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UNIVERSIDAD NACIONAL DE LA PLATA
PUBLICACIONES EDITADAS BAJO LA DIRliCCIÓK DE FÉLIX T. CUTES, SECRETARIO DEL MD8G0
REVISTA
DEL
MUSEO DE LA PLATA
TOMO XIV
(segunda serie, tomo i)
BUENOS AIBES
IMPRENTA DE CONI HERMANOS
684, PERÚ, 684
1907
PUnLICACIONRS DEL MUSEO DE LA PLATA
SEGUNDA SEEIE
La segunda serie de las publicaciones del Museo de La Plata, coni-
jirende los siguientes grupos :
ANALES
En entregas en 4° jnayor, y en las cuales se publican las memorias ori-
ginales del personal científico del Museo, que, á causa de las planchas
de gran formato que las acompañan, no ¡meden incluirse eii la Revista.
REVISTA
Volúmenes en S° menor de 20 pliegos por lómenos, y en los cuales so
publican, también, las memorias originales del pei'sonal científico del
Museo y las de los colaboradores tanto del país como del extranjero.
BIBLIOTECA
Volúmenes en 8° mayor de 25 pliegos por lo menos, que contienen tra-
ducciones de obras y estudios publicados en el extranjero, relacionados
con asuntos que sean tema de investigaciones en el Museo ; lo mismo
que series de artículos de vulgarización científica.
OATÁLOCiOS
lín volúmenes en 8° menor, en los que se incluyen los inventarios ra-
zonados ó simplemente enumerativos de las diversas colecciones del esta
blecimiento.
UNIVERSIDAD NACIONAL DE LA PLATA
REVISTA
MUSEO J)E LA PLATA
PEESONAL científico DEL MUSEO DE LA PLATA
SEÑOR SAMUEL A. LAFONE QUEVEDO, M. A. (Cantab.)
DOCTOR ENRIQUE HERRERO DUCLOUX
Vicíilíieclor
SEÑOR FÉLIX F. OUTES
Secn-lHiio, Ixlilici
y .luv.:loi' >1« |>mI>1k'
ESCUELA DE CIENCIAS GEOLÓGICAS
DOCTOR FLORENTINO AMEGHINO I DOCTOR GUALTERIO SCHILLER
lÜii-clor. jpfe lia BOCti'in y pioTesoí- de drologia ' .lefp J« sectiüii y pioTi-üni' ik- Mini-rBÍog>i
DOCTOK SANTIAGO ROTH
.¡•^fv de
con y profp.ov .t.- l'al.-..,.told.p.(i
ESCUELA DE CIENCIAS BIOLÓGICAS
DOCTOR CARLOS SPEGAZZINI I SEÑOR CARLOS BRUCH
Uirecluí, jeft: de seCL-ióil y prof.í'f>r He nolániea I .Ii-íe ile seci^íin. y pioí.'si.l ■!.■ Zünlot:.(i
DOCTOR MIGUEL FERNÁNDEZ
ESCUELA DE CIENCIAS ANTROPOLÓGICAS
SEÑOR S. A. LAFONE QUETBDO, M. A.
DOCTOR ROBERTO LEHMANN-NITSCHE
Jffe áe í*ccion y piurp-or di- Anliopologm
SEÑOR FÉLIX F. OUTES
l'rt>(r'Ot ailjiíiilu de Kli>oifial'i<k
SEÑOR LUIS MARÍA TORRES
l-.«re-or a.li.Hilo <)•- Ar.|»vol,)<.ia
SEÑOR DESIDERIO S. AGUIAR
I'rofejor adjunto de AnlropologÍH
ESCUELA DE CIENCIAS GEOGRÁFICAS
y ACADEMIA ANEXA DK DIBUJO
SEÑOR ENRIQUE A. S. DELACHAUX
hiii'cluí' y ¡iiofesor de (.ieogiafia fnica
SEÑOR VALENTÍN BERRONDO
l'iurt^or de (iuugiBfia pulitica y ecoiiuniica
INGENIERO GÜNARDO LANGE
Piofmor de farloRraf.a
SEÑOR E. COÜTARET
l-iufeho. lie Ddliijo peoméliico
SEÑOR E. BOÜCHONVILLE
l'iore^oi de lllI»i,ÍD ciiil.i^'ialico y de lehei*
SEÑOR M. ROSSO
Piofesor de Uihuj.. .ial<»u1
SEÑOR M. MALHARRO
IVofesor de Dibujo de arte y pínluta
SEÑOR R. BERGHMANS
l-rnfe.ur ile ( aliKialia
ESCUELA DE CIENCIAS QUÍMICAS
DOCTOR ENRIQUE HERRERO DUCLOUX
IJIieulüi y t>^l^u^ül' <le Química aiialiiica
DOíJTOK FEDERICO LANDOLPH
l>iufi>~ui Af Qi Joa orKáiiica
DOCTOR ENRIQUE J. POUSSART
SEÑOR GUILLERMO SALOM
l'rofc-o. .Ir FnimacoloKia
SEÑOR EDELMIRO CALVO
SEÑOR JUAN PUIG Y NATTINO
Profe-or adjuiílo de yiiimioü analilica cuanlilaiiva
UNIVERSIDAD NACIONAL DE LA PLATA
PDllLIOACIONES EDITADAS BAJO LA DIKECCIÚN DE FÉLIX I'. OÜTES, SECKETAKIO DEL MUSEO
REVISTA
DEL
MUSEO DE LA PLATA
TOMO XIV
(segunda serie, tomo i)
BUENOS AIRES
IMPRENTA DE OONI HERMANOS
684, PERÚ, 684
1907
r
V
^i_
AL LECTOR
(ion el presente volniíH'ii se iniííiii para lii lÍEViSTA del Musko dk La
Plata una nueva, era. Creada en 1890 por el fundador y primer Director
del Museo, doctor Francisco P. Moreno, para exteriorizar la tarea de in-
vestigación cientíñca que en las distintas secciones de la institución se
realizase, lia llenado cumplidamente sumisión, colocándose con los Ana-
les á la altura de las primeras publicaciones del mundo en su género.
En este orden de ideas, puede decirse que l(js rumbos están trazados
y los caminos abiertos para nosotros; pero el Museo de La Plata ha evo-
lucionado siguiendo la ley universal que cumplen los organismos como
las cosas, las instituciones como los individuos, y que por tanto alcanza
á los museos como creaciones humanas, segiin preveía Flower ' ; y esta
evolución que afecta proftmdamente á la institucií'm, debiendo reflejarse
en estas páginas, nos obliga á nuevos esfuei'zos, porque nos señala nue-
vas sendas y nos abre más amplios horizontes.
La ley-convenio del 12 de agosto de lt(05, promulgada después por el
lioder ejecutivo de la Nación, establece la cesión del Museo de La Plata,
hecha por el gobierno de la provincia de Buenos Aires al superior go-
bierno nacional; i)ero la cesi(ín se hace con la condición expresa de que
entre á formar parte integrante de la universidad Nacional de La Plata
que lá misma ley crea, debiendo transformar sus secciones en mídeos ó
centros de enseñanza, sin perder su carácter de gabinetes y laboratorios
de investigación científica, constituyendo su conjunto una « Facultad
de Ciencias Naturales » y realizando así el proyecto formulado ])or »'l
eminente pensador argentino doctor Joaquín V. González, entonces mi-
' Bcciiila del Musco de La Plata, tomo I.
— 6 —
nistro (le iustruccióu piiblica, á cuyo iiiñujo peisouiíl se debe la creación
<U; lii citada universidad.
renetrndo el doctor Joa(iuíii Y. González, actual presidente de la
Universidad Nacional de La Plata, del doble carácter de un museo del
historia natural en nuestra época, señah'i á nuestra institución, desde un
priiiciiiio, en su iiroyecto sus dos esteras de acción : la investigación
(úentitica y la alta enseñanza, es decir, con carácter universitario.
Con la primera, marcaba al espíritu (úentíflco, á la energía de investi-
gación, á esa fuerza del progreso, un lugar preminente en la vida futura
del instituto ; con la segunda aseguraba la difusión del saber entre los
hombres nuevos, entregaba la ciencia á los jóvenes, modelaba futuros
es]Ȓritus de laboratorio formados en un medio propicio desde sus prime-
ros pasos, al calor de luiestras tradiciones, dentro de nuestro pueblo y
en nuestro suelo, y preparaba el advenimiento de la ciencia genuinamente
argentina.
Un museo moderno no ¡¡uede ser una hnaca de exterior monumental,
donde el espíritu científico se momifique lentamente rodeado de sus atri-
butos : debe ser centro propicio para que ese espíritu científico progrese
evolucionando, á través del tiempo, siguiendo el movimiento pendirlar
que Pavre * le señala ó el sinusoidal que nosotros le asignamos, osci-
lando entre la verdad y el error, entre la fantasía y la ciencia, entre la
especialización y el enciclopedismo. Y fluctuando entre estas diversas
tendencias, entre estas distintas formas, entre estas fases opuestas, su
misión se habrá cumplido : el espíritu científico investigará hechos y
verdades deduciendo sus aplicaciones ; oscilará entre la luz y la sombra
que es el error, ])or sus métodos de observación y experimentación más
ó menos defectuosos; dará preferencia al raciocinio frío que conduce á
las leyes ó á la imaginación que forja ensueños y edifica hipótesis, base
de nuevas teorías; se detendrá en el trabajo minucioso de la hormiga que
edifica grano á grano, en el análisis que desmenuza, ó se remontará sobre
la obra toda, dominará el conjunto, abarcará de un golpe de vista la pirá-
mide, el sistema de la Naturaleza, y llegando en sus síntesis á las leyes
universales y eternas que presiden el uuindo físico, formulará esas teo-
rías que constituyen la gloria de nuestra raza, concepciones geniales que
han conquistado la inmortalidad para Empédocles y Epicuro en las eda-
' Hisloire genérale den sciences.
(les pasadas, á Newton, Leibuitz y Kaiit en los tiempos modernos y á
Laniarck, Darwin, Haeckel y Herbert Spencer en el siglo xix que
liemos visto morir.
Una olna de tal magnitud, aunque sólo se realice i)areialmente, no ime-
dc (juedar en la sombra, ni puede interrumpirse sin peligro de que se
esterilice : y es aquí donde surge la im])ortancia de la exteriorización
lie la labor por la enseñanza y por las publicacioju'S eomii nuestra lÍE-
VISTA.
Poco imjiorta para la verdad, que con tanto empeño buscamos, los
nombres de los obreros del laboratorio; pero es indispensable al progreso
que las ideas echen raíces y las teorías frnctiüqnen en manos de los que
han de sucedemos en el tiempo y que jamás conoceremos.
lío somos iniciadores nunca, aún que pretendamos crear : en ningiin
terreno es más verdadera la sentencia del Eclesiastes; pero también
creemos con De Launnay ' que la historia no se re])ite nunca y ésto
debe ser aguijón liara el que estudia é investiga. Hasta ahora en nuestro
país las ciencias de la Naturaleza no han tenido sino un reducido niimero
de cultivadores, espíritus selectos y elevados, de los cuales algunos nos
acompañan en la lucha, legándonos los otros las obras de su vida al
entrar en la tierra del misterio y de la sombrade donde jamás se vuelve;
mas no podemos decir que en realidad tengamos un ambiente intelectual
en la Eeiniblica, donde el grupo sea enjambre, la celda (colmena y el
núcleo pléyade : esa es la obra á realizar con todas sus dificultades.
Burmeister, Ameghino, Roth, Burckhardt, Bodenbender y Lallemant
han constituido por sus trabajos de fama mundial las ciencias geológi-
cas en nuestro país; Lorentz, Hyeronimus, Spegazzini y Kurtz con sus
investigaciones de botánica y Berg, Holmberg, Gallardo y los Lynch Arri-
bálzaga con sus estudios de zoología, han dado cimiento á nuestras cien-
cias biológicas; los Doering, Arata, Kyle, Quiroga, Schikendantz y Har-
perath han fundado nuestras ciencias químicas ; y en las ciencias antropo-
lógicas. Ten Kate, Lehmann-Nitsche, Ambrosetti^ Adán Quiroga, y el
mismo Ontes, joven todavía, han jilanteado cuestiones fundamentales y
han acumulado materiales valiosos para el conocimiento delasrazas que
nos han precedido en el inmenso territorio de la llepública.Puesbien,en
la obra de los hombres que hemos citado, al correr de la pluma, hay des-
' La Science géologique.
— s —
tollos del ficiiio (pie con iiuiravillosíii penetración y clarovidencia llega á
las leyes de la natiualeza; hay también esas conquistas del talento que
en lento proceso investiga y generaliza en los gabinetes y laboratorios;
y sin embargo, á esa obra le falta el carácter de la labor modesta, más
obscura JUMO más fecunda, más limitada pero más prolíflca, de los que
interpretando hechos y doctrinas, difunden, vulgarizan, enseñan y pre-
paran nuevos elementos, despertando en los jóvenes que se inician
en la vida del espíritu, el entusiasmo por el estudio desinteresado, por
el culto de la verdad iior la verdad ndsuui: esa nueva forma constituye
una parte importante de niiestro programa en las publicaciones del Mu-
seo y á cumplirla hemos de consagrarnos con emi)eño.
Y si en una futura etapa de la institución — que hoy vive bajo nuestra
dirección — se releyesen estas páginas, donde hemos querido reflejar
deseos íntimos, as]iiraciones desinteresadas, anhelos profundos y secre-
tas ansias, nuestra mayor satisfaci-ión sería el que se dijese : la senda fué
bien trazada por los que nos han i)ret'edido, no debemos desandarla ; y
así se habría cuin))l¡(lo una vez más el pensamiento consolador de Ba-
con, <|ue nosotros trii(lnciiiios: todos los animales ]iueden jierix'tuarse
](or la generación, pero es privilegio del lionibre, solamente, \encer al
tieiiiiio ]ior las obras de su inteligencia.
La DiüECf'ióN DEL Museo.
La riiitii, junid di' ]!(()(!.
AGUAS MINERALES ALCALINAS
DE LA REPÚBLICA ARGENTINA
D"- E. HERRERO DUCLOUX
Profesor (le t^níniiert aiiíilítica en las I'uiversiUaded Nacionales de Buenos Aires y La IMata
El estudio (lelas agxias minerales de la Eepública Argentina no se lia
Leclio toda vía : á ello se oponen las diflcnltades que la obra por su pro-
l)ia naturaleza entraña, la considerable extensión de nuestro territorio,
en gran parte inexplorado ó poco conocido de este punto de vista, y la
tendencia puramente utilitaria de los estudios químicos realizados por
nuestros especialistas.
En el Boletín de la Academia Xacional de Ciencias y en los Anales de
la ¡Sociedad Científica Arnentina, no son escasos los análisis de Arata,
Darapsky, Scliikeiidantz, Kyle, Puiggari y Doering, practicados con
aguas minerales de diferentes regiones del país, pero faltan las obras de
conjunto, las series metódicas de investigaciones analíticas ', los resul-
tados de un estudio sistematizado y completo,excepción Lecha del trabajo
del ilustrado médico higienista doctor Emilio R. Coni y de las publi-
caciones del profesor doctor Cantóuydel químico Ulises Isola. El prime-
ro - es una compilación metódica de los datos más importantes de las
principales termas argentinas ; la obra del doctor Cantón contiene datos
de valor sobre las aguas minerales de la provincia de Salta ; y la publi-
cación del señor Isola encierra los resultados analíticos obtenidos por él
' Las aguas di; !a República Argentina destinadas A la alimentación y á las
aplicaciones industriales, han sido estudiadas con gran acopio de datos en las oljras
siguientes : Juan J. J. Kyle, La composición química de las aguas de la licpública
Argentina, 1897 ; P. Lavkxir y E. Herrero Ducloux, Confrihución al estudia de
las aguas superficiales y subterráneas de la Eepútilica Argentina, 1905.
' Emilio R. Coxi, Código de higiene (I'» parte).
BEV. MUSEO LA PLATA. — T. L 2
— 10 —
con las aguas minerales de la provincia de Mendoza, con informaciones
])articulares respecto de las fuentes.
La tentativa más seria realizada entre nosotros para estudiarlas
aguas minerales argentinas, fué lieclia por los profesores doctoi' Atana-
sio Quiroga y doctor Francisco B. Reyes en el año de 1900. El superior
gobierno nacional propició el proyecto de los citados profesores y de-
cretó la reunión de un Congreso Hidrológico en Buenos Aires, tíjaiulo
el día 12 de octubre de 1000 para que inaugurase sus sesiones.
El proyecto no llegó á realizarse por razones de diversa índole, jicvo
la idea no resultó completamente estéril : el gobierno de la provincia de
Mendoza, entre otros, votó fondos especiales para que la Oticina Química
de ^Mendoza colaborase en este estudio, siendo el trabajo del químico
señor Isola el resultado de esta iniciativa. Por otra parte, el profesor
doctor Quiroga destacó, en los primeros meses del año 1900, comisiones
encargadas de tomar muestras de aguas en las fuentes de las diferentes
provincias, yendo á Mendoza y San .luán el doctor Beyes, á Bioja y Oa-
tamarca el doctor De la Vega y el señor Alejandro ^Nlolas, á Salta, San-
tiago y Jujuy los señores Eduardo A. II(dmberg y Alfias Brown, en-
cargándose el Departamento de Higiene de San Luis de hacer la recolec-
ción de muestras en diclia provincia, al mismo tiempo que el ingenierív
Anasagasti se trasladaba expresanuMite ¡i la Hoya de Copaliues en el
territorio del Xeu<iuen.
Las tareas de laboratorio, que fueron contíadns á mi inmediata y ex-
clusiva dirección ' en el laboratin-io quiiiiico del ministerio de agricul-
tura, duraron hasta el fln del año 1900, y á ese período corresponden to-
dos los datos analíticos que se señalan en los cuadros con escaño: pero
desgraciadamente, circunstancias especiales vinieron á malograr en gran
parte tan enorme tarea, haciend() imposible la puldieación de los resul-
tados del estudio.
Desde esa fecha, lie continuado estudiando un gran número de fuen-
tes minerales, por muestras enviadas especialmente por ex])loradorcs
])articulares ó pedidas expresamente para nuestras investigaciones, reu-
niendo un conjunto de datos dignos de ser publicados, realizando una.
pequeña parte del programa fijado por los inicdadores del Congreso Hi-
drológico : lo ([ue se refiere al gruiio de las aguas alcalinas de la Be])ú-
blica Argentina.
]\Ii ])osici(')n de segunilo jefe del laboratorio (|uímic() del ministerio de
agricultura, y la circimstancia de tener i>ersoualmente á mi cargo los
análisis de las aguas minerales y de riego en esta oficina técnica desde
' Los onsayos biU'tíTioliigicns se hacían aparte en el laboratorio ilel prol'esoí'
Ligniferes, liabiéiulose eucarsailo al doctor .Josi'" Torregíjiani los ensayos iiiicronrá-
ficos.
11
los comienzos del año ISOO, me lian eoloeado en condiciones excepcio-
nales para poder obtener muestras, en su mayor jiarte difíciles de obte-
ner ]n'ivadamente sin grandes desembolsos.
CLASIFICACIÓN DE LAS AGITAS
Entre todos los tipos de aguas minerales que lie tenido ocasión de
analizar, he dedicado iireferente atención á las aguas alcalinas, com-
prendiendo con esa denominación las que corresponden á los grupos de
aciduladas y de alcalinas en la clasificación propuesta por el profesor
Armando Gautier '.
Las aguas alcalinas abundan en nuestro país, aun entre las aguas su-
perficiales y subterráneas dedicadas al riego y ala alimentación, llegan-
do en ellas los carbonatos alcalinos á exageradas ijroporciones ", como
puede apreciarse en los cuadros analíticos que he agxegado al presente
estudio.
El vulgo luii ido demasiado lejos, apreciando indebidamente esta pro-
piedad coiniin á muchas aguas de manantiales ; y considerando las fuen-
tes europeas de «Vichy» como tipo superior en este grupo, ha bautizado
contal nombre gran número de termas, sin que el análisis de las aguas
haya justificado en forma alguna tal designación.
Estos errores de apreciación han hecho clasificar como sulfurosas
muchas fuentes '' que sólo accidentalmente contienen hicb'ógeuo sulfu-
rado, y en otros casos han formado alrededor de manantiales que nada
de particular ofrecen en su estudio químico, una leyenda de maravilloso
poder curativo.
Xo quiere decir esto que deba darse al análisis químico un valor ex-
traordinario: no Imy que olvidar los factores poco conocidos alíndela
disociación electrolítica que Xegreanu ' utiliza para distinguir aguas
naturales y artificiales y de la posible radioactividad que ahora se estu-
dia en las termas de los países europeos '; pero el análisis químico
bien interpretado, será siempre la única base de clasificación de un agua
mineral y el fundamento real de su valor terapéutico en el caso ge-
neral.
' Ahmaxd Gautikr, Coia-!! de vhimie.
- E. Hkrrkro Ducloux, Dnios kidrotimctricos : Jiialrs de la Sociedad Científica
Argentina, tomo LV.
' V. Martis de JIoussy, Dexcription gcoiiraphiquc et utatistique de la Confcdéni-
tion Artjeniine, 1860.
' D. XeGREaxu, JJiiletinul Socicíatii de Sciinie din ÜKciireaci, 1906.
' A. Laborde, Le Radium, 1904.
— 12 —
Las aguas minerales que figuran en este estudio, han sido clasificadas
tomando como base su (dcaJiuUlnd cu H^SO,, en la forma siguiente :
Alcalinas :
a) Alcaliiuai muy fuertes (Alcalinidad > 2 "/oo) :
Cura Fierro (O); Manantial Onelli (Ch) ;
b) Alcalinas fuertes (Alcalinidad 1 !í 2 "/„„):
Llaini)a (C); La Colpa (C); Manantial de la Quebrada (EX); Las
Peñas (M) ;
c) Alcalinas débiles (Alcalinidad (».5 á 1 °/„„) :
LosXacimientos(C); Villa Vil (C); Manantial Barrancas (SC);
Manantial de la Quebrada (líX); Yncacliuli (S).
d) Alcalinas muy débiles (x^lcalinidad <; 0.5°/oo);
Castañeda (J); Puente Pérez (J); Palau (S); Silicosa (S); Fiam-
balá (C); Sangil (C); Cerro Colorado (C) ; Volcán (S); Copaliues
(N); llío Blanco (M) ;
Alcalinas calcáreas :
a) Alcalinas calcáreas fuertes (Alcalinidad > 1 7oo):
Puente del Inca (M);
b) AlcnJi}ias cnleáreas débiles (Alcalinidad < 1 7oo):
jSTo existen de este tipo hasta ahora en las estudiadas.
Alcalinas clorosulfatadas:
a) Alcaliuus clorosulfatadas fuertes (Alcalinidad > 1 "/oo);
Volcán (S J); La Laja (S J);
b) Alcalinas clorosulfatadas débiles (Alcalinidad < 1 °/<,o) ;
Borbollón (M); Baños de Los Reyes (J); Salada ferruginosa (S);
Zarza (S) ; Vichy de Rosario de la Frontera (S) ■, Laxante (S) ; Ma-
zan (R); Agua Caliente (R); Jnmial (C); Choya (C); Huillapi-
ma (C); Chanampas (C); Challao (M); Cacheuta (M) ; Vichy (S) ;
Sauce (S); Salados (S.T); Las Cuevas (M); Zanjón Amari-
llo (M).
Xota. — Los uoml.ires do las príivincins y líolicrnaciiiiios se lian imlioadii por sus
iniciales, aaí : C, Cataiuaroa ; Ch, Cliiilnit ; .1, .Injuy ; M, Mendoza ; N, Ncuquéu ; K,
Rioja ; RN, Río NcRro ; S Salta; SJ, San Juan ; SC, Santa Cruz.
Figura á la cabeza de las aguas minerales alcalinas muy fuertes, una
fuente que merece una mención especial: la de « Cura Fierro» en Cata-
marca.
Esta agua del Valle del Ilualñn es la (ine reúne condiciones excep-
cionales, admitiendo compai-acion ventajosa con las aguas europeas de
Vichy.
He M]\ú los datos analíticos que le corresponden :
13 —
Composición del agua mineral, alcalina muy fuerte, de Cura Fierro
(provincia de Catamarcaí, según análisis del autor
JJttIos ¡jcneralcs
Coliir : incolora.
Aspecto : transparente, cou iiiny lii;i'ro si'dinicuto arcuoso.
Olor : picante.
Sabor : muy agradable.
Materia mineral eu snspeusióu : 0.0032.
Reacción
\ eu frió, fuerte alcalina.
/ eu caliente, fuerte alcalina.
Densidad á 1.5° 1 .00.50
Residuo á 10.">° ....... ."i . OU!
— ;í 180°.. .5.006
— al rojo .5 . 004
Residuo al rojo +.SO^H,, 6.680
Alcalinidad en SO.H, 4,46S .
Dureza temporaria 12°
— permanente 0°
Materia orgíínica \ [sol. ale.]. . . 0.0009
eu Oxigeno ( [sol. ác.]. ... 0.0011
Bases y (íchlos
Amoníaco no hay
Óxido férrico 0 . 0012
— de aluminio 0.0280
— de calcio 0 . 0756
— de magnesio O 07.52
— de potasio 0 . 0580
— de sodio 2.7510
Sílice 0.0510
Cloro 0 . 0818
Acido sulfhídrico no hay
Anhídrido sulfúrico. 0.0638
Acido nitroso no liay
— nítrico ve.stig.
Anhid. carbónico corab 2,0036
Acido fosfórico ao dosiUe
Gases
0°
760°"" /
Gases
CO, libre y semicombiuado en jieso. 0 . 6103
CO, — — eu volumen cm\ . 321.221
Oxígeno en V(dumeu em' 6 . 108
Ázoe en volumen cui' 16 . 660
Total 313.992
Comhinaeiones
Silicato de alúmina [(SiO') 'Al']. 0.0527
Sílice en exceso [SiO*] 0.0072
— eu silicato sódico [SiO'Xa']. 0.0090
■ Cloruro de sodio [ClNa] 0.1331
Sulfato de potasio [SO'K*] 0.0675
Nitrato de potasio [XO'K] vestig.
Carbonato de sodio [CO'Xa'] . .4,ó~9¿
Carbonato de calcio [CO'Ca] 0.1351
— de magnesio [CO'Mg]. 0.0762
— de hierro [CO^Fe] 0.0017
Bicarbonato de sodio [CO'HNa]. 6.1802
— de calcio [CO'HpCa.... 0.2069
— de magnesio [CO'H]''Mg. 0.1321
— de hierro [CO'Hl'Fe 0.0025
Debieudo agregarse á estos datos la presencia del Litio determinada por el doctor
Quiroga, pudieudo valorarse según mis determinaciones cuantitativas en 0.0010 de
carbonato lítieo por litro.
Como térmiuo de comparación incluimos un cuadro de la composición de las aguas
de Vichy eu Francia, segiin análisis del profesor Wilhu.
14
:^ tí
15 —
CUADROS DE AIÍÁLISIS
CUADRO I
Afinan mincyaJcs alcaliníOí fiierícs <lc Vattiiiuirca
Los NaeimientoH. — Fuente situada en el (Ie])aitaiiient(t de Belén, ái
3100 metros de altura sobre el nivel del mar.
Se ha constatado en esta agua la presencia del litio, pero no en can-
tidad dosable.
Villu va. — Esta fuente se halla en elvalle deJIualfín, departamento
do Belén, siendo conocida en la provincia desde larga fecha por sus i)ro-
piedades, pero no por su composición química.
Pertenece al grupo de fuentes que Espeche ' cita en su estudio so-
bre la provincia de Catamarca, como poseyendo tem])eratnras de 55 "',60°
y hasta 04° C.
Contiene litio en disolución: 0.0012 "/..« calculado como Li^CO,;
0.0020 como Li,C,0, y 0.001!) como Li.SO..
Llanqui. — Es poco frecuentada, aunque próxima á la anterior. Sur-
ge también á alta temperatura, desprendiendo una gran cantidad de ga-
ses, casi totalmente constituidos jjor anhidrido carbónico.
La Colpa. — Se conoce también con el nombre de Colpar hallándose
en el mi.smo valle de Hnalfín.
El agna cargada de gases surge con regular fuerza en nna hondonada
natural, tapizada en los bordes por una capa blanca y espesa de sales,
en las cuales domina el bicarbonato sódico.
Contiene litio en solución, que calculado en carbonato neutro equival-
dría ii 0.0002 %„; 0.00032 en Li,C,0, y 0.0003 en Li.SO^.
Es, á nuestro juicio, esta fuente de verdadero mérito, pudiendo com-
]iararse con la fuente de Andabre (Aveyron) en Francia, cnyas aguas se
consideran más dulces y tónicas qne las de Yichy.
He aquí los datos analíticos, debiéndose los de Andabre á los quími-
cos Limonsin y Lamotte :
And.ibn^ La Colpa
Bicarbumitu sódico 1 . 828 (Na.CO,) 1 . 5052
— cáloieo 0.285 (CaCO,) 0.1598
— • magnésico 0.23-t (MgCO,) 0.0394
Sílice y alúmiua 0 . 0005 (SiO,Al,0,) 0 . 0173
Bicarl)onato de hiuiTo 0 . 065 (FeCO,) 0 . 0013
Sulfato sódico 0.698 (KjíiO. 0.1051
Cloruro sódico 0 . 079 (XaCl) 0 . 2684
— calcico 0.015 —
— magupsico 0.015
Materia orgánica 0 . 020 —
' Fedkrico Espicciiic, L<t provincia de Catamarca, 1875.
— 16 —
La (liferenci.a en la cal y en la magnesia favorecen, sin duda alguna,
al agua de La Colpa; y si hay un ligero exceso de cloruro sódico, des-
jtreciable como factor en el sabor del agua, liay una notable diferencia
en los sulfatos alcalinos, diferencia que favorece también á la fuente ar-
gentina.
Cura Fierro. — Esta fuente fué designada con este nombre por el se-
ñor Alejandro Molas, en honor del padre Fierro que la descubrió y hi
experimentó por sus propiedades terapéuticnis notables.
Su situación no favorece su posible ex])lotación industrial y su ren-
dimiento es muy escaso; la llegada á la fuente es en extremo difícil alas
personas é imposible para los animales de carga.
Contiene litio que determiné cuantitativamente y qne podría calcu-
larse así:
Por litro
Carbonato de litio (Li^CO,) 0.0010
Bicarbonato de litio (LijCjOJ 0.0016
Sulfato de litio (Li.SOJ 0 . 001.5
Es sin duda alguna, el agua de mesa tipo Vichy mejor de la Eeiiúbli-
ca Argentina, pues sus propiedades organolépticas comiilementan feliz-
mente su composición química verdaderamente excepcional, como lo he-
mos hecho notar ya en la primera parte de este estudio.
CUADRO II
Affuas ideal i ñau fuertes de manantiales
Manantial de Barrancas. — Esta fuente fué hallada por una de las ex-
pediciones enviadas á la gobernación de Santa Cruz por la Dirección de
Tierras y Colonias, en el año de 1003.
Los datos que de este manantial se tienen no ilustran respecto de la
naturaleza del suelo en que surge, ni resjUM^to de su rendimiento.
No se halla cerca de centros poblados y su transporte es costoso y tli-
fícil.
Manantial de la Quebrada. — Se halla en el territorio nacional de Eío
Negro y proviene la muestra analizada de los materiales de estudio traí-
dos por una de las expediciones hechas ])or la División de Tierras y Co-
lonias.
Manantial de Onelli. — Este manantial fué descubierto por el señor
Clemente Onelli, en la gobernacií'ui del ("iiubiit, en el año de lilOÜ.
Los datos que i-especto de él tenemos son los que nos ha proi)orci<ina-
do galantemente el mismo señor Onelli en una cartaque extractamos en
seguida.
— 17 —
Saliendo de la orilla sud del río Cliubut, después del valle de las
Pliiiiins, arranqué hacia el sud por el eañadón llamado del Carro líoto,
y á la le¿;ua y luedia me hallé en un paraje de tobas coloradas; allí ea
un bajito corría un hilo de agua.
El thalweg del inaiiantial era uiny ancho y llevaba signos claros de
incrustaciones blancas, que indicaban que en otras épocas del año debía
correr más voluminoso.
Probé la materia salina y le encontré sabor alcalino, distinguiéndose
el sabor del salitre y del bicarbonato scSdico; el agua también la encon-
tré alcalina '.
Aunque esta agua es bastante clorosulfatada, la riqueza en bicarbo-
nato sódico la hace comparable á las más notables de su género.
Manantial Lan l'cñaií. — Se encuentra situado en el departamento de
San Carlos, provincia de Mendoza.
La muestra analizada fué tomada cuidadosamente por el señor José
Lavenir, en un viaje de inspección vitivinícola, realizado en el año de
1904.
Se encuentra en perfectas condiciones de proporcionar agua en canti-
dades considerables.
Los datos de altitud, situación, fuentes de recursos, etc., se hallan in-
dicados en el estudio del señor Ulises Ysola sobre las fuentes de Men-
doza -.
CUADEO III
En este cuadro figuran aguas de la provincia de Salta, de diferente
grado de salinidad, aunque correspondiendo á una zona limitada.
Entre ellas, solo la primera denominada ]'<)Ic(ín tiene su semejante
entre las fuentes explotadas en Europa. Y esta semejanza ax)arece más
evidente si se couipara su comjiosición química con los datos analíticos
del agua de Evian :
Fuente de C'achat (Ecian, Alta Sahoya) seriiin anñlisis de WiUm en 1SS9
Acido carbónico libre 0.0105
— (le bicarbonatos 0.2627
Carliouato calcico 0 . 10()0
— magnésico O . OSlt!
— siíilico 0 . 00."i(5
Fosfato lie hierro y calcio 0 . 0008
Sulfato sódico 0 . 0079
— potásico 0 . 00.52
' Carta iiarticular de Julio 18 de 1006.
' Eatudioí de /((■>■ agitas miiirrales ij potables de ?nj))'orÍHc/« de Meiido:a, 190.5.
— 18 —
Cloruro sódico 0 . 0030
Azotato sódico 0 . 0029
Sílice 0.0U2
Total iior litro 0 . 3172
Eesidno ú 110° 0 . 3210
El valor de estas termas europeas nos liace prever el porvenir de las
fuentes citadas, euando la densidad de población aumente en la jiroviii-
cia de Salta.
CUADRO IV
Choya. — Se encuentra situada esta fuente en las jiroxinndades de
la ciudad de Catamarca, hacia el norte, en el camino ([ue va á Piedra
Blanca.
Su altura sobre el nivel del mar es próximamente de .jGO metros.
El agua de Choya tiene gran semejanza con el agua de Evaux, de-
partamento de Creuse, en Francia, como puede verse observando los
resultados analíticos obtenidos con ésta en la oficina de ensayos de la
Escuela de minas de París.
Evaux Clioya
Carbonato calcico 0.0680 0.0707
— iiiaguésico 0.0311 0 . 0228
— ferroso 0 . 0028 0 . 0045
— só.lico 0 . 1361 0 . 18S1
Silicato .sódico 0.0750 0.0300
Sílice en exceso 0.0371 v.
Sulfato sódico 0 . 8052 0 . 6404
— potásico 0.0217 0 . 1609
Cloruro sódico 0 . 2324 0 . 0580
— litico V. —
Materia orgánica 0 . 0042 —
Peso del residuo fijo 1 . 4300 1 . 220
Sólo se nota alguna diferencia en la iiroporción del clrruro sódico,
pero en favor del agua de Choya, consideri'mdola como agua de mesa.
Villaphna ó HuilUquma. — Sobre el camino de Chumbicha á Mi-
ratiores, en la misma provincia de Catamarca, se encuentra Yillapima,
á 45(t metros sobre el nivel del mar.
Chíinümpa^. — Se hállala fuente Síjbre el camino que va <le Tinogasta
á Fiambalá, en la provincia de Catamarca, á una altura vecina de 1300
metros sobre el nivel del mar.
Fiambalá. — Las termas de Fiambalá, ([ue son citadas en el libro de
Martín de Moussy, clasificadas erríincamente como sulfurosas, se hallan
en el departamento de Tinogasta, pioviiicia de Catamarca, á 1950 me-
tros de altitud.
— 19 —
El pueblo (le Fiambalii está situado al noroeste de las termas y á
corta distancia de ellas.
El doctor Especlie les señala una temperatura de 5Í) á 00'^ centi-
grados.
Sdiifíil. — Eulas cercanías del pequeño jioblado deSanail, encontró
el señor Alejandro IMolas la vertiente, de donde procede la muestra
analizada.
Sangil se lialla á 1000 metros sobre el nivel del mar, al norte de Fiam-
balá y lejos de toda fuente posible de recursos.
Cerro Colorado. — En la falda oriental de la serranía, que tiene al
oeste á Tinogasta, Fiambaláy Sangil, está la fuente de ('erro Colorado
en las proximidades de Londres, centro ] ¡obla do de regular impíntan-
cia, al sudoeste de lielén.
El agua de esta íuente puede compararse con la que se explota en la
Sierra de Minas (República Oriental del Uruguay) de la fuente « Salus »,
inies la composición de ésta es en resumen:
Ácidos liases
Por mil Por mil
Sílice 0.0157 Cal 0.0491
Auhiarido sulfúrico . . 0.0133 Magnesia 0.0067
— carlMhiioo . 0.0812 Soda 0.0141
Cloro 0 . 0088 Potasa 0 . 0025
Kesiduo á 1.50° 0 . 1815
CUADRO Y
Clidllíio. — E.sta fuente de la provincia de Mendoza, no tiene impor-
tancia alguna por su mineralizacióu, aunque su composición química le
da cierto valor como agua de mesa, á la par del agua San Pellegrino
en Italia, de la cual sólo se distingue i)or una mayor proporción de sul-
fates alcalinos.
Aijna de San PeUcfiriiio, .icijúii amílisis ele! profesor Deodato Tiroli
Color iucoloi-a
Aspecto ti-ansi>arente
Reacción alcalina
Temperatura ■. . . 27° C.
Densidad 1.0014
Residuo seco á 180° C 1 . 1335
Materia orgánica en oxígeno 0 . 0006
Anhídrido carbónico 0 . 1316
— silícico 0.0102
— sulfúrico 0.4577
— nítrico 0.0005
20
Anliidrido nitroso O
— fosfórico O
Cloro 0.0780
(')xi(lo de calcio 0 . 2906
— niaguesio 0 . 0998
— sodio 0 . 0592
— potasio 0 . 0041
— hierro y aliiiiiinio vestigios
CUADRO VI
('hitU(ii). — Las tres aguas (|iu> figunin en este cuadro fueron recogi-
das tres afios (lesj)U('s de las anteriores por el señor José Lavenir, sien-
do los datos analíticos obtenidos una comprobación de lo establecido
para las primeras.
Los médicos de Mendoza no dan gran importancia á estas fuentes,
situadas al oeste de la ciudad y próximas á ella.
Cdchcxin. — La fuente de Caclieuta, ó mejor dicbo, las fuentes de es-
te nomine se encuentran á .'ÍS kilíunetros de Mendoza, en un valle si-
tuado á 12L"> metros sobre el nivel del mar.
Su temperatura variable entre 35 y 45° centígrados, es quizá el ma-
yor mérito que poseen, aunque quizá un estudio de su coeficiente de
conductibilidad eléctrica y aun de su probable radioactividad, pueda
dar la clave de sus notables efectos terapéuticos.
El doctor Atanasío Quíroga lia detorminado la presencia del litio en
estas aguas.
Los PaixKjayoK. — Al sudoeste de Mendoza se halla la fuente de este
nond)re, cuyas aguas tienen mucha semejanza con las del í'liallao por
su composición, debiendo ser clasificadas también como alcalinas débi-
les clorosulfatadas.
Su valor es limitado y los juicios de los médicos higienistas no les
son fiívorables.
CUADRO VII
Gaxiañeda y Tncnif Pircz. — Fuentes de Jujuy, que nosotros clasifi-
camos conu» alcalinas muy débiles; pero teniendo en cuenta su escasa
mineralización, la proporciini de carbonates alcalinos no es desi)re-
ciable.
Sil extiema pureza y sus caracteres organoléiiticos les dan cierto va-
lor como aguas de mesa.
Pueidii traídas las muestras analizadas por el sefior Alflas Brown co-
misionado al efecto por el ministerio de agricultura.
— 21 —
Baños (Je Ion Ixi-yen. — Conocidos desdo hace largo tiempo, merecen de
parte de Moussy frases elogiosas, aunque supone equivocadamente que
en ellas domina la magnesia y el carbonato de hierro.
l'ueden elasirtearse •■orno aguas muy ligeramente alcalinas sulfatadas
calcicas, poseyendo una temperatura variable que no pasa de ílO'^GC.
Se ha constatado la presencia del litio, pero no en cantidad dosa-
ble.
CUADEO VIH
Puente del Inca. — Estas fuentes de Mendoza han sido estudiadas re-
petidas veces y son explotadas desde hace muchos aüos.
Poseen una composición en extremo curiosa y una tenq)eratura de
33 á '.H^C, circunstancias que las colocan éntrelas aguas minerales más
notables para baños que ^josee la república.
El profesor Pedro ]Sr. Arata en febrero de 1897 publicó un folleto so-
bre las termas del Puente del Inca, y estudiándolas del punto de vista de
su composición las compara con las de Kissinguen euBaviera.
El profesor Atanasio Quiroga ha señalado la presencia del litio en las
muestras analizadas por mí en 1900 y que fueron traídas p(n- el doctor
Francisco B. Eeyes.
CUADEO IX
Puente del Inca. — Estas muestras fueron tomadas por el señor José
Lavenir en agosto de 1903, para completar nuestro trabajo del año
1900.
Sería conveniente completar los datos químicos que se poseen con uu
estudio del punto de vista de la radioactividad y conductibilidad eléctri-
ca de estas aguas.
C'UAUEO X
Volcán. — Se encuentra esta fuente á 8M) metros de altitud, cerca de
San Boque, en el departamento Jacha!, provincia de San Juan.
Es nuiy ligeramente sulfurosa, debiendo este carácter á una pequeña
cantidad de ácido sulfhídrico disuelto.
Determinado el litio cuantitativauu'ute resultó :
Por mil
Sulfato de litio (Li,SO,) 0.0088
Carbonato calculado (Li,COj) 0.0059
Bicarbonato calculado (LijCjOj) 0.0094
— 22 —
Pialados. — Seliallau situadas en la jnoximidad de La Laja, en la mis-
ma pi'ovincia de San Juan.
Son estas aj;iuis clorosulfatadas muy fuertes y al.uo alcalinas.
Lii L({¡((. — Los baños de La Laja están en el departamento Augaco
tíud (¡irovineia de San Juan) al este del camino que va de San ]Martín
hacia Jaclial y al oeste del cerro de Pie de Palo.
Son termales estas aguas, alcanzando la temperatura de 75° C. y ¡lor
sn composición merecen ser clasificadas coino clorosulfatadas fuertes
muy alcalinas.
Contienen litio en su composición.
CUADROS XI Y XII
Eomrio de Iti Frontera. — Las fuentes de este nombre se encuentran
en la ])rovincia de Salta, constituyendo por su situación excepcional, por
las bellezas del paisaje que en ellas se goza y por su elevada temperatu-
ra, una estación balnearia únicaen su género.
En cuanto á la composición misma de las aguas, puede notarse en los
resultados analíticos quenada notable presentan, no iludiendo justificar
su fama, merecida sin duda por otros concei)tos.
Las muestras analizadas i)or mí fueron tomadas cuidadosamente pin-
el señor José Ramos Mejía, entonces bajo mis órdenes como químico sub-
director de sección.
He aquí algunos datos de las fuentes estudiadas :
Friliíti. — Se encuentra situada al snd del edificio pi-incipal del balnea-
rio y á una distancia de 75 meti'os del mismo.
Es un agua de mesa algo alcalina, ligeramente clorosulfatada y de ex-
trema iiureza.
silic<)s<(. — Esta vertiente dista 13 metros próximamente del edificio,
subiendo la quebrada, donde surge el cliorro i)rincipal.
Su composición no difiere de la anterior y no merece en manera algu-
na el nombre que lleva, pues su riqueza en anliidrido silícici) no ofrece
nada de ])articular.
Siilfiironu. — Á 150 metros pr(')ximament(' del edificio y en la dirección
sudoeste del mismo, surge el agua sulfurosa.
El olor (|ue despide es bastante perceptible en la fuente, pero en el
agua no liay sino muy pequeñas cantidades de liidrógeno sulfurado, con
ausencia completa de sulfuros alcalinos.
Las determinaciones liecbas en el balneario por el señor Ramos Mejía,
con reactivos valorados y comprobados, dieron resultados despreciables
al (pierer determinar la proporción de ácido sulfliídrico y sulfuro disuel-
tos. En el laboratorio se comprobó plenamente la exactitud de los datos
negativos obtenidos por el señor Ramos ]Mejía.
— 23 —
Salada fe mi (j i II osa (a). — Á poca distaiK-i;! de la antoiior, cii la inisiiia.
orientación respecto del edificio y á 120 metros de éste, se encncntra la-
vertiente conocida con el nond)re de Siilada-t'errufiinosa.
Dotada de una temperatura vecina deSl" C, su composici(')n (|uímica
justifica plenamente su nombre de salada <) clorosulfatada muy fuerte,
ligeramente alcalina, pero no liay razíín alguna para Ihiniarla ferrusi-
nosa.
Salada feri-iiiiinoxa (b). — En íííw.ú ])araje que la anterior se halla, esta
fuente que por su composición viene á rejiroducir el tipo l'alau con nuiy
ligera diferencia.
Observándolas cantidadi's de cloruro síklico (0.2450 "/oo) y de aidiiilri-
co sulfúrico (0.0977 "/oo) q'ie contiene, esta agua no merece el nombre de
salada ; y tampoco ijuede llamarse ferruginosa puesto (pie no aventaja en
este elemento á las demás del grupo.
Zarza. — El agua llamada de la Zarza surge en un paraje situado á
ir«0 metros pníximamente del edificio y en la dirección sudoeste del
mismo.
Es comparable por su salinidad al agua «sulfurosa», sirviendo per-
fectamente como agua de mesa.
Potable. — Comoá tres cuadras del balneario se encuentra el agua po-
table, en la dirección del sud-sudeste.
Xada de iiarticular ofrece su composición y su nombre indica clara-
nu-nte el uso á que se destina en las termas.
Vichy. — Al sudoeste del edificio y á una distancia de 120 metros, está
la fuente llamada Yicliy, cuya comj)osición no justifica en forma alguna,
tal denominaciíjn.
Nuestros datos analíticos corresponden con los del análisis sumario
firmado por el profesor Pedro X. Arata en enero de 1896, que insertamos
en seguida :
Aijiiti Virhii
Peso específico 1 • 003+6
Clornro sódico 3 . 2370
Sulfato sódico 0 . 6257
— potásico 0 . 0822
— Ciücico 0.1-169
— iiia<j:nésico O . O+.jS
lUcarljonato sódico 0.2747
— ferroso 0.0168
Acido silícico 0.0930
Total ,. . . 4.. 5216
La.raiitf. — Á la derecha del camino que conduce al balneario por el
oeste, y ;i (io iiu'tros próximamente de diclio camino, se halla la fuente
llamada Laxante ó Purgante.
— 24 —
Su riqueza en clorui'o sóilico y en sulfatos alcalinos, le da verdadero
valor cutre las aguas de su especie, siendo digno de notarse que fuera
del exceso de esas sales, conserva la composición uniforme de las aguas
de la región.
Aliorini. — En la quinta de este nombre, situada al sndsudeste del
balneario, y como á media Lora de camino, se encuentra el agua cuyo
análisis figura en este cuadro.
Como el agua de « Chicas » la de ]Miorini tiene una gran semejanza
con la llamada «Potable», pudiendo clasificarse como un agua de mesa
de perfecta pureza, de dél)il mineralización y en la cual las proporciones
de bicarbonato sódico no son despreciables.
CUADRO XIII
Mazan. — Al nordeste de la i)rovincia de La Rioja, entre las sierras de
la Punta y de Ambato, y en las iiroxiiiiidades del río Bermejo, se encuen-
tra la vertiente de Mazan.
Eepresenta el tipo de agua débilmente alcalina, clorosulfatada fuerte,
bastante comíin en laEepública, sin que pueda decirse nada preciso res-
pecto de su valor real.
Af/na Cítlieiitc. — Apoca distanciade Mazan en la dirección nordeste,
se halla la vertiente de este nombre, notable por su elevada temperatura
que según Molas alcanzaría á (iü'^C.
Su débil mineralización forma contraste con la del agua de Mazan,
teniendo, sin embargo, proporciones casi idénticas de carbonatos di-
.sueltos.
Jmiiiol de Berrondo. — En las cercanías de la capital, en la provincia
de Catamarca, dentro de una proi)iedad del profesor Valentín Berrondo,
se hallan las vertientes del Jumial, cuyos análisis figuran en este cua-
dro.
La primera y segunda de estas fuentes son algo mineralizadas, domi-
nándolos cloruros y sulfatos alcalinos, con muy escasas proporciones de
sales de cal y magnesia ; en ellas puede estimarse el carbonato sódico en
0.3182 por mil para la primera y enO.3891 por mil para la segunda.
La tercera de las fuentes del Jumial es mucho menos mineralizada, y
aunque conservando siempre la composición general de este grupo, se
presta á servir como agua de mesa, no tomando en cuenta la presencia
del nitrato potásico cuyo origen no es sospechoso, dada la situación de
las fuentes.
La cuarta fuente del Jumial es la más rica en sales, notándose en ésta
también la característica de no tener cal y magnesia sino en mínimas
])ro]K)rciones, llegando su riqueza en carbonato sódico á 0.5008 por mil.
— 25 —
He aquí las combimicioucs suliiiiis qnr i>iiiln';ni aceptarse, de acuerdo
con luu'Sitro aiu'ilisis :
l'..r mil
Sulfato calcico 0. 177S
— magnésico 0.0498
— sódico 0 . 7589
Cloruro sódico 0.6217
Carbonato sódico O . ¡íOGX
Nitrato potásico < 0 . 0010
CUADRO XIV
IlorhiiUóii. — Figuran eu este cuadro dos iuiálisis de la fuente de este
nonil)re, sobre nuiestras recogidas en el año de lltOO por el doctor Fran-
cisco J5. Eeyps.
Martín de Moussy cita ya esta fuente, como una de las más conocidas
de la provincia de IMendoza, departamento Las Heras.
Distando sólo tres leguas de la capital de la provincia, constituye una
estación balnearia explotada con éxito, siendo en la actualidad muy con-
currida.
La temperatura del agua es de 26'^0. y su mineralización es debida
casi totalmente á cloruros y sulíatos alcalinos y de calcio, con escasns
proporciones de carbonates.
CUADRO XV
Amii/os (le Mendoza. — Hemos reunido en este cuadro los análisis de
cinco arroyos de la provincia de Mendoza, cuyas agirás son empleadas
en el riego y en la alimentación, gozando algunas de Las virtudes medi-
cinales á los ojos del vulgo.
Son aguas de extrema pureza, de mineralización variable, jiero presen-
tando todiis ellas una composición que permite clasificarlas como cloro-
sulfatadas muy débilmente alcalinas.
CUADRO XVI
L(((juit(is. — Con especial intención liemos colocado eu este cuadro un
grupo de aguas de lagunas, cuya fuerte alcalinidad en ausencia de sales
calcicas y magnésicas, permite clasificarlas como fuertemente alcalinas,
ricas en carbonato sódico.
En el cuadro A, el agua de la laguna de Amenábar, situada en la es-
tación de este nombre, sobre la línea del Ferrocarril Buenos Aires y Eo-
sario, es un caso curioso de mineralización que hace recordar la opinión
ANAL. MUSEO LA PLATA. — I. 3
— 26 —
(le viajeros europeos, respecto <le una posible explotación de algunas la-
gunas argentinas. En efecto, en un total de 1.7011» de sales hay 1. -1520 de
carbonato sódico, con vestigios de cloruro sódico y pequeñas porciones
de sulfatos ; si la materia orgánica no fuese excesiva, todos los demás
datos colocan esta agua entre las alcalinas fuertes.
El agua de la laguna del Ganzón, situada en la zona VI de la gober-
nación del Cliubirt, se encuentra también en las condiciones antedichas,,
siendo de notarse la escasa proporción de cloruros y sulfatos, así como
también de cal y de magnesia.
En el cuadro B hemos colocado las aguas de mineralización muy fuer-
te, clorosulfatadas alcalinas, pero poseyendo también la característica
de no tener sales calcicas y magnésicas, sino en muy escasas proporcio-
nes.
Si calculamos en carbonato sódico todo el auliidrido carbónico combi-
nado que poseen, tendríamos :
Ciirhiinato sódico (NtijCOj "/oo)
Laguna de río Negro 2 . 4129
— Melincué 2.5132
— 9 lie Julio 3.4425
— Bufiio.s Aires (4) 2.9145
— — (5) 2.9040
— — (6) 3.1201
CUADRO XVII
Laguna (leKruaJiclio. — Como complemento de los tipos de aguas de
laguna que ñguran en los cuadros anteriores, merece ser citada la Lagu-
na de Gualicho, situada en el partido de Las Flores, en la provincia de
Buenos Aires.
Su mineralización extraordinaria, casi doble de la que i)osee el agua
del Atlántico frente á Bahía Blauca y Río Xegro ', permite clasiñcar-
la como clorosulfatada fuertemente alcalina, con cantidades desprecia-
bles de cal y magnesia.
CUADEO XVIII
Pozos. — En comprobación de lo establecido en la primera parte de
este estudio, hemos reunido en este cuadro un grupo de análisis de aguas
de pozo, elegidas entre las que jíoseían una alcalinidad superior á 0. .")(•()
por litro, excepción hecha de las dos primeras.
Todas estas aguas merecen el nombre de alcalinas, iionine cualquie-
' E. Hi;i¡i£K]¡o DrcLOC.x, Alíales de la Sociedad Científica Jrficiiliiia. tomo LIY.
— 27 —
Til (jm' sea el a.nniiiaiiiiento ((ue se establezca liara sus combinaciones
salinas, el anliidrido carbónico combinado se hallaría liajo la forma de
carbonato alcalino y en projiorciones notables.
Se lian dispuesto en orden creciente de alcalinidad, i)ero no de mine-
ralización, aunque todas ellas presentan la característii^a de nuestras
aguas subterráneas, es decir, la presencia de una notable proporción de
cloruros y sultatos alcalinos. Exceptuando el primero de los pozos que
figuran de Peliuajó, todos son de gran profundidad, alcanzando la se-
gunda y aiui la tercera napa, correspondiendo en su mayor parte á los
trabajos de ])erforaciones que sobre un plan científico realiza la división
de minas y geología que dirige el ingeniero Enriípie llermitte.
Si todo el anhídrido carbónico lo suponenujs, arbitrariamente, combi-
nado al sodio, estas aguas tendrían :
Carbonato xódico (XHjCOj)
rnr mil ror mil
Necochoa (Lilehing) 0.5068 Comodoro Rivadavia 0.9979
Necochea (La Perla) 0 . 5227 Córdoba 1 . 0084
Estación Cernadas 0.7761 Córdoba 1.0874
Pehuajó (connín) 0 . 8923 Belville 1 . 0929
Pebuajó (semisurgente) . . 1 .0032 E.stación Vedia 1 . 1880
Santiago del Estero 0 . 8976 Carbué 1 . 3200
— 0 . 9138 Quilmes 1 . 5100
CUADRO XIX
Baños (le CopuMics. — En el cuadro XIX (A, B y C) hemos colocado
los datos analíticos correspondientes á las celebradas aguas de Copahues,
de la gobernación del Xeuquen.
Aunque los datos casi coiiqdetos de estas termas han sido publica-
dos ya ', en informes del señor ingeniero Federico Anasagasti, del doc-
tor Lema Maciel, del teniente Eduardo Laurent y del doctor J. M. Ca-
bezón -, vamos á transcribir algunos de estos datos aquí iiara que sir-
van de base á las observaciones que sobre las aguas analizadas debo
hacer.
Las termas ocupan un pecineño valle, situado á unos doce kilómetros
del volcán Coiíahues, á una altura de L'.'ÍOO metros sobre el nivel del
mar.
' Con verdadero placer cumplo aquí lo.s deseos manifestados por el señor Pa-
blo Lavenir, de que se salvase el olvido involuntario en que incurrió al publicar
mis cuadros de auálisis, en su estudio sobre las Termas de Cojiahiics, sin citarme co-
mo autor de ellos, en el fínletin de Agricultura y Ganadería, año III, número 67.
- Anales de la sanidad niiJilar, año I, número 2.
— 28 —
En los Copahues, «los surtidores naturales nacen formando peque-
ños ])ozos de asna caliente, de diversos enlores y temperatura»; en mu-
chos el líquido parece hervir constantemente, por la ajj;itación violenta
que se in-oduce por el desprendimiento de burbujas gaseosas, llegando
la temperatura de las aguas á 00 y aún 100^ V.
Aunque lejos de centros poblados, pues de Chos Malal distan LMi le
g'uas y de Las Lajas 28 leguas, careciendo de recursos en el lugar mis-
mo y con un i'lima en extremo variable é intolerable durante el invier-
no, las termas de Copahues constituyen uim estación l)alnearia nuiy
frecuentada ; y cuyo porvenir no es fácil prever, cuando las vías de co-
municación mejoren i)or los ramales cpie proyecta el Ferrocarril del
Sud al Xeuquen.
Es de observar, que no pueden clasificarse estas aguas en un tipo de-
terminado, á juzgar por los datos analíticos obtenidos, y de acuerdo con
los datos de observación apuntados por los señores nombrados. En efec-
to, si algunas nun-ecen ser llamadas alcalinas de dél)il mineralización,
hay otras ferruginosas, otras sulfurosas, otras silicosas, y entin, hasta
ácidos fuertes, verdaderos productos del lavaje lento de las tierras délas
termas, arcillas piritosas en descomposición como lo henuis comproba-
do nosotros plenamente.
En el cuadro A, figuran tres fuentes designadas como F,, F., y F., por
el ingeniero Anasagasti, que corresponden á tres surtidores de posición
variable en las (trillas del «Arroyito» que rec(ure las termas, viniemlo de
las serranías formado por el derretimiento de las nieves y va parar á una
laguna, cerca de la fuente F.j. Además figura la Laguna Verde, llamada
así por su color especial que debe á su lecho y á las sales de hierro que
contiene, vertiéndose en ella constantemente el agua de una fuente lla-
mada caprichosamente «Vichy», pero que por sn naturaleza alcalina,
contrasta con el agua acida fuerte de la laguna.
En el cTTadro B, ajtarecen también tres fuentes del mismo género que
las señaladas como F^ F., y F,, pm- Anasagasti. pero no corres]ionden á
los mismos jtuntos, tratándose de otios tres manantiales de los cincuen-
ta ó sesenta que surgen en esta hoya de Copahues, teñidos distintanu^n-
te por sus sedimentos, á temperaturas que oscilan entre 35 y 95"C!., bur-
bujeantes de gas carbónico ó de hidrógeno sulfurado, ó de ambos á la vez.
La «Laguna Verde» figura también, aunque con composición diferen-
te; i)eio la exi)licación que hemos dado del origen de su mineralización
basta ])ara hacer coiui>render este cambio. En efecto, una lluvia fuerte
cambia la composición del agua de esta laguna, sin duda alguna, por
los sulfatos de hierro y el ácido sulfúrico que arrastran las agiuis sui)er-
ficiales sobre el terreno circundante; sin contar que la fuente «Vichy»
vertién(h)se en la laguna, actúa también como un regulador constante
de la acidez de sus aiiuas.
— 29 —
El iijiíiii «le l;i l'iicnte «Virliy» i)ni«_'b;i (•laraiiiciitc en i'ste iiii;ílisis(|U('
no iiK'i't'cc, (le ]iiiií;rui iikkIii, t;il iKiiiibre, puesto que es mi nanw hu-.ivlnt-
Uiitada cálcicii alfid silicosa de iiniy débil iiiiueralizaeióii ; sin enibar;;(),
las oi)ini(iiies ([iie resjxM'to de su valor teíaiK-ntico se tienen en las ter-
mas de {_'o])aluies son niny favorables, no sabemos con qué fundamento,
eonio lo liaee notar el señor Otto Asji '.
En el cuadro C, figuran otros dos análisis de aguas de la lioya. de Co-
paliues: la ¡¡rimera como la de la «Laguna Verde» deberían excluirse en
este estudio, dedicado exclusivamente á las aguas alcalinas, pero mere-
ce especial mención por contener una cantidad notable de sulfato amó-
nico combinado y tener también l-'-tVir» de ácido sulfiirico libre ])or li-
tro; la segunda, llamada «Maquinita» por el ruido i)eriódico que en ella
produce hi salida de los gases, es muy débilmente alcalina y muy poco
mineralizada.
Como sulfurosas, las aguas de Copaliues sólo contienen hidrógeno sul-
furado libre con ausencia completa de sulfuros y sulfhidratos alcalinos,
debiendo advertir que las proporciones de gas sultliídrico aquí anotadas
son miiy inferiores á las verdaderas por la transíormación y pérdida su-
fridas por las aguas durante el transi)orte.
Aunque el conjunto de análisis que aquí se presentan es base suticien-
te para juzgar de la composición química variada de las fuentes de Co-
paliues, destruyendo las ideas falsas que respecto de ellas lia constituí-
do la información de profanos en este género de estudios, la hoya de Có-
pahues es todavía campo fértil para investigaciones científicas y es sin
duda parala líepública una fuente segura de ri(pieza.
La Plata, octulir.- de 1906.
' Otto Asp, Exploración lú Xcnrjitcn. Boletín de AfiririiItiiiH ;/ Ganaden'n, año II,
número 31.
— 30 —
Composición de aguas minerales alcalinas-fuertes de Catamarca
según análisis del autor, julio de 1900
Cuadro I
31
Composición de aguas de manantiales alcalinas fuertes, según análisis del autor
Cuu.ho I¡
— 32
Composición de aguas minerales alcalinas de Salta, según análisis del autor
septiembre de 1900
Cuadro III
— 33
Composición de aguas minerales, ligeramente alcalinas de Catamarca
según análisis del autor, junio de 190O
— 34 —
Composición de las aguas minerales alcalinas débiles del Challao
(provincia de Mendoza), según análisis del autor, año de 1900
Cuadro V
Datos ijcnei-alee
Color : incoloras.
Aspecto : transparente ligero .seilimi'uto amarillo pardo.
Olor : (le tierra húmeda.
Sabor : ligero salino.
Materia mineral en suspensión : 0.0089, 0.0007.
Reacción
^ en frío
I en caliente
Residuo á 10.">°
— á 180°
— al rojo
. alcal.
. . f.alc.
, . O.ÍI.'iO
, . 0.91S
, . O.ÍIOO
al rojo +SO'H-.. 0.984
alcal.
f.alc.
1.118
1.104
1.060
1.200
Alcalinidad en SO'H^
Dureza temporaria . . .
— permanente . .
Materia orginiei ( [sol. ale.]..
en Oxigeno I [sol. iíc.]..
Bases y ácidos
0.306 0.SS4
Ig'i'^ 22°
■2?' l.V'/,
O.OOIS 0.0019
0.0012 0.0029
Amoníaco. O O
Oxido férrico O.OOl.'i 0.00 16
— de aluminio 0.0 141 0.0025
— de calcio 0.0899 0.0813
— de magnesio 0.0419 0.0.122
— de potasio 0.0620 0.0829
— de sodio 0.242 0.317
Sílice 0.02.59
Cloro
Acido sulfhídrico. . .
Anhídrido sulfúrico.
Acido nitroso
— nítrico
0.0484
O
0.0242
0.06.52
O
0.2709 0.3495
O
O
0.0125 0.0115
Anhid. carbónico combi'i" 0.1331 0.1S13
Gases
CO' libre y scmicombinado en peso 0.0454 0.0236
Gases ( ^*^' ^ ~ en volnmeu cnr\ 23.910 12.450
' Oxígeno en volunum cm'' 5.510 4.84 0
0° 760™"^ r
V Ázoe en volnmen cm' 12.870 11.8.>0
Coiiihinaciones
Silicato de alúmina [SiO']'Al' 0.0077 0.0047
Sílice en exceso SiO' . . 0.0222 0.0219
Sílice en silicato sódico SiO'Na' 0.0330 0.0300
Cloruro de sodio ClNa 0.0790 0.1070
Sulfato de sodio SO'Na" 0.3976 0.5058
— de calcio SO'Ca 0.1015 0.1408
Nitrito de sodio NO'Na O O
Nitrato de potasio NO=K. 0.0125 0.0115
Carbonato de sodio CO»Na' 0.0302 0.0540
— de calcio CO'Ca 0.1704 0.1452
— de magnesio CO'Mg 0.0879 0.1096
— do hierro C O» Fe 0.0021 0.0023
Bicarbonato de sodio CO'HNa 0.0424 0.0763
— de calcio [CO'H]'Ca 0.2747 0.2349
— de magnesio [CO'H]'Mg 0.1529 0.1905
— de hierro [CO»H]U'\i 0.0035 0.0035
Total 0.9219 1.1109
— 35 —
Composición de aguas minerales alcalinas débiles de Mendoza
según análisis del autor, octubre de 1903
DETERMINACIONES
C(ll.>l-
Asliccto . . .
Ri'iiccióu.
Uureza total.
— pennaneute
Materia en suspeuslón
Kfsiduo lí 100°
— á ISO'
— al rojo
Alcaliniílad eii SO'H*
Mnt. orj;. i'u I) [sol. ale.]. .
Áciilo sull'úrico en SO''. . .
— clorhídrico en cloro
— nítrico en NjO, ....
— nitro.so en NO'H. . .
— carbónico CO,
V'EKTIENTE CH.4LLA0
III ,-l Ivillii
lili
¡iiriiyii
imis aliiyo
Cal (CaÜ).
Magnesia (MgO)
Amoníaco.
Hicrroyalúni"» Fe-O' Al-O
Potasa K-0.
Mat. org. eu O (.sol. ác). .
Gases O' — rCO"
CO,.
o ..
incolora
transpar'*-'
fuert. ale,
29 ° ' ' '
0 . 004.5
0 . 936
0.866
0 . 826
O.S79a
0.0002
0,8005
0.0195
0.00.50
O
0.1254
O . 0935
O , 0985
O . 0790
V.
0.0046
0.0215
0.0005
10.773
5.330
15.490
Volumen total .
Combinaciones
.SiO, .. ..
Al,0,,Fe,0;,.
Ca SO , .
K,SO,
Xa>i),... . : . .
CaC(_),.
Mf;C()3. .
Xa.COj.
MfíCl, . .
XaCl . . .
KCl
NH.Cl
KNO,
incolora
transpar"^
l'uert. ale.
58°'/.,
29°
O . 0027
0.910
0.870
0.780
().S744
0.0001
O . 3025
0.0442
O . 0050
O
0.1232
O . o940
0.0915
0.0810
0.00012
0.0038
0.0115
O . 0002
9.184
5 . 366
14.214
31.593
0.0240
0.0046
0.2262
O . 0305
0.2722
0.16.59
0.0924
0.0812
V.
0.0100
incolora
iiuylig.turlii"
fuert. ale.
.59°
26°'/,
0.0102
0.872
0.842
0.792
0.SS4S
0.0003
O . 3055
O . 0663
O . 0050
O
0.1276
0,0950
O . 0965
0.0825
V.
0.0030
0.0125
0.0011
14.102
6 , 038
13.359
LOS I'AI'AOAV"!
FlU'lltl'.s
28,910
0.0182
O . 0038
0.2274
0,0314
0,2738
0,1701
0.081S
O . 0725
O , 0003
0,0100
33,540
0256
0030
2299
0370
2718
1732
0885
0,1134
0,0100
incolora
niti,vli|;, turbio
alcalina
32°'/,
27°
0.0047
1.580
1,540
0.0784
0,0004
0.3720
0.5048
0.0045
O
0.0352
0.1910
O . 0030
0.0004
0.0022
0.0115
0.0316
0316
0022
4584
0.1851
0063
0765
8137
,0184
0012
,0045
lis;, ama"'
\\)í. turbii
alcalina
29°
15°
0.0036
0 . 652
0..5.50
0. 19 no
0.0020
0.2370
0.0175
0.0015
O
O . 0880
0.0840
0,0370
0,0001
0.0014
0.0164
0.0014
0,2032
O , 2085
0,0777
0.1135
1.0290
0.0003
0.0030
Cusa
Auzorciia
amarillo
lig. tiu'liio
alcalina
68°
22"/,
0 . 004 4
1.114
0.960
0.3377
0.0014
0.3870
0.II29S
0.0021
O
0.1606
0.1715
O , 0625
O
0.0016
O . 0325
0.0272
0.0016
0.4150
O . 0567
O . 2079
0.1312
O . 2205
0,0493
O
0.0040
— 36 —
Composición de aguas minerales alcalinas muy débiles de Jujuy
según análisis del autor, septiembre de 190O
Ctitulni Vil
— 37 —
Composición, de las aguas de Puente del Inca, según análisis del autor, mayo de 1900
r;;„,/,t, 17//
38
Composición de las aguas de Puente del Inca, según análisis del autor, agosto de 1903
Cu,,,!,;. ¡X
39
Composición de aguas minerales alcalinas clorosulfatadas según análisis del autor
(provincia de San Juan)
— 40 —
Composición de las aguas minerales de Rosario de la Frontera ('provincia de Salta)
según análisis del autor, agosto de 1904
Cuadro XI
41
Composición de las ag:uas minerales de Rosario de la Frontera (provincia de Salta)
según análisis del autor, agosto de 1904
Cvmín, XII
DETERMIXACIONES
Datox ¡iciicralcs
Color
Asilfctd '.
Ki*:u-c¡<')ii
Densidad
Dureza total
— permaueute
Materia eu inispeusióu
líesiduo ¡í 100-105'
— á lí<0°
— al rojo
Alcalinidad en Hj SOj
Jlat. orgánica en O (sol. ale.)
— — — (sol. ác.)
.1 cirios y bases
Ácido sulftírieo en SO3 ....
— clorhídrico en Cl. . . .
— nítrico eu HXO3.,. . .
— nitroso eu HXO^
— sulfhídrico en H.S. . .
— carbónico eu CO, . . .
Cal en CaÜ
Magnesia JIgO
Amoníaco XH,
Oxido de aluminio AUÜj...
— de hierro FCjOj
— de potasio KjO
— de sodio NajO
Gases á 0° — 760'^'"
COj libre y semicombiuado.
O
N
Total eu cm'
Combinaciones
Sílice SiOj
Oxido de nluniinio AljOj . . .
— de hierro FCjG,
Sulfato calcico CaSO,
— magnésico Mi;SO| . .
— potásico K, SOj . . . .
— sódico Xaj SOj
Carbonato siidico Xa, CO3..
Cloruro siidico X'aCl
Xitrato potásico KX'O,
Residuo salini> calculado. . .
Zarza
incolora
transpar"'
fuert. ale.
vestigios
0.9928
0.9864
0.9864
0. 14 SI
0.0014
0.0030
0.1170
0.4058
C0.0003
O
O
0.063S
0.0100
0.0032
O
0.0024
0.0014
0.0380
0.4729
0,0762
0.0024
0.0014
0.0240
O . 0096
O . 0684
0.1171
0.1531
O . 6654
<0.0005
1.0181
Pütahlo
incolora
trauspar"!
tuert. ale.
1°
vestigios
0.5472
0.5448
0.5448
O.IGOG
O . 0005
0.0011
0.0775
0.0990
0.0004
O
O
0.0748
0.0054
0.0030
O . 0003
0.0026
0.0016
0.0340
0.2124
1 . 676
0.751
6.661
9.088
0.0668
0.0026
0.0016
0.0129
0.0090
0.0612
0.0651
0.1795
0.1625
0.0007
0.5619
Vicliv
incolora
trausijar'"-'
fuert. ale.
12'
1'
0.0077
4.4.584
4.4050
4.2220
0,S450
0.0004
0.0047
O . 4895
1 . 8853
0.0009
O
O
0. 1100
0.0740
0.0174
;0. 00017
O . 0056
0.0016
0.3680
1.6778
20 . 355
8 . 330
12.960
41.645
0.0384
O . 0056
0.0016
0.1776
O . 0722
6624
0649
2640
9913
0015
4.3795
Laxante
Chicaa
incolora
lig. turbio
fuert. ale.
149"
127°
0.0181
11.8740
11.8177
11.5168
0.SG46
0,0015
0.0117
1.6405
5,2213
0.0009
0.0002
O
O.llSS
O , 6604
0,1078
;0, 00017
0,0068
0.0020
O . 3200
13.880
7.589
14.802
36.271
0.0320
0.0068
O , 0020
1,5849
0.3234
0,5760
0,4325
0,2851
8.5612
0,0015
11.8054
incolora
lig. turbio
fuert. ale.
2°
0,163
0,7800
O , 7500
0,7280
0.1017
0,0012
0,0017
0,0445
0,1164
0,0012
O
O
0.07 se
0,0098
0,0030
O
O , 0056
0,0022
0,0264
0.1991
4 , 257
7,404
12,944
24,605
0,0.576
0.0056
0.0022
O , 0235
O , 0090
0,0475
O . 0065
0,1742
0,1894
0,0020
0,7370
Miofiíii
incolora
transpar'"
fuert. ale.
l°'/>
I"
0,0045
O , 6376
0,6371
O , 6092
O. isas
O , 0007
0,0011
0,1025
0,1080
O , 0004
O
O
O. osan
0.0076
0.0074
O
0.0024
0.0012
O . 0285
0,2473
7 , 034
2,036
10,188
19.2.58
0.0428
O . 0024
0.0012
0.0182
0.0222
0.0513
0,0961
O . 2006
0,1770
O , 0007
0,6125
REY. MUSEO L.I PL.\TA.
— 42 —
Composición de aguas minerales alcalinas-débiles cloro-sulfatadas, según análisis
del autor, provincias de la Rioja y Catamarca, enero de 1906
Cvaúro XIII
— 43 —
Composición de las aguas minerales alcalinas muy débiles de Borbollón
(provincia de Mendoza), según análisis del autor, año de 1900
Cvadro XIV
JkitoK (icnerales
Color : incolora, incolora.
Aspecto : transparentes.
Materia en suspensión : no dosaliles.
„ ., 1 cu frío l.alc. l.alc.
Reacción!
( en caliente í. ale. t. ale.
Residuo á 10.^° 1.0!»2 1.0S12
— á 1«Ü° l.OíiO 1.0(iO
— al rojo 1 .OUO 1 .060
— al rojo +SO'H'.. 1.0ÍI8 1.0ÍI8
Alcalinidad en SO'H*.
Dureza temporaria . . .
— permanente . .
llaleria orgániíM ( [sol. ale.]..
en (Ixigeiio i [sol. ác.]..
o.oHr, o. OSÓ
2 = 3/ 2°V
26"' I, 2(r'/2
O.OOOK O.OOo's
0.0000 0.0012
Amoníaco. O
Óxido férrico 0.0017
— do aluminio. .... 0.0 122
— de calcio 0.1207
— de mafínesio 0.0?20
liases y ácidos
O
0.0014
0.0020
0.ir,s7
0.0405
— de potasio ,
0.1420 0.1427
de sodio 0.1070 0.1070
Sílice 0.02.-i0 0.0244
Cloro 0.1081 0.1085
Acido sulfhídrico O O
Anhídrido sulfúrico..
Acido nitroso
— nítrico
0.29UI 0.2941
O
o.ooi.-
O
0.004.5
Anhid . carliónico comlji''» 0. 0383 0. 03SS
Gases
C<J- libre y semieomliinado en peso 0.0054
p 1 / CO'' — — en volumen cm'. 2.850
V Oxígeno en volumen cm' 5.960
0°_760">'n / , ,
\ Ázoe en volumen cm 10.200
Combinaciones
Silicato de alúmina [SiO']'Al' 0.0041
Sílice en exceso SiO' 0.0238
Sílice en silicato sódico SiO'Na* 0.0330
Cloruro de sodio ClNa 0.1778
— de amonio CINH' O
Sulfato de sodio SO'Na' 0.1005
— de calcio SO'Ca 0.2889
— de potasio SO'Kj 0.2628
Nitrito de sodio NO'Na O
Nitrato de potasio XO'K 0.0045
Carbonato de sodio CO'N.a' 0.0053
— de calcio CO'Ca 0.0022
— de magnesio CO'Mg . 0.0674
— de hierro CO'Fe 0.0024
Hieailionato de sodio CO'HNa 0.0070
— de calcio [CO'H]'Ca 0.0034
— de magnesio [CO'H]-Mg 0.1171
— de hierro [CO='H]'Fo 0.0035
0.0073
3.870
5.960
10.200
0.0037
0.0238
0.0330
0.1778
O
0.0998
0.2889
0.2628
O
0.0045
0.0053
0.0022
0.0850
0.0020
0.0070
0.0034
0.1478
0.0028
44 —
Composición de aguas alcalinas de arroyos de Mendoza, según análisis
del autor, agosto de 1903
Cuadro XV
DETERMINACIONES
I hitos fiencriiles
Color ,
Aspecto
Reacción
Dureza total
— permanente
Materia en suspensión
Eesidno á 180°
— al rojo.
Alcalinidad en SO'H'
Materia oi'g. en O. (solución alcalina) .
Ácidos y bases
Acido sulfúrico en SO"
— clorhídrico en Cl
— uítrico en NO' H
— nitroso en NO'K
— sulfhídrico
Cal CaO
Magnesia MjíO
Amoníaco
Hierro y alúmina. Fe'O', APO'
Potasa K-0
Comliiiiacioiu's
SiO,
Al,0„Fe,03
CaSO^
MgSO^
Na,SO,
CaCO,
MgCOj
K.CO,
NaCl
KXO,
Residuo salino calculado
Arroyo
laa
C u e V n 8
incolora
muy 1. tur
alcalina
70°';'.,
69 =
0.0198
1.284
1.214
0. 13-33
O. 0006
.48.50
.1764
.0012
O
O
.3440
.0435
V.
.0078
.0105
0204
0078
8256
O . 0057
()!U3
0133
2842
0020
1 . 2.503
Arroyo
Tupungato
incolora
muy 1. tur
alcalina
58 =
48°';,
0.0184
0.830
0.780
0.Í07S
0.0001
0.2985
0.1224
0.0024
O
O
0.2070
0.0345
V.
0.0058
0.00.55
0.0120
O . 0058
0.4968
0.0147
0.0724
0.0049
0.1972
0.0040
0.8078
Arro.vo
(lo Lls
Tacas
Zaiyúu
amarillo
incolora
trauspar"
alcalina
43°"
29°
0,0059
0.338
0.298
0.0980
0.0012
0.1110
0.0162
0.0024
O
O
0.1000
0.0195
O
0.0022
0.0152
0.0106
0.0022
0.1887
0.0396
0.0409
0.0261
0.0040
0.3121
incolora
transpar*«
alcalina
51°
0.0175
0.764
0.644
0.1039
0.0005
0.2785
0.1062
0.0012
O
O
0.1225
0.0325
O
0.0032
0.0175
0.0114
O . 0032
0.2940
0.1819
0.0682
0.0231
0.1711
O . 0020
0.7549
liío
Blaiico
incolora
transpar'=
lig. ak-al.
20 = 'ú
17°'/.
0.0078
0.142
0.118
0.0637
0.0004
0.0.535
O
0.0018
O
O
0.0500
O . 0095
V.
0.0024
0.0030
O . 0094
0.0024
O . 0909
0.0402
0.0199
O . 0030
0.1658
45 —
Composición de aguas alcalinas de lagunas, según análisis del autor
Cjittdro XVIa
DETERMINACIONES
Estación
Aiiienábar
F. C. 1!. A.
y líosario
ileudüza
Frflia iU'l análisis .
DatOK ycnerales
Coliir
Aspecto
Keacción
Dureza total
— permanente
Materia mineral en suspensión. ....
Residuo ií 100°-105°
— á 180°
— al rojo
Alcalinidad en H^SO,
Materia org. en O. (solución alcalina)
— — (solución acida). .
Acidus ¡I bases
Acido silícico eu SiO,
— sulfúrico eu SO^
— clorhídrico en Cl
— nítrico en HXO3
— nitroso en HNOj
— carbónico en CO.,
— sulfhídrico en H^S
Oxido de aluminio Al^O,
— de hierro l"'e,^03 \
■ — de calcio CaO.
— de magnesio MgO
Amoníaco XH,
17-XI-903
anuí"" f"
muy turb"
fuert. ale.
8°
3°
0.0200
1.7666
1.7019
1.6374
1.3473
0.0061
0.0100
0.0732
0.0419
V.
0.0036
O
0.6050
O
ü . 0070
0.0268
0.013.5
O
ama"" fe
muy turb'
fuert. ale.
48-/,
46-/,
0.0338
4.0664
3.3300
2.9160
S.4o00
:: 0.0200
>0.0200
0.0505
0.0035
0.1390
<0.0003
O
1.1000
0.0289
0.0260
0.1225
0.0030
Chubut
Gallaretas
Zona VI
rlmliul
(i a n z ó n
Zona VI
7-TII-9Ü4
amarillo
lig. turbio
fuert. ale.
50"/,
22"
0.0207
3.1252
3.1128
2.9368
O.80S6
-0.0200
0.0200
0.0082
0.6530
0.5639
0.0004
O
0,3838
<0.0005
0.0050
0.0330
0.0820
O . 0005
incolora
turbio
fuert. ale.
52-/.
8°
O . 0455
1,7400
1.6325
1 . 5965
0.7644
0.0035
0.0040
0.0042
0.2045
0.3518
0.0006
O
0.3433
O
O . 0345
0.0940
<:0. 00015
14-XII-9u:i
amarillo
muy turb"
fuert. ale
67°
7-/,
0.1094
0.K912
0.8018
0.7376
0.r,OÍ7
0.0081
0.0098
0304
0905
0713
0004
O
0005
0725
0840
00015
— .46
Composición de aguas alcalinas de lagunas, según análisis del autor
Cuadro XVJh
DETERMINACIONES
La<;iina
líiu ís'eííl'o
Mfliucué ft de Jiili(t
Sauta Fe Buen"» Aires
líueuos Aires
(superficie)
Fecha del análisis
JJntox uciicfnlcs
Color
Aspecto . . .
Reacción.
Dureza total.
— periiiaueute
Materia mineral en suspens""
Residuo á 100-10")°
— ií ISO'
— al rojo
Alealiniílatl en H,SOj
Mat. org. en O. [sol. ale] . .
— — en O. [sol. ác.]...
AcidOK )/ hasrs
Acido silícico en SiO,., . .
— sulfúrico en SO3 . .
— clorhídrico en Cl. .
— nítrico en HNOj . .
— nitroso en HNO5 . .
— carbónico en COj,
— sulfhídrico en HjS,
Óxido de aluminio ALO3.
— de hierro Fe^O, . . .
— de calcio CaO ....
— de maguesio MgO.
Amoníaco NH,
amarillo
turbio
fnert. ale,
10-/,
9°
0.1.^.50
4.708
4 . .597
4.419
L'.3393
0.0200
---0.0200
0.0080
0.5530
1.0220
0.0006
O
1.0004
O
0.0033
0.0240
O . 0360
0.0010
-X-003
amarillo
muy turb°
fuert. ale.
2°
0.0733
14.004
13.923
13.818
?.33?4
0.0136
> 0.0200
2.5745
3.9584
<0.0003
O
1.047S
O
0.0075
0.0070
0.0120
0.00015
fe ama""
muy turb"
fuert. ale
2°
2°
0.3260
19.7533
19.1848
18.8884
3.194S
0.0131
> 0.0200
O . 0035
5.7710
3.1142
<0.0003
O
1.4344
O
0.0025
0.0410
0.0225
21-V-9U4
amarillo
muy turb°
fnert. ale.
10°
3°
0.5936
10.4015
10.2356
10.0320
S.7048
0.0161
> 0.0200
0.0071
1.8190
2.4160
0.0006
O
1.3144
O
0.0240
0.0215
0,0003'
liueu"» Aires
lS-III-904
amarillo
turljio
fuert. ale,
2°Ve
2°
0.1100
10.2804
10.1755
10.1084
3.S03S
>0.0200
> 0.0200
1.8268
2.2567
0.0006
O
l.S.)84
0.0002
O . 0088
O . 0485
0.0195
0.0032
47
Composición del agua de la laguna del Gualicho, Las Flores (provincia de
Buenos Aires), según análisis del autor, julio de 1903
Cindrn XYIl
— 48
Composición de aguas alcalinas de pozos, según análisis del autor
Cuadro XVIIIa
— 49 —
Composición de aguas alcalinas de pozos, según análisis del autor
Cuadro XTIIIb
— 50 —
Composición de las aguas de Copahues, según análisis del autor, año de 1900
Cuadro XÍXfi
DEIEESIIKACIONES
Datos yeneralcii
Ci)lor
Aspecto
Reaccióu .
Dureza total
— permauente
Materia eu suspensi(ju ....
Residuo á 100°-105°
— !Í 180'
— al rojo
— id rojo +H,SO^ . .
Alcalinidad eu SO' H^ . .
Mat. org. eu O. (.sol. ale.)
— — (sol. ác).
Ácidos y bases
Acido sulfúrico en SO'.. .
— clorhidrico eu Cl . . .
— nítrico eu NO"H . . .
— nitroso en NOíP . . .
— sulfhídrico SH* ....
— - carbónico en CO'.. .
Sílice en SiC
Cal CaO
Magnesia MgO
Amoníaco
Potasa K-0
Hierro y alum.j ., ^
Gases O'-TGO^^
CO^ libre y bicarb. en peso
CO", ."
O
N
Total en cnr'
ComhinaeioHes
í^iO,
Ff,0,,.
Al.O,
CaCOj.....
MgC03.
Na^CO,
(Ja SO j
MgSO.
Na,SO,..
KNO,
NaCl'
(NH.)Cl
(NH.rsO..
Fe S<J
incolora
lig. turbio
alcalina
0.0662
0.480
0.478
0.432
0.502
0.0010
0.0079
0.0024
O
O
O.ISOO
0.1202
0.0450
0.0317
V.
0.0011
0.0025
0.0012
0.1065
56.093
5.827
12.289
74.209
0.1202
O . 0025
0.0012
0.0788
0.0665
0.1267
0.0017
O . 0024
0.0126
Airo.\ito
verde
Vieliv
incolora
trans))ar"^
alcalina
0.0033
0 . 658
0 . 6.58
0.600
0.688
0.S685
O . 0753
0.0100
V.
O
O
0.1 ?().'>
o . 2079
O . 0578
O . 0388
O
V.
0.0246
0.0008
0.0610
32.136
5.830
12.289
50.255
0.2079
0.0246
O . 0008
O . 0090
0.0814
0.18.50
0.1280
V.
0.0160
incolora
lig. turbio
alcalina
0.0845
0.310
0.292
0 . 238
0.262
0.1137
0.02.52
O . 0030
O
O
V.
0.0430
0.0816
0.0207
O . 0059
0.0013
V.
O . 0345
0.0010
0.0511
26 . 939
6.915
20.739
54.593
0816
0345
0010
0055
0123
0855
0428
0004
0040
incolora
transpar"
neutra
0.0018
0.032
0.030
0.028
0.020
O. OSOS
0.0021
0.0030
V.
O
V.
0.009 S
0.0015
0.0038
0.0017
O
0.0013
0.0005
0.0037
1.965
6.128
12.971
21.064
0.0015
0.0013
O . 0005
0.0042
O . 0035
0.0140
O . 0035
0.0040
Retit'jüs verdosos
lig. turbio
acida
0.020'
0.462
0.446
0 . 256
0.234
— 0.0678
0.1731
0.0034
V.
O
O
O
0.0697
0.0182
0.0081
0.0067
0.0333
0.0083
0.0368
19.419
6.196
13.142
38.757
0.0697
0.0083
0.0436
O , 0245
0.0489
V.
0.0054
0.0261
0.0630
incolora
lig. turbio
alcalina
0.0170
0.412
0.274
0.232
0.280
0.1943
0.0096
0.0710
O
U
O
0. 087 3
0.1129
0.0409
0.0141
0.0011
V.
0.0179
0.0011
O . 3967
208.841
4.632
12.370
225 . 843
0.1129
0.0179
0.0011
0.0704
O . 0296
0.0102
0.0032
0.0136
0.0760
0.0034
— 51
Composición de las aguas de Copahues, según análisis del autor, año de 1903
Cuatlru XlXh
DKTEIIMINACIUNES
UiitOH (jcnt'ndes
Color
Aspi'tto
Keaceióu
Dureza total
— permanente
Jlateria en suspensión " oo ■
Residuo lí 180 '
— al roj o
Alcalinidad en H^SO^.. . .
Mat. orgán. en O (sol. ale.)-
— — (sol. ác.).
Ácidos ¡I bases
Acido sulfúrico en SO,. . . . .
— clorhídrico en Cl
— nítrico en HNO3 ....
— nitroso en HXOj . . . .
— sulfhídrico en (H^S) .
— carbónico en (CO,) . .
Sílice (SiO')
Cal (CaOI
Magnesia (MgO)
Amoníaco
Potasa (K-O)
Hier. y aliim. (Fe'0% APO^")
Combinaciones
SiO,
Al,0,Fe,0,,
CaCO,
Na,CÓ,..
KjCOj.
MgCOj
CaSO,
MgSO,
K.SO.
KNO,
MgCl,
KCl
NaCl
(NH.)Cl
(XHJ.SO,
KeSO,
Kesiduo salino calculado . . .
FUEN T E S
incolora
trausp'"
lig. alcal.
9"
4°
0.0189
0.0294
0.0264
O. 0980
0.0039
0.0067
.0240
.0187
.007.5
O
O
0440
1040
0320
0230
0002
.0036
Olio
0.1040
0.0110
0.0270
0.0165
0.0483
0.0408
0.0075
0.0316
0.0006
0.2873
Lg. amar,
turbio
neutra
11°
10°
0.0189
0 . 290
0.271
0.0343
0.0251
0.0271
0.0370
0.0204
0.0010
O
0.0081
0.0154
0.1420
O . 0385
0.0125
0.0020
0.0072
0.0170
0.1420
0.0170
0.0224
0.0112
0.0629
0.0010
0.0172
0.0102
0.0060
0.2899
incolora
trausp''-'
lig. alcal.
15°
6'
0.0053
0.3,52
0.318
0.0980
O . 0036
0.0023
O . 0675
0.0272
0.0005
vestigios
0.0098
0.0440
0.1094
O . 0505
0.0160
0.0037
0.0135
0.0066
0.1094
0.0066
O . 0058
0.0415
0.0198
O . 0336
0.1147
0.0005
0.0316
0.0111
0.3746
AiToyito
muy lij, amarilla
transp"=
lig. alcal.
9°
5°
0.0117
0.284
0.224
0.1078
0.0024
0.0043
0.0225
0.0102
0.0020
O
0.0014
0.0484
0.0966
O . 0335
0.0115
vestigios
vestigios
0.0056
0.0966
0.0056
0.0316
0.0528
0.0241
0.0382
0.0020
0.0174
vestigios
0.2683
La;;iinii
verdoso
muy turb.
fte. acida
56'
56°
0.0058
0.808
0.428
— 0.2989
0.0126
O . 0255
0.4680
0.0078
O . 0005
O
O
O
0.1.582
0.12.50
O . 0045
0.0015
O . 0054
0,0510
0.1582
0.0177
0.3000
0.0150
0.0102
0.0005
0.0076
0.0045
0.0634
0..5771
Viiliv
amarill'"
turbio
lig. alcal.
19°
4°
0.0148
0 . 366
0.316
0.1911
O . 0026
0.0037
O . 0055
0.01.53
0.0010
O
O
0.0808
0.0902
O . 1030
O . 0095
vestigios
vestigios
O . 0238
0.0902
0.0238
0.1745
vestigios
0.0199
O . 0093
0.0010
0.0261
vestigios
0.3448
52 —
Composición de las aguas de Copahues, según análisis del autor, abril de 1905
Cuadro XJXc
Datos ¡jciier<¡les
Baños ^laquinita
Color muy lig. amar. Uanq. aniarülenlo
Aspecto muy turbio lig. turbio
Reacción fuerte íícid. auflcromíít.
Dureza total. — —
— permaueute — —
Materia en snspensióu 0.5802 0.0318
Kesiduü á 100°-105°. 4.9012 0.190-1
— á 180° 4.43.52 0.1692
— al rojo 1.4168 0.1440
Alcalinidna en H^SO* — J.~J50 0.0735
Materia, orgánica en O (solución ale). . O.OlóO 0.0114
— — (solución ácid.). — 0.00X9
Ácidos y bases
Acido silícico eu SiO'
— sulfúrico en SO'
— clorhídrico eu Cl
— nítrico eu HNO'
— nitroso en HNO^
— sulfhídrico
— carbónico combinado en CO*. . .
Cal (CaO)
Magnesia (MgO)
Amoníaco
Hierro y alúmina (APO')
- - (Fe,0.,)
- - (K,0)
XoTA. — En todos los cuailrns tic íinálisis los ilatns fstáii expresados eu gramos por litro de
amia. La letra v. si^uitieu vesiiiiius ; el si-xno O iiidien la ausein.-ia del elemento investif^ado.
arqueología
I)E
LA CUENCA DEL RÍO PARANÁ
LUIS MARÍA TORRES
Profesor en la Universidart Xacioiml <le La Plata
atlscripto honorario il la sección de Arquenloí;ia del Museo Xaí-ioual de Buenos Aires
IMllüDUCCIÜN
Lii llueva dirección del Miiseo en la necesidad de preparar para la eiise-
ñanza, los materiales que se conservan en las distintas secciones y de ir
ordenando la documentación que abona la autenticidad de las coleccio-
nes arqueológicas, lia dispuesto que catalogue y describa los más impor-
tantes yacimientos de la cuenca del río Paraná, entre los cuales se en-
cuentran el que -los señores Zeballos y Pico estudiaron en Campana
(provincia de Buenos Aires), y Ambrosetti en Goya (provincia de Co-
rrientes).
Aunque las noticias generales de la foidUc, de ambos yacimientos,
lian sido publicadas en revistas nacionales y extranjeras, esta nueva
ordenación y estudio del mismo material puede tener utilidad, y podrá
ser, con otros datos y observaciones ([ue presentaré, el punto de partida
seguro para las investigaciones en que estamos empeñados, que diclio
sea de paso, ya pueden ofrecer algunas conclusiones.
Mis viajes de estudio á la región del litoral argentino carecterizada
jKtr la presencia de túmulos y paraderos indígenas de la misma categoría
«pie los (pie i)asaré á describir, me permitirán ser más exacto y lógico en
algunas asimilaciones que indicaré, ])ues, c(tmo se verá, existe estrecha
relación en la tecnología general de todos los yacimientos del litoral
que hasta la fecha se han estudiado.
En cuanto á las semejanzas y diferencias que encuentro, entre el
tipo de las construcciones funerarias de esta región con el de las colin-
<lantes, así como á las que podrían establecerse con respecto al material
— 54 —
osteológico y de antigua industria, no las indicaré acá, pues deseo que
con esta nueva descripción suijan ó se maniftesten para todos los que
nos ocui)anios de estudiar la cultura indígena del litoral argentino.
Á la ordenación y catálogo de las observaciones y materiales obteni-
dos de los yacimientos de Campana y Goya, agrego la descriiiciíni de
algunas piezas que proceden de varios paraileros de ambas márgenes del
río Paraná, para contribuir nu'jor al conocimiento de la arqueología (jue
nos ])r(q)onemos estudiar.
Museo (le La Plata, felirero 26 de 1907.
N. B. — Ku el te.xto de este estudio van iuterealadas diversas abreviaturas cuyas
eriuivalencias son las siguientes: C. JI. L. P. = Colección Museo de La Plata;
C. M. N. ^ Colección Museo Nacional de Buenos Aires; C. .1. B. A. =: Coleeci(5n
Juau B. Ambrosetti.
PEIMBEA PAETE
LA (iEOdlíAFIA
CAPITULO I
DESCRIPCIÓN GEMEEAL
Una descripción exacta del territorio cuya arqueología haré conoi'cr
])uedo ofrecerla en pocas páginas, reasumiendo las observaciones de las
anteriores, antiguas y modernas, tan conoiñda-s que no me exigen su cita
ó recomendación; obras generales, en su mayoría de autores no l)ien in-
formados sobre muchas peculiaridades tle nuestro nu'dio iísii-o pero
que al fln tendremos que consultar para la mejor presentación de un
bosquejo general de la geografía de la región paranense.
Des])ués de las investigaciones de los geógrafos franceses sobre esta
parte del continente americano, y de los datos generales aportados por
los jesuítas, los (¡ue mayor uotfnicdad alcanzaron fueron los estudios de
las coiiiisioiies demarcadoras de limites de los antiguos doiinnios de
España y Portugal en América, entre los cuales debo citar en ]irinier
término á los que presidió don Pélix de Azara, jefe de la- teicera i)artida
demarcadora. Las memorias de Alvear, Oyarvide y últimanu'ute la de
Aguirre, lian comprobado la amplitud y exactitud de la obra de aiiuel
geógrafo esiiañol.
l']l detenido estudio (|ue li<' vcriticado de las distintas formas que Azara
(liciii :í sus notas y observaciones sobre la seo8'i''ifí"j zoología, etnojiía-
íía, etc., de la comarca adyacente al río de la Plata ', me lia puesto en
circunstancia de poder optar por la más verídica y ])r()pia descripción
de los territm'ios de la cuenca del l'araná, tal cual como se conser\aban
cu la (''|ioca de la poblacií'm ¡ii<lii;ciia, muy ]ioco tieni]») después (pie los
constructores de los túmulos (pie s(^ encuentran al lado de las barrancas
del l'araná, pasaron á refugiarse á los anegadizos del Paraná de las
Palmas, Carabelas, Paycarabí, etc.
Entre esas distintas formas qne Azara dio á sus apuntes, faltaba la
parte de la descripci(ín del viaje de Buenos Aires á Santa Fe, lo xuiico
que, después del cotejo minucioso que debió llevar á cabo el señor gene-
ral Mitre, tenía en su concepto es])ecial interés para la geogi-afía de esta
coiuarca y (pie p(U' una coincidencia ha jiermanecido inédito hasta este
momento, pues, debe publicarla en breve el doctor Estanislao S. Zeba-
llos, con una introducción y notas del que subscribe.
En estas notas de viaje nos ofrece, Azara, las peculiaridades del terri-
torio que recorre por primera vez, todo lo que hace á la fisiografía de la
margen derecha del Paraná, desde Santa Fe á Buenos Aires, iirecisa-
mente lo que á nosotros nos interesa ])orque esas observaciones han
sido hechas en 1784, cuando todavía el territorio conservaba su aspecto
primitivo.
Esa i)ampa llana y abierta que hoy conocemos aparecía más llami
aún en aquella época; eu toda la considerable extensión de terreno que
media entre Buenos Aires y el Rosario no se encontraban dos árboles
juntos, uno que otro esiJÍnillo aparecía sobre las barrancas, sauces y
ceibos en la costa del río Paraná ó en las riberas de los arroyos y lagirnas,
y más abundaban entonces que ahora los pequeños arliustos.
Los datos que trae sobre la vegetacií'ni de la costa isleña no tienen
])ara este caso mayor interés, comprueban sí, observaciones posteriores
que tengo ordenadas para demostrar cuál ha sido la importancia déla
evolución de los elementos vegetales en Entre Eíos eu estos últimos
cien años.
Las barrancas de la formación pampeana, tal cual como hoy la cono-
cemos, estaban cubiertas por pastos duros y algunos ejemplares de la
familia de las Mimosas; el ombú l'liittilaccd dioica (L.) tan abundante
aluna fin-, casi, desconocido; pasando el río Carcarañá, hacia el noreste,
se encontraban algunos núcleos (isletas según la nomenclatura local) de
monte arborescente, espinillos Acacia sp., algarrobo Prosopis sp., ñan-
dubay Prosopis sp., etc.
' Luis Mauía Torres, La (leografia fínica .1/ enfcríca del l'niafiiiaii i/ Misiones Gua-
raníes. Examen crítico de su edición, en Jlcrista del ilitseo de La Plata, XII, 137-203
Lii Plata 1905; Les Étudcs gcographiqítes et historiqíics, etc. Buenos Aires, 1905.
— 56 —
La gran abundancia de arroyos y lagunas — que al decir de Azara no
desaguaban (aparentemente) en el Paraná — no cambiaban el aspecto de
esas pampas tristes y desoladas. La pobreza de la ^■egetación traía, como
consecuencia, la escasez de aves, aunque la fauna déla región se encon-
traba rennida en las riberas del Paraná, lo que en la actualidad no
sucede así.
Desde el Carcarañá pa-ra el norte, se desarrollaba la vegetación arbó-
i'ea en grandes proporciones, innumerables especies prosperaban allí
desde muy antiguo, cuyos ejemplares ei-an tan hermosos como los que
viven en plena zona sub-trojiical.
Las familias de las legniminosas, celtídeas, mirtáceas, lauríneas, eufor-
biáceas, i)almeras, rbameas, etc., constituían los núcleos arborescentes
más importantes de esa parte de costa paranense, muchas de las cuales
ofrecían á los indígenas sus frutos para satisfacer las necesidades de la
vida primitiva.
La fauna — que la mayoría de sus individuos ha sido reproducida en
la alfarería — era abundante, sobre todo en la costa entrerriana, y esta-
ba representada por los mismos mamíferos que lioy conocemos como
procedentes de allí; las aves aparecían en mayor proporción en la costa
isleña ó en el centro de los bañados, tal cual hoy se las encuentia en
Entre Eíos.
Los mamíferos más comunes eran el ciervo, Oclocoileus j()«7í(rfo.s«.v
(Desm.), el venado OdocoUeus campestri.i (F. Cuvier), el aguará guazú, Cii-
•ninjiíhutiix (Desiu.), el zorro Ccnii.s Azarae (Wied.), el carpincho Hydvo-
ehoerii.s lit/iJrochocni.s (Linn.), la nutria Mi/ocasfor voypuH (Mol.), etc.
Las aves que mayores atractivos reunían para ser reiiroducidas por la
habilidad del artífice indígena fueron los loros barranqueros, como les
llaman en el país, entre estas aves aparecían muchas veces vistosos
papagayos. Ara macao y cotorras muy pequeñas.
Las demás aves que hoy pueden verse en las lagunas de toda la pro-
vincia muy pocas veces se las encontraba en las numerosas lagunas y
arroyos que nos menciona Azara.
Entre los peces más comunes se contaban á los armados Doras- ma-
culatuK (Val.), el surubí L'latyiitoma orbi/giiianum (Val.), etc., los cuales
han sido también representados en la alfarería.
Eeptiles é insectos, los conocidos por las referencias de las descripcio-
nes generales, sin que por ello quiera expresar que se hayan descripto á
todos los que hoy conocemos por las cojiiosas imblicaciones de nuestros
especialistas.
En suma, esas barrancas de la margen derecha del Paraná (curso in-
ferior), fueron los lugares preferidos por los indígenas para fijar su
residencia ; la altura y sequedad de las barrancas, lejano al peligro de las
inundiicioues, con abundante caza y pesca enla costa del Paranáyenlas
desembocaduras de l(is arroyos (jiic torinaii jiartc de su cuenca, iiiine-
<liatos ¡i la pampa y á las islas que en caso de ataíjue euennj;o eran se-
ííuros refugios ijara las tribus y sus bienes materiales, esos extensos y
ricos tei'ritorios tenían que preferirse por los indígenas del litoral y es-
pecialmente, en la parte que limitan el río de Arrecifes por el sur, y el
Salado por el norte.
Los campos caracterizados por la vegetación esencialmente cliaque-
ñacomo los anegadizos delParanáy Uruguay, fueron asiento de estacio-
nes ])ero nniy posteriores á los primeros tiempos de la conquista, como
(jue tliclias regiones presentaban incon\'enientes serios para la vida se-
dentaria y, aún mnclio más, para la que debe desenvolverse en la lucha
con la naturaleza. El clima, las inundaciones periódicas y los animales
molestos y dañinos fueron impedimentos para que las tribus in-etirie-
ran á esos sitios para nbicar sns estaciones y sólo pudieran reservarlas
para lugares de refugio.
Estos son los caracteres fisiográficos déla región donde se encuentran
las estaciones-túmulos del litoral argentino, con su tlora y fauna en la
época más próxima de aquélla en que fué conocida sólo por las tribus
constructoras de los túmulos, y que boy ya se nos presenta con algunos
elementos naturales distintos, y especialmente, por los que constituyen
su vegetación.
No podría dejar estudiada la geología, flora y fauna de toda ella para
satisfacer las exigencias de un buen método, en la breve extensión que
se me lia recomendado dar á este estudio, sólo lo estrictamente necesa-
rio jiara darse cnenta de las cansas que pudieron haber intervenido en
la índole pi'opia de esta civilización indígena tendría cabida acá ; esos
elementos sin los cuales no es posible explicarse la marcada influencia
que el medio físico ha obrado sobre el hombre primitivo y que éste, con
su facultad de adaptación, ha exteriorizado mejor.
SEGUNDA PAETE
LA AlíQUEOLOaÍA
CAPÍTULO I
EXPLOKACIONES Y YACIMIENTOS
En 1877, puede decirse, se inician las exi)loraciones en los territorios
adyacentes al curso medio y superior del río Paraná con el i)ropósito
REV. MUSEO LA PLATA. — T. I. 5
— 58 —
(le estudiar su geología, paleontología, antropología y arqueología.
La extensión tenitorial comprendida por las investigaciones es con-
siderable como que abarca casi todo el curso superior del Paraná y
Uruguay, el departamento de Goya (Corrientes), las barrancas inmedia-
tas al Paraná (margen derecha), desde Corouda hasta el pueblo de Cam-
pana (Buenos Aires), y varios puntos aislados de la costa entrerriana.
Zeballos y Pico, Eoth, Ambrosetti y Martínez han hecho conocer las
peculiaridades de los yacimientos que cada uno de ellos estudiaron, y
en la descripción general de los materiales puede verse claramente
planteada la cuestión antropoetnológica que nosotros debemos resolver.
Yo me he propuesto continuar esta investigación en el propio terre-
no ; ya he llevado á cabo siete viajes á la región caracterizada por la
presencia de túmulos, y de los tres últimos he obtenido observaciones
y materiales que en el curso del corriente año haré conocer. La breve
noticia sobre cementerios indígenas del sur de Entre Ríos, que publi-
qué en los AnaJesdel Musco Nacional de Buenos Aires, apenas bosqueja
mi primera opinión y las ideas corrientes en aquella época sobre la ca-
tegoría de esas construcciones no bien estudiadas todavía, y las apre-
ciaciones que hice, hoy no tienen razón de ser gracias á los nuevos ele-
mentos aportados, observaciones y materiales que, bien puede afirmarse,
plantean con exactitud la cuestión antropoetnológica de la cuenca del
río de la Plata.
Las investigaciones que Eotli, desde hacía ya tiempo, estaba verifi-
cando en la parte norte de la provincia de Buenos Aires con el doble
liropósito de estudiar la geología y paleontología, lo pusieron en la
circunstancia propicia para que sus hallazgos tuvieran el interés de
contribuir en la dilucidación de la existencia ó no existencia del hombre
contemporáneo de la fauna de las series más modernas del período ter-
ciario, lo que Ameghino ' daba como resuelta favorablemente en 1879,
y que hoy ratifica en sus últimas recapitulaciones aunque con nuevos
puntos de vista -.
líoth quería comprobar la exactitud de las primeras opiniones sobre
la constitución del suelo de esta parte del continente, lo que pudo veri-
ficar desi)ués de un estudio iireliminar de la región adyacente al río
Paraná, opiniones que ha expuesto y discutido con amplitud en su
primera publicación ^
' l'\ Ameghino, La jüiis liante antiquité de l'komme dann le youi-eau-Jilonde, en
Complc rcndii dii Cortjjrcs iiilcrnational des Améi'ieanistes. Bruxelles, 1879.
' F. AjiicGuixo, Les formal ¡oii'i sédimentaires dii erctacé snpiricurc et dii tertiaire de
raiar/ontc, «n Anales del J/ksco Xacional de Biiciwi Aires, serie III, VIII, 447 y siguien-
tes, 1906.
' S. RoTii, HcoVacktungeii über Enistehnnn und Altcr der Pampasformation in Anjcn-
tinien. in Zcilschr'ifl der Dcntseheii gcolotjUchcn Gcsellschaft, L. Berlín, 1888.
— 59 —
En esa. ]>iil>lic;ici(iii ilistin,nnc, Kotli, tres diferentes Ciiiias : ]a toniia-
ción paiuiieana siiix-rior, la inedia y la interior; habla de su orificn y de
las caraeteristieas de cada una de ellas; indica su orden y disposición.
Es muy sabido, tanibií'u, (jue para Eoth la toriuacitjn pampeana es más
moderna rpie lo que cree Ameghiuo.
En la primera parte del citado trabajo trae referencias generales y un
cuadro comparativo (pág. 400) de los tres hallazgos de Homo .sítpioiií
verificados ]>or él : dos jirocedentes del ]>ami(eano superior y nun del
l)am]ieano intermedio.
El primer hallazgo de restos humanos fué hecho en el año ISTOádiez
kilómetros del Pergamino (provincia de líuenos Aires), cerca del Sala-
dero de don lleinaldo Otero; era un esqueleto humano completo del cual
se han conservado algunos dientes y restos de huesos que hoy se en-
cuentran en el Museo Xacional de Buenos Aires.
El segundo en 1881, es un esqueleto en muy buen estado de con-
servación encontrado con restos de un GI¡/pfo<hni en la región llamada
Fontezuelas, cerca de Pergamino. La corresj)ondencia que Eoth man-
tuvo con otros especialistas sobre estos hallazgos dieron motivo para,
que se hicieran diferentes publicaciones, hasta que el esqueleto llegó á-
(Jopenhagen donde fué estudiado por Hansen.
El tercero procede del pamjieano intermedio (para liotli) de la locali-
dad conocida por el Rincón del Baradero. Son restos en muy mal estado
de conservación, que en su mayoría fueron estudiados por el profesor
^Martín, de Zurich.
Á otra clase de descubrimientos pertenecejí el de una punta de fle-
cha de silex encontrada con restos de SceUdotherium, cerca del arroyo del
Zanjón, como los pequeños fragmentos de tierra cocida de los yacimien-
tos de Ramallo y Alvear, tierra cocida que Eoth atribuye á un antiguo
fogón.
La publicación de las observaciones verificadas sobre uno de estos
hallazgos, hechas por el profesor Hansen de Copenhagen, fué causa para
que Eoth hiciera algunas observaciones al jirofesor Kollmann de Basi-
lea, observaciones que este publicó en las Comunicaciones del Instituto
Anatómico Yesaliano. En esta publicación se rectifican algunos datos
erróneos de Hansen, y nos hace saber al mismo tiempo todos los descu-
brimientos del aut<n- que se pueden referir al hombre fósil de la forma-
ción pampeana.
La bibliografía completa (pie se refiere á estos hallazgos de restos del
hombre fósil es importante, su enumeración está hecha en la nota de
esta página '.
' Cu. VoRT, Sqiiilitlf ¡iKiiudii aissocic uux Gh/pUidíiHlm (avcc (llxcusslon : MuiiiUct,
ZahoruivsVi. l'oijt), i-n Iliillctins de la Socicié (VAntliropoloijic (le. i'on'», 693-699. Pa-
— 60 —
Z('l);illos y Pico, en 1877, retiorrieiido l;i costa del río raraná, en-
coutiaron un buen yacimiento en el distrito de Campana (i>ruvincia de
Buenos Aires), lo estudiaron en la forma que más adelante referiré
y ]mblicaron un informe ' y la breve noticia que vio la luz en la Bevite
(rAiitliropolof/ic -. Burmeister comentó esas descrii)CÍones sin agregar
observación de mayor interés ' á pesar de su opinión favorable sobre la
importancia de los hallazgos.
Ambrosetti, posteriormente, continuó con estas investigaciones en la
cuenca del río raraná, sus viajes preliminares y el interés (pie tenía por
los estudios arqueológicos hicieron que realizara tres excursiones al alto
Paraná, durante las cuales recorrrió buena parte de la provincia de Kío
Grande del Sur (Brasil), territorios adyacentes al alto Uruguay, Iguazú
y especialmente el alto Paraná, desde el Jabobiry basta el Ibitorocay \
El señor P. de Oliveira Cezar autor de una noticia ' sobre los para-
ría, 1881; S. EoTH, FossiUs de la rampa, Amériqtie da Siid. ?« Catalogue, 3-4. Sau Ni-
colás, 1882; R. ViRCH<->\v, Elii mit (iliipfodon-He^fen ye/andenes menschUchcs SkeJet aun
dcr Pumpa das la Plata. Verliandlun(¡en der Jleiiiner Ocxpllschaft fitr Anthropoloijie. Ethno-
luijie und Uriicschichte, 465-467, 1883. H. Burmeister, Bermerhiiuiieti iii Bezuy auf
die Pampas-Fonnatioii. Verhaiidlungen dcr Hn-Uncr Gcsellschafl fiir Jiillinipiiloi/ii; Eth-
noloíjie nnd Uriieschichtc, 246-247, 1884;.!. Kollmaxx, HoUen Altcv der Mensvlieni-anscn.
Zeitschrift fiir Ethuoloyie. 200-20."), 1884; S. Roth, Fossiles de la Pampa, Amcriquc du
8ud. Catalo¡iue numero S. Gónnva, 1884; Quatrefages, Histoire r/éucrale den races
humaines, 85-86, Paris, 1887; S. Haxsex, Lagoa Santa Eaeen. En antUropoloyisk Un-
dersSyclse of jordfundne Menncskelevninger fra brasilianske Huler. Med ct Tilhicfi omdet
jordfundne Menneske fra Pontimdo, Rio de Arrecifes, La Plata. E Museo Lundii, I, 5,
29-34, jil. XIV. Kjobenhavn, 1888; S. Eoth, Ueher den Schadel van Pontimelo (richU-
i/er Fonti:riiclos) lirirjtichc Mittliciluncí ron S. Hoth an HerrnJ. Kollmann. Mitthcihinrieu
aus dem anatomischcn Instilut im Vemlianum zu Basel, 1-4.1889; F. Ame(t1IIXi_>, Con-
tribución al conocimiento de los mamíferos fósiles de la Eepáblica Aryeutina, 47-85, Bue-
nos Aires, 1889; R. Virchow, Crania Ethnica americana, 29, Bcrlin, 1892.
' E. S. Zeballos y P. Pico, Informe sobre el túmulo prehistórico de Campana, cu
Anales de la Sociedad Científica Anientinn. 6, 244-260. Buenos Aires, 1878.
' E. S. Zeballos, jN'oíe sur un tumulus prchistorique ds Buenos Aires, en Ecvue d'An-
throjmloi/ie, serie II, I, 577-583, 1878.
' 6. Burmeister, Veber die AUcrthiimer des Rio Santa María, rerhandlunyen der Der-
liner Gesellschaft fiir Anlhropoloíjic, Ethnologie und Vrgeschiehte, 357 y sij;uieiites. 1877.
' Aiiilirosetti ha publicailo las memorias siguientes, sobre sus exploraciones en el
territorio «le Misiones : Rápida ojeada sobre el territorio de Misiones, en Boletín del Jns-
litulo Grográfiro Argentino, XIII, 1893. Viaje d las Mixioncs argentinas y brasileras por
el Alto Uruguay, en Revista del Mu.ini de La Plata, III, 1894. Segundo r¡<{jr <i .Misiones
por el Alto Paraná é lyuazú, en Boletín del Instituto Geográfico Argentino, XV . 1894.
Tercer inaje á Misiones, cu Boletín del Instituto Geográfico Argentino. XVI, 1895. Los
paraderos precolombianos de Goya (príirincia de Corrientes), en Holclin del Institntii (:eo-
grájien Argentino, XV, 1894.
'' V. I>E Oi.iVEiRA Cezar, Díitos arqueológicos. Pro.rimidad de Ptuenos .¡ires, en llole-
lin del ¡nstiiniti Geográfico Argentino, W\, 1895.
— 61 —
(U'ids iiidíyi'iiiis dt' la i'iieiiciult'l líi) Liijáii, coiitiiuia sus excursiones por
las barrancas del Paraná, curso medio, de donde ha obtenido notables
ejein])lares de cerámica zoomorfa y nn jiían instrumental de liueso d(^
una tí'cnicii semejante á la de los objetos similares x)rocedentes del tií-
mulo de Campana.
Con excepci(5n de los viajes de Ambrosetti, los otros lian pasado casi
desapercibidos á pesar de su importancia, de las observaciones y mate-
riales aportados y de las publicaciones que han visto la luz.
En estos últimos quince años se lian renovado los viajes de estudio
especialmente dirif;idos á la parte insular de la provincia de Entre Ríos
y Delta del Paraná, región anteriormente recorrida por B. T. Martínez,
Ramón Lista y Santiago Rotli '.
De estas últinuis exploraciones, entre las cuales la de mayor inijtor-
tancia es la de Martínez, no me toca liacer memoria aunque sus resulta-
dos generales acusen identidad con los obtenidos en otros puntos del
litoral argentino, y aunque debamos relacionar unos con otros iior per-
tenecer á la misma cultura.
Esta descripción general de los yacimieutos de Campana y Coya, con-
justamente, con el de varios objetos aisladamente obtenidos, ó en gru-
ías, jtodrá tener el interés de la recai)itulación y ser útil para los (pu»
estudiamos la arqueología de la cuenca del río de la Plata por servirnos
de punto de partida y de orientación en el modo de encararlo.
Como acabo de expresar, esta memoria descriptiva comprenderá tam-
bién algunos hallazgos que sólo tienen el interés, para mí, de nuevos
tipos, de manifestaciones aisladas del artífice indígena pero en manera
alguna de elementos que en realidad nos sirvan para la determinación
de fases en la cultura del litoral, de cronologías, sincronismos, etc., el
asunto que nos ha debido jireocupar preferentemente, pero que hasta la
' l'cir iiif'iinui'S <lel señor don José Antonio do Urqnizii, y el do otras personas que
inspiran contiauza, he sabido que el explorador Lista recorrió las islas de Entre
Ríos niny rápidamente, y que recogió de las poblaciones los objetos indígenas qni-
luego douó á nuestros museos. Las colecciones de cráneos humauos y demás restos
óseos que dielio explorador trajo de esa región, pueden proceder de la cuenca del
río Gualeguaychú como de los túmulos de Jlazaruea, de la Virgen ó Paraná de las
Palmas (isla de los Borbones). De la isla de las Botijas (Paraná Guazú) obtuvo tam-
bién, muchos restos humanos.
Felizmente, la que se conserva en el Museo Nacional de Buenos Aires, de aquella
procedencia, dicen, que tienen los documentos que certifican sobre su procedencia.
Roth, en sus viajes, nunca se propuso estudiar la arqueología del litoral ; sólo
hizo algunas observaciones tecnológicas solire los túmulos que pudo observar, y esas
como muchas otras notas sobre los paraderos indígenas de la m.argen izquierda del
Paraná, pviedeu encontrarse también en su estudio : Jieohachliinijen ¡ibcr litüsickiinij
Hiid Alter der rampasformatioiis in Arr/entinicn, en Zcitschrí/t dcr Deutschen gcolonischcu
GescUschaft, Berlín, 1888.
— 62
fecha no lia podido ser tratado seriamente por la mala docnmentación
que acompaña ;'i los materiales.
II
Por seguras referencias de viajeros y exploradores se sabe, que en
toda la costa paranense, y especialmente sobre las barrancas de la mar-
gen izquierda, en Corrientes, y sobre la derecha entre Santa Fe y Bue-
nos Aires, son numerosos los lugares donde pueden encontrarse por
centenares, fragmentos y aún vasos bien conservados de fabricación
indígena entre los que se destacan muchos ornamentados y pintados ó
(pie, por su forma, acusan carácter representativo.
Asociados á estos restos de antigua cerámica suelen hallarse instru-
mentos de hueso y armas é instrumentos de piedra. Todo este material
abunda particularmente en las orillas de las lagvrnas, en las laderas de
las barrancas que forman el cauce de los arroyos, y entre las raíces de
los espinillos, saúcos y algarrobos que desde el río Carcarañá para el
norte se encuentran en abundancia. Al sur de Santa Fe, los objetos se
encuentran más sobre la costa, entre las torrenteras ó escabrosidades de
ese espeso manto que se llama formación pampeana.
En las costas entrerriana y correntina la cachefte no se ha presentado
bien caracterizada, habría que salvar la zona btija y llegar á las barrancas
de la serie entrerriana i^ara que en sus hondonadas ó en las orillas de
sus filones de agua pueda ol)ser^•arse, aunfiue no perfectamente bien
caracterizada.
En Entre líiosy Corrientes son más comunes los túmulos, construc-
ciones de pocas apariencias, ubicados invariablemente en el centro de
una laguna ó en la orilla de algún arroyo ó río cegado por el camalote y
la vegetación que sobre esos residuos se desarrolla admirablemente. Los
objetos aislados podrían encontrarse en la región de los médanos ó en
las inmediaciones de aquellos túmulos, pero siempre en los Urgares fuera
del alcance de las enormes crecientes del Paraná.
Los yacimientos que debo describir, los más importantes, son los de
Campana y Goya — túmulos como los (pie abundan en Entre Eíos; —
y varios objetos (pie proceden de la costa paranense completarán esta
segunda parte.
63
CAPITULO II
TÚMULO DE CAMPANA
Saliendo déla ciudad de Buenos Aires con rumbo al norte se encuen-
tran dos cuencas, la del río de las Conchas primero, y la del Lujan
después.
Atravesada esta última, ala vista del río Paraná de las Palmas, vuel-
ven á aparecer las barrancas de la serie pampeana cuyas faldas se unen
í\ los anegadizos que constituyen buena parte de esa costa, hasta que
en un punto no muy distante dichas barrancas se ponen en contacto con
el río para separarse otra vez, frente á la población de Zarate.
En un punto inmediato á la primera insinuación de las barrancas, 3000
metros antes de llegar á la población de Campana, en el borde mismo del
bañado, se encuentra la pequeña colina que los señoresEstanislaoS. Ze-
ballos y Pedro Pico estudiaron, y de cuyos resultados informaron á la
Sociedad Cientíñca Argentina '.
De este informe habrá qiie extractarlos datos que se tienen sobre las
condiciones del yacimiento, los procedimientos aplicados en lafouille y
los materiales de él obtenidos; ordenados los documentos y descriptos
los materiales, más fácil resultará el capítulo de las observaciones que
me permitiré agregar al flnal, las que, dicho sea de paso, no concuerdan
en muchas partes con las de Zeballos.
Expresan en su informe dichos autores que - : « Apartándonos de las
barrancas al este, se cae al bañado ó playa del río allá en los tiempos le-
janos de la época prehistórica; bañados que, como se ha dicho, corren
orillando el Paraná hasta las inmediaciones de Buenos Aires.
« Excavaciones ijracticadas en este terreno han arrojado á la superficie,
conglomeraciones de restos marítimos cimentados sobre la tierra arci-
llosa por la acción de las aguas al descomponer la parte caliza de las
mismas conchas.
«Aun cuando no nos hemos detenido en hacer una clasificación prolija
<le todas las especies de moluscos que hemos tenido á la vista, podemos
avanzar que en estos conglomerados predomina el género Asara que hoy
vive en los límites del río de la Plata y del océano Atlántico. Las con-
' E. S. Zeballos y P. Pico, Ibid. El doctor Zeballos imlilieó en la Bcvuc il'An-
thropolofi'ic lina breve noticia sobre estos hallazgos, y en el Comptc rcndii ñu Congren
IntcrnalUmal des scienccs anthro2>ologic[ue8, Paris 1878.
* Página 247.
— tíi —
glomeratñonos de Asara délos liiiíiados de Campana, son en todo seme-
jiintes ii las de los bancos marinos de San Pedro al norte, á los de Bel-
grano, bañados de San JiTsto, Flores y Quilmes '.
« El terreno bajo de Campana lia sido pues el lecho del río en épocas
remotas, durante las cuales probablemente, no existían las islas del Del-
ta del Paraná, y ha ido levantándose sucesivamente como se han forma-
do dichas islas por la acción permanente de los aluviones.
« El ti'nnulo parece que se hallaba ubicado sobre el aluvión deposita-
do en la base de las barrancas y á una corta distancia de ellas.
«Establecimos apriori que este monumento era un túmulo semejante
á los hallados en diferentes territorios eurojieos y americanos.
«Sn material consiste en tierra vegetal y cuaternaria, presentando su
contorno la forma de una elipse, cuyo diámetro mayor mide 79 varas,
32 el diámetro menor; y 2 y media la mayor altura del monumento so-
bre el plano del terreno.
«Las aguas han ido lavando durante varios siglos el túmulo y ha de-
bido perder media vara de elevación á lo menos, según nuestra opinión.
Así, pues, debe suponerse que su altura verdadera no ha sido menor de
tres varas».
Actualmente se nota una pequeña eminencia en el lugar aquel en el
que estuvo situado, y sus alrededores conservan tanabién la vegetación
peculiar de los anegadizos. Esta, como las demás construcciones de la
misma índole, ha estado al borde del bañado, á corta distancia de la
costa del Paraná de las Palmas, pero invisible para el navegante de ese
brazo del Paraná; la ubicación del túmulo á mayor distancia de la costa
y sobre la barranca no era práctica páralos indígenas, pues los artículos
de consumo se encontraban más fácilmente en las márgenes de los ríos.
Conviene recordar aquí algunos de los pasajes de la descripción de esta
parte del territorio que Azara recorrió en 1784, y que yo presento en
extracto en la primera parte de este trabajo.
El dibujo (flg. 1) puede dar una idea del tiimulo y sus alrededores, tal
cu.al lo bosquejó el dibujante momentos antes de los trabajos de remo-
ción, y que yo reproduzco á pluma por la imiformidad y nitidez de las
ilustraciones que presento.
' Los depósitos marinos de San Pedro estíín caracterizados sí, por nnn proporción
considerable de ejemplares de la Azara labiata Orb., pero los do Quilmes y La Pla-
ta, etc., varían ó se distinguen de aquéllos, pues, en estos últimos se encuentran
l'epresentantes del género Bitll'm cocliliidimn y JRiiUia (/lobtilosa, tal cíuil coiiio en los
depósitos de toda la costa marítima del Atlántico.
Ku cuanto íí las observaciones geológicas que acaban de leerse pueden conside-
rarse confirmatorias de las que Zeballos hizo en su excelente Estudio gcolóriico sobre
la prorincia de Buenos Aires, publicado en los Anales de la Sociedad Científica Argen-
tina. II-III, lS7{i-77.
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— 66 —
En cuanto á los procedimientos aplicados por la comisión encargada
de estudiar el yacimiento pueden concretarse así : « Comenzamos las
excavaciones, dirigiéndolas con todo género de precauciones y practi-
cándolas personalmente cuando era necesario.
« Abrimos un foso de una vara de boca atravesando el túmulo en el
sentido de su eje menor. La profundidad que dimos al foso fué igual á
la altura del monumento, llegando hasta la misma capa de tierra del
bañado.
« Á vara y media de profundidad recogimos sin cesar innumerables
objetos de piedra tallada, de bueso y de barro, labrados y pintados por
el hombre.
«Allí mismo empezamos á descubrir una veta de tierra gris amari-
llenta, con grandes nodulos de materia vegetal carbonizada y con un
copioso depósito de huesos de pescado y de cuadrúpedos selváticos.
Descubierta esta tierra, abrazaba una extensión de dos varas cuadradas
próximamente : era el asiento de uno ó de varios fogones primitivos. La
exi)loración completa de este accidente del monumento, nos dio uu rico
resultado en piedras talladas y objetos de alfarería.
«Eesolvimos abrir el terreno en muchos puntos diferentes... Con la
mayor atención comenzamos el nuevo foso donde un peón sacó un fé-
mur ; y á poco andar una pala hizo volar por desgracia el frontal del
cráneo humano.
« Suspendimos el trabajo de híspalas, después de hacer un hondo foso
en contorno del gran pan de tierra en que sospechábamos que debía es-
tar todo el esqueleto, y emprendimos una tardía excavación á cuchillo
con el inmenso cuidado que exigían aquellos huesos deleznables.
« Una hora y tres cuartos después, estaba descubierto todo un esque-
leto... El esqueleto presentaba una posición del todo original.
« Yacía horizontalmente de este á oeste. El cráneo descanzaba sobre
el occipital. El resto del cráneo se hallaba casi íntegro, inclusive la
dentadura de la mandíbula inferior con excepción de un incisivo y un
canino. De la mandíbula superior reunimos cuatro muelas sueltas que
estaban cerca del cráneo.
« Los miembros superiores estaban tendidos horizontalmente hasta
las caderas, abajo de las cuales había varias falanjes de los dedos, ha-
biéndose perdido las restantes.
« Los miembros inferiores afectaban una posición que revela la vio-
lencia á que era sujetado el cadáver jiara enterrarlo, apareciendo i'otos
algunos huesos, tal vez por esa causa. El fémur descansaba en la cavi-
dad del vientre, la tibia y el peroneo de uno y otro miembro reposaban
sobre la clavícula. Alrededor del esqueleto había innumerables tiestos
rotos y otros objetos y obras del arte prehistóricos.
« Estos fueron los trabajos preliminares, poco tiempo después se prosi-
— 67 —
yuicroii fdu mayores elementos ', y los resultados de siete días de eon-
tiiuia labor fueron los siguientes : « Descubrimos 27 cadáveres, inclusive
dos de niños, de todos los ouales i)udimos reunir restos importantes de
18, pues la naturaleza del terreno del todo absorbente, los mantenía en
muy alto grado de Imniedad.
« El más completi» y mejor conservado de los cadáveres se hallaba á
l"i50 de profundidad, reposando sobre una capa de tierra más dura y en
la cual aparece ya la formación margosa que marca un grado de transi-
ción de la tierra al estado de la toha, ^'nlgarmente llamada tosca.
« Conseguimos levantar este cadáver en un cajón especial con una
mesa de la tierra en que yacía, de suerte que llegó tal cual se hallaba...
«íí'o hemos podido encontrar cráneos enteros debido á que la hume-
dad del suelo ha producido el resblandecimiento de los huesos y su
ruptura ; no obstante, es posible la restauración de varios de ellos, que
llegaron rotos, pero casi completos.
« La colección de objetos de piedra es notable. Hallamos puntas de
dardo y de flecha primorosamente trabajados, morteros, manos de los
mismos, hachas, piedras de honda, bolas perdidas, piedritas que los in-
dios usaban como adornos y varios otros instrumentos, todos los que
suman más de cincuenta piezas.
«líeuuimos más de tres mil fragmentos próximamente de ollas, vasos
y otros utensilios de barro, de las cuales hemos traído lo más importan-
te, en número muy crecido de piezas, dejando aquello que por su i^eque-
ñez no merecía ser coleccionado. Eeunimos algunas vasijas rotas ; pero
completas y varias con más de la mitad de su composición, de suerte
que su restauración es muy fácil.
« A todo esto hay que agregar cerca de cincuenta ejemplares de obras
del arte indígena, en barro cocido, todas ellas pintadas, destinadas á ador-
nos de los. vasos, entre los que citaremos varias cabezas de aves comunes.
« Era también notable la colección de huesos trabajados por el hom-
bre. Hay entre ellos unos treinta ó cuarenta cuernos de ciervo prepa-
rados liara diferentes aplicaciones generales, líeunimos muchos otros
restos, huesos de animales comidos por el hombre, tierras donde exis-
tieron fogones, etc., etc.. »
Termina el artículo con una reseña de los trámites á que dio lugar
la remoción del primer túmulo que se estirdiara por x>ersonas comiie-
tentes, aquí, en el Kío de la Plata.
Todos esos materiales que enumeran Zeballos y Pico, como obtenidt)s
de líifoiüUe, no han podidf) conservarse hasta nuestros días ni consta
formalmente en parte alguna de los catálogos y memorias consulta-
das, cuál filé el destino que muchas piezas tuvieron.
' Véase página 256 del meuciuuailo Informe, uto.
— 68 —
De las colecciones antropológicas sólo un cráneo liuniano se conserva,
en el Museo de La Plata, y de la Lennosísinia ceiáuiiea zooiuorfa de que
nos hablan los citados antores, muy pocos son, también, los ejemplares
existentes ; del instrumental de hueso están las piezas más impor-
tantes. El cráneo perteneció á la Sociedad Científica Argentina, y las
colecciones arqueológicas fueron donadas al Museo ])or el doctor Esta-
nislao S. Zeballos.
II
OBSERVACIONES
Me parece conveniente extractar, antes de ordenar y describir los
materiales, las observaciones que los directores de \í\ fimiUc luiii ano-
tado en las distintas noticias sobre el túmulo, porque con ellas y con los
datos de otros estudios, anteriores y i)osteriores, de la geídogía de la
región, podré ofrecer acá los fundamentos de las conclusiones estrati-
gráflcas. Con el mismo criterio trataré de reunir y ordenar las ideas que
dichos autores hayan enunciado en cuanto á las observaciones tecnoló-
gicas y antropoetnológicas.
Las observaciones ráiñdas de D'Orbigny, Darwin, Parish, Bravard,
etc., y las posteriores de Burmeister y Tíoth, han bosquejado con preci-
sión la constitución geológica del territorio adyacente al río Paraná, y
especialmente donde aparecen las barrancas de la serie pampeana abier-
tas, mostrando su constitución interna, es donde los resultados de esos
estudios han sido más proficuos.
La parte superior de esta serie comprende los terrenos de formación
reciente, distintos en su estructura y composición, pero que se encuen-
tran en toda la extención de las pampa que hasta la fecha se ha explo-
rado.
Para llegar cuanto antes á lo que me ¡¡ropongo explicar, voy á repro-
ducir un corte de las barrancas inmediatas al túmulo, perfil tomado de
las informaciones gráficas que presentaron Zeballos y Pico á la Sociedad
Científica Argentina, que, comparadas con las anteriormente hechas por
aquellos autores coinciden en lo i'undamental, con excepción sí, de las
observaciones y resultados de los estudios de los terrenos que forman
las costas de los brazos del Paraná.
De esas observaciones y perfiles que S. líoth ha reunido en su inipíu--
tante estiulio sobre la formación ]>aui]>eaiia, que ya he citado y que es-
l)ectaliiieute se refieren á las barrancas del Paraná, puede extraerse la
clave de las notas y perfiles de Zeballos y Pico, y con ambas contribu-
ciones será muy fácil hacer la demostración exacta del ordcTi y disjiosi-
69
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— 70 —
ción de los distiiitüs elementos estratigráflcos que la serie painpeaiía y
postpampeaua cuenta allí á inmediaciones de Campana.
Á la capa no muy potente de humus sigue la de loess, que cuanto
más ijrofundo es el corte más resistente y grueso se obtiene ; suelen
aparecer margas más ó menos caracterizadas, depósitos lacustres, y es-
tratos de loe.su aluvional, estas capas debajo, por lo general, de las an-
teriores.
En cuanto á la constitución de los terrenos bajos, es muy sabido en
la forma que aparecen la capa de humus y la del aluvión moderno que
el Paraná lia llevado y depositado en sus continuos avances, loess de las
barrancas y arenas del fondo del río de la Plata.
Otro elemento distinto se encuentra también en las partes bajas de
los terrenos del Paraná, cuya deterniinaci<')n precisa no puedo ofrecer,
pero que con el examen superflcial que liice en la conferencia última,
que di en el Museo puede aceptarse que se trata de un depósito ma-
rino.
En mi estudio sobre Los I'r'uultiros Mahitantes dd Delta del Paraná^
que en el ciu'so de este año publicaré, daré todo los elementos necesa-
rios para el conocimiento de la cuestión que en aquella ocasión me pro-
puse estudiar.
Las notas y explicaciones de los señores Zeballos y Pico, establecen
claramente la calidad de los terrenos que lian encontrado en los distin-
tos puntos en que efectuaron perforaciones, y cotejados estos datos
con los que Zeballos ordenó y determinó en su estudio geológico de la
provincia de Buenos Aires, los resultados no juieden corresponder
mejor.
Solo la formación marina á que he aludido en párrafos anteriores no
ha sido observada con atención, lo que yo me propongo hacer en ade-
hinte como dejé manifestado ; me refiero á los depósitos de este origen
(Xue se pueden ver al pasar en las costas de las islas altas hasta San
Nicolás, y aún más al norte, como me lo ha manifestado el geólogo
C Ameghino.
Zeballos y Pico declararon ' que el túmulo de Campana era un monu-
mento semejante á los hallados en los territorios euríqieos y americanos
(pie un gran m'imero de autores han hecho conocer con acopio de datos.
« Su material consistía en tierra vegetal y cuaternaria {loess de las
barrancas vecinas), presentando su contorno la forma de una elipse,
' En la breve imtieia f|iu' Zeballos publicó en la. Ilcvne d' AnlhropohMi'w eomo en la
<-nniuiiicaciún que pasó al Congreso do Antropología, no se encuentran mejores datos
sobi-e los materiales y su disposición ni sobre el destino real del monumento, lo qno
en realidad hubiera sido importante para caracterizar propiamente al túmulo como
estación ó enterratorio.
— 71 —
cuyo diáiiietio mayor mide 79 vaias, 32 el diámetro menor, y 2 y medio
la mayor altura del monumento sobre el ]>lano del terreno. Pero esta es
su altura aetual, y ella ha debido disminuir naturalmente á consecuen-
cia de los arrastres de las aguas pluviales. »
Más adelante aludiré á esta parte de las observaciones de Zeballos y
Pico ; pienso, desde ya, que han sido insuficientemente atendidas todas
aquellas peculiaridades que se necesitan hacer notar para comprender
á la construcción estudiada en alguno de los grupos caracterizados ])or
A. de Mortillet, ])ara citar sólo á un autor conocido que ha lle\'ado á
cabo una paciente y provechosa indagación sobre tipos y destinos de
túmulos. íío HUÍ corresponde dar mayor extensión á esta parte de las
observaciones que trato de resumir x)ara presentar con claridad hi ver-
dadera labor realizada por los citados investigadores, ni conviene que
analice la proposición que ellos han establecido sobre la similitud entre
la forma y materiales del túmulo de Camijana con los de otros, hallados
en territorios europeos y americanos.
La cronología que también se plantea no tiene, á mi juicio, base en
qué fundarse seriamente.
En cuanto á las observaciones antropoetnológicas que se pueden apun-
tar uo satisfacen idenamente, son incompletas, y las afirmaciones que
se hacen prematuras, como podrá apreciarse con las citas que haré á
continuación.
Zeballos ha dado suma importancia á la asignación del tipo étnico que
ha encontrado en dicho túnuilo del litoral argentino, y aunque es muy
conocida su opinión sobre el particular, transcribo la versión precisa de
ella, tal cual la exjjresó y la expresa actualmente.
« Le tumulus ' de Campana appartient a la fameuse race guaraní, qui
peuplait ees contrées a l'époqiie oü arrivérent les Espagnols (1535).
« C'est l'occasion de donner une expUcation importante au.v lecteurs eii-
ropéens. Dans la répuhUque Argentine nous appelons pirélüstoriqíie la pé-
riode antérieure ¿i l'arrivée des conquerants, et ¡I faut done ne pas la
confondre avec le prékistorique européen, auquel correspond notre quu-
ternnire. Les (juaranis peupluient-ils ce pays a Vépoque de l'arrivée des
Espaynols ! c'est une question intéressante, dont je m'occupe dans une
ceitvre spéciale queje suis prcs d'éditer a París, sous, le titre de Notes
liréliminaires sur l'homme primitif de Buenos Aires...
« Ainsi, et d'aprcs les ohservations de j\[. d'Orhigny, la race guaraní
étendait son immcnse empire depuis les Antilles au nord jusqu'a la lati-
tude duBio de hi Plata ausnd, et en longitnde depuis les bords de Vocean
Atlantiqne jusqn'au.v picds des Andes. C'était le pUisgrand, le plus éten-
dn des empires des races ^¡riniitices du Sud Amérique, bien que cette race
' E. S. Zeüai.i.us. IhiA, .",83.
72
füt ][)Jus barbare cf bcanconp moinn civili-scc que les Quichuas qui pev-
plaicnt le nord de la Républiqne Argentino, f/í.v les teiiq>s précolom-
biens. »
III
HUESOS HUMANOS
El material osteológico obteuido en el túmulo de Campana era impor-
tante; el doctor Zeballo.s ' enumera en el siguiente párrafo las piezas mas
interesantes de la colección : «Les objets trourés depassaient foufes nos
esperances. Kons cuines 27 squelettes, deiix enfants, rendas malheureuse-
meiif tres frágiles 2}ar l'humiditc du terrain ; néanmoins nous avons sauvé
de la destruction les partí es les 2)1 us intéressantes de dix-huit squelettes. Le
j)lus complet et le mieiw conservé gisait a une profondeur de l'^SO, sur une
couclie de terrain plus dar, dans laqnelle a2)araissait la formation de la
margue, qui est latransitioH del'argUe caleaire « l'était detoba, a2)2}elée rul-
(jairenient tosca. Je cherchai (( enlever ce squelette dans une grande crtmc
s2)éeiule, arec le lambeau de terrain d((ns leqiiel il ctait incrusté, et je réussis
a ¡I parrenir; il arrira au salón de la bibliotheque de la Soeiété tel qti'il
était dans son tiimulus.
«Ifoíis n'cívons euque deux crünes presque conqilets 2Mrce que l'humidité
du terrain (bañados) a lulté la destruction des os, et que leur ru2)ture a été
produite 2)ar la pression des ierres et 2>ar le 2>as.mge des animau.r; mais il
y a di.reránes au moins en ctat d'étre restaures.»
De todo este material sólo se conserva un cráneo de una mujer adulta,
cráneo que fué donado á este Museo por la Sociedad Cientítica Argen-
tina; el resto de la colección no se sabe positivamente el destino que La
tenido.
Como en nuestros museos no existían restos liunuiuos procedentes de
los tviiuulos que se encuentran en toda la región del litoral, y tratándose
de un hallazgo tan importante estos nuevos materiales de estudio tenían
que iniciar una época nueva en las investigaciones sobre los tipos indí-
genas (jue poblaron los territorios adyacentes á la cuenca del río de la
Plata, y servir de elemento de comparación para ulteriores estudios, co-
mo los que en adelante pienso llevar á cabo sobre la base de los mate-
riales que yo mismo lie obtenido en dos viajes á la región insular de
la provincia de Entre-Ríos.
Por el momento baró la descripción del cráneo que los señores Zeba-
llos y Pico extrajeron del yacimiento de Campana, sin liacer comentarios
ni asignaciones á referido tipo indígena.
' E. .S. Zeballos, Xotc sur un tnmiilun, etc., 577-78.
73
Cráneo
Esta única pieza ile la colección antropológica no tiene indicación
que pueda servirnos para identitlcarla con alguno de los hallazgos espe-
cialmente mencionados por el doctor Zeballos, con lo que nos hubiera
«ido posible agregar algo sobre sus condiciones especiales de yacimien-
to, posicithi y ubicación. Sobre esto ya hemos tenido ocasión de conocer
los procedimientos de hi fouille.
Sin embargo, puede notarse que el cráneo ha estado depositado en una
caiia de arcilla, su coloración negruzca y las grandes manchas negras
que aun se conservan muy visibles en su lado derecho denuiestran que
ha descansado sobre dicha parte lateral.
El tamaño del cráneo es mediano y presenta indicios que corresponden
al de una nuijer de edad adulta.
Algunas de sus partes están fracturadas, por ejemplo, los huesos na-
sales y buena parte de los orbitales, así como el foramen occipital. La
restauración de algunas de sus partes ha sido hecha con mucha prolijidad
<le manera que los puntos ó lugares naturales y artificiales para la
mensura del cráneo ño han sido modificados (fig. 3).
Desde su norma frontal aparece estrecho, poco abovedado y con los
arcos superciliares i)oco pronunciados. Se ve, también, que desde la re-
gión bregmática los huesos parietales forman, en su mitad anterior, una
especie de cresta debido á que los parietales son aplastados ó casi cónca-
vos en esa parte, carácter éste ya conocido en la mayoría de los cráneos
tipo Tapuya. Como presenta la región lateral algo estrecha, si se la
compara con la de otros cráneos, esto hace que parezca más bien alto lo
que en realidad es así en la región bregmática.
Desde la norma vertical ofrece la im[)resión de un óvalo algo irregu-
lar, principalmente por la foraKi en que se manifiestan las protuberancias
parietales (jue iufiuyen iiuicho en la configuración del cráneo; visto de
jiosterior sus contornos forman un pentágono.
El occipucio es poco prominente, está, como he dicho, fracturado en la
parte que corresponde al foramen; no se notan inserciones museularey
fuertes ni variaciones particulares.
Desde su norma lateral resulta de formai alargada, la curva sagital es
suave en la parte del frontal, ])ero desciende rápidamente desde proxi-
midades del olx'lion hasta el lambda. Las apófisis mastoideas son más
bien pequeñas, robustas, piuitiagudas en su extremidad.
En cuanto á las suturas no pueden observarse muy bien, pues, como
es sabido el cráneo estaba completamente desarticulado cuando fué ex-
traído del terreno donde se encontraba. Sin embargo puedo hacer notar
que las suturas lambdoidea y sagital son dentelladas.
KEV. MISEU LA PLATA. — T. 1. 6
— 74
Otras particulaiidadcs como las qiié se refieren á las diiiiensiones, di-
lecciones y peculiaridades de las sutiu'as no podría indicar, ¡jorque la
restauración del cráneo no lia subsanado los desperfectos que lia sufrido.
(I c
Y'iíi. 3. — «, niirinn l'rontal ; h. iiniiiia Litoral : c. iioniiíi vcitiial
La parte facial c()rres])(iii(le por sus caracteres jiciicralcs á las ])ropor-
ciones y contornos de la que acabo de describir.
Las interesantes características que suelen ofrecer los diámetros é ín-
dices nasales y orbitales no puedo mencionarlas porque faltan diclios-
huesos en su intejiridad.
La parte del iiiaxilar sii])erior (pie se lia conservado no jíresenta parti-
— 75 —
<'-ul;u'i(l;i(l, ])('ro sí el (lcs;irntll(i de Icis liiu'sos iii;il;ii'cs que son tuertes,
muy macizos.
El borde posterior de la a])óflsis frontal uo ])resenta la tuberosidad
que Vircliow y otros autores lian indicado pai-a la mayoría de los cráneos
tle este tipo, carácter (pie lia sido reconocido, taiiibii'ii, por los antropó-
logos l)rasilei<)s.
Xo encuentro indicio de deformación artificial, ni prognat i snu) alguno.
El maxilar inferior no es muy desarrollado como suele observarse en
la mayoría de los cráneos americanos, y no presenta particularidad que
deba indicarse especialmente.
Los dientes se encuentran irregularmente gastados, casi todos sin la
corona, y en cuanto á la dirección del desgaste, por ejemi)lo, la de los
dientes, es liorizo]ital; el tercer molar superiores notable por su pe-
«pu'ficz.
A. Cráneo (1)
ililiiiu'tros
1. Larjjo máximo 188
2. Auclii) uiiíximo 13+
43. Alto auricular 127
4. Aucho frontal uiíiiiiuo 97
9. Ancho uiaxilar 96
13. Ancho nasal 22
24 a. Largo maxilar alveolar .51
2.5. Ancho palatino 44
2.^ n. Ancho maxilar 62
B. Mainlíhiila
28. Ancho conilicular 121
2il. Auclio anf^uhir 9.5
31. Ancho ramal 42
31 n. Ancho ram.al mínimo 34
32. Altura ramal .52
32 a. Ángulo ramal 60
Generales
33. Circunferencia horizontal 520
34. Circunferencia transversal 308
38. Arco parietal 120
39. Arco occipital 130
41. Cnerda parietal 113
42. Cuerda occipital 108
49. Cao para atrás —
' El orden numérico de las fórmulas es el que observa v. LUSCIIAX en su puldi-
eaci('in : Die Konfcrcn: ron Monaeo, en KorrcHpondcnz-Blalt der Deutncheii GcscUschaft
fiir Anthropologie, Etlinoloyie itnd Urgeschichfe, XXXVII, 7, 1906.
— 76 —
índices
Milinietvoa
Cefálico 71,28
Largo auricular eT,").")
Aucho auricular 94,78
Froutal 72,39
El método que he observado para la deteniiinaeión de los diámetros es
el aconsejad" por la eoiiferencia de Monaco, en el que lian intervenido
para sii ordenación los especialistas más conocidos '.
La operaci(')n de las medidas la lie veriñcado en presencia del doctor
II. Lelimann-Xitsclie á tpiien deseo aoradecer aquí su bnena voluntad y
las indicaciones que lia tenido la amabilidad de hacerme.
Se trata, pues, de un cráneo hipsidolicocéfalo .sejiún la clasiticacion
de Welcker.
IV
IXSTRCMEXTOS DE PIICDliA
El instrumental de piedra obtenido en la/bíí/Z/c del túmulo de Campa-
na era importante, y digo era importante, porque no se conserva ningún
ejemplar de los numerosos objetos que Zeballos y Picomenciouau eu sus
noticias sobre dicho yacimiento.
En el Informe, etc., y en la Xote sur iin tidintliís pn'hi.storiqíic ile Bue-
nos Aireií se expresa lo siguiente: «que la colección de objetos de piedra,
es notable, halláronse puntas de dardo y úq ti^'i-ha primo rasíniuiitc traba-
jados, morteros, manos de los mismos, hachas, piedras de honda, bolas
perdidas, jiiedritas que los indios usaban como adorno y ^•arios otros ins-
trumentos todos los que suman más de ciento cincuenta piezas» -. En
sil N'ote, etc., reproduce Zeballos esta parte del informe y eu las publica-
ciones de Burmeister ^ y Ameghino \ muy vagas son las noticias que
pueden encontrarse sobre esta parte del material recogido.
No he podido encontrar ninguna de estas piezas del instrumental de
piedra; los informes que he recibido del <loctor Zeballos sobre los tipos
de objetos como sobre su técnica, no concuerdan con los que creí fueran
de dicha procedencia, y aunque he indagado cuidadosamente el lugar
donde pudieran encontrarse confundidos, la investigación, como digo,
no me ha dado favorables resultados.
La piedra de honda es, entre los objetos, la (pie mayor interés luí pro-
' Puede verse eu L'Aiilhnq¡i)lo¡i¡CiA rcsiiuicudc laenuveueiiiu. X\'1I, ."i.MI. París, llUHi.
^ E. S. Zhhallos y P. Pico, lufuniie, etc., 2D7.
" G. BUKMICISTEI!, Ibid.
' F. Amiciíiiixii, Lu unli;iiie(htd (Id hombre en el I'laUí. I. üueuiis Aires, 1880.
— 77 —
\(icn(lo: sil ]n('S('iicia liabía sidn notada en al.uiiiios itimtds de la ¡¡rovin-
cia de liiU'iKis Aires y esi)eeialiiieiite, en la ief;i(Hi costanera, notándose!
también que con ella aparecía la boleadora esférica tan general en la.
l'ainpíi y Patagonia, aunque en menor proporción en la región del lito-
ral que en estas últimas.
Creo que estos datos sobre el instrumental lítico no son suficientes
(íouio para que piiedan fundar opinión en cuanto á formas generales,
clases, tipos; la técnica de la industria de la ]>iedra es muy conocida
jyero no lo son algunos recursos practicados por las ag'rui)aciones indí-
genas del litoral, que sin tener un gran material á mano ban proibicido
interesantes ejemplares de objetos de destino aún inexplicado y absoluta-
mente típicos de la región.
Por ello es doblemente deplorable la pérdida de los instrumentos de
piedra procedentes de Campana.
INSTRUMENTOS DE HUESO
Una de las características del yacimiento de Campana es. el instru-
mental de hueso, fabricado con astas y ciertos otros huesos largos de
ciervos OdocoiJi'ux pdlndonnx y Odocoilciis cuiiipe.sfris ; clases y tipos
(pie hasta la fecha del hallazgo no se conocían como procedentes de
la región del litoral ]íaranense y que desde el primer momento llamaron
la atención.
La estructura de los cuernos del ciervo de las islas del Delta y Entre
Ríos (MocoiJeuK puludoms, se presta admirablemente para la fabrica-
ción de instrumentos y armas punzantes; la substancia resistente en su
exterior y la parte esponjosa del hueso eu hi parte central permiten, á
una hábil numipulación, la fonna a<laptable á un mango ó astil, con lo
cual les fué nmy fácil á los indígenas la fabricación de raspadores, pun-
zones, puntas de arpón, etc.
La parte del cuerno más aprovechada fué, para los raspadores, la de
mayor cuerpo y resistencia, de manera que el corte en bisel que debía
liiddncir el filo presentara una extensa parte cortante: las extremidades
<le las astas eran elegidas para luiutas de arp(iii, y de los huesos
largos como tibias, etc., se obtenían los punzones y demás instru-
mentos de su ontiUtKjc doméstico, y principalmente, los destinados para
oruanu'Utar la cerámica que fabricaron con bastante perfección.
La mayoría de las piezas de la colección han conservado su prindtiva
consistencia á pesar de las condiciones del medio en que estaban depo-
sitadas; un suelo húmedo, constituido i)or materiales distintos entre los
— 7S —
cuales el loens de las barrancas vecinas, con lo que se lia construido el
túmulo, contiene agentes que contribuyen en la modiücación del estado
de los huesos, algunos de los que forman esta serie de instrumentos de-
notan una avanzada evolución de sus elementos, jiues, la substitución
de materias orgánicas por minerales, aparece evidente.
Todos estos instrumentos se lian extraído de una profundidad no muy
considerable pero suticieiite para que la influencia del sol no haya sido
directa. Las partes retocadas por el industrial no han sufrido detrimen-
to, los fragmentos que faltan á varias piezas de la colección son debidos
á la falta de cuidado en la extracción ó conservación.
El doctor Zeballos aflrma que el material de objetos de hueso recogi-
dos en \nfoulUe era el siguiente: «Era también notable la colección de
huesos trabajados por el hombre. Hay entre ellos nnos treinta ó cuaren-
ta cuernos de ciervos preparados para diferentes aplicaciones genera-
les »■ ' y en otra parte habla de « puntas de arpón, punzones y silbatos »
(sic), todos estos objetos fabricados con cuernos de ciervo.
De todos esos instrumentos de que hace memoria el doctor Zeballos
muy pocos son los que se han conservado, los que hoy debo catalogar y
describir suman 22, sin contar los fragmentados y los que han jierdido
toda apariencia de forma artirtcial.
En este instrumental pueden distinguirse cinco clases de objetos per-
fectamente típicos: raspadores, punzones, espátulas, puntas de flecha y
mangos del tipo hátom como los que han descripto algunos autores que
se han ocupado de las estaciones prehistóricas de la época Magdale-
niense (Laugerie, Vezere, Correze, etc.).
Las piezas que no tienen im carácter determinado, pero que conservan
signos de trabajo, son dos; sus extremidades están cortadas y retocadas,
y en la que falta una de las cortaduras de sus extremos tiene incisiones
en varias partes del cuerpo del instrumento.
a) Easpadores
Considero álos raspadores de hueso de esta colección como la clase de
instrumento más común, el que en realidad habrá tenido mayores apli-
caciones y uno de los que, por su estructura, era muy fácil de obtener.
De los nueve ejemplares todos tienen su corte en bisel en la extremi-
dad más fina, y por sus dimensiones y solidez, guardan semejanza. El
que lleva el número 510, figura 4 (C. JI. L. P.), es el mejor concluí(h), y por
sus jiroporciones (18 X 3 centímetros), uno de los mayores.
Eli cuanto á los cortes é incisiones que tiene el hueso, como á la su-
perticie ó extremidad desgastada, es indudable que se han hecho con
' E. S. Zkuali.os, Xofr sur un tiiiiniliiii, ctf., eu Ileviie (V Antliropolo<iic.
— 79 —
láminas de silesias primeras, y por el frotamiento con mía arenisca las
.secundas. La presencia de esbe material lítieo en el mismo yacimiento
puede fundar suticientemente esta opinión.
h) VunzoncH
Es el instrumento más fácil de obtener, sobre todo teniendo á mano las
I '
I I
rig. 4, '/3 tam. nat.
puntas de las astas de ciervo, que como se comprende inxeden adaptarse,
con un pequeño retoque, al destino que este instrumento supone.
Los ejemplares de esta clase son seis, ninguno de ellos se lia conser-
vado íntegro y la técnica que el industrial lia puesto en práctica, por lo
que se ve indica muy pocos esfuerzos. Los cortes de la base del instru-
mento y otros toques aislados, demuestran que se lian hecho con una
— 80 —
lilmiua (le silex. Las proporciones de los seis puede decirse son ignales,
no se nota diferencia de trabajo en ninjinno de ellos y aiinqne sns actuales
dimensiones hayan disminuido jxjr las fracturas puede calcularse que
su longitud no liabrá pasado de veinte centímetros.
El ejemplar número 510, ñgura 5 (C. M. L. P.), tiene diez centímetros de
longitud, es el más perfecto ó mejor concluido de los tres aunque como
Fis. 5, tam. nat.
Fig. 6, tani. nat.
los otros con su base fracturada. Los demás de la serie son algo más cor-
tos pero todos pueden tomarse y utilizarse sin mango, precisamente en
lo que se diferencian de las puntas de flecha que por ser algo más cortas
necesitan del astil.
Entre estos punzones se encuentran algunos hechos de huesos largos
y tínos del mismo ciervo, y que por la estructura especial del material
aprovechado dan al instrumento sino un cuclict especial, fornuis dis-
tintas y tal vez consistencia también diferente. Este último tipo de ]nui-
zón es el de la figura 6 (C. M. L. P.).
81
c) I'iintítx (1c JIítIik
Las puntas deflecliasertistiiigiicn de los i)iiiizones porsn menor largo
y por la base perfectamente ovalada de manera que ptieda adherirse al
astil, COMIÓ puede lioy mismo observarse en el outiU(i<ic de las tribus ca-
zadoras y ju'scadorasdel Chaco y del Brasil. Más 6 menos, los ejempla-
res que forman la serie de la colección son iguales en cuanto á su estruc-
tura; no presentan mucho trabajo de retoque y la ranura que otros ejem-
jjlares suelen tener para la inserción de una pequeña cuña de seguridad,
éstas no la tienen. Parece, i)or las descripciones de Zeballos, que se han
hallado en este yacimiento, puntas de íleclia con la ranura en cuestión,
pero se les lia dado otro nombre por esa apariencia que tienen de sil-
batos, confundiendo el destino real de dichos objetos.
El ejemplar que lleva el ni'imero .">l!l, figura 7 (C. M. L. P.), es el más
perfecto j tiene siete centímetros de largo, su base es sólida y bien re-
dondeada, y la cavi<lad destinada para el astil muy retocada de manera,
que ambas partes del instrumento quedaran bien adheridas.
(1) EKpátiilus
Estos instrumentos, más ó menos caracterizados, son los primeros que
se han recogido délas estaciones del litoral, y seguramente no es por su
— 82 —
rarczii ó por liaber sido desconocidos entre los indígenas sino qne, las
condiciones esi>eciales de liuiiiedad en ijue han sido depositadas no han
liermltido que llegaran bien conservadas hasta nosotros.
Tibias de aves han sido los huesos aprovechados; varios golpes longi-
tudinales han separado las astillas necesarias para que el hueso adcpiiera
una forma de pequeña espátula, y en la extremidad opuesta á la articu-
lación, pequeños golpes y cortaduras lian producido una punta aguda.
Sobre el principal destino de este instrumento han abundado conje-
turas, de los cuales la que mayor suerte de verdad tiene, para mí, es aque-
lla que les atribuye un uso vario.
Actualmente, entre los habitantes del sur de Entre Eíos se las conoce
Vi''. í?, tant. iiat.
y aplica en la ornamentación de la cerámica, que aun aquellos descen-
dientes de los indígenas fabrican con bastante habilidad.
De los dos ejemplares de ¡aserie, el más típico es el que lleva el núme-
ro 521, figura 8 (O. M. L. P.).
ij MíOKJOH
El instrumento que lleva el número .^ÜU, figura ít (C. M. L. P.), co-
rresponde por su tipo á los Ihunados bdtoits por los arqueólogos europeos.
Sobre el destino de estos arteftictos los autores no están de acuerdo;
para unos pueden ser instrumentos accesorios, mangos ó cabos, para
otros instrumentos de música, insignias de mando, etc.
83 —
Creo que i)or su torma ])U(m1cu i-ousiilerarse como mangos; la perfora-
<'i(')n ]ioif('ctaiucntc' osférii-a cu el ])unto (Icunií'tude los tros luazos puede
haber sido hecha con el objeto de conseguir la mayor seguridad de su
adaptación al objeto A que se destinaba.
Nuestro ejemplar lia sido fabricado con asta de ciervo Odoeoilcus pa-
iKdo.sns; su base es sólida bien cortada y retocada, los dos brazos trans-
versales son simétricos é iguales en longitud, el brazo derecho ha reci-
Fig. !), »;,, tiuu. iiat.
bido algunos golpes y ha sufrido, también, los ataques de la humedad.
Es único ejemplar entre las colecciones de nuestros museos, y uno de los
nuís interesantes de los que hasta la fecha se conocen, aún entre los pro-
cedentes de las estaciones prehistóricas de Europa y América.
/) Insfrnmcnfox (¡rahndos
El doctor Zeballos hace notar que, entre el instrumental de hueso,
ha recogido algunos ejemplares con cortaduras, incisiones y aun con
— 84
líneas ó gualdas perfectanientc visibles y trazadas intencionalmente.
Entre los materiales que lie obtenido de los tiimulos del Delta y En-
tre Ríos, también he podido ver algunas puntas de flecba ornamentadas
con pequeñas guardas trazadas con una punta muy aguda y cortante.
He examinado con miicba paciencia los 23 instrumentos de bueso
procedentes de Campana, que se conservan en el Museo de La Plata, y
sólo en uno el grabado es apenas visible; los que ha visto y comentado
el doctor Zeballos ban desaparecido, como lian desaparecido otras mu-
chas piezas de la colección. La única pieza ó instrumento grabado es el
raspador que lleva el número 504, figura 10 (O. M. L. P.).
Las líneas están trazadas en la parte más sólida del instnimentoy son
ellas muy ñnas y paralelas. Como en una de las extremidades del objeto
se encuentra fracturada no pueden sacarse las proporciones ni la dispo-
sición del grabado.
Dejan esas líneas una impresión de firmeza en su trazado y la utiliza-
Fitr. lil, tum. iiiit.
ción de un instrumento de silex nuiy cortante, es evidente; láminas y
hasta cuchillos que, como se sabe, se ban encontrado en buena cantidad
en el mismo yacimiento, los que desgraciadamente no ban llegado á este
museo.
LA CHIiAMICA
Zeballos, en todas las noticias ([uc di() sobre el túmubt de Campana,
ha hecho notar hi interesante colección de vasos ornamentados y de arte-
factos también en tierra cocida, que los constructores del túmulo ban
dejado c(nao prueba de su índole y de su habilidad en la técnica de esta
fabricación.
Las pocas piezas que he podido identificar son realmente hermosas;
únicas fueron hasta que Ambrosetti comunicó los resultados de sus
investigaciones en Goya, y cuando este misnu) autor enunció sus ideas
sobre la identidad de cultura entre ambos yacimientos, el interés creció
entre los especialistas por corroborar aíjuellas ai)reciaciones.
— 85 —
Hallazgos posti-rioves, como los que más adelante ineiicioiíaié, han
demostrado el interés que tienen osas manifestaciones artísticas de los
primitivos habitantes de la cuenca del Paranií, sobre cuya índole, hábi-
tos y costumbres, muy i)oco se sabe con exactitud.
De las observaciones hechas por los señores Zeballos y Pico, resulta
que son insuflcientes para fundar conclusiones estratij^ráficas, y que sólo
nos será posible hacer una chisilicacióu del material obtenido i'iihi fon ti-
le por tipos, y to(h) lo referente á la ornamentaeiíni lo agruparé para
<[ue pueda apreciarse mejor el desarroHo y conibina(;iones del dibujo.
Es evidente que los yacimientos del litoral ditieren fundamentalmente
de los que se encuentran en el noroeste argentino, donde, por sus i^ro-
porciones como por la categoría de los materiales que de allí se obtienen,
indican á una civilización su])erior; con sus derivados, períodos bastante
bien caracterizados, manifestaciones de progreso ó retroceso, etc., loque
en realidad puede fundar, ordenadamente catalogado y comentado, el
bosquejo aproximado del desarrollo de la cultura andina.
En la in)posibilida(l de llevar á cabo estvrdios completos y bim dirigi-
dos i)or el cvimulo de dificultades con que en aquélla época se chocaba,
se obtuvo, en cambio, la enseñanza de una buena experiencia, y con el
mismo entusiasmo con que MíU'eno, Ameghino y Zeballos efectuaron
sus exploraciones, en esta ép<»ca más i>ropicia los resultados tendrán
que ser mejores.
De esa notable aunque poco numerosa colección de objetos, tenemos:
«catorce figuras zoomorfas y doce fragmentos de vasos grabados, estilos
distintos ; todos los qne el doctor Zeballos enumera como pertenecientes
al tiimulo no se encuentran entre las colecciones catalogadas.
En l;i serie de objetos que representan á las distintas especies zooló-
gicas pueden distinguirse : dos mamíferos, diez aves, y dos moluscos.
Varias asas y algunos otros pequeños fragmentos de bordes denotan,
también, cierto carácter imitativo.
<i) Mtnníferoíí
La mejor representación zoomorfa, éntrelas colecciones de este carác-
ter que- posee el ]Museo de La l'lata, procedentes del litoral argentino,
es la que lleva el número .:)4S, figura 11 (C. M. L. P.).
Sus proporciones son jiequeñas, al objeto faltan algunos fragmentos
de considei'ación especialmente en su base, y en cuanto al destino que
pudo habérsele dado, no indican á este respecto absolutamente nada,
su forma, colorido, tamaño, lú detalle alguno que lo pueda insinuar.
La arcilla ha sido bien preparada y su coceií'ni tan bien liecha que no
.se ven grietas ni fracturas ocasionadas por una mala preiiaración de la
,Sü
masa. En oportunidad daré todos los detalles de los procedimientos que
observaron estos indígenas para la fabricación de sus vasos, y hasta la
l)rueba del destino que estas representaciones zoomorfas tenían.
La expresión del mamífero no es perfecta, pero ciertos detalles indican
que la figura reproducida es la de un carpincho ffi/drochoerus ffydro-
chocru-s, especie muy abuiuhinte en los anegadizos del Paraná, y sobre
toíhi en hi costa bonaerense.
Los diseüos que ornamentan hi ligara sonnuiy címocidos y caracterís-
ticos de la cerámica de esta, región. Más adelante volveré sobre este
punto porque reclama algún espacio.
La determinación precisa del o]>Jet(i reproducido, del motivo artístico,
no es fácil enc<mtrarlo seguramente por que la técnica mecánica del
alfarero indígena ha sido muy inqierfecta. Sin end)argo, ]iuede notarse
que las aves han sido estudiadas con mayor atención, salvo que este
motivo haya sido mejor alcanzado por el esfuerzo de un solo individuo.
La cabeza del cari)incho resulta con más íiíhdidad si se le mira de
frente; de todas maneras es, para nosotros, muy (íonvencional.
h) Avct
Las aves muy abundantes en la costa, de los ríos, han provocado la
paciente laboiiosidad del alfarero; i)uede decirse que la mayoría de las
piezas de esta coleccióa (10) re]ireseiitan ii:íjuros grandes ó los que por
su iilunaije han llamado mayor atención.
87
l'i'i'diiiniínill los loros !):in;ni(iiitM(is y los ,i;i';ilidcs ]i;ip:i.u;iyos ([W de
\ez en cuiUido suelen llfiíar hasta esas latitudes.
Ya liemos visto i)or las descripciones de Azara (^ue la launa del litoral
FifC, 1-', '/;l t»"l- ""<•
era distinta en su calidad á la actual, y que las regiones del Jiahitat de
las especies actuales se encontraba más al norte, en 1784.
Creo deber reproducir las tres mejores piezas de la serie, ellas sou las
<|ue llevan los mañeros 550, figura 12; 551, figura 13, y 55-3, figura 11.
La i)rimera representa un papagayo Ant .1/(í('«o (Lin.) ; la segunda
Fiff. 13, '/j tain. iiat.
Ti-r. 14, 'i'a tim. uat.
un riwi'nicoittvruti cliilciinis (Mol.) y la tercera un loro barraquero Cijano-
li/xcnx putugonieux (Viell.).
La técnica cuestos casos ha dado mejores resulta(h)s, al menos es opi-
nión generalizada éntrelos que han observado estas modestas manifes-
taciones artísticas, que la representación de las aves lia sido más feliz
<iue la de los mamíferos.
— 88 —
c) ^^ohlxcos
La AnipuUarin megastoma tan abundante en toda la zona bañada pol-
los líos Paraná y Uruguay ha sido también reproducida en la alfarería.
La que lleva el número 554, figura 15 (C. M. L. P.) deja la impresión
exacta del molusco. Ésta, como las anteriores piezas, está fragmentada,
lia sido imposible obtener los restos (pie una restauración hábil liubiera
restituido á su primera posición.
Estos caracides han sido muy aiireciados por los indígenas y ya los
veremos reproducidos en madera, como lo han sido en la cerámica.
Todas estas piezas tienen sus retoques, su ornamentación ; inmtos y
Fi,U. l.">. '•'/, t;>lil. liüt.
rayas distribuidos con uniformidad y simetría, lo que imprime á los ob-
jetos cierto aire de familia.
Las distintas piezas que se ven reproducidas en los grabados tienen
todas su ornamentación, y aunque en unas el retoque y la distribución de
puntos y rayas es más grosera que en otras, todas, como digo, presentan
los mismos caracteres. Igual cosa acontece con la cerámica de los otros
tiimulos y paraderos que hasta el moiuento se han explorado ó visitado
en la cuenca del río Paraná.
VI
(IIUKTOS VAIiUlS
Forman parte de la colección algunos fragmentos de vasos de forma
y ornamentación nuevas, desconocidas entre los tipos que abundan en
esta región; recipientes más ó menos grandes, en su mayoría, ornamen-
tados con las guardas trazadas con la punta cuadrangular de un pun-
zón, y por excepción pintados de rojo en aml>as caras.
— 89
Entre los fragmentos se eacuentran tres asas, una de las cuales, la
que lleva el lu'unero 533, fl.íiura IG (C. M. L. P), no es muy general : las
otras dos no tienen mayor importancia, pues su forma y ornamentación
son muy conocidas. Otros fragmentos pueden tener el valor de simples
bocetos representativos de varias especies de mamíferos, pero como es-
lü. taiu. iiat.
tan muy destruidos, no puede indicarse con seguridad el objeto repre-
sentado. Todos tienen el mismo cacJiet.
VII
TÉCNICA MKCAXICA, IMITACIÓN Y OHNAMKXTACION EN LA CKRAMICA
Los procedimientos observados por estos alfareros indígenas, puede
ilecirse, que eran generalmente conocidos por las tribus americanas.
Hoy mismo, enti'e los descendientes de las tribus del litoral que viven
en las islas del sur de Entre Eíos, y que cuentan sus genealogías i)or
nombres propios, fabrican vasos de tierra cocida con bastante habilidad,
y aunque el instrumental que usan para las operaciones es distinto al
EEV. MrSEO LA PLATA.
— 90 —
que ns.aba el antiguo alfarero, la mayoría de los recursos para la elección
(le la masa, su acondicionamiento, modelaje, pintura y ornamentación,
son de antigua procedencia americana.
La arcilla siempre al alcance del industrial, lia sido el material pre-
ferido para una fácil manipulación, y como los procedimientos que
conocían para dar formas á los vasos fueron muy primitivos, era nece-
sario que esa masa se prestara muy bien para las manipulaciones.
La cocción la. llevaban á cabo con suma prolijidad ; por lo general
sometían á los vasos de tamaño mayor, dos veces á la acción del fuego
directo, cubriendo las piezas con detritus vegetales para evitar, segnin
ellos, que no se enfriaran bruscamente después de terminada aquélla.
Otros detalles interesantes los daré á conocer en mi próxima publica-
ción, por el momento estos datos aunque (-onocidos para la mayoría de
las personas que de estas cuestiones se ocupan, ¡lueden corroborar ob-
servaciones y datos anteriores.
La pintura ó esa especie de barniz que algunas piezas tienen, lia sido
aplicado con recursos puramente indígenas.
El ontiUage del alfarero fué simplicísimo, con el cual lia ornamentado
todos <■) la mayoría de los objetos de su fabricación, instrumentos de
hueso, madera y especialmente la alfarería.
Las láminas de sílex y los tinos grabadores de hueso y madera que se
han hallado en varios paraderos y túmulos de la región lian tenido ese
destino his piedras lian servido de alisadores ó pulidores.
Los puntos y las mismas líneas de puntos se han obtenido con un
grabador de punta rectangular, y las otras combinaciones de líneas
tienen que haber sido trazadas con los mismos instrnmentos después
de alguna práctica en la manipulación.
Los espacios interlineales, la di.stribución de las figuras y la misma
]U'oporci(')n geométrica está bien obtenida; las proporciones del objeto y
la proporción de los dibujos guardan relación ó se corresponden.
íío entro en mayores consideraciones sobre esta parte de la descrii)-
ción por no ocupar espacio, y porque no tengo el propósito de hacer
comparaciones que indudablemente mucho contribuirían en el conoci-
miento de la tecnología general. Como he dicho en párrafos anteriores
estas cuestiones serán especialmente tratadas más adelante.
Los alfareros de la cuenca del Paraná se distinguen de los de la Pam-
pa y de los Chaqueños por un doble esfuerzo : lian sido imitadores, han
observado formas naturales, las han interpretado y ejecutado como no
lo han conseguido aquéllos.
El doctor Zeballos llamaba la atención, en sus noticias sobre el túmulo
de Campana, sobre esta nueva manifestación artística del indígena ame-
ricano ; esas cabezas (le loros, etc., que aparecían cu distintos imntos del
litoral argentino iirovocaron justa curiosidad, y cuando después de los
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Fig. 17
— 92 —
descubrimientos de Zeballos, Pico, Aiiibrosetti, etc., el doctor J. M.
Gamas envió de la Victoria (Entre Eíos) nna pieza de la índole ', mi in-
terés fué mayor, pues me lia parecido ver en este último ejemplar una
manifestación superior del espíritu y laboriosidad indígena.
La colección de Campana es homogénea, por su factura y ornamenta-
ción ; tan convencional es la primera como la liltima de las piezas de la
serie, y aunque la más grande y mejor concluida podría destacarse
de las otras del grupo, resulta siempre inferior por la falta de expre-
sión ó de carácter.
Las más completas lian quedado descriptas en páginas anteriores con
la indicación de sus proporciones y con la repi'esentación que ñelmente
da el grabado, me falta agregar algo sobre su ornamentación.
Los fragmentos de vasos de destino más ó menos conocido, como las
mismas piezas zoomorfas, están en su mayoría ornamentadas con las lí-
neas, puntos y sus combinaciones que ya lie mencionado.
Observados los distintos estilos, ordenados y clasificados según el
jn-esnuto desarrollo (¡ue el dibujo habrá tenido, resulta que de treinta
se pueden reducir á los seis que presento en la lámina adjunta, y que,
si la apariencia del dibujo no demuestra relación sucesiva entre ellos,
el examen directo del objeto la indicaría. La ejecución de las líneas én
el original, ha impuesto al artífice una labor paciente, que en realidad
no puede hacerse notar en la reproducción que ofrezco (fig. 17).
CAPITULO III
TÚMULO DEL USURÓ
(Goya, CoiTÍeiites)
I
Las observaciones más exactas atribuyen á toda esa costa del Para-
ná, desde la Esquina hasta 1» líinconada de Soto, un carácter muy ho-
mogéneo.
Es un terreno de arcilla y arena, cubierto de una ca)(a de tierra ve-
getal de espesor variable y en algunos puntos, cuando tienen lugar las
grandes bajantes del río, se puede ver la tosca.
Las observaciones de Ambrosetti -, como los datos que ha dado JMaz-
' Publicada en mi cstmlio : Ln /¡rof/rafía física y oifcrica del l'nratiuay y Misiones
guaraníes, etc., eu Eeeista del Mnsro de La Plata, XII, lámina III. La Plata, lílOñ.
' .1. B. Ambrosutti, Los paraderos preeolomhianos de Goya (prorinvin de Corrientes)
en l'iolrtin del Instituto (irotjráfieo Aryrntino, XV, 201 y siguientes, 1894.
93 —
J.M.Rey.dib"
Fi^. 18. — Cruqnis de la rt-yiúu iinii^Htiata al tiiiimlt) dtl río I'surt»
— 94 —
zauti ([ue fué el que mejor cfniociú el yacimiento, no traen más elemen-
tos sobre el punto esencial de la exacta posición del paradero-enterrato-
rio sobre el suelo.
En cuanto á su ubicación, Mazzanti acompaña á su desci'ipción ' un
l>equeño croquis y una vista del lugar donde se recogieron los objetos,
cniquis (tig. 18) y vista que lie tratado de reproducir con toda fide-
lidad.
Aml)r()setti - dice que : « Cerca de la ciudad de Goya, más ó menos ú
ocho kilómetros al sur, corre el arroyo Peliuajó, que pasa por el estable-
cimiento de campo de la señora Sinforosa líolón, el ([ue se reconoce
fácilmente por su mirador. Frente mismo á éste y á unos cien metros
sobre la barranca del arroyo, se halla el paradero. »
Mazzanti ^ agrega: «En la ]»enínsula que forman el Pehuajó y el ria-
cho Usuró á una profundidad de 40 á SO centímetros, y en algunas
])artes á mayor jirofundidad se encontraron grandes cantidades de frag-
mentos de alfarería y mayor cantidad en el punto que en el plano ha
pintado de colorado " que en antiguo debía ser una isla por su elevación
y servir de cementerio á los indios que poblaban estas costas »... en el
año 18.57 era niTicho más grande, con palmas yatay que se llevó la cre-
ciente de aquel año, dejando á descubierto restos humanos que los habi-
tantes del campo creyeron que fueran antiguos ahogados », etc.
Las noticias sobre la iibic»L'i(')U del yacimiento coinciden y son sufi-
cientes liara determinar su posición con facilidad, pero no lo son las cpie
se refieren á los materiales de la construcción como á los que forman el
subsuelo sobre el cual ha sido levantado.
De que ha sido un túmulo lo dicen claramente las notas gráficas de
Mazzanti (fig. 19) y algunas referencias indirectas de Ambrosetti ;
sobre esto puedo agregar ipie las observaciones que se han hecho ¡usifK
sobre el tipo de construci-ión y las que se refieren á las condiciones del
yacimiento son incompletas, puede verse el citado trabajo de Ambro-
setti en la parte donde plantea hi cuestión : ¿ íS'oí/ ^jfnv/(?fr(».v ó ecinentc-
rioH f y en varios párrafos de la página 402, y sobre todo en el siguiente,
donde se resumen todos los datos : « En el corte de la barranca, de tres
metros, casi toda de terreno de aluvión moderno : arena y tierra vv-
getal, pudimos observar á una ]irofuiidid:id (¡uc variaba de setenta,
ceutínu'tros á un metro, grujios de conchas del género Anodantíi (.') no
muertas ¡n .sita, sino amontonadas, desjiuc'S de luil)cr sido comido su
contenido ¡¡or el liombre ipu' fabricó las alfarerías. »
' IMd, 402.
' T)ocuiniMit()S lie l:is CDk'tiiuiius arqiieoIii^íirM-i ik-l Musi-o du L:i Plata; Región
]parnui'usc, lidia núuiero 2.
' Plano ailjnnto á los (locunu'ntos anteriores.
— 95 —
— 96 —
No puedo, pnes, desarrollar el mismo método de exposición de las ob-
servaciones de los que lian estudiado el túmulo del Usuró como lo he
lieclio con las de Campana ; al menos no be encontrado en aquellas des-
cripciones ni el orden ni la precisión que los señores Zeballos y Pico
dieron á sus anotaciones.
Doblemente lo deploro por tratarse de estudios del señor Ambrosetti,
que en su mayoría han sido presentados con documentación bien orde-
nada y comentada, salvo que no haya podido darme cuenta exacta del
catálogo y comento que publicó sobre los materiales obtenidos en los ya-
cimientos de Goya y sus inmediaciones.
Sin embargo, puedo hacer notar que como observaciones las que trae
en su ]iarñgrafo ^ Son paraderos ó cementerios ? no pueden formularse
así '.
Tengo el pesar de observarle lo siguiente : |cómo puede afirmar que
se trata de un simple paradero y no de un tiuuulo tipo del de nuestro
litoral (paradero-cementerio) si no funda ese supuesto con la descrip-
ción detallada de los trabajos de remoción del yacimiento y demás tareas
complementarias I
Ambrosetti acepta que : « ... teniendo en cuenta los abundantes resi-
duos de sus banquetes y la gran cantidad de fragmentos de alfarería,
unido todo esto á la escasez de objetos de piedra, hace creer que no se
trata en este caso sino de simples paraderos transitorios, cuyos morado-
res al trasladarse á otro punto, después de haber agotado la caza y otros
medios de vida á su alrededor rompían sus tiestos, dispersando sns frag-
mentos al marchar, para evitarse el trabajo de cargar con tanto peso,
fabricando otros niievos al volver á acampar en otro paradero.
« La existencia de restos humanos también se explica; pertenecen á
algunos individuos que allí mueren ])or cualquier causa y que son inme-
diatamente enterrados cerca de los toldos.
« Esto no tiene nada de particular, tratándose de tribus nómadas, sin
paraderos fijos, como creo que era la que nos ocupa. Tribus de caza y
pesca que recorrían dilatadas zonas acampando ala orilla de las corrien-
tes de agua ó bañados, en procura de los ciervos, venados, pescados y
moluscos, etc. »
Por los breves detalles que Mazzanti nos da, de la situación y condi-
ciones del yacimiento, como de sus mismas notas gráficas que reproduzco
con la mayor fidelidad, parece que se trataba de una suave elevación de
tierra ubicada sobre una. de las márgenes del arroyo y que por su forma
y dimensiones demostraba origen artificial
Ha sido, pues, un túmulo análogo al de Campana, estación y enterra-
1 Ihid. 417.
— 97 —
torio al mismo tiempo, ó, mejor diclio, coiistiiuición imlígena con doble
destino tal cual resultan todos los de nuestro litoral.
Estas dudas no tendrían razón de ser si en realidad se hubiera estu-
diado como correspondía al yacimiento de Goya, por lo menos como se
hizo con el de Campana, que de cualquier manera hadado mejores obser-
vaciones que materiales.
Lo único que puedo ofrecer acá es una r(q)ro(lucción ile un corte esque-
mático del terreno donde se encontraron los restos humanos y los frag-
mentos de alfarería (flg. 20); copia tomada délos apuntes gráficos del
seTior Mazzanti que se encuentran agregados á los documentos de las
colecciones.
El dibujo de la página 9.5 reproduce también los apuntes que se han
sacado del túmulo y sus alrededores.
Al decir del señor Mazzanti, el yacimiento se encontraba sobre una
capa de arena y arcilla cubierta de una capa de tierra vegetal de SO á
Fio; 20. — Corte i'Hqut'tiuUico dt-I yaeiiiiiL'Uto
100 centímetros, tierra transportada, sobre la cual los indígenas tenían
su paradero-enterratorio.
Sería difícil presentar un corte geológico de la barranca sobre la cual
se encontraba la construcción, tal cual como lo hice con el de Campana,
pues, no sólo faltan las observaciones estratigráticas de los directores
de hifoiiiUe, sino que, estvidios locales no han sido verificados con escru-
pulosidad allí, cómo en la costa opuesta del Paraná. Con observaciones
tan superficiales no pueden plantearse las cniestiones de la edad relativa
de dichas construcciones ni la determinación, también relativa, del
período que por sus distintas características podría asignársele; cues-
tiones ambas que nos deben preocupar seriamente, pero que por el
momento no pueden jugar un papel principal en nuestras investigaciones
por la forma i)oco exacta de obtener y los materiales.
Ya que nada puedo sacar de ambas memorias que puedan servirme
jiara reunir todo lo relativo á las observaciones estratigráflcas, tecnoló-
gicas y antroi)oetnológicas, sobre la base de una demostración concreta,
pasaré á la descripción del material obtenido por el señor Ambrosetti,
en la excursión científica que realizó en 1S92 '.
' J. B. Amhrosictti, Ibirl, 401.
98 —
II
IXSTIirMEXTOS DK rtKDlíA
Ainbrosetti en sii noticia * sobre los paraderos de Goya dice que entre
el material obtenido por él se encuentran : « Varias bolas de forma casi
esférica no bien concluidas, grandes; tres más ]iefiueñas con un surco en
el mi'ilio para atar la cuerda ; una punta de ticclia de jiiedra y tres piedras
talladas que habrán servido de cuchillos é> rascadores, que son Insiinicos
objetos de piedra que recogimos allí. »
Mazzanti expresa más ó menos lo misino, en la enumeraci<'>n de obje-
tos que hace en su carta acompañando el envío de las colecciones al
Museo de La Plata, consta que una piedra de honda es el rinico ejemplar
de piedra, probablemente del tipo lenticular tan general en la región del
Paraná y Uruguay.
lío puede agregarse absolutamente nada más sobre esta categoría de
instrumentos, como sobre las formas, técnica y material utilizado.
Tampoco puede afirmarse nada con respecto á su falta ó abundancia,
pues, como se habrá, oliservado hifonHIv no lia sido comi)leta.
III
I,A CERÁMICA
La falta de instrumentos de hueso y madera, perfectamente caracte-
rizados, — pues, los huesos partidos que Ambrosetti señala han tenido
un destino distinto — hace que me ocupe directamente de la cerámica.
En éste, como en la mayor parte de los yacimientos de la costa del
Paraná, la alfarería aparece muy fragmentada, así es que nniy pocas
veces se ha dado la ocasiiiu de que ni en los luismos túmulos las colec-
ciones de objetos de imlustria hayan llamado la atención délos coleccio-
nistas. Es en realidad, para los impacientes, una tarea ingrata lafouiUe
de los sitios en que se sirpone la existencia de materiales arqueológicos
correspondientes á esta civilización del litoral. Ambrosetti ha explicado
muy bien la causa de esta desaparición de restos industriales.
El mismo - ha hecho notar que los estilos que en esta región se en-
cuentran denuiestran estrecha vinculación con los que ya he descripto
conu) lu'occdentes del túnudo de t'anqiana, y (pie en suma las formas, la
' Jhul. lili.
' En el mismo (estudio <!(■ Aiiilirosetti, cu su inirtc liiial, h-.wv iiliíunas (•iiusiilcra-
ciont's fomimrativas, ii;¡;;ina IL'l.
— 9!) —
técnica de fabiMcacióu y la oinamentaciíMi se (orresponden en absoluto,
no sólo con aquellos sino taiiibicn con los de otros yacimientos aislados
y agrupados intencionabiiente (ciiclicttc) de aiid)as márgenes del no
Paraná.
« Las alfarerías recogidas en estos paraderos son todas fragmentadas,
la mayor parte lisas, lo que se ex])I¡ca fácilmente puesto que ellas son
partes de jiaredes ó fondos de las ollas, vasos, etc., siendo en cambio
raras las porciones de bordes que no estén grabados.
« Desgraciadamente dada la d¡si)os¡ci()n dv los fragmentos es imposi-
ble restaurar ningún vaso » '.
Así se explica que nos será imposil)le hacer una clasificación de la
cerámica, teniendo en cuenta las formas típicas ó el destino aparente de
los vasos. El oiífilhigi' doméstico de estos indígenas parece haber sido
l»»lire; algunos fragmentos pueih'n indicarnos claramente la solidez del
recipiente que formaban; los bordes, el espesor mismo de las paredes,
las asas y otros detalles, sus escasas proporciones.
Pero es indudable, y ya puedo exi)resar mi opinión con seguridad, ([ue
todos esos fragmentos nos ti'acn elementos de i)rueba para fundar la. hi-
pótesis de la persistencia de un estilo bien caracterizado que, ann(pie no
nos sea posible asignarle un orden cronológico por la deticiente docu-
mentación que los acompaña, de cualquier manera indica un buen des-
arrollo del gusto general del artífice ó alfararero indígena.
Las representaciones zoomorfas y antropomorfas, la pintura y el gra-
bado de la cerámicaí han sido conocidos y ejecutados con seguridad y
buen gusto; la uniformidad de la ornamentación aparece evidente.
Tratan'', i)ues, de describir el material de objetos de tierra cocida si-
guiendo el orden observado con los procedentes del túuiulo de Campana ;
distinguiré entre dichos fragmentos las distintas representaciones zoo-
morfas, y luego resumiré las observaciones que me sugieran la técnica
de fabricación, la ejecución de la idea representada y la ornamentación.
Son en realidad muy interesantes los ejemplares de cerámica zoomorfa
y antro])omorfa que los distintos nuiscos de la. república conservan. Las
pocas piezas enteras que he podido examinar me han sugerido la idea
(pie pudieran ser representaciones totéiuicas j)or las proporciones del
objeto y i)or la persistencia de algunos motivos; ciertos oti'os caracteres
de la mayoría de los objetos y algunas referencias muy claras sobre su
utilidad, obtenidas de los habitantes de la región insular de Entre Píos
corroboran mi primera opinión. De cualquier manera no me interesa por
el mouK'uto de (¡ue sea esa la verdadera explicación del destino de dichos
artefactos, por cuya razón s(')lo daré la descripci(')n de ellos sin comen-
tarios sobre el particular.
' .1. li. Amdiíosf.tti, Ibid, 404.
— 100 —
a) Jíanií/croH
La cülección que estudio cuenta eou eineo representaciones de mamí-
feros muy fragmentada, de manera que sería difícil sino imposible ase-
gurar si han sido piezas ú objetos aislados, biu'des ó asas.
La nuis notable de todas ellas es la que
lleva el in'imero 554, figura 21 (O. M. L. P.).
El original deja la imjiresión de un pe-
queño mono, probablemente el Ccbus Aza-
rae (Eengger), ó el N'yctipithecus Azarai
(Humb.).
Ésta, como las otras cinco piezas: otra
cabeza de mono, dos de carpincho y mi jie-
queño peludo, son pequeñas, modeladas con
atención, sin la ornanientaciiui, excepto el
mono y el peludo, que suelen presentar los otros, l^stiin mal cocidas y la
arcilla empleada no ha sido bien elaborada lo (|ue puede verse por las
grietas que todos los objetos tienen. Desde ya imcdo indicar que por el
Fíí;. 21, ''/s tniii- v:
simple colorido como ]ior la factura, las piezas de esta colección son
más toscas que las procedentes de los paraderos de Santa Fe.
Ambrosetti declara «que la cabeza de mono puede considerarse una obra
de arte en materia de cerámica india; es una cabeza de mono cuya cara
es bastante perfecta, llena de expresión, está nu)strando los dientes» '.
Ihid, 112.
— 101 —
Los otros ejemplares que este autor menciona no los lie podido identi
tiear á pesar de existir, según él, en la colección de esto Museo. El más
^:'3
Fig. 'Jii, ^,., tain. iiat.
considerable, por sus proporciones es el que lleva el número 557, figura
22 (C. M. L. P.), probablemente un carpinclio Hydrochoenis hi/flrochocrm
Fig. 24, '/,, tani. iiat.
y el más pequeño es el que á mi modo de ver representa un peludo Da-
^ypun i-iUo.sus (Desm."), figura 23, número 558 (C. M. L. P.).
102 —
h) Ai-en
llelasdiezy oclio piezas lein'osoiitativas (k' (listiiitascspccics de aves,
cuatro son las discretaiiiente iiiterpietadas: nii Haiiieiieo, r¡UKH¡co])tvruK
Y'v^. "J.'i, '■"'., t.iiii. iiat.
chikilsilí (Mol.), ñyura. 24, iiúmei-o 350 (C M. L. 1'.); nn jiapagayo, Ara
jl/ftcao (Lina.), liguní 25, iiúmeio 501 (C. M. L. P.); una [lavii de monte.
ri;;- -li. '/, >¡'i». ii!it.
Fig.
■'/j tilín, lint.
Ar<(i)i¡<len ¡ipiic((hii (Vii'ill.), tinui'a 2(!, número 5(>() (('. ]\l. L. I'.), y nn loro
harramjuero, ('i/tiiKiIiiaciis pKttKionicnx (Viell.), tignra- 27, número 5(!7
(C. M. L. r.).
La arcilla empleada jiara hi fabricación de la pieza ]n'unero55ü, el fla-
menco, es muy sixperior á la. de las otras; la ornamentación le imprime
carácter y aunque sea la figura, más convencional de todas las que pre-
sento, no deja de destacarse \wy la liábil ejecución que demuestra. Las
103
otras lio ofVcccii en su cxti'i'ior iiartic'ularidad digna de mencionarse.
Debo ]ia(!er notar (¡iie en su mayoría son huecas, no corresponden á
ningún borde ó asa y por sus i)roporciones parece que no han servido do.
i-ecipientes.
c) Peces
La figura i!S, número .'(TS (('. ;\1. L. P.), rei)rescnta á mi modo de ver
un armado, honin (intiuilusits N'al., peces muy coiiiuiics en los ríos Paraná
y Uruguay y que por su taiiuiuo y buena calidad de carne ha servido de
alimento á las tribus isleñas.
El objeto está mal interiiretado y toscamente ejecutado, es muy inferior
esta pieza á la similar que más adelante describiré y que procede de la
(■(tchctte, diría, de la deseml)ocadura del Carcarañá en el Coronda (pro-
vincia de Santa Fe).
Ambrosetti no lueinnona, en su descripción de la cerámica zoomorfa de
Goya, á esta pieza que para algunos
no tiene carácter determimuh). Sin
embargo, com]>ar:indola con la citada
del Carcaraua son muy parecidas y
bien puede establecerse la semejanza
que he hecho notar. Kl objeto, como
la mayoría de los que forman esta
colección, está muy fragmentado, mal
cocido y la arcilla no ha sido bien
-9, '/a talii. iiat.
seleccionada : no iiresenta detalles de ornamentación.
(1) ^fohiscos
De los dos ejemplares de esta categoría uno representa á la Aiiq)itU<i-
ri(( iiicfidxtoiiKt y otro, parece ser una especie de Tritón iritonix (Lin.).
— 104 —
El de la fli;iua 29, con el m'iuiero 580 (O. M. L. P.) es éste último.
Nada puedo agregar sobre estas viltiiiias representaciones zooniorfas
que no haya indicado en las descripciones anteriores. Las distinciones
entre uno y otro ejeniplar de la misma categoría pero de colecciones
distintas, se nota á simple vista y pueden dar pretexto á extensas diva-
gaciones que al fin serían de un resultado relativo si con ellas se preten-
diera fundar ó indicar el proceso del desarrollo de la cultura indígena
que estoy estudiando.
No por eso dejaré de dar mi oi)inión, en forma de observaciones, sobre
todo aquell(» (jue pueda referirse á la técnica general observada en los
materiales de los dos yacimientos que acabo de describir, las diferencias
y las semejanzas, la interpretación y la ejecución de las figuras según el
gusto indígena, el carácter individual ó colectivo (pie pueda entreverse
por sus distintas particularidades, etc.
Y para que esta memoria descriptiva resulte más provechosa compren-
derá, también, la descripción de varias piezas del mismo estilo proceden-
tes de yacimientos aislados de ambas márgenes del Paraná, entre las
cuales se destacan las de la colección .1. B. Ambrosetti i)uestas á mi
disposición por su generoso ])roi)ietario.
Pero antes de pasar al estudio de estos materiales conviene que agre-
gue algo sobre algunas generalidades que pueden observarse en esta
colección del túmulo del río Usuró.
IV
TKCXICA MECÁNICA, IMITACIOX V OI!XAMENTACH>X KX LA CKRAMICA
Ya he tratado, en páginas anteriores, de lo relativo á los procedimien-
tos observados en la fabricación de las alfarerías.
Hice notar la calidad de la arcilla utilizada, la mezcla con otras subs-
tancias para darle consistencia, y la elaboración á que había que suje-
tarla para que resultase apta para la manipulación.
La cocción no fué uniformemente aplicada; variaba en duración ó se
repetía según fuera la clase ó destino del vaso. En cuanto á los utensi-
lios ó herramientas de alfarero no se han recogido en este paradero-
enterratorio, ninguna que sea distinta á las ya conocidas: pequeñas
piedras (cantos rodados especialmente) para la presi(')7i que había que
ejercer sóbrela masa, (M)mo para el alizamiento déla parte exterior.
He podido oliservar á una antigua alfarera indígena en su tarea eje-
cutando todos los recursos de la técnica de esta fal)ricacion; después de
una breve relación de los procedimientos que aprendiera de sus mayores
— lOÓ —
puso en in-i'icticu á tollos ellos, desde la elece¡('m del material liasta la coc-
<íi(')ii tiiial, y erei'tivaiiieiite los distintos vasos fal)rieados tienen la apa-
rii'iiria de los (|ii" Iniy eiicontrainos en t'ra.niiientos en los distintos para-
deros y tíiniulos de la región.
Lo que lia cambiado, ó niejov diclio lo i|iie ya no se ai>lica. son los
punzones y espátulas de Inu'so ó niudera, lio.\' se utiliza un instrumento
de metal para el í;ral)adüy las pei'foraciones.
Sobre este punto seré más explícito en mi |)r('>xinia i)ul)lii'ai-ión. donde
debo tratar eiin amplituil todo lo relativo á la teL-niea general y especial
de esta cultura.
Ambrosetti manifiesta tpie ' : «El grueso y grado de cocción de las
íiltarerías es muy variable; bien cocidas generalmente, algunas de pasta
homogénea, no dejándose rayar con la uña, presentando vestigio de la
acción del fuego en su interior, y de color negro ó rojo, este liltimo debi-
do á una capa de ocre, á veces espeso, que lia sido a]>licailo por medio de
grasa, etc.
« Todas estas diferencias así como tandiién el iiulido variado, son debi-
das al destino (pie cada objeto tenia, y á la liabilidad de las o los alfa-
reros.
« El borde misino se presenta casi siempre liso; en algunos se nota un
trabajo prolijo de ailorno ondulado ó escotado, ])eso éstos no son a!)un-
dantes.
« Raros son tambii'u los fragmentos en los (pie se notan agujeros de
suspensión o rastros de ellos».
Las líneas generales de la forma de los vasos, como sus fiordes, asas,
tajias, etc., son bastantes regulares, algunos vasos no dejan de ser bien
proporcionados, y so1)re todo entre los más pequeños las proporciones de
sus distintas partes lian sido bien estudiadas. En suma me jiarece que, por
su factura, la cerámica indígena de este yacimiento es muy liomogi'nea.
La idea representada prir el artífice en la mayoría de estos fragmen-
tos denota un iiroceso superior (lela inteligencia y una energía no común
entre las tribus del litoral.
Son en su mayoría re](resentaciones zoomorfas, i)or excepción antro-
pomorfas, objetos especiales i>or su forma y proporciones, ó también sim-
ples ])artes de vasos, sirviendo de ornamento o con su destino i'itil de-
terminado: en esta última forma se las encuentra ciHunumente.
En su jiaiiigiafo /'/co.v í/ cabezas- <lc Joro, Ambrosetti expresa ":
«Como ya dije anteriormente, las asas son ]nism;iticas, de seccii'm trian-
gular y iu;is o menos eucoi\ailas, cubiertas con mayor o menor profusión
(le dií)iijos.
' Ihirl. -tOI-IO.'>.
' Jhid, Jüíl.
REV. .MUSEO I..V l'LATA. — T. I. g
— 106 —
«Estas viltiinas asas, dada su forma encorvada y con sn base ensan-
chada, se convierten fácilmente, dilmjándole un círculo á cada lado, en
cabezas toscas de papajííiyo, y estoes lo que han hecho adornándolas
con más ó menos cantidad de líneas de peíiuefias rectas ...
«La cabeza de papagayo signe modittcándose y perfeccionándose en
otros catorce ejemplares de la misma colección ; en toda se nota la
ausencia déla mandíbula inferior, lo que hago notar.
«De otra factura ¡¡oseo también otra cabeza de loro completamente
hueca en su interior, es decir formada por dos láminas de arcilla que se
han unido por un solo lado para formar el pico c(imi)rimi(lo arqueado »...
Estas conuí otras representaciones zoomorfas y antnqjomorfas están
bien interpretadas, pero no así su ejecuciíin que en la mayoría de los ca-
sos malogra el esfuerzo imitativo del alfarero, pues, las ¡(roporciones y
la exageración de ciertas formas como el empleo indiscreto de la orna-
mentación, dejan en realidad muy poco perceptible á la idea principal
que se perseguía.
En la colección actual del Museo de La l'hita no tigura ninguna de las
piezas antropomorfas que uu>nciona Ambrosetti, lo que no deja de ser
sensible, pues, hubieran contriliuido al mayor interés de esta memoria,
descriptiva. En el citaíhi estudio de Ambrosetti pui'do encontrarse la
tínica referencia que existe sobre esos artefactos indígenas.
Délos distintos tipos que presento los más perfectos entiendo que son
los que llevan los inimeros 554 y 507 (flg. 21 y 27), los otros son más
órnenos c(mvencionales, aunque tacilmente determina bles conociendo la
faama local, y con la buena voluntad que éstas primeras manifestaciones
del arte imitativo deben insi»irarnos.
El grabado y la [lintnra han siilo practicailos jtor los indígenas con
desigual habilidad. Entre los objetos de esta colección no encuentro
indicios de que hayan sido pintados.
En cambio se les ha ornamentado con ]iuntos rectangulares, líneas y
sus combinaciones, resultando de la uniformidad de las combinaciomes
(Muno de su carácter un estilo perfectamente caracterizado.
Es i)osible, como lo ha hecho And)rosetti, seguir la evolución del
dibujo en estas alfarerías; ¡(uede verse en el extenso i)árrafo que este
autiu' ha escrito sobre el partiíuilar, las distintas formas y la persistencia
de algunos motivos.
Se nota una marcada tendencia i)or los dibujos geouu'tricos, la línea
curva no es general y las cond)inaciones algo ('(implicadas y sinu^tri-
cas faltan casi i)or comi)leto.
Los puntos son grandes, estos originan las líneas (pie resultan, como
es natural, gruesas, y las combinaciones de líneas rectas y curvas en la
mayoría de los casos son defectuosas.
Ya he manifestado que es nuiy homogénea la ornamentación y que
— 107
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con muy jnii-as exeeix'ioiu's ])arei't' ([lu' toilos los fragiiu'iitDs lian poite-
iicuido á la |)i()iluciM(')ii de un solo ¡ii(U\i(ln(). Sin embargo se notan va-
riantes cu liis motivos, lo (|iie jmcilc autorizar la creencia en una t(''cnica
general muy uiiitorme, con variantes s(')lo en los motivos.
La lámina de la figura .">(l ofrece el desarrollo gradual de la ornamen-
tacii'tn, y la figura .'¡1, número T)!»!», es el desarrollo de una de las guai'das
13
más hermosas que lie \isto entre la colección de íiagmentf)s de cerá-
mica grabada.
CAPÍTULO IV
l'ARADEUO DE GABOTO
I
Entina e\cursi(in (|ue en ÜKti; \'erili(|U('' con el señor Outes por las
islas del sur de Entre lííos y costas del l'araná hasta la desendiocailura
del río Tercero en el Brazo Coromhi, nos detaximos es]ieeialmente cu
el lugai- mismo en (|Ue aí^uel navegante genoxi's, al servicio de Es]iaria,
eligió como el lugar más aprojiiado para establecerla primera fundación
española en territorio argentino.
To(hivía se i)ueden conoci-r algunos restos de los paiajietos y torreo-
nes que los descubridores construyeron : con las descriiiciones que se
han liedlo del lugar ]Hiede ubicarse tVicilmente el (pie desee conocer la
exacta ])osiciou del histórico fortín y, aunipie el ¡laisaje actual no corres-
ponde al (pie nos desrriben los cronistas, las es])ecies arborescentes 3' la
espesura del bosípie pudo haber sido la misma.
I
— 109 —
Los espinillüs, saiícos, laureles y el ñandubay abundan, como es bien
sabido, en esa zona del litoral ; los espinillos y ceibos son muy lindos,
los que forman el monte de Clrondona deben contar ]ior lo menos un
centenar de años, y los montes que se extienden mas al norte, del otro
lado del río Carcarañá, si bien no son tan desarrollados, sus troncos
demuestran tand)ién una respetable anti.n'üíMlad.
Entre las raíces de los espinillos más Iiermosos, muclios de los cuales
ya tienen los troncos podridos en parte, cubiertos por una capa muy ftna
de (Jttrhm vejictales, se encontraron los objetos de industria indígena que
voy á describir, conjuntamente con nna }>ran <'antidad de fragmentos de
vasos lisos y grabados ([ue ya he dado lia conocer '.
En esta localidad coiuo en muchas otras (U' la margen derecha del Pa-
raná, desde la laguna de Coronda hacia el sur hasta las proxiiiudades
de Buenos Aires, los paraderos ó estaci(nies son muy generales, y siem-
l)re se presenta en condiciones de yacimiento muy homogéneas ; en las
orillas de los arroyos, lagos, lagunas, etc., y sobre la superficie de la
tierra vegetal, á simple vista, apenas cubiertos los objetos más pequeños
por los sedimentos (> ]ior el jiolvo tino (pu' el \iento transjmrta y dej»)-
sita.
La exploración, j)ues, de dicha localidad fin'' muy superficial; causas
ajenas á nuestra voluntad nos imjK'dían dein<irar jiormás de cuarenta y
ocho horas nuestra estadía en las inmediaciones de Gaboto, y aunipie la
abundancia de fragiuentos nos indicaba que en algún punto especial de
la comarca estaría situado el paradero ó el túmulo nos retiramos con el
siguiente material : i'uatro alfarerías zoomorfas; una ]iintada: dos asas
y treinta y dos fragmentos de alfarería lisa y grabada, dispersas y á
l)oca <listancia de los tres objetos principales, figuras o2, 3o y .'U, ]iúme-
ros 44.')<i, 44.Í7 y 44.)S.
Esta colección i)ertenece al ÜMnseo Xacional de Buenos Aires y]nuMle
descomponerse así :
La cerámica zoomorfa cuenta con nna pieza que reitresenta nn niamí-
tV'ro, según todas las ai)arien(;ias un Chiiík ¡nhictiix (Dksm.), dos aves; nu
pato y un loro l)arran(picro ; el pez, es un armado, Dornx {indiiilo.sii.s
(Val.).
El fragmento de alfarería iiintada es muy pequeño ¡lero tiene mucho
interés por la técnica esiiecial de su fabricación y por la perfecciihi del
dibujo. Los treinta y dos fragmentos restantes son igualmente peque-
ños (.5 X 10 centímetros, téi-mino medio), entre los cuales pueden obser-
varse ocho estilos distintos.
^ Luis Mauía ToiiiiKS, Los cementerios indíficHas del mn- de Entre Ilios y su relavióii
fvu los del VriKjtian. tiimiilos de Citmpana (Hítenos Aires) y Santos (lirasil), en Anales
del Museo Xiifiíinal d:' Jliienos Aires, serie III, II, 't~-:'>Á. üuciios Aires, 11102.
— lio —
Los bordes no tienen mayor iutcrt's, y entre las asas sólo una vale la
pena de ser re])roduei(la.
II
LA CERÁMICA
a) Manuferoa
La figura oü, número 44.)() (C. ]\L X.), es la representaci(')n del Con'ts
jubatus, en proporción algo menor que la del original, que es una de las
figuras de mayores proporciones.
No parece que Laya tenido un destino útil, el objeto no lia servido de
■4,\ . '"
1
Fij;. :!2. »/j tani. uat.
asa, pues, le falta el indicio de fractura conuí ])uede verse en piezas aná-
logas de otras colecciones.
Indudablemente, es una de las rei)resentaci()nes zoonmrfas más toscas
que se conocen como i)ro<'eiU'ntes de la cultura indígena que estamos
estudiando ; la proporción de las partes del auinud han sido muy mal
estudiadas y sobre todo carece de la expresión definida, propia, del ani-
mal que se ha querido representar. Ya veremos cómo las distintas piezas
de este yacimiento superficial son homogéneas, y que su homogeneidad
está precisamente en la forma grosera y descuidada en que han sido
fabricadas las alfarerías.
Debo agregar, como antcci-dcute ilustrativo, que de los alrededores
de Gaboto se han obtenido nuu'liísiuuis piezas en muy buen estado de
conservación, de la nñsma factura, carácter y categoría, entre las cuales
se hace memoria de dos figuras admirablemente observadas y ejecuta-
das; la de un tigre y un sapo, ambos objetos aislados, que no fueron
recipientes, ni accesorios de la ornamentación, como la mayor parte de
las piezas de esta índole procedentes del túmulo del Usuró, que colec-
cionaron Ambrosetti v Mazzanti.
— 111
h) Aven
L;is liiiiuMs ;>.'!, lu'uiu'i-o 4437 (C M. N.), y .'i4, iiúmt'i'd 44.">.S (('. M. N.),
iTpresi'iitan respi'ftivaiiR'iiti' un icito, la ])r¡iiu'ra, y un lino liairaiKpU'n)
la 8i'j;unila.
El pato, pKsililciiu'iitc <"s in;'is (■(•iivi'uinoiial (pie el loio, y ambos de-
iiotau una faculrad imitadora jioco t'eliz.
La pieza que representa al pato es una de las más interesantes y que
mejor pueden contribuir en la dilneidaeión sobre el destino que i)udie-
ron haber tenido estas alfarerías zooniortas, que evidentemente no han
Fig. 33, Vi taui- uat.
sido recipientes, tapas, asas ni atributos ornamentales, como mucluis au-
tores han creído ver en ellas.
El pato se caracteriza por unas i)e(pieñas alas en boceto, en mal
boceto,y por una cabeza y pico convencionales, i>ero qne pueden autorizar
la asignación que he hecho; así también ha parecido á las distintas
j)ersonas competentes que han examinado la i)ieza en cuestión.
Esta pieza tiene, como muchas otras, en la parte superior un agu-
jero circular dispuesto y trazado intencionalmente. No se encuentran
indicios de ornanientaci('in y su factura, como he dicho, es tan tosca y
grosera como la de las anteriores piezas. Es una de las de mayores pro-
porciones y está (■omi>Ieta.
— 112 —
La caln'za do luro barraiKiiici'o ihumIc «•ompaiarse por su carácter á
las semejantes, jiroct'dentes de otnts yaciiiiieiitos; iki está oriiaiiientada
Fig. 34. '/j tam. iiat.
y uno de sus costados, el derecho, está inconcluso. Es posible (pie haya
servido de x)erpieña agarradera, ó de atributo decorativo.
(j Peces
JJe los dos í'rafiíiientos cou cicrías apariencias de peces (pie hal>ianse
recoj;ido en el monte di^ (irondoiui uno de ellos, el de la íigura .■)5, nú-
mero 44.'!9 ((L ^r. X.) Ini sido regularmente ejecutado.
Ya he descripto uno aniilogo (|ue forma parte de la colección del tú-
— 113
mulo del Usuró, pero ('stc es nmclio mejor coiicliiiilo <iiic ;i(|ii('l, y eoii
mayores ]irobnl)ili(la(les de parecerse al ar-
mado Ih>r((x (inonilosiiK (Val.). Ya se lia di-
elio (|iie cutre los ])eces de unestros ríos
el más conocido eutre los indíf;euas t'ut'
el armado, uo hay más que presenciar
la reiiioc¡(')ii de un túmulo para cominultar
esta suposici('iu.
fl) A.SHS
La menos interesante de las dos asas de
esta ])ci|ueña colección, lia sido imblieadií
en mi citado estudio sobre los Vcmcntvños
Jiiih'j/nins del Sur <lr Eutrv Ríon, etc., y la
que re|)roduce la tii;'ura ■">(!, número (i].'!
(('. ~Sl. X.) después de su iiifireso á las co-
lecciones de diclio establecimiento recién
lie iiodido recuperarla y desde lue,nd darla
á conocer.
Por la forma distinta y elegante, como
]ior su sencilla ornamentación, liace de la.
l)ieza en cuestiíúi un ejemiilar de tijio nuevo, no generalizado ni aún en-
tri' las formas de la cultu-
ra andina, sin (pu' i)or ello
quiera decir que de esa
]n-oeedencia no provengan
mejores ejemplares.
III
Creo que la colección
que acabo de describir no
requiere mayor amplitud
en cuanto á la considei'a-
ción de su técnica general
y demás asuntos relativos
á la ornamentación, etc. ;
sólo reputo de utilidad ha-
cer notar los elementos
distintos y aun los pcijueños detalles ipu' puedan observarse con algiin
]iroveclio para el estudin de la eiilíiira de la regiíin paranense.
l'ig. íilj. tniii. iiat.
114
m> ^ g5 g) g> g>
^ E> W> W>
^'"':,
^,
— 115 —
El |)ci|iicri(i fniüiiH'liti) (le alt'ül'cría iiiiita<la (|1H' n'iH'diUizco vn la ti.i;ii-
va 37, número 011 (('. M. N.) i's un cjciiiiilar raro.
El ftayiiieiito demuestra e.star iiertci-tanicute eocido y su masa ser
lioiiiogénea y compacta. Una cajia de ¡untura bbun^a esmalte hace re-
>saltar las líneas y dibujos geométricos que la adornan, líneas finas y
gruesas bastante bien combinadas y que á i)esar de las condiciones des-
tiivorables para la conservación en tiue se han encontrado, todavía
conservan algo de su nitidez.
Por otra ¡larte, no es este el único ejemplar que se cono(^e, Ambro-
.setti lia descripto otros tan ó más interesantes si cabe que el que acabo
de describir, todos ellos iiroccdcntcs del alto Paraná y que guardan en-
tre sí estrecha relación.
Para terminar con el material obtenido en el paradero de Galjoto,
debo hacer mención de algunos bordes gruesos, bien ornamentados que
lie i>oilido recoger aisladamente y cuyos motivos he tratado de rei)ro-
ducir con toila tidelidad en la lámina adjunta (ftg. '^S). Tandiién
([uiero manifestar que, por iirudencia, no llamaré cacJu'ffc á la for-
ma de yacinnento en (pie han a]iarecido las ]iiezas zoomorfas ni'imeros
.'52, ;5.'? y o-t, pues, aunque estaban las tres perfectamente reunidas, yux-
tapuestas y debajo de las raices de un viejo espinillo, la sospecha de una
mala información me indica que debo proceder así.
Creo que la intención del depositante ha quedado de manifiesto, aun-
que la doble intención de la orultaciiin no pueila presnnarse. Bien, i)or
el solo hecho que dejo enunciado preñero por el momento no llamarle
eachefte.
CAPÍTULO V
HALLAZGOS AISLADOS
El itrofesor Ambrosetti ha tenido la deferencia defiícilitarme para su
descripción, una Ijuena serie <U' objetos de la nnsnuí categoría que lo*'
anteriores, alfarerías zoomorfas en su mayoría, recogidas de lugares dis-
tintos y posiblemente de la superficie, pero que en realidad tienen im-
portancia por el tipo que representan y el notable progreso que acusan.
Como rio cuento con datos precisos sobre las condiciones de los yaci-
mientos, pasaré á enumerarlas y describirlas por grupos, principiando
conlasqne ])roceden de la costa de Santa Fe ]>ara ternnnar con la única
pieza que se conoce de la Victoria, Entre Ruis.
— 116 —
ii,\Li,Azr;os icx la cospa i>k santa fu
Figuran en esta (;oleeci(')ii de nueve piezas : un maniítero (indeternii-
nable)flgura .39, número 729 (C. J. B. A.); un caranclx), figura 49, número
l'i;. 3:1 .
577 (C. J. B. A.); tíos papagayos uno de los cuales es el de la figura 41,
número 546 (C. J. B. A.); dos loros barranqueros, uno de los cuales es el
de la figura 42, número 544 (C. J. B. A.); un fiamen.co, figura 43, m'imero
548 (O. J. B. A.) ; y finalmente un molusco, la AinpiiJlarin mcfinsloma
que ya es muy conocida, núnun'o 541.' (C. .1. B. A.). Un peiiuefio amuleto
de tierra cocida, fijiuva 44, lunncro 7.'>(» (('. .). B. A.), muy bien ornamen-
tado turma parte, también, de esta colección. En su mayoría i)roceden
del departamento San .leríinimo (provincia de Santa Fe).
— n? —
Liis cinco piezas (h' ccii'iiiniM /.noiiinifaiiuc icpioduzco tienen el carác-
ter de las anteriores; la misma t(''cnica ile t'abricacicui, ]iero indudable-
mente, mejor conclnídas por la perfección de las líneas y la proporción
Fií;. 4
de las distintas paites del objeto imitado. Las demás piezas pueden
eqnii>ararse en importancia á las anteriormente descriirtas.
Nada más puedo ajiregar sobre esta colección sin repetir lo ijne ya lie
dicho de las anteriores qne, como puede verse, muy estrechas relaciones
guardan entre sí.
II
UALI.AZaoS KX I..V COSTA 1>1C KNTl;]'; UÍOS
Por seguras referencias se salic que en la región nordoeste de Entre
KiS. 42. '/j taiii. ii;it.
Fis;. 4:;
Eíos los hallazgos de alfarerías zoomorfas son muy comuiu's; en las
inmciliacinncs de la ciudad del Paraná v sobre la costa del no del mismo
lis —
nombre se baii iinlicailo varios lugares donde posiblemente deben
eneontrarse abundantes restos de industria indígena.
En la región insular, earaeterizaila jior la presencia de túmulos, se han
obtenido muchos y muy hermosos ejemplares de cerámica i)iiitada y gra-
bada, pero los vasos zoomorfos hasta la fecha no han apare-
cido allí.
En uno de mis estudios anteriores ' he hecho mención de
una espléndida representación zoomorfa procedente de la.
Victoria (Entre liíos), que el doctor Gamas donó al profesor
Ambrosetti.
Esa misma pieza vuelvo á reprciducirla jiorque en reali-
dad denota una manifestacii'm su))er¡or del artífice indígena
(jue puede servil- de prueba imixirtante para futuras generali-
zacio)ies. La figura 4"), representa la pieza de la referencia.
De perfil ó de frente deja la perfecta impresión del felino, y en reali-
dad la observación que supime como hi habilidad en la ejecución es nmy
superior á la de los actuales alfareros indígenas del Paraguay, que en
esta clase de representacioiu's, no han llegado á acreditar mejor sus
secretos procedimientos.
La misma ornamentaciíHi (pie el artíttce ha creído ojiortuno agregar
Vi};. 4r>, ^/ , t:ilii. n:it,
hace nuicho en la tVicil determinación del animal interpretado, lo (pie
en este caso no estaba demás agregar, pues, esas pequeñas trazas pun-
teadas imitan muy bien los anillos negruzcos del pelo de la ]iiel del
tigre americano.
' Luis Maio'a 'rcililiics, Jm ¡iconrafiíi fiy^irn ij cufci-icn del Varaíjuaii }/ .l/í.síoiir.s ;/iiii-
rtiiiíí'H, etc.. <-ii Utrixtu del Mimeo de Im l'lata. XII, 199.
11!)
CAPITULO VI
OBSERVACIONES GENERALES
Llej;a(l() ;il ñu de lii (k'-sciijic-iíni y coinento de los materiales que los
distintos yacimientos de la cuenca del río Paraná, curso medio é infe-
rior, nos han ofrecido, hubiera sido mi deseo formular la siempre útil
])Ianilla de conclusiones.
La i>revia operaciiMi mental que busca los fundamentos serios 2)ara
enunciar dichas conclusiones, coiiio su ordenación y calificación, me dejó
en la duda de su eHcai-ia por la poca precisión ó la falta absoluta de las
observaciones anteriores, y como las conclusiones á que yo aspiro deben
surgir mediante la coordinación lógica de sus elementos i)erfectamente
reunidos, no podía exagerar ó simplemente alterare! valor de los hechos
para autorizarlas, pues, hubieran sido lu-opias de un criterio ]>oco jui-
cioso.
]\Ie concretaré, i)ues, á la recapitulación por partes, de manera que la
obra de unos no se confunda con la de los otros; distinguiré las obser-
vaciones estratigráficas, tecnol(')gicas y anti'opo-etnológicas, tal cual las
han ordenado los directores de la fouülc, y t-uando las observaciones
coincidan perfectamente lo haré constar i>ara ir formando asi la próxi-
ma ó exacta solución final á que aspiramos.
Las únicas observaciones estratigráficas que merecen indicarse j^ara
(pie puedan fundar una ojjinión sobre la relativa antigüedad de uno
de los yacimiento, son las que Zeballos y Pico hicieron en el túmulo de
Campana.
La posiciíui del yacimiento, claramente superpuesto sobre las capas
más modernas de aluvión indican, que su antigüedad no es mayor de
cuatrocientos años, ó sea, del iiltimo jieríodo de la dominaciíín indígena
en el litoral argentino.
Los terrenos donde se encontraba el túmulo de Campana son de for-
mación muy moderna, como la formación de las islas del Delta del Pa-
raná inferior ; las margas que Zeballos señala como constituyendo la base
del túmulo indican que éste ha sido levantado sobre el fondo de una.
laguna ó bañado, laguna ó bañado que todas las islas tienen en su cen-
tro, porque primero se forman los contornos y luego se inicia el proceso
de rellenamiento. Luego si el túmulo ha estado construido sobre ima
capa margosa, la capa inferior de arena y loess fluvial así separada de los
materiales del túnuilo. alejan toda probalülidad de una antigüedad más
remota.
De los datos recogidos en la fouillc del túmulo del río Usuró, Jiaila
podría agregar que pueda ser de provecho para estas observaciimes ge-
— 120 —
aérales. Los otros yafimientos ya liemos visto como estaban earacterl-
zailos, sieiiilo liallaz.üDs aislados mucho menos pueden servirnos ])ara la
.s )liii'ion (le l;i euestión de la edad relativa de los yarimientos y los ma-
teriales que de ellos se han obtenido.
Las observaciones sobre la tecnoloj;1a general juiedo ha^cerlas -sobre la
base de los datos ordenados por Zeballos; el yacimiento del río Usuró
ha sido del t¡|io tiniiuliix de la clasificación de A. de ^Mortillet, aunnue no
lo indican asi las descripciones de los directores de la fouillc.
Conocidas son las proporciones, forma y materiales del túmulo de
Campana; el destino (jue la construcción ha tenido i)arece liaber sido
doble, como jiaradero y enterratorio.
En cnanto al i>rocedimiento de construcción, como á la disposición del
túmulo como enterratorio y paradero, no encuentro referencias que lo
indiquen con precisión.
Los distintos materiales estudiados pueden, induiliiblemente, autorizar
hip(')tesis antroi)o-etn(d('igicas ])robables.
El único cráneo huiiiiino subiere ]ior sus [proporciones, ciiracterísticas
y demás elementos de criterio que dan sus di;imetros é índices, posibles
vinculaciones étnicas entre este tipo con los (pie se han estudiado de
otros territorios colindantes, por ejemplo, con los procedentes de los
túmulos de la re;;i(ín insular de l'^ntre lííos y vecina república del
Urujjnay.
lili trabajos anteriores he señiilado esos heclios, muy importantes á
mi juicio, porque ))uedcn contribuir á la. soluci(')ii de los problemas an-
tropoctnolo.nicos que autores europeos y americanos han planteado ]i;ira
la prehistoria de la cuenca del líío de la l'lata.
El ():itilla¡ii: douK'stico (pie se ha recoji'ido del túmulo de (.'amiiana no
puede ser más semejante con el (tue se obtiene de los tíimulos ilel Delta y
Entre Eíos. El material lítico procede del alto Paraná, el instrumental
de hueso presenta las mismas formas y los mismos detalles en su factura
y orn;iiiieiitaci(úi; los tipos de puntas de Hecha, ai [Kin, etc., son idénticos.
Ijue.i;d, pues, la materia utilizada, las formas de los objetos o instru-
niL'ntos, la técnica de fabricación, y las clases mismas de objetos como
t )ili> lo relativo al .i;rabado y pintura .guarda estrecha relai-ion.
Sólo encuentro una cara.ct(írística estudiando los artefactos de tierra
cocida, y ella es, que la cerámica zoomorfi y antropomorfa tipo de Cam-
pana y Goya, y demás yacimientos de la costa de Santa Fe, norte y oeste
de Entre Ríos y Corrientes, no se encuentra en las islas del sur de En-
tre Itíos ni en las de la parte orcideiilal del Delta.
Por el momento no debo atrii)uir mayor iinjxirtaiicia á esas re])resen-
tacioiies zoomorfas: ])ieiiso (pie son el resultado de la preocupai'idli imi-
tativa, del iudiuciia, tal cual se ha observado en muchas culturas de esta,
cate.ii'oria.
— 121 —
50
Gabot»
CARTA ARQUEOLÓGICA
oooKil.
Campana •
JWReydib?
KKV. ML>Lu 1,A i'l.AlA. — 1. I.
— 122 —
En la imposibilidad de reproducir on la arcilla objetos tal vez más
curiosos ó sorprendentes para ellos, lian reducido su obra á lo (pie les
fué más seguro y fácil de observar; lian imitado las formas de los ani-
males más comunes, y muy convencionalmente las formas humanas y
toda una serie variada de objetos de naturaleza corpórea; los árboles
y las pequeñas plantas que otros artífices indígenas lian reproducido
cou fidelidad hasta el caso de poder hacer distinciones entre géneros
ó especies, han escapado de la curiosidad de estos alfiíreros. La i)intura.
y el grabado han sido conocidos, los distintos ejeini)lares de esta cate-
goría que publico en esta memoria pueden dar una idea de los motivos
preferidos y de algunas manifestaciones individuales, sobre todo estas
últimas, en cuanto á la ejecución. Ya que no puede indicarse con preci-
sión el verdadero desarrollo é importancia de esta cultura indígena, esos
factores, prudentemente apreciados, prei»ararán las bases de la obra ge-
neral que la bosquejará.
Quedan indicados en la carta arqueológica adjunta, con los signos
convencionales, los distintos yacimientos que acabo de describir y co-
mentar.
METAMORFOSIS Y BIOLOGÍA
COLEÓPTEROS AIKIEMINOS
CARLOS BRUUH
Jeftí de la Seccióu de Zoología del Museo de La Plata
III
ClCINDKLA APIATA Dej . , MULANOl'IITIIALMA PLATEXSIS Bruch, HeILII'US WiKDE-
MAXxr Boh.. Rhysomatus margixatus Fahrs y Dipi.ogiíammus quadrivittatls
Oliv.
Cieiudela aplata De.i.
Unas tifintii especies de CichuMm se conocen descriptas hasta ahora
de hi Kepública Argentina. Son sin (Uuhi nuestros más ágiles y gracio-
sos coleópteros carniceros; prefieren los lugares arenosos de las ]>layas,
las orillas de los ríos y arroyos, donde jiodemos observarlos en constante
persecución de otros insectos de los cuales se alimentan.
La Cicindela «pinia es la más abundante en la ])rovincia de Buenos
Aires; sus larvas viven en el suelo, donde forman sus escondrijos, que
consisten en agujeros verticales los cuales á veces alcanzan una profun-
didiid de más de veinte centímetros ; en éstos están ocultas, asechando
su i>resa, pues son muy voraces como sus imagos carniceros.
Huero. — La forma del huevo es oblongo-ovalar; de un blanco puro,
de superficie lisa, semiopaca y mide 1,5 milímetro de largo i)oi' (>,S milí-
metro de ancho.
Larru. — La larva es pálida, blanquizca. La cabeza bronceada jjor
encima, de un verde obscuro; rufo-testácea en la parte inferior, inclusive
sus antenas y órganos de la boca, y está cubierta de sedas erizadas,
largas, y de otras cortas rígidas. La placa quitinosa del protórax también
bronceada, es fusca, á veces más ó menos verdosa; meso y metat<>rax
lior encima, fuscos como las jiatas; las manchitas sobre el cuerpo son
del mismo color, más ]);ilid(>.
La cabeza es transversal, una cuarta i)arte más ancha que larga, muy
dilatada por detrás de las antenas, subangulo.sa, abreviada delante de los
— 124 —
ojos; el liii)ústmiio es excavado. Eu la pnite inferior es muy globosa, tiene
una imi)i-esión triangular que termina en un surco mediano, i)r()fundo.
La frente es anclia, su parte ántero-lateral forma un ángulo obtuso; está
impresa cerca de su margen lateral y provista de una espina más ó me-
nos aguda en la base que limita con el clii)eo. Éste sobresale mucho ala
frente; es transverso, trapezoidal, con borde y ángulos anteriores poco
redondeados, bidentado en la base del margen lateral: por encima es
profundo y longitudinalmente estriado. Las ocelas en número de cuatro
están distribuidas de la siguiente numera : dos superiores mayores,
globosas, muy prominentes; la anterior está encima de la cabeza, la
posterior dirigida liacia atrás; y, de las ocelas inferiores, i^equeñas, una
está en la cara anterior de la cabeza, delante de la ocela grande, y la.
cuarta, entre estas dos, dirigida hacia abajo. Las antenas son cuadriarti-
culadas; están insertas delante de las ocelas, tienen más (') menos la mitad
del largo de la cabeza. El artejo basal es el mayor y como el siguiente
ligeramente encorvado, están provistos de sedas fuertes; el tercer artejo
es de la mitad del segundo, el terminal pequeño, cilindrico, ambos po-
seen sólo en el ápice unas cuatro sedas rígidas. Las mandíbulas son fal-
cifoiiues : cubren así toda la parte anterior de la cabeza. En su región
interna existe el retináculo, fuerte, triangular, nuis cerca de su mitad
posterior; el borde lateral externo es derecho, tiene dos pelos rígidos,
se ven tand>ién tres encima de la mamlibula y otros tres espiniformes
en el margen externo de la encorvadura. Esti]ios maxilares largos,
sublineares j- comprimidos, provistos de sedas fuertes en el borde ante-
rior y de dos espinas cerca de la base del mismo; por encinm tiene i>elos
cortitos, rígidos. Las maxilas son biartieuladas, exceden en largo á sus
palpos. Estos están compuestos de tres artejos; el primero subrectangu-
lar, nnís ancho que largo, cuadrado el segundo y fusiforme el terminal.
Tanto las maxilas como sus paljios llevan sedas fuertes erizadas y rígi-
das. El hiiióstomo está separado del vértex por una carena, que corre del
medio en linea di\ergente hacia el iingnlo ])ostlateral de la cabeza y sub-
paralela con el borde de la misma, el que está fuertemente escotado; el
foramen es sui)erior y triangular. La lengüeta es bilobada, i)or encima
muy fina y densamente ciliada, debajo membranosa con cuatro pelos en
el l)orde anterior, el que sobresale ])oco de la escotadura entre los dos
lóbulos; en los costados tieiu' un mechíMi de jielos largos. Pali)os labiales
biarticulados, el artejo ])asal m;'is ancho (]ue largo, su extremidad algo
hinchada y circundada de espinas tinas, rígidas; el segundo art( jo es del-
gado, subcilíndrico, redondeado en el ¡ipice, algo encorvado en i'l borde
iufero-lateral, donde posee una sola espina. 31eut('in ixMíiiefio.
El prot (ira X es duro, transverso, oiierculiformey luiiulado , por encima
y en todo el margen ciliado. El borde anterior es arqueado anchamente
<'n el medio, bisiiiiuido. los ángulos anteriores agudos, sus costados se
— 125 —
estrechan li:ist:i hi base en línea cniva, ángulos posteriores no manifies-
tos; por ent'inia es poco convexo, tiene un suleo mediano longitudinal,
sus alíjenlos liinitad((s |ior una carena ol)lícua bastante ancha, la que ter-
mina en el borde lateral, un tanto elevado.
^NFesoy nietatinax son subcuadrados, itroxistos de una placa quitinosa,
brillante; ambos peduncuhulos, sobre t(»do el primero.
xVbdomen subcilíndrico como nn doble más largo que cabeza y tórax
juntos. El primer segmento ancho como el metatórax, pero menos largo,
los siguientes aumentan jtaulatinamente de tamaño hasta el quinto seg-
mento; el sexto es subignal, ik)c<> más chico el séptimo, y los siguientes
disminuyen bruscamente. El quinto segmento es muy giboso sobre el
(hirso, donde posee las dos espinas scansoras; las que son córneas,
flavas, convergentes hacia adelante, las puntas encorvadas por afuera;
en la parte externa provi-stas de cuatro ó cinco sedas. Sobre el segmento
observamos en la base de cada espina, nn pequeño tubérculo y una
mancha lumilada, donde nacen espinas ccn-tas de color fulvo; dos manchas
anteriores llevan solamente algunas sedas. Las sedas rígidas están
distribuidas i)or el cuerpo de la larva en pequeños grupos, que nacen de
manchitas ([uitinosas, tul)erculitVn'mes; cada segmento ofrece así : dos
manchitas dorsales, una pleural, dos en sentido longitudinal sobre el
costado íufero-lateral; debajo del vienti'e hay una mancha transversal
ancha, detrás de ésta cuatro pequeñas, paralelas al borde posterior.
Estas nninchitas se encuentran más ó menos refundidas en los iíltimos
segmentos y allí los tubérculos son más pronunciados. El segmento anal
es pequeño, cónico, algo dejirimido y ariuado de cillas espinosas.
Patas cuniculadas; artejos sub-cónicos, jjrovistas de pelos setosos,
largos, y de sedas rígidas en la extremidad de las tibiasy los tarsos. Los
fémures son como tres veces más largos que el ancho de su base tibias
subcilíndricas, obcónicas; tarsos biarticnlados, el primer artejo subcó-
nico, el segundo cuadrado y de la mitad del anterior. Las uñas digitadas,
desiguales, la posterior es el doble más larga y más encorvada.
X¡)if(i. — La ninfa es pálida, blanquizca; de tegumento delicado, con
granulación mici'oscópica: glabra, á excepción del protórax que está ape-
nas ciliado en los costados y en su borde posterior. Aquella es casi tres
veces más larga que ancha, en sus ancas estrechada, su anchura aumenta
un poco hasta el ¡plinto segmento y disminuye bruscamente en su extre-
midad; viéndola de costado, el dorso aparece moderadamente arqueado,
la parte ventral plana. Pterotecas y podotecos, lo mismo que los estu-
ches de las mandíbulas y de los órganos de la boca, son libres, algo espe-
sos. La cabeza se halla muy recogida, y en la vista dorsal, notamos sola-
mente sus ojos prominentes, que sobrepasan al protórax. Las antenas
doblan por el cut'llo, forman una curva detrás de las i)atas y siguen
paralelas con las tibias. El protórax tiene el borde anterior avanzado.
— 120 —
redondeado eomo también sus ánjiulos anteriores, los posteriores son
manifiestos. El mesotórax es más corto, el metat(')rax casi larjí'o como el
protórax. Las jiterotecas son pequeñas, separadas, y ocupan el espacio
entre las tibias del segundo y tercer jiar de las patas. Tibias con una
espina anclia^ apical.
Los cuatro primeros segmentos del abdomen son subiguales; el quinto
la mitad más largo, cada uno lleva en el dorso cerca de sus costados un
apéndice cónico que termina en tres ó cuatro cillas fulvas. Los seg-
mentos siguientes están desprovistos de estos apéndices y los que se
hallan sobre el quinto son mucho mayores (pie los demás. El último
segmento termina en un mamehuí anal, (jue lleva dos peípu-rios a]>éndices
laterales. Los poros estigmáticos son diminutos, ovalados y de borde
flavo; están situados sobre los flancos de la ninfa.
Imüíjo. — Dejeau fué quien dio el nombre específico á esta Cicindela,
y describi<'> en su ¿fjiecies (jénéral üen Coléoptcres, I, página SG, ISiT), el
vínico ejemplar que tenía entonces, procedente de Buenos Aires. La Ci-
cindela adsper.sa\\-'LVG,l)'Ej. Caí., 3" edición, página 4, es sinónima déla
C. opiata. Sus caracteres distintivos smi los siguientes :
La cabeza del insecto es negra, bronceada; las estrías ñnas, longitu-
dinales y rugosas, más marcadas cerca de los ojos; clipeo finamente
granulado. Labro flavescente, con un diente uu^diauo, bastante agudo;
su borde anterior bisinuoso en cada lado del diente, donde nacen tres
sedas, y una cuarta más larga existe cerca del borde lateral, el cual es
muy redondeado. Las mandíbulas son negras, con reflejos verdosos y en su
base del color del labro. Palpos testáceos, con el artejo terndnal obscuro.
El protórax es del color de la cabeza, jjoco más ancho tpie largo, ade-
lante y en los costados algo redondeado, en la base anchamente bisinuoso;
por encima es rugosamente granulado, impreso cerca del borde anterior
y posterior, y provisto de pelos blancos, regularmente esparcidos.
Los élitros son obscuros, bronceados, con reflejos cobrizos más ó me-
nos vivos, nuiy finamente granulados y provistos de puntos gruesos de
un verde metálico. Están adornados cad;i uno por una mancha oblicua,
tortuosa, (pie se dirige desde el ángulo humeral al borde, se ])rolonga
en faja angulosa, engrosada y más ó menos ramificada hasta cerca de
la sutura; una segunda nmncha, parecida ala anterior, es generalmente
más ramificada, se acerca á aquélla con el ángulo mediano luego una
hinula apical poco encorvada, engrosada en la sutura, la cual se pro-
longa en una pequeña espina.
La parte inferior es de un negro azul brillante, que cambia en verde
metálico hasta l>ronceado en los costados del pecho y margen del alxlomen,
ilonde obserN amos ])elos 1)lancos, (]ue son más largos en la región ¡inte-
rior del insecto. Trocánteres de un verde nu'tálico, con gruesos puntos
y pelos en los lados; trocantines rufos. Los fémures son bronceados, de un
Tinv. MrsF.o riK I. a Vi.at.v. t. xiv (shü. ii. r. i)
Pl.ANIHA 1
8. 9.
Cicindela apiatn Dej.
10.
1. Hnnvo (^/i taiiiañi» natural),
2. Larva, vista lat<*ral {*l¡ tamaño natural).
3. Larva, vistji dorsal ('/i tamaño natural).
4. Cabeza (nniy aumentada).
5. Mandíbula (muy aumentada).
tí. Pata (muy aumentatla).
7. Xinfa, vista lateral ('/i tamaño natural).
8. Ninfa, vista dorsal ('/i tamaño natural).
9. Ninfa, vista veutral ('/i tamaño natural).
10.. Imago (^/, tamaño natural).
t:. IlltlCÍI UVA..
FoTor. Pkiser
— 127 —
cobrizo vivo, verde en las extremidades y provistos de pelos largos; tibias
y tarsos verde-bronceados nn tanto cobrizos, con la imbescencia más corta.
Observaciones. — De nuestras Cicindelas i)odenu)s observar dos gene-
raciones en el año. La primera se desarrolla durante la buena estación;
en los meses de marzo y abril encontramos los imagos que lian salido
de huevos depositados á ])rincipios de verano. Las larvas de la segunda
generación tienen que pasar los meses de invierno, y se transforman
en ninfas recién á fines de la primavera.
La liembra pone sus huevos siempre de á uno en pequeños agujeros
prei^arados de antemano, los cuales sirven ya de habitación á las larvas
que nacen á los siete días. Con todos los preparativos preliminares, em-
plea cerca de un cuarto de hora para la i^ostura de un huevo. Éste está
colocado en sentido vertical, no experimenta ningtin cambio durante su
evolución y las larvas jóvenes poseen ya los caracteres y costumbres de
las adultas. Á medida que progresan ensanchan su habitación, cuya pro-
fundidad es variable según las condiciones del terreno dimde viven, pero
los agujeros son siempre más ó menos derechos, verticales. En ellos ha-
llamos las larvas con el cuerpo plegado en forma de Z, la cabeza á flor
del suelo, sus mandíbulas muy abiertas, listas para lanzarse sobre eual-
([uier insecto que se acerque; los cazan con suma agilidad, devorándolos
luego en el interior de sus escondrijos. No me ha sido posible extender
mis observaciones sobre las larvas que viven en estado libre, pero
he recogido á veces cantidades que fueron colocadas en su^s criaderos
convenientemente preparados. En poco tiempo, mis prisioneros se en-
contraron perfectamente acomodados en sus agujeros; se mostraron, sin
embargo, bastante delicados en la selección de sus manjares, á pesar de
que tuvieron siempre un surtido de insectos bastante variado, se dieron á
conocer bien pronto como caníbales voraces. Si tal instinto se desarrolla
tan sólo entre nuestras larvas, que tenemos en cautividad, ñilta averi-
guarlo; no sería extraño que en ocasiones semaniflestaentre ellastambién
este canibalismo en la libertad, cuando la lucha \}or la vida las obliga
por falta de alimentos.
Una vez completamente desarrollado, el cuerpo de la larva está notable-
mente inflado. Las ninfas se encuentran bastante superficiales, suficiente-
mente aseguradas en sus agujeros por los apéndices prehensiles de sus
segmentos.
Melaiiophtlialina platensis u. »p.
Los coleópteros que forman el género Melanophthalma pertenecen á
la familia de los Lathriáiidae; son todos Clavicornios de diminuta talla,
pues nunca exceden de los tres milímetros en su largo total. Viven ge-
— 128 —
neralmeute, tanto los insectos perfectos, como las larvas, en sitios húme-
dos, que favorecen el desarrollo del moho y de las criptógamas, encon-
trándose nuestra especie entre Cladouporiuia hcrburiuin que se cría á
menudo sobre los detritos vegetales.
Hueco. — ]'j1 huevo es olilongo-ovalado, casi incoloro, de un blanco
plateado; la sui)erficie, de aspecto granulosa, semioijaca, demuestra con
fuerte aumento una estructura alveolar,
Largo : O""" -45 ; ancho 0"""1S.
Larva. — La larva afecta una forma alargada, elíptico-linear; es casi
tres veces más larga que ancha. Su cuerpo jiálido, parduzco, con man-
chitas obscuras, está provisto de pelillos y sedas incoloras y cubierto
generalmente de partícidas criptogámicn.s (pie dan á la larva un color
más ó menos oliváceo.
La cabeza es subrectangular, iiicliuaila, algo deprimida, variablemente
manchada de gris, y tiene algunos pelos aislados; labro, epistoma y par-
tes bucales testáceos. Labro transversal, angosto ; los ángulos anteriores
redondeados, en sus costados encerrado por el ei)istoma, de manera que
no sobresale, y forma con éste un semicírculo en todo el borde anterior
de la cabeza. En cada lado hay cuatro ocelas pi-onnnciadas y fácilmente
visibles por his manchas pigmentadas, negras en la base. Tres ocelas
están agrupadas juntas en línea transversal, más atrás de la antena; ht
cuarta, mayor en tamano sigue á ésta, y está sobre el borde lateral
.de la cabeza. Antenas triarticuladas de color gris; el primer artejo es
corto, doble más ancho que largo, está insertado en el ángulo autero-
lateral de la cabeza, rodeado de una membrana, la que á ijrimera vista
se podría tomar como ai'tejo basal. El segundo artejo es cilindrico ; lleva
en la punta un tercero que es muy pequeño, subcónico y termina en una
espina, la ([Ue se repite á su lado sobre el segundo artejo, el cual posee
también itu pelo en la parte interna. Las mandíbulas son suljtriangula-
rcs, de aspecto carnoso, muy encorvadas en la parte anterior, donde son
duras, testáceas y bidentadas, siendo el diente superior mayor que el
inferior. La lengüeta es rectangular ; los ijalpos labiales de un solo arte-
jo, alargado y provisto en la punta de una pecpieña espina, y finamente
ciliado en la parte anterior. EUóbulo terminal de lasmaxilas es alargado,
apenas maynr que los palpos la1)ia]es, erizado en su extremidad de -íáit
sedas largas. Los ])alpos son triarticulados, cilíndri(íos; el jirinier artejo
es corto, el segundo tan ancho como largo; el tercero delgado y alarga-
do, con una seda en la punta, la que se halla también en la parte externa
del segundo y en la parte inferior en la base del primer artejo. La posi-
ción de otros pelillos y sedas que hay sobre el mentón y subnientón, lo
mismo que la configuración de éstos, como del foramen están detallados
en la figura 3 de la lámina.
El jnotórax es rectangular, más angosto qiielos otros segmentos tora-
— 129 —
cieos; sobro el disco jircsenta dos inanclias obscuras, cuadradas, circnií-
da<]as ])or algunos jtclos, los que iiaccMi, como los demás, de jiequeuas
promiueucias iu;is obscuras; tambii'ii liay en los costados alj;uiios pelos,
y en cada sejiniento del tórax dos sedas larcas, que apuntan hacia afue-
ra. Las Huinchas obscuras son más pequeñas sobre el meso y metatórax.
El primer par de estigmas corresponde al niesotórax y está situado en
su ángulo ántero-lateral, formando en su terminación un pequeño cono
saledizo. Los segmentos abdominales, en número de nueve son subpara-
lelos, aumentando los primeros un poco el ancho de la larva, disminu-
yendo los siguientes; el iiltimo es pequeño. Sobre el din-so de cada seg-
mento se distinguen cuatro mancliitas obscuras; de cada una nacen dos
pelillos; en los costados hay otro pelillo y detrás una seda larga, erguida
hacia afuera. Los estigmas son dorsales, los orificios circulares, situados
cerca del borde lateral. Los segmentos están generalmente ribeteados de
obscuro en todo su largo ; las manchitas se refunden á veces sobre los últi-
mos dos segmentos, donde en vez de pelos ai)arecen sedas largas y solamente
hay algunos pelillos microsc(ipicos en la parte ventral de cada segmento.
Las patas son triarticniladas, i)oco velludas; los fémures algo arquea-
dos, las tibias cilindricas, ligeramente hinchadas en el medio; el artejo
tarsal delgado termina en una uña ijoco encíjrvada.
Xinfa. — La ninfa es alargada, ovalar, poco convexa, de color rosado
pálido. La cabeza encogida en el protói'ax es invisible desde el dorso. Las
antenas dejan á los ojos descubiertos, signen en línea curva por detrás
de los fémures y llegan hasta el codo del primer par de patas; sus estu-
ches tienen algunas espinas anchas. El proiioto es redondeado en la parte
anterior y provisto de largas sedas, blandas, distribuidas sobre el disco,
y por los contínnos laterales. Hay también una seda larga en los costa-
dos de cada segmento abdominal, exceptuando á los tres últimos; otras
sedas, un poco más finas cubren el dorso de la ninfa, y se ven algunas
sobre los fémures y los codos de los mismos. Todas estas sedas son de
color fulvo claro. Los dos pares delanteros délas patas están dispuestos
perpendicularmente al cuerpo, el tercer par oblicuameiite y se encuentra
tapado por las pterotecas. Las inferiores sobresalen mucho de las supe-
riores, éstas están á lo largo ligeramente carenadas. Los últimos tres
segmentos están desprovistos de sedas y quedan invaginados en el pellejo
desprendido de la larva, en el cual está fija la ninfa jwr el mamelón anal.
Jiiiaf/o. — El coleóptero es de color fusco ol)scuro, poco brillante ; sn
cuerpo ovahulo, bastante convexo, cubierto totalmente de una pubescen-
cia corta, IdaiKpiizca y ai)retada. Cabeza snbrectangular, encogida hasta
los ojos en el jirotorax; con ])untos hundidos, diseminados también ])or
la frente. Labro transversal, más ancho que el epistoma con sus ángulos
anteriores redondeados. Las antenas bastante espesas, llegan hasta la
base del protórax ; son de color fusco, exceptuados los dos primeros ar-
— 130 —
tejos, que son testáceos. El primer artejo es grueso, excede en grosor al
terminal de la clava ; es algo liincliado en la parte externa y en la interna
sinuoso; el segundo artejo es similar, pero de la mitad del tamaño; el
tercero, obcónico, doble más largo que ancho. Los tres siguientes subci-
líndricos, y los séptimo y octavo sul>iguales con el tercero. Los artejos de
la clava ocupan una tercera parte de la antena; su primer artejo es oblon-
go, obcónico, el siguiente gnreso, subovalado y ligeramente acuminado
el terminal, sobre el cual se distinguen también algunos pelos setosos
entre los diminutos, los que son más abundantes sobre la clava que en
los otros artejos. Los ojos son prominentes. Los temporales cortos^ poco
salientes; á su terminacictn liay un surco transversal, vagamente marca-
do, que sepárala cabeza del cuello. El l('>bu]o maxilar es alargado, abun-
dantemente ciliado en la parte interna. Los paljios son cuadriarticula-
dos, siendo el primer artejo alargado y estrecho en la base; el segundo
globoso, bastante grueso, subcilíndrico el tercero, y delgado, alargado
el terminal. La lengüeta cubre la mayor parte del labro, de manera que
las maxilas y mandíbulas bidentadas quedan invisibles. Los palpos
labiales son biarticulados ; el primer artejo es muy pequeño, grande el
segundo, de forma ovalada, algo dilatado en la parte externa, y truncado
en la interna; ciliado adelante. ^lentón rectangular, de ángulos redon-
deados, y poco avanzado en la mitad anterior.
Corselete de color más fulvo, subcuadrangular, poco más ancho en la
base, y más en la mitad de sus costados, por causa de los ángulos late-
rales, que son más ó menos pronunciados. Toda la superficie demuestra
la misma puntuación y pubescencia que en la cabeza; hay una ancha
depresión prebasilar, y el borde i)osterior está ligeramente carenado.
Escudete, transversal; el borde posterior, redondeado.
Los élitros dejan el pigidium en descubierto; la pubescencia en esta
parta es más larga. Cada élitro está marcado i)or ocho hileras de i)untos
gruesos, hundidos, cuyos intervalos llevan siempre otra hilera de puntos
diminutos, y á la vez nace delante de cada punto un pelillo corto y cla-
ro, los que forman así una pubescencia densa sobre los élitros, regular-
mente ordenada. La parte inferior del cuerpo es algo más fulva y vellu-
da. La cabeza, el pro, meso y metasterno, con gruesos puntos. Los seis
segmentos ventrales sin ¡tuiítos, i'l primero lleva las carenas femorales.
Patas testáceas, no deprimidas, ciliadas. Los ])rimeros artejos tarsales
tienen el mismo largo; están oblicuamente truncados en la extremidad y
la inserción de los artejos está en la parte más corta que es la superior.
El artejo terminal es tan largo como los dos anteriores; en las patas del
protórax de los machos este artejo está dilatado en su mitad inferior en
forma de una espina ancha, que falta eji el de las hembras; extremidad
de los tarsos con los ganchos.
Largo del cole()i>tero : 1"""5.
]ÍKV. MlMlo \>K I. A l'l.AIA, T. XIV (SKIÍ. II. T. l)
Plancha II
Melanophthalma plateusis Bruch
1. Huevo (^"/i tamaño natural).
2. Lar^-a (^"/j tamaño natural).
3. Cabeza de la larra (muy aumentada).
4. Antena y ocelas (muy aumentadas).
5. Pata de la larva (muy aumentada).
6. Ninfa, vista dore, y ventral C°!i ta-m. nat.).
7. Segmentos terminales de la ninfa.
8. Imago (■■"'/, tamaño natiu-al).
9. Cabeza del imago (muy aumentada).
10. Tarso del protórax O^.
C. Bkich del.
FoTOT. Peuser
— i;n —
Obxcyracioiicx. — Debo á hi amabilidad de mi colegia, M. A. Pie, de
Dijioin, hi coiiipaiaeióu de esta especie con los ejemplares de la colección
Belón, alioia en su j)oder, razón por (pié la describí detalladamente, pero
sin mencionar ciertos caracteres diferenciales, lo que no me permitió la
falta de material bibliourático.
En cnanto á la biolojiía de esta jSívlanophtlKiliixi, poco Iiay que aj^re-
,nar. Los insectos se multiplican con rapidez, durante la buena estación.
El lluevo se deposita siempre aislado, en sentido horizontal; éste es
grande, comparado con el coleóptero, pues ocnpa casi una (-narta
parte de su cavidad abdominal. Xo lie observado nunca más de diez
huevos, depositados por una sola hembra, entre las que tenía separadas
para mis observaciones. Ija ecl<»sión se produce ]iorumi hendidura, (pie
corresponde á la parte dorsal de la larva recién nacida. Esta es jirime-
raniente transiiarente, incolora, de forma cilindrica : las manchas apare-
cen más tarde, y, al llegar á la madurez, su color se vuelve de un rosa
pálido. Tres ó cuatro semanas son suficientes para su desarrollo com-
pleto; la larva se fija entonces por el segmento anal sobre cualquier
plano y queda tranquila dos ó tres días en x>osición horizontal, hasta
ti'ansformarse en ilinfa. La duración de la ninfosis es generalmente de
ocho á diez días. El coleóptero es i)álido al nacer; sus ojos son negros;
partes bucales, cabeza, extremidad de las antenas y patas, testáceos, y
los élitros de un fulvo claro.
Heilipus AA'ú'clemaniii Bdh.
Entre el grupo délos Hylohüdae (Rincóforos), ocupan los Heilipiix uno
de los géneros más bonitos y numerosos en especies, de las cuales )ina
buena liarte ]iertenece á la fauna argentina. El Hi-Uipiix Wicdeiiimuii se
encuentra desde el Brasil en varias provincias litorales del Paraná; es
también conmn en la provincia de Buenos Aires, pero no ha sido obser-
vado más al sur de ésta.
Vive en todos sus estados de transformación sobre Eryíuiium panicu-
latum LiN., planta que llanuunos vulgarmente « Serrucheta ó Escorzo-
nera », la cual es (íomiin en las orillas de terrenos bañados por ríos y arroyos.
Huevos. — El huevo es de forma cilindrica, ligeramente encorvado,
redondeado en las extremidades; su colores amarillento pálido, la super-
ficie lisa, poco lustrosa; mide de 2""5 á 3 milímetros de largo por 1 mi-
límetro de ancho.
Larra. — Su cuerpo tiene el aspecto comiin de las larvas de los Cur-
culiónidos de este grupo; es de forma subcilíndrica, arqueado en semi-
círculo, blanquizca, un poco tostada sobre el dorso: es carnosa, de poca
consistencia con excepción de la ¡uirte suiierior del jirotórax y de la
— 132 —
cabeza, la que forma una cápsula dura, quitiiiosa de color rufo-testáceo.
La cabeza es muy inclinada, como la cuarta parte más larga que an-
cha; presenta en sus contornos un óvalo regular, poco convexo. La placa
frontal es triangular, con estrías débiles transversas ; el borde anterior
brevemente encorvado, sus ángulos laterales limitados por una hendidura,
oblicua, profunda, la que separa así su prolongación lateral en forma de
lóbulo saliente. Cerca del bordeántero-lateral hay en cadalado una pequeña.
im])resión circular; sobre la frente dos impresiones longitudinales, diver-
gentes; adenuis, dos impresiones cortas en cada placa cefálica : una en el
ángulo ántero-lateral, la otra sobre el vértex, paralela con la línea sutural
mediana, la cual está hendida en todo su largo. La distribución de los
líelos, diseminados por la cabeza, explica suficientemente nuestro esque-
ma ñgura 3. Antenas microscíqiicas, de una sola articulación corta,
inserta sobre un cuerpo nuMiibranoso, situado en la escotadura del lóbulo
látero-frontal. Al lado externo de las antenas hay un puntito negro, oce-
liforme.Epistoma de color ñavo, de apariencia cerosa, trapezoidal y trans-
verso; encorvado el borde anterior, con cuatro pelillos en la base. Labro
testáceo, transversal, como dos veces y media más ancho que largo, ade-
lante ligeramente redondeado y ciliado, cruzado en todo su largo por dos
surcos profundos, donde nacen dos sedas largas. Mandíbulas obscuras,
negras y bidentadas en la punta ; trigonales, de manera que se distin-
gue : una parte inferior, que es convexa en la base, cóncava en la mitad
anterior; una parte superior, lisa, con el borde interno cortante, y otra,
lateral, adonde tiene dos pelillos y algunas cavidades rugosos. Maxilas
espesas, provistas de algunos pelos setosos; sus palpos biarticulados,
cortos, siendo el primerartejo tan anclio como largo, redondeado en la ex-
tremidad; el seguudo ]iei|iU'ño, cí'mico. El lóbulo maxilar interno es poco
alargado, armado de scclas cortas, derechas y algo comprimidas. La len-
güeta es subcordi forme, sus pali)os similares á los de las maxilas, jiero
más pequeños; cerca de la base de los mismos hay en cada lado un pelo
largo, otros cuatro microscópicos en el borde anterior. El mentón de as-
pecto carnoso, ocupa toda la parte debajo del labio y se extiende por sus
costados en forma de lóbulos abultados, subtriangularcs.
El cuerpo de la larva está compuesto de doce seguu^ntos, los que pre-
sentan surcos profundos, de manei'a que hacen aparecer series de plie-
gues alargados, transversales sobre el dorso, la regi('>n ántero-lateral y
ventral, los que están limitados por otros pliegues longitudinales en los
costados. Placa sobre el protórax quitinosa, luciente, tres veces más an-
cha que larga, con una débil imi)resión á cada lado, donde su termina-
ción es poco definida. Meso y nietatórax estrechados en la región dorsal
por un pliegue tergal, el <uml existe también entre los demás segmentos.
Este pliegiu' es pequeño cTitre los dos primeros segmentos, aumenta
jiaulatinamente, se pierde entre los séptimo y octavo y falta entre el
Eev. Museo dk i. a I't.
ATA. T. XIV ls::il. II. T. 1)
Plancha 111
8.
lleilipiiN >VieiU>iii.iiii I',.i
1. Huevo C^/i tamaño natural.
■2. Larva (' =/, tamaño natural).
3. Cabeza de la liirva (ainnenta<1a|.
4. Partes bucales (aiimeutadas).
5. Mauílibiilas (vista inforior v exterior).
ü. Ninla, vista ventral (' '/i tauuifio uatm-al).
7. Ninfa, vústa lateral («-s/, tamaño natural).
8. Imago («Vi tamaño natural).
C. liRVCH IlEI,.
FOTOT. Peisek
— 133 —
pciiúltiiiKi y fl st'niiiento aiuil. La ri>j;i(')ii íiifcio-lateral del tíiíax está
marcada ¡lor surcos, que formau los i)lieji'nes epimerales y episternales,
.siendo el episternal del protórax niny pequeño, triangular, y el borde
post-lateral del protórax cortado oblicuamente.
La parte externa, engrosada con el pliejiue esternal de cada segmento
del t(')rax, posee en vez de las ])atas nn mamelón seudopódico, biarti-
culado y provisto e-n la punta de SL'das táctiles, ligeramente eri-
zadas.
Los segmentos abdominales son subiguales, alargados gradualmente
los posteriores, donde se encuentran los jdiegues juenos pronunciados.
Sobre el dorso de cada segnu'Uto hay un surco transversal, tergal, más
cerca del borde anterior y entre los costados de cada uno, un pliegue es-
trecho intersegmental. Ijos ei)inu'rales y eiiisternales fonuaii dos series
de pliegues longitudinales. Los estigmas terminan cerca del borde délos
ei)imei'ales ; sus orificios son oblongo-ovalares, el borde quitinoso, flavo.
El primer par, mayor que los del abdomen, corresponde al protórax.
La región esternal de cada segnu'nto está nmrcada por nn surco obli-
cuo, que sale del ángulo anterior hacia el borde jtosterior, y forma así
un ])licguc triangular. El segnu-nto termiiuil es más ])equeño, sul)circu-
lar, dividido jior un surco transversal y otro circular perianal, en cuyo
centro se distingue la abertura del ano, la que está (-¡rcnndada por cua-
tr(( apéndices subtriangulares, siendo el dorsal transverso, los dos late-
rales disi)uestos de modo que queda entre ellos un cuarto, muy diminuto.
En cada uno de los laterales hay tres ó cuatro ]>clos cortos. Los pelos
táctiles son rubios, aisladamente diseminados por todo el cuerpo.
JS'iiifd. — El cuerjyo de la ninfa es alargado, elipsoidal en sus contor-
nos, visto de arriba; el teguuu'uto es nu-mbrauoso, liso, de color amari-
llento, liostro replegado normal ; los funículos anteuares divergentes,
subparalclos con los primeros dos pares de patas. La jiarte terminal de
los estuches antenares, lo mismo que los codos de los podotecos, visibles
desde el dorso. Pi'otórax más ancho que largo, estrecho adelante. Los
dos pares anteriores délas patas libres; las pterotecas inferiores conver-
gentes, paralelas con los estuches tarsales del tercer par, que son descu-
Itiertos, lo mismo que sus codos. Las j)terotecas superiores son en el
borde interno redobladas, el cual es un ])oco di\'ergente; por encima se
distinguen carenas longitudinales que se juntan en su :i]iic<', donde existe
una jirotuberancia in^eajiical. Unn línea hendida nu'diana dorsal, rec(ure
el cuer])o de la ninfa de una extrenudad á la otra.
Los scguu'ntos del abdomen son en número de ocho; siendo los dos
últinu)s los más largos; tiene la mayor anchura el tercer segmento, los
siguientes descienden gradualmente. En los ciiu-o ])rimeros se encuentra
<1 l)(irde ])osterior ligeranu-nte emarginado en el medio, el cual está poco
recor\ado en el sexto y redondeado en los últimos dos. Todos los seg-
— 134 —
mentos muestran un par de surcos cortos transversos en la rcjuión
tergal, junto al borde posterior dorsal existen diez apéndices blandos,
que terndnan en una espina del.yada fulva, la que existe también en
los costados de cada sedimento, donde la base de este apéndice se i)ro-
longa ])or los flancos en forma de pliegue poco definido alrededor délos
estigmas. Sobre estos pliegues hay esiiinas aisladas muy i>equeiias, éstas
existen también sobre el último segmento, el cual posee además en cada
lado una espina gi'ande, aguda y levemente encorvada.
Las espinas fulvas (litylbnotori) se encuentran también diseminadas
sobre el rostro, la cabeza y el tórax; un par en la terminación de cada
fémur y hay otras microscópicas sobre la parte anterior y encima de las
carenas <le las pterotecas.
líl primer par de los estigmas termina en el pliegue entre el pro y
mesosterno ; el borde del oriflcio es estrecho, quitinoso, de color flavo y
es mayor que los del abdomen. Estos se encuentran sobre los flancos de
la ninfa, más cerca del borde anterior de cada segmento, en posición obli
cua; el borde de los últimos es más estrecho y pálido. El segmento anal
está marcado en la parte ventral i)or ])liegues irregulares, transversales
y uno lateral, convergente, donde se halla insertada la espina.
Imiigo. — El coleóptero es oblongo, enteramente negro, brillante ;
adornado de manchitas blancas, formadas por pelillos cortos clavifor-
mes; las patas son generalmente ferruginosas.
El rostro es de longitud variable, más ó menos tan largo como la cabeza
y el protórax juntos, espeso, l>astante arqueado y densamente puntuado;
las antenas insertadas en su untad anterior, los artejos del funículo con
una pubescencia gris, la porrita ()blong()-()\"alar, de aspecto fusco-setoso.
Ojos ovalares, deprimidos. La cabeza es meiliana, convexa, finamente
punctuada; la frente en la región interocular excavada.
Protórax poco menos que la mitad más ancho que largo, muy encogi-
do adelante, ensanchado y redondeado en los costados ; en la base lar-
gamente bisinuado, poco convexo por encima, donde presenta una pun-
tiuicion obsoleta y esparcida, la que se ve nuvs marcada en los lados.
Está adíniíado de cuatro manchas blancas, ilos pecpieñas en el ángulo
áiitero-lateral y dos mayores ¡¡ostlaterales; la región escntehir es á veces
levemente impresa, donde hay también otra mauchita peciueña. Escu-
dete pequeño, subtriangular, alargado.
Élitros oblongo-ovalares ; más ancho que el protórax, truncados en la
l)ase, los ángulos humerales marcados : obtusamente redondeados con tm
callo preapical más ó menos ])ronunciado y adornados con manchitas
Ituiictiforiiies variables. Cada élitro ofrece nueve hileras de ¡miitos grue-
sos, hundidos, convergentes en el á]iice, donde sus intervalos lle\an tu-
bereulitos más o menos luominciados.
Los ])elilh)s l>lancos están esparcidos por toda la. parte inferior del
— 135 —
cUL'ipo; L' I pecho es doiisa, vientre lina y el .sef^ineuto anal gruesa y
rugosamente puntuado.
Las patas son largas, robustas; los fémures hinchados, armados en la
parte inferior con un diente ancho ; las tibias dilatadas en el medio infe-
rior, xmciuadas en la punta; tanto éstas como los fémures son de color
rufo-ferruginoso y negros en las extremidades.
Los ejemplaies con patas enteramente negros, las manchas más i)eque-
ñas y raras no son en efecto sino ligeras variaciones ib' los individuos
nuestros; (b' manera (pie aciuéllos, conocidos ])or Jlcilipiis honariensis
Kliig y H. vrythropuH 1Je,t., (Jat., 3" edición, página 29!), son sinónimos
de la especie tíi>ica descripta por Boheniann en ¡Schihiherr : Genera de
los CurciiUonidae, tomo III, página 2()(t, l.S3(i.
Obnerracioiies. — Al iirinciiiio (leí verano, cuando se ha desarrollado el
tallo de la planta, se encuentran los líeilipuii jiareados. El macho perma-
nece en esta posición generalmente (buante varios días, dejándose llevar
por la hembra. Mientras dura la copulación, el macho mantiene los
funículos antenares en continmi vibración, deslizándolospor el rostido de
la. hembra; coloca la punta del rostro en la caviíhid entre los ojos, las
patas delanteras abrazan el cuello, tiene las medianas sobre los trocán-
teres del tercer par de patas y las ¡¡osteriores llegan hasta el segmento
terminal de la hembra.
La heml)ra deitosita sus huevos siempre aislados en el interior del
tallo, jiara cuya operación se sirve de su largo i'ostro, apropiado para la
perforación del canuto (k' la planta, nnichas veces bastante espeso. A pe-
sar de que se encuentran casi siempre varios huevos ((! hasta 8) depositados
en un mismo tallo, no se halla más tarde, sino una, raras veces dos lar-
vas adultas en el mismo. Las larvas nacen ya á los nueve días; bastante
antes, el pellejo del huevo se hincha en la parte que corresponde á la
cabeza, y cede luego tandjién á los movimientos de la larva embrional.
Al salir del huevo, la larva es completamente incolora, de forma sub-
cilíndrica; el cueri>o derecho, va encorvándose poco á i)oco; el seg-
mento nuiy delicado, se vuelve blanco impuro, la cabeza se obscurece y
los jiliegues van acentuándose, á medida que se desarrolla.
Desde la parte alta del tallo, la larva va dirigiéndose siempre más
hacia las raíces de la escorzonera, tapando el vacío detrás de ella
con las partículas masticadas y sus excrementos, produciéndose frecuen-
temente entre el tallo un líquido (discuro, que tifie aveces toda la larva.
Al mes de su existencia, tiene los caracteres ya mencionados; entonces
l)enetra del todo en la raíz carnosa de la planta, y se confecciona en su
corazón un hueco ovalar, bastante espacioso, para pasar en su interior
la penúltiiua transformación. Así, á las ocho semanas, cuando la larva
haya llegado á su mayor desarrollo, jiermanece inmóvil en su cuna ; su
cuerpo va encogiéndose poco á poco, piei'de casi del todo la foriua i)ri-
— 136 —
initiva oncorviida, los pliegues se traiisfoiiuaii tii aiii]i(illas lii;eiaiiieiite
infladas. Esta vida iuterniediaria dura aíin bastantes días más, hasta
que apaieee la ninfa, la (jue es al iiiÍHci]ii() de un lilaneo pnio y extrema-
damente delieada.
La ninfosis dura en la buena estación de veinticinco á treinta días.
El imago, al librarse de la piel de la ninfa, es pálido, los ojos negros,
rostro, antenas, disco del protórax, las extremidades de los fénuires y las
tibias son negruzcos ; los costados del pecho, los dos segmentos termi-
nales, los trocánteres, así como los tarsos son ferruginosos; los élitros son
del mismo color pero más claro y ahumados cerca de la base. La colora-
ción completa y el endurecimiento de su tegumento requiere ai'in varios
días, y, recién entonces, el coleóptero perfora las paredes que lo teman
aprisionado, ]iara buscar nueva vida en el ambiente libre.
R.liysoinatus inai'^'iiiatus Fahrs
El lili i/.snmaf lis marfiinatiis pertenece á los Criptorinquitos, un gru])0
numeroso en especies, que en gran parte son de origen americano. Se
encuentra en el Brasil, también en esta i)rovincia, donde lo hallauíos
sobre tScshniiiii piinicca. una acacia de tlor colorada, común en las playas
del río de la Plata; sus larvas se desarrollan entre las vainas y se ali-
mentan de las semillas de la misma planta.
Huevo. — El huevo es de color amarillento claro, de superficie lisa,
lustrosa; mide un niilinietro de largo por 0"""(; de ancho.
Larra. — Su color es blanco amarillento; la cabeza castaña, más ])á-
lido en los lados y las dos tajas desvanecidas encima de la misma; su
borde anterior como las mandíbulas son oliscuros rufos.
El cueriio de la larva es de forma subcilindrica, moderadamente ar-
queado y algo angostado en la extremidad posterior. Los pelos táctiles
jiislados son cortos y dorados.
La cabeza y sus partes bucales son de configuración parecidas á
las de la larva del HeiVipuH. La del l\'li;/.si>iii(iti(!< tiene la cabeza nuls
plana, sus contornos son nu'nos redondeados, no ¡¡resentan ni ]iozito ni
i:ui)resiones: la frente tiene estrías transversales ajienas pronunciadas.
Antenas microscópicis, de un solo artejo c('>nico. (¡ue ocupan, conu) el
jiunto oceliforme, el mismo lugar (pu' en la especie ])recedente. Episto-
nía desprovisto de pelos, como el labro de aspecto ceroso; este último
ciliado y longitudinalmente impreso. ^Mandíbulas fuertes, triangulares;
la |)arte superior nniy convexa, rugosa, con una seda cortita; dos dientes
romovs en su borde ántero-interno. Los demás caracteres de los (U'ganos
de la cabeza, como la distribución de los pelos setosds, bis vemos deta-
lladaiuente en las figuras ;> y 4 de la himina corresjxuidiente. La piel d<'
la lar\a es gruesa, cubierta de mallas niicroscópicas.
— 1S7 —
Piotónix .sin pliH'ii (iiiitiiiosa, en los ladiis \agaiiieiit(' iiiiin'cso. Los
suiTosy i)liegues que oara eterizan los segmentos, son semejantes, pero
menos i>ioniiiii'ia(los qiK' cu la lar\a del Urilipitx. Los seuilo]>o(lios
son poco desarrollados y llevan solamente algunos j)elos setosos. Los
orilieios de los estigmas son jiequefios, de borde tlax'o y ovalado. La ter-
minación del último segmento estii limitada ]Mir iin surco iirotúnilo
circular perianal ; la abertura es cuadritida.
XiiiT((. — KI cuerpo tiene forma eliiisoidal, es doble más largo que an-
dio. 8u color es amarillo pálido, el tegiunento finamente granulado y
rugoso, liostro normal, la frente con un pozito alargado; el estuche de
los funículos antenares levemente aniueado, la ])orrita tiene algunas
púas blandas muy peipu'ñas.
Protórax el doble más ancho (|ue largo, cónico, con una línea longitu-
<linal impresa en el disco. Los dos pares anterios de las patas libres, los
fémures de las mi.smas son anclios y cortos, bastante horizontales. Tte-
rotecos subparalelos en los (tostados; las infei'iores cubren del todo
el tercer ¡lar de las patas con excepción de sus codos; tienen costillas
longitudinales y están provistas de series de púas microscópicas, fulvas.
Los segmentos abdominales tienen más ó menos todos el mismo largo;
en el dorso de los primeros hay una línea transversa, muy i)oco impresa.
La hendidura anal está limitada por dos ])liegues transversales y éstos
á su vez por otro corto en cada lado, los que forman así un rectángulo
á su alrededor.
Los íityliiiiotori consisten en sedas fuertes de color ful\-o obscu-
ro, que nacen de espinas blandas, subcónicas y se hallan distribuidas
como sigue : seis pares sobre la cabeza, 'inclusive el rostro; el meso y
metatórax como cada segmento del abdomen tienen en el dorso dos hi-
leras i)areadas de sedas cortas, rígidas, las cuales nacen de una base
consistente, quitinosa, sobre todo en los últimos segmentos, el ternunal
lleva dos espinas fuertes; en los costados del abdomen hay una seda en
los tres primeros, dos en los segmentos siguientes y algunas en la parte
ventral del liltinu». Cada pata lleva un par de sedas encorvadas en el ex
tremo de los fémures.
El primer par de los estigmas termina en el pliegue i>rosternal. es bien
visible entre los ángulos del estuche antenar; los del abdomen tienen
sus oriticios laterales, subcirculares y apenas perce]itibles.
JiiKKio. — El cuei])o de este rinc(')foro es ovalar, negro, ])oco brillante.
La cabeza es globosa, fuertemente imntuada, con un pozito interocular.
La trompa más ó menos larga como el ijrotórax, lineal; poco arqueada,
su puntuación más fina que en la cabeza. Las antenas no ]iasan de la
mitad del protórax, son de un negro de i)ez.la ]iorrita con una pubescencia
fina, setosa.
l'rotórax muy encogido adelante, como la mitad del ancho de su base,
REV. MryKO LA PLATA. — T. I. 10
— 138 —
su bordé iuiterior avanzado, en el medio poco eniarj;inado, 8Ínuo,so en
los costados; cerca de su ápice, transverso iniíireso. Por encima es poco
convexo, presenta estrías puntuadas y una débil línea mediana ; subast;
eslevementebisinuada. Tanto la impresión transversa, como el margen pos-
terior están guarnecidos de escamitasfinas y apretadas de un 1 «lauco gri s.
Escudete pequeño, redondeado. Los élitros tienen en la base más ó
menos la aucliura del protórax, son allí moderadamente convexos y sub-
gibosos hacia su extremidad. Cada élitro lleva diez hileras de puntos
gruesos, oblongít-cuadrados; los espacios son planos, unamente ruguloso-
])nntnados; el esi)acio externo tiene como el ])rotórax escamas claras,
que forman así una línea marginal.
Cuerpo, por abajo taiubién negro, en el pecho es profundo y en el
vientre más finopuutuado. Tatas robustas, negras. Fénuires fuertemente
Ituntuados, en el medio hinchados, armados con un diente en la parte
inferior; tibiaslongitudinalmenteestriadas y puntuadas, enla base arquea-
das, uncinados en el ápice; tarsos dilatados, abajo grises pubescentes.
El Bln/iionuitits í;írtíY/í/iflíí(,s%descriptopor Fahrs, fué publicado porSchii-
nherr en su Gciicrd ct .specioí Cnrculioitidae, tomo IV, página .'373, en 1837.
Aparato <lr cstridnlación. — En ocasiones podemos observar en los
I\'h!i>«iiii((ti(s que dejan oír con freiniencia un ruido estridulante, que
es emitido por un aparato especial y particular á los Criptorinquitos,
aunque es de configuración muy diferente, segóin las especies de los
mismos. El origen de esta música tiene fácil explicación y ya im ligero
examen nos indica pronto la posición que debe tener el aparato que lo
Itroduce, si el observador se percibe de los movimientos rápidos, que
efectúa el coleóptero al trotar el abdomen ccmtra los é'litros, mientras
su cuerpo permanece innuivil. Separando un élitro del dorso, se distingue
con regular aumento en su parte inferit)r y cerca del borde póstero-
externo, una superficie subtriangular, la cual ofrece finísimas listas^ lige-
ramente onduladas é interrumpidas, las que corren casi paralelas con el
borde del ala. La extensión de esta superficie es de 1°"™;? por O"™.') en su
mayor largo y anchura y las listitas están distribuidas de tal modo que
<iueda entre ellas apenas un espacio de un centesimo de milímetro.
Examinando luego el dorso del insecto, distinguimos sobre cada cos-
tado del último segmento abdominal una pequeña carena de 0"""(J de
largo por 0"""ü7 de ancho, angosta en el extremo posterior. Esta carena
ofrece á su vez unas cien listas microscópicas, también onduladas y
dis])uestas aproxinnulamente en ángulo recto c(m el eje central del (uierpo
del insecto. El asi)ecto de esta carena es como una lima nncroscüi)ica, y
el sonido débil ([ue ha de ])roducir el roce de ambas superficies estriadas,
se hace sin duda más ¡«erceptible en los élitros abovcílados. que aquí
desempeñan el ]>ai)el de una caja de resonancia. Las alas inferiores están
replegadas ile tal manera (pie no cubren más esta parte del abdomen,
I
TÍKV. MrsRo DK La Plata, t. xiv (seu. ti, t. i)
Plantha IV
RhysoinntuH iiinrg;iiiatu«* Fahrs.
1. Huevo C^/i tamaño natural).
2. Larva (^/, tamaño natural).
3. Cabeza (muy aumentada).
4. Partes bnralea (muy aumentadas).
5. Mandíbula (muy aumentada).
6. Ninfa, vista ventral ("/i tamaño natural).
6. Ninfa, vista dorsal ('/i tamaño natural).
7. Imago ^/i (tamaño natural).
íi. a y b. Aparato de eatridulaeión.
C. Bruch del.
FOTOT. PEI'SER
— 139 —
y 11(1 iiiipidou ;it;í el tuiícidiiaiiiiciito (U'l aiiarato. Tanto los luaclios como
las hembras están provistos de aquél, y repetidos experimentos ense-
ñaron que Criptoriiiquitos que pei-manecieron como muertos, liábito qne
adoptan estos coleópteros cuando son molestados, lian reaccionado en
se.yuida, al acercarles un individuo estridulante.
Obxerrdcloiics. — La hembra perfora con su trompa la vaina de la aca-
cia hasta la semilla, i)aia poner en ésta su huevo. He nota que en estado
avanzado de madurez, aíjuí'! aumenta un poco de grosor en la parte ante-
rior. La larva nace ya á los ocho días ; entonces es transparente, incolora,
la cabeza amarilla pálida, las mandíbulas, sobre todo en sus extremida-
des más obscuras, de color castaño. Su cuerpo es alargado, aún poco en-
corvado, el tórax algo más ancho que la cabeza; la segmentación es
poco pronunciada. Progresa rápidamente, y á los treinta, días ya está
comiiletamente desarrollada ; su color se vuelve más amarillento, el
(Hun'i») huís estirado é iiitlado, luego emigra de la vaina, la perfora, se deja
caer al suelo para penetrar en éste y i^asar allí su transformación. Pero
ésta no se produce en seguida: nuestra larva, pasa entonces un período
largo de vida inactiva, en estado intermediario en que se parecen á las
seiidoninfas de los himenópteros, antes que se transforme en ninfa. Una
vez penetrada en la tierra hasta una profundidad de 10 á 20 centíme-
tros, se confecciona su cuna, un espacio ovalar, suficiente cómodo, en
(!uyo interior se (pieda más de meilio afio, antes de transformarse. Du-
rante este tiemí»), su aspecto no cambia mucho; la encontramos otra
vez bastante encorvada, la parte anterior del cuerpo inflada, adelgazaih)
en su extremidad posterior; su color es amarillo-ceroso y los movimien-
tos contráctiles del cuei'po son como en la larva de antes. De un buen
níimero de larvas que han dejado las vainas de las acacias á principios
de abril, recién en noviembre he obtenido sus ninfas, siendo ya en la
segunda quincena de diciembre cuando de ellas nacieron los x>rimeros
imagos.
Diplog-ranimus quadrivittatus Oliv.
Es uno de nuestros mayores y más bonitos Criptorinquitos, que
abunda como el precedente sobre la misma planta, á la cual puede ser
bastante nocivo, pues su larva se desarrolla en el interior del tronco,
forma sus galerías hasta las raíces, donde confecciona generalmente su
cuna para pasar la nínfosis.
Huevo. — El huevo, de i">'"7 de largo jior l"""i> de ancho, es de forma
ovalada, poco alargado; su color es amarillo claro, la suijerficie lisa, poco
brillante.
L((rr((. — La larva afecta una forma muy encorvada; es blanca,
de ])iel delicada, finamente granulada, la granulación á veces fulva en
— 140 —
ciertas partes. La cabeza es bastante convexa, como un tercio más larga
que anclia, ovalar en sus contornos, atrás un ¡xico estrechada. La frente
con estrías (lél)iles, transversas, cubierta de una ,t;ranulación fina y apre-
tada: jdaca frontal lii^craiiiente im]>resa y con una hendidura jindunda
en su prolongación ántero-lateral, idéntica ¡i la de his HcíHpiis. Ante-
nas como en la es])ecie precedente; el punto oceliforme está más pronnn-
ciailo. Ejiistoma flavo, trapezoidal, poco impreso en his lados, con cuatro
sedas en la misma base. Labro avanzado y como el epistoma bas-
tante estrecho; á lo largo i)rofundamente bi-impreso, con una seda
en cada surco, y el borde anterior ciliado, trilobado. Sus piezas de la
boca son jiarecidas como en las dos larvas recién descriptas; el lóbulo
terminal maxilar es robusto, armado de sedas rígidas, planas; los
paljios labiales ahirgados. El mentón estií tiiuunente granulado en los
costados.
Protórax ijuitinoso jior encima, tiavescente: alargado en sus costados
y estrechado en el dorso por el iirimer xdiegue tergal; su terminación
lateral forma un lóbulo triangular, alargado. ]Meso y metatórax bastante
aniiostados en el dorso. Los segmentos del abdomen est;in formados ]ior
dos iiüegues transversos, paralelos, que están limitados i)or las e])niieras
en el costado y de los tergales, cuya eontinnacion forma en los lados un
])equeño pliegue interseginental. Estigmas normales, el primer par tiene
el borde de los orittcios oblongo, es mucho mayor que los dennis, los
cuales descienden paulatinamente de tamaño. El segmento terminal i)a-
recido al de las especies anteriores; la abertura anal es trífida, los
surcos están disimestos de manera (pie aparece el mamehln circular di-
vidiilo en cu;itro partes, una semicircular dorsal jior el surco trans\"erso
y tres triangulares subiguales.
Ni)i,f<i. — Es de color amarillo-pajizo; oviforme en sus contornos
laterales, con h>s segmentos terminales acunúnados. Su tegumento está
(;ubierto de una granulación ñna, apretada, algo rugosa en el abdomen.
Una línea impresa mediana corre desde el rostro por la cabeza y todo el
dorso de la ninfa, con excepción del mesotórax. Los estuches del funícu-
lo antenar son espesos, poco divergentes. El jnotórax es convexo provisto
de púas nHcroscé>picas, las cuales tienen la base blanda y terminan en
una espinita fulva. Las pterotecas son anchas, sus carenas longitudina-
les ofrecen también las piias diminutas como el i>rotora\. Los segmentos
del abdomen tienen pliegues indefinidos en los costados y sus bordes
jiosteriores vagamente carenados. El terminal lleva en su cara inferior
un surco subovalar que posee dos pequeños apéndices preanales; en cada
lado un jilieniie pronunciado que termina en una espina fulva, encorvada
por adentro.
Aparte de las púas microsc()picas, las sedas nacen al lado de una pe-
queña espina en la cual terminan los tubérculos cónicos, y se hallan dis-
Ukv. Mrsiío UK La Tlaia, t. xiv (sEit. ii. r. i)
I'l.AM HA V
nipU»^-raiiiniiis (|u:iclf¡vitl:kliiM (Ouv.
1. Huevt) (*/, tamaño natural).
2. Larva (Vi tamaño natural).
3. Cabeza de la larva (muy aumentada).
4. Partee bucales (muy aumentadas).
5. Maudíbula.
6. Ninfa, vista ventral ('/i tamaño natural).
7. Ninfa, vista lateral ('/i tamaño natui-al).
8. Imago ('/: tamaño natural).
9. a, b, c. Aparato de estridulación.
C. Bruch del.
FOTDT. Pevser
— 141 —
tribuidos : st'is püíes scibrc hi cabeza, iiu'biso el rostro; otros seis sobre
el protórax ; dos sobre el meso y metatórax respectivamente y en fila de
oclio á doce paralelas con el borde de cada se};iiiento; se encuentra tam-
bién un i>ar sobre el c<k1o de cada jiata.
I huí (JO. — El coleóptero es negro, subopaco; la cabeza fuerte y lugosa,
puntuada, la trente gnarnecida de escamas flavas, (|uc se proi>aj;an en lí-
nea divergente hasta el rostro; el (lue es moderadamente arqueado y pun-
tuado. El in'otóraxes (^orto,subcónico, adelante levemente estrangulado,
con una línea mediana longitudinal, poco elevada; está adornado de es-
camas de un lindo rojo, dispuestas de manera qne dcjaii generalmente
cinco manchas negras libres.
Élitros jiuntuados, con escamas negras, las qne existen también sol>re
el protíuax; las costillas bastante elevadas y lucientes, desvanecidas en
el ápice. Los espaci()s con dobles hileras de i)untos estriados, los ([Ue están
también liienos pronunciados en su extremidad, y de los cuales, los es-
pacios tercero y séptimo de cada élitro e.stán adornados de escamas fla-
vas. El pecho tiene escamas flavas y rojas, abdomen y patas adornadas
de flavas.
Fémures obsoleto-dentellados, tiliias (-on espina apical, el i'iltimo ar-
tejo tarsal abajo flavo-esponjoso.
Esta especie es variaV)le, en cuanto al tamafio y ornamentación;
los ejemplares miden de S á 10 milímetros, exceptuando el rostro. Las
líneas flavas de los élitros faltan á veces comjdetamente, manchas y
color rojo del tórax son también variables, razón por la cual creo, qne
el I>¡phi(ir(immuK (imoenus sea solanu^nte una variedad del D. quadri-
rittatH.i, puesto qne aqnél no ofrece otros caracteres distintivos, ínera de
las escamas amarillas, dispuestas más ú menos en líneas sobre el])rot(')rax.
La especie que nos ha ocupado fué dcscrijita i>or Olivier en 1S07 y
colocada más tarde en el género Diploíiniiiinnis por Chevrolat, qne éste
estableció iiara nna cantidad de Cri])torin(pütos, que tiene como carácter
principal : la trompa arqueada, subcilíndrica, recibida por una ranura
pectoral, limitada entre las patas medianas, y otros caracteres más, que
no consideramos necesario enumerar. Ajirovecho tan s()lo la oportunidad
]iara señalar á continuación la sinonimia de esta especie :
J>¡jil<i;ir<imtin(x (¡uudriviltutiin (Oliv.) Ciievk., Ann. Soc. Ent. Frunce,
(5) VIT, pág. lS(t, 1877.=
L'Ju/itchucints qiniiJr¡r¡ff(tfii>< OlAX., Fitf. Y, í.?, pág. 203, ISO, jil. 17,
tíg. 21.5, 1807.
Cruptorhyncliii.s qti(iflr¡i-iff<(ti(s (Oliy.) Sciióii., Gen. Curad., VIH, pág.
;i24, 1844.
Cri/ptorln/HcIiKs rt?»oc)!íí.s-EosEXcnoLD Scnóii. Gen. CureiiJ., IV, pág.
!)8, r,').
^CovJoaternnx ritiittii.s üej., Cat., .3 ed., pág. .'318.
— 142 —
Aparato de entrífluhición. — Como en la especia ¡niterior, el aparato
(leostridulat-ión úol Diplofirammus tiene sn asiento en el mismo lugar, jieni
es distinto en su estructura. Cada ólitro lleva tan s(')lo una ,sini])le lista
filosa, de '2"'"'~> de largo aproximadamente (fig. 9a); esta lista es algo
anjueada en sus extremidades, y sigue en línea oblieua desde el borde
sutural hacia el externo, pero sin tocar á ambos. El segmento abdominal
está provisto de dos plaqiiitas elipsoidales (flg. 9, b, c), colocadas más ó
menos en un ángulo de CO grados con el eje central del cuerpo. Cada una
de estas jdacas tiene 0""".'j de largo por 0"'"3 de ancho y está dividida por
18 á L'O listitas, entre cuyos espacios observamos otra vez líneas micros-
cópicas transversas, (¡uc lU'van una distancia de apenas diez micrones
entre una á otra. El sonido (pu' producen las lUphujramwnn es más
agudo y fuerte que el de las Jihy.soinatns.
Observaciones. — Los coleóx)teros se encuentran durante todo el verano
sobre SeKhania punicea. Para poner sus liuevos, la hembra agujerea con
su rostro el tronco, raras veces las ramas superiores de la planta, depo-
sita en (d agujero un huevo y cindadosauíente tai)a luego el orificio con
liartículas de la jilanta, menudamente masticadas. Para esta operaci('>n
emplea muchas veces algunas lunas, y, si bien no me había sido posible
observar con exactitvul el número de huevos que pone cada hembra,
supongo que la cantidad no debe ser grande, pues en los ovarios exami-
nados no hallé nunca más de 20 á 25 huevos. Las que obtuve el 10 de
abril del año pasado, nacieron entre el 7 y el 9 del mes siguiente; el pellejo
del huevo (pieda entoiu-es trans])arente, incoloro. La larva recién salida
es amarillo ]iáli(lo, stdo sus maiulíbulas s(ui de color castaño; su cnerjio
es ya bastante encorvado. No i)r((gresa muy rái>ido, recién á los siete ú
ocho meses observamos las primeras ninfas. Durante el i)eríodo de su
desarrollo, la larva sigue minando el interior del tronco, se dirige hacia
las raíces, y, una vez llegada al estado adulto, confecciona generalmente
en éstas un es])acio hueco, al ensanchar la terminación de su galería,
pai'a iKisar allí su i)enúltimo estado de transformación. Al desprenderse
los imagds de la iiiel de la ninfa, se (pu'dan como los HeiVipua algunos
días antes ile abandonar su cuna; su tegumento se endurece poco á
l)oco, el color de las escamas rojas es entonces mucho más subido y
vivo (pie en los indi\iduos que se hallan ya en libertad desde algfin
tiempo.
NOUVELLES EECHEECHES
Srií LA
FORMATIOX PAMPÉEME ET L IIOMME FOSSILE
DE LA RÉPUBLIQUE ARGENTINE
RECUEII, DE CONTEIBUTIONS SCIENTIFKJl-ES DE MM. C. BURl'KHARDT,
A. DOERING, .1. FRUH, H. VON IHERING, H. LEBOL'CQ, B. LEHMANS-NITSCHE, R. MARTIN,
S. ROTH, W. B. SCOTT, G. STEINMAKN ET F. ZIRKEL
rinuÉKS PAií KOKERT LEHMANN-NITSCHE
PKÉFACE
Des le joiu de inon arrivée a La Plata, eu qualité de elieftle la seetion
antlii'op()lot;¡(iue <lu Muí<ée, en 1S07, j'ai été animé par le jilns ardcnt
dúsir de visiter d'abord le.s lieux d'oíi se sont répaudues parmi le monde
scientiflque les nouvelles de la premiére apparition de l'bomme en Amé-
rique, de rcconnaitre ensiiite les terrains qiii contiennent ses vestiges,
d'y faire de nouvelles recherches, et, enfln, si possible, de ponrsiiivre,
d'accélérer on peut-étre méme de resondre le probléme si vivement dé-
battu de TAge du genre liiimain: l'existence de l'liomme tertiaire dans
TAniérique du Sud, serait-elle en effet une realité eonime le présnnient
de nombreux savants? Certes, cliaeunqui s'initie dansrétuded'une nux-
tiére nonvelle, pour lui inconnue anparavant, désire la niener a bonne
fin, terniiner avec succés la táclie qu'il s'est iiroposé et réduire tontes
les difficultés qui s'y présentent. L'importance du probléme de riiomuie
tertiaire mérite tous les efforts et sa solution, selon l'opinion des savants,
serait probable en réexaminaut avant tout et minutieusement les en-
droits d'oíi provicnnent les indiees des premieres traces de Thomme.
Cette eonjeeture pourtant ne devait pas encoré se réaliser par l'impos-
sibilité de détermiuer aujourd'liui d'une maniere absolue l'age géologi-
que des diftérentes conches de la formation pampéenne, impossibilité
imiée dans la nature méme de la matiére qui uous occupe.
Avant d'entreprendre nos études spéciales, il était indispensable com-
me cnniVitio siiie qtia ¡ion de disposer d'observations géologiques exactes,
faites siuuiltaiu'ment a\"ec des observations antliro]>ologiques, en lien et
— lii —
place, pal' des savaiits iiitc'ressés ('jíalcnieiit auxprobleiiies <lo la géologie
et (le rautliropoloyié : capacité impüssible (le recoutrer chez une seule
l)ersoniie qui réuriirait les vastes connaissances exigées par ees deux
sciences naturelles.
Nos reclierclies pratiques devaient naturellement coiiimencer par la
vériflcation de la región oíi fureut faites les premieres trouvailles des
restes luunains.
Grace a mes continuellcs instances, je parvius a organiser. en novem-
bre ISICJ, une petite expt'diti(m, dont M. le docteur Santiago Rotb, l'ex-
ploratenr bien connu de la formation pampéenne, serait le guide. Sons
sa compétente condiiite, nons visitames, mon collégue M. Cari Bnrck-
liardt et moi, tontes les localités sur la rive droite du río Paraná, depuis
Baradero jusqu'a Eosario, oii M. Eotli avait déeouvert les traces de
l'homme fossile. Deja en LSSS. líotli avait publié ses Obserntfiíms .sur
l'ógc et r<iri(/iiic (le 1(( foniiKfioii juiíiiptrioic et il eut mainteiiant l'obli-
geance de nous taire counaitre les ])rincipaux endroits sondes par lui
pendant de longues années et de nous comuumiquer ses idees en face
méme des coupes géologiques.
Au géologue M. C. Burckliardt, de Bale, incomba la tCuñie de relever
les profils de la formation pampéenne surlesípiels se base l'étude géolo-
gique contenue au commencement de la premiére partie du présent tra-
vail. ]MM. Früli, von Ilieringet Steiiniiann ont bien voulu y contribner
par l'exanien des nuttériaux (pii leur ont été remis.
M. Friili, de Zuricli, nous remet un examen macro et microscopicjue
du calcairede la formatiíui pampéenne.
M. von Ibering, de Sao Paulo, nous donne des notes sur VOnfred ar-
bórea provenant de Tala d'un banc marin intercalé dans le loess brun.
M. Steinmann, de Boiui, y fait une étude comparativo des buitres
de Tala avec celles (FEntre liíos de la collection Bravard.
La seconde moitié de la premiére partie du présent travail se comp((se
des observations fort iutt'-ressantes de M.AdolpheDoering, suila forma-
tion pampéenne de Córdoba. Lors de nion dernier sijourdans cette ville,
en juillct 1900, M. Doering eut la bienveillance de me taire counaitre
les profils géologiques que l'on pourrait encoré étudier dans les envirous
de Córdoba, et de me dicter, sur ma demande, un resume d'observations
ftiites par lui deíaiis longtemps et conservées dans un volumineux libre
denotes. Comme le dit resume nous donne des idees nouvelles sur Pori-
gine de la formation pampéenne et approfondit aussi les problémes géo-
logiípies observes dans notre cliamp d'études des provinccs de Buenos
Aires et de Santa Fe, en méme tenips qu'il nous fournit des donnés
exactes sur Fapparition de l'homme dans la formation pampéenne de
Córdoba, je n'ai pas liésité a le publier a la stiite de nos propres obser-
vations géíílogiques.
I
— 145 —
La partie antbi'opologiqne enfin m'était réservée ; elle foiiiit- l:i dcu
xieiiu' i);M-ti(' (lu ]iii'Si'iit ti'iiviiil.
^lal^it' les rúsultats antliropíiloniíjiies pcii iiiipoitaiits, le voyage doiit
iKiiis avoiis ](;nli' iious a tVmrui iiii toudement géologiqíie solide sur le-
(juel s'a)>puieiiti toutes les <'ontr()versés scientifiques qiii suivent.
En deliors de mes observatioiis relatives á uotre ex})éditióii anxquel-
Ics 'SV. Ziikel, de Leipzig, eollabore par l'aualyse inicros(;opique d'argile
brulée, je publie aussi daiis la iiartie autliropologique de ce travail les
résnltats d'nne révisidii de hi colleetion Ainegliimí, conservée actuelle-
lueiit au Musée de La Plata, aiusi (pi'nue étude sur les erftues et les
ossements Imniains fossiles, conserves aux niusées argentins; j'y relate
aussi mes dernieres investigations faites sur les ossemeuts de Fon-
tezuelas, du Musée de Copenhague.
M. Leboucq, de Gand, y contribue i>av un ehapitre sur les ossements
fossiles du i)ied et de la maiu trouvés aux bords de Tarroyo Frías (pro-
vince de Buenos Aires).
^I. ]\lartin, de Zuricli, nuus contíe pour y etre ]>ubliés ses études sur
riioiiime fossile de Baradero, l'homme américain le ]ilus ajieien que
l'on connaisse.
M. Scott, de Princeton, écrit sur uui demande partieuliére et spécia-
lement pour uotre travail une plaquette qui caractérise la faune paléon-
tologique argentine et ses migrations et nous donne des Índices sur Tap-
paritiou de l'liomme fossile dans la, formation i^ampéenne.
M. Steinmann, de Bonn, nous permet de publier son (qúnion sur les
scories de 3Ionte Hermoso.
Finalement, nous avons la satisfaction de réimprimer une lettre de
M. lioth, parue 11 y a longtemps deja, mais introuvable aujourd'liui et
presque oubliée. La réapparition de cette lettre, citée presqu'á chaqué
page de uotre ouvrage, sera la bienvenue iiour tous ceux qui suivent
les détails exposés dans les ligues qui suivent.
M. Anu'ghino entin, l'éniinent paléoutologiste, a bien voulu se mettre
a ina disposition ])endant toute la durée de mes investigations et me
fournir uiu' foule de renseigiiements relatifs a la matiere dont 11 est Ti-
nitiateur le plus méritoire dans ce pays; je me fais un devoir de lui en
inanifester ma reconuaissance.
En resume, nous devons aftirmer avoir fait tout notre possible pour
coopérer á la solution difticile de la tache que nous nous sommes imposée.
Que d'autres, utilisant nos recherches, soient ¡dus heureux dans l'étu-
de de riionime fossile américain et de ses traces emin'eintes dans la for-
mation i)anipéenne de la Kéi)ublique Argentine !
EOBERT LEHMANN-ÍÍITSCHE.
146
PAIITIK r.KOlJM.IULE
I. — LA FORMATIOX PAMPÉENNE DE BUENOS AIRES ET SANTA FE
Tak CAEL BUKCKHAIíDT
avec des coxtribftions de mm. j. fruh, h. vos luekixci et ci. steinm.vxx
IXTRODUCTION
Notre collegiic M. Santiago Eotli, qui a étudié avcc tant de succes la
forinatiou paiupéeuiie de la Eépiíblique Argentine ', a fait des découver-
tes tres iniportautes relatives aux restéis Imnniins trouvés dans le Icess
pampeen -. Seloului, des traces de riiomme fossileont ététmnvéesdans
les assises moyennes du Iiess, et conmie ees assises alternent avec des
bañes d'liuitres, rapportés par líotli a la formatiim d'EntreEíos, nons
anrionsla les preiives de l'Age tertiaire de la formation painpéenne et ce
qiii est peut-étre plns importaut encoré, nons anrions découvert les tra-
ces de l'homnie tertiaire.
II est évident qne les observations de Eotli ont excité des lenr publi-
cation le plns vif intérét et d'un autre cóté il est naturel aussi qn'elles
aient provoqué la critique. Les savants niéines, (pii ont accepté les con-
clusions de Eotli, — citons ici Kokeii '' et Valentín ' — déclarérent
qu'il íallait absolnnient réexaniiner les proftls décisifs.
C'est suvtont Tantliropologie qnia le plus grand intérét a exaniiner a
fond la qnestion de l'lionmie tertiaire pampeen. Mon collégue et ami, M.
Lelimann-Xitsche, m'a proposé dans ce but d'étudier ensemble une par-
tie de la formation pami)éenne entre Buenos Aires et Eosario de Santa Fe
et de véritier les conclusions de Eotli sous la conduite aiinable de notre
estimé collégue. Je me permets ici de remercier viveiiient notre collégue
et ami M. Santiago Eotli, (pii nons a itrocuré en (piel(pies jours une idee
' ROTH, S., Beobadüiniiini ¡ihcr Enlntrhiiii;i niid Alíer dcr I'ampasformatioii in Ji-ffca-
tinicn. ZeitscJirift dcr dctitucheu ¡leoIogiscUní (íencüscUíifl. XL, 1888, p. 375-164.
* RoTU, .S., Ceher den Schiidel ron ronlimelo (i-ichtit/er FontiznrJon). (Briefliche Mil-
thrihíng vori Santiago liothan Hcrrn J. Kollmann.) iliUhcilungcn aiis dcm anatnmischni
Institiit ini Vesalianum zn liaml. [1889]. Reimprimo a la fin de la partit^ autliropu-
logique (lu présent travail.
■^ KoKHN, E.. T)ir ]'unreU iiiidilnr Kiilirickhiiirjsge^chicliic, Lfipzij;, 1893, p. 144 ot
suivauti's.
' Vai.k.vtix, ,I., [ionqui'jo geológico drht .lr¡iciitiiia. Artículo Gca eu la tercera oilieión
del Diccionario (jcográfieo argentino de F. Lat/in'a, Buenos Aires, 1897, p. 37.
— 147 —
genérale de la formatiou pauípéeime, étiuliée par lui daus de htnguos et
laborienses campajiíics (voir ])laiiclie I).
Le préseiit tia\ail yéologiqíie se divise eu deux fliapities. Daiis le
premier, je (ilieroherai á douuer une idee genérale de la formatiou paiii-
péenue et de préparer ainsi le lecteur pour l'étude de la questiou (VA-
ge, traitée daus le seeond eliapitre. II est clair que le premier donue '
un resume uou seulenieut de nos propres observations, mais se base
surtout sur les tra\'aux importaiitsde M]M. Amegliino et líotli. Les con-
tributions quenous devons a ^DI. H. Früli, H. \oi\ lliering et (t. Stein-
mann,seront intercalées daus le texte á leurs places respectives.
Enfin nous donnerons daus l'appendice la description détaillée de
quelques proftls géologiques de la formatiou pauípéenne. Peut-étre ees
dt'tails serviront-ils un jour á entrepreudre l'étude approfoudie de cette
forniatidu.
APEKrr GÉOLOGIQUE DE LA FOKMATIOX l'AMl'KEX>'E
DANS LA KÉGION ÉTITDIÉE
11 ue peut pasétrele but de cette étude sommaire de taire l'liistorique
de tous les travaux publiés sur la formatiou pami)éenne.
Les principaux qui en traitent sont les suivants :
Amkghixo, F., La formac'um pampeanu, Pavis-Bueuos Aires, ISSl.
— ■ Excursiones ijeolúíik-as ¡i pdleoiitoh'xiicas en la provincia de Jíuen<is Aires.
Boletín lie la Aeaileniia Xacii}nal ile Ciencias tle Córdoba, VI, 1884, p. Kil —
260.
— Sinopsis ;/eoló¡iieo-paleontoló;iica . daiis Seriiindo Censo de la Hepniíliea
An/entina, t. I, cap. I, Territorio, tercera i)arte, Buenos Aires, 1898.
Bkavaud, a., Geoloi/ia de las Pampas, dans líet/istro estadístico del Estado
de Buenos Aires, 1857, 1., Territorio, estado físico del territorio. Buenos Aires,
1S58.
BUHMUISTEU, H., Description phi/siqne de la /írpnl>li(pie Ar¡ientine, t. II, Pa-
rís 1879.
Dakwix, Vu., Geolof/ical observations on South America, homAim, 1846.
DOERixc;. A., Geoloijía, entrej;a III del Informe oficial de la Comisión Científi-
ca iiiirei/ada al estado mai/or (jencral de la expedición al río Xet/ro. Buenos Ai-
res, 1881.
— Estudios sobre la proporción química //física del terreno de la Pampa.
Boletín de lo Academia Xacioual de Ciencias de Córdoba, I, 1874, p. 249-296.
— Estudltis hidroi/niisticos // ¡icrforaciones artesianas en la Uepública
— 14.S —
Ar¡ii'itiii¡(i. lliih'tiii (le la Academia yacional de Cieiicias de Córdoba, VI, 1884,
p. 259-340.
— Ajni lites »oh re la fauna de mohiseos de la Jíe2)i¡h¡iea Ar¡iciitiiia ((ininto
artículo). Buletin de la Academia Nacional de üiencia.i de Córdoba, VII, 1884,
p. 457-474.
V()X Iiikijinit, H., Conchan marinas daformai;i'io paiii¡ii una de La l'Uiln. Uc-
vista do Musen Panlisfa, I, 18í)5, p. 223-231.
• — Os mnlliiscos dos terrenos terciarios da rataijonia. Uerista do Musen
Fanlista, II, 1897, p. 217-382.
D'OilBicSY, A. Voiiatje dans VA iiiériíjiic Miriilioiíale, III, (¡ioloiiie, Piiris. 1S4:2.
KiiTli, S., Seobaclitinii/en iiber Enlslehinni iiiid Alterder ¡'aitqnisforination iii
Ar¡/eiifiiiien. Zi'itsclirit'l der deiitschen (/eolii¡/iseliiii (leseUsehaJ't , XL, 18SS, p.
375-4(i4.
— JJeher den Scliiidel ron l'ontiniclo (riclitiiier Fontiziwlos). ( Ih'ielliclie Mit-
ilieilnnij ron Santjaijo llotli an llcrrn •/. Júdtiiiann). Milllieihnifieii aiis deiii
anatomischen Insfitiit im Vesalitiiiinii :ii /.'(í.sí7 [] SS!I|.
Réiiiipviiiié ;i la tiu <lc la paitic autliiopnloniiiiif dii piéseiit travail.
Steinsiaxn, Gt., Abselniiff Siidiiinerika. Atlas der Oeidoijlc V(in Dv. H.
Beughaus, Gotlia, 1892.
Stelzner, a., Bcitraijc sur (Jeolo/iie nnd Palaeontoloijie der Ar;ienliniselieii
Jtepnblik, I, Geolo¡/Í8cher Theil, Cas.'sel und Beilin, 1885.
Valentín, J., liosqnejo ficolót/ico de la Ar¡/ciitina. Artículo Oca en la t(i<<'ra
ciliciriM (li-l Diccionario iie:'¡irii /ico ari/eiitino de P. Latziii:i, Hnciios Aires, 1897.
Malgré les eft'oits de iimiiliroiix savants, beancoiip «le questions restent
oiicore a resondre et il iie manque pas de coutroverses. Dans le second
chapitre, je táclicrai d'exposer la diversité des opinioiis ([uant a raye de
la tViniiatiou pampéenne; \Hn\v le iiiniiiciit, je veiix nieborner a direquel-
(ptes mots snrun iioint ndii iiioins discutí' ilc la f;éolo.£>ie pampéenne: le
mode de formation des assises paiiipéenues.
Nons jiotivons distinfiuer denx groupes de savants: le x>remier, repre-
senté par d'Oibifiíiy, Darwin, Doeriiijí' et a ee qn'il parait aussi par von
Iliering \ adiiict ([ue la foiiuatinn ]iaiii})(''t'iinc cst nii drin'it imiriit; le se-
cond, beancoiip plus iionibreux, s'est itroiioiicé en l'a\'eur (Tuntí (tri¡iinc
terrestre.
Entre ees derniers géolojíues, nous avoiisuu premier s(ius-,i;T(»ni)e ([tii
admet un seul principe ; ici nims inentionnerons Bravard, le partisan de
l'orijj;ine éolienne du terrain pampeen, et Burmeister ', selon lequel ce
terrain aurait été formé surtout par l'action des eaux, par des inonda-
tions et de grandes averses répétées.
Un second sous-groupe de savants a combiné pour ainsi diré les idees
' VON IHERIXG, H., Conchas mnriniis, etc (1. c), ]). 231.
' BUKMEISTER, H., Dcscyiplion, (ítc. (\. c.),i>. 208.
— 149 —
<li' ürax :ii(l ct (le üiiniicistci' : citoiis ici ^\iii(',í;1iíihi ', (pii íiiv(M|11(' ractioii
R'Uiiie (lii vt'iit, (le rciiii et des torces soiiteiraiiies (efldiidieiueiits) ; et
Rotli -. seloii l<'(|uel la ioriiialioii pami)éeiiue auiait été toiniée par l'ac-
tioii coiiihiiice (lii \cut, (le l'eaii et de la viígétation.
Ijcs observations recentes de la plupart des savants, qui se soiit occu-
]w» de la questioii. peuveiit étre iiivoqnées en faveur d'nne orioine ter-
restre de la foriiiatidii jianqx'enne. Si bien onoliserve partois des l)ancs
iiiariiis (lans le l(ess — et nous en ('■tudicrons dans le secdiid cliapitrenn
e\enii)]e bien tra|i])ant — ce sont seulenieiit des intercalations annñlien
d'nn conqilexe, dont la constitntion ¡¡étro^rapldque et le eontenupalíjon-
tologique nianifestent elaireinent l'origine terrestre.
Les lijíiies snivantes dt'uiontreront aussi qu'un seul principe n'est pas
snftisant a eette ex])lieati(in. An eiintraire, plns on <_^tiidiera en (U'tail les
diítV'rentes assises paiiqx'ennes, plus on arrivera a la conclusión (xu'elles
ont ('ti' for]n(''es de dirterentes manieres.
SantiajiO líotii a distin¿;U('' dans la Ibriiiation |iaiu])i'eniie de notre r(í-
gion d'fítudes trois assises difterentes, qu'il nonime tbrniations panqx'en-
ne inférieure, nioyenne et supérieure ''.
De ees trois divisionsnonsn'en avons pu voir que les deux su])érieu-
res ; la forniation i)anipéenne inférieure était alors invisible a cause (-le
la liaiitcnr des caux du Paraná. Du reste, il parait douteux que eette
assise intV'rieure de líotli apjtartiennc vraiiiient a la tbrniation ))ainp(''en-
ne: i! se ])ent qu'elle ait ét('' contondue avec l'argile rouge de la t'oriua-
tion guaranitiquc, coniiue l'ont (U'já sui)])osé IVIM. Steinnninn et llor-
cliert ■'.
Nous ne pouvons done accepter les trois divisions de líotL, et en tout
cas il convient de clianger les noins de ses deux assises supíh'ieures.
Je propose done de noiniucr le l(ess supérieur (on Ibrniation ](ain]i(''en-
ne sup(''rieur(') Ld'ss jaune, et le bess nioyen (ou t'oriuation i)ani]»(''enne
inoyenne) L(ess brun, t'aisant ainsi allusion a la difft'rence decouleurqui
distingue le hess de ees deux divisions.
Le kess jaune ou bess supí^rieur ra])pellebeaucoup certains liess déla
vallée du IMiin; c'est une argile plus ou moins sableuse et ealcarifere,
' A.MiífiíiiNii, F.. l'driiHiridii ¡>iim¡)i'fiiiti (1. c), P- I"'-. — A'oir aiissi Sti;i.zxer,
Itcitrüiie, ote. (1. <-••)• !'• -^''•
- Ko'rit, S., Heuhachtiiiificii. <t;.-. (l.e.),p. 44.5.
' HoTH, S., J¡ríib<ii'litinii/ni, etc. (1. c), p. 398.
' BiiRCHEiíT, A., Die .}íolliinheiifaiina iiiid (Jnx Altcr der Parana-fUtifc. BeHragc :itr
deohifíie mid I'dlaeoiitolonir ron Südamcrikii hci-ausgei/ebcn fon G. Stkinmaxn, IX, p.
10. Xeiiex .liikrl)iirh l'iir Minri-iduíjir, t-ti;., litOl.
— isn —
tres ])oi('nse et parseiiiée de petits eananx daiis toutes les directions.
La couleur est unjaiiiie vif, plus ou iiioiiis eouleur d'or ({loldacUi). Le
liBss jauíie est «fénéialement tres peu piiissant et t'oriue la premiere
conche qu'ou rencontre aii-dessons de la couvertiire d'buinus.
La oü iious avons observé le Iíjpss jaune, il ue contient ui des marnes
verdátres (conches lacustres d'Amejíhino) ni des bañes étendns de cal-
caire.
On y tronve seuleinent des concrétions calcaires nommés toactt,
éqnivalent an inot allemand Loc.sKkiiull '. Ces toncan ont nne forme
' L'idoutificatiou Jvi mot espag'nol tosca avee le mot allemand TJicxakindl, faite
liar les gcolognes et par M. Burekharilt iiiéiiie, doit son origine á l'interprétatiou
inexacte ile quelqiies passages du travail de JI. Koth qni a introduit ce mot
tosen daus la littérature géologique en créant aiusi un ternie technique sans l'in-
touter. M. Koth, dans son travail si connu BcoT)itchtunijca, etc., dit d'abord page
348 •.Ealkconcretioncn (Liisslciiollcn)... wclclie hier Toscas yenaunt wcrden. Mais a la page
386 on lit tres uettemeut : Ealhcoiicrctioiieii (Losskiiull, Toscas).,, die oft schr cigcnar-
tiíje GestaJten zetfieii itnd manchmal i/rosse Fclsstlicke bildcii. Dans le texte suivant on
trouve toujours identitié KuUcoiicrclioncii = Lossldiidl = Tosca (p. 386, 389, 397, 405
etc.). Mais le deuxienie jiassage choz Koth, page 886, explique bien qu'on nomnie
dans l'Argentine toscas non senlement les concrétions isolées nials aussi les grandes
roches calcaires mémes. II est vrai qne M. Roth ne dit pas cela sp(''cialement et
qu'il eiuploie dans le texte suivant, coninie nous l'avons di\]k mentionnc, le mot
tosca seulenient pour les concrétions isolées. ()ii coniprend que les géologues l'aient
falt aussi.
M. le proíesscur J. Früli, de Zuriili, m'a consulté personnclUnucnt quantíi la si-
gniftcation et l'eraploi de ce mot tosca etj'ai fait ii cesujet quelques déniarehes. Ce
mot ne s'emploic plus aujourd'hui dans l'espagnol classiquc et les dictionnaires de
l'Académie, de Domínguez et de Baxcia ne citent que l'adjectif daus une significa-
tiou réelle et tígurée, comnie siguifiant basto, rp-osero, rústico, sin pulimento ni labor;
tig. inculto, sin dortriiid, cdiicacióii ni rnseiinnza, á medio civilizar, palurdo, agreste,
:aJio, etc. Couimc substantif je ne le trouve employé que par des écrivaius argentins.
Villarino parle dans son Diario del reconocimiento que lúzo del Mío Xef/ro en la costa
oriental dr Paiaijouia el año de 178S, publié en 1837 daus le tome VI de la Collcction
Augi-lis, á la page 38, d'une falalse [barranca'] qui représente, dit-il, una especie de
tosca compuesta de piedrecitns, arena y poleo blanco. Zeballos dans son Estudio geológi-
co de la provincia de Buenos Aires, Anales déla .Sociedad Científica Argentina, II, 1876.
page 313, nientionne conglomerados resistentes'!! compactos rjue el vulgo conoce por toscas.
Ce mot paraít ctrc alors un mot de l'ancien espaguol éteint dans la langue actuelle
de la péuinsule et conservé dans la- Képublique Argentino. Granada dans son Diccio-
nario liiiiptatensc, Montevideo, 1890, ne le cite pas comme argentinisme.
8el(in mes reidierches ce mot signifie en general touto couche, dure ou compacte de
tcrre iiu tdut ce qui oit'ri^ quelque resistauce a hi pique ou ¡i la pelle dans les exca-
vations. On compreud alors avec notre mot tosca les concrétions isolées et les
bañes calcaires compacts ; au sud de 1.a proviuce de Buenos Aires on nonnM(^ tosca
mémc la cinu'lie géologiqne du hcss bnin, assez i'oiapacte selon la coiiiniunication
l)ersonelle de M. Koth. Dans les annonces des journaux on oiVvc souvcut en vente un
campo spéci.alemcnt bon comme étant «sin tosca».
l'i'u iiMprn'te (|iic ce mot soit eiiii)Ioyi' dans la géíilogie comnie ternie tccliniíjue
151
toiit ii fait caractévistiínu' ; elles soiit plus oii moins globuli'uses ou ova-
les, pi'ii ramiftées et en géuéia] assez petites (voir le eliclié ci-joint, tí-
gure a).
Le Itfss jauíie est liouiofiene et ue moutre aucime trace de stratitica-
tion ; nousponvoiis en conflure qn'il est un produit éolieu.
On troiive beaueoup de restes de maininiféres dans le Iwss jaune; en
Tn^ícs (If tusca {' ln grandeur iiatnifUf) : a) tosca ilu l)i?ss janiie ; b) tonca dn lit-ss bríiii.
general, ee sont les niémes formes que dans les assises inférieures, et
selon Eotli Fuñique ditterenee qul existe entre la forme mammalogiquc
du liiess jatme et celle du kess brun consiste dans le fait qne le genre
Typothcriuiii, qui jone un r<Jle considerable dans les assises inférieures,
n'existe plus dans le loess jaime.
La transition du kess jaune dans les assises sous-jacentes, que nous
avons proposé de nommer Icess brun, s'effectue de deux manieres assez
différentes.
Dans certaius endroits, comme par exemple á Eosario (voir jilus loin
leprofil IX), a Alvear (profil TU) et ¡i San Xic(diís(i)roftl Y), on observe
une transition insensible du bess jaune en Icess brun, le premier deve-
iiant en bas peu á peu plus foncé et i>lus comi)act.
Ailleurs on constate une discordance bien nette entre le loess jaune
et les assises sous-jacentes. Connne le démontrent les j)rofils VI et X,
ou voit le Iwss jaune remplir les inégalités des couclies plus anciennes
en recouvrant tantót le Icess brun (San Nicolás, proñl YI), tantót les
marnes verdátres y intercalées (Rosario, profil IX).
Cette discordance, qui annonce une erosión assez sensible avant b*
dt'liót du lícss jaune, est un argument tres favoi'able a la di\'ision ilu
lítss en deux assises différentes, división qui a été proposée i)our la pre-
miere fois i)ar M. líotb, Texploi-ateur bien mérité de la foruuition ])am-
péenne.
ponr di'sii;iier lo3 coueiV'tious c;ilc;iinís <lt; l;i formatioii pami)i5enue ; jo ilérirais sen-
k'iiieut expliqíiiT la sii;uificatii)u beaueoiip plus vaste et genérale qn'il a dans la Ré-
pnbliqne Argentiue. .Je erois (l'alUeui-s que l'uu ou l'autre des lecteurs de ees ligues
s"iutéresse peut-étre a l'origiue des termes techniqnes réeeniment adoptes. (Xotc de
M. I!. Lchmítini-Xilxchc.)
— 152 —
Le Icpss brun (loess nioyen de Eoth) est i)lus compiíct et plus foneé
que le kess jiiune. Sa couleur est un Imín clair ou ümvé (rt'hhrmni).
Le hnss l)iun est eoinine le Ifessjanue une arj;ile sableusc et ealcari-
fére, assez poreuse et parseniée de i>etits ranaux tapissés de noir et (^'á
et la de parties noiiáties inénuliéres.
Dans beaueoup d'endrdits, le líess brun ne niontie aucune stratitica-
tion. II est alors évident (jue nous avons a faire a un in'odult éolien. Ce-
pendant, on observe tres sonvent aussi des preuves incontestables de
l'action des eaux et on constate souvent une stratifioation quelriuefois
tres prononcée (voir le protil V).
La concurrence des eaux dans la fonnation (bi Itess lirun est aussi
attestée i)ar les galets de tonca intercales fpron y observe (voir le i)ro-
fll V).
Entin certains coniplexes sont formes de fragnients de bess, de niar-
nes verdátres et de toscas, irrégulierement ag^loniérés (voir le détail du
profll IV). Comme l'a deja demontre M. l'otli, une pareille aggloniéra-
tion ne jieut s'expliquer ([ne par l'action des eaux.
Les concrétions calraires (fo.sfví.y) du bess brun se distinguent tres bien
des írt.s(v(.v (bi l<Hss jaune, étant plus gréles, plus ttnes et tres raniitií'es
rappelant souvent les formes de coraux composés (voir le clicbé anté-
rieur, ttg. b).
Sonvent les toscas du bess brun sont tres nombreuses dans certains
bañes, et quelqnefois on observe tres bien comment ees concrétions se
réunissent de plus en plus ponr former des amas irrégnlierset memedes
bañes calcaires bien stratiflés, d'une extensión plus ou nioins considera-
ble (voir le détail du protil YIIT).
Le calcaire de ees baiu-s, dont nous en avons ])U observer plusieurs
assez étendiis et pnissants, notamment a San Nicolás (protil V), á Tala
et au Baradero, ressemble dans tons ses caracteres pétrograpluques au
loess brun. La couleur est exactement la méme, les petits cananx tapis-
sés de noir et les parties noirátres irreguliéres y abondent également,
enfin il est porcux conime le bess méme : ce calcaire a l'aird'étre du
loíss brun durci.
Ameghino ^ a le niérite d'avoir donné' una explication satisfaisante
<lu mode de formation des toscas et bañes calcaires de la tbrmation pam-
péenne. II admet qu'une partie a été fonuée par Tintiltration des eaux,
]»ostérieure au dépót du loess, et qu'une autre partie doit son origine á
une précipitation cbiuiique de carbonate de cbaux. Ameghino croit en-
tin ipu' les ])ancs les plus étendus de calcaire (]M. líotli -, cite par exem-
' AMEGHrxo, F., Formiición pampnnia (\. c), \i. IStí, 18ít, 190.
' RoTU, S., Beohachliiiigeii, ote. (1. c), p. 397. Riitli dit : Ei ixl mir aiifgefallen.
— 153 —
]ik' lili liMiir (Mlciiirc ([ui s'i'tfinl (U']mis Azul Jiisi|u"a l!;ilií:i r>l;nic:i, (]ui
cKiiticiit scliiii lili bcaiu-ítiii) di' ciHjuilles de l'lniiorbis i't (Taiirics iiiol-
Iiisqiios tW'íux (loiicc) se soiit toriiiL'.s au t'oud de pctits lacs.
Afín dé savoir si l'oii i)i'iit eneftet admettre une partie de ees Cíileai-
res eomnie des ealcaires d'eau doiice, semblables aiix ealeaires d'eun
<l(>uee de la molasse siiisse et á la craie lacustre, uous avons prié M. le
jn-ofesseur J. Friih, de Zuricli, de bien vt)uloiiexaiuiiier quelques éclian-
tillons de notre calcjaire.
Je me permefs de tradiüie dans les ligues suivantes la ciiiiiiniiiiiea-
tioü que M. Fiüli a bien voulu mius adresser a ee sujet:
«1. Examen macro^copiquc. — L'écliantillon de ealcaire ressemble k
preniiére vne au lu?ss, dont nous en avons gardé des fragnients en ar-
rangeant la collecition de uianmiiféres panipéens au Musée de Znrieli.
L'échantillon est biun jauniiti'e, plus ou ludiiis iKireiix, j)arseuié dans
toutes les direetions de petits tubes tapissés a rintérieur par une inasse
noirátre. 11 eontient de petites carites irrégulieros dout les ilimensions
^'arient entre 1 et 5 niillimetres et par ci par la de petits i)()ints hiisants
coiuine des grains de sable quartzeux. Vetre écliantillon se distingue
de suite par la structure poreuse de la plupart de nos ealcaires tertiai-
res d'eau douce.
« Apres le traitement a V acide clilorhydrique faihlement clmuffé, il res-
te un rénidu inxolnhlctrcs cnn.s¡dérablc. ce qui est une seconde ditíVieiiee
des ealcaires d'eau douce ile la molasse et de la ciaie lacustre.
«IL Examen iiiicr(iKC02)iquc. Analync du réxidii. — Le sable est princi-
paleinent un .sable qiiartxeu.v (surtout aprés la perte des carbonates). En-
tre les grains, on en observe beaucoup qui sont arrondiH, comnie C'cst
le cas des sables éoliens. Les grains se distinguent du sable fin des ri-
vicres, qui est généralement plus grossier, et ils sont couverts d'une
croúte de limonite, ce qui prouve que le dépot est assez ancien. Je crois
avoir vu quelques petits morceaux de verre volcanique ' entre les grains
de sable. Les feuilles de mica y xnnt ax.iez nombreiises.
«Si les éléments enumeres tbrment ¡¡our ainsi diré la masse priiieipa-
le de la ¡iréparation, ou y volt inclus les éléments caractéristiques sui-
vants: des squelettex silicieux de cellules épidermiques, tres longs, étroits,
avec des bords forniant une ligne irrégiiliére en zigzag; ony connait des
cellules silifiées de certaines gxaminées qui ont xine forme seniblable. On
rin».v man Uherall von A:iil h'iK lítihia lUniica e'nic sehr luirle Toxcmichiclit voii ilurrli-
xcknitiUch 1 m. iliichtujUeit aiitriff't ; díc brcilet sich ¡fie eiii (:ii><x iiher dic ;i(iii:c l'lni-hc
aun; linter ¡hr lieiit der gcirohnlichc Loas.
' Vdir plus Idin la communicatiou de M. Doeriug sur la í'ormatiou pamptuiine de
•Córdoba et l'origiue du la foiinatimí eu jíénóral. (II. L. X).
REV. MUSEO LA PLATA. — T. I. U
— 154 —
y remarque plTis raremeiit des (lenta de fenilles de gramiiiées, leplusson-
vent un peu «.srcv, ensuite le test á\\\\ Bhizoimüe non niarin et pioba-
blement aussi quelques jirains de polleii.
«Xütre eraie lacustre contient généralement les élénients suivauts:
aiguilles de Spongilla, des Diatomacées, des Eliizopodes, des frag-
nients de cuirasse de crustacés, iilusieurs formes d'algues unicellulaires,
des restes cbitineux de vers, de larves d'insectes, etc.
«Votre écliantillon ne me jiarait pas étre d'une í'ormation lacustre,
mais au contraire correspondre á nncformafion terrexirc 2)r¡ni(i¡re.
«Si je me permets d'exprimer mes idees sur Porigine du dit calcaire
en répoiulant á votre désir, je ne peux émettre une opinión qu'avec ton-
tea i)récautions. O'était probablement primairement du kess; en bas
existaient des cou(;hes impermeables; si apres ily avait infiltra tion de
CaCOg provenant d'en haut (par suite d'averses, d'inondations, etc.) il se
formerait un banc calcaire au-dessus des conches impei'nu'ables.
«II n'est done pas imposible que des inondatious fluviátiles aient pro-
duit des calcaires par inflltration, mais je ne crois pas qu'ils aient été
formes dans des lacs d'eau doiu^e comme ceux de la nuilasse.
«L'échantillon est primairement du loess, á ce qu'il me parait. Pres
d'Uster au Greifensee, je connais une moraine de foud pétrifiée pour
ainsi diré; I'argile de cette moraine a été peu á peu infiltrée et imbi-
bée par du carbonate de cliaux qui a ])én(''tré d'en haut. »
En nous basant sur les données énumérées ci-dessus et surtout sur la
communication de M. Früli, nous devonsadmettre que les fonc<(ií et bañes
cíilcaires du loíss brun ont été formes aprés le dépót de ce dernier i)ar
une inflltration postérieure d'eau chargée de carbonate de chaux.
Intercalées entre les couches du loess brun, s'observent, entre les tos-
c((,s- et bañes calcaires, des assises verdatres ou grisatres qui deja par
leur couleiir se détachent nettement du loess brun environnant. Oes as-
sises verdatres sont généralement peu puissantes et peu étendnes et oc-
cupent des niveaux tres dittérents, de sorte que Fon constate f récpiem-
jiient deux et quelquefois méme trois ni\'eaux dans un seul jírotíl (voir
les profils III et VIII). Si l'on examine de prés les bañes verdatres, on
remarque qu'ils sont formes jiar une marne plus ou moins argileuse, tan-
tot verdátre tantót plutót grise. Cette marne contient sou^•ent une gran-
de quantité de coquilles de mollusques (Teau doñee; c'est ainsi (|ue nous
avons observé a Pergamino un banc remi)li de ])etites coipiilles d'niie
Hyñrohia. M. Ameghino, (|ui a tres soignensement étudií' les conches
en (pu'stion, y a constaté toute une fanne de mollusques d'eau d(uu'e et
terrestres et se basant sur ees restes, qui i)u]lulent dans certains en-
droits, il est arrivé a la conclusión que les mames verdatres ont été dé-
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— 155 —
liosL'es (laii.s de petits lacs ou riiUiíU's (rt'iiii (laijunan i^t jxtiifíoiox) jwist»-
niés (laiis la iilaiiic ¡Y réiHiniie paiiiiii'i'iiiH'.
Amejiliiiio ' iiiniiiiie les dépots en questioii dcpótn Idcit.strcs et les réu-
nissant en un seul étage il propose le noni de jjwo lacmtre ou terreno
pampeano laeuxtre -.
Bien que nous soyons conipletenient d'aecord avee M. Anieshino eu
ce qui coneeine le mode de fonnation des niarnes par de petites flaques
d'can (il vaudniit iiiieiix désigner ees dépóts comniedépóts «palustres»
l)arcc (|ii(' leiir extensión gt'néralenient liinitée indicpie qu'ils ont étédé-
posés plutot dans de petits niaraiset Haquesd'eau que dans de véritables
lacs), nous ne pouvons suivre (;e savantdans laproposition de reunir les
dirtérents bañes palustres en un seul ou en deux étages. M. Roth a deja
demontre avee raison qu'une ])areille reunión de diñerentesassises, ana-
logues quant au facies inais d'áge tres diflerent, ne peut pas étre ac-
ceptée '.
Le bañe niarin, intercalé dans le Inessbrun aux environs de Tala (San
Pedro), sera examiné en détail dans le second eliapitre dn présent tra-
vail.
Dans les lignes precedentes, j'ai deja nientionné que certaius bañes
dn hess In'un, notanmicnt les niarnes verdátres, contiennent souveut
des restes de niollusques. En revanclie, les restes de mammiféres s'ob-
servent presque partout dans toutes les conches, aussi bien dans le loess
que dans les calcaires et marnes. Si l'on voulait établir une división
stratigraphique raisonnée dn Icess, il faudrait d'abord abandonner la
manvaise contunied'élever certaius bañes, uniquenient parce qu'ils of-
frent la ménu' constitution litliologique, au rang d'étages, et il faudrait
ensuite recourir aux difterences paléontologiques des assises. J'ai la
Címviction que le jour senlenu/nt oii l'on ])rocédera soigneuseuieíit á l'é-
tude de beaucoup de profils détaillés, les exaniinant conche par c<mche
et enregistrant avee soin la forme mammalogique que correspond á cha-
qué assisse, on ])ourra se permettre de creer <les subdivisions d'une va-
leur réelle ''.
l'our le nionient, on n'est jias méme en état d'indifiiu'r nettement les
ilifterences des fatmes mammalogiipics da hess brun dt^ celles du Icess
' Amixíiiixo, F., Fonimciúii paiiipeaiía (I. c), ji. 208, 207, <-fr. ¡■iinopsis geolú-
¡lico-pitlcoiitoh'xjica (I. c).
" II)., 1). 2S0 (1. <■.), 1». 123, 124, etc.
' KoTH, S., Beohachtiingcii, ete. (1. <■.),!>. +2t> ; voir aussi p. 393.
* Malht'iuH'usemeut la plujiart des mammiféres pampéens des riches eollcctious con-
servói'S ilans les miisées ue peut jias .servir de base pour établir des divisinns stra-
tigraphitjues, car généraleinent on ne counalt pas le uiveau exaet d'oii proviennent
les tbssili's.
— 15(i —
jiiuiu'. L"niii(iuf critériuiu iiour distin.LíUcr ees deux éta.ne.s, par rapport
nux maiiiiiiift'rí's, est, selon líotli, h' fait que le gcnre Tiipothcrium, as-
sez répaudu dans les as.sises iiiterieures de la formatiou pampéenne,
n'existe phxs dans le loess jaime.
II
LA CJUEÜTIÜN D'AGE DE LA FOKMATION PAMPÉENNE ET DES RESTES
DE L'IIOMME FOSSILE Y TROUVÉS
Sons avoiis deja vu que la diveisité des opiuions est grande (puint á
l'origine de la formatiou pampéenne.
Cejiendant la disciission de ITige de c-ette torniation a jíent-étre étó
l>lus agitée encoré.
(¿uclipies savants, notamment Burmeister ' et Steinmann ", rangent
la t'orniation pampéenne dans le quateruaire (pleistoeene); d'autres, an
contraire, — mentioiinons Cojie ^ et Aiiiegliiiio *, — ont la conviction que
ce.tte íbrmation est a i)lacer dans le plioeene. Uoering ^ et Ihering '' ont
aibnis que la íbrmation pampéenne est en partie plioeéne, en i)artie di-
luvienne; ils ont iJour ainsi diré combiné les idees o])posées de Burmeis-
ter, Steinmann et Amegliino.
Santiago lícitii enñn est arrivé a. la conclusión (pie la formatiou pam-
péenne représente des étages tres difterents dcinus l'éocéue jusqu'an
qnaternaire. líotli se pi'ononce comme suit sur cette (piestion ' : « S'il
est ditücile que nous arrivions un jour á distinguer les dittérentes pério-
des du tertiaire européen dans la formation pampéenne, nons i)ouvons
ce]iendant admettre que les conches de cette formation représentent
toute la serie dejmis l'alluvium jusqu'á l'éocéue. La formatiím d'Entre
Eíos ressenüjle certainement le plus au miocéne *. II parait done que la
' BuiíMElSTEl!, H., Dencripiiun, etc. (1. c), \>. 24.
' Stkixmann, 6., Atlas, etc. (1. c), p. 7.
' Coi'E, E. D., BiMctin »/' Ihc Vnilcd Slutcs ijeoloijiad Siirrei/.X, 1S7ÍI, p. 48.
' Ameghixo, V., Formación pampeana (1. c), p. 344.
■'' DoEülsCi, A., Informe, etc. (1. c), p. 42!l.
'' VDX lUEUIXi;, H., <)x mollnneoii, t'tc. (1. c), p. 34li.
' RoTH, S., Beohaihtniíijen. etc. (1. c), p. 4ri7.
* Récemment MM. Steiuiuiíiiu ct Borulifrt (1. o.) ont diMiiontri' (pu' la f'nniiatioii
d'Entre Ríos (ou l'étage <lu Paraná) est plus iiiixUrne, d'ane iiliocene. A. Smith
Wooilwaril est arrivó íi la nienie conclusión (On somr Fishremitinx from the Paraná
Formation. Arijentine fíepnlilic. The Annah and ilaiiazinc uf Xatnral Histori/, Series
VII, vol. VI, lüllO, p. 1-7).
i
— 157 —
forniation painpéciiue inoyenne (ioiTespond au iiiiocí'iu', ct la f'ormatioii
jiainiK'Oimp iiifóriouio ((|iii est tldutcusti coiiuiie iioiis Favoiis diMiioii-
trt- ci-dcssiis) a l'éoceiu', taiidis que la foniiation i)aiiiiit''ciiiK' supé-
i'it'uif, (lili i)asse en liaut daiis la couclu; d'liniims, représente ])roba-
blenient le (juaternaire et le pliocene».
(Jes conelusious de liotli se basent sur denx t'aits difterents. JJ'une
])art il croit avoir observé dans les environs de Paraná que la fonnation
d'EntreRíos (ou de Paraná) s'intercale entre la forniation pampéenne in-
férieure et le kess supérienr, ce qui prouverait, sclou Kotli, que les cou-
eliesd'Entre Kícis eorrespondent a laforniation paiiipéenne nioyenne. Cet-
te partie du Icess aurait done- le inéme age que la formation tertiaire
d'Entre llíos.
Nous n'avous pas pu étudier les prottls qui ont auiené notre colléj^ue
íi ees conclusions, de sorte quenous ne pouvons pas nous permettre d'en
juger les bases réelles. Cependant il est bon de faire observer avec MM.
Steinmann et Boreliert ' que líoth a probablement eonfondu les arjíiles
roujj;es du f;uanmitique avec du lo?ss en créant sa « fonnation ])anipéen-
ne inférieure >>, qui serait dans ce cas un simple synonyme de la «for-
mation í^uaranitique».
L'opinion de líoth se base en outre sur l'existenee d'iui banc marin
au milieu du loess brun (ou formation pampéenne moyeune de Roth),
qui s'observe entre San Nicolás et le Baradero, aux environs de Tala
(San Pedro). ííous reproduisons dans les ligues suivantes les idees de
líoth ■ sur ee sujet :
« Dans les environs de San Pedro se trouve un baní; d'liuitres dont
les coquilles se retrouvent fréquemment dans le <lé])ót marin d'Entre
llíos. 11 y a plusieurs aunées — alors queje ne connaissais pas encoré la
región d'Entre Ríos — j'ai apporté quelques unes de ees coquilles á M.
Burmeister, qui me dit que c'était une huitre des conches tertiaires
d'Entre Ríos.
«Je ne comíais aucuu íait qui nous oblige á admettre que la forma-
tion d'Entre Ríos soit plus ancienne que les coliches inférieures de la for-
mation pampéenne; en revanc-he, J'ai desi)reuves que la formation d'En-
treRíos a été déposée au méme temps que la formation pampéenne nio-
yenne. Comment le banc d'huitres mentioiuié, que s'intercale prés de
San Pedro dans la formation pampéenne moyenne, aurait-t-il pu se for-
mer sinon prés durivage dubassin marin d'Entre Riosf 11 s'agit iei d'nn
giand banc d'huitres, intercalé dans la formation pampéenne moyenne,
de l'existenee duquel tout le monde peut se persuader. »
Notre iirinci]>ale tache était d'étudier soigneusement les profils de
' líoiiCiiiCRT, A., fJie Molliiikcit/niiiia, etc. (1. c.), p. 10.
^ RoTii, S., Bcob(í<Miiiigeii, etc. (1. c.), ii. 420, 4.").5.
— 158
Profll I.
Sau Pedro (Tala) et tlu Baradcio. Dans ccttc ('tude il y avait siutcmt
trois qnestions a resondre :
a) Le bañe d'liuitres de Tala est-i] vraiiiK'iit inteicalé entre les e()n-
ches dn 1<bss brnn (fonujition i)anii)éenne nioyenne de liotli) ?
h) Qnel est le rajijiort entre ee bañe (riniitres et le üisenient sitné
vis-a-vis, an líincón dn Baradero, oü M. liotli a tronvé le squelette hn-
niain dans la tbrniation panqiéenne nioyenne í
c) Qnel est Táge dn bañe niarin de Tala "?
Ponr resondre ees qnestions, nons étndierons soijjnensenient d'abord
le jtrotil de Tala (Sau Pedro) et ensuite celni dn Baradero (voir le profil
suivant).
llillCÚIÍ
(1i-l r.aiaiUio
ESE
líío ÁMecifoa
Sffdopré» S Roth)
Rio Tala
D/stance raccourc/e
Est:in(ia EjipcllA
ilimiiiiiHniiis WNW
'4
I'- ' •! T>(i.s^ jauuo.
(mnil Caliaire.
ly.^^^l Lii'sü bruu avec tíos veines calcaires.
'^-•'■•"•'•■••i Lifss Viiuii.
------ Mames verilAtres.
S8S Banc marin (bauc (Vliiütres).
* Ostrea arbórea Cli.
•^ Hüiume fossile trouví'' nar S. Roth.
l'rulil-I. — lia,iaiU'i-ii-Tiil:i. ÉiUclIe des hauteuvs = 1 : 200
La dépression occnpée par les ríos Tala et Arreeifes est limitée á l'est
et á l'onest par des barrancas ; si nons étndions d'abord eelle de l'onest,
pres de l'estaneia Eppens, nons eonstatons de bas en liant la serie sni-
vante (voir la partie droite dn protil 1); les nnniéros des eom-lies dans
la ti.n'nre eorresi)ondent avee les nnniéros de conclies einployés dans le
texte.
Tala (cxtaiicia Eppens) ' :
1. Liess brnn typiqne, assez obseur, porenx, ]iarseiué de jiarties noi-
rátres.
2. Marnes verdátres inélées avec d)i Icess et eontenant en bas des
f'ra.iiinents ealeaires (]inissanee envirim (>'"(>•)).
3. Sable et bess brnn renipli de noiiibrenses eoípiilles (VOxtira arbó-
rea Cli. * (pii fbrnient nn véritable banc d'linitres (pnissance 1 nietre).
4. Ltess brnn, assez clair (pnissance environ 1 niétre).
' Vdir plus Idiii (p. ICO) los notes sur l'OsIrrn orhiiiTíi. eoiuuiuuiquéo» pur M. II.
von Iheiiiii;.
— 159 —
5. Luíss hrmí, parsemé de veincs calcinrcs qui se léunissent en liiiiit
pour formei' le bañe enU-aire numero (! (]missanee environ 1 nií-tre).
G. Caleaire tVirinant un bañe jicu puissant.
Aprés Fétude du jirotíl de Tala, nous ponvons deja donnerune réponse
51 la prendere des questious posees. Zn'^ous avous vu en eft'et que le banc
d'huitres est intercalé entre íes assines du loenn bruu.
En revanclie, lii seconde question ne pent se resondre que si nous
allons entrein'endrel'étude détaillée de la harranc» située vis-a-vis deTala,
jiu líineón du liaradero, prés d'une {¡'uérite dn Fenoearril de Hueiios
Aires yEosario au nord de la liíiiie du <'lieiiHn de í'er (voirla partie i;au-
elie du profil).
ííous y observons de bas en liaut les eoutdies suivantes :
Kincón tlcl l!iir(«ltr<) :
4'' L(ess brun typiíjue, assez obsenr, parsenu' de veines noiri'dres.
O'est dans cette coiu'lie ([ue llotli a trouvé le squelette lumiain conservé
au JIusée de Zurielí et étudié par 'SI. le professeur Martin (\oir la eom-
numieation de M. Martin ei-dessons).
5'' En liaut, le Icess brun est parsemé de veines calcaires qui se réu-
nissent pour former
6"- Un banc caleaire peu puissant (puissance de i"", 5'^ et C environ
1 niétre).
7. Plus iii l'est, le caleaire est eouvert d'une conche de loess jaune ty-
piqíu' (puissance environ 50 centimétres).
Notons enttn que M. Eoth a observé un i)eu plus á l'ouest, vers le
río Arrecifes, un banc de sable qui contient des dents et des fragiuents
d'ossenients de maninúféres et de poissons analogues á ceux qu'on tron^
ve á Entre Eíos ^
Ce banc tres intéressaut était mallieureusenient eouvert de végéta-
tion lors de notre visite ; selon Rotli, il est un jieu plus bas que le Icess
brun avec le sqvielette Inunain (voir la couclie 3* du proftl I).
Le lecteur conviendra que imuis constatons an líiucón exactement la
méme serie qu'á Tala. Seulenu'ut ici les conches plus profondes ne sont
pas mises au jour, de sorte <iue nous ne pouvons ]ias observer la conti-
luiation dn banc dliuitres de Tala. Cependant les diüerentes assises de
la serie supérieure corres])ondent si nettemeut, se trouvant exactement
au méme niveau, que je crois pouvoir conclure saus hésitation que le
Icess brun (conche 4'') du Eincóu du Baradero avec les ossements liumains
' RoTH, S., IkohachtnHíjcn, etc. (1. c), p. 121.
— 160 —
se trouvo daus le Jiiéiiie niveim que le luess briui (couelie -í) de Tala,
qui surmonte directemeut le bauc marin avec les liuitres. Ue la ressort
que l'homme fossile dii Baradero a plus ou moins le méme age que le banc
d'huitres de Tala (voir le profil 1).
Jus(in'iei nous avons pu confirnier ])leiiieiiient les vues de Roth; eoinme
luí uons avons constaté qne le banc maiin de Tala est intercalé entre les
coiiclies du loess brun (Icess moyen) et comnie lui aussi nous somuies con-
vaincu qne lesquelette huniain doit étre isoclirone avec le banc d'hnitres ^
Si ce bauc d'huitres devait étre rapporté á la tbrmatiou d-Entre lííos,
alors Rotli aurait raison : une grande partie de la foruiation pampéenne
serait tertiaire et l'homme fossile du Baradero représenterait l'homme
teitiaire si ardemment cherché!
II nous reste toujours, a resondre un point principal: l'áge du banc
marin de Tala. Ce banc nous a fourni un grande quantité d'hnitres, mais
malhenrensement pas d'autres fossiles. En vne de Timportaiu-e extra-
ordiuaire des questious, dont la solution dépeud de la détermination
exactfe des buitres nous avons cru devoir décliner la responsabilité d'une
détermination paléontologique et nous avons prié MM. H. ven Ihering"
et G. Steinmann de bien vouloir les examiner.
Je suis heureux de jtouvoir i)résenter dans les ligues suivantes l'opi-
nion de ees deux savants si compétents dans la matiére qui nos occupe
et je me i>ermets de donner ci-dessous la traduction de leurs Communi-
cations.
M. ven Ihering écrit: «L'huitre est une variété un peu petite de
VOstrea arbórea Gh., qm est commune sur toute la cote brésilienne. II
est curieux qne dans le déi)ót marin de la forniation pampéenne cette
buitre se trouve seule, tandis que dans les gisements plus mudernes on
y trouve OntreU' pioelchana d'Orb., indiquant un changement alliivial qui
a caúsela migration d'espéces patagímiennes vers le nord...
« L'O.s'írm j(>»('/(7í((í/« tyi)ique est plus arrondie en avant et possede
des bords crénelés au voisinage du ligament...
« Les buitres n'out absolument rien a taire avec les dépóts du Pa-
raná; ... ees coquilles modernes sont ou bien du pliocéne supérieur ou
bien du pleistocéne interienr. »
Bnfln dans une autre lettre, réponse á de nouvelles questions de ma.
liart, M. von Theriiig a en la bonté de s'exprimer conime snit :
« LeH hultriK pamin'ciincK n'ont ccrtes iibxohtmcnt ríen a /aire avec celles
dtí Paraná... Les couchcx iiiariiics de la Pampa avec les Imltres doiventétre
rawjées dans le pleistoeatc ou bien dans le pliocéne supérieur. Cette derniére
supi)osition me parait plus vraisemblable » -.
' Roth, S., Uber den Schüdel von Pontimelo, etc. (1. c), p. 11.
' Dans une <le ses tlcrnieres publicatiotis (Historia de las ostras argentinas. Anales
— 161 —
M. Stciiiiiiaini, (jn! a cu rdccasioii (roxamiiuM' la riclie et célebre eol-
lection de tVissiles (rEiitre lííos <iai appartieut au Mu.sée Xational de Biie-
uos Aires et qui a étó réuuie par Bravard^ a en la bonté de comparer
nos Imitres avec cette collectidn. M. Steiimiaiin nons écrit á cet é<j;ard:
« J'ai comparé ees Imitres avec les ricbes inatériaux de la collectioii
Bravard.
« Les mtmcíi foniieií n'e.riiitcni pus dam la formution d'Entre Ríos ; dans
cette formatioii, oii trouve senleineiit une es])éce voisiiie (pii doit étre
refi'ardée coiniue antécesseur de votre liuitre et de VOntrcapudchana
d'Orb. vivante '.
« La roclie de vos buitres est aussi distincite des rocbes de la foi'nia-
tion d'Entre Ríos, étant íbrniée en plus {irande partie par du Icess pam-
peen et de la tonca. Elle a tout a fait le caractére des bañes coqnilliers
du quaternaire moderne {Jungquartar), comme j'en ai vu aiix environs
de Montevideo.
« L'age extrémement moderne des Imitres ressort aussi du lait que
les coulenrs s(tus forme de tacbes bienes sont encoré souvent bien con-
servées ».
ííous voyons que MM. von Iberiny et Steinmann sont d'accord sur
plnsieiu'S points capitanx. lis déclarent que les buitres de Tala ne sont
])as identiques avec les formes du tertiaire d'Entre Ríos. Ces deux savants
arrivent aussi au résultat qne ces Imitres s<mt relativement modernes,
probablement qnaternaires, et qu'elles sont intimement liées ou mcnie
identiques avec des formes vivantes.
del Musco Xncional de Iluciios Aires. VII, 1902, p. 109-128) M. von Iheriug fítiulic les
buitres du pampeen supérieiir de Tolosa et ilu postpampéen de Las Talas (deux lo-
calités aux environs de la ville de La Plata) et s'oecupe de nouveau de nos liultres
de Tala. Voila ce qu'il dit h la fin de son travail (p. 120 et suivantes) :
« Le résultat principal de ces études est que dans le pampeen se trouve l'O. arbó-
rea qui ne vit plus aujourd'hui dans les mers argentlnes, mais qui est actuellement
l'huttre la plus eonimune du Brésil et des Antilles. Dan» les coucbes postpamp(?en-
ues nous tniuvons l'O. piiclchana qui mani|ne complétement dans les conches pauí-
péennes. Les buitres recueillies i>ar le docteur C. Biirckliardt á Tala pres de San
Pedro, du pampeen intermédiaire, appartiennent aussi á l'O. arbórea.
« II est d'intérét d'ajouter une revuo complete des espéces observées jnsqu'áiiré-
sent d.ans les coucbes mentiouníes.
« II en resulte que daus le postpampéen disparalt l'O. arbórea étant remplacé par
l'O. puelchana que s'étend de la Patagonie jusqu'au Kio de la Plata et Rio Grande
du 8ud ».
Au lieu des mots « du [lanipéen intermédiaire», imprimes en cnrsive, le texte
original dit évidemment par crreur: « aussi du pampeen supérieur ». Je protíte de
l'occasion pour reetifier cette errenr. (Xote de il. R. Lehmann-Xitsche).
' Remarquons cependaut que récemment M. Borcbert (1. c, p. 20 et 21) a rénni
l'bultre du Paraná avec VOstrca puelchana.
— 1()2 —
Nmis basaut sur ees donuées, nous iicponvons acceptcr les idees de
liotli que le bauc inarin eoiresixmde á la fuiniation (rKutie l!u)s et que,
par eonséqueut, uiu' partie du l(ess et riiouiiue fossile du Baradei'o
soieut tertiaires.
Iv'ous devons admettre au coiitraire que le banc cst rchitivcnirut wo-
(lenu'f tres probahlcment quaternaire, et par stiife que Vliomme fosaile du
Baradero cst jn'ohablcmenf hi¡ anssi diliiricii.
Tiofil II.
Outre le squelette du Baradero, ou a déeouvert encoré d'autres traees
de riiounue daus notre régiou d'études. M. Kotli surtout a eonstaté daiis
leloess des fragments rouges de grandeur diftereute, qm puniiíisent étre
de l'argile brúlée (voir plus loiu la communicatiou de M. Zirkel). Oes
argiles rouges attesteraient la ])résen(;e de riiouiuio pendant le dépót des
parties de la forniation panq)éeiiiie dans lesquelles elles sont iiicluses.
Un nouvel examen géologique des argiles en question avait a resondre
priucii)aleiiient deux qnestions: d'abord, il a fallu eonstaterque les argiles
rouges se tronvent daiis un gisement prinuiire, étant isoelirones avec les
assises pampéeimes euvironnantes; ensuite, il était de notre táclie de
fixer aussi exactement que possible l'Age géologique des argiles rouges.
Le gisement le plus ajjparent á l'étude de la jiremiere (piestion est
saus doute le protll de l'arroyo líanmllo (voir protil II).
L'endroit se trouve sur la r¡\e gauebe du liauíallo, immédiatement au
E
La'ss brun wtiatifií.'.
"IIIM Cakaire.
'^*— Maruea verdiitres.
'IWv' Tosca dii la'ss bruu.
" '_■ Fragments iVargile rouge.
Troül II. — Al-rovo líuiiiuUo. Éi-lic-Ue ilcs haiUfurs
I : 20U
nord-est du ])ont du eliemin de fer Buenos Aires y líosario (voir aussi
la carte plancbe I).
Comme le demontre le ]>rotil Jl, nous observons la, environ einq me-
tres au-dessus du ruisseau qui aflleure, la serie suivante:
1. Un bañe ealcaire, ¡niissant (Fenviron 1 nietre.
2. ITne interruption d'environ li uietres séjjare le eah^airede
;5. Marnt's ar(jik'u,scn ccrdátrcs ou ¡ji-inen, contenant des fraijincnts de
plantes^ des restes charbonneux etunefoule de fragments d' argüe rouge, gc-
néralement d'nn diamctre de 5 á 15 miUmétres environ. La couelie .'5 a une
puissanee d'en\-ir()n .'!(• eentimi'tres ; elle est surmoutée de
— 1()3 —
4. L(tss biun typique, taiblcinciit stnitifié, contenant beauconp do
fo.scKs, (le 2 metres enviroii: im pcii \ún» ii l'i'.st atticure
5. Un secoiul banc calcaiic.
Sur la rivo droito du Eamallo, vis-a-vis de iintre jnotil, M. Kotli a
trouvt' i)i']idaiit iiotrc séjom' en cet Piidroit, daiis un banc calcaiie qui
corresiMiiid ñ la courlit' 1 (hi ]ii(itil II, des restes de:
Tdtun'Ki ¡iniiidin A>!K(;hin<) (iiue [ilaiiuc de ciiiíasse) .
EqiniK .-.7)./ (une inoliiive iiit'éiicnic) .
rour nolis, la ('(mclie .'! du ])r<)til décrit est la ]ilus iiniiortante; c'est
la qu'on tniuNC d"inniiiid)rables frajiíuents d'aryile roune. En creusant
dans les mames, «n est snrpris á chaqué instant par un tiajiínent rouge
qui .se détaclie bien de la roche verdatre environnante, dans laquelle il
est enfermé. II ne peut y aroir aucundoute que les fragmentn íVurgüe rou-
f/e noieiit isochroiies ((rcc Icx ni((rneií rcrdátirs.
Au Saladillo prés de líosario se trouvent éi;alement des f'ragnients
d'argile rouge dans la tbrmation ](amiȎenne; malheureusement cet af-
fleurement est beaucou]) moius clair que celui des bords dn Eamallo. II
m'est impossible d'indiciuer si les assises de hess, qui contiennent l'ar-
gile rouge, appartiennent (b-ja au hess supérieur 011 jilutot aukessbrun.
liotli a trouvé et déterndné les restes suivants qui provienuent du
Icess supérieur du Saladillo :
Toxodoii Hiinneistcri Giebkl (tiajíiiicnt de iiiñclioire),
PahteoJaiua WeddelH P. Gekvais (t'iai;'inent de cráiie).
Entdtitx Sciiiiiiii P. Gervais (parties de cuirasse).
La troisiénie localité, oü iious avons pu oltserver de Targile louge, .se
trouve a Alvcar, au bords d'un ruisseau et tres prés du rivage du Pa-
raná (voir carte planche I).
Le protil III (voir le cliché suivant) et les vues photographiques de riofiíiir.
la planche III montrent de bas en hant les conches suivantes (dans le
cliché et la ]>]anche III, cliaqne assise jiorte le méme numero (jue <lans
letexte de la descri])tion qui suit):
1, Au bord méme du ruisseau, aftleure une assise verdatre: c'est une
marne pliisou nioiiis sableuse, j)uissante d'environ 50 centimétres.
2 et ."?. Ltess brnu, typique snrtout dans les ¡¡arties supérieures, brun
clair (rehhratdi), parsemé de petits tubes et de parties noirátres irré-
guliéres (kcIi irnrze Flaneni); t'iúh\ement stratitié snrtout en bas; ]>uis-
sance des conches 2 et .'!, eiiviron ."> metres.
— Ití4 —
4. Un haiK! pen puissaut (ruñe niainc verdatre. A sa base s'effectue
ime transition insensible en lu^ss brun.
5. Immédiatenient au-dessus déla conche 4, «'obsérvele bancd'axgile
rouge, puissant de 30 centiniétres et ofl'rantun diametre actuelde 3 mé-
tres environ '.
(>. L'argile rouge est superposée par le niéme kess brun typique (pío
nonsavons dííjá observé á sa base (coucbes 2 et 3). Seulement ici il con-
tieut une quantité cousid(!'rable de toscas tres raniifií^'es ; puissauce en-
viron G métres.
7. Directement au-dessous de la couverture d'hunins, on observe un
Icpss brun jaunátre, tres poreux, représentant des conches de transition
du Ice.ss brun en 1(bss jaune.
■ i- '■'.
■■■.*.];>:■.
E
msmém
r.' ■ ■■ •:■•.;■• •4:.iiaat^ • ■■:
:$,%'i'$l<B^i :
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mmmM^i^
W^m'!Mü
EÜZ3
Transition ñu livss jauuü au
ktss brun.
I;-'-'-'! Lress brun éolien.
1: : . . 1 Litss brun stratifié.
■=-"— Marnes verdátrea.
/ 1 \ ^ Tosca .
****** Ar-jilií rouge.
ftrrojfo -» Rio PoTonó
Proñl III. — Alvear. ÉrbcIIo iles hauteur.s = 1 : 200
Un peu piusa l'est de notre proül décrit, iious avons observé dans le
loess brun (conches 2 et 3 du ]U'ofil III) les niaininiféres suivants, deter-
mines par Eoth :
rnhiaiJiima WetltleUi P. Geiívais ? (iiK^tacarpc) ■
Caruicits hraclii/ccnis Gerv. vt Amecíiiino? (iiiñclioiri').
Doeiliciinis vldñcaudatus Owen? (pliKpies ct luétataise).
(!h/¡)f<><loii sp. (plai|ii('s <!(> onivassc).
En visitautle profil d'Alvear, nous étions absolument convaincus que
' Selon Roth, le banc (l'argile rouge était beaucoup plus (^tendu il y a quelinics aii-
ii(5es ; une grande partió en a 6t6 (Wtrnite par 1'(5tosíoii.
I ?
— 165 —
I;i coiu-lic (l'argile rouge était isoclirone avec le lajss lnuii ciicaissiint.
Aussi, en étudiant uotre i)rofil et surtoiit les lignres de la ])lancli(' 111,
lelecteiir conviendia que le baiic (l'argile a bien l'aird'etrc intercalé pri-
mairemeiit entre les assises dii loess.
Ce]i(>ndant je crois devoir renianiner ici (jn'on ixinrrait i)ent-éti'e fairo
des objections et aduiettre (jne Fargile rouge d'Alvearfútpostérienre aii
dépót de la formation pampéenne. De toute nianiére, quoiqu'il en soit,
nos observations de Eamallo sont absolunient bors de doutes ; la, il est
certain que les fraginents de l'argile rouge sont isochrones avec le lo-ss
brun.
II resulte des t'aits (■(Himiuni(inés <'i-dessus que Targile rouge de lía.-
mallo et probablement aussi eelledu íSaladillo et d'Alvear, estinterealée
entre les baños du loess bnxn, étant aussi — au moins dans le prolil dn
Kaniallo — isoehrone avec cettepartie de la formation panq)éeune.
En construisant le proíil de la región d'études (voir plancbe II), ou
remarque que les argües rouges occupent apeuprés le nienie niveau(|ue
le squelette du Baradero. Les eonclusions auxquelles nous sommes ai li vé
en étudiant le gisement des restes liuinains du líaradero, sont done;
valal)Ies aussi ¡¡ourles traces de l'liomiue fossile (jui nous sont ])ai\enues
sous forme do í'ragments d'argile rouge. Ccn nnjilcs xoiit (hmv prohahU-
ment tuixsi d'úgc qitatcrnaíre.
Avant de terminer cecbapitre, je sensle de\dir (ratÍiiMier(|ue les eon-
clusions, auxquelles nous somiues arrivés entraitant la questiondifíicile
de l'áge de la formation pampéenne et des traces de l'liomme fossile y
tronvées, ne mi' ])araisscnt pas tont á fait inalterables. 8i unjouron
réussissait a tron\er dans la formation ijamiiéenne des fossiles nnirins
plus caractéristiques (ine des buitres, nos résultats ponrraient étre mo-
diflés. Peut-étre méme attribuera-t-on alors un Age plus reculé á l'liom-
me fossile de la formation pami)éenne que nous u'osons le faire mainte-
nant en nousbasant sur les études paléontologiques deAOI. von Ibering
et Steiniuann.
lee
APPEisDICE
QUELQUES PEOFILfe! DETAILLES DE LA FORMATIü:^ PAMPÉENME
DE NOTRB REGIÓN D'ÉTUDES
NoTis ne reprodnissons pas ici les protils (létaillés de Tala-Bnradero,
Kamallo et Alvear qiii ont déjá été décrits daiis le chapitre précédeut
(voir les proñls I, II et III).
Les profils détaillés qui siiiveiit provienuent en partie des enviroiis
imm<''diats de la petite villede San Xieolás, al'angle nord déla province
de Buenos Aires, en partie ilsont été leves dans la ville de Rosario de
Santa Fe (voir planche I).
A. — Profils des enrirons de S((ii XicoJás
PioHi IV. Le prottl IV s'observe dans un petit ravin á la. coiitinuation oriéntale
directe de la rué Xaeión.
•. 1.
mmm
N
•1 12
10
9
Détail plu.s .111 suil
^55) — -isssh-
I
EXTLICATION UU DKTAIL
es? La'ss bruii.
— --" Maraes verdátes.
%> Calcaires.
EXPLICATION Dr PROFIL
Rvo "Paraná -«-
Protil IV.
1* • I Lív'ss jaune.
L. ■ -■ :l I.íi'ss l)i'un éolieu.
¥.\''.-.\ Jai'Sü ln'uii stratitié.
- - - Mariie.s verdiitre.s.
<nilií ' 'alcaire.
a í í Tonca dn lit'ss .jaune.
\\'t\i\ Tosca (lu bess ln'uu.
San Nicolás (nn' Nación) Éclirllc dos liautcurs = 1 ; 200
Ce ravin traverse toute la barranca depuis le niveau de la ville de
San Nicolás jusqu'aux bords du río Paraná, oftrant ainsi une occasion
tres favorable á l'étude des assises de la Ibruiation i)aiupéenné.
De basen liaut on constate:
1. Liess brun, couleur chocolat, jiarsciiié de lascas qui rai)]icllent la
forme des coraux; 2 métres.
'2. Des c'oncrétions calcaires, foiiiiant un baiic dans le lo'ss numero .'5;
(]uel((iies cciitimetres.
1(57
3. Lcess bi'iin tyi)iqin', assez coinpact, coiiteuaiit bcaucoii]) de loxaos
Jireles et raiuiliées; 2 metí es.
4-. Des inasses calcaires isolées tbrmaiit mi baiic <le (luelí^ues centi-
métres.
5. Loess bniii assez obscur, eonleiir chocolat, eonteiiaiit des parties
noirátres iiTégiiliéres, bien stratitié ; 50 centimetres.
G. Mames verdátres, soiivent noires á la snrface et géiiéralement
y-rniaeleuses {knollig), peu pnissantes.
7. Lcess brnii éoHeii ; 1 iiietre.
8. Un baiic calcaire, puissaiit de ol) (ientimetres, qui teriniíie aii iiord
et a 11 sud dii ravin.
9. Loess biuii avee des inasses calcaires isolées; 50 ceutimétres.
r .'.I I.u'SK Jaime.
I * '.í Ti-ansitinu <lu la-ss jauue en
hess bruu.
I.l-- J Ltuss brun éolieii.
l'"-"n'l L<T?ss bruu stratifié.
"."-". Marues verdátres.
ITMin Cálcate.
ffi> as Galets de tosca.
o D ■ 'I'osca dii biess janne.
í"!'!'! jfoscfi ilu Itess bruu.
Piolil V. — San Xioolás (nie Constitución au nnnl ile. la ville)
Éclielle des luiutoius = 1 : 200
10. Des inasses irrégulieres de calcaire, assez grandes, intercalées
daiis le l(ess biiin ; environ 50 ceiitiinétres.
11. Lcess l)riiii un peu plus conipact que la coucbe 12, faiblement stra-
titié; 1 iiiétre.
12. Lo-ss jaune typique contenant des toscas arrondies, couvert en
liaut ])ar une minee couelie <riiumus ; 1 métre.
Le l(ess numero 1 s'observe en bas jusqu'au iiiveau d'une ¡¡etite'
cluiumiére située, lors ile notre visite, á 50 centimetres au-dessus du
río Paiaiiá.
Le détail ]ilus au sud (voir le x»rofil IV) a deja été expliqué ci-dessus
(page 152).
En sortant de ¡a ville, on trouve a gauclie de la rué Constituciiñi un
attleuvemeiit tiés remarquable des cduclies jiampéennes (protil Y).
Le protil est eiitaiiK' ]iar un petit ruisseau. Xous observons de bas en
liaut la serie suivante :
rrolil V.
— 168 —
1. Banc Cíilcaireá surfaceirrégiilieie, brunjaunAtrc (nlihrnini). i)arse-
iiu' (le petits tnbcs tapissés de iioir; 2 iiietres.
'2. Ln'ss briiii cliocolat, ineló avcc dn (•iilcairc, toniiaiit uiie tiaiisitioii
iusí'iisihlc au baiic, iminéro 1.
'A. Ltt-ss bruu flair, bien ¡stratifié, par place jdiis tbiKrí, tres poreiix,
liárseme de i)arties uoirAtres (Fla.scni), c.oiitenaiit beaiic.oup de concré-
tions ramitiées, oftrant la forme de coraiix (loiuposés.
4. Dans la partie septeutrionale de notre i)r()fll, s'observent aii-dessns
du muiK'ro 3, des «jalets de fosca tajitót arroiidis tantót angnlenx, géné-
raleiueut d'iin diaiuétre de ó eeiitiuietres euvirou. Ces galets soiit sur-
iiKintés de
5. Lcess brun typiqne, assez coini)act ; 4 et 5 environ 1 iiietre.
6. Aii sud du lU'üül, les couclies 4 et 5 soiit remplacées par un banc
calcaire, stratifié, á surface irrégiüiére. Souvent les parties calcaires
fornu'nt des fragments plus ou moins considerables qui sont réunis par
du lu'ss nioyen; rarenient le calcaire est conipact et homogene. La ])nis-
'.'.'/^r~^ r • I Litsajaune,
^'^ ' ''■'■'•'•) L(fS8 bruu éoliou.
,,. , , n- ■ ■ ■ Liess bruu Stratifié.
Isivt'au un hi riu'
l'riilil VI. — Suu NiiMilás (nie Euroiia). Étbelle des hauteurs = 1:200
sanee du calcaire diuiinue vers le nord, au sud de notre profll elle est de
2 nietres environ.
7. Au-dessus des números ."> et (i s'observe une conche palustre typi-
qne, tantót grise tantót verdatre.
8. Lcess brun plus on moins clair, sans stratiflcation ; 2 métres.
En liaut le In-ss brnn passe par
9. Une C(uiclie de transition dans
10. Loess Jaune typiqne, sans stratiflcation, coiitenant des toncas
globnleuses ou elliptiiiues : 1 luetre.
i'iotiivi. Le protil VI nuintre tres bien la forte discordance (lui existe entre
le loess janne (conche 3 du profil) et le l(ess brun éolien (conche 2). Le
hess janne remplit toutes les inégalités de la surface ravinée du hess
brun. Ce dcrnier, qui ne nnmtre aucune trace de stratiflcation, semble
aussi discordant jiar rapixu't an hess brun stratifié sous-jacent (conche 1
du ](rotil).
i'ioHi VII. Dans le prolil A'II. nous obscrvons hi S(''rie suivante:
1. r>anc calcaire.
2. Marnes verdátres : environ ."iO centimétres.
3. Lcess brun, tres bien stiatilié; V"'á).
I
— 16!» —
4. Ct'tte assiíie est tii-s iutéressaatc parce qu'oii y constate coiniiicnt
le Iwss briin (partie droite du iirofil) pent etre rcmiilacé hitéialcmciit
par un baiic calcaire asscz pui.s.saut (3 luetres). Ce calcairc forme aiiuonl
<ln protil une couverture peu puissante au-dessus du Icess brun, en y pé-
nétrant sous forme de coins irréguliers. Au sud du profll (partie gaucílie
du cliché), au contraire. le l(ess a conii)léteinent dispara, substitué ici
parle calcaire.
L(ess bl'iiu atratilié.
ilarneH verdíitrert.
(.'ak-aire.
— H\0 Paraná ''I'' Tusca únhí^ishnm.
Pnitil Vil. — San Nicolás (i,i)iu dfs i-iics Europn ft Kíu l'iiranú)
Éehdle des liauteiii-s = 1 : 200
5. Lcess saiis stratification forinaut probableinent la tiaiisition du
loess brun en lcess jaune ; 2 metres.
B. — Profils de Rosario de íianta Fe
La h(irrauc(( du río Paraná, ininiédiatenient au dessous de la <iare du i'n.Hi viii.
cliemin de fer Oeste tíantafecino, montre de bas en haut le protil suivant
(VIII) de la formation pampéeune :
1. Au bord du río Paraná, en la jiai-tie encoré inondée par le fleuve,
niarne verdátre, assez argileuse, parseinée ^á et la de petites particules
noirátres.
2. Lcess brun tyjiique, conteiiant á la base des inaiumiféres. M. Koth
en a determiné :
Laijustouius apifatiiK A>ie(íhixo (lurichoirc, tli-vix fémur.s, deux tibias).
Vers la base du kess de la conche 2, on observe comment peuvent se
former peu á ])eu des amas et bañes calcaires. Le détail du profil VIII
demontre ([ue, dans certains endroits, les toHcax deviennent plus gran-
des et plus nombreuses, se réunissent ensuite en formant des amas et
méme des bañes calcaires peu étendus. Puissance de la deuxiéme con-
che, 6 metres.
BEV. MUSEO L\ PLATA. — T. I.
— 170 —
3. Marnes verilAtres peni puissantes.
■4. Lcess bniu tyyiqne, couleur cliocolat, avec des parties iioirátres.
Le lcess eontient des toncaií efc des parties calcaires isolées ; i métres.
5. Banc griimeleux gris-verdátre, en partie melé avec du loess bruii ;
50 centiinetres.
tí. Lcjess supérieur conteuant des /osáis airondies ; 4 uietres.
• 6
.:. X i ; : : «jminninnmnnü ...•**
I ' * I La-ssjauue.
I- ;.'■':'•'■ I La'Hs bruu.
=.-:-•- Marnes veriiátres.
fnnrm Calcaire.
« • Tosca du lípss jauue.
/j'l Tosca (In líiess bnm.
4 — Rvo Paraivá
Profil VIII. — Situation lUi cliemin ile fcr Oeste Santafccino
Éfhelle «les hauteurs = 1 ; 200
Dt'tail agraiidi
Piotiiix. Les travaux efl'ectiiés récemment daiis la Bajada dii Eosarií» (mt mis
a jdiir un intéressant profil de couclies i)ampéennes (voir le profil IX).
Ce in'ofil est surtout remarquable par l'occasion qu'il nous oftre d'étu-
dier la trausition gradnelle du tess brun en loess jaune sujierposé.
La serie est la suivante de bas en liaut :
1. Loess brun avee des parties noiratres, assez compaet ; environ 7
metres.
2. Assise de transition du loess brnn en loess jaune ; moins compacte
que le numero 1.
3. L(ess jaune typique, tres porenx, parsemé de jietits canaux dans
toutes les directions ; 5 métres.
Piuiii X. Le profil suivant se trouve tout prés du précédent. Cependant nons
y observons des faits diftercnts. Ici la transition du kess brun en lcess
171
jamio u'est pas graduelle, au contraire, ou y observe une discordance
tres claire entre les deux assises.
Coinme le demontre le cliclié ci-joint, le Icess janne typiqne, tres po-
reux (couelie 4 du protil X), x)énétre irréguliérenient dans la niarne ver-
'.•'iMiiiiíiirim'MntiñmMiiiilo
I * • 1 L<pss Jaime.
f'-'-'l Ld'hfi linm.
tr^yfj Trauwition itu Uess jaune en
ItesB bruu.
iMfiiii Calcaire.
/IM' Tosca rtn la-sslnun.
Xivean de la me
Prolíl IX. — Rosario, Bajada. Éclu.-lk' dos Iiautours = 1 : 200
dátre sous-jacente (conche '3 du profil X) en remplissant qiielqiiefois des
simiosités et méme des fentes de la marne.
í~— "J Mames verdátres.
Tiansitioii entre les marnes
vedátrea et Je Icess brun.
K^'-^ Líl-8S 1.1]
"Xivean de la rué
Profil X. — li:i,jada. del Rosario (foin des mes Cataiiiarca et San Jtartíii)
Éclielle dea liauteurs = 1 : 200
L'assise 3 passe en bas insensiblement (conche 2) an lo^ss bnin typi-
qne (nninéro 1 dn in'ofil X).
Puissance de 1 á 3 : 3 métres.
Pnissance de 1 : en vi ron 5 metres.
— 172 —
II. — LA FOKMATION PAMPÉENXE DE CÓRDOBA
Par ADOI.riIE POHKIXG
Lii tViniiiition ])ampéeiine de Córdoba présente trois étages naturels
parfaiteiuent di.stincts : un étase .sujH'ricn); épais d'environ 20 metres
et formé principalement de Icess et pierre ponce ; un étage moyen épais
d'environ 10 metres et composé de galets et de conches de sable tluvial;
vers le milieu de cet étage, on distingue une conche de lu?ss de '/■■ '' -^
metres (répaisscur; plus cette couclic de hess cst épaisse, i)lus íaibles
sont les conches de sable tluvial corresiiondantes, et récipro(piement.
L'épaissenr de l'étage inférimr n'est i)as détinitivement connue; ses
conches sont en g'énéial seniblables a celles de l'étage supérieur, quoi-
que plus compactes; les conches de cendre de pierre ponce sont fréquen-
tes ici et de dift'érente uature.
An uu)yen de qnelqries proflls nons allons étudicr avec soin les divers
étagesípie n ons venons d'énuniérer.
LA COUPE DU CHEMIN UE EER DE MALAGUEÑO
Commeu^ons par observer la coni)e du chemin de fer de Malagüeño,
suivant des études particuliéres remontant á l'année 1S86, et comme
exemi)le spécial de l'étage supérieur de la forniation pampéenne de Cór-
doba. Ici l'étage supérieur est épais de líO metres environ et se divise
en trois parties bien distinctes, une supérienre {b-d) composée de hess
éoliqne, fin et de coulenr claire; une partie moyenne (<■-//), formée j)rinci-
])alenu'nt de cendre de pierre jionce basique verdátre et d'aboudantes
ettlorescences salines et plátrenses; et une partie inférieure (h-l) com-
posée de Icess stratifié dout les strates ue se distinguent pas tonjours
clairement. Chacune de ees trois divisions contient une conche de cendre
volcanique: la partie supérienre (ene) et l'inférieure (en/), une conche de
cendre blanche, fortement silicatée; la partie moyenne (en/') une conche
de cendre verte fortement basique et férrngineuse, cette derniére peut-
étre de uature basaltique. Ces cendres, mélées á de la terre fine, forment
la partie constitutive principale de l'étage supérieur.
Sur le platean, aux environs de la ville de Córdoba, c'est-á-dire dans
I
— 173 —
les emlroits oíi elle s'est couservée relativemeiit iiitacte, oii rencontre
lii prendere eouelie, la cmiche suix'rieure de x eeiidi'e voleanique (c), de
1 '/i ii -^ nietres de protbndeur ; la seconde conche de ^ cendre verte, ba-
sique (/) approximativement de 12 á 14 métres de profondeur, et la troi-
siéme, la conche inférieiire de x cendre {i) approximativement de 20 a
22 metres; la premiére et la derniere sont de natnre identiqne, blan-
ehes et siliceuses. Ces denx classes repréwentent les denx espéces de cen-
dre voleanique, dont l'une se designe par x cendre acide ou silicense, et
l'antre, par p cendre basiqne; la ¡¡reiniere se compose de polysilicates
acides, généralement de nature trachytiqne ou andésitique; la seconde
de sous-silicates basiques, généralement de nature basaltique. Une des
différences les plus importantes entre ees denx classes de cendres, con-
siste en ce que la x cendre blanche, tres silicieuse (c et /) présente le peu
de fer qu'elle contient, a l'état de polysilicate de sesqnioxyde, tandis que
la 3 cendre verte basique (/") est généralement tres ferrugineuse, et, á
cóté des combinaisons de sesqnioxyde renferme également une quan-
tité non négligeable de protoxyde.
Pendant la décomposition chronique ou kaolinisation de ces conches
de cendre, intercalées dans la formation pampéenne, il se forme géné-
ralement des conches plus ou moins sons-stratifiées d'une espéce de
marne (Mer<iel), lesquelles par leur structure, présentent une grande
analogie avee les strates d'origine lacustre et ont été tres fréquemment
considérées conime telles, bien que le manque absolu de restes organi-
ques rende immédiatement improbable la conjecture de cet (uigine. La
cendre verte basique, exposée dans un grand nombre de lieux, á l'air et
a l'humidité, sans arriverjusqu'a lalixiviation, forme en se décomposant
des conches de couleur ocracée, jusqu'au brun rougeátre tres ferrugi-
neuses; niais pendant leur dépót dans l'ean, spécialement en présence
de matiéres organiques, et aussi dans lesendroits exposésáime abondante
íiltration d'eau souterraine, il se forme parfois des conches d'une espéce-
d'argile séladouitique de couleur plus ou moins verdátre, surtout sous
l'action simultanee de l'eau un peu saumátre.
La cendre blanche, silicense est, en general, forméeprincipalement de
fragments aciculaires (aiguilles) de substance feldspathiqne. Le produit
de sa décomposition ou kaolinisation est généralement de couleur claire
blanc jaunátre, et, en présence d'un contenu plus considerable d'augite
ou d'autres minéraux, silicates ou sulfates de calcium, il arrive tres fré-
quemment que, par Tettet de la décomposition chroui(jue, le strat se
transforme, á cause de Tinfiltrat ion de carbonate de calcium en une mas-
se plus ou moins coherente de terre agglomérée ou durcie, api)elée tosca;
l'ou observe, dans ce cas, une véritable éehelle progressive de durcisse-
ment, depuis la terre a peine agglomérée, friable entre les doigts, avec
1 jiour cent ou ])lus de calcaire, jusqu'á la fosca dure qui contient (50
— 174 —
pour cL'iit ou i)lus de carbonate de calciuiu. Comiiie duraiit la kaolini-
satioii des iniuéraux feldspatliiqnes il se forme des ([uaiitités non négli-
geables de silicates alcalins soluliles, et en raison de la séparation eon-
sécutive d'acide hydrosilicique, par l'absorption d'acide carbonique, il
resulte que fréqueniment aussi l'on rencontre dans les dites niasses de
tonca des coucrétions mi des excrétions d'acide hydrosilicique. Dans les
conches des formations plus recentes, uéo-pami)éennes, etc., je n'ai tron-
vé jusqii'á présent ees coucrétions d'hydrosilex que sons la forme de
croñtes'd'liyalite; dans le paniitéen inférieur et des couelies plusancien-
nes, je les ai trouvées sous forme de rogiions d'opale et ensnite de cbal-
cédoine ou agate. Ces masses d'bydrosilex x>araissent étre solubles dans
une solution de potasse caustique, mais de plus en plus difticilenient et
incompletement á mesure qu'ils proviennent de formations plus aucien-
nes, circonstance due probablement au passage cbronique d'un état
hyaliu et bydraté á un autre état cristallisé et anhydre, dont la derniére
pilase, par exeniple, est le quartz des roches priniitives.
Dans certains eudroits de la Sierra de Córdoba, Fon observe, plus
fréquemment et plus claiiement que dans la plaine, la snperposition des
deux conches supérieures (c et/) de cendre volcanique, quelqueíViis par-
faitement kaolinisée déjá; la couche supérieure est de couleur blauche,
la couche inférieure de couleur verte ou ferrugineuse, spécialement dans
quelques dépressions de la Sierra oíi était plus insigniftant que dans la
plaine pampéenne le mélange d'un quotient de terre éolique, pendant la
sédimentation des dites conches. II semble résulter ici que le strate su-
périeur de^la cendre blanche (c) représente seulement la phase ttnale
d'une ])récipitati(m qui, a iutervalles et avec antériorité, commenca du-
rant la derniére époque de la chute de la cendre verte.
C'est dans l'horizon supérieur de la cendre verte, approximativement
entre les coirches e et / de notre échelle, que, dans la Sierra, l'on trouve
intercalées, et quelqirefois de diñicile explication, des conches épaisses
ou minees de cailloux et de graviers des roches voisines; et si efléctive-
ment, dans la Sierra de Córdoba il y a en une éi^oque glaciale ultérieure,
ce qu'il faudrait encoré prouver, le fait est démontrer quant a l'horizon
indiqué dans lequel elle doit étre intercalée approximativement; mais je
ne me rappelle pas avoir observé de marques de rayement, de polissure
ou autres preuves d'activité glaciale, et il est possible que les dits
bañes de gravier proviennent également de ]iluies torrentielles, a une
époque exceptionnelle et prolongée.
La cou(-lie sujiérieure de cendre blanche (e) se conserve également
dans les bañes épais, éoliíiues des plateaux de la Sierra de Córdoba, a
2000 métres et plus de hauteur, la ou ne se conserveut pas les coiTches
de l'espéce de cendre inférieure (/), et l'espéce blanche forme un des
composants jirincipaux de la couche de la-ss qui couvre les petits-pla-
— 175 —
teaux, (le iiiéme que les terres noires du platean d' Achala; cette cou-
cbe repose directeiueut sur des dépots de giiniers et de cailloiix, qui de
leur cote s'appuient directemeut sur la roche priniitive.
COUCHE VEGKTALE
a) (40-50 centiniétres). Conche végétale contenaut des restes noni-
breiix de stations humaines. Tous les cránes trouvés dans cette conche
vsont brachycéphales et acconipagiiés de fragmeuts de poterie, quelque-
fois aussi d'ustensiles de cnivre '. Dans la conche plns profonde {h) il
n' existe i)lns de fraginents de poterie.
On tñnive aiissi tres sonvent dans la terre iioire de ees stations hu-
maines des coqnilles de Boru.s (>h¡on<jux, qni á cette époque servaient de
tabatiére aux indiens des environs de Córdoba, et que l'on retrouve éga-
lement ^lans les tombes indiennes de la Sierra de Córdoba. Cette espece
de lima^ons n'existe plus aujonrd'hni que dans le nord de Santiago del
Estero, et devait constituer un article (-omniercial des indiens d'alors.
ETAGE SUPEEIEUR PAMPEEN
División stipérieiire
b') (50 ceutimetres). La'ss jauuatre colique.
Daus les conches (jui corresponden t a cet horizon, on a trouvé autre part,
aux hauteurs de l'Observatoire Astvonomiqne (v. p. 184 de ce travail) une station
(n" II) et en niéme temps un sqiielette liuniain d'une race doliehocépliale, enterré
dans une fosse revétue de quelques cailloux roidés, dans une position (jni se rap-
proche de celle du foítus daus l'utérus ; il y avait égalenieut (piehpies points
amygdaloides de quartz, grossiérement taillés, de petites haches oblongues,
affilées, niais non polies, sans sillón transversal et quelques Instruments d'os
(aleñes, etc.): les objets de poterie mauípient absolunient.
Fossiles : Eqiins reetidens et Anchenia cordobensis, Cavia, 3í¡/lodo¡i.
Mollusques : Eiiri/i-ampta monnr/rajiJia Burni.
h") (5 centimetres). Lcess pluvial (psilogéiiiqne), conche minee, irrégn-
liére, un peu durcie, avec des fragmeuts polyédriqnes de petits cailloux
de terre agglomerée.
' AMKGnixo, F., Informe xobrc el Museo antropológico y paleontológico de la Vnirer-
sidad Xacional de Córdoia durante el aíio 1S83. lioletin de la Academia Xacional de
Ciencian de Córdoba, VIII, 1885, p. 11.
— 176 —
11 est j)robable que cette petite stratification ii'a qu'uue importance
lócale dans le bassin rtu río Primero et qu'elle n'y représente qu'une
briéve époque de démidat ion dans quelques i)oints latéraux de la vallée.
Cette petite conche n'existe pas dans toutes les parties de l'escarpe (ba-
rrauc(t) iles bords de la riviére, mais on le trouve dans la plupart
d'entre elles.
b") (2-2'/2 métres). Lmss éolique, janne blancliátre tres pále, ]nilvé-
rulent, formé de particules tres flnes semblables á la conche b' et á,
parfois tres faiblement aggloméré avec des intiltratinns calcaires (2 á
;? "/„ de carbonate).
Fossiles: Lagostomusfossilis Amegh., Hquus rectidens, Glyptodon asper^
Mylodon, Hoploplioriis, Mcf/atheriu))!, ralaeolnma et snrtont Ctenomys
magcUanicus (fossile caractéristique).
MoUusques (rares) : Succinea, Scolodonfa et Bulimus apodemetes D'Orb.,
espéces qui encoré aujonrd'hni habitent les ravains, et les endroits pro-
pices du voisinage, tandis que VEurycumpta monograplia Burm. qui ahon-
de dans ce banc, ne se trouve plus actuellement que dans les anfractuo-
sités de la Sierra.
c) (50 centimétres). Pi'emiére c-ouche de cendre volcanique blanche,
mélée de terre et durcie qnelqueí'üis en forme de cailloux, avec des in-
filtrations calcaires (15 "/o)- Cette conche de cendre volcanique se trouve
quoique rarenient dansun état assez \)i\v et avec saconleurblanche dans
les jirofils des bords escarpes du río Primero, aux environs de Córdoba,
oü elle est mélée d'une maniere uniforme avec de la terre fine; á l'état
l)ur, Je Tai observée uniqnement dans une coupe des Altos del Sur,
élévationsdu terrainan sud de la ville de C('»rdoba a l'oceasion d'excava-
tions exécutées pour les travaux d'un(^ briqueterie á vapeur. Elle est
sans donte une des plus universellement étendues dans la Pami)a argen-
tine et acquiert des dimeusions de plus en plus grandes dans les régions
occidentales et celles du nord-ouest. Son ai>pai'ition dans les strati-
ñeations supérieures de la formation i>ampéene est acconipagnée de
la disparation de l'antique faune de la Pampa. Je suppose que cette
conche est la méme que j'ai observé dans les Cdiiites de Frías, province
de Santiago del Estero, aune profondeurplus ou nioins identiqne a celle
de Córdoba et queje considérai alors comme une stratification lacustre ' ;
je l'ai observée également dans les parties supérieures <les bords escar-
pes des riviéres de Tucumíín, par exemple prés de IMonteagudo. Une
épaisse conche de cendre volcanique se trouve également prés de Men-
«loza, a la méme profondenr que lea precedentes.
d) (;3 métres). Lo'ss éolique, jaunátre clair avec une nuance a peine
' DciiíiiiNG, A., Kxtudion kidroíiuósticon y perforaciones nrlexienuís en hi L'epública
Jr¡ieiitiiia. Boletín de Ja -t cu de mi a Xaeional de Ciencian de Córdoba, VI, 18X4, p. 209.
177
vei'dAtre, formé de particules pulvérulentcs tres fines, toiit á fait sem-
blable a la couclie b'" ; vers la partie inférieure, il est eutremélé de srains
de sable un jieu i)lns ¡ívos et de ftaj;nients de petlts cailloux. Sur quel-
qiies points on connnence á distingiier des signes d'une sous-stratifica-
tion analogue a eelle des couelies suivantes interieures, d'oñ provient
une partie des detritus qni (¡ontribuent a sa forniation.
Fossiles (un peu plus rares): Panochtus fuherculafus, IIoplophoru>t, La-
(/ostomus, Cavia, etc.
Mollusqnes (rares aussi): Phifjiodoitfef^ (htedaleií.s Desli., Odonfostomux
Charjtenticri Grht., Succiiiea nicridioiiaUs D'Orb.
División intcrmcdiairc
(j {i metres). Lcess sous-stratitié de sédimentation éolique, formé de
detritus trésfins et trésmélés de cendre volcaniquebasique; ilscontien-
nent également beaucoup d'effiorescences salitreuses. Dansquelquesunes
de ses parties, cette cduclie est tres jmlvéndente et exposée á se des-
agréger et se dénuder, de maniere que les tetes des bañes résultérent
tres excavées dans les coupes des escarjiements.
Fossiles trouvés dans d'autres pai'ties qui correspondent á cet ho-
rizon: La(/o.itomiis dehiUs Amegli., L. heterogenidenx, Olyptodon aHper^
Hoplophorun nidiatuH, IHdelphnH ju()a Amegb., MepMtis cordohensis
Amegli., C«í)¿<t espec. var.; beaucoup de terriers d'édentés, remplis de
terre; de plus l'bomme, au milieu des restes de Tojcodon, Mylodon, Ger-
ríí.v, Rheu, etc.
Mollusques: Dans les couclies snpérieures, Plagiodonteií daedaleuH
Desli. et, de plus, tres abondant, déposé parfois en forme de conches et
representé par des exemplaires grands et bien développés, Succinea, me-
ridionalis D^Orh., S. rosan'nemis Doer. et ScoJodonta SemperiDoer., es-
peces qu'aujourd'hui ne sont pas rares non plus dans les escarpements
du río Primero.
Plus ou moins vers le milieu de cette división médiane et dans la mé-
me coupe de Malagüeño, on trouva intercalé le dépót lenticulaire d'un
anclen foyer, parfaitement reconnaissable a la présence de petits mor-
ceaiix de cliarbon tres abondants et de couclies de cendie de couleur jnlle
et bleuie par la formation de vivianite, mineral qui, sans aucun doiite,
s'est produit á cause de l'abondance de restes d'ossements et de plios-
pliates dans la cendi'e des foyers '.
f) (1 niétre). Conche principale de la cendre verte basiqne, finenient
' Ameoiiixo, F., Informe, etc. (1. c), p. 9.
Ídem, Contrihiición al conocimiento de los mamíferos fósiles déla I!c2>ública Argentina,
Buenos Aires, 1889, ]). 68.
— 178 —
stratifiée, renfcrmaiit 9a et la de pctits coníí-loim-rats et des inflltiations
de gypse cristalliu, danscertains eiidroits plus sablouneuse, dans d'autres
plus argileuse.
Dans le profll de Malagüeño cette couelie est quelque peu décom-
posée, mais elle présente toujours une couleur verdátre. Dans un ca-
ñañón situé au sud-ouest de Pueblo Nuevo, prés de Córdoba, eette
couclie a une puissancede 5 á 15 centimétres, sa constitution est pres-
que puré, sa couleur tres foncée, d'un gris veidátre, presque noirátre.
Dans la déconiposition complete et la kaolinisation de cette conche
de pierre lionce basiqne, ¡1 se forme une argüe ferruginense d'nne cou-
leru' intense d'ocre brun ou jaune, et les conches correspondantes á cet
horizon dans les escarpements du río Segundo ressemblent a des con-
ches de marne fortement ct)lorées.
Fossiles: Sur la limite entre /' et //, un cráne (V Orthomyciera luia
Araegh.
g) (5 métres). Lcess éolique, presque solide, a peine stratitié, contenant
de petites pierres ou fragments de petits cailloux, par endroits aussi de
petites concrétions gypseiises, grossiérement granulées a leur partie in-
férieure.
Fossiles: Dans le lit inférieur, a peu prés a 1 métre en dessus de la
conche suivante du sable micacé 7i, un squelette bien conservé de Feütí
palnstris Amegh.
Dans un autre point, iuunédiatemeut en dessus de h un squelette
complet de Scelidotlieríum; plus loin, renversée sur le dos, la carapace
d'un Panochttis; des restes de Lagostonms angustideiis (tres fréquents);
des écales d'ceufs de RJiea et enfln des terriers de Lafiosfonuis, d'une
espéce plus petite que l'espéce actuelle.
Mollusques: Odontostomus s^i. et des Succinea iscles.
División inférietire
h) (1 métre). Sable micacé, peu compact, contenant de petits cailloux
roulés ; un peu plus aggloméré vers le haut et melé de cailloux plus gros;
tres pur par endroits vers le bas et sillonné de concrétions en forme de
racines probablement des rives anciennement bolsees.
Mollusques: Exemplaires bien conservées de riagiodontes dacdaleiiii,
de petite forme, mais ne s'écartant pas spéciflquement de la forme ac-
tuelle; en (mtre Planorhifi percgrinun (également bien conservé).
i) (2 métres). Sable argileux; bien disposé en lits parfaitement dis-
tincts, avec de longues striures de stratiflcation contournées, an mi-
lieu desquelles repose une conche argileuse, éolique ou semilacustre,
dont l'épaisseur atteint souvent jusqu'a 50 centijnétres; cette conche se
— 179 —
distingue par su couleur tl'un jaune vif, la íinesse de sa structure spoii-
íí'icuse, la petitesse de ses ti'ous radicaux ainsi queiiardeseftlorescences
de liiiionite tenues et caractéristiques.
Dans un antie entroit situé prés de l'Observatoire Astiononiique, il
existe, daus le niénie lioiizon, une couclie de pierre ponee, stiatittée,
blanelie, assez puré et eoniposée siutout de substanee té](Isi)atliique.
PossileS: HoplophoniK ornatits (squelette complet décoiivert daus le
lit de pierre ponce niencionné ci-dessus).
k) (0'"5ü-l métre). Loess éolique non stratifié, conipaet et solide, con-
tenant souvent des ligues noires de viviauite.
Daus ce luéme lioiizou, mai.s tlaus iiu aiitie lien, e'cst-a-dhe au Ixuil ilu
eañadón situé prés de l'observatoire astrouomitjiie, et prés de l'aquéduc {acv-
qiii(i) de la ville, on décoiivrit reiiii)lacement d'un foyer (V. plus loin p. 185
de ce travail) ; noiis avons ici la plus grande profoudeur á laíjuelle out ait pu
constatar avec certidude l'existence de l'homme dans les environs de Córdoba;
ce foyer contient de la terre brulée et des restes de Tolypentes, etc.
1) (;> niétres). Argile verte, tres arénense, bien stratifiée eu eouclies on-
dulées forinée alteruatÍAerneut de litsde sable niieaeé etde conches ])lus
argileuses qui deviennent de plus eu plus friables et aréneuses á la
partie inférieure, en tout sembable á la couclie n.
Les couches argileuses sont notablement plus riclies eu argile que les
coucliesde niéme nature de l'liorizon supérieur de la fonnation panipéen-
ne de Córdoba.
Fossiles: Terriers ovales on elliptiques (bauteur 70 centhnétres, lar-
geur 1™20) renq)lis de kess pluvial et appartenant vraisemblablement
á un édenté fossile.
ÉTAGE MEDIAN PAMPEEN
Dans la eoupe dn elieniin de fer de Malagüeño, seule la partie supé-
rieure de l'étage median a été mise á na et l'on ne i)eut encoré savoir, du
reste, si elle se limite seulement a la vallce du río Primero, ou si elle
s'étend plus loin.
Dans diftei-ents puits creusés á une certaine distance de la vallée
proprement dite du río Primero, l'on ne rencoutra pas ees conches mo-
yennes eomposées priucipalemeut de dépóts Üuviaux et de galets; mais
á leiir place on trouve des sédiments éoliques semblables á ceux de l'éta-
ge supérieur et inférieur de la forumtion pampéenne; leur nature sera
déternunée plus tard.
Dans les autres parties des environs de Córdoba (vallée du río Pri-
mero), eet étage median est formé surtout de dépóts tiuviatiles et con-
— 180 —
stitiie une conche de sable tres fjrossier, généralement d'une piiissance
de 10 metres, rarement de 15 métres et plus, fréqneinment de coiüeur
rougeátre, y contenant parfois des galets. Son hoiizon medial est un lit
deloess ou d'argile, d'une puissance généralement de 1/2 métre, rarement
de 2 metres et plus, qui contient notablement plus d'argile que les con-
cilles de l'étage pampeen supérieuret ressembledu reste a quelques cou-
ches de la section /. La partie inferí eure de l'étage median se compose
elle méme de sable et de galets ; elle est presque toujours d'une couleur
])lus chiire que le lit supérieur de galets du méme étage (median).
Fossiles (de la conche arénense supérienre) : Mastodon, Mylodon, Ho-
plophorus.
ÉTAGE INFÉKIBUR PAMPEEN
Dans la conpe du chemin de fer de Malagüeño, l'étage inférieur n'est
pas mis íi déconvert.
])ans la barranca de la vallée du río Primero, en dessus de Córdoba,
oii l'observatíon est plus facile ', cet étage parait étre un dépót éolíque
tres semblable aux couches de l'étage pampeen supérieur, avec des lits
divers de cendre volcanique de la varíete blanche et peut-étre aussi de
la varíete verte. Les díftérentes couches sont en general plus compactes
que celles de l'étage supérieur et en partie sígnalées xiar des blocs ou
couches de petits cailloux et to.ica (vraisemblablement pierre pojice plus
effleurée) qui mauquent sous cette forme solide dans les couches des
autres étages et font saíllie comme des fllets, en raison de la dénudation
de l'étage inférieur, ce qui doniu* ¡larfois aux terrasses un asi)ect vérita-
blement élégant. Toutes les couches de l'étage inférieur sont fréquem-
ment sillonnées par des d'ancíennes fissures verticales, d'une épaisseur
symétríque, ciméntées de nouveau par une masse compacte de toscas
couleur claire. Oes fissures caractéristíques i)araissent se diriger en
general d'est a ouest et ne se trouvent pas dans les étages median et
supérieur de la formation pampéenne de Córdoba.
Fossiles : ils paraissent plus rares dans l'étage inférieur; dans les cou-
ches supéríeures on trouva V Uoplopliorus imperfectus Gerv. et Amegh.,
le Dicoelophonoi latidcns Amegh. et Toxodon ensenadensis Amegh.
La base de la formation pampéenne ínférieure, tant a Córdoba que
dans d'aiitres régions connue Kosario et autres, est formée d'un lit dur,
' Pimr lie plus ainjilcs (l(?tiiils, voyez : BoDKNBExnEU, G., La cuenca del Rio 1°
cu Córdoba. Descripción geológica del valle del Itio 1" dcude la Sierra de Córdoba hasta
la Mar Chiquita. Boletín de la Academia Nacional de Ciencias de Córdoba, XII, 1890,
p. 5-54.
— 181 —
solide et assez compiuite de tosca soiis-stratifíée, prodiiit de lii déeoiii]K)-
sition d'iuie conche de cendre voleaiiiíjiie eiilcaire d'égale éi)aisseiir.
Nous l'avons considérée pour le monient oomme conche limitrophe entre
la fonuation pampéenne et la fovmation arancanienne snivante. Mais il
reiste á savoir si cette conche earactéristiqne a réellement daus la réftion
pampéenne la grande étendne qn'on Ini snppose snivant des ob.ser\a
tious antérienres, et si elle correspond dans tontes ses parties an niéiiie
horizon synclironifiue. Elle est habituellement d'nne (^onlenr jaune noirá-
tre; nlai^s dans la \allée dn rio Primero, an bord de la Sierra de Cór-
doba, sa conleur devient rongeátre, par le mélange deprodnits spongienx
chargés de latérite y provenant de gres rouges dn jiied de la montagne.
Les conches inférienres qne Pon pent rapporter en iiartie anx formations
tertiaire xdus aucienne, on secondaire plns récente, prennent en general
dans la direction de la i)laine a la montagne, nne coloration ronge de
plns en plus intense, jusíin'a ce qu'entin elles deviennent des argües,
des gres et des tnts mélés de latérite et d'nne conleur brique prononcé,
an-dessons desqnels on distingue un conglomérat de coirlenr ronge-brun
obscur, solidement siliflé, dans nne position qni s'éloigne relativ'ement pen
de rhorizontale, et cimenté anx gneiss escarpes du pied de la nnmtagne.
La matiére colorante fondamentale de ees conches rouges <le gres et
de marne, iiarait étre, comme je l'ai déjá dit, la latérite, espéce d'argile
íerrugiueuse. liabituellement d'un rouge brique vif, i)our la formation
de laqnelle on suppose avec raison l'existence d'un climat tropicale.
Mais si l'on admet avec O. Lenz * que la latérite tropicale est une for-
me de la limonite, je dois remarquer á cela qne, snivant mes analyses,
comme je le montrerai dans un travail postérieur, la substance consti-
tuante de la latérite sud-américaine est nne argile ferrugineuse bisili-
catée, étendue d'eau et bien déflnie; cette esi)éce d'argile répoiul en ge-
neral a la fonnule de la haloisit et, comme tous les seis basiques de fer
est d'nne conleur prononcée, tandis que les argües du hess et les glai-
ses qni se forment, sous les conditions climatériques actnelles dans les
conches plns recentes de la t'orination pampéenne et dont la conleur est
presque tonjoni's d'autant plns claire qne lenr age géologique est plus
récent, répoudent habituellement á un trisüicate neutre étendne d'eau,
melé á des combinaisons de natnre zéolithiqne, qni, généralement, en lenr
qualité de combinaisons neutres on saturées d'acides de silicium, sont
d'niH' couleur claire souvent presque blanchátre; nuilgré cela, lenr cou-
tenu d'oxyde de fer est aussi elevé que celui de la latérite. L'étnde de
ees süicates argilenx est important pour la i)arallélisation des divers
borizons.
' LlCNZ, o., Chemische Anah/se ehirs Laterit-ICiscnKtciiiíi aiix ÍVeslafrika. i'eihanri-
lungen der Katnrrlivh-Kiinirilirhni ¡irologisclirn lleichxaiislalt, 1878, p. 351.
— 182 —
Maintenant, en ce qui regarde les gres et conglomérats rouges de
la Sierra de Córdoba, il resulte de leiir position dans la partie nord de
la Sierra Chica, que leur élément constituant principal doit étre rap-
porté aux masses laviques, lapillis et tufs primitifs des volcans mela-
pliyi'iques, et que, par conséquent, l'absence niystérieuse de toute espéce
de fossiles dans ees mémes conches n'a pas lien de nons surprendre. Ces
nielaphyres appartiennent évidemment á une époque géologique beau-
coup plus récente que les ijaléo-granits typ¡ques])rimitifs, coinme l'indi-
quait aussi leur structure micro-cristaline coniparée a la structure abso
lument macro-cristaline des paléo-granits. De méme la structure orogra-
phique plus récente de leurs cónes d'éruption, comparées aiix formes
arrondies et dénudées des anciens centres paléo-granitiques, frappe spé-
cialement l'attention ; de ])lus, á l'appui de la méme tliése, vient encoré
s'ajouter la circonstance en vertu de laquelle, au moins dans les parties
étudiées de la Sierra, le mouvement ascensionnel postérieur, ou élévation
du niveau de la montagne n'a fait, relativement á son étendue que des
progrés insignifiants.
Les éruptions de ces masses melaphyriques, que l'on peut attribuer
peut-étre á l'époque secondaire, font habituellement saillie sur la cou-
ture ou surface de contact entre les paléo-granites et les roches de sédi-
ments cristallines i^rimitives, et dans le voisinage de ces anciens vol-
cans, l'TJritorco, par exemple, elles recouvrejit tres souvent encoré au-
jímrd'hui, avec des conches de stratification presque horizontales, les
plus hautes élévations des bañes de gneiss presque perpendiculaires,
restes des lits de ces masses anciennes de t)if rouge, sembhil/les a d'énor-
nies bonnets phrygiens. Un endurcissement et une silitication intensive,
déjá depuis longtemps termines, les a preservées de la dénudation jiro-
gressive. Mais les conches gypseuses intercalées aux masses de tuf rou-
ge prouvent la grande analogie des éléments chimiques et minéralogi-
ques de ces éruptions volcaniques d'époques géologiques antérieures
avec k's produits néo-volcaniques de sédimentations postérieures qui
s'étendent jusqu'á la formation pampéenne la jilus récente.
CANADÓN DU PUCARÁ
A l'entrée du cañailón du Pucará au sud-est de la ville de Córdoba,
on ue distingue d'abord que la conche de galets de l'étage intermédiaire.
Cette conche a une puissance de 8 á 10 métres et comprend deux lits:
le lit supérieur est formé de sable rouge, au milien duquel on voit dis-
séminés de ])lace en place des blocs de Icess; a sa base existe une cou-
— 183 —
che lio cmíIIoux rouk's dans laqucllc oii trouva nne inolaire de iiiasto-
doute. Le lit iuléiieiir est d'uiie couleur blauc-giisátre un peii plus
el a ir.
Si Ton iiéiiétre plus avant dans le caiiadón, on distingue le profll com-
plet del'étage supérieur de la foiinatiou pampéenne, depuisla couclie de
galets en bas, jusqu'a la superficie de la eouelie (riuuiius. La dispusition
des difterentes conches est tout á fait semblable á celle de la coupe du
cheuiin de fer de Malagüeño.
La conche e est assez solide et compacte, de couleur claire avec des
eíiiorescences. Dans un certain endroit il s'était formé depuis le bord
supérieur jusqu'a la base de la conche /( une chute d'eau et produit une
terrasse.
Les stries de stratification des conches e a g ne sont pas aussi vive-
ment ijrononcées que celles de h a /.
La conche h est fréquemnient creusée d'une facón bien distincte.
Dans la conche i les cordons de stratification sont tres épais, tandis
que dans /, la uiinceur des strates est caractéristique.
CAÑADÓN ET HAUTEUR DE L'OBSEEVATOIRE ASTEONOMIQUE
COUCHE YEGETALB
a) Dans la partie supérienre de la barranca, sur la limite entre la con-
che végétale et la conche d'argile jaune b qui la suit imniédiatement,
mais pénétrant encoré dans la base de la premiére, on découvrit á 50
centimétres de profondeur, une station humaine (I) contenant de petits
morceaux de charbou, des débris de poterie, des fragments de quartz,
des pointes de fleches bien travaillées, des os calcines de Cervus rufus
et de Dany-pus minutus ainsi que des ocales d'oeufs d'autruche.
Dans un autre endroit, tout prés de l'Observatoire, an milieu d'une
conche corrcspondant á la partie supérienre de b, par couséquent sur la
limite entre cette derniére et le lit végétale supérieur qui manquait ici
comi)létement par l'eft'et de la dénudatiou, on trouva á une i)rofondeur
de üü centimétres une secoude station (II) ' plus étendue et sans aucun
doute, plus ancienne que la premiére, dont elle se distingue par l'absence
de fragments de poterie. On trouva également un grand nombre de
silex taillés, des restes d'os brises et grattés, des débris d'ossements hu-
' Voir aussi Amiíoiiino, F., Iiifoniir, etc. (I. c), I>- 10. Contribución, etc. (1. c), p. 53
et 82.
— 1S4 —
mains brises et calcint'es, une pointe ile fléclie bien travaillce, et une ca-
rapace biisée {VAnodoiita spec. ' Ici gisait égaleiiieiit un squelette de
femme, au front dolichocépliale et deprime, aux parois craniennes épais-
ses ; il était étendue sur le cote droit dans la direction du couchant au
levant, le visage tourné vers le nord, la colonne vertébrale un peu
courbée vers l'avant, la tete inclinée en avant et sur le cóté, lea jambes
ployés en avant, comme si l'individu en question eut reposé sur les gé-
noux ou eut été accroupi, de maniere que les talons soient en contact
avec le bassin. Les genoux u'étaient (•ei)endant pas rapprocliés du corps
comme daius les sépulcres indiens et ne formaient ]>as non plus un augle
droit avec la colonne vertébrale. Les bras tonibaient nornialement en
avant, les mains reposant sur la poitrine. La situation du squelette me
flt penser que l'on avait peu-étre cherché á imiter la position du fcetus
huinain.
A enviriiii ;?() centimétres des pieds du squelette, mais a une jdus
grande protondwir que celui-ci, il y avait une ñle de pierres, de méuu'
(pi'á Test, un peu en dessus de la tete. II ne serait i)as impossible que
primitivenient le mort eut été place dans la ¡«isition accroupie et qu'il
fut tombé plus tard. Au-dessus du squelette se trouvait une pointe de
fleche en quartz blanc grossiérement travaillé, semblables á celles que
l'on trouva aux environs et qui avaient été mises á nn par déniulation
de la surfaee. Pas la moindre trace de fragnients de i)oterie dans le voi-
sinage. Uans la terre, en dessus du squelette quelques esquilles d'os bri-
ses et deux petits morceaux de charbon.
ÉTAGE SUPÉRIEITB
h-f) Les conches de la división de l'étage supérieur pampeen sont bien
dévelopi^és, surtout h, qui contient de nombreux exemplaires d'iíí/r¿/-
cani2)ta.
(/) Les conches qui correspondent a g sont également bien dévelop-
pées ; la plupart sont de couleur claire et les striures de stratittcation
bien distinctes, quoique le gypse paraisse y manquer.
h) La conche de sable uiicacé h renferme de petits cailloux rouléa et
n'est pas partout également bien représentée ; elle est f'réquemment mé-
lée de pondré de pierre ponce. Dans certains endroits elle repose sur
un lit couleur souvent gris-cendre, d'une puissance qui atteiut souvent
I métre et dont la base arénense est fortenieinit mélée de poudre de pie-
rre ponce; dans d'autres endroits elle repose directemeut sur un lit de
' II est a, noter que pres d)i squelette de Fontezuelas, de la formation pauí-
póenne supérieure de Buenos Aires, se trouvait également une earapace de Unió spec.!
— 185 —
pierre ponce blanche, presqiie coiilenr plomb, d'une épaisseur de 14 ccn-
tiraétres. Oette demiére est assez bien stratiflée et, dans les endroits oü
■elle est bien couservée, sa puissauoe est tres égale ; elle change cependant
fréqnemment de niveaii, en relation avec les ondulatious de sa base.
Dans d'autres points, cette couclie blanche de cendre volcanique fait
défaut et est remplacée para une conche minee mélée de caillonx ronlés,
Índice évident de la dénudation qui s'est produite dans ees mémes lienx.
La conche blanche de cendre volcaniqne est fréqnemment mélée á sa
base de morceanx détachés de la conche de la?ss inférienre.
i) La conche alternativement arénense et argilense i manqne.
le) Au contraire, 7c est nne conche solide de la?ss éolique de 50 centi-
métres de pnissance mélée á sa base d'abondants petits caillonx.
C'est dans cette conche qne fnt tronvé le foyer dont il a été qnestion
plus hant (p. 179); nons avons ici la plus grande xjrofondeüir á laquelle on
ait pu constater avec certitude l'existence de l'homme dans les environs
de Córdoba; ce foyer contient de la terre brñlée et des restes de Toly-
peutes \
1) La conche I manque a son tour.
ÉTAOE MEDIAN
Dans la moitié snpérieure de la barranca de l'aqueduc (acequia) se
voit directemeut la conche snpérieure de galets de l'étage median de la
formation pampéenne, qui présente ici un lit intermédiaire minee d'ar-
gile plastiqne foncée.
ÉTAGE INFÉEIEUR
Vers l'occident apparaissent á la base du cañadón les conches de Icess
jaune de l'étage inférieur, alternées avec des conches de cendre ^iilca-
nique verte et blanche.
PUITS DE PIQUILLÍN, CÓRDOBA
Des couches géologiques tout á íait semblables a celles observées prés
de Córdoba, snrtont en ce qui a raj^ijort á l'étage snpérieur de la forma-
' AmeGhixo, F., Informe, etc., 1. c, p. 9.
Ídem, Contribución al conocimi&ito, etc., 1. c, p. 68-69.
REV. MUSEO LA PLATA. — T. I. 13
— 186 —
tion iiampéenne, se retroiivent, sanf quelqiies exceptions, dans toiis les-
puits de la plaine de Córdoba. Nous donnons comme exemple la serie
des coliches d'un puits de Piquillín, á environ 30 kilométres á l'est de
Córdoba, que don José Juárez flt creuser en 1886, et de ses différents
lits duquel il me reinit des échantillons.
1° 75 centimétres. Humus.
2° 2 métres. Lcess éolique menú.
3° 8 métres. Sol durci en forme de couclies de tosca.
4° ((/) 3 métres. Sol durci un peu mélangé de mica.
Correspond á la conche g.
5° (/í.) 75 centimétres. Sable micacé.
Correspond a la conche 7¿.
6° {i) 2 métres. Tosca sous-stratifiée.
7" 25 centimétres. Conche contenant de la cendre volcanique en
abondance.
8° 25 centimétres. Cendre volcanique puré blanche.
9° (k+l) 4 métres. Terre durcie.
Correspond aux conches 1c-\-l.
10° 15 métres. Sable gris melé de cailloux grands et petits, les mémes
que l'ou trouve actuellement dans le río Primero.
Conche ahondante en eau. Correspond aux conches m, n, o, de l'étage
median.
Les conches caractéristiques de sable micacé et de cendre volcanique
se trouvent done, á peu de chose prés, á la méme profondeur que dans
les alentours de la ville de Córdoba.
VALLÉE Dll EÍO SEGUNDO
Dans la vallée du río Segundo, les couches de h á d, ainsi que celles
de e a g, sont bien développées, absolnment comme dans les environs de
Córdoba, mais les couches contenant de la pierre ponce verte sont com-
plétement kaolinisées et transformées en une substance de couleur ocre
jaunevif etocre brun qui présente les couches ondulées caractéristiques
comme prés de Córdoba. La imissance des différentes couches est pres-
que la méme.
EL BALDE, PROVINCE DE SAN LUIS
En creusant un puits á El Balde et Desaguadero, province de San
Luis, on trouva une stratification de l'étage supérieur, tres semblable a
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— 187 —
celle de la vallée de Córdoba. La conche de a cendre s'y trouve apjtro-
ximativement á la méme profondeur qu'a Córdoba.
RÉSULTATS GÉNÉRAXJX
De l'exposition antérieiire, 11 ressort que l'étude des couclies des cen-
dres de pierre ponce dans toute l'étendiie de la formation pampéenne
argeutine doit étre de la plus grande iinportance et nous met en main
évidemment la possibilité d'entrepreudre la classification clironologique
de la formation pamiiéenne entiére depuis les Andes jusqu'á l'Océan
Atlantique aiusi que de déterminer les conches synchroniqnes corres-
pondantes ^
Premiérement 11 faudrait déterminer les foyers volcaniques de ees
pluies de cendre, ce qui serait possible, en prenant pour base l'augmen-
tation constante de la puissance de nos couches de pierre ponce, suivant
les centres d'éruption.
De l'étude de la formation pampéenne de Córdoba, on déduit en phis
que la plus grande masse de la partie éolique constituante de la forma-
tion pampéene argentine en general se compose de cendre volcanique
plus ou moins décomposée. Plus sec est le climat et moins décomposée
sera la conche de cendre (exemple : Córdoba), et réciproquement. En efiet,
quand le climat est humide, les coliches primitives de cendre volcanique
comme par exemple dans la province de Buenos Aires, ne se retrou-
vent plus dans leur forme premiére et leur origine n'est reconnaissable
qu'a leur structure et peut-étre aussi á la présence de parties minerales
difficilement décomposables, qui ont ofl'ert á la décomposition par l'hu-
midité une résistance plus grande.
II faut admettre évidemment que la puissance relative des diverses
couches pampéennes, va en diminuant avec le niveau, depuis la Cordi-
llérejusqu'an littoral. Nous ne devons done j)as étre surpris de ce que la
Ijuissance des couches de l'étage supérieur soit plus considerable á Cór-
doba qu'a Buenos Aires. D'ailleurs, faute d'investigations correspon-
dantes, il n'est pas encoré possible, jusqu'á présent de comparer emsem-
ble les couches des dift'érents étages de Córdoba avec les systémes de la
formation pampéenne de Buenos Aires suivant Ameghino et Eoth et
par conséquent de les harmoniser. Mais il faut admettre que les dépóts
séladoniques verts du lacustre ijampéen de Buenos Aires correspondent
aux couches de pierre ponce basique de l'étage suxjériem- de Córdoba et
' M. Amegliino counalt aussi ees couclies de pierre ponce et son importauce pour
la géologie pampéenne, mais ce qu'il dit n'est qu'un resume tres general. (Informe,
etc., 1. c, p. 7.)
— 188 —
offrent cíes procluits identiques rte décomposition. Tous les produits briins
d'oxydation du fer que l'oii reucontre daus les conches séches de Cór-
doba, sont soumises par la décomposition sous l'eau et l'actiou coinbinée
de substances organiqnes a iiue lessivage plus cu moins active de ma-
niere á ne plus contenir que certains silicates vert clair diíBcilement dé-
composables. Ainsi s'exi^lique sans effort la couleur verte caractéristi-
que des couches lacustres de la formation pampéenne de Buenos Aires
et la disparition dans ees mémes couches, de la variété d'eau douce de
la PaludeMrina (Eydrohia) Ameghinü Doer. (semblable á la récente va-
riété d'eau douce Paludestrina (Hydrobia) piscinalis D'Orb.), qui, dans
les couches suivantes plus modernes, est remplacée par la variété Palu-
destrina (Hydrobia) Parchappii D'Orb., propre des eaux salees ou sul-
phatées ^ La richesse en sulfate de chau, de sulfat et chlorites de sonde
contenues dans les couches de cendre basique et caractéristiques de ees
mémes couches, sont, par conséquent, dissoutes dans l'eau par l'efl'et du
lessivage et constitueut peut-étre une des causes j)rimordiales de la for-
mation de lacs et cours d'eau sales dans la ijlaine pampéenne. Que les
piules de cendre considerables qui se sont étendues depuis le centre des
Andes jusqu'á l'océan et méme au delá, ait pu contribuer á l'extinction des
mammiféres de la merveilleuse faune pampéenne, est un fait bien comjiré-
hensible, et qui expliquerait peut-étre le pourquoi de la disparition de
ees animaux gigantesques de la surface pampéenne.
La itrésence de seis solubles n'est pas rare dans les cendres volcani-
ques recentes. Ainsi, par exemple, la cendre augito-andésitique de la
derniére grande éruption du Krakataua (26 á 28 aoút 1883) contient,
suivant l'analyse de Saner -, environ 0.82 % de sulfates, principalement
de calcium et l'on note dans ce cas une ajialogie marquée avec certaines
couches de cendre volcanique, riches en seis solubles et intercalées dans
la formation pampéenne.
Des phénoménes analogues á l'incident meutionné du lacustre pam
peen de Lujan, et relatifs au changement produit dans la faune molhis-
que par les seis solubles de la cendre ¡3, se présentent également dans
les régions occidentales de la Pampa.
La méme stratigraphie du sous-sol de la grande saline de Córdoba,
parait indiquer qu'elle doit á une époque relativement récente une
grande partie de son contingent de seis, et la grande laguna del Bebe-
dero dans la i)rovince de San Luis, si digne d'une étudo plus détaillée,
' Voir l'dniímüriition des varietés du genre Paliidcstrina, méme de la iirovince de
Bueuos Aires, dans mon travail : Doering, A., Apuntes sobre la fauna de moluscos
(le la Bepública Argentina. Boletín de la Academia Xacional de Ciencias de Córdoba, 1,
1874, p. 48-77, 424-460 ; II, 1875, p. 300-340 ; III, 1879, p. 63-84 ; VII, 1884,
p. 457-474.
* Chemisches Centralblatt, 1884, p. 133.
— 189 —
nons oftVe un exeniplc plus instructif da nir-mc pliiínoméne. L'eaii de
cettc las'une est aujourd'liui une lessive concentrée jusqu'a la satura-
tion, de seis qui ue permetteiit plus l'existeiice d'une faune mollusqiie.
Cependant á l'époqiie du pampeen supérieur, c'était encoré un lac tres
peuplé de mollusques acuatiqnes, á tel point que leurs coquilles formé-
rent des strates purément conchyliens (Hydrobia, Chilina, etc.) dans
les dites couclies du pampeen supérieur qui peuvent corresiiondre á nos
divisions b á e, en méme temps qu'elles indiquent un changement pro-
fond dans les conditions climatériques, avec des piules beaucoup plus
abundantes qu'á l'époque actuelle.
Dans une excursión au dit lac, en 1885, vers son extreme nord, je
trouvai dans la zone la plus rapprocliée du bord de l'eau, la superficie
couverte d'une couche continué, de 50 métres de large sur quelques cen-
timétres d'épaisseur, de sulfate de calcium de structure saccbaroíde; ees
conches ressemblaient tout á fait á certains strates de sélénite que l'on
observe dans nos formations anciennes. Si l'on perfore cette conche de
plátre, on trouve en dessous d'elle, dans le sous-sol un strate d'argile
bitumineuse rempli de coquilles de Paludestrina (Ryárohia) occidentalis
Doer.
Les alentours du lac s'élévent graduellement en forme d'ampliithéá-
tre, et donnent lieu a 8 ou 9 terrasses de 1 á 3 métres de hauteur et de
2 á 300 métres de large chacune, dont la derniére, á la distance d'envi-
ron 2 kilométres de la rive et á une hauteur totale de 12 á 15 métres au
dessus du niveau du lac, flnit par se confondre avec la plaine pampéenne
circonvoisine.
La seconde terrasse, d'environ 200 métres de large et 4 métres de
hauteur máximum au-dessus du niveau de l'eau, était recouverte d'une
couche blanche et presque puré de gros sable formée de fragments de
petits cristau^x de plátre.
A la base de la 7" terrasse, á 1 '/^ kilométres de distance et á une
hauteur de 10 a 11 métres au-dessus du niveau de l'eau, se jirésenta á
la superficie un strate gris-verdátre du sous-sol, foi-mé par une couche
couchylienne de Hydrobia et Chilina, dont l'épaisseur atteignait jusqu'a.
50 centimétres dans certaines parties. Dans cette región riveraine com-
mence déjá une végétation de grands arbres. La végétation partielle-
ment éteinte dans les environs immédiats du lac, prouve que l'étendue
de celui-ci est aujourd'hui méme variable, et que les eaux inondent
méme d'habitude les terrasses les plus rapprochées du lac á l'époque
actuelle, sans atteindre cependant les terrasses plus lointaines et de ni-
veau supérieur. Je n'ai pas trouvé de traces d'aft'aissement du fond de
la lagune dans les temps modernes, et l'ascension tres graduelle et pres-
que invisible des terrasses extérieures indique l'antiquité de leur ori-
gine.
— 190 —
Daus les strates tant éoliques que lacustres des euvirons, on remar-
que fréquemment la séparation du plátre en masses qui remijlissent les
creux d'anciennes plantes et racines ; j'ai observé ce méme phénoméne
dans les escarpes du río Desaguadero, et leur grande ressemblance avec
certaines concrétions de tosca (Loessldndl) fait supposer que ees masses
concretionnaires de tosca de la formation x^ampéeniie et autres, ne sont
pas toutes, forcément, des inflltrations directes de bicarbonate de cal-
cium, comme dans les stalactites; mais que beaucoui) d'entre elles peu-
vent avoir leur origine dans une métamorpliose de concrétions de plátre,
due á l'action sur le sulfate de calcium des carbonates alcalins qui se
forment dans la décomposition chronique des silicates et leur transfor-
mation en argile '.
Le méme travail cliimique s'effectuera indubitablement dans les stra-
tes de cendre volcanique eux-mémes, riches en sulfate de chaux et leur
agglomération eü masses plus ou moins compactes de marne toba ou
tosca.
Dans un grand nombre de vallées et dépressions de la Sierra, ainsi
que dans les régions de la plaine oü n'a pas eu lien un mouvement abon-
dant de filtration des eaux souterraines, les conches de Icess formées
par le mélange abondant de la cendre ¡3 (/) et transformée fréquemment
en masses de terre glaise ou argile bigarrée, out conservé tout leur con-
tenu de seis solubles, avec un résultat deplorable pour la qualité des
eaux qui jaillisseut de ees strates : cette circonstance explique parfaite-
ment la grande variabilité des eaux de puits dans la Pampa, suivant les
lieux et les profondeurs, du moment oii il est également indubitable que
dans le pampeen inférieur méme et á des époques plus reculées, des in-
cidents analogues se sont fréquemment produite; dans les tobas rouges
elles mémes des éruptions melapliyriques de l'époque secondaire, c'est-
á-diredans les gres et terres aréneuses rouges, ontrouve intercalées de
grosses conches de sélénite.
' DoERiNG, A., Estudios hidrognósticos. etc., 1. c, p. 269.
— 191 —
PARTIE ANTHnOPOLOGIQLE
Par EOBEET LEHMANlí-NITSCHE
AVEC DES CONTHIBUTIONS DE MM. H. LEBOCCQ, H. MARTIN, G. STEINMAKN ET F. ZIRKEL
INTEODUCTION
L'introduction a la partie aiitliropologiqíie de notre travail peut étre
relativenient breve. Dans son graud ouvrage en deux voliuues : La an-
tigüedad del hombre en el Plata, tome II, ch. XIV, pages 373 á 421,
Amegliino expose en détail tont ce qui a trait á l'histoire de l'homme
fossile de la formation pampéenue jnsqu'á 1881; depnis lors il a reim-
prime presqne dans leur entier la plupart de ees travavLx, les traduisant
á l'espagnol quand ils n'avaient pas été écrits primitivement dans cette
langue. Nons nous en tiendrons á sa description, aprés avoir toutefois
étudié les publications originales et donné leur bibliograpliie complete,
persuade que notre travail ne sera pas superflu, en raison de ce que la
langiie peu répandue dans laquelle est écrite La antigüedad... ainsi que
la grande extensión de l'oirvrage ne sont pas faites pour faciliter
l'étude.
En 1865, Burmeister (1), á la fin d'une considération sur les explora-
tions de Lund dans les cavernes á ossements du Brésil, fait remarquer
que jusqu'alors il n'existait pas la moindre trace de l'homme fossile
dans le sol argentin.
Plus tard, les ossements humains décotrverts par Séguin sur les bords
du Carcarañá, appelérent l'attention ; Burmeister (3) ne parviut pas á les
voir et reserva son opinión; ils passérent ensuite au Muséum d'Histoire
Naturelle de Paris et Gervais écrivit a leur sujet une breve communica-
tion (3) et de plus un article spécial (4), mais comme les piéces étaient
dans un tres mauvais état de conservation, il ne put en diré que fort peu
de chose.
En 1871, prés de Lujan, fut mise á découvert, en présence de M. Ra-
nioriuo una carapace de Glyptodon et avec elle une pointe de fleche en
silex, égarée depuis (Ameghino, Antigüedad, etc., II, p. 377).
Des l'année 1809, Ameghino á la recherche de fossiles dans la forma-
tion pampéenne, commen^a des explorations qu'il a continuées dcinris
lors sans interrixption et qui rendirent evidente á ses yeux l'existence
de l'homme á l'époque de la dite formation; en 1870 il trouva méme
pour la premiere fois des vestiges du corps humain sur les bords de
— 192 —
l'arroyo Frías. II fut aidé occasionnelleiuent daiis ses travaux jiar son
frére Jean qvii, en 1874, trouva prés de Lujan les xn-emiers vestiges de
terre calcinée dans la formation pampéenne. Encouragé par les resul-
táis obtenus, Amegliino visita Burmeister dans l'espoir de l'intéresser á
ses travaux ;maiscelui-cine voulut ríen savoir. Oependant Amegliino ne
perdit pas courage. II se mit en relatiou avec d'autres collectionneurs
(Eguía, Larroque) et réussit á voir certaiues piéces qui témoignaient de
l'existence de l'homme. M. Ramorino, dout nous avons deja cité le noni,
l'accomiiagne á Mercedes oü, en sa présence furent mis á jour des frag-
ments de Icess cuit, des charbons, des restes d'ossements humains et
autres objets (Ameghino, Antigüedad^ etc., II, p. 377-380).
Moreno (5), qui venait alors de publier un mémoire sur les antiquités
indiennes de l'époque antérieure á la conquéte espagnole, se montra scep-
tiqutí au sujet de l'existence de l'homme fossile suivant les trouvailles
de Séguiu. Cei^endant en 1875, les fréres Bretón découvrirent a Lujan,
auijrés d'un cráne de Toxodon un silex travaillé, actuellement au Musóe
de La Plata. La méme année, a l'occasion des fétes de la fondation de la
Société Scientiñque Argentine, Ameghino organisa une exposition de
tous les objets trouvés i^ar lui y qui tendaient á démontrer l'existence de
l'homme fossile : ossements humains, silex et os travaillés, os striés et
fendus dans le sens de la longueur, d'autres avec des entailles, frag-
ments de Icess calciné, le tout réuni dans un méme gisement avec des
restes d'animaux aujourd'hui éteints (Antigüedad, etc., II, p. 382-384.)
Le succés de son exposition engagea Ameghino á poursuivre ses in-
vestigations et dans deux opuscules de caractére géologiqíie et paléonto-
logique (6-7), il flt égalemeut allusion á la contcmporauéité de l'homme
et des animaux pampéens aujoirrd'hui éteints, sans cependant insister
suíHsamment siar ce dernier poiut.
Moreno (Antigúedad, etc., II, p. 384-385) se montrait déjá plus cro-
yant, mais Burmeister (8) conserva malgré tout son attitude négative,
sans teñir aucunement comiste des objets eux-mémes, cependant qu'A-
meghino (9), en 1875, écrivait posément á Gervais au sujet des résul-
tats obtenus. Burmeister (10) ne s'en inquieta pas davantage. Ameghino
continua malgré tout ses travaux, sous les auspices de la Société Scien-
tifique Argentine, et, au mois de juin 1876, une commission (11) du
sein de cette société fut euvoyée á Lujan, avec la migsiou spéciale d'exa-
miner une nouvelle trouvailLe des fréres Bretón, qiii afíirmaieiit avoir
découvert une pointe de fleche en chalcedoine, bien travaillée et im-
plantée dans la partie nostérieure d'une máchoire de MacJtcerodns ; la
commission ne put en tout cas rien constater et la piéce en question a
été égarée depuis.
La Société Scientiñque Argentine retira des lors (milieu de l'année
1876) son aiipui moral á Ameghino: deux manuscrits qui traitaient, l'un
— 193 —
(le la gi'olojiie dii bassin de la Plata, l'anti'e de l'homme qnaternaire de
la Pampa, fiireut jiigés ti'és défavorablement j^ar ime commissiun compo-
sée de MM. Moreno, Arata, Berg et Zeballos, et la Société, daus sa session
du 15 jiiin 1875, remit á plus tard le prononcé d'un jugement défiuitif.
En 1876, Ameghiuo envoya une réfutation écrite qui résumait exacte-
ment toutes ses idees, et dans laquelle il invitalt la commissiou á l'ac-
compagnersur le lieu de ses trouvailles (Antigüedad, etc., II, p. 395-103).
La Société n'accéda pas a ses désirs ; et ultérieiiremeut Zeballos (12),
daus une étude géologique sur la province de Buenos Aires, maniíéstait
que le ijrobléme de l'homme fossile de la Pampa étaitloin d'étre résolu;
Lista, en 1877, dans un article de journal, faisait une déclaration iden-
tiqíie a laquelle Amegliino répondait de la méme maniere (Antigüedad,
etc., II, p. 105-110) ; Lista (13) écrivit alors un mémoire qu'il flt j)ublier
dans le Journal de Zoologie.
Ameghiuo (11) défeudit á son tour son opinión dans un opuscule sur
les antiquités de l'lJniguay et, au commencement de 187S, il prit la réso-
lution de se transporter en Europe dans le but de faire connaitre ses dé-
couvertes á un cercle plus étendu, á l'occasion de l'expositiou univer-
selle de Paris. II organisa dans le Pavillon argentin une exposition
particuliére et le catalogue general (15) dir dit pavillon, ainsi qu'un ca-
talogue spécial (1 6) contiennent une énumération systématique des pié-
ees qui m'a été de la plus grande utilité pour les reconnaitrent dans les
nouvelles études auxquelles je me suis livré.
Secondé dans ses idees par M. Várela (17), Amegliino (18) exposa sa
thése devant le Congrés anthrojjologique international qui siégeait alors
á Paris. Le profll géologique de la station de Frías, d'oü provenaient les
restes d'ossements humains, parut pour la premiére fois aux Etats-Unis
(19), et dans irn travail postérieur (20), Anieghino s'occupa pour la pre-
miére fois du probléme de l'áge géologique de la formatiou pampéemie
et des trouvailles qu'il y avait faites et qui selon lui devaieut a^jpartenir
á l'époque tertiaire. Plus tard il discourut sur le méme sujet au Congrés
des américanistes de Bruxelles (21) et un autre mémoire publié dans la
Rerue d' AnthropoJogie (22) vint clore cette serie de publicatious prélimi-
naires. Un léger aperfu de l'ouvrage sur les mammiféres fossiles de l'A-
mérique du Sud, edité en collaboration avec Gervais (23) n'a qu'un inté-
rét bibliogTapliique et un mémoire sur les ossements trouvés par Sé-
guin, écrit par Ameghiuo i>our la Revue d' Anthropologie n'y fat pas pu-
blié et ne vit le jour que dans son grand ouvrage en deux volumes : La
antigüedad del hombre en el Plata, chap. VIII.
Cet ouvTage (21) représente une coloune miliare dans l'histoire de la
paléoanthropologie ' sudaméricaine et nous le soumettrons ici á une breve
' J'appt'Ue « palíoanthropologie » l'anthropologie physique et psycliiqTie de l'hom-
— 194 —
analyse. Le premier voliime, daus sa premiere partie : Les indigenes amé-
ricains, leur age et origine, nous donne un aper^u general; la secoude i)ar-
tle intitnlée Époqiies néolithique et mésolitMque nous offre la description
d'ustensiles de pierre, vases d' argüe et autres objets de la méme classe,
provenaut de la province de Buenos Aires, d'Entre Ríos, de l'Uruguay^
de la Patagonie ainsi qne de l'ouest et du siid-ouest de la Eépublique
Argentine; elle contient en outre une monograpliie de la station dite
« mésolitliique » de la Cañada de Roclia, provinoe de Buenos Aires. Oes
deux parties n'ont pas un grand iutérét pour nous. Le seconde volume se
divise également en deux parties, qui forment les 3° et 4*^ iiarties de
l'ouvrage entier. La 3" partie, intitulée Étude sur les dépóts sédimentai-
res du bassindu río de la Plata a été pirbliée également á part sous le
titre de La formation pampéenne ; dans la partie géologiqíie du présent
travail, il y est fait fréquemment allusiou.
Sous le point de vue bibliograpliique j'ajouterai les observations sui-
vantes. La compagination de l'édition spéciale de la 3" partie est la
méme; la planche XVIII de La antigüedad, etc., est ici la iilanche I et
les ijroflls géologiques des planches XVII et XX ont été réunis dans la
l)lanche II ; les figures archéologiques des mémes lilanches ont été suj)-
primées. Le titre complet de l'édition particuliére est le suivant : La
formación pampeana ó estudios sobre los terrenos de transporte de la cuenca
del Plata. Paris-Buenos Aires, 1881: 371 pages, 2 planches.
La 4° partie, intitulée : L'homme dans la formation pampéenne^ est spé-
cialement importante, en raison des dédiictions anthropologiques aux-
quelles elle donne lieu, et nous allons entrer dans quelquesdétails á son
sujet. Dans le chapitre introduction de cette i" partie (chap. XIV de la
numération courante), Ameghino expose en detall l'histoire de tout ce
qui a trait au probléme de rhoninie fossile de la Pampa et nous l'avons
suivi jusqu'ici dans l'introduction. Les chapitres XV á XVII contien-
nent l'exposition amplement détaillée des découvertes et investigations
personnelles d' Ameghino, auxquelles nous consacrerons également nne
grande partie de la seconde moitié de la section anthropologique du
présent travail. Dans le chapitre XV, il traite en general des Preuves
matérielles de la contemporanéite de l'homme et des mammiféres éteints de la
zone pampéenne ; on y volt défller des os ráeles et striés, des os portant
des traces de coups, des os fendus et calcines, des morceaux de charbon
vegetal, des fragments de loess cuit, des os incisés et perfores, des us-
tensiles d'os et de pierre, des restes d'ossements humains et autres ob-
jets troiivés isolément. La chapitre XVI traite spécialement de L'ipo-
ine fossile, c'est-á-diie de l'hoinmo des apoques géologiques passées ; voyez Leh-
MANX-NITSCHE, R., PalUoanfhroj>o¡0(jie. Eiii Bciti-ag :ur Eintcihing dcr anthropologi-
scheii DiscipUnen. Glolvs, LXXXIX, 1906, p. 222-221.
— 195 —
que (les {imiids lac.s (i)ampéen lacustre) et des stations niiméros 7-2, poiir
cliacuue desquelles il énimiére et décrit miuutieusement les couclies
géologiques et la faime vertebrée, ainsi que les difl'éreiites trouvailles de
caractére anthropologique, os striés, brises et travaillés, pierres travai-
llés, et fragments de kess cuit. Le cliapitre XVII traite de Les eres pam-
péennes modernes (pampeen supérieur), qui iirécédérent le pampeen lacus-
tre, et spécialement de la station numero 1 d'Amegbino, d'oii provieu-
nent, non seulenient des os fendus, taillés et calcines, des morceaux de
«liarbon vegetal et des fragments de Icess cuit et des silex travaillés,
mais encoré des restes d'ossements humains; cette station numero 1 doit
étre plus ancienne qiie les números 2-7. Enfln, dans le dernier cbaj^itre
XYIII il passe en revue les trouvailles de Séguin et s'occupe de l'bom-
me fossile de l'autre rive du Eío de la Plata (Montevideo); il y ajoute des
«onsidérations genérales sur les moeurs et coutumes de l'bomme pam-
peen [voir le resume que uous donnerons plus loin page 199].
Nous n'avons iias besoin de uous éteudre davantage sous le point de
vue cbronologique au sujet du volumineux ouvrage d'Amegbino que
nous avons maintes ibis utilisé pour nos propres investigations.
Yoici finalement la serie des coucbes géologiques telles qu'elles ügu-
rent dans l'ouvrage en question :
Époque géologique Horizon Cultiire
_ t Contemporain (c.-íl-d. jiostér. k la conquéte). —
' " ' ' f AUuvions modernes Néolithique
Quateruaire .... Post-pampéen lacustre Mésolithlque
/ Pampéeu lacustre
Plioc&ue j Pampeen supérieur —
\ Pampeen inférieur
Miocfene Terrain patagonique —
Comme nous l'avons déjá \"u, le matériel d'Amegbino appartient á toxi-
tes les coucbes jusqu'á son pampeen supérieur ; mais notre examen ne
portera que sur les objets provenant du vrai pampeano, et nous lais-
serons á bon droit complétement de cóté les piéces trouvées dans ce que
Amegbino appelle le post-pampeano (période « mésolitbique » d'Amegbi-
no, décrit dans le premier volume de La antigüedad, etc.).
Nous pouvons appelersecoMfZe époque, les travaux parus postérieure-
ment á La antigUedad jutiqn'eii 1889; ees travaux sont dus pour la plu-
part a Amegbino lui-méme et ont été réunis par lui dans un grand ou-
vrage sur les mammiféres fossiles de l'Argentine, avec ceux de la pre-
miére période qui s'étend jusqu'en 1881.
Xous allons passer en détail la revue des ees travaux.
Lovisato (25) informe qu'il a trouvé des os travaillés, au milieu d'osse-
ments des grands animaux pampéens et il dessine méme un « polissoir
— 196 —
en os» qii'il a trouvéavecla mAclioire iuférieure (riin To.rodon Burmeis-
teri, sur la rive gauche de l'arroyo Tapalquen, non loin d'Azul. Si je n'a-
vais pas sous les yeux l'original, je me montrei'ais un peu sceptique.
Ameghino (36) lui-méme, trouva dans son anclen cliami) d'activité, les
environs de Lujan, des materiaiix en relation avec notre tliese, et dont
nous avons donné antérieureraent le detall : loess cuit, fragnients de
cránes d'animaux, os fendus, charbon vegetal, os calcines, os striés et
rongés, poiu(jons en os, et son frére Charles retrouva un foyer dans un
état parfait de conservation.
Prés de Córdoba, Ameghino (27), en comijagnie d'Adolphe Doering'
trouva !i une proíbndeur de 15 métres un amas de loess cirit, et en com-
pagnie de Doering et Bodenbender, un autre amas semblable, á une pro-
fondeurde 5 á 6 métres; les deux trouvailles étaient accompagnées d'os
fossiles brises et calcines. Le premier de ees « foyers » ayant été recons-
truit an Musée de La Plata, nous y reviendrons plus tard. Les autres
trouvailles préhistoriques d' Ameghino á Córdoba u'ont pas d'intérét au
point de vue de notre travail.
De Monte Hermoso (28) xiroviennent des cailloux « grossiérement tail-
lés» ainsi que des os calcines et de Icess cuit et en partie scorifié; plus
tard Ameghino (29) fait aussi mention d'os calcines troiivés dans le mé-
me gisement et attribue le tout au précurseur de l'homme.
Lidépendamment d' Ameghino, et un peu plus tard, l'explorateur suis-
se Santiago Eoth avait poursuivi dans la Pampa argentine, ses investiga-
tions dont il consigua les principairx résultats géologiques ' dans son
travail Ohscrrntions sur l'oruiine et Vüge de la fovmation pampccnne Ouns
V Argentine (30). Nous nous contentons ici d'apiieler l'attention sur la di-
visión de la Pampa argentine d'aprés Eoth, en trois étages : formation
pampéenne supérieure, moyenne et iníerieure, et l-áge qu'il leur sup-
pose : plistocéne l'étage supérieur, pliocéne l'étage moyen et miocéne
l'inférieur. Daus les tables relatives á la faune, l'ou notera trois cas de
découverte d'ossements humains (Saladero, Pontezuelas et Paradero)
qui démontrent la présence de l'homme dans les étages supérieur et
moyen de la formation pampéenne de Eoth. La trouvaille faite par Eoth
áFontezuelasftitann oncee d'aiitre part (31, 33-35, 37, 39)et les ossements^
humains qui la constituaient, décrits suivant des notices épistolaires et
des réproductions photographiques, tandis que Eoth lui-méme (32, 36) se
contentait de relater sa découverte dans son catalogue. Cependant la pu-
blication déflnitive de Hansen (38), basée sur les originaux, donna á Eoth
(40) l'occasion d'envoyer a Kolhnann une lettre que celui-ci rendit juibli-
que; dans cette communicatiou, Eoth, aprés avoir rectiñé en premier lieu
les diverses erreurs commises par Hansen, en profite pour résumer tou-
' Voir iihis loiu l'analyse des catalogues (le ses collections palíontologiqnes.
197
tes ses observations et découvertes de nature anthi-opologiqíie. Les deux
sectioDS án piésent travail sont completement en rapport avec la dite
lettre de Roth, et, conime cette lettre fut piibliée dans une feuille tres
Ijen oonnue et qui constitue une rareté bibliographiqueje l'ai reijroduit
á la fin de ce ti'a\'ail. La premiere trouvailk^ d'ossements limnains par
Eoth date de l'année 1870 et provient des euvirons de Pergamino, con-
tra la fabrique de viandes salees (saladero) de Eeinaldo Otero; lesquel-
ques restes qui existent encoré sont conserves au Musée National de
Buenos Aires, et nous en donnerons plus tard la description. Postérieu-
rement, en déterrant les restes d'un Scelidotherium, Eoth découvrit une
anne de sil ex maintenant perdue, et, en 1S81, á Fontezuelas, á cótédes
restes d'un GJijptodon, un squelette huuiain tout entier maintenant au
Musée (le Copenhague ; 11 découvrit en outre dans divers endroits des
fragments de loess cuit. Enfln, dans la forination pampéenne moyenne,
prés de Baradero, il trouva un autre squelette, le plus ancien de l'Amé-
rique du Sud; ce squelette se trouve actuellement á Zurich, on en
trouvera la description plus loin.
Dans le grand ouvrage d'Ameghiuo (41) : Contribución al conocimiento
de los mamíferos fósiles de la Eepúhlica Argentina, Buenos Aires, 1889, on
trouvera un resume synoptique de tous les travaux de la premiére et de la
seconde époque, sauf les Observations de Eoth, sa lettre, les publica-
tions de Kollmann et celles de Haiisen au sujet de la trouvaille de Fon-
tezuelas. Cet ouvrage d'Ameghino peut étre en toute justice consideré
comme le terme d'une seconde période dans l'histoire de la paléoanthropo-
logie argentine. Les pages 45 á 99 contiennent un resume historique des
connaissauces de l'époque au sujet de l'homme fossile argentin; il y expo-
se ensuite un systéme géologique beaucoup plus comi)liqué que celui
qu'il avait donné dans La antigüedad, etc. Comparons :
Epoque „ . ^ ,, Norneuclature antírieure
, , : Horizon Culture , ^ , .■ ■• j j
géologique daña La Antigüedad
{ Arieu Historique
Récente ! , ^^, ,.,, .
( Ayiiiarii .... . . NeoUtnique
/ Plateen Mésolithique. . . .
Quaternaire . ] Paleolithique . . .
I, Querandin Paléolithique . . .
Tehuelche —
/ Liijanéen \ Pampeen lacu.stre
) Bonaéréen J Pampeen supérieur
Pliocfcne ■ . ■ . 1 „ , , / ,,
I Belgranéen I ^ ,.,, . Manque
f ^ "^ ,, > Éohthique „ , .' , .
\ Ensenadeen I Pampeen míerieur
/ Puelche ' ]
Miocéne \ Hermoseen /
V Araucanien
' Le texte dit par crreur Pehuelche ; la tribu indienne correspondante porte le
nom de « Puelche ».
— 198 —
Epoque _ .
Horizon
gt'ologique
„,. ^ \ Patagonieu
Oliffocene ...;,..
f Mesopotamien. . .
1 Paranéen
Eoc&ne ¡ ,
( Isantacruzeen . . .
„ , ( Snbpata{roDÍen. .
Paleocfene • • • r,, , °
( Peüueuclie
Dans le cours de notre investigation et par conséqueiit dans l'intro-
ductiou historique, uous omettrous tout ce qu'Amegbino lai-méme ue
comprend pas dans ses étages de la formation pampéenne, lesquels, de-
puis la iHiblication de La antiyúeñad, etc., se sont aceras d'im étage mo-
yen et sont attribués comme auparavant au pliocéne.
Au pampeen lacustre (== Lxijanéen) sont rapportées les stations núme-
ros 2 á 6 d'Ameghino déjá caractérisées antérieurement aiusi que les
observations de Lovisato, et, en outre, il y décrit pour la premiére fois
des os fossiles fendus de guanaco et de cheval, des amas de 1q?ss cuit,
qu'Amegbino et son frére Charles prétendaient avoir trouvés dans la
méme couche sur les rives du Naposta.
Au pampeen supérieitr (= Bonaéréen) la station numero 1 caractérisée
de méme antérieurement et les objets découverts dans les excursious a
Lujan, la trouvaille de Eotli a Fontezuelas, les ossements trouvés par
Séguin au Carcarañá, aiusi que les explorations déjá relatées d'Ameghi-
no á Córdoba, et sur lesquelles il revient ici sous ime forme un peu plus
étendue; enfin il y décrit pour la premiére fois un squelette humain
découvert par Henri de Caries sur les bords de l'arroyo Samborom-
bón et un cráne humain trouvé par Monguillot sur les bords du río
Arrecifes.
Au pampeen moyen nouvellement creé (= Belgranéen) sont attribuées
les trouvailles pro^'enant de deux endroits et qui prennent place pour
la premiére fois dans la littérature : á Lujan, de petits éclats d'os fendus
de ruminants et des fraginents de Icess cuit ; a La Plata, un dépót
d'os de poissons fossiles, mélés á des morceaux de charbon vegetal et de
loess cuit, puis des fragments d'os brises de petits mammiféres, surtout
de Lagostomiis cavifrons et de Cavia.
Du pampeen inférietir {= Emcnadéen) il n'est décrit aucune trouvaille
dans La antigüedad, etc., de 1881. Dans la Contribución, Ameghino attri-
bue á cet étage, quelques dents humaines qu'il avait trouvées des 1877
mélées á des os et des dents surtout de poissons, dans les bañes calcaires
qui forment le fond du lit du Río de la Plata á Buenos Aires. II les dé-
crivit (23) d'abord comme appartennant á un Protopithecus bonaerensis ;
puis il eut des doutes et il les considere aujourd'hui comme des dents de
lait humaines, incisives et canines. A cause des différents incidents men-
tionnés par Ameghino dans la Contribución, x)ages xiv et suivantes, ees
I
— 199 —
dents se sont perdues et on regrettera la perte d'im matériel d'ime liaute
valeiir scientifiqíie.
Dans ]f voisinage de ce gisement Charles Ameghino troiiva, en 1883,
des eclats d'os brises et des fragmenta d'os avec des incisions et des tra-
ces de coiips, ainsi que des petits morceaiix de Icess ciiit.
Finalement, en 1881 et 1885, les ouvriers qui travaillaient á la cons-
tructiou dii canal de La Plata, trouvérent un amas d'os d'animaux; cea
os furent apportés au Musée de La Plata et, suivant Ameghino ils ont
été « brúlés, brises, fendus, travaillés et polis » par la main de l'hom-
me. Ameghino visita le lieu de la trouvaille; il croit qu^il s'agit d'uue
ancienne lagune ou d'une baie formée par le fleuve, et dans laquelle
l'habitaut du rivage jetait les débris de ses i'epas.
Durant la continuation des travaux le Musée envoya un employé
chargé de veiller a l'extraction des fossiles; le nombre dea squelettes de
jeunes Scelidofherium trouvés dans les excavationa eat incroyable, tan-
dis que les restes d'animaux anciens sont tres rares ; Ameghino croit que
les premiers proviennent d'animaux sacrifiés intentiounellement i^ar
l'homme. Postérieurement, l'on trouva dans les mémes conches une pierre
qui ne pouvait qu'avoir été apportée la par l'homme, un amas de loess
cuit, des charbous, des os fendus de ruminants, ainsi qu'une deut oeillié-
re de Smilodon fendue artificiellement et dont la surface de fente était
polie; cette dent appartient aujourd'hui en propriété a M. Ameghino.
Aprés avoir ainsi passé en revue lea diverses périodes, Ameghino
étudie lea Conditions d'existence de l'homme ¿i l'époque immpéenne. II
avait trouvé fréquemment les grandes carapaces de Glyptodon, vides
et dans une jiosition antinaturelle, ou bien le dos tourné en haut, ou au
contraire rei^osaut tantót sur le bord lateral, tantót sur le bord de la
tete ; il avait trouvé en plus des morceaux de Icess cuit, du charbon
vegetal, dea cendres, des os calcines et brises, des fragments de quartz
et de cornes de cerf. Les carapaces servaient done a l'homme de guérite
pour se mettre á l'abri, aprés avoir aupara vant utilisé la chair de l'ani-
mal pour alimentation, ce dont nous avons la preuve par les fragments de
cotes et autres os brúlés et noircia par le fevi. La découverte d'un sque-
lette de Megatherium conduisit á la conclusión que l'animal était tombé
ou avait été poussé dans un marais et que la in xitu il avait été róti vi-
vaut, tandis que les pieds de l'animal restaient intacta dans le fond du
marais. L'homme d'alors n'était aúrement pas nombreux et vivait daña
le voisinage des lagunes et des riviéres, principalement de la chasse, et
dans un état complétement sauvage.
Suit une description xva. peu plus détaillée dea objeta de Monte Her-
moso [attribués á l'homme et dont uous avons déjá fait mention; le
qiiartz taillé, y est representé. Nous nous dispenserons de discuter ici
cette'tronvaille.
— 200 —
Vient ensuite l'examen des caracteres ostéologiques de l'lioinme fos-
sile déla Pampa; premiereinent les cavernes á ossements décrites i^ar
Limd et considérées comme relativement recentes, au siijet desquelles
toutes les opinions sont aiijonrd'liiii d'accord, puis les fragmeuts de
cráne de Córdoba et le cráue du río Negro attribués au quateriiaire.
Les restes ijrovenant du pampeen sont les senls qni nous intéressent ici.
H n'en existe pas dans le x^ampéen lacustre. Au pampeen sui)érieur cor-
respondent les restes trouvés i)ar Séguin au Carcarauá, ceux provenant
de l'arroyo Frías, de Fontezuelas, de Samboronibón et d' Arrecifes, dont
il a déjá été question antérieurement. En resume, il exista á cette apo-
que reculée deux races diflerentes coutemporaines : une race dolicliocé-
pbale avec des caracteres crániens notablement inférieurs (front fuyant,
etc.) et une race bracliycéphale au cráne mieux développé, les deux
races hypsosténocéphales et de tres petite stature.
Du pampeen moyen Amegliino ne parle plus maintenant, et il attribue
íiu iximpéeu inférieur les deuts trouvés en 1877 á Buenos Aires.
La conclusión comprend une recapitulation des idees d'Ameghino au
sujet de la phylogénie et spécialement un arbre généalogique de l'hom-
me, des singes anthropoides et de leiu's aucétres communs des différents
degrés.
Nous nous sommes occupés avec extensión de l'ouvrage d'Ameghino,
parce qu'il ferme une i)ériode dont les dernieres vibrations sont repré-
sentées seulement par des travavrx beauconj) moius importants.
Vilanova (42) flt en 1890 de breves Communications au sujet án sque-
lette fossile de Samborombón, conservé actuellement au Musée de Ya-
lence.
Kobelt (43) traite dans un tres bon mémoire des Explorations d'Ame-
ghino dans la Pampa argentine, qu'elles reconnait sans reserves, et croit
que la population de la í'ormatiou pampéemie représente une espéce a
part Homo pliocenicus tandis que l'individu qui cassait les silex dans
l'araucanien de Monte Hermoso, appartenait á VAnthro^Mpitheciis Mor-
tillet ou á V Antliropomorphus Ameghino. Le mémoire de M. Kobelt est
un resume d'une ciarte remarquable, mais dans lequel on note malheu-
reusement l'absence ijresqiie absolue de toute critique des investiga-
tions et conclusions d'Ameghino.
Trouessart (44) publie en 1893 une excellente synopsis sur les primates
tertiaires et l'homme fossile de l'Amérique du Sud, dans laquelle il ac-
cepte les opinions d'Ameghino a l'exception de l'áge géologique (tertiai-
re); malheureusement il s'est produit un malentendu au sujet de latrou-
vaille de Monte Hermoso : l'éclat de quartz dont il a été question n'était
jjas incrusté dans l'os d'une Macrauchenia, mais il se trouvait a, cóté
de cet os et la connexion entre les deux est absolument in-oblématique
— 201 —
et Aniegliino {Contrihución, p. 75) ii'y fnit mémepas allusion. En oiitre,
Aiiiegliino ue parle pas des restes de poterie cuite, sinou de inorceaux
de Icess cuit et fait remarquer expressément l'absence de l'art cérami-
que {Contribución, p. 74).
Ce n'est pas Trouessart qui a coinmis cette derniére erreur ; on la
troiive dans qiielqiies resumes (-45, -IC) de son travail publiés dans des
journaux scientiflípies, et dans le méme mémoire de M. Kobelt que nous
avons déjá cité.
En 1900, M. F. F. Outes (50) décri vait des lia filies du type de Saint Aclieul
trouvées á San Julián par M. Charles Amegliino et présentait Tannée
suivante (54) au Congrés Scientiflque Latino-Aiuéricain de Montevideo
un resume sur les diftérentes trouvailles faites dans la Eépublique
Argentine et Oriéntale de 1' Uruguay d'objets supposés paléolitliiques.
Dans son manuel de paléoutologie, Zittel (47) reproduit les données
d'Amegliino au sujet de quelques restes d'ossements liumains de l'arroyo
Frías qui étaient parvenus au Musée Civique de Milán; mais il n'a pas
été possible de les y retrouver et Morselli (48) aurait dii diriger ses re-
pi oches á Padininistration de Tétablissement et non á Zittel lui-méme
lorsqu'il fit des recherclies dans le dit musée pour retrouver les osse-
uients en question.
Un resume géologico-paléontologique sur l'Argentine, dii á la ])lume
d'Amegbino (49) et paru en 1898, expose les faits connus avec une ex-
treme concisión et donne en outre une figure inexacte d'un cráne fossile
de l'arroyo La Tigra, foniiation painpéenne supérieure, avec des don-
nées également inexactes que j'ai rectiflées dans une critique (51) ; le
cráne est plus loin minutieusement décrit.
Yers la méme époque, en novembre 1899, j'organisai moi-niéme un
Toyage d'étude le long de la rive droite du Paraná. Sous la conduite du
docteur Santiago Eoth, mon ami le docteur Cliarles Burckliardt, comme
géologue et moi-méme comme anthropologue, nous pfimcs explorer tou-
tes les localités, oíi le docteur Rotli avait antérieurement trouvé des
traces de l'existence de l'bonime. L'on trouvera dans le préface du pré-
sent travail tous les détails ayant trait á notre voyage. En l'année 1900
j'adressai sur le méme sujet une comuiunicatiou préalable au Congrés
international d'antbropologie et d'arcliéologie préliistoriques de Paris (52)
et á l'assemblée de la Société antbropologique allemande de Halle (53).
J'y donnais un bref exposé des bases géologiques suivant les Communi-
cations de Burckliardt et je presentáis en méme temps des inorceaux de
Icess cuit que nous avions trouvé dans le Icess á Eamallo et á Alvear.
Le présent travail rend mainteuant supertiues les dites Communications
préliminaires et la discussion qui s'eu suivit.
En 1903, Quiroga (55) prétendit reconnaitre dans la sculpture d'une lia-
■clie de pierre provenant de la región Calcliaquí laforuie d'unmast<idon-
HEV. ML-SEO LA PLATA. — T. I. 14
— 202 —
te; l'artiste iudicu anrait done été contemporaiTi de ees anímaux. .T'eu«.
Ijlus tard sous les yeux la dite piece : ee n'est aii sur])lns qii'im iiiotif ani-
mal fortement stylisé dont l'art calcliaqui nous oft're de fréqnents exeui-
ples, probablement lejafifííar, opinión nianifestée aussi plus tard par
Ambrosetti dans nnc publication spéciale sur le inéme objet (61).
Amegiiiuo (5C) mentionne eu 1904: la découverte d'une masse de loess.
euit, a 51 métres de profondeur daus le loess de Toay, Pampa Central^
au milieu de restes d'une faune de mammiferes eneore plus Agée que
eelle de Monte Hermoso et il attribue égalemeut eette pieee á Thomme.
Dans un travail sur l'áge de iiierre dans la Patagonie, Outes (57, 58)i
distingue une période paléolitliique et néolithique, a laquelle il attribue
des objets de forme amygdaloíde et méme ovale, de simples lamelles et
aiitres piéces peu travaillées. Sauf un cas, ce sont toutes des trouvailles.
isolées provenant en partie de la superficie et par conséquent de peu de
valeur pour la détermination de l'Age géologique; quant an cas excep-
tionnel il fut trouvé par Amegliino á 4 ou 5 métres de pmtondeur dans
ime couche de cailloux roulés (pii était mise á nu avecles couches sui»er-
posees par un lit de riviére á seo (caíiadón) ; les détails cependant si
nécessaires relatifs aux eirconstanees oíi fut eftectuéelatrouvaillen'ont
pas été eommuniqués et rieu ue prouve que la pléce soit contemporai-
ne de la couclie dans laquelle elle gisait et dont ITige est identifié avec
les lits snpérieurs de la formation pami)éenne, en raison de similitudes
tout á fait superflcielles.
Outes (59) déerivit plus tard (en 1905), un ])etit quartz portant des tra-
ces indubitables de la nmin de l'liomme ; eette piéce fut trouvée par
Amegliino prés de Lujan au commencement de ses rechercbes mais n'a-
vait encoré été décrite par aucun auteur.
Amegliino (60) lui-méme, pendant que le iirésent travail était en prépa-
ration i^our l'imprimerie, donna, dans un travail sur les formations sédi-
mentaires du erétacé supérieur et du tertiaire de Patagonie des détails
sommaires sur les restes ostéologiques humains provenant de la forma-
tion pampéenne et d'autres appartenant au Musée de La Plata qui sont
décrits dans ce travail et exposés au public dans la salle des coUeetions
anthropologiques du dit établissement. Le cráne d' Arrecifes doit étre
quaternaire et ne semble pas différer de celui de l'époque actuelle; il
appartient done á VHomo sa^yicns. Le cráne de Fontezuelas provient du
Ijliocéue supérieur (Bouaéréen); il a la courbe froutale moins élevée et les
bourrelets sus-orbitaires nuls ou tres peu développés ; Kobelt (43) donne ii
eette forme le nom de Homo 2)Iioce)üeus. Le crane de La Tigra, pour en
finir, provient du pliocéne inférieur; c'est le cráne humain géologique-
ment le plus ancien que l'on connait et c'est aussi celui qui montre les.
caractéres ancestraux les plus accentués : il n'a pas de bourrelets sus-or-
bitaires et il présente le front le plus fuyant qu'on ait encoré observé-
— 203 —
sur aiiciiu cniíio liuiuaiii non (U'[)riuió iiititiciflleiiiciit (il cst (léforiiié ar-
tificiellement ! L. N.). « Sons ce rapport, il dépasse le cráne de Nean-
derthal, dont il différe par l'abseiice des gros bouvrelets sus-orbitaires; il
parait en différer anssi par la partie postérienre plus développéc daus
le sens vertical et moins prolongé vers l'arriere, mais il est probable que
cela soit dú á une dépression occipitale, produite peiidant la premiére
jeunesse, quoique non intcntionnelle» (c'est en réalité sans aucun doute
possible une détbrniation artifleielle, L. X.). Ce cráne rei)résenterait une
espéce á part. Homo jianqxiens Anieghino! II se produirait, par consé-
quent, dans la ligne qui conduit á rhoniine actuel, un relévenient gra-
diiel de la coixrbe frontale á partir du pliocéne inférieur.
I(!Í ftnit uotre introduction historique. íTous l'avons commencée avea
les investigations niinutiouses d'Anicgliino dans le lo?ss pampeen et
teruiinée a^ec les conclusions individuelles du nu'Uie auteur, éerites 37
aus aprés le debut de sa carriére paléontologiqíre. Je dois des luainte-
nant nianifester qu'une gradnation aussi nette du développement bu-
main n'existe j>as dans rAuíérique du 8ud, que tous les restes ostéolo-
giqnes huinains de la íormation pampéenne actuellement entre nos
mains, appartiennent au contraire á Y Homo Hapieníí typique et que quel-
qiies unes des particularités ostéologiques de ce dernier se recontrent
cbez les indiens luodernes.
Me fondant sur nos investigations, je ne puis pas accepter non plus,
la classitícation de la tbrination pampéenne donnée par Amegbino. Son
« xiampéen moyen », il en fait méme abstraction dans ses travanx géo-
logiques postérieurs (pas cites dans notre travail) et nous ne pouvons
ratifier l'existence d'nn pampeen lacustre indépendant. Xous admettrions
plutót le systéme de Eotli et je le prendrai poiir base de la división de
la i)artie antbropologique danslaquelle je traite d'abord la paléoantliro-
pologie physiqne pour m'occuper ensuite de la paléoantliroiiologie psy-
cliique de la République Argentine. Xotre investigation géologique
dont Burckbardt s'est deja occupé dans son mémoire, nous a procuré
une base pour l'examen d'autres régions, et spécialement des champs.
d'études d'Amegliino á Lujan et Mercedes, que nous n'avons pu explo-
rer nous-mémes. Xous avons done pris en considération, en premier lien
les restes ostéologiques liumains provenant du pampeen supérieur, en-
suite ceux provenant du pampeen moyen, ou, en d'autres termes, du
loess jaune, puis du bess lirun, et suivant le méme ordre, les traces de-
l'activité de l'bomme pampeen.
On s'étonnera évidemment de voir qu'en acceptant comme nous le-
faisons ici, la división de Rotb, nous ne soyons pas complétement d'ac-
cord avec les déductions de Burclíbardt exposées dans la section géolo-
gique de ce travail. Burckbardt ne considere plus le pampeen inférieur
— 204 —
de Eotli coinine faisant partie de la formatiou pampéenne ; celle-ci com-
prendrait seulement le « pampéeu siipérieur » et « intermédiaire » (toiis
deux dans le sens de líoth) et il serait plus logique, dit-il, de les dési-
yner sous le noui de loess jaiiiie (¡/oldfidb) et Icess brun (rchbruun). Jus-
qu'alors iious n'avions pii, ni Buiekliaidt ni nioi, explorer les yisements
du pampeen inférieiir et l'opinion de Biirckliardt se réduisait aune sim-
ple supposition. Mais, en mars lítOl, je visitai personnellement le para-
ge classique de Monte Hermoso, oíi, d'ailleurs, a cause de l'eusablement
enorme de la barranca, il n'y avait pas grand'cliose á voir ; plus tard,
en 1905, je me joignis á l'expédition que M. le professeur Steinmann, ac-
compagné du D'' Santiago Eotli, entreprit á Mar del Plata, oü les con-
ches du pampeen interieur (= Monte Hermoseen) affleurent beaucoup
plus nettement sur le rivage et sont incomparablement plus fáciles á
étudier qu'elles ne le sont á Monte Hermoso. Uans tous les cas, le
« pampeen interieur » du systéme lloth appartieut aussi ii la íbrmation
Ijampéenne et, dans mes notes, comme deja en 1901, j'indiquai «brun
pain d' ápices » (pfcffer'k-Hchenbraun) comme couleur correspondante á son
Icess, tandis que Steinmann annotait «brun de foie» (Icberbrami). Mais
toutes les tentatives que j'ai faites pour constater l'existence de l'liomme
dans cette formation, d'accord avec les aftirmations d'Amegliino, furent
complétement inútiles ; dans le chapitre III de la section anthroiiologi-
que on tronvera les indications les plus détaillées á ce sujet.
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p. "273-309, 524-529.
(58) 1905. OuTES, F. F., La edad de la piedra en Patagonia. (Resumen), lie-
vista de la Universidad de JBuenos Aires, IV, 1905, p. 212-217.
(59) 1905. OüTES, F. F., Sobre un instrumento paleolítico de Lnjiin (j^rovincia
(le Buenos Aires). Anales del 3Iiiseo Xacional de Buenos Aires, XIII, 1905,
p. 169-173.
(60) 1906. Ameghino, F., Les formations scdimcntaires du crétacé supi'rieur ct
dn tertiairc de Patagonic avec un j>aralléle entre leiirs fauítcs manimalogiqncs et
celles de l'aneien continent. Anales del Musco Nacional de Bneno.^ Aires, XV,
1906, p. 416-450.
(61) 1906. Ambrosetti, J. B., El hacha de Jluagcama. Anales del Museo Na-
cional de Buenos Aires, XVI, 1906, p. 15-23.
— 209 —
ANTHROPOLOGIE PHYSIQUE
FOUMATION' l'.VJirÉEN SUPÉRIKUR = I.IKSS J.VUNE
CAECARAÑÁ
1864. Ossements humains trouvés en 1864 par M. Francois Séguin sur les
bords du Carcarañá, province de Santa Fe et conserves au Muséum d'His-
toire Naturelle de Paris.
1864-65. BüRMEiSTER, Gr., El hombre JokH unií'nttno. Dans : Fauna Aryen-
iina. Anales del Museo Público de Buenos Aires, I, 1864-65, p. 298.
Repvoduit par Ame(íhino, Antit/ücdad. etc., II, p. 374-375.
1867-69. Gervais, P., Zoologic et paléoulolnnie (iniérales. Premiíre serie. Pa-
rís, 1867-69, p. 144.
Breve notice reproduite dans le travail snivant du lueme auteiir et iiostérieu-
rement par Ameghino, Antiijiiedad. etc., II, p. 375.
1872. Gervais, P., Débris luimniíis reeueillis dans la Confédération Argeutiue
avec des ossements d'animaiij: appartenanf a des espéces perducs. Journal de
Zoologie, II, 1872, p. 231-234.
La jiartie relative á la trouvaille de M. Séguin a été reproduite, moins les
figures 1 á 4 dutexte et 1 a 9 de la ijlanche V par Ameghixo, Antii/iiedad, etc.,
II, p. 375-377.
1874. JIouEXO, F. P., Xoticias sobre anfit/iiedades de los indios del tiempo
anterior d la conquista, descubiertas en la provincia de Buenos Aires. Boletín de
la Academia Nacional de Ciencias de Córdoba, I, 1874, p. 130-132.
Le passage correspondant est reproduit par Ameghixo, Antiijiicdad, etc., II,
p. 380-381.
1875. BüRMEiSTER, G., Los caballos fósiles de la Tiepública Anjcntina. L>ic
fossilcn Pferde der Pampasformation. Buenos Aires, 1875, p. 76-78.
Le passage corresjjondant est reproduit par Ameghino, Antiyüedad, etc., II,
p. 388-389.
1876-1879. Bürmeisteh, H., Deseription phi/siqnc de la Pipublique Ari/enti-
ne, t. II, Buenos Aires, 1876, p. 216 : t. III, Buenos Aires, 1879, p. 41-42.
Amegliino, dans : Antiijiicdad, etc. II, p. 391-392, reproduit le passiige co-
rrespondant dn tome II, sans s'oceuper ancunenient de celui du tome III.
[1881. Ameghino, F., litude sur l'dyc ¡icol(i¡ii(jue des ossements humains rap-
portés par Franfois Séguin de la Ilépublique Arycutine et conserves au Muséum
d'Histoire yaiurelle de Paris.
Cité par Ameghino, AutigUedad, etc., II, p. 421, et resume jjar lui en ([uel-
ques ligues; ce travail destiné a la Ecvue d'' Anthropologie 1881, n'a jumáis
étépublié, si nous en croyons la projire déclaration de Tauteur.]
— 210 —
1881. Ameghixo, F., La aiiti^iiu'íhtd del hombre en el riafti, t. II, Pavis-
Buenos Aires, 1881, p. 374-377, 380-382, 388-389, 421, 514-526.
1889. ÁMERHlNO, F., Contribución al conocimiento de los mamíferos fósiles
de la FepúbUca Art/eniina, Biienos Aires, 1889, i>. 46, 67, 83.
1889. RoTH, S., IJeber den Schüdcl ron Pontimclo (ricliti/jcr Fonte:uelas).
(Briejiiche Mittheilnny ron Santiar/o líoth an Herrn J. Kollmunn). Mittkeilun-
(¡en aus dem anatomisclien Instituí im Vesalianiim ~n liasel, [1889], p. 6-7,9.
Kéiiiiprimé ¡i la flu de la partie aiitluopologi(iue du présent travail.
Les premiers débiñs de l'liomme fossile de la Eéx>ublique Argentine
furent trouvés en 1864, dans la province de Santa Fe, 25 llenes an nord
de la vllle dn Rosario, par nn coUcctionnenr fran^-als M. Fran^ois Sé-
guin, snr les bords dn Carcarañá, á quelqnes lienes de son conflnent avec
le Paraná, an milieu d'excavations pratiqnées ponr l'établissement des
fondations d'nu pont de cliemin de fer. Ayant reconnn lenr valenr, M.
Séguin les exhiba a l'Exposition nniverselle de Taris, 1807, et, plns
tard, les vendit au Mnsénm d'Histoire Xatnrelle de la niéme ville. !M. Sé-
gnin Ini méme declare (Amegliino, 1881, p. 515), qne ees débris ¡¡rovien-
neut dn la?ss pampeen, sans douner des reuseiguemeuts forméis á cet
égard, et les antenrs postérienrs ne sont pas d'accord sur la qnestion de
savoir s'il s'agit dn loess janne on dn loess brnn. Snivant Amegliino
(1881, p. 525), on ne tronve á nn snr les rives dn Carcarañ.1 qne le loess
janue; selon liotli (188'.», p. 0-7), (pii connait a fond la eontrée, les bords
de cette riviére, á l'endroit oíi la francliit le clieniin de l'er dn Eosario á
Córdoba, se composent de lu'SS de la formation pampéenne intermédiaire,
et, si réellemeut c'est dans les fonilles pratiqnées i)onr les fondations du
méme iiont, qne Ségnin a découvert les ossements hnmains, ceux-ci ap-
partiendraient á cette méme formation pampéenne intermédiaire (Icess
brnn). Cette derniére opinión semble en contradiction arec celle de Ger-
vais (1872) et d' Amegliino (1881, p. 51!)), qni allinnent qne les ossements
en qnestion sont de diflférentes coulenrs : les nns sont en partie jannátres,
avec des nnances rouges, ou foucés avec des taches bleu-noirátres; lis
étaient reconverts de Icess an moment oñ on les trouva. D'antres sont
blancs, c'est á-dire qir'ils ont été laves par la plnie et ensuite blancliis,
á la surface du sol, par l'action combinée du soleil et de l'ean. lis pro-
viennent ainsi des conches pampéennes les plus superflcielles, ou bien,
ils n'ont fait qn'étre transportes par les travaux d'excavation, avec le
Icess inférienrjnsqn'á la surface oñ ils sont restes quelque temps, en
partie reconverts de terre, en partie exposés a l'air libre, an milieu des
décombres; cette derniére hypotliése est en harmouie avec l'opinion de
M. Eoth.
Dans le cas présent, 11 importe peu de savoir avec exactitude qnelle
est la conche de hess d'oíi proviennent les ossements qni nons occupent.
Ils sont si mal conserves, que lenr examen est íi peu prés impossible et
— 211 —
la (lisciission np pourrait avoir qiruii intórét liistorique. Selonle catalo-
gnv inaiiusciit dé la collection Súfiíiiii, (•(niservé an ]\Iiiséum d'Histoire
Natui-elle de París (Ameghino, 18.S], ]>. .Tl.j-ólG), t-e sont des fragments
deeráiies, os loiigs, vertebres et cotes; des plialanges iiitactes la plupart,
des Iragiueuts de maxillaires et mandibiiles avec leurs dents, et, en
outre, 32 dents isolées provenant de 4 individus ; Gervais publia á leur
vSnjet une courte notice 1S67-G9 et en 1872 un article spécial. Les dents
sont des incisives et des molaires dont la couronne est plus ou moins
usée, celle des incisives dans le sens transversal comnie cliez les races
primitives. Les neuf dents qui flgnrent dansle travailde Gervais nc pré-
sentent aiicune particularité (voir la reproduction ci-dessous).
A cote de ees osseuieuts bumains se trouvaient des os dn cbeval fos-
Fif;. 1. — Dents huniaines de Carearafiá. Selou Gervais, 1- e., pl. V, ti^. 1-0.
sile (Eqiius ciirvidens), réunis plus tard aux autres restes de la iiiéine
espéce que posséde le musée de Paris et des os de l'onrs pami)éen (Arcto-
thcriiim honai'rcHxe) (Gervais, 1S72; Ainegliino, ISSl, p. 514,510, 525;
188!»). Ces derniers offrent le méme asi)ect í'oncé ou blauc que les débris
linniains; leur état de conservation est le méme; ils sont recouverts du
nu''nie Icess rougeátre qui remplit en méme temps leur sub.stance spcm-
g'ieuse et quelques irns présentent á leur surface des incrustations cal-
<^aires identiques á celles qui caraetérisent d'autres objets provenant de
la tormation pampéenne, comme Ameghino a pu le constater i)ersonnel-
lement (1881, p. 525; 1889).
Dans la méme couche, mais a une certaine distanee des osseuients
liuiiiains, se trouvérent des débris de l'Iíi/drochocnis inayiius, Maxtodon
(s])?), Mv(i<dlurium americanum, Lentodou trií/oiiidciis et Xeoeuri/iinin nidin
(Ameghino, 1881, p. 525-52G).
— 212 —
L'áge fossile des ossements trouvés par Séguin a été mis en doute,
ce qui n'a pas lien de nous surprendre relativement á une éixique oii la
contemporanéité de l'liomme et des animaux gigantesques de la forma-
tion pampéenne était encoré problématique. Moreno eroyait en 1874 que
ees ossements provenaient d'une tribu i)réeolombine d'indiens. Bur-
meister (1864-1865) en entendit parler á Buenos Aires, quelque temps
apres leur découverte; mais il ne parvint pas a les voir malgré ses ef-
forts, et, comme ce savant resta sceptique, presqne jusqu'á la fln de sa
vie, au sujet de la présence de l'homnie dans la formation pampéenne
argentine (Rotli, 1889, p. 8), il douta en 1875 de leur age fossile et de
leur valeur scientiflque en general. En 1870 il renouvela sesdoutcs tant
á leur égard qu'á l'égard des autres débris liumaius fossiles. En 1879, lui
fiírent envoyés de la méme localité des ossements fossiles de cerf et de
Tiipoflierium; mais, suivant son opinión, les premiers, d'un aspect plus
moderne, appartenaient seuls aux conches supérieures de la formation
pampéenne et plus particuliérement á une alluvion de gravier, tandis
que les restes du Ti/jjotherium, ainsi que ceux de VArctotherium bonae-
rense trouvés par Séguin, provenaient de conches plus anciennes et que
les ossements humains recueillis par ce méme collectionneur procédaient,
au contraire, de conches tres recentes, le tout ayant été amonedé par
l'action de l'eau dans un seul et unique dépót.
Quoiqu'il en soit, le caractére fossile des débris humains des rives du
Carcarañá ne pent étre mis en doute. Ameghino a précisément étudié
avec le plus grand soin les originaux sons ce jioint de vue et publié a
leur sujet un compte rendu des plus minutieux (1881, p. 520-526). Apres
avoir décrit jusqu'aux plus petits détails la difterence de couleur que
nous avons antérieurement décrite, il demontre que ees mémes os ne
proviennent pas de riiumus; mais que, en raison de leur aspect, carac-
téristique des fossiles pampéeus, et de leur état de conservatiou, ils ap-
partiennent au véritable Icess, dont il existe encoré des traces visibles
tant á leur surface que dans les interstices spongieux, et qnelquefois
calcinées sons une forme entiérement typique. Parmi ees ossements,
quelques mis ont été grignotés par de petits rongenrs d'une espéce an-
jonrd'hui éteinte.
Les restes de VArcfotherium honarrense présentent des particnlarités
tout á fait ideutiques et disposées d'une fafon analogue.
Nous avons déjá dit qu' Ameghino considere le loess du Carcarañá.
comme appartenant á la conche supérienre.
Eoth lui méme (1889, p. 6-7) demontre que les objectious de Burmeis-
ter ne sont pas justifiées : « II n'est pas vraisemblable, dit-il á ce sujet,
([ue l'eau ait arraché au hess dur un certain nombi-e d'ossements d'onrs
(Arctolhcrium) i)our les transpm'ter dans un autre lien et les y reunir;
d'ailleurs dans le parage cité des rives du Carcarañá, il n'existe ancune
— 213 —
conche de gravier. Je comíais i)arfaitement l'eiulroit oíilecliemin de fer
dii líosario a Córdoba Irancliit le ('arcarauá. Les rives sont coiistituées
par le Icess de la formation iiampéenue intermédiaire. A la partie supé-
rieure existe une minee conclie d'luinius et, en dessous, dans le lit menie
du lieuve, on trouve de place en place, des dépóts de í'ange et de coneré-
tions calcaires triturées d'une puissance tout á fait insignifiante. Si M.
Séguin, aii lieu de trouver les ossements humains dans le loess, les avait
recueillis dans un des d(5póts dont nousvenonsde parler, qiiiconque con-
nait les fossiles pampéens, aurait aftirmé iuiniédiatenient que les débris en
questiou ue venaient pas de la formation parapéenne ; mais si réellement
ees ossements ont été déeouverts dans le luess creusé pour les fonda-
tious du pout, ils appartienuent aux couclies pampéenues intermédiai-
res. »
Par conséquent, sans laisser lieu á aucnn doute, les restes liumains
trouvés sur les bords du Carcaraüá, sont fossiles et proviennent pour le
moins dir Icess jaune, peut étre bien aiissi de la formation pampéenne
intermédiaire (leess brun). Acausedeleur mauvaisétat de conservation,-
ils ne contribuent que <rune maniere tout a fait insignifiante á la con-
naissauce des caracteres ostéologiques de l'liomme fossile pamiiéen.
frías (I)
1870. Débris d'ossements humains trouvés en 1870 par M. Florentino Ame-
ghino sur les bords de l'arroyo Frías, prés de Mercedes, province de Bue-
nos Aires, donnés au Musée Civique de Milán et perdus depuis.
1889. Ameghino, F., Contribiicióii al coiiociunciüo de los mamíferos fósiles
de la Bepública Argentina, Buenos Aires, 1889, p. 46, 66, 83.
1888-1894. ZiTTEL, K. A. vos, IJandhinli der Pa}iiouiolo(iie,'Mm\c\ie\\-'Lv\p-
zig, 1888-94, p. 724.
1896. MoRSELLi, T., Osservacioni eritiche sulla parte autropolofíico-iireistorica
del recente « Trattato di paleontolof/ia » di Cario Zittel. Archivio per VAntro-
polofjia e VEtnoloijia, XXVI, 1S96, p. 140.
En 1869, Ameghino commenga ses premieres excursions á la recher-
che de fossiles, et, des l'année suivante, 1870, il fut assez heureux pour
découvrir sur les bords de l'arroyo Frías, i)res de Mercedes, le cráne et
d'autres parties assez importantes du squelette d'un homme fossile. Ces
débris, ainsi que d'autres ])iéces paléontologiques fiirent emportés plus
tard en Europe par un collectionneur, M. Pozzi pére, qui en ttt cadeau
au Musée Civique de Milán. Ils n'ont pas été décrits. Si nous ajoutons foi
aux souvenirs vagues qu' Ameghino a conserves d'une époque oíi il ne
connaissait que superflciellement cette matiére, le squelette en question
— 2U —
était de diiiieiisioiis petitcs, le eráne tros dulicliocépbale, le ñont étroit
et fuyaiit, les dents iisées en direction horizontale.
En 1S90, suivant ce qu'il m'a conté, M. Santiago Eoth visita le Mnsée
de Milán, oíi il prit au sujet de ees restes toutes les inforniations possi-
bles. Mallieureusement personne ue savait rieu a leur égard et on ne
croyait méme pas qu'ils eussent jamáis fait partie de la collection donuée
autre fois par M. Pozzi.
Zittel, dans son Handhuch der Palüoiitologie avait admis les données
d'Auíegliino, et c'est á celui-ci, et non a Zittel lui-méme que Morselli
aurait dú s'en prendre, quand il fit ses reclierches au sujet du sort qui
avait été dévolu aux ossements en question dans les galeries du Musée
de Milán. Les reclierches de M(n-selli n'eurent qu'un résultat coniplíjte-
ment négatif et ees ossements sont perdus pouv toujours.
Dans le nieme parage, Amegbino troiiva, trois ans plustard, d'autres
restes humains que nous étudierons dans lespages suivantes.
frías (II)
1873. Restes d'ossements humains, trouvés en 1873 par M. Florentino Ame-
ghino sur les bords de l'arroyo Frías, prés de Mercedes, province de Bue-
nos Aires, conserves au Musée de La Plata.
1880. BiiocA, P., (Examen des ossements remisjxii' j\I- Florentino Ameijhino.)
Beuue d'Anthropoloffie, XI, 1880, p. 12.
Reprodnit par AmeCtHino, Anf¡{/iiedad, etc., II, p. 491-492.
1881. Ameghino, F., La antUjiiedad del hombre en el Plata, tomo II, París-
Buenos Aires, 1881, p. 378, 432, 483-486, 491-492, 495-511.
1889. Ameghino, F., Contribución al conocimiento de los mamíferos fósiles
de la liepública Arf/entina, Buenos Aires, 1889, p. 46, 66, 83-84.
Dans le méme endroit d'ofi proviennent les débris liuniains dont nous
venous de parler, M. Ameghino, trois ans plus tard, trouva des nouveaux
ossements qu'il supposa appartenir peut-étre au méme squelette (Ame-
ghino, 1889, p. 83); mais, comme nous le verrons iilus loin, si nous nous
en rapportons aux investigations de M. Leboucq, dans le cas présent, il
s'agit au moins de deux individus. Le parage en question est situé sur
le rive gauche de l'arroyo Frías, prés du pont alors en construction. Le
rivage de la riviére s'éléve á pie á une hauteur d'environ deux métres
au-dessus du niveau de Peau; il se compose de tess pampeen supérieur
stratiflé, melé de conches de sable et d'argile au milieu desquelles on
distingue quelques concrétions cal caires. En se promenant dans ees para-
ges, le 20 septembre 1S73, M. Ameghino aperan a fleur de terre des frag-
ments de la carapace d'un Hoploj)horuis qu'il fit mettre á nu et auprés
— 215 —
rtesquels il trouva una iiiasse iioiio et gluante qixi une fois síiclie resulta
n'étre autre cliose que de vóritable cliarbou artiticiel. Tossédant aiusi
des vestifí'es evidentes de l'existence de l'Loinnic dans ees parages, il
fit proceder á des excavations systématiques, coaclie par conclie, qui
furent eoiironnées de jdein suecos. Nous rcnoncons a reproduire en
détail le protil des touilles et a énninérer les aniniaux fossiles dont elles
inirent i)ar la nieme occasion les débris a déconvert. Nous y reviendrons
plus tard, en iiienie teini)s que nous ni>us occiiperons des écliantillons de
l'iudiistrie huniaine trouvés dans le ménie parage. M. Amegiuno a don-
né ti l'enseinble de cette localité le uom de station numero 1.
Au foud de l'excavation, á plus de 2 métres au-dessous du niveau de
l'eau et dans une profondeur totale de .'5 a 4 nietres, on découvrit enfln,
au niilieu de restes d'aniniaux fossiles les ossements huniaius que nous
étudierons dans les ligues suivantes, aprés nous étre occupés préalable-
ment des objections qui peuvent s'élever contre l'áge des restes en ques-
tion et qTie M. Aniegbino a réfutées avec les plus grands détails et l'at-
tention la plus minutieuse dans de nouibreuses pages de son livre. Le
teri-ain dans lequel se trouvaient les i'estes liumains, appartient á la vé-
ritable Ibrmation pampéenne, il ne peut y avoir de doute á ce sujet; ils
occupaient une position qui n'a jamáis été troublée et dans laquelle ils
n'ont pu s'introduire par une tissure du sol, ni étre enterres artificielle-
ment. Toutes les cireonstances démontrent que les individus en ques-
tiou ont réellement vécu en méme temps que les animaux éteints dont
les restes furent trouvés autour d'eux. Les originaux que j'ai devant les
yeux pendant que j'écris ees ligues ont eté soumis á l'examen de spécia-
listes en paléontologie lors de l'Exposition Universelle de Paris en
1878; leur age fossile est prouvé par la méme et je crois superflir de re-
venir sur les ampies déductions de M. Amegiiino.
Eien moins que Broca s'occupa en 1S80 d'étudier ees débris bumains
et il rédigea á leur sujet un rapport qui fut imprimé a la ñn d'un travail
de M. Amegiiino. Nous conserverons dans notre travail l'ordre suivi
par M. Broca, et nous commencerons par réimprimer les notes de ce sa-
vant que nous ferons suivre de nos propres rccberches. Les iñéces en
question sont les suivantes :
os COXAL GAUCHE
« Une portion d'os iliaque du cóté gauche, appartenant á une femme
ágée et de tres petite taille ; le pourtour de la cavité cotyloide offre des-,
traces d'artlirite séche. » (Broca.)
Fragment d'un os coxal gauche. La partie iliaque manque presque-
21 (i —
comi)létemeiit; lii ligue de cassure commence en arriére de l'épiíie ilia-
que xjostéro-inférieure ct remonte en liant a une certaine distance et
parallélement a la faee aurieiilaire, san^i la touclier. Elle passe ensuite
Fig. 2. — Os i'uxnl íjí»"irhe de Frías : vui- iiitcnu' i>ris<^ porpeiuliculairemeut
sur la ¿irande écliauíTiire siiatique. {Gv. uat.j
un peu en dessus de l'extrémité supérleure de la méme face, suivaut nne
ligne iiTC'guliere en avant jiisqu'a l'épine iliaque antéro-inférieure, dont
la paitie basse s'est conservée.
— 217 —
Le pubis est brisé en avaut de son unión avec I'os iliaque et l'os is-
cliial, en travers de la tubérosité ; l'épiue sciatique manque.
Le reste de l'os est en general bien conservé. II est d'une couleur sale
jaunátre avec quelques parties grises, et de la méme qualité qui carac-
térise les os des animaux fossiles de la formation pampéenne. Partout
adbére encoré distinctement le loess pampeen, surtout, comme il est na-
turel de le supposer dans les points oii la substance spongieuse est mise
á découvert jjar la fracture décrite, par exemple en arriére de la face au-
riculaireet de la branche ascendante de l'ischion; les porosités et les
trous nourriciers de la surface de l'os sont aussi remplis partiellement de
la méme substance.
Ce fragment appartient sans doute á une femrae vieille et de petite
taille. Je ferai mon possible poiir faire voir les particularités de cette
piéce, autant toutefois que son état de conservation me le permettra.
L'oiiverture de la grande écliancrure sciatique est extraordinairement
prononcée. Parmi les ouvrages scientifiques dont je dispose á La Plata,
seul la tliése si connue de M. Verneau sur le bassin dans les sexes et
les races (Paris, 1875) a pu me fournir des notes descriptives et métri-
ques sui les diíFérences que présente la grande écbancrure '. M. Ver-
neau (p. 16) mesure (n° 22) « la largeur de la portion iliaque de la gran-
de écbancrure sacro-sciatique de l'épine sciatique á l'épine ilique posté-
ro-inférieure » et determine (n° 23) « la profondeur de cette portion en
abaissant une perpendiculaire du sommet de la grande écbancrure scia-
tique sur une droite joignant les deux points précédents». Comme dans
le fragment de Frías, l'épine sciatique n'existe plus, il n'est plus possi-
ble de prendre des mesures, et ni les cbiffres donnés par M. Verneau (ta-
blean synoptique n" 39-40) ni les moyennes établies pour le bassin en
general (p. 51) et pour les deux sexes (p. 63) ne peuvent malbeiireuse-
ment servir dans le cas présent.
Nous devons nous contenter des résultats généraux (p. 61, 72) qui
nous apprennent que : la grande écbancrure sciatique est plus ouverte et
moins profonde chez la femme que cbez l'bomme : que, par conséquent
cbez ce dernier, « la distance qui separe l'épine iliaque postéro-inférieure
de l'épine sciatique est un peu moiudre » et qu' « au coutraire, la flécbe
menee du sommet de l'écbancrure a la ligue qui relie directement ees
deux points, est sensiblement plus grande».
Nous avons remplacé, dans le cas qui nous occupe, les cbifires et les
mesures par des dessins du profil de l'écbancrure pris au moyen d'une
lame de plomb, et nous avons pn démontrer ainsi clairement son ouver-
' Vekneau, E., Le basalii dans les scxc8 et les races, Paris, 1875. Nous nous réfé-
Tons dans la suite toujours á ce livre, en parlant de M. Verneau.
EEV. MUSEO LA PLATA. — T. I. 15
218 —
ture excessive (v. fig. 2). En révisant soiis ce point de \'ue les qiielques
200 bassins et os coxaux de bassins de la collectiou ostéologique du Mu-
Fi.'. 3.
Os coxnl gauí'he íle Fríaa ; ywe externe prise perpendicxiluivement
sur la grande í'cliancrnre scrntique. (Gr. nat.).
sée de La Plata, je n'ai recoiitré aucun spécimen dout l'écliancrure non
seulement surpassAt, niais ménie approcliat en grandeur de celle du bas-
sin de Frías. L'original en niain, ¡1 est tacile de le coiuparer avec d'au-
— 219 —
— 220 —
tres bassins, en superposaut les écliancrures et comparant atteutive-
ment leurs ouvertures respeetives.
L'ouverture de l'échancrui'e étant extrémeinent variable dans l'espéce
humaine et dans nne méme race j'ai dressé un petit tablean comparatif
de quelques bassins, dans lequel j'ai opposé avec intention á la forme
mascirline extreme, les formes féminines les plus exagérées (fig. 4), que
j'ai pn trouver dans notre collection. La provenance, etc., est indiquée
dans l'explication du cliché. Cliez le type extreme masculin, l'ouverture
de l'écliancrure est tres étroite et l'échancrure elle méme s'étend en
forme de baie vers l'intérieur. La partie sacrale du bassin parait forte-
ment opprimée contre la partie pubio-sciatique, et le bassin lui-méme
comprimé ou, pour mieux diré, replié; le fond de l'écliancrure représente
la tete d'un compás, dont les branclies seraient formées par les parties
sacrale et ilio-sciatique. Cliez l'extréme type féminin, on observe le con-
traire; l'ouverture est large et l'échancrure moius profonde.
La représentation de toutes les variations de la grande échancrure
serait l'objet d'un travail spécial qui n'existe pas encoré; mais il sufiSt
d'observer un certain nombre de bassins pour se convaincre qu'il y a un
grande nombre de tyjies différents. Deja les deux types féminins repre-
sentes par nous diftérent énormément l'un de l'autre quant air profll.
Dans le fragmeut de Frías, le bord de l'échancrure est incomplet parce
qu'il nous manque l'épine sciatique; mais il est tres facile de le complé-
ter de la maniere suivante. Le bord supérieur externe de la tubérosité
sciatique et l'épine sciatique forment une ligue plus ou moins droite
quelquefois saillante comme une petite créte, et dont l'extrémité est l'épi-
ne sciatique elle-méme. Dans le fragmeut de Frías, la tubérosité sciati-
que est visiblement altérée par des j)rocés arthritiques dont nous nous
occuperons plus loin, et son bord supérieur forme un bourrelet assez pro-
noncé qui présente son máximum de saillie vers la partie postérieure.
Le prolongement postérieur de ce bourrelet et la continuation du bord
interne de l'échancrure se croisent sur l'épine sciatique (flg. 3).
Si nous comparons le profil de la grande échancrure du fragment de
Frías, avec des types féminins, nous constatons qu'elle est notable par
l'amplitude de son ouverture et son peu de profondeur. Chez les authro-
poides, elle forme une courbe d'une concavité peu prononcée (flg. 4, V-VI)
et l'on serait en droit de se demander si par le développement de la mar-
che verticale, il ne s'est pas iiroduit un changement dans la profondeur
de cette courbe, de telle fa§on que l'angle formé jtar les deux branches
de l'échancrure devenant graduellement plus aigu, l'on passerait du
type extreme féminin au type uuisculin, la partie sacrale du bassin se
rapprochant de la partie pubio-sciatique en vertu d'un mouvement
rotatif dont le centre serait le fond de l'échancrure. Dans ce cas le type
féminin représenterait une étape i)rimitive. Quoiqu'il en soit, il est hors
221
(le doute que nous nous trouvoiis eu présence d'un probléme tres compli-
qué, et il suffit (l'obscrver quelqucs bassins de mammiféres pour se ren-
dre conipte iniínédiatemeiit des grandes variatioiis que la grande échan-
crure sciatique présente ([uant a sa profoudeur et ii sa forme genérale.
Mallieureuseuient, les nnHlittfatioiis que la marelie verticale peut pro-
duire dans la structure du bassin sout encoré loin d'étre counues et nous
devons nous abstenir d'attrlbuer au caractére ostéologiqíie du bassin de
Fig. 5. — Os coxal gauche de Frías ; vue externe pii.se perpeudií-nlairement sur la cavité cotyloíde.
Frías plus d'iiiiportaiu-e qu'il ifena. Je lu" incline néanraoins á croireque
la forme si simple ct si piimitive du contour de la grande échancrure
sciatique du fragment de Frías ne peut étre considérée comme simple
caractére extreme féminin.
La cavité cotyloíde est notaVjleinent profonde et sa concavité forme
un liémispbere, tandis que dans les bassins que j'ai compares elle re-
présente une simple calotte spbérique. Le bord supérieur présente un
épaississemeut de caractére ijathologique ; il est par endroits retroussé
— 222 —
en (ledans; mais ce ne sout la que des proces secondaiies qui lie penvent
avoir d'iuflueuce sur la profondeur de la cavité, daus tous les cas tres pro-
iioQcée. J'ai essayé d'obtenir unereprésentationgraphiqueál'aided'une
lame de plomb aii moyen de laqixclle j'ai pris soigneusement la courbure
de la cavité. La ligue de courbure part, en directiou verti(uile, du nadir
de Pépiue iliaquo antéro-inférieure daiis le bord supérieur de la cavité,
l^asse par le centre de la fosse, en traversant une fois le foud de celli-ci
et deux fois les surfaces cartilagineuses. J'ai obtenu par ce procede la
courbure cotylo'íde du fragment de Frías et d"un bassin quelconqiie mo-
derne et pour faciliterl'inspectiou je les ai dessinés en les superposant
l'un dans l'autre (flg. G). Dans cette figure on reconuait á preiniére viie
la difierence notable qui existe entre les deux profils. Si l'on réduisait
Chubut (1974)
Frías
Chubut
Frías
Chubut
Fig. C. — Coupe verticale t\v la cavité cotyloicle ün frapuL-nt t\c Frías et d'im bassiu patagonien
(!!<' 197-1) (le la vallée du Chubut. (Gr. uat.)
en grandeur la courbe luoins concave du bassin de maniere que son
ouverture correspondit exaetcment a la ouverture de la cavité coty-
lo'íde du fragment de Frías, celle de ce dernier resnlterait plus profonde
encoré.
Je ne puis décider si la forme et la profondeur de la cavité cotylo'íde
sont réellement de valeur pliylogénétique, par la raison queje ne connais
aucun travail dans lequel soieiit étudiécs les variations ostéologiqíies
du bassin et spécialement de la cavité cotyloíde sous l'intluence de la
marche verticale; ce serait un travail fort intéressant. Mallieiireiisement
je n'ai pu consulter les études de M. Le Damany sur les variations en
profondeur du cotyle bumaiii aux divers ages '. Mais du travail de ce
' Le Uamanv, P., rarialions en pnifondciir dii coli/Ic liumain aiix rlii-cra áflcs. Biilletins
dfí la Société seieiitifique medícale de l'Oitcst, Benncs, XII, 1903, ji. 410-111. Au.ssi daus
Traraux scicntifiqm'n de V Vitivernite, Rcuucs, II, 1903, ii. 363-304.
— 223 —
íiK'iuo auteur ' sur l'adaptation de riioimiie a la statiou debout, il resulte
que la iironfondeur de la cavité cotyloide est égale á sa largeur durant
les premiers deux tiers de la vie fétale, qu'elle n'est que de 0.4 á l'épo-
que de la naissance, tandis que cliez l'adulte elle présente 0,6 ou plus
de eette méme largeur, cet élargisseiuent de la cavité avant la uaissauce
résultaut de la flexión des jambes.
Quoiqu'il en soit, l'examen d'uu grand nombre de bassins liumains
«t d'auimaux permet de recounaitre íacilement á l'ceil nu les variations
qui existent entre ees diverses piéces anatomiques, quant á la forme et
á la profondeur. La grande profondeur de la cavité cotyloide dans le
fragment de Frías, doit-elle étre considérée comnie un simple caractére
de sexe ou comme caractére embryologique et primitif, ou bien au con-
traire comme un caractére progressif dont le déveloi)i)ement est plus
avancé que celui des autres ? L'on n'arrivera á la solution de ce problé-
me qu'aprés avoir étudié plus a fond le mécanisme de la resistance du
bassin au poicjs dn corps cliez les cuadrúpedes et cliez l'bomme. D est
impossible de reconnaitre a IVeil nu les détails qui existent, dans la for-
me de la cavité cotyloide.
La i)éripliérie de la cavité cotyloide se rapprocbe de la forme circu-
laire et correspond en conséquence á sa forme bémispbérique, tandis que
dans les bassins que j'ai sous les yeux, tous appartenant á la race amé-
ricaine elle a plutót la forme d'iiii ovale irrégulier. M. Yernean constate
le méme fait dans les bassins qu'il a étudiés, et dit, page 40 : « La cavi-
té cotyloide a la forme d'une demi-sphére creuse presque réguliére. Elle
est cependant légérement allongée dans un sens, et son grand axe est
dirige en bas, un peu en arriére et en dehors».
M. Verneau mesure également (p. 17, n°' .'58-39) la bauteur et la lar-
geur máximum de cette cavité mais sans indiquer les points entre les-
quels il a jiris ses mesures.
A mon avis, ce doivent étre les suivants : Le bassin étant place dans
sa position naturelle, la bauteur part du sommet d'une légére excava-
tion, située dans le bord sourcilier de la cavité, á une et demi centimé-
tres iilus ou moins en arriére du nadir del'épine iliaque antéro-inférieure
juste en face de l'endroit oü la surface cartilagineuse se recourbe en de-
dans, pour étre interrompue par l'incisure cotjdoíde. La largeur máxi-
mum est perpendicixlaire á la ligne que nous venons de déterminer. C'est
de la méme maniere que j'ai pris les mesures siu' le fragment de Frías.
M. Verneau (p. 55, 63)atrouvé les cbififres suivants que nous joignons
á d'autres dans le cadre ci-dessous :
' Le Damaxt, P., L' adaptation de l'homme a, la station debout. Journal de l'anato-
mie et de la phtisiologie, XLI, 189"), p. 183-170. — J'ai profité tle l'aualyse suivante :
FISCHER, E., Jahresherieht der Literutur üher phtinische Anthropologie imJalire 190S.
Jahresbcrichte der Anatomie und Entu-kUluiujugeschichte, N. F., XI, 1907, p. 959-960.
224
Hauteur máximum Largeur máximum
46
52
62
49
56
62
46
49
53
47
43
53
51
49
On voit immédiatement que la cavité cotyloide du fragment de Frías
est extraordmairement petite. Ses diineusions correspondent plus ou
moins á (ielles du minimum féminin de Verneau ; mais dans le cas de
Frías la largeur est un peu plus graud que la hauteur, tandis que M.
Yerneau obtenait toujours des resultáis contraires (p. 56).
Le diametre autéro-postérieur de la cavité cotyloide du fragment de
Neanderthal mesure selon Klaatsch ^ G5 millimetres; il est done de quel-
que maniere qu'on le mesure, notablement plus grand que chez l'homme
moderne et répond á une tete de fémur volumineuse.
Les preces pathologiques de la déformation arthritique sont fáciles
á observer dans le bord périphérique de la cavité, dont le gonflement
est visible surtout en bas et en haut; s'il est comme nous l'avous déjá
recourbé en dedans et forme en haut et spécialement en bas une es-
péce de sillón qui établit une séparation claire et nette entre l'extu-
mescence pathologique et la surfixce destinée au cartilage. La surface
des parties enflées est d'un lustré reluisant et forme vers le haut
de la surface externe de l'épine iliaque antéro-inférieure des inéga-
lités assez étendues, mais peu saillantes. La surface articulaire elle mé-
me présente exactement á son extremitó iwlaire inférieure et dans la
surface cartilagineuse, une grauulation tres fine, de la grandeur d'un
pois. A son extrémité polaire supérieure, la ¡¡remiére est aft'ectée par le
procés arthritique; elle est comme sillonée et legéremeut érodée; son
' Mission Scicntifique du Cap Horn, 1882-1883. Tome VII, Anthropologie . Ethnogm-
phie. París, 1891, p. 56.
' Verneau, R., Les ancicns Fatayons, Monaco, 1903, p. 168.
■' Klaatsch, H., Das Gliedmaasscnskclct des Neanderthalmenschen. Vcrhandhtiigcn
dcr anniomisckcn GcscUsvImft aiif der fiinfzchnten Vcrsammhiny in Homi rom 26-29. Mai
1901. Erijaii:inigshcft ::>tm XIX. Band des Ainitomixchen Anzrígcrs, p. 150.
— 225 —
passage dans la fosse n'est pas bien marqué. Cette dcruiere parait éga-
lementt affectée surtout dans son tiers supérieiir; la oü elle s'unit
á la surface cartilagineuse son bord forme un léger bourrelet, se-
paró de la surface cartilagineuse i^ropremeut dite par un sillón jiresque
imperceptible. Dans son tiers moyen, la limite de la fosse n'est pas non
plus bien sensible, tandis que dans le tiers inférieur elle est fortement
prononcée. Le bord inférieur de l'incisure cotyloidienne y présente une
entaille d'une demi centimétre de profondeur.
Le fond proprement dit de la fosse cotyloide, dont la structure criblée
nous est si bien connue, n'a pas un millimétre d'épaisseur. L'incisure
cotyloide elle méme se dirige en forme de tranchant vers le trou obtura-
toir et forme, avec le i^oint du bord de ce trou appartenant á l'ischion,
uneligne également concave en raison de ce que le tuberculum poste-
rius foramiuis obturati * ne forme qu'une créte á peine visible.
Verneau observe plus loin (p. G7) que la surface quadrangulaire située
derriére la cavité entre la paroi postérieure de cette méme cavité et la
grande écbancrure sciatique est plus petite chez la femme que chez
l'homme ; mais il s'est abstenu de prendre des mesures. Dans le fragment
de Frías cette distance est de 41 millimétres. Derniérement, dans son
grand ouvrage sur les anciens Patagons, Monaco, 1903, p. IOS, 11 nous
fait savoir ees cliifí'res, dont nous commiiniquons les suivants :
Distance de l'óchaiicrurc sciatique ait soiircil cotylo'idieu
Frías -íl
Patagonues ancienues, moyenue 39
Araucaues ancieuues, inoyeiine 39
Araucanes modei'ne.s, moyenne 35
La mesure relativement grande du tragment de Frías est due alors au
procés artliritique qui a augmenté le sourcil cotylo'idieu.
De la tuberosité sciatique, nous ne possédons plus qu'une portion de
la partie postérieui'e qui a souffert des modiflcations pathologiques assez
considerables. II ne s'agit plus ici d'im simple aspect raboteux, sinon
d'une saillie considerable de surface irrégiüiére et couverte de protubé-
rances, dont le bord supérieur forme en avant un bourrelet et ressort
en arriére d'une ta^on plus prononcée ; en dessous de ce méme bourre-
let on distingue un enfoncement de forme semi-circulaire. Le sillón situé
entre le bord supérieur de la protubérance sciatique et le bord iuféiieur
de la cavité cotyloide, destiné au ventre du muscle oblique externe,
est fortement marqué par le bourrelet susdit.
Quant á la región oü l'ilion se réunit avec le pubis, je n'ai trouvé de
détails á son sujet dans aucun traite d'anatomie Inunaine.
' Le Titbcrciiliim ischio-piiliiciim inteniKinde Verneau (Veruean, p. 35) est le Tiiher-
eulttm aiitcriiis foramiuis obturati.
— 220 —
Suivant Gegenbaiir ' (p. 289) elle est indiquée par une saillie presque
iusignifiante, l'éminence ilio-pectiuée; suivant le méme aiiteur la partie
cotj'loíde du pubis porte en avant le tnbercnle ilio-pnbiqíie qui forme
la limite medíale dn canal du muscle ilio-psoas.
La ligne d'ossiflcation formée par l'union de l'ilion avec le pubis est
facile á distingaier dans un grand nombre de bassins ; elle se présente
sous la forme d'une créte i>eti saillante que Ton pent appeler créte ilio-
pubique et qui est divisée jiar l'éminence ilio-pectinée visible á la partie
antérieure de la ligne arquee en deux sections : Pune interne fort peu
appareute, la créte ilio-pubique interne, l'autre supérieure, présentant la
foime ijlus visible d'une large rugosité, la créte ilio-pubique supérieure ;
l'extrémité de cette deruiére qui s'unit au sourcil cotyloidien est le tu-
bercule ilio-imbiqíie. Voilá ponr l'orientation.
Dans le fragment de Frías, la créte ilio-pubique interne n'est jjas per-
Fig. 7. — CoTirlte fie la ligue arquee dii fragment fie bassin de Frías : a) lace auriculaire ;
b) émiueuce ilio-pectinée. {Gr. nat).
ceptible; l'éminence ilio-pectinée est un faible tubercule ; la créte ilio-
pubique supérieure est facilement visible et surtout palpable; son vo-
lume va en augmentant depuis le milieu jusqu'au bord de la cavité co-
tyloide formant une créte allongée qui représente ostensiblement le
tubercule ilio-pubique et sert de limite médiale bien marqiiée au canal
du muscle ilio-psoas.
La ligne arquee n'oftre riende particulier; elle est légérement aplatie
et un peu tortueuse. J'ai relevé soigneusement la forme de sa courbure
avec la lame de plomb et determiné les points fixes, face auriculaire et
l'éminence ilio-pectinée (flg. 7).
Étant notables les variations individuelles du bassin que uous pou-
A^ons constater cbez l'homme actuel simplemeut en examinant et compa-
rant entre elles un certain nombre de ees piéces, ce caractére que nous
venons de décrire ne parait pas étre d'une valeur spéciale.
Dans l'os iliaque de Neanderthal, « l'ouvcrture du bassin devait étre
' GüGENBAUR, C, Lehrhnch dcr Anatomic des Menschcii, i'= Auflafic. Bil. I, Leipzig,
1890, p. 289.
— 227 —
pt'tite, puisque la courbiire de la ligne arqueo était tres peii prniioncée ».
(Klaatselí, 1. c, p. 150). Peiit-étre u'est-il que.stioii que tl'nu simple ca-
ractéré sexuel.
Dans le fragmeut de Frías, la ligne arquee ne présente, d'ailleurs, au-
cune élévatiou eu forme de ci'éte, semblable á celle des antres bassins,
luais elle commence deja á s'arrondir (v. fíg. 8, les coiirbes des diftérents
bassins). Seulement á une largeur de doigt en avant de l'éminence ilio-
pectinéo elle comnienee á s'élever en forme de créte, et le petit fragmeut
du peeten i)ubien qui s'est conservé forme méme une créte assez tran-
«liante. Si nous appuyons sur la surface inférieure de Tilion une petite
Fig. 8. — Section ¡I travers l'ilion tlii zénitli «le la grande écliaucriire sciatique (o) verticalement au-
dessiis (le la ligue arquee (6) débouchaut (laus la fosse iliaque (c). La ])remiere tigure appartieut
de Frías : les deux autres aux bassius Q palagoniens (Chubut n" 194S et 1974). (Gr. uat.).
lame de plomb qui, partant du zéuitli de la grande écliancrure sciatique
(fig. 8 a) et passant verticalement au dessus de la ligue arquee (üg. S h),
débouche dans la fosse iliaque (fig. 8 c), nous distinguerons la dift'érence
qui existe entre le fragment de Frías et les autres bassins.
Le mauvais état de conservation de la piéce empéclie de se rendre
compte siles ailes de l'ilion étaient, ou non, tres verticales comme chez
riiomiue de neanderthal (Klaatsch, 1. c, p. 151).
La tace auriculaire présente dans les bassins actuéis de tres grandes
variations; dans le fragment de Frías (tíg. 2), elle est d'une longueur
moyenne, plutót un peu large, creuse dans sa partie supérieure, cintrée
dans sa partie inférieure. La distance entre les deux extrémités, supé-
rieure et inférieure, mesure 51 luillimétres, la plus grande largeur, prise
— 228 —
verticalement sur la ligne antérievire, 25 millimétres. Le sillón préaiiricii-
laire est plañe. Le tubercule dans la partie inférieure duqiiel son bord an-
térienr déboiiche presqiie tonjoiirs et dont nous avons deja dit quelqnes
mots aiisujet de la grande éuliancrnre sciatiqne, est sans importauce. Le
sillón postauriculaire, comme on pewt appeler le large sillón qui court le
long du bord postérienr de la face auricnlaire est tres plañe et régnlier,
légérement concave dans le conde formé par le bord postérienr de la face.
La fosse iliaqne jiarait n'avoir jamáis en une grande épaissenr. La
ligne de fracture mesure dans sa partie la plus minee 1 millimétre de
diamétre ; le fond de la fosse était peut-étre encoré plus minee.
La surface antérieure de l'épine iliaqne antéro-inférieure a sonftert les
eiíets du procés artliritique qui comuie nous l'avons déjá vu, est puissam-
ment déveloijpé dans le bord supérieur de la cavité cotylo'ide; son
épaisseur máximum est de 9 millimétres. Verneau (p. -IS) fait mentionde
grandes variations individuelles qui atteignent jusqu'á 1.5 millimétres.
L'excavation destinée an ventre du muscle ilio-psoas est petite tandis
que chez l'homme de Neanderthal « extraoi'dinairement profonde »
(Klaatsch, 1. c, p. 150).
Le relief de la surface de l'os est tres fortement accentué dans la par-
tie postérieure externe de l'ilion. Le large sillón qui s'étend, en forme de
cintre plus ou moins du milieu de la branclie supérieure de la grande
écliancrure sciatiqne jusqu'á la región dutuberculumglutaeimedii (Ver-
neau) et dont le bord antériexxr forme la ligne arquee ou glutéale anté-
rieure est bien marqué, en quelque sorte creusé dans la surface de l'os
tandis que la ligne glutéale elle méme n'est pas tres distincte. L'on voit
également trois sillons horizontaux qui, partant du sillón déjá décrit,
se dirigent parallélement en arriére et vers le haut, assez profondément
graves dans la surface de l'os (voir flg. 3). Le relief fortement prononcé
de la región d'insertion du fessier moyen mérite d'attirer l'attention, par
la raison que ce bassin appartient sans aucun doute á un sqnelette de
femme, comme le démontrent surtout la largeur de la grande écliancrure
sciatiqne ainsi que la gracilité et petitesse des diftérents os.
Cliez l'homme de ISTéandertlial « la ligne glutéale antérieure est bien
marquée, la región d'insertion du giutéal median caractérisée par des
sillons et des éminences disposées en rayous » (Klaatscli, 1. c, p. 150);
elles oflient done le méme as^ject que dans le fragment de Frías.
Nous disposons enfin d'un fragment de l'os iliaqne gauche avec la
créte iliaqne et le tuberculum glutaei medii ; l'épaisseur de la créte est
de 15 millimétres. Nous ne domions pas des chiffres comparatives, car
nous ne savons pas, si les mesures ont été prises anx mémes endroits de
la créte iliaque. En tout cas, chez Frías, la créte iliaqne n'est pas
épaisse.
— 229 —
Table des mesures de l'os coxal gauche de Frías
MilliiiK'trea
Ilion, (Spaisscur mínimum 1
Ilion, créte iliaque, épaisseur máximum 15
Cavité cotyloide, hauteur 45
Cavitó cotyloide, largeur 47
Face auriciilaire, longueur 51
Faco auriculaire, largeur 25
Épine iliaque antéro-inférieure, épaisseur 9
Distance de l'écliancrure sciatique au sourcil cotyloidicn . . 41
KÉSÜMÉ SCIl LES BASSINS FOSSILES HUMAINS
II me parait bou d'ajouter ici, comme complément aux ligues anté-
rieures, un resume des quelques donuées que uous possédons au "sujet
des autres bassins fossiles.
Au sujet du bassin de Neanderthal, Klaatsch flt en 1901 ' une commu-
nication occassionnelle tres breve á laquelle nous n'insisterons pas d'a-
vantage parce que les données que ce savaut publia en 1902 "' sont beau-
coup plus completes. Les voici, reproduites textuellement :
« Du bassin de l'homme de Néandertlial, la moitié gauche est en par-
tie conservée ; il manque une assez grande portion de la créte, l'os pubis
presque tout entier, la brauclie ascendante de l'os iscbion. La longueur
máximum du fragment, depuis la tubérosité sciatique jusqu'á la créte me-
sure 23'""5. A la tete du fémur, qui est tres voluniineuse, correspond une
cavité cotyloide dont le dianiétrc, en direction sagittale, est de C°"5. La
surface auriculaire, est fortement coucave, surtout en haut, oü le
bord de la cavité glénoíde déborde librement comme une espéce de lar-
mier. Sur la limite postérieure de l'écliancrure, le bord fait méme saillie
en forme de languette, comme daus les bassius modernes. L'aile de l'iliou
est tres grande, notablement élevée et tres peu inclinée. La distance du
bord supérieur de la cavité cotyloide au point le plus large de la créte
iliaque, mesure prés de 11 centimétres. Ce point est situé á 11°"5 du
milieu de la ligue arquee. Le bord antérieur de l'iliou, entre l'épine an-
téro-supérieure et la inférieure, est profondément excavé. L'épine infé-
' Klaatsch, H., Das Gliedmaassenskelet des Xeanderthalmensehen, Verhandlungen
der anatomisehen Gesellsohaft auf der fünfseJinten Versammlnng in Bonn vom 26-29.
Mai 1901. Anatomischcr Anzeigcr, Erganzungsheft zum XIX Band, 1901, p. 121-154.
' Klaatsch, H., Dle Fortschritte der Lchrc ron den fossilen KnocTienresten des Men-
schcn in den Jahren 1900-1903. Ergehnhsc der Anatomic und Entwicklungsgeschiehte,
XII, 1902, p. 633-634.
— 230 —
rieure est tres proéminente et constitvie le cintre d'uiie cavité, extraor-
dinairement jirofonde, destinée au ventre du muscle ileo-psoas. Celui-ci
devait étre, ainsi que les fessicrs tres développé. La ligue fessiére anté-
rieiire est tres apparente, la surface primitive du fessier uiédiau est in-
diquée par des sillons et des émineuces disposées en forme de rayons.
L'os iscMon est tres massif. Le bord antérieur du corps de l'os, au
lien d'c'tre taillé á vif, forme un bourrelet arrondi qui sert de limite au
trou obturateur. De méme les deux bords suiiérieur et inférieur sont tres
étendus en direction verticale ; 1' épine sciatique, ou, ])our mieux diré,
sa place, puisque l'épine elle-méme manque, est située tres bas, la gran-
de échancrure forme une incisure étroite et escarpée, la tubérosité est
tres volumineuse et regarde directement en arriére, le canal destiné á
l'obturateur interne est étroit et profond. L'ouverture du bassin devait
étre petite, puisque la ligue arquee présente une tres faible courbure.
Sa section antérieure présente une petite rugosité d'iusertion du M. i^ec-
tiné. La disposition de la surface articulaire de l'ilion avec le sacrum
est tres frappante. La surface qui portait le cartilage est entiére, la i)ar-
tie antérieure de la saillie rugúense des ligaments est conservée. Au lien
de ce qui s'observe liabituellement chez les races modernes, la face auri-
culaire forme une surface rliomboídale d'environ 3 centimétres de large
sur 5 centimétres de long, dont la superficie bien conservée se maintient
au méme niveau que la surface saillante des ligaments et n'oflre pas le
relief d'ailleurs si caractéristique.
En resume, nons constatons dans le bassin de l'liomme de ííéander-
tlial (les fragments de Spy y Krapina — un morceau du l'ilion droit —
sont trop insigniüants pour mériter d'étre pris en considération) une
combinaison de caracteres j)articuliers, qui i>ortent sur eux le cacliet de
l'infériorité, sans se rapporter a des types antliropoídes determines. Dans
certains points, l'on ne peut nier air contraire, l'existence d'une disposi-
tion voisine de celle que l'on observe chez les jennes-gens dans les races
modernes; l'escarpoment des ailes et la grandeur de l'iscliion dans le
bassin des nouveau-nés nons portent a supposer que la disposition i)ré-
cédente est la répetition d'une étape ancestrale, de méme que dans cer-
taines autres parties des extrémités inférieures le squelette porte le
cacliet d'une étape néandertlialienne. »
Des hommes de Spy, nons ne x)ossédons que quelques fragments du bas-
sin, « épais, robustos, qui nons font présumer un bassin solide et puis-
saiit en vapport avec la charpente des membres inférieurs. lis sont trop
inconiplets pour les décrire » '.
' FRAiroNT, J. ot LoiiEST, M., La race hwmaine de Neanderthal ou de Canstadt en
Belflique. liecherelicn cthnoiiraphiques sur des osscments humains, dccouverts dans les depóts
<¡uatcrnaires d'une grotle d, Spi/ et dótcriniuation de ¡eiir iirje r/dologique. Archives de Bio-
logie, Vil, 1886, p. 630.
— 231 —
Du hiissin (les liomiiics de Krnpinn ', il existe deux fra<>'nients (contour
de la. cavité eotyloide avec la paitie antérieure de l'ilion et les paities for-
maut la base de l'iscliion et de l'os pubis) dont l'im par sa grandeur, sa.
structure et son état de conservation ressemble presque á celui de Nean-
derthal.
« II manqiie ' ii cette portion du bassin la niajeure partie de la
créte, l'os pubis et la branclie de l'ischion. La longueur máximum de
uoti'e fragment mesure 1 83 mm. La cavité cotyloíde, sauf la partie voi-
sine de l'os pubis qui est brisée, est d'ailleurs bieu conservée et mesure
en direction sagittale 53,5 mm. Le haut de la fosse articulaire, ainsi que
sa partie postérieure a chaqué cóté de l'incisure acéiabulaire, est en-
touré par endroits d'un bord saillant libre. Le bord acétabulaire est
relativement minee et arrondi extérieurement. Dans le í'ragment droit
de l'os coxal, le bord voisin de l'os pubis est enflé ; dans un autre frag-
ment dont il n'existe que l'acétabule, le bord antérieur sur la rigole de
l'obturateur est fortement euflé et de plus il est écourté. L'os iliaque
est conservé seulement en partie ; il n'est ni haut, ni large et la fosse
iliaque est peu apparente. La distance dit bord acétabulaire supérieur
á la lévre interne de la créte mesure 92 mm.; celle de la créte au milieu
de la ligue arquee est de 93 mm., la ligne inférieure est tres notable-
ment prononcée ainsi que la ligne glutéenne moyenne en dessous de la
levre extei^ne. A partir de ce point, l'os distingue un certain nombre
de sillons et de petits bourlets qui traversent la surface courbe de
l'os en direction descendante et dont l'extrémité arrive jusqu'á la ligne
glutéenne inférieure.
L'ischion n'est conservé que dans sa i^artie supérieure. Son bord
antérieur, qui forme en méme temps la limite du trou obturateur, est
aiguisé ; le bord opposé, dans lequel nous observons seulement l'épiue
sciatique, d'ailleurs peu développée, est un peu plus émoussé. Le bord
situé en dessus de l'épine est long et rectiligne ; la grande échaucrure
sciatique étroite et ses bords escarijés spécialement á cause de l'épais-
seur du bord inférieur de la face auriculaire. La petite échaucrure sciati-
que est longue et peu profonde. Le tubercule est fortement développé et
separé du bord acétabulaire par une rigole profonde destinée á l'obtu-
rateur interne, et dont la largeur moyenne est de 12 mm. La ligne
' Gorjaxovic-Kramberger, K., Homo prímigcnins mis dem Dilnrium van Krapiua
in Kroatien und desDcn Induntrie. Correspoiidenz-Blatt der Dciitscheit GescHschaft fiir Aii-
thropologk, Eihnologie und Urgeschichte, XXXVI, ]1905, p. 89.
Gorjaxovic-Kramberger, K., Der dihiviale ilenschron Krapina undsein Verhaltnis
zum Mcnsfheu voii Neanderthal und Spy. Biologisches Centvalblatt, XXV, 1905, p. 809.
* Gorjanovic-Kuamberger, K., Der diliiviale Mensch ron Krapina in Kroatien.
Ein Bcitrag zur Palaoanthropologie, Wiesbaden, 1906, p. 234-237.
— 232 —
arquee est assez fortement cintrée, mais presque sans bourlets. De la
face auriculaire, il ne reste que la partie moyenne, dans laquelle
l'éijaisseur de l'ilion est de 25,1 mm.»
L'autre fragment ', unpeu plus petit, est tres intéressant, en ce qu'il
présente une large rigole (17 millimétres) destinée á l'obturateur inter-
ne, qui lui donne certaine analogie avec le bassin de quelques peuj)les
primitifs (p. ex. .Taunde, Forinosa) et rappelle en outre les dispositions
observées, dans une proportion beaucoup plus marquée, cliez les antliro-
poinorphes [Orang, Hylohates, etc.).
« Le fragment " de l'os coxal droit comprend l'aeétabule, l'os pubis et
l'ischion. Le diamétre de Tacétabule étant ici un peu plus grand
(57 mm.) que dans le fragment antérieurement décrit, on peut eTi con-
clure qii'il jirovient d'un individu un peu plus ágé que l'autre. Tous ses
autres caracteres sont comi>létement en rapport avec ceiix du fragment
gauche, avec cette différence que la rigole corresiiondant a l'obturateur
interne également profonde est i)lus large. La distance du bord acéta-
bulaire au tubercule est de 17 mm., largeur máximum qiieje retrouve
dans une partie isolée du corps de l'ischion. J'ai observé aussi une
rigole de la méme dimensión dans le bassin d'iui Jaunde de Camei'on et
dans celui d'un indigéne de Formosa. Cette rigole étant spécialement
grande chez les authropomorphes, l'on jíeut considérer l'existence d'une
rigole des dimensions de celle qui nous occupe comme un caractére
primitif.
Pour ce qui est de l'os pubis de notre fragment, on peut afflrmer
qu'il est tres étroit et tres haut. La créte du trou obturateur est aiguisée
et sans tubercule ; mais on distingue une épine aplatie sur la créte de
l'os imbis ; cette derniére est minee et tranchante. Le trou obturateur
est long. II faut encoré remarquer que l'aeétabule fait saillie au-dessus
du corps du pubis ; son épaisseur est de 7,3 mm. La ligne arquee est
plaine et anguleuse ; elle passe dans la créte osseuse du pubis dont
nous avons déjá parlé.
Nous devons également faire mention du x^eu de longueur de l'aeéta-
bule droit, par la raison que nous observons dans cet os comme dans
son pendant, la méme épine iliaque antéro-inferieure épaisse de 8 mm.
et arrondie sur les bords. L'aeétabule mesure 51,5 mm. de diamétre
moyeu et présente en avant, directement á son point d'uuion avec l'os
pubis, un bord épais d'environ 6 mm.; la méme particularité s'observe
á la partie supérieure de l'ischion oíi le bord a une épaisseur de 5,5 mm.
et parait écourté.
Dans deux fragments, on distingue en plus les surfaces d'union de
l'Uion avec l'ischion, en partie conservées. Les deux piéces correspon-
dent au cóté droit et proviennent d'individus á peu prés du méme age.
tíeule la face auriculaire est visible dans les deux; quant á la tubérosité
233
qui les surinonte elle a inalliciireiiseinciit dispara daiis les deux frag-
uicuts. L'épaisseur luaxiiiiiim de ees paities osseuses dans la grande
écliancrure sciatique, mesure dans im fragment 20 nim., dans l'autre
25,3 mni. Mais la constitution de la dite face diftere légéremeut dans les
deux ; l'on peut, par exemple, distinguer dans les deux une partie infé-
rieure inégale, de bords presqne verticaux et en dessiis de celle-ci une
autre partie plus lisse, un peu sillonnée. Cette derniére déboucbe laté-
ralement dans une fosse transversale profoiule et de forme ellipsoidale
limitée par la fosse iliaque dont elle est séparée i)ar un bord elevé.
Dans un des fragments cette rigole lisse est presque droite, tandis que
dans l'autre exemplaire elle est plus profonde et fortement déjetée vers
le debors. Dans ce fragment la surface intermédiaire escarpée est beau-
coup plus large (28,6 mm.) que dans l'autre oü la largeur est de 18,5 ou
l-í mm. La largeur máximum de la dite face auriculaire est occasionnée
par la rugosité qui descend davantage.
Apres avoir décrit les fragments les plus importants de l'os coxal de
Kraijina, il me faudra. étudier la relation qui existe entre eux et l'os
coxal de Xéandertlial ; mais avant tout, j'ai voulu ])résenter un tablean
abrégé dans lequel j'expose les princij)ales mesures prises sur les frag-
ments en question.
Diametre de l'acétaVmle
Distance du bortl acétabulaire supérieur
á la créte iliaque
Distance de la créte iliaque au milieu
de la ligue arquee
Largeur de la rigole de l'obturateur
interne
Largeur du corpa de l'os iliaque en
dessous de l'épine iliaque antéro-
inférieure
Hauteur du bord liniitrophe postérieur
de l'ai'étalnile eutre la grande éclian-
crure sciatique et l'épine sciatique. .
65,0
110,0
115,0
11,0
65,0
39,5
M
57,0
92,0
93,0
18,0
54+X
±25.0
53,5
12,0
54,3
32,0
50,7
23,5
58,5
29,6
47,3
22,8
50,3
29,0
11,1
60,2
33,2
57,0
il02,0
104.0
12,0
59,0
32,5
L'os coxal du Néanderthalien étant un peu plus grand que celui de
l'homme de Krapina, j'ai réduit le pi-emier par le procede pbotograpbi-
que á la grandeur de mon os coxal de Krapina et je les ai dessiné l'un
HEV. MUSEO LA PLATA. — T. I.
16
— 234 —
dans l'autre. La figure aiusi combinée nons ofl're une tres grande har-
monie dans la structure des deux os, seulement que l'ilion de l'lionime de-
Krapina a ime élévation moindre. II nous importe a un liaut degré de
ne pas oublier que VHomo primigcniuH, quant a la largcur delarigoledfr
l'obturateur interne nous ofí're les mémes conditions que l'Européen et
les peuples primitifs. La largeur de la rigole (11 mm.) dans l'os coxal
de Neanderthal correspond á celle de notre fragment gauche oü elle est
de 12 min., tandis que l'os coxal droit de Krapina avec ses 18 mm.
présente un caractére observé ga et la chez les peuples primitifs et
celles des os coxaux d'un Jaunde de Cameron et d'un indigéne de For-
mosa dont nous avons fait mention plus haut. IJ'Homo primigenius
réunit done dans la structure de son os coxal, des caracteres qui rappel-
lent ceux des anthropomorphes et méme a divers degrés ceux que l'on
observe chez les peuples primitifs et les Européens et qui consistent dans
l'étroitesse de la rigole destinée á l'obturateur interne. »
A Orimaldi, les fouilles dues á l'initiative du prince de Monaco ont
mis á jour les squelettes humains qui remontent á l'époque quaternaire
et qui représentent, selou M. Verneau \ deux types conipléteiuent dis-
tincts. Le bassin du X)remier (t¡ipe de Cro-Maf/non) « nous a mis en pré-
sence d'un type pelvien q\ú, lui, n'a ríen de nigritique. Le boau déve-
loppement de ses ailes, l'harmonie de ses coui'bes en font, au conti'aire,
un bassin aussi élégant que celui des Blancs qui ont le iilus évolué. 11
s'en distingue surtout par sa vigueur et par un racourcissement de ses
diamétres antéro-postérieurs, principalement au niveau du détroit su-
périeur. Malgré les différeuces qui existent entre les deux bassins com-
plots que j'ai eus á ma disposition, l'un et l'autre pi'ésentent la méme
morphologie fondamentale de la marge ; on peut done regarder cette
morphologie spéciale comme l'apanage de notre race quaternaire de la
Vézéie et des Baoussé-Eoussé. On est d'autant plus en droit d'attribuer
aux particularités que j'ai relevées plus haut un caractére ethnique
que nous avons retrouvé les plus typiques sur le bassin du vieillard de
Ci'o-Magnon, quoiqír'il soit en assez mauvais état. »
Le deuxiéme type trouvé aux grottes de Grimaldi mérite á coup sur le
nova á& type negmide ; il est beaucoup plus ancien que le premier. Le
bassin est « á ilions verticaux, développés en hauteur, á créte iliaqtxe
tres courbée, á échancrure sciatique étroite, comme chez les Négres
actuéis. »
Moias connus que les restes humains fossiles de Neanderthal, Spy et
Krapina, sont les suivants, dont nous allons noi;s occuper.
' Vkrnkau, R., Les yrottes de Grimaldi. Resume ct coitcltisioiis des éttidce anlhro-
pologiques. L'Anthropologic, XVII, 1906, p. 299, 304.
— 235 —
Dans le bassiu de La Madelatne doiit Hamy ' donne la figure sans
s'occuycr do lui dans le texte, Ivlaatsch ' est frappé de « Pescarpeiuent
considerable des ailes de l'ilion, dans lequel il est impossible de ne pas
reconnaitre iine condition inférienre ». Hamy lui-méine dit á ce sujet
dans une autre publication ', simplcinent : « L'os iliaque reproduit fort
bien la partie correspondante du méme os dans le squelette de (Jro-Ma-
gnon ». Je n'ai pii tronver nulle part de données au sujet de ce dernier.
Également insuffisantes sont les données relatives au bassiu de l'hom-
me du lüíss de BoUwiUcr ^ . Le fragment de bassiu de l'individu A, fem-
me d'environ 55 ans, est « assez épais, mais sans grand intérét ». De
l'individu C, il dit : « Le bassiu assez épais ofí're un détroit supérieur
en forme de cceur, long 115 millimotres, largeur lOS'^'^S ». Voilá tout.
Pour la premiére fois le travail de Hamy sur la trouvaille de Liane %
contient vine description precíense de l'os coxal droit alors mis a jour,
deseription que je reproduis textuellement pour faciliter la comparaison.
« L'os iliaque, par ses dimensions sensiblement supérieures aux di-
mensions moyennes, son épaisseur relativement considerable, ses em-
preintes musculaires vigoureuses, a certainement apjjartenu á un sujet
du sexe masculin adulte et fort robuste.
Les insertions sont extrémement accusées et présentent, notamment
á la face externe de l'ilium, des rugosités qui en circonscrivent tres net-
tement les contours. La fosse iliaque, en son point le plus minee, me-
sure encoré 5 millimétres, et la créte qui contourue cette fosse atteint
au niveau du tubei'cule du moyen fessier 20 millimétres d'épaisseur.
La hauteur totale de l'os a 238 millimétres, 18 millimétres de plus
que la hauteur moyenne du bassiu dans nos populations modernes (Ver-
NEAU, Le h(tísHÍn dans les sexes et dans les races, Paris, 1875, p. 56, 59, etc.).
La distance de l'épine iliaque antérieure et suj)érieirre a l'ischion est de
193 millimétres, Pintervalle entre l'iscbion et l'éminence ilio-pectinée
en compte 118. Ces deux mesures dépassent par conséquent Pune et
l'autre de 11 millimétres les mémes mesures prises sur les bassins des
races européennes. On trouve 182 millimétres entre l'épine sciatique et
le sommet de la créte iliaque, au lien de 107 millimétres, soit un centi-
* Hamy, E. T., Fosnil Man from la Madeleine and Laugcric Basse. In Lartet et
CHnisTY, Reliquiae Aqnitanicae, Londres, 1865-1875. Cité d'aprés
* Klaatscii, H., Die Fortschritte etc., 1. c., p. 480.
' Hamy, E. T., Sur le squelette humain de l'ahri sous roche de la Madclainc. Bulletins
de la Socicté d' Anihropologie de Paris, 2"^ serie, IX, 1874, p. 602.
* CoLLiGNON, K., Description des ossements fosailea humains trouvés dans le Ichm de
la vallce du Bhin d, Bollwillcr. Eevue d' Anthropologie, IX, 1880, p. 399-404.
^ Hamy, E. T., Notícc sur les fouiUcs exccutées dans le lit de la Liane en 1887 pour
l'étahlissement du nouvcau viaduc du chemin de fer. Bevue d' Anthropologie, XVII, 1888,.
p. 263-264.
— 236 —
métre et demi de plus. Enflu, J'épaissetir de l'os au niveau de l'articiila-
tion coxo-fémorale atteint 51 inillimétres au lieu de 38, et gagne par
conséquent 13 millimétres sur la mesure moyenne observée cliez l'lioni-
ine adulte.
Mais en méme temps que l'os iliaque accentue ainsi quelques uns de
ses caracteres masculius, il en preud d'autres qui sont plutót liabituels
au sexe féminin. Par exemple, il est beaucoup plus évasé que cela ne se
voit ordinairement cliez riiomme, au-dessus du détroit supérieur, et sen-
siblcment élargi audessous du méme détroit, son écliaucrure sciatique
est tres lar ge (65 millimétres) tout en restant assez profunde (32) ; enfln
le trou sous-pubien est oblique en bas et en deliors et ses proportions
(hauteur 53 millimétres, largeur 38 millimétres) sont bien plus voisines
de celles de la femme que de celles de l'homme.
Mesures de l'os iliaque droit des alluvions de la Liane, comparées aux
mesures moyennes du bassin masculin, determinées par M. Verneau
(loe. cit.).
Liane Moyenne
Hauteur totale 238 220
fie l'épiue iliaque antéro-supérieure á l'ischion 193 182
de l'ischion á l'éminence ilio-pectinée 118 107
Distances I de l'épine sciatique au sommet de la créte iliaque. . 182 ? 167
de la méme épine á l'épiue iliaque antéro-supérieure 160 ? 151
de la méme épine a l'éminence üio-pectinée 81 ? 77
Hauteur de la fosse iliaque interne 114 104
Concavité de la fosse iliaque interne 12 9
Diamfetre antéro-postérieur — —
Longueur de la fosse iliaque interne — —
de l'artic. sacro-iliaque a la sympliise pubienne. . . . 129 177
' de la méme artic. il l'épine iliaque antéro-supérieure 106 91.5
,, , . . ( larjicur 65 ? 50
i-cnancrure sciatique „ , ^r^ .„
t profondeur 32 40
^ (de l'échancrure sciatique au sourcil cotyloidien .... 51 38
Distances , , , . , , .... „„
( du trou sous-puuien a la symphise pubienne d7 ¿o
„ ... , , .. , ( hauteur 59 58
Cavité cotyloide , ,„ »„
•^ ( largeur 58 56
Trou sous-pubien j
hauteur 43 57
largeur 38 35
^ . ( mínimum de la fosse iliaque 5 3
( máximum de la créte Uiaque 20 19
Voisi les doTuiées de M. Hamy. Je ne puis affirnier si les bommes de
Bolhviller et de la Liane que uous venons de citer appartiennent á VHomo
priviigenius Wilser ou non; mais malgré cela, je n'ai pas cru devoir
omettie d'en parler dans ce travail.
Le í'ragment de bassin de Natchez ', Mississipi, Amérique du Nord,
' 1846. DiCKKSON, Proc. Acad. Nal. Sc¡., 1846, p. 107. — Intiouvable.
— 237 —
troiivé en 1846 par Dickeson, au niilicude restes de Megalonyx Jefferso-
ni, M. dissimüis, Ercptodon priHcm, Mylodon Harlani, Mastodon ame-
rlcfiniifi, Eqiius major et Bisan lafifronn, daiis le inéme état de conserva-
tiou et couleur, mais plus forteinent fossilisé que ceux-ci (Wilson, 1. c,
p. 176) a été décrit scientifiquement par Emile Sclimidt en 1872. « II se
compose de la plus grande partie de l'os coxal du cóté droit. L'os
ilion est le mieux conservé de tous cependant il nous manque de ce me-
me os le bord autérieur et i)08térieur, ainsi que l'épine postéro-supérieure
et le bord postérieur de la face auriculaire. La fracture du bord antérieur
de l'ilion tombe dans la cavité cotyloide dout a été séparée la- moitiée
antérieure ainsi que l'incisure. II manque en outre l'os pubis tout cutier,
la brancbe ascendante de l'ischion et le bord sciatique du trou ovale.
Toutes les parties saillantes sont fortement usées et ici, de inéme que
dans les points de fractui-e, le tissu spongieux est a découvert et ses
pores remplis de glaise jaune. Toutes les épipliyses, ainsi que l'union
glenoidale des trois éléments de l'os, sont complétement consolidées,
ce qui prouve, sans laisser lien n aucun doute, que ce fragment d'os ap-
partenait a un adulte et non, comme l'aftirmait Dickeson, a un jeune
homme de 16 ans. L'aile iliaque est un jjeu inclinée en dehors, sa face
interne fortement concave, les lignes semicircnlaires inférieui-e et supé-
rieure de la face interne sont assez clairement marquées. Toutes les di-
mensions sont petites pour appartenir au bassin d'un adulte ». (Sclimidt,
1885, p. 36-37).
Dans sa publication origínale de 1872, oii se trouvent naturellcment
aussi les détails ci-dessus, Sclnnidt nous fait part de quelqaes mesures
prises sur le fragment de Natcbez; ce sont les suivantes (en mm.) :
Natchez
Hauteur totale depuis le poiut le plus bas de la tubérosité sciatique jus-
qu'au point le plus elevé (supposé) ele la créte 185
Distance <lu point le plus elevé de la grande échancrure au point le plus
bas de la tubérosité sciatique 103
Distance du centre de la cavité cotyloide au point le plus bas de la tubé-
rosité sciatique 72
De l'épine antéro-supérieure (supposée) au point le plus voisin de la grande
échancrure sciatique 95
1872. SCHJUDT. E.. Ziir Unjcschichlr Sordamcrikas. Archie filr Anllivopolor/tc, V, 1872,
p. 247-248.
1887. SCHMIDT, E., Dlc ültesten Sjmri/n ihs Mcnschcn ¡u Xor(h(inerH-a. Hambur;;, 1887,
p. 31-37.
1889. Leidy, J., Noliee of snmc fnssil luimiin boncs. Truiixitclions nf íhc War/ner Fren
Institule of Science of Phiíadclphia. II, 1889, p. 9-12, pl. I-II.
1900. WiLSON, Tn., La hautc aiiciennelé de l'homme dans VAmcrique du Xord. Coiii])-
les-rendiis du Conr/ris International d'Aiilhvopolorjie el d'Areliéoloyie préliistoviquc, XII''
scssion, Paiis, 1900, p. 174-177.
— 238 —
Xatchez
Point le yilus minee (le la fosse iliaque 4
Epaisseur de l'os h l'angle antórieur de la face auriculaire 25
Diamtítre de la cavité cotyloide 27
Leidy, qiii n'a pas connaissance des investigations de Schmidt, dit,
page 10, au sujet du fragment de ííatcliez, seulement ce qni suit : « It
differs in no respect from an ordinary average specimen of the corres-
ponding recent bone of man. »
De l'abondance de détails que nous avous donnés ici au siijet des
restevS de bassins Innaains fossiles, malhcureuseiiient il n'y en a qu'un
certain nombre qui puissent étre compares avec le bassin de Frías, i^ar
la raison que les études ont été faites en partie sous des points de vue
diíférents ; je regrette, par exemple, que, dans aucune des figures ad-
jointes aux travaux originaux relatifs aux bassins de Néandertlial ,Kra-
pina, Natchez, la grande écbancrure sciatique n'ait pas été représen-
tée en projection droite, pour faciliter sa comparaison exacte avec celle
du bassin de Frías. Dans tous les cas, le rapprocbement que nous faí-
sons ící entre les dífiférents bassins ne sera pas sans utilité pour un
grand nombre de personnes.
VERTEBRES
<' Quatre vertebres plus ou moins entiéres et troís ou quatre frag-
ments informes. Les premieres sont les sixiéme cervicale, septiéme cer-
vicale dont l'apophyse épineuse est bifurquée, premiére et deixxiéme
dorsales. Elles appartiennent manifestement a un mérae sujet de tres
petite taille et présentent sur le pourtour anguleux de leurs faces supé-
rieure et inférieure des traces d'ossiflcation ijathologique se rapportant
á cette altération sénile que, síirles articulations des membres, on quali-
flerait d'arthrite séche ou de rhumatisme clirouique. » (Broca.)
De ees vertebres énumérées par Broca, il n'en existe plus qu'une par-
tie. Ne pouvant done m'occuper de la totalité des piéces précédemment
inventoriées, je vais étudier les piéces qui existent encoré. Ce sont cinq
fragments de vertebres cervicales et dorsales, dont il n'y a que peu de
chose a diré, une vertebre cervicale presqtie comijléte et une vertebre
dorsale inconipléte.
La vertebre cervicale (flg. 9-10) est i^resque complete, moins les dé-
fectuosités siiivantes : la branche gauche de la bifurcation de l'apophyse
épineuse est brisée; la surface articulaire gauche inférieure et la droite
supérieure sont un peu endommagées; en outre, manquent également
les deux apophyses transversales etles deux cotes dorsales '. Sauf cela
' Je suis la uomeiiclature de Disse dans le tome I du Ilaiidbiich der Anatomie des
Menachen, edité par Karl von Bardelebeu, Jena, 1896, p. 51-52.
— 239 —
]c fragment est bien conservé. Elle me fit l'effet d'étre lacinquiéme ver-
tebre cervicale, snrtout i\ cause de la grandeur relative du corps de l'os
et du peu de longueur de l'apophyse épineuse qui, dans la G" et 7° verte-
bres cervicales, au moins dans celles appartenaut á des squelettes d'iu-
•diens aud-américains, avec lesquelles je les comparai, était beaucoup
plus longue que dans les vertebres antérieures. Pour étre plus síir de
mol, j'envoyai cette piece, ainsi que la vertebre dorsale que je devais
décrire plus tard á mon collégue et ami le docteur Paiú Bartels de Ber-
lín qui i)roposa les deux piéces a l'examen de M. le professeur Waldey-
er, sans lui taire connaitre d'abord mon diagnostic. Ces messieiirs com-
parérent la vertebre en question avec d'autres pieces analogues dir niusée
de l'institut anatomique de Berlin. M. Waldeyer la considere comme une
6° vertebre cervicale, pour trois raisons : á cause de la forme de l'apo-
physe éi)ineuse qui ue ressemble ni a celle de la 7", ni á celles des ver-
tebres supérieures; a cause de la grandeur relative du corps de l'os; á
cause de la ])osition des apo^jliyses articulaires. Dans lalettrequ'ü m'é-
crivit alors M. Bartels me disait que peut-étre aussi s'agissait-il d'une
5° vertebre cervicale. Je me fais un devoir d'oftrir ici-méme a ces deux
messieurs l'assurance de ma plus sincere gratitude.
L'anatomiste qui une fois seulement a étudié des vertebres isolées
provenant de races non européennes, ne s'étonnera ni de mon liésitation,
ni de la discordance des deux diagnostics.
J'ai essayé de reunir dans les tables suivantes les grandeurs respecti-
ves, en y comprenant également les mesures relatives aux vertebres dor-
sales queje me propose de décrire plus tard.
Tahle des mesures des vertebres de Frías Vertebre
Cervicale Dorsale
•Corps de la vertebre. Diamétre antéro-postérieur (du milien de la
siirface antérieure au niilieu de la surface postérieure) . . 15 23
Diam^tre tranaversal (entre les milieux des surfaces latera-
les, eu dedans des trous transversos) 21 21
Diamétre vertical (entre les niilieiix des surfaces autérieiu-e
et iuférieure) 8.5 11.4
Hauteur antérieure (=dianiétre vertical antérieur, du poiut
supérieur au point inférieur de la ligne medíale veutrale) 9 —
Hauteur postérieure (r^diamfetre vertical postérieur, dupoint
supe'rieur au point inférieur de la ligne médiale dorsale) 11 —
Trou vertebral. Diamfetre antéro-postérieure (du milieu do la sur-
face postérieure du corps de la vertebre, au milieu opposé). 15 14
Diámetro transversal (distance intérieure des deux racines
des ares vertébraux) 21 15
Vertebre entih-e. Diami^tre autéro-postérieur (du mUieu do la .sur-
face antérieure du corps de la vertebro, au fond de la bi-
furcation de l'apopbyse épineuse) 40 —
Diamttre transversal (de l'incisure articulaire supérieureet
inférieure, d'un cóté á l'autre) 42 —
— 240 —
Bien que tovites ees mesures n'aient été i)rises que raremeut sur des
vertebres, elles peuvent uéanmoins prendre place ici comme matériel
de comparaisou, en vue d'investigations futures.
Le corps de la vertebre cervicale de Frías, comparée avec celle des 5
A.fricains de Eeinecke '■, est extrémement large, tandis que le diamétre
antéro-postérieui' est presque égal ; les trois diamétres verticaux sont
plutót petits.
La surface cándale du corps de la vertebre cervicale présente un sillón
antéro-postéi'ieur qui la divise en deux parties égales; il est plus marqué
en aiTiére et i)énétre assez i^rofondément dans le bord. II s'agit pent-étre
ici des vestiges des deux centres d'ossification du corps de la vertebre,
mail il est á remarquer que la surface crániale ne présente aucune trace
de sillón.
Les bords des ares vertébraux qui limiteut le troír vertebral, sont assez
9. — Vertt-bre eervicalH de Frías Fig. 10, — Vertt'lire cervicale de Frías
vno d'eu liairt. (Gr. iiat.)- viie d'eii lias. (Gr. Nat).
fortement cambrés, et, par la méme raison, la forme du trou est plutót
semi-hmaire que triangulaire.
L'apophyse épineuse est tres courte; elle se bifurque en deux petits
moignons, comme deux iietites cernes fortement cintrées (la gauche est
plus défectueuse que la droite), coníormatiínT parfaitemeut en liarmonie
avec les donuées de Martin '" : l'apophyse épineuse de la ú° vertebre cer-
vicale présente chez leseuropéens etles indiensdelaTerredeFeuuncom-
mencement de bifureation qui n' existe pas chez les « races inférieures »;
au contraire dans les trois quarts des cas, cette méme apophyse ue pré-
sente aucune división dans la 6" vertebre cervicale. (Cette derniére ob-
servation s'applique aux fuégiens; les données nous manquent au sujet
des autres races.)
' Reinhckk, P., Beschreibitng cinigcr Bassciiskektte atis Afrika. An-hir fih- Aiithro-
poloijie, XXV, 1898, r- 227.
'■^ Martín, R., Zitr phi/sisclteu Anihropulogic der Fcuerlandcr. ArcJiir fiiv Aiilhrojwlo-
gic, XXII, 1894, p. 169.
— 241 —
A la place de la cote cervicale droite, il n'y avait qii'une légére rugo-
sité, peu saillante. (La vertebre, extrémement fragile, avait soiift'ert
avant d'etre pliotographiée, une détérioration, qul ne permet plus de se
reudre compte de cette circonstaiice, dans les fig. 9-10.)
Des apophyses trausverses nous ne pouvons rien diré, puisqu'elles
n'existent plus.
La forme de la vertebre est légérement asymétrique ; l'arc droit est un
jjeu plus épais et plus courbé que le gauche dont la forme est plus droi-
te. On pourrait croire a une faible scoliose dexti'o-convexe.
Pour terminer, nous mentionnerons encoré une altération patliologi-
qiie : les deux bords latéraux de la surface supérieure du corjis de la ver-
tebre sont un peu gonflés, évidemment sous l'influence de Varthritis defor-
niam. La surface de cette enflure a subi l'eftet du frottement dans sa
partic postérieure gauche et commence á reluire. Le bord de la sxxrface
iuférieure du corps de la vertebre est moins deformé. Vu de face, le bord
des deux surfaces parait faire légérement saillie.
Ainsi done, je n'ai pu découvrir aucun caractére ostéologique qni ne
puisse exister dans la conformation des vertebres de Thomme coutem-
porain.
La vertebre dormle est fort endommagée et il n'est pas possible de la
déterminer avec une precisión sufflsante. Si je m'en rapporte á la rela-
tion de grandeur qui existe entre le corps et le trou vertebral, je la con-
sidere comine une 1" ou 8'^ vertebre; suivant M. Waldeyer, elle appar-
tient á la partie medíale de la región dorsale.
Le corps de la vertebre est fortemeut asymétrique; la moitié droite
est sensiblement i^lus développée et fait saillie en avant et á droite. Les
bords de ce méme corps, principalement a droite et en bas, se sont af-
faissés en lambeaux irréguliers, pareils á des morceaux de páte récem-
ment pétrie (arthritis deformans).
Les quelques mesures qui ont été prises ont été communiquées en mé-
me temps que les mesures analogues de la vertebre cervicale.
Les points suivants sont également dignes d'appeler notre attention :
Le trou vertebral est de forme anguleuse avec des angles arrondis. Les
apophyses transverses sont fortement divergentes et dirigées latéralc-
ment, d'une fagon plus accentuée que dans les autres vertebres avec les-
quelles nous les comparons et dans lesquelles elles se dirigent plutót
vers l'arriéi'e, d'oíi il résiüte que ees derniéres forment entre elles un
angle plus aigu. C'est la peut-étre la particularité la plus frappante que
présente cette piéce anatomique. L'apophyse transverse, la seule que
existe encoré est coiirte et ramassée, la fosse costale transversale est
partagée en deuxparties inégales séparées entre elles par un intervalle
de la largeur d'un millimétre.
— 242 —
Je ne vois d'aillenrs den de remarquable, ni dans les fosses costales
supérienres et intérienres, ni dans les suríaces articulaires sui^érieure
et iníerieure.
COTES
« Douze cotes ou fragments de cotes provenant d'un méme sujet, de
petite taille encoré. L'nne des cdtes entiéres présente svu* son bord infé-
rienr un élargissement qui ferait croire qn'elle apjiartient á un antre
sujet, si une disijosition analogue, mais atténiíée, n'existait sur une au-
Fig. 11. — Contours du cintru horizontal do deux cu
gauches de Frías. (Gr. nat.).
tre cote; c'est le résultat d'une bjqjérostose sénile du genre de celleque
présentent les vertebres. » (Broca.)
II existe encoré 12 fragments ou débris ; deux cotes mediales gau-
ches sont un peu mieux conservées. Le bord inférieur, notablement sail-
lant, est, en réalité, comme l'observe Broca, quelque peu enflé en arriére.
L'une de ees cotes (a), probablemcnt la S" ou la 9", d'aillenrs bien con-
servée, n'est détériorée que vers son extrémité antérieure. Le relief de
la partie dorsale externe, dans le voisinage du tubercule est tres pro-
noncé, surtout la. surface extérieure du col. Entre le bord supérieur de
hii fosse costale du tubercule et le capitulum, on distingue un sillón lon-
gitudinal profond. Le sillón costale est surtout notable sous ce point de
vue, depuis le tubercule jusqu'á la partie antérieure. La cote est ti'és
gréle (4 milliiiiétres de diamétre médio-lateral) et tres large (19 millimé-
tre de diamétre cranio-caudal).
— 2-1-3 —
L'autre cote (b) probiiblemeiit lii 7" ou la S° est defectiieuse; vers
Textrémité dorsale la lame externe a disparu et il n'existe plus que la
lame interne, suffisante d'ailleurs pour établir encoré la courbure (voir
plus loin). Comme la precedente, cette cote est tres gréle (4, ÍJ niillime-
tres) et larj;e (17 millimetres).
Ces deux cotes sont assez fortementtorduesdans le sens longitudinal,
et courbées en forme d'S, dans la direction verticale. Si Ton api)lique
leur bord superieur sur une íeuille de papier, deux points restent dis-
tinctement marqués: le capitulum et la partie supérieure du bord era-
nial. En appuyant davantage de droite á gauche et réciproquement,
d'une extrémité a l'autre, on arrive á marquer, peu á peii, tous les points
du bord superieur ; Ton peut done tracer au crayon le liord intérieur, ixtur
obtenir les contours de la coiirbe liorizontale de l'os (flg. 11). L'ou trou-
ve ainsi, facilenient, que les cotes sont peu cintrées, que le tliorax était
<le petites dimeusious et termimiit en forme de quille vers sa iiartie an-
térieure.
OSSEMEXTS DE LA MAIN ET DC PIED
« Un scaphoide du pied et un métatarsien. C'est le plus petit scaplioí-
de Immain qu'on puisse imagíner; la grande dimensión de sa fosse arti-
culaire ue mesure que 26 millimetres. »
« Sept métacarpiens quelques-uns anormalement contournés et offrant
á leurs extrémités des traces d'arthrite séche. Un, le métacarpien du
liouce gauclie, a oS millimetres de longueur ».
« Huit plialanges de la main. » (Broca.)
M. le professeur Leboucq, le celebre anatomiste de l'Université de
Gand, a eu la rare amabilité d'examiner ces piéces et de mettre á ma
dispositiou ses appréciations á leur sujet; ce dont les spécialistes, ainsi
que le Musée de La Plata doivent lui étre profondément reconnaissants.
Je publie ici intégralement son mémoire.
Étndc m(r les os de la main et du pied trouvés par M. Amef/hiiw sur les
bords de l'arroyo Frías dans la formation pampéenne (liépublique Ar
gentine), jjar M. H. Leboucq.
Les ossements liumains dont il est question dans cette note ont été
recueillis au cours de fouilles exécutées en 1873 dans la province de
Buenos Aires par le savant paléontologiste Florentino Ameghino auquel
la science est redevable de nombreux documeuts sur la paléontologie
de l'Amériquc du Sud. Les renseignements historiques ont été deja
fournis par M. Lebmaun-Xitsclie, clief de la section antbropologique au
— 244 —
Musée de La Plata, qui a bien voulu me charger de décrire cette partie
des os.
ADieghiuo conimen^a ses explorations paléontologiques en 1869 et
déjá l'année snivaute ü trouva aii bord d'un ruisseau (l'arroyo Frías,
prés de Mercedes, province de Buenos Aires) des restes htimains assez
importants qui ont été depuis transportes en Europe et se sont malheu-
reusement égarés sans avoir été décrits. Trois aus plus tard, il fit au
méme endroit de nouvelles trouvailles. L'endroit exact des fouilles se
trouve sur la rive gauche du ruisseau dans le voisinage du ijont qui ve-
nait d'étre construit. La rive y a environ 2 métres de hauteur au-dessus
de la surface de l'eau, elle est formée de Icess pampeen supérieur á cou-
clies stratiflées de sable et d'argile avec quelques concrétions calcaires.
Le 24 septembre il trouva d'abord des fragments d'une carapace d'íTo-
plophorus sous laquelle ont découvrit une masse noire qui aprés dessic-
cation fut reconnue étre du charbon de bois. Oes traces de la présence
de l'liomme étant établies, Ameghino flt pratiquer des fouilles systéma-
tiques conche par conche et i^arvint á raettre au jour un grand nombre
d'ossements d'auimaux fossiles et des produits du travail humain qui
seront décrits par M. Lehmann-Nitsche. Ameghino designa le gisement
sous le nom de Paradero I.
Dans les conches inférieures, á plus de 2 métres au-dessous de la sur-
face de l'eau, done á une profondeur totale de 4 métres, se trouvaient
des ossements humains mélés é ceux d'animaux fossiles. Le terrain est
de formation ]iampéenne sans au^cun remaniement artitíciel ; il n'est pas
acbnissible non plus que les os s'y soient glissés par une crevasse natu-
relle. Ameghino le considérait comme tertiaire, ce qui d'aprés Lehmann-
ÍTitsche est inexact ; il est sans aucun doute pleistocéne.
Ameghino a pu.blié en 1880 dans la Bcvuv d'Anthrojmlogie de Broca
(9^ année, 2'^ serie, T. III, p. 1-12) un article accompagné de 3 i)lanches
sur les Armes et instriiments de l'liomme préhistoriqtie des Pampas, suivi
d'une note de P. Broca lui-méme faisant l'énumération succincte des os
humains trouvés. II y sígnale notamment une portion d'os iliaque, des
vertebres, des cotes, une tete de radius et une dent. Sous les números
4 á fi de son énumération figurent les os de la niain et du pied que M.
Lehmaun-ííitsche a conüés á mon examen. Broca les décrit de la maniere
suivante (1. c, p. 12) :
« 4° Un scaphoide du pied et un métatarsien. C'est le plus petit sca-
phoíde humain qu'on puisse imaginer; la grande dimensión de sa fosse
articulaire ne mesure que 26 millimétres.
« 5° Sept métacarpiens ; quelques uns anormalement contournés etof-
frant á leurs extrémités des traces d'arthrite séche. Un, le métacarpien
du pouce gauche, a ;J8 millimétres de longueur.
« 6° Huit i^halanges de la main. »
— 245 —
Cet inventaire n'est pas tout á fait conforme aux piéces que j'ai re-
ines: il n'y a que 7 phalauges de la main; jiar contre il ya un os non
sígnale dans cette énumeration : (;'est le trapezoide du carpe, ce qui fait
que le nombre total des piéces {'2 -\- 7 -{■ 1 + 1 = 17) est concordant.
J'ai examiné ees os avec tout le soin qu'ils méritent, non pas avec
I'espoir d'y trouver des choses extraordinaires, mais á cause de la rareté
des objets. Les os de la main et du pied sont en general mal conserves
ou méme complétement perdus dans les gisements préhistoriques et si
l'on posséde deja assez bien de documents se rapportant á d'autres
parties du squelette (cráne et os longs des membres), on ne connait
pour ainsi diré rien sur la structure de la main et du pied des liommes
préhistoriques.
J'ai commencé par faire un premier classement pour l'identiflcation
des os et leur position droite ou gauche ; j'ai pris pour guide l'excellent
travail de Pfltzner ^^Beitriige zur Kenntnis des menscMíchen E.rtremitaten-
sJceletu (iu Schwalbe's Morphohgische Arheiten, II, 1892), ce qui a notable-
ment facilité ma tache.
Voici le résultat de ce ])remier classement.
Main droite
Carpe : Trapezoide 1
Métacarpe : I, II, III, lY, V 5
Premi&re phalauge: 1, — , 1, 1, 1 4
Deuxiéme phalange : — , — ,1, — ,1 2
Total 12
Main gauche
Métacarpe : 2 premiers métacarpiens 2
Phalange : la premiére du ciuquifeme doigt 1
Total 3
Pied droit
Tarse : 1 scaphoide 1
Métatarse : 1 deuxi&me métatarsieu 1
Total 2
Au poiut de viie des caracteres physiques, ees 17 os peuvent se divi-
ser en deux groupes, l'un ne renfermant que le plus long des 2 premiers
métacarpiens gauches; l'autre, les IG autres piéces. Ces derniers sont
secs, durs, compacts, paraissant complétement fossilisés et ayant perdu
' Pfitzner, W., Beitrdge zur Kenntnis des menachliehen Extremitatenskelets. V. Mor-
phologische Arheiten, II, 1892, p. 110.
— 246 —
toiite trace de matiére orgauiqne; leur coloration est gris-sale. Quauíl
on les agite ensemble, ils résonnent comme des fragnieuts de pipe en
terre. Le plus loug des 2 métacarpiens du poiice gauche a un aspect dif-
férent : il a une coloration brun-acajou tout en i^araissant aussi comple-
temeut fossilisé; il est également dur et compact, il est assez bien con-
servé. La coloration lui a probableinent été communiquée par une terre
argileuse.
Les caracteres morphologiques de la plupart des os sout assez bien
conserves par les os entiers ou par des fragments pour permettre de les
identifier sans liésitation. Ils sont, surtout ceux des mains(sauf leméta-
carpien I gauche signalé plus haut), petits, gréles á aretes fortement ac-
cusées. Les limites des surfaces d'insertiou des muscles interosseux sur
les métacarpiens sont marquées par des lignes rugueuses, ce qui donne
surtout au 4° et au 5'^ un aspect tordu ii la diaphyse. C'est probablement
á ceux-lá que Broca fait allusion quand il dit que quelques-uns des mé-
tacarpiens sont « anormalement contournés » (v. plus haut). II y a éga-
lement aux métacarpiens 2 et 3 et au 2° métatarsien une certaine dimi-
nution d'épaisseur de la diaphyse dans sa partie distale ce qui fait
paraitre les épiphyses distales plus volumineuses. Tous ees caracteres
donnent aux métacarpiens et au métatarsien des proflls durs encoré exa-
geres en certains jioints par l'existence de petites exostoses arthriti-
ques, caractéristiques des os de personnes ágées.
Je passe maintenant en revue les divers os en insistant spécialement
sur leur longueur qui doit nous fournir les principales données au sujet
du sexe et du nombre d'individus dont proviennent les piéces squeletti-
ques. A c6té de chaqué mesure j'ai mis entre parenthéses les chifl'res
moyens des longueurs de ees os d'aprés Pfltzner.
MAIN DROITE
1° Trapezoide. — Petit, assez deterioré mais sufBsamment reconnais-
sable toutefois.
2° Métacarpiens Ja V. — Le 1", 4° et 5° sont iutacts ; le capitulum
du 2" est separé de la diaphyse et les bords de la cassure sont endom-
magés, mais la juxtaposition des fragments ne laisse aucun doute. La
base du 3° manque partiellement du cóté dorsal. II y a ime disproportiou
assez marquée entre les 2" et 3° d'une part et les 4° et 5° de l'autre, mais
on sait qu'il existe normalement une certaine disproportiou entre ees
denx groupes de métacarpiens et elle n'est pas sufiisante ici pour ne pas
afhnettre que les 5 proviennent du méme individu. Voici les longueurs
des métacarpiens ' :
' Les longueurs sout douuées en millimfetres. Les moyennes de Pfitzner sont jilacées
247
— (:-i>— &:>»-=» (s
»-="(IS>-=«(lll)
3° Phalanges. — Les 4 ijremiéres phalanges (pli. básales) proviennent
des doigts 1,3,4, 5. 1 et 5 sont légérement endommagées, toiite la partie
proximale du 4 fait défaut de sorte qu'il est impossible de déterminer
sa lougueiir; 3 est intacte.
Les longueurs respectives sont :
Pb'= 28 m\ Pb- = 39 (í?4); Pbv= 31.5 ("^
Les 2 deiixiémes phalanges appartiennent anx troisiéme et cinqiiiéme
/28.G\ /19.2^
doigts: leur longueur est : Pm'" = 25,5 --^ ; Pm^ = IG — -^
*' ' ^ ' \26.9J' \18.1,
Ou voit que toiites ees mesures se rapproclient des daitt'res moyens
de la femrae et leur sont méme Inférieures dans le domaine des derniers
doigts ; ils sont toujours supérieurs a la moyenne chez l'liomme. ííous
croyons jionvoir en conclure que tous sont des os de femme et sans trop
nous arréter á quelques oscillations inevitables dans les mensurations
et nous attachant spécialement á la concordance des caracteres géné-
raux noirs adinettons que ees 12 os appartiennent k la main d'une ménie
femme qui était d'un age avancé.
MAIN GAUCHE
Les os de la main du cóté gauche sont 2 premiers métacarpiens et une
plialange básale. Celle-ci se trouve repondré aux caracteres moriihologi-
ques d'une premiére phalange du 5° doigt. Les piéces sont relativement
bien conservées. L'iui des métacarpiens, le plus court, et la phalange ont
l'aspect general des os de la main droite et méme la phalange básale du
5° doigt a sensiblement la méme longueur que la correspondante a droite
(31 á gauche; 31,5 á droite). Le métacarpien n'a que 38,5 de long, par
conséquent 3,50 de moins que celui de droite. D'aprés Pfitzner dont les
assertions sont basées sur un nombre tres considerable d'observations
les différences de longueur de deux os correspondants des deux mains
entre parentli&ses sous forme de fraction : la moyenne iiour le sexe magculm est en
numératenr, pour le sexe féminin en déuominateur.
— 248 —
dii méme siijet sont tres minimes ne dépassant jamáis qnelqnes dixié-
mes de inillimétres. Partaiit de la oii ponrrait admettre que la preiniére
phalange du 5" doigt, droite et gauclie proviennent dii méme sujet (dif-
férence 0,5), mais la diífére.nce de 3,50 entre les deux premiers métacar-
piens droit et gauche serait trop forte pour les attribuer au méme sujet,
á moins d'admettre une variation individuelle, ce que ríen ne nous auto-
rise á faire. Par sa taille, 11 provient également d'une femme mais plus
petite que celle de la main droite.
Quant au second des deux premiers métacarpiens gauches (long. 43,5)
ses caracteres généraux décrits plus haut l'éloignent des autres os, de
sorte qu'on n'liésite pas á l'attribuer a iin autre sujet que les précédents.
II provient d'un adulte et par sa lougueur se rapproche de la moyenne
du sexe masculin (44,5).
riED DROIT
Le scapho'ide et le métatarsien II du pied droit ont les caracteres gé-
néraux de la majorité des os précédents. Les déformations arthritiques
y sont plus prononcées que sur ceux-ci.
Lo métatarsien endommagé á la base, mesure 73 millimétres de long,
et par conséquent dépasse un peu la moyenne de l'homme (71,6).
Le scaphoide est celui des os qui a été le plus deformé par un proces-
siis inflammatoire chronique. Son cóté péronier est aplati au point de
n'avoir que 5 millimétres d'épaisseur tandis que le cóté tibial de la fos-
sette articulaireenalS. Les trois facettes antérieures pour les cuneifor-
mes sont distinctes mais déformées á la périphérie par de petites exos-
toses; 11 n'y a pas de facette pour le cuboi'de. La tuberositas naviciüaris
est bien prononcée sans dépasser les limites ordinaires. La cavité posté-
rieure pour la tete de l'astragale est elliptique sans prolongement trian-
gulaire inférieur. Elle a 26 millimétres de largeur transversale et 20,5
de haiiteur. Elle parait assez profondément excavéfe. M. Lehmann-Nit-
sche avait remarqvré cette particularité et l'avait signalée dans une note
manuscrite accompagnant l'envoi des os. J'ai taché de remire cet état
de la cavité plus sensible par la mensuration comparée de scaphoídes
modernes normaux : je mesure au moyen d'un Índex gradué glissant
X)eri)endiculairement sur une autre regle la distance du fond de la cavité
á son diamétre transversal : la longueur de la fleche est de 7 millimétres
tandis que siir une cinquantaine d'autres scaphoídes d'adultes elle oscille
entre 5,5 et 6,5; quelques uns arrivent a 7. La profondeur est moindre
dans le sens vertical (3,5) ce qui correspond á la moyenne nórmale. L'ex-
cavation plus forte de cette cavité répond á une courbure plus marquée
de la tete de l'astragale dans le sens transversal. Je ne fais que signaler le
fait, sans pouvoir eutirer de conclusions. II est certain que l'articulatiou
— 249 —
astragalo-scaplioidionne jitue un rolo important dan» la statique du pied
et que ce détail des courbiires des surí'aces aitieulaires mériterait d'etre
controlé sur d'autres scaphoídes provenant d'aborigénes de l'Amérique
du Sud.
Le scaplioíde que je viens de décrire ne présente rien d'extraordinaire
quant á son volume general et il est incoucevable comment un observa-
teur de la valeur de Broca ait pu diré que « c'est le plus petit scaphoide
Lumain qu'on puisse imaginer ». Ce serait á croire qu'il avait sous les
yeux un autre scaphoide quand il écrivait ees niots, mais il ajoute daus
la méme phrase la mesure exacte du diamétre transversal de la cavité
articulaire: 20 milliinétres, ce qui est la longueur moyenne chez l'adulte.
Les deux os du pied ont des caracteres généraux qui les rajiprochent
des os de la main et semblent perraettre de les attribuer au méme sujet
que ceux de la main droite, mais la longueur du métatarsien II dépasse
assez bien la moyenne de la femme et méme un peu celle de l'homme.
Toutefois il serait téméraire de se baser sur cette unique mesure pour
touclier la question de sexe. II s'agit dans tous les cas d'une personne
Agée présentant comme celle de la main droite des déformations arthri-
tiques.
En resume : 1° les os préliistoriques de la main et du pied recueillis
au ruisseau de Frías ne présentent aucune particularité mori)liologique
saillante qui les différencie des os modernes.
2° lis provieiment d'au moins 2 individus savoir :
Sujet A. — 1" métacarpien gauche, adulte (hommef).
Stijcf B. — Tous les os de la main droite et (?) la phalange básale du
5" doigt gauche (femme agée).
Attrihiítions incertaines. — Le l""^ métacarpien gauche pourralt par
variation iudividuelle apiiartenir au sujet B niais il est plus probable,
vu la diftérence de longueur, qu'il provient d'un autre (sujet C) égale-
ment femme Agée, plus petite que B. Dans cette derniére hyiwthése la
phalange básale du 5° doigt gauche attribuée á B pourralt également
appartenir á C.
Enfin l'incertitude est tout aussi grande pour les 2 os du pied prove-
nant d'un sujet age; sexe"? (sujet D) qui, en faisant abstraction déla
longueur du métatarsien, pourrait aussi étre le méme que le sujet B.
TETE DU RADIUS
« Une tete de radius tres petite. » (Broca.)
Ce n'est qu'un fragment tres petit et sans importance.
REV. MVSEO LA PLATA. — T. I.
— 250 —
DENT
« Une deut, probablemeut une incisive supérieure iiiédiale, dont la
racine est iléfigurée par uu abondaut déj)ót de cémeut et dont la cou-
roune est tres nsée en biseau. » (Broca.)
La dent est tellement usée qu'il est presque impossible de rien re-
comiaitre en elle. A la place de la couronne dentaire, on ne voit qii'nn
biseau aiguisé des deux cótés. A cause de Fatrophie séuile des alvéo-
les, la dent parait n'avoir été soiulée que d'un cote avec le sominet de la
racine, tandis qu'elle restait libre de l'autre cóté, et en effet, Pune des
surfaces larges de cette méme racine est usée par le frottement jusqu'á
6 millimétres en avant du sommet terminal et d'une couleur blanche re-
luisante. La tete de la racine est épaisse et noueuse ; l'ouvertnre du canal
de la inilpe se distingue encoré sous la forme d'un petit point.
OBSEEYATIONS GENÉRALES
Broca termine ses observations dans les termes suivants :
« De cet ensemble on peut légitimement conclure que tous ees os ap-
partiennent a une femme tres ágée, atteinte d'altérations seniles du
squelette et dont la taille tres i)etite descend assurément au-dessous de
1"^50. »
II me semble également que les os ici décrits proviennent d'un seul
individu, une femme agée, exception faite des os de la main et du pied
étudiés par Leboucq. Broca n'ayant pas soumis ees derniers á un exa-
men miiuitieux, la legére erreur par lui commise est tres justiflable, siir-
tout aux yeux de toute personne qui se rend compte de la difficulté d'une
étude attentive des os de la main et du pied, comme celle que nous de-
vons a M. Leboucq.
SALADEEO
1876. Restes d'ossements humains trouvés en 1876 par Santiago Roth, dans
les environs de Saladero, prés de Pergamino, province de Buenos Aires,
conserves au Musée National de Buenos Aires.
1888. Roth, S., BeohavlüioKjeu iiber Entstehnwi nnd Alter der Fampafí/oriiia-
iion iii Ar(/€iitiii¡eii. Zeitsvhri/t der Deiitsvhen ¡jcoloyischen OcscUschti/t. XL,
1888, p. 400. — Rapport snr l'existence de l'liomme dans la formation pam-
péenue siq)éi¡euve basé sur le présent cas.
1889. RoTH^ S., Ucbcr den ScMdcl voii Pont'nnclo (rkht'ujer i'ontczneJas). (Brie-
fliche MUthellini;/ voii Santiaíjo lioth an Hvrrn J. Kollmann). Mittheilungen
MIS dem anatomischeit liistltnt ¡n Vcialiainim ^a Basid, 1889, p. 10-11.
Répioduit a la lin de la xjavtie aiitluopologique du présent travail.
— 251 —
Les ciiTOiistances daiis Icsqiu'lles se flt cette décoiiverte ressorteiit
clairemeut de la relatitm que son aiiteur lui-méme nous en a douuée
en 1889 :
« Ma premiere déconverte d'un homme fossile date de l'année 1876.
Je fls cette trouvaille á une distance d'environ 10 kilometres du Perga-
mino prés du .saladero de Reinaldo Otero, propriété de Dionisio Ocboa,
dans une desplayada ó comedero, noms sons lesquels on designe, dans
le langage usuel, des terrains déponrvus de conches d'humus et dans
lesquels le Icess est á découvert. Ce sout en general des terrains en ícente,
remplis de crevasses dont les bords tombent en directionverticale. J'ex-
ploi'ais aloi's la dite desplat/ada, a la recherche de fossiles, en société
de José j\[ayorotti qni m'accompagnait souvent dans mes excnrsions.
Xons avions déjá trouvé quelques endroits oii gisaient des restes d'ani-
maux fossiles et nous les avions marqués pour les reconnaitre quand nous
\aendrions plus tard déterrer les ossements, lorsque j'aperí^.us dans le bord
d'une rigole d'environ 3 métres de profondeur, une portion de cráne qui
faisait un peu saillie hors du lojss. Don José i^ensa tout de suite a un
cráne d'indien; niaisjelui répondis qu'il s'agissait plutót de quelque
crime occulte, queleslndiensnepossédaient i)as d'ustensiles pour creuser
la terre, et qu'il se coutentaient de recouvrir les cadavres de leurs morts
avec le peii de terre qu'ils pouvaient ramasser, tandis que notre sque-
lette était enfoui á une tres grande profondeur. Que ees restes pussent
appartenir a un liomme contemiiorain du Glyptodon, l'idée ne lu'en vint
méme pas á l'esprit. Je n'examinai pas les ossements de plus prés n'ayant
jias l'intention de les faire exhumer. Cependant, Mayorotti m'ayant ma-
nifesté le désir de les déterrer afin de les emporter cliez lui, je me mis
á l'aider dans cette besogne. Le squelette occupait la position assise, les
deux jambes allongées, la tete quelque peu inclines vera l'avant. Tous
les os se trouvaient dans leur position nórmale les uns par rapport aux
autres. Xous observámes avec détention tontea ees circonstances, dans
la supposition d'un crime ; nous continuámes nos recliercbes dans l'es-
pérance de trouver quelques Índices qui pussent nous mettre sur la voie
pour décider s'il s'agissait d'un chrétien ou d'un indi en; nous ne trouvá-
mes absolument rien. De la forme du cráne qui, du reste se défit en un
grand nombre de fragments, je n'ai plus aucun souvenir; je me rappelle
seulement qu'un médecin, le docteiu- Menéndez de Pergamino me dit que
le volume des os indiquaient un sujet de 13 á 14 ans et que Mayorotti
lui objectai qiie les dents étaient trop usées pour appartenir á un ado-
lescent. Un an plus tard, environ, je vis dans le jardín de M. Mayorotti
quelques fragments d'os fossiles abandoimés, et, lui ayant demandé d'oü
provenaient ees os, il me répondit qu'ils appartenaient avi méme sque-
lette liumain que nous avions deterré prés du Saladero, mais que les os
qu'il avait laissés exposés á l'air libre pour les faire blanchir par l'ac-
— 252 —
tion dii soleil et de la pluie, étaient maintcnaiit réduits en morceanx.
Dans cet intervalle, j'avais fait exéciitcr d'autres excavatioiis qui
avaient mis á décoiivert nne arme de silex, á cote des restes d'un 8ce-
lidotherivm ^. Cette trouvaille me mit dans une grande perplexité. M.
Pedro rico, á qui je commiiniquai mes trouvailles, me réjiondit que ce
n'était pas la premiere fois que le cas se préseutait, et qu'une autre per-
sonne avait deja trouvé une arme absolument identique au milieu des
restes d'un Macluerodus -. Je laissai l'arme á M. Pico. En méme temps,
je vins á savoir queM. Séguin, longteuq)s aiiparavant avait deja trouvé
sur les bords du río Carcarañá des ossements liumains fossiles mélés á
des ossements de 1' Uvfíufi boiiaerenms. Ces circonstances me décidei^ent
alors á rassemblerles os qui existaient encoré du squelette dir Saladero,
pour les envoyer á M. Burmeister á Buenos Aires.
« J'avais comi)létement oublié ma découverte du Saladero, lorsque,
en 1881, j'apportai á M. Burmeister, avec l'intention de la sonmettre á
son examen, la mñcboire inférieure du cráne de Fontezuelas ^. M. Bur-
meister sortit alors du fond d'un tiroir les fraginents encoré existants
des restes humains du Saladero, pour les comparer avec ceux queje ve-
náis de lui remettre et me declara que tous ces ossements étaient con-
temporains et appartenaient á la formation pampéenne. Les appréciations
écrites de M. Burmeister sont en contradiction avec ce qu'il m'avait dit,
et, en eflet, dans un passage deja cité il s'exprime ainsi ''. « J'ai \ni moi
méme des dents dites fossiles qu'il ui'était impossible de distinguer par
aucun caractére, des dents d'anciens cránesindiens». Cette observation
ne peut s'appliquer qu'anx restes humains du Saladero que je lui avais
envoyés en 1877, et entre lesquels il y avait un grand nombre de dents.
A cette époque, M. Burmeister n'était pas encoré convaincu de l'existence
de l'liomme i^endant la formation des couches pampéennes, et, je ne
m'explique pas pourquoi il mentionnait seulement les dents qui avaient
subi le nmins de métamorplioses, sans taire allusion aiix fragments des
autres os, qu'il reconnut lui-méme plus tard contemporains du Glupto-
don. D'ailleurs, un spécialiste quelconque n'a besoin que de les consi-
dérer un instant pour affirmer qu'ils proviennent de la formation pam-
péenne, en raison des concrétions calcaires caractéristiques dont ils
sont couverts et qui obstruent méme quelques uns des espaces médul-
laires».
' Sur les bords de l'arroyo Zanjón, non loin de Pergamino, provlnce de Buenos
Aires, suivaut communieation personnelle de M. Rotb. (K. L. N.)
' C'est la fleche de pierre trouvée par les frferes Bretón, avec des restes de Ma-
chccrodus, dout nous parlerons phis loin.
' Les ossements de Fontezuelas seront dícrits dans le cliapitre suivant.
* Burmeister, H., Deacrqytion physique de la Eépublique Argentine, t. III, Buenos
Aires, 1879, p. 42.
— 253 —
Jusqu'ici M. Eotli. Giace a Famabilité de l'actiiel directcur du Musée
National de Buenos Aires, M. Florentino Amegbino je me trouve dans
la possibilité de soumettre á nn nouvel examen les restes encoré existants
des ossements fossiles du Saladei'o, lesquels coiisistent simplement en
deiix fragments du fémur gauche et un certain nombre de dents.
Relativement au fémur, je m'occuperai d'abord d'une partie de l'épi-
physe proximale. Les cavités spougieuse et médiülaire sont complétement
rem^ilies de chanx solidiflée; la lame externe, la oü elle existe encoré,
est d'une couleur jaune tres claire; elle adhére fortement á la lan-
gue. L'angle formé par la diapliyse et le col mesure environ 120°.
A la surface antérieure, en dessous de la ligTie olilique antérieure
et vers sa partie médiaue (la partie latérale manque) on constate l'exis-
tence d'un léger enfoncement, en forme de rigole. II est impossible d'en-
trer dans plus de détails, á canse de la grande friabilité du tissu et de
l'état de destrnction de l'os, qui ont dñ se jn-oduire évidemment aprés
la découverte du squelette dont les dift'érentcs parties restérent exposées
si longtemps á l'air libre. L'on ne peut pas non plus tenter l'étnde du
fragment de la diapliyse qui est brisée en direction longitudinale et dont
il n'existe plus que la partie postérieure. La cavité médullaire est com-
plétement obstruée par un dépót de chanx. La créte ne parait jamáis
avoir eü un développemeut remarquable, ni par sa grandeur, ni par sa
petitesse.
Les dents sont au nombre de 9, appartenant aux trois catégories;
elles sont telleraent usées que la moitié supérieure de la couronne n'existe
plus, d'oíi l'on déduit qu'elles proviennent d'un individn avancé en age.
L'émail dentaire est du reste parfaitement conservé, et i^résente par en-
droits des parcelles de croñtes dentaires fáciles á détacher ; les racines
adhérent á la langne. Les dimensions de ees dents n'offrent ancune par-
ticularité; mais, en raison de l'état d'usnre de la couronne, l'on ne peut
penser a prendre des mesures.
Taile des mesures du fémur de Saladero
Aiigle formií píir la diaphyse et lo col. 120°
FONTEZUELAS
1881. Squelette humain trouvé en 1881, avec une carapace de fíli/plodon. par
M. Santiago Roth. á Fontezuelas, province de Buenos Aires et conservé au
Musée Zoologique de l'Université de Copenhague.
1881. VofiT, Ch., Squelette hiiiiiaiii assoeié aiir Gli/jyfodontcs. Avec discussion
(Mortillet, Zaborowski, Voí^t). Hiillctiiis de la ISociéíé d\iiitliropolofj¡o de Paiis,
3" serie, IV, 1881, p. 693-699.
— 254 —
1882. EOTH, S., Fossiles de la Pampa, Amérique dii 8>id. 2" Cataloyiie, Sau
Nicolás, 1882, p. 3-4. (P" édition.)
1883. ViRCHOW. E., Din mit Gh/ptoíloii-Bcsten f/efundeiies meiischUches 8kc-
let aus der Pampa de La Plata. Verhandhinyen der Berliner Gesellscliaft für
Anthropolofíie, Ethnologie und UrgescMchte, XV, 1883, p. 465-467.
1884. BuiiMEiSTER, H., Bemerkutifjcu iii Bezny aiif die Pampas-Formation.
Ibidem, XVI, 1884, p. 246-247.
1884. KoLLMANTí, J., Uohes Alter deis jMenschenrassen. Zeitschri/t für Etlino-
lo;/ie, XVI, 1884, p. 200-205.
1884. ROTH, S., Fossiles de la Pampa, Amérique dii Si(d. Catalogue n" 2.
Genova, 1884, p. 5-7, pl. I. [2'= éditiou illustrée.]
1887. QüATEEFAGES, A. lie, Histoire fiéiiérale des races liinnaines. Infrodiiction
á Vétitde des races huniaines, París, 1887-89, p. 85-86, 105.
1888. RoTH, S., Beobaehtungen uber Futstelnmg und Alter der Pampasfor-
mation iii Argentinien. Zeitsclirift der Beutsclieu geologischen Gesellschaft, XL,
1888, p. 400.
[Donnée relative á l'existence de riioiuiue daus la formation panujéenne
supérieuie, basée sur le présent cas.]
1888. Hansen, S., Lagoa tianta Pacen. En anthropologisl: Underscegelse af
jordfundne Menneskelevninger fra brasiUanske Hider. Med et Tillaeg om det
jordfundne Menneske fra Pontimelo, Bio de Arrecifes, La Piafa. E Musco
Lutidii, I, 5, Kiffbeuhavn, 1888, p. 29-34, 37, pl. IV.
1889. RoTH, S., Ueber den Schüdel ron Pontimelo (riclitiger Fontesuelas).
(Briefliche Mittheiluny ron Santiago Eotli an Herrn J. KollmannJ. Mittheihin-
gen ans dem anatomischen Tnstitut im Vesalianmn su Basel, [1889], p. 1-4.
Reproduit á la lin de la paitie antliropologique dii présent travail.
1889. AsiEGHiNO, F., Contribución al conocimiento de los mamíferos fósiles
de la Bepública Argentina, Buenos Aires, 1889, p. 47, 66-67, 84-85.
1892. VlRCHOW, R., urania Ethnica Americana. Berlín, 1892, p. 29.
En 1881 (commuuication personnelle), M. Santiago Eotli, cxui s'occu-
pait alors, déjá depuis quelques années, de recueillir des fossiles pani-
péens, trouve á une dcmi-lieue (2 íi 3 kilometres) dn río Arrecifes, dans
le ijarage appelé Fontezuelas ', le squelette assez complet d'im bomine.
II en écrivit á M. Charles Vogt et, quelque temps aprés, il iJiibliait Ini-
méme, dans le catalogue numero II de ses collections (1882-1884; v. a.
1889) des notes complémentaii'es et des i'ectiflcations au sujet de sa
trouvaille.
' Suiviiut Latzina (Diccionario geográfico argentino, 3'^ edición, Buenos Aires, 1889)
la vraie orthogiaphe est Fontezuelas, que uous adopterons, et non Fontizuelos, coni-
me Eoth l'écrlvait en 1889. Fontezuelos est l'ancien noni, aujourd'liuiinusitó durío
Pergamino, qui, dans la partie Inférieure de son cours s'appelle Airecifes. Le nom
de Fontezuelas s'est conservé pour désiguer le coiu de p.ays compris entre les bourgs
de Pergamino et d'Arreeifes, dans la proximité de la riviére (Latzina, 1. c, et Com-
munications verbales du docteur Santiago Kotli).
— 255 —
L'eiidroit oü fut trouvé le sqiu'lctte se trouve situé sur le pencliant
<l'uiie «iidulatioii de tenniíi, non loin de la riviere.
L'humus ayant été degradé par la ¡¡liiie, la snrfaee du Icess restée li-
bre laissa voir clalrement les bords de la carapace d'iin Ghiplodon, que
M. Eoth flt aussitót dégager. Du (ilyptodon'ú ne restait aircun ossement ;
on ne put trouver que la carapace vide, le dos en bas. Cette carapace
■enlevée, on décoavrit, au méme niveau, un cráne liumain, encoré jjoiirvu
de sa máclioire inférieure; la partie supérieurc du soramet regardait en
liaut et l'ouvrier qui exécutait le travail laprit x>our une calebasse. Les
autres ossements étaient disperses 9a et la, également au méme niveau,
«ntreautres un fémur avec quelques débris du bassin, juste sous le dos
du Glyptodon. «Les cotes étaient tres clairsemées; les vertebres cervica-
les se trouvaient á un métre et demi environ du cráne... les os du j)ied
étaient dis^iersés de tous cótés, et il en manquait une bonne i^artie. Les os
d'une des mains étaient encoré á leur place, ceux de l'autre main étaient
disperses. De la colonne vertébrale, je ne trouvai que quelques débris for-
mant une espéce de conglomérat et je les gardai ainsi avec la terre dans
laquelle ils étaient mélés. La colonne vertébrale, ainsi qiie les autres
ossements avaient évidemment été deteriores, avant d'étre couverts de
teri'e; dans la plupart, il manque précisément la partie dure externe,
tandis que la partie interne spongieuse s'est conservée». (Eotli, 1889,
p. 2-3.)
Cette carapace de Glyptodon n'a rien a voir avec les débris bumaius,
sauf en ce qui concerne lenr contemporanéité, que néanmoins Hansen ne
considere pas comme absolument demontrée (1888, p. 30, 37). «Lesque-
lette, dit-il, a été trouvéáune distance d'environ 2 á 3 kilométres du lit
d'une riviere, dans un terrain en pente, oíi la véritable couche pam-
péenne formée d'une masse fine de sable et d'argile, n'était pas recou-
verte d'liumus, circonstance par elle méme extrémement intéressante;
de plus, les diftérents os n'étaient pas dans leur position naturelle; ils
étaient, aai contraire, disséminés sur une tres grande étendue, ayant été,
j)arait-il, roulés de place en place á une époque oii le niveau de la riviere
était beaucoup plus elevé ». « Quand méme il serait absolument certain
que les ossements humains se trouvaient sous la carapace, continue-t-il,
ce fait ne constituerait pas encoré une xireuve positive de la contempo-
ranéité de Tune avec les autres, ni de l'antériorité des os humains. La
couclie pampéenne forme une masse tellement instable et x)eu comj)acte
que les objets qu'elle renferme ne peuvent y conserver longtemps leur
position premiére. »
A cette singuliére interprétation des circonstances de sa découverte,
Eoth (1889) replique avec assurance, et, selon moi, avec beaucoup de
raison, que tous les explorateurs qui connaissent la formation i)am-
péenne pour l'avoir étudiée personnellemeut, aduiettent la contempora-
— 256 —
néité de l'homine et des ees édentés, et il couclut eu faisant remarquer
que, poiir expliquer d'une maniere simple et natiirelle les particnlarités
de sa décoiiverte, il faut supposer que le cadavre liumain n'a pas été en-
terré par la main de l'liomme, puisque, dans ce cas, la carapacedu Glyp-
todon aurait dfi ¡nfailliblemeut étre brisée, au moins en partie, pour
creuser la terre, sans quoi le bassin et le fémur de Tbomme n'auraient
pu prendre place au-dessoiis d'elle ; au contraire, il est á sui)poser que
«le cadavre a été quelque temías exposé á l'air libre; que, le cadavre
une fois décomposé, les os se sont separes et disséminés; les uns se sont
Ijerdus, d'autres se sont deteriores en tout ou en partie; le reste enfin
fut recouvert graduellement par la poussiére que cliarriait le vent, et le
fragment de carapace du Glyptodon vint plus tard, par l'eífet du basard,
s'arréter au-dessus dans la position oü il a été trouvé».
Ayant étudié persounellement les originaux á Copenbague, je puis
afflrmer, sans craindre de me tromper, que tous les débris du squelette
Ijroviennent iudubitablement de la formation pamjiéenne, et que toutes
les particnlarités qu'ils présentent sont absolument identiques á celles
que l'on observe dans les os des grands mammifores si connus, ainsi que
du reste le fait remarquer expressément M. Hansen lui-méme (p. 31). lis
ont la méme constitution sécbe et spongieuse, sont tres frágiles, tres
friables et d'une couleur jaunátre tirant au foncé. Quelqiies-uns, par exem-
j)le les bumérus, sont couverts des incrustations calcaires si caractéristi-
ques, qui y adbérent fortement et ne peuvent étre séparées sans enlever
en méme temps la surface de la lamina externa. D'ailleurs, la descrip-
tiou détaillée que M. Roth a publiée de sa découverte et qu'il m'a répé-
tée íle vive voix á moi persounellement, m'a i^leinement convaincu
de la contemporanéité du Ghjptodon et de l'liomme de Fontezuelas.
Tous les os trouvés á Fontezuelas, ainsi que d'antres collections pa-
léontologiques de M. Rotb ont été acbetés par M. le docteur Lausen et
données par lui au Musée Zoologique de I'Université de Copenhagaie, oii
ils ont été décrits par Hansen. Mais, déjá antérieurement, avaient cir-
culé par le monde savant des notes relatives á cette découverte, lesqne-
lles avaient donné lieu á diíférentes Communications. M. Vircbow en eut
connaissance par la photograpbie origínale du cráne prise par M. Roth
lui-méme et qui lui rappelait les cránes des fameux.s«)íí7jrt//«ísdu Brésil;
M. Kollmann prit méme des mesures sur la pbotogiaphie; M. Quatrefa-
ges (1887) la reproduisit et eu caractérisa les propriétés métriques, et
M. Amegbino l'utilisa plus tard pour sa descriptiou. A la flu de la partie
ostéologique de uotre travail, dans le tablean comparatif des restes hu-
mains de la formation j)ampéenne, nous insisterons sur les aiipréciations
postérieures de M. Ameghino au sujet de cette trouvaille (1906). Toutes
ees mesures et tous ees calculs ainsi que les conclusions que Ton eu tirait et
les comparaisous que l'on établissait, furent reconnues fansses, aprés que
— 257 —
M. Haiison eut publié (1SS8) une description exacte des oiiginanx mémes,
et M. Vircliow s'écrie dans ses C'rania Ethnica Americana « quelles pré-
cantions ne devons noiis pas prendre, quand nous n'avons á notre dispo-
sitioii que des images et des descriptions, au lien des objets eiix-mémes!
voilii ce que nous enseigne le crane tant discute de Fontczuelan, Kéi)ub]i-
que Argentine». ]\I. Hausen ayant pu étudier exactement le cránc, en
a publié dans son excellent travail de superbes dessins lithograpliiques
qui reiiiplacent parfaitenient Toriginal et que nous reproduisons ici (v. fig.
12-15). Ce que M. Hansen dit au sujet des autres restes dusquelette que
M. Rotli a enumeres dans son catalogue numero II et que Pon conserve
soigneusement au Mnsée Zoologique de Copenhague, est fort peu de
chose, vu que, á l'époque oíi il préparait son travail, on ne s'occupait
que du cráne et un peu du bassin, tandis que l'on négligcait presque
complótement les autres os. Pour remplir cette lacune, j'entrepris dono
vers la fin d'octobre 1901, pendant mon vséiour en Europe, un voyage á
Copenhague, oíije rec^us l'accueil le plus bienveillant de MM. Junger-
sen, Winge et S. Hansen. M. Jungersen apres avoir mis á ma disposition
les précieux objets, me perinit de lea étudier et ménie de i)ublier mes
observations; ]\I. Winge ne cessa un seul instant de m'aider pendant
le cours de mes investigations; qnant á M. Hansen il eut l'amabilité de
me laisser examiner de nouveaii les objets déjá étudiés par lui et de
mettre méme á ma disposition quehiues instruments métriques. A tous
ees messieurs mes remevciements les plus expressifs! Jamáis de ma vie
je n'oublierai les heures tranquilles et heureuses passées dans le cabinet
d'études du célebre Jaiietns Steenstrup, au milieu de la jolie métropole
danoise !
CEANE
Le cráne de l'homme de Fontezuelas a été décrit et mesuré avec le
plus grand soin par M. Hansen, qui a fait au sujet de cette piéce anato-
mique tout ce qu'il était possible de faire. Je n'ajouterai doni; que peu de
mots á sa description. La reconstrnction du cráne est aussi satisfaisante
que possible en raison du grand nombre de fragments qu'il í'allait reunir ;
la forme de la calotte cérébrale est bien reconstitnée comme l'a déjá dit,
etavecraison,]\r. Hansen. La base et Tocciput, depuis l'écaille inférieure
jusqu'au grand trou occipital, portent les marques d'nne compres-
sion posthume, qui d'aillenrs modifle á peine la forme du profil (L. N.).
La región droite de l'occiput demontre également un aplatissement pos-
thume et de nombreuses fissures. « La partie supérieure du maxillaire
droit avec l'arcade zygomatique et tout le cóté gauche du méme maxil-
laire se sont déplacés vers l'intérieur, en haut et en arriere, de maniere
que l'orbite gauche et le nez occupent une position trop basse. On a com-
— 258 —
plété artiflciellement le bord extérieiir de cette méme orbite, mais il est
évidemment trop coiirt. Les fragments dont est composée la partie fa-
cíale sont, ou bien brises á l'excés, ou bien, spécialement dans la región
palatine, recouverts d'incrustations calcaires (Hansen, p. 32). » J'ajoii-
terai que tonte la región maxillaire est trop comprimée en dedans et
qu'elle en a pris nne position oblique. Pour cette méme raison, la limite
entre les deux maxillaires snpérienrs est rejetée ii environ 7 millimétres
á droite de la ligne sagittale, défant tres clairement visible dans la belle
lithograpliie de M. Hansen (voir figure 12), d'oü l'on déduit que le
proguathisme a été autrefois un peu j^lirs prononcé. Mais, commelefait
remarquer avec raison M. Hansen, les mesures de la calotte cérébrale
ont pu étre prises avec exactitude et sans erreur notable.
Le cráne adhére fortement á la langue; il est de couleur sale, gris-
jaunátre. Dans la región pariétale il y a des incrustations calcaires tres
dures, d'une éi^aisseur de i millimétres dans certains endroits, qui ont se-
llaré du parietal l'écaille de Pos temporal, en méme temps qu'elles aug-
mentent un tant soit peu les mesures de la courbe sagittale et transver-
.sale prises avec le ruban.
Les sutures (Hansen) ne sont plus reconnaissables, sauf la suture tem-
porale dont nous venons de parler; elles sont sans doute disparues sous
l'influence de l'áge avancé de l'indivitlu, dont nous avons une autre
preuve certaine par la grande usure des dents (Hansen).
D'ailleurs M. Hansen, dans sa description (p. 33) s'exprime en gene-
ral dans les termes suivants : Le cráne dans sa plus grande longueur
mesure 185 milHméti'es. Sa largeiir máximum est de 145 millimétres
entre les parties x>ostérieures fort développées des pariétaux et la región
de l'apophyse mastoidienne; mais lalargeur dont on se sert pour calculer
l'indice céphalique se prend á deux ou trois doigts en dessous des bosses
parietales et mesure 135 millimétres.
L'indice céphalique, de 73,5, est alors dolichocépliale; mais le cráne
parait court, parceque la courbure sagittale descend assez brusquement
en arriére des le tiers moyen, ce qui fait que le cráne rappelle les cránes
esquimaux et teliuelclies. Jusqu'ici M. Hansen.
L'aplatissement déjá mentionné de la región pariétale et occii^itale
est d'ailleurs légérement asymétrique et plus prononcé á gauclie qu'á
droite (il se distingue clairement airssi dans les belles figures qui ac-
compagnent sa description). Je ne crois pas qu'on puisse expliquer ce
phénoméne autrement que par la déformation artificielle!
L'aplatissement artiflciel commence á 2 ou 3 doigts en arriére du breg-
ma, et la. región des os pariétaux située au-dessus de hi región lambdoide
est un peu creusée en forme de rigole. La défoi'mation iiostliume me
parait tres invraisemblable, parcequ'il serait curieux qu'elle se fut pro-
duite dans l'endroit méme oír se trouve en general la déformation arti-
•— 259 —
flcielle. En outrc, l'dii no constate dans cette réjiion absolunient aucime
trace de fissnrcs seniblal)les á celles qui existent dans la régi(m occij)i-
tale droite comprimée aprés la mort et sont inflltrées de cbaux. L'apla-
tissement est néanmoins nn pen convexe en direction antéro-postérieure;
dans la direction transversale, elle l'est beaiiconp moins.
M. Hansen revient alors sur la qnestion de la Lautenr de la calotte
cránienne et ajoute que si l'on calcule les Índices entre le diamétre basi-
lo-bregniatique (140 millimetrcs) et les máximums de longueur (TS""?)
et de largeur (lOU'"™!)), on trouve que ees Índices se raiqírocbent beau-
CGUj) de ceux des cránes de Somidouro des fameuses cavernes brésilien-
nes, dans lesquels nous avons comnie Índices 74,1 et 104,9.
II mentionne ensuite les circonféreuces assez remarquables (circoufé-
rence borizontale 520, trausvei'sale 315, antéro-postérieure 390 millimé-
tres) et le diamétre frontal mínimum (97 millimétres).
Enfln les dents sont usées, dít-il, et manquent en partíe; maís le
maxillaíre, assez baut du reste, n'est pas atropbié. L'individu auquel
ees os appartenaient était d'un certaín age, maís ce n'étaít cependant
pas un víeíllard; quaut au sexe il ne peut étre determiné, quoique le fé-
mur quí est bien conservé, acense des formes femínines.
C'est la ce que dít M. Hansen.
J'aí reuní dans le tablean suivant les mesures prises par luí avec le
plus grand soin et que j'aí confirmées :
Tahle des mesures du eríinc, etc., de Fontczuelas (selon M. Hansen)
Millimétres
Longueur autéro-postórieur máximum 185
Largeur transverso máximum 136
Largeur bimastoiclienne 145
Largeur frontale mínimum 97
Diamétre basilo-bregmatique 140
Circonféreuce borizontale 520
— transversale sus-auriculaire 315
— antéro-ijostérieure 390
índice céphalique 73.5
— vertical (diam. bas. bregm : long. ant. post.).. 75,7
— : larg. trausv. max.) 102.9
Fémur, lougueiir. 400
Tibia, longueur 330
Taille fie l'iudividn 1515
Je passe maintenant a mes propres études :
Le cráne est assez gros et massif. Sa confl.euration externe rappelle
effectívcment celle des ci'ñnes modcrnes tebuelcbes, et je me faís un
260
^V■
Fig. 12-13. — Ci'íino i\o l-'ouiezuelae, norma /ronta lis ct occipitalia. yolow Jliiiison, 1. c, pl. IV
2C,l
Fig, 14-15. — Ciaue iTc Fontt/.iii-lns, norma verlicaUs it latcialix. üfUm Haustii. I. c, pl. IV
— 262 —
])laisir de conñrmer absoliimeut l'üjiiuiou de M. Hanseu. Quaut aux crá-
nes esquimaux, je les connais trop peu pour me prononcer á leur égard.
Si noiis nous référons á la norma frontalis, il fait l'impression d'iiii
cráne robaste et massif, caractére dñ en general au faible bombement
du front et á la saillie tres prononcée des ares zygomatifpies. Vers le
haut, le bombement du front se retrécit de plus en plus, sans arriver
pourtant á former une créte frontale. Les arcades sourciliéres sont peu
déveloi)i)ées et réunies entr'elles par une j)etite élévation. Le boi'd su-
périeur de l'orbite est minee et peu étiré; il n'augmente de volume que
vers l'apophyse zygomatique. L'os frontal est tres régulierement bombé
et ne présente ni créte, ni bosses visibles ; la racine du nez est large et
píate. Les orbites aftectent une forme rectangulaire evidente; la gauche
est assez bien reconstruite, bien que son bord inférienr soit nn peu trop
haut. La fosse canine est tres profonde; il n'existe pas de fosses pré-
nasales.
La courbure antéro-postérieure étudiée dans la nonna lateralis est bien
bombee et oftre á deux ou trois doigts en arriére du bregma l'aplatisse-
ment dont nous avons deja parlé. La limite entre l'occiput proprement
dit et l'écaille occipitale est saillante, les ares zygomatiqvres bien arques
et la prolongation de leirr racine vers l'arriére, au-dessus de l'apophyse
masto'ídienue tres prononcée.
Dans la norma vcrticalis, le cráne présente la forme d'un ovale assez
régulier; en avant, les arcades sourciliéres sont quelque pexi saillantes;
la saillie des bosses parietales est moins prononcée. En arriére á gauche
il existe une légére asymétrie á cause de l'aplatissement déjá tant de
fois mentiouné. Les ares zygomatiques sont tres cintres et bien visibles
(voir flg. 14).
Dans la norma occq)italis, le crñne présente nn peu la forme d'un toit
et les pariétaiix sont quelque peu aplatis. Les bosses parietales sont peu
bombees. La región des apophyses mastoídiennes est tres saillante. Les
l)ords latéraux de la flgure occipitale divergent vers le bas. On ne dis-
tingiTC plus que tres peii le relief de l'occiput. II existe sans doute un
toi'us occipitalis. D'ailleurs les ligues transversales inférieures sont en
partie conservées.
La norma basilaris n'offre rien de remarquable, le cráne étant trop
défectiteux. Les fosses mandibulaires paraissent ])eu profondes. Le pa-
lais est rempli d'incrustations calcaires massives.
Quant au sexe du cráne, je ne puis jias en diré avec sécurité plus que
n'en a dit M. Hansen. II n'est pas invraisemblable qu'il soit féminin.
Les parties oii s'insérent les muscles ne sont extrémement développées,
ni dans le cráne, ni dans les autres os; le cráne est de forme rude et vo-
lumineuse, mais il ne faut ])as onblier que nous ne somnies pas en pré-
sence d'un cráne de l'Europe moderne civil isée.
263 —
MANDIBDLE
La maudibiüe u'a pas été décrite par M. Hansen. Elle présente com-
me la boiie séclie une foule de flssures peii perceptibles, et sa surface
est recouverte d'iucrustations calcaires laminiformes; elle-est en gene-
ral bien conservée. Les apophyses coronaire et articulaire du cóté gauche
n'existent plus; ees deux mémes apophyses du cóté droit et surtout les
augles mandibulaires et le bord postérieur de la branche ascendante sont
lésionnés.
Cette mandibnle indiquerait un individu du sexe masculin. Elle est
Fig. 10. — Courluire du bonl exterue de la mandibiüü de Fontezuelas. (Gr. uat.)
assez robuste et massivc, son corps est volumineux; les branches mon-
tent daus une direction assez rapprochée de la verticale. La región men-
tonniére, vne de profil et de face est tres saillante'; vue d'en bas elle
représente une ligne droite, ou, pour mieux diré, un bourrelet dont les
extrémités sont les bosses mentonniéres, surmontées de véritables cré-
tes horizontales qiii limitent dans leur partie inférieure les fosses men-
tonniéres d'ailleurs fort marquées. Le trou mentonnier est situé de
chaqué cóté á la hauteur du 2" prémolaire. La ligne oblique externe,
quoique visible, n'est pas marquée d' une f agón notable; le reliefdela
surface externe de la branche ascendante est apparent; les angles, quoi-
que lésionnés, sont saillants.
L'épiue mentouniére située tres haut, á 11 millimétres plus ou moius
— 264 —
du bord infériém' de la symphyse, mesures eu projection ; cette hauteur
est cex)endant inférieure á celle qiie l'on constate dans les mandibiiles
de Clioeoi'í et La Tigra (voir plus loin) ; elle représente un tubercule
bifurqué. Les fosses digastriques, jieu profondes, sout séparées l'une de
l'autre par une i)etite élévation. La ligne oblique interne ou myloliyoide
est fort sainante, comme le sommet d'uu toit. La concavité des sillons
myloliy (Vides est bien marquée.
La branche ascendante est assez verticale et n'est pas particuliére-
nu'nt large.
La courbure mandibulaire, vue d'en bas, présente une forme angu-
leuse; la región meutonuiere entre lesdeirx bosses ñgure une ligne droi-
te, ainsi que les bords des deux corps qui ne s'efifacent que dans la región
molaire (fig. IC).
Les dents sont tres profondément usées. Les incisives moyennes man-
quent et les alvéoles sont remplis de calcaires. L'incisive droite externe
est renversée vers l'arriére, de fax^on qu'elle occupe une position oblique
et que sa racine ressort en avant de l'alvéole. La surface d'usure des
canines et des deux prémolaires est convexe; sa moitié linguale et sa
moitié buccale sont á peu prés d'égale grandeur, cette derniére peut-étre
un peu plus grande ; la surface usée des deux premieres molaires est in-
clinée de dedans en dehors en forme de biseau dont le fil est externe ;
elle est irréguliérement convexe dans la iiremiére molaire droite, tandis
que dans la iiremiére molaire gauche elle est concave. Les deuxiémes et
troisiénies molaires n'existent plus, leurs alvéoles sont résorbées.
Les dents en general sont grandes ; la forme de leur usure répond
complétement á celle que l'on observe chez les indiens modernes de
l'Auíérique du Sud.
jSTous réunissons dans le tablean suivant toutes les mesures prises jiar
nous sur la mandibule de Fontezuelas.
Table des mesures de la nuxndlbiile de Fonteziielus
Millim^tres
Distauce du condyle droit (milieii du bord postérieur) au bord antéro-
supérieur de la symphyse (le condyle est un peu lésiouné) pour le
moins 110
Branche ascendante droite, hauteur priso du bord iní'érieur íi l'iucisure,
en directlon parallfele au bord postórieur 52
Branche, largeur, perpendiculalrement á la mesure antérieure 37.5
Symphyse, hauteur, saus dents 33
Symphyse, épaisseiir máximum (sans l'épine mentonniére interne) 17
Distance du point de l'épiue meutouui^re iutcrue au bord iuférieur de
la symphyse (eu projection) 11
Corpa, épaisseur dans la hauteur de la deuxiéme álatroisiéiiie molaire 16
Augle entre le bord iiostórieur de la branche ascendante et le bord in-
férieur du corps 115°
— 265 —
os DU SQUELETTE
Des autres os clu squelette de Fouteznelas, IM. Hansen ne dit que fort
peu de cliose; mais il ne íaut pas oublier qii'á cette époqiie la, on ne
faisait presque ancun cas des os, á I'exception du cráue. Voici ce qu'il
écrit á la fin de son travail :
« Des autres os du squelette, ne se sont conserves que quelques-uns
dans un état plus ou moins coniplet. Les tibias sont tres aplatis latéra-
lement; leur longueur est de 330 millimétres ; celle de l'un des fémurs
est de iOO millimétres, dimensions qui correspondent á un stature de
I^SIS. Je rappellerai ici que les os du loess pampeen de Mercedes,
décrits par Broca, ont appartenu également á un individu tres petit, et,
malgré le ])eu d'abondauce et l'imperfection du matóriel, 11 parait cepen-
daut y avoir quelque motif de supposer quelapopulation la plus ancien-
ue des pays de La Plata se rapprocLait beaucoup de cellede Somidouro,
formant comme celle-ci un membre de la race de Lagoa Santa, dont
l'existence doit étre regardée comme certaine, quoique le role de ce peu-
ple, non moins que son age, soient encoré enveloppés de la plus grande
obscurité. »
Les fragments d'os dont se compose cette trouvaille et que Pon a pvi
sauver, sont enumeres dans le Catalogue n° II de M. Rotli et tous
existeut encoré. Ce sont, en plus du « cráne et face jiresque complets
avec le maxillaire inférieur et quelques dents isolées », les suivants :
« Atlas complet, avec une partie de l'axis et la troisiéme vertebre
cervicale.
* « La colonne vertébrale tout a fait incompléte et conservée avec la
terre qui l'entourait.
* « Un certain nombre de morceaux de cotes.
« Une bonne partie du bassiu, et entre autres les deux articulations
coxo-fémorales.
« Quelques débris des omoplates et des clavicules.
« Les deux luimérus dont un presque comjjlet et l'autre tres incomplet.
« Les deux radius incomplets, et
« Un cubitus, incomplet aussi. [M. Eotli dit par erreur : « Les deux
cubitus incomplets, et un radius, incomplet aussi. »]
« La main droite presque complete; un seul os métacarjjien, tous les
carpiens, toutes les plialanges et phalangines ; deux seules plialangettes ;
« La main gauche, tres incompléte ;
« Les deux fémurs, presque complets ;
* « Les deux rotules, incomplétes;
« Les deux tibias, presque complets ;
« Les deux peronés, tres incomplets;
EEV. MVSEO LA PLATA. — T. I. 18
— 266 —
« Le calcaneiim et le scaplioide d'un pied prcsqiie complets; les os tar-
sieiis et les plialanges, tres iucoiiiplets.
* « Une grande qiiantité de débris d'os dii iiiéme squelette.
Ou ne peiit rien diré des piéces marquées i)ar iiioi avec un astéris-
qiie; j'ai essayé une descrii)tion des autres.
ATLAS, AXIS ET TROISIÉME VERTEBRE CEKVICALE
Cette derniere tres incomplí'te. Ces trois os sont encoré enveloppés de
loess, daus leur positiou naturelle, et fonueut ainsi une seule 2>iece^
L'atlas est tourué á droite et la tete doit avoir été dirigée du méme cóté..
Quand M. Kotli dit, que le cráne a été trouvé le vértex en liaut, cette
position s'explique tres íacileinent : le cráne s'était tourué á droite et
incliné en avant.
Les vertebres sont tres frágiles et défectueuses en niéuie temps et cela
ne vaut pas la peine de les séparer l'une de l'autre. Quand aux mesures,,
on ne peut preudre que les suivautes :
ilillimétres.
Atlas. Trou vertebral, diametre íintéro-postérieur 33
» dlamétre transversal (entre les augles formes ¡lar
l'arc et la surface articulaire) 28
Vertebre totale, diametre antéro-postérieiir 44
» diametre transversal (entre les bords internes des
trous transverses) 46 . o.
Jre antérieur, diamfetre vertical 9
» postérieur, diamfetre vertical —
Axis. Trou vertebral, diamfetre antéro-postérieur 20
» diametre transversal. 25
Vertebre totale, diameti'e trausver.sal (entre les l)ords internes des
trous transverses) 42
Jre, diamfítre vertical 12 . 5-
L'atlas a le trou vertebral grand et le cor])s minee. L'axis est fort et
ses ares sont tres gros.
BASSIN
Les fragments du bassin sont si mal conserves que l'on peut dessiner
uniquement la courbure de la granile écliaucrure gauche; ses angles
sont tres fermés et paraissent indiquer un individu du sexe masculin (flg..
17). Le contraste avec le squelette de Frías est frappant (p. 219, tig. 2).
Dans le fragment droit du bassin, et selou la nrétliode adojitée pour
le fragment de Frías, on peut dessiner la courbe dirigée perpendiculai-
rement á la ligue arquee (flg. 18). La ligne est tres marquée et beau-
coup moins arrondie que dans le fragment de Frías; elle correspond ab-
solument aux types moderues.
— 267 —
Les restes snivants provieinieiit des oslónos. Pour les étudierj'iii ]>ris
(le préíerence pour base mes reclierelies aiitéiieuies «sur lesos longs de
lii population des Beihengraber de la Baviére méridionale » ', qni ont été
deja antérieurement iitilist^es jiar d'autres investigateiirs et spt'cialement
par M. Klaatscli -. Les os de Foiitezuelas sont évidemiuent tres défec-
tueux et ue permettent de prendre que quelques mesures.
HUMÉRUS
Ostéoscopie. — h^ humé rus droit (v. fig. 19) est i'ecouvert d'iiicrustations
calcaires épaisses et fortemeut adhérentes. Le tubérculo majeur man-
Fig. 17. — Coütoiir lie la grande Fig. 18, — Courbe do la ligne arquee dii fragment
échancnire sciatique du frag- de bassin de Fontezuelas. (Gr. nat.)
ment de bassiu de Fontezuelas.
(Gr, nat.)
que et l'épipliyse dístale ainsl que la cavité olécránienne est défectueuse
de maniere qu'il n'est pas po.ssible de déterminer exactement les lon-
gueurs. L'os est d'uiie grosseur au-dessus de la moyenne, mais non ex-
cessive, et s'étend en ligue droite : le bord interne vu de face forme une
ligne droite presque matliématique (v. flg. 19); il iirésente de plus luie
face large, plañe et saus courbure convexe. Ni á l'oeil nu, ni d'aprés l'in-
dice du diamétre de la diapliyse (Índice 70.83) on ne constate une nota-
ble plathyhracliie, l'expression qvie j'avais adoptée jiour désigner l'apla-
tissement de la diaphyse (1. c, p. 35, note) ; ce terme me parait pré-
ferable a celui úe jüafymtrie de Vlmmérus proposé lütérieurement par M.
' Lehmaíín-Nitsche, R., Ueber die langeii Enochcn der siidbayerischen Rcihengriiber-
ievolkerung. ISeitriige znr Anthropologie und Urgeschichte Bayerns, XI, 1899, Sonder-
Abitruck, 92 iip.
' Klaatscu, H., Dic wichtigsten Variationeii am Skelet der frcien unieren Extremitdt
des MenHchen und ihre Bcdeutmig fiir das Abstammungsprohlem. Ergebnisse der Anatomie
und EntwickelungsgescMehte, X, 1900, p. 599-719.
— 268 —
Klaatscli '■ et dont l'étimologie s'applique strictement an fémur {[xfipzq
signifle cuisse).
La tubérosité pectorale et le V deltoíde sont en bou état: maisles tii-
bérosités ne sont pas extrémement niarquées. Le sillón pectoral et l'iu-
tertuberciilaire sont d'iine profondeur moyenne; le sillón radial est large,
non convexe et forme une ampie spirale. II n'y a pas d'apophyse supra-
condyloíde.
De Vhuméms gauche il ne reste que la partie moyenne de la diapliyse. Cet
os présente les mémes particularités que Pliumérus droit, bien que moins
prononcés. Le sillón radial est directement plat, la face interne de l'os
est large, aplatie et rectiligne. II n'y a pas d'apophyse supra-condylo'ide.
Ostéometrie. — Les diverses mesures que j'ai prises se trouvent réu-
nies dans le tablean suivant :
Table des mesures des hiiménts de Fontezuelas
Droit Gauche
Millimt^tres ililUmetres
Lougueiir maxiimim, environ 290 —
Largeur supérieiu-e 47 —
Milieu de la diapliyse, diamétre máximum 24 21
— diametre minimura 17 1G.5
— Índice 70.83 78.57
— circonférence 69 63
Circón férence miiiimum 67 62
índice des circonférences diaphysiques 97.10 98.41
índice entre la longueur et l'épaissenr 23 . 10 —
Angle capito-diapliy sique 34.5° —
Angle de torsión 14 . 6° —
De la comj)araison de ees diverses mesures on peut tirer les conclu-
sions suivantes :
L'humérus droit est tres coiu-t et avec sa longueur máximum de 290
millimétres occupe le degré inférieur de l'éclielle. De plus il est massif,
comme il ressort également des mesures tant absolues que relatives de
la moitié diapliysique et de la circonférence mínimum. Le milieu dia-
physique, avec ses 24 millimétres de diametre máximum et 17 millimétres
de diametre minimnm surpasse les chiffres calcules sur mes 53 exem-
plaires bavarois, dans lesquels je trouvais iin diametre de22°°'6 et 18""1
(p. 7), ainsi que ceux pris sur 37 humérus droits provenant desliabitants
de la Souabe et des Alemans et qui medonnaient seulement 21 "3 et 16°'°'6
(p. 34). La circonférence du milieu de la diapliyse avec 09 millimétres est
plus considerable que la moyenne de la circonférence 66'""2 des 53 liumé-
rus bavarois et celle de 61°'°'9 des 37 humérus des habitantsde la Souabe et
' Klaatsch, H., Dic Fortschrltte der Lehre von den fossilen Knochenresten des Men-
schen iii den Jahren 1900-1903. Ergehitisso der Analomie uiid Entwickelungsgeschichte.
XII, 1902, p. 632.
— 269 —
(U's Aloiiiaiis. II en est de méme de la ciiconíei'ence iniuiímim. líous avons
ifi G7 millimetres contre 02 milHmétres (bavarois) et 61""6 (souabiens
et alemans); en outre l'indice calculé entre la longneur máximum (= 100)
et la oirconférence mínimum doiine lui-méme 23,10 contre 21,01 et 19,5.
Sans dciute le calcul de cet Índice, vu la détenninaison defectueuse
de la lonjíueur de l'os, n'est pas índíscutable et, íl m'a semblé bon d'éta-
blir, seulement ciim grano salis une comparaison avec les données d'au-
tres auteurs. Voyez la table suivante :
HuarÉETjs
Souabieus etAlemaus (ll cf , 8 ¿i)-
Frauf ais mociemes (44 a" , 39 q) . .
Dolmen « Cave aux Fées », néol.
(17 O', 7 9).
Anciens Canarieiis, coU. Chil (60 cf j
92 9)
Polyíiésiens (l3 0*, 3 9j
Nf"gres (41 o", Ifi 9)
Cro-Magnou (l c', 1 4)
Dolmens algériens (I6 cf , 5 :¡_).. . .
Période gauloise et gallo-roniaine
(18 O', 5 9)
Ancieus Canariens, coll. Miisée Pa-
rís (81 cy, 34 9)-
Árabes et Berb&res (8 c/, 3 9)
Anciens Parisieus, eim. St. Germaiu
des Prés(37 o', 18 9)
Européens (l9 o', 4 •-).
Grotted'Orrouy, néol. (16 cT , 17 9)
Bavarois (lO CT" + 9)-
Anciens Parisiens, eim. St. Marcel
(81 cr', 26 9)
Grotte Feignaux, néol. (ll c", 26 9)
Asiatiques (l8 O^ , 6 9)-
Amc'ricains (22 ct", 10 9)
Fontcziielas
338,5
323,0
307,0
328,0
317,0
296,0
321,0
319,0
320,0
325,0
315,0
331,0
320,0
314,0
331,5
342,0
.302,0
304,0
306,0
65,2
64,0
60,0
65,0
63,0
62,0
64,0
64,0
66,0
65,0
63,0
68,0
63,0
65,0
68,0
64,0
63,0
64,0
19,3
19,8
19,8
19,8
19,8
19.8
20,0
20,0
20,0
20,0
20,3
20,5
20,7
20,7
20,8
20,9
21,1
21,3
21,5
9
301,6
292,0
280,0
301,0
288,0
282,0
334 ?
288,0
297,0
296,0
304,0
309,0
247,0
29,3
303,0
273,0
279,0
282,0
290.0
53,7
56,0
57,0
55,0
57,0
57,0
57,0
55,0
.54,0
56,0
64,0
56,0
58,0
64,0
.58,0
58,0
59,0
67,0
17,8
19,1
20,3
18.2
20,8
19,8
?
19,0
19,5
18,2
18,0
20,5
19,5
19,5
21,1
21,2
21,8
20,8
23,1
Auteurs ^
L.-Nitselie
Rabón
Eahon
Rabón
Soularue
Sonlariie
Rabón
Rabón
Rahon
Rabón
Soularue
Rahon
Soularue
Rabón
L.-Nitscbe
Rabón
Rabón
Soularue
Soularue
L.-Nitsche
' Rahox, J., Becherches sur les ossemcnts humains anciens et préhistoriques en vue de
la recoHstitution de la taille. ilémoires de la Sociétc d'Anthropologie de París, 3'= serie, IV,
— 270 —
L'himiénis gaiiclie est nialheurensemeut tléfectucux et l'on uc peut
mesurer sa longiieur; mais la grosseur de son milieu, au contraire de ce
qui a lien poiu- l'hmnérus droit, n'atteint pas les mesures moyennes
des liuniérus des Beihengrüher bavarois étndiés par raoi. Le milieu de
la diapliyse avec ses 21 millimétres de diamétre máximum et 16'"'"5 de
diamétre mínimum, reste en dessous des 57 huuiérus bavarois auxquels
correspondent 23"™1 et 17"'"9 et méme des 37 liumérus souabiens et
alemaus dont les diamétres mesureut 20"""'± et 16""°° -1 respectivement. La
circonférence du milieu de la diapbyse (G3 mm.) est également plus petite
que dans les liumérus bavarois (65,3 mra.) ; mais, en revanche, elle est
plus grande que dans les liumérus souabiens et alemans, qui n'ont que
ggmmg_ ^^ circonféreuce minimum (02 mm.) est, au contraire, plus gran-
de, puisque dans les 57 bavarois elle n'a en moyenne que 61"°'5 et dans
9 souabiens et alemans elle n'a que 59™"0.
Les cliiffres eleves qui rei)résentent les mesures de la circonférence
minimum donnent l'idée de la massiveté des deux liumérus: en eflfet le
milieu de la diapbyse et les points de la circonférence minimum sont
absolument massifs, et en second lieu ils varient i>eu entre eux. Si, ce
qui n'a pas encoré eu lieu, l'on calcule un Índice d'aprés les deux cir-
conférences extremes, la circonférence du milieu étaut égale a 100, on
arrive aux cbiffres suivants :
Hunifrus
Circonférence dn luilieu
Circonférence miuimum déla diaphyse
índice des circonféreuces
L'indice, dans l'liuméms bavarois est plus petit, la différence entre
les circonféreuces est par conséquent plus prononcée et l'os parait plus
élégant; au contraire celui de Fontezuelas est massif. Eelativemeut aux
humérus souabiens et alemans j'ai du les exclure de la comparaison, par
la raison que la circonférence minimum a pu étre mesurée seulement
dans un quart des os dont la circonférence du milieu avait été deter-
minée.
La diflféreuce en faveur dii cóté droit du corps est ft-appante dans les
liumérus de Fontezuelas: dans les bavarois elle est insigniftante.
La largeur supérieure de 47 millimétres dans riiumérus droit de
1892, p. 403-458. — La liste ci-dessus coutient un extrait des cMffresde Rahon, prin-
cipalenient ceux qui, á cause du grand nombre des os étudiés, représentent les mo-
yennes les plus rapprochées de la vérité.
SouLARiiE, J. M., Reeherckes sin- les dimensions des os et les proportions squclctti-
ques de l'hovime dans les üifférenies races. Bulletins de la Société d'Anlhropoloriie de Pa-
rís, i" serie, X, 1899, p. 328-381. — La liste ci-dessus reproduit l'ensemble des chif-
fres de cet auteur.
271
Fonteziielas est moindrí' que dans les bavarois (50'"'"5) et se trouve en
relatioii aveo la longueur de Tos eutier qiii est égalemeut iiioiiidie.
L'angle capito-diapliysique dioit, mesuré en dcux reprises difierentes
■ ñw
Fig. 19. — HumÍTiis droit (a), cnbitus gauche (b) et radins gauche (c) de Fontezuelas
donna respectivemeut S-í^ et 35°, dont la moyenne 34:°5 est étonnam-
meut petit ; cliez les indiens de la Terre de Feu, il varié suivant ^Martin '
' Martix, R., Ziic ^'A.'/sísc/ie» Anthropoloyic der Feuerltinder. Ardiiv fiir Anthropolo-
gie, XXII, 1894, p. 193.
— 272 —
entre 49° et 59°, terme moyen 54° ; chez mes bavarois, la raoyemie est
de 4!)°7; cliez les sounbiens et les alemaiis, elle est de 45°4. Martin ,
trouva 45° ponr denx os liumérus Seuoi et 41 ° iwur deux femmes de la
méme tribu; Reinecke " 38 ° á 52 ° chez ses négres de l'Afrinne Oriéntale.
Je considere la petitesse de cet angle comme un signe d'infériorité qui,
peut-étre, correspond au mouvement presque exclusivement antéro pos-
térieur de l'extrémité antérieure chez les quadrupédes. En eífet, une
surface articulaire qui se rapproche davantage de la perpendiculaire á
l'axe longitudinal de l'os (dans ce cas l'angle capito-diapbysique est
plus ouvert), donne certaineraent á l'os une plus grande facilité de mou-
vements dans toutes les directions. II n'existe pas, que je sache, de
travaux á ce sujet, et cependant ils seraient tres Instructifs.
La torsión a été déterminée tres approxiniativenient, en niaintenant
l'os dans une position verticale sur une feuille de papier, et dirigeant
alors le rayón visuel par tous les points nécessaires de l'os, on marque
avec un crayon leur proyection sur le papier.
II ne peut naturellement pas étre question de mesures absolument
exactes, et les deux angles varieut méme considérablement l'un de l'au-
tre ; la premiére fois l'on obtint 41° (=139"), la seconde fois 27 ' (= 153°)
et comme moyeniie, par conséquent 34° (=:140°). Dans tous les cas, l'on
a toujours une certaine base. Ces chiftVes ()ccui)ent un degré infV-rieur
dans la serie de ceux calcules sur des os modernes, comme on peut le
voir par les tables de Lambert ^. L'on obtient ainsi un angle de torsión
qui croit graduellement depuis les peuples iníérieurs de l'échelle cul-
túrale jusqu'aux pendiles supérieurs, et dont l'ouverture chez les euro-
péens indique un véritable saut entre eux et les peuples qui forment les
quatre autres groupes géographiques, comme on peut le voir par les ta-
bleaux comparatifs de Lambert :
Angle de torsión de l'huménis selon Lamhert
Océanieiis modernos 141.2
Africains modernes 1-15 . 1
Asiatiquos modernes 149 . 1
Amérieains modernes 149.4
Européeus modernes 163 . 3
' Martin, R., Die Inlandstdmmc der mnlmjhchen HaJlniíscl, Jena, 1906, p. 593.
* Reinecke, P., Beschveibung einUjer Hasseiiskelette au» Afrika. Ein Beitrag znr An-
Ihropologic dcr deutschen Sehutzgebictc. Archiv fiir Anihropologic, XXV, 1898, Sonder-
Abdrnck, p. 46.
' Lambert, F., Bdtrati cur Theorie der Torsión des Hitmerus. Phil. Diss. Zürich, 1904.
Je profite de l'oecasion pour déelarer, en faisant une reetitication á la page 75,
que la snbstitvition de Tare a pointes, par une aiguille d'acier cuadrangulaire a <?té
non seulement dócrite, mais encoré inventée par moi, saus la coUaboration de qni
ce soit.
— 273 —
Je crois (levoir rappeler ici que riioinmo de Neanderthal (140° selou
Laiiibcit milá5''selon Klaatsch, 1. c, p. lá.'^) trouve parfaitement sa place
dans cette classiflcation.
KADIÜS ET CUBITOS
II n'cxiste plus de ees os que des fra,í>ineiits des diapliyses ; du radius
droit une partie de la diapliyse distale et du radias í>auclie (flg-. 19 c) une
partie de la diaphyse niédiale. Du cubitus droit il ne reste qu'un frag-
ment sans importance et du gauche (flg. 19 b) un morceau de la diaphyse
niédiale. L'ou ne peut par conséquent diré que peu de olióse au sujet de
ees os. En outre Fischer a publié ses études fondainentales sur ees
deux os de l'avant bras ^ aprés mon séjour á Copenhague, et je n'ai pu
m'en servir.
Badius. — Au sujet du radius, je notai á Copenhague méme, qu'il
n'est lias fort et qu'il est assez droit. Selon les reeherehes de Fischer (p.
IGl), la détennination de la grosseur de l'os dans son inilieu n'a aucune
valeur et l'on est obligé de la déterininer en mesurant la circonférence
dans la partie la plus gréle, puis entre le inilieu de l'os et l'épiphyse dis-
tale; iiiais, lors de nion séjour á Coi)enliagne, ce travail n'était pas en-
coré imblié et je luesurai á cette éjxique « le inilieu approxiinatif de la
dia|)liyse», qui, dans le cas présent, ditt'érait a peine de la circonférence
iiiiniíiuiiu. Mes chiffres sout réunis dans le tablean suivant ; j'ai ajouté
les chift'res quej'avais obtenus antínieureinent pour les os bavarois,
souabiens et alemaiis, uniquement dans le but de taire voir que la dif-
férence entre les cótés droit et gauche du corijs, dans les fragments de
Fontezuelas, est plus fortement prononcé que dans les os d' origine alle-
niande ; nous avons constaté le méme phénoméne relativement a l'hu-
niériis (p. 270 de ce travail).
ililieu approxiinatif (le
Fontezuelas Uavarois Souabiens et Alemana
la diaphyse du Radius J¡^„^^ Gauche Droit Gancl.e Droit Gauche
Diametre max. . . . 15.5 12.5 11!. 1 15. í¡ 14.5 14.5
Diaraetre min . . . . 12 11 12.2 11. tí 10.8 11.2
Circonférence 42 35 44.9 42.5 40.3 40.9
Malheureusement, il est impossible de déterminer l'iiidice longitudi-
no-circonférentiel, et les chiffres absolus de la circonférence (42 et 35
' FlscilKR, E., Zitr vci-gleichendcn Osteologic der mcnsckHchcn J'ordcrarmknochcn.
Corrciipondcn:-BlaU der Deiitschen anthropologischen Gesellschaft, XXXIV, 1903, p, 165-
170. — Espcce tl'étuile préliminaire.
Fischer, E., l)ie Variationen an liadiiin iind Cliui des ilensehen. Zeitschrift fiir
Morpliologie und Anihrojwlogie, IX, 1900, ]). 147-247. — Plus loin jt- mv buserai uui-
qufuieut sur ce travail.
— 274 —
milliinetres) ne snfflsent pas poiir donuer une idee exacte de la grosseur
del'os; cependant le cliiftre absoln i'2 iiiillimétres pour le radias dvoit et
35 milliineti'es pour le {jauelie, représente une valeur nioyenne, comme
on peut s'eu rendre compte par les tables du supplément de Fischer;
d'ailleursmémeál'oeil nu l'os n'accuse pas unepuissancespéciale. «Toutes
Fin-. 20. — Coutonrs des rndiiiH IniíiüiiuH. -/^ Gr. uat. ((t-e) selnu Fi.sIiiT. 1. c, p. IfiT; (a) Honime
Utí líadeu ; (b) Homme de Nt'U-MtH-kk-nlnirg : (c) floniiiie de Ni-.iiiilritlial ; {(/) IIinuiiu> de Krapina ;
(e) Honimo de Spy II ; (/; Homme de Foutezuelas.
les formes naturelles des races huinaines » suivant l'exin'ession de Fi-
scher (p. 14:3) ont les os plus «iréles que les formes civilisées; mais le
radius de l'liomme de Neanderthal n'est i)as dans ce cas; son Índice lon-
gitudino-circonférentiel tombe dans le domaine des chiftres máximum
obtenus chez l'homme (Fiscber, p. 164). Les radius de Fontezuelas sem-
— 275 —
bleiit occuper une situatiou intoiiiu'diuiri' entre les formes culturelles et
les formes natiirelles de nos jowrs.
La eourbure de la diaphyse ne peut pas étre déterniinée exactement
íi canse dn manvais état de couservation des épiphyses. J'ai cependant
<'ssayé, de représenter, au moyen de la pliotograpliie et d'aprés la der-
niére méthode indiquée par Fisclier (p. 100), l'indice de courbiire, et j'ai
obtenu une preniiere fois 1,0, une autre fois 1,9, cliiñres tres inférienrs
qni sui'passent eei)endant les mniiiiiiiiiis obtenns pour lesBadois (1,5) et
les Indiens de la, Terre de Fen (1,0). Les chiífres moyens relatifs aux
gronpes linmains de nos jonrs, entre lesqnels on n'observe pas de diffé-
rences essentielles oscillent entre 2,5 et 3,2, tandis que le gronpe ííéan-
derthal-Spy, s'en éloigne considérablement par la conrbure prononcée
dii radius (índice de 5,2 á 0,5). D'nn autre cóté, bien que les calculs
bases sur la photograpliie ne puissent avoir qu'une importance tres rela-
tive, cependant la simple inspection a IVeil nu suftit pour en déduire la
faible courbure du radius de Pontezuelas. Que l'on compare le dessin
ci-dessous qui représente, a cóté de la reproduction de la figui'e 1 a de Fi-
scber, p. 107, les contoui's du radius de Fontezuelas. Fisclier n'a pas étu-
dié le cas d'une difterence éventuelle entre le cóté droit et le cóté gauche
<lu corps.
La pliotogra])liie du fragment de radius de Fontezuelas fait voir clai-
renu'ut que la saillie de la créte interosseuse, située dans la moitié i)ro-
ximale, et qui doit son existence á l'insertion d'une partie spéciale dans
le ligament interosseux (Fischer, p. 188) que l'on pourrait appeler pan
mediana Ugamcnti interossei, se présente sous la forme Uabituelle et
n'oñi-e aucun caractére distinctif.
Cubittts. — Du fragment de cubitus gauche (fig. 19c)ily amalheureu-
sement peu de chose á diré. Lors de mon séjoiu- a Copenhague, je notai
qu'il est massif, assez fort et ne parait pas appartenir au radius récem-
ment caractérisé. Comme dans le cas antérieur je pris également le
« milieu approxiniatif déla diaphyse », puisque seulement á une époque
postérieure Fischer démontra que cette mesure est saus valeur et doit
■etre évaluée comme pour le radius, au moyen de la circonférence niiui-
nuim.
^ilií'^i Milieu (le la diaphyse
Cubitua gauche approximatif <le la diapliyse - -^ — — ^
IToutezuelaa Bavarois Soualtieu-s et Alemans
Diami>tre máximum 16.5 16.0 14.4
Diaiiietie miuimum 13 12.4 11.7
Circonférence 47 45 . 8 43.4
La comparaison n'a certainement pas une grande valeur et demontre
tout au plus que les mesures de l'os sont au-dessus de la moyenne.
Par la photographie (flg. 19 c), l'on voit que la créte interosseuse aug-
— 276 —
mente de grosse^^r et forme luie t-minence daus sa partie proximalCy
mais je n'y ai pas pris de mesures.
Cette éminence forme évidemment la limite ciibitale entre la partie
proximale et la partie médiale du liga.ment interosseux (voyez Fischer,
flg. 6, p. 188 et p. 275 de ce travail), tandis que Télévation décrite plus
hant de la créte du radius, parait représenter la limite radíale entre la
partie médiale et la partie distale de ce ligament. La préparation déci-
derait la qiiestion.
FÉMUR
Pour l'étude des fémurs, les plus importauts de tous les os longs du
squelette humain, je me suis basé comme antérieurement sur mes re-
cherclies déjá mentionnées au sujet des « os longs de la population des
Reihengrahcr de la Baviére méridionale », et en outre sur les travaux
de Bertaux, ' Ludewig - etBumüller ^ La dissertation de Ludewig jia-
rait étre complétement toinbée dans l'oubli, et cependaut elle contieut
un excellent resume de tout ce qui a été écrit au sujet du fémur par les
différents auteurs, jusqu'eu 1893.
Des fémurs de Fontezuelas, le droit (ttg. 31) est brisé irréguliérement
á son extrémité proximale; l'épipliyse proximale manque presque com-
plétement ; les condyles de l'extrémité distale sont fortement lésionnés.
Les cois et les condyles du fémur gauche sont également défectueux ;
11 est cependant possible de déterminer sa longueur et de prendre aussi
les autres mesures les pliis importantes.
La longueur máximum est á gauche de 397 millimétres, tandis que M.
Hansen donne 400 millimétres. La longueur máximum dans la position
naturelle a été évaluée par moi á 39G millimétres, mesure certainement
exagérée, a cause du mauvais état des condyles. La différence entre ees
deux mesures est en general plus grande et pour cette méme raison je
n'insisterai pas davantage sur la derniére d'entre elles.
La longueur trochantérique absolue (Fontezuelas ganche 380 milli-
métres) et la longueur trochantérique dans la position naturelle (Fonte-
zuelas gauche, environ 380 millimétres), ont été prises antérieurement
pour arriver á la détennination de la longueur du fémur, et afln d'éviter
les errours que peuvent occasiouner daus l'évaluation de la longueur du
' BmiTAUX, Th. A., L'hnménis et le fémur considére's dans les cspeces et dans les races
humaines sclon le sexe et sclon l'áge. Disa. mdd. Lille, 1891.
' Ludewig, W., Monographie des menschliehcn Oberschenkelbcins. Med. Diss. Berlín,
1893.
" BUJIUELLER, J., Das meiischVwhc Fémur ucbst Bcitrageu zur Kcuninis der Affenfc-
mora. Phil. Diss. Müuchen, 1899.
— 277 —
corps de l'os, les variations de l'inclinaison dii col. Mais il ne faiit pas
oublier non plus les o.scillations contiuuelles de l'angle condylo-diaphy-
sique (Bumüller p. 16), et par conséqnent, pour déterminer la longueur
exacte du eorps, indépendnninient des deux angles, il faiit, suivant ce
méme autenr (p. 15, 13i(), au lien de la longueur máximum, de la lon-
gueur máximum dans la position naturelle, de la longueur trochantéri-
que et de la longueur trochantérique dans la position naturelle, mesurer
avec le ruban métrique les longueurs diapliysiques (depuis l'extrémité
supérieure de la ligue oblique jusqu'au milieu du bord supérieur de la
surface articulaire du genou). Je n'avais pas entrepris ce travail á Co-
penluigue, parce que le bord supérieur de la face articulaire, á cause de
son mauvais état de conservation, ue poiivait étre determiné avec exac-
titude. Du reste, dans le cas qiü nous occupe, il ne s'agit pas d'une
statistique plus étendue dans laquelle on peut négliger la longueur má-
ximum en raison de son peu d'importance, et n'attribuer de valeur qu'á
la longueur diapbysi(iue (Bumüller, p. 19). Cet auteur lui-méme, dans sa
table I, a réuni les mesures de 350 fémui's bavarois, d'aj)rés les lon-
gueurs máximum, les longueurs máximum dans la position naturelle et
les longueurs diaiiliysiques. Xous pouvons par conséquent les comiiarer
avec facilité. Les cliiftres moyens de Bumüller, en ce qui a trait á la lon-
gueur máximum sont les suivants, dans lesquels 11 est á remarquer que
chaqué quantité, suit une échelle ascendante et descendante de 10
en 10.
Longueur máximum de 3S0 fc'muvs haearois sclon Bumüller, 1. c, 2>- S3
Les fémiu's de Fontezuelas, compares aux fémurs modernes européens
sont done tres courts; dans les fémurs bavarois, l'on n' observe ce peu
de développement en longueur, que dans 3,14 pour cent des exemplaires.
La concordance qui existe avec le fémur de Neanderthal ' est frai)-
pante, comme on peut le voir par la table suivante :
' SciiWALBK, G., Der Xeanderthahehadcl. Bonner Jahrbiicher, Seft 106, Bonn, 1901,
p. 67; Klaatsch, H., Das GUedmaaasemkelet des Neanderthalmenscheu, I. c, p. 131,
<loune 425 au lien de 423.
— 278 —
^
KA
t^~
Fi"-. 21. — Fúniur droit
de Fonteznelas, vuo antérieure (a), múdiale (b) et postérienre (c>
— 279 —
rig. 22. — Fúmur gauflie de Fontezuelas, vue antúrieure (a), medíale (1) et postérieure (c).
280
Longueur máximum dans la positiou uaturelle cuv. .
LüUgueiir trocliantér. dans la positíon uaturelle euv .
bien que dans le fémur de Fontezuelas, les mesures correspondantes
soient un i^eu trop grandes (voyez ce qui a été dit plus baut).
Eelativement á leur peu de longueur, les fémurs de Fontezuelas ne
sont pas tres gros ; la circont'érence medíale mesure, á droite 80 mm., á
gaucbe 79 mm. ; suivant les calculs de Bumüller, la circonférence mo-
yenne de 345 fémurs bavarois est de 87,9 mm. Le cóté droit du corps
est done en contradiction avec les resultáis obtenus par Bximüller (p. 21)
mais d'accord avec mes calculs antérieurs, le plus fort. L'on cduiprend
cependant que ees chiffres ne sont pas d'une absolue et qu'il est néces-
saire de calculer l'indice entre la longueur et l'épaisseur. Calculé selon
la longueur máximum cet Índice, dans le fémur gaucbe de Fontezuelas
est de 19,899 ; calculé sur 345 bavarois (Bumüller) il est de 19,53. Les
fémurs bavarois sont done un peu plus gréles ; les variations de l'indice
ne sont du reste pas notables (Bumüller, p. 21), ce dont on peut se ren-
dre compte par la table suivante dans laquelle je réunis les priucipaux
cbiffres de Eabon, 1. c, calcules sur un grand nombre d'os fémoraux et
j'en ajoute quelques autres.
Table composce sdon les chiffres de Bahuí)
281
Table compasee selon les chiffres de Uukon (suite et fin)
Le fémur de Fontezuelas nons oftre douc un Índice moyen qui n'est
uiillemeut en rapport avec les chiífres eleves que nous donnent les os
diluviens européens ; Rahon qui découvrit ce phénomene, critique ce-
pendant leur valeur absolue pour diverses raisons, de maniere que l'in-
dice entre la lougueur máximum et l'épaisseur n'a pas réellement de
valeur caraetéristique.
Pour une couiparaison plus ampie, je renvoie á la table suivante de
Soularue - qui acependantutilisélalongueurtrochantériquedufémur en
jwsition naturelle, et, comme Rahon, mesuré la circonférence mínimum
á la hauteur de la bifurcation supérieiire de la créte. Bien que, dans le
fémur de Fontezuelas, j'aie mesuré la circonférence medíale, je crois ce-
pendant pouvoir comparer les cliíffres obtenus sur les uns et les autres.
L'índice entre la longueur et l'épaisseur de l'homme de Fontezuelas,
' Circonférence diaphysique moyenue.
' Soularue, G. M., Becherches, etc., 1. c, p. 334, 337, 343, 344. La table cl-dessus
■contient tous les chitfres de cet auteur.
BEV. MUSEO LA PLATA. — T. I.
19
— 282 —
que celui-ci ait apparteuu au sexe masciiliu oii au sexe féminin, est aussi
rapproclié que possible de celui des américains modernes :
Table compasee des chiffres de Soularue
FÉMUR
Negres
Polynésiens
Árabes et Berbferes. . .
Asiatiques
Européeus
Américains
Fontesuelas '
Néaudertlial ^ (tlroit).
Néanilerthal (gauclie)
423,0
441,0
423,0
431,0
443,0
416,0
419,0
423,0
S E
76,0
83.0
82,0
83,0
86,0
84,0
94 '
96 '
19,1
19,5
19,6
20,0
20,4
20,5
22,4
22 7
404,0
406,0
400,0
396,0
409,0
386,0
380,0
£ 5
a E
o 3
2 S
67,0
75,0
77,0
80,0
78,0
77,0
79 '
19,1
19,3
20,1
21,3
19,8
20,3
20,8
Le col á gauche est visiblement court ; malbeureusement il n'est pas.
liossible de prendre des mesures exactea.
Le fémur de Néaudertbal lui-méme me parait suivant la jolie plioto-
grapliie origínale de Wallíhoff ', avoir le col tres court, taudis que ce-
lui de Spy me parait á son tour relativement plus long. Nous verrons
plus loiii quelle valeur il í'aut attribuer á ees diñerentes longueurs du
col. A 2)riori, le j>eu de longueur du col parait représenter un caractére
inférieur.
L'angle collo-diapliysique, avec ses 132° a gauche est tres ouvert,,
plus ouvert que l'angle moyen mesuré sur 20S fémurs bavarois (127 ° lo ' ,
Bumüller, p. 72) et correspoud en tout á une platymérie assez pronon-
cée (a gauche l'indice raérique mesure 73,3, voyez plus loin), oomme
Mikulicz ^ et plus tard Hirsch " l'ont fait observer. Dans le groupe de
' Circonférence médiale de la diaiihyse.
' ScHWALBE, G., Der NeandertliaJscUiidcl, 1. c, p. 67.
" Walkhofp, o., Das Fémur des Mensehen und der Anthrojxmwrphcn in scinerfunk-
iionelleii Gestaltung, Wiesbaden, 1904, pl. VI.
' Mikulicz, J., Ueber individuelle Verschiedcnlieiten am Fémur und der Tibia. Mil
Beriicksichtigung der Plastik des Kniegelenkes. Archivfür Anatomie und Physiologie, Ana-
iomische Abteilung, 1878, p. 367-368. — Cité selon:
' Hirsch, H. H., Ueber eine Jiezie^ung zwischen dem Neigung^winkel des Schenkelhal-
— 283 —
ÍTéaiKlerthal, eet anjile sf viii>])nK'he beaiicoiip i)lus de l'aiis'le droit.
Cüiuparons :
Néauílcrthal droit (í^chwalbe, 1. c.)- 119°
— gauche (Schwalbe, 1. c.) 118°
Spy I (Klaatsoli, 1. c, p. 136) euv 120°
Spy II (Klaatscb, 1. c, p. 13tí) euv. 115°
Le diamétre supérieiir diaphysiqíie est tres aplati et présente un índice
transversal bilatf'ral platymérique de 73,3. Suivaut les tables des ra-
ces (voir plus lüiu) cet índice a toujours été consideré comme une mar-
que d'infériorité ; les reclierches de Bumiiller n'ont ríen ajouté á ce sujet
et servent plutót á démontrer que la ijlatyméríe et l'índíce pilastrique
sont en i^elation compensatoire réciproqiie et moi-raéme j'ai éprouvé
quelques doutes en présence de la grande variété existant dans les dif-
férents groupes. Les fémiirs de Fontezuelas présentent de plus á un de-
gré assez i^rononcé la saillie latérale si fréqueniment unie a la platymé-
rie angulaire (augiüus lateralis superior d'aprés Ivlaatscli, 1. c, i). 132).
índice mvrique
Río Negro . .
Anciens Patagons ' (moyenne). , ^„
. , , .,' < Cnuoiit
biijets de grauue taille.. . / ,
\ Santa Cruz
, Río Negro .
Siijets de taille moyeuue • Cliubut.. . .
\ Santa Cruz
Sujeta de petite taille, Río Negro
Neanderthal ' droit
— gauche
Spy ' I droit
— II gauche
Krapiua 'I
— II
La linea áspera, qui est extrémement large dans tout son parcours, se
divise a droite (á gauche ellü est tres défectiieuse) en deux parties, l'une
médiale et l'autre latérale; la partie médiale va se perdre dans la ligne
8CS Hiirí rffiii Qticrschnitte des Schenkelbeinsokaftes. Anatomisclie Hefte, XXXVII, 1899,
p. 671-680.
' Vekneau, R., Les anciens Patagons, JIonaco, 1903, p. 201.
' Klaatsch, H.,X)as Gliedmaasscnskclet des Xeandcrtalmenschen, etc., 1. c.
' Gorjangvic-Krambergek, R., Ber diluviale Menach von Krapina in Kroatien.
Ein Beiirag :ur PaJiioaniliropologie. Wicsbadcn, 1906, p. 238.
284
intertrocliantérique antérieure peu marquée ; il u'y a lieii á remarquer au
sujet d'une ligne pectiiiée se dirigeaut vers le petit trocbanter; la par-
tie latérale teiiiiiiie des deux cjótés daiis une large tiibérosité glutéale
qui s'agraudit vers le haut d'une maniere peu prononcée, sans qu'on
puisse parieren propres termes d'un troclianter III; entre la tubérosité
et l'augle lateral supérleur il existe une excavation insigniflante qui
ne mérite méme pas le nom de fosse hypotrocliantérique.
En avant, la región sitnée au-dessous de la ligne intertrocbantérique
antérieure est profondément creusée en forme de jatte; dans le fémur
droit cette excavation a une ¡¡rofondeur que l'on rencontre rarement.
La forme pilastrique du milieu du corps de l'os, comme j'ai pu le no-
ter á l'oeil nu, n'est pas prononcée, l'indice pilastrique acense á droite
112,42, a gauche 112,50. Les variations de ees grandeurs sont réelle-
ment colossales : dans les 200 fémurs bavarois de Bumüller (p. 27) elles
oscilent entre 72,5 et 136,73; mais dans les divers exemplaires préliis-
toriques, comme les variations entre les deux extremes sont inconnues,
l'on ne peut considérer les mesures existantes que comme un terme
moyen et dans le squelette de Fontezuelas, l'indice pilastrique comme
assez elevé. Voici un petit tablean comparatif :
índice pilastrique
Droit
i 100,0
Neanderthal , , ., , „
( 101,0
Spy I 103,0
Spyll -
Indieus Saladeros (66re8p.65) 114,7
Anciens Péruviens. . . . (16 -\- 16) 106,7
Indieus Siüux (24 + 24) 112,5
Autres indieus nordam. (23 -\- 21) 113,0
Négres (6 + 6) 120,5
C'est M. Micliel " qui a prouvé derniérement que la créte du fémur
est un caractére typique pour l'Lomme et i^roduite par la statiou ver-
ticale.
La créte est du reste, comme nous l'avous déjá meutionné, extréme-
ment large et la lévre externe tres saillante. La jonction inii)arfaite
des deux lévres doit étre considérée soit comme une preuve de tliéro-
' Matthews, W., The human bonea of the Hememvan coUccfiou in the United States
Army Medical Museum at IVashington. Memoirs of the National Acadenm of Seiences,
VI, 1891.
" MicHjSL, R., Eine neue Methode zur Untersuchuufj lauger Knochcu und ihre Anwcn-
dung auf das Fémur. Archiv fiir Anthi-opoloijie, N. F., III, 1903.
— 285 —
morpbisme, soit comme un signe de la vigneur spéciale de l'os, suivant
ce que Bumüller a noté dans sesos bavarois (p. 31 avant derniére ligne)
et l'indict' pilastrique elevé est d'accord a\'ec liii; d'ailleiir.s l'os n'est
d'aucune fa^on robnste.
Broca ' lui-niénio trouva dans les féinui's de Cro-Magnoii, la longuenr
et l'épaisseur de la créte tres extraordinaires. Dans la planche de Walk-
hoft' deja citée, je n'ai pu malgré tout recounaitre aucime particiúarité
de la créte des fémnrs de Spy et de Neanderthal.
Le planum popliteiim existe encoré en partie dans le fémur droit et
est un peu concave; sa levre externe fait saillie extérieureinent en forme
d'arc et dispai'ait ensuite brusquement en s'applatissant (v. fig. 21 c), ])hé-
noméne qtii n'a rien de particulier et que l'on observe dans tous les fémurs.
La surface antérieure, en dessus de la ligne intercondyloidiemie est
assez jilane, formant ainsi contraste avec les fémurs de Spy et Neander-
thal, dans lesquels Klaatscli (Gl., p. 137), a décrit une fossa suprapatel-
laris ; dans des fragments modernes Klaatsch ne la rencontra que rare-
nient d'ime cei'taine lirofondeur.
Les os, observes de profll, soiit comiiarables dans leurs deux tiers in-
férieures, á de véritables colonnes gréles qui décrivent une courbe diri-
gée en arriére deimis le haut de l'extrémité distale de la tubérosité glu-
téale et s'applatissent ensuite fortement dans le diamétre sagittal. Pour
obtenir des fémurs une photographie de profll dans laquelle le bord
lateral fut bien visible, je les fls placer dans une position oú les bords
lateral et medial de la fosse mentionnée phis haut, située sous la ligne
intertrochantérique (antérieure) se recouvraient mutuellement. L'on put
obtenir ainsi une épreuve approximative de la courbure du corps du
fémur, sa reproduction exacte n'étaut plus possible, á cause de la tor-
sión.
Cette déviation du corps du fémur, sur la limite entre le tiers supé-
rieur et le tiers moyen, s'observe également dans les trois cinquiémes
des fémurs bavarois de Bumüller (Bumüller, p. 40 et p. 13) et, d'aprés
les recherches de cet investigateur elle est due á un effet purement mé-
canique produit sur la partie mécaniquemeitt la plus faible de tout le
corps de l'os; elle représeiite done un état parfaitement normal.
L'angle de courbure de Bumüller (p. 38, 4:1), acense á droite 9°5, á
gauche 8'^. II est done jilus (mvert a droite, d'accord avec les resultáis
obtenus par Bmuüller sur 255 fémurs bavarois. La valeur absolue est
assez élevée et correspond a l'indice pilastrique assez haut. L'angle de
courbure croit en general avec la valeur de l'indice pilastrique (Bumül-
ler, p. 38).
' Broca, P., Sur les crúnes ct ossements des Eyzies. Biilletbis de la Société d'Anthro-
pologk de París, 2<= serie, III, 186H, p. 362.
— 286 —
Comme poiut de comparaisoii uoiis rappelons ici la forte coiirbure an-
térieure de la totalité des fémars de iíéaudeitlial et de Spy, qiii d'ail-
leurs ii'a lieu de commiin avec le type general de l'houiine actuel et de
Fontezuelas '.
Je déterminai la torsiou approximativement en plaeant Tos perpen-
diculairement sur une feuille de papier et indiquant á peu prés les points.
D'exactitude absolue il ne pent étre naturellement question. La premié-
re fois j'obtins un angle de torsión de 38°^ la seconde fois 55°, dont la
moyenne est de 4C°5.
TaliJe des mesures des fémiirs de Fonte^ticlns
Droit Gancho
Longueur máximum — 397
— trochantérique. — 380
— máximum eu position naturelle .... — 396
— trochantérique eu jiosition naturelle — 380
Largeur supérieure. — 80
Longueur épiphysique supérieure — 88
Diami^tre «liaphysique supérieiir sagittal 22 22
Diametre diaphy.sique supérieur transversal . . 30 30
índice mérique 73.3 73.3
Circonférence de la partie sup. de la diaphyse 85 83
Diametre sagittal du milieu de la diaphyse.. . 27.5 27
Diametre transversal du milieu de la diaphyse 24 . 5 24
índice pilastrique 112.23 112.50
Circonférence da milieu de la diaphyse 80 79
índice longitudino-circoníérenticl
a) Circonférence minimum : longueur mn-
ximum — 19.89
b) Circouférence mininuini : longueur má-
ximum en position naturelle — 19.9
c) Circouféreuce minimum : longueur tro-
chantérique en iiositiou naturelle ... — 20 . 8
Angle entre le col et la diaphyse — 132°
— de torsión — 46 "5
— de courbare. 9°5 8°
TIBIA
Les deiix tibias sont l'un et l'antre épdenient mal conserves; les con-
dyles supérieurs sont en tres niauvais état et les surfaces articulaires
seulement en partie conservées; les malléoles inférienrs manquent, et
l'on constate en outre nne fonle d'autres défectuosités.
Les tibias ne présentent aucnn caractére notable. lis ne sont pas longs,
fait que l'on constate du reste dans les aiitres os longs du squelette
' Walkikhf, o., 1. c, pl. VI.
— 287 —
de Fontoznclas. D'íiccord avec Matiegk.i \ l'os gauche est un peu plus
loiig; le (Iroit est an contraire un peu plus gros, eoinme il resulte claire-
ment de la mesure des circonférences. D'aprés l'indice longitudinocir-
conférentiel, ils sont notablement plus gros que les tibias souabiens et
alemans, que j'ai pris pour termes de comparaison; dans la table de
la page 45 de mon travail j'ai calculé l'indice suivant la distance des
surfaces articiüaires, pour obtenir une comparaison :
1 Fontezuelas droit 24 . 0
35 Souabious ct Ale.muus droit et gancho ¡^ 20.15
7 Souabiens et Alemaus droit et gauche ¿ 20 . 06
Les chiffres de Ralion et de Soularue ne ijeuvent nialheureusement
pas étre utilisés, par la raison que ees auteurs comprennent le malléole
dans la longueur máximum.
Les tibias sont en general étirés et la courbe antérieure peu prononcée.
La créte antérieure forme une saillie externe en forme de lévre, vers le
troisiéme quart de l'os, caractére que l'on observe fréquemment dans les
tibias modernes; dans la partie située en dessous de la tubérosité ti-
bíale, la courbe est méme légérement concave, circonstance au sujet de
laquelle j'ai déjá fait mes observations en traitant des souabiens et des
alemans, 1. c. (p. 28).
Les tibias sont dans toide leur longueur notablement platycnémes et
occupent le degré inférieur des tables; en plus de le faire au milieu et
en haut du trou nourricier comme cela s'est toujours fait jusqu'a présent
j'ai determiné les diamétres sagittal et transversal, suivant le conseil
de M. Hirscli, également sur la limite entre le premier et le deuxiéme
tiers de l'os, lequel se trouve á envirou une largeur de doigt air-dessus
du trou nourricier. Le point indiqué par Hirsch est en fait pour le ti-
bia gauche celui de son plus grand aplatissement. Du reste le milieu
était lui méme peu aplati comme je l'ai constaté dans les 4 cinquiémes
des tibias bavarois que j'ai étudiés (voyez aussi p. 31). Le fait d'étre le
tibia gauche plus platycnéme que le droit, est en contradiction avec
mes résultats exposés plus haut '.
J'ajoute une petite table comparative.
índice cnémiquc
Droit Gauche
Indiens Saladeros (44 -\- 46), Matthe\ys, talde 74 62,7 63,6
— Sloux (24 + 24), Matthews, table 78 69,5 69,3
— de l'Amérique du Nord (23 + 22), Matthe^vs, ta-
ble 78 66,4 67,5
' MatieGKa, H., Ucier Assymctrie der Extremitdten. Prager Medicimsche JVochen-
schrift, XVIII, 1895, p. 567-569.
' HiRSCH, H. H., Die mechanische Bcdeutung der ScUienbcinform, Berliii, 1895, p. 93.
— 288
m
í# ■■
rig. 23. — Tibia ilroit de Fontezuelas
me latérale (a) et antérieiire (b)
— 289
Fig. 24. — Tiliia gauclie de Foiitezuflas
vue latéralc (a) et antérieure (b)
290 —
Hommes
. . „ , . . . , / Río Negro 60,20
Anciens Patagons (suiets de I „, ,
^ .„ „ f ^ ,\ Cliubnt 66,80
taille eleTée ou luoyenue) , ^
'. I Santa Cruz 63,69
Verneau, 1. c, p. 20o ... I ^
' * V Sus-bracliycéphales 58,87
Araucaus (sujeta de petite taille). 72,58
Femínea
61,44
71,28
74,20
65,11
Qiiant á l'angle de rétroversion, j'ai pii le iléterminer approxiinative-
ment ijour le tibia droit. Je platal Pos sur uue feuille de papier rayé,
son axe parallélement á une des ligues et adaptant autant que iiossible
une regle a la surfaee articulaire du condyle interne, je tra^ai une ligue
au crayon et mesurai l'angle formé par cette derniére avec la ligue du
papier parallélement á laquelle j'avais place l'axe de l'os. Deux expé-
riences suivies me donnérent presque le méme résultat. L'angle ainsi
obtenu aurait été assez d'accord avec celui que l'on obtient en s'en
teuaut strictement á la tecbnique de Manouvricr (voyez mon travail,
j). 87-88); mais ce n'était pas possible, á cause du mauvais état de con-
servation de l'os. Je crois devoir comparer l'angle obtenu par le procede
si simple décrit plus haut, avec ceux indiques dans les tables des races.
La rétroversion est en tout cas tres prononcée et correspond eutiére-
ment aux degrés eleves des races inférieures.
Sétroversion du tibia
Suisses 7°6
Bavarois 8°8
Auciens Parisiens, cim. St. JNIarcel. . , 9°5
Senoi 10°8
Néolithiques divers 11°2
Anciens Parisiens, cim. St. Germaiu.. 12°8
Parisiens modernes 12°5
Vénézuélieus, époque précolombine . . 13° 9
Souabiens et Ale.maus. 14°2
Cauarieus 16°0
Néolitliiques d'Orrouy 16"0
Indions de la Terre de Feu 20°0
Californiens 20°0
Fontesuelas 22°0
Auteura
Martin '
Lehmanu-Nitsche
Manouvrier '
Martin '
Manouvrier '
Lehmanu-Xitsche
Manouvrier
Martin '
Manouvrier
Lehmanu-Nitsche
' Martin, E., Zur physischen Anihrojiologic iler Feíicrlander . Areliiv fiir Anthropolo-
gie, XXV, 1894, p. 197.
' Leumann-Nitsche, E., Ueber die lanyen Eiiochcn, etc., 1. c, p. 51.
' Manouvrier, L., Mémoire sur la rétroversion de la tete du tibia et l'attitude hu-
maine á Vépoqne quatcrnaire. MémoircH de la Soeiété d' Anthropologie de París, 2^ serie.
IV, 1891.
' Martin, E., Die InlandatUmme der malayisehen Malbinxel, Jeua, 1905, p. 634.
291
Tablc des mesures des tibias de Fontezuelas
Droit Gauche
Distances des surfaces articulaires 325 327
Limite entre le premier et le deuxifeme tiers. Diam. traiisv. 21 19
— . — Diam. sagittal 36 36
— — índice 58.33 52.78
— — Circouférence 90 89
Hauteur ilu trou nourricier. Diam. transversal.. 21 19
— Diam. sagittal. 36 35
— índice 58.33 54.29
— Circonférence 90 88
Moitié de la diaphyse. Diamétre transversal 21 19
— Diamétre sagittal 33 32
— índice 63 . 64 59 . 38
— Circonférence 86 83
Circonférence minimum. 78 —
Ansrle de retro versión 22° —
PERONÉ
Les deux frajíments de la diaphyse medíale du peroné, seuls restes que
nous possédious, sont d'une épaissexir moyenne, gréles, droits et peu
camielés. lis n'offrent pas de particularités. Malgxé le peu de valeur
qu'elles puissent avoir, je doiine ici mes mesures, puisqne je me suis
domié le travail de les prendre.
Tahle de mesures des peronés de Fontc:uelas
Moitié approximative. Diamttre maxininm
— Diamétre minimiim. .
— índice
— Circonférence
Le peroné droit est done im peu plus gros.
PEOPOKTIOJIS
De la longueur des os des extrémités, quaud il est j)ossible de l'éva-
luer, Fon arrivc á deduire quelques Índices, tels que l'indice liuméro-
fémoral et l'indice tibio-fémoral.
L'indice hitiiu'ro-fémoral ne peut étre calculé qu'approximativement,
pareeque la longueur de riiúmerus droit ne mesure qu'envirou 290 mil-
292
limetres. De ce cliiíí'i-e et de la loiiguenr máximum ñ\\ fémur gauclie
(lans la position uaturelle (390 mm.) il resulte un índice de 73,2 qui re-
présente une bonne moyenne si l'on compare avec la table suivante :
I II dice h II III cro-feiiiora I
Fontezuelas. 73,2
Européens 72,0
Européens 72,2
Négres 71,6
Australiens 71, i
Fuéguius 71,3
Naquada 70,5
Andamans 69,8
Négres 68,9
Auteurs
Lehmauíi-Nitsche
selou Jlartin '
Broca '
selou Martín '
selou Martin '
Martin '
selon Martin '
selou Martin '
Broca -
L'indice tihio-fómoral, calculé entre la lougueur máximum du fémur
gauche dans la position naturelle et la distance des surfaces articulaires
du tibia gauche, est de 82.6, chiffre tres comparable avec les données
des autres anteurs:
índice tilno-fémoral
Auteiirs
23 Indiens Saladeros. 84,4 Matthews '
5 Indiens sudaiuiSricaius 84,1 Topiuard *
Australiens 84,0 selon Martin *
Fuégnius cf 83,0 Martin "
32 Négres 82,9 Topiuard *
Fontezudas. 82,6 Lehmaun-Nitsehe
3 Australiens 82,1 Topinard ^
77 Européens 81,1 Toiiiuard '■'
Fuéguins 9 80,8 Martin "
10 Fuéguins 80,4 Topinard ^
5 Chiuois 80,2 Topinard '
21 Eurojiéens 7!t,7 Topinard ''
Homme de Spy 78,2 Martiu '
1 Esquimal 78,7 Topinard ^
' Mautin, E., D'ie Inlaiídstcimme der malai/isuhcn Halbinscl, Jena, 1905, p. 643.
^ Broca, P., Sur les proportions relatlves des memhres siipe'riein-s et des memhrcs iii-
féricurs chez les Négres et les Européens. Biilletins de la Société d' Anthopologie de París,
2'= serie, II, 1867, p. 630.
■' Martin, R., Zur physisehen Anlliropoloyie der Fenerliinder. Arch'ic filr Anthropo-
logie, XXII, 189.5, p. 201.
* Matthew.s, W., The human hones of thc Hemeiiieay Colleetioii, etc., 1. c., p. 258.
° Topinard, P., Elements d'anthropologie genérale, Paris, 1881, p. 1045.
' Martin, K., Die Inlandsfammc, etc., I. c, p. 642.
— 293 —
Je n'ai pas ajonté les cbiftres de Soularue, parceqn'ils sont bases sur
une techuique difterente de celle de Topinard qui cependant ntilisa le
méme matériel des collections de París ! Soularue comprend le rnalléo-
le dii tibia dans la lonnuem-, Topinard non ; c'est ainsi que s'expliquent
les difterences de 3 ou -í imites dans les Índices calcules sur le niéme
matériel.
Enfln, j'ai de plus calculé la taille, suivant la métliode de Manouvrier ',
pour le sexe niasculin et le sexe féminin, en raison de ce que le sexe du
squelette qui nous occupe ne peut étre determiné avec exactitude. La
long'ueur des os des extrémités prend place exactement au milieu des
chitt'res calcules par Manouvrier pour le sexe 9; tandis qu'ils occupent
les extrémités supérieure et inférieure de la serie des cbiflfres corres-
poudant au sexe (/ et en partie ne les atteignent méme pas, d'oii je con-
clus, selon toute vraisemblance, qu'il s'agit d'un individu du sexe fé-
minin. líéanmoins, il ne faut pas oublier qu'on ignore absolument si les
proportions du corps prises sur les Fran(;ais du Sud sont applicables aux
anciens américaius.
Le calcul de la taille donne les résultats suivants :
Millimétres
Humérus droit, loiigueur máximum, envirou . 290 -|- 2 = 292
Fémur gauche, longueur máximum . 396 -|- 2 := 398
Tibia droit, distanco des surfaces articulaires. . . . 325 1 „,„ , „,,
Tibia gauche, distanee des surfaces articulaires . . 327 j "
Taille calculée d'apréa Hommes Femmea
L'humérus. 1"553 1™Í543
Le fémur 1 552 1 513
Le tibia. 1 564 1 540
Moyenne : 1"'556 — 0,02 = l°i536 ; l'»332 — 0,02 = 1°'512.
Si l'on considere le sexe de l'individu comme O? notre cliiffre 1"512
est presque exactement d'accord avec celui de Hansen, 1"515.
' M.vNOrvRiER, L., La détermination de la taille d'apris les grands os des memhres.
Mémoires de la Socicté d'Anthropologie de París, 2" serie, IV, 1892, p. 347-402.
Resume sous le méme titre dans la Ecvuc mensucUe de l'École d' Anthropologie de
París, II, 1892, p. 227-233.
— 294 —
os DE LA MAIN ET DU PIED
Je me propose d'étudier ici niiiquement les os complets, laissant
absohunent de cóté les fragments aiusi que les phalauges termina-
les, á mon avis, indétei'minables. J'ai prie les diverses mesures de la
méme maniere que MM. Pfltzner ' et Leboucq (v. son étude insérée
daus le présent travail), c'est-á-dire de surface articulaire á surface arti-
culaire, en ayaut s<3in de placer entre parenthéses á cóté de mes cliift'res,
comme du reste, M. Leboucq l'avait fait pour les siens, les valeurs don-
nées par M. Pfltzner dans sa deuxiéme serie plus complete que la pre-
miére ; j'ai adojité en outre la forme fractionnaire, dans laquelle le nu-
mérateur représente le sexe masculin et le dénominateur le sexe féminiu.
La com]3araison entre les os de Fontezuelas et les os euroiiéens nio-
dernes est alors tres facile.
Abréviations employées dans les tables suivantes :
Mo = Métacarpien
Mt = Métatarsien
Pb = Phalange básale
Pm = Phalange medíale
Pt = Pbalauíre termínale
Table des mesures des os de la maiii de Fontezuelas
Main (Iroite
' Pfitznbh, P., BcUrage zur Kcnntnis des inenschlichcn Extremitdtenslcelett . V. An-
thropologisclic Beziehungeii der Hand- und Fussmaasse. Morphologische Arbeitcn, II,
1892, p. 110.
295
Tahle des mesures des os dii pied de Fontezuelas
Les mótacai"iiiens de la inain droite, a exception dii poncc, correspon-
dent i^ar conséqueiit, eu lougiieur, aux cliiñ'res moyeus calcules pour le
sexe masciúin; ils sont en effet tres longs, mais, comme il est facile de
le coustater, ils sont anssi trésgréles etsous ce rappoit, ils répondraient
au sexe féminin. Le métacarpien I est au contraire tres coiirt (41,0) et
n'atteint pas la moyenne féminine qui est de 41,1.
Ces résiütats sont completement d'accord avec ceux de Pfitzner (p. 144):
« Les doigts, compares avec le métacarpe, sont relativement ])lus conrts
cliez la femuie que cliez l'liomme; au contraire le peu de longueur du
pouce resulte surtout du i)eu de longueur du métacarpien». Si nous
comparons les plialauges si courtes de Fontezuelas, nous ponvons
affirmer que : la longueur de ces plialanges est réellement minime et
n'atteint pas la moyenne calculée pour le sexe féminin.
La plialange básale du pouce spécialenient est tres courte, caractére
completement en harmonie avec le peu de longueur du métarcarpien
correspondant. Le peii de longueur du pouce est, suivant Pfitzner
(p. 131) un caractére féminin de toute évidence.
L'index est, au contraire, d'une longueur frappante, et répond parfai-
tement á la théorie de Pfitzner, qui aftirme (p. 135) que cliez la femmele
doigt en que^tion est relativement plus long que chez l'homme; remar-
quable est surtout la longueur de la i)lialange medíale, comme il resulte
de la división des ditlérents doigts d'aprés le pourcentage general
(voir plus loin et aussi les tables).
La longueur extrémement minime de la phalange médiale IV est tres
frappante et méme inexi)licable.
En égard á la grosseur des plialanges, j'ai observé qu'elles sont toutes.
— 2i)6 —
gréles, á l'exceptiou de la phalange médiale du doigt du milieu. Cette
phalange est relativement plus grosse et plus robuste qu'elle ne le de-
vrait, comparée avec les autres phalanges de la ni eme luain. Le méme
fait est mentionné par M. Pfltzner. La phalange médiale, comparée avec
les deux autres, est également trop courte ; ees deruiéres sont done re-
lativement plus longues :
División des (loiíjts (lon/jneur totalc = 100)
n
Européens
'22.0
Fontezuelas
/22.U \
/29.5 \
P- m ■ (29:6 "' V ^^•^°'''
P. b.. í jg^o/o) 48.1 o/„
m
Européens
, 20..-
,31.6 \
/48.0 , \
(4-1:5°"')
Fontezuelas
20.2 o/o
30.70/0
49.10/0
Quant au squelette du pied l'on peut diré uniquement ce qui suit : la
longueur des plialanges básales n'atteint pas absolument la moyenne
féminiue de Pfitzner; le métatarse et la phalange básale du gros orteil
sont relativement tres courts, circonstance rarement observée dans le
matériel étudié par Pfltzner et dans lequel la phalange básale I setrou-
vait quelquefois seulement égale en longueur á la phalange básale II
(p. 155-156); en general le probléme de la longueur relative du gTos or-
teil dans les deux sexes n'est pas déflnitivement résolu (Pfitzner, p. 167).
SAMBOROMBÓN
1882. Squelette humain trouvé en 1882 par Enrique de Caries sur les bords
du Samborombón, province de Buenos Aires, conservé au Musée de Va-
lence.
1884. BuRMElSTER, H., Bemerkiiii¡ic)i iii Bc:ii(i aiif dic Pampas-Formation.
VerliandJuuijcn der Beríiner Genelluchafi für A iithri>j)oI<i;iie, Ethnolo(/¡e iind Ur-
gcsohichtc, XVI, 1884, p. 246-247, spéc. les deiuiéit's ligues.
1889. Ameghino, F., Conirihución al eonocimiento de los mamíferos fósiles
de la Bepública Aríjentina , Buenos Aires, 1889, p. 47, 66, 85.
1889. RoTH, S., Ueber den Svhüdel vvn l'oiitiiiielo (riehfi¡/er Fontezuelas).
(Briefliche Mittheilung von Santiago Both an Herrn J. Kolbnann). Mittheilun-
gen ans don anatominclien Insfitnt im Vesaliannm :h Basel, [1889], p. 9.
Róproduit a la flu «le la piirtie autlu'opologinue ilu piéscnt tia\ail.
1890. ViLANOVA, P., L'hommc fossile du Bio Samhoromhon . Cougrés inter-
national des Américanistes. Coniptr rcndii de la YIIF scssion tenue a Baris en
ÍS90, p. 351-352.
— 297 —
Cette tlécouverte fut tres lacouiquenicnt sií>iialée par Burnieister et
Eoth lui-méme n'en fait mention que tres incidentellement. Amegbiuo
raconte avec détails les circonstauces dans lesqiielles eut lieu cette dé-
couverte : En 1882, Enrique de Caries, naturaliste voyageur du Musée
líational de Buenos Aires, exhuma du pampeen supérieur du río Sam-
borombón, province de Buenos Aires, un squelette liumain presqtie com-
plet. Les rives du Samboroudxín, un peu avant sa confluence avec l'a-
rroyo Dulce, sont formées par un escarpement plus ou moins ¡jerpendi-
culaire (barranca) de 3 á S^SO de liauteur, comijosé de loess pampeen
supérieur intercalé de couches lacustres d'une coulenr jaune-verdátre
(lacustre pampeen). C'est dans une de ees couches, d'une puissance de
40 á 50 centimétres que fut trouvé le dit squelette humain á une pro-
fondeur totale de deux métres. Ce sqxielette est presque complet; du
crane il n'existe que la base, une partie de la región postérienre et la
mandibule.
Les ossements conservaient encoré la sitnation dans laquelle ils
étaient articules, malgré que le squelette était separé en deux ijarties.
Le tronc, portant les extrémités supérieures et le cráne était separé du
bassin et des extrémités inférieures par une distance d'un métre envi-
ron. L'unique partie mise á découvert par les eaux était le cráne et pour
cette raison il n'en reste qu'un fragment relativement petit.
On ue découvrit rien de plus dans la méme conche, mais dans le lit de
loess situé en dessiis et épais d'environ un métre on trouva la base du la
ramure d'un grand cerf et une máchoire inférieiire d'une espéce de Sce-
l'ulothermm.
Toutes ees données m'ont été personnellement confirmées par M. de
Caries.
Ameghino ne put voir que superficiellement ees restes humains; il fut
surjiris de la petitesse de cet individu jirobablement du sexe féminin ;
la colonne vertébrale avait 18 vertebres dorso-lombaires, dont 13 dor-
sales, anomalie extrémement rare cliez les races modernes, mais que
doit se présenter assez fréquemment chez les races primitives et cons-
titue indubitablement un caractére constant de l'un des ancétres de
l'homme. Le stemum est perforé (Ameghino ne se souvient plus d'ail-
leurs a quelle hauteur de l'os, si dans le corps ou dans l'appendice), par-
ticularité tres rare aussi parmi les races modernes; la mandibule est
puissante et massive.
Les Communications de Vilanova, qui parla de ce squelette au
Congrés des Américanistes tenu ii Paris en 1890, ne sont pas plus
completes. II ne flt que re^jéter les indications d'Ameghino, en insis-
tant sur la grandeur de la mandibule dont les apophyses articulaires
sont un peu obliques « pour faciliter le mouvement d'avant en arriére,
ce qui, avec le genre d'usure que présentent les couronnes des dents,
REV. MUSEO LA PLATA. — T. I. 20
— 298 —
indique le régime fragivore de l'iudividu. Le trou occipital occiipe luie
position plus en arriera que chez les hommes civilisés ce qui donne-
rait une position quelque peu oblique au corps. »
Les données antérieures conñrment d'une fa^on certaine : l'auginen-
tation á six du nombre des vertebres lombaires, aux dépens des verte-
bres sacrées, circonstance considérée comme un signe réel d'iufériorité ' ;
la fréquence de la períbration du sternuní (comme perforation du cori^s)
chez les indiens actuéis de l'Amérique du Sud (tenKate -, sur 120 ster-
nums examines au Musée de La Plata, constata 16 cas de perforation
du corps de l'os, c'est-á-dire 13,3 pour cent) ; et enfln l'usure de la couron-
ne dentaire si commune aujourd'bui chez les indiens de l'Amérique du
Sud.
Une étude complete des restes de l'homme pampeen qui sont alies
s'échouer au Musée de Valence, me parait promettre des résultats inté-
ressants, puisque, de son Age géologique, il n'y a pas lieu de douter.
ARRECIFES
1888. Cráne humaiii, découvert en 1888, par M. José Monguillot á Arrecifes,
prOTinoe de Buenos Aires, sur les bords de l'arroyo Merlo, et conservó au
Musée Ettinographique de la Facultó de Philosophiie et Lettres de l'Univer-
sité de Buenos Aires.
1889. Ameghino, F., Contribución al conocimienfo délos mainíferos fósiles de
la Bcpública Argentina, Buenos Aires, 1889, p. 67, 85.
1906. Ameghino, F., Les formations sédimentaires du crétacé sujjérieur et du
tertiaire de Patagonie avee un paralléle entre leurs f aunes mammalogiques et cel-
les de rancien continent. Anales del Museo Nacional de Buenos Aires, XV, 1906,
p. 446-117.
1907. Lehmann-Nitsche, R., El cráneo fósil de Arrecifes, provincia de Buenos
Aires, atribuido á la formación pampeana superior. Publicaciones de la Sección
Antropológica de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Bue-
nos Aires, nilmero II. — Sous piesse.
Amegbino eut l'obligeance de me douner verbalement quelques am-
pliations au sujet des faits iiubliés par lui en 1889 : il me manifesta que
M. Monguillot, xiréparateur attaché au Musée, avait trouvé un cráne
humain á environ quatre llenes du bourg d' Arrecifes, á peu de distance
' WiEDERSHEiM, R., Der Uati des Menschen ais Zeugnis filr seine Vergangenheit, 3.
Auflage, Tübingen, 1902, p. 36.
' Ten Kate, H., Sur quelques points d'osiéologie ethniquc imparfaitcmeni contuis. Re-
vista del Museo de La riata, VII, 1896, p. 271-272.
— 299 —
(lii liti de l'arroyo Merlo, clnns un terraiu appartenant ¡i la formation
l)ampL'eiiue et que l'eau avait laissé á decoiivert.
Amegliino ne connait pas la localité ; mais l'aspect du cráne, sou état
de conservation et les explications de Monguillot lui pi'ouvérent jusqu'á
l'évidence qii'il proveuait des eouclies supérieures de la formation pam-
péenne supérieure. 11 reproduit égalenient deiix photograijliies, qni n'ap-
pellent dn reste l'attention que i^ar leur exécution primitive, et consi-
dere le crane comme dolicliocépliale et hypsostenocépliale, avec le front
étroit et fuyant, les ares soureilliers tres prononcés ainsi que les bords
temporaux.
Dans une publicatión parue l'année deruiére (1906), Amegliino revient
sur le cráne d'xVrrecifes et ajoute qu'il doit représenter letype de l'hom-
me quaternaire et ne semble pas s'éloigner du type récent, ce qui serait
tres intéressant puisqu'on pourrait évidemment déduire de la qu'il est
le résultat d'une évolution qui s'est effectuée dans le continent sud-amé-
ricain lui-méme et dont les ¿tapes comprendraient les cránes de Fonte-
zuelas et de La Tigra, d'un age évidemment géologique.
II resulte des déductions suivantes qu'Amegbino ait parfaitement le
droit de croire á la similitude du cráne d' Arrecifes avec le type actuel.
Quant á ses autres idees, nous y reviendrons á la fin de la partie ostéo-
logique en résumant les conclusions du jirésent travail.
Aprés une serie de pourparlers, le cráne passa des mains de madame
veuve Monguillot, au Musée Ethuograpliique de la Faculté de Philoso-
pliie et Lettres del'lJniversité de Buenos Aires, dont le directeur M. Juan
B. Ambrosetti eut l'obligeance de me le confler pour que je imsse en
faire la description. Un travail á moi qui avait paru dans les publica-
tions du dit Musée, fut reproduit dans les pages suivantes, pour facili-
ter ime étude comparative. Je renouvelle ici á M. Ambrosetti, l'expres-
sion de la gratitude dont je lui suis redevable pour l'oflre spontanée
qii'il me flt de ses services.
ííousn'avons malheureusement aucune donnée relative aux circonstan-
ces de la trouvaille, et M. Monguillot n'était déjá plus lors de mon arrivée
dans la Képublique Argentine_, de maniere qu'il me fut impossible d'en
savoir plus long. Quaut á la questiou de savoir si le cráne d' Arrecifes
provient réellement du lojss supérieur, on peut également soutenir le
pour et le contre.
En faveur du pour, nous avons la circonstance en vertu de laquelle
les parties qui se trouvent dégagées des dépóts calcaires dont nous par-
lerons á continuation, adliérent fortement á la langue; ees parties ont
done toute l'apparence de la fossilité, la coxileur blanc-jaunátre, la struc-
ture cassante, etc. En outre, l'intérieur du cráne est recouvert d'une en-
veloppe irrég-uliére tres raboteuse de carbonate de chaux tres efferves-
cent dont Tépaisseur á la surface externe de la capsule cránienne est,
— 300 —
dans certains cndroits, snpéi'ieure á uu millimétre et se compose au
moins de trois couclies parfaitement distinctes. Cette euveloppe diftére
des dépots calcaires connus qui recouvrent les ossements d'animaux de la
formation paiiipécune et ressemble á la stalactite rpii recouvre les objets
Xjlougés dans les eaux fortemeiit calcaires ou termales, celles de Karls-
bad, par exemple. ííous devons noter également cette particiilarité, que
le cráne résonne sous le coup de la percussion. II semblerait qii'il a été
brisé in situ par la compressiou et autres causes et enveloppé ensnite
par le dit carbonate de cliaiix, qiii recouvre comme uu bourrelet les sur-
faces de cassure. La ligue de cassure s'étend depuis le lítéryon droit sur
le devant du parietal derriére la suture corónale droite, jusqu'á la sutu-
re sagittale á deux largeurs de doigts derriére le bregma; elle corres-
pond par conséquent á la prolongation de la suture sagittale, á droite et
en arriére de la suture lambdoidale.
Contre l'opinion qui attribue le cráne au la?ss, on pourrait apporter
comme preuve le manque de données relatives a la trouvaille, ainsi que
l'état de conservation relativement satisfaisant de la substance osseuse ;
mais en realité l'os a été protege par l'enveloppe calcaire qui le recou-
vre. Les taclies couleur chocolat visibles dans certains endroits de la
lame interne, rai^ijellent exactement la couleur des anciens cránes pata-
goniens du río Negro, dont il existe d'importantes series au Musée de
La Plata, mais dont l'áge « quaternaire » n'est afiSrmé que par le seid
Ameghino (1889, p. 52).
Quoiqu'il en soit, je considere, sans liésitation, le cráne comme tres
anclen, sans me hasarder á le califler absolument de « fossile », et je
crois que le mot « subfossile » ex^^rimerait bien l'idée de son grand Age.
Denn eben ico Betjrlffe feliJen,
Da stellt ein Wort cur recliteii Zeit sieh eiii!
(MepliistophélÉs dans le Fanst de Goethe.)
n ne faut pas oublier non jilus que les espaces de temps durant les-
quels s'opéra la formation du Icess, furent tres longs, des époques
géologiques, et que nous ne savons pas exactement la diflerence d'áge
qui existe entre les divers cránes et restes bumains décrits dans ce tra-
vail; mais le cráne « subfossile » d' Arrecifes semble étreleplus récent.
Je suis fermement convaincu qu'il jieut provenir de la formation pam-
péenne. Tous ses caracteres indiquent qu'il est tres ancien et peut étre
comijai-é avec tous les autres débris bumains que nous avons étudiés
dans ce travail.
— 301 —
I'ARTIE CRANIOSCOriQUE
En raison de sou mauvais état de conservation, ce que l'ou peut diré
du cráne est réellemeut peii de chose. Nous possédons de lui la calotte
á laqiielle il manque la base, la región du trou occipital et le nasion dont
la position peut cependant étre detenuinée approximativement. II existe
en outre quelques parties du squelette facial, c'est-a-dire de la región
zygomatique et alvéolaire qui ont été réunies et remplacées partielle-
ment par du platre. La restauration semble corréete et a été opérée sans
Cránt' (rArreeilVs, iwnna lateralís
préjudice aucun. La croúte calcaire empeclie de reconnaitre certains
détails, par exemple les ligues temporales, etc.; mais 11 est difficile et
méme presque impossible de Tenlever sans détruire la lame externe, et,
de plus noiis ne voulions pas óter au cráne son aspect curieux.
Les sutures sont fáciles á reconnaitre quand elles n'ont iias été obs-
truées par la croñte calcaire, et leur degré de dentelure ne va pas au de-
la de ce (pie l'ou observe généralement dans les cránes.
L'épaisseur des os est notable, mais la croñte dont nous avons déjá
parlé, emj)éche de prendre des mesures.
Pour ce qui est du sexe, l'on ne peut rien affirmer de certain; l'aspect
est évidemment celui d'un cráne masculin, mais cela vient en grande
— 302 —
partie, de la conche calcaire que lui douue certaine forme grossiére et
rustique.
La plupart des dents manqueut, á cause du mauvais état de conser-
vatiou du cráne; celles qui existeut encoré sont usées jnsqn'á la racine
et la superficie de la premiére molaii'e droite forme une espéce de cuvette
longitndinale assez profonde, type d'nsnre dentaire observé cliez d'au-
tres cránes américains.
Fi*:. 28. — Criiue iVArruciles, ^lonna verttcatis
L'individu auquel appartenait le cráne, devait étre adnlte et peut-étre
d'un age assez avancé.
Enfln le cráne ne présente pas le moindre Índice de déformation arti-
flcielle.
Korma frontalls. ■— Le toit frontal forme une ligne convexe qui
s'élove seulement vers le centre de l'os i)onr donner naissance á une
créte peu i^rononcée comme celle que l'on observe dans un si grand
nombre de cránes américains; cette créte existe également, maisá peine
visible, dans la región post-bregmatique.
Les ares zygomatiques sont assez saillants.
— 303 —
Korma lateralis. — Prognatliisme alvóolaire rclativement peu pro-
uoucé; arcades soiircilieres bien iiiarqiiées et saillantes; la coiirbe mé-
diane totale forme une ligue convexe tres homogéne qui iie fait que
légérement saillie dans la región post-bregmatiqne; le tontíi occipital,
tres clairement marqué, forme ime seule bosse, lougue et large, dont le
milieu représente l'inion nonaccentué comme tel. Les tubérosités parie-
tales sont tres reconnaissables; la región prétubérale et sustubérale des
os jiariétaux est aplatie; elle forme sur la ligne médiane et á 3 ou 4 cen-
timétres en arriére du bregiua, une créte á laquelle nous avons déjá fait
allusion.
Fig. 29. — Cráue il'Airn ürs, norma occipitalis
Norma verticaliíi. — La calotte cérébrale, suivant la norma de Blu-
menbacli représente un ovale tres symétrique qui se dévie un ijeu de sa
ligne matliématique, seulement dans la región des tubérosités parietales
et, en outre, mais d'une fa^on á peine visible, vers la pointe frontale
médiane, á cause de la saillie deja décrite de la créte frontale. En avant
de cet ovale céplialique s'appuient, comme deux guérites, les arcades
sourciliéres. Les ares zygomatiques ne sont pas visibles dans la norma
verticalis.
Norma occipitaU.s. — Dans la norma occipitalis, on observe avant
tout l'aplatissement des os pariétaux et de la créte pariétale. Les bosses
parietales sont également tres visibles ; la región sovxstubérale est con-
cave et, dans sa partie inférieure, elle s'éléve sous la forme de crétes
susmastoidienues bien marquées. Los apopliyses mastoidiennes elles-mé-
— 304 —
mes sont plutót petites; les iucisares ressembleut á des coches faites
avec un couteaii aíülé, aii lieu de sillons concaves comme dans les cránes
européens; les crétes digastriques, aiusi iiommées par le docteur F.
Pérez, sont enormes et représentent nne espece de gros peigne; l'espace
qui les separe de la flssure occipito-mastoi'dienne, destiné á l'artére occi-
pitale, présente également la forme d'une coche, mais moins profonde et
moins grande qne celle dont nous avons parlé plus haut. Dans un cer-
tain nombre de cránes américains, j'ai observé fréquemment la forme
caractéristique de l'incisure mastoidieune ou digastrique, aussi bien que
la créte digastrique, ce qui donnerait lieu á d'intéressantes études com-
jiaratives '.
Norma hasUaris. — La ijarticularité que nous venous de décrire
appartient plutót á la norma basilaris; nous ne pouvons du reste nous
livrer a aucime observation de quelque importance, en raison de l'ab-
sence de la jjartie basilaire du cráne.
* Au sujet de cette particularité, ilu reste peu connue, je trouve les données
suivantes :
Le Dodble, Traite des variatioiis des os du cráne de Vhomme et de letir sii/ni-
fication au point de vue de Vantliropologie zoologlqne, Puris,, 1903, p. 335,
mentionnc « rimplaiitation snr la Icvre interne » de la rainuve digastriíjue,
« d'une éiuiuence osseuse en forme de demi-amande á la laíiuelle Zoja a donué
le nona á'' apopliyse mastoide surnnméraire. Cette éminence, qui modifle singu-
liérement la forme de l'ai)opl).vse mastoide, et que Zoja dit avoir reucontrée
plusieurs fois, présente deux faces, dont l'uue regarde en dehors et l'autre en
dedans, et un somniet plus ou nioius pointu dirige en bas.
« Formée par une gaiue de tissu osseux compact oontenaut des cellules aérien-
nes communiquaut avec celles de l'apopliyse mastoide ou avec l'antre pótreux,
elle mesure, dans certaius cas, 2 ceutimétres de longueur d'avant en arriére,
8 a 9 millimétres de hauteur et 7 niillimétres de circonférence a sa base.
« Depuis 1864, époque ou Zoja a appelé Tattention des anatomistes sur cette
anomalie, Legge et Humphry ont vu, le premier « l'apophyse mastoide divisée
en deux », le second « la lévre interne de la rainure digastrique, renflée et
creusóe d'une cavité communiquaut avec les cellules mastoidiennes ».
Le comte Spee, F., Handbuch der Anatomie des Mensehen, herausí/eyeben von
Karl von Bardelehen, Skeletlehre, zweite Abtciínng : Kopf, ron F. Graf van
Spee, Jena, 1896, p. 221, cite dans la bibliographie un travail de Cornek et
ajoute que ce dernier donnait le nom d' « apophyse paramastoidienne », au
bourrelet situ.é entre l'incisure mastoidienne et la rainure de l'artére occipi-
tale, en méme temj)s qu'il changeait le nom de l'apopliyse paramastoidienne
située sur l'os occipital, pour celui de « apopli,\se paraoccii)itale ».
Derniérement PÉiiEZ, F., Oreille et encéphale. Elude d'anatvmie chiruryicale,
Buenos Aires, 1905, p. 23, écrit ce qui suit :
« Eutie la rainure digastri(iue et scissure occipito-mastoidienue, on remar-
que ime saillie de volumu variable présentant tantót la forme d'une créte, tan-
305
PARTIE CRANIOMÉTRIQDE
Pour prendre les difí'érentes mesures sur le cráne d' Arrecifes, nous
avons suivi la Convention de Monaco, adoptée par le XIII"" Congres lu-
ternational d'anthropologie et arquéologie préhistoriques, tenu l'année
derniére dans cette ville. Comiiie la publlcation déflnitive des actes du
dit cougrés tardera quelque tejups, uous prenons pour guide le compte
rendu préliminalre presenté par M. v. Luschau et inséré dans un des
bulletins de la société antliropologique allemande '. Les mesures que nous
avons pu prendre, malgré le maixvais état de conservation du cráne,
sont les suivantes :
Millimétres
1. Longueur cránienue máximum (188) 186
2. Largeur cránienne máximum. (142) 141
4. — frontalo mínimum (97) 96
7. — bi-frouto-zygomatique máximum. .. . 110
8. — bi-zygomatiquo máximum env. 142
11. Hauteur nasio-alvéolaire env. 75
26. Largeur auriculaire. 126
33. Circonféieuce oiánienne horizontale 530
34. — — transversale 835
37. — — antéro-post. frontalo 132
38. — — — pariétale 143
40. Corde autéro-postórieure frontale env. 115
41. — — pariétale 124
43. Hauteur auriculaire. 123
47. — frontale 85
48. Angle frontal env. 49°
tot la forme d'une bulle : nous l'avons nommée cíete ou bulle digastrique.
« Sur 120 temporaiix, 11 apparaissait :
Comme uno potito eróte 20 fois
— créte saillaute 32 —
— petite bulle 15 —
— grosso bulle. 40 —
Elle était absenté 13 —
« Le miiscle digastrique s'insére au fond de la rainure et sur la face externe
de la bulle, par deiix fai.sceaux de Abres dont le plus important est celui de la
bulle. L'artére occipitale, brauche de la carotide externe, creuse en dedans de
la bulle digastrique le sillón du méme nom. Elle irrigue par ses ramifleations
tenuinales, la región occipitale. »
Quant á nous, nous adoptons la nomenclature donnée par le docteur F. Pé-
rez dans son magnifique atlas.
' VON LusCHAJf, F., Die Konferenz von Monaco. Korrespondenz-Blatt der Deutseheii
Gcsdlschaft für Anthropologie, Ethnologie iind Urgeschichte, XXXVII, 1906, p. 53-62.
— 306 —
Nous complí'tons cette liste en y ajoutaut a) ees índices calcules des
cliiífres précédents et b) les mesures, Índices et angles obtenus par l'in-
termédiaire de la courbe médiane (voyez plus loin) :
a) índice trausverso-longitudmal (oéphalique) 75,8
— aiiriculo-longituAinal 59,2
— fronto-pariétal 68,09
— calculé entre la circonférence antéro-postérieu-
re frontale et la circouférense jiariétale 108,3
índice facial supérieiir euv. 52,8
ü>; Hauteur de la calotte 109,0
índice de la hauteiir de la calotte et de la ligne gla-
bello-iniale \_:= longueur cránienne máximum] .... 58,6
índice de la position du point le plus elevé de la
courbe médiane 50,54
índice de la position du bregma 29,0
Angle frontal 88,0
— bregmatique 61,0
Les mesures qui ont pu étre prises sur le cráne d' Arrecifes, suivant
la Convention de Monaco, sont bien peu nombreuses; elles sufQsent ce-
pendant pour donner une idee des caracteres principaux de la dite
piéce. Etant donnée l'épaisseur de la croúte calcaire qui couvre la ca-
lotte cérébrale, nous déduisons de la longueur máximum 2 millimétres, de
la largeur máximum 1 millimétre et de la largeur frontal mínimum égale-
meut 1 millimétre pour obtenir les chiffres les plus exacts possible. Les
conclusions genérales sont plus ou moins les suivantes :
GRANE CEREBRAL
Le cráne est bien déveloj)pé suivant ses dimensions antéro-posté-
rieures et transversales; les cliifires absolus qui représentent la lon-
gueur máximum (186 mm.) et la largeur máximum (lil mm.) démontrent
un degré satisfaisant de développement.
Dans le but de faciliter la comiiaraison, je reproduis un tableau sy-
noptique de Scliwalbe ' contenant les mesures de la longueur máximum
de 231 cránes liumains, disposés en groupes de 5 en 5 millimétres :
' SCHWALBE, G., Studien iiber Pithecanthropua ereetiis Diihois. ZeUachrift fiir Mor-
pTioloíiie und Anihropologie, I, 1899, p. 25.
— 307
Hs est facile de voir que le craue d' Arrecifes, avec ses 186 millimétres
de longiieur máximum, est tres eu haut de cette échelle et passe le
tenue nioyen.
Quant á la largeur máximum (lil mm.), elle coincide avec le terme
moyen de 140™°'5, trouvé par Mies et Bartels *, sur 15.350 (quinze
mille trois cent cinquante !) cránes liumains.
La circonférence liorizoutale (530 millimétres) atteint de méme un
liaut degré de déyeloppement et occupe un des premiers rangs dans le
tablean suivant, établi avec les cliifl'res de Topinard ".
Circonférence liorizontale cránienne
Hommes
Andamans (Flower) 12
Veddahs (Flower) 7
Parias d'Alipoor (Broca) 7
Boshimans et Namaquois (Cr. Ethn.) . 6
Javanais (Broca) 18
Chinois (Flower) 16
Australiens (Broca) 15
Néo-Calédonieus (Broca) 23
Chinois (Broca) 21
Tasmaniens (Broca) 19
Javanais (Crania Ethnica). 19
Négres (Broca) 31
Chinois (Crania Jithnica) 18
Maudiugiies (Crania Ethnica). 10
Aisibes (Crania Ethnica) 28
Berbers (Crania Ethnica) 28
Polynésiens (Broca) 22
Néo-Calédonieus (He des Pins) 7
' Bartels. P., Ueber die grosste Breite des mensehlichen Hirnschadels. Zeitschriftfür
Morpkoloijie und Anthropologie , III, 1904, p. 73.
- TopiXARD, P., Elémenis d' anthropologie genérale, Paris, 1885, p. 675-676.
308
Honimea
Papous (Mautegazza) 50
Hawaiens (Cranla Ethnica) 15
Orolofs (Crania Ethnica). 13
Auvergnats (Broca). 43
Bruxellois (Hoeger et Dallemagne) ... 22
Parisiens contemporains (Broca) 77
Taitiens (Crania Ethnica) 17
HoUaudais (Broca) 22
Esquimaux (Flower) 20
Esquimaux (Broca) 11
Arrecifes 1
Hommes célebres (Ten Kate) 12
Fidjiens (Flower) 6
Assassins de Belgique (Hceger et Dal-
lemagne) 29
502
498
503
510
548
A ce tablean j'eii ajoute un autre qiii comprend les cliiffres de Martin '
et de Vemeau - relatit's aux anciens ciánes patagonieus.
Circonférence Uorizontale crdnicnne
Hommes mm. Femmes mm.
Patagons du Rio Negro (Martin, p. 531)
— type platy-dolichocéphale I
(Verueau, p. 53)
— type platy-dolicliocépliale II
(Verneau, p. 59)
— type hypsi-dolicliocéphale
(Verneau, ji. 81)
— type j)laty-bracliyc(Sphale
(Verneau, p. 96)
— type sous - brachycépbale
(Verneau, p. 104)
Araucaniens ancieus du Cbili (Verueau,
P.lll)
— anciens de Patagonie (Ver-
neau, p. 111)
— uioderues de Patagonie
(Verneau, p. 111)
Patagons, type méti platy-doli+liyi'^'"
dolicbooéphale (Verueau, j). 116), . .
Patagou.s, type méti platy-brachy+byp-
si-dolicbocépliale (Verneau, p. 120).
Arrecifes
' Martin, E., Altpatagonische Schddel. Vierteljahrschrift der Nalurforschcnücn Ge-
sellchaft Ziirich, XLI, 1896, Jubelband, p. 531.
" Verneau, E., Les ancieus Patagons, Monaco, 1903, i)assim.
— 309 —
Bien que diins le cráno d' Arrecifes, il ñiille dédiiire qiielqne cliose dn
cbift're elevé obtenu (530 millimetres, á cause de la cróute calcaire), sa
circonférence horizontale doit correspondre aux « cephalons » (Virchow)
de la Patagouie.
Suivant l'indice céijlialique (75,8), calciüé entre la longueur máximum
et la largeiir máximum, le cráne d' Arrecifes occupe le milieu entre la do-
liclidcéplialie et la mésocéplialic, comrae on pouvait déjá le supposer, au
simple examen cranioscopique; mais, d'aprés la nomenclature en vi-
gueur, on doit le considérer comme mésocéphale. M. Amegliino a dono
admirablement evalué á premiére vue, l'indice céphalique, en lui attri-
biuint « environ 75 ».
L'indice cépbalique en Amérique indique peu de chose, en raison de
ce que Kollmann ', moyennant la réunions des Índices de 1292 cránes
américains en tablean synoptiques, a demontre « la idurulité et l'ubi-
cuité des varietés cránieunes », distinguées d'ai)rés l'indice cépbalique)
dans toute 1' Amérique, fait qui correspond parfaitement avec la « poi-
kilotypie » des formes crániennes en Amérique, comme nous " l'avons
établi nous mémes par un simple examen cranioscopique.
La bauteur du cráne ne peut étre déterminée et calculée que suivant
la bauteur auriculaire. Cette derniére mesure 123 millimetres et déjjasse
notablement lamoyenne (116,5 millimetres) calculée sur 50 cránes suis-
ses par Czekanowski ^.
L'indice auriculo-longitudinal resulte de 53,2, mais sa comparaison
avec les cliiffres respectifs des autres cránes nous oftre quelques difB-
cultés. Quand l'état de conservations du cráne le perniet, l'on mesure
la bauteur basilo-bregmatique et la relation de celle-ci avec la longueur
máximum sert á calculer l'indice vertico-Iongitudinal. C'est ainsi que pro-
cédent les antbropologues; ils ne s'occupeiit généralement pas des cránes
lirivés de la iwrtie basilaire, dont on peut mesurer seulement la bauteur
auriculaire pour disposer faute de mieux de quelque cbiffre relationné
avec la bauteur cránienne. La corrélation entre l'indice vertico-Iongitu-
dinal et l'indice auriculo-longitudinal, n'a iias encoré été étudiée, et la
table salvante relative au premier de ees Índices :
' Kollmann, J., Die Auiochthoneii Amerikas. Zeitschrift fiir JSthnolod'ie, X\, 1883,
p. 43.
' Lehmann-Nitsche, R., Tqms de cráneos y cráneos de razas. Estudio craneológieo.
Bevista del Museo de La Plata, XI, 1904, p. 170.
° Czekanowski, F., Zur Hoheumessung des Schiidels. Archiv für Anthropologie, N.
F. I., 1904, p. 257.
— 310 —
índice longitiidino-vertical
ne i)eut étre appliqué tacitement á l'indice longitiidino-auriciüaire, ainsi
que Fa manifesté derniérement M. Martin ^
Cet anthropologne croit que cette terminologie doit étre rabaissée de
10 á 13 uuités pour étre applicable á l'indice longitudino-auriculaire,
d'oü résulterait alors la nomenclature suivante :
índice lonfjitadlno-auriciüaire
División provisoiro de Martin Terminologie
X-58 Platycóphalie
58-63 Orthocéphalie
63-X Hypsicéphalie
Dans le cráne d' Arrecifes, l'indice longitudino-auriculaire, comme nous
l'avons déjá vu, est de 53,2 et le cráne est dans tous les cas, platycépLale.
Au chiffre extrémement elevé de la liaiiteur auriculaire correspond par-
faitement celui, également elevé que l'on a obtenu pour la circonférence
transversale (435 millimétres) ; Broca ^, par exemjjle, indique 312 milli-
metres pour 77 parisiens contemporains (liommes) et 291 millimétres
pour 41 parisiennes id. Avec les autres cliiffres cites de Martin et Ver-
neau, l'on peut construiré le tablean snivant :
Circonférence transversale sus-auriculaire
Parisiens contemporains (Broca) (1) . .
Patagons dii Río Negro (Martin, p. 531).
— type i)laty-dolichoo6p]iale I
(Verneau, p. 53) 1 304 — —
— type platy-dolicliocóphale II
(Verneau, p. 59) 2 303 3 288
— type hyjjsi - dolicliocéplialo
(Verneau, p. 81) 17 321 7 311
' Martin, R., Die Inlandstamme der Malayisohen Salhinsel, Jena,,ldOb, p. 479-480.
' TopiNARD, P., Liste des mesures et procedes craniométritjues ríe Paul Broca. Eevue
d'Anthropologie, 2" serio, II (XI), 1882, p. 579.
— 311 —
Hommes
Patagona type jjlaty - brachyciSpUale
(Verneau, p. 96) 20
— type S0U8 - brachycéphale
(Verneati, p. 104) 8
Arauoans anciens du Chili (Voruoau,
P- 111)- 1
— anciens de Patagouie (Ver-
neau, p. 111) 2
— luodernes de Patagonie (Ver-
neau, p. 111) 3
Patagous. type móti platy-doli-|-hypsi-
dolicliocéphale (Verneau, p. 116)... 5
Patagons, type méti platy-brachy -\-
hypsidolichocépliale (Verneau, p. 120) 21
Arrecifes 1
Pour compléter l'importante étiide de la liauteur cránienne, nous
allous tracer soigueusement la courbe inédlane dii cráne, avec la lame
de plomb en uous en tenant anx métliodes initiées par Schwalbe daiis
son travail déjá cité. Dans cette courbe, nous signalons la glabelle, point
le plus elevé entre les arcades sourciliéres, le bregma, le lambda et l'iuion
ce dernier situé au milieu du trou occipital. Si, dans cette courbe, nous
réunissons la glabelle á l'iniou par une ligue, cette ligue mesure exacte-
ment 186 millimétres, chiflre déjiY obtenu directementaumoyendu com-
idas d'épaisseur, et qui représente la base pour les oi>érations suivautes.
La distance verticale máximum qu'atteint la courbe moyenne sur cette
ligne G-I, est la «hauteur de la calotte» (C-H); sa valeur absolue se
mesurera íivec une regle graduée (109 millimétres dans le cas présent):
sa valeur relativo se determine en calculant l'indice entre elle et la
ligne basilaire G-I (.j8,6 dans le cráne d' Arrecifes). Nous comparous en-
suite les chiflres obtenus avec les tableaux suivants de Scb^ralbe
(p. 43 et 45) :
Hauteur absolue do la calotte Nombre de cránes
eu miUimétres 1U7 eu tout
84 1
88-89 3
90-94 10
95-99 27
100-104 30
105-109 23 Arrecifes : 109 mm.
110-114 9
115-117 4
L'on voit par lá que le craue d' Arrecifes occupe un lieu assez elevé dans
l'éclielle que nous venons de citer, c'est-á-dire que la liauteur absolue de
sa calotte est bien développée. Mais si nous calculons l'indice de cette
— 312 —
hauteur avec la longueiir máximum du cráne, elle resulte relativement
basse et coincide parfaitement avec la platycéphalie calculée antérieu-
rement suivant l'imlice longitudino-auriculaire. Voyezletableausuivant
de Scliwalbe (p. 45) :
Calculons enfln la position que le poiut le plus elevé de la courbe mé-
Fiff. 30. — Conrbe médiane du cráue d'Arrecifes
diane (C) occupe au dessus de la ligue glabello-iniale (G-I), ou, en d'autres
termes, calculons la proportions G-H: G-I. La position du dit point va-
rié dans les différents cránes ; mais, d'aprés les études de Scliwalbe
(p. 55) l'on ne peut déterminer exactement les limites entre les diverses
races luimaines. En tout cas, l'indice respectif obtenu pour le cráne
d' Arrecifes (50,54) indique que le point de bauteur crñnienne máximum
est situé un peu plus en avant qu'il ne l'est en general, comme le cas en
est spécialement cliez l'Européen. Voyez le tablean suivant dressé
d'aprés les études de Schwalbe (p. 55) :
— 313 —
Point (l(! la liaiitem- máximum Korabre de cráues
situó dau8 la ligue glabello-iuiale 48 eu tout
1, dans la moitié antérieuro de la ligue gla-
bello-iuiale 2
2, au milieu 4
3, dans la moitié postérieure, índice 50-55.. 13 Arrecifes: 50,54
4, — — — 56-59,9 16
5, — — — 60-64,9 12
6, — — — 65-66,9 1
Ponr coiupléter l'analyse métriqíie de líi calotte cerébrale du cráne
d'Arrecif es, il nous manque encoré l'étnde de la largeur frontale minimiim
et de Fiudice que donne celle-ci avec la largeur cránienne máximum.
La largeur frontale müiimum dans le cráne d' Arrecifes est de 96 milli-
métres, chiifre un peu en dessus de la moyenne liumaine, si nous le com-
parons avec le tablean suivaut dressé par Schwalbe (1. c, p. 78) et basé
sur 352 cránes humains :
Arrecifes : 96 mm.
Nous suivrons également Schwalbe, pour faire l'étude comparative
de l'indice fronto-pariétal qui, dans le cráne d' Arrecifes, est de 68,09.
Xous rejjroduisons ci-dessous une partie de sa table XÍV (j). 82), en y
ajoutant la terminologie proposée parcet anteur:
índice fronto-pariétal
KEV. MCSEO LA PLATA. — T.
314 —
índice froHto-pariéia¡ (suite et fin)
— 315 —
II resulte de ce tablean, comme l'explique amplement Schwalbe (p. 91)
que la poimlation autoctone de l'Amérique a le front mesoséme, sauf les
iudiens d'AIaska, notables par leur microséniie; que, jíénéralement, les
peuples civilisés soiit mésosemes, les peuples priiuitifs et inférieurs iiié-
fjasémes et méme parfois ultra-mégasémes, exception faite toutefois des
indiens américains, mésosemes comme les peuples civilisés.
Le cráne d' Arrecifes, 68,09, est done mésoseme, et son Índice répond
a la majenre partie des autres cránes américains (voyez le tablean an-
térieur).
Nous terminerons l'analyse de la región frontale par l'étude des an-
gles que l'on pent construiré dans la courbe médiane. Eéunissons, com-
me Schwalbe (p. 142 et suiv.), le point G (glabelle) avec le point B.
(bregma) et l'angle B-G-I sera l'angle bregmatique; tirons du point G
une ligne au point le plus saillant dn front, et l'angle X-G-I sera l'an-
gle frontal. C'est ainsi que l'on determine matliématiquement le degré
d'inclinaison et de convexité de l'os frontal, par rapport á la ligne bá-
sale glabello-iniale. De la comparaison des dits angles, determines sur
des cránes de difterentes races bumaines (voyez le tablean suivant
qui contient les chiffres moyens de Schwalbe) il resulte, comme le dit le
méme auteur (p. 145 et 140) que, étant donné le petit nombre de cránes
étudiés jusqu'á présent, l'angle frontal servirá peut-étre un jour á carac-
tériser les diverses races humaines actuelles, tandis que l'angle breg-
matique qui varié beaucoup moins que l'antérieur, sera, pour ce méme
motif presque inutile pour la classification des races actuelles. Les deux
angles ont plutot une grande siguitication zoologique, en raison de ce
qu'ils indiqxient les étapes qui existent entre les anthropoídes, le Pithee-
anthropus, V Homo 2>rimi<ien.i iis (groupe Neanderthal) et VHomo saplenH.
Chez le cráne d' Arrecifes, les deux angles rentrent dans la catégorie de
l'homme actuel.
Tribu Ansie frontal , '^ .
bregmatique
24 Alsaciens (^f) 91,4 60,0
16 Alsaciennes Q 93,7 59,8
24 Nfigres Dscliagga 100,3 58,6
4 Kalmoucks 85,2 56,6
7 Indigenes océanieus 89,1 60,3
Arrecifes 88,0 61,0
La position du bregma et savariation quaiit á la direction antéro-pos-
tt'-rieure, est intimement liée á l'inclinaison du front en arriére; si le front
est fuyant, le bregma sera situé plus en arriére, et viceversa. L'on de-
termine alors avec Schwalbe (p. 149 et suiv.) la distance entre le point
G (glabelle) et le point D (projection verticale du bregma), laquelle
dans le cas présent mesure 54 millimétres ; l'on calcule ensuite l'indice
— 316 —
entre G-D et G-I, la ligue fondamentale glabello-iniale (186 mm.). Cet
Índice sera (l'antant plus petit qne le front se rapprocliera davantage
de la vertieale. Dans le crane d' Arrecifes, 11 est de 29,0, chiftre un xjeu
supérieur á celui des moyennes données par Scliwalbe pour diverses ra-
ces hnmaines. Le front du cráne d' Arrecifes est, par conséquent moins
elevé que ne le sont, en inoj^enne, les crñnes réunis dans le tablean sui-
vant (Scliw'albe, p. 150-152) :
Índice de la position hregmatiquc
Arrecifes 29,0
19 Alsaciens Qf . . , 30,4
16 Alsaciennes ^ 30,5
24 Négres Dschagga. 32,1
4 Kalmoucks 32,8
11 n'est pas possible d'étudier les autres particularités de la convexité
frontale, á cause de la croúte calcaire qni fait disparaitre tous les dé-
tails. Je m'occuperai done immédiateraent de la longuenr des os frontal
et parietal, c'est-a-dire des lenrs circonférences antéro-postérieures me-
surées sur la ligne médiane. Les étudcs de Schwalbe á ce sujet (p. 185
et suiv.) ont donné les résultats suivants : cliez les lémures, les singes,
les anthropoides et le pitliecanthropns, le frontal est toujours plus long
que le parietal; dans la variété hnniaine de Spy et neanderthal, cette
proportion varié : le frontal est quelqiiefois plus long que le jiariétal,
mais quelquefois aussi l'on constate le contraire. Ohez les races hnmai-
nes actuelles la dite proportion oscille encoré d'nn cóté á l'autre, comme
le demontre le tablean suivant de Schwalbe (p. 190) établi sur la base
de 208 cránes de races diverses :
Pour ceut
Frontal plus loug quo le i)ariétal 50,0
Frontal égal au parietal 7,2
Frontal plus court que le jiariétal 42,8
D'oíl il resulte que le type I est i>ith(''coíde ou inférieur et le type III
exclunivement htimain.
Nous trouvons ce dernier type dans le cráne d' Arrecifes dont la cir-
conférence frontale moyenne, de 132 millimétres, est lieaucoup plus
courte que la pariétale avec 113 millimétres. La proportion entre ees
deux cir<'((nférences, se calcule au moyen d'un Índice qui, suivant la
formule: conrbe frontale: courbe pariétale = 100 : .r, resulte étre de
108,3. Cet Índice, comme le fait déjá snpposer le tablean cí-dessus de
Schwalbe, varíe suivant les races hirmaines a nn assez liaut degré,
— 317 —
(!'est-a-(lire de 83,3 íi 119,1 et tlaiis le ciíiue d' Arrecifes occupe une po-
sition favorable, avec 108,3.
Delanotablelongneurdu crane, de salargonrqui représente exacteinent
la moyenne liuinaine, et de saliauteur tres développée, l'on peut dédnire
une capacité crñnienne bien encf'phale ; l'état de conservation du cráne
ne permet pas de la déterniiner au nioyen du cnbage. Le calcul efectué
selon la niétlKtde de Welcker ', contirine coniplétement notre supposition.
Cette métliode consiste (p. 71) á additionner la longueur máximum,
la largeur máximum et la hauteur basilo-bregmatique, et chercher dans
une table composée jiar M. Welcker, la capacité cranienne qui corres-
pond ñ la somme obtenue (le module) ; ce méme anthroiiologiste (p. 82)
«'•valué la dift'érence entre la hauteur basilo-bregmatique et la hauteur
auriculaire á l-t millimétres comme moyenne. En opérant suivant cette
luéthode nous trouvons :
Longueur (18(3) + largeur (111) + hauteur (123 -f 11) = 464, et la
capacité correspondante de 1481 centimétres cubes.
La derniére méthode pour calculer la capacité cranienne selon les
mesures linéales est due á Beddoe.Voici cette méthode suivant l'analyse
de Fischer - : « L'on multiplie un tiers de la circonférence liorizontale par
le tiers de l'arc nasio-inial y la moitié de l'arc vertical, mesuré d'une
ouverture auriculaire a l'autre en passant sur le bregma. Du produit
obtenu l'on retrauche 0,3 pour cent pour chaqué 1,0 de l'indice céi)hali-
que, quand celui-ci est inférieur a 80; l'on augmente au contraire de la
méme quantité, quand l'indice passe de 80. L'on divise flnalement le
résultat obtenu par 2000.» Quant au cráne d' Arrecifes, nous faisons le
calcul suivant :
Circonférence liorizontale 530 millimétres ; •/, = 176,7
— nasio-iuiale 275 — Vs = 91.7
— trausversale 335 — '/* = 167,5
176,7 X 91,7 = 16203,39 X 167,5 = 2714067,825.
índice eéphalique == 75,8 ; 4 X 0,3 = 1,2 ; 2714067,825 X 1,2 =
3256880,39 . 2714067,825 — 32568,8039 = 2681499,0211 r 2000 = 1340,7495.
En chiífres ronds : IS-ál centimétres cubes.
II y a, comme on le voit, une diflérence notable entre les resultáis ob-
' Welckkr, H., Die Capacitat und die drei HauptdurchmesseT der Schiidelkapsel hei
den versehiedenen Xationen. Archiv fui- Anthropolotjie , XVI, 1886, p. 27, 81, 82, 104.
' Beddoe, 3 .,A Method of estimating Skull Capacity from Peripheral Measures. Jour-
nal of ihe Anthropological Institute of London, XXXIV, 1905, p. 266-283. Analysé p.ir :
FiscHKR, E,., Jiihresbericht der Literatur üher pliysische Antliropologic im Jahre 1905.
Schwalbe'n Jahresberichte der Anatomie und Entwichlungsgeschiehte. N. F. XI, 1907, p.
921.
— 318 —
tcniís par les deux méthodes eniployées et je ne sais s'il faut ajouter foi
plutót á l'iin qu'á l'autre.
Je ne sais pas bou plus si cette valeur calciilée approximativement
peiit étre comparée avec les chiftres de Maitiu et Verneau (voyez les
travaux déjá cites), et de Welcker, lesqnels out determiné la capacité
cránienne par une niétliode directe, en remplissant la cavité cráuienne
avec du plomb, etc. ; dans tous les cas, le cráne d' Arrecifes résidtc
inférieur en coraparaison des cránes de Patagons et se rapproclie du type
féminin, caractérisé par la petitesse relative de la cavité cránienne.
Capacité cránienne
1490
1355
1367
1410
1409
1237
1350
1420
CRANE FACIAL
L'on ne pent diré que peu de chose au sujet du cráne fixcial, á cause
de son mauvais état de conservation. La largeur bi-zygomatique est
d'environ 142 inillinietres ; elle équivaut done plus ou moins á la largeur
máximum du cráne cerebral. La liauteur nasio-alvéolaire mesure prés de
— 319 —
75 millimétres etl' « índice facial supérieiir » (de Kollmann) calculé sui-
vant la formule 100x75 ^142 resulte de 52,8. Si nous prenons pour base
les études de Weissenbers' ', qui a reconuu qii'il sufflt de ealculer les Índi-
ces faciaux suívant la luéthode de Kollmann, c'est-á-díre suivant la for-
mule: «Hauteur facíale [nasio-mentonniére cu nasio-alvéolaire, respecti-
vement]: largeur bi-zygomatique = 100 : j; " , et proposa, pour l'indice fa-
cial supérieur, calculé suivant la hauteur nasio-alvéolaire et la largeur bi-
zygomatique, le chiftre 55,0 comme limite entre camé et leptoprosopie,
nous classerons le cráne d' Arrecifes entre les caméprosopes. Si nous in-
tercalons l'indice 52,8 dans les tableaux suivants empruntés a l'ouvrage
de l'expedition Hemenway ■ il en resulte qu'il occupe une position in-
termédiaire entre les races liumaines en general et les tribus américai-
nes en particulier :
índice facial supéTietir. — Différentes races humaines
2 Chuckches 55,17
10 Esquimaux 54,09
— Veddahs 53,80
2 Chinois 53,74
6 Négres. 53,22
14 Européens 53,06
Arrecifes env. 52,80
1 Fidjien 52,77
— Botocudos 52,60
2 Japouais 52,58
27 Indiens Saladeros (Amérique du Nord) .... 52,48
42 Autres indiens de l'Amérique du Nord .... 51,69
6 Indigénes des lies Sandwich 50,35
3 Australiens. 50,23
— Malais 48,60
4 Indigénes de la NouTelle-Zélande 48,54
4 Lagoa Santa. 47,00
índice facial supérieur. — Diferentes tribus de l'Amérique du Nord
1 Seminóte 58,33
2 Minnetarees 58,05
Arrecifes env. 52,80
10 Califomiens 52,62
' WeissenberG, S., Ueher die ve.rscTiiedenen Gesichtsmaasse und Geaichtsindicei, ihre
Eintheilung und Brauchbarkeit. Zeitschrift für Ethnologie, XXIX, 1897, p. 41-58.
' Matthews, W., The human bones of the Hemenway collection in the United States
Army Medical Aluseum at Washington. Memoirs of the Xational Academy of Sciences,
VI, 1891, p. 193.
Ce tablean met fin á la partie crauiométriqíie déjá un pen étendne. Je
m'abstiendrai de m'occnper de qnekpies autres mesures qui ont pu étre
prises d'accord avec la convention de Monaco et qui flgurent dans la
liste pour ñxciliter des comparaisons futures.
COKCLÜSIONS GÉNÉEALES
1. Le cráne d' Arrecifes appartient aux plus anciens de la Eépublique
Argentine, bien qu'on ne puisse l'attribuer en toute sécurité á la forma-
tion pampéenne.
2. La longueur de la partie cérébrale passe la moyenne huniaine ; la
largeur équivaut exactement á cette moyenne ; l'indice céplialique est
mésocéphale ; la hauteur, absolument grande, présente, par rapport á la
longueur, un cbiffre plutót relativement réduit (platycépliale).
3. La largeur du front répond absolument á la moyenne ; relative-
ment (á l'egard de la largeur transversale cráuienne), elle correspond au
type américain. Les angles frontaux et bregmatiques, qui indiquent l'in-
clinaisondu front en arriére, rentrent dans la catégorie de l'bomme
actuel.
4. La partie facíale du cráne est plus ou moins caméprosope ; l'indi-
ce occupe une position intermédiaire entre les i'aces bumaines en ge-
neral et entre les différentes tribus américaines en particulier.
5. Les arcades sourciliéres sont bien marquées et saillantes ; les eré-
tes susmastoídiennes sont bien marquées; l'incisure mastoidienne a la
forme d'une coche (type américain) ; la créte digastrique, celle d'un gros
peigne ; la rainure destinée á l'artére occipital également celle d'une co-
che. Le torus occipital est tres bien marqué et forme une seule bosse lon-
gue et large.
6. De son étude 11 resulte que le cráne d' Arrecifes appartient au type
humain actuel et spécialement au type américain.
321
CHOCORI
Grane humain et restes d'ossements, découverts vers 1888 par Francisco
Larrumbe dans la proximité de Mar del Sud, entre l'arroyo Chocorí et
l'arroyo Seco, province de Buenos Aires; conserves au Musée de La Plata.
II n' existe jusqu'á présent dans la littérature aiicune donnée au sujet
de cette trouvaille, et c'est ici la premiere fois que des détails á son
t'^fí'ard seront données á la publicité.
Vers raiinée 1888, Frauciseo Larrumbe, eniployé du Musée, décou-
vrit dans les environs du petit village de Mar del Sud, situé sur le bord
de la mer, au sud de la province de Buenos Aires, abaiidonné á la su-
l)erflcie du sol au niilieu de la campagne entre l'arroyo Chocorí et l'ar-
royo Seco, á environ 100 uiétres du rivage de la plage, la boite cránienne
d'un lionirue avec quelques restes des os correspondants. L'arroyo Cho-
corí forme la limite entre les distrits (partidos) de General Alvarado et
Lobería et se jette dans l'océan Atlanticpie, tandis que l'arroyo Seco se
perd dans la Pampa. Ces ossements avaient été presque entiérement
rccouverts de sal)le durci ; raais le vent et la pluie avaient enlevé par-
tiellement la conche qui les recouvrait et le crAne avait été mis á nu,
sur une étendue de quelques centimétres. C'est dans cette position que
le découvrit Larrumbe avec les autres restes d'ossements qu'il apporta
également avec lui. Je tiens ees détails de l'employé lui inéme qui flt la
découverte.
La fossilité des os n'est pas douteuse ; leur caractére est complétement
identique a celui des os d'animaux fossiles de la formation pampéenne.
Le cráne est d'une couleur qui varié entre blancliAtre et jaiinátre; quel-
ques parties sont impregnes d'une substance noirátre; dans les points
oü l'on peut séparer les incrustations calcaires, sans enlever en méme
temáis les lames supérieures de la surface osseuse, celle-ci apparait jau-
nátre avec quelques lignes legérement brunátres, comuie par exemple
derriére la tubérosité pariétale droite. La lame externe a été détruite par
l'intempérie dans presque toute son étendue, de telle sorte que la super-
ficie du cráne est devenue rugúense, et parait profondément rongée dans
les endroits oíi la destruction a penetré davantage dans le tissu spon-
gieux. Dans les encb?oits non attaqués par le travail destructeur, c'est-á-
dire sur de petits points irréguliérement disséminés et des plaques plus
étendues dans toute la región post-coronale du cnlne, la lame externe
est recouverte de concrétions calcaires tres dures et que l'on ne peut en-
lever qu'avec difificulté sans attaquer en méme temps la conche supé-
rieure de la dite lame externe. Je les ai done laissées intactes, puisque
leur pré-sence ne modifle en ríen la forme de la capsule crímienne.
— 322
CRANE
Abstraction faite de la iiioitié gauche de la mandibule et de deux fraR-
ments isolés, le palatin et l'apopliyse orbitale de l'os jugal, il ne reste
que la capsule cránieniie, tres endommagéedu reste, mais dont les uior-
ceaux avaieut été rassemblés aussi bien que possible par l'habile maiu du
préparateur de la section paléontologique, M. Gabriel Garacliico, anté-
rieurement á l'époque oíi je fus nommé chef de la section antliropologique
du Musée de La Plata. A i^eine entré en fonctions et ayant á ma dispo-
sition le dit cráne, ainsi que les autres fragmeuts d'os corresponda nts,
je m'empressai de demander tous les renseignements relatifs aux cir-
constances de leur découverte, á la personne a laquelle elle était due
et qui á cette époque était encoré eniployé du Musée. M. Garacliico,
étant un travailleur consciencieux, cliargé depuis nombre d'années, de
la préparation des os d'animaux fossiles, spécialement de la foriuation
pampéenne, l'on i)eut avoir i)leine conflance en la reconstruction opé-
rée par luí, malgré les noinbreuses parties de la couronne et de la re-
gión bregmatique qui ont dú étre coiuplétées pour rendre possible
l'étude de l'ensemble du cráne. Bien qu'il ne soit plus possible actuelle-
ment de reconnaitre avec certitude quelles sont les parties coiuplétées et
que parfois certaines parties intactes soient recouvertes de mástic pour
plus de solidité, je suis pleinement convaincu de l'exactitude de la re-
construction, siu'tout que les travaux de M. Garachico me sont depuis
longtemps connus.
II ne reste done du cráne, en plus des fragments enumeres plus liaut,
que la capsule cervicale et une partie de la base. La cassure passe
transversaleuient en travers du troii occipital ; les deux condyles et la
partie básale de l'occiput n'existent plus, la surface inférieure du roclier
est en tres mauvais état et les deux temporaux manquent sur une grande
étendue. Dans la región antérieure les apopliyses de l'arc jugal du frontal
ont disparu, ainsi que la face orbitale, de fayon que les deux cavités fron-
tales sont accessibles par de grandes ouvertures. Des os nasaux, 11 ne reste
plus que les parties adliérentes au frontal, maisfortement cndommagées.
La surface interne du cráne parait recou verte de sable en poudre, les par-
ticules de Icess en contact avec elle ayant été fixées par des inñltrations
calcaires.il n'estdonci)lus possible de les séparer par lenettoyage simple.
A cause de l'état extraordinaire de destruction de la face supérieure du
cráne, sa description doit se liniiter á des caracteres généraux et á quelques
mesures seulement. Quant aux détails, ils ne sont plus reconnaissables.
Les sutures, autant que l'on peut en juger ])ar l'état de la surface in-
terne, sont coniplétenient eftacées. L'on n'en reconnait plus que quelques
traces sur la branclie droite de la suture lambdoidale et dans la región
— 323 —
(le Fiístériou gauche. Ce dernier, aiiisi que l'usure assez in'ofoude de la
sui-face des molaires de la mandibule indiqueut un iudividu ágée de 40
A 50 ans; niais íi celaje pourrais o])itoser que la courbure prononcée den
bosses parietales qui out conservé le caractére de l'enfauce, foriue daus
tous les cas un contraste marqué avec les signes antérieurs.
Quant au sexe je ne suis arrivé que tardiveinent a me fornier une opi-
nión. Bien que la saillie prononcée des bosses parietales ne constitue
qu'im caractére féminin tout á fait secondaire, le crAne produit par
ses autres caracteres pour le moins l'impression d'un cráne de femme et,
dans tous les cas, nous pouvons avec grande vraisemblance le considérer
conune tel.
L'épaisseur des os n'ofire lien de particulier ; dans le liaut du sommet
elle est d'environ 4 milliniétres; avaiit l'teuvre de destruction de la sur-
face elle pouvait avoir l^'^S á 2 millimétres de idus.
Pour la représentation des formes genérales, nons considérerons en
premier lieu les mesures absolues et relatives, puis nous donnerons les
mesures de quelques angles, d'aprés la métliode inventée par Scliwalbe
et basée sur le diagramme. En general les poiuts releves par Schwalbe
pour 1' examen comparatif de la forme du crane conviennent d'une facón
spéciale dans un travail comme celui que nous offrons ici.
Malheureusement la comparaison exacte n'est pas praticable dans
tous les points. La región bregmatique est entiérement détruite et recom-
plétée avec du mástic ; lambda et la suture lambdoídale ne sont recon-
naissables qu'en raison de la saillie prononcée de l'écaille supérieure de
l'occipital; la détermination du lambda ne peiit done étre qu'approxi-
mative.
Nous reproduisons dans les tables suivantes les mesures du cráne qui
á cause de l'état de destruction de la surface environ accusent 2 milli-
métres en moins.
Tablc (les mesures ihi erdne de Chocori
Longueur máximum (glabelle-iniou) 194
— (uasion-inion) 190.5
Largeur máximum entre les bosses parietales 138
— entre les bases des racines de l'a-
pophyso zygomatique 137
Largeur máximum eutre les apophyses mastoidiennes. 126
Largexir frontale mínimum ± 86
— interorbitale. 21
Hauteur du trou auditif 120
Circonféreuce horizontale ± 530
— trausversale ± 345
— sagittale, nasion-laml)da ± 275
— — nasiou-inion ± 352
— — nasion-opisthion ± 410
— 32-t —
Dans l'éhide de ees mesures noiis prendroiis poiir base, la forme qui
résiüte de la considération des diverses normas crániennes en y ajoutant
la description des caracteres particuliers des difterents os.
La norma frontalis n'oft're pour aiiisi diré aucnn caractére notable.
Le front parait petit, d'oñ 11 resulte le chiffre peu elevé qui représentela
largeur frontale miniíiiuiii et (pu'l'onpeut évaluer a 80 millimétres envi-
ron. Si nous ajoutons li millimétres pour le déchet occasioné par la des-
truction, nous obtenons 88 millimétres, largeur qui reste encoré en
dessous des degrés inférieurs de l'éclielle des variations cliez l'homme.
Fig. 31. — Crüii.-
norind t'i'ríicaUs
La largueur interorbitale, de 21 millimétres envirou, répond á la largeur
frontale mínimum et n'a pas d'importance. Les os qui forment les ares
sourcilliers ont une courbure tres peu jirononcée; au eontraire la partie
supraorbitale dn frontal sur laquelle ils s'appuient, est assez arquee ce
dont on iteut se rendre compte plus facilement dans la viie de profll. Les
bourelets sourcilliers osseux proprement dits ne s'étendent latéralement
que jusqu'á la moitié du bord orbital supérieur dont ils suiveut la pente
pour se reunir au milieu du frontal en dessus du nasion, point ou nous
plagons la glabelle, d'accord avee Sehwalbe *. Les tubérosités frontales
sont palpables, mais ne forment que des protubéranees tres faibles et a
' SciiWALnB, G., Der XeandcrtliaUchcidel, 1. c, p. 23.
325
peine visibles. Le milieii du frontal est tres pen elevé dans la direction
sagittale, ce qite Pon constate íacilenient au tonclier. Plus haut nn dé-
faiit de l'os empécbc de la reconnaitre ; il en est de méme de la limite co-
rónale; l'on ne distingne plus de trace de la suture corónale et la región
bregniatique a été reeonstruite artifieiellenient avec du mástic, sur une
largeur de deux á trois duigts. Au coutraire dans la vue de face, l'on
est frappé du développement considerable des bosses du j)ariétal. Le si-
nus frontal gauche est bien dévelopiié; ils est nn peu plusgrand etplus
concave que le droit. Sur la face intérieure du frontal s'étend une créte
frontale interne jusqu'á la moitié de l'os.
Dans la norma verticalis la capsule cranieune se présente sous la forme
ovale, arrondie vers ses extremités, jdus fortcnient vers l'extrémité an-
Fig. 32
- Cráue de Cliociirí, itonna occipítalis
térieiu'e (courbe du frontal), nioins fortcnient vers l'extréuiité postérieu-
re (courbe de la región occipitale), et dont la courbe latérale termine en
saillie, fonnant presque une bosse, sur la limite entre le second et le
troisiéme tiers (forniation prononcée des tubérosités parietales) ce que
l'on reconnait tres facilement dans la tigure .'51. La longueur máximum
de 19J; millimétres est tres signiflcative ; pour s'en convaincre, il siififlt
de passer en revue un catalogue craniologique quelconque ou les
tables de Schwalbe (1. c. p., 25) que nous avons reproduites page 307
du présent travail. Ce chiífre occupe le degré supérieur de réclielle
oscillatoire des longueurs cliez l'liomme, tandis que la largeur máximum
de 138 millimétres est petite et il faut la chercher entre le milieu et le
pied de la méme échelle. L'on calcule ici un Índice de 71,1; c'est done
un exemple de dolichocéi)lialie prononcée. L'indice fronto-pariétal de
— 326 —
01,0 est tres petit; iiiais suivcant les i-eclierches de Schwalbe (1. c, p. 70)
cet Índice ne luiparait avoir qii'une valeur relative pourla classification
des diverses races hiimaines et iious insisterons plus tard uouvellement
sixr ce fait.
La norma occipitaUs est d'une forme assez prononcée, presque celle
d'iin pot á fleurs avec un chapean de terre de la méme grandeur: en
d'autres termes, les bords latéraux de la figure convergent vers le bas
j»our former avec la base un angle obtus, et continuer suivant nne ligne
presque cb'oite qui, seulement un x>eii en dessous de sa moitié forme une
saillie irréguliére (racine postérieure de l'arc jugal). L'extrémité supé-
rieure des bords latéranx de la figure forme le centre des bosses parie-
tales á partir desquelles se déploie en forme d'arc de cercle la courbe
transversale de la voüte cránienne, coustituant la limite supérieure (v.
fig. 32).
L'occipital n'offre pas de particularités anatomiques. Comme nous
l'avons deja dit, le lambda ainsi que la suture lambdoídale, jusqu'aux
moindres traces de cette derniére, ne sont reconnaissables qu'en ce que
c'est á partir de la que l'écaille supérieure de l'occipital commence á
se voiiter en forme de souftlet. La détermination du point lambdoídal
n'est done pas absolument exacte, bien que Pon approclie assez de la
réalité. La position de l'inion est plus diflficile á déterminer. L'on ne
peut constater avec plus de precisión l'cxistence d'un torus occipital
quelconque. Le cóté gauche est, il est vrai, érodé mais le cóté droit,
malgré des Lncrustations calcaires, est suflisamment conservé pour qu'on
puisse le reconnaitre. Le lieu d'union des ligues nucales suprémes ainsi
que, a un centimetre plus bas, le lieu d'union des lignes nucales supé-
rieures sont indiques l'un et l'autre par une légére rugosité et l'on
distingue clairement le commencement de la ligue micale moyenne, á
partir du dernier point. Le lieu d'union des lignes nucales inférieures
n'est pas reconnaissable, comme cela a lieu dans tous les cránes ;
la ligne en question elle-méme, est fortement érodée dans le cas qui nous
occupe. Je prends done pour l'inion, d'accord avec Schwalbe (1. c, p. 24),
le j)oint d'union de la ligne nucale supréme, c'est-á-dirc un point aussi
elevé que possible dans le but de placer, dans la détcrminaticm de la
bauteur de la voúte cránienne, la ligne básale glabelle-inion plutot trop
liaut que troi) bas et faire bien ressortir ainsi la grande hauteur du
cráne.
Enfln, pour donner une idee nette des autres particularités de l'occi-
pital que l'on peut encoré reconnaitre, nous nous transporterons a l'inté-
rieur du cráne. A environ une largour de doigt du sommet de l'angle
lambdoídal et dans l'axe medial du cráne, l'on commence á distinguer
une créte sagittale qui se prolonge vers le bas en ligne droite, devenant
á chaqué pas de plus en plus prcmoncée; mais elle conserve la direction
327
rectiligne bien qii'elle se dévie vers la droite dn milieii de la ligne. C'est
le bord gauelio dn sillón sagittal. A une largenr de doigt de la hauteur
extreme de l'inion, et a sa droite, comnience i\ l'accompagner le bord
droit du ménie sinns, pour former avec lui un sinus sagittal en forme
de rainure, qui se dirige sous la forme d'un bel are direetement á droite
et constitue le sinus transversal droit qui s'aplatit bientót et ñnit par
disparaitre. Dans la hauteur des lieux d'union des lignes nucales
supérieures mais a une largeur de doigt vers la droite du point jjropre-
ment dit, se separe du bord gauche du sillón longitudinal une empreinte
vivement marquée qui forme vers la gauche le bord inférieur du sillón
transversal gauche, dont le bord supérieur n'est pas marqué. De ce bord
Pig. 33. — Dessin sclul-iuatiiiuo dv rintrrienr (U- rnccipal dvx cránc de Chocorí
inférieur du sinus gauche transversal, la créte occipitale interne liasse
alors dans la ligne médiale, se dirigeant en bas vers le foramen magnum.
Cette créte est tres épaisse et, un peu en dessous de son milieu, elle
s'élargit en s'applatissant pour former le plan triangulaire de la créte
occipitale. II s'agit done ici de la forme «nórmale» des auteurs, ou tout
au moins de la forme la plus fréquente, que l'on observait dans la moi-
tié des cas du matériel de Konigsberg (plus de 2000 cranes) '. Quant a
la fossule occipitale médiane de Lombroso, si souvent mentionnée, ou á
la fossette vermienne d'Albrecht, pour n'emijloyer que la nomenclature
de ees deux auteurs, on n'en voit pas la moindre trace. Les fosses cere-
brales sont tres profundes, ce qui est extrémement remarquable.
> Hii.MíR, A., l'ihrr d¡e Fossiila vei-miiiiin f7e.« Hintcrhauptsieines (Fossa occipUalis
mediana). Med. Diss. Küiiitísberf;, 190S, p. S-9.
— 328 —
Ce passage dii sinus sagittal en siims transversal est évidemment
le cas le plus fréquent. Le comte Spee ' l'a rencontré dans 68 pour cent
des cránes du musée de Kiel et Stiirmhofel - dans 58 pour cent de ceux
de la collcction de Koenigsberg. II n'a done pas une importance spéciale.
La norma basilar is u'oflre rien de particulier ; les os basaux sont trop
défectueux. Le contour a été décrit en nous occupant de la norma ver-
ticalis
Du foramen magnum, on peut uniquement diré qu'il est tres petit et
qu'il devait étre étroit la partie postérieure est seule conservée. A cause
de la restauration effectuée, il n'est pas possible de prendre les mesures.
L'éminence mamillaire est petite et de forme elegante; les incisures
mastoidiennes sont également canuelées et ne forment pas d'entaille.
Dans le fragment isolé du j)alatin on reconnait avec securité que la sur-
face palatine était tres plañe, qu'elle n'était pas voútée et qu'il n'existe
aiicune trace d'un foramen sagittal ou transverse. Le foramen incisifest
extrémement grand, le diamétre sagittal de son ouverture du cote pala-
tin mesure O"""», le diamétre ti'ausversal 5 millimétres. La lumiére elle-
meme mesure 3""5 suivant son diamétre transversal minimum et 3 mil-
limétres suivant le diamétre sagittal minimum.
Dans la norma lateralis l'on reconnait immédiatement que les ares
sourcilliers osseux sont un peu arques en avant; le nasion est assez pro-
fondémeut enfoncé et forme comme une entaille. La courbe frontale est
assez \>en prononcée et forme dans son ascensión une voüte aplatie
dont la régularité est interrompue uniquement a la liauteur des bosses
frontales qui sont peu saillantes. Décrivant toujours une courbe régu-
liére la ligue de profll continué vers Tarriére oü l'occipital fortement
saillant forme une voñte également dirigée en arriére. Les bosses parie-
tales s'élévent en forme de dos.
Cependant nous n'arrivons a l'intelligence exacte de la forme du cráne
que par l'examen attentif de la courbure sagittale, au moyen dmpiel
Scliwalbe a obtenu de si brillants résultats. Malheureusement je ne
disposais pas d'un ap])areil <((] hoc pour prendre exactement les mesures
des courbes et j'ai dú m'en rapporter a la pUotograpliie. Le grand appa-
reil Steinbeil du musée permet de prendre les mesures en grandeur natu-
relle et les courbes dessinées en conséquence, aprés avoir marqué sur le
cráne lui-méme, avant de le pbotograpbier, lespoints nécessaires, lamb-
da, inion et opisthiou, au moyen d'aiguilles a tete de cire piquees, qui
ont pu ainsi sans plus de frais figurer dans l'épreuve pLotograpbique.
' Graf Sprk, F., Sh-eletlchrc, Abtcilung II, Kopf. Jcna, 1896, p. 103 {Hatidbueh
dcr Analomie den Menuche», hcraiiuncficben, ron Karl r. Bnrddchcn , 1 Bd. 2 Abt.)
' >Sti:hmh0K1''H1/, O., Veher dic Eiiiiiiriitin crncUün des Hinierheiiipiheines. Metí. Diss.
Konigsborg, 1903, p. 18.
— 329 —
Je n'ai pas besoin de diré que le plan sagittal du cráne avait été place
perpendiciilairement á la direction de l'objectifet que celui-ci avait
<3té braqué sur le centre de l'objet; l'opération se fit en ma présence
l)ar les soins de M. Charles Bruch, qui a bien voulu se charger des
travaux photograpliiques qui m'étaint nécessaires et elle est absolu-
nient exacte. Par exemple, si nous comparons la longueur glabello-
iniale mesurée directement sur le cráne, avec la méme distance ¡irise
de la photographie, nous trouvons pour cette derniére 1 millimétre
de plus, résultat d'une exactitude surprenante, comme peut en juger
quiconque s'est donné la peine de coniparer lui-méme une seule fois la
reduction photographique avec les indications d'une échelle donnée.
Fig. 34. — Cráne de Chocorí, norma lateralis
Enfln, je dois encoré observer que les aiguilles piquees sur la coiu'be
sagittale avaient été situées de maniere a dessiner exactement la forme
de cette coru'be. Je ne crois pas que la mesure d'une courbe cránienne,
dans sa grandeur primitive, avec un instrumeut quelcouque et sa reduc-
tion ultérieure suivant une écbelle déterminée puisse résiüter plus juste
que les mesures obtenues par nous, dans le cas iirésent, au moyen de la
lihotographie.
Les mesures et les angles de la courbe ne peiivent mallieureusement
étre prises que celles qui n'ont ríen á voir avec le bregma ; mais elles
suffisent parfaitement pour attribuer au cráne le lien qui lui appartient
dans l'éclielle des variations humaines. Nous voyons des lors que la liau-
teur du trou auditif obtenue par la méthode de Frankfort, indique la tres
grande hauteur du cráne (120 millimétres); de plus, que la hauteur ab-
REV. MUSEO LA PLATA.
— 330 —
solue de la calotte cránienne déterminée sur la coiirbe sagittale (109"°"°5)
est tres importaiiate et considérablement élevée (v. Schwalbe, 1. c, p. 43,
et p. 311 du présent travail), et que par conséquent l'indice de cette
méme hauteur, calculé á 57,0, occui^e également un degré tres elevé,
comparé aux Índices analogiies de la serie humaine. Pour établir cette
comparaison, uous renvoyons le lecteur á la table p. 312 du présent
travail.
La coiirbure du frontal ue peiTt étre représentée par l'évaluation des
mesures et des angles relationnés avec le bregma, a cause de la defec-
tuosité de la región bregmatique entiére ; mais, dans tous les cas, l'arc
qui s'étend entre la glabelle et le haut de la calotte est surbaissé et ré-
pond exactement á un are de cercle; en réalité la liauteur de la calotte
et la partie antérienre de la ligne glabello-iniale depuis le jioint glabel-
laire jusqu'au pied de la hauteur sont presque égales enlongueur, et si,
prenant cette longueur pour rayón, et pour centre le pied de la hauteur,
l'on trace iva are au compás, cet are sera presque paralléle ii la partie
antérieure de la courbe sagittale du cráne. La section du diagramme
cránien située en avant de la hauteur de la calotte, limitée par la courbe
sagittale, la hauteur de la calotte et la section antérieure de la ligne
glabello-iniale, a done la forme d'un secteur de cercle presque mathé-
matique dans lequel est moins prononcé Fenfoncement existant entre la
partie glabellaire et la partie cérébrale du frontal. L'on peut, au con-
traire, déterminer exactement les mesures correspondantes aux parties
situées derriére la liauteur de la calotte comme l'a fait M. Klaatsch ' ;
l'angle lambda-glabello-iniale mesure de 17,5° a 18°, il est done peu
ouvert pour iin étre humain; chez l'homme II de Spy, cet angle est de
16°, chez l'homme de Neanderthal 15°, chez le Pithecauthropus 10°.
L'angle lambda-inio-glabellar mesure 81°, l'angle opisthial est de
34,5°, ees deux grandeurs sont extremes au i>oint de vue humain; chez
l'homme II de Spy nous trouvons 70° et 40°, chez l'homme de Nean-
derthal, 67° et 57°, chez le Pithecauthropus 66° et 64° respectivement.
La valeur de tous ees angles dans l'échelle des variations crániennes de
l'homme actuel, n'est pas encoré connue ; c'est pour <;;a qiie je renonce
d'y communiquer des tables comparatives de M. Klaatsch.
La capacité du cráne de Chocorí, calculée selon la méthode de Welcker
(I. c), est de 1538 cm^. J'ai bien expliqué au chapitre précédent mes
doutes quant á la valeur de telles méthodes.
' Klaatsch, H., Berivht ilher eincii anthropoloqischeu Strcifzug nach London und aiif
(las Platean von Siid-England. Zeitsohrift fiir Ethnologk, XXXV, 1903, p. 889-890.
331
MANDIBULE
La luandibiile n'est pas tres bien conservée ; jílusienrs de ses partief?
ont été recollées et elle est tellement érodée et si fragüe qu'elle tombe
en morceaux rien que de la toucher. II manque complétement la partie
postérieure de la moitié droite en arriére de la 3"" molaire, quelques par-
ties de la moitié droite á l'endroit oü l'os avait été brisé et a été reeollé
avec du mástic, quelques parties de l'angle mandibulaire gauclie, l'apo-
physe coronaire et la portion externe de l'apopliyse mandibulaire gau-
che. Le degré de décompositiou est tel que c'est á peine si la surface
proprement dite blanc-jaunatre de l'os existe dans un petit nombre d'en-
droits (bord interne inférieur á la hauteur de la premiére molaire et face
Fig. 35-36. — Maudibule de Cliocoii : a, norma verticalis et b, norma lateralis
interne de la branclie ascendante gauche). La oü elle n'est pas attaquée
par la décomposition la surface est recouverte d'incrustations calcaires
blanc-verdiitre adhérentes, qui s'éténdent á la superficie tantót sous
forme de petites particules, tantót sous forme de plaques qui ne peuvent
se séparer sans enlever avec elles la lame supérieure de l'os. La surface
attaquée est fréquemment imijrégnée d'infiltrations noirátres.
La mandibule est d'un caractére humain tres prononcé et appartient
á peu prés surement a un individu du sexe féminin. Cette opinión se
base sur la gracilité du corps mandibulaire proprement dit et spéciale-
ment sur celle de la portion alvéolaire dans la región des molaires poa-
térieures oü le gonflement habitud n'existe pas, sur l'étroitesse de la
branche ascendante (33,5°""), sur la petitesse des dents, de plus, suivant
moi, l'angle assez ouvert (50°) que le bord postérieur de la branche
ascendante forme avec la branche inférieure da coi-ps mandibulaire. En
— 332 —
raison de la grande variabilité de cet angle chez l'liomme, on ne peut
il'ailleurs hii attribuer qii'une importance relative '.
Abstractiou faite de ees caracteres sexiiels, la mandibule est notable
par la saillie prononcé du mentón. Le tubercule mentonnier droit (le
gaucbe est défectneux) forme une saillie angalaire ai>parente et les fos-
ses mentonnieres sont bien marquées. Le foramen mental est situé en-
tre la 1" et la 2"" prémolaire; la ligue obliqne externe ne présente pas de
particularités ; le relief interne est également peír accentué. L'épine men-
tonniére interne est située extrémement hant, c'est-á-dire un peu au des-
sous de la cloison sympbysiqne (liauteur de cette derniére, environ 32
millimétres, hauteur de l'épine au-dessus du bord inférieur 14 millinié-
tres); elle présente deux parties bien distinctes, dont la droite forme une
pctite bosse ijointue (la surfiíce de cassure iiasse mallieureusement a
travers la partie gauche) ; la forte usiu'e empéclie d'en reconnaitre da-
vantage. La ligne oblique interne, sive myloliyoidea est extraordinaire-
ment faible; le sillón myloliyoídien, dans sa partie postérieure est large
et bien excavé ; le trou mandibulaire est grand et débouche dans une
fosse grande et i^rofonde (sillón ou mieux fosse du trou mandibulaire) ;
la lingule est pointue.
Dans la courbe du corps mandibulaire je u'ai découvert rien de parti-
culier. Elle forme une i^arabole réguliére tres ouverte, produite par les
apopliyses articulaires tres distantes l'une de l'autre (v. flg. 28). Elle
représente absolument le type récent européen et n'a rien á faire avec
la courbe étroite et théroíde des Australiens ou des anciens Européens de
l'époque paléolithique, comme l'a fait voir derniérement M. Gaudry -.
Les dents sont, ou bien décoraposées et détruites ainsi que les alvéo-
les auxquelles elles adhérent, ou bien tres mal conservées et profondé-
ment érodées ; elles se défont dans la main si l'on ne ijrend pas les plus
grandes i)récautions. Quelques unes d'entre elles présentent encoré des
restes de leur couronee érodée ; d'autres, á cause de la destruction des
parties osseuses du cóté externe de la mandibule, ont leurs racines á dé-
couvert; mais les trois molaires gauches permettent malgré tout de re-
connaitre du moins la constitution primitive de la surface coronaire, bien
que celle-ci soit couverte d'incrustations calcaires. Les couroimes de ees
trois molaires sont tres profondément usées et il n'existe plus rien de
l'émail des parties supérieures. Cette usure, ainsi qu'uue certaine graci-
lité du corps qui produiseut l'imiu'ession d'un commencement d'atrojjhie
sénile, iiermettent de supposer un individu ágé, bien que la détermina-
' VON TiinoK, A., JJebcr Variaiionen und Corrclatíonen der Tfcigungs-Verhaltnisse am
Unterkiefci: Zeitschrift fiir Ethnologie, XXV, 1898, i). 125-182.
' Gaudry, A., Contribution á l'histoire des hommes fossiles. L' Anihropologie, XIV,
1903, p. 7.
— 333 —
tion de l'ii.ge dans les craucs ainéricains soit tres difficile, par la raison
que les deuts sont souvent profoudément usées a un age relativement peu
avancé. La petitesse des dents est en rappoi^t avec le peu de grandeur
de la máchoire et le sexe ; niais les mesures seraient tout á fait défec-
tueuses á cause de l'érosion des couclies externes.
Table des mesures de la mandibiile de Chocori
MiUimétres
Distauce dii condyle gauche (moitié iiostérieure) au poiut alvéolaire
medial supérieur 117
Condyle (á gauche), diametre sagittal 10
Branche ascendante de la mandibule, hauteur prise dans l'incisure,
de sorte que la ligue mesurée soit autaut que possible parall&le au
bord postérieur de la branche 50
Largeur (parallelcment h la mesure ci-dessus) 33 ,
Symphyse (hauteur saus les dents) 32
Epaisseur máximum (saus l'épine mentonni&re interne) 16
Distance d'nne des poiutes de l'épine mentonnifere interne au bord
supérieur de la symphyse (raesnrée en projeetion). 14
Angle entre le bord inférieur de la branche ascendante et le bord in-
férieur du corps 51 °
OS LONGS
Au cráne que nous venons de décrire appartiennent encoré un certain
iiombre de fragments d'os plus ou moins érodés et quelques restes des
os longs : ce sont des moi'ceaux des diapbyses mediales de l'luimérus
droit, du radius et du fémur gauche, ainsi que l'extrémité distale d'ime
cote droite. Malhenreusement il y a peu de chose á diré de ees osse-
inents.
Humériis. — Le fragment de l'liumérus droit est robuste; la partie sii-
l)érieure avec les points d'insertion des muscles pectoral et deltoíde bien
modelée, le sillón intertuberculaire est bien excavé, tandis que la partie
distale en dessous du V deltoide se rétrécit et est comme ratatinée. Sa
circonférence en cet eudroit mesure (59 millimétres, le diametre máxi-
mum est de 25 millimétres, le diametre minimum de 18 millimétres,
l'indice de 72,0. La face interne de l'os forme une superficie légérement
recourbée en direction longitudinale.
Radius. — Le fragment du radius droit est assez puissant, peu mais
réguliérement courbé; la créte interosseuse est peu saillante et ne forme
qu'une faible courbe. Les mesures rien de xiarticulier.
Fémur. — II y a peu a faire avec le fragment du fémur gauche, en
laison de ce que la superficie est presque entiérement corrodée. Malgré
tout, la circonférence médiale mesure SO millimétres, le diametre sagit-
— 334 —
tal est de 28 millimétres, le diamétre transversal de 24 millimétres, l'in
dice pilastrique par conséquent de 116,7. II est done assez elevé et
en rapport avec l'intUce égalenieut elevé du squelette de Fonteznelas
(112,5). Mais il u'existe en realité pas de pilastre proprement dit dans
le fragment du fémnr dii Chocorí, l'os n'est qne relativement petit.
Cotes. — Le fragment de cote n'ofif're rien de particulier, sa constitu-
tion indique un individu d'une taille au-dessus de la moyenne et assez
vigoureux.
Table des mesures des os longs de Chocorí
Vera le milieu
Diam&tre máximum .
Diamétre mínimum. ,
Indico
Circonférence.
Ossements liumains trouvés vers rannée 1888 par Andró Canesa, dans les en-
Tirons de Mar del Sud, entre l'arroyo La Tigra et l'arroyo Seco, province de
Buenos Aires ; conserves au Musée de La Plata.
1898. Ameghino, F., Sinojisis geolóf/ico-jxilcoiitolófiica. Dans Segundo censo
de la Beimhlica Argentina, mayo 10 de 1895, Buenos Aires, 1898, tomo I, p.
148, flg. 15.
1900. SiEVERS, P., [Aiiah/se du travail jyrécédent]. Petermanns Mittheilungcn.
XLVI, 1900, Litteraturbevicht n° 248, p. 72.
1900. Lehmann-Nitsche, 'R., (Ídem). Centralblaif fiir Anthropologie, Ethno-
logie und UrgescMchte, Y, 1900, p. 112-113.
Au sujet du cráne ont été déjá publiées quelques notices dans la
littérature. Amegliino dans sa Sino2>sis geológ ico-paleontológica sobre ht
Argentina s'occupe brévemeut de ce cráne et reproduit (flg. 15), dans
un cliché horriblement mauvais un dessin litliographique absoluinent
íaiix qui, longtemps avant mon incorporation au Musée, avait été exé-
cuté en vue d'une luiblication ultérieure eventuelle du cráne, et de la-
quelle il avait obtenii une épreuve. Le dessin est faux parceque la
líortion alvéolaire de la máchoire supérieure et la mandibule unies en-
semble par des concrétions, formaicnt un block compact et se joignaient
trop haut et trop en avant avec la partie couservée du cor^js maxillaire;
de cette maniere la partie facíale du cráne est trop basse et il existe un
prognathisme « artificie! » qui doit produire une impression durable sur
certains lecteurs mal i)réparés de la Sinopsis de M. Amegliino; il ressort
en effet du cours de ce cliapitre que le cráne de La Tigra ne présente au-
— 335 —
Clin caractére d'infériorité. Voici littéralement le texte d'Aineghino uii
sujet de la figure 15.
« Figure 15. Cráneo luiinano fósil, procedente del pampeano inferior
(plioceno) de Miramar sobre la costa del Atlántico al sur de Mar del
Plata, visto de lado, á mitad del tamaño natural. Es el cráneo humano
geológicamente más antiguo que se conozca. Se conserva en el Museo
de La Plata ».
(Fig. 15. « Grane humain fossile, jirovenant du pampeen inférieiir
(pliocéne) de Miramar sur la cote de l'Atlantique, au sud de Mar del
Plata, vn de prolil, moitié de la grandeur naturelle. C'est le cráne
liuinain géologiquement le plus anclen que Pon connaisse».)
L'on était menacé du danger que cette notice erronée passat dans la
littérature scientiflque; déjá Sievers, á l'occasion d'un article relatif au
(^ens publié dans Petermamis MitteHuufien, avait dit ce qiii suit :
« Le travail complet est ime excellente sinopsis de l'état des importan-
tes découvertes de mammiféres réalisées dans le sud de l'Argentine,
ainsi que d'os luimains travaillés de la formation pampéenne supérieure
et d'un prétendu cráne humain troiivé dans la formation pampéenne infé-
rieiire, répondant au pliocéne, suivant l'auteur évidentemment le cráne
Immain le plus anclen que l'on connaisse ».
Je me hátai done de protester aussitót, en écrivant au sujet de l'arti-
cle d'Ameghino un référé qui dit entre aiitres choses :
Le lien oü le dit cráne fut découvert par un travailleur « fiit visité en
1896 par MM. Moreno, Roth, Otto Nordenskjold et Lahitte qui y troii-
vérent en oiitre des os de SceUdotherium et d'autres animaux fossiles.
Mais la conche en question est indubitablement suivant M. Eoth le
liampéen supérieur, que, de son cóté Ameghino attribue au pliocéne,
tandis que Roth et d'autres le considérent comme quaternaire. C'est un
fait connii qu' Ameghino atribue toujours une trop grande antiquité á
toiites les couches. Dans aucun cas le cráne ne provient du pampeen in-
férieur et par conséquent l'on ne doit pas liii attribuer une aiissi haute
antiquité; il est certain que ce cráne est fossile dans le sens propre du mot
et provient du pampeen supérieur^ dü,ns lequel on connait déjá d'autres
restes humains.
« Nous avons lien de nous surprendre qu' Ameghino ait xni donner une
aiissi atroce représentation du cráne de Miramar [Miramar est situé non
loin de Mar del Sud], quand celui-ci n'avait pas encoré été livré á la pu-
blicité! En attendant, il faut se contenter de cette rectiflcation de l'er-
reiir fondamentale d'Ameghino, d'autant plus grave en raison de la ré-
putation dont joiiit en Eiirope cet investigateur » (v. Globus, 1891, n° 9,
p. 135).
Pendant que ees ligues étaient sous piesse, M. Ameghino publiait
un mémoire de 568 pages sur les formations sédimentaires du crétacé
— 336 —
supérieur et du tertiaire de Patagonie. La figure déjá mentionnée du
cráne y est encoré reproduite. Mais cette fois, Ameghino s'en étonne et
dit dans une note : « Cette figure est la copie esacte du dessin d'une
planche lithographique exécutée au Musée de La Plata il y a déjá long
temps. II me parait évident que la reconstruction du maxillaire ne doit
pas étre exacte : maxillaire et mandibulaire me paraissent places trop
en avant de leur position naturelle».
Quant aux affirmations d' Ameghino, suivant lesquelles le cráne de
La Tigra doit appartenir a une espéce particuliére du genre Homo,
Homo pampaeus Am., j'y reviens á la fin de la partie ostéologique de ce
travail; mais afin d'éviter au lecteur une ijerplexité inutilc, j'ai voulu
des maintenant démontrer l'absurdité de la maniere de voir d' Ame-
ghino.
Voici les notices publiées dans la littérature. Une fois incorporé au
Musée de La Plata, mon premier soin fut de m'informer des circonstan-
ces exactes dans lesquelles avait été faite cette trouvaille. Dans la méme
región oü avait été trouvé le cráne du Chocorí, Emile Beauñls, prépa-
rateur du Musée, chargé de coUectionner des fossiles pampéens, avait
découvert, entre autres, dans un parage voisin des falaises qui bordent
la mer, non loin de Mar del Sud, entre l'arroyo La Tigra et l'arroyo
Seco, déjá mentionné á l'occassion de la trouvaille du Chocorí, prés du
lieu oü les autres restes avaient été découverts, une carapace de Glyp-
todon dont quelques parties étaient exposées á l'air libre ; cette carapace
fut déterrée et envoyée au Musée. Un mois plus tard, Andi'é Can esa,
également chargé de reunir des fossiles pour le Musée, i^ensa que, dans
le méme point, qui était encoré tres reconnaissable aux éminences de
terre qai le couvraient, l'on pourrait encoré trouver un plus grand nom-
bre de fossiles. II creusa dans les envirous et découvrit un cráne hu-
main. De mon temps, Canesa n'était plus employé au Musée, mais M.
Beaufils m'a raconté en détail ce qui s'était passé. Enfln, comme je l'ai
déjá dit, le parage en question fut également visité en 1896, par MM.
Moreno, Roth, Otto Nordenskjold et Lahitte qui y recontrérent des os
de Scelidotherium et autres animaux fossiles.
J'ai déjá dit que la formation géologique en question est le pampeen
supérieur. La fossilité du cráne, est aussi jieu douteuse que celle du
cráne du Chocorí. II reste collé á la langixe et présente la méme consti-
tution caractéristique que présentent en general les ossements de la
faune vertébrée qui font la réputation du Musée de La Plata. Sa super-
ficie est jaune blanchátre, ou blanchátre, décomposée dans quelques
points et comme corrodée; dans d' autres points elle est recouverte de
concrétions calcaires externes, compactes. Les mémes concrétions recou-
vrent complétement aussi la face interne du cráne, oü elles sont extré-
mement adhérentes et s'enlévent au couteau en petites plaques qui en-
— 337 —
trainent avec elles la xiartie corresxiondante de la conche sitpérieure de
la lame interne.
Le cráne était brisé en lilnsieurs morceaux, qni ont pii étre rétinis ar-
tistement avec dii mástic. Entiérement reconstituée avec du mástic, ce
cráne présente un grand défaut, de forme irrégiiliére oblongne, de 13
centimétres de long sur une largeur de 2 á 4 doigts, qui part en direc-
tion sagittale de la moitié droite du frontal, derriére l'arc sourcillier
osseiix, continué vers l'arriére en s'élargissaut et s'éteudjusqu'á la moi-
tié de l'os parietal droit. La limite médiale de ce défaut correspond plus
iiü moins á la región de la suture sagittale; la limite latérale jiasse tres
irréguliérement au dessus de la crete temporale, avec laqirelle parfois
elle se confond. Ce défaut est restauré et n'empéche en rien l'étude de
la forme cránienne.
Du reste il manque un grand nombre de parties du crñne. La boite
cervicale n'est qu'une calvaría. La base manque totalement. En arriére
la ligue de cassure court transversalement á travers l'occipital, en des-
sous de réminence occi])itale et continué á la méme liauteur en avant et
á gauche, en s'éloignant de l'apophyse mamillaire gauche á travers le
conduit auditif externe, jusque sous la fosse articulaire, du reste bien
conservée du condyle mandibulaire gauche; a droite, l'éminence mamil-
laire et le conduit auditif externe sont bien conserves, ainsi qire la fosse
oii s'articule le condyle mandibulaire droit ; les apophyses des ares ju-
gaux existent encere dans leur partie postérieure. En avant, la ligne de
cassure traverse le nasion, ouvre les sinus frontaux, détruit entiérement
le toit des deux orbites et traverse les temporaux en décrivant une ligne
irrégiüiére.
Du squelette de la face il existe l'os jugal gauche, correspondance a
l'éminence jugale du frontal avec laqiielle elle a été soudée. En outre
l'on retrouve la ¡ilus grande partie de la máchoire suiíérieure munie de
ses dents; malheureusement, il n'y a pas ici de reconstitution possible,
point sur lequel nous revieudrons plus tard.
La mandibule est complete jusqu'á l'apophyse corónale droite et
l'apophyse articulaire gauche.
Je répéte encoré une fois que la surface de la mandibule et les dents
sont tres deteriores et ne permettent plus de reconnaitre que quelques
particiüarités.
Le cráne de La Tigra présente deux espéces de déformations qui por-
tent préjudiee á sa forme primitive.
Premiérement il a souffert une certaine déformation posthume. Du
cóté droit toute la región en dessous de la ligne temporale a été soumise
a une compression posthume qui commence en avant précisément au-
dessous du iwint oíi l'on mesure la largeur frontale mínimum ; dans eet
endroit, l'os est á demi brisé et les félures s'étendent transversalement
— 338 —
niéine au travers des quelques restes dii toit orbital di'oit. La fissure est
remplie d'une masse calcaire extrémement dure. Plus ou moins dans la
región de la suture spliéno-temporale (aucunc des sutures u'est plus re-
connaissable !) i)art de cette flssure une ligne de cassure qui se dirige de
liaut en bas, tandis que la fissure elle-méme continué son cliemin vers
l'arriére toujours exactemeut en dessous de la ligne teiuporale ; de la
elle continué dans le in-olongement de la dite ligne, mais plus ouverte,
quoique toujours comblée de substance calcaire, se dirigeant en arriére
jusqu'á ime largeur de deux doigts de la bosse pariétale droite. A cause
de cette compression, les parties antérieures du petrosum avec la fosse
articulaire destinée au coudyle niaudibulaire droit ne sont iias dans une
position entiérement nórmale par rapport a la fosse articiüaire gauche
correspondante, c'est-á-dire qu'elle se trouve un peu bas. Quoi qu'il en
soit cette déformation posthume n'altére pas la configuration genérale
du cráne, et l'on peut prendre sans exception toutes les mesures respec-
tives.
L'autre altération essentielle, et qui afifecte la forme du cráne est arti-
ñcielle. C'est une déformation frontale et surtout occiijitale. Un cráne
réellement fossile, avec une déformation réellement artificielle ! Ce fait
a lieu de uous suri:)rendre et cependant il est indiscutable!
Dans la región frontale, l'aplatissement n'est pas tres important,
quoiqu'il s'étende jusqu'á la región bregmatique. L'aplatissement de
la región occipitale doit' au contraire appelernotre attention. Dans la
norma latérale on voit déjá que l'aplatissement commence á une lar-
geur de deux doigts environ au-dessus du lambda et s'étend jusqu'á
la región de l'iuion. La portion occipitale aplatie a une largeur de 3 á
4 doigts environ et se cambre tout en direction transversale qu'en
direction sagittale. Mais l'écaille supérieure est ici bien reconnaissable
tandis que la suture lambdoidale est relativement profonde ; la fameuse
expérience d'équilibre (position d'un cráne reposant sur la región occi-
pitale, pour se rendre compte si la partie i)ostérieure est ou non déti-
gurée ; dans le premier cas, le cráne reste en equilibre, dans le second
cas 11 tombe) donne ici un résultat négatif, que je m'explique de la ma-
niere suivante : le cráne, dans la jeunesse, a été soumis a une pression
ÍTonto-occipitale, dout il avait été exime avant le terme de sa croissance,
de fagon que les effets de la compression antérieure s'effacérent partiel-
lement par l'effet de la continuatiou de la croissance.
Les sutures ont entiérement disparues. Celles qui unissent les écail-
les temporales avec les os voisins sont les seules que l'on peut encoré
quelque peu reconnaitre. A la place de la suture lambdoidale, ou distin-
gue iine légére dépression, au sujet de laquelle nous avons déjá fait nos
observations, d'oü il resulte que l'on peut flxer avec uue exactitude tres
approcliée la situation du ijoint lambdoídal.
— 339 —
L'épíiisseiir des parois ne présente rieii de particulier; daus le voi-
sinage du sonimet, elle mesure de 3 á 4 millimétres. A cause de l'érosion
de la surface il n'est plus possible de prendre des mesures exactes.
Je ne crus pas pouvoir détcrmiuer de prime abord avec exactitude le
sexe du dit cráne; iiiais je m'iucline maintenaut en faveur du sexe mas-
culin. Les bosses parietales sont, suivant uioi, assez fortement ijronon-
cées; mais la branohe ascendante de la mandibule est tréslarge et forme
en montant un angle di'oit avec la base du corjis de l'os. Malheureuse-
ment l'on ne sait absolument rien de certain au sujet du degré qu'attei-
gnait la déformatiou artiflcielle daus les deux sexes, quoiqu'il me semble
qu'elle devait étre moins accentuée dans le sexe masculin que dans le
sexe féminin.
L'état des sutures et la grande usure des dents indiquerait un indi-
vidn d'un age assez avancé, peut-étre de 50 a GO ans.
Nous donnons a continuation une table des diñerentes mesures, et
dans le cas présent, elles sont également trop petites de 1 millimétre á
1™"5 á cause de l'état de destruction de la surface; la región glabellaire
a bien une profondeur de 2 millimétres; le bregma en general n'est pas
reconnaissable; on distingue au contraire avec assez de certitude le
lambda et l'inion.
TaMe. des mesures dn cráne de l'arroi/o La Tii/ra
MilUmétres
Longueur máximum entre la glabelle et l'inion 191
Longueur máximum entre le nasion et l'inion 185
Largeur máximum entre lea bosses parietales 131
Largeur máximum entre les crétes sus masto'ídicnnes .
Largeur frontale mínimum 91
Largeur interorliitale rt 25 ?
Haiiteur du couduit auditif. 123
Cireonférence horizontale 505
Circonférence transversale 315
Cireonférence sagittale, nasion-iniou 315
Circonférence sagittale, nasion-lambda 245
Considérons maintenant le cráne suivant ses diverses normas.
De la norma frontalh il y a bien peu de chose a diré. Le frontal
est aplati réguliérement, par un procede artiflciel, tandis que les pa-
riétaux aplatis par la méme raison s'unissent en forme de toit dans la
región de la suture sagittale ; mais cette forme n'a pas d'importance. La
región glabellaire est défectueuse ; en tout cas, les ares sourcilliers os-
seux étaient minees. La concavité du sinus frontal me parait petite.
Eu égard á la norma verticalis la longueur absolue maximiun du cráne
— 340 —
me parait frappante. La déformation occipitale artificielle n'exerce ici
qu'une faible influence, puisque la longueur glabello-iniale mesure en-
coré malgré tout 191 millimétres, ce qui fait que la capsule crániennese
présente dans le dessin sous la forme d'un ovale tres allongó. La largeur
frontale mínimum, avec ses 91 millimétres, est tres jjetite ; les bosses
parietales sont bien marquées, mais je ne crois pus que ceci soit le ré-
sultat de la jiression artificielle exercée sur l'occipital, puisque dans le
crane du Chocorí qui n'a pas souflert de déformation artificielle, les bos-
ses parietales sont également tres prononcées. II me semble done que
Fig. 37. — Crane de La Tigra, norma verticalii
la largenr máximum du cráne, évaluée á 131 millimétres entre les tubé-
rosités parietales n'a ])as été influencée par la déformation artificielle.
Ce cliiffre est extraordinairement petit et se maintient sur la limite
inférieure de l'éclielle des variations de la largeur dans l'espéce liu-
maine.
L'indice céplialique ue reproduit uaturellement pas les i^roportions
primitives. Cependant, si, comme il parait, la déformation artificielle a
commencé au dessus de l'inion (v. plus liaut), la situation primitive de ce
point aurait été peu altérée, et en particulier il n'aurait pas été repoussé
en avant. La longueur glabello-iniale, telle quenous l'obtenons actuelle-
— 3-tl —
iiient, diftére done tres peii de celle qne nons mesurous dans le cráne
uou deformé. La loiigueur de 191 iiiillimétreis cst doue assez grande et
place le cráne en question au somniet de l'éelielle (voir la table plus
liaut p. 307).
Aiu.si dóneles mesures 191 et 131 milliuiétres nous donneut un índice
de 68,59 qui denote un cráne dolichocéphale au supréme degré.
L'indice fronto-pariétal, calciilé snr 91 et 131 millimétres est de 09,47,
par conséquent mésoséuie suivant la nomenclatúre de Scliwalbe (05.0
á 09,9). La valeur de cet Índice u'est pas encoré bien clairement établie.
La norma occipitalis permet de reconnaitre les caracteres suivants ;
les pariétaux sont régulierement arrondis; leurs limites extremes for-
Fig/38. — Cráne de La Tigra, norma occipitalis
ment les tubérosités. De l'aplatissement non artificiel en vertu duquel
les deux imriétaux forment une espéce de toit et qui est visible dans la
norma frontalis, il n'y a pas la moindre trace dans la norma occipitalis,
puisque le dit aplatissement s'étend seulement jusqu'á la región des tu-
bérosités parietales. Ces derniéres font une forte saillie d'arriére en
avant, de maniere que le contour lateral de la ügure de la norma s'eflface
légérement ún peu au-dessous d'elles, ponr se relever fortement, plus
bas, dans la región susmastoídienne et siiécialement dans celle des ares
correspondants. En réalité le diamétre transversal qui est de 128 milli-
métres dans ce point inférieur, ne différe pas beauconj) de celui pris
dans la región des bosses parietales, oü il mesure 131 millimétres.
Les particularités de l'occipital ont été indiquées, quand nous avons
déerit la déformation artifleielle du dit os. Cette déformation a effacé en
— 342 —
grande partie toute espéce de relief et de plus la cassure s'etend á l'os
entier. Cependant on reconnait que l'espace compris entre la ligue nu-
cale supréme et la supérieure forme encoré un relief peu prononcé mais
qu'il n'y a plus absolumeut de torus, et que la ligue supréme est bien
arquee de chaqué cóté, les deux ligues représentant une espéce de '- — .
Leur point de jouction, non plus que celui des ligues uucales supérieu-
res, n'est pas complétement intact ; on peut seulement indiquer le point
oü était situé l'inion, mais non la forme de son relief. Au-dessous des
ligues supérieures, l'occipital est légérement rabaisé vers J'avant, d'oü
il résiüte que la limite inférieure de l'espace comjDris entre les ligues
supréme et supérieure forme une sorte de gibosité.
La configuration interne de l'occipital est difficile a reconnaitre, á
cause des incrustations épaisses qui la recouvrent ; de plus la ligne de
cassure passe j)récisémeut i)ar les sillons transverses.
La norma basilaris n'est pas beauconj) plus recounaissable, puisque la
base manque absolumeut. Cependant l'ou peut encoré se rendre compte
des détails suivants. Le tubercule articulaire antérievrr n'offre rien de
particulier, quant á la forme et á la grandeur. La fosse mandibulaire est
dans son entier grande et píate. Sa paroi antérieure et spécialement son
bord inférieur, c'est-á-dire le bord postérieur de l'apopliyse jugale est
assez concave dans la direction transversale. Le fond proprement dit de
la fosse est bas et petit spécialeiuent dans la partie latérale, oü la dite
fosse est limitée en arriére par le tubercule articulaire. Ce dernier est,
il est vrai, petriflé, mais il ne semble pas tres deformé.
A la formation de la partie jiostérieure de la fosse, participe égale-
ment l'os tympanique. La partie squameuse de la paroi postérieure de
la fosse forme une faible dépression et remonte peu á peu jusqu'á la fis-
sure (lateral ement; la partie médiane présente d'épaisses incrustations
et bou nombre de défauts). La flssure elle méme est entiérement consoli-
dée. Le cóté inférieur méme de l'os tympanique, c'est-á-dire celui ái\
conduit auditif osseux est légérement concave. Les deux cavltés sont
situées dans un méme plan et forment une seule fosse peu profonde et
assez étendue dont le fond est divisé en deux compartiments par la lé-
gére élévatiou du bord squameux de la flssure. La position de la paroi
postérieure n'est pas verticale comme cliez les européens, mais bien,
oblique et dirigée en arriére.
Les particularités que nous venons d'indiquer correspondent exacte-
ment a celles observées par Martin ' dans les cranes ancicus de la Pata-
gonie. La fosse mandibulaire étant, dans tous, en preuñer lieu « extraor-
dinairement spacieuse, considérablement prolongée dans la direction
sagittale et en general i^eu profonde». En particulier Martin trouvait les
• Martin, K., Altpatagoniache Schddcl, etc., 1. c, p. 519.
— 343 —
(leiix types suivants. Deux cránes préseiitaieut uue véritable fosse tym-
pano-stylomastoídienne (Martin, ñg. 2, p. 519). «L'os tympaniqne, dit-il,
(pii forme la paroi postérieure de la cavité articulaire, n'occupe pas
une position verticale; il s'incline, au contraire, fortement en arriére et
forme, lá oü il se conrbe pour prendre la position liorizontale, au lieu d'un
bord taillé á vif, seulement une saillie osseuse á peine visible. De lá
ríísulte, dans deux críines, uue cavité secoudaire placee sous le porus
acusticus externus, sur le cóté latérale du processus styloide, et tres
caractérisée des deux c6tés: c'est une fosse tympano-stylomastoídienne,
suivant le nom que lui a donné Thieme. Mais dans les autres cas, la
courbure borizontale manque completement ; la face antérieure articu-
laire (mandibulaire) de l'os tympanique descend obliquement en se diri-
geant vers l'arriére, ou bien se rapproche de l'apopbyse mastoidienne,
de telle fa<;on que la cavité articulaire s'étend jusque sous le conduit
auditif externe. Par conséquent, d'un cote le pore acustique externe est
comprime inférieurement et antérieurement c'est-á-dire qu'il prend la
forme d'une ovale allongée, mais d'autre i^art la formation d'une fosse
tymiiano-stylomasto'ídienne est impossible».
Toutes ees iiarticularités du cráne de La Tigra, correspondent assez
exactement air premier type de Martin. Dans le i^remier, les deux
dépressions deja déciñtes se notent dans la paroi postérieure de la
fosse, mais elles sont tellement insignitiautes qu'elles n'altérent en
rien l'aspect general de la paroi. Le méat acustique externe est tres le-
gérement comprimé en avant et en bas par la dépression peu profond(^
du tympan. L'os tympaniqvie se recourbe vers le bord inférieur du con-
duit auditif osseux, en direction latérale, toujours visible, mais par la
méme surtout prononcé vers l'oriflce du méat auditif (Tuberculum tym-
panicum de Bartels '), en arriére et un peu en haut. Ce point de courbu-
re forme done une créte latérale de plus en plus marquée qui correspond
évidemment á la crista stylotympanica de Bartels, malgré Fabsence de
l'apopbyse styloide et l'état de destruction de toute la región oíi elle
est implantée. La créte pétreuse elle-méme est brisée a la base. Les ré-
gions postérieure et inférieure de l'éminence mamillaire sont également
erodées et les celliües mastoídiennes sont á découvert; mais on reconnait
encoré vaguement la flssure tympano-masto'ídienne. Dans tous les cas,
l'espace situé derriére la créte stylo-tympaniqíie jusqu'á l'éminence
mamillaire est tres petit ; son diamétre sagittal est d'environ 3 a 4
millimétres; il ne peut s'agir ici d' une fosse sinon peut-étre d'une región
tymijano-stylomasto'idienne.
L'éminence mamillaire, dans son état normal, doit étre assez grande,
massive et dirigée en avant; elle doit avoir été unie en avant avec l'os
' Bartels, P., Ueber Gesehlechtsunterschiede am Schadel. Med. Diss. Berlín, 1900.
— 344 —
tympanique, n'ofírant par conséqiient que peu de différence avec le type
européen des livres de texte. L'incisure, aii contraire, me parait plus
large, plus píate et uioins vivement écliancrée.
D'accord avec les exijlicatious antérieures, le cráne de La Tigra oc-
cupe done une place intermédiaire entre les deux types de Martin, plus
rapproché cependant du premier que du second.
Paul Bartels a publié également sur l'anatomie de la región récem-
ment décrite, des études, animé par Thiem, qui prétendait avoir dé-
couvert dans sa fosse tympano-stylo mastoídienne un caracétre du sexe
féminin. Pour ce qui est des détails je m'en suis rapporté á ses con-
clusions. II cite, il est vrai, Martin, mais il ne s'occupe pas des points
étudiés par lui. Bartels appelle le lien oíi l'os tympanique se courbe
en arriére, en cas qu'elle existe, crista stylotympanica et l'utilise pour
établir deux types priucipaux, I sans et II avec cette créte; son type III
n'est qu'uue forme de transition. La premiére forme de Martin corres-
pond done aii type II et en partie au tyjie III de Bartels ; sa seconde
forme correspond au type I. Snivant la derniere nomenclatiire, l'os tem-
poral du cráne de La Tigra correspondrait au type II ou III, ou á un
type intermédiaire entre II et III de Bartels, iirobléme qu'il n'est plus
possible de resondre exactement.
Mais ce n'est pas la la question. Les types décrits ne formeut qu'une
petite jjartie, c'est-á-dire la partie postéro-iuférieure extreme de la cavité
íirticidaire. II faudrait savoir si ees types sont caractéristiques de certai-
nes races, ce qui est doutenx « xmori. Quant á la cavité articulaire dans
sa totalité, c'est autre chose. Martin a fait observer la grande ditiérence
de ce caractére dans les cránes jiatagoniens et les cránes européens, et
pour les premiers il a fait ressortir l'aplatissement et la largeur dans
la direction sagittale. II est certain qu'une étude comparative basée sur
des mesures auxiliaires prises sur un grand nombre de cránes serait d'un
inmense intérét ; mais Baitels (1. c, p. 26) a déjá demontre la quasi im-
liossibilité de prendre exactement de semblables mesures et moi-mémeje
u'ai pas connaissance de travaux de cette catégorie. J'ai passé en revue
une partie des cránes qui forment la collectioa de notre Musée de La
Plata, et je iniis conflrmer absolument les donnés de Martin relatives á
l'aplatissement et á la gi-andeur sagittale de la fosse. Obéissant á l'im-
pression qu'á laissée en moi cette étude, je m'incline á considérer cette
particiüarité de la fosse articiüaire comme caractéristique des cránes
américains, entre lesquels figiire le cráne fossile de La Tigra.
Je ne x)uis découvrir ancun autre sens aux dites propriétés de ce cráne-
Elles ne sont certainement pas pithéco'ides, puisque chez les singes, au
contraire, l'os tympanique a la forme d'un tuyau et la fosse articulaire
est ferméo en arriére iiar le tubercule articulaire postérieur (processus
postglenoídalis), comme par un crochet.
— 345 —
ííotre forme tic cráue n'ii ubsoluineiit rien á voir avec le typc. Néan-
dertlial-Spy-Krapina. Je mets en relief uuiquement les points principaiix
fonnant précisément le constraate avec notre temporal fossUe qui pré-
sente fies caracteres tout a fait niodernes. Dans le type Spy-Krapina,
réminence inamillaireest petite; sa face antérieure est dirigée en arriera
et isolée de Tos tymijanique; ce dernier est libre dans sa partie postéro-
inférieiue et se rapproclie par la de la forme cylindrique observée cliez
les antbropoídes. Son bord externe présente des rugosités; i extraor
dinaireraent épais. Ces formes sont tellement différentes que l'on peut á
peine se permettre une comparaison avec les tyjies modernes établis par
Bartels, suiv'ant la forme de la créte stylo-tymiianique.
La direction delasutnre spliéuo-temporalea été])roposéeparKlaatsch'
coinme caractére difí'érentiel. Suivant cet auteur, la dite suture, chez les
races actiielles, va du cóté postéro-intérieur vers le cóté antéro-extérieur,
tandis que dans le cráne deSpy sa' direction estpresque sagittale. Dans
le cráne de La Tigra et á gauclie dans celui du Chocorí, sa direction est
la méme que dans les cránes modernes ; c'est aussi le cas pour la fissure
de Glaser qui forme un angle droit avec la suture antérieure. (Dans le
cráne de La Tigra, la cassure transverse précisément la suture siihéno-
temporale ; dans celui du Chocorí l'on ne reconnait plus aucune particu-
larité, en deliors de celles que nons venons d'exposer).
Dans le meme travail, Klaatscb íait ressortir la ténuité de la partie
latérale du toit de la fosse glenoídale cbez les races modernes, et son
épaisseur dans les fragments de Spy. Dans le premier cas, l'épaisseur est
de 4 á 3 millimétres plus ou moins jusqu'au point de permettre vague-
ment le passage del rayons lumineux; dans la cráne de Spy les cbift'res
oscillent entre 9 et lO^^S. Dans celui de La Tigra, je trouve á droite et
á gauche 5°""0, et je crois avoir jjris les mesures dans la méme endroit
que Klaatscb.
Pour en finir d'uue fois avec les points sur lesquels cet investigatevir
appelle l'attention, je remarque que la créte sus-mastoidienne est vigou-
reusement constituée, que si l'on regarde le cráne par derriére, elle forme
une saillie prononcée; mais que ce caractére devient en grande x>artie
l)our ainsi diré négatif, par la raison que la partie osseuse qui lui est
snper])(isée est concave, en d'autres termes, légérement excavée en forme
de raiuure, pbénoméne parfaitement en rapport avec l'opinion de M.
Blaschy - qui ne considere pas cette créte comme exclusivement muscu-
' Klaatscb, H., Occipitalla und Temporalia der Schadel ron Spy verglichen mit donen
von Krapina. Verliandluntien der BerUner Gcsellschaft fiir Anthropologie, Ethnologic und
ürgeschiehtc. XXXIV , 1902, ji. 392-409.
' Bi.ASCHY, R., üeber dlc Crista supramastoide des Schlafenbeins. Med. Diss. Kouigs-
])erg, 1896, p. 44.
REV. MUSEO LA PLATA. — T. I. 23
— 346 —
laire. De la méme fa90u la rainure entre l'apophyse zygomatique et
l'écaille temporale est tres notable, plus prononcée á gauche qn'á droite,
bien que d'ailleurs rien ue prouve un dé^eloppement spécial du muscle
temporal.
La créte sus-mastoidienae elle-méme est peut-étre un peu plus dirigée
en arriére et en haut que dans les cránes européens avec lesquels il m'a
été donné d'établir la comparaison.
De la statistique établie par Matiegka ' au sujet de la forme de la
créte sus-mastoídienne dans diverses races, il resulte qu'elle est bien
marquée dans 10 "/o des cas chez les Européens, 20 á 35 "/o cbez les
Asiatiques et Africains, 30 "/o chez les Américains, 30 a 40 "/o chez les
Sudaméricains et 70 % chez les Australiens ; et ce méme auteur a par-
faitement raison de diré que Topiniou individuelle a devant elle un
vaste champ ouvert.
Quant au fragment de lamáchoire sujiérieure j'ai simplement observé
que le palais est extraordinairement surbaissé et que ni la suture sagit-
tale, ni la suture transversale encoré contenue dans le fragment ne
sont nullement prononcées. Le trou incisif est assez grand, le diamétre
sagittal de l'ouverture du cóté du palais mesure 4:°°™5 et le diamétre
transversal «""O.
Les dents sont forteinent décomposées et usées par le frottement. Les
quatre incisives mauquent complétement. Les cauines aiusi que les x^ré-
molaires sont usées jusqii'á la racine. Les molaires gauches sont usées
obliquement d'avant en arriére, la 1" jusqu'á la racine, la2'"°jusqu'á la
moitié, la 3™^ est intacte. La direction de la surface usée est oblique en
direction transversale, de telle fajon que le bord externe est plus haut
que le bord interne. II en est de méme des molaires droites avec cette
différence que, de ce cóté, la 3°°° molaire est également tres usée.
L'unique point de comparaison est done la 3"*^ molaire, bien que sa
surface corónale soit en plus erodée. Je constate également que la cou-
ronne est tres sillonnée ; mais quand une fois l'on a examiné sous tous
les points de vue la valeur anatomique comparée de cette particularité,
il ne reste plus rien a faire avec elle. L'épaisseur de la couronne est tres
considerable (14"""5) ; la largeur est de 11™™0. Ces chiíFres sont tres
considerables et se trouvent á la tete de la table comparative de ]\I. de
Terra - ; les moyennes des chiftres máximum de cct auteur sont 12,2"'™
pour l'épaisseur et 9,9"" pour la largeur de la 3"" molaire supérieure.
^ Matiegka, H., Ucbcr (lie an KainmMlüiingen crinncrnden Mrrkmalc de^ mvnmhlichcn
SchadeU. SHsungHbcriehte der KainerUchcn Akadcmie dcr Wissensohaften in IVieii, Ma-
themnatipns. Klasse, CXV, 3, 1906, p. 18-19.
' i)E Terua, M., Beitriige zti eincr Odontoijraphie dcr Menschenrasscn. Phil. Diss.
Zürich, 1905, p. 126.
— 347 —
Passons maintenant h la cousidération de la norma lateralis. Notis
terminerons en premier lieu la description de la región temporale et de
la región zygouiatique. A droite, il noiis reste un fragment, long d'un
pouce environ, de l'apophyse zygomatique du temporal, brisée vers l'ex-
trémité inférienre de la suture d'union aveo l'os malaire. Malgré son
état profond de décomposition, Pon voit encoré qu'il est tres puissant
et que son bord intérieur, vers le point d'insertion du masseter est tres
]irofondément écliancré. A gauche, il nous reste de la dite región un
fragment de la méme apopbyse, long d'uu centimétre á peu prés, et en
plus Pos zygomatique en entier. Ce dernier est brisé en arriére de l'apo-
Cráne de La Tigi-a, nortna lateralis
physe temporale vers la región oíi elle s'uuit a l'apophyse jngale du tem-
poral ; en haut, le processus sphéno-frontalis est rompa en plusienrs mor-
ceaux qui ont pu cependant étre réunis avec precisión; la continuité
avec l'apophyse jugale du frontal n'est pas interrompue; la créte zygo-
matique de l'os sphéno'ide, dont quelques parties Címfondues avec la
región correspondante de l'os jugal, existent encoré, est brisé suivant
une ligne de cassure irrégidiére. Le margo temporalis est dt-fectueux et
l'existence ou la non existence d'un processus marginaUs n'est xjlus re-
connaissable. Les parties antérieures de cet os sont aussi profondément
confondus avec les fragments du maxillaire. Des sutures corresiiondan-
tes on retrouve, il est vrai, quelques traces, mais elles sont effacées.
— 348 —
D'apres les parties du cóté gauclie eucore existautes, l'ou pen done
l)aifaitement reconstruiré la forme genérale de l'arc jngal, principale-
uient avec l'aide du processus zygomatique droit de Pos temporal,
conservé jirescpie dans son entier. Le parcours déla ligne de reconstruc-
tion corresi^ond en réalité u la ligue tres ondulée vers laquelle Klaatsch
a dirige son attention, dans son travail antérieurement cité (p. 404-405).
Du sqirelette de la face, il reste en plus la partie alvéolaire de la má-
clioire Ksupérieure avec les dents correspoudantes et les paities voisines
de l'os palatin, le tout tres i^rofondément érodé. L'uuiou de la section
gauclie de la partie alvéolaire avec le processus zygomatique, dont cer-
taines parties, comme nousl'avous déjá dit se confondent complétement
avec l'os jugal, n'existe plus; il a done fallu la eomplétcr artifleielleuieiit.
Cette reconstruction n'est pour cette raison méme qu'approximative et
il est impossible de décider avec une certitude absolue si la partie alvéo-
laire opérait sa jonction, plus ou moins Laut ou plus ou moins bas, plus
ou moins en arriére ou plus ou moins en avant, si son inclinaison corres-
pondait exactement á l'axe sagittal du cráne. Cette différence peut,
d'ailleurs, n'avoir qu'une valeur insigniñante et ne pas mériter qu'on
en tienne compte. II est vrai que la tubérosité malaire, située en baiit,
entre les l*^'' et 2^" molaire, forme un point de repére tres suftisant, si
non relativement á la direetion vertieale et a l'inclinaisou de l'axe sa-
gittal, au moins relativement á la direetion sagittale.
ííous pouvons également appeler á notre aide la mandibule dont les
condyles manqiient, il est vrai, mais dans laquelle le bord ijostérieur de
la branche ascendante nous fournit une base, en raison de sa direetion
vers la fosse mandibulaire.
Derniérement, M. Fraiiiont ' a trouvé un moyen d'établir la i)osition
des niácboires, dont il rendit compte air Congrés Anatomique de Liége
en avril 190,3. Les diagrammes crániens des races inférieures, que
Klaatsch lui avait remis, inspirérent á Fraipont l'idée d'abaisser une
perpendiculaire de la ligne glabello-lambdoidienne au point glabellaire
et de noter la dent par laquelle passait cette ligne. « Je trouvai, dit M.
Fraiiiout, que eliez les Australiens observes par moi, c'est le plus sou-
vent la deiixiéme prémolaire qui est atteinte. Quelquefois la perpendi-
culaire passe entre la premiére molaire et la deuxiéme prémolaire, ou
bien entre la premiére et la deuxiéme prémolaire. Ayaut fait la méme
construetion sur la projectiou du cráne de Spy n° 1 (reeonstitution de
1889), la perpendiculaire tomba en dehors et en avant de l'arcade den-
taire. Je soumis á la méme construetion géométrique queje viens d'ex-
' Fraipont, J., i'ssní de reconstruction des rapports de la face avec le cráne ches
l'homme fossile de Sp;/. ComjHos rendiis de l'Associatiun des Anatomistes, 5°"^ session,
Liége, 1903, p. H-13, fig. 1.
— 349 —
poser une serie de i)roie('tions crrinio<;ríi]iliiqnes du craiie aiicien et ino-
derne appartenant á dittérentes races. Je vis la perpeudiculaiie i)asser
entre les limites de la premiére molaire á la canine, mais jamáis en
avant des incisives et encoré moins en debors, méme cliez les Eurof)éens
les plus ortliognatlies. Ma reconstitution de 18S9 était done fantive. »
« II resulte alors, dit M. Klaatsch ', que, dans toutes les races, cette
perpendiculaire, avec nne constance qui a lien de nous étonner, tombe
a l'intérieur, de l'arc dentaire, presque toujours dans la región des pré-
molaires, quelquefois aussi entre celles-ci et la premiére molaire; mais
elle ne sort jamáis du bord de la machoire ». Ce serait un travail méri-
toire d'étndier sur un matériel plus considerable la position du maxil-
laire et spécialement son inclinaison, en établissaiit un plan horizontal
de la capsule cranienne. L'ou pourrait peut-étre prendre i)onr direction
la ligne alvéolaire v\\e de profll.
Dans le profll reconstruit du crfine de La Tigra nous coustatons nne
ti'és forte prognatliie, dont je m'abstiendrai cependant de donner les
mesures ; dans la mandibule nous sommes également surjiris de la forte
saillie du mentón, sur laquelle nous revieiKlrons, du reste, quand nout
ferons la description de cet os.
Du reste, dans la courbe de profil, l'on voit les changements i)roduits
par la déformation artiñcielle et que nous avons déjá décrits; l'inclinai-
son de l'occiput et l'aspect fuyant du front sont également des caracte-
res tres frappants.
Pour le méme motif, nous renongons représenter graphiquement la
hauteur de la calotte et les angles a relever dans le profil, jiarceque
les altérations artiflcielles du cráne ne permettent pas une comparai-
son complétement indiscutable ; du reste, relativement á la bauteur
et capacité du cráne chez les races d'hommes actuellement existantes 11
ne peut y avoir aiicun doute. Ainsi, par exemple, en raison de la modi-
flcation artiticielle, et á cause de la jJi'ession en arriére la grandeur du
cráne est exagérée.
La capacité du cráne de La Tigra, calculée selon la métbode de Welc-
ker (1. c), est de H6i ceutimétres cubiques.
Les dents de la machoire supérienre sont malheureusement tres éro-
dées, fréles et cassantes. II manqite les deux incisives inférieures ainsi
que la 2"" prémolaire droite, dont l'alvéole est précisement tr.iversée par
une ligne de cassure. D'ailleurs la deuture est complete. Les couronnes
sont tellement usées qu'on ne peut distinguer absolument rien de la
forme de celles des dents molaires.
' Klaatsch, H. , Dle Fortschi-Htc der Lelire i-on den fossilcn Enochcnresten des Mensckcn
in den Jáhren 1900-1003. Ergebtiisae der .iiuúomie uiid Entwickelungsgeschichie, XII,
1902, p. 600.
— 350 —
Les deiix incisives externes aont petites, ainsi que les canines et les
deux prémolaires gaviclies; je m'abstiens des mesures á cause du mau-
vais état de conservation des os. La 2™° prémolaire gauche, est un peu plus
en arriere que sa compagiie de droite ; les deux out beaucoup de jeu,
eu raison de ce que, á gaucLe il u'existe plus que deux molaires (a droi-
te il y a les trois). Les deux courbes dentaires sont, pas conséquent
asyiuétriques. La 1"^ inolaire gauche est située beaucoup plus en arriero
que la molaire droite correspondante ; la 2""° molaire gauche est plus re-
tirée en arriére que sa compagne de droite, des trois quarts environ de
la longueur d'une dent et son bord postérieur se trouve dans la méme
ligne que la limite entre le premier et le troisiéme tiers de la 3™" molaire
droite. Eien u'iudique que la molaire gauche ait jamáis existe; il n'y
a aucune trace d'alvéole méme atrophié et la crista buccinatoria est
bien marquée.
Les molaires son assez grandes, bien que leurs dimensions ne soient
lias extraordinaires. A gauche elles sont considérablement erodées; mais
á droite il est encoré facile de voir que l'usure des couronnes augmente
d'arriére en avant. Dans la 3"° molaire droite, le bas du relief coronal
est visibleuient conservée, mais, á cause de l'érosion tellement confus
qu'il est imiiossible de rien en conclure. La couronne de la 1" molaire
droite a presque entiérement dispara par l'usure.
Je crois que l'on j)eut en toute contiance mesiirer la couronne de la
dent de sagesse droite. Sa largeur est de 13°'°'5, son épaisseur linguo-
labiale de 13™"0, chiffres, comme on le voit, réellement eleves. M. de
Terra (1. c.) indique comme chiffres moyennes du groupe máximum
9,9""" pour la largeur et 12,2""" pour l'épaisseur; les mesures trouvées
chez la máclioire supérieure de La Tigra se trouvent a la tete de sa
table comparative.
Enfln, j'observe encoré que les dents et la máchoire paraissent ofl'rir
entre elles des relations exactes de grandeur.
MANDIIiULE
La mandibule est forteuient corrodée. A droite, les apojjhyses coro-
naire et articixlaire sont par la méme complétement détruites, et l'angle
mandibulaire tres endommagé. A gauche, la méme región est, au con-
traire, bien conservée, bien que l'apophyse articulaire soit brisée á la
hauteur de l'incisure. De plus, la máchoire était brisée en plusieurs frag-
ments, uiiiis on a pu les reunir avec ijerfection ])Our i-econstituer l'os.
La destruction s'étend a toute la face su])érieure qui n'est absolument
intacte que dans deux eudroits, spécialement du cote iutérieur couvert
— 351 —
de nombi-ciiscs inf-rustations calcaires en forme de lames Hnes, que l'on
peut par endioits détaclier facilemeut.
Les caracteres de cette mandibule, suivaut moi, indiquent un indivi-
du cr", s])écialement le bord ]>ostérieur de la branclie asceudaute, qui
remonte dans une directiou presque verticale.
L'usure assez prononcée des couronnes dentaires, sur laquelle nous
reviendrons encoré, ainsí que ratropliie peivt-étre déjá iuitiée de la subs-
tance osseuse indiquent que cet individu avait passé le milieu de la vie,
aftinnation parfaitement en armonie avec la dispositiou de la capsule
cránienne.
Les caracteres ])rincipaiix de la mandibule sont en general les sui-
vants :
Le relief extérieux de la región de l'angle mandibulaire est bien for-
« b
Fig. 40-41. — ilauílibiüe tlu La Tigra : a, noniia verticaUs et b, norma lateralis
mé, l'angle lui-méme est bien régiüiérement arrondi. Le bord postérieur
de la branche ascendante est perpendiculaire au bord inférieur du corps ;
la branche ascendante elle-méme est d'une largeur surprenante, au moins
40 millimétres, en comptant les iJarties qui manquent. Je considere cette
enorme largeur comme caractéristique des américains et j'ai pu m'en
convaincre par l'examen des nombreuses mandibules que nous possé-
dons dans uotre collection.
Le relief interne de la región de l'angle mandibulaire est admirable-
ment formé, avec quatre cotes rayonnant vers Farriére comme les bran-
clies d'un éventail, pour l'insertion des muscles. Quant aux particidari-
tés du sillón, ou fossa foraminis mandibularis et á la región oü elles se
trouvent, les incrustations ne jiermettent de rien reconnaitre avec exac-
titude; il était évidemment peu profond. La lingule a la forme d'une
écaille de pomme de pin; le sillón mylobyoi'dien est rempli d'incrusta-
— 352 —
tious; ]a Ibvea submaxillaris est facilemeut recouuaissablc. La ligne
obligue interne ou myloliyoidienne est extrémement marqiiée daus la
región des dernieres molaires, mais seulement d'une maniere indirecte,
parceque le corps, en armonie avec le pnissant développement des mo-
laires est tres large daus cet endroit et la ligne mylobyoidieune est en
conséqiience tres élevée. Pour le méme motif, la ligne oblique externe,
dont a- dessein nons n'avons pas encoré parlé, est tres remarquable, ce
qui n'a lien dans aucun autre cas. La largenr du corps mandibulaire,
dans la región des dernieres molaires, avec ses 21°"5á droite et 21™"0 á
gauche, mesnrée en projection transversale perpendicnlairement au plan
du corps mandibulaire droit on gauche, est réellement considerable et
surpasse de plusieurs millimetres la mesure analogiie iirise sur difteren-
tes máchoires européennes méme fortement développées. Derriére la
derniére molaire, le corps diminue immédiatement.
Le trou mentonnier est située (á gauche) entre la derniére prémolaire
et la premiére molaire; á droite le point correspondant est défectueux.
Pour l'étude de la región mentonniére, je m'en suis tenu principale-
ment aux monographies de Virchow ' et de Topinard -, qui se compléteut
en partie l'une et l'autre.
Le relief de toute la región mentonniére ^ est tres bien conservé et
bien dessiué. Le trigone mentonnier est bien prononcé et par la méme
nettement triangulaire; il est cintré et s'étend en haut jusqu'au bord
alvéolaire. Son milieu, c'est-á-dire la protubérance mentonniére des tex-
tes anatomiques, vu de cote est tres saillant; il s'agit done d'un mentón
absolumeut humain; mais Topinard a déjá mis en doute la détermination
indiscutable d'un «angle mentonnier ou symphysien» (1. c, p. 413-415)
et nons nons en abstiendrons a plus forte raison, á cause du mauvais
' Virchow, R., Der Kiefer aus der Sehipl'a-hohle nnd der Kiefer ron La Xaiilette,
Zeitsckrift ful- Ethnologie, XIV, 1882, p. 277-310.
' Topinard, P., Les caracteres simiens de la máchoire de La Naulette. Eevue d'An-
thropologie, (3), I (XV), 1886, p. 385-431.
' J'adopte la dénomination de Topinard (1. c, p. 409) « triaugle moiitoimier » dans
la forme latine tríflomim mcntale, dont la moitié formaut frfquemnient uue creto ver-
ticale, représente la lírotubérance mentounifere, protuberantia mentalis et dont les
deux angles inférieurs représentent le tuberoule mentonnier (tuberculum luentale)
droit et gaucbe respectivoment. En debors des cfttés presque toujours un peu conca-
ves de ce triaugle sont situées les fosses nientonniferes laterales, en latiu par consé-
qnent \es fossae mentales laterales (Topinard, ibidem). La forme triangulaire n'est
apparente que dans les maudibules massives, par exemple dans beaucoup de mandi-
bules américaines ; chez les européeens les cótós du trianglo equilateral sont souvent
tellement concaves que, si on le compare avee les lettres de l'alphabct grec, lo nom
íVomét/a mental serait le plus en rapport avec sa forme. L'ou peut également eonsi-
dérer la protubérance móntale eomme uue formo intermédiairc, dont le trigonum
móntalo et l'vméya mental représentant les extrémités chaeun de leur cóté.
— 353 —
t'tat- de couservation rtu bord alvéolaire. Les deiix cotes du trigone sont
cuucaves et les fosses meutouniéres (laterales) bien luarquées. Les bos-
ses mentonniéres sont aussi tres prononcées et regardées par en bas
elles sont clairement visibles.
Quant á l'aspect basique de la región mentouniéro nons reprodnisons
premierement les propres déclarations de Virchow au sujet de la uiandi-
bide de Scbipka (p. 288) : « Tandis que la mandibule humaine, quelle
qne soit du reste sa forme, termine a sa base par un bord derriere lequel
la suríace postérieure s'éléve tantot perpendiculairement, tantót obli-
quement, la mandibule de Scliipka présente derriere le bord une surface
interieure spéciale limitée á son tour, en arriére, par un bord, et c'est
seulemeut de ce second bord que s'éléve la surface postérieure. Au lien
d'un bord nous avons done ici une surface á deux bords, conformation
complétement anomale. » La méme conformation anomale s'observe non
seulement dans la mandibule de La Tigra, mais aussi dans un grand
nombre de mandibule.>i américaines que j'ai eu le loisir d'étudier.
En general les oscillations individuelles et génériques et la transition
d'un bord inférieur arrondi á une surface plus au moins large sont
assez fréquents et apparentes proiiortionuellement á l'épaisseur du
corps mandibulaire, laquelle est tres considerable tant dans les man-
dibules modernes que dans les mandibules fossiles américaines. Dans la
mandibule de La Tigra, la symi)hyse inférieure est au contraire aplatie
et son cote antérieur s'éléve obliqíiement en liaut pour former le trigone
mentonnier légérement convexe; en arriére elle termine en une pointe
linguiforme, que Virchow (p. 289) * considere comme une « épine men-
tonniére anomale » et que Topinard (p. 390), appelle le « bec du mentón » ;
le nom de « bec postérieur » conviendrait peut-étre mieux. Les fosses
digastriques situées de chaqué cóté sont tres i^rononcées dans la mandi-
biüe de La Tigra. Le dóveloppement d'une superficie basique munie de
fosse digastrique est précisément « antipitbécoíde » (Virchow, p. 304)
et Vircliow (ibid.) le considere dans l'ostéologie humaine comme une
grande rareté; il existe cependant, quoique rarement, des rapproche-
ments, aussi complets que jiossible chez les mélanésiens (p. 305) et l'on
constate des transitions vers cette forme méme dans les races supérieu-
res. « II faut done, dit-il, les considérer comme une esagération d'une
conformation exclnsivement humaine. » Des desseins diagraphiques
pourraient nous procurer luie syuopsis statistique au sujet de cette inté-
ressante superficie basique.
De ce que dit Virchow relativement a l'épine mentale interne, nous
mentionnerons seiüement que sa hauteur, c'est-á-dire son degré d'éléva-
' Daus ViRCUow, 1. c, p. 289, ligne 1, il faiit tívidemment lii'e «postérieure» au
licii ti' « autérieure ».
— 354 —
tion au-dessiis de la surface est sujette aux plus grandes variatious, de
méme que le coutour de sa base et sa forme.
La región de l'éjiine raentale interne a été snffisamment étudiée par
Topinard sur diverses mandibules luimaines et les variantes inincipales
ont été représentées grai)liiqxieinent par lui.
II décrit cette región dans le.s termes suivants (p. 309, etc.) : « La ligne
oblique interne disparait á mi-liauteur de la face interne de la niáclioire,
au niveau de la preniiére grosse molaire, rarement de la deuxiéme petite
molaire... Quelquefois cependant elle projette en bas un petit prolonge-
ment ou est continuée par un léger renflement, jusqu'ii la ligne médiane
qu'elle coupe dans sa región geni inférieure... Quoiqu'il en soit, de son
cote supérieur vers la premiére grosse molaire se détaclie, cbez les
négres surtout, un relief horizontal qui partage la face postérieure du
maxillaire, sur la ligne médiane en deux parties : l'une supérieure, incli-
née cliez ees négres et qui constitue leur prognatliisme interne; l'autre
inférieure qui comnience par une chute verticale, se continué dans tout
l'espace compris entre deux trons vasculaires que j'appellerai tron geni
supérieur et tron geni iiiféricur et formant la surface génienne, et aboutit
au hec du mentón. »
Et á la page 41G, il dit : « J'ai appelé región génienne l'espace com-
pris sur la ligne médiane et de chaqué cóté immédiat entre les deux
trous étant inclus dans la región. Cest dans son aire que se trouvent
les apophyses geni supérienres servant d'insertion aux muscles génio-
glosses et les apophyses geni inférieures servant d'inseition aux mus-
cles génio-hyo'ídiens. Ces apophyses qui ont íait tant de bruit n'ont
cependant jamáis été étudiées avec soin. »
Tojiinard a fait ce que n'ont i>as fait ses devanciers, il commence la
description de son tyi>e classique dans les termes suivants que nous re-
l)roduisons textuellement ici, ijarcequ'ils s'appliquent quasi directement
á la máchoire de La Tigra :
« En haut deux petites crétes osseuses, verticales, paralléles, plus ou
moius écartées de 1 a 6 millimétres; au milieu une surface lisse de 1 á
2 millimétres; en bas deux petites crétes également verticales et paral-
leles que separe simplement un sillón, vestige de la séi^aration primitivo
de la mandibule en deux moitiés. Le plus souvent pourtant ce sillón est
peu visible, les deux crétes inférieures sont réunies en une et l'on a ce
qui constitue la regle : une seiile apophyse inférieure médiane et deux
apophyses supérienres laterales. Fréquemment en méme temjjs les deux
crétes supérienres s'écartent en V, l'intervalle au-dessous disparait et
les trois apophyses, deux en haut et une en bas, se rencontrent et don-
nent la forme en Y. »
n insiste plus loin (p. 419) sur la grande variabilité des diverses for-
mes dans chaqué race, variabilité qui, naturellement, fait perdre a ces
— 355 —
formes leur valeur diagnostique, et les autliropoules eiixuiémes présen-
tcnt les formes les plus bariolées. A la page 435 il resume les différeu-
ces principales : « Le type de la surface génienne des antliropoídes est
tont diftV'rent, l'apophyse geni inférieure est le plus souvent tres accu-
sée, les apophyses geni supérieures sont reniplaeées par une fosse pro-
fonde (= fosse génienne, p. 393) qui s'éloigne prodigieusement de toutes
les variantes de détail qui peuvent fortuitcment se trouver rassemblées
d'uue fayon niinuscule chez l'homme». Bnoutre, d'apres Topinard, cliez
les antliropoídes, le trou geni supérieur et inférietir (les points d'orien-
tation et l'espace compris entre le trou geni supérieur et le bord alvéo-
laire) est divisé en deux parties par un rt'Iief liorizontal, « l'une supé-
rieure inclinée... qui constitue le prognatbisme interne, l'autre inférieure
qui commence par une cbute verticale », conduisant au trou geni supé-
rieur (p. 390 et flg. 2, p. 393).
Enflu, Topinard s'occupe du hourrelet tranaverse décrit par Pruuer Bey ;
ce bourrelet prend naissance dans le haut de l'apophyse geni (grandes
variations) et s'étend vers l'arriére en direction plus ou moins transver-
sale, ce qui donne lieu encoré á de grandes dififérences (voir les détails
dans Topinard, p. 425-428); on le trouve également cliez les antbropoí-
des á difterents degi-és de perfection et Topinard (p. 428) le considere
comme « caractere simien, pouvant se recontrer dans toutes les races,
en tont cas présent dans la mácboire de la Naulette ».
Topinard prenant les trous geni supérieur et inférieur comme points
d'orientation, doit les avoir toujours trouvés dans son matériel, bien
qu'il ne mentiomie par le trou inférieur dans la mácboire de la Naulette
(p. 757); il n'a pas toujours trouvé l'inférieur cliez les antbropoides (p.
419). Vircbow ne parle également, dans toutes les mácboires bumaines
et méme dans celles de Scbipka et la ííaulette que du trou supérieur; il
remarque qu'il est situé qiielquefois au fond d'une fosse appelée par lui
fossula supraspinata (p. 30C) et qu'il ne faut pas confondre avec la fosse
que l'on trouve cbez les antbropoides au lieu de l'épine mentonniére in-
terne (ou plus exactement de l'ajjophyse geni supérieure, Topinard, p.
420) et par conséquent avec la fosse génienne de Topinard. Topinard a
observé aussi quelquefois dans des máchoires humaines « un infundibu-
lum produit ])ar l'évasement du trou geni supérieur», tandis que cbez
les antiiropoides le trou supérieur vient parfois se situer dans la fosse
génienne (p. 393). Dans les mandibules américaines, je n'ai trouvé que
rarement les dexix trous.
Voila pour l'orientation des caracteres ostéologiques de cette región
si déplorablement négligée dans les manuels d'anatomie. Examiuons
maintenant la mandibule de La Tigra dans la direction de bas en baut.
Le trou inférieur existe et forme le fond d'un petit entonuoir large de 1
millimétre. L'apopbyse geni inférieure est formée de deux ülets parallé-
— 356 —
les verticaux separes l'iin de l'avitre par une fente presqu'imperceptible.
L'apophyse geni supérienre est formée de deux bourrelets paralléles
verticaux separes par une fente dontla largeur, bien que doubledecelle
du premier, atteint á peine 1 millimétre. II s'agit done ici du type hu-
main le plus fréquent suivant Topinard. De l'extrémité inférieure de
l'apophyse geni supérieure s'étend á droite en direction transversale
une protubérance large et peu élevée (bourrelet transversal de Pruner)
qui n'est pour ainsi diré pas reconnaissable á gauche. Le trou supérieur
se trouve dans le fond et dans la moitié droite d'une íossula supraspi-
nata coupée en deux par une flne créte verticale. Vers le haut de ce trou
jusqu'au bord alvéolaire, la surface osseuse est en general légérement
convexe et, sur la ligne médiane, en dessous du bord alvéolaire, l'on dis-
tingue encoré une fente symphysique de 7 millimétres de long; il y a ici
ni « prognathisrae interne », ni formations de cette espéce.
Les caracteres de la régiou génienne de la máchoire de La Tigra ap-
partiennent done au type humain commun.
Indépendemment des travaux de Virchow et Topinard auxquelsj'ai
fait allusion, je fus ñ-appé de la hauteur relative de l'apophyse geni su-
périeure. La hauteur de la symphyse, mesurée intérieurement par moi,
est de 32 millimétres et la limite supérieure de cette apo^jhyse se trouve
exacteraent á 15 millimétres au-dessus du bord inférieur en projection
verticale. J'ai déjá dit que Virchow parle d'une fa^on genérale des oscil-
lations dans la hauteur de l'épine mentonniére (p. 305), sans y insister
davantage; Topinard n'en parle pas.
La courbe du corps de l'os, vue d'en haut, est formée poiu' ainsi diré
de deux sections, produites par l'énorme développement de la partie
alvéolaire du corp mandibulaire. Ce dernier forme une ellipse et la
courbe des branches est longue et étroite, en raison de ce que les condy-
les sont peu separes l'un de l'autre.
Au contraire de ce qui a lien pour Chocorí, la courbe de la máchoire
de La Tigra rapelle notablement la forme théroide primitive en U de la
mandibule de la double sépulture de Monaco que Gaudry '■ a représen-
tée; sa similitude avec les Australiens actuéis est indéniable, tandis que
chez les Européens modernes, la mandibule présente une courbe ouver-
te. En méme temps les ampies variations de ce caractére dans la variété
américaine ressort d'un simple examen superficie] d'un certain nombre
de máchoires ', et il serait intéressant de se livrer á leur sujet á des re-
' Gaudry, A., Contributíoi) a l'histoire des hommes fossilcs. L' Anthropologie, XIV,
1903, p.
' Matthews, W., The human iones of the Hemenivay Colleetion in the United Slaics
Army Medical Musemn at Washington. Memoirs of the National Academy of Sciences,
VI, 1891, pl. 52-rit; ten Kate, H. F. C, Anthropoloiiie des aitciens habitants de la
ré(jion Calchaquie. Anales del Museo de La Plata, Seceión antropolóyica, I, 1895, pl. VII.
— 357 —
cliei'clies spéciíiles; méme tlans les muiulibultis lossiles euiopécuiies l'on
ne constate pas la moiiidie coucordance ; celle de Spy I ^ et certaine-
inent aussi celle de Ocbos - me semble beaiicoup plus on verte que celle
deja citée de la Double Sépiílture. II vant mieux s'abstenir de premlre
des mesure.s; Topiíiard hii-meme dit (I. c, p. .'594) : « De borníes mesures
exprimant bien ses degrés sont encoré á trouver : l'ceil a peiit-étre plns
de perspicacité ici que les Instruments. Faut-il se guider sur la lévre
externe ou sur la levre interne, cu encoré sur l'axe méme des alvéoles
et des dents? »
Ce qui surprend dans la máclioire de La Tigra, c'est sa grande épais-
seur. Topinard s'est livré á de recherclies préparatoires et nous pouvons
nous en flor a lui (1. c, p. 391-392). II insiste sur les grandes oscillations
individuelles qui diminuent la valeur des chift'res moyens par series ;
mais l'épaisseur surprenante de la mácboire de La Tigra ne perd rien
au calcul de 1' Índice de la hauteur et épaisseur. Nous mesurons comme
Topinard, « l'os étant compris entre les deux branches du comiias glis-
siére » .
ilautUbule de La Ti^^ra Hauteur Epaissuur índice
Symphyse 32 10 56.3
Entro la caninc et la premifere prémolaire .S5 13 37.1
Au trou mentonnier .SO 13.5 45.0
A la (leuxieme molaiie 30 16 53.3
A la troisitme molaire 30 24 70 . 0
Xous ajoutous ici les cbift'res communiqués par Topinard (p. 392)
pour la mandibule de La Naulette :
Mandibule de La Naulette Hauteur Épaisseur índice
Symphyse 31 14 45. 1
A la canine 28 14.5 51.8
Au trou mentonnier . 26 15 57 . 7
A la 2"s grosse molaire 23 16 69.5
La mandibule de La Tigra est alors tres grosse a la symphyse et se
retrécit á la hauteur de la canine potir redevenir tres grosse en arriére.
Elle atteint son épaisseur máximum á la hauteur de la 3°"' molaire. La
mandibule de VHonio primigenius n'est pas si étroite á la hauteur de la
' FiíAiPOXT, J., et LOHE.ST, M., La race humaine de Neanderthal ou de Canstadl en
Belgique. Eecherehes ethnographiqtiea sur des ossements humains, dócouvcrts dans des dé-
póts qiinternaires d'une (/rotte á S})!/ et dc'termination de Iciir age géologique. Archives de
Biologie, VII, 1891, pl. XIX.
' RzEiíAK, A., Der Unterkiefer von Oehos. Correspondenzblatt der deutschen Gesell-
schaft für Anthropologie, Ethnologie und Urgeschichte, XXXVI, 1905, p. 87 ;
Id., Der Unterkicfcr ron Ochos. Ein Beitrag zur Kcnntnis des altdilurialen Menschen.
Verkandlungcn des nulurforschenden Vereins in Brilnn, XLIV, 1906, Sonderabdruok,
26 pp.
358
canine et son éj)aisseur augmente, i^ar conséquent, d'avant en arriére,
d'iine maniere convergente. Les chiffres absolus démontrent aussi
l'augmentation de l'épaisseur dans les deux mandibiiles, tandis que la
liauteur diminue i)lut6t dans la mandibule de La ííaulette que dans celle
de La Tigra.
Pour comparer les dimensión» á la bauteur du trou mentonnier, nous
reproduisons la table de Topinard (p. 391) en y ajoutant les cbiffres
corresi)oudants de la mandibule de La Tigra :
MauíUbules iliveríiea Hautenr Epaiaseiir índice
10 parisiens 31.2 12.7 40.8
10 néo-calédouieus 32 . 9 13.8 40.9
10 négres d'Afrique 31.8 13.4 42.1
1 La Tigra 30.0 13.5 45.0
4 orangs 43.7 22 . 2 50 . 8
4 gorilles 42.7 21.5 50.3
1 La Naulette. 26.0 15.0 57.7
Les mesures absolues de la mandibule de La Tigra se trouvent alors
au iiülieu de la récente serie liumaine, á l'exception de lY'paisseur
relativement forte dont nous avons deja izarle. La mandibule de La
Naulette appartient a une catégorie tout á fait différente ; voir aussi la
table de M. GorjanovicKramberger ' que nous reproduisons :
STMPHTSB
Mandibules diluviales — n '^ ^■-- — "---
Hauteur Epaisseur
ilalarnaud 26 . 0 13.0
Arey.. 28.0 15.5
La Naulutte 31.0 14.0
Spyl 38.0 15.0
Ochos — 18.0
Krapina D 33.0 13.6
— E 35.0 13.1
— F env.31.0 14.5
— G 31.5 14.4
— H 40.0 15.4
_ 1 42.3 15.0
La Tigra 32.0 18.0
Tublc des mesures de la mandibule de La Tigra
(Voir aussi p. 357)
Millimí'tres
Braiiche ascendante, hauteur (du bord ÍDÍerii"ur á la moitié de l'ineisure,
parallblemeut au bord po.stiSrieur) ±59
IJrauche largeur perpendiculairement a la mesure autérieure ±50
' Gorjanovic-Kramiíurgkk, K., Der diliivialc Mensck von Krapina in Eroalien.
Ein Beitraij sur J'alüoanthrojmlogie, Wiesbadeu, 1906, p. 167.
— 359 —
ililliiní'tres
Symphyse, hautcur (saiis deuts) 32
Épaissour (sous l'épine mentón, interne) 18
Distance du soinmet de l'épine mentón, interne aii bord inféricur de la
synipbyse (niesnrée en projection) -. 12
Aufíli" formé par le bord postériour de la branche ascendante et le bord
inférioiir dn corps ± 85°
FiK. 42
- 0.S lüiiga fie La Tigra : (a) Iuiidítus droit, (b) humérus gauche, (c) radias droit
(d) radius gauche, (e) cubitus droit, (/) cubitus gauche
Oi LOííGS
Aii cráne de La Tigra corresijonclent le x^lus granel nombre des os
longs, dans un état de conservation relativement bon, et méme tont á
fait bon si l'on tient compte de ce que ees os i^roviennent de la forma-
tion panipéenne. lis présentent en effet un aspecfc blanc-jaunátre dans
les quelques poiiits oíi la surface est intacte. Cette surface, ou bien porte
l'empreinte d'nn réseau á niailles fines comme celles que laissent der-
riére elles les radíenles vegetales; dans d'autres points elle est conime
rongée ou bien couverte de concrétions calcaires solides, espéces de sta-
— 360 —
lactites qui cachent complétement le relief externe. A l'extrémité pro-
ximale de l'liuméras gauche il se trouve rte petits fragmentsd'autresos,
de cotes peiit-étre, flxés au moyen d'une j)áte calcaire comiiacte, et á
l'extrémité distale du radiiis gauche, des restes de petits os longs (peut-
étredescarjiienSjXjeut-étre des métacarpiens, etc.). Dans certains endroits
la substance de l'os est parsemée de taches noirátres iiianganiqnes ou
fernigineuses qui la font ressembler d'une maniere fraiqiante a la sur-
fiíce de section d'un fromage de Eoquefort.
Les os sont tres frágiles ct adhérent íbrtement á la langue ; ils ne
contiennent plus qu'une jietite quantité de matiéres organiques, si tou-
tefois ils en contiennent encoré.
HDMERUS
Les deux épiphyses manqucnt tant dans l'liumérns droit que dans le
gauche et les cavités médullaires distales sont remj)lies de concrétions
calcaires comijactes. Les os sont ijlutót gréles ; le V delto'ídien est fai-
ble ; la surface interne, presque dans toute l'étendue de la diaphyse,
mais surtout dans sa partie proximale antérienre, forme une large sur-
face ; le sillón radial est tres peu apparent. Quant aux mesures, Pon ne
peut en prendre qu'un tres petit nombre.
Table des mesures de I'hiimérus de La Tigra
JSIilieu de la diaphyse, diametre máximum . .
— — diam&tre minimiim . .
— — Índice
— — circonférence
Circonférence mínimum
Ce ne sont pas la des chiffres insignifiants, si on les compare avec
ceux obtenus sur un matériel européen :
Utimérus hararois '
Droits (53) Gauchfs (57)
miUiméti'es luilliiuetrea
Milieu de la diapliyse, diamMre máximum. . . . 22,6 22,1
— — diamfetre miuimura .... 18,1 17,9
— — índice 80,1 81,0
— — circonférence 66,2 65,3
Circonférence mínimum 62,0 61,5
Lehmann-Nitschk, R., üeber dic lamjeii Knochen, etc., 1. c, ji. 7.
— 361 —
Le íliametrc máximum du milieii de la diapliyse, surtout de l'hvimérus
Uroit fossile de La Tigra, est iiotableiueut grand, taudis que le diametre
miuimum accuse presque les mémes cliiffres que dans les humérus bava-
riiis. La- circonterence du milieu et la cireonféreuee minimum dans l'os
droit de La Tigra soiit idus considerables que dans 53 bavarois.
A gauche les grandeurs sont i)roportiionnellement inverses ; dans
l'lmmérus gauche de La Tigra les mesures sont plus ijetites qae chez les
bavarois (seulement le diametre máximum est un peu plus grand).
La difterence de grosseur entre le cóté droit et le cote gauche du
corps eat done plus prononcée dans les humérus sudaméricains que dans
leurs congéneres de l'ancienne Baviere.
RADIUS
Des radius il ne reste que des fragments assez longs du milieu de la
■diaphyse, dont la surface est fortement corrodée dans la forme décrite
]ilus liaut. Les mesures ne peuvent étre prises qu'approximativement
au milieu du coráis de l'os :
Milieu approxiraatif
do la diaphyse du radiua
Diiinií-tre máximum . .
Diametre minimum . .
Circonféreuce
Ijes cliiffres sont done, en general, un peu plus eleves a droite, á gau
clie un peu plus faibles que dans les tribus correspondantesdel'acienne
Allemagne. La difterence entre le cóté droit et le cóté gauche du corps
est aussi plus prononcée chez l'homme de La Tigra.
La détermination de la courbure du corps de l'os, suivant la méthode
<le Fischer ' est tres hasardée, vu le mauvais état de conserv'ation. Dans
auctm i^as cependant la courbure du radius n'est aussi marquée que dans
le groupe Spy-Xéanderthal.
La créte interosseuse ii'oft're rien de remarquable.
CUBITUS
II ne reste qu'un fragment assez long du milieu de la diaphyse du cu-
bitus gauche, lequel n'oft're du reste anatomiquement rien de remarqira-
' Fischer, E., Dic Variationen an liadius und Ulna des Mcnscken. Zeitschrift fiir
JIorphologie und Anthropologic, IX, 1906, p. 169.
EEV. MUSEO LA PLATA. — T. I. 2i
— 362 —
ble ; les iucrustatious calcaires qui le coiivrent sout tres épaisses et les
diamétres ne penvent étre mesures, en raison de l'alfectioii pathologi-
que dont nous allons parler. La piéce est tres intéressante, elle porte les
traces d'une fracture rédiiite située un peu au-dessous du milieu de l'os,
qni avait été cassé dans ime direction tres oblique, coinme en bec de
flúte. La fracture a parfaitement guéri, la callosité est peu apparente et
la ligue de fracture origínale n'est jiour ainsi diré plus roconnaissable.
Vraisemblablement cependaut la pointe du bec de flúte du fragment distal
formait la créte interosseuse ; celle du fragment proximal formait les bords
palmaires et dorsaux ; on ne peut d'ailleurs se rendre compte si la i)ointe
proximale était siinplement doublée ou entiérement séparée. La gué-
rison s'opéra accompagnée d'une dislocation lougitudiuale de maniere
que la face medíale ne formait deja plus la lígne convexe régulíére des
os normaux, maís bien un angle obtus. Dans la réduction de la fracture
íl u'y a pas en d'avitre déplacement ; si l'on regarde d'en liaut perpendi-
culairement la face medíale on voit que les bords palmaires et dorsaux
ne sont pas sortis de leur direction. La fracture parait avoir été produíte
par traumatisme, peiit-étre par un coup donué sur l'avant bras gauche
en position de parade. Le radíus gauclie ne fut pas atteint. La guérison
s'opéra peut-étre sans l'entremise du patíent, et par l'actíou des muscles.
flécliísseurs des doigts fut accompagnée de la dislocation décrite.
Une particularité observée par Verneau ' dausles cubitus des anciens
Patagons et apxielée par luí «platolénie» c'est-á-dire l'aplatissement du
corps cubital ímmédiatement au-dessous de la petite cavité sígnio'idienne,
dont je pourraís á mon tour désigner la foruie habituelle sous le nom de
« eurolénie » n'est malheureusement plus á cause du mauvaís état de
conservation de la piéce.
FÉMUR
Les condyles du fémur droit sont fortement endommagés et de l'épi-
physe proximale il manque toute la partíe qui s'étendjusqu'al'insertion
du col. Du fémur gauche il manque les condyles et l'éi)ii)liysc jyroximaU'
tout entiére. Quoíqu'il en soit, par la comparaíson du fémur drdit a\ec
les fémurs uu)dernes, on jwurra obtenir une base approximativc i)()ureii
calculer la longueur, ce qui n'était pas possíhle pour les os jus(pi'ici dé-
crits. Dans les deux fémurs la surface est tres érodée, et si ce n'était
précisément ce mauvais état de conservation, on aurait pu obtenir avec
ees os des résultats plus satisfaisants.
Au moyen de la comparaison avec des os modernes á laquelle j'ai fait
allusion, j'ai obtenu i)our le fémur droit dans la position naturelle une
' Verneau, R., Les aneiciiií ratagotm, Monaco, 1903, p. 193.
— 363 —
longueiir máximum approximative de 450 millimetres. L'os est en si
manvais état qii'il u'est possible tie déterminer que d'une fa§ou appro-
ximative la longueur diapliysique, soit par ma méthode, c'est-á-dire
« entre le milieu de la ligne intercondylo'idienne antérieure et le tuber-
cule dans lequcl la ligne oblique termino sur le cote antérieur du fémur
ct que Waldeyer appelle tuhereulum lineae obliquae super¡u.i >> ' soit par
la méthode de Bumüller -, c'est-á-dire « entre le bord supérieur de la
sui'face artieulaire du genou »; ees deux métliodos sont, comme on le voit,
quasi identiques. J'obtins une longueur d'environ 38,5 millimetres, ré-
sultat d'aprés leqnel on perit calculer, suivant les recherches de Bumül-
ler (p. 17-18), la longireur máximum dans la position naturelle, en ajou-
tant 16 "/„ á la longueur de la diaphyse, ce qui nous donne pour le fémur
droit de La Tigra 44(>,6 millimetres et, par conséquent, une différence
tout á fait insignifiante avec la longueur totale dans la position natu-
relle, comme nous l'avons calculée antérieurement (450 : 446,6 millime-
tres).
La longueur du fémur de La Tigra concorde d'une maniere surpre-
nante avec les cliiftres calcules par Bumüller pour 340 fémurs bavarois,
chez lesquels la longueur máximum dans la ¡josition naturelle est de
445 millimetres, la longueur diapliysique de 384,8 millimetres. L'épais-
seur, au contraire, est un pen moindre ; la circonférence médiale doit
étre pour La Tigra, des deux cótés, 85 millimetres, et pour 345 fémurs
bavarois, 87,9 millimetres. Pour ce qui est de La Tigra, la dite mesure,
á cause de l'état de destniction de la surface de l'os, est un peii
petite (les diamétres corresponda nts pourraient étre determines plus
exactement) ; l'indiee longitudino-circonférentiel de 22,08, calculé sui-
vant la longueur diaphysique se rapproclie dans tous les cas beaucoup
de la moyenne 22,84 calculée par Bumüller jiour 345 fémurs bavarois.
A cause de l'absence du trochanter, les cbiffres de Soularue ne sont
mallieureusement pas applicables, et le calcul de l'indiee d'aprés la lon-
gueur máximum dans la position naturelle n'est pas indiscutable ; le
quotient obtenu, 18,8, est tres bas, ijrobablement tro^) bas et se main-
tieut au commencement de la table des races, a laquelle servent de base
priucipale les chifí'res de Ealion (voir p. 280 de ce travail).
Les deux fémurs sont expressément platyméres, ce que l'on reconnait
a l'indiee du diaraétre supérieur de 1» diaphyse, aussi bien qu'á la saillie
latérale. Le premier acense a droite 75,0, á gauche 07,6, valeurs totit A.
fait extraordinaires. La saillie est tres visible á 1'obíI nu. A cause de la
forte erosión, on ne peut jilus que soup§onner l'existence d'une fosse
' LK^MA^'^■-Nn•^scllE, R., Ueber die latigen Knocheii, etc., I. c, p. 79.
' BuMUELLKK, Das menscMiche Fémur nchst Beitragen zur Kenntniss der Affen-Femora,
Phil. Diss. MUuohon, 18í)n, p. 139.
— 364 —
V\". -a. - rímur druit ,!« Lü Tigra, v.ii.. antÍTifuro ("«), méaialo (b) et postíri.-nrc fe;
S(i5 —
rig. 44. — Fímur gauche de La Tigi-a, vno autérieiire (a), míiüale (b) et iiostérienre (c)
— 366 —
liypotrochantérique. Mais l'on constate clairement daus les deux fémurs
un caractere particiilier á la siirface proximale et ventrale de la diapliyse.
üans les fémurs tres ijlatyméres il u'exi.ste daus la dite región proxi-
niale, en general, que denx surfaces, l'une antérieure et l'autre posté-
rieure, séparées entre elles par denx bords, l'un interne et l'autre exter-
ne, comme Manouvrier le fait observer dans son travail original snr la
idatymérie '. Les fémurs de La Tigra ne présentent également dans la
región platymérique qu'une surface antérieure et une postérieure, sépa-
rées entre elles par un bord trancliant interne et externe, et la surface
ventrale laisse voir une éminence longitudinale en forme de toit située
assez exactement sur la ligne médiale. Cette éminence s'étend du tuber-
oule trochantérique antéro-inférieur vers le bas et va se perdre air milieu
de la diaphyse. Les plans inclines interne et externe respectivement de
cette éminence sont tres peu évidés. lis sont évidemment destines á sé-
parer l'une de l'autre les régions d'insertion du M. vastus intermedius
(sive medius, sive cruralis) et du M. vastus niedialis ; l'on reconnait
done cbez le fossile sud-américain une iilus grande indépendance de ees
deux muscles, qui dans le matériel anatomique européen sont quelque-
fois intimement reunís.
Dans son travail deja cité, Manouvrier ne fait pas mention de cette
espéce de toit ; jnais dans un travail postérieur - il décrit un cas ambigú
de platymérie qu'il observa sur un fémur néolitbique de Chálons ; il y
avait ici sur la face antérieure « une large facette tres nettement dessi-
née qui indique évidemment la place d'inseition supérieure du crural »
{il s'agit done ici de l'évidure latérale mentionnée i^lus haut) ; dans le
diagramme adjoint l'on reconnait parfaitement l'éminence en question ;
elle forme dans le cas de Chálons un angle obtus.
Bumaller a observé également cette éminence sur son matériel bava-
rois, mais sans s'occuper des cas cites par Manouvrier. Un certain nom-
bre des fémurs étudiés par lui semblaient franchement platyméres, « lis
présentent (p. 52) d'ordinaire applatissemeut, créte et fosse ou tubero-
sité ; leur surface ventrale est ampie, mais reliée en forme d'angle sur
le cóté lateral. L'aspect de l'ensemble ferait croire á un os platymére
qui aurait été aprés coup recourbé ou replié, suivant sa surface ventra-
le. Je designe ce cas sous le nom de « platymérie repliée ». Le bord late-
ral qui en resulte pent, dans les cas extremes former un angle droit. 11
' Manouvrikr, L., La platymérie. Congres iiiternational (l'unthropuIo(i¡c et d'arohéo-
logie préhintoriques, Paris, 1891, p. 363-382.
II existe un resume do ce travail :
Manouvrier, L., La platymérie. Retine mcnsuelle de l'Ecolc d' Anthropologie de Parie,
II, 1892, p. 121-125.
' Manouvuikr, L., Étude surlesrariations morpliologiques duvnrps dn fémur dansV espé-
ce humaine. Bulletin de la Société d' Anthropologie de París, 4= sírie, IV, 1893, ¡i. 134-137.
— 367 —
s'est operé éviclemment en méme tciii])s un lort développement snpé-
ricnr dn M. criiralis ct rtn vastns medial. Le crural, malgré sa forcé, ne
])ent, en réalité, faire agir sur le eóté medial sa tendauce á comprimer
latéralement la diaphyse, puisque dans ce <!a,s il rencontrerait la rósis-
tan(!e dn puissant vastus medialis. >Sur lo <!Óté lateral, an contraire, 11
lili est possible de produire nn .urossissenient par la compression, et
coiiime le cote medial de la. snrtace ventrale dans la x)latymérie est pl.it,
il correspond á ce point ou se joignent les surfaces laterales et ventra-
le, un bord plus ou moins trancliant. II est clair que ce « reploiement »
doit étre le résnltat de l'action conjointe des muscles medial et crural.
Les diamétres sagittal et transversal du milieu de la diaphyse ne
pouvaient étre pris dans ce milieu méme, en raison du manvais état de
Tos; les mesures ne sont done pas absolument irreprochables et donne-
nmt 2)lut6t une idee approximative de la forme i)ilastrique.
A cause du mauvais état de conservation des piéces, l'on ne peut pas
établir non plus la difterence entre les deux cótés dn corps. Le pilastre
est encoré parfaitement recomiaissable et l'indice assez elevé (107,4 des
deux cótés) est bien en rapport avec lui. D'aillenrs, dans les deux fé-
mnrs, la section medíale de la surface dorsale est un pen concave et la
section latérale est plañe ou moins concave que l'antre, combinaison as-
sez rare (Bumiiller, p. 32) ; cette concavité de la section medíale fait
bien ressortír la saíllíe du pilastre, quoíque les lévres de la créte me
semblent plus séparées qn'on ne le constate d'habitude sur le matériel
enropéen. L'indice pilastrique, assez elevé, est en rapport avec la con-
vexité régnliére assez appareute de la surface antérieure. Bnmüller dit,
p. 34 : « Dans la plupart des cas, á la convexité antérieure correspond
un Índice pilastrique elevé qui, presque dans la moitié des cas, dépasse
1 10 ». Le niéme Índice est de plus en rapport avec la congruence de la
surface dorsale de l'os (Bumiiller, ]>. 30) : « Dans la congruence des deux
superficies dorsales, la tendence á un Índice pilastrique elevé est nota-
blement plus grande ». La courbure antérieure de la diai)hyse s'étend
tres réguliérement de haut en bas, sans que la déviation proximale ou
reploiement existe, á moins que, suivant l'expression de Bumiiller, p. 41,
elle ne soit eftacée par la forte torsión du corps de l'os qui n'est mal-
heureusement pas mesurable ; á cause de la régularité de la courbure il
est également impossible de déterminer I'angle de torsión, tout a fait en
rapport avec ce que dit Bumiiller p. 140 : « Les fémurs dont la partie
de la diaphyse est fortement courbée, ne peuvent étre mesures ».
L'extrémité distale de la diaphyse, dans Yio '^^^ longueurs diaphysi-
ques, ofifre absolument les proportions moyennes dont nous devons la
connaissance a Bumiiller. La partie latérale est notablement plus jiro-
noncée dans leur diamétre sagittal que la partie médiale, ce qui repré-
sente un caractére véritablement humain, et pour mesurer le diamétre
— 368 —
sagittal de l'extrémité diaphysique inférieiire, j'ai díi par coiiséquent
opéreí- sur le diametre median. Le cliift're obtemí donne, avec la méme
mesure prise daus la región x^ilastrique, un Índice de 111,54, par consé-
quent une valeur habituelle, puisqiie dans les deux tiers de son maté-
riel Bumüller obtenait un indiee de 110 et au-dessus. II n'est pas ques-
tion de la tliéromorpliie du fémur ' (fémur en trompette) et l'indice
transversal inférieur, qui exprime le rapport entre le diametre transver-
sal de la región pilastrique et le diametre transversal inférieur de la
diapliyse est 144:, 44, chift're qui prend place exactement au milieu des
tables de Bumüller, p. 64.
Le plan poplité présente tons les caracteres humains que Bumüller a
releves (p. 6o), le máximum lateral, la forme déliée et carnee de l'angle
medial et ce que l'on aijpelle le biais du i^lan poplité. La lévre latérale
de la créte forme méme une saillie tres prononcée, tandis que la lévre
médiale s'eftace presque entiérement et, en conséquence, les particula-
rités du plan poplité, légérement concave, si caractéristiques chez l'hom-
me, s'acceutuent notablement. L'indice x>oplitéen de 66,06, qui indique
le rapi)ort entre les diamétres sagittal et transversal de la región popli-
tée, est done intérieur á la moyenne (79) et méme au minimum (68,2) de
Bumüller, puisque le bord lateral du plan est tellement saillant que le
diametre sagittal mesuré sur la ligne médiale est compensatoirement
tres rappetissé et, plus encoré, comme 11 est naturel, le diametre com-
pris entre les limites mediales du plan po];)lité, ce qui rend la concavité
encoré plus prononcée. Bumüller (p. 67) a demontre, du reste, sur son
matériel, que la concavité du plan est causee par le développement des
lévres inférieiires.
A titre de comparaison, j'ajoute ici les données de Verneau (1. c, p.
263) au sujet de l'indice poplité des anciens Patagona, tout en faisant
observar que Verneau se contente de ré^jéter simplement cet Índice et
dit seulement que chez les individus de haute et moyenne stature du
Río Negro íl est plus petit que chez les individus des autres régions.
Jndiee poplitéen, selon Verilean, Les anciens Patagons, p. 303
Anciens Patagons du río Negro 72,04
— — Chubut 77,84
— — Santa Cruz 77,87
Araucaniens 92,30
Enfin, l'on peut aussi déterminer l'angle condylo-diaphysique, et pour
ce, je clioisis comme précédemment, suivant la méthode de Bumüller
' Comparer les photograpliies originales des fémurs de Spy et do N(5andertlial,
dans Walkhoff, O., Das Fémur des Menschen uitd der Anthropomorpken in scincr
funktionellen Gestaltung, Wiesbaden, 1904, pl. VI.
— 369 —
(l). 71) Tangle formé par l'axe diaphysique et une ligne perpendiculaire
a 11 plan condyloídien. II mesure 9° á droite et se maintient, par consé-
(luent en dessous des chiftres do Bumüller calcules sur 120 fémurs
(Uoit-s : 10°lo '; sur 225 droits et gauclies, saos distinction : 9°50 '.
Je determina! la torsión collo-condylienne du cóté droit, obtenant á
l'aide du tropométre un cliift're approximatif de 8°, qu'on peut considé-
rer comme une valeur moyenne ; quant á la torsión du corps de Pos, elle
est, comme je l'ai déjá dit, notablement plus accentuée. Le mauvais état
de conservation de l'os m'empéche de m'étendre plus longueinent a son
siijet.
Tailc des mesures des fémurs de La Tigra
Longiieur máximum dims la i)osit.ioii naturellc, environ..
— diaphysique
Diamíitre diapliysique sagittal supérieur
— — transversal supérieur
índice mérique
Circouférence de la jíartie supérieure de la diaphyse ....
Diam&tre sagittal du milieu de la (liapli.yse
— transversal du milieu de la diaphyse.
índice pilastrique
Circonférence du milieu de la diaphyse.
' Circonférence : longueur máximum
índice longitudiuo- \ dans la position naturelle, env . . 18,80
circonférentiel . . j Circouférence : longueur diaphysi-
que, environ 22,08
Diam^tre diaphysique sagittal inférieur 26,00
— — transversal inférieur 39,00
ludice poplitéen 66,66
— pilastro-poplitéen sagittal 111,54
— — transversal. 144,44
Les deux tibias ont leurs épipliyses tres endommagées ; dans le droit,
l'épiphystí proximale manque completemeiit ; dans le gauclie, il manque
l'épiphyse distale. Cependant, au moyen d'une combinaison, on peut ob-
tenir eonime longueur moyenne (distance entre les surfaces articulaires)
350 millimétres.
Sons le ijoint de vue descriptif, ou peut diré peut-étre ce qui suit : la
tubérosité tibíale ne parait pas avoir été tres développée. La créte anté-
rieure est arrondie et présente dans son milieu un bourrelet dirige en
dehors en forme de lévie. La face médiale est tres arrondie, la face laté-
rale évidée comme avec un rabot. La créte antérieure, vue de profil, se
¥
— 370 —
m
iv.<*-»''
i^Vi's,
W
Ir .t
í'';-
l''ig. 45. — Tibia droit ile La Tigra, vue antérieiirc ('a^.Jmédiale (1) et pusti'riinire (c)
371
Fig. 46. — Tibia gauche^de La Tigia, rué antérieiiiv (a), módiale (b)let postéñeiire (c)
— 372 —
dirige assez directement en bas et se recoiirbe un pen en dehors senle-
ment dans son troisiéme tiers. Vue par derriére, elle appelle notre atten-
tion par la saillie prononcée de la ligue pojjlitée que l'on ponrrait pres-
que considérer comme nne créte poplitée. En outre, la limite qui se
rauíifie de son extrémité distale vers le bas et les cótés, formant la sépa-
ration entre la región d'insertion des MM. tibial postérieur et long flé-
ehisseur des doigts, est également caractérisée par son élévation en
forme de toit, d'oü descendent obliquement les deux régions d'insertion
t[ue nous venons de mentionner ; Manouvrier ' lui a donné le nom de
eróte tibíale postérieure. La partie latérale, destinée au M. long fléchis-
seur des doigts, est méme légérement évidée. La marge médiale est assez
arrondie, surtout en liaut; la créte interosseuse est relativement vive.
La section transversale de la diapliyse tibiale dans le tiers supérieur est
c. t. p.
Fig. 47. — Coupe transversale du tibia droit, pratiquée, á caiine du mauvais état de conservation.á denx
doigts en dessous du trou nourritáer, c'est-íl-dire oíi l'aplatiesemeut a presque disparu. c. t. a. = crHtí
tibiale autérieure ; c. i. = créte interosseuse ; c.t.p. = vTétv tibiale postérieure ; wi. 7?t. = marge médiab'.
done quadrangulaire (fig. 47) et représente ainsi la forme liumaine typi-
que, tandis que chez le gorille et quelques chimpancés, les surfaces d'in-
sertion du M. tibial postérieur et du ]M. long fléchisseur des doigts se
trouvent contigués du méme cóté du tibia, le cóté postéro-externe et le
cóté postéro-interne disparait presque complétement. Cette forme an-
thropoide se rencontre fortuitement aussi cbez l'homme, luais sans dis-
tinction de race '. Dans les tibias de La TigTa, le diamétre sagittal su-
périeur est tres augmenté aux dépens du diamétre transversal ; la
platycnémie prononcée est done, a mon avis, le résultat de l'action com-
binée de plusieurs groupes de muscles, surtout des fléchisseurs. Elle
mesure tant á droite qu'á gauche 65,79, si l'on considere l'iudice obtenu
sur la limite entre le tiers moyen et le tiers supérieur, comme le iiropose
' Manouvkikr, L., Mémoire skc In platycémie chez l'homme et chez les anthropotdes.
Minioircs de la Société d' Anthrupologic de París, 4^ serie, III, 1888, p. 532.
'' Manouvrier, L., 1. c. p. 532, 542-543.
— 373 —
Hirscli. Le tvou nourricier est situé ii iiu doigt au-dcssus dii point men-
tionné ci-dessus et l'aplatissement, avec son máximum de 64,10 des
deux cotes, se rapproche par conséqixent des chift'res les plus bas que
l'on connaisse. Tandis que dans la moitit' proximale, les Índices entre
les deux cótés de l'os ne diftereut pas, la platycnémie au milieu de la
diapliyse est plus prononcée á gauche, ce qui n'a pas lieu chez les bava-
rois. II s'agit ici certainement de variations individuclles. Le tibia gau-
che est également plus fort que le droit, si Fou en juge par la cii'confé-
rence du milieu et la circonférence minimum. Insister sur l'indice longi-
tudino-circouférentiel serait une erreur, ijuisque la longueur n'a pu étre
déterminée qu'approximativemeut.
J'ai mesuré l'angle de rétroversion sur le tibia gauche, quoiqu'il
u'existe plus que la moitié postérieure de la surface articulaire condy-
lienne, afiíi d'avoir au moins un i>oint de repére. J'obtins la preuiiére
fois 22°, la seconde ibis 20°5, en moyenue 21°, chiffre tres elevé qui
passe d'environ 1 ° les chift'res les plus eleves connus jusqu'ici (fuégiens
et californiens).
Table des mesures des tibias de La Tit/ra
Distance tles surfaces articulaires, environ
Hauteur du trou nourricier, diametre trausversal
— — — sagittal
— — Índice
— — circonféreuce
Limite eutre le l^' et le 2"^'' tiers, diamétre transversal . .
— — — sagittal
— — Índice
— — circonférence
Milieu de la diaphyse, diámetro transversal
— — sagittal
— Índice
— circonférence
Circonférence minimum
PÉKOKÉ
Le fragment, long de 23 centimétres, du peroné droit est intéressant
par son degré de fossilisatiou. Le canal médullaire est comjjlétement
<-omblé de calcaire dur, qui a rempli également une fente longitudinale
de deux á trois millimétres de largeur.
Je me suis abstenu de prendre des mesures ; mais dans tous les cas
le peroné est relativement gros.
— 374 —
PEOPORTIONS
H est douteux que l'on ait pu calculer l'indice tibio-fémoral par la
simple appréciation de la longiienr dii tibia. L'indice de 77,7 occnpe le
Yiomt le plus extreme de la table des races (voyez p. du présent tra-
vail), il vaut mieux n'en pas parler.
L'évaluation de la taille, xjour la méme raison, n'est possible que sous
certaiues restrictions : l'ou obtient les cbiíi'res suivants, selou la table
de Manouvrier :
Fémur droit, máximum dans la position naturolle. . 450 mm. -f- 2 = 452 mm.
Tibia, valeur moyenne, distance articulaire, envirou. 350 mm. -f- 2 = 352 mm.
Taille suivant le Hommea
Fémur 1,672 iii.
Tibia 1,63G m.
Moyeune : 1,654 — 0,02 = 1,034
rOKMATION PAMPÉENSE INTEEMEDIAIRE = LCESS BBÜN
BARADERO
Ossements humains, trouvés en 1887 par M. Santiag-o Roth. á Baradero, Pro-
vince de Buenos Aires, dans ia formation pampéenne intermédiaire, con-
serves au Musée Paléontologique de rÉcole Polytechnique Fedérale de Zu-
ricli '.
Par M. KUDOLF MARTIN
1888. Roth S., Bcobachtiiinjcii iibcr Entstclunuí und Alter iler Pumpusfonnaüo»
in AryenUnicii. Zcifschrift der I>eiitfichcii ¡/coloi/ischoi GcscIhchdft.'KIj, 1888,
p. 400. — (Rapport sur Texistence de riionuue daus la formatiou pamijéenne
intermédiaire basé sur le présent cas) .
1889. Roth, S., Ueher den Schiidcl ron Poiitimclo (riclitU/er Foiitesuelas). (Brief-
Uehe Mitiliciliin;/ ron Santiaijo líotli an Ilcrrn J. KoUmann). 2[ittlieilungen
<uin dcm anatomischen ln><titnt im Vfsalianinn su Ba-scl. 1889, p. 10-11. —
(Réproduit ;i la íiu du présent travail).
L'cxamen des terraius fossiliféres du Baradero, eflectué por MM. S.
líotli, C. Burckliardt et R. Lclimaim-ISritsclie, eu 1899, ainsi que les by-
potheses qui s'y rattacbent, mirent eu relief l'importance que pourrait
' Lu mauusci'it a été écrit en 1901.
— 375 —
avoir une t'tude approfondie des déljris trouv(?.s dans ees mémes terrains
et (lui sont devcmis par voie d'acliat, la i)i'üpriété de l'Ecole Polytecbni-
que Fedérale de Zurich des ecdlections paléontologiqíies de laquelle
ils font encoré anjourd'liui partie. i\.ecédaiit aii désir qne me nianifesta
M. Lelimanu-Nitsclie je remplls aveu plaisir l'engaj^ement (pie je pris
alors de me livrer á une nouvelle étude de ees mémes piéces.
Malhenreusement, leur état de conservation laisse tellemeiit a désirer
que, nialgré ma bonne volonté, j'ai acquisla convlction qu'il est impossi-
ble de tirer de l'étude deeematériel d'amiiles conclusions. II semblerait
qu'á une autre époque, le squelette et particuliérement le eráne éfcaient
en meilleur état. Yoici ee que le doeteur S. Eotli écrit a lenr sujet ainsi
qu'á l'égard des circonstauces dans lesquelles ils furent trnuvés : « A
une distance d'environ deux kilométres du Baradero, une trancbée ou-
verte dans le loess pour la construction de la. ligue du cbemin de fer mit
á déeouvert d'abord un pied; le reste du squelette fnt ensuite trouvé
dans la méme nuiraille de Icess: il occupait une position nórmale; seule
la tete était inelinée en avant sur la poitrine, de maniere que ce n'était
l^as le visage, mais bien le sommet du cráne qui regardait en l'air; la
mácboire inférieure était largement ouverte. Le détail suivaiit me frap-
pa au plus haut degré : la longueur des membres supérieurs qui tom-
baient le long du eorps, était telle, qu'ils arrivaient jusqu'átoucher l'ar-
tieulation du genou, avec laquelle une des mains était sondee par des
conerétions calcaires. Malhenreusement, comme il arrive presque tou-
jours dans ees sortes de terrains (loess éolique), ce dont j'ai donné la
raison dans mon traA'ail sur la formation pampéenne (Zeitschri/f dcr
deutschen gcologischeu G'í'seZí.sc/ií(/y, 1888, p. 417), I'état de conservation des
différents os était tres imparfait, et bien qu'ils occupassent encoré leur
position relative les uns par rapport aux airtres, je ne crois cependant pas
que le cadavre ait été enterré, mais qu'il a été recouvert graduellement
de terre apportée par le vent et la pluie. Les os x^résentent á leur suríace
des signes évidents d'érosion et des crevasses, semblables a eeux que
présentent les os exposés longtemps á l'air libre et á l'intempérie.
« II est á regretter que le crane ne soit pas arrivé ici [¿i Zuricbj dans
les conditions oíi je l'avais emballé la bas, e'est-á-dire accomjiagné d'un
écbantillon du terrain dans lequel il gisait, comme je l'avais photogra-
pbié, ce qui eut permis d'étudier exactement sa pbysionomie. »
La pétrification du squelette entier est complete; le kess qui y ad-
bére encoré est tellement dur et si fortement attaché aux os, qu'il ne
j)eut étre isolé qne par l'action de laclialeur, ou des acides. D'aillcurs ce
travail avait été exécuté deja en grande partie antérieurement par 31. le
doeteur Eotb et le ijréparateur M. Dreyer, de maniere que, quand je
commen^ai mon étude, il ne me restait plus á nettoyer que quelques
partics réellement importantes.
— 376 -
Je dois íijotiter que la plus grande pavtie du squelette a été soumise ;\
^^ne pression assez líuissante pour que l'un des fémurs, par exemple,
présente plus de 60 fragments aujourd'hui d'ailleurs solideuient sondes,
mais qui, dans leur seconde reunión, x)ostérieure á la cassure, ont pris
des positions capricieuses d'oü resulte une modiflcation assez importante
<le la forme primitive de l'os. Pour ceniémeniotif,je ne crois pas devoir
partager Topinion du docteur S. Eoth qui considere l'état aetuel érodé
et crevassé des piéces comme eft'et de l'intempérie. J'afflrmerais plutót
que les os se s'ont fragmentes dans l'intérieur méme dn sol.
Yoici la liste des parties du squelette qui existent encoré :
a) Fragment du cráne, formé de petits morceaux de la voúte cránien-
ne, sondes les uns aux autres d'une fa^on tres irrégnliére. La plupart de
ees fragments appartient au frontal et aux deux pariétaux, au milieu
desquels est encoré visible une portion de la suture sagittale. Les frag-
ments appartenant en api^arence á l'occii)ital, sont encoré recouverts
d'incrustations qui n'ont pu étre séparées. A Tintérieur du cráne fait
saillie une partie de l'os temporal droit, c'est-a-dire une partie de l'écaille,
l'apopliyse mastoide, un fragment de la partie pétreuse et de l'apophyse
iugale.
Isolé de ees divers fragments crániens qui formcnt maintenant une
seule piéce, nous possédons encoré la partie alvéolaire droite et gaucliedu
maxillaire supérieur, depuis la dent canine jusqu'á la troisiéme molaire
de chaqué cóté; en plus les deux parties laterales du maxillaire inférieur
i\ partir de la seconde petite molaire. Les branclies mandibulaires sont
l)risés un peu en dessus de la moitié.
h) Les diaphyses femorales droite et gauche ;
c) Le tibia et le peroné, de droit et de gauche, brises et fortement
comprimes ;
d) Un fragment du calcanéum gauche.
Je passe immédiatement a la descriptiou des différentes piéces que
je viens d'énumérer.
CHAÑE
Comme je l'ai déjá dit, l'état de conservation de la boite cránienne est
tellement défectueixx, qu'il est absolument impossible d'émettre aucune
opinión au sujet de sa forme (planche V). Le docteur S. Eoth aflirme que
primitivement il était dans un meillenr état, pretensión que semble
cimtredire l'éi)reuve photograijhiqne obtenue par lui méme lorsque la
piéce était encoré enveloppé de Icess (fig. 48).
Dans cette figure, un spé(;ialiste distingue sans difRculté la máclioire
supérieure telle qu'on la voit encoré aujourd'hui, ainsi que la máchoire
inférieure peudante et á laquelle manquait déjá la partie supérieure de
la branclie droite. Dea os de la face il n'existait déjá plus que des frag-
nients et la vofite cránienne était déjá brisée en petits morceaux, d'oü
iious pouvons conclure, ooinme plus baut, que le squelette n'a pas souf-
fert l'action de l'intempérie, mais qu'il a été brisé dans le gisement méme,
oü le cráne se trouvait en tres inauvais état, de maniere que personne
ne peut étre rendu res])onsal)le de ses conditions actuelles.
Les parois de la voúte cránienne sont relativemejit minees, la suture
sagittale, comme on peut le constater, est bien conservée. Dans l'arc al-
véolaire de la maxilhiire manque complétement la partie módiane qu'il
Fig. 48. — CráiR' (k- Iíüi-íhUto, st-lini plioto^iTapIíiu prisf par M. Santiago líoth aprí-s sa (Urcouverto
est cependant fácil e de reconstituer avec l'aide de la máclioire infé-
rieure. Toute la iiartie alvéolaire est tres massive et puissamment déve-
loppée, circonstance qui permet d'affirmer que le cráne appartenaiu á un
adulte du sexe masculiu. Au inéme résultat conduit également l'étude
de la denture ainsi que celle des os des extrémités. L'arc deutaire est
légérement elliptique, la troisiéme molaire quelque peu rejetée en de-
dans. La distance entre les alvéoles des deuxiemes molaires de l'un á
l'autre cóté est d'environ 42 millimetres, l'ouverture extreme du palais
d'environ 38 milimétres.
Le fragment le mieux conservé de tout le cráne est la máclioire infé-
rieure, bien qu'il lui manque la región mentonniére, si importante. L'en-
25
KEV. MUSEO LA PLATA. — T. I.
— 378 —
semble de son développement, ainsi que ses dimensions absolues lappel-
lent d'une maniere frappante le maxillaire inférienre de Spy I '. II est
gros et court, tres liaiit méme dans la régiou des molaires et extraordi-
nairement épais, avec une ligne oblique profondément marquée et l'angle
mandibiilaire tres prouoncé '\ En dessous de la ligne oblique, en avant
án luuscle masséter on distingue une forte saillie ou protubérance qui
s'étend jusqu'a la base et queon pourrait appeler éminence mandibuJaire
latéralc. Je ne l'ai jamáis rencontrée jusqu'a présent aussi prononcée
dans des cránes plus récement découverts, bien que je croie pouvoir la
reconnaitre dans les maxillaires de Sumidouro, décrits par Soeren Han-
sen ^. En arriere on reconnait profondément gravee en creux la surface
d'insertion du M. masséter. L'ouverture d'ofi surgit le muscle buccina-
teur est large.
La hauteur et l'épaisseur du corps mandibulaire au niveau du trou
mentonnier sont frappantes, pliénoméne dont on se rendra facilement
compte par la comparaison avec Spy I.
Baradero Spy I
Hauteur du corps maudiliulaire á droite et íi gauche. . 35™™ 38™"
Épaisseur 14 15
índice 40 40
Un peu plus en ar riere, les mesures prises dans la región de la deu-
xiéme molaires donnent les cbiñ'res suivants :
líaradero
Hauteur á droite et á gauclie 30™™
Épaisseur á droite et á gauche 16
índice 53 . 3
La comparaison de ees deux Índices, signifle une augmentation nota-
ble de l'épaisseur vers la partie postérieure, laquelle arrive graduelle-
ment á son máximum, 18 millimétres á droite, 17 millimétres á gauche,
restant naturellement en relation avec le développement fort de la ligne
oblique.
Les molaires qui toutes ont été conservées, quoique dans un état d' usure
extreme, sont grandes, mais leur caractére est typique pour l'homme.
II ne peut étre question d'un accroissement d'avant en arriére et moins
encoré d'une ressemblance avec la forme antliropoide. Dans la mácboire
supérieure, au décroissement de la grandeur des dents correspond l'ac-
croissement de la couibure de la surface lingualc de la molaire I a bi
molaire III ; dans la mácboire inférienre, au contraire, les couronnes
' Fraipont J., et Lohest, M., La race humaine de Neanderthal oh de Caiiuslait en
Belgique. Archives de Blologie, VII, 1887, planche XIX, figure 2.
' Hansbn, S., Laffoa Santa Racen. E Musco Landii, V, 1888, plancho V, flg. 1 et 2.
' V. également, figure 2, planche X du luéme ouvrage.
— 379 —
(lentaires sont plus anguleuses et c'est celle de hi molaire II qui présente
les plus grandes dimensions.
Le tablean suivant donne les chiflres exacts en millimétres.
Ces dimensions sont, sans doute, supérieures á celles que nous ren-
controus dans les cránes européens, mais elles n'ont pas lieu de nous
surprendre, relativemente á des indiens de l'Amérique du Sud, qui ap-
partiennent presque sans exception aux varietés macrodontes *.
Dans la máclioire inférieure les superficies d'usure sont inclinées en
dehors, particuliérenient celle de la premiére molaire, tandis que, natu-
rellenient dans la máchoire supérieure elles les sont en dedans. Dans la
molaire II l'inclinaison est déjá moindre, et dans la molaire III la super-
ficie de la couronne est presque horizontale. Cette curieuse inclinaison
externe de l'usure dentaire existait également dans la molaire de Tau-
bach et fut considerée par ííehring, jusqu'á un certain point, comme un
symptóme pitliécoide '.
' DK Terka, M., licitrüye :a eiiier Odontograjihie der Menschenrassen. Phil. Diss.
Zlirich, 1905. J'ai cni étre d'accord avec M. le professeur Martin en y agrégeant les
chilites de M. de Terra, dont la thése a été faite h l'ÍBÍtiative du dit professeur.
(Note de M. B. L.-N.).
* Selou de Terra, p. 95, les dimen-sious des deuts ne constituent pas uu caractére
con.stant pour la détermination de la race. D'apr&s lui, les variatioiis dans la gran-
deur des dents sout plutfit individuelles ; « cependant, la macrodontie peut étre ca-
ractéristique d'une famille ou d'une tribu qui se sont conservées relativement sans
mélange. C'est ainsi que nous trouvons fá et la cliez les Européens, des mesures
au.ssi élevées que chez les races counues comme macrodontes, bien que dans une
proportion plus reduite. (Nole de M. B. L.-X.)
^ NuHRiXG, P., Ein dihn-ialer Khidcrzahn voit rredmost in Mahren unter Sezug-
nahme auf den schori friiher beschriebenen Einderzulin auK dem Dihiriiim ton Taubach hei
Weimar. Verhandluníjcn der Berlhier Geselluchaft fiir Antkropologie, Ethnolog'ie und
Urgeschichte, XXXII, 1895, p. 428, note 1.
— 380 —
La grande usure de leur surface empéche malheureusement de rien
afflrmer au sujet de la forme des tubercules de la couronne.
FÉMUR
Du féinnr lui-méme, comme noiis l'avons déjá dlt, seul le fragment
moyen se trouve dans un état régulier de conservation, et encoré il est
tellement félé, tellement applati que seulement dans un petit nombre de
.ses parties, il est possible d'étudier sthieusement les caracteres primi-
tifs de cet os.
Le fémur gauche, mieux conservé, adhére encoré partiellement avec
un fragment du bassin, comprenant la moitié supérieure de la cavité co-
tyloide. De la méme maniere, aux fragments des condyles, adhérent en-
coré quelques parties du tibia.
L'extrémité supérieure du fémur droit porte, sondes avec elle, des
fragments de métacarpiens, d'oíi l'on peut conclure que les mains, an
moins la droite, s'appuyaieut sur la región inguinale.
L'état de conservation du fémur gauche, dans lequel on distingue enco-
ré, d'uncóté,certains fragments des condyles et, de l'autre cóté, quelques
parties de l'articulation de l'os entier a rendu possible la recoustruction
approximative de la longueur de l'os (fig. 49). Sans oublier un seul des
points de repére, j'ai travaillé á cette reconstruction avec la plus grande
minutie, et au moyen de réproductions dioptographiques de quelques
fémurs d'égale grandeur, appartenant á la collection de l'Institut an-
thropologique de Zurich. Comme dans le fémur du Baradero, l'insertion
án grand trochanter au col et le passage graduel de l'angle lateral dans
le condyle étaient encoré visibles, il a été possible d'opérer la recons-
truction complete avec nne assez grande precisión, malgré le doute qui
subsiste, naturellement, au sujet de l'ouverture de l'angle du col, c'est-
)Y-dire de l'obliquité de la diaphyse et des dimensions de la tete du fé-
mur. Au moyen de déductions tirées de la comparaison d'autres os d'é-
gales dimensions que j'avais á ma disposition, je suis arrivé á fixer á
472 millimétres la longueur de fémur dans sa iwsition naturelle, et,
prenant pour base les tables de Manouvrier, obtenir pour la hauteur du
corps de l'individu vivant, IGO^'O, en chiftres ronds l^TO ; de plus, si
l'on s'en rapporte á la robuste constitution de l'os, on arrivera á la con-
clusión que ce calcul ne peut pas s'éloigner beaucoup de la réalité. II
ne faut pas oublier non plus que l'évaluation de la hauteur du corps sur
la base unique de la longueur du fémur ne peut donner un résultat ab-
solument exact, par la raison qu'il n'existe aucune relation flxe entre
le développement du tronc de l'individu et les dimensions des os longs
de l'extrémité inférieixre. On peut, cependant admetti'e, en se basant sur
381 —
Fig. 49. — R»'conptnutii)n du fóniur gauche (le Baradero
— 382
Fig, 50. — Fémurs et tibias de Barjidcro daiiH leur Hat actuel
— 383 —
la longueur relative du fémur que,daiis un méme indi vidu, les dimensions
totales du corps diminueut á mesure que diminuent celles de l'os ; mais il
faut toujours teñir compte des sources d'erreur qui peuventse présenter.
Cette évaluatiou des dimensions corporelles de l'homme du Baradero
ne coincide pas avec les calculs de Sojren Hansen ', qui, se basant sur
les dimensions des os longs du squelette de Fontezuelas, attribue á ce-
lui-ci une liauteur de 151,5 -. Du reste, cet auteur á propos de la race de
Lagoa Santa, dit d'une fagon genérale : « Les os des membres indiquent
une stature petite ou moyenne, mais tres forte » '.
Les mesures obtenues par la reconstruction sont les suivantes :
Table des mesures du fémur gauche de Baradero
Longueur totale máximum 476"°™
— totale dans la position naturelle 472
— trochantérienne — — 455
— de la diaphyse a) suivant Bumiiller 410
— — b) suivant Martin ' 373
índice longitudino-circonférentiel a) 21.2
— — b) 24.4
Dans les parties couservées, sans teñir compte des reconstructions, on
peut obtenir les mesures suivantes en millimétres dont l'exactitude se
rapproche assez de la realité :
TaMe des mesures des fémurs de Baradero
Droit Gauche
Diaphyse (partie médiane). Diamétre antéro-postérieur. . . . 32°"™ 33°""
— — — transversal 29 30
— — índice 110 110
— — Circonférence 95""° 100°""
Diaphyse (partie supérieure). Diamétre antéro-posterieur . — 27
— — — tranversal — 30
— — índice — 90
Les chiffres précédents permettent d'afflrmer que le fémur de Bara-
dero présente une forme eurymére avec un Índice i^ilastrique relative-
ment petit.
' Hanskn, S., 1. c, p. 34.
' Nous avons obtenu comme taille de l'homme de Fontezuelas 1™52. fJVoíe de
M. E. L.-N.)
' Hansen, S., 1. c, p. 36.
' Teehniqtte : « Depuis l'arréte inférieure tranchante du troehanter majeur á la
surface latérale de l'os, jusqu'au sommet de la surface articulaire du condyle du
c6té antérieur. Mesure de projection. Compás á branches». (Martin.)
— 384 —
Si l'on compi'end l'indice pilastrique du fémur du Baradero, dans la
liste remise par Lehmann-Xitsche % il occupe la milieii entre les types
préhistoriques et les Indiens du continent américain.
índice pilastrique
Grotte d'Orrouy (néolithique) 109 . 3
Grotte de l'Homme Mort 109.6
Baradero 110.0
Amas préhistoriques de eoquilles (Japón) 110.4
Indiens Sioux 111.4
Autres Indiens de l'Amérique 112.4
ant. ant.
med.
post. poat.
Pemur gauche Femiir droit
Fig. 51. — Féraurs de Baradero. conpes transversales des diapiíysea
Bien que la moyenne des différentes series de fémurs européeus soit
un peu inférieure, cependant les Índices ijilastriques de 110 ou environ
ne sont pas rares en Europe.
Si l'on considere avec attention le relief de l'os et la section transver-
sale pratiquée par le milieu de la diapliyse (fig. 51), on acquiert la con-
viction que la érete pilastrique existe visiblement.
La surface médiane postérieure de l'os est plañe et s'unit sans angle
ancim a la surface antérieure; la surface latéiale est légérement concave,
mais seulemeut vers le milieu de l'os, oü le pilastre se dessine tres net-
tement. La surface antérieure est également plañe, ou, du moins, ne
présente qu'une convexité presque insigniflante. Si l'on en juge par le
fragment conservé, l'os ne présentait qu'une tres faible courbure sur le
devant.
TIBIA ET PERONÉ
De méme que le fémur, les deux tibias, ainsi que les peronés sont dé-
' Lehmann-Nitsche, R., Ueber die langen KnocJien der sUdhayeríseken Eeikengraber-
beviilkerung. Beitrage zur Anthropoloyie iind ürgesckichteBayerns, XI, 1884, Sonderab-
druck, p. 51.
— SS5 —
fectueux et couiiirimés de divcises fagons, d'oíi il resulte que la recons-
tiuction des articulations n'est plus réalisable. Cependant les fragments
qui existent encoré, ainsi que leur diamétre indiquent im os de puissan-
tes dimensions.
La partió inédiane de la diaphyse est assez bien conservée, circons-
tance qui a rendu posaible d'établir l'indice de cette región et de dessi-
ner la section transversale (flg. 52).
Les mesures absolues en millimetres sout les suivantes :
Taile des mesures des tibias de Baradero
Droit Gauche
Diamétre antéro-postérieur 39.5 40.0
— transversal 23 . 5 23 . 5
índice cnémique 59 . 4 56 . 2
lat. / ^^B I med.
post.
Fig. .5?. — Tibia de Baradero, coupe transversale de la diaphyse
Les diamétres antéro-postérieures sont peut-étre quelque peu aug-
mentes en raison de la cassure de l'os dont les fragments sont inipar-
faitement rapprochés ; mais la configuration totale de l'os n'a souflert
aucune modification.
Les deux Índices dénotent une platycnémie parfaite, un peu plus
fortement pronoucée a droite qu'á gauche (v. encoré fig. 52).
Les peronés sont relativement faibles et gTéles; leur courbure pres-
que nulle.
Tels sont les quelques résiütats auxquels je suis arrivó au sujet des
restes humains du Baradero. II est vraiment regrettable que ce squelette
nous soit parvenú dans un état aussi défectueux, parce qu'il constitue
le plus anclen spécimen argentin trouvé dans des circonstances suffi-
samment connues, et les matériaux dont nous venons de taire l'exposi-
— 386 —
tion ne tbrment pas une base assez solide poiir en conclure qu'il appar-
tient á la race de Lagoa Santa.
Qiioiqu'il en soit, on peut aftirnier, sans eiainte de se tromper, que
dans les divers fragments de squelette que l'on posséde aujonrd'liui, il
n'existe aucun caractére qui ne se recontre également dans l'homme ac-
tuel, siirtout de l'Amérique dn Sud.
L'homme de Baradero ne représente pas par conséquent une forme
humaine spéciíiquement diíférente de l'homme actuel.
FORMATION PAMPÉENSE INFÉRIEURE = I.IESS BRÜN PAIN d'ÉPICE
L'ATLAS DU TERTIAIRE DE MONTE HERMOSO, RÉPUBLIQUE ARGENTINE
Parmi les piéces paléontologiques recueillies dans la localité classi-
que de Monte Hermoso il y a. de longues années déjá et bien avant mon
entrée au Musée (1897), par le personnel envoyé expressément á cet effet,
se trouvait un atlas que le chef de la seetion ijaléontologique du méme
musée, M. le docteur Santiago Eoth transmit á la section anthropologi-
que, á cause de sa grande similitude avec l'os correspondant du sque-
lette humain; il présentait la méme constitution que tout le reste du
matériel ostéologique provenant des coucbes de Monte Hermoso, était
encoré complétement enveloppé de Icess et se trouvait melé aux autres
ossements recueillis en méme temps que lui. C'était M. Roth méme qui
l'avait fait sortir du kess qui l'enveloppait.
Ce fut seulement pendant la classification de ees iiiéces au Musée, que
cet os appela l'attention. II était d'une couleur brnn foncé; mais en
raison de sa consistance extrémement fragüe, on le plongea dans une
solution préservative de resine qui lui donna une couleur brillante noir
foncé. II est bien conservé á l'exception des cotes cervicales et des apo-
physes transverses de chaqué cóté ; en outre le bord extérieur de la fa-
cette articulaire sui>érieure gauche est en tres mauvais état, et celui de
la facette inférieure droite un peu endommagé. A cause du grand intérét
qu'ofí're cet atlas pour les problémes paléoanthropologiques, je vais en
faire la description dans les lignes suivantes.
Nous avons expliqué dans l'introduction, page 204, pourquoi nous
identifions la forraation montehermoséenne d'Ameghino avec la forma-
tion pampéenne inférieure de Eoth; á cause de l'analogie entre « Icess
jaune » el « loess brun », je designe le loess de la formatiou ijampéenne
inférieure simplement sous le noin de « Iross brun pain d'epice ».
— 387 —
Pour rétiidede l'atlas origiuairt' de jMonte Hermoso, je me suis servi
de 16 piéces analogues appartenant á des squelettes humains non mon-
tes de notre coUection et provenaut toutes de tribns sudaméricaines ;
j'ai ntiliséenoutre l'atlas d'nn scpielctte d'oraiig et celui d'un squelette
de goiille appartenant aiissi a notre mnsée. Dans la liste des mesures ees
derniers sont indiques en abrégé par les initiales O et G respectivement.
Les 10 atlas appartenant á la variétéaraéricaine proviennent des tribus
snivantes (rangées á peu prés par ordre géograpliique du nord au snd) :
1. Tereno cf numero 3. Miranda, Mattogrosso. Coll. Baelí, 1896.
2. — ^9 numero 5. — —
3. (iuayaqni 9- Villa Encarnación, Paraguay. Exp. Ten Kate-La-
liitte, lS!»(i.
4. Mataco cf. San Pedro de Jujuy. Don. docteur Paterson, 1906.
5. Indien préh. O de Casabindo, Jujuy. Exp. Gerling, 1897.
6. — 9 de Antofogasta, Jujuy. N° 1. Exp. Gerling, 1897-98.
7.-9 — N" 2. Exp. Gerling, 1897-98.
8. Indien préh. de Brazo Gutiérrez, Entre Ríos (Peniile des tumulus).
Exp. Torres, 19ÜG.
9. Araucan cf <s Micliel », Tribu de Kalachu. Exp. Pozzi, 1897-98.
10. Patagón des anciens cimetiéresdu río Chubut. Exp. Pozzi, 1897-98.
11. — — —
13. — — —
13. Patagón du río Mayo, Territ. du Chubut. Exp. Bruch, 1902.
14. Patagón de Cerro Girido, T. de Santa Cruz. Exp. Hauthal, 1899.
15. Ona 9. Nord de la Terre de Feu. Exp. Beauflls, 1898.
16. Yámana (Yagan) 9- Ushuaia, Terre de Feu. Don. Godoy, 1898.
En fait de squelettes européens, je n'ai a ma disposition que celui
d'une parisienne, acheté dans la maison Tramond et je l'utilise ici de
place en place pour la comparaison.
J'ai consulté d'ailleurs les auteurs cites dans la note ' ; ils m'ont du
moins fourni quelques indications ; quant á la thése de M. Schnell, je ne
l'ai connue qu'aprés avoir terminé mes propres études.
■ SCHNELi., M., üeher die Wirheleaule des Menschen, des Gorilla und des Cercopithe-
eus. Eine ver;ilcichende osteologische Sttidie. Med. Diss. München, 18f? (avant 1896).
Ranke, J., Ziir Anthropologie der HaUwirbeUanle. Beitrag znr EntuHckluiigsmecha-
nik der menschlichrn Korperform. Sitzungsbcrichle der mathematisch-physikalisehen Classe
der K. bayerischen Akademie der Wisscnschaften, XXV, 1895, p. 3-23.
MiscH, M., BeHrdge zur Kenntnis der Gelenkfortsdtze des mensehlichen Hinterhauptes
nnd der Varietciten in ¡hrem Bereiche. Med. Diss. Berlin, 1901.
Gorjanovic-Kkamiíerger, K., Der diliiviale Alensch von Krapina in Kroatien.
Ein Beitrag zur Palaoanthropologie, Wiesbaden, 1906, p. 208.
BOLCK, L.| Zur Frage der Assimilation den Alias am Sehddel beim Menschen. Anato-
viischer Anzeigcr, XXVIII, 1906, p. 497-506.
— 388 —
FOEMB ET GBANDEUE GENÉRALE. — J'ai determiné la grandeiir gené-
rale de la vertebre en prenant le diamétre sagittal entre les tuberculea
antérieur et postérieur, et le diamétre transversal ainsi que celui qui
separe les bords internes des troas transversaux ; j'ai mesuré en oiitre
le diamétre vertical des ares antérieur et postérieur.
Le diamétre sagittal ne donne pas de limites certaines; chez l'atlas
de Monte Hermoso (39 mm.) et l'orang (4:1"'"5), il est aussi petit que les
cliiffres les plus réduits obtenus pour les américains (min. 37 mm., mo-
yenne 43""3); chez le gorille (50 mm.) il est tres grand. Le diamétre
transversal máximum diez les américains est en moyenne (80""1) aussi
grand que chez le gorille (80 mm.); chez l'orang (08 mm.) il est beaucoup
plus petit. Le diamétre transversal entre les bords internes des trous
transversaux chez les américains est, en moyenne (47,3) aussi grand que
chez le gorille (47™"5), tandis que chez l'atlas de Monte Hermoso (43,5)
et l'orang (43 mm.) il est plus petit mais d'égale grandeur. L'arc anté-
rieur chez les deux anthropoides est tres puissant (hauteur chez l'orang
14 mm., chez le gorille 13"""5), tandis que chez l'homme (lO^-^S) et l'atlas
de Monte Hermoso (11 mm.) il est 2)lus gréle. Evidemment, chez les pre-
miers, une articulation solide entre l'arc antérieur et la dent de l'axis
est nécessaire. L'arc postérieur au contraire, chez les anthropoides est
notablement faible (hauteur chez l'orang 8 mm., chez le gorille t) mm.),
tandis que chez l'homme dont la marche est verticale, il est beaucoui)
plus fort (10°""2), evidemment en vertu du poids plus lourd qu'il a a sup-
porter; chez l'atlas de Monte Hermoso il mesure 12°'™5 en hauteur,
chift're que l'on constate rarement dans l'échelle humaine; peut-on de la
conclure á la marche verticale chez le propriétaire de l'atlas de Monte
Hermoso ?
L'atlas de Monte Hermoso est d'ailleurs tres notable par la forme du
cóté exteme ou postérieure de son are postérieur. Ce cóté s'éléve com-
me un toit dont le faite le divise en deux moitiés symétriques su-
périeures et inférieures qui vont se reunir á chaqué cóté avec le bord
externe du sillón destiné á recevoir l'artére vertébrale. Cette créte se
trouve chez le gorille, á la méme hauteur que le bord interne et inférieur
de l'arc postérieur; chez l'orang, ellen'existe presque pas; chez les amé-
ricains modernes, l'arc postérieur á son cóté externe quelquefois est con-
vexe et arrondi, quelquefois il forme une faible créte horizontale, comme
l'atlas de Monte Hermoso; quelquefois s'éléve dans sa moitié un typi-
que tubercule postérieur dont on ne peut pas parlcr chez l'atlas de Mon-
te Hermoso. Le dit faite donne á l'arc postérieur de l'atlas de Monte
Hermoso beaucoup de sa robusticité.
L'atlas de Monte Hermoso ne présente pas la moindre trace d'un
anneau osseux pour recouvrir le sillón de l'artére vertébrale.
La grandeur genérale de l'atlas de Monte Hermoso ne doit done pas étre
— 3Sít —
considúi'ce coiuuil' notable; d'aillenr.s son are j)üstérieur est tres épais et
l'arc autérieur liii-méme, propoitiouuclleiueiit a la graudeur totale de la
vertebre, est réellement puissant. Tandis que dans l'atlas humain ce
sont les masses laterales qni imposcnt priiicipalement et les aros n'ap-
pelleut pas spéeialenient ratteiitioii, cliez l'atlas de Monte Hermoso les
masses laterales ainsi que les ares forment un auneau également épais.
On sait par les études de M. Bolck que la región atlantoíde, chez
l'homme actuel, se troirve en réduction pliylogénétique ; la forme grosse
et lourde de l'atlas de Monte Hermoso est done, au contraire, d'un type
assez priniitive.
M. Scbnell dit que chez le gorille et le cercopitbeque l'apophyse as-
cendante des masses laterales est jilus baute que l'apophyse descendante
et qu'on trouve le contraire chez l'homme (eiu'opéen) ; j'ai observé qu'il
est impossible de faire une détermiuation de bauteur dans lesapopbyses
de l'atlas de Monte Hermoso et du matériel avec lequel je l'ai comparé.
Nous avons pris encere quelques mesures supplémentaires pour re-
présenter la bauteur des masses laterales et l'épaisseur des ares, mais
les cbiftres ne sont plus démonstratifs que les antérieurs ; on les trouve
dans la table á la ñu de ce cbapitre.
Dans la forme genérale de l'atlas de Monte Hermoso on observe
d'ailleurs qnclqiu' asymétrie, avant timt dans la forme des fosses arti-
culaires inférieures et du trou vertebral.
La forme du tubercule autérieur de l'atlas chez VHonio 7;r/»ííV/c)íííí.s-
de Krapina appela l'attention de Gorjanovic-Kramberger; il est épais
dans la partie inférieure et pourvu d'une pointe émoussée dirigée en
bas. Cette méme pointe s'observe aussi tres clairement dans l'atlas de la
liarisienne et des deux anthropo'ides modernes; si l'on regarde direc-
tement de face la dite vertebre, le bord inférieur de Pare autérieur pa-
rait échancré, et l'on observe au milieu une saillie en forme de bande,
dirigée en bas, dont la pointe rugueuse regarde directement en bas et
se ti'ouve á la méme bauteur que l'extrémité inférieure de la fovea den-
tis. Chez les américains, la pointe est en genérale plus faible et fait saillie
en avant ; la rugosité correspondante regarde done obliquement en avant;
et le bord inférieur de l'arc autérieur, vu de face, parait simplement
arqué, et la pointe du milieu moins visible. Oette conformation est aussi
celle de l'atlas de Monte Hermoso; mais cette particularité ne semble
pas avoir une valeur spéciale. La forme du bord supérieur de l'arc anté-
rieur ne parait pas non plus caractéristique. Chez l'homme il est plus
ou uuiins concave et, en ontre, l'on voit surpasser le bord de la masse
osseuse dans laquelle la fovea dentis est imijrimée comme avec un ca-
chet, de maniere que les bords surplombent; il en est ainsi chez l'atlas
de ]Monte Hermoso et l'orang, tandis que chez le gorille, le bord supé-
rieur de l'arc autérieur est assez profondémeut coucave.
— 390 —
Dans la position de l'axe vertical de la fovea dentis je ue puis décou-
vrir, comme Gorjanovic et Scbnell, la moindre différence eutre les
divers groupes. La forme elle méme de la fovea ne me présente dans
les divers groupes aucunedifíerenceessentielle; elle est légérement con-
cave, comme l'impression d'un cacliet; chez le gorille elle est en outre
(loiiblée vers l'axe transversal.
La grandeur de la fovea dentis varié beaucoup chez les américains ;
cbez l'atlas de Monte Hermoso, la bauteur est de 10 millimétres et la
largeur de 9°""5 ; elle est en méme temps un peu concave.
Le tubercule destiné a l'insertion du ligament transvcrse occupe pres-
que la moitié de la masse osseuse située au bord du trou vertebral, en-
tre les facettes articulaires supérieures et inférieures ; il est convexo et
assez baut et d'une forme irréguliérement ovale ; le tubercule du cóté
droit est un ijeu plus grand que celui du cóté gaucbe. L'espace entre
son bord antérieur et le bord lateral de la fovea dentis est á droite un
sillón assez profond d'une largeur de 2 millimétres ; a gauche, cette dis-
tance mesui-e 4 millimétres et le sillón n'est pas profond. Cette particu-
larité présente une partie de l'asymétrie que nous observons chez l'atlas
de Monte Hermoso. A droite, en arriére du dit tubercule et immédiate-
ment au-dessous de la face articulaire se trouve m\ trou nourricier et en
avaut du tubercule un autre, accessoire et tout petit ; á gauche, il n'y
en a qu'un seul assez profond, qui est situé derriére le tubercule et im-
médiatement au-dessous de la facette articulaire.
Le dit tubercule est de diftérente grandeur et bauteur chez les améri-
cains, mais il est toujours couvexe ; chez le gorille se trouve une rugo-
sité plutót concave, chez l'orang une rugosité tres petite. Le trou nour-
ricier est excessivement variable chez les américains ; chez le gorille, il
se trouve avant le tuberciüe et il manque complétement chez l'orang.
L'épaisseur des deux racines de l'apophyse transverse qui entourent
le foramen transversarinm, est tres diflerente chez les américains nioder-
nes ; la racine antérieure était la plus grosse dans 9 cas, la postérieure
dans 5 cas et dans 2 cas, les deux racines sont de méme épaisseur. Chez
l'orang nous trouvons la racine postérieure un peu ¡ilus épaisse, tandis
que chez le gorille, la racine antérieure est minee et la postérieure for-
me la contiuuation de l'arc postérieur. Chez l'atlas de Monte Hermoso,
n'existent qu'á droite les moignons des deux racines; la postérieure est
trois fois plus épaisse que l'antérieure, différence observée rarement
chez l'américain moderne. Le foramen transversarinm de l'atlas de Mon-
te Hermoso était tres grand (diamétre antéro-postérieur O"".^). Chez le
gorille et aussi chez l'orang, la racine postérieure n'est que la contiuua-
tion de l'arc postérieur; <;hez l'lionuiie, ce sont deux dioses relativement
in(léi)endantes; l'atlas de Monte Hernuiso parait présenter un typemix-
te, son are postérieur est excessivement épais et la racine xiostérieure
— 391 —
(le l'apopliyse trausverse est anssi bien épaisse. En tout cas, le bord
])Ostéiieur de l'arc et de la racine, cliez les américains, présente une
ligne presqiie droite oii tres concave (ii" 15) commechez l'orang et chez
le gorille; l'atlas de Monte Hernioso jiaiait présenter un type fréquent
i'hez les américains.
La racine antérieure de l'apophyse, cbez les américains et l'atlas de
Monte Hermoso, est située plus bant que la postérieure, tandis qu'on
trouve le contraire cbez les deux antbropoides.
Trou vertebral. — Pour faire l'analyse du trou vertebral, j'ai mesu-
ré le diamétre sagittal ainsi que le diamétre transversal antérieur (entre
les angles que forment l'arc antérieur et la fovea articularis inférieure)
ct le diamétre transversal postérieur (entre l'angle que l'arc postérieur
forme avec les facettes articulaires inférieiires). Le diamétre sagittal
cbez les deux antbropoides modernes est notablement plus grand que
le transversal; la diftérence est de 10 millimétres cbez l'orang, et de 7
millimétres cbez le gorille; cbez les américains (moyeime 1""9) et l'atlas
de Monte Hermoso (2 mm.) la différence est peu marquée; chez les
américains au contraire il y a beaucoup de cas oü le diamétre trans-
versal atteint le máximum (n" 1, 3, 7, 9, 1(3). La diftérence entre lesdia-
métres transversaux antérieur et postérieur du trou vertebral est á
l'exception de l'orang, presque le niéme; cbez l'américain, la moyenne
est de 11™"0; cbez l'atlas de Monte Hermoso elle est de 9,5 et cbez le
gorille de 9 millimétres; le diamétre transversal postérieur est tonjours
plus grand que l'antérieur; cbez l'orang c'est le contraire, mais la diffé-
rence (1 mm.) est peu de cbose.
FossE ARTicuLAiRE supÉRiEüRE. — Cbez V Homo sapiens , les diffé-
rences individuelles sont assez notables. La forme totale est en general
celle d'un rognon ou d'un baricot, fréquemment rétrécie au milieu et
surtout dans la courbure interne; M. Miscb appelle ce rétrécissement
« espace complémentaire medial » et dit aussipour sa part qu'un « espace
complémentaire lateral » n'est pas constant. La forme totale de la face
articulaire est done généraleraent longue et étroite. La longueur máxi-
mum mesurée de póle á póle, en ftiisant abstraction de la courbure,
accuse comme mínimum 19 millimétres, moyenne Sá^^l, et máximum 28
ndllimétres; voir également les cbiüres individuéis. La largeur ne peut
pas tonjours étre mesurée exactcment; cependant, pour avoir quelque
point de repére, j'ai mesuré la distance du centre du rétrécissement
interne au point saillant opposé, par conséquent en direction quasi per-
pendiculaire á la longueur maximuin. Le minimum est de 8 millimétres,
la moyenne de 9"""9 et le máximum de ]4™"'5. Le dit rétrécissement
— 392 —
])eut étre consideré iirobablement comme le commencement de la sépa-
ratiou de la face articulaire en deux, suppositlon qui est en harmonie
avec la rédnction progressive de la región atlantoíde.
Chez l'atlas de Monte Hermoso, la forme de la fosette articulaire su-
périenre est celle d'irn ovoide irrégulier, court (19 mm.) et large
(11 mm.). Le rétrécissement á peine se trouve marqué en dedans, mais
en dehors se trouve une forte éckancrure; les deux incisions sont réu-
nies par une rugosité fine qui transverse la face articulaire.
La forme genérale de la facette de l'atlas numero 7 diftere compléte-
ment de celle des autres atlas humains ; elle est courte et large et s'éloi-
gne plus que l'atlas de Monte Hermoso du type Homo sapiens.
Chez l'orang, la forme genérale de la fovea articularis superior est
celle d'un haricot asymétrique, court (19 mm.) etétroit (9"""5).
Chez le gorille comme chez VHomo supiens, nous retrouvons la forme
du haricot, mais plus droite, et le rétrécissement du milieu n'est pas
aussi marqué; de plus il est long et étroit. La longueur máximum acen-
se 25 millimétres (chez VHomo sapiens, moyenne L'l'^'^l); la largeur est
de 9 millimétres (9"9 en moyenne chez VHomo sapiens).
La concavité de la fovea articularis superior est sujette aussi á des
variations individuelles chez les américains modernes; on peut l'étudier
en direction transversale et longitudinale. Suivant son diamétre trans-
versal, la concavité est assez insigniflante; il existe toujours, il est vrai,
une légére courbure, mais sa profondeur n'est que de 1 milliraétre tout
au plus (dans l'atlas inférieur numero 7 elle est un peu plus profonde !).
L'atlas de Monte Hermoso présente une courbure transversale de 1 mil-
limétre environ de profondeur; mais ce chiffre n'est pas supérieur á ce-
lui des cas les plus i^rononcés que nous observons chez VHomo sapiens;
chez l'orang, la facette articulaire en direction transversale est pres-
que plañe, chez le gorille elle est absolument plañe. En direction longi-
tudinale nous observons la combinaison d'une courbe et d'une spirale.
Les deux tiers antérieurs á peu prés de la surface articulaire sont rela-
tivement peu bombes et a peine contournés en spirale vers l'extérieur;
c'est seulement dans son tiers postérieur que la facette articulaire se
redresse et se dirige en outre simultanémcnt vers l'extérieur (voir plus
loin). Faisant abstraction de ees combinaisons, l'ou peut déterminer la
profondeur de la concavité en joignant ensemble les deux póles termi-
naux au moyen d'une petito regle et mesurant la distance verticale qui
separe cette ligne du point le plus bas de la facette articulaire. Les
mesures absolues du cette profondeur oscillent chez VHomo sapiens de
3'°"5 á 7 millimétres, avec une moyenne de 4™'"8; chez l'atlas de Monte
Hermoso, nous tronvons 4 millimétres; chez l'orang 5 millimétres et
chez le gorille 4 millimétres. Chez les américains modernes, la profon-
deur absolue est done plus notabk' (pie chez l'atlas de Monte Hermoso
— 393 —
et cliez le gorille, tandis que cliez le gorllle la proiiortion est, a pon de
cliosc pros, la méiue.
Si Ton calcule la profündeur relative par l'indice entre la longueui'
iiuixiiimm = 100 ct la jn'ofoudeur = .r, ou obtieiit jxiui- Y Homo .sapienn
une nioyenne de 1,00, pour l'atlas de Monte Hernioso 2,11, pour l'orang
2,U3, pour le gorille l,üO. C'est done chez ce deruier que la courbure
est la plus faible, et cliez l'orang qu'elle est la plus accentuée, tandis
que VHomo sapienH et l'atlas de Monte Hermoso donnent des chiffres
tres semblables. Je ne partage aucunement l'opinion de Ranke et Scbnell
aftirmant que cliez le gorille les fosses articulairessupérieuresde l'atlas
sont relativeinent plus profundes que cbez l'bouime; dans le sj)écimen
(pie nous possédons, elles sont au contraire a peii pres planes comuie
nons l^iAOUS deja vu.
Joliannes Eanke avait dc^á appelé l'attention snr la difterence qui
existe dans la position des bords antérieur et postérieur déla fossearii-
culaire supérieure quand la vertebre est placee borizontalement (1. c, p. 4) ;
chez l'liomnie, dit-il, les deux bords sont á peu firés á la niénieliauteur;
cbez le gorille, le bord postérieur s'éléve coiunie le dossier d'une cliaise
tandis que le bord inférieur est affaissé, cette lornie en dossier forinant
conime un contrepoids pour les apopliyses articulaires du crane incli-
nées en arriére.
Je ne iiuis pas admettre telle exagération; l'atlas du squelette de go-
rille que nous avons ici, ne présente aucunement la dite forme en dos-
sier mais notre divergeuce d'opinion xieut aussi venir du matériel étiidié.
Dans l'atlas de la parisieune de notre collection, le relévement posté-
rieur de la facette est en eftét beaucoup moins prononcé que cliez les
américains qui, en ce la, ne dittéreut pas du gorille et Ranke pour ses
recberches s'est évidemment servi (fun matériel européen. L'exacti-
tude des recbercbes se lieurte évidemment contre la dilHculté de déter-
minerla position « borizontale » de l'atlas, ou, en termes généraux, de
trouver un plan d'orientation incontestable, qui permette de mesurer
l'inclinaison entre les bords antérieur et postérieur de la facette articu-
laire supérieure.
Cbez l'orang, au contraire l'on observe une forme en dossier un peu
prononcée. L'atlas de Monte Hermoso ne différe pas sons ce rapport des
américains modernes.
L'inclinaison des facettes articulaires supérieures des deuxcótés vers
le dedans, iiourrait étre déterminée de deux fagons, en mesurant soit
l'angle que forment entr'enx les diamétres transversaux ]3eriiendiculai-
res a la longueur máximum, soit celui que l'on obtient en mesurant le
diainétre transversal suivant une ligne qui unit les centres des foramina
transversaria. Je me suis rallié á cette derniére méthode au moyen de
laquelle on i)eut déterminer l'inclinaison des facettes articulaires sur le
REV. MUSEO LA PLATA. — T. I. lili
— 394 —
j)laii transversal ilii corps, et cela par un procede tres simple. Ayant
instíillé l'atlas devant moi sur la table les fosses articulaires supérieures
tournéesen liaut, je i>lace dans ladite ligne des centres unfil defer que
je double de maniere á former avec les deux branclies un angle dont les
cótés suivent la direction des surfaces articulaires; j'ouvre alors le fil
jusqu'á ce que les deux branches s'appuient exactement sur les facettes.
Au mnyen de son poids, le dit fll se niaintient dans le plan transvei'sal
du corps. J'évalue alors la valeur de Tangie au moyen d'un rapporteur.
Les différences ne sont généralement pas tres importantes. Cliez les
américains modernes elles oscillent de 108 á 135 degrés, dont la moyen-
ne est de 120^5; l'atlas de Monte Hermoso avec l'atlas numth'o 7 occu-
pent le sommet de cette écbelle, c'est-á-dire que l'inclinaison des facettes
articulaires vers le dedans est tres réduite; chez l'orang, elle correspond
á la inclinaison moyenne de l'bomme et le gorille occupe le milieu entre
ce dernier et Tatlas de Monte Hermoso. L'inclinaison de la facette arti-
culaire en dedans, indique clairement le degré de l'emboitement du cráne
sur son piédestal et coincide peut-étre avec la plus ou moins grande
mobilité des vertebres cervicales en general les unes par rapport aux
autres. Vii les diftérences jieu marquées qui existent dans les divers
groupes, il semble douteux que Ton puisse attribuer a. cet angle une
grande valeur diagnostique.
Quant a la divergence des axes longitudinaux des facettes articulaires
supérieures vers l'arriére, je cberchai du moins ala déterminer approxi-
mativemeut en marqnant légérement le póle sur une plaque de verre
superposée et mesurant alors avec le rapporteur l'angle que les axes for-
ment ensenible. Plus raugle est ouvert, plus les facettes articulaires
divergenten arriere. Cbez les américains, l'amplituded'oscillation varié
de 10 a 75 degrés, moyenne 63°G; l'atlas de ^ionte Hermoso donne
10 degrés, l'orang 35 degrés, le gorille 50 degrés! Dans aucun cas
les facettes articulaires de l'atlas bumain ne divergent aussi peu
que cliez l'atlas de Monte Hermoso et l'orang; quant au gorille, il se
maintient au degré inférieurde l'écbelle bumaine; la divergence des fos-
ses articulaires est done une difterence certainement notable et impor-
tante. Elle correspond naturellement á la méme divergence des axes des
condyles occipitaux et cette dei-niére est due sans doute au bombement
de l'occiput produit lui-niéme par le dévelopi)ement du cerveau. Tun-
dís que, dans ce procés, la región occipitale voisine de la base du crane
et par conséquent la distance des póles antérieurs des condyles reste
relativement étroite et conserve comme le goulot d'une vessie plus ou
moins sa grandeur primitive, la región occipitale sitwée en arriére du
grand trou s'élargit et la distance entre les póles postérieurs des condylce
augmente. Tout le procés se reconnait aux fosses articulaires sujiérieures
de l'atlas; une grande divergence des dites fosses en arriére indique
— 395 —
1111 graiul (léveloppemeiit cervical (voir aiissi ]ilns loiii la positiou réci-
l)i()(jiie (les facettes articiüaires siipérieures et inférieures).
M. Seliiiell a trouvé que Tangle des axes longitudinanx des facettes
siipéiieures est plus ouvert cbez le gorille et le cercopitbeque que chez
riioiiime (européen!) et j'ai trouvé presqiie la méme chose cliez la pari-
sienne, mais ce fait, a premiere vue en contradiction avec rhypotliése
que iious venonsd'exposer, s'exidique bien par la croissance plus consi-
derable de l'arc autérieiir cbez reiiropéen que cbez l'américain dont les
trous occipital et vertebral, selon mes observations, sont beaucoup plus
petits que chez celui-lá.
FosSE ARXICULAIRK INFÉRIEUEE. — Elle est irréguliérement ovale et
présente en general un diaiiietre iiiaxinium dirige obliqueiiient d'avant
en arriére (= longiieur niaxiiiuiiii) et un diamétre transversal plus ou
moins perj)endiculaire au premier {= largeur máximum). En raison de
sa forme généralemeut ovale, la facette fait saillie dans le canal médul-
laire sous la forme d'un are; oii observe tres rarement la forme recti-
ligne au lien de la forme convexe du bord interne de la facette (atlas n"^
S et 16, en partie aussi n" 2). Dans l'atlas de Monte Hermoso, la limite
interne de la facette est rectiligne a droite (elle l'est des denx cótés
cbez l'orang et partiellement cbez le gorille); a gauclie, le bord intérieiir
de la facette est irréguliérement sinueux et asymétrique; le bord exté-
ricur gaucbe de la facette est endommagé.
Dans l'atlas de Monte Hermoso, la grandeur de la facette parrapport
a la vertebre entiére est tres notable et surixisse les proportions corres-
])ondantes observées chez l'bomme; chez l'orang et le gorille, les facet-
tes sont relativement beaucoup plus petitesque cbez l'homme. Les cbif-
fres absolus fournis par l'atlas de Monte Hermoso sont á peu prés les
mémes que cbez les américains; chez l'orang et le gorille, la facette n'est
l)as tout á íait aussi longue, mais elle est beaucoup jilus étroite. La mo-
yenne de la longueur máximum est de lí)'"'"4 chez les américains; chez
l'atlas de Monte Hermoso, elle est de 19""5, cbez l'orang de 17 millimé-
tres et chez le gorille de 17"""5. Quant á la largeur máximum, la moyen-
neestde IC^'^G cliez les américains; cbez l'atlas de Monte Hermoso, elle
est de 10"'™5, chez l'orang de 11"""5 et cbez le gorille de 14 millimétres.
La surface des facettes articulaires inférieures cbez l'homme, est, sui-
vant Eanke, presque plañe ; il en est de méme cbez les américains, oíi l'on
tríHive tous les degrés, depuis l'évidement á peine sensible jusqu'au plan
mathématique, et je pourrais ajouter que chez ees derniers la surface est
plus souvent encoré couverte de gibbosités. Chez l'atlas de Monte Her-
moso, la facette articulaire est légéremeiit concave et sa profondeur
Xiasse de 1 niillimétre; elle est en outre raboteuse. Chez Toraiig et le
gorille, la profondeur est i)lus considerable et atteint, en projection sur
— 396 —
la ligne qui niiit les deiix polos antérieiir et postérieur, jusqu'a 2 milli-
inetres. liaiike doiine G""".") poiir le rayón de courbuie de la eoiu-avité cliez
le gorille, cliift're qui correspond bien a celui que nous avons obtenu.
J'ai determiné rinclinaison des facettes articulaires inférieures en
dedans par le méme proeédé que pour les facettes supérieures. Je place
le fll doublé en forme d'angle sur la ligue qui joint les centres des trous
transversaux. Chez les américains, les angles varient de 128 á 150 de-
grésetla moyenne estde 137^3; diez l'atlasde Monte Hermoso, l'angle
est presque aussi grand, il mesure 132 degrés, tandis que diez l'oraug
(100^) et le gorille (110°) il se distinguent par l'indinaison infundibuli-
forme des facettes articulaires inférieures vers le dedans. Comme nous
l'avons vu, Eanke ai)pelle Tattentiou sur le profond enclavement cunei-
forme de divers corps des vertebres cervicales les ims dans les autres
cliez le gorille comme chez tous les singes, taudis que, dans la coloune
vertébrale de l'homme, cette conformation est beaucoup moins pronon-
cée, ce qui coutribue en partie a doiiner au cou de riiomiiie une luobilité
beaucoup plus grande. Les cliiffres antérieurs fornieut comme un docu-
meut á l'appui.
La position reciproque des facettes articulaires supérieures et inférieures
constitue une des différences caractéristiques entre l'homme et le singe.
Chez l'homme, le bord interne de la facette supérieure est situé plus en
dehors du niveau du bord interne de la facette inférieure et la massela-
térale débordant comme la páte qui sort de sou récipient, forme comme
une limite latérale du trou vertebral. Dans les atlas números G et 7, ce
pliénoméne est moius prononcé. Chez l'atlas de Monte Hermoso, chez
l'orang et le gorille, les bords internes de la facette supérieure sout a
peine retires vers l'extérieur, sans pourtaut se maintenir dans la xierpen-
diculaire relativement á ceux de la facette inférieure. Cette différence,
qui mérite de fixer notre attention, est vraisemblablement en connection
avec le bombement de Toccipital, conséquence de son augmentation dans
le développement du cerveau, qui a produit le gonflement de l'occiput
dont il a éloigné Tunde l'autre les condyles et en méme temps les fosses
articulaires correspondantes de l'atlas. La moélle épiíiiére augmente
seulement dans une proportion plus réduite, ce qui explique pourquoi
la distance des facettes articulaires inférieures et la lumiére du canal
vertebral n'ont pas varié essentiellement. Ce fait ue doit pas nous éton-
uer davaiitage si nous nous rendons bien compte de la dirterence fonc-
tiounelle entre le cerveau et la moélle épiniére. Le bord externe des
facettes articulaires suiiérieures fait done toujours saillie sur cebii des
facettes inférieures, spédalement diez les deux autliropoi'des modernes,
puisque diez l'homme la saillie des facettes supérieures est moins pro-
noncée, á cause da plus grand développement des facettes inférieures,
plus longues et plus larges que chez les singes (voir les tables!) ; les lois
— 397 —
(le la stiitiqne, qiii iiillucut sur la positioii viulicalede la teto paraisseiit
jouer leiir role iei : les poiiits (rai>i)ui du poids déla tete (foveae articu-
lares sui)erior('s) soiit clie/, rii(iiiiiiic |ilus retirécs l'une de l'autre que
eliez le sin.ne, paiceíjue le ]i()idsa sup¡)<)rter est deveiiu aussijilus j;rand
et plus lourd; (n'idennneiit, i)()ur que Téquilibre soit plus i)arfait et la
solidité plus grande, les toveae articulares inferiores oiit dii agrandir
leur surface. Par conséquent la ditterence entre la salllie externe des
facettes supérienres et celle des facettes inférieures cliez riiomme est
beaiiconp moins nuirquée (4""'5 conime moyeune) qne cliez les antliro-
poídes, oíi elle acense, eliez Torang 7 millimétres, cliez le gorille C™"5.
L'exactitude des détails que nous venons d'expdser peut étre établie
avec la plus grande siniplicité en niesnrant la sailliedes fosses supériox-
res et inférieures respectivenient. Pour la supérieure, j'ai mesuré la dis-
tance entre les bords externes du cartilage et, en outre, pour faire res-
sortir davantage les difíerences caractéristiques, la distance entre les
sailHes les plus prononcées des parties osseuses dans lesquelles péné-
trent les foveae articulares superiores, en apparence comme niarquées
avec un cachet. Au contra iré, les surfaces articulaires inférieures termi-
nent par un bord tranchant.
EésuiDons niaintenant tous les caracteres notables de l'atlas de ^lonte
Hermoso qui ne se trouvent jamáis dans les os analogues provenant de
la population autoctone sudamérieaine et compares avec lui.
La forme totale est notablement jjeíííe et lourde ; l'arc postérieur est
extraordinairement épaia et sa surface externe s'éléve en forme de /flífc
trctuiigulai re junte dans la ligue médiane longitudinale; la forme des fa-
cettes articulaires supérieures est celle d'un ovoide in-éf/ulin- et plutót
coiirt et large ; son axe longitudinal diveiyje tren peu vers l'arriére; les
facettes articulaires inférieures sont grandcii, proportlonuellement á la
vertebre entiére.
EARE3IENT se présentent dans le matériel humain de comparation
les caracteres suivants:
Le bord interne des facettes articulaires supérieures est tres peu en
deliors de la ligue verticale du bord correspoudant des facettes infé-
rieures; la racine postérieure de Tapopbyse transverso est notablenient
j>Zí(s déi'cloppéc que l'antérieure.
L'atlas de.Moute Hermoso se distingue principalement de celui de
l'oEANG par les caracteres suivants :
L'arc postérieur est d'une éiwisseur^^f » eominune; chez l'orang ce n'est
qu^une agrafe étroite. Le trou vertebral présente deux diamétres trans-
versaux, l'un Awtéñewv plim j)eiit et Tautre postérieur pUin <irand (com-
me le gorille et (rordinaire les américains); eliez Torang ees deux diamé-
tres sont á peu iirés égaux. La concavité de la facette articulaire supe-
— 398 —
rieiire est de ijrofondeur moyenne ; chez l'orimg elle est tres prononcé.
Les facettes articulaires inférieures son (¡randes proportiomiellement á
la vertebre eutiére etjíníí iuclinées en detlans; ehez roranf;' elles sont
petites et fortement inclinées en dedans.
L'atlas de Monte Hermoso se distingue de celiii du goimlle priuci-
palement par les caracteres suivants :
La grandenr genérale eat insiyHifiante; cliez le gorille elle est notable.
L'arc postérieirr est épais; chez le gorille il ressemble á une agrate. Les
fiícettes articulaires supérieures ont la forme d'un ovoide Irn'gttJier ;
chez le gorille elles sont longues et étroites. La racine postérieure de
l'apophyse transverse, comme chez les américains modernes, est séparée
de l'arc ijostéi'ieur ; chez le gorille elle en est la continuatiou directe. Les
facettes articulaires inferí eures sont [p-cmcles proportionnellement A la
vertebre entiere et peu inclinées en dedans ; chez le gorille elles sont
d'une grosseur moyeime et plus fortement inclinées en dedans.
En commum avec les dexix anthropoí'des, l'atlas de Monte Hermo-
so présente avant tout les caracteres suivants :
Les axes lougitudinaux des facettes articulaires supérieures divergent
tres peu en arriére, ce dont on ne rencontre auciin exemple chez les améri-
cains modernes. Le bord interne des facettes articulaires supérieures
f^st tres peu en, dehors úe la ligue verticale du bord correspondaut des
facettes inférieures; chez les américains modernes l'on ne rencontre que
rarement des cas de cette espéce. J'ai déjá dit, dans le cours de ce tra-
vail, que ees deux x^articularités indiquent un cerveau peu développé.
Examinons maintenant quels sont les rapports existants entre les ca-
racteres notables de l'atlas de Monte Hermoso et ceux des vertebres
analogues de la variété américaine de VHomo sapiens.
Oes derniéres sont représentées dans de nombreux spécimens prove-
nant derégions géographiquement tres distantes depuis le Brésiljusqu'a
la Terre de Feu, et, en vertu de leur origine américaine sont des plus
proprespour établirla comparaison avec l'ancien atlas fossile. Le nom-
bre des caracteres difterents, pour un petit os d'une iniíwrtance relati-
vement secondaire comme l'atlas, est considerable et parmi eux l'on
constate des caracteres d'infériorité qui dénotentun étre de cerveau peu
développé. Quoiqu'il en soit, l'atlas de Monte Hermoso se rapproche
davantage de celui de l'homme moderne que de celui des anthropoídes.
Examinons maintenant ce qui a trait á la provenance géologique.
Actuellement les conches de Monte Hermoso peuvent étre considérées
comme appartenaut i^our le moins aupliocéne et l'existencedel'espéce sa-
pieiis án genve Homo est complétement invraisemblable a laditeépoque;
nous devonsplutótnoitsattendre a des caracteres ostéologiquesinférieurs
qui, rehitivement a l'atlas de Jíonte Hermoso, n'ont pas lleude nous
surprendre. Mais il ne peut plus s'agir ici de l'espéce sapiens. Devons-
— 30!) —
uoiis peiiseí' a Tespéce Homo prim'Kicnhin aujouid"liiii cu vogue ? Je nc
le crois pas et voici mes raisons : l'iiii u'a trouvé cette espéce que dans
fertaines régioiis de l'Eiirope céntrale et il est invraiscniblable qu'uii
primate ait pu se propager jusquc dans Amérique du Sud; en outre les
giscments íVIIomo pr¡mif/enh(.s icmontent á une époque géologique plus
récente que la formation panipéenne inférieure. L'atlas de Monte Her-
moso paraít trop pctit pour étre cclui de V Homo primUicmuii et á peine
pourrait-on I'attribuer au PithecunthropuH erectun. Xous nous voyons
done obligas peut-étre a admettre une forme ancestralc sud-américaine
spéciale de VHomo mtplcHS ou du primigcnius et la conservation ou la
substitution du genre Momo n'est plus qu'une question de goñt. Les
particnlarités ostéologiques d'un seul atlas n'encouragent pas á reson-
dre une question aussi complexe que le serait l'admission d'un genre
différcnt de VHomo; rétablissement d'une nouvelle espece serait plus
jnstitiée, puisque, aprés tout, V Homo primigenius n'est pas l'uniqne es-
péce humaine éteinte qui ait existe. Les opinions actuelles au sujet des
inuiiigrations de l'homme en Amérique a une époque prélingiiistiquesont
d'ailleurs pas altérées par notre liypotbése. Si nous admettous pour
rautique possesseur de l'atlas de Monte Hermoso une espéce particu-
liére, celle-ci était certainement assez primitive et devait se rapproclier
Ijeaucoup du Pithecanthrojnts. Je propose done de réserver le nom de
Homo unVtqHus pour l'étre tertiaire á trouver encoré dans l'Ancien
Monde et de donner au primate tertiaire de Monte Hermoso, connu seu-
lement par un atlas, le nom de Homo neogaeus.
La Plata, 10 septembre 1907.
Pour compléter notre étude nous avons cru devoir ajouter la traduc-
tion des passages relatifs a l'atlas de l'homme et des singes anthropoídes
que nous avons trouvés diez les auteurs déjá cites a la page 387. Voici
les explicatious de ]M. Schnell (1. c, p. 0-12, H) dout la thése est accom-
pagnée des mesures correspondant*s et de deux belles planches litbo-
graphiques.
« L'ARC ANTBRIEUR cst plus ouvei't ct plus rabaissé cliez l'homme que
chez le gorille et le cercopithéque; il est aussi plus comprimé d'avant en
arriére. Le tubercule antérieur chez le premier n'est qu'uii faible gon-
flenu'ut de la partie médiane; chez le second il a la forme d'une petite
épine qui chez les deux, se développe asymétriquement en haut et en
bas, á partir de la ligue médiane, sa pointe s'éloignant de la ligue mé-
diane vers la droite.
« La surface articulaire correspondant á la dent del'axis est plus large
chez le gorille et le cercopithéque et s'iucline de la partie postéro-supé-
— 400 —
rieure vers la paitie aiitéro-inft'rieui'e, taiulis que cbez riionimc elle se
dirige de liaut eu bas.
« Les surta ees articulaires iiiíérieures des MásSES laterales cliez le
gorille sont plus rapprocliées que les supérieures, c'est-á-dire que leurs
axes verticaux convergent notablenieut en direction descendante. II en
est de méme chez le cercopitliéque, tandis que c.liez l'liomme ees axes
prolongés ne se rencontreiit que beaucoup plus bas.
<< Les diamétres longituiliiiaux des surfaces articulaires supérieui'es,
(Végale longueur cliez riioinme et le gorille, convergent cliez riionime
beaueoup muins vers l'avant que cbez le gorille et le cercopitliéque et
leur prolongement ne se rencontre qu'á deux pouces en avant de l'arc
antérieur, tandis que, cliez les deux singes la rencontre a lien deja [p. lü]
un peu en avant de la pointe du tubercule antérieur.
« Chez le gorille et le cercoiiitbeque, les surfaces articulaires supérieu-
res toinbent plus á pie en dedans et les surfaces articulaires inférieu-
res sont plus tonrnées en dedans que cliez riiomiiie, c'est-a-dire que les
axes verticaux préseuteut la méme disposition que les diamétres longi-
tudinaux décrits plus liaut: prolongés en dedans, ils se coupent notable-
inent plus tót chez le gorille et le cercopithéque que chez l'homme. En
óutre, ees surfaces, surtout les supérieures, sont plus profondément
creusées et présentent des superficies de rotation jilus accentuées que
chez l'homme.
« Cette eonformation de la surface articulaire supérieure a été men-
tionnée aussi par Hartmaun, relativement au gorille.
« Le líctit tubercule situé á l'intérieur des masses laterales, et destiné
á l'insertion du ligament transverse est plusprononcé chez l'homme que
chez le gorille ; il présente un trou nourricier, en arriére chez le premier, en
avant chez le secoud. Ce trou nourricier manque chez le cercopithéque.
[p. 11] « Chez le gorille et le cercopithéque, l'apophyse ascendante de la
masse latérale est plus liante que l'apophyse descendante; chez l'homme
l'on observe précisément le contiaire. Les surfaces articulaires inférieu-
res sont, chez l'homme, plus grandes que chez le gorille et le cercopithé-
que; elles sont de forme circulaire tandis que chez ¡es deux singes elles
sont plus ou moins ovales et tonrnées davantage vers la ligue médiane.
« Les APOriiYSES tratsSYERses chez le gorille et le cercopithéque sont
un peu plus longs que chez l'homme, et, tandis que chez celui-ci leur
direction i)rinci]iale se maintient exactement dans le plan frontal, chez
les deux piemiers ils s'en éloignent en se dirigeant vers Tarriére. Par
conséquent l'axe longitudinal du trou transversaire dont la fonneest du
reste la méme chez les deux, se perd chez l'liomme dans le plan frontal,
ou du moins s'en éloigne fort peu en avant, tandis que chez le gorille
il s'en separe pour se diriger en arriére. En égard á ce trou transver-
saire le cercopithéque occupe une position spéciale entre les trois.
— 401 —
«Le troii est rliiv, lui iclativciiR'iit tivs ]ietit ét (•oiiiinniiiíjnc par un
largc ciiiial avee un troii irégalc giainlcui" qui pcrcc de part en part,
transversaleineut de dedans en deliors, Tare postérienr, jn.ste derriére
les niasses laterales.
« Les autres différences que présentent les apopLyses transverses,
consistent en ce que, cliez legorille, leurtubercule postérieurressort da-
vantanc que rantérieui', tandis que diez l'lioiiune, au eontraire, le der-
nier csl plus proiioncé que le premier: en outre, cliez l'liomme, ils sont
presque peri)endi('ulaire l'uu a Tautre. Eu fin, chez le gorille, l'agrafe
])()stérieure du trou transversaire est plus tVute que Fantérieure; cliez
riioumie elles sont égales.
« L'akc postéeiexje est d'égale longueur cliez riiomme et le gorille ;
luais dans le seus de Tépaisseur, il présente des relations inverses com-
iiie Tare antérieur : cliez Tliomnie il est plus massif que cliez le gorille,
011 11 paiait coiupriuié d'avant en arriere, a tel point que son bord supé-
rieur, dans la partie médiane, forme un arete tranchante. Juste derriére
les niasses laterales, l'on observe diez le gorille fp. 12j, dans l'arc posté-
rienr saillant de ragrafe postérieure du trou transversaire, une fosse
d'un centimétre de long, profonde qui, cliez le cercopitliéque oíi l'arc
postérienr de l'atlas se rapproche du reste plus de celui du gorille par sa
forme genérale, s'approfondit pour former le trou que nous avons décrit
l)lusliaut, tandis que cbcz riiomnie elle est complétemeut plañe et dans
cet endroit l'arc semble comprimé de baut en bas.
« Hartmann [Bcr GoriUa, Leipzig, 1880, p. 12G) mentionne égale-
nient cette conformation dans les termes suivants : « L'atlas du gorille
(cliimpanzé, orang) est caractérisó par un demi-canal qui comnience
juste au-dessous du condyle snpérieur dans le contour jiostéro-supé-
rieur du trou transversaire et s'étend borizontalement en avant; Ce canal
aprés un cours de 8 á 10 millimétres de longueur se jette daus un trou
cylindrique de 2 á 3 millimétres qui jierfore la base de l'arc postérieur
dans le sens de la partie postéro-externe a la partie antéro-interne. Ce
vide observé par moi chez des individus jeunes et vieux se réduit par-
fois simplement au demi-canal et termine en arriére et en baut dans
uneincisure». Suivant cette deruiére observation qui s'appliquerait au
cas qni nous occupe, nous nous trouverions done en présence du cas le
])lus rare.
«Le TROU VERTEBRAL de l'atlas liumain est asymétrique; cliez le go-
rille et cercopitliéque il ne l'est pas.
[p. 47] « La structurede l'atlas chez le gorille, dit Hartmann (1. c, p. 120),
estén general semblable á ce qu'elle est cliez l'liomme». En effet, si l'on
compare senlement l'liomme et le gorille, la ressemblance est, á premié-
re vue, extrémenient frappante; niais l'attcntion se flxera de plus en
plus sur les diüérences qui existent entre les deux et sur la plus grande
— 402 —
siinilitiide du gorille avec le cercopithéquc, des que l'oii fera entier en
ligue ce dernier. L'on observe aussitót la e()iT''];tti(m daiisla forme et la
positioii des surfaces articulaires supérieures entre elles, et relative-
iiient aux surfaces iuférieures, la position des deux relativemeut á
l'agrafe antérieure ; la directiou égale des apopliyses traiisverses et, pour
mentionner aussi certaius points qui, suivant la défiuition que nous
avons donnée plus liaut, ne sout cependant pas essentiels, la concordanee
des agrafes antérieures et postérieures en grandeur et épaisseur, l'asy-
métrie de leurs tubercules aiitérieurs, l'extension presque égale diez les
deux, du sillón lateral supérieur, situé dans l'agrafe postérieure et enfin
la symétrie du trou vertebral qui est, au contraire, asymétrique cliez
l'liomme. Tous ees faits établis, je ne doute nulleraent que l'atlas du go-
rille se rapproclie beaucoup jilus de celui du cercoiiitliéque que de celui
de l'homme. Cette similitude entre les deux singes n'est dans aucune
autre vertebre aussi ijatente que dans l'atlas, sauf dans l'axis et la pre-
iniére vertebre dorsale. »
M. Sclinell communique dans sa table (p. 8) les chiffres obtenus pour
le diainétre antéro-postérieur et le diamétre transversal total de l'atlas
d'un bomme et du gorille du Musée de Municli; 11 a trouvé 42 milliraé-
tres et 82 ruillimétres respectivement pour l'homme, et 42 millimétres
et 78 millimétres respectivement pour le gorille.
M. Eanke (1. c, p. 4) afflrme que les fosses articulaires supérieures de
l'atlas correspondent aux condyles de l'occipital; «chez le gorille, elles
sont proportionnellement plus profondes et embrassent les condyles sur
une plus grand étendue que cliez l'homme, l'articulation étant, par con-
séquent plus solide et moins libre chez le gorille ».
« A la position des surfaces articulaires condyliennes correspond dans
l'catlas la position des fosses articulaires destinées á leur reception pour
l'articulation du cráne avec l'atlas. Les bords antérieur et postérieur de
ees fosses articulaires, chez l'homme, sont á peu prés d'égale hauteui,
dans la position horizontale de la vertebre. Chez le gorille, le bord pos-
térieur de l'atlas s'éléve comme le dossier d'une chaise tandis que le
bord antérieur est attaisé. Cette espéce de dossier forme un contre-fort
pour les apophyses articulaires du crane dirigées en arriére.
« Les articulations laterales entre l'atlas et l'axis sont aussi moins li-
bres chez le gorille que chez l'homme. Chez ce dernier les surfaces pres-
que plates glissent l'une sur l'autre, tandis que chez le gorille, les sur-
faces articulaires correspondantes, présentent une convexité prononcée
dont le rayón est d'environ 65 millimétres.
« Toute la structure de la región cervicale de la colonne vertébrale,
chez les singes anthropoides, correspond beaucoup plus que chez l'hom-
me á la solidité et a la stabilité. A cette disposition contribue déjá l'en-
clavement profond, en forme de pivot ou condyle des divers corps des
— 403 —
verlébi-e.s cervicales Taü daus Tautre chez le jioiille et tous les mitres
singes. Cliez l'liomme, l'enclaveiuent l'iin dans l'autre des dift'érents
corps des vertebres cervicales est beaucoup moins marqué, d'oíi resulte
€11 partie la grande inobilité du cou. »
Le travail de M. Miscli (1. c.) est tres utile i)our des études quelcon-
qiies; il coutieut uneaualyse sommaire de toutes les publications relati-
ves il notrc tlieine; la tliése de M. Sclinell n'y est pas citée.
M. Cioijauuvic-Kramberger (1. c, p. 208) trouva á Krapiua deux tiag-
nieiits d'atlas úeVHomo 2>i'i»ii{/cniui>; «la masse latérale gauche d'uii
adulte, avecTarc antérienr correspondant et le tubérculo antérieur aiusi
que la masse latérale droite avec l'arc antérieur correspondant d'uu in-
dividu jeune. Le jiremier fragment me semble iutéressant qu'il présente
dans sa fovea dentis un caractére directement en corrélation avec la
l)osition de la tete. Le tubercule antérieur est épais dans sa partie in-
térieure et niuiú d'une pointe énioussée dirigée en bas; au contraire, le
bord supérieur de la fovea est tranchant et toute la surface articulaire,
d'ailleurs tres large, est plutót inclinée en avant. La liauteur máximum
de la masse latérale prés du foramen transversarium mesure 17 milli-
métres; la liauteur prés du tubercule antérieur 12""'5; la hauteur mi-
nimum de l'arc á gauche, auprés de la fovea, est de 10 millimétres et la
largeur de la fovea dentis de la^^S. L'épaisseur de Tare daus le tuber-
cule est de 5"""8 ».
Notes complémsiitairas sur les atlas étudiés dans ce chapitre '
N° 1. Atrophie sénile. Trou transversaire droit, tres étroit et fendu
obliquement. Au bord postérieur de Tangle formé par les racines posté
rieures de Tapophyse transverse, avec les racines de l'arc postérieur,
on observe un canal vasculaire secondaire, dont la direction se rappro-
che assez de la verticale et que Ton pourrait appeler « sillón transver-
saire postérieur » ; á gauche il est surmonté d'ime agrafe osseuse fragüe,
qui donnelieuáun «trou transversaire postérieur accessoire». A droite,
le commencement d'un pont sur le sillón de l'artére vertébrale et par
conséqueut d'un « trou atlantoíde postérieur Bolck ».
JT" 2. Le bord lateral du sillón de l'artére vertébrale est tranchant
comme une lame de couteau ; á gauche s'étend, du milieu du bord externe
delafosse articulaire supérieure et de haut en bas, jusqu'á son póle pos-
térieur un pont osseux qui s'appuie sur la pointe de l'apophyse transver-
se dont il franchit la racine postérieure, donnant lien a un «trou atlan-
' Los j)aj;es 386-399 de ce travail fiircut itistribuées, comme tirage spécial, le 21
septembre 1907.
Fi^. 53. — Divur.s alias vus d'i'U liaut. rt, Anu'ricaiii n" 5 (de Casahindo, Jnjny) ; h, idrin ii" 7 (de An-
tolat^asta, JHJviy) ; c, ideni ii" i) (Araiioaii) ; d, Homo neogaexiS ; e, idum (vuc aiiti'rii.Miit) ; /, üran^;
g, Gorillt'. CGr. nat.)
Fiff. 54. — Divers atlas ■v^^s d'en bas. o, Aniéiicaiu u» 5 de Casabiuiio, Jiyuy) ; b, iilera n° 7 (de An-
tofa^asta, Jujuy;: c, iilem n° O (Araucau) ; d, Momo neogaeus ; e, Ídem (viie i)ustér¡em-e) ; /, Oraug :
(f. (iurille. (Gr. WAt.)
— 406 —
toííle lateral Bolck » ; á ilroité il n'existe que le commencement iriiu jxDit.
N" 3. La masse osseuse dans laquelle est imprimée la fovea dentis
passe notablement eu dehors le bord siipérienr de Tare, dont elle se dis-
tingue netteraeut ; en bas Fon observe eu dessous de Tare, denx esijeces.
de bandes saillautes ; il s'agit ici d'altérations artliritiques que l'oii
constate égalemeut dans les fosses articulaires supérieiires, surtout la
gauche. La racine autérieure de l'apopliyse transverse droite manque;
il l'endroit oíi elle devait se séparer de la masse latérale, il n'existe
qu'une tres petite protubérance pointue et la poiute de l'apopliyse trans-
verse droite est gontlée et uoneuse.
Giuñ'rida-Euggieri ' observa uu cas de división de l'atlas en deux
moitiés dont iine, la gauclie, se confoadait avec l'occiput, dans le cráue
d'une femme Guayaqui, apparteuaut au IMuséepréliistorique et etlinolo-
gique de Kome; daus le dit cas, l'ou trouva en méme temps un «trou
soustransversaire » dont on ne connaissait pas encoré d'exemple.
N" 4. A droite, tendence a la foruiation d'uu trou atlanto'íde lateral.
A gauclieuntroutransversaii'epostérieur accessoire étroit que l'on peut
a peiue sonder avec un crin. Bord lateral du sillón de Tartere vertébrale,
tres trancliant.
N" 5. Trou vertebral tres asymétriqne. A droite d'uu cóté a Tautre
du sillón de l'artére vertébrale s'éteud un are de 2 millimétres de large
(trou atlanto'íde postérieur); á gauche ce pont n'est pas arrivé á se fermer.
La fosse articulaire supérieure gauche présente une forte échancrure,
qui donne lieu a l'existence d'un grand « espace complémentaii'e late-
ral ^Misch », rare a droite (Misch, 1. c, p. 23) (v. flg. 53 a et 54 a).
W 6. Principe d'atrophie sénile. A droite, uu sillón transversaire
jtostérieur profond, frauchi a gauche par un pont qui donne lien á l'exis-
tence d"un trou semblable á une tente.
JV" 9. Le bord de la fovea dentis forme bourrelet. A gauche, un trou
atlanto'íde postérieur splendide, á droite le commencement d'un trou égal
(v. flg. 53 c et 54 c).
W" 10. Tres massif. Des deux cotes un sillón transversaire postérieur
profond principalement á gauche. Espace complémentaire lateral <les
deux cotes; espace medial seulement á droite.
N" 11. Massif, mais tres laodiHé par Farthrite. Les bords des fosses
articulaires et de la fovea dentis en partie debordés et eftilochés ; la
fosse articulaire supérieure droite et la fovea dentis en partie rongées
par la maladie. Bord lateral du sillón de Tartére vei'tébrale tres twin-
chant. Des deux cótés, espace complémentaire tant lateral que medial.
' GlUFFniDA-RuGGlKni, V., Forame notlolrasvcrsario dell'aüante. MonUore Zoolixjico
Italiano, XVII, 1906, p. 88-90. Un crauio GuayacU, un cranio (incompleto) Ciamococo c
un cranio Fueijino. Atti de la Societcl Romana di Antropología, XII, 1906, sep. p. 5.
— U)7 —
X" 12. Extrémemeut iiiassif et grossior ee qui iie doit pas nons ^ton-
iior idus que cela, s'agissant de la tribu patagouique. Des deux cótésuu
sillón transversaire ijostérieur. A gauche facette articulaire supérieure
di visee en deux; á droite, espace coiuplémentaire medíale prononcé, le
lateral u'existe pas.
N" 13. A gauche, un trou transversaire accessoire postérieur qui a
raspectd'une fente légére; a droite lui correspondant seulementun sillón.
La facette articulaire supt'rieure gauche est divisée en deux fragnients
sur une i)etite étendue; a droite, grand espace conipléiuentaire medial.
N" 14. Tres massif. A gauche, un trou transversaire postérieur acces-
soire, de '2 a 3 niillimétres de diamétre; á droite, ses bords ne sont pas
completeuient joints. A droite, tendance á la formation d"un trou atlan-
toíde lateral, reconnaissable á une bosse située á l'extrémité de I'apo-
physe transverso. Des deux cótés, grands espaces complémentaires mé.
<lianx; les espaces latéranx correspondants sont a peine visibles. Dans
chaqué facette supérieure, entre l'esjtace complémentaire lateral et le
medial s'étendent des sillons qui cependant ne séparent pas les surfaces
articulaires.
N" ITt. Tubercule postérieur en forme d'épine ])i)intue. Bord lateral
du sillón de l'artére vertébrale, tranchant; á gauche, un sillón transver-
saire postérieur.
Orang. — Des deux cótés, un trou atlantoi'de postérieur incomplet.
(fig. 53/et54/).
GofiUe. — A gauche, tendance íl la formation d'un trou atlantoide
postérieur (v. fig. 53 g et oig).
EXPLIOATION DES 3IESIIRES
Vertihrc totule, diamétre sagittal : entre les tubercules antérieur et
postérieur.
• — diamétre transversal : entre les jjoints plus extremes des apo-
physes transverses.
— diamétre transversal des trous transversaux : entre les bords
internes des troiis transversaux.
— diamétre A'ertical : diamétre vertical mínimum entre les bords
externes des faces articulaires supérieure et inférieure, au
centre du trou transversaire (cóté droit).
Are antérieur, diamétre vertical : dans la ligne médiane.
— diamétre sagittal : dans la ligue médiane.
Are po.sfvrieitr, diamétre vertical : dans la ligue médiane.
— diamétre sagittal : <lans la ligne médiane.
'rroH vertebral, diamétre sagittal : entre les bords internes des ares-
antérieur et postérieur.
408
— 409 —
— diiiniétrc traiiisversal iintórieiir : entre les anglcs que forment
l'arc antérieui' ct les fo.sses articulaires iuferieures.
— (lianiétre transversal postérieur : entre les angles que forment
l'arc postérieur et les fosses articulaires inférieures.
J'ofisc (oiiciilaire mipñ-iciire, lonsucnv máximum : distance de póle a póle,
en faisant abstraction de la courburc.
— larycur miniíiiuní : distance du centre du rétrécissement interne
au point saillant opposé, en direction quasi perpendiculaire á
la longuenr máximum.
— profoudeur (projection) : en joignant ensemble les deux póles
terminaux au moyen d'une petite regle et mesurant la distance
verticale qui separe cette ligne du point le plus bas de la facette
articulaire.
— Índice de la jirofondeur : Índice entre la longueur máximum ^
1(»() et la proíondeur = X.
— inclinaison transverse : ayant installé l'atlas devaut soi sur la
table, les fosses articulaires supérieures tournées en haut, on
place dans la ligne qui unit les centres des trous transversaires
un fll de fer qu'on double de maniere á íbrmer avec les deux
brauclies un angle d(int les cótés suivent la direction des sur-
faces articulaires; on ouvre alors le fll jusqu'a ce que les deux
branclies s'appuient exai'tement sur les facettes. Au moyen de
son poids, le dit fll se mainticnt dans le plan transversal du
corps. On evalué alors la valenr de l'angle au moyen d'un
rapporteur.
— divergence des axes longitudinaux : on marque légerement les
poles des deux fosses sur une plaque de verre superposée et
mesure alors avec le rapporteur l'angle que les axes forment
ensemble.
— distance máximum des bords externes : entre les bords externes
des surfaces destinées au cartilage.
— distances máximum des masses laterales : entre les saillies les
plus prononcées des parties osseuses danslesquellespénetrent
les fosses articulaires supérieures, en apparence comme mar-
quées avec un cachct.
J'o.ssf articiíhiirc iiifcriciírc, longiietir nniximum : obliquement d'avant
en arriére.
— largeur máximum : plus on moins perijendiculaire a la longueur
máximum.
— inclinaison transverse : déterminée comme celle des fosses
articulaires supérieures.
— distance máximum des bords externes : entre les bords externes
des surfaces destinées au cartilage.
BliV. MISEO LA PLATA. — T. 1. 27
— 410 —
N. B. — A cansí' (le l'ótat de eoiiscrvatioii do l'atlas de Monte Her-
moso, nolis avoiis pii.s les mesures de la tosse articiilaire siipérienre dn
cóté droit, eelles de rinférieure du eóté .yauelie. — / signifte un fort dé-
veloppcment du tubereule postérieui.
ANTimuPOLUGIE PSYCIIIQUE
FOIÍM.VTIOX I'AMI'KICNN'K Sl'rElil KUIiE = UUSS JAUXK
Pour (les raisons liistorifiues, nous jiasserons premierement en revue la
collectiojí Amegliino, conservée aiijourd'hni au Musée de La Plata, telle
qu'elle a été déerite dans le grand ouvrage d'Amegliino La (tnti¡/¡ic<J(((l
<lc1 homhtr en H Piala. XTne failde partie des objets avait été i)erdue
avant nnin anivée: niais les piéees eneore existantes pouvaient encoré
étre identifiées avec tonte sécurité par la comparaison de lenr números
encores \isibles avec ceux du catalogue spécial ' de la sectiou anthro-
pologique y paléontologique argentine a l'Exposition universelle de Pa-
rís en 1.S7S, et, quant a la forme, par la compaxaiaon avec les planches
(le La aiifif/iicíhid : \\m iH>\i\a\t méme établir l'origine spéciale des 7
stations d'Amegliino. En outie, sur les cartons originaiix oíi Aniegliino
avait fixé ses objets il y avait encoré une (bule d'esquilles d'os et éolian-
tillons de loess brillé, non nuinerotés, dont on ne p(nivait mettre en don-
te la provenance de Tune des 7 stations (probablement I et II), quoique
l'origine spéciale n'en pnt étre indiquée.
Dans la revue que nous allons passer de la collection d'Amegliino,
nous suivons le méme ordre de series qu'Anieglúno Ini méme a suivi
dans sa description. Premierement 2 ])iéces qu'il tenait d'aiitre part.
En suite le matériel de ses 7 stations en stii\ant natiirellement la serie
de 1 a 7, puisque sans ancun doute toutes les piéees iiroviennent de la
íbrniation ]iampéenne supérieure.
C^OLLKCTIOXS ET IJECHEKCHES DE M. AlIEGHINO
Fragment de pierre noirátre trouvé par M. José Larroque sur les bords de
l'arroyo Areco, entre les cotes d'un mylodonte
AjiEíiHiNO, F., Aiilii/iicddil . etc. II, !>. ;i79, -t;í2-433, pl. XÍX, lig. 557-558.
En 1874, Jl. José Lairoípie trouve sur la ri\i' gauche de Farroyo
Areco, a peu de distance du bouig de San Antonio de Areco iin s(pie-
' ExpoKÍlioii l'iiii'i'rscllf de 1S~S, (íroiipe scrond, Clannc liiiH'irmc. ('iiliil(i¡iiir spócial
de la sectiou iínlhyíi¡>tf¡ii;iiqnr eí paléoiiloliH/ique de Id J'épithltqne Anjenl'nie, P;ir¡s. 1S78.
p. 3-11.
— 411 —
Ictto (le Mi/hxloii rohiintiiN pvvsqno coiiiplt't. 11 jiisiiit cu positioii lioiiícoii-
tiile, le (los ('11 liaiit, les |)i('(ls en cioix. líii le (l(''t('n¡iiit iivi'c un jirand
coutcuii, il cliiKiiia cinihc un coriis dur ([iii se i-duipit cu dcux. C(''tiiit
une pieiTC (¡ui sV'tait intioduite eiitie les rótes gauelies de rauiíuiíl. ]M.
Larroque recueillit les morceaux et les euvoya á Auiesliino alors á ]\Iei-
cedes, lequel se donua. le travail de les recoller. C'est une pierre noira-
tre dont Amegliino lui iiu'iiie n'a ]iu (l(''ternnner la iiature, «lisse d'un
(■AitC' et de l'auti'cc(")t('' ,i;i((ssici-ciiicnt tiavaill(''C de ta(;(jn quelapartie su-
¡it-rieure termine en un hmd tiandiant ». Dans la iiu"'ine couclie et non
loin de la, M. Joseplí tiouva t'iialement des os de Mi/lo<l<iii, de Megathe-
rium, de To.rodon, (U; Macrauchenia et de Arctotherhim.
J'ai sous les yeux la piece en qnestion et je dois avouer qn'il ne si-
yig. ó.). — Pierre iminUiHMli' rnri-nyo Areco et silex ti-íivaillt'' de ríirrnyn Liijiíii {Aiif., íig. óó7-.).5S et
.">3Ü.532). Gr. liat.
gnifie pas gTand'cliosc. ()m sait s'il ne s'agit pasd'iin liagiucnt de pointe
de fleche; la forme aetucllc poun-ait bien nV'tre pas la forme i>riiiiitive,.
et l'on ne peut recíuiaitre avec securité dans la piéce tcllc qu'elle cst
anjonrd'hui, ni forme detenninée, ni taille.
M. Santiago Rotli lui-méme qui a une grande expcrienee des fossiles
pam]i(^ens me manifesta son opinión dans les termes suivants : « Ce
jieut i''tre un fragment de dent, inais aussi bien un moroean de bois ])é-
tritii^: il peut iirovenir (Tun os long, mais ni d'un ('dent(^, ni (run toxo-
(lonte, bien (pril n'cn ait pas la forme. (íuoiqíi'il en soit, e'est un corps
éíranger dans la formatioii pamiiécnnc, par la raison qu'on n'y rencontre
aitcnn os ou dent fossile d'une telle duretL'. »
En tout cas, ccttc piéce a été apport(íela i>ar l'lioniine; peut-étre s'a-
git-il d'iin fragiiicnt de la pointe (ruñe arme de cliasse.
412
Nodule de silex: travaiUé trouvé par les fréres Bretón sur les bords
de l'arroyo Lujan avec un cráne de toxodonte
Ameghixo, F., Aiifi;ii<cd<iil. etc., lí, p. ::'.82, 435-437. pl. XIX, tig. 530-532.
Les fréres Bretón qui .s'()ecu])iueiit ñ la reelierelie de fosssiles, avaieiit
découvert snv la rive droite de Tarroyo Lnjáii, á oiiviron .'> kilométres
de la petite ville dn méiiie iioiu, un eráne de Toxodnn pJalcndH. Aniej;lii-
no qui se trouvalt alors par liazard á Lujan en entendit parler et ae
rendit iinmédiateraent au lieu et place de la tronvaille. A son arrivée,
l'on venait précisément de déterrer le reste du squelette et nn fraguient
de silex qui avait été trouvé au niilieu d'os nombreux et a une distance
d'environ 50 centimetres du cráne dans les lits interieurs de la conche
(VI). Ameghino put se convaincreiiu'il avait existe réellenient tout entier
dans cette conche et n'y avait pas été apportéapréscoup; et il sedressa du
terrain le prolil suivant : I, Humus (40 centiuiétres) ; II, Couche grise avec
dépót de moUusques d'eau doñee (85 centimetres); III, Sable janne avec
des 08 d'aninianx éteints (30 centimetres); IV, Galets de tonca (S centi-
metres); V, Sable rouge (ÜO centimetres) VI, Couche blanchátre (90 cen-
timetres); VII, Argile rougeátre (ni\ean dn río Lujan. Le nodule de silex
provient done des conches les ¡¡lus profondes déla formation i)ampéenne
-supérieure, x)uisque probablement l'argile rouge (VII) (rAmeghino cor-
respond á notre formation pauípéeime moyenne. 11 est d'une forme spé-
ciale et indnbitablement tra\'aiillé. Ameghino l'a décrit tres corapléte-
nient et tres exactement. C'est le fragment, separé par tm conp violent
d'un bloc plus considerable de sílex d'une couleur noírátre tirant un
penan jaune de corne. La surface de cassure de ce fragment est la
concave. Elle fut done retravaíllée aprés cou]), premiéreinent au inoyen
d'un conp tres violent qui avec le bnlbe primítíf de percussion en i)ro-
duisit un autre également conclave et tres apparent (il n'est pas possible
de distingner quel est le premier des deux); ensiiíte au moyen d'une se-
rie de retoixches dcmt le but devait étre évidemment d'émousser les bords
tranchants de la surface de cassure, pour empéchei la main de se blesser
en maniant le fragment.
De l'autre cóté le fragment se divise en deux branches, dont FuiU',
j)etite est aígué comme un poincon dont la jiointe est rompue; vraiseni-
blablement elle s'est épointée par l'nsage, oü, suivant l'expression
d'Ameghino, émoussée. L'autre branche a ététransformée, auiuoycn de
coups applíqnés des deux cótés, en un large tranchant qui, natni-elle-
ment, vu l'espéce de niatériel ébréché l'est devenu encoré plus i)ar
l'nsage.
Ameghino pense que le fragment a dft servir jiour fendre les os ou
— 418 —
(|iu'l(nr¡uitre nsage scmbliihlt', ct Jo ciois (jiril a laisoii. Je reiiiarque a.
ce snjet que par sa forme iiatiirelle priiicipalement, il peut tres bien teñir
(lansuiie ]ictite niain.
Sa forme avec ses deiix ramificat ioiis est asse/, romarqiiable ; ]\I. Tliie.u-
llen ' aiirait eertainement rcconmi une tete de toxodonte avec sa gneiile
ouvertc a la fa(;on de riii]ii(opotaiiie.
Daiis la méme conclie Ton tronve éi>alement des restes d'Hippidion
nvotjucum, Caiiin A::ar(iefo>íK¡l¡>s í' et Lcstodou sp. (fn'í/oniílens?).
F¡í;. ñG. — Os hrisc's, grattt's ft Tacoourcis, dciits hrisi'cs et sílex taillf m de la statiou I d'Ameghino
(AiToyn Frías). Gr. uat. Raugí^e supérieure : Aut. tig. 570-571, 1547; raliK(''e inftrieure : Ant.^ fig.
84C, Cat., liuln. 1-24. Anl.. lig. 578-70, .543-44, 5:!:i-:i5.
Matériel de la station I d'Ameghino (Arroyo Frías)
Ameciiinii. F.. Aiilifíiii-ddil.vtv., II, p. 4S3-4!).j; Coiilrihtición, etc., p. 65-66.
A i)ropos de la description des restes de sqnelettes qui en x>i'ovenaient,
nous a\'ons déjá exposé (p. 214) les circonstances dans lesqnelles Ame-
gliino découvrit cetto station, sitnée sur les bords de l'arroyo Frías,
ilans la proximité d'nn jioiit. Nous doniioiis en plns iei le profll construit
snivaiit les donnés dn menie autenr; il s'agit évideniment iei de la for-
mation i)ami)éenne sni)ér¡enre : (J, >i'ivean de l'ean de l'arroyo Frías ;
' TiiiEULLEX, A., Lrs pieirea a irloiiclicn 'mtfnlionwlles ti l'cjwque clii creiisement des
vullecx, Paris, 1!)00. Dciuiime étiiñe sur /<•» plerres fyurex a rctoiwhes inientionnclles a
l'i'pnqnc dii eirit!<cmrnt des ftillees qiiatrrtiuiíen, Paris, 1901. Tcchnoloyie néfastc. Indus-
tric de la plrri-e iaillce aux lempa préhintoriqHOí, Paris, 1902. Hommagc á lioucher de
Perthis, París. li((ll.
— 414 —
II, Conche (le ,i;:il('ts (h'iKisés par reau) : III, Tcnaiu \é,U('4al ai^tuel,
aiiiiiiaux douK'stiqíics iMuopéens (10 fciitinic'ties); IV, Tenain vegetal
moderne (le conleui- vive, fainie aeiuelle indigene (iü centimótres); V^
Terrain argileiix (20 contimetres); VI, Terrain pampeen niauíeux (.'iO
centimétres); VII, Terrain pampeen avec tonca (00 centimetres): VIII,
Terrain i)ampéen, sable et aryile {'>'> eeutinietres); IX, Terrain ])ain]M''eii,
sable et beaucoup d'argile (loO eentimétres).
- Os lirisís iIl' la stati.>ii II il'.Viiii-;;liiiií> (Liij.iii). (Aiil.. li^'. U."il, l!.'i:i, ."iSIl). Gr. Uivt.
Les restes d'ossements hnmains déjii décrits iei proviennent du foud de
la conehe IX oíi ils étaient aniontoMiiés an milien de restes d'os d'ani-
niaiix, brises, gra-ttés et raeeourcis (Aiit., figure 040, 047; Cuf., nn-
méro 1-Í4); on I)ien des dents (ranimanx {Aiit., figure 540-544), de nom-
breux morceanx de cliarbon vegetal; dn Icess euit, des os brides ('par ex.
plaques d'iine carapace iV I{o2)lo2)horus) et des fragments de silex taillé
doiit trois ont été soumis a iiotre examen :
— 415 —
A iit., ti;;nrf .")7.S-r)7l>; c'cst iilic siiiiplc luiiicllc de siirl'acc de sil ex « ¡ios-
térieiire » lisse ct de smfacc <> Miiti'iiciirc » cu l'miiic de tuit, !<■ tniii-
<!l)ant tros ébréclK'.
Ant.ftigniv 570-71; c'cst un pctit ('chit a 1 rois fiírcs.cxt rciiiciiiciit iiiiii-
ce ; deux des siiríaces paraisscnt un pcu icronclK'cs ; cela jicut bien a\(iir
ctc une ])()intc de tléclic.
Aiit., tiiiurc n.'i.'í-oó; eV'st un l'ia.unu'nt de nuaitzitc scnii luiiaiic, ([Uasi
triangulairc dans sa section transversale ; la base est lissc, les surfaccs
retouchées. 11 fut. peut etie fix<'' ]Kiur s'en scixir dans un niaiu'lic d'ds
(Vdir .4;/^. ñunic (¡(li.'-(;()4 de la statiiui II).
Fií;. 58. — Os brisi'a de la station II (VAmegliIiio (Lujan)
Ant., tig. 645, 608, Caí., nnm. 181). Gr. uat.
Outre ees objets, il y a dans le Catalogue, numero 268, nn féuuir gauebe
iVUatatHH mnni de trons qui paraissent pratiqnés de niain d'bomme;
dans Aiit., II, p. 230, Aniegliino fait abusión a ce cas et a un autre posté-
lieur (station II, Cat., numero 237), mais il reste dans le doute au siijet
(les troiis; leur diametre varié entre eebii d'un petit pois et celui d'iine
cerise;leur protondeur est de moins d'un pouce. ü'aprés ce qu'il m'a
dit, Ameghino croit maintenant á des perforations opérées par la guépe
(le terre, et je snis en cela parfaitement d'accord avee lui.
Faunc. — Dans les conches supí-rieures, Auchenia (iiiannco, Cevviia
cainpciitrtn, raJacolama Weddclii, Mi/lodou rohioítiifi, (rli/ptoiloii typiin.
Dans les conches d'oíi provienncnt les restes d'os huniains, Ganis sp. ?
— 41(i —
i\ñ'. Azarae, C. protnjithainif, ^[ttcroc¡i<tu rohiitifus, Coiiepafiis )iH')Te(leiiii¡.s,
LayosiomuH dcbiUs, BcitlinidoiifonsiUn, J f cupe rom i/ü sp. .'', Microcaria robus-
ta, Gtenomysí sp. ? aff. mageUanicm, Equitii sp.í, Cerims sp?, Anchenia (Pa-
htcolama?), Hoplophorux oniatufi, Eiitatus hrcvi.s, Eiipltructux iiiiiiinnoi,
Rhca.
Dans les conclies Its plus piídoiidos, Arctotherium honai'rcnise, Ma-
cranchenia patagónica y Toxodoii Jhinriiii. Palacolama Weddelii, Scelido-
thertum hptocephaluní, Paiiochtits tithfrciilatus, ('hhunydotlu'riiiiii Jínni-
holdfi.
Matériel de la station II d'Ameglimo (Lujan)
Ameghino, F., Aiitiíjiicdad. etc., II, \i. 459-482 : Contrihiicióii, etc., p. tí2-(i4.
La station est sitixée sur les bords dii río Lnján danslabanlieuc déla
])etlte ville du méme iiom, et s'éteiid depuis le poiit jusqu'a la Villa Az-
])eitía, c'est á-dire 1 et demi a 2 kilométres. Amegliino en leva le profll
que nous reproduisons ici suivant les données de l'aiiteur (p. 400) qui
sont plus exactes que sa flgui-e 027 : I, Terrain postpampéen grisavec
un peu de cal et beaucoup de coquilles d'ean douce(30 centimetres) ; II,
Ídem blancliátre avec assez de cal et beaucoup de coquilles d'eau douce
(05 centimetres); III, Terrain pampeen sableux et blancliátre avec des
(»s d'animaux éteints et inftltrations calcaires (75 centimetres); IV, Sable
r(uige tres fine avec des os d'animaux éteints (45 centimetres) ; V, Galets
de tofica avec des os d'animaux éteints et quelques coquilles d'eau douce
(15 centimetres): VI, Terrain blancliátre avec des os d'animaux éteints,
coquilles d'eau douce et beaucoup d'impressions vegetales (1 mctre);
VII, Galets de tosca avec beaucoup d'os d'animaux éteints (15 centime-
tres); VIII, Conche bruñe avec peu d'os d'animaux éteints (80 centime-
tres); IX, Xiveau de l'eaudu río Lujan. II semblerait que la conche VIII,
appartient ¿i notre formation pampéenne moyenne, et, comme tout le
matériel provient des conches V á VII, elles doivent étre attribuées
iiux parties inférieures de notre formation pampéenne supérieure.
Comme preuves de l'activité humaine, nous trou%'ons (I) des os brises,
en partie fendus dans le sens de la longueur, avec ou sans traces de
coups, entailles, félures et grattages, (11) des os brúlés, (III) des os
travaillés, (IV) de petits morceaux de liess cuit et (V) íle pierres tra-
vaillées.
Le matériel ' appartenaut a I, encoré presque dans son complet, est
' Les spécinit'us cxisteut prcsqui' tcms ; de ci'iix qiii se sont perdus, il n'est pas
fait meution dans notre texto. Nous I'míhous l'énunieratiou de la í'nnne d'npri'S Coii-
Irihiidóii, etc.
— 417 —
tros iiboiidiiut i't AiiicyiiiiKi (h'crit avcc boaiKimp de dótails iiiic loiile
(le piéces, sur Icsiiucllcs iioiis nous dispciisoiis de rcvi'iiii'; nons insiste-
roiis siinpleiiieiit sur (iiicl(|ui's (ibjets dignes d'uiie attention si)éei:ile.
Anf., figure tí'}] , présente de uonibreux "rattages sui)erttciels, eu croix
et transversalenient; figure (il5, tibia de Toxodon plateMnis, trois gratta-
ges paialleles.
Ant., figure (i53, perniet de reconnaitre tres bien (•(niiiiient Pon frap-
pait sur Tos avee un objet pointu.
Ant., figure ."iSO, cote de Pseudolestoiloii. iin'sente sur la face ventrale
de tres jolies entailles.
Ant., figure (Jió et (iOS, í'raguieuts de cotes d'un petit édenté, pré-
sentent des coclies transvei'sales, produites par les dents d'un rongueur.
(\it., numero ISl, présente des entailles nonibreiises et profondes.
A'^
yi'¿. .W. — Piu-tie ii'nn tilMii il.- M¡iI,hI„,i (.I/ií., ti-. i',71-|-..:i) dr l;i >l;it¡.iii II irAiiii.-liiiic, ll.njáii),
avee (les ;iiatt!ií;e8 et entailles artiticiele. Gr. nat.
Certaines ])iéees n'oiit ])as été brisées, par exenijile eelle Ant., figure
010, un niétatarse entier *V H'ippidiuin priiic-ijxih', a\"ec quelques gratta-
ges, et Ant., figure 071-073, le tibia (run Mi/hxlun. Les bords de l'épi-
jdiyse sont tres attaqués, probableuient par riiomnie d'alors, dont on
reconnait l'activité aux nonibreux grattages longitudiiiaux et courtes
entailles que Fon voit sur líi surface diapbysique et la surface articu-
lairc et qu'Aniegiiino attribue á deux instruments difíerents, l'un une
espéce <le grattoir á jtointe émoussée, l'autre une espéce de bachette
a\'ec un trancliant de 1(> a LS milliiuétres de large; en outre, la superfi-
cie de l'osest raclée sur la créte de réb'vation (pii divise la surface arti-
culaire distale; je retroiive le inénie reclage á une largeur de doigt du
niilieu de la créte tibíale.
Du groupe II, os brúlés, il n'existe plus auciui spécimeii.
— 418
Le <;ioupe III t'xii;!-' 11110 ri-Nision (•((iiiplctc ilii iiiatcricl i-iicinc |iies-
(liie eomi»lt't.
Ant., tiyure (iU,"> ; c"est une doiit de To-nidmi ¡iliilrn.si.s. La iiKiitií' de sa
surface corónale est eoiiverte (Tiiii ,i;iaiid iicnidire de raies paialléles.
])erpendiculaireinent auxquellcs en diieetioii transversale ou voit deiix
lentes plus courtes iiiais plus profondes. Aniegliino leeonnait iei l'aeti-
A"ité de riioinine; il eroit que l'on a essayé de faire quelqiie elnise de la
dent du toxodonte el" dans ce but séjiaié des éelats, aprés avoiraii piéa-
lable tracé sur la dent les eiitailles eorrespondaiites. L'un de ees ('clats
serait^ par exeniple :
Ant.) flgure G0C-(H)7, separé (rniie incisive de toxodonte. De jiolissiire
artiflcielle, coinnie Ameiubino le croit, il ne s'agit certaiiiciiieiit pas iei.
Je ne vois pas iei autre cliose que déchet natiirel.
Ant., tij;ure (í(i7-(J(i8, éclat d'iin os long; il est tres intéressant parce-
Fi,^'. CO. — Di'llts vt lis travailli's ili' In sliitioii II il' Aiiu-sliinn (I.iijíiu)
(Ant.. li;;. till.i. (lIKi-OOT. 0G7-(jtií-). I',r. n;ll.
qn'on voit distincteiuent, en denx endroits de la siufaec, les points oii
l'on a frappé avec nn objet tres pointu, de maniere á taire sauter l'éclat
Du centre de frappage partent denx fentes qui entaiiient profondéiuent
la substance osseiise, ce qui n'existerait ])as, s'il s'agissait, (íoiniue le
croit Ainegbino, d'entailles produites iiitentionelleiuent, dans le but de
donner á l'os une forme déterminée. II ne peut étre question (run i>olis-
sage artificiel de la pointe. Coinme je Tai deja dit, je considere cette
pillee comme un simiile éclat, dans lequel on reconnait clairement l'eftet
du coup.
Ant., ñgure üüT-áíiS, Ooü-tí.'íl et 'kíÚ; ce soiit des éelats accidentéis,
de méme que ceux representes dans les tigures '>',)'t, tí.TS (= íilT), 580 et
ÓST, dont les derniers représentent un « tyjie spécial », parcequ'ils pro
viennent non d'os longs niais bien d'os a superficie píate (omoplates.
bassins, etc.).
Ant., figure .539, n'est ¡i nion a\is (ju'iin éclat accidentel, dont la
pointe formée accideutellenieiit pourrait servir de poincon, niais on re-
coiiiiaitrait encoré le ixilissage, ce qui n'est pas le cas.
— 419 —
Allí., li^iircs (ill, .")(;4r((i(>, ójI-óoo, o.j1-o.j1'. Ji; iic [mis preiicho ees
pii'cos ]M(iii- ;iiiti'f cliose rute des éclats accidentéis; l'oii ify voit aucunc
trace de i)()lis8aí:e. L'ou i)eut diré la inéme cbose des CVíf., números 77 et
liüü (« os pointti poli », « os aifiuisé »), números 194 et 208 (« os fendu et
taillé »), números (Í7-CS et 75-70 (« ])ointes de tleclies»), numero í»!t («éelat
ú'ds loiii;' iioli a ruiic (le ses extrémites el iiiirtaiit (in<'l(|ucs stries a. sa
surface externe »).
Aiif., liíiure (!02-(i(l4. C'est le frajiíiicnl medial d'une cote dont la sur-
face externe a été enlevée. La substanee spongiense est done découverte
du cóté de la convexité. L'on voit vers le niilieu trois entailles, dont
deux j^randes et une petite que je crois pouvoir attribuer á la main de
rhoinme. Les restes de la spongieuse ont peut-étre été grattés en direc-
tion longitudinale comrae l'admet Amegliino; a Tune des extrémites
spécialement, il existe une déeoupure dont les bords sont lisses et for-
ment entre eux un angle droit. Peut-étre s'agit-il de la poignée d'un ius-
trumeut de pierre dans laquelle les entailles servaient admirablement a
nugmenter la solidité, au moyen de laniéres de cuir ou de cordes. L'au-
1 t_. i.;. IwU ;i\iL iiitiiilli .^ il. hi statitiii II (VAnu-gliiiio (Lujan)
{Allí., ti¡x. tiU:;-U(i4). Gr. lint.
tre extréiiiité parait avoir été découpée obliquement. Peut-étre aussi,
pourrait-on iirendre cette notable piéce pour le manche d'un couteau
destiné a écorcher les animanx morts, tandis que l'extrémité émoussée
<lu manclie i)ouva¡t servir pour une foule d'autres usages.
J.)íí., figure 63G-G37. D'accord avec Amegliino, je crois pouvoir admettre
que cette intéressante piéce servit de manche a un instrnment de pierre.
Cest la partie inférieure du bois d'un cerf appartenant d'aprés Amegliino
íi une espéce éteinte. Le trono est gros, separé obliquement en dessus de
l'andouiller, et la spongieuse, évidée sñrement avec intention, peut-étre
poury fixerun outil de pierre. Cette évidiire, dans les paroisde laquelle
on reconnait encoré les marques de l'instrument qui servit á la prati-
quer, est, d'aprés moi, la pi-euve la plus eertaiue du travail de l'homme
sur la piéce en (piestion. L'extrémité elle-méme de l'andouiller, assez
long du reste, parait évidée artiticielleiiient, bien que je ne puisse l'añir-
mer absoliiment ; Amegliino n'en fait aucune mention. Un éclat de jiierre
comme Anf., figure 510, par exemple s'y ajusterait parfaitement. Un
instrument pointu a deux tranchants parait sans emj)loi; mais j'ob-
.serve, a ce siijet, qu'aujourd'hui encoré les Patagons se servent d'un
— 420 —
j-Tattoir doiible \ La surlafc de la piéce semble usée, quoiqíie la loiiiie
soit iiiodifiéc par un coiiiiiioicciiiont (Térosion. La rosette manqué en
grande partie et a été évideniiiient enlevée aitifieiellenient.
Les spécimens du gronpe IV' (loess euit) ne sont pas repartís ])ar sta-
tions dans les cartons d'AniOiiliino et seront déerits plus tard en Idoe
avec d'autres objets.
Le groupe V est comiiosé de pierres taillik'S.
Anf., figure ."¡To, est un petit nnneean de quartz, i)r(ibablement le
fragment d'nn couteau de pierre brisé en creusant la terre, puisqu'on y
reconuait chiirement une surface de cassure récente. II est de forme se-
niilunaire et sur le cóté de la concavité on distingue de petites retou-
yig. G-. — Partie iuféi'iemv <lu lutis (rim n-rl (iii:nicln^ d'uii iustrniiiciit «If nit-vj-L')
de la stafion II d'Anu-;íliiii() (Liiji'ut)- (Ai}t.. lii;-. f}:íli-li:i7). (Jr. iiat.
ches. II s'ajuste exactement au manclie du fragmentde cote, Anf., figui-e
002-604.
Ant., figure 57C, est un petit éclat de quartz, peut-étre seulenuMit acei-
dentel.
Ant., figure 002-064, est un ])etit fragment de silex de fonne tétraé-
drique qui, eomme les deux antérieurs, ne pouvait servir qu'ajusté á
une poignée.
Ant., figure 537-538, est un coin assez grand, de deux pouces de long"
siu' un ponee de large, de quartzite vert-noiratre. Le cóté inférieur est
' FlGUElUA, .T. H., Lon priiiiUifon liahiluiitrH del Unií/umi. Dans : El Vntuntii/ cu la
Jixposivión hislórico-timericana de Madrid. >I()utevul<'i), 18!)li, tis;. i'2.
Vv.RW.AV, 11., Leu unviens Patanmix, JIdihu-o, litOlí, p. 2tiH, ñ'^. 48.
— 421 —
lisso, le cóté sii])(''ii('m' ¡Y trois laces; les Ixirds supérieur et latéraux sont
lisses et assez exaeteiiieiit perijciidieiilaires au ¡ilaii principal dii coiii
(loiit répaisseur est ireiiviidii 7 iinllimctres. Le tranchant est tres
ai,uiiisé. Cette piéee estime pieiive tiés iiotahlc de l"activitéde riiimiiue
á répoque i)aiii|)éeiiiie.
Faune. — ^milodon popiilator , Cnnis A::<ir<{c loss., Hydrochocrux sulci-
dens, L«(/oiitoiiiu.s foss., Kerodoii majar, UesperomyH sp. ?, Toxodon platcn-
xin, T. Bnrmeinfcri, Jfippidiiiin principalr, H.ucofiac'um, Eqnuncurr'idenn,
E. rectidensí, Mastodan Ihinilxddtl, Divofi/lr sp. '!, l'alucoluma Wcdddü,
AncJienia sp. '?, Cerriin niiuiitiiít, ('. ¡ndiijidciis. Antílope argentina^ Mega-
iheriitm amerieanum, M. Litndi, r.sciidoh'.sfodoii nii/loides^, Mi/Jodon sp. ?,
Olyptodon iyinoi. O. laeris, G. rectieulatiiH, (í. ej((i-ipe>ii, Hoplopliorus or-
nattts, ThoracophoriiN sp. !, Chlamydotheríum typm, Eutatus Segwini, Eu-
2)hracti(s nñ'. rilloHiis, Tolypeute.i añ'. conums, DidclplÜH sp. ?, Testtido%
Emidis sp. ?; divers restes de poissons.
63. — Fierres taillíes (le la stntiou II U'AracíílHnn (Liij;iu)
(Alít., «K. 575, 570, 662-664, 537-338). Gr. uat.
Dans le méine eiidroit oíi il avait mis á jour les piéces qne noiis venons
<le décrire, et postérieurenient á la composition de son Antigüedad del
hombre en el Plata., Amegliino entreprit de nouvelles reclierchef , dii 20
décembre 1883 au l'^'février 1884, sous les anspices de l'Académie lía-
tioiíale des Sciences de Córdoba '.
Un excellent prolil vieiit a l'appiii du texte; niais ¡1 iious sufíit ici d'in-
<liquer que les spéciiiieus intéressants sous le point de vue anthroi>olo-
gique, provieuiient de couclies identiques a celles d'oü ])rovieniient les
objets décrits plus haut. Amegliino dit avoir reali.sé ses trouvailles
dans son dépót lacustre, et 11 croit que les piules et les inondations les
apportérent des liauteurs voisines dans une lagune ; 11 fait observer que
Jamáis, méme a l'époque actuelle, ees liauteurs ne furent inondées et
(pie l'homme des teiiijis auciens y trouvait un lefuge contre les crues
des eaux et les liabita toujours de préíerence.
' A.Miccílllxo, F., Exi'nniíincu (¡folónií^ax ij paliniilnlóijirax en la prov'mcin ile Buenos
Aires. Boletín de la Academia Xacional de Ciencias de Córdoba, VI, 18S4. ii.37-3S;
Contribución, etc., p. 63-()4.
— 422 —
Coiumo |)i('iives de la présence (le riioiiiiiie, Amegliino accumiilc une
qnantit(' considerable de petits fragments de terre cuite, plus ou moiiis
lotilés; des crAiies biisés de maiinniferes, des os loiigs de niiiiiiiaiits, des
iiioi'ceaux de cliaiboii vegetal et d'osseinents calcines, des os avec des
grattages et des entailles et des os tnivaillés.
De tout ce niatériel, nons avons devant les yeiix des écliaiitilloiis de
Iress conteuant des petits fragments de terre cnite ii jieine reconuaissa-
ble dont il sera parlé ultérieureuient av^ec d'aiitres piéces. Les autres
objets ne sont pas marqués d'une fayon spéciale et, i)ar conséquent, ne
se distinguent pas du matéricl dont il a été parlé dans AntinUeñad et
<[ui n'a i)as été non plus spécialement décrit, etc. Ces piéces n'ottient
aucune jnirticularité, et, relativement aux os qu'Amegbino considere
comnie travaillés, je puis me reposer sur l'étude de la collection publiée
dans AntUjUedad , comme nous le verrons plus tard.
Tout prés de ce gisement, dans le voisinage dn Paso de la Virgen,
iiiais dans une couclie un pen plus xirofonde de la formation ])anipéenn(í
(|uc les objets n'cemmeut dí'crits, Charles Amegliiiio trouva en 1S84 un
anclen Ibyer (fo(ióii) re(tonnu comme tel a son sous-sol brillé. 11 le décrit
dans les termes suivants:
«La dcniiére (uue du río Lujan qui eut lien il y a quelques jours a
mis a découvert, a quelques pas du moulin de Bancalari, un foyer de
l'liomme fossile enterré dans le pampeen rouge supérienr; il occupait
uiu' siijierticie de forme circulaire d'environ 2 métres de diamétrc, qui
semble ccirrespondre a une cavité alors existant a. la surface du sol. 11
<'onsiste dans une grande quaiitité de l(css (uiit du cliarbon végétale et
(pu'biiies os carbonisés, et réduits a de petits éclats, le tout pélemele
(^t formant une masse extraordinairement dure. Le sol pro])rement dit
du foyer s'est cliangé en brique et dans certains poiuts il est si durqu'il
resiste au tranchant dn couteau. Comme il se trouvait presque directe-
ment sons une éclnse il avait été miné par les eaux, laissant a nu des
couclies dn foyt'r qui résistaient encoré ¡i, l'action des eaux; je les ai
cnqiortcM's ))our les préserver d'une destruction complete. Si Ton étudie
la comiiositioii a\ec une loujie, on rei^onnait clairement les ftbres du
bois carbonisé. Un fragment de terre cnit brisé en deux laisse voir l'em-
preinte (ruñe giaine de ccpd-cabuUo \ ce qui fait supposer que cette
plante fut un des combustibles employés dans ce foyer. Le terrain coii-
' Ccpa-cdbaHu = Xaiithiiim upiímmnii (finnilli' des coiiiposéos). Diins mus rechorches
sur le folklore do l:i canniagno argiMitini', (|iii contit'iit licaueoui) dn sujicrstitions
et coutiimrs lio Pancicuiic populatiim iiulipniíc, je n'ai pii rien trouver qni iuiliquc
Plisare ilu grain do cotto planto «■nmiuo aliiiu'ut ; Jo orois pliitót r|UO, dans lo can
(lili nolis Dooiipo los graius so tronvaiont par hasard dans la iiiasso do torro
ouite, )>u¡siiiio, alors coninio aiijoiird'liiii, cotto ]ilanto <lovait otro ilos plus oomiiiiiiios
et employéo taiit alors qu'anjourd'liui coiihih' planto iiicdioiiialo.
42:i
uloiin'M't'' |)iU' lo tV'ii áo rancien foyor penetro daiis la ber^c a nne jn'ofon-
(leiir lie |ilns d'une palme et il est ))()ssil)le que si l'on iirati(j[uait des t'oni-
lies, elles inettraient a (li'coin cil des objels inipiiilants. »
l'iMiicii lili finii- avec la statioii de laijiin, iions allonsti'aiter breveinent
des deiniéres donuées d'Aniejiliino '. lleiti'des galets troiivés dans le
lit du no Lnjfin, lesquels provicnnent de la torniation pampéeinie nio-
yenne (de sa nomenclatiire) et par ettnséqnent des couclies inferieiires
de notrfí ]tain])(''en supérieur. Un spéeinien d'une origine anssi douteuse
{|ue le <>alet iu> inérite i)as qn'on liii attribue nni? };Tande valeur. Des os
lon.ns de riiininants et des tVagnients de bess ealciiK' provenant d'an-
eieiis í'oyers seraient iniportants sous le ]Miint de \iie antliroi)ol()L;i(pie.
Fi^. lil. — l'iiTl-c» taillvcs ilf lastiition III il'Aiiii'í;liinn (l'aso ilcl Cafiún). {Aiit.. tig. .)72, 342. .'174
et, t'ii liaiit, Cfif., umii. 'JL'!!), ( ¡r. nat.
Materiel de la station III d'Ameghino (Paso del Cañón)
Ameíjmino, P., .liifiíiücdiid, etc., II, p. 4.")ti--l-.")!l ; ('(inirUmvUhi . í'iv.. p. 62.
La station est sitniíe sur les denx lives du lío Lujiiii a ."> kiloiiu'tres a
rouest (le Mercedes, dans le. i)arafie ap])elé «Paso del Cañón ». Sons
une couclie d'lminus d'iin raetre d'(''i)aisseur j^it une coueliede bess bnin
d'une puissanee de .'! metres a ."> et denii, (bi fond (!<■ lacpielle t'nrent e.\-
traits les objets suivants : os teiidus loii;;itu(liiialeinent, fragnients de
bess calciné et os taillés.
Sur la rive gauche de la riviére, oii trouve a un deiiii niétrc a peine
d'une carapace de glyptodonteqni gisait á nne profondenr de .'i metres,
la suríace veiitrale en baiit, un gros (iiiart/.ite tailb' (Áiit.. tigure .")7l¡).
A.MK(;iii.N'o, F., C'onlrib:iiitiii. i-tr., p. (i",).
424
C'e.st une lame triangulaiie S(''i)arét' (run iioyau plus gros; Fuue des
faces, de forme eoiivexe, présente lui Imlbe de percussion aussi visible
qu'il puisse l'etre dans le qiiartz. L'aiitre cüté présente diverses siiperfi-
(des anguleuses. Le traneliant est énioussé par l'usage. Cest nne iiiéee
an plus liaut degré suggestive.
Le Cat., numero 220, coiuprend en outre un fragraent de quartz qui fut
trouvé sous la carapace de glyptodonte; c'est un éclat avec des traces
evidentes d'élaboration.
Sur la rive droite de la riviére, á luie profondeur d'environ 4 métres
gisait une earapace de Pdiiochtun. la tace veutrale en bas; a l'intérienr
Ton ne trouva pas le nioindre os de Panimal, mais des os de cerf et de (/lui-
naco fendus longitndinalement, ainsi que (('«/., números 224, 226, 228) des
fragments de dents de toxodonte et de mylodonte. Amegliino considere
quelques-nns de ees derniéres {Ant., figures (i.">7, 0ü5, C6G) commeledéchet
produit par la retouclie d'instruments ou de pointes de fleche ñiisant
Fig. 65.
Fragments de (lenta de la station III d'Ameghinu (l'aso dt-l Caüón)
Ant., lig. 057, 065 060). Gr. uat.
partie de ce singulier matériel, bien comme des piéces iniítilisées. Je
dois avouer que le premier de ees trois objets oífre réellement certaine
ressemblance avec nne pointe de fleche inachevée de la forme typique
avec pédoncule, dans laquelle on distingue claircment les íines ondnla-
tions conchoídes; mais il pent aussi ne se traiter qued'une sim])le éven-
tualité. Quant aux deux derniéres piéces, je ne pnis leur attribner ancune
importance; Ant., figure 665, n'est certainement pas poli sur les deux
taces. Le petit fragment de quartz Anf., figure 542, doiit une jietitepor-
tiou fut brisée et détruite durant rexca\ation, oft're nne ressemblance
■extraordinaire aveí^ Aiit., figure 572, deja dé(;rit, avec la difterence qu'il
estmoitié inoins volumineux. La descriiition doiinée autre part s'adapte
bien ici ; les dents du tranchant, que je (;onsidére comme telles et non
comme des retouches, sont tres belles et tres apparentes.
A envirou 2 métres de la carapace de Panochtioí, Ton trouva nne in-
finité d'os de cerf écrasés et ])eut-étre brfilés, en outre des fragments
de lu'ss cuit, enveloppés d'incrustations, deux jietits fragments de quartz
■également en partie coiiverts (riiicrustatioiis (ees piéces n'existeiit plus
— 425 —
•un ne sont plus reconnaissables) : c'est la aussi que fut trouvé le sílex
admirablement travaillé, Ant, figure 574, qu'Ameghino décrit avec
tant (l'exactitude. L'uu des cótés que iious appcllerons «inférieur»
■est siuiplement lisse et conxexe tel qu'il a du résulter de la cassure;
■elle présente un tres fort bulbe de percussion. Dans la retouche de l'uu
des bords longitudinaux, deux points ont pris la forme conchoíde á cause
•des morceaux qni ont sauté. Le cóté « supérieur » présente diverses fa-
ces; une conche calcaire le couvre plus d'á moitié. Les deux bords lon-
gitudinaux sont lisses, comme ils l'étaient lors de la fabrication de la
piéce, seulement que de l'un d'entre eux partent les deux surfaces de
cassure conchoídales dont il a été parlé antérieurement. Les deux bords
les plus courts son tres finement retouchés.
Faune. — Canís protojiibatus, G. Azarae vaT. fossiUs, Microcavia robus-
ta, JTesperomyn sp.?, Hipphaplus Bmvarüi, Toxodon platemis, Cernm liija-
nensin, Anchen ia sp.?, Mylodon Wienerii, Panochtus tuherculaUís, Glypto-
•don typus.
Matériel de la station IV d'Ameghino (Campo Achával)
Amegiiino, F., Antifjüedad, etc., II, p. 450-456; Contribución, etc., p. 61.
La station est située sur la rive gauche du río Lujan, á 3 ou 4 kilo-
métres de la ville de Mercedes dans le terraín appelé « Campo de Achá-
val», du nom de son propriétaire. Comme la station "VII elle setrouve
dans un dépót lacustre de seulement 40 métres d'extension, qui longe la
berge de la rívíére, sur une épaísseur de 2 métres, et dont la couleur est
<Fun jaune tres clair.
La présence de l'homme y est démontrée par des os grattés et entai-
llés, presque tous de toxodonte, quelques-iins aussi de mastodonte; des
«s longs de cerf et de guanaco brises en direction longitudinal e; des
mandibules brisées de cerf, de guanaco et de chíen; des os et des dents
travaillés ; des os longs de ruminants brülés et dívers petíts fragments
<le Icess cuít, noírátre, tres dur et tres compact. II n'y a pas des traces
■íl'objets de pierre.
Presque tous les spécimens representes exístent encoré. Ant., figures
596, 581, 582, 612, Caí., números 163, 169, sont de simples éclats qui ont
sauté par l'effet de la cassure des os. La méme affirmation s'applique
également aux piéces, Ant.., figures 620, 621, 640 ct Cai., números 78 et SO,
malgré l'opiníon d'Ameghino qui voit dans cette forme des pointes de fle-
che artificielles. Aveclameilleure volonté du monde je n'y puis voír autre
chose que des éclats dus au simi)Ie hasard. Ant., figure 562-63 (=: Gat,,
n° 79) dans laquelle Ameghino voit également une poínte de fleche, est
KEV. MCSEO LA PLATA. — T. I. 28
— -t2G —
coTtíiinement une piéce notable. II Ini manque aii iiioins un tieis qm a
sauté (lans le sens de la longneur, le fraiiun^nt subsistant présente sur le
trancliant et la pointe, deux petites surfaces de cassure légérement
cpnchoidales et réellement symétriques; la grande entaille concave qui
se voit sur l'un des cótés externes (l'autre a été brisé avec un tiers de
la piece) ywurrait avoir servi á flxer solideinent la pointe au manche de
la íléclie. (íuoiqn'il en soit, une piece isolée, défe(!tnense et (bmtcnse nc
pent taire preuve et j'ai bien de la peine ¡i merangera l'opinion (TAme-
gliino.
Ant., figure (ilS, n'est égaleuient qu'un simple éclat; je n"y puis dis-
tinguer la polissure artifícielle qvr'y voit Anieghino.
Ant.f ftgure 540-541 est une piece plus discutable. C'est, d'aprés Ame-
gliino, la pointe d'un poin^on retoucliée á petit coups; ponr une pointe
de fleche elle serait un peu grosse. Les traces de ees coups y sont en-
coré visibles, bien queje ne sois pas certain si elles n'ont pas été pro-
duites en brisant l'os a coups r('pétés, et les traces de ees coups feraient
croire á la retouche dans la forme indiquée. Des os longs de plus grand
volume onfc été certainenient brises á coups répétés avec une pierre.
Dans la piece en question, il n'y a absolument aucune autre trace
d'nsage.
Les six piéces Ant., figures 5S5, 583, 553, 559-561, 549-550 et 024-62."),
ne sont á mon avis que des éclats qui se sont separes par hasard de l'os
brisé de la ménu' maniere; je n'ai reconnu en eux aucune forme caract*'-
ristique. La i)iéce Ant.f figure 549-550 n'est pas polie.
Seulement la piece Aní., figure 598-600 peut avoir été un i)oin5on;
mais avaut tcmt c'est un éclat d'os long, de lalongueurdu petit doigt et
(pii va en diminuant de la base a la pointe. Sur l'une des surfaces de
cassure longitudinales on reconnait un ])et¡t centre de ]iercussiou d'oíi
s'est separé par lui-méme un petit éclat plus long. L'autre surface de
cassure longitudinale, correspond ¡Y la lame externe et iirésente de
petites coches conchoidales, suivant Ameghino l'indice d'un retouche;
niais je ne sais si cette cassure conchoídale de la lame externo réfrac-
taire ne peut i^as résulter anssi de la cassure de l'os par le contre coup
IH'oduit sur le cóté opposé. Cette piece ne porte aucune trace d'nsage.
Les deux fragments de dents de toxodonte A «f., figures (¡56 et 545-547,
doivent étre attribués, suivant Ameghino á l'activité de riiomme. Si
relativement a d'antres os provenant tous d'un seul et mcmc endroit,
il ne peut y avoir de doute (pi'ils ont été travaillés par riiomme, la
méme opinión est pcrmise au sujet des dents, quoique les preuves nc
soient pas convaincantes. La preiniére piece présente eftectivement des
traces de grattage sur le moiguon de la couronne dentaire. La seconde
jiiece, a laquelle Anu^ghino attribueune valeur spéciale, est simplement
un éclat de la méme forme (pii caractérise les dents de toxodonte. J'ai
427
ii'visí' ii\oc ^r. le doctcui' Siiiitiiif;() Uotli la riclie collectio)! de t(ixi)(l(in-
tt'S dii ^hiséc ct nous avous troiivé des exemples tout á tait scniblablcs.
Les dents de toxodonte préseiitent la partieiilarité de se fendre premié-
reinenten direction transversal e eteii secoud lien d'éclater sur ses bords
sous la forme eoiielioídale, disi)ositioii qne, dans la piece (pii nous occii-
pe, Aiiiegliiiio iittribnait a h\. luain de I'homnie («trophée de. eliasse»).
M. RothetuKii avons tromé eette méme dispositioii cdiirlioídale sardes
dents de toxodonte inovenant des forniations entrerrienne et jiata^io-
nienne (de la Laguna Elanea et du Cluibut) bien que sous une forme dif-
í"i<j. ()(). — Os ln'isrs et ilents de Toxodon de la .stalioii IV irAinrgliiiu» ('Campo Acliával).
(Ant., tis- .)9S-BU0, 5U2-.".ií;í (= Cnl. uuui. 79), .■■.4U.r.41, li.>6 ft. i-ll liaut. rUñ-MT). (¡r. uat.
férente et moins prononeée de celle qne présente le fragment dentaire
ilu Campo Aeliával.
Faune. — Canix sp. ?, Myopotaiiiun princiis, Reitlirodon fosülUx, Toxo-
don plateuHis, MuHtodon Humboldtí, EquKs rectidenH, Cervuit sp. ?, Palueo-
liotia Wcddeli. Mjilodon Saurogci, IToplojihonin disrifer, H. vadidiun, Glyp-
todoH iypxx, Eidainx birrin.
Matériel de la station V d'Ameghino (Arroyo Marcos Díaz)
Aaik<;hixo, F., Aiifií/iinldíl. vtc. II, |). 44f)-4ó() : Cdiilrihiirióii . t'te., j). 62.
Cette station est située sur la rive ^auelie de la riviere Marcos Díaz,
a un et demi kilometres environ de son eontlnent avee le no Lujan. La
berj;e de la riviere a daos cet endroit presqne .'5 metres d"('lévation, et
— 428 —
les fossiles gisaient dans un dépót lacustre jaune brun de un et denii á 2
metres d'épaisseur, sous une couclie d'lumius de 40 ceutimetres.
Coinme preuve de l'activité humaine nous avons ici des éclats d'os
longs perciités, dont quelques uns avec des grattages, des fragments de
cránes et de mandibules de cerf et de cliien (ees derniéres n'existent
Ijlus) et enfln des fragments de quartz.
Les premiers de ees objets sont des éclats d'une longueur d'un
l)Ouee á un doigt, présentant toutes les formes irréguliéres qui peu-
vent résulter de la i^ercussion des os (p. e. Ctif.^ numero ICO). Sur
quelques-uns d'entre eux l'on distingue clairement le centre de per-
cussion (Cat., numero 162) sons la forme d'un demi a?il qui avance jusque
dans le canal médullaire (Ant.^ñgwTe 601, non reproduite). Amegliinol'a
évidemment remarqué, mais sans y préter une grande attention. Ant.,
figure 622-623, est également nn tres bel éclat, qu'Amegliino décrit
avec la plus grande exactitude. Lorsque l'os était encoré frais, cet
éclat, aprés avoir été cassé, fut grignotté á la surface de cassure et
niéme á l'intérieur du canal médullaire par nn rongeur d'une espéce au-
jourd'hui éteinte, peut-étre un re'itlirodonte.
Méme avec la meilleure volonté du monde, je ne puis donner raison á
Ameghino quand il prétend reconnaitre dans une foule d'éclats osseux,
<les instruments avec ou sans traces de service; Ant., figures 501-592 et
<309 «couteau et racloir»; J.«í., figures 634-635 et 628-629, Cat., numero
214,21 5,216 «pointes de fleche» (Amegliino lui-méme ajoute ici un point
d'interrogation); Ant., figure 593-595 « usage ignoré»; Ant., figure 584
« poingon », figure 626-627 «grattoir»; de la piéce Cat., numero 185,
« polissoir » 11 n'est plus question dans Antigüedad. Les bords vifs, qu'il
«roit artificiéis, se produisent par la percussion de n'importe quel os et
les bords d'un os percute avec précaution prennent tres fréquemment et
sans qu'on le clierclie une forme arrondie (jiar exemple Ant., figure 609,
Cat., numero 185). Cette derniéreparticulariténaturellede la substance
osseuse, ainsi que celle d'éclater sous formes de pointes aigués par l'eflet
de la percussion ont sans doiite induit la cervelle humaine a se servir de
tels éclats comme de couteaux, grattoirs et méme iierforateurs. Sous le
point de vue technique proprement dit, la période de l'os percute a
■sans doute precede celle de l'os poli, comme cela a lieu i)our le matériel
lithique. Mais je ne reconnaitrais des instruments de travail dans
tous les éclats dont je m'occupe ici et spécialement dans ceux qui ter-
minent en pointe aigué ou s'élargissent comme des coupe-papiers, á
moins que je ne puisse y reconnaitre au moins quelque signe de l'usage
auquel ils ont servi! Je ne puis m'expliquer comment Ameghino peut
découvrir sur quelques uns une polissure produite par l'usage.
Dans Aiit., figure 584, l'un des bords de la pointe pourrait faire con-
sidérer la piéce comme un silex retouché, tandis que les autres bords
429
Fig. 67. — feclatn (Vos ile la station V d'Amegliíno (Arroyo Marcos Díaz). A gauche et verticalemeiit
Cat., nnni. 185 ; á. ilroite, preniiére raogée, Cat., num. 162, Ant., íig. 622-623, 609 ; deuxiéme rangée,
Ant., íig. 591-592, 634-635, 628-629; troisiéme rangiV, Cat., num. 214, 215, 216, Ant., íig. 626-627;
quatriéme rangée, Cat., dudi. 160, Ant., íig. 593-595, 584. Gr. nat.
430
sout tiaiic'liaiits; iiuiis Je ii'y jmis rccdiiiuiitic ¡iiu-uiic tviict' d'usage et je
laisse siibsister le doutea son siijet.
Tiiiidis que presque tou.s les éelats d'os sont encoré existants, des 4
quaitz que iious avous uieiitioimés il n'eu reste (pie deux. (V(f., iiunióro
18G, est peut-étre le iiiéme qu'Ameghiuo sígnale sous le numero 3, Anf.,
II, page 4Í)!), possiblenient un fragment d'outil de i)ierre, bien qu'il ne
présente aueune forme déterminée. Ant., tigure 63S-üo9, est décrit a\ee
une grande cxactitude. C'est le fragment d'un ontil bien fini, mais dont
la forme n'est plus déterminable, cui, nioins vraisemblableBient, d'un
outil non aclievé, qui s'est cassé durant la fabricatiou. L'une des surfa-
ces est convexe et Tun de ses bords retonché: Tautre surfaeo est triple
et le traufliant opposé retravaillé, d'oü resulta un instrument a deux
trancliants, dont l'un a été reti'availlé d'un eóté.
Faunc. — Canin CHltridenn, Caniti Azanic foss., ('. sj). ?, To.vodon pla-
Fig. 68. — Qnartz taillC-s ¿les stat.iona V et TI (VAiucgliiim (Arroyo Marros Díozít Arroyo Frías;.
(Statioii V: Cat., nuni. 186, AvI... lig. eas-esn ; statiou VI : Aiit.. tig. 641). lir. nat.
tensis, Vervus sp. í, raUnolania sp. "!, (¡lyptodon sj). '!, ¡'r<it>2>ii>i aff. hyhri-
dus, Uuphractus aff. rillosns.
Matériel de la station VI d'Ameghino (Arroyo Frías)
AmegiiinO, F., Aiifi;/iiC(T(i(l. etc., II, p. 444-44() : Contiihiiriúii. i;tv., p. 61.
La station se trouve sur la rive droite de Farroyo Frías, a envíron
500 nietres de son contluent aAec le Lujan. Sous une conche d'Iiumus de
30 a 40 centímetres d'épaísseur et A une ¡trofondeur de seulement 80
centimétres, sur une étendue de plus de ÜOOO métres carrés on trouve
en grande (piantité, des os de mastodonte grattés et rayes, « absolument
comme des os frais dont on a separé la cliair avec un eouteau de pierre »;
sur les cotes, et spécialement dans leur región de (-(nubure angulaire,
— 481 —
les mni(|U('.s soiit (l'iiue forme partieulieie; oudiiiiit, (lue l'osii été fiiippé
comme ii coups de piocbe avec un iiistniment trancliant, cpii a fait sau-
ter de petites particiües osseiises.
Des spéciinens de cette station (Aiit., figuro 050; Caí., numero 178,
180) il u'existe phus rien; des ])etits fragnients de quartz mélés avec les
os de mastodonte il n'y a plus ipi'un (Ant., figure G41); je ne puis voir
dans eette piece autre eliose qu'uu éelat de décliet, certainement pro-
duit par la maiu de riiomrae et qui a dúséjourner sous cette forme dans
la couclie de icess; mais ce n'est siirement pas un instrument véritable,
une pointe de fleche par exemple, comnie Amegliino voudrait le faire
.su])poser.
Faidie. — Mastodon Riimholdti, Lestodon s^i. 1, Glyptodon typus.
Fig. 60.
- Os ffiidii de mastodonte couvert do fins grattages d<! la statiou VII d'AniPglúiio
(Rio Liyán). (Caí., uum. 176). Gr. uat.
Matériel de la station Vil d'Ameghino (Rio Lujan)
Ameghino, F., AutUjüeddd. etc., II, p. 411-44-t : Contrihiaióti, etc., p. 61.
Cette station est située sur la rive gauclie du río Lujan, prés de la
petite vllle de Mercedes, a 300 ou 400 inétres de l'cmbouchure du Frías.
La berge s'éleve á une liauteur qui varié de 3 a 4 métres. Outre une
(.•ouclie d'humus de 40 á 50 centimetres d'épaisseur, le profll se compose
d'une conche blancluítre ou jaunátre d'un dépót bourbeux ou lacustre
qui a comblé une dépression du sous-sol (« argile rougeátre tres com-
pacte»). C'estdu dépót lacustre, c'estadire du lit inférieur de ce dépot
que proviennent les restes de la station VIL
En 1872, Ameghino avait déiá trouvé a un métre de iirofondeur des
fragments de la carapace d'un glyptodonte, peut-étre le (rlyptodon typus,
de 20 á 30 centimetres de diamétre, disposés en deux mouceaux de 9 et
— 432 —
11 fragnients (activité bumaine). Quelques années plus tard ¡1 flt exécu-
ter des fonilles méthodiques sur une éteudue de 50 nietres stimulé par
l'abondance des os fossiles que l'érosion des eaux inettait á découvert.
Le résultat ne répondit iias a ses esperances. Comme preuve de l'acti-
vité de l'liomme nous avons :
a) Deux ñagments d'os longs de mastodonte fendus lonoitudinalement
et couverts de flus grattages transversaux (Cat., numero 175 et 17C).
Seule la seconde piéce est encoré existante. Xous reproduisons la des-
cription d'Amegliino. II s'agit de grattages grands et petits, obliques
et transversaux. L'uue des extrémités est lisse, mais son poli j)eut tres
bien se devoir a l'action de reaii.
&j Diverses cotes de mastodonte avec des raclures et des stries et
quelques os, de cerf peut-étre, fendus longitudinalement (ees objets n'e-
xistent plus).
c) Un fémur de grand édenté {Ant., figure 669), dont les epiphyses man-
quent; ses deux surfaces larges, sont tres irréguliérement raclées et
égratignées. Amegliino fait la description de l'un de ees cotes enyajou-
tant une figure; mais sur l'original on observe un bien plus grand nom-
bre de grattages et d'égratignures.
Faune. — Lagostomna trichoáactylus, Mastodon Humboldti, Cervns sp. ?,.
Mylodon sp. ?, Glypfodon tyjtus.
Divers esquilles d'os et fragments de loess cuit
Sur les mémes cartons originaux oü Amegbino avait fixé le matéiúel
que nous venons de passer en revue, il y en avait en outre une foule
d'éclats d'os et de spécimens de loess cuit non numérotés, dont la prove-
nance d'une des 7 stations ne donnait lieu á aucun doute, sans que l'on
put cependant indiquer l'endroit spécial d'oíx ils venaient.
Les esquilles d'os n'ofirent aucune particularité ; ce sont des déchets-
d'os longs travaillés comme cenx dont nous avons eu lieu de parler a
propos des diverses stations. Quelques uns, spécialement designes com-
me tels, paraissent réellement avoir été soumis á l'action du feu; ils sont
noircis et calcines.
Les fragments de Icess cuit sont d'une forme tubéreuse irrégulií're et
d'une grosseur qui varié depuis celle d'uu poingt d'enfant jusqu'á celle
d'une féve ou d'un pois. Leur couleur est tres variable, parfois d'un
blanc jaunátre, d'autres fois rouge-jaunátre ou rouge cramoisi. Quelques
échantillons adliérent encoré au loess qui les enveloppait. Presque tous
sont plus ou moins déroulés. Comme nous l'avons dc^á dit, Amegliino
pense que tous sont des restes de foyers.
— 433 —
Dans la collection particnliére de M. AniPsliino, qu'il vouliit bien me
l)ci'mettre (l'étudier, se troiivent encoré des esqiiilles d'os cassés et des
fragments de loess cuit, au sujet desquels il n'y a rien á diré sinon qii'ils
proviennent tous de diíFérents points de la formation pampéenne.
Autres objets provenant de Lujáa
Aux environs de la ville de Lujan, prés de la quinta (métairie) de Az-
peitia, dans une conche de gravier de la formation pampéenne supé-
rieure, fut trouvé par M. Ameghino, des 1874, un instrnment de silex
dont la description, pour des circonstances spéciales, ne fut publiée que
de longues années aprés par M. F. F. Outes '.
Fig. 70. — Quaitz taillé de Lujan , selon F. F. Cutes, 1. c. , fig. 2. Gr. nat.
«n s'agit — dit M. Outes — d'une lame polygonale de quartz, de
couleur clair á sa surface externe et quelque peu rongeátre a la face
interne, assez patinée. La forme est irréguliére, indéünissable et ne
présente aucune trace du conchoide de percussion ; peut-étre s'agit-il
d'une lame naturelle et utilisée. Ses dimensions sont de 39 millimétres
de long et 31 millimétres de largeur máximum ; l'épaisseur ne passe
pas de O™"'^. Le travail s'est efifectué á la surface externe ; il est claire-
ment manifesté et occupe un tiers de la péripliérie du cóté le plus
courbe, comme si Ton efit vonlu utiliser cette condition propre du frag-
nient. Les coups sont menus, donnés symétriqíiement par percussion
directo et avec la méme impulsión; la surface interne est restée in-
tacte.»
De Lujan et de l'étage qu'Amegbino appclle j)i«o lujanense provient
une trouvaille estrémement intéressante qui fut faite en 1897, dont M.
Ameghino a eu l'obligeance de me faciliterla publication. M. Ameghino
' Outes, F. F., Sohrc iin inslnimcnto paleotítiro de Lujan (prorineia de Buenos Aires).
Anales del Museo Xacional de Buenos Airea, XIII, 1905, 109-173.
434
jívait iuimc'diatoiiicnt ócrit la iioticc snivautc queje reproduis dans son
intégrité :
« Le collectiouiiiste du Musée de San Paulo, M. Bicego Beniainino,
se trouvant á La Plata vers le milien de septembre 1897, á son retour
du Eío Negro, attendant le départ du vapeur ViUarino qui devait lever
l'anci'e le 25 du niénie niois, jclui indiquai la fouvenance de proflter
de ees quelques jours poui- faiie une excursión au llío Lujan prés de
la ville du ménie nom, dans le but de reunir une collection des mollus-
ques fossiles qui y abondent dans les dépóts post-])ampéens et dans les
l)ampéens modenies connus sous le nom de pampeen lacustre.
Fin;. 71. a, Point* de fleche en boissilifié de Lnjñu. — b. rointe de rieelie aussi de LiyíSn,
selou Zeballos et lieid, 1. c. Gr. nat.
«Le 20 il parcourut les berges de la rive gauche depuis Lujan jusqu'au
nioulin de Jauregui, ramassant des coquilles et quelques fossiles qu'il
trouva dans les diverses couclies. Le 27 il se dirigea directement au
moulin de Jauregui et revint a Lujan par la rive droite du río.
« A quelques centainesdemetres plus bas, dans une berge avantd'arri-
ver a l'emboucliure d'un ruisseau située dans le mémeparage, il recueil-
lit quelques niollusques dans une conche appartenant a la íbruiation
post-pampéenne. En examinant la conche verdátre inférieure, il aperciut
un grand os (un í'ragineut d'huniérus de Mefiafherium) qu'il déterra et
á cóté duquel il trouva un instrument ou pointe de pierre tres notable.
Le méme jour il revint a La Plata dans un momcnt oñ je me trouvais
en compagnie de mon ami réminent naturaliste M. Spegazziui. A
peine arrivé, il nous tit le récit de son voyage, en nous exhibant les ob-
— 435 —
Jets par lili rct'iu'illis et iiiiiticiiHercmoiit le fiasincnt d'us vt la poiii-
te (le pierre oii (piostioii entune hiuiüdes ct en partie eiiveloppés <lc
terre. »
D'apies la narration que noiis vcnonsde reprodiiire, il iie peiit y avoir
aiiciiu (loute au snjet de rorigiiic de la pieec qui i)rovient certaineinent
de la toiinatioii paiii])éeniie. C'est une pointe de Héelie travaillé en bois
silifié, d'iin type qiii Vi>]\ rencontre fréquemment dans la Patagonie ' oü
il a été trouvé deja une p(tinte de tíeclie en bois silifié -, (l'unelonj;ueur
notable. Sa lougueiii' niaxinmni mesure 74 niilliuiétres, sa laigeur inaxi-
miim 38 inillimetres, son épaisseur máximum 10 millimetrcs. Les deux
smfaces sont peu travaillées, en raison de ce que le bois a une certaine
tendenee á se tendré dans le sens de la Abre; une des faces est plañe,
l'autre légérement convexe. Toiis les bords son retouchés et, suivant
l'épaisseur des bords, les difterentes retouchés sont ])lus considerables et
plus apparentes que dans les endroits oíi les bords sont plus minees. La
supei'ticie portait encoré de nombreuses ineriistatioiis ealcaires.
Cette piéce est d'iine tres grande importauce, parceque c'est la deu-
xieme pointe de íleclie que l'on puisse attribuer a la formation pani-
péenne ; pour le moins, c'est M. Amegbino qui afürme que cette piece
provient de son jnxo lacustre dont elle serait, suivant lui, conteinporaine.
La premiere fois, c'était les fréres Bretón qui avaient découvert le
inéme type deja en IST.j ' et dont le contours nous y reproduisons
(flg. 716).
C'est dans une región toute différente de la formation i)ampéenue de
Buenos Aires, aux environs de Córdoba, que ses exi)lorations ultérieu-
res conduisirent Amegiiino.
Au mois d'octobre 1885, accompagné de M. Adolpbe Doeriiig, il
<lécouvrit á une profondeur d'au moins 15 niétres, dans la barranca sur la-
quelle s'éléve l'observatoire astronomique, un anclen foyer ^ Ce foyer se
trouvait á découvert au pied de la berge, avec une extensión d'un métre
etdenii quarré et une (''i>aisseur de 15 centimetres. Lelffss s'était trans-
formé en brique sous l'actiondu feu etsoliditié par l'eft'etdel'inflltration
' OUTES, F. F., La edad de la pkdiu en I'aliinnvin. Aihúck del Museo Xaeioiinl de
Buenos Aires, XIV, 1905, fig. 97, 130.
« Ibidem, fig. 125.
■' Zeballos, E. y Rkid, W. F., Xotas ¡leolói/ka» sobre una cxeursión á las cérea nías
de Lujan. Anales de la Soeiedad Cientijica Argentina. I, 1876, p. 313-319, lámina.
* AmeGHIno, F., Informe sobre el Museo antropológico y paleontológico de la Vni-
rersidad Xaeional de Córdoba durante el atio ISS.j. líoletin de la Academia Nacional de
Ciencias de Córdoba, \III, 1S><5, p. 9. — Contribución al conocimiento de los mamíferos
fósiles de la Bepública Argentina, Biunos .\iri's, 1889, p. G8-69. — DoEKixG, A., p.
179 et 185 dii préscnt tiavail.
— 436 —
calcaire. La « conche cultúrale » tout cutiere était reuiplie d'os feudus
et brises de Toxodon, Mylodun, d'un édenté indéterminé, peut-étre un
VaUjipeH, d'ossements et fragnieuts de carapace de Tolypeutes y d'écales
d'ceiifs d'autruche. Au méiue iiiveau que ce foyer, niais á une certaine
distance, Anieghino troiiva deux quartz taillés, quelques fragments d'uu
squelette de Tohipeutes, ainsi qu'un certain nombres d'os de Scelidothe-
rium et Lagostomus heterogenidens.
Amegliino fit sortir sur jdace une partie de ce foyer et l'emporta au
Musée de La Plata. Bien preparé, il forme une piéce curieuse de notre
collection. Malheureusement sa vue ne permet pas d'en tirer de grandes
conséquences. C'est un morceau d'environ '/^ d'unmétre cubique et d'un
loess un peu obscure et assez solide dans lequel on distingue 5a et la
des fragments de carapace du mataco. Vers le centre du cóté visible un
endroit grand comme la main est d'une couleur un peu plus obscure. C'est
tout ce que l'on peut en diré. Cette piéce comme telle ne prouve abso-
lument rien et moi-méme je me demande si Ameghino ne s'est pas
trompé.
COLLECTIONS ET EECHERCHí;s DE M. SANTIAGO ROTH
11 n'existe encoré aucun aperan bibliogTapliique dans lequel soient
condensées les recherches et publications du docteur Santiago Rotli sur
la formation pampéenne et je profite de la circonstance pour réparer
tout d'abord cette lacune. Je passerai premiérement en revue les col-
lections de fossiles iiamijéens réuuies par lui, comme simple particu-
lier, avant son entrée au Musée de La Plata en 1S92, et, en reprodui-
sant les catalogues qui s'y rattachent, je mentionnerai toutes les piéces
qui offrent quelque intérét sous le point de vue antbropologique.
Premiére collection. — Sans catalogue spécial. Vendue au Mu-
sée Zoologique de l'Université de Copenhague.
Elle ne renferme rien d'intéressant sous le point de vue anthropolo-
gique.
Seconde collection. — Catalogue numero 1. Ilfut traduit enlatin;
c'est une curiosité bibliographique et une rareté de jiremier ordre. II
n'en existe plus que tres peu d'exemplaires. Le titre complet est ce-
lui-ci :
Pretiosorum fossilium in regionibuH Reipubliceie Argentinemis Americae
meridionalis nuper repertornm et ad proprietatem CaroU F. Hofer et Snc.
Gennae ¡<2)ectantium accurata hrerisqnc recensio. Gcnuue e.v typographia.
juventutix, 1879, S", 8 pp.
— 437 —
Vendue au Musée d'Histoire Naturelle de Genéve.
Sous le point de viie anthropologiquc lums intéressent les passages
snivaiits :
(p. G) « 1). Glyptodontes.
a. Glyptodoiitis clavipedis.
1) Lorica una in plurima magna fragmenta fracta, ima costa et absis
■colli integrae; altera vero costa cum colli ábside haud completae. »
(p. 7) « E. Pleraque alia.
(p. 8) « 7>. Umis dens felis-tigri permagnns et optime servatus, quem
iiiveni in lorica glyptodontis clavijiedis. Innumerabiliaqiie fragmenta
niandibularnm, deutium aliorunique ossiuní quae tamen singillatim de-
clarare et enumerare arduum ac difiBcile esset. »
Par conséquent, si je m'en rappoiie aux Communications personnelles
<le Rotli, il s'agit ici d'une canine de Machaerodus et d'un fragment de
bassin, vraisemblableuient de Equus, troiivé par liotli pres de Pergami-
no, dans la formation pampéenne supérieiire typique, avec des os d'au-
tres aniniaux exceptée de glyptodonte a cote d'une carapace vide de
glyi)todonte qui gisait sur le cóté dans une position tout á fait antina-
turelle. Vers la méme époque Eoth ne croyait pas encoré á l'horame fos-
sile. Ce fut á Pergamino aprés la célébration d'un enterrement dans le
«imetiere local, Roth s'occupait non loin de la á déterrer des fossiles
Les assistant á l'inhumation, la cérémonie terniinée, se dirigérent vers
l'endroit ou travaillait Eoth, pour voir ce qa'il faisait. Eoth avait déjá
mis á jour la carapace de glyptodonte, jnais il ne l'avait pas encoré
sortie de sa position primitive, bien qu'il l'eíit déjá débarrassée du loess
qui l'envcloi)pait.
Les nouveau-venus restérent surpris et un certain Sanguinetti, perru-
quier, qui n'entendait rien aux fossiles, s'exprima plus ou moins dans
les termes suivants : Esto debe haber sido un rancho de los indios ! (« Ce
doit avoir été une hutte d'indiens ! ») et il se flt a ce sujet un échange
d'opinions. Plus tard, lors que Eoth eut tronvé des traces incontesta-
bles de l'homme, il revint sur cette idee et se souvint alors l'exclamation
du perruquier.
Naturellement il ne s'était pas alors occnpé des caracteres spéciaux
éventuels de la canine de Machaerodus ni du fragment de bassin, peut
étre provenant de VEquus et les faits ne sont plus aujourd'hui bien pré-
sents dans §a mémoire ; mais il suppose que la dent pourrait présenter
des traces d'avoir servi d'instrument a l'homme et que le fragment de
bassin pourrait avoir été brisé, etc., par Tautoctone pampeen. Mon excel-
lent ami M. Burkhard Eeber, si connu par ses études sur l'histoire
de la médecine et de la pharraacie, a bien voulu, á ina demande, se char-
^er des recherches quant a ce sujet, au Musée de Genéve ; malheureu-
íiement sans résultats.
— +38 —
Je repvotluis ici un passage d'iine lettre de Eoth á Cliavles Vogt a
('■(■nevé, 10 aoüt 1881, que son autenr a mis á ma disposition :
« Voiis ci'oyez qu'il pourrait subsiste!" des doutes dans Tesprit des
süViints au sujet de la réalitéde la tniuvaille deFontezuelas. A ees don-
tos je puis opposer non seulement nía jiarole, niais eueore le squelette
fossile et rinstiument íossile, et un spécialiste quelconque en voyant
les os se rangera á mon opinión. Depuis longtemps deja j'ai ern recon-
naitre sur un grand nombre d'os le travail de la main de l'liomme, pav
i'xeuiple dans les glyptodontes dont l'os pubis, eomme nous le savous,
cst sondé á la eaiapace, de memo que dansquelques earapaees tellement
brisées qu'il parait impossible (|u'elles soient arrivées á un tel état au-
treinent que par la main de riioiiuiie. Yoyez plutót la carapace que j'iii
reeomposée et VHoplojjlionm. 8inguliére ótait la position antinaturello
dans laquelle je trouvai la carapaee de (ihjptodon clavipes qui occupait
la grande caisse et qui se brisa diirant le voyage. Eappelons-nous (pi'a-
])res l'avoir mise á jour, nous vimes qu'elle reposait sur l'extrémité de
Fun de ses eótés, et qu'elle était inelint-e en avant de maniere que l'un
des cótés et le dos poavaient avoir rempli l'office de murailles et l'antre
cóté avoir servi de toit. Ce tut un argentin qui le premier mefttremaríiucr
cette singuliére position. L'animal ¡ivait été découvert tout prés de lii
ville de Pergamino, et le monde y veuait en foule pour voir un tel pro-
diga. Ce fut dans ees circonstances qu'un visite flt la remarque que la
(•arapacc pouvait tres bien avoir servi de rancho (liutte); qui sait, dit un
aiitre, si elle n'a pas servi x)our dormir dessous; elle est précisémeiit
tíuirnée vers le snd. Involontaii'ement je peusai moi-méme qne ees gens
][i ])(mviiient bien avoir raison et cpie la dejit de Mtichaerodus trouvée
dans le menie lieu pouvait avoir été un outil de travail. Je trouvai eneore
une autre carapaee dans une position identique».
Tkoisikme L'OLLECTIOJN'. — Catalogue uuniéro 2: líOTH., íí.,FokhíIcs
tic Ja Pampa, Améríque du Snd, 2" cataUxjuc, San Nieolás, 1882, 10 ])p.,
sp. !>. .3-4; Ídem, Genéve 1884, 15 pp., 7 pl. sp. p. .j-7, pl. I.
Yendne au Musée Zoologique de l'üniversité de Copenhague.
Sons le point de vue antln'(qtologi(pie, la trouvaille de Fontezuclüs
est inti'ressiinte. Nous nous en sommes aini)lement oceupés (p. 35;5 et
suiv. de <;e travail). La- come de cerf ;iinsi que la eoípiille d" T'nio
trouvées en memo temps sont plutót a leur place ici :
Come de cerf et coquille de moule trouvées avec le squelette de Fontezuelas
Un méme groupe que les restes humains trouvés a Fontezuelas et que
noMs venoiis de décrire font égaleiiient ¡lartie une corne de i-crf et iiiic
i'iK|iiillf de Mioiilc, dont nolis ¡dloiis nous <iccu])(M' ;'i contiiiiiatioii. M.
— 43!) —
Rotb, en eft'ectiiaut le iiettoyajif des os, ([iril :iv;iir fiiipoiti-s clicz liii
tels qii'il les avait troiivés (Vogt ISSl, Koth l.S.Sii, 1S84, 18S'.) et coui-
iiiunicatioii narticnlierc) flt'couvrit ;Y la base dn cráne, iiniuédiatement
en (Icssous de la. iiiandibule, une cornedecerfde 18 centimétres de lonji',
sur 1 centinietre de diamétre(ces mesures sout exactes; quant á l'épais-
seur elle varié naturelleuient suivant l'endroit). Pendant le nettoyage,
la corno se brisa en qnatre morceaux qui turent ensuite recollés, mais
de telle inaiúerc ([ue nutre pliotograpliie permet encoré de distinguer les
cassures.
FÍ2. 7i. — «. Conii' lie ei-l-f tronvée avi'r lii siiiU'li-tfo ilt- Foiiteziu'líis. b. BétairiU;
retiilrnit oh .sortait iiuparavaiit rainlimilli-i- dr la come de ceif. ; '/a Gr. nat.
II y a en outre quelques traces d'incisions et de lésions modernes. M.
Vogt, dans l'examen de la photographie que lui envoya M. Eoth, ne
découvi'it aucune marque de travail intentionnel. M. Rotb, de son cóté,
croit que la corne a servi d'aléne etc., et un nouvel examen de l'origi-
iial permet d'affirmer qu'il a raison, malgré ce qu'en dit M. Hansen
(1. c., p. ;5)
Nous n'avons mallieureusenu'nt pas de données preci-
ses au sujet des ustensiles qui font partie de la tronvaille de Fontezue-
las; Ton trouva, 11 est vrai une corne de cerf et une coquille de niollusque,.
mais aucune de ees piéces ne porte les preuves d'avoir servi á un usage
([uelcímque ». JNI. Hansen ne donne pour cette méme raison aucune re-
])r(''sentation grapliique de ees deux pieces.
Des rechei'ches auxquelles je me suis livré, il resulte que la corne
(le cerf de Fontezuelas est de la méme constitution spongieuse fra-
güe que la plupart des os provenant de la formation pampéenne ;
«lu'elle est d'une couleur jaune-blancbátreet couverte dans de nombreux
endroits d'incrustations calcaires fortement adliérentes. C'est presque
sñrcment la corne droite naturellemeut renversée d"un Cervim campcstrin
(suivant la déterminatión de M. Winge); elle ajipartient a un sujet dt^
— 440 —
deux ans; c'est par conséqitent une enfonrchure mais dont l'andmiiller
a été enlevé artificiellement (voyez plus loin). Le bois des dagiies u'est ja-
máis aussi arqué, il a au contraire la forme d'ime véritable aleñe. Dans
notre fragment, l'extrémité de la pointe est, il est vrai, brisée, mais on y
distingue encoré d'un cóté une petite surface polie qui, d'ailleurs, ne peut
servir de preuve puisqu'on la trouve dans jjresque toutes les comes de
la méme catégorie. Mais dans la piéce qui nous occupe, il existe un signe
certain de travail liumain : á un centimétre et demi au-dessus de la ro-
sette, du cóté convexe du bois, et dans l'endroit méme ou sortait au-
paravant l'andouiller, commence une surface rugúense semblable á
une amygdale par son développemeut, la forme de ses contours et sa
courbure (flg. 726), terminée, d'un cóté pav une bordure d'un demi cen-
timétre de large, polie au moyen du grattage (flg. 72c), et, de l'autre
cóté, vers le sommet de la protubérance, sillonnée en direction trans-
versale (flg. 72rt). Le sommet de cette protubérance amygdaloide
est situé vers l'extrémité dubois; sa base, comme il a été dit, com-
mence á un centimétre et demi de la couronne, et sa partie rugueuse
penetre dans la substance á une profondeur d'au moins 3 millimétres.
Le tout constitue le lien d'oü sortait auparavant l'andouiller artificiel-
lement enlevé. Si l'on maintenait devant soi l'objet dans la main gauche,
la pointe dirigée en avant et si, avec ime pierre tenue dans la main
droite, on grattait á la base de l'andoiiiller, en exécatautun mouvement
de va et vient en direction longitudinale (fig. 72c), jusqu'á produire une
rainui'e d'un demi centimétre de profondeur, on pouvait alors enlever
l'andouiller (flg. 726); le bord denté laissé du cóté opposé de la rainure
par l'ablation de l'andouiller se retouchait alors par le sillonnage en di-
rection transversale.
En continuant le nettoyage et en dépoiiillant les os du bassin de la
terre qui les enveloppait, M. Eoth trouva une coquille de mollusque
d'eau douce, du genre Uiiio (non pas une coquille d'liuitre comme le
dit M. Vogt), de 5 centimétres de long sur 3 centimétres de large origi-
nairement ; il trouva en outre un certain nombre d'os brises provenant
évidemment d'un tres petit édenté qui, selon toute i>robabilité devait
servir d'aliment a l'homme de Foutezuelas puisque ees restes furent
découverts dans la región méme oü était situé l'abdomen. Le mollusque
lui-méme était évidemment destiné á la iiourriture, et, comme je me
crois permis dele supposer, la coquille était un outil primitif que l'hom-
me emportait dans une poche avec ses autres ustensiles, l'aléne de coi-
né de cerf, par exemple.
La coquille est couverte á sa surface externe et partiellement aussi á
sa surface interne d'une fine euveloppe calcaire. La base est défectueuse,
mais il est impossible d'afflrmer si cette défectuosité remonte, ou non a
l'époque de Thomme fossile. Cette coquille était évidemment troj) pcii
— 4-tl —
resístante pour servir de gnittoir, mais il n'y avait en réalité dans le pays
ancune substance plus forte et aussi simple pour en remplir les fonetions.
QuATEiEJiE COLLECTION. — Le Catalogue numero 3 n'existe qu'á
l'état de manuscrit.
Vendue au Musée Zoologique de l'Université de Copenhague.
Tres intéressants sous le point de vue antliropologique seraient « un
morceau de boispétrifié, i)rovenant des dépóts tertiaires marins d'Entre
Ríos et qui parait travaillé jiar la main de l'Lomme, ainsi que des mor-
ceaux de bois petriñé et des os [d'animaux] qui avaient souftert les ims
les auti'es l'action du feu ». (Eoth, S., Ueber den ÍSchüdel von Fontime-
lo, etc., 1. c, p. 9, oü il est pour la premiére fois question de ees objets).
Les conches correspondantes, suivant Eoth ', appartiendraient au mio-
céne, tandis que suivant Ameghino - elles seraient oligocenes; dans tous
les cas elles sont tres anciennes.
Ces piéces, comme je l'ai deja dit, furent envoyées á Copenhague et
Roth m'en flt, d'aprés ses souvenirs, une description qui me permit de
me livrer á des recherches, lors de mon séjour dans la dite ville en
octobre et novembre 1904. Je fais suivre ici, pour i)lus de facilité, les
résultats que j'obtins.
Roth m'avait raconté tout d'abord ce qui suit : En 1882, dans une
excursión á Entre Ríos, en compagnie d'un nianceuvre appelé Simpho-
rien Paez, il trouva sur le rivage du Paraná, au niveau de l'eau, dans
un endroit oü la berge tombe a pie, en dessus et tout prés du saladero
de Santa Elena, entre la ville de Paraná et celle de La Paz, un fragment
de bois pétrifié. Comme presque tous et l'on pourrait méme diré tous les
fossiles trouvés dans ces parages, il gisait sur le rivage dans la partie
basse de la berge, presque au niveau de l'eau et avait été lavé par l'eau
<lu sable fossilifére qui l'enveloppait. Le manceuvre qui le premier vit
ce morceau de bois le fit remarquer á Roth en lui disant : Ahí se le ha
roto á una lavandera la maza de golpear la ropa ! { « Une lávense a cassé
ici son battoir á linge!»). Roth s'api)rocha du fragment et lui donnant
un coup de pied, U nota immédiatement que, comme tous les bois fossi-
les, il était pétrifié.
Roth me décrivit la piéce d'aprés ses souvenirs; c'est une planche
flssez rectangulaire dont l'uu des bords, assez court est brisé transver-
salement et obliquement. Sa longueur est de 1-1 centiraétres environ, sa
largeur de 9 centimétres et son épaisseur de 4 centiraétres.
' Roth, S., Beobachtugeii über Altcr und Eiitstehung dcr l'ampasformat'wn in Argen-
tinicii. Zeitsehrift der Deutachen geologischen Geselhchaft, XL, 1888, p. 454.
' AmeGhiso, F., Mammiftrcs cretácea de l'Jrgcntine. Boletín del Instituto Geográfico
Argentino, XVIII, 1897, scp., p. 109.
BEV. MVSEO LA PLATA. — T. L 29
— 442 —
Les « fragments calcines de bois pétriflé et il'os » devaient étre tres
petits; Eotli en tronva siinultanéinent d'autres identiques dans le voi-
slnage de Diamante, snr la rive ganche dn Paraná ; inais ees derniers
n'étaient pas a découvert et il fnt obligé de les déterrer de la conche
Ibssilifére dn }>ied de la berge.
De ce que nonsvciions de diré, il résnlte déjá que les jn-étendnes mar-
ques de travail liuuiain enipreintes sur le fragment de bois pétritié pen-
vent avoir été produites par le ronlage dans l'ean et dans le sable. Un
examen postérienr de ce fragment de bois pétrifié ainsi qne des autres
fragments prétendus calcines n'était pas possible, en i'aison de ce qn'ils.
étaient passés de la collection zoologique á la collection botanique et de
celle-ci á la minéralogique de l'Université de Copenhague et flnalement
dans les greniers oü il n'était plus possible de les retrouver. jNIais les
prétendus ossements calcines, conserves au Musée Zoologique {Catalofiiie
manuscrit .'5, n" 10) ne présentent aucune trace de l'action du feu; une
partie d'entre enx ont simplement la coloration noire prodnite par
l'oxyde de fer.
Fig. 7:í, — FragiiH-nt de bnis pétrili^, ilu rivajíe dn Parniiú
(voir le texte. p. 44"2). Gr. liat.
Appendice. — Bien que je ne croie pas devoir insister davantage sur
ma réfntation, je désire cependant, par égard pour M. Roth, signaler
encoré, un autre fragment, dont il n'a pas été question jnsqu'ici et an
(piel M. Roth lui-méme attribue une grande importance sous le point
de vne anthropologique. II s'agit d'un « instrument en forme de poin-
con » de bois pétrifié trouvé par lui en octobre 1801 a environ 10 kilo-
métres du lien oii antérieurement avait été découvert dans les mémes
circonstances le famenx « battoir». Cet objet avait été dégagé de la
conche fossilifére par l'action de l'ean et gisait sur le rivage dn Paraná
au pied de la berge. Anx particnles de sable brunátre encoré fortement
incrustées sur ce fragment l'on reconnait qu'il provient réellement des
conches indiquées ci-dessus.
Cest un fragment de bois i)étrifié, de 93 milliniétres de long; l'une de
ses extrémités est elliptiqne; ses diamétres mesurent respectivement l.">
et Q^^S ; l'antre extrémité est aflilée. II produit absolument l'effet d'un
morcean de bois vert, d'nne espéce dure naturellement, qui aurait été
gratté exjjressément pour en faire un poin^on. Dans le sens longitudi-
nal, on distingue les « stries de grattage » qui, plus apparentes a l'ex-
trémité inférieuic et dans le milieu, se pcrdeiit vcrs la pointe. La cou-
— US —
leur vario, sons forine de taclios oti de raies, dii bnm obscur au brun
jaiinátn'.
Rien ii'y iudiciue cependaiit, íi iiioii a vis, le travail de l'homme.
CiNQUiEME COLLECTION. Catalogue nuinéi-o 5.
RoTH, S., Fosfíiles de la rampa, Amérlque dii. Sud. Catalogue N" 5,
Ziiricli, 1889, 16 pp.
Vendne ;\ la collection paléontologiqíie de l'Éeole Polytechnique Fe-
dérale de Ziirich.
8ont intéressants sous le point de vue antliropologique, le numero 86:
« Quelqucs fragments d'os calcines. Pampeen moyen. (Barranca del Pa
rana, San Lorenzo). »
J'ai retrouvé au Musée de Ziiricli les dits fragments, mais ils ne di-
sent pas grand chose.
J'ai pu aussi examiner le numéi'o 283 : « Un squelette tout complet
de Glyptodon et la carapace du méme animal. Pampeen moyen (arroyo
Cepeda). »
M. Eotli a ce sujet me raconta que cette carapace présentait une ou-
vertiire latérale de l'origine artittcielle de laquelle il était convaincu, et
qu'il vaudrait la peine de soumettre plus tard á nouvel examen. La ca-
rai)ace de glyptodonte, au moment oñ elle fut trouvée sur les bords de
l'arroyo Cepeda, département de Pergamino, était encoré unie au sque-
lette complet ; elle reposait sur le ventre et non sur le dos, comme c'est
l'habitude. II n'y avait dans sa proximité ni ossements d'un autre ani-
mal, ni d'autres objets. D'aprés M. Rotli, l'ouverture latérale en ques-
tion n'était autre chose qu'une détérioration produite en déterrant la
carapace; ou bien en nettoyant la carapace avec un couteau, la sub-
stance aurait manqué tout d'un coup dans cet endroit et il se figurait
déjá que cette piéce comme tant d'autres était incompléte. Mais lors-
qii'il vit que la carapace était d'ailleurs au complet, il n'attacba plus
aiicune importance á la défectuosité qu'il regarda simplement comme
accidentelle.
Plus tard en opérant le monta ge de la i)iéce il vit qu'il ne pouvait en
étre ainsi et que cet endroit de la carapace avait été « ciselé ».
En 1900, accompagné de MM. le professeur Rodolplie Martin et le
jiréparateur Dreyer, j'ai examiné dans la collection paléontologique de
Zuricli, cette carapace soigneusement montee. A l'angle antéro-inférieur
du cóté droit et par conséquent an-dessus de l'extrémité antérieure droi-
te, existe eftectivement une ouverture de forme oblongue irréguliére
dont le diamétre máximum, presque vertical, mesure 22 centimétres
tandis que le diamétre mínimum presque horizontal n'est que de 6 cen-
timétres. La distance qui separe le bord .supérieur de cette défectuosité
de l'angle antéro-iuférienr et du bord antérieur de la carapace est de 25
— 444 —
centimétres ; cclle du bord iiifórieiir de la défectiiosité aiibord inférieur
de la carapace est de 12 centimétres. L'on dirait que ce défaiit a été pro-
duit par un conp porté en direction sagittale snivant un angle d'environ
í?0°, uiais l'examen de la pléce ne fait déeouvrir en elle absolunient an-
ean signe qui indique la maniere dont la défectuosité a pu se produire
et encoré nioins l'intervention de l'lionime. L'on ne se rend pas compte
<les motifs qui auraient pu exister pour pratiquer un trou dans cet en-
droit de la carapace. Je me proposais d'exíiminer les donnés personnel-
les de M. Rotli, quand, vers le milieu de l'année 1900, me trouvant á
Zuricli, je pus me former une opinión personelle ausujet de l'bommede
]3aradero déci'it par M. Martin dans le présent travail.
SixiÉME COLLECTION. Catalogue numero 6 : Eoth, S., Fossilien aus
der Pampasformation. Catalogue K" tí, Züricb, 1892, 12 pp.
Vendue a la collection paléontologique de l'Univei'sité de Breslau.
Cette collection n'offre rien d'intéressant sous le point de vue anthro-
pologique.
Borde rn feriar
Fig. 74. — E»quÍNHe de l'onvex'tnre qui se trinive daña la carapace
d'uu (ilyptotlon du Musí-e de Zuvicli
Quant aux deux autres i)ublications de Eotb, nous citerons d'abord
Eoth, S., Beobacht ungen über Alter und Entdehung der Pampanfor-
mation in Argentinien. Zeitschrift der Deutschen geologischen Gesell-
.schofff XL, 188S, p. 400 dans la synopsis qu'il donne des fossiles trou-
vés dans la forniatioii pampéenne, il y a trois représentants de VHomo
.sapiens dont deux provenant de la formation pampéenne supérieure (Sa-
ladero et Fontezuelas), l'autre de la formation moyeiine (Baradero). Oes
piéces ont été étudiées dans les cbapitres antérieurs du iirésent travail.
Dans sa derniére publication á ce sujet, Eoth, S., Ueber den Scliadel
Ton Pontimelo (richtiger Fontezuelas). Briejiiche Mitthcilung von Santia-
f/o Roth an Herrn J. Kollmann. Mittheilungen aus dem anafomischen Tns-
titut im Vesaliaiinin ~u Basel (1889), il rectiñe spécialement l'opinion
erronée de Hanseu au sujet de la trouvaille de Fonteziielas et proflte de
— 445 —
l'occasioii poiir passer eu revue ses observations et ses trouvailles de
nature antlnopologique. La premiére trouvaille d'un fossile humain ef-
fectiiée par liotli, remonte ii 1S7(!; elle provient des environs de Perga-
mino pres dii Haladcro de Reinaldo Otero; plus tard, en déterrant des
restes de Scclidotherium, il tróuva un objet de silex égaré plus tard,
et, en 1S81, á Fontezuelas á cóté des restes d'un glyptodonte, un sque-
lette humain entier (maintenant á Copenhague); en outre dans difte-
rents endroits des morceaux de hess cuit. Enftn dans la formation pam-
péenne moyenne, prés de Baradero, il trouva un autre squelette humain,
le plus anclen de l'Aniérique du Sud en general. Toutes ees trouvailles
out été traitées dans ce travail et uous avons discute les préteudues ves-
tiges de l'activité humaine provenant de la formation entrerrienne.
PETITS FRAGMENTS DE LCESS CUIT
Pour terminer, je vais donner ici la description de quelques fragments
d'argile cuite, comme il s'eu trouve a chaqué pas dans la formation pam-
péenne. lis ftirent trouvés dans des excavations de puits par des person-
nes qui n'ont jamáis pratiqué de fouilles scientifiques et surprirent par
eur forme étrange méme ees gens ignorants. Tous ees objets provien-
nent de la formation pampéenne supérieure et peutétre aussi de la for-
mation moyenne; la description suivante est la premiére qui en a été
dounée.
En 1889, deux petits fragments, l'un plus gros, l'autre plus petit,
d'une couleur brique parfois un peu foncée, et encoré enveloppés de
loess fiu'ent trouvés par M. Henri N. Lauden á Melincué, sud de la pro-
vince de Santa Fé, á une profondeur de 8"'5ü, en creusant un puits ; a.
cóté gisaient d'autres morceaux plus petits de bois carbonisé et des os-
sements de Megatherium. Sauf les os de Megatherium qui se trouvent au
Miisée de Buenos Aires, les autres piéces sont arrivées au Musée de La
Plata par l'intermédiaire de M. Santiago Roth.
En 1903, je fls moi-méme l'acquisition d'un fragment de loess cuit, de
la grosseur d'une noix, trouvé dans la ville méme de La Plata, rué (56,
angle 10, á une profondeur de 8 métres par le puisatier Etienue Garde-
11a. Ce fragment présente une supeiUcie semée de gros tubercules; il
est de couleur jaunátre qui va jusqu'au rouge et en partie enveloppé de
concrétions calcaires. Dans la méme puits, á une profondeur de 12 mé-
tres, furent trouvés les restes d'une dent de mastodonte.
— 446
FORMATION PAMPEKKNE MOVEKÍTE = ICESS IIRÜN
COLLECTIONS ET EECHERCHES DE M. AMEGHINO
Ameghino, P., Contribución al conocimiento de los mami/eros fósiles <lv la líepú-
blica Argentina. Buenos Aires, 1889, p. 71-72.
Pendant les travaux de construction du canal qwi vmit les canaux est
et ouest du port de 1' Ensenada prés de La Plata, en 1884 et conimence-
ment de 1885, les ouvriers donnérent contre un grand dépót d'os fossiles
brises, d'une extensión d'environ 20 uiétres. Ces ossements furent appor-
tés au Musée de La Plata; ils sont d'un uoir brillant et ont en partie
l'aspect de la porcelaine. Ameghino les divise en trois catégories : bri-
ses par l'homme et présentant des traces de grattage et de percussion;
brilles et polis. Pour ce qui est de la premiére catégorie, Ameghino a
pleinement raison. J'ai les originaiix devant les yeux et je connais éga-
lement la localité pour l'avoir visitée (notre formation pampéenne mo-
yenne). Ceux de ces os qui n'ont pas été endommagés dans les travaux
d'extraction, ce que l'on reconnait á la cassure fraiche extrémement ca-
ractéristique, sont irréguliéremeut travaillés, fendus en partie transver-
salement, en partie dans le sens de la longueur; quelques uns sont encoré
complétement enveloppés de Icess. Ils présentent fréqiiemment aussi de
petits grattages, provenant peut-étre de la percussion des os frais.
Quant á la seconde catégorie, je n'y puis reconnaitre aucune trace de
brülure; ce qui n'exclut pas le fait que les morceaux de viande fraiche
se faisaient rotir, mais l'aspect des os correspondants ne permet pas de
l'afflrmer.
Enfin la troisiéme catégorie, os polis, ne peut-étre que le métatarse
droit bien conservé d'un Hippidium sp. ! dont l'épiphyse distale parait
avoir été fortement ftottée dans sa surface antérieure, jusqu'á désappa-
rition de la spongieuse. On reconnait en outre a sa surface une foule de
grattages et d'égratignures. L'os peut done fort bien avoir servi de po-
lissoir, oupour quelque autreusage queje nem'explique pas bien. Peut-
étre servait-il pour le broiement de l'ocre sur un plan de pierre. Pour-
qiioi des cette époque la mixtión d'ocre et de graisse n'aurait-elle pas
été employée pour la peinture du visage et du corps?
Dans la collection i^articuliére d' Ameghino se trouvent deux piéces
intéressantes provenant de la niéme conche : la figure 756 représente un
éclat assez grand d'un os long évidemment fendu par la main de l'hom-
me et en partie encoré couvert d'incrustations calcaires; dans plusieurs
447
yiff. 75. — a, Canine rlc Machaerodu^, fonduo lonsitiidinalement aprés sa découverte ; b, Éclat d'ou
long feudu avec eiitnilles produitea par les deiits d'uu rongeur t'oasile ; c, Fragmcut de cote avcc
sillón transversal artifiúel. Gr. uat.
— 448 —
endroits il présente une serie d'entailles obliques produites par les dents
de qnelque rongeur fossile; cette intéressante piece peut done étre pré-
sentée ioi comme une «piece d'attente » (Warniítücl:).
lia, figure 75c eat un fragment de cote de quelque grand animal comme
le Toxodon, etc., la cassure perpendiculaire est fraiclie, la cassure obli-
que est anclenne et la surface de cassure remplie partiellement de cliaux,
A la surface interne de la cote, exactement au milieu et en direction
longitudinale, s'étend un sillón de 1 millimétre de profondeur, pratiqué
certainement pour faire sauter dans un but quelconque une laraelle de
l'os qui fut abaudonné ensuite.
La faune déterminée par Ameghino et de laquelle proviennent tous-
les os dont nous venons de parler est la suivante : Felis, une grande et
une petite espéce, Arctotherium bonacreiiMí, Dicoclojihorns laticlenit, Typo-
therium cristatum, Toxodon ensenadensiii, Macrauchenia ensenadensis, Hip-
pidiuní compressidens, Cervus ensenadensis, Auchenia ("?) ou Palaeolama,
Masfodon platenmn, Majatlterimn. sp.'?, Lestodon sp. (!), Scelidothcrinm
leptocephalnm , íS'. CupelUnü, NeoracanthuH platennix, Grypoiheruim s^iA,
Glyptodon Muñizii, Panochtus sp. (?), Doedicurus clavicaudatus, Propra-
opus grand is.
Dans les excavations du canal principal furent mis á jour uue foule
d'os fossiles, principalement de jeunes SceUdothcrium et Ameghino sup-
pose que les jeunes individus de cette espéce, á cause de leur chair ten-
dré, servaient ál'alimentation de l'liomine pampeen. Des mémes conches
provient une jiierre de la grosseur du poing (elle appartient á la collec-
tion ijarticaliére d' Ameghino dans laquelle j'ai pu la voir) ; elle n'a j)as
été travaillée ultérieurement et c'est nn corps étranger dans la forma-
tion pampéenne oü il a été introduit évidemment par la main de l'hom-
me, ainsi les fragments de Icess cuit. Dans des recherches qu'il entreprifc
personnellement, Ameghino trouva dans divers endroits des os brises
par hasard, des charbons et des fragments de loess cuit.
Cependant un siiécimen tres intéressaut lui a été envoyé par le doc-
teur Cristafoletti. C'est « une caniue ou, pourmieux diré, lamoitié d'une
canine de Smilodon, fendue aitificiellement en longueur, dans le sens de
son grand axe, de maniere á former une lame píate ; sa surface intérieu-
re, c'est-á-dire la surface de fente est travaillée et polie. Que cette piece
représente un simple instrument ou une trophée de chasse, elle n'en est
pas moins de la plus liante importance parceqn'elle prouve la capacité
d'un étre intelligent ». Elle appartient á la collection particuliére de M.
Ameghino gráce a l'obligeance duquel j'ai pu Temporter chez moi pour
l'étudier á loisir et jepuis ajouteráces ligues une épreuve photographi-
que. La dent est fendue en longueur, mais a l'extrémité pulpaire de la
racine il manque un morceau d'au moins un centimétre de long et la con.
ronne est brisée transversalement plus ou moins vers le milieu; la i>iéce
— 449 —
était done piiiuitivement plus longiie et pouvait avoir 32 centimétres en
ligne droite de l'ouverture de la racine au sommet de la dent. Actuel-
lement sa longiieur luaxiniuin est de I?""©, salarfieur maximnin de 4''"'4,
son épaissem- d'un ccntiinetre. La face externe de la dent (cóté de l'é-
mail) n'a pas subi de modification; elle est brillante et d'un noir relui-
sant : l'autre face, c'est á-dire la face interne snivant laquelle la dent a
été fendue, est blanche et polie artiflciellenient; l'on reconnait claire-
ment dans tous les sens le passage d'un grattoir, de fa^on que le polis-
sage de la región des bords est comnie ondulée et l'on observe en cutre
sur toute cette surface de fente de nombreuses stries transversales.
En présence de l'état de conservación de cette piéce, l'on se demande
comment expliquerson existence et si réellement elledoit étre attribuée
á l'homme pampeen antique, et si Amegbino n'a pas été malheureuse-
ment victime d'nne erreur. C'est deja de la troisiéme main qu'il tient
l'objet en question et il ne sait rien des manipulations anxquelles elle a
été soumise.
Contre l'antiquité dn travail parle avant tout l'énorme diíFérence de
coulenr entre la surface de l'émail et la surfixce interne; la iiremiére,
quoique primitivement de la couleur babituelle d'une dent, est noirátre
et dans certains endroits profoudément imprégnée de noir; la surface
interne est d'un hhmcfrai.i, quand elle devrait présenter une couleur
obscure, si elle avait séjourné dans la dite conche de loess aussi long-
temps que le cóté de l'émail. En outre le canal pulpaire ainsi qiie le
creux de la dent sont couverts d'incrustations calcaires, ce qui n'a pas
lieu pour la surface interne dans les grattages rugueux de laquelle ees
dépóts auraient cependant pu se fixer. J'ai toujours cru á une erreur de
la part d' Ameghino ; les dents fossiles de cette espéce ayant de la pro-
pensión á se fendre en lamelles longitudinales, je croyais que la dent de
Maehaerodus que j'avais devant moi était deja fendue en deux moitiés
quand on l'avait trouvée; que l'ouvrier avait alors voulu s'assurer avec
son conteau « si l'os était dur » et avait ráele et gratté tout autour la
surface de cassure, car on ne peut se figurer les idees singuliéres que la
gent du peuple se fait de ees sortes de trouvailles ; l'ouvrier ne pensait
certainement pas a mal et n'eiit pas la moindre intention de tromper qui
que ce soit, ni méme Amegbino dans les mains duquel la piéce vint s'é-
chouer plus tard, pour étre qualifiée de produit de l'art de l'homme pam-
peen. Sur la face blanche, l'on voit eftectivement une fente longitudi-
nale qui traverse presque toute la moitié de la dent perpendiculairement
á la section. De leur cóté, M. le doeteur Eoth et le préparateur M. Gara-
chico, tous deux excellents connaisseurs du matériel ostéologique fossile
de la formation pampéenne, m'assurérent qu'une fente longitudinale
unique qui divise la dent en deux moitiés symétriques n'est pas possible -,
parmi toutes les dents de Machaerodas de la section paléontologique
— 450 —
(le notre musée il n'y eu a réellement pas une qui est fendiie en direc-
tion longitudinale d'une fa^on aussi nette. M. Roth croit plutót que la
dent a étó sciée et que les grattages transversaux dont nous avons fait
mention plus haut correspondent aux mouvements de la scie ; la dent
aurait été polie aprés coup au moyen d'un couteau, ce que paraitrait
indiquer l'aspect lisse et ondulé de la surface. Je crois tout simplement
qu'iin des propriétaires antérieurs de cette piéce a voiüu la transfoi-mer
en un couteau á papier de la forme de ceux d'ivoire que l'on tiouve dans
le commerce, et qu'il n'a jamáis eu l'idée de trompeí- personne. Ameghi-
no dut en arriver á croire qu'il s'agissait d'une oe.uvre de l'liomme pam-
peen, par la raison qu'a priori iiersonne ne pense a une seule des mani-
pulations décrites plus haut. A moi personnellement cette piéce me
parut suspecte de prime abord, parceque la dent entiére aurait été sfire-
ment une arme meilleure et moins fragüe que sa moitié (flg. 75«).
Fig. 76. — Quartz tailló de la Cañada Himda, írouvé par M. S. Roth. Gr. nat.
COLLECTIONS ET EECHERCHES DE M. SANTIAGO ROTH
Au mois de mai 1895, en déterrant un squelette de Scelidotherium,
M. Eoth trouva une pointe de quartz travaillée, qui, ainsi que le sque-
lette, ai)partient aujourd'liui au Musée de La Plata. La pointe n'a pas
été jusqu'ici décrite. Le gisement se trouve dans la propriété de M. San-
tos Gómez, partido de Baradero, sur la berge de l'arroyo de la Cañada
Honda qui se jette dans le río Arrecifes; elle appartient au loess éolique
de la formation ¡lampéenne moyenne. Les restes du Scelidotherium
étaient assez nombreux et en les déterrant avec la i^ique l'on découvrit
le quartz, sans qu'il fut possible d'établir exactement ses relations avec
le squelette.
La piéce que j'ai devant les yeux est un quartz de couleur jaune foncé
de la forme d'une mitre épiscopale partie par la moitié dans le sens de
la longueur. L'une des surfaces est par conséquent plañe et l'autre sur-
— 451 —
face quí est la surface de feíiti- natiufllo, (íst convcxe avec deux suila-
ces de fente plus grandes a partir desquelles se dirigent vers le bord
deux surfaces de fente plus petites. La base est constituée par une sur-
face de cassure irréguliére. Cette piece présente encoré la plus grande
siuiilitude avec une poiute de fleche. Sa longueur máximum est de 37
niillimétres; sa largeur máximum de 20 millimetres et son épaisseur
máximum de 9 millimetres.
En 1891, M. Eoth trouva a Puerto üómez, province de Santa Fe au
pied de la berge du Paraná et á une profondenr d'environ 20 metres
une piéce hémispbérique de terre cuite, de la grosseur de la moitié d'une
pomme, d'une couleur rougc-noirátre irréguliére; elle était enveloi)pée
de loess verdátre recouvei't á son tour d'une épaisse coucrétion calcaire
(Lcesskindl). J'ai la piéce sous les yenx et la seule cliose que je piiisse
en diré, c'est qu'elle a toute l'apparence d'un morceau de Icess cuit.
L'examen attentif des lieux oii fut trouvé tel Icess cuit, fut une des raisons
principales du voyage que M. Burckhardt et moi entreprimes en 1899
sons la direction de M. Eotb et dont il a déjá été question dans la pro-
face ainsi que dans les introductions aux chapitres tant géologique
qu'anthropologique. Je puis done ici entrer directement dans le cbamp
de nos propres investí gations.
NOS RECHERCHES
En 1900 je présentai un court rai)port relatif á cette partie de nosre-
cbercbes, premiérement au XII" Congrés International d'antbropologie '
réuni á Paris et, la méme année, á l'assemblée de la société antbropolo-
gique allemande de Halle '. Aprés quelques détails synoptiques sur la
géologie pampéenne d"aprés les Communications de Burckhardt, je men-
tionnai, en présentant quelques spécimens a l'appui de ma thése, l'exis-
tence de loess cuit sur les bordsdel'arroyoRamalloetá Alvear; nous en
avions trouvé également au Saladillo, mais ici les conches géologiques
ne sont pas tres claires et je préférai dans mes deux rapports, m'abste-
nir d'y faire allusion.
' Lehmaxn-Nitsche, R., L'homme fussile de la formatioii pampéenne (commiiiilea-
tion préliminaire). Comptes-rendiis du Congrh inteniational d'antliropolofíie et d'archéolu-
gie préhistoriquts, XII° session, raris, 1900, p. 143-146. I)i»e. (Gaudry, Evans,
Boule, Ijehmanu-lS'itsclie, Boule, Imbort) p. 146-148. Le méme article dans L'Jit-
throjiologie, XII, 1901, p. 160-163; Disc. p. 163-165.
' Lehmans-Nitsche, R., Ueber den fomilen Menschen der Pampasformation. Corres-
pondenz-Blatt der fíeulsehen Geselhehaft für Anthropologie, Ethnologie inid Urgeseliiehte,
XXXI, 1900, p. 107-108. Ad hoc ViRCHOW, p. 108-109.
— 452 —
La présence de Icess cuit dans la formation paiiipéenne moyenne sur
les bords de l'arroyo Eamallo i\ déjá été mentionnée par Eotb dans sa
lettre íi Kollmanu, taut de fois eitée (p. S) et reimprimée á la fin de ce
travail. Burckhardt a représente pour sa part dans le profil II (p. 162) les
conches géoltigiqnes. Les luorceanx incrnstés dans la conche 3 sont ex-
trémenient petits, qnelqnes-nns á peine de la grossenr d'un grain de
café et de forme irrégnliére; ils sont d'une conlenr rouge clair et assez
éparpillés dans le loess moyen (conche 3).
Ceux du SnladiUo sont également des parcelles de la grossenr d'nn
j)ois tont au pins; mais les conditions géologiques u'étant pas tres claires
ici (v. rapport de Burckhardt, p. 163) je n'insisterai pas davantage sur
cette local ité.
A Alcear, au contraire les conditions géologiques sont parfaitement
claires et Burckhardt put lever un profil exact dn terrain (profil III, p. 164
voir aussi pl. III). Cette localité était connu du doctenr Roth, niais
dans ses publications il n'en fait pas plus niention que du Saladillo. A
Alvear done, dans la declivité d'une berge en terrasse, est enclavé for-
niant comme une marche saillante dans le loess moyen, un bloc tout en-
tier d'argile cuite d'environ 2™50 de rliamétre sur 0"'75 de hant (conche
5 du profil III; voir snrtout planche III). L'argile est de couleur gris
foncé en dessous, jaune en son niilieu, et rouge vif en-dessus, couleurs
qui correspondent bien á l'action du feu. Le banc en question était anté-
rienrement, suivant M. líoth, d'une extensión beaucoup plus grande,
une grande partie ayant disparu par erosión. Ni dans les parties brúlées
du foyer, ni dans leur environs on ne trouve trace d'ossements d'ani-
maux.
I/explication de la présence de tous ees morceaux de loess cuit dans la
for-mation pampéeime ne peut étre, suivant moi, autre que le travail de
l'homme, et telle a toujoui's été mon opinión. Le gisement d' Alvear est
á mes yeux principalenient suggestif.
Avec la nieilleure volonté du monde, je ne vois pas d'antre moyen
d'expliquer la chose si ce n'est en admettant qu'il s'agit d'un anclen fo-
yer de l'homme pampeen in situ. Les autres spécimens ne sont que de
petits morceaux de loess cuit qui ont été depuis nouvellement encastres
dans le loess. La superficie et l'épaisseur des parties brúlées dépendent
du laps de temps durant lequel ont été utilisés les foyers en question.
Comme ees dimensions sont souvent tres considerables et particnliére-
ment á Alvear le feu panüt avoir produit son effet á la plus grande pro-
fondeur jiossible, tandis que les autres foyers, entre autres celui décou-
vert a Lujan par Charles Amegliino (p. 422) sont beaucoup moins profon-
dément briqueflés, il s'en suit que les indiens de l'époque pampéeime
séjournérent longtemps dans le dit parage, des semaines, des mois peut-
étre, fait tres intéressant sous le point de vue de leurs relations sociales
— 453 —
<'t qu¡ pidiivc Ifur propensión á s'arreter plus ou moins longteinps dans
un lieu determiné '.
Je me proposa i dV-tiidierlaquestion sonstoutes ses formes et Vircliow
lili méme, á Halle, apri's que j'eiis terminé mon rapport a l'appni duquel
je presentai des écliantillons de Itéss provenant de Ramallo et d'Alvear,
m'encouragea dans des termes flatteurs.
J'esi)érais, au moyen d'une étude pétrographique confiée á un spécia-
liste des plus renomuiés, pouvoir contribuer en quelque cliose á l'éclaircis-
sement de la question, et m'assurer si nous pouvions réellement attribuer
au travail de Phomme ees petits morceaux d'argile briilée incrustée dans
le lujss, soit comme vestiges d'anciens foyers ou ettets d'auti-es causes.
M. le Conseiller Zirkel de Leipsick eut la grand amabilité d'entre-
l)rendre lui-méme l'examen des spécimens de Ramallo et Alvear que je
lui remis personnellement a l'automne de 1900 et je me permets de lui
offrir ici l'expression de ma reconnaisaneela plus sincere. Malbeureuse-
ment son examen pétrograpbique n'a apporté aucune preuve certaine
de l'action du feu et le passage suivant de sa lettre est principalement
contraireámon opinión sur les écbantillons d'Alvear: «Nousdevous in-
sister en particulier sur le fait qu' entre le matériel gris jaune et le rouge
il n'existe, quant a la comi)osition et la structure, aucune difíérence es-
s^ntielle: le dernier n'est qu'une variété du premier, coloree par l'oxyde
de fer ». Je ue sais quelle aurait été la maniere de voir de l'éminent mi-
néralogiste s'il eüt vu in situ le bloc d'argile d'Alvear et je maintiens
malgré tout mon opinión qu'il s'agit d'un foyer.
M. Zirkel, en m'envoyant son rapport, m'écrivit les ligues suivantes :
« Nous n'avons pas la preuve que les parties rouges aient été brúlées ;
mais si l'on veut rester objectif, l'on peut supposer qu'ils ont experi-
menté une transformation de la part de l'liomme. Avec la meilleure vo-
lonté du monde, on ne peut en diré d'avantage au sujet de ce matériel.
Pour de plus ampies arguments il serait nécessaire de connaitre person-
nellement le terrain. »
Yoici le rapport original de M. Zirkel :
' Dans l'Amérique tlu Nord on a découvert aiissi des foyers h une profondeur de
<lix .jusfui'a qiiiuze pieds et plus de la surf'ace du sol (SuKLDox, A. E., Anden In-
(liaii Fireplaces in South Dnkota Btid-Lnnd». The American Anthropolot/ixl, N. S. VII,
1905, p. 44-48), niais ils sont d'une tout autre nature que dans la Ecpulilique Ar-
geutiue. II sont tous caractérisés par des restes de charbon de bols, d'argile brftiée
{hiirned «tonea) ct parfois des tPts de poterie, de l'argile et des os, le tout recouvrant
un espaco d'euviron deux pieds en diami'tre horizontal et deux h trois pieds en diá-
metro vertical. Dans le voisinase du foyer le plus profond, l'on trouve des cen-
dres, du charbon de bois, des os et des instrunients de silex. Quant á l'áge de ees
foyers, on n'en pent rien diré sous le poiut de vue géologique; sousle point devue
archéologique ils appartieuuent, d'apr^s mon opinión, an ní'olithique anclen avec
teadance au paléolithique.
— ió-í —
EXAMEN JIICROSCOPIQUE DES SPÉCIMENS DE RAMALEO ET ALVEAR
Tah M. F. ZIKIvEL
«Les petits luorceaiix rouge vif coiiteiuis dans les loess gris jauíiíltre
clair de Ramallo et que l'on supposait étre le prortuit de l'activité liu-
maine, se prétent parfaitement, lualgré leur contexture molle, aux pré-
Xjaratioiis luicroscopiques que l'ou pouvait teuter a la lumiére transpa-
rente. Leur compositiou ne difiere pas de celle de l'argile rougeátre
Iiabituelle ou loess fin. L'on distingue sous le microscope une grande
quantité de particules anguleuses, incolores ou piquetes de noir, dont
le diamétre atteint jusqu'á 0'°""Ü15; elles sont composées en partie de
quartz, en partie de feldspatli, et, á la lumiére polarisée elles présentent
clairement les couleurs de la double réfraction ainsi qu'une quantité de
petites lames de mica calcaire extrémement tendres. La masse princi-
pale est composée d'une substance argileuse insoluble qui n'agit que
tres faiblement sur la lumiére polarisée; sa couleur est tantót rouge
(ílair, tantót rouge tbncé, ees deux nuances se mélant quelquefois en-
semble pour former de fines ligues courves. Les préparations n'ont mis
en vue aucun Índice qui permette de constater l'effet de la chaleur, aucun
phénoméue que l'onpuisse regarder comme un commencement de vitrifi-
catiou ou fritte, semblable a celui que l'on observe dans les argües mo-
diñées par la cbaleur naturelle ou artificielle, par exemple dans le jaspe-
porcelaiue ou la brique.
Les objets en question ne piirtent d'ailleurs en eux aucune jn'euve
qu'ils aient été transformes par des agents caustiques, les seuls qui s'ils
avaient laissé derriére eux des traces réelles, représenteraient la preuve
certaine qu'ils ont été em])loyés par l'liomme.
C'ependant, l'absence de traces caustiques ne parait pas encoré un ar-
gument sufiüsant pour nous convaincre que le matériel rougeátre n'a pas.
été soumis a l'iufluence bumaine.
Méme dans la brique cuite, on observe au microscope de liombreux
points oíi la masse de bess argüe ne présente presque aucune marque
visible de l'action du feu á laquelle eüe a été cependant soumise aussi
bien que les parties frittées. En outre, ü est possible que, si le matériel
argüeux a été travaülé par la main de l'liomme pour la construction de
murs i)ar exemple, on n'ait pas été obligé de commencer par le cuire ;
dans ce cas l'on comprend faí^üement qu'entre le matériel employé dans
sa forme primitive et le matériel soumis á une influence bumaine quel-
conque, ¡1 n'existerait pas de dittcrence microscopique.
Viúv dans la couleur rouge une prcnve de manipulation déla part de-
l'liomme scrait la plus complete des erreurs.
— 455 —
Je (lois ajoiiter qu'entre le matériel gris-jaune et le rouge d'Alvear
il n'exíste, quant a la comyosition et la structiire aiicune différence es-
sentielle : le deniier n'est qii'iiiie im)(llflc:itioii dii i)reinier, coloree par
l'oxyde de f'er. »
FOR.MATIOX l'AMI'KKXNE INFKRIEUUE = I.IESS lilUIN PAIX D'ÉPICE
1887. Ameghixo, F., Monte Hermoso (Articido piihlictido en La Xaeióii del
10 de mar:o de 18S7J, Bueuos Aires, 1887, p. 5-tí, 10.
1888. Ameghino, F., Lhta de las especies de ¡tuuiii/eros fósiles del mioceno
superior de Monte Hermoso, hasta ahora conocidas, Buenos Aires, 1888, p. i.
1889. AMEfiíiiNO, F., Contribncióii al conocimiento délos mamíferos fósiles de
la Jíepiihliea Argentina, Bueuos Aires, 1889, p. 75-76.
Ah conrs des mois de février et uiai'S 1887, Ameghino s'était occiipé
de l'étiide de la géologie et de la faiine paléontologiqíie de la partie du
rivage de l'océan Atlantiqíie connue soiis le nom de Monte Hermoso.
Darwin est le premier qni nons ñt connaitre ce parage situé a environ
üO kilometres de Bahía Blanca. Xons avons deja dit qu' Ameghino con-
sidere les conches de Monte Hermoso comme prépampéennes c'est-á-dire
miocénes. Suivant Roth, elles constituent la formation pampéenne infé-
rievire et je me relie completement á son opinión, que, du reste, M. le
professeur Steinmann lui-méme a ratifiée dernierement (v. plus loin).
Je connais l'endroit classique de la dite localité par inspection person-
nelle.
Dans son premier mémoire, publié sous forme de fenilleton, Ameghino
fait une description tres vivante de la región et de l'impression qn'elle
produit; il la caractérise avec la jíIus grande exactitude. Je profltai d'une
excursión que nous entreprimes en mars 1901 yM. R. Hauthal et moi á
la Sierra de la Ventana por taire seul une petite échappée jusqu'á Mon-
te Hermoso. Du Port Militaire oii l'on arrive i>ar chemin de fer en pas-
sant par Bahía Blanca, je me dirigeai á cheval en cotoyant le rivage vers
la localité appelée Monte Hermoso, en compagnie d'iin domestique loué
expressément. Jamáis je n'onblierai les péripéties de cette éreintante
(•hevauchée par un pays désert et sauvage au milieii de steppes et da-
nés, de dunes et de steppes. Nous étions partís vers midi du Port Mili-
taire et l'obscurité nous ayant surpris avant d'arriver au terme, il nous
fallut passer la nuit a la belle étoile. A l'aube suivante les chevaux
étaient loin et mon compagnon á peine avait pu fermer l'oeíl parcrainte
des indiens vagabonds dont il se croyait entouré. Cei)endant, á forcé de
(;liercher, il íinit au bout de quelques heures par trouver un de nos che-
vaux et découvrit en méme temps non loin de notre campement, la chau-
— 456 —
miére d'nn berger (puestero) d'oü nous arrivámes vers luidi ii la localité
de « Monte Hermoso ».
Le Monte Hermoso est une élévation conique comme on en voit fré-
quemment le long de la cote et qu'aucune particularité ne le distingue; il
existe encoré á son sommet un poteau liaut de 27 pieds environ encastré
dans un socle de briques consolidé latéralement par une ceinture de flls
de fer et qui portait autrefois une grande lanterne destinée á servir de
pilare avix embarcations. La hutte de bois formée de deux piéces qui
servait de demeure au gardien est maintenant en ruines et personne ne
fait aujourd'hui attention á la irducavte Untnida jiroiha (sic!) « Entrée
interdite ». On ne trouve le cliemin pour y arriver, qu'en suivant le ñl
télégrapliiqíie qui continué toujours á travers champs et termine au
« Beaumont ».
Ce talus cótier liaut d' environ 25 métres, était, á l'époquede ma visi-
te, le 20 mars 1901, presque entiérement recouvert par la végétation;
seules les couclies inférieures reposant sur la plage étaient encoré á nu
sur une éiiaisseur d'environ 5 métres. Le sable lui-mémeimmédiatement
contigu au pieddu talus est plañe et vers lamer érosé jusqu'á un métre
*t demi de profondeur environ, on dirait un travail de scul]>ture en liége.
Le terrain lavé par les eaux est de couleur brun-pain d'épice foncé, brun
pain d'épice quand il est á sec et contient une grande quantité de sable.
Sur de nombreux points de la plage, cliaque six ou sept pas, je trouvais
des concrétions calcaires de la forme et de la grosseur d'une noix, d'une
«ouleur rougeátre qui passait au rose quand elles étaient séclies. Ces con-
crétions qui ont dii fornier autrefois de véritables bañes, se trouvent éga-
lemeutdansles conches snpérieures (VI). Plusliaut je rencontrai un dépót
« lacustre » (III) de couleur verdátre. Dans le lien le plus favorable au
pied de la berge, je pus lever le profll suivant, sans qu'il me fut possible
<le déterminer l'áge des conches snpérieures : I, Végétation ; II, Loess
sableux (1 métre); III, Conche verdátre (25 centimétres); IV, Loess
blanchátre, peu résistant (30 centimétres); V, Loess résistant (150 centi-
métres) ; VI, Loess avec des concrétions calcaires (2 métres) ; VII, Plaie.
C'est done á Monte Hermoso qu'Ameghino efectúa les trouvailles qui
devaient démontrer l'existence reculée de Fliomme en Amérique; mal-
Leureusement son rapport ne biille pas par la ciarte et l'on regrette
Tabsence d'un profll géologique. Je reproduis á continuation les passages
les plus notables :
1887, p. 5. « La présence de l'homme... révélée par la présence de
quelques silex et ossements grossiérement taillés, aussi bien que par
l'existence á diverses hauteurs de la berge, d'antiques foyers encastres
■dans des conches d'argile et dont j'ai pu avec bien du travail arracher
quelques fragments poxrr les emporter au musée de la province á La
Plata. »
— 457 —
Ib. p. 10, dans la derniére pbrase il s'agit des «restes des foyers vitri-
fiés par l'action du feu ».
18S8, p. 4. « Homo (précnirseur). >>
« La présence de l'bomme ou, pour mienx diré, de son précurseur dans
■ce gisement des plus antiques, est démoutrée par la présence de sílex
^rossiérement taillés, pareilsáceux du miocéne de Portugal, des ostail-
lés, des os brfilés et de la terre cuite in'ovenant d'antiques foyers dans
lesquels la terre mélée íi une notable quantité de sable a été en contact
avec un feu si intense qu'elle s'est en partie vitriflée. »
1889, p. 75. «Je m'occupais de l'extraction d'une partie du squelette
■d'une Macrauckenia antíqua, lorsque je fus surpris par Paj)paritiou d'un
■quartz rouge-jaunátre qui sortit d'entre les os. Je le recueillis et recon-
nus immédiatement qu'il s'agissait d'un fragment irrégulier de quartz,
íivec double conclioide en creux et en relief, superficie de percussion et
■cassure du concboide, caracteres qui témoignaieut d'une maniere irrefu-
table que je me trouvais en présence d'un objet en pierre taillé par un
étre intelligent durant l'époque miocéne. Je contiuuai mes travaux et
me trouvai bientót en jirésence de plusieurs objets pareils. Le doute
n'était plus possible et, le méme jour, 4 mars 1887, je communiquais á
La Nación la déCoixverte d'objets évidemment taillés par un étre intelli-
gent, dans les coucbes miocénes de la Eépublique Argentine.
« Postérieurejnent, et a mon instigation, le Musée de La Plata envo-
yait au méme point, dans le but de collectionner des fossiles, le prépa-
rateur Santiago Pozzi, qui trouva des objets semblables aux miens, en
«ontact avec les restes d'un Doedicurtis antiquus. »
Plus loin, uous lisons encoré :
« A Monte Hermoso, il y a encoré quelque cbose de plus qui n'a pas
été observé jusqu'á ce jour dans les gisements miocénes européens; la
présence avec les dits objets [M. Amegbino fait allusion aux os fossiles]
d'os longs fendus longitudinalement et d'os brülés, ainsi que I'existence,
á divers niveaux de la formation, de véritables foyers encastres dans les
coucbes d'argile et sable endurci, et dans lesquels, sous l'action du feu,
la terre s'est convertie en brique et méme vitriflée, sans qu'il y ait dans
toute la formation aucun dépot de tourbe ou de lignite, ni autres vesti-
ges de végétaux qui puisseut faire croire en un feu accidentel jouissant
de la rare propriété de se présenter á des intervalles successifs a mesure
que se déposaient les coucbes qui constituent le gisement. En outre, rare
coincidence, ees foyers sont parfois accompagnés d'os brilles et ont sup-
porté une température tellement élevée que, comme dans les divers mor-
ceaux de terrain, il s'est formé dans l'intérieur de la masse des cavités
«pbériques dues á la dilatation de Tair ou au développement de gaz
l)roduits par la combustión. »
En raison de l'importance du fait, j'ai reproduit mot pour mot le rap-
KEV. MUSEO LA PLATA. — T. I. 30
— 458 — •
port d'Ameghino. II est facile de voir combien serait nécessaire une
apréciation plus exacte accompagnée d'iin ]woñ\ géologique ! II s'agit
done de :
1° Quartz travaillés, éclats d'os, os brülés, Icess cuit et scoriflé respec-
tivement, trouvés par Ameghiuo.
2° « Objets identiqíies » trouvés par M. Santiago Pozzi ¡nés des res-
tes d'un Boedicurus antiqímu.
Pour ce qui a trait á ees derniers, je me suis adressé á M. Pozzi ; ce
sont des scories provenant d'nne couche et en partie encoré enveloppés-
de loess aréneux; un certain nombre d'écliantillons sont conserves au
Musée de La Plata avec leurs similaires trouvés par Ameghino (fig. 80 á
82). M. Pozzi ne put me donner de plus ampies renseignements au sujet
de cette trouvaille. Je reviendrai sur ees scories a la fin de ce cbapitre..
Fig. 77. — Quartz tailló de ilonte Hermoso, .selon Ameghiuo Contribución, etc., fig. page 75. Gr. nat..
Quant aux objets trouvés par Ameghino, ils appartiennent á sa col-
lection particuliére oü j'ai pu en voir une partie (les éclats d'os); le reste
était empaqueté et, dans l'énorme collection particuliére d'Ameghino,
qui lutte avec des difficultés d'espace, il ne lui fut pas possible pour lors
de les rencontrer.
Les quartz travaillés, je ne les connais done que par la figure dont M.
Ameghino a eu l'obligeance de mettre a ma disposition le cliché pour le
reproduire de nouveau. Je n'ai pas vu non plus íes os calcines; mais
uous retrouvámes les éclats d'os: ce sont trois petits éclats d'un pouce
;Y un pouce et demi de longueur qui n'offrent aucune particularité.
Un uouvel exauíen des piéces n'aurait ni donné de resultáis, ni dis-
sipé les doutes, puisque les circonstances de la trouvaille ne peuvent plus,
étre contrólées.
45!)
Les restes de siiories iittiibués aux aneiens foyers par Aineghino exis-
tent au Musée de La I'lata; ils sont encoré partielleinent enveloppés de
loess et, comme je Tai deja dit ils furcnt trouvés par Amegbino lui-méme
ot plus tard par ]\I. Pozzi á Monte Hermoso d'oü ils ñirent expédiés au
Musée de La Tlata. Mou voyage du 20 niars 1901 á cette localité ne
donna done pas de résultat, par la raisou que la hauteur était couverte
de végétatioii jusqu'á 5 metras du pied, et l'on ne pouvait penser á trou-
ver ni terre cuite, ni scories. Cependant le hasard plus tard me vint
en aide. M. le professeur Steinraann, á son retour de Bolivie, désiracon-
naitre les proflls principaux de la formation jiampéenne et entreprit sous
la direction <ln docteur Roth une excursión á laquelle je me joignis,
il.- .Mar (l<l J'liita. (Ir. uat.
désireux surtout de connaitre jilus a tbnd la formation pam^iéenne infé-
rieure.
Conime elle est tres visible á Mar del Tlata et que ce point est de facile
accés, c'est la qvie nous nous dirigeámes. Le G avril 1904, nous visita-
mes la falaise au nord de Mar del Plata; les couclies supérieures du pam
peen inférieur (systéme de M. líotb) y sont bien visibles. Le lendemain
nous nous dirigeámes au sud vers le cap Corrientes, qui forme iine im-
mense plage souvent a découvert, oii la mer ne bat pas le pied de la
falaise. Le docteur Eoth découvrit le i)remier sur le rivage méme que
nous parcourions, de petits fragments de scorie, solidement encastres
dans la roclie (fig. 78) et bientót apparurent a hauteur d'homme et plus
dans la falaise méme de véritables conches de scories, de 6 á 8 metres
d'extension et d'nne épaissenr jusqu'a de I."» centimétres (flg. 79). Nous
460
avions done retrouvé íi Mar del Plata dans des conches identiques de
la formation pampéenne, des restes semblables á ceux que MM. Ame-
gliino et Pozzi avaient rapportés de Monte Hermoso, et qu'ils considé-
raient coinme dn loess cuit et vitriflé, et la comparaison des spécimens
indiquait entre eux une concordance parfaite. Les scories sont poreuses
et les ca vites sont d'une grandenr moyenne {ñg. 81); elles atteignent
rarement la grosseur d'une noisette; les scories dont les pores soient sy-
métriques et fines (fig. 82), sont méme rares; dans certains fragments
toutes les cavités sont remplies de Icess. La couleur varié du blanc jau-
Pig. 79. — Morceaii de la couclie il scories do Mar del Plata
on reconnait les scories et le loess. Gr. nat.
nátre, janne de soufre et verdátre, au gris et au noir (fig. 80). Elles con-
servent encoré par endroits leur enveloppe vitreuse.
CJomment s'expliquer maiutenaut la présence de ees conches de sco-
ries dans deux horizons pour le moins de la formation pampéenne infé-
rienre, phénoméne observé déjá par Ameghino á Monte Hermoso? Jene
crois pas qu'il puisse étre ici séi'ieusement question de l'intiuence hn-
maine; en eftet, si l'on se flxe bien, il s'agit de scories et non de loess cuit
conime a Alvear par exemple et autres points. On peut plutót expliquer
le fait par les scories volcaniques on les scories vegetales. M. le profes-
seur Steinniann est partisan de la prendere opinión et, sur ma demande
il m'a envoyé pour étre publiées les ligues suivantes qui trouvent par-
faitement ici leur place :
— 461 —
SUR LES SCORIES INTEKCALÉES DANS LA FORMATION PAMPÉENNE
INFÉRIEURE
Par M. 'G. STEINMANN
Les scories que nous avons recueillies au surt de Mar del Plata aux
couches de la formation pampéeniie iuférieure et que Pon croit étre un
produit artiflciel, ne doivent plus étre considérées comme telles á la suite
de mes observations. La circonstance de former par endroits une couclie
bien distincte dans les couches supérieures dn pampeen inférieur, sans
étre accompagnées de la moindre trace d'activité humaine, permet de
leur attribuerune origine naturelle. Les scories ellea-mémes ne sont d'au-
cune fafon de l'argile cuite, comme on pourrait le supposer á la couleur
rouge-brique de certains fragmeuts; elles ne sont pas non plus des sco-
ries qui résultent de la fonte des métaux; ce sont en partie des frag-
ments de lave grise soufflée et en partie de lave compacte de couleur
rouge-brique de caractéi'e andásitique.
La décomposition en general tres avancée rendait difflcile une investi-
gationplus minutieuse ; mais il estbon de savoirqueRotha recueilli des
pierres habituellement identiques sur le pencbant occidental de la Cor-
dillére.
Semblable mélange de matiéres volcaniques n'est pas une rareté
dans les couches diluviales de l'Amérique du Sud, méme á de longues
distances des points d'éruption et ne peut nous causer d'étonnement au
cas ijrésent. L'on ne peut objecter eji aucune ía^on la grande distance qui
separe les dépóts pampéens des cotes de l'Atlantique, des volcans les
plus prochains du penchant oriental de la Cordillere puisque c'est un fait
connu que des fragmeuts de scories volcaniques de petites dimensions
(les fragments recueillis ne passent que raremeut de la grosseur d'une
noix) sont lances des points d'éruption volcanique, a distances enormes
et, en outre, les eaux en se retirant de la Cordillere j)euvent avoir elles-
méme emporté les dits fragments. L'existence en couches des « scories »
corrobore l'hypothése de transport par l'action des fleuves.
Ajirés tout ce que j'ai vu pendant nos excursions communes dans la
province de Buenos Aires, je ne crois pas que dans le pampeen inférieur
et moyen c'est-a-dire dans les couches quaternaires antiques qui corres-
pondent sous le point de vue chronologique au loess le plus ancien de
la región du Rhin supérieur, l'on ait jamáis rencontré de traces authen-
tiques de l'homme diluvieu. C'est daus le pampeen supérieur (= loess
moderne) que de telles traces semblent avoir été trouvées. Dans tous
les cas, on a suivi les traces de l'homme en Europe á des époques plus
reculées que dans l'Amérique du Sud. Je crois avoir le droit d'afiBrmer
462
que toutes les donuées au sujet de l'existence de l'homme aii tertiaire
sudaméricain ne sont qiie des interprétations erronées soit des conches
géologiques dans lesqiielles on les a tronvées, soit, comme dans le cas
présent, des objets mémes.
Voici le rapport de M. Steinmann. Sur ees entrefaites, il a prononcé de-
vant la Société géologique allemande un discours sur le diluvium dans
l'Amérique du Sud, qui a paru avant la dissertation autérieure ' ; je re-
produis ici les passages suivants qui ont trait á notre probléme.
« Le pampeen inférieur différe des deux étages plus modernes. C'est
une argile brun-clair, babituellement semblable ;i l'argile basaltique ;
Fig. 80 — Morctaix di scoiit itKkt! SL\t
M iitt Hermoso. Gr. iiat.
ses cavités et ses fentes sont reinplies de lits de tosca de forme bizarre.
Je ne connais rien íle pareil dans notre formation de loess. Je reconnus
sa composition spéciale lorsque M. Eoth nous fit voir á M. Lehmann-
Nitsche et á moi les parages oü Ameghino crut reconnaitre au milieu de
cette couche, la plus ancienne de la formation pampéenne, les traces de
l'activité humaine dans des scories artiflcielles et des pierres brülées. En
forme de conches gisent dans l'argile bruñe de i^etits morceaux de lave
noire, bruñe et rouge, dont la nature n'est pas inéconnaissable. On peut
les regarder comme des tyectionsque lo vent a apjwrtées de la Cordillore
distante de plus de 1000 kilométres, ou bien, ce qui moparaitplus vrai-
' Stkinmann, G., üeber Diluvium in Südamcrika. Monatsberichlc dcr Dcutschcn
geologiaehen Gesellschaft , 1906, p. 225, 229 (si-p. p. 12, 16).
— 463 —
seuibliible, oiit peut cioire ;ui tiausport de lii lave poieuse par l'action
des fleuves ; dans tous lea cas, ees phéiiomenes démonttent qu'a l'épo-
qne de la forination du pampeen inférieur regnait une vive activité vol-
canique et il est probable que la cendre rolcanique a pris une grande part
ú la formation des conches inféiieures. C'est ainsi que l'on peut expli-
quer leur composition curíense. »
M. Steinmann termine comme il suit son discours : « Les traces authen-
tiques les plus reculées de l'homme qui m'out été montrées par M. Eoth
dans l'argile pampéenne, ne remontent sürement pas aii delá des conches
les plus recentes de Vancien Icess, peut-étre méme seulement jusqu'au
Fig. 81. — Morceaii de scorie noire ü fraudes, cavití-s de Monte Hermoso, Gr. nat.
Icess modeme, c'est-á-dire jusqu'á la derniére éiioque interglaciale (de
Eiss-Würm). Toixtes les trouvailles antérieures permettent des doutes
et en jiartie, comme les traces de l'action du feu au cap Corrientes, ce ne
sont pas des témoignages de VHomo amcricanus , maisdes produits natu-
rels marqués au sceau des produits artificiéis par la fantaisie de VHomo
europaeus importé. »
M. le professeur Steinmann attribue done aux scories du pampeen in-
férieur une origine volcanique, et il est en cela d'accord avec l'opinion
émise il y a deja longtemps par Moreno. M. Rotli, dans sa lettre a KoUmann
fait allusion á la page 9, aux idees de Moreno, et il ajoute que cette ma-
niere de voir est en contradiction avec la localité oii les scories ont
— 464 —
été trouvées; quant á moi, je ne crois pas que l'explication donnée par
MM. Moreno et Steinmanu ait été general ement approuvée. Je ne puis
lias admettre qu'uue masse poreuse et relíitivement assez fragüe comme
les scories voleaniques transportée par les eaux á des distances aussi
colossales que celle qui separe la Cordillére de l'océan Atlantique, ne
soit pas réduite á l'état de detritus microscopique; au contraire les sco-
ries provenaut de Monte Hermoso forment en partie une masse com-
pacte et en partie se composent de fragments de la grosseur d'un ceuf de
poule et plus. Si l'on met en question l'origine volcanique, il fant ad-
mettre un centre volcanique voisin, aujourd'hui iieut-étre sous-marin,
thése qui ne laisse pas de présenter ses difficultés. Je m'étais expliqué
moi-méme la présence de conches locales de scories dans le pampeen,
comme le résultat d'incendies consumant la végétation sur une étendue
de terraiu plus ou moins grande. Durant les grandes chaleurs de l'été,
Fig. 82. — Morcean de scorie noire h pt-tites cavitt'S, de Monte Hormoao. Gr. nat.
la cannaie épaisse et liante d"uu marais se desséchait jusqu'á laracine
et s'enflammait soit i^ar l'effet de la foudre, soit spontanément; plus tard
l'eau venait á remplir de nouveau le marais, dont le fond restait alors
formé d'une conche de scories et de particules d'aspect vitrifié, sembla-
bles que j'ai observées á Posen, nía patrie, aprés l'incendie d'une meule
de ble. D 'aprés mon opinión, les conches de scories déposées dans le pam-
peen correspondraient done á un ancien marais. A l'époqne du pampeen
inférieur il existaitprobablement des espéces de graniinées et de roseaux
d'une grande hanteur et tres riches en silicates, lesquelles, aprés l'action
du feu, laissaient subsister une conche resístante de cendres scorifiées
qui ne ponvait étre détruite aussi rapidement que celle résultant des
petites espéces et qui résistait á l'influeuce des époqnes géologiques.
L'opinion de l'incendie de jonchaies ferait supposer que l'aspect te-
rrestre des pampas d'alors était a pen prés le iiiéme qu'aujourd'hui, opi-
nión dont nons ne nous chargeons pas de démontrer l'exactitude. L'on
peut certainement supposer aussi l'incendie de foréts comme me l'a ma.
nifesté le docteur Eoth dans une conversation sur ce théme mais je ne
— 465 —
sais pas s'il en résulterait des scories d'aspeefc aussi vitreux que celles
queproduit la cuissonde plantes tres silicatées. Quoiqu'il en soit, l'in-
cendic de forcts rentre dans la iiierne catégorie que celni de joncliaies.
Aiusi done, pour résumer ma pensée au sujet du probleme de Monte
Hermoso, je repéte que les conches de scories n'ont pas une origine ar-
tificielle et ne sont pas due par conséqnent á l'influence de l'liomuie;
leur existence s'explique deslors par l'incendie de plantes séclies. II se
pent tres bien qu'il aitpéri dans cette occasion des petits animauxdont
Aniegbino a retrouvé les restes brülés. Pour ce qui est des quartz tra-
vaillés et des fragments d'os fendus attribués par xVmegbino a Tbomme
ou, x)our mieux diré, á son ancétre, la découverte de VHomo neogaeus
nous donne une explication satisfaisante d'ailleurs l'áge des conches du
Monte Hermoso ou pampeen inlerieur n'est pas aussi haut qu'Ameghi-
no le prétend (v. le travail de M. Scott).
APPENDICE
LA CORRÉLATION DES FORMATIONS Tí:RTIAIRES ET QUATEENAIRES
DANS L'AMÉEIQUE DU SUD
Tar M. W. B. scott
Le probleme de l'antiqnité de l'homme dans l'Amérique du Sud est
une qnestion qui appartient exclusivement á la géologie et a la paléon-
tologie, et, si toutefois sa solution est possible, il doit étre résolu comme
n'importe qtiel casd'origineetdistributionmammalogique. Ce probleme
spécial présente de grandes diiíicultés á cause de l'extréme différence
qui existe entre les faunes mammales siiccessives de FAmériqíie du Sud
et les faunes correspondantes des continents septentrionaux, pour les-
quels fut originairement construite l'échelle de la chronologie géologi-
que. Faisant abstraction de l'Australie, l'Amériqne du Sud, sous le point
de vue géologique, est la región du monde la j^lus isolée et la plus sin-
guliére. H est toujours dillicile de déterminer jusqu'á quel point une
différence entre les faunes fossiles de deux régions est due géographi-
quement á la distance en espace qui les separe et jusqu'á quel point elle
est due géologiquement á la distance des temps. Entre deux continents
qui ont entre eux des rélations aussi intimes, des connections aussi fré-
quentes que l'Europe et l'Amérique du ííord, il a toujours existe des
difterences géograpliiques dans les faunes, et cette diftérence croit en
proportion aux laps de temps durant lesquels ees mémes régions ont été
séparées. Le manque d'éléments communs rend inutile toute espéce de
comparation directe.
Un second obstacle tres sérienx, qui empéche d'établir une córrela-
— 466 —
tion satisfaisante entre les formations sud-américaines et celles de l'lié-
inispliére boreal, est fort Leiireusemeut de nature plus temporaire et
disparaitra indubitablement á mesure que jirogresserout les découver-
tes. Cet obstacle consiste dans la dififérence et la divergence d'opinions
des divers auteurs relativement aux fossiles que l'on trouve actuelle-
ment dans les diverses formations. Une corrélatiou déflnitive ue sera
possible qu'aprés qu'il aura été établi des listes succesives minutieuses
et comijlétes des diverses faunes. Oes listes une fois établies serviront
á la détermination d'un point fixe de la plus grande importance, c'est-á-
dire le lien de l'échelle géologique sud-américaine oü les types boréaux
de mammiféres terrestres ajiparurent pour la premiére fois.
L'on se rend immédiatement compte de l'importance vitale de cette
détermination, si l'on n'oublie pas que durant les apoques tertiaires mo-
yenne et inférieure l'Amérique du Nord et l'Amérique du Sud étaient
entiérement séparées et que, comme conséquence de cette longue sépa-
ration, chaqué continent développa sa, faune particuliére, sans aucune
espéce d'éléments communs. Aux yeux de l'investigateur deja familia-
risé avec les mammiféres tertiaires de l'bémisphére boreal, la premiére
apparition d'une reunión de formes comme celle que présente, par
exemple, la faune de Santa Cruz, semble la révélation d'un monde nou-
veau,tant il est distinct, sous tous les points de vue, de ce qu'il fut anté-
rieurement. La différence qui le separe des types boréaux, n'est pas,
comme celle qui existe entre les faunes contemporaines de l'Europe et
de l'Amérique du Nord, une díñérence d'espéces et de genres; c'est une
dififérence d'ordres et de sous-classes mammalogiques, suffisante par elle-
méme pour démontrer le long isolement dans lequel fut plongée l'Amé-
rique du Sud relativement aux terres de l'bémisphére boreal.
Lorsque la connection entre les deux Amériques se fut enfln établie,
commen^a un grand mouvement reciproque de migration entre les deux
régions; les types du sud passérent au nord et les types du nord émigré-
rent au sud. C'est ainsi que l'Amérique du Sud re9ut les ancétres d'un
grand nombre de mammiféres qui l'habitent encoré aujourd'hui, tels que
l'espéce lama, le pécari, le cerf, le tapir et tous les carnivores propre-
ment dits, les rats et les souris, le liévre et le lapin, etc. Tous ees ani-
maux sont d'origine boréale, et, antérietirement a la grande migration,
dans aucune partie du continent austral géologiquement connue, il n'e-
xistait de mammiféres semblables á eux ou á ce que piirent étre leurs
ancétres. Outre ees élénients survivants de la fiíune, il y eut d'autres
émigrants dout les espéces, aprés avoir vécu durant de longues périodes
avaient deja disparu depuis longtemps, lors de la découverte du conti-
nent par les européens : tels sont les luastodontes et les chevaiix si fré-
quents dans les dépóts pampéens.
De la méme maniere, l'Amérique du Nord re^ut en échange un grand
— 467 —
nombre de types uiammiferes sud-américiiins, comme les granas gravi-
grades armadilles, glyptodontes efc de nombreux rongeurs hystricomor-
])hes, dont aiicuii n'existait dans la dite región avant l'établissement de
la communicatiou tei-restre.
II n'y a pas de raison pour supposeí- que cette uiigration se soit pro-
duite avec une rapidité pliis grande dans une directiou que dans l'autre,
quoique, peut-étre, certaines especes actives et vagabondes, quelques
«arnivores par exemple, aient étendu lenrs files dans la nouvelle región,
avant que d'autres formes pesantes et lentes, comme les gi-ands édentés,
aient franclii la méme distance. En outre, sous le point de vue géologi-
que, la difíerence de temps serait á peine appréciable. Nous avons done
toute raison de supposer que les plus anciennes formations des deux
Amáriques qui contiennent des types mammalogiques de l'autre región
respectivement, remontent á une date géologique approximativement
equivalente, bien que l'équivalence puisse n'étre pas exacte, á cause de
la grande distance qui separe la Eéi>ublique Argentine des Etats-Unis,
les deux contraes dans lesquelles les dites formations ont été signalées.
Nous devons ici proclamer que nous n'avons actuellement aucune rai-
son de croire que, durant les derniers temps del'époque tertiaire, l'Amé-
rique du Sud ait été unie á un continent de l'liémispliére oriental. S'il
€Út existe vine communication avec 1' Afrique, il est plus que probable que
de nombretix types du vieux monde, auraient fait leur apparition dans
l'Amérique du Sud, sans étendre leur expansión jusque dans l'Amérique
du Nord; mais ce n'est pas la le cas. Au contraire, la grande migration
n'amena dans l'Amérique du Sud que des mammiféres qui existaient
préalablement dans l'Amérique du Nord, preuve formelle que c'est seu-
lement avec ce dernier continent qu'á cette époque l'Amérique du Sud
fut en communication.
La plus aucienne formation de l'Amérique du Nord, dans laquelle
soient apparus les mammiféres particuliers au sud est le Blanco de Te-
xaH, formation assimilable au pliocéne inférieur, sans cependant corres-
pondre aux conches les plus profondes. II est certain que de tels fossiles
«nt été découverts dans des horizons plus anciens, comme le miocéne
et méme l'oligocéne; mais il a été prouvé que toutes ees identifications
étaient erronées, ayant eu originairement pour base un matériel tres
imparfait, de sorte que les erreurs commises ne doivent pas nous siir-
prendre. Comme nous l'avons déjá demontre, il est évident que la plus
aucienne formation sud-américaine dans laquelle apparaissent les types
mammalogiques du nord, doit étre, á tres peu de chose prés, equivalente
aux Blanco heds, et cette formation est celle d'Bntre Eíos (ó Paraná),
dans laquelle, ainsi que dans celle, probablement un peu plus récente de
Catamarca, fui'ent trouvés des mauímiféres septentrionaux. Dans ees
horizons, les formes dunord, découvertes á une si grande distance, sont
— 468 —
tres rares et ne sont certainement représentées que par les carnivores
de la famille des Proeyonidae, évidemment d'origine septentrionale. II
n'est i)as nécessaire de supposer que ees formations soieut exactement
equivalentes aux Blanco beds; elles peuvent étreun peu plus anciennes,
correspondre au miocéne supérieur; mais la différence ne peut i)as étre
grande et c'est sCirement une erreur de mettre en corrélation les conches
d'Entre Eíos ou Paraná avec l'oligocéne, comme on l'a fait si souvent.
Au sujet de la formation suivante, le Monte Hermoso, il existe une
séricuse divergence d'opinion entre les paléontologistes argentins, con-
cernant les espéces de inammiferes que l'on troiive actuellement dan»
les dites conches, et pour établir une corrélation flnale de l'horizon, il
faut attendre la détermination détínitive des fossiles qu'il contient. Si
nous admettons que la liste des espéces dressée par Ameghino soit
approximativement correóte, il ne peut y avoir le moindre doute que
les conches de Monte Hermoso ne remontent pas au delá du pliocéne, et
qu'elles peuvent méme étre plus recentes. En outre, partantdela méme
sui)i)osition, il est impossible qu'elles appartienneut au pliocéne anclen,
comme le démontrent d'une fa9on i)éremptoire les raammiféres que l'on
prétend exister dans cet horizon. Les cerfs, les lamas, les loups et les
chats qu' Ameghino assigne á ees lits, ne peuvent correspondre au mio-
céne, ni méme au pliocéne anden, puis que, tous, ils appartienneut á
des tyjies nettement septeutrionaux qui évidemment ont emigré a l'A-
mérique du Sud, et, méme dans la región de leur origine, il ne pouvaient
pas remonter jusqu'au miocéne supérieur.
Le probléme fondamental de la présente discussion est celui de la date
géologique que l'on i^ent attribuer á cette partie de la grande formation
Ijampéenne désignée par Ameghino sous le nom de pami^éen inférieur
et par Roth sous celui de pampeen moyen. Les géologues européens et
nordaméricains considérent en general cette formation comme plisto-
céne, tandis que les auteurs sudaméricains, pour la plupart, l'attribuent
au pliocéne. II y a plus de fondemcnt en faveur de cette derniére opinión
á laquelle se rallient du reste les auteurs qui n'ont jamáis vu les conches
en question ; leur faune est tellement particuliére et si différente de celle
des temps modernes, le matériel qui les constitue est tellement dense et
tellement compact, d'une dureté presque égale á celle de la roche et
leurs fossiles ont une contexture et une couleur qui indique certaine-
ment une tres haute antiquité. D'un autre cóté, des arguments de ce
genre induiseut souvent en ei'reur, comine, par exemple, c'est le cas
relativement á la formation pampéenne. Les mammiféres de ees conches,
plus particuliérement ceux de la facies septentrionale, indiquent une
date beaucoui) iilus suggestivement plistocéne que isliocéno, puis qu'ils
correspondent exclusivement á ceux des conches de Sheridan, ou Equus
beds des Etat-Unis, dont l'age plistocéne est aujourd'hui reconnu par
— 469 —
tous ceux qui les ont étiidiées et expliqué ¡tar Icuis réltitioDS avec les
(lépots fílíiciaires. Spécialenient significative est la présence de l'ours
(Arctothcriiim) dans le paiiiptk'ii moyeu de Rotli (ou inférienr d'Ameghino),
par la raisoii que les ours constituent un groupe du vieux monde, qui n'a
pas de représentants dans l'Amérique du Nord avant le plistocéne, apo-
que a laquelle ont été trouvés des ours a peu prés identiques avec VArc-
totheriitm et d'autres espéces plus semblables aux espéces actuelles.
La présence de vestiges humains dans le pampeen moyen de Roth
{ou inférieur d'Ainegbino) pronve également, déla fa^on la idus eviden-
te, que cette formation ne remonte pas au delá du plistocéne, opinión
qui exigerait des considérations vin j)eu plus ampies.
Comment Thomme fit-il son apparition dans l'Amérique du Sud! Pour
repondré á cette question il n'y a que deux alternatives : 1° l'liomme sud-
américain a été engendré par descendance de quelque autre type mam-
malogique; ou bien 2° il s'est établi dans le contiuent par migration de
quelque autre región. De ees deux alternatives, la derniére est de bean-
coup la plus pi'obable.
En eñ'et, bien que Pon ne sache rien de définitif relativement á la des-
cendance de l'liomme, et sa chaine généalogique ait été confectionnée
avec des missing linlcs, il n'y a pas aujourd'hui la moindre raison de croire
qu'il soit originaire d'une partie quelconque de l'liémisitbére occidental.
Dans tous les cas oü la pbylogénie d'un groupe est connue, comme, par
exemple, celledit cliameau, du cbeval, du rbinocéros, outre la ligue prin-
cipale de descendance, conduisant directement au type moderne, l'on
découvre invariablement de nombreuses brancbes laterales, dont il est
souvent tres difficile detracerles ramifications complexes. TTnedes prin-
cipales diííicultés inherentes á la construction des écbelles pbylogéni-
ques, consiste dans la détermiuation des genres et espéces fossiles que
l'on doit attribuer á la ligne principale ou aux brancbes laterales. Cer-
tains types qui font soudain leur apparition dans une región donnée et
qui n'ont pas de rélation étroite avec les formes y existantes, peuvent
étre, en toute confiance considérées comme immigrants. 11 en est de
méme de l'bomme dans le Nouveau Monde.
Comme il a été dit déjá, nons n'avons auciine donnéo définitive concer-
nant les étapes de la descendance bumaine et nous ne savons pas si l'es-
péce Homo sapiens forme un groupe monopbylétique ou polypbylétique.
Quoiqu'il en soit, l'bomme est incontestablement un memln-e de l'ordre
mummifére des primates, et ses plus procbes parents actuéis sont les an-
tbropoides et les singes catarrbiniens. Tous les représentants connus de
ees deux derniers groupes,soit fossiles, soit modernes, se trouvent confinés
dans le Vieux Monde et ce fait, par lui-méme, indique d'une maniere preá-
que irrecusable que le type bumain est originaire de l'bémisijbére oriental.
Faisant abstraction d'un certain nombre de formes tres anciennes et tres
— 470 —
contestables qxii ii'oiit avec le prdbléme en qiiestion qu'nne loiutaine con-
nection, l'on peut attirmer que le primate, étroitement allié aii type liumaiu
oü méme au type anthropoíile, n'a jamáis été rencontré nulle part dans
l'hémispliére occidental. Des preuves d'une évidence irrecusable seraient
done exigibles poiir rendre plausible la tliéorie de Torigine d'une race
humaine quelconque, dans Tune ou l'autre des deux Amériques.
Xous semblons par conséqueut en étre réduits á admettre la seconde
alternative, c'est-á-dire celle qui fait venir riiommedansTAmérique du
Sud, par migrations dequelque autre región. Xous n'avons aucnu Índice
évident qui nous fasse counaitre quelle fut cette autre región, bien que
les probabilités parlent en faveur de l'Amérique du Nord. Ce dernier
continent est des plus favorablement sitúes pour une migration venue
de l'Eurasie et actuellement n'est encoré séparée de l'Asie que par quel-
ques milles d'une mer sans profondeur. Pendant la période plistocéne
et les périodes antérieures, il existait un pont naturel entre TAmérique
dii íTord et l'Asie, et, faute de preuves contraires, l'on peut présumer en
toute confiance, que c'est par cette voie qu'eurent lien les plus anciennes
migrations de Thomme dans le Nouveau Monde. Dans 1' Amérique du Xord
l'on ne connait aucun Índice d'occupation humaine avant le plistocéne,
et la présence d'ossements liumains typiques dans le pampeen moyen
de Rotli (ou inférieur d'Amegliino) est, par elle méme, une preuve con-
vaincante que cette formation ne pent remonter au delá du plistocéne.
Je suis loin de supposer que cette conclusión puisse étre regardée
comme défluitive. Au conti'aire, il peut arriver que, dans un temps plus
ou moins éloigné, de nouvelles découvertes viennent démontrer la faus-
seté de cette conclusión et confirmer l'opinion de ceux qui depuis long-
temps luttent en faveur de l'iige pliocéne des dépots pampéens et de
l'origine indépendante de l'liomme dans l'Amérique du Sud. Pour le
moment le poids de l'évldence semble leur étre absolument contraire.
A PROPOS DU GRANE ÜE PÜNTIMELO (OU PLUTOT FONTEZUELAS) »
' I.ETTllE DE JI. SANTIAGO UOTH A M. .1. KOLLMANX
Dans le resume d'un mcmoirc de M. Ilansen - sur Tliomme Ibssile de
P(mtinielo, on lit l'observation salvante :
' Trailuction friinsaise de l'oiiginal allenumd public par II. KoUmann dans li's
Allttheilungen aus dem anatomisclien ínatitut im VesaUamim su Baael, 1889, p. 1-lS.
Ij'original allemand méme sera ri^imprimó fl la siiite de cette tradiiction.
T/orifíinal dit toujours Fniilhiielns ; le vóritaldo nom est Foufczuelns comme nous
l'avons expliqué plus hant (p. 254); je ferai toujours cette petite corroetion.
D.ans la plupart des citations de cette lettre, au cours du présent traviiil, j'ai em-
ployé la forme corréete. (L.-N.)
' Hanskn, S., Liigoa Santa J'kccii. ICii aiithi-opolmiinlc UndersügeUe afjordfiiiidne Miii-
— 471 —
« L'examen exact de la iflatioii tU; M. tí. Koth a domié pour résultat,
qu'on ne peut pas regarder comme absolument j)rouvée la contempoia-
ucité de riiomme fossile vt dii Glyptodon ». Permettez moi ici qiielquos
obaervatious á ce siijet.
Je rectiflerai d'abord le iioiii de Pontimelo dans lequel il s'est glissé
soit une faute d'orthographe soit un erreur typographique. Le parage ou
j'ai découvert les restes en question ne s'appelle pas Pontimelo, mais
bien Fontczuelas. Un grand nombre de cartes désignent sous le nom
d'arroyo Fontezuelas l'arroyo Pergamino ou río Arrecifes. II faudrait
done diré le cnine de Fontezuelas au lieu de : le cráne de Pontimelo.
AUous maintenant au fait. Je ne sais pas ce qui a engagé M. Hansen
a, s'exprimer ainsi puisque dans le resume il n'en donne aucune raison.
II ne connait les circoustauces de la trouvaille que par les breves don-
uées de M. le professeur Charles Vogt ' et par celles que j'ai moi-ménie
consignées dans le catalogue numero 2 -. Malbeureusement ily a confu-
sión dans le rapport de M. Vogt quand il dit : « Cette carapace enlevée,
(m ramassa encoré le bassin et un fémur de Tanimal », tandis queje me
referáis moi-méme au fémur et au bassin de Thomme. M. Vogt, sur ma
premiére notice, observait en outre que l'homme pouvait avoir été en-
terré postérieurement prés de la carapace du Glyptodon. La situation et
position qu'occupaient dans la terre les divers ossements du squelette,
excluent cependant de prime abord cette possibilité. Je lui écrivis a ce
sujet dans les termes suivants : «L'on ne peut juger ici á l'aspect de la
terre, si le terrain a été remué, puisque, au bout d'un petit nombre
d'années, le sol est aussi compacte que s'iln'avait jamáis été remué. Si
l'on avait creusé ici, la carapace du glyptodonte eút été infailliblement
mise de cóté avec la terre, puisque le bassin et une fénnu- gisaient au-
dessous d'elle ». Je ne m'exprimais pas ici avec la ciarte suffisante,
puisque, pendant que je pensáis de mon cóté au bassin et fémur bu-
main, M. Vogt comprenait qu'il s'agissait des mémes os appartenant au
Glyptodon. (Du Glyptodon i\ n^ existait qu'unepartie de la carapace). Plus
loin, je disais á M. Vogt : « En outre les os du squelette auraient occupé
leur position naturelle, si l'homme ent été enterré dans ce lieu, ce qui
iieskflrvningcr fra hrasilianskc Huler. Med el Tillaeg om det jordfundnc Mennenkc ira
l'ontimclo, Iiio de An-ecifrx, La Plata. K Muxeo Lund'ú I, 5, Kjobeuhavn, 1888, ¡i; 2!l-
:«, .37, pl. IV.
' Vogt, C, Squelette humaiii asnoviv aux ijlijptodontes^. Avec discussion (Mortillct,
Zaborowski, Vogt). Biilletins de la Société d'Anthropologie de Paria, 3™" serie, IV..
1881, p. 693-699.
* RoTH, S., Fossilen de la Pampa, Jmeriqíie dii Sitd, í" catalogue, ^nuyicolÁs, 18Si'.
p. 3-4. [I'» édition].
ROTH, S., Fnsgiles de lii Pampa, .tméríqnr du Siid, enlalogiie X" ?, Génov.i, 1884,.
p. 5-7, pl. l.[2""^ (ñlitiiin. illustivr].
— 472 —
n'a pas lieu daiis le cas présent. Le cráne gisait le vértex un peu plus
en hant, puisque l'ouvrier le prit pour une citronille. Plus en dessous
gisait l'instrument de corne de cerf ; les cotes étaient tres clairsciées,
les vertebres cervicales se trouvaient a un métre et demi enviion dii
cráne, un fémur était encoré attaché au bassin, les os du pied étaient dis-
jjersés de tons cótés et il manquait une bonne partie. Les os d'une des
mains étaient encoré a leur place, ceux de l'autre main étaient disper-
ses. De la colonne vertébrale, je ne tronvai queqiielques débris formant
une espéce de conglomérat et je les gardai ainsi avec la terre dans la-
quelle ils étaient mélés.
La colonne vertébrale, ainsi qu'un grand nombre des autres os avaient
évidemment été deteriores, avant d'étre couverts de terre; dans la plu-
part, il manque précisément la partie dure externe tandis que la partie-
interne spongieuse s'est conservée. Les ossements gisaient au méme ni-
veau que le Glyptodon ».
Telles sont les données que j'avais communiquées á M. Vogt au sujet
de la position du squelette et qu'il a reproduites exactement dans son
rapport, á l'exception du passage cité plus haut. La confusión est recti-
flée dans le catalogue numero 2, oü je m'exprime ainsi : «Les ossements
liumains étaient réijandus un ¡leu dans toutes les directions ; un fémur et
le bassin se trouvant sous la carapace de l'animal ».
Je ne m'exjdique pas la raison pour laquelle M. Hansen, dans un exa-
men exact de mes données, met en doute la contemporanéité de l'liomme
et du GlyptodoH. II ne posséde cependant d'autres données que les mien-
nes et celle de M. Vogt. Si Doering, Burmeister, Amegliino, Moreno, etc.
eussent suscité des doutes, une discussion minutieuse aurait eu raison
d'étrejmais aucun de ees savants ne met en doute la contemporanéité
<le l'homme et du Glyptodon. M. Burmeister, qui avant cette trouvaille
concevait quelques doutes, me dit, quand je luí montrai la mandibule
de ce squelette, qiie cette piéce suíiBsait pour le convaincre pleinement.
Je le répéte, si les circonstances de cette trouvaille doivent s'expliquer
naturellement et sans effort, l'on ne peut admettre autre chose, sinon
que le cadavre n'a pas été enterré par la main de l'homme, qu'il a été
quelque temps exposé á l'air libre; que le cadavre une fois décomposé,
les os se sont separes et disséminés; les uns se sont perdus, d'autres se
sont deteriores en tout ou en partie; le reste enfin fut recouvcrt gra-
duellement par la poussiére que charriait le vent ; et le fragment de ca-
rapace de Glyptodon vint plus tard par l'effet du basard s'arréter au des-
.sus dans la position oü il a été trouvé. II n'y a aucun doute que l'hom-
me a vécu dans les pampas de Buenos Aires en méme temps que les
glyptodontes ; non seulement se sont multipliées les découvertes des
restes humains, mais nous avons encoré trouvé une foule de traces de
•ce temps. II ne vous sera peut-étre pas indiíférent de connaitre quel-
— 473 —
qiies ilétails supplémeutaires au sujet de mes trouvailles du mcme
genre.
Mil premiére décoiiverte d'un hommo fossile date de l'année 1S7G. Je
fis eette troiivaille a une distauce d'enviiou 10 kiloiuétres du Pergamino
prés du Saladero de Reinaldo Otero, propriété de Dionisio Ochoa, dans
une fZe.s7;/í/_í/«(?(í ó cometZí^ro, noms souslesquels on designe, dans le lan-
gage usuel, des terrains dépourvus de conches d'liumuset danslesquels
le loess est á découvert. Ce sont en general des terrains en pente, remplis
de crevasses dont les bords tombent en direction verticale. J'explorais
alors la dite desplayada, á la recliei'che de fossiles, en société de José
Mayorotti qui m'accompagnait souvent dans mes excursions. Nous avions
déjá trouvé quelques endroits oü gisaient dea restes fossiles d'animaux
et nous les avions marquées pour les reconnaitre quand nous viendrions
plus tard déterrer les ossements, lorsque j'aper^us dans le bord d'une
rigole d'environ 3 métres de jirofondeur, une portion de cráne qui faisait
un peu saillie hors du Icess. Don José pensa tout de suite á un cráne
d'indien; maisjelui répondis qu'il s'agissait plutót de quelque crime
occulte, que les indieus ne possédaient pas d'ustensiles pour creuser la
terre, et qu'ils se contentaient de recouvrir les cadavres de leurs morts
avecle peu de terre qu'ils pouvaient ramasser, tandis que notre sque-
lette était enfoui á une tres grande proíbndeur. Que ees restes pussent
apparlenir á un homme contemporain du Glyptodon, l'idée ne m'en vint
méme pas á l'esprit. Je n'examinai pas les ossements de plus prés,
n'ayant pas l'intention de les faire exhumer. Cependant, Mayorotti
m'ayant manifesté le désir de les déterrer aíin de les emporter cbez lui,
je me mis á l'aider dans cette besogne. Le squelette occupait la position
assise, les deux jambes allongées, la tete quelque peu inclinée vers
l'avant. Tous les os se troirvaient dans leur position nórmale les uns par
rapport aux autres. Xous observámes avec détention toutes ees circons-
tances, dans la supposition d'un crime; nous continuames nos rechercbes
dans l'espérance de trouver quelques Índices qui pussent nous mettre
sur la voie, i>our décider s'il s'agissait d'un cbrétien ou d'un indien;
nous ne trouvámes absolument rien. De la forme du cráne qui, du reste
se défit en un grand nombre de fragments, je n'ai plus aucun souvenir;
je me rai)pelle seulement qu'un médecin, le docteur Menéndez de Per-
gamino me dit que le volume des os indiquaient un sujet de 13 á 14 ans
et ((ue Mayorotti lui objecta que les dents étaient trop usées pour appar-
tenir á un adolescent. Un an plus tard, environ, je vis dans le jardiu de
M. Mayorotti quelques fragments d'os fossiles abandonnés, et, lui ayant
demandé d'oü provenaient ees os, il me répondit qu'ils appartenaientau
mi'nie squelette humain que nous avions déterré prés du Saladero, mais
qu'étant restes exposés a l'air libre étaient tombés en morceau, par l'ac-
tion du soleil et de la pluie.
KEV. MISEO LA PLATA. — T. I. 31
— 474 -
Dans cet intervalle, j'avais fait exéciiter d'autres excavations qui
avaient mis á décovivert une arme de silex, á cóté des restes d'un Sceli-
dofherínm ' . Cette tronvaille me mit dans nne grande perplexité. M. Pedro
Pico, á qui je commuuiquai mes trouvailles, me réiioudit que ce n'était
pas la premiére fois que le cas se présentait, et qu'une autre personne
avait déjá trouvé une arme absolument identique au milieu des restes
d'un Machaerodiis "^ Je laissai l'arme á M. Pico. En méme temps, je vins
a savoir que M. Séguin, longtemps auparavant avait déjá trouvé des.
ossements de VUrsus bonaerensis. Ces circonstances me décidérent alors.
a rassembler les os qui existaient encoré du squelette du Saladero, pour
les envoyer á M. Burmeister á Buenos Aires. J'y proflte de l'occasion
pour remarquer que l'opinion du docteur Burmeister ' sur la trouvaille
de M. Séguin emise dans sa Description physique de la Eépublique Argen-
tine, tome III, page 42, n'est pas justitiée. 11 croit que les os de 1' Ursus
bonaerensis soient enlevés par l'eau d'une conche plus ancienne et dépo-
sés alors avec les os liumaius dans une conche de graviers. II n'est pas.
vraisemblable que l'eau ait arraché au Icess dur un certain nombre d'os-
sements d'ours [Arctothcrium] pour les transporter dans nn autre lieu et
les y reunir; d'ailleurs dans le parage cité des rives du Carcarañá, il
n'existe aucune conche de gravier. Je connais parfaitement l'endroit oü
le chemin de fer du Rosario á Córdoba franchit le Carcarañá. Les rives
sont constituées par le loess de la formation pampéenne intermédiaire.
A la partie supérieure existe une minee couche d'humus et, en dessous,,
dans le lit méme du fleuve, on trouvé de i^lace en place, des dépóts de
fange et de concrétions calcaires triturées d'une puissance tout á fait
insigniflante. Si M. Séguin, au lieu de trouver les ossements humains-
dans le Icess, les avait recueillis dans les dépóts dont nous venons de
parler, quiconque connait les fossiles pampéens, aurait aftirmé immé-
diatement que les débris en question ne venaient pas de la formation
pampéenne ; mais si réellement ces ossements ont été découverts dans.
' M. Eoth a bieu voiilu me fouriiir les sviivautes dounées complémentaires. II avait
découvert pies de 1' Arroyo del Zanjón, non loin de Pergamino, province de Buenos
Aires, le squelette d'un Scelidothcrium dont les os ne se trouvaient pas dans leur posi-
tion topographique mais qui existaient encoré en grande partie. En enlevant un fé-
mur de l'animal il aperfut l'instrument de silex qui était situé justement au-dessous
de cet 09. Peut-étre (Lehraann-Nitsche) que le grand mammifi^re levait cotte poiote
de silex dans une blessure ouverte ou déjá cicatrisé dans sa jambe coiume souvenir
d'un rencontre avec l'homme pampeen. Eu tout cas, le fémur méme n'a pas été bles-
sé. La poiute ne se trouvé plus aux eollections du Musée National de Buenos Aires.
(Note de M. R. L.-K.).
' C'est la flfeche en cliaIce<loine trouvée par les fréres Bretón, dont nous avcms deja
parlé dans l'introduction (p. 192). (Note de M. B. L.-N.).
' BUKMEISTEH, H.. Descriptinv pliynique de lo népiíhliqíir .irqnilinc. t. III, Buenos-
Aires, 1879, p. 42.
— 475 —
kess creusé iiour les fondiitions du ])(iiit, ils appartioiiiient aux cmiclies
l»ampéennes intermédiaires.
J'avais complétement oablié ma décoiiverte ún Saladei'o, lorsque, en
1S81, j'apportai ii INI. Buriueister, avec riiitention déla souinettre a son
examen, la máchoire inférieure du cráne de Fontezuelas. M. Buruieister
sortit alors dii fond d'im tiroir les fragments encoré existaats des restes
Immains du Saladero, pour les comparer avec ceux queje venáis de lui
remettre et me declara que tous ees ossements étaient contemporains et
appartenaient a la formatiou pampéenne. Les notes écrites de M. Bur-
meister sont en contradiction avec ce qu'il m'avait dit; et, en effet, dans
le passage deja cité il s'exprime ainsi : «J'ai vu moi-méme des dents
dites fossiles qu'il m'était impossible dedistinguer par aucun caractére,
des dents d'anciens cranes indiens. » Cette observation ne peut s'appli-
qvier qu'aux restes humains du Saladero que je lui avais envoyés en
1877, et entre lesquels il y avait vin grand nombre de dents. A cette épo-
que, M. Burmeister n'était pas encoré convaincu de l'existence de l'hom-
me, pendant la formatiou des couches ijamjjéennes, et, pour ce ménie
niotif, il mentionnait seulement les dents qui avaient subí quelque mé-
tamorpliose, sans faire allusion aux fragments des autres os, (¡u'il re-
connut hii-méme plus tard contemporains du Glyptodon. D'ailleurs, un
spécialiste quelconque n'a besoin que de les considérer un instant pour
affirmer qu'ils ])roviennent de la formatiou pampéenne, en raison des
coucrétions calcaires caractéristiques dont ils sont couverts y qui ob-
struent méme quelques luis des espaces médullaires.
Dans cette occasion, je parlai a M. Burmeister de l'arme de silex que
j'avais trouvée avec les restes du Scelidotherium. Dans le désir de les
voir, il me pria de les demander á M. Fierre Pico. Cette arme doit étre
en tout semblable á celle qui fut trouvée avec les restes du Maehaero-
(liix, puisque, quand je la lui présentai, M. Burmeister me dit : « Le fran-
(;ais avait pourtant raison; je garderai cette piéce avec les autres qui
me viennent de vous, elle y sera beaucoup plus en súreté que chez M.
Pico. » M. Pico ayant donné ensuite son consentement, la piéce resta
au Musée de Buenos Aires.
Depuis lors j'ai souvent rencontré des fragments d'argile cuite, qui
l)rovenaient évidemment de vases fabriqviés par rbomme de cette épo-
que '. M. Molezoun trouva également, sous un crane de mastodonte que
nous deterrámes prés du moulin de Ramallo dans la formation iiampéen-
ue moyenne, quelques tessons de poterie. A environ un kilométre du
méme endroit, il existe dans la formation i)ampéenne moyenne un dépót
bleu-clairqui contient de nombreux fragments de poterie cuite. J'ai vi-
' II ne s'agit liuc di' moriiMiix de la>ss cuit, pas do fragments de poterie. {Xote de
M. 1!. L.-X.).
— 476 —
sité ce parage avec M. le docteur Heusser qui d'ailleiirs a écrit sur la
formation pampéenne; cet auteiir pense absolument comme moi que le
dit dépót lacustre c^rrespond á la couclie dans laquelle on trouve prés
<le Sau Pedro uu banc de moUusques '.
Outre les téts de poterie dont j'al fait mention, j'ai trouvé dans les
dépóts tertiaires marins d'Entre Eíos un fragment de bois silifié qui
parait avoir été travaillé par la main de riiomuie, ainsi (jue des frag-
ments de bois siliflé et d'os qui ont été soumis a l'action du feu. M.
Amegliino dit également avoir rencontré dans un anclen dépót á Monte
Hermoso des fraginents d'argile cuite, M. Moreno veut que ees fragments
d'argile soient des produits volcaniques, bien que cette idee soit en con-
tradiction avec le lieu dans lequel ils ont été trouvés. Pour ma part, je
crois que M. Amegliino posséde á un assez baut degré la faculté de
discerner, entre des produits volcaniques et de l'íirgile cuite.
Tous les restes humains fossiles qui ont été jusqu'á ce jour trouvés
dans les pampas, proviennent du pampeen supérieur, de méme la trou-
vaille d'Amegbino et de Caries ainsi que mes deux x^remiéres a moi.
<Juant a Séguin, le doute subsiste au sujet de sa trouvaille qu'il dit
avoir faite dans des coucbes de gravier dont il n'y a pas trace dans le
lieu indiqué par lui. Les objets trouvés dans le pampeen intermédiaire
et dans les coucbes marines tertiaires d'Entre Eíos correspondantes per-
mettent de conclure a l'existence de l'bomme dans les pampas durant
l'époque tertiaire. Cette conjecture fut ratiíiée des l'année 1887, par la
rencoutre de restes humains dans le Icess du pampeen intermédiaire.
L'endroit oíx je trouvai le squelette en question est situé á environ 2 k¡-
lométres de la gare de Baradero, un peu avant d'anñver au bañado qui
s'étend entre Baradero et San Pedro. Une trancbée ouverte dans le loess
])(rar la construction de la ligue du cliemin de fer, mit á découvert d'a-
bord un pied; le reste du squelette fut ensuite trouvé dans la méme
muraille de loess; il occupait une position nórmale; seule la tete était
iníOinée en avant sur la poitrine, de maniere que ce n'était jias le vi-
sage, mais bien le sommet du críine qui regardait en l'air. La máclioire
inférieure était largement ouverte. Le détail suivant me frappa au plus
liaut degré : la longueur des membres supérieurs qui tombaient le long
' J'avais conduit M. Heusser á ce bauc fie moUusques, dans le but de lui fournir
la preuve que, méme sur la rive droite du Parauá dans le 1(B8S du pampeen inter-
médiaire il existe, h Entre Ríos, des traces des dépAts marins de l'Age tertiaire. I^c
bañe se compose d'hnltres caractdristiques des d(^pí"its tertiaires d'Eutre Ríos ct de
la Patagonie. D'Orbigny et Bravard ont formó ditt'érentes especes que Mayer Kymar,
de son ct>t6, considi^re comme identiques avec l'Ontrea horealis, si répandue a l'épo-
quo tertiaire. Quoiqu'il en soit, il,est certain que cette buitre est tr&s commune dans
les dép/")ts tertiaires de la Patagonie et de l'Entre Ríos, ainsi que dans les cnvirous
<le Bahía Blanca, suivant ce que m'a dit M. Claraz. (Xote. de AI. Soth.)
— 477 —
(la ('(trps, étiiit tflle, qu'ils arrivaieiit .jusqirá toiicher l'articulation du
genou, avec laquelle ime des mains était sondee par des concrétions
<;alcaii-es. Malheureuseraent, comme il arrive presque toujours dans ees
sortes de terrailis, cedont j'ai domiéla raison dans mon travail sur la
foniiat ion panipéenne (Zcifuchrift <1cr Ih'iit.schcii <jeologÍKche)i (icselhchaft,
1888, p. 447), l'état de conservation des difterents os était tres impar-
fait, et, bien qn'il occupasseut encoré lenr position relative les uns par
rapport aux antres, je ne crois cependant pas que le cadavre ait été
enterré, mais qu'il a été recouvert graduelleinent de terre apportée par
le vent et la piule. Les os présentent á leur surface des signes évidents
d'usui'e, des crevasses, semblables á ceux que présentent les os expo-
sés longtenips á l'air libre et á rinteuijjérie.
II est á regretter que le cráne ue soit pas arrivé ici [á Zuvich], dans
les conditions oii je l'avais emballé la bas, c'est á-dire acconipagné d'nn
écliantillon du terraiu dans lequel il gisait, comme je l'avais libotogra-
phié, ce qui eut permis d'étudier exactement sa líliysionomie. II n'y a
pas de doute qu'il appartient au pampeen intermédiaire. En faveur de
cette opinión, nous liouvons encoré ajouter que le lien ofi il reposait, est
situé précisémeut en face du banc de niollusques d'Entre Ríos, caracté-
risé par la présence des buitres tertiaires. Quiconque voudra se donner
la peine d'étudier le cas, se convaincra de la contemporanéité des deiix
conches.
Agréez, etc.
Santiago Ttotli.
Zurioh, oté 1889.
La discussion relative au cráne de Fontezuelas revient done a l'ordre
dujour; aux géologues de resondre la question. Dans chaqué cas spé-
cial, ils ont le devoir de mettre au clair, dans que! strate géologique ont
été tronvés les restes huraains en question, ou les téts de poterie, ou les-
nstensiles de silex, etc. II est a espérer que les géologues sudaméricains
arriveront á s'entendre sur toutes les données ai^portées ici par M. Eoth.
Xous autres, en Europe, ne pouvons contribuer que dans une bien petite
échelle a la solution du probléme en suspens, et, comme l'afait M. Han-
sen, nous ne pouvons que manifester nos doutes et faire des objections.
Heureusement, le cráne de Fontezuelas n'est pas l'unique factum qui
vend vraisemblable á un haut degré la coexistence de Thonune et des
grands mannniléres de l'Amérique du Sud.
Aprés un bref séjour en Europe, M. Roth est retourné en Amérique,^
pour entreprendre de nouvelles fouilles. Peut-étre la fortune lui sourira-
t-elle de nouv^eau; dans ce cas il serait á désirer que l'accompagnassent
sur le terrain un certain nombre de témoins compétents qui suivissent
— 478 —
la marche des opéiatious, épiant toutes les circonstaiices et prenaut des
notes powr que leur témoignage pusse étre décisif.
En atteudant je proftte de Toceasion pour eompléter mes premieres
uotices au sujet dii erane de Pontimelo ou Foutezuelas. Dans mon arti-
cle sur la baute antiquité des races hiimaine» (Zeitschrift fiir Ethnologie,
1884 *) je ue poiivais m'exprhiier que d'apres des photograpliies; mais
aujourd'hui je puis corriger plus d'un détail. L'original fait aujourd'hui
jiartie de la collection paléoutologique de Copenhague oü il a été étu-
dié et desainé par Hansen. De la page 1 du dit mémoire, je conclus que
le crñne est dolichocéphale, avec un Índice céphalique de 73,5 et un Ín-
dice longitudino-vertical de 75,7, au lieu d'etre brachycéphale comme
nous l'avions determiné Virchow, Quatrefages et moi, d'apres les photo-
grammes. La circonférence horizontale mesure 520 millimétres; l'arc
longitudinal 390 millimétres; la largeur frontale inférieure 07 millimé-
tres. Les os du squelette indiquent une taille de 1515 millimétres.
Quant á l'indice céphaliqíie, le cráne de Fontezuelas se rapproche
de ceux de Lagoa Santa, dont je me suis également occupé dans mon
mémoire antérieurement cité et si je m'en rapporte aux mesures pri-
ses par moi lors d'un voyage que je fis á Copenhague. Hansen a donné
un catalogue complet de ees mémes cránes de Lagoa Santa et il a méme
publié les mesures de ceux qui se trouvent á Rio et á Londres.
Nous savons aujourd'hui que dans une serie de 17 cránes il se trouve
un brachycéphale, et par la méme s'est évanoui une fois de plus notre
■espoir d'avoir rencontré un groupe humain de race unique. Aii milien
d'un peuple dolichocéphale, il existait done deja un crílne brachycé-
phale; il y avait done déjá duplicité de races dans l'Amérique du Sud,
comme nous l'indique cette frappante diversité iles calottes crániennes.
Cependant que, méme dans le ci'iine facial des dolichocéphales, tous les
caracteres ne sont pas en harmonie sufiisante pour qu'on puisse parler
d'une race dolichocéphale absolument unique. Les Índices nasaux pré-
sentent des variations tres considerables qui permettent de supposer
que des cette époque il existait déjá une troisiéme race. Cette opinión
répond a l'expérience que j'ai acquise de mes études pratiquées sur en-
viron 1500 cránes provenant de toutes les régions américaines " et dont
il resulte pour moi la conviction que des Tautiquité la plus reculée, plu-
sieurs races étaient disséminées sur toute la snrface du continent. La
découverte de cránes dans les cavernes du Brésil et dans les conches de
la formation pampéenne a fait connaitre toute la yaleur d'un tel résul-
tat de rinvestigatiou craiiiologlípie. Hansen observe, il est vrai, que la
' KoLLMANX, J., Hohes Altcr üer Menschcnrasscu. Zeitscltrift fiir Ethnologie, XVI,
1884, p. 200-205.
' KoLLMANX, J., Die Anlochthoneii Jmn-ikas. Zeitschrifi fiir Etlmologie, XV, 1883,
p. 1-47.
— 47í) —
preiive ue peut pus résiilter de l'exploriitiou des caveiiies, que l'liomme
a vécu simultanément avec les animanx du moude primitif, mais il ne
laisse pas de recomiaitre ouverteinent que les restes humains trouvés
remontent á la plus liaute aiitiquité. Toutes les trouvailles faites jus-
qu'a ce jouv et celles dont il est ici questiou ne sout pas les seules
(voyez i)lus Laut, 1. i. e.) qui démontrent que les races américaines habi-
teut leur continent depuis aussi longteinps que celles de l'Europe et de
l'Asie. Mais cette conclusiou fait apparaitre les migrations de l'espéce
Homo soiis un tout autre jour que celiii sous lequel nous avions l'habi-
tude de les considérer.
Kollmann.
UEBER DEN SCHAEDEL VON PONTIMELO (KICHTIGER FONTEZUELAS) '
BRIEFLICHE inTTEILUNG vox SANTIAGO EOTH AN HEEEN J. KOLLMA.lsrN
In dem Resume einer Abliandlung- vou Hru. Han sen - über den fos-
silen Mensclien von Pontimelo flndet sich folgende Bemerkung :
„ L'examen exact de la relation de M. Eoth a donné pour résultat,
qu'on ne peut pas regarder comine absolument prouvée la contempora-
néité de l'homme fossile et du Glyptodon.^'' Brlauben Sie mir, Ilineu liier-
über einige Bemerkungen zu machen.
Vorerst mochte icli den Ñamen Pontimelo richtig stellen, bei welchem
ein Schreib- oder Druckfehler vorkommt. Die Gegend, in welcher ich
die fragliclien Eeste gefunden habe, lieisst nicht l'ontimelo, sondern
Fontezuelas. Auf vicien Karten wird der Arroyo Pergami no respective
Kio Arrecifes ais Arroyo Fontezuelas bezeichnet. Es sollte also beissen,
der Scbiidel von Fontezuelas statt Scbiidel von Pontimelo.
Docb nun zur Sache. — Ich weiss nicht was Hrn. Hansen zu obigem
Ausspruch veranlasat hat, da er im Eesixmé keine Gründe dafíir angibt.
Er kennt die [p. 2] Verliiiltnisse des Fundes nur aus den kurzen Angaben
von Hrn. Professor Cari Vogt ' unddenjenigen, welcheichimKatalog *
' Neudruck ; zuerst veroffentlicht in don Milthcilungeii aus dem anatom'wckeii Ins-
tituí im Vesalimmm zu Bascl, 1889, p. 1 — 13.
Im Original heisst es liumer Fontizuelos ; dur riclitige Ñame ist Fontezuelas wie
wir schou früher auaeinandergesetzt habón (p. 251). Fast an alien Stellen in dieser
Arbeit, wo Rotha Brief citiert wurde, haben wir stillschweigend in Fontezuelas ver-
bessert. (L.-N.)
^ Hansen, S., Lagoa Santa Racen. En anthropologisk UndersogeUe af jordfundne Men-
neskelevninger fra brasilianske Huler. Med et TiUaeij om det jordfundne Menneske fra
Pontimelo, Rio de Arrecifes, La Plata. E Museo Lundii, I, .^, Kjübenhavn, 1888, p. 29-
.34, 37, pl. IV.
' VoGT, C, Squeletle Tiumain associé aux ylyplodonies. Avec discussion (Mortillet, Za-
borowski, Vogt). Bulletins de la fiociété d'Anthropologie de París, 3™" serie, IV, 1881,
p. 693-699.
' KOTU, S., Fossiles de la Pampa, Amcriquc du Sud, 3" catalogue, San Nicolás, 1882,
— 480 —
Xo. 2 gemacht habe. Leider beflndet sich im Vortrag Yon Hrn. Vogt
ein Missverstiindnis, indem er sagt : „ Cette carapace enlevée ou ra-
iiiassa encoré le bassin et un fémur de l'animal", wiilirend ich den Ober-
schenkel und das Becken des Menschen meinte. Hr. Vogt beraerkte
ferner auf meine erste Anzeige liiii, es sei nicbt ausgeschlossen, dass der
Menscb nacbtriiglicb bei dein Glyptodonten-Pauzer begralien sein kiinn-
te. Die Art nnd Weise, wie die einzelnen Knochen des Skeletts in der
Erde lagen, scbliesseu aber voii vornbereiu diese MiigHehkeit aus. Icli
scbrieb ibm diesbezüglicb wiirtlicb Folgendes : „Ob die Stelle unbe-
rübrtes Terrain sei, kann man bier an der Erde nicbt seben, da diese
sebón nacb wenigen Jabren wieder so fest aaf einander liegt, ais ob sie
nie berübrt worden wiire. Hiitte man aber bier gegraben, so müsste un-
feblbar der Glyíitodonten-Panzer auf einer Seite mit der Erde abgegra-
ben worden sein, da das Becken und ein Fémur unter demselben lagen."
Ich drückte micb eben bier nicbt deutlicb genug aus; wabrend ich das
Becken und den Fémur des Menschen meinte, fasste Herr Vogt diesel-
ben ais zum Glyptodou gehorend auf. (Vom Glyptodon war nur ein
Teil des Panzers vorbanden.) Weiter schrieb ich Hrn. Vogt: „Ferner
müssten die Knochen des Skelettes die Lage gebabt haben, wie sie zu
einander gehoren, wenn der Menscb bier begraben worden wiire, was
aber nicbt der Fall war. Der Schiidel lag etwas mehr mit dem Scbeitel
nacb oben, weshalb der Arbeiter ibn für einen Kürbis ansah. Darimter
lag das Werkzeug aus Hirscbborn; die Rippen lagejí sebr zerstreut, die
Hals wirbel ein grosses Stück vom Schadel entferut, ein Fémur war [p. 3]
nocb am Becken, die Fussknocben lagen überall zerstreut umlier und
waren lange nicht alie mehr da. Die Knochen von einer Hand lagen bei-
sammen, die der andern ganz zerstreut. Von der Wirbelsiiule fand ich nur
Bruchstücke in einem Klumpen beisammen und bewahre dieselben so
mit der Erde auf. Die Wirbelsiiule, sowie viele von den übrigen Knochen
sind jedenfalls, bevor sie mit der Erde bedeckt wurden, verwittert, da
an vielen derselben gerade die ausseren harten Teile feblen, wiibrend
der schwammige, porose, innere Teil sich erbalten hat. Die Knochen
lagen im gleichen Niveau wie das Glyptodon." Dies sind die Angaben
ilber die Lagerungsverhiiltnisse des Skelettes, welcbe ich Hrn. Vogt
gemacht habe; er bat dieselben mit Ausnahme jener Stelle in seinem
Vortrage richtig wiedergegeben. Das Missverstiiudnis ist im Katalog
ÍTo. 2 berichtigt, in dem ich sage : „Les ossements humains étaient ré-
pandus un peu dans toutes les directions; un fémur et le bassin setrou-
vaient sous la carapace de l'animal."
Mir ist nnn uubegreiflicb, warum Hr. Hansen bei einem exak-
p. 3-1. — [1. Aiifla¡>;e] ; Fonaili-s de Ja Pampa. Amérique dti tSud. Catalvyiic X" í*, Ge-
nova, 1881, i>. 5-7, pl. I. — [2. illustrierte Auflage].
— -481 —
ten Examen dicser iiieiuer Angaben die Conteinporaueitiit des Men-
schen mit dem Glyptodon bezweifelt. Er besitzt doch keine weiteren
Angaben ais die von Hrn. Vogt nnd mir. Weiin Doring, Bnrmeister,
Amegliino, Moreno etc. Zweifel erhoben liiitten, so würde eine einge-
hende Erorterung wohl am l'latze sein, aber keinev von diesen Gelehr-
ten bezweifelt líente melir die Grleicbzeitigkeit des Menschen mit deía
Glyptodím. Ilr. Bnrmeister, der vor iliesem Funde nocli einige Zweifel
liegte, sagte mir, ais icli ihm den Unterkiefer dieses Skeletts zeigte, dass
ilin dieses Stiick nun vollstiindig überzeuge. Icb wiederhole, wenn die
Verhiiltnisse dieses Fundes aufnngezwnngene nnd [p. 4]natürlicbe Weise
erkliirt werden sollen, man nur annelimen kann, dass der Leiclmaní
nicht von Mensclienliand begraben wurde, dass er eine Zeit lang der freien
Luft ausgesetzt war, dass nacb Verwesung des Cadavers sicli die ein-
zelnen Knoclien \'on einander lostrennten nnd zerstreut wiirden, wobei
einige verloren gingen, andere teihveise oder ganz verwitterten nnd
der Kest allmablig durch vom Winde gebracliten Staub zugedeckt
wurde und dass dann durcli Zufall das Stiick Glyptodon-Panzer aiif die
betreft'ende Stelle zu liegen kam. Es ist ganz ausser Zweifel, dass der
MenscU gleicUzeitig mit den Glyptodonten etc. in den Pampas von
Buenos Aires gelebt hat; nicbt nnr baben sich die Funde von Men-
schenresten vermebrt, sondern wir baben aucb no('b andere Spuren des
Menscben aus dieser Zeit gefunden. Es ist Ibnen vielleicht angenebm,
iiber meine diesbezüglicben Funde Níiheres zn vernebmen.
Mein ersterFnnd eines fossilen Menscben datirt aus dem Jabre 1870.
Icb macbte denselben etwa 10 Kilometer von Pergamino entfernt in
der Niilie des Saladero von Reinaldo Otero, jedocb nocb im Gamp von
Dionisio Ochoa, in einer Desplayada oder Comedero. (So werden Stellen
genannt, wo die Humusscliicliten felilen und der Líiss zu Tage tritt.
Diese Stellen beflnden sich meist an kleinen Abbiingen und sind voU
von vertikalen Zerklüftungen.) Icli suchte damals in Gesellscbaft von
José Mayorotti, der micb oft auf meinen Excursionen begleitete, die
betreífende Desplayada nacli Fossilien ab. Wir batten sclion einige
Stellen gefunden wo fossile Tierreste lagen und dieselben bezeicbnet,
um die Knochen spater anszugraben, ais icb in einer etwa 3 Meter tiefen
Wasserrinne ein Stiick von einem Scbiidel ein wenig aus der Losswand
liervorragen salí. Don José war der Ansicbt, dass derselbe [p- 5j von
einem Indianer berrübre, icb aber sagte, dass viel eher ein Verbrechen
vorliege, da die Indianer, weil sie keine Werkzenge zum Graben besassen,
die Leicben nur mit Erde bedeckten, die sie leicht zusammenscbarren
konnten, diese Leicbe aber aussergewobnlicb tief begraben worden sei.
Dass es Reste von einem Menscben sein konnten der zur Zeit des Glyp-
todon gelebt, kam mir gar nicbt in den Sinn. Icb sab die Knocben gar
nicbt niiber an und wollte sie aucb nicbt ausgraben. Da jedocb José
— 482 —
May o rot ti den Wuusch iiusserte, das Skelett auszugraben, um es nach
Haxise zu nebmen, so war ich ihm dabei behülflich. Dasselbe befand
sich in sitzender Stellung, die Beine gerade ausgestreckt, den Kopt
etwas nacb vorn übergebeugt. Alie Knoclienbefanden sicb in ibrer ricb-
tigen Lage, wie sie im Leben zu einander gehorten. Wir baben darauf
geacbtet, weil icli ein Verbrechen vermiitete; ebenso sncbten wir sebr
genau nach, ob niebt irgend etwas vorlianden sel, das Anfscblnss ge-
ben konnte, ob das Skelett von einein Christen oder einem Indianer
berrübre, fanden aber gar nichts derartiges. An die Form des Schiidels,
der übrigens in viele Stiicke zerfiel, erinnere ich mich niclit mehr,
Mohl aber, dass ein Arzt (Dr. Menendez in Pergamino) sagte, der
Grosse der Knochen nach zu schliessen niüssen dieselben von einem
13 — 14 jiihrigen Menscheu herrühren, wogegen Mayorotti den Bin-
wand erliob, dass die Zíihnc sehr abgenutzt seien. Nach langer Zeit,
ungefahr nach einem Jahre, sah ich im Garten von Hrn. Mayorotti
einige fossile Knochenstücke liegen und erhielt auf die Frage, woher
dieselben seien, zur Antwort, sie rührten von dem Menschenskelett her,
welches wir in der Niihe des Saladero ausgegrabeu hiitten; er habe die
Knochen [p. 6] von der Sonne und dem Eegen bleichen lassen wollen
und nun seien sie gauz zerfallen.
ünterdessen hatte ich beim Ausgraben von Scelidotheriumresteu
eine Silex-Waffe gefunden '. Dieser Fund machtemich sehr stutzig. Hr.
Pedro Pico dem ich Mitteilung davon machte, sagte mir, dass dies
nicht der einzige solche Fund sei, es sei schon von jemand Anderem
eine ganz ahnliche Wafte mit Eesten von Machaerodus zusanunen ge-
funden worden -. Ich überliessdie WafFe Hrn. Pico. Zu derselben Zeit
horte ich aiich, dass Hr. Seguin viel frülier am Rio Carcarañá fossile
Menschenkuochen mit Knochen von Ursus bonaerensis zusammenge-
funden habe. Diese Umstande veranlassten mich, die Knochen, die
noch von dem Skelett vom Saladero vorhanden waren, zusammen zu
nehmen und sie Hrn. Burmeister nach Biienos Aires zu schicken. Ich
' Herr Roth maclite mir noch folgeude ergiinzenilc Augabeu. Er hatte am Arroyo
<lel Zanjón nicht weit von Pergamino, Provinz Buenos Aires, ein Scelidotherium-
skelet aufgedeckt, desseu Knochen sieh zw.ir nicht in natürlicher Lagebeziehung
zu einander befanden, aber doch zum grossten Teil nocli vorhanden waren. Ais er
einen Schenkelknochen des Tieres entfernte, bemerkte er unmlttelbar darunter ein
Silexartefact. Vielleicht (Lehmaun-Nitache) trug das juiichtige Tier die Spitze iu
einer oifenen Wuude oder bereits im Fleisehe elngeheilt, ais Erinnerung au eine
Begeguung mit dem Pampasmeuschen . Auf koinen Fall war der Knochen selber
verletzt worden. Die betr. Spitze ist hu Museum zu Buenos Aires nicht mehraufzu-
findeu. (Anm. von R. L.-N.)
* Es ist das dio von den Gebrüdein Bretón gefuudeue Chalcedonspitzc, von wel-
chcr in der Einleitung die Rede war (p. 192).
— 483 —
inüclite hier beiiiorUcii, dass (lie Ansic.lit Di-. üiiniii'istei'K, ' (lie er iii
seiner ,,l)escrii)ti()ii pliysi(|ue de hi Hi'publiíiiie Argeutine" Tome 111
S. 42 über deu Fimd von Séguin ausspricht, nicht sticlihaltig ist. Er
glaiibt niimlieh, dass die Knocben von Ursus bonaereiisis vom Wasser aiis
einer altereu Schie.bte uusgewasehen uiid mit den Meuscbenknocben zii-
sam men in einer Kiesscibicbte abgelagert worden seieu. Abgeseben von
<ler Unwabrscbeinlicbkeit, dass das Wasser eine Anzabl Knocbeu von
Ursus ans dem barten Liiss aiiswiiscbt und dieselben an einer andern
Stelle vereiuigt wieder ablagert, betinden sieb an genannter Stelle aui
Eio Carcarañá gar keine Kiesscbicbten. Icb kenne die Stelle w o die
Eisenbabn von Rosario nacb Córdoba über den Kio Carcarañá ííibrt,
ganz genau. Die Ufer besteben daselbst aiis Loss der Pampeana inter-
media; zu oberst beflndet sieb eine dünne Humiisscbicbt nnd unten ini
Elussbett bat es an einigen Stellen Ablagerungen von Schlamm |p. 7] und
zerriebeuen Kalkkonkretionen von ganz unbedeutender Miiclitigkeit.
Hatte Hr. Séguin die Menscbenlaio(dien nicbt im Loss, sondern in einer
der letztgenannten Ablagerungen gefunden, so würde jeder, der Fossilieii
der Pampasformation kennt, sofort geseben babeii, dass sie nicbt ais
dieser Formation stammten; bat er sie aber M'irldicb an dieser Stelle
beim Graben der Fundamente der Brücke im Loss gefunden, so gehoren
dieselben der Pampeana intermedia an.
Icb batte den Fuud der fossilen Menscbenreste vom Saladero ganz
vergessen, bis icb im Jabre 1881 den Unterkiefer des Scbadels von
Fonteztielas Hrn. Burmeister zur Ansicbt nacb Buenos Aires bracb-
te. Bei dieser Gelegenbeit bolte er niimlicb die iibrig gebliebenen
menscblicbeu Knocbenstücke vom Saladero aus eiuem Scbranke bervor
um sie mit denen von Fontezuelas zu vergleichen. Er erklarte auch so-
fort die Knocben der beiden Menschen ais gleicbalterig und der Pam-
pasformation angebiirend. Burmeisters scbriftlicbe Angaben steben
ini Widersprucb mit dem ebeu Gesagten. Er bemerkt an sebón oben ci-
tirter Stelle: » J'ai vu moi méme des dents bumaines ditesfossiles qu'il
m'était impossible (le distinguer par aucun caracteredes dentsd'anciens
cránes indiens." Dies kann sieb nur auf die von mir im Jalire 1877 an
ibn gescbickten Menscbenreste von Saladero bezieben, bei denen sieb
viele Ziibne befanden. Er war zur Zeit oftenbar vom Vorbandensein des
]\Ienscben wiibrend der Entstebung der Pampasformation nocb nicbt
überzeugt ; aber wesbalb erwabnte er nur die Ziibne, die am wenig-
sten einer Veriinderung unterworfen sind und nicbt aucb die übrigen
Knocbenstücke, die er spiiter selbst ais gleicbalterig mit dem Glyptodou
erklarte, und die [p. 8j jeder Facbmann, der sie siebt, ais aus der Pam-
' Burmeister, H., Description physiquc dr la Bépabliqíie Argcntinv, toiuc III, Bue-
nos Aires, 1879, p. 42.
— 484 —
pasformation stammend erldiiren muss, da von den cliarakteristischen
Kalkkonkretionen darán liaften, ja sogar einige der Markrikmie von
solclien ausgefüllt sind.
Bie diesem Anlass erziihlte icli Hrn. Bni'meister aucli von der Si-
lex-WaíFe, die ich mit Scelidotheriumresten znsammen gefunden hat-
te. Er ersuclite niich, dieselben von Ilrn. Pedro Pico zii verlan-
gen, uiu sie ihm zu zeigen. Sie muss selir alinlich sein derjenigen,
welche mit Machaerodusresten zussammen gefunden worílen ist, denn
er sagte, ais ich ihm dieselbe brachte : „Nun hat der Franzose doch
Keclit geliabt; ich werde dieses Stiick gleich zu Ihren iibrigen Sachen
legeu, es ist hier besser aufbewalirt ais bei Hrn. Pico/' Da sich der
Letztere nachher damit einverstanden erklarte, so ¡st das Stück im
Museum von Buenos Aires geblieben.
Seither habe icli oft Stiicke von gebranntem Ton gefunden, dieoften-
bar von Geraten herrühren ', die der Mensch zu jener Zeit verfertigt
hat. Aueh Hr. Molezoun fand uiiter einem Mastodon-Schiidel, den wir
in der Niilie der Mülile Eamallo in der mittleren Pampasíbrmation aus-
gruben, einige gebrannte Tonscherben. Etwa 1 kiloraeter von dieser
Stelle befindet sich in der mittleren Pampasformation eine hellblaue
Ablagerung, die sehr viel gebrannte Topfscherben enthalt. Ich habe
diese Stelle mit Ilrn. Ur. Heusser, der ebenfalls über die Pampas-
formation gesclirieben hat, besucht; er ist ganz meiner Ansicht, dass
diese Lacustre-Ablagerung der Scliicht entspricht, in welcher sich
bei San Pedro cine Muschelbank beflndet -.
Ausser den erwiihnten [p. 9] Tonscherben habe ich in den marinen Ter-
tiar Ablagerungen von Entre-Rios ein Stiick verkieselten Holzes gefun-
den, das von Menschenhand bearbeitet zu seinscheint, sowie Stiicke von
verkieseltem IIolz und Knochen, die angebrannt waren. Hr. Ameghino
berichtet ebenfalls, dass er in einer iilteren Ablagerung bei Monte Her-
moso gebrannte Thonstücke getrottenhabe. Hr. Moreno will zwar diese
Tonstücke ais vulkanisclie Erzeugnisse erkliiren ; dies steht jedoch mit
' Es hundelt nícIi uur uiii Stiicke von gcbrauntüni Liiss, niclit mu Topí'soliurbeu.
(L.-N.)
' Ich batte Hrn. Heusser imter Amlerem .aiicli zu dieser Muschell)ank i¡;eriihrt,
um ihm den Beweis zu liefern, dass aueh auf der rechteu Seite dos Paraná ini Loss
der Pampeana [\>. !t] intermedia Spuren von den marinen Tertii¡r-Al)higerun<;en in
Entro Riüs vorhandon sind. Die Bank besteht aus Austern, welche eharakteristiseh
sind filr die Tortiar-Ablagerungen von Entre Rios und Patagonien. D'Orbigny
und Bravard habeu verschiedene Spezies gemacht, die aber Mayor Eymar mit
der zur Tortiiirzeit so weit verbrciteten Ostrea borealis fiir identisch Iiiilt. Sei dem
wie ihm woUe, sicher ist, dass diese Austcr selir Iniufig in den Tertüir-Abhigerungen
von Patagonien und Entre Rios un<l wie Hr. Claraz mir s.agt, aucli in der Niihe
von Bahía Blanca vorkomnit.
— 4S5 —
<lei' üortlicbkeit wo sie ^'eliiiideii woiileii .siiid, im VViderspiiK-b. Ini Uc-
brigen traue icb Hrn. Aniegbino so viel Unterscbeidungsvt'rmogt'ii
zu, dass er vulkaniscbe Erzeiígiiisse von gebranntem Ton unterscbei-
den kann.
Alie fossilen Menscbenreste, welcbe bis jetzt iii den Pampas gefun-
den worden sind, stammen aus der Pampeana superior, sowobl die Fun-
de von Amegbino und Caries ais auch meine beiden ersten (derje-
nige von Séguin bleibt zweifelbaft, da es lieisst, er babe ihn in
Kiesschicbten gemacbt, an der Stelle, die er angibt, je doch keine
solchen vorbanden sind). Die Funde von GerJiten in der Pampea-
na intermedia und in den derselben entsprechenden marinen Tertiiir-
scbicbten von Entre Eios liessen darauf scbliessen, dass der Menscb
auc'b sebón zur Tertiarzeit in den Panijias gelebt babe. p. [10] Durcli
das Aufíinden xon Menscbenresten im Liiss der Pampeana intermedia,
wurde dann im Jabr 1887 diese Voraussetzung bestiitigt. Die Stelle mo
icb das betreffende menscblicbe Skelett fand, ist etwa 2 km. von der
Eisenbabnstation Paradero entfernt, etwas bevor man zu dem Bañado
kommt, der sicb zwiscben Paradero und San Pedro befindet. Man batte
daselbst bebufs Erstellung der líisenbabnlinie einen Durcbscbnitt durcb
den Loss gemacbt, wobei ein Fuss etwas abgedeckt worden war ; der
übrige Teil des Skeletts befand sicb nocb in der Liisswand und zwar
iu normaler Lage, nur der Kopf war nacb vorne über gebeugt, so (biss
nii'bt das Gesicbt, sondern der Scbeitel nacboben sab. Der Unterkiefer
war weit geiiffnet. Am nieisten aufgefallen ist mir der Umstand, dass die
Obergliedmaassen, welcbe nacb unten zu gerade ausgestreckt wareu,bis
ans Kniegelenk reicbten. Eine Hand war durcb Kalkkonkretionen mit
dem Kniegelenk verkittet. Leider waren die einzelnen Knochen nicbt
gut erbalten, wie es sebr oft in dieser Klasse von Gestein (iioliscber
Lüss) der Fall ist. (Der Grund bicvon ist in meiuer Abbandlung über
dio Pampasformation in der Zeitscbrift der deutscben geol. Gesellscbaft
1888 (Seite 447) angegeben.) Obwobl sicb die einzelnen Knochen iiii
Allgemeinen in ricbtiger Eeibenfolge befanden, glaube icb docb nicbt,
dass der Leicbnam begraben, sondeni allmahlig durcb vom Wind und
Wetter gebracbten Staub zugedeckt worden sei. Die Knochen weisen
unverkennbar Verwitterungsspuren und Sprünge auf, wie sie sicb nur
an Knochen zeigen, welcbe eine Zeit laiig au freier Luft der Verwitte-
riing aiusgesetzt waren.
Es ist sebr zu bedauern, dass der Schiidel nicbt in dem Zustande hier
angekommen ist, wie icb ihn drüben verpackt batte, ntimlich in einem
Stück mit dem [p. 11] Gestein in welcbes ergebettet war, so wie icb ihn
tographirt babe; man híitte dann docb die eigentümlicbe Gesicbtsbil-
phodung stuiliren konnen. Dass er der Pampeana intermedia angebiirt,
wird niclit bezweifelt werdeu. Die Sache wird nochdadurch beaüustiüt.
— 486 —
(lass sicb gerade gegenüber von dieser Stelle die Muschelbank mit den
tertiaren Anstem von Entre Eios befindet. Jeder der die Saclie nnter-
snclien will, wird sicli von der Contemporaueitat der beiden Scbicliten
iiberzeiígen.
Genelimigen Sie etc.
Santiago'Eotli.
Züricli. iui Soiiniicr 1S8M.
Die Discussion über den Scliadel von Fontezuelas ist liiermit wieder
anfgenommen. Die Entscheidnng liegt bei den Geologen. Sie müssen in
jedem einzehien Falle klarstellen, in welchem geologisclien Stratum die
betreffenden menschliehen Eeste oder die Topfscherben oder die Silex-
gerate ii. dergl. gefunden wnrden. Hoffentlich lassen sicb die Geologen
von Südamerika über alie die Angabeu vernebmen, welcbe Herr Rotli
bier gemacbt bat. Wir in Europa konnen zur Losnng der scbwebenden
Fragen so gut wie nicbts beitragen, man kann nnr, wie dies Hr. Han sen
getan bat, Zweifel und Bedenken aufwerfen. Glücklicber Weise ist der
Scbadel von Foutezuelas nicbt das oinzige Factuní, das aus jenen Ge-
bieten die Bxistenz des Meuscben zur Zeit der grossen Sauger in Süd-
amerika in bobem Grade wabrscbeinlicb niaclit.
Hr. llotb ist nacb kurzem Aufentbalt in Europa wieder nacb Süd-
amerika zurückgekebrt, um nene Ausgrabimgen zu unternebmen. Viel-
leicbt lachelt ibm auf's Nene das Glück, dann freilicb wJire es sehr
wünscbenswcrt, wenn soforí mebrere kompetente Zeiigen an Ort nnd
Stelle gefülirt würden, die den Sacbverbalt mit [p. 12j Berücksicbtigung
aller Unistiinde auskundschaften, darlegen und bezengen.
TJnterdessen benütze icb die Gelegenlieit, um meine früberen Anga-
ben über den Scbiidel von Pontimelo oder Fontezuelas zu vervollstiindi-
gen. In dem Artikel über das hobe Alter der Menscbenrassen ' (Zeit-
scbrift f. Etbnologie 1884) konnte icli nur nacb Pbotograpliien bericbten,
beute konnen mancbe Angaben verbessert werden. Das Original befln-
det sicb jetzt in der paliiontologiscben Sammlung zu Kopenbagen und
WTirde dort von Han sen nntersucbt nnd abgebildet. Ich entnebme aus
der Seite 1 citirten Abbandhing, dass der Scbiidel doliclioce])bal ist
und zwar iidt einem Liingenbreitenindex von 73,5, mit einem Liingen-
bobenindex von 75,7, und nicbt bracbycepbal, wie Virchow, Quatre-
fages und icb nacb den Pbotogrammen gescblossen baben. Die hori-
zontale Circumferenz nússt 520 mm. Der Langsbogen 390 mm. Die
untere Stirnbreite 97 7nm. Aus den Skelettknocben ergibt sicb eine
Korperlíinge von 1515 mm.
' Ivoi.LMANN, .1., Hoh.es Allrr der ilrnu-hcnvdsm'ii. Xvitscliiifl fiii- Ethni>lv¡]ii\ XVI, 188-1,.
p. 200-L'Or..
— 487 —
Bezüglicli des Liingenbreiteuindex scbliesst sich jetzt der Schiidel
von Fonteziielas an jeue von LajíOii Santa an, die in meiner obencitirten
Abliandhing ebenfalls anfgefülirt wurdeii, soweit bei einem Besuclie in
Kopenliagen lueine Messungen gingen. Hanseu liat von diesen Lagoa
Santa-Schíideln eine vollstiindige Zvisammenstellung gegeben iind auch
die Maasse derjenigeu mitgeteilt, die in Eio iind London sich befinden.
Wie sich jetzt heraiisstellt, betindet sichunter derReihe von 17 Schii-
deln auch ein Brachycepliale ! Damit ist wieder die Hoffniíng zerstort^
eine rassenhaft einheitliche Griippe von Menschen zu Anden. Unter den
sonst dolichocephalen Leuten lebte also doch schon damals ein Knrz-
schadel, es existirte also damals mindestens schon eine Duplicitiit der
Rassen in Siidamerika. Das [p. 13 1 lehrt diese eine frappante Verschie-
denheit der Hirnschadel. Aber auch an dein Gesichtsschadel derDolicho-
cephaleu stimmeu nicht alie Merkmale, um von einer durchaus einheit-
lichen dolichocephalen Rasse sprechen zu konnen. Die JSTasen índices zei-
gen sehr erhebliche Schwankungen und sie lassen der Vermntung
Raum, dass schon eine dritteRasse vorhanden war. Das entsprachejener
Erfahrung, welche meine Untersuchung von ca. 1500 Schiidelnaus alien
Gebieten Amerikas ergeben hat % dass niimlich über den ganzen Kon-
tinent schon in altester Zeit niehrere Rassen verbreitet waren. Durch
die Schiidelfunde in den Hühlen Brasiliens und iu den Pampasforma-
tionen wird dieses Ergebnis der craniologischen Untersuchung erst in
seiner vollen Bedeiitung erkennbar. Han sen bemerkt zwar, dass der
Beweis aus der Untersuchung der Hohlen nicht erbracht werden künne,
der Mensch habe gleichzeitig uiit den vorweltlichen Tieren gelebt,
allein er erkennt doch offen an, dass die gefundenen Menschenreste ein
sehr hohes Alter beanspruchcn dürfen. Alie die vorhandenen Funde
und die hier augefiihrteu sind nicht die einzigen (siehe hieriiber 1. i. c.)
die beweisen, dass die amerikanischen Rassen schon ebensolange ihren
Continent bewohnen wie jene Europas und Asiens. Diese Erkenntnis
liisst aber die Wanderungen der Species Homo in einem ganz anderen
Lichte erscheinen, ais man sle bisher zu sehen gewohnt war.
Kollmann.
/'. *'. de R. Lehmann-Xitsche. II a fiiUu dix ans, interrompus par des laps de temps
plus ou moins longs, pouv mener ¡i bonne fin le présent travail ! Le lecteiu- com-
liri'ii<lr:i diís lors que dans l'étude du matéricl ostóologique dont nous nous somme»
«ervis. il se soit glissó quelques ineohérences, niOme quelques contradietions. La
' Kou-MANS, .J., Dlr Auiochthnneii Jmerikus. ZcHxchriJ't für Eihnologie, XV, 1883^
p. 1-47.
— 488 —
résignatiou que respire la fin de notre préface u'est óvidemment plus justifiée de-
puis la découverte de VHomo ncogacua ; je iie veux cepeudant pas me risquer a des
cimclusiona préraatnrées ni m'occuper uou plus du matériel ostéologique do l'hom-
lue fossile du Brt?sil et de FAiuérique du Nord.
Ce travail u'aurait. peut-étre jamáis vii le jour dans la République Argentine. Sa
publication est due uniquement au zéle et á la compétence du directeur des publi-
cations du Musée de La Plata, M. Félix F. Outes qui a eu le mérite de prendre á
Círur la divulgation de documenta, expériences et opinions du plus grand intórét
jiour les personnes qui s'intéressent aux cboses de l'Amérique du Sud.
índice
I.K LAS MATIilUAS CONTENIDAS KN EL T«.MO XIV (SEGUNDA SEIilE, TOMO I)
AL LECTllI!
Aguas .u¡mr,-,U-s alcaliua.s tic la Keiníblica Argentina,' im-'el',loctor B. He-
rrero Ducloux
Aiq.u-ología <le la o.u-uca del río l'ara.ia, por Luis María Torres . ' .' ' .' .' 53
lutrortnocíóu.
Primera parte. — La geografía.
Capítulo I. — Descripeión general .-,
Segunda parte. — La arqueología.
Capítulo I. — Exhumaciones y yacimientos 57
Capítulo II. — Túmulo de Campana ¡jg
Capítulo III. — Tiímulo del Usuró. ^ ^ ^ ,,.,
Capítulo IV. — Paradero de Galjoto. l^g
Capítulo \. — Hallazgos aislados. ' jjj
Capítulo AI. — Observaciones generales jlj,
Metamorfosis y biología de coleópteros argentinos. III. Cicindela apiuUi
líej., Mclanophthalma platensis Brnch, Beilipuf, Wicdrmanni Boh., l¡hij-
somatiix marginatm Fahrs y DlpUgrammns quadríviltntm Oliv., por Car-
los Bruch
Nouvelles rceherebes sur la formatiou pampéenne et Ihonune Ibssile de la
Kípublique Argentine, recueil de contributions seientiflqvies de MM.
C. Bl-RCKUAKDT, A. DOERING, J. FrUEH, H. YON IheRING, H. LkBOUCQ.
E. Lkhmax.v-Nitsche, E. Martín-, S. Eoth, W. B. Scott, G. Stki-
MAXX et F. ZiRKEL, publié par Robert Lehmanu-Nitsche. 143
Préface.
Partie géologique.
1. — La formatiou pampéenne de Buenos Aires et Santa Fe,
l>ar Carl Burckhardt, avec des contributiou.s de MM. F.'
Frieh, H. vox Iherixg et G. Steixmaxx.
Introductiou .
Ilb
490
I. Aperan goologiqíu' tic la f'ormatioii pampéenne daiis la
régioii étudiíe 147
II. — La question iVáge de la forniatiou pampéeune et des
restes de l'homme fossile y trouvés. 15(>
Ap¡>endice. — Qnelques profils détaillés de la formatiou
pampéeuue de notre región d'études 166
II. — La formatiou pampéeuue de Córdoba, jiar Adolphe
DOKRING.
La ooupe du cliemiu de fer de MalagüeOo. 172
Cañadüu du Pucar 182
Cañadou et bauteur de l'Observatoire Astronoaiique 183
Puit-s de Piquillíu, Córdoba 185
Vallée du Río í^eguudo 186
El Balde, province de Sau Luis 186
Résultats généraux 187
Partie autbropologiqu<-, par Roiíkht Lkh.maxn-Nit.sciik, avec
des contributions de MM. H. Lkboucií. R. JIautix, G. Steix-
MANN et F. ZlKKEL.
Introductiou 191
Ilibliograpbie de la paléoantbropologie argeutiue 204
Aiitlirop(dogie physique.
l'oruiatiou painpéenne sujiérieure = kvss jaime.
Carcaraüá 209
Frías (I) 213
Frías (II) 214
Saladero 250
Fontezuelas 233
Samborombóu 296
Arrecifes 298
Chocorí 321
La 4'igra 334
Formatiou pampéenue moyenue ^ lo'ss bruu.
Baradero 374
Formation pampéeune inférienre = buss bruu paiu d'épice.
L'atlas du tertiaire de Monte Hermoso 386
Anthropologie psycliique.
F(U-uiatiou pampéeuue supérieure t^ liess jaune.
Collections et reehercbes de II. Amegbiuo. 410
CoUectioiis et recherches de M. Santiago Rotli. 436
Petits fi-agments de Iobss cuit 44.5
Formation pauípéenne moyenne r= bess bruu.
Reehercbes de M. Ameghino. 446
Reehercbes de M. (Santiago Rotb 430
Nos recherches 4:)1
Examen microscopiqne des spécimeus de Ramallo et Al-
vear, par H. F. Zirkkl 434
l'ormation pampéenne iuférieure = bess bruu pain d'épiee. 45.>
8nr les seories interealécs daus la foruuitiou pampéeune
iuféri<'ui-e, par >I. G. Steixmaxn' 461
— 491 —
Apiit'iulicc.
Lii oorri'latiim des fonn.-itiíiiis tt-rtiairos ct ijiiateruairos
ilaus l'AiiMM-ique du «ud, jnir JI. \V. ]i. Scott H^r,
A propos du cniíie do rimtinielo (on pliifñt de Fontezuf-
las), Irttio de JI. Santiaco Rotii íi M. J. Kollmann. 470
IJebcr don Sehaedel voii Poiitimclo (richtiger Fontezue-
las), briefliche Mitteilung von Santiaoo Roth aii
Horrn. .T. Kollmaxn 47!>
PlíRIJCAClONKS OEL MI SEO DE LA PLATA
PEIMEEA SERIE ♦•
Las diversas iniblicaciones correspondientes (i la primera serie, se ha-
llan de venta en el Museo á los precios siguientes :
ATÓALES
SECCIÓN ZOOLÓGICA
Primeva parte .
Segunda parte ,
Tercera pai-te. ,
Peeoa
2.00
6.00
4.00
SECCIÓN DE HISTORIA GENERAL
Primera parte
6.00
SECCIÓN DE ARQUEOLOGÍA
Primera parte 2 . 00
Segunda y tercera parte .... 3 . 00
SECCIÓN GEOLÓGICA Y MINERALÓGICA
Primera parte 5 . 00
Segunda parte 20 . 00
Tercera parte 15 . 00
SECCIÓN DE HISTORIA AMERICANA
Primera parte .
Segunda i)arte .
Tercera parte, .
PeHos
3.00
6. 00
60.00
SECCIÓN DE PALEONTOLOGÍA
Primera parte 15 . 00
Segunda parte 35 . 00
Tercera parte 45 . 00
Cuarta parte 6 . 00
Quinta parte 8 . 00
SECCIÓN DE ANTROPOLOGÍA
Primera parte 10 . 00
Segunda parte 6 . 00
SECCIÓN BOTÁNICA
Primera parte 10 . 00
REVISTA
(precio de cada tomo)
Tomos I A V ,
Tomo VI
Tomo VII .. ,
12.50
15.00
20.00
Tomos VIII y IX ,
Tomos Xá XII..
Tomo XIII
30.00
12.50
5.00
ATLAS GEOGEÁFICO DE LA REPÜBLICA ARGENTINA
Entrega primera, mapa de la provincia deCatamarca, en cuatro hojas. 12.00
PUBLICACIONES DEL MUSEO DE LA PLATA
SEGUNDA SERIE
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hallan de venta en el Museo á los precios siguientes :
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Pesos m/ii
Tomo I, entrega 1 6 . 00
BIBLIOTECA
Tomo I 4.00
Rí: VISTA
Tomo XIV (segunda serie, tomo 1) 12 .00
3 2044 VSg"«»«i»