UNIVERSIDAD NACIONAL DE LA PLATA
MUSEO
DIRECTOR DE PUBLICACIONES : FÉLIX F. OUTES
REVISTA
1>KL
MUSEO DE LA PLATA
DIRECTOR
SAMUEL A. LAFONE QUEVEDO, M. A. (Cantal).)
TOMO XVI
(SEGUNDA SERIE, TOMO III)
BUENOS AIRES
IMPRENTA DE CON1 HERMANOS
084, PERÚ, 084
190{)
PUBLICACIONES DEL MUSEO DE LA PLATA
SEGUNDA SERIE
La segunda serie de las publicaciones del Museo de La Plata, com-
prende los siguientes grupos :
ANALES
En entregas en 4o mayor, y en las cuales se publican las memorias ori-
ginales del personal científico del Museo, que á causa de las planchas
de gran formato que las acompañan, no pueden incluirse en la Revista.
REVISTA
Volúmenes en 8o mayor de 25 pliegos por lo menos, y en los cuales se
publican, también, las memorias originales del personal científico del
Museo y las de los colaboradores tanto del país como del extranjero.
BIBLIOTECA
Volúmenes en 8o menor de 25 pliegos por lo menos, que contienen tra-
ducciones de obras y estudios publicados en el extranjero, relacionados
con asuntos que sean tema de investigaciones en el Museo ; lo mismo
que series de artículos de vulgarización científica.
CATÁLOGOS
En volúmenes en 8o menor, en los que se incluyen los inventarios ra-
zonados ó simplemente enumerativos de las diversas colecciones del esta-
blecimiento.
UNIVERSIDAD NACIONAL DE LA PLATA
REVISTA
D15L
MUSEO DE LA PLATA
MUSEO DE LA PLATA
CONSEJO ACADÉMICO
Presidente : señor Samuel A. Lafone Quevedo, M. A. (Cantal».).
Consejero titular: doctor Enrique Herrero Ducloux.
— doctor Roberto Lelimann-N itsclie .
— señor Guillermo Salom.
— doctor Santiago Rotli.
— ingeniero Gunardo Lange.
— doctor Juan Carlos Delfino.
Consejero suplente: doctor Enrique J. Poussart.
— señor Carlos Brucli.
Secretario : señor Félix F. Cutes.
ACA DÉM I COS II O NO RAR I OS
Y CORRESPONDIENTES NACIONALES
ESCUELA DE CIENCIAS NATURALES
Académico honorario, doctor Angel Gallardo (Buenos Aires).
— correspondiente, señor Juan B. Ambrosetti (Buenos Aires)
— — doctor Miguel Lillo (Tucumán).
ESCUELA DE CIENCIAS QUÍMICAS
Académico honorario, doctor Juan J. J. Iíyle (Buenos Aires).
ESCUELA DE CIENCIAS GEOGRÁFICAS
Académico correspondiente, ingeniero Francisco Seguí (Buenos Aires)
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AO Al) ftMICOS II ()N OEAllK )S
Y CORRESPONDIENTES EXTRANJEROS
ESCUELA DE CIENCIAS NATURALES
Académico honorario, profesor Eduard Saess (Austria-Hungría) .
— — doctor Théodore Jales Ernest Iiainy (Francia) f.
— — doctor Ernest llaeckel (Alemania).
— doctor Eligen Biilow Warming (Dinamarca).
— — doctor Albert Gaudry (Francia) f .
— — profesor William H. Ilolmes (Estados Unidos).
— — Frederic Ward Pntnam (Estados Unidos).
— — doctor Santiago Ramón y Cajal (España.) .
— — doctor Enrico Hillyer Giglioli (Italia) f.
— correspondiente, doctor Herniann von Ihering (Brasil).
— — doctor Richard Lydekker (Inglaterra).
doctor Yoshikiyo Koganei (Japón).
— — doctor Abra.ham Lissaner (Alemania) ¡\
— — doctor Ginseppe Seigi (Italia).
— — doctor Albert Angoste de Lapparent (Francia.) f.
— — doctor Gnstav Steinmann (Alemania).
— — doctor Henry Fairlield Osborn (Estados Unidos).
ESCUELA DE CIENCIAS QUÍMICAS
Académico honorario, profesor Williem Ostwald (Alemania).
correspondiente, profesor Harvey W. VViley (Estados Unidos).
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correspondiente, doctor Pañi Vidal de la. Blache (Francia).
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MUSEO DE LA PLATA
PERSONAL DIRECTIVO Y CIENTÍFICO
SEÑOR SAMUEL A. LAFONE QUEVEDO, M. A. (Cantal).)
Oí reclor
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Vicedireclor
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.lelo do sección y profesor de Geología y Paleontología
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Jefe de sección y profesor de Mineralogía
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Profesor suplente de Uotanica
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Profesor adjunto do Itolanicu
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Jefe de sección y profesor do Zoología
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Profesor adjunl
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Profesor adjunto do Zoología y de Anatomía comparada
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Director y profosor de Química analítica
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Profesor de Química orgánica
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Profesor adjunto de química analítica
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MUSEO
DIRECTOR DE PUBLICACIONES : FÉLIX F. OUTES
REVISTA
DEL
MUSEO DE LA PLATA
DIRECTOR
SAMUEL A. LAFONE QUEVEDO, M. A. (Cantab.)
TOMO XVI
(SEGUNI)A serie, tomo III)
BUENOS AIRES
IMPRENTA DE CONI HERMANOS
084, perú, 684
1909
BIPOLARIÜAD DE LA DIVISIÓN CELULAR 1
Pon kl docto i! ANGEL GALLA FIDO
Profesor en la Universidad do Buenos Aires
«II est bien clair que Vexplication « morpho-
logique» que nous venons de donner de la divi-
sión cellulaire ne préjuge rien relativement d
Vexplication « physiologique » du phénomhie.
Cette dernibre, tentée prématurément peut-étre,
par Strasburger et par Fol, doit étre évidem-
ment cherchée parmi les phénombnes physico-
chimiques et la production de póles électriques
on électro-magnétiques dans le noyau.
« II y aurait tout un ordre de recherches a
entreprendre dans ce sens. La morphodynamique
entrevue par Lamarck, abordée par O. Jaeger,
est un territoire scientifique que la plupart des
naturalistes de nos jours ne verront que comme
lloise vit la terre promise, seulement de loin et
satis pouvoir y entrer. »
A. Giard (1876).
Estas palabras proféticas, escritas por mi querido maestro el profesor
de la Sorbona Alfredo Giard, hace 32 años, adquieren una triste actuali-
dad en estos momentos en que todo el mundo científico lamenta la des-
aparición del eminente biólogo francés que lia sembrado durante su vida
tantas ideas fecundas y sugerentes con la amplia generosidad que era
una de las características de su espíritu elevado. Giard ha muerto pre-
cisamente cuando se empiezan á vislumbrar, según podrá verse en estas
líneas, los resultados de las investigaciones previstas por él, del mismo
modo que Moisés alcanzó á ver á la distancia la tierra prometida hacia
la cual había guiado á su pueblo.
Desde 1873, Eol había hecho notar la semejanza entre las figuras de
1 Memoria presentada al IVo Congreso ciontífico (Io Pan-Americano), reunido en
Santiago de Chile del 25 do diciombro do 1908 al 5 do enero do 1909.
REV. MUSEO LA PLATA. — T. III. (II, 9, 1909.)
2
8
división y ]¡i disposición délas limaduras de hierro alrededor de los polos
de un imán, analogía que señala también Strasburger en 187(5, conside-
rándola. como una curiosa coincidencia.
Ed. van Beneden compara todavía en 1888 las figuras de división con
los espectros magnéticos, pero, en 1887, acepta una idea, sugerida en
1878 por Klein, y sostiene que todos los movimientos internos que acom-
pañan la división celular tienen su causa inmediata en la contractibili-
dad de las fibrillas protoplasmáticas y su arreglo en una especie de sis-
tema muscular radial dispuesto en dos grupos antagonistas.
Bajo la autoridad de van Beneden esta teoría de la división celular
fue aceptada por los citólogos más eminentes como Boveri, Rabí, Flein-
ming, O. Hertwig, Heidenhain, etc.
Este era el estado de la cuestión, cuando, en 189(5, presenté, simultá-
neamente con Zicgler, una interpretación dinámica de este interesantí-
simo fenómeno, según la cual las figuras de división son la expresión de
las fuerzas que entran en juego y deben considerarse como espectros de
dichas fuerzas.
Es decir que las radiaciones y filamentos del huso resultan de la orien-
tación de los microsomas protoplasmáticos según la dirección aproxi-
mada de las líneas de fuerza del campo engendrado por las fuerzas de
división.
Para mayores detalles puede consultarse mi trabajo sobre la interpre-
eión dinámica de la división celular, publicado en 1902.
En términos generales puede decirse que este concepto ha sido acep-
tado. Casi todos los autores consideran hoy que las figuras de división
representan las trayectorias ó líneas «le fuerza, más ó menos modifica-
das, de las fuerzas que actúan durante la división.
Las hipótesis de los filamentos contráctiles han sido abandonadas para
aceptar la noción de campos de fuerza, introducida en la física por Fara-
day y adaptada por mí á los estudios celulares.
La discusión se circunscribe ahora á la naturaleza de las fuerzas de
división, su carácter bipolar ó no y la manera de distribución de los polos.
Siempre he sostenido el carácter bipolar de la fuerza de división pero,,
en vista de varias objeciones y dificultades que sería largo enumerar, he
modificado en 190(5 la forma de distribución de las polaridades.
Esta, nueva forma, de mi interpretación dinámica, está basada en las
propiedades eléctricas de las soluciones coloidales, concepto introducido
por Lillie en 1903.
Basta atribuir á los cromosomas una carga eléctrica contraria á la de
los coloides citoplasmáticos y de las esferas atractivas, para interpretar
con facilidad las figuras de división. Es probable que á la eromat.ina
corresponda el signo negativo.
Durante los dos años transcurridos, desde la publicación de mi Ínter-
prefación bipolar modificada, ha recibido comprobaciones importantes y
lia sido motivo de un cierto número de objeciones.
El examen y refutación de estas ratificaciones y objeciones modernas
constituye el tema de la presente comunicación que someto á, la ilustra-
da consideración de los señores miembros del congreso científico de San-
tiago de Chile, haciendo fervientes votos por el mejor éxito de ese fra-
ternal certamen.
1
La objeción más incómoda á mi trabajo de 1906 ha sido formulada por
el doctor Federico Baltzer en su tesis sobre las mitosis multipolares
presentada á la universidad de Wiirzburg el 13 de julio de 1907 y publi-
cada en el corriente año.
Comenzaremos por ella, para despejar el camino.
Dice el doctor lía Itzer en alemán, qué traducimos libremente: « De
otro modo, ha buscado Gallardo una. explicación dinámica de la división
nuclear y celular. Después de haber adoptado en escritos anteriores
(1890 á 1902) una posición análoga al punto de vista de Hartog, puesto
que admitía potenciales contrarios para los polos, presenta ahora (1900)
la. opinión que también la cromatina pueda tener un potencial : « L’a-
doption, pour la chr omatine, d’un potentiel de signe contraire a celui ñu
cytoplasma, (es decir, en este caso de las esferas) rend plus aisée Vinter-
prétation de la división cellulaire. » En realidad, tal explicación no es
admisible para sostener la formación del triáster, tetráster y poliáster
conjuntamente. Nos es, en efecto, necesario, como también lo indica
Gallardo, hacer ante todo una excepción para los husos acromáticos.
« Dans quelques cas oir Von observe des fuseaux achromatiques sans ehro-
mos ornes, ü faudra admettre que les deux centrosomes sont de nom con-
traire. »
« Desde luego es inverosímil la admisión de dos explicaciones opues-
tas para dividir dos hechos que no son opuestos, como lo muestran al
contrario aquellas figuras en las cuales se presentan husos unidos con
cromosomas al mismo tiempo que husos acromáticos (fig. 21, de Baltzer).
« Los tres polos están unidos por husos, el más corto de los cuales,
aun cuando claramente formado, no posee ningún cromosoma. Debería-
mos, pues, admitir potenciales contrarios para sus dos polos. Al mismo
tiempo estas dos esferas forman parte de husos con cromosomas, por
medio de los cuales están ambos en relación con la tercera esfera del
triáster.
« Be ve fácilmente que la objeción que acabamos de hacer no puede
levantarse ni por la opinión de Hartog ni por la de Gallardo.
10 —
«Si admitimos, como Gallardo propone, potenciales opuestos para la
cromatina y para los centrosomas, cada huso se fracciona en dos medios
husos.
« Prescindiendo de que toda figura regular hace más bien la impresión
de una unidad, debemos recordar aquí el estado previo al comienzo de
la formación de la placa ecuatorial (fig. 4, de Baltzer).
« Á pesar de que la cromatina se encuentra aun en el interior del triás-
ter, éste muestra ya, sin embargo, claramente tres formaciones fusoria-
les extendidas de polo á polo sin intervención de cromosomas. Aquí el
huso acromático es evidentemente independiente de los cromosomas.
« Después de estas consideraciones será también dudoso si la posición
de los cromosomas en la placa ecuatorial se deduce como consecuencia
de fuerzas magnéticas ó eléctricas, como lo ha buscado Lili ie (1905). La
intervención de fuerzas bipolares en la manera que la han investigado
los autores citados, tiene muy escasa verosimilitud en su favor. »
Debo ante todo declarar lealmente que ha sido un error de mi parte
admitir, aunque en forma condicional (ilfaudra admettre), la posibilidad
de que los centrosomas presenten cargas de signo contrario, si bien agre-
gaba : « mais pour le cas general je ero is plus conforme á la réalité le nou-
veau schéma bipolaire que je propose », aclaración que omite Baltzer en
su cita trunca. Los centrosomas pueden diferir en potencial, el cual será
más ó menos elevado, pero dentro de la misma célula, el signo debe ser
el mismo, como lo demuestra la igualdad de sus acciones en la mecánica
celular. No admitiendo signos contrarios para los centrosomas, desapa-
recen las explicaciones opuestas para fenómenos que no son opuestos,
así como la contradición que muy lógicamente hace resaltar Baltzer,
apoyándose en su figura 21.
Pero en realidad no existe tal huso acromático en dicha figura 21. Hay
sólo un huso aparente por yuxtaposición de las radiaciones que rodean á
los centrosomas, sumamente próximos.
Para que exista huso faltan las líneas curvas, con su concavidad hacia
la línea que une los centros.
En la misma tesis de Baltzer encontramos otros ejemplos de husos
aparentes, como en las figuras 12, 13, 14, 15, 31, 41, 42, 48 y 50.
Cuando no hay cromatina entre dos centros no se forma un verdadero
huso, como se ve claramente en las figuras 9, 1 1 (donde los centros que
no forman huso están más próximos que aquellos entre los caíales se for-
man por poseer cromatina), 38, 43, 55 y 50.
Esta objeción de Baltzer me ha llevado á considerar más atentamente
los aparentes husos acromáticos, así llamados por Ziegler (1898) (chro-
mosomenlose oder achrome típindel).
Por el estudio de la memoria de Ziegler me he convencido que los
husos acromáticos son falsos husos. El mismo Ziegler admite que los
11 —
husos con cromatina. son más espesos que aquellos donde falta. Además
los husos sin cromatina no alcanzan á dividir el cuerpo de la. célula.
L\ Boveri había, observado ya en 189(5 en huevos anormales de equi-
nodermos que los centros sin cromosomas no pueden efectuar la divi-
sión normal de la célula, de manera que las segmentaciones sólo se rea-
lizan entre centros ligados por un huso, es decir, con cromatina..
Jís cierto que Ziegler ha observado un solo caso de fragmentación
irregular en un trozo anadeado, después de dos ó tres divisiones centro-
somáticas, pero este caso aislado y muy anómalo, de fragmentación y no
de segmentación, no disminuye la. importancia de las observaciones de
I\ Boveri, confirmadas más tardo, en lo que tienen de esencial, por Mor-
gan, Marcela Boveri y por el mismo Baltzer.
Marcela Boveri (1903) vió, en efecto, al fecundar trozos anadeados
de óvulos de Ecliinus microtuberculatus con espermatozoides de Strongy-
locentrotm lividus que toda la substancia nuclear, de origen espermático*
pasa á uno de los dos primeros blastóuieros, mientras que el otro recibe
sólo un centrosoma. La primera célula se divide luego regularmente,
mientras que en la porción anadeada los centrosomas se dividen pero
sin producir ni una sola división celular, hasta que la masa citoplasmá-
tica se destruye, atravesada de una infinidad de radiaciones polares cen-
trosomáticas.
La tesis de Baltzer estudia, las mitosis multipolares en las mismas
especies de equinodermos, producidas en general por polispermia y llega
á idénticas conclusiones en (manto á la imposibilidad de segmentárselas
células entre centrosomas sin cromatina intermedia. Entre tres esferas
(fig. 9, de Baltzer) se forman dos husos donde hay cromatina y no se
forma el tercero por faltar cromatina, aun cuando las distancias son
aproximadamente iguales. Los surcos de segmentación se forman sólo
entre las radiaciones unidas por cromosomas, es decir, por un verdadero
huso (l)ic Funche hildctc sich somit nm zwischen den durch Chromosomen
verbnndenen Strahlungen, Baltzer, pág. 314).
Aun hay más, la misma figura. 21 invocada en mi contra por Baltzer
conduce á una segmentación tal como la de la figura 40, es decir, que no
se forma surco de' segmentación según el ecuador del falso huso y se
obtienen sólo dos blastóuieros (Vergl. fig. .9 und 21 mit den Furclmngsbil-
dern fig • 45 und 46, Baltzer, pág. 320).
Creo, pues, haber demostrado que no existen los llamados husos acro-
máticos, los (males son falsos husos (scheinbar Spindel) que no determi-
nan segmentación. Es superfino, por consiguiente, admitir una polaridad
contraria para explicar los falsos husos acromáticos, con lo cual desapa-
rece la principal objeción de Baltzer, fundada sobre ellos.
En cuanto á la objeción deducida de su figura 4 no tiene razón de ser
pues, si bien es cierto que los cromosomas están agrupados en el centro
12
del triáster, las equipotenciales determinadas por la carga eléctrica que
llevan se extienden á mucha mayor distancia entre los centrosomas,
como lo muestra claramente la figura 3 (pág. 203) de mi trabajo de 1900,
que es muy parecida á la figura d de Baltzer.
De lo (pie precede debemos retener la gran importancia que demues-
tra tener la cromatina en el fenómeno de la división celular.
II
El profesor Marcas Hartog, de Cork, se ha venido ocupando de la
bipolaridad déla división celular desde 1902 en (pie escribió una reseña
muy favorable sobre mi tesis, en la revista inglesa Nature.
La contribución más importante que ha aportado Hartogá estos estu-
dios ha sido la distinción entre las líneas de fuerza teóricas y las cade-
nas de fuerza materiales.
Ya Faraday había notado que la conductibilidad del hierro modifica
la distribución de las líneas del espectro magnético, obtenido por medio
de limaduras de dicho metal.
Lo que se debe estudiar en la célula no es la distribución de las líneas
de fuerza geométricas en un medio homogéneo, sino la repartición délos
diversos elementos protoplasmáticos, algunos de los cuales son más per-
meables «pie los otros á la fuerza central (pie los orienta (mitoquinetismo,
de Hartog). Estas substancias más permeables se orientan aproximada-
mente según las líneas de fuerza, constituyendo « cadenas de fuerza »
que poseen mayor conductibilidad que el resto del citoplasma.
La noción de cadenas de fuerza, introducida por Hartog, permite
explicar los cruzamientos y superposiciones de las radiaciones, así como
el espacio claro de Biitsehli y otras particularidades que se observan en
las figuras celulares y que no coincidían con las propiedades geométri-
cas de las líneas de fuerza teóricas, mientras concuerdan perfectamente
con las cadenas de fuerza.
Además de esta importante contribución al estudio del asunto, Har-
tog lia llamado la atención sobre la. influencia, ejercida, sobre las cadenas
de fuerza por la capa más externa del citoplasma (pie debe ser muy per-
meable á la fuerza mitoquinética, así como las membranas celular y
nuclear y la capa (pie rodea á los centrosomas.
Hartog es uno de los más ardientes defensores de la bipolaridad de
los fenómenos de cariocinesis, en lo cual estoy perfectamente de acuerdo
con él.
Diferimos en la distribución de las polaridades, pues Hartog continúa
admitiendo que ambos oentrosomas poseen polaridades contrarias, como
creía yo mismo antes de 1900.
Pero si ambos oentrosomas son heteropolares deben atraerse y no
rechazarse como se observa, durante la profase. Es cierto que si se
admite la iiomopolaridad no debe existir cidro ellos un verdadero buso
y efectivamente me inclino á creer que al principio de la profase existe
sólo un huso aparente por la yuxtaposición de las radiaciones.
Para obviar esta dificultad, Hartog admite dos clases de acciones de
diferente carácter: 1° la fuerza mitoquinética bipolar; y 2o una tracción
homopolar del citoplasma sobre los oentrosomas, cuya existencia no ha.
sido demostrada y cuya acción es poco clara.
Otra objeción muy grave contra la opinión de Hartog, respecto de la
distribución de las polaridades, ha sido formulada por Baltzer. Si admi-
timos la. heteropolaridad de los oentrosomas y queremos explicar el hen-
dimiento longitudinal de los cromosomas por la inducción de aquéllos,
como propone Hartog, resulta que cada mitad de cromosoma adquiriría
por inducción una polaridad contraria ala del centrosoina más próximo,
de manera que ambas mitades serían de polaridades contrarias entre sí
y deberían por consiguiente atraerse, en vez de alejarse, como sucede en
realidad. La misma dificultad se presenta para explicar la división del
cuerpo de la célula.
Todas las dificultades desaparecen, según veremos más adelante con
detalle, si se admite, como actualmente creo, una polaridad para la ero-
matinay la contraria para ambos oentrosomas, salvo la existencia de un
pequeño huso entre ambos oentrosomas, al iniciarse su separación. Pero
es muy probable que este sea un antihuso ó un huso aparente que puede
confundirse fácilmente con un verdadero huso por su pequeñez.
Dejando de lado la discrepancia respecto de la distribución de las
polaridades, la obra de Hartog, tanto en su parte teórica como en la
experimental, con sus hermosas reproducciones magnéticas artificiales
de las figuras celulares, es del mayor interés y aporta poderosos argu-
mentos en favor de la bipolaridad de los fenómenos de división nuclear
y celular.
111
Desde 1902 Leduc ha demostrado en diversas publicaciones que se
puede extender á los fenómenos de difusión de los líquidos la noción de
polos y de campos de fuerza. Un centro hipertónico representa un polo
positivo de difusión, un centro liipotónico, un polo negativo.
Fundado en estas nociones lia tratado de reproducir experimental-
mente las figuras de earioeinesis por medio de la. difusión.
14
Al principio se empeñó en formar un lmso hetcropolar, pero en «liclio
liuso ambos polos presentaban un aspecto totalmente diferente, cosaque
no se observa en la división celular, donde las esferas atractivas presen-
tan la misma apariencia. Además, agrega textualmente Leduc(1904):
« En la cariocinesis, los dos centrosomas, los dos polos del huso acro-
mático, se alejan el uno del otro, se rechazan, deben pues ser del mismo
signo. Sin embargo, no existe ningún espectro eléctrico ó magnético que
tenga un huso entre dos polos del mismo nombre, la producción de un
huso cu semejantes condiciones debe parecer una imposibilidad absoluta.
« Lo que es una imposibilidad en electricidad y en magnetismo , no lo es
para la dif usión, con la cual se puede producir un huso entre dos polos que
se rechazan, entre dos polos del mismo signo. »
Este párrafo subrayado es totalmente falso y contrasta con las propo-
siciones anteriores que son justas. Las ley«^s de los campos de fuerza son
siempre las mismas y la difusión no puede tampoco producir un huso
entre dos polos del mismo signo.
Las reproducciones artificiales de Leduc, sumamente parecidas á las
figuras de cariocinesis, han sido obtenidas colocando, en un plasma, una
gota de este mismo plasma pigmentado con sangre ó con tinta china, y
situando á uno y otro lado de esta gota, dos gotas hipertónicas, ligera-
mente teñidas y dejando actuar la difusión.
Las dos gotas polares hipertónicas representan, en efecto, dos polos
positivos de difusión, pero Leduc no tiene en cuenta que la gota central
representa la polaridad contraria que permite la formación de un huso,
como resultado de la unión de dos medios husos.
Faltando la gota central no se forma huso, como lo muestran las figu-
ras mismas del autor (1902, lig. 2 y 3; 1903, fig. 2).
La contribución experimental de Leduc demuestra, pues, convenien-
temente interpretada, la bipolaridad del fenómeno y la liomopolaridad
de los centrosomas mientras lacromatina lleva la carga de signo contra-
rio, es decir, lo que sostengo desde 1900.
IV
Por el empleo de soluciones coloidales de signos apropiados ha obte-
nido mi ex alumno el doctor Horacio Damianovich hermosas reproduc-
ciones artificiales de todas las fases de la división nuclear y celular nor-
mal, así como de los triásteres y poliásteres, realizando ampliamente el
deseo que expresaba al final «le mi trabajo de 1906.
Para obtener un huso provisto de cromosomas Damianovich espolvo-
15
rea, con fascina una placa, de vidrio engomada,, coloca en el centro una
faja formada por una solución «le verde brillante y á cada lado de ella,
á una distancia de unos tres centímetros, una gota de violeta ácido de
Schiff ó de fascina acida.
Los granos de fascina son rechazados por la banda central y atraídos
por las gotas de violeta, dejando dibujadas en color sus trayectorias, que
son tanto más largas cuanto más enérgicas sean las fuerzas en acción.
En los puntos neutros las partículas no se desplazan. Gracias á este
ingenioso artificio, de espolvorear el campo, ideado por el doctor Damia-
novich, pueden analizarse las fuerzas desarrolladas en dicho campo, cuyas
direcciones é intensidades aproximadas quedan automáticamente ins-
criptas en preparaciones que pueden conservarse largo tiempo, con sólo
dejar secar la capa de goma arábiga ó de dextrina, que cubre la, placa.
Se ve así dibujarse un huso, cuyos vértices están en las gotas de vio-
leta,, «pie representan los eentrosomas, y cuyo ecuador está formado por
la banda verde que hace las veces de eromatina. Además cada gota está
rodeada, de una aureola, de radiaciones polares. El conjunto de la, figura,
presenta, pues, una semejanza notable con el anftáster en la metafase.
El huso está en realidad formado por dos medios husos que van desde
cada gota violeta, hasta, la banda, verde de polaridad contraria; sin em-
bargo el huso en su conjunto tiene una, apariencia de unidad y las tra-
yectorias parecen continuarse á una y otra, parte del ecuador, tal como
se observa en las figuras celulares reales.
La, banda verde, atraída por los polos violetas, se divide en dos partes,
«pie quedan unidas por filamentos conectivos y van por fin á formar dos
gotas verdes, próximas á los polos, «pie simulan los dos nuevos núcleos
procedentes «le la, división.
Con soluciones concentradas de verde se forma un surco «le segmenta-
ción que deja la placa, al descubierto en la parte central, dividiendo así
en dos la capa, de goma, como pasa en la, segmentación del cuerpo de la
célula.
Estos experimentos se pueden hacer con toda clase de soluciones
coloidales de signos contrarios, pero el verde brillante ha demostrado
particular energía para producir la, segmentación de la capa de goma.
Cuando el doctor Damianovich publique in externo los resultados de
sus interesantísimos estudios podrán verse las figuras notables que ha
obtenido y que vienen á aclarar muchísimo el concepto de la división
celular y nuclear.
Los resultados que aquí a, del auto han sido presentados por el doctor
Damianovich en una conferencia pública experimental en la Facultad
de ciencias de Buenos Aires y he tenido además ocasión de presenciar
varias veces sus experimentos en el laboratorio de la Oficina química
nacional.
Según el doctor Damianovich estos campos de fuerza originados en
las soluciones coloidales colorantes, por él estudiadas, son el resultado
de fenómenos complejos y difíciles de analizar.
Además de la polaridad eléctrica, propia de las soluciones coloidales,
intervienen fenómenos de difusión y de tensión superficial, una cierta
polaridad hidrostática producida por movimientos generales de la masa
coloidal á causa de las acciones recíprocas de los líquidos (centros posi-
tivos de presión y centros negativos de depresión) y es probable que
influya también la energía química diferente de los diversos coloides.
Pero dejando de lado el análisis de la parte correspondiente á cada
una de estas causas, (pie presenta grandes dificultades en el imperfecto
estado actual de nuestros conocimientos acerca de las soluciones coloi-
dales, el resultado de conjunto es la creación de un campo de fuerza
bipolar con apariencias morfológicas idénticas á las que se observan en
la división celular y nuclear.
El doctor Damianovich ha obtenido magníficos triásteres por medio
de tres gotas polares y tres bandas centrales ó una gruesa gota central
en placas engomadas y espolvoreadas como en la experiencia anterior.
Para el tetráster se colocan cuatro gotas de violeta ácido en los vér-
tices de un cuadrado y una gota de verde brillante en el centro.
La gota verde pronto toma una forma cuadrada y entre sus vértices y
las gotas violetas se dibujan los husos por las trayectorias de las partí-
culas de fascina.
Se puede así obtener un poli áster cualquiera.
La gota central toma la forma de un polígono de tantos lados cuantas
gotas polares actúan sobre ella, liste polígono es la ligara de equilibrio
de la gota central sometida á la acción de centros de fuerza de igual
intensidad y equidistantes de ella.
Para todos los que tengan ocasión de ver los experimentos y las figu-
ras del doctor Damianovich no puede caber ha menor duda respecto <le
la gran importancia de sus estudios para el esclarecimiento experimen-
tal y teórico de los fenómenos de la división celular así como también
para el mejor conocimiento de las complejas propiedades de las solucio-
nes coloidales.
V
Con los trabajos de Damianovich la interpretación bipolar propuesta
por mí en l!)üü ha adquirido la base experimental que le faltaba.
Antes de pasará las conclusiones generales de esta comunicación voy
á ocuparme de otras comprobaciones que esa teoría ha recibido por los
estudios de eminentes investigadores europeos.
17
Transen bife suite lodo las conclusiones á que llega el ilustre biólogo
francés Y ves Dclsige, miembro del Instituto y profesor déla Sorbona, sil
finsil de un trabajo de conjunto sobre la partenogénesis experimental
(1907) tan estudiada, por él:
« Hsi.ce largo tiempo que Altillano lia observado, al microscopio ordi-
nario, con fuertes aumentos y colorantes apropiados, que el citoplasma
está, formado de miríadas de granulos (les daba este mismo nombre)
nadando en un líquido intergranular. ¿No hay en este hecho, unido si
que la albúmina y muchos productos del protoplasma vivo son substan-
cias coloidales, una razón suficiente de admitir que el protoplasma. de
las células es un sistema coloidal ? Mocho antes que Altmann, II. Fol
había emitido la idea que el protoplasma estaba formado de partículas
que llevan cargas eléctricas: la cosa está casi demostrada hoy.
« En efecto, más recientemente (1903), Lillie lia mostrado que las par-
tículas formadas principalmente de cromatina, es decir, ricas en ácido
nucleico (espermatozoides, leucocitos de gran núcleo) se dirigen hacia
el ánodo y son por consiguiente negativas, mientras que el citoplasma
(células de Sertoli ricas en citoplasma, leucocitos de núcleo pequeño) va
hacia, el cátodo y es por consiguiente positivo. El fenómeno no puede de
ningún modo ser atribuido á la presencia, de electrólitos concomitantes,
pues el vehículo era el agua pura hecha isotónica. por el azúcar.
« Es, pues, fundado considerar el protoplasma como formado de gra-
nillos coloidales de naturaleza, diferente (y que pueden por consiguiente
presentar cargas diversas como magnitud y como signo), nadando en un
líquido intergranular formado de agua que tiene en disolución una
pequeña cantidad de substancias albuminosas y de electrólitos.
«Con datos tan vagos no se puede tener la pretensión de explicar
toda la fisiología, de la célula por las propiedades de los coloides, pero
se entreven ya algunos puntos de vista, muy sugerentes.
«Ante codo, la estructura, física de la célula, es decir, la disposición
recíproca y la forma de las partes que contiene se concibe como regulada
por sus tensiones superficiales y por atracciones y repulsiones que sufren
á causa de sus cargas, diferentes como magnitud y como signo.
«La. instabilidad, que es la característica de la substancia viviente,
sugiere la idea, que los factores de estabilización y de coagulación se
hacen aproximadamente equilibrio en la célula, de suerte que la menor
variación en las condiciones físico-químicas de las partes integrantes ó
del medio ambiente, puede hacer predominar las unas sobre las otras ó
inversamente.
« Ahora bien; los fenómenos de la división celular se reducen casi
todos á desplazamientos de partículas (sobre las cuales volveremos den-
tro de un instante) y á. disoluciones (resoluciones en granulos) y coagu-
laciones alternativas.
18 —
« Á la disolución se puede a, tribuir : la desaparición de la membrana
nuclear, la ruptura de las anastomosis de la red de linina que permite
Ja constitución del espirema, tal vez el desdoblamiento del espirema y
la división transversal en cromosomas, si estas partes estaban unidas
por una substancia más estable, la desaparición del huso y por fin el
desgranan! iento de los cromosomas en mierosomas en el momento de la
vuelta al estado de reposo. Á la coagulación se puede referir : el aumen-
to de volumen de los mierosomas que precede á su reunión en espirema?
la formación del espirema, la aparición del ó de los centrosomas, la for-
mación de los ásteres, luego, en el momento de la vuelta al estado do
reposo, la reconstitución del espirema y la de la red acromática. Es de
creer, por otra parte, que estas soluciones y coagulaciones, parciales y
alternativas, no son debidas á variaciones independientes de sus facto-
res, sino que constituyen un sistema ligado por relaciones intrínsecas
tales que la producción del fenómeno inicial basta para, determinar la
evolución completa.
« En un trabajo muy sugerente sobre L’interprótation bipolaire de la
división karyocinétique (Anales Museo Buenos Aires, XIII, 259-27G, 190(5),
A. Gallardo lia mostrado que partido se podría, sacar de la, noción de la
carga de las partículas cromáticas para, la interpretación de la, división
celular. En los numerosos ensayos hechos ¡interiormente en esta vía, se
había atribuido cargas á los centrosomas, ó considerado á estos últimos
como centros de fuerzas de otra naturaleza, como la difusión (Leduc), lo
que es naturalmente sugerido por la distribución de las líneas de fuerza,
representadas por las radiaciones que de ellos emanan, pero no se había,
pensado en atribuir una carga de signo contrario á los cromosomas y á
los centrosomas. Al hacer ésto, Gallardo ha aclarado considerablemente
la cuestión y explicado el espectro cariocinético en sus menores parti-
cularidades. Los cromosomas, en cnanto formados de granulos acidófilos
y conforme á las observaciones de Lillie, serían electro-negativos, los
centrosomas, en cuanto forman parte del citoplasma serían, en contra
de la concepción de Lillie, electro-positivos, y por consiguiente es muy
natural que se rechacen y atraigan los cromosomas, según las líneas de
fuerza, cuya representación son los filamentos del huso, más ó menos
groseramente materializada por la orientación de las partículas más
conductoras del citoplasma interpuesto. Las líneas equipotenciales, nor-
males á las líneas de fuerza, se muestran, en estas condiciones, chira-
mente paralelas al contorno de los cortes ópticos de la célula en las
diversas fases de la división. La forma de plantilla, bien conocida,
encuentra, una explicación particular en el aumento de tensión superfi-
cial en el ecuador de la célula, correlativa, á, una caída del potencial en
esta región, á, consecuencia del retiro de los tíos medios núcleos hacia,
los polos.
« En una mezcla de coloides de signo diferente, los granulos no se
comportan individualmente según el signo de su carga: se transportan
todos juntos hacia el mismo polo, hacia el anodo si los negativos están
en exceso, hacia el cátodo en el caso contrario.
« Tal mezcla puede, pues, ser eléctricamente neutra y hacerse posi-
tiva ó negativa á consecuencia de débiles variaciones en la proporción
de los coloides constituyentes. Hay en ello una nueva condición de ines-
tabilidad. Se concibe fácilmente que una célula en reposo pueda tener
un núcleo negativo por su cromatina y un citoplasma neutro, de suerte
que es unipolar. Una débil variación en los constituyentes del citoplas-
ma puede hacerlo electropositivo y establecer la bipolaridad, condición
<le la división.
«He hecho notar hace largo tiempo que, en la base de toda división
indirecta, se encuentran fenómenos esenciales de división directa : por
división directa se desdobla el centrosoma y sufren el espirema ó los
cromosomas la división longitudinal.
« Una interesante sugestión de Perrin arroja cierta luz sobre estos
fenómenos obscuros. I maginemos una partícula extremadamente pequeña
que crece poco á poco en un medio nutritivo. En tanto que no alcanza
una dimensión suficiente, no puede recibir ninguna carga, por corres-
ponder la carga mínima del electrón á una superficie dada, en razón de
la densidad eléctrica media.
« Después de haber recibido esta carga, la partícula continúa cre-
ciendo y llega un momento en que recibe dos electrones : éstos al ser del
mismo signo se rechazan y determinan el desdoblamiento de la partícula
en otras dos, que empiezan de nuevo á crecer hasta que el fenómeno se
reproduce. Así se puede explicar la multiplicación de los gránalos bajo
una dimensión mínima en tanto que no interviene ningún fenómeno de
coagulación parcial.
« Este razonamiento puede aplicarse á los microsomas constitutivos
de los cromosomas y del espirema y al centrosoma. Así se explicaría la
división, en un momento dado, del centrosoma en otros dos que so recha-
zan y la división longitudinal de los cromosomas cuyas dos mitades se
apartan hacia los polos bajo la doble influencia de su repulsión y de la
atracción de los centrosomas, cuyas cargas son de signo contrario á
la suya.
« La condición esencial de la división celular es, pues, una bipolari-
dad que reposa sobre las cargas de signo contrario del centrosoma y de
la masa cromática.
« El óvulo maduro, privado de ovocentro, no tiene más que una pola-
ridad y por ello no puede dividirse. La fecundación tiene por efecto pro-
curarle : Io una masa de cromatina paterna (no necesaria á su evolución
pero útil para comunicar al producto las ventajas de una doble aseen-
20
dencia ; ií° un centmsoma que ó bien está provisto de una carga de signo
contrario ó es apto para recibir una tal carga del citoplasma ambiente.
El huevo fecundado tiene, pues, esta doble polaridad que le permite
efectuar la serie de divisiones sucesivas que constituyen la segmen-
tación.
«Con ésto se hace clara la acción de los agentes «le la partenogénesis
experimental : consiste en comunicar al óvulo virgen esta segunda pola-
ridad que le falta. Las soluciones electrolíticas que constituyen esencial-
mente estos agentes deben tener por efecto el dar una carga sea al cito-
plasma, sobre todo si está en esa. condición neutra, instable sobre la cual
llamábamos la atención hace un instante, sea más bien á algún elemento
del citoplasma apto, por su constitución físico-química, á recibirla y á
hacer de él el eentrosoma. Los numerosos ásteres que aparecen en el
citoplasma antes de la primera división son un indicio de esta acción.
Así se explica en una cierta, medida este hecho contradictorio de la uni-
versalidad de acción de los electrólitos y d«* la acción preponderante de
algunos de entre ellos. »
(Agrega Delage en nota al pie de este párrafo : « Las investigaciones
«pie he emprendido después «le haber escrito estas líneas, expresamente
para verificar las ideas que ellas enuncian, l«‘,s aportan una notable con-
firmación. Tratando los óvulos vírgenes de erizos de mar, aun en solu-
ción isotónica al agua de mar, por un reactivo coagulante, el tanino,
luego por un estabilizante del protoplasma, el amoníaco, obtengo resul-
tados incomparablemente más completos y más constantes que por cual-
quier otro procedimiento. »)
« Hay mucha distancia, de estas vagas indicaciones á una explicación
completa y precisa de los fenómenos. El estudio <l<‘, estas cuestiones no
está bastante avanzado para que sea prudente tentar aún otra cosa.
Habernos justo lo bastante para comprendió' «pie. ésta <“s una concepción
fértil y «pie hay lugar de trabajar en esta dirección. »
Se disculpará esta larga cita si se tiene en cuenta que en ella se
encuentran expresadas mis opiniones respecto «leí asunto con gran pre-
cisión y exactitud, prestigiadas además por la alta autoridad científica
del profesor Delage, «piien las presenta formando un conjunto lógico y
depuradas de las incorrecciones en que puedo haber incurrido en mis
publicaciones precedentes. En el mes de septiembre de este año el
profesor Delage ha publicado un nuevo método de obtener partenogé-
nesis experimentales por la acción «le cargas eléctricas. Somete óvulos
vírgenes de Equinodermos, en un bailo de una. solución azucarada «1«í
01 Na. y de agua de mar, á una carga positiva durante 00 minutos y
luego negativa de hora y cuarto, obtenidas en una especie de condensador
formado por una lámina de mi«;a, recubierta exteriormente por una hoja
de estaño y que constituye el fondo «le la cubeta «pie contiene el baño.
21
Estimuladas las polaridades de los coloides ovillares por estes acciones
eléctricas se producen las segmentaciones y se desarrolla el embrión,
mientras que las cubetas testigos no suministran ninguna larva.
Es particularmente satisfactoria para mí la comprobación experimen-
tal hecha por el profesor Delage con su nuevo método de obtener las
partenogénesis experimentales, fundado en estos conceptos teóricos.
Sólo me resta agradecer al profesor Delage la. benévola atención pres-
tada á. mis trabajos.
VI
En sus estudios sobre la. conjugación y la. diferenciación sexual en los
infusorios ha llegado el doctor P. Enriques, de Bolonia, á. conclusiones
muy interesantes para la interpretación de Jos fenómenos de sexualidad
y de multiplicación celular que confirman, desde un nuevo punto de vis-
ta, mi interpretación actual de estos fenómenos.
De las observaciones de Enriques sobre la orientación de los núcleos
en la conjugación del vortioéliilo Opercularia coarctata resultan las con-
clusiones que transcribo á. continuación :
Existe en los vortieélidos una « división sexual » por la cual se forman
contemporáneamente micro y maerogametas á partir de un individuo no
sexualmente diferenciado. Los individuos que no lian sufrido la división
sexual no pueden conjugarse.
La. primera, división del micronúcleo en las maerogametas presenta un
huso orientado en dirección normal á la. superficie de contacto de ambos
conjugantes.
Los dos husos primarios y secundarios de los dos núcleos en división
presentan tena orientación característica , pues sus ejes son perpendiculares
entre sí ó se alejan poco de esta posición.
En la segunda, división de maduración se repite para la macrogameta
lo que se ha dicho para la microgameta en la división precedente.
En la última división las cosas pasan de una. manera diversa.
El núcleo de la microgameta, que se divide mientras los otros degene-
ran, ocupa, i'ii las primeras fases de sus transformaciones, una posición
central en la microgameta, pero sin orientación determinada.
El de la macrogameta está próximo á la pared que separa las dos game-
tas y también sin orientación. Cuando comienza á. aparecer el huso, em-
pieza. también á manifestarse una cierta orientación, la cual os clarísima,
en el estado de la. placa ecuatorial : los dos husos tienen por eje la misma
recta.
listos son los hechos observados por Enriques; de ellos deduce que
22 —
existen fuerzas que orientan los husos vecinos, los cuales actúan unos
sobre otros.
Agrega Enriques que es imposible precisar la naturaleza <le esta
fuerza, pero podemos buscar las condiciones en que obra. Deseando ser
completamente objetivo en su interpretación enuncia Enriques dos gru-
pos de hipótesis que se excluyen recíprocamente.
Primer grupo. Primera hipótesis. — La orientación perpendicular
se relaciona con la homosexualidad de los husos vecinos, y la orientación
sobre el mismo eje, en la última división, con la lieterosexualidad.
Segunda hipótesis (subordinada á la primera). — Existe en cada huso una
carga potencial, de signo contrario en cada sexo; ¡i estas cargas se deben
los fenómenos de orientación, por la repulsión de las cargas homónimas
y la atracción de las cargas heterónimas (como si se tuviesen dos esferas
con los ejes cargados de electricidad positiva ó negativa: si las esferas
son mantenidas en contacto pero susceptibles de girar, los ejes se dis-
ponen paralelamente si las cargas son heterónimas y como los husos
cariocinéticos homosexuales si las cargas son homónimas). [La disposi-
ción ideada por Enriques es irrealizable, pues en las esferas electrizadas
la carga se dispone homogéneamente en su superficie y no en los ejes.
Además si se ponen en contacto se neutralizan sin realizarse fenómenos
de orientación. A. G.J
Existiría en suma, agrega Enriques, un potencial sexual, el cual se
formaría en individuos que surgen por división de uno privado de estas
cargas (división sexual); el fenómeno recuerda la contemporánea electri-
zación heterónima de dos cuerpos rápidamente separados.
Erente á estas hipótesis coloca Enriques este
Segundo grupo. Tercera hipótesis. — La orientación perpendicular
de los husos homosexuales es un fenómeno relacionado con la mitosis,
independientemente del sexo. La orientación sobre el mismo eje en la
última división, tiene razones particulares, tal vez relacionadas con la
sexualidad ó mejor con aquel momento determinado de la conjugación.
Cuarta hipótesis (subordinada á la tercera). — Existen en cada huso
mitótico cargas potenciales tendientes á orientarlos en direcciones per-
pendiculares.
La orientación especial de la última división se debe á condiciones
particulares y se hace posible por la conexión íntima de dos polos, uno
de cada huso.
Ttebate en seguida Enriques mi primera interpretación dinámica ó
insiste, con razón, en que ella no explica el alejamiento de los centro-
somas.
La repulsión de los husos (orientación perpendicular) y la de los een-
trosomas, continúa Enriques, le han sugerido la idea de que se trate en
la mitosis de fuerzas newtonianas, semejantes á las eléctricas y magüé-
23
ticas, y como ellas de dos signos, pero con una disposición de los polos
diversa de la supuesta basta ahora [se debe recordar que Enriques
no conocía mi actual interpretación, publicada poco antes de su tra-
bajo, A. (f.|, en la cual se ha dado demasiada prevalencia al centrosoma.
« Dos polos homónimos en los centrosomas, y uno heterónimo en el cír-
culo ecuatorial (especialmente debido ó, las cargas de los cromosomas)
puede substituir, por lo (pie respecta á las líneas de fuerza, los dos
polos heterónimos situados en los centrosomas; se conciban con la pre-
sencia, de mitosis pluripolares, explican la repulsión éntrelos centroso-
mas, explican mejor que las otras hipótesis el acercamiento de los cro-
mosomas hacia los centrosomas (y su hendimiento), dan cuenta de las
líneas de fuerza entre los centrosomas y los cromosomas en los estados
precedentes á la placa ecuatorial, y, por fin, hacen presumir la orienta-
ción en dirección perpendicular de los husos puestos en proximidad,
como en el caso de las divisiones de maturación de la Opercularia.
« La orientación de las últimas divisiones sobre el mismo eje, sería
debida á la, unión de dos polos (pertenecientes á los dos husos) en uno
solo; de ello debe originarse una orientación tal que aleje cuanto sea
posible las otras partes de los husos. Y así es, en efecto.
« Me parece que esta teoría, mientras toma en consideración algunos
hechos más que las precedentes, y especialmente estos nuevos fenóme-
nos de orientación observados por mí, no choca, como la de dos polos de
signos opuestos en los centrosomas, contra las objeciones deducidas do
la igualdad de su comportación. Rlmmbler ha vencido esta dificultad,
pensando en fuerzas newtonianas que no tengan dos polos — norte y
sur — como las atracciones magnéticas; me parece sin embargo que mi
hipótesis no ofrece aquellas dificultades de que él partió y que concuerda
mejor con los nuevos hechos. »
Se ve, pues, que Enriques, por el descubrimiento de la orientación
ortogonal de los husos cariocinéticos vecinos, ha llegado de una manera
independiente á formular la misma interpretación que publiqué en 1906
y que la defiende con muy buenas razones.
Efectivamente la posición de equilibrio de dos husos con sus polos de
mismo nombre en los vértices y la carga de signo contrario en el ecua-
dor, se obtiene cuando uno de ellos es perpendicular al otro en su región
ecuatorial.
La interpretación de Enriques respecto á la orientación sobre el mis-
mo eje de los husos heterosexuales, en la última división que precede á,
la fusión de los núcleos, no me satisface por completo.
Creo que en este fenómeno debe desempeñar un papel importante la
pared que separa las gametas. Recordemos que Enriques ha observado
ja orientación normal á la superficie de contacto del huso de la primera
división del micronúcleo en las inicrogametas.
ItEV. MUSEO LA PLATA. — T. III. (V, ?.4, 1900.)
3
24
Esto muestra desde ya que la superficie ejerce una orientación sobre
los busos cariocinétieos próximos á ella, cosa que también sucede en la
emisión de los glóbulos polares, durante la maturación de los óvulos de
los metazoarios.
Por otra parte, el núcleo de la macrogameta, antes de la última divi-
sión, está próximo á la pared que separa las dos gametas y comienza á
orientarse con la formación del buso.
Si admitimos, con Hartog, que la capa citoplasmática externa y las
membranas celulares son muy permeables á la fuerza cariocinética y
susceptibles de inducción, podemos deducir que la proximidad de un
centrosoma induce en la pared una carga contraria, homónima, por con-
siguiente, á la de la cromatina.
La atracción del centrosoma próximo y la repulsión de la cromatina.
determinan la orientación perpendicular del buso, puesto que el centro-
soma lejano ejerce una acción despreciable, dado su alejamiento y la
diminución con el cuadrado de la distancia en la intensidad de las fuer-
zas newtonianas.
Dos busos perpendiculares á uno y otro lado de una pared en el mis-
mo punto vienen á tener sus ejes en la misma recta. Además los dos
centrosomas próximos, atraídos por la carga contraria de la pared inter-
media., vienen á ponerse en contacto con sus caras opuestas.
¿No serán estas variaciones del estado eléctrico coloidal las determi-
nantes de la disolución de la pared ? El punto merece estudiarse con
atención.
La orientación ortogonal de dos busos cariocinétieos vecinos y sin
membrana interpuesta se ve claramente en una figura de Henneguy
(Nouvellcs recherches sur la división cellulaire indi reete. Journal de l’Anat.,
t. XXVII, 1891), reproducida por muchos autores y, entre otros, por O.
Hertwig, bajo el número 134, de la traducción francesa de La cellule ct
les tissus. Esa figura muestra también la acción atractiva ejercida sobre
los cromosomas por la proximidad del centrosoma del buso perpendi-
cular.
En general, los núcleos ó busos nucleares separados por membranas
no se influencian recíprocamente por la acción protectora debida á la
alta permeabilidad de la membrana, acción sobre laeual insiste Ilartog,
comparándola con la que ejerce la jaula eléctrica de Faraday, tan cono-
cida en física.
Los estudios de Enriques, que dejo reseñados, suministran una impor-
tante confirmación al concepto de bipolaridad y á la distribución de los
polos que acepto desde 1900. Refutan al mismo tiempo las objeciones de
Blmmbler y de Hartog.
— 25
VI]
Veamos las conclusiones que pueden deducirse de todos estos estudios.
Los fenómenos de la división carioeinétiea y celular son sumamente
complejos y en ellos intervienen acciones químicas debidas á la hetero-
geneidad de las substancias en presencia, acciones físico-químicas, de
osmosis y de tensión superficial, acciones eléctricas por las cargas de
los diversos coloides celulares y acciones hidrostáticas y mecánicas pol-
la viscosidad de los medios en que se realizan los movimientos.
En el estado actual do los conocimientos no estamos en condiciones
de dar una interpretación completa de todos los detalles que se observan
en las células animales y vegetales.
Pero podemos formular una esquema para darnos cuenta de las apa-
riencias más generales y más constantes, es decir, de aquellas que cons-
tituyen lo esencial de este fenómeno, uno de los más característicos de
la vida por su enorme generalidad en los seres vivientes.
La célula es una mezcla compleja de coloides positivos y negativos,
de distinto potencial, de electrólitos, de partes neutras coaguladas, sus-
ceptibles ó no de ser inducidas.
Si el detalle se nos escapa podemos por lo menos reconocer como resul-
tante de todas estas acciones y reacciones la. existencia de centros de
polarización contraria, lo que establece el carácter bipolar de estos fenó-
menos.
Por los experimentos de Lillie podemos admitir parala cromatinauna
carga negativa y para los coloides citoplasmáticos una carga positiva,
pero es posible que la distribución fuera inversa sin alterar por ello el
carácter bipolar que presenta ordinariamente la célula.
Los centrosomas son susceptibles de adquirir un potencial positivo
más alto que el resto del citoplasma, el cual contiene microsomas de
potencial más bajo, electrólitos y líquidos probablemente neutros.
El núcleo en reposo contiene, además de la eromatina, susceptible de
alcanzar un alto potencial negativo, la linina de potencial más bajo y el
enquilema neutro ó tal vez ligeramente positivo.
Las membranas celular y nuclear son productos de coagulación. La
membrana celular probablemente por acción de electrólitos externos ó
en pa rte internos, la. membrana nuclear producida por coagulación entre
coloides de signo contrario, es susceptible de redisolución cuando varían
las proporciones ó el estado eléctrico de estos coloides.
Al iniciarse la división normal aumenta por causas desconocidas el
potencial positivo del centrosoma lo que determina su desdoblamiento y
— 2 tí
la separación de los dos centrosomas hijos, rodeados de radiaciones, que
son cadenas de fuerza, formadas por la orientación de los microsomas
citoplasmáticos. Las trayectorias de los centrosomas durante su separa-
ción son curvas resultantes de su mutua repulsión y de la atracción que
sobre ellos ejerce el núcleo.
Durante la profase se disuelve la membrana nuclear por los cambios
eléctricos (pie en su proximidad tienen lugar, lo que determina una redi-
solución de los coloides que la forman. Aumenta al mismo tiempo el
potencial negativo de la eromatina á lo cual contribuye la salida del
enquilema neutro ó do bajo potencial positivo.
El huso se constituye entre los centrosomas positivos y la eromatina
negativa, como un espectro de fuerza, cuyas cadenas de fuerza siguen
groseramente la dirección de las líneas de fuerza teóricas.
Luego la eromatina se segmenta en la metafase por repulsión de sus
eromómeros bajo un alto potencial negativo.
Al separarse los dos grupos de mitades gemelas por su repulsión mu-
tua y la atracción de los centrosomas, comienzan á atraer el citoplasma
débilmente positivo hacia cada núcleo en formación y determinan así la
segmentación celular.
El contorno externo de la célula sigue en esta segmentación la forma
de las equipotenciales sucesivas entre dos centros homónimos.
La aproximación de los dos nuevos núcleos en formación á los centro-
somas respectivos, con carga de nombre contrario, determina una coagu-
lación entre coloides de signo opuesto (formación de nuevas membranas
nucleares) y una neutralización que determina un período de equilibrio,
roto nuevamente por el aumento de potencial positivo de los centroso-
mas que los lleva á una nueva segmentación.
Este aumento de carga positiva del centrosoma puede estar en rela-
ción con la atracción ejercida por el núcleo negativo sobre los coloides
positivos del citoplasma que concentra en su proximidad. Las radiacio-
nes que rodean á veces los núcleos en reposo, antes de la división, son
la expresión de estas atracciones.
Todos los movimientos se producen con cierta lentitud, pues deben
vencer las resistencias opuestas por la viscosidad del medio en que se
realizan.
En particular, la separación de los segmentos gemelos deja estrías
(filamentos conectivos) que se observan perfectamente en los experimen-
tos de Damianovicli.
Se ve, pues, que la aceptación de una polaridad para el citoplasma,
con alto potencial en los centrosomas, y la polaridad contraria en la cro-
matina permite seguir sin dificultad las diversas fases de la división
normal.
No hay necesidad de recurrir á la hipótesis improbable presentada
— 27
hace poco por Lamb (1!M)7) do que Jos centrosomas sean cuerpos que
])ulsan ú oscilan en un medio fluido para explicar que puedan rechazarse
aun cuando se hallan en los vértices de un huso. La hipótesis es inge-
niosa y claramente comprensible por la comparación de las dos figuras
<pie presenta (aunque con las leyendas equivocadas), pero mucho más
difícil de admitir que la carga eléctrica que es una propiedad general de
los coloides. Por otra parte, la dificultad que trata de explicar Lamb no
existe desde que se forma un huso con la distribución de polaridades
propuestas por míj
La división normal reposa, pues, sobre la polarización positiva intensa
de los centrosomas seguida de la polarización negativa intensa de la cro-
matina.
Estos fenómenos (pie se producen con un ritmo regular y correlativo
en la división normal ¿ pueden producirse independientemente el uno
del otro 7
Creo que sí.
En Indivisión amitótica ó directa se produce sólo la polarización de
la cromatina. Por ello no se observan ásteres ni husos, salvo una radia-
ción que suele rodear al núcleo en reposo y que demuestra su potencial
de signo contrario que el del citoplasma.
La división amitótica nos muestra que la cromatina sola es capaz de
determinar la división nuclear y la segmentación celular.
En los experimentos de Damianovich se puede también hendí r la capa
de goma de contorno elíptico, extendida sobre una lámina do vidrio, con
sólo una banda de verde brillante central.
En cuanto á la acción de los centrosomas aislados so observa en los
casos estudiados por M. y T. Boveri, Ziegler, Morgan, Baltzer, etc., de
blas torneros anadeados. En la mayor parte de los casos estos centroso-
mas se dividen rítmicamente pero no determinan la segmentación.
Los centros proceden por sí é independientemente de los núcleos, dice
Ziegler. ¿En qué estriban estas diferencias?
En la diferente polaridad. La cromatina atrae al citoplasma de signo
contrario y al separarse los dos nuevos núcleos determinan la separación
del citoplasma en dos posiciones atraídas hacia uno y otro núcleo, mien-
tras que los centrosomas no atraen al citoplasma y dan difícilmente lugar
á una segmentación, salvo que su separación sea muy grande y la pola-
rización tan enérgica que determine una caída de tensión superficial en
el ecuador de la masa citoplasmática.
Al principio, se atribuyó á los centrosomas un papel predominante en
la división, luego se consideró su influencia, equivalente á la del núcleo;
estas observaciones devuelven á la cromatina la mayor importancia que
sólo el olvido de la división amitótica, pudo haber hecho que no se reco-
nociera siempre.
La comparación entre los blastómeros con y sin núcleo es muy instruc-
tiva á este respecto.
Pero si la cromatina por sí sola es capaz de dividirse y de segmentar
la célula, esta división se liace mejor y con más regularidad y energía
cuando es guiada por las atracciones centrosomáticas.
Esta sería, pues, la diferencia entre la división directa é indirecta que
es sólo de grado y no esencial, como sostengo desde 1902.
En cuanto á la aplicación de estas ideas á la fecundación y á la par-
tenogónesis experimental queda perfectamente expuesta en la larga
transcripción de Delage.
Las gametas son unipolares y su unión restituye la bipolaridad, con-
dición esencial de la división.
La sexualidad reposa sin duda sobre una bipolaridad. No podemos
precisar con exactitud la distribución délos polos, pero debe tener una
íntima relación con los fenómenos de división celular.
Son muy interesantes desde este punto de vista filosófico las ideas de
Le Dantec, quien las expresa en la forma elegante y original que le es
característica. Así en cada cariocinesis habría una verdadera fecunda-
ción intercelular. Cuando ambas polaridades se separan en células dife-
rentes éstas no pueden segmentarse aisladamente, son las gametas.
Podría bosquejarse un esquema bipolar de la fecundación, pero ésto
alargaría demasiado esta comunicación.
Basta, pues, dejar establecido el carácter bipolar de los fenómenos de
-división celular y de sexualidad.
Esta idea se va abriendo camino poco á poco.
Así lie visto con placer que Earmer en su discurso presidencial en la
sección botánica de la reunión de la Asociación británica en Leicester,
el año pasado, expuso una teoría bipolar de la división nuclear y celular
fundada en las propiedades eléctricas coloidales «pie coincide con la pro-
fesada por mí.
En particular, dice Fariner, se ha hecho la suposición que el huso
nuclear debe su existencia á causas eléctricas. The more recent worh
serves to indícate thas tliis suspicion was loell fomulcd.
En las páginas precedentes creo haber refutado las dificultades que
se han opuesto á mi interpretación bipolar, reuniendo al mismo tiempo
nuevos argumentos lógicos y experimentales en su favor.
Es para mí una satisfacción que estas ideas hayan provocado trabajos
de experimentación á los cuales han servido de guía, como en los últimos
estudios de partenogénesis experimental de Delage y en las investiga-
ciones sobre los campos de fuerza entre coloides de Damianovicli.
Aunque nuevos datos demostrarán más tarde la falsedad de mi hipó-
tesis puedo, sin embargo, declararme contento desde que ellos han ser-
vido para suscitar la investigación.
29 —
En efecto, según una profunda, frase del eminente matemático y filó-
sofo francés Enrique Poincaré : Le role des théories, ce n’est pas d’étre
vraies , c’est d’étre útiles.
Unenos Aires, noviembre 11 (lo 1908.
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MEGACEPIIALA (PIIAEOXANTIIA) TREMOLERASI
N. SP.
Dkbciíipsit WALTHEE HORN
Differt a M. cruciata Brll. statura multo minore; lahri dentibus 2 me-
diis cf 9 produetis; pronoto in disco planto re, sulco áulico transverso
in diseo profundiore et posticem versus deflexo, crista cpipleuro-prono-
tali non serrata; summa elytrorum lati-
tudine c? pone médium, basi angustiore,
lateríbus sat parallelis (leviter usque pone
médium divergentibus : multo minan arcua-
tis quam in illa specie c?), 9 summa
latitudine ut in Ulitis 9 an^e médium,
lateríbus aequaliter rotundatis ; c f elytris
postice abbreviatis, ut breviora videantur ;
cf 9 ángulo suturalif ere recto, sutura non
retracta, margine apieali non serrato,
dimidia parte antica rarius et subtilius
punctata, g? ( semper f ) sculptura gradatim
ad apicem diminuta, 9 dimidia parte
postica f ere glabra (ápice extremo sparsis-
sime minute pu nefato), cf 9 serie foveo la-
mín juxta-suturalium (ante apicem diseum
versus directa) evidentissima ; parte apieali elytrorum dccliviorc;
cf 9 VI sternito abdominali in medio marginis postici non emar-
ginato.
Colore obscure-(flavo-in vivo?) testaceo, vértice pronotique partibus qui-
busdam discoidalibus interdum brunnescentibus, macula indistincta
latissima transversa ejusdem colorís pono médium elytrorum posita,
nec marginan lateralem nee apicem sed snturam at-t ingente. Postico
33
hujus maculae margine in disco s innato, ut color brunncscens latcrali-
1er et ad suturam magis ad apiccm ductus. Impressione illa levissima ■
discoidali longitudinali, quae in elytrorum parte posteriore (imprimís
9;, margini magis quam suturas approximata videatur , in nostra spc-
cie paullo profnndiore lateraliterque magis rotundato-torosa.
Long. (sine labro) 11,50-12 mm. Lat. 5,33-5,66 mm.
2 9? 1 cf iu Salto, provincia illa Uruguayensi, capta et a Dom Juan
Tremoleras milii liberalissime data. 1 9 Museo «Genova», a Dom
Silvestri, XI, 18ÍM) in « Entre Itios », provincia illa Argcntiniae, ]irope
Ooncordiam capta.
Corporc toto denúdalo, sat nitente; labro transverso brcvi, in medio an-
tico leviter producto, 4 dentato, dcntibus 2 centralibns approximatis
et conjnnctim magis prominentibus ; fronte glabra, striis qnibusdam
subtüissimis brevibus prope antcnnarum insertionem, impressionibus
2 discoidalibus anticis frontalibus levissimis ; lateribus in dimidia
parte antica pronoti fere parallelis ( leviter curvatis), pronoto postea
angustato , angulis anticis productis, posticis nullis, tofo glabro, basi
levissime coriácea, parte media . lincac longitud, inalis levissime breviter
transversim striolata ; elytris brevissimis, latissimis, sculptura omnino
discreta : pnnetis separatis, distinctis, interstitiis glabris ; declivitate
postica — ad apicem — evidenti.
Berlín, 2, III, 1008.
LES
SGORIES VOLCANIQUES ET LES TÜES ÉRUPTIES
Dli LA SÉllIE PAMPÉENNE DE LA RÉPIJBLIQUE ARGENTINO
AVEllTISSEMENT AUX SPÉCIALISTES A PROPOS ll’UN MÉMOI11E DU DOCTEUH FI.OKENT1NO AMEGIUNO
Par FÉLIX f. outes
Bocrcluiro ct directeur <l«;a piiblicaUons «ln Musée tic La Piala; Profcascur
aux Univcrsités «le La Plata et Buenos Aires
Dans deux de ses derniers numéros, le jounuil de Buenos Aires La
A rgentina, a publié in extenso le texte du mémoire presenté par le doeteur
Florentino Amegbino ii la section des Sciences Naturelles du premier
Oongrés scientiflque Pan-Américain de Santiago du Obili, au sujet des
fragments de scories vol caldques et tufs éruptifs que Pon trouve souvent
dans la série pampéenne de la République Argentine
Je n’ai pas la prétention de réfuter ici les quelques arguments, peu
valides d’ailleurs, apportés au débat de la question par M. le directeur
du Mnsée national de Buenos Aires, par la raison qiPa mes yenx, c’est
une grave erreur de confier aux colonnes de la presse quotidienne la
résolution de controverses qui ne doivent jamais sortir des pages de
publications spéciales de caraetére purement scientiíique.
Mais Partióle dont il s’agit renferme quelques allusions personnelles
qu’il nPest impossible de passer sous silence.
Le doeteur Amegbino affirme que «la tendance manifesté est de mi*
1 B rodados píricos da origen antrópico cu las formaciones ncótjenas de la República
Argentina, duna La Argentina, números 1318 et 1349, Hílenos Aires, 13 et 11 février
1909; reproduit en doublo texto, ospagnol et franjáis, daus Ies Anales del Museo ¿La-
cio nal de Buenos Aires, XIX, 1 et suivantes, Huenos Aires, 1909 (para lo 17 février).
Le texte du préseut avertissement, aveo de légéres modiñeations, correspoml á
Partióle queje publiai dans La Argentina du 17 février (número 1352) sous lo titro
do Escorias volcánicas y tobas eruptivas. Dans les renvois bihliograpiiiques qui sui-
vontjo me rél'ére, toujonrs, si la réhnpression du ínémoire du doeteur Amegliino,
publiée dans les Anales del Museo Nacional de Buenos Aires.
— 35 —
ner les bases sur lesquelles s’appuie la démonstration de Pexistence de
Pliomme et de son précursenr dans les époques passées » *, et il ajoute
que «l’attaque aux scories el, anx Ierres cuites n’est que le eominence-
ment de la campagne» 1 2. C’est sans aucun do ule, uue cliarge gratuite
que formule contre moi le docteur Ameghino.
Depuis un certain temps je m’occupe de réaliser une investiga-
tion euristique ininutieuse de tous les antécédents relatifs á Pliomme
quaternaire des plaines argentines, dans l’intention de les soumettre,
une fois reunís, á une sévere critique de restitution et de provenance
qui se terminera parla conséquente lierméneutique. Oes procédés analy ti-
ques réservent, il est vrai, dans un grand nombre de cas, des surprises
désagréables, car elles pcuvent arriver a démontrer la précipitation
dans jdus d’une hypothese, ou un empirisme du vieux temps, appliquó
á des recherches experimentales ou de laboratoire. Del’ensemble dedon-
nées qui constituent la méticuleuse enquéte á laquelle je me référe,j’en-
ai extrait quelques-unes pour rédiger l’étude préliminaire que j’ai publiée 3
sur les scories volcaniques et tufs éruptifs considérés jusqu’á ces der
niers temps par quelques auteurs, entre autres le docteur Ameghino,
comme des restes pouvant étre attribués a Pliomme fossile et á son pré-
curseur. Dans le dit mémoire, je mettais en évidence les nombreuses
erreurs d’interprétation et les jugements, peut-etre précipités, qu’avaient
formules jusqu’alors divers auteurs au sujet des restes mentionnés.
Je deplore done Perreur commise par le docteur Ameghino, présen-
tant sousun autre jour, bonajide, je u’endoute pas, le propos qui a guidé
mes recherches: propos absolument impersonnel, dépuratoire et dont le
seul désir est d’arriver a la véritd primitivo.
Le docteur Ameghino assure également, dans une note qui s’est
glissée dans son article «au moment de l’impression»4, que le docteur
Herrero Ducloux ne se fait pas solidaire de mes conclusions. Les con-
clusions de mon étude sont le résultat de mes interprétations personel-
les; quandjela commengai, jeme rendís compte immédiatement que
Panalysc chimique et P examen microscopique du matériel en discussion
étaient nécessaires et méme presque indispensables. Les docteurs E.
Herrero Ducloux, vice-directeur de Musée de La Plata et H. Biicking,
directeur de PInstitut Pétrographique et Minéralogique de PUniversité
1 Amhgiuno, lbid, d ct 5.
2 Ameghino, lbid, 4-6 ot 5-7.
3 Félix F. Outks, Enrique Herrero Duci.oux et, H. Bücking, Estudio de las
supuestas escorias y tierras cocidas de la serie pampeana de la República Argentina, dans
Revista del Museo de La Plata, XV, 138-197, avec 6 figures dans le texte et 4 plan-
ches. Buenos Aires, 1908.
4 Ameghino, lbid, 8-9, notcl.
3G —
de Strasboiug et l’un des pétrographes les plus connus, daignérent exa-
miner les éehantillons provenant de divers gisements. Cliacun d’eux
rédigea ses observations qui furent jointes au corps de mon étude. 11
suffit, et il n?en peut étre autrement, que le docteur Herrero Ducloux
se rende solidaire de ses propres conclusions, basées sur les données
analytiques obtenues par lui-méme. Entre oes données, il y en a deux,
passées sous silence par monsieur le directeur du Musée National de
Buenos Aires et qui, ajoutées au texte de la précieuse contribution de
mon distingué collaborateur, détruisent avec la logique contondante
des résultats numériques incontestables obtenus daos le ioburatoirc,
toutes les aflirmations servant de plate-forme á la t, líese du docteur
Amegbino.
Enfin, dans les acclarations annexées á la fin du mémoire en ques-
tion, le docteur Amegbino insiste sur le fait de mon absence de la
session, au cours de laquelle, devait se lire le travail imprimé, que
conjointement avec le docteur Herrero Ducloux, je présentai «a la consi-
dération du Congrés \ Je suis autorisé á le déclarer officiellement ; Péloi-
gnement du docteur Herrero Ducloux et le mien des sessions du groupe
des Sciences Ñafiadles, á partir de celle du 21) décembre, obéit a des
c irconstan eos sur lesquellcs je jugo plus prudent de no pas revenir.
Nous n’avons, en amaine facón, prétendu nolis soustraire audébat qu’au
contraire nous désirions et en vue duquel nous apportions, monsieur le
docteur Herrero Ducloux et moi, bou nombre de faits nouveaux.
Je n’insiste pasdavantage sur eette affaire pour le moment; en temps
voulu, je publierai mes nouvelles observations. Je discuterai alors avec
le docteur Amegbino, en conservant Péquanimité qui doit présider aux
spéculations désintéressées de la Science puré, et lili déférant, comme
toujours, le plus profond respect ; sans cesser pour cela de pousser mes
investigations jusqu’á l’établissement de la verité la plus absolue dans
le cas en question.
Amiígiiino, Ilid, 24-25.
DGSCRIPT10N
II K DEUX
COLEOPTEltES
DE L’AMÉRIQUE MÉRID10NALE
Par MAURICE PIO
üi'oiuanlliiis la lera lis
Subpar allelus, nitidus , gríseo pubescens , niger , tliorace pro majore parte
femoribusque basi rufo testaccis ; elytris nigro caerulescentibus , ad
médium et lateraliter testaceo limbatis.
Subparalléle, peu Unge, brillant, assez densement pubescent de gris
avec quelques poils dressés, en partie noir, en partie t es tac é - r o u ge adre .
Tete peu ponctuée, biimpressionnée entre les yeux, noire avec les parties
buceales rousses; antennes coartes, s’épaississant graduellement avec
le dernier article plus long que le précédent, noires avec le dessous des
premiers articles roussatres; prothorax court et large, presque lisse,
testacé-roussatre avec une large macule discale foncée antérieure, un peu
explané postérieurement et en arriére; écusson large, foncé; élytres
densement et rugid eusement ponctués, un peu plus large que le protlio-
rax, presque para.lléles, eourteiuent atténués au sommet, explanés et
rebordes au milieu, d’un noir ñ. reílets bleutés et ornés sur leur milieu
latéral d’une bordare testacée étroite qui s’oblitére en avant et en
arriére; pattes foncées avec la base des cuisses plus ou moins testacé-
roussatre. Longueur 4 millimétres environ, Brésil. Communiqué par
monsieur C. Bruch.
Yoisin de 1). discoideus Gorb., mais coloration du prothorax plus
largement testacée, antennes de strueture différente et élytres un peu
brillants.
Ilarieoheeginus incisicollis
Elongatus, satis angustatus , lúteo -pubes ceas, fere opacas, nigro piceas,
antennis pcdibusque brunncscentibus.
Allongé, assez étroit, presque mat, pubescent de jaune et liérissé de
quelques longs poils dressés, noir de poix avec les antennes et les pattes
brunátres. Tete petite, ruguleuse, yeux noirs; antennes d’un brun clair,
peu épaisses, avec les derniers articles allongés; prothorax densement
et granuleusement ponctué, long, fortement sinné sur les cotes avec une
large dent émoussée prés de la base et légérement écliancré au niilieu
du bord antérieur, relevé plus ou moins en bourrelet sur tout son pour-
tour, sillonné sur le milieu du disque qui, en outre, présente une courte
gibbosité postérieure non anguleuse; écusson grand, pubescent de fauve;
élytres de la largeur du prothorax, assez longs, subparalléles, courtement
atténués á l’extrémité, subtronqué sur leur sonimet niédian, á stries
bien marquées, ponctuées de points larges, presque carrés, interstriés
étroits avec quelques petites granula, tions; pattes assez robustos, bru-
nátres; dessous du corps ibncé, pubescent, un peu granuleux, derniers
segments de l’abdomen impressionnés au milieu. Longueur 10 millimé-
tres. Bépublique Argentine : Río Negro (C. Brucli).
Oette nouveauté, distincte entre toutes par la structure de son pro-
thorax muni d’une incisión au bord antérieur, peut se placer prés de
punctatipennis Pie; incisicollis est plus grand et plus large, non brillant,
plus largement strié-ponetné sur les élytres, enttn le prothorax a sa
gibbosité discale un peu plus élevée, le pourtour plus relevé et une
échancrure au bord antérieur.
Digoin (Sáonc-et-Loirc).
LOS PRETENDIDOS INSTRUMENTOS PALEOLÍTICOS
DE LOS ALREDEDORES DE MONTEVIDEO
(IUC1\ O. 1MCL URUGUAY)
Fon FÉLIX F. OUTES
Secretario y director de publicaciones del Museo de La Plata; profesor
en las Universidades de La Plata y Buenos Aires
Entre las muchas piezas arqueológicas compradas por el Museo de
La Plata — van corridos poco más de cuatro lustros — al profesor doc-
tor Florentino Amegliino, figuran algunas reunidas por el paleontólogo
nombrado en los alrededores de la ciudad de Montevideo, las que han
tenido hasta ahora, un valor excepcional, pues su descubridor las ha
considerado como pertenecientes á una. antigua, industria paleolítica,
que habría dejado sus trazas en aquella parte de la margen izquierda
del litoral platense.
Diversos detalles han hedió posible, sin embargo, que calidad tan
especial quede reducida á un simple antecedente negativo en el dossier
bastante embrollado, por desgracia, del hombre cuaternario de estas
reglones de Sud América.
Teniendo en cuenta todas estas circunstancias, resolví revisar con
detención el referido material dudoso, sometiendo, al propio tiempo, á
una severa crítica, todos los elementos de prueba aportados en favor de
su gran antigüedad : el resultado obtenido en mis investigaciones, lo he
resumido en las páginas de esta breve memoria.
Los supuestos instrumentos paleolíticos uruguayos conservados en
nuestro Instituto, son cinco.
Uno de ellos (pl. I, fig. 1, a y b), afecta la forma, de pirámide
triangular, con la. base ligeramente excavarla, una. de las caras casi del
todo plana y las otras dos con grandes fracturas irregulares. Es de cal-
cedonia color blanco-inarfilíiio con ligeras infiltraciones de jaspe pardus-
co. La. superficie se nota, algo alterada, aunque sin presentar una pátina
UBV. MUSEO J.A 1‘I.ATA. — T. III. (V, 2G, 1900.) 4
40
franca, desde que las fracturas actuales evidencian una descomposición
cuyo espesor alcanza á un quinto de milímetro á lo sumo. Tiene 115
milímetros de longitud, 70 milímetros de anclio máximo y pesa 460
gramos.
Otra pieza (pl. I, fig. 2, a y b), es de forma semejante á la ante-
rior, pero la pirámide se halla truncada debido á una fractura anti-
gua. En este caso, la roca es jaspe color rojo-carne, casi sin pátina algu-
na, en muy pequeña parte substituido por calcedonia semejante á la del
objeto anteriormente descripto y con igual alteración superficial. Esta
pieza tiene 135 milímetros de longitud, 104 milímetros de ancho máxi-
mo y pesa 847 gramos.
La forma del objeto reproducido en la figura 1 de la plancha. II (a),
resulta más ó menos elíptica, con una de las caras convexa y la
opuesta algo más deprimida; notándose, en ambas, restos de la corteza
natural del fragmento primitivo. En esta pieza no existe la menor traza
de trabajo secundario prolijo; sólo se ha desbastado á grandes golpes la
periferia en un pequeño segmento del borde. Al igual del primer ejemplar
descripto, es de calcedonia color blanco-marfil, infiltrada de jaspe pardo
ó rojo sucio; como siempre, apenas alterado. La longitud llega á 182
milímetros, de ancho máximo tiene 128 milímetros, el espesor no ex-
cede de 75 milímetros y pesa 1051 gramos.
Examinando con un lente la superficie de los tres objetos descriptos,
no se notan adheridos restos del terreno; sólo en las anfractuosidades
que forman las fracturas se observan, perfectamente, aglomeraciones de
arena muy fina algo parduzca y que, en muchos casos, pasa desaperci-
bida á la simple vista. Igualmente se constata con claridad, que las su-
perficies se hallan pulimentadas y brillantes, como acontece con todos
los instrumentos y armas de piedra que han permanecido envueltos por
las arenas.
El cuarto objeto de la serie (pl. II, lig. 2, a y á), es de forma,
irregular; aunque, si se quiere, piramidal. Muestra en buena parte de su
superficie la corteza natural del bloque matriz y, puede decirse, que dos de
las caras están formadas exclusivamente por aquélla; la otra, casi plana,
tiene unos pocos grandes golpes. En cuanto á la base, es convexa y
constituida también por la superficie primitiva, lis de calcedonia, como
los anteriores, aunque mucho menos alterada. Con ayuda del lente, se
nota, además de la arena fina, á que me he referido, algunas placas cal-
cáreas aisladas y de tamaño reducido, aunque las hay mayores y perfec-
tamente visibles á. simple vista. Debo hacer notar, «pie el material de
esos depósitos de carbonato de calcio aglutinado, no se lia infiltrado en
las depresiones ó «poros» de la roca ni en las asperezas que forman las
fracturas, sólo se le halla, vuelvo á. repetir, en aglomeraciones esporá-
dicas. He observado el mismo pulimento de las anteriores. La longitud
41
de este objeto es de, 152 milímetros, el ¡indio máximo I 10 milímetros y
el peso alcanza á J23i gramos.
Por último, sobre la forma del (plinto ejemplar tomado en su conjunto
y tal cual se lia reproducido en Ja lámina respectiva, me bastará decir
(pie correspondería exactamente á la de un gran raspador musteriense 1
(pl. 11 J, a). Su cara interna es plana y sin rastro alguno del concoide
ó de un verdadero esquirl amiento de percusión; la externa constituida,
en casi su totalidad por la superficie natural de la roca utilizada sin
nn plano de fractura definido; pero, notándose, en cambio, á. lo largo de
cierta parte de la periferia, algunos grandes golpes que, á mi juicio, co-
rresponden á un comienzo de trabajo secundario (véase pl. III, h).
Las cavidades que presenta la superficie de esta pieza, conservan aun
en sn interior, aglomeraciones de arena fina parduzca y ofrece el
mismo pulimento de las anteriores. Este ejemplar tiene 132 milímetros
de longitud 2 3, 152 milímetros de ancho máximo, 61 milímetros de es-
pesor máximo y 1021 gramos de peso.
La mayor parte de los objetos de que me he ocupado, fueron recogi-
dos por el doctor Amegliino en 1876, y descriptos detalladamente el
a.íio siguiente en cierta plaquette que es, en el día, una de las piezas ra-
ras de la bibliografía antropológica argentina \
El yacimiento se hallaba situado — actualmente lia desaparecido casi
por completo, — en los alrededores de la ciudad de Montevideo, á poca
distancia del caserío ó pueblecito del Cerro y en las proximidades de
1 G. y A. de Moimi.i.ET, Le próhistoriquc. Origine, ct, antiquité de l’homme, 170 y
siguientes, figuras 36 y 37. Taris, 1000 ; G. y A. de Moktim.et, Musée préhistori-
qne, plancha XI 11, figuras 04 y 95. París, 1003.
8 Dada la forma de raspador musteriense que ofrece la pieza descripta en el
texto, tomo su longitud desde el lugar que debió ocupar el plano de percusión hasta
el ápice ; y no en el sentido del tallado en bisel, como lo hace Mortillot (Le préhis-
tovique, 172). Este procedimiento lo he aplicado eu memorias que lio publicado an-
teriormente.
3 F. Amicgiiinc, Noticias sobre antigüedades indias déla Banda Oriental, 20 y si-
guientes, lámina II, figuras 10, 11 y 12. Mercedes, 1877. Las descripciones conteni-
das en esto folleto, fueron reproducidas en la obra del mismo autor : La antigüedad,
del hombre en el Blata, I, 300 y siguientes, plancha VIII, figuras 287, 288 y 280
(Tai ís-Huonos Aires, 1880-1881). liaré notar, á moro título informativo, que no tongo
plena seguridad al establecer la fecha, del primor viaje del doctor Amegliino á las
estaciones y talleres indígenas de, los alrededores de Montevideo. En algunas de sus
publicaciones, dice que su conversación con el ingeniero Nicour fué « el mes de
agosto del año 1877 » (La antigüedad, etc., I, 371), mientras en las Noticias, ya ci-
tadas, afirma terminantemente que fué « el mes de agosto del año próximo pasado »
(Ibid., 3), os decir, en 1876 pues el folleto lleva en su pie do impronta la focha de
1877. Me inclino á creer, por dicho motivo, que el viaje fué realizado al finalizar
el año de 1876 (véase Noticias, etc., 5).
42
punta, Caballo. Ocupaba el amplio espacio de terreno comprendido en-
tre el último accidente geográfico nombrado, las faldas de la conocida
eminencia que domina la bahía, y dos profundas torrenteras que descien-
den del Cerro al mar ’.
Los numerosísimos objetos reunidos en aquella ocasión por el doctor
Ameghino, y entre los cuales se encontraban los que describo en esta
memoria — excepción hecha del representado en la figura 2 de la plan-
cha II, — fueron hallados, todos, en la superficie del suelo, á la intem-
perie, ó apenas cubiertos por la arena movediza de los médanos 2.
Las circunstancias especiales que rodearon el hallazgo del objeto ais-
lado á que me he referido en el párrafo anterior — y de los que lo
acompañaban, — no se conocen hasta ahora con detalle. El doctor Ame-
ghino sólo ha dicho al respecto, que en los depósitos marinos próximos
al yacimiento que explotara en 1876, « en sus capas superiores y cerca
de los puntos que en esa lejana época constituían la playa, se han en-
contrado más tarde, y he recogido personalmente, grandes hachas de la
forma de Ohelles ó Saint-Aclieul, iguales á las que años antes había
recogido en las alturas; pero acá se encontraban en estratos regulares
que determinaban su época » 3. Á esta lacónica descripción, no -acom-
paña corte geológico alguno del terreno, ni dibujos reproduciendo los
objetos.
En cambio, los nuevos hallazgos le sugirieron observaciones de im-
portancia y, basándose en ellos, fué que modificó sus opiniones anterio-
res y estableció la gran antigüedad del material arqueológico de que me
ocupo en esta memoria. «Entonces — dice — volviendo á examinar los
instrumentos de forma clielleana que había recogido en las mesetas 4 5,
me apercibí de que en realidad no sólo diferían de los más modernos
con los que estaban mezclados, sino que realmente presentaban un as-
pecto más antiguo, mostrando su superficie profundamente alterada, en
unos casos por la acción prolongada de los rayos del sol, en otros por
pátinas adquiridas en el contacto secular con los terrenos en los que en
un principio fueron envueltos» !>.
1 Ameghino, en sus Notician, no daba mayores detalles sobre el yacimiento de
donde procedían los objetos uruguayos que describía. En cambio, su obra La anti-
güedad, etc. (I, 381) ofrece, á eso respecto, un gran cúmulo de referencias.
2 Ameghino, Noticias, etc., í) y siguientes; Ameghino, La antigüedad, etc., 1,
383 y siguientes. Conviene leer con detalle esta parte de la obra del doctor Ame-
ghino, especialmente desde la página que indico.
5 l1’. Ameghino, Contribución al conocimiento de los 'mamíferos fósiles de la Repú-
blica Argentina, en Actas de la Academia Nacional de Ciencias en Córdoba, VI, 55.
Buenos Aires, 1880.
1 Se refiere á los obtenidos en 187(>, descriptos en esta memoria.
5 Ameghino, Contribución, etc., 55.
— 43
Después <le establecer la identidad morfológica y el supuesto sincro-
nismo <pie, según su criterio, debe existir entre las piezas retiradas de
los estratos marinos de la costa y las encontradas en lo alto de la ba-
rranca, superficialmente, á la, intemperie ó semienvueltas por la arena;
el doctor Ameghino explica, por qué estas últimas estaban en condicio-
nes de yacimiento tan diferentes; debido, agrega, ú que «en esas altu-
ras donde las aguas no han formado depósitos sedimentarios desde épo-
cas antiquísimas, se encuentran los objetos arqueológicos de distintas
épocas mezclados»
Esta explicación es inaceptable, no sólo porque contradice las mismas
observaciones realizadas en el terreno por el doctor Amcgliino, sino por
que no la justifica ni confirma la geología de la localidad.
Como lo tengo dicho, en nota agregada al texto de una de las páginas
anteriores, el doctor Ameghino ha reunido en su clásica obra La anti-
güedad del hombre en el Plata, un buen número de detalles referentes á
la geología, estratigrafía, etc., de los terrenos en que se encontraban la
estación ó talleres indígenas del Cerro de Montevideo. « La base del
terreno — decía en aquel entonces — según puede verseen la costa del
río, la forman rocas graníticas... Encima de estas rocas se halla el terre-
no pampeano con una potencia que alcanza hasta cinco y seis metros de
espesor, presentando un color rojizo igual al de las pampas, arcillo are-
noso como éste, y conteniendo también infiltraciones calcáreas llamadas
toscas. Se presenta á descubierto solamente en las barrancas de las dos
calindas 1 2 y carece completamente de fósiles. 3 4»
Luego, refiriéndose á la superficie del terreno donde se encontraban
diseminados los numerosos objetos de piedra tallada, incluso la mayoría
de los deseriptos nuevamente por mí en esta memoria, agrega : « está
cubierta por capas de arena (pie descansan encima del terreno pampea-
no, exceptuando uno que otro punto en que asoman á la vista esquistos
metamórficos. La capa inferior es una arena parda, casi negra, mezclada
con materias terrosas y conteniendo por todas partes concreciones é
infiltraciones de óxido de fierro, pero se presenta a descubierto tan sólo
en donde la denudación de las aguas y la acción de los vientos se ha
llevado la capa de arena superior. Encima de esta capa de arena se en-
cuentra otra, de color blanco, bastante fina, que forma la verdadera
superficie del suelo »
Todas las observaciones anteriores son exactísimas, he podido perso-
1 Ameghino, Contribución, ote., 55.
5 So refiero á las que limitan el terreno que ocupaban los restos arqueológicos,
y que ya he mencionado anteriormente.
3 Ameghino, La antigüedad, etc., I, 381 y siguientes.
4 Ameghino, La antigüedad, etc., I, 382 y siguiente.
44
nalmente verificarlo, y sólo liaré notar que la capa inferior de arena es,
en verdad, un estrato de humus } mezclado en parte con los materiales
arenosos de la superficie.
No existe, pues, liiato alguno; los diferentes terrenos se han desarro-
llado normalmente, pues allí están representados en perfecta concordan-
cia el loess pampeano, el humus vegetal y la arena de las dunas actuales.
Desde luego, las particularidades geológicas y estrati gráficas que
acabo.de enumerar, evidencian que los objetos descriptos en las páginas
que anteceden de esta memoria — excepto el reproducido en la viñeta
2 de la plancha II — son actuales, y contemporáneos de las armas y
utensilios neolíticos de toda clase, reunidos por millares en la superficie
del arenal del Cerro.
En cuanto á los bancos marinos que existían en la costa á pocas de-
cenas de metros del yacimiento de objetos arqueológicos explotado el
año de 1870 por el doctor Amegliino, pertenecen, como los que aun se
conservan bien, al piso querandino de las divisiones estrati gráficas del
doctor Adolfo Doering y del paleontólogo nombrado. Esos estratos de
escasa potencia, se encuentran plaqués ó depositados sobre el toess pam-
peano y cubiertos ó no de tierra vegetal, con la cual se relacionan ínti-
mamente como he podido constatarlo, al igual del distinguido paleoetnó-
logo uruguayo, profesor don José 11. Figueira \
Representan la transgresión marina más moderna, verificada, como
parecen demostrarlo estudios recientes, en la misma era geológica ac-
tual 1 2 ; y, es muy posible, que investigaciones futuras llevadas con par-
simonia y conciencia, demuestren que su existencia remonta, á lo sumo,
á los comienzos de la deposición de los aluviones modernos, tal cual lo
suponían el gran Burmeister, hace ya más de cuarenta años 3 * * * * 8.
1 José II. Figueiha, Los primitivos habitantes del Uruguay, cu El Uruguay cu la
Exposición histórico-amerioana de Madrid, 1(53. Montevideo, 1892; véase igualmente,
Amegiiino, La antigüedad, etc., I, 382 ; II, 108.
2 Ferdinand Canu, leonographie des Bryozoaires fossilcs de V Argentino, en Anales
del Museo Nacional de Buenos Aires, XVII, 327. Refiriéndose al postpampeano, al cual
pertenece el piso querandino de Doering y Amegliino, dice Ganu : II est absolument
récent, plus réccnt ruóme que le quaternaire. J’y ai trouvé en cffel un exemplaire de Membra-
nipora tenuissima eonteuant encoré ses partios chitineuses ; ve n’était done pus un fossile
(Ibid., 327). El estudio de los moluscos marinos, coleccionados en los bancos de
Punta Carretas, en los suburbios de Montevideo, hecho por el doctor von Iliering,
evidencia, asimismo, la existencia de una fauna constituida, por elementos vivientes
en su totalidad, con algunas especies tan sólo emigradas á localidades cercanas (Mal-
donado); y con otras, como Corbula mactroidcs y Littorinida australis, que traicionan
la proximidad, casi inmediata, de las aguas salobres de la embocadura del Plata
(H. v. Iiiering, Les mollusques fossilcs du tertiaire ct du erótaeó supórieur de l’ Argén -
tiñe, en Anales del Musco Nacional de Buenos Aires, XIV, '128. Buenos Aires, 1907).
8 Germán Burmeister, Fauna argentina, Primera liarte, Mamíferos fósiles, cu Anales
— 45 —
Sin embargo, son limitadísimos los elementos de juicio con que se
cuenta en la actualidad, para poder pronunciarse sobre asunto tan deli-
cado. Si bien se lia comenzado la clasificación sistemática de los restos
de moluscos y otros animales inferiores provenientes de las localidades
de que me be ocupado, en cambio faltan por completo estudios ostra, tigrá-
(icos meticulosos que, dejando de lado teorías amables y prejuicios la-
mentables, evidencien las relaciones efectivas que pueden haber habido
entre 3a última transgresión marina, el locas de la serie pampeana y el
humus ó arenas actuales. Sería necesario, asimismo, un conocimiento pro-
fundo de la topografía de esos mismos lugares, los cambios que han ex-
perimentado aun en los tiempos históricos y, como complemento impres-
cindible, haber estudiado, realmente <á fondo, las particularidades geo-
lógicas (pie ofrecen los terrenos próximos.
Es prudente, pues, considerar hoy por hoy como de una edad dudosa,
todos los objetos arqueológicos procedentes de los bancos marinos depo-
sitados sobre el loess pampeano ó, excepcionalmente, sobre las rocas
cristalinas, de las márgenes derecha é izquierda del Plata.
Convendría, sin embargo, preguntar ¿el objeto representado en la.
figura 2, de la plancha II de esta memoria, fue hallado in situ? ó, mejor
dicho ¿procedía de un yacimiento primario? Debo hacer notar, á. este
respecto, que su descubridor dice haberlo retirado de las «capas supe-
riores y cerca de los puntos que en esa lejana época constituían la playa» *.
Agregaré, sin comentario alguno, que el material en que ha sido tallado
la ligera pátina que ofrece, el pulimento superficial, la forma, y la arena
parduzca que aun conserva en las anfractuosidades, corresponden exac-
tamente á particularidades análogas que ofrecen los demás objetos des-
di ptos en esta memoria procedentes de la superficie.
Como lo he dicho en páginas anteriores, todos los objetos ofre-
cen una ligera descomposición superficial que nunca constituye una
pátina más ó menos profunda y franca 2. Dicho carácter, invocado para
corroborar la supuesta gran antigüedad de las piezas referidas, carece
por completo de valor. Es sabido, desde hace ya largo tiempo, que la pá-
tina es causada tan sólo por un conjunto de circunstancias favorables,
del Museo público de Buenos Aires, I, 97. Buenos Aires, 1864-1869; véase, igualmente
G. Burmkistek, Dcscription physiquc de la Bcpúhliquc Argentino, II, 167. Paris, 1876.
1 Amkuiiino, Contribución , etc., 55.
! Cuando me ocupé en mi obra La edad de la piedra en Vatagonia (véase : Anales
del Museo Nacional de Buenos Aires, XII, 305. Buenos Aires, 1905), de los supuestos ob-
jetos paleolíticos uruguayos conservados en el Museo de La Plata, consideré como
esmalte y hasta como un verdadero cacholong, á la descomposición superficial men-
cionada en el texto. Ahora que he podido separar algunas esquirlas para eliminar,
así, la capa alterada, me lie convencido del error de interpretación cometido por
mí en aquel entonces.
46
las que pueden producirla sin intervenir en lo más mínimo el faetor
tiempo 1 : Nous avons mente vu — dicen Gabriel y Adrián de Mortillet —
des sílex de Charbonniéres (Saóne-et-Loire) commencer á se patiner en dix
ou douze ans de conservation aujour et a Vair, au musée de Saint- Germain *.
Se lia mencionado, por último, como una prueba positiva, el tipo de
« tallado» que presentan, «imitando perfectamente la forma de los obje-
tos chelleanos» 1 * 3. Haré notar, simplemente, que los estudios etnográficos
publicados en los últimos años, lian demostrado que aun en la actuali-
dad numerosos pueblos indígenas fabrican variados objetos de tipo pa-
leolítico purísimo 4 5.
Réstame, tan sólo, analizar el material descripto en el curso de esta
memoria, con el positive criterio, for identiji catión de que habla William
H. Holmes — el ilustre director del Departamento de Etnología del Ins-
tituto Smithsoniano de Washington, — thejirst vital point — dice, con
sobrada razón — to be considered by the arcliaeologist who toishes to consi-
der questions of compar at ive culture 5 ; y que permite, con plena seguri-
dad, separar los verdaderos instrumentos de los que no lo son.
Aplicando, pues, las severas disciplinas esbozadas en su comunica-
ción presentada al Congreso internacional de Antropología, reunido en
Chicago en 1893, y cuya, eficacia ha quedado demostrada después de la
1 Véanse, por ejemplo : M. Piútkement, Sur une pointe de fleche en sílex taillé, trouvée
aux Hublets (Mame), en llulletins de la Soeiétó d’Anthropologie de París (deuxiéme serie),
XI, 578 y siguiente. París, 1876; A. Rutot, Communication sur l’origine de la patine
des sílex, en Bulletin de la Soeiétó d’ Anthropologie de Bruxelles, V, 376 y siguientes.
Rruxellcs, 1886; G. y A. de Moutiei.et, Le préhistorique, 151. Podría multiplicar
las citas — se trata de un asunto ampliamente tratado y discutido — perojuzgo su-
íiciente las tres traídas á colación, pues expresan opiniones cuntidas en épocas bien
lejanas las unas de las otras.
* G. y A. de MoKTir.i-KT, Le préhistorique, 151.
3 AmeGiiino, Contribución, etc., 55. Desde un principio llamó la atención del doc-
tor Ameghino (Amkgiiino, Noticias, etc., 2 1 y siguiente ; Ameghino, La antigüe-
dad, etc., I, 398), el aspecto paleolítico de los objetos de que me ocupo en esta
memoria; así, al representado en la figura 1 ele la plancha II, lo encontraba semejante
á un instrumento cuaternario hallado en Mautort, cerca de Abbeville y descripto
por Lyell (eonf : Caki.es Lyeli., L’aneicnnetó de l’hommc prouvéc parla géologic, 125,
figura II. París, 1870); y refiriéndose á los del tipo representado en la plancha III,
los hallaba igualmente parecidos á las piezas triangulares de Moustier, reproduci-
das por Hamy, hace ya largos años, de las lleliquiae Aquitanieae de Lartet y Christy
(conf : E. T. Hamy, Précis de paleo ntologic húmame, 225, figura 43. l’aris, 1870).
4 La literatura sobre el particular es copiosísima ; y para no abusar de los renvois
bibliográficos, mencionaré, únicamente, los nombres de Reboux, Ratzel, Evans
Ruth (W. E.), Giglioli, Tylor (E. I!.), Noetling Klaatsch, etc;., cuyos trabajos con-
tienen observaciones altamente interesantes y sugerentes.
5 W. Ií. 11 oi.m es, Natural hislorg of flakcd stone iinpleinenls, en Meinoirs of the Inter-
national Congress of Anthropologg, Chicago IS 123 y siguientes. Chicago, J89I.
— 47
publicación, in extemo, de los resultados del estudio de las canteras y
talleres indígenas, y sus productos, situados en toda la región próxima
¡i. la bahía Cliesapeake, el Potomac y sus tributarios 1 puedo resumir
mis observaciones al respecto, en la forma que sigue.
Conviene, ante todo, lijar el verdadero carácter del yacimiento arqueo-
lógico del Cerro. Las referencias contenidas en La antigüedad del hombre
en el Plata son amplias y detalladas, pues el doctor Ameghino refirién-
dose al lugar donde recogió los numerosos objetos de su colección, decía :
« la superficie de la arena está completamente cubierta por un inmenso
número de piedras de diferente forma y tamaño amontonadas unas
encima de otras, de tal modo y en tan grande cantidad, que con dificul-
tad permiten caminar». « Casi todas están rotas y presentan ángulos y
aristas más ó menos agudas ó cortantes y otras ofrecen señales de haber
recibido fuertes golpes» 2 *. Luego, hacía notar que dichas aglomeracio-
nes de fragmentos de rocas, se extendían « hasta la misma costa baja, á
orillas del agua», (pie llegaban á ocupar una extensión de « 12 á 1.5 cua-
dras cuadradas » y que muchísimos de los fragmentos eran de rocas que
no se hallan en la, misma localidad n.
Iín vista de estos antecedentes, creo, como también lo suponía en 1880
el doctor Ameghino 4 5, que el yacimiento del Cerro constituía un taller,
al cual se habían, llevado multitud «le bloques matrices, nodulos, etc.
Por otra parte, el examen del material numerosísimo obtenido en la
localidad nombrada ;, conservado en diferentes colecciones, me ha ofre-
1 W. II. IIoi.mks, Stonc implcments of ihc Potomac- Chcsapcalce tidewater province, eu
Fiftccnth Animal Report of tlic Burean of Ethnology, 3 ,y siguientes. Washington, 1897.
Esta monografía admirable con tribuyó á resolver, una voz por todas, la debatida
cuestión de si los numerosos objetos do gran tamaño, trabajados groseramente, etc.,
reunidos en la referida región, eran ó no paleolíticos. Un prolijo estudio de la geo-
logía de la, localidad, de centenares de piezas, etc., demostró que se trataba de anti-
guas canteras y talleres de los indígenas históricos, los cuales obtenían la materia
prima, la elaboraban grosso modo para transportarla, y abandonaban in situ millares
de residuos, fallas, y facics diversas (lo fabricación (consúltese, igualmente : W. H.
1 1 o Muios, Distribution of átono implcmcnts in Ihc tule-water Counlry, en American An-
thropologist, VI, 1 y siguientes. Washington, 1893).
5 AmuguíNO, La antigüedad, etc., I, 384.
a Amkguino, La antigüedad, etc., I, 385 y 387.
4 Amkguino, La antigüedad, etc., I, 387.
5 Además do la. colección Ameghino, parte de, la cual fud comprada por el
Musco de La Plata, existe una numerosa serie en poder del paleoetnólogo uruguayo
profesor don .losó II. Figueira, y otra que este especialista cedió en venta á nuestro
Instituto, la que contieno miles de ejemplares. He sido informado de que muchos
particulares poseen numerosos objetos de la misma procedencia, y recuerdo que hace
poco tiempo, el señor don Luis María Torres, profesor adjunto de Arqueología en
nuestro Museo, obtuvo, en el mismo terreno, algunas piezas aisladas, á, pesar de
estar el yacimiento agotado por completo y casi destruido.
— 48
cido la ocasión ile poder señalar infinidad de piezas evidentemente
inconclusas.
Establecido el verdadero carácter del yacimiento del Cerro, voy áilar
por terminadas mis observaciones identificando el material descripto en
el curso de esta memoria.
La pieza representada en la figura 1 de la plancha I corresponde á un
residuo do fabricación y nunca piulo ser un instrumento; y en cuanto á
la representada en la viñeta 2 de la misma lámina es una falla, como lo
demuestra la fractura antigua que tiene.
Tampoco debe considerarse como una forma especializada, al objeto
que lia reproducido en la plancha TI (fig. 1). Si se hubieran realizado
en el taller del Cerro estudios sistemáticos, sería fácil demostrar que
corresponde á un elemento intercal able en una de las series progresivas
de fados de fabricación de un tipo de instrumento h
El cuarto objeto (pl. IT, fig. 2) de que me he ocupado, representa una
forma esporádica y extemporánea, utilizada, quizá, para suplir necesida-
des del momento. El dibujo semi-esquemático de la figura 1, intercalada
en el texto, demuestra cómo podría adaptarse á la mano. Es, sin duda
alguna, el único instrumento de la serie.
Por último, la quinta pieza es, también, un residuo de fabricación,
con un trabajo secundario apenas comenzado, y mucho menos utilizable
que las tres anteriores no identifieables (pl. III).
Mis conclusiones son, pues, las siguientes :
Ia Los objetos hallados superficialmente en los alrededores del Cerro de
1 Figueira describe una pieza inconclusa semejante hallada en 151 Pedernal, que
tiene una longitud de casi 190 milímetros (Figuuira, Ibid., 186 y siguientes, lig. 45).
Kev. Museo de La Plata, t. x\t (sek. ir, t. ni)
Plancha 1
Rev. Misf.o de I,a Reata, t. xvi (seje ii. t. iii)
R i, ancha II
Rev. Museo de La Plata, t. xyi (seh. ii. t. iii)
Plancha III
— 49 —
Montevideo y considerados como paleolíticos, son modernos y pertenecen
á la industria ya conocida de los primitivos habitantes de la región.
2 a Las piezas procedentes de los estratos marinos de 'la costa de la
misma localidad, son de una. antigüedad dudosa, pues se trata de depó-
sitos cuya edad geológica no está aún bien determinada;
3a Existen, sin embargo, indicios favorables de que dichos objetos
sean contemporáneos de los hallados en la superficie del terreno, y de
que no se hallaran en un yacimiento primario;
4a Las piezas encontradas superficialmente no corresponden á formas
especializadas, sino á diferentes /«cíes de fabricación de objetos diversos;
5a El objeto procedente de los depósitos marinos, es, realmente, un -
instrumento.
En el Museo de La Plata, 15 de noviembre de 1Í108.
DESCRIPTION D’UN LAMPYRIDE NOUVEAU
DE LA RÉPÜBLIQÜE ARGENTINE
Par E. OLI VI Eli
lMiotinus I » i*ii <* li i uov. sp.
Elongatus, subparallelus , ater ; mandibulis et palpis piceis ; protliorace
brevi, obtriangulari, varioloso punctato , disco la-vi , vahío convexo ,
nítido, sulcatulo, nigro, temiissime flavo limbato ot maculis duabus
flavis ornato ; scutello conico, punctato, nigro; elgtris prothorace vix
latioribus, elongatis, parallelis, rugosulis , obsoleto bicostulatis, nigris,
temiissime flavo limbatis; coxis piceis; tarsorum unguiculis flavis;
5o et 6‘° ventris segmentis Incidís, coréis, ultimo perbrevi, emarg inato,
flavo.
Argén tiñe : Tueuinan.
Je sais lieureux de dédier eette espere á M. Brneli, <]ii i a deja enriela
ina collection de plusienrs especes intéressantes.
Le Photinus Bruchi dont je ne comíais que des exemplaires cT vient
se placer prés des P. peradas Ern. Oliv. et albicinctus Oast.
LAS AGUAS MINERALES
DK LOS
VALLES DE HUALFÍN Y OTROS DE LA PROVINCIA DE CATAMARCA
Por el Doctor ENRIQUE HERRERO DUCLOUX
Viccdirecfcor del Museo de La Plata: profesor Ulular de Química Analítica en las Universidades
do Hílenos Aires y La Plata
y icl Profesor L. HERRERO DUCLOUX
Suplente de Química Analítica en la Universidad Naoional de La Plata
INTRODUCCIÓN
Constituye el presente estudio un complemento y una ampliación, al
mismo tiempo, del capítulo (pie á las aguas minerales de Catamarca de-
dicamos, en el trabajo titulado : Aguas minerales alcalinas déla Reptíbli-
ca Argentina. 1 el año próximo pasado.
Los resoltados obtenidos entonces, con muestras procedentes do los
valles de II. nal fin, nos indujeron 4 emprender un estudio míís completo
de las fuentes de la región, privilegiada sin duda do este puntudo vista,
desde que sus aguas eran comparables, por su composición química, á las
europeas de tanto renombre como las de Vicliy, Vals (Saint-Jean), An-
dabre, Evaux, Evian, Teplitz y Chaudesaignes entre otras.
La circunstancia de estar destinado este trabajo 4 comprobar y am-
pliar las datos establecidos en el primero, nos obligó 4 no ahorrar
esfuerzos para que la elección de las muestras y las determinaciones en
la fuente diesen base segura 4 nuestro estudio, y con este ñn se trasladó
el profesor Leopoldo Herrero Ducloux 4 Catamarca, pasando un mes en
la región de las fuentes.
Si quisiéramos explicar la presentación de estas p4ginas en el Cuarto
Congreso Científico (Io Panamericano) de Santiago de Chile, nos basta-
ría recordar la importancia que 4 este género de investigaciones han
reconocido sabios chilenos como Domeyko, Díaz, Miguel, Darapsky,
1 E. Herrero Ducloux, Las Aguas minerales alcalinas de la República Argentina,
en Revista del Museo de la Plata, XIV, 9 y siguientes. La Plata, 1907.
52
Scliultze, Martens, Izquierdo y ligarte, en sus memorias é informes so-
bre las termas de la República, buscando como hombres de laboratorio
la satisfacción de su curiosidad científica, y al mismo tiempo, favorecien-
do la explotación de estas riquezas naturales para bien de su patria.
No creemos que la tarea haya terminado con nuestra modesta contri-
bución al estudio de las fuentes de Oatamarca, porque el tema está lejos
de agotarse aún, y felices nos consideraremos de vernos seguidos y so-
brepasados en el surco abierto, porque, como dice Darapsky, « la conti-
nuidad es la base de todo progreso intelectual y material » '.
LA REGIÓN DE LAS FUENTES
Las fuentes estudiadas se hallan en la parte central de la provincia de
Oatamarca, éntrelos 06°30' y los (>7° de longitud (oeste de Greemvicli),
y en las proximidades del paralelo 27° 30 ' de latitud sur 1 2 3.
Pertenece esta zona á la región llamada Serrana J por Delaehaux y
Andina por Martin de Moussy, en la división del territorio de la Repú-
blica; y esta circunstancia basta para presumir su aspecto general mon-
tuoso, su altitud considerable, la escasez de las lluvias y el carácter es-
pecial de su vegetación, correspondiente á un tipo xerólilo pronunciado,
entre cuyos representantes resinosos y espinosos las cactáceas dominan
en el conjunto según el mismo profesor Delaehaux.
El clima no puede llamarse riguroso, pues la temperatura media anual
es de 10° á 18°0., llegando en verano esta cifra á 20°-25°(’., y ba-
jando en invierno á 14° O., también como temperatura media. La presión
atmosférica oscila entre 757 y 700 milímetros, reinando en verano los
vientos de oeste á este y en invierno de noroeste á, sudeste 4; ésto unido
á las escasas lluvias, pues las isoyetas corresponden á 400 y 200 milíme-
tros, permite caracterizar esta región de las fuentes como muy seca, y
donde la agricultura depende exclusivamente del riego.
El fragmento del mapa del ingeniero Lange, que acompaña á estas
páginas, nos evita largas explicaciones sobre las desigualdades del te-
rreno, mostrando los macizos de Belén y de Hualfín cortados por que-
bradas profundas, y la sierra del Atajo al sur de la cual se encuentran
algunas de las fuentes estudiadas.
1 L. Dahapsky, Las aguas minerales de Chile. Valparaíso, 1890.
s Gunaudo Lange, Mapa de la provincia de Calamarca. 1893 (escala 1 : 1.000.000).
3 Enrique A. S. Delaciiaux, ¡legiones físicas déla República Argentina, en Revista
del Museo de la Plata, XV, 102 ¡í 131. Buenos Aires, 1908.
* Gualterio G. Davis, Clima de, la República Argentina. Buenos Aires, 1902.
MAPA DE LA REGION DE LAS FUENTES ESTUDIADAS SOBRE EL TRAZADO DEL INGENIERO D. GU NARDO LANGE (1893)
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— 53
Res j Kioto do la constitución geológica do la región, del punto do visto
en que aquí nos colocamos, los datos que poseemos nos muestran una
gran heterogeneidad cuando se trata de comparar las fuentes entre sí.
En efecto, mientras el manantial de la Ciénaga surge en terrenos de
acarreo moderno, en el valle del río Belén, la fuente de Dionisio brota
en una zona formada por rocas eruptivas nuevas, en las cuales dominan
las tobas andesítieas y traquíticas.
En el valle del río de tlualfín y de Belén dominan las areniscas, con-
glomerados y arcillas postcretáceas (terciario ?) ; formando la sierra de
Belén — que cierra el río por el este — los gueiss, la aníibolita, la dio-
rita esquistosa, la pegmatita, el granito y otras rocas del grupo areáico
(azoico).
Las termas de Villa Vil y de Cura Fierro se encuentran sobre psami-
tas (areniscas) do edad indeterminada, pero correspondiendo al grupo
mesozoico (secundario) ; y tienen hacia el este, rocas eruptivas antiguas
(granitos) que llegan hasta el manantial de Nacimientos de Hualfín.
Los manantiales de Vis Vis y de Nacimientos de Vis Vis, se hallan en
las proximidades de pizarras, gramwackas y otras rocas del grupo paleo-
zoico (primario); en tanto que Choya, aunque próxima á ellos, se acer-
caría á Nacimientos de Hualfín por la constitución del suelo L
CLASIFICACIÓN DE LAS AGUAS
Antes de entrar á considerar en detalle la composición de las aguas
(pie motivan este estudio, hemos creído oportuno hacer ver el lugar que
les corresponde entre las aguas minerales de la República. Y con este
fin, hemos incluido en estas páginas un cuadro de clasificación propues-
to por uno de nosotros 1 2 á título do ensayo, y sin pretender para él otro
valor que oí correspondiente á todo sistema de base convencional.
Los estudios hechos hasta hoy en la, república nos autorizan para
afirmar que existen en el país todos ó casi todos los tipos de aguas
minerales que la higiene y la terapéutica utilizan hoy ; y el examen del
cuadro de clasificación que presentamos es la prueba más evidente do
la, verdad de nuestro aserto.
Entre las aguas sulfurosas enumeradas hay algunas comparables á
las de Baréges, Luchon y Aix; las fuentes clorosulfatadas no desmere-
1 L. Brackeijusch, Mapa geológico, en Actas de la Academia Nacional de Ciencias,
VII. Córdoba, 1892.
5 E. Herrero Ducj.oux, Hidrología aerícola é industrial, en Censo agropecuario de
la República. Buenos Aires, 1908.
54 —
cen al lado de Balaruo, Bourbonrte, Hombourg, Garlsbad, Marienbad y
Ganstadt ; la medicación cálcica podría substituir aquí á las aguas de
Coutrexeville, Dax, Friederichsliall y Shelteaidiaiu, sin dificultad; hay
aguas ferruginosas semejantes á las de Spa, Soultzbach y Pynnont y
en gran número; y en fin, las aguas alcalinas de Vicliy, Ems, Yernetz,
Toeplitz, Andabre y ICvian tienen verdaderas rivales argentinas.
He aquí el cuadro en cuestión, donde los nombres de las aguas estu-
diadas en estas páginas se indican en bastardilla, para hacerlas resaltar
entre las de su grupo.
I. A (/itas alcalinas
l1' Aciduladas alcalinas fuertes : Cura Fierro de llualfíu (O) 1 ; Manan-
tial Onelli (Gli); Hampa ( G); La Colpa (G); Manantial de la Quebrada
(EN) ; Las Peñas (Mj.
2o Aciduladas alcalinas débiles : Los Nacimientos de ILualfín (O); Villa
Vil (C) ; Manantial Barrancas (SC) ; Manantial de Incachuli (S); Villa-
vi cencío (M).
;¡" Aciduladas alcalinas muy débiles : Gastañeda (d ) ; Puente Pérez (d);
Pulan (tí); Fiambalá (G); Saugil (G); Gorro Golorado (G); Volcán (S);
Gopahues (N); Pío Planeo (M); Morrillo (SL); La Guardia (SL); Santa
Posa (SL) Sauce del Paraíso (S).
4o Aciduladas alcalinas silicatadas sódicas : Vicliy de Gopahues (Nj;
Arroyito de Gopahues (N); Zarza de Rosario de la Frontera (S); Inea-
chuli (S).
II. A (juas alcalinas calcáreas
Io Alcalinas calcáreas fuertes : Puente del Inca (M).
2o A lcalinas calcáreas débiles : Volcán Peteroa (M); Hoyada ó Quebra-
da de los Hornos (C); Baño del Alto y del Bajo (SJ); Choya de Andal-
galá (O).
III. Aguas clorosnlfatadas
lu Clorosnlfatadas fuertes : Volcán (Sd); Salado (Sd); La Laja (Sd);
Pan de Azúcar (M).
2U Clorosnlfatadas débiles alcalinas : Borbollón (M); Ghallao (M); Ga-
1 Los nombres tic las provincias y gobernaciones se lian indicado por sus iniciales,
así : C, Catamarca ; Olí, Cimba! ; Co, Córdoba ; .1, Jujuy ; M, Mendoza; T, Tucu-
nián ; KN, Kío Negro ; tí, Salta ; tí.), San Juan ; SL, tían Luis ; tíC, Salda Cruz :
SE, Santiago del Estero.
— 55 —
dienta (M); Las Cuevas (M); Zanjón Amarillo (M); Baños de los Beyes
(J); Salada-ferruginosa de Rosario (S); Yichy de Rosario (8) ; Mazán (R);
Jumial (G) ; Iluillapima (C); Clianampas (C); Choya (C); Ciénaga (C) ; Vis
Vis (C) ; Dionisio (C).
3o Cloruradas : Timbó (T); La Estacada (M); Cajón Grande (M); Pera-
lito (M) ; El Salado (M); San José (Co); Laguna Blanca (C); Albardón (SJ).
1Y. Aguas sulfurosas
1° Sulfhídricas : Sulfurosa de Rosario (S); Río délos Papagayos (SJ);
La Laja (SJ) ; La, Cieneguita (M); Aguas Amarillas (M); Cerro de Caclieu-
ta (M); Sosneao (M).
2o Sulfurosas verdaderas : Hedionda de Jacha! (SJ); Los Molles (M);
Porongal (S); Copalmes (N).
V. Aguas ferruginosas
Io Ferruginosas biearhonatadas : El Yeso (M); Termal de Las Peñas
(M); Surgentes de Copahues (N); Tanti Yiejo (Co); Camino del Palmar
(SL); Baños fríos de los Reyes (J); Río Hondo (SE).
2 0 Ferruginosas sulfatadas : Laguna Verde (N); Cerro Bola (M); Río
de la Alumbrera (C).
VI. Aguas termales 1
Io Termales mineralizadas : Puente del Inca, 33° (M); Los Molles,
42-46° (M); Quebrada de Huaco, 24° 5 (SJ); La Laja, 75° (SJ); Peralito,
30° (M); Termal de Las Peñas, 38° 5 (M); Rosario de la Frontera, 85°
(S); Villa Vil, 62-04° (O); Cajón Grande, 51° (M); Nacimientos de Hual-
fin, 37 ° (C); Vis- Vis, 38° (C).
2o Termales simples : Baños Calientes de Los Reyes, 36° 5 (J); Fiam-
balá, 59-60° (C); Cacheuta, 37-48° (M); Capis, 25° (M); Villavicencio,
36° 5 (M); Agua Caliente, 60° (R); Borbollón, 36° (M); Copahues (sur-
gentes), 90-100° (N); Intiguyaco 42° (SE); Uturunco Huasi 34° (SE).
1 Las temperaturas se expresan en grados Celsius.
KBV. MUSEO LA TLATA.
T. III. (V, 28, 1909.)
5
56 —
COMPOSICIÓN DE LAS AGUAS
Hemos reunido en tres cuadros 1 los resultados analíticos obtenidos,
y los datos calculados para las aguas estudiadas, con el fln de favorecer
las interpretaciones y las comparaciones ; pero no creemos que debamos
reducir éstas á las que se pueden hacer con otras aguas del país, sino
que por el contrario, deben elegirse tipos de comparación entre las euro-
peas que invaden nuestros mercados y tienen un renombre adquirido
como agentes terapéuticos.
No se trata de perjudicar en modo alguno á esos artículos de comer-
cio que luchan en seria competencia; pero es necesario que se sepa el
valor de las que poseemos. Es menester favorecer iniciativas cuya in-
fluencia en la riqueza nacional no tardaría en hacerse sentir, y creemos
un deber el señalar los veneros inexplotados que la naturaleza ofrece,
soledades pobres hoy, que un ramal férreo transformaría en pocos años,
como lo ha hecho con Puente del Inca, Caclieuta y liosario de la Fron-
tera. Esos rincones de la provincia de Catamarea, alegres y pintorescos,
no tardarían en ser centros de población con vida propia, punto de reu-
nión de hombres do Europa., quizó, que por snobismo ó por necesidad
vendrían en busca de estos manantiales, vistos por ellos en la imagina-
ción como otras tantas fuentes de Juvencia.
Las aguas que comprende este estudio, como se ha visto en el capítu-
lo anterior, pertenecen á dos grupos diferentes : el de las bicarbonatadas
alcalinas y el de las elorosulfatadas débiles, es decir á los dos géneros
de aguas minerales más generalizadas como aguas de mesa y por lo tanto
de gran consumo, aun sin iines terapéuticos.
Las del primer grupo son las que provienen de Villa Vil, Nacimientos
de Hualfín, Llampa, La Colpa y Cura Fierro, ofreciendo una verdadera
gama en su riqueza en bicarbonato sódico, que presentamos aquí en fren-
te de las cifras correspondientes á fuentes europeas :
1 El cuadro que indica la composición de las aguas en iones, se ha hecho de acuer-
do con el voto do la sección do Ciencias Físicas del congreso Panamericano do Chile
en favor de la unificación do los sistemas actuales, para representar resultados ana-
líticos en trabajos de este género.
2 No indicamos si se trata do Na2Cs06 ó de NaHC03 porque en casi todos los ca-
sos sólo liemos encontrado la denominación bicarbonato, sin otra indicación y en al-
gunos correspondo á la segunda fórmula.
— 57
Como se ve, Cura Fierro sobrepasa á la más rica de las fuentes de
Vicliy en lo que se refiere á su riqueza en bicarbonato sódico, no que-
dando en mal lugar La Colpa y Llampa. Y no puede decirse que haya-
mos tratado de forzar la nota con la elección del método de agrupación
de ácidos y bases : pues, por el contrario, hemos combinado los óxidos
de hierro, calcio, magnesio y potasio al anliidrido carbónico antes de cal-
cular 6l carbonato sódico.
Tienen además un carácter especial que puede contarse entre los
que deben favorecerlas, y es su pobreza en cloruros y sulfatos, su es-
casez en sales de calcio y magnesio y su gran pureza.
No creemos fuera de lugar presentar ahora los datos comparados de
algunas de estas fuentes como Villa Vil y Teplitz, Llampa y Vals (Saint-
Jean), La Colpa y Andabre, dejando la del Cura Fierro por haber ya sido
comparada en nuestro estudio general antes citado.
En efecto, la. analogía es más evidente como puedo verse :
Lo mismo ocurre para las fuentes de Llampa y Vals (Saint- Jean), to-
mando para ésta, los datos de los profesores O. Henry y Lavigne, calcu-
lados en bicarbonatos que consideramos en estado anhidro 1 2 :
1 Análisis dol profesor Giuti de Praga y dol profesor P. N. Arata de Buenos Aires.
8 G. Dblfau, Hyyibno et thérapeutique therviales. París, 1896.
58
Es evidente que se trata de semejanza y no de identidad, pues el dato
del carbonato lítico basta para distinguir perfectamente las dos aguas.
Estrecha relación guarda el agua de La Colpa con la de Andabre
(Aveyron), teniendo sobre ésta la ventaja de contener más litio y de ser
más pobre en óxidos de calcio y de magnesio. He aquí los datos de Li-
mousin y Lamotte para el agua de Andabre :
Las aguas del segundo grupo considerado, es decir, las clorosulfata-
das ó sulfatadas alcalinas débiles, son las de Ciénaga, Vis Vis, Nacimien-
tos de Vis Vis, Dionisio y Choya de Andalgalá.
Las cuatro primeras presentan una riqueza creciente en residuo salino,
correspondiendo á un aumento de cloruros y sulfatos alcalinos disueltos,
acompañados de carbonatos alcalinos en Vis Vis y Nacimientos, cir-
cunstancia que da á estas dos aguas verdadero valor. El agua de Choya
(Andalgalá) ofrece la particularidad de no contener sino vestigios de
cloruros, con una escasa mineralización que recuerda la del agua de
Evian (Alta Saboya) y la del Volcán en Salta, como puede verse :
59 —
Más estrecha es la relación entre nuestros análisis del agua de Vis
Vis y la composición calculada por Willm para el agua de la fuente de
Evaux (Pozo César) como puede verse :
Demostrada la semejanza de la composición química de estas distintas
aguas, no queda comprobada su equivalencia como agentes terapéuticos :
los estudios sobre la radioactividad de los manantiales, las teorías sobre
el estado particular de las sales y délos gases disueltos en las aguas mi-
nerales, no permiten juzgar del valor curativo de un manantial sin un co-
nocimiento profundo de las propiedades del agua, y esta tarea no es de
un hombre ni de un día para que sea seria y provechosa. Preferible es
confesar ignorancia y esperar, en estos problemas tan ligados á la salud
pública, y no crear un ídolo más para la humanidad doliente, pues pen-
samos con Itabelais que ciencia sin conciencia es la ruina del espíritu.
MÉTODOS ANALÍTICOS
El valor de las cifras que representan los datos analíticos dependen tan
directamente de los métodos empleados, que creemos indispensable se-
1 Los datos analíticos corresponden al profesor Willm.
— 60 —
Balar, aunque sea rápidamente, los procedimientos seguidos en este es-
tudio, indicando la obra ó memoria, donde el modo operatorio se ex-
plica en todos sus detalles.
Para el trabajo en la fuente, determinando caracteres físicos y orga-
nolépticos y eligiendo las muestras, Fresenius 1 ha sido nuestra guía,
así como también Malméjac 2.
La temperatura de congelación (punto crioscópico) se lia determinado
en ensayos repetidos con un aparato Beckmann y siguiendo fielmente
las indicaciones de Guárese] i i 3.
La presión osmótica se lia calculado de acuerdo con la fórmula 4.
_ 1000 SL á
* ~~ 24.25 ’ ¥u
simplificada así
tu = 12.03 A
por tratarse del agua como disolvente.
La resistencia eléctrica específica (resistividad) la determinamos por
el método de Kohlrausch en un aparato muy semejante al propuesto por
Arrhenius para medir resistencias de electrólitos, pues estaba formado
por dos discos paralelos de platino, de una superficie igual á 4,:m224 si-
tuados á la distancia invariable de 100 milímetros en el interior de una
probeta cilindrica de vidrio, algo mayor en diámetro que los discos; los
electrodos eran de platino y llegaban á contacto de los discos á través
de tubos de vidrio llenos de mercurio.
Las determinaciones se hicieron en el gabinete de Física de la Facul-
tad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, de la Universidad de Bue-
nos Aires, donde el ingeniero Guillermo Cock con una amabilidad que
agradecemos sinceramente, puso á nuestra disposición todos los elementos
de trabajo y controló nuestras medidas. Se siguió el modo operatorio
aconsejado por Marie 5, pero no pretendemos para nuestras cifras valor
absoluto alguno, aunque coinciden entre sí fuentes semejantes y se
acercan á las establecidas por Negreanu para aguas europeas 6.
La materia orgánica fué determinada por el método seguido en el la-
1 R. Fresenius, Traitó d’analyse quantitative (6a edición francesa).
* F. Malméjac, L’eau dans l’alimentation. París, 1902.
3 I. Guarkschi, Nuova Enciclopedia di Chimica, I, 239 y siguientes. Torillo, 1906.
4 D'Arsonval, Cíiauvkau, Gariel]ET Mary, Traite de Physique Biologique, I, 680.
París, 1901.
5 M. O. Marie, Manuel de manipulations d’électrocliimic. París, 190(5.
6 D. Negreanu, Resistivité des eaux minerales, en Bul. Soc. de Sciintc din Bitouresoi,
XIV, número 6.
61
hora torio municipal de Paría y adoptado por Pouchot en el laboratorio
del comité consultivo de higiene
El ácido nítrico se* valoró con el método colorimétrieo de Grandval y
Lajoux 1 2 por tratarse de muy pequeñas proporciones.
El óxido de litio se investigó con un espectroscopio horizontal de dos
prismas de flint de 60 ° (Ph. Pellín) valorándose espectroscópicamente
con el método de Fóhr modificado por Nasini y Andersini 3 * *.
Todos los ácidos y bases se obtuvieron siguiendo á Fresenius en la
obra citada, determinando sólo el óxido férrico volumétricamente por el
método de Margueritte y el óxido de potasio gravi métricamente como
cloroplatinato desecado á 100° O. de acuerdo con Treadwell s.
Los gases disueltos se separaron por ebullición prolongada con un
aparato, que no era sino una ligera modificación del indicado por Carnot 6
dándonos esta operación el oxígeno y el ázoe, pues despreciamos aquí el
anhídrido carbónico, que no representa la totalidad del libre y semicon-
binado, como puede verse en los datos obtenidos en el «año 1900 con
dicho procedimiento.
El ácido carbónico total se determinó en muestras especiales con
el método de Pettenkofer Trillich 7 ; y las cifras que se apuntan como
CO2 libre y scmicombinado, corresponden á la diferencia entre el resul-
tado de la determinación citada y el de la alcalinidad corregida, por ha-
llarse en las aguas silicatos.
1 Cu. Giüard, Anályse des matiéres alimentaires, 15. París, 1904.
s Ibid., 19.
3 G. Ahatti, iSul conicnulo in litio dcll’aqua santa de ¡Sciacca on Atti del sexto Con-
¡jresso internado nale di chimica applicata, I, 244. Roma, 1907.
1 F. P. Trkadwell, Trattato di chimica analítica, II, 78 (trad. sulla 4a ed. todesca).
6 Ibid., 11, 39.
6 Ai). Carnot, Traite d’analyse, II, 848. París, 1898.
7 W. OiicmOller, Guide pratique pour l’analyse de l’eau, 66. París, 1898.
62
cuadro general de
1 Los datos analíticos corresponden á 1000um3 (le agua.
* La resistencia eléctrica específica so expresa para todas las aguas do este estudio en ohms-cen-
tímetros.
63
LOS DATOS ANALÍTICOS 1
La cifra indicada para el CO, corresponde íí anhídrido carbónico libro y semicombinado.
— 64 —
CUADRO GKNICIiAl. Dli LAS
I
65
COMBINACIONES hipotéticas
l
66 —
CUADRO GKNURAI, DE LA COMPOSICIÓN QUÍ
1 Las relaciones numéricas se lian obtenido empleando las cifras que representan la propor
verdaderas unidades de la energía química ; en esto no hacemos sino seguir á nuestro eminente
gico de las aguas do Carlsbad.
— 67 —
MICA DE DAS AGUAS, CALCULADA EN IONES
L
sionalidad do los iones on fracciouos de molécula-gramo, por ser las correspondientes á las
amigo profesor José R. Carracido que lo hace también en su notable estudio físico-químico y biolé-
— 68
TERMALES DE VILLA VIL
DATOS GENERALES
> Situación . — Las fuentes termales (le Villa Vil están situadas en el
fondo de una quebrada, sobre la falda occidental del cerro de Hualfín
en su prolongación al norte.
Toman su nombre del pueblo de Villa Vil, situado al noroeste de las
fuentes, en el departamento de Belén.
Fig. 1. — Quebrada <le Villa Vil. Vista de la quebrada entre la fuente Llanqui y el punto
de unión de las quebradas de Villa Vil y de las Termas del mismo nombre '
Vías de acceso. — Se llega á las vertientes siguiendo la quebrada de
Villa Vil (fig. 1), basta encontrar la do las Termales; el viajero reconoce
sin dificultad el punto de unión de las dos quebradas, por el río que
baja de las fuentes: luego se sigue hacia el naciente remontando dicho río,
se deja á la derecha el colpar de Gura Fierro y después de una hora de
camino se llega á La Parada, lugar arbolado donde la quebrada se en-
sancha y forma un gran recodo al poniente.
1 Las fotografías que figuran en este trabajo se deben al profesor del Museo don
Carlos Brucli, á quien nos complacemos en expresar aquí nuestro más vivo agrade-
cimiento.
— 69
Desde La Parada, donde se dejan la cabalgadura^, liay media hora de
camino á pie, marchando sobre la falda del cerro, por el costado occiden-
tal; encontrándose parajes difíciles, pues son subidas ásperas sin puntos
de apoyo ó son grandes bloques de arenisca obscura que deben salvarse.
Si se pretende seguir el cauce del río, las dificultades son mayores aún,
porque el viajero encuentra enormes bloques de un conglomerado rojo
(mesozoico ?) formando desniveles desiguales y dando lugar á pequeños
saltos de agua y una gran cascada.
Si se aprovechase un pequeño declive en la falda del cerro del nacien-
te, no sería difícil hacer un camino fácil de herradura hasta las vertientes.
Altitud. — Las fuentes termales de Villa Vil se encuentran á 2500
Fig. 2. — Quebrada de las Termas de Villa Vil. Fotografía tomada en dirección al N.
¡t la izquierda, en el fondo, se ven las grandes piedras vecinas á las fuentes
metros (Bruch) sobre el nivel del mar; Brackebuscli les señala 2000
metros de altitud.
Descripción de las fuentes. — Cuando el viajero ha vencido las dificul-
tades del camino y llega á una altura desde donde se ven los ojos de
agua, la impresión que recibe borra por completo el recuerdo de las fa-
tigas pasadas.
La quebrada, en este punto, es un cajón de unos 42 metros de ancho,
cerrado á sus costados por barrancas á pico, y presentando en su fon-
do dos enormes rocas (fig. 2) de más de quince metros de altura que cie-
rran el paso, sosteniendo grandes bloques de piedra. Á la derecha de
estas dos curiosas moles, trozos quizá de una misma masa que al des-
plomarse se ha dividido, se observa un escalón muy parecido al de La
70
Colpa, de unos 1!) metros de largo, algo convexo, que forma la base del
acantilado.
Sobre este escalón surgen las aguas délas fuentes, formando hilos de
Fig. 3. — Termas de Villa Vil. El baño visto desde las grandes piedras dol fondo de la quebrada
diferente potencia, algunos de los cuales van á engrosar directamente el
caudal del río, mientras los demás se mezclan en una pileta ó baño que
muestra una de las fotografías (fig. 3).
Más hacia el norte de las grandes rocas é inmediato á las fuentes 1 y 2
(que enumeramos de N. á S.), sobre la falda occidental, el acantilado
— 71
presenta un escalón protegido por una saliente de rocas que forman un
lugar cubierto conocido por el nombre de « Los Alojamientos ».
El baño ó pileta recibe el agua de las fuentes 1, 2 y 3, mezclada ya con
un brazo del arroyo, y constituye un lugar de agradables perspectivas, por-
que la vegetación de la quebrada no es escasa. Las algarrobos (Prosodia),
viscos (Acacia visco Ltz.) y retamos ( Rui nenia retamo Gr„) de los rastrojos
no son raros aquí, y abundan las compuestas de llores rojas 1 (Hyaloseris
rubicunda Gr.), de flores amarillas (Niguera stenophylla Gr.) y de Trojas
plateadas (Hyalis argéntea Don.), viéndose escalar las rocas y adherirse
á las grietas por sus zarcillos una eucurbitácea ( Cucurbitella aspcrata
Walp.) de hermoso verde que contrasta con el matiz de una juncácea
Fig. 4. — Termas de Villa Vil. Vista do la fuente 1 en la baso de la barranca
alrededor so ven concreciones calcáreas cubriendo las rocas
(Juncus acutus L.) que crece en gran cantidad sobre los escalones de la
quebrada.
La fuente número 1 surge á un metro de altura (flg. 4) sobre el lecho del
río, del escalón que sirve de base al acantilado, en forma de fuerte chorro
cuya salida está rodeada de una roca esponjosa, producida sin duda por
incrustaciones del agua (fig. 5). La temperatura de esta fuente es de G2 ° O.,
marcando el termómetro á la sombra 23 0 C. ; en los cuadros analíticos
corresponde á la muestra a.
La fuente número 2 con menos caudal, surge un poco más abajo que la
1 Debemos á la gentileza del sabio profesor del Museo doctor Carlos Spcgazziui la
clasificación bótanica de las plantas recogidas en las fuentes.
REV. MUSEO LA PLATA. — T. III. (VI, 3, 1909.) y
72 —
anterior, sobre el mismo escalón y su agua tiene una temperatura de64°C.
La fuente número 3 (muestra b) es la más inmediata al baño, viéndo-
sela surgir de debajo de unas piedras y correr sobre un lecho rojizo lleno
Fig. 5. — Quebrada de las Termas tle Villa Vil. Vista tomada desde las grandes piedras
del fondo de la quebrada ; A la derecha se ve la fuente 1
de rodados con superficie ferruginosa, pero constituidos diversamente l.
La temperatura del agua alcanza en esta fuente á 02 °C.
1 Los rodados serían, según el profesor Schiller, de conglomerado (mesozoico ?)
grueso y fino, algunos de andesita anfibólica con biotita y otros de cuarzo y de fel-
despato con moscovita.
73 —
La fuente número 4 (muestra c) surge del escalón citado y corre sobre
las piedras, como muestra la fotografía (fig. (5), antes de llegar á las gran-
des rocas del fondo de la quebrada. En esta vertiente el agua brota de va-
rios ojos vecinos, cuyo caudal se reúne en un pequeño pozo excavado en
la piedra, donde se proyecta la construcción de un baño techado. La tem-
peratura del agua es de 64° O.
Mineralización dominante. — Las aguas de las termales de Villa Vil
pueden clasificarse como bicarbonatadas al cal inas débiles, correspondien-
do al tipo de las fuentes de Teplitz (Bohemia) y Chaudesaignes (Francia).
Su termalidad unida á su composición química les da un valor tera-
Fig. 6. — Quebrada de las Termas de Villa Vil. Vista tomada mirando al NNE.; á la derecha
aparece la fuente 4; en el centro se ven las .grandes piedras del fondo de la quebrada
péutieo innegable y ambas justifican su fama en toda la provincia y aun
fuera de ella.
Empleo de las aguas. — Estas fuentes son conocidas y utilizadas desde
hace muchos años 1, aunque hasta 1900 (fecha de nuestro primer estudio)
no habían sido analizadas.
Numerosos enfermos las visitan entre los meses de enero y abril, sien-
do raro no encontrar durante el verano algunas familias en sus proximi-
dades.
Algunos malvados cerraron los ojos de agua hace algunos años, reven-
tando poco después con más fuerza en los puntos actuales y que más
arriba señalamos.
1 Federico Estuche, La provincia de Catamarca. 1875.
74
Si se hiciesen en « La Parada » algunas instalaciones y se condujesen
las aguas de las fuentes convenientemente, este paraje sería una estación
balnearia de grandes atractivos, teniendo como fuente de recursos el
pueblo de Villa Vil bastante próximo.
RESULTADOS ANALÍTICOS
Batos físioos
75
Gases disueltos
Combinaciones hipotéticas
RESULTADOS ANALÍTICOS DEL AGUA DE VILLA VIL
OBTENIDOS POR EL AUTOR EN 1900
Datos físicos
Color incolora
Aspecto. lig. turbio
Reacción fnert. alcalina
76 —
Datos químicos
Por litro
Alcalinidad en H2S04. . . . 0.5892
Matoi'ia mineral en suspensión. . . . 0.0181
Residuo íí 100-105°C 0.900
— 180° 0.877
— al rojo 0.759
Ácido silícico (Si04) 0.0847
— sulfúrico (S03) 0.0343
— clorhídrico (Cl) 0.0625
— nítrico (N406) 0.0003
— nitroso (IIN04) 0
— carbónico (C04) 0.2645
— sulfhídrico (H4S) 0
— fosfórico (P405) —
Óxido férrico (Fc403) 0.0031
— do aluminio (A1203) vestigios
— cíílcico (CaOj 0.0560
— magnésico (MgO) 0.0092
— potásico (KjO) 0.0097
— sódico (NasO) —
— lítico (Li20). 0.0005
Amoníaco (NII3) 0
Gases disueltos
Cent. cúb.
/ C02. 35.379
0o — 760mm \ 0 4.251
( N. 15.110
Total. 54.740
Combinaciones hipotéticas
Por litro
Anhídrido silícico (Si04). 0.0847
Óxido de aluminio (Al403) vestigios
Carbonato ferroso (FeC03) 0.0045
— cálcico (CaC03) 0.1000
— magnésico (MgCOj). .. . 0.0184
— potásico (K4C03) 0.0012
— sódico (Na4C03) 0.4796
— lítico (Li4COB) 0.0012
Cloruro sódico (NaCl) 0.1021
— amónico (NII4C1 0
Sulfato sódico (Na4S04) 0.0142
— potásico (K4S04) 0.0573
Nitrato potásico (KNOa) < 0.0005
RESULTADOS ANALÍTICOS DEL AGITA DEL RÍO DE LAS TERMALES
Datos físicos
Color
Aspecto
Reacción
Densidad íí 4°C
Temperatura
Punto crioscópico
Presión osmótica calculada. . .
Resistencia eléctrica específica,
Datos químicos
Alcalinidad en HsS04
Materia mineral en suspensión. . . .
Materia orgánica en O (sol. ale.). .
— (sol. ác.). .
Residuo íí 1 00-105 °C
— íí 180°
— al rojo
Ácido silícico (SiO,)
— sulfúrico (S03)
— clorhídrico (Cl)
— nítrico (N206)
— nitroso (HNOj)
— carbónico (CO,)
— sulfhídrico (11, S)
— fosfórico (P,06)
— bórico (IIjBOg).
Óxido férrico (Fe,03)
— do aluminio (A1,0„)
— manganeso (MnO)
— cíílcico (CaO)
— magnésico (MgO)
— potásico (K,0)
— sódico (Na,0)
— lítico (Li,0)
Amoníaco (NHa)
Gases disueltos
CO, libre y scinicombiuado
0o— 7C0'nm
CO,.
O . .
N . .
Total
incolora
muy lig. turbio
fuert. alcalina
1 .00079
— 0°065
0.781
411.2—21°
Por litro
0.5390
0.0235
0.0018
0.0019
0.8794
0.8714
0.7938
0 . 0584
0.0478
0.0850
0.0002
0
0.2420
0
vestigios
0
0.0322
0.0009
vestigios
0.0735
0.0105
0.0310
0.3210
0
0.00011
Cent. cúl).
117.957
4.800
17.G00
140.357
1 Esta muestra fue tomada antes de llegar á las fuentes, remontando el río.
— 78 —
Combinaciones hipotéticas
Por litro
Anhídrido silícico (SiOs) 0.0584
Óxido de aluminio (Al2Oa) 0.0009
Carbonato ferroso (FeCOa) 0 . 0233
— manganoso (MnCOa). . . vestigios
— cálcico (CaCOB) 0.1308
— magnésico (MgCOa). .. . 0.0220
— potásico (KaCO,) 0.0454
— sódico (NasC03) 0.3617
— lítico (LiaCOa) —
Cloruro sódico (NaCl) 0.1394
— amónico (NHjCl) 0.00034
Sulfato sódico (Na4S04) 0.0846
Nitrato sódico (NaNOa) 0.0003
Residuo salino calculado. . . 0.8671
Bicarbonatos
FeaCa05 0.0302
CaCs06 0.1831
MgCs06 0.0330
KsCs05 0.0587
Na¿Cs06 0.5063
LisCsÜ6 0
Sal de Vichy (Nal ICO,) 0.5714
— 79 —
FUENTE DE NACIMIENTOS (IIUALFÍN)
DATOS GENERALES
Situación. — Está situada en una quebrada del cerro Hualfín, que se abre
sobre el valle del río del mismo nombre, en el departamento de Belén.
Vías de acceso . — Se llega á Nacimientos por el camino de Choya, Vis
Vis y Tampa Tampa partiendo de Andalgalá, ó más fácilmente, saliendo
de Belén y subiendo por San Fernando, Eje y Hualfín.
Fig. 7. — nacimientos <le Hualfín. Vista del cerro do Hualfín en las proximidades
de las fuentes do Nacimientos
En cualquier caso la llegada á las vertientes ofrece algunas dificul-
tades. Subiendo por el río de Hualfín, á tres leguas de la población de
este nombre, se abre la quebrada donde se hallan los manantiales ; pero
para llegar hasta ellos es menester buscar senderos difíciles para se-
guirlos con cabalgadura.
Altitud. — Nacimientos se encuentra á 2300 metros sobre el nivel del
mar ; pero esta cifra no sería según Brackebusch superior á 1900, en
tanto que otros creen que llega á 3100 *.
1 Los datos do altitud en el presento estudio corresponden á medidas del doctor
Brackebusch, del ingeniero G. Lange y del profesor Carlos Bruch.
80
Descripción de la f uente. — Si la vegetación fuese más abundante, la
Fig. S. — Quebrada de Nacimientos de Hnalfin. Vista en dirección al Norte
ií la izquierda so hallan los ojos de agua
Fig. 9. — Nacimientos de Hnalfin. Vista del baño; en el fondo de la quebrada
A la derecha, sobre la piedra se halla el ojo de agua
quebrada de Nacimientos sería uno de los parajes más hermosos de esta
región ; la fotografía (fig. 7) muestra el curioso aspecto de las barrancas de
81
arenisca roja quo la rodean, pero también hace ver la desnudez del pai-
saje, donde sólo aparecen como más abundantes el Baccharis glutinosa
que alcanza á dos metros y algunas gramináceas insignificantes.
Las rocas desmoronadas han formado grutas llenas de estalactitas y
obligan al agua á formar saltos, uno de los cuales alcanza á ocho metros
de altura.
Los ojos son numerosos, pero los más importantes son cuatro, que
aquí se enumeran de sur á norte ; todos ellos surgen del escalón occi-
dental que limita el derrumbadero de la quebrada (fig. 8). Este escalón
no es de arenisca como las barrancas, sino de granitita (formación ar-
caica. ó paleozoica).
Las fuentes número 1 y la número 2 no son de gran caudal y las mues-
tras tomadas corresponden á la número 3 (lig. 9) que es la más importante.
Esta surge á unos dos metros del suelo por una grieta de la peña, sal-
tando un poco y corriendo sobre ella para caer en una hondonada al
pie de la piedra, que forma allí un baño natural.
La fuente número 4 está constituida por dos ojos y el agua que de
ella brota corre al fondo de la quebrada, contribuyendo á formar la
cascada de que hemos hablado ya.
Mineralización dominante. — El agua de Nacimientos merece ser con-
siderada como agua bicarbonatada sódica débil de gran pureza. Por otra
parte, su termal idad moderada que oscila entre 37 y 38° C. en los dis-
tintos ojos, la coloca en posición muy ventajosa entre las aguas mine-
rales de su especie.
Empleo del agua. — El principal uso del agua es el lavado de lanas,
á lo cual destinan también la colpa de las fuentes ; pero lio son escasas
las personas que acuden á utilizar los baños con fines curativos, sin que
hasta hoy se haya hecho una experimentación suficiente.
RESULTADOS ANALÍTICOS
Datos físicos
Color
Aspecto
Reacción.
Densidad. á 4°C.
Temperatura
Punto crioscópico
Presión osmótica calculada . . .
Resistencia elóctrica específica
incolora
transparente
fuert. alcalina
1.00069
37°C
—0o 105
1.263
368.8—25°
— 82 —
Dalos químicos
Por litro
Alcalinidad en H2S04 0.8087
Materia mineral en suspensión. . . . 0.0015
Materia orgánica en O (sol. ale.). . 0.0003
— — (sol. ác.) . . 0.0007
Residuo á 100-1 05 °C 1.1522
— á 180°. 1.1442
— al rojo 1.1142
Ácido silícico (Si02) 0.0708
— sulfúrico (SOa) 0.0130
— clorhídrico (Cl). 0.0807
— nítrico (N206) 0.0000
— nitroso (1IN02). 0
— carbónico (COs) 0.3580
— sulfhídrico (II2S) 0
— fosfórico (Pj.0,,) 0
— bórico (H8BOa). 0
Óxido férrico (Fe203) 0.0051
— de aluminio (Al2Oa). 0.0020
— manganoso (MnO) vestigios
— calcico (CaO) 0.0455
— magnésico (MgO) 0.0110
— potásico (K20). 0.0208
— sódico (NasO) 0.5290
— lítico (Li¿0) vestigios
Amoníaco (NIIa). 0
Gases disueltos
83 -
Bicarbonato s
Por litro
FeCsOB. 0.0045
CaCs06 0.1132
MgC8Or, 0.0441
K8C8Q6. 0.0393
Na8C8Q5. 1.0019
Li8C8Os. vestigios
Sal do Vichy (NaIICOa) 1.1308
RESULTADOS ANALÍTICOS DEL AGUA DE NACIMIENTOS
OBTENIDOS POR EL AUTOR EN 1900
Datos físicos
Color incolora
Aspecto transparente
Reacción fuort. alcalina
Datos químicos
Por litro
Alcalinidad en H8S04 0.8060
Materia mineral en suspensión. . . . no do sable
Residuo á 100-105°C. 1.180
— á 180° 1.153
— al rojo 1.107
Ácido silícico (Si08) 0.0727
— sulfúrico (S03) 0.0429
— clorhídrico (Cl) 0.0712
— nítrico (N806) 0
— nitroso (IINOj). 0
— carbónico (C08) 0.3608
— sulfhídrico (HsS) 0
— fosfórico (Pj06) —
Óxido férrico (Fe8Oa) 0.0018
— de aluminio (A180„). ....... 0.0028
— cálcico (CaO) 0.0418
— magnésico (MgO) 0.0097
— potásico (K80) 0.0490
— sódico (NasO) —
— lítico (LisO) vestigios
Amoníaco (NII3) 0
Gases üisucltos
Cent. cúl».
/ COs 28.713
0o — 760mm \ O. 5.817
( N 13.692
Total. 48.222
— 84 —
Combinaciones hipotéticas
Por litro
Anhídrido silícico (SiOs) 0.0727
Óxido do aluminio (A1203) 0.0028
Carbonato ferroso (FcC03).. 0.0026
— cálcieo (CaCOa). 0.0748
— magnésico (MgCOa). . . . 0.0194
— potásico (K2C03) —
— sódico (Na2C03) 0.7367
— lítico (Li2C03) vestigios
Cloruro sódico (NaCl). 0.1169
Amoníaco (NITjCl) 0
Sulfato sódico (NajSO^) —
— potásico (KsS04) 0.0944
Nitrato potásico ('KN03) 0
— 85
FUENTE DE LLAMEA
DATOS GENERALES
Situación. — La. fuente de Llampa está situada en la quebrada de Vi-
lla Vil, sobre la falda, occidental del cerro Hualfín, en el departamento de
.Belén.
Vías de acceso. — Se llega á la fuente de Llampa, dentro de las pose-
siones de los indios de este nombre, subiendo al norte por la quebrada
de Villa Vil á la cual se entra por Eje, donde el río de aquella quebrada
se une con el de Hualfín. Á dos leguas y media de Eje encuentra el via-
jero las casas de Llampa, pero pueden ganarse dos leguas, saliendo de la
estancia de Leguizamón y traslomando el cerro de Hualfín.
Altitud. — Esta fuente se baila á 2200 metros sobre el nivel del
mar.
Descripción de la fuente. — La quebrada de Villa Vil es, en las cerca-
nías de Llampa, pintoresca y fértil. Como todo el año tiene agua, abun-
dan los rastrojos cultivados y no son escasos los algarrobos (Prosopis
nigra , Prosopis alba)} los viscos (Acacia viseo), los retamos (Bulnesia reta-
mo) y los chañares (Geoffroya).
Al llegar al rastrojo cultivado por los Llampa, se ve un contrafuerte
del Cerro que avanza sobre la quebrada á distancia de algunas cuadras;
pasando este contrafuerte, en un derrumbadero se encuentra la fuente,
á unos 200 metros del fondo de la quebrada, que allí es un arenal.
La fuente (fig. 9) está formada por una hondonada natural de dos me-
tros cuadrados, tapizada de algas y cuyos bordes se desmoronan fácil-
mente. En el fondo de esta olla, tres surtidores de agua burbujeante
brotan sin intermitencias, llenando dicha pilota, natural.
Á 50 metros en dirección al norte hay un ojo de agua y otro se halla
25 metros al sur, pero estos dos manantiales proporcionan aguas con
caracteres idénticos á los de la fuente principal.
Mineralización dominante . — El agua de Llampa pertenece al grupo de
las biearbonatadas alcalinas ricas en bicarbonato sódico. Puedo compa-
rarse con el agua Vals-Saint-Jean (Francia) fácilmente, como se ve ob-
servando las cifras de la página 58.
j Empleo del agua. — Hespués de ser enfriada, constituye un agua de
mesa excelente por sus caracteres organolépticos, sin contar con que su
composición química asegura para ella propiedades curativas innega-
bles.
— 86 —
Su aplicación cu baños, aprovechando su temperatura de dO°C. se lia
hecho ya, pero no en una experimentación seria.
Fig. 10. — Fuente I Jampa. Vista de la fuente tomada desde el borde de la boya ; en el
fondo, al NO., se ven los cerros de la orilla derecha del río Villa Vil
Hasta ahora, estos manantiales han sido poco frecuentados, á pesar
de sus condiciones especiales, lo que se explicaría por su proximidad ;í
La Colpa y Cura Fierro, superiores sin duda por su composición química
y por ser del mismo tipo.
— 87
RESULTADOS ANALÍTICOS
Datos físicos
Color incolora
Aspecto límpido
Reacción fuert. alcalina
Densidad á 4° C.. 1.00210
Temperatura 30°
Punto crioscópico — 0°165
Presión osmótica calculada 1.084
Resistencia eléctrica específica. . . . 233.2 — 22°
Datos químicos
I’or litro
Alcalinidad en HsS04 1.3377
Materia mineral en suspensión. . . . 0.0030
Materia orgánica en O (sol. ale.).. 0.0013
— (sol. ác.) . . 0.0015
Residuo á 100-105’C 1.0170
— á 180° 1.8890
— al rojo 1 . 8360
Ácido silícico (SiO,) 0.1038
— sulfúrico (Sü3) 0.0406
— clorhídrico (Cl) 0.1581
— nítrico (N,OJ 0.0003
— nitroso (HNOj) 0
— carbónico (COs) 0.6006
— sulfhídrico (II,S) 0
— fosfórico (Ps06) vestigios
— bórico (H3B03). 0
Óxido férrico (FesOs) 0.0018
— de aluminio (A1,03). 0.0079
— manganoso (MnO) vestigios
— cálcico (CaO) 0.7600
— magnésico (MgO). 0.0060
— potásico (KsO) 0.0456
— sódico (NasO) 0.8877
— lítico (LisO) vestigios
Amoníaco (NH„) <0.00012
UICV. MU8EO LA I’ LATA. — T. III. (VI, 7, 190!).)
7
88 —
Combinaciones hipotéticas
Por Iii.ro
Anhídrido silícico (Si()2) 0.1038
Óxido do aluminio (A^Oj). 0.0079
Carbonato ferroso (FeC03) 0.0013
— manganoso (MnCO,)... vestigios
— cálcico (CaC03) ....... 0 . 1352
— magnésico (MgCOa).... 0.0126
— potásico (K2C03) 0.0665
— sódico (NasC03) 1 . 2372
— lítico (LijCOj) vestigios
Cloruro sódico (NaCl) 0.2592
— amónico (NHJC1. <0.00037
Sulfato sódico (Na2S04) 0.0877
Nitrato sódico (NaNOs) 0.0004
Residuo salino calculado. . . 1 .9121
Bicarbonatos
FeCjOj 0.0016
CaC„06 0.1892
MgCs06 0.0189
K„C206 0.0864
Na8Cs06 1.7320
Li2Ca06 vestigios
Sal de Vicliy (NaHC03) 1.9547
DATOS ANALÍTICOS DEL AGUA DE LLAMPA, OBTENIDOS POR EL AUTOR EN 1900
Datos físicos
Color incolora
Aspecto transparente
Reacción fuert. alcalina
Datos químicos
Por litro
Alcalinidad en HaS04 1.3548
Materia mineral en suspensión.. . . 0.0017
Residuo á 100-105°C 1.955
— á 180° ' . . . 1.913
— al rojo 1.778
Ácido silícico (Si02) 0.1133
— sulfúrico (S03) 0.0485
— clorhídrico (Cl). 0.1429
— nítrico (N206) 0
— nitroso (IIN0o). 0
— carbónico (C02) 0.6083
Ácido sulfhídrico (H,S) . . .
— fosfórico (P,09)...
Óxido férrico (FosOa)
— do aluminio (Als09)
— cáleico (CaO)
— magnésico (MgO). . .
— potásico (KsO)
— sódico (NasO)
— lítico (Li,0)
Amoníaco (NII9)
Gases disueltos
0 o-
( cof.
-760mm > O. . .
f N.. .
Total
Combinaciones hipotéticas
Anhídrido silícico (SiOs)
Óxido de aluminio (AljOg)
Carbonato ferroso (FoCO„)
— cálcico (CaC09)
— magnésico (MgC09). . . .
— potásico (KsCOs)
— sódico (NajC09)
— lítico (LijCOj)...
Cloruro sódico (NaCl).
— amónico (NII4C1) . .
Sulfato sódico (Na,S04).
— potásico (KsS04)
Nitrato potásico (KN09). .........
Por litro
0
0.0012
0.0087
0.0730
0.0049
0.0546
<0.00015
Cent. cúb.
203.135
6.896
15.110
225.141 *
Por litro
0.1133
0.0087
0.0017
0.1139
0.0102
1 . 2985
0.23S8
0
0.1051
0
- 90 -
FUENTE DE LA COLPA
DATOS GENERALES
Situación. — Esta fuente, se halla en la estancia de Leguizamón, en
el distrito de Hualfín del departamento de Belén.
Vías de acceso. — Para llegar á esta fuente se puede seguir el camino
de Vis Vis á Nacimientos de Hualfín, pasando por Tampa Taiupa ; pero
ig. 11. — Fuente de La Colpa. Vista general del valle (estancia de Leguizamón); á la derecha
en primer término so halla el ojo de agua; detrás se ve el rancho donde se halla la pileta
es más cómodo el camino de Belén á Ilualíiu, pasando por San Fernan-
do y Eje.
Altitud. — La Colpa se halla á lOSOjmetros de altitud.
Recursos. — El valle de Hualfín es centro agrícola de cierta importan-
cia, en medio de las soledades inexplotadas que lo encierran : el trigo, el
maíz y la alfalfa son objeto de cultivo que favorecen las aguas de riego
abundantes, corriendo por acequias bordeadas de álamos (Populas) y sau-
ces (Salix).
La cría de ganado es la principal fuente de recursos] en Hualfín y es
susceptible de gran desarrollo.
Descripción de la fuente. — La Colpa se puede considerar como un lu-
gar privilegiado por la belleza del paisaje que desde allí se domina.
Í)1
Situada en medio del valle, que allí tiene más de treinta cuadras de
ancho, desde ella (fig. 11) se ven las casas á un kilómetro de distancia,
rodeadas de árboles, destacándose sobre el fondo obscuro de los cerros
que cierran el horizonte. Al sur y á distancia de 120 metros se alza un
cerro de arenisca roja (pizarra arcillosa estratificada en forma de cuñas
según el profesor doctor Schiller) y al oeste, á 175 metros más ó menos,
se ve otro cerro de la misma naturaleza, que á la caída del sol ofrece
magnífico aspecto y cuya base es una toba calcárea.
Varios son los ojos de agua que contribuyen á formar en esta parte
del valle un colpar de bastante extensión, (pie desde las lomas de la Que-
Fig. 12. — Puente de La Colpa. Vista del ojo de a^ua; á la derecha se ve el conducto
que une la fuente con el baño
brada Grande y de Dionisio aparece como una gran mancha blanca sobre
la falda del cerro. Los ojos dan origen á pequeños bañados donde abunda
la Nitropliila argentina y la Disticldya acoparía; pero nosotros no conside-
ramos sino el ojo mayor (fig. 12), que surge en e-1 fondo de un pozo tapi-
zado con toba calcárea de agua dulce, formando una pileta rodeada de
pasto fuerte (Atriplex pamparum, i Senecio aalaus, Eupatorium portena) que
comunica con el rancho, donde se ha instalado el baño, por un canal de
álamo bastante rústico.
Rendimiento. — Se puede calcular en 1 (530 litros por hora la cantidad
de agua aprovechable en La Colpa.
Mineralización dominante. — El agua de La Colpa es muy semejante
á la que proporciona la renombrada fuente de Andabre (Francia) y como
92 —
ésta debe clasificarse entro las aguas bicarbonatadas alcalinas sódicas,
bastante ricas.
Empleo del agua. — Descubierta por el doctor Antonio Alvarez Sán-
chez en 1886, ha llamado la atención de todos los viajeros y son nume-
rosas las personas que la lian empleado con éxito verdadero en el trata-
miento de enfermedades de las vías digestivas.
Su termal idad moderada permite su aplicación en baños, ampliando
así su campo de utilización posible en un futuro más ó menos próximo.
RESULTADOS ANALÍTICOS
93 —
Gases disucllos
Mr C806
K.0,0,
Na,C,Os
Li.C.O,
Sal do Vichy (NaHCO,).
0.0708
0.0720
2.0563
0.0008
2.3207
DATOS ANALÍTICOS DEL AGUA DE LA COLPA, OBTENIDOS POR EL AUTOR EN 1900
Dato* /{ateos
Color incolora
Aspecto transparente
Reacción fuert. alcalina
Datos químicos
Por litro
Alcalinidad en HsS04 1.5423
Materia mineral en suspensión. . . . 0.5077
Residuo íí 100-105°C 2.288
— ó 180°. 2.209
— al rojo. 2.110
Ácido silícico (Si Os). 0.0865
94
Por lita:
Ácido sulfúrico (S03) 0.0573
— clorhídrico (01) 0.1639
— nítrico (N206) 0
— nitroso (HNOs) 0
— carbónico (COa) 0.7463
— sulfhídrico (1Í2S) 0
— fosfórico (P206) —
Óxido férrico (Fo203) 0.0009
— de aluminio (A1S03) 0.0092
— cálcico (CaO). 0.0951
— magnésico (MgO) 0.0188
— potásico (K20) 0.0546
— sódico (Na20). —
— lítico (LisO) 0.00014
Amoníaco. <0.00015
Ganes disueltus
Cent. cúb.
í C02. 280.294
0°— 760mm jo. 6.896
' N. 15.110
Total 302.300
Combinaciones hipotéticas
Por litro
Anhídrido silícico (Si02) 0.0865
Óxido de aluminio (A1203) 0.0092
Carbonato ferroso (FeC03) 0.0013
— cálcico (CaC03) 0.1598
— magnésico (MgC03) ... . 0.0394
— potásico (K2C03) —
— sódico (Na4C03) 1.5052
— lítico (Li2C03) 0.00032
Cloruro sódico (NaCl) 0.2684
— amónico (NH,C1). <0.00017
Sulfato sódico (Na2S04) —
— potásico (K4SOj) 0.1051
Nitrato potásico (KN03). 0
EFLORESCENCIAS SALINAS HE LA COLPA
Como un complemento del estudio del agua, hemos analizado varias
muestras de colpa , eflorescencias salinas que en forma de capas de es-
pesor variable se encuentran en las proximidades de los ojos de agua
en este lugar. Sus aplicaciones industriales, ahora, en pequeña escala,
pueden aumentar on el futuro y su empleo en terapéutica lia. de seguir
paralelamente al que alcance, sin duda, el agua del manantial.
coi.rA del o.ro principal
COLPA RECOGIDA AL SUR DE LOS MANANTIALES
Por ciento
Humedad á 100-1 05°C 26.300
Materia orgánica vestigios
Residuo insoluble en agua 3.900
Ácido sulfúrico (SO,) 1.379
— clorhídrico (01) 1.632
— carbónico (C02) 26.719
— nítrico (N206) 0.100
1 F. Reicmert, Los yacimientos (le boratos (leí territorio de los Andes, 63. Buenos
Aires, 1907.
— 96 —
Por ciüiito
Óxido férrico (Fe808) 0.142
— manganeso (M11O) 0
— cálcico (CaO). 0.078
— magnésico (MgO). 0.044
— potásico (KsO) 0.112
Amoníaco (NIÍa) vestigios
Combinaciones
Carbonato sódico (NaaCOa) 64.371
Sulfato cálcico (CaSOJ. 0.189
— magnésico (MgS04). 0.182
— potásico (K8S04) 0.201
— sódico (NaaS04) 1.929
Cloruro sódico (NaCl). 2.784
Nitrato sódico (NaNOa). O.ltiO
97
PUENTE DEL CURA FIERRO (HUALFÍN)
DATOS GENERALES
Situación. — La fuente del Cura Fierro se encuentra en la quebrada
de las Termales de Arilla Yil, sobre la falda occidental del cerro de Hual-
fín, en el departamento de Belén.
Vías de acceso. — Siguiendo la quebrada de Tilla Vil é internándose
Fig. 13. — , Fuente del Cura Fierro (Hualfín). Fotografía tomada junto A la fuente ; á la izquierda
se vela colpa que circunda el ojo de agua; á la derecha, aparece .el fondo de la quebrada
en la de las Termales, la fuente se encuentra á dos kilómetros de la en-
trada de esta última quebrada.
El camino más corto y sin grandes dificultades para llegar al manan-
tial, consiste en translomar el cerro saliendo de a estancia de Leguiza-
món, en Hualfín.
Altitud. — La fuente del Cura Fierro se encuentra á 2325 metros
sobre el nivel del mar, según el profesor Brucb.
Descripción de la fuente. — Cuando el viajero ha recorrido dos kilo-
metros en la quebrada de las Termales de Villa Vil en dirección á estas
fuentes, encuentra á la derecha un colpar de cerca de 15 metros de altu-
ra, donde las eflorescencias salinas llegan á tener hasta 8 centímetros
de espesor.
98
La quebrada en este punto está cerrada por barrancas de arenisca roja
desnuda, á sus costados, arenisca que aparece resquebrajada y aguje-
reada, teniéndolas rajaduras direcciones paralelas á la falda del cerro;
grandes bloques amenazan derrumbarse y otros yacen en el fondo de la
quebrada, dando al paisaje un aspecto original y no desprovisto de belleza.
La vertiente (iig. 13) surge sobre la falda, en un escalón, donde apenas
caben dos hombres y al cual se llega aprovechando las grietas y huecos de
la roca. En este escalón, hay una cavidad de 10 litros próximamente traba-
jada en la arenisca dura, y en la parte superior es donde brota el agua,
en forma intermitente, produciendo un ruido especial semejante al de
un vivo burbujeo que no se ve sin embargo.
Sobre la misma falda y á distancia de 50 metros, en dirección al noreste,
á una altura de tres metros del fondo de la quebrada, se observan unas
filtraciones de muy escaso rendimiento cuya agua proporcionó en el lu-
gar datos idénticos á la del manantial estudiado.
Rendimiento. — La cantidad de agua producida por el manantial no
basta, durante los fuertes calores, para que llegue al río, aunque las
gentes de la región dicen que su rendimiento es mucho mayor durante
el invierno.
El manantial produjo, el día de nuestra estadía en él, cerca de seis li-
tros por hora. Dadas las condiciones del agua de esta fuente, el problema
de aumentar su rendimiento merecería ser encarado por ingenieros espe-
cialistas que podría comisionar el gobierno de la nación, declarando el
manantial de utilidad pública.
Mineralización dominante. — El agua del manantial del Cura Fierro es
la más rica en bicarbonatos alcalinos de todas las conocidas en el país,
como lo hemos manifestado ya al principio de este estudio.
Es un agua de mesa de gran pureza, de caracteres organolépticos
excelentes, muy rica en gases disueltos y con escasas cantidades de clo-
ruros, sulfates, y de bases alcalino terrosas. Admite sin dificultad com-
paración con las de Yichy (Francia) ; y en su carácter de bicarbonatada
alcalina, no tiene rival entre las que invaden nuestros mercados proce-
dentes de manantiales europeos.
Empleo del agua . — Desde hace más de 50 años era conocida esta
fuente en la región, pero no bahía sido estudiada hasta 1900 en que rea-
lizamos su análisis.
El doctor Francisco de la Vega la bautizó con el nombre que lleva, en
recuerdo del Gura Fierro, clérigo de La Puerta que se curó de una enfer-
medad al estómago empleándola. El señor Alejandro Molas contribuyó
mucho á que este nombre se divulgase y por ésto le atribuimos á él lo
«pie al doctor de la Vega corresponde.
Goza de gran renombre en toda la región, sirviendo de bebida aun á
los viajeros que se estacionan en las Termales «le Villa Vil.
RESULTADOS ANALÍTICOS
Da fox físicos
Color
Aspecto
Reacción
Densidad á 4°C
Temperatura .
Punto crioscópico
Presión osmótica calculada
Resistencia eléctrica específica. . . .
Datos químicos
Alcalinidad en H,SO<. ...........
Materia mineral en suspensión. . . .
Materia orgánica en O (sol. ale.). .
— (sol. ác.). . .
Residuo á 100-105°C
— á 180°
— al rojo
Ácido silícico (SiO,)
— sulfúrico (SO,)
— clorhídrico (Cl)
— nítrico (N,06).
— nitroso (HNOs) . . . . .
— carbónico ((JO,)
— sulfhídrico (1I,S) .
— fosfórico (P,05).
— bórico (H,B08).
Óxido férrico (F©,Os). ...........
— de aluminio (AljOj).
— manganeso (MnO)
— cálcico (CaO)
— magnésico (MgO)
— potásico (KsO)
— sódico (Na,0)
— lítico (Li,0)
Amoníaco (Nll,)
Gases disueltos
CO, libre y semicombinado
0° — 760mm
(JO,.
O. . .
N. . .
incolora
transparente
fuort. alcalina
1 . 00550
21°0
— 0°370
4.451
108.7— 23°6
Por litro
4 . 3051
0.0129
0.0004
4.9396
4.9344
4.9024
0.0258
0.0184
0.0927
0.0010
0
1 . 9778
0
vestigios
vestigios
0.0017
0.0130
vestigios
0.0725
0.0425
0.0680
2.6789
0 . 0007
0
Cent. cúl>.
970.280
7.994
22 . 254
1.000. 528
Total
— 100
Combinaciones hipotéticas
Por litro
Anhídrido silícico (SiGs) 0.0258
óxido de aluminio (AlaOa) 0,0130
Carbonato ferroso (FeCOa) 0.0011
— manganeso (MnCOa)... vestigios
— cíílcico (CaCOs) 0.1290
— magnésico (MgCOa).... 0.0892
— potásico (KsCOa) 0.0992
— sódico (NaíCOa) 4.4416
— lítico (Li4COa) 0.0018
Cloruro sódico (NaCl) 0.1520
— amónico (NIIJCl —
Sulfato sódico (NajSOJ 0.0325
Nitrato sódico (NaNOa) 0.0015
Residuo salino calculado ... 4 . 9867
Bicarbonatos
FeCsOa 0.0014
CaCa05 0.1806
MgCsOa 0.1338
KjCjOj 0.1289
NasCsOa 6.2182
Li4Cs06 0.0019
Sal de Vichy (NaHCOs) 7.0177
RESULTADOS ANALÍTICOS DEL AGUA DEL CURA EIERRO
OBTENIDOS POR EL AUTOR EN 1900
Datos físicos
Color incolora
Aspecto transp. muy lig. sedim. aren.
Reacción muy fuert. alcalina
Densidad á 15 3 C 1.0050
Datos químicos
Por litro
Alcalinidad en H„SG4 4.462
Materia mineral en suspensión.. . . 0.0032
Materia orgánica en O (sol. ale.). . 0.0009
— (sol. ác.). . . 0.0014
Residuo á 100-105°C 5.016
— á 180° 5.006
— al rojo 5 . 001
Dureza temporaria 12°
— permanente 0°
101 —
Por litro
Ácido silícico (SiO,) 0.0540
— sulfúrico (S08) 0,0638.
— clorhídrico (Cl) 0.0818
— nítrico (N,()6) vestigios
— nitroso (IINO,). 0
— carbónico (C02) 2.0036
— sulfhídrico (HsS) 0
— fosfórico (P206) no dosahle
Óxido férrico (Fe,0,) 0.0012
— de aluminio (Al, Os). 0.0280
— cálcico (CaO) 0.0756
— magnésico (MgO). 0.0362
— potásico (KsO) 0.0580
— sódico (NasO) 2 . 7515
— lítico Li2Q) 0.00041
Amoníaco (NH,) 0
Gases disuellos
Cent. crtl>.
/ CQ2. 321.224
0o — 760mm | O. 6.108
( N 16.660
Total. 343.992
Combinaciones hipotéticas
Por litro
Anhídrido silícico (SiO,) 0.0540
Óxido de aluminio (Al2Os) 0.0280
Carbonato ferroso (FoCOj 0.0017
— cálcico (CaCOB) 0.1351
— magnésico (MgCOj) ... . 0,0762
— potásico (K2C08) 0.0812
— sódico (Na2C08) 4.4667
— lítico (Li2CO„) 0.0010
Cloruro sódico (NaCl) 0 . 1334
— amónico (NH^Cl) 0
Sulfato sódico (Na2S04) 0.1071
Nitrato potásico (KN08) <0.0005
COLPA DE CURA FIERRO
La colpa que abandona el agua de esta fuente es muy abundante, ofre-
ciendo en su aspecto y en su composición mucha semejanza con la del
manantial La Colpa.
Si se realizasen las obras de ingeniería que exige esta fuente para
prestarse á una explotación en gran escala, la colpa podría obtenerse en
102 —
un estado de perfecta pureza y sería aplicable en la industria y en la
terapéutica, sin duda alguna. Ahora este producto espontáneamente
formado por evaporación del agua, contiene notables proporciones de
materias inertes que disminuyen en mucho su valor, como puede verse
en los resultados del análisis realizado por nosotros.
COLPA 1)15 CU HA FIEHKO
* Por ciento
Humedad á 100-105°C 23.090
Materias orgánicas 0 . 392
Residuo insoluble en agua 21.708
Ácido sulfúrico (S03) 0.363
— clorhídrico (Cl) 0.680
— carbónico (CO,) 22.858
— nítrico (N2Os) < 0.0003
Óxido férrico (FesOs) 0.500
— manganeso (MuO) vestigios
— cálcico (CaO) 0.078
— magnésico (MgO) 0.059
— potásico (KsO) vestigios
Amoníaco (NH3).
Combinaciones
Carbonato sódico (Na2C03) 55.076
Sulfato cálcico (CaS04) 0.189
— magnésico (MgSOJ 0.177
— potásico (KsS04) vestigios
— sódico (NasS04) 0.137
Cloruro sódico (NaCl) 1.160
Nitrato sódico (NaN03) •< 0.0005
103 —
FUENTE DE LA CIÉNAGA
DATOS GENERALES
¡Situación. — Esta fuente conocida con el nombre de Baño de la Cié-
naga, se encuentra en una propiedad de doña Zenona Oclioa, sobre la
margen derecha del Río Hualfín, en el pueblo de Ciénaga que pertenece
al departamento de Belén.
Fig. 14. — Fuente de la Ciénaga. Vista del baño, bajo el ¡írbol ; en primer término
se ve el arroyo formado por el manantial
Vías de acceso. — Bajando de San Fernando por Palo Blanco y Carri-
zal, siguiendo el curso del río Hualfín, el camino es cómodo y corto; así
como lo es también, partiendo de Belén y remontando el río de Belén.
Altitud. — Brackebuscli fija en 1400 metros la altitud de Ciénaga y
Brncli señala 1500 metros para el mismo punto.
Descripción de la fuente. — Este manantial ha dado origen al nombre
del pueblo donde se halla, porque sus aguas forman una gran ciénaga
llena de cañas 1 y juncos, antes de unirse con el río.
El paraje es de agradable aspecto por la abundancia de árboles; la
casa vecina á la fuente está rodeada de algarrobos (Prosopis) y cerca del
río abundan los sauces (Salix) y los álamos (Populas).
Entre la casa y el río, á la sombra de un sauce gigantesco (fig. 14), la
l
Cana carrizal ( Sporobulus arundinaceus).
REV. MUSEO I.A PLATA. — T. III. (VI, 8, 1909.)
8
104
fuente surge en el costado occidental de una hoya profunda que tiene
cerca de cuatro metros de diámetro, rodeada al oeste y al norte por una
barranca de tres metros de altura y al este por un reborde de medio metro.
El agua brota con fuerza, transparente y burbujeante, en gran abun-
dancia y á una temperatura de 30° O., saliendo por una zanja cavada en
dirección esteestesud hacia la ciénaga, antes de llegar al río.
El fondo de la hoya, de color amarillo obscuro, deja escapar abundantes
burbujas de gas ácido carbónico y los bordes están cubiertos de graminá-
ceas diversas, hallándose también algunos Equisetum , una escrofulariá-
cea de escasas flores (Rerpestis moumera, Kurtz) y una hermosa jussiaea
de flores amarillas (Jussiaea repetís L.).
De la casa á la fuente hay doscientos pasos (1 60 metros) y de ésta al
al río cuatro cuadras, distando el río del cerro de 800 á 1000 metros.
Al pie de la barranca occidental hay en este punto un ojo de agua in-
significante por su rendimiento, que corre por la arena y so pierde en
ella; pero lo hacemos notar porque su temperatura era de 28° O., siendo
la del aire 20° O.
Mineralización dominante. — El agua de Ciénaga pertenece al tipo de
las cloro-sulfatadas alcalinas muy débilmente mineralizadas, pero su ter-
malidad la hace no despreciable como agente terapéutico.
La fuente es conocida desde hace más de cuarenta años, y aunque hasta
ahora no había sido estudiada, es muy frecuentada y goza de gran fama en
toda la región.
RESULTADOS ANALÍTICOS
Datos físicos
Color incolora
Aspecto transparente
Reacción alcalina
Densidad á 4 “ C J.00049
Temperatura 30° C.
Punto crioscópico — 0 o 035
Presión osmótica calculada .. . 0.421
Resistencia eléctrica específica 869.2 — 22°
Datos químicos
Por litro
Alcalinidad en Ilj.Sfq 0.1170
Materia mineral en suspensión. . . . 0.0017
— orgánica en O (sol. ale.). . 0.0011
— — (sol. ác.)... 0.0016
Residuo á 100-105°C 0.3978
— á 180° 0.3928
— al rojo 0.3758
Ácido silícico (SiO,) 0.0600
105 —
I’or litro
Ácido sulfúrico (S08) 0.0638
— clorhídrico (Cl). 0.0776 •
— nítrico N2Ob). 0.0014
— nitroso (TINO,) 0
— carbónico (COs) 0.0528
— sulfhídrico (II2S) 0
— fosfórico (P20B). vestigios
— bórico (HaBOa) 0
Oxido fórrico (FesOa) 0.0015
— de aluminio (AlsOa) 0.0089
— manganoso (MnO). 0
— cálcico (CaO) 0.0520
— magnésico (MgO) 0.0125
— potásico (KjO) 0.0206
— sódico (Na20) 0.1018
— lítico (LisO). —
Amoníaco (NHa). 0.00009
Gases (lis
0O2 libre y somicombinado
0o — 760mm.
Total
Por litro
0.0600
0.0089
0.0009
0.0925
0.0051
0.0300
0.1272
0.00027
0.0775
0.0300
0.0021
0.4344
0.0011
0.1295
0.0076
0.0390
Combinaciones hipotéticas
Anhídrido silícico (Si(_)2)
Oxido do aluminio (AlsO„)
Carbonato ferroso (FoCO„).
— manganoso (MnCOa). . . .
— cálcico (CaCOa).
— magnésico (MgCOa)....
— potásico (K2COa).
— sódico (NasCOa)
— lítico (LiaCOa)
Cloruro sódico (NaCl)
— amónico (NII4C1).
Sulfato sódico (Na2S04)
— magnésico (MgS04)
Nitrato sódico (NaNO,)
líesiduo salino calculado. .
Bicarbonatos
FeC205.
MnC206 .
CaC206
MgC206
K8C206
ueltos
Cent. cúb.
C02. 32.265
O 3.195
N 16.685
52.145
106 —
FUENTE DE VIS VIS
DATOS GENERALES
Situación. — .Esta fuente se halla en la Quebrada de Amanao, en el
departamento do Andalgalá.
Vías de acceso. — Se llega á Yis Vis por el camino que va de Andal-
galá. á 1 as Minas de Atajo por la Quebrada de Amanan ; los viajeros para
San Fernando, Eje y Hualfín pasan al sur de Vis Vis.
Fig. 15. — Vis Vis. Vista do la quebrada y del arroyo, mirando hacia el norte
Altitud, — La fuente se encuentra á 1560 metros sobre el nivel del
mar.
Descripción de la fuente. — Pasando el puesto de Vis Vis, que queda en
un rastrojo al poniente de la quebrada, ésta se ensancha considerable-
mente. En esta parte y donde la vegetación es más abundante, aparece
sobre la playa arenosa (fig. 15) un colpar de varias cuadras de extensión,
en cuyo principio y entre unos cantos rodados aparecen los ojos de agua.
Estos manantiales llenan un pozo de cuatro metros cúbicos, con una
profundidad de medio metro aproximadamente.
— 107 —
Mineralización dominante. — El agua de Vis Vis (lobo considerarse
como clorosulfatada alcalina débil, podiendo compararse con las de
Evaux (Francia), como puede verse examinando la composición química
comparada que incluimos en la página 59.
Empleo del agua. — Hasta ahora no se ha dado gran importancia á
esta fuente.
RESULTADOS ANALÍTICOS
Datos físicos
Color incolora
Aspecto transparente
Reacción alcalina
Densidad á 4°C 1.00120
Temperatura 38° C
Punto crioscópico — 0e065
Presión osmótica calculada. 0 . 681
Resistencia eléctrica específica. . . . 309.5 — 21°
Datos químicos
Alcalinidad en 1I8S04.
Materia mineral en suspensión. . . .
Materia orgánica en O (sol. ale.). .
— (sol. ác.). . .
Residuo á 100-1 05 °C
— á 180°
— al rojo
Ácido silícico (SiOs)
— sulfúrico (S03)
— clorhídrico (Cl)
— nítrico (Ns06).
— nitroso (HN08).
— carbónico (COs)
— sulfhídrico (I18S)
— fosfórico (P806)
— bórico (H,130a).
Óxido férrico (Fe8On)
— de aluminio (Al8Os)
— mauganoso (MnO)
— cálcico (CaO)
— mangnésico (MgO)
— potásico (KsO)
— sódico (NasO)
— lítico (LisO)
Amoníaco (N1I3)
Por litro
0.3528
0.0267
0.0011
1.2384
1 . 2250
1.2148
0.0474
0.3372
0.2890
0.0060
0
0.1584
0
vestigios
0
0.0040
0.0095
0
0.0765
0.0370
0.0290
0.4488
0
108 —
Combinaciones hipotéticas
l*or litro
Anhídrido silícico (Si()s) 0.0174
Óxido de aluminio (Ala03) 0.0005
Carbonato ferroso (FeC03) 0.0029
— manganoso (MnC03). . . —
— cíílcico (CoC03) 0.1361
— magnésico (MgC03). .. . 0.0777
— potásico (KjCOj) 0.0423
— sódico (NasC03) 0.1053
— lítico (Li2C03) —
Cloruro sódico (NaCl) 0.24 69
— amónico (NÍIJC1 —
Sulfato sódico (Na2SO,) 0.5968
— magnésico (MgSOj. —
Nitrato sódico (NaN03) 0.0091
Residuo salino calculado. . . 1.2743
FeCs06
CaCs06
MgC.O.
ksc206
Na9C90,
0 . 0037
0.1905
0.1165
0.0549
0.1473
Bicarbonatos
1 09
FUENTE DE NACIMIENTOS (VIS VIS)
DATOS GENERALES
¡Situación. — Se encuentra esta fuente en la quebrada de Amanan (fig.
16), al norte de Vis Vis, en el departamento de Andalgalá.
Vías de acceso. — Para llegar á Nacimientos basta seguir el camino de
Vis Vis á las minas de Atajo.
Fig. 16. — Quebrada (le Anmuao. Vista <le la quebrada que conduce á Nacimientos de Vis Vis
en el centro corre el arroyo de Nacimientos
Altitud. — Esta fuente se halla á 2175 metros sobre el nivel del mar.
Descripción de la fuente. — Los ojos de agua se abren en el mismo
cauce del río, seco durante gran parte del año; el valle en cuyo fondo
corre el río (fig. 17) es muy pintoresco, presentando en invierno un as-
pecto curioso, pues del agua se levanta una niebla que todo lo envuelve.
Dos grandes algarrobos (Prosopis) sombrean el rastrojo cercano á las
fuentes, al pie de una barranca de piedra, embelleciendo también el pai-
saje los cardones (Ccreus) gigantes que son muy abundantes.
El rendimiento de los ojos es considerable, llegando basta Amanao (‘1
arroyo que forman, aunque engrosado con las aguas de Vis Vis.
Mineralización dominante. — Es muy semejante á la fuente de Vis Vis
y como ésta debe clasificarse entre las clorosulfatadas alcalinas débiles.
Empleo del afilia. — No ba sido aplicada seriamente basta ahora, aun-
que los mineros del Atajo frecuentan esta fuente durante el verano.
Ki¿r. i". _ Nacimientos de Vis Vis. Vista de la quebrada tomada en dirección al norte
en el centro corre el arroyo formado por el Manantial
RESULTADOS ANALÍTICOS
Datos físicos
Color incolora
Aspecto transparente
Reacción alcalina
Densidad ít 4o C 1. 00110
Temperatura —
Punto crioscópico — 0“105
Presión osmótica calculada . . 1.263
Resistencia eléctrica específica. 284.0 — 21°
Datos químicos
Por litro
Alcalinidad en H2S04 0.3185
Materia mineral en suspensión. . . . 0.0058
— orgánica en O (sol. ale.). . 0.000Í)
— (sol. ác.)..
Residuo á ÍOO-IOS^C. 1.3576
— á 180°. 1.3196
— al rojo 1.3146
Ácido silícico (SiOs) 0.0516
111
Por litro
Ácido sulfúrico (S03) 0.3904
— clorhídrico (Gl). 0.1530'
— nítrico (Nj05) 0.0050
— nitroso (UNO,) 0
— carbónico (C02) 0.1430
— sulfhídrico (II2S) 0
— fosfórico (PsOs) 0
— bórico (H3B03). 0
Óxido férrico (Fe203) 0.0021
— do aluminio A1203). 0.0102
— manganeso (MuO) 0
— calcico (OaO) 0.0830
— magnésico (MgO) 0.0315
— potásico (K20) 0.0234
— sódico (Na2Oj 0.4710
— lítico (Li20) —
Amoníaco (NII3) 0
(Jasen di, sueltos
Cent. cúb.
. , / COs... 66.548
CQ„ libreysemicombinado \ _
{ O . . . . 5. JU0
O5 — 760mm >
f N . . . . 15.300
Total 87.748
Combinaciones hipotéticas
Por litro
Anhídrido silícico (SiOs) 0.0516
Óxido do aluminio (A1203). 0.0102
Carbonato ferroso (FeCO„) 0.0014
— manganeso (MnCO„) ... —
— cálcico (CaCO,) 0.1477
— magnésico (MgCO„). . . . 0.0661
— potásico (K2C03) 0.0341
— sódico (Na2CQ3) 0.0788
— lítico (Li2C08) —
Cloruro sódico (NaCl). 0.2509
— amónico (NH,C1) —
Sulfato sódico (NasS01) 0.6910
— magnésico (MgS04) —
Nitrato sódico (NaN03). 0.0078
Residuo salino calculado. . 1.3391
Bicarbonatos
FeCs05 0.0018
CaC,0,.. 0.2067
MgCs05 0.0991
KjCjOj 0.0443
Na2C205 0.1096
Sal do Vicliy (NaHCO,). 0.1237
112
FUENTE DE DIONISIO
DATOS GENERALES
Situación. — Esta fuente, conocida por el nombre de Aguada de Dio-
nisio, se halla en una quebrada que se designa del mismo modo, á
cuatro leguas de Ilualfm, en el departamento de Belén.
Fig. 18. — Quebrada Grande. Vista de uno de los caminos que conducen á la Aguada de Dionisio
Vías de acceso. — El camino á seguir para llegar á esta fuente, saliendo
de II ualfín, se reduce á remontar el río en dirección norcsteeste hasta
la Quebrada Grande (fig. 18): seguir por ésta y traslomar después, siem-
pre en la misma dirección hasta encontrar la Quebrada de Dionisio á
través de una picada molesta, pues está llena de piedras frágiles y es
un plano inclinado bastante acentuado.
Altitud. — 2150 metros sobre el nivel del mar, según Braclcebuscli,
sería la altura de esta fuente. Bruch le señala 2475 metros.
Descripción de la fuente. — La Quebrada de Dionisio, en las proximi-
dades de la fuente, está encerrada por barrancas altas, constituidas por
arenisca en algunos puntos y por rocas calcáreas en otros, abundando mu-
113
cho las tobas de andesita anflbólica (cretáceo?) que se disgregan con mu-
cha facilidad; el fondo de la quebrada es de arenisca casi completamente.
En este punto, donde la quebrada corre en la dirección norte-sur bien
Fig. 19. — Aguada de Dionisio. Vista de la fuente tomada desde el fondo de la quebrada
marcada, se encuentra la fuente constituida por varios ojos de agua . El
ojo principal se baila en el cauce ó lecho, sobre una saliente de la are-
nisca, corriendo el agua luego hacia una hondonada, de donde unida con
la que surge de otro ojo, cae desde una altura de cinco metros (fig. 1 !))
y va á una ciénaga.
— 114
La distancia de los dos ojos citados es de 100 metros próximamente,
presentando el agua de ambos iguales caracteres, entre los cuales figura
el poder incrustante que corresponde al residuo salino obtenido en el
análisis (1.9326 °/00).
A1 norte de la fuente se extiende un colpar de 100 metros de extensión,
matizado por una asclepiadácea (Asclepia campestris De.) muy vistosa
(pie crece sobre la roca.
La barranca del poniente, al lado de la fuente, sobresale en forma de
punta y se transforma luego en un plano inclinado que sirve de camino,
presentando como única vegetación, en las partes algo arenosas, algunas
jarillas ( Jar illa cuneata) y garabatos (Acacia tucumanensia).
La barranca del naciente, junto al manantial, está formada por una
tierra muy calcárea cubierta de cortadera (Cortadera dioica).
Mineralización dominante. — El agua de la fuente de Dionisio perte-
nece al grupo de las aguas minerales clorosulfatadas alcalinas débiles.
Por su temperatura de 24° O. y por su salinidad se asemeja bastante
esta agua á la de las fuentes de Jeuzat (Francia), aunque quizá la de
Dionisio contiene un poco más de óxido de calcio.
RESULTADOS ANALÍTICOS
Datos físicos
Color incolora
Aspecto transparente
Reacción alcalina
Densidad á 4o C.. . 1.00160
Temperatura 24 °C.
Punto crioscópico . — 0o 080
Presión osmótica calculada 0.962
Resistencia eléctrica específica . . . . 203.5 — 22°
Datos químicos
Por litro
Alcalinidad en HsS01 0.4414
Materia mineral en suspensión.. . . 0.0035
Materia orgíínica en O (sol. ale.). . 0.0013
— (sol. ác.) . . 0.0010
Residuo íí 100-1 05 °C 1.9496
— á 180° 1.9426
— al rojo 1.8756
Acido silícico (Si02) 0,0480
— sulfúrico (SO,) 0.6984
— clorhídrico (Cl) 0.1447
— nítrico (N905). 0.0002
— nitroso (HNO„) 0
115
Ácido carbónico (COs). . . .
— sulfhídrico (Il2S). . .
— fosfórico (Ps05). . . .
— bórico II3 J103)
Oxido férrico (Fo203)
— de aluminio (A1203)
— manganoso (MnO) . .
— cálcico (CaO)
— magnésico (MgO). . .
— potásico (K20)
— sódico (Na20)
— lítico (Li20)
Amoníaco (NII3)
Gases disucltos
(J< >2 libre y somicombina
0° — 760mm
, ( COs . .
'lo So....
’ ' ( N . . . .
Total
Combinaciones hipotéticas
Anhídrido silícico (Si02)
Oxido de aluminio (A1203).
Carbonato ferroso (FoCOa)
— manganoso (MnCO„)...
— cálcico (CaüOfi)
— magnésico (MgC03). . . .
— potásico (K2C03)
— sódico (NasC03)
— lítico (Li2C03)
Cloruro sódico (NaCl)
— amónico (NH4)C1
Sulfato sódico (Na2S04)
— magnésico (MgS04)
Nitrato sódico (NaN03)
Residuo salino calculado. . .
FoCtOs
CaCs06
MgC205
K.C.O,
Por litro
0 . 1982
0 •
vestigios
0
0.0012
0.0077
0
O.I87O
0.0345
0.0328
0 . 6575
vestigios
0.00017
Cent. cúb.
52 . 288
4 . 128
18.576
74.992
Por litro
0.0480
0.0077
0.0008
0.3328
0.0724
0.0478
vestigios
0.2373
0.00052
1.2361
0.0003
1.9837
0.0010
0 . 4659
0.1086
0.0621
Bicarbonatos
— 116 —
COLPA Dli DIONISIO
La colpa de la fuente de Dionisio no carece de interés por su compo-
sición química, como puede verse en los datos analíticos obtenidos por
nosotros con una muestra media :
Por ciento
Humedad ¡í 100-105°C 1.177
Materia orgánica (restos vegetales) 0.116
Residuo insoluble en agua 3.600
Ácido sulfúrico (SO.,) I I .897
— clorhídrico (01).. 5.270
— carbónico (C02) 1.672
— nítrico (N205) vestigios
óxido férrico (FOjO.,). 0.252
— cálcico (CaO) 0.263
— magnésico (MgO) 0.619
— potásico (Ks O) vestigios
Amoníaco (NII3) 0
Combinaciones
Carbonato sódico (Na„COa) 4.026
Sulfato cálcico (CaSOJ 0.636
— magnésico (MgS04) 1 . 857
— potásico (K4SOj vestigios
— sódico (KTasS04). 76.611
Cloruro sódico (NaCl) 8 . 990
Nitrato sódico (NaN03) vestigios
— 117
FUENTE DE CHOYA
DATOS GENERALES
Situación. — La fuente de Choya está situada cerca del poblado de
este nombre, del departamento de Andalgalá, á la orilla del río que corre
de norte á sur pasando por el citado pueblo.
Vías de acceso. — Se llega á Choya por el camino de Musehaca, pa-
Fig. 20. — Fuente de Choya. Fotografía tomada en el lecho del lío mirando al sud
¡t la izquierda se halla el ojo de agua
sando por Chaquiago, á tres leguas del fuerte de Andalgalá, en dirección
del poniente.
Altitud. — Choya se halla á 1300 metros sobre el nivel del mar.
.. Descripción de la f uente. — El ojo de agua de Choya surge en el lecho
mismo del río, junto á la orilla oriental (flg. 20) ; el paraje es muy pintores-
co, pues el lecho del río que alcanza aquí á 20 metros de ancho, está li-
mitado por barrancas de o metros de altura, tapizadas de abundante
vegetación, abundando los talas, aromos y cardones.
El agua brota entre dos piedras de un metro cúbico cada una aproxi-
madamente, á tres metros de distancia de un arbolito ( ¡tu rana longifolia
Lind.) á cuyo pie hay también una pequeña filtración (flg. 21). Surge con
fuerza, levantando las piedrecillas del fondo y después de correr un tre-
cho, forma un pequeño pozo de donde sale para unirse al río.
— 118 —
Mineralización dominante. — lista agua pnecle clasificarse como poco
mineralizada, en el grupo de las aguas alca linas-calcáreas débiles.
Corresponde al tipo del agua de Evian (Francia) como puede verse por
la comparación de los datos analíticos de ambas (pág. 59).
Es muy pura y constituye una bebida fresca y agradable.
Empleo del agua. — Las familias de Choya la emplean para beber, no
dándole gran importancia como agente terapéutico; es muy constante,
aun en los períodos de gran sequía.
Fig. 21. — Fuente de Choya, Fotografía tomada en el lecho del río, mirando al norte
á la derecha y bajo el árbol se halla el ojo de agua
Se concede más crédito, por sus propiedades, á otra fuente situada al
norte de la que hemos estudiado, pero cuando las muestras fueron toma-
das este otro manantial se hallaba invadidojpor el río.
DATOS ANALÍTICOS
Datos físicos
Color incolora
Aspecto transparente
Reacción alcalina
Densidad á 4 o C 1.00039
Temperatura 19 "25 C.
Punto crioscópico — 0°025
Presión osmótica calculada. . . 0.300
Resistencia eléctrica 1038.8 — 25°
119 —
Dalos químicos
Por litro
Alcalinidad on II2S04 0.2205
Materia mineral en suspensión. . . . 0.0982
— orgánica on O (sol. ale.), . 0.0010
— — (sol. ác.). . 0.0014
Residuo á 100-105° 0.3654
— á. 180° 0.3398
— al rojo. 0.3254
Ácido silícico (SiOs) 0.0184
— sulfúrico (SO„) 0.0612
— clorhídrico (Cl) vestigios
— nítrico (N205) 0.0012
— nitroso (HNOs) 0
— carbónico (C02) 0.0990
— sulfhídrico (HsS) 0
— fosfórico (Ps05) vestigios
— bórico (11,130,). 0
Óxido férrico (FesO„) 0.0020
— de aluminio (A1203) 0.0004
— de manganeso (MnO). vestigios
— cálcico (CaO) 0.0630
— magnésico (MgO) 0.0390
— potásico (KjO) 0.0172
— sódico (NasO) 0.0402
— lítico (Li20) —
Amoníaco (NH3), 0.00007
Clases disncltos
Oont.. eiíb.
Combinaciones hipotéticas
Por litro
Anhídrido silícico (Si02) 0.0184
Óxido de aluminio (A1203) 0.0004
Carbonato ferroso (FeCO,) 0.0014
— mangauoso (MnCO,) . . . vestigios
— cálcico (CaCO„) 0.1121
— magnésico (MgCOa). . . . 0.0819
— potásico (KsC03) 0.0251
— sódico (NasC03), —
— lítico (Li2CO,) 0
Cloruro sódico (NaCl) vostigios
— amónico (NII4)C1 0.00021
REV. MUSEO LA PLATA. — T. III. (VI, 11, 1909.) 9
1 20
Por litro
Sulfato sódico (Na^SO,) 0.1081
— magnésico (MgSOJ —
Nitrato sódico (NaN03). 0.0018
Residuo salino calculado. . 0.3194
Bicarbonatos
FeCs06. 0.0018
CaCs05. 0.1569
MgCs06 0.1228
KsCs06 0.0326
Museo do La Plata, diciembre 1908.
LA CERÁMICA CIIIIUGUANA
por pélix f. cutes
Secretario y director de publicaciones del Museo de La Plata; profesor
en las Universidades do La Plata y Buenos Aires
No debe considerarse sí esta memoria, como un estudio exhaustive á
propósito de la primitiva industria alfarera de los Chiriguanos que pue-
blan el oriente de Bolivia. Si bien he reunido en las páginas que siguen
todas las brevísimas referencias sobre el particular dispersas en la lite-
ratura que trata, casi siempre por incidencia, déla ergologíade aquellas
agrupaciones indígenas, apenas constituyen un conjunto exiguo, que
contrasta, singularmente, con la abundancia, relativa del material que
me ha proporcionado, con verdadera gentileza, mi viejo amigo don
Eduardo Alejandro Holmberg, obtenido por él mismo durante el viaje
que ha realizado á algunas provincias de Bolivia, bajo los auspicios de
Caras y Caretas, la progresista revista informativa bonaerense.
Debo creer, pues, que se trata, de un vasto campo de investigación
recién explotado, y en el cual los especialistas realizarán, sin duda
alguna en un futuro próximo, observaciones más amplias y prolijas,
mediante las cuales podrá entonces estudiarse en su completo desarrollo,
la evolución morfológica, de los vasos y el proceso de estilización de
ciertos curiosos motivos ornamentales que mencionaré oportunamente.
Pienso, no obstante, que los antecedentes diversos sintetizados en
esta ocasión, son los más completos publicados hasta la fecha; y en
cuanto á los reunidos por el señor Holmberg, quizá los más numerosos,
desde que el material llevado á Europa por los miembros de la Misión
Científica Sueca presidida por el barón Erland Nordenskiold, se ha
reputado insuficiente : Das von v. Rosen mitgehraehte Material — dice su
distinguido jefe, en una publicación reciente — reiclit zu einem naheren
Studium derselben nicht aus '.
1 Erland Nordknskiold, Einige beitrage znr Kenntnis der SüdameriJcanischen Ton-
gefdsse und ihrer herstcllung, cu Knngl. Svenska Yetensliapsakadenúenn Handlingar, XII,
número 6, 12. Uppsala y Stockliolin, 1906. Cada, una de las memorias publicadas en
las Handlingar, llevan foliación aparte.
122
El modclaje de alfarerías constituye, desde hace largo tiempo, la
industria practicada más intensivamente por las agrupaciones de Chiri-
guanos.
Como entre otros muchos Naturvolkern americanos, las mujeres ancia-
nas están encargadas de la fabricación de tiestos de barro 1 2 ; pero, des-
graciadamente, muy pocas observaciones se han verificado sobre el pro-
ceso de manufactura seguido por esas primitivas alfareras. Los menudos,
aunque siempre interesantes antecedentes, á propósito de la obtención
de la materia prima, su preparación, el comienzo de modclaje de los
fondos, etc., faltan por completo.
Los datos más prolijos sobre las operaciones ulteriores, publicados
hasta la fecha, los ha proporcionado un manuscrito, aun inédito, del
misionero fray Doroteo Giannecchini, el que contiene interesantísimas
observaciones sobre la ergología de los Chiriguanos 2 : Ammollata una
certa quantitá di creta — dice el doctor Domingo del Campana, quien lo
ha utilizado y resumido casi integralmente — pr endono un frammento
di qualche vecchio vaso e lo riducono in polvero . Staccata qnindi un poco
di creta dalla massa preparata la mischiano con parte di questa polvere e
cominciano ad impastarla fino a darle la consistenza necessaria a ridurla
ad un bastoncello della lunghezza e grossezza voluta, (¿uesto viene poi
avvolto sopra sé stesso in largo spirale, al primo bastoncello se ne aggiunge
un secondo, un terzo e cosí vía finché il vaso non ha raggiunto la forma e
le dimensioni dovute. Nel fiar questo si ha cura intanto che V argüía si saldi
perfettamente de tutte le partí e si usa a tale scopo un guscio di conchiglia
(Anodonta) o qualche sasso (ittancúa), oppure un sclieggia di caima ó final-
mente anche un torso di granturco 3.
En Tarairí, pudo ver el señor Holmberg á una. alfarera indígena en
plena labor. Sentada en el suelo ante una red de chaguar (Aechmea
polystacliya Mez y á veces Bromelia Hieronymi Mez) 4 sobre la cual
había colocado la pieza en elaboración para evitar, así, que el polvo
del terreno se adhiriera al fondo recién terminado, superponía hábil-
mente los rodetes de arcilla que aplanaba y consolidaba valiéndose
de la yema de los dedos índice y medio; luego, con el objeto de hacer
desaparecer las pequeñas asperezas ó granulaciones de la masa, rascaba
el interior y exterior del vaso con el dorso de las uñas de las manos
1 Nokdknskiold, Ibitl., tí.
2 El manuscrito del padre fray Doroteo Giannecchini se halla en poder del padre
de la misma orden fray Sebastián Pifleri, quien realizaría obra buena si decidiera
su publicación.
a Domicnico del Campana, Notizie intorno ai Ciriguani, en Archivio per l’ Antropo-
logía o l’ Etnologie, XXXII, 51. Eirenze, 11102; coiiiirmndo, en parte, por Nordcn.sk-
iold (Ibid., 8).
4 La red á que me refiero en el texto es llamada pica por los Chiriguanos.
— 123 —
izquierda y derecha, respectivamente; y, cuando hubo terminado su
obra, no sólo pulimentó la superficie externa con el fragmento de caña
á que alude el texto de del Campana, sino que completó esta parte del
trabajo mediante una vieja cuchara, usada ó, manera de espátula.
En tal formase fabrican los vasos comunes y los de gran tamaño;
aunque para conocer el proceso de manufactura con todos sus detalles,
sería menester observaciones referentes á la manera, cómo se prepara el
labio, el cuello de las jarras, y las asas de que muchos están provistos.
Las piezas de pequeño tamaño se modelan directamente en un bloque
de arcilla blanda, excavándolo y ensanchándolo con las manos *.
Costruito il vaso — agrega, del Campana — prima, di cuocerlo si espolie
al solo per Jar prendere alia, érela nnpo'piu di eonsistenza, dopo di che lafab-
hrica.1riee ne Use-i a. ancora, una, voita. le pareti colVUtancúa e quindi procede
alia cottura. Cid ella . eseguisce amnmcchiando torno torno al vaso dei pez-
zetti di legno ai quali pone fuoco avendo cura di, surrogarnc sempre altri
finche la terraglia non sia cotia, completamente. Talvolta invece del legno
si, sitóle impiega.ro delta sterco di vaca ben secco *.
Haré notar que las supersticiones locales imponen, como condición
imprescindible para, el buen éxito de todas las operaciones enumeradas
en los párrafos anteriores, que mientras dure la labor de la alfarera, no
se le aproxime persona alguna y, mucho menos, que el visitante impor-
tuno sea una mujer en cinta 3.
Hasta ahora no se habían descripto, ni aun siquiera mencionado, las
diversas formas que afecta comunmente la. cerámica Chiriguana. Los
numerosos apuntes y las interesantes piezas reunidas por el señor Holm-
berg, parecen corroborar la rápida, referencia de Nordenskiold : JHc Chi-
r i guano halen zahlreiche verschiedene Tmgefiissf orinen 4. Creo, no obs-
tante, que dicha riqueza es más bien aparente que real, pues los tipos
verdaderos que encuentro son pocos; mientras el resto del material
representa, sin duda., diferentes variedades de aquéllos, de los que
se diferencian sólo por el tamaño ó particularidades de valor secun-
dario.
Como no me encuentro en condiciones de realizar una estricta agru-
pación tipológica, desde que el material sería reducido para ello, voy á
describir someramente los caracteres principales de las piezas puestas
á mi disposición, y á las que he distribuido en orden tal, que un simple
golpe de vista será suficiente para darse cuenta del probable desarrollo
y evolución de las formas.
1 Nordknsiciold, Ibid., 7.
8 Del Campana, Ibid., 54.
3 Del Campana, Ibid., 54.
4 Nordenskiold, Ibid., 18.
— 124 —
Los vasos más primitivos son hemisféricos (fig. 1); algunos con labio
dirigido al exterior (íig. 31); provistos ó no en el
borde, de asas verticales al plano ecuatorial; y,
casi todos, sin asiento alguno. Á este mismo
grupo de formas arcaicas pertenece el vaso sub-
globoso representado en la viñeta 2: con el cuello
Fig. 1. — Taraiií, */ „ , , .
apenas esbozado, y provisto en el tercio superior
del vientre de asas oblicuas al plano ecua-
torial.
En segundo término se presentan nume-
rosos ejemplares globulares, con cuello corto
pero de gran diámetro (íig. 3), ó estrecho y
más ó menos infundibuliforme (fig. 4). No
tienen labio bien definido, pues todo el
cuello se dirige suavemente al exterior.
Muchas de estas piezas poseen asas que,
desprendiéndose del borde, describen una
curva que termina en el vientre
(fig. 3). Por lo demás, ofrecen
sin excepción alguna, cierto
aplastamiento del fondo que
asegura su estabilidad al colo-
carlas sobre el suelo. Es indu-
dable, asimismo, que las jarras
globulares que fabrican las alfa-
reras Chiriguanas, y cuyo tipo es bien sencillo por
cierto (fig. 5), representan una variante introducida
en la forma de que me he ocupado, consistente, tan
sólo, en la mayor elevación y estrechez del cuello y
en el modelaje de una sola asa en vez de dos '.
He encontrado, luego, un grupo caliciforme, ápodo
(fig. 0), que ofrece muchas variedades. Así, en unos
casos, la parte superior estrangulada produce un cue-
llo corto de paredes verticales y gran diámetro, con
labio estrecho, plegado nítidamente al exterior (fig. 7); mientras en otros,
y es lo usual, el cuello todo se inclina hacia afuera (fig. 8). Conserva
siempre el aspecto ventricoso producido por la estrechez del cuello, si
bien las proporciones entre el diámetro ecuatorial y el vertical varían
notablemente. En algunos (fig. !)), este último es reducido, mientras el
cuello y vientre alcanzan gran desarrollo; en otros (fig. 10 y 11) la altura
Fig. 3. — Taran-i
Fig. 4. — Tataromla, '/l(i
1 Nordenskiold luí reproducido cu su memoria, tantas veces citada, una jarrita del
tipo de que me ocupo en el texto (véase, Ibid., 12, lij>\ 10).
125 —
predomina ligeramente; aunque ios liay, también, con el diámetro ecua-
torial doble del vertical (fig. 12). Á medida que las piezas de este grupo
Fig. 6. — Abapó, 1 / 2 a
Fig. 7. — Abapó, 1 /, ,
disminuyen de tamaño, comienzan á tener asiento, constituido por el
aplastamiento horizontal de la masa. Por
último, las asas no son frecuentes en las
diversas variedades de los vasos descriptos;
cuando existen, se dirigen del borde al vientre
(ñg. 11) ó so destacan verticalmente sobre el
mismo plano ecuatorial (íig. 12).
Aislada, y sin variedad alguna que yo
conozca, existe también una forma subeilín-
drica (ñg. 13).
Creo que la forma oval, de cuello corto y
cilindrico, reproducida en la viñeta 14, ha originado por simple estran-
Fig. 8. — Macbarotí, '/ts
gulación del tercio inferior, el curioso tipo de vasos francamente
infundibuliformes, ápodos, tan característicos de
la cerámica Chiriguana. En esta serie, que com-
prende multitud de ejemplares, pues son muy
utilizados, el cuello es ancho ó estrecho (fig. 15
Fíg. i2. — Tnrairí. '/„ y j cilindrico ó en forma de embudo (fig. 17,
18 y 19) y de paredes onduladas ó bien verticales (fig. 10 y 17). Con ó
sin labio, cuando lo tienen se dirige suavemente al exterior (fig. 16 y 17).
También he notado, como en otros casos mencionados, que á medida que
126
l’ig. 13. — Abapó, '/i 3
los ejemplares se reducen en tamaño, comienzan
á tener fondo ó pie \ Las asas no son frecuentes;
en el único caso que las lie encontrado (fig. 20),
se hallaban colocadas en el tercio superior del
vientre 2.
Por último, he hallado esporádicamente un tipo
de vaso caliciforme que constituye una excepción,
según me lo ha manifestado el señor Holmberg.
Ápodo y ventricoso, su cuello dirigido al exterior,
describe pliegues simétricos y elegantes (fig. 21).
Todas las piezas de que me he ocupado son de
sección circular, salvo la representada
en la viñeta 8 que es elíptica, particula-
ridad excepcional sin duda alguna.
Las condiciones especiales como reali-
zaba su viaje el señor Holmberg, no le
han permitido obtener mediciones deta-
lladas de las numerosas alfarerías que
encontraba 3. Sin embargo, puedo ofrecer
algunas cifras basadas sobre otros datos
que poseo. Los vasos hemisféricos (fig.
1 y 31) tienen, generalmente, un diáme-
tro ecuatorial que oscila entre 800
y 110 milímetros y una altura que
rara vez excede de 150 y no dismi-
nuye de 60 milímetros. El subgloboso,
1 Mis observaciones á este respecto las confirma Nordenskiold quien lia constata-
do, igualmente, que los vasos pequeños tienen el fondo chato, mientras los grandes
son siempre ápodos (Nobdknskiocu, lbid., 20).
1 Los Chiriguanos llaman yambui á los vasos de gran tamaño.
3 Como las figuras incluidas en el texto han sido hechas casi en escala, será siem-
127 —
alcanza á 170 milímetros de ancho máximo y 130 milímetros de
alto. El diámetro ecuatorial de los globulares (fig. 3 y 4), varía entre
400 y 250 milímetros y su altura es, casi siempre, de 400 milímetros.
Las pequeñas jarras que tengo en mi poder
(fig. o y pl. 1, fig. (>) son de muy reducidas
proporciones; ambas tienen el mismo ancho
en el vientre é igual altura; una 120 x 120
milímetros, la otra 90 x 90 milímetros. En
los vasos caliciformes (fig. 0 á 12), el diámetro
ventral varía entre 900 y 400 milímetros, y
su altura entre 900 y 300 milímetros. El
subcilíndrico aislado (fig. 13), tiene 700 milí-
metros de ancho en la boca y 920 milímetros de alto. El oval que lie
Fig. 22. — Lagnu illas, s/5
pre fácil obtener las dimensiones aproximadas de los diferentes detalles de las piezas
reproducidas.
128
Fig. 23. — Tarairi, '/e
reproducido en la viñeta 14, alcanza á 850 milímetros de diámetro en el
vientre y á IKK) milímetros de altura. En los infundibuliformes (fig. 15
á 20) el ancho del vientre ofrece como
términos extremos 850 y 050 milímetros y
para la altura 1000 y 550 milímetros. Por
último, la forma atípica de la figura 21 no
alcanza gran tamaño, pues tiene 225 milí-
metros de ancho y 150 milímetros de alto.
Las dimensiones de las piezas mayores
no han variado lo más mínimo en los últimos
tiempos; los grandes vasos que vio Wedell
en Caraparirenda en 1845, tenían alrededor
de 1000 milímetros de diámetro por 1200 milíme-
tros de altura \
Las paredes de los vasos, en general, no acusan
un gran espesor; en los de mayor tamaño, tienen
15 á 20 milímetros; en los medianos, como el
representado en la figura 80, no exceden de 8
milímetros; en las reducidas jarritas ventis-
cosas, oscilan entre 7 y 4 milímetros; pero, en
cambio, el pequeño bol hemisférico reproducido
en la viñeta 31, es relativamente grosero,
pues sus paredes laterales tienen de 0 á 7
milímetros y el fondo alcanza á 15 milímetros.
La sección de esas mismas paredes ofrece,
casi sin excepción alguna, tres zonas bien
marcadas; una ancha, central, de color negro,
y dos exteriores, rojas, sumamente estrechas.
Sin embargo, el vaso representado en la figura
22 es exterior é interiormente de color pardo obscuro, con una zona
central gris clara, muy resistente.
Fig. 24. — 'J'igüipn, ;/(¡
Yaeniba, ‘/a
Fig. 20. — Desarrollo «leí adorno del cuello del vaso representado en la lig. 2f>, vl¡¡
1 H. Wkdimci.i,, Voyaye daos le sud de la Ilolivic, en Frangís me Castiíi.nau, lix-
pédition dans les parties ventrales de l’ .huerique du Sud, de llio de , /uncirá a Lima, ct de
Lima au Para ; Histoire du voyaye, VI, 50. París, 1851. Véase igualmente: P. Ai.u-
J AÑORO M. Corraoo y P. Antonio (Jom a.) UÑOOS a , El eoleyio franciscano de Tari ja
y sus misiones, 42, nota 1. Quaraeclii, 1881.
12!) —
Desde luego, inoficioso me parece decir que la mayoría de las alfare-
rías Chiriguanas que lie visto son, originariamente, de un bello color
térra cotia y, por excepción, pardo más ó menos obscuro. Conviene
tener en cuenta, sin embargo, que dicho color es muy posible varíe con
las localidades, vale decir, según sea el material empleado y su com-
posición.
Un buen número de vasos Chiriguanos, ofrecen ornamentos que han
sido expresados mediante alguno de los tres métodos conocidos : por
intaglio, en relieve y con la ayuda de colores.
Erland Uordensldóld 1 y el señor Holmberg, han podido observar que
Fig. 21. — - Alfarerías «le mi rauclio Clmiguano (Tnraiii)
los ornamentos por intaglio consisten, tan sólo, en impresiones ungui-
culares ó de la yema de los dedos. Efectivamente ciertos tiestos de
barro tienen en el cuello tres ó cuatro filas paralelas de impresiones digi-
tales, casi siempre hechas con el dedo pulgar, ejerciendo presión lateral
(fig. S y 17). Hay ejemplares, también, con la totalidad de las paredes
ornamentadas mediante el procedimiento referido; en cuyo caso, las im-
presiones están distribuidas en series rítmicas paralelas, que siguen la
dirección de los rodetes de arcilla con los cuales se construyó el vaso
(fig. 22).
Nordensklold, Ibül., 12.
— 130
Los ornamentos en ronde-bosse son, en cambio.
Sólo be
Fig. 28. — Mujer Cliiriguaua llevando
á la espalda una alfarería (Quiri-
quirigua).
lores minerales ó vegetales,
ocupan la superficie exterior
<le los vasos; por excepción
una parte del lado interno del
labio ó ancho cuello de las
alfarerías caliciformes (fig.
21). Sin embargo, en todas
las piezas de gran tamaño
las pinturas sólo alcanzan ¡i,
cubrir los dos tercios supe-
riores del vientre; el otro
queda sin ornamento alguno,
pues debe enterrarse en el
suelo para mantener la esta-
bilidad del vaso (véanse, por
ejemplo, las figuras 2 y 3 de
la plancha II).
La combinación de los co-
lores empleados, no es ma-
yormente complicada ciertas
visto un vaso que los tuviera; el represen-
tado en la viñeta 3, cuyo cuello muestra
una serie de elementos ovales superpuestos
lateralmente y combinados con cierta ele-
gancia.
La ornamentación mono ó policroma de
las paredes de las alfarerías, es muy fre-
cuentemente empleada. La materia, prima
que utilizan los indígenas para realizarla,
tiene, casi siempre, un origen mineral :
arcillas ú ocres rojos, blancos y aun pardos.
En algunos casos, muy pocos por cierto, se
utiliza el hermoso color rojo proporcionado
por los frutos de Bixa orellana L. ’. Los
colores minerales se aplican antes del coci-
miento de las piezas que deben recibirlos;
los vegetales, después de haberlo verificado;
valiéndose, siempre, de un grosero pincel ó
de plumas sueltas de gallina.
Los ornamentos, ya sean pintados conco-
Fig. 29. — Portadoras de alfarerías (LaguiiillAs)
1 Dkl Campana, Ibid., 55<
veces se lia cubierto de rojo toda la superficie externa (fig. 30), ó
se lia trazado una faja del mencionado color desde el labio hasta
la mitad del vientre (fig. 31). En muchos casos, sobre la superficie
natural — térra cotia — del cacharro, existen dibujos rojos (pl. I, fig. 3
y pl. II, íig. 2 y 3), ó negros y rojos (pl. í, fig. 1). En otros, sobre fondo
rojo, se destacan ornamentos blancos (pl. I, fig. 4). Un grujió, bastante
numeroso, comprende vasos juntados de blanco y, sobre dicho fondo,
elementos decorativos negros (fig. 23 y 24), jiardo-obscuros (íig. 25) ó
conjuntamente, negros y rojos (pl. 1, fig. 5 y (i; pl. II, fig. 1). Por último,
la combinación más compleja la ofrecen las juezas que tienen pintada la
mitad inferior de rojo y la superior de blanco y, sobre este color, dibujos
negros (pl. II, fig. 5), rojos (j»l . 1, fig. 2) y aun rojos y negros (jtl. II, fig. 4).
La sencilla faja i’oja que rodea exteriorícente el labio del jiequeño bol
representado en la viñeta 31, constituye, según
mi modo de ver, el ornamento más simjile.
Sin embargo, la mayor jiarte de los vasos
oírecen en sus jiaredes combinaciones de líneas
quebradas describiendo meandros más ó menos
comjilicados (pl. I, fig. 1); ó que se hallan compren-
didas, formando fajas, entre líneas horizontales
(pl. I, fig. 2). El vaso representado en la viñeta 3 de la plancha I, ofrece
una ligera variante constituida por la minúscula quebrada trazada sobre
la recta que ciñe, la estrangulación que forma el cuello, y por los menudos
puntos alargados que se desprenden de la quebrada interrumpida que
existe sobre la mitad superior del vientre.
En la jarra que he reproducido en la figura 25, los espacios angulares
inferiores libres de los elementos geométricos que se han dibujado sobre
el cuello, están ocujiados por grupos de puntos en cantidad variable y,
- 132 —
uno <lo aquellos, por cierto grosero motivo cruciforme (fig. 26); además,
en el vientre, los vértices de los-á.ngulos de las líneas quebradas tienen,
casi siempre, prolongaciones en forma, de gancho.
En otra pieza (pl. I, fig. 4), rodea al cuello una serie rítmica de losan-
ges blancos, mientras por el lado interno del labio (fig. 21), existen or-
namentos, en apariencia geométricos, muy semejantes á los de un vaso
de que ya me lie ocupado.
El cántaro globular representado en la figura 5 de la plancha I, ade-
más de los elementos decorativos ya conocidos constituidos por combi-
naciones más ó menos felices de líneas
quebradas y rectas, ofrece en los espacios
libres de la ancha faja ventral, un nuevo
motivo ornamental, formado por chevrons,
de cuyos vértices se desprenden líneas que-
bradas en espiral; detalle repetido con
harta frecuencia en otras muchas alfarerías
Chiriguanas que conozco.
Á pesar de la sencillez aparente de los
motivos rectilíneos que se han trazado en
los vasos reproducidos en las viñetas 23 y
24, es altamente curiosa la larga espiral
que rodea hasta tres veces toda la periferia,
iniciada, como puede verse en las figuras
respectivas, en forma complicada y que
termina, en cambio, con suma sencillez.
Pienso que en este caso, se trata, sin duda
alguna, de una representación zoomórfica
muy estilizada.
En las jarras globulares (pl. 1, fig. 6; pl.
II, fig. 1), he encontrado curiosas composi-
ciones meándricas en las que interviene la
línea quebrada en espiral, tari frecuente en
otras alfarerías de la misma procedencia 1 ; y que llega á formar motivos
ornamentales complejos y difíciles de analizar, como los que ofrece el
vaso reproducido en la viñeta 4 de la plancha 11 de esta memoria.
Creo, sin embargo, que los ornamentos pintados más interesantes y
característicos, son los que se lian trazado en las paredes de los vasos
1 Nordcnskiold (Jhid., 12, fig. 10), lia reproducido semi-esquemáticamente una
pequeña jarrita con ornamentos muy parecidos á los que describo en el texto de
esta memoria. La composición meándrica, que ocupa el tercio superior del vientre,
está formada con elementos curvilíneos de cuyos puntos de unión se desprenden las
infaltaldes quebradas en espiral; por lo demás, el cuello está ocupado por líneas que
se cortan, habiéndose colmado de puntos menudos los espacios libres del fondo.
Kkv. Museo de La Plata, t. xvi (ser ii, t. hi)
Plancha 1
Fig. 3. — Tatarcmla.
Fig. G. — Tigüipa, >/*
Iíev. Museo de La Plata, t. xvi (ser. ii, t. i i i)
Plancha II
133
infundibuliformes (pL II, fig. 2 y 3); series de elementos curvilíneos con-
céntricos, de efecto realmente original, que rodean una figura llena de
forma bizarra. ¿ Se trata, acaso, de ornamentos filomórfíeos altamente
estilizados?
Por último, en cierto vaso que tengo á la vista aparecen representa-
ciones ornitomórficas de un grosero realismo (pl. II, fig. 5) ‘.
En ninguna de las piezas ó dibujos que me han sido comunicados, he
hallado ornamentos francamente ftlomórftcos; sin embargo, entiendo que
los Chiriguanos los hacen intervenir * en la decoración de las alfarerías
y aun en sus primitivas pirografías.
Los diversos tipos de alfarerías, y sus muchas variedades, descriptos
en el curso de esta memoria, sirven, en primer término, para usos exclu-
sivamente domésticos; las piezas pequeñas se destinan, desde luego, á
las operaciones culinarias; las de mayor tamaño, es decir, los vasos
infundibuliformes y caliciformes, se utilizan preferentemente para la
preparación y conservación de chicha, la conocida bebida fermentada
tan cara á los pueblos indígenas sudamericanos, ó también se deposita
en ellos el agua y, en muchas localidades, se emplean aun, como orinas
para el azúcar.
Los pequeños menages indígenas, por pobres que sean, poseen un ajuar
completo y numeroso de las piezas referidas (íig. 27) que, en ocasiones,
alcanzan á varias decenas.
Los vasos caliciformes é infundibuliformes han sido siempre muy
abundantes ó pesar de su tamaño; cuando Weddell recorrió en 1845 el
oriente de Bolivia, notó que en el interior de las habitaciones indígenas
de Caraparirenda y Abarenda había, casi sin excepción alguna, una fila
de aquellas enormes alfarerías, semi-enterradas en el suelo y ocupando
un costado del minúsculo recinto 1 * 3. Sus observaciones fueron aun más
interesantes en el valle del Tarairí; allí, en los pequeños caseríos Chiri-
guanos, en su plazuela central, se veía, invariablemente, una larga hilera
de los referidos vasos enterrados hasta la mitad del vientre 4. Otros
observadores, en años posteriores, han podido constatar la exactitud de
las referencias obtenidos por aquel distinguido botánico; el misionero
franciscano fray Alejandro M. Corrado llegó á contar cierta vez en la
plaza de Tarairí, hasta trescientos de los vasos mencionados s.
1 Del Campana, Ibid., 55.
! Creo que las representaciones ornitomórficas (í «pie aludo en el texto, son de
Gállus domesticus L.
3 Weddell, Ibid., 56 y 258.
4 Weddell, Ibid., 305 y siguientes. El señor Holmberg me ha manifestado que
cuando los grandes vasos deben contener una exagerada cantidad de líquido, se
refuerza sus paredes mediante una atadura que rodea el cuello.
4 Copeado y Coma.tuncosa, Ibid., 44, nota 1; y agrega el padre Corrado : « que-
134 —
Por otra parte, cuando las mujeres indígenas llevan consigo un vaso
de gran tamaño, lo conducen á la espalda dentro una red de fibras de
las bromeliáceas á que me he referido en otro lugar de este memoria *,
que sostienen con la frente, tal cual lo hacían hace más de medio siglo 3
(fig. 28) ; pero, si el cántaro es reducido, las portadoras Ohiriguanas lo
colocan, simplemente, sobre la cabeza (fig. 29).
Algunos autores afirman que los indígenas tienen una alfarería espe-
cial reservada para las grandes festividades ó para honrar á huéspedes
que consideren distinguidos 3. No sé hasta qué punto pueda ser cierta
dicha referencia; desconfío de su exactitud, tanto más cuanto que nume-
rosos vasos de uso diario, tienen los mismos ornamentos que se ha
supuesto constituían la característica de aquélla.
Dentro de las mismas tribus, además de aplicarse á los quehaceres
domésticos, las grandes alfarerías tienen aún otro destino; sirven de
sarcófago para depositar el cadáver de los individuos fallecidos. Se trata
de una vieja costumbre de los Chiriguanos que, desde comienzos del
siglo xviii, han registrado en sus relatos los antiguos cronistas y han
corroborado los viajeros y observadores contemporáneos 4. El mismo
daban aún muchos quo contar »■ Conviene so sopa para explicar tal atinencia do
cacharros, que los Chiriguanos celebran con frecuencia grandes festivales, llamados
aretes, para los cuales cada familia lleva á la plaza del caserío los grandes vasos
donde se prepara de ordinario la chicha (confr. Coürado y Comajuncosa, Ibid.,
■14; véase, igualmente: A. Tiiocjak, Explorations dans l’ Amóriquc da Sud, 54 y 241.
París, 1891).
1 En la población boliviana de Cordillera llaman chipa á las redes de quo me ocupo
en el texto; las mujeres Ohiriguanas las traen de Izozoc y las designan en su idioma
con el nombre de añapoea.
- Weddell, Ibid., 20. Este viajero no se refiere precisamente á una red ; dice :
portaient chacune une grande jarre suspendue entre les ó paules par une bando qui passait
sur le front.
8 Coreado y Comajuncosa, Ibid., 42; Del Campana, Ibid., 55.
4 Pedro Lozano, Descripción ehorografica del terreno, ríos, arboles, y animales de las
dilatadísimas provincias del Gran Chaco, Gualamba, etc., 59. Córdoba (República Ar-
gentina), 1733; Lcttre du Pdre [guace Chorno, missionnairc dala Compagnic de Jesús, an
Pére Vanthiennen de la memo Compagnic [Tarlja, 3 do octubre de 1735], en Delires édi-
Jiantcs et eurieuses, éeritcs des missions étrangéres, VIII, 334. París, 1781; Francisco
de Viedma, Descripción geográfica y estadística déla provincia de Santa Cruz de la Sie-
rra, en P. de Angelis, Colección de obras y documentos relativos <í la historia antigua
y moderna de las provincias del lito de la Plata [Cochabamba, 15 de enero de 1788],
III, 181. Buenos Aires, 1836; 6. Joi.is, Saggio sulla storia naturale della provincia
del Gran Chaco e sulle pratiehe, e s id eos tumi dei Popoli che Vábitano, I, 400. Faenza,
1789; A. D’Orbigny, Voyage dans V Amóriquc méridionale, IV, 316. París, 1839-1843;
A. D'Orbigny, L’homme amérieain (de V Amóriquc méridionale), 11, 338 y siguiente.
París, 1839; Weddell, Ibid., 311; G. Pellesciii, Otto mesi nel Gran Ciaoeo, Viaggio
tango il fiurne Vermiglio, 131. Fironzo, 1881; Tiiouar, Ibid., 52; P. José Cardús,
Las misiones franciscanas entre los infieles de ¡¡Olivia, descripción del estado de ellas en
135
señor Holmberg encontró en las márgenes del río Tpa, entre Tarairí y
Tigttipa, una inhumación en la forma mencionada; en el vaso represen-
tado en la ligara 30 se habían depositado los restos de un párvulo y,
junto, fue hallado el pequeño bol hemisférico que también reproduzco
(íig. 31). Sin embargo, parece desprovista de verdad la afirmación de
Pelleschi según la cual los indígenas decorarían especialmente los vasos
destinados á usos funerarios *.
Por otra parte, la cerámica Chiriguana dada su calidad, forma y orna-
mentación, es en aquellas lejanas regiones objeto de un comercio acti-
vísimo. Los vendedores indígenas (fig. 32) frecuentan las poblaciones
bolivianas ofreciendo cocharros, y en sus giras comerciales llegan á
Santa Cruz de la Sierra, Yacuiba y Lagunillas, donde no es extraño
encontrar los enormes vasos caliciformes de originales ornamentos
monocromos ó las pequeñas jarras blancas con dibujos rojos y negros
dispuestos en meandros caprichosos.
Antes de dar por terminada esta memoria, deseo insistir sobre algu-
nas particularidades de importancia observadas al estudiar el material
descripto en los párrafos anteriores.
En primer término, las alfareras Chiriguanas sólo producen formas
útiles, aplicables á las necesidades de la vida diaria, y no conozco pieza
alguna destinada, al propio tiempo, á provocar sensaciones estéticas
más ó menos intensas. Todas esas formas traicionan su origen por simple
imitación de modelos naturales, en el caso extraídos sin duda alguna del
reino vegetal — la calabaza, por ejemplo — lo que lia ocasionado por
otra parte, y lo evidencia el sinnúmero de vasos semejantes, una pobreza
notable de formas especializadas.
Á este respecto me refería el señor Holmberg que durante su viaje
y en diversas poblaciones indígenas, trató de sugerir á las alfareras nue-
vas formas simples. Para ello les dibujaba el tipo deseado y las guiaba
en la tarea; no obstante, el resultado fué siempre negativo : «creí que
no veían el dibujo » — agregaba mi buen amigo — sin acordarse, quizá,
que sólo se trataba, del fondo primitivamente adquirido que persiste y
resiste casi en forma instintiva.
Los ornamentos, siempre de un arcaísmo marcado y factura tosca, están
desprovistos de valor ideográfico. Los unos, como los simples rodetes de
arcilla más ó menos manifiestos (fig. 22) ó las impresiones digitales y un-
1883 y 1884. Barcelona, 1886; (Jorrado y Comajuncosa, Ibid., 52 y siguientes;
Del Campana, Ibid., 114; E. Nordenskiold, Rcsa i grcinstralcterna mellan Rolivia
och Argentina, en Ymer, 1902, 455 y siguiente. Stockholm, 1902; E. Nordenskiold,
Travcls on the bonndaries of Rolivia and Argentina, en The Geograpliical Journal, XXI,
522. London, 1903; Nordenskiold, Einige Reitrage, etc., 18 y siguiente.
1 Vóase ít esto respecto: Del Campana, Ibul., 115.
HEV. MUSEO LA PLATA. — T. 111. (VI, 14, 1009.)
10
— 136 —
guiculares (fig. 8, 17 y 22), tienen un origen bien primitivo, que debe bus-
carse en el mismo sistema de construcción ó sugeridos por accidentes
sobrevenidos en el curso del proceso de manufactura; pero hoy por boy
sería aventurado pronunciarse sobre el carácter de los ornamentos pin-
tados. Pienso de cualquier modo, que en ningún caso denotan un origen
eskeiomórfico; en cambio, es muy probable se trate de representaciones
zoomóríicas ó lilomóriicas altamente estilizadas
Eu el Museo de La Plata, diciembre 12 de 1908.
1 Las planchas cromolitografiadas agregadas á esta memoria, han sido confec-
cionadas en la casa de los señores Guache, Wiebcck y Turtl. Por un descuido, al
vaso ápodo representado en la figura 3 de la lámina II, se le hace aparecer como
provisto de fondo plano. Me apresuro, pues, á hacer la salvedad del caso, dada la
imposibilidad do subsanar en otra forma la falta cometida.
NUEVOS HIMENOPTEROS SUDAMERICANOS
l’oit C. S(J11IÍ< >TTKY
Fam. MASAKIDAE
Trimeria joergenseui n. sp.
9 Nigra , crebre punctata, clypeo basi bimaculato ; oculorum marginibus
intcr nis supra Jlavis. Pronoti margine antica late postica anguste fla-
vis ; tcgulis ferrugineis antice posticeque jlavis ; scutello marginibus
lateralibus posticaque flavo-limbatis, ápice leviter emarginato lamina
crenulata circumdato ; segmento mediarlo utriusque carina longitudi-
nali flava, in spinani acutam terminante armato. Mesoplensis antice
flavo-marginatis ; pedibus nigris tarsis fuscis, tibiis intermediis antice
flavo-striatis ; alis hyalinis margine antica infuscata. Abdomen seg-
mentis primo tertio quintoque flavo- fasciatis, dimidio apicali fortiter
punctatis basali J ere nitidis.
Long. 10,5 mm.
Argentina (Mendoza).
Olarissimi I\ .loergensen ainiee dedicata.
Fam. EUMENI DIDAE
l'achymenes joergenseni n. sp.
9 Nigra, petiolo ápice tenuiter flavo-marginato, antennis nigris, alis
ferrugineis; clypeo elongato pyrif orine, dense punctulato et sparsim
punctato; fronte crebre punctata, antice paullum depressa, et intcr
antennas obsolete carinata; vértice thoraceque rugosis sat dense pune-
138
tatis ; seutello in medio impresso, postscutello subtriangulari ; seg-
mento mediarlo creberrime punctato, rotundato. Abdomine , petiolo
argenteo-sericeo haud dense punctato , seg mentís reliquis pruinosis
punctulatis.
Long. 12 mm.
Argent ina (Mendoza).
In lionorem clarissimo P. Joergensen nominata.
Euitieues mcmlozana n. sp.
9 E. canalicnlata aflinis, ferrugineo, nigro et flavo -varieg ata ; clgpeo
badio marginibus ómnibus luteis; mandibulis ferrugineis , oculorum
marginibus fere totis flavis ; capite reliquo nigro; antennis ferrugi-
neis dimidio apicali nigris. Pronoto ferrugineo postice indistincte
flavo-marg inato. Mesonoto nigro utr busque macula parva ferruginea
ornata; tegulis scutelloque ferrugineis ; postscutello flavo, margine
antica nigra; segmento mediarlo ferrugineo, pedibus ferrugineis , alis
flavidis apicem versus infuscatis; mesopleuris ferrugineis postice fla-
vo-marginatis ; metapleuris nigris; mesosterno nigro ferrugineo-mar-
ginato. Abdomine segmento primo dimidio basali nigro, apicali ferru-
gineo flavo-marg inato ; secundo basi nigra caeterum ferrugineo irre-
gulariterque flavo-marg inato (ápice); reliquis badiis.
Long. 20 mm.
Argentina (Mendoza).
Fam. P ANURGID AE
MICRAUGOCHLORA gen. nov.
Caput fere globosum oculis emarginatis conver gentibus, fronte carinata,
clgpeo haud producto, lingua brevi acuta, paraglossis minimis, palpis
labialibus 4-articulatis , maxillaribus 6-articulatis, articuli ínter se
fere aequales. Alae anticae duabus cellulis cubitalibus ; cellula margi-
nan magna ápice costa non remoto ; cellula cubitalis prima secundar
duplo maior, secunda irregulariter pentagonalis vel subtrapeziformis ;
nervus recurrens primas cum primo transverso-cubitali coalitus, secun-
das ante apicem cellulae secundas instructus. Calcar posticum simples,
acutum, brevissime denticulatum (12). Abdomen haud villosum, seg-
mentorum marginibus basalibus depressis.
Dijfert Gastrolialieto praecipue alis, calcare postico et abdominis pubes-
cencia milla.
139 —
Micraugochlora spliaerocephala n. ap.
9 Viridis metallica, capite grosse d enseque punctato , fusco-ferrugineo-
setoso ; antennis nigris scapo viridi. Mesonoto nítido partim cyaneo-
micante, punetis sat grossis imprcssis , intervallis diámetro punctorum
plus minusve aequalibus , scutello postscutelloque nitidis paucis pune-
tis donatis, segmenti mediarii area basali transversim plicata partibns
reliquis sparsim punctatis. Abdomine nítido, paucis punetis parvis
pilinque brevibus munido segmentorum ventralium marginibus apicali-
bus deeoloratis. Pedibus tegulisquc vir ¿dibus; alis hyalinis, nervulis
fuseis.
Long. 6,5 mm. ; lat. abdom. 1,3 mm.
Paraguay (Puerto Bertoni).
Fíim. ANDREN1DAE
Subfam. HALICTINAE
Oxvstogiossa tliauoa n. sp.
9 Metallice viridis, cyaneomicans ; clypeo nigro-marginato scutoque
nasali subtilissimc retic ulatis paucisque punetis impressis ; capite reli-
quo ereberrime punctulato-granUloso, oculis fortiter sinuatis, fronte
carinata ante ooellnm in sulcum transeúnte ; diámetro ocelli antici
distancia ejus a postico longiore (!) \ 6), distancia oculorum ah ocellis
distancia ínter ocellari f ere aequali (15 \ 16). Mesonoto subtiliter reticu-
culato paucis punctulis depressis, sulco mediano profundissimo, sulcis
Jateralibus regularibus, scutello mesonoto nitidiorc ; segmenti mediarii
area basali ereberrime subtiliter granulosa a truncatione carina trans-
ver salí acuta separata ; tegulis ferrugineis, alis liyalinis, nervulis stig-
mateque fuseis. Abdomine subtilissimc transversim ruguloso-striato,
segmentorum marginibus apicalibus violaceis ; ventre cyanco, punctu-
lato, piloso.
Ijong. 7 mm. ; lat. abdom. 2 mm.
Argentina (Cliubut).
Oxystoglossa juno n. sp.
9 Caput cnpricum, scuto nasali purpureo, clypeo grosse denseque pune-
talo margine apicali nigra fulvo-fimbriata, scuto nasali paucis punetis
140
grossis impressis, fronte subtiliter cari-nata, antennis fuscis articulis
primis 4 funiculi subaequalibus (1 ; 2 ; 3 ; 4 = 9 ; 9 ; 7 : 8), capitc
reliquo creberrime punctato. Thorax niger luce reflecta hic illic viri-
di-vel cyaneo-micans, pronoto viridi acute angulato, meso-noto grosse
punctato, intervallis ínter punctos mbtilissime gramilosis diámetro
punctorum inferioribus, in profundidate enjunque puncti pilo brevi
nigro inserto ; scutcllo punctis magn-is par visque ínter mixtis ; segmenti
mediarii area basali grosse longitudinaliterque plicata, truncatione
plana grossissime rugoso; pedibus fuscis fusco- pilosis, calcar-ib us
ferrugineis; tegulis fusco-nigris, alis infuseatis, nerval infuséis. Abdo-
men nigrum hic illic azureo-micans, segmento primo sparsim punctu-
lato, secundo aliquid densius, ómnibus margine apicali depressa, ano
longe fusco-nigro-fimbriato ; ventre subtilissime reticulato sparsim
punctato, segmentorum omnium marginibus apicalibus decoloratis,
segmento primo in medio subtiliter carinato,
I jong. 10 van. ; lat. abdom. 2,ñ m m .
o* Diferí : Capite cupreo-viridi, clypeo margine antiea flava, labro fla-
vo, mandibulis flavo ferrugineis ápice infuseatis, facie albido-hirta,
antennis ferrugineis articulis duobus basalibus nigris, articulis primis
3 funiculi subaequalibus , quarto longiore (1 ; 2 ; 3 ; 4 — 6 ; 6 ; 7 ; 10).
Caeterum ut femina.
Long. 9 mm. ; lat. abdom. 2 mm.
Specimina permulta in floribus Cucnrbitae capta.
Paraguay (Puerto Bertoni).
Nota. — Haec species color ibus et sculptura máxime cum Pseudaga-
postemone ácueo concordat, praecipue mares valde símiles sunt ;
tamen P. aeneus clypeo inflato magis flavo-marginato longitudineqne
articulorum ll — 4' funiculi (1 ; 2 ; 3 ; 4 = 9 ; 9 \ 18 ; 18) distin-
guendus est.
Oxystoglossa thusnelda n. sp.
9 Gaput aureo-viride, parti-m purpureo-micans, clypeo grosse punctato
nigro-marginato ápice fulvo-fimbriato ; scuto nasal-i subtiliter reticu-
lato pauce sed grosse punctato, fronte conspicuo carinata, facie sinci-
piteque creberrime punctatis. Mesonotum purpureum in medio sparsim
-punct-ulato lateribus grosse crebreque punctatis vindique micantibus,
antice prof unde sulcatum. Thorax reliquus viridis segmenti mediarii
area basali plica ta partibus contiguis granuloso- rugosis ; tegulis f us-
cis, alis liyalinis nervulis fuscis ; pedibus fuscatris calcar ibus testaeeis.
Abdomen viride marginibus apicalibus segmentorum nigris vel purpu-
réis, segmento primo nítido pauce punctulato, secundo densius punctu-
— 141 —
lato ot pilosulo margine apicali excepta; ventee fusco, segmento primo
vir idi vel ey a neo -mi cante .
Long. 8 m m . ; lat. abdom. 2,3 mm.
Paraguay (Puerto Bertoni).
Oxvstoglossa androinaehe n. sp.
9 Mgra, eapite haud metallico, clypeo paucis punctis grossis impressis,
sentó nasali paucc sat grosse punctato elevato, carina frontali humili.
Mcsonoto opaco, scutello conspicuo punctato, postscutello obscure viri-
di, Jlavi do-tomentoso , hand conspicue punctato ; segmenti mediarii ima
basi hand. distincte ¡di cata caeterum subtilissime reticulato-regulosa in
truncationem transeúnte, truncatione in medio nítida glabra lateribus
subtiliter punctulata; basi nervulisque alarum ferrugineis. Abdomine
densissime punctato basi segmenti primi excepta nítida paucisque pune-
tulis donata; marginibus apicalibus segmentorum 2‘ usque 4' Jlavcs-
centibus.
Long . 8,8 mm. ; lat. abdom. 2,1 5 mm.
Paraguay (Puerto Bertoni).
0D0NT0CI1L0114 gon. uov.
(XypiiH : Angochlora muelleri C'ockhiíhu,)
Capiit rotundatnm oculis emarginatis, conver gentibus, fronte carinata,
clypeo liand. producto, lingua acuta, palpis-labialibus 4-articulatis,
articulo primo longitudine 2' 4-3'; palpis-maxillaribus 6-articulatis,
6‘° reliquis longiorc. Alac ut in Augochlora Smith ( Gatal. Brit. Mus.,
I, t. III, fig. 10). Calcar posticum simplex acutum inconspicue denti-
culatum (plus minusve 20). Abdomen segmento ventrali primo in spi-
mam conspicuam, producto vel tuberculato supra paucis pilis brevibus,
subtus magis longiusque hirtum.
A. Segmentum ventrale primum spina langa munitum.
Nota. — & 'pedes typica reliquis diftert: carina frontali ocellum anti-
cum conspicue attingentc , sentó nasali crebre punctato, clypci punctis
maximis , intervallis diámetro punctorum minoribus. Adsunt 3 speci-
mina a ; el. I). Anisits capta. Assumptionc, eapite reipublicai Para-
guayae.
142
Oriontoclilora ampliili'ile n. sp.
9 Viridis leviter cyaneo-micans, clypeo grosse punctato intervallis diá-
metro punctorum matar ibus , margine mítica nigra fulvoferrugineo
ciliata ; scuto nasali sparsim leviterque punctato ; capite reliquo den-
sissime punctato, carina frontali ocelluni anticum haud attingenie.
Mesonoto scutelloque creberrime punctatis, scutcllo in medio leviter
longitudinaliter imp resso ; segmenti mediar ii arca busali rugoso-pli-
cata, truncatione partibusque reliquis rug ulosis haud fortiter sculp-
turatis ; pedibus fuscis, calcar Unís ful oesccnt ibus ápice fuscis ; alis
subhyalinis, nervulis fuscis, tegulis brunneis. Abdomine sat dense punc-
tulato, segmentis primo secundoque minime albo-vibrissatis , margini-
bus apicalibus segmentorum anguste nigris, segmento quinto fusco.
Long. 10 mm. ; lat. abdom. 2,4 mm.
o * Specimen unicum Brasiliae, provinciae Sancti Paúl-i ejusdem modo
ut 9 sculpturatum hule speciei adscribo ; diferí abdomine mugís cya-
neo-micante.
Long. 10 mm. ; lat. abdom. 2,4 mm.
Argentina (Buenos Aires, La Plata, etc.).
Nota. — Specimen unicum 9 Patagoniae aliquid minor fortiusque
sculpturatum tamen ad hanc spcciem referendum videtur.
0<lontochloi*a phoemonoe n. sp.
9 Cyaneo-viridis, clypeo grosse punctato intervallis diámetro punctorum
fere aequalibus, ápice pallide fimbriato , margine mítica nigra; scuto
nasali sat grosse denseque punctato f ronte conspicuo cari-nata, capite
reliquo crebre punctato, antennis brunneis Jlugello subtus ferrugineo.
Mesonoto scutelloque dense punctatis, urea basali segmenti mediarii
radiatim rugoso-striato, truncatione later ibusque rugulosis ; pedibus
fuscis pallide pilosis ; tegulis brunneis, alis subhyalinis nervulis fuscis.
Abdomine nítido segmento primo later ibus sparsim leviterque punctu-
lato in medio basisfere impunctato, secundo tertioque densi-us puncta-
tis, marginibus apicalibus segmentorum 1-4 anguste nigris, quinto fusco
rima anali lateribus subtiliter crenulatis.
Long. 8, 2-8, 5 mm. ; lat. abdom. 1,9-2 mm.
Argentina (Buenos Aires, Corrientes); Paraguay (Encarnación).
143 —
Oilontoelilora Uieli.s n, sp.
9 Viridis, abdomine purpurato-nigro luce reflecta hic illic viridi-mican-
te; clypeo grosse dcnseque punctato , margine mítica nigra, scuto nasali
sat dense , capite rcliquo creberrime punctatis, carina frontali levissi-
ma. Mcsonoto scutelloque dense punctatis intervallis hand conspicuis ,
scutello in medio leviter impresso ; arca basali segmenti mediarii
rugoso-plicata, parte reliqua crebre punctata; pedibus fusco -nigris,
pallide-pilosis ; alis hyalinis ápice subfuscatis nervulis brunneis stig-
mate fulvcscenti. Abdominis segmento primo purpúralo, nítido, pune-
tulis minimis sparsim impressis , secundo tertioque aliquid densius
punctulatis, nigris luce reflecta lateribus leviter viridibns, quarto
nigro, quinto fusco, ventre fusco.
Long. 11 non. ; lat. abdom. 2,5 non.
Paraguay (Puerto Bertoni).
Nota. — Jlaec species cum Oxystoglossa franzisca Sclir. (Augoclilora
franzisca, Rev. Mus. Paul., V, pág. 391) coloribus ct sculptura con-
cordat tomen dente ventrali faciliter distinguenda cst.
Oilontoehlora styx n. sp.
9 Nigra, clypeo sparsim grosse punctato, antice ferruginco-fimbriato,
scuto nasali ruguloso paucisque punctis dep ressis, capite rcliquo crebre
punctato, fronte carinata, articulis quatuor primis funiculi antenna-
rum subaequalibus. Mcsonoto scutelloque creberrime punctatis, seg-
menti mediarii arca basali longitudinaliter plicata (plicae plus mi-
nusve 40), truncatione regulosa perpaucis punctis depressis, lateribus
rugulosis ; tcgulis f uséis, alis subhyalinis, nervulis f uséis, stigmate
fusco ferrugineo ; pedibus nigris partim pallide partim fusco-pilosis
calcaribns posticis ferrugineis. Abdomine nítido punetul ato pilis bre-
vissimis inconspicuis vestido, marginibns apicalibus segmentornm im-
punctatis; ventre albido-hirto marginibus segmentorum decoloratis.
Long. 9 mm. ; lat. abdom. 2,3 non.
Paraguay (Puerto Bertoni).
B. Segmentum ventrale primum tuberculatum.
Odontochlora thebe n. sp.
ó' Viridis, clypeo sat grosse punctato intervallis subnullis imo ápice fla
vescenti, labro mandibulisquc flavo-ferrugineis, scuto nasali sat grosse
144 —
punetato, carina frontali inconspicua ocellum anticum haud attin-
(jente; capite reliquo mesonoto scutelloque crébre punctatis, scutello in
medio depresso; segmenti mediar ii arca basali irregu lariter grossequ o
rugoso partibus reliquis sat grosse punctatis ; tegu lis ferrugineis ; pedi-
bus Jaseis pallide pilosis. A bdomine dense punetato segmentorum 1 ' — tí1
viarginibus apicalibus nigris , segmento séptimo fusco ; ventre subtiliter
reticulato sparsim punetato fusco, segmento primo cyaneo-micante.
Long. 10 mm. ; lat. abdom. 2,3 mm.
Argentina (Buenos Aires).
Odontodilora nausicaa n. sp.
O Metallice-viridis , elypeo aureo-m icante, grosse tamen haud dense pune-
tato, antice nigro-marg inato ; sentó nasali crebre punetato, f ronte cari-
nata, carina ocellum anticum attingente ; capite reliquo , mesonoto scu-
telloq-ue creberrime punctatis; tegu lis f uséis, alis subhyalinis nervulis
ferrugineis ; segmenti mediarii area basali longitudinaliter plicata,
partibus reliquis creberrime regulo sis, truncatione perpaucis punctis
parvis impressis ; pedibus f uséis. A bdomine subtilissime sat dense pune-
tato, segmento secundo transversim carínate» carina in medio interrup-
ta, tertio quoque obtuse car inato ; segmentis Io — 2a que in medio linea
transversa nigra ornatis, Ia — 4° ápice nigro-marg inatis, ñu fusco ;
ventre fusco, subtilissime reticulato, paitéis punctis impressis.
Long. 8,5 mm. ; lat. abdom . 2,3 mm.
Argentina (Buenos Aires).
Odón toch lora let lio n. sp.
a" Wiger, elypeo dense grosseque punetato, imo ápice labroque fia vis,
facie albo-hirta, sentó nasali crebre grosseque punetato, articulis qua-
tuor primis funiculi antennarum longitudine aequalibus, fronte subti-
liter carinóla creberrime punctata. Mesonoto scutelloque grosse sat
denseque punctatis intermitís antice subnuliis postice diametrum punc-
torum haud attingentibus, segmenti mediarii arca basali plicata, trun-
catione grosse denseque punctata ; tegulis fusco-nigris, alis subhyalinis
nervulis f uséis; pedibus nigris, pallide pilosis. A bdomine punctulato ,
marginibus apicalibus segmentorum exeeptis, pilis brevibus albidis ves-
tito; ven tre impunctato .
Long. 8 mm. ; lat . abdom. 2 mm.
Paraguay (Puerto Bertoni).
Nota. — Forsan mas Odontochlorae stygis.
145
I»SKU»ACÍAI*OSTEMOIV gon. nov.
(Tyims : Agapostemon arenar ius Schhottky)
Facía s augusta, clypeus valde productus antice plus minusve inflatus ,
oculi leviter emarginati, antennae in medio faciei insertae ; calcar
posticum feminae tribus dentibus armatum ; articuli primi funiculi
antennarum maris breves, tertius longitudine eorum unitis aequalis
vel superans ; alar anticae ut in genere Agapostemon formatac ali-
quandum turnen ut in Augochlora.
Coryntira oiospormi n. sp.
9 Nigra, viridi-variegata ; clypeo grosse antice dense lateribus sparsini
punctato intervallis reticulato-rug ulosis ; capite reliqno subtiliter cre-
berrime punctato, fronte carinata carina, ocellum anticum attingente ;
clypeo fulvo-fimbriato. Mesonoto subtilissime creberrime punctato pan-
el s pilis brevibus ni gris ; scntcllo tenuiter ruguloso ; segmenti mediarii
arca basali cóncava fortiter plicata, plicis plus minusve 30 radialibus,
postice vel ápice paucis plicis depressis transversalilms, truncationc
transversim ruguloso. A bdomine segmento primo nítido pcrpaucc pune-
tulato ápice densius turnen tenuiter punctulato, segmentis reliquis tenui-
ter creberrime punetulatis, pilis plumosis vestitis; calcare postico qua-
tuor dentibus abtusis armato ; alis pilis brevissimis nigris obtectis,
ccllula radiali nigricantc. Pronoto, lateribus , margineque postico mc-
sonoti, margine antica scutclli, postscutello, segmento mediano, basi
segmento ruin abdominalium 1-4, fascio subapicali segmentorum 3' et
4' viridibvs.
Long. 9,2 mm. ; lat. abdom. 2,7 mm.
o ' Differt : Clypeo producto, paucis sed grossis puntáis ; scuto nasali
rcticulato-ruguloso paucisque punctis depressis, lateribus capitis grosse
fronte tenuiter punctatis. Mesonoto tenuiter crcbrcquc punctato tribus
Uñéis imp ressis conspicuis ; scutello postscntelloque ut meso notum punc-
tatis ; segmenti mediarii a, rea basali cóncava, plicata, plicis 30, ápice
nítido clevato; truncationc latcribusquc nitidis tamen sat dense punc-
tatis. Segmento primo abdomiuis nítido perpaucis punctulis, reliquis
tenuissime creberrimeque punctatis. Capite, thorace, segmento media-
rio viridibus, basi. segmentorum abdominalium 1-3 plus minusve viri-
di ; caeterum nigra.
Long. 9 mm.; lat. abdom. 1,5 mm.
Injloribus Oiospermi involucrati Less. (Compositae). Paraguay (Puerto
Bertoni).
Copynura euadne n. sp.
9 Nigra, viridi-variegata; clypeo scutoque nasali reticulatis sparsim
grosse punctatis, fronte car inata, caeterumut 0. Oiospermi. Mesonoto
tenuiter creberrime punctato ; scutello postseutelloque Jlav ido-tomento-
sis ; segmenti mediarii arca basali conspicuo tenuiter plicata, plicis
plus minusve 50 divergentibus postice paucis alteris transvcrsalibus.
Abdominis segmento primo basi tenuiter sparsinique punctato, ápice
dense punctato, segmentis reliquis ut O. Oiospermi. Nigra, pronoto,
marginibus mesonoti, scutello, postscutello, segmento mediarlo, seg-
mento abdominali primo fere toto (ápice excepto), secundo tertioque
basi viridibus.
Long. 8,7 ruin. ; lat. abdom. 2,2 mm.
c? Ut O. Oiospermi sed clypeo haud producto, segmento mediarlo subti-
lius plicato plicis numerosis (50), mesonoto nigro.
Long. 9 mm.; lat. abdom. 1,5 mm.
Paraguay (Puerto Bertoni).
(!orynura roxanc n. sp.
9 Nigra, capite ut O. Oiospermi. Mesonoto in medio silicato ; segmenti
mediarii area basali cóncava lateribus inconspicue plicata caeterum
subtiliter rugosa ápice spatium fere nitidum semilunarem formante;
truncatione supra punctata infra rugulosa. Abdomine permultis pilis
densis ex punctulis oriundis vestí lo. Calcare quinqué dentibus obtusis
armato. Nigra, segmentis abdominalibus primo secundoque basi an-
guste viridibus, tertio fascia praeapicali viridi, quarto qu intoque totis
viridibus.
Long. 9 mm.; lat. abdom. 2,5 mm.
Paraguay (Puerto Bertoni).
Corynuropsis ashmcadi n. sp.
o' Metallice viridis aureo-micans, labro brunneo, clypeo grosse punctato
ápice anguste flavo-marginato ; scuto nasali grosse deuseque punctato ;
antennis fuscis, subtus ferr aginéis basi apiceque fere nigris, art milis
funiculi primo tertio aequali, secundo dimidio longitudinis quarti
aequali (1 \ 2 ; 3 ; 4 = 7 \ 5 ; 7 \ 10); dista ncia ocelli antici a postico
dimidio diametri ocelli aequali (4 \ 8), distaneiis interocellarc et Inter
ocellos et oculos fere aeqnalibus (12 \ 13) ; capite reliquo creberrime
subtilisslme punctato, oculis fortiter sinuatis. Mesonoto nítido, pune-
147 —
tato lamen interva, llis diámetro punctornm conspicuo maioribm, scu-
tcllo quoque; segmenti mediarii arca basali plicata, plicis plus minusve
25, partibus contiguis grosse denseque punctatis ; pedibus ferrugineis,
femoribus viridibns. Abdomine sparsim punctulato, marginibus api-
calibus scgmcntorum 2-5 late nigris, secundo in medio transversim
nigro-fasciato, primo ápice anguste nigro-marginato ; ventrc fusco,
margine apicali scgmcntorum dilutiore.
Long. 7,5 mm.; lat. abdom. 1,4 mm.
Paraguay (Puerto lUutoni).
In memoriam clarissimi W. II. Aslimend nominata.
nmivocoRYiv un a gen. nov.
(Typus : Halictus (Corynura vol Corynuropsis) inflaticeps Duckk)
Capul, rotundum, oculi sinuati; clypeus brevis , ápice dente acuto armato,
ante dentern fovea profunda impressa; thorax capite angustior seg-
mento mediarlo haud sculpturato; calcar postieum feminac dentibus
quinqué apicem versus dccrescentibns armatum. Alae cellulis cubitali-
bus tribus, secunda, nervum recurrentem primum post médium acei-
piente, tertia ad radialem angustata nervum recurrentem secundum
ante apicem recipiente. Abdomen clavatum.
Mares ignoti.
Gen. AUUOCIIUOnOPSIS Cockicrkli,
(Typus : Avrjochlora spinolae Cockbiif.i.l)
Calcar postieum feminac trispinosum, caeterum ut Augoelilora.
Aug’ochloropsls eockerelli n. sp.
(Synon. Augochlora berenice Cockerell, neo Smith 1870 !)
9 Metallice viridis, cli/pco grosse punctato antice nigro-marginato ct fu íl-
eo fimbria! o ; sentó nasali grosse crebreque punctato, capite reliquo
quoque, fronte carina ta, distancia ocellorum posticorum ab oculis diá-
metro ocelli magis quam duplo longiore (—22 \ 9 ); antennis fuscis.
Mesonoto grosse crebreque punctato, scutello quoque tamen intcrvallis
angustis Ínter punctos conspicuis, postscutello grosse rugoso, segmenti
mediarii arca basali — praccipne lateribus — conspicue plicata ápice
impunctato subtilissime retí enlato, partibus rcliquis grosse punctatis ;
148 —
tegulis fuscis bus i viridibm ; alia subhyalinis nervulis fusco-fer rugí-
neis; pedibus viridibus pallide pilosis tarsis fuscis. Abdomine nítido
subtilissime rcticulato , sat dense punctato scgmentis primo secundoque
vibrissis albis parvis caducis ; ventre viridi, rugoso, piloso, margini-
bus apicalibus segmentorum brunneis, segmento apicali fusco basi sub-
tilissime transvcrsim striato .
Long. 8 mm. ; lat. abdom. 2,2 mm.
Paraguay (Encarnación).
Augoclilora (Paraugochloropsis) bertonii n. sp.
9 Oyanea , clypeo groase sed sparsim punctato, margine antica nigra
ferrugineo-fimbriata, capite reliquo crebre punctato. Mesonoto groase
punctato, punctis maximis , antice densis postice scutclloque aliquid
aparatas, postscutello groase rugoso; arca basali segmenti mediarii
cóncava nítida in medio longitud ¿nal iter subcar inato , postice in cari-
nam acutam transversalim terminóla , truncatione nítida, paucis punc-
tíilis impressis lateribus carinatis ; pleuris ped ¿busque cyaneo-viridibus,
calcare postico (! — vel frequentius 7 — ¡¡pinoso ; alia subhyalinis ner-
vulis fuscis. Abdomine violaceo-micante, segmento primo sat dense
punctato, secundo tertioque sparsius punctulatis , ómnibus lateribus
densius grossiusque punctatis, vibrissis segmentorum primi secundique
minimis tamen conspicuis.
Long. 9,2 mm. ; lat. abdom. 2,5 mm.
Paraguay (Puerto Bertoni).
A. Winkelried Bertoni amice dedicata.
Subfain. AND REN I NA E
Anlhreitoides paspali n. sp.
9 Niger, clypeo groase crebreque punctato, capite reliquo minus grosse
punctato, diámetro punctorum frontis dimidium diametri punctorum
clypei hand superante ; antennarum articulis l°-3° vel 4o ferrugineis
reliquia f uscis ; capite omnino pallide piloso. Mesonoto grosse crebre-
que punctato, scutello sparsius et inter punctos levissime punctulato
intervallis diámetro punctorum fortium f ere duplo maioribus; tegulis
ferrugineis, alia subhyalinis ápice nigricanti ; pedibus ferrugineis;
segmento mediarlo pallide piloso crebreque punctato. Abdomine ut scu-
téllum punctato et Ínter punctos punctulato, intervallis magnitudinc
149 —
valde variabilibus , marginibus apicalibus segmentorum dcpressis, niti-
dis, haud conspicuo punetulatis , lateribus subtiliter albo-fimbriatis ;
ápice fusco-flmbriato ; centre rugoso punctato.
Long. 8 mm. ; lat. abdom. 2,9 mm.
o' lUffcrt : Chfpeo flavo margine antieaferruginea, labro margine mítica
emarginata; anten nis f uséis ; metatarsis II III flavis, tibiis 1 flavo-
variegatis ; abdomine marginibus apicalibus segmentorum haud depres-
sis. long. 8,5-9 mm. ; lat. abdom. 2 mm.
Paraguay (Encarnación, Puerto Bertoni).
Is ota. — Mares per inultos noctli caules Paspali (Graminacearum) mor-
sas cepi.
CLAVAS CEFALOMORFAS DE PIEDRA
PROCEDENTES I)E CHILE Y DE LA ARGENTINA
I'or R. LEHMANN-NITSCHE
Al señor JjJ. //. (Hglioli, en testimonio de
reconocimiento.
Una categoría muy curiosa de objetos líticos forma el tema de la pre-
sente monografía. Todos proceden de una zona relativamente limitada
de la región andina, comprendida por las indicaciones Neuquén (1 resp.
2 ej.), Chillan (1 ej.), provincia de Colcliagua (2 ej.), sur de Mendoza (I
ej.)y Quinteros ( 1 ej.). Son clavas chatas de piedra, caracterizadas por una
parte discoidal con incisura, y por un mango. El disco representa en dos
ejemplares (nos 1 y 2), la cabeza de un animal enigmático, ejecutada de
una manera sumamente realística. Este tipo que consideramos el primi-
tivo, se modifica, degenerando, en los números «‘3 y 4 que más bien se
asemejan á una llave inglesa; por otra parte, en el número 5, se ha esti-
lizado á una forma aparte que no sabemos comparar con alguna cosa co-
nocida.
Para facilitar las interesantes deducciones que resultan del estudio
de estas mazas curiosas, daremos antes una descripción detallada de
cada una. Después nos ocuparemos de las diferentes interpretaciones
que se ha dado á estos objetos y analizaremos los problemas tipológicos
recién esbozados ; esperamos que arrojarán nueva luz sobre el arte, su
desarrollo y su estilización en los pueblos primitivos. Al fin, para ter-
minar nuestro estudio, indicamos unas ideas que nos vienen sobre las
correlaciones étnicas de los antiguos propietarios de las presentes mazas
de piedra.
151 —
DESCRIPCIÓN DETALLADA
í!0 I. Esto importantísimo objeto, que forma la base del presente tra-
bajo, fué brevemente publicado, en 190 1 , por el profesor Giglioli, en cuya
colección debe figurar como una de las piezas más notables ; en 1903 el
señor Giglioli lo volvió á describir de una manera más amplia, agregán-
dole figuras, y voy á referirme, en lo siguiente, siempre á esta última
Fig. 1. — Clava número 1, de Chillan
descripción ; gracias á la extrema benevolencia de mi distinguido colega
puedo reemplazar la figura original (fig. 1) por una fotografía que repro-
duzco en la figura 3 que acompaña estas líneas. He aquí la descripción
de Giglioli (1903, p. 443 y sig.) :
« 11 manteo é cilindrico ingrossato e fondo in basso in modo da formare
nn pomo irregola re ; sagra si allarga, repentinamente in una testa piatta ,
spessa, quasi cir colare, a contorno unito dietro, con una, larga intaccatura
sal davanti ; le duc facete sono alquanto convesse. Essa rappr escuta la testa
di, un anímale mítico con grandi occhi circolari alquanto in rilievo, muso
acuto, alto e curvo sopra, stretto e diritto sotto ; la bocea d larga , armata
su ciascun lato sopra e sotto con dieci grossi dentí triangolari. Questa testa,
che ritengo cssere di un anímale immaginario, lia pero qualclie rassomiglianza
con quclla di un Delfino. »
REV. MUSEO I,A PLATA. — T. III. (VI, 15, 1909.)
11
152
« Cid poi che rendo notevole o singularmente interessante il mió stretto
del Chillan, é che il suo rnanico cilindrico c coperto da un grafito di linee
incise che sono senza duhbio veri geroglifici con un significato ».
«11 mió amico prof. Enrico Balducci ha esegnito una diligente riprodu-
zione dei grafiti incisi sul beílissimo scettro dal Chillan, distesi in ‘piano,
seriando lo distanze c la relativa distribuzionc clic hanno sul rnanico cilin-
drico ; U riproduco nel discgno qui intercalato ridotti alia meta del vero, e
nella posizione nella quale si trovano. Le lettere poste in basso significano :
a davanti, b lato sinistro, c dietro, d lato destro.
Analizzando, troviamo quattro linee veri ¡cali azig-zag, una per lato, oc-
cupanti Viniera lunghezza del rnanico cilindrico ; sul lato destro in alto
havvi una breve zig zag inquadrata. Eppoi, tanto sul lato sinistro come su
Fig. 2. — Grabados del mango de la clava número 1
quello destro vediamo una serie di singular i figure a T collocate sul flanco
di varié dimensión i e piu o mcno ben incise ; quelle sul lato destro sono piu
grandi, ma non formano una serie continua ; va infine notato che la linea
a zig-zag sul lato destro mostra in alto delle tendenze a tracciare alcune di
quelle T. Yi sono sgrajfiature, ma nessun accenno a geroglifici, se cosí si
possono chiamare, su altre partí di (puesto scettro. »
Material : « Bel marino duro, rosso maeehiettato di chiaro,e, sul lato sinistro,
di giallo c di bigio» (Giglioli).
Medidas : Largo máximo 25 centímetros, ancho máximo 10cm2, espesor me-
dio 3un’5.
Procedencia : Pie del volcán Ohillán, Chile.
Lugar donde se conserva : Colección particular del señor E. H. Giglioli en
Florencia. Donación Ernesto Mazzei.
Bibliografía : Giglioli 1901 ; 1903, fig. 2-3 ; Ambrosetti, p. 28, iig. 3 : p. 30,
fig. 4.
153 —
íT° 2. La pieza que describo como número 2, no la conozco de vista,
pero los datos que poseo sobre ella, son tan auténticos y la pieza misma
es tan característica que no tardo en colocarla en esta enumeración en
su lugar correspondiente. Curiosísima es la manera como tuve conoci-
miento de ella.
En los años 1901 y 1902 me ocupaba acá en la ciudad de La Plata de
recoger cuentos y tradiciones de los indios Araucanos que, después de la
Fig. 3. — Clava número 1, de Chillan
conquista de la Pampa por el general Poca, fueron diseminados y repar-
tidos por toda la república! como las hojas de un árbol por las tormentas
del otoño. Pronto se acostumbraron, sin embargo, á su nuevo ambiente,
y en Buenos Aires y La Plata se les ve hacer servicio de vigilantes, sol-
dados, bomberos, etc., no distinguiéndose de ninguna manera del otro
pueblo. Después de muchos esfuerzos inútiles conseguí, ayudado por la
casualidad, ganarme la amistad y plena confianza de un indio joven de
unos veinte años, Nahuelpi, nacido en Llukuiyim, territorio del ÍTeuquén ;
su padre, Millapi, era de Llaima, « Tierra del Este » (Puel Mapu en Aran-
154 —
cano), su madre de Ohile. Naliuelpi era de una inteligencia rara y sabía
perfectamente leer y escribir el castellano ; á iniciativa mia apuntó él
solo las tradiciones de sus compatriotas, entregándome después, en cier-
tos intervalos, su cosecha ; me leyó sus anotaciones y yo las puse en
limpio. Apuntó todo lo que se recordaba ó lo que le contaron los otros
indios de La Plata y llegó hasta á hacerse dictar por ellos los cuentos.
Encargado por mí de apuntar, entre otras cosas, todo lo que sabía de la
vida de su padre, un día me trajo una historia que yo llamo : «La piedra
milagrosa de Millapi » y cuya versión castellana, sin modificación algu-
na, publico tal cual me fué dictada, reservándome el texto Araucano pa-
ra la publicación definitiva de mis Textos Araucanos.
La piedra milagrosa de Millapi
(Apuntado por ul indio Naliuelpi, liyo do Millapi, en el moa do mayo do 1901
en la ciudad de La Plata)
Mi padre tiene una piedra. (Jna vez le di je : ¿ Para qué tienes esta pie-
dra, mi padre, que estimas tanto"! le dije. Entonce7 me castigó. IJn rato
despué7 me llamó. Naliuelpi, venga por acá, me dijo. Entonce7 luí. ¡ Por-
qué lia7 dicho esto, maldito ! los hombres no dicen esto, me dijo. Yo tengo
esa piedra, por ella me e7 capé una ve7 que me matara7. Esa me lo dió Dios,
dijo. Hace mucho residí en la tierra del Este [« Puel-Mapu »]. Entonce7
era muy joven. Como tenía por costumbre de levantarme tempranito, á
varear mi caballo, entonce7 me levanté muy temprano [y] fui á varear
el caballo. Allí había donde escarbaron los toros. Entonce7 estaba va-
reando el caballo y encontré esa piedra. Estaba tirada. Entonce7 yo lo
alcé. No había nada absolutamente en este punto; [era] una pampa muy
limpio. Entonce7 dije : Dios me habrá dado esta piedra, dije yo. Entonce7
llevé mi piedra.
Esa noche soñé ; eran dos muchachos joven (que] venían á verme.
Millapi, me dijeron, esa piedra que ha7 encontrado, lo cuidará7 bien y
ruega á Dios, me habían dicho en el sueño ; entonce7 será7 un hombre de
fortuna, me habían dicho. Entonce7 me disperté. Me levanté muy tem-
pranito para rogar á Dios ; entonces agarré mi lanza con la mano derecha ;
entonce7 dije : Padre, siempre me ampare ! Entonce7 ese día maté un to-
rito negro para adorarlo con sangre mi piedra. Por eso ante7 era un hom-
bre de suerte ; esa ve7 toda la gente eran pobre, yo tenía mi caballo muy
en gordo. Por eso lo tenía bien comida pa7 Ustedes, me dijo; no le7 falta-
ba nada.
Una ve7 fuimos pegar malones ; nos fuimo7 diez. Ya quedaba cerca
155 -
liara llegar soñé yo : Millapi, me elijo la piedra, vuélvase, si no se vuelve,
será perdido, me dijo mi piedra en el sueño. Entonce’ temprano monté
á caballo y rogué á Dios vareando mi caballo. Entonces era ese día (pie
teníamos que entrar á pegar [el | malón, le’ dije á mis compañeros : No
sigamos mas adelante, compañeros; lie soñado muy mal, dije yo. Maldito
Millapi, va’ á ser semilla, tiene tanto miedo de morir, me dijeron mis
compañeros. Por eso me dejaron ellos. Yo me volví. Entonce’, dicen,
cuando fueron á entrar, lo’ tomaron todo’, no se escaparon ninguno de
mis amigos. Ah ! dije yo, Dios me lia amparado, hijo, dije yo, porqué
hice lo que me dijo la piedra, y viví así. Así hace el hombre, hijo. No sea’
loco, no se habla una cosa por otra ; cuando uno es loco, pronto lo cas-
tiga Dios, me dijo. Cuando yo encontré esa piedra, U’tedes no han exis-
tido en el mundo todavía ni uno. Quién sabe, ya harán sesenta año’, hace
mucho tiempo esto. Ya ve lo que pasa. ¿ Porqué no me hicieron caso los
Fig. 4. — Clava número 2, (le la región andina
compañeros? y fueron soberbio’ conmigo? ¿No ve como se fueron á mo-
rir ? Ahora yo tengo mis hijos paramado’ y conocí lia’ta los nietos de’pué’
de haber pasado en tantas cosas: así no quiero que sea’ loco, hijo, me
dijo. Mañana temprano rogás á Dios; me dijo.
Entonce’ me di’perté muy temprano; ya mi padre e’taba levantado.
Entonce' me dijo : Nahuel, ¿ ya te has levantado? me dijo ; levantóte
pronto, me dijo. Entonce’ me levanté para rogar á Dios. Me está miran-
do, me perdonará, le dije yo. Mi padre se arrodilló, mirando al cielo ; me
estaba teniéndome de la mano : Por su ayuda he vivido tanto tiempo,
quiero que por su dicho me salve en todo Dios, mi hijo, me dijo, Dios !
dijo.
Hasta ahí el cuento de la piedra milagrosa. Sin que yo hubiera pedido
á Nahuelpi detalles sobre la naturaleza de la famosa piedra, unos días
después de haberme entregado el cuento, me sorprendió con el dibujo de
ella, hecho de memoria con tinta sobre un papel cualquiera y que repro-
ducimos en su tamaño original (fig. f). Como en aquella época (1901) no
156
estaba publicada todavía el hacha del señor Giglioli (recién en 1903 se
publicó un dibujo de esta última), no sabía que hacer con el dibujo de
Naliuelpi. El me explicó los detalles según los recordó. La piedra es bas-
tante chata, « medio tablada », de un largo de 25 centímetros más ó me-
nos y de un espesor de cerca de tí centímetros. La superficie es completa-
mente lisa y de un color chocolate igualado. Como yo no me podía expli-
car la boca dentellada, Naliuelpi me dijo que son « cruzados, parecen
dientes <>. En su dibujo, Nahuelpi pintó el mango obscuro, rellenando el
contorno respectivo con tinta, pero como me explicó á mi pedido, lo hizo
sin intención especial.
Nahuelpi no sabía qué suerte ha corrido su padre y la piedra talismán
de él.
Material : Parece ser el mismo que de la pieza número 4 (conglomerado de co-
lor chocolate) .
Medidas ; Largo máximo cerca de 25 centímetros, espesor máximo cerca de 6
centímetros.
Procedencia : Región al este del territorio del Neuquén, es decir, la región de
las cuatro esquinas donde se tocan los territorios de Neuquén, del Río Negro,
de la Pampa y la provincia de Mendoza. Como esta región está á la misma al-
tura que el volcán chileno de Chillán, y como los indios continuamente cam-
bian de residencia ante todo en tiempos de guerra, no puedo rechazar una sos-
pecha : ¿El cetro Utico de tí iglioli, procedente del pie del Chillón, será idéntico
con la piedra milagrosa de Millapi “í
N° 3. Esta pieza fué publicada por el señor Ambrosetti en una mono-
grafía (véase la bibliografía). « Para facilitar su descripción, dice (p.
25-2tí), puede dividirse en dos partes : la cabeza ovalada, comprimida ó
chata, presenta una fuerte escotadura profunda en su borde anterior; y
el mango, casi cilindrico; con una estrechez linear antes de su termina-
ción, la que da un aspecto fálico á esta parte inferior, que es redondeada
con una depresión pequeña y en parte mutilada, lo que refuerza más aun
dicho aspecto. Un agujero perfora transversalmente el mango antes
de llegar al estrechamiento, con el objeto de colocarle una manija de
cuero ó un cordón do lana que debió servir para llevarlo colgado de la
mano ».
Ambas caras están cubiertas de un sistema de grabados que poco va-
rían.
Alrededor de la escotadura se hallan dientes triangulares. « Estos
triángulos se hallan dispuestos como adorno con sus bases sobre el borde
de la escotadura y su interior rellenado por líneas que se entrecru-
zan ».
<< Á ambos lados de la escotadura é inmediatamente después «le Ios-
triángulos corren dos líneas paralelas de cada lado del objeto, circuns-
157
cribiendo el espacio que pueda del pérfil anterior el que está ocupado
por una línea en zig-zag; igual cosa pasa con el borde superior, pero las
líneas son allí triples y el zig-zag doble.
Esta línea triple á ambos costados posteriores de la cabeza se trans-
forma en una zig-zag triple que baja hasta juntarse con una línea hori-
zontal también triple que cierra por debajo esta figura á cada lado.
« Sobre esta horizontal se elevan una serie de seis triángulos de un
lado y siete de otro con su interior ocupado por líneas inclinadas, dos
ó tres.
« Dentro de toda esta figura y bajando verticalmente otras dos líneas
zig-zag con el espacio entre ellas lleno de pequeñas rectas inclinadas,
como si fuera el símbolo de un rayo, ocupa la mitad de la cabeza á cada
lado y parece que hubiera sustituido así la indicación del ojo (pie se
halla en los otros objetos semejantes.
« Debajo de los grabados descriptos, pero solo de un lado y en el
centro, hallamos otro símbolo compuesto por un arco con dos pequeños
ángulos en sus extremos » (p. 29-31).
158 —
Material : Conglomerado de color chocolate (Schiller).
Medidas : Largo máximo 24 centímetros, ancho máximo 11 centímetros, es-
pesor máximo 2C,U1.
Procedencia : Sur de Mendoza.
Lugar donde se conserva : Museo Nacional de Buenos Aires. Donación Ed.
A. Holmberg (hijo).
Bibliografía : Ambrosetti, p. 25-20, 20-32, llg. 1, 1 A, 5, 9.
N° 4. Pieza parecidísima á la anterior. La cabeza es bien redonda y
chata ; sus caras son muy poco convexas ; la incisura es muy regular,
la punta inferior de ella algo prominente. La cabeza se continúa sin
interrupción brusca en el mango que no es redondo sino algo más ancho
en el diámetro que corresponde al plano de la cabeza su extremidad es
perforada transversalmente. Tal cual, la pieza se asemeja á una llave in-
glesa. La superficie está cubierta de un sinnúmero de rayitas y rasgadu-
ras y los grabados que antiguamente había, han completamente desapa-
recido, hecha excepción de uno que otro resto ; parece sin embargo que
los dibujos hoy destruidos han sido del mismo tipo que los de la pieza
anterior.
Material : Conglomerado de color chocolate, cuyos componentes parecen ser
principalmente rodados de pizarra arcillosa (Schiller).
Medidas : Largo máximo 26um3, ancho máximo 1 1 em 6 , espesor máximo ca-
beza 3 centímetros, espesor máximo mango 3cm5.
Procedencia : Territorio del Neuquén. Hallado por la Comisión de Límites
con Chile.
Lugar donde se conserva : Museo de La Plata.
N° 5. La presente pieza, publicada por Medina, es muy conocida por
el molde de yeso que hay en todos los grandes museos del mundo. Acá
también hay uno que me sirvió para completar la descripción de Medina
y para mandar hacer la lámina. Como ni en el molde ni en la figura ori-
ginal de Medina se notan bien los grabados que se hallan en ambas ca-
ras de esta pieza notable, me dirigí al señor don Federico Philippi, di-
rector del Museo Nacional de Santiago de Chile quien con rara gentileza
me los remitió copiados exactamente sobre papel de calcar. Estos dibu-
jos, en tamaño reducidos, son los que figuran en la página 159; también
me serví del cliché de uno de ellos para imprimir, sobre la reprodueión
del molde (lám. II), los diseños correspondientes (fig. 6 y 7).
El señor Medina describe la pieza de la manera siguiente : « El man-
go de que está provista demuestra claramente que estaba destinada á
llevarse en la mano, y también colgada por el agujero (pie en su extre-
midad posee. La parte superior, (pie es casi completamente redonda, tie-
ne en uno de sus lados una entrada (pie en su parte exterior figura, al
Rev. Museo de La Plata, t. xvi (sek. il, t. tu) Plancha I
159 —
Grabados de la clava número ó
160
parecer, mi pico (le loro, y en el centro una pequeña protuberancia re-
donda, destinada, á nuestro juicio, á representar el ojo del ave. De este
ojo parten hacia los bordes varias líneas ligeramente excavadas que sir-
ven de adorno al conjunto » *.
Agrego que la citada protuberancia central se halla en ambos lados.
Los dibujos pueden considerarse como un sistema de fajas ó campos
rectangulares rellenados de ornamentos geométricos.
Material : « Piedra del Tabón » (Medina).
Medidas : Largo máximo 26cm8, ancho máximo 18ura2, espesor máximo pro-
tuberancia central 3cm5, espesor máximo mango 4 centímetros.
Procedencia : Quinteros, Chile.
Lugar donde se conserva : Museo Nacional de Santiago de Chile.
Bibliografía : Medina, p. 363, 41Í), iig. 103 ; Giglioli 1903, pag. 444-445 ;
Ambrosetti, p. 27-28, fig. 2.
LAS DIFERENTES INTERPRETACIONES
Al tratar este importante capítulo, seguimos el mismo orden en que
hemos enumerado las diferentes piezas.
Nu 1. Giglioli, en 1901, considera el hermoso ejemplar de su colección
(nuestro n° 1) como «forse un’ arma di Capo od un’insegna di comando »;
en 1903 (p. 443), lo define « come uno scettro od una clava corta ; violto
probabilmente era di natura cerimoniale, un insegna di comando o di sa-
cerdozio, forse Vana e l’ ultra cosa. Cid non toglie che alVoccorrenzapoteva
divenire un’arma contundente violto eff icace». Según el mismo autor (1901,
p. 255), es una reliquia « degli antichi Mapu-ché , o, per esserc pin precisé ,
dei loro antenati avanti o alVepoca della conquista spagnuola», yen 1903
(p. 443) afirma otra vez (pie « e cortamente una reliquia degli antichi
Araucani o Mapu-ché ».
jSTu 2 Supersticiosa es la idea que en la cabeza del pobre indio Millapi
hace surgir una piedra curiosísima, hallada por él en plena pampa. El
también la interpreta á su modo. La considera como mandada por el
dios Ngiinechen (que antiguamente fué llamado Pillán), y cree que este
talismán le guía y le cuida en sus penas. Por esto, Millapi la adora un-
tándola con sangre de un toro recién sacrificado, como ya lo hacían sus
antepasados de la época de la conquista con el toki ó hacha insignia de
1 Continúa el señor Medina : « Conocemos también otros dos objetos semejantes
hallados en la provincia de Colchagua, de piedra porfídica, mucho más dura que la
de la figura descripta y sumamente bien pulida y alisada, pero en muy mal estado
de conservación. »
1(51
su mando 1 y como lo hizo su contemporáneo, el famoso cacique Namún
Kurá, con otra piedra milagrosa (véase p. 1(58). Tales ideas son frecuen-
tes entre los indios y para juzgarlas de un modo más amplio, citaré al-
gunos otros ejemplos, los que, para no interrumpir el canon del presente
trabajo, van en apéndice especial. Para los fines de la presente investi-
gación es de importancia que cierto tipo de las hachas que nos ocupan,
es desconocido á los Araucanos de la actualidad que lo consideran como
algo místico.
jST° 3. Ambrosetti, al empezar (p. 25) la descripción de la pieza núme-
ro 3, adopta, la interpretación de O iglioli y repite que « esta insignia
puede definirse, como lo dice el profesor Giglioli, como un cetro ó una
clava ó maza corta. ; de uso probablemente ceremonial, insignia de mando
ó de sacerdocio ó ambas cosas á la. vez ; loque .no impide que, en caso
necesario, pudiera, servir de arma contundente muy eficaz ».
Al fin «le su trabajo (p. 31 y 32), entra á interpretar los grabados que
hay en esta pieza y hace alusión á cierto tipo de hachas grabadas, con-
sideradas por él como ofrendas hechas al dios Pillán para pedir la lluvia;
este tipo filé descripto anteriormente por él en varias publicaciones 2 y
yo también lo trataré en un próximo trabajo 3. En la maza numero
3, el grabado que, sólo en un lado, separa el mango de 1a. cabeza y que se
compone «le un arco con dos pequeños ángulos en sus extremos, le « pa-
rece digno de llamar la atención, y quizá pudiera, referirse á la repre-
sentación de una nube buscándole analogías con los grafitos del Pillán
Toki de la Pampa Central, parte central y superior, la que aun cuando
esté hecha con puras líneas rectas, también da la idea de una bóveda ó
portada (fig. 8<x) ».
« Estas analogías entre los grafitos de estos objetos, nos podrían ha-
cer suponer una semejanza en su significado.
« Si aquellos eran simples objetos votivos, Pillán Tokis como los he 11a-
1 Rosai.ks, Historia de Chile, I, p. 112, ex Medina, Loe aborígenes de Chile, Santiago,
1882, p. 116 : « Poro aunque cada uno [do los caciquos] gobierna su jurisdicción
sin ninguna dependencia, ni subordinación íí otro, con todo cuando so ofrece tratar
materias do guerra... el toqui general lo convoca, sacando su liaclia de pedernal ne-
gro, ensangrentado, como el estandarte de guerra, y envía, á los demíís caciques una
ilecha ensangrentada y unos ñudos en un cordón de lana colorada ».
a Amijiiosetti, Hachas votivas de piedra (Pillan-Toki) y datos sobre rastros de la in-
fluencia araucana prehistórica en la Argentina. Anales del Museo Nacional de Buenos Ai-
res, VII, p. 93-107. 1901 ; Un nuevo Pillan-Toki (hacha votiva de piedra). Revista del
Museo de La Plata, X, p. 265-269. 1902 ; Las grandes hachas ceremoniales de Patagonia
(probablemente Pillan-Tolcis). Anales del Musco Nacional de Buenos Aires, IX, p. 11-51.
1903.
■’ Leiimann-Nitsciie, Hachas y placas para ceremonias, procedentes de Patagonia.
Revista del Museo de La riata, XVI (= 2, III), 1909.
162
mudo, nombre que lia sido aceptado por mi distinguido colega el profesor
Giglioli, éstos, de tipo chileno mucho más manuables y sólidos, debieron
ser simplemente Tokis de jefes, sobre los cuales grabarían algunos de
los atributos de Pillán, como por ejemplo el rayo ; pero como en su for-
ma general representan una cabeza de pájaro, cuya definitiva clasifica-
ción aun es imposible de hacer, pues si bien parece un loro en el ejem-
plar de Quinteros, en éste y en el de Chillán al figurárseles dientes la
atribución al loro queda destruida, residta que simplemente se trata de
un ave mítica, como lo dice Giglioli, la que debe representar, á mi en-
tender, dados los atributos meteorológicos, al pájaro de la tormenta ó
thunder bird.
« Lo que no me decido á resolver es el valor fálico del mango, á pesar
de que mucho hace inclinar mi opinión á favor de esa representación.
« Por otra parte, la idea del falo unido al pájaro de la tormenta no ten-
Fig. 8. — a, Grafito do un lincha votiva do la Pampa Central (Amduosetti, Hachas
votivas, etc., lilrn. 5; Un nueva Villun-Toki, etc., lámina; Insignia litica, etc., fig.
8; Lehmann-Nitsciie, Hachas y placas, etc., fig. 21). b, Grafito de la clava cefnlo-
morfa del sur de Mendoza (Amurosetti, insignia litica, etc., fig. 9). Detalle de
nuestro número 3.
dría nada de particular tratándose de dos cosas que se complementan :
la lluvia con la fecundidad de la tierra.
« De cualquier modo, esta pieza es de mucho valor por su simbolis-
mo, por su convencionalismo y porque es un rastro más de la antigua
presencia de los indios de Chile, ó probablemente araucanos de este lado
de los Andes en épocas remotas. »
N° 4. De la interpretación de esta, pieza, que acá por primera vez se
publica, hablaré, junto con las otras, en el siguiente párrafo.
Nu 5. El señor Medina dice que « probablemente ha sido una insignia
de mando destinada á usarse en la guerra ».
LOS PllOULlCMAS TIPOLÓGICOS
Ya, en la introducción á este trabajo dije que las piezas números 1 y 2
eran representaciones realísticas materiales de la cabeza de un animal
enigmático, tipo que se modifica hacia un hado en las piezas números ü
y 4 y hacia otro lado en la pieza número 5. Es menester pues entraren
algunos detalles.
168 —
No cabo la más mínima (luda de que el hacha del señor Giglioli y la.
piedra milagrosa del indio Millapi representan la cabeza de un animal
misterioso, formando esta cabeza el cuerpo propiamente dicho del hacha,
mientras que el mango es una pieza, independiente que nada, ticno que
ver con alguna parto del cuerpo de aquel animal enigmático. El tipo
de las hachas números 1 y 2 se asemeja, así á, una cabeza de piedra
sobre un sócalo correspondiente, hechas ambas cosas de una sola piedra.
La naturaleza, de aquel animal no puede descifrarse ; Giglioli lo con-
sidera. como un animal mítico ó tal vez como delfín ; Ambrosetti dice
que, por los dientes bien marcados, no puede tratarse de un loro (como
en el número 5) sino de un animal mítico, probablemente del pájaro de
la tormenta ó thundcr bird. Cuando en 1901, antes de Ja publicación del
señor Giglioli, el indio Nahuelpi me entregó el dibujo de la piedra mila-
grosa de su padre Millapi, yo no sabía como interpretarlo y hoy tampoco
no lo sé ; es una lástima que el famoso Archaeopteryx no sea más contem-
poráneo del hombre ; sino se podría reconocer su representación en el
hacha de Chillan, ya (pie los paleolíticos de Francia también nos han
transmitido los dibujos de animales hoy día desaparecidos. Pero volva-
mos al tema. Creo será inútil buscar la identificación del animal curioso
que bien puede pertenecer á los mamíferos (delfines) como á las aves
(ave mítica) ó á los reptiles (iguana, serpiente, etc.). Lo que á nosotros in-
teresa, es la manera cómo una escultura realística llegó á ser estilizada.
En el grupo de mazas líticas enumeradas con los números 3 á 4, veo
yo también Ja representación de aquel bicho, aun hecha de una manera,
tan estilizada (pie sólo por el conjunto do varios ejemplares puede sor
reconocido como derivación de una. escultura matcrialística como lo es
el número í. y 2. La cabeza del animal y el mango forman una sola pieza
y apenas hay separación de ambas partes en el número 3, mientras que
en el número 4, falta cada indicación al respecto. La escotadura del disco,
en mi modo de interpretarla, es aquélla que forma el borde inferior de
la mandíbula con el cuello ; boca respectivamente pico de animal están
representadas por la punta prominente superior sin que se haya indi-
cado la hendidura con sus dientes ; también falta el ojo. Se trata, pues,
del simple contorno de la cabeza de aquel animal enigmático, hecho, al
parecer, según recuerdos vagos de aquel tipo materialístico, represen-
tado en los números 1 y 2.
Yo no veo pues, como Ambrosetti (p. 29), en la escotadura de las pie-
zas números 3 y 4, el pico abierto de un ave ni tampoco en las líneas
grabadas profundamente en todas direcciones que hay en el interior
de la escotadura, las rugosidades del paladar. Tampoco creo que los
triángulos alrededor de la escotadura sean los dientes de aquel ani-
mal; tampoco, que las dos líneas zig-zag con el espacio entre ellas lleno
de pequeñas rectas inclinadas, que se hallan en el centro del disco, sean
164
til símbolo de un rayo (p. .‘50) ; tampoco, (pie el arco con dos pequeños
ángulos en sus extremos que, en un lado, hay entre disco y mango, sea
la representación de una nube (p. 31) ; tampoco que el mango sea una
representación fálica (no conozco yuxtaposiciones de esta clase). Creo
que en un largo espacio de tiempo se haya perdido completamente la idea
ó el deseo de representar en una escultura materialística la cabeza de
un animal de cierta significación ; se recordó sólo del contorno de la maza
completa compuesta de un disco, escotado en un lado y previsto de mango;
á este objeto se proveyó luego, con la intención de adornarlo, con los gra-
bados que conocemos; son estos los simples dibujos geométricos tan fre-
cuentes en el arte primitivo y especialmente americano que en mi modo
de ver no representan ningún simbolismo.
La maza número 5 permite dos interpretaciones en cuanto á su des-
arrollo tipológico. Formando como tipo originario la clava de Chillan (n°
i) reconocemos en la de Quinteros (nu 5) otra clase de estilización. Tam-
bién acá se ha perdido la idea del animal curioso; pero el recuerdo del
ojo grande se ha conservado y llegó hasta pronunciarse de una manera
exagerada en el relieve central. Solo por intermedio de la comparación
con el número 1 se reconocerá en la escotadura muy estilizada del nú-
mero 5 aquella en que el borde inferior de la mandíbula se prolonga á la
garganta y al cuello. En fin, la representación materialística ó real de
una cabeza, por perderse la idea de ella ó del animal respectivo, llegó
á ser la representación de un objeto estereométrico : la cabeza, es un dis-
co ovalado; el ojo, ha bajado y forma el centro de este último; la escota-
dura del cuello, forma un óvalo casi cerrado. La separación entre disco y
mango es, sin embargo, bien marcado, mientras que en el grupo compues-
to por los números 3 y 4, estas partes forman una sola. Gomo la maza
de Quinteros, tal cual ya no es otra cosa que una combinación de motivos
estereométricos, no es extraño encontrarla cubierta de un adorno, com-
puesto de varios sistemas geométricos delineas que salen del relieve cen-
tral ; este último es concebido, pues, como tal y no como ojo.
El otro modo de interpretar la tipología de la clava de Quinteros es el
modo adoptado por Medina. Don Toribio considera la parte superior casi
redonda como cabeza de loro con su pico correspondiente. Ya hemos
visto (pie Ambrosetti (p. 31) adopta esta interpretación y que ésta leba
dado motivo, con otros argumentos, para ver en el objeto número 1 otro
pájaro, él de la tormenta ó thunder bird. Al conocer solamente la maza
de Quinteros, la interpretación de Medina tiene bastante probabilidad ;
efectivamente, la escotadura del disco, bastante se parece á un pico abier-
to pero creo que comparando el material hoy día disponible, esta conclu-
sión que se impone á primera vista no es fundada y que debe sostenerse
la que deduzco déla comparación de los diferentes ejemplares.
1 65
CORRELACIONES ÉTNICAS
Un inulto de suma importancia es el problema á qué población atribuir
las mazas estudiadas en el presente trabajo. Giglioli y Ambrosetti creen
que proceden de los antiguos Araucanos y poco importaría, efectivamen-
te, que á los indios actuales sean desconocidas y que sean considera-
das por ellos como milagrosas. Los antiguos cronistas no relatan nada al
respecto, y los tolda, hachas insignias de mando, eran de tipo completa-
mente distinto, eran simples cuñas de piedras engarzadas en un mango
de madera. Yo no creo (pie proceden de los Araucanos ; más bien de una
población prearaucana. Su tipo es tan poco « americano » que uno sin
saber la procedencia, vacilaría y los atribuiría á Polinesia. En todo caso
deben ser sumamente antiguos , ante todo el número 1 que representa á
una forma materialística y por consiguiente, la más antigua de todo el
material ; los números 3 y 4 y tal vez el 5, los considero como mucho pos-
teriores al número 1. Só que es prematuro buscar ya correlaciones entre
Sud América y Polinesia; pero, al fin, se puede empezar con unos tanteos
cuidadosos también por parte de nosotros. En cuanto á la lingüística,
por ejemplo, en América ha reinado absolutamente la doctrina de Mon-
roe ; no se admitió afinidades entre los idiomas de América y otras partes
del mundo y todas las ideas al respecto fueron consideradas como absur-
das, pero parece (pie este asunto cambia de faz. « Le tingue americano ,
termina Trombetti en uno de sus importantes estudios 1, non hanno alcuna
conncssionc diretta con le tingue delV Europa, vientre d innegdbilc la loro
stretta parentela con le litigue paleoasiatiche e col grupo Mundo- Polinesia-
co, che proviene senza duhbio delV Asia meridionale, (puesto induce a consi-
derare, il sud-est, delV Asia, come la « Urheimat » dcgli Americani. »
Si un idioma, tras los millares de años, se conserva bastante bien para
permitir reconocer sus parientes, cómo no será posible cosa, análoga
con un objeto ceremonial cuyo material ha persistido tras los tiempos ?
Confieso francamente que la maza de Chillán bien puede proceder de un
pueblo paleo-americano emparentado estrechamente con otro paleopoli-
nésico y siento que los tesoros de los museos etnológicos del mundo no
se hayan publicados en una forma que su estudio y comparación sea po-
sible sin viajes especiales. Espero que las líneas que preceden, den mo-
tivo á comparar, en los museos, las clavas figuradas en las planchas del
presente trabajo con los objetos etnológicos de Polinesia y especialmente
de Nueva Zelanda.
1 A. Trombictti, Saggi di glottología genérale comparata, I. I pronomi personali. Mc-
morie delta R. Accademic dclle Seicnse delV Instituto di llologna, Clase di Scienzi Moral i,
Serio I, tomo I, 1 906-1907. Sezioni di Scienze Storico Filologiche, Bologna 1008, p. 264 .
166 —
APÉNDICE Á LA PÁGINA 155
En poder del célebre cacique Namún Kurá, quien la recibió en heren-
cia como mayorazgo por su padre Kallfú Kurá l, se halla una piedra
también milagrosa que es considerada como el cetro de dominio sobre la
pampa. Según la descripción que de ella me filé hecha, es una piedra
chata de unos 25 centímetros de largo, « como un gatito », con los cuatro
pies y las orejas bien marcadas. Supongo que también se trata de una
antiquísima escxdtura. Es muy conocida entre los indios de la Argentina;
hablan de ella con el mayor respeto y como de una cosa santa. También
la conocen los Mapuche de Ohile; el señor don Tomás Guevara (Psicolo-
gía del pueblo araucano, Santiago de Chile, 1908, p. 330) publica el si-
guiente
Cuento del cherruve
(Referido por el indio Uamóii Lioimu ti don Tomás G novara)
« Namnncurá, argentino, hijo de Oalfucurá, tenía un clierruve ; era una
piedra. La mandaba á donde quería; á donde los caciques contrarios ; los
mataba. A los pobres nada les hacía. Vuela como fuego. Sale el cherruve
de las piezas cerradas, por cualquier parte. »
Poseo la historia de esta famosa piedra en varias versiones, según los
indios que, independiente uno del otro, me la referían y hago seguir la
forma en la cual me fué entregada por el ya citado Naliuelpi, conser-
vando la traducción española tal cual fué hecha por él y reservando el
texto indígena para la publicación de mis Textos Araucanos .
1 Escribo siempre Kallfú Kurá y Namún Kurá, respectivamente, tratándose (le una
onomatología india que puede ser comparada con nuestros nombres y apellidos. Hasta
la fecha so escribía Kallfukurá y Namunkurá y hasta se llegó á traducir la ultima
palabra ( namún = pie, kurá = piedra), no con Pie Piedra, en simple yuxtaposición,
sino con Piedra de pie, dejando depender una palabra de la otra por medio de un ge-
nitivo. Lo impropio de este modo do proceder resulta si hacemos la misma operación
con los nombres y apellidos de nuestro propio idioma. Juan Gómez, hijo de Carlos
Gómez, se escribe así y no Juangótnez, hijo de Carlosgómez ; la señorita Dolores, hija
de un señor Barriga, se llama Dolores Barriga y no Barriga de Dolores lo que sería
tan absurdo como Piedra de pie.
167
La piedra milagrosa de Kallfú Kara
(ApmiLi'ln por ol indio NnJuiolpi, Injo do Millapi, <lo 1n. boca dol indio Alborto Rodríguez
on ol ino8 do mayo do 1001, on la, ciudad do La Plata)
Kallfú Kurá vivía on la pampa (« Puel Mapn »). Era un hombre juga-
dor. Se iba muy Jejo’ á otra tierra á, jugar y jugaba. Le ganaban hasta
el caballo y se quedaba á pie. Así era la vida, de Kallfú Kurá.
Una ve’ le habían ganado la montura, de su caballo. Entonce’, dicen,
que aburrido se había acostado si, dormir. Entonce’ soñaba Kallfú Kurá ;
le dijeron, cuando estaba dormido : En aquel arroyo Millarino, en la
orilla, hay una piedra y esa lo trae, le dijeron, dicen; entonce’ trayendo
aquella, piedra será,’ un gran hombre nombrado entre todo’ lo' indio’, le
dijeron, dicen. Entonce’ mandé mi mujer, dijo [Kallfú Kurá] ; he soñado
una cosa, le dijo á su mujer ; váyase, en aquel rio, me han dicho, que
hay una piedra y lo trae, le dije á mi mujer. Entonce’ se fué, dicen, esa
mujer, pero no encontró la, piedra [y| se volvió, dicen. ¡ Yaya no ma’ y
tráigalo que tiene que ’tar, había dicho, dice’, Kallfú Kurá. Entonce’
recien, dicen, lo encontró la segunda vez ; estaba tirado, dice’, la piedra
en la orilla del río.
Entonce’ cuando le pasó esto, dicen, había dicho Kallfú Kurá : Lo
que inc ha pasado ahora quiero poner en conocimiento ante los capita-
nejos’, dijo. Entonce’, dicen, hicieron gran reunión para él. Entonce’ dije-
ron los cacique’ de la, pampa que fuera, rey de la, pampa el gran Kallfú
Kurá.
En toda,’ parte’ estaban todavía tranquilo la gente. El entonce’, toda
la cosa, que pasaba lo sabía por la, piedra. Estaba’ muy tranquilu’ todo’
lo’ indio’ todavía cuando le diju una vez la piedra : Esta tierra en que
estamos ahora, no será más de nosotros ; será tierra de los avestruces
sino de los cristianos, me había di clin la, Milla-riño 1 [contó Kallfú
Kurá].
Cuando le faltaba poco para morir, que el ya lo sabía, le dijo una vez
á su hijo Namún Kurá : Yo no viviré por muclui tiempo ; este piedra se
lo dejo para (pie vos cualquiera cosa, que haiga lo sepa’, le diju. Entonce’
conservó la piedra Namún Kurá y fué un gran hombre entoncé’ y rey de
la pampa porqué Dios lo hizo así.
1 Nahuelpi me explicó que Kallfú Kuríí nunca, habló de su piedra como tal, sino
<pie siempre la llamó « Millarino », según el río donde filó encontrada. M debo ser
una corrupción do Villarino, la que huís so asemeja al idioma araucano (inilla — oro).
IU5V. MUSEO I.A PI.ATA. — T. III. (VI, 17, 1Ü00.) 12
168
11
Namún Kurá, dicen, se liabía escapado una, ve’ cpic lo agarrasen [los
cristianos]. Entonce’ esa vez lo agarraron su hija y mucha de su gente.
Entonce’, dicen, dejó su piedra cuando se disparó. Su hija, dice’, la, liabía
’ condi do la piedra en el seno de su cha, malta. Entonce’ estoy perdido,
dijo, dicen, Namún Kurá. Entonce’, dicen, llegó á Buenos Aires su hija
con la piedra. Entonce’, dicen, (pie estaba un hombre indio. Una ve’,
dicen, le diju esta mujer : Se va ir U’té, le dijo, dicen, esta mujer; soy
la hija de Namún Kurá. Entonce’ dicen, se fue ese hombre resertado.
Entonce’, dice’, ya sabía que se iba [á] juntar con su piedra Namún
Kurá. Entonce’, dice’, dijo : líe soñado, dijo, dicen 5 como una criatura,
se ha venido acostarse á mi lado mi piedra, estoy seguro (pie me juntaré
con mi piedra, dijo Namún Kurá. Entonce’, dicen, uno’ dia’ de’pué’ llegó
este hombre en la tierra de Kaniún Kurá. Cuando el hombre iba cerca
para llegar, liabía oído Namún Kurá 5 como un trueno de fusil había
estampido, era la piedra, dicen. Entonce’ se puso contento Namún Kurá.
Bueno, ahora sí, dijo, dieeu ; á ligero á reunirse toda la gente ! Entonce’
se reunieron la gente. ¡ Que se planten muchas lanzas ! dijo, dicen. En-
tonce’ se plantaron lanzas, dicen. Entonce’ á los dos días llegó ese hom-
bre que llevaba la piedra de Namún Kurá |yj por medio de la reunión
entraba, dicen. Entonce’ hizo rogar á Dios Namún Kurá. Entonce’ :
ahora soy gente, dijo, dicen, Namún Kurá. Lo bañó con sangre, dicen,
la piedra.
La historia de una tercera piedra milagrosa fue publicada por don
Tomás Guevara (obra citada, p. 343-344). Ya copiada en las líneas
siguientes.
Cuento de un mapuche que tenía un clierruve
(Referido por el indio José M. Lonqnitue A don Tomás Guevara)
Un mapuche tenía cuatro mujeres, i tenían la costumbre de irse a
bañar diariamente a las doce del día, ene! tiempo de verano en una lagu-
na cerca de su casa.
Pué el mapuche a bañarse, i estaba sentado debajo de su ramada cuan-
do llegó una de sus mujeres a bañarse. Al poco rato vuelve mui agitada
a decirle a su marido una cosa rara que vió en la, laguna ; le decía : ¡ Va-
mos a verla !
Lo que vio era. una oveja que estaba dentro de la laguna. El mapuche
salió en el momento acompañado de sus cuatro mujeres.
Cuando llegaron a la laguna ahí estaba, todavía la oveja; era de color
pardo. En el acto se puso a tomar la oveja, o! mapuche, sacándose el
chamal. A tiempo de lomarla, en la. mano so volvió una piedra en forma,
de un hombre. El mapuche guardó esta piedra para siempre.
Encontrar una. visión se llama perimonlun. Le dió el nombre de
cherruve cura.
Se mantenía con plata de chafalonía. El mapuche despedazaba estri-
bos, espuelas i frenos de plata i los colocaba, debajo ; esta plata se iba
mermando poco a poco. Esta piedra anunciaba cuando había alguna
guerra. Salía a. volar de noche en forma de un cometa; éstos se llaman
cherruve en mapuche.
Cuando llegaba a alguna parte, metía un ruido estruendoso i cuando
llegaba a la casa la misma cosa.
Cuando su amo iba a la guerra, anunciaba bueno o mal viaje. Ama-
necía en la mañana con la boca teñida con sangre.
Este mapuche fue un hombre mui rico por su piedra.
Cito al último un párrafo de la obra de Guevara (p. 313-314) que se
refiere á la influencia de los sueños en la vida de los Araucanos ; en la.
vida de Millapi, también los sueños eran decisivos para sus actos. « Desde
la antigüedad hasta el presente, dice Guevara, los sueños han dirigido
sus actos domésticos sociales y religiosos; ha vivido siempre en la alter-
nativa do sueños alegres y tristes.» «Creen fácil mentó en sus sueños y
los cuentan como cosa verdadera, y así se guardan si han tenido alguna
pesadilla, y si algún sueño alegre lo creen y esperan que les ha de suce-
der porque lo soñaron. » (Rosales, Historia de Chile, t. I, p. 1G4.)
«Como los fenómenos del sueño aparecen en la conciencia del Araucano
estrechamente relacionados con su noción del alma, cree qire los hechos
que ha visto dormido son tan reales como los de la. vida ordinaria. Si
sueña con amigos i parientes muertos, está convencido de que sus espí-
ritus han venido a verlo. En otras ocasiones es el suyo que sale a visi-
tarlos o a tomar parte en escenas lejanas.
«De la importancia, especial que atribuye a las imájenes que lo impre-
sionan sobre dormido, ha formado un verdadero sistema de sueños, como
todos los pueblos de tipo menos avanzado.
«Soñares peuman en la lengua. Hay sueños buenos (cúme peuman)
i malos (hnedá peuman). Expresa, el mapuche el hecho de ser hablado
mientras duerme por alguna persona, animal u objeto, con la palabra.
perimontun (cosa sobrenatural.)
«Ala. clase de sueños buenos pertenecen las apariciones de espíritus
— 170 —
de parientes, (pie visitan a menudo para regalar dinero ; la vista de una
eoseelia abundante, la ganancia de un juego de chueca, augurio de un
éxito real, i muchas otras imájenes que seria prolijo enumerar.
«A este orden de sueños pertenece el mandato (pie se recibe de Ngu-
nechen o del espíritu de un mayor para practicar una acción benéfica. En
1900 Melillan, gúlmen (rico) de Tromen, recibió en sueño una orden ter-
minante de celebrar un ngillatun . Inmediatamente comenzó los prepara-
tivos, i a los pocos dias se verificó la fiesta con una solemnidad que se
recuerda todavía.
«En 1907 soñó una machi que el 24 de junio reventarían los cerros
inmediatos a Ternuco í sepultarían la ciudad, como castigo a los chile-
nos por sus persecuciones contra los indíjenas. Revelado el sueño, los
mapuches de los alrededores huyeron al sur en la víspera del dia fatal
(hecho presenciado por el autor).
«Entre los sueños de mal augurio se cuentan los anuncios de próximas
desgracias o pérdidas, como muerte de un pariente, robo de animales,
viaje desgraciado, juego de chueca perdido, etc. En posesión de los
hechos futuros, adquiridos de este modo, el mapuche se guarda de
emprender el viaje o de aceptar la apuesta ; nada lo disuade de lo con-
trario ».
BIBLIOGRAFÍA
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cional de Buenos Aires, XI, p. 25-32. 1904.
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rici alV época attuale. Origine e sviluppo della mía collesione. Archivio per V An-
tropología e V Etnología, XXXI, p. 256. 1901.
Giglioli, Intorno a due singolari oggetti cerimoniali litici dalV America au-
strale, cioé una grossa accetta votivo ( Pillan Toki) dalla Patagonia ed uno scet-
tro dalV Araucania conservan nella mía collesione. Archivio per V Antropología
e V Etnología, XXXIII, p. 443-446. 1903.
Medina, Los aboríjenes de Chile, p. 419, fig. 103. Santiago, 1882.
LA CONSTRUCCIÓN DE UN CANAL
DE BAHÍA BLANCA A LAS PROVINCIAS ANDINAS, BAJO EL PUNTO
DE VISTA HI DUOGEO LÓGICO
Poií kIj doctor SANTIAGO ROTH
Á primera. vista , el proyecto de unir las provincias» andinas por medio
de un canal con el puerto de Bahía Blanca, parece una utopía. Sin em-
bargo, las condiciones naturales se presentan aquí más favorables que
para el proyectado canal de Rosario á Córdoba, porque se podría llevar-
lo por un antiguo curso de río.
En el tiempo del litigio de límites con Chile, cuando tenía el encar-
go de estudiar las causas que motivaron el desvío del divortium aquarum
continental, observé que todavía en tiempos postglaciales la cordillera
de los Andes en el noroeste de la repábliea, tenía su desagüe por un
caudaloso río al Atlántico en Bahía Blanca, y (pie hoy estas aguas cir-
culan subterráneamente. Ocupado más tarde en estudios de las aguas
subterráneas de la formación pampeana me convencí que éstas pueden
ser utilizadas para la alimentación de canales en regiones que carecen
de corrientes superficiales.
En el año 1905, tenía el encargo de estudiar las condiciones de las
aguas subterráneas en la región de Mar Chiquita, en Junín. Convencido
que el proyectado embalse de las aguas de lluvia de estas lagunas, con
que se quería alimentar el Canal del Norte, no iba á dar el resultado es-
perado, traté de demostrar que existe la posibilidad de proveer á éste con
agua surgente. Las investigaciones detenidas, demostraron pues, que
había existido aquí antes un gran estero 1, que tenía una extensión ma-
1 Según el diccionario do la Academia el nombro « Estero » deriva do la palabra
latina Estuarium. En la República Argentina aquella palabra so emplea para parajes
donde los ríos se transforman en bañados con lagunas 6 islas y no corren por un
cauce. Yo la emplearé en este sentido. Estos parajes tienen mucha analogía con los
estuarios, si bien no estén en comunicación con el mar.
172 —
yor que el estero Patino del Pilcomayo en el ( iliaco. En este estero
desembocó en un tiempo el río Cuarto.
Este antiguo estero forma boy un sistema de cañadas, que se ramifica
en distintas direcciones. Durante gran parte del año, estas cañadas es-
tán secas y solamente en épocas lluviosas corre agua en algunas de ellas.
Una délas ramas principales atraviesa el partido de General Arena-
les, bifurcándose en ramas laterales. Aquí be lieclio numerosas perfora-
ciones, de las cuales resultó, que debajo de un banco de una especie de
arenisca calcárea, de medio metro á uno de espesor, el subsuelo se com-
pone de arena Huida fangosa, en la cual el agua circula con bastante
fuerza, hallándose á menos de un metro bajo la superficie de la tierra y
surgiendo en muchas partes en una altura de 80 á 80 metros sobre el
nivel del mar (véase perfil I pl. II). Para ser navegable el Canal del Norte,
el agua debe llegar en la primera trama á la cota de 75 metros, de ma-
nera que el agua surgente del partido General Arenales puede ser utili-
zada perfectamente bien para su alimentación. La objeción, que el agua
de estas cañadas no es permanente y se agotaría, es infundada.
Aquí no se trata solamente de agua que proviene de las lluvias lo-
cales, sino también del agua del río Cuarto que circula subterránea-
mente, y está bien demostrado (pie es permanente. Todos los ríos y arro-
yos de la provincia de Buenos Aires que están alimentados por agua
surgente de la misma naturaleza, como el arroyo del Medio, los ríos
Arrecifes, Areco, Luján, etc., son de agua permanente y nunca se ha se-
cado ninguno de éstos, ni en los tiempos más secos. Más serio que el
problema de la provisión de agua es el de la permeabilidad del terreno
entre Junín y Salto ; pero no entro aquí en mayores detalles; la comi-
sión nombrada el año pasado para practicar estudios suplementarios
ha confirmado todas mis observaciones hechas á este respecto.
Las llanuras argentinas forman en su conjunto un inmenso sumidero
del desagüe de las cordilleras y de las aguas pluviales. Los depósitos se-
dimentarios están saturados de agua de tal manera, que el nivel del
agua subtei'ránea llega en algunas partes casi basta la superficie de la
tierra. Demás es decir, que para explotar racionalmente esta riqueza
de agua hay que darse cuenta de su procedencia y de las condiciones
en las cuales se encuentra en el subsuelo.
Respecto ála influencia que tienen las aguas pluviales, se sabe, que
el nivel de los pozos es más alto en los años lluviosos que en los tiempos
secos; pero se observa también, que el agua de los pozos sube sin que
en la respectiva localidad caigan lluvias y baja á pesar de lluvias locales.
En ciertas regiones baja el agua en los pozos, cuando reina viento norte
y vuelve al nivel normal, cambiando el viento. Es de sentir, que sobre
este fenómeno no existan datos (pie se basen en mediciones exactas, como
se hacen ahora en los ríos de la república. Yo había iniciado la medición
173 —
do una serio de pozos en distintas ¡incas del ferrocarril; pero (mando
dejé el trabajo en el mapa hidrogeológico de la provincia de Buenos Ai-
res, no se ha. vuelto {% medir.
Eo hay duda que aquí también las precipitaciones subtemineas desem-
peñan nn gran papel respecto á las aguas (pie circulan en el subsuelo.
Sabemos que todo cambio de temperatura produce sobre el aire cargado
de vapor de agua que circula subtemineamente, el mismo efecto que en
la superficie de la tierra. El señor Koenig cree (pie las precipitaciones
subterráneas tienen sobre las aguas subterráneas, mayor influencia que
las lluvias atmosféricas. Á este respecto, no se lia hecho estudio alguno
en nuestro territorio.
En cuanto á las corrientes de agua de las sierras que infiltran al sub-
suelo se observan en la República. Argentina fenómenos como no se ven
en otras partes.
Para, que el que no es geólogo pueda formarse una idea de las condi-
ciones en que se hallan las aguas subterráneas en la llanura argentina,
citaré algunos párrafos del curso de geología que dicté á los estudiantes
de geografía en la Universidad de La Plata, referente al terreno cua-
ternario y de informes no publicados que se relacionan con la hidro-
geología de la república.
En los terrenos cuaternarios predominan más que en los terciarios
los sedimentos sueltos.
Los depósitos marinos cuaternarios están en toda parte limitados á
las costas actuales y son de poca importancia, lo que demuestra, que la
distribución de los mares y de la tierra firme no ha cambiado casi nada
desde entonces. En cambio, se. encuentran depósitos terrestres en todas
las regiones de la tierra firme. Lo característico son las enormes masas
de sedimentos de origen glacial, que cubren grandes zonas. Por eso se
ha designado este período con el nombre « tiempo glacial ». Este acon-
tecimiento es único en la historia de la tierra; todo lo que se ha escrito
de depósitos de aspecto glacial y todo lo que se dice respecto de perio-
dicidad de tiempos glaciales en distintas eras geológicas, no está sufi-
cientemente comprobado. En cambio, parece que en el período cua-
ternario lia habido entre épocas de más intensidad de frío, intervalos de
climas más calurosos que los actuales.
Muchos geólogos, que se dedican especialmente al estudio de estos
fenómenos, reconocen cuatro ó cinco épocas glaciales, separadas por in-
tervalos interglaciales, y así hablan de tiempos glaciales é interglacia-
les. En Patagonia se pueden distinguir por lo menos dos épocas glacia-
les, que se distinguen perfectamente bien por la consistencia que pre-
sentan los depósitos do moraines. Las capas del primer tiempo glacial
consisten en toda clase de detritus cimentados (pie forman un conglo-
174
inerado, parecido á una argamasa compacta, mientras que los depósitos
del segundo tiempo forman sedimentos sueltos, como si fueran de morai-
nes recientes. Las primeras mo raines se depositaron en la precordillera ni
iin del plioceno. Los grandes lagos estaban helados y los ventisque-
ros transportaron el detritus á la región tabular. Después hubo un
período de denudación, libre de hielo, en que se depositaron capas la-
custres y lluviales. Luego volvió á cubrirse toda la región con hielo, y
entonces se depositaron las capas de la segunda época glacial. Entre uno
y otro de estos períodos hubo en esta región movimientos orogénieos.
Las antiguas moraines se encuentran ;í veces en posición perturbada, y
las del segundo tiempo están depositadas en discordancia contra las pri-
meras que se encuentran en un nivel más alto. Muchos geólogos sostie-
nen la unidad de la época glacial y explican los tiempos interglaciales
por el avance y el retroceso periódico de los ventisqueros, como se ob-
serva en los actuales, que avanzan y se retiran, sin que se pueda, cons-
tatar un notable cambio en la temperatura general. Pero todos los fenó-
menos que se observan en los depósitos cuarternarios, indican enormes
cambios climatológicos, como no los hubo en otros períodos geoló-
gicos. Períodos de frío intenso se intercambiaban con otros de un clima
como el actual; y hubo temporadas de mayor calor aún que el de ahora.
Esto está, demostrado por los repetidos cambios de la fauna y la llora
en una misma localidad. Los efectos visibles de los períodos de frío se
manifiestan en el avance de los ventisqueros de sus centros de desarro-
llo hacia los valles y las llanuras. En estos depósitos se encuentra una
fauna y llora de carácter ártico, ó como las que se encuentran en gran-
des alturas, mientras que los depósitos interglaciales, de Alemania, por
ejemplo, conservan una fauna y llora, como las que se encuentran sola-
mente en regiones meridionales.
Mucho se ha discutido antes sobre la cuestión de saber si el período
glacial se extendía contemporáneamente sobre los dos hemisferios. El
profesor Koken, uno de los geólogos que se ocupa mucho de los fenó-
menos glaciales, ha escrito en el año 1893, en su libro Die Vonoclt
que los fenómenos glaciales estaban limitados al hemisferio norte. En
este tiempo se conocían en la República Argentina solamente los depó-
sitos de los rodados patagónicos, de los cuales se dudaba que fuesen de
origen glacial. Como se trata de materiales depositados por ríos, las ca-
pas presentan el mismo carácter, teniendo los ríos su origen en ventis-
queros ó en montañas desprovistas de hielo. El doctor Moreno sostuvo
siempre que en Patagonia existen depósitos glaciales, que corresponden
al tiempo cuaternario. Esta afirmación ha sido muy combatida por algu-
nos autores, que se ocuparon de la geología de Patagonia. lis cierto que
el doctor Doering ha llamado los rodados patagónicos también rodados
Huvio-glaciales, pero él no había visto las moraines cuaternarias, y siem-
y
175
pre existía, la duda, sí realmente había habido aquí una época glacial.
Los datos del doctor Moreno, sobre la existencia de mo raines cua-
ternarias bal! sido confirmados plenamente por todos los geólogos del
Museo de La Plata, que en el tiempo de la. cuestión de límites con Chile
tenían el encamo de practicar estudios geológicos en la cordillera, pa-
tagónica. Hoy ningún geólogo que haya viajado en Patogenia pone en
duda 3a época glacial en la República, Argentina, pero parece que el
frío era menos intenso que en el hemisferio norte. Las moraines están li-
mitadas á la cordillera y la precordillera y ene! norte so hallan solamen-
te en grandes alturas. En Mendoza los ventisqueros no bajaron nunca ó,
2500 metros. Los efectos del tiempo glacial en las regiones montañosas
se pueden reconoce!' por las formas de las peñas, aun en el caso que las
moraines hayan desaparecido por la erosión.
En cambio, todo lo que se lia escrito sobre la existencia de moraines
en la llanura pampeana resulta de la falta de conocimientos en cuanto
á los fenómenos glaciales. Los efectos del tiempo glacial se notan sola-
mente hasta, el río Colorado.
A todos los viajeros que atravesaron la Patagonia, les llamó la aten-
ción la manta de rodados patagónicos que principia en el río Colorado y
se extiende muy uniforme sobre toda la región tabular. Algunos autores
dicen, que no podían depositarse en esta forma, si la región no se hallaba,
bajo el agua del mar, pero todos los hechos (pie se observan, hablan en
contra de esta opinión. En el interior no se encuentran' en ninguna
liarte vestigios marinos, y no cabe la menor duda que los rodados pata-
gónicos son de origen fluvio -glacial, como lo he manifestado ya repe-
tidas voces.
En el tiempo cuaternario existían todavía enormes lagos en la cordi-
llera y la precordillera, y hubo períodos en que esta región se hallaba
bajo una espesa, manta de hielo. Los ventisqueros que se a, parta, ron de
la cordillera central, llenaron los valles y cuencas con hielo, extendién-
dose algunos hasta sobre las pía, nicles. Los cursos que tenían estos anti-
guos glaciares, están bien marcados por las moraines y los bloques errá-
ticos. En la región del lago Buenos Aires hubo un ventisquero, que por
su extensión se puede comparar con los más grandes que existían
en Suiza. Este salió completamente afuera, de la cordillera, como lo de-
muestran los bloques erráticos que se encuentran en la planicie en-
tre el río Guenguel y el río Deseado. Otro gran ventisquero, el del
lago La Paz, estaba unido en el río Corcovado con el que se encon-
traba en la depresión de la colonia, 10 de Octubre; éstos se ramificaban
en distintos brazos, llegando también hasta la, región tabular. Del espe-
sor del hielo se puede formar una idea, teniendo en cuenta las altas
peñas enterradas en el hielo. En el lago Nahuel-Huapí, cerca de Puerto
Blest, hay tres peñas llamadas Los tres hermanos, que se elevan á
17 6 —
unos 500 metros sobre el lago. Estos presentan las formas caracte-
rísticas de las rocas trabajadas por el hielo, conocidas en los Alpes por el
nombre Los roches moutonnées. Sabido es que el hielo no forma una masa
inmóvil, sino que corre lentamente. Así los ventisqueros transportaron
el detritus de la cordillera á las planicies. De aquí los torrentes, ríos y
arroyos que salieron de los ventisqueros llevaron el material sobre
la región tabular hasta la costa del mar.
Mirando un mapa de Patagonia, se ve que la región tabular está cru-
zada por numerosos cañadones que se ramifican en todas direcciones.
Si éstos hubieran existido ya en el tiempo glacial, se habrían llenado de
rodados. Se observa que la capa de rodados lluvio-glaciales que se halla
en una meseta á un lado de un cañadón, continúa en el otro lado en la
misma altura, lo que demuestra que los cañadones se formaron des-
pués de haberse depositado ya los rodados patagónicos.
En estos cañadones (pie forman cortes naturales á tra vés de las capas
sedimentarias, se puede ver que los ríos y arroyos que depositaron estos
rodados, no corrían por lechos encajonados, y que cambiaban continua-
mente de curso. Todavía en la actualidad se puede observar cómo los
ríos de esa región desparraman el material sobre las planicies. El río
Senguerr corre en su curso superior á. la altura de la meseta; en los
tiempos de crecientes desborda y se divide en numerosos pequeños
brazos que desparraman el material sobre la planicie. Yo he atrave-
sado una vez en el tiempo de derretirse la nieve en la cordillera, la
meseta situada entre el río Senguerr y el arroyo Appeleg. La zona
sobre que se extendía entonces el río, tenía más de quince leguas de an-
cho. El tránsito por esta región se hacía con mucha dificultad á causa de
las numerosas zanjas que era necesario atravesar ; en éstas el agua corría
con gran velocidad, depositando detritus en todas partes. En esta forma
se puede explicar la diseminación uniforme de los rodados patagónicos
en la región tabular de Patagonia.
Al fin del período glacial hubo un levantamiento general de la costa
de Patagonia ; entonces los ríos y arroyos que antes corrían en todas
las direcciones por las planicies, comenzaron á cavar cauces (pie, á me-
dida de levantarse el terreno, se profundizaron cada, vez más, formando
con el tiempo los actuales cañadones.
lín la mayor parte de ellos no corre hoy agua, porque los ríos se pier-
den al salir de la cordillera infiltrándose elaguaenel subsuelo. El hecho
que los cañadones y algunos de los actuales valles son de origen post-
glacial tiene mucha importancia para la interpretación délos fenómenos
hidrológicos que se observan hoy en Patagonia. Seguramente el último
levantamiento de la costa atlántica filé uno de los motivos de que ríos
que tienen su origen en las planicies de la precordillera, desaguan hoy
en el Pacífico. No hay duda que el desvío del divortmm aquarum tuvo
177
lugar en Iíi. región de la. cordillera «le Patagón ia en el tiempo postgla-
cial. En el curso del año pasado he explicado la manera cómo se abrie-
ron las angostas quebradas á través de la cordillera central, por donde
corren actualmente los ríos que desaguan en el Pacífico.
Se opina, que las cuencas de los lagos de Patogenia, como los canales
en la Tierra del Fuego y en la costa del Pacífico, fueron cavados por
el hielo. Hay una teoría muy complicada sobre el origen de los í'jords
en el hemisferio norte que explica, cómo el hielo abrió estos angos-
tos canales en la roca, granítica ; pero los geólogos suecos han demos-
trado últimamente que éstos no son de origen glacial. Tampoco las men-
cionadas cuencas y canales de la Patagonia están cavados por el hielo;
ellos han existido ya antes del tiempo glacial. Con esto no quiero decir
que Ja acción del hielo no haya influido en la construcción de la actual
forma de los lagos. No hay duda alguna, que en la modelación del re-
lieve de la región andina de Patagonia los acontecimientos glaciales
tuvieron gran participación.
En cuanto á la desaparición de ríos en la Patagonia, esta no es un
fenómeno local. Todos los arroyos y ríos menores que nacen en las regio-
nes montañosas de Patagonia y no desaguan en un gran río, pierden su
corriente superficial al recorrer un trecho más ó menos largo en la llanura.
Si bien en cada localidad contribuyen circunstancias especiales, la causa
principal consiste en un fenómeno general.
No hay duda que el principal motivo es el clima excesivamente seco
que reina en esta, región de la República Argentina. En las provincias
de Buenos Aires, Entre Ríos, Santa Fe, etc., donde llueve con más regu-
laridad, todos los pequeños arroyos y ríos que nacen y corren en las lla-
nuras, tienen corrientes superficiales. En la Patagonia, cuando después
del tiempo glacial reinaba toda vía un clima húmedo, los ríos desaguaban
superficialmente en el mar, lo que está demostrado por los numerosos
valles y cañadones que se han abierto después del tiempo glacial. Luego
(pie comenzó á predominar el actual clima seco, los ríos se perdían.
Los ríos que desaparecen en la llanura por la. infiltración no salen de
lagos, es decir, no tienen fuentes que los alimenten durante todo el año.
Generalmente deben su origen á la nieve que se derrite en la cordillera,
ó á manantiales, y, por esto, llevan poca agua durante cierta estación
del año. Por ejemplo, el río Nirehuao, el Glierque y el Putraehoique, que
mientras dura el derretimiento de las nieves forman ríos bastante cau-
dalosos, están casi secos en el resto del año, perdiéndose en una ex-
tensa pampa. En el tiempo glacial se unieron aquí varios glaciares
que acumularon mucho detritus de la cordillera, y hoy todavía, al en-
trar en la llanura, los ríos depositan el material que acarrean de las
serranías, elevando de este modo cada vez más el suelo. Si por este pa-
raje pasara un río poderoso, como lo es por ejemplo el Limay, que está per-
178
manentemente mantenido ])or un lago, este l ío hubiera eavado un cauce á
través de los depósitos sedimentarios y lo tendría siempre abierto. En
tal caso los ríos mencionados desaguarían en él. Pero como los ríos y
arroyos que desembocan en esta pampa, se alimentan casi únicamente
por la fusión de la nieve y en la mayor parte del año son poco caudalosos,
no tienen el poder erosivo suficiente para abrirse un cauce. En la pri-
mavera, cuando se derrite la nieve, el agua se esparce en todas direccio-
nes; habitantes de esta región me han dicho que el valle de Gemía se
transforma á veces en una inmensa laguna.
El río Kirehuao que, en frente de Casa Contrera donde entra, en la
llanura, tiene todavía un cauce bien formado, con altas barrancas, se
divide á. medida que avanza en la pampa en pequeñas zanjas, donde
el agua corre muy despacio y se infiltra por fin toda en el subsuelo.
Otro tanto sucede con los ríos Cherqucy Putrachoique que forman el
valle de Genua. Este valle que tiene más de una legua de ancho está
seco durante la mayor parte del año. Como el subsuelo se compone de
guijarros gruesos que facilitan mucho la circulación del agua, se forman
aquí verdaderas corrientes subterráneas. En la parte superior del valle
aparecen repentinamente, en hondas zanjas, fuertes corrientes que á
poca distancia vuelven á perderse en el subsuelo ó en bañados.
Análogas condiciones se presentan también en el río Deseado. En el
paraje llamado Sarasan, 50 leguas de la costa, del mar, el río no tiene
cauce; el agua corre por pequeñas zanjitas que se apartan de un hondo
zanjón y se derraman más abajo en un bañado sin desagüe. El zanjón,
(pie tiene cinco á diez metros de ancho y es tan hondo que no se pue-
de cruzar á caballo, está alimentado por un arroyo que sale de un pe-
queño valle lateral. Pasando este arroyo, no hay agua en el valle hasta
unas dos leguas más arriba, donde principian otra vez los pantanos y
las lagunas, alimentadas por otro arroyo que sale de un valle lateral. El
mismo fenómeno se observa cada vez que entra un nuevo afluente al
valle. Unas quince leguas antes de llegar al lago Buenos Aires, entra al
valle un río considerable que también se pierde en la forma descripta.
Á este afluente llaman río Deseado, pero el valle principal tiene la direc-
ción hacia el lago Buenos Aires y en su mayor parte no corre agua.
Aproximadamente seis leguas más arriba de este afluente, hay un pe-
queño lago que ocupa casi todo el ancho del valle y que está alimentado
por un arroyo, cuando pasé yo por esa región no tenía desagüe. La
parte superior del valle forma una extensa llanura rodeada de colinas
de moraines de la primera y segunda época glacial y se extiende desde
el pequeño lago hasta el río Fénix. Por los sedimentos que afloran
en las barrancas del río Fénix se ye que se trata de un antiguo fondo
de lago, que hoy forma un divortium aquarum continental. El terreno es
muy llano, casi sin declive por ningún lado. Los pequeños arroyos que
179
nacen en las moraines vecinas cruzan la planicie en todas las direccio-
nes; se puede encontrar un arroyito que corre al Pacífico y á poca dis-
tancia hay otro, que corre en dirección al Atlántico. Aquí se hizo una
sangría al río Fénix, de modo que una parte del agua corría por el valle
del río Deseado y otra, parte hacia, el lago Dueños Aires.
Actualmente el nivel del lago Buenos Aires está unos 300 metros
más bajo que el antiguo valle del río Deseado, sin embargo, todavía en
tiempos postglaciales este lago desaguaba en el Atlántico por este pa-
raje. En la época glacial se depositaron aquí enormes masas de detritus
glacial. Después de retirarse los ventisqueros, el agua quedó represada
adentro de la cordillera y hubo un tiempo en que el nivel del lago Bue-
nos Aires se hallaba 400 metros más alto que ahora, lo que está demos-
trado por los depósitos lacustres postglaciales que existen en las faldas
de las montañas que rodean el lago. El agua se abrió paso á través de
las moraines y corría por el valle del río Deseado. Luego que se abrió la
angosta garganta á través de la cordillera, por donde corre hoy el río
Las lleras, comenzó á desaguar por el lado del Pacífico.
En esta, forma muchos de los majestuosos lagos de la cordillera se han
secado por completo. Hemos visto que la mayor parte de los numerosos
cañadones que cruzan la región tabular de Patagonia, se han abierto
después del tiempo glacial. La gran actividad erosiva de aquel tiempo,
cesó cuando se secaron los lagos que alimentaron los ríos. Las llamadas
pampas, que se hallan en la cordillera y precordillera, no son otra cosa
que antiguos fondos de lagos (véase pl. Ij.
Muchas de estas pampas, que se encuentran en el lado este de la cor-
dillera, forman hoy el divortium aquarum continental. Los ríos que nacen
en las serranías vecinas dejan el material «pie acarrean en estas plani-
cies, y la mayor parte del agua se infiltra en el subsuelo. En estos para-
jes los ríos generalmente no tienen cauces encajonados; en los tiempos
de crecientes el agua, se derrama en todas las direcciones, formando
una especie de esteros que son los resumideros que alimentan los ma-
nantiales de la región tabular.
En el norte de la, república, las condiciones geológicas son distintas.
En la llanura donde se pierden los ríos más importantes, faltan los depó-
sitos glaciales, como ya se ha dicho. Hubo también en tiempos geológi-
cos ‘, inmensos lagos que han desaparecido, pero aquí la desaparición de
los ríos, al correr un trayecto más ó menos largo en la. llanura pampeana,
no está relacionada con la desaparición de los antiguos lagos. En Pata-
1 La gran llanura Abra Pampa ou la cordillera en el norte de la provincia de
Jujuy, es un antiguo fondo de lago, como lo demuestran los depósitos lacustres que
adoran en muchas partes. El lago do Cuayatayoe es el resto de esto inmenso lago.
180
gonia los ríos de agua permanente, como ser el río Santa Cruz, río Olía-
bu t, río Negro, etc., corren por cauces bién formados, mientras que en
la región norte de la República, con excepción del río Paraná y del río
Tercero, ningún río de las serranías conserva un verdadero cauce bien
definido en todo su trayecto por la llanura pampeana.
El río Pilcomayo, que nace en Bolivia, se divide en el Cínico en nume-
rosos brazos y se pierde en grandes esteros, presentando el aspecto no
ya de un río, sino de un delta. En estos esteros nacen nuevos brazos,
que toman distintas direcciones y desembocan en el río Paraná.
Lo mismo sucede con el río Bermejo; éste, después de correr un corto
trecho en la llanura, se ramifica en varios brazos que toman distintos
rumbos, formando también numerosos esteros, en los cuales se forman
nuevos ríos que se internan en distintas direcciones en el Chaco, per-
diéndose algunos de ellos por completo.
El río Salado que recibe grandes afluentes de las serranías de Salta,
solamente en los períodos de lluvia en el Chaco lleva agua por todo su
trayecto; durante la mayor parte del año, sil cauce está seco en una.
extensión de más de 600 kilómetros, porque las aguas del curso supe-
rior se pierden en el Chaco de la provincia de Santiago del Estero.
Recién en el curso inferior vuelve á formarse un río de agua permanente,
por las aguas que circulan subterráneamente.
En las sierras de Tucumán nacen numerosos ríos y arroyos, de los
cuales muchos se pierden ya en los valles. La gran masa de agua de
estas serranías, que forma el río Salí, que más abajo toma el nombre de
río Dulce, se pierde por completo cerca de la provincia de Córdoba..
También los ríos Primero y Segundo desaparecen y no llegan ni basta
Mar Chiquita. Esta gran laguna está alimentada por agua de filtración.
El único río que conserva su cauce hasta desembocar en el río Paraná,
es el río Tercero que toma en su curso inferior el nombre de Carcarañá.
El río Cuarto forma un poco al este de la Carlota un gran estero, lleno
de médanos y lagunas.
Aquí se observa el fenómeno, de que en tiempos de grandes lluvias
en las sierras de Córdoba, el agua del río Cuarto corre por cañadones
basta cerca de Rufino; y cuando llueve mucho en este último paraje, el
agua de lluvia corre por los mismos cañadones hacia el río Cuarto. Tam-
bién el río Quinto, que en Mercedes es todavía un río caudaloso, se
pierde en unos bañados, al sur de La Cautiva.
De la cordillera de los Andes en el noroeste de la república, donde
existen grandiosos ventisqueros, que dan origen á caudalosos ríos, no
llega «agua ninguna por corrientes superficiales hasta el mar. El agua de
los numerosos ríos y arroyos de las serranías de Catamarca se infiltra ya
en los valles, adentro de la cordillera en el subsuelo; solamente las
corrientes más importantes, como el río Colorado, llegan hasta la Ha-
181
mira, de la Floja. Lo mismo se puede decir de los ríos y arroyos que
nacen en las sierras de esta provincia. Más al sur se pierden importan-
tes ríos como el Bermejo, Zanjón, San Juan, Mendoza, Tunuyán, Dia-
mante, Atuel, en bañados y lagunas, parecidos á los esteros del Chaco,
y en éstos también nacen otra vez corrientes de agua; pero todos ellos
vuelven á perderse á poco andar.
El río Salado nace en el bañado donde se pierden los ríos Tunu-
yán y Diamante, perdiéndose más abajo en otro bañado, donde so pierde
también el río Atuel. En este bañado nace el pequeño arroyo Chadi-
Leufú, que desemboca en la laguna Urre-Lauquen. Según los mapas
nace en esta laguna el río Curacó que desagua en el río Colorado; pero
en realidad no hay tal río; se trata, de un pequeño Saladillo, que sola-
mente en tiempos de lluvia local lleva agua. En su lecho seco se encuen-
tran algunas excavaciones, donde mana agua muy salada. He examinado
el terreno y su composición indica bien claro que en tiempos modernos
no ha corrido ningún río de importancia por este paraje.
No cabe duda alguna que todos estos ríos andinos eran afluentes de
uno de los más importantes ríos de Ja república, que todavía en tiempos
postglaciales desembocaba como he dicho en el Atlántico, pero no por
el río Colorado sino mucho más al norte.
En la región andina del norte de la República, los depósitos sedimen-
tarios cainozoicos han sido poco estudiados.
Los geólogos que viajaron en esta parte, se ocuparon más de la tectó-
nica y de las formaciones antiguas ; cuando tratan do los depósitos tercia-
rios y cuaternarios, mencionan principalmente la. formación pampeana.
Sólo en los últimos tiempos se prestó más atención á estas enormes
masas de sedimentos modernos, que se encuentran depositados contra
las rocas antiguas y que llenan los anchos valles. El doctor Schiller ob-
servó en la provincia de Mendoza, capas sedimentarias de cerca de 300
metros de espesor, que probablemente son cuaternarias, y el doctor
Keidel ha fotografiado depósitos lluviales del mismo tiempo, que tienen
aproximadamente 500 metros de espesor. En las serranías de las pro-
vincias del norte se ve en toda parte, que los ríos actuales han cavado
sus lechos á través de capas sedimentarias, depositadas por los mismos
ríos en el tiempo ueogeno. Citaré un solo ejemplo : la línea, del Ferro-
carril Central Norte sigue entre Güemes y Salta por el valle del río
Mojotoro ; aquí se puede observar cómo este río ha cavado su actual
cauce á través de enormes masas de sedimentos fluviales, muy moder-
nos; en algunas partes existen barrancas completamente á pique, de
300 á 400 metros de altura. Estos depósitos presentan la estratifica-
ción característica de los sedimentos fluviales, y no se trata simplemente
de detritus acumulado en la falda de la montaña. Son muy interesantes
182 —
también las terrazas de sedimentos modernos en la línea de Jnjuy á Ilo-
livia.
Darwin suponía que estas capas se hayan depositadas en angostos
canales, parecidos á los que se encuentran en la costa «leí Pacífico y en
la Tierra del Fuego, y que, debido á levantamientos en la cordillera, los
ríos se abrieron paso á, través de estas formaciones modernas. Esta hipó-
tesis carece de fundamento; no se trata de depósitos marinos, sino te-
rrestres. Sabemos que los ríos obran en dos formas, acumulativa y
erosiva; pero ésto no nos explica porqué motivo los ríos en la cordillera
actuaron durante un tiempo en forma acumulativa y después en forma
erosiva.
De este fenómeno que se observa también en otras regiones del globo
se ocuparon Drew y Pcnck muy detenidamente; Drew ha, estudiado las
condiciones de las terrazas lluviales de los valles de, 1 11 ¡malaya,, las cua-
les presentan mucha analogía con las andinas, y Pénele las que
existen en la Europa central. Los dos llegaron casi á un mismo resulta-
do ambos creen que el fenómeno no proviene de cambios de la pendiente
de los ríos, debidos á levantamientos del terreno, sino (pie la actividad
acumuladora de los ríos fué, durante el tiempo cuaternario, mucho ma-
yor que después. Debido á los fríos, la denudación en las sierras era,
tan fuerte, que los ríos no podían transportar todo el material, que se
acumulaba en los valles. Luego que la denudación en las montañas fué
menor y los torrentes y arroyos no acarrearon ya tanto material á los
valles, los ríos comenzaron á actuar en forma erosiva.
No hay duda que, durante el tiempo cuaternario, la denudación en ha
cordillera también era periódicamente muy fuerte; pero si la acumulación
de material fué mayor en el tiempo cuaternario que antes y después,
también el poder erosivo de los ríos era mayor. Sabemos que los ríos es-
tablecen primero sus curvas de pendiente normal (thahveg) y enton-
ces levantan sus lechos. Para que un río pudiera cortarse localmente
200 á 400 metros en su propio lecho, debe haber habido dislocacio-
nes después de haberse depositado estos sedimentos. Darwin tenía ra-
zón de atribuir el fenómeno á movimientos orogénicos, pero no se puede
explicar por qué este eminente observador tomó estas capas tluviales por
marinas.
Movimientos orogénicos muy recientes han sido constatados en la
cordillera ya hace mucho tiempo, pero se han considerado las serranías
de Tucumán, Salta, Jujuy, etc., como montañas muertas, lo mismo que
las de Córdoba, San Luis y de la provincia de Buenos Aires; es decir,
que en períodos geológicos modernos, no hubo movimientos orogénicos,
sino solamente denudación.
Pero en realidad, aquí también hay depósitos tluviales modernos en
posición perturbada. En Tucumán, Salta y Jnjuy he visto estas capas
— 183 —
frecuentemente dislocadas, lo que demuestra que hubo movimientos
orogénicos en tiempos modernos.
Aquí hay un gran campo de estudios para los jóvenes argentinos que
quieran dedicarse sí la geología. No se trata solamente de resolver pro-
blemas científicos, sino también problemas de gran importancia econó-
mica. Estos depósitos forman el resumidero de gran parte de las aguas
de la cordillera y cada región requiere un estudio especial, para que se
pueda explotar racionalmente esta gran riqueza de agua.
Es sabido que muchos de los ríos actuales son tan antiguos como las
cadenas de montañas que cruzan. Al mismo tiempo que se formaron las
montañas por el dislocamiento de las capas, la actividad erosiva abrió
nuevas salidas, cavando así los valles que frecuentemente tienen una
dirección contraria al eje del plegamiento.
La acción de los ríos no es la misma en las l egiones montañosas como
en las llanuras. La corriente que en el curso superior, cave su lecho ver-
ticalmente en la roca compacta, conserva la dirección primitiva durante
largos períodos, sin desviarse sensiblemente. Á medida que el río avan-
ce Lacia la llanura, la erosión disminuye en sentido vertical y se extien-
de en sentido horizontal. En el terreno llano, el río en vez de ahondar
su cauce, lo levanta por la acumulación de materiales que acarrea de
las sierras, tratando de ensancharse lateralmente. El ensanche está mo-
tivado por las curvas que los ríos describen en su curso por la planicie.
La actividad de la erosión es en su modo negativa. El material que la
corriente saca en un lado, lo vuelve á depositar á corta distancia en el
lado opuesto, y, junto con el detritus que acarrea de las montañas, le-
vanta continuamente el lecho. Parte del material fino que las corrientes
depositan á lo largo «le su curso por las llanuras, es dispersado por los
vientos sobre las comarcas vecinas, formándose así los depósitos eóli-
cos. Á causa de los continuos cambios de su curso, un mismo río ha vuelto
á pasar varias veces por el mismo paraje, pero cada vez en un nivel
más alto. Así se explica, que en las perforaciones se observan con fre-
cuencia dos y tres ó más capas fluviales, depositadas por un mismo río
separadas por capas de sedimentos eólicos.
Estos antiguos lechos de ríos son los verdaderos conductores de las
aguas subterráneas; los depósitos eólicos también conducen agua, pero,
debido á su gran capilaridad, la absorben y la retienen, de modo que no
circula tan libremente como en la arena y los quijarros depositados por
los ríos. Para exjdotar racionalmente las aguas subterráneas hay que es-
tudiar en primer lugar las condiciones en que so encuentran los anti-
guos lechos lluviales. Estas capas acuíferas son tan abundantes «pie en
cualquier paraje de la llanura donde se practican perforaciones, se en-
cuentran á mayor ó menor profundidad (véase perf. 2, pl. II).
En la forma descripta, los ríos que durante largos períodos geológicos
IIBV. MUSEO I.A PI. ATA . — T. III. (VI, 19, 1909.) 13
(‘-razaron la región pampeana, depositando incesantemente el detritus
de las serranías, terraplenaron completamente los valles y perdieron su
curso superficial.
Por la acumulación cont inua de materiales á lo largo de su curso, el
río llegó á correr en un nivel más alto (pie el de las comarcas vecinas;
en las crecientes sea-bren bocas falsas por donde el agua se (hurañía- fi-
los terrenos bajos, formándose así estos bañados conocidos bajo el nom-
bre « esteros ¿>.
lie tenido la ocasión de observar un fenómeno de esta naturaleza. En
el año 1891, en una creciente, el rio Colorado abrió una boca falsa un
poco más arriba del fortín Mercedes inundándose por el lado sur más
de cincuenta leguas cuadradas de terreno. El cauce del río que antes
había que pasarlo en bote ó balsa, estaba seco, mientras (pie el trán-
sito por la parte inundada se hacía con mucha dificultad á causa de las
zanjas que se habían formado y en las cuales el agua corría con mucha
velocidad. Más tarde los propietarios del terreno cerraron la boca falsa
y el río volvió á correr por su cauce antiguo. Si no se hubiera cerrado
esta boca, se habría formado un estero y el lecho se hubiera borrado.
Cor fe de un CCRnrnn en un Estera
1''¡íí- i
En los parajes, donde hay esteros, los ríos no tienen un curso definido
se dividen en brazos de los cuales se apartan zanjas por donde el agua-
se echa á los terrenos más bajos, transformándolos en bañados con lagu-
nas, pantanos é islas. En estos bañados se forman zanjones que mueren
á poca distancia; á veces se reúnen en un brazo principal, que se aparta
completamente del estero, para perderse en los terrenos secos. En algu-
nos esteros de zanjas que arrancan de los pantanos y lagunas, renace
nuevamente el río en la parte inferior, con un cauce bien definido. De
los sedimentos (pie los ríos depositan en los esteros, se forman médanos
y albardones de arena. Los médanos presentan el aspecto de islas ; los
albardones se hallan generalmente fi- lo largo de los zanjones, formando
fajas longitudinales de terreno seco. De este modo el agua en las lagu-
nas y pantanos puede mantenerse á una altura superior á la, del fondo
de los zanjones, como lo indica el corte adjunto (fig. 1).
lín las zanjas se puede observar (;omo el agua, de las lagunas vecinas
filtra por las capas permeables. En los esteros que tienen desagüe por
185
un río ó arroyo, se observan sí veces en zanjones hondos verdaderas ver-
tientes.
El señor ingeniero G-unardo Lange opina, que el estero de Patino del
río Pilcomayo se ha formado en un. lago. No he estado en aquel estero ;
pero, de los numerosos esteros antiguos y modernos que he estudiado
en la llanura pampeana, ninguno se ha formado en un lago; en todos
ellos faltan las estratificaciones lacustres. Las capas inferiores se com-
ponen generalmente de depósitos cólicos, como es el caso en el antiguo
estero de General Pinto (véase perfil 1, pl. II), y las capas superiores
son depósitos palúdicos.
En los esteros del Chaco, se encuentran frecuentemente troncos con
raigones de quebrachos y de otras maderas duras enterradas en la posi-
ción en que han crecido los árboles. Este hecho prueba que el terreno
antes estaba seco, porque el quebracho no crece en terreno anegadizo.
El señor Adalberto Schmied jr. que ha explorado la región del estero
Patino, opina también que este estero no se lia formado en un lago. El
ha descubierto un brazo que atraviesa el estero poniendo en comunica-
ción el curso superior y el Inferior del Pil comayo, y cree que se podría
navegar con embarcaciones menores desde el río Paraguay hasta Bo-
livia; ha constatado además que el río Confuso está en comunicación
con la laguna Chajá. Este gran estero tiene, pues, por lo menos, dos sa-
lidas ó desagües directos al río Paraguay.
El río Pilcomayo es muy ilustrativo para el estudio del régimen de
los ríos que cruzan la. llanura argentina. Citaré uno de los párrafos de la
publicación del señor Lange referente al estero Patino ' .
« Habíamos llegado á donde el río Pilcomayo muere en el estero, des-
parramando sus aguas en la capa porosa «pie yace sobre plano casi ho-
rizontal de tosca impermeable 1 2, definida por la altura, de ía cresta del
Salto Palmares que á su vez trabaja continuamente, para, ubicarse más
y más al poniente, atravesando, poco á poco en un lecho profundo, toda
la extensión del gran estero.
«Puede ser que se repita este morir y renacer de las aguas, hasta con-
cluir el pLa.no más órnenos horizontal del estero, aunque esto se encuen-
tra en contradicción con las tradiciones de los indios, que declaran que
1 G. Lange, Río Pilcomayo desde la desembocadura en el río Paraguay hasta el pa-
ralelo 22 sur, Buenos Aires, 1906.
5 Quiero hacer aquí presento que lo que so señala, por tosca no son capas imper-
meables ; por lo contrarío en los bancos de tosca el agua circula con mucha facili-
dad. En los pozos de la llanura pampeana se encuentran con frecuencia en el nivel
de la primera napa de agua bancos de tosca, ésto lo saben todos los pozeros. La
presencia de esta cla.se de bancos en la primera napa de agua es debido !í. un pro-
ceso químico cuya, explicación nos llevaría demasiado lejos.
— 186
más arriba no se corta el agua. Nuestros descubrimientos posteriores
demostraron que esta tradición no es verídica.
«Se supone, como lo más probable, que el estero anteriormente, lia
sido un gran lago formado por una depresión extensa casi horizontal en
la capa impermeable de tosca, y que poco á poco se ha llenado con los
detritus traídos por las corrientes de las aguas que actualmente entran
en el estero como en una gran esponja, saliendo de éste por el arroyo
Dorado, el brazo sur del río Pilcomayo y probl ámente por el brazo norte
del mismo río y otros arroyos y ríos más al norte.
«El hecho que se encuentran troncos de palo duro , en el fondo de los zan-
jones del estero mismo puede explicarse del modo siguiente : anteriormen-
te cuando fuese más bajo el nivel del estero mismo propiamente dicho,
los doblados ú ondulaciones más altas en la capa impermeable formaban
islas ó albardones, donde creció la arboleda.
« Poco á poco se ha levantado en las crecientes grandes el nivel gene-
ral del estero y se ha cubierto con tierra fangosa, estos lugares más
elevados, los árboles han muerto y, más tarde, las corrientes de agua
han cortado surcos ó zanjones en la capa superior más blando descu-
briendo otra vez estos troncos vestigios de una vegetación extinguida.
« Como se ha puesto más arriba, la naturaleza misma se ocupa del
desagüe ó drenaje progresivo del gran estero y se presenta como una
posibilidad de poder acelerar la confección de esta gran obra, ayudando
á la naturaleza en la profundización de los cursos de agua actuales apro-
vechándose del desnivel existente, entre el lecho del Pilcomayo en la
junta del Dorado, y la parte occidental del estero, donde como veremos
más tarde, se presentan otra vez los zanjones y arroyos con barrancas
en partes altas y bien definidas; pero se precisan estudios bien detenidos
para ilustrar y resolver esta cuestión ».
El río Pilcomayo es uno de los pocos ríos que después de pasar los
esteros tiene agua permanente en su curso inferior. La mayor parte de
los ríos que nacen en las sierras pierden su curso superficial en los es-
teros, por hallarse éstos en terrenos más altos que el nivel del agua
subterránea en las comarcas vecinas.
En los ríos de agua permanente se puede observar que el nivel del
agua subterránea es más alto á cierta distancia (pie en la orilla del
río. En San Nicolás, por ejemplo, el agua de los pozos comunes está á
un kilómetro de distancia del río, 8 metros más alto «pie en la barranca,
como lo demuestra el perfil adjunto (fig. 2).
lín sondajes que he hecho en regiones de esteros, he encontrado á
una distancia de dos kilómetros del terreno anegadizo, el nivel del agua
subterránea 0 metros más bajo que en ¡as inmediaciones del estero.
Esta circunstancia nos explica la enorme pérdida de agua por infiltra-
ción. Se entiende que ésta depende también mucho de la naturaleza del
187 —
.subsuelo. Si éste se compone de depósitos de arena, la infiltración es
cuatro veces mayor que en el loess.
Se pueden distinguir en la llanura, pampeana tres sistemas de ríos
con esteros :
I" liíos que desembocan en estelos, donde toda el agua infiltra en el
subsuelo y circula subterráneamente, como es el caso en los ríos Quinto,
Segundo, Primero, Dulce, Horcones, etc.;
2o Ríos que tienen en su trayecto uno ó más esteros en que se vuel-
ven á formar corrientes superficiales permanentes, como el río Pilco-
mayo y el río Bermejo;
3o Ríos que se pierden en esteros con desagües superficiales tempo-
ráneos ; á estos pertenecen el río Cuarto y el Salado, en la provincia
de Santiago del Estero.
El río Salado, que está destinado á perder su curso medio, presenta
un ejemplo muy instructivo del modo cómo se forman los esteros en la.
actualidad. Este, río lleva cada amo menos agua, y, como lie «lidio antes,
está seco durante ciertas estaciones del año en una. extensión «le unos
(¡00 kilómetros. El curso del río cambia casi todos los anos la direc-
ción, como lo demuestran los siguientes hechos :
El plano adjunto, plancha ilí, que presenta el <;urso del río Salado en-
tre San Miguel y Anatuya, está basado en el mapa de la provincia de
Santiago del listero, publicado en el año 1000 por el ingeniero señor
Francisco David, quien me aseguró «pie el curso del río ha sido trazado
según datos muy exactos, tomados en el terreno. Hoy el curso ya no es
el mismo; en parajes donde debería pasar el río, no hay vestigios
ni de su cauce, y donde a ntes había poblaciones, hay bañados y lagunas.
Hace unos años no más que el Ferrocarril Central Norte levantó un
plano del río en frente de Anatuya. Yo he vuelto á trazar el curso en
este paraje en el año pasado, y resulta que los dos planos son distintos.
Datos muy importantes sobre este río me ha facilitado el ingeniero
señor Luis Rapelli.
En el límite de las provincias de Salta, y Santiago del Estero, el río
Salado deja de correr por un cauce definido. En esta región se ha for-
188 —
mado un estero de unas 1<> leguas de largo, extendiéndose desde San
Miguel hasta Santo Domingo. Al entrar en la provincia de Santiago,
el río se divide en dos brazos : uno toma la dirección al oeste y el otro
al este. En el último se han formado varias aberturas ó boquerones por
los cuales el agua se derrama en todas las direcciones, formando un
bañado con pantanos, lagunas é islas. Aquí hay hondos zanjones que
se apartan del brazo principal y vuelven á juntarse con él después de
un cierto recorrido. Una de estas zanjas (pie se aparta en el lado este,
forma grandes lagunas que se extienden unos diez kilómetros afuera del
lecho del río. Hay que temer que por este lado se forme una comunica-
ción con el cauce seco de uno de esos antiguos ríos, llamados por los
chaquefios ríos muertos, que se halla distante solamente á dos kilóme-
tros de la laguna. En este caso es probable que el río Salado tome el
rumbo por este lado y se pierda en el Chaco.
El bañado que se halla entre Cruz Bajada y San José del Boquerón
es muy nuevo. En el mapa de David están marcadas en este paraje
numerosas poblaciones que hoy se hallan en el medio del estero. Por el
material que acarrea el río, el terreno se levanta siempre más, y el agua
se extiende sobre una superficie mayor. Acerca de la formación de este
estero dice el informe que me facilitó el señor Itapelli textualmente lo
siguiente :
«Según los datos recogidos sobre el lugar, parece que en 1884 empezó
el río á consecuencia de una gran creciente á desviarse las causas de
esta desviación opinamos deben ser muy complejas, la pendiente insig-
nificante <pie tiene el terreno, el limo que en épocas de crecientes deben
traer las aguas de este río que cruza más arriba terrenos muy salitrosos,
las ramas y los árboles llevados por las crecientes han producido un
paulatino embaucamiento del cauce.
« Los desbordes naturales del río ó los á propósito producidos por los
pobladores á efecto dé riego no han hecho sino extender este enlame en
toda la región que antes bañaba el antiguo cauce ; así que una pequeña
causa debe haber bastado luego puraque las aguas busquen su salida
por otra parte echándose donde actualmente se encuentran.
« Que el enlame haya sido grande y el cual deja la imposibilidad de
llevar de nuevo las aguas por donde antiguamente pasaban, lo demues-
tra el hecho de no distinguirse más dónde este cauce haya existido, sino
por las hileras de sauces (pie se levantan sobre una y otra orilla. Los
montes que existían á los costados, solamente asoman unas copas secas
á la superficie del terreno; hemos visto de los horcones de antiguos
ranchos que formaban las poblaciones de Torounan, Yolonasi y Misto-
lito, solamente las horquetas; un mojón de dos metros de alto (como nos
decía un propietario de allí), reducido á poco más de veinte centímetros.
Este embaucamiento ocupa un ancho aproximado de siete kilómetros y
— ÍMI —
ilío Salado i-ii Smiclio
C” S AL- DE
DEL
b en Suncho Corroí
UN REMANSO
j£-íc. O.CVi, =» Aoc rtffs.
Y-í.
formación F ’&mpcdn o *5 L/p<*rtoi *
SECCION TRANSVERSAL DE UN REMANSO
C-dOl, =* Acc ntfs.
Fig.
— 192 —
donde antes había montes hermosos de algarrobos y quebrachos ahora
hay súnchales extensos.
« Es claro que si bien las aguas de estas lagunas y arroyos recién for-
mados caen otra vez al río, la cantidad de agua que se pierde es enorme,
teniéndose en cuenta el terreno muy arenoso bañado y la extensa su-
perficie de evaporación. »
El brazo del río Salado que se aparta en San Miguel, y que se dirige al
oeste, echa su agua en un enorme bañado, donde en tiempos de lluvia
se forma una laguna de unas dieciseis leguas de largo por una de ancho.
Cerca de Santo Domingo el agua de este bañado se junta por medio de
zanjones en un cauce que se une con el brazo este. De aquí el agua
corre en una extensión de más de cien kilómetros por un cauce bien
definido, con barrancas de cuatro á cinco metros de altura, teniendo
unos cincuenta metros de ancho. El curso del río, en este trayecto, es
muy sinuoso y en algunas partes se divide en brazos que á poco andar
vuelven á juntarse. El río, que en la época de lluvia en el Chaco es muy
correntoso, en tiempos normales lleva muy poca agua en este trayecto.
En ciertas estaciones del año el lecho está en gran parte seco; solamente
en las partes más hondas, en los llamados remansos hay siempre agua.
No se trata de agua estancada como creen los lugareños. Del examen
del lecho resulta que el agua subterránea circula á muy poca profun-
didad y como los remansos se hallan á mayor profundidad que el nivel
del agua subterránea, hay en esta parte siempre agua.
Según el mapa de David, un poco más al sud de Santo Domingo
debería desembocar el río Horcones al río Salado, pero gente que co-
noce bien este paraje me aseguró que no existen ni vestigios de un
tal río. Actualmente el río Horcones forma cerca de Nueva Esperanza
un estero y si antes desembocaba al río Salado, lo que es muy probable,
se ha borrado hasta el cauce. Este estero es uno de los más típicos de
los ríos pampeanos, presentando todos los caracteres de un estuario.
(En la misma región se pierden otros ríos importantes que nacen en las
sierras, como por ejemplo, el río Ureño ó del Remate.)
En la región de Figueroa, el río Salado vuelve á formar un nuevo es-
tero. Cerca de Uritu Huasi se divide en dos brazos : uno toma la direc-
ción al oeste, pasando por San Pablo ; el otro se divide en el paraje Los
Piruas en dos hondas zanjas, que echan el agua en bañados. En tiem-
pos normales existen aquí tres lagunas; las dos más grandes, la de Maco
y la de Jumi Esquina, tienen agua casi en todos los tiempos, aun cuando
el río Salado más arriba está seco. En tiempos de crecientes se forma
en este estero una enorme laguna, de unos cuarenta kilómetros de largo
por siete á ocho de ancho. La laguna Maco está en comunicación por
medio de zanjones con el brazo del río que sale de la laguna Jumi Es-
quina. Cerca de Figueroa este brazo se une con el del este, y desde aquí
193
el río corre otra vez por un cauce bien definido basta cerca de Anatuya.
Durante una parte del año el río no lleva agua en esta parte; solamente
en los llamados remansos hay agua, alimentada por las aguas subte-
rráneas, que circulan á. medio metro de profundidad. En las épocas de
lluvia en ('1 Cínico, cuando viene la creciente del norte, se llenan los
bañados y lagunas de agua, y en la región de Figueroa éste retrocede
por un largo trecho al noroeste, echándose en la enorme salina que se
halla ái pocas leguas al este del río Salado; recién cuando se llena este
bajo corre el agua por el cauce principal que pasa por Suncho Corral.
La administración del ferrocarril Central Norte ha tratado de cerrar la
entrada del agua á la salina., pero para remediar este mal hay que hacer
una obra que demanda, glandes gastos.
En Suncho Corral me han asegurado que á mitad del camino entre
Santo Domingo y Cordón Esquina, el río Salado ha abierto otro boque-
ron, por el cual en las crecientes mucha agua se echa por el lado este
en un río muerto, que se pierde en el Chaco ; pero los datos son algo
contradictorios, lo que nada de extraño tiene, dado que el curso del río
cambia, en esta región continuamente. En el trayecto, desde Figueroa
hasta cerca de Anatuya, donde el río Salado corre por un cauce defi-
nido, éste es muy encajonado ; las barrancas son á. pique y tienen en
término medio siete metros de altura , en algunas partes alcanzan hasta
trece metros. El ancho es en Suncho Corral aproximadamente de 30 me-
tros. De Suncho Corral hacia Anatuya las barrancas van bajando, ó me-
jor dicho, el cauce es menos profundo; unas cuatro leguas más arriba de
Anatuya no hay más barrancas. 151 terreno es muy llano en esta región,
con un declive gradual hacia, Anatuya. La diferencia de nivel entre
este último paraje y Suncho Corral es de veintidós metros y la distancia
de ochenta y cuatro kilómetros.
En un plano levantado por el Ferrocarril Central Norte, las curvas de
nivel de un metro presentan solamente en frente de la estación Melera
una pequeña loma de dos metros de altura. El terreno en el borde de la
barranca del río tiene la misma altura como en la línea del ferrocarril
que pasa á una. distancia de ocho á diez kilómetros. El río tiene aquí el
aspecto de un canal tortuoso, cavado á través de un bosque ; no hay
señas de valle ; el monte llega hasta el mismo borde de la barranca. Los
antiguos valles, aunque completamente terraplenados, se conocen fácil-
mente por la vegetación. En estos lugares no crecen montes, hay sola-
mente á veces uno ú otro grupo de arbustos ó hileras de sauces, faltando
los montes de quebradlos por completo. En el Chaco de Santiago del
Estero se ven numerosas fajas de terreno, desprovistas de bosques, que
no son otra cosa, que antiguos valles, por donde anteriormente co-
rrían ríos y arroyos; en algunas partes existen todavía las señales
de los cauces. Estas abras, como las llaman los chaqueños, tienen á
1 í)4
veces un ancho considerable. Á pesar de (pie no presentan en el ni-
vel casi ninguna diferencia con las comarcas vecinas, se ve que son
antiguos valles rellenados, por componerse el subsuelo de sedimentos
lluviales, mientras que el terreno poblado por montes consiste en depó-
sitos cólicos. Por somlajes, que be practicado en esta región, he podido
establecer en algunas partes las antiguas barrancas de los valles.
Entre Figueroa y Melero, el río Salado lia abierto su cauce en tiempo
relativamente reciente á través del terreno más alto; recién un poco
más arriba de Anatuya entra en un antiguo valle. He examinado los
sedimentos de las barrancas en distintos lugares y resultó que la. paite
inferior se compone de capas lluviales de la edad cuaternaria. En su
gran parte son depósitos de marga, más ó menos arenosa, en que abun-
dan caracoles de agua dulce y que alternan con arenas lluviales. Tiara-
mente se encuentran depósitos de locas cólico. Como se puede ver en el
perfil figura X los depósitos fluviales neopampeanos ocupan en Suncho Co-
rral más que la mitad de la altura de la barranca; encima de éstos si-
guen en posición discordante capas de aluviones, en su mayor parte de
origen eólico. En unos pocos lugares existen capas fluviales, deposita-
das por ríos y arroyos (pie tenían una dirección distinta de la del ac-
tual río.
Las condiciones geológicas, que el terreno presenta, demuestran que
el río, al fin de la época cuaternaria, tenía su curso por Suncho Corral;
después se desvió y, en tiempos muy recientes, ha vuelto á abrirse su
antiguo cauce.
En Anatuya, donde el río corre por un antiguo vallo, las condiciones
son muy distintas. Tanto las capas del horizonte neopampeano, como
las postpampeanas y los aluviones modernos, son de origen fluvial, lo
que prueba que, desde los tiempos terciarios hasta la actualidad, el río
siempre ha corrido por este paraje.
El antiguo valle, que tiene aquí una á dos leguas de ancho, se ha lle-
nado de sedimentos de tal manera que ya no tiene el aspecto de un valle
sino de un bañado, con zanjones y lagunas que durante la mayor parte
del año no tienen agua. La diferencia de nivel entre la parte más baja
del bañado y la parte más alta de las comarcas vecinas es apenas X"'50 ;
sin embargo se pueden distinguir bien los límites del valle por la vege-
tación, llegando el bosque hasta el borde de las antiguas barrancas,
donde termina como cortado. Aquí el río no tiene un cauce definido,
sino se divide, como en los esteros, en numerosos brazos que cambian
continuamente el curso. De los brazos principales se apartan zanjones y
el agua se derrama en bañados, formando lagunas y pantanos.
Con el motivo de proveer á Anatuya de agua, he hecho el año pa-
sado en este paraje muchos somlajes. Es sabido que en el ramal del Fe-
rrocarril de Anatuya á Tintina no se encuentra agua potable; hay (pie
----- 195 —
llevar ésta en trenes desde Anatuya, no solamente para los pobladores
sino basta para las máquinas de los grandes aserraderos que existen en
esta línea. Cuando el río Salado no lleva agua en Anatuya, hay que
Fig. 5. — Tren aguatero en Anatuya
traerla desde Aurora. Así se ha tenido que llevar, por ejemplo, en el año
pasado, el agua por una numerosa población durante muchos meses en
trenes hasta una distancia de 400 kilómetros.
En Anatuya las aguas subterráneas se presentan en condiciones bas-
tante favorables y las hay en cantidad suficiente para proveer á toda
196 —
la línea del Chaco aun en los tiempos en que no corre agua por el río
Salado.
En mis investigaciones he encontrado en esta región numerosos an-
tiguos cauces del río Salado, que están completamente borrados y se pue-
den conocer solamente por la calidad de los sedimentos. En estos cauces
circula una agua que si bien no es de primera calidad al menos es tan
buena ó más sana que la del río, y se puede utilizar tanto para el uso
doméstico como para la alimentación de las máquinas. Se trata sola-
mente de construir pozos adecuados á las condiciones del terreno.
De Anatuya hacia el sur, el antiguo valle se ensancha considerable-
mente; en frente de Icaña tiene tres leguas de anchura y cerca de la
estación Pinto se une con el estero, en que se pierde el río Dulce.
En todo este trayecto ya no hay río, sino pequeños riachuelos y lagu-
nas que tienen agua solamente cuando llueve. En Tostado vuelve á
formarse un arroyo de agua permanente, pero también éste se pierde
más abajo en bañados. Entre Tostado y San Cristóbal se han conservado
en muchas partes las barrancas del antiguo valle. También en La Pe-
tronilla y San Justo hay barrancas. En esta región vuelve á formarse
el río Salado por arroyos que nacen en bañados, para desembocar en
Santa Fe al río Paraná.
El Salado es un río que está destinado á perder su curso superficial
sino se hacen las correcciones necesarias. Hemos visto que en tiempos
normales el agua se pierde en los esteros y solamente en las épocas de
lluvia el río lleva agua en todo su trayecto.
El mismo régimen presentan casi todos los otros ríos do importancia
(pie cruzan la llanura pampeana.
De lo dicho se ve que los esteros son los principales sumideros de las
aguas déla cordillera y que son ellos que alimentan las aguas que circu-
lan subterráneamente.
Una de las causas principales que han contribuido á la formación de
esteros son los movimientos seculares que se lian producido en la costa
del Atlántico. En el tiempo cuando se depositaron las capas de loess del
horizonte neopampeano hubo una transgresión, lo que está demostrado
por las capas marinas intercaladas entre los depósitos terrestres de
este horizonte. Si bien el mar no ha penetrado muy al interior del con-
tinente (su nivel era unos diez metros más alto (pie ahora), no obstante
se ha producido un cambio en el curso de los ríos ; el agua quedaba re-
presada en el interior de la llanura, formándose grandes lagunas en los
terrenos bajos. En ellas se depositaron las capas palúdicas conocidas
por el nombre: «piso pampeano lacustre», y en sus alrededores se forma-
ron los médanos cuaternarios que se encuentran en muchas partes de la
provincia de Buenos Aires. Durante la transgresión, los ríos actuaron
aquí solamente en forma acumulativa y cuando entró un período de re-
107
gresión, muchos de ellos cambiaron su curso. Al terminar el período
cuaternario lmbo una nueva transgresión de mayor importancia que la
anterior. El mar entró por el delta, del Paraná hasta San Pedro, donde
se mezclaba, el agua dulce con el agua salada, y donde se depositaron los
bancos de condolías de Azara lablnta que viven solamente en agua sa-
lobre. El agua de los ríos quedaba nuevamente represada en el inte-
rior de la llanura pampeana, y los bajos por donde corría antes, se lle-
naron de aluviones. En éstos se encuentran depósitos aluviales, que
tienen hasta veinte y más metros de espesor. Esto trajo por consecuen-
cia, que los ríos en vez de correr por lechos, inundaron grandes zo-
nas, donde depositaron el material que acarrearon de las serranías. Los
médanos que se hallan en los partidos de Junín, General Arenales, Bra-
gado, Lincoln, General Pinto, etc., provienen en gran parte del mate-
rial que acarrearon en aquel tiempo los ríos Cuarto y Quinto. Cuando
entró el último período de regresión, los ríos no abrieron nuevos cauces,
sino que sus aguas se perdieron en grandes esteros. Así es que los ríos
que nacen en las sierras acumularon únicamente material y perdieron en
la llanura completamente la actividad erosiva. Los cauces de los antiguos
ríos se han borrado por completo, pero se puede conocer todavía la di-
rección que tenían por las cañadas, que á veces se pueden distinguir del
terreno vecino solamente por la calidad del pasto que crece en estos lu-
gares. A causa déla acumulación de materiales en los esteros, el terreno
se eleva siempre más, lo que tiene por consecuencia que éstos se reti-
ran hacia las regiones de las montañas. El río Cuarto, por ejemplo, que
en los tiempos postpampeanos desembocaba en el estero que existía en
el partido de General Arenales, desemboca hoy en el estero que se ha
formado á unas pocas leguas de Carlota.
Solamente en la región litoral se nota una actividad erosiva de las
aguas. Saliendo de Buenos Aires en cualquiera dirección hacia el inte-
terior es interesante de observar, como al principio el terreno es ondu-
lado, las líneas del ferrocarril pasan continuamente por cortes y terra-
plenes, presentándose los campos siempre más llanos á medida que uno
se aleja de la costa. Después de retirarse el mar, las corrientes que sa-
lieron de los bañados se abrieron nuevos cauces, formando sus pendien-
tes normales (thalweg) hasta el río Paraná ó directamente hasta el mar.
Algunos de estos ríos y arroyos se abrieron paso á través de sus anti-
guos lechos, como por ejemplo, los ríos Lujan, Areco, Arrecifes, etc. ;
otros han abierto sus cauces á través de los depósitos de locas de los ho-
rizontes neopampeano y mesopampeano, como los arroyos Ramallo, del
Medio y Pavón, etc.
El régimen de estos ríos y arroyos es muy distinto del de las corrien-
tes menores que se hallan en la cordillera. Estas últimas tienen en su
canso superior más agua que en el inferior y muchas de ellas se pierden
198 —
ya en las quebradas, no llegando ni hasta los valles principales. Por
ejemplo, en el cordón de montañas que se halla al oeste de la ciudad de
Tucumán, existen numerosas quebradas, donde corren arroyos alimen-
tados por manantiales; algunas de éstas, que se hallan en una roca de
micacito arcaico, brotan con mucha fuerza casi en las cumbres de los
cerros y forman torrentes de alguna consideración. He visto en las que-
bradas de Tafí Viejo, arroyos que nacen casi arriba de las montañas y
¡i pesar de la fuerte corriente se pierden por completo al llegar al valle.
J 90 —
101 vallo do Ta.fi Viejo está rellenado do enormes masas de escombros, en
(¡ue el agua infiltra y circula con mucha rapidez. Debido sí esta circuns-
tancia ninguno de estos arroyos desemboca superficialmente al río Salí.
De algunos de estos arroyos se provee á. Tucumán de agua, corriente,
pero las instalaciones resultan ser insuficientes.
En estas quebradas se pierde una enorme cantidad de excelente agua
al subsuelo, cargándose luego de sales que la inutilizan para el uso
doméstico. Haciendo las captaciones adecuadas se obtendría agua co-
rriente que podría ser utilizada hasta para, fuerza motriz.
Eli cambio, los ríos y arroyos que nacen en la Pampa, se pierden en
su curso superior, verificándose este proceso en tiempo relativamente
corto, se puede decir, á nuestra vista.
En el noroeste del partido Pergamino ha habido un gran bañado que
se extendía hasta la provincia de Santa Fe y del cual se apartaban va-
lias cañadas en distintas direcciones. En las cañadas existían grandes la-
gunas que tenían agua durante todo el año, porque estaban alimentadas
por las aguas subterráneas : de ellas salían el arroyo del Medio, el arro-
yo Pergamino y el arroyo Salto. En los años de 70 del siglo pasado el
arroyo del Medio arrancaba de las lagunas de Caldoso, que se hallaban
en la cañada Leones. Actualmente el arroyo principia unas ocho leguas
más al este. La cañada Leones se junta cerca del pueblo Colón (antes
Fortín Mercedes) con la cañada de Pojas. Aquí había una laguna, en la
cual nació el arroyo Salto, que hoy principia cerca del pueblo Eojas.
El arroyo Pergamino salió antes de la laguna. Juncal Grande, que se
hallaba en el centro del bañado mencionado. En el tiempo de cuarenta
años, que yo lo conozco, se ha borrado el cauce en una extensión de más
de seis leguas y el bajo, por donde corría, se ha transformado en una
cañada, donde hay agua solamente cuando llueve.
En el paraje, llamado Los Manantiales en el partido de Pergamino,
existió unos veinticinco años atrás, otro gran bañado con lagunas
de agua permanente y de éstas salía un arroyo que desembocaba al
arroyo Enmallo; hoy ésto ha desaparecido en casi todo el trayecto y en
las lagunas apenas hay agua, cuando llueve mucho.
En las inmediaciones del pueblo Pergamino ha habido hace pocos
años varios afluentes del arroyo Pergamino, con agua permanente, por-
que estaban alimentados por las aguas subterráneas; hoy no hay ni
vestigio de estos arroyos y se siembra maíz en esos sitios.
El fenómeno que los ríos y arroyos se pierden en su curso superior
se observa, en toda la parte de las provincias Santa Fe y Buenos Aires.
Las lagunas, donde antes nacían, se lian secado casi por completo y en
los bañados apenas se junta, hoy un poco de agua en los tiempos de llu-
via. Esta particularidad no se puede atribuirá un cambio climatológico.
En Jos últimos treinta, años las lluvias eran más regulares y no ha
MOV. MUSICO l.A 1’I.ATA. — T. III. (VI, 21, 11100.)
14
200
habido prolongadas secas como antes. Los bañados no se secaron por
falta de lluvia, sino por la acumulación de material en estos lugares.
En el tiempo, cuando en las lagunas nacían los mencionados arroyos,
ellas se hallaban en el nivel de las aguas subterráneas y por esta razón
eran de agua permanente. Pero como en los bañados hay siempre una
abundante vegetación que retiene el material (pie los vientos traen de
las comarcas vecinas, el terreno se eleva paulatinamente, llegando con
el tiempo á un nivel más alto que las aguas subterráneas. Para (pie se
pueda formar una capa de tierra vegetal, basta que el lecho de un arroyo
llegue á quedar en un nivel un poco más alto que hasta donde alcanza
la presión hidrostática de has aguas subterráneas. Esta capa aumenta
tan rápidamente que el arroyo se transforma en pocos años en una ca-
ñada, donde no corre agua en la superficie.
La presión hidrostática de las aguas que circulan en la formación
pampeana cambia á cortas distancias. Se pueden observar en las ba-
rrancas de los ríos y arroyos pequeñas cavernas y zanjitas donde el
agua brota en muchas partes en un nivel superior á la altura de la co-
rriente en tiempos normales.
Todas estas circunstancias hacen posible la construcción de canales
navegables, por comarcas donde hoy no corre agua en la superficie.
Para alimentarlos no hay necesidad de construir represas de las aguas
de lluvia, como se les había proyectado para el Canal del Norte. En las
cañadas el agua subterránea circula á muy poca profundidad y con ésta
se pueden alimentar los canales en todo tiempo. Difícilmente se encon-
trará otra región como la de las provincias Santa Fe y Buenos Aires,
donde las condiciones naturales del terreno se presentan tan favorables
para esta clase de obras.
Pero antes de trazar un canal hay que estudiar no solamente las con-
diciones de las aguas subterráneas sino también la, constitución geo-
lógica en general de la, respectiva región. La permeabilidad del terreno
es un problema tan importante como la provisión de agua para ase-
gurar el éxito.
En cuanto á la construcción de un canal de Bahía Blanca á las pro-
vincias andinas, yo no he practicado estudios bajo el punto de vista de
aprovechar las aguas subterráneas para la alimentación, pero tomando
en cuenta el número de caudalosos ríos que se pierden y circulan sub-
terráneamente, no cabe duda para mí que hay agua en cantidad sufi-
ciente para proveer un sistema de canales en esta región.
Los sondajes que se han hecho en el puerto de Bahía Blanca y en sus
alrededores nos lian revelado la historia de un sistema de ríos de los
más vastos que hubo en lu República Argentina, y (pie por su magnitud
es comparable con él del Paraná.
201
En una «lo las perforaciones, hecha hasta la profundidad de doscientos
treinta metros, se han atravesado cinco formaciones fluviales, separa-
das por cuatro depósitos de loess cólico, lo que demuestra que un mismo
río ha. pasado en los tiempos terciarios cuatro veces por este paraje,
poro (>n distintas épocas. En el período cuaternario cuando se produjo
la transgresión que dio origen á las capas marinas mencionadas, inter-
caladas en el loess del horizonte neopampeano, el río desembocó aquí
en el mar. En la regresión consecutiva se desvió, volviendo á desem-
bocar en esta bahía en los tiempos postpampeanos. Todavía hoy se
[mede conocer perfectamente bien su antiguo lecho en Bahía Blanca.
(Jada vez que he cruzado esta región me llamó la atención el bajo que
se extiende del puerto hacia el noroeste por la semejanza que tiene con
el estuario del Río de la Plata y cada vez me convencí de nuevo que
todavía en tiempos muy recientes debe haber desembocado un gran río
en esa bahía. Dicho bajo está, rellenado por sedimentos fluviales post-
pampeanos, como el delta del río Paraná. En muchas partes el curso que
el río tenía está borrado por médanos de arena; sin embargo, se pueden
ver todavía las antiguas barrancas. Todo indica que el río ha perdido
su curso superficial cuando entró el último período de regresión, como
ha sucedido también con el río Cuarto, el río Quinto y otros. No he
seguido nunca su antiguo curso por larga distancia, pero he cruzado
la. Pampa Central en distintas regiones y en muchas partes he visto
bajos, donde aflorecen depósitos sedimentarios de aspecto moderno,
como los acarrean solamente ríos de mayor importancia. En el bajo de
Cuchillo Có, por ejemplo, un pequeño arroyo ha. lavado las arenas move-
dizas y ha. desnudado los depósitos de un antiguo lecho de río en los
cuales el agua, careada casi en la. superficie. No puedo decir si aquí se
trata de un afluente ó del río principal. A este sistema pertenecían to-
dos los ríos de la cordillera de Mendoza, San Juan, LaRioja, Catamarca
y gobernación de Los Andes.
Las condiciones hidrológicas son más complicadas en esta región que
en el norte de la República, porque aquí se nota la influencia de las
acciones glaciales. Los depósitos Alivio-glaciales llegan hasta la Pampa.
Central ; el detritus glacial es muy permeable y el agua, circula, en él
con mucha, facilidad. En la Pampa Central y en las provincias San Luis
y Mendoza encontramos esteros como los que existen en el norte, pero
debido á la acumulación de enormes masas de rodados Auvio-glaciales,
los ríos que salen de la, cordillera, presentan más el régimen de las co-
rrientes de Patagouia, como lo he descripto en el río Deseado ; el río
principal pierde su corriente superficial en la llanura y renace cada,
vez que recibe un nuevo afluente de la cordillera, ó mejor dicho, que se
forma una, especie de estero. Conozco personalmente solamente las con-
diciones de la parte inferior y no se tiene datos sobre la constitución
202
geológica del terreno de la parte superior de esta región. No se sabe si
los movimientos orogénicos muy modernos, que se lian constatado en la
cordillera de Mendoza y San Juan, se extendían también á la llanura,
lo que sería muy importante de saber. Juzgando por lo que be visto en
la Pampa Central y en otras regiones de la República considero las con-
diciones hidrológicas favorables para la construcción de canales. Á mi
parecer los esteros que forman los sumideros de las aguas de esta parte
de la cordillera pueden ser aprovechados con gran ventaja para, regu-
larizar el agua de los canales en los tiempos de creciente, problema cu-
ya solución toca al ingeniero y no al geólogo.
Está fuera de toda discusión que los ríos que nacen en la cordillera
de las provincias Mendoza, San Juan, etc., formaron antes un río cau-
daloso que ha perdido su curso superficial en la forma descripta en este
trabajo. Aquí se trata en primer lugar de investigar si el agua de estos
ríos que infiltra al subsuelo y se carga de sales nocivas se puede con-
ducir por terrenos donde no infiltra. Estas investigaciones preliminares
tiene que hacer el geólogo y no el ingeniero. Un ingeniero que afirma
que el río Lirnay se insinúa por su mayor longitud en uno de los plie-
gues más hondos, cuando en realidad corre en todo su trayecto por un
valle de erosión y que habla de esquistos silíceos y cristalinos y de
parajes donde á intervalos corren ríos alluentes encajonados hasta des-
cubrir con profundas erosiones los bancos inferiores de granito ó de
antiquísimos conglomerados, en una región donde las formaciones más
antiguas (pie aflorecen son mesozoicas y donde predominan las rocas de
origen volcánico de la edad terciaria, está expuesto á deslizarse y
hacer deducciones que pueden costar millones. Frecuentemente se co-
mete el error de confundir el loess con la arcilla. Un ingeniero, ocupán-
dose de la segunda napa de agua de Buenos Aires, dice (pie ésta se
halla debajo de una capa de arcilla pampeana Impermeable, de cuarenta
metros de espesor. En realidad la capa que cubre los depósitos de arena
acuítela, que forman la llamada segunda napa de agua de Buenos Aires,
no es arcilla y mucho menos es impermeable, sino es loess que es muy
permeable, lis sabido que en los resumideros cavados en el loess pam-
peano el agua infiltra en seguida al subsuelo. La permeabilidad del loess
es 1(574 y la de la arcilla 0,7, quiere decir: que mientras en la ar-
cilla infiltra un litro de agua, por el loes pasan en el mismo tiempo
1700 litros. El mismo autor dice que la capa de arena de la segunda
napa de agua en Buenos Aires se eleva paulatinamente hacia el oeste,
llegando á flor de tierra en Junín y Bragado, donde forma cordones de
médanos, de los cuales proviene el agua de esta napa. Con toda segu-
ridad puedo afirmar empero que los médanos de Junín y Bragado no
tienen ninguna relación con las arenas de la segunda napa de agua de
Buenos Aires ; los primeros son depósitos cólicos cuaternarios y post-
Rev. Museo df La Plata, t. xvi (ser. it. t. ni)
Plancha 1
Pampa de Corintos (Chubut)
ÜF.v Miíro líK La 1'i.ata r. xvi (sbu. ir. t. m)
PLANCHA II
PERFIL ESQUEMATICO A TRAVES DE LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES
Ri
Plancha III
d*lertdt«x>u> O. de Córdoba C69‘f0'36' Oeste de Greenwich
Rev. Müseo de La Plata, t. xvi
u, t. m)
Plancha III
O - SALADO
SANTIAGO
po* F. DAVID
CON AMPLIACIONES DLDATOS NUEVOS
203
pampeanos, como lo he demostrado, y los segundos son capas lluviales
terciarias, depositadas por el río Paraná; éstas contienen los mismos
rodados ealccdónicos que se encuentran en los depósitos terciarios en
la provincia, de Entre Píos. El agua que circula en la, segunda napa en
Buenos Aires y La Plata es agua de filtración del Pío de la Plata, como
lo demuestra bien claro la liidrostática que corresponde al nivel del agua
del río. Se ve por este ejemplo á, qué conclusiones erróneas se puede
llegar, cuando faltan los conocimientos de la verdadera naturaleza del
terreno.
Se entiende que la construcción de canales es obra de ingeniería, pero
en los estudios preliminares se debe consultar en primer lugar al geólo-
go. Muchas tentativas infructuosas, trabajos inútiles y enormes gastos
que origina, el revestimiento de los canales para, impedir la infiltración
del agua se pueden evitar si se practica primero un reconocimiento
geológico de las localidades correspondientes.
HACHAS Y PLACAS PARA CEREMONIAS
PROCEDENTES DE PATAGON! A 1
Por R. LEHMANN-NITSCHE
La descripción monográfica de cierta clase de objetos Uticos de Pata-
gonia y de las regiones adyacentes, encontrados al azar en lugares
muy dispersos, se justifica por un momento especial y escaso en la ergo-
logía tan primitiva de estas regiones : lo (pie notamos en nuestro mate-
rial, es el «ríe y basta este motivo para reunir en una publicación las
piezas, y adescriptas por otros autores, con las inéditas (pie posee el Museo
de La Plata; al mismo tiempo lie procurado conseguir nuevas y mejo-
res representaciones iconográficas de los objetos ya. publicados y debo
agradecer á los señores Ambrosetti, Ameghino, Loman, Courty, Giglioli,
Hébert, Conde Linden, Cutes, Scliiller y Verneau la gentileza con que
me lian facilitado las fotografías y otros datos complementarios. Pero
hay otro motivo más aun : no sabemos nada sobre las relaciones étnicas
1 El trabajo que se publica en las siguientes líneas, filé escrito en 1903, pero debido
íí circunstancias especiales lia. permanecido inédito basta la. fecha. Hasta se perdió
el manuscrito y me vi en la necesidad de hacerlo de nuevo, basándome en los
apuntes que por suerte tenía guardados. De ahí que resultaran indispensables algu-
nas modificaciones ; el material de que disponía, había aumentado y con esto los
tipos ; una parte de las láminas ya estaba hecha y por consiguiente, no era posible
intercalar en ellas, en orden sistemático, las piezas nuevas, Prefiero para publicacio-
nes posteriores los simples clichés que permiten cualquier cambio y que, además
pueden sor aprovechados en cada momento para estudios comparativos, etc. De las
citadas circunstancias resulta que el presente trabajo en cuanto á la disposición de;
las piezas descriptas en él, ya no coincide del todo con el manuscrito original (pie puse
á disposición de mi distinguido amigo señor Félix F. (hites cuando éste estaba pre-
parando su obra sobre la edad de la piedra en Patagón ia (véase la bibliografía) y
que él ha aprovechado al redactar el capítulo X de ese libro (1. c., p. ltil y 172) ; y
ya que esta obra vió antes la luz que las siguientes líneas, por razones bibliográfi-
cas y por otras he intercalado las citaciones necesarias.
— 205 —
<lo, los antiguos habitantes de la Patagón ia con otras regiones, sean intra,
sean extra-amcriosuias ; caí cuanto á las últimas, las relaciones con Deca-
nía siempre lian sido un punto sospechoso (pie fué discutido por los
antropólogos y etnólogos y para el cual se sirvió de semejanzas físicas,
de recuerdos lingüísticos 1 y, al fm, de parecidos ergológieos. No me
parece que el tiempo liaya llegado para discutir problemas de significa-
ción tan fundamental; pero creo tener razón que ya se puede juntar, con
el fin de futuras comparaciones, cierta clase de objetos muy típicos que
tal vez se prestan para deducciones más amplias como lo son en parte,
las piezas líticas descriptas en el presente trabajo. No son como las pun-
te de flechas, como los raspadores y tantos otros objetos de piedra, tes-
tigos universales del pensamiento elemental ( Elementar gedanken de
Bastían) ni tampoco fueron, como los ejemplos citados, simplificados y
uniformados por igual uso; por su material y su forma quebradizos, y pol-
los adornos que en algunos se observan, no servían para uso práctico,
hecha excepción de las dos primeras piezas y del número 19; en tal caso,
como con razón observa Ambrosetti (190.3, p. 47), no se hubieran con-
servados tantos ejemplares enteros y el filo se hubiera gastado. Creo que
sólo puede tratarse de utensilios que tal cual ó, como las hachas, tal vez
revestidas en forma debida, eran destinados para, ceremonias cuyo objeto
ni nos podemos imaginar.
Ambrosetti ha ensayado descifrar el secreto de los testigos mudos de
tiempos tan remotos. En 1901, describe las hachas número 20 y 21 y
empieza á ocuparse del habitat de los Araucanos. Llega á la conclusión
de que estos indios, en tiempos precolombinos, se extendían más lejos
1 Recuerdo la muy conocida identidad entre la palabra hacha en Araucano y en los
idiomas «le Polinesia, tanto ¡nás interesante en cuanto una. parte del presente trabajo
está dedicada Sí los tolas de Patagonia.
Para el Araucano cito solamente un trabajo de los iníís antiguos y otro de los más
modernos r
Andrés Febres, Diccionario araucano-español, Lima 1765 (reproducción de Juan M.
Larsen, Buenos Aires 1882, p. 247) : « Thoqui, dicen á los que gobiernan en tiempo
de guerra, y sn insignia, que es una piedra á modo de hacha ; gen thoqui, el mismo,
porque tiene la insignia en su poder. »
Félix José de Augusta, Gramática Araucana, Valdivia 1903, p. 394 : « Tolci ha-
cha ; Tokitun n. hachear ».
Para los idiomas polinésicos transcribo el siguiente artículo de la obra de Edwabd
Treguar, The Maori-Polynesian comparativo Dictionary, Wellington, N. Z., 1891 :
« Tolci, an axe, an adze, or any similar tool (ioki-hangai, an adze ; toki-titaha, or
toki-whakapac, a fclling-axe) : Tapahia kilo tolci, Ida hinga ki te wat. P. M., 66. (Jf.
titoki to chop, to hew ; Jcoi, sharp [ sce. JETawaiian] ; toimaha, heavy ».
« Toki-tokl, to carth up ; to loasen earth about i he roots of plante.
Samoan : to’i, a hatchct. — Tahitian : loi, a hatchet or tomaliawk ».
que. hoy día, y hasta la región Calehaquí; en esta última hay nombres
de lugares de origen Araucano, y en el fragmento cerámico de Tinogasta
se figura, muy probablemente, un sacrificio humano como lo describe
Ruñez de Pineda y Bascuñan de los indios Araucanos una costumbre
parecida aún en formas suavizadas y simbólicas, tiene lugar hoy día
todavía entre los Calcliaquíes. Los Araucanos también deben haberse
extendido hasta la Pampa Central y las dos hachas número 20 y 21
deben ser atribuidas á ellos. Según párrafos reunidos por Medina, hachas
de pedernal negra ensartadas en un palo y llamadas tole i, representaban
las insignias del poder del cacique más principal que, por esto, también
lité llamado tohi. Para llamar á una guerra, el told manda mensajeros con
este hacha ensangrentada, con una flecha ensangrentada y ñudos en que
está señalado el día de principiar la guerra. Esta hacha también fué lle-
vada por el cacique más principal para la ceremonia de la muerte de un
prisionero. Este una vez muerto y sacado el corazón, untan con la san-
gre del corazón los t oléis y las flechas, dudándoles que se harten de
sangre.
Con la indicación, de que las hachas número 20 y 21 sean una especie
de cetros, no se limita Ambrosetti. Interprétalos grabados de una de
ellas (n° 21) como un simbolismo «completamente atmosférico, es decir,
de tormenta ó lluvia» (p. 94) y cree que representan una nube de la cual
« se desprenden dos dardos, es decir, dos rayos» (p. 95). Cree además
que hachas análogas son aquellas que desempeñan un papel importante
en el cuento del Viejo Latrapai (un monstruo), mito de los Araucanos
chilenos comunicado por Rodolfo Lenz : dos hermanos tienen que cortar
robles á este viejo y las hachas que él les da, se quiebran ; entonces
piden que bajen del cielo sus propias hachas, las hachas de Pillan, y
éstas caen tronando al suelo ; cada uno agarra un hacha y entonces
cortan los viejos robles, á cada golpe uno.
« El trabajo de voltear los árboles con las hachas (rayos), termina
Ambrosetti (p. 100) sus interpretaciones, debe interpretarse, ámi modo
de ver, en esa región boscosa de la cordillera, como la. de limpiar <4
terreno para poder sembrar; allí la leyenda debió modificarse, porque ya
no era el caso de pedir lluvias para las cosechas, pues estas abundaron,
pero ella subsistió como un recuerdo del paso de la tribu por las regiones
secas y áridas de Calchaquí y las Pampas del oeste de nuestra Repú-
blica, en donde la lluvia escasea, y sin ella no hay cosechas posibles.
«Ahora bien, tratándose de Pillan ', la más alta deidad del Panteón
1 En cuanto ¡i Pillan y las creencias religiosas < 1 <*. los Araucanos, véase la última,
publicación del señor GukYaüa, 1‘fíicolui/ía del ¡turbio tmaauiuo, Santiago de ( Mi i lo
1908, p. 291. y sig. (Noto de 1!. 4. N~.)
207
Araucano como Dios de la Tempestad, el rayo, su arma predilecta,
era simbolizado por las tribus del sur, como un haclia de piedra ó toki,
seguramente por el efecto que el produce en los árboles ál fulminarlos ;
y por esto seguramente era. que á semejanza del alma de Pillán, los tokis
ó jefes Araucanos usaban como insignia el hacha, de piedra.
«Siendo los Araucanos un pueblo agricultor, sobre todo antes de la con-
quista, como todos los pueblos que habitaron la. región montañosa ó casi
desierta de la América, del Sur, han debido necesariamente clamar por el
agua., y es por esto que su religión, con rituales más ó menos sangrien-
tos y bárbaros, no fue sino una eterna, súplica, al poder superior (Pillan
en este caso) para que, hiciera llover, y entonces no es extraño (pie uno
de los modos de propiciárselo fuera el ofrecerle entre otros cosas tokis de
piedra en cuyas caras, con un simbolismo convencional, pedíanle que
arrojase sus hachas sobre la tierra, es decir, sus rayos que hacían llover.
Puesto que no hay que olvidar que en los países donde este fenómeno
benéfico es escaso, las lluvias vienen siempre en forma, de tormentas vio-
lentas con abundancia, de rayos y truenos. »
Ambrosetti llama entonces las citadas hachas número 20 y 21 « pillan-
tokis » ; esta misma significación da también, en su segunda publicación
del año 1902, al hacha número 23 y llega, hasta considerar, en su tercer
trabajo de 1903, Jas grandes hachas de forma 8 como « pillan-tolas » sin
agregar otras explicaciones ó pruebas que las recién citadas i.
Estas interpretaciones son criticadas por Chites (1905, p. 457). «La
plataforma de su teoría [de Ambrosetti] descansa sobre el hallazgo veri-
ficado en la Pampa central, de unos objetos de piedra, deforma, parecida
á. la de un hacha y cubierta la superficie de uno de ellos con grabados
representando figuras geométricas. Con ese motivo dice el profesor Am-
brosetti, que «dado el lugar donde se hallaron, en plena Pampa central,
una solución rápida se impone : los Araucanos ». — « El lugar del hallaz-
go, en plena Pampa central », continua. Outes más tarde (p. 458 y sig.),
nada probaría,, pues es evidente y lo sabe el profesor Ambrosetti que,
desde los tiempos preliispánicos vivieron en esos mismos territorios un
gran número de clanes Puelches, los que se extendían hasta la margen
izquierda del río Negro por el sur y llegaban y ocupaban por el norte
1 En 1901, AmhrosH.fi habla. do paso otra voz <1« las liadlas número 21 y 23 y re-
produce detalles de sus grabados. Sostiene la interpretación de que el dibujo pare-
cido á un letra 14 escalonada, que se halla, en el número 21, represente una nube, y
cree que un grafito compuesto por un arco con dos pequeños ángulos en sus extre-
mos que se halla, en el mango de una « insignia lítica do mando de tipo chileno »
(pieza descripta detalladamente por él en su trabajo do 1904), también ha de conside-
rarse como nube ; de estas y otras interpretaciones saca varias conclusiones de las
cuales me ocupé en otro trabajo que salió en esta misma revista bajo el título de :
Clavas ccfalomorfa.8 de piedra, procedentes de Chile »/ de la Argentina.
208 —
la parte .sur de las provincias de Córdoba, San Luis y Mendoza. Los
Araucanos representan los últimos elementos indígenas llegados al terri-
torio argentino... Por otra parte, nada indica que baya habido otra
invasión Araucana anterior á la verificada en el siglo xvm... En cuanto
á los detalles ofrecidos por la toponimia de Oatamarca, no les doy impor-
tancia alguna; se trata de ciertos nombres aislados, cuyo analista —
el profesor Samuel A. Lafono Qnevcdo — no se ha ocupado de estudiar
seriamente... Pillan, es cierto, representaba la mayor deidad ó mejor
dicho, la tínica entidad superior en el sencillo sistema religioso de los
Araucanos; creían que habitaba en las regiones montañosas del este,
entre el bunio y el fuego de los volcanes y que eran elementos privati-
vos de él, los truenos, los rayos y los relámpagos ; le invocaban á grandes
gritos en diversas ocasiones, especialmente en la guerra y en el juego,
pero, jamás se consideró el baclia como uno de sus atributos, ni menos
se le ofrecían instrumentos de esa clase en forma alguna de exvoto. Con
estos antecedentes, el cuento del Viejo La trapa-i, nada tiene de extraño
ni aporta un argumento decisivo á la teoría sostenida por el profesor
Ambrosetti... No cabe... la menor duda de que « las hachas del trueno »
son los rayos que fulminan y destrozan á los árboles y yo no veo en la
invocación sino la eterna forma figurada, repleta de comparaciones pinto-
rescas con que los indígenas matizan sus cuentos y leyendas. Por último,
los objetos de la Pampa central y el encontrado en la isla de Choele-
Choel, comparados en todos sus detalles con las hachas halladas en
Chile, en pleno territorio Araucano, no tienen la menor similitud en la
forma... Para terminar, aúnen el supuesto de que los objetos hallados en
la Pampa y Choele-Choel, fueran realmente Pillan Tolda, jamás podrían
considerarse las hachas del Chubut como de igual naturaleza, pues por
todos sus detalles, difieren fundamentalmente. Admito se suponga sean
objetos usados en las ceremonias, como distintivo de una autoridad...
y agregaré por último, que considero los dibujos que adornan esa pieza
y otras á que me he referido, como de un valor puramente decorativo,
desprovisto de simbolismo».
Se ve que no distan las opiniones emitidas por nosotros y las de nuestro
distinguido colega.
Pasaré ahora á la descripción detallada de cada una de las piezas.
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C?de Hornos
209 —
DESCRIPCIÓN 1)E LAS PIEZAS
HACHAS
I. — Tipos más ó menos cuneiformes con los costados rectos 1
N° 1. Presenta, la forma de una simple cuña 2. Los bordes laterales di-
vergen algo hacia el filo poro con cierta asimetría, saliendo más afuera
una. de las extremidades de éste. Por esto, la pieza se asemeja mucho al
tipo Illa, del cual se distingue por su pequenez. Las caras anterior y
posterior son casi planas abovedándose abajo para formar el filo. Las
caras de los costados laterales son poco arqueadas, la del costado supe-
rior es casi plana. El diámetro vertical es, por consiguiente, más ó menos
un triángulo agudo, el diámetro transversal un rectángulo con las esqui-
nas redondeadas. El filo es relativamente pronunciado y presenta una
que otra mella lo que indica, prescindiendo de su forma robusta, que nues-
tra. hacha lia servido para el verdadero uso; en una de las caras anchas,
cerca del costado superior, se notan los restos de ocre con que el hacha
debe haber sido pintada.
Material : Piedra al parecer porfirita, gris obscura, con manchas amarillentas,
la. superficie porosa (Schilleij.
Medidas : Largo máximo 10cm6, ancho mínimo (arriba) 6';m6, ancho máximo
(filo) 9cm0, espesor máximo 3cm8. Figura : mitad del tamaño natural.
Procedencia : Territorio del Chubut.
Lugar donde se conserva : Museo de La Plata. Expedición Moreno 189(i.
N" 2 Presenta la formado una cuña casi retángular con filo especial-
mente tallado 3. Las caras anchas son casi planas en el medio pero pasan
en las caras laterales muy convexas. La cara superior forma un plano
curvado en dirección transversal; parece además (pie so ha intentado
prolongar toda la parte superior de la pieza lateralmente, agregándole
así en cada costado, una apófisis lateral ; por lo menos se ha empezado
tallar en cada costado lateral, un surco (indicado en la lámina por una
flecha); la forma verdadera del hacha debería ser, por consiguiente, «la
de una letra T, cuya pierna se va enanchando progresivamente hasta
llegar al filo », tipo descripto por Outes según un ejemplar del río Cu-
1 Nuestro tipo I á III A, corresponde al tipo Io do Outes.
* Esta pieza, se aproxima al tipo II.
8 Esta pieza, si; aproxima, al tipo V A.
210
rru-Leufú (véase más abajo). De la extremidad inferior de la presente
pieza, se ha tallado por todos los costados el filo; en una de las caras
anchas (la que se ve en la lámina) fué sacado más material (pie en la
cara opuesta para llegar á este fin. Parece que era difícil afilar la cuña
gruesa lo que es nuestra hacha en su conjunto, y por consiguiente era
menester reducirla en la extremidad inferior. Las puntas del filo están
algo saliendo y el filo mismo lleva indicaciones de uso.
Material : Probablemente meláfiro, gris obscuro, superficie algo porosa
(Schilleij .
Medidas : Largo máximo 13cm5, ancho máximo 8'"'2, espesor máximo 4''"'2.
Figura : mitad del tamaño natural.
Procedencia : Territorio del Cliubut.
Layar donde se conserva : Museo de La Plata. Antigua, colección.
II. Tipos más ó menos rectangulares con los costados cóncavos
3. Delgada placa de piedra arenisca de igual espesor ; una de las ca-
ras quedó, al parecer, sin tallado y representa más ó menos la superficie
natural llena de rugosidades y tubérculos mientras que la otra (la que
se ve en la figura) está completamente pulida. Los bordes no representan
trabajo especial hecha excepción del inferior que fué afilado en ambos
lados. La concavidad de los bordes laterales es algo asimétrica y la- par-
te inferior de la placa es algo más ancha que la superior; por este moti-
vo, la presente pieza más bien se asemeja al siguiente tipo 1 TI, pero en
todo caso quedó sin terminar y no importa gran cosa si la atribuimos á
nuestro tipo II ó al siguiente; ni tampoco podríamos mencionarla entre
ellas si por otros ejemplares bien terminados no quedaría comprobada
la existencia de semejantes formas ; tal cual, más bien puede ser tomada
por piedra pulidor, etc.
Forma esta pieza con la que sigue, uno de los números históricos
de nuestro Musco; fué hallada por el entonces joven don Francisco P.
Moreno en su primer viaje á la Patagonia cuyas continuaciones le debie-
ron hacerse célebre en el mundo entero.
Material : Piedra, arenisca de color gris blanquizco.
Medidas : Largo máximo 17CU12, ancho máximo abajo 9C1110, ancho máximo
arriba 7'm7, ancho mínimo 6um9, espesor máximo l'm5. Figura : mitad del ta-
maño natural.
Procedencia : Alrededores de la embocadura del río Negro.
Layar donde se conserva : Museo de La Plata. Viaje Moreno, abril y mayo
J 873.
lliblioy raf ia : Moreno 1871 (citado en la enumeración de los ob jetos recogidos
por él en el valle del río Negro; como material, se indica micaesquito) .
JN" 4. Pieza, tipie, :i, que quedó sin terminar; á una placa, natural de es-
quita verdoso se ha tallado en los bordos dándole la forupi característi-
ca de nuestro tipo 11 que se asemeja á una ampolleta ó cierta clase de
bizcocho. 131 tallado artificia! se limita á los bordes, representando am-
bas caras la, superficie natural de la, placa. 131 espesor de esta es muy
irregular y en una, extremidad queda reducida (\ menos de un centíme-
tro; parece que en esta parte se rompió cuando la esquina (en nuestra
lámina la izquierda de abajo) estaba, por ser redondeada y tal vez pol-
oste motivo, la pieza quedó sin terminar y fue abandonada.
Material : Micaesquito pardo (Schiller).
Medulas : Largo máximo 17cm0, a, ocho máximo 9cm8, ancho mínimo 6cm7. El
espesor varia, mucho en todas partes, de 3cm0 á ()''"’8. Figura: mitad del tamaño
natural.
Procedencia : Alrededores de la embocadura del río Negro.
Lugar donde se conserva : Museo de La Plata. Viaje Moreno, abril y mayo
1873.
Bibliografía : Moreno 1874 (citado en la enumeración de los objetos recogi-
dos por él en el valle del río Negro: como material, se indica micaesquito).
X" 5. Pieza, típica y terminada. El doctor Verneau la describe de la
manera siguiente (1903, p. 281-282) : « Sur ses faces on n’ observe aucu-
ne arete, ancune dépression correspondant a Venldvement d’éclats ; elle a
done du étre frottee sur une nutre pierre aprds avoir cié dégrossic, quoique
sa superficie soit légérement rugúense. Les deux bords latéraux sont sensible-
ment concaves , tañáis que la tete et le tranchant sont convexos. Ge dernier
est formé par un double biseau de 3b d 38 millimdtres de largeur qui a etc
soigneusement poli par frottement; il a, étéfortement ó breché a Vusage...
Gette hache volumineuse devait étre pourvue d’un manche quoiqu’elle ne
présente ni trou ni gorge ; mais une br anche reconrbée, emprisonnant dans
sa concavité la partí e étranglée , ou bien un boisfendu appliqué au nivea u
de la partie la plus étroite, suffisait , avee quelques ligatures, pour luí cons-
tituer une solide cmmanchurc .
En présence dé une tellepiéce , on est bien forcé de reconnaUre que les anciens
Patagons n’ignoraicnt pas l’art du polissage».
Material : Cuarcita (Courty).
Medidas : Largo máximo 18cin8, ancho máximo arriba 9om5, ancho máximo
abajo 10cm2, ancho mínimo 7cm8, el espesor varía poco y avanza 3cra0, cerca de
la cabeza. Figura : mitad del tamaño natural.
Procedcncui : Paradero de San Gabriel, río Negro.
Lugar donde se conserva, : Museo de Etnografía (Trocadero) de París. Expe-
dición de la Vaulx 1898.
Bibliografía : Verneau 1903, p. 281-282, pl. XIII, fig. 2.
212
III. Tipos más ó menos trapezoidales con los costados cóncavos
Clase A : La cabeza no es especialmente tallada
N° (!. Pieza bien típica para esta categoría., El ancho de la cabeza pasa
poco el ancho mínimo de la región media; hacia el filo, el hacha se enan-
cha. Una de las caras es plana, la otra (la que filé representada) es algo
convexa. La superficie de la extremidad inferior, que fue desnivelada en
ambas caras para formar un filo, es relativamente grande empezando el
desnivel á 4cm5 desde el filo. Este último presenta muestras de uso.
Material : Probablemente basalto negruzco (Lelnnann-Nitsclie) .
Medidas : Largo máxima 22um0, ancho máximo arriba 8om7, ancho máximo
abajo 14cm0, ancho mínimo 8cm0, espesor máximo 4U,U0. Figura: mitad del ta-
maño natural.
Procedencia ; Alrededores de la embocadura del río Negro.
Lugar donde se conserva : Museo Etnológico de Stuttgart.
N" 7. La cara anterior de esta pieza se distingue perfectamente de la
posterior; la anterior es convexa, la posterior algo cóncava y lisa y pa-
recida á la superficie de una piedra pulidor. En la extremidad inferior,
fué tallado un ancho filo que se destaca por un surco suave de la cara an-
terior y posterior, continuándose los bordes laterales del hacha sin inte-
rrupción hasta las puntas del filo. El cuerpo propiamente dicho del hacha
forma así un rectángulo cuyos costados largos son cóncavos y que se halla
separado por el citado surco, de la parte que corresponde al filo. El cos-
tado superior ó sea la cabeza es una superficie curvada en dirección
transversal.
En la cara anterior se hallan grabados, apenas visibles, de 1 milíme-
tro de profundidad y de un ancho de 3 á 4 milímetros. El carácter poro-
so de la piedra es la causa principal que los grabados no resalten; es
necesario mover el hacha contra, la luz para descifrarlos. En nuestra lá-
mina fné menester imprimirlos especialmente sobre la figura del hacha.
Lo <pie se conoce es lo siguiente : Dos líneas transversales se hallan en
la mitad del cuerpo del hacha propiamente dicho; encima de ellas, van
verticalmente dos líneas zig zag (pie encierran al parecer (esto no se per-
cibe bien) una línea vertical más ó menos derecha; es dudoso si esta
última línea forma parte del sistema ornamental, ó si se trata de una
simple casualidad.
Material : Al parecer amlesita ó basalto negruzco con partes amarillentas, la
superficie porosa (Schiller).
— 213
Medidas : Largo máximo 21n'"l, ancho máximo arriba 9nm3, ancho mínimo
7cm9, espesor máximo 3C,"5. Figura : mitad del tamaño natural.
Procedencia : Territorio del Chulmt.
Lugar donde se conserva : Museo de La Plata.. Antigua colección.
Bibliografía : Outes 1905, j>. 450, lig. 157.
Clase 11 : La cabeza es especialmente tallada 1
N" 8. La pieza típica para el presente grupo filé descripta en 1898 por
Michele del Lupo de la manera siguiente :
« Á settanta chilometri dello sbocco del Rio Negro fu tróvalo in un áu-
lico cimitero indiano , a San Javier , un laboratorio di manufatti litici con
numerosi avanzi, di schcgge, e nuclei di vocee adoperate per lafdbbricazione
di armi en pietra... Di armi propriamente confezionatc no vi si trovó se non
un frammento di coltcllo, una freccia , una mazza , ed una elegantíssima
scure , che io ora deseriveró. »
« Scure lavo rata con vera maestría e lisciata, a lama triangolare e testa
disco idale, separata con un soleo per immanicare dalla lama. II taglio delta
lama é arcuato, regolarissimo , af ilato , ad angoli arrotandati e lungo mm.
145, Vinmanicatura é larga mm. 63, spessa, mm. 32, ben distinta per un
soleo dalla, testa,, la guale e simmetrica , discoidale, a, costóle smnssatc e ru-
góse. Le due Jaece delta lama sono levigate, piane, simmetriclie, lunghe mm.
165, a massima larghezza di mm. 132, e con larghezza mínima, di mm. 52.
Anche nclla testa le Jaece laterali sono piaña , ovoidali, levigate, con
lunghezza di mm. 83, larghezza, di.mm. 65, e spessore di mm. 45; alt. delta
scurimm. 230, peso lcg. 1,100. B di arenaria quarzif era a grani piccolli
negri e cemento silíceo rosso in prevalcnza e grigio-bianchiccio a macchie ;
appannata, opaca».
En 1901, el señor Giglioli, con respecto á la presente pieza, dicelo si-
guiente :
« II pezzo pin notevole che posseggo, trovatto sulle sponde del basso R.
Negro in localita delta China Muerta,, é una grande aecetta di pietra cene-
rina ; ha lama piatta, aliar gata al tagliente ; dietro si restringe e termina a
retro ingrossata e arrotondata , qnasi si dovesse usare senza immanicatura ;
somi glia perfett amente nella forma ad, una delle nostre accctte di ferro rego-
lari, ma non éf orata; d Junga, 234 mm. larga al tagliente 135 mm. Venne
raccolta dal noto c chiaro illustratore delta, Patagonia I). Lino I). Car-
bgjal, alia cui amicizia la debbo ; oltre lo singolaritd di tipo é Púnica
aecetta levigata, delta, Patagonia di cui ho notizia».
Más tarde, en 1903, Giglioli repite lo antedicho y agrega:
Corresponde al tipo 2° de Outes.
« Q ues tu curiosa accetta era es-posta dai Missionari Salesiani nella ricca
mostra delVArtc ¡Sacra nella JUsposizione di Torino del 1898, ínsteme con
altri strumenti litioi raccolti nella Patay onia ; essa ven-no brevemente desorbi-
ta dal pro/. Mi chele del Lupo , in una sua memoria -intitolata «I manufatti
litici di Patagonia ». Egli la dice pro venien te da un sepolcreto a San Ja vier,
che c sulla sponda sinistra del Rio Negro a circa 70 ehilonietri dalla sua
J'oce c non lontano dalla local i td delta dolía « O liina Muerta », che e alqnanlo
pin ad Ovest ; onde non vi sarebbe note volé differenza nella localizzazione
data da noi due. Nella sua descrizione il pro}. Del Lupo me nz tona un soleo
che separa la lama propriam ente delta dalla testa , il che potrebbe indar re
in errare, pensando alie accette veramente sóbrate che si ritro vano pin al
nord ; nella accetta in esame no liavvi soleo, como si vede bennissimo del resto
noble figure di essa qui intercálate, difaccia e di profilo ; la lama triangu-
lare passa g mulatamente nella testa disco idale pin spessa, ma sempre appiat-
t-ita. Per complétame la descrizione aggiungerd che c assai ben foggiata c
biso ¡ata nella lama, il cu i tagliente, regalar-mente areuato, é pero alquanto
snmssatto, vientre i latí diritti sonno arrotoudati ; la testa é mono aceura-
tamente lavorata e su essa so-no tuttora pales-i i colpi delprocesso dipicchiet-
tatura con cui questa accetta venne foggiata. La vocea con cui é falta é un
arenaria (juarzi/era a grani piceoli oianchi e veri e cemento silíceo grigio
bianehiccio con qualche macchia rossa. Aggiungerd inoltre che questa accet-
ta pessa 1/25 grammi ; e, completando le sue misurazione, diró che la lama
é bunga 184 mm., larga alia base 56 mm., spessa ivi 30 mm. La testa ó bun-
ga 70 mm. larga 80 mm., ed ha uno spessore di 40 mm. La superficie di
questa accetta non presenta alcunatraccia di disegni o di grafiti. »
Ainbrostitti, al fin, cita los autores anteriores sin agregar algo nuevo;
efectivamente, basta la descripción de Giglioli, del Lupo y nuestra figu-
ra para conocer perfectamente la presente pieza.
Material : « Arenaria quarsiferu a grani pieeoli bianehi e veri e cemento silí-
ceo grigio bianehiccio con qualche macchia rossa» (Giglioli 1 í)üií , p. 441).
Medidas : Largo máximo 23C1"4, ancho máximo cabeza 8C1U(), ancho máximo
filo 13cm5, ancho mínimo 6C1110, espesor máximo cabeza 4cm0. Figura: mitad del
tamaño natural.
Procedencia: Cementerio indígena de Sau Javier sobre la orilla izquierda del
río Negro, á 70 kilómetros más ó menos de su embocadura y no lejos de la
localidad llamada China Muerta.
Lugar donde se conserva : Colección particular del señor E. lí. Giglioli en
Florencia. Donación don Lino 1). Carbajal.
Bibliografía: Del Lupo; Giglioli 1901 ; 1903, p. 440-441, lig. 1 ; Ambro-
setti 1903, p. 50-51.
N° !). Pieza muy parecida á la anterior aunque la cabeza no se destaca
del cuerpo de una manera tan pronunciada como en aquella. Iíl original
1!kv. Museo de La Pi.ata. r. xvi (seii. ii, t. m)
PLANCHA 1
No 3
X'> .1
Kev. Museo de La Plata, t. xvx (seu, ii, t. iu)
Plancha II
N” 5
Kev. Museo de La Pi.ata, t. xvi (seií. ii,
X" 11
Rev. Museo de La Plata, t. xvi (ser. ii, t.
Plancha IV
Rev. Museo dé La Plata, t. xvi (ser. ii, t. iii)
N" 12
Plancha IV
N° 13
Kkv. Al
Plancha A'
X» 7
llKV. MusiíO de La Plata, t. xvi (san. "• t. iii)
Plancha V
N 14
Rev. Museo de La Plata, t. xvi (seií. ii, r. ni)
Plancha VI
Xo 22
X» 20
Rev. Museo de La 1jlata
XVI (SER. II, T. III)
Plancha VII
N» 37
Iíkv. Museo de La Plata, t. xvi (seh. ii, t. ni)
Plancha VIII
X" .18
215 —
se halla, en propiedad de don Homero Paoli, vecino de G a imam ; pero el
señor Emilio Gemignani, preparador del Museo Nacional de Buenos
Aires, acompañando al malogrado doctor Juan Valentín en su fatal expe-
dición al Olmbut, en 1897, aprovechó la oportunidad para sacar un molde
de yeso de que se han servido Ambrosetti y nosotros al describir este
tipo. «La forma, es sencilla: un cuerpo triangular con filo ancho, redon-
deado, y un ojo ó parte posterior, alargado (pie termina un poco más en-
sanchado en un borde redondeado » (Ambrosetti).
Material: Parece basalto.
Medidas : Largo máximo 23rm2, ancho máximo cabeza 9cm0, ancho máximo
filo 15''m5, ancho mínimo 6"n7, espesor máximo 3u,n3. Figura: mitad del tamaño
natural.
Procedencia : Punta Ninfas sobre la costa de! Atlántico, Territorio del Chu-
but.
Lugar donde se conserva : Propiedad particular del señor Homero Paoli en
(raiman.
Bibliografía : Ambrosetti, 1903, p. 41,49-50, fig. 7 ; Out.es, 1905, p. 451,
fig. 158.
IV. — Tipos parecidos á un aplastado manubrio de gimnasia
ó á un número ocho 1
Ambrosetti (1903, p. 43-45) y Untes (1905, p. 451-455) distinguen tres
variedades de este tipo curiosísimo :
Variedad ■ P : Según Ambrosetti : «Las dos partes que la componen
son casi iguales y tienen la. misma forma».
Según Untes : « Las dos partes principales que caracterizan esta clase
de objetos, tienden á ser algo triangulares, el mango central en su curva
de unión ofrece una línea suave ».
El ejemplar típico es nuestro número 1 1 .
Variedad 2a ; Según Ambrosetti : Una de las dos partes que la com-
ponen «es mayor, y en ésta última se halla el filo, presentando una
forma más bien cuadrada » ; la parte menor « toma una forma redon-
deada algo aplanada, teniendo los bordes curvados progresivamente para
arriba y para abajo, aumentando así el espacio dentro del cual se halla
el mango central ».
Según Untes : « De conjunto elegante, las dos partes principales que
la, forman son casi semicirculares; en una de ellas, por lo general la
mayor, se nota un lilo cortante, en ciertos ejemplares con melladuras y
1 Corresponde :il tipo 3o do Outos.
I1EV. MUSICO I.A PLATA. — T. III. (VI, 22, 1!>00.)
15
roturas. El « mango » central se une á. las partes exteriores con una
curva bastante pronunciada».
El ejemplar típico es nuestro número 12.
Variedad 3a ; Según Ambrosetti : Una de las dos partes que la com-
ponen « es mayor, y en ésta última se halla el filo, presentando una
forma más bien cuadrada »; los bordes están «excavados bruscamente
casi como ganchos, disminuyendo por esto el espacio que rodea el man-
go».
Según Outcs : Una de las partes principales es semicircular, «y la
otra, que es de un tamaño casi igual, algo rectangular, con un lilo pro-
nunciado ».
El ejemplar típico es nuestro número Id.
Esta clasificación más ó menos puede aplicarse á las piezas enteras
hasta la fecha conocidas y que figuran eu la presente monografía; en
cuanto á los fragmentos (que también se reproducen en nuestras láminas)
ya es medio difícil atribuirlos á uno ú otro tipo y con hallazgos futuros,
muy probablemente uno se abstendrá, de entrar en la citada tipología
especial. Ya Ambrosetti explica la existencia de los tres presentes
tipos como más bien accidental, cuando dice (lí)03, p. 42-43) : Las
presentes hachas «presentan la figura que resultaría, si tomando una
plancha elíptica ú ovalada, de piedra, le extrajéramos en su parte media,
de uno y otro lado una porción semi circular, dejando entre ellas una
especie de mango central. Esta sería la forma ideal, pero en la práctica
varía según los ejemplares, ya sea por la forma de la laja, de piedra em-
pleada, la altura más ó menos donde se lian extraído las porciones semi-
circulares y el radio de éstas ».
Á mi modo de ver, siempre se distinguen las dos partes del hacha: la
superior termina en un borde ancho y mocho y en los ejemplares grandes,
es más ó menos redondiza ó semicircular y mas pequeña que la parte
inferior; esta última termina en un filo y tiene más bien la forma de un
rectángulo irregular. Estos caracteres sirven ante todo para determinar
los fragmentos como superiores ó inferiores respectivamente. En la
enumeración de las piezas trataré los ejemplares enteros en el orden de
los citados tipos para seguir con los fragmentos.
N° 10. Hacliita mignon de forma elegante. La región mediana ó el
mango es separado de las dos partes principales por dos surcos trans-
versales relativamente profundos que se hallan en las dos caras chatas,
no en los bordes laterales. La parte superiores ovalar, casi redonda, la
inferior más bien angulosa con filo perfectamente pronunciado. Ambas
caras de igual convexidad que se pierde en los bordes laterales; estos
últimos sólo en la región del mango son algo más anchos.
Toda la pieza, una vez ha sido pintada de ocre rojo obscuro; manchas
217
<le este material .se li alian ante todo en el medio de la parte superior en
ambos lados.
Jlaterial: Probablemente basalto, gris obscuro, con un tinte colorado, la su-
perficie porosa (Schiller).
Medidas: Largo máximo 15cml, ancho máximo arriba 9cln0, ancho máximo
abajo 9''m9, ancho mínimo 5oml , espesor máximo 2'"'7. Figura : mitad del ta-
maño natural.
Procedencia : Territorio del Chubut.
Lugar donde se conserva: Museo de La Plata.. Antigua colección.
N° 11. Variedad Ia de Ambrosetti y Untes. Ambas partes muy pare-
cidas ; se notan sin embargo las diferencias de (pie hemos hablado : la
superior es ovalada y con borde mocho, las inferior es algo rectangu-
lar y presenta un filo con melladuras. Ambas caras son algo convexas,
prolongándose en los bordes laterales redondeados; la parte superior,
en una de sus caras, presenta, una concavidad irregular y poco profunda..
Material: Basalto negruzco.
Medidas : Largo máximo 28c,n2, ancho máximo arriba 18cm0, ancho máximo
abajo 18c,n0, ancho mínimo 7om5, espesor mínimo 4rm0. Figura : mitad del ta-
maño natural.
Procedencia : Valle del Chubut.
Lugar donde se conserva : Museo Nacional de Buenos Aires. Donación J. B.
Ambrosetti.
Bibliografía : Ambrosetti, 1908, p. 48, íig. 2 ; p. 40, fig. 4 C ; Cutes 1905,
p. 452, íig. 159.
£4° 12. Variedad 2a de Ambrosetti y Untes. La descripción de estain-
teresante pieza se basa en el molde tomado por el señor Emilio Gemi-
gnani, preparador del Museo Nacional, el que, acompañando al malogra-
do doctor Juan Valentín en su fatal expedición al Chubut, en 1897, tuvo
ocasión de ver en poder del señor Homero Paoli, vecino de Gaiman, el
original y aprovechó la oportunidad para sacar un molde de yeso. La
parte superior semicircular, es mas pequeña que la inferior que es algo
rectangular; la superior algo convexa, la inferior irregularmente cónca-
va. El filo bien pronunciado; los bordes laterales son bastante anchos,
ante todo en la región del mango.
Tengo motivos de suponer que esta hacha está cubierta de un sistema,
de grabados como una que se describirá en seguida, pero que sólo pueden
conocerse en el original.
Material : Probablemente basalto.
Medidas : Largo máximo 39cm3, ancho máximo arriba 21cm0, ancho máximo
— ‘218 —
abajo 22cm0, ancho mínimo 8,!m3, es pe, sor máximo 3cm. Figura : mitad del ta-
maño natural.
Procedencia : Punta Ninfas sobre la costa del Atlántico, Territorio del Clin-
bu t.
Lugar donde se conserva : Propiedad particular de señor Homero Paoli en
Gaiman.
Bibliografía : Ambrosetti, 1903, p. 40, tig. 4 11 ; Outes 1905, p. 452, íig. 100.
N° 13. Variedad 3a de Ambrosetti y Outes. Ejemplar muy grande y
delgado. La parte superior más bien ovalar, la inferior más bien cuadra-
da y más grande, con un tilo cortante. Los bordes laterales y el borde
superior de la cabeza tienen un espesor de apenas un centímetro que
aumenta algo en la región central ó del mango.
lil centro de una cara de la parte inferior es algo cóncava y rellenada
todavía en sus poros de ocre colorado, resultando así una mancha redon-
da del tamaño de una lima; en las otras regiones del hacha no se notan
rasgos ningunos de antigua pintura.
Material : Basalto casi negro.
Medidas : Largo máximo 39c'"5, ancho máximo arriba 20uml, ancho máximo
abajo 22om7, ancho mínimo (¡,m8, espesor máximo 3' m0. Figura: mitad del ta-
maño natural .
Procedencia : Valle del Clmbut.
Lugar donde se conserva: Museo Nacional de Buenos Aires. Donación doctor
E. S. Zeballos.
Bibliografía : Ambrosetti, 1903, p. 44, lig. 3 ; p. 4(¡, Iig. 4 A ; Outes, 1905,
p. 452, íig. 161.
N° 14. Ejemplar espléndido, muy parecido al anterior y por consi-
guiente, perteneciente á la variedad 3a de Ambrosetti y Outes. Se dis-
tinguen dos caras; la posterior bastante plana, la anterior algo convexa;
los bordes son más bien agudos ; el filo es pronunciado.
Al mover la pieza contra la luz se nota un sistema de grabados que
apenas alcanzan un milímetro de profundidad y 3 á 4 milímetros de ancho.
No salían, por supuesto, en la fotografía ó hice imprimirlos sobre la, lá-
mina por medio de un cliché especial.
Es la cara anterior y convexa, dos líneas transversales separan el
mango de la parte superior respectivamente inferior ; cada una de ellas
presenta tres líneas dobles y longitudinales que encierran, entre sí, dos
líneas dobles de zigzag.
Ln la cara posterior, los grabados sólo se conocen en parte y aun con
dificultad; el mango presenta un dibujo análogo al de. la cara anterior.
lili todas las regiones del hacha se hallan poros rellenados todavía, de
ocre rojo.
Material : Al parecer basalto, gris obscuro (Sohiller).
Medula s : Largo máximo 36'm2, ancho máximo arriba 20cm7, ancho máximo
abajo 24<”n2, ancho mínimo 6cm3, espesor máximo 3'"’4. Figura : mitad del ta-
maño natural.
Procedencia : Cementerio indígena, descubierto en el valle del Chubut á 2
leguas de T relew por don Santiago Pozzi. El hacha se halló descansando sobre
el tórax del esqueleto.
Lugar donde se conserva : Museo de La Plata,. Viaje Pozzi 1895.
Bibliografía : Ambrosetti, 1903, p. 42, fig. 1 : Outes, 1905, p. 452, fig. 162,
pág. 454.
N” 15. Fragmento superior (en la lámina está colocada al revés), ca-
racterizado como tal por su forma ovalada y el borde superior áspero
que tiene un ancho de un centímetro. Una cara plana, la otra convexa.
Los bordes laterales planos, no convexos. La rotura es moderna.
Material : Piedra cristalina, de color negruzco.
Medidas : Ancho máximo 17cm0, ancho mínimo 7cm2, espesor máximo 4cm0.
Figura, : mitad del tamaño natural.
Procedencia, : Valle del Chubut.
Lugar donde se conserva , : Museo Nacional de Buenos Aires. Donación J. B.
Ambrosetti.
Bibliografía : Ambrosetti, 1903, p. 47, iig. 5.
N° 16. Fragmento inferior cuya forma, más bien triangular, no corres-
ponde al tipo común (cuadrángula, r) de las partes inferiores de las demás
hachas. Ambas caras son planas, arqueándose poco hacia el filo que es
poco cortante; los bordes laterales poco convexos.
Se hallan en muchos poros restos de ocre rojo.
La rotura, es antigua.
Material : Probablemente basalto, gris obscuro con un tinte colorado, la su-
perficie porosa (Schiller).
Medidas .• Ancho máximo llcm9, ancho mínimo 4om6, espesor máximo 3cn,4‘
Figura : mitad del tamaño natural.
Procedencia : Territorio del Chubut.
Lugar donde se conserva : Museo de La Plata,. Colección Cremonessi.
jST° 17. Fragmento inferior de forma y filo bien típicos. El mango pa-
rece haber sido corto. Ambas caías convexas de igual grado así que no
hay diferencia entre cara a, nterior y posterior. Los bordes laterales re-
dondeados; el filo cortante, parece que lo han afilado con un cuchillo en
dirección longitudinal, así que la superficie pulida no es lisa como habría
de suceder si la hubieran fregado en otra piedra; tal cual, se notan las
220
rajaduras, etc., en el filo y las partículas al yo duras lian quedado sobre-
saliendo á las más blandas.
La rotura es reciente.
Material : Pórfido del color rojo claro de los ladrillos.
Medidas : Ancho máximo 20cn'8, ancho mínimo 6um8, diámetro máximo 3CI"6.
Figura, : mitad del tamaño natural.
Procedencia : « Hallándose (el señor ingeniero Florencio de Basaldúa) efec-
tuando trabajos de nivelación en el valle del Oliubut, tuvo necesidad de colo-
car su instrumento, sobre un caira funerario, formado de grandes piedras, de
forma, circular y como de unos cinco metros de diámetro. Este estaba situado
etx la cumbre de una loma, sobre el río Oliubut, á cuatro kilómetros al oeste de
la boca toma del Canal Santa Cruz. En dicho caira, se hallaron dos sepul-
turas de piedra, orientadas de este á oeste, y dentro de una de ellas, los peones
que acompañaban al señor Basaldúa, habían extraído anteriormente el ejemplar
que nos ocupa. » (Ambrosetti 1903, p. 41-42.)
Layar donde se conserva : Museo Nacional de Buenos Aires. Donación F.
Basaldúa.
Bibliografía : Ambrosetti, 1903, p. 41-42, 48, fig. (i.
N° 18. Fragmento inferior de forma, y filo típicos. La forma es algo
asimétrica, el tilo bien cortante. Una de las caras algo plana, la opuesta,
(figurada en nuestra lámina) de superficie irregular y basta cóncava. El
mango más delgado que la extremidad, separado así de ella, en ambas
caras, por un surco. Se presenta de tal manera un traspaso entre las
hachas lisas y aquellas con grabados.
En la cara de superficie irregular restos de antigua pintura (ocre rojo).
La rotura, es antigua.
Material : Probablemente basalto gris, la superficie poco porosa (Schiller).
Medidas : Ancho máximo 16“ml, ancho mínimo 7cml, espesor máximo 3cn*5.
Figura : mitad del tamaño natural.
Procedencia : Territorio del Clmbut.
Layar donde se conserva : Museo de La Plata. Antigua colección.
V. — Tipos parecidos á un yunque ó á una letra T cuya pierna se enancha
Clase .1 : Cormas machas 1
N° 1!). «Forma exótica, por demás curiosa é interesante. Desgracia-
damente, el ejemplar en cuestión se halla roto en el sentido vertical y
también en la parte que correspondería al filo. » (Outes.)
Material : Andesita (?) verdosa. (Outes).
Medidas : Ancho máximo (del crucero) 14cmfi, ancho mínimo (del cuerpo)
1 Corresponde al tipo 5° de Outes.
8em4, espesor máximo (actualmente) 3''"'5. Figura : dos tercios del tamaño ua
tural.
Procedencia : Río Currú-Leufn.
Layar donde se conserva : Museo Nacional de Buenos Aires.
Bibliografía : Untes, 1905, p. 455-456, lig. 164.
ni
Clase /! : Cormas chalas 1
N0 20. De . forma muy regular y simétrica. Muy delgada, parecida a
una tablita. rota en varios pedacitos cuando fué hallado.
Material : Caliza arcillosa con estructura hojosa (Aguirrc).
Medidas : Largo máximo 14llll7, ancho máximo crucero 9,M“7, ancho máximo
iilo 9cm6, ancho mínimo 6cm0, espesor máximo lcml. Figura : mitad del ta-
maño natural.
Procedencia : «Hallado por el joven Enrique Oapdeville en la Pampa Cen-
tral, sección VIII, letra A, lote 21, á 1500 metros más ó menos del esquinero
NE. del lote, y siguiendo de este mojón rumbo SSW. ; es decir, casi á ocho
kilómetros del pueblo de Victorica.
«En el declive de una colina, sobre un camino ahuecado por las aguas de
Corresponde al tipo 4o do Untos.
— 222
lluvia, se halló la más glande de estas hachas [nuestro número 21] ; y al que-
rer cavar con un pico en el mismo lugar, se dio con la segunda, que quedó rota
por el golpe.
« La excavación no pasó de la primera capa, qne es arenosa, pero sin mayor
resultado que el hallazgo de un pequeño hueso, una falange, que parece ser
humana.
« Las [dos] hachas se encontraron más ó menos á 60 centímetros de la super-
ficie calculando el nivel del camino del lado de su actual piso.
«Este camino fué trazado el año 1890. » (Ambrosetti, 1901, p. 93.)
Lugar donde se conserva : Museo Nacional de Buenos Aires. Donación Alberto
Casares.
Bibliografía : Ambrosetti, 1901, p. 93-94 (sin figura).
N° 21. Ejemplar completo, muy chato, el cuerpo simétrico, el crucero
algo asimétrico, el filo pulido desde ambas caras.
En una de las caras hay un sistema de grabados :
Al borde superior sigue una línea en zigzag.
En el cuerpo hay el verdadero sistema.
« Este dibujo se compone «ledos líneas laterales en zigzag, «pie bajan
de una transversal superior recta, y se juntan á otra inferior igual para
formar un marco.
« Dos pequeños triángulos separados entre sí arrancan por sus vértices
de la parte inferior de la transversal superior, uno á cada lado del fin
de su primer tercio, mientras que de la transversal inferior salen otros
cinco, más ó menos equidistantes, pero invertidos; es decir, parados con
sus vértices sobre la parte superior de dicha transversal.
223 —
« Dentro de este mareo y en la parte superior, una gran figura, casi en
forma de una II ensanchada, ocupa un gran espacio.
« Los i>alos verticales de esta H son recortados en forma de escalones ;
de modo que en la parte superior forman casi un triángulo y en la infe-
rior una especie de portada recta.
« Más abajo, otra gran figura se destaca como complemento de la ante-
rior y la forma un triángulo con su interior cruzado de líneas y de cuya
base salen divergentes dos grandes dardos barbados de un solo lado.»
(Ambrosetti, 1901, p. í)4.)
Ya hemos citado en la introducción las interpretaciones que da. á estos
grabados el señor Ambrosetti y hemos visto que le lian dado motivo
para la teoría de que estas hachas sean exvotos ofrecidos al dios Pillán
para pedir agua. Interpreta los presentes diseños (1901, p. 94) como un
simbolismo « completamente atmosférico, es decir, de tormenta ó lluvia »
y cree que representan una nube de la cual « se desprenden dos dardos,
es decir, dos rayos » (p. 95). i Quién no recuerda los lindos versos del
poeta Schiller :
d as der Wotlce
Quillt der Segen,
Stromt der Regen ;
A ns der Wollcc, ohne Wahl ,
Zucld der Strahl.
Material : Caliza arcillosa con estructura hojosa (Aguirre).
Medidas : Largo máximo 19cm3, ancho máximo crucero 10cm7, ancho máximo
filo 11C1U7, ancho mínimo 5cm9, espesor máximo ln,,10. Figura : un tercio del
tamaño natural.
Procedencia : Hallado junto con la anterior (véase los datos al respecto).
Lugar donde se conserva : Museo Nacional de Buenos Aires. Donación Al-
berto Casares.
Bibliografía : Ambrosetti, 1901, lámina 5 ; 1902, p. 267 y lámina; 1904, p.
31, (ig. 6, p. 32, lig. 8 (detalles del grabado).
N° 22. Incompleto y muy gastado; probablemente ha quedado sin ter-
minar. Es una laja de arenizca muy poco trabajada; las caras casi pla-
nas, la anterior (con diseños) algo convexa; los bordes van perpendicu-
lares á las caras y so conocen todavía las estrías con que se inició el
trabajo. Los cruceros se han roto desde tiempo, tal vez durante la misma
preparación de la pieza, pero se notan todavía los mochos. El cuerpo
propiamente dicho, es algo asimétrico. El filo se empezó á preparar
desde ambas caras. La cara posterior llena de rayas y estrías que vari
en dirección perpendicular, efecto del pul ¡miento incompleto; la cara
anterior igualmente lisa y cubierta de un sistema de diseños finísimos,
224 —
grabados ó más bien rayados. Son tan poco perceptibles que los descu-
brí casualmente; en la lámina que reproduce el hacha, fueron impresos
por medio de un cliché especial. No obstante de todos los cuidados, sólo
una parte de los diseños se podían reconocer; lo que se ha reproducido
hay en realidad, pero tal vez hay algo más.
El sistema, de los diseños es el siguiente : tíos líneas verticales separan
el cuerpo del hacha, con tres campos para continuar en una línea zigzag
(á la izquierda) respectivamente en una línea ondulada (á la derecha). El
campo interno está rellenado de (í líneas verticales en zigzag ; cada, una
de las líneas externas forma., con la. línea, divisoria, triángulos sombrea-
dos con rayitas paralelas. El campo derecho tiene la superñeie muy
gastada, apenas se conoce un círculo y una línea vertical zigzag. El cam-
po izquierdo contiene líneas en zigzag y ángulos, y una especie de espi-
ral. Encima del tilo se notan restos de una línea transversa en zigzag.
En la parte superior del hacha, hay tres círculos concéntricos cuyo es-
pacio intermedio se halla rellenado en partes por líneas en zigzag. En el
centro un cuarto círculo que con el tercero tal vez debía formar una es-
piral.
Entre estas figuras y los tres campos ya dcscriptos hay fragmentos de
líneas y zigzag, etc.
No faltará quien vea en los cúrenlos concéntricos la imagen del sol «pie
manda á los campos relámpagos y lluvia..
Material „• Arenisca calcárea gris blanquizca.
Medidas : Largo máximo ]7cm5, ancho máximo filo 13cm5, ancho mínimo 7';l“0,
espesor máximo lcm5. Figura : mitad del tamaño natural.
Procedencia : Territorio del Chulmt.
Lugar donde se conserva : Museo de La Plata. Antigua colección.
Bibliografía : O ates, 1905, pág. 454-455, íig. 1(13.
VI. — Tipos parecidos á un triángulo agudo de costados algo cóncavos
(Aunque algo parecido al tipo 111, el curioso ejemplar que sigue ha de
considerarse como tipo especial, relacionado por su forma chata y sus
grabados con el tipo antecedente (V 1») y con las placas grabadas que
describiremos en seguida.)
N° 23. Ejemplar defectuoso, de trabajo esmerado, ambas caras «le igual
convexidad y pasando en los bordes laterales.
La pieza, brevemente mencionada, por el doctor Estanislao S. Zeballos
quien ¡a regaló al Museo de La Piala, fué detenidamente descripta por
Ainbrosetti. Interesantes son los grabados «pie hay en ambas caras.
« Los grabados «le la. cara anterior pueden dividirse en dos secciones :
225 —
los que (mi bren el ojo ó pieo y los que se bullan sobre el cuerpo del hacha
y llegan hasta el (i lo.
« Los primeros los forman cuatro líneas en zigzag que bajan vertical-
mente, cubriendo toda la superficie del pico y terminan en una recta
transversal que las separa de los dibujos del cuerpo.
« listos zigzag bajan acompañados por dos líneas verticales, rectas
de cada lado, que pasan sin tocar la línea transversal y se convierten
por un trecho, también en zigzag, siguen después otro espacio recto y
se unen de este modo á dos horizontales en zigzag, asimismo, encerran-
do un gran espacio.
<« El interior de este último se halla ocupado por figuritas dispuestas
en series horizontales de ú dos ó de á tres alternadas.
Estas figuritas se componen de tres pequeñas líneas verticales, unidas
h
a
por una transversal, pero (pie no pasan las líneas verticales externas;
algunas veces, estas son en vez de tres y otras, como sucede por lo que se
puede ver en la cara posterior, la transversal, en vez de ser horizontal,
es inclinada y entonces la figurita resulta con una N al revés (|/|).
« Debajo de los zigzag que cierran este espacio, corre una línea que
rodea el filo y entre éste y aquella corre también otra línea de zigzag. »
(Ambrosetti, 1902, p. 208).
La cara posterior está bastante deteriorada; una gran parte de la su-
perficie falta. Apenas se conoce que el cuello estaba separado de la par-
te ancha por una línea transversal; en el primero se notan todavía algu-
nas « N al revés », en la parte ancha hay también de éstas y II dobles.
Los dibujos de la cara posterior, en todo caso, eran menos complicados
que los de la anterior.
En uno de los ángulos hay pequeñas muescas antiguas, hechas con
226
un instrumento bien filoso; ereo <jue se ha sacado material del hacha
para usarlo de remedio ó talismán. Un hecho análogo observamos en la
placa de la Isla del Tigre (« Victoria »), número 37.
Material : Esteatita de color carne y con igual aspecto y lustre untuoso como
el de la tiza de sastre.
Medidas : Largo 16,:m0, ancho máximo 9uin6 más ó menos, espesor máximo
1CU15. Figura : un tercio del tamaño natural.
Procedencia : Choele-choel, territorio de Río Negro. Traído por el doctor E.
tí. Zchallos 1878.
Layar donde se conserva: Museo de La Plata. Donación doctor E. tí. Zeballos.
Bibliografía : Zeballos; Ambrosetti, 1902; 1901, p. 31 (detalle del grabado) ;
Outes, 1905, p. 400, íig. 187.
Apéndice. Tipo aberrante
N° 24. El carácter de esta pieza curiosa queda dudosa. Tal cual se
presenta, es entera, pero muy gastada. La forma es chata; los costados
laterales son escotados, separándose así una cabeza irregularmente
ovala de una parte inferior triangular que termina en un filo. El trabajo
es sumamente tosco, los bordes y superficies no son pulidos. El filo, des-
de ambos lados, es raspado en dirección transversal, pero también de
una manera muy tosca; más bien parece que se ha querido raspar subs-
tancia de la piedra, tal vez para fines terapéuticos, ya que era excluido
un uso práctico del objeto. Raspando así el filo ó mas bien dicho el borde
inferior, la pieza había de gastarse con el tiempo. Pero estas son suposi-
ciones que presento sin tener argumentos. Por su actual forma, la pieza
se clasifica entre las hachas de tipo 8 y las hachas de tipo T.
Material : Arenisca amarillenta con partes rojas.
Medidas: Largo máximo llcm2, ancho máximo cabeza 9e“'l, ancho máximo
filo 12cml, ancho mínimo 6C1I14, espesor máximo 2,:"’0. Figura : mitad del ta-
maño natural.
Procedencia : Territorio del Chubut.
Layar donde se conserva: Museo de La Plata. Colección Cremonessi.
227
PLAGAS 1
I. Fragmentos
Clase A : Con g vahados
25 a-b. Pedacito pequeño que dado su espesor reducido más bien es
fragmento do una placa, que de un hacha. Los grabados son los ya cono-
cidos, en un lado el motivo esca.lonado y una. faja á rayitas oblicuas y
paralelas, en el otro sólo esta últ ima
Material : Piedra talco.
Medidas : Espesor máximo 0o,n4 . Figura : mitad del tamaño natural.
Procedencia : Territorio del Clmbnfc.
Lugar donde se conserva: Museo de La Plata. Colección Cremonessi.
N° 20 a-b. (Jomo la, anterior. El grabado consiste de los ya conocidos
motivos geométricos. El borde oblicuo del fragmento es pulido ; parece
que se ha separado intencionalmente un pedacito de una placa entera
para, llevarlo de remedio ó talismán.
Material : Arenisca amarillo-rojiza.
Medidas: Espesor máximo 00,n4. Figura: mitad del tamaño natural.
1 El señor F. Amegliino, en 1880 (obra citada, p. 496-497) escribe lo siguiente:
« En una colección de objetos prehistóricos del río Negro que tuve durante algún
tiempo á mi disposición, lie visto varios objetos que corroboran la existencia en esa.
región de antiguos sistemas de escritura... Debo mencionar cuatro pequeñas placas
de pizarra, muy delgadas, incompletas, una de ellas con grandes incisiones en uno
de sus bordes, y cubiertas en sus dos superficies do una combinación do líneas y pun-
tos muy difíciles de descifrar. Estos signos los encuontro completamente iguales (i
los que presentan algunas placas de esquistos de Portugal, que me ha enseñado el
distinguido geólogo portugués don Carlos Ribeiro.
« Las del río Negro son incompletas, por lo que no puedo determinar su figura ge-
neral ; poro las de Portugal, que están cuteras, son do forma rectangular, simal no
recuerdo, más angosta en una. extremidad que en la otra, y con un agujero en su
parte más angosta,, destinado probablemente á pasar un cordón para colgarlas al cuello.
« La identidad de los signos ó geroglíficos me hará suponer que una forma parecida
deben haber tenido las del Río Negro, pero su propietario habiéndome retirado estos
objetos y no sabiendo donde los lia depositado, nada más puedo decir sobre ellos. »
He pedido al señor Amegliino algunos detalles más sobro estas piezas ; me dijo que
so trata, do la colección particular de un señor Aramburú de Mercedes, provincia de
Buenos Aires y que no sabe adonde han llegado. En cusí, uto á ¡a idea de que se trate
do escrituras creo inútil entrar en discusiones.
— 228
Procedencia : Alrededores de l;i embocadura del río Santa Cruz. Hallado por
don Santiago Pozzi.
Lugar donde se conserva : Museo de La Plata. Donación R. Lehmann-Nit-
sche.
N° 27. Pequeña laja fragmentada; las « dos superficies bastante conve-
xas y (pie convergen á la periferia donde forman una. curva no muy sua-
ve. Una de las caras está muy destrozada, pero parece hubiera tenido
dibujos ; la otra muestra una línea recta y arriba otra quebrada, además,
líneas oblicuas casi borradas que llenan el espacio libre entre ambas.
En el campo libre inferior, se ven dos líneas quebradas que forman un
N° 27
motivo ornamental muy irregular y, hacia la mitad inferior del borde,
se notan cuatro escotaduras paralelas. La profundidad y el ancho de
los grabados no llega á medio milímetro. » (Outes, 1905.)
Material: Arcilla inetamórlioa de color gris verdoso.
Medidas: Espesor máximo luml. Figura : tamaño natural.
Procedencia : Encontrada «en el interior de un médano consolidado de los
alrededores del lago Colü 1 Huapi, y junto á otros objetos neolíticos de los
tipos más usuales en Patagón ia».
Lugar donde se conserva : Colección particular del señor F. Amegliino.
Bibliografía : Outes, 1905, p. 4(59, fig. 174.
1 Así es el nombro de este lago, y no Oollmé-lluapi, como escriben Verilean y Ou-
tes ; siempre lio hecho, tácitamente, esta pequeña corrección. El otro lago, vecino
del Colii-IIuapi (isla, colorada), se llama Lago Colimé (lugar colorado).
229 —
N° 2S. I jívjn natural que parece fue primitivamente rectangular.
« Una superficie tiene, más ó menos en el centro y sentido de la lon-
gitud, dos líneas paralelas á 12 mm. una de otra y el espacio libre
ocupado por una línea quebrada, en el primer tercio simple y luego do-
ble. Sobre una de las líneas paralelas se ve una pequeña figura de forma
trapezoidal. La otra superficie muestra, también, pero no ya en el centro
sino hacia los dos costados, líneas paralelas entre las cuales se ha que-
rido diseñar otras quebradas. En el espacio libre central se ven algunas
rayas irregulares. Todos los grabados de esta pieza son toscos, trazados
por una- mano inexperta, y con un instrumento de lo más primitivo é ina-
decuado. » (Outes, 1 1)05.)
Material : Pizarra muy arcillosa, de color térra cotia.
Medidas: Largo máximo 5''m6, ancho máximo 5cm0, espesor máximo 0cm6.
Figura : tamaño natural.
Procedencia , : De un « paradero » temporario y superficial, situado en las de-
presiones de Sierras Coloradas (gobernación de Santa Cruz).
Lia/ar donde se eoiifterra : Colección particular del señor F. Ameghino.
Bibliografía: Cutes, 1905, p. 409-470, lig. 175.
íl° 29. Fragmento de una laja natural que debió ser de forma rectan-
gular; «muestra en una desús superficies una serie de líneas quebradas,
rectas y curvas dispuestas en el sentido de la longitud. La otra superfi-
cie no tiene traza alguna de adorno. Este objeto no está, precisamente
roto, sino parece que la parte que falta hubiera sido separada intencio-
— 230 —
ii al mente, trazando con un punzón de piedra una línea en el sentido del
ancho, línea que se ha profundizado hasta producir la separación».
(< hites, 1905.)
Material : Pizarra grisácea.
Medidas : Largo máximo 3CI118, ancho máximo lom8, espesor 0,m4. Figura :
tamaño natural.
Procedencia : De un « paradero » temporáneo situado en la región que se ex-
tiende entre río Deseado y San Julián (gobernación de Santa Cruz).
Lugar donde se conserva : Colección particular del señor F. Amegldno.
P>ibliog rafia : Outes, 1905, p. 470-471, lig. 170.
Úc+ttí
N» 29
N° 30. Fragmento de una pieza entera. « Se trataba de un objeto de
forma elíptica de 300 mm. en su diámetro mayor y 150 mm. en el
menor, el espesor no pasaba de 100 mm. ; el perfil indicaba un mínimo
de espesor hacia uno de los focos de la. elipse... Toda la superficie de
esta curiosa pieza estaba descascarada por la acción del tiempo, y fue
por ese motivo que el explorador [señor Carlos Amegliino] sólo trajo la
liarte que aún conservaba grabados y que es la representada en la figura.
En el centro del fragmento se ven dos líneas paralelas de las cuales se
desprenden hacia el interior líneas oblicuas cuyas extremidades se tocan.
Sobre la línea más inferior, se inician dos cuadrados que también tienen
líneas rectas, en este caso, dirigidas hacia adentro pero que dejan un
espacio central libre. En el campo superior se ve, hacia la derecha, un
cuadrado con otro en su interior que ofrece líneas rectas hacia el lado
interno pero con una parte libre. Arriba del dibujo que acabo de indicar
debió de haber habido otro, en la actualidad semidestrozado pero que deja
ver rectas que tienen, como las otras, pequeñas líneas que esta vez se di-
rigen hacia afuera. Del lado izquierdo se nota un cuadrado simple con
líneas hacia adentro, luego una línea grabada, orlada del comple-
mento ¡i que tantas veces me he referido, y en la parte: superior izquier-
da, dos cuadrados, uno dentro del otro, en igual forma (pie los ya
descriptos. Naturalmente, este dibujo representa la mínima parte de los
motivos ornamentales que debió tener la interesante pieza. » (Outes,
1905.)
Material : Arcilla metamórlica de un bello color rojo vivo.
Medidas : Largo máximo actual Ucm2. Figura : dos tercios del tamaño na-
tural.
Procedencia : Encontrada por el señor Carlos Ameg'liino en el interior de un
X» .Id
médano de arena consolidada, que existe en el lugar llamado El Paso, sobre el
río Chico (gobernación de Santa Cruz).
Lugar donde se consecra : Colección particular del señor F. Ameghino.
Bibliografía : Outes, 1905, p. 471-172, íig. 177.
N°31. Fragmento irregular de una pequeña placa grabada Se trata
de un rodado fluvial, achatado «y que muestra algunos ornamentos en
una de las superficies. Los dibujos, hechos con un instrumento de punta
roma, consisten en una guarda lateral formada poruña línea recta y otras
quebradas mal terminadas. El resto de la superficie en la parte central
libre, está ocupado por otra línea quebrada que sigue un trayecto suma-
mente sinuoso... Debo advert ir que conserva rastros de haber sido seccio-
nado ex profeso ». (Outes, 1907.)
1 Aunque uo procede exactamente de Patagouia, intercalo la presente pieza en su
lugar correspondiente.
KEV. MUSEO LA PLATA. — T. III. (Vi, 23, 1000.)
10
232
Material : Pizarra calcárea margosa, de color grisáceo.
Medidas : Largo máximo 3cm2, ancho máximo 3cm0.
Procedencia : Recogido en las proximidades de San lilas (provincia de Bue-
N« 31
nos Aires) por el explorador señor Carlos Amegliino, durante el mes de noviem-
bre del año 1903. Figura : mitad del tamaño natural.
Layar donde se conserva : Museo Nacional de Buenos Aires. Exploración
Carlos Amegliino, noviembre 1903.
Bibliografía : Ontes, 1907, p. 249, 268-269, íig. 37.
N° 32. Pieza incompleta, «(jai se termine par une extrémité arrondie, pré-
sente, d’un caté, cinq rangées transversales de pctits traits obligues guecou-
pent des traits dirigés en seas inverse, et, dans V intervalle, des ligues gui
vont d’un lord á V mitre. Une de ces ligues est traversée par guelgues traits
perpendiculaires, de peu de longueur. G’est presgue la répétition du décor
gui couvre une des faces de la pierre precedente.
« IJautre face nous montre, en haut, trois traits dirigés suivant legrand
axe et recouverts de petits traits obligues, les uns dans un sens, les nutres
233
dans le sena oppo.se. Vient emuite une bando formée de losanges conügus,
séparés par une ligue transversal e de V ornamentation située au-dessous.
Chacun de oes losanges est renipli de petits traits paralldles entre eux. JEnJin
le resfe da dccor est cansí i tu ó par trois ligues en zig-zag qni suivent a pon
pros ladirection du grand, axc. » (Vcrnea.u, 1 1)03).
Material : Roca esquistosa (Courty).
Medidas : Largo máximo 7cm5, ancho máximo 4cm9. Figura : tres cuartos del
tamaño natural.
Procedencia, : Hallado entre San Gabriel y Clioele-choel (Río Negro).
Lugar donde se conserva : Museo de Etnografía (Trocadero) de París. Expe-
pedición de la Vaulx, 1898.
Bibliografía. : Verilean, 1903, p. 302-303, pl. XV, lig. 1-2.
N» 33
N° 33. Fragmento que «ne présente plus... de gravares qucd’un seulcóté.
On distingue einq ligues paralldles , dont deux sont trds espacées Vunc de
Vautre. L’ intervalle que celles-ci laissent entre ellos est divisée par des ligues
droites en compartiments occupés par des ligues brisées. » (Verilean, 1903.
Material : Arenisca abigarrada (Courty).
Medidas : Largo máximo 7cm3. Figura : tres cuartos del tamaño natural.
Procedencia : Hallado en Clioiqueñilabué (Chubut).
Lugar donde se conserva, : Museo de Etnografía (Trocadero) de París. Expedi-
ción de la Vaulx, 1898.
Bibliografía : Verilean, 1903, p. 303, pl. XV, (ig. 3.
Clase. Ti : Sin grabados
N° 34. Parece ser la parte inferior (le una placa como aquella que
procede de la Isla del Tigre (n°37). El borde entero presenta grietas y
rayas en ambos lados. La rotura, es antiquísima. Nada de grabados.
234
Material : Arenisca gris claro.
Medidas : Ancho máximo 9om4, espesor máximo lcm5. Figura : mitad del ta-
maño natural.
Procedencia : Patagonia.
Layar donde se conserva : Museo de La Plata. Antigua colección.
II. — Piezas enteras, con grabados
N° 35. Ejemplar completo. Es una piedra chata. « Elle a une forme
tres allongée , avec des bords p rosque par alíeles et une extrémité demi-circu-
laire; V extrémité opposée est bien moins arrondie. » (Verilean, 1903, p.
300-301.) « Les deux faces en sont couvertes de traits graves. IV un cote,
on remarque einq séries de traits transversaux et parallcles groupés de la
fagon minante (flg. 35a) : d’abord trois series compasees chacune de trois
ligues , puis une bando compren ant einq traits rapproeliés et une derniére
serie eomposée de quatre ligues. ¡Sur Vautre face (fig. 356) on observe six
bandos étroites et tranversales limitées par une ligue et remplies d’ antros
traits obligues les uns dans un sens, les antros en sens opposé ; eos deux ca-
tégories de traits se coupent presque d angle droit. Cettc seconde face pré-
sente, en outre, des stries longitudinales qui traversent, les bandos dont ¡I
vient d’étre question. » (Verilean, 1900, p. 130-137.)
Material : Roca calcárea gris amarillenta (Courty).
Medidas : Largo máximo 14°“’0, ancho máximo 4cm2. Figura : tres cuartos
del tamaño natural.
Procedencia : Lago Colii-Huapi.
Lugar donde se conserva : Museo de Etnografía (Trocadero) de París. Expe-
dición de la Vaulx, 1898.
Bibliografía : Verneau, 1900, p. 134-137, lig. 17-18; 1903, p. 300-302, fig.
07-68.
N° 36. Piedra chata, vota en cuatro pedazos ; un quinto pedazo falta.
La forma es casi rectangular ó más bien trapezoidal, divergiendo algo los
costados largos. Ambas caras están cubiertas de un sistema de dibujos.
La pierre «porte dans une moitió dhine de ses faces, quatre ligues brisóos,
groupées deux a deux, et des traits longitudinaux, également réunis, par
deux. Sur Vautre moitié, séparée de la précédente par une ligue transver-
salc, on volt une ornementation curíense, assez difficile a décrire... Avec un
peu d* imagina t-ion on pourrait y voir une représentation idéographique ;
mais, en regardant bien, on s’apergoit que c’est le mente décor symétrique
qui se répdte sur trois eolonnes. IjCs bords ctaicnt ornes de petits triangles,
dont einq sont encoré apparents a gauche et que la fracture a fait dispa-
raítre a droite , a Vcxceptiou d’un.
235
« De V nutre cote , les dessins sont di.fierenls , tont en étant, encore xymétri-
ques. En haut et an milieu , il existe un motif dccoratif d’unc régularité
assez remarqudble, et, sans dome, la figure un peu efi'acée qni se trouve d
droite se répétait-elle d gauche, daos la . partí e hrisée. Au-dcssous, les deux,
dessins qu’on observe de chaqué colé sont encore, avec de légeres variantes,
la reproduction Vun de V mitre. » (Verilean, 1903.)
Material : Roca calcárea, verdosa (Courfcy) .
Medidas : Largo máximo 1 5em4- , ancho mínimo 7cm9. Figura: tres cuartos del
tamaño natural.
Procedencia : Castrie (¿ Catriel 1), Río Negro.
Lugar donde se conserva , : Musco de Etnografía (T rocadero) de París. Expe-
dición de la Vaulx, 1898).
Bibliografía : Verilean, 1903, p. 303, pl. XV, fig. 4-5.
N° 37. Placa rectangular bastante gruesa, ambas caras bastante con-
vexas y continuándose en los bordes laterales ; la pieza se asemeja así á
una almohadilla. Una esquina con rotura fresca, la otra, ya rota desde
tiempo, con un sinnúmero de pequeñas muescas artificiales (indicadas
— 23(i —
con una flecha en la lámina) ; ¿tal vez se ha sacado pedaeitos con objetos
terapéuticos ? Recuerdo el hecho análogo observado en el hacha nú-
mero 23.
La cara anterior de la pieza presenta un sistema de ornamentos : dos
líneas transversales y paralelas, con dentelladura fina, la separan en dos
mitades; en una de estas últimas se halla un complicado sistema orna-
mental, compuesto de líneas quebradas, que más bien se conoce por la
lámina que por una descripción difícil.
La, otra mitad presenta, una perforación cuyo diámetro, en la cara an-
terior, es el doble mayor «pie en la cara posterior. Este agujero es anti-
guo y nada tiene que ver con las pequeñas escotaduras modernas que lo
rodean en la cara anterior; parece que se ha querido hacerlo más grande
y en esta ocasión se rompió una esquina que hice pegar.
La cara posterior no presenta grabados, es mal trabajada y cubierta
con muchas rayitas y estrías irregulares.
Material : Arenisca de color rojo claro, muy brillante.
Medidas : Largo máximo 15CU17, ancho máximo 9™‘í), espesor máximo 3cm0.
Figura : tres quintos del tamaño natural.
Procedencia : isla Victoria, situada en el Lago Naliuel Ilnapí. (Esta isla más
bien debe llamarse « Isla del Tigre», es ella (pie lia dado al lago su nombre ;
naliuel , arauc. = tigre, huapí, arañe. - — isla).
Layar donde se conserva : Musco de Tai Plata. Viaje Moreno, 11)02.
Nü 38. Piuca chata rectangular que por sil forma y el color amarillento
de su material (piedra arenisca) se parece á una gran galletita; esta se-
mejanza, es aumentada aún por grabados que hay en ambas caras y que,
aunque gastados en parte, he podido reconstruir.
Ambas caras están divididas en dos mitades y cada mitad en campos
transversales respectivamente longitudinales. Significo los transversales
con las cifras 1 á 5 y los longitudinales con las letras a á d. Los graba-
dos pueden analizarse de la manera siguiente :
Cara A. Campos transversales, divididos por simples líneas rectas.
1. Triángulos rellenados de líneas cruzadas y figuras parecidas á una
letra T, Ídem.
2. Solo en parte reconoscible. Se ven rectángulos y ángulos, rellenados
de líneas cruzadas.
3. Indescifrable.
4. Triángulos rellenados de líneas cruzadas; en ellos una serie de
pequeñas cruces.
«ó. Rombos rellenados de líneas cruzadas, acompañados de una guar-
da griega.
El borde está dividido por muescas grandes que alternan con dos pe-
quefias.
237
C 'ampos longitudinales, divididos por lincas denteladas.
a, Gran guarda griega.
A
K" í!8
b, Faja quebrada, formada por dos líneas dentelladas y paralelas.
c , Sistema, geométrico, formado por líneas escalonadas, con cruces en
los centros.
— 238
d, Gran guarda griega.
El borde está dividido por grandes muescas.
Capa B. Campos transversales, divididos por simples líneas rectas
(hecha una excepción).
1, Indescifrable.
2, Largos rectángulos, rellenados de líneas cruzadas, alternando con
figuras compuestas de líneas dentelarias y con cruces en los centros.
3, Rectángulos cortos, rellenados de líneas cruzadas.
4, Idem alternando con triángulos rellenados de líneas cruzadas. La
línea transversal que separa este campo del siguiente, es dentellada.
5, Cruces rellenadas de líneas cruzadas, alternando con fajitas com-
puestas de pequeños rombos.
El borde está cubierto de pequeños triángulos rellenados de líneas
cruzadas.
Campos longitudinales , divididos por líneas dentelladas.
a, Faja quebrada formada por dos líneas rectas y paralelas que encie-
rran una línea escalonada.
b, Cremallera rellenada de líneas cruzadas.
e, Triángulos (pie encierran, sobre la misma base, otro triángulo y una
línea escalonada.
d, Idéntico al campo a.
El borde no está especialmente marcado.
Los grabados de nuestra placa son especialmente interesantes porque
presentan un « muestrario » de lo que hay en esta clase do arte patagó-
nico.
Material: Arenisca amarillenta con vetas violetas y coloradas.
Medidas: Largo máximo 20cm3, ancho máximo 12cm5, espesor máximo lcm0.
Figura : cuatro quintos del tamaño natural.
Procedencia : Alrededores de la embocadura, del río Negro.
Lugar donde se conserva: Museo de La Plata. Antigua colección Moreno.
CLASIFICACIÓN DE LOS TIPOS
Hachas
I. Tipos más ó menos cuneiformes con los costados rectos : números 1 -2.
II. Tipos más ó menos rectangulares con los costados cóncavos : nú-
meros 3-5.
III. Tipos* más ó menos trapezoidales con los costados cóncavos;
Oíase A : La cabeza no es especialmente tallada : números 0-7.
Clase B : La cabeza es especialmente tallada: números 8-í).
— 239
I V. Tipos parecidos ¡i. un manubrio aplastado de gimnasia ó á, un nu-
mero ocho ;
Ejemplares enteros: números 10-14.
Fragmentos superiores: números 15.
Fragmentos interiores: números 10-18.
V. Tipos parecidos á un yunque ó a. una letra T, cuya pierna se ensan-
cha ;
Clase A : Formas macizas : número 11).
Clase B : Formas chatas : números 20-22.
VI. Tipos parecidos á un triángulo agudo de costados algo cóncavos:
número 23.
Apéndice. Tipo aberrante : número 24.
Placas
I. Fragmentos.
Clase A : Con grabados : números 25-33.
Clase B : Sin grabados : número 34.
II. Piezas enteras, con grabados: números 35-38.
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los Araucanos, p. 327. Hílenos Aires, 1881.
ANTROPOLOGIA CHILENA
Por RICARDO E. LATOHAM
Miembro torrcspoii «líenle del Real Instituto Aiitropolópiro do la Gran Bretaña, ó Irlanda
INTIIOD UCOIÓN
El presente trabajo, presentado al IV Congreso científico, Io pan-ame-
ricano, celebrado en Santiago de Chile del 25 de diciembre 1908 hasta el
5 de enero de 1909, no es más que un resumen de los estudios y obser-
vaciones del autor durante un largo número de años.
Hasta ahora no había hecho más que anotar todos los hechos que se
me presentaban, y que versaban sobre la antropología de Chile, su
arqueología, paleontología, y prehistoria,.
Todavía queda muy inconcluso. Sobre muchos puntos, no he podido
consignar dato alguno; otros son de significado muy dudoso ú obscuro;
otros, todavía, parecen en contradicción á, todo lo que se ha opinado hasta
ahora.
En algunos casos no he hecho más que dejar constancia de hechos; y
si en algunas partes he indicado lo que me ha parecido una opinión razo-
nada,, no por eso he querido establecer finalidad, sino simplemente indi-
car la dirección que la evidencia, existente tiende á señalar, dejando al
porvenir probar ó desaprobar las hipótesis avanzadas.
No había, pensado emprender por muchos años todavía, la tarea de
formular conclusión alguna sobre la materia, considerando que aun no
era tiempo oportuno; pero la ocasión del congreso celebrado en Santiago
me sugirió la, idea, de hacer una ligera, clasificación del material reco-
gido, y una, vez hecho ésto, resolví entregar á la publicidad un extracto
del resultado.
Si algunos de los puntos tratados se han tocado de una manera muy
242 —
breve, no siempre lia sido por falta de mayor número de hechos ó argu-
mentos sino, simplemente, porque no era permitido extenderse mucho
en un artículo con semejante destino.
Aun cuando la mayor parte de las observaciones han sido personales,
en todo caso donde ha sido posible, me he valido de las opiniones de
otros escritores, como evidencia colateral, citando en la generalidad de
los casos la obra y su autor consultado.
Es muy probable que algunas de las conclusiones que he deducido
sean erróneas y confieso que sobre muchos puntos reservo el derecho de
modificar mis opiniones, si un mayor acopio de datos fidedignos, arrojara,
nueva luz sobre las cuestiones envueltas.
PAUTE PRIMERA
LAS HAZAS INDÍGENAS QUE HABITAltON EL TERRITORIO ACTUAL
DE CHILE
Al estudiar los orígenes de un pueblo cualquiera, una de las mayores
dificultades que se presentan al investigador es la escasez de materiales
aprovechables. Sobre todo, es este el caso en un país como Chile, donde
hasta una época no muy lejana, existían sólo tribus incultas y semisal-
vajes, que carecían de literatura, y aun de tradiciones orales.
Esta, dificultad ha sido aumentada por la pronta absorción ó extinción
de las razas indígenas por el pueblo conquistador; y por la destrucción
de todos los antiguos monumentos, ritos y costumbres, en el celo de con-
vertir á los infieles.
lis verdad que quedan algunas crónicas de estas razas, dejadas por
los escritores de la conquista, que dejan entrever un algo de los pueblos
que ocuparon el suelo al tiempo de su arribo, pero son á menudo contra-
dictorias, y casi siempre viciadas por las preocupaciones, supersticiones
y fanatismo de los narradores; y desdi», el punto de vista, (acid ifico fre-
cuentemente de dudoso valor.
Tenemos además las narraciones de viajeros posteriores, que nos dan
descripciones más ó menos prolijas de las razas ó tribus que han ol (ser-
vado.
Aquí también la evidencia que nos presentan es en gran parte contra-
dictoria. Esto resulta parcialmente de la falta de preparación del obser-
vador, ó de la manera superficial en que ha recogido sus datos.
Existe una, tendencia, muy generalizada, de juzgar á los individuos y
— 243 —
á las razas según el código personal, y de colocar en el mismo cuadro
de comparación al liombre altamente civilizado y al salvaje. Es evidente
que así, personas de distintos temperamentos, cuyas ideas morales,
y cuyo criterio difieren, llegarían ¡i conclusiones diversas sobre las
cualidades, inteligencia, y capacidad de un mismo grupo de seres huma-
nos.
El infanticidio, la muerte de los ancianos é inútiles, la poligamia y
poliandria, el robo, hurto, rapto, y muchas otras costumbres, que entre
pueblos más civilizados son consideradas criminales, son los resultados
«le leyes naturales ó duras necesidades cuando las encontramos entre
razas primitivas, y por lo consiguiente miradas por ellas «tomo legítimas
y razonables.
Lo mismo pasa en cuanto á los caracteres físicos de una raza, cuando
las observaciones son tomadas en un número relativamente pequeño de
individuos, ó bajo circunstancias especiales qne no permiten estimar
correctamente si las condiciones son ó no normales.
La antropología es prácticamente una ciencia nueva en Chile, y es
conveniente insistir en que se adopte, desde el principio, un método de
investigación que esté más de acuerdo con los procedimientos modernos
y científicos.
Para generalizar, es preciso tener una vasta acumulación de datos, que
sólo se puede conseguir después de innumerables estudios y observacio-
nes, no de una sola fuente sino de todos los orígenes posibles.
En el estado actual de nuestros conocimientos de las razas que han
habitado el país, sería atrevido pretender formar conclusiones categóri-
cas. Lo único «pie podemos hacer es «pie cada, c.ual aporto su contribu-
ción á la tarea, con la esperanza de que llegará el día en que se pueda,
edificar sin temor de un derrumbe estrepitoso.
Al tratar del pueblo chileno, ha sido costumbre de considerar sola-
mente los dos elementos más importantes que entran en la constitución
de la nación, el araucano y el español; y de tomar en cuenta sólo la.
jíarte central del país, ó sea. la región comprendida entre Aconcagua y
Valdivia.
Si es verdad «pie esta es la parte más poblada, no debemos olvidar
«pie en realidad no abarca más de la tercera parte del territorio bajo el
dominio chileno, y «pie las otras zonas están íntimamente ligadas, y son
tan dignas de estudio como aquélla.
En la. época de la conquista no encontramos la homogeneidad de raza
«pie ha sido costumbre suponer.
Existían numerosas subrazas que. han contribuido, en mayor ó menor
grado, á formar el conjunto que llamamos el pueblo chileno. Tales eran los
Chinchas, Aiinaraes, Incas, Atacameños y Changos en el norte; los cuneos,
lluilliclies, Chonos y Fueguinos en el sur; los Calehaquíes, Peliuenclies,
- 244
Puelches y Patagones al oriente 5 y probablemente otros pueblos, hoy des-
aparecidos en el centro.
Nuestras investigaciones nos han convencido de que, lejos de la homo-
geneidad concebida, Chile es uno de los países donde más mezclas de
razas ha habido.
¿Á qué atribuir entonces esta convicción por tan largos años sos-
tenida ?
La contestación no es difícil. Los cronistas y misioneros de la con-
quista están de acuerdo en asegurar que en todo el país desde Ata cama
hasta Chiloé, se hablaba una sola lengua, el QhilUhufu, ó lengua de Chile
de los antiguos, hoy llamada araucana.
Por largos años la lingüística era el único criterio de los orígenes
étnicos. Uniformidad de idioma era considerada como prueba de identi-
dad de raza, y aun hoy día queda bastante arraigada esta idea. Luego
se suponía que todos los habitantes de la parte central del país forma-
ban un solo pueblo, con los mismos orígenes y caracteres físicos. Cree-
mos que no será difícil desaprobar esta deducción.
Á Paul Broca se debela verdad, ahora considerada como axioma : que
los caracteres étnicos de primera importancia no son los lingüísticos,
sino los físicos. Mientras que el tipo físico es más ó menos persistente,
la lengua, por otra parte, es extremadamente mutable.
Muchas naciones han cambiado repetidas veces su idioma, quedando
la raza esencialmente la misma. La lengua, parece ser independiente de
la raza.
Un nuevo idioma se adquiere por uno de dos motivos : por conquista
ó por contacto.
Es de regla que la lengua de los más civilizados prevalezca en la lucha
por la existencia lingüística, especialmente si es políticamente domi-
nante, y prepondera numéricamente. Sin embargo á veces sucede lo con-
trario, y la raza menos numerosa, ó físicamente inferior logra establecer
su idioma cuando éste es de una civilización de más alto grado.
Si entonces los pueblos que ocupaban el centro de Chile eran varios,
¿cuál de ellos fue que impuso su lengua á los demás! lista es una. pre-
gunta de difícil resolución, en el estado actual de nuestros conoci-
mientos.
No obstante, creemos que esta lengua, ha sido chilena en su origen,
y que la raza á que pertenecía primitivamente, ha desaparecido como
entidad étnica, absorbida por las hordas inmigrantes que venían «le
allende la cordillera.
Fué llevada, posteriormente á las pampas argentinas durante las nume-
rosas incursiones de los Araucanos (incluyendo bajo esta denominación
todos los pueblos que hablaban esta, lengua en Chile).
Es indudable que esta lengua ha tenido una extensión geográfica muy
245
considerable, abarcando una gran parte de Chile, y esparciéndose por
toda la pampa central argentina.
Reconocido este hecho, se ha querido deducir que las razas que habla-
ban dialectos de esta lengua en tierra argentina deben haber tenido un
origen chileno.
Nosotros, por lo contrario, creemos (pie la corriente migratoria ha
venido más bien desde las pampas á Chile, en tiempos sin duda muy
lejanos, y que las razas que ocuparon el valle central de este país á la
llegada de los españoles, no eran autóctonas, sino descendientes de hor-
das invasores que se habían fusionado más francamente con los antiguos
moradores, al norte del río Itata; y encontrándose con tribus menos
fuertes, ó bien más hostiles al sur de dicho río, las habían empujado á
fuerza de armas más y más al sur, conservando su pureza más intacta
en aquella región que llamamos Araucania.
Este pueblo era nómade, vivía de la caza, se vestía de cueros de ani-
males, ha, hitaba, toldos del mismo material, y no conocían ni los prime-
ros rudimentos de la agricultura. Es posible tenían algunos conocimien-
tos de la alfarería, pero de la más grosera factura. Era robusto y enér-
gico, y probablemente muy guerrero.
Las razas que encontraron en el territorio chileno, eran más adelan-
tadas y sedentarias. Ejercían el pastoreo y la, agricultura; tenían siem-
bras y ganado de chilihueques; conocían algunas artes como el tejido, la
manera de construir casas, y habían hecho algunos adelantos en la alfa-
rería,, produciendo piezas mucho más perfeccionadas que las groseras
ollas y platos de los invasores.
('reo que es á esta raza, (pie debemos atribuir la, lengua hóy llamada
Araucana.
Es probable que era un pueblo pacífico, y no ofreciendo mucha resis-
tencia á los recién venidos, luego se fusionó con ellos. Esto se hacía más
fácil por las costumbres matrimoniales exogámicas de los últimos, ó tal
vez de ambos. Poco á poco, siguiendo la ley natural en estos casos, los
invasores adquirieron la, lengua de los conquistados por ser éstos más
civilizados, modificándose también sus costumbres.
Al sur del río Itata, la, mezcla de razas era menos franca; y los anti-
guos pobladores fueron expulsados hacia el sur del río Tolten, donde
formaron parte de la, nación de los Piehi-IIuilliehes, quedando los recién
llegados dueños de toda aquella zona.
No encontrándose con tantos elementos extraños, se conservaron me-
jor sus caracteres raciales, y sus costumbres antiguas; aprendiendo algu-
nas nuevas ideas de sus vecinos del norte, y adoptando poco á, poco el
nuevo idioma que era más adecuado para las exigencias de su nueva vida.
Siendo cazadores nómadas, es probable que mantenían relaciones con
sus parientes de las pampas por mucho tiempo, y propagaban paulati-
llámente el nuevo idioma <)ue habían adquirido, hasta que llegó ¡i ser
una lengua general para todo ese grupo de razas ó tribus ligado por
vínculos de parentesco, comercio, ó mutua protección contra enemigos
comunes.
Ambrosetti cree que los Araucanos han tenido residencia en las pam-
pas argentinas en una época mucho más remota que la generalmente
acordada, á juzgar por las supersticiones y folklore.
Medina 1 dice al respecto : « Todos los autores están acordes en la
creencia de que haya existido en Chile una raza anterior y más adelan-
tada que la que los incas peruanos encontraron establecida á la época
de su invasión. »
Lara opina lo mismo; dice: «Es fuera de duda que no data de muy
remotos siglos la radiación de la actual raza Araucana. »
«Parece que la. familia de los Araucanos invadió nuestro territorio en
lejanos tiempos, en que yacía otra raza diversa en nuestro suelo, la que
filé subyugada y absorbida por la Araucana, según los indicios que se
han descubierto de haber poblado este país un núcleo de habitantes más
adelantados que los Araucanos y demás tribus que poblaron este país á
la, época de Jas dos últimas invasiones : la incásica y la española» 2.
Hemos observado que en las provincias al sur del Itata, los invasores
de la Pampa seguían en sus primitivas costumbres y no adoptaron la
vida más sedentaria de sus hermanos del norte.
Una délas causas que contribuía á propagar su natural fiereza y poca
inclinación hacia un hogar fijo, era la proximidad de temibles vecinos,
los Pehuenches, Puelches, y Huilliches serranos, con quienes se mante-
nían en constantes guerras.
Para distinguir esta rama de las otras y para evitar confusiones, en
seguida la, daremos el nombre, que ellos mismos usaban, de Mapuche , y
porfalta, de otromejor el de Pieunche á los que quedaron al norte del Itata.
No pretendemos que se trata de razas completamente distintas, ó que
la frontera señalada entre las dos ramas sea arbitraria; pero está fuera
de duda que á mediados del siglo xvi, los del norte habían sufrido serias
modificaciones, tanto en su físico, como en sus costumbres y tempera-
mento, á tal extremo que es permitido considerarlos como pueblos dife-
rentes.
lie la población prehistórica, que ocupaba el país antes de la invasión
de que hemos hablado, sabemos bien poco. Sólo podemos manifestar que
no era homogénea, y que las tribus de la costa, eran distintas y muy infe-
riores en grado de civilización á las del centro.
1 José Toriuio M r di xa, Los aborígenes de Chile.
s Horacio Laka, Crónica de la Araueania, Santiago, 1SS!(.
247
Ami entre los costemos encontramos sí lo menos dos tipos distintos,
uno de los cuales tal vez representaba los verdaderos autóctonos.
Los vestigios unís antiguos que conocemos son de ellos, y á juzgar de
sus restos deben haberse encontrado en una condición muy poco supe-
rior ó la de los Fueguinos actuales, listaban en la edad de piedra de transi-
ción; vivían principalmente de mariscos, de la pesca y de la caza; y tal
vez utilizaban algunas semillas y raíces. Tenían redes y posiblemente
groseras embarcaciones ó balsas. Enterraban sus muertos en hilera, con el
cuerpo extendido, los hombres separados délas mujeres. Tenían algunas
ideas religiosas y de un estado futuro, colocando las armas, utensilios
y alimentos juntos á los cadáveres en las sepulturas.
Era este pueblo dólico y subdólieocéfalo, y pertenecía posiblemente á
la gran familia paleoamerieana de Deniker 1 y Keane 2.
Posteriormente la región de la costa fue ocupada por otro pueblo,
cuyos restos se encuentran etilos numerosos « cónchales », ó montones de
desperdicios, que se descubren de trecho en trecho, á la orilla del mar,
por una gran extensión.
Eran braquicéfalos, y venían del norte, poco á poco extendiéndose
hacia el sur. El pueblo que ocupaba el litoral á su llegada, se retiró
ante su avance, refugiándose en las costas y archipiélagos australes,
donde encontramos sus últimos descendientes en los Alacalufes de Tierra
del Fuego é islas circunvecinas.
En algunos puntos tuvieron lugar mezclas entre las dos razas quedió
por resultado un tipo mesaticefálico cuyos descendientes son probable-
mente los Changos.
Las costumbres de estos inmigrantes eran o asi idénticas con Jas de los
primitivos habitantes, pero sus conocimientos eran mayores. Eran caza-
dores y pescadores, y usaban el arco y hechas. Las puntas de estas últi-
mas se encuentran con mucha abundancia por toda la región de la costa.
Son de diversas formas, siendo más comunes las triangulares, pero en-
contrándose las de forma de corazón, de hoja y de media luna. Es evi-
dente que tenían usos distintos, porque algunas son muy pequeñas, y
otras de buen tamaño. Por lo general son bien, y á veces primorosa-
mente labradas.
Su alfarería también era de una clase muy superior á la de las tribus
primitivas; de material más fino, formas más artísticas y variadas, y con
frecuencia tenía una grosera ornamentación.
Como la raza anterior, tenían la costumbre de enterrar sus muertos
en posición horizontal con el cuerpo tendido.
1 .1. Dhnikick, The Races of Man. Londres, 1900.
2 A. H. Kkank, Man Fast and Present. Londres, 1900.
ItEV. MUSEO I.A I’I.ATA. — T. III. (VI, 23, 1909.)
17
248 —
Ninguna (le las dos razas parece haber tenido muchas relaciones con
la del centro. Esta última probablemente ocupaba toda la región del
valle central desde Aconcagua hasta el río Imperial, y somos de opi-
nión que era subdolicocéfala.
No nos creemos autorizados, sin embargo, para insistir sobre este últi
mo punto, porque los materiales que hay á la mano son muy escasos.
Las razones que podemos avanzar en favor de tal opinión no son muy
convincentes. Los pocos restos antiguos, á (pie no se puede consignar
un origen ni Mapuche ni incásico, son casi todos subdolicocefálicos, con
tendencia á la (lolicocefalía. Por otra parte, existe un elemento en la
población rural actual, bastante numeroso, que no se puede referir á
ninguna de estas dos razas, ni á las costeñas. Este elemento es casi
siempre subdólico ó mesaticéfalo.
Se distingue de todos los otros elementos, y especialmente del Mapu-
che. Sin ser más bajos, son más pequeños de cuerpo, y más enjutos :
entre ellos casi nunca se nota la corpulencia. Tienen un color más obs-
curo y amarillento, sobre todo en la vejez, y su sistema piloso es mucho
más desarrollado.
Sus facciones son más regulares; no se nota aquella prominencia de
los pómulos, tan mareada en muchas razas americanas; la, cara, es más
angosta, la nariz más larga y con frecuencia cóncava.
El estudio craneológico de este tipo demuestra que tiene la cabeza
muy chica, la frente muy angosta pero relativamente alta, y el occipital
más protuberante que entre los Mapuches.
Es un tipo muy persistente, y en las provincias centrales mucho más
numeroso (pie cualquier otro. Oreemos que puede representar la raza
autóctona, y que á ella debe atribuirse el idioma llamado Araucano.
liemos dicho que cuando llegaron los Mapuches, hallaron esta raza
dedicada á la agricultura. Como esto es un hecho (pie no se ha probado
de una manera decisiva, queremos exponer aquí nuestras razones para
tal opinión, dejando la comprobación para futuras investigaciones.
En algunas de las antiguas sepulturas preincásicas se han encontrado
fragmentos de « corontas » de maíz, como también morteros de una forma
y tamaño diferente á los usados por los pueblos primitivos para macha-
car raíces y semillas, y semejantes á los (pie todavía se usan para moler
maíz y trigo en los campos del centro y sur.
Cuando llegaron los españoles, la ocupación incásica, no se extendía
al sur del río Maulé, y es posible que la zona comprendida entre este
último río y el Maipo sólo la ocuparon militarmente.
Según las crónicas más autorizadas, la invasión incásica no tuvo lugar
sino á mediados del siglo xv, unos setenta ú ochenta, años antes de la,
conquista española.
Pedro de Valdivia halló un pueblo sedentario, dedicado á la agricul-
— 249 —
tura y á. la crianza, no sólo al norte del Maipo, sino hasta el río Itala,
fuera del centro de la influencia peruana l.
El abandono de un sistema de vida, y la. adopción de otro más adelan-
tado, <pie subversa las costumbres más íntimas de un pueblo, es siempre
obra muy lenta.
El hombre en estado de naturaleza es inerte, y se contenta con poco.
Mientras tenga, lo bastante para satisfacer su apetito y para abrigarse
contra los rigores del frío, no pide nada más.
La necesidad, la experiencia, y la energía individual son los factores
(pie más lian contribuido áque los pueblos hayan abandonado su estado
primitivo para acercarse á un grado superior.
Por lo tanto, es casi inconcebible (pie en el corto espacio de setenta ú
ochenta años, una. parte considerable de los cuales fuá pasada en gue-
rras, los Incas pudiesen haber logrado resultados de tanta transcenden-
cia, como serían el reducir un pueblo nómade (pie vivía de la caza y de
la pesca, convertirlo en sedentario, é instruirlo en las artes de la agri-
cultura, el pastoreo, el tejido, etc. ; y en el mismo corto tiempo, que este
cambio de costumbres haya producido consecuencias tan benéficas que
sus vecinos al sur las adoptasen igualmente.
Por otra parte, tenemos alguna evidencia colateral, de que los conoci-
mientos agrícolas de esta raza eran anteriores á la venida de los Incas.
Mencionamos que los Mapuches á. su llegada á la Araucania expulsa-
ron á. las razas que hallaron allí, y que éstas se retiraron más al sur.
Creo que nadie dirá que la influencia peruana llegó hasta Valdivia,
Llanquihue, y Chiloé, provincias donde se refugiaron los pueblos que
huían de la saña, de los Mapuches.
Pues es justamente en esas provincias donde volvemos á encontrar
los vestigios de aquella, misma agricultura primitiva, no generalizada
por toda la región pero repartida en pequeñas áreas entre la mayor masa
de la población, que era en su mayor parte miserables salvajes. Estos
pequeños « oasis » eran formados por el pueblo fugitivo.
Afortunadamente la historia nos proporciona un contingente valioso
sobre este punto.
En su narración de su exploración de las costas chilenas en 1544,
Juan Bautista Pastene describe varios de los puntos de estas comarcas,
visitados por él en busca de provisiones, agua y leña para su bajel.
En la costa de la bahía de San Pedro en el actual departamento de
Carel mapu, hallaron pintorescas sementeras de maíz, quinoa y papas,
como también manadas de chilehueques , algunos de los cuales embarca-
ron jiara el sustento de sus tripulaciones.
Á las orillas del río Cliahuin, y en la comarca de Punta Galera tam-
Cíirta. al emperador Carlos V. Septiembre 1551.
250 -
bien hallaron una población, relativamente densa, dedicada á la agricul-
tura, y con abundantes chilihueques ; obteniendo buena provisión de todo
para el abastecimiento de su buque
Estas noticias son confirmadas por la narración hecha del viaje del
capitán Juan Ladrillero en 1557 y 1558, por Francisco de Cortes Hojea.
Dice que en Carelmapu, en el golfo de los Coronados, había muchas
siembras de maíz, papas y quilma, y mucho número de chilihueques. Las
casas eran grandes y tenían de cuatro á seis puertas, y eran techadas
con paja « eoiron » ’1 2.
Las narraciones de Ruy Díaz, Alonzo Quintero, Camargo, y Fran-
cisco de Ulloa, también prestan su contingente en comprobación de
este hecho 3.
El capitán (ahora almirante) Simpson hablando de los Cuneos, dice
que se extendían por las orillas del mar desde Valdivia hasta Chiloé, y
existen pruebas de haber estado esta región muy poblada en tiempo
de la conquista.
Hállanse con frecuencia palas de piedra, hachas, y una especie de
zapapico, cachimbas y ollas de greda, etc., bajo árboles de tres á cuatro
metros de espesor \
Hasta el día de hoy, mi las partes más aisladas de Chiloé é islas veci-
nas, alienas han hecho avance alguno en los antiguos métodos emplea-
dos en el cultivo del terreno. Todavía usan el hualato y la luvia para
remover la. tierra. Son éstos, palos de dos ó tres metros de largo, con las
puntas aguzadas. Afirmando el extremo de uno contra el bajo vientre,
cerca de la cresta ilíaca, protegidos por las dobleces de un cuero de
oveja, empujan contra la tierra. Una vez que la, punta ha entrado un
poco lo mueven de un lado á otro para aflojar la tierra. En seguida,
usando el otro palo como palanca, levantan la punta rompiendo el suelo,
y formando una especie de surco.
Desgraciadamente sabemos muy poco de los caracteres físicos de este
pueblo.
Eran de pequeña estatura, y los pocos cráneos que hemos podido exa-
minar indican que eran probablemente mesaticéfalos, pero no podemos
determinar si esta cualidad se debía á mezclas con los Huilliclies del
interior que eran esencialmente braquicéfalos, ó con los Mapuches del
norte. Tal vez ambos elementos contribuían con su parte.
1 Exploración do las costas chilenas. El viaje de Juan Bautista Pastene. Anuario Hidro-
gráfico de Chile, página 466 y sig., 1879. Editado por el Cap. Francisco Vidal Gormas.
4 Exploración de las costas chilenas. Anuario Hidrográfico, 1879.
8 Exploración de las costas chilenas, .lunario Hidrográfico, 1879.
1 Exploraciones hechas por la corbeta « Chncubuco » cu 1S70. Anuario Hidrográfico,
1871.
— 251
De los Mapuches se ha escrito mucho, y existo un gran acopio de
datos sobre su etnología, pero se ha incurrido en un error muy grave en
cuanto a. su extensión geográfica.
Casi todos los escritores incluyen como parte integrante de aquella
nación, á los Pelmcnches y á los Iluilliches.
Como trataremos de probar, estos dos pueblos no formaban parte de
la raza, á que pertenecían los Mapuches, ni estaban políticamente unidos
con ellos, aun cuando con el transcurso del tiempo, llegaron á vincularse
en ciertas partes del territorio.
Anteriormente á la conquista española, los Pelmcnches ocuparon toda
la falda occidental do la cordillera de los Andes, desde Aconcagua hasta
Valdivia Era una raza más fuerte, más robusta, de distinta índole, y
acerbos enemigos délos Mapuches, á quienes miraron como intrusos.
Eran mucho más enérgicos, y desde tiempos remotos se dedicaban á
un activo comercio de sal, piñones, pieles, tejidos y otros productos, á
ambos lados de la cordillera.; llegando en sus correrías hasta las costas
de los dos océanos.
Con la llegada de los españoles, y la implantación del sistema de en-
comiendas, abandonaron las faldas occidentales de la cordillera, y poco
á poco se retiraron más al sur, encontrándose ahora, en mayor número
al sur del volcán de Antuco en esta banda., y hasta el río Colorado en
la otra.
En los primeros tiempos de la conquista, no existían entre los Mapu-
ches, más que tres butalmapm, ó divisiones geográficas 1 2. Estos eran :
Lavquen-mapu ó región de la costa, Lelvun-mapu, región del valle cen-
tral; é Ina.pire-mapu, región subandina.. El Pire-mnpu ó región de la
nieve, incluyendo la alta cordillera fué agregada después á mediados
del siglo xviii.
Núfiez de Pineda, y Pasamán sólo menciona tres butalmapm ; uno de
la. costa, el segundo de los llanos y el tercero de la cordillera.
Carvallo y (foyeneche dice sobre este punto lo siguiente :
«Jamás fueron comprendidos en ellos los Serranos ; Puelches, Pehuen-
ches, Iluilliches y Telmelehes : ni los residentes entre el Tolteny el gra-
do 42 recurrieron nunca, á. los parlamentos celebrados con los goberna-
dores, ni tomaron parte en sus guerras internas; ni contra los estable-
cimientos de Ja frontera.
«Esta división ha sido muy antigua, y si los habitantes de los Andes
hubieron constituido parte de esta nación, debieron concurrir á los par-
1 Fiemen Gómicz un Vidaührk, Historia geográfica, natural y civil del reino de
Chile.
2 Vickntk Cahvali.o y Goyicnkcili’,, Descripción histórica y geográfica del reino
de Chile.
252 —
lamentos y nunca se presentaron, ni fueron convocados á ellos, siendo
así que los Puelches, Pelmenches y Iluilliches serranos, salían á comer-
ciar con los españoles, y traficaban por las provincias de Colcliagjia,
Maulé y Chillan, y las plazas de la frontera '. »
Los Peliuenclies se presentaron á uno de estos parlamentos por pri-
mera vez durante la gobernación del señor don Manuel de Arnat.
Continúa el autor citado: «y en el segundo cuadrante de este si-
glo (xvm), siendo gobernador de aquel reino el excelentísimo señor don
Manuel de Amat, se le presentaron diez y ocho valentones con su jefe
Pequipill, en circunstancias de hallarse celebrando su parlamento con
los tres butalmapus, y entonces hizo con ellos la alianza» i 2.
Desde ese tiempo fue reconocido el cuarto butalmapu, pero no toma-
ron parte en los parlamentos en los mismos días destinados á los otros
sino en un día especial.
Entre los artículos del congreso de Lonquilmo, celebrado en el año
1784, encontramos los siguientes:
Alt. 2o. — Que el actual congreso debía ser comprensivo, no sólo á
tres butalmapus y á los Peliuencbes, sino también al butalmapu ausente,
y á los Puelches y Iluilliches serranos.
Alt. d". — Que las de las fronteras de la ciudad de Mendoza, Mala-
lime, Mamelluiapu, los Puelches, Huilliches, Serranos, y demás habi-
tantes de las pampas de Buenos Aires, habían de formar una parciali-
dad con los Pelmenches de Maulé, Chillan y Villacura.
Un informe sobre este congreso nos proporciona los siguientes de-
talles :
«En el tercer día se repiten las mismas formalidades y ceremonias,
y reproduce el orador la misma arenga al butalmapu subandino; y escu-
chada y traducida por el intérprete, pasa el mismo cacique á saludar á
los Pelmenches, que no asisten al congreso en calidad de votantes, sino
en clase de convidados; y es el cuarto parlamento en que se apersonan
porque no tienen butalmapu, ni están incorporados en alguno de los re-
feridos, y si son capaces de alianza la tienen con el marítimo »
De esta narración traslucen varios hechos muy importantes. Prime-
ro, respecto de la zona ocupada por los Pelmenches, que se extendieron
mucho más al norte que los Mapuches. Luego ni por éstos, ni por los es-
pañoles fueron considerados como de la misma nación, manteniéndose
independientes, formando alianzas ya con los unos, ya con los otros, se-
gún sus intereses ó sus inclinaciones.
1 Oh. cit.
2 Cahvai.lo y Goyenicciiu, »>l>. cit.
s Cauvali.o y Goyhnkoiiic, <>1>. cit.
— 253 —
También vemos que los Huillielies estaban en el mismo caso, y forma-
ban un pueblo independiente de los Mapuches <5 de los Pelmenches.
Carvallo y Goyeneche dice: « Los Añil lidies de Cliaqúil, Aneyeltue,
y Ruca-choroi, son habitantes de los Andes y parcialidad separada de
los Pelmenches, y desde muchos años se hacen cruel guerra '. »
Todas estas razas se mantenían en constantes guerras entre sí. Los
Pelmenches, sin embargo, parecen haber sido la dominante.
Aprendemos que los Puelches é indios Pampas de Mamellmapu se re-
tiraron íí, la provincia de Buenos Aires, hostilizados por ellos; y que
también los de Villa-cura, y Antuco hacían frecuentes incursiones á las
tierras de sus vecinos del sur, los Puelches y lluilliehes 1 2.
Uno de los motivos de estos continuos malones, se halla en las cos-
tumbres exógamas de estos cuatro pueblos. Sus mujeres las buscaban
fuera de la tribu ; y cada pocos años todos los jóvenes solteros, y á ve-
ces algunos de los casados, se reunían y hacían una maloca al territorio
de sus enemigos, matando á todos los hombres, y llevando á las muje-
res. Esta costumbre lia continuado hasta hace pocos años. Siguiendo la
relación del señor Guillermo Eloi Gox, de una estadía entre los Peliuen-
ches en los años 1802 y 1803, encontramos este párrafo.
« La homogeneidad de raza y de idioma había desaparecido aquí. Para
dar un ejemplo de ésto, hablaremos de los que vivían en el toldo do
Galeufeu.
« Huineahual y Antileghen eran Pelmenches. Ineayal hijo del prime-
ro, nació de una madre Pampa; Agustín y Jacinto eran Tehuelches, y el
mocetón era de origen Huaicaro, tribu que habita cerca de Magallanes ;
la mujer de Ineayal era india de la pampa, Aunacar la primera mujer
del cacique Paillacán filé arrebatada por los lluilliehes y ahora se hallaba
casado con Pascuala mujer Tehuelche. Huineahual, viejo cacique Pe-
Imenche, tuvo de una mujer ya muerta, y que era de raza Pampa, dos
hijos; de otra mujer también de raza pampa, tiene dos hijos y dos hijas.
Tiene además otra mujer Pelmenche 3. »
Dice Gox que los Pelmenches eran muy errantes, y vivían en la com-
pañía de los caciques que más les agradaban; llegando en sus correrías
hasta el Atlántico; y desde el grado 35 hasta el estrecho de Maga-
llanes.
En su origen los Pelmenches eran dolicocéfalos; pero ála fecha se en-
cuentran tan mezclados, que se hallan entre ellos todas las formas cra-
neales, desde la dolicocefalía más franca, hasta la braquicefalía pro-
1 OI), cit.
5 Ob. cit.
3 Guillermo Ei.oi Cox, Viaje á las regiones septentrionales de la Patagonia. 1862-63
Anales de, la Universidad de Chile, tomo XXII. 1863.
254
nunciada. Igual cosa pasó cutre los Hnilliclies y en menor grado mitre
los Mapuches.
Si los Peliuenclies no pertenecían á la raza Mapuche, ¿ cuál era su
origen “l
No podemos asegurar nada, pero por razones que hemos expuesto en
otra parte l, nos inclinamos a la idea que eran los descendientes de una
de aquellas antiguas razas dolicocefálicas que habitaban al norte del río
Negro en las pampas argentinas, durante los tiempos cuaternarios y que
son posiblemente parientes lejanos de los Ornas actuales.
Al sur de los Pehuenches vivieron los Puelches y ITuilliches Serranos,
Los primeros eran de una raza nómade de las pumpas. Ocuparon ambas
faldas de los Andes, merodeando en territorio chileno entre Villarica y
el río Corcovado, sobre todo la región de los lagos cordilleranos.
Los Iluilliches serranos deben considerarse como rama occidental de la
misma raza, que había adoptado un dialecto araucano. Se habían modi-
ficado un poco por sus relaciones con las tribus chilenas, pero física-
mente eran Puelches y muy distintos á los Buta-ITuilIiclies de los archi-
piélagos.
Ocuparon las faldas occidentales subandinas, en la región de los
grandes lagos y los llanos centrales «le las provincias de Valdivia á
Llanquihue.
Durante el siglo xvn eran aliados constantes de los Mapuches. Más
tarde llegaron á unirse con ellos tan estrechamente que fueron conside-
rados como parte de la misma nación.
Estas tribus serranas, también tuvieron otra participación en la mez-
cla de razas, fuera de la zona generalmente frecuentada por ellos.
Los gobernadores del reino, ó especulaban en la venta de esclavos de
guerra, ó disimulaban á lo menos este tráfico.
Según Rosales ", los gobernadores déla zona militar de Boroa, hacían
frecuentes y sistemáticas malocas contra los Puelches; tomando prisio-
neros á todos los adultos que podían encontrar.
Carvallo y Goyeneche :1 cuenta que el comandante Alonzo de Oórdova
hizo, con la autorización del gobernador Juan Ilenriquez, treinta corre-
rías en cinco años: y cautivó 14.000 personas, de las que tocaron 800 al
mismo gobernador.
Sin duda, estos números son exagerados, pero dejan constancia, de un
hecho (pie llega á ser un factor importante al tratar de explicar la pre-
sencia de elementos extraños entre los distintos grupos étnicos.
' Nos referimos á este punto en Los caracteres físioos de las rasas (¡hile. ñas, que forma
la segunda parte de este trabajo.
s Historia del reino de Chile.
3 Ob. cit.
— 255 —
ltespecto á los Chi lotos ó Veliches tenemos que confesar que hasta
ahora, no las hemos podido clasificar.
Hablaron un dialecto Araucano, un poco más suave que el Mapuche,
debido á la, tendencia, de suprimir ó variar algunos de los sonidos más
guturales y más ásperos.
En estatura, aspecto físico, genio y temperamento eran diferentes á
las razas de tierra (irme.
Puede ser que aquí se refugiaran algunas de las tribus que habitaron
la Araucania antes de la invasión de los Mapuches cuando fueron ex-
pulsadas por estos últimos; mezclándose con los Chonos, quienes eran
indudablemente los primitivos moradores de la isla.
Avanzamos esta, idea simplemente como un hipótesis, sin poderlo
comprobar. Al mismo tiempo no podemos admitir por un instante aque-
lla teoría que los hace proceder de la Polinesia % Esta aserción extrava-
gante no es difícil rebatirla.
Hemos tenido ocasión de observar que una semejanza de cultura no es
suficiente para, establecer una identidad de origen y que entre antropólogos
es generalmente concedido que el mejor criterio para la comparación de
razas de probable parentesco, es un estudio «lelos caracteres físicos de ellas.
Examinados bajo este aspecto no hallamos la menor semejanza entre
los Chilates y los Polinesios.
Los primeros son de muy poca estatura, no llegando el promedio en-
tre los hombres á 1"’5(). Es decir, forman una de las razas más bajas de la
América del Sur.
Los Polinesios por lo contrario, se encuentran entre los más altos del
mundo.
La lista que damos en seguida, la hemos tomado de diversas fuentes:
AVeisbach
Para los Polinesios en general, el mismo observador da lm77G ; Topi-
nard calcula lm762; Girard de Eialle 1 m7 7 0 ; Aranzadi lm7G; Canestra-
ni l,n7G5 y Broca lm7G2.
1 Corrupción do Huilliclio.
4 Auí.i a n’diío Cañas Pinoch.bt, Breve diccionario de, la lengua ve, lidie, lie, cinta chi-
lena de, Historia natural. 1907.
— 256 —
Los más bajos entro todos los Polinesios eran los isleños de llapn-nni
ó isla de Pascua, que según Bates, sólo tenían l'"57. Pero esta cifra re-
presenta el término medio de todas sus mediciones, hombres y mujeres
incluso.
Encontramos la misma diferencia en el índice cefálico de las dos
razas.
Los Oliilotes eran mesatí y sub-braquicéfalos ; los Polinesios dólico y
subdolicocéfalos.
Primer Bey dice que los Neozelandeses tenían un índice cefálico
de 75, los Kanalcas de Hawai 75 y los Tahitianos de 74. Broca da 75
para los Tahitianos y 70,3 para los Polinesios en general. Girard de
Rialle dice 76,2 y Aranzadi 80 sobre los vivos. Oanestrani pone 74 para
los Marquesanos y I)avis 75 para los Neozelandeses.
Vemos entonces que físicamente, los Ohilotes y los Polinesios son de
razas distintas.
Es posible que indicios aparentes de comunicaciones polinesias pue-
den encontrarse en las costas de América; pero es incontestable que los
pocos que pueden haber llegado fueron absorbidos por los pueblos que
hallaron establecidos y en ningún caso pueden haber venido en núme-
ros suíieientes para fundar centros independientes.
Gomo cualquiera discusión sobre este tema resultaría infructuosa por
falta absoluta de pruebas, la dejaremos para seguir nuestra revista de
las razas de Chile.
Entre el grado 43 y el estrecho de Magallanes encontramos otras dos
naciones diferentes en raza, idioma y costumbres á las ya descriptas.
La primera la Teliuelclie, conocida también con los nombres de Pata-
gones y Poyas ; habitaba la región de la cordillera en ciertos puntos
donde la naturaleza del terreno les permitía dedicarse á la caza de gua-
nacos. Eran nómades y recorrían toda la cordillera y los llanos al orien-
te, desde el río Negro hasta los estrechos. Con la introducción del caba-
llo extendieron sus correrías, llegando hasta el Atlántico.
Los del norte, entre el río Limai y el río Clmpat se mezclaron mucho
con los Pelmenches del sur, antes de su expulsión al sur del río de San-
ta Cruz.
Hablan un idioma muy rudo que no tiene semejanza ninguna con (4
Araucano. Practican la poligamia cuando les es posible y según Gómez
de Vidaurre, anteriormente la poliandria era costumbre entre ellos. Dice :
« Entre ellos la poligamia es diversa, porque las mujeres toman por lo
menos dos hombres por marido '. »
Probablemente esto se refería á ciertas tribus solamente porque otros
autores aseguran que las mujeres se hallan en gran mayoría.
1 OI), cit.
— 257
En los archipiélagos al sur de Chiloé vivían los Oliónos. Eran tan va-
gabundos como ¡os Tebuelches ; y recorrían las costas de isla en isla en
sus canoas, buscando su alimento de mariscos, peces, animales, y aves
acuáticas.
Sus únicos sobrevivientes se encuentran en los Alacalufes de las islas
al sur y al oeste del estrecho de Magallanes.
Tenían su propio idioma, distinto á los de las naciones que los ro-
deaban.
Á ellos se deben los cónchales, antiguos y modernos que se encuen-
tran por las costas australes; y que demuestran su prolongada residen-
cia en esos lugares; hallándose en algunos de ellos conchas de mariscos
desconocidos en aquella s aguas en los tiempos presentes.
Es indudable que en un tiempo esta raza era numerosa, y se exten-
día por toda la costa y que poco á poco ha sido empujada hasta el ex-
tremo del continente por las sucesivas invasiones.
Cuando llegaron los españoles, ocuparon los archipiélagos australes,
hasta el sur de Chiloé. Según la tradición de los jesuítas, á fines del
siglo xviii estos sacerdotes ayudados por la fuerza armada hicieron nu-
merosas expediciones á las islas y obligaron á la mayor parte de los
Chonos á internarse á Chiloé, y en algunas délas islas del golfo de Cor-
covado, para facilitar su conversión al cristianismo. Los que pudieron
escapar, huían á los ca.na.les del sur donde todavía subsisten unos dos-
cientos ó trescientos de la tribu de los Alacalufes.
En Tierra del Fuego todavía existen unos pocos individuos de otras
razas dolicocéfalas; los Yahganes y los Onas. Estos forman los pueblos
más australes de la tierra y son probablemente los representantes de
dos de las razas más arcaicas de América.
Su estado es de lo más miserable, y son generalmente considerados
como los pueblos más bajos en el escalafón de la civilización.
Todas las demás razas conocidas, tienen ó han tenido su edad de pie-
dra: éstas apenas han llegado á ese estado.
Sus armas, utensilios y herramientas, que poseen en escaso número,
son casi todos de hueso, espinas de pescado ó de conchas. Las pocas he-
rramientas de piedra que se encuentran en su poder, parecen haberlas
adquirido de sus vecinos los Alacalufes.
Creemos ver en los Yahganes, los descendientes de la antigua raza,
paleo-americana, que en época muy distante ha poblado todo el conti-
nente. Gracias á las publicaciones del misionero reverendo Tomás
Bridges l, quien, pasó largos años entre ellos y los resultados de las mi-
siones científicas francesa, belga y sueca; la etnología de los Yahganes
ha llegada á ser muy conocida.
Conferencia dada en Buenos Aires, 18 do agosto 188(5.
258
Los Orias so han considerado siempre como rama austral de las Te-
liuelches ó Patagones : por sn estatura, aspecto general y sus costum-
bres.
Los pocos estudios craniológicos que se han hecho sobre esta raza,
tienden á insinuar que son dolicocéfalos.
Si esto se llega á probar, tendremos que buscar sus afines en otra
parte, y considerarlos como los últimos vestigios de aquella raza euater-
naria descripta por Yerneau 1 como alta, hipsidolicoceíVilica y de gran
capacidad craneal que habitaba las pampas entre los ríos Colorado y
Negro.
No debemos deducir identidad de raza poique encontremos analogías
en costumbres, ideas religiosas, ó estado de cultura entre dos ó más
pueblos.
Estas coincidencias son, por lo general, fortuitas, ó resultan de la
evolución que conduce todos los grupos humanos por las mismas etapas
y por los mismos caminos. La similaridad del medio ambiente y de las
condiciones económicas, acercan las poblaciones de tierras muy distan-
tes entre sí. El progreso inicial de los pueblos se parece en todas partes,
reduciéndose los hechos á categorías uniformes. Depende en primer lu-
gar casi exclusivamente de las condiciones generales de clima y suelo.
En un territorio iuhospitalable, como el de Tierra , del Euego, habría
sido casi imposible que un pueblo avanzara mucho en civilización.
El cultivo del campo no puede iniciarse, ni prosperar, más que en aque-
llos países donde las diversas estaciones son propicias. Los territorios
cuyas condiciones especiales del clima no consienten más que una
vegetación pobre, y sólo en determinados puntos, no pueden ser cuna
de una raza muy civilizada.
Mientras las tribus permanecen en tales regiones, continuarán nece-
sariamente en estado nómade.
Así se explica el cuadro de salvajismo, en que han quedado sumergi-
dos por tantos siglos los Fueguinos. Fuera de contacto de todo otro pueblo
más avanzado, habitando una región donde sólo podían mantenerse mí-
seramente, dedicándose á la caza y á la pesca sin tener oportunidad ni
estímulo para progresar, presentan un estado social tal como podemos
imaginar tenían sus antecesores de miles de años atrás.
Ahora que hemos seguido las razas australes hasta el extremo del
continente; volvamos otra vez á los Fiounehes del norte del río Itata.
Los rudimentos de una agricultura primitiva y del pastoreo, á que se
habían dedicado, les había encaminado hacia una vida más sedentaria,
aun cuando no abandonaron del todo sus costumbres de cazadores. Sus
groseros toldos se transformaron en cabañas y principiaron á tener alguna
ll. VkhnuaU, Les inicien* l'nUujon*. Monaco, lí)03.
— 259 —
idea de la propiedad. La autoridad del jefe de la familia comenzó ú ex-
tenderse al «clan», hasta formarse tribus de más consistencia y colec-
tividad que es común entre los pueblos nómades.
Uniéndose con los autóctonos más cultos, aprendiendo nuevas indus-
trias y costumbres, es probable que habían llegado á un estado patriar-
cal antes de la invasión de los Incas.
De ahí resulta que estos pudieron lograr resultados tan extraordina-
rios en el corto tiempo que duró su dominio.
Á un pueblo que ya tiene arraigados los primeros elementos de la
agricultura, precaria por la irregularidad de las lluvias, no es difícil ha-
cerle comprender las ventajas que resultan de un sistema, de riego y del
uso de abonos: ni tampoco la economía que proviene del empleo de
chilihucques para tirar el palo aguzado (pie les servía para remover la
tierra.
Otras artes, cuyos principios habían aprendido, progresarían de igual
modo.
La ocupación militar y el establecimiento de numerosas guarnicio-
nes en el territorio ocupado, les quitaría todo temor de una guerra ex-
terna y por la misma razón las guerrillas entre las tribus serían menos
frecuentes. Poco á. poco perderían sus costumbres belicosas; la población
se aumentaría en los valles más favorecidos y el progreso llegaría á ser
relativamente rápido, sobre todo teniendo el ejemplo de elementos so-
brios ó industriosos, traídos como colonos por los Incas.
Se ha puesto en duda si la dominación efectiva de éstos haya llegado
al sur del río Choapa *.
Nosotros juzgamos que sólo un examen incompleto de la evidencia
puede haber producido tal aseveración.
Las primeras crónicas son terminantes en establecer el río Maulé co-
mo límite sur del imperio y abundan pruebas colaterales en favor de
este argumento. Las cartas de Pedro de Valdivia á su majestad Car-
los V, lo declaran ; las actas del Cabildo de Santiago lo atestiguan; la
nomenclatura geográfica, la arqueología y la tradición, todas prestan su
contingente para probarlo 1 2.
Sabemos de una manera fehaciente, (pie mitimaes ó colonias perua-
nas se hallaron establecidas en Lampa, Marga-Marga, Colina, Apoclia-
me, Apoquindo, Macul, Vitaeura, Maipu, Talagantc, Machalí, río Claro,
Vichuquen y muchos otros puntos, aun al sur del Maulé.
Lo que no queda tan bien establecido es, á qué naciones pertenecían
1 Alk.i andiío Canas Pinocuet, Un punto de la prehistoria de Chile. Hasta donde
alcanzó la definitiva dominación de los Incas. Actas de la Sociedad científica de Chile. 1904 .
2 R. E. Latciiam, ¿ Hasta dónde alcanzó el dominio de los Incas en Chile? Rcv. Chil.
de Hist. Xat., 1908, pp. 178-199.
los soldados y colonos traídos por los Incas. Sabido es que el imperio
peruano, al tiempo de la invasión incásica de Chile era muy extenso, y
que fue costumbre reclutar el ejército de todos los pueblos domina-
dos. En cuanto á los mitimaes , éstos fueron tomados de distintos terri-
torios, á veces en número muy considerable, y mandados á los países
recién conquistados, para que sirvieran no sólo como freno contra cual-
quiera tentativa de rebelión, sino también para enseñar á los nuevos
súbditos, las artes é industrias más adecuadas á su estado social, y las
condiciones sociales en que vivían.
No tenemos razón ninguna para, suponer (pie huyan procedido de otra,
manera en la ocupación chilena.
Debemos considerar entonces que el contingente peruano fué hete-
rogéneo.
No nos parece verosímil tampoco que toda esta, población se retiró á.
la llegada de los españoles. Al contrario, aprendemos de fuentes que
merecen toda te, que muchas délas colonias existían al tiempo déla con-
quista.
Los primeros indios encomendados por los fundadores de la ciudad de
Santiago eran de origen peruano, traídos desde Talagante; sus tierras
regadas y cultivadas fueron dadas al cacique IIuelen-Huala, en cambio
délas ocupadas por su tribu al pie del cerro de Santa Lucía, donde se
edificó la ciudad L
Aun cuando es fuera de toda duda que la ocupación de los Incas se
extendió mucho más al sur, también es cierto que al norte del Choapa,
las señas son mucho más frecuentes y concluyentes. Con la excepción de
una faja de pocas leguas, al norte de este río, casi no hallamos un sólo
nombre geográfico, que no acuse un origen Quechua ó Kaka mientras los
restos arqueológicos abundan por todos lados. El grado de cultura áque
habían llegado los habitantes de esta región debe haber sido muy supe-
rior al que conocían los de más al sur.
A pesar de lo que dicen algunos de los cronistas, oreemos dudoso
que la lengua Araucana se haya extendido hasta, esta región. Nuestra,
opinión es que tanto la raza como el idioma eran distintos de los al sur
del Choapa.
Córdova y Figueroa escribe: «Lo que dominaron los peruanos en
Chile, quedó en estado de mejor política y enseñaron ñ sus naturales
con alguna más ‘perfección la agricultura y los términos de la. equidad
tan necesaria á la justicia para el bien vivir de los hombres y así ésto
se vió en Copiapó y Coquimbo endónele se hablaba su idioma »1 2.
No sólo no hallamos en la topografía muchos indicios del Araucano,
1 Actas del cabildo de Santiago. 1552.
2 Cókdova y Figuickoa, Historia de Chile.
— 261 —
pero tampoco los nombres vulgares de la. flora y fauna silvestres son los
mismos que más al sur. Las supersticiones y folklore, además indican
otra, procedencia.
No es esto todo : física, y moralmente la raza, es otra..
Nuestros estudios antropológicos, proseguidos durante varios años en
la provincia de Coquimbo, nos demuestran que allí la braquicefalía
predomina y que el tipo étnico es diferente en muchos caracteres im-
portantes.
Lo mismo puede decirse en cuanto al carácter mental. Los de Co-
quimbo son más humildes, más pacíficos y más hospitalarios.
Por estas y otras razones, que sería muy largo de enumerar, juzga-
mos que la raza es otra, cuyos afines hay que buscarlas allende la cordille-
ra L Jamás fueron muy pobladas estas provincias ; y Pedro do Valdivia
en una carta dirigida, á. su majestad Carlos V, fechada en Santiago en
1552, da cuenta de que habiendo tan pocos indios en este país, mandó
dos capitanes á la provincia de Cuyo, á traer naturales para poblar y
servir en las provincias de Santiago y Serena.
« ... el uno que pase la cordillera por las espaldas de esta ciudad de
Santiago, y traiga á servidumbre los naturales que de otra parte están.
Y por la parte de la ciudad de la Serena, entra el capitán Francisco de
Aguirre y traiga los demás naturales » 1 2.
Los naturales traídos por este capitán fueron en su mayor parte Ju-
ris y Diaguitas.
1 Hace pocos días me fué comunicado por ol rector del Liceo do la Serena, el se-
ñor Elíseo Peña Villalón, la noticia do (pie se había descubierto en la vecindad de
Carón, pueblocito situado al pie de la cordillera en el departamento de Ovalle, un
cementerio muy antiguo donde los restos humanos fueron sepultados en urnas seme-
jantes á las de los antiguos Calchaquíes.
En otras ocasiones había, opinado el autor, cpio los tales cementerios, llamados tambe-
rías de pirca, halladas en varias partes do la provincia do Coquimbo en la región de
la cordillera, no eran incásicos, sino más bien de un pueblo de cultura semejante
á la Atacameña ó Calchaquí. Este nuevo descubrimiento viene á apoyar dicha opi-
nión. También en el libro que acaba de publicarse sobro la lengua de los Atáca-
menos, por don Rodolfo R. Sckuller encontramos argumentos poderosísimos á fa-
vor de nuestra hipótesis. Este autor en una lista do nombres geográficos de origen
Kakan cita los siguientes en las provincias do Coquimbo y Aconcagua, Combarba-la,
Tilama, Coquimbo, Pomaire ó Pomarape (dept. de Melipilla) Salapor, Talina.y, Te-
quirque (Serena), Coimas, Coipa, Golachi, Diaguitas, Sotaqui, Punitaqui, Palqui,
Guallilinga, Guatulame, Paiguano, Puculán, Pucalume. Tuquí, etc.
Hace tiempo llamamos la atención en un artículito sobre ¿ Rauta dónde se extendió
la dominación de, los Incas ? hacia el hecho de que estos y muchos otros nombres geo-
gráficos de las dos provincias no eran de origen Araucano y que deben haber existido
otras influencias. Por nuestros pocos conocimientos de la lengua Kaka creíamos que
pudieran ser de origen peruano.
! Historiadores de Chile, tomo I.
— 262 —
Todavía quedan indicios de la difusión de estos indios, y hasta el
día de hoy existe el pueblecito de Diaguitas en el valle de Elqui, á po-
cas leguas al oriente de Vicuña.
Aun cuando los historiadores dicen que la invasión de Yupanqui filé
el comienzo de la ocupación incásica en territorio chileno, estamos con-
vencidos que la influencia peruana se hizo sentir en esta región largos
años antes de aquella fecha.
No queremos decir que formaba parte del imperio de los incas, sino
que el contacto entre los dos pueblos había durado lo suficiente para
que se adoptara la lengua, las artes ó industrias de sus poderosos veci-
nos del norte.
Montesinos 1 es el único cronista que aclara un poco este punto,
(hienta que en el reinado de Sinehi Roca, vinieron gentes de Chile con-
tra. los de Cuzco, (fueron derrotados, y dos de sus principales jefes,
tomados prisioneros.
Guardados como rehenes hasta el reinado de Yaliuar H lia-car, este
monarca por motivos políticos los casó; uno con su hija, y el otro con
su sobrina; enviándolos en seguida á sus tierras, colmados de regalos.
Cuando Huirá Cocha sucedió á su padre, estos caciques mandaron á
sus hijos, nacidos de aquellas princesas, á ver y á conocer á su tío.
Consiguieron que éste diera su promesa de visitarlos al año siguiente,
y volvieron con mucha gente del Perú, incluso ciertos miembros del con-
sejo del Inca, para que les enseñaran el gobierno político. También les
acompañaron algunas, pallas ó damas nobles de la corte.
A su vuelta hallaron el pueblo en rebelión. Con la ayuda de sus hués-
pedes pudieron sofocar luego ésta.
Avisado Huirá Cocha de lo que pasaba, entró á Chile con un poderoso
ejército, y residió allá dos años, hasta dejar perfectamente tranquilo el
reino, y reconocida su autoridad, y la de sus sobrinos.
Sea esto como fuera, las comunicaciones entre los dos pueblos deben
haber sido frecuentes, y haber durado por mucho tiempo.
Las razas de la costa de la provincia de Coquimbo eran distintas de las
del interior. Se pueden distinguir tres tipos bien definidos y sucesivos.
El más antiguo era subdolieoeéfalo, de la familia paleo-americana. Su
condición social filé muy baja, encontrándose en una edad de piedra
neolítica., ó bien de transición, dedicado á la pesca y á la caza. Habían
aprendido los rudimentos de la alfarería, pero las piezas que producían
eran groseras. La extinción de este tipo tuvo lugar en una fecha muy re-
mota, ó destruido por los pueblos que llegaron después, ó retirándose
más al sur ante su avance.
1 Memorias aul'njuas del Peni. Colección de Toruanx Compaña, tomo \ 111. Caris,
1840.
El segundo tipo, también desaparecido, ó tal vez absorbido en la
actual población, era hiperbraquicéfalo. Era mucho más culto que el
primero. Sepultaba, sus muertos en túmulos cónicos. Conocía el uso
de metales, y había hecho considerables progresos en las artes de la
alfarería y del tejido. Entre los objetos hallados en sus sepulturas,
habían ídolos de greda, cuentas de piedra, agujas de cobre y de hueso,
morteros, ¡mutas de flechas, pitos de piedra, cucharas de hueso, cánta-
ros, pequeños lebrillos, y platos de greda, anzuelos de cobre, retazos de
paño burdo, con dibujos decolores vivos, fragmentos de remos, y muchos
otros artículos. Las puntas de flecha se hacen notar por su variedad y
su trabajo esmerado
Posteriormente á este pueblo hallamos áotro, mesaticéfalo, cuyos des-
cendientes se encuentran hasta el presente, diseminados en distintos pun-
tos de la costa., en las pequeñas caletas alejadas de los centros de
población.
Se les llaman Changos, por sus costumbres y modo de vivir iguales á
los de los verdaderos Changos del norte, pero no son de una misma raza
con ellos.
Han ocupado su presente habitat por muchos siglos, y á ellos se
deben los numerosos cónchales de la costa, de esta zona., antiguos y
modernos, en todos de los cuales los restos representan la misma cul-
tura y manera de vivir. Todavía se dedican á la pesca, y usan balsas
de cueros de lobo. Sus habitaciones son primitivas, y su ajuar de lo
más pobre.
Ahora aumentan sus recursos con pequeños cultivos, y con la man-
tención de majadas de cabras.
No podemos decir nada sobre sus orígenes, pero posiblemente repre-
sentan una subraza, formada por dos ó más elementos cuya procedencia
ignoramos.
Siguiendo hacia el norte llegamos ó. la Puna y desierto de Atacama.
Esta, región 1‘ué asiento de una numerosa población indígena en épo-
cas anteriores, sobre cuyas causas de desaparición no hay tradición
alguna. El señor Alejandro Bertrand opina que fué despoblada desde
una época muy anterior al descubrimiento de América por la raza lati-
na. « Así lo atestiguan los numerosos gentilares, ó ruinas de los pueblos
de mírelos que existen toda vía en varios puntos de la. Puna. Los primi-
1 No oslamos on posición <lo asegurar que todos los artículos hallados 011 estas sepul-
turas, fuesen fabricados por el pueblo en cuya posesión fueron hallados. Nos incli-
namos más bien íí la idea que muchos do ellos, sobre todo los de metal, fueron obte-
nidos por intercambio comercial de las tribus más civilizadas del interior; sobre
todo cuando algunos de ellos son do un tipo bien definido y característico do los
■Calchaquíos.
REV. MUSEO l.A PI.ATA. — T. III. (VI, 25, 1909.)
18
264
ti vos pobladores de ese vasto territorio no desconocieron ni las riquezas
minerales, ni el modo de aumentar la feracidad del suelo con el abono
artificial » 1.
El doctor Rudolfo Pliilippi 2 dice que las numerosas ruinas de píreas
y casas, situadas en lugares absolutamente desiertos y sin agua, son un
fenómeno muy singular, y sin embargo muy frecuente.
Cuando llegaron las tropas peruanas bajo Yupanqui inca, estas ruinas
estaban en el mismo estado de abandono que abora.
Los actuales habitantes de la comarca no saben nada de ellas, ni
existe tradición entre ellos, que pueda arrojar un rayo de luz sobre las
razas que las construyó.
Afortunadamente los estudios arqueológicos han venido á aclarar un
poco esta cuestión, y ya no es aventurado opinar que fue una rama de
la misma nación á cuya industria se debe la antigua civilización Cal-
chaqui.
Quien lee las descripciones délas ruinas de Catamarca, Jujuy y Tucu-
mán, cree que están pintando las antiguas poblaciones de la Puna.
No somos solos en esta opinión.
El señor Juan B. Ainbrosetti 3 ha llegado á las mismas conclusiones.
Dice este arqueólogo: «Los datos que hemos reunido sobre la arqueo-
logía de la Puna son escasos, pero ya suficientes para darnos á conocer
y demostrar que sus antiguos habitantes eran de la misma rama Cal cha-
qui, de los que ocupaban la Puna de Jujuy, región esta última casi igual
á aquélla, aunque con mayores elementos. No por eso dejaron los viejos
habitantes de la Puna de Atacama, de tener comunicaciones con los
demás Oalchaquíes del este y del sur. La identidad de los habitantes de
la Puna con los Oalchaquíes ya fue apuntado por el doctor Moreno, y no
es difícil que ellos hayan servido de vínculo entre los Di agüitas argen-
tinos y los chilenos, pues en el territorio de ambas repúblicas liábanse
restos arqueológicos que denotan identidad de civilización. »
San Román en su memoria sobre esta región dice : « Iguales ó más
idénticas semejanzas ofrecen las construcciones de nuestros antiguos
pobladores de la Puna atacameña, y de la región de los Oalchaquíes, al
oriente de esta altaplanicie, desde Catamarca á Tucumán y Salta » 4.
Los señores Adán Quiroga y Lafone Quevedo lian expresado la mis-
ma idea.
Este último señor opina que antiguamente había una gran raza andina
1 Alejandro Bertrand, Desierto de Atacama. 1881 .
2 Viaje al desierto de Atacama.
* Ayuntes sobre la arqueología de la Vana de Atacama. liceísta del Museo de l.a Víala,
tomo XII. 1905.
1 Francisco San Román, Desierto y cordilleras de Atacama, 3 tomos. Santiago. 1896.
205
que hablaba un idioma, quesería el tronco de todas las lenguas distintas
que boy se notan en esa región.
Los antropólogos argentinos están de acuerdo en afirmar que las
naciones Calehaquíes, encontradas en Catamarca y provincias vecinas,
á la llegada de los españoles, no eran las originarias de la antigua civi-
lización de aquella zona.
Dice el señor Adán Quirogaáeste respecto: « Es una cuestión resuel-
ta, que naciones bárbaras hicieron una gran irrupción no hará muchos
siglos, las que dieron en tierra, con la primitiva, civilización de estos
valles»
Cree que esta civilización puede haber sido la Kakana, y que los inva-
sores probablemente fueron los Calehaquíes. Al mismo tiempo opina que
siglos antes de la conquista, el país fué invadido por los Araucanos, quie-
nes fueron arrojados posteriormente por los naturales, ó por la irrupción
de los Calehaquíes.
La craneología acusa haber esqueletos Araucanos en el suelo de los
Calehaquíes; la lingüística geográfica también señala el mismo hecho.
No creemos, sin embargo, que debe imputarse esa invasión á la. rama
chilena de la raza Araucana.
Es muy posible que en aquel tiempo, cuando seguían los grandes mo-
vimientos éntrelos pueblos de Sud América; que las mismas causas que
motivaron la migración á Chile de una parte de esta raza, obraban en
empujar á otra división hacia el norte.
Es probable que durante este gran movimiento de naciones, las pro-
vincias argentinas hayan recibido algún contingente del suelo chileno.
El autor que acabamos de citar, dice :
« No puede ponerse en duda que los Quilines de Santa María proce-
den del otro lado de la cordillera. »
Más adelante prosigue : « Sabido es que cuando los Quilines cruzaron
la cordillera, al pisar tierra tucumana, nuestros Calehaquíes recibiéron-
les con las armas en las manos; y que después de reiteradas satisfaccio-
nes dieron á. los proscriptos, hospedaje en sus tierras 1 2.
Estos Quilines, según los estudios del señor Ten Kate, eran mesati-
céfalos 3.
Serían representantes tal vez de las tribus Olipes ó Atacameños que
ocupan los valles más abrigados de la Puna en la actualidad.
El factor más importante en la revolución de los pueblos en esta zona
1 Adán Quiroga, Calchaquí y la epopeya de las cumbres. Revista del Museo de La
Plata, tomo V. 1893.
s Adán Quiroga, ol>. cit.
3 IIkrmann Ten Kate, Rapport sommaire sur une excursión dans les provinccs de
Catamarca, de Tncuman ct de Salta. 1893.
— 2fifi
central de los Andes, fué sin duda el cambio de clima. Existen abun-
dantes pruebas de que anteriormente las lluvias eran mucho más fre-
cuentes; porque encontramos ruinas de extensos pueblos, obras de riego,
indicios de una población más numerosa, en lugares, hoy completa-
mente desiertos é inhabitables. Los antiguos lechos de los ríos y este-
ros, secos desde hace siglos, llevan las señas de haber sido cauces de
caudalosas corrientes.
Participamos de la opinión del doctor Francisco Moreno, que la causa
probable de ese cambio ha sido de origen volcánico.
«La al tapian icio de la Puna está cubierta en una extensión de cerca
de 00.000 millas cuadradas, por unas serranías bajas, medio enterradas
en las cenizas y lavas de cientos de volcanes, algunos de los cuales se
elevan á 20.000 pies, y se ludían aún en actividad. »
Dice que ha examinado muchas de esas llanuras, valles, quebradas y
elevaciones; y en todas ha visto pruebas que en otro tiempo han sido
pobladas, y que el clima reinante fué dulce y templado l.
El señor Adán Quiroga resúmela cuestión en las siguientes palabras:
« En algún tiempo muy remoto, antes (pie naciera la lengua general
en la forma que á nosotros ha llegado, existió una gran nación, que por
lo menos ocupaba toda la región andina de nuestra América, y hablaba
un idioma que fué el tronco del que el Cuzco, Kakan, Araucano de Chile,
y tantos otros dialectos eran ramas »
Los centros principales de esta raza en Chile eran, las orillas del curso
superior del río Loa; los bordes de los antiguos lagos que ocupaban las
depresiones de la Puna que hoy quedan convertidos en salares, especial-
mente el de Atacama con el río del mismo nombre que lo alimentaba, y
los de Arizaro y Antofaya. También se encuentran ruinas de sus pobla-
ciones en la alta cordillera, donde evidentemente se dedicaban al pasto-
reo de sus ganados de alpacas, vicuñas y llamas.
Extendía su dominio hasta el río Huasco, y el norte de la actual pro-
vincia de Coquimbo, donde todavía se hallan vestigios de su ocupación.
Al hablar de las razas actuales de esta zona, es preciso dividirla en
dos secciones, una al sur del Loa, y la, otra al norte y al oriente de
dicho río.
Los que habitan la primera, son conocidos por los antropólogos con el
nombre de Atacameños, á veces llamados Lipes ú Olipet ; mientras en
la, vecindad del Loa, y en las provincias de Tarapaoá y Tacna, la, mayor
parte de la población es Aimara.
Los Atacameños son con frecuencia confundidos con los Changos, pero
1 Francisco I*. Moruno, Notes o u thc . I iithropo¡/cu</ra/i/i// of Argentina, tíeogruphi-
cal Journal. Londres, 1001 .
* Adán Quiroga, obra citada.
2(57
estos últimos forman uñarada aparte, estrictamente pescadora, y no lian
dejado la costa jamás, salvo tal vez para internarse álas orillas del Loa,
cuando su corriente era, más caudalosa.
lis posible (pie estos dos pueblos hayan descendido de un solo tronco,
pero se habrían separado en una época tan remota, y han sufrido tan
serias alteraciones que es lícito considerarlos como razas distintas.
Los Atácamenos, á la llegada de los Incas, ocuparon el mismo territo-
rio (pie habitan hoy día. Hicieron fuerte resistencia á la invasión de su
país, y derrotaron las tropas peruanas, estableciéndose por muchos años,
el límite sur del imperio en los márgenes del río Loa. Sólo en tiempo del
Inca Yupanqui fueron vencidos, y pudieron los monarcas peruanos exten-
der sus fronteras hasta el río Maulé *.
Parece ser que la parte sur y oriental de la Puna chilena sintió muy
poco las influencias peruanas, y que los Incas se contentaron con mante-
ner abierto un camino para los correos á Tucumán, y con el estableci-
miento do una que otra pequeña, guarnición para, mantener el orden, é
impedir incursiones; usando para el tráfico mayor, la calzada, construida
á través del desierto desde el valle de Copiapó hasta San Pedro de Ata-
cama.
Según los cronistas incásicos la, mayor parte déla población era nóma-
de; y recorrían las pampas centrales, desde la cordillera hasta la costa.
Eran eximios cazadores, persiguiendo el puma, el guanaco y la vicuña,
que les daban pieles para su abrigo, y carne para su alimento. Mantenían
un activo comercio con los Changos de la costa, y con las naciones más
cultas del interior y norte. Los artículos que cambiaban eran charqui de
pescado, cueros de lobos y de aves marinas, conchas y otros productos
del mar, que llevaban al interior y negociaban por herramientas de
cobre, paños tejidos, pieles de guanaco, vicuña y alpaca, maíz, fréjoles,
y coca.
Poco á poco aprendieron los rudimentos de la agricultura, y princi-
piaron á formar centros de población en los valles abrigados y aparta-
dos, ocupando los antiguos sitios, abandonados por sus antecesores,
cuando las condiciones continuaban favorables 1 2.
Con la adopción de una vida más sedentaria, y las enseñanzas adqui-
1 0. M. Sauayo, Historia de Copiapó.
8 Después de escrito lo anterior, hemos tenido la oportunidad de hojear una nueva
publicación del señor Rodolfo R. Scliuller titulada Vocabularios y nuevos materiales
para el estudio déla lengua délos indios Lican-Antai (AtaeamcTios) Calchaqní, publicado
en Santiago de Chile en 1008.
En este libro el autor se adhiere « sin vacilar á la acortada hipótesis del sabio
doctor Juan Diego de Tschudi, quien considera íí los Atácamenos restos de las tribus
Calcha, quíes ».
Lingüística, mente hablando, estamos acordes en esta opinión, poro respecto al tipo
2K8 —
lillas de los Tucas, se dedicaban á la explotación de bis minas de oro,
plata y cobre, y á la crianza de llamas y vicuñas.
Los Changos de la costa, por lo contrario, seguían siempre en su esta-
do de salvajismo; y si hallamos en sus sepulturas, artículos de cobre,
tejidos, alfarería pintada, cereales, etc., indicaciones de una cultura más
avanzada, podemos arribar á una de dos conclusiones : ó que las sepul-
turas son post-ineásicas, ó bien si queda bien establecida su antigüe-
dad, que los artículos hallados eran adquiridos por intercambios comer-
ciales.
Los restos de esta naturaleza que se hallan en las tumbas de los Chan-
gos son de dos categorías. Los más antiguos son de indiscutible fabri-
cación Oalehaquí; mientras los más modernos acusan una procedencia
peruana.
Del comercio entre la cordillera y la costa tenemos otra prueba, En
algunas de las antiguas sepulturas de la Puna hallamos conchas de una
clase sola encontrada en las playas del Pacífico; como también restos
de adornos fabricados de las plumas de aves marinas.
En has minas trabajadas por los Incas en Caluma se han hallado, tam-
bién, capachos de cuero de lobo de mar, con el pelo, tales como se usan
en las minas hoy día.
Hablando el doctor Moreno, de una exploración arqueológica, hecha
en la provincia de Oatamarca, en pleno territorio Oalehaquí, dice : « He
encontrado á orillas del río Dulce, próximo á Santiago del Estero, un
antiguo enterratorio, y en él urnas toscamente modeladas, conteniendo
restos humanos, y con éstos, moluscos de especies que actualmente
viven en el Pacífico. Hallazgo parecido he hecho en otros entierros, per-
tenecientes á un pueblo distinto, en la provincia (le San Juan : uno de
esos moluscos cubría el pubis de una mujer ».
« Y, comparando la industria de estos hombres con la de los Changos
de Atacama, he encontrado no analogía, sino igualdad completa entre
los objetos y sus usos ».
« La industria del cobre y del bronce en estos lugares, muy distinta
á la exhumada en el Perú, es otro tema de gran importancia; y con-
viene hacer notar aquí la igualdad que existe entre algunas piezas de
Atacama, publicadas en la obra de The United ¡States Naval Astrono-
étnieo más bien nos inclinamos á la idea que son de otro origen, y que lo mismo
como los Calcliaquíes actuales constituyen una raza intrusa en la zona que ocupan,
igual cosa ha pasado con los Atácamenos, que hoy día ocupan el territorio de una
raza civilizada ya desaparecida.
Sospechamos (pie esta última era muy vinculada, sino étnicamente, al menos en
sus relaciones y cultura, con la antigua. raza que construyó los edificios doTiahuanaco.
Tenemos en preparación un trabajo que trata extensamente de la etnografía y an-
tropología física de esta región.
269 —
mical Expedition (t. 111, ph VII), y las encontradas en Catamarón » *.
Estos hechos son idénticos á los que nosotros hemos observado, pero
no estamos de acuerdo con las deducciones que quisieran establecer un
igual grado de cultura para ambos pueblos.
Hemos explicado ya, la causa de encontrar objetos de fabricación
extranjera en las tumbas de la costa y viceversa.
Este comercio no se confinó sólo á esta zona. 'Más al sur liemos visto
al Pehuenclie haciendo el mismo papel de traficante, manteniendo un
activo negocio entre una y otra banda de la cordillera.
Entre los Chonos de los archipiélagos, se lian hallado objetos cuya
procedencia no se puede explicar sino por la misma razón 1 2.
El almirante Simpson 3 menciona las hachas de jade que se hallan en
el territorio ocupado por los Cuneos y observa que esta piedra no se
encuentra en Chile, á no ser en muy pequeños fragmentos en la cordi-
llera de la costa; lo que parece demostrar que ha sido importada al país
en época pasada.
Hemos visto una. hacha del mismo materia.!, sacada de una antigua
tumba de Tagua-Tagua.
Eo sabemos á punto fijo cuál fue la primitiva raza do Tarapacá; pero
creemos que hubo un tiempo en que eí pueblo antiguo de la Puna se
extendía, por ¡a mayor parte de la provincia, porque hallamos por todas
partes vestigios de una civilización que no era ni Inca, ni Atinará, y que
se asemeja más á la cal chaqui que á cualquier otra que conocemos.
Pero aún en esos tiempos tan lejanos, la mezcla de razas era ya con-
siderable, y los restos osteológicos humanos de los entierros son de
diversos tipos, predominando los Cal chaquíes en todos los más antiguos.
Los Ai maraes que forman la base déla población actual, debieron lle-
gar mucho más tarde, tal vez después de la ocupación incásica, que
según Garcilazo de la Yega tuvo lugar durante el reinado del Inca
1 Francisco P. Moreno, Exploración arqueológica de la provincia de Catamarón.
Revista del Museo de La Plata, tomo I, 1890,
s En una. de las sesiones del IV Congreso científico, Io pan-americano, el doctor
Otto Aic.liel, de Santiago, presentó una colección interesantísima de objetos recogi-
dos en las sepulturas de los Changos de la costa. Entre otros, un número de cam-
panillas de cobre ó bronce, y cuchillos, do una fabricación únicamente conocida
entre los antiguos Oalchaquíes.
El doctor Florentino Ameghiuo, quien los vio, opinó lo mismo que el autor, que
estos objetos pueden haber llegado íí. la costa sólo por intercambios.
En el misino congreso, el señor Max Ulilo, en un trabajo sobre La influencia del
país de los Incas, recalca el hecho que comprueba con numerosos datos, que desde
tiempos muy primitivos, ha. existido este comercio entre las tribus de la costa, y las
andinas y trasandinas.
3 01». eifc.
— 270 —
Yalmar 11 tiacac (llora sangre), cuando el Apumayta, hermano del inca,
conquistó toda la región costina desde Arequipa hasta Tacama (Ata-
cama).
« Que es el fin y término por la costa de lo que llaman Perú, la cual
es tierra larga y angosta, y mal poblada» l *.
Muy pocos de los primitivos entierros contienen cráneos délos Aimn-
raes. Posteriormente se extendieron por toda la provincia hasta la
costa.
En esta última región encontramos otras razas de distinta extirpe al
lado de aquellos.
Pa rece que los Changos en un tiempo se extendían mucho más al norte,
y fueron expulsados hacia el sur por alguna invasión de su territorio.
Los cráneos ovoides y alargados del interior dan lugar á otros más
globulosos en el litoral, sobre todo en el distrito de Arica y hasta Tru-
jillo por el norte.
Cerca de Pisagua se ha encontrado un gran número de antiguas sepul-
turas, donde á poca profundidad se hallan cadáveres momificados, super-
puestos en capas, muy próximos unos á otros, y con la cabeza hacia el
oriente.
La mayoría de los cuerpos están estirados, como entre los Changos,
separados los hombres de las mujeres. Los primeros tienen los brazos
tendidos juntos al cuerpo, y las mujeres con las manos cruzadas sobre
el pubis.
Por lo general predomina entre ellos, las cabezas globulosas, pero oca-
sionalmente se hallan cráneos con la deformación A i mará 5 estos últimos
generalmente en las capas superiores.
Entre estos restos se encuentran algunos encogidos de la manera tan
común entre los pueblos peruanos, con las piernas y brazos comprimidos
contra el tronco. Están rodeados de mayor número de objetos : flechas,
dardos, y utensilios diversos, casi todos de la edad de piedra.
Están también embalsamados con substancias calcáreas, y envueltos en
tejidos de lana de vicuña. Estos tejidos también llenan la cavidad abdo-
minal. Los cráneos están forrados de un tejido de paja. Son estos los
Aimaraes, y postdatan á los otros; creemos deben tal vez pertenecer
á los Charcas, que según un antiguo mapa español, citado por Justin
Winsor 3 ocuparon la provincia de Tarapacá en el siglo xvi.
Las sepulturas de Camarones, y otros puntos de la costa nos ofrecen
los mismos resultados; en algunas partes predomina un tipo, en otras
uno diferente.
Un estudio prolijo, sin embargo, comprueba los siguientes hechos :
1 Comentarios Uvales.
* Narrative and uritical History of America. Aboriginal America, tomo I, 15)06.
271
Los restos más antiguos son de una raza que tiene mucha semejanza,
con los Changos. Son notables por el gran espesor de las paredes y bóve-
da de los cráneos, y por sus toscas proporciones. Este pueblo tenía muy
poca cultura, y sepultaba sus muertos en hileras con el cuerpo es-
tirado.
Después de ellos llegó una raza, del norte, de más baja estatura, con
la cabeza más globulosa, y que frecuentemente la deformaba por una
presión ó achatamiento fronto-ooeipital. Eran más adelantados que los
primeros, y probablemente habían tenido algún roce con la civilización
ehimu. Sus armas y herramientas eran mejor acabadas y pulidas, y
su alfarería, primorosamente adornada. Sus tejidos eran superiores, y de
c.olores más vistosos. Conocían el uso del cobre, y algunas de sus armas
y herramientas eran hechas de este metal.
Sepultaban sus muertos sentados, en cuclillas, como la. mayor parte
de las poblaciones peruanas.
Sir Clements Markham 1 cree que esta raza originariamente ocupaba, la.
costa al norte del Callao, y echada hacia el sur por la llegada de los Chi-
mas, buscó refugio en Arica y Tarapacá, desalojando á su vez á. los
Changos que ocupaban en ese tiempo todo el litoral hasta Cañete en
Perú, donde se han encontrado sus sepulturas, con los cadáveres estira-
dos, como en las provincias (pie actualmente ocupan.
Cieza de León conserva una tradición que puede referirse á este
pueblo :
«Queriendo saber el origen destos indios de Chincha, y de donde
vinieron á poblar en este valle, dicen que cantidad dellos salieron en
tiempos pasados debajo de la bandera de un capitán esforzado, dellos
mismos, el cual era muy dado al servicio de sus religiones, y que, con
buena maña que tuvo pudo llegar con toda su gente á. este valle de
Chincha, adonde hallaron mucha gente, y todos tan pequeños cuerpos,
que el mayor tenía poco más de dos codos; y mostrándose esforzados, y
estos naturales cobardes y tímidos, les tomaron y ganaron su señorío, y
afirmaron más que todos los naturales que quedaron, se fueron consu-
miendo, y que los abuelos de los padres que hoy son vivos, vieron en
algunas sepulturas los huesos suyos, y ser tan pequeños como se ha
dicho » 2.
Los últimos en llegar á la región del litoral eran los Aimara.es y otras
tribus originarias del lago de Titicaca.
Sus restos momificados se encuentran en abundancia por toda la
comarca.
Una. de estas tribus, cuya, procedencia conocemos, y que se ha ext.cn-
1 Inca civilisation in Peni. London, 1ÍKM.
4 Peono Choza nio Lioón, La Crónica del Peni.
— 272 --
dido desde Arica hasta Atacama, mezclándose con los Changos y otras
razas costinas, era la de los Uros
Su habitat era las orillas é islas del lago Titicaca y del Desaguadero.
Eran pescadores y vivían en la mayor miseria.
A la conquista del Collasuyo por los lucas, muchos de ellos fueron
mandados en calidad de mitimaes á la costa, del Pacífico, desde donde
se esparcieron por todo el litoral hasta más al norte de Arequipa.
La carta del factor de Potosí, don Juan Lorenzo Machuca, escrita en
1581, dice :
« En la ensenada de Atacama, (pie es donde está el puerto, hay 400
indios Uros, pescadores, (pie no son bautizados ni reducidos, ni sirven
á nadie. Es gente muy bruta, no siembran ni cogen, y susténtanse sólo
de pescado ».
« Asimismo en el término y contorno de Tarapacá, y desde el puerto
de Pisagua y Huiqueliuique, donde hay indios Uros pescadores, hasta
el puerto de Loa, hay muchas ruinas » 1 2 3.
También dice que en la jurisdicción de Arequipa había más de mil
indios Uros mandados como mitimaes por los Incas.
Esta raza como la anterior era muy baja, de lm40 á lm50, de anchas
espaldas, con tendencia á la corpulencia, los brazos y piernas muy des-
arrollados, y de color más obscuro que el general entre los indios.
Evitaban enlaces con los Quechuas y A i maraes, y tenían su lengua
propia. Sus chozas las construían de totora, y sus balsas del mismo ma-
terial y de cueros de lobos
Probablemente es debido á la mezcla con esta raza que provienen las
modificaciones notadas en las tribus costinas, ó Changos actuales, quie-
nes, si es verdad que conservan sus caracteres más generales, sin em-
bargo demuestran algunas variantes del tipo primitivo encontrado en
las sepulturas más antiguas.
La mayor parte de estas numerosas razas que poblaron el territorio
chileno antes de la llegada de los españoles, han desaparecido, ó están
en vías de extinguirse.
1 El señor R. R. fcjchuller (obra citada), creo que los Changos y los Uros pescado-
res do las costas del norte eran un solo pueblo.
Nosotros no somos de esta opinión por las razones expuestas en el texto, física-
mente hablando las dos tribus son muy distintas.
Los Changos existían en la. costa mucho antes de la llegada de los Uros, como
queda de manifiesto por el examen de las antiguas sepulturas. Por otra parte existe
testimonio histórico respecto de la época de su arribo al litoral, mandados en cali-
dad de mitimaes, cuando los Incas se posesionaron del litoral hasta el límite norte
del desierto de Atacama.
s José Toitimu Poco, Indios tiros do reñí y Boliria.
3 José Totumo Poi.o, Boletín de la Sociedad < íeot/ráfica de Lima. 1 1)00.
— 273 —
Algunas como las del contro del país, se han fusionado con los con-
quistadores; pero su tipo, algo modificado ha persistido hasta nuestros
días, formando una gran proporción de la población rural.
Como hemos tenido ocasión de observar, el verdadero elemento Aran-
vano, representado por los Mapuches, ha hecho un papel mucho menos
importante de lo que se ha creólo generalmente, en la formación del pue-
blo chileno.
La región donde más se ha hecho sentir ha sido en la zona cercana á
la antigua frontera, ó sea en las provincias de Bio-Bio y Concepción, v
En la Araucanía, Jas constantes guerras prohibían una franca unión
entre las razas enemigas.
Más al norte, los Mapuches se habían entremezclado con los pri-
mitivos habitantes, creando así, una nueva nación que al parecer,
se había desligado casi completamente de sus parientes al sur del
Bio-Bio.
De los dos elementos que entraban á formar este nuevo pueblo, el más
persistente lia. sido el autóctono; porque separando las categorías que
se encuentran en la población rural actual, se nota la reversión, y que
este tipo es numéricamente superior.
Ninguna de las otras razas que poblaban el país ha podido hacer frente
contra los avances del invasor, y de la civilización que introdujo.
Los Fueguinos ya no alcanzan á mil almas, los Chonos y los Cuneos, tan
numerosos hace dos siglos, no han dejado más que sus nombres. Los
Pehuenches quedan reducidos á unas pocas parcialidades; los Changos á
unas tantas familias.
Todavía vegetan algunos pocos grupos de indios, en los valles inte-
riores de las provincia, s del norte; pero en un futuro cercano se verá la,
completa extinción de todo el elemento netamente indígena sin que
quede más que un breve recuerdo de ellos.
PARTE SEGUNDA
LOS CARACTERES FÍSICOS DE LAS RAZAS CHILENAS
La, tarea que nos proponemos hacer, la hemos realizado con muchas
dificultades reconociendo sus inconvenientes y escabrosidades y la gran
divergencia, de opiniones que puede haber á, propósito de cualquier con-
clusión formulada,.
liemos tropezado desde el principio con la casi absoluta falta de
— 274 —
material, y la 'mayoría de las veces liemos tenido que concretarnos á los re-
sultados de nuestros estudios personales y al examen de las pocas co-
lecciones antropológicas que estaban á nuestro alcance.
Durante los quince años que en Chile, liemos dedicado á estos estudios
nos liemos conformado con la recolección de datos y materiales ; sin
atrevernos jamás á generalizar, y si ahora hemos comenzado á clasificar
la materia recogida, ha sido con criterio libre y sin formular juicios
preconcebidos, no sabiendo á qué conclusiones llegaríamos. Para princi-
piar esta labor contamos con el examen personal de más de 700 cráneos,
una gran proporción de ellos antiguos y casi todos procedentes de las
sepulturas indígenas de las distintas regiones del país. Además, hemos
tenido la oportunidad de medir varios centenares de individuos vivos,
en nuestras excursiones al norte y al sur de la república.
Debemos dejar constancia, también, del uso que hemos hecho de los
datos proporcionados por los pocos escritores, nacionales y extranjeros
que lian tratado de esta tema, cuyos trabajos citamos al final.
Como observamos en otra parte, la única clasificación de las razas
chilenas, hecha hasta la fecha, ha sido basada sóbrela lingüística, clasi-
ficación que no puede admitirse hoy como definitiva., pues el mismo idio-
ma puede ser común á distintas entidades étnicas.
La base principal «le nuestro estudio es la craniología; no porque
creamos que sus resultados son absolutos, sino porque tomado en con-
junto con otros caracteres somatológicos, ofrece uno de los mejores cri-
terios para distinguir las distintas razas, ó snbespecies de Darwin, unas
de otras '. Aun cuando no pretendamos resolver el problema étnico «le
los orígenes de las razas indígenas que habitan, y han habitado el terri-
torio en tiempos lejanos, creemos que no está demás, si conseguimos
arrojar un rayo de luz sobre esta obscura cuestión; y agregar nuestra
pequeña ofrenda al cúmulo «le conocimientos que precisa la determina-
ción de la antropología chilena.
Muchos antropólogos lian llegado á la conelución que los resultados de
la craniología son de poco valor, frecuentemente contradictorios i condu-
cen al desengaño.
Oreemos, sin embargo, que esto es efecto más bien del sistema adop-
tado y no de los datos adquiridos.
En todas partes del mundo un número considerable de cráneos ha
1 En esto trabajo empicamos continuamente el termino raza, para distinguir los
distintos grupos étnicos, cuyos caracteres físicos son suficientemente marcados, para
establecer un tipo general diferente de los otros grupos vecinos. Observaremos sin
embargo que no queremos dar ¡í. entender «pie estas diferencias son lo bastante, fun-
damentales para autorizar la opinión di' distintas especies.
No liemos querido emplear la palabra ¡¡abrasa, aun cuando ésta expresa mejor la
intención, por bailarla demasiado vaga.
275
sido examinado, medido y fotografiado. Las deducciones obtenidas son
frecuentemente erróneas ó confusas. Esto procede á. veces, de la falta de
criterio ó preparación de parte del observador ; pero, frecuentemente,
de la exigüidad del número de ejemplares estudiados, como también
de la gran variación, en tipo, entre los cráneos hallados en un solo
lugar.
Considero muy prematuro hacer generalizaciones, y que sólo después
de la recolección, descripción científica y clasificación sistemática en
edades históricas y geológicas, llegará el tiempo en que se pueden princi-
piar á presentar conclusiones.
Ha sido costumbre juzgar y tratar de clasificar cada pequefia. serie
encontrada, independientemente. Como resultado han producido las con-
tradicciones y errores.
Debe prescindiese de toda, deducción precipitada y conformarse con
acopiar datos que serán clasificados por futuros estudiantes cuando el
tiempo sea oportuno.
Según nuestra opinión, debe principiarse por el estudio de las razas y
tipos existentes, notando los caracteres más persistentes entre ellos, de-
jando establecido los resultados mediante tablas y descripciones.
La descripción sobre todo es de importancia, pues expresa mucho
más que meras columnas de figuras ó cifras.
Las peculiaridades de cada tipo deben ser descriptas prolijamente,
las tendencias hereditarias y locales notadas y la proporción de cada
carácter distintivo, en relación del total apuntado.
Establecida esta, base, debe seguir en cuanto sea posible el pasado
arqueológico de cada uno de los tipos distintos, para establecerla época
de su llegada y su procedencia. De esta manera poco á poco se consi-
guen los datos necesarios para establecer cuál de los tipos presentes filé
el que llegó primero á una región cualquiera.
Si por idéntico sistema., se procede con los países y continentes, llegará
el día en que se pueda saber el tipo primitivo y de qué manera han re-
sultado sus variantes.
Así será más fácil resolver el gran problema de los orígenes y dejar
más clara la cuestión de monogenesia ó poligenesia.
Indudablemente pasarán muchas generaciones, antes que se pueda
producir resultados de tanta importancia, pero en nuestra opinión es la
única manera; y si cada uno por su lado, geólogos, paleontólogos, antro-
pólogos, etnólogos y arqueólogos; siguen adelante cada uno en su esfe-
ra, concretándose más á la recolección y clasificación de datos sin perder
tanto tiempo en teorizar, y seguir fútiles y á veces absurdas discusiones
tanto más luego llegaremos á la meta deseada.
Principiando por el extremo sur del continente, encontramos tres ra-
zas que habitan la. Tierra, del Fuego y los archipiélagos adyacentes. Son
éstas, los Olías, los Y al ¡ganes y los Alacalufes, generalmente agrupados
bajo el nombre genérico de fueguinos.
Onas. — Los Onas habitan el este y noreste de Tierra del Fuego.
Acusan una descendencia patagónica, pero es discutible si pertenecen
á la nación de los Tehuelches; ó más bien á otra rama de la familia ¡pie
ocupaba el territorio vecino al río Negro en tiempos prehistóricos.
Los datos precisos sobre la morfología de esta raza son muy escasos.
Sabemos que son de alta estatura y corpulentos y ¡pie en general se ase-
mejan á sus vecinos del norte del estrecho; pero también en algunos
¡mu tos se diferencian de ellos.
El promedio de la estatura referida por distintos viajeros, resulta de
lm81 para los hombres y lm67 para las mujeres. Son corpulentos de an-
chas espaldas y miembros proporcionados á su tronco.
Las únicas mediciones craneométricas ¡pie conocemos de esta raza,
son las que da Hultkrantz 1 de tres ejemplares hallados por la expedi-
ción cien tí ti cu sueca; y de tres que existen en el Museo de París.
Son todos dolicoeéfalos, con índice cefálico medio de 74,(5; acrocéfa-
los con índice mixto de altura de 88,4; mesásemos y leptorrinos, con ín-
dice nasal de 45,3.
Los cráneos son relativamente voluminosos, con una. capacidad media,
¡le 1487 centímetros cúbicos.
En los vivos se nota que la fisonomía es menos agradable que entre
los Tehuelches, la cara es alargada, angulosa, los pómulos salientes, la
nariz larga y delgada y la boca grande.
Muchos observadores han encontrado una semejanza marcada, entre
los Tehuelches y los Onas. Sin embargo, esta semejanza es más aparen-
te que verdadera, porque los primeros son esencialmente braquieéfalos
según Ten Kate 2 y Deniker 3; pero mientras no estemos en posesión
de mayores datos creemos más prudente no pronunciar opinión sobre
el parentesco existente entre las dos razas.
Al mismo tiempo no estamos de acuerdo con el señor lí’élix F. Outes 4,
quien supone que los Onas deben su dolicocefalía á la mezcla habida
con sus vecinos los Yaliganes; puesto que éstos son dólico y subdólico-
céfalos, con índice mayor que los Onas; y todavía tenemos que constatar
1 .J. V. Hultkrantz, Znr Osteoloyie der Ona und Y aligan Indianer don Femarían dea
(Svenska Espeditionen till Magellanslandcrna), tomo I. Stockholm, 1900.
* H iírmann Ten Kate, Matériaux pour servir á l’anthropologie des Indiens dé la Ilé-
publique Argentine. llevista del Musco de La Fluía, tomo XII. 1905.
3 Hyades et Deniker, Misión scicntifique da Cap Flora, voluine VIL Anthropolo-
gie et ethnogr apiñe. Paria, 1891.
1 Félix l1’. Outes, La edad de la piedra en Falagonia. Estudio de arqueología com-
parada. Anales del Museo nacional de Buenos Aires, XII. 1905.
— 277 —
.si una. raza braquicófala, mezclándose con otra subdolícocófála, pro-
duce una netamente dolicocéfala.
Ydhganes. — A! sur y a! oeste de los Onas, por ambos lados del canal
de Beagle, encontramos á los Yabganes, el pueblo más austral del
mundo.
Gracias á las expediciones científicas mandadas á los mares antálgi-
cos por diversos gobiernos europeos y las publicaciones de los esforza-
dos misioneros que se lian dedicado al alivio físico y moral de los últimos
restos dé esta desgraciada nación, tenemos datos más precisos sobre esta
raza.
Hoy, escasamente llegan sí 300 individuos 1 ; la mayor parte de los
cuales están domiciliados alrededor de las misiones. Son de pequeña
estatura; llegando el promedio de 269 hombres sólo á lm585 y de 1.60
mujeres á lm49.
Tienen la cabeza voluminosa, con capacidad craneana de 1445 centí-
metros cúbicos para los hombres y 1287 centímetros cúbicos para
las mujeres según Ilyades y Deniker 2. Los tres cráneos medidos por
Hultkrantz dieron respectivamente 1290, 1360 y 1550 centímetros cú-
bicos.
Son subdolicocéfalos. El índice cefálico para treinta cráneos de hom-
bres era 76,88 y para 18 mujeres 77,98 ó para toda la serie de 48 crá-
neos de 77,3. El mismo índice en los vivos era para 29 hombres 79,6 y
para 24 mujeres 79 y en 36 niños de 2 á 15 años 80,64. Para los 53
adultos alcanzó 79,2.
Se nota una tendencia á la escafocefalía. La cara, es larga, en forma,
de losange y angular. Esta forma se debe á que la frente es relativa-
mente estrecha, baja y huyente y los pómulos pronunciados. El frontal
mínimum es 102 milímetros en los hombres, y 88 milímetros en las mu-
jeres, mientras el diámetro bizigomático es 147 milímetros en los prime-
ros y 126 cu las últimas. La diferencia entre estas dos mediciones es de
45 milímetros en los hombres y 38 milímetros en las mujeres.
• Los ojos son pequeños, horizontales y obscuros. Las órbitas son cua-
drangulares con índice orbitario en 61 individuos de 87,5, siendo un
poco mayor en las mujeres que en los hombres.
La nariz es generalmente cóncava, con puente estrecho, alas grandes,
ventanillas abiertas y la punta un poco levantada. La apertura piri-
forme es larga y angosta, encontrándose los Yahganes en este respec-
to entre las razas leptorriuas, con índice nasal de 47,4 en una serie de
70 cráneos.
La boca es grande y los labios gruesos y salientes, y existe un débil
1 Otto Nordeuslcjold.
5 Ob. cit.
278
prognatismo subnasal. La barba es pequeña y poco protuberante; los
dientes bien alineados y parejos l *.
El cuello es corto, bien torneado y fuerte; los hombros anchos, cuadra-
dos, y un poco altos. El tronco en general es más grande que lo que co-
rresponde á la proporción de las extremidades, que son delgadas y mal
formadas. Esto les da la apariencia de ser más altos de lo que realmente
son, cuando se les ve sentados.
Andando, parecen más bajos por la costumbre de caminar con el cuer-
po echado hacia adelante y con las piornas un poco dobladas.
Los brazos son largos en proporción al tronco; las manos y los pies
cortos pero anchos.
Las piernas son cortas y mal hechas, sin pantorrilla señalada, debido
á que pasan lo más del tiempo acurrucados á la orilla del fuego, ó en el
fondo de sus canoas y hacen muy poco ejercicio.
La misma costumbre hace que la piel de las rodillas habitualmente
estirada, forme hondas arrugas y superficies callosas cuando están pa-
rados.
Los brazos y las piernas son redondeados y acusan muy poca muscu-
latura..
El color de estos indios es entre cobrizo y bronceado, pero difícil de
distinguir á causa déla mugre y pintura que los cubre. Las mujeres son
un poco más claras que los hombres.
El pelo es negro, lacio y liso, cayendo sobre la frente y los hombros.
Las cejas son obscuras y pobladas y la barba casi nula \
Eitzroy 3 dice que el corpus adiposum que envuelve el cuerpo, conserva
la temperatura necesaria para continuar las funciones vitales y la cir-
culación de la sangre. Es especialmente grueso sobre el abdomen y el
dorso, en las caderas forma rollos y llenan los intersticios entre los mús-
culos en general.
La epidermis también es más gruesa que en la raza blanca. Estos dos
factores, comunes á todas las razas australes, son los que permiten una
vida nómade expuesta á todos los rigores de la intemperie.
No sabemos el origen de esta raza, distinta, en su físico é idioma á las
que la rodean; pero es posible que sea oriunda de la Patagonia y ha sido
empujada hacia el sur por sus más poderosos vecinos.
Tiene muchas semejanzas con la antigua raza dolicocéfala, cuyos res-
tos se han hallado cerca de Boca. Dice Deniker 4 que se asemejan más
á los Botocudos que á cualquier otra raza conocida, no sólo en la forma
1 II YA DIOS y Dioníkek, ob. cit.
* II ya mos, Un año en el cabo de Horno.
8 lí’iTZUOY, Southern Aborígenes of South America. Londres, 1811.
1 Ob. cit.
27!)
del cráneo, sino también en otros caracteres como la. estatura, fisono-
mía, etc.
Alacalufes. — Los Alacalufes ó Alijoolipes, ocupan el oeste y norte de
Tierra del Fuego, como también las islas occidentales del extremo sur
de la república.
Casi todos los observadores están de acuerdo en que no pertenecen á
la misma raza que los Yahganes; aun cuando sus costumbres y modo de
existencia son muy parecidas.
Su habitat se ha extendido sin duda mucho más al norte, probablemen-
te hasta la isla de Chiloé, tanto en las costas del continente como en las
de los archipiélagos.
Su estatura es mi poco mayor que la. de los Yahganes con un prome-
dio de lm02 para los hombres y lm4S7 para las mujeres ; son también
más vigorosos y activos.
El tronco es ancho en proporción á, la. estatura, los miembros son tor-
cidos y delgados, debido á su modo de vivir casi constantemente en sus
canoas. Los brazos son mucho más largos que las piernas y en las muje-
res más desarrollados que en los hombres, á causa de su mucho ejercicio
en remar.
La cara es más regular, más redonda y de mejor aspecto que entre los
Yahganes.
La frente es angosta y retrocedente, los ojos pequeños y hundidos,
horizontales, de color obscuro y bastante separados.
La nariz es angosta entre los ojos, pero ancha en su extremidad, con
las ventanillas abiertas y un poco prominente vista de perfil. La boca
es grande, los labios, sobre todo el inferior, gruesos; los dientes, bien
alineados y blancos, duran hasta la vejez. Los pómulos son poco salien-
tes, pero el mentón es grande y protuberante. Tienen orejas pequeñas,
algo encorvadas hacia adelante. El pelo es negro, lacio y grueso ; tienen
poca, barba, aun cuando es más tupida que entre los Yahganes. Por lo
general se arrancan todo el pelo de la cara y cuerpo.
En cuanto al color del cutis, son parecidos á los Yahganes, siendo un
poco más claros que estos últimos l.
Sobre sus caracteres osteológicos, tenemos poco datos.
Martin, quien estudió los esqueletos de cinco individuos de esta raza
que murieron en Zurich, dice que los cráneos eran mesati cefálicos, pero
no conocemos las cifras que le sirvieron para sus cálculos. Tainbién dice
que eran liipsiconques, leptorrinos y caineprosópicos, con la frente
angosta y luiyente 2.
Uyades y Deniker, los antropólogos que acompañaron la expedición
' Observaciones personales <lel autor.
s R. Martin, Anthrojpologie des Fuégcim. V Anthropologie. París, 1893.
HKV. MUSEO LA PLATA. — T. III. (Vil, (i, 1000.)
10
280 —
0*
\
científica francesa en mi misión ¡il cabo de Hornos dan los siguientes
datos sobre esta raza.
Cinco cráneos masculinos dieron un índice cefálico de 75,08 y los de
dos mujeres 78,15. Entre los vivos 8 hombres tenían un índice de 77,48
y 6 mujeres uno de 79.84.
Tanto los cráneos como los vivos se encuentran dentro de los límites
de la subdolicocefalía, con tendencia entre los hombres á la dolieocefa-
lía, como por ejemplo los cuatro individuos vivos citados por Bolir, cuyo
índice medio sólo llegó á 75.
La cara es más angosta que en los Yahganes, pero el frontal es más
ancho, como también los malares y la mandíbula inferior, de modo que
lio se nota esa forma de losange tan característica de los últimos '.
De los seis cráneos que nosotros hemos estudiado personalmente,
existen tres en el Museo Nacional de esta ciudad. Los otros tres son de
nuestra colección.
Los del Museo nos dieron un índice cefálico de 78,4 y son por lo tanto
subdolicocéfalos. Los índices respectivos eran 74,4, 70,5 y 78,4. Todos
eran hipsiacrocefálicos; mierósemos, índice orbitario 83,4 ; y leptorrinos,
índice nasal 45,0. Eran muy simétricos con curvas suaves; el occipital
bien pronunciado, los arcos supraciliares bastante marcados y la frente
angosta y huyente.
El esqueleto de la cara es corto; los huesos de la nariz prominentes,
las órbitas alargadas y el paladar largo y de poca altura.
Los malares son de regular anchura, pero no protuberantes y existe
muy poco prognatismo, siendo casi recta la cara. Á todos los tres cráneos
les falta la mandíbula inferior.
Los tres que nosotros poseemos proceden, dos de la isla de Dawson y
el otro de la península de BrunsAvick, cerca del puerto Hambre ; y per-
tenecen probablemente á esa tribu llamada por los viajeros Peslierai.
Presentan pequeñas diferencias á los del Museo, aun cuando es pre-
ciso tomar en cuenta que dos de ellos son de mujeres.
Son más dolicocefálicos, 74,7, con la cara más angosta, el diámetro
bizigomático llegando sólo á 119 milímetros. La órbitas son más megá-
semas, con índice orbitario de 93,0.
Los demás caracteres son iguales á los de la serie del Museo ; la frente
angosta; la nariz prominente y leptorrina, con índice nasal de 44,0 y los
cráneos en general hipsiacrocefálicos y simétricos.
La capacidad media era de 1282 centímetros cúbicos.
El índice cefálico medio de los seis cráneos es de 75,6; ligeramente
subdolicocefálico ; el índice mixto de altura 89,2, el orbital 88,5 y na-
sal 45,1 .
1 Ob. cit.
— 281 —
Medina en su Aborígenes do Chile , da algunas mediciones de dos crá-
neos de esta r aza., que resultan con un índice cefálico de 73.
El resumen de estos estudios nos da. los siguientes índice cefálicos :
páralos cráneos de 11 hombres 75,3 y para 4 mujeres 70,4.
De esta. raza, se encuentran restos por toda, la costa, hasta el sur de
la isla, de Chiloé y hay evidencia en favor de que en un tiempo fue
bien numerosa en los archipiélagos de Guaytecas y Chonos.
Hemos podido estudiar ocho cráneos de esta región, tres de Guayte-
cas, tres de Chonos y dos de la isla de Wellington.
Los de Wellington y de Chonos eran más dolicocéfalos que los de
Guaytecas. Sus índices eran respectivamente 74, 74,9, 75,5, en los Cho-
nos y 77,(5 y 7(5,9 en los de Guaytecas.
El índice medio de los ocho cráneos era 75,9 subdolicocéfalos. Medina
cita el cráneo de un Chono cuyo índice cefálico sólo alcanzaba á (59.4 '.
Los de Guaytecas eran más alegásemos (pie los otros, con un índice
orbitario de 92, mientras los de Chonos no pasaban de 83,1 siendo por
lo tanto casi micrósemos.
Para este índice toda la. serie (lió un término medio de 87,5.
Eran hipsiacrocefálieos, leptorrinos, índice nasal 45 y tenían en gene-
ral todos los rasgos característicos de los Alacalufes de los estrechos
del sur.
El capitán Fitzroy 1 2, dice otro tanto y afirma que sus miembros eran
más redondeados, más musculosos y llenos; y que eran de mejor aspecto
(pie los Fueguinos.
Otros observadores también han notado esta semejanza entre los dos
pueblos y creen que no es aventurado considerarlos como de la. misma
raza.
Al mismo tiempo no cabe duda de que los antiguos habitantes de las
islas Guaytecas habían sufrido algunas mezclas con otras razas. Sus
mayores índices cefálico y orbitario y su menor estatura, lm55 según
Coppinger, lo indican.
El elemento extraño venía probablemente del sur de Chiloé.
Tradiciones conservadas entre los indios de esta última isla cuentan
(pie los Chonos y los Chilates vivían en estado do constante guerra, « ma-
loqueándose los unos á, los otros, llevando las mujeres y matando los
hombres.
Ambas tribus eran exogá, micas y así queda, de manifiesto, uno de
los factores de las mezclas que notamos en el arhipiélago de las Guay-
tecas.
El padre Menéiulez también nos informa que los Tehuelclies y Puel-
1 José Tohiiíio Modín a, Los (tboríf/cnes de Chile. Santiago.
2 Oh. eit..
282
ches de la región de Nahuelhmipí, hacían excursiones periódicas contra
sus vecinos de las costas del Pacífico *.
No es de extrañar entonces que no hallemos uniformidad completa en
esas regiones.
El tipo predominante sin embargo, es el de los Alacalufes.
Algunos escritores han tratado de establecer la probabilidad de ha-
berse poblado estas regiones desdo la Polinesia, pero estimamos que no
hay fundamento para una opinión tan temeraria.
Patagones. — Antes de seguir más al norte volveremos atrás para
examinar los pueblos que habitaron la zona austral de tierra firme, entre1,
el canal de Smith y el estrecho de Magallanes.
Al noroeste del golfo de Otway encontramos á los Tehuelchesó Pata-
gones. Al sur y al norte del mismo golfo había una tribu de la misma
raza, á quienes Pitzroy dio el nombre de Huemules, pero que formaba
parte de la familia de los Keyuhues. Estas tribus formaban una subraza,
debido á sus mezclas con los Alacalufes.
En el tiempo de Falkner los Onas, que él denominaba Yacana-Cunnes
habitaban ambos lados del estrecho, pero fueron desalojados por sus ve-
cinos del norte los Tehuelches; y pasaron á la. isla, grande de Tierra del
Enego.
Estos Tehuelches ó Patagones son de otra raza. Ten líate 2 declara
que son braquicéfalos.
Félix F. Outes 3 afirma lo mismo. Este último autor dice que el cráneo
es de gran capacidad, la frente encorvada y rara vez liuyente, la cara
alta, megásemos, leptorrinos y en algunos casos ligeramente prognata.
Deniker 4 los clasifica entre los subbraquicéfalos y da 85 como el ín-
dice cefálico de 18 individuos vivos. Esta cifra limita á los braquicéfalos,
de modo que no sería muy arriesgado clasificarlos entre los primeros.
La estatura de esta raza es considerable pero no tanta como muchas
veces se ha dicho. El término medio entre los hombres es más ó menos
lm80, fluctuando entre lm7() y l,n95; y el de las mujeres entre lmG0 y
lm75 con un término medio de lm08.
Topinard 5 6 dice que la estatura media de seis series era lm78. Wies-
baeh fi y Musters 7 la colocan en l'n73 pero probablemente incluyen á
1 Fiíancisco Fonck, Diarios de fray Francisco Menéndes. Valparaíso, 189G-1900.
s Oh. cit.
3 01). cit.
* Ob. cit.
5 L’anthropologic, Ia edición. Paria, 1881.
6 Viaje del Novara. (Traducción. Barcelona, 1890.)
1 Patagonia.
— 283 —
las mujeres; Ten Kate 1 «I:i, 1 "‘7 1 <» pura tres mediciones tomadas por él.
Carteret 2, llogers 3 * 5 *, Ibar Sierra \ dicen Im83 y Canestrini 15 l'"855
para los hombres y lm602 para las mujeres.
D’Orbigny fi, quien vivió por ocho meses entre ellos, y midió gran
número dice que la altura media de los hombres era lm73 y de las mu-
jeres 1“G2.
Estas diferencias provienen de circunstancias locales. Los Tehuelches
son exogámieos, buscando sus mujeres entre las tribus que los rodean.
Esto también explica las diferencias craneales, que se hallan entre
estos indios.
Los Tehuelches tienen la cabeza relativamente grande; la cara ancha,
caiadrada y achatada: los pómulos poco salientes; los ojos pequeños,
vivos y horizontales ; la nariz corta, chata, ancha, con las ventanillas
dilatadas; la boca grande y los labios gruesos y prominentes.
La frente es arqueada, y no muy estrecha ni huyente. La barba es
corta, cuadrada y bien pronunciada. El cuello es corto, las espaldas muy
anchas, y el pecho desarrollado y levantado.
El tronco es grande y largo, pero los brazos y las piernas son relati-
vamente cortos, y acusan poca, musculatura.
El cutis es más suave que en las razas blancas, y de color moreno
rojizo, ó bien un pardo más ó menos bronceado, poniéndose algo amari-
llento entre los viejos.
ítogers 7 dice que son algo más blancos que el común de nuestro bajo
pueblo, refiriéndose á los chilenos.
Aquella rama que vive entre las montañas y las costas del Pacífico,
incluyendo los Huemules y Keyuhues, ha sufrido más variación de tipo,
que los de las faldas y llanuras del territorio oriental.
Tienen menor estatura lm69; y representan sin duda, un mestizaje
entre los Tehuelches y los Alacalufes ó Chonos.
Sólo hemos podido obtener datos auténticos sobre tres cráneos de
esta región.
Dos eran mesal ¡célalos con índices de 78, 4 y 78,9 respectivamente, y
el otro era ligeramente braquicéfalo llegando á 83,95.
1 Obra, citada..
2 .1 kan I ! awk i'.swortu, Rclation des voyages entrepris par Byron, Cartoret, Wallis
et Cook. París, 1774.
3 Exploración de las anuas de Skyring. Anuario hidrográfico de Chile. 1879.
1 Relación de los estudios hechos en el estrecho de Magallanes y la Patagonia austral.
Anuario hidrográfico de Chile. 1879.
5 Antropología . Barcelona, sin focha.
0 L’homme amcrivain.
7 Ol>. cit.
284
Uno citado por Medina era subdolicocéfalo con índice de 77,5.
No son tan hipsiceí'álicos como en los Alacalufes, siendo el índice
mixto de altura 83,1). 13 n cambio son más melásemos, índice orbitario
1)0. El índice nasal es casi igual, 45,5.
Son más grandes que los cráneos de los Fueguinos, y más globulosos.
Los parietales como también el occipital, son algo aplastados, pero la
región temporal es llena.
El esqueleto de la cara es alargado, y los huesos pesados y fuertes. El
frontal es un poco deprimido, y los arcos supraciliarios bastante pronun-
ciados. Los huesos de la nariz son angostos en su base y algo salientes.
El capitán King 1 dice que los Huemules eran algo parecidos á los
Alacalufes, pero más robustos y activos, y con facciones distintas. Agrega,
que en cuanto á complexión son muy poco más obscuros que los europeos
meridionales.
Estos Tehuelches en tiempo no muy lejano, se extendían mucho más
al norte, y frecuentaban las faldas de este lado de la cordillera, en la.
región del golfo de Reloncaví, y tenían frecuentes relaciones con los
Cuneos y Huilliclies de la provincia de Llanquihuc. En esta zona eran
conocidos con el nombre de Poyas.
Chilotes. — Respecto del origen de los Chilotes, nuestros conocimien-
tos son casi nulos.
Era una de las razas más bajas de la. América. Austral, y aun hoy día
después de las numerosas mezclas que han sufrido, puede decirse que es
el pueblo de menor estatura que habita el territorio chileno.
El cirujano del buque de guerra Chacubuco, que lo acompañó en su
viaje de exploración á las costas del sur en 1870, dice que su estatura
no pasa de lm37 2. Nuestras observaciones personales nos hace aumen-
tar en diez centímetros esta medición, aun cuando reconocemos que hay
muchos individuos, sobre todo en el sur de la isla, que tienen menor
altura. El promedio de nuestras mediciones llegan á 1“‘4(> para los hom-
bres y lm38 para las mujeres.
No pudimos obtener mediciones craneales pero notamos (pie existen
cierta variedad predominando la forma globulosa, que parece ser braqui-
céfala. Pero á falta de datos precisos preferimos reservar nuestra opi-
nión respecto á la raza autóctona de la isla.
Lo que resulta más probado, es el número de razas intrusas que en dis-
tintas épocas lian invadido la isla. Entre otras podemos citar las Payos, o
Poyas, que era una subraza, mezcla de Huilliches y Tehuelches, estable-
1 Voy afiea of the Adventarc and lite llcaglc in tlic y car a, 182G-183G, volumen I. Leu-
den, 1840.
* Enkiiiue 61. Simpson, Exploraciones hechas por la corbeta « Chacabuco » en los
archipiélagos de Guaytecas, Chonos y Taitas. 1870.
285
cicla en las costas «leí continente al sur de la isla gránele de (Jhiloé; los
Chonos, los Cuneos, que ocuparon algunos puntos de la costa en la parte
septentrional, y aquella raza, antigua que ocupaba la Araucania, ante-
rior á la llegada, de los Mapuches, y expulsada por éstos, se extendían
por las costas y valles del sur, pasando una. parte á la isla.
Á mediados del siglo xvni los jesuítas hicieron internarse ala isla la
mayor parte ele los Chonos y otras razas de los archipiélagos australes.
Por esto vemos que los Chilotes ó Veliehesno forman una raza homo-
génea, y no se puede esperar encontrar un tipo único y bien definido. El
que predomina tiene los siguientes caracteres : fisonomía algo tosca, sin
ser tan brutal izada, como la de los Fueguinos; tez algo moreno, pero más
claro que en los indios de tierra (irme. Escasa barba, pelo negro, tieso y
liso; trente angosta, y baja, cara, alargada, y relativamente angosta, ojos
obscuros pequeños y hundidos; nariz corta, no muy ancha y achatada ;
boca grande, recta, con labios más bien delgados ; dientes chicos bien
alineados y blancos. El tronco es desproporcionado, comparado con los
miembros que son cortos y musculosos; el pecho es ancho pero no
arqueado, los hombros cuadrados y el cuello grueso y muy corto. El
antebrazo es más largo que eti general entre las razas chilenas, y mide
tanto como el brazo superior. Las piernas son muy cortas, la pantorrilla
desarrollada, y el tobillo grueso, y los pies y manos son cortos y anchos L
Sea cual fuere el origen de esta raza, se diferencia en mucha, s impor-
tantes particularidades de cualquiera de las otras que la rodean.
Cínicos. — Los (Juncos eran deuna raza, hoy completamente desapareci-
da, que ocupábalos llanos y el litoral entre Valdivia y el canal de Chacao.
Formaban parte de la nación de los Pichi-Huilliches; pero nada sabe-
mos de sus orígenes.
Á la llegada de los españoles ya era una raza mezclada; dedicada á
una primitiva agricultura, que probablemente habían aprendido de sus
vecinos del norte, quienes se refugiaron entre ellos, cuando fueron arro-
jados de su propio territorio por la invasión Araucana.
Muy poco podemos decir respecto de esta, raza en cuanto á sus carac-
teres físicos. Parece haber tenido poca estatura, los hombres alrededor
de lm55, y las mujeres 1"’40.
Personalmente sólo hemos conocido dos cráneos procedentes de este
distrito. Eran mesa, ticefál icos, con índice cefálico de 80,2 y 81,1 res-
pectivamente. No eran tan altos como es común entre los clóneos
chilenos, y el índice mixto de altura, no pasa de 81,3. Las órbitas eran
euadrangulares con índice orbitario de 91,1; eran mesorrinos, índice
nasal 50; el frontal ancho y bombeado pero no muy alto, y los arcos
supra ciliares pronunciados.
Enuiquk M. SisipsoNj ol>. cil.
Los cráneos eran globulosos y grandes, pero un poco aplastados en
los costados, y con muy poco prognatismo.
Medina en la lista que publicó en sus Aborígenes de Chile, da algunas
mediciones de un antiguo cráneo procedente de Osorno, cuyo índice
cefálico resulta 74,7, dolicocéfalo; pero sospechamos que pueda ser de
otra raza..
Huilliches. — Aun cuando empicamos este término para referirá las
tribus al sur del Tolten, debemos observar que es un nombre mal apli-
cado, cuando se emplea para expresar un tipo étnico determinado. Hui-
lli-che en araucano significa simplemente gente del sur, y fué usado por
los Mapuches para hablar de los diversos pueblos que habitaban al sur
de su territorio; lo mismo (pie la denominación de Puel che se refería en
general á todas las naciones de ultra cordillera.
Los Huilliclies se dividían en dos grandes ramas : los Pichi-Huilliches,
pequeña gente del sur, y los Buta-lluilliehes ó la. gente grande del
sur.
Los primeros comprendían los pueblos que vivían entre el Tolten y
Ohiloé, y los últimos incluían todas las poblaciones de los archipiélagos
australes.
Nosotros empleamos la expresión para designar un pueblo heterogé-
neo que ocupaba la región central y la costa entre el Tolten y Valdivia.
Los llamados Huilliches serranos residían en la cordillera al oriente de
esto pueblo y de los Cuneos. De ellos trataremos en seguida.
Nuestros Huilliches no tenían un tipo característico, y se componían
de individuos de numerosos orígenes. Hallamos cráneos Mapuches, cos-
tinos, Pehuenchos, y otros del tipo paleo-americano dentro de su territo-
rio, y otros cuya procedencia es difícil averiguar.
Es posible que esta zona, fuera de las fronteras reconocidas de las
naciones dominantes en aquellas provincias, fué ocupada sucesivamente
por todas ellas; ó tal vez considerado como un campo neutral que
convenía á todas mantener, como resguardo de una repentina incursión
de formidables vecinos.
Los Puelches. — Los Puelches de origen pampeano, en tiempo déla
conquista ocupaban no sólo los llanos y faldas orientales de la cordillera
de los Andes, sino también los valles, y región subandina de esta banda.
Gómez de Vidaurre en su Historia geográfica, natural g civil del reino
de Chile, dice, hablando de los Puelches : « Confinan á los Pelmenches, y
se extienden hasta el grado 4d. tíe dividen en orientales y occidenta-
les. Estos últimos habitan en los valles de la cordillera; fueron en el
siglo pasado aliados constantes de los Araucanos, y al presente son ente-
ramente unidos á su dominio. »
Los que habitaban en el territorio chileno habían adoptado la lengua
general, ó Araucana, como también algunas de las costumbres de las
287
razas vecinas. I>e los (Juncos habían aprendido los principios de la agri-
cultura y de la crianza de huanacos.
Este pueblo fue el (pie algunos autores llaman los Huilliches serranos,
pero eran verdaderos Puelches.
Tenían una estatura mediana, un poco mayor (píelos Araucanos ó Ma-
puches, y bastante más (píelos Cuneos y Ohilotes, pero un poco menor
que los Pelmenches.
Eran braquicófalos con un índice cefálico medio de 84.
Den i leer 1 supone que los Puelches forman una subraza, originada por
una fusión de los Tehuelches y los Araucanos de las pampas.
No podemos entrar á discutir esta, cuestión de orígenes, pero simple-
mente observamos que esta, raza que ocupaba ambas faldas de los An-
des, (Mitre los grados 41 y 43, no era, raza, primitiva de Chile, y con toda
probabilidad pertenecía á aquel pueblo de la pampa, designado general-
mente con el nombre de Puelche.
Es también probable que á su llegada, á, territorio chileno se encon-
trara en presencia de otra raza más antigua, cuyos restos hallados en
la vecindad de los grandes lagos andinos y subandinos, recuerdan el
tipo paleoa mélica, no.
Tenemos en nuestra colección un cráneo de este tipo, recogido en las
orillas del lago Raneo en la provincia de Valdivia.
Es dolicocéfalo con índice cefálico de 74; índice mixto de altura 84,0;
índice orbitario 80 ; é índice nasal 52,8. El diámetro frontal mínimo es
103 milímetros; el diámetro bizigomátieo 135 milímetros, y la capacidad
craneal 1385 centímetros cúbicos. Es ligeramente escafocéfalo, y los cos-
tados son aplanados. Las paredes son gruesas, y los huesos de la cara
fuertes. La glabela y los arcos supraorbitarios son marcados, y el esque-
leto nasal prominente.
La, distancia bidáeriea, es considerable, y las órbitas muy alargadas.
La bóveda palatina, no es muy grande, pero existe un prognatismo sub-
nasal y dental, algo pronunciado.
La, frente es ancha, y baja, pero no huyente.
Se puede caracterizarlos cráneos de este tipo como liipsiacrocefálicos,
micrósemos, platirrinos, mesópicos, fenozigos y mesoprosópicos.
Creemos que el pueblo á que pertenía este cráneo, era, el ascendiente
de los Pelmenches; y posiblemente era el eslabón que forma el vínculo
mitre ellos y la antigua raza dolicocéfala del río Negro.
Tiene muchas semejanzas con ambas, como también algunas diferen-
cias; pero loque llama, la, atención es, que todos sus principales caracte-
res son reproducidos en una, n otra, acentuando así la probabilidad que
sea un tipo intermediario entre las dos razas.
Haces of Man.
288
Araucanos. — Este término lia sido empleado para designar los pue-
blos que habitaban las provincias comprendidas entre los ríos Bio-Bio
y Tolten.
Consideramos que este nombre, dado ¡i toda la población de aquella,
zona por los españoles, y perpetuado desde entonces, lia sido una de las
causas principales de la confusión de ideas que existe respecto de los
pueblos indígenas de la zona.
Hemos observado con alguna detención en otra parte que la igual-
dad de lengua que se notaba en toda la región central del país no
era suficiente para establecer la homogeneidad de la raza en toda esta,
extensión.
Nuestros estudios sobre la antropología física de la población de este
territorio nos han convencido de la falacia de esta creencia, y nos han
demostrado «pie lejos de haber la homogeneidad pretendida., lian existido
desde tiempos muy remotos, pueblos de origen muy distinto unos de
otros, que en parte se han fusionado, pero que por lo general lian guar-
dado su propio individualismo.
Luego, el dar á estos diferentes elementos étnicos, un nombre gené-
rico que los incluye ó todos, en vez de resolver el problema, tiene por
efecto embrollarlo más aún.
Varios (lelos cronistas españoles notaron la diferencia entre los diver-
sos tipos, entre otros Carvallo y Goyeneche, Rosales y Gómez Vidaurrc.
Este último escritor dice: «Aun entre los mismos indios chilenos es
bien notable la diferencia de los delineamientos particulares que hay
entre algunas de las tribus » '.
En la región (pie tratamos, es decir el distrito entre el Bio-Bio y
el Tolten, encontramos varios pueblos, que físicamente no pueden con-
fundirse.
Los Puelches, ó Huilliches serranos ocupaban los valles de la cordi-
llera en la vecindad del río Trancara, y al sur hasta el grado 4o. Eran,
como hemos visto, altamente braquieéfalos.
Al norte de ellos, habitando ambas faldas de los Andes, vivían los
Pehuenches.
Retirándose á. la banda oriental de la cordillera durante los primeros
años de la conquista, española, sólo volvieron á este lado después de la
independencia, encontrándose radicado hoy día en las cordilleras de las
provincias de Malleco, Cautín y Bio-Bio.
No tienen nada en común con los Araucanos de los llanos, más que el
idioma y ciertas costumbres adquiridas por contacto.
Los pocos restos hallados en la región habitada por ellos indican que
eran dolieoeéfalos, y de una estatura mucho mayor que la de los Bañistas.
1 01). cit.
289 —
En ios llanos centrales encontramos á los Mapuches, los verdaderos
Araucanos de la historia', raza de baja estatura y s u bbraq i ricéfalo .
Probablemente estas dos últimas razas se mezclaron considerable-
mente en la- región subandina, ó» inapircmapu.
Aquí hallamos que tu. estatura es un poco mayor que en los llanos,
pero inferior á la de los Peliuenclres; y que los habitantes son por la
mayor parte mesa, ti, ó subdolicocéfalos.
En va, rías parte,s de la costa,, desde Ara, neo basta, el sur del Imperial,
hallamos un pueblo dolicoccfalo, cuya, estatura es mayor que entre los
Mapuches del centro.
Vestigios de. otra, raza hipcrhraqiiiccfala se han encontrado en diver-
sas partes del territorio, principalmente en la zona- central ocupada pol-
los departamentos de Ango! y Traiguén.
De esta raza, tenemos tan pocos datos que no nos atrevemos á avanzar
teoría, ninguna.
Por otra, parte, observaremos que con frecuencia, se encuentran crá-
neos dolicoeéfalos ó braquicéfalos, fuera, délas zona, s seña, la das. No debí*
considerarse extra, ño este hedió, si se tiene en cuenta las constantes
guerras entre las numerosas tribus, sus alianzas contra, un enemigo
común, y sus costumbres exogú micas.
Entraremos ahora, en mayores detalles sobre los caracteres físicos de
estas razas.
Pehuenches. — Todos los autores que lian deseripto los diversos pue-
blos de la Araucania, han notado la mayor estatura «le esta, raza, esti-
mando el término medio en lm08 sí, 1"'70, pero conocemos pocas cifras
exacta, s.
El señor Tomás (5 nevara 1 «la la, estatura, media de cuatro hombres
como 1™69.
Hace algunos años recorrimos la cordillera desde Antuco basta Llai-
ma, y pudimos medir otros cuatro individuos, cuyo promedio dio 1 mG84.
De otras fuentes varias hemos conseguido diez mediciones más, siendo
su término medio 1"*GS1, ó sea, para las tres series de diez y odio indi-
viduos i '"684.
En cuanto á la, emneología de los Pelruenclies con la excepción de
nuestros propios estudios, sólo conocemos la. mención del índice, cefálico
de mi cráneo, cita, da, por el señor Tomás Huevara como procedente de
Lonqnimai, y que «lió la cifra «le 75,2. Era por consiguiente snbdolico-
cefálico.
Estudiamos siete cráneos recogidos en la cordillera entre Halla, qui y
Lonqnimai.
También tuvimos oportunidad de medir tres individuos vivos, de
1 Historia de la civilización de la Araucania. Anales de la Universidad de. Chile. 1898.
290 —
este último lugar, y de examinar un cráneo de la vecindad del volcán de
Antuco.
Los cráneos de Loncjuimai todos dan un índice cefálico muy bajo,
variando entre 09,8 y 78,5 con un término medio de 75,4. Son subdoli-
eoeéíálos con una tendencia á la dolicocefalía. El cráneo de Antuco dio
75,5 también subdolicocéfalo.
Las mediciones sobre los vivos nos dieron un índice de 70,8, que
correspondería á. 74,8 más ó menos en los cráneos, y los coloca entre los
dolicocéfalos.
Otros caracteres craneológicosque los distinguen de los Monistas son :
el menor índice nasal, 47,2; las órbitas más alargadas, índice orbitario
80,0; la mayor anchura bi ¡si gom ática 141 milímetros; mayor capacidad
craneal 1490 centímetros cúbicos y un prognatismo más pronunciado.
Las paredes de los cráneos son también un poco más gruesas, los huesos
de la cara más macizos, y las curvas de la bóveda menos simétricas,
más aplanadas en la región de los parietales, y el occipital más protu-
berante.
No sólo son más altos que los Mapuches sino (pie también son más
musculosos, más fornidos, robustos y feroces. Tienen una fisonomía más
altanera, la cara, más ancha y más cuadrada, debido á la mayor anchura
de la mandíbula inferior, que es fuerte y prominente. Los pómulos son
salientes, la nariz corta y recta, la boca grande y los labios vueltos un
poco hacia afuera. Lo saliente de la glabela, y lo hundido de los ojos da
un aspecto de fiereza á la cara, que no se encuentra entre los Mapuches.
Son también un poco más obscuros en tinte que estos últimos.
Nos inclinamos á la opinión que este pueblo tiene un origen pampea-
no, y que estaba relacionado con aquella raza dolicoeéfala antigua que
en tiempos prehistóricos habitaba las regiones entre los ríos Negro
y Colorado.
Mapuches. — Los Mapuches del valle central predominaban en todo
el territorio entre el Bio-Bio y el Tolten, desde la región subandina,
donde se habían mezclado con los Pehuenches, hasta la costa, comarca,
en que absorbían la población primitiva, produciendo nuevos tipos, cuya
variedad asombra al estudiante.
Originaria de las pampas argentinas, esta raza debe haber llegado al
suelo chileno, muy pocos siglos antes de la. conquista española.. Al norte
del Bio-Bio, donde probablemente encontraron mayor resistencia, este
elemento se fusionó con las naciones existentes; pero al sur de dicho
río conservaron con mayor pureza su tipo primitivo, sobre todo en la
región délos llanos centrales, y donde sus descendientes todavía, residen
sin que hayan cambiado en mucho su tipo étnico.
Son de estatura relativamente baja, pero fornidos y robustos. Los re-
sultados de las diferentes mediciones que conocemos arrojan una esta tura
291
media de 1 ’"<» I para, los hombres, y 1 m4.‘í5 pura, las mujeres de esta raza.
El señor Tomás Guevara. 1 da una lista de 51 mediciones tomadas por
él. Si omitimos los cuatro Pelmenches, y los seis costinos, que no perte-
necen al tipo <pie estudiamos, vemos que la estatura media de los 41
restantes es de rn(522; pero incluye algunos que sospechamos pueden
pertenecer á otras razas, como los de Nueva. Imperial, que pueden ser
de la. raza costina, y algunos de Oollipulli y Victoria que posiblemente
deben su mayor estatura á la mezcla con los Pehuenelies.
Diez mujeres medidas por el mismo señor tuvieron una altura media
de 1”437.
Nuestras mediciones de 31 hombres de esta zona nos dieron un pro-
medio de lm()00, y las de 1 1) mujeres i’"432.
liemos tenido la oportunidad de estudiar cinco series de cráneos Ma-
puches.
La primera era de 25 cráneos recogidos por nosotros en diversos inul-
tos, que dieron un índice cefálico de 81,4. La segunda, serie era del
Museo Nacional de esta ciudad, ocho en número, con índice de 83,2; la
tercera constaba sólo de dos cráneos, procedentes del departamento de
Traiguén, y también existentes en el Museo, pero por su liiperbraquice-
falía merecen una mención especial. La cuarta, serie era recogida por
nosotros, é incluye los de catorce hombres y seis mujeres. El índice
cefálico de los primeros era 82, y de los segundos 82,(5. La quinta serie
de 35) cráneos eran los de diversas colecciones que hemos tenido oportu-
nidad de examinar en distintas épocas, y dieron por resultado un índice
medio de 81,(5.
Omitiendo la. serie número 3, quedan 02 cráneos con un índice cefá-
lico de 81,7 mesaticéfalo, é indicativo de una. raza mezclada.
Guevara 2 da una lista de veinte mediciones de distintos puntos del
territorio, cuyo índice sólo alcanza á 78,9; pero como incluye cuatro que
son netamente dolieoeefálicos, y dos que son subdolicocefálicos, y que
el mismo autor cita como Pelmenches de Lonquimai; creemos que esta
cifra es demasiado baja.
Omitiendo los seis cráneos mencionados, obtenemos un índice de 81,9
por los catorce restantes; guarismo parecido al que nosotros deducimos.
Respecto á sus otros caracteres, estos cráneos son hipsiacrocefálicos,
mesozigios, inesosemos, mesorrinos, ligeramente prognatos, y elipsoides.
La cara es platiópica., y cameprosópica.
Los principales índices son: altura mixta. 8(5, (5; orbitario 85,2; y
nasal 48,5.
131 ángulo del prognatismo subnasal es 7(5,2; la. capacidad craneal
1 Oh. cifc.
2 Ob. cifc.
1350 centímetros cúbicos en los hombres, y 1230 en las mujeres; el diá-
metro bizigomático 130 milímetros en los primeros, y 132 milímetros en
los segundos.
De nuestras notas recogidas durante una residencia de tres años en
las provincias de Malleco y Cautín, tomamos los siguientes datos res-
pecto del aspecto general de los Mapuches.
El tronco es bien desarrollado pero largo el pecho alto y arqueado;
en la mujer los senos son cónicos y apartados, y proyectan más hacia
afuera que entre las europeas; el vientre es largo y abultado, siendo
notable la. distancia entre el ombligo y id pubis. Las espaldas en ambos
sexos son anchas; el cuello corto y grueso, y el dorso recto, sin la curva,
tan pronunciada en las razas blancas. Los brazos son relativamente cor-
tos y gruesos, sin ser tan musculosos como en los europeos. Los muslos
son gruesos y redondos, y entre los mujeres no tan ahuecados como en
algunas otras razas. No se notan las pantorrillas debido á lo grueso del
tobillo. Las manos y los pies son cortos y gruesos, y como no usan cal-
zado, los.. dedos son separados.
La cabeza parece ser grande, á causa de llevar el pelo en forma de
melena hasta los hombros, pero es en realidad chica, mucho menor (pie
la de los Pehuenches.
El i>elo crece muy bajo sobre la frente y las sienes. Por esto la frente
parece estrecha, pero en el cráneo se ve que es proporcionada al tamaño
de la cabeza, y no es h oyente.
La cara es generalmente redonda, aun cuando las angulosas son bas-
tante comunes; los pómulos son ligeramente salientes, vistos de frente,
pero mirada de perlil la cara es algo aplastada.
La nariz es ancha y carnosa, generalmente recta, sentada á su base,
y nunca aguileña. Los ojos son pequeños y obscuros, raras veces negros,
y frecuentemente de un pardo algo claro; son horizontales y nunca
podría calificarse de mongólicos.
La boca es grande, los labios gruesos, y el superior muy largo. La
barba es cuadrada y algo prominente, dando á la cara un aire de deter-
minación y de virilidad. Las orejas son bien colocadas, y tienen los lóbu-
los un desarrollo regular.
El pelo es obscuro, pero no bien negro, grueso y liso. El cutis es mo-
reno, sin que tenga el tinte cobrizo tan característico de los indios de la
América septentrional, ni tampoco el amarillento de algunas de las tri-
bus del Peni. Es más bien un pardo claro, algo aceitunado y se encuen-
tran mujeres jóvenes que no son más obscuras que algunas de los pue-
blos meridionales de Europa.
Respecto de los Boroanos creemos á falta de pruebas decisivas, que
representan un estado de mestizaje, prolongado por la costumbre de no
efectuar casamientos fuera de su casta. Sobre este punto diceílómcz de
— 293 —
Vidaurre 1 : « Los boroanos jamás se unen en matrimonio con algunas
«le las otras indias, ni permiten que las suyas tomen otro marido que no
sea de su distrito, para conservarse siempre con este bello color que
ellos aprecian infinito. »
Es verdad que este autor, como también otros cronistas españoles
aseveran que no ha existido jamás tal mestizaje, pero sus argumentos
no son convincentes.
Antes de dejar esta raza queremos decir unas pocas palabras acerca
de la nación llamada por Moreno, Ten Kate y otros escritores los Arau-
canos argentinos.
Se ha supuesto, generalmente, que esta nación ha tenido un origen
chileno, pero nuestras investigaciones nos convencen que los Mapuches
por otra parte han venido de la pampa; aun cuando es probable que la
lengua Araucana sea propia de una raza chilena é introducida posterior-
mente á territorio argentino.
Describiendo los Araucanos argentinos, M. de La Vaulx dice que son
de cuerpo pequeño y mal formado, estatura lm57 ; cabeza grande y an-
cha,, nariz chata,, ojos ligeramente elevados en su borde exterior, aspecto
feo, cráneo braquicefálico
Ten Kate 3 en un estudio de 119 cráneos de esta raza, provenientes
de la provincia de Buenos Aires, Salinas Grandes, y de la gobernación
de la Pampa, dice que 82 por ciento de ellos eran deformados.
35 de ellos eran ultrabraqui c liipsicefálicos, 20 eran braqui y meso-
cefálicos y entre los restantes había todas las formas hasta la dolicoce-
falía, pronunciada.
Las mismas diferencias existían en cuanto á los otros índices. 48,0
eran leptorrinos; 30,4 por «dentó mesorrinos y 20,8 por ciento platirrinos.
La mayor parte 72 por ciento eran alegásemos, 22,8 por ciento mesáse-
mos y 4,2 por ciento iniciásemos.
No podemos reconocer en estas descripciones las semejanzas «pie los
autores atribuyen á los Mapuches.
Estos últimos no han tenido jamás desde su llegada á Chile, la cos-
tumbre de deformar la cabeza; su estatura era mucho mayor y el cuerpo
pequeño y mal hecho de los argentinos no corresponde con el tronco
desarrollado y robusto de los indios de Chile. Otros puntos de diferen-
cia son el mayor índice cefálico, otra forma de nariz, ojos y órbitas d<>
distinto carácter y en general una apariencia más varonil entre los Ma-
puches.
' OI), eit.
2 L’anthropologie. 1898.
,1 Contribution A la craniologie des Araucana argentina. Revista del Museo de La Plata.
tomo II. 1892.
— 294
De muñera, que, si estas dos razas lian descendido del mismo tronco,
deben haberse separado en tiempos muy remotos, mortificándose mucho,
después de su ramificación.
Subandinos. — Es evidente que la región de las faldas y valles infe-
riores de la cordillera ha sido el centro del cruzamiento entre los Pe-
huenches y los Mapuches. La estatura, el índice cefálico y las facciones
todo lo indica.
En nuestras excursiones al interior de Mulchen y en los alrededores
de Cura-Cautín, pudimos medir 17 indios de los cuales 1 1 eran hombres
y (! mujeres; también recogimos 9 cráneos de las distintas sepulturas.
La estatura media de los hombres era l"‘ü43 y de las mujeres í’"475.
El índice cefálico tomado en (> indios y (5 indias era para los primeros
80,0 y para los segundos 81,3, mientras que los 9 cráneos nos dieron
78,4, estableciendo así la mesaticefalía en los 21 individuos.
Los braquicéfalos do Traiguén. — En una colección de cráneos recogi-
dos de un cementerio antiguo, á pocos kilómetros de Traiguén, en direc-
ción al pueblecito de Quino hallamos algunos, que en ese entonces nos
llamaron vivamente la atención por su braquicefalía subida. Ultimamen-
te encontramos en el Museo de esta ciudad, dos nuevos ejemplares, ro-
tulados «de Traiguén». Estos eran aún más braquicéfalos que los que
conocíamos. Sus índices cefálicos eran respectivamente 92,3 y 89,5. Los
que nosotros hallamos eran de 85,1, 85,2, 80,7, 87,3, 88 y 89,1.
El señor Medina en su lista publica uno de Traiguén con índice de
88,2 y otro cuya procedencia es ignorada, pero clasificado como Arau-
cano, de 88,8.
Omitiendo este último por ser dudoso, tenemos 9 cráneos del mismo
lugar, con un índice medio que alcanza á 87,9. Eran todos hipsicefálicos,
inegásemos, con índice orbitario de 92,8; mesorrinos, índice nasal 50,2;
y notables por la delgadez y finura de los huesos de la cara.
El diámetro bizigomático era muy pequeño llegando solo á 127 milí-
metros para los hombres y 122 para las mujeres; la capacidad era tam-
bién muy exigua ; 1225 centímetros en cinco hombres y 1 140 en dos mu-
jeres.
No hemos encontrado este tipo, tan diferente de los Mapuches, en otra,
parte del territorio y solamente en la. costa y en la región ocupada por
colonias peruanas, hemos visto un índice cefálico tan alto.
Estos cráneos no demuestran la menor seña de deformación artificial,
y no se asemejan á ninguna de las otras razas del distrito.
No trataremos por el momento de explicar este fenómeno, ni de ave-
riguar cuál era el pueblo á que pertenecían estos restos, sino concretar-
nos simplemente á, dejar constancia del hecho.
Los Costinos. — En la región de la costa, es donde lia tenido lugar la
mayor mezcla de razas. Encontramos todos los tipos desde la dolicoce-
— 295 —
falía más pronunciada hasta la braquicefalía. Sin embargo, creemos
que la raza que predominaba en la costa en los tiempos precolombianos
era la dolicocéfala.
En las sepulturas más antiguas y en las cónchales, era éste el tipo
más numeroso, y lo encontramos con bastante frecuencia aun hoy día,
entre los indios actuales.
La estatura de éstos es mayor que entre los del centro y las medicio-
nes que hemos podido conseguir, dan un promedio de 1“68.
Los seis cráneos que hemos examinado, de este tipo, tienen índices
cefálicos que varían entre 68,0 y 74, ó un término medio de 72,6 que los
coloca entre las razas más dolieoeéfalas del mundo.
El índice orbitario es alto, 95; y el índice nasal de 48.
Demuestran un marcado prognatismo, tanto facial, como subnasal y
dental. La cara es grande y el diámetro bizigomático mucho mayor que
en las otras razas de la región, alcanzando 141 milímetros en los seis
cráneos.
Las paredes del cráneo son gruesas y los huesos de la cara macizos.
La frente es angosta y algo deprimida; y el occipital muy pronunciado,
á diferencia de los Mapuches que lo tienen aplastado ó capsular.
En los vivos se nota la cara más larga y más angulosa, los pómulos
mucho más salientes y el color del cutis más claro. No hemos podido re-
solver á qué pueblo pertenecía este tipo, que volvemos á encontrar en
diversos puntos de la costa hasta Caldera.
Posiblemente representa alguna rama de la antigua raza paleoame-
ricana, cuyos restos se hallan por diversos puntos del continente, siendo
sus caracteres más parecidos á los de los Botoeiulos de Brasil que á cual-
quiera de las otras razas chilenas.
Isla de Mocha. — Antes de dejar esta zona echaremos una mirada á
las razas que poblaban esta isla antes de la conquista española.
El doctor Vergara Flores 1 examinó y describió tres cráneos anti-
guos, traídos de la isla, por la expedición científica dirigida, por el doc-
tor Ileiche. Estos dieron un índice cefálico de 77,77, el límite entre la
subdo! icocefalía y la inesaticefalía. Eran hipsiacrocefálicos, megásemos
con un índice orbitario de 90,06, mesorrinos con índice nasal de 49,68 y
fenózigios.
El carácter más digno de nota en ellos, era el enorme diámetro bizi-
gomático 145 milímetros y el gran desarrollo de los malares.
La capacidad de los cráneos era de 1387 centímetros cúbicos.
Encontramos cu el Musco nacional de Santiago, cuatro cráneos mo-
chines.
1 Tres cráneos (le la Isla Mocha (forma un capítulo do la obra La Isla de Mocha),
tomo 10, do los Anales del Musco liacional de Chile.
RBV. MUSEO I,A PLATA. — T. III. (VII, 7, 100!).)
20
— 296 —
Dos de ellos presentan los misinos caracteres generales que los que
acabamos de describir ; los otros eran muy diferentes. Los primeros tie-
nen un índice cefálico de 79,6, uno de 80,9 y el otro de 78,3. El índice
mixto de altura es de 83,9, el orbitario 85,3, el nasal 51 y el diámetro
bizigomático en uno 148 milímetros y en el otro 143, ó uno común de
145,5.
Las paredes del cráneo son muy gruesas, sobre todo en el occipital y
los malares. Los arcos supraorbitarios y las crestas temporales son muy
marcadas y la glabela forma una protuberancia ósea. La frente es muy
deprimida y angosta. La base del esqueleto nasal es muy asentada; el
paladar grande y la rama ascendente del maxilar inferior bastante ancha.
Presentan los cráneos un gran prognatismo, sobro todo subnasal.
En contraste con ellos son los otros dos más parecidos á los de Guay-
tecas, pero con índice cefálico mayor, 81,05.
Son también un poco más altos en proporción, con índice mixto de al-
tura de 81,1 ; pero de mucho menor capacidad, sólo llegando á 1260
centímetros cúbicos.
También son de paredes gruesas, pero esto parece ser carácter cons-
tante de casi todos los cráneos costinos.
La frente angosta, es más combada que en la raza que acabamos de
describir y el occipital más achatado. La cara de este tipo es mucho más
chica y angosta, el diámetro bizigomático sólo llega á 126 milímetros.
Son más megásemos, índice orbitario 93,4 y excesivamente platirrinos
con índice nasal de 59,3 al revés de los últimos descriptos son estos or-
tognatos.
Los dos cráneos están pintados de un color gris obscuro, y los bordes de
las órbitas de la fosa nasal y las suturas alineadas de negro.
Forman un tipo aparte (pie no hemos encontrado en otra parte. No
sabemos nada sobre su origen ni cuál de los tres tipos descriptos es el
primitivo.
Razan de las provincias centrales. — Respecto de los caracteres físicos
de los pobladores de la zona comprendida entre el Bío-Bío y el Maulé,
no conocemos casi nada.
Que las razas que habitaron esta región eran emparentadas con las
de ultra Bío-Bío es simplemente materia de conjeturas, porque no tene-
mos pruebas decisivas ni á favor ni en contra de tal hipótesis.
Lo único que podemos asegurar sin temor de contradicción, es que la
cordillera hasta el volcán de Maipú fué habitada por los Peliuenches.
Gómez de Vidaurre 1 los hace llegar hasta el grado 31° en el depar-
tamento de Ovalle,pero no podemos asegurar el hecho.
Sea como fuere, es probable que alguna parte de la población que eu-
1 Oh. cit.
— 297 —
con tro Pedro do Valdivia 1 en los valles del Maipo y del Mapoeho, es-
taba estrechamente relacionada con esta raza..
De los Promancaes, Ouris, Campicues, Pcnconcs, Penpiilauq nenes y
otras tribus de la comarca, no conocemos más que sus nombres.
Al norte del Maulé y basta, llegar al río Ohoap», son también muy es-
casas las noticias «pie hallamos respecto de las antiguas razas y un es-
tudio de la población rural actual sólo nos demuestra que deben haber
sido muy numerosas las mezclas.
Al tiempo de la conquisto, española, existían al norte del Maulé un
numero considerable «le colonias peruanas.
Las más conocidas eran las establecidas en Vicliuquen, Bío Claro, Ta-
gua-Tagua, Pelequen, Angostura de Paine, Talagante, Maipo, Macal,
Apoquínelo, Vitacurá, Apochame, Colina, Quillota, Lampa, Llai-Llai,
'Valle de Aconcagua., Tilama y el valle del Choapa.
Esto dificulta el problema de la antropología, de la zona, debido á la
costumbres de los peruanos de enviar mitimaes de distintos pueblos
conquistados á. poblar los países recién anexados.
Durante los primeros años de la. ocupación español» emigró á las pro-
vincias del sur ó bien allende la cordillera. Los capitanes mandados por
Pedro de Valdivia á pacifica;!' y subyugar' los indios de Trapananda,
Conlara y Cuyo todos trajeron numerosos de estos naturales á Chile,
donde fueron repartidos en encomiendas.
Durante la. gobernación de García Hurtado de Mendoza se trajo cua-
tro mil de esos naturales á la provincia de Santiago que había quedado
casi despoblada, de indios después de ios horrores del 1 tambre en 1554 y
1 555 seguida por una gran epidemia que los hizo sucumbir á. millares;
después de lo cual llegó el flagelo «le la. viruela en 1501 y 1502 2.
Indios de carga y para trabajaren las minas fueron traídos del Perú
en los primeros tiempos «le la. conquista, y también muchos del sur del
Maulé, de modo «pie sería muy difícil distinguir todos los diferentes ele-
mentos que entran á. formar la raza actual de esta zona.
Los datos craniológicos que hemos podido conseguir son en extremo
escasos.
Hallamos en la colección del Museo nacional dos cráneos procedentes
de la boca del Eapel. Eran ultrabraquicefálicos, con índice de 89,1 y 90,9
respectivamente, pero perfectamente normales y sin indicio de deforma-
ción artificial. Su altura basihregmática era otro punto notable; llegan-
do el índice mixto de altura, á 89,5. Eran megásemos con índice orbita-
rio de 93,3 ; platirrinos, índice nasal 55 y bastante fenózigios, con un
diámetro bizigomático de 1.34 milímetros.
1 Carta al emperador Carlos V. Serena, 4 septiembre do 1545.
2 Ramón BkiseñO, Repertorio de antigüedades chilenas. Santiago, 1889.
— 298
Las paredes de estos cráneos eran gruesas; la frente angosta pero
más combada (pie es general en las razas costinas chilenas; la bóveda
palatina era muy ancha y la fosa nasal muy abierta. Tenían poco prog-
natismo y eso sólo en la región subnasal. Los contornos de los cráneos
eran redondeados, los temporales desarrollados, y la cresta occipital ex-
terna sobresaliente.
En la misma colección había otro cráneo, sin procedencia indicada,
que reproducía varios de estos caracteres, aun cuando su braquicefalía
no era tan pronunciada, llegando el índice cefálico solamente á 81. Era
notable por su platirrinia excesiva; índice nasal (>2,2. Medina cita dos
cráneos de esta región, uno de Curicó y otro del Bapel.
El primero tenía un índice cefálico de 80,9 y el último uno de 82,5.
También encontramos en la colección del Museo, dos cráneos del valle
de Tinguiririea, hallados á una altura de 3000 metros. Uno era sub-bra-
quicéfalo con índice de 81 y el otro dolicocéfalo con índice de 73,8.
Sería difícil encontrar dos tipos más desemejantes. El primero era glo-
buloso, sin protuberancias marcadas; platiópico, micrósemo, con índice
orbitario de 80 ; platirrino, índice nasal 53,2. Tenía la bóveda palatina
extremadamente ancha ; y gran prognatismo. La cara era ancha y muy
corta.
El otro era dolicocéfalo, muy alto, con la frente sumamente estrecha,
y deprimida y la bóveda craneal ligeramente escafocefálica las paredes
laterales aplanadas y el occipital protuberante. Tenía la cara muy larga
y angosta; los huesos no muy fuertes, poco diámetro bizigomático. Era
megásemo con índice orbitario de 1)5; mesorrino, índice nasal 48 y la bó-
veda palatina alargada. Era de mayor capacidad que el primero, 1425
centímetros cúbicos.
Este tipo era el de los antiguos Pelmenches y por su semejanza á los
cráneos descubiertos en las sepulturas del río Negro de las pampas ar-
gentinas es posible que tengamos que buscar sus orígenes en esa re-
gión.
Estos son los únicos cráneos antiguos y auténticos de esta zona que
hemos podido examinar; de modo que nos sería imposible establecer
teoría alguna indiscutible respecto de los antiguos pueblos que la habi-
taron.
Evidencias de otra índole y á que hemos hecho referencia anteriormen-
te y cuyas pruebas reservamos para otro artículo, nos enseña que antes
de la llegada al suelo chileno de las naciones Araucanas, poblaba toda la
parte central del país una raza más avanzada, con quienes se mezclaron
los recién venidos.
I)e los actuales habitantes, se conocen mayores datos á pesar de que
su antropología física ha sido muy poco estudiada. Está ya tan fusionada
la raza, las mezclas han sido tan numerosas y el mestizaje, al menos el
— 299 —
mestizaje unilateral de blanco é india es tan avanzado que aun cuando
la gran mayoría del bajo pueblo de las ciudades y de los campos es de
sangre india, los tipos primitivos lian quedado sumergidos entre las mu-
chas variantes.
En 185)4 el doctor Luis A. Solis Va reí a 1 publicó un estudio sobre <84
cráneos de individuos muertos en los hospitales de Santiago; 45 eran
de hombres, 35 de mujeres y 4 de niños.
Clasificados según su forma craneal, la proporción era como sigue :
Por ciento
Braquicéfalos 13.8
Subbraquicéfalos 33.3
Mesaticófalos 26.4
Subdolicocéfalos 19.5
Dolicocéfalos 7.0
El índice cefálico fluctuaba entre 70,5 y 87,2, notándose la misma va-
riación en las demás mediciones.
En un artículo que publicarnos hace algunos años, sobre antropología
chilena 2 anotamos las mediciones de 108 cráneos de las provincias cen-
trales. 27 de ellos eran dólico ó subdolicocefál icos, 32 eran mesaticefá-
licos y 44 eran sub-braqui ó braquicefálicos. Sus índices cefálicos se pue-
den seriar así :
De 71 habían . ..... 2
De 72 — ...... 2
Do 73 — ...... 3
Do 74 — 2
Do 75 — 5 = 14
Los demás variaban entre 75 y 85
En aquel entonces llamamos la atención hacía dos tipos predominan-
tes que calificamos de cabeza grande y cabeza chica respectivamente,
que tal vez representan los' Araucanos y sus predecesores.
Los primeros son, como su nombre implica, de cabeza grande, de cara
ancha y redonda con los pómulos pronunciados, ojos chicos, nariz ancha
y algo roma, frente ancha, y baja, barba ancha, cuadrada y saliente y
boca grande con los Libios gruesos y algo vueltos hacia afuera. Su esta-
tura media es más ó menos lm6G entre los hombres y lm54 en Jas muje-
De 85 habían 5
Do 8(5 — . 3
Do 87 — 3
Do 88 — .1
Do 89 — ...... 3 = 15
1 Algunas medidas del cráneo y de la cara tomadas en chilenos. Actas de la /Sociedad
Científica de Chile.
2 Notes on Chillan Antliropology , Journal del Aníhrop. Inst. of Gt. Britain and Irc-
land, 1900.
300 —
res. Tienen el tronco grande en proporción á su estatura, las espaldas
anchas, el pecho desarrollado y los brazos y piernas cortas y gruesas.
Son generalmente morenos, algunas veces rubios; pero este último ca-
rácter probablemente lo han derivado de sus mezclas con los euro-
peos.
Sus caracteres craniológicos, tomados en quince ejemplares, todos de
hombres, son : capacidad 1 505 centímetros cúbicos ó mayor que en la
generalidad de los americanos; subbraquicefalía, con un índice cefálico
medio de 81,1, variando entre 70,7 y SO; gran anchura bizigomática 13!)
milímetros; altura basibregmátiea extraordinaria, llegando esta medi-
ción en los 15 cráneos á un promedio de 143 milímetros y un prognatis-
mo subnasal pronunciado.
Son mesósemos, platirrinos y platiópicos.
El otro tipo es muy distinto. Es de menor estatura, tiene la cabeza
más pequeña, el tronco más enjuto y las extremidades delgadas y débi-
les. La frente es muy angosta pero más combada que en los primeros ;
la cara es chica y las facciones más linas. La nariz es generalmente
larga, recta y angosta ; la boca proporcionada, y los labios delgados.
Son de color más obscuro que el otro tipo y su cutis tiene un tinte
amarillento que llega á. ser muy pronunciado en la vejez.
Su sistema piloso es mucho más desarrollado en todo el cuerpo; el
pelo es casi siempre negro y el color de los ojos muy obscuro.
Sus cuerpos son más aprensados y casi nunca se encuentran entre
este tipo personas muy gordas, los viejos sobre todo van secándose y arru-
gándose de tal manera que con frecuencia se parecen momificados.
El estudio de 15 cráneos de ellos, que incluían 4 de mujeres nos die-
ron las siguientes cifras.
Capacidad 132G centímetros cúbicos, índice cefálico 74,4, índice or-
bital 87,2, índice nasal 47,4, prognatismo muy poco, diámetro bizigomá-
tico 117,0 milímetros, altura basibregmátiea 130,0 milímetros, frontal
mínimo 91,3.
Son por lo consiguiente subdólico y mesaticéfalos, mesocefálicos, me-
sósemos, leptorrinos, criptózigios y mesognatos.
El occipital es más protuberante que en el tipo primero, las paredes
de los cráneos son más delgadas y los huesos de la cara más débiles.
Entre estos dos tipos encontramos un sinnúmero de variaciones.
Tenemos que confesar (pie existen lagunas en nuestros estudios y que
hay distritos de bastante consideración de los cuales no hemos podido
conseguir ningún dato. Uno de ellos, es la provincia de Aconcagua.
No sabemos si sus habitantes eran de las mismas razas que encontra-
mos más al sur ó si bien hemos de buscar sus afines más al norte. Con-
fiamos que estudios futuros resolverán este punto.
Provincia de Coquimbo. — Llegando al norte del río Choapa, tenemos
— 301
mayor acopio de detalles respecto de la población de la comarca entre
este río y el Huasco.
En la costa, lian existido en diversas épocas, diferentes razas, cuyos
caracteres físicos eran distintos unos de otros.
Tal vez la más antigua., era la «pie liemos descripto en otras ocasiones,
restos de la cual, hallamos en la vecindad de la bahía do Coquimbo \
Por los esqueletos adultos, juzgamos que era de baja estatura, lmG57
para los hombres y lm50 para las mujeres y de cuerpo y de extremida-
des delgados.
Lo que llama verdaderamente la atención es la forma arcaica de sus
cráneos. Eran estos subdolicocefálicos, muy gruesos y pesados, sobre
todo en las regiones malar y occipital, escafocefálicos, pentágona, les vis-
tos en norma occipitalis con todas las superficies aplanadas. Eran
además muy altos.
La cara era notable por su aspecto platiópico, la línea fronto-nasal
continua, la estrechez de la frente, la coincidencia en todos ellos del ín-
dice orbitario, la persistencia, de la sutura infraorbital, el gran tamaño
del paladar, el desgaste peculiar de la dentadura, la prominencia de los
caminos y el considerable prognatismo.
Sus principales índices eran como sigue: cefálico 70,1, altura mixta
88,0, orbitario 87,5, nasal 48,8.
Otras mediciones dignas de notarse eran : la altura basibregmática
135 milímetros y el diámetro bizigomático 129 milímetros.
Todos estos caracteres recuerdan el tipo esquimoide y también han
sido notados entre los Botoeudos y entre los cráneos dolicocefálicos de
los paraderos y sepulturas de la Patagonia, como también entre los
Yahganes de Tierra del Fuego.
En las playas de la bahía de Coquimbo, tuvimos oportunidad de ex-
plorar varios de los « cónchales » que allí existen. Encontramos numerosos
restos humanos, pero generalmente en tal mal estado de conservación
que no servían para deducciones comparativas. Sólo en un caso halla-
mos un cráneo que permitía un estudio parcial siquiera de sus caracte-
res. Era mesaticéfalo, con índice de 70,8, con sus superficies redon-
deadas.
Faltábale toda la parte facial, de modo que los datos adquiridos eran
por demás escasos.
Medina 1 2 en su lista, cita un cráneo hallado al norte de la bahía, cer-
ca de la punta de Teatinos, que era. hiperbraquicéfalo, con índice de 80.
Pudimos investigar un buen número de antiguas sepulturas en los
1 Notes on somc ancicnt chillan slculls and other rcmains. Journal o f ihe Anthrop.
Inst. of Great Brit. and Ireland, tomo XXXIV. 1904.
* Oh. cit.
302 —
valles centrales (le la provincia. Los cráneos recogidos de éstas, demues-
tran la misma diversidad de tipos como en otras partes del país. Sin em-
bargo se nota que la braquicefalía predomina.
De 35 cráneos á que se puede imputar una antigüedad sin discusión,
2 eran hiperbraquicefálicos, 7 braquicefálicos, 0 subbraqui cefálicos, 8
mesati cefálicos, (i subdolicocefálicos y 0 dolieocefálicos.
Otra serie de 139 cráneos más modernos se clasificaba como sigue:
dólico y subdolicocefálicos 20, mesatieefálieos 51, subbraqui y braqui-
cefálicos 08; siendo 39 el número que tenía un índice menor de 80, y los
demás superiores á esa cifra.
Durante una residencia de varios años en la provincia, también tuvi-
mos oportunidad de medir un gran número de individuos vivos, entre
ellos 150 alumnos del Liceo de la Serena.
Esta serie se repartía de esta manera :
85 braquicéfalos con índice medio de 87.7
35 subbraquicófalos — — 84 . 1
17 mesaticéfalos — — 80.9
9 subdolicocéfalos — — 78.5
4 (lolicocéfalos — — 75.9
De ellos 122 eran ortognatos, 20 mesognatos y 8 prognatos.
05 tenían la cabeza muy chica, 01 la tenían regular y 21 grande.
La segunda serie tomada de entre las faenas agrícolas y mineras, com-
prendía las mediciones de 100 individuos, de distintas partes de la pro-
vincia, todos nacidos en ella. De éstos, 52 eran braquicéfalos, 19 sub-
braquicéfalos, 10 mesaticéfalos, 1 1 subdolicocéfalos y 0 (lolicocéfalos.
Los braquicéfalos eran por lo general de baja estatura, lmG0; pero
con el cuerpo ancho y fornido; los dólico y subdieocéfalos, eran un poco
más altos lm05; más enjutos y menos corpulentos.
Ninguno de los dos tipos se parece á los Mapuches. La cara es en gene-
ral más angosta, la nariz no tan roma y las ventanillas menos abiertas,
la boca más chica y los labios más delgados. El color del cutis es un
poco más obscuro y en vez de tener un tinte rojizo, es más bien un par-
do amarillento como ahumado. Es más parecido al tipo peruano, ó tal
vez argentino.
No hemos de olvidar tampoco que en tiempo de la conquista, era muy
escasamente poblada, y que para dar encomiendas á los vecinos de la
Serena, Francisco de Aguirre cuando volvió de su expedición de poblar
la provincia de Cuyo, trajo indios . lories, Diaguitas y Huarpes
Muchos indios yanaconas eran también traídos desde el Perú, y es
Archivo <lel cabildo de la Serena.
305?
probable que las relaciones con este último país so habían mantenido
por un tiempo mucho más largo que al sur del Clioapa.
Chañaos. — Por el litoral, desde Aconcagua hasta el norte del río Loa,
habitaba una raza de pescadores, que tenía sus asientos en todas las
caletas de la costa donde las playas ofrecían un refugio para sus grose-
ras embarcaciones.
Á igual manera (lelas demás razas (pie hemos examinado, ésta parece
haber sufrido intermezclas con otros pueblos, modificándose poco á
poco su tipo en diversas áreas, hasta que las variaciones lian llegado
á ser muy divergentes, desde la dolieoeefalía., hasta, la h i perbraqu i ce-
laba.
Los Changos lian sido confundidos con los Atácamenos por algunos
escritores; pero mientras admitamos la probabilidad de numerosas vin-
culaciones entre los dos pueblos, no podemos admitir que forman parte
de la misma raza.
Tampoco deben confundirse con los Changos, los pueblos pescadores
del litoral de Tacna y el norte de Tarapacá, cuyo origen es distinto como
tendremos ocasión de demostrar, cuando tratemos de ellos.
Hemos hecho mención de una raza muy antigua., tal vez primitiva,
cuyos restos hallamos cerca de la Serena.
Estudiando una serie de cráneos de Changos, sacados de las sepultu-
ras de la playa de Calderas, nos llamó la atención uno de ellos, que
presentó muchos de los caracteres distintivos de aquéllos, y que filé
evidentemente emparentado con la misma raza.
Tenía un índice cefálico de 75,5, era muy alto y ligeramente escafo-
céfalo; presentaba el mismo espesor y peso, las mismas superficies apla-
nadas, y la frente deprimida. Se diferenciaba de ellos, en que la mayor
anchura del cráneo se encontraba en la región temporal, y no en las pro-
tuberancias parietales, que era particularidad de los de la Serena. La
cara era más ancha, la fosa nasal de mayores dimensiones, y el esque-
leto de la nariz más saliente.
El índice mixto de altura de este cráneo era muy subido, llegando á
1)2,5, mayor (pie en cualquier ejemplar que hemos examinado que no
fuera, deformado.
Era mesosemo con índice orbitario de 8S,8; platirrino, índice nasal 52,
muy prognato, fenozigio con diámetro bizigomático (le 142 milímetros. La.
mandíbula, inferior era muy maciza, con notable anchura del ramo
ascendente.
Otros cinco cráneos de la. serie presentaban algunas similitudes al
primero, pero en otros rasgos señalaban un cruzamiento.
Eran subbraquicéfalos, con índice medio de 81,5; altos con índice
mixto de altura, de 85,1; mesosemos, índice orbitario 8(5,7; y leptorrinos
con índice nasal de 4(5,8.
— 304 —
Este último carácter, sin embargo, no era constante, porque los índi-
ces variaban entre 40,3, excesivamente leptorrino, y 52,2 platirrino.
Era sobre todo en las líneas generales de la cara que se asemejaban
al primero; la gran anchura., marcado prognatismo; prominencia de los
arcos supraciliares, glabela y crestas temporales; y la gran escotadura
de la base de la nariz. Las órbitas eran pequeñas, y la fosa nasal angos-
ta, la mandíbula inferior saliente y fuerte, y los dientes tenían un gran
desgaste horizontal.
Délos cinco cráneos, cuatro eran de hombres adultos, y el otro de mu jer.
En los primeros el diámetro bizigomático medio era de 144 milímetros,
en exceso de cualquier otra raza que conocemos, variando entre 140 y 1 48
milímetros. En la mujerera menos notable, llegando sólo á. 1 2!) milímetros.
La frente, en los hombres era ancha, pero muy deprimida; el frontal
mínimum medía 98mm5; pero en la mujer no pasaba de 80 milímetros.
En apariencia estos cráneos eran de un tipo muy simiano, y hacían
recordar los de Neanderthal y Spy.
En la misma serie había otro cráneo de mujer diferente á los otros.
Era hiperbraquicefálico con índice de 88,0. Tenía los eortornos más
redondos y suaves, pero los caracteres de la cara eran semejantes á los
de los demás. Demostraba ligeras rastros de un aplanamiento arti-
ficial en la parte posterior, sin tener sin embargo la correspondiente
< 1 e fo rm aci ón frontil 1 .
Es este el único ejemplo de deformación artilicial que hemos encon-
trado tan al sur, en las regiones costinas.
Más al norte, en la vecindad de Tocopilla, Patillos, Guanillos, etc.,
encontramos esta raza mezclada con los Aimaraes y otros pueblos perua-
nos y bolivianos.
El doctor Luis Yergara Flores ', refiriéndose á sus estudios cranioló-
gicos en el departamento de Tocopilla, llega á la conclusión de que los
Changos eran subbraquicéfalos, y que sus cráneos pueden clasificarse
como paquicéfalos, ó de paredes gruesas.
Como resultado de una serie de 11) ejemplares, procedentes de un
cementerio antiguo, de las márgenes del río Lon, de los cuales 12 eran
de hombres y los otros de mujeres, da las siguientes cifras :
Cráneos de paredes gruesas. Revista de. Historia Natural, año IX, n° 4. 1905.
305 —
Comparando estos guarismos con los de la serie de Caldera, vemos
<jue si se trata de la misma raza, ha sufrido algunas inodificiones, debido
tal vez á su contacto con otros elementos étnicos.
Estos cráneos son más platirrinos, la cara mucho más angosta, la
frente más estrecha, y las órbitas más redondas.
Es un punto muy digno de mención la gran diferencia de índice cefá-
lico entre los hombres y las mujeres. Llamamos la atención hacia ésto,
en la serie de Caldera., insinuando la. idea (pie pudiera pertenecer á otra,
raza. En los cráneos del Loa volvemos á. encontrar el mismo hecho.
Pudieron haber existido entre ellos costumbres exogámicas, y la prác-
tica de buscar sus mujeres entre otras tribus ó naciones.
Esto explicaría la diversidad de tipos que se encuentran en estos
cementerios, y la falta de homogeneidad en sus caracteres físicos.
Otro factor que no debemos olvidar, al estudiar esta cuestión, es la
costumbre que tenían los conquistadores Incas de establecer colonias de
mitimaes, ó gente traída, de otra parte, para poblar los territorios recién
subyugados. Esto se hizo en el valle de Copiapó, y probablemente en
algunos lugares de la costa.
Antes de la invasión de Yupanqui Inca, la región del Loa formaba la
frontera sur del imperio peruano, y es de suponer que mantendrían guar-
niciones en esta zona para, precaverse contra cualquiera incursión de
sus vecinos.
Como los ejércitos peruanos estaban formados de regimientos recluta-
dos de diversas nacionalidades, sería natural encontrar diversidad de
tipos en los cementerios de la vecindad de estas guarniciones.
Los Changos eran de baja, estatura, 1 "'(JO entre los hombres, y lm45
entre las mujeres. El tronco era largo en proporción á sus miembros; las
espaldas anchas, pero el pecho no tan desarrollado como en las razas de
las montanas. Tenían la. cara, ancha., y toscas las facciones; la frente no
muy angosta pero baja y huyen te; los ojos pequeños y obscuros ; la nariz
estrecha en su base pero más ancha en la punta, y casi siempre chata,
nunca aguileña. La boca era grande, los labios gruesos y vueltos hacia
afuera.
Su color era obscuro; pardo, como tostado por el sol y el viento, y no
rojizo; el pelo negro, tieso, lacio y sin lustre, creciendo tan bajo sobre
las sienes que hacía parecer más angosta la frente de lo que real-
mente era.
Su aspecto era sombrío y triste.
Todavía existen familias aisladas por distintos puntos de la costa,
pero no parecen ser de raza pura, sino el producto de cruzamientos.
Atácamenos. — Los antiguos Atacameños que habitaban las tierras
altas de la Puna de Atacama, y la cordillera desde los valles superiores
del Iíuasco, hasta el grado 22, estaban sin duda alguna emparentados con
— 306 —
los antiguos Oalchaquíes de las provincias argentinas, (Jatamarca, Tucu-
nián, Salta y Jujuy. Ambos pueblos han desaparecido completamente,
sin dejar más vestigios que las ruinas de su civilización, y los restos de
sus industrias.
Ambas regiones fueron invadidas posteriormente por razas intrusas,
cuyos descendientes se encuentran cillas mismas localidades hoy en día.
Ten Kate, Juan B. Ambrosetti, el doctor Francisco P. Moreno, y
otros escritores están de acuerdo en considerar que la antigua civili-
zación hallada en la Puna de Atacama era idéntica con la de la región
Calchaquí.
El señor Adán Quiroga que la raza primitiva y civilizada que habi-
taba todas estas regiones era la Kakana, y que los Calcliaquíes eran los
invasores. Refiere á los antiguos Quilines como raza chilena que invadía
el territorio argentino en tiempos precolombinos.
Las escasas noticias que tenemos sobre esta antigua raza, nos permi-
ten juzgar muy poco acerca de sus caracteres físicos.
Sabemos que en las sepulturas descubiertas en la región, existían la
misma multiplicidad de tipos que hemos encontrado en otras partes,
predominando los cráneos deformados. Entre estas deformaciones se
destacan la levantada, ó fronto-occipital, y la echada, comunmente lla-
mada Aimará.
Hemos tenido poca oportunidad de hacer estudios personales sobre
estos antiguos restos, pero de datos recogidos de diversas fuentes, cree-
mos que la raza á que pertenecían era braqui, ó subbraquicéfala. Dos
cráneos auténticos que hemos podido examinar, uno de hombre y otro
de mujer, dieron índices cefálicos de 86,9 y 92,7 respectivamente, sin
mostrar seña de deformación artificial.
La frente era angosta, pero alta y combada, todas las curvas eran sua-
ves; la cara era corta y relativamente ancha, pero ni los malares, ni las
zigomas eran prominentes. Las paredes gruesas y los huesos macizos
que encontramos en las razas de la costa no se presentan en estos
cráneos.
La región temporal era bien desarrollada, pero la mayor anchura
transversal se encontraba en los parietales. No deja de tener importan-
cia, este último hecho, porque en la mayor parte de los cráneos chilenos,
este diámetro se halla en las alas escamosas de los huesos temporales,
cerca de su borde superior.
Los dos cráneos en discusión eran de poca capacidad, el del hombre
tenía 1810 centímetros cúbicos, y el de la mujer sólo 1 160.
En cambio eran muy altos, con un índice mixto de altura de 90,2. Las
órbitas eran grandes y mesosemas, con índice orbitario de 90, y la fosa,
nasal platirrina, con índice nasal de 51,3.
El diámetro frontal mínimo, era en el hombre 96 milímetros, y en
— 307
la mujer 91; el diámetro bizigomático respectivamente 134 y 127 milí-
metros.
¿Cuál es entonces la raza que actualmente ocupa la Puna de Atacama?
Según el testimonio de los cronistas incásicos, los pobladores de Ata-
cama, eran indios cazadores, que vivían en las montanas. Eran sobrios,
robustos y fuertes. Cazaban el león, guanaco y vicuña; que les daban
pieles para su abrigo, y carne para su alimento.
Pusieron una resistencia firme á la invasión incásica, derrotando los
ejércitos peruanos en el valle de Copiapó, y repulsándolos al norte del
río Loa. Sólo en el reinado de Yupanqui Inca fueron vencidos *.
Extendiéndose por el desierto, se mezclaron con las tribus de la costa,
y recorrieron las pampas centrales en su vida nómada hasta la misma
cordillera.
D’Orbigny dice que tenían los mismos caracteres físicos como los Qui-
chuas; pero incluía bajo este nombre la mayor parte de los pueblos que
hablaban aquel idioma, y que eran de diversos tipos étnicos.
El doctor Ivudolf'o A. Philippi 1 2 describiendo los Atácamenos actua-
les, dice :
« Los indios de la, cordillera de Atacama son de color mucho más obs-
curo que los europeos, pero no color de cobre. Su estatura es baja, lm(i()
para los hombres, y I "'45 para las mujeres. Tienen la frente aplastada,
la nariz chata y los carrillos prominentes. »
Si los Quilines eran realmente chilenos deben haber sufrido serias
modificaciones en su nuevo habitat , porque los descriptos por Ten Kate 3
eran mesaticéfalos, con índice cefálico de 78,2, y estatura mucho mayor
(píelos Atácamenos, ó cualquier otro pueblo del norte, llegando álmG7<J,
mientras ninguno de los últimos pasaba de l,nGü.
La raza que habita la cordillera de la Puna de Atacama hoy en día, y
pasa la vida de pastores y chacareros, no es la antigua Atacameña,
autora do las numerosas ruinas que cubren las alturas de una región
actualmente desierta. Este pueblo tenía una civilización superior á cual-
quier otra que haya existido en Chile, anterior á la, llegada de los espa-
ñoles. Á semejanza de los antiguos Calchaquíes, esta raza ha desapare-
cido ante invasiones bárbaras, ó bien como opinan algunos autores por
un rápido cambio de clima, que convirtió lo que era posiblemente un
vergel en desierto, sin dejar más seña de haber existido que sus vetus-
tas ruinas y los restos hallados en ollas.
Los Atácamenos actuales ocupan una extensión mucho más restrin-
gida, que los antiguos habitantes de la Puna.
1 C. Sagayo, Historia de Copiapó.
- 01). cit.
3 OI). cit„
308
Hoy cuando llegamos sí la vecindad del río Loa, nos ludíamos en pleno
territorio Aimará. Esta comarca fué en un tiempo mucho unís densamente
poblada, encontrándose más reconcentrada álas orillas del río, el cual sí
juzgar por su ancho lecho, tuvo en aquella época un caudal importante.
Quillagua, Guacate, Galanía, Chiu-Oliiu, Pueblo Gentil, Caspana, As-
quinal y otros puntos, eran centros de una numerosa población.
En 1850 se hallaron en Ohiu-Chiu, unas 500 á (¡00 momias de hom-
bres, mujeres y niños, sentados en cuclillas, en semicírculo.
Estos restos eran idénticos á los de los antiguos Calchaquíes, y la
mayor parte exhibía, una deformación levantada
Tuvimos oportunidad de examinar cuatro momias de este lugar, como
también dos cráneos de igual procedencia, que existen en el Museo
Nacional.
Todos presentaron esta deformación, y una braquicefalía exagerada.
En otras partes, las bitacas descubiertas han contenido restos con la
deformación acostada llamada Aimará, y otros normales.
Oreemos, sin embargo, que estos últimos dos tipos provienen de entie-
rros secundarios, y que los más antiguos son los que contienen sólo crá-
neos con la deformación levantada; y que la raza á que pertenecen éstos,
es la primitiva. Cal chaqui, siendo los otros de pueblos que han llegado
posteriormente.
Debido á la laboriosidad del doctor Vergara Plores, sabemos que en
Quillagua y contornos habitaba esta misma raza, aun cuando nos encon-
tramos nuevamente en presencia de aquellas mezclas que hacen tan difí-
cil el arribar á conclusiones precisas.
Este observador - estudiando una serie de cráneos normales hallados
en este lugar, halló que el índice cefálico de 10 hombres era 80,7, y de
15 mujeres 87,0.
En el mismo lugar halló otros deformados, que dieron 80,9 para cinco
cráneos de hombres, y 08,0 para seis de mujeres.
Otra serie, hallada un poco al sur de Quillagua, en la margen del río
Loa, y (pie constaba de 19 cráneos normales produjo semejantes resul-
tados, aun cuando este grupo parece ser de los antiguos Changos.
El índice para los hombres era 80,2, y para las mujeres 88,4.
Lo que es notable en todas estas series es la gran diferencia en el
índice cefálico entre los hombres y mujeres.
En la última serie, las paredes de los cráneos eran excesivamente
gruesas.
Este último carácter lo hemos hallado únicamente en las razas pescado-
1 W . Holi.akkt, Antiquariau Elhnoloi/ieal and o i liar renearohen ¡n New (! ranada,
Ecuador, Peni and Chile, Loiulon, 18(¡0.
s Ob. cit.
309 —
ras de la costa. Es posible que en la época en que vivía esta raza, el río
tuviera una corriente mucho más abundante que ahora, y, que ellos ejer-
cían su profesión en sus aguas.
El doctor Vergara Flores hace el siguiente resumen respecto de las
huacas de Quillagua :
«Podemos aseverar que allí, varias poblaciones se han mezclado. Los
clóneos aparecen divididos en cuatro variedades : Ia cráneos de paredes
gruesas, subbraquicéfalos, sin deformación; 2a cráneos de paredes nor-
males con ligeras tendencias de engrosarse, hiperbraquicéfalos con defor-
mación levantada; 3a cráneos de paredes más bien delgadas, alargados,
braquicéfalos, subbraquicéfalos, y á veces subdolicocéfalos, con defor-
mación echada ; 4a cráneos de paredes normales con tendencias de engro-
samiento, sin deformaciones.
« Creemos que los primeros deben ser atribuidos álos antiguos Chan
gos; los segundos por de pronto y siguiéndolas opiniones de algunos
antropólogos á los Quichuas ó antiguos Peruanos; los terceros á los Aima-
raes; y los últimos han debido ser el resultado de las mezclas, y como no
se hallan deformados, habrá que colocarlos en la categoría de los Chan-
gos, por ser éstos más extraños á esas odiosas costumbres do achatarse
la cabeza. »
listamos de acuerdo con la. clasificación que nos da el doctor Vergara
Flores, respecto de los primeros y los terceros; pero creemos más proba-
ble que los segundos pertenecían á los antiguos Atácamenos, emparenta-
dos con los Cal chaqui es primitivos; y que los últimos tal vez son repre-
sentantes de la raza nómada que ocupaba la zona entre la costa y la
cordillera en tiempos remotos, y que hoy habita las al tapian icios de la
Puna; y á la cual D’Orbigny da el nombre de Llipes ú Olipes.
Aimaraes. — Más al norte del Loa predominaban y todavía prevale-
cen los Aimaraes. Los once cráneos que hemos examinado provenientes
de la provincia de Tarapacá, y que pertenecían á esta raza, todos tenían
la deformación echada; y podemos decir de paso, que no conocemos nin-
gún cráneo de autenticidad probada, y procedente de las antiguas hua-
cas que no fuese deformado.
Por lo tanto es difícil decir con seguridad cuál fué la forma verdadera
y normal del cráneo de este pueblo. Sospechamos que debe haber sido
subdolicocéfala. '.
1 Después de oscrito lo ¡interior, el autor ha tenido la oportunidad do leer el no-
table trabajo presentado al IV congreso científico (Io panamericano), celebrado en
Santiago de Chile, por su ¡nitor don Arturo Posnausky, titulado Razas y monumentos
del altiplano andino.
En este trabajo, el autor asegura que los cráneos más antiguos (cuaternarios según
61) déla región aimará, eran dolicocefálicos y cretinos; estando muy visibles y abier-
tas las suturas frontal mediana pero sin deformación.
— 310 —
Los once cráneos deformados que liemos citado tenían un índice cefá-
lico medio de 73,1, y variaban entre 04,8 y 77,4.
Estas cifras, sin embargo, no tienen ningún valor como carácter racial,
debido á la deformación mencionada.
El esqueleto de la cara es muy ancho, los huesos firmes y pesados, y
el prognatismo facial y subnasal muy pronunciado.
Es probable que han sufrido muchas mezclas porque ninguno de sus
caracteres es constante. Así vemos que algunos son microsemos, con
índice orbitario de 80 á 81, mientras (pie en otros la. altura de las órbi-
tas es mayor que el diámetro horizontal, llegando (4 mismo índice a 108
y más. La misma cosa pasa con el índice nasal. Algunos son leptorrinos,
con índice de 44, otros son en extremo platirrinos, y su índice pasa de 7f>.
Es verdad que la costumbre de achatar la cabeza, puede influir en la
forma de la cara ; pero no creemos que esto es suficiente para explicar
las enormes diferencias que se encuentran en cráneos cuya deformación
es casi igual.
Es más probable que la nación Aimará se componía de tribus de dis-
tinto origen; que adquirieron esta, costumbre de deformar la cabeza,
como también la adopción de una lengua general, de la misma manera
como igual cosa sucedió entre los pueblos de diversa índole, clasifica-
dos bajo el nombre genérico de Quichuas ó Araucanos.
D’Orbigny 1 dice que los Aimaraes actuales se parecen mucho en sus
caracteres físicos á los Quichuas; Gerinai n, por otra parte, niega esta
semejanza, y dice que son muy distintos, y que las dos razas no se mez-
clan. « El Aimará tiene la nariz larga, derecha ó aguileña, el ojo rasgado,
la boca grande; el Quichua tiene la cara redonda, nariz ancha y labios
gruesos» 2.
Tschudi afirma que las diferencias entre los cráneos de las dos razas
eran marcadas.
El doctor Ignacio la Puente en un artículo sobre la etnografía de la
hoya del Titicaca 3 opina, como D’Orbigny que las dos razas son muy
semejantes en su aspecto físico.
Dice: «En sus facciones mismas hay una notable semejanza. La.
cabeza de los Aimaraes actuales es como la. de los Quichuas, es decir,
que es frecuentemente poco oblonga, de delante a atrás, y ligeramente
comprimida en los lados. »
Como estas palabras, y en efecto toda, la descripción que da de los dos
pueblos son palabras textuales de D’Orbigny, creemos que tal vez se ha
dejado llevar por las observaciones del ilustre americanista.
1 0b. cit.
2 Aetcs (le la Sacióte Seienti/iqiie da Ckili, tomo 1. 1891.
3 Iloletín de la Suciedad Geográjica (le Lima. 1893.
311
Creemos que todas estos confusiones provienen de una mola nomen-
clatura; pues consideramos que ni los pueblos diversos conocidos bajo
el nombre de Quichuas son todos de la misma raza, ni tampoco lo son los
varios grupos étnicos clasificados bajo lo. denominación de Aimaracs.
Es indudable que en los nltaplanicies perú bolivianos lia existido una
raza muy numerosa, de caracteres muy marcados, distintos á los de las
rozas que los rodeaban. Esta raza es muy antigua, yes muy posible que
se ha dividido en diferentes entidades políticas. Que durante el trans-
curso de siglos hayan adoptado diversas costumbres, y adquirido otras
lenguas, es dentro de lo posible y lo natural. Igual cosa ha pasado con
muchas otras razas en diferentes portes del mundo, como hemos visto
en el caso de los Araucanos en el sur.
En nuestro parecer algo semejante ha sucedido aquí. Cruzamientos
locales han producido variaciones de tipo y de dialecto en diversas par-
tes, y causado la divergencia de opinión entre los diferentes observadores.
Razas del Litoral. — Las tribus de la costa presentan las mismas
numerosas mezclas que las del interior.
En Camarones, Patillos, Guanillos, Pisagua, Junín, Lisera, Arica, y
muchos otros puntos las li uacas descubiertas contenían cráneos defor-
mados, echados y levantados, como también normales.
Momias que hemos visto, procedentes de Arica, Lisera y Junin, y que
se encuentran en el Museo de esta ciudad son caracterizadas por la defor-
mación Aimará; dos halladas en Patillos tienen cráneos normales, sin
deformación ninguna; y cuatro traídas desde Sama, en las fronteras de
Perú, presentan Ja deformación levantada peruana.
Un breve artículo, publicado en Ll Mercurio de Santiago, el año pasado,
da la siguiente descripción de los restos hallados en un cementerio anti-
guo, situado en la Punta de Pichalo, al sur de la bahía de Pisagua :
« La mayoría de los cuerpos están estirados, los de los hombres, cuyo
sexo puede conocerse fácilmente, con los brazos extendidos junto al tron-
co; y los de las mujeres con las manos superpuestas, en la casta actitud
de la Venus de Médicis.
«El cuerpo de estas tribus eran largos, y las piernas eortas; los crá-
neos son de formas variadas, y revelan el diverso origen de sus castas.
Por lo general dominan las cabezas globulosas, sin que dejen de encon-
trarse ejemplares alargados y estrechos, con predominio exagerado de la
línea que va del mentón á, la. parte superior del hueso occipital.
« El hueso wormiano, llamado el hueso de los incas, se ve palpable y
claro, bien deslindado entre los parietales y el occipital.
«Hay cráneos aplastados de forma bizarra sin que la deformación sea
causada por el hueso de los incas.
« Entre estos restos se hallan otros, apelotonados, como los de las
1 macas, con las piernas y brazos comprimidos contra, el tronco. »
REV. MUSEO LA PLATA. — T. III. (VIII, 13, 1909.)
22
312 —
Los descriptos como sepultados con el cuerpo estirado y con cabeza
globulosa, son probablemente relacionados con los Changos, como lo son
también los (pie mencionamos (pie eran de Palillos, y que se asemejan
mucho á la serie hallada en Caldera.
Una serie de seis cráneos recogidos en las playas de Arica, y ahora
en el Museo Nacional, ofrecen caracteres diferentes á los de otras razas
costinas que hemos estudiado. No son ni Changos, ni Aimaraes, ni Qui-
chuas. Creemos que deben pertenecer á aquella raza de pescadores, lla-
mada Uros, que poblaba las orillas é islas del lago Titicaca., y las ri-
beras del Desaguadero, y (pie fueron mandados á la. costa en calidad de
mitimaes , un poco antes de la época colombina. Tres de estos cráneos
demuestran la deformación levantada; los otros tres son normales.
De estos últimos, dos son de hombres, y uno de mujer. Tienen respec-
tivamente índices cefálicos de 88, 80,8 y 82,3.
De los deformados dos son de mujeres, y uno de hombre, con índices
de 88,2, 80,2 y 83,2. La deformación no es muy exagerada.
Lo quelos distingue de las demás razas de la zona , es la forma (le la cara.
Es ésta angosta, y proporcionalmente larga. Las órbitas son peque-
ñas y casi euadrangulares, con índice orbitario de 97. Son mucho más
leptorrinos (pie los Aimaraes ó los Quichuas; el índice nasal por los seis
cráneos es 47,2. Al mismo tiempo el esqueleto nasal es muy prominente.
Los huesos malares no son llenos, sino que están ahuecados debajo de
los bordes inferiores de las órbitas.
Los zigomas son aplanados, de modo que en los vivos, los pómulos no-
debían de ser salientes, ni vistos de frente ni de perlil.
El diámetro bizigomátieo de los tres hombres es de 132 milímetros, y
de las tres mujeres 128.
La bóveda palatina no es grande, pero sí profunda; la distancia entre la
espina nasal y el borde alveolar es considerable. No existe la mandíbula in-
ferior en ninguno de los cráneos, así es (pie no podemos formar opinión so-
bre los caracteres de ésta. Existe bastante prognatismo, facial y subnasal.
La frente es angosta, pero no deprimida; el frontal mínimo de los hom-
bres es 93 milímetros y 88 en las mujeres. Los cráneos no deformados son
globulosos, con un pequeño estrechamiento de la región témporoparietal.
Los Uros eran de muy diminuta estatura, variando entre lm40 y lm50;
de anchas espaldas y corpulentos; con los brazos y piernas muy desarro-
llados y musculosos.
Según el doctor José Toribio Polo l, tenían la frente estrecha y los
pómulos algo salientes. Su color era hosco muy obscuro, más que en los
indios sus vecinos. El semblante era sin vida y triste. Evitaban enlaces
con los Quichuas y Aimaraes.
1 Los indios Uros de l’crú y Boliviu. Boletín déla Sociedad do Geografía de Lima. ÍIHIO.
313 —
En otra pai to damos nuestras razones para, creer que los cráneos halla-
dos en Arica, y cuya descripción liemos dado más arriba sean de esta raza.
Observaremos de paso que el señor J listín Winsor menciona que en
un antiguo mapa español, figuran los Charcas como ocupando la provin-
cia de Tarapaeá. No hemos podido averiguar nada sobre la relación que
pudiera tener ese pueblo con los existentes.
151 señor Clements Markham supone que las razas pescadoras de Arica
y Tarapaeá habitaron anteriormente las costas del Perú, más al norte, y
que fueron arrojados más al sur por los Ohimus
Isla de Pasara. — Antes determinar este artículo debemos decir algo
sobre una raza de isleños, que si no son de origen americano, al menos
están incluidos dentro de los pueblos ocupando el territorio chileno.
Referimos á los habitantes de la Isla de Pascua ó Rapa Nui.
En seguida copiamos el informe del doctor Tomás Guillermo Bate,
cirujano de la corbeta O’Ifiggins, quien visitó la isla en 1870 :
« La mayor parte de ellos tienen una, constitución ó diátesis escrofu-
losa; músculos delgados, débiles y blandos; cabeza larga, baja y ancha;
nariz regular y extendida; ojos obscuros y expresivos, y un tanto obli-
cuos; pómulos prominentes; labios un tanto gruesos, pero boca bien
formada; dientes firmes, grandes y blancos; pies y manos pequeños y
bien proporcionados. El cutis es citrino ó bronceado; cabellos tiesos y
negros; barba escasa del mismo color; articulaciones salientes. El ángu-
lo facial, deducido de varias medidas es 75 grados. El tórax débil, largo,
angosto y aplanado, hundido bajo las clavículas; y los omóplatos promi-
nentes, y separados uno de otro más de lo común. La circunferencia del
tórax es 0m75, la, estatura l'"57, la, pulsación varía entre 70 y 84, la res-
piración 23 á 27, y el calor del cuerpo es de 96 grados Earenlieit» 1 2.
El capitán Vidal Gormaz 3 quien visitó la isla en 1880, dice que son
de estatura, media, con los ojos grandes; frente protuberante; nariz per-
filada; vómer aplastado en las ventanillas; pelo lacio, negro ó amarillo-
boca grande; labios regulares ; dentadura hermosa, blanca y alineada.
Hay mayor número de lampiños que barbudos. No tienen una muscula-
tura bien señalada; sus miembros son delgados sus carnes suaves; la,
espalda estrecha, y el pescuezo largo y femenil. La mujer es alegre,
esclava, y sometida á todos los deberes domésticos. No faltan algunas
simpáticas y bien parecidas, pero de ordinario representan más edad
que la que tienen.
En cambio Ballesteros dice: «Los salvajes eran grandes, fuertes y
1 The Inca Civilization in Perú.
* Ignacio L. Gana, Descripción científica de la Isla de Pascua. Santiago, 1870.
3 Francisco Vidal Gormaz, Geografía náutica de la República de Chile. Isla de
Pascua ó Rapa Nui. Anuario Hidrográfico de Chile. 1881.
BU
bien hechos. Su rostro más parecía rostro europeo (pie indígena. La tez
aunque bronceada no se diferencia mucho de la de los europeos, y mu-
chos isleños son completamente blancos » L
El capitán González Haedo de la marina española, en una carta diri-
gida al ministerio de guerra en Madrid en el año 1770, dice : « Los hom-
bres son de buen cuerpo, color como de cuarterones, pelo lacio, buenos
ojos, muy ágiles y nadadores, así hombres como mujeres. »
El gobernador de la isla (1888-1802) dice en su informe, que los pas-
cuences no forman una raza débil y raquítica como se ha creído
lioggewein, quien descubrió la isla en 1722 y la dio el nombre que
ahora lleva, describe los isleños en la siguiente manera : «Son de un
color bruno, y tienen los cuerpos todos pintados de diversas ligaras. Sus
orejas son de tamaño descomunal, llegando hasta los hombros, estiradas
por el uso de grandes y pesados pendientes en forma de discos. Son bien
proporcionados, de estatura regular, y no corpulentos, y cuando el cutis
es generalmente aceitunado, hay algunos tan blancos como los europeos.»
En cuanto á la eraneología de los Pascuenses, sabemos muy poco.
Una serie de 18 cráneos masculinos estudiados por Ilultkranz eran
dolicocéfalos con índice medio de 72,2, y fluctuaban entre GG,6 y 78,7.
Sólo uno de la serie era subbraquicéfalo con un índice de 82,1).
Dos cráneos de esta raza existen en el Museo Nacional, uno de hom-
bre y el otro de mujer. El primero es subdolicoceíálico con índice de 77,
y el segundo dolicocefálico, índice 74,7.
Ambos son muy altos, con índice mixto de altura de 1)1,8. La forma
del cráneo es ovalada, con curvas suaves; la frente angosta, pero alta y
combada; y el occipital pronunciado. Los huesos temporales son algo
aplanados, quedando bastante espacio entre las paredes de los cráneos,
y los arcos zigomáticos, que les da un aspecto de fenozigia, aun cuando
los zigomas no son muy salientes. El diámetro bizigomátieo es de 130
milímetros en el hombre y 121) en la mujer.
La cara es ortognata y algo aplastada, debido á la poca prominencia
de los malares y del esqueleto nasal. Las órbitas son de regular tamaño
ymesosemas con índice orbitario de 88,2. El índice nasal de 55,2 los coloca
entre las razas platirrinas. El frontal mínimo tiene un diámetro de 95 mi-
límetros en el hombre y 90 en la mujer. La bóveda palatina es larga y
angosta; los dientes regulares, pero mostrando un desgaste horizontal.
No hemos podido obtener dato ninguno respecto de la raza antigua
de la isla, ya desaparecida hace siglos, aun cuando se dice que sus res-
tos son abundantes en ciertos parajes.
1 José Ramón Bai.i.icstuuos, Isla de Pascua. El Independiente, 17 y 21 do noviem-
bre, Io, 15, 22, 2Í) do diciembre. Santiago, 1S72.
s Memorias del Ministerio de llelavioncs Exteriores. 1892.
315
Sería interesante comparar éstos con los de las razas de las costas de
América, y no es imposible que hayan tenido un origen americano como
algunos autores han imaginado.
Resumen. — Ya hemos pasado en revista, breve, las principales razas
que han habitado en tiempos precolombinos, ó que habitan aún, el terri-
torio actual de la República de Chile; y, donde ha sido posible, hemos
indicado su probable origen.
No pretendemos que todas estas teorías estén completamente proba-
das, é» que un estudio más detenido, basado sobre mayor acopio de mate-
riales, no pueda traer consigo una. modificación de opinión; pero simple-
mente queremos exponer los da tos que hemos podido recoger en varios
afíos dedicados á. esta cuestión, é indicar las deducciones que nos pare-
cen más probables en vista de la evidencia presentada:
Io Que en ninguna región deChile hallamos una raza homogénea, sino
que desde tiempos muy remotos han existido numerosas razas, una al
lado de otra, y que constantemente se han entremezclado;
2o Que encontramos en todas las zonas del país, cráneos de las más
diversas formas, desde el dolicocéfalo más pronunciado, hasta el hiper-
braquicéfalo;
3o Que Chile ha sido poblado desde una época remotísima, y que con
toda probabilidad la verdadera raza autóctona era la paleoamericana,
cuyos únicos representantes hoy día son los Alacalufes y tal vez algunas
familias aisladas de Changos;
4o Que la población actual se ha formado por sucesivas invasiones del
norte y del oriente ;
5o Que las migraciones de pueblos chilenos á tierras argentinas han
sido secundarias; y que en cuanto se conoce las razas emigrantes no
han sido en ningún caso autóctonas de Chile;
tí0 Que con toda probabilidad ha existido al norte del grado 30 una
antigua raza, ya desaparecida, más civilizada, que cualquier otra, que
ocupó el territorio chileno ó argentino antes de la llegada de los espa-
ñoles. Habitó las altiplanicies do ambas repúblicas, y sobre sus causas
de desaparición no tenemos noticia alguna.
Santiago, noviembre 24 do 1908.
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cisco Cortés Ojeda, Anuario hidrográfico de Chile, tomo V. 1879.
Vidal Gormaz, Francisco, Exploraciones geográficas é hidrográficas practi-
cadas por don José de Moraleda y Montero. 1786-1792. Anuario hidrográfico,
tomos XII y XIII.
Wiener, Charles, Pérou et Bolivie , Iléeit de voy age, suivi d’études archéolo-
giques et ethnologiques et de notes sur Vécriture et les tanguee des populations
indiennes, 1100 gravares, 27 mappes, 18 plans. París, 1880.
Wolf-Brownell, Charles de, The Judian races of North and South Ame-
rica. Boston, 1854.
SOBRE UNA FACI ES LOCAL
1)E LOS
INSTRUMENTOS NEOLITICOS BONAERENSES
Por FÉLIX f. outes
Secretario y director de publicaciones del Museo de La Plata: profesor
en las Universidades de La Plata y Buenos Aires
En una publicación reciente, su autor menciona, por incidencia, los
hallazgos que habría tenido la fortuna de realizar en determinadas loca-
lidades situadas sobre el litoral atlántico bonaerense, consistentes en
numerosos restos de « una industria de la piedra completamente dis-
tinta de las hasta ahora conocidas », y que — agrega — resultaría « hasta
cierto punto más primitiva que la de los eolitos de Europa» *.
Ante la importancia del descubrimiento, me propuse visitar — apro-
vechando el viaje que debía realizar á mis expensas á los partidos de Puey-
rredón y General Alvarado — los yacimientos de tan interesante indus-
tria y tratar de obtener, si fuera posible, el mayor número de ejemplares
de objetos atribuibles á la misma. Con facilidad he podido reunir 187 pie-
zas diversas, no sólo en el yacimiento cuya posición me indicara con nota-
ble exactitud el distinguido geólogo y viajero don Carlos Ameghino, sino
en otros cuatro, también situados sobre la costa. Desde luego, he al-
canzado resultados satisfactorios, dado el propósito determinante de la
referida excursión, que era estudiar una vez más los lugares donde abun-
dan, depositados en el loess, diversos materiales de origen volcánico, y
sobre los cuales voy á publicar, ásu debido tiempo, una nueva memoria.
Considero, pues, justificada esta breve noticia.
Tras de punta Mogotes, hacia el sudoeste, existe un médano consi-
derable, cuyas faldas limitan en gran parte una reducida ensenada que
1 Fr.Oli entino Ameghino, Las formaciones sedimentarias de la. región litoral de Mar
del Plata y Chapalmaldn, on Anales del Museo nacional de Buenos Aires, XVII, 3í)8.
Buenos Aires, 1909.
320
corresponde á la desembocadura del arroyo Corrientes, pequeño curso
de agua que se inicia á poca distancia de la costa, en la laguna del
mismo nombre, y por el cual se vierte en el mar el exceso de agua que
converge en la época de grandes avenidas á la depresión lacustre nom-
inada. De ordinario, el arroyado es de muy poco caudal y se pierde,
antes de alcanzar la playa, absorbido por las arenas. La margen dere-
cha, (m las cercanías de la boca, es baja, suavizada aun más por las
dunas aplanadas que allí existen : mientras la izquierda', relativamente
elevada, está constituida por una barranca muy denudada por los agen-
tes erosivos, (‘asi sin vegetación, ofreciendo cierta tonalidad pardo-gri-
Fig. 1. — Yacimiento de la margen izquierda del arroyo Corrientes
sáceo, y muy accidentada, pues las aguas al precipitarse de lo alto al
plano de la playa próxima, lian formado amplias torrenteras ó produ-
cido inflexiones considerables y bizarras (fig. 1).
Los restos de dicha barranca que, primitivamente, debió constituir
una pequeña plataforma de erosión oceánica, tal cual lo es en la actua-
lidad, y sin solución alguna, todo el segmento de costa que se extiende
al sudoeste hasta el arroyo del Durazno frente al pueblecito de General
Al vara do, ofrece una constitución geológica en cierto modo compleja.
Como tengo terminada, y quizá pronto vea la luz pública *, una me-
! Posiblemente demorará un tanto la publicación <le dicha memoria, pues he resuelto
enviar á un especialista muestras del terreno atribuido por algunos á la transgresión
321
nimia espochil, ilustrada, con numerosas fotografías y jícrfilcs seinies-
quemáticos, cji la que resumo las observaciones que he recogido sobre
las « formaciones marinas » y las llamadas impropiamente por algunos
« eolo-marinas », 1 de la parte del litoral atlántico que me ocupa, no me
detendré mayormente en descripciones menudas que, por otra parte,
estarían fuera de lugar. Sépase, simplemente, que en la parte superior
de la barranca y hacia el interior del continente, los agentes erosivos
han puesto al descubierto el limo pampeano, pardo-rojizo ó pardo-gri-
sáceo, con pocos fósiles ; en cambio, descendiendo de lo alto al plano de
la playa se encuentra plaque, desde una altura relativamente eonside-
belgranense. La presencia de elementos zoógenos determinará, con fijeza., cuál es el
carácter de los depósitos verdosos que so encuentran en los acantilados al norte de
Mar del Plata y al sur do la Barranca de los Lobos.
1 Amiogiiixo, Ibid., 388. El autor del trabajo citado, define en los siguientes térmi-
nos la nueva designación que pretendo introducir en la nomenclatura geológica: « Es-
te depósito superior — se refiere al de la boca del arroyo Corrientes descripto some-
ramente en el texto — placado contra, la antigua barranca tiene sin duda un doblo
origen, marino ysubaóreo. Consta de arena muy fina mezclada con arcilla y conchas
trituradas que el mar arrojaba á la playa y que el viento esparcía después sobro el
plano inclinado y denudado de la costa formado por las capas del chapalmalense y
del ensenadense basal. Esos depósitos así formados pueden designarse con el nombre
de eoloinarinos... »
El nuevo término creado por el autor referido asocia, pues, en una sola palabra,
designaciones ya consagradas y correspondientes á procesos opuestos por completo.
Desde luego, se, hace inaceptable.
Los geólogos — todos lo saben — han agrupado los fenómenos geodinámicos for-
mando un sistema de clasificación en el cual se hallan distribuidas, racionalmente, las
diversas categorías de acciones que pueden modificar, más ó menos, la superficie del
globo. La acción mecánica do algunos agentes físicos, la atmósfera y las aguas del
mar, por ejemplo, os sabido se traducen, cu aquélla, por la erosión, el transporte ó
aun la acumulación (dunas) y, en las segundas, por formaciones de cordones litora-
les, depósitos de playa (guijarro, casquijo, arena, limo) ó de agua profunda, y, tam-
bién, por la destrucción de las costas, es decir, una verdadera erosión marina.
La formación del depósito detrítico do arroyo Corrientes, como los do otros luga-
res próximos, se debe, como lo expresaré en el texto, á la intervención del viento.
Desdo luego, es de todo punto imposible asignar al factor secundario un valor idén-
tico al de la acción inicial. En el caso que me ocupa, el mar ha proporcionado las
a, roña, s, transportadas más tardo, y que cu los niveles superiores so hallan mezcladas
y aun substituidas en su totalidad con materiales pulverulentos, obtenidos por la
denudación del limo pampeano; poro, ni las aguas marinas ni las salvajes, han in-
tervenido directamente en la formación del depósito, el que presenta todos los carac-
teres de los eólieos, pues es una duna en parte consolidada.
Ri so aceptara el curioso criterio del autor de la memoria citada en los comienzos
de esta nota, las dunas serían depósitos « eolo-marinos » ; y es sabido, en cambio, que
todos los geólogos, sin discrepancia alguna, las consideran como manifestaciones
típicas del dinamismo atmosférico.
Volveré, oportunamente, á tratar este asunto con más detalles.
322
rabie, un depósito detrítico, en verdad interesante, pues su parte su-
perior. muy disgrcgable, está constituida por elementos biológicos he-
terogéneos, obtenidos los unos del loess pampeano y otros de la arena
típica de la playa marina., predominando aquélla, y con huesos fósiles
aislados que no se encuentran en su yacimiento primario; continuando
hacia el mar, aquellos materiales aparecen más aglutinados, se notan
infiltraciones de carbonato de calcio que producen manchas blanqueci-
nas, desaparecen los huesos fósiles transportados de mamíferos terres-
tres y, en cambio, es fre-
cuente la presencia de pe-
queños fragmentos de mo-
luscos; y que, por último, en
su porción basal, casi en la
misma playa. muestra enlos
lugares mejor conservados,
estratos estrechos de una
roca durísima, constituida
por arena gruesa y fragmen-
tos — ó pocos ejemplares
más ó menos enteros — de
moluscos actuales, agluti-
nados fuertemente, como lo
lie dicho, por un cemento
ferruginoso que lia transmi-
tido á la masa cierto color
gris franco, pero notándo-
se, además, en las fracturas frescas, numerosas infiltraciones amarillo
ocráceo.
Se trata, pues, de un depósito sobre cuyo origen y edad no puede exis-
tir duda alguna. Su formación se debe exclusivamente á la acción diná-
mica de la atmósfera : por una parte, las arenas transportadas y acu-
muladas en talud sobre el plano más ó menos inclinado de la antigua
barranca : luego, en los niveles superiores, los materiales detríticos
aportados por la erosión y mezclados á los subyacentes En cuanto á
1 Además del depósito cólico de la margen derecha del arroyo Corrientes y del
situado en punta Porvenir, de que me ocuparé en el texto, existe otro análogo y
sumamente típico, en las proximidades del arroyo del Barco. Allí se lia conservado
en partes muy reducidas, restos del talud formado por una aglomeración de arena
que debió constituir un plano inclinado violento desde la superficie de la meseta
continental hasta, la playa. Los materiales arenáceos se hallan fuertemente cimenta-
dos, sin duda alguna por la insumisión continua de aguas salvajes cargadas de car-
bonato de calcio. Por allí mismo, en la amplia playa que se extiende suavemente
hacia el mar, se notan depósitos muy extensos de casquijo, arena y moluscos enteros
— 323 —
los grados diversos de dureza que presenta el depósito cólieo que des-
cribo, se explican satisfactoriamente ; la lapidificación (Lapparent) de las
capas inferiores, se debe en el caso especial que me ocupa á una acción
química combinada, conocida de todos los geólogos, y producida por la
precipitación de los carbouatos contenidos tanto en el agua del mar —
que las lia bañado y baña en determinados momentos — como en las que
se insumen á través del terreno permeable sobrepuesto ; aglutinación
que, desde luego, debe disminuirá medida que el nivel se eleva ó, mejor
dicho, cuando los materiales se encuentran más expuestos á los agentes
erosivos y la insumisión se realiza irregularmente l.
Sintetizando : la barranca que forma la margen izquierda en la boca
del arroyo Corrientes, está constituida en su mayor parte por loess pam-
peano, y por un depósito eólico de la era actual, en los cuales la denu-
dación ha actuado intensivamente.
Bien, pues ; en la superficie, distribuidos irregularmente, aislados ó
ó fragmentados, en pleno proceso do lapidificación y quo ofrecen diversos grados do
dureza; en este caso, debida á la acción química superficial ejercida por las aguas
marinas. También lio encontrado por esos mismos lugares, delgados estratos fuerte-
mente aglutinados, idénticos á los de la playa sobre la cual descansa el depósito
eólico de la margen derecha del arroyo Corrientes; y exactamente iguales filos sena-
lados, hace ya muchísimos años, por los señores Heusser y Claraz, los concienzudos
investigadores suizos cuyas observaciones sobre los depósitos sedimentarios bonae-
renses constituirán, siempre, el antecedente más discreto para el futuro estudio geo-
lógico, estratigráfico y petrográfico — apenas esbozado en sus lincamientos generales
por Doering, Steinmann y Rotli en sus últimas memorias — de la serie pampeana de
la República Argentina (véase : J. C. Heusser y G. Claraz, Essais pour servir á une
description physiquc ct géoynostique de, la provincc arg entine de Buenos Ayrcs, en Nene,
Dcnkschriften (Nouveaux Memo ir es) der Allyemcine Schtveizerische Gescllschaft, XXI, 98.
Zürich, 1865).
Estoy on el deber de hacer notar quo el corto efectivo — pues su leyenda no dice
que sea esquemático — , aparecido on una publicación reciente (Amegiiino, Ibid.,
fig. 12), de la « barranca al norte do la boca del arroyo del Barco », contieno graves
errores. Como lo he dicho en el texto, poseo numerosas fotografías de la región que
mo ocupa, las quo una vez publicadas ratificarán mis afirmaciones.
1 Lapparent examina, sabia y detalladamente, los fenómenos do aglutinación á quo
me refiero en el texto (A. j»e Lapparent, Traité de gdologic, I, 336. París, 1906).
A pesar de que la precipitación de las sales calcáreas contenidas en las aguas del
mar, sólo se realiza cuando una temperatura algo elevada favorece la rápida ova-
porización de aquéllas, se ha. observado dicha acción química aun en localidades
situadas en latitudes avanzadas ; como Elseneur, cerca do Copenhague)». So mencio-
nan, también, otros numerosos lugares donde es muy frecuente; las costas francesas
on las proximidades do Royan y las quo so extienden á lo largo del Mediterráneo,
Sicilia, Algeria, las Antillas y el litoral brasilero (Lapparent, Ibid., I, 336 y 337).
Pero esto fenómeno, productor contemporáneo de rocas quo constituyen, muchas
veces, verdaderos asperones, no debe considerarse como un caso excepcional y loca-
lizado á las costas marítimas. Aun en el interior do los continentes, en las Laudas
ó en los arenales do Médoc y do los bosques de Fontainobloau y Chantilly, por ojem-
— 324 —
en pequeños grujios de tres, cinco ó más, ya en las anfractuosidades del
terreno ó en las cavidades formadas en el curso de las pequeñas torren-
teras, pero nunca cubiertos por materiales terrosos ó arenáceos, be en-
contrado !)1 objetos pertenecientes á la industria primitiva á que se
refiere el autor del trabajo citado.
Recogí otras 56 piezas en punta Porvenir l, pequeño espolón de cuar-
cita rodeado de playa, que apenas llega á internarse en el mar cuando
las aguas crecen, y sobro buena parte del cual, en sus faldas — permí-
Fig. 3. — Arroyo Corrientes (0053, colee. I*'. F. O.), '/,
táseme la expresión — se baila plaqué otro depósito eólico idéntico en
sus componentes al de la boca del arroyo Corrientes y, como aquél, muy
denudado. lie observado, sin embargo, que en el nivel superior, el limo
pío, aunque también en las dunas en general, es usual hallar el asperón cuarzoso,
pardo negruzco, llamado alies, originado también por una acción química (véase
Lapparknt, Ibid., I, 333). Por otra parte, y para demostrarla generalidad y ampli-
tud de los fenómenos modernos de lapidificación, me bastará recordar los asperones
cólicos, formados con arenas fuertemente aglutinadas por un cemento calcáreo, que
conservan en su interior moluscos terrestres, y que son originados por la. acción me-
cánica- de la atmósfera y química de las aguas (Lapparicnt, Ibid., I, 151).
Podría multiplicar los renvois de otros autores pero basta con los traídos á cola-
ción. dado el propósito que persigo al redactar esta breve nota ilustrativa del texto.
1 De punta Porvenir proceden los objetos que han motivado la referencia acciden-
tal, transcripta en los primeros párrafos de esta, memoria (véase : Amiíguixo. Ibid.,
391).
325
pampeano corresponde, aun más, al tipo de acumulación detrítica, pues
entre los elementos «pie lo forman figuran arena fina, fragmentos menu-
dos de moluscos y trozos rodados de loess pardo obscuro. Precisamente,
rodeada de esos materiales fué hallada una coraza de Sclerocalyptus
pseudo rnatus Amgli.
Todas las piezas atribuíbles á la supuesta nueva industria se halla-
ban, como en el yacimiento anterior, superficialmente y distribuidas en
forma idéntica.
El tercer yacimiento: en el partido de Pueyrredón se halla situado á
Fig. 4. — Arroyo Corrientes (9061, coleo. F. F. O.), Vi
un kilómetro aproximadamente de la margen izquierda del arroyo Cha-
padmalal *. Sobre la arena que cubre la superficie de la elevada plata-
forma, de erosión oceánica que constituye allí la costa atlántica bonae-
rense, ó distribuidos también superficialmente en extensiones reducidas
1 La pequeña excavación hucha para extraer la coraza de Sclerocalyptm, ú que me
refiero en el texto, se conservaba aún cuando realizó mi última visita en marzo del
corriente año. Pude extraer muestras del terreno que encierran numerosas placas
sueltas.
2 Desde luego, prefiero continuar empleando el nombre de Clmpadmalal para desig-
nar el accidente geográfico á que me refiero en el texto, y no el de Chapalmalán, á
pesar de la « eufonía » encontrada, á este último, por recientes glosadores (véase
Am eg ii ¡no, ttid., 351, nota 1). Entiendo que un nombre geográfico debe escribirse
sin variante alguna, dejando de lado las pronunciaciones viciosas generalizadas por
326 —
donde faitea la tierra vegetal y se reduce la arena, apareciendo, en cambio,
un manto calcáreo (tosca) (pie cubre, según parece, gran parte de la re-
gión, obtuve 29 ejemplares muy característicos. En este caso, las
circunstancias especiales que rodearon el hallazgo revisten gran im-
portancia; los objetos referidos no estaban aislados, como en los dos
yacimientos anteriores, sino asociados, aun más, mezclados con multitud
de ejemplares de láminas, cuchillos, raspadores, etc., tallados casi todos
en cuarcita ó silex, pertenecientes á la conocida industria lítica de facían
tan primitiva que se halla con harta frecuencia en casi todos los Kultur
lagar bonaerenses, ya en los conservados en la misma superficie del te-
rreno como en los envueltos por la tierra vegetal, sobre todo en las már-
genes de los arroyos ó á orillas de lagunas b
Por último, los otros dos yacimientos se encuentran en el partido de
las incorrecciones de lenguaje de labios campesinos ó aficiones eufónicas de justifi-
cación dudosa. Por otra parte, la etimología que se ha dado últimamente de la for-
ma que objeto (Chapalmalán), está en parte equivocada. «El nombre — dice el glo-
sador— es de origen araucano, chapal-malal, que quiere decir, corral do totora»
(Amegiiino, Ibid., 351, nota 1). Chapul, mal puede corresponder á totora, cuando
ni aun siquiera os voz Araucana. La Typha dominguensis Prs., es llamada thomc en
aquel idioma indígena (conf. Andrés Fichúes, Arte de la lengua general del lteyno de
Chile, etc., 407, 646. Lima, 1765), habiendo los Araucanos argentinos introducido la
variante trapál (conf. Fedehico Barbará, Manual ó vocabulario de la lengua Pampa
y del estilo familiar, 105. Buenos Aires, 1879).
El verdadero nombre del arroyo es Cliapadmalnl, el mismo que lleva el gran esta-
blecimiento agrícola-ganadero del sefior don Miguel Alfredo Martínez de Hoz. Dicha
designación es Araucana y está formada por las voces chapad = pantano y malul —
cerca ó corral [Febres, Ibkl., 379, 444 y 323, 545, respectivamente. Latzina, aun-
que registra en su Diccionario la forma viciosa de Chapalmalán, ofrece, en cambio,
la etimología verdadera (F. Latzina, Diccionario geográfico argentino, 148. Buenos
Aires, 1899)].
En cuanto á la interpretación del nombre Chapadmalal hecha por algunos (Ame-
guiño, Ibid., 351, nota 1) es, también, en parte inexacta; chapad, como lo he dicho,
quiere decir pantano y no « barro ó redondo ». Estas «los últimas voces se expresan
en Araucano con los vocablos pele (Febres, Ibid., 315, 583 y Barbará, Ibid., 42) y
moneoll, thitgiid, chinead, etc., 1 (Febres, Ibid., 392, 556, 650 y 449), respectivamen-
te. Haré notar, al pasar, que las variantes incluidas en el panfleto de Barbará, cons-
tituyen ligeras diferencias locales, verdaderos modismos, pues entre el Araucano ar-
gentino y chileno no existe diferencia substancial alguna.
1 No obstante el mal tiempo y la lluvia molesta y persistente que obstaculizó mi
tarea, pude recoger en el gran Kultur lager á que me refiero en el texto, 822 objetos
diversos; láminas, cuchillos, raspadores y puntas «le flecha; pero, no encontré frag-
mento alguno «1o alfarería. Sin embargo, don Carlos Amcghino me lia dicho «jue en
1 Debo hacer notar, sin embargo, que moneoll correspondo ¡i la acepción esférico : por ejemplo,
la redondez do una pelota, «le una bola, etc. El inteligente viejo Araucano Juan Salvo, «pío frecuenta
mi casa, me dice que el concepto «le círculo, disposición circular, etc., so expresa con la voz chinqíídf
ó chincúd.
— 327 —
General AI varado ambos sobre la margen derecha de los arroyos de las
Brusqnitas y del Durazno, respectivamente *.
En el primero hallé 4 piezas aisladas, «pie aparecían sobre la
arena que cubría la í uperíteie de una pequeña torrentera ó depresión
que existe en la barranca, no muy elevada, que forma la costa á 200
metros aproximadamente de la desembocadura del arroyo.
Del otro, obtuve siete ejemplares; también distribuidos superficial-
mente sobre la arena que, en grandes cantidades, cubre la margen dere-
cha del arroyo en la misma desembocadura. Con estas piezas hallé un
interesante raspador groseramente tallado, del tipo llamado duclc-bill por
los arqueólogos ingleses y, además, dos puntas de Hecha fragmentadas de
la misma industria á que me he referido en párrafos anteriores.
Los diversos objetos reunidos por mí en los yacimientos descriptos,
y que corresponden á los considerados por algunos como «de un tipo
desconocido», están constituidos por pequeños rodados de basalto, pór-
fido, íilita, calcedonia, jaspe, cuarcita, etc., siendo muchos de ellos, de
cierta roca silícea que muestra inclusos multitud de Eadiolarios 2.
Casi sin excepción, son ó han sido de forma elíptica, ovoide ó ligera-
mente amigdaloide; como lo he dicho, de pequeño tamaño, pues, la buena
serie de piezas que tengo á la vista, no ofrece ejemplares cuya longitud
otros «paraderos», también próximos íí la boca del arroyo Chapadmalal, se suelen
hallar pedazos do cacharros.
Las piezas reunidas por mí, casi todas talladas cu una sola cara, pertenecen, como
lo «ligo en el texto, íí una do las industrias neolíticas más difundidas «1o la provincia
de Buenos Aires, y do la cual el doctor Florentino Ameghino ha divulgado muchos
tipos y variedades — si así pueden llamarse á multitud do formas instables — en una
de sus obras más clásicas (La antigüedad del hombre en el Plata, I, 213-267, planchas
I-IV, figuras 1-208. Paris-Buenos Aires, 1880-1881). También existo identidad entro
los ejemplares que forman mi numerosa serio y otros descriptos, hace muchos años,
por el doctor don Francisco P. Moreno (Noticias sobre antigüedades de los indios, del
tiempo anterior á la conquista, en Boletín de la Academia nacional de Ciencias Exactas
existente en la Universidad de Córdova (sic), I ; consúltese, ante todo, el texto de la
página 133 y, luego, el de los folios 142, 144 y 145. Buenos Aires, 1874); corno con
algunos mencionados por mí en una memoria que publiqué en 1897 (F. F. Outes,
Los Querandíes, Breve contribución al estudio de la Etnografía argentina, 87-91, figuras
1-4. Buenos Aires, 1897).
1 Los hallazgos realizados en la margen derecha de los arroyos de las Brusquitas
y del Durazno, los considero como ocasionales y no creo que exista allí un verdadero
yacimiento.
s El doctor Gualterio Rchillor, jefe do la. sección do Mineralogía del Museo de La
Plata, me ha oxprosado «pie si un examen posterior confirmase la existencia de Radio-
larios, sería realmente interesante averiguar la procedencia originaria de los rodados
de que me ocupo en el texto, pues, hasta, la fecha, sólo en San Juan so han señalado
los reforidos invertebrados.
REV. MUSEO LA PLATA. — T. III. (VIII, 14, 1009.)
23
sea mayor de 78 milímetros, el ancho exceda de 51 milímetros y el es-
pesor pase de 20 milímetros. Las mismas dimensiones, mínimas, seña-
lan 42, 27 y 14 milímetros, respectivamente.
Sobre la procedencia de dichos rodados no puede abrigarse duda al-
guna. Las formas elípticas ú ovales, que constituyen caracteres produ-
cidos sólo por el movimiento oscilatorio de la ola, indican claramente
que se trata de material obtenido en la misma playa, en las guijarrales
litorales que, más ó menos amplios, existen en lugares próximos \
Sus superficies no están patinadas, ni presentan concresiones ó in-
Fig. 5. — Punta Porvenir (9115, colee. F. F. O.), J/i
crustaciones como tampoco dendritas, pero, se nota en cambio — espe-
cialmente (ni los de rocas silíceas — lustre metálico; y en todos, sin ex-
cepción alguna, un embotamiento marcado de las aristas producidas por
1 Algunas (lo las rocas que constituyen los rodados, no corresponden á los elemen-
tos litológicos que forman el zócalo arcaico y los mantos paleozoicos del sistema, oro-
gráfico de la provincia de Buenos Aires. ¿Cuál es, pues, su procedencia? Se sncita,
desde luego, una cuestión hoy por hoy difícil de resolver, dado los limitados elemen-
tos de criterio do que actualmente se dispone. Heusser y Claraz tratan de explicar
la presencia do dichos rodados, extraños á la localidad, por la intervención de una
corriente, marina paralela á la costa ; y hacían notar que los guijarros de que me
ocupo : sonl complctcme.nl ulcntiqucs a ccnx (¡ue Von rencontre disperses ou en dépóts, soit
dans les valides lluviales dn Rio Colorado et du Rio Negro de Patagonic, oh ils constitnent
d’ ándennos allnvions, soil sur la plaine ólevée qui s’clend entre oes denx valides (Ibid., 96
las fracturas, que cía á las piezas <le que me ocupo cierto toucher doux
característico.
Todos, absolutamente todos los objetos en mi poder, procedentes de
las yacimientos enumerados, se singularizan por una uniformidad com-
pleta de «factura ». En 47 por ciento de los ejemplares, se observa en
Fig. G. — Chapadmalal (9167] colee. F. F. O.), 1 / ,
uno de los extremos del eje mayor, por lo general el más delgado, una
fractura que puede ser limitada, como en (4 representado en la figura 2,
y siguiente) ; explicación reproducida, en parte, en una memoria reciente (Amkghino,
Las formaciones, etc., 397). El transporte de materiales pesados por una corriente
marina costanera, es posible; pero no existen, por otra parte, muchos ejemplos co-
rroborantes. Pienso que la explicación dada por los señores lleusser y Clara/, po-
dría aceptarse, cu principio, con las reservas del caso; aunque, se trataría según mi
modo de ver, de un acarreo lento ú lo largo de las mismas playas (véase á este res-
pecto : Jui.es Giiíakd, La yóograpliie littorále, 106 y siguiente. París, 1895), produ-
cido por la gran corriente de las islas Falkland, cuya acción se facilitaría grande-
mente, por el tipo especial del litoral bonaerense, sin inflexiones que interrumpan
el curso del proceso. En cuanto á la cuarcita y aun el sílex, proceden, sin duda al-
guna, de la región; de los grandes bloques de conglomerado paleozoico, etc., que
existen entre punta Mogotes y la colina de la antigua iglesia de Mar del Plata, des-
truidos continuamente por las olas.
— 330 —
con una gran esquirla desprendida por un lado y tres pequeñas por el
opuesto; ó amplia y bien manifiesto el esquirlamiento (fig. 3).
Al separárselas esquirlas por ambas superficies se ha producido siem-
pre una arista viva y cortante, por lo general rectilínea (fig. 3), ó tam-
bién convexa (fig. 4). Sin embargo, en unas pocas piezas, la arista á que
acabo de referirme es francamente cóncava (fig. 5).
El filo no tiene retoques y, en cambio, aparece mellado, como si hubie-
se sido aplastado al usarlo de continuo l.
Fig. 7. — Clmpadmalal (9170, colee. F. F. O.), */,
En general, los objetos de este grupo recuerdan la forma de una pe-
queña cuña.
Otros ejemplares que representan el 41 por ciento del material reuni-
do, ofrecen iguales trazas en ambas extremidades del eje mayor del ro-
dado. En algunos casos, el esquirlamiento ocupa una mínima parte de las
superficies del guijarro y, entonces, el filo sigue la parte de periferia co-
rrespondiente (fig. 0); pero en otros (fig. 7 y S), las fracturas se presentan
admirablemente definidas y han producido una arista franca y rectilínea
que debió ser cortante, pero en la actualidad mellada.
Unas pocas piezas (9 °/0) son de sección triangular, pues se han des-
prendido al rodado primitivo grandes laminas longitudinales (fig. 9).
1 Creo que las menudas esquirlas que aparecen separadas de la periferia del filo,
lo lian sido por el mismo uso del instrumento.
También en este caso, una de las extremidades del eje mayor aparece
aplastada, como si con la arista que debió obtenerse se hubiera traba jado
de continuo, hasta golpeado, tal es el écraxcmcnt que presenta.
Por último, sólo en 3 por ciento de mi material, los rodados aparecen
desbastados á grandes golpes por ambas caras, los que lian separado
láminas longitudinales, pero dejando en partes la superficie primitiva.
!áe observa, como en las piezas anteriores, en los lugares que correspon-
den á las extremidades
del eje mayor, una aris-
ta por lo general recti-
línea y más ó menos
mellada (fig. 10).
Eli ningún caso he
observado el menor tra-
bajo en las extremida-
des del eje menor del
rodado, ni aún en sus
proximidades. Resul-
tan, también, poco fre-
cuentes, los concoides
de percusión que, cuan-
do existen, son de muy
pequeño tamaño y de
aspecto algo difuso.
Roes necesario insis-
tir en deseri ] añones más
detalladas, que, por otra
parte, serían inútiles y
hasta contraproducen-
tes. Los caracteres genéricos de los objetos que estudio, se mantienen
con una persistencia notable; pero faltan, en cambio, más formas espe-
cializadas, desde que las descriptas sólo corresponden, sin duda alguna, á
simples variedades de un mismo tipo, en las que se presentan, regularmen-
te, todas las particularidades producidas por una técnica bien definida.
Creo, sin reservas, que los objetos deseri ptos en esta nota han perte-
necido al outillage primitivo del hombre indígena bonaerense. Ro se
trata, en manera alguna, de efectos atribuíbles á causas naturales ó ac-
cidentales; pues las fracturas, no corresponden al estallido paralelo ó á
la desagregación alveolar debidos á influencias meteóricas ' ; ni al es-
Fig. 8. — Arroyo del Durazno (9199, colee. F. F. O.), */,
1 Las rocas silíceas, especialmente los nodulos 6 rodados de sílex, pueden sufrir
por la intervención de causas físicas ó meteorológicas, un estallido natural que, en
— 332 —
quirlamiento producido al entrechocarse las piezas arrastradas por aguas
torrenciales 1 ; ni se trata, tampoco, de las aparentes trazas de tallado,
uso ó retoque, como las observadas en los seudoeolitos recogidos en los
aluviones fluvio-glaciales de Alemania del norte ó en el litoral marítimo dé-
la isla de Rugen, las playas de Oromer y Sheringham ni, por último,
determinados casos y sin duda alguna, tiene la apariencia ilel trabajo humano
primitivo. Son diversas las causas á que me refiero; algunas pocas veces, la helada;
por lo general, la desecación rápida del rodado despojado de su ganga y expuesto al
aire libre. En ambos casos so produce el estallido paralelo, mencionado en el texto,
en una dirección determinada, más bien, por las mismas particularidades de estruc-
tura de la roca, y que la divide en segmentos achatados irregulares. En cuanto á la
desagregación alveolar que, como su nombre lo indica, produce numerosas cavidades
más ó menos amplias y profundas en la superficie del nodulo, obedece á causas aun
j>oco estudiadas. Desgraciadamente, la brevedad que reclama una simple nota ilustra-
tiva, me priva de ofrecer mayores detalles ; pero, se les encontrará, menudos ó intere-
santes, en ciertos párrafos de memorias publicadas hace ya algún tiempo por G.
Schweinfurth (Steinzeitliche Forschungen in Oberügypten, en Zeitschrift fiir Ethnologie,
XXXV, 805 y siguientes, planchas XIII y XIV. Berlín, 1003) y A. Kutot (Sur la
causo de l’dclatement naturel du sílex, en Mdmoires de la Sooidtd d’ Anthropologie do Bru-
xclles, XXIII, 10 y siguientes de la tirada aparte, planchas I y II. Bruxelles, 1901).
1 No me refiero, como pudiera creerse, á los efectos producidos por la acción diná-
mica do las aguas veloces de un torrente permanente con cauce definido que, por lo
general, forman rodados y aun contribuyen á que desaparezcan las aristas que pre-
sentan los bloques ; si bien creo que el profesor Kutot exagera al tratar el asunto
(véase : A. Kutot, Quelques observations au sujet de Vaction des torrente sur les cailloux,
en Bulletin de la Societd belge de Géologic, de Faldontologie et d’ Hydrologie, XXII, 309 y
siguientes. Bruxelles, 1908), pues, la referida acción varía, sin duda alguna, según
las circunstancias diversas como so realiza. He querido referirme á la acción tem-
poraria de aguas salvajes, de grandes avenidas — en una palabra — que por moti-
vos ocasionales adquieren aliare torrencial, y arrastran consigo tumultuosamente
diversos materiales duros, angulares ó no, que, al entrechocarse, pueden producir
efectos semejantes á los observados en los délayeurs de Mantés (conf. Mahcellin
Boui-f-, L’origine des éolithes, en L' Anthropologic, XVI, 201 y siguientes, figuras 4 á
15. Paris, 1905).
8 Los seudoeolitos de los aluviones lluvio-glaciales del valle del Elba, en las
proximidades de Magdeburg, presentan numerosas estrías, golpes, esquirlamientos,
etc. (véanse algunas representaciones do estos objetos, hallados por el doctor II almo,
on : A. Gotzic, Fine paldolithisehe Fundstelle bei Fossncck, Thiiringen, en Zeitschrift
fiir Ethnologie, XXXV, 494 y siguientes, figuras incluidas en la página 495. Berlín,
1903), debidos, tan sólo, á causas naturales : la gran compresión — según el profe-
sor Kutot — sufrida por los nódulos ó bloques entre sí, mientras duró el empuje
enorme de la morena superior y de la calota de hielo correspondiente, pues, casi
todos los objetos, provienen de arenas fluvio-glaciales pertenecientes á una morona
subyacente, recubierta por otra de un vestiquero posterior (conf. A. Kutot, Eolithes
et pseudo-dolitlies, en Mdmoires de la Sociótd d’ Anthropologic de Bruxelles, XXV, 26 y
siguientes do la tirada aparte. Bruxelles, 1906).
También los seudoeolitos procedentes del litoral marítimo de la isla de Ungen,
ofrecen un gran parecido con las piezas trabajadas realmente por el hombre. ¡Se
— 333 —
á .la intervención indirecta de los individuos que viven actualmente por
aquellos lugares, de sus haciendas, etc.
En cambio: la persistencia con que aparecen las fracturas en las ex-
tremidades del eje mayor del rodado; la ausencia absoluta de objetos
parecidos en la playa próxima á. los diversos yacimientos; la aglomera-
ción de piezas, ofreciendo los diversos caracteres descriptos, en la su-
perficie de la plataforma continental, á la que nunca hubieran llegado
sin la intervención del hombre ; y, por fin, los signos evidentes de uso
que muestra la mayor parte de los ejemplares recogidos; me inducen á.
suponer, como ya lo he expresado, que se trata de utensilios domésticos
délos indígenas.
lío abrigo dudas sobre la antigüedad del material descripto y figurado
en esta nota: debe referirse, sin excepción alguna, al período neolítico
de estas regiones de Sud América. Su descubridor lo considera, en cam-
bio, como paleolítico, desde que al mencionar el hallazgo de la coraza de
Sclerocalijptm pseudoornaim Amgli., bailada en punta Porvenir, hace
notar que á su alrededor «hasta una distancia relativamente considera-
ble», aparecían restos diversos 2, «é instrumentos de piedra sumamente
trata do una acción mecánica producida por los grandes bloques de morenas que
forman la parto superior del acantilado costanero, y que recubren un gran basamento
do creta con silox. La erosión marina actúa allí con cierta frecuencia, y produce el
desplome de grandes masas de material. Después de un proceso complicado — que
sería, imposible sintetizar en esta nota, — las láminas separadas accidentalmente de
los nódulos do sílex contenidos en la creta, llegan á la parto do playa, donde los
bloques caídos do las morenas se encuentran ya transformados en rodados por la
acción de las olas. Al entrechocarse las láminas con aquellos, so producen retoques
numerosos que las transforman en objetos sumamente parecidos á los artefactos ter-
ciarios y aun á muchos manufactos cuaternarios (conf. Rutot, Éolithes, etc., 35 y
siguientes).
1 Algunos observadores han constatado curiosísimos efectos, producidos por causas
inconscientes, en nódulos ó láminas de sílex que yacían en el suelo. Las presiones
ejercidas por las ruedas de los vehículos ó el pasaje de hombres y animales, no sólo
se traducen por numerosos retoques semejantes á los que presentan los objetos utili-
zados ó tallados por el hombre, sino que, en ciertos casos, llogan á producir verda-
deros núcleos y aun soudoraspadores (Adrikn Arceli.in, Sílex tertiab'es, en Mnté-
riaitx pour Uhistoire primitivo i’t nal urdió ño V hornillo, XIX, 203, plancha IX, figura 8.
París, 1885; Rutot, Éolithes, etc., 5 y siguiente).
Las meticulosas observaciones del doctor Hahne en la isla do Rugen, han eviden-
ciado, por otra, parte, que enterrando en la, arena rodados marinos junto á láminas
cortantes de silex y pisando, luego, repetidas veces el suelo sobre ellos, también se
producen esquirla, míen tos múltiples (conf. Rutot, Éolithes, ote., 37, nota 1).
2 Á propósito de la supuesta importancia paleoetnológiea do punta Porvenir, en-
cuentro en una, publicación reciente los párrafos que transcribo : « Esta localidad es
— 334
toscos y de un tipo desconocido » 1 ; y, luego, al ocuparse de los guija-
rros de las « formaciones marinas» que describe, añade : que «las pie-
dras rodadas de mayor tamaño fueron aprovechadas por el hombre de
esa época » 3.
Pienso, como lo he dicho, todo lo contrario. He descripto con cierto
detalle, uno de los yacimientos donde la naturaleza especial del terreno
hubiera favorecido el hallazgo de objetos in situ, vale decir, cubiertos
por materiales terrosos 3. Sin embargo, en la margen izquierda del arro-
yo Corrientes, todas las piezas fueron encontradas superficialmente y
otro tanto sucedió en punta Porvenir. He removido, en ambas localida-
des, los depósitos subyacentes y no he retirado restos parecidos. Por
otra parte, en Chapadmalal y en los arroyos de las Prusquitas y del Du-
razno, todos los objetos procedían no sólo de la superficie del terreno
sino se hallaban mezclados con instrumentos y armas de los indígenas
prehispánicos, de la misma industria señalada hasta ahora en casi todos
ile una importancia especial á causa de la cantidad de huesos fósiles que contiene la
arena más suelta superior, y en la prueba de que esa acumulación de huesos es el
resultado de la acción del hombre de entonces. Esta lengua do tierra fué en esa
época un paradero del hombre á orillas del mar. He recogido allí la coraza de un
Scleroealyptus pseadornatus que se encontraba parada verticalmente reposando sobre
la abertura caudal, con la región dorsal mirando hacia el mar y la abertura ventral
hacia el oeste, como si hubiera sido destinada á servir do abrigo contra los vientos
del mar. El interior de la coraza no tenía huesos del animal, pero sí huesos de pe-
queños rumiantes partidos longitudinalmente y otros restos extraños, mientras que
la misma coraza muestra el borde de la .abertura posterior sobre el cual descansaba
cortado artificialmente. Alrededor de la coraza hasta una distancia relativamente
considerable aparecían huesos de mamíferos partidos artificialmente, otros quema-
dos, conchas marinas que parecen haber soportado la acción del fuego, é instrumen-
tos do piedra sumamente toscos y de un tipo desconocido. La fauna de mamíferos
indica la parte superior del eusenadonse ó la más inferior del bonaerense » (Ame-
GIIINO, Las formaciones, etc., 3¡)l) y siguiente). Conviene se sepa ([110 en punta Por-
venir los agentes erosivos han actuado poderosamente; las aguas han removido el
terreno 011 todos sus niveles y el viento ha acumulado el depósito detrítico á que me
he referido en el texto de esta breve noticia (véase pág. 324). Desde luego, es muy
probable, y el examen repetido del terreno confirma mi creencia, que los fósiles
y objetos diversos retirados do la « arena más suelta superior » 110 so encuentren en
un yacimiento primario; y que el cuadro llamativo de la primitiva habitación des-
cripto por el autor citado en los párrafos reproducidos — hermoso asunto para (Jor-
mon ó Jamin — se explique, sin violentar los hechos, por diversas circunstancias
ocasionales.
* Amioguino, Las formaciones, etc., 391.
4 Amegiiino, Las formaciones, etc., 398.
3 Sin embargo, aun en el supuesto de que algunos objetos se hubieran encontrado
sepultados en el terreno, siempre sería menester proceder con reservas, dado el
carácter especialísimo de todos los yacimientos, expuestos á las acciones erosivas
que remueven, trasladan y acumulan de continuólos materiales terrosos ó arenáceos.
35
los Kultur lager bonaerenses 1 envueltos por la tierra vegetal ó que
existen en la superficie misma del terreno.
Los numerosos objetos de aquella industria recogidos por mí en
Chapadmalal y en los otros dos yacimientos del partido de Al varado,
presentan, sin excepción, el mismo lustre é igual embotamiento de las
aristas que los descriptos especialmente en esta no-
ta; particularidades ambas que no corroboran, en
manera alguna, una gran antigüedad, si bien se ex-
plican por la acción pul i alentadora de la arena arras-
trada por las aguas ó impelida por el viento.
Por otra parte, se sostiene en una reciente me-
moria, que los objetos arqueológicos — semejantes
á los descriptos en esta breve nota — recogidos en
diversas localidades délos partidos de Pueyrredóny
General Alvarado, representan « una industria de
la piedra completamente distinta de las basta ahora
conocidas» y «hasta cierto punto más primitiva
que la de los eolitos de Europa » 2. Ahora bien ;
% qué debe entenderse por industria eolítica X ¿qué
es un eolito % Eutot, el distinguido geólogo y pa-
leoetnólogo belga — leader del eolitismo — estable-
ce : que Vindustrie éolitliique est Vcnsemble den ind un-
irles de la ierre de toan les dijes, qui no comprennent ,
dans la partie qui notes a été conservée, que des maté-
riaux pierreux (rognons ou éclats), directemeut utüisés
pour frapper , pour couper, pour racler, pour « gratter » etpour percer, apres
retouche d} accomodation éventuclle et arce retouche dóutillsation souveut
appliquée, a V exclusión complete de tout instrument fallió i ntcullou relíe-
me nt :l ; y luego agrega : un éolitheest, en delwrs de toute idee ehronolo-
Fig. 9. — Arroyo Co-
rrientes (9080. coleo.
F. F. O.), >/,.
* Los materiales arqueológicos conocidos hasta la fecha do la estación neolítica de
San Blas, al sudeste de la provincia de Buenos Aires, difieren de los obtenidos en
otras localidades, y corresponden á una industria « que caracteriza hasta ahora á la
cuenca del río Negro medio ó inferior, ciertas localidades de la gobernación de la
Pampa y los llanos mendocinos meridionales; industria que tiene infinitos puntos de
contacto con la que se encuentra de continuo en la parte sur de la gobernación del
Río Negro y en todos los territorios de las del Chubut y Santa Cruz » [Félix F.
Cutios, Arqueología (le San Illas (provincia de Buenos Aires), en Anales del Museo nacio-
nal de, Buenos Aires, XVI, 271. Buenos Aires, 1908].
- Amkgiiixo, Las formaciones, etc., 398.
3 A. Eutot, Qu’est-ce qu’un Éolitlio? en Congrés préhistorique <le Frunce. Compie-
rendu de la IVa sess ion, Chamberí/, IDOS, 162. Le Mans, 1909. La definición trans-
cripta en el texto, con ser la última formulada, coincide en lo substancial con otras
(lique, Vun das outils destinas a frapper, d couper, a radar, a « gratter » ct
d parear, faisant partía d'un ensambla industrial, dans Jaquel il n’existe
ancun instrumant tai lié intentionnellemcnt '.
El concepto «eolítico» implica', pues, como conditio sine qua non, la
ausencia de todo tallado intencional, es decir, del proceso técnico más
•i menos complicado, mediante el cual puede obtenerse, une forma déter-
mináa et précongue, en rae d'un usage práru ct definí, généralcment tras
specialisé Por otra parte, y sin
que por ello se violente el concepto
estricto enunciado en las definicio-
nes anteriores, los eolitos presen-
tan en ciertos casos dos tipos de
retoque el uno de acomodación,
destinado a hacer desaparecer por
simple aplastamiento los bordes ó
asperezas que pueden impedir ó
dificultar la presión, y otro de
ut ilizaeión, mediante el cual se lian
avivado, permítaseme la frase, las
aristas embotadas por el trabajo
continuo 3. Ambas intervenciones no han contribuido sino á bonificar
el utensilio, sin alterar su carácter primitivo y sin tender en lo más
mínimo á especializarlo.
Todo el material descripto y figurado en esta nota g, muestra acaso,
las « características » de los eolitos ? Sin duda alguna, no ! Ciertas pie-
zas, como las representadas en las viñetas 2 y <» son, indudablemente,
Fig. 10. — Arroyo Corrientes (0091,
colee. F.' F. O.), '/,
emitidas anteriormente por el distinguido investigador, en su conocida obra sobre
la prehistoria en la Europa central (Le, próhistoriquc dans VJSurope céntrale. Conp
d’eeil sur Vctat des oonnaissances relativas aux industries do la pierre en 1003 d l’ exclu-
sión du Néolithiquc, en Fédération archéologiqiie ct historique de Belyiqne, XFIle session,
Congrés de Dinant organisé par la Socicté archéologique de Xamur, 9-13 aoñt 1003,
Comptc-rcndu. I, 42. Namur, 1904), en publicaciones diversas (véase, por ejemplo,
La fui de la question des Éolithes, en Bulletin de la Socicté belgc de Géologie, de, Paléon-
tologie ct d’ ¡lydrologie, XXI, 213. Br.uxelles. 1907) y aun en simples conferencias de
vulgarización (Causcrics sur les industries de la pierre, en Itevuc de l’École d’ Anthropo-
logie de París, XVII, 291. París, 1907).
1 Kutot, (prest, etc., 102. Definición cuyo concepto principal había ya divulgado
Jorge Engerrand en su simpático y bien informado libro de prehistoria (Six legón s de,
préhistoire, 72. Bruxelles, 1905) y el mismo Kutot (conf. Les aspeéis nouveaux de la
préhistoire en 1006, en Bulletin de V Académie royale de Belgique, classe de Sciences,
1006, 923. Bruxelles, 1906).
5 Kutot, (prest, etc., 170.
3 Kutot, Sur la cause, etc., 7 y siguiente; Kutot, < pi’est , etc., 168.
(le morfología muy primitiva, áefacies eolítica, pues se trata de rodados
con los cuales se lia golpeado y que conservan el aplastamiento y gra-
nulado localizado típico de los percutores simples. En otras (fig. 4, 5,
7 y 8) existe una arista definida (pie sólo lia debido obtenerse mediante
un trabajo previo, que se reproduce con notable persistencia y que lia
especializado, francamente, gran parte del material. Debe descartarse
para todos esos objetos, y los semejantes que conservo en mis series, la
simple utilización directa que habría producido sólo un ccrascment y el
esquirlamiento estrellado tan conocido. Por último, el tallado intencio-
nal queda aun más evidenciado al examinar otras piezas (fig. í) y 10) y,
Fig. 11. — Arroyo de las Brusqiiitas (9203. colee. F. F. O.), 1 /j
sobre todo, la reproducida en la lig. 11, en la que se notan, clara-
mente, los golpes simétricos dados en la periferia de las extremidades
del eje mayor de una de las caras.
Desde luego, los objetos no son más primitivos (pie los eolitos euro-
peos, africanos ó tasmanios, desde que muchísimos de aquéllos han sido
obtenidos mediante tallado intencional b
Juzgo, pues, inoficioso establecer comparaciones con las piezas de
la industria pre-eolítica de los australios primitivos, retirada de los
Kultur-lager costaneros de los alrededores de Sydney, de las islas del
1 El doctor Auiegliiuo, junto con los objetos á (pie me refiero en el texto, habría
encontrado algunos fragmentos de rocas con ciertas cavidades para mantener —
según 61 — las piezas durante su fabricación ; se trataría, pues, de verdaderos yun-
ques. Sin embargo, no debieron ser imprescindibles, desde que los grandes bloques
de cuarcita existentes en la misma costa desde punta Mogotes hasta la colina de la
antigua iglesia de Mar del Plata, presentan millares de fisuras estrechas y poco pro-
fundas, perfectamente utilizadles, pues se hallan en lugares siempre accesibles.
— 338 —
golfo (le Carpentaria ó del litoral de Broome ; sobre la cual su descu-
bridor, el conocido antropológo alemán Hermann Klaatsch, dice : Es
sind das teils einfache SplUter, uñe sie beim Zerschlagen eines grossercn
Steines entstehen, teils Oerollsteine , entweder im Oanzen gehraucht odor
naeh Abschlagen cines Suiches 1 ; y, más adelante, agrega : Ais Schlug-
steine zeigen sich dcm an solchc Feinheitcn allmahlich gctvohntem Bcobachter
einfache Oerollsteine , welchc an einigen Stellen liauhigheilen oder Vertie-
fungen ais Spnren der Bcnutzung erlcennen limen \
Asimismo, el outillage lítico de ciertas poblaciones actuales es mucho
más primitivo que el señalado en el litoral atlántico bonaerense, y, para
mencionar un ejemplo americano, recordaré tan sólo los rodados em-
pleados por los Seri — que viven en la isla de Tiburón (golfo de Cali-
fornia) y en el litoral de Sonora — con los cuales, y sin trabajo previo,
realizan operaciones diversas en grado sumo 1 * 3.
Por último, tampoco los objetos descriptos en esta nota constituyen
« una industria de la piedra completamente distinta de las hasta ahora
conocidas » 4 ; haré notar, al respecto, que rodados groseramente traba-
jados, idénticos á los obtenidos en el arroyo Corrientes, punta Porvenir,
Chapadmalal, etc., — pero de tamaño á veces algo mayor por circuns-
tancias locales — se han retirado á millares de los Kultur lager neolí-
ticos de los pueblos de cazadores y pescadores que habitaban en las
cuencas del Potomac y Chesapeake 5 6.
El prolijo examen que he hecho del terreno y de los objetos asocia-
dos, en ciertos casos, á los descriptos en los párrafos anteriores, me in-
duce á suponer que los guijarros utilizados ó trabajados, reunidos en el
litoral atlántico bonaerense, sólo constituyen una f ocies local de cierta
liarte del outillage de alguno de los grupos industriales neolíticos. Aun
más, me inclino á considerarlos como contemporáneos de los groseros
instrumentos y armas de cuarcita, tallados casi siempre en una sola cara,
1 Hicrmann Klaatsch, Die Steinartefakte der Australia • und Tasmanier, vergliclien
mit donen der Urzeit Europa», en Zeitschri/t fiir Ethnologie, XL, 409, figura 1. Berlín,
1908.
1 Klaatsch, Ibid., 411.
8 W. J. McGicic, The Sari indiana, en Seventcenth annual lleport of ihc Ilnrcau o f Ame-
rican Ethnoloyy, I, 234 y siguientes, planchas XXXIV :í XXXVII, XLIIáLVI. Wash-
ington, 1898 ; véase, también, una comunicación del mismo autor publicada en los
Bulletins et mémoires de la Sovictc d’ Anthropoloyic de Varis (Va serio, III, 82 y siguien-
tes. Paria, 1902), bajo el título (ierme d’unc industrie do la pierre en Amérique.
1 Amicgiiino, Las formaciones, etc., 398.
6 Wii.liam II. Holmics, Stonc implements of thc Potomac-Chcsapcakc lidewater pro-
vinco, en Fifteenth annual lleport of thc Burean of Ethnolog//, 90 y siguientes, planchas
XLIX, L y LIV. Washington, 1897.
— 339 —
que parecen caracterizar la mayor parte de las estaciones neolíticas per-
manentes ó temporarias más primitivas. En mis excursiones, no sólo los
lie hallado en los partidos de Pueyrredón y General Alvarado, sino tam-
bién en el litoral del de Necochea 1 y en las proximidades de puerto
Belgrn.no 2. Do allí poseo buenas series que, motivos especiales, han
impedido incluyera en esta nota 3 4.
Se trata, pues, sólo de la utilización de un material lítico abundante ;
que, dado su dureza y forma, podía emplearse ya directamente como
percutores simples (fig. 1, 6 y 9) para dividir los bloque matrices — los
núcleos — de cuarcita y obtener láminas ; ó previo trabajo, como percu-
tores cortantes (lig. 3, 4, 5, 7 y 8), verdaderos hachoirs , para lxendir hue-
sos, etc.
En la región que me ocupa existen pocas formas especializadas en
dicho material ; por lo contrario, en la estación neolítica de San Blas,
todos los instrumentos y armas aparecen tallados en rodados seme-
jantes, ó de mayor tamaño, á los que se obtienen en las localidades
enumeradas en esta nota. La preferencia se explica fácilmente, si se tiene
en cuenta la frecuencia al sur de río Colorado de materia prima tan
adecuada, aun en lo alto de la meseta continental. En cambio, al norte
de la latitud de Bahía Blanca los indígenas han utilizado, quizá a outran-
ce, la cuarcita de grano más ó menos fino de las serranías del siste-
ma orográfico bonaerense /‘.
En ol Musco do La I’lata, junio 10 do 1909.
1 Las piezas obtenidas en esa localidad fueron halladas en punta Nogra, en la
superficie do la plataforma continental, y también en otro lugar situado á 500 me-
tros, aproximadamente, de la boca del río Quequén ; semicubiertas con la arena
movible do los médanos (pío allí existen. En ambos casos, los objetos estaban mez-
clados con instrumentos y armas de la industria tau conocida íí que me lie referido
en diversos lugares de esta memoria.
8 Reuní muchos ejemplares superficialmente al pie do Colina Doblo, íí pocos cen-
tenares de metros del puerto militar; y unas piezas aisladas, en un salitral que existe
sobro el camino que conduce do la última localidad nombrada á Bahía Blanca.
3 Mis colecciones de objetos arqueológicos de la provincia de Buenos Aires, las
tongo encajonadas desde hace ya largo tiempo. Como no he tomado la precaución
do rotular cada cajón, indicando su contenido, me hubiera visto en el caso de abrir-
los todos para retirar las cajas correspondientes; tarea para la cual no dispongo del
tiempo necesario.
4 Excepción hecha de la fotografía reproducida en la figura 1 de esta memoria,
que ha sido obtenida por mí ; las otras las debo íí la gentileza del señor profesor
don Carlos Bruch, íí quien agradezco muy especialmente su atención.
NUEVAS ESPECIES
DE LOS
GENEROS PIIILOCIILOENIA Y DEMODEMA
(COLEÓPTEROS LAMELICORNIOS)
Por C. BRUCI-I
De los coleópteros que son objeto del presente trabajo, encontramos
en diversas colecciones algunos con sus denominaciones in litteris, es
decir, con nombres que Burmeister ya les liabía designado sin haber
publicado sus descripciones correspondientes. Otros ejemplares, que
forman parte de mi colección, me fueron comunicados por mis amigos y
colegas señores doctor F. Ohaus, E. Piotti y A. Aula, á los cuales doy
mis expresivas gracias. No creo por demás, de adelantar á sus descrip-
ciones algunas generalidades referente al grupo y á los géneros á los
cuales corresponden las nuevas especies.
Gen. PIIILOCIILOE1VIA Blanch.
Blaucliarcl, Cat. Collect. Ent., p, 121, 1850.
Burmeister en su preciosa obra Handbuoh der Entomoloyie, tomo IY,
1855, coloca el género Philochloenia al principio de los Ivonychidae, com-
prendidos entre la división 1> de aquellos lamelieornios Mncrodactylidae,
que no ofrecen diferencias sexuales propias en las patas y tienen en
todas, las uñas iguales, abiertas y bííídas; el primer artejo de las patas
posteriores tan largo como el terminal, también el clipeo semejante en
ambos sexos, ya redondeado, escotado ó truncado.
Según Burmeister pertenecen á dicho género todos los lsonychidae
revestidos moderada ó pobremente de pelillos, por lo general cortos y
acostados, más tupidos en la parte inferior; con la cabeza más ancha
341
que largo., el borde anterior redondeado y más ó monos, á veces muy
poco escotado. Las antenas tienen nueve ó diez artejos, . formando los
tres últimos la clava ó maza antenal, generalmente poco alargada, si
bien algo masen los individuos machos. Las partes bucales son fuertes,
bien desarrolladas, agudo dentelladas; los palpos maxilares mediocre-
mente largos, el último artejo no visiblemente engrosado, fusiforme
alargado. El cuerpo afecta una forma ovalar alargada, nada ó sólo muy
poco ensanchada hacia atrás; las patas medianamente largas son delga-
das, el primer artejo tarsal es poco alargado; los machos tienen en todas
las patas los tarsos más tendidos, sus plantas más pubescentes; los tar-
sos de las patas anteriores son á veces más achatados sin ser propia-
mente dilatados. En total se distingue el macho por lo demás, sólo por
el vientre más encogido y el pigidio más perpendicular.
G011. «EMODEMA I?r jANCII.
Blandían!, Cat. Collcct. Ent., p. 121, 1850.
El género Dcmodcma es muy vecino al procedente y está caracteri-
zado como sigue : El lóbulo externo de las maxilas es truncado, apenas
dentellado ; el clipeo redondeado, fuertemente alzado adelante y sepa-
rado de la frente por un surco derecho. Las antenas tienen ocho artícu-
los; los artejos tres y cuatro son largos, subiguales, el quinto es muy
corto, los tres terminales forman la maza ovalada. El protórax es trans-
versal, anguloso en sus costados, truncado en la base. Las patas tienen las
tibias anteriores bidentadas, sin espina interna; los tarsos iguales, en
todas las patas largos y delgados; los ganchos, son largos y bifurcados en
el ápice. El pigidio es convexo, triangular curvilíneo; lo demás como en
el género Philochloenia.
Casi simultáneamente con Burmeister publicó Lacordaire el tomo ter-
cero de su Genera des coléoptdrcs , en el cual trata á los lamelicornios. La
clasificación adoptada por este autor, facilita también una agrupación
de tipos con caracteres más ó menos homogéneos, pero difiere sin em-
bargo en algunos puntos do la do Burmeister. Los Macrodactylidac son
divididos por aquél en cuatro grupos, asociando al grupo de los PJiilo-
chloenides formas con las urnas desiguales, como los Plectris, por ejemplo,
para los cuales estableció Burmeister una segunda división especial.
No puedo por ahora emitir opinión alguna, en cuanto á las diversida-
des que notamos en ambos sistemas, puesto que, cualquiera que ésta
fuera, requiere un estudio amplio y de un material abundante; pero, es
probable que con aquél llegaríamos á especificar tal vez mejor la impor-
— 342 —
taneia que tiene pura la sistemática cada uno de los caracteres obser-
vados. En el presente trabajo lie prestado especial atención á la organi-
zación de las piezas bucales, puesto que el examen délas mismas, me lia
demostrado que existen caracteres constantes entre individuos de una
misma especie; en cambio, be observado á veces diferencias remarcables
en algunas formas entre sí bastante homogéneas. Otros caracteres espe-
cíficos encontramos en los órganos copulatorios masculinos, especial-
mente en las dos piezas terminales (Parameros), que son qui tinosas,
queliformes y separados de la pieza mediana. En fin, para abreviar lo
más posible mis descripciones y hacerlas á su vez más explícitas, agre-
garé los diseños esquemáticos de todos los caracteres que considero de
importancia.
1. IMiilocliloenia cenlralis u. sp., Iíukm. ; i. liitt.
liufo-eastanea, punctata, pilis brevibus setulosis minutis adpressis ál-
bescentibus, nonnullis alus elongatis erectis pallide helvolis commix-
tis, vestita ; pectore pedibusque longo villosis donata. Antennae
9-articulatae ; mandibulae violare eximio evoluto armatae ; galea
dentieulis 6 tenuibus ornata.
Long. 12 lat. hum. 5,7 mui.
De un color rufo-castaño, cubierta de pelos cerdosos, cortos y acosta-
dos, mezclados con otros aislados, largos y levantados, que nacen todos
de puntos impresos; los pelos cortos son blanquizcos, un poco mayores
y más abundantes sobre el pronoto ; mientras que los erguidos, el
vello largo sobre el pecho y las patas son de un leonado pálido.
La cabeza es regular convexa, groseramente puntuada; el elípeo muy
tenue pubescente, truncado anteriormente, su borde bastante alzado, los
costados convergentes hacia adelante con los ángulos poco redondeados.
Las antenas tienen nueve artejos : el primero es largo, engrosado en
maza, el segundo globoso, el tercero largo, obeónieo, el cuarto corto,
subcilíndrico, el siguiente aun más largo que el tercero, cilindrico y obli-
cuamente truncado, el sexto es orbicular, pequeño, termina en punta del
lado anterior; la maza antenal es corta, subovalar. El labio es casi cua-
drado, erizado, adelante anchamente bisinuoso; la lengua poco sa-
liente, apenas escotada en el medio, sus ángulos redondeados. Los
palpos labiales son triarticulados; el primer artejo es pequeño, el segun-
do mayor, obeónieo, el terminal ovalar alargado, ligeramente encorvado
y acuminado en el ápice. Las mandíbulas son subtriangulares, tienen el
molar bien desarrollado, que ofrece estrías transversales y paralelas,
siendo la anterior de ellas bifurcada, la basal acodada y separada de las
343
demás. Los palpos maxilares tienen el primer artejo pequeño, algo encor-
vado, el segundo largo, obcónico, el tercero corto, subtriangular; el últi-
mo es subovalar alargado, estrechado en el ápice, achatado del lado
superior. El lóbulo interno délas maxilas termina adelante en un diente
agudo, el lóbulo externo ó galea lleva seis dientes finos, dos sobre su
borde superior, los otros sobre el inferior.
El pronoto es una, tercera parte más ancho que largo, adelante bas-
tante más estrechado que en la base, sus ángulos laterales son redon-
deados. El escudete es triangular, posteriormente redondeado, tiene la
pubescencia semejante á los élitros. Éstos son más finamente pun-
tuados que el pronoto, poco más velludos en la región basal y hacia
atrás ligeramente ensanchados; sobre cada élitro se distingue un par de
costillas medianas, apenas marcadas, que terminan en el callo pre-
apical, otras dos laterales muy borradas salen del callo humeral y son
abreviadas posteriormente. El abdomen y pigidio llevan pequeños circu-
idos grabados, que aparentan puntos gruesos, poco impresos ; la pu-
bescencia más fina que sobre las alas.
Las patas son bastante fuertes; las tibias anteriores tridentadas, tie-
nen una espina fina en su extremidad interna; las medianas y posteriores
engrosadas hacia el ápice y armadas de dos espinas fuertes, algo encor-
vadas, siendo la externa más pequeña. Las uñas son cortas, espesas,
entre sí muy abiertas, Infidas, el gancho superior es mayor. Los parame-
ros del fórceps son moderadamente encorvados, del lado inferior an-
chamente surcados y terminan en un ángulo preapical; vistos de frente,
parecen un tanto arqueados hacia afuera.
Procede de la provincia de Córdoba, donde es bastante común.
2. PIi. argentina n. sp.
Spccies praecedenti peraffmis sed major et robustior, villo rufidulo
densiore, pilis longiorihus constituto, per totum corpus difuso dis-
tincta. Buccalibus similibus ; violare antevi major e irregulariterque
striato.
Long. 1(5; lat. hum. 7 nim.
Esta especio es muy vecina de la precedente, pero se distingue de
aquella de inmediato, por su tamaño mayor y por el largo vello leonado
que forman los pelos levantados, bastante abundantes; también el pecho,
abdomen y patas son más largamente hirsutos.
Se diferencia además, por el clipeo más redondeado, las antenas más
robustas con el artejo basal muy engrosado y la maza más alargada.
mcv. músico í,a plata. — r. tu. (x, II), 1009.) 24
344
Los órganos de la boca son parecidos, pero la lengua, es más saliente,
ligeramente bilobada; el molar de las mandíbulas es más grande, tiene
las estrías masticatorias menos regulares, las básales bifurcadas; las
maxilas son más alargadas, la galea más fuertemente dentellada. Las ca-
renas elitrales son apenas perceptibles. Las patas son robustas, las es-
pinas terminales de las tibias fuertes; las ufías tienen la insiciónmás
profunda y el gancho inferior más grande.
Los parameros del fórceps son algo más gruesos, su ángulo preapical
menos pronunciado, cerca de su extremidad lateral llevan un meehon-
eito de seis á siete pelos largos.
El doctor E. Ohaus, me ha obsequiado con el ejemplar típico, habién-
dolo á su vez adquirido entre otros insectos déla antigua colección We-
ber, como procedente de Buenos Aires ; pero, es probable, que esa loca-
lidad esta equivocada y el coleóptero sea también originario de la pro-
vincia de Córdoba.
3. IMi. Piolín n. sp.
Ph. centrali simüis sed major atque sub-
glabrescens ; pilis erectis brevioribus
atque minus numerosis ; pectore abdo-
mineque praeeipue , sat- v Ulosis, sed pe-
dibus glabrioribus. Motare mandíbula-
ruin vix evoluto ; galea subglobosa,
denticulis tribus minutis tubera, ulifor-
mibus praedita. Articulo terminali pal-
po ruin labialium subpyrifonni, palpo-
ruin in a. vi llarium s upern e foveolato .
Long. 14; lat. liuin. (5,7 mili.
También esta forma es semejante á
Ph. centralis , diferenciándose por los ca-
racteres siguientes. Es de tamaño mayor,
pero menos pilosa ; los pelos levantados
son más cortos, más raros sobre la, cabeza, y el pronoto, apenas exis-
ten pocos sobre la base de los élitros; en el pecho densamente, el pi-
gidio y abdomen son algo más, pero las patas mucho menos pubes-
centes. La cabeza es más grosera puntuada; la maza antenal más abri -
gada, los artejos cuatro y cinco de las antenas son subiguales. El labio
está ligeramente hendido en el medio, sus palpos son pequeños, el artejo
terminal es subpiriforme. El molar de las mandíbulas es pequeño, lleva
estrías irregulares, poco pronunciadas. Los palpos labiales son bien des-
— 345 —
arrollados, el tercer artejo es grande, subcónico, el último profundamente
excavado del lado superior. El diente terminal del lóbulo maxilar inter-
no es pequeño, la galea ofrece solamente tres dientes diminutos en la
región basal.
Ph. Piottii tiene las patas algo más delgadas, las espinas terminales
de las tibias más agudas y menos encorvadas; las uñas son algo más
largas, tienen la incisión menos profunda y el gancho superior mucho
más estrecho que el inferior. Las piezas terminales del fórceps son mu-
cho más alargadas que en Ph. cent-ralis , concluyen en una sola punta
roma., en su lado inferior llevan unos cuantos polillos finos; vistos de
frente, ofrecen sus contornos triángulos muy alargados, no arqueados
por afuera.
Un solo ejemplar de esta especie me fue enviado por mi amigo señor
Piotti, quien lo coleccionó en Villa del Eosario, provincia de Córdoba.
4. Ph. i ucumaun n. sj»., Burm. ; i. litt.
Fuliginca , punctata pubescentia hrevi adprcs-
m, pilis nonnullis sparsis elongatis erectis
rufescentihusque immixtis, vestita , inferné
longivs villosa. Antennae 10-articulatae,
molare mandibulari mayúsculo, galea - gros-
se sex-dentata. Penis fabrica peculiari al)
ómnibus mi Id notis distinctissima.
Long. 15-17; lat. hum. 7,5 mui.
Obscuro castaña, más bien fuliginosa,
todo puntuada, cubierta de pelillos finos
y apretados, mezclados con otros aislados,
largos y erguidos, de color rufescente ; estos
últimos abundan más sobre la cabeza, el
pronoto, la región anterior de los élitros y
el pigidio; el pecho y las patas están tam-
bién provistas de pelos largos.
La cabeza es groseramente puntuada; el clípeo truncado adelante y
apenas escotado. Las antenas tienen diez artículos, de los cuales el ter-
cero es largo, obcónico, los tres siguientes cilindricos, subiguales entre
sí, siendo el sexto oblicuamente truncado; el séptimo es casi triangu-
lar, la clava antena] bastante alargada. El labio es más estrecho en la
base, adelante ligeramente bisinuoso, en su parte anterior glabro y con-
vexo; lengua y palpos labiales semejantes á los de las especies pre-
Ph. tucumana
346
cedentes. El molar mandibular es muy desarrollado, algo hendido en su
mitad basal, las estrías masticatorias son anchas, sublimiformes y aco-
dadas. Las maxilas tienen sus palpos delgados, el último artejo muy
alargado, subcónico; el lóbulo interno lleva el diente terminal, y el
externo ofrece seis dientes fuertes, dispuestos tres sobre el borde su-
perior, los otros sobre el inferior.
El pronoto tiene la puntuación regular, gruesa y apretada, los ángu-
los laterales pronunciados, situados en su mitad posterior. El escudete
es atrás anchamente redondeado, como las alas puntuadas y pubescentes.
Las patas son robustas, muy setígeras, la espina interna de las tibias
anteriores como también las terminales de las demás son fuertes; las
uñas tienen el gancho superior más estrecho y agudo. El órgano copula-
torio presenta una forma del todo distinta á las demás especies que
conozco. Sus parameros son cortos, espesos, están del lado antero-exter-
no profundamente excavados, escotados, biangulosos y allí abundante-
mente pilíferos.
Común en la provincia de Tucumán y conocida en muchas colecciones
con el nombre que Burmeister había propuesto.
5. I*h. Oh ntisi n. sp.
Gylindrico elongata castaneo-ru/a, nitidula. C apite, alis et pronoto, dis-
co laxius, sparse punctulatis; punctulis set illas albescentes breves
adpressas praebentibus ; pigidio abdoviineque temiiter pubescentibus,
pectore pedibusque subtiliter helvolo-villosis. Labio producto rec-
tangulari, palpis labialibus biarticulatis ; galea vix tridenticulata ;
palporum maxillarium articulo tcrminali sat magno amygdalifor-
mi. LUytra subrugulosa , longitudhuiliter subcarinata, callo praea-
picali destituía.
Long. 12; lat. lmm. 5,5 min.
Coleóptero de forma subcilíndrica alargada, de color rufo-castaño, lus-
troso; con la cabeza, el pronoto y las alas dispersamente ciliadas, los
pelillos blanquizcos y acostados; el abdomen fulamente pubescente, pe-
cho y patas con un vello fino de un leonado pálido, los tarsos setígeros.
La cabeza presenta puntos aislados, muy gruesos; su borde anterior
es alzado, apenas escotado. Las antenas tienen diez artículos de hechura
semejante á los de la especie precedente, la clava más alargada, flaves-
cente. El labio es convexo, rectangular, como una cuarta parte más largo
que ancho con sus ángulos anteriores redondeados ; la lengua trans-
versal, poco saliente; los palpos labiales Inarticulados, el artejo basal
— 347
es pequeño, el o toro alargado, puntiagudo y ligeramente encorvado. 151 mo-
lar de las mandíbulas es pequeño, finamente estriado. Las maxilas afec-
tan una forma rectangular, su lóbulo externo es pequeño, oblicuamente
truncado del lado interno y provisto solamente de tres dientes, tubercu-
1 iformes; los palpos son bien desarrollados, el artejo terminal muy gran-
de y amigdaloide.
El pronoto tiene los bordes anterior y laterales débilmente crenula-
dos, la puntuación poco manifiesta y dispersa, más escasa sobre el disco.
El escudete es triangular, subglabro y lleva, sólo en los lados algunos
puntos pilí foros, muy diminuios. Los élitros son subrugulosos, su pun-
tuación algo borrada, las corditas cortas y esparcidas; se distingue so-
bre los élitros costillas longitudinales, poco pronunciadas, el callo pre-
apical falta completamente.
El pigidio y abdomen tienen la estructura como en las otras formas, la
pubescencia corta y acostada, bastante densa; en el medio de los seg-
mentos ventrales se observa un meeboncito de pelos. Las patas son algo
más delgadas que en las especies anteriores, los artejos tarsales obeóni-
cos, bastante engrosados en su extremidad; las uñas son delgadas, poco
escotadas, sus ganchos superiores poco más largos y delgados. El fór-
ceps afecta una forma también distinta á las demás ; los costados de
los parameros son subparalelos, angulosos cerca de la punta y conver-
gentes; del lado interno son bastante erizados y ligeramente ciliados del
lado externo.
Me es grato dedicar esta notable especie á mi apreciable amigo y co-
lega doctor Oliaus, quien me ha comunicado el ejemplar típico como
procedente de Buenos Aires; durante muchos años no me ha sido po-
sible coleccionar la nueva forma en esta localidad.
6. l*li. cuyana n. sp., Bujim. ; i. litfc.
Majar , robusta ,, corpore crasso rufo-fl ávido nitente , punctis fere pers-
picuis sed parum impressis notato, superne pubesccntia pusilla suf-
fusa adpressa , inferné vülo tenui largoque vestito notabilis. Anten-
nae 10-articnlatac ; labium subcordatum, convexum ; palporum
labialium articulas terminalis ova, tus ; (jalea 4-dcnticulata. Mytra
subrurj alosa. U ligues crassae ápice valdc patentes.
Long. 18-19; lat. hum. 9-9,4 mm.
Distinta de todas las especies anteriores, remarcable por el gran
tamaño y su cuerpo robusto, muy engrosado; es del color como la pre-
cedente, poco más flavescente, lustrosa, cubierta de una pubescencia
finísima y acostada, debajo más largamente velluda.
— 348 —
9 La cabeza es pequeña, mediocremente puntuada, el clípeo corto,
anchamente redondeado con el borde anterior bastante alzado. Las ante-
nas tienen diez artículos, el basa! fuertemente hinchado en maza. El
labio es tan ancho como largo, subcordiforme, bisinuoso adelante, sus
lados bastante arqueados; la lengua es grande, saliente, anchamente
bilobada ; los palpos labiales con el
artejo terminal aovado. El molar de
las mandíbulas ofrece estrías irregu-
lares, poco pronunciadas. Las maxi-
las como en las demás especies; el
diente terminal del lóbulo interno es
diminuto; la galea armada «le cua-
tro dientes, siendo los dos básales
pequeños, los otros grandes y algo
encorvados; el último artejo de los
palpos es comprimido, la punta trun-
cada, del lado externo ensanchado.
El pronoto es convexo, una tercera
parte más ancho que largo, cubier-
to de puntos gruesos, apretados, pe-
ro poco impresos que llevan pelillos
diminutos y acostados; el margen la-
teral del pronoto es finamente crenu-
lado. La puntuación de las alas poco
profunda, apretada, subrugulosa, la
pubescencia es aun más fina que la del
pronoto, el callo humeral bastante
manifiesto. El abdomen es muy fuertemente hinchado, sobresaliendo en
mucho de la extremidad de los élitros. Las tibias medianas y posteriores
son del lado externo en el medio transversalmente carenadas y ciliadas,
sobre todo son las posteriores muy engrosadas hacia el ápice y también
bi espinosas. Los artejos tarsales son obcónicos, muy engrosados, sobre
todo el primer artejo de las patas traseras; las uñas son entre sí muy
separadas, lo mismo los ganchos que son anchamente escotados, el gan-
cho superior es poco más estrecho.
El fórceps tiene sus parameros delgados, muy alargados, espatuli-
formes y completamente glabros.
Largo : 18-19; ancho húm. : 9-9,4 milímetros.
Dos ejemplares 9 ? de Mendoza y Catamarca respectivamente, el
tercero, un individuo cd pertenece al museo de Dueños Aires.
349 —
7. Demodema Aulai n. sp.
Párvula , obscuro rufa, acqualiter grosseque punctata, tota ternuiter
helvolopubesccns , pronoto alarmnquc margine Ion gim pilosis? pee-
torc pedibusque elongatc villosis. Antennae gráciles , 8-articulatae ,
clavnla producto, flavescente . Labium rectangularc , longius quam
lat-um ; palpi labiales 2-articulati ; mandibulae molar parum evo-
lutus , integer ; galea ciliata non denticulata ; palporum maxilla-
rium articulus terminalis fmiformis, stipernc foveolatus.
Long. 10; 1 ni 3 aun, 4,5 min.
Insecto pequeño, de irn color rufo obscuro, con la puntuación gruesa,
bastante uniforme y algo separada; todo finamente rufo pubescente con
pelos más largos, alzados sobre el pronoto y el borde de las alas, y con
la parte inferior más larga y velluda.
La cabeza es mediocremente convexa, el clípeo más aisladamente pun-
tuado, su borde levantado, redondeado y bastante estrecho adelante.
Las antenas son gráciles, de ocho artículos, de los cuales los tres prime-
ros tienen la forma común, pero el cuarto artejo es casi doble más largo
que el precedente, cilindrico y oblicuamente truncado, el quinto es otra
vez muy pequeño, la clava antenal muy alargada y flavescente. Los (irga-
nos bucales son débiles; el labio es rectangular, poco más largo que
ancho, sus ángulos anteriores ligeramente obtusos; la lengua es peque-
ña, sus palpos biarticn lados, el artejo basal muy diminuto, el otro bas-
tante encorvado y acuminado en la extremidad. Las mandíbulas son
débiles, el molar está representado por una pequeña placa cuadrada, no
estriada. La galea es pequeña, no dentada, provista solamente de pocas
cerdifcas sobre el borde anterior; los palpos maxilares son delgados, el
segundo artejo fuertemente hinchado en el medio, el tercero obcónico y
el terminal fusiforme, profundamente excavado del lado superior.
El pronoto tiene el borde lateral finamente crenulado, la puntuación
apenas más gruesa y rara sobre el disco. El escudete es triangular, alar-
gado, poco curvilíneo, más fino y más densamente puntuado que las alas.
Éstas llevan los puntos más gruesos y esparcidos sobre el disco.
Las patas son delgadas, abundantemente setígeras ; las espinas termi-
nales de las tibias son finas, el primer artejo tarsal de las patas poste-
riores es alargado. Las uñas son largas y delgadas, ligeramente bífidas
siendo el ganchito superior más pequeño; en todas las patas es la uña
externa un poco más grande que la interna, siendo á la vez las dos uñas
de las patas posteriores entre sí menos separadas. Las piezas apicales
del fórceps son encorvadas en la punta, lateralmente poco arqueadas; su
borde externo ligeramente ciliado.
350
Los cinco ejemplares que poseo, proceden del Chaco santafecino, La
Gallareta, habiéndomelos comunicado mi amigo señor Aula, á quien
tengo el gusto dedicar esta especie. Por el número de los artejos ante-
nales, la hechura délos órganos bucales, creo que debe formar parte del
género JDemodema, á pesar que las diferencias observadas en las uñas no
corresponden del todo á éste.
8. I). lmnaricnsis n. sp.
Cast anco-rufa, praecedentc subtilius j mnetata,
pallidius pubescens. Labiuvi transversum
sesquies latius qnam longius, antice sensim
ampliatum margineque antico late retusum ;
lingua producía; palpi labiales triarticulati.
Abala maxillaris interna dente valido ápice
armata; mala externa dentibus 5 tuberculifor-
mibus praedita. Tibiae medianae bispinosae ;
posticae spina única brevi obtusaque ornatae.
Más ó menos del color como la especie que
antecede, pero su puntuación más lina y pubes-
cencia más pálida. El dípeo es un poco más
redondeado, en el medio muy poco escotado,
D. bunariensis
la frente más densa pubescente, la maza antenal menos alargada que
en aquélla. El labio es transversal, como la mitad más ancho que largo,
sus costados divergentes hacia adelante, prolongados en lóbulos largos,
el borde anterior es algo bisinuoso; la lengua es salediza, bilobada, sus
palpos son triarticulados, de forma común.
El molar mandibular poco desarrollado, ofrece solamente algunas
estrías cortas. El lóbulo maxilar interno termina en un diente largo,
ancho y curvo; la galea lleva cinco dientes pequeños, tuberculiformes,
dos del lado superior, los otros sobre el borde inferior. Los palpos maxi-
lares son delgados, el segundo y tercer artejo subiguales, obcónicos y
ovalar alargado el último.
El pronoto es mucho más ancho que largo, algo más fino y raramente
puntuado que la cabeza, la margen lateral débilmente erenulado. Los éli-
tros tienen más ó menos la misma estructura del pronoto, son algorugu-
losos y ofrecen estrías longitudinales muy débilmente marcados.
Las patas son muy setígeras, bastante delgadas, las tildas medianas
están armadas de dos espinas, mientras que las posteriores no tienen
351
sino una espina cuita, pinna y roma.. Las uñas de las patas intermedias y
posteriores son menos abiertas ; en todas las patas la uña externa más
grande, sus ganchos formados como en 1). Aulai. Los parameros del Fór-
ceps tienen un cepillito bastante espeso sobre el lado antero-externo.
Esta especie es muy común en Buenos Aires; la he observado todos
los años durante los meses de diciembre y enero, cuando aparece en canti-
dades atraídos por la luz eléctrica. Los ejemplares del Museo nacional de
Buenos Aires han sido clasificados por Burmeister, y figuran en el géne-
ro Phüochloenia, pero los caracteres arriba, citados no sólo motivan la
separación de este tipo del género citado sino quizá también una coloca-
ción sistemática aun diferente á la que ahora ocupa.
9. I>. «lisliucta n. sp.
Specics D. bonariensi colore, punct.ua, tionc congruens, sed latior, bre-
vior, pil, ibusque tcnuioribus longioribus rufescentibus donata. La-
binm rectangular c , tertio brevius quam latum, leniter rctusum ;
palpo rum labialium articulas terminalis elongatus, cylindricus api-
coque acutatus. Galea, maxillarum globosa,, d entibas paréis 3 tnber-
culiformibus exórnala; palpi maxillaris producti. Tibiae medianae
ncc non posticac spinis duabus apicalibus armatae.
Long. 13,5; lat. hura. 7 mm.
I)el color de la especie precedente, pero más robusta, de forma más
ancha, menos alargada ; la puntuación parecida, los pelos mitescentes más
finos y más largos. El clipeo es también algo más grueso y dispersamente
puntuado; las antenas son más robustas. El labio es subrectangular,
como una tercera parte más ancho que largo, sus costados son ligera-
mente arqueados, los ángulos anteriores lobulados; la lengua es avan-
zada, bilobada, sus palpos con el artejo terminal largo, subcilíndrico y
acuminado en el ápice. Las mandíbulas tienen el molar vagamente
estriado. La galea es globosa, lleva tres pequeños tubérculos en el lado
infero basa!; los palpos son delgados, el segundo y tercer artículo lar-
go, subcónico, el último oblongo ovalar. El pronoto es más amplio que
en la otra, especie, lo mismo los élitros que tienen la pubescencia más
rala. Las tibias de las patas medianas y posteriores son otra vez bies-
pinosas; tarsos y uñas como en i), bonariensis. Los parameros del fór-
ceps son más robustos, en la punta ciliados.
Dos ejemplares, que recibí, también, del señor Aula, del Chaco santa-
fecino.
— 352 —
EXPLICACIÓN DE LAS PLANCHAS
Los números coi-responden ¡í los indicados en cada tipo, los dibujos representan
en plancha I :
1-9, labio, lengua y palpos labiales 22/1 del natural.
la-9tt, mandíbula con el molar 22/1 del natural.
1 b-9b, maxila con el palpo maxilar 22/1 del natural.
lc-7c, galea 42/1 del natural.
Los dibujos representan en plancha II :
1-9, antena 22/1 del natural.
la-9a, fórceps vista lateral 12/1 del natural.
1 ¿»-9¿», parameros vistos de frente 12/1 del natural.
lo-7c, tarso y uñas de las patas posteriores 22/1 del natural.
6c, tibia de las mismas 22/1 del natural.
7c, ápice de las tibias de las mismas 22/1 del natural.
En los dibujos están indicadas la disposición de los pelos y cerdas, por lo tanto
se ha hecho omisión de este carácter en las descripciones.
Rev. Museo de La Plata, t. xv¡ (ser. n, t. ni)
Plancha I
C. BRUCH, OKI,.
Rkv. Museo de La Plata, t. xvi (ser. ir, t. ni)
Plancha II
C. nilITCII, DHL.
LA COMPLICACIÓN Y SINOSTOSIS
1)E LAS
SUTURAS DEL CRÁNEO CEREBRAL
DE LOS PRIMITIVOS HABITANTES DE LA REPÚBLICA ARGENTINA
Por CARLOS A. MARELLI
INTRODUCCIÓN
Durante el curso de antropología dictado interinamente por el señor
profesor Félix F. Outes en la Facultad de Filosofía y Letras de la Uni-
versidad Nacional de Buenos Aires, abordamos por primera vez estas
investigaciones, al preparar la monografía-examen en septiembre del año
próximo pasado, la (pie versó sobre el asunto que abora tratamos. En ella
aplicamos, con éxito, el método que habíamos resuelto observar ; y sal-
vadas las primeras dificultades, explicables por cierto, resolvimos —
para que nos sirviera de ensayo — continuarlas durante las vacaciones,
ampliando, así, el estudio de las interesantes particularidades de anato-
mía humana tratadas en esta memoria,, y utilizando las ricas colecciones
osteológicas que se conservan en el Museo de La Plata.
En los diferentes estudios públicados sobre asuntos de antropología fí-
sica americana, se hace caso omiso de las sinartrosis del cráneo cerebral y
facial, no obstante su gran importancia para la morfología étnica. El mis-
mo T’ibbe, en sn obra clásica sobre las suturas, no ha examinado la com-
plicación y la sinostosis de una gran parte de grupos étnicos sudameri-
canos ; sólo fueron estudiados algunos indígenas colombianos, brasileños
y peruanos. Desde luego, las grandes agrupaciones étnicas que poblaron
en otro tiempo á, la República Argentina y países vecinos, y cuyos des-
cendientes mestizados ó puros se conservan aun, no son consideradas en
ese amplio trabajo. La razón es sencilla: fué á partir del año 1885 más ó
menos, época en (pie se publicó el estudio citado, que comenzaron á for-
marse las colecciones de cráneos que liemos examinado.
Con tal motivo, nos liemos extendido en el estudio de los distintos grupos
étnicos de la República, y establecemos comparaciones fundamentales
entre razas que se aproximan por las particularidades que ofrecen la com-
plicación y sinostosis de las suturas del cráneo cerebral.
Las hermosas colecciones del Museo de La Plata, fueron puestas á
nuestra disposición por su dirección con verdadera liberalidad; aprove-
chamos, pues, esta oportunidad, para expresarle nuestro agradecimiento.
Haremos notar que las observaciones eranioscópicas y craniométricas
las liemos extendido á 000 cráneos, número suliciente, á nuestro juicio,
para ilustrar la marcha de los procesos.
Debemos advertir que al presente estudio no debe considerarse sino
como un trabajo práctico, ampliado, más tarde, por el mismo estudiante
del curso de antropología referido, seducido por la laudable iniciativa
del profesor nombrado, de disciplinarnos en la investigación directa.
Y, por último, aprovechamos la ocasión para reiterar al señor profesor
Félix F. Outes nuestro reconocimiento por el interés, estímulo y conse-
jos que constantemente nos ha dispensado ; que hacemos extensivo al
señor doctor Roberto Lehmann-Nitsche, quien nos ha facilitado el ac-
ceso á la sección que custodia.
CAPÍTULO I
ANTECEDENTES
§ I
EL MATERIAL EXAMINADO
En el Museo de La Plata se conservan diversas colecciones valiosas
de cráneos de los primitivos americanos; y en vista de la importancia,
como lo hemos dicho, que encierra el estudio de las complicación y sinos-
tosis fisiológica, por los diversos problemas que á ella se ligan, hemos
examinado dichos detalles anatómicos sobre los referidos materiales, pro-
cedentes de regiones opuestas déla República Argentina, reunidos en la
época de la organización del Museo por distinguidos exploradores y
antropólogos, y conservados, actualmente, bajo la dirección del doctor
Roberto Lehmann-Nitsche.
355 —
Muchos han sido los que han contribuido <á la formación de la sección
antropológica del Museo; pero, debemos citar especialmente al doctor
Francisco P. Moreno, ex director de aquel establecimiento, con valiosas
series de Patagones exhumados de los «paraderos» prehistóricos del
valle del río Negro 1 ; como también los notables resultados obtenidos
por empleados del instituto nombrado — el señor Santiago Pozzi, por
ejemplo — que formaron colecciones numerosas de Patagones de los
antiguos cementerios del río Chubut, de Araucanos y de Calchaquíes 2.
Las pequeñas series de Patagones de Santa Cruz, de indígenas de la
Tierra del Fuego, de la región andina, del centro de la República y del
Chaco, fueron reunidas unas por los miembros de las comisiones de lí-
mites, otras por expediciones del Museo y aun por viajeros aislados.
Su enumeración sistemática, se hallará en el catálogo razonado de los ma-
teriales de la sección antropológica, que próximamente verá la luz pública.
Haremos notar que en las tablas que acompañan este estudio, el número
del cráneo es el mismo de la serie. Los Araucanos y Calchaquíes se han
ordenado con las numeraciones puestas por el doctor ten Kate, y los Pa-
tagones del río Negro por las antiguas etiquetas de su coleccionista el
doctor Francisco P. Moreno.
En cuanto á las series sin numeración, se ha observado el orden que
guardan en las vitrinas.
§ H
TÉCNICA
Para el estudio de la complicación y sinost.osis, hemos seguido el mis-
mo método establecido por los distintos autores que se han ocupado
de dichos caracteres anatómicos: la notación compuesta por P. Broca 3 * 5,
con las modificaciones de F. Ribbe para la de la sinostosis \ y la de
Frédéric en la nomenclatura de las regiones !i.
1 F. P. Moruno, Cementerios y «paraderos» prehistóricos de Patagonia, en Anales
Cicntífieos argentinos, nos 1, 2 y siguientes, Buenos Aires, 1874.
5 H. TEN Kate, Anthropologie des aneiens habitante de la région Calchaquie, en
Anales del Museo de La Plata, Anthropologie, I, La Plata, 1896; H. ten Kate, Con-
tribuüon d la eraniologic des Araucans argentina, en Revista del Museo de La Plata,
IV, 209 y siguientes, La Plata, 1893.
3 P. Broca, Instructions craniologiqucs el craniométriques, en Mémoires de la Socidté
el’ anthropologie (deuxieme serie), II, plancha VI. París, 1875.
* F. C. Ruóse, Étude sur l’ordrc d’ oblitóration des sutures du crdne dans les races hu-
mamos, 20. París, 1885.
5 J. Frédúric, Untcrsuchungen iiber die nórmale obliteration der schddelndhtc, en
Zeitschrift fiir Morphologie und Anthropologie, IX, 377, figura 2. Stuttgart, 1906.
RBV. MUSEO LA PLATA. — T. III. (X, 20, 1909.) 25
356 —
Para la complicación liemos observado primero sus valores en la ta-
bla externa, empezando por la sutura coronal, en sus tres regiones y
mitades simétricas, derecha é izquierda: la pars bregmatica, cuya exten-
sión ligeramente sinuosa varía mucho en los individuos de una misma
raza; la pars complicata, caracterizada por lo sutil de sus sinuosidades
y por los numerosos dentículos de complicación, constituyendo una de
las regiones más definidas de la sutura coronal, que termina en estefa-
nion, donde sufre una simplificación notable, por comenzar en dicho pun-
to la pars temporalis , rectilínea, con ligeras sinuosidades y que concluye
en el pterion.
Á la anterior sutura sigue la sagital, de la que hemos anotado sus
cuatro regiones topográficamente bien definidas : la pars bregmatica y el
vértex son sus dos regiones superiores, que sufren numerosas variacio-
nes en las complicaciones; la primera dentada y la segunda mucho más,
y que al continuarse con la tercera división, el obelion , sufre una notable
simplificación en todos los individuos y en todos los grupos étnicos, no
habiendo dentículos en ella y siendo lineal ; por fin, la. pars lambdica une
la sutura sagital con la sutura lambdoidea y se complica tanto como el
vertex.
Cada una de las mitades de la lambdoidea se descompone en tres re-
giones: la primera, pars lambdica, parte del punto anatómico del cual
toma el nombre y termina donde la sutura se curva para formar la se-
gunda división ; la pars media, de extensión igual á la anterior y ambas
con dientes de complicación sumamente sinuosos y caprichosos como la.
parte complicada de la coronal; por último, en su última región se sim-
plifica gradualmente formando la pars astérica, y cerca del punto de
intersección con la occipito-mastoidea y la par i eto-temporal es lineal
(1 ó 2 cm.). Cada una de estas divisiones se dominan de visa, limitan-
do porciones bien definidas.
Las pequeñas suturas ó suturas laterales, limitan el esfenoides y
frontal ó esfenoides y temporal, formando la fronto-esfenoidal con dos
regiones la pars temporalis, lineal como la homónima de la coronal y
la pars orbitalis que rodea la parte lateral externa de las arcadas super-
ciliares, también lineal sin ondulaciones y en la que á veces se obser-
van numerosos dentículos, que no se apartan mucho del curso de la su-
tura. En la división temporal queda incluida la pequeña región de sutura
parieto-esfenoidal, que puede reducirse con diferente frecuencia —
estenocrotafia — ó desaparecer formando un pterion en K. Por último,
la temporo-esfenoidal, que se divide en dos regiones : la pars superioris
y la pars inferioris, lineales más ó menos como la temporalis.
Consideramos como una sola á la sutura parieto-temporal, que reúne la
parieto-escuamosal y la parieto-mastoidea, dividiéndose en dos regiones :
la pars auterioris y la pars póster ¿o ris ; esta última algo más sinuosa,
— 357 —
pero ambas escamosas, y cuya complicación limita el borde déla esca-
ma, á veces lineal, otras algo complicada sobre todo cuando presenta
rastros ó el mismo process m parietalis squamae tcmporalis, proyectándose
entonces los dentículos sobre el parietal
Por último, la oecipito-mastoidea (pie corro entróla apólisis mastoidea
y el occipital, empezando enasterion y terminando en las vecindades de
la apófisis estiloidea; y que sólo se complica en su pars superioris , sien-
do lineal la pars media é inferioris.
Para el estudio de las complicaciones de las sinartrosis en la tabla in-
terna observamos la misma notación que en la externa; sólo que en ella
hacemos uso de fracciones de complicación, con el fin de definirla mejor,
por tratarse de un estado lineal en el que resultarían excesos ó defectos
haciendo sólo uso de números enteros.
El orden que seguimos en la complicación, lo hemos aplicado á la obli-
teración externa é interna, en igual número de regiones.
La sinostosis en el endocráneo la hemos estudiado valiéndonos de ejem-
plares con el occipital destruido, ó bien observando los enteros al través
del foramen niagnum. Para ello hemos procurado siempre colocarnos en
un lugar en plena luz del día, disponiendo la pieza de modo que entrase
por el foramen la mayor cantidad posible de luz y observando al mis-
mo tiempo la tabla sin cubrir el foco y orientando la pieza de tal manera
que el cilindro do luz corriese sobre el trayecto de las suturas. Sólo en
los casos de fuerte aplastamiento del occipital es dificultosa la obser-
vación de la sutura lambdoidea.
Usamos el método de las medias y de las seriaciones en el curso de
este trabajo. Como es sabido, se obtienen las medias sumando todos
los valores individuales de complicación y obliteración, y dividiendo su
valor total por el número de observaciones; con ello se expresa así un
valor medio entre otros muchos valores que son más ó menos frecuentes
ó más ó menos raros.
Procediendo así en una serie compuesta por numerosos individuos, las
medias que significan las variaciones más frecuentemente representa-
das ó las más divergentes, se compensan con las más semejantes y con
las raras, anulándose recíprocamente, y queda sólo una expresión que do-
mina y que es laque se busca.
La edad y el sexo de los cráneos, los hemos determinado haciendo
uso de las instrucciones conocidas; debiendo recordarse que en los tra-
bajos de ten Kate sobre Araucanos y Calchaquíes, hay determinacio-
nes del sexo, que hemos utilizado previa controlación.
Para el índice cefálico hacemos uso de la notación de Laloy y Deniker
dada, su comodidad por integrar los índices muy bajos, 09,99 et infra,
y los índices muy altos, 90,00 et supra.
Para la capacidad craneana, hemos seguido el método universal indi-
— 358 —
cado por P. Broca; que con todas sus imperfecciones, es el más gene-
ralizado por su sencillez y exactitud.
En las tablas, cada columna expresa la complicación y la sinostosis
de cada región de las suturas en las series y en otras columnas aparte
hemos anotado el sexo, la edad, el índice y la capacidad, determinada
en todas las series, excepción hecha de la de Calcliaquíes en la cual
reproducimos las obtenidas por el doctor ten Kate.
CAPÍTULO II
COMPLICACIÓN DE LAS SUTURAS
§1
LA COMPLICACIÓN EN EL ENDOCRÁNEO
Para observar las complicaciones de las sinartrosis en la tabla inter-
na, reunimos una serie de 121 cráneos con las suturas completamente
libres, pertenecientes á Araucanos, Patagones y Calcliaquíes y hemos
obtenido las siguientes fórmulas.
62 Patagones
La complicación interna de las grandes suturas, se conduce en la
transversal anterior de diferente manera que en la tabla externa: es más
complicada la pars hregmatica, á la derecha y á la izquierda; el segundo
— 359 —
lugar lo ocupa la pars complieata ; y es lineal, con pocas excepciones, en
la región ptérica la par® temporalis .
De otro modo aparece la sutura sagital, en la, complicación de sus re-
giones : el vertex es menos complicado que la pars bregmatica , exce-
diendo muy poco los valores de esta última á los de la anterior región ;
sigue luego la pars lambdica con medias inferiores á las anteriores y por
último el ohélion , en el que la sutura se muestra siempre simple en las
dos tablas.
En la lambdoidea, la pars media ofrece una complicación superior á
la astérica, y siempre mayor que la pars lambdica , siendo la primera re-
gión muy superior á las otras dos.
Comparando las dos tablas, liemos observado en la sutura coronal que
la importancia de \%,pars complieata, como región de mucha complica-
ción, pasa en la tabla interna á la pars bregmatica; que en la sagital exo-
craneal el valor máximo lo adquiere el vertex, mientras en el endocráneo
lo es para la pars bregmatica ; que los valores de la pars media en la
lambdoidea, se mantienen elevados en las dos tablas; y, por último, la
pars astérica que es menos complicada en el exocráneo con relación á
las demás regiones de la misma sutura, es mayor en el endocráneo.
En la tabla externa donde las grandes suturas se interceptan, su com-
plicación se simplifica, mientras en el endocráneo se complica, siendo
menores donde ofrecen valores máximos en la tabla externa, exceptuán-
dose sólo la sutura lambdoidea en su pars media.
En las dos tablas se observan disposiciones simétricas en la compli-
cación pero sin acusar valores iguales.
Las suturas del pterion y las formadas por el temporal con los huesos
vecinos, son siempre lineales en la tabla interna.
§ II
LA COMPLICACIÓN EN EL EXOCRÁNEO
FÓRMULAS DE COMPLICACIÓN DE LAS GRANDES SUTURAS
2,47
3,23
4,06
360 —
2,16
2,83
3,78
361
En el grupo (le Americanos <le que nos ocupamos, las medias totales do
la coronal, presentan valores que oscilan desde 1,90 en los Fueguinos y
Patagones de Santa Cruz, hasta 2,47 en los Patagones del Chubut y
Calcliaquíes, y el valor máximo de 2,83 en una pequeña serie de indí-
genas procedentes de l egiones confines del Chubut y rio Negro.
Las medias totales de la sutura sagital, ofrecen las siguientes grada-
ciones progresivas: Fueguinos 2,15; indígenas del Neuquen 2,73; Pata-
gones de Santa Cruz 2,77 ; Patagones del Chubut 2,85; Tobas 2,83; Pa-
tagones de río Negro 2,80; Araucanos 2,90 ; Patagones del Chubut y
río Negro 3,13 ; Calcliaquíes 3,23; Patagones del Chubut (Ia serie) 3,33.
En la lambdoidea las medias que integran su complicación total,
varían desde un valor mínimo de 3,10 en los Fueguinos, hasta los valores
máximos de 3,80 en los Patagones del Chubut (Ia serie), 4,00 en los Pa-
tagones del Chubut y río Negro y 4,00 en los Calcliaquíes de la región
andina.
Sin tomar en cuenta el orden de división de las regiones de suturas,
y estudiando las variaciones que sufren con la complicación, diremos que
los más altos valores se presentan en lapars media de la lambdoidea pues
oscilan sus medias entre el mínimo de 3,92 en los Fueguinos y el má-
ximo de 4,01 en los Calcliaquíes; la región referida que presenta den-
tículos muy sinuosos, es la más complicada de todas las divisiones.
Después viene, el vértex, con medias también elevadas pero menores
que la anterior región; su valor mínimo acusa una inedia de 2,83 en los
Fueguinos, siendo la máxima 4,28 en la pequeña serie de Patagones del
Chubut y río Negro. Todos los valores de los demás grupos quedan in-
cluidos entre estos extremos; es una región, también, con numerosos dien-
tes y con los bordes del hueso bastante gruesos.
La tercera región que se presenta bastante complicada es la pars
lamhdica de la lambdoidea, con una media menoren los Fueguinos de 3,07 ;
y mayor en los Calcliaquíes de 4,24; en esta región á veces la complica-
ción se acentúa por efecto de la protuberancia de la escama.
En lamíala convergen regiones de suturas bastante complicadas; pues
la para lamhdica de sagital ocupa el cuarto lugar en la disposición
decreciente de la complicación de las sinartrosis, desde 2,61 en los Fue-
guinos hasta la media de 4,03 en los Calcliaquíes.
Después de haber constatado en dos regiones de la lambdoidea y sagital
la mayor complicación, hemos encontrado á la pars complicata de la co-
ronal que ofrece medias más elevadas que las demás regiones; sus valo-
res liábanse comprendidos entre 3,00 en los Patagones de Santa Cruz
y 3,78 en los Patagones del Chubut (Ia serie).
Volviendo á la lambdoidea, haremos notar que su para astcrica tiene
medias limitadas por un valor mínimo de 2,60 en los Patagones de Santa
Cruz y el máximo de 3,53 en los Patagones del Chubut y río Negro.
362 —
Á la región anterior síguela pars bregmatica de sagital, euyas inedias
mínimas las presentan los Fueguinos, 1,85, y los Patagones de río Ne-
gro, 2,02 y las medias mayores los Patagones del Chulmt y río Negro,
3,00, y los Calchaquíes 2,97. Viene luego la región bregmatica de la coro-
nal con una media menor en los Patagones de río Negro de 1,65 y en los
Fueguinos de 1,73, aumentando gradualmente hasta los valores de 2,86
en los Patagones del Chulmt y río Negro y 2,17 en los Araucanos de la
Pampa.
Concluye esta disposición decreciente de las complicaciones, con el
obelion , siempre un poco menos lineal que la pars tempo ralis ; sus me-
dias están comprendidas entre un mínimo de 1,33 en los Fueguinos y 2,61
como máximo en los Patagones del Chulmt.
La región menos complicada de las articulaciones del cráneo, es la pars
temporalis de la coronal, siempre lineal, sinuosa, sin dentículos y cons-
tantemente simple en los individuos y en los diferentes grupos étnicos
estudiados.
Resumiendo, diremos que la lambdoidea, es siempre más complicada
que la sagital y ésta excede siempre á la coronal. Haciendo una media
total para cada sutura, corresponde á la transversal posterior un valor
medio de 3,66, á la biparietal de 2,73, y á la fronto-parietal el de 2,26.
Sintetizando : obtenemos que las regiones de las sinartrosis que se pre-
sentan más complicadas son, siguiendo un orden decreciente : vértex ,
la pars lambdica de sagital, la pars complícala y la pars astérica; y me-
nores en complicación con respecto á las anteriores regiones las partes
bregmatica de la sagital y coronal respectivamente; siendo siempre sim-
ples el obelion y la pars temporalis.
Respecto á las suturas laterales ó simples, hemos reunido la siguiente
serie de expresiones que agrupan sus valores medios.
Dada la simetría que se presenta en todas las regiones, hemos sumado
los valores homónimos de la derecha con los de la izquierda y hemos di-
vidido por dos.
FÓRMULAS DK COMPLICACIÓN DE LAS PEQUEÑAS SUTURAS
Fronto-esfenoidal Parieto-tcinporal Occipito-mastoidea Panoto-esfenoidnl
T O A P S II I SI
Calchaquíes
1,06-1,39 1,42-1,20 2,05-1,36-1,01
1,25-1,29
1,22
1,31
1,47
1,27
863
Froiito-OHÍmiimlftl
T O
1,13-1,46
1,29
1,09-1,19
1,11
1,30-1,22
1,26
1,03-1,23
1,12
1,00-1,14
1,07
1,00-1,13
1,06
1,02-0,97
0,99
1,00-1,14
1,07
1,13-1,13
1,13
l’aiicto-UiiTipornl
A P
Ocoipito-innsloiílea
^ M I
ranéanos
1,85-1,55 1,87-1,54-1,06
1,70 1,49
Patagones de rio Negro
1,04-1,30 1.54-1,19-1,01
1,17 1,24
Patagones del Chubut fia serio)
2,25-2,01 1,97-1,42-1,17
2,13 1,52
Patagones del Chubut (2* serie)
1,09-1,41 1,18-1,08-0,99
1,25 1,08
Patagones de Santa Cruz
1,20-1,03 1,17-1,05-1,00
1,11 1,07
Indígenas del Ñonguen
1,06-1,10 1,10-1,02-1,00
1,08 1,04
Patagones del Chubut y rio Negro
1,11-1,09 1,21-1,05-1,02
1,10 1,09
Fueguinos
1,10-1,00 1,07-1,07-1,00
1,05 1,04
l'oba8 y varios
1,09-1,35 1,26-1,16-1,00
1,22
l’nrioto-csfonoidnl
S I
1,22-1,51
1,36
1,23-1,10
1,16
1,48-1,66
1,57
1,11-1,11
1,11
1,03-1,00
1,01
1,10-1,06
1,08
0,97-1,02
0,99
1,10-1,10
1,10
1,12-1,17
1,14
1,14
364 —
Para expresar brevemente cómo se presentan las complicaciones déla
suturas fronto-esfenoidal, parieto-temporal y temporo-esfenoidal (laterales
anteriores) y de la occipito-mastoidea (lateral posterior); hemos sumado
en el primer grupo todos los valores medios y los liemos dividido por el
número de suturas; con este término medio hemos obtenido un nuevo
cociente con la media de la occipito-mastoidea y llegamos así á una
media total de todas estas sinartrosis simples, el que expresa el valor la-
te ro-antero-posterior de complicación.
Así, nuestras series, ofrecen los siguientes valores medios: 0,85 para
los Cal chaqui es; 0,97 para los Araucanos; 0,91 para los Patagones
de río Negro; 1,08 á los Patagones del Clmbut (Ia serie); 0,90 á los
Patagones de Santa Cruz; 1,02 para los indígenas del Neuquen; 0,94
para la pequeña serie de Patagones del Clmbut y río Negro; 1,02 para
los Fueguinos y 1,01 para los indígenas del Chaco.
Las medias de complicación de las fronto-esfenoidal y temporo-esfenoi-
dal son menores, salvo algunas excepciones, de la media de la occipito-
mastoidea. La media de la sutura parieto-temporal es mayor de una
manera constante, con relación á la correspondiente de la sutura lateral
posterior.
Las medias de las divisiones, varían sin apartarse nunca de la expresión
que traduce un estado lineal constante de las sinartrosis en todos los gru-
pos: la pars tempo ralis es mayor, menor é igual que la pars orbitalis. La
pars anterioris, con respecto á la pars póster ioris, se conduce del mismo
modo; ofreciendo, á veces, separaciones apreciables. En la sutura tem-
poro-esfenoidal estas variaciones de las medias entre son restringidas pues
la pars supe rio rú se aleja poco con su complicación de la inferioris.
En la occipito-mastoidea la jnirs super ioris se complica más que la
pars media , y esta última región es siempre algo mayor en sus valores
que la pars inferioris.
En las pequeñas articulaciones no existe simetría y por la sencillez de
las complicaciones de sus trayectos las medias de sus diversas divisiones
no se separan mucho; á veces sus valores son iguales.
Con relación á las regiones de las grandes sinartrosis diremos que se
conducen de un modo irregular ; las primeras se sujetan á una media
que puede superar ó no alas demás, manteniéndose constante en cual-
quiera de estos dos casos en todas las series é indiv iduos, lo que define
mejor la complicación de la región; pero, en las pequeñas suturas no
sucede lo mismo, ellas son variables en sus valores medios no guardan-
do orden alguno aunque sin apartarse del estado lineal.
Las oscilaciones de los valores de la media total de complicación, expli-
ca la razón de estas variaciones en las regiones.
Analizando en otros grupos étnicos las medias de complicación délas
grandes suturas y comparándolas con las obtenidas en este grupo de
365 —
Americanos, resulta que eí carácter anatómico de que nos ocupamos
presenta particularidades propias de los tipos Mongólico y Melanesio, y
nunca, como lo veremos, en ninguna serie, con las que ofrecen las razas
superiores ó de tipo Caucásico.
En efecto ; examinando las conclusiones del doctor Itibbe para las razas
Europeas dice que la parte inedia de la. coronal es do todas las divi-
siones de suturas la más complicada en las razas superiores, luego
siguen la división media de la lambdoidea, el vértex y la región lambdica.
Los dientecillos presentan su mínimo de desarrollo en el obclion y en
las regiones brcgmatica de la coronal y sagital. Que entre las grandes si-
nartrosis, la lambdoidea ofrece constantemente la inedia más elevada ; la
sagital y la coronal ocupan, respectivamente, el segundo rango sin ven-
tajas decisivas 2.
Frédéric llega á idénticas conclusiones, ateniéndonos al examen de
algunas medias que expone 3 ; y si bien las cifras que obtiene para los Eu-
ropeos son superiores á las señaladas por Eibbe 4 5 *, responden substancial-
mente á una misma interpretación.
Welcker, por su parte, con anterioridad á los dos autores citados, esta-
blecía que el obelion era casi rectilíneo en 99 cráneos de una serie de 128
Europeos y que la pars brcgmatica se hallaba en las mismas condiciones
en 12 casos !i.
Picozzo, por otro lado, llega á la conclusión de que la pars media de la
coronal es sumamente complicada en 38,1 por ciento de los individuos a’
y 42,3 por ciento en los 9 pura 1009 cráneos Europeos.
En las agrupaciones Mongólicas las medias de la sagital y de sus
regiones, no difieren mucho de las medias correspondientes de los Eu-
ropeos ; las de la lambdoidea son, en general, un poco más elevadas; por lo
contrario las medias de la coronal, resultan constantemente muy inferio-
res. Esta diminución la experimentan las dos divisiones superiores de la
coronal y en la sutura, lambdoidea la separación entre las medias de su
pars lambdica y media es más considerable que en las razas blancas 7.
La complicación reducida de la coronal es característica, según pare-
1 Rumio, Ibid., 115.
s Rumio, Ibid., 113.
* Fmónióitic, Ibid., 40S y siguientes ; véanse, además, las observaciones contenidas
en las tablas V1 Va y las ligaras 10 íí 21, 23 y 24.
4 Rumio, Ibid., véanse las fórmulas do complicación en la página 112.
5 Hiorman Wioi.CKion, Untersuchungcn iiber Wachsthum und Bau des menschlichen
Schddels (erslcr thcil), 17. Leipzig, 1862.
G Tri o Picozzo, Le suture delta volta eraniea in rapporto al sesso, en Atti dclla Societá
Romana di Antropología, III, 150. Roma, 1896.
1 Rumio, Ibid., 115.
— 866 —
ce, de loa Japoneses y Olí i nos, como también de los habitantes de
Hawai y muchos Melanesios, señalándose muy rara vez entre los indivi-
duos de raza blanca b
Ribbe vuelve á formular para los Neo-Cal edonios, los Maoris, los Tahi-
tianos y los Kanacos las mismas conclusiones que para las razas Mon-
gólicas.
En cuanto á las razas negras, presentan la particularidad que no es
solamente en la coronal donde la complicación disminuye y los diente-
cilios tienen menos profundidad ; la sagital y la lambdoidea son también
más simples. La diferencia se manifiesta mejor en la coronal y esta
osifica con más rapidez b
En los primitivos habitantes de la República Argentina, la complica-
ción de las sinartrosis del cráneo cerebral, se conduce como en los
grandes grupos Mongólicos y Melanesios; las complicaciones son menos
pronunciadas que en las razas Indo-europeas, y una diferencia profunda
observamos en los valores medios de la sutura coronal, en la cual los
dientes de complicación son siempre menos profundos y poco numerosos.
En las razas Mongólicas como en las Americanas que observamos, las
medias de la sutura lambdoidea son en general algo más elevadas 1 * 3 4 ; ana-
logías que aparecen, prima facie , agrupándolas y aun comparando con
las de los Europeos aparte. Por fin, en esos dos grupos tan profun-
damente separados un carácter único y general á todos ellos los liga
estrechamente, que consiste en la simplificación de las complicaciones
de la sutura coronal en sus dos regiones superiores que se expresa cons-
tantemente en las medias y llega á su más alta manifestación en los Fue-
guinos, en los Patagones de Santa Cruz y en los del río Negro.
Asimismo, el profesor F. F. Outes, arriba á idéntica conclusiones al
observar la complicación de las sinartrosis de los primitivos habitantes
del sur de Entre Ríos, confirmando con ello, una vez más, las anteriores
observaciones y las de Gratiolet y Ribbe, de que en las agrupaciones
étnicas no Europeas, las complicaciones son menores que en las razas
superiores, especialmente la Caucásica b
En lo referente á las sinartrosis laterales, nos limitaremos á decir que
su complicación uniforme en todas las series, une entre sí grupos proce-
dentes de puntos opuestos de la República, y que las suturas fronto-es-
1 Frédéiuc, Ibid., JOS y siguientes.
* lintBH, Ibid., 116 y siguientes.
8 Compárense nuestras fórmulas con las del doctor Ribbe (Ibid., 112).
4 F. F. Ouf es, Observaciones sobre la complicación y obliteración de las suturas del crá-
neo cerebral de los primitivos habitantes del sur de Entre llíos, en Anales de la Socie-
dad Científica Argentina, LXVI, 289. Buenos Aires, 1909.
367
fenoidal, temporo-esfenoidal, parieto-temporal y oceipito-mastoidea son
ligeramente más sencillas que en los Europeos; hecho de acuerdo con la
complicación de esas núsnms suturas de los cráneos entrerrianos últi-
mamente estudiados L
CAPÍTULO III
OBLITERACION DE DAS SUTURAS
§ I
TABLA INTERNA
Hemos deducido las siguientes fórmulas de obliteración endocraneal,
que disponemos segíln los valores decrecientes del índice de osificación
anfcero-posterior de las grandes y pequeñas series respectivamente.
TABLA INTERNA
52 Subdolicocéfalos, mesocéfalos y braquicófalos de río Negro
15. O. T. J!. O. T. 15. V. O. L. h. M. A. h. M. A.
1,87-1,91-2,26 1,95-2,20-2,38 2,04-2,20-2,26-2,30 1,76-1,94-1,82 1,72-2,04-2,14
2,01
2,17
2,09
2,20
2,20
índico do osificación 0,90
1,84
1,96
1,90
45 Patagones del Chubitt (deformados)
2,22-2,46-2,57 2,37-2,71-2,73 2,40-2,28-2,31-2,33 2,13-2,28-2,17 2,22-2,13-2,08
2,41
2,60
2,50
2,33
2,33
Indice de osificación 0,86
2,19
2,14
2,16
46 Araucanos (braqui é hiperbraquicéf a los deformados)
3,51-3,57-3,57 3,55-3,60-3,62 3,23-3,17-3,23-3,10 2,88-3,11-2,46 3,04-2,73-2,57
3,55
3,59
3,57
3,24
3,24
índice de osificación 0,78
2,81
2,78
2,79
Outes, Ibid., 288.
— 368 —
54 Hipar do¡ icocéfalos y dolicocéfalos (le río Negro
U. O, T. 15, O. T. 1!. V. O. L. I,. M. A. I,. M. A.
2,14-2,31-2,44 2,20-2,35-2,39 2,46-2,44-2,40-2,42 1,70-1,31-1,70 1,79-2,05-2,01
2,29
2,31
2,30
2,43
2,43
Indico de osiiicación 0,75
1,73
1,95
1,84
100 Patagones del Cliubut
1,99-2,18-2,24 2,04-2,10-2,09 2,14-2,17-2,23-2,25 1,66-1,79-1,53 1,52-1,64-1,36
2,13
2,07
2,10
2,19
2,19
Indico de osificación 0,75
1,66
1,50
1,58
49 Araucanos
2,87-2,83-3,03 2,74-2,89-3,14 2,74-2,58-2,57-2,79 2,22-2,00-2,10 2,01-2,27-2,29
2,91
2,92
2,91
2,67
2,67
Indico do osiiicación 0,75
2,10
2,19
2,19
45 Patagones del Cliubut
2,31-2,75-2,66 2,57-2,66-2,66 2,13-2,28-2,22-2,42 1,88-1,86-1,93 1,80-1,95-1,93
2,57
2,63
2,60
2,26
2,26
Indice do osiiicación 0,72
1,89
1,89
1,89
49 Calcliaquíes (ultrabraquicéfalos)
2,28-2,44-2,57 2,20 2,65-2,67 2,32-2,24-2,26-2,22 1,97-1,87-1,55 1,97-1,93-1,83
2,43
2,50
2,46
2,26
2,26
Indice de osiiicación 0,75
1,79
1,91
1,85
18 Calcliaquíes (liipcrbraquicéfalos)
3,50-3,33-3,55 3,33-3,22-3,77 3,22-3,27-3,22-3,72 2,55-2,44-2,44 2,72-2,72-2,66
3,46
3,44
3,37
3,37
Indice de osificación 0,75
2,47
2,70
3,43
2,58
3(59 —
21 Indígenas del Ncuqucn
15 Patagones de Santa Cruz
3,46-3,53-3,46 3,46-3,76-3,76 3,73-3,66-3,53-3,60 3,53-3,46-3,20 3,26-3,46-3,46
3,48 3,66 3/63 3,39 3,39
3,57 3,63 3,39
índico do osificación 0,94
13 Fueguinos
2,46-2,46-2,46 2,46-2,46-2,46 2,46-2,46-2,46-2,46 2,15-2,30-2,30 2,23-2,38-2,46
2,46 2,46 2/16 2,25 2,35
2,46 2,46 2,30
índice de osificación 0,93
19 Calchaquícs (mesocófalos-subbraqnicéfalos-braquicéfalos.)
1,57-1,78-1,94 1,68-2,00-2,10 2,00-1,89-1,94-2,10 1,47-1,73-1,68 1,57-1,50-1,31
1,76 1,92 1,98 1,62 1,46
1,84 1,98 1,54
Indice de osificación 0,83
19 Patagones del Chubut y río Negro
2,00-2,10-2,10 2,00-2,05-1,89 2,10-2,05-2,05-2,15 1,63-1,68-1,52 1,52-1,68-1,42
2,06 1,98 2,08 1,61 1,54
2,02 2,08 1,57
Indice do osificación 0,77
14 Tobas
2,85-2,92-2,85 2,85-2,92-2,85 2,64-2,78-2,28-2,21 1,50-1,85-1,50 1,67-1,50-1,42
2,87 2,87 2/17 1,61 1,53
2,87 2,47 1,57
Indice de osificación 0,54
370 —
Sobre las medias generales de obliteración, para cada una de las sinar-
trosis, hemos observado que exceptuando los cráneos dolicocéfalos de
río Negro, la serie heterogénea de Patagones del Chubut, las pequeñas
series de Patagones del Chubut y río Negro y Fueguinos, en quienes la
sinostosis de la sutura coronal es algo menor con relación á la sagital ;
todas las grandes y pequeñas series, acusan una media de osificación
para la coronal mucho mayor y, constantemente, comparándolas con la
media de la sagital que registra valores inferiores.
Cuando en la sagital comienzan los procesos que han de obliterarla,
la sutura coronal precede generalmente, ó sigue raramente á dichos pro-
cesos. Comparando las medias totales de osificación de la coronal con
las de la sagital y lambdoidea, observamos que es rápida en las dos pri-
meras sinartrosis y retardada en la última.
Las anteriores observaciones son bastantes concluyentes para afirmar
que la sinostosis en el endocráneo se opera uniformemente en todas es-
tas agrupaciones étnicas; y que el comienzo déla obliteración se reparte
entre las distintas regiones délas suturas coronal y sagital, (pie definiré
mos en el curso de nuestra interpretación.
Siguiendo los valores decrecientes de las medias en la tabla interna,
obtenemos las órdenes siguientes en la osificación de la sutura sagital.
Pan bregmatica, vértex , pars lambdica, obelion ; en la serie hiperdoli-
cocéfala y dolicocéfala de río Negro y en los Patagones de Santa Cruz.
Pan lambdica , obelion, vertex, pars bregmatica ; en la agrupación sub-
dolicocéfala, mesocéfala y braquicéfala de río Negro.
Pan bregmatica, pars lambdica, obelion, vertex ; en los Patagones del
Chubut deformados inconscientemente (serie homogénea.)
Pars bregmatica, obelion, vertex , pars lambdica; en los Araucanos bra-
quicéfalos é hiperbraquicéfalos deformados, y en la serie de Calchaquíes
ultrabraquicéfalos, también deformados.
Obelion, pan lambdica, vertex, pars bregmatica ; en la serie heterogé-
nea de Patagones del Chubut, donde abundan tipos netamente braqui-
céfalos, otros dolicocéfalos y cráneos femeninos.
Pars lambdica, pars bregmatica, vertex, obelion ; en los Araucanos de-
formados y en la pequeña serie de Patagones del Chubut y de río Negro.
Pars lambdica, vertex, obelion, pars bregmatica ; en la serie de Pata-
gones del Chubut sin deformaciones, y en la serie de Calchaquíes hiper-
braquicéfalos deformados.
Obelion, vertex, pars lambdica, pan bregmatica; en los indígenas del
Neuquen (Araucanos déla cordillera 1).
Pan lambdica, pars bregmatica , obelion, vertex; en los Calchaquíes
mesocéfalos, subbraquicéfalos y braquicéfalos.
Vertex, pars bregmatica, obelion, pan lambdica; en los Tobas del
Chaco.
371
Iín cuanto a la frecuencia con que se manifiesta la obliteración en las
distintas regiones de la sagital, en las que se continúa y, en las que ter-
mina, diremos que la primera invasión se realiza por cualquiera de sus
regiones; la pars lambdica ofrece una frecuencia de 0 veces contra, la
pars bregmatiea, 5, el obelion 2, y el vértex 1.
La segunda de las regiones invadidas por la sinostosis puede ser el
vértex 5 veces contra la, pars bregmatiea 4, el obelion 3, la pars lamb-
dica 2.
Después de haber invadido las anteriores regiones, la osificación puede
continuar : en el obelion (*> veces contra el vértex 5, pars lambdica 3 ; y
parece no preferir la pars bregmatiea.
Por último, la sinostosis termina en cualquiera de las divisiones; ó
por la pars bregmatiea 5 veces, ó por el vértex 3, ó por lajnirs lambdica 3,
ó por el obelion 3.
Las dos regiones centrales de la sagital se separan poco en su osifica-
ción ; en cambio, en sus dos extremidades la pars bregmatiea se eleva y
Ja pars lambdica disminuye.
Pasando á la sutura coronal, nos preséntalas órdenes siguientes en su
obliteración :
Pars tempo ralis, pars complícala, pars bregmatiea ú la derecha y á la
izquierda, en la serie subdolicocéfala de río Negro, en los Patagones
del Chubut deformados, en los Araucanos braquicéfalos é hiperbraqui-
céfalos deformados, en la serie homogénea de hiperdolieocéfalos y doli-
cocéfalos de río Negro, en los Oal chaqui es ultrabraquicéfalos y en los
Calchaquíes mesocéfalos y subbraquicéfalos.
En la serie heterogénea de Patagones del Chubut la, parte derecha de
la sutura coronal se oblitera como en los grupos anteriores; y en la mi-
tad izquierda hay un exceso de osificación de la pars complicata sobre
la pars temporalis y la pars bregmatiea ; es decir, que en las anteriores
series la osificación de la coronal se opera desde la, parte lateral inferior
hacia la superior, y en este caso de la parte media hacia la región ptérica.
Este último orden de invasión de las divisiones, lo encontramos ple-
namente manifiesto en los Patagones del Chubut y en los de Santa, Cruz,
en los que la osificación comienza en la, pars complicata por ambos la-
dos, y continúa en la pars temporalis y pars bregmatiea respectivamente.
Otra forma de invasión de las dos regiones extremas do las mitades si-
métricas de la sutura de que nos ocupamos, se nota en los Calchaquíes
hiperbraquicéfalos y deformados de la región andina,, en los que el orden
es : pars temporalis , pars bregmatiea y pars complicata.
En los Araucanos de la cordillera, para el lado derecho observamos el
orden siguiente : pars temporalis , pars complicata, pars bregmatiea ; y, á la
izquierda, pars bregmatiea excede ala complicata, aunque iniciándose
también por la pars temporalis , caso de asimetría manifiesto del orden de
REV. MUSEO I.A PLATA. — T. III. (X, 21, 11109.)
26
372 -
obliteración que concuerda con la asimetría existente délas dos mita-
des del cráneo.
En la limitada serie de Patagones de los confines del Clmlmt y río
Negro, á la izquierda la pars b regulativa antecede á lá para complicata y
ésta á la tempo ralis ; á la derecha sigue el orden más frecuente obser-
vado ya en muchas series, que es de abajo hacia arriba.
En la pequeña serie típica de Tobas, la osificación manifiéstase má-
xima en la pars complicata é igual en la brcginatica y tempo ralis á am-
bos lados; hecho explicable por la falta de obliteraciones intermedias,
tan interesantes en estos grupos étnicos poco estudiados.
Agrupando por frecuencias el orden de invasión de las partes de esta
sutura, obtenemos :
A Ja derecha
Á la izquierda
Empieza por
Pars temporalis. 11
Pars complicata 3
Pars bregmaticu 0
Continúa en
Pars complicata ü
Pars temporalis. 2
Pars bregmatica
Y termina en
Pars bregmatica 12
Pars complicata 2
Pars temporalis 1
Pars temporalis. 10
Pars complicata 3
Pars bregmatica 0
Pars complicata 1)
Pars temporalis. 3
Pars bregmatica
Pars bregmatica 12
Pars complicata 2
Pars temporalis 1
Respecto á la sinostosis de la sutura lambdoidea, diremos que á la
derecha, el orden de invasión de regiones no es el mismo que el del lado
izquierdo. En efecto, la pars media comienza á obliterarse cuando per-
manece aun libre la pars asterica y la lambdica , en el grupo subdo-
licocéfalo, mesocéfalo y braquicéfalo de río Negro, Patagones del Chu-
but deformados, liiperdolicoeéfalos y dolicocéfalos de río Negro, Calcha*
quíes mesocéfalos y subbraquicéfalos y Tobas del Chaco; aquella misma
región precede á la pars lambdica y á la asterica, que le siguen en el
orden de obliteración, en los Araucanos braquicéfalos é hiperbraquicé-
falos deformados, Patagones del Clmbut y en la pequeña serie de Pata-
gones del Clmbut y río Negro.
En los Araucanos no deformados cuando la pars asterica comienza á
obliterarse, la pars lambdica es muy invadida, hallándose aun libre la
pars media ; y la. misma acentuación de obliteración en lambda la ob-
373 —
servamos estando en comienzos la pars media y libre aun la pars astérica,
en los Calchaquíes ultrabraquicéfalos, en los Araucanos de la cordillera
y en los Patagones de Santa Cruz.
Por último, se baila muy obliterada la pars áster ica cuando la sinosto-
sis invade la pars media , en los Patagones no deformados del Cliubut ;
siguiéndole la pars media y la pars lanihdica en los Fueguinos.
Por el lado izquierdo , las partes de la lambdoidea ofrecen para la mar-
cha de la osificación todo el número de coordinaciones posibles : comien-
za en la pars astérica. se continúa en la pars media y termina en la pars
lambdica, en los subdolicocéfalos de río Negro, Araucanos y Calcha-
quíes mesoeéfalos ; ó bien comienza en la pars media invade la pars
lambdica y termina en la pars astérica , en los Patagones del ükubut,
(segunda serie), en la serie deformada de los mismos y en la pequeña
agrupación del Cliubut y río Negro; ó se manifiesta en Ja pars lamb-
dica, pasa sí la media y sí la astérica , en los Araucanos deformados, en
los diversos tipos de Calchaquíes y en los Tobas. Otro orden de inva-
sión lo observamos cuando el trayecto de la pars media lia desaparecido
y se baila invadida la astérica y la lambdica , en los hiperdolicocéfalos
de río Negro, indígenas del Neuquen, Patagones de Santa Cruz y del
Cliubut no deformados.
Resumiendo la frecuencia con que son invadidas las distintas regio-
nes de la sutura lambdoidea á la derecha y á la izquierda, señala los
siguientes resultados :
A la derecha A la. izquierda
Empieza por
Y termina en
Las regiones de la sutura lambdoidea preferidas por la osificación son:
la pars media, luego viene la lambdica y, por último, favorece poco
la pars astérica.
— 374 —
Cada una de las dos mitades de las sinartrosis fronto-parietal y pa-
rieto-oeeipital, se osifican sin simetría en los individuos; pero, sin em-
bargo, por el orden decreciente de las medias la invasión de abajo hacia
arriba es frecuente en la coronal, y es también frecuente en la lambdoi-
dea la marcha desde el medio de la sutura hacia arriba ó de su extremi-
dad superior hacia abajo. Los valores medios de obliteración en las dos
mitades no son nunca iguales, desde que los del lado izquierdo supe-
ran los del derecho, sufriendo la asimetría de la osificación individual
variantes análogas é inversas.
En la tabla interna, las sinartrosis de la región del pterion, son las
más rebeldes á la sinostosis ; es raro anotar comienzos de obliteración
en las suturas escamosa y occipito-mastoidea; esta osificación es más
frecuente observarla por el lado del exocráneo, y la estudiaremos en la
correspondiente tabla externa.
Sintetizando las series de etapas porque pasa la obliteración endocra-
neal de las sinartrosis en los primitivos habitantes de la Kepública Ar-
gentina, diremos que principia en la pars tempo ralis déla, coronal é inva-
de por ambos lados la par s complicaba, cuando la lambdica de la sagital
señala los primeros comienzos de obliteración, podiendo esta región ser
precedida por la pars brcgmatica. Las osificaciones de la sagital comen-
zando por el obelion ó el vértex son poco frecuentes.
Invadidas casi á un mismo tiempo las dos mitades externas de la
coronal, prosigue la osificación en las divisiones citadas de sagital, y,
cuando llega á la pars brcgmatica de coronal, las primeras trazas de osifi-
cación tienden á borrar la pars media de la lambdoidea. Si la sinostosis
se acentúa en todas las anteriores regiones la pars lambdica y la
asterica de la sutura lambdoidea son invadidas, mejor dicho : la osifica-
ción en su marcha desde las regiones laterales se manifiesta en la
parte media de la coronal, salva la pars brcgmatica de la misma y
aparece ó en la pars lambdica posterior ó en la pars brcgmatica anterior
de la sagital, desaparecen los puentecillos de osificación en la pars lamb-
dica de la lambdoidea y se señala nuevamente en la pars media ; y, desde
ese momento, todas las divisiones acentúan el proceso, exceptuándose
las dos regiones lambdica y astérica de la lambdoidea, (pie permanecen
más tiempo abiertas.
En el orden habitual, asciende por la coronal, pasa á la sagital ó in-
vade las regiones de sagital para pasará las de coronal — caso poco fre-
cuente — y termina en la sutura lambdoidea.
En su estudio sobre el orden de obliteración de las sinartrosis endo-
craneales el doctor Itibbe presenta un cuadro de medias para cuatro
series de Parisienses '. Éstas las hemos sumado y luego dividido por cua-
Rimui, IbUl., 41 y siguiente.
— 375
tro y en esto caso su análisis, como ya lo liaco especialmente el autor
citado, nos indica que la invasión de la tabla interna de aquellos crá-
neos caucásicos es uniforme y la, nía, relia, en cada una de las series se re-
produce en las medias totales que obtenemos. La, sagital es la sutura
que se lialla más frecuentemente invadida, por el obelion , siendo desde
ese punto que se propaga casi por continuidad en la mayoría de los
casos hacia adelante y hacia atrás. Su marcha hacia adelante es más
rápida, y la parte posterior de la sutura á pesar de estar inmediata al
obelion , se oblitera, después de la división bregmatica, la más alejada
del punto de aparición de la sinostosis.
Las regiones superior y media de la coronal son invadidas casi al
mismo tiempo; la sinostosis se muestra, en general más notable en la
parte media ; y es también frecuente observar la osificación de la extre-
midad anterior de la sutura sagital salvar la, porción bregmatica de la co-
ronal para aparecer como espontáneamente en la región complicata.
La, división inferior, pars temporalis, se osifica la última. Su media de
osificación comparada con las de las precedentes divisiones ofrecen una
separación menos constante y considerable. Llamamos la atención so-
bre este hecho que es exactamente lo contrario de lo que pasa en la ta-
bla externa l.
La osificación en los Europeos de que nos ocupamos invade la sutura
lambdoidea, cuando acaba de ocupar adelante las dos mitades superio-
res de la coronal. En esta nueva etapa, la, sinostosis se sujeta en su
marcha á, algunas variaciones; á veces, y es el caso más frecuente, in-
vade por continuidad el lambda y después la, región media. La oblitera-
ción se propaga lentamente de arriba, hacia, abajo en asturión, siendo
esta última, región la, (pie permanece más tiempo abierta.
Todo lo anterior se expresa brevemente en la siguiente sedación :
283 Europeos
Obelion 3,78
Vértex 3,66
Pare bregmatica, S ...... 3,56
Pars lambdica 3,56
Pars bregmatica 3,19
Pars complicata 3,32
l'ars lambdica , I. 2,80
Pars media 2,86
Pars temporalis 2,66
Pars astérica 2,38
Sut. del pterioii .
Sut. occ.-mastoidea.
Sut. parieto-temporal.
G00 Americanos Derecha Izquierda
1 Riniuo, Jbid., 42.
376
Estas dos columnas nos dan el orden de sinostosis interna de la sinar-
trosis en dos razas profundamente separadas y sintetiza la última evolu-
ción de los huesos del cráneo en su contacto.
En la primera seriación, vemos que de la sagital invade hacia adelante
y hacia atrás; en la segunda sucede otra cosa, hay un grande aumento
de la obliteración en la sutura coronal y desde sus regiones inferiores se
propaga hacia arriba, al mismo tiempo que el proceso manifestándose
en las divisiones de la sagital lo hace hacia adelante y hacia la parte
posterior.
Sobre la observación de la osificación en su marcha para 130 crá-
neos Polinesios, Eibbe 1 establece que la sagital es todavía la primera
en ser invadida; pero que su ventaja esta vez sobre las demás es poco
considerable, y que comparando las medias de obliteración de esta sutura
con las de la coronal, esta última ofrece una media á lo menos igual
cuando no es superior á la media de sagital.
El lugar de aparición de la sinostosis no es el obelion, sino un
punto déla parte anterior de la sutura, al nivel de la división del bregma
ó del vertex, que no sabríamos precisar exactamente. Sobre los 25 casos
en <pie la sagital había sido invadida en parte, la osificación ocupaba 14
veces toda la porción anterior de la sutura, delante del obelion , una
vez la división bregmatica sola, otra el obelion , tres veces el obelion y
bregma y una vez el obelion y el vertex. En los demás casos, estas tres
divisiones se hallaban invadidas simultáneamente 2 3.
Desde dicho punto de partida, la sinostosis se propaga hacia delante
y hacia atrás con rapidez desigual. En la mayoría de los casos, la coronal
está completamente obliterada, antes que la osificación invada la última
región de la sagital.
La lambdoidea se oblitera tarde, nunca es invadida antes de la coro-
nal, como sucede una vez sobre tres en las razas superiores ;l.
Entre los primitivos habitantes de la República Argentina y en los
Polinesios, se notan afinidades en la manera de obliterarse las regiones
de la tabla endocraneal; en aquellos la sinostosis no comienza por el obe-
lion como en los Europeos, pero sí en un punto de la parte anterior de la
sutura al nivel de la división bregmatica (dolicoeéfalos de río Negro, Pata-
gones del Chubut, Araucanos, Calcliaquíes, etc.); ó del vertex (Tobas y
Patagones de río Negro); podiendo también invadir cualquiera de las
regiones de la sagital, con más frecuencia en liipam lambdica y en la par*
bregmatica.
1 Rumio, Ibid., 45.
4 Rumie, Ibid., 45.
3 Rumie, ibid., 46.
377 —
Los valores medios de la sutura, coronal, sino igualan á los de la sagital
los exceden, lo que pasa también en nuestras series, en las (pie excepción
hedía de algunos grupos donde son iguales, resultan constantemente
mayores en los demás.
Con más frecuencia y siempre con relación á los Europeos, las dos
regiones media 6 inferior de la coronal se obliteran rápidamente, lo que
también sucede culos Polinesios. La osificación de la sutura lambdoidea
se retarda en los Americanos, no apareciendo nunca invadida antes de la
coronal, lo que no sucede en las razas superiores ’.
Una vez más, con el estudio de la tabla interna, comprobamos las afi-
nidades en el orden de osificación de las suturas de nuestros primitivos
habitantes con grupos de razas medias é inferiores, como lo hicimos no-
tar en el estudio de las complicaciones.
§11
TABLA EXTERNA
El número de observaciones sobre las que fundamos nuestro estudio
de la tabla externa se eleva á 600 cráneos; todas las variaciones que
puede presentar un carácter anatómico se suceden en 100 cráneos, po-
diendo hacer extensivo los resultados á 500, á 1000 y á muchos más, con
la seguridad de que éste lia de presentar la misma frecuencia en su for-
ma normal ó anómala.
Todos los valores (pie toma el índice cefálico se encuentran en las
piezas observadas, desde los liiperdolicocéfalos en los que domina el
tipo llamado paleoamericano, hasta los cráneos de índice hiperbraqui-
céfalo y ultrabraquicéfalo, puntos extremos en materia de índice.
Igualmente las proporciones por sexo, por edad, por capacidad,
están bien representadas, encerrando desde estos puntos de vista todas
las variaciones que debe sufrir la obliteración.
Empezaremos el estudio de la sinostosis externa en tres series homo-
géneas como tipos : en los Araucanos, en los Calchaquíes y en los Pata-
gones, y las dividiremos luego en pequeñas series, según sus oscilaciones
con respecto al índice ó por la presencia de la deformación. Observare-
mos y compararemos entre sí estas subdivisiones de las grandes series,
con las de Fueguinos, Patagones de Santa Cruz y concluiremos con
una comparación general con las razas Europeas, las Melanesias, Mon-
gólicas y Negras; indicando sus afinidades en el orden de obliteración
Rumie, Ibid., 46.
378 —
normal con los primitivos habitantes de la Argentina ó sus diferencias,
sus puntos de contacto ó distancian! ientos.
Al considerar la osificación externa, liemos reunido una serie en la
que las grandes suturas son invadidas más ó menos en sus partes, y
obtenemos la siguiente representación de su frecuencia :
En estas tres grandes series la osificación de las sinartrosis es acen-
tuada en la sagital á la que siguen las suturas coronal y lambdoidea,
respectivamente.
La frecuencia con que son invadidas cada una de las grandes articu-
laciones con relación á las demás y entre sí con relación á cualquiera de
las libres, confirma lo observado anteriormente.
Lambdoidea y sagital Coronal y lambdoidea Coronal y sagital libres,
libres, coronal invadida libres, sagital invadida lambdoidea invadida
‘10 Patagones 3 3 0
10 Calchaquíoa 6 fi 1
47 Araucanos 4 11 3
Lambdoidea libre, coronal Sagital libre, coronal y Coronal libre, sagital y
y sagital invadidas lambdoidea invadidas lambdoidea invadidas
40 Patagones 10 0 2
49 Calchaquíes 11 0 7
47 Araucanos 9 1 1
Hay predominio de obliteración en la región fronto-parietal sobre la
occipito-parietal. La sutura sagital sola ó con la coronal, proporciona
las frecuencias más elevadas de osificación, lo (pie no sucede con la sa-
gital y lambdoidea ó lambdoidea sola.
Nos limitaremos á adelantar que en los Europeos pasa lo inverso,
pues la sinostosis de la parte occipital sobre la frontal se eleva á 44
casos en 300 Europeos diversos.
En la pars bregmatica ó tempo ralis, aparece la osificación en la coro-
nal y el obelion ó vertex en la sagital. Cuando el proceso se presenta
en la sutura lambdoidea — loque es sumamente raro — se observa ó en
la pars lambdica ó en la áster ica y siempre, si no la mayoría de las veces,
esta osificación de la lambdoidea en sus regiones antes de las otras dos
sinartrosis, obedece á influencias de otro orden.
Las medias generales de estas tres grandes suturas, confirman las
observaciones anteriores.
— Í379 —
100 Patagones . .
100 Calchaquíes
100 Araucanos. .
1,45
1,60
1,56
1,61 0,97
1,63 • 1,00
1,69 1,22
En las «los últimas series se separan poco los valores de la coronal y
de la sagital, en los Patagones la osificación de la sagital es muy acentua-
da; en cambio las medias de la lambdoidea en los Patagones y Calcha-
quíes son cercanas y muy alejadas de la media correspondiente de los
Araucanos, oscilaciones que luego agruparemos por su orden.
La. invasión de la. sutura sagital es siempre más rápida que en las otras
sinartrosis. El desarrollo craneano en el .sentido transversal es más breve
que el an tero-posterior. En los niños Europeos, según recientes inves-
tigaciones de Iloese y otros, sabemos que una braquicefalia muy acen-
tuada les es característica, y que ésta disminuye proporcionalmente con
los años del crecimiento, lo (pie os debido al desarrollo de la parte ante-
rior ó frontal del cráneo.
Atribuiremos, y Eibbe 1 ya lo indicaba, que es debido á esta causa de la
poca longitud de la sutura sagital, la obliteración precoz de sus regiones.
La lambdoidea parece ser la más sensible de todas las articulaciones
pues reacciona sobre las demás, disminuyendo siempre sus medias de
osificación y permitiendo los avances de la sinostosis en la coronal y
sagital, cuyas medias son siempre mayores.
El comienzo y máxima de obliteración, se reparte en la tabla externa
entre la coronal y la. sagital, siendo la lambdoidea la última en ser inva-
dida. Las inedias de la sutura coronal son algo inferiores á las de la sa-
gital en las tres series.
Hecho un análisis somero de la osificación de las sinartrosis exocra-
neales pasaremos á estudiar cómo se conduce en las distintas regiones
que liemos considerado. Para ello agruparemos sus medias.
Patagones
Calchaquíes
Araucanos
1 Ribbe, Ibid., 141.
— 380
De la observación de estos valores deducimos que la osificación en
la tabla externa sigue un orden más definido ; el obolion acusa, medias
constantemente elevadas en las tres series : Patagones 2,02, Caleliaquíes
1,92 y Araucanos 2,05.
De esa región, cuya complicación es de las más reducidas, sigue la
osificación con una marcha rápida hacia adelante y lenta hacia las re-
giones posteriores del cráneo.
El vertex en los Patagones, ofrece una media de 1,39, menor que la para
bregmatica 1,62 y que la lambdica 1,52 esta última región de la sagital es
la (pie permanece más tiempo libre, caracterizándose la marcha de la osi-
ficación en las otras regiones según el orden decreciente de sus medias.
También el vertex en los Araucanos y en los Oalehaquíes es la segunda
región en osificarse después del obelion pues da. para los primeros una
media de 1,62, mayor que la de hi pars lambdica 1,57 y la pars bregma-
tica 1,56; y en los segundos la media del vertex se eleva á 1,67, mayor
que la pars bregmatica 1,59 y que lambda 1,36.
La para bregmatica es la segunda región invadida, en los Patagones;
mientras el vertex lo es en los Araucanos y Caleliaquíes.
La pars lambdica es la tercera región en osificarse en los Araucanos y
Patagones; en los Caleliaquíes es la pars bregmatica.
Las divisiones que permanecen más tiempo libres, son el vertex en
los Patagones, lambda en los Caleliaquíes y bregma en los Araucanos.
Al mismo tiempo que la sinostosis invade las regiones de la sagital,
aparece el proceso en las dos pars temporalis de la sutura coronal en
los Araucanos y Caleliaquíes, pues las medias de esta parte igualan y
exceden al obelion ; en los Caleliaquíes la pars temporalis da : derecha,
2,26; izquierda, 2,16 contra el obelion 1,92. En los Araucanos la pars
temporalis acusa : derecha, 2,02, izquierda, 2,06, con la mediado 2,05 para
el obelion. En los Patagones es menor la obliteración de esta región tem-
poral con relación al obelion : derecha, 1,71 ; izquierda, 1,95, contra el
valor de 2,02 para la región interforaminal.
¿ Precede ó sigue la sinostosis de la pars temporalis en la tabla externa
al obelion f
La dificultad consiste en expresarse con entera seguridad por una ó por
otra región, como le acontece á otros observadores, siendo á veces una
diferencia numérica mínima la. que separa estas dos regiones. Sin embar-
go, indistintamente unos se deciden por la pars temporalis y otros por el
obelion; pero el hecho consiste en que ó las dos regiones se obliteran
al mismo tiempo ó cualquiera de ellas alterna entre sí, — en los indivi-
duos — con la otra y resultan luego en la media general los excesos ó de-
fectos de su valor; ó en que la pars temporalis es invadida después del
obelion, siendo tan rápida su desaparición que en poco tiempo la supera.
Nos concretamos á interpretar fielmente los valores medios, fundán-
— 381 —
tlonos cu el principio — bastante racional — de (¡uc el grado de osifica-
ción está en razón directa del orden de invasión.
Se hallan aún libres las regiones superiores de la sutura coronal y ya
se señala el avance paulatino de la sinostosis desde la pars tcmporalis. Si
las divisiones de la. sagital están más ó menos invadidas, los dentículos de
complicación de la pars bregmatica y de la, jpars complícala y de las regiones
media y lambdica de la. lamlxloidea, se hallan, unidos por los puente-
cilios óseos manifiestos cuando las primeras trazas de la osificación
aparece en el territorio de estas sinartrosis.
Los valores de las suturas presentan oscilaciones, que atestiguan el
gran número de coordinaciones por dos, por tres, que pueden presentar
las partes en el orden de obliteración individual.
El examen de todos los estados intermedios en las sinartrosis com-
pletamente libres en la juventud hasta las completamente obliteradas
en la vejez conduce á los mismos resultados que la interpretación de
las medias parciales de osificación.
En la superficie del exocráneo tenemos tres puntos desde los cuales
avanza la sinostosis; en algunos casos, las regiones de la lambdoidea se
obliteran estando aun más ó menos libres las divisiones homologas de la
corona!. En todos los demás considerados desde un punto de vista ge-
neral, la evolución de la osificación en las distintas partes, se acentúa
por el orden observado sin ofrecer oscilaciones apreciables, con excep-
ción de la pars asf erica.
De las vecindades del esfenokles, en la región pterica el avance late-
ral de la sinostosis progresa en las sinuosidades de la parte temporal ,
se introduce en las numerosas denti dilaciones de la pars complícala
hasta la altura de los planos temporales; se acentúa al mismo tiempo
en las regiones de la sagital y en los dentículos sumamente sinuosos
y agudos de la pars lambdica y de la pars media, , penetrando los depósi-
tos minerales hasta la región astérica , siempre rebelde en las dos tablas
á la invasión de la sinostosis.
La osificación de la parte inferior do la coronal, se desarrolla, extendién-
dose de arriba hacia abajo por las pequeñas suturas formadas por el fron-
tal y las alas del esfenoides; obliterada una de las sinartrosis que forman
el pterion, un pequeño espacio separa la fronto-esfenoidal de ese territorio
de osificación, y la marcha continúa, desde un centro de obliteración ha-
cia periferias ocupadas por grandes y pequeñas suturas. Por ello apare-
cen, por efectos de la sinostosis, los huesos que constituyen las fosas
temporales como formando una pieza continua.
Las suturas pfcérieas como la sutura lambdoidea, conservan más tiem-
po libre su curso á medida que las demás grandes sinartrosis son
total ó parcialmente invadidas por la osificación.
En la región que forman estas sinartrosis se cruzan entre sí cua-
— 382
tro huesos; el frontal y temporal, separado por mi pequeño espacio
ocupado por una proyección del parietal y un ala del esfenoides, entre
éstos se encuentra la sutura parieto-esfenoidal. Las regiones de estas
suturas presentan resistencias diferentes á la sinostosis, pues, excep-
ción hecha de los Patagones, en la posición derecha, la pars tempo ralis
tiene medias más elevadas que la pars orbitalis.
En los Calchaquíes, Araucanos y Patagones la pars temporalis pre-
senta en la derecha los valores de 1,31, 1,09 y 0,00, y en la izquierda
1,39, 1,12 y 0,70 respectivamente. En general la osificación de esta re-
gión es mucha en los Araucanos, menos en los Calchaquíes y mucho
menos en los Patagones. Por el contrario, la pars orbitalis en estas se-
ries no es muy invadida por la sinostosis, sus medias son menores :
los Patagones dan para la derecha 0,08 y para la izquierda 0,73;
sufre una notable diminución en los Calchaquíes, para la derecha 0,10
y para la izquierda 0,14; y por último, los Araucanos presentan la
pars orbitalis con una media de 0,28 para la derecha y de 0,20 para la
izquierda. De lo que podemos deducir que la osificación de la mitad
orbital de la fronto-esfenoidal se retarda hasta 4 ó 5 veces sobre la otra
parte temporalis , excepción hecha de los Patagones.
La sutura parieto temporal muéstrase obliterada en algunas de sus
regiones muy pocas veces y sólo en los cráneos seniles, y raramente
osificada por completo. Hemos observado un solo caso en el lado derecho
y otro en el izquierdo en los Araucanos; otros dos, uno de ellos comple-
tamente desaparecida, á ambos lados, y (4 otro sólo á la izquierda en
los Calchaquíes dos veces con sinostosis total en el lado derecho en
los Patagones. En todos estos cráneos la osificación había penetrado pro-
fundamente en la parte endoeraneal.
Los comienzos de obliteración se observan sólo cuando la escama se
mantiene adherida á los huesos que cubre; pero, por su constitución
anatómica su interés es secundario. En las series que estudiamos sus me-
dias son poco elevadas : pars anterioris derecha, 0,10, izquierda, 0,24 ;
pars posterioris, derecha, 0,10, izquierda, 0,22, en los Calchaquíes;
derecha, 0,10, izquierda 0,1 1, para la pars anterioris; derecha, 0,19,
izquierda 0,24, la pars posterioris en los Araucanos. Por último, en los
Patagones la pars anterioris señala los valores á la derecha, 0,11 ; y
á la izquierda 0,12; con las medias de 0,21 á derecha y 0,08 á la iz-
quierda para la pars posterioris.
Son todos valores limitados en las tres series, lo que nos indica que
no sigue un orden regular en su osificación, podiendo comenzar en la
pars anterioris ó en la posterioris. La iniluencia que la sutura fronto-
esfenoidal ejerce en la región de las fosas temporales, sobre la sinostosis
de las sinartrosis del pterion es nula, hecho atrihuihlc sólo á su especial
constitución anatómica.
383
Llegamos, así, á la parto posterior del cráneo. En las porciones masfcoi-
deas del temporal está separado este hueso del occipital — cuerpo y
paite de la escama — por la sutura oecipito-mastoidea, cuya osifica-
ción empieza con frecuencia en la parte media, progresando hacia arriba
y en su parte inferior hacia adelante. En esta, región á veces se pierde
el curso de la sutura.
Los valores de obliteración de las divisiones dan las medias siguien-
tes en las tres series : la pars media á la derecha 3,01, 0,74, 1,07 en
los Araucanos, Patagones y Cal chaqui es ; y á la izquierda 0,87, 0,72,
1,34. Se observa completamente borrado el curso de esta parte á la
altura del foramen mastoideo.
La región inferior decrece en su osificación, alcanzando los valores de
0,78, 0,56 y 1,18 á la derecha, y 0,74, 0,64 y 1,38 para la izquierda.
Por último, la pars superior is sufre la influencia la pars asterica déla
lambdoidea y de la posterioris ó mastoideo-parietal, pues esta región
es muy poco favorable á obliterarse ; sus valores medios son de 0,42,
0,84 y 0,55 á la derecha ; con 0,44, 0,88 y 0,50 para la izquierda. Es
frecuente observar la oecipito-mastoidea completamente libre en su
pars superioris y totalmente obliterada en su pars media é inferior;
ó bien totalmente desaparecida en los cráneos seniles.
Las medias de la sutura lambdoidea son siempre mayores que las de
la oecipito-mastoidea, exceptuándose su pars astérica, cuyos valores
son menores que los de la pars media y á veces de la pars inferioris.
En lo referente á esta, sutura totalmente considerada, podemos afirmar
que su osificación es menor de la correspondiente á la occipito-mas-
toidea en 3 por ciento de Araucanos, en 5 por ciento de Patagones y en
8 por ciento de Calchaquíes.
Nos encontramos, finalmente, en presencia de la sutura temporo-esfe-
noidal, de la que diremos que las variaciones de su obliteración son res-
tringidas; en los Araucanos lapar, 9 superioris alcanza una media de 0,09
á la derecha y de 0,08 á la izquierda; en los Patagones da para la dere-
cha 0,03 y para la izquierda 0,08 ; y en los Calchaquíes tiene 0,23. para
la derecha con 0,24 para la izquierda. La pars inferioris es dos veces
más invadida, comparada con la anterior región y acusan las medias
de 0,19, 0,08 y 0,63 en el lado derecho y los valores de 0,12, 0,09 y
0,49 para el izquierdo. Generalmente la osificación do esta sutura co-
mienza en su parte inferior, desde donde se extiende hacia arriba.
Al estudiar la sinostosís en la tabla interna habíamos hablado de la,
asimetría de su marcha; otro tanto verifícase en el exocráneo, las dos
grandes suturas medio- transversales y las dos regiones superiores de la
sagital comparadas con las dos posteriores de ésta, son asimétricas.
Haciendo una media de osificación con las medias de las regiones de
la sutura coronal, obtenemos que su división media derecha se halla más
384
obliterada que. la izquierda, siendo en las demás partes menores. Las tres
regiones derechas déla lambdoidea, son mayores que las correspondien-
tes de la izquierda y si compararnos la región frontal con la occipital,
los valores mayores de osificación se cruzan entre sí, es decir, que si
en la coronal están á la izquierda pueden pasar á la derecha en la lamb-
doidea y viceversa.
La sutura occípito-mastoidea y la temporo-csíenoidal, tienen sus re-
giones de la izquierda más obliteradas que las de la derecha 5 lo que se
hace extensivo á la fronto-esfenoidal y parieto-temporal en sus tíos re-
giones temporales para, la primera y anterior para la segunda ; pero el
orden se invierte para la jjars orbitalis y la. para poste rio ría.
Comparando el orden de obliteración de las sinartrosis endocraneales
con las exocraneales, obtenemos para la primera tabla : coronal, sagital,
lambdoidea y para la segunda sagital, coronal, lambdoidea. En cuanto
al orden de invasión de las regiones en las dos tablas basta la sinopsis
siguiente, en la que sumamos las medias homónimas de las tres series
y dividimos por tres ó por dos según los casos.
La osificación en la tabla interna comienza en las regiones donde se
intercepta la sutura sagital con las inedias transversales. En la tabla
externa lo hace al nivel de una línea que une los dos forámenes parie-
tales. Las divisiones vertex y obelion , en el endocráneo, son las últi-
mas en ser invadidas. En el exocráneo estas dos regiones y la, pars breg-
matica son las que osifican más rápidamente. E11 esta misma tabla la
pars lambdica es la última división que se oblitera, lo que es inverso en
la tabla interna.
En el endocráneo de las tres grandes series do primitivos habitantes
385
déla. República, Argentina, se nota. fuertemente acentuada la, sinostosis <1(5
la región fronto-parietal sobre la biparietal; en el exocráneo comienza,
la, obliteración todavía por la para tempo ralis de la coronal, pero el do-
minio de osificación en esta, tabla, pasa ó la sutura, sagital, la que ofrece
media, s tan eleva, das, que sus regiones ocupan sucesivamente basta, el
quinto rango de la, sedación hedía anteriormente.
Alternan luego regiones de la lambdoidea con alguna de las partes de
la coronal en la tabla externa; y, por último, las divisiones de las sinartro-
sis laterales. En las dos tablar, la lambdoidea es invadida después de las
demás articulaciones; su para aatcrica está precedida por la para media, de
la sutura, occipito-mastoidea.
El territorio de osificación de las dos regiones inferiores de la coronal,
se extiende basta, las fosas temporales, acelerando la obliteración de la
para tempo ralis de la fronto-esfenoidal, sin afectar á la para o rb Italia de
la misma y á la super loria de la temporo-esfenoidal , que se sinostosan
tarde ó nunca.
La separación de las medias de osificación en las dos tablas es muy
elevada, hecho que explica su comienzo. En cuanto á las regiones en el
exo y endocráneo presentan valores que entre sí no se separan mucho,
disminuyendo gradualmente desde los comienzos de la obliteración, cu-
ya media es mayor, hasta el fin en que los valores son más inferiores.
Seguida paso á, paso la obliteración de las sinartrosis y el orden de
cada una de las divisiones invadidas en el exocráneo, descompondremos
estas series en sus componentes, las agruparemos con las demás peque-
ñas series y estableceremos las comparaciones fundamentales.
TABLA EXTERNA
■ií) Araucanos no deformados
Coronal . Sagital
1,16-1,24-2,06 1,22-1,22-2,25 1,51-1,63-2,18-1,59
Oecipito-nmsfcoidea Temporo-esfenoidal
0,45-0,97-0,85 0,50-0,81-0,75 0,10-0,06 0,02-0,02
0,75 0,68 0,08 0,02
0,71 0,05
índice de osificación : 0,80
386 —
■12 Araucanos deformados
(llraquicéfalos 6 hiperbraquicéfalos)
Coronal Sagital
1,78-1,73-2,52 1,92-1,66-2,34 1,95-2,00-2,33-1,88
2,01
1,97
1,99
2,0)
2,04
Lambdoidea Frouto-esfenoidal Parieto-temporal
1,80-1,69-0.97 1,78-1,64-1,11 1,46-0,24 1,51-0.24 0,09-0,14 0,21-0,19
1,48 1,51 0,85 0,87 0,11 0,20
1,49
0.86
0,15
Occipito-mastoidea Temporo-esfeuoidal
0,58-1,26-0,90 0,47-1,15-0,92 0,09-0,39 0,17-0.27
0,91
0,84
0,24
0,22
0,87 0,23
Indico de osificación : 0,74
52 Patagones de río Negro
(Subdolicocéfalos, mesocéfalos y braquicdfalos)
(animal Sagital
1,19-1,33-1,45 1,45-1,53-1,71 1,56-1,73-1,82-1,69
1,32 1,56 1,70
Occipito-mastoidea Tciiqmro-osfenoidal
0,78-1,29-1,15 0,82-1,39-1,21 0,00-0,36 0,11-0,50
1,07 1,14 0,19 0,30
1,10 0,24
índice de osificación : 0,72
18 C'alcliaquícs deformados
(lliperbraqiiicéfalos)
Coronal
2,05-1,72-2,75 1,94-1,72-2,88
2,17 2,18
1,17
Sagital
2,27-2,16-2,23-1,94
2,15
2,15
Lambdoidoa
1,58-1,55-1,11 1.61-1,58-1,11
1,41 1,43
1,42
Frouto-esfenoidal
2,23-0,50 2,33-0,12
1,30 1,22
1,29
Parieto-temporal
0,16-0,16 0,05-0,00
0,16 0,02
0,09
— 387
Occipito-mastoidoa
0,94-1,70-1,82 0,77-2,55-1,77
1,48 1,69
Toniporo-osfcnoidal
0,05-0,76 0,00-0,55
0,40 0,27
1,56 0,33
índice do osificación : 0,65
54 Patagones de rio Negro
(Iliperdolicocófalos y dolieocófalos)
Coronal Sagital
1,74-1,77-1,51 1,74-1,77-1,71 2,11-2,20-2,03-1,85
1,67 1,74 2,02
1,70 2,02
Lambdoidoa
1,11-1,07-0,88 1,33-1,31-1,00
1,02 1,21
1,11
Fronto-osfenoidnl
0,84-0,85 0,96-0,98
0,84 0,97
0,90
Parioto-tomporal
0,07-0,09 0,00-0,03
0,08 0,01
0,04
Occipito-mastoidoa
1,16-1,62-1,50 1,32-1,88-1,83
1,46 1,67
Tomporo-osfenoidal
0.09-0,62 0,20-0,70
0,35 0,45
1,56 0,40
índice do osificación : 0,65
45 Patagones del Chubut deformados
Coronal Sagital
1,55-1,15-1,62 1,31-1,08-1,97 1,64-1,40-2,00-1,64
1,44
1,45
1,44
1,67
1,67
Lambdoidoa Fronto-esfonoidnl Farioto-temporal
1,24-0,91-0,40 1,35-0,80-0,53 0,44-0,48 0,62-0,62 0,06-0,22 0,04-0,08
0,85
0,89
0,46
0,62
0,14
0,06
0,87 0,54 0,10
Occipito-mastoidea Tomporo-osfenoidal
0,08-0,71-0,51 0,08-0,55-0,60 0,00-0,08 0,00-0,08
0,43
0,41
0,04
0,04
0,42 0,04
índico do osificación : 0.60
49 Calchaquíes deformados
(Ultrabraquicéfalos)
Coronal .Sagital
1,49-1,40-2,29 1,40-1,46-2,43 1,75-1,67-2,08-1,28
1,72 1,76 1,69
1,74 1,69
UBV. MUSEO I.A PLATA. — T. III. (X, 22, 1909.)
27
388 —
Lambdoidea Fronto-esfenoidal Parieto-temporal
1,26-1,00-0,73 1,34-1,08-0,70 1,25-0,24 1,33-0,20 0,08-0,12 0,18-0,18
0,99 1,04 0,74 0,76 0,10 0,08
1,01 0,75 0,14
Occipito-mastoidea Temporo-esfenoidal
0,44-0,82-1,41 0,45-1,10-1,58 0,16-0,65 0,21-0,42
0,89 1,04 0,40 0,31
0,96 0,35
Indice ile osificación : 0,58
45 Patagones del Chubut no deformados
Coronal
1,22-1,15-1,77 1,42-1,17-1,93
1,38 1,50
1,44
Sagital
1,44-1,28-1,95-1,26
1,48
1,48
Lambdoidea
1,08-0,84-0,51 1,04-0,62-0,51
0,81 0,72
0,76
Fronto-esfenoidal
0,77-0,93 0,97-0,88
0,85 0,92
0,88
l'arieto- temporal
0,17-0,24 0,22-0,08
0,20 0,10
0,15
Occipito-mastoidea
0,54-0,86-0,62 0,60-0,95-0,73
0,57 0,76
Tumporo-csfonoidal
0,06-0,08 0,13-0,08
0,07 0,10
0,71
0,08
Indice de osificación : 0,52
19 Calcliaquíes
Coronal
0,89-1,21-1,61 0,94-1,31-1,72
1,23 1,32
1,27
Sagital
0,89-1,52-1,57-1,21
1,29
1,29
Lambdoidea
0,84-0,72-0,38 0,78-0,52-0,26
0,64 0,52
0,58
Fronto-esfenoidal
0,88-0,22 1,05-0,16
0,55 0,60
0,57
l'arieto- temporal
0,33-0,16 0,42-0,31
0,24 0,36
0,30
Occipito-mastoidea
0,21-0,77-0,61 0,36-1 ,26-0,94
0,53 0,85
0,69
Temporo-esfenoidal
0,25-0,50 0,44-0,44
0,37 0,44
0,40
índico de osificación : 0,4 5
389 —
15 Patagones da Santa Cruz
Coronal Sagital
2,66-2,60-2,93 2,86-2,53-3,00 3,00-2,86-3,06-2,93
2,75
2,79
_ 2^96
2,77 2,96
Lambdoidea Fronto-esfenoidal Parieto- temporal
2,86-2,73-2,26 2,80-2,66-1,86 2,06-0,13 2,46-0,00 0,14-0,21 0,46-0,80
2,61
2,44
1,04 1,23 0,17 0,63
2,52
1,13
0,40
Occipito-nmstoidco Tomporo-esfonoidal
0,93-2,06-2,06 0,60-1,66-1,86 0,26-1,00 0,06-0,73
1,68
1,37
0,63 0,39
1,52 0,51
Indice de osificación : 0,90
21 Indígenas del Neuquen
Coronal Sagital
1,42-1,23-1,80 1,28-1,05-1,90 1,47-1,28-1,57-1,19
1,48
1,41
1,44
1,37
1,37
Lambdoidea Fronto-esfenoidal Parieto-temporal
1,28-1,40-1,10 1,33-1,28-0,90 1,14-0,28 0,90-0,30 0,00-0,00 0,00-0,04
1,26
1,17
0,71
0,60
0,00 0,02
1,27 0,65 0,01
Oocipito-mnstoidea Tcmporo-esfenoidal
0,38-0,70-0,40 0,31-0,25-0,20 0,00-0,00 0,04-0,09
0,49
0,28
0,00
0,06
0,38 0,03
Indico de osificación : 0,84
13 Onas y Yamanas
Coronal Sagital
2,15-2,00-1,83 2,15-1,92-1,58 2,23-1,46-2,30-1,15
1,99
1,88
1,93
1,78
1,78
Lambdoidea Fronto-esfenoidal Parieto-temporal
0,84-1,07-0,92 0,92-1,07-1,00 1,00-0,15 1,00-0,07 0,23-0,23 0,23-0,23
1,41
1,49
0,57
0,53 0,23
0,23
1,45
0,55
0,23
390
Occipito-mastoidca
0,38-0,84-0,03 0,03-0,84-0,70
0,01 0,74
0,07
Temporo-esfeuoidnl
0,07-0,30 0,07-0,10
0,18 0,20
0,22
Indice de osificación : 0,75
11 Toban
Coronal
Sagital
1,28-1,28-1,57 1,00-1,28-1,85 1,35-1,85-1,57-1,21
1,37
1,37
1,37
1,49
1,49
Lambdoidea Fronto-esfenoida) Parieto-temporal
0,92-0,92-0,57 0,78-0,92-0,50 1,14-0,28 0,92-0,04 0,00-0,00 0,21-0,07
0,80
0,73
0,71
0,78
0,00
0,14
0,70
0,74 0,07
Occipito-magtoidea Temporo-esfenoidal
0,28-0,71-0,50 0,57-1,14-0,85 0,00-0,42 0,00-0,50
0,49
0,85
0,21
0,25
0,07 0,23
Indice de osificación : 0,55
19 Patagones del Chubut y río Negro
Coronal
1,68-1,31-1,57 1,63-1,44-1,55
Sagital
1,57-1,52-2,00-1,26
1,52 1,47
1,49
1,71
1,71
Lambdoidea
0,77-0,66-0,38 0,78-0,73-0,30
0,00 0,02
0,01
Fronto-esfenoidal
0,63-0,00 0,42-0,00
0,31 0,21
0,26
Parieto-temporal
0,05-0,05 0,05-0,05
0,05 0,05
0,05
Occipito-ma stoidoa
0,00-0,36-0,26 0,22-0,44-0,44
0,20^ 0,36
0,28
Temporo-esfenoidal
0,00-0,00 0,00-0,00
0,00 0,00
0,00
Indice do osificación : 0,40
1 Guaycuní, 2 Guayaquícs, 1 Mataco y 2 Termos
Coronal
0,17-0,16-0,20 0,15-0,13-0,22
Sagital
0,17-0,18-0,22-0,17
0, 17 0, 1 0
0,16
0,18
0,18
39 1
Lnnilxloiilnn
0,12-0,11-0,12 0,12-0,11-0,11
0,11 0,10
0,10
KroiiliO-ímfonoidnl
0,15-0,07 0,15-0,06
0,11 0,10
0,10
PnrlotiO-tomiMirnl
0,02-0,10 0,02-0,00
0,06 0,01
0,03
Occipito-innstoHloa Tcmporo-esfonoidal
0,10-0,20-0,20 0,05-0,22-0,17 0,00-0,03 0,00-0,05
0,16 0,15 0,01 0,02
0,15 0,01
Indice do osificación : 0,62
100 Patagones del Chnbut
Coronal Sagital
1,16-1,19-1,86 1,18-1,23-1,87 1,37-1,54-1,86-1,55
1,40 1,42 1,58
1,41 1,58
Lambcloitlea Fronto-esfenoidal Parioto- temporal
1,08-0,94-0,57 1,05-0,86-0,59 0,81-0,23 0,90-0,20 0,17-0,22 0,29-0,29
0,86 0,83 0,52 0,55 0,19 0,29
0,84 0,53 0,24
Occipito-mastoidea Tomporo-eafcnoidal
0,32-0,72-0,55 0,26-0,89-0,65 0,11-0,26 0,10-0,24
0,53 0,60 0,18 0.17
0.56 0,17
índico de osificación : 0,60
Antes de entrar á estudiar detenidamente en estos grupos el orden de
obliteración de las regiones, liaremos notar que las medias totales in-
dican una homogeneidad de invasión y que este carácter fundamental
las reúne en una gran familia.
En todas ellas la obliteración déla coronal está algo retardada con re-
lación á la sagital y á veces muy retardada, como pasa en los subdoli-
cocófalos de río Negro; se eleva en los Calchaquíes hiperbraquicéfalos
y ultrabraquicófalos; y en la pcqueüa agrupación de Onas y Yamanas
(Fueguinos) la sinostosis de la fronto-parietal, es mayor que la de la bi-
parietal.
El orden que siguen los valores de las divisiones con variantes de
avance ó retroceso, reproducen lo observado paralas series en conjunto.
Las grandes sinartrosis son siempre las primeras en obliterarse, no
obstante que la sutura lambdoidea puede ser precedida por la occipito-
mastoidea.
Sobre seriaciones previamente obtenidas, haremos la interpretación de
la marcha de la sinostosis.
La serie de 42 Araucanos deformados por aplastamiento vertical
392
occipital ó por una asimetría parieto-occipital y plagiocefalia, que se
acusa notablemente en el cráneo del jefe Ohipitruz n° 53, presenta una
proporción de 11) por ciento de cráneos femeninos, igual al número de
masculinos; la edad se reparte entre 25 maduros y 17 seniles, los demás
son adultos. El índice cefálico oscila desde la braquicefalia manifiesta
hasta tipos hiperbraquicéfalos, 22 por ciento, y ultrabraquicéfalos, 4 por
ciento. Trátase de cráneos deformados y muy deformados, en los que la
capacidad media se eleva á 1288 centímetros cúbicos en las 9 y 1400 en
los (f. Los números 3, 20 y 30 pertenecen á los caciques Mariano llosas,
Manuel Guerra y Glierenal. Son, sin duda, los más próximos parientes de
los Araucanos de Chile.
En estas dos series de Araucanos, la sutura lambdoidea tiene una
osificación elevada y por esta razón el índice antero-posterior es alto; en
el orden de invasión de sus partes reproduce lo que es constante en las
razas Caucásicas.
La obliteración de la coronal es rápida en sus dos regiones inferiores
en los no deformados y retardada en los deformados, variaciones que in-
vierte el comienzo de la obliteración, para un grupo la pars temporalis y
para el otro el obelion.
La invasión de las demás divisiones sigue sin grandes diferencias
una disposición paralela; la sinostosis se señala en el vértex , en la pars
lambdica ó en la pars bregmatica de la sutura sagital ; progresa en las
pars lambdica de la lambdoidea, antes de invadir la media, y cuando
se inicia en esta región, aparecen en la pars bregmatica de la fronto-parie-
tal 1 as primeras manifestaciones de la osificación.
Del orden en las sinartrosis laterales, diremos que la obliteración de
las regiones inferiores de la coronal influyen sobre las pars temporalis de
la fronto-esfenoidal, precediendo á la osificación de las partes inferiores
de la lambdoidea.
Un núcleo de osificación queda incluido entre los cuatro huesos de la
región ptérica; otro en las regiones de la sagital y, los últimos, uno en
lambdoidea y otro en las divisiones media é inferior de la occipito-mas-
toidea, que pueden alternarse entre sí.
En el grupo de A raucanos no deformados, liábanse cráneos femeninos
con un 32 por ciento; tiene tipos subdolicocéfalos, dolicocéfalos y meso-
céfalos con tendencia á braquicéfalos; maduros en número de 21 por
ciento y viejos 12 por ciento, los restantes son adultos y jóvenes; con
una capacidad craneana media de 1273 centímetros cúbicos en las 9 y en
los cf de 1411.
La osificación general de las sinartrosis en esta serie, sufre un retardo
debido á la abundancia de cráneos femeninos, como lo haremos notar más
adelante; alcanzando la media de la coronal una diminución que eleva
el índice antero-posterior á 0,80.
— 3!) 3 —
En esto mismo grupo la s i nos tos i s de la sutura sagital es más rápida
y su media se aleja de la correspondiente á la coronal, brevemente se
establecen estas relaciones así :
Cnnnml Sagital LhuiIhIoÚIc'R
42 Araucanos 1,99 2,04 1,49
49 Araucanos 1,52 1,72 1,22
Solo al sexo y al índice cefálico debe atribuirse esta separación tan
elevada de los valores de osificación; la deformación no explica esas va-
riaciones, pues si eleva las medias, el curso de esta obliteración obedece
á influencias múltiples, fijadas por la herencia más que á causas acci-
dentales y de ambiente.
La sinostosis de los dolicocéfalos de río Negro corresponde á un tipo
craneano característico, procedente de antiguos «paraderos» en los que
es frecuente el tipo llamada paleoamerica.no que acusa la dolicocefalia
con un 44 por ciento, alcanzando la hiperdolicocefalia en 10 por ciento;
su capacidad craneana general la representa una media de 1443 centíme-
tros cúbicos ; formado en su mayor parte por cráneos maduros y viejos ;
siendo 31 de ellos masculinos y los restantes femeninos.
La sencilla costumbre de sujetarse el cabello fajándose la cabeza con
una venda, ha dejado impresa sobre el cráneo de estos viejos Patagones
la deformación fronto-sincipito-parieto-occipital, asimetrías en el occipi-
tal y en la región astérica, plagiocefalias y hundimientos en los parie-
tales; deformaciones algunas de ellas que tienden á aumentar el diá-
metro antero-posterior y con él, el grado de dolicocefalia.
El otro grupo de cráneos de la misma procedencia, lo hemos consti-
tuido con elementos subdolicocéfalos 19 por ciento, mesocéfalos 12 por
ciento y algunos subbraquicéfalos y braquicéfalos en una proporción de
17 por ciento; los cráneos seniles se encuentran equilibrados con los
maduros; el de femeninos es menor que el de masculinos; siendo su capa-
cidad craneana total de 14f>2 centímetros cúbicos, y en todos los demás
caracteres responden á un tipo idéntico al anterior.
Este substratum patagónico compuesto por dolicocéfalos é hiperdolico-
céfalos en una proporción sin igual, ofrecen un orden de obliteración nor-
mal que el doctor ltibbe 1 ha observado en otras agrupaciones étnicas
del continente asiático y del nuestro, como sor los Chinos, Indo chinos,
Malayos, Peruanos, como se ve de razas Mongólicas, Melanesiasy Ame-
ricanas, en los que predominan también dolicocéfalos y mesocéfalos con
elementos braquicéfalos.
1 Ribbe, Ibid., 82 á 100.
394 —
En este grupo que estudiarnos, la osificación de la sutura sagital en
cualquiera de sus regiones es mayor que la de la coronal. La región
bregmatioa de la bi-parietal precede con la pars complicata de la coronal
á la obliteración de la pars temporalis , recorriendo la última sutura de
arriba hacia abajo, é iniciándose en el bregma.
Las medias de la sagital se elevan y su desaparición se efectúa uni-
formemente por sus tres regiones anteriores ó por las tres posteriores,
dominando sobre las demás divisiones el vertex en la primera serie y el
obelion con la pars bregmatica en la segunda, siendo la osificación de esta
última región mayor que la de su homónima de la. coronal.
Brevemente diremos que la sinostosis progresa en todas las regiones
medias y superiores de las articulaciones coronal y sagital antes de in-
vadir la pars temporalis, región que aparece retardada en su osificación
como en ninguna serie.
Ya no es el obelion el lugar de aparición del proceso sino el vér-
tex, aquella región es invadida después con la pars lambdiea, iludien-
do ser tan rápida su desaparición que eleva sus medias sobre las de las
dos ya citadas.
En ambas series la sutura lambdoidea no se encuentra muy separada
en su osificación
Su sinostosis es menor que la de la occipito-mastoidea, pues ésta con
sus pars media y injerioris es mayor que la pars media y la lambdiea de
la citada transversal posterior.
En conjunto predomina un centro de osificación, partiendo de un punto
anterior donde se interceptan las grandes sinartrosis, desde las que 1 inva-
den las divisiones que las circundan ; otro centro ocupa los cursos de la
occipito-mastoidea, que volvemos á observar en los Oalchaquíes y exa-
minando las fórmulas de obliteración del doctor Ribbe se presenta tam-
bién en los Pieles Rojas de Norte América y Peruanos, como también
muy acentuado en los Canarios, Egipcios, Sardos é Hindúes.
Las dos regiones de la fronto-esfenoidal se osifican después de la su-
tura lambdoidea ; las demás pequeñas sinartrosis ofrecen en su desapa-
rición un orden más ó menos análogo, con excepción de la pars infcrioris
de la temporo-esfenoidal, la que con su elevada osificación indica una
probable influencia de la región mastoidea; todo lo cual se halla segura-
mente ligado á la diminución del diámetro transverso máximo.
Rinitis, Ibid., véanse las fórmulas «le obliteración contenidas en el capítulo V.
395
El grupo de Calchaquícs hiperbraquicéfalos, lo forman en su mayoría
individuos viejos y masculinos con una capacidad media de 1310 centí-
metros cúbicos, pequeña serie en la que la marcha de la sinostosis co-
mienza en la región temporalis donde es acentuada, y que influyendo en
la misma parto de la fronto-esfenoidal, progresa en la porción del brcgma
y del obelion y cuando llega á invadir la pars lambdica de la sagital, apa-
rece en la pars superioris y en la pars media, de la sutura occipito-mas-
toidea y en la pars complicada de la articulación coronal.
Es el primer caso que una región de la articulación occipito-mastoidea,
preceda i i. una, división de la coronal. Soemering pensaba que aquella
sutura era la primera invadida,; pues si sufre irregularidades en la. apa-
rición de su osificación cuando se estudia comparativamente en las razas,
consta (pie entre las pequeñas suturas, la fronto-esfenoidal y la occipito-
mastoidea ofrecen el orden más regular en su desaparición.
En la serie de Americanos como en otros grupos étnicos Europeos y
exóticos, la fronto-esfenoidal se oblitera de atrás hacia adelante y la
occipito-mastoidea de abajo hacia arriba.
Soemering reivindicaría el mérito conquistado en una época posterior
por Virchow en el estudio de la sinostosis patológica; para este autor
esta sutura sería invadida más tarde y con más frecuencia. Cuando su
obliteración, agrega, tiene lugar de una manera prematura, ejerce in-
fluencia sobre el desarrollo ulterior del cráneo, pues las piezas óseas
soldadas no pueden ceder á los esfuerzos del cerebro, mientras siguen
creciendo las piezas vecinas y do lo que resulta una deformación del
occipital.
La osificación aumenta paulatinamente con el mayor índice cefálico;
la serie de 19 Calchaquíes formada por dolicocéfalos, subdolicocéfalos,
mesocéfalos y braquicéfalos tienen un índice antero-posterior de 0,45 ;
al pasar al grupo de liiperbraquicéfalos el índice de osificación adquiere
un valor de 0,05, la sinostosis de las grandes sinartrosis y de la occipito-
mastoidea, se duplica y cuando el índice llega á la ultrabraquicefalia,
la obliteración vuelve á retardarse y el índice antero-posterior decrece y
señala un valor de 0,58, con profundas diferencias en la osificación gene-
ral de las articulaciones del cráneo.
Se retarda, se eleva y vuelve á, retardarse, es la expresión en este caso
de la, influencia del índice cefálico sobre la osificación.
Podría atribuirse á la, presencia de cráneos seniles en los liiperbra-
quicéfalos ; pero, también los hay en las series de ultrabraquicéfalos y, en
cuanto á proporción, se equilibran.
En el grupo de río Negro hemos observado hechos análogos ; pues
en los hiperdolicocéfalos la media antero-posterior desciende á 0,05,
y en el conjunto dolicocéfalo, mesocéfalo y braquicéfalo se eleva á
0,72.
396 —
Al estudiar más adelante la influencia del índice cefálico, veremos que
es una de las mejor definidas.
La serie de Patagones del Chulnrt deformados por plagiocefalias ó por
simple aplastamiento del occipital, presentan un tipo de cráneo muy
diferente de los anteriores y comprenden elementos mesocéfalos, sub-
braquieéfalos y braquicéfalos en proporciones que se equilibran. La
osificación comienza por el obelion, al que sigue la pars temporalis , y
cuando el proceso avanza en la región citada, de la coronal, aparece
casi al mismo tiempo en las divisiones de lambda , bregma y vertex; de la
sagital pasa la invasión á la pars lambdica de la lambdoidea y si en ella
se acentúa, comienza á obliterarse lapars compile ata.
Las dos divisiones de la fronto-esfenoidal no se separan en su osifica-
ción, único caso en todas las series.
El orden que sigue la occipito-mastoidea, es el ya indicado en otra
parte. Si se presenta la sinostosis en la sutura escamosa se observa con
más frecuencia en su pars póster ioris.
En este grupo, donde se observan deformaciones, todas las sinartrosis
presentan en sus regiones una elevada obliteración, que sin alterar el
orden de invasión eleva el valor de las medias, sobre las correspondientes
de la serie no deformada.
En cuanto á las poquefias articulaciones, no están más osificadas en el
grupo deformado.
La serie de 49 Oaleliaquíes ultrabraquicéfalos es homogénea y forma-
da por cráneos masculinos en la proporción de 38 por ciento y los demás
son femeninos, dominando en todos ellos el número de seniles sobre los
maduros. Ese alto índice, que aquí es constante y se halla en otros pue-
blos sólo en algunos individuos; presentan un complejo de deformaciones
como ser occipital- vertical y oblicua, laNatchez, la frontal, la fronte-
sincipito-parieto-occipital erguida y aplastada, y un conjunto de carac-
teres anatómicos que los une estrechamente con otros grupos étnicos
de la región andina y central del Perú.
Las regiones de las sinartrosis se obliteran comenzando por la pars
temporalis , continúa en el obelion, b reyuna y vertex ; de abajo hacia arriba
en la coronal y de la parte media de la bi parietal hacia, adelante y ha-
cia atrás.
Las partes inferiores de la occipito-mastoidea se obliteran simultánea-
mente con hiparé- bregmatica y la pars complicata de la sutura coronal.
La pars lambdica sufre un fuerte retardo en su desaparición. En cuanto
á la sinostosis general de las articulaciones, disminuye notablemente
con relación á los Oaleliaquíes hiperbraquicéfalos.
Entraremos á considerar, ahora, la pequeña serie de Tobas del Chaco,
constituida por elementos dolicocéfalos, que presentan ála sinostosis ini-
ciándose en el vertex y en la pars temporalis, acentuándose en el bregma,
397 —
verter, y obelion , si l;i osificación de la sutura, coronal avanza corriéndose
de abajo hacia arriba,.
La lambdoidea presenta un orden ya analizado, y las demás suturas
no sufren variantes a | necia, bles.
Los Patagones de Santa Cruz, los indígenas del Neuquen y la peque-
ña agrupación de Patagones del Cluibut y río Negro, formados en su
mayor parte por cráneos maduros y seniles con elementos braquicéfalos
en elevada proporción, dan órdenes de obliteración normal en el exo-
cráneo que ya lian sido anotados.
En los Unas y Yamanas, dol ¡encéfalos y mesocéfalos, domina la, si nos-
tos i s en el obelion y en el bregina délas suturas biparietal y fronto-parie-
tal. La pars temporal is precede al verter. La osificación comienza en
las dos regiones superiores de la coronal ; y es, pues, una marcha ya
observada.
Terminaremos con una, gran serie de 100 cráneos pa tagónicos, formada
por un 50 por ciento de mujeres y 39 por ciento de hombres, los demás
niños; con 52 por ciento seniles y los restantes maduros y adultos; reu-
niendo un 17 por ciento de dolicocéfalos, 9 por ciento subdo] ieocéfalos,
15 por ciento mesocéfalos, 29 por ciento subbraquicéfalos y 17 por cien-
to de braquicéfalos. Tipo [llenamente patagónico, procedente del Cluibut
y entre los que se pueden observar algunos muy semejantes á los de los
«paraderos» de río Negro.
Este grupo comprueba una vez más, que la osificación como se presenta
en la, raza Americana no es accidental y que la evolución que sufro en las
distintas regiones sigue un orden que es normal en otros grupos medios
é inferiores especialmente.
Esta, serie heterogénea por el tipo y por el índice, se conduce como
en las demás series del Cluibut; sus valores son algo inferiores debidos
á la influencia del sexo.
Estudiada la obliteración en la tabla externa, las sinartrosis presen-
tan una disposición en su desaparición que podemos sintetizar dicien-
do : que hay un predominio de las divisiones de la sagital sobre las de la
coronal y de ésta sobre las partes de la lambdoidea y de la oceipito-mas-
toidea en dos casos; ó bien dominio de la sutura sagital sobre la pars tem-
po ralis sola de la coronal, y de la sutura lambdoidea sobre las restantes de
la fronto parietal, para, otro caso; ó una fuerte obliteración de la región
transversal anterior sobre la medio transversal, con osificación ma-
yor en una división de la lambdoidea sobre dos regiones una de la coro-
nal y otra de la sagital, en otro caso. Ó aumento en la obliteración de
una región de la coronal sobre tres regiones de la sagital y una de la
occipito-mastoidea, sobre dos de la coronal y una de la lambdoidea; ó
una, fuerte osificación de las partes de la, sagital, sobre las de la sutura
lambdoidea y de la fronto-esfenoidal (Onas), etc.
398 —
Ahora bien, ¿las diversas alternativas de la obliteración exocraneal
anotadas en este capítulo, deben considerarse como normales ú ofrecen
disposiciones que le son especialmente particulares1? ¿ Y á (pié tipo an
tropológlco se liga este grupo étnico, desde este punto de vista de las
variaciones del orden de osificación ?
Es lo que haremos á continuación, analizando la literatura que posee-
mos sobre la obliteración de las sinastrosis en el hombre europeo, tér-
mino obligado de comparación y haciendo luego lo mismo con las agru-
paciones étnicas exóticas.
De las fórmulas de osificación que llibbe 1 establece para los France-
ces, Alemanes del sur, Eslavos, Maronitas, Sardos, Corsos, Holande-
ses, Árabes, Españoles, Hindúes, todos del tipo Caucásico, observa que la
sutura lambdoidea se oblitera antes de la coronal y que su osificación
es más elevada en los tipos braquicéfalos; que las divisiones de la sagi-
tal son invadidas, primero el obelion, segundo el vértex, tercero extremi-
dad posterior y cuarto extremidad anterior; pero si el vértex es invadi-
do antes que el obelion , esta última región se oblitera rápidamente.
Comparada cualquiera de nuestras series, con esta disposición normal
de obliteración en los Europeos, se inicia aun en la sutura sagital ; pero
su marcha en las partes y por la manera de conducirse con las dos me-
dias transversales y de éstas entre si con relación á la bi parietal, se pre-
sentan afinidades con las razas medias é inferiores.
Según liibbe 2 la marcha de la sinostosis es casi idéntica en los Ana-
mitas, Malayos, Chinos y Peruanos, distinguiéndose por un carácter
especial que no se encuentra en otros grupos, la osificación que invade la
división inferior de la sutura coronal se halla también muy avanzada
en la región bregmatiea de la misma y la para complícala se oblitera antes
que la región primeramente nombrada, propagándose su desaparición
de arriba hacia abajo. Las suturas del pterion ofrecen la misma, a versión
á osificarse por la pars temporalis.
Agrega ltibbe 3 que los Pieles Pojas y Aztecas tienen un índice an-
tero-posterior cercano al del grupo precedente; pero, las divisiones de la
coronal se obliteran en el mismo orden que en los Europeos.
En los Aymarás, tipos francamente dolicocéfalos, la osificación es en
general pronunciada y más precoz en la coronal que en la lambdoidea.
El índice es débil y en ellos la deformación no modifica la marcha de la
sinostosis, aproximándose á los Polinesios.
Los indígenas brasileños y colombianos con algunos del Plata, forman
1 Ribbe, Ibid., capítulo V, artículo I.
s Ribbe, Ib'ul., 82 y siguientes.
8 Riubk, lbid., 87 y siguientes.
39!)
una seno heterogénea en los que dominan los dol ¡encéfalos, que por bu
índice antero posterior se acercan á los Aymarás; pero, por el modo de
obliteración de la coronal se aproximan á. los Peruanos, y como en estos
últimos su osificación empieza al nivel de la división brcgmatica antes
de tocar la. división temporal de la coronal.
Sintetizando : Ribbe llega á la conclusión de (¡ue en los Peruanos, Ma-
layos y Aymarás el lugar de aparición de sinostosis en la sagital no es el
obelion sino más bien el vértex; la división aquella es invadida después,
haciendo rápidos progresos.
0
La misma observación la hace extensiva Ribbe á los Egipcios y á los
Canarios.
Los distintos autores que estudiaron la sinostosis de cráneos pertene-
cientes á razas medias é inferiores, sin emitir opiniones fundadas sobre
estudios de series numerosas, hacen prevalecer para la marcha de la osi-
ficación en las regiones la sagital sobre la coronal en el exocráneo. En
efecto, Zuckerkandl 1 observando cráneos procedentes de la China ó
Indonesia y algunos Americanos, insiste en que las suturas de las fosas
temporales se conservan por largo tiempo y muestran un predominio de
la sagital y coronal ó sagital y lambdoidea.
Pommerol 2 * 4 en 57 cráneos de antiguos Egipcios, nota que la osifica-
ción de la coronal comienza en lapars tempo ralis, en lo que concuerda
con Erédéric 1 y en una época ya lejana Gratiolet estudiando cráneos
de Negros e Hindúes constata la misma particularidad \
El profesor Hrdlicka de la Universidad de California, en una revisa-
ción de las suturas de 47 cráneos Californianos, encuentra el comienzo
de la obliteración en la tabla externa por la parte inedia de la sagital
y la región inferior ó región ptériea de la coronal, y que su marcha se
continúa en la parido-temporal y lambdoidea- etc. s.
Recientemente, el profesor Outes en su opúsculo sobre suturas, exami-
na una pequeña serie de Entrerrianos primitivos y resume para las di-
visiones un orden que empieza por la pars temporalis, continúa por el
1 E. Zuckerkandl, Nachtrag zur Anatomic der Schadelnahte, en Mittheilungen der
Antliropologischen Gesellschaft in JFien, IV, 52 y siguientes, ex Outes, Ibid., 297.
* F. Pommerol, llcche.rehes sur la synostose den oh dn enínc, considerde ait point de
vite, nórmale et pathologiqne ches les diferentes races humaines. Paria, 1808.
■’ Frédkimc, Ibid., 390, tabla, Ia.
4 Gratiolet, ex Graf Spee, Skeletlehre, Kopf, en K. von Bardeleuen, Ilandbucbs
der Anatomic des Mcnsclien, I., 324. Jena, 1896, ex Outes, Ibid., 297.
s Ales Hrdlicka, Contribntion to the physical Anthropology of California, based on
collcctions in the Department of Anthropology of the University of California and in U. S.
National Muscum, en University of California publications , American Archeology and
FAhnology, IV, número 2, 63. Berkelcy. 1906.
— 400 —
obelion y vertex, desde éste pasa á la pars complícala , á fronto-esfenoidal
y á parieto-esfenoidal, concluyendo en las partes de la lambdoidea y de
las pequeñas sinartrosis; resultando, así, el orden de invasión de las sutu-
ras : de coronal á sagital, á fronto-esfenoidal y parieto-esfenoidal, á ocei-
pito mastoidea y lambdoidea, por fin, las demás pequeñas articulaciones.
En todas nuestras series al examinar el exocráneo, anotamos que el
obelion y la pars temporalis se disputaban el primer lugar en la aparición
de la sinostosis y que la continuación del proceso se opera por las
regiones anteriores de la sagital y pocas veces por las partes superiores
de la coronal ; que el vertex acusa en los Patagones de río Negro y
en los Tobas del Chaco, ambos dolicocéfalos, una elevación que sólo se
encuentra en los Malayos, Chinos, Aymarás, Peruanos, Colombianos y
Brasileños y que el orden general de la marcha de la sinostosis agrupa,
todas nuestras series con las razas de tipo medio, especialmente Mongó-
lico y con los tipos inferiores Polinesios y Negros; nunca con las de
tipo Caucásico.
Zuckerkandl, líenle Sauvage 1 2, Topinard 3 y Schwalbe 4 * 6 han cons-
tatado el principio sagital (obelion) de la sinostosis en el exocráneo; luego
ésta invadiría la coronal y la lambdoidea en el hombre Europeo ; y seña-
lan así, los mismos autores, las regiones de lastres suturas mencionadas
(pie se osifican de preferencia : en la sagital el orden sería : obelion , ver-
tex, lambda (Sauvage y Topinard); en la coronal : la pars complícala y la
pars temporalis con la. pars breijmatica (Sauvage), ó la. pars temporalis, pars
bregmatica y pars complícala (Topinard y Schwalbe), ó pars temporalis,
pars complícala, pars bregmatica (Picozzo) ; en la lambdoidea : pars me-
dia, pars lambdica (Sauvage y Topinard), ó pars lambdica , pars media y
pars asténica (Picozzo); órdenes de obliteración de los que algunos de
ellos son frecuentes en nuestros grupos y otros raros.
Agregaremos que Parsons y Box so pronuncian por el comienzo coro-
nal de la sinostosis (pars temporalis) en la tabla externa; en segundo
término figura la sagital (obelion) y, por último la lambdoidea; orden que
se mantiene el mismo por el lado del endocráneo 3.
Todos estos autores, con excepción de algunos, estudiaron cráneos
1 Henle, ex Zuckerkandl, Ibid., 52.
9 II. E. Sauvage, Recherches sur l’état senile da crdne. Paris, 1870 ; y nota en Bulletin
de la Soeiótó d’ Anthropologic de Riá is (deuxiéme serie), V, 571 y siguientes. París, 1870.
3 P. Topinard, Elómcuts d’ Anihropologie genérale, 615. París, 1885.
4 G. Schwalbe, l)er Negndcrthahschiidel, en Bonner Jahrbiicher, entrega 106, 5 y
siguientes de la tirada aparte. Bonn, 1901, ex Outes, Ibid., 293.
6 F. G. Parsons and O. R. Box, The relation of ihe eranial untares to age, en The
Journal of thc Authropologiea l Instituto of (¡real Britain and I reinad, XXXV, 87. Lon-
don, 1905, ex Outes, Ibid., 294.
401
do Europeos, en los <pie si bien la sinostosis comienza en el obelion ó en
la pars temporalis presentíin, no obstante, un índice antero-posterior ele-
vado en todas las series, por distinta (pie sea. su procedencia. Por el
contrario, en nuestros grupos como en los de Americanos del norte, Co-
lombianos, BrasilcHos, Polinesios y Melanesios, la osificación comienza
también en las dos divisiones citadas; pero, el índice sufre una dimi-
nución tan notable que las separa profundamente de las razas caucá-
sicas l.
Según el doctor Bibbe 2, en los Negros la obliteración comienza, en el
obelion ó en el vértex , la primera región aventaja siempre á la segunda y
todas las divisiones de la biparietal son invadidas más ó menos antes de
la coronal y lambdoidea; la parte superior de la. lambdoidea y la parte
temporal déla coronal, son invadidas á un mismo tiempo; y consideradas
estas dos suturas en su conjunto, la coronal domina, marcadamente, siendo
la osificación en su parte superior muy avanzada.
Esta conclusión que Bibbe establece para los Negros, la hace exten-
siva á los Neo-Oaledonios, con la diferencia que el punto ordinario de la
aparición de la sinostosis en estos últimos es el verter y que la pars tem-
poralis de la coronal es afectada antes de la. división superior de la lamb-
doidea. La osificación de esta sutura es un poco más rápida que en los
Negros, lo que eleva ligeramente el índice de osificación. La occipit.o-
mastoidea es invadida tarde; y las medias de sinostosis de las sinartro-
sis del pterion son bajas como pocas veces 3.
Estas conclusiones podemos hacerlas extensivas á nuestros grupos de
Patagones de río Negro, á los Araucanos de la Pampa, á los Calcha, -
quíes de la región andina, más aun á los Tobas del Chaco, en los que el
índice antero posterior disminuye hasta los valores de 0,58, 0,05, 0,72,
0,74, ofreciendo una. separación profunda, si lo comparamos con el que
presentan algunas razas caucásicas, donde alcanza el enorme valor de
1,11 en los Parisienses.
Las suturas del pterion en todas las razas inferiores se osifican tarde,
después de la división complicata de la coronal y astérica de la lambdoi-
dea 4, carácter extensivo á cualquiera de nuestras series.
Los Kanacos, Tahitianos, Maoris, Australianos y Papúas, á los que
agregamos los Araucanos, Patagones diversos, Tobas, etc., alejados por
numerosos caracteres, se unen íntimamente bajo el punto de vista de
la sinostosis; debido, como hemos visto, á la rapidez de la obliteración
1 Ribbe, Ibid., 70 y siguientes.
* Ribbe, Ibid., 95 y siguientes.
3 Rumie, Ibid., 96 y siguientes.
1 Rumie, Ibid., 96 y siguientes.
402
de la sutura coronal, que liemos definido en nuestras series de una ma-
nera regular y más constante en el endocráneo, y que si no es tan elevada
en el exocráneo como la sinostosis de la sagital, no deja por ello de acu-
sarse en sus dos divisiones de la pars tempo ralis con frecuencia y en la
para bregmatica algunas veces.
En resumen, añade Ribbe l, los Negros se distinguen por la lentitud
de obliteración déla lambdoidea, los Neo-Oaledonios por la sinostosis rá-
pida de la sagital, los Kanacos y los otros grupos de Ucean ía por aquellos
dos caracteres á la vez. En todos ellos, con excepción de los Negros, el
lugar de aparición de la osificación es el vértex.
Y volvemos con el estudio de la tabla externa á confirmar lo que
habíamos observado en el endocráneo. Las diferencias constatadas entre
los Parisienses y los Kanacos al estudiar la tabla interna vuelven á pre-
sentarse en la externa. Entre estas razas la marcha de la obliteración en
la superficie interna, presenta disposiciones que se traducen más ó menos
en el exocráneo 2.
El cuadro siguiente lo demuestra :
Número de bularas invadidas
Así observamos que entre las lambdoideas y coronales invadidas en
la tabla interna, es más considerable en los Kanakos y Patagones que en
los Parisienses y proporcionalmente al número contado por nosotros,
la separación es señalada.
Es también un hecho general en las agrupaciones Caucásicas, Mela-
nesias, y en nuestras series, que la lambdoidea en el exocráneo es menos
invadida que en el endocráneo y mucho menos con relación á la sutura
coronal 3.
' Rihbk, Ibid., 98.
8 Ribiuc, Ibid., í)í) .
3 El doctor Ribbe no indica las condiciones en que se encontraba la sutura para
ser contada; en los grupos Araucanos, Culchaquícs y Patagones hemos preferido las
suturas más ó menos invadidas. Do ahí la no correspondencia proporcional entro las
series do Parisienses y Polinesios con las nuestras. Sin embargo, concuerdan en gene-
ral con la teoría.
— 403
CAPÍTULO IV
INFLUENCIA QUE PUEDEN EJERCER DIVERSOS FACTORES
EN LA OBLITERACION DE LAS SUTURAS
§ I
INFLUENCIA DE LA COMPLICACIÓN
Todos los autores anteriores á Ribbe, que se han ocupado del estudio
de las sinartrosis lian considerado á la complicación como una influencia
directa sobre la osificación, y subordinaron el estudio de una á la otra.
Es un hecho conocido desde hace tiempo que la complicación de las
suturas se conduce de distinta manera en diversas razas. Según Gra-
tiolet, los dientes simples provocarían una osificación más rápida y más
precoz, y sería un carácter particular de los grupos menos favorecidos;
al contrario, los dientes profundos y una osificación tardía serían los
signos inequívocos de la perfectibilidad y acompañarían á las razas supe-
riores. Por lo demás, Gratiolet no ha estudiado si en los cráneos de un
mismo origen el diferente estado de las complicaciones tenía ó no influen-
cia sobre la sinostosis 1. Se nota que este observador filé guiado por
ideas preconcebidas y no por estudios comparados délas distintas razas.
Welcker 2 ha encontrado que la osificación invadía las partes de la
sagital en sus divisiones más sencillas ( obelion) ; mientras que en los ca-
sos de la coronal con su pan bregmatica lineal, permanecía más tiempo
libre; á propósito de lo cual este autor no emite opinión.
El profesor Hamy habiendo observado minuciosamente el estado de
complicación, al mismo tiempo que el orden do la sinostosis, en 12(5
cráneos Parisienses y no ocupándose de donde se inicia, afirma que la
osificación no es retardada ni acelerada por la mayor ó menor profundi-
dad de los dentículos de complicación.
Ribbe 3 estudia lo que ya en otro tiempo había propuesto Gratiolet :
si la complicación en las razas humanas sufría variaciones paralelas á
la de la sinostosis; siguiendo este principio, anota la complicación de
1 Ribbe, Ibid., 110 y siguiente.
* Welcker, Ibid., 17.
3 Ribbe, Ibid., 118 y siguiente.
REV. MUSEO I.A PLATA. — T. III. (X, 23, 1909.)
28
— 404
las sinartrosis en un gran número de cráneos y establece que la oblite-
ración presenta, según las series, notables diferencias en las razas supe-
riores y que esta, diferencia está en relación con las demás variaciones,
especialmente la del índice cefálico. Nada análogo es indicado por las
fórmulas de complicación. Las medias no son idénticas en todas las
razas, siendo sus variaciones puramente accidentales, ó muy débiles ó
muy irregulares para tener una significación precisa.
Los Egipcios y los Auvernios, tan desemejantes por la marcha de su
osificación, se hallan separados apenas por una ligera diferencia en la
complicación de sus sinartrosis.
Pregunta, además, el doctor Ribbe, si los cráneos con las suturas muy
complicadas influyen sobre la sinostosis de distinta manera de aquellos
que por la simplicidad los acercan á las razas inferiores, y obtiene siem-
pre resultados negativos. Y amule : ni en las razas superiores ni en las
razas llamadas « occipitales », las variaciones individuales de la compli-
cación de las sinartrosis provocan en la mayor parte de los casos las va-
riaciones en la marcha de la obliteración que se pueden creer racionales
a priori l.
Las suturas laterales que han presentado obliteraciones en sus regio-
nes siempre independientes de su grado de complicación, no son una razón
fundada para que un estado lineal favorezca una rápida obliteración,
pues todas estas suturas son rebeldes á la osificación, lo que hemos obser-
vado siempre en el estudio de la sinostosis. En las suturas ptéricas
el camino que debe recorrer es pequeño, el espesor de los huesos es re-
ducido; en la región mastoidea el hueso es muy espeso y, sin embargo,
las invade la osificación después de las demás sinartrosis.
Busquemos estas influencias en las grandes articulaciones del cráneo,
donde la obliteración sigue una marcha definida, y donde los ejemplos
citados anteriormente podemos multiplicarlos estudiando cada región,
para llegar, no obstante, á idénticas conclusiones. Los Fueguinos que
presentan complicaciones simples, ofrecen medias de obliteración más
elevadas que la serie de Oalchaquíes en los que la complicación al-
canza altos valores — como en ninguna otra serie — con una sinostosis
baja. Esto contradice la conclusión del párrafo anterior de que las su-
turas simples no se obliteran rápidamente. Los Patagones de Santa Cruz
ofrecen también á una complicación reducida una elevada obliteración,
y los Patagones de río Negro complicaciones sencillas y sinostosis me-
nores; por lo que puede deducirse lo vaga é incierta que es la influen-
cia. déla complicación para aportar alguna conclusión más ó menos fun-
dada.
Todos afirman, basándose en grandes y pequeñas estadísticas, que no
1 Kntms, Ibid., 118.
— 405
existe influencia alguna, de parte de las complicaciones; sabemos que son
sólo una, serie de irregularidades formadas por senos agudos ú obtusos,
con pocos ó muchos dientes á veces sinuosos, ondulados, rectilíneos con
dentículos ó sin ellos, que limitan los bordes «le los huesos trabándolos
entre sí, impidiendo en la edad primera ó una, disposición anormal ó una
detención del desarrollo cerebral, que se manifiestan en toda su plenitud
desde la vida embrionaria, permitiendo la adaptación de los diferentes
huesos á una disposición cada vez más convexa externamente.
Las complicaciones en la primera edad, son iguales en las dos tablas;
empiezan á reducirse en el endocráneo á medida que en el exocráneo se
van señalando hasta la madurez, en la, que concluyen por adquirir
pleno desarrollo.
Ya hemos visto cómo la complicación influye sóbrela sinostosis; para
obliterarse una región debe reducirse el espacio que separa un hueso de
otro siendo una línea muy ó poco sinuosa. La obliteración es indepen-
diente de la complicación, su proceso es inverso al de ésta, ella, aparece
cuando el dominio del cerebro sobre el cráneo es menor y en una época
en que la persistencia délas sinartrosis es innecesaria. Bajo este punto
de vista la influencia de la complicación es anulada, su dominio se reduce
continuamente por los avances de la obliteración, y se separan poco del
estado lineal los lados de los ángulos que forman sus dentículos en los
procesos de sinostosis; es fundada la influencia inversa de la oblitera-
ción sobre la complicación, y racional a priori.
Una, prueba poderosa la proporciona más adelante el sexo.
La presión recíproca de los huesos es la causa eficiente de la desapa-
rición de los dientecillos de complicación; estas presiones son más fuer-
tes donde las obliteraciones son más rápidas, al nivel del obclion y de la
pars tempo ralis especialmente. Concepto, éste, fundamental y a l que se
atribuye la desaparición de las suturas. La osificación más ó menos
rápida se subordina, al espesor relativo de la membrana fibrosa sutural
que fija el lugar de aparición de la sinostosis y determina la rapidez de
su marcha y su dirección !.
Algunos autores han emitido la hipótesis de (pie una vascularización
más ó menos rica de las sinartrosis podría influir sobre su obliteración.
Gudden, en sus estudios sóbrela sinostosis anormal, ha podido observar,
experimentando con conejos, una obliteración precoz de las suturas
atando las venas yugulares. Ribbe ha constatado que importantes rami-
ficaciones de las arterias meníngeas se dirigían hacia el obelion. Á loque
añade: si nos acordamos que en los huesos largos las primeras trazas de
osificación aparecen en los puntos donde se dirigen los vasos sanguineos,
pasaría algo análogo en las suturas, y que la sinostosis comienza en
Riijuic, lbul., lOtí y siguiente.
406 —
la región interforaminal á causa del exceso de vascularización que toma
asiento en esa parte.
Hemos observado con mucha frecuencia á la pars media de la oceipito-
mastoidea completamente obliterada en ¡as vecindades de los forámenes
mastoideos, y á la pars inferioris en condiciones idénticas por la misma
razón.
La cuestión de la sinostosis lejos de ser sencilla es más bien comple-
ja ; pues, si una obliteración precoz es debida á una circulación arterial
activa, atando las ramificaciones de la carótida debería retardarse la osifi-
cación en las regiones (huido circula, pero hecha esta experiencia por
Grudden *, sólo observa una diminución en el desarrollo de esas regiones,
no pareciendo influir sobre la sinostosis. La experiencia de las yugulares
significaría sólo que la estagnación sanguínea favorece la obliteración ;
opinión de Gudden autor de dichas experiencias. Este autor opina, tam-
bién, que el aumento de la presión sanguínea obliga á ciertos vasos á
atravesar la membrana sutural, de manera que provoca la producción
de puentecillos óseos.
Luego; la influencia directa que á la circulación parece atribuírsele en
los fenómenos de la sinostosis normal están aun mal definidos. Si existe
una probable influencia-, ella, ejercería, su acción por intermedio de la
presión ósea que se haría más ó menos poderosa favoreciendo ó retardan-
do el desarrollo de los huesos con una mayor ó menor irrigación san-
guínea 1 2.
§ II
INFLUENCIA DEL METOPISMO
La presencia de la sutura metópica es sabido que varía según las ra-
zas, siendo por las grandes estadísticas, más frecuente en los grupos inte-
lectualmente superiores. La hemos observado dos veces en 200 Patago-
nes del Chubut ; una sola vez en 119 cráneos de Araucanos y otra vez en
105 Patagones de río Negro. El doctor ten Kate la registra con una fre-
cuencia de 2,7 en 110 cráneos de Oalehaquíes.
Hemos, así, reunido una pequeña serie en número de diez, habiendo
entre ellos dos cráneos Peruanos,
Las fórmulas de obliteración de las demás grandes sinartrosis y de la
medio-frontal se conducen entre sí del siguiente modo:
1 Gudden, Beeherehes experimentales sur la vroissance da ordne ; ex Ríbbk, Ibid.,
107 y ¡úgiiionto.
s Ríbbe, Ibid., 109.
— 407
Sinostosis externa de laa grandes suturas
I? O T
15 V O L
L M A
0,95-1,00-1,30
1,20-1,10-1,10-0,80
0,00-0,85-0,15
1,08
1,05
0-63
Sutura mctópica
S M 1
0,90-0,80-1,10
0,93
Sinostosis interna de las grandes suturas
2,21-2,40-2,40 2,00-2,30-2,30-2.30
1,80-2,05-2,05
2,33
2,45
1,96
Sutura mctópica
1,40-1,50-1,60
1,50
La sutura metópica comienza á obliterarse en la pars sitperioris y en
la pars inferioris ; es más libre la para media en el exocráneo y en el en-
doeráneo su máxima obliteración se manifiesta en la pars inferioris. Los
valores de la pars media son tan elevados como en los Europeos, en los
•pie la. obliteración metópica comienza al nivel de una línea que une los
frontales en su parte externa más convexa 1 invadiendo, por su parte
superior, la coronal y, por la inferior, hasta la raíz de la nariz.
La pars sitperioris y la media son las últimas en desaparecer. La sutura
mctópica resulta con relación á las demás grandes sinartrosis invadida
posteriormente y no afecta la marcha general de la sinostosis.
La región anterior del cráneo en las razas Americanas, Mongólicas y
Polinesias presentan fuertes obliteraciones en las divisiones de la coro-
nal; y, una probable influencia de esta sinostosis, acelera la desaparición
de la sutura, mctópica.
Su complicación está á la altura do la sutura sagital y es mayor que
la de la coronal.
1 Riimrc, Ibid., 124.
— 408 —
Complicación (le las grandes suturas
1,56-3,45-1,05
2,02
2,00-2,90-1,10-2,80
2,20
4,20-4,30-3,95
4,14
Salara me tópica
2,20-2,90-1,60
2,25
Sumando las medias externas é internas de las regiones en la oblite-
ración metópica, dividiendo por dos y comparando con las medias corres-
pondientes de complicación, la sutura medio-frontal resulta más obliterada
donde es menos complicada en la pars inferioris; y menos obliterada
donde es más complicada en la pars superioris y en la media.
Welcker admite la iniluencia hereditaria en la persistencia de la sutu-
ra metópica. ¿Obedece aquella poca frecuencia en las razas inferiores á la
rápida desaparición do la articulación fronto-parietal ? Todo parece con-
firmarlo, si nos atenemos á Ja alta frecuencia como no aparece en las razas
Caucásicas el torus sayitlalis ossi J'ronti.
En los Europeos, la parte media de la sutura metópica inicia la osifica-
ción extendiéndose hacia la coronal, desapareciendo muy tarde la parte
inferior de la sutura; en nuestras series, comienza en la pars inferioris
salva la pars media y se acentúa nuevamente en la pars superioris.
§ III
INFLUENCIA DEL SEXO
En las colecciones del Museo abundan los cráneos femeninos; en
los Patagones del Ohubut los hemos determinado en una proporción
casi igual; en los Calchaquíes son menos abundantes, habiendo dudosos
en bastante número; por fin, en los Patagones de río Negro, el sexo es-
tá bien representado y en las pequeñas series predominan los mascu-
linos.
En las series femeninas hemos estudiado las sinartrosis como en las
grandes series, y establecemos sus relaciones comparando con grupos
mixtos y con series proporcionales de cráneos de hombres.
Las suturas coronal, sagital y lambdoidea en los cráneos de mujeres,
presentan medias constantemente menores que en los de hombres; hay
— 409 —
un retardo en la osificación de las grandes siuartrosis, carácter que se
hace extensivo á las suturas del pteriony á 3a occipito-mastoidea.
En 3a pequeña serie de Calchaquíes, la. osificación es elevada en los
cráneos masculinos; en los grandes grupos de Patagones y de Arauca-
nos las diferencias se acusan más, presentando la tabla externa de los
masculinos una sinostosis que se eleva hasta el doble de la correspon-
diente femenina en todas las articulaciones y especialmente la coronal
y sagital. La. obliteración de la sutura lambdoidea del exocráneo de los
femeninos, llega á ser hasta tres veces menor de la correspondiente mas-
culina. Se conserva, también menor en el endocráneo, y en las mujeres pro-
porciona una. diferencia profunda esta, misma sutura; su obliteración se
retarda de una manera absoluta en nuestras razas Americanas, hecho que
el doctor Bibbe establece para este mismo sexo en las razas medias é in-
feriores
Según el autor citado el índice antero-posterior, no es más elevado en el
hombre que en la mujer para las razas Caucásicas ; casi la ventaja sería
para la mujer, siendo la capacidad frontal en ambos sexos la misma y la
capacidad general más elevada en el hombre; sin embargo, no es una ra-
zón para, que la invasión de la sutura coronal sea más rápida en la mujer.
Esto no puede pasaren las razas inferiores Mongólicas y Polinesias,
donde las diferencias entre la osificación y el sexo son bien definidas, co-
mo en los primitivos habitantes de nuestro suelo.
Las siguientes medias de osificación de las sinartrosis en los dos sexos
hablan más claro *
Sinostosis en los femeninos Sinostosis en los masculinos
Osificación antero-posterior
Femeninos Masculinos
Calchaquíes 0,67 0,72
Araucanos 0,65 0,84
Patagones 0,56 0,92
La complicación so conduce con el sexo de una manera singular y
explicable por el retardo general que hay en la osificación ; esta es cons-
tantemente más complicada en el sexo femenino, guarda pequeñas dife-
rencias en las series poco numerosas de ambos sexos, como ser la coro-
nal de los Calchaquíes, y se define claramente en los de Araucanos y Pata-
' Rinnrc, Jbid., 131.
410 —
gones para todas las grandes sinartrosis ; mientras en las suturas ptéricas
adquieren valores que, si no exceden mucho entre sí, se conservan cons-
tantemente mayores.
Tito Picozzo confirma la anterior observación, pues este autor ha exa-
minado 1000 cráneos de Europeos (494 y 500 ¿) y ha encontrado la
para complicata de la coronal sumamente complicada, en 38,1 por cien-
to de los individuos ■{ y 42,3 por ciento en los $ ; y simple en 0,3 por
ciento de los primeros y en 0,4 por ciento de lo últimos \
En las series de Patagones y Araucanos las expresiones de complica-
ción se acumulan y la observación es más rigurosa.. Las medias de com-
plicación de las suturas coronal, sagital y lambdoidea se conducen del
siguiente modo :
Masculinos
Femeninos
Coronal Sagital Lamlidoidca
48 Patagones 0,!)1 1,22 1,52
52 Araucanos. 0,89 1,03 1,49
48 Patagones. 1,15 1,53 1,87
52 Araucanos.. 1,15 1,45 1,88
Las grandes sinartrosis y las articulaciones laterales son complicadas
en el sexo femenino ; hecho ligado, sin duda á una menor capacidad
y á un tipo craneano grácil.
§ IV
INFLUENCIA DE LA EDAD
La osificación de las suturas no guarda relación con la edad, siendo
común el observar cráneos jovenes cenias sinartrosis comenzando á obli-
terarse, cráneos adultos con las suturas obliteradas y cráneos seniles
sin la menor traza de osificación.
En este punto, la opinión de los distintos autores que se han ocupado
de relacionarla á mayor ó menor edad y servirse así para su determina-
ción es unánime en no atribuirle valor riguroso ; puede aparecer en
cualquier edad ó no aparecer nunca. Según Ribbe, el observador más
experimentado que determine la edad sujetándose al estado de las su-
turas, no dejaría de exponerse á errores de 15 á 20 años.
En nuestros grupos, hemos encontrado sólo algunos cráneos pertene-
cientes á sujetos cuya edad es conocida; pero, todos ellos presentan obli-
teraciones tan avanzadas, que es difícil determinar la edad probable en
1 Picozzo, Ibid., 150.
— 41 1 —
que ha comenzado, no Iim.I >í<mi<I<> estados intermedios do las divisiones y
siendo casi completa, la desaparición de las grandes sinartrosis.
Considerando estas series en conjunto, la sinostosis es rara en los jó-
venes y en los adultos, y observando grupos de cráneos maduros la in-
vasión es acentuada y muclio más en los seniles; sin embargo, esta ob-
servación pierde su valor cuando se compara en los individuos, pues es
entonces que aparecen excepciones numerosas y el problema de su
relación con la edad no se define.
Por las semejanzas observadas en el orden normal de obliteración de
estos grupos con las razas medias é inferiores, la osificación las invade
en una edad temprana y más rápidamente que en los Europeos.
Según Itibbe *, en las razas Negras y Oceánicas la sutura sagital
comienza á obliterarse en los casos medios entre 25 y 28 años. La sagi-
tal toda, la coronal rápidamente y la lambdoidea con más lentitud; las
suturas del pterion y la escamosa son muy tardías en desaparecer, igno-
rándose la causa de este retardo ; pero no se sabe si la osificación general
finaliza más pronto en las razas inferiores que en los individuos blancos.
Las observaciones de distintos autores fijan en las razas Europeas, la
aparición del proceso entre 35 y 50 años. Pommerol dice que la osifica-
ción aparece entre 40 y 50 años. Topinard establece que á los 40 años
la bi parietal se oblitera por el obelion ; si la coronal se osifica en breg-
ina el sujeto tiene 50 años ó más; la sutura temporal obliterada acusa 70
años, y las sinostosis intermedias, según el orden de obliteración, co-
rresponden á edades también intermedias.
Iíibbe, sobre 2200 cráneos de razas diversas que ha estudiado, sólo en
50 casos pudo tener la edad exacta, 40 para las razas superiores y 7 ú 8
para las inferiores. La obliteración había aparecido en los casos extre-
mos en uno á los 21 años, en otros á los 55, observando entre estos dos
límites todos los casos intermedios posibles. En los casos medios la si-
nostosis parece manifestarse en los 40 y 45 años, entendiéndose que si
se opone los casos que ha aparecido temprano á los que la acusan en una
edad tardía se obtiene una media que oscila, entre 40 y 45 años.
No se puede precisar, pues, el momento que aparece y tampoco se pue-
de decir cuándo termina. Todos los autores repiten, y lo mismo Ribbe, el
ejemplo de aquel viejo muerto á los 102 años en la plenitud de sus
facultades mentales y con la mayor parte de las suturas libres, conservan-
do á pesar de sus años , una eterna juventud.
' Rumie, lbul., 127 y siguientes.
— 41 g —
§ v
INFLUENCIA DEL INDICE CEFÁLICO
En todas las razas, una de las influencias más definidas con relación á
la osificación es la del Índice cefálico. En los Europeos, cuando la media
de la lambdoidea supera á la media de la coronal, el indice es braquicéfalo;
las series en las que se observan obliteraciones precoces de la fronto-
parietal, las forman cráneos de índice dolicocéfalo, y las series intermedias
por la marcha de la sinostosis lo son también por la del índice cefálico.
Ribbe no reconoce á todo esto un orden absoluto, las influencias que
hacen variar la obliteración son múltiples y el índice parece integrarlas
encerrando un fundamento esencial : las relaciones del encéfalo con el
cráneo, que pueden ser paralelas ó divergentes.
Hecha abstracción de las variaciones del índice con la edad, con el
sexo y las variaciones individuales cuyo conocimiento se va fundando en
grandes estadísticas, y de la incertidumbre con que distinguidos antro-
pólogos definen estas influencias, como ser la del sexo, según la cual
«debemos considerará la mujer como menos dolicocéfala en las razas muy
dolicocéfalas y menos braquicéfala en las muy braquieéfalas », aumenta
su complejidad al relacionarlo con la obliteración de la sinartrosis.
Ya dijimos, que Ribbe define la influencia del índice cefálico como pa-
ralela á la del indice antero-posterior, y (pie las más notables separacio-
nes las presentan los cráneos de índice bajo.
En las razas Oceánicas á la dolicocefalia acompaña diminuciones
del índice de osificación debido á un retardo constante de la sinostosis
de la sutura lambdoidea.
En nuestros grupos también se presentan estas diminuciones de la
osificación, aunque menos manifiestas que en los anteriores.
Para aclarar la relación del índice cefálico, cuya proporción de dife-
rentes valores que puede tomar en todos estos grupos es suficiente, con
relación á la obliteración de las suturas, liemos descompuesto las series
según sus valores altos, medios ó bajos y reunido en un cuadro las
medias de osificación de las grandes sinartrosis. el índice antero-poste-
rior y el índice cefálico medio.
Se observa, así, que al llegar á la braquicefalia, la osificación es ele-
vada, siendo poca la diferencia entre las dos grandes suturas transversa-
les; hecho que no se anota para el índice inesocéfalo, subdolicocéfalo y
dolicocéfalo, donde la separación es más profunda; mientras en el grupo
hiperdolicocéfalo la sinostosis se acentúa habiendo una nueva elevación
del índice antero-posterior (pie equilibra la osificación entre la sutura
coronal y lambdoidea.
— 413 —
Diremos, ¡mes, que Ixs viM'iaoioncsoxbroniíis <lc! índico se correlacionan
á análogas variaciones déla osificación, conduciéndose con la braquicefalia
la sinosfcosís de nuestros grupos Americanos como en los tipos Caucásicos,
Oceánicos y Melanesios; pero, con la Uiperbraquícefalia comienza una di-
minución en lu osificación, siendo acusada la diferencia entre la sinostosis de
las suturas fronto-parietal y oceipito-parietal, que se acentúa notablemen-
te en los «ltrabraquicéfalos, descendiendo por esta causa el índice an tero-
posterior áO, 58 valor queen contramos nuevamente en los subdolicocéfalos,
MEDIAS DE OSIFICACIÓN DE DAS GRANDES SUTURAS, ÍNDICE ANTERO-POSTKRIOR
É ÍNDICE CEFÁLICO MEDIO
414
Un índice tan elevado cansado por deformaciones, retarda la oblitera-
ción (le las sinartrosis, equilibrándose su inedia con los valores de osi-
ficación de cráneos con índice cefálico intermedio.
Á partir de las series mesocéfalas, el índice antero-posterior disminuye
gradualmente, marcando un valor de 0,51 ; al llegar á la dolicocefalía la
diferencia en la desaparición de las sinartrosis vuelve á presentarse y el
índice de osificación señala un valor de 0,(>3, es decir, que de un punto in-
termedio hacia el otro extremo, la sinostosis vuelve á aumentar paulati
tinamente alcanzando en los hiperdolicoeéfalos la elevada media de 0,83.
En los Europeos, la osificación antero-posterior es de 1,08 para 15 crá-
neos hiperbraquicófalos, la obliteración en ellos va aumentando con la
elevación del índice; inversamente, toma Itibbe 1 cráneos del mismo grupo
étnico que ofrecen la más considerable dolicocefalía en número de 20 con
un índice cefálico medio de 74,5 y obtiene una osificación antero-posterior
de 0,70; lo que prueba que en los Europeos muy dolicocéfalos el índice
de osificación no disminuye.
Se evidencian las relaciones expuestas anteriormente en nuestros gru-
pos, después de haber desintegrado con la tabla los diferentes valores
de la obliteración y del índice, é integrándolos nuevamente en el cuadro
siguiente, donde es sencilla; hecho que el doctor Iiibbe ha probado en
otras agrupaciones étnicas medias é inferiores, caracterizándose en al-
gunas de éstas con particularidades propias, como ser el aumento de la
osificación con el aumento de la dolicocefalía, lo que no acontece en
las razas más próximas de nuestros Americanos, como ser los pueblos
Oceánicos dolicocéfalos, en quienes la obliteración disminuye.
Rinmc, Ibicl., 134.
— 415 —
En nuestros grupos, la. sinostosis aumenta, eon la. dolieoceíalia y se
conduce como en los .Europeos; en los cráneos hiperbraquicéfalos se re-
tarda la osificación, lo que especialmente se manifiesta, en los cráneos
ultrabraquicéfalos.
Influencias de otro orden á las normales son las que produce un ín-
dice tan elevado, y á esta causa compleja debemos referir las diminucio-
nes del índice entero-posterior.
Compara el doctor Eibbe 1 la osificación de los Europeos dol i coeéfalos
con los correspondientes en las razas Oceánicas y observa, como ya lo
hemos dicho, diminuciones en el índice de obliteración de estos últimos,
á. lo que agrega: es una. nueva, razón para, invocar otras influencias, ade-
más de la do! i ce celaba , para explicar la diminución extrema, del ín-
dice en las razas Oceánicas.
Las variaciones de la osificación de las grandes sinartrosis en nuestros
grupos, se acentúan en la coronal y lambdoidea la sagital es la más
insensible á la influencia del índice cefálico pues el desarrollo transver-
sal del cráneo es más rápido y esta sutura, en la que se inicia, la. oblite-
ración, permanece más tiempo libre con la influencia del índice ultrabra-
quicéfalo; variación sensible para un caso de índice extremo, á cuya
producción concurre una fuerte deformación occipito-vertical y fronto-
sincipito-parieto-occipital con depresiones en el curso de la sinartrosis,
que elevan como en ningún caso el diámetro transverso máximo.
En estas condiciones el desarrollo es anormal, el cerebro pide á las
partes débiles el espacio que la deformación artificial le quita; ejerce pre-
sión sobre las regiones lobulares de los huesos frontales y parietales; los
dentículos de complicación interna no pueden hundirse en el diploé y no
puede iniciarse la obliteración normal en la. edad adulta y madura,
cuando el encéfalo va perdiendo su influencia sobre el cráneo. Prosi-
guiendo el aumento «le los huesos en espesor y longitud con las disposi-
ciones impresas por esta fuerte deformación, la osificación so adapta á
los excesos ó defectos de actividad funcional, que una desaparición pre-
matura de alguna sutura impone á los demás, ó á una distribución igual
del trabajo — que parece sor el caso — por los efectos «le una deforma-
ción compleja, permaneciendo así, las sinartrosis más tiempo libres.
En los Gal chaqui es la sutura coronal se sinostosá normalmente, la
lambdoidea se retarda y la bi parietal sufre más los efectos de la defor-
mación, su orden en las divisiones no se altera, disminuye simplemente
su sinostosis general como en las demás sinartrosis, acusando, en gene-
ral, un índice antero-posterior bajo.
La sinostosis de las articulaciones del cráneo en los braquicéfalos, se
Eibbe, Ibid., 138 y siguientes.
— 416
reparte como en los dolicocéfalos y en ambos casos es elevada la oblite-
ración de la sutura lambdoidea.
Reuniendo un grupo de 15 cráneos hiperdolicocéfálos, la osificación
se conduce así :
Coronal
Sagital
Lainlxloidea
0,í)li
El índice de osificación es 0,73; la sutura fronto-parietal se halla nueve
veces libre contra seis casos obliterada, la biparietal ocho veces libre
contra siete y la lambdoidea diez veces libre sobre cinco veces osifi-
cada ; la mayor frecuencia en la desaparición corresponde, pues, á esta
última sinartrosis. No podemos referir la interpretación de la dolicoce-
falia normal á una rápida obliteración de alguna de las grandes sutu-
ras, pues no existe. En los demás índices ya hemos definido cómo se
conduce las variaciones de la sinostosis.
§ VI
INFLUENCIA DE LA CAPACIDAD CU ANEAN A
Como en los demás capítulos, hemos estudiado esta influencia por los
valores de las medias de osificación, agrupando á las series por su capa-
cidad mayor, intermedia y menor. En el cuadro que sigue se hallan re-
unidos los valores de la sinostosis con los de la capacidad y el índice de
osificación.
Los Patagones son hombres altos, no lo son los Araucanos, ni los
Oalchaquíes ; las medias generales de la capacidad craneana respon-
den á este carácter. Los Patagones tienen una media de 1509 centímetros
cúbicos los hombres y de 1384 las mujeres; los de río Negro dan 1497
centímetros cúbicos los hombres y 1374 las mujeres; los Araucanos,
1426 centímetros cúbicos los hombres y 1331 las mujeres; los Oalcha-
quíes 1337 centímetros cúbicos los hombres y 1224 las mujeres; los
Fueguinos quedan incluidos en el grupo patagónico pues su capacidad es
de 1438 centímetros cúbicos; los Patagones de Santa Cruz, inclusive un
pequeño grupo del Lago Buenos Aires, tienen una capacidad de 1480
centímetros cúbicos. Los indígenas del Neuquen, se ligan á los Arauca-
nos pues su media es de 1415 centímetros cúbicos. Los Tobas del Chaco
se aproximan al grupo Calchaquí, y su media general es de 1304 centí-
metros cúbicos.
Los Oalchaquíes no son tan bajos como parece indicarlo su capacidad
417
craneana, Jo mismo que los Tobas. En los Polinesios la capacidad es una
de las más elevadas, mientras que los Hindúes y los Egipcios tienen un
cráneo pequeño, siendo la talla de estos últimos arriba de la media.
No tomando en cuenta la influencia «leí sexo, poco conocida desde este
punto de vista — por vez primera, lian sido cubicados y observada la osifi-
cación de las grandes suturas en los cráneos grandes por su capacidad —
las medias de obliteración en 45 de ellos con capacidades que oscilan entre
1835 y .1555 centímetros cúbicos, dan los valores siguientes : coronal
2,07 ; sagital 2,30; lambdoidea 1,40. Por el contrario, 32 cráneos com-
prendidos entre una. capacidad pequeña, y la, mierocefalia, 1200 á 1062
centímetros cúbicos, tienen las medias en la coronal de 1,07, sagital 1,02
y lambdoidea, 0,60; la, osificación es proporcionalmente menor á, los ante-
riores debido al número de cráneos femeninos incluidos.
El índice antero-posterior, no se separa mucho en estos dos grupos,
siendo 0,67 para los de gran capacidad y 0,64 para los pequeños; las si-
nartrosis transversales no se distancian por su sinostosis, y parecen
equilibrarse repartiéndose uniformemente la osificación.
La desaparición de la sutura lambdoidea es constantemente menor en
los cráneos de ca,pacidad elevada; culos pequeños, su obliteración puede
hacerse mayor. Recordaremos que existen en estos casos influencias
complejas cuyos efectos pueden superponerse.
Sólo interpretamos sujetándonos rigurosamente á los valores medios.
El índice de osificación para, todas las capacidades es constantemente
menor al quo ofrecen los Europeos. De las observaciones del doctor
Ribbe se deduce que para cráneos Parisienses con una capacidad en-
tre 1500 y 1600 centímetros cúbicos, el índico alcanza valores de 1,00 y
1,25. Ninguno de nuestros grupos con elevada capacidad señala tan alto
índice, pues examinando las agrupaciones diversas del cuadro se notan
valores comprendidos entre 0,50 como mínimo y 0,77 como máximo, esto
es, mucho más inferiores á las medias de las razas Caucásicas.
418
CAPACIDAD CKANIOANA, MIODIAS DIO OSIFICACIÓN DIO I.AS GKANIíIC.S SCTCKAS
É Indicio antioko-postkkiok
Nota. — D., N. D., d = deformados y no deformados y dudosos.
Si liay índices elevados, su número es reducido y el valor anterior es
el que domina.
En los cráneos con capacidades intermedias entre las grandes capad-
419 —
(Indos y las pequeñas, las diferencias entre; las obliteraciones de las dos
suturas transversales son. con más frecuencia acentuadas ; su índice lo-
gra alcanzar valores aproximados á los de los Europeos, sin apartarse de
la regla general ya indicada, alcanzando en los Araucanos el valor de
0,84 para capacidades comprendidas entre 1490 y 1400 centímetros cú-
bicos ; en los Patagones de río Negro 0,90, para capacidades de 1395 á
1300 centímetros cúbicos y en los indígenas del Neuquen 0,94, para 1495
basta 1070. Sin embargo, se advierten en este grupo diminuciones
acusadas del índice como ser 0,52 en los Patagones, de 1450 á 1290
centímetros cúbicos; 0,03 en los Patagones de río Negro, comprendidos
entre 1495 y 1415 y 0,70 para los Tobas de 1480 á 1200. Son valores
demasiado variables que corresponden á una de las influencias menos
definidas y difícil de establecer claramente.
Por las anteriores observaciones las sinartrosis permanecerían más li-
bres en las grandes capacidades, y más obliteradas con las intermedias
y los casos de microcefalia.
El aumento de la masa encefálica, debe pedir espacio á las suturas co-
ronal y lambdoidea para dar cabida á un encéfalo grande.
Esto no se lince extensivo á la biparietal, la que se muestra muy obli-
terada en los cráneos grandes, y en los que su osificación se eleva sensi-
blemente sobre las inedias de los demás grupos.
Según el doctor Ribbe, todos los caracteres que manifiestan un estado
intelectual se estrechan íntimamente á las variaciones del índice cefá-
lico, del sexo y de las complicaciones, incluyendo la capacidad, y expli-
can las diminuciones ó los aumentos del índice de osificación antero-pos-
terior.
Observando ahora la obliteración según los valores decrecientes de la
capacidad para cada serie, encontramos que en los Patagones con capaci-
dades entre 1735 y 1300 centímetros cúbicos, los índices de dos grupos
señalan valores de 0,98 y 0,52, y que para capacidades desde 1510 á 1185
centímetros cúbicos, tienen unos índices de 0,1 4 y 0,48; pero, recuérde-
se que estos dos últimos grupos son femeninos y todos ellos sin defor-
maciones.
En un grupo de Patagones deformados, para capacidades de 1765 á
1200 centímetros cúbicos, dan 0,70 y 0,79; y 0,53 para capacidades
menores. La media de los índices antero-posterior para cráneos defor-
mados es de 0,07 y para los que no tienen deformaciones sensibles 0,53.
En los Calcliaquíes deformados, la osificación guarda idénticas rela-
ciones con una mayor ó menor capacidad; 0,04 es el índice para cráneos
de 1572 á 1315 centímetros cúbicos, y 0,61 para capacidades de 1299 á
1155 centímetros cúbicos.
En los Patagones de río Negro, con una capacidad comprendida en
1835 y 1401 centímetros cúbicos, deduciendo la media de los índices de
HGV. MUSEO LA PLATA. — T. 111. (X, 25, 190!).)
29
— 420
osificación do tres grupos con representantes de ambos sexos, obtenemos
un valor de 0,(35 y en otras tres series de capacidad entre 1385 y 1300
centímetros cúbicos un valor de 0,82. En el primer grupo las sinartrosis
están más libres que en el segundo. Los Araucanos presentan las mis-
mas particularidades, pues á las grandes capacidades corresponde un
índice de 0,70, oscilando entre 1755 y 1400 centímetros cúbicos; y un
valor de 0,83 para cráneos comprendidos entre 1445 y 1155 centíme-
tros cúbicos; pero haciendo abstracción del sexo.
Las grandes capacidades y las pequeñas corresponden á individuos
de estatura alta, baja ó media y las anteriores observaciones encierran
retardos ó aceleraciones, que las sinartrosis sufren por la mayor ó me-
nor capacidad. Como las funciones psíquicas se localizan en los lóbulos
anteriores del cerebro, á medida que éstos se desarrollan, la sutura co-
ronal debe contribuir con un desarrollo paralelo del frontal. El exceso de
trabajo que resulta para esta sutura se traduce ó por una actividad más
grande en la juventud ó por una actividad más tiempo conservada 1 ; en
ambos casos su osificación se hallará retardada con relación á las de-
más. Esta es la hipótesis de Gratiolet por la que explicaba todas las di-
ferencias observadas en las razas y en los individuos, en la marcha de la
sinostosis. Preocupado de las relaciones de la inteligencia y del cerebro,
conocía bien la íntima unión entre la capacidad y el volumen del encé-
falo, y considerando á su desarrollo como paralelo, lo indujo á ocuparse
de las sinartrosis, que son los elementos principales del crecimiento del
cráneo 2.
Según este anatómico, las suturas del cráneo en las razas inferiores
son invadidas por la osificación más rápidamente que en las razas supe-
riores; luego, en aquéllas, la obliteración marcha de adelante hacia
atrás y en las últimas, de atrás hacia adelante.
Al decir una raza inferior, nos referimos á su estado intelectual, que
relacionamos á un cerebro menos voluminoso, de crecimiento rápida-
mente terminado. Deteniéndose el desarrollo del cráneo con el del cere-
bro y las suturas permaneciendo inactivas, son invadidas por la osifica-
ción; desde luego, la primera conclusión del párrafo anterior es exacta,
sin embargo las excepciones son numerosas y la realidad le es completa-
mente opuesta.
La segunda conclusión era conocida bajo el nombre de ley de Gratio-
let pues este observador admitía que el desarrollo de la inteligencia era
proporcional al volumen de los lóbulos anteriores. Según él, lo que distin-
gue un Europeo de un Hotentote es, sobre todo, el desigual desarrollo de
' Rimus, lbid., 147.
8 RlliliU, xbid., 31.
421
aquellos lóbulos con relación á una desigual inteligencia; hallando en es-
tas ideas generales una explicación plausible de su ley. En las razas supe-
riores ó razas «frontales» del mismo autor, el crecimiento de la. parte pos-
terior del cerebro y la correspondiente del cráneo, terminaría antes del
desarrollo de los lóbulos anteriores. Y la sutura lambdoidea cuyo papel
se lia llenado, se osificaría antes de la coronal encargada de contribuir
todavía al desarrollo del frontal l.
Lo inverso se produciría en las razas inferiores (razas «occipitales»),
en las que el crecimiento cerebral y craneal termina rápidamente ade-
lante, obliterándose las sinartrosis correspondientes.
Si recordamos el estudio general de la obliteración, aparece una
contradicción real entre estos conceptos de Gratiolet y el orden de osi-
ficación normal en todos nuestros grupos étnicos ; pues, si en ellos la
obliteración de la coronal es rápida, la osificación no se propaga de ade-
lante hacia atrás y se dirige en los dos sentidos, desde las partes medias
de la sagital, habiendo comenzado su proceso en la pars tempo ralis, en
el obelion ó el verter.
Según Itibbe, existen entre las razas diferencias profundas en la mar-
cha de la osificación, que según los casos prefiere la sutura coronal ó la
lambdoidea. Si en todas las razas inferiores — inclusive los primitivos
habitantes de la República Argentina — las medias de la sutura coronal
se muestran elevadas, la ley de Gratiolet á pesar de la exageración de su
fórmula expresa una tendencia natural inatacable 2.
Pero, no es así; examinando el conjunto de nuestras series, si ellas
presentan constantemente inedias elevadas en la coronal, las excepcio-
nes son, no obstante, numerosas; baste decir que en la tabla interna
predomínala obliteración coronal, pero, en el exocráneo su dominio so-
bre la biparietal disminuye, que en el vasto grupo patagónico de río
Negro la. osificación de la coronal es menor que el de la sagital; que en la
segunda serie de Patagones del Ohubut sucede lo mismo como en los
Patagones de Santa Cruz y Fueguinos; variando, además, en los indivi-
duos al infinito el orden de invasión de las distintas regiones de las
grandes sinartrosis.
El argumento más poderoso para el abandono definitivo de la ley que
nos ocupa, lo aporta el mismo doctor Itibbe y consiste en que representan-
tes importantes de razas blancas como ser los Egipcios, Árabes, Canarios
é Hindúes, so conducen en la obliteración de una manera no muy dife-
rente de los Negros y Australianos, en los que el tipo inferior está bien
manifiesto 3. No poseemos suficientes elementos para definir en estos
1 Rumie, Ibid., 32.
2 Rumie, Ibid., 100.
3 Rumie, Ibid., 100.
422
grupos las relaciones de la sinostosis normal con la inteligencia; el doc-
tor Ribbe dice que en las razas Europeas, es tan íntima esta subordina-
ción que el índice antero-posterior alcanza elevaciones extremas sólo
en cráneos de hombres que fueron ilustres ó distinguidos, en los que
alcanza valores de 1,35, superior 0,30 al de los Parisienses ; ya sea
por la superioridad de su organización cerebral ó que las mejores condi-
ciones higiénicas les haya permitido llegar á una edad avanzada; pu-
diendo además, explicarse por un desigual funcionamiento en relación
con un desigual desarrollo del cerebro l.
Este resultado es completamente opuesto al que se obtiene en los alie-
nados, en los que la osificación no comienza en el obelion como en los
cráneos normales, sino en el vertex. Esta obliteración es común también
á algunas razas Americanas (Brasileños, Colombianos, Peruanos) y á
las razas Oceánicas y á pesar de estar incluidos los Egipcios debe
ser considerado como signo de una inferioridad relativa 2. Este orden de
osificación de la sagital que es anormal en los Europeos, lo hemos obser-
vado normalmente en nuestras series; los Patagones de río Negro y los
Tobas del Chaco lo presentan ordinariamente, uniéndose, así, á la infe-
rioridad ya establecida de otras razas y á un carácter anómalo en los
pueblos caucásicos.
La aparición de la obliteración por el vertex, su propagación rápida
demostrada la débil separación de las medias, y una diminución de la
sinostosis de la sutura coronal que es constante en el grupo de Pata-
gones de río Negro en las dos tablas y en la serie de Tobas para el
exocráneo, con una diminución del índice antero-posterior hasta 0,05 y
0,55 respectivamente, acusan para la sutura sagital una desaparición
más rápida por los efectos de la osificación que la sutura fronto-parie-
tal. Esta última, conserva no obstante, sus valores elevados y excede
constantemente por su obliteración á la lambdoidea.
Resumiendo el asunto de este capítulo, diremos que la capacidad
cráneana délos primitivos habitantes de la República Argentina, tiene
sobre la sinostosis una influencia definida que al unirla á las variaciones
del índice cefálico, del sexo y de las complicaciones, explican las varia-
ciones de la marcha normal de la obliteración y las diminuciones del ín-
dice antero-posterior como en la mayor parte de las razas inferiores.
1 Ribbe, Ibid., 150.
s Ribbe, Ibid., 150.
— 423 —
§ VIL
1NBLUEN01A DE LAS DEFORMACIONES Y ANOMALÍAS OBSERVADAS
La deformación afecta de un modo profundo á la bóveda, podiendo
señalarnos afinidades entre ciertos pueblos. Según Virchow en ninguna
parte del mundo como en América, se encuentran más dificultades para
establecer la. forma craneal normal de los indígenas, porque en ninguna
parte como en ella, se lia extendido tanto el uso de deformarse artificial-
mente la cabeza.
Estas deformaciones, en la mayoría de los pueblos americanos, son cau-
sadas conscientemente como la Natchez de frente erguida y la Aimará de
frente, deprimida ; ó pueden ser accidentales ó inconscientes como las
diversas plagiocefalias observadas en los Patagones y la proyección ma-
nifiesta del cráneo hacia la parte posterior en los Patagones de río
Negro, que sin ser tan acusada como en los Bolivianos, afecta los hue-
sos frontal, parietales y occipital.
El límite entre estas dos deformaciones típicas, no se puede establecer
sin soluciones de continuidad. Se pueden incluir entre las deformaciones
accidentales las plagiocefalias, los aplanamientos del occipital y las
asimetrías en la región astérica, comunes en los Araucanos, Patagones
y Calchaquíes ; y, como artificiales, la deformación fronto-sincipito-parie-
to-occipital de los Calchaquíes y Patagones de río Negro.
En ambos casos la deformación tiene por causa un agente externo,
completamente independiente del orden normal de desarrollo.
Los Calchaquíes adultos, según ten Kate, tienen el 60 por ciento de
los individuos con verdadera deformación artificial, no contando los
casos con asimetrías del occipital, que se pueden incluir en la plagioce-
falia; las deformaciones diversas se reparten así : fronto-occipital er-
guida 17 por ciento; occipital oblicua 3; occipital vertical 31; frontal 3;
fronto-sineipito-parieto-occipital erguida 12, y aplastada 1.
En los Patagones del Chubut, hemos observado deformaciones acci-
dentales en una proporción de 55 por ciento, y en los Araucanos presen-
tan las mismas deformaciones que los anteriores en una proporción bien
acusada de 49 por ciento.
Los Patagones de río Negro presentan al 40 por ciento de sus indi-
viduos con la deformación fronto-sincipito-parieto-occipital ; 8 con apla-
namiento posterior; 10 con asimetrías en el occipital y en la región
astérica; y 20 con hundimientos en la parte anterior de los parietales.
La osificación de 49 cráneos Calchaquíes ultrabraquicéfalos muy
deformados, da para la coronal 1,74; sagital 1,69 y lambdoidea 1,01; su
— 424
índice ántero-posterior 0,58, es un valor de los más bajos. La serie si-
guiente algo menos deformada é liiperbraquicéfala tiene para la coronal
2,17 ; sagital 2,15 y lambdoidea 1,42; siendo el índice 0,05 un poco más
elevado.
Al estudiar la influencia del índice cefálico sóbrela sinostosis, vimos
la relación íntima que tiene la deformación sobre los valores del uno y
las oscilaciones de la otra. En la braquicefalia la obliteración entre las
suturas transversales presenta una diferencia menor y el índice de osifi-
cación desciende á 0,44.
Estas deformaciones, modifican como es sabido el diámetro antero-pos-
terior y elevan el transverso máximo, uniéndose á diminuciones ó
aumentos de la sinostosis de las regiones sin afectar al orden de obli-
teración normal. La deformación contribuye á osificar más en los Pata-
gones y Araucanos.
Las plagiocefalias, los aplastamientos y las asimetrías, afectan casi
siempre á la parte posterior del cráneo y las suturas sagital y lambdoi-
dea se osifican mucho más que la coronal, como puede verse en los gru-
pos siguientes de Patagones, donde los resultados responden á la teoría:
Persisten, pues las diferencias para las dos últimas articulaciones,
siendo acentuada la obliteración de la coronal en los deformados y en
cuanto á la influencia que en este caso ejerce el sexo en el grupo sin de-
formaciones se halla compensada por el mayor número de individuos.
Los Patagones de río Negro, ofrecen particularidades propias; pues,
la deformación fronto-sincipito-parieto-occipital es la más frecuente y su
presencia disminuye la obliteración de las sinartrosis coronal y sagital,
como las siguientes medias lo expresan brevemente, conduciéndose en
este caso como en los Calchaquíes:
Deformados . . ,
No deformados
Cráneos
53
52
Coronal
0,81
0,81
Sagital
0,80
1,11
Lamlaloidea
0,58
0,62
— 425
En cuanto á la influencia que ciertas anomalías ejercen sobre la osi-
ficación son limitadas. El proccssus parietalis squamae tcmporalis eleva
ligeramente la complicación de la sutura parieto-temporál ; proceso que
liemos observado en los Patagones del Chubut, con la frecuencia de 14
por ciento y cuando se halla en una sola escama del hueso temporal, es
más común á la izquierda (7 por ciento). En los Araucanos se presentaba
2 veces á ambos lados, 3 veces á la derecha y í) veces á la izquierda.
En los Calehaquíes su presencia se eleva á 4 por ciento para la derecha
y para la izquierda y 1 sola vez muy desarrollado á ambos lados del
temporal. Y en los Patagones de río Negro 4 por ciento á la derecha
y 5 á la izquierda.
Á las anomalías del temporal se ligan las de la región ptérica; la es-
tenosis que sufren las alas (estenocrotafta), obra sobre la pequeña
sutura, parieto-esfenoidal y á su curso pequeño lo hace mínimo. Puede
muy bien atribuirse á la simplicidad de las sinartrosis ptéricas, el hecho
de desarrollarse el centro de osificación sutural que afecta sensiblemente
á. la. pars tempo ralis.
La reducción de las suturas ptéricas se presentaba en los Patagones
á ambos lados con un 4 por ciento, á la derecha sólo 8 y á la izquierda 4 ;
en los Calehaquíes 11 veces á la derecha y 0 veces para la izquier-
da, con 12 veces á ambos lados en 100 cráneos; en los Patagones
de río Negro G por ciento á la derecha, 5 para la izquierda y 10 en
ambas posiciones.
Cuando el referido estrechamiento logra hacer desaparecer á la sutura
parieto-esfenoidal y la temporo-esfenoidal se toca con la fronto-esfenoi-
dal en un punto ; tenemos, así, el pterion en K, que liemos observado
2 veces en 000 cráneos.
Los diferentes huesecillos, originados por puntos de osificación anor-
males y suplementarios como ser los epiptéricos, wormianos, os apicis
squamae occipitalis , etc., parecen ejercer una influencia retardataria; sin
embargo, nos faltan elementos de criterio para pronunciarnos sobre el
particular.
CAPÍTULO Y"
CONCLUSIONES O ENERA LES
De las comparaciones fundamentales de los distintos grupos étnicos
considerados, se deducen las siguientes conclusiones :
Ia La simplicidad de los dientecillos de las dos divisiones superiores
de la sutura coronal en el exocráneo, es un carácter extensivo á los dis-
— 126 —
tintos grupos estudiados (Patagones, Araucanos, Oalcliaquíes, Fuegui-
nos, Tobas, etc.), exactamente opuesto á lo cpie caracteriza las razas
Indo-Europeas (como ser, Bretones, Parisienses, Sardos, Corsos, Ho-
landeses, Egipcios, Canarios), donde es frecuente manifestarse la máxi-
ma complicación en la pars complicata especialmente. La simplicidad
de la fronto-parietal, es peculiar de los grupos exóticos Taliitianos, Xa-
nacos, Noo-Oaledonios, Negros, Maoris, Chinos, etc.
2a La obliteración endocraneal de las sinartrosis, presenta caracteres
típicos para la osificación de la sutura sagital [exceptuándose los Arau-
canos de la Cordillera y Patagones del Cliubut (2a serie)] y consistentes
en una acusada desaparición del bregma y del lamida, por la rápida
sinostosis de la coronal y tardía de la lainbdoidea, que establece un
orden de obliteración común á los pueblos Polinesios (Maoris, Kana-
cos, Taliitianos), donde el obelion permanece más tiempo libre, y (pie no
es extensivo á los pueblos Caucásicos (salvo dos de nuestros grupos),
por ser esta ultima la región anatómica (pie inicia la obliteración endo-
craneal de la sagital.
3a En el exocráneo, tomando como base de agrupación la región (pie
inicia la osificación, tenemos tres órdenes especiales:
a) Comienza por la para tempo ralis en los Araucanos deformados, Cal-
eliaquíes en general, Patagones del Cliubut (2a serie). Domina la osi-
ficación de las grandes sinartrosis en la región ptérica y en las tres
regiones superiores de la biparietal, siendo propio de todos ellos una
menor obliteración do las pars bregmatiea y complicata de coronal, como
una elevada osificación de la occipito-mastoidea y de la pars temporalis
de la fronto-esfenoidal en los Oalcliaquíes; caracteres extensivos si no
todos, el más importante, á algunos pueblos Aymarás, Malgachos, Pa-
puas, Kanacos, Tahitianos, Fidjianos.
b) Comienza por el vértex en los Patagones de río Negro y Tobas del
Chaco, con elevada obliteración de las tres regiones anteriores ó de todas
las de la biparietal, una rebeldía manifiesta en la desaparición déla pars
temporalis y una alta osificación de la occipito-mastoidea. Este punto de
aparición de la sinostosis externa es también particular de los Austra-
lianos y Polinesios, de los pueblos Mongólicos y otros Americanos, de
los Egipcios y de los Canarios; y no es nunca orden normal en los tipos
francamente Europeos. Es también propio de los Chinos, Anamitas y
Malayos la sinostosis tardía de 1a parte temporal, (pie es, además, exten-
sivo en nuestros grupos á los Onas, á los indígenas del Neuquen y á los
Patagones del Cliubut y río Negro en los que la obliteración
c) Comienza por el obelion, como en los Araucanos no deformados,
Patagones del Cliubut (Ia serie), de Santa Cruz, y varios indígenas
del Chaco, siendo tardía la desaparición del vértex, y acentuada sólo en
estos últimos la osificación de la pars temporalis, como asimismo el breg-
427
ma y el lambda en todos ellos y más ó menos rápida la osificación do las
dos divisiones superiores de la coronal. Este principio de sinostosis
se manifiesta en la mayor parte de los pueblos Caucásicos (Auvernios,
.Parisienses, Alemanes del sur, Vasco franceses, Eslavos, Holandeses,
Árabes, Italianos, Hindúes, etc.), y en gran parte de las razas Negras.
d) En todos estos tres grupos, la lambdoidea se conduce uniforme-
mente, siendo muchas veces precedida por divisiones de la occipito-mas-
toidea y raramente de la fronto-esfenoidal ; las suturas laterales expre-
san sólo aumentos ó diminuciones de la osificación, que invierte su
desaparición entre ellas ; nunca con las grandes sinartrosis ;
o) Los grupos estudiados presentan órdenes de obliteración de bis
regiones frecuentes y raros. Indicaremos como raros para Ja sagital :
obelion , vértex , lambda , bregma (Patagones de río Negro) y vertex, breg-
ma , obelion, lambda (Patagones de río Negro) ; para la coronal : bregma-
tica , tcmporalis, complícala (indígenas del Neuquen y Onas) ó complícala,
temporaMs , breg viatica vPatagones del Chufout y río Negro) y x>ara la
lambdoidea citaremos el orden media, lambda, asterion , propio de los
indígenas del Neuquen y de los Tobas.
4a Las alternativas de la sinostosis normal en las distintas agru-
paciones de los primitivos habitantes de la República Argentina, pre-
sentan particularidades en su marcha general, definiéndose especial-
mente en cada una y entre las grandes articulaciones del cráneo; estre-
chamente ligadas al sexo femenino, por una. menor osificación general y
mayor complicación; al índice, por aumentos con las elevaciones ó dimi-
nuciones de sus valores, y retardándose en la mesocefalia é hiper-ultra-
braquicefalia; á la mayor ó menor capacidad, con una menor ó mayor
osificación respectivamente; á la. deformación, por una acentuación de
la sinostosis debido á plagiocefalias, y á cambios de la. osificación para-
lelos al índice cefálico por la presencia de deformación artificial ; influen-
cias, todas, que al superponerse producen variaciones de la osificación
como en la mayor parte de las razas medias é inferiores.
428
TABLA DE COMPLICACIÓN EN LOS CALCIIAQUÍES
429
TABLA l)K COMPLICACIÓN ICN LOS CALCII AQUÍICS (conclusión)
— 430 —
TABLA DT, OBLITERACIÓN KN LOS
431
CALCHAQUÍKS (COLECCIÓN TEN KATE)
432
TABLA DE OBLITERACIÓN EN LOS
CALCJIAQUÍI5S (COLKCCIÓN TKN KATH)
434
RESULTADO TOTAL EN LOS
435
CALCIIAQUÍES (COLECCIÓN TEN KATE)
interna
1 92
101
! . !)0
REV. MUSEO LA PLATA. — T. III. (X, 2G, 1909.)
30
436
TAIÍLA DE COMPLICACIÓN EN LOS PATAGONES DEL CHUIiUT
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
1(5
17
18
19
20
21
22
23
24
25
26
27
28
29
30
31
32
33
34
35
36
37
38
39
40
41
42
43
44
45
46
47
48
49
50
Coronal
Der.
Izq.
3 3
Sagital
Lambdoidea
Por. Izq.
Fronto-
t; általo id al
Der. Izq.
Parieto-
temporal
Por. lz<i.
Occipito-
ínastoidoa
Per. Izq.
Témpora
eaícnoidal
Der. Izii
437
TAHLA PIO OOM l’I.ICACIÓN ICN LOS I’ATAGONKS DHL CIIUUL'T (conclusión)
438
TA ISLAS lili OHLITICKACIÓN. I’ATACÍ
439
NI5S DHL CJIURUT (COLKCCIÓN POZZl)
Pnrioto-
tumpornl
Por.
ir r-
Izq.
440
TABLAS DE OBLITEK ACIÓN. PATACO
441
NES DEL CHUBUT (COLECCIÓN POZZl)
442
RESULTADO TOTAL EN LOS PATAGONES
443
DEL CIIU11UT (COLECCIÓN POZZl)
interna
444
TABLA. JH5 COMPLICACIÓN KN LOS AltAUCANOS DE LA l’AMPA
445
TABLA 1)15 COMPLICACIÓN ION LOS ABAL'CANOS 1)15 LA PAMPA (conclusión)
446
TABLA lili OBLITKlt ACIÓN ISN LOS
447
ARAUCANOS (COLECCIÓN TEN KATE)
448
TAIií.A J)lí OlSUTliltAClÓN UN LOS
449
ARAUCANOS. (COLECCIÓN T15N KATE)
450
RESULTADO TOTAL EN LOS
Coronal
Dcr.
11. O. T
Izq.
U. C. T.
Sagital
U. V. O. L.
Lambiloidea
Dcr.
L. M. A.
IZ(|.
L. M. A.
Compli
2.98
S i non Ion i v
Sinontosin
451
ARAUCANOS (COLECCIÓN TEN KATE)
REV. MUSEO LA PLATA. — T. III. (X, 30, 1900.)
31
452
TABLA I>U COMPLICACIÓN UN LOS l’ATAGONKS I>I5 BÍO NHGliO
453
TABLA 1)15 COMPLICACIÓN EN LOS PATAGONES DE RÍO NEGRO (conclusión)
- 454
TAUCA DIO D II LITIO II ACIÓN ION L()8 TATACONIOS
455
l)H HÍí) NEGRO (COLECCIÓN MOÜKSO)
456
TABLA DE OBLITERACIÓN EN LOS l’ATAOONES
457
DIO Jilo N ICO ll(> (UOMOOCtÓN AIOIIICNO)
458
ItICSULTADO l'OTAI. UN LOS
Cumplí
Resultado total. . . .
Observaciones
Medias parciales . .
Medias de posición .
Media total
■S iuutslutsia
tiinustouis
459
PATAGONES DIC RÍO NKGKO (COLECCIÓN MOltICKO)
interna
460
TAllLA DIO COMPLICACIÓN” ION LOS I'ATACONICS DIOL CllUliUT
4(5.1
TABLA DE COMPLICACIÓN EN LOS PATAGONES DEL CHUBUT ( COUclimon )
TA ISLAS 1)10 O B LITIO K ACIÓN ION LOS PATAIiONlOS
— 4 (¡2
463
DEL ClIUBUT (COLECCIÓN POZEI-CItEMONESI)
464
TABLA I>K OBLITEB ACIÓN EN LOS PATAGONES
465
I>KL CHU11UT (COLECCIÓN POZZI-CRKMONKSl)
RESULTADO TOTAL EN LOS PATAGONES DEL
Sinostodin
Coronal
4(37
CHU1HJT (COLECCIÓN POZZI-CItKMONKSl)
interna
ItKV. MUSEO LA PLATA. — T. III. (XI, 5, 1909.)
32
468
TABLAS DI! COMPLICACIÓN UN LOS TOBAS, FUEGUINOS, PATAGONES 1)1! SANTA CRUZ
INDÍGENAS DEL NEUQUEN, CHUBUT Y RÍO NEGRO
469
'JA ISLAS DIO COMI*I.!CAOI()N UN 1-08 TOItAS, FUKOUINOS, PATAOONIOS DIO MANTA CHUZ
INDÍGENAS Dior, N10UQU1CN, CIIUHUT Y HÍO N 10(5110 (conclusión)
470
TABLA 1)10 OBLITERACIÓN UN LOS TOBAS,
471
FUEGUINOS Y PATAGONES DE SANTA CHUZ
472
TABLA DE OBLITERACIÓN EN I.OS INDÍGE
— 473 —
ÑAS 1>I'X NICUQUHN, CIIU1UIT Y HÍO NIMiüO
474
HKSUJ.TADO TOTA I.
Sinostosis
475
EN EOS TOBAS
interna
476
RESULTADO TOTAI,
Sinontoais
I
477
EN LOS FUEGUINOS
interna
478
KUSULTAPO TOTAL UN LOS
.
Sinostoais
479
PATAGONES DE SANTA CRUZ
interna
480
KKSULTADO TOTAL 1CN LOS
Sinostosis
481
ÍDÍGENAS DEL NEUQUKN
interna
482
R1CSULTADO TOTAL UN X.OS PATAGON.
Coronal
I)er.
B. C. T.
Izq.
B. C. T.
Sagital
b. \. o. L.
Lambdoidua
I)w.
r.. si. a.
Izq.
Comí •
Sino8l()8¡n
Sinoito- '
Resultado total. . . .
Observaciones
Medias parciales. . .
Medias do posición .
Media total
!
a. J
483
U CHUBUT Y RÍO NEGRO
terna
Sagi tal
2.15
HEV MUSEO LA PLATA,
T. 111. (XII, 11, 1909.)
33
484
COMPLICACIÓN INTERNA DE LAS GRANDES SUTURAS EN LOS CALCHAQUÍES
COMPLICACIÓN INTERNA DE LAS GRANDES SUTURAS EN LOS ARAUCANOS
486
COMPLICACIÓN INTERNA DE LAS GRANDES SUTURAS EN LOS PATAGONES
487
COMPLICACIÓN INTERNA DE I-AS GRANDES SUTURAS EN LOS PATAGONES (conclusión)
INDI C E
DE LAS MATERIAS CONTENIDAS EN EL TOMO XVI (SEGUNDA SERIE, TOMO III)
Bipolaridad de la división celular, por el doctor Angel Gallardo 7
Megacephala (Pliaeoxantha) Tremolerasi, descripsit "Walther Horn 32
Los scories volcaniques otlos tufs érupt.ifs do la sório pampéenne de la Répu-
blique Argentine. Avertissomcnt aux spécialistes ñ, propos d’un mémoire du
docteur Florentino Araeghino, par Félix F. Outes 34
Description de deux Coléoptéros de FAmérique Méridionale, par Maurice Pie 37
Los pretendidos instrumentos paleolíticos de los alrededores de Montevideo
(Rop. O. del Uruguay), por Félix F. Outes. 39
Description d’un Lampyride nouveau do la République Argentine, par E.
Olivier 50
Las aguas minerales do los valles do Hualfín y otros de la provincia de Cata-
marca, por el doctor Enrique Herrero Ducloux y el profesor L. Herre-
ro Ducloux. 51
La cerámica Chiriguana, por Félix F. Outes 121
Nuevos Ilimonópteros sudamericanos, por P. Schrottky 137
Clavas cofalomorfas do piedra procedentes de Chile y de la Argentina, por
R. Lehmann-Nitsehe 150
La construcción de un canal do Bahía Blanca á las provincias andinas, bajo
el punto do vista hidrogeológico, por el doctor Santiago Roth 171
Hachas y placas para ceremonias procedentes do Patagonia, por R Lehmann-
Nitsehe... 204
Antropología chilena, por Ricardo E. Latcham 241
Sobre una facies local de los instrumentos neolíticos bonaerenses, por Félix
F. Outes 319
Nuovas ospocios de los géneros Philochloenia. y Demodoma (Coleópteros lamo-
licoruios), por C. Bruch 340
La complicación y sinostosis do las suturas del cráneo cerebral de los primi-
tivos habitantes do la República Argentina, por Carlos A. Marelli 353
Capítulo I. — Antecedentes. 354
§ I. El material examinado.. . 354
§ II. Técnica 355
Capítulo II. — Complicación délas suturas 358
$ I. La complicación en el endocrúneo 358
§ II. La complicación en el exocrííneo • 359
— 350 —
Capítulo III. — Obliteración de las suturas 367
§ I. Tabla interna 367
§ II. Tabla externa 377
Capítulo IV. — Influencia que pueden ejercer diversos factores en la
obliteración do las suturas 403
$ I. Influencia do la complicación 403
§11. Influencia del motopismo 406
§ III. Influencia del sexo. 408
§ IV. Influencia déla edad 410
§ V. Influencia del índice cefálico 412
§ VI. Influencia de la capacidad craneana 416
§ VII. Influencia do las deformaciones y anomalías observadas. . . 423
Capítulo V. — Conclusiones generales 425
— c
PUBLICACIONES DEL MUSEO DE LA PLATA
PRIMERA SERIE
Las diversas publicaciones correspondientes á la primera serie, se ha-
llan de venta en el Museo á los precios siguientes :
ANALES
SECCIÓN ZOOLÓGICA
Primera parte.
Segunda parte .
Tercera parte. .
Pesos
2.00
6.00
4.00
SECCIÓN DE HISTORIA GENERAL
Primera parte ............ 6.00
SECCIÓN DE ARQUEOLOGÍA
Primera parte
Segunda y tercera parte. . .
2.00
3.00
SECCIÓN GEOLÓGICA Y MINERALÓGICA
Primera parte 5.00
Segunda parte. . 20.00
Tercera parte ............ 15.00
SECCIÓN DE HISTORIA AMERICANA
Primera parte.
Segunda parte .
Tercera parte .
Pesos
3.00
6.00
60.00
SECCIÓN DE PALEONTOLOGÍA
Primera parte 15.00
Segunda parte agotada
Tercera parte ............ agotada
Cuarta parte 6.00
Quinta parte ............. 8.00
SECCIÓN DE ANTROPOLOGÍA
Primera parte.
Segunda parte.
10.00
6.00
SECCIÓN BOTÁNICA
Primera parte 10.00
REVISTA
Tomos I á V .
Tomo VI ... .
Tomo VII . . .
(precio de cada tomo)
12.50
15.00
20.00
Tomos VIII y IX
Tomos X á XII . .
Tomo XIII. .....
30.00
12.50
5.00
ATLAS GEOGRÁFICO DE LA REPÚBLICA ARGENTINA
Entrega primera, mapa de la provincia de Catamarca, en cuati'o hojas. 12.00
PUBLICACIONES DEL MUSEO DE LA PLATA
SEGUNDA SERIE
Las diversas publicaciones correspondientes á la segunda serie, se
bailan de venta en el Museo á los precios siguientes :
ANALES
Tesos m/n
Tomo I, entrega I ... i .......... . 6.00
Tomo I, entrega II 25.00
BIBLIOTECA
Tomo I 4.00
Tomo II 4.00
REVISTA
Tomo XIV (segunda serié, tomo I) ....... 24.00
Tomo XV y XVI (segunda serie, tomos II y III) ................. 12.00
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at BookLab, Inc. in compliance with copyright law.
The paper meets tire requirements of ANSI/NISO
Z3948-1992 (Permanence of Paper)
Austin 1996