HARVARD UNIVERSITY.
IvIBRARY
OF THE
MUSEUM OF COMPARATIVE ZOOLOGY.
^C¿i
CUy^m-
^iuyvUL
&^. /T^i
RRVISTA
A?#
DEL
MUSEO DE LA PLATA
DIRIJIDA POK
FRANCISCO F". MORENO
Fundador y Director del Museo
T O 2S¿r O I
LA PLATA
TALLERES DE PUBLICACIONES DEL MUSEO
I 890-9 I
pl^
REVISTA
DEL
MUSEO DE LA PLATA
DIRIJIDA POR
KRAN CISCO R. MOI^EMO
Fundador y Director dul Musco
T O OVE O I
Talleres del Museo de La Plata. — 1890-91
o
AL LKCTOR
Las publicaciones de este Museo debieron aparecer
largo tiempo há, pero nadie que siga desde su origen
la marcha de la institución á que van á servir, estra-
ñai"á el retardo y la forma aun incompleta con que se
presentan.
Por mas empeño que haya puesto el que suscribe para
desarrollar el plan que se trazó al proyectar esta institución,
y por mas ayuda que haya recibido de parte del Gobierno
de la Provincia, y, con raras escepciones, felizmente, de
los empleados que ha tenido á sus órdenes, las múltiples
faces de ese plan, quizá demasiado vasto, pero necesario
y muy realizable en épocas normales, le han impedido
emprender hasta ahora las publicaciones oficiales del Museo,
en una forma permanente. Era necesario, antes, que este
establecimiento mereciera el nombre que lleva, lo que creo
ha alcanzado ya, y, para obtener este resultado, me he visto
obligado á atender personalmente á la vez todas las sec-
ciones, embrionarias aun, á organizar los elementos reu-
nidos á prisa, buscando al mismo tiempo los recursos para
obtenerlos, y á formar en el l>reve término de tres años,
señalado, colecciones que pudieran reemplazar, en gene-
ral, las que constituían el Museo Público de Buenos
Aii'es, del que se había desprendido la Provincia en favor
de la Nación, al fundar la Ciudad de La Plata. Además, no
IV
existiendo en esía Capital, tan nueva aun, estahlei-i-
mientos industriales en los (jue pudii'ran emprenderse
trabajos de reproducción gráfica de objetos, como los que
corresponden á publicaciones de esta clase, me ha sido
indispensable instalar talleres propios, en los que se
hicieran ellos.
Esta Jiei'isfa, lo mismo que las demás publicaciones del
Museo, no se concretará á dar á conocer el contenido de
nuestras colecciones. La índole de esta institución abraza
un campo mas vasto. La Historia física y moral pasada
y presente de este Continente, en su ai-epcion mas amplia,
no puede encerrarse toda ella en colecciones i)iiblii'as, y
conviene agrejiar á los recursos que éstas proporcionen
para el estudio, la documentación numerosa y el comen-
tario de hombres de sano criterio que la poseen en ricos
archivos. Entre nosotros los hay y nos han ofrecido
generosamente su valiosa cooperación. Además, como no
hay aun público bastante, que comprenda en su justo valor
esta clase de investigaciones, nuevas para la mayoría, es
indispensable aumentar el número de cooperadores cons-
cientes pai"a esta tarea, desarrollando el gusto i)or las
espeeulaciones en el campo de las cieni-ias históricas y
físico-naturales, que tantos beneficios pueden proporcionar
á la cultura general <lel país, y para obtener este mayor
aprovechamiento de nuestra empresa, hemos de divulgar
también las obras de los maestros de las ciencias, publi-
cando lo que convenga hacer conocer de los estudiosos
sud-americanos. Las revistas europeas y las de América
del Xorte no están bastante divulgadas en estos países,
para que sea innecesaria la traducción ó reproducción
de lo que consideremos útil á nuestro objeto, que es el
de contribuir al mayor desarrollo del estudio de las cien-
cias físico-naturales é históricas y de las que de ellas de-
rivan.
He solicitado la colaboración asidua de nuestros estu-
diosos de buena voluntad, para hacer de estas publi-
caciones un centro de investigación digno de ser con-
sultaflo por todos los hombres de ciencia del Universo.
Muchos problemas oscuros presenta aun la historia de
nuestro suelo y la de sus habitantes, y pensamos que
si no todos, gran parte deben solucionarse in situ, es
decir, en estas regiones donde el material necesario
está al alcance del observador. Aun no se conocen en
el hemisferio norte los elementos acumulados en estos
países australes para resolver muchas de las cuestiones
que apasionan hoy dia los espíritus cultivados. El pasado
de Sud-América, tanto geológico como biológico, les es
casi completamente desconocido, si se tiene en cuenta la
proporción entre lo divulgado y lo «jue contiene nuestro
suelo. En lo que se refiere á paleontología, es la Repú-
blica Argentina la ({ue mas investigaciones ha licclio y
hace actualmente, y en cuanto á la antropología, mucho
nuevo y no previsto pueden decir los que entre nosotros
se dedican al estudio anatómico de las razas perdidas y
actuales, á la arqueología, á la sociología y á la lingüística.
Aun mas; pura el estudio del período Colonial y el de
la Independencia, los archivos públicos y particulares
tienen un vas;o material inédito, y pienso que entran estas
investigaciones en el armónico plan del Museo, que debe
tratar de presentar sin solución de continuidad en cuanto
sea posible, el encadenamiento de los hechos sucediilos
desde los mas remotos tiempos, hasta los que han cons-
tituido la Nación.
La forma que se dará á estas publicaciones permitirá
imprimir todo lo que entre en este plan, apesar de lo
heterouéneo de las materias que abarca; y con la única
restricción de la discusión personal, que no debe admi-
tirse bajo ningún concepto, las ponemos desde ya á dis-
posición de todos los que deseen iiLsertar en ellas el
resultado de sus estudios, debiendo ser cada autor respon-
sable de las ideas que emita.
En esta Revista se publicará también el movimiento
diario del Museo y el contenido de sus colecciones, á me-
dida que se organicen éstas, para que el investigador inme-
VI —
diato las aproveche directamente, y para que el distante,
conociendo los elementos reunidos, nos indique los datos
que necesite, los ([ue le serán remitidos en la mejor forma
que nos sea posible. Con todo esto, el Museo de la Pro-
vincia de Buenos Aires llenará su programa, sirviendo á
nacionales y estranjeros en bien de las ciencias y de su pro-
greso que tanto debe contribuir á que estas regiones
americanas sean grandes en el futuro.
Una vez que los hombres <le estudio del Norte tengan
conocimiento de los materiales que en estos países se han
reunido para el mayor adelanto de las ciencias, hemos de
ver iniciarse una reacción favorable hacia Sud-América,
bajo el punto de vista intelectual. Las reuniones cien-
tíficas internacionales, que tantos servicios prestan en el
otro hemisferio, acercando á los hombres consagrados á
la investigación de lo útil al cuerpo y al espíritu, han
de estenderse hasta esta pobre América, tan denigrada,
y abrigo la convicción de que La Plata ha de ser una
de las primeras ciudades que las albergue. Este Museo coo-
perará á ello con sus vastas colecciones, que abarcan
mucha parte del pasado y presente austral americano.
Francisco P. Moreno,
Director ilel Museo de L:i Plata.
ÜOCUMKNXOS
'« Si el Tesoro Público lo permitiese, os propondría la
'Creación de un Museo de antigüedades americanas para
{guardar en él las curiosidades arqueológicas y antropo-
lógicas fpie se descubran en nuestros territorios todavía
inesplorados, vestigio de un pasado perdido y cuyas reli-
quias, clasificadas científicamente, servirían para la solu-
ción de complicados problemas. Hago votos para que esta
institución pueda cjearso, cuya base podría ser el Museo
formado por el señor Francisco P. Moreno. Lo que ha
hecho el interés individual á favor de la ciencia, podría
Jiacerlo con mas amplitud la autoridad ».
(Memoria del Ministro Secretario de Gobierno de la Provincia de Bueno.s Aires,
Dr. don Vicente G. Quesada, presentada á las Honorables Cámaras Leg;islativas,
al abrir el periodo de 1877, en Mayo de ese año).
El Senado y Cámara de Diputados, etc.
Art. 1° — Autorízase al P. E. para aceptar la dona-
ción de las colecciones antropológicas y arqueológicas
del Museo de D. Francisco P. Moreno, las cuales perma-
necerán, por ahora, en el local en que se encuentran,
bajo la denominación de «Museo Antropológico y Arqueo-
lógico de Buenos Aires»,
VIII
Ai't. 2° — Mientras no esté abierto al público y en
local adecuado, el Museo sera servido por un Director,
con cinco mil pesos me. mensuales.
Art. 3" — Comuniqúese al P. E.
Dado en la Sala de Sesiones de la Legislatura de la
Provincia, á los 8 dias del mes de Octubre de 1877.
Jacinto L. Arauz; Roque Saenz Peña.
Carlos A. D'Amico, B. Artayeta Castex,
Secretario del Seuado. Secretario de la C. de 1>.
Octubre 17 do 1877.
Cúmplase, acúsese recibo, comuniqúese á quienes cor-
responde, publíquese é insértese en el Registro Oficial.
C. Casahes,
Vicente G. Quesada.
Departamento
^^' Buenos Aires, Noviembre 13 de 1877.
GOBIERNO
En cumplimiento de lo dispuesto por la ley promulgada
el 17 de Octulire ppdo. y habiéndose reducido a escritura
pública en la Escribanía Mayor de Gobierno la donación
heclia por D. Francisco P. Moreno, de las colecciones
que deben formar el Museo Antropológico y Arqueoló-
gico de Buenos Aires;
El Poder Ejecutivo —
— IX —
ACUERDA Y DECRETA:
Avt. 1° — Nómbrase Director del Bluseo AntropoJó(jico
y Arqueológico (Je Buenos Aires á D. Francisco P. Moreno,
con el sueldo de cinco mil pesos mensuales, con arreglo
al artículo 2" de la misma Ley.
Art. 2" — Anualmente el Director pasará una Memo-
ria, en la que esprese los aumentos de las colecciones y
el resultado de sus viajes de esploracion en la República.
Art. 3" — Consérvense las colecciones por ahoi'a, y con
arreglo á las condiciones de la donación, en el edificio
propiedad de la familia del donante, siendo obligación
del Dix'ector su cuidado, conservación y aumento.
Art. 4" — El Director deberá formar y conservar un
archivo de las comunicaciones especiales que se refieran
al mismo establecimiento, y procederá á la redacción de
los catálogos, previa su clasificación científica.
Art. 5° — Comuniqúese á quienes corresponde, publí-
quese y dése al R. O.
C. Casares.
Vicente G. Quesada.
■ Departamento
de
QOBIERNO
La Plata, Setiembre 19 de 1884.
.Considerando:
1° Que la Biblioteca y el Museo Público de la Pro-
vincia han sido entregados al Exmo. Gobierno Nacional ;
2" Que la Provincia, sin pérdida de tiempo debe
«mpezar á formar los establecimientos que han de reem-
plazar á los cedidos ;
3" Que están autorizados los gastos para el sosteni-
miento de la Biblioteca, Museo Público y Museo Antropo-
lógico, para to lo el corriente año, por la Ley Genei'al de
Presupuesto ;
4° Que por el momento y tratándose de estableci-
mientos que recien empiezan á formarse, no hay conve-
niencia en sostener la división del Museo General y
Museo Antropológico, que aumenta sensiblemente el gasto
sin necesidad ;
5" Que por idéntica razón la Biblioteca puede figurar,
-cuando menos, en todo el corriente año, como una depen-
dencia del Museo General ;
El Poder Ejecutivo —
decreta:
Art. 1" — Queda incorporado el Museo Antropológico al
Museo General de La Plata, quedando la Biblioteca Pública
como dependencia de éste desde la fecha y hasta nueva
resolución.
Ai't. 2" — El presupuesto de gastos para el Museo
General, incluidas todas sus dependencias por el resto del
corriente año, será el que establecen los item 5, 6 y 7 del
inciso 4" é item 15 del inciso 6^ limitado á lo siguiente:
Un Director S 297.60
Un Naturalista viajero » 124.00
Un Inspector bibliotecario » 103.33
Un Oficial (1" preparador) * 82.67
Un Cazador ayudante » 41.33
Un Ayudante del preparador .... » 41.33
Un Escribiente » 41.33
XI
AL MES
Un Portero S 24.80
Un Ayudante de servicio » 20.66
Para gastos generí^les, viajes y fomento
de la Biblioteca y colecciones del Museo . » 300.00
Para instalación del laboratorio (por
una sola vez) ■ » 620.00
Para la adquisición de libros y Biblio-
teca Pública » 200.00
Art. 3" — Nómbrase Director del Museo General de
la Provincia, al Dr. D. Francisco P. Moi"eno.
Art. 4" — ■ El Director nombrado propondrá al P. E.
el personal requerido, de acuerdo con el presupuesto.
Art. 5° — Remítase á las Honorables Cámaras Legis-
lativas copia legalizada de este decreto, pidiendo su apro-
bación.
Art. 6" — Comuniqúese, publíquese é insértese en el
Reo-istro Oficial.
■^o-"
D'AMICO.
Nicolás Achaval.
Ministerio de Gobierno
DE LA
La Plata, Octubre 14 de 1S84.
PROVINCIA
Al Señor Director del Museo de La Plata,
Dr. D. Francisco P. Moreno.
A nombre del Sr. Gobernaior contesto su nota ftcha
13 del actual, en la que Vd. le comunica su patriótico y
generoso desprendimiento, donando á la Biblioteca anexa
XII
al Museo de que Vd. es Director, dos mil volúmenes de
su biblioteca particular como complemento á la donación
que hizo en 1877, de sus colecciones antropológicas.
El Sr. Gobernador se siente complacido de ver el. prin-
cipio de la Biblioteca recien creada con el concurso
poderoso de esos valiosos libros, en su mayor parte ame-
ricanos y de ciencias, y con la cooperación decidida de
que Vd. dá muestras, contribuyendo á que La Plata
pueda contar en breve con un poderoso concurso de luz
para sus habitantes, y la Provincia con un estableci-
miento que la honre.
En noml)re pues, del Sr. Gobernador, le agradezco á
Vd. vivamente este acto generoso, y particularmente me es
grato manifestárselo en mi nombre.
Saluda á Vd. atentamente.
Nicolás Achaval.
Museo (le La Plata, ^L^I■zo 10 de 1890.
A S. S. el señor Ministro ele Obras Públicas, Dr. don
Manuel B. Goiinet.
Inclinaciones de niño me llevaron, hace veinticinco
años, á reunir algunos objetos curiosos. Esas mismas
inclinaciones, alentadas por mi señor padre, me permitieron
formar mas tarde una importante colección, que fué tenida
en cuenta por el Exmo. Gobierno de la Provincia, cuando
en Marzo de 1877 propuse á la H. Legislatura la forma-
ción de un Museo Antropológico Argentino, del cual podía
ser base mi colección particular. Aceptada la idea, y
XUI
habiendo donado con ese objeto el resultado de mis traba-
jos, se fundó ese mismo año el Museo Antropológico y
Ar(|ueológico de Buenos Aires, y fui nombrado su Director.
La nacionalización ' de la Ciudail de Buenos Aires,
habiendo comprendido la de sus priiicipales establecimientos
científicos, y entre ellos el Museo Público de la Provincia,
ésta, considerando que la cultura intelectual de sus hijos
exijía un establecimiento de igual clase, decretó en 17 de
Setiembre de 1884 la fundación del Museo de La Plata.
A éste le ser\ irían de base las colecciones del Museo Antro-
pológico, (|ue no habían sido comprendidas en la cesión,
porque su donación se había hecho a la Provincia y era
inenagonable. El nuevo establecimiento confiado a mi
cargo se ha desenvuelto rápidamente. Las dos adminis-
traciones que han trascurrido desde su fundación, lo han
dotado: la primera con su magnífico edificio, y la pre-
sente ha contribuido constantemente á que sus colecciones
progresen de una manera (jue envidiarían muchos de los
grandes museos del mundo; y me ha de permitir V. S.
que agradezca aquí al Exmo. Gobierno de que forma
parte, esa poderosa ayuda, á la cual nuestra institución
debe su importancia actual.
Este progreso le permite publicar hoy sus Anales y su
Recista, que deben servirle para divulgar lo que contienen
las galerías del Museo y todo lo que se reñera á la his-
toria l'ísica y moral, pasada y presente de la América
austral, en su acepción mas amplia, de acuerdo con el
plan adoptado para este establecimiento; y existiendo dis-
posiciones que prohiben hacer público el movimiento de
las diversas reparticiones de la administración sin auto-
rización superior, tengo el honor de solicitarla de V. S.
para hacer la distribución de las publicaciones nombradas,
de las que acompaño un ejemplar.
Debo hacer notar a V. S. que ellas salen de nuestros
talleres propios, donde se han- ejecutado todos los trabajos
de impresión y dibujo del texto y láminas, lo que se con-
tinuará haciendo en lo sucesivo, y que el hacer estas ins-
XIV
talaciones, difíciles pero indispensables, agregado al
escaso personal que he tenido á mis órdenes para colocar
este Museo a la altura en que se encuentra, es lo que
ha motivado el retardo en la aparición de aquellas.
Con estas publicaciones, esta institución vá á entrar en
relaciones con las de su clase, diseminadas en el mundo
entero , y empieza así á servir a pr-opios y estraños ,
estudiosos y curiosos, mostrando al mismo tiempo que la
Provincia de Buenos Aires no omite esfuerzo para satis-
facer las exijencias del espíritu moderno, que hace grande
al hombre con el cultivo de su inteligencia.
Dios guarde á V. S.
F. P. Moreno.
La Plata, Marzo 12 de 1890.
Habiendo sido fundado el Museo de La Plata bajo la
base de las colecciones del Museo ^Vntropológico, donadas
por el señor Francisco P. Moreno, y acrecidas hasta el
estado en (|ue hoy íse encuentran por el esfuerzo y dedi-
cación de su Director, al que le ha prestado el P. E. toda
la cooperación que ese establecimiento merece; teniendo
en cuenta, por otra parte, que la publicación de los Anales
y. su Bevisfa, que tienden á divulgar lo que contienen las
galerías del Museo y todo lo que se refiere á la historia
física y moral pasada y presente de la América austral,
ha sido hecha en el mismo establecimiento, con elementos
adquiridos al efecto; que es conveniente que la distri-
bución de las publicaciones científicas de esta importancia
se haga no solo con regularidad sino también á las per-
— XV —
sonas y corporaciones Cjue puedan utilizarlas com mayor
provecho ;
El Poder Ejecutivo —
RESUELVE :
Autorizar al Director del Museo, don Fraiücisco P.
Moreno, para la publicación de los Anales y de la Revisto^
confiriéndole el derecho de distribuir sus ejemplares en
la forma mas conveniente á los intereses de la ciencia
y de la Provincia.
Comuniqúese, etc.
M. PAZ.
Manuel B. Gonnet,
LOS
MUSEOS DE HISTORIA NATURAL
POR
W. H. FLOWER
LOS
MUSEOS DE HISTORIA NATURAL
DISCURSO DE INAUGURACIÓN PRONUNCIADO EN LA ASAMBLEA DE LA ASOCIACIÓN BRITÁ-
NICA PARA EL ADELANTO DE LAS CIENCIAS REUNID A NEW-CASTLE, EL 11 DE SE-
TIEMBRE 1889, POR WII.LIAM H. FLOWER, DIRECTOR DEL DEPARTAMENTO DE HISTORIA
NATURAL DEL MUSEO BRITÁNICO.
Es opinión general que en el número de los medios em-
pleados por una Asociación como la nuestra, para justificar su
nombre y su objeto, debe contarse la colección y la conserva-
ción de los objetos indispensables á las investigaciones, á los
estudios y á la enseñanza; en una palabra que la formación
de lo que se llama hoy un Museo, es uno de los medios más
importantes bajo el punto de vista práctico. Ya se lia ocupado
de él esta asociación antes de ahora en discursos presiden-
ciales y seccionales. Actualmente una Comisión de sus miem-
bros recoje datos sobi'e este asunto y ha publicado importantes
informes. Durante el año corriente se ha fundado una Socie-
dad de conservadores y otras personas interesadas en los Mu-
seos, con el objeto do cariibiar ideas sobre la organización y
arreglo de tales instituciones. Pienso, pues, que esta materia
es digna de ocupar hoy nuestra atención; además es cuestión
de la que me he ocupado con especialidad en el curso de mi
vida, ly creo que ustedes han de pensar conmigo, que la ma-
nera más acertada de cumplir con el cargo que se han ser-
vido confiarme, es exponerles el resultado de mis estudios per-
sonales.
La primera institución que menciona la historia, con el
nombre de Museo, templo ó morada de las Mtcsas, fué fundada por
Ptolomeo Soter en Alejandría, cerca de trescientos años antes de
Jesucristo. No era un museo en el sentido que damos á esta
palabra, sino más bien, según su etimología, un lugar desti-
nado al estudio de la ciencia, y frecuentado por una sociedad ó
academia de sabios que consagraban su vida á los estudios
filosóficos y al adelanto de los conocimientos útiles.
No existen ni recuerdos de colecciones antiguas, permanentes
— 3 —
ó públicas, de productos natui-ules, aunque algunos grandes
monarcas, como Salomón en Jerusalem y Augusto en Roma,
hicieran alarde de gusto artístico y ostentación de magnificen-
cia, reuniendo en sus palacios objetos raros procedentes de
distinctos puntos del globo. Cuéntase también que Filipo y
Alejandro manifestaron su liberalidad para con AristcMoles, fa-
cilitándole abundantes materiales para sus investigaciones.
Quizas se encontrarla la primera idea de tales colecciones en
la conservación de notables ejemplares, á veces asociados á su-
persticiosa veneración, ó á extrañas leyendas, en los edificios
consagrados al culto religioso. Las pieles de gorila traídas por
el navegante Hanno, de la costa de África, y colgadas en el tem-
plo de Cartago, indican un caso bien fundado.
El gusto por las colecciones, innato en gran número de per-
sonas de distintas naciones y períodos de la historia, pero de-
caído durante largo tiempo, renació con la resureccion del sa-
ber en la edad media, y un museo, ó sea colección de objetos
mezclados, tanto antigüedades como curiosidades naturales,
asociados á menudo con una galería de escultura y pintura, fué
un elegante apéndice á las habitaciones de personajes de espí-
ritu cultivado. Todas las primitivas colecciones, comparables
á lo que llamamos hoy un Musco, se formaron y fueron mante-
nidas á espensas de particulares, á veces médicos cuyos estu-
dios los llevaban naturalmente al gusto por la biología, y, con
frecuencia, principes del comercio, á quienes sus relaciones de
negocios, procuraban ocasión de reunir curiosidades de lejanas
tierras. En todo caso, esos museos no servían sino para goze
personal de sus dueños y los amigos de estos; rara vez, ó nunca,
se relacionaron con la enseñanza sistemática en beneficio del pú-
blico. Uno de los primeros catálogos impresos, conocidos, de
un museo de esta clase, es el de Samuel Quickelberg, médico
de Amsterdam, publicado en Munich en 1565. En el mismo
año, Conrado Gesner publicó un catalogo de la colección de
Juan Kentmann, médico de Torgau en Sajonía, que contenia
cerca de 1600 objetos, principalmente minerales, moluscos y
animales marinos. Poco tiempo después, encontramos al em-
perador II de Alemania acumulando tesoros que contituyeron
la base de los magníficos museos que destinguen a la capital
de Austria.
Las primeros coleccionistas importantes en Inglaterra, fue-
ron los dos Juan Tradescant, padre é hijo, el último de los
cuales publicó en 1656, una pequeña obra titulada: Miisoeimi
TradesccmUaniim ó colección de rarexas conservadas en South Lam-
_ 4 —
beth, cerca de Londres. La asombrosa variedad é incongruente
justaposicion de los objetos contenidos en esa colección, hace
que la lectura de ese catalogo sea muy divertida. En la pri-
mei'a división, dedicada á algunas clases de pájaros, sus huevos,
picos, jjIm'^íos, uñas y espolones, encontramos : distintas clases de
huevos de Turquía, 11110 de ellos dado como huero de Drayon; huevos
de pascua del Patriarca de Jcrusalem; dos plumas de la cola del Fé-
nix. La (jarra del pájaro Jtoch, que, según las autores, puede le-
vantar un elefante. Entre, " todos los pájaros », está el famoso
Dodar de la isla Mauritius, que no puede volar porque es muy grande.
Este es el mismo ejemplar, cuya cabeza y pié pasó del Mu-
seo Ashmoleano al de la Universidad de Oxford donde se con-
serva, pero ignoramos lo que se ha hecho la garra del Roch,
la cola del Fénix y el huevo del Dragón. No me permite el
tiempo de que dispongo, mencionar las asombrosas cosas que
encierra el capítulo « vestiduras, trajes, atavios y ornementos », ó
el de mecánica, trabajos artificiales ele escultura en torneados, .semil-
las y pintura, desde los guantes de punto de Eduardo el Confesor y
el famoso traje de Fohatan, rey de Virginia, todo bordado con con-
chas ó Roanoke, conservado aún en Oxford y últimamente des-
crito y figurado por lE. B. Taylor, hasta el « carolo de cerexa
que contiene perfectamente esculpido en uno de sus lados, á San Jorge y
al Dragón, y en el otro, las figuras de ochenta y ocho emperadores »,
lo núsmo que otro « carolo de cerexa que contiene diez docenas de
peines de carey, hechos j)or Eduardo Gibbon. »
Pero, antes de abandonar esas colecciones pi-ivadas, no puedo
dejar de mencionar como un ejemplo del gran concurso que
prestaron ellas al adelanto de la ciencia, la deuda contraída
por Lineo en sus primeros estudios, para con los museos zoo-
lógicos, que fueron la pasión dominante de varios reyes de
Suecia que los reunieron.
Con frecuencia las asociaciones individuales, convertidas en
sociedades para el adelanto de los conocimientos humanos,
consideraron como inherente á sus funciones la formación de
un museo. El primer caso de estos fué, en nuestro país, el
museo de la Sociedad Real, en Cranecourt, del cual publicó
un catálogo el D"' Crew, en 168L
La idea de que el mantenimiento de un museo hacía parte
de los deberes del Estado ó de las instituciones Municipales
no penetró en el pensamiento del hombre hasta principios del
último siglo. Aún las grandes cuerpos enseñantes, las Univer-
sidades, fueron lentas en la adquisición de colecciones; pero
es necesario tener en cuenta que las materias consideradas
más esenciales, que profesaban, no eran las que requerían ob-
jetos como los que se reúnen en un museo. Las universidades
italianas, donde la anatomía fué enseñada como ciencia, antes
y de una manera más completa que en ninguna otra parte de
Europa, sintieron [ironto la necesidad de crear colecciones de
objetos preparados, y este arte alcanzó un alto grado de per-
fección en Padua y en Boloña hace dos siglos. Pero estas co-
lecciones eran por lo común propiedad de los profesores, como
lo eran todas las que servían para enseñar la anatomía y la
patología en este ¡lais, lo que recuerdan muchos de nuestros
contemporáneos.
A pesar de la multiplicación de los museos públicos durante
este siglo, y los grandes recursos y ventajas que poseen mu-
chos de ellos, y que las colecciones particulares no pueden igualar,
el espíritu de acumulación no ha desaparecido felizmente en
los individuos, sino que se ha dirijido hacia otros rumbos di-
ferentes de los anteriores. Los museos generales, ó colecciones
diferentes, como las antiguas, se dejan para los gobiernos
é instituciones que ofrecen más garantías de jiermanencia y
utilidad pública, mientras que hacen un admirable servicio á
la ciencia, aquellas personas que disponen de tiempo y medios
y que se dedican á alguna rama especial, reuniendo materiales
que les sirven para -seguir sus estudios en detalle, ó á los que
consideran como capaces de emprenderlos, colecciones estas, que
una vez que han llenado el objeto para que fueron reunidas,
se unen al último, por donación ó compra, á uno ú otro de
los museos públiccis, y sirven como factores permanentes de la
educación de la nación, ó más bien del mundo entero.
Seria pasar de los limites del tiempo permitido á este dis-
curso, como también los fines de esta asociación, abordar los
varios temas que lian ejercitado principalmente las facultades
del coleccionista y reunido los materales que contituyen hoy los
museos. Los distintos procedimientos empleados por el hombre,
para reproducir la forma de los objetos naturales, ó para dar
espresion á las imágenes creadas por su propia fantasía, desde
las más groseros rasgos trazados en huesos por un salvaje, ó
el simple arreglo de lineas empleadas en adornar la más tosca
pieza de alfarería, hasta las más graciosas combinaciones de
formas y colores alcanzadas hasta hoy en escultui'a y })intura,
ó en obra de metal ó en arcilla, son los museos los que deben
conservarlas para nuestro mejor conocimiento de su condición
é historia en el pasado, y para las lecciones que puedan suje-
rirnos en el futuro. Aparte del deleite que la contemplación
— 6 —
de la más noble espresion del ¡irte, puede producir en todo ce-
rebro cultivado; aparte también de la curiosidad y del interés
c|uo puede sujerir toda tentativa menos feliz para producir se-
mejante resultado, como materiales para construir la verdadera
historia de la vida del hombre, en las diferentes etapas de la
civilización, en diferentes circunstancias de vida y en diversas
rejiones de la tierra, tales colecciones son absolutamente ina-
preciables. Pero debo dejarlas á un lado, para deternerme con
más detalle, sobre lo que más especialmente se relaciona con
el adelanto de las materias de que se ocupa esta asociación
es decir sobre los museos dedicados á lo llamado Historia na-
tural, aúncjue mucho de lo que diré de ellos puede aplicarse,
más ó menos, á los museos en general.
Los términos Historia natural y Naturalista, se han arraigado
}trofundamente en nuestra lengua, pero sin una concepción
bien definida de su significado ó del sentido de su aplicación.
Aplicado originariamente al estudio de todos los fenómenos
del universo independientes de la acción humana, la historia
natural se ha estrechado gradualmente en la mayoría de los
espíritus, y así se han dado títulos propios á algunas de sus
subdivisiones, como la astronomía, la química, la geología, etc.,
sin embargo de que solo muy recientemente, se ha nombrado
particularmente la parte de esta ciencia que trata de los seres
vivientes. Aún más, después de esta sei>aracion, la botánica ha
sido dividida gradualmente en varias partes y los términos de
naturalista y de zoólogo hanse casi convertido, aunque de
una manera irracional, en sinónimos. La feliz introducción de
la palabra biología, aceptada en general, apesar de las obje-
ciones fundadas en su etimología, y aplicada al estudio de los
organismos que se distinguen por la posesión del principio
vital, ha eliminado del lenguaje científico la ya vaga é inde-
finida espresion de Historia natural. Como es indudable, |)or
otra parte, que este último término quedará en el lenguaje or-
dinario, propongome devolverle su significado primitivo y real,
que contrasta con la historia del hombre y de sus obras y con
las cambios y modificaciones que por su intervención se han
hecho en el universo.
Fué en este sentido que, cuando el rápido crecimiento de
las variadas colecciones del Museo Británico en Bloomsbury
(la espansion de la acumulación de Sír Hans Sloane en la
vieja Manor-House en Chelsea), se pensó en la necesidad de una
división, y la linea de demarcación se determinó entre los que
eran productos naturales y los que eran artificiales indicamos
— 7 —
los primeros los productos se llamados comunmente Fuerzan
tmturales, que no dependían del pensamiento humano. Los
departamentos afectados á estos productos tomaron el nombre
de Departamento de Historia natural y el nuevo edificio que debia
alojarlo fué nombrado Museo de Historia natural.
Conviene demorarnos un momento á considerar el valor de
esta división, porque es sobre ella que se basa la clasificación
y la administración de la mayoría de los museos. Aunque hay
mucho que decir en favor de esta división, se le ha opuesto
que divide al hombre en dos partes. Los modelos de la es-
tructura del cuerpo humano, pertenecen indudablemente al es-
tudio del zoólogo, y las sutiles gradaciones de forma, proporción
y color que diferencian las diferentes razas humanas, pueden
ser sólo apreciadas por los conocimientos de un anatómico,
cuyo ojo estima el valor de tales caracteres, distinguiendo
las variaciones de las formas animales. En consecuencia es ne-
cesario buscar los modelos de esta especie en las colecciones
zoológicas. Pero la ciencia relativamente nueva de la Antropo-
lo(/ia, abraza no sólo la estructura física humana, sino que in-
cluye su desarrollo mental, sus usos y costumbres, tradiciones
y lenguage. Los modelos de sus obras de arte, útiles domos-
ticos y armas de guerra, son elementos esenciales para este es-
tudio. Es asi que es imposible decir donde acaba. Comprende
todo lo que el hombre es y ha sido; todo lo que ha hecho. No
puede trazarse línea definida entre las más tosca arma de pe-
dernal y el más perfecto instrumento de destrucción, que haya
salido de la manufactura de Elswick, y entre el primitivo bos-
quejo de un mammouth, trazado por un de sus contemporáneos
humanos en parte de su propio colmillo y la más admirable
producción de Landseer. Una colección antropológica para ser
lójica, debe incluir no sólo todo el antiguo Museo Británico,
sino también el museo de Sud Kensington y la Galería Nacio-
nal. La noción de una antropología que considera los salvajes
y los hombres prehistóricos, como separados del resto de la
humanidad, tiene cierta conveniencia, en cuanto á la limita-
ción del poder humano, pero no es de ninguna manera cientí-
fica, y echa á perder toda la importancia y el gran valor del es-
tudio que traza el crecimiento gradual de nuestros complejos
sistemas y costumbres, á partir de los primeros pasos de nues-
tros progenitores.
Por otro lado, la primera clasificación que hemos indicado
es perfectamente clara, lójica y científica, como puede serlo tal
división. Es cierto que presenta varios inconvenientes, porque
— 8 —
obliga á descomponer colecciones locales que contienen mate-
riales muy distintos, unas veces referentes á antropología física,
otros á psíquica, pero estas dificultades serán superadas, reu-
niendo en una gran institución las varias colecciones nacio-
nales, que ilustran las diferentes ramas de la ciencia y del arte,
colocándolas en tal orden y justaposicion, que sus relaciones
mutuas sean visibles y que las propiedades de cada una pue-
dan servir á elucidar todas las otras, institución ideal que aún
no posee el mundo, pero foi'ma bajo la cual pudo haberse de-
sarrollado en un tiempo el viejo Museo Británico.
Un museo puramente de historia natural, debe, pues, com-
prender la colección de objetos que ilustren las producciones
naturales de la tierra, y en el más amplio y verdadero sentido
todas las ciencias que tratan de los fenómenos naturales que
puedan representarse por ejemplares de museo. Son solo las
dificultades reales ó imaginarias, de representar por medio de
modelos, la astronomía, la física, la química y la físiologia,
que ha lo impedido á estas ramas de la ciencia ocupar salas en
nuestro museo nacional de historia natural, mientras que ha
sido posible admitir la mineralogía, la geología, | la botánica y
la zoología.
Aunque las ciencias esperimentales y las que estudian las
leyes del Universo, más que los materiales de que este se com-
pone, no han despertado hasta ahora gran gusto en los colec-
cionistas, ni á él han contribuido los museos, sin embargo, á
medida que transcurre el tiempo, reconócese cada vez las ma-
nifiestas grandes A-entajas que habrá, en reunir los diversos
instrumentos que sirven, para adelantar el estudio de estas
ciencias. Los museos de aparatos científicos forman hoy parte
integrante de todo establecimiento de educación bien montado,
y existe bajo los auspicios del Departamento de Ciencias y
Artes de Sud-Kensington, una colección Nacional que ilustra
aquellas ramas de la Historia Natural que no están represen-
tadas en el Museo Británico, colección que ha progresado de
tal manera, que ha sido necesario alojarla convenientemente en
local especial y esponerla en primera linea. Anomalías como
esta, ocurren en el estado progresivo, infantil aunque rápido, de
la ciencia, siendo indudable que ninguna institución científica,
que tenga cierta complexidad de organización, no puede estar,
á no ser en el momento de su nacimiento, á la altura de las
vistas más avanzadas de la época, especialmente en las tocante
á las líneas que la dividen, á la relación entre estos y á la repre-
sentación proporcional de las varias ramas de los conocimien-
— 9 —
tos que reúne en su seno. Reconocense cada vez mas nece-
sarias las subdivisiones en el estudio de las ciencias, á
medida que se multiplica el de los detalles de cada tema, sin
que por eso el poder que tiene el espíritu humano para asi-
milar y comprender esos detalles, crezca en la misma proporción.
Las líneas de separación se acentúan proporcionalmente, y
exijen ser revisadas con frecuencia. Podría creerse que tal
revisión debiera conformarse á la dirección seguida por el de-
sarrollo natural de las relaciones existentes entre las diferentes
ramas de la ciencia, y las mas exactas concepciones que se
hayan formado de estas relaciones, pero no siempre es así.
Se elevan continuamente barreras artificiales para mantener
esas líneas de separación en la dirección que tomaron desde
un principio. Resultan dificultades de reorganización, no solo
de los obstáculos materiales causados por la dimensión y dis-
tribución de los locales, de las facilidades acordadas á la ad-
quisición de distintas especies de colecciones, pero sobre todo
de los numerosos intereses personales que se desenvuelven y
estienden sus redes al rededor de estas instituciones. Los pro-
fesores y conservadores de tal ó cual división de la ciencia es-
tan allí instalados y subvencionados, y se oponen con tenacidad
á toda invasión á su propiedad y á todo ensanche que importe
un límite al punto que enseñan ó tratan de ilustrar; y es por
esta razón sobre todo que las fases transitorias de los conoci-
mientos científicos, han quedado cristalizadas ó en estado fósil
en instituciones donde menos podria esperarse tal fenómeno.
Podria citar ciudades europeas y grandes museos, donde la
Geología y la Anatomía comparada, se consideran como temas
distintos, enseñados por profesores diferentes, pero en los
cuales, por motivo de la clasificación de las colecciones que de
ellos dependen, la piel de un animal, que es del dominio de la zoo-
logia, y su esqueleto y dientes que lo son del de la anatomía
comparada, están clasificados en diferentes edificios, á veces
muy distantes entre sí.
La organización defectuosa de nuestros museos, es respon-
sable en gran parte de esta desgraciada separación de la pa-
leontologia y de la biología, que sobrevive evidentemente á las
antiguas formas de la enseñanza científica, y de la persistencia
en su integridad de este compuesto heterogéneo de ciencias
reunidas hoy bajo el nombre de geología. Cuanto más pronto
se pueda reorganizar los museos para borrar y destruir esta
línea fija de demarcación, que se adopta universalmente entre
los seres actuales y los que vivieron en otro tiempo, separación
— 10 —
tan arraigada en el espiriUi público y que es tan difícil de
estirpar aún del espirilu del estudiante cientitico, tanto antes
se realizará el progreso de una sana enseñanza biológica.
Pero, ese progreso no depende principalmente de estas grandes
anomalias é imperfecciones, que cxijen métodos heroicos para
enderezarse cuando se les ha dejado crecer ; depende sobre todo
de defectos de menor valor, que hay en la organización de
todos los museos, y que pueden hacer desaparecer medios ad-
ministrativos relativamente fáciles, y es sobre estos procedi-
mientos que voy á ocupar vuestra atención.
No puede negarse que bajo muchos aspectos, se han reali-
zado grandes progresos en muchos de los museos de nuestro
país, en el continente y sobre todo en América. Este asunto
ha llamado felizmente la atención de los que tienen la direc-
ción de los museos, y ha llegado hasta despertar interés en el
in'iblico en general. De modo que es con la esperanza de
ayudar y de guiar, en cierto modo, este movimiento, que me
permito hacer las siguientes observaciones.
La primera consideración que se tiene en vista al fundar
un museo, grande ó pequeño, en una ciudad, institución, so-
ciedad ú escuela, es darle un destino definido ó un fin á lle-
nar, y la segunda condición, es (pie los medios sean suficientes
para costear el museo de una manera conveniente, que permita
alcanzar ese fin. Muchas personas son bastante lijeras para
pensar que un museo es un establecimiento de tal valor por si
mismo, que basta darle un edificio y estantería y cierto nú-
mero de objetos escojidos sin estudio previo, para llenarlos, y
que el fin se ha alcanzado ; la verdad es que la obra solamente
ha empezado. Lo que conviene en realidad al éxito y á la
utilidad de un museo, no es ni el edificio, ni los estantes, ni
aún los objetos, sino su conservador. Es este y sus ayudantes
los que son la vida y el alma de la institución; es de ellos de
quienes depende todo el valor, y sin embargo en muchos, digo
mas, en nuestros museos, es lo último que se piensa. Los
cuidados, la conservación, la nomenclatura de los ejemplares
se dejan á la iniciativa privada, lo que es amenudo exelente
para colecciones pai'ticulares y para un tiempo limitado, pero
que no será jamás suficiente para una organización perma-
nente, ó bien se confia á un empleado mal pagado y por conse-
cuencia poco instruido, la tarea de poner en ordeii, limpiar,
sacudir, arreglar, nombrar y clasificar, de modo que contri-
bu)an al adelanto de la ciencia, colecciones que comprenden
en estension, todas las ramas del saber humano, desde el con-
— 11 —
tenido de un anLiguo (úiniilo inglés, Kastü la última ave del pa-
raíso, de Nueva Guinea. Algunos ejemplares de valor entran
á veces á formar parte de museos organizados de esta ma-
nera. Los donantes, celosos del bien público, creen firmemente
que sus donaciones serán cuidadas y prestaran servicios al
público en poder de tal institución. Desgraciadamente su
suerte será otra; sucios, descuidados, sin etiqueta, perderán su
identidad y concluirán por ser devorados por los insectos, ó re-
legados á los depósitos, para dar sitio á otra nueva donación
de algún nuevo bienhechor de la institución. Seria preferible
que no se hubieran fundado nunca tales museos. Son tram-
pas donde caen, para ser destruidos, objetos preciosos, con
frecuencia de un valor inapreciable, y lo que es peor, el des-
crédito de estos establecimientos, alcanza á todas las institu-
ciones similares, y hacen del nombi-e de museos, un objeto de
irrisión y de reproche que retrasa en vez de adelantarlo, el
momento en que se reconozca el valor de estas instituciones
como agente del gran movimiento educacional de nuestra época.
Un museo se asemeja á un organismo viviente; exija aten-
tos y constantes cuidados. Debe desenvolverse ó perecer, y
los gastos y la labor necesaria para mantener su vitalidad no
se han realizado aún completamente en parte alguna, tanto en
nuestros grandes establecimientos nacionales, como en nuestros
pequeños instituciones locales. Se ha dicho con frecuencia, y no
es repetirlo demasiado, que formando una colección de cuales-
quiera especie (salvo el caso que se encuentre placer en la sim-
ple adquisición, lo que es á veces, el solo motivo de las colec-
ciones privadas), y sometiéndola á la organización de los museos,
el fin real que uno se propone presenta dos faces, dos indica-
ciones que son completamente distintas una de la otra y á
veces opuestas. La primera es hacer progresar ó desarrollar
los conocimientos sobre un tema dado. Es este generalmente
el móvil del coleccionista privado, á quien la esperiencia ha
mostrado los poderosos recursos que encuentra cuando tiene
á la mano los materiales necesarios para sus estudios, para
formarse ideas exactas, dirijiendo sus investigaciones en cierto
rumbo, pues puede en efecto, tener los objetos al alcanze de su
mano, examinarlos y compararlos, tomarlos y dejarlos según
sea su deseo. Pero, ú menos que su objeto sea muy limi-
tado, ó sus medios muy estensos, jironto siente la necesidad
de consultar colecciones más completas que la suya. Pocas
personas se forman una idea de la multiplicidad de los ejem-
plares necesarios para resolver, aún los más simples proble-
— 12 —
mas de la historia de la vida de los animales ó de las plantas.
El naturalista debe con frecuencia rejistrar todos los mu-
seos, públicos y privados de Europa y de América, para lle-
gar á componer la monografía de un solo género común ó
aún de una especie, para comprender en ella todas las cues-
tiones de variación y de cambio según las estaciones y bajo
diferentes climas, todas la condiciones de su existencia y la
distribución de todas sus modiñcaciones en el espacio y en los
tiempos. Se vé obligado muchas veces á confesar que sus in-
vestigaciones han fracasado por falta de los materiales nece-
sarios á su empresa. Seguramente, esto no deberla suceder, y
algún dia no sucederá, pero estamos aún lejos de ese tiempo.
Conocemos todos el dicho de que la pasión de adquirir
crece con la riqueza. Este adajio es en cierto modo exacto
para las colecciones científicas, que se han reunido con el ob-
jeto de adelantar la ciencia. Cuanto mas ricas son mas se nota
lo que les falta, y mas se desea llenar los vacíos que nos im-
piden deducir la historia completa que deberían recelar.
Tales colecciones no se destinan, sin embargo, sino al estu-
diante instruido ya al corriente de los elementos de la ciencia,
y que está en condiciones, por sus conocimientos adquiridos,
su cultura intelectual y sus facultades de razonamiento y de
observación, de aprovechar esos materiales, para hacer progre-
sar su objeto mas allá del punto en que lo ha tomado. Pero
hay otra clase de hombres, mucho mas numerosos, para quie-
nes los museos son ó deberían ser un poderoso medio de ad-
quirir conocimientos. Puede comprenderse en esta clase, los
que principian estudios superiores, pero hago alusión prin-
cipalmente á esta clase mucho mas numerosa, que lo es-
peramos, formará cada año una proporción, relativamente mas
grande en la población total del país; á esta clase que no tiene
ni el tiempo, ni las ocasiones, ni los medios de estudiar á
fondo ninguna rama de la ciencia, pero que tiene un interés
general por sus progresos, y que desea algún conocimiento del
mundo que lo rodea y de los hechos principales que se han cons-
tatado en él, ó al menos una parte de este conocimiento.
Cuando se arreglen y se organicen convenientemente los mu-
seos, será en beneficio de esta clase, y en un grado que ape-
nas puede realizarse hoy. La segunda parte del fin á que de-
ben llegar los museos es pues la difusión de los conocimientos
entre las personas de esta clase.
Pienso que la principal causa de lo que puede llamarse la
falta de la mayor parte de los museos, especialmente, los
— 13 —
de Historia natural, para llenai- las funciones que debemos
esperar de ellos, consiste en que contunden casi siempre los
dos fines que están llamados á desempeñar y qué, buscando
combinar estos en una misma esposicion, no realizan en rea-
lidad ni uno ni otro. Es para satisfacer á estos dos deside-
rata que pueden llamarse en dos palabras las i-nvestiyaciones
y la instrucción y que constituyen el fin definitivo de los mu-
seos que se debe hacer en principio la primer clasificación de
acuerdo con el estudio al que cada espécimen ha sido desti-
nado.
Los objetos arreglados para las investigaciones, para el
adelanto de la ciencia, para los estudios laboriosos sobre la
estructura y sobre el desarrollo, ó para mostrar las distinciones
minuciosas que deben establecerse al estudiar los problemas re-
lativos á las variaciones de especie, según la edad, el sexo, la
estación ó la localicad, lo mismo que para fijar los límites de
la distribución geográfica, ó para determinar la edad geológica,
deben ser no solo escesivamente numerosos, sino que deben
ser presentados de manera que permitan su examen y la com-
paración de cerca y fácilmente.
Sin embargo, si todos los materiales indispensables á la es-
tension de los limites de la zoologia ó de la botánica se espu-
sieran de modo que cada uno pudiera ser visto distintamente
por cada visitante que recorriera las galerías públicas de un
museo, la estension y los gastos de tal institución estarían fuera
de toda proporción con su utilidad; los objetos espuestos se-
rian completamente inaccesibles al examen de los que pudie-
ran aprovecharlos, y á causa de los efectos perjudiciales de
una esposicion continua á la luz, la mayoría de los productos
naturales conservados perderían una gran parte de su valor
intrínseco.
En realidad, las colecciones de este género deben tratarse
como los libros de una biblioteca que solo deben servir para
ser consultados y para procurar dalos á los que tienen capa-
cidad para leerlos y puedan apreciar su contenido. Pedir, como
se hace por ignorancia, que todos los modelos de nuestros mu-
seos nacionales, por ejemplo, sean espuestos en los estantes,
en las galerías públicas, seria pedir que cada libro de una bi-
blioteca, en vez de estas cerrado y arreglado en los estantes
para ser consultado cuando convenga, tuviese cada una de sus
páginas encuadrada bajo vidrio y colgada de las paredes, de
modo que el más humilde de los visitantes al pasar á lo
largo de las galerías, solo tuviese que abrir los ojos para em-
— 14 —
paparse en In lilenilura de todus las edades y de todus los
países, sin tener que llamar un guardián para abrir el estante.
Tal arreglo es perfectamente concebible. La idea bajo algunos
puntos de vista es magnifica, casi sublime, pero imaginaos el
espacio requerido para tal arreglo, en la biblioteca nacional, ó
aún, en la más pequeña biblioteca local ; imaginaos la inconve-
niencia para el verdadero estudiante, las desventajas que ten-
dría para leer las páginas de un libro colocadas en posision
inmóvil, bajo un cristal; pensad en la enorme distancia que
tendría que atravesar á menudo para comparar una referencia
ó verificar un dato y la idea de lo sublime, se cambia en la
de su antítesis.
La idea de exponer todos los pájaros, insectos, moluscos ó
plantas que existen en uno de nuestros grandes museos de
instrucción, producirla un resultado semejante.
En el arreglo de las colecciones destinadas á las investiga-
ciones y que deben contener todos esos preciosos ejemplares
llamados « tipos » que servirán en todo tiempo para detei'minar
la especie á que hayan dado nombi'e, los principales puntos á
observarse son : la preservación de los objetos de todas las in-
fluencias deletéreas, especialmente del polvo, de la luz y de la
humedad; su identificación muy exacta y la indicación de toda
circunstancia de su historia que convenga conocer; su clasifi-
cación y colocación en la estantería de manera que pueda en-
contrarse cada uno sin dificultades ni pérdida de tiempo; y
bajo el doble punto de vista del gasto y de la facilidad de ac-
ceso, deberán ocupar esos objetos el espacio mas reducido po-
sible, compatible con estas exijencias. Los Museos deberán
tener salas bien alumbradas y provistas de mesas, al alcanze
de los libros necesarios para la consulta sobre los temas que
se refieren á los objetos. Aún mas, la salas deberán situarse
de tal manera que los empleados del Museo sin ser demasiado
molestados en su trabajo puedan ayudar y vijilar á los estu-
diantes; y si las colecciones de estudio y las de exhibición es-
tán contenidas en un mismo edificio, es evidente que cuanto
mas se puedan a])roximar las de un mismo grupo, mayores
serán las facilidades para los estudiantes y para los conserva-
dores, pero habrá pocos establecimientos donde sea posible
organizar cada serie en tal escala, que sean independientes una
de otra.
Por otra parte, en una colección dispuesta pai-a la instruc-
ción del i>úblico en general, las condiciones de disposición de
los objetos deberán ser completamente diferentes. Su número
— 15 —
deberá ser cstrictainonte limitado, según la naturalo/a del
asunto á tratarse y del espacio disponible. No deberá colo-
carse ninguno, ni muy alto, ni muy bajo para la facilidad del
examen. No se deberán amontonar los objetos uno detrás
de otro; cada uno deberá estai- bien á la vista, con un es-
pacio libre á su alrededor. Im.ajinaos una galería de pintura
en donde la mitad de los cuadros, á lo largo de los paredes,
estuvieran en parte ó enteramente ocultados por otros suspen-
didos delante de ellos; la idea parece irracional y sin embargo
tal es el arreglo de los ejemplares adoptado en la mayoría de
los museos. Si un objeto, merece ser espuesto, es necesario
que se le pueda ver. Cada ejemplar espuesto debe ser per-
fecto en su género, y se debe emplear todo el cuidado y lialji-
lidad posible para conservarlo y hacerlo útil para la lección que
de él se espera.
No puedo dejar de decir aquí una palabra sobre el arte de
la taxidermia tan tristemente descuidado que continua llenando
los estantes de la mayor parte de los museos con miserables
y repulsivas caricaturas de mamíferos y de pájaros, que son
fuei-a de toda proporción naturales; unas veces enjutos, oti'as
lanchados y en actitudes que nunca pudieron tomar en vida.
Felizmente, sucede á veces, como aquí por ejemplo, (|uc afi-
cionados dotados de gusto artístico y de una buena instruc-
ción en historia natural, han demostrado que un animal puede
ser transformado después de su muerte, por una aplicación
feliz de la taxidermia, en una apariencia de vida, represen-
tando el original perfecto de forma, de proporciones y de ac-
titud, y presentando casi tanto valor de datos bajo este punto
de vista, como el mismo animal vivo. Es el caso, que la taxi-
dermia es un arte que se asemeja á la pintura, ó mas á la
escultura, que exije un talento natui-al como también una gran
cultura intelectual, y no podrá hacer jamas progresos perma-
nentes mientras no renunciemos al título inferior y mal remu-
nerado de embajador de iníjaros, que es absolutamente impropio
para invitar á un hombre de mérito á que liaga de él su pro-
fesión.
Dejando esta digresión, diré que cada ejemplar espuesto de-
berá tener un objeto definido y que no deben admitirse dujtli-
cados en ninguno caso. Antes que todo, el fin de la espo-
sicion del ejemplar y la lección que de él se obtiene, debe es-
tar indicado con claridad sobre las etiquetas fijadas frente á
las divisiones de las series y sobre los diferentes ejemplares.
Háse definido un Museo de educación bien organizado como
— 16 —
unu c(3lecc¡on de etiquetas esplicada por ejemplares bien ele
jidos.
¿Cual es y cual debe ser el ói'den que debe presidir al ar-
reglo de una parte de un museo público? No se trata, como
sucede con demasiada frecuencia, de colocar casi al acaso una
cantidad de objetos, ni de apretarlos lo mas posible en un es-
tante, demasiada pequeño para contenerlos, teniendo poco cui-
dado por su orden y por la posibilidad de verlos con claridad.
Primero, como ya lo he dicho, debe tenerse un conservador.
Este debe considerar con atención el objeto del museo, la clase y
el saber de las personas para cuya instrucción ha sido fundado y
el espacio disponible para alcanzar su objeto. Deberá entonces di-
vidir en grupos el motivo de la enseñanza, considerará sus pro-
porciones relativas, y de acuerdo con todo esto trazará su plan.
Preparará enseguida grandes etiquetas para los principales en
cabezamientos, como para los capítulos de un libro, después
otras mas pequeñas para las diversas subdivisiones. Agregará
en un estilo compendiado, claro y conciso, algunas observa-
ciones comentando la estructura, la clasificación, la distribu-
ción geográfica, las costumbres ó las evoluciones de los obje-
tos espuestos. En último término estará el objeto explicativo,
que habrá sido arreglado y preparado y será colocado en el
sitio que le corresponde. Como no siempre es fácil procurarse
ejemplares en el momento que se les necesita, conviene dejar
espacios, pero, utilizándolos convenientemente con objetos ó
etiquetas; estos vacios serán casi tan útiles como si estuvieran
ocupados por los ejemplares mismos.
Una esposicion pública para ser instructiva é interesante
no debe jamas ser recargada. No hay verdaderamente razón
para que así sea. Tal esposicion, hecha sobre pequeña
ó grande escala, no puede contener sino series represen-
tando ejemplares elejidos, en vista de las necesidades de una
clase especial de personas que deben visitar las galerias, y el
número de piezas debe ser proporcionado al espacio disponible.
Hay pues rara vez una escusa para recargarla de manera que
se impida la vista completa de cada objeto espuesto. Una
galena atestada, salvo circunstancias cscepcionales, es la con-
denación inmediata del conservador, porque generalmente tiene
en sus manos el remedio. Para evitar este inconveniente,
basta eliminar los objetos menos importantes. Si algunos pre-
sentan caracteres de interés histórico ó científico, que me-
rezca su conservación, se les colocará en las colecciones re-
servadas; si no lo tienen no hay porque guardarlos.
Sin Pinhargü el museo iiúl)lic<i ¡iIímI. del j)orven¡r, exij¡i-:i
iiiiiclio in;is espacio para la es]>osicioii. (¡ue el (jiie disponen
los (le hoy. poi-(pie aún rníimln el núniei-o de piezas espuestas
pued<> ser mas reducido (|ue el (|ue se piensa generalmente, cada
unn de ellos necesitar;'i mas (espacio, si las condiciones enu-
meradas mas arrilia se cunipli'ii. \' sobre todo si se desea
presentarlas de manera que el visitante ¡nieda darse cuenta
de la maravillosa complexidad de las |)i-oporciones que pone
cada especie en relación con el medio (pie la rodea. Las re-
pniducciones artísticas de la naturahva vecina, las ilusti'a-
ciones de los caracteres especiales de la vida, todos estos acce-
sdi-ios exijen mas espacio pai-a llamar la atención C(jmo con-
viene l'lste método de i^spi isicidii. en rlonde se le sigo con
conciencia, seni i'i la voy. in>lriii-li\ii y iitnnente \ diM.ie divul-
garse.
Los libros-guias \- los cnt/ilogos si.m com[ilementos útiles,
cuando se hacen para compli'lar los datos de las etiquetas,
y puí'den ser llevados para estudiarlos entre los intervalos de
las \isitas ó los museos, pero no deben reemplazar jamás el
uso de a(piellas. Quien está acostumbi'ado á visitar las ga-
lei'ias de pinturas, donde los nombi'cs de los artistas y del
asunto figuran sobre el marco, y los que se ven obligados i'»
buscar en cada caso sus informes en el catálogo, apreciarán
la superioridad, la comodidad y la economía de tiemix) (pie
proporciona el primer sistema.
Procediendo de esta manera, cada galei'ia pública de un
museo, desde el espléndido solón de una institución nacional
6 la humilde sala que contiene la colección local de un club
de aldea, puede ser un centro de instrucción, y ofrecerán inte-
rés y atractivo que se buscarán en \ano en la mayoría de las
instituciones actuales. Uno de los mejores ejemplos del arre-
glo de colecciones destinadas para investigaciones, para el
adelanto de los conocimientos y para la instrucción popular y
la difusión del saber, puede \erse hoy en Kevv-gardens ; el
hei'l)ai-io admirablemente construido y bien arrc^glado responde
al i)rimer objeto, y los museos públicos de economía botánica
al segundo. Se trata de poner actualmente en condiciones
iguales, las colecciones de botánica sistemáticas del departa-
mento de historia natural del Museo Británico, con la mayor
ventaja de su continuidad inmediato. Seguramente, no puedo
indicar nada mejor como proyecto de ori'eglo de un Ijuen mu-
seo íaunque no perfecto aún en sus detalles) como el piso alto del
ala Este de dicho institución.
T. I. 3
— 18 —
Los mismos principios, apenas tomados en cuenta en otro
tiempo en este país, y desconocidos aún en algunos de los mas
grandes muscos continentales, se pi-atican gradualmente en cada
dejiartamento de esta institución, la que por su carácter, su
situación metropolitana, y sus recursos esccpcionales, debe
reiJi'esentar á la perfección, el ideal de un museo de histo-
ria natural. En efecto, es solo una institución nacional la que
puede alcanzar á reunir una colección completa de investiga-
ción, en todos los ramos de la historia natural, en donde el es-
pecialista de cada grui>o pueda encontrar su propio tema ple-
namente ilustrado.
Como la actual comparación de ejemplar con ejemplar es la
base de las investigaciones zoológicas y botánicas, y como
todo trabajo hecho con materiales imperfectos, es necesaria-
mente defectuoso por si mismo, el mejor sistema es concentrar
en un pequeño número de grandes instituciones centrales, cu}o
número y situación serán determinados i)or la cifra de la
l)oljlacion y los recursos del país, todas las colecciones, y en
particular las que contienen los ejemplares de que ya he ha-
blado, tan apreciados por los naturalistas sistemáticos, y seña-
lados bajo el nombre de « tipos » de autores. Estos tipos son
en efecto indispensables para la investigación de los orígenes.'
Es mucho mas ventajoso para al investigador, el frecuentar una
colección de esta clase y establecerse temporariamente en el sitio
donde ella se encuentra, teniendo así á lo vez bajo la mano
todos los materiales requeridos, que viajar de lugar en lugar, y
de recojer, por fragmentos, los datos que necesite, sin te-
ner ocasión de comparar directamente los ejemplares entre
ellos.
No quiero decir con esto que las colecciones para los estu-
dios especiales, y aún para las investigaciones de origen, no
delten, en algunas circunstancias especiales y entre ciertos
límites, ser formadas en otros museos que en las instituciones
nacionales centrales, ó que nada debe conservarse en los mu-
seos de provincia, fuera de los materiales que sirvan á la en-
señanza directa, ó que son de una naturaleza elemental. Una
colección local que explique la fauna y la flora del distrito,
debe hacer jjarte de cada uno de estos museos, y en este caso
puede llegarse hasta los menores detalles, bien que en muchos
otros, seria mal hecho exponerlos todos. Se puede exponer
una colección de los objetos mas importantes, bajo las condi-
ciones indicadas mas arriba y conservar cuidadosamente el
resto en la reserva para los estudios de los especialistas. Seria
<l
— 1<J —
también de desearse, tener en lodos los museos una serie su-
plementaria de ejemplares comunes que se reemplazarían fácil-
mente cuando se deterioren, para el uso de profesores y dicí-
pulos ; de esta manera los ejemplares exi)uestos serian movidos
lo menos posilile y llenarían siempre el objeto para que se des-
tinan. No debe olvidarse que el investigador celoso y el conser-
vador de conciencia, son á menudo los mas terribles antago-
nistas ; el uno se esfuerza en obtener de una pieza todo el
saber que puede dar, sin miramientos por su destino ulte-
rior, aún cuando sea él solo quien la aproveche; el otro se
satisface con que solo se vea parte de ella, siempre que pueda
ser visible para cada uno, hoy y mañana.
Tal es pues el primer principio al cual debe someterse el
arreglo de todo museo : la distinta separación de los dos obje-
tos que se han tenido en vista al hacer las colecciones. La
sala expuesta al público no será jamás un cuarto de reserva ó
un almacén, pero será organizada de manera que el visitante
rdinario jiueda comprenderla y aprovecharla ; y la colección para
los estudiantes será arreglada de manera qu'e ofrezca toda fa-
cilidad de examen y de investigación. Los perfeccionamientos
que jiueden hacerse en estos dos casos, son sin límites, pero
el tiempo no nos permite entrar en el detalle de estas conside-
raciones.
Me apercibo que no he abordado aún ciertos puntos sobre
los cuales debéis esperar algunas palabras en esta ocasión.
Quiero hablar de esos grandes problemas referentes á las
leyes que rijen la evolución de los seres organizados, proble-
mas que ajitan los espíritus de todos los biologistas de la épo-
ca actual, y cuya solución es esperada con ávido interés por
un vasto círculo, círculo que coincide con la inteligencia y la
insti'uccion del mundo. Serán presentadas muchas comunica-
ciones, relacionadas con estos [iroblcmas, en las reuniones de
las secciones dentro de algunos dias, y tendremos la ventaja
de oirías de la boca de los que, en virtud de sus estudios
especiales y de su entero conocimiento de esas cuestiones, son
los mas competentes para hablar con autoridad. Es además
para mi un asunto delicado de abordar.
Creo que puedo adelantar con seguridad que hay pocos bio-
logistas, si es que existen, estudiando los orígenes en una de las
ramas de esta ciencia, que mantengan serias dudas sobre la
verdad de esta doctrina general, que todas las formas existentes
de la vida derivan de otras formas por un progreso natural de
descendencia con modificaciones. Ya se ace45ta en general quo
— 20 —
es en los^ arcliivos del pasudo de la vida en la tierra, donde
debemos buscar, pura encontrar la contlrniacion de una doc-
trina que concuerda tan exactamente con todo lo ([ue conoce-
mos de la bistoria de los seres vivos boy.
El profesor Huxley ba escMto en 1875 : « el solo lundamcnto
perfectamente seguro de la doctrina de la evolución, reposa en
la evidencia bistorica. ó mas bien arqueológica, (pie los or-
ganismos actuales se lian desarrollado por la modilicacion
gradual de sus predecesores, ijue nos son conocidos p(ir sus
i'cstos fósiles. Esta evidencia crece cada dia en grandeza é im-
portancia y debemos esperar que las comparaciones de la ge-
uealogia actual de estos oi-ganismos, con los fenómenos de su
desarrollo, ¡jodrá dar algún criterio que atestiguar;! de una ma-
nera satisfactoria la validez de las conclusiones filui;(''nicas (|ue
se ban deducido de solo la embriología ».
La paleontología, sin emljargo, como ya lo sabemos, no
deja |)enetrar fácilmente sus secretos. Nada ¡¡uede oljligarnos
:\ reconocer esta verdad, como la noticia anunciada bace ape-
nas tres meses, i>or el profesor Marsb, del desculirimiento de
numerosos restos de mamíferos en las formaciones del [leriodo
(•retaceo, baljiendo sido la ausencia de estos f(')siles una larga
fuente de dificultades para todcis los zoólogos. ¡ Qué vistas abre
este descubrimiento }iara el porvenir y que completo des-
crédito arroja, si fuera necesario, sobre el valor de la ne-
gación en tales materias! Teniendo conciencia del estado im-
perfecto de los document(js (¡ue est.m ñ nuestra disiiosicion,
pienso (juo ninguno de los (|ue siguen c(.in imi>iU'ciali(lad los
recientes progresos de los descubrimientos palcdntob'igicos. no
puede dudar t[ue la evidencia en fav(.)r de la modilicacion gra-
dual de las formas vivientes aumenta regularmente cada dia.
No se puede contar, en efecto, sobre una ocasión talmente es-
cepcional y sobre un concurso tan favorable de circunstancias en
que series regularmente progresivas de cambios de estructura,
hayan sido conservadas completamente, en perfecta coinci-
dencia con los cambios debidos al tiempo: pero los anillos mas
(t menos perfectos de gran número de series de esa naturaleza,
nos son revelados de continuo, y el descubrimienlo de una
sola forma intermediaria oírece á menudo inmenso intei'és, como
indicando el camino (pie lia podido seguir tal ó cual inoditica-
cion de forma salida de otra, (jue le era distinta en aparencia.
Biel^ (|ue se ocurre i'i la paleontologia |iura apoyar la (;on-
clusion de ijue se han producido 'modilicaciones cnii el tiempo,
esta puede apenas procurar alguna base para resolver los pro-
— 21 —
blema.s iiiiis difíciles (jue se relacionan siempre con los planes
según los cuales se han efectuado esas nioditicacíones. Ciei-to
es que después de la publicación d<^ lo (|ue se ha considerado
con razón la creación de Ja Historia Natural iiioderna, la obra de
Carlos Darwin soljre el origen de las especies, se han produi'ido
gr.ui ni'nnero de controversias sobre la cuestión de saber como
las modificaciones de las formas vi\as pueden concordar con
el principio de la selección natural ó con la conservación de
las variaciones mejor adaptadas á las condiciones del medio,
ó si no hay otros factores que haviui intei'venido durante el
curso de la evolución orgi'tnica. No puede decirse ipie el
acuerdo se haya efectuado ya. Todos los (¡ue están al cor-
riente de la literatura científica, saben (¡ue el ruido de nues-
tras discusiones, en la última reunión anual de nuestra aso-
ciación, ha repei'cutido en todas partes y (jue el eco de ese
ruido apagóse recien. Mn estos últimos meses han aparecido
en esta país dos importantes obras, que han presentado liajo
una forma accesible >■ ¡¡oiiular, algunos de los datos sobre los
que se han basado las consecuencias principales de este tema.
l']l iirimer liljro se titula : Darwinismo. Exjjosicion de la teoria de
la selección natural, con algunas de sus aplicaciones, por Alfredo
Russell Wallace. Nadje con mas competencia para presentar
una esposicion de la teoria, como quién fué, simultáneamente
con Darwin, su autor independiente, pero quién, [lor el título
que elijió, como por el contenido de su libro, ha, con rara mo-
destia y abnegación ¡tersonal, transferido á su conqjafiero de
trabajo todo el mérito del descubrimiento de lo que e\idente-
mente mira como un princij)io de abrumadora importancia en
la economía de la naturaleza, « ciertamente superior, dice, al
alcanze que el mismo Darwin vaciló en reclamar 'para ella. »
La otra obra á la (jue me reñero es la traducción inglesa,
de los notables « Ensayos sobre problemas biológicos de parentesco
g herencia », por el D' Augusto \\'eismann, publicados por la
O.rford Clarendon Press, en la que se discute ampliamente la
muy importante y aún abierta cuestión, que fué tratada con
preferencia en nuestra reunión de Manchester ahora dos años,
la de la transmisión ó no transmisión á la descendencia, de
los caracteres adquiridos durante el tiempo de la vida de los
padres.
Todos estamos de acuerdo en reci;in(jcer como uno de los
principales elementos del Darwinismo, lo mismo que de toda
otra tei:)ria de la evolución, que en cada ser organizado existe
la tendencia innata á separarse del tipo de sus ¡iredeccsores,
pero que esta tendencia esta contenida por la influencia de
otra opuesta, que tiendo á hacerlos semejantes; esta fuerza es
lo que se llama herencia y atavismo. Si se consideran por un
lado las causas de la tendencia inicial á variar, y por otro, las
circunstancias que favorecen esta tendencia á espensas de la
influencia coercitiva de la herencia, vése que esas fuerzas opues-
tas ofrecen un campo sin límites á la especulación intelectual.
Aunque se hayan sujerido diversas teorías de la variación, pienso
que nadie se aventurará á decir que hayamos resuelto ya este
asunto.
Si aceptamos, como todos lo hacemos hoy, que existe una
tendencia de variación indi\idual bien positiva, queda la cues-
tión de conocer los ajentes (¡ue la controlan ó la dirijen, de
manera que produzca modificaciones permanentes, ó perma-
nentes solo en la aparencia, de las estructuras orgánicas que
nos rodean. La sobrevivencia del mas fuerte (Survival of the
fittest), ó la conservación por la selección natural de las varia-
ciones mejor adaptadas á los medios (lo que es la esencia de
teoría de Darwin, y aún mejor, de la de Wallace), ¿son esas
variaciones las solas ó aún los principales de esos agentes?
¿Seria el aislamiento, volviendo á las teorías de Lamarck, solare
la acción directa del medio, ó los efectos de la costumbre, ó
la pérdida de ella, acumuladas á través de las generaciones?
¿Seria una sola de esas causas ó su combinación, lo que puede
dar razón de todo? ¿Ó bien será necesario invocar el auxilio
de uno de los numerosos métodos secundarios de selección,
que se han sujerido como factores i^ara resolver el gran jiro-
problema?
Quién haya seguido de cerca estas discusiones, especialmente
las ijue se refieren de un modo mas directo á lo que se considera
generalmente como el mas importante factor de la evolución,
la selección natural, ó la sohrcrircncia del mas fuerte, no puede
dejar de haber notado el llamamiento constante, hecho á las
ventajas y á la utilidad, ó de otra manera, á los órganos espe-
ciales ó modificaciones de órganos ó estructuras de sus posee-
dores. Los que están convencidos de la aplicación universal
de la doctrina de la selección natural, sostienen que cada de-
talle de organización ó modificación de órgano, debe ser útil al
animal ó planta que la presenta, ó á algún antepasado de este
animal ó de esta [llanta, por(iuc de otro modo esas, modifica-
ciones no se habrían producido; solo hacen una reserva para
los casos que se esplican por el principio, llamado por Darwin,
correlación de crecimiento. Entonces el mas avanzado seleccio-
— 23 —
aisla nnlui-iil y el teleologista de la mas vieja escuela, estaa
bastante próximos á entenderse.
I'or otra parte, algunos pretenden que se encuentran en la
naturaleza numerosos órganos y modilicaciones de estructura
i|ue no tienen utilidad manifiesta, y se llega á asegurar confi-
dencialmente que existen muchos perjudiciales á sus })oseedo-
res, y que, por consiguiente, no inieden evidentemente resultar
de la acción de la selección natural, ni de las variaciones fa-
vorables. Cuando se encuentran en estado naciente, los órga-
nos ó sus modificaciones, se les considera como teniendo
este defecto. Pero, bajo este punto de vista, me parece que
invocamos constantemente un criterio para demostrar teorías
que no conocemos aún bastante, y es ese el punto (Ijien que
se le haya contado como el mas fuerte), el que es en realidad el
mas débil de toda la discusión. Principiamos á saber algo de
la forma y de la estructura de los cuerpos organizados. Nues-
tros museos, cuando sean mas completos y mejor ordenados,
nos enseñarán mas aún sobre esto. Nos mostrarán los infini-
tas, prodijiosas y aparentemente caprichosas modificaciones de
forma, color y contextura que caracterizan cada una de las mas
ínfimas partes de la organización do los innumerables seres que
pueblan la tierra. Nos revelarán las maravillosamente compli-
cadas y delicadas disposiciones de los órganos y tejidos, en mu-
chos de los que consideramos como grupos de seres mas inferiores
y mas imperfectamente organizados, que conocemos. En cuanto
á la utilidad de todas estas formas en la economía de las cria-
turas que las poseen, no puedo decir casi nada ; nuestros mu-
seos nos lo indicarán sin duda mas adelante. Si el tiempo
lo permitiera, podría citaros numerosos ejemplos tomados en
los animales que nos son familiares. Sus costumbres y sus
acciones son el motivo de observaciones diarias, y conocemos
la historia de su vida casi tan bien como la nuestra, pero la
esplicacion de su organización es aún dudosa para nosotros.
Sucede lo mismo con muchas partes de lo que comjjone nuestro
propio cuerpo. ¿Como podemos entonces esperar resolver tales
cuestiones, cuando se refieren á animales que solo conocemos
por ejemplares muertos ó por las mas lijeras observaciones
sobre el vivo en estado libre, ó confinado en las condiciones mas
anormales? Y es á esto, sin embargo, á lo que se reduce el es-
tado actual de nuestros conocimientos sobre la gran mayoría
de las miríadas de seres que habitan la tierra.
¿Como podemos, con nuestro limitado poder de observación
y la reducida capacidad de nuestra inteligencia, avanzar opi-
— 24 —
nion sobre la conveniencia ó los incon\'enientes de los acceso-
rios complejos do alguna modificación particular de estructura,
li.ilhida en un animal estraño, estraido de los abismos del
Océano, ó que pasa su vida en el oscuro retiro de alguna sel-
va troi)ical, cuando no tenemos actualmente ningún medio (|ue
luis ponga en relación alguna con las condiciones esenciales
de su existencia?
Cuan verdaderas son las siguientes palabras de John Lub-
bock : « Encontramos en los animales, órganos sensoriales com-
plejos provistos de nervios, pero cuyas funciones nos sentimos
aún impotentes para esplicar. Puede haber ahí cincuenta espe-
cies de sentidos tan diferentes de los nuestros, c-omo -lo es el
oido, de la vista : y aún. entre los límites de nuestros pro-
pios sentidos, pueden existir una infinidad de sniiidos ipie no
podemos ver y de colores tan diferentes como el rojo del A'erde,
y de los que no tenemos la menor idea, l'^sta cuestión y mil
otras quedan sin solucit)n. l'^l mundo familiar que nos rodea
puede tener un aspecto totalmente diferente jiara los demás
animales. Puede estar lleno de sonidos que no podemos escu-
char, de colores que no vemos y de sensaciones que no pode-
mos concebir. » El hecho es que todas las tentativas para
asignar fines á las organizaciones variadas de los animales
solo son simples hipótesis. Los naturalistas del principio de
este siglo, para quienes toda « causa » debe tener un « porqué
motivo » aljundan también en conjeturas cjue una ciencia mas
desarrollada ha i)robado .ser insostenibles. Muchos de los argu-
mentos en pro y en contra de la selección natural, basados sobre la
utilidad ó la no utilidad supuesta de los órganos de los ani-
males y vejetales, no son mas .sostenibles. El hecho de decir
que tal parte del organismo de un animal ó de una planta, ó
tal hábito ó instinto de que está dotado, no tiene utilidad
ó es perjudicial, me parece una presunción que no esta-
mos autorizados á tener en el estado actual de la ciencia. La
luz puede hacerse con el tiempo, pero son necesarias gran pa-
ciencia y un trabajo infinito, antes (|ue no estemos en estado
de discurrir dogmáticamente sobre esos misterios de la natu-
raleza. Es necesario trabajar no solo en los museos, los la-
boratorios, las salas de disección, sino también en las habi-
taciones de los animales mismos, espiando y anotando su
aspecto habitual y sus acciones en sus medios naturales ; es
solo así que trataremos de penetrar los secretos de la vida.
Pero hasta la llegada de ese dia y sin que desesperemos por esto,
la franca confesión de nuestra ignorancia ser-á nuestra guia
mas segura, y sin duda la sola actitud honrada que podamos
asumir cuando se nos consulte sobre estos asuntos.
Sin embargo, por mas que estemos muy convencidos del
gran valor de los métodos científicos de observación y razona-
miento, en cuanto á su ejercicio mental individual y á la
elucidación de la verdad y adelanto del saber, es imposible
dejar de confesar que nosotros los que estamos empeña-
dos en la investigación de esos asuntos, considerados como
del dominio de las ciencias físicas, desgraciadamente no siem-
pre, en virtud de ser tan ocupados, poseemos el mas precioso
de los dones: «un juicio recto en todas las cosas.» Nadie que
conozca intimamente las laboriosas é indecisas etapas del pro-
greso científico (respondo á lo menos por una de sus ramas)
puede considerar este con un perfecto sentimiento de satisfac-
ción. ¿Puede decirse de alguno de nosotros, que nuestras ob-
servaciones son siempre exactas, que los materiales en que se
basan son siempre suficientes, nuestro razonamiento siempre
seguro y nuestras conclusiones siempre legítimas? ¿Hay al-
gún tema, aunque limitado, del cual nuestro saber pueda decir
que ha alcanzado el fin?
Por mi parte, no olvido cuan difíciles son á esplicar los
defectos aparentes de, la organización de los seres en general,
y sobre todo, sus costumbres salvajes y crueles ; pero debo
confesar que cuando me esfuerzo en mirar mas allá del cuadro
de la naturaleza orgánica, y que quiero formarme una idea del
plan según el cual se ha levantado toda la inmensa variedad
de este mundo, encuentro las razones mas poderosas para apoyar
la creencia que la selección natural ó la sobrevivencia del mas
fuerte ha desempeñado con los otros agentes, el papel mas im-
portante en la formación del mundo orgánico, considerado
en su estado actual, y que una fuerza activa universal y bien-
hechora tiende constantemente á la perfección del individuo,
de la raza y de toda la creación.
WlLLlAM H. PYOWER.
EL
MUSEO DE LA PLATA
RÁPIDA OJEAD.\ SOBRE SU FUNDACIÓN Y DESARROLLO
FRANCISCO P. MORENO
PlKECIOll DEL MUSIiO
EL
MUSEO DE LA PLATA
RÁPIDA OJEADA SUBKE SU FUNDACIÓN Y DESAKKULLü
Buena suerte es para el Museo de la Plata que el in-imcr
número de su Revista pueda contener, como introducción, el
discurso que el Profesor Flower, el sabio Director del Museo
Británico de Historia Natural y Presidente de la Asociación
Británica para el adelanto de las ciencias reunida en New-
Castle, pronunció en la primera sesión de Setiembre del año
pasado.
El tema elejido y que nadie mejor que el ex-Director del
Museo del Colegio Real de Cirujanos de Londres puede tratar,
habiendo sido él quien organizó en dicho establecimiento su
sección ilustrativa de la anatomía comparada que ha adquirido
renombre universal, encierra tunta enseñanza para los que en
estos países (donde desgraciadamente son la mayoría), creen que
un museo debe ser algo como las colecciones da Juan Trades-
cant padre é hijo, citadas por el ilustre sabio, es decir, un
simple depósito de curiosidades, que ese discurso es un au-
xiliar poderoso para el Museo de la Provincia, aún en embrión,
y al cual, sin embargo, se le ha exijido lo que no pueden
dar los primeros museos del mundo.
Dicho discurso sobre « Los Museos de Historia Natural » ha sido
considerado de tan grande interés, que al dia siguiente de
pronunciado fué pul)licado íntegro y comentado en el « Times »
de donde lo traducimos y pocas dias después en la « Revue
Seientifiqíie », aunque desgraciadamente con graves errores y
supresiones.
I
— 20 —
Ese estudio encierra todo el plan de nuestro museo. He co-
nocido ul Profesor Flower en el Museo del Colegio Real de
Cirujanos, lie admirado allí sus exelentes condiciones de orga-
nizador y me he maravillado ante la esquisita preparación de los
objetos. Cuando trazé el plan de este establecimiento tuve siem-
pre presente lo que allí vi, pero no siempre se dispone de los
elementos necesarios, ni siempre es el medio igual. Lo que era
posible en Londres, fué imposible exijirlo de La Plata, la ciu-
dad que no existia cuando admiraba aquellas colecciones, y
hube de dar tiempo al tiempo para poner en práctica mi pro-
grama. En documentos oficiales he expuesto mi plan repe-
tidas veces, y hoy que quien con su obra me abrió los ojos
sobre lo que debia ser un museo, ha hablado estensamente
y ante un público superior, de sus opiniones á este respecto,
me siento con mayores fuerzas para perseverar en la tarea
que me he impuesto.
La breve reseña de la fundación y estado actual de este
Museo de La Plata que vá enseguida, dá cuenta de lo que ya
se ha realizado en él, y comparando este resultado con lo que
deber ser un museo según el profesor Flower, se nota que
« la verdad es que recien ha empezado la tarea. » Las dificul-
tades de organización y sobre todo de la reunión de los materiales
son enormes, puesto que no se trata de colecciones acumula-
das durante largos años, ni incorporadas con raras escepciones,
en grandes masas por donaciones ó compras, sino de unas
que con base relativamente pequeña, « donada » como ha su-
cedido con todos los grandes museos del mundo, ha sido ne-
cesario aumentar diariamente, buscándolas en regiones dis-
tantes y difíciles, sin disponer de elemento oficial suficiente, pre-
parándolas y restaurándolas con reducidísimo personal y este
en las condiciones que dice Flower, « mal rentado », mientras que
el director, que aquí reemplaza al conservador, ha limpiado en
mas de una ocasión los pisos, buscando al mismo tiempo los
medios de llevar á adelante su| empresa' próxima á naufragar.
Es por estas deficiencias (jue mucho de lo malo que dice Flo-
wer de los museos actuales puede aplicarse desgraciadamente
al de La Plata, pero esto sucede no por falta de buena volun-
tad sino de elementos.
He sido tratado de megalómano porque he pensado dotar á
mi Provincia natal de un gran museo dedicando mi ^•ida á
conseguirlo. Es cierto que he pensado grande y que lo que he
publicado sobre ello puede entrar, ó mas bien entra, en lo que
considera el sabio inglés como una institución ideal, pero quien
— 30 —
conozca la rápida mairha adelante de e^te paií y la^^ sorpresas
que sus mismos hijos hemos esperimentado al notar sus grandes
jirogresos en los que muchas veces hemos sido actores incon-
cientes debiéndolos en mucha parte á los favorabilísimos me-
dios físicos en que nos desenvolvemos, no se sorprenderá de
la tentativa mia. y aún mas, puede que la considere realizable
como \o lo creo.
Alguna razón habia sin embargo para considerar demasiado
vasto ese plan cuando solo se conocía aquí el Museo público de
Buenos Aires, inmensa acumulación de riquezas reunidas en un
reducido edificio, donde por la escasez del local, se encuentra la
faja ensangrentada del General Lavalle al lado de una magni-
fica mandílnüa de mastodonte, y donde se refleja el esqueleto
de un Scelidoterio en el cristal que cubre los restos de una
momia Ejipcia cargada de geroglf fieos ; museo en el que su sa-
bio Director recien empieza á ver reconocido su continuo sacri-
ficio, (por que lo es, y grande, el tener que presenciar tal pro-
miscuidad de elementos sin poder ponerle remedio), con la
entrega de las varias salas de la antigua Universidad, que se
le ha hecho últimamente como principio de un gran ensanche
cjue permita el arreglo conveniente de tantas y tan \aliosas co-
lecciones, relegadas a los depósitos por falta de local adecuado.
Sin ideas preconcebidas, como no sucede amenudo en el ^ iejo
mundo donde la enseñanza de siglos se impone, y donde toda
tentativa de modificación es dificíl de llevar á buen fin, to-
mando de las viejas instituciones lo que he creído bueno, y
haciendo á un lado lo (¡ue por añejo cae de su peso, pienso
(jue no he perdido el tiempo y que el ]\Iuseo de La Plata,
puede considerarse como ya nacido. Lo que se necesita ahora
es darle fuerzas para crecer. Los elementos para conseguirlas
empiezan á reunirse y si la labor actual continua del mismo
modo como hasta el presente, progresando en la misma propor-
ción con los mayores recursos con que se le ha de dotar pronto,
esiiero poder decir en breve tiempo que el inñmitivo plan se ha
realizado y que Sud America cuenta con algo que se apro-
ximará en cierta manera á la gran institución Smithoniana
del Norte. La situación geográfica de la República Argentina
nos facilita la tarea. Las condiciones de su cstenso suelo que
contiene casi todas las formaciones geognósticas conocidas, fa-
vorece la reunión de materiales paleontológicos de un valor
científico verdaderamente grandioso, y harán que el estableci-
miento que se consagre á reunirías sea un centro indispensa-
ble de investigación. Toda persona que se dedique á escudriñar
— :>A —
el jKi^adu iiustral, forzosamente deberá examinar sus colec-
ciones, y los que inquieran la vida humana pre-colombiana
lianín igual cosa. Sin el conocimiento paleontológico y antro-
l)ológico de lo que es hoy la República Argentina, no es posible
trazar, ni siguiera á grandes rasgos el pasado de América
]jorque esto solo puede hacerse examinando las riquezas acu-
muladas en el Museo público de Buenos Aires, hoy Museo
Nacional, y en el de La Plata.
El deseo del lucro ha hecho que sean artículo de comercio
los objetos que debieron ser de propiedad pública, y conozco
grandes colecciones que con este fin se han formado y que se
han vendido ó se trata de vender en países estraños. Es (la
considero obligación; la reunión de esos objetos, antes de que
vayan á esas manos, lo que hace que descuide la mejor ins-
talación del Museo, sacrificándola momentáneamente a la sal-
vación de esas materiales que han de servir de base á nuestra
historia. Además, es necesario tener en cuenta que debiendo
ser el Museo de La Plata, un « museo de esposicion », al
mismo tiempo que un establecimiento de estudio, (estando en esto
de acuerdo con el deseo de Flower), la reunión de las materiales
necesarios es mas difícil, porque el número de estos indispensa-
mente debe ser mucho mavor. Si en el fondo, es exactísima
la frase del gran Agassiz, «no existen duplicados en la naturaleza »
no es posible llevarla en esa forma á la practica, pero sí se
debe reunir un número importante de ejemplares de cada ani-
mal, planta ó roca, presenten diferencias ó no, para hacer es-
tudios bien basados, sean sobre puntos ya conocidos, ó como
elementos para el descubrimiento de fenómenos aún no espli-
cados. Aún mas, no hay que olvidar que los museos son raros en
estos países y poco frecuentados, porque el público en general,
como ya lo he dicho, no los aprecia todavía como debe, igno-
rando el puesto que desempeñan en la instrucción y los ele-
mentos que pueden suministrar para la mejor lucha por la
vida. Las reuniones de huesos y piedras no lo han alhagado
hasta ahora y de aquí la conveniencia de reunir materiales de
todo género, sin poder siempre dar preferencia á los que ilustran
tal ó cual materia de interés científico pero de escasa vista, y de
buscar los que atraigan mas la atención. No olvidemos que todo
tiene una infancia, que en el hombre la curiosidad infantil no ha
desaparecido, sino que está dormida, y que esta despierta
cuando ante su vista se presenta algo que no conoce ó no sos-
pecha. La primera impresión, si esta no se impone por bril-
lantes colores ó bellas formas, es pálida y muchas veces se
abandona; solo el contraste la excita, atrae la retleccion que
resulta del porqué ese objeto sin vista se considera de mayor
aprecio que los que tienen mucha, trata de saber que es lo
que tiene delante, y poco á poco, lentamente, la luz se hace
en su espíritu, y ante este, un fragmento de hueso, una piedra
informe, un tiesto viejo de origen y do tiempo desconocido, le
revela fenómenos no soñados, que alimentan la fantasía hu-
mana, madre de todos los conocimientos. Para atraer esa
curiosidad, son necesarios, en un principio, los museos « Ba-
zares ». Sin el de los Juan Tradescant quiza no existiera, en
su desarrollo actual, el Museo Británico, porque la evolución
se encuentra en todas las formas de pensamiento y todo se
encadena; aquella miscelánea pintoresca, poco á poco fué de-
sapareciendo y prevaleció lo verdadero y lo útil. El origen de
este Museo de La Plata fué, entre otros objetos de análoga
importancia: una imitación de idolo chinesco en barro cocido,
algunas piedrecillas de brillantes colores, algunas « semillas
petrificadas » que eran moldes interiores de moluscos tercia-
rios, y un conglomerado conchífero que recibí y que tuve en-
tonces por « mano de tigre petrificada ». Estas piezas, des-
pués de cerca de un cuarto de siglo, son interpretadas en su
verdadero valor y ocupan su sitio en nuestras galerías, des-
pojadas de su primitivo significado, que era el que les dio
mérito, sin embargo. Probablemente sin esa imitación igno-
rada de los Tradescant, de un muchacho de catorce años, no
existiría el Museo de La Plata y cuando pienso en el origen
de este, sonrio al oirlo tratar de simple « bazar ». Así como
es, ha sido visitado por cincuenta mil personas en un año y
he notado el progreso gradual de los concurrentes y el in-
terés que empiezan á tener nuestros compatriotas por este estableci-
miento. Los que saben son siempre los menos, y hay que pen-
sar en los que no saben. Es cierto, como lo dice John Rus-
kin, el ilustre crítico, que un museo no es un sitio de recreo,
sino uno de educación, pero esto está bueno para donde las
escuelas tienen pequeñas colecciones, y cuando existen otros
establecimientos donde se reciben las primeras nociones de
lo que mas tarde se encontrará formando un museo. Aquí
faltan estos establecimientos ó son raros en número y ha
sido necesario reunir todo en un solo punto para crear el in-
terés por el museo.
La heterogenidad de elementos no existe cuando estos están
debidamente colocados donde deben estar, y basta solo hacerlo para
que se conviertan en útiles los objetos que fueron meros artículos
— 33 —
de curiosidad. La impresión que el visitante común poco instruido
recibe do estos objetos, es decir, de los que puede comprender
con su máximum de criterio, trasmitida luego á sus amigos,
incita á estos a verlos, luego los interpretan, los comentan, y
de comentario en comentario van despojando á las primeras
impresiones de los falsos atavíos que hayan podido vestir
y nace así el interés conciente por el museo. Estas impre-
siones no las recibe el ojo inesperto, ante un fragmento
petrificado de pequeña mandíbula, un trozo de roca informe
y pálido de colorido, una planta seca entre dos hojas de pa-
pel, un cráneo humano aparentemente de forma igual al del
observador, ni frente á un pedazo de alfarería toscamente pintado,
pero si ante una caparazón de glyptodonte, los colmillos de un
mastodonte, un gran trozo de metal nativo de algunas decenas
de kilos de peso, el esqueleto de una ballena, ó un grupo de
grandes animales de estrañas formas, una serie de vasos ce-
rámicos, pintados, que por su variedad y número se imponga,
y el traje de plumas ó de espeso cuero de algún gefe indíjena,
objetos todos cuya vista evocan paisajes mas ó menos verídicos,
pero atrayentes siempre.
He observado que muchos de los concurrentes á este esta-
blecimiento vuelven con frecuencia y que hay algunos que lo
visitan todos los domingos, pasando horas en las salas abier-
tas al público y que, sin embargo, no son las mas interesantes.
Para el pueblo inculto se ha convertido el Museo en un sitio
ameno de reunión; respetuoso, observa lo que contiene, se es-
tasía ante una gallina con polluelos, un gato salvaje que sor-
prende una perdiz, etc., y olvida la taberna que quizá lo lleva
al crimen. Recordando lo que fué núcleo de este Museo, he ro-
deado sus calles esteriores de piedrecillas de colores, como las
que reuní en mi infancia ; la cantidad de ellas, algunos cientos de
toneladas, va disminuyendo, pero alegra ver á pequeñuelos y
grandes escarvando el suelo, reuniendolas, para, quizá, formar
un « Museo », alimentando así el espíritu en útil forma. El
anhelo por saber es de grandes y pequeños, variando solo la
escala, y no son pocos los que piensan en lo feliz que serian
comprendiendo todo lo que vén. He visto grupos que pasaban
por nuestro jardin, detenerse frente á un gran trozo de madera
petrificada y luego volver atrás, entrar y pasar largo tiempo en
el Museo, haciendo, es cierto, conjecturas á cual mas invero-
símil sobre lo que tenian delante, pero destacándose siempre
algo con visos de probabiHdad. Así, lentamente, con lo que
aprenden los ojos, se cultiva el espíritu del pueblo, y esta es una
— 34 —
de las tareas mas benéficas de los establecimientos de esta
clase. Cuando se haga el catálogo del nuestro y se concluya
de colocar las etiquetas esplicalivas, este resultado se obten-
drá con mas facilidad.
En ocasión próxima, al describir mas estensamente este
museo en nuestros « Anales » lié de tratar esta interesante
cuestión de la forma en que se debe despertar el interés por
los museos en esta América y la evolución que deben seguir
hasta alcanzar su verdadero puesto en la educación general.
El profesor Flower dedica una buena parte de su discurso
á « los grandes problemas que rigen la evolución de las seres
organizados, problemas que agitan los espíritus de todos los
biologistas de la época actual, y cuya solución es esperada
con ávido interés por un vasto círculo, círculo que coincide
con la inteligencia y la instrucción del mundo ». Confío en que
el Museo de La Plata ha de contribuir en algo al mejor co-
nocimiento de esos problemas, y si quien visita hoy nuestras
salas, depósitos y talleres y encuentra á primera vista un haci-
mamiento de objetos, piensa un poco en lo que se necesita
para que podamos prestar ese servicio, lo escusará, teniendo
presente que son esas miles de piezas, aparentemente destro-
zadas, otros tantos documentos. A mi mismo me sucede, cuando
la entrada de materiales á estos laboratorios es demasiado
grande, acumulándose en el mismo dia, mas de cien cajones
llegados de diferentes puntos de la República, sin tener el per-
sonal necesario para su arreglo, que sienta la necesidad de
dar tregua á este adelanto, pero luego reacciono, pensando tam-
bién que esos son nuevos elementos que no es posible perder,
y que si cuestan sacrificios, no se debe hacer caso de ellos
cuando se tiene en cuenta la conveniencia que la ciencia en
general tiene en su reunión. El Museo de instrucción, para
el cual se reúnan tantos materiales, no será organizado debi-
damente hasta que lo esté el de « Esposicion », lo que es ló-
gico. En las nuevas salas, cuya construcción proyecto, tendrán
amplio espacio los estudiantes y los elementos necesarios para
el trabajo. Entonces los servicios que preste el Museo de La
Plata serán importantes y nos habremos acusado á la realiza-
ción de la aspiración de Flower, pero por ahora creo que no
se puede exij irnos mas. Recordemos que solo cuenta como tal cinco
años de existencia. Los recursos de que ha dispuesto han sido es-
casos relativamente y por lo tanto no puede competir ni asemejarse
á los grandes establecimientos de su género, en cuanto á or-
ganización, pero los materiales reunidos creo que bastan para
— 35 —
])robar que esta provincia de Buenos Aires puede contribuir
mucho al adelanto de las ciencias naturales, que tantos goces y
utilidades proporcionan. Como cada dia que transcurre tengo
mas te en la realización de la Exposición que el lector encontrará
bosquejada mas adelante (1), hade llegar el momento en que,
con la' cooperación del Observatorio Astronómico que se le-
vanta en las inmediaciones del Museo y que puede conside-
rarse como uno de los dotados de mejores instrumentos en
el mundo, con la de la Facultad de Agronomía y Veterinaria,
vecina también, como lo es igualmente la Escuela de Artes
y Oficios, (establecimientos, estos dos últimos, que darán la
prueba del alto grado á que han llegado entre nosotros la ga-
nadería, la agricultura y la industria), recibirá la Provincia de
Buenos Aires aplauso merecido por haber reunido en el par-
que de su Capital toda la historia de la labor humana para
enseñanza de sus hijos, al lado de todo lo que la ha precedido
en esta escena, desde las primeras formas vitales tanjentes
(jue el hombre ha descubierto entre las viejas rocas al querer
trazar su árbol genealógico. Es en esa fiesta donde recien
podremos mostrar'bien todo lo que contiene este establecimiento,
cuya fundación v desarrollo sigue aquí. El tiempo que falta
para la primaAcra de 1892 es corto para todo lo que debe
hacerse en este sentido, pero muchas veces la voluntad lo
aumenta con la mayor labor, y no dudo de que los que desea-
mos que tal Exposición se verifique, la hemos de llevar á cabo
con el objeto de solemnizar la primera década de esta Capital,
cuya sola existencia muestra la gran riqueza pública y privada
de nuestra Provincia.
II
La Capital de la Provincia de Buenos Aires, la ciudad de
La Plata, fué fundada el 19 de Noviembre de 1882, para reem-
plazar como asiento de las autoridades provinciales, á la ciu-
dad de Buenos Aires, que había sido declarada, en 1880, Cai.i-
tal de la Rcpúijlica Argentina. A la nueva ciudad, apenas en
(1) Véase mas adelante el Proijccto de una Exposición rctrospectica Anjcn-
tna, con motivo del cuarto centenario del descubrimiento de América.
— 3G —
cimientos, trasladi'ironse diclias autoridades en Alji-il de 1884,
siguiéndoles la mayor parte de los diferentes departamentos de
la Administración, costeados por el Tesoro Provincial. Escep-
tuáronse, sin embargo, los que por su índole especial convenía
á los intereses generales que no fueran removidos de la Capital
de la República, y entre éstos se contó el Museo público de
Buenos Aires, que fundó el gran Rivadavia en 1823, pero cuya
importancia solo data del dia en que se hizo cargo de él, como
Director, el sabio autor de la Historia de la Creaciou, Dr. Germán
Burmeister. No era posible trasladar sus valiosísimas colecciones
paleontológicas sin grave riesgo de perderlas, y la Provincia de
Buenos Aires hizo ese sacrificio en bien de la ciencia.
Resuelta la fedcralizacion de este establecimiento, solo que-
daba para servir de base al nuevo Museo de la Provincia, que
necesariamente debía fundarse, el Museo Antropológico y Ar-
queológico de Buenos Aires, cuyas colecciones fueron trasladadas
en Julio de ese año á La Plata, á un local provisorio, mientras
se decidía la fundación del que debía reemplazar al cedido á la
Nación. Las colecciones del Museo Antropológico componíanse
principalmente de los objetos que había reunido en mis viajes
al interior del país, durante varios años y los que tuve el honor
de donar á mi Provincia natal en la ocasión siguiente : Al re-
gresar á mediados de 1877 de una escursion á las nacientes del
rio Santa Cruz, en Patagonia (1), tuve conocimiento de que el
Sr. Ministro de Gobierno de esta Provincia, que lo era entonces
el distinguido americanista Dr. D. Vicente G. Quesada, había
espresado ante la Honorable Legislatura (2), « la conveniencia
« de la creación de un Museo de antigüedades americanas, para
« guardar en él las curiosidades arqueológicas y antropológicas
<( que se descubran en nuestros territorios, todavía inexplorados,
« vestigios de un pasado perdido y cuyas reliquias, clasificadas
« científicamente, servirían para la solución de complicados
« problemas ». El señor Ministro había agregado : « Hago votos
« para que esta institución pueda crearse, cuya base podría ser
«. el Museo formado por el Sr. Francisco P. Moreno ; lo que ha
« hecho el interés individual á favor de la ciencia, podría ha-
<( cerlo con mas amplitud la autoridad ».
Acepté inmediatamente esta idea, que so adelantaba á la
(1) Véase Yiajo á la Patagonia Austral, t. I, Buenos Aires, 1879.
(2) Memoria del Ministro Secretario de Gobierno de la Provincia de Buenos
Aires, presentada á las Honorables Cámaras Legislativas, 1877 (publicación ofi-
cial).
— 37 —
mia, nacida al coleccionar tantas piezas de valor que creía no
debieran pei-manecor en manos de un ¡larticular, pues las consi-
deraba como una de las bases para rehacer la historia perdida
del país y por lo tanto propiedad de éste, é hice con vivo pla-
cer donación de todo lo que presentaba un trabajo incesante
y muchas veces peligroso, emprendido desde la niñez (1).
De esa donación resultó la fundación del Museo Antropoló-
gico y Arqueológico de Buenos Aires, hecha por la ley de 13 de
Noviembre de 1877. Las colecciones que le sirvieron de base
fueron, entre otras de menos importancia : una serie de cuatro-
cientos cráneos de indígenas de antiguas razas, varias de ellas
ya extinguidas mucho tiempo antes de la conquista y todos
ejemplares anteriores a ésta ; un centenar de cráneos de indígenas
actuales de las tribus que habitan la República; una serie
muy importante de otras partes del esqueleto , indispen-
sable para el estudio de las antiguas razas ; miles de objetos de
piedra, trabajados por esos hombres y recojidos en las viejas
necrópolis patagónicas y en los paraderos prehistóricos de esta
provincia; una serie, única hasta entonces, de antigüedades de
los extinguidos calchaquíes, que había recojido personalmente en
la Provincia de Catamarca en 1876 y algunas de Santiago del
Estero obtenidas en la^ misma época; gran número de armas
y objetos de uso doméstico do las tribus patagónicas actuales
recojidas durante mi primer viaje al lago Nahuel-Huapí en 1875-76,
y por último una serie paleontológica, que contenía muchas
piezas de valor, reunidas en esta provincia y algunas otras
de singular importancia, que tuve la suerte de descubrir poco
antes de hacer donación de ellas, en las márgenes del rio
Santa Cruz en la Patagonia Austral. Este hallazgo que consi-
dero de capital importancia para la paleontología americana,
ha sido aprovechadoanteriormente por este Museo, cuyo personal
ha continuado explorando esos yacimientos y nos ha revelado
un conjunto de formas cuya existencia no era sospechada en
Sud-América y que establecen el encadenamiento entre las
faunas pasadas y las presentes.
Esas colecciones aumentáronse luego con los resultados de
mi desgraciada exploración de las fuentes del rio Chubut y
Lago Nahuel-Huapí, llevada á cabo en 1879-1880 y con los de
una prolongada estadía en las Provincias de Córdoba, San
Luis, Mendoza y San Juan (1882-84,), en la que pude reu-
(1) Véase Revue d'Anthropologie, de Paul Broca, vol. II, París, 1874.
— 38 —
nir abundantes elementos sobre el pasado del hombre, anterior
á la conquista española, y un buen número de restos fósiles
de distintas formaciones.
Fué al regreso de este último viaje que en Mayo de 1884
recibí del entonces Gobernador de la Provincia Dr. Carlos
d'Amico, el encargo de proyectar un Museo que reemplazara en
el mas corto tiempo posible al Museo público de Buenos Aires
c|ue iba á federalizarse en breve. Realizado ese acto el 4 de
Setiembre de dicho año, el Exmo. Gobierno decretó con fecha
17 del mismo mes, «juzgando que el progreso de la Provincia
así lo requiere», la fundación del Museo de La Plata; y por
otro decreto de igual fecha, la construcción de un edificio ade-
cuado para sus colecciones. El Museo Antropológico y Arqueoló-
gico sería la base, y se me honró con su dirección por el mismo
decreto de su creación. Con ese motivo hice entonces dona-
ción do mi biblioteca particular, compuesta de dos mil volú-
menes, en gran parte de obras americanas antiguas y le
ciencias físico-naturales, jiara que sirviera de plantel á la que
se formase para el servicio del establecimiento. De este modo
entregaba todos los elementos de que disponía, feliz con poder
realizar un sueño de niño, cuando en 180ü recojía cascajos ro-
dados en los paseos de Buenos Aires, é iniciaba lo que mi
criterio infantil consideraba como un « museo ».
Desde esa fundación han transcurrido cinco años. El edificio
del Museo, principiado inmediatamente, está terminado en su
interior, y he instalado en él nuestras principales colecciones.
Para obtener este resultado, he trabajado incesantemente, dedi-
cándole todo mi tiempo y mis fuerzas, sin titubear ante tarea
tan ardua como lo es la de reemplazar el Museo de Buenos
Aires, y, debo declararlo : no la hubiera llevado á cabo, como
creo haberlo conseguido, sin la eficaz cooperación de los po-
deres públicos y la labor inteligente y entusiasta, salvo des-
graciadas escepciones, del reducidísimo personal que he tenido
á mis órdenes, el que con muclia generalidad ha duplicado
diariamente el horario que rige en las administraciones de la
Provincia.
111
« Seguramente nuestra nueva galería es insuficiente. Espe-
« ramos que dia llegará en «jue el « Jardín do Plantas )>
— 39 —
<( tenga un gran Museo de Paleontología. Quien escribe estas
« líneas no es bastante joven para tener la firme esperanza de
« trabajar en la instalación definitiva de ese Museo; que me
« sea permitido en compensación, representármelo en sueños
« y buscar cual seria la manera de disponerlo. Como pienso
« que la vida se ba continuado á través de todas las edades,
« formando encadenamientos desde sus primeras manifesta-
« clones hasta su desarrollo de los tiempos actuales, quisiera
« que el Museo de paleontología tuviera la forma de una larga
« galería donde se seguirla sin interrupción la serie de los
(( seres fósiles {^). ».
Estas ideas del gran paleontólogo Alberto Gaudry, emitidas
al abrir al público, en Marzo de 1885, las nuevas galerías del
Museo de París, han sido en parte las mismas que me indu-
jeron muchos meses antes, á trazar el bosquejo del plan del
Museo de La Plata cuyos cimientos se empezaron a abrir en
Octubre de 1884, pero amplia ndolas, porque este establecimiento
seria general y no paleontológico solamente. Aquí, la disposición
de las salas permitiría en lo posible, dados los recursos de que
dispusiera, estudiar el pasado y el presente biológico y el me-
dio en que se han desarrollado. Sus galerías debían guardar
sin solución de continuidad desde el organismo mas simple y
primitivo hasta el libro que lo describe. Desgraciadamente,
cuando concebí este establecimiento no pude darle las propor-
ciones que debió tener, habiendo sido consideradas como exage-
radas aún las actuales, lo que impide que pueda ser tomado como
un tipo perfecto de Museo. No dudo de que llegará bien pronto
el dia en que la importancia de sus colecciones hará nece-
saria su modificación ensanchando sus galerías y completando
mí plan. Recien entonces podrá prestar los servicios de un
museo en el amplio sentido de esta palabra.
La lamina I da una idea del exterior del edificio. La des-
cripción detallada de su interior, la encontrará el lector en la pri-
mera entrega de nuestros « Anales » pero las siguientes indica-
ciones pueden darle una impresión general del conjunto.
El aro prolongado que representa el anillo biológico que
principia en el misterio y termina con el hombre (lam- II), tiene
aqui una superficie de cerca de tres mil quinientos metros cua-
drados, divididos en quince estensas salas comunicadas entre
sí por grandes aberturas. La parte central, destinada proviso-
(1) Revue Scientifique, 1885, et les Ancétres de nos unimaux dans les temps
géologiques, par Albert Gaudry, pág. 288; París, 1888.
— 40 —
riamente al hombre en su evolución física y moral ante-colom-
biana, dispone de mil doscientos metros, la biblioteca de tres-
cientos y lo mismo la sección de bellas artes actuales. Los
talleres, laboratorios generales y depósitos situados en la
superficie del suelo, bajo las galerías principales, tienen tres
mil quinientos metros cuadrados. Allí está la herrería, la car-
pintería, los laboratorios de paleontología, de anatomía com-
parada, zoología, de taxidermia y de modelaje, la imprenta,
litografía, fototipia y demás sistemas de reproducción.
El estilo arquitectónico sin ser único y puro, es sin em-
bargo adecuado al objeto, lo mismo que la decoración á la que
he tratado de dar un carácter americano arcaico que no des-
dice con las líneas griegas. Falta aún gran parte de la deco-
ración, sobre todo las alegorías que coronarán el monumento;
sin embargo algunas de las principales glorias de las ciencias
físico-naturales, adornan ya con su bustos los frentes centrales :
Aristóteles, Lucrecio, Descartes, Buffon, Lineo, Guvier, La-
marck, Humboldt, Darwin, 0\\en, Broca, Burmeister, y acom-
pañarán á estos, algunos de los sabios y viajeros ilustres que
han tenido como teatro de sus trabajos el suelo de la Repú-
blica, tales son : Félix de Azara, Alcides d'Orbigny, Aimé Bom-
pland, Roberto Fitz-Roy, Augusto Bravard, etc.
La situación del museo, en el Parque de esta ciudad del que
es uno de sus principales ornamentos, le permite disponer de
amplio espacio para la creación de un jardin botánico y zooló-
gico, todo lo que una vez realizado, proporcionará en unión
con el Observatorio Astronómico, la Facultad de Agronomía
y Veterinaria, y la Escuela de Artes y Oficios, cuyas instala-
ciones se terminan en el mismo parque, aire balsámico á
los pulmones de los habitantes de la Plata y no poca luz útil
á sus espíritus.
Apenas concluida la instalación general de las colecciones,
difícilmente puede tenerse ya, (sobre todo cuando falta el per-
sonal para hacerlo), un catálogo de su contenido, tarea muy
larga y dificultosa en mucha parte por falta de obras espe-
ciales que permitan hacer una clasificación exacta de tantos
miles de objetos. Este trabajo se ha emprendido, sin embargo,
y se llevará adelante con empeño, siempre que lo permita el
corto tiempo de que podré disponer para ello. También es un
serio tropiezo, en este caso, la negativa injustificable por parte
del Dr. D. Florentino Ameghino (ex Sub-Director de este es-
tablecimiento y que fué separado de su puesto por decreto del
Exmo. Gobierno, de fecha el 6 de Febrero de 1888), de entregar, á
— 41 —
pesar de haberlo reclamado repelidas veces, el catálogo de su co-
lección que le fué comprada en el año 1886 por la suma de
$ % 16.500, dificultad tanto mas grande cuanto que esos obje-
tos no tienen etiquetas que indiquen su orijen sino signos con-
vencionales, y que mucha parte de ellos son simples moldes
de yeso. Esta falta, nos obligará, para evitar errores, a no
mencionar dicha colección en nuestros catálogos, salvo algunos
ejemplares cuyo orijen conocemos, guardando en los depó-
sitos esos objetos pagados á tan alto precio, mientras no se
obtienen mayores datos sobre ellos. Temerario en estremo se-
ria, pues, prometer para en breve un estenso catálogo sistemático
general descriptivo. Además cada dia que trascurre llegan
á nuestras galerías nuevos materiales y he pensado que la
mejor manera de dar á conocer las riquezas del museo, será
el publicar la descripción de grupos aislados cada vez que
los materiales que obtengamos y el tiempo de que dispon-
gamos lo permitan ; la reunión de esas descripciones for-
mará el catálogo. Dejaremos para mas adelante los estudios
sintéticos, para cuando el museo sea dotado de un personal
idóneo y bien remunerado como lo exije esta clase de tra-
bajos. Además, la dificultad para emprender estos es grande por
la misma abundancia de material que señala fenómenos no
mencionados ni sospechados muchas veces, y exijen muchas
indagaciones sobre sus relaciones entre ellos, pero esta abun-
dancia contribuye, sin embargo, en alto grado á hacer la luz
en el aún oscuro problema de las relaciones y derivaciones en-
tre seres y aún órganos muy distintos, trátese de las formas
biológicas como de las sociológicas, abriendo así á la investi-
gación nuevos horizontes y proyectando claridad sobre lo que
antes era completamente oscuro. A su estudio dedicaránse
seguramente especialistas de buena voluntad á cuya disposición
estarán pronto nuestros materiales.
Hay que rehacer en un todo el pasado biológico austral
americano, y para llevar á cabo este trabajo, una de las obras
mas simpáticas del museo será también la de divulgar por
medio de representaciones fidelísimas lo que hayamos reunido
de ese pasado, para que todos los estudiosos de aquí y los
de países lejanos contribuyan á la labor común, que es la re-
construcción del árbol de la vida austral, árbol propio é inde-
pendíente del nacido y crecido en el hemisferio opuesto.
Trabajo de igual índole se emprenderá en lo relativo á los
hombres que habitaron estos países desde remotísimos tiem-
pos. Trataremos así de hacer historia de la pre-historia, in-
_ 42 —
vestigando los tiempos y las formas hasta ligar á nuestros an-
tecesores con otros seres precursores que aún no conocemos.
El desarrollo de la cultura humana en la América Austral,
será fácilmente comprendido con nuestro catálogo, únicamente
descriptivo, de los miles de piezas que ya poseemos y cuyo
número se aumenta continuamente, dejando tamhien para me-
jor ocasión, la síntesis de lo que dicen esos objetos, la que
está aún muy lejos de ser prevista, tal es la heterogeneidad de
los vestigios que ya liemos reunido y cuyo rápido examen
abisma al espíritu mejor preparado.
IV
La forma dada á las galenas del Museo La Plata destina-
das á la geología y biología permite hacer fácilmente el examen
gradual de lo que ya hay instalado en las galerías.
El primer salón, entrando á la derecha de la rotonda cen-
tral, en la cual 16 grandes cuadros murales reproducen esce-
nas de la naturaleza Argentina y restauraciones de la vida
humana indíjena salvaje (lam. 111), contiene, como en el mu-
seo soñado por Gaudry, muestras de los terrenos arcaicos, de
la Tierra del Fuego, Patagonia, sierras de la Provincia de
Buenos Aires y montañas del interior de la República, terre-
nos que son la base de nuestro suelo. En ellos reposan los
restos de los primeros organismos que la ciencia haya descu-
liiorto, los organismos problemáticos de las formaciones pri-
marias que, en el territorio de la República, he recojido en
Mendoza y en San Juan. Les siguen los moluscos y trilo-
bitas, etc., de las edades silúricas y algunos vestigios de
plantas de los tiempos carboníferos, también de los últimos
puntos. Los moluscos jurásicos de la cumbre del Espinacito
(1,750 metros de altura) y del Puente del Inca, puntos ambos
de la Cordillera de los Andes y otras formas semejantes re-
cojidas en el territorio del Neuquen ; los cangrejos, pesca-
dos y }>lantas de las formaciones ligníticas réticas de Mendoza,
San Luis y Palagonia; los restos de jigantes Dinosaurianos
del ci'clúceo del Limay )■ Nciupien (Patagonia) y las palmas y
araucarias (juc le nlimenlaron como también los mamíferos mas
antiguos señalados en nuestro suelo y que son de esa época, se
conservan jiur ahora en esa sala, l'na variada colección de mine-
riilps indira nllí la riqueza de los filones que en las edades nom-
bradas se depositaron en las grietas de las montañas formadas
por la contracción de la corteza terrestre, y otras muestras
facilitan el estudio del mecanismo de esa misma contracción.
Además hay en esa galería algunos aerolitos cuyo estudio será
confiado en breve á persona que posee los conocimientos es-
peciales requeridos. Con los materiales mencionados se es-
cribirá el primer capítulo de la historia del territorio argen-
tino.
En el segundo salón se halla la magnifica colección, única
hasta ahora, de mamíferos terciarios patagónicos, en número
de cerca de doscientas especies, colección que pongo empeño
en aumentar porque con su estudio se han de aclarar muchos
misterios paleontológicos; los restos de moluscos, cangrejos,
pescados, reptiles y aves de los mismos parajes, algunas de
estas tan grandes como los mayores dinornis, moldes de restos
de mamíferos del Paraná y cientos de muestras de moluscos y
zoófitos de las formaciones terciarias marinas del país. Contiene
también la fauna perdida descubierta por Darwin en Monte
Hermoso, fauna de transición entre la terciaria patagónica y
la cuaternaria pampeana, interesante en alto grado, pero cuya
edad geológica aún no está bien definida. Esta colección
es también la mas importante que existe por el número, con-
servación y mérito científico de sus piezas. Hay allí los restos
de pescados, enormes tortugas, aves, entre ellas quizá las
mayores que cruzaran los aires, (Mesembriornís Milne Edivardii)
y los de cerca de cien especies de mamíferos, algunos de gran
talla como los Vasypus, Hoiüoplionis, Pcmoctlms, Dosdiciirus, Sceli-
dotherium, Mijlodon, Meíjatheriwn, Cerviis, Macrauclienia, Hippidium
EqiiKs, Ti/jwthcrium, Trigodon, Toxodon, gigantes roedores como
los grandes Megamys y el Hydrocccrus LydeJccrii. En el mismo
salón he colocado provisoriamente algunas preciosas piezas que
parecen ser de los últimos tiempos de la época terciaria, des-
cubiertas en la Provincia de Catamarca; sobresalen entre ellas
varias corazas de Hoplopltorus y un cráneo de Megathcrium.
El tercer salón que forma la media rotonda derecha, con
una superficie de mas de 500 metros cuadrados, está ocu-
pado provisoriamente por los escasos marsupiales y los nu-
merosos desdentados jjampeanos, con excepción de los Me-
gatéridos (lam. IV). Contiene ya restaurados, diez corazas y ocho
esqueletos de diferentes Glyptodontes, cuatro Mylodontes, dos
Lestodontes y vm Scelidoterio, además de cientos de cráneos,
pelvis y miembros completos y miles de huesos sueltos. En
nuestros laboratorios tenemos cantidad mayor en via de res-
tauración. Los materiales que poseemos para la historia de
los desdentados pampeanos, harán desaparecer muchas dudas
sobre sus diferencias específicas, que con generalidad han
estado, hasta ahora, basadas en pretendidos caracteres que
solo son propios de edades y sexos. El cuarto salón per-
tenece á los Megatéridos. Hay dos esqueletos restaurados del
Megathenum americanum, desgraciadamente incompletos y gran
número de piezas de otras especies. Además contiene abun-
dantes restos mas ó menos completos de Gnjpotherium. (lam. V).
El quinto salón guarda los restos de los Toxodóntidos y
Macrauquénidos pampeanos, sección esta la mas rica en su
género. Se han montado dos esqueletos de Toxodonte y dos
de Macrauquenia y hay en preparación otros tantos. Además,
los cráneos, mandíbulas y otras partes del esqueleto son muy
numerosos y facilitan el estudio completo de estos animales,
representantes de tipos esencialmente sud-americanos y total-
mente estinguidos.
En el sesto salón se encuentran los caballos pampeanos y
algunos de sus precursores, algunos restos de Tapiróideos, los
Ciervos y las Auchenias estinguidas. En una gran sala lateral,
la séptima, he colocado provisoriamente varias corazas de
Glyptodontes, dos Mylodontes y un buen número de otras
grandes piezas mientras no se hace el ensanche proyectado.
En el octavo hay abundantes restos de Mastodontes de va-
rias especies, algunas colosales.
El noveno contiene una importante colección de roedores, los
carniceros, etc., y por fin el hombre pampeano, aunque repre-
sentado por muy pocos restos. En otra sala, la décima, tam-
bién lateral, se guardan los restos de grandes ballenas fósiles.
Es curioso que antes habitaran estas costas verdaderas ballenas,
siendo muy raros los restos de Balcenopteras mientras que su-
cede hoy todo lo contrario.
Este salón termina por ahora la vida pasada. En esta serie
de salas, hay necesariamente deficiencias de distribución, pero
serán salvadas una vez que se puedan dedicar, para ampliar
estas secciones, las ocupadas actualmente por parte de los
representantes de la vida actual, los que se instalarán en
las que habrá que construir bien pronto, quedando en esta
galería filogenésica solo las piezas que eslabonen las formas
primarias estinguidas. Entonces se organizará sistemática-
mente, según su evolución biológica, la fauna perdida argentina,
lo que ya se hubiera hecho, si causas estrañas á mi pro-
— 45 —
grama como lo he dicho anteriormente, no liubieran reducido
la capacidad de estos salones, considerados en otra época,
demasiado vastos, pero donde el tiempo y el trabajo han acu-
mulado tanto material, que han resultado estrechos para de-
sarrollar el plan del Museo.
La sala undécima está ocupada hoy por animales inferiores,
insectos, crustáceos y moluscos actuales, estos últimos en
buen número , para poder establecer bien su distribución
geográfica en nuestras es tensas costas. La duodécima contiene
pescados y reptiles, en alcohol, piel y esqueleto. En la dé-
cima tercia, es decir la segunda media rotonda, he colocado
provisoriamente las aves y mamíferos montados que habitan
esta región austral, lo mismo que un principio de colección
de huevos y nidos. En esta sección sobresale un hermoso
grupo de cinco Otarias (Otaria Jubata) . En la décima cuarta
y décima quinta he instalado la sección de osteología compa-
rada que tanta importancia tiene para el estudio comparativo
de las faunas perdidas y de las actuales. Contiene esta sección
cerca de trescientos esqueletos y algunos cientos de cráneos de
mamíferos y aves que comprenden el hemisferio austral, y al-
gunas piezas raras, de comparación, del boreal (lam. VI). En pri-
mera línea figuran los esqueletos de cuatro Balsenopteras, la mayor
de las cuales mide 22'",30 ; para disponer de mayor local las
he colgado del techo de las salas, lo mismo que otros cetá-
ceos, entre estos el esqueleto de la « Orea Magallanica y el del
Hyperoodon Burmeisterü, » especie nueva, que he nombrado en
honor del sabio á cuyo lado desarrollé mis inclinaciones de
niño. Hay en estas salas esqueletos de otros diferentes cetá-
ceos australes, y creo que no ha de transcurrir mucho tiempo
antes de que este museo tenga la primera colección de ellos
de estas regiones. El es([ueleto del Stenorhynclms Leptonyx es
una buena pieza; á su lado están las diferentes Otarias de
estas costas, de las que hemos reunido gran número de esque-
letos para comparación. Además de los esqueletos, y recordando
las series osteológicas que ha instalado Flower en el Museo
Real de Cirujanos de Londres, he organizado una serie de
piezas osteológicas para comparación, con las que sin necesi-
dad de recurrir á los esqueletos armados, y por la mayor faci-
lidad para su manejo, podrán, los estudiosos, hacer estudios
entre las faunas perdidas y las actuales y entre estas últimas,
no solo comparativos de géneros y especies, sino de individuo
con individuo. Es necesario conocer las diferencias que re-
sultan de los sexos, las edades y los medios de vida, los que
— 46 —
por ignorarse su origen, dan lugar no pocas veces á graves
errores de clasificación específica.
Un esqueleto humano termina en el último salón, el enca-
denamiento biológico que principia con los organismos pro-
blemáticos. Ahora, lo estrecho del local, exije, que reunamos
el pasado y el presente, pero ha de llegar el dia en que el
mismo encadenamiento se esponga con solo las faunas perdi-
das, en las que actuaron también nuestros antepasados huma-
nos. La forma que deben tener las nuevas salas del edificio
permitirá obtener este resultado, sin que entonces se encuen-
tren i'Bunidas las dos faunas é interrumpan como sucede aliora,
el eslabón biológico. El edificio actual será ocupado entonces
sólo por los seres perdidos; las colecciones de estudio estarán,
separadas, en alas inmediatas y la vida presente se desarrollará
en otras, con mayor amplitud, lo que permitirá el mas fácil
estudio. El hemisferio austral, no ha sido aún estudiado se-
riamente en la parte que se relaciona con las afinidades que
existen entre sus diferentes faunas, sobre todo en el pa-
sado, y es indispensable dar un gran desarrollo á los ele-
mentos de comparación para obtenerlo, y cosa igual sucede
con la comparación entre las faunas boreales y australes. Ya
se encuentran muchas formas correlativas, lo que muestra la
armonía de la vida sobre el globo, y, á aumentar los conoci-
mientos sobre esta interesante cuestión, contribuirá este Mu-
seo con los materiales característicos que está reuniendo, sin
salir por eso de su plan.
V
En la parte central, baja, del edificio y á la izquierda de
la gran rotonda central, hay un salón que mide cuatrocientos
metros de superficie, en el que he instalado, mientras no se
construye una sección especial para el hombre físico y moi'al,
la galena de antropología anatómica. Hay allí cerca de mil
cráneos y ochenta esqueletos, nueve decimas partes de indígenas
de la América austral, desde el hombre testigo de la época
glacial hasta el indio últimamente vencido. Esta sección es de
inestimable valor y única en su género. La situación geográ-
fica de la República Argentina, cuyo territorio llega hasta el
estremo del continente, lince que haya servido de refugio, no
solo ú sus propios habitantes, en sus luchas á través del tiem})o,
sino también á los hombres originarios de tierras muy distantes,
empujados hasta aquí por la ineludible ley de la fuerza. Al
lado de los restos del gigante patagón que admiró Magallanes
se encuentran tipos semejantes á los Neandcrthalóidcs, los tan
característicos de Cromagnon, algunos Polinésicos, etc. En los
cementerios prehistóricos australes, he recojido la serie mas
completa de deformaciones craneanas que pueda imaginarse,
abarcando todos los tipos conocidos y correspondiendo a todas
las épocas.
Figura en esta sala, en primera línea, la serie antropoló-
gica patagónica, la mas importante que existe. La forman
cráneos y otros restos, de hombres que vivieron en tiempo de
los aluviones glaciales que han formado aquel valle, y de otras
razas que han invadido mas tarde aquellos parajes, hasta los
verdaderos Pampas que estudió allí D'Orbigny. Caso curioso
es que los famosos Patagones, que han dado nombre á esas
tierras, parezcan los últimos llegados á ella, pues no he en-
contrando en las muchas necrópolis que he examinado, restos
de una remota antigüedad, habiéndoles precedido sin duda al-
guna, los antiguos Dolicocéfalos, y los llamados Macrocéfalos,
por su deformación tan parecida á los cráneos exhumados en
las necrópolis antiguas del Cáucaso y de Hungría, sin tener la exa-
geración del tipo boliviano « Aimara » ; otros hombres fueron
también predecesores en ese suelo de los' grandes Patagones ó
Teliuelches. A esa serie que representan centenares de piezas,
lo sigue la de las provincias andinas del Norte de la Repú-
blica, los Araucanos, los Indíjenas del Chaco, la serie Huarpe
de San Juan, en lo que algunos esqueletos conservan aún las
flechas de piedra incrustadas en sus huesos, los actuales Pa-
tagones, antiguos Peruanos y Bolivianos, y la serie Guanche
de Canarias.
En el salón correspondiente, á la derecha, he instalado los
vestigios de los primeros pasos del hombre en la cultura, la
época de piedra del hombre nómade, representada por series,
únicas hasta ahora, de la República Oriental del Uruguay, Cór-
doba, Provincia de Buenos Aires, y Patagonia, y una pequeña
sección destinada al hombre primitivo europeo, para estudios
comparativos. Esta también ocupará pronto un local inmediato,
pero separado.
En la rotonda central, pasajes y escalera, he colocado, pro-
visoriamente, las antigüedades recojidas en la parte del territo-
— 48 —
rio argentino y Paraguay que sirvieron de teatro á las Misiones
jesuíticas que florecieron en el siglo xvii; sección interesante
en todo sentido, tanto por el interés histórico que tiene esa
época, como bajo el punto de vista artístico, por la fusión del
estilo jesuítico característico, con la forma indígena. El artí-
fice guaraní, guiado por el sacerdote jesuíta, ha producido un
estilo particular con muchos puntos de contacto con el que nos
enseñan las ruinas cambodgianas, cuyo verdadero origen queda
aún envuelto en la sombra, y por lo tanto fenómeno digno de
estudio detenido. Lástima es que tan poca atención se preste
á estos vestigios de una época de esplendor en regiones hoy
casi desiei*tas. Nadie, á lo menos en la República Argentina,
se ha preocupado de salvar de la destrucción tales preciosi-
dades, de las que solo queda una que otra en manos de
coleccionistas particulares.
El piso alto de la derecha, (lam. Vil), contiene preciosas reli-
quias de las sociedades humanas que actuaron en tiempos muy re-
motos, en el Oeste y Norte de esta República. Desde la Provincia de
Mendoza hasta Jujuy, en los valles ó en las altas montañas,
son numerosas las ruinas de pueblos y fortalezas. Caminos que
aún se pueden transitar por cientos de leguas, cruzando grandes
estensiones hoy desiertas y restos de canales de irrigación donde
hoy no se encuentra una gota de agua, indican no sólo la gran
antigüedad del hombre, sino también su actividad y su pode-
río. Los útiles de piedra, cobre, bronce, plata, oro y algunos
tejidos y mas que todo, las piezas de cerámica recojidas en
esas ruinas, atestiguan la alta cultura que alcanzaron esas so-
ciedades. Este Museo será el centro de estudio de los que in-
vestiguen el pasado humano austral americano, tan poco co-
nocido aún. Sus colecciones actuales son, en este sentido, las
mas importantes de la República, y las exploraciones, que se
practican por cuenta nuestra en esos lugares, las aumentarán
considerablemente.
El salón alto de izquierda, situado sobre el que ocupa la an-
tropología anatómica, contiene las colecciones de comparación
arqueológicas y etnográficas antiguas y modernas, principalmente
una de cerámica chimu de Trujillo (Perú) compuesta de mas
de ochocientos vasos; hay también una serie etnográfica de Po-
linesia, y entre esta algunos objetos recojidos en Chile, indi-
cando así antiguas emigraciones, piezas que son de la mas
grande importancia. Además, series etnográficas del gran Chaco,
Patagonia y Tierra del Fuego, Bolivia, Paraguay y Brasil y una
pequeña sección egipcia ocupan también esa sala.
— 49 —
Con estos elementos es posible principiar á rehacer la historia
del hombre austral. No hay un solo punto, por mas desierto ó
inhospitalario que parezca hoy, que no conserve rastros del paso
del hombre. En medio de los bosques, en los desiertos isin
agua, en las altísimas, abruptas y heladas montañas, ha esta-
blecido su hogar desde tiempos que pueden calcularse por mi-
les de años. En la Rioja se han extraído fragmentos de alfa-
rería de mas de sesenta metros de profundidad. En la cordil-
lera de San Juan, cerca de la cumbre que cruzó el general San
Martin al ir á Hbertar á Chile y al Perú del poder español, he
descubierto la figura de un glyplodonte, pintada en las paredes
de una caverna, probablemente morada del artista primitivo que
copió del natural ese gigante edentado. Muchas veces, al re-
dedor del fogón, en las soledades australes, he oido referir por
boca de los últimos Patagones, la leyenda del EUengassen,
monstruo cubierto con una gran cascara y que habitaba en
cuevas, reminiscencia también de glyptodontes.
La antigüedad de nuestros predecesores en este suelo, es
remotísima. Lo demuestra el descubrimiento hecho en la tosca
escavada en el Puerto de La Plata, de huesos tallados de ani-
males estinguidos, por un ser conciente que vivió en épocas
en que la fisonomía de nuestro territorio era bien distinta de
la actual. El terreno pampeano lacustre también nos ha pro-
porcionado restos mas modernos del hombre. Cuando aún
existían grandes lagos en el suelo de la provincia, antes de
que este tuviera su fisonomía actual, una numerosa población
humana elijió sus orillas como mas fácil medio para la vida,
y nuestras colecciones conservan vestigios de esa época, en que
la industria no era estraña á aquellos primitivos hogares, pri-
mer paso hacia las sociedades actuales. Al escavarse los pri-
meros cimientos de esta ciudad, encontráronse varios esque-
letos de indígenas y armas de piedra.
Ya entonces habia mezclas étnicas. Las razas se cruzaban
y el comercio se iniciaba en todo el territorio argentino. Hom-
bres de otras regiones se establecían en él, viniendo de lejanas
tierras, y á medida que avanzaba el tiempo hacia la época ac-
tual, histórica, las mezclas se complicaban y llegaron á formar
un caos étnico que descubren las investigaciones presentes,
sin poder esplicarlo todavía satisfactoriamente. Emigraciones
é inmigraciones continuas, primeras mareas de las sociedades
que se inician, indican los vestigios que han dejado sembrados
en el territorio argentino, como los detritus que las olas aban-
donan en las playas.
— 50 —
Ya en 1878 mostré á grandes razgos la confusión de las
razas en Sud-América y la presencia en Patagonia de restos
de hombres que emigraron del norte del continente, aprove-
chando para ello los elementos que habia reunido y que, do-
nados, formaron la base de este museo. Los cráneos huma-
nos, los restos de industria, y las inscripciones en las rocas
prueban que la República Argentina es, sin duda alguna, una
vasta necrópolis de razas perdidas. Venidas de teatros remo-
tísimos, empujadas por la fatal lucha por la vida, en la que
prima el mas fuerte, llegaron, unas vencedoras y otras venci-
das y se aniquilaron en nuestro estremo austral.
La historia antigua, mas aún, la proto y la pre-historia de
las sociedades perdidas del viejo mundo, presenta hoy proble-
mas que interrumpen la cronología. De tiempo en tiempo se
hacen descubrimientos que desvanecen teorías aceptadas ya,
y, aún cuando se me culpe de iluso, puedo decir que á esos
problemas de la historia no es estraña América. No se pue-
den examinar las inscripciones Hittitas de Djerablus, en el Oc-
cidente asiático sin pensar en los jeroglíficos mejicanos, ni las
cerámicas antiguas de Hissarlick exhumadas por Schliemann,
ni los viejos vasos Chipriotas, sin compararlos con las urnas
funerarias que poseemos del norte de la República. A mu-
chas investigaciones han dado lugar ciertos vidrios de colores,
encontrados en Inglaterra, atribuidos á los Ejipcios, Fenicios,
luego a los Romanos, mas tarde á los fabricantes Venecianos.
Se les ha descubierto ya en Norte-América y el Museo de La
Plata posee algunos hallados en nuestras provincias del Norte,
en esta de Buenos Aires, y personalmente los he recogido
en las necrópolis antiguas de Patagonia. Antes de mi viaje á
Europa los consideraba romanos, traídos por algunos de los
acompafaantes de Pedro de Mendoza, que habian tomado parte
en las guerras de Italia, pero el examen de las colecciones
ejipcias del Museo del Louvre y del de Lyon, me probó que
pertenecían á la décima octava dinastía. Sin embargo, últi-
mamente se ha sostenido que son de fabricación veneciana,
imitando la antigua Fenicia, pero aún no se ha dilucidado bien
este punto.
El examen de los cráneos Guanches, también permite pen-
sar que hombres del tipo de los antiguos Canarios visitaron
á América, y todo esto encamina á suponer que la famosa
Atlántida de Platón, no fué otra cosa que América. La apa-
rición de la industria del cobre en el viejo mundo no parece
ser extraña á América. La valiosísima colección Gliimu ante-
— 51 —
rior á los Incas, que poseemos del Perú, tiene piezas que nos
llenan de asombro; hay entre ellas un vaso que representa
un viejo sacerdote tihetano de larga barba. ¿No será éste, el
« Colon sin gloria » que ha motivado últimamente un hermoso
libro? Otro vaso tiene la forma de una esfinge. Máscaras de
metales preciosos, que conservamos también, cubrían las caras
de los illustres muertos Chimus, costumbre de la antigua
Troya, donde uno de los esqueletos enmascarados, exhumados
por Schliemann, supone este esplorador sea el de Agamemnon.
La magnifica colección de cerámica que ha reunido en Cata-
marca, este museo, prueba la existencia allí, en otro tiempo,
de hombres de elevada cultura, muy superior á la sospechada
hasta ahora.
Armas polinesas descubiertas en el Perú y en Chile, las que
también hacen parte de nuestras colecciones, son entre otras
muchas, pruebas indestructibles de que esos atrevidos nave-
gantes visitaron nuestro continente. Uno de los fueguinos que
están al servicio del establecimiento, un alakaloof, el primero, tal vez,
sometido á la vida civilizada, inquirido sobre los «ctietitos délos
viejos» me ha referido que unos hombres de cuerpos rayados,
que no eran patagones, llegaron una vez, muchos años há,
embarcados en grandes canoas á la costa occidental de Pata-
gonia y sembraron la' muerte entre sus antepasados. — ¿Serian
polineses?
La filiación de los hombres y de las sociedades antiguas de
este continente, en cuanto á sus relaciones intercontinentales
entre el Norte y el Sur, no es menos complicada. La crono-
logía demuestra con toda evidencia, lo mismo que la arqueolo-
gía y la lingüistica, que á la República Argentina llegaron hom-
bres desde Norte-América, Los antiguos habitantes de los
Pueblos del Sud Oeste de Estados-Unidos, han traido su in-
dustria y sus costumbres hasta Patagonia casi ó los de este
punto llegaron hasta aquel, problemas pre-históricos aún no
resueltos. En la provincia de Buenos Aires, hánse recogido y
están depositadas en este Museo, antigüedades Aztecas, autén-
ticas sin duda alguna. Las razas del antiguo Perú, han dejado
igualmente aquí numerosos vestigios. Por el lado del Oriente,
por el Brasil, y Paraguay, entraron hasta el confín de América
otros hombres de varias razas y en diferentes épocas, como lo
prueban las antigüedades de Corrientes, República Oriental,
Provincia de Buenos Aires y Patagonia.
Las lenguas vienen en apoyo de la etnologia y la arqueolo-
gía, y las observaciones hechas en este sentido por nuestro
— 52 —
colaborador Sr. D. Samuel Lafone y Quevedo, corroboran todo
lo que se desprende del estudio de los restos del hombre y de
su industria. Muchas de las lenguas antiguas y modernas,
indígenas, de la República, tienen el mismo origen que las de
Norte-América, las Cai'ibicas, Mejicanas, Peruanas, Bolivia-
nas, etc.
La invasión Caríbica que señalé en 1878, la afirman los
estudios tan meritorios del Sr. Lafone y Quevedo. No estra-
ñaria que este distinguido filólogo alcanzara ú demostrar que
el araucano es un idioma de parentesco cercano con el al-
gonquin. Mas de una vez he creido ver verdaderos lazos entre
los famosos Pieles rojas y los Araucanos y Gennakens de la
falda oriental de los Andes. Sus caracteres étnicos y sus cos-
tumbres los acercan. Las grandes juntas de guerra, que he
tenido la suerte de presenciar en aquellos imponentes escena-
rios andinos, y sus fiestas religiosas, me han recordado mis
lecturas de las relaciones de viaje norte-americanas.
VI
Corona el edificio un salón de bellas artes, en el que figuran
algunas buenas telas y reproducciones de las esculturas que mas
gloria han dado al genio antiguo, y otro igual ocupado por la
biblioteca del Museo, la que ya posee un buen núcleo de obras
de mérito y utilidad para el estudio de las colecciones, repre-
sentando al mismo tiempo el estado actual de la cultura hu-
mana.
El profesor Gaudry, para terminar su galena soñada, de-
searla « que se colocara una estatua representando una figura
humana, figura dulce y buena, figura de artista y de poeta,
admirando en el pasado la gran obra de la creación y reflexio-
nando lo que podria hacer al mundo aún mejor. » En el Mu-
seo de La Plata las galerías no terminan; se encuentran en
la gran rotonda central; allí nace y concluyela vida americana
austral. El visitante, después de abrazar á través de esas sa-
las la inmensidad de los tiempos pasados; de haber visto de-
sarrollarse lentamente las formas vitales de la lucha sin tregua,
precursoras del hombre, y le\antarse y hundirse generaciones
humanas que sólo dejan rastros de su paso en piedras tos-
— 53 —
camente talladas, épocas de barbarie que preparan la llegada
de las sociedades autóctonas perdidas también ya, necesita
sintetizar el recuerdo de los mundos y de los seres que acaba
de evocar, y creo que en vez de « una figura de artista y de
poeta », deberia ocupar el centro de esta rotonda la estatua de
alguna de nuestras glorias, cuya grande obra encarne el paso
del pasado al presente y nos sirva de ejemplo para el porvenir.
Hay tantas elevadas figuras en nuestra historia, hijas del
ambiente físico y étnico de los primeros tiempos de la recons-
titución política de este país, que la imagen humana que debe co-
ronar el plan del Museo destinado á contener la Historia física y
moral ríe la República Argentina, y si posible es, la del continenle
sud-americano á través de los tiempos, no seria difícil de en-
contrar con lo que terminada la primera parte de la obra
que me ha confíado el Gobierno de esta Provincia, y á la que
he dedicado mi vida.
VII
Bajo las galerins q-ue acabo de describir á grandes rasgos,
están situados los talleres del Museo (lam. VIII y IX). Sin ellos no
se hubiera podido realizar tanto trabajo como el llevado á cabo
en el corto tiempo que media entre Setiembre de 1884 y la fecha.
Tan luego como se terminaba la edificación de una sala, se
establecía un taller bajo ella. Así la preparación de las colec-
ciones se hacía al mismo tiempo que se construía el edificio.
¿ Como armar una coraza de glyptodonte, ó el esqueleto de una
ballena, en herrerías lejanas, donde no era posible transportar
las piezas? ¿Para qué recargar el costo de las armazones y
pedestales, con la ganancia indispensable del constructor sobre
el jornal que paga al obrero, y el alquiler del taller que ocupa ?
Procediendo como lo hemos hecho, ha habido ahorro y ma-
yor labor. Hemos podido armar grandes piezas en la décima
parte del tiempo que se hubiera necesitado, haciéndolo en otras
condiciones, y así se ha visto aumentar diariamente su número
en nuestras salas. Hoy después de cinco años de labor, esos
talleres están establecidos definitivamente y aumentado su nú-
mero con otras instalaciones que ha exijído el desarrollo, cada
vez mayor, del museo. Nos atrevemos a decir que raro será
el establecimiento que cuente con iguales elementos en algu-
ñas de esas instalaciones; fallan otras, sin embargo, que se
harán en breve.
Es cierto que aún no contamos con laboratorios de investi-
gación, pero, lo he repetido varias veces, es muy corto el tiempo
transcurrido desde la fundación del museo para exij írsele mas.
El plan adoptado para la distribución de sus colecciones, no
ha podido desarrollarse aún, debiendo permanecer todavía mez-
cladas los materiales estranjeros de comparación, con los de
la fauna austral americana, perdida y actual. Solo cuando pueda
darse mayor amplitud al edificio, ya pequeño, ocuparán su
verdadero puesto esos materiales, para ayudar con su cotejo,
no solo los estudios comparativos, sino también para enseñar
al habitante de estas rejiones, cuyos medios no le permitan
atravesar los mares para ver los grandes museos europeos y
norte-americanos, lo que constituye la vida sobre el globo. Hasta
que no llegue ese dia, no será posible instalar esos laboratorios
de investigación, que estarán situados bajo ó inmediatos á las
nuevas salas, las que deben comprender, la zoología y botánica
austral, la anatomía comparada, el hombre americano indíjena,
en sus diversas manifestaciones, y las secciones de geología,
botánica, zoología y antropología general, las que solo conten-
drán formas típicas, siendo vana pretensión la de querer for-
mar aquí, un museo universal.
El Museo de la Plata, no podría prestar los servicios que
debe sin un taller propio de publicaciones. Este ya está ins-
talado y puede responder, en sus varias secciones, á las nece-
sidades del establecimiento. En él, se imprime esta « Revista »,
como también los « Anales del Museo ». Las ilustraciones que
acompañan estar reseña salen de sus prensas, como las de los
« Ánahs ». Podremos, de este modo, hacer aquí, con facilidad
nuestros catálogos, modificándolos cada vez que sea necesario,
sin necesidad de recurrir á nuevas ediciones, y no dependere-
mos nunca de establecimientos industriales, los que, no te-
niendo consumo, no pueden costear un personal competente
para la clase de publicaciones que necesita el Museo. Ade-
más, como este debe tener una biblioteca americana, contando
ya con una base seria, podrá reimprimir las obras, raras y
que convenga divulgar, y publicará documentos inéditos de ver-
dadera importancia, cuya impresión, sin embargo, no alhagaria
á los editores que deben necesariamente contar con una ganan-
cia sobre las publicaciones que emprenden. Va creciendo el
número de los que, en la República, estudian las cosas pa-
sadas de América, y como la cantidad de libros que tratan de
— 55 —
estas materias y que se hallan en el comercio es limitada, ad-
quieren estos un valor demasiado elevado para poder ser adqui-
ridos por la mayoria. Su reimpresión fácil y barata, por este
museo, hará que el número de estudiosos aumente.
He bosquejado á grandes rasgos la labor hecha en cinco
años, y la que pensamos continuar los empleados del Museo.
Cuanto mas fácil seria la tarea, y cuanto servicios prestaríamos
al país y á las ciencias, si á los que tenemos esta tarea diaria,
se agregaran hombres de buena voluntad, que quisieran ayu-
darnos á divulgar lo que liemos reunido y lo que continuamos
reuniendo.
Francisco P. Moreno.
Enero de 1890.
RESEÑA GENERAL
ADQUISICIONES Y TRABAJOS HECHOS EN 1889
EN EL
MUSEO DE LA PLATA
FRANCISCO P. MORENO
RESEÑA GENERAL
ADQUISICIONES Y TRABAJOS HECHOS EN 1889
MUSEO DE LA PLATA
El mencionar en detalle todos los objetos que se han incor-
porado á estas galerías durante el año pasado, y los trabajos
llevados ú cabo en las esploraciones y los laboratorios, ■ ocu-
paría largo tiempo y algunos volúmenes, tanto es lo hecho.
Han trabajado sin descanso, de un extremo á otro de la Repú-
blica, los empleados á quienes he confiado la tarea de recojer
materiales, y lo han hecho con éxito sin reparar en fatigas,
sulViondo hambi'e, sed, lluvias torrenciales, calores tropicales, é
inviernos patagTinicos. Los que en los talleres han preparado
los objetos reunidos en esas condiciones, lo han hecho tam-
bién con asiduidad, y á ellos se debe en mucha parte la gran
cantidad de piezas que, listas ya, han entrado á formar parte
de nuestras series. Vamos avanzando á grandes pasos hacia
la realización de lo que nos proponemos, que es la formación de
un \ erdadero Museo sud-americano, y el lector podrá juzgar con
los datos que siguen de la importancia de lo hecho en este
año para conseguirlo.
ESPLORACIONES EN PATAGONIA
Diferentes puntos de la República han sido esplorados este
año por empleados del establecimiento. Habiendo visitado una
buena parte de Patagonia y reconocido la importancia de esas
rej iones bajo el punto de vista paleontológico y antropológico,
he enviado allí varias espediciones. La mas importante, es
sin duda alguna, la ([ue confié á los señores Santiago Pozzi y
Clemente Onelli, quienes llevaban conip ayudantes á los seño-
res Juan Ivovich y Francisco Larumbe; su misión principal
era la de examinar los yacimientos fosilíferos que descubrí
en las costas del Rio Santa Cruz en 1877. Esta comisión empren-
dió viaje el 31 de Octubre de 1888; llegó á principios de No-
viembre á Punta Arenas, en el estrecho de Magallanes; examinó
— 59 —
iiUí la formación lignítica, coleccionando muestras; conlinm')
viaje á caballo á Rio Gallegos, de donde, después de obtener al-
gunos restos fósiles de mamíferos y muestras de rocas, mar-
chó á Santa Cruz, donde llegó el 28 de Noviembre, Púsose
immediatamente al trabajo ; recorrió varias veces el trayecto
entre el Océano y las Cordilleras, obteniendo por resultado una
espléndida colección, y regresó á esta ciudad el 2 de Agosto del
año ppdo.
Aunque por falta de tiempo y de suficientes elemenlos de
movilidad, no pudieron investigar todo el territorio que se les
liabia indicado, lo que han reunido forma el mayor caudal de
restos ]ialeontológicos patagónicos que se hayan descubierto hasta
ahora, y su valor supera lo gastado para obtenerlos. En-
tre esas piezas, de las que gran número son nuevas para la
ciencia, las hay de grandísima importancia y ninguna de estas
está representada por iguales en colecciones públicas ó particu-
lares. Hay grandes cráneos casi completos y otros huesos de ma-
míferos desconocidos hasta el dia, en gran parte del orden de
los toxodóntidos. Debo también señalar como extraordinarios,
los restos de grandes aves; una, representada por restos ma-
yores que el avestruz africano, el ave gigante de la actualidad,
y otra de mucho mas talla aún, que parece tener afinidades
con los dinornítidos de Nueva Zelandia, pero tanto ó mas grande
que el mayor de ellos.
Estas piezas se restauran con gran empeño, y tan luego
como estén concluidas, comunicaré moldes y dibujos á los paleon-
tólogos que han iniciado relaciones con el museo, divulgando de
esa manera las riquezas que á su costa se han reunido y que re-
velan una numerosa fauna extinguida. Obtendremos en cambio
elementos de comparación que nos faltan para conocer las re-
laciones de las faunas australes perdidas con las boreales.
Estos objetos tienen para el estudio del pasado biológico
austral, importancia igual á la que los yacimientos descubier-
tos en Wioming, Nebraska, Dakota, etc., tienen para el del
hemisferio norte en su región americana^ y es deber nuestro
tratar de que ningún museo supere al de La Plata, en cuanto
ii documentos sobre las antiguas faunas australes.
El arreglo de este vasto material reunido, aún continúa,
pues se trata de cien cajones de restos de vertebrados fósiles,
estraidos de rocas duras y eneontrados generalmente en frag-
mentos. En la enumeración de las principales piezas adquiri-
das durante el año, que encontrará el lector en otro lugar, figu-
ran las que hemos podido restauí-ar ya, dejando para otra oca-
— GO —
sion el mencionar el resto que es otro tanto y de no menor im-
portancia.
Los expedicionarios han tenido que luchar con serios difi-
cultades para el trasporte de tan vasto y delicado material,
aumentado este con una serie igualmente única de antigüedades,
varios esqueletos de indljenas antiguos y modernos, y una va-
riada colección de mamíferos, reptiles, pescados é insectos.
El diario de viaje, llevado por el Dr. Onelli y algunas vis-
las fotográficas y al lápiz, tomadas por el Sr. Pozzi, todo lo
que será publicado en breve, dan mayor valor á esta expedi-
ción, que es la segunda que envia el museo á las regiones que
recorrí en 1877. No es ella la última. Partieron á fines de
Agosto los empleados Ivovich y Larumbe, acompañados del in-
dígena fueguino Maisch, (quien ha dado prueba de habilidad en
el hallazgxi de fósiles), con el objeto de practicar excavaciones en
un punto retir-ado que no fué examinado con el detenimiento
necesario darante la exploración anterior, por haber faltado ele-
mentos de trasporte. He tenido noticias de esos empleados;
se encuentran en Santa-Cruz desde Octubre, habiendo envia-
do algunos objetos recojidos en la isla de los Estados y en la
Tierra del Fuego. Otros se preparan para unirse con ellos, y ha-
cer trabajos en mayor escala. No ha de trascurrir mucho
tiempo sin que se pueda bosquejar el aspecto geognóstico y bio-
lógico en tiempos lejanos, de esas regiones, las que n<i dad(\
sean fragmentos de un viejo continente perdido, del (jue hicie-
ron parte las islas Malvinas y otras tierras, aisladas hoy en
el Océano Antiulico. Podremos igualmente restaurar el pai-
saje glacial que tanta influencia ha ejercido en la América
austral.
La comisión que envié en Agosto de 1888 al territorio del
Chubut, compuesta de los empleados extraordinarios don Carlos
Ameghino (quien fué separado de ese puesto el 12 de Marzo de
1889), don Antonio Steinfeld y don Eduardo Botollo, no ha dado
los resultados que esperaba por no haber cumitlido el primero
con las instrucciones que llevalja, habiendo emjileado gran parte
del tiempo en el examen de los territorios del interior, para
emprender luego otra exploración mas detallada por cuenta de
personas estrañas al Museo. Sin embargo, lo olitenido, consis-
tente en muestras de rocas, algunos cráneos y otros huesos de
indígenas y algunos fósiles, compensan los gastos hechos.
Creí deber enviar una segundo expedición á los mismos pa-
rajes, confiándola á los Sres. Steinfeld y Bolello. Partieron
estos señores el 1° de Marzo del año pasado, lle\ando los ele-
— 61 —
mentos necesarios para permanecer en el interior del país un
año por lo menos. Para el transporte de los huesos de los
enormes Dinosaurianos, descubiertos en el viaje anterior, ani-
males cuya tallo se mide por decenas de metros y cuyos hue-
sos no pueden ser conducidos á lomo de caballo por su gran
peso, hize construir en nuestros talleres una embarcación plana
de 12 toneladas de porte y un carro pequeño y sólido, apropiado
á aquellos terrenos. Todo debia ser trasportado en pedazos,
sobre muías, hasta las inmediaciones de los Andes, desde donde
descenderían los espedicionarios el rio Chubut del sur, con esos
restos. Desgraciadamente, los informes dados por el señor
Ameghino respecto á esos Dinosaurianos, quien decia que ha-
bía encontrado un esqueleto entero en buenas condiciones de
trasporte, resultaron inexactos en gran parte y no ha habido
conveniencia en hacer mayores gastos para su extracción,
puesto que en otros puntos del territorio se encuentran iguales
en mucho mejor estado y en condiciones excelentes para su
conducción.
La primera remesa que recibió el museo, enviada por esos
activos y meritorios empleados, fué de catorce cajones conte-
niendo fósiles, objetos arqueológicos y restos de indígenas an-
tiguos, los que considero de gran valor científico por la
homogeneidad de su tipo verdaderamente primitivo, que es el
mismo que el de los hombres que en tiempos prehistóricos habi-
taron lo que es hoy La Plata. Pueden considerarse estos crá-
neos entre los mas importantes de nuestras series.
El 24 de Abril continuaron los señores Steinfeld y Bolello
su exploración hacia el interior; han pasado el invierno de 18S9,
en las inmediaciones de los lagos Colhue y Musters, habiendo
levantado el Sr. Steinfeld el croquis del itinerario seguido,
mientras que el Sr. Botello tomaba algunas vistas de aquellos
[larajes que no lo dudo, serán, en breve tiempo, asiento de
una próspera col(jnia, pues á ello se prestan por las condicio-
nes de su suelo y clima. La inmediación al Atlántico, hace que
el paso por esos lagos sea indispensable para internarse hacia las
fértiles regiones andinas, situadas entre el 43" y 47" de lat. Sur.
El resultado de ese viaje para nuestra colección ha consis-
tido: en muestras geológicas del terreno recorrido en varios res-
tos humanos antiguos y armas de piedra, y el húmero, cubito,
radio y metacarpo de un enorme Dinosauro; miden estas tres
l)iezas, que han sido descubiertas articuladas, (faltando sólo par-
le del carpo), tres metros y 20 centímetros de alto y un segundo
húmero mide un metro y treinta y cinco centímetros de alto.
— G2 —
Además han recojido algunos otros restos pequeños, no habiendo
sido posible traer mas poi- la mala condición en que se encon-
traban esos huesos, que estallan lejos de formar un esqueleto
completo como pretendía el Sr. Ameghino. El Sr. Steinfeld
regresó en Octubre pasado, conduciendo estas piezas, quedando
en el Chubut el Sr. Botello con objeto de continuar las in-
vestigaciones. Me consta que la cosecha que ha hecho es
abundante y que pronto se hallará en este establecimiento.
El buen resultado de estas espediciones se debe en mucho,
á la cooperación que han prestado al Museo: el Señor Prefecto
General de puertos de la República, Don Carlos A Mansilla;
el Sr. Gobernador de la Tierra del Fuego, teniente de navio
D. Félix Paz; el Sr. Sub-Prefeclo de Santa-Cruz, Don Juan
S. William ; los Señores Ingenieros Don Eleazar Garzón y
Don Pedro Ezcurra.
ESPLORACIONES EX LA r'ROVlXClA DE BUENOS AIRES
La esploracion de la Pro\incia de Buenos Aires, principal-
mente paleontológica, continúa con éxito creciente. Casi sema-
nalmente han tenido entrada al Museo decenas de cajones con-
teniendo restos pampeanos. Los descubrimientos, hechos al
sur de la Provincia, nos han proporcionado piezas de mucho
valor, lo mismo que nuevos documentos sobre la geología de
estas regiones. Me prometo dar, en el próximo número de
ésta Revista, mayores datos á este respecto. El hallazgo de
un punto donde se encuentran mezclados, sin ser «rodados,»
(ó reunidos por las aguas que los hayan arrastrados al cruzar
diferentes capas), restos de mamiferos, á los que se les asignaba
horizontes diferentes, es de la mayor importancia para el es-
tudio del modo como se ha hecho la distribución mamaló-
gica en estas i'egiones. Es curioso que animales que hasta
ahora sólo se habian encontrado en los terrenos mas antiguos
do la formación, se descul>ran, representados por restos abun-
dantes, en los mas modernos y que otros que se consideraban
mas modernos que aquellos, se encuentren en horizontes infe-
riores. La estincion reciente de otros, está comprobada por
varios hallazgos, pero no es posible aún dar mayores de-
talles, porque habiendo sido liecho estos en puntos, lejanos en-
tre ellos, es necesario hacer aún mayores indagaciones. Lo que
es indudable, es que la provincia tenía en el sur, en gran esten-
sion, las mismas costas marinas que actualmente, cuando vivian
los grandes desdentados, y que el hombre, emigrante del norte.
— 63 —
recorrió esas costas, dejando abundantes vestigios de su paso. Se
continúan las investigaciones allí y no transcurrirá mucho
tiempo sin que pueda dar noticias de mas imi)ortantes descu-
brimientos. Del yacimiento de Monte-Hermoso hemos recibido
veintiún cajones de fósiles, entre estos muchos de valor.
La nómina de las principales piezas obtenidas en esos pun-
tos la hallará el lector mas adelante,
En la parte Oeste y N. O. de la Provincia también se han
hecho escavaciones fructuosas. Figuran entre las principales
piezas las siguientes:
Varios gliptodontes, dos milodontes, un lestodonte, gran
parte del esqueleto de un megatherium, muchos restos descelido-
therium, macrauchenia, toxodonte, caballos, un cráneo comple-
to (con los enormes colmillos) del smilodon populator, y miles de
otras piezas, comprendiendo en estas los restos de un paradero
del hombre indígena, contemporáneo de esa fauna, entre los
que liay algunos instrumentos. Además hemos reunido mues-
tras de rocas, y recojido datos de la mayor importancia ¡lara
el estudio de la formación de nuestro suelo, aún poco co-
nocida.
Gracias al aviso oportuno de las autoridades provinciales de
Lujan, y de los empleados que ejecutan las obras que en ese
punto dirijo el señor 'ingeniero Rodolfo Moreno, el museo ha
obtenido gran parte del esqueleto de un megatherium, de un
mylodon, una caparazón de gliptodon, del gran tigre fósil y de
varios otros mamíferos estinguidos.
Tengo placer en decir que los propietarios de los campos
en donde se han hecho excavaciones, han prestado toda clase
de ayuda y han prometido impedir que personas agenas á los
museos oficiales, practiquen esos trabajos con el objeto de co-
merciar con ellos.
El señor don Emilio Mirlin, nos ha prestado gratuita-
mente valiosos servicios en la recolección de fósiles, y me es
grato hacer público este acto.
Además de los resultados paleontológicos mencionados, los
empleados del museo han obtenido durante este año en el ter-
ritorio provincial un buen número de animales actuales. Figu-
ran en primera línea 25 esqueletos de Otaria Jubata, el de
una balcenóptera adulta que mide 8 metros de largo, y varios
pertenecientes á tres especies de delfines.
G4 —
ESPLORACION PALEONTOLÓGICA Y ARQUEOLÓGICA DE CATAMARCA
La Nación y la Provincia de Buenos Aires han adquirido
A-arias colecciones arqueológicas, reunidas en la provincia de
Tucuman y Catamarca, pagando por ellas algunas decenas de
miles de pesos. Convencido de que dichas colecciones hablan
sido formadas sin criterio alguno, y que en ellas figuraban, desgra-
ciadamente, muchas piezas apócrifas, que dificultarían, no siendo
bien conocidas, el estudio de esos vestigios, decidí emprender
en favor del museo, la exploración de las provincias andinas
del norte, que en pequeña parte he recorrido con resultados
no superados aún, en algunos casos, lo que me permitía tener
la seguridad del éxito en la nueva esploracion. Esta, aclara-
ría dudas sobre algunos objetos adquiridos por la provincia,
entre muchos de primera importancia, y el conocimiento exacto
del medio en que se exhumaron esos objetos, su í'elacion con
otros de igual índole, agregado al de su distribución geográfica,
tendría gran valor para su estudio provechoso. Además, el
museo obtendría á mucho menos precio, mas abundante ma-
terial de autenticidad asegurada. Confié esta misión al em-
l)leado extraordinario Señor Adolfo Methfessel, quien guiado
por los consejos del Sr. Dn. Samuel Lafone y Quevedo, debia
examinar, con el mayor detenimiento, todas las ruinas indí-
enas, practicando excavaciones y reuniendo toda muestra por
más insignificante que pareciera. Su conocida habilidad como
dibujante contribuiría en mucho al mejor resultado.
Este ha respondido al esperado, y puedo decir que lo reu-
nido ya por nuestro activo empleado, forma una serie mu-
cho mas importante que todo lo adquirido por compra hasta
hoy, y que esto se ha obtenido con un gasto muchas veces menor.
Además, el diario de viaje del señor Methfessel, cuenta con
gran número de observaciones topográficas, habiendo levantado
el plano de la región visitada y de sus ruinas, y el álbum, lleno
de acuarelas, de dibujos al lápiz y una serie de planchas foto-
gráficas, completan este excelente trabajo, que se llevará ade-
lante con todo empeño á pesar de su costo. Los objetos en-
viados por el Sr. Methfessel, consisten en muchos cientos de piezas
de alfarería, metal y piedra, la mayor parte de gran volumen, y
en una numerosa colección de cráneos y esqueletos de los hom-
bres que fabricaron esos objetos, restos exhumados personal-
mente por dicho señor y poi- li> tanto auténticos, lo que no
&
— 65 —
sucede con muchos de los adquiridos en las colecciones referi-
das. Estos vestigios de varios pueblos diferentes, que actua-
ron en aquella región, tienen un gran valor etnológico, y su
localizacion exacta, como la de los antiguos objetos industriales
de esas regiones y de las provincias de Córdoba, Mendoza, San
Juan, Rioja y Santiago del Estero, que ya posee el museo, arroja
gran luz sobre los antiguos pueblos perdidos. Podemos cono-
cer ya, en parte, sus costumbres, su comercio, sus relaciones
entre unos y otros y sus guerras, esto á grandes rasgos, y su
contacto con otros pueblos lejanos, unos transandinos y otros
del litoral argentino y austral.
Empiezan á reunirse también los elementos lingüísticos, si
bien con serias dificultades; pero la labor constante del Sr.
Lafone y Quevedo y los documentos preciosos que se conservan
en algunos archivos particulares, que han sido generosamente
puestos á disposición del establecimiento, han de contribuir á
su mejor conocimiento y completarán lo que nos dicen á me-
dias los restos humanos y los arqueológicos mencionados. Ade-
más, el Sr. Methfessel ha remitido numerosos restos fósiles,
entre ellos varias corazas completas de hoplophorus, parte
del esqueleto de un megatherium, (comprendiendo el cráneo y
mandíbula inferior) restos de tipotéridos, el cráneo de un car-
nicero, etc.
DONACIONES Y COMPRAS
Las donaciones recibidas por el Museo durante el año han
sido mas numerosas y valiosas que en los anteriores.
La primera en importancia es la hecha por el Dr. Esta-
nislao S. Zeballos, de todas las piezas que forman la parte an-
tropológica de su rico museo particular. Considero esta do-
nación como la más valiosa que haya recibido el estableci-
miento desde su fundación. Figuran en ella: un centenar de
cráneos de indígenas antiguos y modernos, varios de estos de
jefes de renombre; infinidad de piezas de piedra, metal y
cerámica, vestigios de las antiguas sociedades que habitaron
estas regiones, y gran número de objetos etnográficos indíge-
nas actuales. El Dr. Zeballos prepara el catálogo de su colec-
ción para remitirla en breve. El Sr. Gobernador de la Provin-
cia, ha enviado algunas « piedras pintadas » de la Provincia
de Salta. El Señor Ramón Lista ha donado valiosas piezas ar-
queológicas y ha ofrecido aumentar su número. El Señor La-
fone y Quevedo ha enviado varios restos humanos calchaquíes
— GG —
y algunos objetos cerámicos que los acompañaban en la tierra;
además ba i*emitido otros objetos en calidad de depósito. El
Dr. Guillermo Udaondo ha donado un cráneo de indígena pre-
histórico, exhumado de un antiguo paradero situado en su es-
tablecimiento de Juárez, en esta Provincia, de donde ya tiene
el museo otras dos piezas, todas de valor, por representar una
raza extraña á estas regiones, y que, emigrante del norte, pereció
lutalmente en Patagonia. El Dr. Eduardo Peña ha donado al-
gunos vasos de cerámica peruana ante-colombiana. El Dr. En-
rique Garcia Mérou ha donado algunos objetos etnográficos
fueguinos y una hermosa punta de flecha de obsidiana de la
misma procedencia y de antiguo origen. El Señor Rufino Vá-
rela ha donado á la biblioteca del establecimiento un volumen
de manuscritos del Dr. Justo Apu Sahuaraura Inca, que con-
tiene nuevos datos sobre el conocido drama en quichua « Ollan-
tay )), y una copia de este que difiere de las publicadas hasta
el dia, dos comedias en la misma lengua, documentos gene-
alógicos incásicos y una relación, como testigo ocular, de los
sucesos que precedieron á la batalla de Ayacucho. El Señor
Pedro Costa ha hecho donación muy valiosa á la galería de
bellas artes del museo, de un hermoso lienzo de dimensiones
colosales representando el sitio y destrucción de Jerusalem por
Tito, obra de los reputados artistas, David Roberls y H. C. Se-
lows, la que ha sido juzgada favorablemente en las grandes ca-
pitales europeas y americanas donde ha sido expuesta. El
Dr. Don Dardo Rocha ha enviado un molde en yeso de una
escultura del siglo xv representando un guerrero muerto. Por
mi parte he aumentado este galería con dos telas importantes.
El señor Coronel D. Mariano Espina, ha donado dos gigantes-
cos colmillos de Mastodonte, encontrados, con otros huesos,
en su quinta de Buenos Aires, colmillos que son los mayores
descubiertos en estas regiones. El Señor Capitán Lavarello ha
donado dos esponjas bien conservadas, y el Señor Capitán To-
rcho algunos moluscos de las islas Marquesas y algunas ar-
mas de indíjenas de las mismas, pero la donación mas impor-
tante, en la sección zoológica, consiste en la de la colección
do moluscos de Don Alfredo Meabe, compuesta de 233 espe-
cies y de mas de mil ejemplares. El Señor don Tomas Kincaid
ha donado algunos morteros de piedra, usados por los antiguos
indíjenas del Rio Negro. El Sr. D. Pablo Neumayer ha do-
nado el esqueleto de una ballena fósil, descubierta por dicho
señor en la antigua Babia donde hoy está edificada la ciudad
de Babia Blanca; han llegado al Museo 25 grandes cajones
— 07 —
conteniendo parte de ese esqueleto. La sección geológica se ha
eni'iquecido : con una colección interesante de rocas, la mayor
jiarlc de origen volcánico, de las islas Canarias; con varias
ricas muestras de minerales de plata que lie recojido personal-
mente en el Paramillo de Uspallata; con una bella muestra de
yeso del Rio Negro donada por el Sr. D. Tomás Kincaid ;
una gran pieza muy interesante de conglomerado del Uru-
guay presentada por el Señor D. Julio Panthou, y con algunos
minerales preciosos de Famatina donados por el Señor Don
Anacársis Lanus. El Señor Rafael Hernández ha enviado un
corte geológico de un pozo semi-surgente, perforado en Pe-
huajó, y seria de desearse que §u ejemplo fuera imitado por
los que practican tales obras, para conocer mejor el subsuelo
de la Provincia. El Dr. Aurrecoechea ha donado algunas
grandes geodas, con cristalizaciones, del Salto Oriental.
E]ntre las adquisiciones hechas por compra, figuran : una
cabeza egipcia momificada; dos pies y una mano del mismo
origen; varias antigüedades de esa rejion; una cabeza redu-
cida de indíjena Jivaro, del Ecuador, y sobre todo, 50 cráneos
casi todos ellos en perfecto estado de conservación, de los an-
tiguos indígenas de las islas Canarias, los enigmáticos guan-
ches, cuyo estudio tanto interés despierta. Esta serie es va-
liosa en todos sentidost La autenticidad de cada una de esas
piezas está asegurada, siendo ellas resultado de las investiga-
ciones del Dr. D. Víctor Grau Bassas, cuyos estudios antropo-
lógicos sobre esos hombres son conocidos de los que se ocupan
de estas materias. Comprenden dos tipos perfectamente de-
finidos, muy diferentes, y algunos ejemplares que son resul-
tados de la mezcla de ambos. No creo que sean comunes en
los grandes museos, series tan características como esta, que
para nosotros tiene una importancia excepcional, porque nos
permite conocer de visu, si existe, realmente, parentesco íntimo
entre esas antiguas razas y las americanas actuales. Espero
que pronto recibiremos otra de igual importancia, lo que reu-
nida á esta y á los 25 cráneos que antes poseíamos, forma-
ran una colección que nos dará el tipo medio de esos hombres,
sin temor de equivocarnos. De las mismas islas Canarias,
hemos obtenido una colección geológica, y esqueletos y pieles
de las aves que las habitan, peces crustáceos, moluscos, etc.
Hemos adquirido parte del esqueleto de una ballena fósil,
descubierta en Barracas al Sud, cerca de la Iglesia; un esque-
leto de balaenoptera actual completo, que mide 15 metros dé
largo y varias otras piezas. La biblioteca del Museo se ha en-
— GS —
riquecido este año con cerca de mil títulos, la mayor parte de
obras que no se encuentran en ninguna biblioteca del país y
que nos eran de gran necesidad para el estudio de tan vastas
colecciones.
LABORATORIOS
Si la labor de los empleados viajeros ordinarios y extraordi-
narios ha sido grande y meritoria, lo ha sido también la de los
que han trabajado en nuestros laboratorios durante el último año.
En estos se han restaurado los objetos enviados por el Sr.
Methfessel, entre los que figuran ciento veinte grandes urnas
funerarias y se han montado : el esqueleto de una Macrauche-
nia, de un Toxodonte, y varias piezas aisladas de estos ani-
males tan interesantes; muchas partes del esqueleto de Mega-
therium, como ser varios miembros anteriores y posteriores, co-
lumna vertebral y tórax, pelvis, etc.; dos esqueletos de Mylodon;
gran parte del de un Lestodon ; un esqueleto de Panochtus, dos
corazas de Glyptodon ; un esqueleto del mismo y muchas otras
partes de otros esqueletos del mismo animal, como ser cráneos,
miembros, pelvis, etc.; el cráneo y parte del esqueleto de un
Smilodon, y gran número de piezas mas pequeñas. Además
se han preparado los objetos encontrados en las escavaciones
practicadas en la costa del Atlántico, entre las que se cuenta parte
del esqueleto, comprendido el cráneo completo y parte de la
coraza del Dasypotherium australe y mas de cien piezas, entre
estas veinte cráneos, de las traídas de Santa-Cruz por los Se-
ñores Pozzi y Onelli. En el laboratorio de anatomía compa-
rada se han montado, nueve esqueletos de aves, entre estas el
del Cóndor y del Avestruz patagónico (Rhea Darwinii); veinte
y cuatro de mamíferos, entre estos dos delfines y cinco Ota-
rias; cincuenta y nueve cráneos de mamíferos diferentes y nueve
esqueletos humanos. En el laboratorio de Taxidermia se han
preparado y montado las pieles de diez grandes peces marinos,
sesenta aves y veinte y cinco mamíferos, entre estos un grupo
de dos Pumas (Feliz Concolor), y otro de seis leones mari-
nos (Otavia Jubata).
Además se han preparado para el canje convenido con es-
tablecimientos norte-americanos: un esqueleto de Mylodon, otro
de Scelidotherium y un tercero de Panocthus, además de buen
número de piezas actuales. En cambio recibirá el Museo es-
queletos y cráneos de mas de ciento cincuenta mamíferos, aves
y reptiles, como ser : de los grandes monos antropomorfos, (Go-
— 01) —
rilla, Orang-Outang y Chimpanzé), León africano, Tigre do Ben-
gala, Osos, varios Pinípedos y Cetáceos, (entre estos un Narval,
un Dugong y un Lamantin), un Rinoceronte, un Hipopótamo,
Girafa, varios grandes Ciervos, Roedores, gran número de
Marsupiales australianos, etc., etc. Tenemos en trámite canjes
semejantes con grandes museos europeos.
Se ha hecho el catálogo de la sección de osteología compa-
rada, ya numerosa, y se ha clasificado la sección de Inverte-
brados. Lástima es que la falta de empleados no permita ca-
talogar con mayor brevedad las demás secciones, cuyo conjunto
revelaría las inmensas riquezas reunidas en el Museo. Se ha
casi terminado el catálogo de nuestra biblioteca, ya numerosa,
la que se aumenta diariamente con importantes adquisiciones.
El departamento de publicaciones ha sido organizado defi-
nitivamente, contando con su imprenta propia, máquinas lito-
gráficas y fototípicas, movidas por un motor á gaz de cuatro
caballos de fuerza, con un laboratorio fotográfico que consi-
dero uno de los mas completos del país, un taller de encua-
demación y los accesorios indispensables á un taller comple-
to, que permitirá hacer en el establecimiento, por los em-
pleados idóneos que están á cargo de este departamento, no
sólo las variadas publicaciones del museo, sino todas las que
la Provincia necesite. ' He debido hacer esta instalación á mi
costa, (no habiendo podido ser incluida todavía en el presu-
puesto oficial), porque no es posible confiar las publicaciones
del Museo á establecimientos industriales que no cuentan con
artistas especiales, dedicados á esta clase de impresiones. Ade-
más, la vigilancia para su buen resultado me seria imposible,
lejos de esta repartición que absorbe todo mi tiempo; el gasto
seria también mayor indudablemente.
Los trabajos que he mencionado, como realizados este año,
prueban que el plan de exploración del suelo de la República en
beneficio de este museo se desenvuelve en la forma que lo per-
miten los recursos de que dispongo. Los descubrimientos se
suceden; unas veces enlazan hechos aislados, otras modifican
en algunos casos, totalmente, ideas basadas en documentos
incompletos. A medida que adelantan estos trabajos, se di-
lata el campo de investigación, que no debe abandonarse cuando
tantas dificultades han sido salvadas. Con lo hecho en sus
laboratorios, el programa de la institución, si bien amplio, va
realizándose en sus diferentes secciones, y el encadenamiento
de los fenómenos que se han sucedido en el extremo austral
— 70 —
americano y que forman In historia física y moral pasada, se
bosquejan ya con alguna claridad en estas salas. Muchos
cerebros expertos estudiaran más adelante todos estos mate-
riales, en bien de la ciencia. Esta no posee aún ningún punto
de partida claro, con contornos bien definidos, para relacionar
intimamente tantos fenómenos que se nos presentan aislados,
sean geológicos, biológicos, lingüísticos y sociológicos, que han
intervenido en la formación de lo que ha sido y es, en su acep-
ción más amplia, la América austral; pero acumulando docu-
mentos exactos, como lo hacemos ahora sin ideas precon-
cebidas, el museo cumple su misión. Es muy nuevo el esta-
blecimiento para pedirle otra cosa ; sus recursos son aún escasos,
para que pueda realizarse con ellos todo el plan que me he
propuesto, y es para llevarle adelante con mas facilidades, que
pienso que el Museo de La Plata debe tener, como otros esta-
blecimientos análogos de Norte-América, recursos propios. De-
seoso de que esto se realizo pronto, he tenido el honor de
dirigirme al Exmo. Congreso de la Nación, pidiendo la compen-
sación, que creo me corresponde, por trabajos ejecutados en
las regiones australes, antes de que el ejercito nacional las
dominara, trabajos que llevé á cabo gratuitamente, impulsado
sólo por el deseo de ser útil á mi país; y he donado para fondo
del Museo de la Provincia de Buenos Aires, la compensación
que se me asigne. Al iniciar así, la vida independiente, de
cierto modo, de esta institución, tengo la convicción de que
esta llegará á ser Igrande en no lejano tiempo, y que contri-
huirá, con los servicios que preste, al engrandecimiento inte-
lectual de la República Argentina, lo que será honroso para
esta Provincia.
Francisco P. Moreno.
DIRECTOR DEL MUSEO.
LA LENGUA MOCOVÍ
SEGÚN
EL PADRE FRANCISCO TAVOLINI
M. S. EN LA BIBLIOTECA DEL GENERAL BARTOLOMÉ MITRE
CON INTRODUCCIÓN Y NOTAS
POR
SAMUEL A. LAFONE QUEVEDO
CARTA DEL D« J. GRANEL AL GENERAL BARTOLOMÉ MITRE
Señor General:
Remito á Vd. esa especie de vocabulario de la lengua mo-
coví, empezado á formar y no concluido, por el padre Tavo-
lini, misionero de la reducción de indios de San Pedro en la
provincia de Santa-Fé.
Soy de Yd. su mas amigo y S. S. Q. B. S. M.
(Firmado) JoAQUIN GranEL.
Mayo 31 de 1864.
REGLAS
APRENDER A HABLAR LA LENGUA MOSCOVÍTICA
Que usan mucha parte de los Indios del Chaco, por el Norte de Santa-Pé
Se apunta después una buena cantidad de los términos, que
ellos usan, particularmente los que mas necesita, que sepan
los que quieren instruirlos en la religión católica.
OBRECILLA
Fr. FRANCISCO TAVOLINl
MISIONERO APOSTÓLICO
AÑO DE 18 5 6
PRÓLOGO
Si alguno loyei'c esta (ihi-ocilla, y lo parerioi'C inútil, ú á lo
menos inexacta (como realmente yo mismo confieso que tiene
esta segunda i)roi)ieda(l), no me taclie de atrevido, ni soberbio,
porque yo no la lie escrito por enseñar i'i otros (aunque mucho
gusto sentirla si á otros también juidiera aprovechar), sino so-
lamente la he escrito para mí, que hallándome entre los Indios,
que hablan la lengua moscovítica, ni pudiéndoles aprovechar
sin aprender su idioma, así me he animado i'i csrriliir algunas
reglas y apuntar unos términos para facilitar la memoria y no
l)or otro fin.
Premisa esta declwacion, paso i'i advertir en pi'imcr lugar,
ijue seguiré en todo el alfabeto castellano, como también la
misma pronunciación, prosodia y ortogratía, excepto que se do-
blaran algunas letras consonantes (lo que ordinariamente no
se permite en la castilla), jior indicar la fuerza con que se de-
ben pronunciar algunas silabas, lo que ni se podria conseguir
escribiéndolas diversamente.
En segundo lugar, como liay algunas letras ó silabas, que se
alejan del castellano, así para que se sepa el sonido diverso
(|ue tienen, y se les debe dar, se lia puesta unas letras ó seña-
les, arriba ó abajo de las mismas letras que tienen sonido di-
verso. Si la letra ó señal mirase ¡i una sílaba entera, ó más,
también se pondrá una raya, (¡ue abi"a/.c el total á que mira la
letra ó señal.
Las letras, pues, ó señales son las siguientes:
b quiere decir (pie la letra, sílaba ó sílabas deben pronun-
ciarse como balbuceando, es decir pegando la lengua
al paladar, haciéndola jugar un jMKputo.
— 76 —
d que deben pronunciarse haciendo jugar la lengua en la
boca casi cerrando los dientes.
f (jue deben pronunciarse con fuerza.
o que deben pronunciarse con pronunciación gutural.
r (]uc deben pronunciarse ligero.
ta (jue deben pronunciarse como si alguno fuese tartamudo,
eso es pegando la lengua á la parte inferior de la boca
y reteniendo la voz como si no se pudiese pronunciar.
t que deben pronunciarse haciendo trinar la voz y la lengua,
cedilla, que puesta bajo alguna letra, significa deberse
pronunciar en la garganta con fuerza.
^ que se deben pronunciar con fuerza y como si la letra
fuese doble, ó por mejor decir pronunciándola con una
cola: y si esta señal se hallare arriba de la I signi-
fica que debe pronunciarse con un sonido doble del
que tiene la misma /,- y si estuviere arriba de la v sig-
nifica tener un sonido medio entre v y it.
Anotación. Para que se conosca donde debe barrarse
la voz, se pono arriba de las letras el acento de esta
' manera ('), el cual se pondrá también arriba de aquel-
las letras, que del)cn hacerse sentir, aun(|ue no sean
largas, aunque para esta segunda advertencia ordina-
riamente se ha puesto la ta. Y si en alguna p;dai)ra
00 se ha puesto dos oo, se entienda que el sonido debe ser
gutural al extremo.
s puesta arriba de alguna silaba, signilica que se delte i)ro-
nunciar con fuerza casi suspirando.
n quiere decir, (ju(^ la pronunciación debe ser nasal.
TRATADO
DE LAS PARTES DEL DISCURSO U ORACIÓN
Odio partes comunmente se asignan, las cuales pueden en-
ti'ai- en el discurso, y son los siguientes: Nombre, Pronombre,
\'erbo, Participio, Adverbio, Preposición, Conjunción é Inter-
jección.
CAPITULO I
DEL NOMBRE
Sabido es que el nombre puede ser j;ro/j/c», como Pedro, Pablo
etc., f|uo en la lengua Moscovítica so dice y i)ronuncia en el
iiiisnio nioilo que en la castellana. En segundo lugar ryje/wíá'o,
como :
Yalé, hombre — Ai_d('i, vnijrr.
\\\\ torcer lugar substantivo, como:
Lateé madre, — Lctaá, padre
y adjetivo, como :
r' r
Noen, Ijueiio — Nayapek, mato.
NÚMEROS
Pero como estos nomljres pueden exprimir ya una, ya mas
personas ó casos, así es que puede ser de numero singular (>
plui-al. Pero en el idioma Moscovik no liay para eso una re-
gla tija, porque unos plurales se escr¡l)Ou y pronuncian como
los singulares, así se dice:
Talé, Aaló, tanto por exprimir hombre y mujer, cuanto j)ara
— 78 —
e\|)riinii- linnilii-cs y iiiüjorcs; y (ili-os iiuni|iic vm-ien en el plu-
ral no varian j)Oi' una regla constante, asi se dice:
r r la "
Ypioco, 2)cnv — ijiiugo, ^^ívvuv;
asi también se dice:
r r'
Nayajiek, iitalo — Nayajjeke, malos.
DECLINACIÓN
Esta lengua no admite ikrJiítacioit, ni artículo, por donde cuando
• la castellana dice el lioml)re, del hombre, al hombro, el hombre,
ú liduibre, por el hombre, la moscovita dice Talé, sin alguna
ilist ilición en todos los casos.
GENERO
Ni tampoco pone alguna señal para indicar cjue es masculino
ó femenino, ni pone variación en la terminación de la palabra,
por eso dice:
r r la
■nocii ¡/alé y ¡toen anló
DE LOS NOMBRES NUMERALES
Los noml)res numerales son de cuatro layas: cardinales, or-
dinales, distribafiros v colectivos.
NOMBRES CARDINALES
1. Yñatvák, 2. Yñoaca, 3. etres,
4. ecuatro, 5. ycinco, 6. eseis,
7. esiete, 8. eocho, 9. enuove,
10. ydiez, 11, 12, e 13, 14, y 15, diciseis, dicisiete, dici-
oclio, dicinuove, 20, vintiuno, vintidos, vintitres, etreinta, etrenta
y uno, etrenta y dos, 40, 41, e 42, e 43, 50, 51, 52, 00, 70, 80,
".tO, yciento, y 101, y 102, ymil, edos mil, etres mil.
NOMBRES ORDINALES
Printero Srcjinido Tercero Cnarlo
7
Aupesek, Lotleví'i, Lot-idrilcya, Lot-idrileya cuai-to,
— 79 —
Quinto Sexto Sétimo Octavo Noveno
Lot-idrileyá 5", Ynisexto, Eseptimo, Elotavo, Eno\'ono,
Décimo
Edécimo,
Undécimo
Ynidesmo,
Ultimo, -os
la ia
Paacték-yñosék,
ia
Mpaacterék-inosé.
NOMBRES DISTRIBUTIVOS O PARTITIVOS
La mitad El tercio. El cuarto,
hay'úiii (el ni?).
Decena
Eonodecena,
NOMBRES COLECTIVOS
Docena Dos docenas
Docena,
Edosdocena,
Tres docenas
Etresdocena.
' CAPÍTULO II
DEL PRONOMBRE
Aim.
Accnmí.
Ynni.
N.
G.
D.
A.
Al)l
N.
Nosotros
De nosotros
A nosotros
A nosotros
Por nosotros
Usted
De Usted
A Usted
A Usted
Por Usted
Occíjm.
Ellos
De ellos
A ellos
A ellos
Por ellos
Accami,
Yyvoa.
— 80
Ella
Le día
A ella ^ Anni.
A ella
Por rila
Vosotros
De vosotros
A vosotros
A i-osotros
Por vosotros
Accamí.
Aqiiel \ Edasó (parado).
De aquel I
A aquel \ Esü {mor/emlose).
A aquel \
Por aquel I Iiinissó (sentado).
Aquellos \ Eddoassó.
De aquellos I
A aquellos ) Essoa.
A aquellos \
Por aquellos I Yyyoassó.
Ese \ Inni (sentado).
De ese / Eddá ) . , ,
I (parculo).
A ese > Eniia )
A ese \
Por ese I Iddi (acostado).
Esos \ Yyyoii.
De esos I Ennoá.
A esos \ Eddoa.
A esos \
Por esos I Yvvüá.
Elltís
De ellas
A ellas ^ Yvyoii.
A ellas
Por ellas
Vosotras
De vosotras
A vosotras
A vosotras
Por vosotras
Accomí.
Adassó.
Aquella,
De aquella I
A aquella \ Assó.
A aquella I
Por aquella ] Annissó.
Aquellas
De aquellas
A aquellas
A aquellas
Por aquellas
Esa
De esa
A esa
A esa
Por esa Addi
Eddoassó.
Essoá.
Yvvoassó.
Anní.
Adda.
Anua.
Esas \ Yyyoa.
De esas I Ennoa.
A esas \ Eddoíi.
A esas I
Por esas ] Yyyoa.
PRONOMBRES RECÍPROCOS
Gen. De sí
D. A sí.
A. A sí ( Cliai-aím (osta voz está testada).
A 1)1. Por sí
— 81 —
PRONOMBRES POSESIVOS
(Los ejemplos daríin las reglas para conocerlos)
aim.
r
cadamí.
Alina eleró { atam.
codam.
cadamtí.
(Suyo está testado y las terminaciones de 1^ y 3* persona
también.)
mío.
tuyo.
Este libro es { suyo.
nuestro,
vuestro.
[ míos.
\ tuyos.
Estos libros son I suyos.
j nuestros.
I vuestros.
Ennoassó eierél
(Suyo de ellos también testado.)
mía.
tuya.
Esta pluma es \ suya.
nuestra,
vuestra.
mías,
tuyas.
Estas plumas son I suyas.
nuestras,
vuestras.
aimi.
r'
cadamí.
r'
alamí.
r'
codami.
r'
cadamtí.
aim.
r'
cadamí.
Annassó lava { alam.
codam.
r
cadamtí.
Ennoassó lava / .^\.
anuí,
cadumí.
r'
alamí.
codam í.
r'
cadamtí.
(S'' del plural siempre testada: ojo á que este ejemplo debe
ser del habla mujeril. S. A. L. Q.)
El pronombre neutro posesivo se traduce como el mascu-
lino.
DE LOS RELATIVOS, QUE, QUIEN, CUAL
Quién ?
Qué?
Cuál?
Quennegayá ?
Quennegayá en singular y plural.
Queqqueegayá ?
— 82 —
Quienes? ) „ . „
Cuales? \ Q^ieeccuaagaya?
Quie7t
Oual ) Eccü.
Que (singular)
Quienes
Olíales ) Eccua.
Que (plural)
PRONOMBRES IMPROPIOS O ADJETIVOS INDETERMINADOS
Cada uno — Nadinetappetá.
Alguno — Avó.
Ninguno = O — Scaeccá.
Nadie = O — Scaecca.
Ksfc hombre
Estos J/oii/ltrcs
Ennasó.
sentado.
Yddissó.
eclmdo.
Ennoassó.
Yyyoassó.
Esta
Annassó.
Addissó.
„ , ( Annoassó.
Estas .
\ VN oasso.
EJERCICIOS SOBRE LOS NOMBRES DE lA LENGUA MOSCOVITA
Advertencia par.v evitar Repeticiones
1 . Quiere decir mi ó mis *).
2. » » tu ó tus.
3. » » su ó de él.
Pl. 1. Quiere decir nuestro ó nuestros.
2. » )> vuestro ó vuestros.
3. » >i sus ó de ellos.
La segunda terminación ea Castellano y Mocovi corresponde á la forma plural.
Abuela, as — Comená, Id.
1. Ycomeiirt, al.
2. Comeiiftí, tíTi.
3. Lcomena, al.
Pl. 1. Arcomeiiff, í\\.
(Arcomennaí.
GRADOS DE PARENTESCO
Hija, as.
1. Yya/Í', lé.
2.
Arcomiií.
Abuelo, os — Napp'i, vel Napjjíñ
ta
1. Yappí, irí.
2. Dappí, »
3. Lappí, »
Ardappí.
Ardaprí.
2. Dappí.
Pl. 1
Hermano, os.
la ia
1. Ycayá, ya.
ta
2. Lea ya?, í.
ta
3. Lcaí/«, yá.
Lo mismo se llaman los her-
manos, como también los pri-
mos hermanos y primas her-
manas.
2. CactiaZí, lí.
3. YliaZfí, lé.
Pi. L Coctiafe; lé.
2. Arcactia/*, lí.
1.
3.
Pl. 1.
Hijo, os.
(YyaTek.
(Ygálcá.
ICaetialguí.
(Cactialari.
KliaTek.
(YTíaTcá.
(Coctialéh.
(Coctialcá.
lArcactialguí.
I "
(Arcactialarí.
Hijastra, as.
. JYavaleyalé.
' jYavaliyalé.
') De los tres géneros en todas las personas.
— 84
Hijastro, os.
(Yavalquiyaleh.
} ' o
(Yavalquiyalca.
Madrastra.
la ^ ta
Yavaleyacteé.
la
Davalidactii.
Lavalelacteé.
Pl. 1. Rdavalerdacteé*).
2. Ardavalirdactii.
Madre.
■ (Cactilí.
Marido.
o
1. Yascliilarvá.
o
2. Daschilarvai.
o
3. Laschilarvá.
Lo mismo se dice mi mujer,
tu mujer, su mujer. Aquí se
entiende cuando están casados
por iglesia.
Marido.
1. Yo va.
2. Dovaí.
3. Lo vil.
Mujer.
1. Yová.
2. Dovaí.
3. Lova.
Así se llaman cuando están
amancebados, pero se puede
entender también por iglesia.
Nieta, as.
ta
i. Yvál, iva.
2. Cavaín, rii.
la
3. La val, lava.
ia
Pl. 1. ArcováZ, vá.
2. Arcavafó¿, rii.
Nieto, os.
1. YvaT, lí.
2. Cavafó, rii.
3. Laval, Lavó.
o
(Arcoovál.
Pl. 1.
(Coová.
2. Arcava/í, rii.
Novia, as — Onnagá, ál.
Novio, os — Onnacca, né.
Nuera, as.
i. Yac/p, tét
2. Dactii, tilí.
te ta „
3. Lacíe, tél.
Padrastro.
Yavaleglectá.
Davalicactaí.
LavaTeglectá.
*) La K inicial dudosa nor haijcrsc coiTcgido eu cl origiual, S, A, L. Q,
— 85
Pl. 1. Ardavalecoctaá.
2. Davalicactaí.
Padre, es.
s
1. Yctáa, al.
2. Cactáí, lí.
3. Lectáí?, al.
ta s
Pl. 1. Goctáo, al.
2. Cactáí, li.
la
Parientr, es — Naak, có.
la " te
1. Yaák, Yaaccó.
te
2. Daagiif, góí.
te " la
3. Laa/^, Laaccó.
te
Pl. 1. Ardai'i/A, eco.
te
2. Avdüa¡jii7j góé.
Sobrina, as. '
te
1. Yectece, cé.
2. Dictiss¿¿, ilí.
te
3. Lectece, cé.
te
Pl. 1. Aixlecteee, cé.
2. Ardictiss//, iTí.
Hablando la mujer jiara nom-
brar sobrina ó sobrinas, como
también hablándose á ella, ó
de ella, se dice:
Sobrina, as.
te
1. Yassouse, sé.
te
2. Dassoussí, sí.
te
3. Lassousse, sé.
la
Pl. 1. ArdassoLisse, se.
te
2. Ardassoussl^ sí.
Sobrino, os.
ta
1. Yektece7i-, cé.
2. Dictissigidi, dri.
3. Lecieceh, cé.
Pl. 1. Ardectece/?, cé.
2. Ardictissi/7?íM', dri.
Suegra, as.
ta ta
1. Niyoccord, ró.
te
2. Niyoccorí, roí.
te
3. Niyoccoró, ró.
Suegro, os.
ta ta
1. Niyocc'ó, coró.
te te
2. Niyoccor*, rí.
te
3. Niyoccd, coró.
Tía, as.
1. Yassoj'ü, role.
2. Ardassorí.
3. Lassoro, role.
1. Ai'dassoró, role.
2. Ardassom^ rlí.
Tío, os.
1. Niectescd; coró.
te
2. Nectesco/'í, rí.
3. Necteseó, coró.
1. Ai-nectescó, core'».
te
1. Arnectesco'/v', rí.
Yerno, os.
1. Yaddonarnék.
n
2. Daddonarguí.
3. Laddonúrnék.
_ 86
PARTES DEL CUERPO Y ALMA
la la
Alma, as — Nquií, ü.
1. Y(iquii.
2. Arquiii.
3. Lqui/, íl.
Pl. 1. Arqui/, íl^
2. Ai'fiu'''; il'-
Arrugas.
ta
1. Yoiyappiaga.
ta
2. Doyappiardí.
ta
3. Loyappiaga.
Asentaderas.
ta to-
1. YossñjJ, ppi.
írl
2 Dosap/', li.
la
3. LossiV, ppi.
Barba.
1. Yacca.
2. Daccarii.
3. Lacea.
Pl. 1. Ardacoa.
2. Ardaccarii.
Bigote
1. Minniipséh *).
2. Diimmissiguí.
3. Linnüpseh.
Pl. 1. Ardiimmiipséh.
2. Ardiimissiguí.
Bra,\o, os.
la
1. Yava, Yava. •
2. Davaí, Davarii.
la
3. Lava, Lava.
Pl. 1. Arda vil, Ardavá.
2. Ardavaí, Ardavarii.
Boca, as.
ta
1. Ayap.
b
2. Cadappí.
la la
3. Mop, appí.
Pl. 1. Coáap, appí.
2. Cadapi»', prü-
Cabellos.
ta,
1. Yevé.
2. Cavii.
3. Lavé.
ta o
Pl. L Arrevé.
2. Arcavii.
Cabexa, as.
\. Ycaíli.
2. Caiguí.
3. Lcaí/í, gó.
Pl. L Arcíii/', gó.
(Arcaiguí.
"■ ÍRcaigodrí.
Cara, as.
\. Yschih.
2. Cassiguí.
3. Laschí/í, igó.
Pl. L Coschih, igó.
2. Cassiguii, Caschigorí.
Cr>/, as.
(Yñcoipp«cm, á.
(Yncoippa.
2. Ncopparii.
■) Esta M i'S auaosii, ícbc de ser A.
— 87 —
,. (Ncoippacá.
■ (Ncoippá.
Pl. 1. Avne o\\)pá rea, ])a.
2. Anicüppai-ii.
Codo, os.
1. Ylcoque, él.
2. Lcogui/, lii.
3. Lcogue, él.
1. Ai'lco-gue, él.
Pl.
2. Aiico-gui?', lii.
Coyote.
1. Yannnagá.
2. Dannarii.
r o
3. Lannagá.
Pl. 1. Ardannagá.
2. Ardannarii.
o.b
Colmillo, os f ' °'
Lagancaté.
Corazón.
oh
1. Yclarnacta.
2. Dictarnactii.
3. Litarnactrt, ál.
Pl. 1. Ardictarnactfí, ál.
2. Ardictariiactii.
Costado
Véase Lado.
1.
Costilla.
IÑiemmenih.
—
(Niemmenca.
9 iNemmenarí, 1.
i "
(Nemmencá.
o
3. Nemmenih, cá.
(Arnemmenih.
Pl. 1. ^
(Arnemmencá.
2. Ai-nemmcnai'i.
Culo.
1. Nacté.
2. Nactini.
3. Naacté.
Cuerpo.
r
1. Yaschimmaga.
o
2. Doschimmarrii.
r
3. Loschimmaga.
r
Pl. 1. Ardoscliimmagá.
o
2. Ardoschimmarrí.
Caja, del cuerpo — Lassót.
1. Yssót.
2. Gassoctí.
r
3. Lassót.
Pl. 1. Cossót.
2. Cassoclrí.
Dedo, os.
^ te
1. Ypalacate -é.
2. Lpalacacti/ -í.
.- '"
3. Lpalacafó -té.
^ '«
Pl. 1. Arpalaca/íí -te.
^ te
2. Arpalacatii -ctii.
Dedo, os.
la
1. Yppiarnaf-tó, cta.
2. Ca¡ijiiai-naf¿í, ctí.
3. Lappiarnacta, Lajipar-
nacté.
Pl. 1. Coppiarnactrf, c.
la
2. Arcappiarnactí//, ai.
88 —
Dientes.
1. Yo vé.
2. Dovii.
3. Lové.
o
Pl. 1. Ardovc.
o
2. Ardovii.
Encías.
1. Yové lacti.
2. Dovii laactí.
3. Lové laactí.
Pl. 1. Rdové laactí.
2. Rdovii laacti.
Entendimiento — Nadennac-
0
tartiah.
(Yadennactarnáh.
1- _^
(Yademnamgá.
jj (Dademnarnagaí.
"' üadennactarnagaí.
3.
iLadennactarnah.
(Lademnamga.
(Ardadennactarnah.
Pl. 1.
2. Ardadennactarnagai .
(Ardademnamga.
Entraña, as — Aíot, reí, AJortr
1. YaaTóí, etc.
2. Cacto-gloc///, trii.
3. LaaTóí, cte.
Pl. 1. ArcaaTóí, cte.
2. Arcacto-glic//, tri.
Espalda.
1. Yappalactecta.
2. Dappalactectaí.
3. LappaTactcctá.
Pl. 1. Ardappalactecta.
2. Ardappalactectai.
Espalda, as.
b
1. YappaTacíe, tectraí.
2. DappaTactectrai.
3. LappaTactectraí.
Pl. 1. ArdappaTactectraí.
2. ArdappaTactectraí.
Se entiende la sola paleta.
Espalda con el brazo ó mano
se dice lo mismo que brazo.
El Espinaxo — Lekihlpinnéh.
b.o
1. Ylah -Ipinnéh.
2. DeTarii -Ipinnéh.
o
3. Lehih -Ipinnéh.
Pl. 1. Ardláh -Ipinnéh.
2. Ardelarii -Ipinnéh.
Espinilla, as.
1. Yyaacté, Yyaacté.
2. Cachaact?, ii.
3. Yllíiácte, Yllaacté.
Pl. 1. Cochaacfc, cté.
2. Rcachaacíi, ctii.
Estónuigo.
ta ^
1. Yoala.
2. Doalaí.
3. Lóala.
Pl. 1. Ardoahi.
2. Ardoálaí.
la ta
Frente, es ■^- Neeetape, Naactápe,
Neectapp'i.
\. Yctiipe.
2. Cactappii.
80 —
la a
3. LauctojJf, [tpí.
Pl. 1. Rduactape, Couctiipo, Co-
octappí.
2. Cactrappi-ii.
Galillo.
1. Ñaccallappiscliigoin.
2. Naccallappischigoin.
3. Náccallappiscliigoni.
Pl. 1. Arñaccallascliigoin.
2. Arnaccallappiscliigoiii.
Grano, os.
1. Ynnec/p, té.
ta ta
2. Dinnic///, trii.
ta
o. Linneo^r', té.
Hedor.
1. Yicta.
2. Caictaí.
3. Laictii.
Pl. 1. Cooictá.
2. Arcaictui.
La II/'cl — K/rf/n/arjiarfá.
1. Yotimaniactá.
2. Dictimarnartaí.
3. Lictimarnactá.
Pl. 1. Ardictimarnactá.
2. Ardiotimarnactaí.
Hk/ado.
1. YoTammeli.
2. DoTamguii.
3. Lolamméh.
Pl. 1. RdoTamméh.
2. RdoTamguii.
Hombro.
1. Yaiiáli, Yaliacó.
^ „ te
2. Daliagui, Rdaliaguí.
3. Laliah, Laliacó.
Pl. 1. Ardalíáli. Ardaliacó.
ta
2. Ardaliaguí, Ardaliagui.
Hueso.
la
1. YiiiiiUí'//, -acá.
la ' la
2. Pina¡(|uii, Pinnai-ii.
3. Lpinne/^ acá.
Pl. 1. Arpinne/í, acá.
2. Av\ñnni(¡ii¡i, arii.
El Hijar — Lesafcd, Lesatcactc.
1. Ysatca. acté.
ta
2. Desaccac/í, ti.
3. Lesafcá, tcacté.
Pl. 1. Ardsa«, cié.
ta
2. Ardesaccací/, ti.
Labios.
1. Ayappí.
2. Cadapprii.
3. Ahippí.
Pl. 1. Codappí.
2. Cadappfii.
LciKjaa, as.
b.n
1. Yolegarnagat.
2. Dolegarnarctii.
b.o
Pl. 1.
3. Lolegarnát.
(Ardolegarnat.
lArdolegancaté.
-> iRdoleeai-nartii.
"' (Rdolegancactrii.
12
'JO
P!.
Lado — Costado.
Yaí, Yayí, Yail.
Daii, Dailí.
Laí, Laíl.
Ardai. ArdaNÍ, Anlaíl.
Ardai, Ardailí.
Lunar.
1. Anni yecté.
2. Dictii.
to
3. Lecté.
Llanto.
1. Ñoyeunúh.
2. Noyennaguí.
o
3. Noyennah.
Pl. 1. Arnoyennúh.
2. Arnoyennaguí.
Mano.
1. Ylque!af/rt7, caté.
2. Lquolai'ctii,Quelacactrii.
3. Lquelaí/«7, caté.
Pl. 1. Arquelar/ffi', caté.
2. Arquelarctii, Quelacac-
trii.
Mejilla.s.
1. Yaschilegué vel sine c.
2. Daschil/guí vel sino /.
3. Laschilegué vel sine e.
Pl. 1. Ardasc!ii/«y?<cf, Igiié.
2. Ardaschi//í/»í, Iguí.
o
Memoria — Novcnmtih.
n
1. Novencatih.
o
2. Novencactiguí.
o
3. Novoncalili.
Pl. 1. Arnovcncatíh.
2. Arnovencactigué.
El iiilriuln-o — Anneylct, reí An-
neglecté.
1. Aiglét, Aíglecté.
2. CastiTictí, Castiíictrí.
3. Aloglet, Atoglecté.
Pl. 1. Cocteglét, Cocteglecté.
2. Arcactilictí,Arcactilictrí.
Mi muela, as.
1. Yassousse.
2. Dassoussii.
3. Lassoussé.
Pl. 1. Ardassou.ssé.
2. Ardassoussí.
Muñei^a.
1. Ñappóquenna, ál.
2. Nappoquennr»', alí.
3. Nappoquenn«, ál.
Pl. 1. Arnappoquenní^/, al.
2. Arnappoquenna/, aTi.
Mitslo.
1. Yoctelecifff, tari.
q (Doctelectacif//, traí.
"' jDoctilic///, ti'ii.
3. Lo-clclecW, tari.
Pl. 1. Ardoctelectrt, ai-í.
2. Ardoctelectaí, Ardüetraí.
Mi ni/i-slo.
i. Yoctelectf/, arí.
2. Docteloctft/, actraí.
3. Loctelectrt arí.
Pl. 1. Ardoctelect«, arí.
2. Ardoctelectactaí, Ardüc-
ti-aí.
91
Kan'-...
1. Yimmíh.
2. Dimmiguí.
3. Liimmik.
Pl. 1. Ardiimmík.
2.
Ardiinniiguí.
Pl.
La niña de los ojos.
1. Yñcocté Icovc vel Yñcoc-
té Icovecté.
2. Ncoctí Icovc \el Ncoc-
lidí Icovecté.
3. Ncocté Icofe, vecté.
1. Arncocti Ico vé?
2. Arncoctídi Icovecté.
Oido.
1 . YqueTá lavák vel laavacó.
2. Quelaí lavoA-, acó.
3. Lquelá lava/.-, acó.
Pl. 1. Ar([uela lavák.
2. Ai-(|uelai lavák.
Ojos.
1. Yñcocté.
2. Ncoctidii.
3. Ncocté.
Pl. 1. Ncocté.
o
2. Arncoctidii.
Olfato, Olor, Hedor.
1. Yictá.
2. Caictaí.
3. Laictá.
Pl. 1. Cooictá.
2. Arcaictaí.
Ombligo.
la
1. Iddámme.
2. Deddamí.
3. Leddammé.
Pl. 1. Ardoddáinme.
2. Ai'deddamí.
Oreja, as.
1. Yq Líela vel Yquelá.
2. Quelaí vel Rquclaí.
3. Lquelá vel Lquelai.
Pl. 1. ArqueTf/, a.
2. Arquelaí.
r<ilalini, as — Naccatcli, tai.
h
1. Ynceafélt, calcii.
fe
2. Düccíxctií/iiii, tari.
3. hnccíxfr//, U-,\.
Pl. 1. Ardacca/r7?, tcá.
2. Ardaccac/Zf/»//, ////.
Paladar.
1. Noqquií'icca.
2. Noqijuiarrü.
3. NoqquiííCOT, are.
Pl. 1. Arno-quir/rw, aré.
2. Arno-quiarríi.
Pin/forrilla, as.
la
1. Accavilqu/, í.
la
2. Daccavilquifí/, cti.
la
3. Laccavilqu/, í.
Pl. 1. Ardaccavilquí.
2. Ardaccavilquictí.
Parles reryon '.osas.
') Tfrniiuo liniiiio por mujorcs.
1. Ayyoviák.
2. Coctovií, Cacloviagui.
3. Aloviáh.
Pl. 1. Cactoviiih.
2. Cactovíaguí.
*) Eu el múrgfu cutre 1" y '2" pi.Tsuu:i i--^tá la pahibra sucia.
— 02
Partís reri/oii \oms.
TiTiiiinos sucios por mujt'ros.
1. Yoniié.
2. Donnii.
3. Lonné.
Pl. 1. RdoniK-.
2. Rdonnü.
Nota del riiilnr: Torinino limpio por
mujeres, sucio por hombres: (no está
esto muy claro).
El termino es Ncnf::iii<ik.
I'ii/irs rcnjon •.osas.
Torminos limpios usados por lioinbrcs.
Nca.%sa(th-.
i. Ycassaák.
2. Tlaciissaguí").
3. Lcassaák.
1. Arcassaak.
2. Arcai^sdrí.
Pl.
Pl.
Pl.
Pelo de la harba.
1. Yaccarcxó.
2. Dacariví.
3. La cea re vé.
Pescíicxo.
i. Ycossát.
2. Elco.ssoctii.
3. Lcossát.
Pl.
1. Afcassút.
2. Arcassoctii.
Pestaña, ns.
h h
1. Diado vcl Diadé.
la
2. Rdadíi vol Rdadió.
h h la
3. Dadé^vel Dadé^
1. Rdadé vcl Rdadé.
ta
2. Rdadíi vcl Rdadié.
Pl.
J.
ámá.
3.
1.
Pl. 1.
Pié, es.
\\)\)íá. ató.
Gappiari \c\ C,appiarsí.
s
Lappiff', até.
Arcappirt, até.
h
Arcapjjiar/, actí.
Piel.
O
Yoschiminagá.
Doschiminarí.
o
Loschinimagá.
o
Ardosclummagá.
Adoschiiuniari.
Pl.
*) Noia de S. A. L. Q. La T os curiosa, y no queda
de Í14S.
duda que ella lo es, porque al lado estA ía
— 03
IM. 1. Ani.iiiiiiii'i vcl Aüiiinain-
llU).
2. AniHuioí.
I'llllllOII.
1. ^iicl/. ¡i-f.
h
'1. l);icl//, iri.
• >. T,;irlí. ii-í.
Pl. 1. H.l.iclí. irí.
2. ArdacLí vol Rdai-lii-í.
Fídso.
I (¡^accoUaschifíom.
' (Ñacoalleragapisclugom.
2. Naccallarii.
3. Xaccallapiscliigoui.
.,, . (Aniaccallascliigoiii.
■ í A ni ; i( •(•; i 1 leragasch igoin .
2. Ai-nm-callarii.
Riñon.
1. Ycclckcé.
2. DictiZr/, ssiguü.
3. Lectckcé.
1. Ardoctekcé.
2. Ardicli/if/, ssiguü.
B/'m, ns.
1. Yailigri//, ccó.
2. Díüligri^^í, ccn.
3. Laili-grí/í, ccó.
1. ArdailignVí, ccó.
2. Ai'dí\¡\¡gv\t/Hi, ccó.
líodiJIa, as.
1. Yrcdctá vel Yccotál.
2. Diccoctaí vcl DiccoclaTi,
Diccotlí.
3. Liccortii vol Licooctál.
1. Ardiccoctá. í.
2. x\i-diccoctai vel Ardicotlí.
Pl.
Pl. 1
Sangre — Xev(5.
1. Yivó.
2. üevorii.
3. Lev(>.
1. AdiTcv(i.
2. Ardevnrii.
Sexos.
1. Yappiog('i.
2. Dappioi.
3. La|iiiiogi'i.
o'
1. Ai'dappíogü.
2. Ardai)pioi.
Sien, es.
hn
1. ÑaccallaiTí/^fr', gué.
" ta
2. Na cea 1 larri/, i.
''" la
3. Xaccallarr/y«f, guc.
ccaiiarücé.
la
lAi'raf
] Jii la
(Arnaccallargué.
¿) lArnaccallari-ii.
(Arnaccallai'rii.
So/)/ ICO.
1. Ycliacaqquü.
2. Dischacactiguii.
3. Lisc]iacc,atq([ui (2" i?).
1. Ardischaca(|({uií.
2. Ardischacactiauii.
Sonido — Dacfol
Talón, es.
1. Yayyagv/ -i'd.
2. Daila/vV -rÜ.
3. LavvagY/ -ál.
— 94 —
Tda, as.
la
1. Yoec/(', té.
b
2. Doictii, rdoictii.
la
3. Loecíp, té.
la
Pl. 1. Ardoee/í'', té.
la
2. Ará'ñrfii, tii.
Testículos.
1. YoTá.
2. Dcíííii.
3. LoTú.
Pl. ArdoTa,^ardorá. _
2. ArdoTai, ardoTaí.
Tobillo, os.
1. Ycoseliiccammí/, ál.
2. (^o.schiccammrt/, ali.
3. Lccoschiocammá, ál.
Trcn-M, ns — Neppacatá.
1. Nipi>ácca/fí, lá.
ta
2. Neppacatí, i.
3. Neppaca/ff, tá.
TrÍ2)as.
1. Yevolesé.
2. Davilissii.
3. Lnvelesé.
Pl. 1. Ardavclosé.
2. Ardavilisii.
Tuclnno.
1. Y.-;chíh.
2. Dischiguii.
3. Lischíli.
Pl. 1. Ardiscliíli.
2. Ardischiyuii.
ZTw, ns.
1. Yiuiá/, cti.
2. Dennar///. trii.
3. Locnní/7, m<-I¡.
Pl. 1. Ardecnn«/, acti.
2. Ardennacíí, trii.
Yrnn, as.
1. Yooctr?, ál. ^
2. Dooctii vel Doosli.
3. Looctá, ál.
Pl. 1. Ardooctí/, ál.
¿. Ardooetii vel Ardosli.
Vejiga.
O
1. Ncogonnaquí.
O
2. Ncogonnagui.
3. Ncogonnaqqui.
Pl. 1. Arcogonnaqqui.
2. Arcogonnaguí.
Ventana ite nari\.
Singular — Liimik lavak.
Plural — Liimik la vacó.
La vcrniija, as — Ncssó.
1. Y'ssó vel Yessó.
2 üessoi, Dcssoi.
la
3. Lessó, ó.
Vientre.
1. Ycvol.
2. CaviTí.
3. Lave/, iU.
Pl. 1. Covfí, iU.
2. Cavildí.
Voluntad — Nas.sai)iJÍctl.
1. Y'assappií^'li-
2. Dassappicti.
3. Lassappiolí.
Pl. 1. Ardassappictí.
2. Ardassappictí.
1. Yevél.
2. Cavilí.
3. Lave/, ilí.
95 —
Voz.
Pl. 1. Covéle, covilí.
ta
2. Cavildí.
INDIVIDUOS DEL GENERO HUMANO, SUS ESTADOS
Y EDADES.
Ai)ii¡jo, os (se entiende de pecado) .
'o
1. Yedrlék, Yvvaco.
h
2. Diddiguí, Diyyarí.
3. Leddék, Liyyacá.
Aiitiíja 6 antigás por el nilsnio
orden.
Casado postlxo, iainhieii por la ¡<j-
lesia — Lo\ú.
o
Casacktpor iglesia — Naschilai'vá .
Masculino y feuieuiuo.
„ ta
Honihre, es — Yalé, yalé.
ob
Moza, as — Neqquelgaré, ncq-
quL'garayé.
ta la _ÍL
Mo',o, os — Nainéke, nainnacca.
Muchacha, as — Knnogóte, en-
noctolé, iñacá.
Muchacho, os — iLunogóte, 1mi-
noctoléke ^■ñacá.
ta ta
Mujer, es — Aaló, ó.
la
Xiña, niño — Ennogóte.
Yniña, si es castellaua.
Yniño, si es castellano.
ta^
Soltera, as — Scaleccá lovií.
Soltero no casado — Scalfícci'i la-
0
schilavá.
Soltera no casada — Scalcccá, la-
n
schilavf.
la
No casado ui aiuancehado — Sca-
l«ccá, l(>v:i.
ta
Vieja, as — Coogoyc, é.
Viejo, os — Coogoyéke, coogo-
0
yeccá .
Virgen — \"irgen.
ta ta ^^
Viuda, as — Payé, payóle.
ta ta
Viudo, os — Payéke, pallacá.
oc.
LO QUE SE PRECISA PARA ALISTAR UN CABALLO
PARA MONTARLO.
.llnijira — lliígainiartoh'.
1. Ypaiíannaololo.
i^. l'ajíannai'toló.
;>. l.paiiannactoló.
I . Arjíaiiannaololó.
:2. Ar|>aganuaotolo.
Anfolla — AiiiiiUa.
r
1. Ñaivar/. ri.
•J. Xaoi'a»/.
;>. Naooa»/.
Boial — CatW (hrinino Phiral).
1. Xooaioé.
h
'2. Xoaisdi'í.
3. Loaii'o.
Cítrona. a.t — Pofloiniatá, rí.
1. Ypagannatá.
2. ragannar/fV. ctrii.
Al
0. LpagannaW. la.
Pl. 1. Arpagannata.
:í. Arpagannaolai.
Cnivtiifa ó Bajería — Piignii-
uartolé.
1. Ypagannai'tolé.
•1. Pagnaaotolé ,*»>.
3. I.pagx\nuactolé.
Pl. 1. Ai'paganuaotoló.
2. Arpagannootolé.
Cintila. n,N" — Assoftmijiii, i.
til
1, NasscK'Uírí/M», i|uí.
2. Xaííocía</M//, rguidí.
0. Xassoctaiv////. guií.
/<i
Pl. I. .\rnassoctar(|»/, i|iií.
:!. Aiv/assoctag////, (|uulí.
Cojinillo. (W — XtYfiiiid, úl.
Al
1. Yccaná. Yinanál.
¿. C.accanii. Caccali.
íi. I. arcan»/, i'tl.
Pl. 1. CiHvaiW. al.
:2. .Kwixci-tmii. oali.
Kstriltos — Xcoi/tirtiqiií.
1 . Ytvoyatiqui.
o
2. Coyarquidí.
«>
3. Looyai|([uí.
o
Pl. 1. .Xrooyacqquí.
2. A/K'oyaiiuidí (?"!.
La H diulosa, aciso soa r.
Freno. o.< — Agaecii.
1. Ñiag-accá.
2. Nagarrii.
i o. Xagacoá.
I Pl. i. Araagaocá.
te _r_
:2. Araairarrii.
Jerya. a.< — Knrnlá. Xanihlr.
1. Yavalá vel Y'avalaté.
2. Davalar//, ctrii .
o. Lavahí vel Lavalaté.
97
la ^ la ^
Pl. 1. Ardíjvala vel Arda Villa té.
la ^ la
2. Ardavalarii vel Ardava-
Jactrii.
Lazo.
1. Yannagué, Xnagló.
la
2. Lannaguí, Lannaglf. .
r. ;Lannaguf,LannagkVe?^.
' lYanniacá, Yannih.
Pl. 1. Danniguí, Danniarii.
3. Lanníh, Lanníacá.
.21. la
Monea, as — Avagalequedé, té.
1. Novagalequecfé; té.
2. Xovagaliquictí.
3. Novagalequecfe', té.
Pl. 1. Arnovagalequec/e, té.
2. Arnovagaliquictí.
Rebenque — Xora?yialrnárct€.
1. Yovarnarnácte.
2. Dovarnarnárctii.
3. Lovarnarnárcte.
Recado
1. Yavalaté.
2. Davalactii.
3. Lavalaté.
la ^
Kavalaté.
Pl. 1. ArdavaTaté.
2. ArdavaTactii.
Rienda — Para nombrar la
rienda .se añade á la palabra
freno ImckíL
Rienda sin freno — An ñapeé.
1. Ñannafx:é.
2. XannafKirí.
3. Xannapcé.
Sobrecincha — Assoetarqui-oléh
la
paoáchigom.
la
1. Nassoctarquioleh paa.s-
chigom.
la
2. Xassoctarquioleh paa.s-
chigom.
la
3. Lnassoctarquioléh pa-
aschigom.
Sobrepuesto — Pagansigom.
1. Ypagan.sigom.
2. Pagannischigom.
3. Lpagan.sigom.
Pl. 1. Arpagansigom.
2. Arpagannischigóm.
13
98 —
ANIMALES É INSECTOS
Aunara '., es - Caaláca vel Caalá.
Animal ps— Yesseguiáh, Yessé.
Arrstnr., es - Amn;mi\x y c\ i^m-
mannigó.
Araña, as - AppaTactregYÍ, á.
Biseacha - Ava^íre^iTcca, Ava-
guesó.
Bue!^ es - YTómTolá. Eniioa-
niloli'i-
Burro, os - Aasclün, aaschini.
O
CWfc«//o, os - Aschiplfícca, As-
o
cipiyú-
1 Iñiarlá, Iñiar-Tacté.
2. CañarTarrii, Iñiar-cU'i.
3. LañarM, Yñiar-lacté.
Pl. 1. CoñarW, Yñiar-lacté.^
2. RcañarTami,Yuiar.clrii.
Tropa de cfl&«//o'^— Aschipigrippi-
r
Q^jjya — YÍó anná queectáha,
queeetá.
Caranclw, os — Caccai'p, él.
Carpincho, carpiwha — Capi-
guara. ^^
aervo, os — Eppe/í, Tete.
Oiinche, es, i. e. Binclinca, as —
o o
quommaravaé.
Cola, as — Uiuiicte, Lquiicté.
Comadreja, as — Aal, alí.
Dorado, os — Aschaowickca, ná.
Gallina - YTó anná vacca(', él.
YT('> anná vacraí-, él.
YTó ennoá vaacoi'i.
Gama, as - Navenneh vel Na-
Gallo
venca.
Hadejida — Vacalipi.
Hembra — Aaló. ^ ^
Fon»///«, «..- YcUnác^ Yotii^
Jején, es — Dannoró, ól.
Lana — Lavé.
Langosta, as — Pinac, e.
León, es — Essavagaéh.
Lobo, os — Ennal ciuiagayeh.
Loro, os — QuITíA-, ccó.
Loro grande — Ele.
Macho — YaTé.
Manimbú ó picaflor, es — Ylan-
r.o ta
iTuárnicho/e, lé.
Mataco, os — Nactónnae, í.
o
Manchólo — Cad(M.
la
Monte agnará — Caaldit.
Murciélago, os — Nagarnaga, á.
Mosca, as — Alaclární, ni.
la
Mosquito, os — Aval.
la la
Mala, as — Quela^ é.
Mulo, os — Quelaek, Quelaalca.
Cordero, os — Acca, \Y\ülch, Tcá. j^^^^j^^^^ „,,_ i-ldapiníh vel Ecta-
Culebra, as — Quigun/Ó. ló.
pingó.
— 99 —
Nutria, as — Nictiice, él.
r
Oveja, as — Accaguerect«, ul.
Ylo aniu'i, Accaguect«', iíl,
quei'ccti'i.
ta. o
Pájaro, os — Coo.
ta ta
Pajarilla, os — Coolé.
r
Paloiita, as — Goviguinnik, Co-
Pafo, os, casero — Ügann/, íle.
ta
Pato, os, de agua — Dacca r/, \í.
o b.n
Pavo, os — Odardácca, Odardá.
ta
Pelado, os — Sinnit, Siiinictí.
Perro, os — Ylo ippióco, ippiogó.
Pescado
ta
Naí.
Piojo, os — Lappagat, Lappacaté.
Pique, es — Godimmáe.
Puhja, aa — Yppíoco lappagat,
Y])píoco Lappacaté.
o o
Sábalo, os — Coígosor^fífcf/, nú.
o
Sapo, os — Yddiloló.
Sanni, es — Aschipicavék, As-
cliipcayalcii.
Tigre, es — Lidiartaryeh, Liyar-
0
taraéh.
Toro, os.
1. Yló, ectoró, Ectoról.
2. Caloí ectoró, Ectoról.
3. Lalo ectoró, Ectoról.
Pl. L Coló ectoró, Ectoról.
2. Caloí velArcaloí, Ectoról.
Ectoró vel Ectoról.
Trojja de caballos — A.-schipi-
grippí.
ta ta ta
Tuymjil, es — Ectoqué lictil.
Vaca, as.
, \Wó aiiná vaaccá.
' I lió ennoá vaaccá.
2. CaToí anná.
3. Lalo anná.
Pl. L Coló anná.
2. CaToí anná.
Mtca, as.
i. Yló anná vaaccá.
2. Caloi annoá vaaccá.
3. Lalo ennoa vaaccá.
Pl. i. Coló ennoá vaaccá.
3. Caloí ennoa vaaccá.
la 1^ la °
Venado, os — Diogoné, Diogondí.
Víbora, as — Ennanaiqque vel
o
Ennanalca.
Yeguada — Layeualipí.
Yacaré, es — Annano¿, eco.
n la
Zorrino, os — Ynnisacca, Yn-
nisá.
— 100 —
VESTIDOS Y SUS RELATIVOS.
j^tiillo — Véase Sortija. Coral — Véase Cuenta.
Aro — Lo mismo que Zarcillo.
Los calzoncillos de abajo se
dicen lo mismo adjuntándole
la
paacó.
[Ainmarso.
^<'^'''"''^^> "'lAmmarsóle.
1. Ammarsó.
Ammarsol (mas que un par).
2. Dammarsii.
3. Laammarsó, ól.
Pl. 1. Ai'dammar.s(), sol.
2. Ardammarsii.
1 Nommá.
Cama, as | ^'»
(Nommalá.
1. Yommá.
2. Dommarii.
3. Lommá.
Pl. 1. Ardommá.
2. Ardommarií.
„ te
Camisa, as — Éfamacquí, quí.
1. Nilamaqr/íí/, (juí.
2. NeTamaqu//, irí.
ta
3. NeTamaqgííi, ({ul.
la
Pl. 1. Arnekmaqf/»), quí.
2. Ai'nelnma([u//, irí.
■ Carretel — Navoglenalé.
Collar de cnenta que saben ponerse
casi apretado al pescuezo, Ncolaq-
que.
1. Ycolak.
2. TchcoTaguí. "
3. Lcolák.
Cuenta ó Corales — Ncolá.
1. Ycola.
2. Tchcolaí.
3. LcoTülc.
Dedal
Naccannecten.
Nolelpalacaté.
Chiripá.
1. Niscliiripá.
2. Nischii'ipaí.
3. Nischiripá.
Pl. 1. Arnischiripa.
2. Arnischiripai.
Enagua, as — Se dicen en el
mismo modo qnc ¡wl lera, jun-
io
tándole, j^aaró.
i Ossoactarqul.
Faja, as \ '»
( Ossoactarquí.
1. Ñossoactarqui.
iNossoactarquí.
2. o
(Nossoacquirí.
In
3. Nosoactar^^í, quí.
Gorra, lo mismo que sombrero.
Habito í - r 1111.
Hilo — Nevararnacte.
r
Liencillo — ^'alocco.
Ovillo
iColorayek,
Névavancaté.
Naccalectenná.
101 —
bo ^ te
Pollera, as — Éíoqqití, Eloqqui.
^ te
1. NíToq^iíí, qui.
„ 6 ta
2. NeTogu//, irí.
3. NeToq([u/, iaca.
Pl. 1. Xi'ne\oqqid, quü.
2. ArneToqíiuí'i', iví.
te
Poncho, os — Keppd, otó.
1. Yippó, otó.
2. Capporíi.
3. Lapp(), otó.
Pl. 1. Coppó, otó.
2. Arcapporií.
Reboxo, os — Neppoteh tcó.
1. Ennh ippoíe/í, tcó.
2. Cappoctií/iiü, octrí.
3. Lappoíe/í, tcó.
Pl. 1. Coppoíc/i, tcó.
2. Rcappocíí'ííiííV, ctrí.
í Annoviák.
Pona, as\ ,
1. K\\o\iák, ó.
2. Cacioviagiii, vi.
3. Alov/áA-, ó.
Pl. 1. Coctovía'/í, ó.
2. Arcactoí'/rt(/i</; ovi.
Sábana, as.
1. Yppó-valócco.
2. Capj)orii-valócco.
„ r
3. Lappo-valócco.
Sombrero, os — Adoó, 61.
Sombrero, os.
1. Ñadoo, ól.
2. Nodoí, oTí.
3. Nadod, ól.
Pl. 1. Arnadoó, ól.
2. Arnadoí, olí.
Sortija ó Anillo — Yctischacaté.
1. Nictischacaté.
2. Nictischacatí.
3. Nictischacaté.
Zapato, os — Neppclá, até.
1. Yeppela, até.
2. CappeTac/i7, trii.
3. Lappelíí, até.
Pl. 1. CoppeTff, até.
2. RcappeTací//, trii.
\ Liiniaqacte.
Zaraxa, asi •'•' r
( Liyijagacte.
Zarcillo, os — Nischite.
1. Yschité.
2. Dischictí.
3. Lischité.
— 102 —
TÉRMINOS PERTENECIENTES O RELATIVOS Á LA RELIGIÓN.
Aire
la
Laccúcte.
ÁDiiyo, os — Nappá, d.
ta
1. Yapprt, á.
ta
2. Daj)i)ff/, til.
la
3. Lappú 1. á.
la
Amor — Ncoíctí.
A)i(jel, es — Yppigom-leéh vel
lassé.
Barro — Nischiagá.
Bnijcrea — Naraiiuck.
1. Yavannék.
00
2. er Davannigui.
3. Lavanék.
Bruja, as — Píogonagrt, ál.
!la o
Píogonám, a.
ta _±_
Piogoná.
a la
Bacilo — Dennagúum.
Buenos — DoniiE
Calix — Cáliz.
ta la
Buenos — Donnarniumdecnarní.
Calor — Nennoyagá.
Campana, as — Lactoinná.
taoo
Caridad — Govayá.
Cataiiiiento — Naschilaák.
la r la _^
Ciclo — Yppigóm, Yppiguim.
la
Compañero, os — Xiíjd -d.
la
1. \)d -d.
ta
2. Divaí -e -ctí.
ta
3. Livá á.
Compañero, os — Nareyravá -á.
" la
1. Ñavegravcf -á.
o
2. Navegi-ave -actí.
3. Navegrawí --A.
_2_ la
Pl. 1. Arnavegravá -á.
2. Navegravar/í' -di.
Compañero, os, de trabajo — Noc-
ía
tara, -d.
la
1. Yoctavf/, -d.
2. Docta vae, -actí.
ta
3. Lo-ctavá, -á.
la
Pl. 1. Ardoctavff, -ú.
2. Ardoctai'we, -vactí.
Lo mismo para femenino.
te
Compañero, os — Nii/d -a.
la
i. Yy« -ú.
la
2. Diya* -e -cti.
ta
3. Livrt á.
Confesión — Nicho-coctar, -nákc.
Comunión — Lo mismo.
Cristiano, os — Noccorigui Icaih,
Noccorigó Icaigó.
Cra-.
Lactissenarnarte.
Demonio, os — Nove/f, cté.
la
Dia de Cenixa — Nammennar-
ndk, naagáa.
la la
Dia, as, de fiesta — Naagáa-
lodigat, Naagatá Icectá.
Dias santos de la semana santa
la
Naagata leectáal.
103 —
ta ta
Diablo, 0.9 — Nove/r, cté.
ía s
Dios — Ynidios, Ydiosroctaii,
Yñcoctaá, Coctai'i.
Domiiicjo — Domingo.
De»i'crgonxada, as — Poco\r///(',
Y^ocoguaifé.
o
Desvergonzado, os — Poeovayelí,
o
Pocovayalcii.
Doctrina — Doctrina.
Eiioiiigo. os.
ta _1 "_ ta
1. Npaguennavr/. vá.
ta >• '•
2. Ñpaguennava?', ictí.
3. Npaguennaw?, \ú.
Enemigo.
ta
1. Ncoagua, á.
b
2. Ncoaguaí, di.
ta
3. Ncoaguá, á.
Femenino como masculino.
Esperanza — Speecta.
Espíritu Santo — Espíritu Santo.
Falsedad — Mescaedá.
Fé — Fé.
Frió — Noomga.
Fuego — Annoréli.
ta ta b
Gloria — Eccanoddía, Noyyá.
Hostia — Eo.stia.
Humo — Nessalgá.
te _2j^
Iglesia — Actamnaíjijuí.
i ta
Liipediuieiito — Doictacatran.
Infiel, es — Poctró, ól.
Infierno — FiCcáannoi-ék, An-
0
noi'ck, Loddigat.
Jesu Cristo — Jesu-Cliristo.
s
Lágrimas — Nirti.
1. Yctí.
2. Dactictí.
3. Lactí.
Pl. 1. Ardactí.
s
2. Ardactirí.
Libro, os — Eleve', él.
1. Eyyerí', él.
2. Cactirií.
3. ETerp, él.
b
Pl. 1. Coctere', él.
2. Rcactirii.
ta o
Lux, es — Lavftcert, agá.
te o
Llama, as — Lavaccá, La vaga.
o
Mala — Adiloiyé.
Malo, os — Novapéh, Adiloi-
te
yanayapé.
Maria Virgen — Ardactée.
o
Manda Dios — Lelactarnák, idio-
te
scoctaá (iñcoctaá).
te te
Mentira — Nammactaíh.
Missa, as — Missa.
Muerta ó finadas ya sepultadas —
te
Loctinqué; nna: Nappaléke.
Muerto ó finado, os, ya sepul-
ta
fados — Loctinqué; u)io: Nap-
paléke.
104. —
la o
Nelaogá.
Muerte —
o
1. Yelaogá.
h
2. DeTavaré.
o
3. Lelaogá.
Los mismos recien muertos y aún
no enterrados.
( Nappále.
Singular v plural < ^la
I Nappalí.
Todos muertos ó difuntos — Nap-
1(1
palí.
ta
Mundo — Lavút.
Orbe — Áloá.
Oscuridad — Nappalgá.
Papeles — Véase libro.
Paraíso — Véase Gloria.
ta ta ta
Parentesco — Naágavak, Naacó.
Par esa — Valócco.
Pecado, os — Xassoak, acó.
ob
1. YossoaA% acó.
a.b
2. Dacsoass?V//, rssictrí, so-
aguí, Dassoarssictí,
Rdassoaguí.
^ (LassoííA;, acó.
■ 'Lassoarcét.
o
Pl. 1. ArdassonA:, acó.
2. Ardassoacssictí, Ardas-
soaguí.
Pentecostés — Lcoctáppé.
ta _^
Potro — Linnaga.
Purgatorio. — Lactarilassaaca.
Balüosa, as — Alamafcayé, Ala-
0 o o r
mactrayé, ¥j\e\gagá, gagal.
Bahioso, os — A\í\mí\fcaék, Ala-
o
mactralcá, Evelgá.
Namnir.
Pégalo —
1. Yammé.
2. Dainmií.
ta
3. Lammé.
Pl. 1. Ardammé.
2. Ardammií.
Religión — Religión.
Rosario — Rosario.
Sacramento — Sacramento.
San N. (lo mismo).
Tierra — Alará.
Tinieblas — Nappalgá.
Vela, as — Coijarnagat, Coyarn-
cate.
1. Ycoyarnjfa/, cote.
^ (Coyarnagactii.
Loyarncactru.
3. 'Lcoxnvnvigat, caté.
Pl. 1. Arcoyaruiíf/fif/, caté.
ÍArcoyarnagactii.
2 {Arcovarncactrii, Lco\ar-
nagat.
Verdad — Ylik.
00
Vergonzoso, os — Poconcacta/yn'í'/i',
00
yolcá.
00
Vergonzosa, as — Poconcactaye,
vé.
Vida — Nrlca¡iá.
o
1. Yeleagá.
2. Deleagaí.
o
3. Leleagá.
Pl. 1. Ardeleagi'i.
•>. Árdele;
105 —
Viento
i.yai.
Noiinu-cte.
Jesús mió, fe doi mi ahiia y mi
corazón, haxlo bueno — Yd-
ía _£_
dios ictaaolek esanniardom
ta la __?_
i(|i|uií. tüctarnactá, nañani-
diminó indiennaenn.
Aliora — Enneguí-idí.
Al/ora, después de poco tiempo —
ta
Tómale.
Al cauto del gaJIo (liempo fosado)
— Eecanánoyené vacaGl, Ec-
cuaaam(que?) aapesé.
Al canto del gallo (tiempo futuro)
ta
— Xomanoyené vacael, No-
malaapesé noyené (r?) vacaél.
El Amanecer — Diotinorí.
Anoche — Squeppé.
Anteantenoche — Squeppeleyáúh.
Anteayer — Seavitleyá.
Antenoche — Squeppeleyá.
I Yñiagá.
Año, os < i_°-
( Yñardí.
Ayer — Scavít.
\ Assomgá .
TIEMPOS Y ESTACIONES
Domingo, os — Domingo, ol.
Enero etc. (lo mismo).
Escarcha — Aloní.
Centella.
Ai
Es de dia
onnagá.
Dictinni.
ta
Náagaá.
^^'^'iLnagraa.
ta
Naagatá.
Doce adelante — Lenne\éli.
ta
Oll-
Es temprano? — Mallarnecteec
tú"? Sí Nallarnecteectá?
te
Estrellas — Avacanní.
Oloria — Yppigonnodiá.
Hace mucho — Quischigué nc
pá.
ta
Hace mucho tiempo? — Mancop-
pá?
Hielo — Aloní.
Hora — Enneguicta (este mo-
mento).
ta
Hoy — Enneguí, Ennánaagaá.
Hoy por la mañana — Enneguis-
cliinneeteectá.
Huracán — Nonnoctclcclá.
te
Invierno — Noomgá (frió).
ta
La 7nañana — Necteectá (tem-
prano).
ta
La tarde — La\'ít.
14
— inri —
Levante — Dictiaui-yí (de lufiui-
de islas).
Luna, as ó mes — Sidai^ó, udí-ví.
Ltínes — e Lunes').
o
Lluvia — Evacaté.
la
Mañana — Nectée, eleyá.
Mañana por la mañana — • Nec-
ia
teé nomallaniecteectá.
Medio (lia — Nagaalavilní.
Pasaclito (le las 12 — Nagalavil-
ní.
Media noehe — Necteecta (tem-
prano).
Media noche — Eppelavel.
Me^ , J Sidaiírorfí..
lues, es I gj¿.^j^^^...
Serrazon
Niebla
Ennevé.
No hace mucho — Scancoppá.
ta
Noche — Eppé.
)■ ta
Norte — Rdappi^ow¿, guim.
la
Nubes — Loschimmá.
Otoño — Lco-ctappé (al entrar
de la cuaresma).
Oscuridad — I,aagi'i, nappalg.'t.
ta
Pasadito de las 12 — Lenne\'éh
nagalavilní.
Pasado mañana — Necteeleyá.
Poniente — Laxarschigóm vel
te
guim.
Primavera — Nossagá (tiempo
del Ijrote y del botón).
o V
Rayo — Noyai'uarni ossomgáo.
Refusila — Nquilequectaguék.
ia ta ta ta
Rocío — Aya, annactiní aya.
Semana, as — e Domingo, ol.
ta
Sol — Daassoa.
Sofocamiento — Pa>'agá (de ca-
lor).
ta
Sur — Aguirí (n?).
Tornwnta, véase Oscuridad.
Trueno — Yalactiguí.
üracan — Nonnoctelectá.
Verano — Yñiagá.
Viento
Telo -
— Ponnocte.
Akjní.
') e Martes, y Mi»?rcoles, e Jueves, y Viérues e Silbado.
— l(l-
COSAS DE PITAR O FUMAR
Cigarro, os — Nasserarnaqqví, (¡ni.
_?_ _2_ te
1. Yasserarnaq^w?, quí.
o
2. Dasserarnagií//, guidí.
_2_ _?_ te
3. Lasserarnaq^»?, quí.
ti
PI. 1. Ardasserarnaq^'íí/, quí.
o o
2. Arda.sserarnag««, guidí.
Está prendido — Eiiavíh.
Pr; I etica : Sírvase ó agarre este ci-
garro — Acconictiguit enná
o o
naiíserarnaqquí.
Ncoppactaogué.
Prcndcdlo ■
Ncoppactirogué.
Préndeme este cigarro — Yctic-
tiguiit ncoppactiguit*) , an-nú
o o
Yasserarnaqquí.
Préstame tu fuego (del cigarro) —
- te ^
Niavat, dolictí.
¿Queréis prenderlo? — Micschic-
tii ncoppactiogué?
(La c acaso sea uua i)
Tabaco — Nasserch.
1. Yasseréh.
'2. Dassiriguí.
3. Lasseréh.
Pl. 1. Ardassei-éh.
2. Ardassii'iguí.
Tahaquito — Naserolek.
Libro I
Eleré, elerel.
Papel \
Pluma de escribir
o
caté.
COSAS DE ESTUDIO
Ennerarn-
Tinta — Ennei'urnogat.
Tintero, os — Ennerarnaqquí.
') Palabra escrita posteriormeute.
— 108
la
Ación.
CASA Y RANCHO Y SUS PARTES
2. Dassommí.
Cal
la ^ ^
Caña, a.s — Noccolalaté. el.
Cañaveral — Noccolaliilelsál.
la la JL-^
Casa ó rancho — Yininch, Ymcá.
la
1. Yvó.
2. Cavor/, tí.
la
3. Lavó.
Pl. 1. Ynicovó.
2. Ynicavorií.
la
Espadaña — Nactál.
Espadañal — Nactalipi.
tLaqquíacca.
Lata, as \ _^
( Laqquíaga.
Paja, para techar las casas — Ap-
ta
palócco.
Pajonal — Appalofííat.
Pared — Alivit.
ta
Puerta, el cacto — Lassóin.
ta
1. Yassow, mí.
3. Lassojw, mi.
la,
Pl. 1. Rdassow, mí.
ta
2. Ráassommí, mí.
Puerta, ati, lo que cierra — has-
ta
sompccke, pee.
¡ Y'assomvx-eM
■ I Yassompcé.
í Dassompcguí.
"'■ I Dassompcí.
Lassompceké.
Lassompcé.
Raiiicda
la JL.
Nivarli'i.
Tijera, as
Nappelé.
Techo — Nei>pacat.ék.
Laqquiacca.
o
Laq(iiiiagá.
Totora — Navaté.
Totoral — Navalipi.
Ventana — ^'cntana.
— 10'.)
batería de cocina y relativos
Asaih — Nassegucke.
Caldera, as — Nevascluirgui.
O
Calor — Ncnnoyagá.
ta
Carne — Laácte.
Cántaro, os — Ncroiná, ale.
1. Nivoniíí, áTé.
2. Nevommaí.
3. Nevomá, ale.
o
Cebo — Nivalgá.
Ceniia — Aló.
Cciiidta — ATolék.
r
Annoccó.
Comida
Nai([(|ue.
ta
I Nemmék.
Cuchara, as I ta _?_
( Nemmacá.
ta _2_ '»'
1. Yemmacá, Yemmék.
ta
2. Tchardimmiguí.
to _a_ ta
3. Lemmacá, Lemmék'
Cuchillo.
1. Liiccácte.
2. Leeccactí.
3. Leeccácte.
Pl. 1. Arleeccácte.
2. Arleeccácti.
Fuego.
1. Yole, Annoréh.
ta^ te
2. Dolim, ctí.
3. Lolé.
Pl. 1. ArdoTé.
2. Ardolirií.
Fuexjuito — Annoreccolék.
Huevo, os — Lcove, -cté.
Llama, a><
Lavacca.
\U
avaga.
Olla, cw — Aceimd, di.
ta
1. Niavenn», ál.
te
2. Navi«/¿ií, Iní.
te
3. Navenná, ál. .
Pl. 1. Arnavenníí, ál.
2. Avnay'imiií, Iní.
Pava — Nevascharqui.
ta ta
Pescado, os — Naí, Naíl.
Plato, os
Appeguecte.
Appeccacti.
1. Ña[>pe([uócte.
.j (Nappiguictií.
(Nappeccaetri.
(Lappeguéte.
■ (Lappecc.
Ptichero — Xevolék.
Sotubrero — Adoo.
k
lio
COSAS QUE USAN LOS GAUCHOS Ü OTROS PARA EL CAMPO
Bola, as.
la
1. Ñaccarí, ri.
ta
2. Naccan. rí.
ta
3. Naccarí. ri.
la
Pl. 1. Araaccarí. ri.
ta
2. Arnaccari, ri.
Carreta, as — Nacoglcud, itál.
1. Yavogle««, nal.
2. Davoglini.
3. Lavoglená, nal.
Pl. 1. Ardavoglená, nal.
2. Ardavogiini.
Corral.
1. Nchcoippadít.
2. Ncoippadicti.
3. Ncoippadít.
Pl. 1. Arncoippadít.
2. Arncoiiipadictí.
Coyunda ó Guasca — Yiniik, Yrí-
itayló.
1. Yannih, Yanniacá.
2. Dannigui, Danniarií.
3. Lannili, Lanniacá.
Pl. 1. Ardanníh, Ardanniacá.
2. Ardannigui, Ardannia-
rii.
Chacra — Anenanrcd, caté.
o o
1. Ainanrcá.
tao
2. Cadenanrcaí.
o o
3. Alenanrcá.
o b o
Pl. 1. Codenanrcá.
2. Cadenanrcaí.
Fuerte, donde están los .moldados —
ta
Lai.
Fusil.
1. Yogoncaté.
2. Logoncatii.
3. Logoncaté.
Pl. 1. Arlogoncaté.
2. Arlogoncatii.
Así de cualquiera arma de
fuego. Pólvora se dice del mis-
mo modo agregándole la voz
Unnof/d que (juiere decir ¡Jolvo.
Hacha, as.
1. Nquijijje, pél.
2. Ncjuippií.
3. Lquippé, pél.
Pl. 1. Arnquippé, pél.
2. Arnquippii.
Cabo de hacha se dice \o mis-
mo adjuntando la palabra las-
ia
chi ó lava cea.
Horno,
i. Goctelarnaqíjuí.
2. CocteTarnaguii.
- 3. LocteTarnaqquí.
Pl. 1. ArcocteTarnaqquí.
2. ArcocteTarnaquií.
Si es de carbón se le adjunta
la palabra potcó, si de pan ctaiitd.
Lanza, as.
1. Yqcp; il.
2. Caqqm'í, ilí.
3. Laqqí, ilí.
— 111
Pl. 1. Afciujíjiií, ili.
2. Ar(-a([(juí/, ilí.
Lanxa, as — Xa({(ju/, ilí.
o
Lauxa, as — Ectaquinrrijé,
o
1. Nicla(|uiaryé.
2. Nectaquiarí.
o
3. Necta(|uiaryé.
o
Pl. 1. Arnectaquiai-yé.
o
2. Arnectaquiarí.
Laxo, os.
1. Yannag¿fe, gló.
ía ta
2. Dannaguí, glí.
3. Lannagué, gló.
Pl. 1. Ardannagué, gló.
te
al]i.
2. Ardunnaguí, glí
i'.r,
Liña de pescar — Noccoiná,
quét.
te
1. Yoccoiná, leqquét.
te
2. Doocoiní, le(|(iuét.
te , '. ;;_ ' ■ -
3. Loccoiná, leqquét.
leq-
PI. 1. Ardoccniná, leqqél.
2. Ardoccoiná, leqquét.
Para nombrar liña y anzuelo
juntos no precisa to Icqqnrf.
o
Mordnxa — Novogongacté.
V o o
Plancha — Novogomjacté.
1. Yovogongacté.
r o o
2. Dovogongactí.
r o o
3. Lo\'ogongacté.
r o o
Pl. 1. Ardovogongacté.
2. Ardovogongactí (como
Mordaza.
Teja, as — Oiili, Ovioccó.
1. Yovíli, Yovioccó.
ob
2. Dovígui, Doviorí.
3. Lovíh, Lovioecó.
Pl. 1. Ai'dovíh, Ardovioccó.
ob
2. Ardoviguí, Ardoxiorí.
Tretna, as — Neppaeaték, tcá.
Pl. 1. Ainictimarravé.
Vinagre — ^'inag^e.
PLANTAS Y YERBAS
Abrojo, os — Donnae.
Ahjarroho — Ammapiii/,', quí.
ta ta
Árbol, es — Coippdeea, pií.
Bosque — Ooctí.
Clavel — Clavel.
I Dudasnik.
Durazno \ t
i Dudasniqquí.
Espina, as — Ele. ele.
o
Flor, es — Lennoviarayé.
Ilifliirrn, as
Laverrarik.
Laverraiqqtí.
Isla chira — Ennavék. (Pl. Enne-
rappegué).
Manzano — Mansaník.
íf!
Monte (ele árboles) — Ooctí.
Narrnjo — Naranquíqque.
r
Aiii)iguiníA-.
r
Appiguiniíjquí.
NaccalmaíA.
Nanduvai, es
Oinbú
Naccalmaiguí.
Penca, as — Ectoniqqyíí', i.
Pencal — Ectonessácte.
Quinta — Quinta.
Posa — Rosa.
Yerba, as — Bebé.
Yerba mate — Yeeddoá.
(Continuará)
NOTAS
o SEA
PRINCIPIOS DE GRAMÁTICA MOCOVÍ
SEGÚN ELLOS SE DESPRENDEN DE LOS TRABAJOS
DE
TAVOLINI, DOBRIZHOFFER, BARCENA
Y OTROS
SAMUEL A. LAFONE QUEVEDO
CON VOCABULARIO Y APENjjicES
LA LENGUA MOCOVl
La lengua Mocoví es un codialecto con el Abipon, y otros
que se hablan por las tribus nómades del Cliaco. En términos
de Azara es idioma uNarigal, gutural, y muy d¡fícih>, y en cuanto
á lo demás, según se verá en este estudio, es una rama de la
gran familia Caríbica ingertada en otra que no lo es.
La geografía de la lengua Mocoví no es de fácil deslinde
por cuanto tribus Juríes ó Suris, como sus prototipos los aves-
ti'uces, andaban merodeando por todo el Chaco Argentino. Du-
rante los siglos XVIII y XIX fueron los Mocovíes el azote del
Tucuman, en 1632 ayudaron en la destrucción de la Concepción
del Bermejo, Esteco y San Miguel les temljlaban y mas tarde
se cotizaban todos los Municipios de la Provincia de Tucuman
pai-a acudir á las fronteras Mocovíes en que los presidios de
Valbuena y Miraflores, etc., apenas si eran bastantes para
tener á raya á estos formidables salvajes. Desde San Miguel
hasta Santa Fé, desde Santiago hasta los Cliacos del Pilcomayo
bai-rian esos llanos.
Hoy, si .se quiere, los Tobas los han reemplazado, sino en
valor, por lo menos en la mala intención, y Mocoví como pe-
ligro del Chaco solo se encuentra en la historia. Un Toba
hablando de los Mocouitt decia : — cw indio malo — y si los
Tobas los tratan de malos ¿que dirian los Cristianos"?
En el mapa del Sr. Guillermo Araos, los Mocovíes solo se
encuentran en la región tras-Bermeja, pero entre el Bermejo y
Salado en línea oblicua SO. hallamos Guaycurúes, Abipones
y Montaraces, y no seria extraño que entre ellos muchos sean
Mocovíes: Guayi^urú es nombre general, como el de Juríes, y
no particular de una sola nación. Concluiré con este curioso
exti-acto del diario de Morillo, colee. Angelis, t. VI, p. 2L
«A todos los de estas naciones llamamos los Españoles
« Guaycurús, no porqué haya nación de Guaycurús, sino
— 116
« porque esta voz de Guaymrú significa inhumanidad ó fie-
te reza. Están estas naciones entre el Bei-mejo y Pilcomayo
(( y tienen el mismo idioma que los Tobas».
Entre estas naciones figuran los Mocovíes; precisamente
donde los coloca Araos.
II
fonología
Los signos del Alfabeto Castellano que se emplean en el
Mocoví son los siguientes, que por cierto no siempre represen-
tan el valor fonético de los sonidos que existen en este y los
demás dialectos:
til ta ta ^ ^
A, A, B, C, Ch, D, E, E, G, Gu. H, I, I, Y, J, K, L,
LL, M, N, Ñ, O, P, Qu, R, S, T, U, V, Y.
Estas letras llevan á veces uno ó mas de los signos inven-
tados por Tavolini qiie se hallan detallados y explicados al
principio del arte empezado por él.
Giicheo es un engrosamiento de la t cuando liiere á una /,
la regla en Al»ipon, la excepción en Mocoví, que mas bien pre-
fija una c á la í al darle el aumento silábico.
Niñeo es un mojamiento de la n cuando esta letra hiere una ¿.
No es universal esta regla, pero se advierte las mas de las
veces. La ñ, como la gn y la qu, es un recui-so del Castellano,
que aunque cómodo desorienta, y desde luego es perjudicial:
mas como Tavolini lo ha introducido hay que respetarlo, so
pena de aumentar las confusiones y dificultades. El estudiante
puede resolver la combinación en sus radicales.
Sonido inicial favoi'ito del Mocoví, como nada dicen de él
los autores al usarlo reconocen que repi'esenta nuestra a. Es
vocal que pasa á o fácilmente. — Ex. gr. t/cossdt — mi pes-
cuezo hace — el cossoctii — tu, tus pescuezos.
— US
ta
.A.
A tartamudeada : véase el valor del signo en la clave. Pa-
rece que rejM'esenta una sincopacion mas ó menos así: ahaha.
Como inicial, solo se encuentra en voces derivadas y en
bebé — yerba — que lo puede ser también. Que hatatd sea —
batata — demuesti'a que el Mocoví oye B, cuando la usamos.
Lo mas probable es que b en esta lengua represente la it.
consonante, ó iv inglesa.
O
Letra que debe ser mas ó menos la nuestra, i)ueslo que el
Mocoví dice Clavel, como nosotros.
El aceamí, tú, en Mocoví es akami en Abipon, de suerte que
se comprende la identidad de las dos letras. Sin duda la gu-
turacion es algo mas fuerte que la nuestra, y debemos sospe-
char una tendencia á degenerar en J ó h, aspiración débil, y fi-
nalmente s. Mucho mejor seria suprimir la tal letra en estas
lenguas, porque ella obliga el ocurso á la qn ante e ó i, lo que
vicia el valor fonético de los signos, por lo menos á la vista,
y así se hubiese hecho aquí á no ser el temor de aumentar
las dificultades y confusiones: bastará con prevenir que:
ca, que, qul, co, ni ¡lodrian escribirse:
Jca, Ice, Id, ko, ku vel
kha, khe, khi, kho, khu vel
jka, jke, jki, jko, jkii, según la guturacion mas ó
menos fuerte que corresponda á la palabra.
■) Con el tiempo acaso se ilesCTilira que hi VI es iiiiu li'd-a lueilia eufrc la C y la T. Basli' esta
advertencia para poner al estudiante sobre aviso.
— llí) —
Pelleschi, observador muy exacto, en su vocabulario trae:
ajcami = tú = accami de Tavolini*)
CU
Letra que se usa mucho en Moco\'í, pero no como en Abi-
pon: en este idioma es mudanza casual de t cuando la sigue
una i, mientras que en Mocovi el cambio mas bien es de t á fi.
Nischiripá es Chiripá,
así que nuestra Ch y la Mocovi por ahí andan.
El Mocovi dice ti francamente, esto seria imposible en Abi-
te
pon. Sin embargo en el verbo huir advertimos — ^'erbo FJ.
Y-ichi — til huyes
Y-icti-i — vosotros huis;
así que podemos decir que el chicheo de la t es de regla en
Abipon, una casualidad en Mocovi.
Letra que en Mocovi representa la r suave en Abipon, esa
misma r inicial que los Españoles cuando la oían en Quichua
escribían y pronunciaban como si fuese I, así:
Lima — por Rimac.
Luna — por Runa, hombre.
Como inicial de tema pocas veces se encuentra, como pre-
fijo de articulación es su uso muy común. Su valor fonético
se explica con las siguientes trasliteraciones:
Dudasnik — Durazno.
Dancisco — Francisco.
Yeddoá — Yerba.
Nota. — La 6 es un signo que distingue á esta d por r: á veces se pone á
veces nó. No siempre hallamos el signo en la D, articulación inicial que repre-
senta la R Abipona. Ex.: Abipon: Rihe = Mocovi: Dissiá — Deseo,
') So sospecha quo la letra C 6 K inicial teuga tendencia A tlesaparecor juntamente con su voca
a, y que esto exiilique la falta de prefijo personal en la 2" persona de la generalidad de los verbos.
— 120
ta
Letra muy usada por razones que se expresarán al tratar de
la morfología. Es letra poco consistente y una i la asimila.
La E puede llevar ta ó tartamudeo, ehche.
C3-
Así como la D es un trineo linguaL la G es un gorgoreo
gutural: ambas letras son una especie de E. Esta G las mas
de las veces va acompañada del signo ° de guturacion. La
G debe llamarse mudanza casual de 7? gutural.
G-TJ
Este signo es un recurso del alfabeto Castellano para igua-
lar el valor fonético de la </ cuando la sigue e ó i: lo mas pro-
bable es que ellos hubiesen uniformado todos los sonidos di-
ciendo y escribiendo:
ga, ge, gi, go, gu,
y«, je, ji, jo, jii.
Mudanza casual de K. que ante el aumento / se vuelve Qu
ó Gu.
Leti'a muy importante de este alfabeto. Su valor fonético
es el nuestro, y puede llevaí- refuerzo y tartamudeo. Es tan
fuei-tc que se asimila todas ó casi todas las e en la misma voz.
Ex. Yasseréh — w/ tabaco.
Dassiriguí — tu tabaco.
La I consonante se escribe como Y.
J como letra no deberia existir, pero sí como sonido. Ella
rcjircsenta un ablandamiento de la gutural, ó mejor dicho, su
aspiración fuerte que luego pasa á ser siljilante. Yo que he
vivido 30 años en estos paises sé como la S se ha vuelto J, y
la -/, S. En lo, que se vé del Moco\í deljemos buscarla en la
// linal. ante la D prefijo de 2" pei'sona (perdida en los verbos),
y en la S 6 SS. — ^'éase S. En Briñiel, crajá, yríjd coi'res-
ijondcn i'i licrnlia, /tiriJta de DoJjri/.hoffer.
^'éase la letra C. E\ P. DobrizhoiTer escribe con K lo que
en Tavolini lleva C: indudablemente son un mismo sonido. El
Griego no conocía la tal C. La C como la Ñ, en América se
debe i'i los autores Latinizantes.
I-eti'a Ijastanfe común en todo sentido.
L es una L diablada sin sor LL, se pi'onuncia así: el — la.
La he oido en Toba, idioma análogo.
A posar de lo que dice Adelung tengo que incluirla en este
alfabeto: es en realidad mudanza casual de Y.
la ta
LLya — S-aaugué — Ainhir allá etc.
Adelung (ex. Hervas) dice del Toba:
LLaca-anac comi aliogot — T)rjn rniir á uof< in reino').
■) lo venir á tíos etc.
16
122 —
En Mocoví liay varios verbos que empiezan por Yaca, que
sin duda es este LLaca.
LLnca — S-avé — Yo me quedo yéndose otro, ó mas bien:
Ya yo quedo. En todo el interior de la Argentina entre Indios
y Españoles LL = Y.
ns/i
Letra muy usada del alfabeto Mocoví: debe equivaler foné-
ticamente á la M nuestra. Rara vez se encuentra como inicinl
de tema: las mas de las veces es partícula.
La iN'^es de dos clases, la una sencilla como la nuestra. Ex. gr.
Navaja — Navaja
la otra narigo — gutural, que corresponde y se confunde con
la R narigal. En este caso suele ir acompañada de los signos
_A_ vel n y también d. Ex. gr. :
ia 'i_^
Sainnagan — Yo fijo.
ainarni — Tú fijas.
la _±^
Sadennaclarn — Yo jüeii-^o.
adennactarni — Tú piensas.
La N solo como articulación empieza dicción.
3sr
Este símbolo es puro Castellano, y equivale á la combina-
ción Ny; el Catalán asi la escribe, y otros idiomas se valen de
otros equivalentes. En Mocoví hace falta, porque la combina-
ción Ny es muy frecuente en nombres y verbos; pero mejor
fuera que se hubiesen limitado á resolverla en sus letras com-
ponentes. Como letra medial concedo que es rara, pero como
inicial á cada paso se encuentra.
— 128 —
ta
O — O
La CLiai'la vocal, de rnuclio uso en esta lengua: admite tar-
tamudeo, ó sea, oholio, y algo de gutui'acion, una especie de oy,
(Hj, oyó.
Sospecho que esta letra puede representar una sincopacion
de An = Am. De otra manei-a no se explica en presencia como
pai'tícula inicial de 2''' persona en la 4^ conjugación del I"
grupo.
Esta letra representa muchas veces el A del Aliipon. F.x. gr.
Abipon: Háraha — Ella parada.
Mocoví : Adassó — » »
En la combinación oa tenemos el ha español, na Quichua,
ex. gr. : Yeddoa — Yerba.
Consonante de las pocas que pueden ser principio de dicción.
No consta que difiera mucho de la P nuestra, Picaxo, el pelo de
caballo, se dice tambign así en Mocoví.
Q,TJ
Recurso de la lengua castellana introducido al Mocoví.
(^"éase la C y la K). La iT ó H finales se vuelven Qii para
tomar el aumento silábico en e ó i. Como C ó K puede em-
pezar dicción.
Dice Adelung que el Mocoví carece de R, y pai-ece que ello
es así. En mi vocabulario la voz es[iañola Rosa está — rosa;
pei'o es el único tema que así empieza. Sin cmljai'go como Rd
la hallamos con frecuencia. Ex. gr.
Rdappigom — Norte
que literalmente debe decir — lo arriba de nosotros — porque
en el Chaco los ríos corren hacia el Sur.
— 12 i —
La i? en Mocoví debe buscarse como D, y así se explica
como en este idioma los vei*l)Os por Di re])resenlan los vei'bos
Abipones por Bi. Ex. gr.
Abipon : Rihe — ■ Yo deseo.
Mocoví : Dissi-á — Yo deseo (á otro).
Las dos voces estas son las mismas:
Abipon: R, H, e.
Mocoví : D, SS, i.
La ffl Mocoví es partícula transitiva, que acaso corresponde
á un te Abipon — porque el ejemplo de aquel idioma es la voz
desear en el sentido de codiciar; mientras que en este dice desear
en abstracto — voló — quiero Jiacrr tal ó cual cosa — un auxi-
liar de infinitivo.
Como sub-inicial y medial tenemos una infinidad de eres;
pero verdad es (|ue se resuelven en linguo-guturales, linguo-
dentales y linguo-nasales.
En resumen lo que probaljlemente falta cu Mocoví es la rr,
y aún en la palabra rosa no la dirían tal y como nosotros la
~oimos.
SS
Esta letra á veces parece ser mudanza casual de la combi-
nación Sch.
Yaschi — mi jefe; Ardassii — f/i jefe.
SCH (Véase SS).
Otra de las letras que falta según Adelung, y que sol:)ra
según Tavolini y Pellesclii. Lo que dice el primero solo se
explica si comprendemos que él ocupa la Z en lugar de S. Sar-
¡jciito se dice esargento en Mocoví, de suerte que estos Indios
conocen e! sonido, y, Tavolini liace mucho uso de la pai'tícula
s-ca. La conjugación mas general es por S de L' per-sona. y
así no se comprende como se i)uede decir (|ue el Moco\'í carezca
de 5. Convengo sí en (¡ue mejor seria escribirla f, pero acaso
nuestra <S no sea otra cosa. Yo creo que la S ÍMocoví salió de
lo i|ue es H en Ahipon, anilias letras alilandaniicnto de una C
vcl K primitivas.
La S = H nos esplica la falta de la conjugación por S en
Abipon. El ejemplo:
Abipon, Háraha = Mocoví, Adassó nos enseña como se ex-
plica el Abipon. — Yo y tú, ambos por //.• en yo se vuelve S,
en tií desaparece. — Este otro ejemplo es muy al caso:
Abipon, Rihe = Mocoví, Dissiá — Deseo. Esta letra debe bus-
cai'se en el Che — yo y mió — del Guaraní; en la S, Che, y
Hit, y U de los idiomas Caribicos.
En Toba la S presta los mismos servicios que en Mocoví,
y otro tanto parece que sucede en la Lengua.
Adelung, citando de Hervas, dice (|ue Cldgrie en Abipon equi-
vale á NoxogcU en Mocoví, y que ambas voces dicen — ojalá —
ipiisiera que. La o á veces representa una i del Abipon, la (jr
aquella es la gcl esta, la h., la ^ = ss, y la No y C articulaciones;
de suerte que se vé como las dos voces se corresponden letra
por letra.
Ta\olini llama á su Arte: Moscovita, y se comprende porque
la ^ _
un Mocoilék, con su -JL. = ohoho, daría un Moscoilék.
T
Letra que no puede estar mu\' lejos de la Castellana, puesto
que:
Tostado son resj)ectivamente Tostado.
Tuuna » » Tuna.
Eteniente » » Teniente.
Pero es de advertir (|ue Tostado también se dice Dostaol, lo que
puede ser un efecto de la terminación de i)lural 1. La t siem-
pre pide una c, sobre todo al recibir un aumento silábico.
Esta letra rara vez se encuentra, y nunca como inicial.
Como final es partícula de aumento. Se supone que sea mas
I) menos nuestra ü.
— 126
'V
La V consonante es bastante común. Su pi-esencia en la
voz vacaUpl — liacienda — nos hace comprendci' su viilor fo-
nético. Es de creer que en realidad responda ú la i? con que
los Espaiioles oían y escribian las voces que en Quichua se es-
cruten ó suenan con ü = W inglesa — na, iic, ui, no.
o
L'ln el M S e(|uivule á la o en oa: toctarnalvactarnió — de
laío
— aloaclarni — matar.
■V"
Eslii letra parece que es una IF" desde queTavolini la pune
entre V y ü.
Y consonante (|ue se confunde con LL. Ex. gr. Yyaacté
— )iii espinilla — Ylláácte — su espinilla.
En el ^'ocabulario las dos / van juntas, por{¡ue así se hace
comprender mejor que la llamada «¿ griega)) no tiene lugar en
el alfabeto Mocoví.
Lcti'a que se dice existe en el Mocoví, lo que no consta en
Tavolini : — sin duda corresponde á la íSS.
III
morfología
El Mocoví, como todos los demás dialectos de las lenguas
del Chaco, ocupa un lugar medio entre las Andinas y Guara-
nílicas, es decir, que su posición geográfica corresponde á su
posición en la lingüística americana.
En Quichua la articulación pronominal se subfija, en Gua-
raní se prefija, mientras que en los idiomas del Chaco se usa
de los dos mecanismos; por ejemplo:
la
aa es — estancia.
ta b_
D-aa-1'i — tu estancia.
iya — el acotnpaña.
D-iya-i — tit acompañas.
Sabemos que en Mocoví la D equivale á una R — y sospe-
chamos que la i, final pueda ser una sincopacion de iqui, de
suerte que no solo tenemos mezcla de mecanismo sino también
de articulación pronominal.
En Quichua tenemos: Cinga — narix; cingaic[ui — tu nariz.
Huanchini — yo mato; huanchinqui — tu matas.
El Guaraní hace: Teza — ojos; nde reza — tus ojos. Yuca —
matar; ere yuca — tu matas.
Esta es la primera y máxima ley morfológica de las lenguas
del Chaco. En su inclinación á los prefijos están denunciando
su origen Caríbico, en su adopción del subfijo acusan contacto
con el Quichua y otros idiomas que adoptan este mecanismo,
y en su uso de la combinación de prefijo y subfijo á la vez
proclaman algo en común con las lenguas Chiquita, Maya, etc.
Otro punto muy interesante de la morfología Mocoví, ergo
del Chaco, es la reaparición del tema en su forma mas radical
en la segunda persona de nombres y verbos; y esto porque á
ello responde la gran variedad de terminaciones de plural, cuya
irregularidad desaparece si la contamos como efecto de elisión
de letras finales que en segunda persona reaparecen al recibir
— 128 —
el aumento silábico, que trae el arrimo de la / final, caracte-
rística de esta persona.
Una de las grandes dilicultades que presenta el Mocoví, á
la i)ar do sus codialectos, es el número de articulaciones que
puede arrimar á ambos lados de sus dicciones. Puede asegu-
rarse que casi ninguna voz se presenta á la vista ó al oido en
su estado natural, y para Hogar a conocer el toma radical de
cualquier dicción ante todo haif que desmularla: poro se proviene
que á veces es mas fácil decir que hacerlo. Que ello es así
se comprenderá mejor al hacer las siguientes advertencias:
1" La A, E, I pueden ser iniciales eufórnicas.
2" La A, G, D, I, L, N, R, S, T, solas ó en combinación
como iniciales pueden ser articulaciones pronominales de una
ó más do las tres personas, y algunas de ellas también como
mediales ó finales.
3* La M y la Q son generalmente iniciales que indican i^re-
gunta: también pueden ser partículas prepositivas que equi-
valen á nuestras preposiciones y conjunciones.
4* La L sola ó precedida de alguna vocal puede ser prefijo
temporal de verbo.
5" La N y la D son refuerzos iniciales de verbos y nombres,
la N con cierto valor reflexivo, y á veces*) como signos do caso
régimen de 1" persona: toda amfibologia se evita por cuanto
para esto el verbo lleva la forma que corresponde al sujeto.
Por lo demás este idioma admite toda clase de combinaciones
y si se quiere en su estado actual consta de pocas voces radi-
cales que se utilizan de muchos modos.
Por ejemplo: ove es diente, y lore-laacti — encias — esto es,
madre de los dientes. Como esta hay muchas otras jialabras y
su número resultará aun mayor cuando conozcamos á fondo las
raices, para lo cual debemos tener á la mano un vocabulario
comparado do todos estos dialectos. El genitivo por construc-
ción, que se advierto en el ejemplo de arriba, es tan común
en esta como en las demás lenguas de América, ley que no se
opone á una frase como la siguiente:
o
Toctar dippietió lov;i )alé le\á. No (Jesenráf; la mujer de hom-
bre otro ó sea, de tu prójimo.
En cuanto á género en los pronombres el cambio de vocal es
inicial, pero en los nombres apelativos una partícula final indica el
género, según sea el sexo de la ¡lersona ('i animal Aq (pie so trata.
■) En cuso dp la B.
— 120 —
Las partículas de número son finales por lo general, pero
la articulación pronominal lleva también su aumento inicial,
como se podn'i ver en los verlios. Parece que es ley del idioma,
que cuando el índice pronominal ya lleva su aumento de plu-
ral, no se ponga el a/xa vel occo linal, tan general en plurales
de verbos de 1" persona. El Mocoví abunda en delicadezas
gramaticales de este género.
Las partículas de diminución, ponderación y otras .son fina-
les: su número y colocación pueden verse en el capítulo que
trata de las partículas.
La negativa por sea, toctar, etc., se forma prefijando estas
r ta r
partículas; no obstante parece que el sacca, en cocte sacca, tuerto,
etc., es un sea final.
Los adjectivos y adverbios reciben partículas pronominales
con las ijue vienen ú sufrir una especie de conjugación.
Los pronombres reciben la M y Q iniciales para formar in-
terrogantes, y muchas partículas finales para uKjdificar su
significado. Cuando mudan la e ó i en a es para concorda !•
con el sexo femenino.
El verbo lleva las mas de las articulaciones pronominales
como prefijos y algunas como subfijos. El valor de estas como
de las demás se ver<á ,en el Capítulo que trata de las partículas.
Las que no son pronominales se postergan á la articulación
personal, y asi es que las podemos separar con facilidad; pero
naturalmente pueden existir otras ocultas en temas que nos
parecen radicales y que acaso no lo sean.
El Mocoví goza con palabras largísimas y no se asusta de
combinaciones que chocarían á un Europeo; con todo parece
que rehuye temas que empiezan por consonante y siempre tie-
nen á la mano una c vel i con que introducirlos. La mayor
l)arte de las voces comienzan con á, i, o, algunas con p y k 6
sea la c y qu de Tavolini, y las demás letras al entrar á figu-
rar como inicial de tema, lo hacen con una e vel i eufónica.
Muy posible es que resulten ser voces estas introducidas en
tiempos modernos. En muchos casos vemos que la palabi'a
castellana lleva este prefijo; sin embargo lo hallamos también
en los pronombres, que no pueden ser modernos, si bien es
cierto que abunda en los de 3" persona, siempre los mas flojos
y menos originales.
El Mocoví tiene muchas partículas, pero aun no se hallan
bien determinadas, así que no es posible hacer más que rei'e-
0
rirse ligeramente á algunas de ellas. Por ejemplo: gon parece
— l.SO —
que es de verbo activo desde que Squiyo es — yo me lavo;
o
Squiyogon yo lavo, como ser ropa, etc.
En el Capítulo de las partículas se hallará todo lo que he
podido averiguar al respecto de estas, y baste el siguiente
ejemplo para hacer comprender como se une la partícula con
el tema verbal:
Acca — oir; Accat-á — ordenar.
Accact-i-á — tú ordenas.
La partícula á final es de verbo transitivo y se posterga á la
i característica de 2''' persona. Este puede considerarse como
mecanismo noi'mal de la lengua.
Según parece, el Mocoví admite acumulación de estas partí-
culas, así encontramos:
ili aó — tú pones,
en que está el á de transitivo y el vó de movimiento de tid
parte ó tal otra.
Conviene dar aquí uno ó dos ejemplos de lo difícil que es á
veces analizar la morfologia de una dicción Mocoví, es decir,
reducirla á sus elementos.
Eseectácca, efe nosotros Íntimos
la
y su tema d, ó sea ehet.
La e es prefijo eufónico, la s articulación inicial de 1" per-
sona verbal, la c aumento que exige la t, al tomar mas sílabas,
el acca terminación de plural y 1" persona:
la
Sya-Sagaaugué — andamos allá, saliendo de pro-pia casa.
La .s repite la de mas adelante; el ya es nuestro ya, de tiempo
pasado, el singular de la forma completa llya; agaa, sincopa-
cion del tema con la partícula de pluralidad acca; ^lyué sinco-
pacion de vcgnc, partícula de movimiento:
Nix'analtá, nosotros nos miramos.
La N eí^ refuerzo reflexivo; la i articulación pronominal de
jirimera: rane tema vei'bal: a. sincopacinn de la e con acca, par-
tícula de plural: alfa partícula (|ue en Abipon dice — mismo —
y que eso debe decir en Mocoví:
Di avoglen — el me arrastra.
Di partícula de primera persona, que como el tema concuerda
de 3* se vuelve caso régimen y dice me en lugar de yo.
Savoglini — yo te arrastro.
S indica inicial de primera: aroylini fieccion del verbo en se-
gunda persona, desde luego dice, yo te arrastro, desde que la
s no es nunca caso régimen, sino siempre sujeto de verbo.
— 181 —
Los adjetivos siempre llevan, un pi'onombre de 3'' persona,
I ó n, Índices que pueden desaparecer en combinación, i-azon
por la que iioeti, bueno, hace, Scauen — malo — /, e, no bueno.
Y no es solo la n que desaparece, pues íí la ¿ la í y otras articu-
laciones puede sucederles lo mismo, como á la m en odi de futuro.
En el vocabulario los nombres y verbos se han reducido á
sus Lemas radicales, pero las demás partes de la oración y los
ejemplos de frase se i'eproducen tal y como los da Tavolini,
de suerte que el estudiante fácilmente puede darse cuenta de
todo, como que lo hecho ya es un norte, si bien no tan com-
pleto, como se hubiese deseado, porque al fin tenemos que
estar á lo que apunta el buen Padre, y como este no conqilotó
su obra, muchas cosas tienen que quedarse en duda, si es que
no hemos de viciar el valor lingüístico de este ensayo.
Parece que aquí corresponde hablar de esas irregularidades
que aunque parecen anomalías morfológicas solo deben consi-
derarse como recursos de sintaxis. Bastará con citar uno ó
dos ejemplos para dar á conocer de lo que se trata.
La voz que dice — mi hija — es, Yyalc, que al [lasar á 2" per-
sona, ó sea decir — tu hija — se presenta bajo esta forma
s
cactiali, tema en que resalta la voz actcc, madr-e; de suerte que
cactiale seria — tu hijo tle madre — y probablemente hay ó habia
otra forma con cada en lugar de cacti que dii-ia hijo de padre.
Si pasamos á los verbos encontraremos muchos que á veces
subíijan la partícula apck ó tapek y otras no: esto se explica
fácilmente. Cuando lleva la partícula corresponde á nuestro
romance eatoij con el participio ó gerundio en ando ó endo: sin
ella es un simple tiempo de cualquier verbo. Ex. gr.:
Soennactagan — yo trabajo.
ta
Soennactarnectapeh — yo estoy trabajando.
He aíjui lo que dice Adelung en su «Mithrídates», á pro-
pósito del verbo en Mocoví: «La forma del imperfecto es laítim
«ó latumca, la del perfecto naglaca ('nallaca?), del tiempo muy
«distante nagladica, del futuro la vocal o subtijada al presente,
«del gerundio tapec; en el infinitivo se pone la preposición m
«entre el verbo regente y el regido (como en Abipon); en el
«imperativo se antepone glac (Ilac?) en el optativo noxoy'udi, en
«el subjuntivo enonial, y en el imperfecto nlcüet».
Todo esto se ajusta perfectamente á lo que consta en Tavo-
lini, si bien no con la regularidad magistral del autor alemán;
pero se comprende que las variantes tom, laetom, lactonuiuedá, etc.
— 132 —
responden á exigencias de sintaxis, y no ú irregularidades en
la conjugación.
Es una lástima que los que escriben sobre lenguas casi
siempre se limiten á darnos el correspondiente romance, y no
la traducción literal, con lo (jue pierde mucho la filología.
Poi- ejemplo en Tavolini el verbo tener es mas que probable
que no sea tal verbo, y que mas bien equivalga á un est mihi,
r
est tibi, etc., como se verá si se recorre el verbo neguc, que se
dice haber, algo de esto ha sucedido con el verbo nuestro haber,
que en realidad desciende directamente de cabrio, coger, á la vez
que es el propio teutón habe. En Quichua se emplea el verbo
cani con genitivo para expresar la idea de tener, pero en Cuzco
de Santiago y de Catamarca ya encontramos el verbo Jiajiini —
coger, — con régimen en acusativo, usado para decir — tener.
Decir que este ca y este hapi tengan la misma procedencia que
habere seria aventurado, pero no lo es menos negarlo: es uno
de tantos hechos curiosos que nos salen al encuentro en Amé-
rica y que solo esperan el descubrimiento de leyes fonológicas
para poder establecer la prueba de interparentezco. Como ca-
sualidad del mismo género citaré dos o tres ejemplos mas:
Quichua Latiu
Tierra A lipa Arva.
Señor- Padre Apu Avus.
Roturar tierra, 1 Harani
aporcar ] Hallmani
El Mocoví no puede llamarse idioma ni rico ni pobre, tiene
lo que precisa para expresar lo que quiere decir, y como carece
de literatura, fácilmente se olvida de lo que no le hace falta, y
vuelve á inventar voces cuando reaparece la necesidad de ellas.
Por esta causa y la otra de evitar palabras (pie pueden impre-
sionar á los que oyen, por ser de ti'istes recuerdos, se nota
bastante variedad en los vocabularios de todos los dialectos,
pero las analogias aun son bastantes i)ara establecer la agru-
pación, y queda siempre el mecanismo pronominal, que es el
mas segui'o para los efectos de la clasificación. Son los pro-
nombres que nos dan el rastro del parentezco, y es en aten-
ción á estos que se asegura que el Mocoví y sus congéneres
algo mucho tienen del Quichua. Si, como yo supongo, ellos
son los Chancas de que habhi el Inca Garcilaso, 1500 años
pudieron estai- en contacto con los Peruanos según la crono-
logia de Montesinos, tiempo suticienle para ([ue unos á otros
se diesen y tomasen mucho de lo que es común á ambos.
Arare.
IV
EL ARTICULO
Tovoliui se lo niega al Mocoví; pero parece indudable que
él existe. Para no ir mas lejos: Nappi — abuelo: la raíz es
appí, la articulación de 1*, 2" y 3* I, D, L, desde luego la N
es una partícula de relación ai)stracta, que si no es un artículo
mucho se le parece.
Inní ó ccca¡ si bien son demostrativos. A veces casi pueden
llamarse artículos.
Pero lo (|U0 realmente debe clasificarse como artículos son
las articulaciones jironominales de las 3 personas. En Caste-
llano decimos me duele la mmw \ este la es un artículo (jue
corresponde á la posesivacion de 1", puesto que la mano es
mia. El Mocoví y sus co-dialectos varian esta ai-ticulacion
según la persona; pero así también el Quicliua usa el cu
donde nuestro romance dice me, te, se en la ñeccion verbal, y
sin embargo uno \ otros son pronombres reflexivos. Un ar-
tículo es un pronomlire demostrativo, desde luego puede de-
mostrar cual(|uiera persona.
El que pretenda hacerse oorgo de las partículas Mocovies
ante todo tiene que reconocer la e inicial, ó sea /, que se pre-
fija con tanta frecuencia á toda palabra que empieza ¡lor con-
sonante, sobre todo si es introducida; así Pedro para ellos es:
e Pedro. (Uiando la sílaba f[ue sigue lleva i, la e se ^•uelve i,
pero en todos los demás casos es e; ex. gr.:
e ctcatro, eseis, icinco, idiex, etc.
V
ARTICULACIÓN FINAL DE PLURALIDAD
La idea de pluralidad es común á lodos los idiomas, la va-
riedad está en el modo de manifestarla á la vista y al oido.
Entre el Pudre DobrizholYer y el Padre Tavolini, median cien
años; aquel escribió sobre el Abipon, éste sobre el Mocoví,
dialectos de una misma familia, pero reconocidamente diferen-
tes, tanta mas razón para que se comparen los datos que uno
y otro nos sumistra.
«La formación del plural, dice el primero, en los nombres
es muy difícil para los principiantes: pues varia tanto que á
duras penas puede establecerse regla ninguna». En seguida
dá varios ejemplos.
Terminaciou Hace plural
— tarat — tkaté
— át, ót — achí — ochi
— ak _ — a
— ák — a
— ták — teri
— al — á
— r'á — á — gari — ari
— á — ota
— ik — é
— ik — iká
— gé — ké
— ék — egké
— élk — elr'a
— i — eri
El Mocoví usa todas estas articulaciones y muchas mas:
empezaremos por las que tienen analogía con la lista anterior.
135 —
— léh — lea
En estos dos cuadros se verán reproducidas casi todas las
terminaciones. Debemos acordarnos que los signos fonéticos
de los dos padres en lo gutural y nasal no son del todo igua-
les, pues la 1-' de Dobrizliofí'er es la g con signo de Tavolini,
la ch de aquel, es la t y ct de este, etc.
El cuadro completo ^e las terminaciones de singular y plu-
ral .se hallarií en el capítulo de los Nombres Sustantivos.
Baste advertir, que la partícula general es la I final agregada
á la terminación del singular: la hallamos en Mocoví, Abipon,
Toba y Mataco
Es de notarse que los plurales suelen tener mucha analogia
con las segundas personas de la flexión posesivada en cuanto
á las partículas finales. Ex. gr.:
Ival — mi nieto, Ivali — mis nietos, Ca\'ali — tu nieto.
Como dice Dobrizhoffer, regla general no puede establecerse,
pero también debemos reconocer que aun ignoramos el verda-
dero fonetismo del idioma, y que mucho de lo que nos suena
á irregularidad y ca|)richo es efecto de leyes fonológicas que
aun están por determinarse.
VI
ARTICULACIÓN POSESIVA
Dice Dobrizhoffer: «No teniendo ellos (los Abipones) los
pronombres posesivos mió, luyo, suyo, su falta se suple en
cada nombre añadiendo ó alterando varias letras. Entre los
Abipones se ocasiona una gran dificultad con estos varios
cambios de letras especialmente en la segunda persona».
Lo de la dificultad es muy cierto, pero en cuanto i'i no tener
pronombres posesivos ya es otra cosa, y la opinión del buen
Padre se funda en modelos de gramática latina, que no tienen
aplicación en América, por ahora; y digo que por ahora, i)or-
que muy bien puede llegar el momento en que se juzgue otra
cosa: pero á lo que sabemos y entendemos lo único que hay
((ue averiguar es si estas letras ó articulaciones contienen las
radicales de los pronombres iirimitivos, y si se puede contes-
tar en la afirmativa, fuerza será confesar que existen tales
posesivos. De los cuadros y anotaciones que figuran en las
páginas siguientes se deduce que estas articulaciones no son
letras sueltas, acumuladas y afijadas al capricho, sino todas
letras radicales del pronombre de cada persona, con esto mas
en su favor, que son radicales Americanas, y no Abiponas, lo
que abona mucho en pro de la hipótesis. Un Índice aislado
será casual ó nó, no lo puede ser cuando es general.
Un ¡)ronombre puede hacerse posesivo de todas maneras,
ya por el aumento de partículas de valor genitivo ú [¡osesivo,
ya por su colocación ó construcción. En América el posesivo
general toma la forma del genitivo construido, como en la frase
Cabra-corral, un Quichuismo t{ue dice — corral de la calira.
Es nombre de lugar y, como tantos otros, conserva noticia de
que, donde se halla alguna vez se habló el Cuzco. Negro Po-
trero (Potrero del Negro) cerca de Monteros en Tucuman es
otro ejemplo, y Maclw pata un tercero del habla vulgar, cuando
quieren decir que no hay mas modo de andar que á muía.
— 137 —
Otro modo muy ingenioso es el de ahrir el pi-onomljre inser-
tando la voz que se jiosesiva entre las dos articulaciones radi-
cales del pronombre primiti\-o. Esto es lo que sucede en las
segundas personas de nombres y verbos en Mocoví, y otras
lenguas del Chaco de este tipo: K ó c es la consonante radical
de 2-'' y su final infaltable i, la m es letra abstracta y común
i'i todas las personas así en tú.
Accanii — lo princijial es C — i
sustituyase la voz por la m y queda posesivada. La a inicial
parece que es eufónica, pero como sucede en todos estos casos,
eufónica con propiedad: a es articulación de I-'' en Guaraní, y
de 2" persona en Chi(|uito, Mataco, Caríbico, etc., todas lenguas
limítrofes del Cliaco, desde luego una y otra a son propias de
1" y 2'* persona siempre que lleven otra radical que determine
su valor léxico; y esto es lo que sucede en
aYm — yo, a Kami — tú,
las determinantes son Y de 1" , K — 1 de 2"'' persona. En se-
guida doy el cuadro sinóptico de las articulaciones po-sesivas
de las tres personas, según lo demuestra el estudio que mas
adelante se ha hecho de todas las voces declinadas en este
sentido por el Padre Javolini. El orden responde únicamente
i1 la importancia numérica; pero creo que debiera distinguirse
entre dos grupos, el primero que incluye las flexiones de 1" y
2"' clase, y la segunda aquellas de 3" y 4". En los verbos se
nota la misma distinción, desde luego responden á una nece-
sidad orgánica de morfología en el idioma.
Valiéndome de la nomenclatura europea llamaré á las dos
primeras, flecciones fuertes, porque carecen del refuerzo N ó
D; y á las otras, ñecciones débiles, porque necesitan de la N
ó D para poder proceder á la posesivacion articular.
Este refuerzo por N es general en los idiomas del Chaco y
hasta puede llamarse radical en la morfología americana : como
tal es un puntero mas que dirige nuestra vista en dirección
al Viejo Continente.
La existencia de una N con esta propiedad es un hecho
gramatical en nuestra América que de ninguna manera debe
dejarse pasar inapercibido.
18
— ins
Cuadro Sinóptico de las Articulaciones posesivas de Substantivo ')
SINGULAR
PLURAL
Como se ve este cuadro siinpiilica mucho el mecanismo ar-
ticular llamado de posesivacion, y como la N, D y L en la III
y W clase son refuerzos, y no índices, queda el paradigma
reducido aún á mayor sencillez.
Cuando la voz á posesivar cinpic/.a por C ó L se omite el
prelijo C de 2" persona.
Puede asegurarse (jue la i es prefijo universal de 1-'. como
lo es subtijo de 2" persona, mientras que la / ó n es prefijo
general si no universal de 3".
En 2" persona los índices iniciales son D ó C, ó en su lugar
la lolra de refuerzo N ó L. con la infaltahle / final.
') I>a i final infaltable.
— 139 —
En 1" de plural los prefijos típicos son R, Y ó (".o ve! Cod,
lo demás es refuerzo.
I.u 2" persona reproduce íntcgi'a ó modilicadas las [larliculas
de 1-' pero subfija la i infallaUlo ii la raíz cu .m forma plural, y
la tercera ¡lersona reproduce la del singular.
Dobrizliofi'cr da una serie de ejemplos curiosos. |)ero que
hien analizados carecen de las dificultades que el con tanta
razón pondera. Su articulación es la siguiente:
1. Y - 2. Gr — i 3. L —
1. NY— 2. Gr - i 3. N —
Los ejemplos que cita son i'egularisimos, y i'esponden \\ los
cánones fonológicos que se establecen aquí. T ante i hace chi;
K ante i hace qui ó qiü, etc. La r poi' / final se halla también
como excepción en jMocoví. El ejem|>lo con N es fleccion re-
forzadií con esa letra.
Yo, que tengo á la vista el vocabulario diclio de este autor*),
pero que, según ól mismo lo declara, debe ser del Padre Brig-
niel, podria suplementar la lista con verdadei'as dificul lados,
por ejemplo: Anima — Ilguigí.
L 1-gigui Pl. 1. Arguigi
2. Ar-g^uigi 2. Arguígil
3. Il-guigi
Braxo — Caal;it. Pl. Caalcate
1. Ir-caalat Pl. 1. l']r-caalate
2. Er-caalachi 2. El-caálcachirí
3. caalát 3. El-ca<dcáte
Comida — Canác
1. Anác Pl. i. Canác
2. (^anague 2. Ganayi
3. Alac 3. alaga
Se podria alargar la lista, poro bastan estos ejemplos para
demostrar (|ue ellos, y no los (|ue cita Dobrizhoffer, presentan
dificultades, pero (|ue unos y otros se ajustan al pararligma
Mocoxí.
Según la hipótesis mía, la partícula Or del Abipon corres-
ponde ii Cod y Cad del Mocoví. única advertencia que falta
') Síirado (If Ins Msiniisoritoí^ .11 pu.lrv il<-l I>r. I.iinias.
— 140 —
para establecer la comi)leta anulogia entre lo princiíJal de las
dos articulaciones.
En el Toba ludíamos mucho mas desorganización de i>ar-
liculas: el entrevero con el Mataco parece que ha sido conti-
nuado, pero á pesar de todo prima cierta ley, que se ajusta
á la base Abipona y Mocoví como f|ue los tres son dialectos
hermanos.
Del Manuscrito del padre Barcena *) sacamos la siguiente
articulación que es la mas general y como tal se puede llamar
típica :
1. Y — 2. Ad — 3. L —
Pl. 1. Go vel Ca — 2. Ca vel Co — 3. L —
Cad Cad
Ya se dijo que la d y la r se confunden, así que el Ad es
un Ar posible, como el Cad. un Gr. La Y y la L iniciales en
este como en los otros dos idiomas son respectivamente índi-
ces de 1" y 3^ persona. Lo que falta en el Toba es la i linal
de 2", omisión ésta que acaso aprendiei'on de los Matacos ó
Moja-Baures.
Por Hervas y Adelung sabemos (|ue la articulación posesiva
del Guaycurú se ajusta á la típica del Toba, y también li la
Mocoví-Abipona. Hela aquí:
i. Y vel In — 2. Ca, Can, Cad — 3. L vel N
Pl. i. Co, Con. Cod — 2. id. — 3. id.
Lo estraño es (jue por un solo momento se haya dudado
del parentesco del Guaycurú ó Mbaya con el Mocoví-Abipon.
Razones fundadas en el vocabulario de Cervino me inducen
á creer que el lengua pueda tener la siguiente articulación:
1. Y — 2. D (i?) — 3. L
Me fundo, 1" en que los nombres de partes del cuerpo en
muchos casos empiezan con el índice Y,
2° en que Sagjalda es — yo te quiero, — jalanda — di tu, —
daneküe — esi)era tu. — Da — toma,
Y 3° en las voces fjue empiezan por L, letra ([ue como i'adi-
cal no suele ser principio de dicción en este grupo de lenguas.
En el corto vocabulario, del Payaguá (|ue figura en uno de
los apéndices de la obra de Mansfield titulada «Bi'azil, etc.»,
tenemos toda una serie de articulaciones, que se deduce de las
voces, y de las apreciaciones que las acompañan. Recomiendo
el 4" i)árrafo de la pág. 497, un ejemphj del valor (jue tiene
*) Bibliotccii Mitre.
— 141 —
una observación hecha con conciencia: la duda del autor es
la prueba del tilólogo, sin ella nada sabríamos acerca de punto
tan curioso y útil para estudios de esta clase.
La articulación parece que es la siguiente:
1. Y vel S — 2. D — 3. L —
La oración que cita Manstield de Adelung aunque adolece
de errores de trascripción, prueba que Y es — mi — y I su,
de él. Mas adelante he interpretado la voz Sahalda, — yo te
quiero y ham sahalda — mi amor por ti. — en (\\\e resaltan la
s — yo — Y da — te.
El Lengua llama al Payaguá — Euvevc así (jue no se con-
funden estas dos naciones, que según parece hablan casi un
mismo idioma. Tampoco cabe confusión con el Guaycurú que
para el Lengua es Kaxalok, ni con el Mbaya, f|ue para él es
Guaigo.
Gamo se vé todo en estos idiomas es típico, aunque variado:
el circulo en que todo gira será grande, sus radios serán de
difei-ente largo, pero su centro ó punto de ¡tartida es uno.
Las irregularidades y excentricidades pasarán de una circun-
ferencia á otra, pero no se extralimitan de la extrema. Existe
historia de estas lenguas durante casi 300 años, y no se nota
esa diferencia de articulación que podria esperarse si estos
idiomas fuesen inorgánicos, como se ha dicho. Los vocabu-
larios cambian, el mismo Dobri/.hoffer nos cuenta por qué
i'azon, pero las articulaciones, no se hallan en el mismo caso:
una letra no seria para un salvaje, ni de buen ni de mal
agüero, ni podria renovar el dolor de los deudos sol)re\¡vientes,
y si acaso tal sucediera, aún podria servirnos de explicación
en cuanto á la diferente articulación de nombres y verbos.
Las mismas letras C y D, articulaciones iniciales de 2^ per-
sona, no son elegidas al acaso, pues la C ó Ca viene á ser la
radical del pronombre de 2" perona; y la D como R que es,
apunta en dirección á la R de segunda en el Guaraní y dia-
lectos Caribicos: el contacto Geográfico-Etnico está de mani-
fiesto.
\Il
DEL GENERO
Dice Dobrizhofter: «Tienen, (los Abipones) un género mas-
culino y un géne'ro femenino, pero no el neutro, ele. » l'',sto
es mas exacto que la negativa redonda de 'I'avolini. La ver-
dad es ésta, el ¡NIocoví tiene género natural y lo expresa me-
diante cierto cambio de letras, jiero carece de ese giro grama-
tical de los idiomas Aryanos y Semíticos, que reconoce un
género abstracto de las palabras en sí, con sus concordantes
terminaciones.
K\ Mocoví tiene dos modos de liacer sentir el género en las
palabras, el uno inicial y el otro final.
El inicial se efectúa por medio del cambio de la primera
vocal, y se usa i)ara los pronombres:
Inni — el — hace — Anni — ella
Edast'i aquel paraih Adassó — aquella
En el plural ambos géneros usan una sola forma, que es la
masculina :
Ennoá — esos, l'Jnnoá — esas
El final sirve pai-i modiíicar los nombres que se refieren á
individuos con sexo. En Abipon:
Ariaik es — itn bueno, Ariayé — una buena
(^achergaik — un viejo, (^.achei'gayé una vieja
Es decir (|ue la /,• tei-minacion de masculino se unida en h.
que lo es de femenino. 1^1 Mocoví liace otro tanto:
la la
ICogodack — un pobre, Eogodaé — una pobre
Con este [ii'eámiiulo ptidemos pasai' :i los Pronombres De-
mostrativos que son lairiosísimos, y (jue en Abijion como en
Mocoví se ajustan a! sexo del individuo como ya lo indiqué
arriba.
— U3 —
Me valgo siciniJi'o do Dobrizliuffer:
«Mus el pronrjinlii'o do \n 3-' persoiui, él, ella, se varia en
razón de la situación ú coloí^acion de la persona á quien ó de
quien se habla. Por ejemplo, él ó ella según que esté.
Como se ve el Abipon también usa el (/ como vocal inicial
de femenino en sus demostrativos.
En Moco\'í tenemos :
Sus plurales de ambos géneros
1. Eddoassó 2. Essoá 3. lyyoassó
Sus plurales de ambos géneros
1. Ivvoá 2. Ennoá. Eddoá 3. Ivvoá
Este corto cuadro comparativo está lleno de instrucción.
1° El Abipon prefija una h donde el Mocoví la omite.
2" La terminación ha del primero equivale á só del segundo,
lo que demuestra que la sibilacion Mocoví puede repre-
sentar la aspiración Abipona, crgo, que la S como arti-
culación de flexión verbal debe buscarse en la h de la
misma, y que la ó Mocoví en este caso también repre-
senta la a del Abipon.
— 144 —
3" La d Mocoví una vez mas ocupa el lugar de la r Abi-
pona, lo que es un argumento en favor de que cd = gr.
Todo esto está tan claro que basta si nos limitamos á
un ejemplo:
h = s, á = ó; lioho = hu = so
por sustitución y síncopa.
Ehaha es lo mismo que Eso.
En estos pronombres la n, d, y, son las radicales, y com-
prendemos porque pueden usarse como aumentos y refuerzos
en la fleccion verbal.
El contenido de estos pocos párrafos puede considerarse
como un descubrimiento, y á propósito reproduciré lo que
Latham dice en el Prefacio de su obra «Elementos de Filolo-
gía comparada», p. XI, Ed. 1862:
íi Descubrimientos. Como regla general estos pertenecen tan
exclusivamente al buen sentido, que al valerse uno del método
científico se imponen de suyo, y por lo tanto poco le deben á
lo audaz ó heroico». Desde Europa nos inculcan que establez-
camos las leyes fonéticas de las Lenguas Americanas y aquí
va un contingente. Estos cambios los considero típicos en
todo nuestro continente.
(continuará).
LOS
MUSEOS ARGENTINOS
De « El Censor -, Bucms Aires, 7 Ociulire de 1SS7,
CARTA DEL SEÑOR HENRY A. "WARD
Visitoiiüs hace poco tiempo el distinguido naturalista noi'te-americf no, Se-
ñoi' Henry A. Ward, cuyo nombre es honrosamente conocido en el mundo cientí-
fico, por la dedicación que ha hecho de su vida al cultivo de las ciencias naturales.
Habiéndole oído decir, en una entrevista interesante con cjue nos honró, que
el Museo de La Plata puede calificarse como uno de los diez mejores museos del
mundo, y comprendiendo que la opinión de un hombre tan competente podia hacer
fé sobre el estado é importancia do nuestros museos, le pedimos tuviera á bien
enviarnos sus impresiones con el objeto de trasmitirlas á nuestros lectores, y he
aquí la carta que nos envia desde Rio Janeiro, de retii'ada ya para los Estados
Unidos.
Eio lio Janoii'O Seticiuljre 23 de 1889.
Señor Don Luis Maria Gonnet,
Director de El Censor.
Buenos .Vires.
Muy Sfjlor mío,
Mucho siento ijue mis viajes y otras ocupaciones durante los dos meses tan
ajtiradables que he pasado en su Beüe République, no me hayan permitido cum-
plir la promesa (pie le había hecho á Vd.; pues seguramente, habría tenido mucha
satisfacción en manifestarle la impresión que me han producido los museos de
de ciencias naturales existentes en el pais y que he tenido el placer de conocer.
Ai'inque tarde ya para satisfacer debidamente los deseos expresados por Vd., y
hallándome en vísperas de embárcame para Europa, le remito algunos extractos
do un artículo titulado : Los Muscos y hombres cienti/icos de la República Ar-
yealina, que estoy escribiendo para el American Journal of Sciencie, el primer
periódico cientifico de los Estados Unidos.
Abrigo la esperanza de que en las pajinas que acompaño, hallará Vd. algo i|ue
le pueda interesar.
Saluda á Vd. S. afmo S. Henry A. W.vrd.
Al llegar á la capital de la República Argentina, una de mis prime-
ras visitas fué al Museo nacional. Hacia muchos años que me habia prometido la
satisfacción de conocer este museo. Por medio de las publicaciones que, durante
un cuarto de siglo, viene haciendo su venerable director, el Dr. don Germán Bur-
meister, las colecciones reunidas en este museo son mejor conocidas en los Esta-
dos Unidos que las de ningún otro establecimiento de su clase en la América del
Sud. Sus descubrimientos y las descripciones que ha hecho de los grandes Me~
19
— Ii6 —
¡latlicrium, Mijlodon, Glyptodon, y otros fósiles de las pampas, nos han fami-
liarizado tanto con esos monstruos de otras épocas como si fuesen animales mo-
dernos. Desgraciadamente, el museo no está abierto para el público, sino los do-
mingos; sin embargo, se tuvo conmigo la gran deferencia de facilitarme litire ac-
ceso á todos sus salones, pudiendo visitarlos y estudiar su contenido siempre y
por todo el tiempo que quisiese.
Rien puede Vd. imaginarse el placer que me proporcionaban estas visitas. ¿Qué
no darían nuestros paleontólogos norteamericanos por hallarse, una hora, siquiera,
en presencia do aquellos fósiles antiguos, cuyo interés inherente, que ya es muchí-
simo, es casi igualado por su valor histórico? pues señalan las etapas de la his-
toria de la geología. Son muchas las series de estos grandes fó.síles; aquellos ipie
estaban incompletos han sido integrados con las partes que faltaban. Están dis-
puestos, en su mayor parte, por el centro de dos larg'os salones, lo que facilita su
estudio por todos los costados; aquí están diversos fósiles completos, de diferen-
tes edades, del Gh/ptodon, gigantesco progenitor de los armadillos que hoy re-
corren toda la panqja, formando sus madrigueras hasta en las mismas sepulturas
de sus formidables antecesores; allí hay dos excellentos especímenes del Scclido-
theriiiin, otros dos del MyJudon, y otros tantos del Megatherium, esos in-
mensos tardígrados cuyo descubrimiento reveló á los sabios de Europa la existen-
cia en e.sta parte del mundo, de animales extintos, desconocidos hasta entonces para
la ciencia
Además de estos fósiles y do los restos de animales modernos, el museo cuenta
también con una pequeña colección de minerales; entre estos hay una mteresan-
tlsima meteorita que, hace nueve años, cayó en la provincia de Entrerios. Es de
carácter carbonáceo, siendo esta meteorita la segunda de su clase que, hasta aqui,
se haya descubierto.
Es de lamentarse que un museo tan importante, por su valor intrínseco y tra-
dicional, esté tan mal alojado, hallándose sus tesoros depositados en cuartos an-
gostos, mal alumbrados y de techos bajos, accesibles únicamente por una larga y
cansadora escalera de madera y un estrecho corredor; el local destruye todo el
efecto que producirla esta valiosísima colección si estuviese convenientemente dis-
puesta y si fuese presentada al público en un edificio adecuado.
.... Antes de llegar á este lado del continente, ya me hablan hablado los
naturalistas chilenos del gran museo do ciencias naturales y de arqueología de La
Plata. También habla visto en Buenos Aires los dos grandes volúmenes en cuarto
mayor, (texto y láminas), que acababa de publicar el profesor Florentino Ame-
ghino, y C[ue contienen descripciones de una parte de los fósiles de este musco.
Este inagnun opus es una contribución muy oportuna y valiosísima á la ciencia
paleontológica argentina. Excitado por tantos motivos mi interés, aproveché
de la primera ocasión favorable para conocer este nuevo museo. Pero antes de
ocuparme este establecimiento, diré dos palabras de la ciudad donde se halla si-
tuado. La Plata es una ciudad única en su género; en ciertos respectos, no existe
probablcmcnttí su igual en el mundo entero. Ya había quedado completamente
asombrado de lo que había visto de esta República, con sus maravillosos progre-
sos materiales y sociales. Como americano, acostumbrado á oir las alabanzas que
hacen todas las naciones á los Estados Unidos, me quedé muy sorprendido al con-
vencerse de que, en más de un punto, nos está sobrepujando nuestra República
hermana del continente del Sud. El aumento de la población por medio de la in-
migración, de que tanto nos solemos jactar, es aqui mucho mayor. En Bue-
nos Aires existen bancos que disponen de más capital que los nuestros; hay mayor
numero de periódicos y se hace más uso del teléfono que en ninguna ciudad de
los Estados Unidos, sin hacer excepción de Nueva York.
— 1Í7 —
La ciudad do La TMala fiivo su origen en la necesidad en que se hallaron los
habitantes de la provincia de Buenos Aires do fundar una capital, habiéndose
convertido la ciudad de Buenos Aires en la capital de la nación. Por consi-
g-uiente, en 1882 se hizo la traza de una ciudad en la pampa lisa, cerca del
gran rio, que "parece un mar, 30 millas al sudeste de Buenos Aires, y esta pro-
jcctada ciudad fué bautizada con el nombre do La Plata. Hoy, que han pa-
sado siete años apenas, La Plata es una ciudad de 60.000 habitantes, y se cal-
cula el valor de sus fincas, inclusos los edificios lu'iblicos y el puerto, en doscienlos
miUones de peaos! Esta ciudad, que se ha levantado por encanto en el desierto,
no es una colección do casillas de madera, con veredas de tablas, y fangales
por calles, como son casi todas nuestras poblaciones de rápido crecimiento al
oeste del Mississipi. Por el contrario, consiste de calles anchas, largas y ma-
jestuosas, á cada uno de cuyos costados y sin interrupción, se encuentran lineas
de elegantes casas do negocio y habitaciones particulares; en su mayor parte con-
sisten estas de piedra tallada ó de estuco, con hermosas fachadas y cornisas ar-
tísticas. Muchas de estas calles están sombreadas por hileras de árboles al borde
de sus espaciosas veredas en suntuosas avenidas y bulevares.
Los edificios públicos están bien repartidos por toda la ciudad, y cada uno es
un verdadero palacio por sus grandes dimensiones y su pomposa arquitectura. Asi
.sucede que el viajero que llega de Buenos Aires, al salir de la elegante estación
del ferrocarril, se encuentra de una ciudad que, venga de Londres, París ó Nueva
York, le sorprende y le deleita por su magnificencia ar(juitectónica.
Por el costado oriental de la ciudad, al extremo de una de las principales
avenidas, existe un espléndido parcjue de más de mil acres (250 cuadras). Este
parque contiene espaciosas avenidas, largos caminos para rodados y hermosos
paseos entre sus bosques de eucaliptos, y sus jardines de arbustos y flores.
Aqui serán ubicadas diversas instituciones científicas, que fundará el gobierno
déla provincia (1). De estas ya existen dos, bien construidas y perfectamente dota-
das: el gran Observatorio astronómico y el Museo do La Plata. Este último es
un espléndido edificio de hermosa arqUitectiu'a griega. Su cuerpo central lo for-
man dos pisos elevados, con un pórtico sostenido por seis altas columnas corintias
y á él se llega por medio de una ancha escalinata de nuirmol. Desde este centro se
extienden dos alas de un solo piso, que forman hermosos edificios laterales, cada
u?io de los cuales termina en un hemiciclo cuyas graciosas curvas forman el tér-
mino de aquel lado. 135 metros e.s la lonjitud total del fronte del edificio, cuya
fachada es, á la vez, sencilla y de elegante ornanientacioii, ln que es muy notable
para quien busca en el estilo arquitectónico alguna indicación del objeto y de los
jiropósitos de un edificio. Encima de cada entrepaño del frontispicio, hay nichos
circulares, en cada uno do los cuales está artísticamente colocado el busto de ta-
maño natural, de algún célebi-e sabio ; aqui figuran Aristóteles, Lucretius, Lineo,
Lamark, Cuvier, Huniboldt, Darwin, Owen, Broca, Burmeister y otros. El área
superficial del musco es de 6U00 metros cuadrados, y su primer piso está dividido
en diecisiete extensos salones que se comunican por medio de espaciosos arcos.
Inmediatamente, al entrar, la visita se encuentra en una gran rotunda, que se
abre en elevada cúpula por medio de una galería sostenida por estriadas colum-
nas de hierro. La ornamentación de esta rotunda es sumamente artística. Entre
cada una de las muchas puertas que desde aqui conducen á las diversas partes del
edificio, están cubiertos los espacios de las paredes por grandes pinturas al fresco,
que representan escenas de los pasados periodos geológicos de la actual Reiiúljlica
(1) La Facultad tic Agrouuiiiia y Wfrriiiaria df la Pioviufia il(^ riiriiiis Aires, y la K^íciirla de
Artos y Olieius de la iiii^iiia, levantan eu este momento grandes construeeiones inmediatas al Museo.
— lis —
Argentina. En estas pinturas se lialla el hombro iirimitivo, el argentino pre-
liistórico, en presencia de los animales del periodo cuaternario, formando cuadros
realistas que suelen parecer audaces en su concepción, pero que no son, en re-
alidad, sino una exposición de los hechos adquiridos por la ciencia. Oti'as de estas
pinturas representan escenas características de la geología y la geografía física ar-
gentinas, de naturaleza gráfica, y perfectamente calculadas para entusiasmar á la
visita é inspirarle interés en las colecciones que debe estudiar. Estas son de Mi-
neralogía, Geología, Osteología conii>arativa. Zoología, Paleontología y Arqueolo-
gía. Pero más que todo, este es e.strictamcnte un Museo Argentino: y es este
distintivo característico lo que hace que esta colección tenga especial interés para
el extranjero que visita el pais, como que también constituye su principal impor-
tancia para este pueblo. Todo cuanto contiene el museo, con pocas excepciones,
pertenece á la gran República Argentina, cuya historia natural, desde los tiempos
más remotos hasta el dia de hoy expresa é ilustra. Es de sentirse que en nuestro
museo nacional de Washington, no se haya adoptado este plan, que nos habria
dado un museo verdadero y distintivamente nacional. En la dispcsicion de los sa-
lones, como en la clasificación de las diversas colecciones, el señor don Francisco
P. Moreno, fundador y director del museo, ha adoptado la teoria de la evolución,
como la que mejor ilustra el desarrollo gradual de las faunas que han vivido en
la extremidad sud del continente americano. Por este método j)ucde empezar el
c]ue visite el museo con el estudio de las formas de vida que pertenecían á las jiri-
meras épocas geológicas, y, pasando de fauna en fauna, llega hasta la época ac-
tual.
El departamento paleontológico del museo de La Plata, constituye su principal
gloria. A mi me causó este departamento inmensa sorj)resa, — fué toda una re-
velación, — tan poco preparado me hallaba para encontrarme en esta parte del
mundo con colecciones semejantes. Aqui hallé ocho anchos salones, do una lon-
gitud total de 155 metros, completamente llenos de series de fósiles que ilustran
las sucesivas formas de vida en las épocas geológicas pasadas, empezando con los
Mohiseos y Triiohilas de la formación siluriana, y siguiendo por cada [¡eriodo su-
cesivo ha.sta los grandes mamíferos de los periodos terciarios y cuaternarios.
A(]ui se exhiben á los que estudian la ciencia y que cjuisieran ser los biógra-
fos del mundo, millares de formas extintas, y con esta procesión de la vida ani-
mal al través de los siglos, ipiedan llenados muchos de los claros de la ciencia.
Bien puede afirmarse que, con el Museo de La Plata, ha contribuido América del Sud
con un valioso contingente á la hi.storia geológica del hemisferio austral, demostrando
una riqueza infinitamente superior á la de las contribuciones de Australia y África
del Sud.
Es verdaderamente asombrosa esta riqueza del musco en la maravillosa fauna
de las vastas j)ampas. Conociendo pc:-fectamento todos los grandes muscos del
mundo, jamás se me ocurriera que podria presentárseme aún tantas formas ente-
ramente nuevas. Tarea asaz dificil, y completamente fuera de los limites posibles
de un articulo destinado á un periódico, seria el tratar de hacer una descripción'
por ligera que esta fuese, de todas estas formas generalmente desconocidas.
Voy á recorrer rápidamente los fósiles, por grupos, en el orden en que so hallan
colocados en el museo. El primer salón está destinado á las formas fósiles más anti-
guas, Trilohitas y otras, de Tierra del Fuego, Patagonia y las formaciones pri-
marias de Mendoza y San Juan, y también conchas jurásicas de los Andes, con crus-
táceos y plantas de las formaciones ligníticas. Aqui, también se encuentran los
restos de gigantescos Dinosaurios, de las estratificaciones cretáceas de Patagonia,
con las palmas y araurarias de que se alimentaban esos monstruos.
El segundo salón está dedicada á la fauna terciaria austral, y á la que descubrió
— lío —
Davwin en aquel célebre paraje de Monte Hermoso, en la parte noreste de Patagonia.
Ademas de los restos de peces, tortug:as enormes y pájaros, este salón contiene
proxjínamente doscientas especies diferentes de mamíferos fósiles.
El tercer salón, con su superficie de 500 metros cuadrados, está lleno de Eden-
tados fósiles. Hay ya armadas unas veinte carapaces de diferentes Gh/ptoilontes,
cuatro Mylodontes, un Lestodonte y un Scelidotlicrium, además de centenares de
cráneos y miembros completos, y millares de huesos sueltos de estos extraños
Edentados.
Por primor vez en mi vida he podido estudiar la familia á la que en los Es-
tados Unidos damos el nombre común de Gh/ptodonte, y he podido ver sus di-
versos géneros: — Praopus, Toliipeutcx, fíophphoriix, Pauochtiis, Dirdicin-tis y
Eiitaliís, todos éstos, además del Gh/ptodoiite tipico. Entre éstos se encuentran al-
gunas de las formas mas extraordinarias de todos los niamiferos extinctos. En
ninguna otra de las creaciones de la naturaleza, se lian visto colas tan estrambó-
ticas pegadas á cuerpos tan grotescos.
El cuarto salón está ocupado exclusivamente por los Mcgalharoidcs. Ya hay
armados tres esqueletos de Mcgathcrium , pertenecientes á dos especies dis-
tintas.
En el quinto salón se hallan los fósiles del To.codonte y de la Macrauchenia.
Dos espléndidos especímenes de cada uno de estos extraños monstruos de tipo ana-
tómico sintético, están armados; hallándose llenos los estantes de sus cráneos,
mandíbulas y otras porciones de sus esijucletos.
El sexto salón está destinado á los caballos, llamas y -ciervos fósiles, de espe-
cies extintas. En el séptimo salón hay abundancia de restos de Mastodontes y
Ballenas fósiles.
Y, por último, el octavo contieno una importantísima colección de los carnívo-
ros y roedores pampeanos. Uno de estos últimos es una especie de Hijdrocho:rus,
un carpincho fósil del tamaño de una vaca.
Mientras yo visitaba el museo, se armaban varios especímenes do los grandes
Edentados, y los laboratorios estaban llenos de materiales que esperan su turno
para que sean preparados y colocados en los galerías.
Por esta reseña, necesariamente ligera, sus lectores no tendrán sino una idea
muy pálida de los tesoros paleontológicos de este gran museo; y, sin duda, se
sorprenderá cuando declaro que, en ninguno de los museos públicos ó privados de
los Estados Unidos hoy, ni en museo alguno de las capitales de Europa en la úl-
tima ocasión cuando yo los visité, durante el año 1885, existen colecciones tan
numerosas de grandes fósiles armados, de ningún orden de mamíferos, como la
que hay aquí en el museo La Plata. Tan sorprendido estuve de cuanto vi en él,
que mi primer visita me parecía un ensueño en el ipie me habla entregado á sa-
borear las delicias de fantásticas visiones. Solo después de repetidas visitas pude
convencerme de que todo aquello era, en efecto, una realidad.
Después de los salones ya enumerados, ocupados por la Paleontología, siguen
otros tres, destinados á la Zoología, moderna: — uno con Mamíferos y Pájaros
montados, otro con Reptiles y Peces, y el tercero con Crustáceos y Moluscos. En
el primero de estos .salones, ocupan una posición central algunos grupos perfecta-
mente ejecutados de los animales de gran bulto del país ; y en vidrieras, á lo largo
de las paredes, está dispuesta en gran proftision la rica fauna aérea. Entre los
Mamíferos, abundan especialmente los curiosos Roedores y Edentados que son tan
notables en esta parte del continente americano. Del último orden hay nada me-
nos que siete distintas especies de Armadillo, desde el pequeño Pichicierjo (Clda-
mydophorus truncatus) de cinco pulgadas de largo, hasta el gigantesco Priono-
dontc que mide casi un metro. El Piclncieyo con el gran fósil Ghjplodonle, de
— 150 —
lo jiiüs fio largo, nos presentan los dos extremos fie la vida carapaceada de los
Edcnladús.
En estos salones inspira gran interés el estudio de la repartición a(jul, en el
hemisferio austral, de los tipos, ó mas correctamente, do los grandes rasgos ca-
racleristicos de la fauna existente en iguales grados de latitud á ambos lados del
ecuador. Esto es m\iy notable en los pájaros. Los géneros que tenemos en los
Estados Unidos y en Canadá, tienen aquí sus congéneres, ó tipos muy semejantes.
En algunos pocos casos, la especie es idéntica en ambos hemisferios. La Pinna
(Fclls c(mcolor), por ejemplo, que está tan diseminada por todo el continente norte-
americano, abunda igualmente aquí, extendiéndose hacia al sud, por toda Pata-
gonia, hasta el Estrecho de Magallanes.
A juzgar por los especímenes en el salón de Invertebrados, la vida marina do
esta costa del Atlántico del Sud, á la voz que repite muchos de los géneros del
hemisferio del norte, lleva cada especie hasta algunos grados más distante del
ecuador; la observación de este hecho me causó mucha sorpresa y me inspiró gran
interés. Citaré como ejemplos, los géneros Oliva y Yoluta, que en nuestro he-
misferio no so encuentran más al norte que los 30 grados de latitud, mientras que
aqui son muy comunes en Bahia Blanca, á los 39 grados de latitud sud; siendo
asi que la Yohiln es muy abundante en el Estrecho de Magallanes, á los 53 gra-
dos de latitud. Mucha ha sido mi satisfacción al hallar cpie esta generalización,
que ya había hecho yo en África al comparar las formas de vida correspondientes
á las extremidades norte y sud del hemisfario oriental, resultase comprobada tam-
bién en el hemisferio occidental. El distintivo característico del museo de La
Plata, con sus colecciones especiales, ofrece grandes facilidades para estos estu-
dios de la distribución comparativa.
Los dos últimos salones se destinan á la Osteología comparativa; contienen
esqueletos armados y cráneos sueltos de gran número de animales terrestres y ma-
rinos. Estos están dispuestos en vidrieras colocadas en el centro del salón, y á lo
largo de las paredes; están muy bien armados y rotulados con sumo esmero. Aípi'
puedo estudiarse las diversas especies de focas y leones marinos, como también
los cetáceos, de los que las costas patagónicas han dado á la ciencia tantas for-
mas. Entre éstos hay varias grandes ballenas, algunas de 23 metros de largo; uno
de estos cetáceos es un Hijperoodonle, un espécimen excelente, y completo en
todas sus partes. Pertenece á una especie nueva, cjue Moreno ha llamado, por
Burnieister, el Btjpcroodon Bunneisteri. También hay en este dopartanionto es-
queletos de Oren Maiialhjnicfi , Epiodon atistrale, y de la rara é interesante Pon-
toporia.
Además de las secciones mencionadas, el museo contiene un departamento dos-
tinado á la Antropología y la Anjueologia argentinas. Esta sección so compone
de cinco grandes salones, con una superficie total de próximamente mil cpiinientos
metros cuadrados. El liombro argentino, moderno y prehistórico, esta aquí repre-
sentado por nada menos que ochenta esqueletos armados, y mil cráneos. Los
implementos do piedra, hachas, mazas, lanzas, flechas, saetas, bolas, etc., alcan-
zan á cien mil, próximamente. Sus detalles llenarían wn grueso volumen y me es
absolutamente imposible tratar de enumerarlos.
Solo pueden compararse con las grandes colecciones de nuestro museo Pea-
body en Cambridge, las del museo Saint Germain, cerca de Paris, y las de Lon-
dres y Copenhague. En este departemento, como en el de Paleontolongia, el va-
lor de las colecciones está immensamemento accrocontado por la profusión de
especímenes individuales. El inmortal Agassiz, al fundar su museo Cambrige de
Zoología comparativa, tomó por principio fundamental, que incesantemente repetía,
este lema; No existen dnjilicados en la naturaleza. A muchos do nosotros, sus
— ir.i —
aUimnos, nos parecía exag'erarlo semejante aserto. Mas, el tiempo se ha encar-
gado (le justificar sus opiniones. Cada fragmento de fósil, cada hueso aislado,
bien estudiados, algo nuevo nos enseñan ; algún hecho, alguna verdad, algún de-
.sarroUo que le es absolutamente propio, resultado, siempre del minucioso examen
de cada parte separada.
A este respecto, es incalculable el valor científico del museo de la Plata. Son
tan abundantes sus materiales, que el que estudia la naturaleza y desea conocer
ó describir alguna forma especial de la vida ya extinta, la Iiallará aquí con los
más completos detalles ilustrativos. Los catálogos de estas colecciones, de por si,
formarían enciclopedias de la ciencia; y si fueren ilustrados por dibujos ó foto-
grafías de las formas principales, prestarían servicios incalculables á los estudiantes
argentinos que, á causa de las distancias, no pueden conocer personalmente las
colecciones que en gran parte, especialmente las ipie pertenecen á las secciones
paleontológica, antropológica y arqueológica, han sido donadas al museo por su
fundador y Director, pues fueron el fruto de viajes emprendidos por él á sus pro-
dias espensas con este objeto en vista. Su valiosa Biblioteca ciontifica, de miles ilo
volúmenes fué también donada por él á este establecimiento.
Y nuiy especialmente aprovecharían estos catálogos, asi ilustrados, á los pa-
leontólogos y arqueólogos europeos (1). ¡Cuan poco conocen estos señores, cuyos
viajes se limitan á los paises de Europa, las inagotables fuentes de información,
en su ciencia predilecta, que aqui les espera, y que están llamadas, algún dia, á
asombrarlos! Mientras tanto, van en constante aumento estas colecciones. No
pasa un mes sin que salga alguna expedición de exploración, ó que no regrese
alguna con sus docenas de cajas de fósiles ú otros especímenes....
Estos museos, que he descrito tan someramente, junto con otros que existen
en las ciudades mas pequeñas de la República, y un importantísimo jardín zooló-
gico que se ha formado en el hermoso Parque de Palermo, á una hora de
distancia de la capital, son nobles monumentos levantados á la cultura científica
é ilustración del país. Permanecerán como centros de estudios para lo que se de-
dican á la investigación de los pasados y actuales cambios físicos, y del desarollo
y distribución de la vida animal en esta República.
Henry a. Ward.
(1) Actualmente se hacen estos catal(5gos con las ilustraciones que requieren y para su impresión
hay instalados en el museo talleres completos de imprenta y tle distintas formas de reproducción. En
ellos imprímese esta JRevista y los Aiuíks del Museo.
PROYECTO
ESPOSICION RETROSPECTIVA ARGENTINA
MOTIVO DEL CUARTO CENTENARIO DEL DESCUBRIMIENTO DE AMERICA
La Piala, Mayo 2ü de ISSO.
Señor Ingeniero Don Francisco Seguí, Ministro de Gobierno de la
Provincia de Buenos Aires.
Querido Amigo,
Me preguntaste en qué trabajo y aprovecho la fiesta de la patria, uno de los
raros descansos que tienen los empleados del Museo, para decírtelo por escrito,
ampliando de este modo nuestra ultima conversación.
No son muchos los que han tenido paciencia para escuchar el vasto plan que
forma mi programa desde hace muchos años; y no son pocos los que han dudado
del éxito ante ia amplitud de los horizontes que abarca. Soy soñador y como
tengo voluntad, me empeño en realizar lo que sueño, " he delirado grandezas »
pero he realizado el Museo de la Plata, á costa de cuantos sinsabores, tu lo sa-
sábes ; creación que encierra la primera parte del programa y de la cual estoy sa-
tisfecho. La segunda que consiste en engrandecer el establecimiento hasta conse-
guir que sea el primero en su género, deseo lógico de todo padre, y darlo á co-
nocer, compensando los sacrificios hechos por la Provincia para su fundación y
progreso, es materia de mi trabajo actual, que espero llevar adelante con la misma
voluntad que á su servicio he puesto hasta el dia, para corresponder al honor que
el Gobierno me hizo al confiarme este trabajo. Quiero (¿ue no se me culpe de
haber prometido más de lo que puedo dar.
Tenemos ya establecido un museo, ahora es necesario (jue este sirva á la Pro-
vincia que lo ha creado y que la sirva, no de un modo pequeño, egoísta, sino
que contribuya en la mayor esfera posible al progreso intelectual de sus habi-
tantes. Tengo sumo interés en que, como siempre te lo he repetido, los hombres
de ciencia estudien nuestras colecciones, y hagan público el resultado de sus in-
vestigaciones, y abrigo la esperanza de que no ha de transcurrir mucho tiempo
sin que, ayudados por esos hombres divulguemos datos preciosos para el adelanto
de las ciencias. Pero no basta esto : deseo algo más. Desde hace diez años vengo
pensando en una Exposición retrospectiva Aryentina y creo llegado el momento
de llevarla á cabo. De aquí á tres años solemniza toda la América el cuarto
centenario del desembaniue de Colon, y nosotros los platenses celebraremos tam-
bién, el décimo aniversario de la fundación de esta ciudad que hemos visto nacer
y crecer.
— 153 —
Se habla de organizar para esa focha una exposición internacional en Buenos
Aires, en cuya sección nacional mostremos los ai-g-entinos las múltiples fuentes
de riqueza que disponemos, ante los cuales podrán considerar los extraños el pode-
rlo de nuestra patria.
La Plata, la última capital fundada, pudiera ser el asiento de la Exposición
retrospectiva, en la cual recorreríamos con los ojos y el cerebro la larg-a serie de
hechos físicos y sociales que han concurrido á la elaboración de lo que en esa fe-
cha será nuestro pais. Santiago de Chile celebró en 1873 la Exposición del Co-
loniaje en la cual desfiló todo el antiguo Chile, desde los tiempos de Valdivia has-
ta la administración Bulnes, reuniendo á este fin todos los libros y manuscritos,
objetos de arte y trofeos de armas, trajes y útiles de uso doméstico etc. con cu-
ya antitesis se engrandeció la República trasandina en los tiempos en que se rea-
lizó la Exposición.
La Exposición retrospectiva de la Plata seria mas vasta; tendría un interés mas
general, pues reuniríamos en ella la historia completa de nuestro suelo á partir de
las épocas mas remotas. No solo reharíamos nuestra historia en su acepción
mas amplia, sino que también contribuiríamos al conocimiento de la historia de la
Tierra en uno de cuyos pedazos mas favorecidos hemos formado patria. Desde hoy
podemos contar con numerosos materiales para este fin. Con los objetos acumu-
lados en los museos de la República, reconstruiríamos los tiempos anteriores á la
conquista española, y muchos coleccionistas distinguidos conservan verdaderos te-
soros que ilustrarán las edades siguientes. Con estos elementos por base, no veo gran-
des dificultades para convertir en hecho e.ste pensamiento que tu has aceptado con sa-
tisfacción. Llevándolo á cabo, la ciudad mas antigua (recuerdo la Buenos Aires de
Pedro de Mendoza) y la mas moderna de la República, conmemorando hechos es-
tremos de la historia humana sud americana de cuatro siglos, nos mostrarían : la
primera, el presente y grandioso porvenir, y la segunda el lento y prodijioso pa-
sado; una los elementos con que contamos para seguir adelante, y otra los que han
desaparecido después de actuar en la larga lucha por la existencia desde lo ig-
norado hasta el dia, para hacer que seamos lo que somos. El museo de la Plata
será la base de tal Exposición. Su rápido progreso exijirá antes de mucho tiempo
un gran ensanche del local actual y lo aprovecharíamos para. esa Exposición si
exigencias de otro orden no designan lugar mas conveniente.
¡Qué lapso de tiempo enorme podrá recorrer la imaginación si es que reali-
zamos tal Exposición retrospectiva ! La noción de años, siglos, miles de
estos, seria vaga, pequeña, ante la magnitud del pasado. Miraremos mentalmente
lo que ha sido á través de las edades el territorio argentino de hoy. Veremos
como intervienen en su construcción las acciones dinámicas internas y externas,
y como se ha desarrollado, á través de las vicisitudes de la costra terrestre, la
magestuosa evolución biomórfica propia de estas latitudes australes, cuyo último
resultado somos quizás los hombres. Representaremos el espectáculo de los in-
mensos paisajes tantas veces alterados y retocados por las mismas fuerzas que
los crearon, desde que la vida latente no había tomado formas tangibles, hasta
hoy, en que los trasatlánticos cruzan nuestros grandes ríos y la locomotora
atraviesa la base del jigantesco Aconcagua, que fué en otros tiempos profundo le-
cho de mar. Resucitaremos con el pensamiento, ayudado con sus vestigios, los
organismos que actuaron en esas escenas perdidas, que desenterraremos de sus
tumbas, y desfilarán ante nosotros los seres que progresan y se ti'ansforman, y las
Horas y las faunas de otras épocas aparecerán en sus colosales proporciones au-
mentando en número y variedad. Asistiremos á la aparición y desaparición de
los menos favorecidos en la lucha desigual que se llama progreso, y asi de etapa
en etapa biológica, nos encontraremos frente á nuestro semejante. No nos será
— V,í —
difícil hallar en nuestro territorio los elementos para un cuadro de la primera
sociedad liumana en este suelo en la época de la piedra, que en este momento tengo
delante encarnada en un indio fueguino ijue talla puntas de flecha ala manera del
hombre llamado fósil, sirviéndose de los mismos instrumentos que este. Ascen-
diendo en la evolución social, reconstruiriamos la vida física y moral de los pue-
blos civilizados cuyas ruinas históricas están esparcidas por todo el territorio ar-
gentino. Presenciaríamos las guerras de esos pueblos con los vecinos que domi-
naron, y cruzarán luego por delante do nosotros, vencidos en sus penosas emigra-
ciones hasta sucumbir en las soledades australes. Nos asombraremos ante las
pruebas evidentes de las relaciones internacionales que existieron entre estas y
otras naciones geográficamente muy distantes, que también perecieron victimas de
la implacable ley indicada, y nos acercaremos asi al descubrimiento de América por
Colon. La tarea entonces será mas fácil, pues á los huesos, las armas de piedra
y metal, los trabajos de tierra cocida y la tradición oral, agregaremos la pala-
bra escrita, y ayudados por añejas crónicas, reharemos la epopeya de la con-
quista austral, iniciándola con la reconstrucción de la primera Buenos Aires para
la cual no faltan documentos. Veremos el duro y lento ascender de los pueblos
al amparo de la espada y de la cruz, hasta que adultos, con fuerzas propias, se des-
ligan de la lejana metrópoli. Asistiremos á la lucha por la libertad y festejare-
mos su triunfo, pero lamentaremos los tiempos difíciles porque atraviesan esos
pueblos, que caen y se levantan hasta que se declara la cuidad de Buenos Aires
cabeza de la nación y se funda La Plata estableciéndose asi, sobre sólidas bases,
la nacionalidad argentina.
Este rápido bosquejo te mostrará la magnitud de la obra cuya idea te someto.
Para realizarla seiúa necesario que nos ocupásemos en ella algunos hombres tra-
bajadores y de buena voluntad, los que no faltan felizmente en la República. Quizá
fuera también conveniente estender la esposicion á todo el continente austral, pero
esto será materia de discusión una vez que tengamos resuelto lo bosquejado.
Tu conoces bien el museo y sabes que hay en él una buena base ; además
tengo excelentes noticias de las comisiones exploradoras que he enviado á dife-
rentes puntos de la República, las que en breve aumentarán nuestras colecciones
con otras valiosísimas : las unas con los restos de faunas pérdidas, las otras con
los vestigios de sociedades que actuaron al norte del territorio. Hoy mismo he
recibido cartas que me anuncian descubrimientos de importancia excepcional.
He iniciado también la impresión de los « Materiales para la historia física y
moral del Continente Sud-Americano desde los tiempos mas remotos», en la cual
publicaré no solo lo que contenga el Museo, sino todo documento, sea original ó
reproducción de inéditos ó raros, para lo cual cuento con los recursos del arte
moderno que he reunido ya en este establecimiento. Estos materiales pueden ser-
virnos mucho.
Busco hoy quien quiera encargarse de un <i Buenos Aires retrospectivo». Andan
desparramados interesantísimos documentos que poco conoce la generalidad, y
con ellos se podria restaurar la vida de la que es hoy Capital de la República,
desde el momento en que la fundó Pedro de Mendoza, hasta 1880, es decir tres
siglos de existencia continua. La sociedad porteña que en parte se vislumbra en
los libros del antiguo Cabildo; la época del vireynato ; las invasiones inglesas; la
era de la independencia; los hermosos dias de Rivadavia, los oscuros déla tira-
nía y el renacimiento de 1852, se prestarían, entre otros muchos, á temas ó cua-
dros vigorosos que ilustraríamos con reproducciones fieles de escenas, aconteci-
mientos y retratos contemporáneos para lo cual el museo dispone de elementos.
Convendría intentar reconstrucciones semejantes para las demás ciudades argen-
tinas, y para esto hay tiempo en los tres años que aún faltan para la época fijada.
Córdoba seria la primera de ellas; li.iy alli edificios del tiempo de la colonia
cuya i'opi'oduccinn debe hacerse cuanto antes y ((no ya en parto lie lieclio perso-
nalmente. Allí he visto verdaderas obras de arto en el ramo de corrajeria; por
ejemplo los balcones de una antigua casa cuyo frente dá á la plaza Mayor y los
cuales fueron indudablemente forjados en esa ciudad.
La población de la República crece en proporciones desconocidas en nin-
gún otro pais; la riqueza pública aumenta y el empleo que de ella hace la
colectividad, permite asegurar que en 1892 seremos la primera nación de Sud Ame-
rica, y creo que los que llevemos á feliz término en Buenos Aires y La Plata las
respectivas esposiciones. podríamos invitar, con perfecta tranquilidad del buen éxito,
á los hombres de estudi(i de todas las ramas del saber, á que se asocien á
nuestro regocijo.
Fácil nos seria, con poco gasto, el conducir á esos hombres (cuya Índole de
trabajo no les permite distraer recursos para emprender viajes lejanos) desde de-
terminados puertos europeos y americanos hasta el de La Plata y hacer que reu-
nidos en consejo de ciencia investiguen lo que encierran los documentos retros-
pectivos acumulados y que seguramente no se encontrarán en los muscos estran-
geros. Contribuiriamos asi al mayor progreso de la ciencia. Les haremos conocer
nuestra ciudad que contará entonces con cien mil habitantes y cuya creación y
desarrollo será la prueba mas elocuente de que las razas llamadas latinas tienen
las mismas facultades de desenvolvimiento c|ue las anglo sajonas, en este suelo
americano en donde el levantar ciudades en un dia no es ya privilegio esclusivo
de las últimas.
Buenos Aires se les presentará como encarnación de la riqueza colosal de estas
rejiones, rivalizando entonces con las mejores ciudades norte-americanas, y des-
prendiendo caravanas en todas direcciones, les haremos visitar todo nuestro pais,
conduciendo á cada uno al sitio cjue más interés le despierte con arreglo á la
clase de investigaciones á' que se dedique, y esto lo haremos desde Patagonia
hasta Bolivia, desde Entre-Rios hasta Chile, por agua y por tierra, en cómodos
vapores y rápidos ferrocarriles, porque en tres años mas habremos completado y
mejorado los elementos de transporte actuales.
Esos hombres estudiarán el pasado en la Exposición de La Plata, el presente
en la de Buenos Aires, y en los medios mismos en que se producen, encontrarán
los elementos con que contamos para llevar adelante nuestro progreso, sino tam-
bién los que las naciones lejanas pueden pedirnos en cambio de los suyos.
Creo que todo este plan, bien pensado y tratado con calma, darla grandes re-
sultados y nos engrandeceriamos á los ojos de propios y estraños. Me haz ayu-
dado en la medida de tus fuerzas desde cjue empezé mi obra del Museo ; tus
esfuerzos contribuyeron á li feliz realización de la exposición Continental de 1882
y he seguido de cerca tus trabajos, encaminados, en medio de tus labores adminis-
trativas, á que la provincia está bien representada este año en Paris, puedes pues
ayudarme con tus conocimientos y esperiencia, y si crees este proyecto realizable
dimelo y nos pondremos á la obra, seguros do que la faena será recompensada
por el recuerdo de que servimos á la patria.
Es tu afectísimo amigo,
Francisco P. Moreno.
— ir.n —
La Plata, 11 de Junio 1889.
Señor Don Francisco P. Moreno, Director del Museo de La Plata.
Querido Amigo,
Debo contestar tu carta fechada el dia de la patria, y lo hago complacido.
La demora atribuyela á la misma causa que honra á los trabajadores del museo.
Hay mucho ijue hacer y se trabaja sin la mira do la repercucion interesada, pero
con amor por el bien público.
Hago un paréntesis hoy, 11 de Junio, aniversario de la segunda y definitiva
fundación de Buenos Aires por Garay y del combate de los Pozos, frente á la
misma ciudad que ha llegado á ser la primera de Sud-América, por su tradiciones
de gloria, su grandeza y su civilización, — y releyendo tu carta á altas horas de
la noche, que son las que dejan libres las habituales tarcas de estas posiciones
públicas, para entregarse á la labor intelectual que en gran parte ha de apa-
recer al dia siguiente en la forma de actos de gobierno, — la contesto con ca-
riño porque veo que refleja el de un viejo amigo, ilustrado por el estudio, el tra-
bajo y 1 1 perseverancia.
Los que no te conozcan intimamente, se imaginarán los cuadros de la Exposición
retrospectiva como una sucesión caleidoscópica, trazados por tu imaginación enri-
quecida por la ciencia; para tus émulos, será un imposible, y para hacerlo mas pondrán
las piedras que les convenga en el camino de tu idea; para los sabios acumula-
dores de huesos, una decepción por que sale de su tarea especulativa, sin perjui-
cio del titulo, que en el campo que tu encuadres no entrarán sino los de buena
ley; para la muchedumbre, algo inconcebible, y su acción inerte puede constituir
una muralla china. Serán los del último título los mas, y su número dificultará
el paso ; tratarán de desnaturalizarte el proposito, los que siguen en el orden inver-
so de la exposición, y los de más adelante usarán el encarnizamiento de prác-
tica, mientras los primeros pueden llegar á ser aliados, aunque mas no sea que
por curiosidad.
Quedan los estudiosos de buen cuño y tus amigos. Han de estar contigo y
desde luego yo, el más humilde de estos últimos, te ofrezco abiertamente el con-
curso que me pides para llevar adelante el coronamiento de tu obra de estudioso,
de soñador y de patriota.
He releído tu carta; era necesaria. Conocía, como tú lo dices, tu programa;
pero el desarrollo que me presentas tiene todo el aliciente de un plan completo
para bien de la ciencia, por y para gloria de nuestro país. Me semeja una obra
de arte que vi esbozar y que el buril del artista ha concluido. Has llegado,
pues, á la nota más al alta, pero has llegado correlativamente por esfuerzos su-
cesivos que se han ido componiendo y cuyas resultantes están prontas para dar-
nos la resultante decisiva, que es tu aspiración. Me asocio sin mas trámite al
esfuerzo final, ya que tan buen recuerdo haces de mis sencillas manifestaciones
de aliento á los esfuerzos precedentes.
Acepto la fecha, el cuarto centenario del doscubi-imiento de América por la raza
latina, coincidente con la primer década de La Plata, el certificado para desmentir
á Draper, el norte-americano, y á otros Draper de Europa, sus apreciaciones de
estos su<l-americanos, á la vez que la exposición misma cei-tificará nuestro desar-
rollo intelectual.
Acepto, en toda su vasta amplitud, el programa. AUi, sin duda, pasaremos
— 157 —
revista á toda la documentación portentosa que nos ha dejado la naturaleza en la
enorme escala de las capas geológicas. Las masas Ibsilileras de la fauna y de
la flora formarán el punto de arranque, la cabeza de la columna, para llegar en
orden sucesivo hasta sus equiparos actuales, que encontraremos, unos deprimidos,
otros espandidos, todos trasformados en la ludia colosal á través de las transi-
ciones milenarias del planeta.
Conjuntamente irán el certificado del medio de la vida en esas épocas y sus
trasformaciones geográficas, meteorológicas, orográficas, etc., con las ilustraciones
que sus despojos mismos nos suministran.
Asi, de etapa en etapa, en el curso de las evoluciones biomórficas y biológi-
cas, como tú dices, nos encontraremos con el hombre, y para presentarlo, además
de los documentos inermes de las edades prehistóricas, ofreces desde luego el ele-
mento vivo, que representa una de las épocas más interesantes de los rudimentos
sociológicos de la humanidad.
Finalmente, la historia tendrá su lugar en el escalón correspondiente, y para
ello debes contar los elementos que tú sabes, como tampoco lo ignoran los que
estudian, donde se encuentran, para hacerlos concurrir al torneo de la vida pa-
sada, que tendrá también su última espresion en el torneo de la portentosa vida
presente, según parece á realizarse en la gran capital por la misma época.
Acepto el sitio: el Museo de La Plata — tu obra — que representa la reali-
zación en América de lo que todavía sueñan los sabios de Europa, como lo testi-
fica Albert Gaudry, del Instituto de Francia, al cerrar las páginas de su intere-
sante libro sobre los ascendientes de los animales de hoy.
Tienes, pues, mi voto afirmativo en tu propósito, y mi conctu'so, que si poco
vale, no tiene limite en su sinceridad. Busquemos los auxiliares de buena vo-
luntad y manos á la obra, y que los que no hayan creido, — los que hayan
puesto obstácTilos y los qua hayan rjuerido especular, se encuentren obligados
á exclamar como Lyell, al visitar en Francia los testimonios evidentes de la
existencia del hombre antes del diluvio cuaternario, que habia puesto en duda
desde la presidencia de la Sociedad geológica de Londres: Vini, vidi, vichis fui.
Soy tu affmo. amigo. Francisco Seguí.
Buohos Aires, Setiembre 2 de 1889.
A la honorable Cámara de Diputados de la Nación (i).
Honorable Sknor,
Varias leyes de la Nación han premiado exploraciones y campañas militares en
los territorios nacionales concediendo medallas y tierras públicas.
El que suscribe, ha realizado algunas de las primeras en las regiones au.strales,
llevado solo por el deseo de contribuir en la medida de sus fuerzas al mejor cono-
cimiento del suelo argentino, y es esta aspiración la que le hace hoy ocurrir ante
V. H. solicitando se le incluya en el número de los que han merecido tales pre-
mios, en mérito de los titules que expresa mas adelante.
(1) En la « Breve reseña de las adquisiciones y trabajos efectuados en esto Museo, durante el año
1889 n he hecho mención de la nota que he dirijido al H. Congi-eso de la Nación, reclamando la com-
pensación de trabajos efectuados en servicio de este, compensación que serviría para iniciar el fondo
del Museo; hé aquí esa nota.
— 158 —
He tledioadn mi vida al estudio de la historia física y moral de los ten-itoi-ios
que hoy í'onnan parte de la República, y lio emiileado en investigarlos ilos tercios de mi
existencia. Con los elementos que he reunido, ha podido fundarse el museo de la
Provincia do Buenos Aires, que dirijo, y para llevar adelante esta institución, he
emprendido la exploración, puedo decir metódica, de nuestro suelo, reuniendo los
vestigios cjue han dejado los tiempos geológicos y los materiales que las edades
presentes suministran para el estudio del medio en que evoluciona la Nación.
Empleo en esta tarca todas mi fuerzas, pero ella exige cada dia nuevos recursos,
y ansiando realizar á la brevedad posible mi pensamiento conocido ya, de cjue el
Museo de La Plata, á igual de las grandes instituciones análogas norte-america-
nas, que tanto contribuyen al engrandecimiento de la Nación que nos sirve de
ejemplo, tenga algún dia vida propia, he creido llegado el momento de iniciar la
creación de un fondo para atender las exploraciones que el museo practiqua, las
que aumentan de importancia y de costo á medida que se descubren nuevos cen-
tros de investigación, los que hay que aprovechar sin pérdida de tiempo en bene-
ficio de la cultura nacional. La base de ese fondo, como lo han sido mis colec-
ciones y biblioteca, la del museo, seria la compensación de los trabajos que he
llevado á cabo en tiempos rudos, sin haber recibido de la Nación ningún emolu-
mento, cuando los he emprendido por su orden, y es con ese objeto que la soli-
cito ahora de V. H., haciendo donación de ella, desde ya, al gobierno de la Pro-
vincia de Buenos Aires, para que la aplique en su oportunidad á formar el capital
del museo, en las condiciones que se determinarán.
Asi continuaré realizando mi programa, del que constituyo buena parte el ade-
lanto de la institución que inicié en mi niñez y en cuya benéfica influencia sobro
la colectividad argentina confio, una vez que con estos elementos y otros que es-
pero reunir, adquiera una organización semejante á la de los centros cientiflcos
cjue he mencionado.
Los titules que creo tener para la compensación solicitada son los siguientes :
En 1874, después de una excursión pi-eliminar efectuada en 1873 al rio Negro, formé
parte de la expedición del bucjue de guerra nacional Rosales, á la bahia del rio
Santa-Cruz, con el objeto de internarme, acompañado del Dr. D. Carlos Berg,
hacia los Andes, estudiar el magnifico rio que desagua alli, recorrer la falta de la
cordillera hasta las nacientes del rio Negro y llegar al Atlántico por ese rio. Los
escasísimos recursos de que dispuso esa expedición, impidieron que su jefe pudiera
entregarnos los elementos ofrecidos y debimos contentarnos con examinar la bahia y
los alrededores. En 1875, con la cooperación de la Sociedad Científica Argentina,
ayudada esta por el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, emprendí la ex-
ploración de la Patagón ia septentrional, buscando un paso á Chile en las inme-
diaciones del lago Nahuel-Huapi. Al mismo tiempo debia examinar bajo el punto
de vista físico, económico y etnológico, las regiones que cruzara.
Si el paso á Chile no me fué consentido por los indígenas andinos, pude, sin
embargo, ser el primer argentino que visitara las fuentes del rio Negro, exami-
nando todo el curso del gran rio hasta el lago citado. Además, mi presencia en
medio de aquellas tribus, agitadas entonces, mientras tenian lugar en la Provincia
de Buenos Aires las horrorosas invasiones cpie sigueron á la sublevación del ca-
cique Catriel, á fines de 1875, pudo limitar esas bárbaras depredaciones, consiguiendo
cjue el levantamiento indígena no se estendiera hasta las tribus donde me encontraba.
Mas aún, el conocimiento que tuve de los proyectos de las indiadas mas próximas
ala frontera, adquirido con grave riesgo de la vida, permitió, gracias á una rapidí-
sima y feliz marcha, anunciar en la frontera el avance de los indios y salvar asi
mas de una vida y buen número de haciendas, en la invasión que tuvo lugar pocos
días después, en Marzo de 1876, una de las mas terribles de que se tenga memoria.
— 150 —
A fines de ese año, honrado con una misión gratuita del ministerio de rela-
ciones exteriores, pero disponiendo de reducidísimos elementos, hice, acompañado
en parle por el hoy capitán D. Carlos Moyano, (premiado mas tarde por V. H. por
ese y otros trabajos con una estensa área de tierra), un reconocimiento del valle
del rio Cliubut, de Puerto Deseado y sobre todo del rio Santa Cruz, y los grandes
lagos andinos que lo surten, cuyo verdadero régimen fué entonces revelado. Los
resultados de esa exploración, continuada hasta Punta Arenas, son conocidos, y
creo no errar al decir que fueron mis datos los primeros, exactos, que se tu-
vieron sobre el extremo austral del territorio argentino, aclarando ellos puntos
oscuros, como ser la situación de la cordillera, que se indicaba hasta entonces
como situada al este de Punta Arenas, cuando por el contrario resultaba encon-
trarse mas de un grado al oeste.
En 1879 fui honrado por el ministerio del interior con la dirección, gratuita
igualmente, de la comisión exploradora de los territorios australes. Incidentes
desgraciados impidieron la realización total del plan adoptado, pero la exploración
del territorio del Chubut, llevada á cabo en compañia del ingeniero Francisco Bo-
vio, hasta las fuentes del rio Tecka frente á los Andes, reveló la existencia de
fértilísimos territorios que se consideraban hasta entonces como áridos desiertos
y pude indicar la fisonomía de la cordillera, desde el grado 43 hasta la margen
sur del lago Nahuel-Huapi, frente al punto ^ue habla alcanzado en 1876, siendo asi el
primero, que vistiendo el uniforme del ejército, llevara nuestros colores á tan lejanos
parajes. Víctima del cumplimiento estricto de mi deber, caí entonces en manos de
los indígenas sublevados, y mi corto cautiverio, seguido de una fuga feliz, me
permitió dar al Exmo. gobierno detalles minuciosos sobre esas regiones exploradas
y .sus habitantes, las que nunca habían sido recorridas por argentinos. El ejér-
cito nacional, durante su campaña de los Andes, llevada á cabo mas tarde, siguió
en algunos casos, mis itinerarios, y varios de mis subalternos recibieron de la Na-
ción los premios acordados a los que tomaron parte en esa campaña.
V. H. juzgará si estos antecedentes que menciono sin otro objeto que el indi-
cado, bastan para acceder á lo que solicito, para continuar sirviendo á mi país en
la forma (pie he adoptado y (jue he puesto en práctica durante mas de veinte años.
Dios guarde á V. H.
Fkancisco P. Moreno.
IMPRENTA Y TAI.LKRES DEL SIl'SEO DE LA PLATA
DETERMINACIÓN
Se las Repiies leí &lol)o loMe la Fauna es iusiificieiitemeiite coiiociJa
Dr. PABLO FISCHER
DETERMINACIÓN DE LAS REGIONES DEL (iLORl
DONDE L.\ FAUNA EÜ INSUFICIENTEMENTE («NOCIDA
INFORSIE PRESENTAPO AL CONGRESO INTERNACIONAL PE ZOOLOGÍA RETTNIDO
EN parís en AGOSTO DE 188ft
Por el D' PABLO FISCHER
El Comité de organización del Congreso Internacional de
Zoologia me ha encargado de presentar un informe sobre : La
detcrnimaeion de las regiones del globo donde Ja fauna es insuficien-
temente conocida y en las caíales podrían hacerse esploraciones, y so-
lire ki indicación de los métodos de averiguación, preparación g con-
servación de los aninudes.
Me encuentro en verdad, en presencia de dos tópicos bien
diferentes : el primero, depende de la zoologia general, el se-
gundo es de carácter puramente técnico.
Paréceme que lo segundo no podria ser resuelto sin la enu-
meración de una serie de fórmulas y procedimientos mas ó
menos empíricos, cuyo éxito depende en parte de la habilidad
de los naturaHstas que los emplean. Según esto, el Comité
debe dirijirse á aquellos especialistas que quieran exponer el
resultado de sus investigaciones. Desgraciadamente, los mé-
todos de preparación y conservación mas perfectos, se guardan
secretos por las personas ó por los establecimientos que ob-
tienen provecho con ellos. Por lo contrario, puede abordarse
mas libremente por los naturalistas, la primera cuestión, ya
sea en sus detalles, ó en su conjunto. Pero esta exijiria
para tratarla con autoridad, conocimientos mas estensos, no
sólo en zoologia general y sistemática, sino también en geo-
;rafia física, en geología y en paleontología. Las nociones que
he adquirido se han limitado á algunos grupos de animales,
Id que hai-á este trabajo algo incompleto, obligándome á no
apartarme de las generalidades y á insistir sobre los vacios de
la geografía zoológica, mucho mas (]ue sobi'e los resultados
F7
— k;;] —
l)i'illiin(o.s ohleiiidus desde lince medio siylo, por esta parte de
la ciencia.
Al principid, el estudio de la distribución geográfica de los
animales estaba limitado al examen comparativo de las faunas
de estensas y distintas rejiones geográficas. Es en este ca-
miní >, señalado por Buffon, que se ha continuado haciéndose
lie acuerdo con los trabajos de Swainson, Forbes, Dar\\¡n,
Woodward, Wallace, Agassiz, Sclater, Blyth, Alien, Mac An-
drew, etc.
Aunque el número y los límites de las grandes regiones
geoográficas naturales, terrestres ó marinas, varian un poco se-
gún los autores, puede decirse, sin embargo, que las líneas
principales del mapa están trazadas y que los descubrimientos
idteriores modificarán muy poco sus contornos. Pero debemos
señalar ciertos puntos cuyo examen merece toda la atención
de los naturalistas y de los viajeros.
Con el fin de ordenar la esposicion de estas cuestiones, las
estudiaremos sucesivamente en esta forma :
1" Faunas terrestres. (Faunas continentales. — Relación de
las faunas continentales actuales con las faunas cuaternarias
de las mismas regiones. — Estudios de las faunas de las grandes
zonas geográficas terrestres. — Examen de las faunas insulares
terrestres).
2'' Faunas fluviátiles. (Fauna de los lagos. — Faunas de las
aguas subterráneas).
3" Faunas salobres. (Faunas de los estuarios. — Faunas de
las aguas semi-saladas.
4" Faunas maiúnas. (Faunas de [¡oca prurundidad. — Pro-
blema de los istmos. — Faunas pelágicas. — Faunas marinas
de las grandes profundidades. — Disti-ibucion de los animales
en los mares de temperatura constante).
5" Disti-ibucion geográfica de los animales fósiles.
I. — FAUNAS TERRESTRES
Faunas continentales. — Las divisiones jirincipales de ios
continentes en regiones zoológicas terrestres, están fijadas sa-
tisfactoriamente, pero si echamos una mirada sobre una carta
geográfica, es fácil notar que deja algo que desear bajo el punto
de vista de la esploracion.
No liabhu'cmos de la I'^uropa por sei- ella bien conocida.
— 161 —
pero si del Asia, donde seria muy útil determinar, en todos
los puntos que se pudiera, el extremo límite de la dispersión
do las formas europeas cuya presencia es indudable en la Si-
beria y sobre la meseta del Tibet.
Entre las formas europeas señaladas en Asia, las unas se
refieren á la región germánica ó septentrional, las otras ú la
región lusitana ó circamediterranea. ¿Puede trazarse, en Asia,
un límite entre dos sub-regiones correspondientes, á saber, la
sub-region siberiana y la sub-region tártara de Sclater? ¿En
donde colocar el límite de la fauna china propiamente dicha y
de la fauna indo-china? ¿Es en el Tonkin, en el Yunnan ó en el
Laos? Por otra parte ¿Cuáles son las límites de las faunas
india, indo-china y china del lado del Tibet, hacia donde con-
verge también la fauna asiática central ó tártara?
La esploracion del Tibet tiene, por consiguiente, la mayor
importancia bajo el punto de vista de la demarcación de limi-
tes de las diversas regiones geográficas que lo circundan. La
de Turkestan, desde algunos años, da resultados dignos de la
mayor atención.
La distribución de ciertos tipos zoológicos en Asia, solicita
también toda la atención de los viajeros. ¿Cuáles son los li-
mites, al N., de los Monos, de los que una especie (Semno-
pithecus Boxellana) llega hasta Mongolia? ¿Cuáles son las esta-
ciones extremas del Tigre al N. y al O.? ¿Qué área ocupa el
León de Asia? ¿Puede trazarse la carta exacta de la distribu-
ción de los Faisanes? ¿Hasta que grado de latitud N. se han
encontrado Cocodrilos?
Podemos considerar algunas partes de Asia como desco-
nocidas : tales son la Corea, el Laos, la gran isla de Hainan,
donde parece que habitan grandes mamíferos.
El conocimiento de Arabia es también incompleto ; sin
embargo, suscita una grave cuestión de geográfia zoológica.
¿Existe, en efecto, una región natural que comprenda los esta-
dos ribereños del mar Rojo (Ejipto, Abisinia, Arabia), ó bien,
la Arabia tiene una fauna particular muy distinta de la del li-
toral africano que le es opuesto?
Bajo el punto de vista de la geográfia zoológica, el África
será, aún durante mucho tiempo, la región terrestre mas difícil
de descifrar. Entre los problemas cuya solución se impone,
sin tardanza, puede citarse el trazado al S. de los Estados ber-
beriscos, de la línea divisoria de la fauna circamediterranea
por una parte, y de la fauna africana central por otra. La
esploracion prolija del Sudan es pues necesaria y no ]>uede
— 165 —
dejar de (laníos lus mas preciosos dalos. Es posible que esta lí-
nea divisoria describa curvas inesperadas y que se modifique
notablemente al acercarse al valle del Nilo.
Hé aquí otra cuestión: la fauna del N. de África ha cam-
biado considerablemente desde tiempos no muy lejanos. Sin
i'ecurrir á la paleontología de la época cuaternaria, sabemos
que en los tiempos históricos, el Elefante de África y otros
grandes animales africanos se acercaban al litoral mediterrá-
neo. ¿No podrían fijarse sus etapas?
La región africana occidental ó región de la Guinea parece
tener suficientes caracteres para distinguirse de la región central
africana: pero sus límites al Norte, al Sur y sobre todo al
Este, son completamente arbitrarios. Quizá se encuentre con-
finada en una banda estrecha del litoral, al Oeste de la región
africana central, pero en todos los casos difiere radicalmente
de la fauna litoral, correspondiente al Este de África (Mozam-
bique).
Las mismas observaciones pueden hacerse respecto de la
región austral africana, que parece limitada á las tierras veci-
nas del litoral y que es, en cierto modo, una estension de la
gran región central africana trasportada á aquel sitio.
Admitiendo esta hipótesis, la región central africana tendría
una estension absolutamente insólita. Pero este hecho, único
en la distribución geográfica de los animales terrestres, está
probablemente relacionado con la constitución orográfica del
continente africano elevado desde el período paleozoico, sin
que haya sido cubierto de nuevo por los aguas del mar. Esta'
estabilidad en su forma principal explica la ausencia de in-
tromisión de los elementos zoológicos estranjeros y la unifor-
midad de la fauna terrestre del Norte al Sud y del Este al
Oeste.
La fauna de la América del Norte es ya conocida en casi
todos sus detalles: los naturalistas americanos dirijen desde
hace veinte años sus esfuerzos hacia los Estados del Oeste,
conquistados hoy para la civilización.
Debemos apuntar, entre los motivos de estudio, el del me-
canismo de la difusión en el Norte de América, de los tipos
europeos, representados allí, sea por especies idénticas, sea
por formas estrechamente ligadas entre sí y teniendo por con-
siguiente, un origen común en los tiempos geológicos ante-
riores.
Es indudable que una fauna terrestre circumpolar uniforme,
existe al Norte de Europa, de Asia y de América. Pero, ¿Cuál
— inr, —
liu sido el centro de difusión de esta launn? ¿Qué camino lian
seguido las especies en su emigi'acion? ¿Suponiendo que el
centro haya sido al Norte de Asia? ¿Han seguido esos animales
la ruta de las islas Aleutianas en la época en que este archi-
piélago, vestijio de un istmo, no estaba constituido aún"? Si el
centro está al Norte de la Euro])a? ¿Han pasado esos aniniides
por el Spitzberg, el Norte de Islandia, Groenlandia, unidos por
un continente desaparecido completamente hoy dia? Lo igno-
ramos; aunque la primera hipótesis es preferible.
La paleontología de la época cuaternaria nos ayudará á i-e-
hacer la historia de esas grandes emigraciones zoológicas. Li-
mitémonos por aliora á inducir á los naturalistas á confeccio-
nar, para todas las especies, comunes á Europa, Asia y Norte
América, una lista exacta de las localidades donde se les en-
cuentren, acompañada de los mapas de su repartición, si fuese
necesario.
El estudio de la fauna terrestre de la América del Sud,
aunque menos adelantado que el de la América del Norte, está
ya casi suficientemente fijado. La esploracion mas completa
del interior del Brasil es, sin embargo, uno de los desiderata
de la ciencia. Lo mismo sucede con la parte sud de ese con-
tinente.
La comparación de la fauna terrestre del Sud de la Amé-
rica con las de otras tierras australes, con el fin de averiguar
los caracteres generales de una gran fauna antartica, es muy
digna de recomendarse á los naturalistas. A pesar de haberse
ya tratado con autoridad esta materia, no creemos que se hüXü
dicho sobre ella la última palabra.
Poco hay que decir sobre la Oceanía; sólo (|ue (jueda por
estudiarse una gran parte del continente australiano. La pre-
sencia de animales terrestres de tipo australiano en la Nueva
Guinea y las islas Molucas es digna de atención, y seria útil
levantar los mapas de distribución de esas formas separadas
de su centro de difusión. La esploracion completa de la Nueva
Guinea y particularmente de sus regiones montañosas deberá
dar excelentes resultados en este sentido.
El interior de las otras grandes islas de la Oceanía, espe-
cialmente las de Borneo y Sumatra, es todavía casi descono-
cido de los zoólogos.
Relación de las faunas continentales actuales con las faunas
cuaternarias de las mismas regiones. — La paleontología de
las capas cuaternarias y de las cavernas, demuestra que, en
— IGT —
esa época, la distribución de los animales que se han perpe-
luado hasta nuestros dias, era nuiy diferente. Dedúcese de esto
que el estudio de la faunas cuaternarias es indispensable para
comprender la historia de los tipos actuales, y que este estu-
dio la completa admirablemente. He aquí la lista de algunos
animales actuales que vivian en Francia, en Bélgica, en Ingla-
terra y en Alemania durante el período cuaternario y que ya
no existen allí :
Francia. Ovihos moschatus, Biso, europaus, Cerviis tarandus, C. í] -P/
canadensis, Antílope Sa'iya, Ursus ferox, Guio liis-
cus, etc.
Béi.c.ica. Antílope rupicapra, A. Saiga, Ovibos moschatus, Ca-
nís lagopus, Guio luscus, Cervus tarandus, Arctomijs
marmotta, Myodes lemmus, Hystrí.v cristata, Lejms
variabilis, etc.
In(;i,atp:rra. Ovibos moschatus, Cervus tara/mlus, C. alces. Guio lus-
cus, Castor fibcr, Mi/odes lei»iir/is, etc.
Alkmania. Oribos moschatus, Canis lagopus, Myodes lemmus, M.
forquatus, Arctouiys pusilla, Alacfaga jaculus, Sper-
mojjhilus altaicus, Lepus variabilis, etc.
Por consiguiente, en estos cuatro países, existia una mezcla
de especies, de las cuales, unas han emigrado hacia las regio-
nes árticas donde se han acuartelado hoy dia en el antiguo
como en el nuevo continente {Ovibos moschatus, Myodes lemmus,
Canis lagopus, Cervus tarandus), y otras se han esparcido por las
inmensas llanuras del Asia (Antílope Satga, Alactaga jaculus, La-
yomys pusíllus), de los que algunas viven actualmente en los
Pireneos y los Alpes {Antílope rupicapra, Arcfomys marmotta),
y de las que una solo se encuentra aliora en el medio dia de
Italia y al Norte de África {Histrix cristata).
Además, esos mismos yacimientos han proporcionado frag-
mentos óseos de animales que pertenecen hoy á la fauna afri-
cana, pero con ligeras modificaciones en sus caracteres específi-
cos; Hippopotamus amphibiiis, Hycena crocuta, raza spelcea, Felis
leo, raza spelesa. Así, es según el predominio ejercido por esas
diversas clases de animales, hoy árticos ó de regiones tórridas,
que se ha podido determinar la sucesión de los períodos de
calor y de frió, que han sido causa de tantas inmigraciones é
emigraciones de faunas de vertebrados, producidos en Europa.
Es la antigua estension de los ventisqueros cuaternarios, la
— IfiS —
que sólo nos permite comprender la distribución paradojal actual
de algunos animales que viven, por un lado, en las regiones
árticas circumpolares, y por otro, sobre algunas montañas de
los Alpes sin estaciones intermediarias. Por ejemplo, un pe-
queño molusco terrestre: AcantJdnula harpa (Say), del Norte de
América, de la Laponia y de la Siberia, ha sido recientemente
descubierto en Suiza; otro molusco: Vértigo alpetris Alder, de la
Laponia y de la Siberia, vive igualmente sobre las montañas
de la Suiza. El estudio de las flores y especialmente el de los
musgos ha confirmado también esta hipótesis.
Estudios de las faunas de las grandes zonas geográficas
terrestres. — Los progresos de la geografía zoológica nos en-
señan que la superficie del globo no debe dividirse solamente
en provincias ó regiones zoológicas. En efecto, existe una dis-
tribución de un orden mas general siguiendo las grandes zonas
de la esfera, y esas divisiones homoiozóicas están caracteriza-
das por géneros representativos comunes. De esa manera
puede constituirse una gran división por medio de la reunión
de las zonas paleártica y neártica, y despojando sus respec-
tivas faunas, se encontraría un número considerable de formas
representativas, indicando por eso mismo un oríjen común, más
ó menos antiguo, siguiendo el estado mas ó menos avanzado
de su diferenciación. Aquí, las relaciones de esas zonas, pa-
lei'irtica y neártica, son fáciles de comprender, lo mismo que
su origen común, á causa de la convergencia del antiguo y del
nuevo continente hacia el polo boreal y de la reunión de sus
tierras por un enorme casquete de hielo.
Pero no sucede lo mismo en el hemisferio austral ; el África,
la Nueva Zelandia y la América del Sud terminan á una con-
siderable distancia del polo antartico. Resulta pues, que las
relaciones zoológicas de las faunas terrestres australes se en-
cuentran aun rodeadas de la mas completa oscuridad, no obs-
tante, es de esperar que se busquen rastros, no solo en los
vertebrados (i), sino también en los moluscos y articulados..
(1) A primera vista parece que la distribución de las aves brevipennas puede
explicarse por la existencia de un antiguo continente austral, porque los Rhea de
la América del Sud, los Struthio de África, los Broniceiis de Australia, como tam-
bién los ^-Epi/ornis cuaternarios de Madagascar, los Dinornis cuaternarios y casi
contemporáneos de Nueva Zelandia, los Apteríx de Tasmania y Nueva Zelandia,
son representantes del tipo brevipenna en las diversas tierras australes. Tero es
necesario no olvidar que el Avestruz de África, suele remontar hasta Argelia y que
otros brevipennas como los Cnsuarius habitan actualmente las Molucas, la Nueva
Guinea etc., islas todas situadas al Norte del Ecuador. Por último, el género Stru-
— 169 —
La gran zona homozóica inlerlropical, formada por la reu-
nión de las zonas paleotropical africana, paleotropical oriental
y neotropical, esta caracterizada por la existencia, en los di-
versos continentes, de géneros comunes acomodados al calor y
que faltan ó son muy reducidos en las regiones templadas. El
estudio de esas formas animales adquiere una gran impor-
tancia con respecto á su origen que puede ser esplicado,
sea por los cambios considerables en la temperatura de las
diversas regiones del globo antes de la época actual, sea por
antiguas comunicaciones entre los continentes, sea enfin por
una marcha concordante de la evolución de formas animales
primitivas, habiendo constituido con el tiempo ramas distintas
y separadas hoy geográficamente.
Podríase citar como ejemplo la distribución geográfica actual
de los mamíferos del género Tapirus. Estos animales no viven
sino en la América central {T. Bairdi), la América del Sud
(Tapirus aniericanus y Pincha/yus) por una parte, y la península de
Malacca y la Malesia por otra {1. inclicus). De que modo
explicar á la vez la dijuncion de sus estaciones y su acanto-
namiento en una gran zona terrestre intertropical? Es probable
que tuviei'on por antepasados Tapiros terciarios, que habitaron
al mismo tiempo las regiones templadas ó mas cercanas al
Polo Norte y las regiones intertropicales. Cuando la tempera-
tura disminuyó en el Norte, las dos ramas de Tapiros se reti-
raron, una hacia la zona paleotropical oriental y la otra á la
zona neotropical donde viven todavia.
La historia paleontológica de los caballos puede explicarse
de la misma manera. Este tipo evolucionó en el antiguo como
en el nuevo continente, pero el tipo (Jabalío se extinguió du-
rante el período cuaternario en América, mientras que ha se-
guido perpetuándose en el antiguo continente donde las espe-
cies del género Equus son numerosas tanto en Asia como en
África.
Entre los pájaros, los grupos representativos en las regiones
geográficas mas lejanas tienen una evidencia innegable. Recor-
daré el hecho bien conocido de los Trocküídcü (Colibris y Piija-
Ihio existía en el Mioceno áe los Siwalicks (S. Asiaticus) y en las capas de
Hipparions de la isla de Samos (S. Karatheodoris). Estas formas fósiles fueron
precedidas probablemente por diferentes pájaros del eoceno de Francia (Gastornis)
y de Inglaterra (Macrornis, LitJiortii.i, Megalornis, etc). De tode esto puede
colegirse que los actuales brevipennas no provienen de un continente austral, pero
si, que son restos de un considerable grupo zoológico de pájaros [Cursoren ó Ra-
iitce) que tuvo gran importancia en los tiempos geológicos.
T. I. ' 22
— ]7() —
ros-moscas) limitados á lu América, pero representados en Asia,
África y Oceania por los MeliplmgidcB (Souimangas). Con el
mismo propósito puedo señalar la distribución de algunas galli-
náceas : según Oustalet los Crax. y Penelope de América, los
Numida de África, los TaUegallus y Meyapodiiis del Sud de Asia
y de la Australia, son tres grupos representativos y tuvieron
probablemente un origen común.
Del estudio de los moluscos pueden sacarse ciertos ejemplos
que demuestran que un gran número de Gasterópodos terrestres
tienen una vasta distribución intertropical y no existen en las
regiones trias ó templadas ; citeremos los géneros Vagimih,
Slreptaxifi, Strnogyra, Helieina, Oijclophoms, etc., que son comunes
en el antiguo y nuevo continente.
Examen de las faunas insulares terrestres. — Desde hace
algunos años las faunas insulares lian sido investigadas con
el mayor esmero. Este estudio reserva á los naturalistas con-
tinuadas sorpresas ; sus resultados aún negativos tienen una
importancia innegable. Recordaré á este respecto que la au-
sencia ó el exiguo número de animales terrestres propios de la
gran Bretaña, es uno de los argumentos mas sólidos para
sostener esta tesis : que la Inglaterra en una época geológica no
muy remota, formó parte del continente europeo, y que por
consiguiente, sus animales terrestres eran los mismos, no ha-
biendo tenido tiempo de modificarse.
Pero la exploración de islas, rodeadas por una gran profun-
didad de agua, ofrece comunmente resultados mas positivos.
El naturalista deberá, por consiguiente, estudiar los siguientes
puntos :
1" Existencias de formas especiales y acantonadas;
2" Relaciones y afinidades mas ó menos pronunciadas entre
los grupos de especies de una misma isla;
3" Determinación de las afinidades ó de las diferencias entre
la fauna insular y la fauna, ya sea de las islas vecinas, ya
sea del continente mas cercano, con el fin de establecer, si
fuera posible, el centro de difusión de las formas insulares ac-
tuales, ó de reconocer, por la muy pronunciada especializacion
de esas formas, si la isla ha sido separada de los continentes
desde un período geológico muy lejano.
4" Comparación de las formas actuales insulares con la
fauna cuaternaria, á ñn de distinguir las especies verdadera-
mente indígenas;
5° Examen rigoi'oso de las formas exóticas introducidas por
— 171 —
el Iiombi'G y que se sustituyen, ú veces con exti'aordinaria ra-
pidez, i'i las formas autóctonas;
G" Medios diversos de que se vale la naturaleza para tras-
portar en las islas' las formas continentales, cuando el centro
de difusión se lialla muy distante;
7" 'N^ariaciones en la estatura, el color y otros caracteres de
los animales insulares; deformaciones y atrofia de ciertos ór-
ganos, etc.
Varios son los puntos del globo que se prestan mara\illo-
samenle á estos diversos estudios; pero dudo de que se halle
en otra parte un campo mas vasto de observaciones que en
las islas de la Atlántida, esto es en las Azores, Madera, las
Canarias y las islas del Cabo Verde. Su clima, generalmente
benigno, ha permitido que estas islas hayan sido completa-
mente csploradas en casi todas las ramas de la historia natu-
ral. Se lia podido comprobar la existencia en cada archipié-
lago, de grupos de animales diferentes de los de otros archi-
piélagos. En Madera, la existencia de capas fosilíferas cua-
ternarias terrestres, ha permitido formar la lista de las especies
de moluscos autóctonos y de conocer así las formas introdu-
cidas por aclimatación en una época histórica (Watson).
En otros puntos del globo, hasta en Europa, el examen de
las faunas insulares ha revelado las particularidades mas in-
teresantes.
Citaré particularmente las localizaciones de especies de Mo-
luscos terrestres y de otros Invertebrados en las islas de Malta,
Gozzo, Lampedusa, como también en las islas del archipiélago
griego.
Las faunas de las islas mas estensas de Europa ; Córcega,
Cerdeña, Sicilia, Creta, Chipre, ejercen y ejercerán durante
mucho tiempo aún la atención de los zoólogos.
Fuera de Europa ¿Necesitaré recordar las faunas extrañas
de las islas « Mascareñas », faunas estinguidas en parte sólo
desde unos cuantos siglos?
El hombre ha visto en Mauricio el Dronte (Didus ineptus)
destruido hacia el fin del siglo xvii, el Gigante (Leguatía gigan-
tea), el Aphanaptheryx Broecki, etc. En la isla Rodríguez contem-
pló el Solitario [PcxojjJiaps solitaria), el pájaro azul y una gran
Tortuga del grupo de las Elefantinas {Testudo Vosmaeri).
¿Existe acaso un jiecho de distribución geográfica mas im-
previsto que él de la localizacion de enormes Tortugas terres-
tres en islas tan reducidas como son las del archipiélago de Al-
dabra, en el Océano Indico, y de los Galápagos en el Pacífico?
En los Galápagos lu localizaciou es completa, pues cada espe-
cie de Tortuga queda continada en una isla. Los pájaros de
los Galápagos son también dignos de notarse; se hallan en
ellas tres especies de Mirlo burlón, teniendo cada una, una zona
de habitación insular distinta y, sobre 26 aves terrestres, 21
ó acaso 23 no son conocidos fuera de este archipiélago. Los
moluscos terrestres son también todos especiales en ellas.
La esploracion de los mas pequeños islotes puede dar lugar
á descubrimientos impurlantes; en el archipiélago del Cabo
Verde, los islotes Branco y Hazzo, casi deprovistos de vegeta-
ción y careciendo de agua, están habitados por un gran
Lagarto {Macroscincus Oocteaui) que no existe en las otras islas
mucho mas estensas. Una pequeña islita, Nossi-Mitziou, cerca
de la costa O. de Madagascar, tiene una fauna conquiológica
muy notable y alimenta una especie gigante del género Oychs-
toma (G. Ouvierí). Al lado de la Isla Mauricio, que carece total-
mente de serpientes, levántase en el mar la Isla Redonda, emi-
nencia volcánica aislada, en donde se han descubierto seis
especies de Ofidios y dos Lagartos particulares, no entrando
en cuenta otros animales (Arácnidos, Escorpiones) acantonados
sobre ese peñasco (Barcklay).
Se hace pues indispensable el determinar exactamente la
población zoológica terrestre de cada isla. Debemos desterrar
esas designaciones de zonas de habitación demasiado vagas como
« Filipinas, Antillas, islas de la Sonda », etc. Este método añejo
daba una idea muy falsa de la distribución geográfica de las
animales terrestres. En efecto, el examen de la población ma-
lacológica de las Antillas, por ejemplo, demuestra las mas vi-
sibles diferencias entre las faunas de cada una de las islas de
esa región. Culta, Jamaica, Haiti, Puerto-Rico, Martinica, Gua-
dalupe, etc., tienen respectivamente sus moluscos terrestres
propios y no se ligan entre si sino por un número muy corto
de formas comunes esparcidas igualmente sobre el territorio
americano. Tal contraste en esas faunas insulares, hace creer
que pertenezcan estas á provincias zoológicas diferentes. Pero,
por otra parte, sus moluscos de agua dulce son casi los mis-
mos; sus pájaros y sus insectos presentan una enorme pro-
jjorcion de formas idénticas. Resulta de esto que el valor de
los elementos empleados para caracterizar las faunas terrestres
es muy desigual y que debe darse la preferencia á los animales
sedentarios (Moluscos, Reptiles), mas bien que á aquellos cuya
constitución les permite volar (Aves, Insectos), por tener estos
en general una área de distribución mucho mas estensa.
— 173 —
Además, la comparación de los varios animales terrestres
que pueblan las islas de la Atlántida, nos conduce á las mis-
mas conclusiones. Mientras que los moluscos indijenas de las
Azores, de Madera y de las Canarias son completamente dis-
tintos, las aves de esos archipiélagos son esclusivamente euro-
peas, esceptuando scMo dos especies {Regulas maderensis y Co-
laiiiba tivcnz). La distribución de los insectos es menos pre-
cisa. Sobre 1,480 coleópteros de las Canarias y de Madera,
360 son europeos y los demás especiales. En las islas Azores
la proporción de los coleópteros es mayor; 175 sobre 212 es-
pecies.
Sólo un estudio esmerado de la geología de las islas puede
indicar las afinidades de sus faunas con las de los continentes
vecinos y hacer sospechar su continuidad en una época, mas
ó menos lejana en los tiempos geológicos. Así, la fauna ma-
lacológica actual de la isla Trinidad (Antillas) prueba que esta
isla tuvo comunicación con ^'enezuela ; lo mismo que el con-
junto de la fauna terrestre de la península Malesia y la isla de
Sumatra demuestra que las islas de la Sonda tuvieron conexión
en el extremo meridional de Indo-China. Por el contrario, las
divergencias que hemos citado mas arriba entre las faunas
terrestres de las Antillas y las del continente americano, entre
las faunas terrestres de las Azores, Madera, Canarias, Cabo
Verde, Santa Elena, y las del África occidental; el contraste
que presentan las faunas de Madagascar, de Mauricio, de Bor-
bon, con la fauna de la costa oriental del África; la especiali-
zacion de la fauna de las islas Galápagos, comparada con la
de la costa occidental de América; atestiguan una disj unción
muy antigua.
La gran isla de Madagascar ejercitará durante mucho lienqio
aún la sagacidad de los zoólogos con respecto á las afinidades
y orígenes de su fauna. Es indudable que su aislamiento es
muy antiguo, como lo demuestra sobradamente la cantidad de
tipos especiales que ella encierra, pero á un momento dado
de su historia geológica, ha debido hallarse en contacto con
otro continente mas estenso. ¿Es acaso con el África ó con el
Sur de Asia, ó bien con otros territorios hoy cubiertos por el
mar? ¿Habrá servido de puente entre estos dos países? Lo
ignoramos aún, pero sabemos que los mamíferos mas caracte-
rísticos de la fauna malgache : los Prosimianos (Lémur, Chiromys,
Lichanotus), están representados en África por formas diferentes
(Galago), en Ceilan {Stenops), en las islas de la Sonda y en las
Filipinas {Nycticebus, Tarsius, Oaleopithecus). Por fin recorda-
— 17i- =
remos que los Prosimianos vivieron en Europa durante el pe-
ríodo terciario como lo han demostrado las investigaciones
de üelfortrie, Gaudry y Filhol.
Uno de los resultados mas inesperados del examen de las
faunas insulares es el descubrimiento por Wallace, de la fa-
mosa línea que lleva su nombre y que divide las islas de la
Sonda en di^s faunas tan diferentes entre sí : al Oeste, la fauna
asiática en las islas Bali, Java, Sumatra y Borneo; al Este la
fauna australiense en Lombok, Sumbava, Flores, Timor, las
Célebes, etc. El estrecho que separa Bali de Lombok tiene tan
sólo catorce kilómetros de ancho; puede salvarse en dos horas
por barquichuelos de los Malayos.
Aunque la línea de Wallace haya sido admitida sin contes-
tación por la mayor parte de los zoólogos, paréceme que el
contraste entre las faunas terrestres de Bali y de Lombok,
puntos los mas cercanos á esas provincias zoológicas, se halla
desigualmente marcado entre todos los grupos de los animales
terrestres de esas islas. La profusión de ciertos grupos de
aves australienses {Cacatoes, Megapodos, Azucareros) que no exis-
ten en Bali, ni tampoco en las otras islas de la Sonda, fué ob-
servada por Wallace en Lombok; por lo contrario, constataba
la presencia en Bali de Picos y Tordos que no existen en
Lombok. Pero el estudio de los" Moluscos terrestres nos revela
muy pocas diferencias entre las faunas de Bali y de Lombok
y por esos solos elementos nada hubiera podido hacer sospe-
char la importancia de la línea de separación trazada }ior
Wallace (^). Por consiguiente la fauna malacológica es la
misma, por decirlo así, mientras que la ornitológica es diferente,
disposición inversa de la de las grandes Antillas comparadas
entre sí. Este desacuerdo existente entre las faunas ornitol('i-
gica ha sido constatado en muchos otros puntos del globo \-
en las islas Bermudas donde las aves son americanas sin for-
mas indíjenas, mientras, que los moluscos terrestres, son espe-
ciales en su mayoría ó vecinos de los de las Antillas.
La comparación de las faunas insulares actuales con las
faunas cuaternarias es en extremo instructiva ; pero, en muchos
casos, se hace imposible por ausencia de documentos paleon-
tológicos. El viajero deberá Iniscar los aluviones, escudri-
(1) Aún en las aves existen infracciones notables á la ley tle Wallace. Mi
colega el Señor Oustalet me ha hecho notar que se han encontrado en Filipinas,
Megapodos y también nna especie de Cacatoes; y que un grupo de Palomas aus-
tralien.ses y oceánicas {Ptilnpi'.i) salv;ilia la linea de \\'alIaco para extenderse
por Filipinas, Java y Sumatra.
— 175 —
ñor las cavernas, esplorar las hornugueras ; muchas veces,
esas investigaciones darán resultados inesperados y le indica-
ri'in cambios extraordinarios en la fauna de las islas. Así, por
ejemplo, Malta que poseia un elefante pigmeo en la época cua-
ternaria, no tiene hoy sino mamíferos insignificantes, introdu-
cidos en su mayor parte. Madera y Porto-Santo tenian cierto
número de moluscos que no existen actualmente. Santa Elena
poseia, antes de la época actual, una fauna conquiológica de
un carácter de especialidad sorprendente. Lo mismo sucede en
Rodríguez y Bei-mudas. La fauna cuaternaria de la Isla Mau-
ricio encierra géneros de aves estinguidas, mezcladas con otras,
destruidas por el hombre, después de la toma de posesión de
esta isla. Los depósitos cuaternarios de Madagascar contie-
nen, además del gigantesco ^Ejiornis, huesos de un Hipopótamo,
de lo que puede deducirse, que la fauna cuaternaria de esta
gran isla es de carácter africano, si olvidáramos que las capas
terciarias de les montes Si\N'aliks en la India contienen igual-
mente hipopótamos.
Necesario es combinar el estudio de las faunas cuaterna-
rias de las islas y el de los documentos históricos ó admi-
nistrativos para llegar al conocimiento de las formas exóticas,
agregadas á las formas autóctonas y que pueden á veces reem-
Itlazarlas. Este trabajo seria digno de llamar la atención de
los naturalistas si se emprendiera en muchos puntos del globo.
Conócese la importación de algunos animales domésticos,
por ejemplo la del cerdo y de las gallinas en las islas de la Oceanía ;
se sabe que el Zébu de Madagascar ha debido ser introducido
por el hombre, á juzgar por la curiosa observación de que sus
boñigas no contienen escarabajos; la existencia de pequeños
roedores en gran número de islas se ha constatado después de
la llegada de buques europeos; pero, fuera de los mamíferos, el
campo de estas observaciones es bastante reducido. Apenas
se citan las ranas y las rubetas de las Canarias, los Ci-
prinos dorados de Caldeiras de las Azores, etc.
En cuanto á los animales vertebrados la historia de su im-
portación en las islas, está muy descuidada. Por mi parte,
me ha sorprendido en estremo el constatar en Madera, en las
Canarias y en las Azores, que una zona muy estensa vecina
del litoral y en las tierras cultivadas mas elevadas, estaban
pobladas de moluscos terrestres de origen europeo que suplan-
tan las especies indígenas. Para reconocer el carácter verda-
dero de las faunas insulares es preciso pues visitar las partes
mas elevadas y menos frecuentadas de esas islas. La isla de Santa
— 17fi —
lílena está igualmente invadirla por moluscos europeos llevados
probablemente en las plantas de la metrópoli. En los países
cálidos, el trasporte del arroz ha aclimatado algunos moluscos
indios ó chinos en gran número de islas. De esta manera el
Ennea bicolor, originario de la India, se ha multiplicado en Fi-
lipinas, Mauricio, la Reunión, las Seychelles, las Nicobar, la
(iranada, la Trinidad, Santo Tomás, etc. Otra especie índica
Biplommatina Huttoni, se ha encontrado en la Trinidad: una babosa
de Europa [Limax variegoñis) se ha hecho cosmopolita y vive
en casi todas las islas sometidas políticamente á la Inglaterra .
Los pájaros terrestres en sus emigraciones pueden también
ser agentes de propagación. Por ejemplo las Codornices afri-
canas que llegan á las islas del Cabo Verde: pero el rol que
desempeñan es insignificante, comparado con el de las aves de
agua que podrían llamarse los grandes diseminadores de los
animales acuáticos.
La zona de habitación insular produce á la larga, modifica-
ciones que se hacen hereditarias y contribuyen á la formación
de razas distintas de las del continente vecino. Es así que el
Ciervo de Córcega, el Caballo de las Shetland, el Elefante de
Ceilan etc. se parecen poco á las formas occidentales.
Los viajeros deberán estudiar prolijamente esas razas par-
ticulares consideradas como verdaderas especies. Así el Conejo
de Porto-Santo y de las islas Selvages {Lepics Darwinii Heckel)
es reputado hoy dia diferente del conejo común, aunque la tra-
dición citada por Darwin atribuye su origen á un casal de
conejos domésticos traidos de Porto-Santo en 1419. El caso
es que no se reproduce con el conejo común de Europa.
Las variedades de color del lagarto gris en las pequeñas
i.slas del Mediteráneo son muy extraordinarias y los zoólogos
les han atribuido unas veces un valor específico, y otros un
valor de sub-especie. Se observa que esas razas no se repro-
ducen sino sobre pequeños islotes ó rocas aisladas que el hombre
no frecuenta. De esa manera se descubrieron las variedades
fnraijUonensis, sobre el peñasco de Faraglione, cerca de Capri;
filfolensis sobre el peñasco de Filfolo, cerca de Malta; melise-
lemls, sobre el de Melisello, cerca de Lissa, en el Adriático;
Lüfordi, sobre pequeños islotes de las Baleares.
Podría multiplicarse la lista de esas razas insulares profun-
damente modificadas, que no dan ya productos fecundos con
las formas continentales, constituyendo lo que Darwin llama,
con ó sin razón, especies en formación.
Por fin. la atrofia de los órganos del vuelo en los animales
— 177 —
terrestres confinados en las islas, ha sido constatada también
en las aves y los insectos. Entre las aves, el ejemplo mas
curioso es el de los Dinornis extinguidos en Nueva Zelan-
dia, en una época reciente y cuyos restos de pieles y plumas
se conservan. El único representante de este grupo es el Af-
teryx, que está destinado á un fin próximo. En los Notornis,
que habitan igualmente Nueva Zelandia, las alas son rudimen-
tarias. Lo mismo sucedía en los pájaros, extinguidos desde
la llegada de los europeos á las islas Máscareñas; el Dronte,
el Solitario, el Aphanapteryx.
La atrofia de las alas en los insectos confinados en las
islas, ha sido puesta en evidencia por los trabajos de Wollaston
sobre la fauna entomológica de Madera. El total de insectos
de esta isla es de 550, de los cuales 200, muestran un estado
de alas imperfecto. Hechos idénticos se han constatado en los
insectos de las islas Canarias. Sería de desear que se examine
atentamente la fauna entomológica de otras islas tan distantes
del continente como Madera y Canarias para averiguar si exis-
ten las mismas particularidades. En Kerguelen, por ejemplo,
Eaton ha señalado una gran proporción de insectos ápteros.
II. — FAUNAS FLUVIÁTILES
La distribución de los animales de agua dulce se estudia
por lo general conjuntamente con la de los animales terrestres
y por esto queda comprendida bajo la rúbrica de faunas ter-
restres; presenta, sin embargo, particularidades interesantes y
no concuerda de una manera absoluta con la de los animales
terrestres, por lo que merece un examen especial.
Debemos hacer constar, ante todo, que la repartición de
los animales acuáticos es mucho mas extensa que la de los
animales terrestres. Eso se esplica por la facilidad de su di-
fusión por las corrientes de los grandes rios y por el trasporte
de los huevos ó de embriones parásitos ó allegados á otros ani-
males. Así en los continentes donde los moluscos pelécypodos
fluviales {Anodonta, Unió) están ampliamente diseminados, el tras-
porte de sus embriones, á los puntos más lejanos, está asegurado
por el parasitismo de esos embriones fijados á los peces durante
el período de estadía Glochidium. Los insectos acuáticos pueden
trasportar también algunos pequeños moluscos, pero las aves
de agua son los principales instrumentos de la difusión de los
animales acuáticos. De lo que resulta que las islas que tienen
T. I. 23
— 178 —
una fauna terrestre bien distinta, tienen una fauna lluvial con
frecuencia igual á la de los continentes vecinos ó de las otras
islas de la misma región . Así las Antillas cuya fauna conqui-
liológica terrestre es casi especial para cada isla, tienen una
fauna coníiuiliológica fluvial común y parecida á la de los con-
tinentes vecinos; las islas del Cabo Verde cuya fauna con-
(juiliológica terrestre es especial, poseen una fauna acuática
africana, introducida evidentemente por una causa accidental
cualquiera. Pero á pesar de esta difusión, la fauna fluviátil
de las grandes zonas geográficas del globo, ofrece caracteres
generales que recuerdan los de la fauna terrestre correspon-
diente como lo muestra la gran zona intertropical del antiguo
y del nuevo continente que está caracterizada por los Coco-
drilinos, de los cuales algunos representantes alcanzan hasta
la zona templada (China). Los Cocodrilinos existen igualmente
en algunas islas (Madagascar, islas de la Sonda, Antillas, etc.).
Entre los moluscos de agua dulce, los atería del África
están reemplazados en América por formas muy parecidas (Mul-
¡cria, Bartlettia) que viven igualmente fijados á las rocas y á
las piedras de los rios. Los Ampullaria pululan en los mas
pequeños arroyos de todos los países cálidos.
Por el contrario, algunos otros géneros fluviátiles tienen una
extensión muy limitada y caracterizan perfectamente ciertas
provincias zoológicas. Tales son los Gavialis entre los Coco-
drilinos, los Chclijs y Emisaura entre los Quelonios, los lo, Clu'Iina,
Pliodon, Castalia, entre los Moluscos, etc.
Faunas de los lagos. — El estudio de la población de los
lagos, grandes ó pequeños, ha tomado una importancia nota-
ble desde hace algunos años. Es digna pues de indicarse par-
ticularmente á la atención de los naturalistas viajeros.
. Una de las primeras dificultades que presenta este estudio
es la del origen de la fauna del lago. Esta fauna tan pronto
encierra una proporción mas ó menos pronunciada de especies
de origen marino introducidas en una época en que el lago
era salado y comunicaba con el mar, como se compone solo de
animales que en todas partes viven en las aguas dulces. En el
primer caso las especies de origen marino se llaman resi-
duales (1) representan los restos de una antigua fauna de agua
(1) Empleo este témiino, á falta de otro mas adecuado. Algunos prefieren el
de especies relegadas que no me parece exacto. Los lagos, los mares en donde
se encuentran esas faunas se llaman : Die Relihteuseen, por R. Credner [Peter-
itKinii's MHtlicihiiigcii 18S7) autor de un traliajo importante solire esta materia.
— 17',) —
salada, adaptada progresivamente i'i la vida en el agua dulr-e,
después del aislamiento del lago y mezclada hoy á una fauna
de agua dulce de importación relativamente reciente.
Tal es la esplicacion propuesta por primera vez por Lovén,
en 1861, después de haber practicado el examen de la fauna
de los lagos Wener y Wetter en Suecia. Desde esa época, la
esploracion de los demás lagos de Suecia, de los de Noruega
y de Finlandia ha dado los mismos resultados. La fauna resi-
dual es, por consiguiente, bien conocida y se compone princi-
palmente de las siguientes especies de crustáceos: Mijsis omla-
ta, \ar relicta, Poiitoporeia aff'inis, Pallasea cancelhidcs, Garnmaracaii-
thus loricatus, Motea entomon, etc.; de un pez {Cottus quaclricornis)-.
y de una foca {Phoca anneUata) confinada en los lagos Onega,
Ladoga y Saima.
Los grandes lagos de la América del Norte (Michigan, Su-
perior, Ontario) nos muestran mas ó menos lo misma fauna
residual que el norte de Europa ; Crustáceos : Mysis oculata, var
relicta, Pontoporeia affinis, P. Hoyi, P. filicornis, asociada á los
peces: Triglopsis Thomsoni, T. Stimpsoni. No existen focas.
¿Pero puede concluirse por esto, que todos los lagos donde
se encuenti-an crustáceos anfípodos de géneros comunmente ma-
rinos, han tenido comunicación antigua con el mar? No lo creo.
Así el lago de Tilicaca, según Faxon, encierra ocho espe-
cies de anfípodos, pertenecientes al género AUorchcstes {A. ar-
matus, ecfiiniis, longvpes, lucipujax, latimanus, longipalmiis, cuprens,
dentatus). Este género está representado en Europa por formas
marinas {Hijale) : pero existe también en los manantiales de
agua dulce de las Cordilleras ¡i 7000 y 8000 pies de altura (Allor-
chestcs Jekkii, Luhomirshii, Dijhoivskii). Es por consiguiente un
género con zona de haljitacion mixto o indiferente y por esto su
presencia en las aguas dulces del lago Titicaca, á 3915 metros de
altura no tiene nada de extraordinario y no presenta el carác-
ter de un vestigio de fauna marina.
Por otra parte ciertos crustáceos anfípodos marinos pueden
muy bien adaptarse á la vida terrestre y vivir á grandes distan-
tancias del mar. Chevreux, de Guerne y Barrois, han citado
recientemente varios hechos de adaptación á esta nueva zona
de liabitacion constatado.s en la Orchcstia littorca. Se han des-
cubierto otras especies de Orchestia á alturas considerables; la
O. Tahitensis, vive bajo las hojas húmedas á 1500 pies de al-
tura en la isla de Tahiti (Dana) ; la O. cavimana fué descubierta
sobre el monte Olimpo i'i 4000 pies de altura (Heller). La O.
sylvicola vive en el fondo de un cráter de Nueva Zelandia ;
— 180 —
como la O. Chevreuxi en el fondo del cráter de Fayal en las Azores.
Nada impide sujioner que especies tan indiferentes á los
medios esteriores no puedan pasar sucesivamente de la vida
marina á la terrestre y a la lacustre.
La esploracion del lago Baikal es, sin duda alguna, la que
entre los lagos á especies residuales, ha obtenido el mayor éxito.
Pero allí se ve una gran mezcla de formas de agua dulce y
tipos marinos. Así los moluscos son en su mayor parte, limi-
tados á esta región y pertenecen á génei-os especiales que tienen
mas afinidades con los moluscos fluviátiles, que con los mari-
nos (BenecUctia, Baikalia, Dibowskia, Liohaikalia, Godlewslda Tra-
chijhttilcalia, Gioanomplialus); estos moluscos están asociados a los
Aiicylus y Valvata que son evidentemente de agua dulce. Los
crustáceos se encuentran en número considerable (100 especies):
las esponjas {Luhomirskia) tienen afinidades con las formas
marinas ; entre los peces, el género Comephorus es especial pero
algo parecido á los Escomberoídes y el Cotias quadricornis es una
especie residual señalada ya en los lagos de Escandinavia y de
Finlandia; por ñn, una foca (P. i«¿cafe»s¿s) indica evidentemente
un origen marino.
La fauna del Mar Caspio puede considerarse como el mejor
tipo de las faunas residuales. Casi todos los moluscos que se
encuentran son restos de una gran fauna Sarmática pliócena
reducida hoy á las grandes cuencas del Caspio y del Aral, por
causa de un levantamiento continuo. En efecto, los moluscos
Pelecípodos del Mar Caspio {Cardium, Monodacna, Adacmi, Di-
dacna, Dreisseneia) son de un carácter salobre evidente. Los
moluscos gasterópodos actuales pertenecen á géneros igualmente
salobres y conocidos en las capas de Cangerias del Este de
Europa {Mieromelania, Nematurella, Zayrahiea, Hydrobia) ; otros
géneros son especiales (Caspia, Clcssima) pero tienen pi-obable-
mente el mismo origen; los tipos fluviátiles (Plauorbis, Litho-
gUphus, Neritina) son poco numerosos. En resumen no hay espe-
cies verdaderamente marinas. Los crustáceos muestran igual-
mente formas residuales (Orchcstia littorea, Mysis ocuJata var. re-
licta, Co}'opliium longicorne, Idotea cntomon), como también las es-
ponjas {Metschnikovia, Amorphina). Una especie de foca {Phoca
caspica) se ha perpetuado como en el mar de Aral.
En el Asia oriental es muy probable que se encuentren ca-
sos análogos. El lago Tonli-Sap en el Camboje, alimenta una
especie de Modiota (M. Siamensis), género que en cualquier
otra parte es mariud. Otra especie del mismo género se ha
señalado igualmente en el lago Tung-Tig (China).
— ISl —
La fauna de los grandes lagos de África, empieza á cono-
cerse, desde hace algunos años; pero no es de ningún modo
uniforme.
Así, el lago Nyassa tiene una fauna semejante á la de los
pequeños riachuelos sin importancia de la región central afri-
cana, mientras que el Tanganyika contiene una serie muy no-
table de géneros de moluscos especiales {Syrnolopsis, Tanganyi-
eia) Límnotrochus, Speliia, Typhobia, Neotlimmia, etc.), asociados
á especies poco importantes de la región {Ampullaria, Irídina,
Spatha, Unió, jEtheria, etc). Por su aspecto esterior, algunos
de estos géneros especiales del lago Tanganyika recuerdan los
moluscos marinos "y han podido hacer suponer que constituían
una fauna marina residual. La existencia de una Medusa en
ese mismo lago confirmarla esta hipótesis, si no se hubiera
descubierto, hace algunos años una Medusa de agua dulce {Lim-
nocodium Sowerbiji) importada accidentalmente en los depósi-
tos de agua dulce de un invernadero de Londres. Un gran
Crustáceo braquiuro común existente en las orillas del Tanga-
nyika (Flatyfelphnsa armata), aunque especial, pertenece, sin em-
bargo, á un grupo zoológico (el de las TelpJmsas), propio de las
aguas dulces de África.
El lago Tchad encierra una especie de Lamantino {Manatus
Vogeli), pero no puede probarse que no descienda del Manatus
seneyalensis que asciende los rios del Oeste del África hasta una
gran distancia de su embocadura.
Dejando á un lado los lagos de fauna residual marina evi-
dente, queda á examinar los animales de los lagos cuya fauna
proviene incontestablemente de aguas dulces, sea de rios ó ria-
chuelos de la región, sea de otros lagos mas ó menos lejanos.
En esto ha de intervenir la población por aclimatación, y se
podrá, con provecho para la zoología general, conducir las in-
vestigaciones sobre las circunstancias extrañas que caracterizan
el modo de propagación de los pequeños animales acuáticos.
Darwin atribuye una acción preponderante á las aves acuá-
ticas, que trasportan á lo lejos los gérmenes, en el limo adhe-
rido á sus patas. Conocido es el original experimento que
hizo, suspendiendo una pata de pato en un estanque que con-
tenia huevos de pequeños moluscos de agua dulce. Los pe-
queñuelos se adhirieron á la pata con bastante solidez. Ob-
servó igualmente que un molusco bivalvo del género Unió ha-
bla sido trasportado á lo lejos, apretando fuertemente entre sus
valvas la pata de una Cerceta.
La cuestión ha sido estudiada recientemente por Forel, que
— 182 —
ha encontrado huevos de invierno de Crustáceos Cladóceros
adheridos á las plumas de « Patos » y de « Grullas » ; y por
de Guerne, que ha examinado con la mayor atención, sean pa-
tas de patos, cercetas y otros palmípedos, sean plumas y bor-
des del pico do las mismas aves y ha constatado de esa ma-
nera la presencia de animales acuáticos muy diversos y cuya
difusión, por consiguiente, es considerable. Por otra parte,
ciertos insectos acuáticos pueden ayudar á la difusión de pe-
queños animales de agua dulce. Tales son los Hydrofilos, los
Dyticos, los Notonectes, los Gorizos, que viven largo tiempo fuera
del agua y, pasan con facilidad, volando de un charco á otro.
Til. Barrois ha notado que los Corixos están cubiertos de pús-
tulas de Acarios acuáticos {Hidmchna), que ofrecen una gran
resistencia á la disecación. Por consiguiente, un ventarrón
puede llevar un Corizo infestado de Hidrácnidos muy lejos de su
zona de habitación primitiva. Recordaré á este respecto la ob-
servación de Darwin que recogió un coleóptero acuático {Co-
lymhetes) sobre la cubierta del Beagle, á 72 kilómetros de la
tierra mas próxima.
El estudio de los lagos del norte de Italia, de Alemania,
Bohemia, Suiza, Saboya y Auvernia, ha dado resultados no-
tables bajo el punto de vista de la repartición de sus animales
en el sentido de la profundidad en que viven. Distingüese
una fauna litoral, una fauna profunda y una fauna pelági-
ca. Esta última es sin disputa la mas importante. Compó-
nese de pequeños animales transparentes como cristal, perte-
neciendo, en su mayor parte, á los grupos de Crustáceos
Cladóceros y Copépodos (Lida, Bosmina, Leptodora, B}jthotrephes,
Daphnia, H//aIodaph)iia, Diaptomus, etc.), que ^•iven continua-
mente en pleno lago, lejos de las orillas, en la superficie del
agua ó cerca de ella, sin mezclarse con los demás animales
de la fauna litoral ó de la fauna profunda y quedando sola-
mente nadadores. Están representados por inmensas cantidades
de individuos. Su distribución geográfica es muy vasta y en
los lagos de las islas Azores. De Guerne ha reconocido formas
del norte de Europa cuya aclimatación, por intermedio de los
aves, parece verosímil.
El mas insignificante lago de montaña puede suministrar los
mas preciosos datos para la distribución de esos aniíuales pelágicos.
Las species profundas pertenecen á géneros de Moluscos
(Pisidiinii, L/iniia-a), de Turbelarias (Mcsostonia), de Crustáceos
i^Niplianjus, Candona), etc. Algunas de ellas son especiales, otras
constituyen razas particulares.
— IS3 —
Los Niphargus con ciegos y un molusco con pulmones (Lim-
nrra ahijssieola) está adaptado de tal modo á las grandes pro-
fundidades que no se le encuentra ya mas aire en la bolsa
pulmonar. (Forel).
El lago Baikal se ha dragado profundamente; encierra tam-
bién una fauna profunda compuesta de formas especiales de
moluscos. No hay duda que la esploracion del fondo del gran
lago Tanganyika daria los resultados mas inesperados. He ahí
uno de los « desiderata » de la geografía zoológica.
Fauna de las aguas subterráneas. — Ya se conocen desde
mucho tiempo atrás algunos animales que no viven sino en
las aguas de las cavernas oscuras, y cuyos órganos visuales
están atrofiados a consecuencia de la privación de luz. Tales
son los Batracios (Proteus anguineus), los Crustáceos (Cambarus
stygiiis, Troglocaris ScKmidti, Garmnanis orcimis, Niphargus stygiiis,
Aselbis caimticus, Leptodora ¡^ellnrida, EsfliPia cara, Branchipims pel-
hicidiis) de \q.s grutas de Carinóla; los Peces {Ambhjopfíis spcUens,
Típhlicthys subterraneus), los Crustáceos (Cambarus pelhieidii^, Coe-
ddotca stggia) de la caverna del Mammouth en el Kentucky.
Pero puede estudiarse con tanta utilidad la fauna de las
aguas subterráneas que alimentan los pozos y fuentes de va-
rias ciudades, así como lo han hecho Vejdovsky en Praga,
Moniez en Lille, de Rougemont en Munich, etc. En esas aguas
viven Crustáceos {Gammarus jmtcanns). Moluscos (Bithinella),
Anélidos {^losoma, Enchytrodus), Turbelarias {Mesostoma, Micros-
toma) cuyos ojos están provistos de pigmento en unos y des-
provistos en otros.
En el Sud de Argelia y Túnez, la perforación de numerosos
pozos artesianos ha demostrado que Peces {Cgprinodon calarita-
mts, C. cganogaster, C. dispar, Cliromis Dcsfoiifainei, C. Zillü, He-
michroims Saharm) y Crustáceos de gran tamaño {Telphusa flii-
viatíUs) viven en la capa de agua subterránea y son arrojados
al exterior por las aguas sujentes.
III. — FAUNAS SALOBRES, FAUNAS DE LOS ESTUARIOS
Se ha prestado poca atención hasta ahora á las faunas sa-
lobres. Las investigaciones llevadas á cabo por los naturalis-
tas de la espedicion de la Pommcrania en el Báltico han, sin
embargo, demostrado cuan original es la fauna de esta mar
— 184 —
desalado. En efecto, esta se halla caracterizada por la ausen-
cia completa de ciertos grupos zoológicos (Braquiopodos, Pte-
rópodos, Cefalópodos, Crinoides, etc.) que exigen aguas mas
saladas y mas puras. En varios puntos del mar Bállico, viven
los animales fluviátiles y marinos al lado los unos de los otros.
En los estanques del mediodía de la Francia, que están en
comunicación con el Mediterráneo, la fauna encierra ciertas es-
pecies que tienen una zona de habitación separada, esto es, lo-
calizada en otras estaciones salobres muy distantes á veces.
Así el estanque de Berre, según Marión, alimenta Peces
(Sipignatiis hucculciitus), Crustáceos [Tci/iora fuiuiarcluca), Gusa-
nos {Poh/noe incerta), de las costas de Crimea ó del Báltico y
considerado como un vestigio posible de un antiguo mar (jue
unia el Báltico con el Mar Negro.
La fauna de los estuarios no es menos interesante. Reco-
mendamos á los viajeros de observar cual es el límite extremo
alcanzado por los animales marinos que ascienden un no. Se
tienen datos sobre algunos Cetáceos (Phocoena) que avanzan con
bastante regularidad en las aguas de los rios de Francia, como
el Sena, el Charente, el Loira, la Gironda, etc.; pero otros ani-
males del mismo grupo se han hecho exclusivamente fluviáti-
les : tales son los Platamstas, los Orcella, en la India y en Indo-
china; los Inia, en la América del Sud.
El grupo de las Sirenas vive generalmente en los estuarios,
y algunas de sus especies remontan los rios; el Manatus ainc-
ricanus esta localizado en los rios del Brasil; el M. Vogeli, en
el lago Tchad.
Se han visto peces de tipo marino en las aguas dulces de
Asia, como los Pristis del Mé-Kong, los CarcJmrias del Ganges:
y de América como los Tn/gon del Alto Amazonas.
Hay algunas formas de Crustáceos propias de los estuarios :
Palmmon Edwardsi, de la Gironda; P. longirostris del Ganges.
Algunos otros parecen ser absolutamente indiferentes al grado
de saturación salina en las aguas. El mejor ejemplo que pueda
citarse al respecto es el Pakemonetes var-ians, que vive en las
aguas saladas de Bélgica, Inglaterra, Dinamarca y de Suecia;
en las aguas salobres del Norte de Francia, de Alemania, de
Túnez; y en las aguas dulces de Italia, de Dalmacia, de Egipto,
de las islas Jónicas (Barrois). Los Paloemonetes de América
(P. exiU]}es, vulgañs y carolinus) muestran la misma indiferencia
en su zona de habitación.
Entre los Moluscos, se citan los Assiminea del Támesis, los
Ceritlddea, Tercbrcdia , Potámides, Quoyin. Steii.otliyra, etc. de los
— 185 —
pantanos salobres de los países cálidos. En Indo-China y Ma-
lasia, un buen número de Moluscos de géneros salobres se
propagan en las aguas dulces de los rios {Teredo Dunlopi, Mar-
tesia rivicola, Arca scaphula, Solenocurtus gangeticus, etc.). El des-
cubrimiento de Medusas propias de aguas salobres tuvo, hace
algunos años (18G6) gran resonancia. Es en el estuario del
Tajo que HiBckel recogió el Oramhessa Tagi, tipo muy particu-
lar de Discóforos; otra especie del mismo género (C. Pictonum)
vive en la embocadura del Loira.
Fauna de las aguas sobresaladas. — Los grandes depósi-
tos de agua salada en el borde del mar, las aguas de las salinas,
de las minas de sal gemma, los estanques de aguas minerales,
los Chotis y los Seblchm, del Norte de África, el Mar Muerto, etc.,
poseen igualmente una fauna particular. Así, un pequeño
Crustáceo Filópodo la Artemia salina, abunda en los pantanos
salitrosos del Sud y del Oeste de Francia, como igualmente en
las salinas de la Lorena y del Hampshire, en los Chotis del
Sahara argelino y en los lagos de natrón (carbonato de soda)
de Ejipto (Simón). Un crustáceo encontrado por Daday en las
aguas minerales de Hungría ha sido hallado recientemente por
el D'' Rafael Blanchard, en las Sebkhas y Chotts de Argelia
que contienen hasta '29 gramos de cloruro por litro. En las
aguas sobresaladas del Norte de África viven todavía Moluscos
originarios de agua dulce {Melania, Melanopsis) ; pero los Mo-
luscos de origen marino cuyas conchas cubren las playas {Car-
diwn edule) han perecido desde hace mucho tiempo debido quiza
al exceso de saturación salina.
En los pantanos salitrosos de Europa se han recogido Mo-
luscos del género Hydrobia, notables por su extremo polimor-
fismo; una especie de este género vive también en las salinas
del Este de Francia.
Las aguas termales tienen también su fauna. Un crustá-
ceo Copépodo {Oyclops Dumasti) ha sido descubierto en la gla-
rina de las aguas minerales de Luchon. Varias especies de Mo-
luscos prosperan en las aguas termales de los Pirineos y de
Dax, cuya temperatura varia entre 25" y 35" C. Un gasterópodo
{Melania tuherculata) vive en ciertas fuentes de Argelia cuya
temperatura es de 32" C, y un Coleóptero Eidrohitis orbicularis
en las fuentes de Hamman-Meskoutine, cuya temperatura al-
canza á 55" G. Un pequeño molusco {Thermhydrobia Aponensis)
soporta los 50" C. de las aguas termales de Abano en Italia;
una especie del género Neritina {N. thermophih) fué recogida en
T. I. 2i
— 186 —
una fuente de agua dulce de Nueva Irlanda, cuya temperatura
variaba entre 55° y 60° C. Por fin Steenstrup indica una especie
de Molusco del género Limnoea en las aguas que pi-ovienen de
los Geisers de Islandia.
IV. — FAUNAS MARINAS
Faunas de poca profundidad. — Estas faunas son las que
mejor se conocen y de las cuales los naturalistas recogen con
la mayor facilidad numerosos ejemplares. Gracias á repetidas
investigaciones, se han podido constituir provincias zoológicas
marinas, es decir limitar ampliamente ciertas ostensiones del
litoral en las cuales la fauna presenta un carácter de seme-
janza evidente. Los límites de estas provincias son muchas
veces arbitrarios, por no existir en las costas solución de con-
tinuidad y porque las diferencias que hay mas acá ó mas allá
de esos límites no pueden apreciarse sino por un cálculo de
tanto por ciento. Posible es la confusión en ciertos puntos,
debido al encuentro de las faunas: como en el litoral Este de
la América del Norte y la costa de Nueva Inglaterra en donde
convergen sucesivamente las faunas de las provincias Ártica
al N., Boreal al centro. Trasatlántica al S.; lo mismo que el
litoral del Japón es el punto de reunión de animales que per-
tenecen á las faunas Aleutina, Japonesa é Indo-pacíñca. Se
concibe pues, con que cuidado debe el naturalisla esplorar esas
regiones que podrían llamarse críticas.
El examen de las producciones marinas esparcidas sobre
cada ribera opuesta á grandes penínsulas nos muestra á veces
diferencias capitales entre sus faunas. Así, el litoral E. y el
litoral O. de la península escandinava pertenecen á provincias
marinas diferentes (Céltica y Boreal); el litoral E. del Kamt-
chatka es Ártico, y el litoral O. Aleutino, el litoral E. de la
Corea es Japonés y el litoral O. Indo-pacífico; el litoral O. de
la península de California es Californiano y el litoral E. Paná-
mica. ¿Como se diferencian esas faunas y sobre que punto
preciso están modificadas? He aquí preguntas que solo los viaje-
ros pueden satisfacer, siguiendo paso á paso el reemplazo de
las especies de una provincia por las de la provincia vecina.
También seria necesario llegar á saber como se establecen
las provincias marinas, y porque algunas de entre ellas, tienen
una estension inmensa como la provincia Indo-pacífica, que,
desde el Mar Rojo, Natal y Madagascar al Oeste, vuelve á en-
— 187 —
contrar su cortejo de especies comunes hasta en Polinesia, en
las islas Pomotou y Gambier á pesar de las barreras que hu-
bieran podido presentarle las islas de la Sonda, el Norte de
Australia y la Nueva Guinea.
La fauna marina del Mediterráneo dará también lugar á
discusiones á propósito de sus orígenes. Ella es incontesta-
blemente una dependencia de la provincia Lusitana, pero á
pesar de esta filiación, encierra un gran número de especies
que, en apariencia, les son propios. Es preciso pues, averi-
guar si esas especies no podrían encontrarse, sea sobre el litoi'al
occidental de la Península ibérica y de Francia, sea sobre la
costa de Marruecos, sea en fin sobre las costas de las islas de
la Atlántida, (Canarias, Madera, Azores, islas del Cabo Verde).
En estas condiciones, el descubrimiento de una especie medi-
terránea, lejos de su zona de habitación ordinaria tendría una
importancia muy grande, y es justamente esa una de las i'azo-
nes que indujeron á los naturahstas de las espediciones del
Travailleur y del Talismán á seguir cuidadosamente el litoral
occidental de Europa y de África, desde el golfo de Gascuña
hasta el Senegal, para seguir luego esplorando las islas de la
Atlántida.
El estudio de las faunas marinas circumpolares australes
está hoy á la orden del dia; presenta en efecto dificultades
mucho mas serias que las de las faunas circumpolares borea-
les, que son homogéneas y árticas, aunque separadas á veces
por la convergencia de las tierras ó de los hielos hacia el polo.
En el Sud, no es lo mismo; el África, la América del Sud y
la Nuevo Zelandia, están desigualmente alejadas del polo an-
tartico. De lo que resulta que los animales marinos del Ahica
del Sud y de la Nueva Zelandia no pertenecen á la misma
provincia que el Sud de América, tipo de la provincia Magallá-
nica que representa en ese hemisferio la provincia Ártica del
hemisferio Norte.
Así, la fauna marina de Nueva Zelandia, estudiada por HuL-
ton, Dieífembach, Agassiz, Thomson, Busk, Filhol, etc., en-
cierra sobre :
527 Moluscos marinos 12 Especies de la América del Sud.
88 Briozoarios 12 >.
360 Crustáceos 13 " >. » » <>
Las especies comunes al litoral de la Nueva Zelandia por
un lado, y las islas Aukland y Campbell por otro, no son muy
numerosas.
— 188 —
Es pues probable que las pequeñas islas australes : Kergue-
len. Marión y Crozet, isla del príncipe Eduardo, Campbell,
Macquarie, Nueva Georgia, etc., y los continentes antarticos,
pertenecen á la misma provincia marina que la Tierra del
Fuego y las Malvinas. Las espediciones del Challenger, de la
Qaxelle que tuvieron por especial misión observar el paso de
Venus sobre el disco solar, parecen haber establecido este
resultado de una manera bastante clara. La esploracion de
Kerguelen basta hoy dia para demostrar las relaciones y di-
ferencias de su fauna con la de la Tierra del Fuego (^). Pero
á pesar de los caracteres generales de esas islas de la provin-
cia magallánica, cada una de ellas conserva especies particu-
lares que la unen nuevamente á los continentes ó grandes is-
las colocadas á una latitud mas elevada.
Los naturalistas encontrarán pues en el examen de esas
fáunulas marinas australes una fuente preciosa de nuevos he-
chos que enriquecerá la geografía zoológica.
Problemas de los istmos. — La cuestión de las especies
comunes á ambas riberas en un istmo fué presentada para el
istmo de Suez y resuelta, creo en el sentido de la diversidad
absoluta que existen entre las faunas marinas mediterráneas y
eriteréanas. En consecuencia, la separación de los dos mares
remonta á una época bastante lejana para que las colonias
constituidas de cada lado del istmo hayan tenido tiempo de dife-
renciarse casi en absoluto. Si se encuentran pues en el Mar
Rojo algunas raras especies mediterráneas, puede considerár-
selas como tipos derivados de antepasados del mar mioceno, y
que, menos plásticas que las otras, han resistido á la evolu-
ción hacia una nueva forma diferenciada del tronco primi-
tivo.
Desde que se abrió el canal de Suez, solo algunas especies
han aprovechado la nueva via para estender mas allá los lí-
mites de su zona de habitación y llegar á un mar diferente.
Así el Mediterráneo ha enviado al canal colonias de los si-
guientes Moluscos : Cardium edule, Solen vagina, Pliolas candida,
Cerithium conicum, etc., y el Mar Rojo ha suministrado su con-
tingente, representado por las siguientes formas : Ostrea Fors-
kali, Meleagrina margaritifera, Mytilus variabilis, Mactra olorina,
Oirce pectina, Anatina subrostata, Strombus tricornis, etc.
(1) Sobre 41 Moluscos marinos de Kerguelen, 18 son sud americanos; y sobre
23 Crustáceos de la misma isla 18 son sud americanos (Studer).
— 189 —
Estas emigraciones deben anotarse con cuidado antes que
la mezcla se acentúe mas.
El istmo de Panamá encierra en cada una de sus riberas,
cierto número de Moluscos marinos en todo idénticos (^) ó muy
estrechamente ligados que cambiándose entonces en formas re-
presentativas que han tenido verosímilmente un origen común {^).
El tardío levantamento del eje del istmo explicaría quizá la
existencia de formas comunes en ambos mares. Pero seria ne-
cesario asegurarse si la distribución de los otros animales ma-
rinos confirma las conclusiones obtenidas en el examen de
los Moluscos. Esta distribución es bien conocida en cuanto á
los Equínidos, según las investigaciones de Verrill y de A.
Agassiz, quienes han constatado, en las costas opuestas del
istmo, la presencia de 15 géneros comunes, representados por
especies tan parecidas que es difícil distinguirlas á primer vista.
Siendo cretáceo el eje levantado del istmo, las faunas antigua-
mente uniformes están separadas desde el período terciario y
podemos preguntarnos con Agassiz, « si no tenemos en las di-
ferentes faunas que viven de cada lado del istmo un etalon por
medio del cual nos sea posible darnos cuenta de los cambios
que han sufrido esas especies desde la época del levantamiento
del istmo de Panamá y de la separación de las dos faunas ».
Fauna Pelágica. — Un sin número de animales pertene-
cientes á los tipos de organizaciones mas diversas: Cetáceos,
Quelóneos, Peces, Moluscos (Cefalópodos, Pteropódos, Heteró-
podos), Crustáceos (Copépodos, Schizopodos) Coelenterados (Si-
phonofóros, Acálefos), Tunicados (Salpes, Apendiculares), Pro-
tozoarios (Radiolarios, Flajelados), etc., tienen una distribución
especial, llamada pelágica y no se acercan á las costas sino á
consecuencia de las tormentas.
Apesar de la inmensa estension de su zona de habitación,
estos animales están sujetos á las leyes de la distribución geo-
gráfica, pero esas leyes son bastante oscuras y concuerdan
poco con las que presiden á la distribución de los animales
sedentarios y costeros. Seria pues muy útil llegar al conoci-
miento de las grandes líneas de su repartición. Se han visto
(1) Purpura patilla, Solarmm granulatum, Coliimhella cribraria, Crepidida
unguiformis, Fissurella barbadensis, Litliodomus aristatvs, L. cinnamomeiis,
Perna Chemnitziana, Ostrea Virginica.
(2) Por ejemplo : Cyprcea cervinetta y C. exanihema, Tellina simulans y T.
punicea, Strigilla fucata y 5'. carnaria, Lucina distinguenda y L, tigerina.
— 190 —
ciertas especies en todos los mares: tales son el Cachalote {PM-
cester macrocephalus), el Zifio (Z. cavirostris), el Globiceps (Ghbi-
cephalus melas), el Delfín común (Delphimis delpliis), etc., entre
los Cetáceos. Por el contrario, las aguas de los mares inter-
tropicales sirven de asilo á un gran número de animales que
nunca aparecen en las aguas de los mares frios. Estas formas
características de los mares cálidos son los Balistes, Ostradon,
Doidon, CluBtodon, etc., entre los Peces; los Philonexis, Carinaría,
entre los Moluscos. Los Beluga, los Monoceros y la gran Ballena
fi'anca (Baloena imjsticctus) entre los Cetáceos, viven solamente
en las aguas frias del hemisferio Norte; un gran número de
peces están localizados en estos mares.
La distribución de los animales pelágicos marinos de ciertos
grupos zoológicos, parece estar regida por la de los animales
que les sirven para alimentarse. Hace ya mucho tiempo que se
ha observado que las Ballenas solo podinn pescarse en los pa-
rajes frecuentados por ciertos Copépodos (Cetochilus) que cons-
tituyen su presa habitual. Los Cetáceos ictiófagos {Belpliinus)
siguen á las sardinas, los Cetáceos teutófagos (Hyperoodon) no
abandonan nunca á los Cefalópodos pelágicos; los Cetáceos
sarcófagos {Orea) persiguen á los focas y aún á otros Cetáceoá.
Pero como las mismas sardinas no pueden vivir sino en
los mares en donde abundan, sean los Peridineos, sean varios
Copépodos, resulta de esto un encadenamiento general en la
repartición de estos distintos animales pelágicos que citamos.
Entre los problemas que suscita el estudio de los animales
pelágicos, uno de los mas importantes es el de las migraciones
verticales de ciertos peces, que con respecto al Arenque ha ori-
ginado largos controversias. Muy útil seria también el estu-
diar la amplitud de las oscilaciones verticales diurnas ó noc-
turnas de un gran número de Crustáceos inferiores y de Moluscos
Pterópodos (i). Las pescas con la red de mallas finas deben
recomendarse; es á su empleo que se debe la constatación de
este hecho imprevisto: que gran número de géneros de Fora-
miníferos son pelágicos (2). Se ha reconocido también que la
( 1 ) Podrían emplearse instrumentos especiales para constatar si ciertos orga-
nismos inferiores, que se consideran como propios á grandes profundidades, no
serian animales pelágicos que pueden oscilar y quedar en suspensión en las capas
liquidas muy distantes de la superficie.
(2) He all!, según Brady, la lista de los Foraminiferos pelágicos: Globiíjerina
bulloides, G. in/faüi, G. rubra, G. sacciilifera, G. conglóbala, G. cequilateralis,
Orbulina universa, Asterigerina ¡pelágica, A. Murrayana, Pul lema obliquelocu-
lata, Sphceroidina dehiscens, Candeina nítida, Pulvinulina Menardi, P. túmida,
— 191 —
duración de la vida pelágica de Moluscos jóvenes prosobran-
quios {Teriforis, Rissoa, Purpura) podia prolongarse de una ma-
nera insólita por la persistencia del velum natatorio cuando las
larvas se veian arrastradas en alta mar.
Al lado de los animales pelágicos puede colocarse, bajo el
punto de vista de la distribución geográfica, todo un grupo de
organismos vivientes adheridos únicamente á los cuerpos flo-
tantes, como restos de náufragos arrojados al mar ó á los Fu-
cus (Sargasswn).
Los Anatifes (Lepas) no se desarrollan bien sino sobre las
producciones antedichas y las acompañan en todos los mares;
no se conoce ninguna especie litoral fija, y no se puede indicar
cual es su punto de partida ó su patria, pero no sucede lo
mismo con tos animales que se crian en los Sargazos. La
mayor parte de los Moluscos de los Sargazos pertenecen á gé-
neros {Helicón, Lepeta, Corambe) y también á especies litorales
impropias para la natación, y que viven, por consiguiente, fija-
das á esos vegetales notantes, como sus congéneres litorales lo
están á los Fucóides implantados en las rocas de las playas.
Pero otros Moluscos (Gloucus, PhyllirJioe), muestran una adap-
tación completa para la vida pelágica y se detienen sobre los
matas de los Sáragazos, como los Peces y Crustáceos nadadores
que se encuentran eli ellas.
Algunos animales cuya respiración es pulmonar, como ' las
Focas y los palmípedos, tienen una distribución que se apro-
xima mucho á la de los animales pelágicos. Aunque viven en
las costas emprenden largos viajes á través de los mares.
Se sabe cuanto de fiesen las Focas de los mares del Norte
de las de los mares del Sud. Ellas pueden pues servir para
caracterizar respectivamente las zonas árticas y antarticas. En
las primeras zonas se encuentran los: Trickechus Bosmarits, Plioca
vitulina, P. grypus, P. groenlandica, P. fmtida, P. barbata, P. cris-
tata, Otaria Stelleri, O. ursina; en las segundas zonas las Phoca
leonina, P. leptonix, P. carcinophaga, P. Weddelli, P. Rossi, Otaria
jubata, O. Hookeri, O. australis, O. Delalandei, O. Forsteri, algunas
especies confinadas en las zonas intermediarias {Phoca albiven-
ter, Otaria Californiana).
Los Palmípedos mas característicos de la zona ártica son:
Stercorarus Buffoni, Alca impennis, A. torva, Mormon árcticas, M.
P. canariensis, P. Crassa, P. Micheliniana, Cynbalopora bulloides, Chilosto-
mella ovoides. Se observará que las faunas dominantes: Globigerina, Orbulina
y Pulvinulina son justamente los que mas abundan en el barro á Globigerinas
de las grandes profundidades del Océano.
— 192 —
Ounda, Mergullm alie, Golymbus arctiaus, C. septentrionalis, C. gU-
cialis, Procellaria glacialis. En la zona antartica se encuentran
los : Lariis dominicanus, Diomedea exularis, D. melanoplirys, D. clüo-
rorJiyncha, D. fuiliginosa, Ossifraga gigantea, Procellaría capensis,
Puffiniis trisiis, Aptetwdgtes, Pennanti, Megadyptes antipodes, Eudyp-
tes chrysocoma, etc.
Las averiguaciones de los Señores A. Milne Edwards y Fil-
hol sobre la fauna de las Aves pelágicas del hemisferio Sud,
tienden á demostrar que esos animales se han extendido pro-
gresivamente del continente polar, situado en el meridiano de
Australia, hacia Nueva Zelandia, por una parte y las islas de
Sud América, por otra ; y que algunos se acercan al Sud de la
Australia y mas allá del Cabo, pero que no anidan. Así el
gran Albatros {Diomedea exulans) llega occidentalmente hasta
las inmediaciones de California y el Petrel gigante (Ossifraga
gigantea) ha sido visto sobre las costas del Oregon. Además,
estas aves se extienden mucho más hacia el Norte, en el Pa-
cífico, que en el Atlántico.
Hay algunos que parecen tener una inmensa distribución,
como el Stercorarus catarractes del hemisferio Norte cuya raza
austral se designa con el nombre de S. antarcticus; lo mismo
sucede con el Talassidroma pelágica, etc.
Esta fauna avi-pelágica, es á mi modo de ver, completa-
mente independiente de la fauna avi-terrestre de las diversas
rejiones que se aproxima á ella y cuya destribucion está so-
metida á otras leyes.
Para concluir con las observaciones relativas á las faunas
marinas pelágicas, señalaré en cierto número de animales su
adaptación al color del mar en que viven. Esta variedad de
mimetismo, parece bastante frecuente. En aguas azuladas hál-
lanse Moluscos {Janthina, Cavolinia, Olaucus, Carinaría), Crus-
táceos Copépodos (Sapphyrina), Sifonóforos (Vélella, Porpita), etc.,
cuya azuleja coloración se confunde con la del líquido ambiente.
Pero en los copos de las Sargazas, la librea de los Peces
{Antennarius marmoratus) de los Crustáceos {Nautilograpsus mi-
nutíis, Neptumis Sayi), de los Moluscos {Scyllcea pelágica) que
fijaron en ellos su morada, reproduce, hasta el punto de
equivocarse, el matiz y los accidentes de coloración del ve-
getal. Es impossible hallar un ejemplo mas patente de mime-
tismo.
Seria interesante proseguir estas averiguaciones y mostrar
las excepciones ó confirmaciones de esta ley y constatar sí en
las aguas de otra coloración que el azul, los animales pelágicos
— 193 —
(con excepción de los Infusorios que parecen colorear ciertos
mares) no toman el mismo tinte adaptivo.
Faunas marinas de las grandes profundidades. — El co-
nocimiento de los animales de los grandes fondos marinos,
constituye el progreso mas real de la zoología desde unos 20
años á esta parte. La multiplicidad y la estrañeza de los seres
nuevos revelados á la atención de los naturalistas; las conse-
cuencias de estos descubrimientos, bajo el punto de vista de la
evolución; las relaciones de los animales abisales con las for-
mas antiguas ; las condiciones de presión, temperatura y de luz
de las capas líquidas en las cuales viven, se reproducen y
mueren, justifican el interés que su estudio presenta.
Pero no puede hablarse de esta parte de la ciencia sino
constatando las inmensas deficiencias de nuestras investigacio-
nes. El viaje del Clmllenger, á pesar de su duración y la esten-
sion de su travesía en los principales mares del globo, á pesar
también de la abnegación de sus naturalistas y el talento de
los autores que se han dividido la tarea de publicar materiales
de una riqueza inaudita, ha dejado ancho campo para nuevas
pesquizas cuyos resultados no tendrán menos alcance si se tra-
baja con método y perseverancia.
Como lo he dicho ya en el Congreso geográfico internacional
de A^enecia en 1881, el teatro de esas investigaciones es bastante
vasto para que todas las naciones marítimas se dividan la tarea,
afín de llegar á penetrar las leyes aún oscuras de la distribución
de los animales marinos en los grandes fondos. De todos mo-
dos, he aquí, á mi parecer, los principales desiderata de la bati-
metría zoológica marina.
1" ¿A qué profundidad debe fijarse el límite superior de la
fauna abisal?
La mayor parte de los naturalistas establecen este límite á
500 metros. ¿Es muy alto ó muy bajo? Ciertas especies abi-
sales suben efectivamente hasta 150 metros, otras viven á me-
nos profundidad todavía; pero el conjunto de la fauna parece
bien establecida desde los 500 metros (i).
2° ¿La fauna abisal está en relación con la ausencia de la luz y
puede asegurarse que desde los 500 metros la obscuridad es
absoluta?
(1) Los límites de la zona abisal deben establecerse según los animales seden-
tarios (Echinoderraos, Espongiarios, Ccelenterios, Moluscos) mas bien que para los
animales nadadores (Crustáceos, Peces) que se mueven verticalraente y que pueden
pasar de una zona á otra.
T. I. 25
— 194 —
Esta proposición no está completamente resuelta. Parece
que según recientes esperiencias la luz no penetra mas allá de
300 metros. Pero ¿porqué los Peces de los grandes fondos son
raras veces ciegos? ¿Quedan acantonados en las abisas ó se
elevan en las zonas menos profundas?
3" ¿La fauna abisal existe en todos los grandes fondos y
tiene siempre la misma importancia relativa? ¿Disminuye en
las profundidades máxima del mismo modo que la fauna terres-
tre en las mayores altitudes?
Tenemos el derecho de declarar que no existe probablemente
O en la vida animal; pero la dificultad de los dragajes en los
grandes fondos, no permite afirmar si la fauna es ó no res-
tringuida.
4° ¿La fauna abisal tiene un carácter uniforme y muestra
en todas partes los mismos animales adaptados á una vida
especial?
Aquí la ausencia de método en el estudio de las faunas
abisales es de sentirse vivamente, é impide dar provisoriamente
una contestación satisfactoria á esta cuestión. Sin embargo la
campaña del Talismán en 1883, proseguida desde el golfo de
Gascuña hasta el Senegal, siguiendo paralelamente la dirección
del litoral sobre una estension de 30°, demuestra que la fauna
abisal posee un fondo común de especies idénticas. Si se hu-
biera podido continuar ese itinerario al Sud del Senegal, á lo
largo de la costa O. de África, hasta el Cabo de Buena Espe-
ranza, hubiera quizá podido hallarse otras estaciones de esas
especies abisales cosmopolitas, uniendo la fauna ártica á la
fauna antartica, pasando por debajo de las faunas litorales las
mas variadas. A más, los naturalistas del CliaUenger draga-
ron especies europeas en la zona abisal de las islas Kerguelen,
Marión, del príncipe Eduardo, etc.
Por otra parte, la distribución de ciertas especies abisales,
siguiendo los paralelos, está bien probado, á lo menos en el
Atlántico. Pourtalés y Agassiz han mostrado desde largo tiempo
atrás que buen número de formas reputadas europeas vivian en
las aguas profundas de las Antillas; y por el contrario noso-
tros hemos reconocido, en la fauna abisal del Oeste de África,
varios Moluscos notables, descubiertos por Verrill en la costa
de América y á grandes profundidades.
Pero, á pesar de esos hechos, que indican una repartición
muy estensa de ciertos tipos zoológicos, el conjunto de la fau-
na abisal está modificado á lo largo del meridiano, en virtud
de una ley general, primordial por decirlo así, y cuyos efectos
— 195 —
son evidentes, desde que los continentes y los mares se dise-
ñaron en la superficie del globo. Asi en las abisas del Atlán-
tico, á inmediaciones del Senegal, habita una fauna estraña,
formada de especies europeas mezcladas á tipos intertropi-
cales que no existen en Europa, y que pueden considei-arse cual
colonias abisales de géneros que en cualquiera otra parte son
propios de los mares cálidos. Sin embargo, ninguna de estas
especies es común á las riberas del Senegal y á esta fauna
abisal.
5" ¿Cuáles son las relaciones de la fauna abisal con las
faunas fósiles anteriores?
El examen de este problema me llevaría demasiado lejos y,
además, lo he estudiado en una serie de secciones en el «Mu-
seum de historia natural». Mi colega, el Señor Filhol se ha
encargado de tratarla en un informe especial al que refiero al
lector.
Distribución de los animales en los mares de tempera-
tura constante. — Las investigaciones en los mares [¡rotundos
demuestran que su temperatura decrece desde la superficie hasta
el fondo y que existe, por consiguiente, una verdadera circula-
ción, determinada por el aflujo en el fondo de las aguas frias
polares y por lo tanto la constitución de una fauna de tipo
frió sobrepuesta á una fauna de tipo mas cálido. Pero esta
ley no es exacta para los Océanos que comunican estensamente
entre sí y es inexacta cuando se aplica á los mares impropia-
mente llamados cerrados ó de temperatura de fondo constante.
El tipo de esos mares es el Mediterráneo, cuyo fondo tiene
una temperatura constante de -f 13°. El mar Rojo aunque co-
municando por una abertura mayor con el Océano Indico
tiene una temperatura de fondo constante é igual á -f21''. El
mar de Soulou, anchamente abierto en varios puntos, tiene una
temperatura de fondo de -flO".
La fauna profunda de estos mares está todavía poco estu-
diada. Las especies abisales del Mediterráneo son poco nume-
rosas y mezcladas á un gran número de formas de zonas su-
periores. En el mar Rojo, ignoramos aún si la fauna abisal
es diferente de la fauna superficial. Señalo pues estos vacíos
que se podrían llenar sin esfuerzo.
— 196
DISTRIBUCIÓN GEOGRÁFICA DE LOS ANIMALES FÓSILES
Así como se ha repetido muchas veces, la fauna actual es
la continuación de las faunas antiguas y no es una creación
independiente. Por consiguiente, si los animales actuales están
repartidos en provincias zoológicas distintas, resulta que esta
repartición tiene sus orígenes en el pasado y que quizá, en to-
das las épocas de la vida sobre nuestro globo, distintas re-
giones zoológicas estuvieron suficientemente caracterizadas.
Esta hipótesis no debe perderse de vista por los geólogos
que tienen una tendencia natural á creer que faunas fósiles
diferentes pertenecen á períodos que no son sincrónicos.
El estudio de esta antigua distribución geográfica está ape-
nas bosquejado en su conjunto. No ha sido hecho, sino para
los Mamíferos terrestres terciarios. Sin embargo, los ani-
males marinos de los estratos correspondientes, demuestran
diferencias notables, sea que habitaban el litoral de la Amé-
rica del Norte y el de la Europa en la misma época.
En el período secundario hallamos las mismas diferencias;
las especies comunes son raras, pero los géneros son vecinos
y hasta idénticos. El conjunto de las formas que constituyen,
por ejemplo, la fauna cretácea de Europa, comparado al de los
géneros cretáceos americanos es el mismo, pero indica simple-
mente una época semejante, 6 un estado igualmente adelantado
en la evolución de los seres en Europa y en América. El exa-
men comparativo de algunos grupos de fósiles, los Amonitas
y los Rudistas, es á ese respecto muy instructivo. La fauna
del Trias indica la existencia de dos provincias zoológicas dis-
tintas y contemporáneas.
Por fin, los depósitos del período primario nos muestran tam-
bién diferencias, menos marcadas sin embargo, entre los fó-
siles sincrónicos de la América del Norte y de Europa.
Puede deducirse que desde la aparición de la vida en la
superficie de la tierra, la repartición de los animales no fué
idéntica en todas las longitudes y las latitudes. Esta reparti-
ción está pues ligada á la constitución de nuestro globo, á su
forma y quizá á su modo de rotación ; está influenciada por el
calor y la luz, y estuvo acentuada en el trascurso de las edades
por el relieve de los continentes, la distribución de las aguas
y la profundidad de los mares.
Debemos tratar de despejar las incógnitas de esta distribu-
— 197 —
cion, estudiándola en sus mas pequeños detalles. El edificio
de la ciencia no está compuesto sino de inumerables mate-
riales que accumulan paulatinamente innumerables trabajadores.
Algunos privilegiados descubren, de siglo en siglo, nuevos mé-
todos para sacar provecho de esas riquezas acumuladas, pero
las teorías generales caen ó son sustituidas y los hechos que-
dan para honor de la ciencia positiva.
MUSEO DE LA PLATA
ESPLORACION ARQUEOLÓGICA DE LA PROVINCIA DE CATAMARCA
PRIMEROS DATOS SOBRE SU IMPORTANCIA Y RESULTADOS
POR
, K. R. MORENO
Director del Museo
ESTRACTO DEL INFORME ANUAL CORRESPONDIENTE A 1890
Museo de La. Plata.
Esploracion arqueológica de la Provincia
de Catamarca
PRIMEROS DATOS SOBRE SU IMPORTANCIA Y RESULTADOS
F. P. MORENO
Director del Museo
( Estrado del informe anual correspondiente á 1890)
No he podido continuar, por las dificultades económicas por
que atraviesa la República, la esploracion arqueológica que en
la Provincia do Catamarca practicaba, por cuenta de este Museo,
nuestro naturalista viajero, don Adolfo Methfessel, pero este
establecimiento continúa reciljiendo los objetos reunidos en
escursiones anteriores.
La manera como se practica por el Museo el examen escrupu-
loso de las destruidas moradas y sepulcros de los antiguos habi-
tantes de los valles calchaquíes, nos asegura deducciones exactas
que no era posible obtener antes por la confusión que resul-
taba de la dudosa ubicación de casi todos los hallazgos anteriores,
hechos por lo general por personas poco competentes ó intere-
sadas en su venta, las que han alterado muchas veces la verdad
sobre sus descubrimientos, mezclando los objetos de distintos
yacimientos para obtener mayor precio, alteración muy perju-
dicial, si se tiene en cuenta la importancia capital de las anti-
güedades de nuestras provincias andinas, para el completo cono-
cimiento de la historia del hombre americano pre-colombiano.
Sería muy aventurada la publicación inmediata de las conclu-
siones que á primera vista se desprenden del examen superficial
del muy grande material que para el estudio de esa historia con-
— 204 —
tienen las culccciones de este establecimiento, y del de las valiosas
piezas reunidas por el señor Methfessel. El pasado humano
de estos territorios se liga seguramente con el de otras regiones
americanas, pero lo reunido hasta ahora no basta para deslindar
esas relaciones, ni conocer su origen: por lo tanto, todas las
congeturas á este respecto sim muy susceptibles de grandes
modificaciones, como lo indican l(^s nuevos descubrimientos.
Aun cuando en estos últimos cincuenta años se han agre-
gado muchos nuevos elementos de investigación sobre este pasado,
á los que encontramos en las obras mas ó menos verídicas ó
mas ó menos ingenuas ó interesadas, del tiempo de la conquista,
fáltannos en la República Argentina monografías de cierta esten-
sion ó estudios que se aparten del «Diario» del viajero, y que á
la manera de las investigaciones practicadas en los centros de
civilización del mundo bíblico, detallen lo que son y contienen
las viejas ruinas sud-americanas, rehaciendo así la historia de
los pueblos que dejaron esos po'tentosos vestigios y el medio
físico en que actuaron.
Méjico, además de poseer de su gran pasado oljras de largo
aliento y fruto de pacientes esploraciones, acaba de pulilicar ofi-
cialmente un verdadero monumento monogi'ático sobre sus anti-
güedades. Puede estudiarse á Yucatán y á sus maravillosas ruinas
en el Museo del Trocadero, en Paris, por todos los intei-esados en
la vieja historia de América. Nicaragua, las regiones del Istmo,
Nueva Granada, \'enezuela, Ecuador, han sido pacientemente
investigadas en estos últimos tiempos, y Estados-Unidos, Francia
y Alemania sobre todo, ostentan en sus museos materiales para
principiar á reconstruir el pasado de esos países americanos.
Mas próximos á nost^tros y mas ligados en el pasado (jue el
presente con lo ipie es hoy Repúljlica Argentina y cuyo estudio
tiene por lo tanto mayor interés para nosotros, el Perú \'
Bolivia han tenido entre otros investigadores de sus misteriosas
ruinas, quizá mas importantes para el conocimiento del mas
remoto pasado de América, que Yucatán ó Méjico, á D'Orbigny,
Castei.nai', Pivero, Tschudi, Angrand, Mitre, Squier, AViexer,
Stubel, NVeiss y Falb.
VA primero, nos ha dado una buena serie de observaciones
sobre Tiahuanaco, pero disponiendo de reducidos elementos de
consulta, ignorando los otros grandes vestigios de viejas sociedades
de los valles centrales ó de la costa del Perú y los esparcidos
en la República Argentina, con la única base de sus observaciones
en la meseta del Lago Titicaca, se concretó á la descripción de lo
que había esplorado, considerando á esas ruinas como vestigios
o
del ui-te aiuiiii-á, anteriores á la dominación incásica, dinaslia ([ue
empieza, según D'ürliigny, con la fundación del Cuzco por Manco-
Capac, salido del Titicaca en el sigloXl. Incurrió con esto, siguiendo
á Garcilaso, en la creencia errónea de la modernidad de la dinastía,
sin detenerse á pensar que os imposible que naciones como la
Quichua y la Aimará, que profesaban el culto de la tradición,
olvidaran tan pronto el esplendor de una civilización como la
del Titicaca y sus inmediaciones, quo debía todavía existir en la
época de la ajiaricion de Manco-Capac. porque un legislador
como éste no brota del desiei'to. ni ipie lül civiliziicion se des-
truyera tan rápidamente que sus voslig¡()s fueran considei'ados
como antiguallas de tiempo desconocido por los mismos indí-
genas, al llegar los Españoles.
Gastelnau, que recorrió mayor estension de Bolivia y Perú
que D'Orbigny, describió mas estensamenle las mismas i-uinas,
|ipro sin adelantar nada sobre su origen. Se ocupó con detalle de
las ruinas del Cuzco, que ("onsidcra incásicas, y enlrando en
consideraciones sobre la antigüedad de la civilización del Perú,
que e>. «bien anterior á la esjiecie de renacimienlo ii la cual
los lucas dieron su nombre», se resolvió por el origen semítico
de los habitantes de América, y por el contacto con las civili-
zaciones del Mundo ,Ant¡guo, presentando interesantes analogías
en a[)oyo de sus ideas, pero descuirlando lo que mas debió in-
vestigar : las naciones (juc produjíM'on las construcciones gigan-
tescas que admira.
Rivero y Tschudi no las descuidaron, y fueron los primeros au-
tores que con una masa considerable de materiales, dislinguieron,
aunque á grandes rasgos, los centros civilizados y las razas
del Perú antiguo, antes de la fundación del reino incásico,
refiriendo el origen de este reino á la raza que llaman Aimará.
Dividen en dos épocas el arte peruano anterior á los incas,
pero, adoptando la genealogía de éstos, dada por Garcilaso,
repudian la mas lógica, la de Montesinos, y encierran en un
cuadro estrecho, lo c[ue es i-esultado de la evolución social de
varias razas durante decenas do siglos. Poco interés prestan,
y la mencionan como simple curiosidad, á la igualdad que hay
entre algunas clavas de madera de chonta, encontradas por ellos
en Colombia y en el Perú, y las de Nueva-Zelandia, y figu-
ran en la misma plancha que una de esas clavas, sin mayor
mención que la de «hacha de piedra verdosa anfibólica encon-
trada en las huacas del Cuzco », una verdadera maza de guerra
neo-zelandesa, el característico Patoo-Patoo, peculiar á la con-
siderada como patria de los Maories.
— 200 -
Angrand, en su importantísima carta sobre las antigüedades de
Tiahuanaco, les atribuye un remotísimo origen, con razón, y
se inclina también á admitir una mayor duración a la dinastía
incásica, que la asignada generalmente. Supone que la civili-
zación de Tiabuanaco vino del Norte, como la Quicbúa, consi-
derando de un mismo origen á ambas, aunque desarrolladas
separadamente desde muy remota antigüedad. Dice : « el pue-
blo que ha elevado los monumentos de Tiahuanaco, es de una
rama de la gran familia Toltéca Occidental, de origen Náhuatl
ó Californiano, de cabeza recta, que descendió hiicia el Sud en
la época de las mas antiguas migraciones».
El Genera] Bartolomé Mitre ha publicado un importante
estudio sobre Tiahuanaco, que contiene observaciones propias
hechas durante su viaje á esas ruinas, pero las difíciles con-
diciones en que realizó su visita, no le permitieron entrar
entonces en mayores consideraciones sobre el origen de esa
misteriosa civilización.
Squier abrió la era délos verdaderos esploradores arqueólogos;
su libro titulado «Viajes y esploraciones en la tierra de los
Incas», es una revelación. Por primera vez preséntanse allí con
caracteres definidos las viejas sociedades Chimus y del Titicaca,
corroborando, en mucha parte, las deducciones geniales de
nuestro ilustre historiador doctor don Vicente Fidel López, sobre
los Atumurunas, contenidas en su libro << Las razas arianas
del Perú » .
La obra de Squier, como la de Wiener, de igual índole sobre
((Perú y Bolivia», .son material inagotable de consulta, y agregán-
doles los trabajos mencionados y las bellísimas ilustraciones pu-
blicadas por Reiss y Stubel, como resultados de sus esploraciones
en el cementerio de Ancón, inmediato á Lima, y las publicadas
últimamente por el Museo de Berlin, forman un material inapre-
cial;)le. Y sin embargo, todas estas obras reunidas, no dan todavía
una idea exacta del pasado del Perú. Son una acumulación in-
mensa de datos mas ó menos completos, pero, ó son simples men-
ciones de ruinas ó de objetos examinados de paso, ó descripciones
sin suficientes indicaciones del medio físico y social en que se
encuentran esos objetos y esas ruinas, dificultando el poder
formar un conjunto de observaciones que permita rehacer la
historia de los pueblos que dejaron esos vestigios, sus orígenes,
sus usos, costumbres, lenguas, i-elaciones entre ellos, medios
físicos en que se desarrollaron, vivieron y murieron, observa-
ciones que son las que deben hacer que la pre-historia se
aproxime á la historia.
— 207 —
Pues bien, si apesar de los elementos enumerados, no se
puede tener aun una itlea exacta del pasado peruano-boliviano,
¿qué diremos sobro el de los territorios que boy componen la
República Argentina, en la que recien empiezan los estudios
arqueológicos?
No tenemos viejas crónicas que nos cuenten las tradiciones
pre-colombianas. Apenas los primeros cronistas se refieren á
la conquista del Tucuman por los Incas, y esto incidentalmente.
Los autores mas antiguos que hayan escrito sobro las nacio-
nes indígenas, sedentarias, de las faldas andinas, pertenecen
todos al siglo XVII y poco cuentan del estado de aquellas pobla-
ciones al pasar de la suave dominación quichua á la cruel
de los españoles. Poco sacamos todavía en limpio de los
relatos de los conquistadores del Plata y del Paraná, y será
necesario un paciente estudio de ellos para ver claro en esa
confusión de nombres de triljus, de parages y de patrañas.
Sin embargo, qué inmensa importancia tienen las reliquias
escondidas en estas vastas tierras, para el conocimiento de
la i)re - historia americana! Tanta, que sin su examen no
será posible encontrar la verdad sobre el pasado humano de
este continente. Y es esta abundancia de material que se
pierde si una vez que se le descubre no se le recoje con cri-
terio é inteligencia, la que me hace sentir mas la falta de ele-
mentos para continuar con actividad las investigaciones iniciadas
por este Museo. Muy prolijas deben ser éstas, ya que nos falta
la mejor clave para conocer la historia de las civilizaciones —
la lengua escrita.
No es creíble que los anales de esa historia estén consignados
en los signos aun indescifrados, figurados, en todo lel territorio
sud-americano, en los monolitos tallados por el hombre, ó pu-
lidos por las fuerzas naturales en las heladas mesetas, en los
desiertos sin agua, ó entre las selvas vírgenes, y en el centro de
los torrentes, pero, si los sud-americanos no podemos desvelar
nuestros oscuros orígenes, resucitando el pasado, en la misma
forma con que se ha conseguido restaurar el viejo Egipto, tra-
bajemos para tener siquiera un bosquejo de lo que fueron las
civilizaciones que se consumieron en este suelo. Hagamos para
ello mas que observaciones de paso ; principiemos metódi-
camente la reconstrucción de esos orígenes, cooperando al
objeto cada una de las repúblicas en que está dividido el con-
tinente, organizando trabajos en ese sentido y agregando al
esfuerzo individual los elementos oficiales. Tratemos de que los
vestigios que deben servir de base á nuestra historia, no salgan
— 208 —
del suelo americano, como desgraciadamente ha sucedido hasta
ahora. Reunámonos los que amamos el pasado ; hagamos
conocer lo que resulte de los reconocimientos en el terreno y
de su estudio, á medida que pueda condensarse en cualquier
forma gráfica, para (jue cada uno los aproveche en sus inves-
tigaciones, y así, en corto tiempo podremos, todos, reunir un
monumento que sirva de pedestal á nuesti-a grande historia
futura.
i¿»^^
'«$HÍ^..«V>
Roca traquítica con insceipciones grabadas — (Bajo de Cañota. Mendoza)
Scgun fotogi-afla de F. P. Moreno — 1/30 del tamaño natural
Nosotros los argentinos que pretendemos marchar á la cabeza
del movimiento intelectual en este continente, estamos, en lo que
se relaciona con los estudios arqueológicos, recien en el principio.
Aun cuando fué en Buenos Aires que se fundó el primer Museo
Antropológico, cabiéndome el honor de hacerlo, la actividad
de un hombre solo no l)astaba para llevar adelante, con rapi-
dez, una institución semejante, y hemos visto con tristeza que
el Brasil nos aventajara, abriendo su Esposicion Antropoló-
gica en 1882, y emprendiendo oficialmt?nte la esploracion de
los parages donde se señalaban restos de sociedades pre-histó-
— 20',) —
ricas, trabajos i|ue lian [x'dducido monografías de singiUar
valor para los que estudiamos las antigüedades argentinas,
por las comparaciones que pueden hacerse entre nuestros
hallazgos y los que casi pudieran llamarse idénticos, realizados
en la desembocadura del Amazonas.
l'^stas y otras semejanzas con regiones aun mas distantes,
hacen necesaria cuanto antes, la esploracion liajo este punto
de vista de toda la América austral, desde Panamá hasta el Caljo
de Hornos, y, cuan fácil sein'a jiara los g(^l)iernos, proceder de
acuerdo para llevar adelante tales trabajos ! Aislados, los estu-
diosos de cada país, solo podremos divulgar lo que resulte
del trabajo en el tci'i'eno y en el laboratorio, dentro de estrechos
limites, y estos trabajos aislados no llegarán en ningún caso al
ñn buscado, salvo que algunos felices puedan disponer de me-
dios propios para estender el campo de investigación fuera de
esos límites.
No debemos olvidar que las divisiones geográficas actuales
no son las mismas que se])aral)an á las antiguas sociedades pre-
colombianas. El pasado del Perú está íntimamente ligado con el
Ecuador y Bolivia, hasta con la República Argentina, Chile
y Brasil, y casi seguramente . con las regiones al ¡Norte del
Ecuador. Nosotros los- argentinos solo podremos hacer ob-
servaciones de frelallo, si es que debemos concretarnos á
nuestros actuales territorios. El origen de nuestras tribus
nómades, y de las sociedades sedentarias que actuaron aquí, en
tiempos ante-colombianos, es el mismo de otros hombres de
patria lejana, porque, conviene repetirlo hasta que el público se
convenza del interés que tienen esta clase de estudios : nuestras
sociedades pre-históricas tuvieron contacto con otras de ambas
Américas. No es posible examinar los descubrimientos hechos
en la parte Sud-Oeste de Estados-Unidos sin compararlos con
los materiales argentinos reunidos en este Museo. ¡Cuiíntas
analogías entre las industrias y el tipo físico de hombres
desaparecidos en medios tan distantes entre sil En ocasión
próxima hemos de dar la demostración gráfica de estos hechos.
Importancia igual tienen otros hallazgos que se relacionan con
Méjico. ¿Cómo han llegado á las pampas de Buenos Aires las figu-
ras de barro cocido, que tanto abundan en las ruinas aztecas?
El espíritu asombrado no nota la menor difei-encia entre unas
y otras; parecen salidas de los mismos mohlos. Un viajero á
quien durante su visita á este establecimiento, mostré esos
objetos, sin indicarle su origen, me aseguró que había recojido
completamente iguales en las ruinas de Teptihuacan. Grande
— 210 —
fué su asombro al conocer su procedencia, — Laguna de Lobos, —
Provincia de Buenos Aires.
Por una feliz coincidencia y gracias á la intervención amis-
tosa de mi amigo Carlos Wiener, el sabio autor de «Perú y
Bolivia», poseemos en el Museo una espléndida colección de
vasos exliumados de las necrópolis de la costa del Perú, en
las inmediaciones de Trujillo y principalmente del Gran Chimu,
y en esa colección que cuenta cerca de mil piezas, hay sufi-
cientes elementos para conocer la vida diaria de una sociedad
civilizada. No son raras las piezas que tienen analogía completa
con las del Ecuador, Chiriqui y aun de mas al Norte; algu-
nos principes prisioneros, atados, nos dicen que los Chimus
guerrearon y salieron mas de una vez triunfantes con naciones
que no ^fueron las llamadas incásicas.
Urna Funeraria. — Eklkn íCatamaiícaI. — Douacion Moreno
1/10 del tamaño natural
Si describiéramos aquí las antigüedades de la República Ar-
gentina, se presentarían otros hechos que no dan lugar a dudas
sobre las relaciones que existieron entre éstos y otros pueblos
muy lejanos, al mismo tiempo que demuestran una civilización
peculiar á estas regiones.
— 211 —
He encontrado á orillas del Rio Dulce, próximo á Santiago
del Estero, un antiguo enterratorio y en él, urnas toscamente
modeladas conteniendo restos humanos, y con éstos, moluscos
de es))ecies que actualmente viven en el Océano Pacífico.
Hallazgo parecido he hecho en otros enterratorios pertenecientes
á un pueblo distinto, en la provincia de San Juan ; uno de
esos moluscos cubría el pubis de una mujer. Y comparando
la industria de estos hombres con la de los Changos del Ata-
cama, he encontrado, no analogía, sino igualdad completa entre
objetos y usos. Cuántos pueblos y razas dibtintas se observan
en los restos que hemos reunido!
Urna Funeraria. — Santa María (Catamarca). — Donación Moreno.
1/10 del tamaño natural
Las enigmáticas ruinas calchaquíes que revelan el paso y
dominación de varias razas, á través de los siglos, han de dar
algún dia luz suficiente para rehacer las sociedades cuya exis-
tencia y poderío indican, precediéndose en ese teatro tan triste
hoy y que en edades remotas presentó sin duda alguna un
— 212 —
fórtil y risueño panorama donde se hizo la fusión de las razas
pre-históricas, como lo prueban los cráneos exhumados y los
restos de industria. ¿Quiénes fuei-on los hombres que trazaron
el grandioso camino llamado del Inca? ¿Fueron éstos, fueron
otros príncipes anteriores? Me inclino á lo último, teniendo en
cuenta ([ue es á la orilla de estos caminos donde he cncdutrado
en mas abundancia las rocas cubiertas de inscrijiciones enig-
máticas que no usaron los Quichuas. Caminos son éstos que,
atravesando el Perú y distribuyendo ramales donde la población
era posible, llegaban hasta Chile por la quebrada de Uspallata,
hasta donde los he seguido en un centenar de leguas, rectos
como el trazado de una línea férrea en la pauq>a horizontal.
La industria del cobre y del bronce, en estos lugares, nuiy
distinta de la exliumada en el Perú, es otro ten)a de gran im-
portancia, y conviene hacer notar aquí la igualdad (¡ue existe
entre algunas piezas de Atacama publicadas en la obra U. S.
Naval AstronomicalExpedition (pl. ^'II, tomo 111) y bisi^ieontradas
en Catamarca y conservadas en este Museo. Hasta ahora no se
han señalado discos de cobre, como el figurado mas adelante,
ni en BoH\ia ni en el -Perú.
El ]Hieblo ó la raza que enterrajja sus muertos en urnas,
tenía representantes en toda América . Que las relaciones
entre sus lamas desmembradas se ¡ntci'ruuqiicron en remo-
tos tiempos, lo indica la variedad de fnrmns adoptadas para
esa fúnebre costumbre . Y á estos pueljlos pertenecen quizá
los curiosos objetos de piedra tallada con formas animales que
se han descubierto desde el Islnio hasta el Amazonas y Pro-
vincia de C('irdol)a en la Re|iública Argentina. Quizá también
podamos referir al mismo pueblo las-inscripciones citadas, pin-
tadas ó labradas en las rocas hasta el Estrecho de Magallanes,
de las que posee el Museo un centenar de facsímiles. Esta
costumbre de enterrar en urnas, parece que en el tiempo de la
couípiista solo se practicalja para los cadáveres de niños, en
los pueldos de Catamarca. Raro es el caso en ipie allí se en-
cuentren restos de adultns en esas condiciones, y cuando esto
sucede, las urnas son de tipos mas primitivos, é indudable-
mente de época mas antigua.
Dejemos las sociedades constituidas y lleguemos á las tri-
bus nómades. Posee el Museo algunos centenai-es de cráneos
antiguos y modernos de his tribus que han habitado este
estremo austral. >■ de su comparación resulta que varias de
las razas que se han cstinguido en el suelo argentino, vinieron
del centro y del norte de esta América, unas, y que otras son
— 213
— 214 —
de origen aun desconocido, como ser los patagones ó verda-
deros Tehuelches. Los Yahgan habitan hoy el estremo de la
Tierra del Fuego. La carne de las ballenas que á la costa
arrojan las tormentas polares, es uno de los manjares mas
deseados por ellos, tanta es la miseria en que viven. Sin
embargo, algunas de sus costumbres contrastan con ese triste
medio. El Yahgan, desnudo, apenas cubierta la espalda con un
fragmento de piel de otaria, baila entre la nieve, se adorna de
plumas y se cubre la cabeza con una máscara. A uno de ellos,
á quien la civilización no ha dañado, que ha llegado á ser
un hábil buscador de fósiles y que es quien pone el pliego en la
prensa tipográfica c|ue imprime este informe, acabo de mos-
trarle una lámina de la obra de Castelnau que representa un baile
de enmascarados entre los indios Garajas. Es análoga su fiesta,
salvo, que en vez de la vegetación tropical del Brasil, el pobre
fueguino baila sobre el suelo helado. He presenciado al pié de
los Andes, en las tribus mapuches, en Patagonia, un baile en
celeVjracion de la primera menstruación de una joven india.
Había allí un bailarín enmascarado y de las averiguaciones que
hice, resultó que tales máscaras eran raras, siendo restos de
una antigua costumbre.
¡ A cuántas observaciones y deducciones se prestan estos
hechos ! Qué inmensidad de tiempo se ha necesitado pai'a que
los nómades de hoy, evocando costumbres casi perdidas y cuyo
origen ignoran, revelen una comunidad de origen, ó un con-
tacto inmediato entre sus antepasados! Últimamente se han en-
contrado en paraderos antiguos, en la Costa Atlántica, restos de
industria humana, objetos de piedra pulida, asociados con ani-
males estinguidos, en los médanos conchíferos prehistóricos, pero
posteriores á la formación del terreno pampeano y de época en
que la costa marina era la misma que hoy; y el Museo posee
parte del esqueleto de un hombre, encontrado en terreno mas an-
tiguo, pampeano, junto con gran parte del de un Scelidotherium.
El tipo craneológico es muy parecido al de los actuales Ala-
kaluf do la Tierra del Fuego, que parece ser el mismo do los
Botocudos del Brasil.
Sonríen la mayoría de los etnólogos, cuando se les habla de
que las relaciones entre las razas antiguas americanas y poli-
nésicas, han sido mayores que las admitidas generalmente,
pero no es posible olvidar las mazas de piedra encontradas en
Colombia y en el Perú, y casi indudablemente, en la República
Argentina, pues durante mi visita á Santiago del Estero, en
1876, se me habló y se me hizo el diseño de una maza de .pie-
— 215
Hacha de piedra, imitando el mismo objeto
DE coisHE, Valle de Oatamaeca.
Donaciou Moreno
3/4 del tamaño natural
Hacha de piedra
SiNGuiL. Catamarca — Donación Moreno.
3/4 del tamaño natural
dra verdosa, que no era otra que una maza neo-zclandesa.
Además, el Museo posee, entre otras piezas de un origen pare-
cido, dos grandes mazas de madera : la una encontrada en una
escavacion en Copiapó y la otra en Quillota, ambas en Chile.
La última me fué obsequiada, allí, en 1885, por mi malogrado
amigo don Benjamín Vicuña Makenna, dias después de haberse
efectuado su descubrimiento. Estas dos piezas son polinesas,
completamente iguales á las que usan los habitantes de las
Nuevas-Hébridas.
— 216 —
Todo lo espuesto muestra lo importante de las investigaciones
antropológicas en este estremo austral y la imprescindible
necesidad de darles mayor am[)litud. De desear es que encon-
tremos cooperadores (|ue nos faciliten los medios, y es ante
este' deseo (|ue se lia deslizado la pluma mas de lo conveniente,
tratándose de una simjile noticia (|ue dá cuenta en general de
la im|iortancia de las adcpiisiciones hechas para nuestras co-
lecciones, durante la larga escursion de nuestro naturalista
viajero.
Los resultados generales de la misión confiada al señor
Methfessel, ique han sido catalogados durante el año 1890,
son los siguientes:
Tumba indígena. — Asdalguala (Catamarca). — Esploracion Methlessel
ant:^ropologia.
RESTOS HUMANOS
lí
Ochenta y siete cráneos, exhumados en Santa Maria, "\'alle
■del Cajón, Andalguala y Siquivil. Además, un buen número
de otras partes del esqueleto que se restauran en este momento.
Los esqueletos á que corresponden estos restos, han sido
hallados en muy distintas condiciones de yacimiento y posición:
Á unos se les ha enconti'ado aislados, acostados, encojidos, sin
piedra alguna que indicara el sitio en que fueron depositados
los cuerpos á que pertenecían, y sin que los acompañara ningún
resto de industria ; otros estaban acostados, encojidos, sepa-
rados'por pequeñas murallas, inmediatos á centros de pobla-
ción antigua, y otros, enterrados en verdaderas sepulturas, «en-
murallados», culjiert^is éstas por grandes
])iedras; algunos de estos cuerpos estaban
sin cabeza, colocadas éstas fuera de las
sepulturas, las que no' presentan signos de
haber sido abiertas posteriormente al depó-
sito del cadáver. Un buen número de restos,
proceden de verda-
deros Abrís sous ro-
che, cubiertos los es-
queletos por gran-
des piedras . La
mayor parte de los
cráneos juveniles
proceden de cuer-
pos que estaban en-
cerrados en urnas
de tierra cocida ,
pintadas general-
mente con compli-
cadas figuras.
Aun no me ha sido posible hacer una investigación prolija de
estos restos, pero puedo adelantar que pertenecen á varias razas
Sepultura de los antícíuos Calciiaquíes, descubierta al reparo
DE UNA ROCA. — Esp. Mcthfesscl.
— 218 —
y i'i distintas épocas. La mayor parte son cráneos deformados;
la braquicefalia predomina y ninguno de ellos se acerca por
su dolicocefalia al tipo antiguo exhumado en la Provincia de
Buenos Aires y en Patagonia. Los enterratorios mas modernos
jiresentan un tipo mezclado, con caracteres del tipo peruano
llamado de Ancón. Otros cráneos se asemejan á tipos del Sur,
de la Provincia de San Juan, Patagonia y del Chaco, y éstos
proceden, la mayor parte, de las tumbas mas antiguas.
Las observaciones del señor Methfessel corroboran lo que
ya se deducía de las de otros viajeros, y las que me había suge-
rido una escursion á esos puntos en 1876.
En ellos, florecieron en otro tiempo pueblos bastante ade-
lantados, que se desarrollaron antes de la invasión incásica.
Estos vestigios no revisten las propoi'ciones imponentes de los
que dejaron los hombres de Tialiuanaco y del Cuzco ; mas bien
se asemejan á los descubiertos al S. O. de Estados-Unidos y
al N. O. de Méjico. La industria y edificación recuei'da la de
los Pueblos, aunque mas avanzada (jue la de éstos.
Las ruinas son muy abundantes, indicando una población
mucho mas numerosa é industriosa que la actual; y las cons-
trucciones defensivas que el señor Methíéssel ha estudiado dete-
nidamente, nos dicen que las guerras eran frecuentes entre esas
sociedades y que los vencedores no dominaban fácilmente á los
vencidos. Se encuentran estas ruinas en grandes alturas,
hasta mas de 4000 metros, en valles, mesetas y entre las breñas
mas abruptas, colgadas, puede decirse, entre las anfractuosida-
des de los cerros casi verticales. Hay construcciones aisladas,
y grandes cstensiones fortificadas dominando los valles cubier-
tos de ruinas de pueblos. Algunas de las ruinas observadas
presenta la curiosa dispoíiicion de las habitaciones ya señalada
en algunas descubiertas en Arizona y Nuevo Méjico. No tienen
por lo general aberturas que comuniquen con patios ó corredores;
las aberturas que existen comunican solo unas piezas con otras
y es frecuente encontrar en estos vestigios de colmenas huma-
nas, habitaciones sin salida alguna. Los muros que forman
estos centenares de piezas, tienen mas de un metro de ancho,
generalmente construidos como para caminar sobre ellos, lo
que sin duda se hacía para penetrar en las habitaciones por
el techo, no teniendo otra entrada.
Se encuentran también en esos valles montículos artificiales,
de poca estension y elevación con construcciones sobre ellos,
las que probablemente eran puestos militares, dominando las
llanuras iiróximas.
21',)
•'-ni^^.^^fHa^^tifMr-'WSSe^n':
— 220 —
Con los materiales que de Catamarca poseemos y las ilustra-
ciones de aquellas ruinas que debemos al artístico pincel de
nuestro c'm¡ileado, ilustraremos pronto el estudio de estos restos
y de los olijetos que usaron los hombres que vivieron en épocas
ante-históricas, en los valles llamados Calchaquíes en recuerdo
de la raza que los ocupaba á la llegada de los conquistadores
españoles.
CERÁMICA
La colección traída por el Sr. Methfessel contiene 400 vasos
grandes y pequeños, alcanzando algunos hasta 80 c. de altura.
Muchos de ellos han servido de urnas funerarias, habiendo sido
fabricados con ese objeto. La mayor ])arte están adornados
con pintui'as de colores, representando, entre curiosas combi-
naciones de líneas, pájaros, reptiles y caras humanas ; éstas
están figuradas i)or lo general por líneas en relieve.
Además, figuran 350 fragmentos importantes representando
cabezas humanas, diversos mamíferos, aves y reptiles, en
relieve ó pintados ó grabados.
OBJETOS DE PIEDRA
420 piezas, como ser: puntas de ñechas, hachas, morteros,
figuras humanas y de otros animales.
OBJETOS DE COBRE
15 objetos, entre ellos una campana, un disco adornado con
caras humanas, hachas, cinceles y otros pequeños objetos.
OBJETOS DE PLATA
O olijutos de origen indígena pero post-colombiano.
OBJETOS DE HUESO
110 ol)jetos, como ser: puntas de fiechas, útiles domésticos,
instrumentos musicales, etc.
— 221 —
VARIOS
Restos de tejidos, moluscos marinos encontrados on las tum-
bas, adornos de fragmentos de éstos que cubrían el cuerpo de un
bombre, maiz, objetos de hierro del tiempo de la conquista,
liallados entre las murallas y en las tumbas indígenas mas mo-
dernas, etc.
Disco de cobre fundido
1/4 (li'I tamaño natural — Andalgnala ^CataIna^ca). — Es]i. Methfcssfl.
paleontología
F. P. MORENO Y A. MERCERAT
Próximos á las antiguas viviendas del hombre, incrustados
en la roca que sirve de asiento á esos viejos pueblos, el señor
Methfessel ha descubierto importantes yacimientos fosilíferos.
De los restos estraídos de ellos han llegado la mayor parte al
Museo, aun cuando no todos se han colocado ya en la sección
correspondiente, [lorque son grandes las dificultades que hay
para estraerlos de la roca. Pi-esentan estos restos vivo interés,
por el horizonte geológico en que se encuentran y por las
relaciones que se notan con otros estraídos de depósitos mas
antiguos y mas modernos. Serán tema de trabajos ya princi-
piados, pero que no pueden tener cabida en este informe, en
el que solo se enumeran mas ó menos suscintamente las prin-
cipales piezas incorporadas á nuestras colecciones durante el
ultimo año trascurrido.
El terreno en que se han descubierto estos restos, ocupa
el bajo de Andalguala é inmediaciones, situado á 2.600 metros
sobre el mar comprendido entre las dos cadenas de mon-
tañas, el macizo del Aconquija y el de Santa María, se estiende
de Norte á Sud por espacio de 40 kilómetros aproximadamente.
Forma un espeso manto de arenisca arcillosa gris-verdosa,
CUNO elemento micáceo es esencialmente representado por biotita.
Esta formación tiene una potencia considerable, centenares de
metros. Presenta varios pequeños estratos ó mas bien fajas
parciales de cantos rodados del tamaño general de una nuez,
habiéndolos hasta del de una naranja; generalmente estos cantos
están aislados, en una misma línea, como resultado de una
fuerte corriente, venida de larga distancia.
La roca, por lo general, es muy dura, habiendo sido nece-
sario varias veces emplear la pólvora para estraer los restos.
Esta formación parece ser de origen lacustre, y debe reposar
sobre las capas superiores de la formación llamada de arenisca
roja, la que según unos, pertenece á los últimos tiempos ti'iá-
— 223 —
sicos, y según otros, á los primeros del jurásico. Las investiga-
ciones confiadas al Sr. Methtessel, tenían por })rincipal objeto
el hombre y sus vestigios, y desgraciadamente, no le ha sido
posible prestar mayor atención á estos yacimientos. No ha
podido distinguir, pues, si hay alguna formación intermediaria.
El terreno fosilífero presenta grandes alteraciones en sus
capas, variando desde la horizontalidad casi perfecta, hasta
una inclinación que alcanza á 70", pero estas capas inclinadas
parecen el resultado de hundimientos locales. Se nota también
inversión de los estratos, en algunos casos.
Está cubierto, en las partes en que no se ha alterado la ho-
rizontalidad y que forman mesetas, por una capa de grandes
bloques graníticos y porfíricos, que alcanzan hasta 10 metros
cúbicos, siendo la mayoría de 1 2 metro cúbico. Estas piedras,
mas ó menos pulidas y angulosas, no están adheridas unas á
otras por ningún cemento y parecen tener un origen glacial.
El espesor de la capa es variable, alcanzando hasta 10 metros.
La alteración en la posición ])rimitiva de los terrenos fosilíferos,
ha sido sin duda posterior al depósito de estos bloques, porque
se les encuentra en los faldeos de las capas inclinadas, disemi-
nados y en ningún caso en posición vertical, en las cimas.
Los restos fósiles se encuentran en todo el espesor de la
formación de arenisca -arcillosa. El Sr. Methtessel ha encon-
trado huesos al pié y casi en la cima de una misma meseta,
habiendo entre ambos yacimientos una altura de 180 metros.
A juzgar por los mamífei-os que se enumeran en seguida,
este terreno parece pertenecer á una época intermediaria entre
la formación patagónica superior y la del pampeano inferior,
tipo de Monte Hermoso. Estudios próximos aclararán este in-
teresante punto. Además de los mamíferos, poseemos de esa
formación algunos restos de muy grandes y pequeñas tortugas.
El Sr. Methtessel ha recogido de los estratos superiores
correspondientes á la formación de las areniscas rojas gran
cantidad de madera silisificada y algunos restos que suponen
la existencia de dinosaurianos.
El Sr. Methfessel ha visitado terrenos semejantes en el norte
de la República, pero siempre de estension reducida, solo de
algunas leguas, como si fueran antiguas cuencas de lagos per-
didos, donde fueron arrastrados estos animales. Varios de los
huesos obtenidos, han sido arrastrados, antes de ser deposi-
tados definitivamente en el sitio en que se les ha descubierto.
Hé aquí la enumeración de las especies nuevas de Mamí-
feros fósiles encontrados por el señor Methfessel:
— 224
Neuryurus proximus mor. et merc. sp. nov.
Referimos a esta especie la parte anterior de un cráneo, la
rama izquierda del maxilar inferior, y otros fragmentos que
no han sido aun estraídos de la roca.
Esta especie se acerca a Neuryurus antiquus Amegh. Es de
menor tamaño.
El m T es bastante fuertemente comprimido lateralmente.
La sección transversal de la m 2^ presenta la foi'ma de una media-
luna cuya rama anterior está troneada. Los surcos longitudinales
tan característicos de los molares de estos animales están apenas
indicados sobre el m -9 • Sobre el m 3 los surcos longitudinales
anteriores son poco pronunciados.
Las medidas de las muelas son:
El espacio ocupado por los ocho molares inferiores es de 138.
La altura vertical del maxilar inferior entre los m 5- y m g" es
de 73.
Neuryurus compressidens mor. et merc. sp. nov,
Esta especie esta fundada sobre la rama izquierda de un
maxilar inferior y sobre la parte anterior de la rama del lado
opuesto. Ambas piezas están bastante estropeadas.
La talla de esta especie ha sido menor aun que la do la
especie precedente. Los molares son fuertemente comprimidos
lateralmente. El m t presenta la forma caraterística que hemos
señalado en N. ¡jroximus Mor. et Merc. Hé aqui las principales
dimensiones do las muelas:
(1) La uniílaii de niecliila adoptada es el milímetro.
225
El espacio ocupado por las cuatro primeras muelas inferio-
res es de 68. El largo del espacio ocupado por los ocho muelas
inferiores no ha pasado de 124. La sinfisis mide 82 de largo. La
altura vertical del maxilar tomada entre m t y m e" es de 59.
La línea derecha medida del estremo del apophisis coronoideo
al borde inferior del maxilar, pasando por el borde posterior
de la superficie de implantación de los dientes, mide 142. La
línea dereclia tomada en las mismas condiciones desde el estremo
del cóndilo mide 137. El ancho de la rama ascendente del maxi-
lar inferior, medida según la prolongación de la superficie mas-
ticatórica, es de 72. La distancia del borde anterior del cóndilo
al estremo del apófisis coronoideo es de 34.
Plohophorus Philippii
ET MERC. Sp. nOV.
Esta especie está representada por un gran número de piezas
de las que la mas interesante es un gran bloque de arenisca
muy dura cuya parte periférica está cubierta por una coroza
de Plol/ophonts, á la que le sigue la cola. En la masa del bloque
se observan varias piezas del esqueleto.
El tubo caudal está precedido por cuatro anillos. Medido
según el borde dorsal, el largo de esta pieza es de 1.650; de
los que 980 pertenecen á la coraza, 300 á los cuatro anillos (¡ue
siguen y 370 al tubo caudal.
Los placas de la coraza no ¡iresentan diferencias notables
con Plolwphonts Amcghiití Mor. El tubo caudal, por el contrario,
difiere muy sensiblemente. Reviste absolutamente la forma que
caracteriza el género Hophphorus. Se observa una despropor-
ción menor entre el gran diámetro y el pequeño de las figuras
principales de las placas de este tubo, con escepcion de las placas
laterales, en las que esta desproporción es mas acentuada que
en P. Ameghini Mor. Sobre la faz dorsal de la región ante-
rior del tubo, se observa generalmente dos hileras de figuras
secundarias dispuestas en dirección longitudinal entre las
figuras principales de las placas. El diámetro longitudinal de
— 22G —
la iirimera placa lateral, primera á partir de la estremidad distal
es de 01, el de la segunda mide 6i. Las mismas medidas to-
madas al lado izquierdo son respectivamente, 51 y 49. l-Jn su
estremidad proximal, este tulio mide OS de diámetro transversal
V 78 de diámetro vertical.
Eutatus prominens mor. et .merc. sp. nov.
Referimos á esta especie diferentes fragmentos entre los
que algunos presentan partes bastante grandes de la coraza de
este animal.
Esta especie nos recuerda Eutatus distans Amegh , pero
difiere esencialmente por la talla que es mayor. La figura
principal de las placas es también muy característica. Donde
termina, es decir, en su rejion posterior, se estrecha y consti-
tuye en ese punto una elevación bastante acentuada. Las placas
movibles tienen de 28 á 32 de largo.
Praeuphractus Scalabrinii mor. et merc. sp. nov.
Entre los restos fósiles recojidos por el Sr. Methfessel hay
algunos que pertenecen á una coraza de un animal del sub-
orden de los Dasypoda.
Los hemos comparado con los restos muy numerosos que
de este sub-órden posee el Museo de La Plata y resulta de su
examen, que apesar de la analogía que parece descubrirse entre
las placas recojidas en Andalguala, y las que pertenecen al
animal que uno de nosotros ha designado con el nombre de
Dasijpotlierium australe Mor. (Breve reseña de los progresos del
Museo de La Plata durante el 2" semestre de 1888. Buenos Aires
1889, 8°, pág. 38), estas placas pertenecen al género Praeuphractus
Amegh. y que presentan caracteres específicos suficientes para
fundar una nueva especie que denominamos Praeuphractus Sca-
labrinii.
Haremos notar antes de dar los caracteres de esta espe-
cie, que después de la publicación citada, el Museo de La Plata
ha recibido gran parte de la coraza, el cráneo y otros restos
de un animal que solo presenta diferencias específicas con
Dasyjjotherium australe Mor.
— 227 —
Hemos examinado estas nuevas piezas, y constatamos que
el género Dasypoiheriutn tiene su razón de existir, y que tiene
su puesto bien señalado en la familia de los Praopklae. Este
género, por su dentición, como por las placas de la coraza, esta-
blece la transición entre los Chlamydotheridae y los Praopklae.
Haremos notar nuevamente que hay cierta analogía entre las
placas del Dasypotheriuní y las de los géneros Fraeuphractus.
Amegh. Macroeitphractus Amegh. Etatits P. Gerv. de la familia
de los Dasypklac.
Praeuphractus Scalabrinü ha sido de mayor talla que P. recens
Amegh. Las placas movibles miden de 34 á 44 de largo sobre
16 á 19 de ancho. Las placas tijas de 24 á 28 sobre 18 á 20.
Estas últimas presentan la figura principal visiblemente mas
•elevada que las secundarias. La superficie de esta figura es
redondeada, en su parte terminal la figura se inclina á un
lado. Los surcos que determinan las figuras secundarias están
testante bien indicados. Las figuras son ocho encada placa, tres
anteriores, dos laterales, y tres del lado opuesto á las dos últimas.
Entre estas tres últimas, la posterior es la mas grande de todas
las figuras secundarias. Los demás caracteres que presentan estas
placas corresponden á los de P. Umpidus Amegh. Sucede lo mismo
•con las placas movililes. Observamos, sin embargo, que los
surcos que determiniui las figm-as secundarias sobre estas placas
existen, pero que á veces apenas se distinguen, sea que las
placas proceden de la región mediana ó de los lados. Se nota
también que en las placas movibles laterales, la figura princi-
pal, se inclina igualmente á un lado en su parte terminal.
Dasypus argentinas mor. et merc. sp. no\ ,
Esta especie está representada por un individuo casicomjtleto,
■envuelto en una arenisca arcillosa muy dura, y por otros restos.
Su tamaño es mayor que el Dasypus rillosus Desm. y nos
parece que ha sido también de mayor talla que el D. patagonicits
Amegh.
Las placas de los fajas movibles tienen de 20 á 22 de largo
sobre 7 á 8 de ancho. Las figuras que se observan sobre las
diferentes clases de placas de la coraza forman un relieve bien
destacado y no se notan desigualdades en su elevación. Las
figuras laterales de las placas fijos están divididas en cuatro
figuras secundarias por surcos transversales bien indicados.
— 228
No sucede lo mismo con las figuras secundarias de las placas
fijas, en las que los surcos transversales existen ; pero apenas
perceptibles. Tienen cinco á siete agujeros pilíferos sobre el
borde posterior de las placas.
Chlamydotherium minutum mor. et merc. sp. nov.
Algunos restos indican la presencia en el terreno arenisco-
arcilloso de Andalguala, de representantes del género Chlaiu ¡/do-
therium. Entre otros, posee el Museo el cuerpo derecho de un
maxilar inferior, al que le falta la parte proximal posterior de la
rama ascendente. Los dientes, que han sido nueve, están rotos,
faltándoles la corona; no (|uedan sino sus raíces. Las peque-
ñas dimensiones de este ejemplar, indican, sin duda alguna,
una especie inédita.
El diámetro antero-posterior, tomado sucesivamente sobre los
diferentes dientes, de atrás hacia adelante, es el siguiente:
7,5 — 10 — 11 — 9 — 9,5 — 6 — 5 — 4,8— 3,5. Las siguientes cifras
se refieren al diámetro transversal tomado también sucesiva-
mente y de atrás hacia adelante: 5 — 5,5 — 7 — 6,8 — 6,3 — 4,8'
— 4,2 — 3,6 — 3. El espacio ocupado por la serie dentaria es de
72. La sinfisis mide 32 de largo. La altura del maxilor tomada
entre la 6^^ v 7" muela, es de 25.
Scelidotherium laevidens mor. et merc. sp. nov.
Esta especie está representada por un fragmento de la rama
izquierda del maxilar inferior y otras piezas del esqueleto.
Dicho fragmento tiene los tres primeros molares. El filo pos-
terior externo está bien acentuado en m y y m -g-, debido á la
presencia de surcos longitudinales bastante bien indicados, y'
bástanle próximos á ese filo soljre las dos faces que lo determi-
nan. Estos molares son de sección triangular, bien caracterizada.
La cara lateral que corresponde al lado del triángulo que
mira liácia el interior, presenta una concavidad bastante acen-
tuada, mas fuerte sobre m y que sobre los demás. La sección
transversal del m -§- es un triángulo casi rectángulo, cuyo cateto
mas largo mira al lado externo. Las dimensiones relativas de
estos tres molares son :
229
Diñmetro anturo-posterior.
Piiínictro transversal. . . .
23,
13,7
19,
16,S
17,
18,7
El espacio longitudinal ocupado por los tres molares, es de
07. Tomada entre m y y m -o^, la altura del maxilar es de 81,
y al nivel del origen de la sínflsis desciende á 51.
Scelidotherium (?) parvulum mok. et mero. t;[j. nov.
Referimos ¡¡rovisoriamente al género Scelidotherium un astrá-
galo derecho de pequeñas dimensiones, y cuya superficie articu-
lar con el calcáneo es bastante regularmente elíptica, enangos-
tándose según el pequeño diámetro y bien delimitada; una
escotadura bastante profunda y relativamente muy ancha la
separa de la cabeza anterior de este mismo hueso.
El mayor largo de este astragalo es de 67 y su diámetro
transversal mayor es de 69. Esta especie parece haber sido mas
pequeña aun que el SceUdotheriitin Floiceri Amegh.
Megatherium Burmeisteri mor. et merc. sp. nov.
Esta especie está representada por gran parte de un esque-
leto. Las piezas que ya han sido estraídas de la dura roca y
restauradas son : el cráneo en buen estado de conservación y
el maxilar inferior; el fémur, tibia y peroné, astragalo y cal-
cáneo izquierdos, y la tibia, peroné y astragalo derechos. Entre
las piezas cuya restauración está adelantada figuran gran parte
de la columna vertebral, la pelvis, costillas y huesos de las
estremiclades.
Los caracteres mas resaltantes de los huesos que hemos
examinado ya, son : la posición característica de los dientes,
el desarrollo particular de la estremidad distal del peroné, y
la forma especial del astragalo y del calcáneo.'
La formula dentaria es: m. 4- Los dientes están constituidos
— 230 —
según el tipo Mecjatheriuin. Lt
?ion transversal es cuadrilá-
tera, cuyos lados presentan entre sí deferencia mayor que en
las especies conocidas ; y las dos crestas transversales de la
superficie masticatoria , converjen del lado interno hacia el
esterno mas que en esas especies. La implantación de la den-
tadura superior é inferior es oblicua. La prolongación de las
crestas anterioi'es de la m t en su junción, forma un ángulo
que no alcanza á 120"; la misma cresta de la m ^ es paralela
á la posterior de la m y, y esta disposición se repite sucesiva-
mente en las demás muelas, disminuyendo de tal manera el
ángulo formado por la prolongación de las crestas anteriores,
que en la m t este ángulo se api'oxima á 180° sin alcanzarlos.
Esta misma disposición se observa en la mandíbula supe-
rior ; sin embargo, parece no ser tan visible en la m 1.
Damos aquí las principales medidas de las muelas.
El espacio ocupado por la serie dentaria inferior es de 187:
el de la superior es de 200.
La región sinfisaria es relativamente muy débil y delgada ;
el largo de la sinfisis desde el borde posterior hasta la estre-
midad del maxilar es de 203; la distancia éntrela cara anterior
de la m T y la estremidad distal del maxilar es de 158. El
diámetro vertical del cuerpo del maxilar entre m o y m -3 es
de 157.
El diámetro antero - posterior, del cráneo entre los cóndilos
occipitales y la estremidad de los huesos nasales es de 540 y su
diámetro vertical tomado entre m A y m 1 es de 204.
El mayor largo del fémur es de 515 ; el mayor ancho en la
estremidad próxima 309, y el de la distal 294. El mayor largo
de la tibia es de 470. El peroné se prolonga en su estremidad
distal hasta bajo el nivel del borde inferior de la cara articular
posterior del calcáneo con el astrágalo. El peroné está separado
de la tibia en su estremidad distal, pero la simple inspección
— 231 —
de la superficie de estos huesos en ese punto, demuestra lu
existencia de un cartílago que ligaba las dos piezas. Este fenó-
meno se observa también en el pié á que hace alusión el doctor
Ameghino, (1) al referirse al M. taríjense H. Gerv. y Amegh.
diciendo que « la tibia y el peroné, soldados en su parte supe-
rior, permanecen libres en su parte interior. »
Hemos observado el mismo cai'ácter sobre piezas pertene-
cientes á varias especies. Se presenta en un ejemplar de M.
americanmn Guv. que existe en el Museo, y podemos asegurar
que solo se trata de un carácter debido á la edad de los indi-
viduos. En la edad adulta el cartílago desaparece y las dos
piezas se unen por osificación.
El mayor largo del calcáneo es de 330 y su mayor diámetro
transversal es de 144. El tamaño de esta especie de Megatherium
corresponde á 2 3, mas o menos, del de M. americanuin Cun.
Megatherium Bergi mor. et merc. s[i. nov.
Posee el Museo un cráneo imperfecto y algunos huesos del
esqueleto de una es[)ecie de Megatherium mas pequeña que
M. Burmcisteri Mor. et Merc. Esta especie se caracteriza prin-
cipalmente por su analogía con M. americanum Guv. en la dis-
posición de los dientes. Las caras laterales de las muelas supe-
riores presentan un surco bastante ancho y profundo, siendo
mas pronunciado en la m 1 en la que mide 4,5 de jirofundidad.
Este surco desaparece en la m A, que es pequeña como, pro-
porcionalmente, en M. americaniun Guv. Las medidas relativas
de las muelas son las siguientes:
El diámetro transversal .sobre el borde anterior de la m 1 es
de 2L
El espacio ocupado por la serie dentaria, es de 1G2.
El arco zigomático es de forma muy particular.
0(1) F. Ameghino. Contribución al conocimiento de los Mamíferos fósiles,
etc., Buenos Aires, 1890, 4°, pág. 670.
— 232
Typotherium Studeri mok. et mero. sp. ni)\'.
Poseemos de esta especie varios fragmentos de maxilar
inferior, (|ue por sus dimensiones denotan una especie inédita.
Parece muy corto el cuerpo del maxilar, pero muy fuerte.
La slnfisis no alcanza al nivel del primer molar. Son en número
de cuatro los molares, implantados oblicuamente hacia adelante,
á la excepción del premolar único que tiene una dirección oblicua
hacia atrás. El premolar y el primer molar son relativamente
muy fuerte.
Siguen las dimensiones de los dientes :
La longitud del espacio ocupado por la serié dentaria es
de 69. La altura del maxilar al nivel del m t es de 45. Su es-
pesor entre pm j y m Tj es de 22, 4 y al nivel del m 3- de 20.
Xotodon cristatus mok. et merc. sp. nov.
Especie fundada sobre un cráneo con maxilar inferior en
muy buen estado de conservación y por un buen número de
otros huesos del esqueleto.
Parece haber sido este animal do la misma talla que Xoto-
don prominens Amegh.
La fórmula dentaria es i | c f pm ~m. ~ ■
Se observa una cresta longitudinal bien pronunciada, bas-
tante elevada y de cima redondeada en el borde interno de la
cara superior (posterior) del i y- Una cresta análoga se ob-
serva tami)ien en el borde correspondiente del i i. Los surcos
laterales de la cara externa de los molares inferiores son menos
acentuados que en X. ¡irominens Km.e^¿h.. Estos mismos molares
presentan otras diferencias con las de la citada especie, pero
sería largo el señalarlos aquí.
El i i recuerda el genero Typothcrimn. El i 1. es mas angosto
que i i y menos arqueado. El i 1 es de sección transversal
— 233 —
triangular. El resto de la dentición de la mandíbula supei'ior
se acerca al género Toxodon.
Siguen aquí las principales dimensiones de los dientes:
El espacio ocupado por la serie de los molares inferiores
es de 153, el espacio correspondiente de la serie dentaria supe-
rior es de 149. El diástema comprendido entre pm r y c y
mide 4,5 y el que separa c y de i 3^ es de 21. En la man-
díbula superior las medidas correspondientes son de 11 y 48.
La región sinfisaria, en su parte antero -inferior, se ensancha
y presenta lateralmente crestas bien pronunciadas. El largo del
cráneo tomado entre la cima de los cóndilos occipitales y el
borde interno del i 1 es de 408. La forma general del cráneo
es la del género Toxodon.
Macrauchénia Lydekkeri mor. et merc sp. nov.
Fundamos esta especie sobre un fragmento de la rama
izquierda del maxilar inferior que contiene dos muelas intactas
y las raíces de una tercera, parte del sacro y la parte distal
del fémur y de la tibia, el calcáneo >■ el astrogalo derechos, etc.
Todas estas piezas denotan un animal de mucha menor talla
(\\.\Q \n M. ijataclionica Owen, \)evo bastante mayor que la M. hoU-
viensis Huxley.
Las dos muelas cjue corresponden al pm 3^ y pm 1, pre-
sentan un ci)i(/idum muy pronunciado sobre la parte posterior
de la cara esterna, y en pm t este cingulum se desprende
desde el borde anterior, aumentando su espesor á medida que
se dirije hacía atrás. La columna que sopara las dos escota-
duras de la cara interna de la corona es muy angosta. Las
dimensiones de las muelas son las siguientes:
— 234 —
La altura vertical del maxilar entre estas dos muelas es-
de 41. El espacio ocupado por ellas, 51. El mayor largo del
calcáneo es de 127, y el del astrágalo 66.
Macrauchenia calceolata mor. etmerc. sp. nov.
Establecemos esta especie sobre un fi-ugmenlo de mandíbula
inferior que contiene los dos últimos molares.
Esta especie es de talla intermediaria entre la especie que
precede Y MacrancJienia bolivicnsis Huxley. El cingulum rudimen-
tario sobre la faz exlerna, es bastante pronunciado sobre la
faz interna. La corona del último molar está muy reducida
en su altura por la masticación. Las escotaduras que se notan
sobre la faz interna de la m t son bastante profundas ; la ante-
rior es relativamente muy estrecha y la posterior muy ancha.
La columna interpuesta entre estas dos escotaduras es mucho
mas débil que lo que generalmente sucede en las especies de ese
género. Desde su origen las escotaduras de la faz interna del
m 3- son relativamente muy profundas, la anterior sobre todo.
Faltan en las escotaduras posteriores de estos dos molares los
contrafuertes que caracterizan el género Scalalyrinitherium Amegh.
Las medidas de las muelas son las siguientes:
Diámetro antoro-posterior
Diámetro transversal . . .
29,
13,5
26,
13,
La altura vertical del maxilar tomada entre m -2 y m -s es
de 35,6.
Licaphrium intermedium mor. et merc sp. nov.
Representado hasta "ahora por un fragmento del maxilar
inferior derecho con los dos últimos molares, no habiendo sido
atacado aún el último por la masticación. El lóbulo rudimental
que caracteriza el último molar en este género, se nota también
en m T aun cuando es menos acentuado que en m 3"-
Este lóbulo no está únicamente indicado, por la depresión
que presenta la cara externa del lolnilo posterior, como lo
dice el Dr. Ameghino (}); la escotadura (juc determina el tubér-
(1) Loe. cit. p. 568.
— 235 —
culo que se observa sobre la cara opuesta de esta rejion, con-
curre al mismo fin. Se nota un cingtdmn en la base de estos
molares, tanto en la cara interna como en la externa. Las dos
escotaduras principales de la cara interna de estos dientes son
estrechas y bastante profundas. El diámetro antero-posterior
de m "2 es de 14,8, el transversal IG y su altura 10,5. El diá-
metro antero-posterior en m ^ es de 16,5.
Amphiuasua brevirostris mor. et merc. ^qvx. et sp. nov.
Fundamos el género y la especie sobre un cráneo en buen
estado de conservación. Entre las formas actuales es el género
Nasua el f[ue presenta mayores analogías con esta nueva especie.
Cijonasua argentina Amegh. parece pertener á un tipo de hocico
mas prolongado que Amplúnasiia, en el que el hocico es relativa-
mente muy corto, mucho mas que en Nasua narica Burm. Las
figuras 58, 59 y 60 de la obra del señor H. Filhol, «Recherches
sur les phosphorites du Quercy » que representan el cráneo
de Cynodictis Gryei' ¥'ú\\, indican en este animal un parecido
bastante aproximado con el género que nos ocupa. Adelanta-
mos una figura de este cráneo de A. brevirostris estraida de la
obra que contendrá la descripción detallada de esta interesante
pieza, la « Paleontología Argentina », que este Museo ha empe-
zado á imprimir en sus talleres.
La fói'mula dentaria es la siguiente : i y c y pm ^ y m -
Los ii y il son pequeños. Fustán separados del il i)or un
pequeño espacio libre. Este úllimo diente está bien desarrollado y
es caniniforme. Los caninos son bastante altos y mas fuertemente
encorvados que en Nasua. La compresión lateral que caracteriza
estos dientes en Nasua es muy poco sensible en Amphinasna. La
carena sobre los bordes anterior y posterior es, sin embargo, bas-
tante clara. El espacio libre comprendido entre i A y desde 5.
Los molares están colocados en serie continua y apretados
los unos contra los otros. Los premolares son cónicos y au-
mentan de volumen de adelante hacia atrás. El pmi es muy
pequeño y está separado de d por un espacio libre que no
alcanza á 2. Los molares son de sección ti'ansversal en forma
de U, lijeramente abierta en el lado externo. Los tul)érculos
déla superficie masticatoria son cónicos. El mi presenta cinco,
tres externos y dos internos. Entre los tubérculos externos, el
— 23(J —
mediano es bastante elevado y el posterior es mas acentuado que
el anterior. De los dos tubérculos internos, el posterior se nota
apenas. Los dos últimos molares presentan cuatro tubérculos,
dos laterales iguales y poco elevados, y dos internos que afec-
tan el mismo desarrollo relativo y una disiiosicion análoga ú
lo que se observa en m ^ .
Hé aquí las dimensiones relativas de los dientes.
Diííinotro antero-posterior .
Diílmetro transversal . . . .
Altura ■
Kl largo ocupado por la serie de los molares superiores es
de 44. La distancia del borde posterior de m A al borde incisi\o
es de 57. Kl largo del cráneo, medido desde los cóndilos occi-
pitales hasta el borde incisivo es de 157.
Nota. — La descripción detallada de estos Mamíferos fúsiles, acouipaüada de las híniinas correspon-
dientes, se publicará próximamente en los Anales del Museo.
Museo de La Plata, Enero de 1891.
ESTRACCION DE FÓSILES BN EL BAJO DE ANDALÍíUALA. — IMIilIjii del Sr. MetllfCSSCl.
NOTAS SOBRE LA PALEONTOLOGÍA
DE LA
REPÚBLICA ARGENTINA
MUSEO DE LA PLATA
NOTAS SOBRE LA PALEONTOLOGÍA
DE LA
REPÚBLICA ARGENTINA
El inmenso material reunido en las series paleontoló-
gicas del Museo de La Plata, no nos permite presentar
aun un calálogo sistemático. Esta tarea, larga y penosa
requiere un personal y una literatura con que no conta-
mos, y las circunstancias difíciles porijue atraviesa el
país, alejan la esperanza de que tengamos los elementos
para publicar ese catálogo, en el tiempo y forma que
deseábamos.
Con el título- de Nofas sobre Ja Paleontología de la
República Argendna, iniciamos , una serie de publica-
ciones que aparecerán en la Revista del Museo de
La Plata, á medida que las circunstancias lo permitan,
y que el material estudiado presente suficiente interés.
Estas publicaciones serán como el pródromo del catá-
logo de la galería paleontológica del Museo de La Plata.
Las recomendamos particularmente á la atención de
los paleontólogos, y recibiremos con reconocimiento las
observaciones y las comunicaciones que quieran dirigirnos ;
y nos ponemos desde ya á disposición de los estableci-
mientos científicos y de los hombres de estudio, para todos
los datos que puedan serles útiles y para los canges, de
publicaciones y moldes de las piezas paleontológicas, que
quieran iniciar con este Museo.
La Plata, Abril i 5 de 1891.
Francisco P. Moreno.
l-'uudador y I)irector del Museo de La Plata.
SiMiisis Je la Faiilla ü los Istrapotlerliae
(EOCENO DE PATAGONIA)
ALCIDES NIERCERAT
Encargado d** secciou on el Museo de La Plata
Gen. Astrapotherium Burm.
Astrapotherium. Burmeister. Des. phjs. de la Rrp. Arg.
t. III, p. 517 (1879).
Mesemhriotherium. Moreno. Patagonia, etc. p. 20 (1882).
El vinje do esploracion del Rio Santa Cruz (Patagonia)
llevado á cabo en 1877 por D. Francisco P. Moreno (1), fundador
y director del Museo de La Plata, ha sido el punto de partida
de una serie de investigaciones hechas en esas regiones por
algunos empleados de este establecimiento, las que han dado
por resultado el descubrimiento de una fauna estinguida nume-
rosa, que vivió á principios de la época terciaria y que llena
muchos de los vacíos que presentaba la paleontología Sud-Ame-
ricana. Cierto es que en época anterior, se habían recojido
en las inmediaciones de Rio Gallegos algunos restos que han
sido descriptos por Owen y Flower; pero el reconocimiento
detenido de esos terrenos, l)ajo el punto de vista paleontológico,
data como queda dicho de las espediciones que han resultado del
viaje de Moreno. Este, encontró á algo mas de mitad de camino
entre el Atlántico y la Cordillera, ai- Jé de una alta colina
denudada, desparramados sobre la pendiente, algunos pequeños
restos de mamíferos interesantes, y examinando con mas dete-
nimiento el sitio de ese hallazgo, tuvo la feliz fortuna de des-
culjrir, incrustado en la base del terreno, un cráneo bastante
(1) MorenOj Viaje á la Patagonia Austral, t. T., Buenos Aires IS^O; in 8".
coinplelo de un gran animal de un tipo cuya existencia no se
sospechaba aun en estas regiones australes.
Desgraciadamente, las penosas condiciones en que viajaiía
su descubridor, no le permitieron detenerse á buscar otros restos,
pero lo hallado bastaba para asegurar que aquella región encor-
ral)a los vestigios de una fauna \ariada, como se ha comprobado
después, por las espediciones mandadas allí por este Museo.
Ese cráneo fué descripto cuando estaba aun envuelto en
la roca por el Dr. Burmeister(I), bajo el nombre de Astrapo-
thermm patagonicum; y posteriormente, Moreno llamó á ese
animal Mesembriotherium Brocae (2).
Sin embargo, debemos conservar el primer nombre por
i-azones de ¡M'ioridad.
Mas tarde, el Dr. D. Florentino Ameghino, lia podido es-
tudiar detenidamente ese cráneo en todas sus partes, en este
Museo, cuando era su Sub-Director, y ha dado una des-
cripción (3), de esta pieza y de otras mas, pertenecientes al
mismo género, y traídas por su hermano Carlos Ameghino,
de las mismas costas del Santa Cruz donde fué enviado por este
estublociniiento. Todas las piezas que resultaron de ese viaje, son
propiedad del Museo de La Plata, aun cuando en la obra citada
del Dr. Ameghino solo se menciona al pié de la descripción de
esas piezas el nombre de su hermano como descubridor, sin
indicar dónde se conservan, ni como fueron habidas; cierto es
que de haberlo dicho, desmentiría lo afirmado en su introduc-
ción, respecto á las hostilidades de que dice fué víctima por
parte del Director Moreno. Examinando esa obra se adquiere el
convencimiento de que mus de las \) 10 partes han sido hechas
con materiales, (¡ue siempre han sido de propiedad esclusiva
del Museo de La Plata, y que no se encontraban en ninguna
otra parte, al tiempo de'ia publicación de la obra.
Ameghino atribuye los restos de Astrapothermm del Museo
de La Plata, descriptos en su obra, á la misma especie Astra-
2)otIieríum magtium, á la cual reúne la especie que dio á conocer
OwEN, bajo el noml.ire de Nesodon magnus (4), fundada sobre
un fragmento de muela superior hallado en Rio Gallegos, anu-
lando así la especie Astrapot/ierium jjcttcfgonicuin, creada por Bur-
(1) BunuoistLT, Descriptimí physU¡utát la Rfjmbliipie Arcie«.liiw, t. III; Buenos Aires, 18711; 8"; p. 517.
(2) Moreno, PaUjgonia, resto dr un anííguo cünihwntc, Jwy submerjido ; Buenos Aires, 1882; 8"; p. 20.
(3) Ameghino. Ciintrihucion .: vniocimienio de los Mamíferos fósiles, ele. Buenos Aires, 1889; 4»;
p. 622—631.
(4) Owen. DescríptioH of somr ¡¡¡leeies of tke extiiwl gemís \esodoii, etc., PLil. Trans. 1S53; 4":
p. 308, 1)1. XVIII, f. 21, 22, 23.
— 243 —
MEiSTER, quien antes (jue Amec.mino liizo notor la posibilidad (i)
que el diente descripto ])ov Owen como de Nesodon magnus, per-
tenezca á Astrapolhcrium patagonicum.
Apesar de un examen detenido del cráneo recojido por
Moreno, y dado el estado de la ¡)ieza, debemos afirmar que
no nos es posible atribuii-lo con seííuridad á Astrapoihcriu)ii
magnuní ( Owen ), ni tampoco identificarlo á las especies que
mencionamos en seguida.
Si en vez del último verdadero molar, presentara el tipo de
la especie fundada por el Dr. Burmeister, otro verdadero
molar cualquiera, la cuestión sería planteada en un terreno
diferente.
Pretendemos nosotros que Astrapot}i.erium patagonicum Burm.,
en el actual estado de cosas, no juiede ser declarado sinónimo
de Asfrapotherium magniim (Owen), como lo hace el Dr. Ame-
GHINO.
La pieza figurada por Owen (2), nos parece corresponderá
m 1 del maxilar que describe Ameghino (2). Esta pieza pro-
viene de un individuo ya algo avanzado en edad.
VA señor Ameghino en la misma obra, (pág. 920), habla de
una nueva especie de Astrapotherium, de procedencia del Neu-
quen: pero en cuanto á los caracteres de esta especie, se reduce
á decir que su talla^ no alcanzaba á la mitad déla del Astrapo-
therium magnum (Owen), basado en que la corona del primer
verdadero molar inferior, tiene apenas un poco mas de tres cen-
tímetros de diámetro antero-posterior. Confesamos que no nos
es posible considerar esta nueva especie como fundada, y que
la deducción á que acabamos de hacer alusión nos parece mas
que atrevida, en presencia de animales tan poco conocidos. El
Astrapotherium angiistideiis Mere, que diagnosticamos mas ade-
lante, tiene la corona de la m y de 37,5 de diámetro antero-
posterior (3), y sin embargo, el maxilar inferior á que pertenece
este molar proviene de un individuo de talla tan fuerte como
el del cráneo que desculjrió Moreno y que describió Bur-
meister.
Gracias á las nuevas investigaciones á que nos hemos re-
ferido, practicadas por los empleados que el Museo ha enviado
en diferentes épocas á Patagonia, señores Carlos Ameghino,
Santiago Pozzi, Clemente Onelli, Eduardo Botello, Antonio Stein-
feld y Juan Ivovich, este establecimiento posee hoy material
(1) Burmeister, Loe. cit., p. 550.
(2) Ameghino, Loe. cU., p. 628.
Qi) El milímetro es la unidad de medida adoptada.
suficiente para formarse una idea de las diferentes partes del
esqueleto de Astrapotherium, cuya talla alcanza y pasa la de los
Dilíoceras presentando el esqueleto mas de una analogía con los
géneros Bathmodon y TJintntherhim.
En ocasión próxima haremos la descripción detallada é
ilustrada con planchas de las piezas que se conservan en el
Museo de La Plata, y por el momento nos concretamos á cor-
rejir algunos errores bastante groseros que encontramos en
el citado estudio del Sr. Ameghino (1).
Los huesos parietales concurren á la formación de la caja
encefálica, aun cuando la cresta sagital sea muy elevada. El
hundimiento de que habla el señor Ameghino es simplemente
accidental y es deliido á la fuerte depresión que ha sufrido la
pieza que describe.
La dentición de Astrapofíierium parece responder á la íóv-
mula i I c Y pm 4 m |-
La única pieza que nos pei-mite formarnos una idea exacta
de la dentición de la mandíbula superior, tiene la región inter-
maxilar bastante deteriorada. Entre los dos caninos se cuentan
los vestigios de cinco raíces, y queda un pequeño espacio libre,
en el que nos parece haberse implantado un sexto incisivo, aun
cuando dicho espacio, sea bastante estrecho, lo que atribuimos
á la depresión que ha sufrido nuesti'o ejemplar.
En una carta publicada en la Rerista Argentina de Historia
Natural (2), se lee que el Astrapotherium no tenia incisivos en la
mandíbula superior. No se esplica que el Dr. Ameghino acepte
esta opinión en su Revista, en presencia de las piezas (jue ha
examinado y descripto de este Museo.
Por los fragmentos que tenemos á la vista y que atribuimos
á los incisivos superiores, estos dientes tienen una corona rela-
tivamente mas ancha y mas alargada que los dientes corres-
pondientes de la mandíbula inferior. Como estos últimos, esos
dientes nos parecen liaber sido de dimensiones diferentes en-
tre sí.
Entre los incisivos de la mandíbula inferior, son los inter-
medios los mas débiles; i 3^ es mas fuei-te, y le sigue i y que
lo es mucho mas que los otros.
Los caninos de la mandíbula superior no constituyen de-
fensas tan formidables como lo deja entrever el Sr. Ameghino.
Medidas sobre el ejemplar i'i que aludimos, la i)arte extra-al-
(1) Amegliino, h<ic. cit,
('!) Amegliiuo. linista Argcníina ik Historia Xahrral; t. I, e. 2"; Buenos Aires, 1891; 8^ p. 120.
— 245 —
veolar solire lu faz anterior, siguiendo la curvo, no ha pasado
de 220. Esta misma medida, tomada en la faz posterior, pero
en línea recta, no ha sido mayor de 130.
Para fijar ideas, agregaremos que las defensas de la
mandíbula inferior que el señor Ameghino parece referir á in-
cisivos (véase obra citada pág. 629) corresponden á los caninos.
Este autor describe además los premolares de la man-
díbula superior del Astrapatherium magnum ( Owen ) con tres
raíces (obra citada pág. (127), y admite como ni/ij/ probable {pág.
628) el heclio de que el primer verdadero molar de la mi.sma
mandíbula presentaría cuatro raíces. Como el caso nos parecía
mas que dudoso, hemos hecho hacer las secciones necesarias
en el ejemplar á que se refiere el señor Ameghino y que es
propiedad de este Museo, no para asegurarnos del hecho, sino
con el objeto de tenei' un argumento irrefutable ú la mano, del
que resulta que los premolares en cuestión solo presentan dos
raíces y tres los molares.
1mi presencia del material de cjue disponemos, no es aun
posible proceder á una clasificación rigurosamente sistemática:
sin embargo, por el examen de la mandíbula interior, podemos
distinguir ya diferentes grupos naturales:
a Especies en las que los tres verdaderos molares inferiores
son de fuertes dimensiones, y no presentan, entre ellas,
grandes diferencias en su diámetro antero-posterior. El
diiimetro antero-posterior de m r es superior á 40.
b Especies en las que los tres verdaderos molares inferiores
son de dimensiones menores, y no presentan entre unas y
otras grandes diferencias en el diámetro antero-posterior.
El diámetro antei-o- posterior de m x es inferior á 40.
c Especies en las cuales m t es sensiblemente mas débil
que m 2" y m 3-, que son de fuertes dimensiones.
d Especies en las que m y y m 2" son sensiblemente mas
débiles que m 3, que es de fuertes dimensiones.
No queremos insistir |)or ahora sobre estos hechos. Es de
preverse que la mandíbula superior nos proporcionará carac-
teres mas acentuados aun. El material que estudiamos nonos
permite bastantes puntos de comparación para deducir conclu-
siones definitivas.
Hemos determinado ya seis especies nuevas, sin contar di-
versas piezas de este género, que por el momento no nos es
posible atribuir á tal ó cual especie.
246
Astrapotherium patagonicum Burm.
Astrapotherium patagonicum. Burmeister. Descr. phys. de la
Rép. Arg. t. III, p. 517. (1879).
Mesemhriotherium Brocae. Moreno. Patagonia etc., p. 20.
(1882).
Asirapotheriiim magiiwn. (Owen) Ameghino. Coiit. al con.
mam. fos., etc. p. 022. (1889).
El Museo de La Plata posee de esta especie el cráneo reco-
gido por el Sr. Moreno en su viaje ya mencionado, y que donó
con sus colecciones particulares para que sirvieran de base á
este Museo. Este cráneo es el tipo de la especie fundada por el
sabio Director del Museo Nacional de Buenos Aires. Hay que
agregar á esta pieza diferentes fragmentos de c i procedentes
de Monte León (Patagonia).
Astrapotherium magnum ( Owen )
Nesodoii magnus. Owen. Dcsc. of s. sp. of the, etc. gen.
Nesodon. Phil. Traiis. p. 308, pl. XVIII f. 21, 22, 23.
(1853).
Astmpotheritim magnum. Ameghino. Loe. cit. p. 622. pl.
XXX. f. 1, 2, 3. (1889).
A esta especie pertenece el maxilar superior y el maxilar
inferior derechos descritos por el señor Ameghino (veáse loe.
cit.) como también diferentes fragmentos dec y- Todas estas
piezas proceden del eoceno de las costas del rio Santa Cruz,
(Patagonia Austral).
Astrapotherium angustidens merc. sp. nov.
Esta especie está representada por un maxilar inferior ea
perfectoestado de conservación y diferentes fragmentos de dien
— 247 —
tes. A estas piezas agregaremos un maxilar inferior que solo
presenta vestigios de los molares, y diferentes fragmentos del
cráneo, que atribuimos provisoriamente á un individuo joven
aun, de la misma especie. Todas estas piezas proceden del
eoceno de Monte León, Costa Atlántica — Territorio de Santa
Cruz.
Esta especie jiertenece al grupo b. Se reconoce fácilmente
por el primer premolar que corresponde homológicamente á pm
T que es débil, por el lóbulo anterior de los verdaderos molares
de diámetro antero-posterior también débil, por las escotaduras
internas de los mismos molares bastante débilmente acentuadas,
la anterior sobre todo, y por la columna que se interpone entre
estas escotaduras, que es relativamente fuerte.
Mayor largo del maxilar inferior, medido desde el borde
incisivo hasta el borde posterior de la rama ascendente. 575
Largo del mismo, medido desde el borde posterior del cón-
dilo hasta el borde incisivo en Ifnea recta 5G0
Distancia en línea recta desde el borde posterior del cón-
dilo hasta la cima del apófisis coronoideo 134
Diámetro transversal del mismo, tomado inmediatamente
atrás de los caninos 139
Diámeti-o transversal' del mismo, tomado al nivel de pm t 149
» » » » » directamente atrás
de m 3 192
Altura del m:ixilar interior, tomada inmediatamente detrás
del canino 49
Altui'a del mismo, tomada inmediatamente delante dol pm t. 86
» » » detrás del m 3- • . 92
w » » sobre el apófisis coronoideo.... 28G
» » » sobre el cóndilo 222
Largo de la sínfisis 185
Largo del espacio ocupado por los molares 167
Largo del diástema que separa el canino de pm t 127
Las medidas relativas de los dientes son las siguientes:
— 2i8 —
Mutre los fragmentos de dientes que atribuimos á esta es-
pecie, losi mejor conservados se refieren á los molares m i, m
-- y mi. El fragmento que se refiere á m 1 pertenece á un
individuo menos avanzado en edad que los demás fragmentos.
Hé acjuí las medidas que se refieren á esas piezas:
Astrapotherium Voghti mekc- sp. nov.
Fundamos esta especie soljre fragmentos de maxilar inferior,
dientes y fragmentos de dientes procedentes del eoceno del
Chubut ( 1).
Esta especie pertenece al mismo grupo que la precedente,
aun cuando establece, hasta cierto grado, la transición entre
éste y el grupo c .
Se distingue de Astmpotherium angusUdens Mere, por el lóbulo
anterior de los verdaderos molares que es nías fuerte, por las
escotaduras internas de esos dientes que se acentúan mas, y
por la columna interpuesta entre esas escotaduras que es mas
débil.
Las dimensiones relativas délos dientes son las siguientes:
Diánictro auteroi-posterioi'.
( 1 ) Espfdiciou Ameghiuü, Botillo y Stfjult'ld,
— 249 —
Astrapotherium Burmeisteri merc sp. nov.
Especie fundada sobre un maxilar inferior en l)uen estado
de conservación y la parte inferior de un fémur. Estos obje-
tos han sido descubiertos en las capas eocenas del rio Santa
Cruz.
Referimos á la misma especie un canino del maxilar infe-
rior, también procedente de los mismos parajes.
El maxilar inferior ha sufrido una fuerte depresión, y la
diferencia considerable de desgaste que se observa sobre los dos
caninos no puede ser mas que accidental.
El individuo á t|ue ha pertenecido este maxilar ha sido de
mayor talla (|ue los otros individuos del mismo género que
conocemos.
Esta especie pertenece al grupo c, y se caracteriza \)ov el
lóbulo anterior de los verdaderos molares inferiores, relativa-
mente mas déljil aun que en Astrapotheriiiin amjiistidcns. Mere.
Las escotaduras de los mismos dientes, y la columna inter-
puesta entre las escotaduras, parecen haber tenido el mismo
desarrollo relativo 'que en la especie que acabamos de citar.
Hé aquí las principales medidas relativas á los dientes :
Hé aquí otras dimensiones correspondientes al maxilar
inferior :
Largo del maxilar inferior medido en línea recta entre el
borde posterior del cóndilo y el borde incisivo 670
Altura del mismo tomada inmediatamente adelante del
pm 4 108
Altura del mismo tomada inmediatamente atrás de
m 3" 125
Altura del mismo tomada sobre el cóndilo 278
Largo de la sínfisis 217
Largo del espacio ocupado por los molares 232
Largo del diástema (jue separa el pm 7 del canino... 130-140
S50 —
Astrapotherium Marshi merc. sp. nov.
Bepresentado por un cráneo cuya faz inferior está en Ijds-
tante buen estado de conservación y por fragmentos de dientes
estraídos de las capas eocenas de Monte León.
El Museo no posee ninguna pieza del maxilar inferior que
pueda referirse a esta especie. Nos parece corresjionder al mismo
grupo que la especie precedente.
Hé aquí las medidas relativas de los dientes :
Diílmetro antero-posterior
Altura
Diámetro transversal
I
Este cráneo ha sufrido una depresión lateral y el inter-
maxilar está en parte destruido. Solo indicamos aquí las prin-
cipales medidas :
Largo del cráneo, tomado desde el borde posterior de los
cóndilos occipitales hasta el borde anterior del pm 1. . . 440
Diámetro longitudinal del mismo comprendido entre el
borde anterior del pm 1 y la cresta occipital 548
Largo tomado desde la fosa glenoideal del maxilar inferior
hasta el borde anterior del pm A 312
Diámetro transversal del cráneo tomado entre el }iunto de
origen de los apófisis zigomáticos sobre la cara 318
Diámetro transversal tomado sobre m A 215
» )) » » pm — 133
Largo del diástema que separa pm 1 de c i 74
Astrapotherium Gandryi merc. sp. nov.
Especie designada sobre las siguientes piezas procedentes
de Monte Leen :
1 La parte mediana de un maxilar inferior.
2 Dos fragmentos de maxilares superiores, uno del lado
251 —
derecho con los tres verdaderos molares, y el otro del izquierdo
con los dos últimos verdaderos molares.
3 Los caninos fragmentados de un individuo.
4 Fragmentos de dientes.
5 Fragmentos del cráneo.
C) Un fragmento del epistrófeo presentando el apófisis
odontoideo intacto.
7 Otros fragmentos de vértebras.
8 Un omóplato derecho imperfecto.
'.) Otros fragmentos de un omóplato.
10 Un humero izquierdo.
11 La estremidad distal de dos humeros izquierdos.
12 Otros fragmentos de liumeros.
13 La parte i)roximal de un cubito derecho.
14 La parte proximal de un radio derecho.
15 La parte distal de un fémur derecho.
IG Otros fragmentos bastante numerosos de los miembros
anteriores y posteriores.
Esta especie pertenece también al grupo c.
Las piezas numeradas de 1 á 7 proceden de un mismo
individuo, y la mayor parte de las demás provienen de otro.
Hé aquí las medidas de los tres verdaderos molares:
El espacio ocupado |)nr los tres verdaderos molares supe-
riores es de 168.
Astrapotherium robustum merc. sp. nov.
Fundada sobre las siguientes piezas del eoceno de Santa
Cruz:
1 La rama izquierda de un maxilar inferior.
2 Un fragmento de maxilar superior izquierdo que con-
tiene los tres verdaderos molares.
— 252 —
3 La cabeza articular de la estremidad distal del humero
derecho.
4 Numerosos fragmentos de dientes.
Esta especie pertenece al grupo d. Se caracteriza además
por el lóbulo anterior de los molares inferiores de diámetro
antero-posterior relativamente mas débil que en las especies
precedentes.
Hé aquí las principales dimensiones de los dientes :
Gen. Listriotherium jiekc g. nov.
El material que nos sirve para establecer este género es
bastante reducido y destrozado. Sin embargo los caracteres que
liemos observado en las piezas que tenemos delante, son sufi-
cientes para indicar que se trata de un género diferente, aunque
vecino de Astrapotherium.
El Listríotherium parece que no ha excedido en tamaño á
Bathmodon Cope.
Los premolares superiores tienen dos raíces y los verda-
deros molares de la misma mandíbula tienen tres, como sucede
también en Astrapotheriiim Burm.
Uno de los caracteres mas notables de este nuevo género
consiste en la presencia de solo cuatro molares en la mandí-
bula superior, de los que uno es premolar y tres verdaderos
molares.
Listriotherium patagonicum mehc. sp. nov.
Especie estal)lecida soljre las siguientes piezas estraídas del
eoceno de Monte León:
— 253 —
1 La parte mediana de un cráneo.
2 Un fragmento de maxilar inferior, en el que están im-
plantados un canino y dos incisivos.
3 Fragmentos de dientes.
Las piezas 1 á 2 pertenecen ;i un mismo individuo. Han
sufrido bastante. Los molares de la pieza núm. 1, tienen la
corona completamente destruida.
Hé aquí las medidas aproximativas de esos dientes y las
que se refieren á los de la mandíbula inferior:
Diámetro autcro-postorior
Altura
l>iáiu('íro transversal. . .
42,5
45,
El diástema que separa el c i de la pm i nos parece haber
alcanzado 79 de largo. El espacio ocupado por la serie de los
molares superiores suponemos que no lia pasado de 125.
Listriotherium Filholi merc. sp. nov.
Fundada con los fragmentos de dos caninos, uno inferior
izquierdo, el otro superior derecho, del eoceno del rio Santa
Cruz.
Estos caninos son de dimensiones mas débiles que en la
especie precedente . El inferior se caracteriza por su Ijorde
anterior ancho, y no anguloso como en Listriothcrhim patcujoni-
ewn, lo mismo que por el surco ancho y bien marcado que
sigue ese borde. La capa de esmalte que subsiste en la faz
inferior de ese diente es mucho mas espesa que en la especie
precedente.
El fragmento del canino superior procede de la región
mediana de ese diente. El surco de la faz anterior de este
diente es poco acentuado. Se nota sobre cada una de las faces
laterales un surco mediano, y el de la cara lateral esterna
es bastante ancho. E\ diámetro antero-posterior que presenta
ese fragmento es de 28 y su espesor 25.
Gen. Xylotherium merc g. nov.
Designamos este género sobre un maxilar inferior, al que
lo falta la parte proximal : el borde incisivo también está des-
truido. Pertenece esta pieza á un individuo joven.
Los caracteres particulares nos indican, por un lado, relacio-
nes de estrecho parentesco con los géneros Astrapothcrium y
Listriotherium, y por otro motivan la creación de un nuevo género,
para el que proponemos el nombre de Xylotherium.
El maxilar inferior es menos fuerte que en los géneros
arriba nombrados y no se ensancha en su parte anterior como
en ellos. La síntisis es mas corta igualmente. Los bordes
superiores de los maxilares en la región del diástema que se-
para los caninos de los premolares, son angulosos en todo el
largo y se elevan mucho en toda esa región, sobre el plan sin-
fisario.
Los dientes están constituidos bajo el mismo tipo de los
géneros citados. Los caninos tienen un modo de implantación
que difiere sensiblemente del que se observa en esos géneros.
En vez de dirijirse casi horizontalmente hiícia afuei-a, los ca-
ninos de la mandíbula inferior de Xylotherium se dirijen obli-
cuamente hacia afuera, y afectan una posición casi vertical.
El borde incisivo está destruido, como lo hemos dicho, \'
no se observa en esa parte vestigios de esos dientes. A juzgar
por el espacio libre que se encuentra entre los caninos, el nú-
mero de incisivos no ha sido superior á cuatro, bastamos casi
dispuestos á admitir que no ha sido mas que dos.
En este ejemplar, contamos en la rama izquierda dos pre-
molares y tres verdaderos molares. Solo existen vestigios del
primer premolar, que pertenece á la primera dentición, y que
creemos estaba destinado á desaparecer. El reem{)lazo del
segundo premolar se había efectuado ya, pero este diente ape-
nas sobresale algunos milímetros del borde alveolar.
Xylotherium mirabile merc. sji. nov.
La pieza que nos sirve para fundar esta especie procede
del eoceno de Santa Cruz. El animal á que ha pertenecido nos
recuerda hasta cierto punto el Astrapotheriuui angustidcns.
— 255 —
En Xylotherium mirabilc, el lóbulo anterior que se puede
examinar en los dos |irinicros verdaderos molares inferiores es
de diámetro antero-pusterior relativamente mas fuerte <|ue en
la especie de Astrapotherium citada.
Damos aquí las medidas que permite tomar este ejemplar,
principiando por las de los dientes:
Largo del diástema que separa c ^ de pm -3 76
Largo del espacio ocupado por pm Tmyy my 105
Espesor de la sínfisis 29
Diámetro transversal del maxilar inferior tomado inmedia-
tamente atrás de los caninos 83
Diámetro transversal del mismo tomado al nivel de i)m r 115
Diámetro transversal del mismo tomado al nivel de m 2 141
Diámetro transversaf de las ramas del maxilar tomado al
nivel de ]im t 367
El mismo ul nivel de m y 420
Altura de las mismas tomada al nivel del borde postero-
inferior de la sínfisis 55
La misma tomada inmediatamente adelante de pm ^ .... 54,5
» » entre m t y m 11 58,5
Este animal no nos parece que haya sido de talla mayor
que el Listriotherium.
REGLAS
PARA
APRENDER Á HABLAR LA LENGUA MOSCOVÍTICA
QUE USAN MUCHA FARTE DE LOS INDIOS DEL CHACO, POR EL NORTE DE SANTA-FÉ
POR
FR. FRANCISCO TAVOLINI
MISIONERO APOSTÓLICO
(Continuación). — véase página 112
257
Evagayácca.
Agua
Arroyo — Lactienccolé.
Laguna chica — Lactoguilí.
ta r
Laguna grande — Caíin.
AGUA Y SUS RELATIVOS
Poxo de balde — Neyci.
Lactoguül.
Laqunita ^ \ ^ i '
■^ ( Lactogoctole.
(i[uy corregido en el origiDal).
Mar — Evagayácca, lodigat
navare.
ta
1. Yyá.
2. Diyaí.
3. Leya.
Pl. 1. Ardiyá.
2. Digaí.
Rio — Lactiengué.
LUGARES
Oiiidad
ta
Niíh.
Estancia
ta ta
Naá, té.
ta la
1. Yaá, té.
ta b ta
2. Daarí, Daactrí.
ta ta
3. Laá, Laaté.
Oente — Occomí, Niík.
Lugar, es — Lommá
1. Ydiomma, té.
2. YdommaíZ/7, trí.
3. Lommá, té.
Pl. 1. Ydiordommá, té.
2. Ydommadí, trí.
Mucha gente — YaTirippí.
Pueblito — Niccoléh.
33
— 258
GRANOS Y LEGUMBRES
ta la
Ajo — Aaccóse.
Batata — Batata.
Accalactí.
I Nasolék Indalii.
¡Nasolcá ladJalá.
Maicito — Nasolcolék.
Cebolla
CI/oclo, os <
MaU, es — Nasoléli, Nasolcá.
Maní — Maní.
Melón — Yctirarayé.
Porotos — Navirictiguí.
Sandía, as — Ne\'ag?íe, gué.
Semilla — Alá.
Semillita — ATolé.
Trif)o — Etantá.
la
Zapallo — Loquili.
NOMBRES Y APELLIDOS
la la
Naammatéh.
Apelativo
la ta
1. Yaammatéh.
la la
2. Daammactiguí.
la la
3. Laammatéh.
_£_ la ta
Pl. 1. Ardaammatéh.
ta la
2. Rdaammactiguí.
la
¿Como es tu apellido? — Men-
ta la
necta daammactiguí?
¿Como te llamas? — Meen ca-
0
denartí?
Nombre
" la
1. Eyennagát.
o
2. Cadennartí.
o ta
3. Elennagat.
ota
Pl. 1. Codennartí.
o
2. Cadennartí.
259
Bueno — Noen, Noinní.
f *"
„ , .iQuessaganrék.
(Quessaganrcá.
Can/ata bajo de tierra con cera —
Novennenenalgá.
Camata asi sin cera — Navetelalá.
Camachul, es — Ysclioaló.
Camino, os — NaaddíA', co.
,, ) Noennagá.
LaDipo, os ( ^ r
( Noennardí.
Desparejo — Sena los tá.
la ta
Fiero — Senoen, uí.
te r
Hoyo — Actemá.
ta
Hormiguero — Minnimí.
liO QUE SE VE EN EL CAMPO
Paja, Pasto —
Lachigiiana, as
catea.
Leña —
Nanaték, Nac-
Ncoippá.
1. Yñcoippá.
2. Neoipparí.
3. Ncoippá.
Pl. 1. Arncoippá.
2. Arceoipparí.
te
Avaeappí.
Parejo — Nalostá.
te r
Poxo — Actemá.
Rastro — Ylik.
Suelo — Alavá.
Terremoto, especie de hormiguero
ta
— Gallega.
Viaje — Novovovólc.
o
1. Yovovovók.
o
2. Dovovovorquí.
o
3. Lovovovók.
o
Pl. 1. Ardovovovók.
o
2. Ardovovovorquí.
Caminos.
Bueno, os •
te
Noen.
Noinní.
ta ta
Mero, os — Sennoen, ni.
Parejo, os — • Nalostá.
^ te
Desparejo, os — Senalostá.
2ii(J
COSAS DE CASA
Baiiro, os — Kopparki, arte.
lo
1. Yopparlft, octé.
io
2. Dopparladí.
to
3. Lopparifí, cté.
Basin ó Cáqquise — Añorqui.
1. Ayyorquí.
2. Cachorquicti.
3. Allorquí.
Coja — Nevaré, re.
1. Yevaré, ré.
h
2. Devarí.
3. Levare, é.
Ccijon ó liriúl (lo mismo).
Colchón
la
Necea >iék.
Necea ncá.
1. Yccanék, Yccancá.
2. Caccanigui, Caccanarí.
3. Leccanék, Leceancá.
Pl. 1. Coccanék, Coccancá.
2. Arcaccaniguí, Arcacca-
narí.
Cuchillo, os — Lenácte, di.
1. Liiccacte.
2. Leecacti.
3. Leecacte.
Pl. 1. Arleeccácte.
2. Arleeccáct¿.
3. Leeccacte.
la la
Jarra, as; jarro, os — Ectaqqui, 1.
la
1. Niectaqqu?, í.
b
2. NectagUí/, idi.
te
3. Nectaqquí, í.
te
Pl. 1. Arnectaqqiu', í.
b
2. kmeciaqnií, quidii.
Silla, as — Nopparlacté.
lo
1. Yopparlacté.
lo
2. Dopparlactf.
lo
3. Lopparlacté.
Tijeras — Aqqiiilelcaté .
1. Yaqquilelcaté.
2. Caqquilelcatrii.
3. Laqquilelcaté.
Pl. 1. Coqquilelcaté.
2. Rcaqquilelcatrii.
te
Tinaja — Connaé.
la
1. Yñconnaé.
2. Nconnai.
3. Nconnaé.
Fefcí; as (véanse Cosas de Iglesia).
— 261
TÍTULOS, GRADOS Y CONDICIONES
Cacique ■
.Naschí.
o
Nessayarnéh.
Caufitrt, as — Naú, Naá.
Cautivo, os — Naak, nauá.
Chasqui, es — Nelatek, nelatcá.
Criolla, as — Eddocolasse, sé.
» (/ente — Eddoccoschí.
I Eddo-coleék.
Criollo, os ¡ ta
i Eddo-colassé.
Curandero (el que cura sobando
y refregando sin dar reme-
or
dios) — Pactiornáca.
Curandera — Pactiornagá.
I Novactarnaleéhe.
Dragón, es{ Novactai'naTassé.
I ia
, Novaclarnaka.
( Yschipilassé.
Espinera \ . ta
i Yschipilassé.
I Yschipileék.
Espinera, asi ta
{ Yschipiniik.
Gobernador
Coronel
Mayor
Nessayarnéh.
Lo mismo.
Jefe, es — Kaschi, ll.
1. Yascli?, íl.
2. Ardassií.
3. Lasch/, íl.
Pl. 1. Ardasch/, íl.
2. Ardassii.
o o
Médica — Nactarinactarná.
o o
Médico — Nactarinactarnacá.
Montaraz, es
iNoennarcék.
Noennarcé.
, , , \ Noennarcé.
Montaraxa, as< ¡^
( Noennarcé.
Íta
Mocoilasé.
ta
Mocoilasé.
/ la ^
„ \ Mocoilek.
Faijsano, osi ¡^
( Mocoilasé.
la
Pobre, es (masculino) — Eogo-
b
dack, ccá.
Pobre, es (feminino)
daé, ayé.
Pobrecito — Eogodaeccolék.
te
Eogo-
Pobrecito de compasión
riscá.
ta
Tobas — Nactocovit.
Ligo-
— 262
COLORES — PELOS DE ANIMALES
Alaxan — Aluzun.
Amarillo — Conni.
o
Axtíl — Yccolácca.
Coñoyek.
Bayo i
Coñolcá.
Blanco — Ylagácca.
(Lalegalcá.
Coñoyéh .
Bayo
Colorado, os
Coñolcá.
Ectóh.
Ectogué.
r, 7 . iLectogavek
Colorado { ° •'„
Lectogatcá
Galeado Coñadi^
( Coñasaló.
Oscuro <
Lobuno — Lovo;^ ni.
Moro — Nuvek-aí/.-, gó.
Negro — Nave.
o
Laverayek.
o
La veralca.
Overo — Overo, Overol.
Picaxo — Picazo, ol.
Rosillo, os — EctolcaíA-, gó.
Bubio (caballo) Coñoyéh.
( Conclave
í t
&ÍMO Naveradi.
( Naversaló.
{ "
?brd^7fc LeccoTa^ek.
( Leccolgliá.
Tostado — Dostáol.
Verde — Ladalá.
— 2G8
Buenos días
Buenas tardes
Buenas noches
Para servir á Vd.
Lo >Ȓs
MODO DE SALUDAR Y CUMPLIMIENTOS
Y Vd., ¿cómo está? — Cliacacca-
b
mí dammn(iuesadí? — ó ec-
ut supra.
(ContesUirá como arriba).
Lá.
mo
Lá accamí (que-
riéndose liunrar la persona)
la
Accamí.
( Minnictari?
¿Como esfú\ ^ t
Vd. ? \ Dammaquesadí?
\ Dammarictinní?
/ ia
Estoy ¿ííeHo ^¡«mmacactarí.
(Ldiammacactá.
Muy bueno — Ldiammacatauh.
te
iVo estoy bueno — Mescainoén.
Estoy enfermo — YaTolá.
Estoy muy enfermo — 'YaTolauh.
{ Lecochioléh.
Estoy un \ ta
poco mejor ] Leccochioléh Idiam-
( macatá.
ia.
Estoy así no más — Yaqucidictá.
Te haré Ztowrtí'] Silactarn¡ra\o.
( Soyarniravó.
Ya estás U toctraeccá nquin-
despacJmdo) ^-^lg^^¿^
Ya estás JDammaquirni, loq-
despachada{ quivó.
Volverás ahora \ t^.^,,,^^: - „
JUappilio noma-
á la doctrina
lá doctrina.
FoZi;erás despMes) Dappiliü no-
de la doctrina ) majemmé la
doctrina.
Volverás más tarde
de la, doctrina
jDappilió no-
mancoppá
yemmé la
doctrina.
Volverás antes Dappffió nornas-
de la doctrina) ^, j.^ doctrina.
Algarroba — Ammappé.
Durasno — Durasno.
Higo, os
iLaverayolé.
o o
La\erarvolé.
FRUTAS
Manzana — Manzana.
Naranja — Naranja.
Tuna — Tuuna.
— -KW —
MUEBLES Y ÚTILES DE LA CASA
Aniiff, alé.
ta „ ¡a
- Annole, é.
Aguja, as -
Agujita, as
Cajita,as (de fósforos í Laicté.
obleas)
Lairi.
Cama, as.
1. Yommá, até.
b
2. Dommarí, ctrí.
3. Lomniff, até.
-^ . ( Nevaralék.
Damaniaiia, as L., , ^
•^ ' Nevaralgot.
Espejo, os — Lelo, ló.
1. YeTó.
2. DeToí.
3. Lelo.
Fósforos — Fósfoi'os.
Jabón — Qittgoniagat.
1. Yquiyornagat.
Tquiyornagacti.
3. Lquivornagat.
^ta
Navaja de afeitar — Naccareveloo.
1. Yaccareveloo.
2. Daccariviloó.
^ ta
3. Laccareveloo.
Navaja — Navaja.
Peine — Ectalgacté.
1. Yctalgacté.
2. Nectalgactii.
3. Nectalgacté.
Pl. 1. Arnectalgacté.
2. Arnectalgactii.
Plancha — Na\'Ogongacté.
CANTIDADES, MEDIDAS, CALIDADES
[ ta^
.,, \ Lacteele.
A to, os {
'I rta r
( Ladook, Laddoccó.
(También largo).
Ancha, as — Leccale'/í, got.
. , JATolék.
Ancho, os> rr-
I Alolgot.
„ . ( Leccochiolé.
Chica, asi r -t- i .
' Leccoliole.
•2C,:>
I la la
^ , \ Yocháca.
Gordo, o, os, o-sj («o
( Yocharyé.
( -^
Grmuk, e,9 Loddigate.
( Lecctaale.
Lacteugué.
(femenino) ) LacteeTé.
Grande, es \ '-■"^•^^^o'-
Grueso, a, — Tcateeccá.
Yo Tcadiccá.
Tu Tcadeccaí.
Aqnrl Tcaleeccá.
Nosotros Tcadeeccá.
Largo — f véase Alto).
Linda, as — Loyyáque.
Lindo, os — Loyyáque.
FUNCIONES DEL CUERPO, NECESIDADES Y APETITOS
(Termino limpio)
Aguas mayores — Annaglet.
1. Ayyaglét.
Pl.
2. Cactaglictí.
3. AlagTét.
1. Cogtaglét.
2. Arcactaglictí.
f'^Cómo vas respecto á evacuar? —
ta ta ^
¿Mennectarí cavilí cactaglictí?
Pl. 1. Ardaték.
ta
2. Ardactiguí.
Orines — Ncoyonnagát.
ta r o
1. Ñocogonnagát.
2. Ncogonnactí.
ta r o
3. Ncogonnagát.
ta r o
Pl. 1. Arncogonnagát.
ta r o
2. Arncogonnagactí.
Sed — Naqquippe.
1. Yaqquippe.
2. Daqquippí.
3. Laqquippe.
o
Sueño, dormir — Nelarek.
o
1. Ylarek.
2. Delariguí.
o
3. Lelarek.
Si
— :2C.i3 —
Pl. 1. Ardelarek.
2. ArdelarigLií.
Stieño. soñar — Nigiirmnrfark.
o
1. Yguemnctark.
2. Diguemactariguí.
o
3. Liguemactark.
o
Pl. 1. Ardiguemactark.
o
2. Ardiguemactariguí.
ENFERMEDADES
OVr/r/ — Quikigá, quíTagak
Ciego, os — Quílacra, quila.
ta ta
Grano, os — Linnecté, cté.
Hincharon — Navatl.
1. Yavatí.
2. Davatí.
3. Lavatí.
Manco — Lquelagatsaca.
JS'acido — Annilgoryé.
EJEMPLO :
¿Se te ha aflojado \ Malactayá
la inintada?
vaddavek.
ci . 1 j 1 \ Malacta^•ek
¿Seré lia quitado ) ,^
lo que sentías ?
quennavac-
tictaqué?
Puntada — Yadda^'ék.
r
Rengo — Lictisaca.
te r
Tuerto, os; a, as — Cocte.sacca.
Viruela — Nappilená.
1. Yappilená.
2. Dappilenari.
3. Lappilená.
— 267 —
. . , Yddios ictaaolek esanniardom
■• Dios mío te do¡/ mi alma y mi j ¡a ta _£_
coraxoH, haxlo bueno. ) iqquií, tiictarnactá nañani-
dimmó mdiennagan.
MANDAMIENTOS DE LA LEY DE DIOS
Manda Dios — LeTactarnák idios
ta
coctaá, iñcoctaá.
1". NchococUctú coctaa quen-
ta
noagué naschiagá : inni ape-
sék.
o
2°. Tootarnactennactió lactisse-
narnácte: inni segundo.
3». Aqquió noinanaagaú loddi-
ta o
gat: inni tercero.
4". Aqquió cactai cliardactii:
inni cuarto.
o
5". Toctarnalvactarnió: in-
ni quinto.
6". Toctarncavatió: inni sesto.
o
7'\ Toctarnocactió: inni .sépti-
mo.
_£_ ta
8'\ Toctarnanorictá schimmó
ta _ _2_ la
eccá nactilik toctárnamunió:
inni octavo.
9'\ Toctardipi)ictió lová vale le-
ya : inni noveno. •
_£_..„ ta
10. Toctardippictialó eccua ac-
0 o
tecté eyemmagá : inni déci-
mo.
— 268
FRASES DE COMPARACIÓN
Yo quiero mas á Pedro que á Pa-
blo. — Aim namchococtá in-
ni Pedro quinni Pablo.
Pedro es alto corno Pablo. — Ctilad-
dók minni Pedro que Pablo.
Pedro es alto como vos. — Ctilad-
dók e Pedro maccamí.
Yo soij alto couio Francisco. —
Aidiaddók minni Francisco.
3Ii padre es mas alto que Vd. —
Tcaladdók icta.í namladdók
caccamí.
Mi padre es mas viejo que Vd. —
Yctaá namcoogoyek caccamí-
namquiilli — tiene mas ailos.
Mi padre es vías bueno que Pe-
dro. — Yctaá namnoen que
Pedro.
¿Quien es mayar? — Niganam-
quii.
Mi padre es mas rico que Vd. —
Yctaá namcave nquiddi, na-
actecté caccami.
Pedro es rico como Pablo. — E
ia
Pedro avie naactecté locta-
quen ennectá mecca e Pablo
mennectó meerico mecca.
Pedro es fuerte como Pablo. —
te
E Pedro daniuh ennectá mec-
ca e Pablo.
Pedro es ma^ rico que Pablo. —
K Pedro yappaguevéh meeri-
co queccá e Pablo.
Pedro es mas ftierte que Pablo. —
E Pedro yappacavéh dannii
que e Pablo.
Pedro es muy ftierte.
dro danniicti.
E Pe-
Pedro es el mas fuerte. — E Pe-
dro yappaguéh dannitíA (el
tih testado).
Pedro es fortisimo. — E Pedro
mescaeccá nqueen malam (ar-
riba está esta palabra añara-
r r
yeuk) e Pedro añarayeuk.
Nota. — Cli debe ser articulación de 3* persona, como Ai lo e.s de 1*. — Aidi-
addók es un ejemplo de adjetivo conjugado. — El Cti y el Tea deben ser varian-
tes de una misma persona.
269 —
LOS VERBOS Y SUS CONJUGACIONES
Aborrecer — Doqquiancatú.
Acabar — Lommactii.
flao
Alegrarse — Neectoniaco.
Amar — Avoyó.
Al/dar — Oqquió.
Apearse — Dennoctinní.
la
Apretar — Pactarrini.
Arrastrar — Avoglinió.
Asar (véase Cocer).
Caer — Assovaní.
Caer — Annancuí.
la
Casarse — Oníi.
r r
Castigar — So vagan, Sovaraagan
Cansarse — Nchcoictevéh.
if
Cocer (comida) — Ne\arrarnak.
Cocinar — Dactonlí.
Codiciar -
Comandar
Dissió.
la JLS.
— Yilnactarnii.
Comenzar — Soetegué.
to h
Comer — Squee, Eclari.
la
Concebido — Noectaó.
i n
Confesar — Ychococtarni.
tn
Confiésese — Ychococtarnió.
Conocer (véase Saber).
ta
Correr — Niguén.
ID
Dar — Yani, Avoyé.
Dar puntazo — Avoyé yadéh.
Deber — Avoyé debe.
Dejar el trabajo — Lessarní.
Dejar el caballo — Poanní.
Decir — Yniapék.
Desear (véase Codiciar).
Desmayarse — Dilivari.
Desterrar — Nalót.
Disgustar
Doler
Dormir — Silácca.
b la_
Mesvchocoictó.
la
Yevet.
Embriagarse — Quinnivissactili.
te
Empezar — Soet, Soetegué.
Entender (véase Saber).
Escachar — Nagayarnií.
Esperar — Saliaó, Ñavanaó.
Estar — Innictá.
Estar así — Linnictá.
la
Estar quieto — Caammectanní.
Estudio (véase Leer).
Fm-nicar — Cavaták, Navo\ák.
<3-
Gustar — Ñania (?).
— 270 —
ta
Haber — Negué.
hb
Hablar — Eclarí.
Hacer — Oictí.
Hallar — Lannatá, ó.
Herir (véase Lastimar).
Honrar — Aqquió, Amartió.
ta
Huir, clisparar — Eectó.
Hurtar — Occaclió.
bo
Importar — Evogot.
ta
Ir _ Asík.
Jurar — Avovó latisenarnarté.
Lastimar, herir — Avoyé linné.
r
Leer, estudiar — Doennagan.
la
Levantarse — Linnissigom.
X.L
Manifestar — Sugat.
tato
Matar — Alouclurni.
ta ta
Mentir — Namanni.
Mirar — Siranaá.
Mirarse — Nevanita (?).
Montar á caballo — Dennorschi-
Morir
Dieleí.
IsT
Nombrar — Eyeccappegá.
o
Ofender — Sassoalék.
ta
Oir — Agayó.
b _b_
Ledo, Leda.
Parecer
Parir — Coó.
Pedir — Aschilarnii.
tn
Pensar — Adenactarní.
Perder — Assó, NaTaní.
Pesar — Nectoctió, Sassoalék.
b
Pertenecer — ■ Evogot.
Poder
Poner
Preguntar
ta
nactió.
Sissít.
Avovó.
¿10
Ennactarnió, En-
Prohar — Yqiiiiinió.
Quemarse — Yavíli.
r ta
Querer — Ychocoictó.
— -211 —
b
Relampaguear — Quilegú.
Reir — Dayelegi'é.
Eendirse el caballo — Yissót.
Fe.<tpo)i(ler — Ossactii.
Restituir — Yschitinnió.
ia
Saber — Adinió.
Salir — Sinnornóh.
SaHtificar — Aqquió.
Ser — Edá.
Sentir
Servir
Subir
^ ia la
Ñovataé, niacca.
te
Naguiní.
Assisigóm.
Venir — Aqui*', Eyalí.
Ver — Sivan.á, Savaná.
Advertencia al Lector.
Las i-ifras de la izquierda importan :
1. Yo.
2. Tu.
3. El, ella ó ello.
Pl. 1. Nosotros.
2. Vosotros.
3. Ellos ó ellas.
Aborrece):
Yo aborrexeo.
1. Dioqquiá, vel Soqquian-
catá.
2. Doqquiayá, Oqquiancnc-
taí.
ta
3. Noqquia, Doqquiancatá.
Pl. 1. Ardoqquíá, Soqquianca-
tácca.
2. Doqquiayá, Ocquiancac-
taí.
3._ Doqquiancactá, Doqqui-
ancactayé.
Yo aborrecin.
r
1. Loqquiancactagan.
2. oqquiancactaí.
3. Doqquiancactaíí.
Pl. 1. Loqquiancatácca.
2. oqquiancaetaí.
3. Doqquiancactayé.
lo aborrecí.
1. Soqqiüancató.
Pl. 1. Soqquiancatacó.
2. Doqquiacatayó.
Aborrecer — Doqquiancatá.
Aborreced vos, vuestros pecados —
Oqquiancatayó.
Aborrece, tu, tus pecados — Doq-
quialo dassoaguí.
Es preciso aborrecer los pecados
que has Jiecho — Ldoqquialó
ncoictié dassoaguí.
TRANSICIONES:
Pl.
3. Yo los aborrexco — Dioq-
quialó.
1. Pedro me aborrece — E
Pedro noqquiaivá.
2. Pedro te aborrece — E
Pedro noqquiarvá.
3. Pedro lo aborrece — E
ta
Pedro noqquiá.
— 273 —
Pl. 1. Pedro nos aborrece — E
o
Pedro noqquiarvó.
2. Pedro os aborrece — E
o
Pedro n()q(|uiarvá.
3. Pedro los aborrece — E
Pedro noqquiaTó.
2. Nosotros te aborrecemos —
Ardo({quiarvú.
3. Nosotros lo aborrecemos —
Ardoqquiií.
Pl. 1. Nosotros nos aborrecemos
— Ardoqquialtá.
2. Nosotros os aborrecemos —
Ai'do(|(iuiarvá.
3. Nosotros l[/o.s aborrecemos
Ardo(|(|uialó.
Aquellos se aborrecen. — Eccuá
doqquiancaotay.
1. Aquelhs me aborrecen —
Noqquiatá.
2. Aquellos te aborrecen —
o
Noqquiaarvá, ó, Acca-
mi loqquialté.
3. Aquellos lo aborrecen —
Noqquiatá.
Pl. 1. Aqndlosjnos aborrecen —
I o
Noqquiaarvá.
2. Aquellos os aborrecen —
Accami loqquialté.
3. Aquellos los aborrecen —
Loqquiacaté.
3. Tn lo aborreces Doqqui-
arctii.
Pl. 1. Tu nos aborreces — Ar-
doqquiarvá.
2. Tu los aborreces — Doq-
quialó.
Acabar — Yommacté.
Yo acabo.
ia r
1. Sommacte.
ío r
2. Lommactii.
ta r
3. Yommacté.
ta r
Pl. 1. Sommatácca.
ia
2. Lommactii.
ta
3. Yommacté.
Pl.
ta
VEL
1. Sommát.
ia
2. Lommactí.
ia
3. Yommát.
ia r •
1. Sommatácca.
ta
2. Lommactii.
ia
3. Yommacté.
r
El sommat.
Yo acompaño.
1. Aim Yiyá, Scoyá.
2. Diyaí, Coyarí.
3. Yya, Coya.
Pl. 1. Ardeyá, Scoyarác-
ca.
2. Diyaí, Coyarí.
3. Liyá, Coyacté.
35
274 —
To te acompañaré.
1. Ninnaneetapini.
2. Newñctapini.
3. Nennanectapini.
Pl. 1. Ninancactapnictrapini.
Yo me acostaré.
1. Ninnañó.
2. Nenuanió.
3. Nennañó.
Pl. 1. Ninnarñó.
2. Nennanió.
3. Nennaniñó.
Yo estoy afligido.
\. Satictactá.
2. actictactí.
3. Yactictactan.
Pl. 1. Sactictar«fffr-fl \el ctiác-
fa.
2. actictactí.
3. Yactictarctié.
Estando afligido — Assuectávo-
gué idí yactictactíh.
Habiendo estado afligido — As-
suectavogui idí nactictactíh.
Estog muy afligido por esta mi
dolencia — Aim assuectaavo-
gué idí iiactictactaíh quem
yevectéh.
Estar afligido
Yactictaih.
Snctictactá.
Yo aflojo una casa que tenemos
entre dos 6 mas.
1. Socoyartogué.
2. occoyartiogué.
3. Yoccoyartiogué.
o
Pl. 1. Soccoyarctavogué.
3. Yoccoyartiogué.
Aflojaré.
1. Soccoyartocó.
2. occoyartiocó.
3. Yoccoyartocó.
Pl. 1. Soccoyartavoccó.
3. Yoecovartroccó.
Pedro te aguarda
valiarvá.
— E Pedro
— 275 —
Pedro lo agnarda — E Pedro
yaliá.
Pedro me (ujiíarda — E Pedro
yaliaivá.
Pedro nos aguarda — E Pedro
yaliová.
Pedro, os, aguarda — E Pedro
yaliavá.
Pedro los aguarda — E Pedro
yalialó.
Yo te aguardo — Aim saliaguá.
í te °
( Niictonague.
Yo me alegro.
1. Aim niicton.
2.
3.
Pl. 1.
2.
3.
ta
neectoní.'
ta
neecton.
ta
Niictonácca.
ta
neectoní.
neectoné.
Yo me alegraba.
ta ta ta
1. Aim niictonague.
2.
3.
Pl. 1.
2.
3.
neectoniague.
nectonagué.
Niictonague.
ta
neectoniaguét.
ío ta
neectoneragué.
Yo me he alegrado.
ta ta
1. Aim Niictonagneum.
2. neectoniague.
3. nectonasuéux.
Pl. 1.
2.
3.
Niictonaguéu.
la ta
neectonagueuedá .
ta
netoneraguéu.
Yo me hube alegrado.
1. Tomque niictonague.
2. Tom neectoniague.
la
3. Lactomqueneectonagué.
Pl. 1. Lactómqueniictoniagué.
2. Lactomque neectonia-
gue.
3. Lactomque neectoneda-
Yo me Jiabia alegrado.
ta
1. Tomqueniictonagué.
2. leectoniagué.
3. Lactomqueneectonagué.
ta
Pl. \. Lactom niictonague.
2. Lactomquende neecto-
niague.
3. Lectoneragué.
Que yo me alegre.
ta
1. Niictono.
ta
2. Neectonió.
3. Neectonó.
o ta
Pl. 1. Niintonco.
2. Neectoniacoedá.
. o ta
3. Neecton, ó.
Yo me alegraré.
1. Niictonacó.
o ta
2. Nectoniacó.
— 276
3. Nectonaqué.
o ta
Pl. 1. Nictonaco.
ota
2. Nectoniaco.
o ía
3. Nectoneraco.
Yo me habré alegrado.
1. Lactomque niictonagué.
2. Dioma neectoniagué.
neectonagué.
fr a
niictonagué.
3.
Pl. 1.
2. Diomaneectoniagué.
3. Diomaneectoneragué.
Alégrate, tu.
2. Neectoní accami.
3. Neectonó eccá.
la
Pl. 1. Niictonacó ená ocom.
bo
2. Neectoniaguen accami.
o
3. Neectoo eccuá.
Que yo me alegre — Ver arriba.
Si yo me alegrara, ó me alegrase.
1. Queltraniictonagué.
2. Queltraneectoní.
3. Queltraneectonagué.
Pl. 1. Queltraniictonagué.
2. Queltraneectoniaguó.
3. Queltraneectoneragué.
Yo me alegraría.
1. Niiclonariquét.
2. Neectoniagué.
3. Neectonariquét.
Pl. 1. Niictonariquét.
2. Neectoniaiquét.
3. Neectonerariquét.
Que yo me haya alegrado.
1. Niictonaquedá.
2. Neectoniaigué.
3. Neectonagué.
Pl. 1.
Lactomniictonagué.
2. Lactomquedá neectonia-
gué.
3. neectoneragué.
Si yo me hubiera, ó hubiese ale-
grado.
b d r
1. Queectomar niictonagué
b d r
2. Queectomar neectonia-
gué.
b d r
3. Queectomar nectonagué.
b d r
Pl. 1. Queectomar niictonagué.
b d r
2. Queectomar neectonia-
b d r
3. Queectomar neectonera-
gué.
Yo me habría alegrada.
b d ta
1. Oueectara niictonagué.
f r
2. Dioma niictoniagué.
3. neectonagué.
Pl. 1. niictonagué.
2. Dioma niictonagué.
3. Dioma nectoneragué.
Sí yo me alegrare.
bfr
1. Queectar niictonagué.
— 277 —
blr_
2. Queectur neectoniaguó.
i^ ta
3. Queectnr neecton.
Pl. 1. Queectiir nüctonargué.
bfr
2. Queectar neectoniagué.
bfr
3. Queectar neectoneragué.
Si yo me hubiera alegrado.
fComo el anterior)
nuctonagué.
Pl. 1.
/■/■»• "
2. Queectaredéneectonia-
gué.
ffr
3. Queectarendéneectoné.
la o
Alegrarse — Neectoniáco.
Haberse alegrado — Lactomneec-
toné.
Haberse de alegrar — Edá tom-
nectoné.
Alegratidose — Neectonió.
Habiendo de alegrarse — Laac-
tomqueedá niictón.
Apreciar.
Amar
A royó.
Yo amo.
^ le
1. Sa\ae.
ta
2. avové.
ta
3. avoé (a?).
ta
Pl. 1. íSavoqué.
la
2. avové.
'ta
3. avoté.
Yo amaba — Ut prcesens.
Yo amé.
ta
1. «Savaé.
ta
2. avové.
ta
3. avao.
ta la
Pl. 1. /Savoqué nallacá.
ta
2. avoyé.
3. avoté, madiavotó.
lo he amado.
ta
1. Savaé.
la
2. avoyé.
3. avaé.
Pl. 1. Savoqué.
ta
2. Madiavoyé.
3. avoté.
Yo huve amado.
la
1. Tom savaé.
la
2. Lactom caxoyé (y?).
ta
3. Lactom cavaé.
la
Pl. 1. Tom savoqué.
la
2. Lactom cavoge (y?).
la
3. Lactom quedaavoté.
Yo halda amado.
ta
1. Tomcsavaé.
2. Lactomcavové.
la
3. Tomcavaé.
Pl. 1. Tomsavagué.
te
2. Lactomcavoyé.
la
3. Lactomcavoté.
— 278 —
Pl.
Pl.
Pl. 1. Savocó.
2. Avoyó.
3. Avotó.
Yo amaria.
ta
1. Savaequét.
2. Avayéquét.
3. Avoó.
Pl. 1. Savoquequét.
2. Avoye(iuét.
3. Avotequét.
Que ¡JO haya amado.
1. Aim Lactom savaé.
— 279 —
Si yo amare, etc.
1. Aim savequét.
2. mavoyequét.
3. avaequét.
Pl. 1. Savoquequet.
2. avoyequét.
3. avotequét.
Ciuindo yo hubiere amado.
1. Eccanatoth savaé.
2. avoyé.
3. savaé.
Pl. 1. Savoqué.
2. diavoyé.
3. eccua niessi-
temaavoté.
Amar — Avoyó.
Haber amado — Avequét savoé.
Haber de amar — Diissiyó ma-
voyé.
Amando — • Avoyó.
Amante — No hav.
bd
Habiendo de amar — Quettar-
dissitimavoyé.
I E Pedro avoyé.
Pedro me ama \ E Pedro ncoic-
tivá.
bo
Yo te amo — Aim savarrí.
Yo andaré.
1. Sectoannó.
2. octaonnió.
3. Yoctoannó.
Pl. 1. Soctoancó.
ta
3. Yoctoanó.
Andar — Oqquió.
Yo ando.
1. Asiectá.
2. Oqquiictá.
3. Eqqueectá.
Pl. 1. OccoTcatá.
2. Oqquiictá.
3. Eqquectrá.
Yo andaba — Asiectá.
Yo andaré'.
1. Asiectó.
2. Oqquiictó.
3. Eqqueectó.
Pl. 1. Occolcactó.
2. Oqquiictó.
3. Eqqueectró.
lo me animo.
Pl.
ta
1. Sconnevó.
la
2. connivo.
3. connevó.
1. Sconnovó.
ta
2. connevó.
Yo me animaré
ta ta
Sconnevó.
Yo me animo.
1. Ñoqquigó.
2. Noqquidivó.
3. Noqquivó.
Pl. 1. Ñoqquigavó.
2. Noqquivó.
^ ta
Yo me animaré — Noqquigo.
— 280 —
Apearse — Dennoctinni.
Apretar — Pactarnní.
Yo aprieto.
1. Spactarni.
2. pactarriní.
3. pactarní.
Pl. 1. Spactarsoné.
2. elpactarní.
3. elpactaquini.
Yo apretaba.
1. Spactacatarní.
2. Ipactarriní.
3. Ipactacatanní.
Pl. 1. Lspactasonní.
2. Ipactarritanní.
3. pactacatraní.
Yo apreté.
1. Spactarni.
2. Ipactarini.
3. Ipactarní.
Pl. 1. Lspactarsonni.
b
2. elpactaritanní.
3. elpactaquini.
Yo he apretado.
1. Elspactarní.
2. Elpactariní.
3. Elpactacatanní.
Pl. 1. Elspatacotanní.
2. Epactaritanni.
3. Elpactarini.
Yo hube apretado — Lactoms
pactarni.
Yo había apretado — Lspactarní.
281
Yo apretaré.
la
\. Spactarnió.
2. pactarinió.
3. pa(;tacatannió.
Pl. 1. Spactascannió.
2. pactarinió.
3. pactacactrannió.
3Ii padre me dice que apriete —
Yctaa ennapéh spactarnió.
Que yo apriete.
1. Spactarnió.
2. pactarini<'i.
3. pactarnió.
Pl. 1. Spactarsonnió.
2. pacfareni(').
3. pactaquinnió.
Apretar — Pactaniní.
Apretando — Spactacíjctannió.
Haber apretado — Lactomspac-
tarní.
Haber de apretar — Diomals-
pactarnió.
Pedro me aprieta — E Pedro
o r
ipactanni.
Yo te aprieto — Aim spactar-
rini.
Yo arranco.
1. Ñappók.
2. Nappoguí.
3. Nappók.
Pl. 1. Ñappogacca.
2. Nappoguí.
3. Nappogué.
Yo arrancaré.
1. Ñappoccó.
Nappogaccó.
Nappoogueó.
Arranco (un árbol?).
1. ÑappO(|uecták.
2. Nappoíiuicták.
3. Nappoquecták.
Pl. 1. Ñappococták.
2. Nappocjuesák.
Yo arranco (yugo).
1. Sai)pogon, Sappogornec-
ták.
2. appogoni, appoñicták.
3. Dappogon, Dappogo-
nuecták.
Pl. 1. Sappognnca, Sappogon-
cacták.
3. Da|)pogoné, Dappogon-
nectapé.
Arrastrar — Avoglinió.
282 —
Pl. 1. Lsavoglennacca.
2. Lavogliní.
3. Lyavoglené.
Yo hfib'ta arrastrado.
1. Lsavoglén.
2. Leavoglinní.
3. Lyavoglén.
Pl. 1. Elsavoglennacca.
2. Leavogliní.
3. Lyavoglené.
Arrastraré.
1. Savoglenó.
2. avoglinió.
3. Yavogleaó.
Pl. 1. Savoglencó.
2. avoglinió.
3. Yavoglenó.
Arrastrar — A\oglinió.
Haber arrastrado -
vogleú.
Haber de arratitrar
vogleú.
Diomalsa-
Diomalsa-
Arrastrando
Arrastrado -
- Savoglennetacco.
Lsavoglén.
Habiendo de arrastrar — Lac-
tomcsavoglen.
Tin perro agarró á Pedro y lo
te
arrastró por ana cuadra. — Eo-
nolék épioco yacooná e Pedro
yavoglén lesseglék.
ün tigre me arra.^tró —
b
Lidiartarvéh vavoglén.
Eoná
Yo he visto el rastro del tigre —
Aim sivaná ilík, Lidiartaryék.
Pedro me arrastra — E Pedro
diavoglen.
Yo te arrastro
Aim savoglini.
Asar
Dactorctii.
Yo «.so.
1. Diactogot.
ob
2. Dactorctii.
3. Daactogot.
Pl. 1. Diaactooctácca.
_b_
2. Dactoctií.
3. Daactotcté.
Asa la carne
Daactoctií.
Yo atropello.
1. Aschiguilék.
2. oqquíilék.
3. eqquelék.
Pl. 1. Soccolarlék.
3. eqquerlék.
Yo atropellaré.
1. Aschiguilcó.
2. oqquiileccó.
3. eqquelcú.
Pl. 1. Soccolarcó.
3. eqquerleccó.
283
Yo nfmpdlo.
la
1. Siguennectalék.
ia
2. iguinnictalék.
ía
3. iiiuennectalék.
Pl. 1. Siguencaotalék.
ía
3. iguennectralék.
To atropellaré.
1. Siguennectalcó.
2. iguinnictalcó.
3. iguennectalcó.
Pl. 1. Siguencactalcó.
3. iguennectarcó.
Yo oipido.
ta
1. Soetoan.
ta
2. octoanni.
te
3. Yoctoan.
te
Pl. 1. Soctoannácca.
ía
3. Yoctoanné.
Yo ayudaba.
ta
1. Soctoannapék.
ta
2. otoanniapék.
3. Yoctoannapék.
Pl. 1. Soctoancapék.
iYoctoannerapék.
' |Yoctoannapé.
Yo ai/iídaré.
1. Soctoannó.
2. Octoannió.
3. Yoctoan nó.
Pl. 1. Soctoancó.
2. octoannió.
ta
3. Yoctoanó.
284
Bautixar — Occorarnil.
Yo haiitixo.
b
1. Soccoragan.
2. occorarnií.
3. Doccoragan.
Pl. 1. Soccorarnácca.
2. occorarnií.
3. Doccorarné.
Yo bautizaba.
1. Soccoragan nallacá.
Yo he bautizado.
1. Lsoccoragan.
2. Loccorarnii.
Yo bautizaré.
1. Soccorarnó.
2. occorarnió.
3. Doccorarnó.
Pl. 1. Soccorancó.
2. Loccorarnió.
ia
3. Doccorarn' o.
Bautiza tu.
1. Occorarnií.
2. doccorarnó.
Pl. 1. Soccorancó.
2. occorarnió.
3. Doccorarnó.
Bautizar — Occorarnií.
Habiendo de bautizar — Elsoc-
corarnó.
Habiendo bautizado
ta
rasan .
Elsocco-
Batitizando — Elsoccorarnecta-
péh.
Bautizado — Elsoccoragan.
¿Estas bautizado? — Mal occo-
rigui Icaiguí.
¿Está bautizado ese uiño? — Mal
occorigui Icaíh enná enno-
got?
g Quién lo ha bautizado? — Quec-
caqué ñoccoriguí Icailr?
Pedro me bautiza — E Pedro
yoccorigilcaih.
Yo te bautizo — Aim soccori-
(juilcaigui.
Beber — Nieet.
Yo bebo.
285
3. Lneét.
Pl. 1. Lniectácca.
2. Lñiictií (n?).
3. Lñecté.
Halda bebido — Enieet.
Yo beberé.
1. Niectó.
2. Nictió.
3. Lnectó.
Pl. 1. Niectacó.
2. Niictió.
3. Lneectoó.
Beber — Nieet.
Bebiendo — Nieetacatápéli.
Habiendo bebido — Lniectacatú-
péh.
Yo busco, ando buscando
(lanectaqué.
1. Sidanakqué.
2. edaniakqué.
3. idannectákqué.
Pl. 1. Sidancatakqué.
3. idanectraqué.
Yo ando buscando.
1. Sidanectáqué.
2. edanictáqué.
3. idanectáqué.
Pl. 1. Sidanca taqué.
3. idanectraqué.
Kccua idaneracó.
Yo busco.
1. Sidannapqué.
2. edanniaqué.
3. idanapqué.
— Si-
Pl. 1. Siramcacqué.
2. edaniaqué.
3. idanerapqué.
Yo buscaré.
1. Sidanapcó.
2. edaniacó.
3. idanapcó.
Pl. 1. Siduncacó.
2. edaniacó.
3. idnnerapcó.
¿Qué buscas? — Quennequé
nquedánitapqué.
El Tabaco — Nasseréh.
Búscalo — Edaniajiqué.
Mi carbón — Aimi poccó.
Tu carbón. — Cadami poccó.
Yo cago.
1. Sactarneh.
la J±
2. actarnivéh.
ta H.
3. Dactarnek.
ta 12-
Pl. 1. Sactarnavek.
ta JLÍ.
3. Dactarné.
Yo cagaré.
1. Sactarneccó.
2. actarniveccó.
ta
3. Dactarneccó.
Pl. 1. Sactarnaveccó.
3. Dactarndeccó.
3G-
— 28(')
Hijo de ntia que fe lleve el D/'a-
blo — Elvayok magactí ecca-
nayapéh.
Verdad — llili.
ta
Mentira — Mancactaic.
00
Hijo de Puta — Elavoyek.
Hija de Puta — Mlavayé.
Caer — Annoncni.
Yo caigo.
1. Sanuaucni.
2. annactiní.
3. annancni.
Pl. 1. Sannactarní.
2. annactiní.
3. annactiní.
He caido.
1. Elsannacní.
2. Lannactiní.
3. Lannancní.
Pl. 1. Elsannactarní.
2. Diomalannactiní.
3. Lannactiní.
Yo ¡labia caído — Elsannancní.
Yo caeré.
ta
1. Sannancnio.
2. annactinió.
3. anna nenió.
Pl. 1. Sannactarnió.
2. annactinió.
3. annactinió.
Caer — Annancni.
Haber de caer — Diomaannan-
cnió.
Habiendo caido — Diomsannan-
cnió.
Cayendo — Sannancní.
Caído — Sannancní.
Si yo caigo ros me levantareis —
Aim sannancní accami dia-
b
lamartiniódiadanisimó.
Pedro se ha caído — E Pedro
annancni.
Te lias caído — Maannactini.
Yo me canso.
1. Nchcoictevéh.
2. Nchcoict/véli.
3. Nioíctavéh.
o
Pl. 1. Arcoictevéh.
2. Nchcoictivek.
3. Ncoicterék.
Yo me cansé — (como el pre-
sente).
Yo me cansaré.
i . Nchcoictetcó.
2. Nchcoctietcó.
3. Ncoictotcó.
Pl. 1. Arcoictetcó.
2. Nchcoctietcó.
3. Ncoicteretcó.
Cansarse — Nchcoictevéh.
Estoy muy cansado — Ychcoic-
íevéiih.
— 287 —
Yo carpo.
r
1. Socteyagan.
te _2_
2. octegarní.
ía
3. Docteyagan.
Pl. 1. Soctegarnácca.
ta
3. Doctegarné.
Yo carpía.
1. Socteyagarnecták.
2.
octegarnicták..
3. Docteyagarnecták
Pl. 1. Soctegartaták.
3. Doctegarnectapé.
Yo carpiré.
Pl.
Soctegarnó.
octegarnió.
Doctegarnó.
Soctegarcó.
Doctegarnó.
Casarse — Onnii.
1. Elsoon.
2. Lonnií (e?).
ia
3. Loon.
Pl. 1. Sonnáca.
2. Lonni/ (e?).
3. Lonné.
Yo me casaré.
1. Sonnó.
2. onnió.
3. Lonnó.
Pl. 1. Sonnacó.
2. onnió.
3. onnoó.
Casarse — Onnii.
Habiendo de casarse — Lactom-
ta
soon.
to
Casándose — Lonnectapé.
ta
Casado — Loon.
Antonio habiendo de casarse vive
aquí en S. Pedro — Antonio
ta
lactomcoon annáh quenná e
S. Pedro.
Yo castigo.
ta
1. Sa vagan.
2. ovarnarnii.
r
3. Dovarnagan.
Pl. 1. Sovarnarnácca.
2. ovarnarnii.
3. Dovarnarné.
Yo castigaba.
1. Sovarnagan.
2. Lovarnarnii.
— 288 —
3. Eldovarnagan.
Pl. 1. Lsovarnarnácca.
2. Lovarnarnii.
3. Eldovarnarné.
vagan e Pedro.
Yo te castigué — Aim elsovar-
nii.
Yo te castigaré — Aim elsovar-
nió.
Mi hijo no ha querido obedecerme
pero lo castigaré — Ecca Yya-
leh mesisiit evileh alam so-
varnósovarnarnó.
o
Castígalo — Ovarni.
Tu lo castigas demasiado á tu hijo
— Accami yappaccaléh do-
varnarguii cactialgui.
Yo soij castigado — Aim novar-
neiséh.
Pégale (al caballo en que vas) —
o
Ovarnité.
Pedro castiga — E Pedro dovar-
naeán.
Pedro me castiga — E Pedro dio-
vagan.
Pedro te castiga — E Pedro do-
varnií.
Pedro lo castiga — E Pedro yo-
vagan.
Pedro nos castiga — E Pedro
b
ardovagan.
Pedro os castiga — E Pedro ar-
dovarníi.
Pedro los castiga — E Pedro yo-
varné.
Cerrad la j^uerta — Appoigni
ia
lassom.
Cerrad el ])oxo — Appoignnigué
ia
actemá vel appoinniguí tarr<').
Cerrad la boca — Appoigni ca-
da ppí.
Cerrad los ojos — Elaqueyadí.
Cerrad bien la puerta — Nap-
ta
poiqui lassam.
Cocer
Dactorcti.
Yo cuezo .
JL- ta
1. Diactogot, laacte.
2. actoctí.
r
3. Daactogot.
la
Pl. 1. Diactoctacca.
2. Daactoctií.
3. Daactocté.
289
To cocía
Yo cocí
Yo he cocido
Ldiactogót.
Yo coceré.
1. Diactoctó.
2. actoctió.
3. Daactoctó.
b
Pl. 1. Diactorcó.
2. Daactoctió.
3. Dactoró.
Cocer
Daccorcti.
Habiendo de cocer — Lactomdiac-
b
torctó.
b
Cociendo
Ldiactogót.
Cocido — Ldactoguí, Ldoactó.
Comer — Squeé.
Yo como.
1. Squee.
2. quii.
3. Lqueé.
ta
Pl. 1. Squiákca.
2. quii.
ta
3. quevé.
Yo comeré.
1. Squeo.
o
2. quiio.
3. Lqiieó.
o
Pl. 1. Squiaco.
2. quiió.
o
3. queyeo.
Habiendo de comer — Quenoc-
tiasqueé.
Comiendo — Squectacco.
Comido — Lsqueé.
Haber comido — Diomalsqueé.
Vd. come mucho — Accami so-
lecocti quié.
Venid tomad un bocado — Aq-
quii quiiyó quiió.
?No quieres comer? — ¿Mesis-
chiotii quii?
No quiero, lie comido — Mesdis-
chia lsqueé, — Mesvasapet
lsqueé, — Anlassassapet.
ta
Yo como — Squee.
Yo comia — Squeeták.
Yo comí. ) ,,, '«
■V X. T -j Llsquee.
10 habla comido ) ^
Yo comeré ) _
,^ . Squeeo.
10 comería ) '
Yo hubiera comido — Squeequet.
Yo casi he comido — Lactams-
ta ta
quee, Lavamsquee.
ta
Yo iba á comer — Tomsquee.
ta
Si yo como — Nomsquee.
Si voy á comer — Nomaschik-
ia
moquee.
Si yo comiese
Si yo hubiese comido
Quectars-
quee.
Si yo habia comido — Quectar ó
ta
Quectaschisquee.
Si yo habia ido (sic) — Quec-
tardeaschik.
Si yo habia ido ya (sic) — Quec-
taschideaschih.
— 290
Habré comido — Nomoctisaik,
ta
Saicó.
( Nomoctisaloat.
\ ta
Habré muerto 1 Ennequectardis-
( chimsquee.
Cuando quisiere comer —
quectardiocti.
Cuando yo tuviese miedo
malocticivaná.
Enne-
No-
Cuando yo vea — Nomaloctia-
cáaschih.
Guando yo vaya — Nomaloctim-
salvát.
Cuando yo lo carnee
nacta.
Nomsan-
Conifrar — Yscliectecnanní.
lo compro').
b
1. Scischectecnar,Sischoec-
ta
tennagan.
bn
2. ischectecnarni.
o lar
3. Dischectennagan.
to
Pl. 1. Scischoectennagannac-
2.
ca.
ischectenarní.
3. Dischoectennarné.
Yo compraba.
1. Sischoectennagannectáh
Yo compré.
rt
1. Siscliectecnar.
Yo he comprado.
o ta
1. Elsischectennagan (asi)
Lische.
Yo compraré.
1. Sischectecnarnó.
2. ischectecnarnió.
3. Dischectecnarnó.
Pl. 1. Sischectennancó.
2. ischectennarnió.
3. Dischectanaró.
r
Comprar — Sischectennagan.
Haber de comprar — Lactomsis-
r
chectewagan.
Habiendo comprado — Elsischec-
ta
tennagan.
Comprando — Sischectennarnó.
r
Comprado — Sischectennagan.
He comprado un caballo en 5 pe-
sos y lo he vendido en 8 — Aim
elsischectennagan inni asci-
r
pigacca icinco peso lassoec-
téTeessan lassoecté eocho pe-
sos.
Yo me comulgo.
1. Sacconá vel Sacconit vel
ta
Saguiguit.
2. aqquictiguit.
3. Yaguiguit.
¿Te has confesado? — Malicho-
ta
coctarní.
ta
') 1. P. Sr. Sischoectennagan.
291 —
¿Quieres confesarte? — Nissití
nichococtarní?
Confiésate porqne pronto has de
b
moHr — Ychococtarnió ava-
nia nescayalcoctá dilivii.
Quien no se confiesa no te has de
salvar — Ecca natrichococtá
ta
meschamarnió.
Pedro se confiesa — E Pedro di-
b
chococtarn.
Yo me confieso.
b
1. Sichococtarn.
b
, 2. ichococtarnií.
b
3. Dichococtarn.
ta
Pl. 1. Sichococtarnacca.
2. ichococtarní,
3. Eldichococtarné.
Yo me confesé.
1. Lsichococtarn.
2. Lichococtarní.
3. Dichococtarn.
Yo te confieso — Sichococtar-
narní.
Ven que te confesaré — Aqquií
sichococtarnarnió.
¿Nunca te has confesado? — Mes-
ta
caeccasan nichococtarní"?
¿Cuanto tiempo hace que no te
confiesas? — Leeselek mais-
chococtarní.
Hctce cuatro años — Leecuatro
b
iñadrí.
TRANSICIONES:
Yo te conozco —
Pedro me conoce
den.
Aim Sadini.
( Sediní.
ta
— E Pedro dia-
Pedro te conoce — E Pedro da-
diní.
Pedro lo conoce — E Pedro ya-
den.
o
Pedro nos conoce — E Pedro ar-
daden.
Pedro os conoce — E Pedro da-
diní.
Pedi'o los conoce
dené.
E Pedro vo-
Yo me conoxco — Aim ñadenltá.
Yo lo conoxco — saden.
Yo os conoxco — sadini.
Aquel me conoce — Ecca diaden.
Aquellos me conocen — Eccua
diadené.
Tu me conoces — Accami dia-
diní.
ta
Tit lo conoces — Accami adiní.
Tu nos conoces — Accami arda-
diní.
Tu los conoces — Accami adinié.
Yo te deseo — Dischiá.
Pedro me desea el bien — E Pe-
ía
dro niscliie yammagá.
o
Yo te llamo — Aim Soyarnarvá.
Pedro me llama — E Pedro do-
ta
earnivá.
Pedro te Huma
varnarvá.
E Pedro do-
292
Pedro lo llama — E Pedro do-
yarná.
Pedro nos llama — E Pedro do-
ta
yarnorvá.
Pedro os llama — E Pedro do-
yarnarvá.
Pedro los llama — E Pedro do-
yarnarvá.
Llámamelo — Oyarnió ó do-
yarnló.
Correr — Niguen.
Yo corro.
Yo galopearé.
Pl.
Pl. 1. Niguennácca
2. Niguinnii.
o
3. Niguen, ó.
Yo correré.
1. Niguennó.
2. Niguinnió.
o
3. Neren, o.
Pl. 1. Niguenco.
2. Niguinnió.
3. Niguen, ó.
Andaré siempre corriendo — Aim
isinnecta niguennectá.
Tomad este cigarro — Acconiá
ob
anná nasserarnacqui.
Yo corto.
ta ta
1. Sichacá.
r
2. icharrari.
3. ichacá.
Pl. 1. Sicharsócco.
r
3. icharé.
Yo cortaré.
1. Síchacó.
2. ícharió.
3. íchacó.
Pl. 1. Sicharscó.
o o
3. íscharvó.
Coser
Nivá.
Yo coso.
1. Nivá.
2. Nevarí.
3. Nevá.
Pl. 1. Nivarcá.
2. Nevarí.
3. Nevaté.
293 —
1. Laetomqueassoelék.
37*
294
2. Malovilek.
3. Lactomquevelek.
Pl. 1. Lactomqueassoarlek.
2. Lactomqueovilek.
3. Lactomqueeverlek.
Yo hahia creído.
1. Lactoniqueassuelek.
2. Lactomqueovilek.
3. LactomqueeeveTek.
Pl. 1. Lactomqueassoarlek.
2. LactomqueloviTek.
3. Lactomqueeverlek.
Yo creeré.
1. Assuelcó.
2.
ovilco.
3. evelco.
o
Pl. 1. Assualco.
2.
3.
oviJco.
evelco.
Yo habré creido.
1. Lassuelek.
tao ta ^^
2. Diomalovilek.
3. Leevelék.
Pl. 1. Lassoarlek.
2. Loovilek.
3. Leeverlek.
G-ee til.
2. Ovilló (oviléh) accami.
3. Evelió eccá.
Pl. 1. Assoalcó ocom.
Si yo creyera ó creyese.
1. Queetar deassuelék.
2. Queetar deovilék.
3. Queetar deevelék.
Pl. 1. Queetar deassoarlék.
2. Queetar deovilék.
3. Queetar deoverlék.
Yo o'eeria.
1. Assuelequét.
2. ovilequét.
3. evelequét.
Pl. 1. Assoarlequét.
2. ovilequét.
3. everlequét.
Que yo haya creido.
1. Queetar deassuelék.
2. Queetar deovilék.
3. Queetar deevelék.
Pl. 1. Queetar deassuelék.
2. Queetar deovilék.
3. Queetar deeverlék.
Si yo hubiera creido.
1. Queectar deassuelék.
— 295 —
2. Queectar deovilék.
3. Queectar deevelék.
Pl. 1. Queectar deassuelék.
2. Queectar deovilék.
3. Queectar deeverlék.
To habría creído.
1. Lactomqueassuelék.
o
2. Diomalovilék.
3. Diomalevelék,
Pl. 1. Diomalassoarlék.
2. Diomalovilék.
3. Diomaleverlék.
Cuando yo creyere.
1. Nomaloctia evaniemasií-
arlék.
2. Nomaloctia evaniem oo-
vilek.
3. Nomaloctia evaniem de-
evelék.
Pl. !• Nomaloctia evaniem as-
soarlék.
2. Nomaloctia evaniem ovi-
lék.
3. Nomaloctia evaniem ee-
verlék.
Cuando yo hubiere creído.
1. Nomaloctia evaniem as-
suék.
2. Nomaloctia evaniem oo-
vilék.
3. Nomaloctia evaniem eve-
lió.
Pl. 1. Nomaloctia evanié as-
suelék.
2. Nomaloctia evaniem oo-
vilék,
3. Nomaloctia evaniem oo-
vilék.
Creer — Ovilek.
Haber creído —
Haber de creer
vilek.
Evaniémovilek.
ta
— Evaniémo-
Oreyemlo — 0\'ih'o (co?).
Creído — Assuelék.
Habiendo de creer — Nomaloc-
tia deevaniémasuarlék.
Yo crio.
o
1. Yschagat.
2.
ivartí.
lyagat.
Pl. 1. Yschagatácca.
2. ivartí.
3. iyagacté.
En la 2" Pers. — Singcachaque-
nactiguí.
Yo criaba.
1. Yschagactecták.
o
2. iyarctictak.
3. iyagactectak.
/ Yschagatcactak.
Pl. l.JYyactesák.
( lyagactectapé.
Criaré.
1. Yschagactó, oó.
2. Yyarctó, oó.
296
Yo di.
1. Lesan.
2. Leanní.
te
Bar — lanni.
ta
Haber de dar — Diomesannó.
Habiendo dado — Diomalesannó.
Bando — Lesán.
Bado — Lesan.
¿No tienes carne? — Mesca ec-
cá laát accami"?
Bámela — Avoyé.
¿No tienes hija mujer? — Maac-
^ ta
cá cattiali aalú.
¿No quieres dármela para mujer?
— Dissiá nañanidim cactiali
dissité yová.
¿ Que queréis? — Quenneque dis-
siá?
Cai-ne si tenéis — Laát nomavé.
Yo te doy este cigarro — Aim
esan anna nasserarnaqquin.
Yo debo.
— 297
Yo deberé.
¡a
1. yavotácco de vé.
la
2. avotácco devé.
la
3. avotácco devé.
la
Pl. 1. Savocotacco devé.
la
2. avilácco devé.
la
3. a\"otracco devé.
Yo debería — Sav(ita(|uet devé.
Deber — Devé.
Debiendo — Sa\otáh devé.
Debido — Devé.
Yo te debo un caballo — Sa\'o-
táh devéqueccá ascipigácca.
Decir — Yniapek.
Yo digo. ,
1. Yssinnapek.
2. iniapek.
la
3. enapek.
Pl. 1. Ysincapek.
2. iniapek.
la ta
3. enapé.
Yo decm.
Como i'l piosenU- y como yo dije y yo lie diclio
(en el plural eli por cí).
lo hube dicho.
1. Lactomqueissinnapek.
2. Lactomqueissinniapek.
3. tomqueenapek.
Pl. 1. Lactomquiessicapek.
2. Lactomquienniapek.
3. tomqueenerapek.
Yo habia dicho.
1. Isinnaiiek.
2. Iniajjek.
3. Enajtek.
Pl. 1. Issinapek.
2. Inniapeh.
3. iMinapé.
Yo diré.
1. Ysinnapek.
2. Yniiiapek.
la
3. ennapek.
Pl. 1. Isineapek.
2. liiniapélita.
3. Miinapé.
Yo habré dicho.
i. Isinn.ipek.
2. iniapek.
la
3. enapek.
Pl. 1. Lissincapectá.
2. inniapectá.
o
3. ennapectao.
Di tu.
2. Inniapek accami.
3. ennacó eccá.
Pl. 1. Yssincapectá ocom.
2. Yniapek accami.
3. Ennapectoo eccua.
Que yo diga.
1. Ysi ni ñapeó.
2.
3.
vnniaco.
'ta
ennacó.
— 298
Pl. 1. Yssincapío.
2. inniapecolá.
o
3. ennapehcóoo.
(Muy corregido y dudoso).
Si yo dijera.
1. Quectardissinnapéh.
2. Quectardinniapék.
3. Quectardennapek.
Pl. 1. Quectardissincapectá.
2. Quectardinniapék.
3. Quectardeinnaicti'i .
Yo (liria.
1. Yssinnapekquet.
2. inniapekíiuet.
3. ennapekquet.
Pl. 1. Yssincapektá.
2. inniapequet.
3. ennapectáquet.
Que i/o ¡laija (licho.
1. Lactoinque issinapéquet
2. Quectardinniápéquet.
3. Quectardenapéquet.
Pl. 1. Lactomque issinnapé-
quet.
2. Lactomqueinniapéquet.
3. Lactomqueennapectá.
Si yo hubiera dicJio.
1. Queetumar dissinapók.
2. Queetomar dinniapék.
3. Queetomar dennapék.
Pl. 1. Queetomar dissinapectá
2. Queetomar dinniapectá.
3. Queetomiu- dennaictá.
Yo hahria dicho.
1. Lactomque issiiinpek.
2. Lactomque inniapek.
3. Lactomque ennapek.
Pl. \. Lactomque issincapek.
2. Lactomque inniapek.
3. Lactomque ennapectá.
Cuando yo dijere.
\. Quectar dissiuuapéliuet
2. Quectar dinniapéhuet.
3. Quectar dennapéquet.
Pl. 1. Quectai' loctissincapé-
quet.
2. Quectar loctinniapéquet.
3. Quectai ennapectá.
Guando yo hii/iiere dicho.
i. QueectalactiiHii|ueissin-
apéquet.
2. Quectarlactomrpieinnia-
péket.
3. Quectalactomqueenna-
pequet.
Pl. 1. Queectalactomíiueissin-
capéquet.
2. Queectaloctardinniapé-
quet.
3. Quectarloctarennapectá-
quet.
Decir — Ynniapek.
Haber dicho — Lactomqueissi-
nnapé(juet.
Diciendo — Yssinnapéquel.
Dicho — Yssinnapéquet.
Habiendo de decir — Lactum-
quei;^sinuapéquet.
ta la
Pedro me dice — Pedro innivá.
ta
innia.
ennapívá.
Yo te diyo — Aim issinnarquá.
Yo te diyo — Aim isinniappe-
guá.
299 —
Yo te digo — Aim isinnaippe-
arguá.
Yo os digo — Aim isinnappe-
nrguá-aim isinnarvá.
Yo les digo — Aim isiiiTó.
Til me dices — Accami inniap-
piivá.
ta
Til le dices — Accami iiiiiiap-
peyá.
o
Til nos tliers — Accami inniorvá
Tu les dices — Accami innipe-
galo.
Pedro iiic dice — E Pedro on-
nai)ii\<i.
ta
Pedro te dice — E Pedro in-
niappegarvá.
Pedro le dice — E Pedi'o en-
ta
na pega.
Pedro itos dice — E Pedro eii-
napei-gui'i.
Pedro o.v dice — E Pedro en-
0
nai'Vii.
te
Pedro les dice — E Pedro ea-
níd('>.
Decidle ijiie le dog Ins gracias —
te'
Ynniapcó ñaactik.
o
Nosotros te decimos — Ysinca-
guá.
Nosotros le decimos — Ysincap-
perlít.
Nosotros os decimos — Ysincar-
0
güi'l.
Nosotros les decimos — Ysin-
narló.
Vosotros me decís — Ynuiivá.
Vosotros le decis — Y^nniiap-
r>egií .
o
Vosotros NOS decis — Ynniapper-
guá.
Vosotros les decis — Ynníappe-
galo.
b
Aquellos me dicen — Ennerap-
piivá.
Aquellos te dicen — Ynnirap-
pergLiá.
Aquellos le dicen — Ennerappegá.
Aquellos nos dicen — Ennera-
0
p[ierguá.
Aquellos os dicen — Ynuirap-
perguá.
Aquellos les dicen — l'jinaló.
Por rida sugn déme una gerhita
— ( jívaqquií'ili avoye yaa-
doal(''li.
Decidle que le dng las gracias —
te ' _
Ynniapcó ñaactil<.
Dejar — Poanni. Relinquere
apLid ali(|uem vel in aliciuo-
loco.
Yo dejo.
te
1. Spiían.
ta
2. ¡loanni.
'A. \poan.
la
Pl. 1. Spiíanmicca.
2. poannii.
'S. y])oanné.
lo te dejo — Spoanaó.
— 300 —
Yo dejaré.
1. Spoannó.
ypoancó.
Yl)oan, ó
Déjense — Yayai'iiinní.
Apártate de cae lioiiibre. — No-
Tactiactó queonamyalé. —
NdlaftiacLé quianinomyaló
(¡jrescitle) .
Apártate de esa mujer (atiseiite).
— Nola(^tiacl(') caccanoiiKiuó
aali). Presente canni aalii.
Dejar — Lessarni.
Yo dejo de t ral tajar.
1. Lessarni.
ta
2. yyafianniní.
3. Ley ara i.
Pl. i. I.essarnarní.
2. iyaf;anniní.
ola
3. Leyarniní
Yo dejaba ó dejé — Lessarni.
Yo dejaré
1. Lessarñó.
2. yyaganniñó'
3. Leyarnió.
Pl. i. Lessarnarniíi.
Leyarninii).
Yo dejo de traliajar — Aim les-
la
sarni yncnnactóli.
Yo he dejado mi ropa en el pueldo
— Aim spoanné eccuá avov()
b
queniniih.
Yo te dejo el rn/iallo — Aim spo-
annogat .disrliaguai iñarlá.
Al caballo cjiíc lini/e déjalo
Agañali.
Desear — üissíó.
Yo deseo.
1. Dissiá.
2. Dissiá.
3. Nissia.
Pl- 1. Ardissiá.
2. Dissiá.
3. Nissité.
Yo desea Im.
1. Dissiá.
2. Dissiá.
3. Nissiá.
la iíí
Pl. 1. Lactomra dissiá.
ta
2. Ardissianen.
3. Niisité.
Yo dese'e.
Singular ut pr;escns. l'lural lo mismo.
Yo he deseado, también.
Yo halle deseado.
la
L 'i'um dissiá.
2. Lactom dissiá.
301 —
3. Lactnm nissiú.
b ta
Pl. 1. Tomr dissiá.
2. Lactom dissiá.
3. Lactom nissitc.
j'o liuhin r/es-enrlo.
1. Dissiu.
2. Tciin dissiá.
3. nissiá.
I 'i. 1. Laclomr dissiá.
2. Lactom dissiá.
3. Lnctom nissité.
^ o descare.
i. Di.ssiaó.
2. Dissia(i.
3. Nissia(i.
ta
ri. L Ardissioo.
2. Ardissioo.
3. Nissiteó.
J o hahre deseado.
L Tí un dissiá.
2. Anli.ssiá.
3. Lactom nissiá.
l'l. L Tom dissiá.
Lactom nissité.
DeaCH lú.
2. Dissiá accami.
3. Nissiá ecci'i.
o
l'l. L Ardissio ocom.
2. Dissiá accami.
3. Nissiti') eccuá.
Q/ie 1/0 desee.
[. Dissió.
2. Dissió.
3. Nissió.
Pl. 1. Ai-dissió.
2. Di.ssió.
3. Nissító.
Que ¡JO deseara ó desease.
1. Quectardissió etc. Quec-
tar con presente.
i^o desearía.
la
í. Dissia(|uet.
2. Dissiuijuet.
3. Nissiatjuet.
Pl. 1. Ardissiaquet.
2. Dissiacjuet.
3. Nissitequet.
Que ijo Ikiijíí deseado.
1. Quectardissiá.
2. Huectardissiá.
3. Ouectarnissiá.
Pl. 1. Quectardissiá.
2. Quectardissiá.
3. Quectaruissité.
Si 1/0 lia hiera deseado.
1. Queectomrdissiá.
2. Queectomrdissiá.
3. Queectomrnissiá.
Pl. 1. Queectomrardissiá.
2. Queectomrdissió.
tS. Queectomrnissitó.
i o Itahria deseado.
1. Lactomdissiá.
2. Lactomdissii'i.
3. Lactomnissiá.
Pl. 1. Lactomardissiá.
2. Lactomardissiá.
3. Lactomarnissité.
— 302 -
Cuando yo deseare.
1. Quectar dissiá.
2. Queclardissió.
3. Quectarnissiá.
ri. 1. Quectarardissiá.
2. Queclardissió.
3. Queclarnissité.
Cuando 1/0 Itiihiere deseado.
1. Queectoctia-dissiú.
o
2. Quetoctíadissió.
3. Quectornissió.
Pl. 1. Queeclarardissió.
2. Queeclardissió.
3. Queectarnissitó.
Querer — Dissió.
Haber querido — Ardissií^.
Haber de querer — Ardissió.
Querido — Dissió ochococtá.
Habiendo de querer — Ardissió.
Me desnudo.
r
1. Ñossoguinni, ño.
2. Nossoinni, nio.
3. Ñossoguinni, ñó.
o o
Pl. 1. Ñossorní, ñossorñó.
te
Nossoinni, ñó.
Yo me desnudaba.
1. Ñossoclapiiinní.
2. Nossoictap[)ini.
3. Nossoclappiní.
1 . Ñossocorta ] >i ni .
Ñossoclrappiní.
Yo desnudo. Yo desato.
1. S,ossogninni, ñó.
ossoinni, ñó.
y.ossogninni, ñó.
1. Sossorni, ñó.
Pl,
3.
yossouii, no.
vossoctraní.
Yo desnudaba. Yo desataba.
1. Sosso.ctupini.
2. ossoictapiní.
3. yossoctapiní.
Pl. 1. Sossococtapini.
3. yossoctrapini.
Yo mr desocupo.
1. Ldiammai'ni.
te
2. Idamniarnini.
3. yaminarni.
Nadarmanní. Yammactianní,
303 —
Jo itie desobligaré en la semana
que viene.
1. Sc-oó, queanunagaata.
2. Icoyó manaera.
3. Icoó »
1. Lscoóeco »
2. Icoyó »
3. Ico veo »
l'l
Va me destapo.
1. Ñavasní.
2. Navaclinní.
3. Navasní.
Pl. 1. Ñavactarní.
ta
Navactinní.
Jo destaparé.
Ñavasñó.
Navactinió.
Navasñó.
Ñavactarnó.
la la
Navacliñó.
Yo me destapcítia.
1. Ñavaclectapiñó.
2. Navactictopiñó.
3. Navactectapiñó.
Pl. 1. Ñavatcactapiñó.
Ñavactesapiñó.
Yo destapo.
1. Savaslék.
2. avactilék.
3. Yavaslék.
Pl. 1. Savactarlegót.
3. Yavaslegót.
Yo destapaba.
r
1. Savactectaguelék.
2. avactictaguelék.
3. Yuvactectaguelék.
Pl. 1. Savatcactaguelék.
3. Yavactesaguelék.
Yo destaparé.
1. Savaslcó.
2. avactilcó.
3. Yavaslcó.
Pl. 1. Savactarlcó.
3. Yavactelcó.
Yo destierro — Nalát.
1. SaTál.
2. alactii.
3. YaTát.
Pl. 1. EIsaTatácca.
2. alacti.
3. Yalacté.
Yo desterré.
1. LsaTát.
Yo de.tterraré.
1. Salactó.
2. aTactió.
3. YaTactó.
301 —
Pl. 1. Solaceó.
2. nTacti<>.
3. Ynlorloó.
Que yo destierre.
1. Salactó.
J\'(lro (Icsfinrn — E Pedro yalat.
1. Pedro me desfierra —
K Pedro LdiaTat.
2. Pedro te destierra —
E Pedro dalactii.
3. Pedro lo destierra —
E Pedro vaTat.
Pi. 1. Pedro nos destierra —
ai ^
E Pedro laraalot.
2. Pedro os destierra —
E Pedro iaraalactii.
3. Pedro los desfierra —
E Pedro yalacté.
Mactilqueyayue — ¿De donde
renis?
Caeiíjiie — iias^cln.
l'Má Paraná.
Paraná edassó.
Maetilqueyaqué? — ¿De donde
venís ?
Pedro me destierra — E Pedro
diaiat.
Yo te destierro — Aim salactí.
Doler — Yevet.
A mi me duele.
te
1. Sevet.
2. Yvictí.
3. Yevet.
Haljioido dolido — Elsevét.
Doliendo — Elsevét.
Dolido — Elsevét.
¿ Qué te duele? — Quennégue
nquivicti?
Una espalda — Yappalatectá.
Dormir — Silacca.
Yo duermo.
1. Siilacca.
h
2. elarí.
b „
3. Leelácca.
(continuará).
Notas ó sea principios ie Graiática Mocoví
SAMUEL A. LAFONE QUEVEDO
(Continuación) — véase página 144
VIII
DECLINACIÓN
«Los pronombres de la primera y segunda persona no pro-
ducen cambio por razón de sitio ó de colocación, etc.»*) Lo
mismo se puede asegurar del Mocoví. Sin embargo, el mismo
Dobrizhoífer mas atrás hace ver que una m como prefijo puede
equivaler á la preposición á: ex. gr. M'aym — á mí. Tavolini
declina varios ejemplos, pero todos se ajustan á este uso:
Ese, de, á, por ese — Inni, etc.
Esto no obstante es bueno tener presente la advertencia de
Dobrizhoffer, porque Tavolini no concluyó su gramática, ni
menos dio el material para formar el capítulo de las aposi-
ciones").
Aquí cabe una advertencia capital en cuanto á la declinación
de los pronombres: me refiero á las transiciones, porque la
dificultad suma que presentan estas terminaciones no es nin-
gún argumento en contra de que ellas puedan representar un
rastro de fleccion casual.
Esto dice Dobrizhoffer: ii Transiciones. Ahora entramos en
un laberinto de la lengua Abipona que es algo formidable
para los que aprenden. . . . Estoy hablando de estos verbos
que los gramáticos llaman transitivos ó recíprocos. En nuestro
lenguage la acción de una persona ó cosa sobre otra se des-
cribe fácilmente por los pronombres mismos, yo, tú, él, noso-
tros, vosotros. Los Abipones al contrario, descuidando el uso
de dichos pronombres lo efectúan mediante una variada flec-
cion verbal y la acumulación aquí y allí de nuevas partículas».
Pasa nuestro autor á los ejemplos, y aquí se verá el valor
del método comparado para obtener esa clave de Ariadne á
que se refiere el Padre.
*) Dobrizhoffer.
") Partículas pre ó postposiÜTas.
39
— 306 —
Abipon Ríkapit — yo amo, Jiace
1. Rikiqíicliier'oa — To te amo,
2. Grkiipicliioá — Tu me amas,
3. Nkapichioá — El me ama,
4. Nkapichíeroü — El te ama.
Mocoví
1. IsinniappegUL.- — Yo te digo,
2. Inniappiiva — Tu me dices,
3. Ennappiiva — El me dice,
ta
4. Inniappegarva — El te dice.
Lo primero que hay que liaccr es descomponer cada una de
las palabras, y en esta ocasión conviene dar principio por los
ejemplos Mocovíes, porque en ellos resaltan mas ciertas cir-
cunstancias que nos pueden servir de norma.
En primer lugar los ejemplos Mocovíes 1, 2 y 4 revisten la
forma fleccional f[ue corresponde á la 2* persona verbal, por-
que introducen la / ünal de segunda, con su i inicial de asi-
milación, de suerte que el tema se lanza i\ la oi-acion preñado
con la idea del tú ó te, debiendo esta ser objetiva ó sujetiva
según las determinantes que se arrimen:
Estas son en el 1° gu¿i.
2° iva con e vuelta i.
4° egarva.
Las i dobladas del 2" y 3" ejemplo pudieron atribuirse á la
i de 2'' persona, mas como el 3" nada tiene (¡ue ver con ella,
está claro c[ue iva es partícula determinante, y que esta i radi-
cal torna en otra i la e que la jirecede: resulta pues que ivci
es verdaderamente una partícula que equivale á nuestro me,
y como i es — yo — ó sea — mí — mu>' l)ien puede suceder
que iva sea me.
Esta hipótesis requiere confirmación y la hallamos en el
precioso ejemplo (jue nos ofrece Dobrizholfer, en que forzosa-
mente entra la partícula iva que corresponde al romance me,
y digo forzosamente por([ue rikapit — yo amo — reserva su
chicheo para la segunda persona, y al reproducirlo en la com-
binación nkapichioá — él me ama — que nada le debe á la
idea de tú ó te — solo podria resultar del arrimo de alguna i
en la nueva terrninacion. Se deduce pues, (jue la partícula
que dice me es iva en Abipon é iva en Mocoví — desde luego
que iva é iva son caso régimen del pronombre personal aim
vel ayitn — yo — y por lo tanto que podemos restaurar la
declinación pronominal así :
— 307 —
Nominativo — Aim ijo
Genitivo — i de mí
Régimen — iva me
Ya se ha dicho que oa vel tía parece que equivale al Quichua
pa, que es un pronombre de 3% susceptible de servir de pos-
posición, Y que acaso se relacione con el pac — á ó para.
El tut Quichua, ma Cliinchaisuyo que dicen — me — merecen
ser tenidos en cuenta, porque no es imposible que este caso
régimen — iva — contenga las dos raices i, ma ó tía de 1* per-
sona; pero sea cual fuere el valor léxico original de la partí-
cula final vá, en Chaquense ya viene á ser una posposición ó
terminación flexional de caso régimen.
De esta verdad Tavolini nos da ejemplos irrecusables:
Pedro m£ ve — e Pedro yavanivá
Pedro me quiere — e Pedro ncoictivá
Pedro me habla — e Pedro deectacaivíi
Ya se ha establecido que oá vel vá es terminación de caso,
y no raíz o tema jironominal, y esto nos trae de nuevo á exa-
minar los ejemplos Abipones en que oá termina también las
transiciones que encierran un te.
En éstos el chicheo es ya propio de la persona, de suerte que
no se debe atribuir á la partícula pronominal que representa
el régimen; resulta pues, que siendo i terminación de la 2^ per-
sona y oá posposición del caso régimen nos queda la articu-
lación er', o sea /•' con el prefijo eufónico e. Quiere decir pues
que,
r' vel er, oá es caso régimen de akami.
La r', según Dobrizhoffer, es esa letra que ni es g ni es r,
y que en Mocoví se debe buscar como el enredo gr según la
combinación. Por suerte la tenemos en
Isinniappeguá — Yo fe digo
Inníappegarvú — El te dice
Aquí,
Abipon er' oá equivale á Mocoví eguá
» » egarrá
Daré los otros ejemplos del Mocoví:
Pedro te ve — e Pedro yvanaguti
Pedro te quiere — e Pedro ncoictarvá
Pedro te habla — e Pedro deectacarva
Aquí g, gar, g, r, r representan un solo signo, el f del Abi-
pon, que muy bien puede estar mas cerca del oro Guaraní -^
— 308 —
yo te — que lo que muchos suponen. El vá ó uá es la ter-
minación del caso régimen, así que la guturucion (jr viene á
ser la forma oblicua del pronombre accamí — tu — y su de-
clinación puede escribirse así :
Nominativo — Accamí — Tti
Genitivo — D — i — ttiyo ) , .
» C — í — » i
Régimen e G, 1, e — Gar — va — te
Si es acertada esta explicación algo que se le parezca debe-
remos encontrar en los otros ejemplos: veamos si así sucede.
En Abipon Rikauagé es — Yo compadezco
1. Rikauág-yegarigé — Yo te compadexco
2. Grkauag-iygé — 7\í me compadeces
3. Grkauág-yegarik — Tú nos compadeces
4. Nkauag-giggé — El me compadece
5. Nkaúagegé — El le compadece
En este ejemplo, sea por la razón que se fuere, la termina-
ción ge parece que es la que corresponde á la anterior oá pues
que en el 5° caso se duplica simplemente como si ge fuese él,
y gegé él, le. Admitido esto, todo queda fácil, porque ygc seria
el caso régimen de y, ó sea aim, la primera i, la e del tema
asimilado, con lo que se explica la 2* transición — tú me.
La I'' es aun mas curiosa, porque yegarigc no pasarla de ser
una expansión de la partícula gr vocalizada para resultar de
2* siendo \a y ó ye simplemente efecto de cambio fonético.
La fleccion seria
Nominativo — Akami — Tú
Caso régimen — Egari-gé — Te
Esto se hace mas probable al tener en consideración la S^
transición — Tu nos.
Grkauág-yegarik — Tu nos compadeces. G?- es partícula
posesiva de l^ y 2* en plural, y solo se diferencia en la i ó e
final de la 2^ con su mudanza de letra correspondiente. En
este ejemplo el tu convierte la é final del tema en / y egarik
representa el gr de 1* persona en plural, que se determina
bien con la elisión de la última vocal : yegarik ó egarik es caso
régimen de akam.
Los ejemplos 4« y o" nada tienen de segunda desde luego
las mudanzas se hai^en por g y por i. En el 4" parece que
gigyé es un anagrama ó sincopacion de gigyegé ú otra combi-
nación. La variante responde á exigencias de eufonia. En el
— 309 —
5° desde que ye es terminación de caso régimen, se comprende
que basta con arrimarla secamente al tema de 3^ persona.
Hasta aquí no hallo la partícula análoga en Mocoví; pero
esto basta: en Abipon la i puede llevar la terminación oá ó gé
para formar el caso régimen en el pronombre de 1^ ó 2^.
Vamos al tercer ejemplo, porque él es aun mas importante.
Abipon
1. Hapagr'ani — Yo te enseño
2. Riapagr'ani — Iko me enseñas
3. Riapagr'an — El me enseña
4. lapagr'an — El le enseña
Mocoví
1. Elsovarnii — Yo te castigué
2. Dovarnarguii — Tu lo castigas
3. Diovagan — El me castiga
i. lovagan — El le castiga
o
5. Ovarni — Castígalo
La termmacion Mocoví gan, que encierra la expansión arnarn,
corresponde á gr'an en Abipon : por desgracia falta el tu me
en este ejemplo, y se ha tenido que suplirlo con el tu lo.
La analogía del caso 3" me hace creer que Diovarnarguii
seria tu me castigas.
Por lo visto los dos ejemplos son verbos que corresponden
á la conjugación con H y S de 1* persona respectivamente, y
sin embargo en el 3'"'' caso ambos se combinan con las aná-
logas partículas Ri y di, ó sea i reforzada con R ó D. Lo (¡ue
yo sospecho es que estas letras puedan tener su cierto valor
reflexivo.
La fleccion en este caso es muy sencilla en Mocoví.
i" Caso. Índice inicial S de 1* concuerda con tema de 2"
persona sincopado, y esto produce la transición yo te.
2° Caso. Índice inicial D de 3'' con tema de 2' persona sin
síncopa, y con un aumento silábico de 2% produce la transi-
ción tu lo.
3° Caso. índice subinicial de 1* con refuerzo D y tema de
3" sincopado produce él me.
4° Índice inicial 1 de 3=" con el mismo tema sincopado de 3*
da él le.
— 310 —
El 2" ejemplo Abipon combina la partícula Ri de 1^ con el
tema de 2* persona y así dice tu me.
En ambas lenguas éste nos presenta un ejemplo del lema
simplemente sincopado sin acumulación de partícula alguna
final: los casos régimen parece que se encuentran como pre-
ñjos. En el cambio de estas partículas está la determinación
del sentido. El verbo que se conjuga por H toma Ri, el que
lleva S se vale de Di y así en las demás pei-sonas. El Abipon
conserva su tema sincopado una vez por todas, el Mocoví es
mas vario en sus combinaciones.
A propósito de las sincopaciones no se puede citar un mejor
ejemplo que este del verbo «enseñar».
Abijion Mocoví
1. Haj)agr"anatr'an Sapparinactagan
Yo enseño Yo enseño
Neapagr'an — Yo me enseño á mi inismo
Hapagr'ani — Yo te enseño
Nota: Este tema comparado con el Abipon establece muchas interequivalencias.
Las dos dicciones se corresponden letra por letra, y gutura-
cion por guturacion.
gr = ri
t = ct
tr'an = tagan
h = s
Otro ejemplo cui-ioso es el verbo llorar.
r „
Aim noyernaléh — Yo te lloro
noyindiiléh — Aquellos me lloran
noymnirarléh — » fe »
noyendeeléh — » lo »
Este es un verbo reforzado con N y parece (jue corresponde
á los del tipo rari del Abipon: desgraciadamente Tavolini se
ha limitado á dar las transiciones con el sujeto en plural. El
verbo es ñoijeti — yo lloro — y la terminación léh ó Uk nece-
sita explicación. A lo que se vé no puede ser otra que la
misma que hallamos en la voz Mocoilék — paisano — es decir
hidividuo Mocoví. Siendo ello así seria una especie de pronom-
bre de 3" pei'sona y podria corresponder al vá de mas atrás,
en cuyo caso tendríamos:
iléh — me
rarlék — te
léh — lo 6 le
— 311 —
Esto no pasa de ser hipótesis, porque el caso se presenta
con muclias dificultades. En Abipon el ejemplo que he su-
puesto análogo se presenta así:
Recuerdo 1. Hakaleént 2. Hakaleénchi 3. lakaleént
1. Hakleenchitapegr'ari — Yo te recuerdo
2. Hakleenchitapegii — Tu me recuerdas
3. lakleentetapegii — El me recuerda
Lo mas cierto y seguro aquí es que la i ñnal en el 2" y 3"
ejemplo no es la i final característica de 2" persona, que se
halla en posición media antes del ta, y que ha producido el
chicheo de los ejemplos 1" y 2'\ La i esta es el caso oblicuo
ó régimen de aim — yo — el me nuestro, que se determina
con las partículas (jí ó (/e, en el caso Abipon ó lék y con léh
en el Mocoví.
Esta nueva anoiyialia parece que desvirtúa aquella regla que
establece la / final como característica de 2* persona en la ar-
ticulación pronominal; pero no es así; y solo sirve para esta-
blecer otra regla mas:
En los verbos ¡¡ara que la / final sea de 2^ persona tiene
que ir arrimada á la raíz; mas si el tema lleva partícula que,
produce nuevo tema, la i que va como afijo de esta partícula
ya sea final ó sub-inidal determina caso régimen de 1* per-
sona.
«Por estos ejemplos, prosigue Dobrizhoífer, se percibirá la
variación en las transiciones, y como hay que agregar á las
diferentes personas de los verbos, á veces erra, á veces yega-
rigé, á veces rar'i ó bien otras partículas».
Como se ha explicado esto no es del todo así, pero lo que
dice el padre es importante, pues sin ello no habríamos llegado
A donde creemos estar.
Al tratar de las transiciones como fleccion de verbo volveré
al asunto, porque aquí solo correspondía hacer notar que se
trasluce una especie de fleccion pronominal en todos estos dia-
lectos Chaquenses; punto este de mucho interés en toda len-
gua, y tanto mas en este grupo tan poco conocido hasta hoy.
IX
LOS PRONOMBRES PRIMITIVOS
Kn íntima relación con las articulaciones posesivas están los
pronombres primitivos, como se verá al comparar los índices
de posesivacion con las verdaderas letras radicales en los pro-
nombres.
1. Y 2. 5 _ i 3. L val N
Dobrizhoffer dice: «Yo encuentro extraño que los Abipones
no tengan dos palabras para la primera persona plural á
ejemplo de muchas otras naciones americanas». Yo también
lo encuentro así, pero hay que tener presente que las lenguas
Mojo-Maypure y Mataca igualmente carecen de este mecanismo
gramatical, y cuidado que el primei' grupo es de los fuertes
en nuestra América, y el segundo poco menos; aparte de
que aquel ha suministrado el habla mujeril de los Caribes, y
el plural de las lenguas guaraníticas.
A propósito de esta observación tan justa de aquel autor
diré, que el olvido puede haber entrado en esto para mucho,
y que acaso la confusión de las dos formas nos explique cierta
duplicación que se advierte en el aumento medio-final de los
verbos: en unos la fleccion admite ar inicial, en otros, ácca
vel ócco medial.
Se habrá observado que el Abipon afecta las partículas gr
para \.^ de plural y 2'' de ambos números y que en su forma
mil ó cod es bastante general en todos los dialectos, muy po-
sible pues seria que el gr conservase un recuerdo del plural
exclusivo, como el ore Guaraní del ere de 2'' persona y el ñande
del nde, tú.
El estudio que deberá hacerse mas tarde es entre el Guaraní
y el Tamanaco, porque yo sospecho que es por este lado que
— 313 —
entró el Caribismo de aquel idioma, como del Maypure le
entró lo que tiene del Mojo.
Pasemos ahora a los ¡ironombres á los que espera la fór-
mula.
Pl. 1. Occom nosotros 2. Accami vosotros 3. lyyoá ellos
á (|ue agregaré Eccá él, Accá ella y Eccuá ellos. Escribámoslos
á nuestro modo:
1. aYm 2. aCCaml 3. iNNi
Pl. 1. oCCom 2. aCCamI 3. iYi-oá
La analogía del singular con la articulación aludida es com-
pleta por un lado, si bien falta la D; la L, va oculta en la Y.
Según Dobrizhoffer en Abipon estos mismos pronombres son:
1. Aym 2. Akami
1. Akam 2. Akamyl
y como la o en Mocoví mnclias veces corresponde á la a en
Abipon, como se ha hfecho ver ya, hay identidad absoluta entre
las dos series. La C doblada del Mocoví es una letra y no
dos. una gutural fuerte.
Si eliminamos las letras comunes á los cuatro ejemplos nos
quedaremos con los índices posesivos de la fórmula típica :
1. Y 2. C (n) — i 3. N
La Y de tercera entra en los verl)0s, haciéndose uso de ese
giro tan común en todas las lenguas, cuando por evitar anfi-
bología inconscientemente adoptan formas dialécticas para de-
terminar distinción de significado. La I en el verbo es prefijo
temporal, desde luego el Mocoví lo rehuye como índice perso-
nal en esa clase de flecciones, siendo que es partícula típica
de 3* persona en los nombres.
40
— 314
Cuadro Sinóptico de los Pronombres Primitivos en las Lenguas
del Chaco y sus aflnes
SINGULAR
•) Forma supuesta en razón de otras analogias.
— 315 —
Clave :
AI ver este ('undro quien jmede dudar que todas estas len-
guas sean afines. El mismo Quichua, que á primera vista re-
sulta el mas rebelde, lo es el menos, porque no solo lleva la
T oculta en la ^V, sino que también posesiva con y; mi palo-
mita seria urpilita-y. Que en el Chaco se prefije lo que en el
Cuzco se posterga, es un caso como el de los artículos Escan-
dinavos, que á veces son finales y á veces iniciales, y no por
eso se desechan de la familia Teutónica.
Este cuadro se complementa con otro de las lenguas Carí-
bicas.
SINGULAR
316
PLURAL
Clave:
V. Habla varonil. Gen. Nos todos. DI Dual, tú y ye
Lim Nos algunos.
Ex. Nos sin Vos.
No es mí propósito hacer un estudio de las lenguas Caribi-
cas, y sus primas las Guaraníticas; pero convenia formar el
cuadro de aquellas incluyendo el Tamanaco, lengua interesan-
tísima de la que mucho ha escrito el Abate Gilii.
Compárense los cuadros Chaquenses y Caríbicos, tpie en
ellos hallaremos mucho digno de llamar la atención. Verdad
es que el Mataco nos pone á las claras en su
1. Nuslam 2. Am 3. Lam
Radicales 1. N 2. A 3. L
una partícula am común á todas, pero esto no quita que,
Am sea tú en Ahí taco y
Am — til en Toba,
Que el mismo Toba usa las radicales.
— 317 —
El Caribe nos ofrece una articulacian idéntica en singular á
la Toba :
1. Y 2. A 3. L (Fem. T)
1. K 2. H 3. Nh
En ambos grupos advertimos la partícula am como caracte-
rística de 2''' persona, y estudios detenidos en la filología ame-
ricana me han convencido de que la m es característica de 2""
persona, en estos grupos y en otros, sin perjuicio de que en
ciertas combinaciones la hallemos en 1* y 3-' persona también.
Esta m como radical característica del pronombre de 2* per-
sona es un desculjrimiento de la mayor importancia para el
estudio de las lenguas americanas, y debo tratar el punto en
otro trabajo; por lo pronto baste hacer notar lo general que
es en Améi-ica la foi'ma ésta :
1. Y 2. A vel Am 3. L vel N
La L puede ser R, y T si es de femenino. En la Introduc-
ción abriré una opinión acerca del origen de todas ó algunas
de estas partículas (|ue son típicas del Mocoví y sus afines.
Lo que me lie propuesto al hacer este capitulo de Gramática
comparada era establecer la universalidad de las formas del
pronomlire en muchos idiomas, y su generalidad en muchos
mas, lialjiendo omitido bastantes ejemplos que pudiera liaber
citado iior no ser de mas prolijo. Se lia proiíado que el Mocoví
nos ofrece una serie tíi)ica de pronombres, y siendo ésto así
vale la pena de entrar á analizarlos.
r r
1. Aini Pl. 1. Occom
2. Accamí 2. Accami
3. Inni 3. Yyyoa
Las vocales iniciales en todos seis ejem[ilos parece que son
mas bien eufónicas, por esa inclinación del idioma á empezar
por vocal : pei-o en éste, como en todos los demás casos, se
l)usca la letra mas análoga bajo cualquier aspecto que sea.
Las formas del Payaguá.
Yam —Yo L Ham — Tú
hacen ver la verdad de esta hipótesis. En Guaraní ^ es — yo
— en muchos otros idiomas circunvecinos, como el Mataco,
el Chiquito, y mas allá el Caríbico, a equivale á tuyo. La m
es de 1'"', 2* y 3* persona en Quichua (Chinchaysuyu), Mose-
tena, Auracano, Patagón ó Tehuelche, Chana Oriental, Chibcha,
Armará, etc. de suerte que los verdaderos índices ó partículas
— 318 —
determinantes son F de 1^ y CC — i, de 2* persona, y asi las
vemos reaparecer en la articulación posesiva. La CC no es
mas que una K fuerte, como se deduce del Abipon. La i final
tan característica de 2" persona en los mas de los dialectos
Chaquenses (menos el Mataco, pues aun en el Toba reaparece
en el plural), tiene mucha semejanza con el ild, Quichua, par-
tícula subfija de esa lengua que significa tuyo ó yo te. El Qui-
chua dice, Kham — tú — el Mocoví, etc. Accami. El Clia-
quense prefiere los prefijos, el Quichua, los subfijos, pero con-
tacto largo de Quichuas con Chaquenses pudo producir una
mezcla de las dos morfologías.
Nadie puede dudar que haya habido mezcla en estos idiomas,
porque de no ser así no podríamas tener las dos articulaciones,
una por C y otra por D de 2" ¡¡ersona, fuera de tantas otras
variantes que hasta hacen creer á muchos que se trata de
lenguas inorgánicas. La C vel K de 2" persona es caracterís-
tica del Quichua, la D vel R, del Guaraní; con una y otra
lengua han estado en contacto los indios del Chaco, de suerte
que por este lado sobran las pruebas geográficas.
En los pronombres de 3* la N reproduce la N Quichua de
la misma persona, y la Y del plural es un recurso análogo
del Quichua, Aymará, etc.
Esta Y ó L es bien conocida en las lenguas Mexicano-Yuca-
tecas, y merece ser tenida en cuenta cuando se entre á inves-
tigar la influencia Caríbica en la América del Norte, de esa
irrupción de hordas bárbaras, que por falta de mejor nombre
llamamos Caribicas, y que según pai-ece entraron destruyen-
dolo todo. En la Introducción distingo entre Carlos y Caríbi-
cos, porque muy bien podrá resultar que los Carlos son á los
Caríbicos lo que los Romanos á los que hoy hablamos el Ro-
mance, es decir que los segundos en uno y otro caso descen-
demos de perturbadores de la civilización anterior y usurpa-
dores de mucha parte de la lengua de la nación conquistada.
Que los invasores Teutónicos se hayan mostrado mas aptos
para recibir la vieja y desarrollar una nueva civilización que
las hordas Caribicas, es cuestión de grado y no de principio.
Estos carecían de un importante factor — el Cristianismo —
sin el cual acaso los papeles se hubiesen hallado hoy trocados.
X
PRONOMBRES Y POSESIVOS
De lo que se hn tratado ya es de las articulaciones posesi-
vas faltándonos aún el posesivo en absoluto; de estos escribe
Dobrizhoffer lo siguiente:
«Si la cosa de que se trata es animada, aunque no sea sino
vegetal, como trigo, caballo, un cautivo, etc., preguntan di-
ciendo :
¿Kahami lela? ¿Cuya propiedad es esto? á lo cual responde
el otro :
Ilá — mia.
Grelé — hiya.
' Lela — suya.
Por otro lado si la cosa fuere inanimada, como ser una
lanza, un vestido, alimento, etc. dicen:
¿Kahami Kalalám? ¿A quien pertenece? y el otro dirá :
Aim — á mí.
Karami — á tí.
Halani — d él.
Karani — á nosotros').
Se observará aquí como se conservan las radicales
I de 1" persona singular
R » 2" )) ))
L )) 3" » ))
R » I'' » plural
Comparemos ahora el Abipon con el Mocoví, previniendo
que el Padre Tavolini no distingue entre lo vivo y lo yerto, ó
mejor dicho, entre lo orgánico é inorgánico. Según las mues-
tras los ejemplos de este padre se ajustan á lo inánime.
*) En la traducción del Señor Líirsen hay unos pequeños errores de imprenta corregidos aquí por
el original.
320
No puede darse un cuadro mas importante: las analogias
se imponen, y van acompañadas de ejemplos, que confirman
los cánones fonéticos ya establecidos.
R = D.
H de 2"'' V 3' = Aspiración suaxe.
A ' = O.
Esta es una prueba palmaria de la exactitud de esta ley,
que, como ya se dijo, establece que los verbos Mocovies con S
de I'' están representados por los Abipones con H, y que la r
en yr equivale á la d en cod, cad, que á su vez son el yr in-
tegro, por vocalización de la e al combinarse con la r*).
Al hablar de ley y de canon, como muy bien observa el filó-
logo inglés Skeat, no se quiere decir más que una generaliza-
ción de los hechos que se observan en tal ó cual idioma: las
lenguas no se ajustan á leyes, sino que i)roceden de cierto
modo justo, armonioso cqidlih-ado, (como dice el inteligente y
observador viajero Chaquense Señor Pelleschi) que en manos
del filólogo tVicilmente se reduce á regla, sin que los que las
hablan la conozcan ni ])or las tapas: hace siglos que hablan
gramaticalmente y no lo barruntan esos pobres salvajes. La
civilización, la literatura, la instrucción mata las lenguas, pero
las momifica, las conserva en escabeche, en charqui y de tal
modo á veces las desfigura, que no las conocerla ni la madre
que las parió.
En este estudio vamos comparando dos dialectos que lo eran
ya al entrar la época cojombiana. y media mas de un siglo
entre los autores que las redujeron á forma de arte y vocabu-
lario; no obstante, cuánto tienen en común, y cuánto nos en-
señan acerca de las lenguas americanas.
Lástima es que el Padre Barcena no haya sido más explí-
cito en cuanto á esta sección. Los apuntes que yo he podido
recoger de boca del Indio López son escasos en cuanto á los
pronombres, como era de suponer, porque solo en frase se
puede sacar algo á este respecto.
*) Los filólogos llaman A la g, d, b, formas vocalizadas de c, I, p.
— 321 —
Mariogot — Esa es tuya.
Maichalogot — Es de ella.
Maíchayugot — Este (pan) es mió.
Algo do analogin se vislumbra, pero no es lo suficiente para
establecer ninguna regla.
El vocabulario de Pelleschi trae esto:
Alom — mió.
Iningot — tuyo.
Aquí advertimos la misma terminación de que se valia
López, lo que restaura la fleccion así:
Ingot — m.io.
Riogot — tuyo.
Logot — suyo.
41
XI
PRONOMBRES DEMOSTRATIVOS
Los pronombres demostrativos son curiosos, poi'que vtirian
según la postura del individuo á que se refieren: también dis-
tinguen sexo mediante una c vel i inicial para masculino, y a
para femenino. El plural masculino es común, con una ex-
cepción Annoassó, á lo (|U0 se ve.
]\I(ts(iil¡iin
Inni — El
Fcniciiiiio
Anni
clin
riitidi Coiiiidí
Yyyoa — Ellos
Parado
Edasó — A<niel Adasso — Aquella
Eddi'i ) _ Addá ) „
n .1 — i'^se . , — Esa
Enna Anna
Eddoassü — Aquellos
Ennoa ) — Esos
Eddoá ) — Esas
Moviéndose
Eso — Aqurl Assó — Aquella Esso.á — Aquellos
Sentado
Innissó — Aquel Annissó — Aquella
Inni — Ese Anni — Esa
En naso — Este Annassó — Esta
Iddi — Ese
Iddissó — Este
Acostado ó echado
Addí — Esa Yyyoá — Esos
Addissó — Esta Yvyoassó — Estos
El Padre B.'ircena en su Manuscrito apunta esto sin distin-
;,uir el estado de la persona:
— 323 —
ImIí'i — Fjsc, .íij/icl n AijiiHla
l'lniíasó — Este
M na vaso — Eatus
Ivhi — El
Mdava — Ellos
V¡\ iii(eriiarontesco se advierte, pero falla esta disUnciou j)i'o-
lija de los otros dos dialectos, debido, según yo creo, á la
mezcla étnica y liníiüística con el Matoco. Las terminaciones
en Só confirman lo que ya se ha advei'tido, que el Toba esta
mas cerca del Mocoví que del Abipon.
XII
PRONOMBRES RELATIVOS
Los Abipones (dice Dobrizlioffer) expresan alí;unas veces el
relativo que, el que, por
Eknam, Plural Enonam
Dios eknam kaogarik — Dios que es el creador.
Tavolini en Mocoví cita:
Eccii — Quien, Cual, Que, singular.
Eccuá — Quienes, Cuales, Que, plural.
El Padre Barcena dice que el Toba no usa el relativo, pero
es probable que este dialecto se valga de algún otro giro equi-
valente.
Lo mas cierto en cuanto al Mocoví es, que el demostrativo
eecd hace también las veces de relativo.
XIII
PRONOMBRES INTERROGATIVOS
Según Barcena en Toba:
Canná es ¿Que cosa? ó ¿qné?
Igá ¿ Quien ?
voces que deben comjiararse con las que se dan en seguida.
Fax el Mocoví encontramos esos interrogativos que se divi-
dirán en dos clases, los que llevan Q y los que llevan M inicia!.
— 825 -
IntrrroyaUvos por Q
la
¿Quennegayti? — ¿Quien?
¿Qupnnegayá? — ¿Qué? s. y pl.
¿Queqquegaya? — ¿Cual?
¿Queecouagayá? — ¿Quienes?
¿Quenneciue? — ¿Cuales?
¿Queccaque? — ¿Quien?
¿Ouennegue? — ¿Qué?
¿Queq llegue? — ¿Para quien?
¿Qiiequequela? — ¿Acaso el que?
1mi los primeros cuatro ejemplos descubrimos la partícula
ga que tigur-a en el Toba, y probable es que sea la misma con
refuerzo del ya. Por lo deniiís se ve que estos pronombres
constan de la Qu ó sea K inicia!, ios demostrativos enná, eccá,
y que, con una ó mas partículas finales.
Interrogativos por M
¿,Cóino estáis vos'!
i. ¿Maccami? — ¡.cómo, tu ó vos:
G. ¿Meccaquen?
7. ¿Malacca(|ue:
8. Maccaquen?
1. ¿Méunectari? — ¿,Cóitio está fulano'!
2. ¿Minnictari? |
3. ¿Minnictrari?j
¿■
5. ¿Meccaquen? pat-ece ipie dice ¿« alguno'!
» » ¡jle alguno^
¡..con alguno'!
7. ¿Malacca(|iien? » » » icon algunal
Icon alguna'!
¿« alguno'!
9. Mecca » » » por la
10. ¿MoYOCtequen? » » » ¡jnuchas veces ó (Con inu-
chosy .
listos ejemplos son medio mixtos, en que la M parece que
desempeña una función media entre pnrtícula interrogante y
conjuntiva. \\n los tres primeros es una simple interrogación:
en el cuarto \' no\'eno, conjunción. Resulla pues que en Mo-
coví la partícula M tiene tres valores:
M — como — conjunción.
M — ¡.como'! — adverbio.
M — cí, con, de etc. — preposición.
l'^l Altipon según Dobrizlioffer también i)relija la M |);ii-a de-
notar interrogación:
— 32fi —
¿M'ayte nnuachiekir/ iHaij ¡michos soldados'!
Oira jiaftícula ¡nlon'o,^imlc en oslo diuleclo es — Men.
¿Meu lecnV.' ^Es cicrto'l
En el INIunu.sc-i-ilo del Señor Li'imas se encuenlra con Iro-
cuencia.
¿Miqui? i^Quien"!
l'',n este dialecto Icen es la preposición á y se uso como pai--
ticLiia inicial. Es de sospecharse que pueda ser el /¡itcit linal
de los e¡eini)los Mocovíes.
Esto M reaparece en niudias lenguas con valor interrogan le:
el nuicluia dice:
¿Imaina'? — iComol
¿Mana? — iNo1 el ¡tonnc del Latín.
que introduce pregunta.
Cierto es ijue iina e([uivale á nuestro «cusff)), [¡ero aun la
voz cosa no le es enteramente extraño el valor inten-(tgativo, y
no está probado (jue la M en estos dialectos no quiera decir
algo parecido.
Que los sonidos K y M de suyo sugieran la idea de interi'o-
gacion acaso mas tarde puedo exj)licarse como que sean de
un mismo origen con H y W en las combinaciones WH y
H\V, partículas interrogantes: estos letras, como muy bien se
sobe, son mudanzas de C vel K y M en esas lenguas, y suel-
tos representan preposición también Ijajo los formas con, si/n
y mit ó ivith. Esta es, otra de los analogías casuales, que no
deben descuidarse, cuando llegue el momento de reconocer ({ue
las mudanzas europeas,
k = g = h = s = '.
m = w = b = u = p.
equivalen á las mismas mudanzas en América.
PRONOMBRES INDEFINIDOS ETC.
Los pocus que eucuciitro se dan en se¿;uida.
r
Nadinetap])etn — Ca/la uno.
Avó — Alguno.
Scaeccá — Nínyuno.
Scaeccá — Nadie.
o
Chacaim — De sí, á sí, por sí.
Kn Abipon ninguno es — cliiecá — combinación de ecá con
la partícula negativa — chi.
En Tolia algunos es — sovaháy. Bárce.
ninguno » — sasidá. »
scaycá. López.
Estas diferencias son muy interesantes á la vez que instruc-
tivas, porque nos enseñan á desconfiar de las llamadas varia-
ciones léxicas. En el Toba sasida y scaycá son combinaciones
de los demostrativos edá y eccá con partículas de negación:
muy posible es que coexistieron y coexistan aun hoy, pero se
comiM'ende como un viajero pudo fijarse en una y otro en otra
de estas palabras, y le basta citarlas como prueba de varia-
ción del dialecto en tantos ó cuantos años.
Finalmente haré notar la importancia en Mocoví del pi'o-
nombre eccd. Lo encontramos casi como artículo, como pro-
nombre de 3^ persona, relativo, interrogativo, indefinido, y
desde (jue se usa como artículo y pronombre primitivo, lo os
también demostrativo. Su radical ra apunta en dirección al
(Juichua. La e es eufónica, y en los ejemplos Tobas parece
que se vuelve y. Recomiendo que se comparen las equivalen-
cias morfológicas sas y s-ca, por lo que parecen serlo también
fonológicas.
NOMBRE ADJETIVO
Lo que nosotros entendemos por nombre adjetivo, esto es,
voz que califica, lo tienen los Mocovíes, pues dicen:
r
Noén Yaié — Biten hombrf;
pero carecen de concordancia de género, puesto que también dicen
r ta
Noén aaló — Buena mujer.
(Alando el adjetivo es concreto y lleva subentendido el sustan-
tivo entonces modifica ciertas terminaciones, como por ejemplo:
Mocoilék — Paisano.
Mocoiliissé — Paisana.
I, a forma femenina sirve para el plural de ambos géneros.
XVI
COMPARACIÓN DE LOS ADJETIVOS
Acudamos nuevamente á DolirizhofTer. «El comparativo y
el superlativo los foi'man, no como en otras lenguas, añadiendo
sílabas sino de un modo diferente. Un Abii)on para expresar
esta idea : El tigre es peor que el perro, usai'á este giro : el perro
no es malo aunque el tigre es malo:
Nelegink chiknaa, oágan nihirenak la naa;
ó bien esto otro:
(Continuara)
BIBLIOTECA
DEL
Museo de La. Plata.
LISTA
DE LAS
Pilicaiiss rfiiiJas u m\i w el Iiissii íe La Plata
Octubre i8go — Mayo i8gi
Angers. — Bull. Soc. ét. se, n. s. XIX" a.; Amjers, 1800, 8°
Apstein. (Dr. C.) — Die Alciopiden. Naturh. Mus. Jahrb. d. Hamb. Wiss. Anst.
VIII; 1881, 8°.
Bau u. Function der Spinndrüsen dor Arancida, a. d. zool. Inst. d. Univ. Kiel;
Berlin, 1889, 8"
Arata (Dr. Pedro N). — El clima y las condiciones higiénicas da Buenos Aires;
Buenos Aires, 1889; 8».
Ave — Lalleman (G). — Estudios mineros en la Provincia de Mendoza; a. p.
Bol. Acad. Nac. Cieñe. Córdoba, t. XII p. 131; Buenos Aires, 1891; 8°.
Aranzadi (Telesforo de) y Unamuno. — El pueblo Euskalduna; íian Sebastian,
1889, 8°.
Bambeke (Ch. van). — Contributions á l'histoire de la constitution de l'oeuf,
e. Bull. Acad. r. se. Belg., 52° a., 3' s. t. VI, n» 12; Bruxelles, 1883, 8°.
De l'origine des tlssus de substance conjonctive, e. Mém. S. B. M. t. XII;
Bruxelles, 1889, 8°.
Contribution por servir á l'histoire de la vésicule germinative, e. Bull. .\cad.
r. Belg., 3" se. t. XI, n" 1; 188a, 8°.
Recherches sur la morphologie du Phallus (Ithijphal/Ks) iinpudicus (L.), e.
Bull. Soc. r. d. bot. Belg-., t. XXVIII, Iré p. ; Gand, 1889, 8».
Des déformations artificielles du noyau, e. .\rch. Biol. p. p. Beneden et Bam-
beke, t. Vil, 1886; Gand, 8°.
— 33-2 —
Bancroft iHulion Hown). — Tlio liistnrií-al woi-ks; 8".
Bargagli (I'iero). — Insclti iTumiieslihili, o. d. Uev. Kur., Kov. intcrn., i 6 Giiii:.
1877; a. 8", Yol. 11, f. V; Fireiize, 1877, 8".
Un nuovo lavuro de S. .sig. Horhcft Hdxs, i. Di ali-uni inselti scopcrti recen -
tamente in roccie carbonlfcre e siluriane» ; e. d. HuU. d. S. E. I., a. XVIll,
Y. 143-152; Fir,'H:e, 188(3, 8°.
Rlscrche s. rolazioni piu carattei'istiche t. g. Insettl e le plante; e. d. Atli dr
K. Acad. d. Geoi-o-. a. 1888, Val. XI; Fire>i:c. 1S88, 8".
Rassegna biológica ili Rincofori curopei, c. il. Hiill. d. S. K. 1., ^^d. XV, XM,
XVir, XVlll, XIX: l''irrn:c, 1883-1887, 8».
Bastían (A). — Naclitriige ü. Ergünzungen a. Samnilungen il. Elhn. Mus., Abt. II;
Jlcrlin, 1889, 8°.
Beauvois (E). — Les colonies européennes du Marklaiul et de rEscocilaiid au
XIV* s., C. R. Cong. Ainér., 2" s., Luxcndjourg, 1877, Nanoj, 1877, 8°.
Origine et fündation du plus ancien Evéché du Nouveau Monile, 986-1126, Méni.
S. Hist. Arch. et Lit. Beaume 1878; Pai-is, 8'.
La Norambégue, C. R. 3° s. Cong. Amor., Hruxellcs, 1879, t. I; BnixcUi:^,
1880, 8°.
Pendeloijues analogues ti'ouvées en Europc et au Mexiípio, Mat. hist. n. p. r(
Hom. d. p. Cartailliac et Chantre; París, 1886, 8".
Les coUiers de pierre trouvés ;i Puerto-Rico, en Ecosse; Ibid.
Les Porte-Croix de la Gaspésie et de l'Acadie, Ann. pliil. chrét., avril 1874,
p. 284; Paris, 1877, 8".
Les deux Quetzalcoatl espagnols, Muséon, t. IV, n° 4, p. 466-493, n° 5, p. 572-593.
■aoüt et octobre 1884; Louvain, 1888, 8°.
La fontaine de Jouvence et le Jourdain, dans les tradltlons des Antill«s et de la
Floride, Muséon. t. III, n" 3, judlot 1884, p. 404-429; Loitvain, 1884, 8°.
La vendette dans le Nouveau Momio au XI" s., d'aprés les te.xtes scandinavcs ;
. Muséon; Louvain, 1882, 8".
La grande terre de I'ouest, dans les documenta celtlques du nioyen age, C. R.,
4" s. Cong. Amér. Madrid, 1881, t. I, p. 45-74; Madrid, 1882, 8°.
Les premiers chrétiens des íles Nordatlantique, Mu.s. t. VIH, n° 3, juin 1888,
p. 315-330; n° 4, aoiit 1888, p. 408-433; Loumin, 1888, 8".
Relations précolombiennes des Gacls avec le Mexlque; C. R. Cong. intern. Améi'.,
Copenhague 1883, 8°.
Les voyageurs transatlantiques des Zeno, Mus. t. IX, n° 3 et n" 4, 1890; Lmi-
vaiii, 8".
La légcnde de Saint Colundia diez los .Mexicains du moyen-age. Mus. t. VI,
n° 2 et 3, 1887; Louvain, 8".
Berg ^T)l•. Carlos). — Sobre Carpocapsa .ia!lita».f ^^■est\v. y GraphnUthn mntri.r
Borg., An. Soc. c. Arg., t. XXXI, p. 97 á 110, Buenos Aires, 1890.
Elementos de Botánica; Buenos Aires, 1890, 8".
— :vsA —
Bergen. — Berfrens Muscuin Aarsbei-. f. 18S9; Deryen, 1890, 8".
Check-List of duplicates of animáis f. exch. a. sal.; Bargen, 8".
Bergh (D. R.). — Die Tifiscanion, Morpli. .larlil.., B.l. XVI, n" 1; 8\
Berlín. — Das Mus. f. Naturh. il. k. F.-W.-Univ. in Bciliti, zur Erüffrumgs-
Feier; Berlin, 188'J, 8".
Liste der Autoren zool. Artbegriffe, zusaiii. I', d. zool. Saín. d. k. Mus. f. Na-
turk. in Berlin; Berlin, 1888, 8°.
Uebersicht ü. d. aniei'ikanisclien Saninilunfren d. k. Mus. f. Xaturli. in Berlin;
Bcrliti, 1888, 8".
Zeitschi-ift fiir Ethnologie, OriL.'an I". Berl. Gos. Antlir., Etlin. u Urgesoh, .lahrg.
XXII, 1S90. H. 1-5; Bcr/in, 1890, 8".
•Verbffent. a. d. k. Mus. f. Víjlkerk. ; Berlin 1888, 4».
Verh. d. Berl. Ges. f. Anthr. Etlin. u. Urgeschich. , s. 14. 2, 15. 3, 19. -4,
17. 5, 21.6, 10. 7, 25. 10; 1890. Berlin, 1890, 8°.
Blanchard (Dr. Kaiihael). — Sur une reniarquable derniatose caus¿e sur le Lézard
vert, pal- un clianipignon du (íenve Selenosjiorium; Mcm. S. Z. F. a. 1890, 8°.
.Vnomalie du pluniage cliez un pigeon-paon, Bull. S. Z. F. a. 1800; P«r¡.s, 8°.
Anonialie des organes gúnitaux chez un Trienin sayinata Goe/,e; Ibid.
Sur les Crustacús des Sebkhas et des Choots d'Algérie; Ibid.
Notice sur les titres et les travaux scientifique.s, etc; Lille, 1890, 4".
Los animales parásitos introducidos por el agua en el organismo; Londres,
Burns Oates, 1890, 8".
Bodenbender (Dr. G.). — La cuem-a ilel Valle del Rio 1° en Córdoba, 8°.
Bolívar i Ignacio). — 7. Enuni. d. Üi-tlioptóres de Tile de Cuba, e. Mém. S. Z. F.
t. 1. a. 1888; París, 1888, 8°.
Monografía d. 1. Pirgomorfinos; Madrid, 1884, 8».
Notas entomológicas, Anal. Soc. Hist. Xat., t. X, 1881 ; 8".
Eludes sur les Insectes d'.Vr.gola, etc., c. .lor. d. se. matli., pliys. et nat., n" XXX;
Lisbun, 1881, 8°.
Descriptions d'Orthoptéres, etc.; e. A. S. E. F.; 1883; 8".
Sobre la estructura de las patas prensoras de la Mantispn perla Fall ; Anal.
Soc. Hist. Nat., f. XI, 1882, 8.
Essai sur les Acridiens de la tribu des Tettigiilae, e. Ann. S. E. B. t. XXI; Gand,
. 1887, 8°.
Enum. d. 1. Grili.los de Filipinas, Anal. S. Hist. Nat.; t. XVIIl, 1889, 8".
Bolcgna. — Guida d. R. Istituto Geológico; Boloynn, 1888, 12».
Borckert (Hans). — Anat. physical. Unters. d. Haftscheibe v. Cyclopterus lum-
pus L.; a. d. Zuol. Inst. d. Univ. Kiel; Kiel, 1889, 8».
Borgert (Adolf). — Ueber die Dictyochiden, a. d. Zool. Inst. der Univers. Kiel;
Leipziy, 1891 ; 8°.
— 334 —
Boule (Marcelin) — Les grands animanx fossiles de rAinérique; Rev. Se; París,
1891; 8".
Bourgeois (J.) — Note sur le Doryphora decemlineata ; BuU. Soc. a. se. n.
1874; Rouen, 1875; 8°.
Dascillides et Malacoilermes de Nouvelle Calédonie; Rev. Knt. a. 1884; 8°.
Note sur le Thorictodes Hetjdeni Reitt. BuU. Soc. a. sen. Rouen, a. 1883; 8".
Note sur la vie et sur les travaux de Jorgen Christian Schiodte; Ann. S. E. F.
1889; 8°.
Synopsis du genre Thonalnius; Ibid., 1883; 8°.
Diagraoses de Lycides nouveaux ou peu connus, 4% 5° et 6'' jiartie. Ann. S. E. K.
1884, 1885, 1889; 8''.
Remarques sur le genre Dasytiscus et descriptions d'espéces nouvelles ; Ibid.,
1885; 8».
Note sur la nymplie du Gis Boleti; BuU. Soc. se. n. Rouen, 1887; 8°.
Observations sur quelques Lycides du Brésil; BuU. S. E. F. 1886 — 87; 8".
Voyage de M. Cli. Allmand dans le territoire d'Assinie; 1" Mem. Lyciili s;
Ann. S. E. F. 1879; Paris; 8°.
Synopsis du genre Henicopus Stepli.; Ann. S. E. F. 1888; 8".
Contribution á la faune entomologique des Etats-Unis de la Colombie; 1" p.
Ann. S. E. F., 1879; Paris; 8".
Extrait du Bulletin des séancos S. E. F.; 8°.
Brandt (K.) — Die mit der Kurre oder niit der Dredge auf der Expedition ni. d.
D. "Holsatia» gesam. Thiere; VI Ber. d. Kom. /.. Unters. d. d. Meere, Kicl.
1890, 4°.
Brinton (Daniel G.) — Tlie american race; New York, 1891; 8".
Folk-Lore of tlie bones; Jour. of Amer. Folk-Lore, Yol. 111, n" 8, 8°.
The international Congress of Americanists ; Amer. Antlir. .lanuary 189i ;
Washiiif/toii, 1891; 8°.
Note on tlie Puquina langage of Perú; Proc. jimer. Phil. Soc, Yol. XXYlll,
Dec. 1890; 8°.
Brusina (S.) — Motriocem jiticjega .svijeta; Zitr/rcb., 1880, 8».
Buenos Aires. — Anales del circulo médico Argentino; t. XIV, 3 — 4; 1891, 8".
Anales del Departamento Nacional de higiene; N° 1 y 2; 1891; Buenos Aiivs,
1894; 8°.
Burmeister (Dr. Germán) — .'Vnales del Museo Nacional de Buenos .Vires; t. 111,
e. XVI y XYII; 4°.
Description physique de la Ró publique Argentine; t. 1" p. Buenos Aires, 1878; 8".
Atlas de la descr. phys. de la République Argentine, 1" 1.; Buenos Aires 1879; 4".
Calderón (Salvador). — Sur les modiñcations dos roches ophiti(jues de Morón;
C. R. s. Acad. se; Paris, S".
— 335 —
Consideraciones sobre la dentición de los Roedores; An. Soc. Esp. Hist. Nat.
t. XIX, 1890; 8».
Candéze (Ernest). — Elatúrides nouveaux; Ann. S. E. B. t. XXXIII, 8".
Note sur les Elatérides du genrc Chalcolcpidius Eschs;. C.-R. S. E. B.
1886; 8°.
Liste des Elatérides décrits postórieureracnt au catalogue de Munich; C.-R. S. E. B.
1883; Bruxelles, 8".
Notice sur Félicien Chapuis; Bruxelles, 12°.
Les raoyens d'attaque et de défense chez les insectes; BuU. Acad. r. Belg-. 2' s.
XXXVlll, N" 12, 1874; Bruxelles, 1874; 8°.
Revisión de la monogrupliie des Elatérides; f. 1, 8°.
Elatérides nouveaux; Móm. c. et Mém. sav. étr. t. XVII ; Bruxelles, 1884; 8°.
Elatérides nouveaux; 3' f . ; Mém. S. se. Liége, t. IX,2''s. Bruxelles, 1881 8°.
Certes (A.) — Protozoaires; Miss. scient. da Cap Horn, 1882—1883; t. VI,
Zool. ; Paris, 1889; 4». .
Sur les resultáis de l'examen microscopique des sédiments recueillis pendant
l'exploration zoologique fait en 1881 dans la Méditérranée et dans l'Océan,
etc., e. BuU. S. Z. F., 1881; París, 1881, 8".
Pai-asites et commensaux de l'huitre; Ass. franí;. p. av. se, c. d. Rouen,
1883; 8".
Note sur les luicro-organismes de al panse des ruinimants; e. Bull. S. Z. F.,
1881; Poris, 1889; 8*.
Sur un SpiriUe géant, etc.; c. Bull. S. Z. F., t. XIV, p. 322, s. 23 .luiUet 1889;
París, 1889; 8°.
De l'action des hautes pressions sur les phénoraénes de la putréfaction et sur
la vitalité des micro-organismes d'eau douce et d'eau de mer; e. C. r. S. A.
Se, París, 15 aoút, 1884; 4".
Certes (A.) & Cochin (D.) — Action des hautes pressions sur la vitalité de la
levure et les phénoménes de la fermentation; e. Bull. Acad. r. Bel. 3= s., t.
VIH, n" 12; 1884; 8°.
Chalons-sur-Marne. — Mém. Soc. agrie, com. se. el arts; a. 1876, 1877,
1878; 8".
Charencey. — Cathecismo en lengua Chuchona y Castellana p. el m. R. P.
f. Bartolomé Roldan; 8".
Vocabulaire Franijais-Maya; Alengon, 1884; 8°.
Fragments sur la langue Chanabal; Mus.; 8°
Confessionnaire en langue Chanabal; 8°.
De la conjugaison dans les langues de la Famille Maya-Quichée; Mus.; Lou-
vain, 1885; 8°.
Des suffixes en langue Quichée; Mus.; Louvain, 1883; 8°.
Etymologies Fluskariennes; Bull. Soc. Ling. París, 1885; 8°.
— 336 —
Chun (Cari). -- Die pelagische Thierwelt in grossen Tiefen; Verh. Gesell. der
Nat. u. Aerzte; Leipzig, 1890; 8°.
Chur. — J.-B. der Naturw. Gesell. Graubündens; Jahrg. XXX, XXXI, XXXU,
XXXlll, 1885—1889; Chur: 8°.
Copenhague. — E. Musco Lundii; Bd. I, 1888; 4°.
Córdoba. — Resultados del Obs. Nac. Arg.; Vol. XII, 1879; Buenos Airea,
1890; 4".
Danzig. — Schi-iften d. Naturf. Gesell.; N.-F. Bd. Vil, H. III; Banziy, 1890; 8".
Dautzenberg (Ph.) et Hammonville (L. d') — Descri]ition des espéces nou-
velles de coquiUes du Tonkin; Paris, 1887; 8".
Dawson (McConell). — Tlm Catholics of Scotland; London, 1890; 8°.
Del Castillo (Antonio) Barcena (Mariano). — El hombre del Peñón; México,
1885; 8°.
Deniker (.1.) -- Essai d'une classification des races Immaines; Bull. Soc. d'Anthr.;
l>,trií:, 1889; 8°.
Deniker (J.) et Laloy (L.) — Les races exotiques á la Exposition Unlverselle
de 1889; Anthr. N° 3, 1889; 8°.
Drago (Luigi). — Criminali Nati. I; Bibl. .\ntr.-Cjiur. s. III, Vol. II; Torino,
1890; 8°.
Dresden. — Bericht über die Verwalt. der k. Sim. f. Kunst und Wiss., 1878,
1879, 1882, 1883, 1886, 1887; Dresden, 4".
Spezial-Berichte über die Verwaltung der k. Sam.; -I. 1888; J. 1889; 4°.
Fraipont (Julien). — La poterie 'en Belgiqne a l'iíge du Mammouth, 1" part.;
Rev. Anthr. .luil. 1887; 8°.
Le systéme nerveux central et pói-iph¿rique des Archiannélides et des Archi-
choetopodes; Bull. Acad. r. Belg. 3' s. t. VIII, N° 7, 1884; BvuxeUes; 8°.
Le rein céphalique du Polygordius; Ibid.
Recherches sur les Crinoides du Faménien do Belgiquc; .\nn. S. G. B. t.
1883—1884; Lierje, 8 .
Notice sur une caverne á ossements d'Ursus spelaeus; Ann. S. G. B. t. XXI, XI,
1884; Lié¡ie 8".
Sur les atftnités des genres Favosites, Emmonsia, Pleurodyctiuní et Michelinia;
Ann. S. G. B. t. XVI, 1890. Ibid.
Un nouveau Ganoíde du calcaire carbonifóro du Belgique; Ann. S. G. B. t.
XVII; 1890. Ibid.
Euryptérides nouveaux du dévonien supérieur de Belgique; Ibid.
Un Lingule nouvelle du calcaire carbonifóre de Visé, (Lingula Koninki); Ann.
S. G. B. t. XV, 1888; Lii.-ge\ 9,\
Le tibia dans la race de Neanderthal; Rev. Antli. Mars 1888; Paris 8".
— 337 —
Fraipont (Julien) et Lohest (Max). — Recherches etIinogi'afii|ues sur des osse-
ments humains, découverts dans les dépóts quatei'naires d'une grotte á Sjiy, etc.
Arch. Biol. Beneden et Bambeke, t. VII, 1886; Gancl, 1887, 8°.
Recherches sur les poissons paléozo'íques, Ann. S. G. B. t. XV, 1888; Liege, 1888, 8°.
Fraipont (Julicn) et Tihon (F.). — Explorations scientifiques des cavemos de la
vallée de la Mehaigne Mém. cour. et a., Múni. p. p. Acad. r. Belg. t. XLlll ;
RntxeUos, 1889, 8'.
Frankfurt. — Monat. Mitth. d. Naturw. Ver. d. Reg.-Bez. Frankfurt; 8 -lahrt;-.
n" 1-71, 1890-91, 8».
Freese (W.). — Anat.-hlstol. Unters. v. Membraiüpora pilosa L., nebst einer
Be.schreibung: d. in á. Ostsee gef. Bryozoen; Arcli. f. Naturg, 1888. 8°.
Fritsch (Dr. Ant). — Principien der organisation der naturh. .Vbtheilung d. n.
Museuras Prag; Pra;/, 1888, 8°.
Garman (Samuel). — On West Indian Iguanidae and West Indian Scincidae,
etc.; BuU. Essex. Inst., vol. XIX, 1887, 8».
On the use of polynomials as ñames in zoology, Proc. Bost. Soc. Nat. Hist.
Marrh 19, 1884; 8°.
An Eel [Rhinoitiitroena queosita). BuU., Essex Inot. vol. XX, 1888, 8°.
Reptiles and Batrachians from the Caynians and the Bahamas; Ibid.
The Batrachia of Kalm's en Resa Til Uorra America; Ibid.
On the age of the Andeswi Medal; Ibid.
On the species of Chalcinus, Gasteropelecus, Cynopotamus, .Vnostomus; Ibid,
vol. XXll, ¡, 2, a 3, 1890, 8°.
Reptiles and Batrachians from Texas and México, 8°
Synopsis and descriptions of the american Rhinobatidae; Proc. U. S. Nat. Mus., 8".
Notes and descriptions taken from Selachians in the U. S. Nat. Mus. ; Prov.
U. S. Nat. Mus. 1885, 8».
A large Carpe and its history; Proc. Bost. Soc. Nat. Hist.; Cambridijc, 1889, 8".
Folk-Loro of the Carolina Moutains, 8°.
Girard (Dr. Ch.). — Lettre a M. le Dr. Raphaül Blanchard; e. 1. r. s. Cong. int.
züol.; Paris, 1889, 8".
Glascow. — Proceedings and Transactions of the Nat. Hist. Soc, vul. 111 (N. S.)
p. 1.; Olascoir, 1889, 8°.
Greifswald. — .Mitt. a. d. naturw. Ver. f. N.-Vorp. u. Rugen, .Ig. XXII, 1890.
Bcrlin, 1891, 8°.
Grentzenberg (Max). — Die Spong'.enfauna der Ostsee, a. d. Zool. Inst. d. Univ.
Kirl, 1891, 8°.
Hamonville (Barón d'). — Notes sur les quatre oeufs A'Alca iiiipemiis, etc.,
e. Mém. S. Z. F. a. 1888; Paris, 8„.
— 338 —
Notes sur racciimatation ou la tlomesticatlon de différents Gallinacés ou Palmi-
pédes, e. Bull. S. r. d'Accl, Nancy, 1857; Mculan, 1889, 8°.
Catalogue des oiseaux d'Europe; París et London W. C, 1876, 8°.
Collections ornitholog'iques de L. d'Hamonville (Feuille).
Catalogue des collections oolog'icjues et ornithologicjues, de L. d'Hamonville.
(Feuille).
Instructlons poui' preparar les oeufs d'oiseaux; 1868, 8°.
liistructions for preparing Bird eggs; 1875, 8".
Descriptions des divers états de plumage de Canard sauvage et varietés de cette
espéce, e. Bull. S. Z. F., 1886; París, 8°.
Nouveautés ornithologiques, e. Bull. S. Z. F. t. VIH, 1883; MeuJan, 1883, 8°.
De la mué des rémiges chez le canard sauvage, etc., e. Bull. S. Z. F. t. IX,
1884; Mculan, 1883; 8°.
Observations sur quelijues Oiseaux africais, etc.; e. B. S. Z. F. a. 1881; París,
1881; 8».
Nouveautés ornithologiques, 1" et 2' art., e. Bull. S. Z. F. a. 1886; París,
1886, 8o.
Hanau. — Bericht der Wetter. Ge.sell; Hanaii, 1887, 8".
— Bericht der Wetter. Gesell; Hanau, 1889, 8».
Haseloff (Bruno). — Ueber den Krysthallstiel der Muschel, a. d. Zool. Inst. d.
Univ., Kiel; Ostcrode A. H., 1888, 8°.
Hasse (Dr. C). — Das Knücherne Labj'rinth der Frosche; Hasse, Anat. St., 8°.
Zur Morphologie des Labyrynthes des Vogel; Ibíd, April 1870, 8°.
Das Gehororgan der Sebildkrbten; Ibíd, 8».
Beobachtungen über die Schwimmblasc der Fisclie; Ibícl, 8°.
Helsingfors. — Meddelanden af Soc. p. Fauna et Flora Fennica Helsímjfors,
1888-1889, 8°.
Acta Soc. p. Fauna et Flora Fennica, vol. Vil; Hehínyforsiae, 1890, 8°.
Heron-Royer et Bambeke (Ch. van). — Le vcstibule de la bouche chez les
tétards des Batracions anoures d'Europe. e. Arch. Biol. p. p. Beneden et Bani-
beko, t. IX, 1889; Líégc, 8°.
Huergo (Luis A.). — Canal de navegación de Córdoba al Rio Paraná; Buenos
Aires, 1870, 8".
Huth (Dr. Ernst). — Societatum litterae; 4 Jahrg. n" 1-9, 1880, 8».
Kassel. — Berd. Ver. f. Naturk., XXXIX u. XXXV (1886-1887); Kassel, 1889,8°.
La Plata. — Revista de Educación; n" 103-107, 111-115; 1890, 8°.
Lausanue. — Musées d'histoire naturelle. Rapport annuels des conservateurs,
1888, 1889; Lausanne, 8°.
— 339 —
liisboa. — Communicavoes da Coni. d. trab. geol. de Portugal, t. I, f. 1 et 2; t. II,
f. I; Lisboa, 1 885- 1 889, 8°.
-Loew (Dr. H.). — Analytische Tabelle zuní Bestimmen der nordamerikanisclioii
_Arten der Tipuliden-Gattung Pcc/njrrJiiiia; a. Verh. d. k. k. zool.-bot. Gesell.
"\V¡p», Jg. 1879, 8".
liOhmann (Hans). — Die Unterfamilie der Halacaridae Murr. u. d. Meeresmilben
d. Ostsee, a. d. zool. Inst. d. Univ., Kiel; Jena, 1888, 8°.
Liubbock (John). — On tlie Shapes of Leaves and Cotyledons; R. .1. G. B., week-
meet. April 25, 1890, 8".
Uyon. — Bull. Soc Anthr. de Lyon, 1. VIII, 1-3, t. IX, 1; Li/o>i et París, 1889-
1890, 8°.
Manteg'azza (Paul). — Anthr.-kulturh. Studien u. d. Gcschlechtsverhaltnisse der
Menschen; Jencí, 1888, 8°.
Maurice (Charles). — Etude monographique d'une espéce d'Ascidie composée
[Fraijaroides auraiitiacum n. sp.); Lieijc, 1888, 8°.
Marcou (Jules). — Sur les cartes géologiques etc.; Besanfon, 1888, 8°.
American geological classification aml nonienclature; Crtííiirirfí/e, 1888, 8°.
Nouvelles rechorches sur Poriginc du nom d'Amérique, e. Bull. Soc. Geog.; París,
1888, 8"
The niezozoic series of New México; Amor. Geol., sept. 18S9, 8 .
Notes sur la g¿ologie de Californie, Bull. S. G. F., 3" s. t. XI p. 407, s. 188-3, 8 .
Marcou (.Jules) aml Marcou (John Belknap). — Mapoteca geológica americana,
etc., U. S. Geol. Surv.; ^Vashíngtol!, 1884, 8\
México. — Mem. y Rev. Soc. cient. " Antonio Álzate. » t. IV, c. 1-4 ; México, 1890, 8 .
Mik (Josef). — Zu C. R. Osten-Sackeii's Chaetotaxié der Dipteren, Mit. d. M. E.
V. 1881, p. 121-138, a. Sitzung.sb. d. k. k. zool. bot. Gesell. Wien Bd. XXXII,
1 Marz 1882 ; 8 .
Mooney (James). — Clierokee theory and practico oF medicine, Jour. of Amor.
Folk-Lore, n^ 8, 1890; Cambridge, 1890, 8%
Myths of the Cherokees, Jour. Amer. Folk-Lore, n 2, 1888; Cambridijc, 8'.
Notes on the Cosumnes tribes of California; Amer. Anthr., July 1890, 8'.
Cherokee and Irocjuois parallels, Jour. Amer. Folk-Lore, vol. II, n' IV, 8'.
Cherokee mound building, Amer. Anthr,, April 1879; WasJniigton, 1889,8'.
The Cherokee ball play; Ibid, 1890, 8\
Moscou. — BuUetin Soc. impér. Nat.; Moscou, n 1 et 2, 1890, 8'.
New-York. — Proc. Amer. Num. a. Arch. Soc. at the meet. 26, 27, 28 a. 29tli.;
1884- 1888; 8".
— 340 —
Journal of the New-York Microscopical Society; vol VII, Jan. 1891, ni;
New-Yorh, 8 .
Nicaise (Auguste). — Djcouverte dossements humains, etc.; Rt-ims, 1883, 8 .
Sur un buste antique en marbre trouvú au Chátelet; e Gaz. arch, 188j; Paris,
1886, 4'.
Sepultura á Char de la Cheppe, etc. (4 Pl.).
La sépulture de Champigny; Chdlons-sur-Marne, 1882, 8\
Les cimetiéres gaulois dans la Marne; Parix, 1884, 8 .
L'épociue du Bronze dans le Départ. de la Marne; Chálons-sur-Marnc, 1881, 8°.
Olivier (Ernest). — Eludes sur les Lainpyrides, e. Ann. S. E. F. 6' s., t. V., 1885,
8 , Ibid, t. V, 1886, 8\
Faune du Doubs, etc.; Besani;oíi, 1883, 8\
La Chrysoméle des pommes de terre {Doi-i/pliora decemlineata]; Dcsani^on,
1878, 8\
Note XXVIII. Lampyrides nouveaux, etc.; Notes f. t. Leyden Museum, vol.
VIII, 8"'.
Lampyrides recuillis au Brésil et á La Plata, etc., e. Ann. S. E; B., t. XXIX, 8 .
Lampyrides nouveaux, etc., Mém. I-III, e. Rev. ent., a. 1883 et 1886, 8 .
Osborn (Henry Fairfield). — Tlie evolution of Mamaban molars to and from the
Tritubercular type ; Amer. Nat., Dec. 1888, 8'.
Osnabrück.— Achter Jahresbericht il. Naturw. Ver., 1889-1890; Osnnhrüch, 1891,8 .
Ottawa (Ganada). — Tlie Owe, Ottawa University, 1890, 8 .
Osten Sacken. — La diformazione del Cynudon dactylon, prodotta dal dittero
Lonchaea lasiophtalina, menzionata peí primo de Francesco Redi, e. BuU. d.
S. E. J. a. XV, p. 187-188; Firenzc, 1883, 8\
Hermerkungen über Blopharoceriden ; Dent. Ent. Zeit. XXII, 1878, H II, 8 .
Western Diptera, U. S. Geol. a. Geog. Surv. BulL, vol. III, n 2; Wasliinytou,
April 30, 1877, 8".
On professor Brauer's papor, etc.; Berlín, 8".
Diphtera from the Philippine Island.s, Berl. Ent. Zeit. Bd. XXXI, 1882, H I,
11; Berlin, 1882, 8\
Studies on Tipulidae, p. 1 et II, Berl. Ent. Zeit. Bd. XXX, H II, 1886, Bd.
XXXI, H II, 1887; Berlin, S\
Eine Beobachtung an Hilara (Dipt.) Ent. Nach. v. Karsch, J. XII, 1836, n" 1,
S. 1-2, 8 .
An essay of comparativ Choetotaxy or the arranifement of characturistic brits-
tles of Diptera; Trans. Ent. Soc; Lando», 1884, [i. IV, 8 .
Verzeichniss der entomologischon Schriften von Hermann Lów. Verh. d. k. k.
zool. bot. Gesell, Wien, 1884, 5 .
Correction to my anide on Apiocera; Berl., Ent. Zeit. Bd. XXX, 1886, H 1, 8 .
(In the genus Apiocera, Ibhl. Bd. XXVII, 1883, H II, 8 .
— 341 —
Synonyniica concerning' exotic dipterology, iv^ II; Ibic!, 8^.
A singular nort-american fly (Opsebiiis plcrodontiimsj, Ibid.
Some North American Tachinae; Cañad., Ent.; vol. XIX, 1887, p. 161,8".
Character-s of the larvae of Mi/cetophiliclae, Pi'oc. Ent. Soc. Pliilad; Heide!ber¡/,
1886, 8
On Mr. Poi'tchinski'.s publications on the larvae of Muscidae; Berl. Ent. Zeit.
B(I. XXXI, 1887, H. I, S .
Padova. — Atti d. Soo. Veneto-Trentina d. Se. Naf., 1887-1889, vol. XI, f. I et II, 8 .
Paris. — Kull. Soc. Zool. Fr., vol. I-XV; París, 1876-1890, 8 .
Móm. Soc. Zool. Fr. ; vol. I, 1-3, 1888-89; II, 1, 1889; III, 1-3, ¡889-90;
Paris, 8'.
Bull. Soc- Géog., t. X, 2' t., 1889, 1" t. 1890; t. XI, 2', 3* et 4„ t., 1890,
Paris, 8'.
Revue mensuelle de l'Ecole d'Anthropologie. 1" a., janvier Paris, 8\
Revue Géographique internationale, N" 180-183; 4 .
Soc. Geog. Compté-rendu de.s .séances, — n°' 5, 11-17, 1890; — n°" 1, 2, 5, 7, 8,
1891; Paris, S\
Clup Alpin Franjáis, Bull. mens., — n™3, 6-9, 1890, — 1-2, 1891, Paris, 8;.
Annuaire du Clup Fran^ai-s, 16» a., 1889; Paris, 1890, 8 .
Feuille des Jeunes Naturalistes n~ 229-241, 1890, S\
Catalogue de la Bibliothéque, Feuil. I. Nat., n" 1-9, 1887-1890, 8\
Revue des sciences naturelles appliquées, Bull. Soc. nat. accl., 36' a. ; — 37',
1-20, 23, 24; — 38" a., 6; — Paris, 8 .
Pector (Désiré). — Indication approximative de vostiges laissés par les popula-
tions précolombiennes du Nicaragua, Arch. Soc. Amér. Fr. a. 1888; Paris, 8\
Perrier (Edmond). — Organization et développement des Bri.singa et autres Echi-
nodermes, etc., Assoc. franí;. p. av. se. c; La Rochelle, 1882, 8'.
Philadelpliie. — The .Tournal oí' the Frank. Inst., vol. CXXXI, 781-783, 8\
Pilling (James Constantine). — Bibliography of tlie Muskliogean languages,
Sniithlnst. Bur. Ethn.; Wasliin(/ton, 1889 ; 8\
Bibliography of the Iroquoian lang-uages, Ibid, 1888, 8 .
Potts (Edward). — Frcsli Water Sponges, PhUadc/jiJiia. 1887, 8".
Powell (I. W'.). — Fifth annual Report of the Bureau of Ethnology to the
Smith. Inst. 1883-84; Washinr/ton, 1887, 8 .
Preudhomme de Bore (A.) — Descriptions de deux espéces nouvelle.s du
genre Aer/idiiim Westwood, etc.; e. a. S. L. B., t. XXX; 8t.
Lycides nouveaux, etc. e. Ann. Mus. Civ. d. Stor. Nat. d. Genova, s. 2",
Vol. VII (XXVII), 31 Mag. 1889; 8\
Teutamen Catalogi Glomeridarum, etc.; Druxelles, 1884; 8'.
Teutamen Catalogi Lysiopetalidarum, etc.; BruxeUes, 1884; 8\
— 342 —
Les Meloitles de l'Europe céntrale, d'apres Redtenbacher et Guttteisch; c. BulL
S. R. L. B.; Brtt.relles; 1884; 8=.
Sur un travail néant de M. S.-H. Scudder, concernant les Myi'iaijodcs du ter-
rain houiller; e. c. r. S. E. B. s. 3 juin; 1882.
Pourquoi je me suis dúmis des fonctions de conservateur, etc.; Bruxelles, 1888; 8\
Lettre aux niembres de la S. E. B. s. 3 juin, 1882.
Catalogue des Ti'agides, etc.; e. .Vnn. S. E. B. t. XXX; 8 ; Gand, 1886.
Liste des Lamellicornes laparostictiques, etc., e. Ann. S. E. B. t. XXX; 8\
Répertoire alphabétique des noms spécifiques admis ou proposés dans la sous-
famille des Libellulines, etc.; Bruxelles, 1889; 8'.
Liste des Criocerides recueillies au Brésil, etc.; Ann. S. E, B., t. XXV 1881 :
Bruxelles ; 8'.
Description d'nne espéce nouvelle du genre Onitls, etc.; C.-R. S. E. B., 1881; 8\
Quelques mots sur rorganisation et l'histoire naturelle des animaux articules; e.
Bull. Soc. r. Lin. Bruxelles, 1880; 8..
Description d'une espéce nouvelle du genre TricJiilliiDi Harold; C.-R. S. E. C.
1880; S\
Note sur le genre Macroderes \Ve.st\vood; Ibid.
De la meilleure disposition á donner aux caisses et cartons des collections
d'Insectes, Ibid, 1879; 8'.
Matériaux pour la fauno entomologique de la Provence de Liége; I — IV cent.;
Mém. Soc. Se. Liége, t. IX, X, XV, 2° s.; Bruxelles, 1881—88, 8\
Conseils pour l'étude des Palpicornes aquatiques; C.-R. S. E. B. s. 5 janv.
1878, 8'.
Liste des Passalides, recueillis en 1872 par f. c. v. Volxem, au Brésil.
Note sur les genres Hapalonycluts Westw. et Trichops Mann.; Ann. S. E. B.,
t. XXX; 8 .
Note sur les Crustacés Isopodes de la Belgique; C.-R. S. E. B., 1886; 8°.
Rioja. — Cartas y noticias á proposito de la publicación de la « Revista de la
Biblioteca»; Rioja, 1890; 8°.
Rondani (Gamillo) — . Elenco delle publicazioni entomologiche; e. Bull. d. S. E. I.
a. XVII, p. 149—162; Firenze, 1885; 8 .
Rütimeyer (L.) — Uebersicht der eocanen Fauna v. Egerkingen, nebst einer Er.
widerung an Prof. E. D. Cope; Verh. Naturf. Ges. Basel, Bd. IX, H. 2; 1880; 8°.
San Fernando. — Biblioteca y Museo popular. Catálogo de los libros, mapas,
cuadros, bustos y demás objetos que contiene; Buenos Aires, 1890; 8°.
Schulze (Franz Eilhard). — Ueber die inncren Kiemen der Batracliierlarven; Abh.
il. H. preuss. Akad. d. Wissensch. z. Berlin, 1888; 4\
Severin (G.) — Description d'une nouvelle espéce du genre Platynectcs Regb.
C.-R. S. E. B. 1890; 8'.
Catalogue des Coléoptéres de la famille des Gyrinides; 8'.
— 343 —
Societá americana d'Italia. — Pnigramma g statuto; N/ipoIi; 1870; 8'.
Steinen (Karl von den). — Das Ausland; N' 8, 1891; Stuttgarl; 4'.
Stockholm. — Ymcr Tidskrift utgUVen af Sv. Salí. f. Antr. o. Geog-., 1889; 3;
e— 4: e. li.; 8\
Stübel (A.) und Reiss (\V.) — Indianer-Typen am Ecuador u. Columbia; Berlín,
1888; 8'.
Sydney. — Tlie Australian Museum, Meni. N' 2; Lord Howe Island; Sidneij,
1889; 8\
Guide to the Contents of tho Austral. Mus.; 8'.
Records of tho Austral. Mus.; Vol. I, 1—4; Sidney, 1890.
Catalogue of the Australian Birds in the Austral. Mus.; Part I. Accipitres, 187G;
Part. II. Striges, 1890; Sidiici/, 8\
Supplement to the Catalogue of the Australian Accipitres in the Austral. Mus.;
Sidney, 1890; 8°.
Catalogue of the Fishes in the Austral. Mus.; Part I.; Sidney, 1888; 8'.
Thomas (Cyrus), — The circular square, and octogonal earthworks of Oho; Smith
Inst. Bur. Ethn.
The problem of the Ohio niounds, Ibid.
Textile fabrics of ancient Perú; Ibid.
Toronto. — Canadian Institute ; Trans., vol. I„ p. 1, n' I ; 1890; 8'.
Trouessart (Dr. E.) — Reviíe de Paléontologie pour l'année 1889; e. Ann. Géol.
univ., t. YI; Paris, 1891; 8°.
Wagner (Voldemar). — 3. De la nomenclature en hústologie, e. c. r. s. Cong,
int. zool.; Paris, 1889, p. 425, 8'-
Du sang des araignées, e. Arch d. Biol, 15 nov. 1887; Paris, 8'.
Des poils nommés auditifs chez les Araignées, e. BuU. Spc. imp. Nat. 1888, n" I ;
Moscou, 1888, 8\
Washington. North American Fauna, n' 1 et 2, U. S. Dep. Agrie; Washing-
ton, 1889, 8".
Zlatarski (Georg N.). — Ein geologischer Bericht über dio Srednja Gora; IVien-
1890, 4'.
Franz Toula, Geol. Unters. im Centralen Balkani. Analyse de ce mémoire,
suivi, d'un exposé general sur la géologie de la Bulgarie céntrale ; Bull.
S. B. G. P. H., t. III; Bruxelles, 1890, 8'.
DIPTEROLOGÍ A ARGENTINA
POR
FÉLIX LYNCH ARRIBALZAGA
DIPTEROLOGÍA ARGENTINA
FÉLIX LYNCH ARRIBALZAGA
xVclver'tericia
Proponíame escribir un trabajo estenso y circunstan-
ciado que comprendiese en orden sistemático todos los
Díi)teros argentinas (|ue me fueran conocidos, reseñar
aquellos que no poseyera y también los que posiblemente
deben habitar en nuesti^as comarcas ; no tardé en reco-
nocer que tal empresa no me era accesible, por lo pronto,
motivando tal imposibilidad, no la escasez, sino por el
contrario la abundancia de material, unida á la exigüidad
de mi biblioteca y al escaso caudal de observaciones
propias y estrañas para dar una ojeada general sobre
todo el orden, bajo sus distintos puntos de vista. El con-
siderable número de e-pecies recojidas por mí, pronto se
vio aumentado por las colecciones del Museo de La Plata,
las que me proporjionó su Direo-tor D. Francisco P.
Moreno, las procedentes del Chaco, Misiones, Entre-Rios,
Patagonia, Tierra del Fuego, Salta, Isla de los Estados,
Mendoza, San Luis y República Oriental, recojidas por
mi amigo y colega el Dr. Eduardo L. Holmberg, y los
Sres. Ambrosetti, Capitán Moyano, Dr.'; Carlos Berg,
Dr. Carlos Spegazzini y varios aficionados á Ciencias
o ío ■ —
Naturales, sin contar aun, gran parte de las colecciones
formadas por mi hermano Enrique. Persuadido de que si
intentaba seguir un plan metódico y sistemático, éste no
resultaría tal en definitiva, pues á cada nueva colección
recibida, sería indispensable reformar casi todo lo hecho
ó agregar un apéndice, que por sí solo equivaldría á lo
anteriormente escrito, he debido renunciar á mi proyecto
primitivo y concretarme á dar a la estampa una serie
de monografías, sin ceñirme en su aparición al orden
natural en que se clasifican los dípteros, pero relacio-
nadas entre sí de tal manera que, reunidas, puedan com-
poner un todo tan homogéneo como me sea posible. A
dar comienzo á la ejecución de mi propósito responde la
publicación de este trabajo, reducido esclusivamente al
grupo de los Culicidae, tribu de la que poseo un material
sino completo, suficiente por lo menos.
Buenos Aires, Enero 16 de 18P0.
ORTHORAPH A
Nematocera
POLYXEURA
CXJLICI3D.A.E
INTRODUCCIÓN
I
Bajo el nombre colectivo de Ciilicidae, designan los entomó-
xOgos una fracción de los Dípteros Nemóceros, tan pobre en
géneros cuanto nuinei-osa en especies y copiosísima en indivi-
duos, fracción mas vulgarmente conocida según los países y
las lenguas con las denominaciones de mosquitos, xaneudos, ina-
ringuines, mariiigoins, moastiques, Stoclimückcn, etc., que con
frecuencia y erróneamente tamliicn las a[(lican los profanos, á
los Chironoinitae , á causa de su aspecto eslerior muy seme-
jante al de los Culicidae. Son los Culicidac dípteros de cuerpo
tan esbelto, alas tan estrechas, pies tan largos y tromi)a tan
prolongada, unidas á cierto conjunto de ligereza casi aérea,
que en el momento su estiriie se halla puesta en evidencia.
Debo declarar aquí que el alcance y significado que atri-
buyo á la ti'íbu de los Culicidae son los ace¡5tados por la
mayoría de los autores y en manera alguna los que el dili-
gente y entendido Schiner ha querido imponerles, incluyendo
en este grupo á los Corethrinae, cuyo lugar sistemático no lo
hallo liien indicado sino entre los Chironoinitae. Desdeñando
Schiner la notable diferencia de los órganos bucales de los
Corethrinae con los Culicidae, conceptúa de mayor impoi'tancia
— nso —
otros caracteres de pura apariencia, en mi opinión; yo no par-
ticipo de tal manera de pensar, pues tengo por cierto que
toda modificación en los órganos de' la nutrición debe traer
ajtarejada una alteración en el sistema digestivo, el genital y
a mi el nervioso. No conozco ninguna disección de los Corcfhra,
ni los he tenido á mano para ejecutarla; empero, deduzco por
analogía que su sistema digestivo poco ó nada debe apartarse
iel de los Chiroiioitius, cuyo carácter resaltante es el de tener
solo cuatro vasos . urino-biliares, reunidos por pares en un
pedículo común, en vez de cinco sésiles y dispuestos en corona
que ofrecen los CiiUcidae de genuino abolengo.
Aclarado el punto precedente, paso al examen de la estruc-
tura de estos diminutos y frágiles seres, analiziíndola por
turno, mas sin lisonjearme de hacerlo tan completa y exacta-
mente como fuera deseable.
La cabeza (Pl. 1. flg. 1) es pequeña, casi esférica con el
epístoina y la cara, mas o menos convexas, flanqueada por dos
grandes ojos reni-formes ó semi-lunares (Pl. I. fig. 1 e) que
casi se tocan sobre la frente y ofrecen durante la vida un
color verde ó pardo con cambiantes cobrizos, aun cuando el
pigmento interno es de color violeta mas ó menos purpúreo ;
compónense de un número de facetas, levemente convexas en
el centro, (¡ue varían de 350 á 400 ó poco mas. No hay ocelas
ú ojuelos lisos en el vértice de la cabeza, no obstante que el
docto Latreille creyó verlas en la Fsoropliora ciliafa. Fabr,
según lo espresa en el «Regne animal» de Cuvier, (Vol. ^'■
440) diciendo: uLes yeux lisses so7it tres disii'ncts».
En lo inferior de 'a cabeza se observa una cavidad casi
elíptica, cayos bordes me' )ian parecido ligeramente contrác-
tiles; es de allí de donde nace la trompa, de la que en breve
me ocuparé. Las antenas (Pl. I. fig. 2 y 3) se insertan á los
lados de la frente, cada una en la escotadura del ojo respectivo.
sobre una pieza fija, redonda,- aplastada, bastante grande y algo
cscavada en su centro, la que es el tórulo antenario: constan
de 13 artejos cilindráceos, muy delgados, casi iguales entre
sí, tenuemente velludos, y con el estremo de cada uno, menos
el último, armado con seis ó mas cerditas dispuestas
— 351 —
«n verticilo; en las lieinbras, mas en \o9. machos, las antenas
se componen de 1 i- artejos, de los que, los 12 ¡¡rimeros ofrecen
una curiosa conformación; son cortos, ensanchados en forma
de conos invertidos y su ápice se halla provisto de largos,
finos y densos pelillos lanosos que dan un aspecto plumoso á
esta región de las antenas, pero en cambio los dos últimos
son muy largos, delgados, cilindricos, corta y finamente velludos
y con un verticilo de pocas cerdas en el estremo del penúltimo
(1^1. I. fig. 3); si por medio de la potasa cáustica se des-
truyen las partes blandas de uno de los artejos plumosos y
se embebe después con glicerina, se nota que interiormente
corro un tubo de paredes sólidas que es el verdadero cuerpo
de la antena y que la forma obcónica de estos artejos es debida
á una espansion membranosa y trasparente, cuya armazón
jíarece constituirla un anillo f[uitinoso que guarnece el ápice
de cada artejo y del cual nacen los finos pelillos lanosos que
adornan á los machos. ( Pl. I. fig. -i). La trompa (Pl. I.
fig. 1 b y 5 a ) arranca formando un pequeño codo de la
cavidad inferior de la cabeza que ya he mencionado, avánzase
horizontalmente liácia adelante y es movible en sentido vertical,
es delgada, cilindrica y su longitud iguala ó supera algo á la
de la mitad del cuerpo ; su forma varia aunque en estrechos
limites; es recta y linear en casi todos, arqueada en su estre-
midad hacia abajo y á manera de anzuelo (Mcgarhiim), encor-
vada hacia arriba pero sin formar gandío (Cidex to.rorhynchus.
]\Iacq T.), ó engrosada hacia la punta (Uranotaenia). Com-
pónese esta trompa de un tan admirable conjunto de piezas,
que veremos por su orden, (pie no sin razón pudo decir Plinio :
« Z^bi tot scnsns collocavi in Ciilice? )y al ocuparse de las
maravillas de la naturaleza. Desde luego nótase el largo tubo
que encierra y ¡iroteje las piezas destinadas i'i la [¡erforacion y
en parte á la succión de los liquidos animales ó vegetales ; esta
vaina, que corresponde al labio inferior de los insectos masti-
•cadores, hállase hendida longitudinalmente en su cara dorsal
y es susceptible de plegarse en diversas formas para descubrir
las cerdas del chupador propiamente dicho; el estremo se pro-
longa inferiormente por una punta aguda cortada en bisel
(Pl. I. fig. 5. b.) y por dos piececillas ovales ó elípticas, con-
vexas en su cara esterna y mas ó menos cóncavas en la interna,
(Pl. 1. fig. .5. c.) las que, no repi'csentan otra cosa que los
palpos labiales de otros órdenes. Kl chupador tiene seis piezas,
según los autores, pero no he visto nunca sino cinco, apesar
de multiplicadas disecciones, ni tamjioco se me ocurre con qué
— 352 —
órgano podría ser homólogo este sesto apéndrce; describo,
pues, el aparato, tal como lo he observado.
La primer pieza y la mas aparente, es el labro (Ph I
fig. 5 d), que asume la forma de un estilo quitinoso, sub-
triangular, muy agudo y casi tan largo como la vaina; en su
cara inferior se vé una canal bien marcada, que termina
poco antes de la punta; el destino del labro parece que no es
solo el de cooperar como pieza principal en la perforación
de los tejidos, sino también el de servir de protección y de
guía á las otras cerdas mas delicadas del chupador, abrigán-
dolas dentro de la ranura que lie descrito mas arriba: y aun
es posible (jue, en el acto de la succión desempeñe un gran
papel, mediante la capilaridad establecida entre las paredes de
la ranura y las finas piezas contenidas en ella. Debajo del
labro se insertan cuatro estiletes flexibles, dos por cada lado;
los dos superiores (Pl. I. fig. 5 e), que son homólogos de las
mandíbulas de otros insectos, se presentan bajo la forma de
una cerda quitinosa muy fina y aguda, ordinariamente de color
testáceo, orillada en cada lado por una tirilla estrecha, incli-
nada en tejadillo, sumamente diáfana, como cristal, que no
alcanza hasta la punta, la cual deja en descubierto; inmedia-
tamente después, se hallan las máxilas (Pl. I. fig. 5 f) con-
formadas como las mandíbulas, con el mismo cuerpo quiti-
noso y membranas inclinadas, pero estas últimas son plegadas
en diminutísimas arrugas, dirijidas oblicuamente de adelante
atrás, desde el tallo córneo al borde de la tirilla trasparente,
y á mayor abundamiento, antes de su terminación, cada tirilla
lleva una serie de G á 7 dientecillos pequeñísimos, que resaltan
sobre el borde vitreo de la membrana ; la anchura de estas
orlas cristalinas, tanto en las mandíbulas como en las máxilas,
vá disminuyendo gradualmente de la base á la estremidad.
Por mas buena voluntad que he puesto de mi parte, no he
visto en estas piezas la figura triangular ó ensiforme sólido con
(|ue genei'almente se describen y figuran, sino como lo dejo
dicho y tal como las he dibujado.
En la base de las máxilas se insertan los palpos (Pl. I.
fig. 5 g) correspondiendo uno á cada máxila ; compónense de
cinco artejos en casi todos, de los que el primero casi siempre
se halla oculto en la cavidad bucal; por escepcion suelen ser
cortísimos y de un solo artículo en dos géneros {^^des,
Uraitotaenia). En aquellos que los tienen de cinco artejos,
varía muclio la forma, según los sexos ó los géneros; muchos
tienen las cuatro primeras articulaciones cortas y obcónicas
— 353 —
y l;i úlliuia ólilon,!;;!, tau liii'i^a coiiKi los otros Juntos (C/ilcx C),
i'ii otros, los tres iirimeros artículos Sdu muy cortos, el cuarto
es grande, \'a oblonyo, va en cono invertido y alargado, y el
último tan pe(jueñi) (|ue apenas se distingue como un apéndice
terminal del anterior [Psorophora, Ochlerotatus ^); bajo el punto
de \'ista de las diferencias que ofrecen ios palpos según los
sexos ó los géneros, se nota que algunos los tienen tan largos
(■) aun mas que la trompa en ambos sexos (Mecjarhina, Ano-
pheles), ([ue otros los ofi'ccen muy largos en los machos y
cortísimos en las hembras [Cttiex, Ochlcrotatus, Taciiiorhyuchus,
Hctcroiujcha, Jautliinosoma) y aun entre estos Ciilicidae hetero-
palpos se nota en los machos alguna variedad en la con-
formación, jiues en unos los palpos se engrosan hacia la
estremidad, y son tan velludos que afectan la figura de un pincel
{Ochlerotattis, Taeniorliijiichits, Janthinosoma), mientras que en
otros sucede lo contrario, pues se adelgazan gradualmente y
concluyen en punta bastante aguda (Ctikx, HeteronijcJia) siendo,
por otra pai'te, medianamente velludos.
Si del rápido examen que hemos hecho de la cabeza y
sus anexos, pasamos al estudio del tórax (Pl. I. fig. 1), encon-
traremos que él está constituido en su mayor parte, casi en
su totalidad, \)0v el mesotórax (Pl. I. fig. 1 p), siendo tan pe-
queño el protúrax, que su pronoto i-udimentario (Pl. I. tig. 1 /"),
[larece abierto á lo largo y en medio del dorso; el metatorax
no es de tan mezquinas proporciones, y su metanoto (Pl. I.
fig. 1 u) sobresale algo del escudete mesolorácico. Kl con-
junto general, visto por encima, es oval ú oblongo, y consi-
derado de frente y de lado junto con las ancas, aparece pris-
mático-cuadrangular. Las diversas parles (|ue componen los
ñancos son bien distintas; solo en el pi-otórax puede haber
alguna confusión, pues en la gran mayoría de los géneros se
vé una pieza ovalada ú oblonga, medianamente convexa, (¡ue
parece corresponder á' la paráptera protorácica, y que cubre
el estigma del primer segmento del tórax, mientras que en
otros es mucho mas desarrollada (Psorophora) y en poijuí-
simos es muy grande y carenado á lo largo (Megarhina). Los
estigmas de las pro y mesopleuras son muy completos y con
los labios velludos, ocurriendo en los del metatorax, (¡ue,
aunque muy visibles, i)arecen ciegos ó atrofiados. Casi en el
hmite (]ue separa el tórax del segmento mediarlo se insertan
los balancines (Pl. I,- fig. 1 «) .sobre cuyo carácter amln'guo
tanto se ha di.scutido, pero que no es dudoso que deben ser con-
siderados como el segundo par de alas atrofiado, por cuanto
— 35i —
son movidos por dos musculillos fusiformes que partiendo de
la base de cada balancin van á apoyarse por tendones en el
post-entotórax ; los balancines constan en todos do un tallo
cilindrico, hinchado en la base y terminado por una calje-
zuela oviforme. Las alas (Pl. I. ñg. 6) son alargadas, oblongas
ó lanceoladas, y en el reposo se cruzan sobre el abdomen ;
las celdas circunscriptas por un mediano número de nervaduras
longitudinales y trasversales, son una costal, (|ue se estiende
• l)astante mas allá del medio del borde alar; una subcostal,
angosta y alargada que termina en el ángulo apical ó i)oco
antes de él, una marginal y dos sub-marginales de las que
una es mas ó menos largamente pedicelada, dos basilares que
alcanzan ó sobrepasan un poco el medio del ala, siendo casi
constante que la interna sea mas corta que la esterna, con
escepcion del género Sabcthes, y, finalmente, cuatro células
posteriores, una anal y una axilar; en un solo caso {Anophcles)
pueden considerarse como nulas las células basilares, por cuanto
faltan algunas veces ó son muy poco visibles los dos ner-
vulos trasversales que debían cerrarlas. En casi todos, la
primera célula sul;-marginal es igual ó mas larga que la célula
posterior pedicelada, pero en las Megarltina falla esta ley, y
por el contrario, tienen la primera sub-marginal notablemente
mas pequeña que la' segunda posterior.
Todas las nervaduras están cubiertas ú orladas de escamas
(Pl. I. fig. 7 a. b. c. d. e.) variables en dimensión y forma,
según las regiones del ala y aun, según los géneros y espe-
cies ; comunmente semejan una clava alargada con un piececillo
muy fino y pocas veces son securiformes ú ovaladas; las
escamillas que, á manena de fleco, guarnecen el margen apical
y posterior de las alas, parece no varían de figura ni disposición
en ningún género, aunque sí en tamaño; este fleco se compone
de tres órdenes de escomas superpuestos; la primera ringlera
la constituye escamas lanceoladas muy agudas en el estremo
y en la base, menudamente estriadas á lo largo; la segunda
la forman otras iguales en forma á las anteriores pero doble
ó triple mas pequeñas, y en fin la tercera situada en la base
consta de e.scamillas ovales diminutas y dispuestas oblicuamente,
que fortifican la base de los dos órdenes precedentes. El
zumbido estridente propio de estos Dípteros, creo debe atri-
l)uirse, en gran parte, á la disposición de las escamillas que
he descrito, del mismo modo que la contestura y acomodo de
las barbillas, en las plumas de las aves influyen sobre el timbre
ó sonido peculiar que producen en el acto del vuelo.
oüO
Los ¡lies de todos los Cidlcidae son muy delgados y larguí-
simos, cubiertos de escamillns, y provistos de pocas cerdas
espinosas, en ocasiones, (Sabethes) las tibias, y la base de los
tarsos llevan curiosos penachos de pelos finísimos como para
aumentar, aun mas, su ligereza específica. Las ancas (Pl. L
tig. í.j.j.j.) son gruesecitas, obcónicas, inmóviles y se
insertan anchamente en el tórax; los trocánteres (Pl. I. fig. 1. K.)
son muy pcíjueños y de figura globulosa algo obcónica y tienen
su estremo mas ancho, cortado en bisel. Los muslos son
lineares, y tanto ó mas largos que las libias, y ligeramente
comprimidos por delante y detrás. Las tibias se engrosan
levemente hacia su estremidad, donde tienen algunas cerdas ó
ospinitas y en general son tan largas como los muslos. En la
mayor parte los tarsos, delgadísimos y lineares, igualan en
largo á las tibias y muslos reunidos y su primer artejo equi-
vale en longitud á la de los cuatro siguientes reunidos; ter-
mínanse por dos uñuelas de variable configuración y una
esponjuela aterciopelada por debajo, que les permite posarse
sobre los líquidos sin hundirse. Diferencias muy marcadas se
observan en las uñuelas tarsales, susceptibles de dar buenos
caracteres genéricos ; en algunos (Psorophora, Ochlerotaitis) son
dentadas en la arista inferior tanto en los machos como en
las hembras; en otroS, solamente los machos partici}ian de
esta ventaja, {Mcgarhina, Tcieniorhynckiis, Janthinosoiiui, Hetero-
lujcha,) pero en tal caso la uñuela interna casi siempre es
simple, rara vez unidentada, y doble mas pequeña que la
esterior; finalmente en muchos, {Oiilex, AnojjJteles, Ura-
notaenia) son sencillas, iguales entre si y muy encorvadas en
ambos sexos. El abdomen oblongo en muchos, sobre todo en
his hembras, se inclina á la forma cónica muy alargada
(Aiiopheles, Psoropliora 1;^') ó aparece mas ó menos estrechado
hacia la base y ensanchado antes del ápice (Mcgnrhina ^ 'í^,
jEiIcs ^) ó en fin, es muy angosto, deprimido y paralelo
en ciertos casos {Psorophora J, Taenior¡/7ichits,'X, Ochlerotatus A
y JanHiInosoina ^.) El vestido del abdomen se compone de
escamillas y pelillos bastante abundantes; en los géneros,
cuyos machos tienen el abdomen paralelo, los bordes este-
riores se vén orlados de pelillos largos, finos, de aspecto lanoso
comunmente, de color parduzco sucio, mas en camliio las
Megarhina ostentan en ambos sexos bellísimos copetes de jielillos
muy densos y apretados, de color dorado ó purpúreo con
reflejos de seda. Las armaduras genitales esternas, consisten
— 35!3 —
en las hembras ( Pl. I. fig. 8 a. — h.) do dos apéndices en
forma de cucharillas, mas ó menos alai-gadas y sinuosas en
el medio de su arista superior, dispuestos verticalmente uno
en frente de otro y de una pieza horizontal, triangular inserta
debajo de las dos valvas (|ue he mencionado; los mm-hos
tienen un aparato (Pl. I. lig. 9) mas complicado; consta de
seis piezas á saber: dos garfios grandes y agudos movibles
sobre una base muy gruesa (Pl. I fig. 9 f), otros dos de igual
estructura pero muchísimo mas pequeños (Pl. c. fig. 9. // ) y
dos tuberculitos velludos, en el ápice de otros tantos tallos
cortísimos (Pl. I. fig. 9. h)\ esta conformación es idéntica
ó poco diferente en todos los géneros.
II
Bos(|uejada ;i grandes rasgos la organización cstei'na de los
Culicidac, quédanos por examinar lo pertinente á su estructura
interna, tan notable y aun mas si cabe, (¡ue la esterior. Las
funciones vegetativas ó de la vida animal son desempeñadas
por un aparato digestivo bastante completo, un sistema de
tráqueas ó conductos aeríferos subdivididos liasta la mas
estrema tenuidad y repartidos aun en los mas diminutos
hacecillos de músculos, un vaso dorsal que reemplaza el cora-
zón de los animales superioi'es, diversas glándulas destinadas
á llenar con sus secreciones las necesidades de la nutrición ó
de la generación y un aparato genital muy sencillo, cuyo con-
junto se aproxima un poco al de los Chironomitac .
A partir de la base de la trompa, y contenida dentro de la
cabeza, encuéntrase una especie de cápsula quitinosa oval (Pl. I.
fig. 10), dividida esteriormente en cuatro cascos longitudi-
nales convexos, separados ])or surcos entre sí; esta cápsula
se termina ])or delante en un tubo sencillo y cilindrico, mas,
en lo posterior confina con el agujei'o occipital de donde arranca
el tubo digestivo (Pl. I. fig. 11 y 12); á continuación (1. c.
fig. 11 y 12,9.) se nota un entumecimiento musculcso al través;
inmediatamente detrás de esta liincliazon musculosa se in-iM-
tan dos glándulas salivares Ijursiformcs \' Irasparenles (1. c.
Hg. 11 p. tig. i'2 i. i.) y la Saugblasse, Saiiginageii ó vejiga
aspií-atoria (Pl. I. lig. 116. y fig. 12 h) siempre llena de airo
y muy trasparente, unida al esófago por un tubo mas ó menos
largo y delgado ; esta vesícula que, [¡arcce no ser otra cosa
(|ue el buche (¡ahot) adaptado para Ih^iiiu' otro género de fun-
ciones, lo lie hallado sie.mpre A'acío en los Culicidae, mientras
que en otros Dípteros, tales como los Sijrphidae casi constante-
mente lo he visto medio Heno de polen.
El esófago ( Pl. I. tig. 11 h y fig. 12 /'. ) se prolonga en
foi-ma de tubo trasparente sin arrugas visibles y se une sen-
cillamente ai estómago ó ventrículo riuililico ( Pl. I. fig. 11 i y
tig. 12 /,■ ) sin ([ue exista esfínter cardiaco, ( ])or lo menos no
lo he ol)servado, apesar de repetidas disecciones); el estómago
sumamente dilatable en las hembras, tiene una forma oval ú
oblonga, es muy trasparente; cuando está vacío, parece arrugado
al través y afecta ser tenuemente granulado en su interior; en la
parte posterior del ventrículo quilífico se nota un ligero entu-
mecimiento ( Pl. I. Hg. 11 I y 12 /. ), correspondiente á un
esfinter que cierra el paso á los alimentos aun no digeridos; en
torno de este esfinter ó mejor dicho, región pilórica, se insertan
cinco tubos blancos, ligeramente varicosos, delgados, tan largos
ó aun mas que el estcrmago; su forma es cilindrácea y terminan
en punta roma y cerrada, el contenido de ellos parece componerse
de glándulas utriculares, blancas, opacas, con partes traspa-
rentes; éstos son los vasos de Malpighi ó vasos urino-biliares
( Pl. I. 11 j. J. j. j. j. y 12 m. m. in. ni. m. ). VA intestino
delgado (Pb I. fig. 12 o) se ofrece bajo la forma de un tubo
sencillo y trasparente separado del recto ( Pl. I. fig. 12 p. g.)
por una hinchazón (eoecum, colon, intestino grueso) oval mus-
culosa y provista interiormente de válvulas dispuestas en espiral
<P1. I. fig. 12 n); en cuanto al ano, no he visto nada de
particular. ¿Cómo se efectúa la absoi-cion y la digestión de
los alimentos en los Culicidae y especialmente en las hembras''
Sabido es, y cualquiera puede observarlo, que una vez posada
la hembra sobre el animal al cual se propone atacar, busca un
sitio apropiado para introducir las cerdas de su chupador ;
elejido el sitio, generalmente un poro de la epidermis, fija allí
la punta de la trompa y con un empuje gradual va deslizando en
el interior del poro, su labro con las piezas contenidas en él,
al paso que, el labio es rechazado hacia atrás, llegando á ple-
garse en forma de codo, cuando el chupador ha sido intro-
ducido profundamente: mas no por ello el labio abandona las
— 358 —
sedas y el labro, sino ijue éstos son mantenidos en posición por
los palpos labiales ; entretanto el producto de las glándulas sali-
vares embebe las máxilas y las mandíbulas y á mi juicio llena
un doble papel: por un lado irrita los tejidos atacados haciendo
afluir mayor cantidad de sangre y por otro, siendo fuertemente
alcalino, determina la ruptura de los glóbulos sanguíneos, los
que, en tal condición, son mas fáciles de absorber: éstos llegan
así deformados al esófago, donde nunca los lio hallado íntegros.
En cuanto á la succión propiamente dicha, creo que- se efectúa
la primera parte de la operación con el auxilio de la vesícula
(jabot) aspirante, pero que el resto se cumple por la capilaridad
establecida entre el labro y las piezas que él abriga, una vez
empapadas éstas de saliva y dada la aspiración inicial.
Lo demás es fácil comprenderlo : los glóbulos deformados
pasan al estómago donde ¡permanecen liastu su completa
digestión ; esta última parece ser muy lenta en las heml)ras,
pues yo he tenido cautivas algunas de diversas especies, repletas
de sangre, y después de cinco dias aun no habían terminado
por completo la eliminación de los restos de su copioso ban-
(juete. Los machos casi siempre tienen el estómago vacío ó
apenas distendido por un líquido incoloro, pobi-e rezago de su
régimen Pitagórico. Su sistema circulatorio es tan sencillo como
en todos los insectos, es decir, sin vasos ceri-ados apropiados
para conducirla á todas las regiones del cuerpo, sino basta
cierto punto intersticial y muscular, regida por el vaso dorsal,
órgano Imeco, provisto posteriormente de bandas musculares y
cámaras contráctiles, que ofrecen un verdadero movimiento de
sístole y diástole. En cuanto se refiere á las funciones respira-
torias, me ha i>arecido que casi todo el sistema se compone de
tráqueas tubulares y que no existen otros sacos aeríferos, que
los de la base del abdomen.
Los órg'anos genitales internos de la hembra (IM. I.
fig. 13), constan de dos ovarios de forma mas ó menos
ahusada en las hembras vírgenes, trasparentes y llenos de un
tejido flojo utricular; á medida que se desarrollan, adquieren
ini color blanco opaco y se notan ya los huevos en distintos
estados de adelanto ; tienen los ovarios (Pl. I. fig. 13 b.)
entonces un aspecto oviforme, agudo en su ápice, del cual se des-
prende un ligamento (Pl. I. iig. 13 c.) tendinoso, tal vez pro-
longación de la envoltura común á los huevos y que sirve ¡jara
contribuir al sostén de los ovarios; dos gruesas tráqueas se
ramifican considerablemente por la parte esterior de los ovarios
y se distinguen muy bien los nérvius que partiendo del último
— 359 -
ganglio abdominal (ganglio genital) van á parar á los ovarios
y al ápice de las trompas; éstas son cortas, trasparentes, en
forma de emlnido y i)onen en comunicación directa á los
ovarios con el oviducto (Pl. I. fig. 13 e.) el cual se presenta
como un simple tubo coi'to y trasparente en cuyo vértice desem-
bocan las trompas; poco antes de su terminación se insertan
sobre el oviducto tres glándulas de paredes muy gruesas y
diáfanas, muy pequeñas, esféricas, (PI. I. fig. 13 f.) sostenidas
por un cuello corto, llenas de un líquido espeso, blanco y tan
i:)paco ({ue por trasparencia parece negro. En mi opinión,
pueden considei-arse como reservatorios de esperma-y aun del
líipiido con que los huevos son barnizados j' soldados unos á
otros, en el acto de la puesta.
En un período muy avanzado, cuando los liuevos están
prontos para ser espulsados, aparecen éstos reunidos en una
especie de espiga de 4 á G carreras, constituida por huevos
blancos, opacos ( Pl. I. fig. 14), con' una cubierta gruesa y diá-
fana (Pl. I. fig. 11 a.): uno de sus polos (jue es granuloso y
semitraspai-ente (,P1. I. fig. I í c.) lleva un apéndice claviforme
de igual contestura que la del polo á que pertenece (Pl. I.
tig. li f/.j. Los huevos están dispuestos en torno de un eje
central y todos con el apéndice, que los termina, dii'ijido en
sentido contrario á la' base de las trompas. El aparato genital
de los machos, (Pl. I. fig. 9), se compone de dos testículos
oblongos y blancos, en comunicación con el conducto eyacu-
lador por medio de dos largos canales deferentes (Pl. I. fig. 9
a. 6.); dos reservatorios espermáticos ó mejor prostáticos, bursi-
formes y trasparentes, se sitúan un poco deljajo del punto
de inserción de los canales deferentes de los testículos (Pl. 1.
fig. 9 c.) y finalmente de un canal eyaculador (Pl. I. fíg.9d.)
sencillo, terminado por un pene (Pl. I. fig. 9 /. ) de aspecto
carnoso y desprovisto de armaduras (juitinosas.
Las funciones de la vida de relación son regidas en los
Cidicidae por un sistema nervioso {^) (Pl. L fig. 15), que
concuerda en sus lincamientos generales con el de los Díp-
teros ortorafos, en los que me parece ser regla que, la cadena
ganglionar abdominal se componga de mas de- 5 ganglios y
no de uno ó dos como se observa en los cyclorafos. Asemé-
jase sobre todo al de los Chironomitae y Tipulitae, pero nunca
se observan en él la soldadura íntima ó por lo menos la
estrecha cercanía de los dos últimos ganglios abdominales que
1.1) Este dibujo ts en grau parte esqui,'mático.
— 300 —
con tunta frecuencia se nota en el sistema nervioso de los
dos grupos con (¡ue lo comparo, sino que al contrario el penúl-
timo ganglio siem¡)re se lialla situado a bastante distancia del
último ó genital. El ganglio toi-ácico (Pl. I. lig. 15 f.), parece
ser el resultado de lu fusión de los tres ganglios torácicos en
uno solo, y digo que parece, porque no he podido fijar satis-
factoriamente la posición que ocupa en el cuerpo el que señalo
en la ligura con la letra i; éste [)0(lría ser el tercero del
tórax ó, como me inclino á creerlo, el primero del alidómen.
Los cordones nerviosos que son libres antes y después del
gran ganglio torácico, reúnense bajo el mismo neurilema en
el primer ganglio abdominal, á 'mi entender, desde el ganglio*
al j, aun se distingue la sutura media, mas ésta se piei-de com-
pletamente desde el j al ganglio genital.
El sistema nervioso estudiado ¡lor mi os el de las hem-
bras, y no sería estraño que el de los machos ofre("iera alguna
diferencia de detalle, como sucede en algunos Tipnlidae, por
ejemplo; nuestra Típula uiil/ifcra ^^ der Wulp, en cuyos
machos, los dos primeros gúnglios abdominales se encuentran
muy próximos uno del otro, mientras que, las hembras los
tienen muv alejados entre sí.
III
La vida de los Culicidae, á semejanza de los Chironomitae,
es esclusivamente acuática, durante sus primeros estados de
larva y de ninfa. Nacen las larvas de huevccillos en forma
de ánfora, depuestos en gran número, sobre la superficie de
las aguas estancadas, y tan estrechamente unidos entre sí
por un l)arniz impermeable y arreglados con tanto arte, que
constituyen un pequeño aparato insumergible. Las larvas (Pl. I,
fig. 10) son alargadas, engrosadas hacia adelante, mas, gra-
dualmente adelgazadas hacia lo posterior; tienen la cabeza
muy distinta, armada de dos máxilas velludas en constante
agitación y de otras dos anténulas ó palpos larguitos y pelu-
dos; los tres segmentos del tórax se distinguen bien, siendo
casi iguales en longitud; el abdomen consta de 10 segmentos y
se termina en dos apéndices colocados oblicuamente con res-
— 3G1 —
poeto al eje del cuerpo; uno de estos apéndices, es tubular,
alargado y terminado por un estigma; á este tubo se dirigen
las trá(|ueas, y es asomándolo á la superficie del agua, como
las larvas proveen á su respiración; el apéndice opuesto es
mucho mas corto, grueso en su base, y se termina por cuatro
láminas ovales dispuestas en corona en torno de la abertura
del tubo. El sistema respiratorio de estas larvas no muestra
sino dos gruesas tráqueas tubulares, paralelas, no ramificadas
hacia los lados; por su estremo posterior terminan en el con-
ducto aerífero, uniéndose en el arranque de éste en un solo
tubo traqueano; en lo anterior parecen unirse á su entrada en
la cabeza y divergen después en dos ramas que se dirigen al
borde interantenario de la cabeza.
Los órganos digestivos ofrecen un par de glándulas sali-
vares bastante grandes, un escM'ago corto, un estijmago largo,
cilindrico, poco mas ancho que el resto del intestino antes de
la inserción de los vasos de Malpighi, los que son mediana-
mente largos, en número de 6, ligeramente engrosados de la
base á la estremidad y con su 13 basal, trasparente y el
resto blanco, 0|:iaco, lleno de tejido utriculoso. La ninfa
(Pl. I, fig. 17), vista de perfil, afecta la forma de una coma; en
su parte anterior engrosada se distinguen los rudimentos de
los órganos correspon'dientes á la cabeza y el tórax del insecto
perfecto; en el dorso del tórax se levantan dos cuernecillos
invertidos, susceptibles de echarse hacia atrás, con el estremo
superior, ó sea el mas grueso, cortado en bisel y compuestos
de un tejido análogo al conjuntivo, pero mas sólido. El abdo-
men se concluye en dos láminas trasparentes, en forma de
remo ancho y corto, reforzadas por un tallo córneo central y
capaces de cruzarse una con la otra, simulando hasta cierto
punto una sola nadadera. Las ninfas son generalmente olivá-
ceas ó de color verde mar, con ojos negros y tubos res[)ira-
torios pardos. Difieren los órganos digestivos y respiratorios
de la ninfa comparados con los de la larva, en su mayor
acercamiento á los que tendrá el insecto perfecto: en efecto,
los vasos de Malpighi son en número de 5 y no de 6; son
mas largos, blancos y opacos en todas sus partes, aunque
todavía sean engrosados hacia la estremidad, como en la larva,
y las tráqueas en número de dos, ya tienen ramillos laterales
en este periodo precursor de su último estado.
3G2 —
IV
Los actuales Culicidae constituian en la clasificación Linneana
el gran género Oulex, nombre ya usado por Plinio y al })arecer
de uso corriente en la Roma antigua, para los insectos pequeños,
sino para los mismos que hoy se designan con esta deno-
minación, por lo menos así se puede inferir del adagio:
(( CuUcum eJcphanti confers », aun cuando en verdad nada se
opondría á que tal calificación se hubiera derivado de la con-
tracción de Cutilex, como lo quiere San Isidoro de Sevilla en
sus Orígenes. El género Cidex satisfacía cumplidamente las
necesidades de la Entomología en la época del insigne naturalista
sueco, pero á medida que se describían nuevas especies se con-
vertía en insuficiente, hasta que Meigen en sus notables y
concienzudos trabajos lo subdividió en los géneros Culex y Ano-
pheles, agregando el de ^des á la nomenclatura. El conoci-
miento, cada vez mayor, de especies estrañas á la Europa,
indujo á Robineau-Desvoidy á plantear las bases de una mono-
grafía de este grupo y propuso tres nuevos géneros: Sahcthcs,
Megarhina y Psorophora: mas estos géneros, descritos y fundados
muy ligeramente, como acostumbraba hacerlo tan fecundo
naturalista, en casi todas sus ]jroducciones, no merecieron por
muclio tiempo la aceptación de los entomólogos de mayor nom-
bradía y hasta ahora Sabethes no es considerado como un
l)uen género, no obstante que debiera figurar en la categoría
de tal si se atiende á sus insólitos caracteres alares.
Hasta hoy, casi la totalidad de los miembros de esta tribu
figuran en el género Culex, sin asignar á éste otros caracteres
que los que primitivamente sirvieron para fundarlo y sin que,
por lo menos que yo sepa, se haya tratado posteriormente á
Robineau-Desvoidy. de buscar detalles de estructura que per-
mitieran dividir en grupos naturales el ya muy considerable
número de especies. Esta investigación necesaria, en mi opinión,
la he emprendido con los escasos elementos de que he podido
disponer, y creo que si bien no están exentas de censura ó
defectos algunas de las subdivisiones que propongo, siempre
tendrán mayor valor que las arbitrarias distinciones de cpirs
miillados y pies unicolores^ de que con harta frecuencia se valen
— ;í(3:j —
los autores. Con todo, cúmpleme poner en claro las razones (jue
me mueven á proponer algunas secciones en este género ([ue,
hoy por hoy, se me imagina una colección de especies sin lazo ni
traba/on que aproxime á unas entre sí, ni caracteres diferen-
ciales bastantes que separen á otras, aparentemente muy afines.
Conocidas son, de cuantos han abordado el estudio de los
Culicidae, las dificultades á las veces estremas, con que á
menudo se tropieza para determinarlos y asignarles el debido
sitio, porque fundándose la mayor jiarte de las descripciones
en el colorido de estos dípteros, constituido como se sabe, por
escamillas fragilísimas y eminentemente caedizas, nada mas
común que á lo mejor, el mas versado incurra en un error (¡ue
solo la comparación con los tipos descriptivos en unos casos ó
con la de buenos y frescos ejemplares en otros, puede desvanecer.
Por otra parte, existen muchas especies, cuya característica en
lo pertinente al colorido es absolutamente igual al de otra que
difiere por signos que casi nunca se mencionan, pues son
raras las descripciones que tienen en cuenta las nervaduras
alares, de tanta importancia en la clasificación genérica ó espe-
cifica, y que de diario se utilizan para los demás dípteros.
Influyen además en los inconvenientes apuntados la facilidad
con que se enmohecen ó engrasan los Culicidae y las dife-
rencias que presentan 'las hembras en colección, según hayan
sido cazadas con el estómago lleno ó vacío. Los estorbos que
encontré al ocuparme de la separación en grupos naturales,
me llevaron á inquirir otros caracteres mas fijos y sujetos á
menos contingencias, que los que han servido de base para la
mayoría de los trabajos sobre esta tribu, y resultado de mis
investigaciones es el cuadro que presento mas adelante, bien
([ue reducido á las especies argentinas, únicas que he tenido á
la mano; mas confío que otros mas competentes c[ue yo,
tomando por base este mi modesto ensayo, llegarán á develar
el sinnúmero de sinónimos que hoy campean en el género Cidex.
Confieso sin embargo, que me ocurre que algunos de mis pre-
suntos géneros, habrán de ser modificados ó aun anulados,
cuando se trate de incluir en ellos especies de otras regiones,
sobro todo aquellos que habiéndolos fundado sobre una sola
especie, carecen de la firmeza de los que cuentan con mayor
número de representantes en nuestro territorio.
— ;J64
Comparten los CuUcIdac cou muclios otros insectos la poco
envidiable nombradla de ser los mas encarnizados enemigos
de cuanto anda y vuela sobre la superficie de la tierra, con
escepcion de los articulados y quizá de los animales de sangre
fría. Y aun dudoso me parece que existan Nemóceros mas
universal ni mas justamente aborrecidos que los Dípteros en
cuestión, muy numerosos en especies é infinitamente mas en
individuos, cuanto escasos en géneros. Desde el viajero que
reposa bajo las bijvedas cien veces seculares de los cálidos y
húmedos bosques de los trópicos, ó busca afanoso la sombra
de un arbusto protector contra los ardientes rayos del sol,
hasta el navegante que aun aterido por el crudo invierno polar
asiste al mezquino despertar primaveral de tan ingi-atas
'"egiones, así como el habitante sedentario ó nómade de dila-
tadas llanuras, espesas selvas ó altaneros riscos de climas mas
suaves y templados, todos dedican y conservan ingratísimo
recuerdo de los Dípteros de que trato. Rara es la narración de
viaje en la que, de una ú otra manera, no se aluda á los mos-
quitos, cuya activa persecución ha originado en mas de un
caso, crueles, cuando no cómicos incidentes. Frecuentadores
asiduos de charcas, pantanos y en general de todas las aguas
estancadas, inclusive los algibes ó cisternas, abundan los Culi-
cidae en la vecindad de sitios tan propicios á su desarrollo,
imponiendo en su postrero y perfecto estado un sangriento y
doloroso tributo á los mamíferos así como á las aves (jue
moran en las cercanías de ellos. Sociables por hábito ó quizá
mejor, porque nacen muchos de una sola puesta, acostumbran
andar en bandos numerosos, cu\a zumbadora muchedumbre
se cierne en los aires ó se levanta bajo el pasajero que cruza
los parajes infestados por ellos. Y al llegar las tardes prima-
verales ó estivales, si el tiempo estii sereno, húmedo y calu-
roso, reúnense en chillonas bandadas que se mecen á escasa
altura del suelo, simulando una danza aérea; bañados por los
rojizos resplandores del crepúsculo, en esa hora que tan miste-
rioso influjo tiene sobre todos los seres, se entregan en el tibio
ambiente á la obra de la generación, abandonan los machos
— 3(m —
el ju¿;u da lus lun-e.s ó las planlu.s «jlic ci-)asliLuye su único
alimento y sacudiendo su penezosa inclinación, remontan el
vuelo para unirse á sus carniceras liembras, en medio de la
oscilante zambra, cuyo bullicio los incita; á la inversa de casi
todos los insectos, la cópula se efectúa cara á cai'a, pero ocu-
jiiuido siem|)re la hend)ra una posición interior (Lacord. Inlr. á
L" Llntom. II 37.")) y aun parece, dado el escaso número de
macbos, con relación al de las bembras, y los cortos instantes
que dura la unión de ambos sexos, que tienen la prerogativa
de candiiar de com[)añera una vez satisfecho su pasajero
capricho, sin que la muerte los alcance en tan breve plazo, como
sucede á la mayor parte de los hexápodos, que hallan la tijera
de Ati'opos, á veces en el mismo instante i|ue ob'ecen á A^énus
su mas ferviente sacrificio. Una vez fecundada la hembra, no se
ocu[)a sino en depositar en sitio apro))iado, los huevecillos (¡ue
han de propagar su execrable estirpe. Conocidos son detalla-
damente el desari'ollo y metamói'fosis común á todas las espe-
cies y géneros del gruido, y sabido es (|ue los huevos son
depuestos sobre el agua, en gran cantidad y soldados de tal
manera, que constituyen una especie de balsa flotante, algo
ciuicava en el medio, formada por los huevecillos colocados per-
pendicularmente, revestidos y unidos por un mástic ó barniz
impiM'moable y que para mayor seguridad cada huevo se ter-
mina en un diminuto gollete escavado en su centro, todo lo
cual contribuye á mantener á flote el dimmuto aparato, que la
hembra construye con ayuda de sus patas posteriores cruzadas
y tendidas sobre el agua, al paso que con las anteriores se
mantiene asida á una hoja, á la oi'illa de la ciénaga en que
opera su puesta. (') ii cualquier cuerpo flotante; al primer
huevo ipie ha conseguido colocar perpendicularmente en el
vértice del triiingulo formado por sus patas cruzadas, no tarda
en seguirlo un segundo y así los demás, hasta ({ue la balsa esta
terminada y por consiguiente el desove (|ue suele constar de
2Ü() á 300 huevos. Dos ó tres dias después nacen las larvas
que he descrito en otro lugar, y empiezan la jjrimera faz de
su vida alimentándose de detritus animales ó vejictales y de
minúsculos seres acuáticos; apai-te de su incesante ocupación
de Iniscar alimento, tienen la no menos grave de atender á su
respiración, subiendo á la superHcie por medio de curiosas vol-
teretas á fin de asomar al aire el estremo de su tubo respira-
torio, el (¡ue en esta época de su vida se halla situado junto á
la región anal ó permaneciendo largo tiempo, como suspendidos
de la superficie del agua por medio de su apéndice caudal ;
— sor, —
trascurridos unos 15 á 18 dias, abandonan definilivomrnte su
envoltura de larva y se trasforman en ninfa, la (|ue lan activa
y \ivaz como en su estado precedente, se ocupa únicamente
de proveerse de aire ¡luro, lo mas á menudo que puede, y para
llenar tal oficio, sírvenle los dos curiosos cuernecillos situados
en el tórax, los que asoma á cada instante á la superficie,
ascendiendo desde el fondo con una serie de cabriolas en las
que le prestan grande auxilio sus dos cerdas y dos paletas
trasparentes que á manera de nadaderas se ven en su ¡jai'te pos-
terior. Pocos dias bastan para que del segundo estado, pase el
Culicklae á su última forma ó imago; al acercarse á ese periodo
crítico y fatal que lo aproxima al inminente término de su vida,
la ninfa parece menos activa y se mantiene casi constantemente
con sus apéndices respiratorios fuera del agua ; parece como
si meditase en el porvenir tan brillante como fugaz que el
destino le ha depai-ado, como si por secreto present¡n)iento
adivinase que vá á trocar su fangosa morada por el éter azul
y su precaria provisión de aire obtenida á fuerza de fatigas,
por raudales de tibio y perfumado ambiente. Llegado el dia
en ([ue debe abandonar su transitoria ci'ircel, hiéndese jior el
dorso del tórax la piel de la ninfa y desde luego, el insecto
perfecto desembaraza, ante todo, la caiieza, tórax, alas y jiatas;
posa estas últimas sobre el agua y aprovechando á ésta como
punto de apoyo, saca de la ya inúLil envoltura su largo abdo-
men; el trasparente despojo sírvele entonces de barquilla,
que deriva meciéndose sobre el menudo oleaje de la charca.
¡Desgraciado de él si una racha repentina hace zozobrar su
improvisado esquife! encontraría la muerte en el mismo medio
donde trascurrió la mayor jiarte de su vida ó si mejor se
quiere, su infancia. Inmediatamente que sus tegumentos se
han desecado y adquirido solidez, lánzase al aire batiendo sus
delicadas alitas con un estridente y menudo zumbido, espresion
de gozo y libertad para él, grito de triunfo que parece penetrar
en las carnes antes que su acerada trompa, de aborrecible
sonido para aquel á quien amenace con su admirable chupador.
La mayor parte no volverá á ver las márgenes de las ciénagas
natales, ni aun alcanzan'i i'i dejar posteridad, ])ues liabrá de
perecer con todos los géneros de muerte que aves, mamíferos,
peces y articulados, pondrán en ejercicio para su daño; mas.
como producen varias generaciones al año y es tan grande su
fecundidad, siempre quedan bastantes sobrevivientes para (pie
su número no aparezca sensiblemente disminuido.
Mas, si estii bien averiguado cuanto concierne á sus meta-
i
— 367
xnórfosis, no sucedí? lo mismo en lo que ntaño á las cos-
tumbres privativas de cada género y aun de cada especie;
efectivamente, aunque casi todos son molestos para el hombre
y los animales, existen algunos (AnopheJes, JEdes, Urano-
taenia) que, ó son inofensivos ó parecen muy poco ávidos de
sangre; su habitat ofrece también algunas estrañas anomalías,
pues mientras que ciertas especies se hallan difundidas sobre
estensas zonas {Psorophora ciliata Fabr, Ochlerotatus albifasciatas
]\Iacqt,- o. confinnatus, Lynch; Culexflavipes, Macqt; Citlcx Mosquito;
RoB Desv.) otras ocupan localidades muy restrinjidas y se ha
observado por Humboldt Humbohlfi/ Bonpland. Voijage aux regions
équinoxiolcs. rol. 7, 108-125 y por Lacordaire, que varias especies
habitan aisladamente regiones muy cercanas entre sí, sin que
apesar de esta vecindad las de un cantón se hallen en el inme-
diato. En mi opinión, tal división en regiones ocupadas por
una ó dos especies, con esclusion de las de la colidante, debe
atribuirse á la mayor ó menor densidad de las selvas, ala clase
de cultivos ó á la estension de las llanuras, cuando no á dife-
rencias genéricas. Aun cuando no poseo caudal de observación
propio ó ageno, suficiente pai'a guiarme con absoluta seguridad,
paréceme (¡ue nuestros CmUcidae pueden distribuirse según sus
liábitos y costumbres, de la manera siguiente:
I. — DoHícsí/me,' Géneros; Ciúex, Taeniorhrjnchus.
II. — Campestrae. Géneros; Ochlerotatus, Heteronycha Janthi-
nosoma.
III. — Paliisfrae, Géncroí^; Aiiopheles, ^Edes, Umiiotaenia.
W . — Silvicolae, Géneros; Sabethes, Psorophora, Megarhina.
Obsérvase, casi constantemente, que ciertos Calicidae comunísi-
mos en las habitaciones, son raros en el campo y en los bosques;
que otros nunca se alejan de las selvas ó de los pantanos
y que cierto número que habita solamente las llanuras, persigue
al hombre con furor liasta su hogar, en cuya puerta lo abandona.
De cuyos hechos infiero que, los acantonamientos á que
aluden Humboldt (Latr. en A'oyage d. Humboldt y Bonpland.
Zool. ), GiiÉRiN (Genera, entr. 2. 9. 1835.) Macquart (Dipt.
exot. I. 31. 1838) y Lacordaire (Intr. á L'Entomol. II. 545.
1838), repitiendo los dos penúltimos lo observado por el ilustre
Humboldt y confirmándolo el tercero, no obedecen á otras
causas que las que he indicado precedentemente. Hállanse
en el viaje de Humboldt curiosos detalles sobre las costum-
bres de los Citlicidae, mas desgraciadamente no me ha sido
jiosible consultar dicha obra.
— 368 —
Si hubiera de pasar en revista cuonto de estos dípteros refie-
ren las relaciones de los viajeros, sobrepasaría en mucho los
moderados límites que debo asignar á esta introducción. Me
reduciré, en consecuencia, á mencionar alguna que otra obser-
vación ó nota acerca de ellos. En la historia deben ocupar
los CuKcidae un prominente lugar, por haber contribuido con
sus huestes á la derrota del grande ejército Persa que, bajo las
órdenes del rey Sapor sitiaba á Ninibe y tenía reducidos á la
última estremidad á los cristianos que defendían la ciudad.
Según graves autores, intervino un milagro, en tan menio-
rable victoria de los mosquitos, aun cuando mas verosímil
parezca que el rey Sapor fué el causante principal de su
desastre, si se considera que, al emprender obi'as de sitio en el
rio que cruzaba á Ninibe lo hizo desbordar, y consiguientemente,
en aquellas aguas estancadas y cenagosas se desarrolló inmensa
cantidad de Cidicidae; en fin, milagro ó no, el hecho es que
cayó sobre los Persas una densísima nube de mosquitos, los
que atacando á las bestias del campamento y á los soldados,
pusieron á las unas y á los otros en precipitada fuga, obli-
gando al rey de Persia á levantar el asedio. En los climas
húmedos y cálidos, son un verdadero azote, hasta el punto de
hacer casi inhabitables ciertas comarcas: según Spix y Martius
en las márgenes del Amazonas, del Orinoco y del Yapure, hacen
tan dolorosa la existencia de los pobres indígenas que, las
delicias de la vida futura anunciadas por los misioneros, se
las imaginan como el término de las penalidades á que los
sujetan los abundantísimos mosípiitos de esas regiones. Bajo
el punto de vista de la abundancia, poco podrán envidiar al
Amazonas nuestros territorios del Chaco y en ciertos años las
islas del Paraná; el Dr. Hohnherg lia dedicado varias páginas
á los del Chaco (Viaje á Misiones, 1887-1880) y no puedo
prescindir de copiar algunos de los párrafos mas relacionados
con las molestias que ocasionan los mosquitos: «Pasamos,
dice, la noche muy incomodados por los mosquitos y, lo que
era peor, ni siquiera había uno solo que tuviera novedad.
Todos sin escepcion, eran los antiguos conocidos de For-
mosa, de Monteagudo y de Arias-cué, etc.; pero, siendo mucho
mas abundantes, eran, por lo mismo, mas molestos. Los
unos eran silenciosos; los otros parecían revelar registro de
soprano ó de tenor, listos se pueden soportar un poco, por-
que cuando cantan, se j)iensa (|ue es como si dijeran «agua
va; jiero los silenciosos!....» Recordaré solamente (¡ue el
mas feroz, el mas implacal)le, el mas tenaz en su ata(jue, es
— rsíU) —
el Mosquito negro, evidentomenle el (|U(; taulo iüconm.l.'i ;i lo-^
espediciouarios que acoin|)íiñaron en su cruzada al Minislio de
la Guerra «De todus modos nos fué imposible dormir. . . .
Apenas se iniciaba, duranle la in([uietud para conciliar el sueño,
una separación insignitícante entre las ropas, aquellos mons-
truos nos cosían a picaduras. Estar en la cámara no se podía.
Aquello era un infierno. Cerrábamos las ventanillas y con
toballas ó plumeros los esiiantábamos y matábamos por cente-
nares. Apagadas las luces, niillones de ellos volvían á picar-
nos. Se tapaba todo para no dejiudes entrada — era inútil;
aparecían siempre. Al fin descubrimos que, cada vez que les
dábamos un ataque, se ocultaban bajo la mesa y aun bajo los
asientos. Perseguidos allí, huían de nuevo hasta ocultarse
quien sabe dónde y se metían en la cámara quien sabe cómo».
El mismo autor, en un trabajo publicado en el «Naturalista
Argentino» (1878), apropósito de una escursion por el rio Lujan,
trae no pocos detalles sobre las peripecias que le ocasionó la
enorme cantidad de mos(juitos que apareció en ese año. Yo
habitaba en la misma época, en una granja, situada sobre el
riacho del Baradero, brazo del Paraná de las Palmas; las fuertes
crecientes del Paraná que inundaron algunas islas y una tem-
peratura bastante elevada favorecieron el desarrollo de una
prodigiosa cantidad de Taeniorhynchns taeniorhijnchns; las paredes
del corredor de la granja, se cubrían, por la tarde y á la
noche, de una densa capa de voraces mosquito-, y fueron tales
los tormentos que causaban tan violentos huéspedes, contra los
cuales no hal)ía mosquitero que valiese, que abandoné la granja
l)or algunos días, hasta que pasase ó se amortiguase tan insó-
lita invasión.
M. BiARD, autor de una entretenida relación de su viaje al
Brasil, ha trazado, con humorística pluma, sus conflictos con
los mosquitos y los diversos medios que le sugirió su inventiva
para escapar de las picaduras: entre estos recursos figuran
una hoguora, la cual result(!i no solo ineficaz, sino insoport:d:)le
por el calor y el humo: un retrete portátil de gasa que no da
protección alguna, y en fin un traje cul-hoc compuesto de una
careta de gasa, guantes y por añadidura las enaguas de una
cocinera, armadura singular que concluye por dar un fiasco
tan completo como los espedientes anteriormente ensayados.
No le quedó al viajero sino la resignación, que fué duradera
según todas las apariencias, porque en sus escursiones ulte-
riores poco ó nada vuelve á ocuparse de los mosquitos. \'a\
nuestras llanuras, algunas especies son sumamente incómodas
— 37Ü —
para el hombre y molestan de tal manera á los ganados,
durante la noche, que no los dejan pacer ni rumiar con sosiego,
obligándolos á rodearse ó á caminar de continuo. En la
Laponia y en Siberia las tribus nómades ó semi-sedentarias se
ven obligadas á emigrar periódicamente á causa de los mos-
quitos ([ue hostigan á sus rengíferos.
No muy numerosos son los medios aconsejados para des-
terrar tan incómodos dípteros ; de ellos solo unos pocos pare-
cen eficaces, y aun éstos, únicamente en las habitaciones. En
algunas regiones, según se dice, los moradores acostumbran dor-
mir en alto, sobre una armazón de madera, debajo de la cual
encienden hogueras, que den mucho humo. El sistema podrá
ser bueno para ahuyentar á los mosquitos, pero debe ser tan
insufrible como ellos, ese género de curación al humo, á
manera de jamones ó arenques. En otras partes parece que dan
resultado el zumo de algunas yerbas ó las sustancias grasas
aplicadas á la piel, espedientes que se me figuran no mas reco-
mendables que el de las hogueras. Algunos polvos insectici-
das que también se emplean contra las moscas y las chinches,
son hiuy preconizados, pero su eficacia la tengo por tan pro-
blemática como la de ciertas pastas en forma de pebete, las
cjue al quemarse desjirenden un perfume tan antipático para
los CiiUcidae, como inofensivo para el hombre, según dicen los
inventores; de esta última clase de preservativo puedo hablar
por esperiencia propia, y de mí sé decir que el ensayo me
demostró que en los anuncios de esta composición, se habían
invertido los términos, pues ella era tan inofensiva para los
mosquitos como repugnante para el olfato del hombre. Un
buen mosc¡uitero de tela un poco gruesa, para dormir ó des-
cansar dentro ó fuei-a de las habitaciones, es lo mas eficaz y
práctico; en la generalidad de los casos, y en los parajes bajos
y anegadizos puertas y ventanas de cierre automático guar-
necidas de tela de alambre, es lo mejor que se puede acon-
sejar; en cuanto á pasear al aire libre, solo un \elo colocado
en el sombrero, y guantes, pueden ofrecer una protección bas-
tante apreciable, aunque no enteramente segura ni exenta de
inconvenientes.
* *
En cuanto al papel que puede atribuirse á los Culicidae en
la ordenada maraña de la Naturaleza, no puede ser otro (¡ue
— 371 —
el de sanear, liasta cierto ]uinlo, las aguas estancadas, consu-
miendo en su estado de larvas los residuos putrescibles (|ue
abundan en ellas. Consideradas en sí mismas, las picaduras
de los mosquitos no ofrecen peligro alguno, á menos que sean
en gran número y sobre personas delicadas, pero si se refle-
xiona que írecuentan tanto la morada suntuosa del rico como
el tugurio del miserable, que así se mecen en el ambiente
embalsamado del boiidoir de la dama como en el de zaquiza-
míes donde hierven todo género de vicios, que no los repelen
las llagas mas repugnantes ni los mas hediondos despojos
orgánicos, compréndese fácilmente que pueden ser el vehículo
mas eficaz y activo para la ¡¡ropagacion de gran número de
enfermedades infecciosas y que en tal concepto no es dudoso
que, en mas de un caso, hayan sido portadores de destrucción
>■ de luto pai-a los hogares que se creían mas al abrigo de ellos.
*
Puédese calcular aproximadamente en 150 las especies des-
critas, pero el número real debe ser bastante menor, hecho
que solo podía demostrar una monografía especial.
De los Culicidae eonocidos, corea de la mitad corresponden
á entrambas Américas; sigúelas Europa, que cuenta con mas
de una cuarta parte, y en orden descendente Asia, África y
Australia.
^'einte y dos especies que menciono en este trabajo, habitan
nuestra República, de manera que poseemos casi tantas como
Europa, pero deben existir aquí muchas mas ijue no me son
conocidas, pues de esta familia no ha llegado á mi poder ninguna
espacie de la región andina ni de Patagonia ; probablemente
los tipos de estas regiones corresponderán á la fauna Chilena,
de cuyos Culicidae han sido descritas nueve especies, y de
éstas solamente una ó dos Usuran entre los nuestros.
372 —
TABULA GENERUM
1. Paipi moxillares in utroque sexu 5-ar-
ticulati, saepius in mare probóscide fere lon-
giores at in femina brevissimi, rarius in
utroque sexu proboscidis longitudinem
attingentes vel paulo superantes. Ungues
alus fissi vel denticulati, alus simplices.. 2
— . Palpi raaxillares in utroque sexu
uni-articulati, brevissimi, ovati, basi pro-
boscidis parum excedentes. Ungues minuti
simplices vel infra dentati 10
2. Palpi maxillares in uíi-oquo sexu lon-
gitudine proboscidis vel parum longiores,
squamati, baud plumosi 3
— . F^alpi maxillares; maris probóscide
longiores, plus minusve dense longeque
plumosi, í'eminae brevissimi proboscidis
dimidio liaud attingentes, squamati, parce
pilosulli 4
3. Proboscis deorsum uucinala. Palpi
maxillares probóscide parum breviores vel
longiores, sursum versus plus minusve
ai'cuati. Alarum nerviilis medüs tranversis
adsunt. Abdomen apiicem versus amplia-
tum. Alarum celuUa P' submarginali mi-
nutissima. Cor})US azureum, violaceum vel
viride ¡Meoaruina
— . Proboscis recta. Palpi maxillares
probóscide vix vel baud breviores, feminae
recti, paralelli maris apice-incrassati ex-
— 373 —
trorsum divergentes. Alaruní nervulis me-
diis transversis interdum desunt, cellula
l'"^ submarginali elongata. Abdomen apicem
versus attenuotuni. Cor¡)us cinereum vel
fuscanum
4. Alarum cellula-liasilaris interna ex-
terna paulo longiora. Tibiis intermediis
posticisque ad ai)icem, tarsisque posticis
ad basin, i)lus minusve dilatati^í, longe
denseque viilosis suliiiUnnosis
— . Alnnnn cellula basilaris interna ex-
terna, paulo breviora. Tibiae liaud dilata-
tae, squamatae, plus minusve sparsim ci-
liatae vel spinulosaí
5. Palpi maxillares maris tenues, apicem
•versus sensim attenuati, sursum versus
incurvi, modice dense longeque plumosi,
í'eminae alliis articulis 4 primis brevilms
obconicis ultimo sal magno praecedentibus
conjunctis fere aequelongo, alliis articulis
3 primis Ijrevibus, 4 elongato obconico,
ultimo minutissimo cónico. Abdomen (^X)
utrinque haud villoso-lanatum
— . Palpi maxillares maris crassiusculi
apicem versus gradatim incrassato-ad
proboscidem saepius paralellis recti, den-
se longeque subpennicillato- [)lumos¡, í'e-
minae articulis 3 primis brevibus, 4'^ elon-
gato obconico vel lineare praecedentibus
3 conjunctis longiore, ultimo minutissimo
sub squamulas fere recóndito. Abdomen
(^) utrinque longe villoso - lanatum
6. Ungues í'eminae aei[uales, maris inae-
quales sat fortiter arcuati, simplices
— . Ungues maris inf'rá dentículo acuto
armati, antici et medii intequales una sat
magna alteraque distincté minore, feminae
aequales longiusculi, infra denticulo acuto
muniti
7. Ungues in utroque sexu íissi vel infrü
univel - bi - denticulati
— . Ungues maris denticulati, í'eminae
simplices
Anopheles
Sabethes
7
CULEX
Heteronyceia
8
9
— 374 —
8. UngLies fissi (_(-') fere bifidi vel (X)
infrri longe bi-dentati. Tibiae posticae le-
viter eoinpressae, apicem versus per parum
incrassataesat dense breviterque squamato-
liirtulae spinulosaeque. Falpi inaxillares
feminae longitudine proboscidis fere quarta
parte aequantes, artículo penúltimo lin-
earis atrinque compresso sat dense pilo-
sullo, praecedentibus 3 simul sumptis plus
sesqui longiore sed haud crassiore, ultimo
minutissimo ovato, sub-reniformis, maris
probóscide plus sesqui longiores, articulis
primis linearibus, apicalibus 2 praeceden-
tibus crassioribus leviter plumosis. Corpus
nigrum vel testaceum Psorophora
— . Ungues iní'rá pone médium dentículo
acuto muniti. Palpi maxillares feminae
breves, longitudine proboscidis vix sexta \ el
séptima parte aequantes, artículo 4" praece-
dentibus longiore ultimo minutissimo te-
nui, maris apicem versus incrassati, dense
longeque plumosi, sujjpennicillati fere ut
in Taeniorhijnclio . Corpus saepe cinéreo vel
aurato - variegatum Ochlerothatus
9. Ungues infra (J) dente valido arma-
ti, feminae inaequales, simpliees modice
elongati parum arcuati. Palpi maxillares
maris crassiusculi, a])icem versus incras-
sati, dense longcíjue plumosi, subpenici-
llati, articulis 3 primis cum probóscide
subparalellis rectiusculis, sed apicalibus 2
leviter extrorsum divergentibus, feminae
articulis tribus primis brevibus, 4" elonga-
to-obconico praecedentibus tribus conjun-
ctis longiore, ultimo minutissimo, cónico,
vix conspicuo sub squamulas fere occulto. Taeniorhynchus
— . Ungues infra in utroque sexu ani-
den tati. Palpi maxillares: feminae artículo
4° breve obconico, 5" oblongo, praeceden-
tibus longiore crassioreque, maris fere ut
Taeniorhyncho atque minus plumosi tenui-
oreque. Corpus nigro- violaceum vel vio-
laceum, argénteo vel áureo maculatum... Janthinosoma
— 37
10. Proboscis recta, Hnearis ápice Iiaud
incrassata, nuda síve tenuitef villosa et
squamata ^). Alae dense squamatae. Un-
gues maris antici intermediique inaequales
interna inl'ra minute 1-dentati, exlerna
basin versus minute médium versus lon-
gius bi-dentati, feminae simplices. Corpus
cinereum dense s<[uamatum
— . Proboscis deorsum ieviter urcuata,
crassiuscula apicem versus magis incras-
sata, feminae sat longe viliosula, maris
apicem versus longe culata. Alae hyalinae
jiarce squamulatae. Corpus fuscum ve!
obscure teslaceum, parum squamatum, coo-
rulco maculatum et vittatum
Aedes
Uranotaenia
I. Megarhina. Robineau ÜESvoroY.
Megarhinus. Rob. Desv. Essal Culic. in Mem. Soc. d'hist. nat.
Paris. III, 412 (1827). — Latr. in Cur. Regne anim. \. 439
(1829).
Megarhina. Macqt. Dipt. exot. I, 1, 32, 2 (1838). — Walker.
List, of Díptera I, 1 (1848).
(Pl. II, fig-. 1-4).
Genus insigne, abdomen apicem versus ampliatum, pro-'
boscis uncinata, palpi maxillares squamati, in utroque sexu
pi'oboscide longiores sursum versus in curvi a sequentibus
satis discedens.
Autentice maris articulo 1" crassiusculo, elongato modice
lanuginoso, 2-12 brevissimis Ieviter obconicis dense longe-
que plumosis, ultimis duabus tenuibus, cylindricis elonga-
tisque, breviter plumoso-i)ubescentibus, feminae tenues parce
at longe verticillatim [¡ilosae.
Palpi maxillares in utroque sexu longitudine proboscidis
vel longiores, s([uamati parcissime brevissimeque setosi,
apicem ^"ersus sursum versus incurvi, articulo 1" minuto,
2-4 crassiusculis, elongato-obconicis vel subcylindricis, ul-
timo s. 5" longissimo, praecedentibus distincte angustiore,
apicem versus attenuato ápice acuto.
— 37G —
Prohoscis tennis, elongata, apicem versus magis attenuata
ápice acutissima, deorsum incurva s. uncinata.
Alce i-elliila 1' subinarginalis parva, 2-' postica optimé
minñi-e: nervulis mediis transversis adsunt.
Pedes iongissimi dense s(|uamati, parce setulosi ; loigm-
citlis tarsorum in licdibus ómnibus muticis, minutis, iner-
mibus ($) vel in paribus anticis et mediis úngula interna
externa multo minore, niodice arcuata, inermis alteraque
externa sat magna infra pone médium dente acuto preedita
at in paribus posticis ungues minuti et mutici (^).
Abdomen subplaniusculum basin versus angustatuni. api-
cem versus sat dilatatum et depi-esiusculum sed baud cla-
valum, utrinque ante ajncem dense í'asciculato-ciliatum.
Notabilísimo género que encierra los mas bellos Culicides
conocidos: dominan en el vestido de los Megarhina los coloi-es
azul, violeta, verde y amarillo dorado, todos con reñejos sedosos
ó metálicos, variados á veces con magníficos copetes de color
de sangre ó de púrpura. Habitan en la frondosidad de las
selvas tropicales de América y de Java.
(1). 1. Megarhina haemorrhoidalis. (Fabricius), Rob. DESvomv.
Culex honDiorrhnidalis. Fabr. Entom. Syst. I\', 401, 5 (1794)- —
Ejusdem, Syst. Antliat. 25, 8 (1805). — Wied. Dipt. exot. I,
6, 1 (1821). — Ejusd. Aussereurop. Zweifl. Ins. I, 2, 2 (1828)'"
— Macqt. Hist. d. Dipt. S. á BuíT. I, 33, 1 (1834).
Megarhiniís hfemorrhoidaUs. Rob. Desv. Essai d. Culic. III, 412,
1 (1827). RoNDANí ET Baudi IN Truqui. Studi entom. 108, 86
(1848).
Megarhina hceinorrhoidalis. Macqt. Dip. exot. I, 1, 32, 1, pl. 1,
f. 1 (1838). — Walk. List. of. Dipt. I, 1 (1848).
(Pl. 4, fig-. I)
Chalyhens; Anteimis fiiscis fiisco-pilosis {^¡, vcl fusco pluniosis
arlicnlo P chalghco ^): probaseis nígra, paljns deitse clialijbco - sqiia-
midatis sed iiifru articulis 2-4 vel 3" sólito dilute testaceis aureo-
squamatis, articnlo 4" 3° duplo (-^) vel sesqui (^) hreviore. Tíioracis
— 377 —
dor>iO niíjro reí fusco e squannilis ci/anco-viridibiis tecto, scutello niinc
sordide iestaceo nxiic fuñico, pleiiris piceis vel testaceis argenteo-
squamidaiis. Ali's limpüJis posti'cé parce, anticé dense fusco - squama-
fis. Femorihits infra flavidis subaurato-sqnamatis, suprd chalybeis,
tihiis chalibeis, tarsis ómnibus concoloribus ubsqiie albedine. Abdoniine
basin vcrsiis angustato suprá anirorsuin viride-cyaneoque micante,
retrorsum dense violáceo- ¡utrpiireo sqiia ninfo, Interihus auratis at seg-
meiilis peuultimis 2 utrinqiie dense longe sericeoque purpureo-rufo
vel sanguíneo ciliafis, infra medio violáceo iitrinque aurato (^) vel
ubique aurato ((+) Loug. {prohoscis ecepla) 9-10 millim.
Hab. observ. : Brasilia (^^^A.LK) Cayena (Wied., AIacqt.. Rond.).
Chaco in Formosa. (E. L. Holmberg)
Esta magnífica especie fué coleccionada por el Dr. Eduardo
L. Holmberg, en Formosa (Chaco). Ninguno de los ejemplares
sometidos á mi examen presenta el menor rastro del anillo
blanco plateado que M. Macquart observó en el segundo artejo
tarsal de dos hembras r ecojidas por M. Leprieur en las
Guayanas. Se me figura que no sería aventurado suponer, que
las hembras á que se refiere RI. Macquart pertenecen á otra
especie afine de la de que trato; fundóme para ello, no sola-
mente en el hecho de que los anillos tarsales rara vez ó mejor
dicho nunca desaparecen por completo y que ellos se encuen-
tran las mas veces en ambos sexos, sino también en que el
género Megarhina parece componerse de especies muy parecidas
enti'e sí y apenas separables, mas por ciertos detalles de esiruc-
tui'a que, por la coloración, como lo corrobora la especie que
describo á continuación.
{ Coiitimiard.J
NOTAS SOBRE LA PALEONTOLOGÍA
DE LA
REPÚBLICA ARGENTINA
II
SINOPSIS DE LA FAIILIA DE LOS PROTOIODONTIDAE
CONSERVADOS EN EL MUSEO DE LA PLATA
(EOCENO DE PATAGONIA)
ALCIDES MERCERAT
Eücargado de sccctuu oq el Mubeo de La Plata
Sinopsis k la Familia fle las Prolaioioatiiae
CONSERVADOS EN EL MUSEO DE LA PLATA
EOCENO DE PATAGONIA)
POR
ALCIDES MEKCERAX
Encargado da sección en el Musa: da La Plata
Paleont.'ilogos eminentes, entre los cuales mencionare-
mos á OwEN y BuRMEiSTER, han dado sabias descripciones
(le Mamíferos, que deben ser referidos á la familia de los
Protoxodoiifidae.
El señor Ameghino, autor de varias publicaciones, solo
se ha encontrado en las condiciones de hacer un estudio sis-
temático de estos animales, habiendo aprovechado durante
su permanencia en el Museo de La Plata, como sub-di-
rector, de los restos bastante numerosos que de esta
familia poseía entonces el establecimiento, algunos descu-
biertos por su Director, el señor Moreno, en las márgenes
del rio Santa Cruz, y los más traídos de ese mismo punto
por don Carlos Ameghino, á quien este Museo, del que
era empleado, envió á coleccionar objetos de historia na-
tural.
El señor Florentino Ameghino ha consignado los re-
sultados de sus estudios en dos diferentes publicaciones .
La primera se titula: Observaciones generales sobre el
orden de Mamíferos estinguidos Sud-Americanos llamados
Toxodonles, etc., 4°, editada en Buenos Aires, en Mayo
de 1887, y que estaba destinada á aparecer en los Anales
de este Museo. La segunda, mas estensa, se ha editado
bajo los auspicios de la Academia Nacional de Córdoba
y lleva por título: Contribución al conocimiento de los
Mamíferos fósiles de la. República Argentina; Buenos
Aires, 1889 4^
El Museo de La Plata ha aumentado considerable-
mente su serie de restos de Profoxodonfklae con los re-
sultados obtenidos en las últimas esploraciones ejecutadas
en el territorio de Santa Cruz por los empleados Santiago
Pozzi, Clemente Onelli y Juan Ivovich.
Es con todos los materiales del Museo que hemos em-
prendido la revisión de la familia de los Protoxodontidae.
Hubiéramos deseado presentar desde ya un estudio mono-
gráfico de estos animales, pero como no ha podido prepa-
rarse aun una buena parte de todo este material, á causa
de su misma abundancia, debiendo demorarse, por razón
de economía, la restauración de un número importante
de cráneos y la mayor parte de las otras piezas que com-
ponen el esqueleto de estos animales, nos dedicamos á
])ublicar ahora este trabajo preliminar que tiene por ol)jeto
la enumeración sistemática de las especies de la familia
de los Protoxodoutidae. conservados en el Museo de La
Plata, indicando al mismo tiempo sus caracteres mas nota-
bles, como también los de los géneros á que pertenecen
esas especies.
La familia de los Profoxodonfidae ha sido establecida
jior el señor Ameohino (1), quien comprende en ella los
siguientes géneros : Protoxodon, Adivotherium, Acrofhe-
riuní, Pliohereoiherium, AdelphofJierium, Gnmotherinm,
Rliodinotlierium y Colpodon. El señor Ameghino ha esta-
blecido además la familia de los Atryptlieridae, en la que
coloca los géneros Alryptlierinm, Scojwfheriutn y Kesodon.
Todos estos géneros han sido creados por el señor Ame-
ghino, á escepciou de Colpodon, que se debe á Burmeister
( 2 ) y de Nesodon que es de Owen ( 3 ).
(1) Ameghino. Coiilribiicion al conocimiento ilc los Mamiferos fósiles, etc.;
Buenos Aires, 1889; 4°; p. 4;i9 y s.
(2) Bi'KMEisTER. Analco del Museo Xi'ii-iiiiuiJ ríe Buenos A i ees : Buenos
Aires, 1885-1889; 4»; t. III. p. 161 y 289.
(3) OwEN. Ueports of the Brilisli Associntio» of l/ie sciencí; 4"; 1846; Vol.
:;VI. 11. 66.
— 383 —
Del estadio que hemos hecho, resulta que no pueden
conservarse los géneros siguientes : P/iohereof/ierium, Gro-
noílieriam, IVtadinol/icrium, Alfijpl/terium y Scopotheriwn.
El género Kcsodon, por intermedio de Adclp/iofhrrkon,
se acerca directamente al género Protoxodon y bajo
ningún punto de vista puede colocarse en una familia
distinta.
El género Colpodon no nos parece poderse referir a
la familia de los Frofoxodoritidae. Cierto es que no hemos
tenido nunca ocasión de examinar restos de este género,
que solo conocemos por las descripciones del sabio Di-
rector del Museo Nacional de Buenos Aires, pero nos
parece que se aproxima mas al género Ilomaíodunlothcr
riinn Flower que á cualquier otro.
Además, nos vemos en la necesidad de crear un ge-
nero nuevo para el que proponemos el nombre de Neso-
íhen'iiin.
Así, la familia de los Proioxodnnüdae comprende los
seis géneros siguientes: Acrútheriitm, Ad'nwílierium, Ne-
so'/ierium, Proioxodon, Adelpitollievium y Nesodon.
Sin estendernos sobre los caracteres de la familia de
los Protoxodonlidue, daremos aquí ciertos hechos que no
han sido aun observados.
El género Adinoiherium presenta todos sus molares
arqueados hacia afuera, mientras que en todos los demás
géneros de la misma familia, los molares están arqueados
hacia adentro, con escepcion del último ó de los dos úl-
timos. En el género Acrof/ierium los cinco premolares
están encorvados hacia adentro y los tres verdaderos
molares lo están hacia afuera.
Hemos observado en individuos pertenecientes á los
géneros Nesodon, Adelpliotherium, Adinoilierium y Proio-
xodon que los molares de la primera dentición (dentición
de leche) en las dos mandíbulas presentan cuatro raíces
divergentes.
Los molares inferioi-es de la dentición definitiva solo
— 384 —
presentan dos raíces en todos los Protoxodontidae. Estos
molares tienen al principio una sola raíz con estremidad
abierta; pero á medida que el animal adelanta en edad, se
opora la bifurcación ds la raíz. Cuando el animal es
completamente adulto, en todos los Frotoxodonñdae que
conocemos, los molares inferiores con escspcion del pri-
mero (pm ^) presentan dos raíces, de estremidad comple-
tamente cerrada, una raíz anterior débil y una posterior
mas fuerte. Estas raíces están comprimidas según el
diámetro transversal.
En el género Nesodon, estas raíces merecen fijar nuestra
atención. Cuando el animal ha llegado á la edad adulta,
los molares inferiores presentan dos raíces iguales entre
s', de diámetro antero-posterior débil, y de diámetro
transversal igual al de la corona, al principio, pero que
se aumenta hacia la estremidad. Cada una de las dos
raíces del diente está formada por dos columnas laterales,,
unidas entre ellas por una pared bastante delgada sobre
mas de la mitad del largo de la raíz, y estas columnas
determinan así, quedando libres, una bifurcación en la
estremidad de la raíz.
Las raíces de los molares inferiores del género Adel-
phothevimn participan igualmente de esa forma.
Los molares siqjeriores de la dentición definitiva, en
toios los Protoxodontidae no tienen al principio, sino
una so'a raíz de estremidad abierta. La división en raíces
de estos dientes no parece efectuarse sino tardíamente.
Sin embargo, hemos podido observar en todos los géneros
de la familia de los Protoxodontidae, individuos en los
que la división en cuatro raíces de los molares superiores
estaba indicada. La hemos observado en estado perfecto
en cierto número de individuos, que pertenecen á los
géneros Acrotheriinn, Adinoi/ierium, Adetp/iotherium y i\"e-
sodon. Es en este último género que nos parece haber
alcanzado el grado mas perfecto. Aun antes que el último
molar haya perforado la encía, S3 notan ya cuatro raíces
indicadas sobre los otros verdaderos molares. En la edad
— 38.J —
completamente adulta, los molares superioreá de Nesodoii
tienen cuatro raíces divergentes, bien desarrolladas, y de
estreniidad cerrada, con escepcion de pm i.
Agregaremos á esto, que en los Protoxodonlidae no
existe nunca sobre la cara lateral interna de los molares
inferiores, surcos opuestos al surco estenio, dividiendo los
dientes en dos lóbulos. El género Rhailinotherium fundado
sobre este carácter, por el señor Ameghino ( 1 ) no es mas
que un Nesodon muy viejo, en el que el desgaste del
diente ha llegado hasta el cuello.
Las demás partes del esqueleto que hemos podido exa-
minar de estos animales, presentan analogías notables con
los géneros Toxodon, Xotodon y Ti/phoiheriían. No nos
detendremos sobre esas piezas en este trabajo.
Creemos poder hacer el cuadro analítico siguiente de
los géneros de la familia de los Prufoxodontidae:
I Molares -g- Acrotherium
II Molares f
A Animcdes provistos de caninos. Molares superiores
con accidentes poco pronunciados. Cresta sagital
desarrollada en forma de hoja elevada.
a Molares inferiores encorvados hacia afuera, con
raíces comprimidas transversalmente y de es-
tremidad cerrada. I 1 é i 3 son de raíz de
estremidad abierta. Molares superiores de
sección transversal en forma de trapecio. Los
molares ocupan una posición anterior.
Adinotheriiun.
b Molares inferiores encorvados hacia adentro
con escepcion de la última.
1 I 1 relativamente débil, de cara anterior trian-
gular. I 1 é i a" de raíz de estreniidad abierta.
Molares de lóbulo posterior plano-convexo, y
( 1 ) A.MEGHINO. Loe. cit. p. 461
— 3SG —
de raíces comprimidas transversalmente. Los
molares ocupan una posición anterior.
* Molares que aumentan de diámetro antero-pos-
terior desde el jirimero al último. El diámetro
antero-posterior del último molar no es senci-
blemente superior al del molar que le precede.
El de los demás molares es relativamente
fuerte. Molares superiores de sección trans-
versal en forma de cuadrilátero ii-regular.
Molares inferiores de diámetro transversal re-
lativamente débil. Nesof/ieriuii;.
* Molares que aumentan de diámetro antero-pos-
terior del primero al último. Diámetro antero-
posterior del último molar sensiblemente mayor
al de los demás molares, que es relativamente
débil. Molares superiores de sección transversal
en forma de trapecio. Molares inferiores de
diámetro transversal relativamente fuerte.
Protoxüdon.
2 1 1 muy fuerte, de cara anterior en forma de
trapecio. Los incisivos son algunas veces de
raíz cerrada. Los molares inferiores tienen
lóbulos convexos, de raíces no comprimidas
transversalmente. Molares superiores de sección
transversal en forma de paralelógramo. Los
molares ocupan una posición intermediaria.
Adelphotlterium.
B. Animales áesprorisíos de caninos. Tncisiros de raiz-
cerrada y desprovista de esmalte. Molares inferiores
con lóbulos bien conve.vos, provistos de dos raices
que se ensanchan luida la estremidarl y bifurcados,
violares superiores con accidentes, netamente pro-
nunciados íj procistos de cuatro raices. Los molares
ocupan una posición posterior. Cresfa sagital no
desarrollada en forma de hoja elevada.
Kesodon.
— 387 —
Además de los caracteres bien definidos que existen
entre estos diferentes géneros, las relaciones de homología
que íacilmente pueden establecerse entre las diferentes
especies de estos seis géneros de la familia de los Fro-
toxoúont'ulae, nos autorizan a admitir que ese número no
es exagerado. Estas relaciones de homología que se ob-
servan entre las diferentes especies de un género á otro,
nos conducen á pensar en seis tipos cuya evolución ha
avanzado puede decirse paralelamente.
Las relaciones filogenélicas que existen entre estos
diferentes géneros nos parecen poder ser espresadas en el
schema siguiente:
No creemos que estos diferentes géneros representen
miembros de la fauna de épocas distintas de un mismo
— 388 —
período geológico, como podría suponeroc por el scliema
que precede. Las relaciones de homología que hemos men-
cionado mas ari'iba, se opondrían en todo caso á tal in-
terpretación. A lo mas permiten admitir que estos géneros
pertenezcan á diferentes edades de una misma época geo-
l!')í!Íca.
:38i
Gen. Acrotherium Amegii.
Acrothcriitm. Amegiiixo. Eniim. siste») . efe. p. 17 (1887)
Conf. al con. Main. fus. etc. p. 45Ó (1881)).
Aunque todo.'=; los gíéneros que conoeemos de la familia de
los Proloxodontidae tienen el cráneo construido sobre el tipo do
el de Adinotherium f[ue ha dado á conocer el Sr. Ameghino, es
el- del género que nos ocupa que se acerca mas por su forma
general de ese tipo.
No queremos entrar en una dcscri[)iMon del cráneo de este
género, (|ue se señala por caracteres comunes á todos los gé-
neros de esta familia, y ([ue se hace notar sobre todo por los
caracteres mixtos que presenta entre los géneros Adinotherium
y Nesodon.
La fórmula dentaria es: i f c v P™ y ii^ f-
La sección trans\ersal de m 1 y m 1 se acerca mucho al
paralelógramo.
Acrotherium rusticum Ame<;h.
Aci-otherium rusticum. Ameghino. Loe. cif. p. 17 y 456.
Hemos examinado las piezas descriptas por el Sr. Ameiuuno,
(Véase loe. cit. ). Creemos que i i descripta por este autor y
atribuido á esta especie, no pertenece al Acrotherium. Este diente
tiene la forma característica que es peculiar del género Neso-
theriitm.
Acrotherium patagonicum merc. sp. nov.
Esta especie está ¡"epresentada por un cráneo en perfecto
estado de conservación, y por un fragmento del maxilar inferior
del misniít individuo. Atribuimos también á esta especie un
fragmento de maxilar superior, en el cual se hallan implantados
los tres verdaderos molares y los tres premolares que siguen
por adelante. Todas esas piezas proceden de las costas del rio
Santa Cruz.
— 390 -
Esta especie difiere de Acrothcrium rusticum Amegli. por su
talla mucho menor, pero doble do la de Ádinotherium magister
Amegh., y por la columna antero-esterna de los premolares
mas angosta y menos acentuada. En el pm A, esta columna
antero-esterna que está dispuesta como en los otros premolares,
es decir según el eje del diente, no se confunde con el borde
antero-externo del diente cjue constituye una arista elevada y
redondeada. El surco cjue separa esta arista de la columna está
bien marcado: su diámetro antero-posterior no depasa 4. El
borde postero-esterno del mismo promolar constituye también
una arista angosta y elevada, dispuesta según el eje del diente.
La cara lateral esterna del pm í presenta los mismos acciden-
tes ; sin embargo, la arista formada por el borde antero-esterno
no está sino rudimentaria, como el caso se^ manifiesta también,
■ pero á un grado menor en pm 1 y pm ¡L de Acrotherium rus-
ticum Amegh.
Los accidentes que acabamos de señalar sobre la cara la-
teral esterna del pm L de la especie que nos ocupa, se observa
también en los tres verdaderos molares. Están sin embargo
ya considerablemente atenuadas en el m 1, y se atenúan mas
todavía pasando á los m A y m í. .
Los incisivos, tanto de la mandíbula superior como los de
la mandíbula inferior, presentan la forma característica y la
disposición que se observa en Admoiherium.
La depresión longitudinal de la cara anterior de i i está
mas acentuada, y el i 1 está relativamente mas pequeño.
A juzgar por los -sestigios del pm 1 que presenta nuestra
muestra, este diente está bi-radiculado. Pm Ü no tiene nada de
particular. Los caninos superiores no existen mas sobre nuestra
muestra. No existen mas que los alveolos de estos dientes que
son colocados al límite mismo del borde anterior del maxilar.
Aparte de los incisivos de los cuales ya hemos hablado, el
fragmento de mandíbula ¡iresenta m y y pni t casi intactos,
asi como vestigios de pm y y pm y. M r y pm 7 tienen una
forma intermediaria entre los géneros Ádinotherium y Ncsodon.
Siguen aquí las dimensiones de los dientes :
Diámetro antero-posteriorj tomado
sobre el borde estenio
El mismo sobre el borde interno
Diilmetro transversal, tomado so- I
bre el borde auterior-iuteruo . f
El mismo sobre el borde postero- i
esteruo 1
Altara |
23
27
21 12
9 11,6
21 (21
3 1' 2 3I 4I 1
I — PM — PM — PM — PM — M —
16
14
25 32
IS |24 )
24,5 24,4
15 15
18 21
19
— 391 —
La sínfisis formada por las dos ramas del maxilar inferior
está relalivamente mas corla que en Adinotheríum. Mide sobre
nuestro e¡eni|ilai' 72.
Hé a(|uí las dimensiones referentes al cráneo:
Longitud del cráneo, tomada entre el borde posterior
de los cóndilos occipitales y el borde incisivo 370
Altura del mismo, tomada entre el borde superior del
fonhiien occipital y la cresta occipital 104
Diámeiro transversal de la superficie de los cóndilos.. 8G
Diámetro transversal del cráneo, tomado sobre los ex-
occipitales 195
El mismo tomado al nivel de la fosa glenoidal ....... . 238
El mismo, tomado sobre los apófisis cigomáticos al
nivel del borde jiosterior del mi 209
El mismo tomado sobre mi 125
» » mi 100
» » pml 59
» » pm^ 56
» )) 11 61
» » il 65
Distancia transversal entre los agujeros sub-orbitarios. 72
Altura vert:ical tomada al nivel del mi 123
Largí) del espacio ocupado por la serie de los seis
últimos molares 142
Largo del diiistema entre pm^ y pml 6
» » el y pm^* 5
» » il y el 4
» » il y il 14
Acrctherium australe merc. sp. nov.
Fundamos la especie sobre mi del lado izquierdo, proce-
dente de Santa Cruz. Las dimensiones de este diente son un
poco menores que en Acrotherium rusticum Amegh. La depre-
sión que caracteriza la cara lateral esterna de este diente, no
es tan jironunciada como en Acrotherium patagonicum. Mere,
pero el surco longil,udinal que corresponde á esta depresión,
está bien indicado. El borde po.-^tero-esterno del diente, cons-
tituye á mas una arista que presenta mayor desarrollo (jue en
Acrotherium ¡mtcHjonicum, Merc.
b
— 392 —
Hé aquí las dimensiones relativas á este diente:
Diámetro antero-iioslerior lomado ¡sobre el Ijorde es-
terno 43
Diámetro antero-poslerior tomado sobre el borde interno. 30
)) transversal tomado sobre el borde antero -in-
terno 29
Diámetro transversal, lomado solire el borde postero-
esterno 17
Acrotherium iníermedium. mero. sp. nov,
Establecemos la especie sobre dos mi del lado izquierdo, de
dimensiones intermediarias entre Acrotherium mistralc y A. pata-
gonicitm. La depresión de la cara lateral esterna no es tan
pronunciada como en Acrotherium australc, y es intermediaria
entre esta última especie y A. rusticum Amegh. La arista
constituida por el borde postero-esterno es mas acentuada que
en A. patago7iicum, sin encontrarse tan desarrollada como en
A. mistrale. Estas piezas han sido recogidas en las costas del
rio Santa Cruz. Tienen las dimensiones que indicamos:
Diámetro antero -posterior, tomado sobre el borde
esterno . -. 37-35
Diámetro antero -posterior, tomado sobre el borde
interno 28-27
Diámetro transversal, tomado sobre el borde antero-
interno • 29-29
Diámetro tranversal, lomado sobre el borde postero-
esterno 17-18
Acrotherium variagatum. merc. sp. nov.
Designamos la especie sobre un fragmento del maxilar
izquierdo, en el cual se hallan en posición pmA, mi y m-,
así como sobre mi y mi sueltos del lado izquierdo. Estas pie-
zas proceden de las costas del rio Santa Cruz.
Esta especie nos parece haber alcanzado la talla de Adino-
therium splendidiim, Amegh. A mas del tamaño, difiere esta
especie de Acrotherium patagoniciim. Mere, por la columna
antero-esterno del pml que es menos saliente, aun cuando
— 333 —
es iierfectaineute di.stinta de la arista l)ien marcada, consti-
tuida por el horde antero-esterno del diente. Sobre mi, mi y
m-5, esta columna antero-esterna, es por el contrario mas
saliente ([ue en la especie á que nos hemos referido. La ai'ista
constituida por el borde postero-esterno sobi-e mi, sin encon-
trarse tan bien indicada, está mas fuerte. El surco que está
detrás de la columna sobre pm *, es mas profundo y mas an-
gosto también que en A. patagonieiim. La depresión de la cara
lateral esterna de los verdaderos molares, es menos acen-
tuada.
Siguen las dimensiones que se refieren á los dientes:
Piáinetro antoro-posterior, tomado sobre ol borde esterno. ,
El niisnio, tomado sobre el liorde interno
líiíímotro trunsvorsal, tomado sobre el borde aulero-interno .
El mismo, tomado sobre el borde postero-esterno
Acrotherium mutabile. merc. sp. nov.
Esta especie está representada por dos fragmentos de ma-
xilar, el uno del maxilar derecho, el otro del maxilar iz-
([uierdo del mismo individuo, en los cuales se hallan implan-
tados pml, mi, mi y mi, por otro fragmento del maxilar del
lado izquierdo, con mi y mi, así como por un fragmento del
maxilar derecho de un tercer individuo, en el cual se hallan
en su sitio pml, mi y mi.
Estas piezas proceden de las costas del rio Santa Cruz, y
la especie á la cual la referimos, ha sido de talla menor que
Adinotherium magister Amegh.
Difiere esencialmente de la especie precedente por la co-
lumna, tanto del pml como de los mi, mi y mi, que está
mejor acentuada, por la arista constituida por el borde antero-
esterno del pml, menos elevada, por el surco que separa la
arista de la columna de este diente, mas profundo y mas an-
gosto, y por la arista constituida por el borde postero-esterno
del mi, que es débil y no tan bien indicada.
— 394 —
Hé aquí las dimensiones relativas á los dientes:
r>idniotro íintero-posterior, tomado sobre el borde csteruo .
El inisiuo, tomado sobre el l)ord»' ioterno
Piáinetro transversal, tomado sohre el borde antcro-interno.
El misiuo, tomado sobre el Ijorde postero-esteruo
4¡ 1 I 2 3
PM— M — M — la-
ica
8,5
!),5
8
17
13
1C,7
11
20 120
13,5 i —
17 14,0
11,4 —
Gen. Nesodon Owen.
Nesodon Owen. Rcp. of Brit. Assoc. of thcsciencc. \o\. X\'I,
p. 66 (1846). Descr. of s. sj). ofthe ext. gen. Nesodon.
Phil. Trans. p. 2Í)1 ( 1853 ).
BuRMEiSTER. Dcscv. phijs. lícp. Arg. etc. t. III p. 498
(1879).
Ameghino. Observ. gen. etc. p. 59 (1887 ) — Fnum. sistem.
etc. p. 16 (1887). — Cont. al con. Mam. fos. etc. p.
485(1889).
Afryptheriinn. Ameghino. Enuni. sistem. etc. p. 18 (1887).
— Cont. al con. Mam. fos. etc. p. 482 (1889).
Scopotheriiim. Ameghino. Loe. cit. [>. 18 y 483.
Blmdinothcriitm. Ameghino. Loe. cit. p. 18 y 471.
Aun cuando hasta ahora se ha atribuido al género Nesodon
la fórmula dentaria, i -| c ^ pm i m |-, haremos notar que á los
tres incisivos del maxilar inferior le siguen solamente siete
dientes y no ocho, y que el maxilar superior no presenta mas
de siete dientes. Por homología, resulta la fórmula dentaria
del género Nesodon ser la siguiente : i |- c -^ pm i- m ^.
Verdad es que el Sr. Ameghino ha señalado ya (^'éase loe.
cit. ) la ausencia del canino en la mandíbula inferior del género
Scopotherium, que no es sino una especie particular del género
Nesodon.
Al principio de este trabajo hemos insistido sobre los carac-
teres de la dentición de leche en los Protoxodontidae. Como lo
veremos mas adelante, es sobre caracteres de esta naturaleza
que el Sr. Ameghino ha establecido los géneros Atnjptlierium y
— ■¿\K) —
Scopothermm. Esos caracteres lo hacen i>oner en duda las asexe-
racioncs de Owen, relativamente al número de las i-aices que
pi-esentan los molares del género Nesodon, y lo conducen á reu-
nir este género con los dos que acabamos de citar, en una
familia jiarticular, la familia de los Atrijptheridac.
Ya hemos notado la im]iosiÍjilidad de separar el género Ne-
sodon de la familia de los Protoxodontidae.
El género Nesodon ha sido establecido por Owen en 1846.
En sabias descripciones, nos ha dado a conocer cuatro especies
de Nesodon. N. imhricatus, N. ovinus, N. Sulivani y N. magnus.
Desculirimientos ulteriores han probado que las dos últimas
especies no pertenecen al género Nesodon. N. magnns pertenece
al género Astrapothcrium establecido por Burmeister, ^V. Snli-
rani pertenece al género Profoxodon creado por Ameguino.
Haremos observar que entre los restos atribuidos por el Sr.
Ameghino (1) á la especie fundada por Owen ( N'. Siüivani),
solo un fragmento del maxilar inferior con el último .molar
pertenece al género Profoxodon. y los demás pertenecen, como
lo veremos mas adelante, los unos al género Nesotherüun y los
otros al género AdcJphotherinm.
No relataremos mas aquí sino los caracteres que permiten
distinguir el género Nesodon de los otros de la misma familia.
Los incisivos, tanto- los de la mandíbula superior como los
de la mandíbula inferior, son de raíz muy distinta de la corona,
de forma sub-cónica y de estremidad cerrada. Hay un diástema
entre los i i.
Los caninos son ausentes.
Los molares de la mandíbula inferior tienen sus lóbulos de
una convexidad en el sentido antero-posterior, mejor acentuada
que en los otros géneros que nos son conocidos de la misma
familia. La diferencia entre el diámetro transversal de los dos
lóbulos de esos dientes es poco considerable. Esos molares están
arqueados por adentro, á escepcion del último solamente. Las
raíces de esos dientes son muy características, como ya lo hemos
señalado (Vé^.se p. 348 ).
Los seis últimos molares de la mandíbula superior son tam-
bién muy característicos. Presentan sobre la cara lateral ex-
terna, paralelamente al borde antero-eslerno y poco distante
de él, una cresta elevada de superficie redondeada, la cual con-
trilniye con la arista aguda y bien pronunciada, constituida por
( I 1 .Vmeghino. Coiiiribucioii ni conocimiento de los Maúñferos fósiles; etc.;
Buenos Aires, 1889; 4", p. 443.
— 39G —
el liordc ontero-esterno de esos dientes, y la tiristo saliente, cons-
tituida por el borde postero-esterno, á dar á esos dientes, á no
considerar que la cara lateral esterna, un parecido notable
con los de Asimpotlieriinn. Se esplica pues, que en presencia del
único fragmento de molar de que disponía Owen para l'undai-
Nesofloi) iiiagnus, el ilustre sabio lo baya considerado como de
Kenodon.
Estos accidentes tan característicos de los molares superiores
del género Nesodon, son frecuentes también en esos dientes de
los otros géneros de la misma familia; pero nunca toman el
desarrollo que tienen en el género Nesodon. En las especies de
los otros géneros de la misma familia, en las cuales los liemos
obsei'vado. nunca están bien acentuados sino sobre el último
premolar, y en este diente mismo su desarrollo nunca alcanza
al que tiene en el género Nesodon.
La, serie de los molares llega casi al nivel del borde poste-
rior de los pterigojdeos ; cuando en los otros géneros que nos
son conocidos de esta familia, no llega sino al nivel que coincida
en el gi! ñero Nesodon, al borde posterior del m 1. Va\ el género
Adelpholhcrium únicamente están los dientes implantados mas
por atrás, y llegan á ocupar una posición intermediaria entre la
que hemos señalado en aquellos géneros y. la que tienen en
el género Nesodon.
Las escotaduras, señaladas repetidas veces por- el Sr. Ame-
GHiNO (1), que presenta á veces la cara lateral interna de los
molares inferiores, constituyen caracteres debidos á la edad y
que se encuentran, casi sin escepcion, al mismo grado en todos
los Protoxontídae, pero que desaparecen cuando el individuo ha
llegado á cierta edad, es decir cuando los dientes están ya algo
gastados.
En oposición á lo que dice el Sr. Ameghino (Véase loe. cit.
p. 488), el examen de todas las piezas al cual hemos procedido,
pertenecientes al igénero Nesodon, nos conduce á creer que e'
cambio de dentición se efectuaba en época muy tardía y de [loco
a poco. El último molar no ap.arece sino en edad ya avanzada
del individuo. No hacemos mas á este respecto que confirmar
la opinión emitida i)or Owen, el decano de los paleontólogos,
al r>'ferirse a\ Nesodon ovinus. Todas las piezas que hemos exa-
minado nos conducen á esta interpretación. Mas, posee el Museo
de La Plata un cráneo de Nesodon on'ntis que corresjionde en
' 1 ) Ameghino. Loe. ciL
- 31)7 —
todos sus dot;illes ni cr:uii.'o li:;urado pov UwEX ( i ). Kste ani-
mpl tenía por consiguiente mas ó menos la misma edad (|ue
el del mineo al cual nos hemos referido. En nuestro ejemplar
lieniiis podido observar con seguridad que pm 1 pertenecía to-
davía ii la dentición de leche.
l'(ir lin, señalaremos la ausencia en el cráneo de una cresta
sagital desarrollada en forma de hoja elevada, como se presenta
en l(id(is los otros géneros de la familia de los Protoxodontidac.
Nesodon bifurcaíus. íAHEan.) merc.
At)-ijpfheriiíiii hifiircatum. Ameghino. En ion. sistem. etc.,
p. LS ( Í8S7). — Cont. al con.. Mam. fos. etc., p.
i82, pl. XX, f. S (1889).
Hé aquí ios caracteres que indica el señoi" Ameohiní.) al
establecer la especie que nos ocupa y el género Atnjptherinni :
« Pm^i con cuatro raíces, ^'erdaderos molares inferiores de
base abierta. Canino inferior presente,».
Ya sabemos á qué atenernos en cuanto al valoi- de esos
caracteres, y proponemos la supresi(.)n del género Atryptherium ,
por el motivo que la especie por la cual ha sido establecido
pertenece al género Nesodon.
La pieza que describe el sefior Ameghino en la obra que
acalcamos de citar, es de propiedad del Museo de La Pb.ita.
Pertenece esta pieza á un individuo en el cual el cambio de la
dentición está en vía de efectuarse. Lo que el señor Ameghino
considera como canino en esa pieza, es la l)ase del i r de la
dentición de leche. En esta pieza el i t de la dentición defini-
tiva, apenas sobrepasa el borde alveolario, y se halla al lado
mismo del iij de la primera dentición.
En cuanto al pmr que tiene cuatro raíces, según el señor
Ameghino, se observa efectivamente sobre la pieza que le ha
servido de tipo para fundar la especie, vestigios de unpmT con
cuatro raíces bien distintas; pero este premolar pertenece á la
dentición de leche. Si el señor Ameghino se liubiesc dado la
pena de abrir la pieza como nosotros lo hemos hecho, hubiera
( 1 ) OwEN. Description of some spcies of the extinct yenns Xe^o:!oii, etc.
Phil. Trans. 1853; 4°; pl. XV, f. 1, 2 y 3.
— 398 —
encontrado debajo del p:nr que describe, el \nnz de la denti-
ción definitiva en estado de desarrollo ya algo avanzado. Ade-
más, ladnera visto que inr ya tiene dos raíces bien divergentes,
la anterior ya con raíz cerrada á su estreniidad, y no se bu.-
bicra encontrado este señor en la enojosa necesidad, al referirse
al primer verdadero molar de esta pieza, de esci-il)ir la frase
que leemos en la página 483 de su obra sobre los Mamíferos
fósiles de la República Argentina: «Luego, la muela conserva la
misma forma basta su par;e inferior, en donde concluye en
base (léase estremidad; abierta».
Haremos observar que la figura dada en la oijra citada (hú
señor Ameghino (véase pl. XX, tíg. 8), no corresponde á la
pieza que este autor describe como tipo de la especie. No })i'o-
tenderaos, por lo tanto, emitir nuestra opinión sobre la cues-
tión de sabef si esta pieza figurada por el autor pertenece á la
misma especie que la pieza que ha dcsci'ito como tipo de la
especie, por la razón de que en numerosos casos ya liemos
tenido ocasión de constatar la poca e.Kaclitud de las figuras ori-
ginales de dicba obra.
A mas de la pieza sobre la cual el señor Ameghino ba fun-
dado la especie, posee el Museo de La Plata la rama iz([uierda
de un maxilar inferior, en el cual se hallan im¡ilantados pmy,
pmT y niT, así como un cráneo ¡ncom¡ileto. Estas piezas pi-o-
ceden de las barrancas del rio Santa Cruz. Hemos estudiado
tamlúen otro cráneo incompleto, un fragmento ile cráneo en el
cual se encuentran casi intactos ])mT, nif y m^, del lado
izquierdo, asi como los vestigios de los dientes correspondien-
tes del lado derecho, y la parte anterior derecha del cráneo de
un individuo joven, ¡sobre el cual están en su sitio, intactos,
los tres incisivos y los dos primeros premolares. Estas tres
últimas piezas (¡uc pertenecen también al Museo de La Plata,
proceden de Monte León. Las atribuimos ¡i la especie que nos
ocupa, con las reservas del caso.
Siguen las dimensiones relativas á los dientes del cráneo
incompleto:
- 390 —
Los molares superiores se disLiiiguen por los accidcnLos tan
característicos que hemos señalado en esos dientes, menos pro-
nunciados que en las otras especies de este mismo género,
así como })or la arista que forma el borde antero-esterno de
superHcic redondeada, y correspondiente á un ángulo mas
abierto.
La longitud del espacio ocupado [lor la serie de los seis
últimos molares, es de 155.
Nesodon Oweni. mekc. sp. nov.
l'',stab!ecemos esta especie sobre dos fragmentos de los ma-
xilares su[ieriores de un mismo individuo. Ll Iragmento del
liido izquierdo presenta intactos los mi y pm±, y el fragmento
del lado derecho con.sei'va en su sitio mi. Atribuimos á esta
misma es})ecie dos fragmentos del maxilar inferioi'. Proceden
esas piezas de las barrancas del rio Santa Cruz.
La cresta anterior de lá cara lateral de los molares supe-
riores, está bien marcada pero poco elevada La arista consti-
tuida por el borde antero-esterno de esos dientes, corresponde
á un ángulo menos abierto íjue en la especie precedente.
La mandíbula inferior, sin presentar mas vestigios de la
dentición de leche, es menos fuerte que en Nesodon bifurcatus
(Amegh.). Se observa sobre los fragmentos que tenemos á la
vista dos agujei'os mentonianos, el uno muy grande debajo del
pm2, y el otro mas chico, doliajo del hjliulo posterior del pm4.
Los dientes nos suministran las dimensiones que siguen:
La altura del cuerpo del maxilar inferior, tomada del lado
esterno, al nivel del pnii es 55, al nivel del mr 47, y al nivel
del 1113- .59. El diámetro transversal de la rama del maxilar,
tomado al nivel del m^, es 27. La longitud del espacio ocupado
por la serie de los seis últimos molares inferiores es 134.
hlsta especie nos parece haber sido de talla un poco menor
que la precedente.
— 400
Nesodon cyclops (AMuriH.) merc.
Scopotlierium cyclops, Ameghino. — Eimm. ststem. etc., p. 18,
(1887). — Cont. al con. Mam. fas. etc. p. 483 (1889).
I'"l señor Ameghino ha fundado esta especie sobre dos maxi-
lares inferiores incompletos, pertenecientes al Museo de La
Plata, lili g-énero Scopolltcrium en el cual se atribuye esta espe-
cie, está establecido sobre los siguientes caracteres: « Pm-3 y y
y mr, con cuatro raíces, m-o y s" de base (léase estremidad)
abierta. Canino inferior ausente».
Ya conocemos el valor de estos caracteres. Sobre el maxi-
lar i»erteneciente al individuo mas viejo, que hace el objeto de
la descripción del señor Ameghino, no hemos descubierto mas
¡■astros de la primera dentición. Se trata en este caso de carac-
teres que no han sido observados por el autor, y que le ha
atribuido por una inducción falsa, i)ues se trata tand>ien aquí
de un animal perteneciente al género Nesodon,
Dice el señor Ameghino en la página 484 de la obra citada :
<ie¡ primer verdadero molar inferior tiene una corona parecida
á la de los molares de AdiiiotJ/crímn y Froto.rodon » .
Ya hemos señalado la forma ]>ai'ticular que revisten los
molares de Nesodon. La pie/.a (pie ha servido de tipo al señor
Ameghino, á este respecto, m.) hace escepcion á la regla. Los
molares de esta pieza tienen la forma que caracteriza esos
dientes en Nesodon; esta forma os muy diferente de la que jjre-
sentan los molares de todos los otros g-éneros de la i'amilia de
los Protoxodontidae, y se reconoce á la simple vista.
A mas de las piezas sobre las cuales el señor Ameghino ha
fundado la especie, posee el Museo de La Plata las siguientes
|iiezas, que atribuimos á la misma especie: la rama izcjuierda
imperfecta do un maxilar inferior, un fragmento de maxilar
inferior del lado izquierdo en el cual está implantado m?, la
rama izquierda, imperfecta también, de otro maxilar inferior
con fragmentos del cráneo del mismo individuo, y fragmentos
del maxilar inferior con el radio de un individuo todavía joven.
Las dos primeras piezas han sido descubiertas en las barran-
cas del rio Santa Ciaíz; las otras proceden de Monte León.
l'lsta especie difiere de la ]:)i'ecedente por la forma arípicada
mas pronunciada del maxilar inferior, por la altura menor del
— 401 —
cuerpo (lo este hueso y su diámetro transversal mayor, por el
número de los agujeros mentonianos, respectivamente mas pe-
queños, y por las dimensiones relativas de los dientes.
101 diámetro transversal del cuerpo del maxilar inferior, al
nivel de my. es de 33.
Nesodon Rutimeyeri. mekc sp. nov.
Esta especie está representada por un maxilar inferior
incompleto en buen estado de conservación, dos fragmentos de
maxilares superiores, el uno del lado derecho y el otro del
lado izquierdo, y un maxilar inferior imperfecto de un indivi-
duo joven. Esas piezas han sido recojidas en Monte León, á
escepcion del fragmento de maxilar izquierdo, que 'procede de
las barrancas del rio Santa Cruz.
La cresta anterior de la cara lateral de los molares supe-
riores está elevada y bien marcada, sobre mi particularmente.
La arista que constituye el borde antero-externo de esos dientes,
corresponde á un ángulo todavía menor que, en Nesodon Oiveni,
Mere.
1^1 maxilar infoi'iof- no es tan fuerte como en las especies
precedentes. Se observan en él tres agujeros mentonianos res-
pectivamente mas pequeños que en nesodon cyclops, Amegh.,
los dos primeros debajo de pm-g, y el tercero debajo del lóbulo
anterior del pmT.
Hé aquí las dimensiones relativas á los dientes:
La longitud del espacio ocupado ])or la serie de los seis
]ii'imeros mohu'es inferiores es de Li3. La altura del cuerpo
del maxilar varía entre 50 y 52, y su diámetro transversal
mayor, que es al nivel del lóbulo anterior de my, es de 25. No
existe diástema entre los incisivos inferiores y los molares.
Esta especie es de talla menor que las especies que prece-
den, pero mayor que la de Nesodon imbrimtics Owen.
— 41)2 —
Nesodon imbricatus Owen.
Nesodon imhricatiis. Owen. — Bcp. of IJrif. Assoc. of ihescieiice
Yol. XM, p. G9 (1840). — Descr. of s. sp. of the ext.
gen. Nesodon. Phil. Trans., p. £00, pl. XMI (IScS).
BuRMEiSTER. Descr. pliijs. Rep. Anj . etc., t. III, p. 5l)l.
(1879).
Ameghino. Observ. gen. etc. p. 59 (18S7). — Eniim. sisteiii.
etc. p. IG (1881).— Cent, al con. Mam. fos. etc. p. 488 :
pl. XMI, fig. 2 y 7. (1889).
Esta especie está representada en el Museo de La Plata por
siete fragmentos del maxilar interior, por el fragmento de ma-
xilar suiierior figurado por el Sr. Ameghino (Loe. cit. [)1. XVII,
fig. 4 ), por la parte anterior del cráneo de un individuo joven,
en el cual están implantados los incisivos y los pm 1, y por
un maxilar inferior completo de un individuo Joven y fra'.;-
mentos del cráneo del mismo. Esas últimas piezas proceden de
Monte León; las ocho primeras de las barrancas del rio Santa
Cruz.
Comparando la figura mencionada por el Sr. Ameghino con
la publicada por Owen (Loe. cit. fig. 10) ¿quién sospecharía
que se trata de piezas pertenecientes á una misma especie? y
sin embargo, la pieza figurada por el Sr. Ameghino, que es pro-
piedad del Museo de La Plata, corresponde exactamente con la
figura publicada por Owen.
Nesodon typicus meüc. sp. nov.
Designamos esta especie sobre un fragmento del maxilar
superior izquierdo, dientes sueltos y fragmentos del cráneo de
un individuo joven. Esas piezas han sido recogidas en Monte
León.
Pertenecen á esta misma especie un fragmento del maxilar
superior dereclio y un fragmento de la rama iztiuierda de un
maxilar inferior, procedentes de las barrancas del rio Santa
Cruz.
En cuanto á la talla csla especie es intermediaria entre 2\esodon
imbricatus v A. ovinus.
— 403 —
Los molares están mejor caracterizodr.s ([uo en cnalíiuiera
es[>eeie de este género. La arista conslituiíla \>ov lA Ixirde antero-
externo de los molares superiores, se desprende mejor del
cuerpo del diente, y corresponde á un ángulo menor todavía de
lo que se observa en Nesodon imbricafus.
Los dientes nos suministran las siguientes dimensiones :
La altura del cuerpo del maxilar inferior al nivel de m y es
de 37, y al nivel de m 4 3L Su diámetro transversal al nivel de
m 2" es de 15.
Nesodon ovinus. Owen.
Nesodon ovinus. Ow'en. Dcscr. of s. sp. of the c.rt. gen.
Nesodon. Pliil. Trans. p. 2'Jl pl. XV y XVI (1853).
BURMEISTER. Loe. cit.
Ameghino. Loe. eit.
l'lsta especie está representada en el Museo de La Plata por
un cráneo bien conservado }iero incompleto, por un fragmento
de maxilar superior derecho, y por dientes sueltos, procedentes
de Santa Cruz. Atribuimos á esta misma especie un fragmento
de maxilar superior derecho y un fragmento de la rama iz(|uierda
del maxilar inferior incompleto de un individuo joven. Esas
últimas i)iezas han sido recogidas en Monte León.
Nesodon limitatum ( Amegh. ) Merc.
Bliudinotherinin limitatum Ame(;hino. — Enum. sisteni. etc.
p. 18 (1887).— C'o«í. al con. Mam. fos. etc. p. 4G1 (1889).
Esta especie, fundada por el Sr. Ameguino y designada bajo
el nombre de Rhadinothcrium limitatum, ha sido establecida sobre
— 404 —
la rama izquierda de un maxilar inrerior incompleto, la cual
ha sido siempre de propiedad del Museo de La Plata. Esta
pieza procede de un individuo muy viejo. El m y está gastado
hasta la base de las raíces, el cuello mismo ya desapareció del
lado interno. Los otros dos verdaderos molares están menos
gastados, lo que se esplica fiícilmente, teniendo sobre todo en
cuenta la aparición del último molar de estos animales recien
en edad avanzada.
El Sr. A.MEGHiNO, para estal)lecer el género Bhadinotherium,
se basa sobre el hecho (Véase loe. cit. p. 440) que los mo-
lares inferiores están divididos en dos lóbulos por dos surcos
opuestos. En el ejemplar al cual se refiere el Sr. Amechino, se
observa efectivamente sobre el m t dos surcos opuestos ; pero
el surco de la cara lateral interna de este diente no pertenece
á la corona del diente que está completamente gastada. Este
surco corresponde á las raíces del diente. . En el m -3 , donde
la corona está menos gastada y todavia bastante elevada, no
hay sobre la cara lateral interna de la corona de este diente,
surco opuesto al surco que sobre la cara lateral esterna del
diente determina la división en dos lóbulos. La cara lateral in-
terna de m "2 ha sufrido de una rotura_, y le falta una astilla,
de modo que este diente no se presta á la observación ¡que
hemos hecho sobre el m -3 .
Esta pieza, que ha servido de tipo al Sr. Ameghino, reúne 11
mas todos los caracteres distintivos del género Nesodon, de modo
que proponemos la supresión del género Ehadinollicrlum Amegh.
Gen. Adinotherium Amegh.
AdinofJien'iim, Ameghino. — Eiiiim. sisfcDi. efe. p. 1/
(l8S7).—CoHt. al con. Mam. fos. efe. p.. 448 (1888).
Phobereotherinm. Ameghino. Loe. eit. p. 18 y 457,
La fórmula dentaria es: i ^ c \- pm -i m -|.
Este género se distingue muy fácilmente de los oti'os de la
misma familia. Mientras todos los géneros que nos son cono-
cidos de la familia de los rrofoxodoiüidae, tienen los níolares
inferiores arqueados hacia adentro, á escepcion del último,
ó de los dos últimos ó de los ti'cs últimos molares — este
último caso se presenta solamente en el género Acrotlierium .
— 4í)5 —
(|ue es tanil)iea el (|ue se acerca mas de Adinotherium — el género
Adinotheriitm pi-eseata todos sus molares inferiores arqueados
inicia afuera, lo (¡ue conti-ihuye á dar al maxilar inferior un as-
|)cclo liastiiiite particular. VA lóbulo anterior de los verdaderos
Ululares presenta en el sentido antero-posterior una convexidad
muy pronunciada. Este lóljulo está también de diámetro trans-
vei-sa! i'clativamentc superior. Los verdaderos molares se reco-
nocen igualmente por su forma. La sección transversal de estos
diénteos se acerca al trapecio, en el cual los costados paralelos
corresponden al borde interior y posterior del diente. El borde
cstei-no y el borde interno del diente cori-esponden á los costados
no paralelos de ese trapecio; el costado que corresponde la
borde esterno es bastante mas largo que el que corresponde al
borde interno : y los ángulos obtusos de este trapecio están
opuestos en vez de estar adyacentes al mismo lado. El estre-
chamiento de la bóveda palatina en la í'egion anterior de los
maxilares, es también mucho mas acentuado en el género que
nos ocupa que en los otros.
No es aqui sitio ;'i propósito para insistir sobre otros carac-
teres distintos, y jiasaremos directamente á la enumeración de
las especies, sin detenernos sobre las que han sido fundadas por
el Sr. Ameghino, que son en número de cinco, las cuales todas
tienen su razón de existir, pero cuyos caracteres distintivos,
tales como figuran en la página 450 de la obra del citado autor
sobre los Mamíferos fósiles de la República Argentina, han sido
estal)lecidos de un modo muy poco escrupuloso.
Adinotherium magister amegh.
Adinotherium magister. Ameghino. Enitm. sistem. etc. p.
17 (1887). — Cont. al con. Mam. fos. etc., p. 450,
pl. XVII, fig. 7 (1889).
A mas de las piezas descritas por el señor Ameghino, posee
el Muse) de La Plata cinco cráneos, entre los cuales uno está
todavía en mejor estado de conservación, que el que sii-vió de
tipo al autor mencionado para fundar el género y la especie.
Posee igualmente un maxilar inferior incompleto, numerosos
fragmentos del maxilar inferior y del maxilar superior de mas
ó menos importancia, fragmentos del cráneo y dientes sueltos.
— 406 —
Estas piezas proceden de Monte León. En aljamas se ol>-
servan diferencias con el tipo de la especie. Sin embargo, no
hemos encontrado caracteres distintivos suficientes para moti-
var la creación de una nueva especie.
Haremos observar aquí que la especie que sirvió de tipo al
señor Ameghino, ha sufrido una depresión en el sentido verti-
cal, lo que dio lugar á una alteración de los caracteres de
ciertas regiones de este cráneo, alteración que el autor citado
no ha tenido en cuenta en la descripción que publicó de esta
pieza.
Adinotherium splendidum amegh.
Adinotherium splendidum. Ameghino. Loe. cit. p. 17 y
452, pl. XVI, f. 1 et 2.
Posee el Museo de La Plata, i'i mas de las piezas que sir-
vieron al señor Ameghino para establecer la especie, un gran
número de otras piezas (jue atribuimos á la misma especie,
procedentes de Monte León y de las costas del rio Santa Cruz.
Nos dispensamos de hacer aquí la enumeración do esas piezas.
Apcsar de lo que dice el señor Ameghino (véase loe. cit.),
el paladar es tan ancho como en Adinotha-ixmmagistcr, Amegh.
Las dimensiones que atribuye este autor al paladar no son na-
turales. Ha sido inducido en error este autor por la depresión
transversal que ha sufrido la pieza á la cual se refiere. Hubiera
podido dicho autor apercibirse de la alteración, sino sobre esta
pieza misma, al menos soljre el maxilar inferior, que atribuye
ú la especie que nos ocupa.
Adinotherium proximvim amegh.
Adinotherium liroxiinum. Ameghino. Loe. eit. ]). 17 }■ 453.
A mas de las piezas sobro las cuales ha sido establecida la
especie por el señor Ameghino, encierran las colecciones del
Museo de La Plata gran númei'o de piezas pertenecientes á
esta especie, de las cuales mencionaremos un cráneo incom-
pleto con el maxilar inferior del mismo individuo. Estas ¡¡iezas
han sido recogidas en Monte León y en las barrancas del rio
Santa Cruz.
Í0 7
Adinotherium ferum Ameíüi.
AiVinthcriitiii frniin Amh3!IIN0. Loe. cit. p. 18 y 4r)4.
A mas (lo liis piezns que liaa servido al señor Amegiiino
]iara fundar la especie, hemos encontrado en las colecciones
del ¡Museo de La Plata tres fragmentos de maxilares superio-
res, un maxilar inferior incompleto, un cráneo al cual le falla
la parte anterior y la parle posterior y algunos dientes sueltos.
Adinotlierium nitidum amegh.
AíUiiotltcrium nitidum. Amegh iNO. Loe. cit. p. 18 y 455.
A mas de la pieza que ha servido al señor Ameghino para
establecer la especie, posee el Museo de La Plata cuatro frag-
mentos de maxilar superior.
Adinotherium pulchrum mero. sj). nov.
l'-stablecemos esta especie sobre tres cráneos incompletos y
un fragmento de maxilar superior del lado izquierdo. Estas
piezas han sido descubiertas en las barrancas del rio Santa
Cruz.
Esta especie es de talla mas fuerte que todas las preceden-
tes del mismo género. Se reconoce por el último molar que es
do fuertes dimensiones, mientras los que siguen por adelante
son i-elativamente débiles. El pml se caracteriza por acciden-
tes análogos á los que hemos señalado en Xesodon. La cresta
anterior, sin embargo, es poco pronunciada, y el surco que la
separa de la arista constituida por el borde anlero-esterno, es
poco profundo. Esos accidentes se encuentran también en los
verdaderos molares, pero apenas está indicada la cresta ante-
rior, que es de superficie ancha y redondeada, y determina
s(il)ro la cara lateral esterna del diente una ondulación poco
iironunciada.
— 408 —
Hé aquí las dimensiones de los dientes:
Los diústemas que separan los dientes comprendidos entre
pml é \1 aumentan del uno al otro, yendo de atrás hacia ade-
lante. La loniiitud del espacio ocupado por la serie de los
cinco últimos molares es de 108; pml, pml, el y ü, ocuiian
un espacio que mide 37.
Adinotherium silvaticum (amegh. i merc
PJiobereoflien'iim silvaticum. Ameghino. Loe. cit. ]>. 10
y ^'^~- ■'
El señor Ameghino ha estal)lec¡do la especie sobre la parte
anterior del intermaxilar izquierdo, á la cual le sigue el frag-
mento del maxilar.
Si este autor se hubiera dado la pena de abrir la parte
correspondiente de un Adinotherium y se hubiera fijado sobre
el modo de implantación de ü, sobre la dirección t[ue toma la
raíz de este diente, sin duda hubiera dicho autor llegado á
la conclusión que el il ha existido sobre el ejemplar que le ha
servido de tipo, y no se hubiera atrevido á fundar un gtjnero
nuevo que designa bajo el nombre de Phohcreotheviii»i, estable-
cido sobre el único carácter en que este animal se acerca al
Adinotheriinn, pero que « se distingue de él por la ausencia del
par de incisivos intermediarios superiores (ü) ». (Véase loe. cit.)
Verdad es que no hay vestigios de ü en el ejemplar á (¡ue
se refiere el señor Ameghino, por el motivo que le falta á este
ejemplar la parte donde estaba implantado este diente. Esa
parte se ha destacado según un plano situado un poco mas
arriba del borde alveolario de ü.
Proponemos, pues, la radiación del género Fhohcreothcrium,
Amegh., y la incorporación de la especie por la cual había
sido creado en el género Adinotheriinn Ameeh.
— 409 —
A mas ele la ])ieza de la cual acabamos de hablar, posee
el Museo de La Plata las siguientes : — la parte anterior de
dos cráneos, — dientes pertenecientes al mismo individuo que
la pieza, la mas completa que acabamos de citar; — la parte
anterior del intermaxilar izquierdo, en el cual i-1 está en su
sitio, y los alveolos de ii y il están intactos; — y un frag-
mento de la rama izquierda del maxilar inferior. Estas piezas
han sido descubiertas en Monte León y en las barrancas del
lio Santa Cruz.
Esta especie nos parece haber tenido mas ó menos la talla
de Adinotlieriimi jmlchrum Mere. Los accidentes que hemos
señalado en los dientes de Kesodon, están mejor indicados que
en la especie que precede. Ya están distintos sobre el pmiL-
Sobre pmi la cresta anterior se distingue muy bien de la
arista constituida por el borde antero-esterno. A mas de eso.
solire los tres últimos premolares, la arista que corresponde á
la cresta anterior de la cara lateral esterna en los dientes de
Nesodon, es mas elevada que en todas las especies que nos son
conocidas del género Adinotherium.
Los dientes de la mandíbula superior nos suministran las
siguientes dimensiones :
La longitud del espacio ocupado por jim '■:'-. pm?-. pmly m'.
es de 00. La distancia entre el borde posterior de mi y el
borde anterior de iV, mide 115.
Hé aquí las dimensiones de los dientes inferiores:
— 410
Adinotherium antiquum merc. sp. nov.
Esta espeeie está representada por los maxilares superiores
y los intermaxilares de seis individuos. Dos de esas piezas
proceden de Monte León, y las otras de las bai-i-ancas del rio
Santa Cruz.
Esta especie ha sido de talla un iioco mayor tjue Adinotlic-
riitm pidchrum, de la cual difiere por el último molar (pie no es
tan fuerte, y por los molares que lo siguen por adelante, rela-
tivamente mucho mas fuertes. Los accidentes cjue hemos se-
ñalado en los dientes de Adinotherium pulchrum, se encuentran
igualmente en los dientes de la especie que nos ocupa ; pero
están todavía menos acentuados.
Siguen las dimensiones de los dientes:
La longitnd del espacio ocupado por la serie de los seis
últimos molares superiores, es de 109.
Adinotherium Kobyi merc. sp. nov.
Fundamos la especie sobre un cráneo imperfecto y cuatro
fi'agmentos de maxilares superiores procedentes de Monte León.
Esta espeeie ha sido de mayor talla ([ue Adinotlierium via-
gister Amegh., y se acerca á A. splendidnni por los caracteres
particulares de los dientes. Ditiere de las especies que acabamos
de citar, por el último molar que es relativamente mas fuerte,
mientras los molares que la preceden son mas débiles. Sobre
pmj, los accidentes (jue caracterizan los dientes de Nesodon,
— 411 —
constituyen igualmente una columna mas ancha y mas elevada
(jue en esas especies, y el surco cjue se ohserva sobre esa co-
lumna entre la arista y la cresta (juc constituyen, está mejor
indicado que en A. spleiididum, sin estar tan bien marcado coma
en Á. inüíjister.
En los otros molares, á escepcion del último molai', esds
accidentes constituyen una columna bastante elevada de su[)er-
ficie bien redondeada.
En Adinoihcrium Kohyi las piezas frontales envían, como es
el caso en varias especies de los géneros Nesotherium, Protoxo-
ílon y Adelphofhcriiíin, un iirolongamiento triangular entre los
huesos nasales. Es hasta aliora el primer caso que hemos po-
dido descubrir entre el género Adinotherium.
Hé aquí las dimensiones relativas á los dientes :
Gen. Nesotherium Merc. g. nov,
ToxodoH. MoRE.NO. Patagoida, etc. p. 23 (1882).
Protoxodon. Ameiuhxo. Observ. gen. etc. p. (32 (1887). —
EiiHin. sisfeiii. etc. p. 10 ( 1887). ^Co//í. al con. Main.
jos. etc. p. 443 (188'J).
►
Los géneros yesoiheriuin, Protoxodon y Adelphotheriuní de la
familia de los Protoxodon tidac tienen el cráneo construido sobi-e
el tipo que ha dado á conocer el Sr. Ameghixo del género Adi-
notherinm. Presenta sin embargo grandes diferencias en su
conformación general. El riquísimo material que hemos estu-
diado ya, no nos permite todavía establecer de una manera
detínitiva los caracteres distintos de los géneros mencionados.
— 412 —
Kn estos tres génerus los molai-es inferiores estiin lii-i-ndi-
culados como en los demás Protoxodontidae.
Están encorvados por adentro, á escepcion del último molar
que solo está encorvado por afuera. Hemos observado, en algunos
casos, que el liibulo anterior del último molar participa todavía
del modo de encorvación de los molares que le preceden.
Los caracteres distintivos del género Xcsotheriam en conqja-
ración á los géneros Protoxodon y Adelphotherium, cjue podemos
adelantar poi- el momento, se relacionan únicamente á la denti-
ción.
La fórmulii dentaria es : i -3- c y pm ~ m |-.
Los molares aumentan de diámetro antero-posterior desde
el primero al último. El último morar no tiene diámetro antero-
posterior mucho mas fuerte que el molar que le precede. Los
molares inferiores presentan un diámetro transversal, que es
relativamente mucho mas inferior al que presentan esos dientes
en Protoxodon.
La sección transversal de los verdaderos molares superiores
es un cuadrilátero irregular. El i i tiene la cara antero-esterna
en forma de triángulo cuya base corresponde al borde antero-
esterno de la superficie de masticación.
En todos los cráneos que hemos estudiado de este génei'o,
las piezas frontales en\'ían un prolongamiento triangular entre
los huesos nasales. Este carácter, sin embargo, no nos parece
hasta ahorca, tener el valor de cai'ácter genérico.
Nesotherium carinatum meri . sp. nov.
Esta especie está representada por un cráneo con el maxilar
inferior incompleto del mismo individuo, recojido en las bar-
rancas del rio Santa Cruz.
Este animal ha sido de mayor lamañn que Xcsodon l/if'/o-
cattts (Amegh.).
La cara antero-iníerior de la sínfisis del maxilar inferior,
])i'esenta en la línea mediana una carena mejor acentuada que
en las demás especies del mismo género. Se observa sobre este
maxilar tres agujeros mentonianos : el ]irimero debajo del ¡mi ,.
el segundo debajo del lóbulo anterior del pm 3, y el tercero
debajo del lóbulo correspondiente del m 1 .
— 413 —
Los uccidcutes que se encuentran en los molares de Nesodon
están bastante bien pronunciados sobre el pm i . Se observan
i.uuolmente sobre pm A y sobre los verdaderos molares; pero
en esos últimos dientes, la cresta anterior es ancha, redon-
deada y poco elevada.
Las dimensiones relativas á los dientes su|>eriores son las
siijuientes :
Sii^uen
limensiones rclotivos á los dientes inferiores :
I>iáun'tio uutcro-postcrior
l'iáinetro transvt-i'sal, lomadü solire eí lóbulo aui»_'iiuj
\'.\ mismo, tomado sobro ol lóbulo postorior
Alturn
l'^l espacio ocupatlo ¡¡or la serie de los cinco últimos mola-
res interiores es de 132, yelocujiado por los molares superiores
de 1-íG. La altura del maxilar inferior al nivel de pm t es de
7(1, y al nivel de m ij es de 76. La longitud del cráneo entre el
borde posterior de los cóndilos occipitales y la cara anterior de
i y es de 364. La depresión considerable sufrida por este cráneo
nos impide dar otras dimensiones.
Nesotherium Studeri mer.
p. nov.
Establecemos la especie sobre un cráneo y el maxilar infe-
rior del mismo individuo en buen estado de conservación', y
descubiertos en las barrancas del rio Santa Cruz. Atribuimos
— 414 —
ú esta misma especie seis fragmentos del maxilar infei-ior,
procedentes de los mismos parajes.
Esta especie ha sido de talla un poco mayor que la precedente.
Los accidentes que caractei'izan los dientes de JScsodoii no
están tan bien indicados como en Xesotherium carinatum Mere.
Hé aquí las dimensiones de los dientes superiores :
ICI maxilai- inferior no es tan fuerte tampoco. Los orificios
dentarios son mas pequeños también. Están igualmente en
número de tres, el primero debajo del pniT, el segundo del)aj(i
del pm2", y el tercero debajo del lóbulo posterior del pm 4 .
Los dientes inferiores nos suministran las dimensiones (pie
Hé aquí las princijiales dimensiones referentes al cráneo:
Longitud del cráneo entre el Ijorde postei-ior de los
cóndilos occipitales y el borde incisivo .... 33'.t
Longitud del mismo entre el borde posterior del m'± y
el lioi'de incisivo 208
Altura del mi^mo, tomada entre el jjordc supei-ior del
foramen occipital y la cresta occijiital 129
Diámetro transversal entre los bordes esteriores de los
cóndilos occipitales 91
Diámetro transversal del foramen occipital 39
Diámetro vertical del mismo 24
— íir) —
Diámetro transversal del cráneo,, tomado solji-e los ex-
occipitales 18G
Kl mismo tomado al nivel de la fosa glenoidal. . . . . . . 23G
El mismo tomado sobre los apófisis cigomáticos. al
nivel de m J^ :211
l'll mismo, tomado al ni\"el de m ^- 151
» » mi 108
» » mi 77
» » ]im i .'">7
» » i il C>í
)) » i 1 (VJ
Distancia transversal entre los agujeros sub-orbitarios. 72
Altura del cráneo, tomada al nivel del m -? 15.")
Longitud del espacio ocupado por la serie de los cinco
últimos molares 128
Longitud del diástema entre civil 9
» il vil 11
» » Jim 1 y c i ... 8
» » '^ r >■ i 3" 1 ' '
Altura del maxilar inferior, al nivel de ms-.. 72
La misma al nivel de pm r ''2
Longitud de la sínfisis de las ramas del maxilar infe-
rim- ' 77
Nesotherium elegans merc. sp. nov.
Fundamos la especie sobre un maxilar inferior incompleto
descubierto en las barrancas del rio Santa Cruz.
El maxilar inferior presenta mas ó menos las mismas di-
mensiones que en Nesotherium rarinaium Mere, pero diliere de
él i)or la carena del borde antero-infcrior de la sinñsis que no
es tan elevada, por los boi'des laterales determinados por los
alveolos del i 1 que son menos prominentes, y por la sínfisis
que sobrepasa el nivel del pm ±, mientras en las dos especies
pi'ecedentes no llega al nivel de este diente. Los agujeros men-
tonianos también son en número de tres : el primero se halla
debajo del lóbulo anterior del pm y, el segundo debajo del
lóljulo correspondiente del pm ir, y el tercero al nivel del borde
posterior del pm i. El diástema que separa pm í de c y es muy
— 416 —
reducido. Las dimensiones relativas á los dientes también pre-
sentan diferencias con las de Nesotlicrinm carinatum Mere.
SiiíLien esas dimensiones:
El espacio ocupado por la serie de los seis primeros mola-
res, mide 111. La altura del maxilar al nivel del pm ^ es de 72,
y al nivel del m t de 70.
Nesotherium rufum merc. si), nov.
Designamos la especie sobre un fragmento de la i-uma de-
recha de un maxilar inferior, recogido en las bai-rancas del rio
Santa Cruz.
Por su forma, este fragmento nos recuerda jScsotlierium cari-
natum Mere. La sinfisis llega al nivel del borde posterior del
pm 7, es decir que se prolonga mas atrás que en las especies
ya mencionadas de este género. La j)Osicion de los orificios
dentarios es también muy diferente. El primero se halla al
nivel del pm -?, el .segundo al nivel del borde posterior del
pm "4, y el tercero al nivel del m y- Difieren también las dimen-
siones relativas ú los dientes:
Diámetro aiitero-posterior - .
Diámetro transversal, tomado sobre el lóbulo anterior .
Kl mismo, tomado sobre el- lóbulo posterior
12
. I
14
11
11,3
18
11
19
El espacio ocupado por estos molares, mide 01 : la altura
del maxilar, tomada al nivel del pm y, es de 09.
417 —
Nesotherium pata^onense (mor.) mkrc.
Tüxodou patagoiiaisis. Moreno. Patagoiiia, etc. p. 23 (1883).
Protoxodon patagonensis . A.meühino. Observ. gen. etc., p.
G2 {i881).—E?ium. sistem. etc. p. 16. (1887).
Protoxodon Sulivani. Ameghino. Coiit. al cont. Mam. fos..
etc. p. 443; pl. XVII, f. G (1889).
Las pieza.s que el señor Ameghino, en su obra sobre ¡os
Mamíferos fósiles de la República Argentina atribuye á Protoxodon
Sulivani ( Owen ), y que son de propiedad del Museo de La
Plata, no corresponden á la especie establecida por Owen, á
escepcion do un .solo fragmento del maxilar inferior.
Owen ha fundado la especie (Nesodon Sulivani) que acaba-
mos de mencionar, sobre fragmentos de molares del maxilar
inferior. Posee el Museo de La Plata un cráneo mas ó menos
perfecto, con el maxilar inferior perteneciente al mismo individuo,
cuyos dientes corresponden exactamente á la descripción dada por
el autor mencionado (1) así como á las figuras publicadas por
el mismo. Esta especié pertenece al género Protoxodon Amegli.,
tomando como tipo del género la especie mejor establecida put-
ei autor del género, Protoxodon niarmoratus Amegh.
Entre las piezas atribuidas por el señor Ameghino á la espe-
cie establecida por Owen, Nesodon Sulivani, y que aquel autor
describe bajo el nombre de Protoxodon Sulivani, — la parte ante-
rior de un cráneo pertenece al género Adelphotherium (A. luta-
rium), — los fragmentos de maxilares superiores, de los cuales
uno de ellos está figurado (Ameghino, Loe. cit., pl. XVII, fig. 6j,
pei'tecen á Nesotlierium patagonensc, — y de los otros dos frag-
mentos del maxilar inferior, que hemos encontrado en las
colecciones del Museo de La Plata, provistos de las mismas eti-
quetas que las piezas que acabamos de mencionar, el uno con
el último molar imperfecto pertenece a Nesotherium argentinmn,
el otro con el último molar imperfecto también, pertenece á
Protoxodon, Sulivani (Owen) Amegh.
Eso dicho, llegamos á la especie (¡ue .nos ocupa, represen-
(11 Owen. Dexeviplion of soine sjhtíc.i of thc extinct ¡jo.mts Nc.-iodon, ote,
Phil. Trans, 1853; 4°: p. 304, pl. XVI 1, í. 15, 10 á 17.
— iis —
tada por dos íVagmsnto? de maxilares superiores, el uno del
lado derecho y el otro del lado izquierdo del mismo individuo,
y dientes sueltos. Estas piezas han sido descubiertas en las
barrancas del rio Santa Cruz. El fragmento de maxilar del
lado izquierdo, como ya lo hemos dicho mas arriba, está figu-
rado por el señor Ameghino (véase loe. cit., pi. XVII, fig. G i.
pero de una manera poco exacta.
En el ])mi, los accidentes ([ue caracterizan la cara lateral
de los molares de Xesodon, estitn indicad(js. pero son menos
acentuados todavía que en las especies ya mencionadas del
género Nesoikeríum. En los verdaderos molares, la cresta ante-
rior está claramente marcada, por una emineni'ia poco elevada
y en forma de hilo, que permite distinguir con facilidad esta
especie de las otras del mismo género.
Siguen las dimensiones que se refieren á los dientes:
J'i;hiietio niitcro-iiosffrior, tomíido sotir*' oí I)ord*' rstoruo .
El mismo, tomado sobre el bordo iütorno
r>i;imetro trausvorsal, tomado sobre oí bordo autoro-iiitoruo.
El mismo, tomado snbi-o ol liordo post^-rior
37 38
23 ■ 17,5
32 I 28
17 13.7
La longitud del esiiacio ocupado por los cuatro últimos mo-
lares, es de 122.
Creemos poder atriljuir á esta misma especie un maxilar
inferior en perfecto estado de conservación, pi'ocedente de las
barrancas del i'io Santa Cruz, así como la rama derecha im-
perfecta de un maxilar inferior recogida en Monte León.
Hé aquí las dimensiones que se refieren á la primera de
esas piezas, |ii'inci|jiando poi' las de los dientes:
Longitud <lel espocio' ocujiado jior los siete molai'es. 175
Longitud del espacio entre el borde posterior del nis^y
el borde incisivo .... 215
- il!) —
Dii'istemí oiili-e \nr\ t y o r ,5.5
» » c r y Í3- 3
Distiincia en línea recta de la extremidad del apófi-
sis coronoideo á la estremidad del i ^ 278
La misma, tomada del borde posterior del cí'mdild á
la estremidad del i -3 340
La misma, tomada del Ijonle postei'ior del crmdilo
al l.)orde alveolario anterior del ma" 198
La misma, entre la estremidad del apófisis coronoi-
deo y el borde posterior del cóndilo 78
Altura del maxilar, tomada sobre el apófisis coro-
noideo 213
La misma, inmediatamente detrás del nio 94
>' al nivel del m^ 82
» » pm^ 77
Longitud de la sínfisis 97
Diámetro transversal del maxilar al nivel del nig-... 122
<> » » pmr- ■ 80
" » » cr. . • • 74
Nesotherium turgidum merc sp. no\'.
Esta especie está representada por un cráneo y el maxilar
inferior de un mismo individuo. Estas piezas pi'oceden de Monte
León. Desgraciadamente están reducidas á pedazos, de tal ma-
nera, que solo se pueden estudiar los fragmentos siguientes:
la parte nasal, el i)remaxilar, los maxilares superiores y i ■'' del
lado derecho.
Esta especie nos parece de talla intermediaria entre Kcsofhc-
riiiin Studeri y N. pafago7ie»se.
Se reconoce por las dimensiones relativas de los dientes,
piir los accidentes que caracterizan los molares de Nesodon, me-
nos pronunciados aún que en Nesotherium Studeri, al menos
sobre m i que es el único verdadero molar que presenta su
cara lateral esterna intacta. En los premolares estos accidentes
no están indicados ; la cresta anterior sobre esos dientes se
confunde con la arista constituida por el borde antero-esterno.
de manera á presentar una columna bastante angosta y poco
elevada.
— 420 —
Las dimensiones que se refieren á los dientes, son :
Diñiuctro autero-postcrior, toniníío sobre el
bordo esteruo >
El mismo, tomado sobre el borde iuterno .'
I>Í;Íuietro transversal, tomado sobre el borde
autero-iuterno
El mismo, tomado sobre el borde posterior.
18,5
El espacio ocupado por los cinco últimos molares, mide 13G.
El diámetro transversal del cráneo al nivel de il es de 64.
Nesotherium rutilum merc. sj). no\'.
La especie está representada por los cuatro últimos molares
superiores del lado derecho y del lado izquierdo de un mismo
individuo. Atribuimos á la misma especie cinco fragmentos de
maxilar inferior procedentes de Monte León, como las otras
piezas.
Es de mayor talla cjue Nesotherium patagonense. Los acciden-
tes que caracterizan los molares de Nesodon se distinguen en
pmi, donde no están tan claramente indicados como en la
mencionada especie. En los verdaderos molares, estos acciden-
tes son perceptibles aún, \)Cyo menos que en Nesothcriuní titr-
(jiiliDii Merc.
Las dimensiones que se retiei'en á los dientes son :
La longitud del espacio ocupado por los cuatro últimos
molares superiores es de 138. La altura del maxilar inferior,
ni nivel del m^, mide 83, v ai nivel de mr, 77.
— 421 -
Nesotherium argentinum merc. s)
sil. 1|M\-.
establecemos la especie sobre las piezas siguientes: — un ci'á-
neo comi)leto con el maxilar inferior del mismo individuo, en
bastante buen estado de conservación : — las mismas piezas de
otro individuo, pero fragmentadas, con el epistrofeo del mismo; —
otros dos cráneos incompletos; — diez fragmentos de los maxi-
lares superiores; — y cinco fragmentos del maxilar inferior.
Estas piezas han sido descul:>iertas en Monte León y en las
barrancas del rio Santa Cruz.
Esta especie nos pai-ece de talla un poco menor de la de
Protoxodon marmoratus Amegh. Está muy i)ien caracterizada
por sus verdaderos molares superiores, en los cuales no se ob-
serva ninguna traza mas de la cresta anterior tan característica
de la cara lateral esterna de los molares de Nesodon. En los
premolares superiores, esta cresta está confundida con la arista
constituida ])or el borde antero-esterno del diente, para formar
una columna bien marcada, bastante estrecha y no muy promi-
nente. Se distingue, sin embargo, sobre la columna del pmi,
un surco rudimentario.
Siguen las dimensiones del cráneo principiando por los
dientes :
Diámetro antero-posterior, tomado sobre el borde es-
teruo .20
El mismo sobre el borde interno ¡12,7
Di:ímetro transversal, tomado sobro el borde antero- 1
interno 1'">,G [
V-\ misnin, tmn.ndo sobre el borde poiíterior 11) )
Altura. . 32 I
18
45
3 4
PM — |PM —
II 2' 3
M — M— M —
18
21
20
17,ó
29
19
21,5
21
19
29
21 30 ' 39 52,8
21,5 23 27,7 29
38 38,5.35,3
25 i 21 17
30 I 30 20
Longitud del cráneo entre el borde posterior de los
cóndilos occipitales y el borde incisivo 4(33
Longitud tomada entre el borde posterior del mi y el
borde incisivo 207
Altura del cráneo tomada entre el Ijorde superior del
foramen occipital y la cresta ocoiiñtal 139
Diámetro transversal entre los bordes estemos de los
cóndilos occipitales 107
— -i22 -
Diámetro transversal del foramen occij)ilal 45
» vorticul del mism< > 25
Diámetro transversal del ci'áneo, tomado sobre los occi-
pitales 2±2
El mismo, tomado al nivel de la tosa glenoidal 271
El mismo, tomado sobre los apólisis cigomáticos, al
nivel del borde posterior del mi 22'.»
El mismo tomado al nivel del mi • 103
I) » ni— 122
)) )) pml' 90
)) » pml 75
» I) il 70
)) » i?- 74
Distancia transversal entre los agujeros sub-orbitarios. 96
Longitud del espacio ocupado por la serie de los siete
molares superiores 190
Longitud del diástema entre pmi- y c' 3
» » c- y i? 15
» » i5- y i' 14
El maxilar inferior nos suministra las siguientes dimensio-
nes, principiando por los dientes:
Longitud del espacio ocui>ado por la serie de los siete
molares y del canino 209
Longitud del espacio entre el borde posterior del mg- y
el borde incisivo 234
Diástema entre cr y ig 8
Distancia tomada en linea recta entre el borde poste-
rior del cóndilo y la estrcmidad del i g 380
Mayor lai'go del maxilar 405
Altura tomada solare el cóndilo 193
La misma, tomada inmediatamente detrás del mg . . . . 90
» » al nivel del m-j 78
» )) » [)m y, 73
Longitud de la sínfisis 90
Diiimetro transversal al nivel de nis 12.")
1) » » i'vnj 81
)) » » ct "í^^
Nesotherium Nehringi merc. sp. no\-.
Fundamos la especie sobre un cráneo bien conservado, cua-
tro fragmentos de la parte anterior' del cráneo, un maxilar
interior en buen estado de conservación, otros dos maxilares
interiores incompletos y diez fragmentos del maxilar inferior.
I'lstas piezas proceden casi todas de Monte León. Los dos ma-
xilares inferiores incompletos han sido descubiertos en las
iiarrancas del rio Santa Cruz. Esta especie ha sido de mayor
tamaño que la precedente.
El cráneo no tiene implantados sino los dientes siguientes :
pmi del lado izquierdo, y d, ü y i- del lado dereclio. Pnii-
presenta la columna anterior de la cara lateral esterna, bien
redondeada, elevada y ancha. El mismo carácter se presenta
sobre los otros premolares que nos ofrece á estudiar una de
las piezas arriba mencionadas.
Siguen las dimensiones que nos suministra el cráneo, prin-
cipiando por los dientes:
Longitud del cráneo, tomada entre el borde posterior
de los cóndilos occipitales y el borde incisivo 408
Longitud tomada entre el borde posterior de mi y el
liorde incisivo 203
Diámetro transversal del cráneo tomado al nivel de la
fosa glenoidal 272
El mismo, tomado sobre los apófisis cigomáticos, al
— 424 —
nivel del liorde ¡losterior del mi 249
Distancia transversal entre los agujeros sub-orbitarios. 92
Longitud del espacio ocupado por la serie de los siete
molares superiores y el 202
Longitud del diástema entre d y 11 19
» » i- y i^ 13
Las dimensiones tomadas sobre el maxilar inferior, son las
siguientes:
Longitud del espacio ocupado por los siete molares y
el canino 207
Longitud del espacio entre el borde posterior de ms y
el borde incisivo 237
Diástema entre cr \' i 3 4
Distancia tomada en línea recta entre el borde poste-
rior del cóndilo y la cstrcmidad de i^ 380
Mayor largo del maxilar 407
Altura del maxilar tomada sobre el cóndilo 203
» )) inmediatamente atrás de ms. 97
» » :i\ nivel de my
» ') " l>my
Longitud de la sinfisis
Diámetro transversal al
8C)
93
OS
130
88
nivel de ni;!
» I) ] >mT
» » Ci 72
El maxilar inferior es mas fuerte que en Ncsothcrium argen-
finum Mere. La po^^icion de los orificios dentarios es tamlncn
muy diferente. En Xesotheríu»/ argcntiniim, se observa un gran
agujero acompañado de otro mas pequeño debajo de pm.j, y
un tercero al nivel de mr- l'^n la especie que nos ocupa, los
orificios dentai'ios son también en número de tres, de diihne-
tros respectivamente iguales, y teniendo la misma posición re-
lativa, con escepcion del segundo, que se encuentra al nivel
del borde antei'ini' del ¡mu.
Nesotherium Burmeisteri. merp. sp. noA'.
Esta especie csiá i'epi'esentiida por dos cráneos incompletos,
l)ei'o enti'e los cuales uno de ellos jiresenta toda la dentadura
del lado derecho. Estas piezas proceden de Monte León.
Esta especie es de talla un poco mayor que la de Xcsothc-
rium Nehringí Mere. Difiere de esta última por la columna
antero-esterna de pm*-, menos elevada y bastante mas ancha,
y por la presencia de un diástema entre pml y pml, y entre
pm^- y c' . Sobre los pm^, pm?. y pmi-, esta la columna antero-
esterna l)ien indicada y ancha. Está también indicada e.sa co-
lumna sobre los verdaderos molares, pero jioco elevada y dis-
minuyendo de ancho del primero al último.
Los dientes nos suministran las siguientes dimensiones:
El espacio ocupado por los siete molares es de 193. La dis-
tancia entre el borde posterior de mil y la cara anterior de ü.
mide 286. El diástema entre pml y pml, mide G; entre pmly
ci, 10; entre el y ü, 7, y entre ü v ü, 18.
Observación relativa á otras dos especies j^robables del género Ne-
sotherium. — Posee el Museo de La Plata, á mas del material
ya enumerado, dos cráneos incompletos y otros fragmentos de
cráneos y de maxilares del género Nesotherium, los cuales nos
parecen referirse á dos especies diferentes de las mencionadas.
Desgraciadamente, esas piezas se encuentran en un estado de
conservación tal, que no nos es posible descubrir en ellas ca-
racteres que nos autoricen por el momento á publicar esas
especies.
426
Gen. Protoxodon Amegu.
Nesodoii. OwEN. Rep. of t. Brit. Assoc, p. G7 (1846). —
Desc. of .S-. sp. of t. ext. ¡jen. Xcsodon, etc. Phil. Ti'aiis.
p. 304, pl. XVIII, fig. 15, 16, 17 (1853).
Protoxodon. Ameghin'o. — Observ. gen. etc., p. 62, (1887).
— Eniim. sistcni. etc. j). 16, (1887). — Cont. al con.
Mam. füs., etc., p. 440, (1889).
GronotJtcn'inn. Ameghino. — Enum. ■■^ist. etc., p. 17.
(1887). — Cunt. al con. Mam. fós. etc., p. 460 (1880),
El señor Ameghino, en el cuadro analítico de los géneros de
la familia de los Protoxodontidae, en su obra sobre los Mamífe-
ros fósiles de la Bepítblica Argentina (véase ji. 440), dá como ca-
rácter distintivo de los géneros Protoxodon y Adinotherium , el
hecho de que \ resentase aquel los dos primeros premolares
inferiores uni-radiculados, mientras en el segundo, el primer
¡¡remolar inferior solo esti'i uni-radiculado. Este carácter de dis-
tinción no está fundado. Todos los Protoxodontidae que conocemos
hasta ahora, tienen el primer premolar inferior uni-radiculado,
y el segundo bi-radiculado. En cuanto al mismo género Proto-
xodon, el señor Ameghino está en contradicción consigo mismo.
En la página 442 de la obra mencionada, al dar los caracter^-s
del género Protoxodon, después de haber descripto el primer pre-
molar inferior, se lee esta frase: «Los premolares (|ue siguen
presentan todos dos raíces sepai'adas, una adelante y otra atrás,
y aumentan sucesivamente de tamaño del pm 2~ al pmx».
En este mismo cuadro analítico se vé que el género Grono-
therium eslá establecido sobi'e el hecho de presentar los molares
inferiores de base abierta y encorvados hacia afuera.
Ya hemos discutido suficientemente el valor de esos carac-
teres, y á mas sabemos (juc entre los géneros conocidos hastn
ahora de la familia de los Protoxodontidae, el género Adiinjtltc-
ñiim solo tiene los molares inferiores encorvados h;icia afuera.
Las dos piezas (jue han servido de tipo al señor Ameghino
para fundar el género GronotJierium, y que son de proi)iedad del
Museo de La Plata, presentan los molares encorvados hacia
adentro y no hacia afuera. El hecho, á mas, i'csulta de la des-
cripción misma que ha dado de esas piezas el señor Ameghino
(véase loe. cit. p. 460), donde leemos esla frase: «Animal de
i
— VM —
talhi considoraljle, bastante parecidí^ ú Froto.rodon, del ([uo >l'
distingue \)Ov sus verdaderos molares inferiores, mas pareci-
dos á los de Toxodon, de base eom|)letamcnte abierta y lige-
ramente arqueados hacia adentro».
Auníjue el señor Anikciiino pretende en esa misma des-
cripción del Groiiotheriniii (|ue las piezas que le han servido
de tipo proceden de individuos comi)letamente adultos, tene-
mos que declarar que las piezas de comparación, bastante
numerosas, que hemos examinado, nos iraen á una interpre-
tación muy diferente, que nos conduce á considerar las piezas
que han servido de tipo al señor Ameghino, como proceden-
tes de individuos relativamente jóvenes, la mejor conservada
sobre todo. Es precisamente este hecho que induce al citado
autor á encontrar en los verdaderos molares mas parecido
con el género Tojcodon r[ue con el género Protoxodon.
El surco que señala el señor Ameghino sobre la cara late-
ral interna de mr, se encuentra en todos los verdaderos mo-
lares de Protoxodontidae, procedentes de individuos jóvenes aun,
y desaparece pi'onto cuando el diente ha llegado á cierto
grado de desgaste. Mas, liaremos ol)servar (|ue este accidente
no está acentuado en tal grado para podei'Io designar con
el calificativo de surco. Suponemos que el señor Ameghino lo
habrá designado con .este nombre para establecer un carácter
de transición aparente con el género Bhadinotlierium, que, como
lo hemos demostrado, es un Nesodon, y para llegar de esta
manera á incluir el género Colpodou en la familia de los Pro-
toxodontidae.
En cuanto al modo de encorvacion de los dientes, si se
hubiera tomado el señor Ameghino la molestia de comparar
esas piezas con las que !e han servido de tipo para fundar
Protoxodon marmoratus, (¡ue son igualmente de propiedad del
Museo de La Plata, se habría apercibido este señor que no
hay á este respecto ninguna diferencia entre las unas y las
otras.
Lo mismo sucede respecto á la foi-ma general de los dien
tes, teniendo en cuenta la edad poco avanzada del individuo del
cual procede la pieza, en la cual se hallan implantados los dos
primeros verdaderos molares, atribuida por el señor Ameghino al
género Gronotherium.
En lo dicho creemos haber demostrado suficientemente la
imposibilidad de conservar el género Gronotherium.
Los caracteres distintivos que hemos podido observar liasta
aliora del género Protoxodon, y que permiten distinguirlo de los
— 428 —
géneros hesotherium y Adelphotheiium, se refieren esclusivamente
á la dentición.
La formula dentaria es: ig, cj, pm^. m 3 . El último mo-
lar se distingue del de los géneros Nesothcriuin y Adcíphoflie-
r/iuii \)0V su diámetro anlero- posterior, relativamente muy
fuerte. Los otros molares, en comparación á los de los géneros
citados, tienen el diámetro antero-posterior relativamente mucho
menor, y aumentando también del primero al último. El diá-
metro transversal de las molares en Frotoxodon es relativa-
mente mucho mas fuerte que en Nesotheriinn y Adclphotlieriitm.
La sección transversal de los verdaderos molares superiores nos
recuerda el género Adinolheriuni : los ángulos obtusos del tra-
pecio, son, sin embargo, mas abiertos. El ü, por su forma,
es parecido al de J\esotheriu))i.
En cuanto al modo de articulación de las piezas frontales
con los huesos nasales, se observa en la mayoría de los
casos un prolongamiento triangular de los frontales entre los
huesos nasales, como lo hemos señalado ya en los géneros
Adinotherium y NesotheriiDn. En algunas especies este prolon-
gamiento es mas acentuado que en los géneros citados, mien-
tras en otras falla ese prolongamiento, y la sutura de los fron-
tales con los nasales es transversal.
Apesar de lo que dice el señor Ameghino (véase loe. cit,
p. 442), tanto sobre los ejemplares que han servido á este
autor, como sobre los que han venido después á aumentar
las colecciones del Museo de La Plata, las suturas de los hue-
sos lagrimales son perfectamente visibles.
Nuevos materiales nos permitirán sin duda descubrir toda-
vía otros caracteres distintivos entre los géneros Nesotherium,
Frotoxodon y Adelphotherium.
Protoxodon evidens .verc sp. nov.
La especie está representada por dos cráneos incompletos
procedentes de las barrancas del rio Santa Cruz.
En cuanto á la talla y á los caracteres específicos de los
dientes, es esta especie, por el género Protoxodon, la especie
homologa de Nesotherium carínatum por el género Nesotherium.
— 42 i) —
Lns dimensiones de los dientes son las siguientes
Ati'iliuimos á la misma especie, con las i'eservas del caso,
un maxilar interior incompleto, recojido también en las bar-
rancas del rio Santa Cruz, y soljre el cual no se apercilien
mas que dos agujeros mentonianos, el primero deliajo de
pmr, y el segundo debajo del li'ibido aatei-ior del nif. La
altura del maxilar al nivel de nía" es de 70, y al nivel de i)mx,
do 07. Kl diitmetro antero-posterior de los molares, tomado
al nivel del borde alveolario, es sucesivamente, del primero
al último, 5, O, 12, 17, 21, 20, 52.
Protoxodon clemens
sp. nov.
Fundamos la especie sobre un cráneo incompleto y sobre
tres fragmentos del maxilar interior, descubiertos en las bar-
rancas del rio Santa Cruz.
Por lo que se refiere á la talla y á los caracteres especí-
ficos de los dientes, es esta especie por el género Protoxodon,
la espei-ie liomóloga de Nesotherittm Sliideri, por el género .A-e-
sotheriuin.
Siguen las dimensiones de los dientes:
— 430 —
Protoxodon conspurcatus amegh.
Protoxodou cijiispurcutus. Ameghino. Euion. siston.. etc.
\). Hi ( 1S87 ). — Vont. al con. Mmit . fos., etc.. p.
445 ( 188',)).
A mas de la ]iieza (jue ha servido de lipo al señor Ameghi-
no, y que es de propiedad del Museo de La Plata, posee este
establecimiento un it/hioo incompleto, la |iarte mediana fie otros
dos cráneos, un maxilar inferior iz([uierdo y un fraí^inento del
mismo iiueso del lado derecho. Mstas |)iezas [¡roceden tle las
Iiarrancas del rio Santa Cruz.
Atribuimos á la misma especie, con las i-oservas del caso.
un maxilar inferior incompleto procedente de los. mismos pa-
rajes. Difiere solirc toilo este maxilar del que hemos alriliuido
á Protoxodon eridciis Mei'c. par su euer'po mas alto. \ pm' los
agujeros mentonianos (jue son en número de tres. I''-1 anterior
es de diámetro un poco mas pjqneño que los otros dos. Los
dos pi'imeros están debajo del pm 3- , y el tercero dcliajn del
lóhulü anterior del m — . Kl difimetro antero-posterinr de ¡113-
es de oU, y el de m — de ¿ti. La allura del maxilar al ni\el de
m -3 mide 75, y al nivel de m 2 <>"•
Protoxodon Trouessarti meiu. sp. w<y.
Esta especie estii representada prir un cri'ineo con el ma-
xilar inferior incomi)leto dei niismn indiviiluo. recnjidns en Monte
León.
Esta especie, por los caracteres especíhcos de les dientes, nos
parece ser la especie homóloí^a áeKesotJien'iim Neliringi Mei'C. Está
sin embargo de talla bastante menor, y no nos parece haljer
sido de mayor talla ((ue Xesotheriiim pata¡/onense (Mor.).
Los accidentes (¡ue caracterizan los molares superiores de
Kesodon, no se oljser\an en .ninguno de los seis últimos mo-
lares que están imidantados sobre el ejemplar que tenemos al
estudio. En lugar de esos accidentes, se o])serva sobre el borde
a'itero-esterno de los premolares una columna ancha de super-
— 431 —
ticie bien rerlondenda. Imi el ])m 1 esta columna es muy ancha
y poco elevada, en el pm 1 estií menos ancha y mas elevada
\', en pm 1, es todavía menos ancha y mas elevada.
K\ maxilar interior está muy destrozado. La sínfisis pa-
rece tener el mismo desarrollo que en la especie que mencio-
namos en scg'uida. Se observan cuatro orificios dentarios, l'^l
jirimcro está debajo de c ir ; el segundo, de diámetro muy grande,
deliajo de pm y: el tercero, bastante aproximado del Ijorde al-
\eolario, al nivel del borde anteri'ir de m t; el cuarto, bastante
apr(3XÍmado del l)orde inferior del cuerpo del maxilar, estií ai
nivel del surco lateral esterno que determina la división del
m-g en dos lóbulos.
Siguen las dimensiones que se refieren á los dientes:
r>i:nnotro autero-posterior, to-
luail»! sobre el ^orilo estenio.
Kl misino toiiinilo sobre el borde
interno • .
riiánietro transversal , toniailo
sobre el lionleantcro-interDO.
Xl iiiisiuo, tomado solire el
borde posterior
18
13,5
18,5
24
14,7
IG
M -5- ' 2
3 -PM —
29,4' 52,3
18
16
3 4
PM — I PJI —
18,7
35
37,8
Protoxodon americanus merc. sp. nov.
Esta especie está establecida sobre dos maxilares inferiores
incompletos y la parte anterior imperfecta del mismo hueso.
Estas ])iezas han sido descubiertas en las barrancas del rio
Siinta Cruz.
Esta especie nos parece de la talla de Protoxodon mannoratu><
Amegh. Difiere de ella por el maxilar inferior relativamente
mas fuerte, por las dimensiones relativas de los dientes, y por
el número y la posición de los agujeros mentonianos, que son
en número de cinco. El primero es de diámetro muy grande y
está debajo de los pmxypmT; el segundo, al nivel del borde
posterior del pm-g-; el tercero, al nivel del borde posterior de
pm -g- ; el cuarto, al nivel del borde posterior de pm t; y el
quinto, al nivel del lóbulo anterior de m -3-.
Hé nquí las dimensiones de los dientes:
Pidinetro antero-postorior |
l)i:'uiK'tro transversal , tomaílo sobre o\ i
lóbulo auíei'ior '
El mismo, tomado sobre el Iiíbulo poste-^
rior ]
La altura del maxilar inferior inmediatamente detrás del mij-
es de 94, al nivel de m "2" de 87 y al nivel de pm t de 77. Al
nivel de m -g-, el diámetro transversal del cuerpo del maxilar
es de 39. La sínfisis no llega hasta el nivel del liorde anterior
del pm ^.
Protoxodon marmoratus Amegh.
Protoxodoj
rnioratus. Amegiiino. Loe. cit. p. 16
A la lista de las piezas que han servido de tipo al señor
Ameghino y que son de propiedad del Museo de La Plata, hay
que agregar numerosos fragmentos de maxilares superiores é
inferiores y dientes sueltos. Estas piezas proceden de Monte
León V de las harrancas del rio Santa Cruz.
Protoxodon decrepitus (Amegh. ) merc. sp. nov.
Gronotherium decrepitiim. Ameghino. Loe. cit. p. 17 y 460.
A mas de las piezas que han servido de tipo al señor Ame-
ghino, y que son de jjropiedad del Museo de La Plata, agre-
garemos ocho fragmentos de maxilares inferiores, entre los
cuales algunos representan una rama casi entera de ese hueso.
Estas piezas proceden de las barrancas del rio Santa Cruz.
El señor Ameghino dice (Véase loe. cit. p. 460.) que Gro-
nothen'uní es un animal de talla considerable. A juzgar por las
piezas que hemos estudiado, no ha sido este animal de mayor
talla que Protoxodon niarmoraiiis Amegh.
— 4:33 —
Aquí s¡,i;-uea las diinensionos do los dientes:
lii;ínu-tro ixuti-io-postoiior
Diámetro trausversal, tomado sobi-e el lóbulo auterior
El mismo, tomado sobro el lóbulo posterior
13
La longitud del espacio ocupado por la serie de los siete
molares inferiores es de 185. Se observa sobre el maxilar in-
ferior cuatro agujeros mentonianos : el primero, al nivel del
borde anterior del pm — , es do diámetro mas grande que los
otros; el segundo, al nivel del borde posterior de pm-g-; el tercero,
debajo del lóbulo anterior del m^; y el cuarto, debajo del lóbulo
anterior del m "r-
Protoxodon obliteratus amegh.
Protoxodon obliteratus. Ameguino. Lnc cit. \k 10 y 448.
A la lista de las piezas (|ue han servido de tipo al señor
Ameííhino, y que son ¿o pro})ÍGdad del INluseo de La Plata, hay
([ue agregar cinco fragmentos de maxilar inferior, entre los cuales
uno de ellos representa la parte anterior de este hueso. Estas
l)iezas han sido recojidas en las barrancas del rio Santa Cruz.
Pretende el señor Ameghino (Véase loe. cit. p. 448), que
esta especie se distingue á primera vista por el insicivo esterno
(¡ue esti'i implantado, dirij ¡endose hacia arriba de una manera
mas i'i'ipida y mas acentuada que en la especie precedente (Pra-
toxodoii mannóratiís), en la que se dirije hacia adelante, eleván-
dose poco hacia arriba. Pretende también este autor que el
c T es caedizo. En el cuadro analítico «(ue establece este autor
en la página 443 de su obra, son esos los solos caracteres dis-
tintivos indicados por la especie que nos ocupa . A mas de no tener
un valor especifico, esos caracteres no se presentan en la citada
especie. El examen de las piezas (¡ue tenemos al estudio, no nos
permite admitir ni una dirección particular y diferente que en las
oti-as especies del mismo género del i s", ni la caducidad del
CT- Practicado sobre las mismas piezas que han servido al
señor Ameghino, fiicil es observar que esas piezas han sufrido
una' depresión, acompañada de una rotura, fenómeno que dicho
autor no ha tomado en cuenta, y que lo ha inducido en error.
L
434 —
Protoxodon Sulivani (Owen) Amech.
yesodun Suliraiii. Owen. Eep. of t. Brit. Assoc. p. 07
(1846). — Descr. ofs. sp. oft. ext. (jen. Kesodonctc. IMiil.
Ti-ans. p. 3011,1. XVIII. fig. 15. 10 y 17. (1853).
BuRMEiSTER. Dcscr. pliíjs. Eep. Arfj. t. III p. 501 (1871)).
Amegiiino. Obscrv. ¡jen. ele. p. 60 (1887). — Eiinm. sis-
icm etc. p. 443 (18S7).
Froto.mdoii Sidirani. Ameghino. Cont. al ron. Mam. fos.
ele. p. 443(1889).
Posee el Musco de La Plata un cninco cnn el maxilar in-
ferior del mismo individuo imperíecto, otro maxilar inferior
imperfeelo taml)i(>n. un fragmento del mismo Jiueso y dientes
sueltos perteneeientes á la espeeie ([ue nos oeupa. Esas ¡jiezas
]iroi-cden de las l)arraneas del rio Santa Cruz.
Ya hemos señalado la confusión en la cual lia caído el señor
Ameghino al ocultarse de esta es|)ecie (véase p. 41).
Las figuras 15, 16 y 17. pl. XMII de la Memoria de Owex
( 1 ) corresponden respectivamente á pm 3^, pm j y m y del
ejemplar el mas completo que hemos citado mas arrilia. Owex
atrÜMiye esos dientes á pm 2 ¡im 3- y pm t de la es[)ecie (¡ue
ha fundado: mientras que del examen de nuestro ejemidar,
resulta que e-^os dientes son los pm 3-, pm t y ni y como aca-
bamos de decirlo. Esa divergencia en la interpretación de los
hechos, se esplica de la manera siguiente : Owen establece las
relaciones de homología de esos dientes compar.'tndolos con
los del género Á'esodon, y el venerable sálño admitía que al
i 3^ de Nesodon le seguían oclm dientes; pero descubrimientos
ulteriores de piezas mas completas de las de que disponía
ilusti-e i»aIeontólogo, han venido á probar que. en el género
Nesodon los dientes que siguen al i -3 son solamente en número
de siete.
El fragmento que representa la figura 18 CS'éase loe. cit'. )
del mismo autor, no pertenece á la especie que nos ocupa. Nos
parece pertenecer á la especie que mencionaremos en seguida.
En cuanto á los fragmentos representados en la fig. 19 y 20
(A'éase loe. cit.), no hemos logrado identificarlos hasta ahora.
(I) Owen. Dcscriplinn of some spccies of the extinct. r/en. Nesodon eíc. Pliil.
Trans. 1853; 4»; pl. XVIII, fig. 15, 16 y 17.
/
.1.35
Liis (limeiisiones de los dientes son las sii;-uientcs :
1,11 cai-ii laleral esterna del m 1 presenta un surco longitu-
dinrd ancho y muy ¡irofundo. E\ espacio ocupado [xu- los siete
molares inferioi'es mide 2(l(). l'^l diástema entre e i y i g-esde
7. La distancia entre el liorde posterior de m j y el borde in-
cisivo, 240. VA mayor largo del maxilar infei-ioi-, 390. La altura
inmediatamente detrás del m -3, 87; al nivel de m -o, 71 : y al nivel
del \nTí 4-, 80. El diámetro transvensal del maxilar inferior al
nivel del c t, mide 77.
Se oltserva en el maxilar inferior cuatro orificios dentarios :
el primero, de diámetro mas pequeño f[ue los otros, al nivel
del pm -2 : el segundo, al nivel del liorde anterior del pm j : el
tercei'o. al nivel del borde antei'ioi' del mx; el cuarto, al nivel
del borde anterior del m 3 .
Ll prolongamiento triangular de las piezas frontales entre
los huesos nasales es mas largo y mas angosto de lo que se
observa' íieneralmente.
Protoxodon Henseli merc. si). no\ .
Fundamos la especie sobre un maxilar inferior imperfecto y
un l'ragmento de cráneo del mismo individuo, otro fragmento
de cri'ineo y dientes sueltos. Lstas piezas han sido recojidas
en las barrancas del rio Santa (Iruz.
Esta especie ha sido de talla menor que la precedente. El
surco de la cara lateral esterna de m 1 es. menos profundo que
en esa especie. Lo mismo sucede en el m 1 suelto que ati-i-
1 luimos á esta especie.
El maxilar inferior no es tan fuerte como en Protoxodon Sit-
¡irani. Los agujeros mentonianos son también en número de
cuatro: jiei-o los dos anteriores estiín encima el uno del otro,
deliajo del pm 2"; el tercero y el cuarto ocupan la misma posición
relativa que la especie precedente.
436
Las dimensiones relotiras de los dientes son las simiientes:
Diámetro autero-postcrior, tomado sobre el borde estenio ,
El mismo, tomado sobre el borde interno
Diámetro transversal, tomado sobre el borde autero-interno 19
El mismo, tomado sobre el borde postero-esterno 17,5
39
El espacio ocupado por la serie de los siete molares inferiores
mide 191. La altura del maxilar inferior inmedialomento atrás
de m ^ es de 8G; al nivel de nio, 07; y al nivel de pm t, ~~-
Protoxodon speciosus merc. sp. nov.
Establecemos esa especie sobre un maxilar inferior, al cual
le falta la mitad posterior de la rama derecha. Proviene esta
I pieza de las barrancas del rio Santa Cruz.
Esta especie ha sido aproximadamente de la tnlla de la pre-
cedente. Se distingue de ella por el maxilar inferior que tiene
una forma general bastante diferente, y los agujeros mentonia-
nos son en númei'O de cinco. Los dos primeros estiin al nivel
del i>m 1 y pm 2^ ; el tercero, de diámetro pequeño, debajo del
lóbulo posterior del pm^; el cuarto, al nivel del borde anterior
del mi ; y el quinto, al nivel del borde anterior del m 3^ .
Las dimensiones de los dientes son las siguientes:
DiAmetro antero-posterior
Diámetro transversal, lomado sot>re el h'ibulo an-
terior
El mismo, tomado sobre el lóbulo posterior. . . .
1!)
10
10
13
13
U
14
29
17
15
34,5
18
15
17,5
13,5
La altura del maxilar al nivel del cóndilo, mide 202: al nivel
del apófisis coronoideo, 212; inmediatamente detrás del m 3-, 103:
al nivel del m ^, G9; y al nivel del pm t, 68. La distancia en
línea recta, entre el borde posterior del cóndilo y la estremidad
del apófisis coronoideo es de 80.
La rama ascendente del maxilar inferior, por su forma, se
acerca mas al género Nesotheriiivi c[ue al Protoxodon.
— 437 —
Obficrvaclon relativa á otras especies proJjahles del género Proto-
xodon. — Aporte de las piezas que liemos mencionado del gé-
nero Protoxodon. hemos estudiado otras seis mas que repre-
senlan maxilares inferiores ó fragmentos mas ó menos perfectos
de este hueso. Estas piezas pei-tenecen á individuos demasiado
jóvenes, ó se encuentran en mal estado de conservación, de modo
que no nos es posil>le publicarlas por ahora.
Gen. Adelphotherium Amegh.
Adelphotherium . Ameghino. Emtm. sistem. etc. p. IG (1887).
Cont. al con. Mam. fós. etc. p. 458 (1889j.
Por sus caracteres establece este género la transición entre
los géneros Protoxodon y Nesodon.
Los caracteres que nos permite señalar el material que he-
mos tenido para el estudio son los siguientes : La cresta sagital
no es tan elevada como en el género Protoxodon. Los verdaderos
molares superiores, como en el género Nesodon, tienen su sección
transversal que se ace'rca al paralelógramo. Sin alcanzar al
nivel que ocupan en el género Nesodon, los molares tienen una
posición relativamente posterior ; el último molar en Adelpho-
therium está implantado á un nivel intermediario entre el que
hemos señalado por una parte en los géneros Ácrotherium, Adi-
notheriiim, Nesotherimn y Protoxodon y por otra parte en el género
Nesodon. El ii es muy fuerte, y parece desarrollarse en perjuicio
de los otros incisivos. La cara anterior de este diente, en vez
de ser triangular como en los géneros Nesotheriwn y Protoxodon
reviste la forma de un trapecio rectángulo. El i I tiene gene-
ralmente poco desarrollo, y está implantado detrás del i 1. En
este caso, los incisivos intermediarios ocupan ellos solos la
parte anterior del intermaxilar. El señor Ameghino (1) dice que
probablemente los incisivos superiores son todos de raíz abierta.
Haremos observar á este respecto que el género Adelphotherium
establece la transición entre los géneros Protoxodon y Nesodon.
Los i 1 y 1 son siempre de raíz cerrada. Algunas especies tienen
los tres incisivos superiores de raíz cerrada. En un cráneo con
( 1) Ameghino. Contribución al conocimiento de los Mamíferos fósiles etc.
Buenos Aires, 1889; 4»; p. 448.
— 438 -
maxilar inferior del mismo indiviiluo c|ue está en las coleceinnes
del Museo de La Plata, y (|ue se refiere á la especie que ha
dado á conocer el señor Ameghino, AcMphotherium licjattmi. liemos
observado lo siguiente: l'lsta^ piezas jiertenecen á lui individiiri
que ha llegado á la edad en la cual se hace el reeuiphi/.o de
los dientes. Se observa sobre el cráneo del lado derecho, el
alveolo del i -i, que indica la presencia de un gran diente muy
arqueado y de raíz abierta. Del otro lado del mismo cráneo se
ve un pequeño diente que corresponde al iJ=. Nos hemos ase-
gurado de que este diente ei-a el de la dentición [¡ermanente,
practicando la abertura necesaria en el intermaxilar. l']ste diente
es muy poco arqueado y de raíz cerrada.
Los molares inferiores, por sus raíces y por su corona, nos
recuerdan el género Nesodon.
La fórmula dentaria es i -Icypm jm^-.
Adelphotherium lutarium merc. sp. nov,
Esta especie esta representada por cuatro cráneos incom-
pletos y numerosos fragmentos de cráneos y dientes sueltos.
Lsas piezas han sido recojidas en las barrancas del rio Santa
Cruz.
Por lo que se refiere á la talla y á los caracteres de los
molares, esta especie es por el género Adelphoilicrmm, la especie
hom(')loga de Nesotherium argentinum por el género J\csotherium.
SifAuen las dimensiones relativas á los dientes:
Adelphotherium trivium merc. sp. nov.
Fundamos la especie sobre un cráneo incomjileto, encontrado
en las barrancas del rio Santa Cruz, y sobre dos maxilares
— .i39 —
superiores de un niisuii") imlixíiluo \' maxilares suMeriores sueltos
]iroeedeiitc.s de Alonte León.
En f'uanto á su talla y á los caracteres particulares de sus
nii)lares, esta especie re|jresenta por el .género al curd pertenece
la es|)ecie lionióloKii de Xrxoilicriuin rntihi/n por el i^iniero Keso-
theriuin.
Los dientes suministran las siguientes dimensiones:
Diáiiiotro iintcro - postoriol' ,
tomado sobre el borde es-
tenio
El mismo, tomado sobre el
bordo iutenio
Diámetro transversal, tomado
sobre el borde antoro-iu-
toruo
El mismo, tomado sobre el'
borde postero-esteruo . . .
31
18
23
1 ! 1
— i PM —
18
11,8
PM — PM -
1 I 1
PM— M —
41
35
3
M —
50
Ksta especie, así como la precedente, también se acerca
mas á Protoxodoii que ¡i Nesodon. El il en esta especie es mas
alto que ü, y tiene la misma forma que en Protoxodon.
Adelphotherium repandum merc. sp. nov
Establecemos la especie sobre un cráneo descubierto en las
barrancas del rio Santa Cruz.
Esta especie, por su talla y por los accidentes de los mola-
res, representa ¡ior el género que nos ocupa, la especie liom(J-
loga de Nesothcrium patagonense poi' el género Nesotheriniu.
Los dientes tienen las siguientes dimensiones :
El il presenta en esta especie la forma (|ue todavía tiene
este diente en Protoxodon; es, sin embargo, muclio mas débil,
y no es superior en altura al ü.
4Í0 —
Adelphotherium ligatum amegh.
Adelphotherium ligatum. Ameghino. Enum. sistem. etc., p.
16 (1887). — Cont. al con. Mam. fos., etc., p. 458
(1889).
A mas de las piezas que han servido al señor Ameghino
para fundar la especie, posee el Museo de La Plata un cráneo
con el maxilar inferior incompleto de un individuo en el cual
se opera el reemplazo de los dientes, piezas de las cuales ya
hemos hablado mas arriba, así como el atlas del mismo indi-
viduo y un fragmento de cráneo de otro. Estas piezas proceden
de las costas del rio Santa Cruz.
Esta especie nos parece halier tenido la talla de Nesotherium
turgidiim, que es también la especie homologa de la que nos
ocupa.
Adelphotherium Rothi merc. sp. nov.
Designamos esta especie sobre un maxilar superior izquier-
do, procedente de las barrancas del rio Santa Cruz.
Se encuentran implantados en este fragmento, los pm^ y
pml de la primera dentición, y mi y mi. Nos parece la espe-
cie homologa de Nesotherium Studeri Mero.
Hé aquí las dimensiones de los dientes:
Adelphotherium pumilum merc. sp. nov,
Fundamos la especie sobre dos cráneos incompletos recoji-
dos en las barrancas del rio Santa Cruz.
411
Como en las dos especies precedentes, il es pequeño, de
raíz cerrada é implantado atrás de ii. Los incisivos interme-
diarios (ii) ocupan ellos solos el borde anterior del promaxi-
lar. Esta especie es la iiomóloga de Nesotheriwn carinaluni.
Las dimensiones relativas á ios dientes son las siguientes:
Nota. — La impresión de nuestro traljajo estaba casi ter-
minada, cuando hemos recibido la entrega 3^ t. I, del 1" de
Junio de 1891, de la Revista Argentina de Historia Natural, en la
cual el .señor Florentino Ameghino dá á conocer cuatro nue-
vas especies de la familia de los Profoxodotiíiclac, que son : Adino-
therium haplodontoides, A. (?) paranense, Acrotherium karaikeiise y
A. stijgium.
En cuanto se relacionan estas especies a las que damos á
conocer en el presente trabajo, haremos las siguientes obser-
vaciones :
1^ No podemos tomar en consideración la especie denomi-
nada por el señor Ameghino bajo el nombre de Adinotheriiim
haplodontoides, por el motivo que los caracteres diagnósticos que
de esta especie dá el autor, están en contradicción con la figura
que puldica del maxilar superior izquierdo de la misma especie.
2'' Adinotherium (?). paranense es del oligóceno, y parece muy
diferente de las especies que damos á conocer.
3"* Acrotherium karaikense nos parece corresponder á Acrothe-
rium varierjatum, que damos a conocer en el presente trabajo.
4^ Por fin. declaramos que no podemos considerar como
fundada la especie Acrotherium stygiam, por el motivo que el
maxilar inferior de Acrotherium no era conocido en el momento
— 442 —
de la publicación arriba mencionada, y que el señor Ameghino
no dá en los caractsres diagnósticos de esta especie, fundada
sobre un fragmento de la rama izquierda del maxilar inferidr.
ninguna indicación que permitiese saber que se trata del gé-
nero Acrotherium ó de cualquier otro de la misma familia.
Los caracteres que de él dá el autor mencionado, son comunes
á todos los Protoxodontidae. El dibujo que de este fragmento
de maxilar publica el señor Ameghino. no permito tampoco
juzgar si se trata de un Acrotherimn ó de un Adinotlieniun, ó
de un Nesothermm ó de un Adelphotheritini.
L.'i PI;ita. Jimio 15 tic 1891.
OnsERV.vrloN. — L;i uuÍ'I.tI í\'- im-ilkla ¡nl^iptulLi '-ii ul curso del traliajo qiiL' procede
jiiilíinctro.
EXPLICACIÓN DE LAS PLANCHAS
PLANCHA I
Acrotherium patagonicum meki .
Crá'ieo vislo de aliajo, reduciilo á una iiiilail iJel tamaño natural.
PLANCHA II
Adinotlieriuta magister amecii.
Fi;!- I — Cráneo visto de abajo, reducido á una niitul del tamaño natural.
Nesotherium Studeri miíkc.
Fiíj, '-J — L'i-iineo vislii de atrás, retluoido á una mitad del laniaño nalural.
PLANCHA III
Nesotherium carinatum mebc.
Fif/. 1 — Cráneo deijresionailii visto de ali'ijo, i'edm'ido á una mitail del
tamaño natural.
Nesodon limitatum (.i.meuh.) jierc.
Fií/. '3 — Rama i/.nuierda del nuaxilar inferior, vLsta por el lado interno, al
tamaño natural, tipo de Rhitdinoüieriuin ¡iinitntuin Amogh.
Fii/. 'J'^ — La misma, vista de arriba.
Adinotherium Kobyi -meec.
Fií/. ,'i — Ultimo verdadero molar superior ( mj^ I con las cuatro ralci's bien
distintas, visto por la cara lateral esterna, al tamaño natural.
Fir/. .'{ (I — El mismo diente, visto [lor la cara lateral interna.
Adinotherium splendidum -iweimi.
Fií/. J — Segundo verdadero nioUu' superior (ni^) en el cual ya está en vía
!..■ efectuarse la división en raices de este diente, visto por la cara lateral ante-
1 1 II', al tamaño natural.
Nesodon ovinus hwe.n.
Fir/. ."i — l'rimer verdadero molar interior (mT', visti por la cara lateral
inlcrior, en tamaño natural.
Fií/. 11 — Ultimo premolar iní'erior (pmT). visto pir la cara lateral esterna.
i'ii taurafio natural.
PLANCHA W
Nesotherium Studeri merc.
t'ráneo con el maxilar inferior del mismo individuo, visto do lado, reducido ,i
una untad del tamaña" natural.
PLANCHA V
Nesotherium Studeri mekc
Kl misniu vi^iii i!u adelante, reducido tiuijien á una nal vd ilet tamaño natuial.
PLANCHA VI
Nesotherium Studeri merí.
Kl mismo cráneo vistn de an-ilja, reducido á una mitad dol tamañn natural.
PLANCHA \l\
Nesotherium Studeri mekc.
El mismo cráneo visto de abajo, reducido á una mitad del tamaño natural.
PLANCHA VIII
Protoxodon americanus merc.
Fiy. I — Fragmento de la rama izquierda del maxilar inferior, con los cuatro
últimos molares, que ha sido abierto para enseñar la división en raíces de los
dientes, que está en vía de efectuarse. Este fragmento se vé del lado interno, y
ha sido reducido á las tres cuartas partes del tamaño natural.
Fiff. 1 a — El mismo fragmento, visto de abajo.
PLANCHA IX
Nesodon biturcatus ( ameüh. ) weec.
Pifj_ j — Rama derecha del maxilar inferior vista del lado interno, al tamaño
natural. Esta pieza es el tipo de Atruptlterium bifurcatum Amegh. La hemos
abierto para enseñar las raices del último premolar de la dentición de leche que
señalamos en la figura con r, y el último premolar de la dentición definitiva que
no ha salido todavía y que señalamos en la figura con pmT. Se vé también en
esta figura el primer verdadero molar (mT), en el cual ya está indicada la división
en dos raíces.
Fi(j la — La misma rama vista de arriba, en la cual señalamos las cuatro
raices del ultimo premolar de leche con r, el incisivo de la dentición permanente
con ip, y el incisivo de la dentición de leche, que el señor Ameghino en su obra
sobre los Mamíferos fosi/c: de In República Arijcntinc, p. 483, considera como
canino, por il.
PLANCHA X
Nesotherium Nehringi mero.
Fi;i. 1 — Maxilar inferior visto de ¡lado, reducido á un tercio del tamaño
naturaL
Nesotherium patagonense (mok.) mekc.
Fiíj. 2 — Maxilar inferior visto do arriba, reducido á un tercio del tamaño
natural.
NOTAS SOBRE LA PALEONTOLOGÍA
DE I.A
REPÚBLICA ARGENTINA
III
SINOPSIS DE LA FAIILIA DE LOS BilNODOmERIDAE
(EOCENO DE PATAGOXIA)
CONSERVADOS EN EL MUSEO DE LA PLATA
ALCIDES JIERCERAT, Encargado de Sccciou di-I misino
íiíMPSis ie la Faiilia ilB los BüiifliOEtlierlilaíi
(EOCENO DE PATAGONIA)
CONSERVADOS EN EL MUSEO DE LA PLATA
ALCIDES MEECERAT, Eu cargado ilc St-cciou ilfl mismo
Los depósitos fosiliferos del territorio de Santa Cruz. (]ue
tantas riquezas han proporcionado ya al Museo de La Plata,
iii)undan en formas de transición, dada la época geológica á
(¡ue pai-ecen pertenecer, de lamas grande importancia para po-
der seguir la evolución de los seres. Entre las mas interesantes
se contarán sin duda los Bimodontheridae (1).
Reunimos en la familia de los Bunodonthendae nueve géneros,
entre los cuales cuatro ya son conocidos, y que el señor Ame-
(iiiiNO, en su obra so¡)re los Mamíferos fósiles de la Rcpúhlica Ar-
tjciüina, hace entrar en la familia de los Frote rolheridae, llegando
dicho autor hasta identificar el género Anisoloplius, establecido
por el Dr. Burmeister, con el género Proterotherium Amegh.
Los Bimodontheridae como los Proterollicridae son Mamíferos que
tienen caracteres mixtos entre los Perissodactijla y los Artiodac-
tijla; pero los Proterotheridae representan un grado de evolución
mas elevado hacia los Artiodnctijla ruminaiitia que los B/aiodonthc-
ridac. No conocemos animales entre los cuales los caracteres
mixtos de los Perissodadyla y los Arfiodarti/la se manifiesten en
tan alto grado como en los Bimodontheridae.
Es el sabio director del Museo Nacional de Buenos Aires,
el Dr. Burmeister, (|uien ha dado á conocer los primeros restos
de un animal perteneciente a la familia de los Bimodontheridae.
Designó este animal bajo el nombre de Anchithcrium australe (2).
soltre un fragmento de cráneo descubierto en las barrancas del
i'io Chico por el señor Ramón Lista.
( 1 ) BuNODONTHERiDAE Mor. et Mei'c. f. nov.
(2) Burmeister. Dcscriptiun physiquo de la Républiiptc Anjoitine, I, III ;
Buenos Aires, 1879; 8°; p. 479.
— 448 —
Mas tarde, reconoció el docloi' Burmeister que este animal
no pertenecía al género Anchitherium, sino que se trataba de un
liénero bastante diferente, y propuso entonces designar el animal
bajo el nombre de Anisolophtts australis (1).
El señor AMEcmNO, cuando era sub-director del Museo de
La Plata, aprovechando del material que ya poseía este esta-
blecimiento, dio á conocer, sin interpretar bien los caracteres
que presentan esos animales, varias especies de la familia de
los BunodoiitheHdae que atribuyó á los géneros Proterolherium,
Thoatherium , Diadiaphorns y Licaphrmm (2), considerándolos
erróneamente como representantes de la familia de los Prote-
rotheridae.
Las colecciones del Museo de La Plata se han enriíjuecido
ron un considerable número de piezas pertenecientes á anima-
les de la familia de los Bunodontheridae, en las últimas espedi-
ciones organizadas por este establecimiento en Patagonia , y
ejecutadas por los señores Santiago Pozzi, Clemente Onelli y
Juan Ivovich.
Hemos emprendido un estudio de esos restos, como también
de los que han servido al señor Ameghino, y que son de pro-
piedad del Museo de La Plata. Consignamos aquí los resultados
mas importantes de este estudio, proponiéndonos publicar pró-
ximamente una monogi'afia sobre esos restos, en la «Paleon-
tología Argentina» que se publica en los Anales de este esta-
blecimiento.
Todas las piezas que conocemos del esqueleto de los Biino-
dontheridae revelan caracteres mixtos en alto grado como ya
lo hemos dicho, entre los Perissodactyla y los Artiodactyla. En
la conformación de los dientes hay analogías muy esti-añas
entre el género Tlieosodon Amegh, de la familia de los Macmn-
rhejúdae. que procede de los mismos horizontes geológicos, y lus
Biinodontheridae. Sin embargo, las diferencias entre esos dientes
ya son acentuadas á tal punto, que es de prever que algún
dia se encontrarán formas transitorias entre los Macrmichenidae
\ los Bunodonthcridac .
Por la conformación del cráneo, ningún animal se presta
mejor á la comparación de los Biinodonthcridae que el género fósil
(1) Burmeister. Annlas del Musco Nacional de Buenos Aires; 1. 111, c. 2
(e. 14); Bueno-s Aires, 1885; 4"; p. 169-172; pl. 11, figr. 7.
(2) Ameghino. Enumeración sistomAlica. etc. Buenos í\li'e.s, 1887; 8"; p. 19-20,
— Coidribiición al conocimiento de los Mamíferos fósiles, cíe. ; Buenos Aires, 1889;
4"; p. 554-572.
— 449 -
lie Xorte-Américo, Oreodoii Leidy. La difei'encia mas sensihle
se presenta en la región premaxilaria, cjue contiene en los Buno-
dontheridae dos incisivos caninitbrmes solamente, separados poi'
Lina barra de los molares. Como en Orcodou, la órbita está
completa atrás.
Estos animales tienen el radio y el cubito como también la
libia y el peroné independientes.
El género Bunodoniherium, á juzgar por el lunar, el unciforme
y un metacarpiano que tenemos de un mismo individuo, como
también por otras piezas de otros, ha tenido cuatro dedos en
los miembros anteriores. Los miembros posteriores en este
género han tenido solamente tres dedos, á juzgar por el cal-
c:inco, el astn'igalo. el navicular, el cuboideo. el ectocuneií'orme
y el metatarsiano mediano del mismo individuo. Además del
número de los dedos que tienen las estremidades, también por
la forma de las piezas que las constituyen, presenta el género
Bunodonthermm analogías con el género Tapirus Briss.
Creemos, por las piezas que posee el Museo, que los otros
géneros de la familia do los Bunodontheridae lian tenido las
estremidades constituidas sobre el mismo tipo (|ue el género
Biüiodonthrriiim.
Adelantamos el siguiente cuadro analítico de los géneros de
la familia de los Bu nodoiitheridae:
1. — Verdaderos iiiolares superiores cuijas elemcnios presentan seis
lóbulos: dos estemos, dos internos y dos mediavios mas pequeños.
L — Lóbulo mediano posterior, representado por un lul)érculo
bien distinto, desarrollado en forma de cúspide bastante
elevada, y presentándose como elemento accesorio del ló-
ijulo postero-esterno. Bunodontherium.
2. — Lólnilo' mediano posterior, representado por un tubérculo
iiien distinto, desarrollado en forma de cúspide bastante
elevada, y presentándose como elemento accesorio del ló-
liulo antero-interno.
a. Molares superiores con cara lateral esterna, presentando
tres aristas principales y desprovistas de aristas secun-
darias. Ihoathcrium.
I). violares superiores con cara lateral esterna, presentando
dos aristas secundai'ias interpuestas entre las tres aristas
pr inci pa 1 es . Biadiaphoriis .
3. — Lóbulo mediano posterior, i'e[iresentado por una simple
colina que se destaca del lóbulo antero-interno, y comple-
tamente independiente del lijbulo postero-esterno.
— 450 —
a. Molares superiores con cura lateral esterna, presentando
tres aristas pi-incipales y dcs|irovistas de aristas secun-
darias. Anomodontheri inn .
Ij. Molares superiores con cara lateral esterna, presentando
dos aristas secundarias interpuestas entre las tres aris-
tas princi]iales. Licaphrñun.
4. — Lóbulo mediano posterior, representado por un tabique
transversal que se estiende desde el punto de contacto de
los lóbulos internos hasta el lóbulo postero-esterno.
a. Molares sujiei-ioros con cara Interal esterna, presentando
tres aristas principales y desprovistas de aristas secun-
darias. Oreomeri/.i.
b. Molares supei'iores con cara lateral esterna, presentandu
dos aristas secundarias interpuestas entre !as tres arista-
princi]jales. Aiñsoloplnts.
II. — Verdaderos molares siqieriores cuyos elementos representan
solamente cinco lóbulos, que corresponden á los lóbulos estemos é in-
ternos y al lóbulo mediano anterior de los demás géneros déla misma
familia. El lóbulo mediano posterior ha desaparecido.
1. — Molares superiores con cara lateral esterna, presentando
tres aristas princi])ales y desprovistas de ai'istas secun-
darias. JRliagodoii.
2. — Molares superiores con cara lateral estei-na, jiresenlando
dos aristas secundarias intoi'puestas éntrelas tres aristas
principales. Merycodon.
Gen. Bunodontherium merc. a. nov.
Diadiapl/orus. Ameghino. Enum. sistem. etc. p. 20 (1887).
—Cont. al con. Mam. fós. etc. p. 5G6 (1889).
1 m -'-
4 3
La IVirniula dentaria es : i -g c {¡- pm
Las dos piezas })rimitivas del jii-emaxilar son distintas. Cad:
una de ellas tiene en su estremidad anterior un incisivo cani-
niforme. El incisivo presenta la forma de un iirisma trigonal,
de aristas redondeadas, arqueado, dirijido hacia abajo y un i)Oco
hacia afuera. Este diente está gastado en forma de bisel. La
raíz es de estrcniiilad corrada. La corona está culúcrta por una
— 451 —
copa delgada de esmalte, que se j)ierde insensililemente en hi
liase de la corona sin que señóte un límite bien indicado entre
la corona y la raíz de este diente.
Faltan los caninos. Una barra no muy larga separa el
i^ del pmi.
El pmi es parecido al pml de Theosodon Amegh. Tiene este
diente dos raíces': una anterior sub-cónica y otra posterior ancha
y l)ifurcada en su estrcmidad. La corona presenta una pai-te
esterna que se levanta en forma de cúspide, separada por un
surco profundo de la parle interna, que está constituicla por
dos tubérculos. La cara lateral esterna de la corona es plana-
convexa. Tiene un cíngulo basal bien claro, pero no muy fuerte,
que se levanta en los bordes laterales, anterior y posterior, para
constituir una arista. La arista anterior es bastante débil: la
l)osterior es mas fuerte. Sobre la cara lateral interna el cíngulo
basol está reemplazado por un borde de esmalte.
El pmi tiene la misma Ibrma que el pm±. Difiere de éste
|)or su tamaño de mitad mas fuerte, jior su cai-a lateral esterna
ondulada, y por la presencia de un pozo de esmalte solare la
cara antero-interna de este diente, en forma de corona circular
que se destaca de la cara lateral anterior del lóbulo mediano
anterior, para terminarse sobre la cara lateral interna del W
bulo postero-intorno.
El pmi es de mayor tamaño que pmi. La parte esterna
]:iresenta dos lóluilos como en los verdaderos Selenodoñtes. El
li'tijulo postero-esterno es de diámetro antero-posterior menor
(¡ue el lóbulo nntero-esterno. Las tres aristas características de
la cara lateral esterna son bastante elevadas. La parte interna
del diente pre.scnta ya tres elementos separados por hendiduras
Iransvei'sales mas ó menos acentuadas. El anterior, que es el
mas pequeño, representa el lóbulo mediano anterior de estos
dientes; el posterior, mas desarrollado y mas distinto del in-
termediario, representa el lóbulo postero-interno ; y el interme-
diario, el mas grande y el mas elevado, representa el lól)ulo
antero-interno. Estos tres elementos constituyen sobre la su-
jierficie masticatoria del diente (Njmo una colina mas ó menos
accidentada cuyo eje tiene una dirección oblicua hacia atrás \
de afuera hacia adentro.
El pmi tiene la misma forma que pmi; pero es de mayor
tamaño. El lóbulo postero-interno está también mas desarrollado.
Los verdaderos molares son de la misma forma que pmi.
pero de tamaño mayor. MI es de tamaño mayor que mi. M^
es de tamaño menor que los otros verdaderos molares.
— 452 —
En los verdaderos molares, el lóbulo postero-inlerno está
mejor desarrollado que en los premolares, y mas separado del
lóbulo antero-interno. La separación entre el lóbulo antero-me-
diano y el lóbulo antero-interno está indicada casi en el mismo
grado que en los dos lóbulos internos. El lóbulo antero-mediano
y el lóbulo antero-interno consutuyen un cerro, cuyo eje prin-
cipal tiene una dirección bastante mas oblicua de afuera iK'icia
adentro, que en el cerro que hemos señalado en los premolares.
A mas, se ve en los verdaderos molares un sexto elemento que
representa el lóbulo mediano-posterior. Este elemento aparece
como un tubérculo accesorio del lóbulo postero-esterno, y se
eleva en forma de cúspide. Este elemento depende del lóbulo
postero-esterno, por(|ue está separado de los lóbulos internos
por una hendidura mas profunda que la que lo separa [¡rimi-
tivamente del lóbulo postero-esterno. Cuando los verdadei-os
molares ya están algo gastados, el lóbulo postero-mediano, no
aparece sino como una arista lateral interna bien destacada,
bastante elevada y bien redondeada del lóbulo postero-esterno.
El pozo de esmalte en forma de corona lateral antero-interna
de los premolares, está intei-rumpido sobre los verdaderos mo-
lares', de manera ú presentarse como dos pozos distintos: uno
que corresponde á la parte antero-interna del diente, y otro
sobre la cara lateral interna entre los lóbulos internos anterior
y posterior.
Antes de ser atacados por la masticación los molares tienen
la corona cubierta por una capa de esmalte continua. Los ló-
bulos se levantan en forma de cúspide ; los estemos son mas
elevados que los internos, y éstos mas que los medianos.
El pm i-, como ya lo hemos dicho, tiene dos raíces. El pm í
tiene dos raíces también, una anterior bifurcada y otra poste-
i-ior ancha y bifurcada. Los otros molares superiores tienen
tres raíces, dos esternas y una interna mas fuerte, con escep-
cion de los m A y m 1 que tienen cuatro raíces, dos esternas
y dos internas. En todas las raíces de esos dientes se observa
una bifurcación mas ó menos acentuada.
l'^l maxilar inferior no presenta nada de particular. El i r
es un pequeño diente, como el i 3, en los cuales se descubre la
forma de los mismos dientes que en Theosodon. El i 3- es un
diente mucho mas grande, de raíz bastante larga y cerrada, de
corona comprimida tran.sversalmento, dirijida oblicuamente ha-
cia arriba y hacia afuera, gastada en bisel según un plano in-
rliniido hacia alhajo, de atrás hacia adelante y hacia el intcrioi".
Los bordes anterior v posterior del diente constituven una ai'ista
— 453 —
bastante aguda. Los molares inferiores están constituidos como
en los verdaderos Seleaodontes y presentan un cíngulo basal
ostei-no ó interno.
El pm r tiene una sola raíz. Los otros molares inferiores
tien(?n dos raíces anchas solamente, una anterior y otra pos-
teri(jr. Se observa sobre esas raíces una bifurcación á vece-
bastante pronunciada; ¡lero en ningún individuo hemos encon-
trado molares inferiores con mas de dos raíces.
Bunodontherium patagonicum merc. sp. nov.
Esta especie está representada por piezas pei'tenecientes á un
gran número de individuos, cuya enumeración aquí .sería de-
masiado larga. De varios tenemos piezas importantísimas del
esipielelo. Proceden de Monte León.
El Bunodontherium "patagonicum ha tenido la talla del Orcodov
maijor figurado por Leidy en su obra, The extiiict MamaJiau
Fauna of Dakofa and Kebraslca, 1869; A"; pl. VIIL
Las diferencias que presentan entre sí las numerosas piezas
(jue atribuimos a esta especie, nos parecen poder referirse á la
edad y al sexo de los Í4idivíduos.
El maxilar inferior no presenta ningún diástema.
Daremos en seguida las medidas tomadas sobre varios indi-
viduos:
N" 9U45:
DiáiiU'tru autero-i)ostenor(l).
líiámctru transversal
K\ espacio ocupado por los molares superiores mide 109.
El diástema que separa i 1 de pm 1 es de 25.
N'^ 9072:
Di;'imftrü antcro-postoiior
Diiiiuctro iransvi'isal. . .
Altmii
La unidac! de medida es el niUnietro.
X" 9031:
4o4
El espacio ocupado por la serie de los molares inferiores
mide 120.5. La longitud enti'ii el borde posterior de m 3- y el
Ijorde anterior de Í2" os de 134. La altura del maxilar inferior
al nivel del m 3 es de 34, al nivel del m r 29, y al nivel de
pm -y 23. El diámetro transversal del cuerpo del maxilar al
nivel del m r es 20. El diámetro transversal del maxilar infe-
i'ior al nivel de m y es 78, al nivel de m r es Gí3, al nivel de
pm 2" 32.5, y al nivel de i 3- 23. Se olisei-va sobré este maxilar
inferior cuatro orificios dentarios: el i)rimero, al nivel del lioivle
anterior del i r. a 7 del borde alveolario; el segundo, de diii-
metro mas grande que los otros, al nivel del borde anterior de
pm r, íi 8 del borde alveolario: el tercei^o al nivel del borde
posterior del pmy, á 11 del borde alveolario; y el cuarto debajo
del lóbulo anterior del pm r, á 13 del borde alveolario. La sín-
tisis llega al nivel del Ijorde anterior del pm -¡f.
Bunodontherium majusculum iA.megh.) mekc-
Diadiaphoriis iiiajusciiliis. Amegíiino.
567: pl. XXXIIl, ñg. 10.
Loe. cit.
20 \
A mas de las piezas que el señor Ameghino atribuye ú esta
especie, posee el Museo de La Plata otras numerosas del esqueleto
de un mismo indi\íduc, dos maxilares infei'iores y gran nú-
mero de otros fragmentos. Estas piezas han sido recojidas en
las barrancas del rio Santa Cruz y en Monte León.
Esta especie es de tamaño menor que la precedente. Además
difiere de Bunodontherium patagonicum Mor. y Mere, por i 3- que
está separado de i 3- y de pm r por i)e([ueños diástemas, y por el
|)m r implantado según el eje del cuerpo del maxilar y im
ni)licuamenle como en Buiíodonllwrittni pataijoidcinii. y por Id-
I
— 4oo —
oritifios dentiU'ios que son cinco. El pi-imero de e>os orificios
se eacLioali'a dolinjo del ir, ¡i ■' del luji-de alveolario; el se-
gundo, debajo del diiísfema que separa i 3 del pm r, á 7 del
liorde alveolario; el tercero, debajo de la raíz anterior del pm o.
;i 15 del borde alveolario; el cuarto al nivel de la raíz anterioi-
liel pm 3, á 20 del borde alveolario; y el (|uinto está á 21 del
borde alveolacio y corresponde al pmx-
Hé aquí las dimensiones que se refieren i'i los dientes:
I, a longitud del espacio ocupado por los molares inferiores
es 117. La altura del cuerpo del maxilar al nivel del mr es
31, al nivel del pm-r 3,1, y al nivel del pmr 21. Su diámetro
transversal al ¡livel del mr es 20. 1^1 di;nnelro ti'ansvcrsal del
maxilar inferior al nivel del my, mide (15.5, al nivel del |)ni3 4'.),
al nivel del |)mr30, y a'l nivel del ir 23.
Gen. Thoatherium Amech.
Tltodflicn'iíDi. Ameghino. Loe. rit. p. 19 y 5G5.
Como en el género Baiioduuflien'iuii, los lóbulos estemos de
Ids molares superiores tienen un diámetro transvei'sal inferior
:i la mitad del dii'imeti-o transversal del diente. Estos lóbulos
e^'.án separados de los , demás por un surco profundo, y el
li')l)ulo mediano posterior que estii desarrollado en forma de
cúsiiide, como en el género B/iiiodonfheriu}», no depende mas del
liibulo [)Ostci'o-esterno. sino- del lóbulo antero-inlerno. El plie-
gue entrante del esmalte que divide la parte interna de los
molares superiores en dos lóbulos, está indicado en el mismo
gradij (|ue en Biinodoidlii'rinii/. Mientras en los mi:)l;ires suije-
— 450 —
riores de este último género, se observa en la base de ln
corona, sobre la cara lateral interna, un pozo de esmalte en
forma de corona circular casi ininterrumpida, que principia
sobre la parte antero-interna del diente, y que viene á toi--
minar sobre el lól)ulo postero-esterno, con escepcion de los dos
últimos molares, donde se observan dos pozos distintos, und
antero interno y otro entre los lóbulos internos. En los molares
superiores del género Thoatlierium no existe la corona formada
sobre la cara lateral interna de esos dientes por el pozo de
esmalte.
Se ven en estos dientes, como en los dos últimos molares
de Bmiodontherium, dos pozos distintos, pero menos desarro-
llados. Con escepcion del lóbulo postero-mediano, los otros
elementos en los molares superiores del género que nos ocu|>n
afectan la misma forma, la misma disposición y el mismo
desarrollo relativo que en Bimodoiitherium.
La formula dentaria nos })arece ser la misma que en Bu-
nodontherium.
En las otras piezas que tenemos al estudio del esqueleto,
no hemos observado diferencias con las correspondientes del
género Bunodonihcrium .
Thoatherium periculorum mekc. sp. nov.
Establecemos esta especie solire un maxilar superior dere-
cho, la rama izquierda de un maxilar inferior y numerosos
fragmentos de maxilares superiores é inferiores. Estas piezas
proceden de Monte León.
Este animal ha tenido aproximadamente la talla del Oreodon
Culbeiisoní Leidy.
Los dientes tienen las siguientes dimensiones:
Diámetro antero-posterior
Di;'imetro transversal . . .
Altura
La longitud del espacio oocupado por la serie de los seis
últimos molares superiores es de 67. El espacio ocupado i)or
los siete molares inferiores mide 72.
— 4.)/
Thoatherium minusculum amegh.
Thoathcriuiu miuiisculutn. amec.hino. Loe. clt. p. 10 y
5()9.
Además del fragmento del maxilar inferior sobre el cual
el Sr. Ameguixo ha establecido el género y la especie,
posee el Museo de La Plata numerosas piezas del esqueleto de
\u\ individuo, dos maxilares inferiores, un cráneo incompleto
y fragmentos de otros, fragmentos de maxilares y dientes
sueltos. Proceden éstas de Monte León y de las barrancas del
rio Santa Cruz.
En la obra del Sr. Amec.hino (1) después de haber descripto
el pniy, este autor dice: «Detrás de esta muela se ven dos
pequeños alveolos colocados el uno al lado del otro en direc-
ción transversal á la mandíbula , demostrando así que las
muelas que seguían atrás tenían cuatro raíces distintas como
en Frote rothen'uin y Brachytherium. »
Debemos observar que en Thoatherium como en los otros
génei'os de la familia de los Bunodontheridae, los molares infe-
riores no tienen mas que dos raíces (\'éase p. 4r)3 )
Esta especie ha sido de talla menor i[ue la precedente.
Hé aquí las dimensiones de los dientes:
El espacio ocupado por los siete molares superiores es de
6G.5. El ocupado [lor los siete molares inferiores es de 08.
(1) Ameghino. Coidribudoii al conocimiento Je los Mamíferos fúsiles de la
República Arf/entiiia, etc. Buenos Aires, 1889; 4°; p. 565.
1
458
(jcn. Diadiaphorus Amegh.
D/ailiuphonts. A.memiino. Loe. cit. p. 20 y 5(30.
Proterotherhim. Ameghixo. Bol. Ac.ad. Nac. de Cieñe.: t.
V. p. ±)1 (18S3).— /f/.; t. IX. p. 70 (188G).— (b;/^
aleoii. Miim. fas., etc. p. 55(3 (188Ü).
(lomo se obsei'vai'ii por los rni'acteres que hemos señalado
de los J'iiitodontlieridae, el Sfí. Ameghino no lia interpretado
bien los caracteres de esos animales.
La gran preocupación de este autor, en el estudio (¡ue
ha hecho de los restos pertenecientes á la familia de los Biino-
iJontheridae, parece haber sido identificar el género Aiiisolophn--<
de BiRMEisTER con su género Prntcrotl/erimn.
Atribuye el Sr. Ameghino al género Diadiaphorns restos i|ue
pertenecen á los géneros Bunodontheriuin, Diadiaphorus y Lica-
phriaiiL. Los restos que retiere al Proterotlierium ausfrale, que
según él mismo es sinónimo de Anisolophu.'i australis de BuR-
MEiSTER, son de Diadiaphorus.
Ll género Viadiaphorus difiere esencialmente del género
Thoatherium por la presencia, sobi'e la cara lateral de los cinco
últimos molares superiores, de dos ai'istas secundarias, poco
elevadas, interpuestas entre las tres aristas principales. El
cíngulo basal esterno no es tan fuerte, y los pozos de esmalte
sobre la cara lateral interna no son tan desarrollados.
Diadiaphorus velox amegh.
Diadiaphorus rclo.t. Ameghino. — Enuin. sistan. etc. p. 20
(1887). — Coiit. al eou. Mam. fós. etc. [). bdir. ¡A.
XXXIII, tig. <J y 12 (188'.)j.
A mas de las piezas que han servido al Sr. Ameghino para
fundar la especie, posee el Museo de La Plata un gran número
de fragmentos de los maxilares superiores y de maxilar inferior.
])i-uredentes ríe las bniTiUicas del i-íd Santa Cruz y de Aluntc
].eon.
L-as tiguras puhlii'adas por el Sr. Ameiuiixo no csti'in muy
en armonía con los caracteres (|ne resultan do la descripción
que ha dadt).
Diadiaphorus australis ; vmehh. ) merí .
Proferotheriiiiii austirilc A.MEc.niNO. Cont. al con. Maiu.
fus. etc. p. 7m\) (188',)).
Posee el Museo de La IMata las piezas siguientes de esta
especie: el íVagmento de maxilar superior derecho que el -Sr.
Ameghino ha atribuido á Protcrotlieriuin austmle, fragmentos del
cráneo de otro indi\iduo, fragmentos de los maxilares supe-
i'iores y dientes sueltos. Esas piezas proceden de Monte León
y de las barrancas del rio Santa Cruz.
Hé aquí las medidas del fragmento de maxilar superior
alriljuido por el Sr. AmeghIiNO á Proterotheritnn austrak:
Iiiámrtio imti'ro-iiusti'i'inr
Tíiáiiu'tio traiisviTsal . . .
Altur:i
12,4
15
1(1
MI espacio longitudinal ocupado por estos tres nK.dares, to-
mado sobre la corona, es de 34.3; sobre el liorde al\e(iliU-io
mide 32..").
den. Licaphrium Amegu.
Licaphri/iDi. Amegui.no. — Eiiuin. s/air/i/. etc. p. 20(1887).
— Cont. al roa. Mam. fas. etc. |i. .-)(i8 (18801.
Cuando liemos publicado la er^pecle Licap/irianí intermedia u/ Moi-.
et Mere, según i-estos descubiertos en el valle de Andali;uala
- 4Gi) —
por el señoi- Metiu-essel, no nos eran conocidos toduvía los
nK.ilores superiores de este género. lisos dientes, por su confor-
mación, vienen ú comprobar la exactitud de la observación que
hicimos (1) en dicha ocasión. ai)i-o¡ií')sito de la estructura de
los molares infei'iores.
l'ln el género Licaphriiim, los verdaderos molares inferiores
se caracterizan por la presencia de un tercer lóbulo rudimental.
Los molares superiores están constituidos como en el género
Bunodonlheriíim, de los que difieren i)r¡ncipalmente por el lc)bulo
mediano-posterior, que aparece como una simple ramificación
del cerro formado ])or el lóbulo antero-interno, y completamente
independiente del lóbulo postero-esterno, y, además, por la
presencia de dos aristas secundarias sobre la cara lateral es-
terna de esos dientes, interpuestas entre las tres aristas prin-
cipales.
Licaphrium Floweri A>aí(.ii.
LicapliriuDí FlotrcrI. A>n{(;HiNO. Loe. cit.
Ademiís de la pieza sobre la cual el señor ÁMEcniNO lia
designado la especie, posee el Museo de La Plata — un Iragniento
de la rama derecha del maxilar inferior, los dos últimos mo-
lares superiores del lado derecho y del lado izquierdo, como
también otros dientes y fragmentos de dientes del mismo indivi-
duo— y varios fragmentos del maxilar inferior. Estas piezas han
sido descubiertas en las barrancas del rio Santa (]ruz y en
jMonte León.
Licaphrium arenarum meri . sp. nov.
Esta cs[)ec¡e está rejtresentada por numerosos fragmentos
del maxilar inferior, ¡¡roccdentes de las barrancas del rio .Santa
Cruz v de INIonte León.
(1) MnRENii Y Mei'jerat, l'iilc(,n'oli)gla: c. Ivev. Mus. L.i I'lata, t. I; t)"; p..
34 (1891).
I
— 4()1 —
Ivsta especie lia teaidí) meaor talla auu ([ue Licapliriiou ¡n-
tcniíedium Mor. et Mere, pero mayor que L. parvulum Amegh.
Atril)UÍmos á esta misma especie un molar superior y dos
fragmentos de otros dos molares superiores, procedentes de las
biU'rancas del rio Santa Cruz.
Hé aquí las dimensiones de los dientes:
Licaphrium parvulum Amecu.
Licaphriiiin iirn-nil/ii//. Ameiíhino. Loe. cll. p. 2(1 y 7).M).
Además de la pieza sobre la cual el señor Ameiíhino csla-
lileció lo especie, posee el Museo de La Piala numerosos frag-
mentos del maxilar inferior y dientes sueltos entre los cuales
tiguran dos molares superiores, procedentes todos de Monte
I.eon y de las barrancas del rio Santa Cruz.
Las dimensiones de los dientes nos dan el siguiente cuadro :
Gen. Anomodontherium mekc. g. nc
Como en el género Limphriuin. Amegh.. el lóbulo mediano-
jiosterior de los molai-es superiores aparece como una simple
ramificación del ceri'o formado por el lóbulo anterivinterno, y
i.(i2
(^omi)letamente independiente del lóbulo postero-estei-no, pero i;i
<-ara lateral esterna de esos dientes carece de las dos aristas
secundarias interpuestas entre las tres aristas principales.
Anomodontherium montanum merí. si), nov.
Fundamos la especie y el género solire dos molares sapi'-
r¡oi-es, procedentes de Monte León.
Nos parece corresponder estos dientes al primer xerdadern
Ulular y al último promolai-. Sus dimensiones son:
Diiími'ti-o iiutfio-postcrioi-
DifuiKtro ti'íinsvf'rsa! . . .
Altura
Esta especie nos ¡lareco haber tenido aproximadamente la
la de Ihoatlierium pcrinilonni/ Moi-c.
(ien. Anisolophus buum.
AncTtUhcriitin. Burmeister. Desr. pJii/. h'ép. Anj., etc..
t. 111, ].. 47'.J ( IST'J).
Aiüsolophus. BURMEISTER. Aiuíl. Mm. Xar. Buenos Aires.
t. 111, e. li, p. 100—172. ])!. II, fig. 7 (1.S83).
Proteroll/crium. Ameí ñus o.— Jlol. Acad. Nar:. de Cieñe.
t. V, p. 201 {18S3). — Id., t. IX, p. 70 (1886).—
Coiü. ni COI/, al Mam. fós. etc., p. 55() (1880).
Los molares superiores esliiii consti'uidos sobre el tii)o del
género Banodontheriion. Difieren jirincipalmente de los molares
de este género, i>or los lóbulns estemos de diámetro transver-
sal relativamente may^r, por el lóbulo iiostero-inlerno que no
— 103 —
está separado del lól)ulo antero-interno de un modo tan apa-
rente, y por el lóbulo postero-inediano representado por un
tal)i(|uo que se estiende del punto de contacto do los lóliulos
internos al lóbulo postero-esterno, dividiendo el surco antoro-
])Osterior, que divide la corona de esos dientes en una parte
esterna y en una parte interna, en dos pozos muy desiguales,
el posterior bastante pequeño, y el anterior de diámetro ante-
ro-jioslerior mucho mayor.
Este último carácter, ([ue es el mas notable, está bien indi-
cado por BuRMEisTER eu las siguientes lineas, que estraemós
de la descripción (Ij dada por este eminente paleontólogo al
descril)ir la pieza solare la cual ha fundado el género Anisolopl/z/s:
«Posible es que la primera muela, muy jiequeña, no ha tenidn
mas que un solo lóbulo perfecto, porque el vacío interno do la
corona rota no está dividido en dos cámaras como en las oti'ns
muelas; sin embargo, tiene evidentemente dos raíces separadas
al lado estenio de la corona, y por esto le he dado también
dos l(')bulos en mi figura. »
La cara lateral esterna de la corona de los molares ])i'c-
senta dos aristas secundarias interpuestas á las tres aristas
principales.
La fórmula dentaiúa nos parece la misma ([ue en el género
Bimodontliprium Mei'c .
Anisolophus ausíralis »lrm.
Anchitheriitm a/mírale. Burmeister. Desc. plujx. L'rp. Ar¡j.
t. 111, p. 470 (1879).
Anisolophits aiistnilis. Burmeister. Anal. Mus. Xac. Bne-
iw-s Aires, t. III, e. 14, p. IGU - 172: pl. II, fig. 7.
(1885).
Protcrotlterium austmle. AMEriHiNO. ^ — Emtm. sistem. etc..
p. 19, (1887). — Cont. al con. Maii). fas., etc.. p.
559, pl. XXXIII. fig. 13, 14, 15 (1889).
Protcrotheriiim (?) cavuni. Ameghino. Loe. cit. \-i. 19 y
p. 560, pl. XXXIII, fig. 17, 18, 19. 20: pl. XXXI\'.
fig. 11, 12, 13, 15 (1889).
Hemos visto ya que el fragmento de maxilar superior que
(1) BcRMEisTER. AhuIm Ocl Mu^co Nucioiíai ('(' Buenos Airnf:, t. 111,
14; Buenos Aires, 1885; 4°; p. 170.
— 4(34 —
el señor Ameghino ha identificado con la especie establecida
l)or el Dr. Blrmeister, AnisoJoplíiin australis, bajo el nombi-e
de Protcroilierium aiistralc , pertenece al género Díadiapl/onis
Amegh. ( 'S'éase p. 459).
Entre los molares del cráneo sobre el cual el señor Ame-
ghino ha establecido la especie Proterotherium (?) cavum, aunque
procede de un individuo bastante viejo, y á pesar del mal estado
de la pieza, se distingue muy bien el tabique que forma el ló-
bulo postero-mediano sobre el pm-L y sobre el mi.
Además de este cráneo, posee el Museo de La Plata v.-u'ios
fragmentos del maxilar infei'ior, dientes sueltos y jjiezas de las
estremidades posteriores, pertenecientes á esta especie. Estas
piezas proceden de Monte León y de las barrancas del rio
Santa Cruz.
Muy difícil sería emitir una opinión sobre si los fragmen-
tos de maxilares superiores figurados por el señor Amec.hixo
(Véa.se loe. cit., pl. XXXIII, fig. 14, y pl. XXXIV, fig. 11,
12, 13), y de los cuales no ha dado descripción en ninguna
parte, pertenecen ó no á esta es]")ecie. O no pertenecen á esta
especie, ó las figuras mencionadas han sido ejecutadas con
muy poca exactitud, como sucede por lo general en esa ol)ra.
Siguen las dimensiones de los dientes, tomadas sobre las
muestras N» 9142 v N" 9132:
Anisolophus Burmeisteri merc. sp. nov.
Esta especie está representada por dos cráneos imperfectos
y fragmentos del maxilar inferior. Proceden estas piezas de
Monte León y de las barrancas del rio Santa Cruz.
l'',n uno de esos cráneos se vé la órbita completa ati-ás, aun-
(¡uo el señor Ameghino. refiriéndose al cráneo que le sirvió para
lundar la especie Protcrothcrínm c.') oriTim que es sinónima de
— 4g:) —
Ainsolophits (iHstraUs Burm, por estar destrozado el arco en esta
región y culjiertn de tosca conci-ecionada, dice en su obra sobre
los Mamíferos fósiles de la República Argentina: «Do la parte in-
cisiva no se conoce absolutamente nada, pero existe visible sobre
un lado parte de la órbita y del arco cigomático, que prueban
que el arco de la órbita estaba interrumpido atrás, lo que
prueba de un modo definitivo que no se trata de rumiantes ».
Las dimensiijnes de los dientes son las siguientes:
Diámetro autoro-postfrior
Piániotro trausvcrsal . . .
Altura
Anisolophus Fischeri merc. sp. nov.
Fundamos la especie sobre fragmentos muy reducidos de
un cráneo y numerosas piezas del esqueleto de otro individuo
envueltas en una tosca jnuy dura, procedentes de Monte León.
Entre ellas se observa un fragmento del maxilar superior dere-
cho con los pmi y mi, que indican un animal de tamaño bas-
tante mayor que Anisolophas Burmeisteri, y mayor tamliien <|ue
Anisolophus australis.
Hé aquí las dimensiones de los dientes:
Gen. Oreomeryx merc. g. nov.
Los molares superiores están construidos sobre el tipo del
género A)iisolopliiis Burm. La cara lateral esterna de esos dien-
tes, carece de las dos aristas secundarias interpuestas entre
las tres aristas principales.
iíU)
Oreomeryx proprius mekc sp. nov.
Designamos la especie sobre un fragmento del niaxilai- sn-
pei'ior izquierdo, y sobre dos fragmentos del maxilar int'orioi'
del mismo individuo, descubiertos en Monte León.
Ivste animal ha tenido una talla mayor que Animloplms ans-
t ralis Burm.
Damos ariuí las dimensiones de los dientes:
El espacio ocupado por los molares inferiores de los cuales
hemos dado las dimensiones, es de 59.
Oreomeryx superbus mekí. sp. n<
l'jstablecemos la especie sobre un mi procedente de Monto
León.
Este diente indica un animal de talla menor (¡ue Anisoloplins
(iiistralis Burm.
Hé aquí sus dimensiones:
Di(ámetro antero-posterior 11.7
Di;imetro trans\ersal 13
Altui-a.. 11-5
Gen. Merycodon merc. g. nov.
l']ste género se caracteriza por sus molares superiores cons-
truidos sobre el tipo del género AtiisoJophus Burm.. pci'O en
— 4G7 —
esos dientes Im desaparecido el l(')liiilo postero-mediaiio, de
moílo (|uc no presentan mas (¡ne cinco l('>i)ulos aparentes. La
i'MiM lalei'al esterna de la corona de estos dientes, presenta
dos iii'istas secundarias interpuestas entre las ti-os riri>la> prin-
cipales.
Merycodon Damesi mei«.
MI. nn\ .
l']sla especie está representada por numerosas piezas del
es(iueleto de un individuo, descubiertas en Monte León, y en-
tre las cuales figura el cráneo, bastante completo.
Esta especie lia sido del tamaño de Anisoloplnis anslidlix
Burm.
Ll diamelro antero-iiosterioi' de los molares del pni'- al ni-ii
nos d;i sucesivamente: 8 — 10 — 1L8 — 12.8 — 14 — 12.5.
La longitud del espacio ocupado por los siete molares sui)e-
riores es de 71. La longitud entre el borde anterior del |nn- y
el borde posterior del cóndilo occipital, es de 132.
Merycodon rusticus
no\ ,
Establecemos la especie sobre los mi. de los dos lados y un
fragmento del m2" de un mismo individuo, procedentes do las
barrancas del rio Santa Cruz.
Esos dientes ¡¡ertenecen á un individuo de edad avanzada,
y denotan un animal de talla menor (pie la especie precedente.
Las ar-stos secundarias en esos dientes son bien acentuadas
>■ mas elevadas ([ue en Merycodon Damesi Mere.
Las dimensiones son :
— ím
Gen. Rhagodon merc. g. nov.
Los molares superiores están construi(l(_is solire el tipo del
género Mcnjcodon ]\Ierc. La cai-a lateral esterna do esos dientes
carece de las dos aristas secundarias interpuestas á las tres
aristas principales.
Rhagodon gracilis merc s|i. nov.
Fundamos el género y la especie suljre el mi de un indivi-
duo ya bastante viejo, procedente de Monte León.
Hé aíjuí las dimensiones de este diente :
Diámetro antero-poslerior 1(1. U
» transversal 13. i
Altura Ñ
Esta especie lia sido de talla intermediaria entre AiusoIopJ/u.^
au-'^tralis y Mcrycodo» ruftticus.
APEiN-DICE
Oreomeryx Rutimeyeri merc. .-sp. m
Ya estaba casi concluida la impresión del presente trabajo,
cuando el señor don Santiago Pozzi, primer preparador de este
establecimiento, nos trajo un fragmento del maxilar superior iz-
quiei'do que recien acababa de estraer de un bloque de tosca
procedente de Monte León. De otros bloques de la misma proce-
dencia, había eslraído ya piezas que nos llamaron la atención.
Entre esas piezas hay fragmentos del cráneo, vértebras, el sacro,
fragmentos de la escápula y de la pelvis, la jiarte distal de un
húmero derecho y la parte distal del fémur del mismo lado.
Todas han sido encontradas en condiciones tales, que se pueden
considerar como de un mismo individuo. Todas ellas denotan
un animal aun joven quG ha tenido al menos la talla de Biino-
dontlieriuin patagouicum Mere.
Por la estructura de sus dientes, pertenece este animal al
género Oreomeryx Mere, y por su tamaño denota una especie
nueva, que dedicamos al ilustre paleontólogo que tanto ha con-
tribuido con sus sabias disertaciones al adelanto de la histo-
ria de los Ungiilata, el profesor Rütimeyer en Basilea, dándole
el nombre de Oreomeryx Rutimeyeri Mere.
VA fragmento de maxilar presenta el pm i deteriorado, y los
inn i-, m 1 y m 1 intactos. Pm i y pm 1 pertenecen á la dentición
de leche; m 1 y m - están poco gastados. Se vé también en este
fragmento parte del m 1 que no había perforado todavía la
encía.
Las dimensiones de los dientes son:
— 470 —
Imi este trabnjo hemos hecho notdi- \u ¡inalogía entre hi
estructura de los dientes del género Tlicosodon y la de los Bu-
nodoiühcrídae. Las piezas del esqueleto de Oreomenjx Ridimeyerí
demuestran aun con mayor evidencia el parentezco que existe
entre los Bunodontheridae y los géneros Tlieosodon, y Macrattchenia.
Conviene igualmente señidar aquí el gran parentezco que se
observa entre el género Tlieosodon Amegh. \ Maoxmchcnia Owen.
Observaremos aquí (¡uc la forma del episti'ófeo de Orcomcrijx
Riitinieijeri, á juzgar, por el cicleal de esta vértebra, denota la
misma forma ({ue la correspondiente en Macmuchcnia.
l.:l Plata, 1" tic Julio lio ls91.
ñ
ÍNDICE
At, LECTOR III
Documentos vii
Los Museos de Historia Natural, por W. H. Flower, traducido del Times
de Londres i
El Museo de La Plata. — Rápida ojeada sobre su fundación y dcsarroll^i, por
Francisco P. Moreno i'
Reseña general de las adquisiciones y trabajos hechos en 1889 ex el
Museo de La Plata, por Francisco P. Moreno 5-
La Lengua Mocovf, según el Padre Fr.\ncisco Tavolini, por Samuel
A. Lafone Quevedo. — Carta del C J. Granel al General Bartolomé
Mitre. — Reglas para aprender d hablar la lengua moscovítica, etc ; I
Notas 6 sea principios de gramática mocovi, etc., por Samuel A. Lafone
Oueveclo 113
Los Museos Argentinos, carta del señor Henry A. AVard 145
Proyecto de una esposicion retrospectiva argentina, con .motivo del
CU.\RTO CENTENARIO DEL DESCUBRIMIENTO DE AMÉRICA, por Francisco
P. Moreno ' 152
DETERMIN.VCION de LAS REGIONES DEL GLOBO, DONDE LA FAUNA ES INSUFI-
CIENTEMENTE CONOCIDA, por el T)' Pablo Fischer. (Traducción del informe
presentado al Congreso Internacional de Zoología, reunido en Paris en
Agosto de l88q.) lOI
EsPLOR.\CION ARQUEOLÓGICA DE LA PROVINCIA DE C.'VTAMARC.V, por Francisco
P. Moreno 201
NOT.\S SOBRE L.\ PALEONTOLOGÍA DE L,\ REPÚBLICA ARGENTIN.A I. — Sinopsis
de la familia de los Astrapotheridae, etc., por Alcides Mercerat 237
La Lengua Mocoví, según el p.\dre Francisco Tavolini, por Samuel
A. Lafone Quevedo. — Continuación 257
Biblioteca del Museo de La Pl.\ta. — Lista de las publicaciones recibidas
en canje. (Octubre 1890 — Mayo 1891) 330
D1PTEROLOGÍA Argentina, por Félix Lynch Arribálzaga 345
Notas sobre l.\ P.\leontologl\ de l.\ República Argentin.\ IL — Sinopsis
de la familia de los Proto.xodontidae, etc., por Alcides Mercerat 379
Notas sobre l.\ Paleontolog¡.\ de l.\ República Argentix.\ III. — Sinopsis
de la familia de los Bunodontheridae, etc., por Alcides Mercerat 445
Nota. — Las láminas que /alian en este tomo, se incluirán en
el tomo II de esta Revista.
La correspondencia relativa al Museo de La Plata
y sus Anales jv' Revista, debe ser dirijida á
KRANCISCO P. MORENO,
DIRECTOR DEL MUSEO DE LA PLATA.
Provincia de Buenos Aires. — República Argentina.
La correspondance relative au Musée de La Plata,
ainsi qu'aux Annales et á la Revue de cet établis-
sement. devra étre ádressée á
FRANCISCO TP. MORENO,
DIRECTEUR DU MUSÉE DE LA PLATA.
Province de Buenos Aires. — République Argentine.
/
<
z
o
ce
r.
tí
<;
h
<;
j
<
Q
O
w
Revista del Museo de La Plata
i/i
a
o
D
R
r
>
TI
r
>
>
Ib
i-:
-- ^lí i I 'I
I D|tíi-£.C."#«R
iÜlriüiiillJ
Lámina II
S
C
t»
M
O
O
B
r
>
■r
r
>
ry\ I
I >• I ! APTTROPOLO
■li i '■'■-■
I I CETÁCEOS FÓSILES iwt.
;3'c-n« =
■"■"i;
í^í^lr-^*
■jTAFIRIS.CIOWOS-
CUATCKHARIOI
ENSANCHE PROVISORIO
I VARIOS tSQUtLETOa cuatern',
'< ° i. I VARIOS ESQUELETOS CUATERN,, ^^
ñff
<
z
<
c
o;
>
o
w
m
D
W
Q
O
J
D
>
<
7^.
<
w
c
o
w
Q
>
ce
M
B
Z
O
Q
O
E-
d
O
j
Oh
w
a
o
u
p
P
<
a:
w
O
a
S
-a
■<
o
14
2
z
•<
<
<
o
w
c/}
D
W
Q
<
E-
V.
>■
>
s
<
Q
<
<
O
Ü
O
<
z
<
Q
z
o
M
O
ü
(fl
g
1-1
i-
<
l-J
o
a
tn
<
ce
>
ce
ü
M
O
■O
p4
O
O
b
z
<
z
o
M
Ü
ü
W
<
z
s
<
i"
<
O.
c
o
w
ce
ce
u
o
u
u
4)
X
i)
•O
I
<
O,
<
Q
O
W
tfl
2
EXPLICACIÓN DE LAS PLANCHAS
PLANCHA XI
Bunodoatherium patagonicum >iiii;i
J\^y^ a^^Si p'^"^'
f — lo f'í-
Fi;/. I — Crúneo iuipci'í'ecto v'.sto dolado al tamaño natiu-al.
/•Vy. 1,1 — Kl mismo, visto ile abajo.
CMTC- vsTs^
.v^.
I
llrntUml niiini,
3 2044 106 266
^
s-^,;.:
A* x-.*,-
^?H,
H<-