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HARVARD UNIVERSITY.
LIBRARY
OF THE
MUSEUM OF COMPARATIVE ZOOLOGY.
ü-u/vuí. J). /Y92j.
REVISTA
IA,P¡ I.EL
MUSEO DE LA PLATA
DI RUI DA POK
FRANCISCO F*. iVIORKNO
Fundador y Director del Museo
T O 3VLO II
--^.-=,i-„<l-J'í*ÍLate^l-;íiíi'íi
LA PLATA
TALLERES DE PUBLICACIONES DEL MUSEO
1891
REVISTA
nEi,
MUSEO DE LA PLATA
DÍRIJIDA POIÍ
FRANCISCO F». MORENO
Fundador v Director del Museo
T O 3VC O II
TA.LT^'EFiEis rí-EL is<r -0-3^:0 rj-E: l-a. :F>i^-A-'r.A
] 89 1
MUSEO DE LA PLATA
NOTAS SOBRE LA PALEONTOLOGÍA
REPÚBLICA ARGENTINA
En el vol. I. de esta Revista se han publicado tres
sinopsis i-eferentes á los Asfrapothericlae, á los Protoxo-
(lontidae, y á los Bunodonflieridae.
Hoy se agrega á esos trabajos uno sobre las familias
de los Ortotheridae, de los 3IegaIonycidae, de los Neiiia-
iheridae, de los Hoplophoridae, de los Clüamydotlieridae
y de los Dasypídae, que tiene el mismo objeto que las
sinopsis arriba mencionadas: servir de nuevos elementos
para establecer mas tarde el catálogo de la Sección Pa-
leontológica de este establecimiento.
Recomendamos esas publicaciones á la atención de
los paleontólogos, y recibiremos con reconocimiento las
observaciones y las comunicaciones que quieran dirigirnos;
y nos ponemos desde ya á disposición de los estableci-
mientos científicos y de los hombres de estudio, para todos
los datos que puedan serles útiles y para los canges de
publicaciones y objetos que quieran iniciar con este Museo.
L.1 Plata, Julio i 5 de 1891.
Francisco P. Moreno,
Fundador y Director del Museo de La Plata.
DATOS SOBRE RESTOS
\ 1 A M I F K R O S K O S I L F S
pertenecí líNTES Á LOS BRUTA
G5N5^aVAnOS EN EL Museo DE La Plata V PROCEDENTES DE LOS TERRENOS F. CENOSl'; ^" -M
poi-
.ALCIDES NIERCER^T
ETicarjido (l3 S3CcÍoa en al Musas
BRUTA
GRAVIGRADA
o i'tlaotlxei'itla e
Orthothcridac. Ameguino. Cont. al con. Mam. fus. dr ¡i.
083 (1889).
7'o;Ios los géneros conocidus. liiisla el inoiiicuio en (¡ue es-
ci-iliiiTios, de la familia de los Oiiholheridae. han sido fundados
por el Si-, ür. Florentino Amechino; y Con l;i única escepcion
del g-énero Orthothermni, lian sido establecidos sobre restos ¡ler-
tenecientes al Museo de La Plata. Conviene hacer notar esto
porque dicho autor [larece (¡ue intencionahnente silencia quien
ie proporcionó el vasto matci'ial c[ue describe en su obra Mn-
laiferos fósiles de la h'epíiOlica Arr/enf/na y que c:onstituye, como
en otra ocasión hemos dicho, las nueve décimas partes de ella.
En esa ol)ra p. 683-GS4 este autor traza un cuadro analítica ¡U:
los géneros de la familia de los Ortkofhcridae. en el que indica c.i-
racteres que no le ha sido posible constatar en el material i|ue
da á conocer, y que- resaütan ser erróneos. Además, en la de-
terminación del material de que se ha servido, ha incun-ido en
confusiones lamentables.
Gen. Schismotherium Amegh.
Sckisiiiot/ien'/ni/. Ameghino. — Einim. sistci)/. ele. \). 21
{l8S'). — CoHt. al con. Mam. fós. etc. p. (ISr) ( 188'.)i.
Hapalops. Ameghino. — Loe. cil. p. 22 y 6SG.
Trematlifriuin . AArEGiiiNO. Loe. eit. p. 22 y G97.
Planops.. Ameghino. Loe. eít. ]>. 23 y GSSi,
En el cundrñ nn.ih!!i'(~> (|ue dá el Sr. A.meghi:-.! • f ' >- :.: -
— (•) —
ñeros de la familia de los Orthotlieridae ( J ), distingue este auiur
el género Schismotheriion del género Orthotkerium por la circuns-
tancia de presentar la mandíbula inferior del género Schisn/o-
theriwn las cuatro muelas inferiores rectangulares. Estableciendo
los caracteres del género Schisiuotlieriuní en la página 685 de la
obra citada, dice: «La mandíliula inferior lleva cuatro muelas
rectangulares^ en serie continua, de ángulos redondeados, im-
plantadas con su diámetro mayor en dirección transversal al
eje longitudinal de la serie dentaria ».
Observaremos que en el género Schismotheriwn, como en todos
los otros que conocemos de la familia de los Orthotlieridae, el
primer diente, tanto el de la mandíbula inferior como el de la
mandíbula superior, es de secciun transversal elíptico-cilindrica
y separado de los demás dientes por un diástema no mu\' cs-
tendido.
La fórmula dentaria es |-. Como ya hemos dicho, el primer
diente, tanto el de arriba como el de abajo, es de sección trans-
versal elíptico-cilindrica y separado de los. demás dientes pnr
un diástema algo mayoi' del que se observa entre los otros
dientes. Este diente está gastado transversalmente en bisel, do
manera que el declive del primer diente de los maxilares supe-
riores mira hacia atrás y hacia adelante el del primer diente
del maxilar inferior. El primer diente de los maxilares supe-
riores es caniniforme. Los otros dientes son de sección trans-
versal rectangular con los ángulos algo redondeados. Están
implantados mas ó menos transversalmente, y tienen el dii.-
metro transversal bastante mas fuerte que el diámetro antero-
posterior. El último diente superior es muy comprimido y bas-
tante mas pequeño que el que le precede. El último diente del
maxilar inferior es casi cilindrico; el borde antero-esterno de
este diente solamente es anguloso.
En su forma general tiene el cráneo un gran parecido con el
de Eucholoeops Amegh. Difiere sin embargo notablemente de
éste por presentar según la linea sagital una encorvadura l)as-
tante pronunciada.
I']l frontal presenta una cresta sagital, bastante ancha y poco
elevada que tiene su mayor desarrollo en la región de la
sutura del frontal con los parietales, y que sigue hacía atrás
atenuándose, y desapareciendo casi por completo á poca distan-
( 1 ) Ameííhino. Contribución al conocimiento de los Mamífei-os fósiles de hi
República Argentina; Buenos Aires, 1889; 4°; p. 683.
cia de esta región. La cresta occipital nos parece estar indicada
solo sobre los bordes laterales. Delante del primer diente los
huesos de la cara constituyen un hocico bastante mas prolon-
gado que en los otros géneros de la misma familia que nos
son conocidos.
Schismotherium fractum amehh.
ScJiismothcruim fractum. Ameghino. — Loe. cit. p. 21 y G87.
Al descriijir la pieza sobre la cual ha fundado la especie y
el género, el Sr. Ameghino parece no haber conocido ni la forma
de los dientes del maxilar inferior de los animales de esta
familia, ni tampoco el modo de desgaste de esos dientes.
La pieza que decribe (Véase loo. cit., p. 080) ha sido mal restau-
rada. El tercer diente ha sido puesto al revés, de modo que lo que
este autor describe jcomo cara lateral anterior, es, en realidad, la
cara lateral posterior ; lo que describe como cara lateral poste-
nor, es la cara lateral antei'ior: y la pequeña depresión que
presenta la cara lateral interna de este diente, en el sentido del
9Je longitudinal del diente, la atribuye, por error, á la cara
lateral esterna. Además, el diente que este autor describe como
muela cuai'ta, no pertenece ¡i la rama izquierda : nos parece
ser el segundo diente de la i-ama derecha del mismo maxilar.
Después de haberlo sacado del alveolo en el cual había sido
pegado, hemos podido observar sobre la cara lateral anterior
de alveolo, la capa esterna, bien distinta del diente que ha cor-
respondido á este alveolo.
Atriliuimos á esta misma especie un cráneo, al que le falta
la parte anterior, y el maxilar inferior imperfecto de un mismo
individuo, procedente de Monte León.
Hé aquí las dimensiones de los dientes:
— S -
El espacio ocupado por la séi-ie dentaria en el maxilar infe-
i-ior, es de 44. Los tres últimos dientes superiores, ocupan un
espacio de 25.5. El diástema ([ue separa el primer diente infc-
i'ior de los otros, es de 7. La distancia entre el borde poste-
rior del cóndilo occipital y la cara lateral posterior del último
diente, es de 102. El ancho del cráneo, tomado sobre la cara
lateral esterna del tercer diente es de 4(), y 35.6 lomado sobre
la cara lateral esterna del último diente. El diámetro transver-
sal del cráneo, tomado sobre el frontal, al nivel del último
diente, es de 49. La altura del cráneo, lomada inmediatamente
doti-ás del último dient
Schisraotherium intsrmixíum i amkch.] mew .
Treiiiatheriuní inlermixtitia. Amegui.no. — Loe. cit., p. 22
y (597.
Planops lonrjií-ostratHs. Ameiíuino. Loe cit.. p. 23 y 688.
Se notan aiyunos eri'ures y hasta cuntra(_licciunes en el cuadro
imalílico y en la descripción refereule ;í Planops lonrjirostraius
ipie lia dado el señor Ameguino (\'éase loe. cit. p. 684 y G8S).
En cuanto á Treinatheriiim iuteriiiix-tunt. del mismo autor, que
coloca en la familia de los Megalonijcidae, hi pieza que le lia
servido para fundar el género y la especie, no presenta las
aberturas del canal alveolar en la posición que las señala el
señor Ameííhino (Véase loe. cit. p. 697). La pieza está destro-
zada, pero, fijándose bien, so vé sobre ella á una distancia de
17 del borde posleiúor del alveolo del mismo diente, el origen
de las dos abeiiuras (¡ue presenta en esa región el canal alveo-
lar de estos aniamles, una (|ue se dirije hacia adelante y la
otra hacia el lado interno.
Lo que el señoi- Ameghino ha lomado por abertura del canal
alveolar colocado sobre el lado esterno, es un orificio denta-
rio c[ue se encuentra el nivel del último diente. La abertui'a
((ue señala este autor del lado interno, es accidenlal. En el
maxilai- infei'ior de Scliismotlierinni fraduní Amegh., se observa
el mismo orificio denlario, pero colocado un poco mas adelante,
es decir, casi al nivel del borde anterior del último diente.
Atribuimos á la misma especie un fragmento del cráne:; \
un cráneo incompleto, procedcnles de Monte León.
l^stu esj.iecie lia sido do tallíi na iioco meinM- (|ue l:i jh-lh-u-
dente.
Siaiien Ins dimc>nsiones de los dientes:
niáiilL'tlo autíTO-poslL'riur.
l)i;'inietrü traiisviTsal. . . .
Alluva
1^1 espacio ocupado por la serie de los dientes superiores,
es de 45. El diáslcma que separa el primer diente su]ier¡or del
segundo, mide S.
Schismother-ium recíangularis ( ameüh. \
HupaIopt> redangidaris Amehhino. \.()C. r\\ . p, -¿-I y í)87 ;
pl. XLI, íig. G.
Posee el Museo de La Piala, además de las piezas que han
sei'vido al señor Ameghino para estalilecer la especie, la parte
mediana de dos cráneos y un crfinoo casi cijmpleto ,pero frag-
mentado, procedentes de Monte Let)n.
Esta especie ha sido de talla menor ¡lue la precedente. . Las
tlimensiones de los dientes, son:
El espacio ocu[)ado por la séi'ie dentaria supei'ior, es de 42.
El diástema enti'e el |irimer(i \' el segundo diente, es de '.y.i.
Schismotherium patagonicum mk
■:kc. su. ncjv.
Esta especie está representada por la ])arte anterior izquier-
da de un cráneo v varios fragmentos del mismo ci'áneo. \'
— II) —
poi" dos maxilares superiores. Estas piezas han sido recojidas
en Monte León.
Esta especie es de talla aun menor que la precedente. Da-
mos en spüuida las dimensiones de los dientes:
El espacio ocupado por la serie de los cinco dientes supe-
riores, es de 38. El diástema entre el primero y el segundo
diente, es de G.
Gen. Stenocephalus merc gen. nov.
El ginero ,Stenocephalas ditiere de Schisinofherium por el ^crá-
neo relativamente mas largo y mas angosto, por el j)a!adar
que se enangosta de adelante hi'icia atrás. L,a cresta sagital
está desarrollada como en Sclnmuotlicritim, pero es mas estrecha.
La cresta occipital no es ¡¡rominente sino lateralmente. La
fórmula dentaria es también v- Los dientes tienen la misma
forma que en el género Scliismotlierium. VA ter'cer diente supe-
rior es el mas grande. El segundo es casi del mismo tamaño
que el cuarto. El último diente superior es también muy com-
pi'imido, y Ijastante mas pequeño que el que le precede, l'^l
último diente del maxilar interior, es cilindrico-rectangular.
Stenocephalus australis merc. sp. nov.
Fundamos la especie sobre un cráneo, al cual le falta la
parte anterior y los arcos cigomáticos. Atribuimos ¡i la misma
especie un maxilar inferior incompleto, y un fragmento de los
maxilares inferiores de otro individuo. I'^stas piezas ¡ii'oceden
de las barrancas del rio Santa Cruz.
— 11
Damos en seüuidn las dimensiones de los dientes:
El espacio ocupado por la serie de los molares inferiores,
mide 41,5; el ocupado por los cuatro últimos molares superio-
res, 35; el diástema entre el primer diente inferior y el segun-
do, 7,5. La distancia entre el boi'de posterior del cóndilo occi-
pital y el borde posterior del último diente superior, es de 88.
El diámetro transversal del cráneo, tomado sobre el frontal, al
nivel del último diente, mide 45: y la altura del cráneo á este
mismo nivel, 56. La altura del maxilar inferior al nivel de lo
barra, entre el primei-o y el último diente, es de 27, é inmedia-
tamente detrás del último diente, 20. VA di;imetr() transversal
mayor del maxilai' inferior (]ue está al nivel del último diente
es de 17.
Esta especie no nos parece haber sido de mayor talla (|ue
ScJtismotheriion inicrnii.rtiitn ( Amegli.)
Stenocephalus cognatus merc sp. nov,
Establecemos la especie s^bre un cráneo, al cual le falta la
parte anterior y la parte posterior, y sobre la parte posterior de
otro cráneo. Estas piezas han sido descubiertas en las barran-
cas del rio Santa Cruz.
Esta especie ha tenido la talla de Schismntherium australis
(Amegh.). Siguen las dimensiones de los dientes:
— 12 —
La longitud del espacio ocupado por la serie dentaria, es de
50. El diástema que separa el primer diente del segundo, mi-
de 13.
Itenocephalus hybridus mekc sp. no\ .
Designamos la especie so!;ire un cráneo jjastante deteriorado
al que le falta la parte anterioi-. Procede de' las barrancas
del rio Santa Cruz.
Esta especie no ha sido de mayor talla que Schisinothvrium
patay onic'um Mere.
Los diente.^ están rotos al ni\el del borde alveolar: solo
el [tenúltimo ¡presenta todavía la corona, que tiene 5 de diá-
metro antero-posterior jior 7,2 de diámetro transversal. El es-
pacio ocupado por la serie de los cuatro últimos dientes es do
2fi..5. El diástema entre el primer diente y el segundo mide 11.
Gen. Hapalops Amegu.
Flupalops. .Ameouino. Loe. cit. ji. 22 y ()86.
Este género está hasta ahora representado solo por maxilares
inferiores ó fragmentos de este hueso.
Los dientes son de sección transversal sul.)-oh'ptica. El último
diente inferior tiene la misma forma que en el género Schisnw-
thcriam Amegh. En la página 683 de su obra sobre los Manti-
feros fósiles de la Rcpiildica Aij/eiitina, atribuye el Sr. Ameíthino
al género Hapalops lus siguientes caracteres: « Primera muela
inferior pequeña, elíptico-cilíndrica y truncada horizontalmente».
No es en el material que da á conocer este autor donde lia po-
dido obser\ar esos caracteres, los que por el material de que
ahora disponemos resultan erróneos. El primer -diente inferior
está gastado como en los otros géneros de la misma familia y
no está truncado liorizontalmente. Además este diente tiene l.i
corona de sección transversal triangular con los ángulos redon-
dend(;is.
13
Hapalops ellipticus Amegh.
Hapalops dlipticas. Amehiiino. Loe. cit. p. 22 y G87 : pl.
XL. fig. 20. 21. " .
Además de los piezas que da ú conocer el Sr. Ameghino
posee el Museo de La Plata algunos fragmentos del maxilar
interior de varios indi\'íduos, procedentes de Monte Leen y de
las barrancas del rio Santa Cruz.
Hapalops (?) indifferens .\MEr,ii.
Hapalops indifferens. Ameghino. Loe. cit. p. 22 y (kST:
pl. XXXIX. tig. G.
La pieza que el Sr. Ameghino figuro en su obra i)i. XXXIX,
fig. 6, no corresponde á la pieza que le ba servido de ti])0 para
establecer la especie y que es la única de la (|ue ba dado este
autor una descripción ( A'cáse loe. cil. p. 687).
La pieza que ba servido de tipo al Sr. Ameghino pertenece
al Museo de La Plata. Visto su estado, que no presenta mas
vestigios de los dientes que la raíz del ¡¡rimer diente, muy
difícil sería decir si pertenece ó no al género Hapalops.
La posición del agujero mentoniano, nos parece indicar un
maxilar inferior de forma bastante diferente del de Hapalops.
Xos limitaremos por el momento á esta observación, bacieudo
seguir el nomljre genérico de un interrou'ante.
Hapalops grandaevus merc. sp. nov.
Establecemos la especie sobre un maxilar inferior procedente
de ]\Ionte León.
Este maxilar inferior indica un animal de talla muclio' mas
fuerte que Hapalops ellipficas y mas fuerte aun que Hapalops (?)
indifferens.
14
La longitud del espacio ocupado por los tres últimos dientes,
es de 28. El diámetro transversal del cuerpo del maxilar al
nivel del penúltimo diente mide 20,5. La distancia entre el
borde anterior del alveolo del primer diente hasta la estremidad
distal, es de 29. El orificio dentario anterior, de diámetro bas-
tante fuerte, está al nivel del primer cuarto de esta distancia
y á 7 del borde alveolario. La altura del maxilar inferior al
nivel del primer diente es de 28. La distancia transversal que
separa los dos orificios dentarios [anteriores, mide 14.
Observación. — El Sr. Ameghino, en la entrega 3" del 1° de
Junio de 1891 de la Revista Argentina de Historia Natural, Buenos
Aires, 8", t. I, p. 153, dú á conocer un cráneo que considera
como de un representante de una nueva especie del género
Hapalops que dedica al eminente paleontólogo, el Profesor Rü-
timeyer de Basilea.
La figura que de este cráneo publica el Sr. Ameghino no
concuerda con la descripción que de él dá este autor. Además,
compara el Sr. Ameghino este cráneo con el de Hapalops rec-
tangidaris del cual no se conoce aun el cráneo y que es un Schis-
uwtheriiim como lo hemos visto. Lo compara también con el
cráneo de Hapalops indiff'erens del cual no se conoce tampoco aun
el cráneo, y que por la pieza que ha servido de tipo al Sr.
Ameghino para establecer la especie, y que pertenece á este Mu-
seo, no nos parece corresponder al género Hapalops.
Nos permitiremos hacer la ob.servacion siguiente: ¿Cómo es
posible atribuir al mismo género piezas que proceden del mismo
horizonte geológico, y que presentan diferencias tan profundas
como las señaladas por el Sr. Ameghino en el citado trabajo?
IVXegalony cicla e
Los numerosos restos que posee el Museo de La Plata per-
tenecientes á la familia de los Megalomjcidae, procedentes de los
— 1.-) —
lorrenos terciarios patagónicos, pueden referirse d tres géneros
diferentes.
Gen. Eucholoeops Amech.
Eiicholoeo2)s. Ameghino. — Eiiinii. sistcni. etc. p. 21 (1887). —
Coiii. al con. McDii. fus. ríe. p. (')'.)2.
La fórmula dentaria es -4-- A los caracteres ya conocidos de
este género, agregaremos los siguientes: El cráneo presenta
una cresta sagital estrecha y bien indicada en todo su largo
hasta llegar casi al nivel del último diente donde se bifurca.
La cresta occipital está también bastante desarrollada. El supra-
occipital presenta en la línea mediana una cresta bastante bien
indicada, que se deslaca de la cresta occipital y llega hasta el
borde superior del foramen occipital.
El Museo de La Plata posee además de los cráneos y maxi-
lares inferiores, gran número de piezas del esqueleto (jue nos
parecen referii'se al género Eucholoeops.
Eucholoeops ingens Amegh.
Eucholoeops ingens Amechino Loe. cit. p. 21 y G9.3.
Tenemos que agregar á la lista de las jaezas (|ue posee el
Museo, y sobre las cuales el Sr. Ameghino ha establecido esta
especie, numerosos fragmentos del cráneo y del maxilar inferior.
Eucholoeops latifrons mekc. sp. nov.
Designamos la especie .sobre un cráneo en buen estado de
conservación, pero al cual le faltan los arcos cigomáticos y la
parte basilar de la cavidad encefálica. Procede este cráneo de
Monte León.
Esta especie sobrepasa algo la mitad de la talla de Eitcho-
— K) —
loco-ps ingens Amegh. Damos en seguida las dimensiones relnti-
v;is á este cráneo, principiando por los dientes :
Longitud del cráneo del borde posterior de los c(')n-
dilos occipitales á la estremidad distal lÓó
Distancia entre el borde posterior del cóndilo occipi-
tal y el borde posterior del alveolo del último molar. . . 1)5
Lijngitud del espacio ocupado jior la serie de los cinco
dientes 54
Longitud del espacio ocupado por los cuatro últimos
dientes 31
Distancia entre el primero y el segundo diente 17
Diámetro transvei'sal del cráneo, tomado sobre los ex-
occipitales • 07.. "j
El mismo, tomado sobre el frontal al nivel del último
diente 47 . 5
El mismo, tomado al nivel del primer diente 45. ."3
Ancho del paladar inmediatamente detrás del último
diente 20
El mismo, inmediatamente delante del segundo diente 31
Altiu'a del cráneo entre el borde superior del foramen
occipital y el borde superior de la cresta occipital 33
La misma, tomada inmediatamente detrás del último
diente ■ •. 40
La misma, tomada inmodiatamento detrás del segundo
diente ' 44
Eucholoeops Lafonei .merc. sp. no^■.
Esta especie está representada por la parte anterior de un
cráneo en perfecto estado de conservación, procedente de Monte
León. Poseemos del mismo individuo la mitad derecha del in-
termaxilar tan característico en esos animales.
i:
Esta especie lia sido de talla bastante menor ({ue la especie
precedente. Hé aquí las dimensiones relativas á los dientes:
El espacio ocupado por la serie de los cinco dientes supe-
riores, es de G3. La barra entre el d ^ y di es de 20. El diámetro
transversal del cráneo tomado al nivel del di, es de 47. La
longitud del cráneo entre el borde posterior del di- y la estre
midad del intermaxilai', es de 77.
Gen. Tapinotherium ueuc. g. nov.
Establecemos el género soljre un cráneo que ha sufrido
bastante en la parte superior. La forma general del cráneo,
nos parece la misma que en Euclwloeops Amegh. Se caracteriza
por sus cuatro ú[timos dientes, de sección transversal elíptica,
de diámetro transversal relativamente mayor, por el paladar
que no se enangosta hacia atrás entre los cuatro últimos dien-
tes, y por las piezas frontales que en\íim un prolongamiento
triangular entre los huesos nasales.
Este último carácter, es poco pronunciado; pero, compa-
rando este género con Eucholoeops, hay una diferencia nota-
ble á este respecto. En el último género, son las piezas nasales
las que envían un prolongamiento triangular, muy corto, entre
las piezas frontales. El primer diente tiene la misma forma que
en Eucholoeops. Entre los cuatro últimos dientes, el tercero es
mayor que el segundo, y éste mayor que el cuarto: el (¡uinto
ó último es el mas pequeño, pero no tan comprimido, lo que
también sucede con Eucholoeops, como en los géneros que he-
mos estudiado de la familia de los Orthotheridae.
Tapinotherium Aguirrei merc. sp. nov,
La especie está establecida sobre un cráneo al que solo
le faltan los arcos cigomáticos, pero que lia sufrido una
TOM. II.
— 18 —
fuerte depi'esion en su parte superior, y cuya parte basilaria
está envuelta en roca muy dura.
Este cráneo procede de Monte León.
Hé aquí las dimensiones:
La longitud del espacio ocupado por la serie de los cinco
dientes, es de 64. Los cuatro últimos dientes ocupan un espacio
de 37. El diástema entre el primer diente y el segundo es de
19. El ancho del paladar inmediatamente detrás del último
diente es de 32; é inmediatamente delante del segundo diente
38. El diámetro transversal del cráneo al nivel del primer diente,
es de 54.
Esta especie es de talla intermediaria entre E/ickoloeops in-
gruíf y E. latifron.'s.
Gen. Eurysodon merc. g. nov.
Eucholoeops. Ameghino. Loe. cit. p. 21 y 692.
El cráneo, por su forma general, recuerda el género ScltimnO'
tlieriwn Amegh. Se caracteriza sin embargo por la parte pos-
terior globulosa, mas voluminosa y por la parte anterior rela-
tivamente mas angosta y estrechándose hacia adelante. No
existe cresta sagital. La cresta occipital es poco elevada, ancha
y de superficie redondeada. Como en Eucholoeops presenta el
supra-occipital una cresta mediana. Esta cresta es ancha, á veces
bastante elevada y de superficie redondeada. Las júezas fron-
tales penetran entre los huesos nasales por un prolongamiento
triangular mas ó menos acentuado. Los huesos de la cara cons-
tituyen adelante del primer diente un hocico, que por su largo
no nos parece haber alcanzado el de Schismotheriuin. La parte
del maxilar inferior adelante del primer diente se dirije obli-
cuamente hacia arriba.
La fórmula dentaria es -^- . El pi'imer diente sujierior es de
— l'.> —
sección transversal casi en forma de círculo, es caniniCorme. y
separado de los otros por una itarra relativamente mas largii
(|ue en Schismotheriiun. Tiene que estar gastado como en este
último género, .i juzgar por el primer diente inferior que es de
sección transversal triangular con los ángulos redondeados.
[,os demás dientes tienen la forma característica que presentan
esos dientes en ScMsmotheriuui. |>ero son do diámetro transversal
i-elativamente menor;
Eurysodon nasutus meki. s|i. nnv.
Esta especie está representada por un cráneo con maxilar
inferior del mismo individuo en bastante buen estado de con-
servación, y un maxilar superior derecho. Estas piezas proceden
lie Monte León.
Hé a(iuí las dimensiones:
Longitud del cráneo entre el vértice de los cóndilos
nccipitales y el borde anterior del primer diente 102
Longitud del mismo entre el vértice de los cóndilos
occipitales y el borde posterior del último diente 05
Longitud del espacio ocupado por la serie de los
dientes superiores 37
Diástema entre el primoro y el segundo diente 9
Diámetro transversal del cráneo sobre los ex-occipi-
tales 45
El mismo al nivel del borde antero-esterno del hueso
timpánico 54-
El mismo, tomado sobre el frontal al nivel del último
diente 29 . 6
Id. id. primer diente 22
Diámeti'o transversal del foramen occir>ital 19.2
— 21) —
Diámeti'u vertical del mismo 16.8
Id. transversal sohi'e los bordes estemos de
los cóndilos occipitales 31
Distancia vertical enti'e el borde superior del foramen
occipital y el borde superior de la cresta occipital 19
Altura vertical del cráneo tomada al nivel de la su-
tura de los pterig'oideos sobre la línea mediana con los
palatinos 37
La misma, inmediatamente atrás del último diente . 3U
La misma, inmediatamente adelante del segundo
diente 23
Esta especie ha sido de talla menor que Scliisinothcríum jxda-
gonicum.
Eurysodon adteger (amegh.) merc.
Eucliolo-ops adtecjer. Ameghino. Loe. c/¿. p. 21 y 694;
pl. XXXIX, lig. 7.
A esta especie pertenece el maxilar superior izquierdo sobre
el que el Sr. Ameghino ha fundado la especie. Las otras dos
piezas atribuidas á la misma especie por este autor, no le per-
tenecen; corresponden á la especie que mencionamos en seguida.
Además de esa pieza, posee el Museo de La Plata un cráneo
con el maxilar inferior y el atlas de un mismo individuo, —
dos cráneos incompletos — y dos maxilares superiores, que
atribuimos á la especie que nos occupa.
La pieza íigurada por el Sr. Ameghino en su obra sobre
los Mamíferos fósiles de la República Argentina, pl. XXXIX, tig. 7.
de la cual este autor no lia dado ninguna descripción, no per-
tenece á Eurysodon adteger. Esta pieza denota un animal de
bastante mayor talla que la especie que nos ocupa.
Esta es])ecie es de talla mas fuerte que Eurysodon nasntits.
La cresta mediana del supra-occipital, es mas elevada que en
esa esj)ecie.
Siguen las dimensiones :
Longitud del cráneo entre el vértice de los ciuidilos
occipitales y el borde ¡¡ostecior del primer diente lií-!
La misma, entre el vértice de los cóndilos occipitales
y el borde posterior del último diente 76
Longitud del espacio ocupado por los dientes supe-
riores 43
Diáslema entre el primero y segundo diente 11
Diámetro transversal del cráneo sobre los ex-occipi-
tales 52
El mismo, tomado sobre el IVonial. al nivel del últi-
mc) diente 32 . 5
Diámetro transversal sobre los bordes laterales de
ios cóndilos occipitales 35
Altura vertical del cráneo, tomada inmediatamente
adelante del segundo diente 32
Longitud del espacio ocu|>adi:) ¡mr ios dientes infe-
riores 31
Diástema entre el primero y el segundo diente i
Altui'a del maxilar inferior, inmediatamente atrás del
último diente 1'.'
La misma, al nivel del penúltimo diente 22
La misma, inmediatamente adelante del i)rimei' diente. 18
Distancia en linca recta, enlre el borde posterior del
t-óndilo del maxilar inferior, y el borde alveolario ante-
i'ior del primer diente inferior 71
Eurysodon Boulei merc. sp. m
Fundamos la especie sobre: la parte maxilar del cráneo de
un individuo, un fragmento de maxilar superior, un maxilai-
inferior y fragmentos de este hueso. Estas piezas proceden de
Santa Cruz.
La especie ha sido de talla mayor que la |jrecedente. Las
dimensiones son:
— 22 —
Longitud del espacio ocupado por los cuatro últimos
dientes superiores 28.4
Diámetro transversal, tomado sobre la cara lateral
esterna del segundo diente su|)erior 29.2
El mismo, sobre el penúltimo diente superior 2!). 4
El mismo, sobre el último diente superioi' 27
Longitud del espacio ocupado por la serie de los
dientes inferiores 32
Diástema entre el primero y el segundo diente 5
Diámetro transversal del cuerpo del maxilar interior,
al nivel del penúltimo diente 13
Altura del maxilar- inferior inmediatamente atrás del
último diente 18. 4
La misma, al nivel del [lenúltimo diente 23
, La misma, al nivel del ¡orimer diento 21
Distancia, en línea recta, sobre el borde posterim- del
cóndilo del maxilar inferior y el l)orde alveolar ante-
rior del primer diente 77
El orificio dentario antei'ioi- es de diámetro regular y se
encuentra mas adelante que el primer diente, á 8 del borde
superior del maxilar y á igual distancia del boixle alveolar
anterior del primer diento.
Eurysodon rostratas mekc .■ip. nov.
Designamos la especie sobre un maxilar inferior incomplet >
y varios otros fragmentos de maxilar infei'ioi', |)r'ocedentes do
las barrancas del rio Santa Cruz.
Esta especie ha sido de mayor talla que la pi-ei-edonle. .Si-
,guen las dimensiones de los dientes:
Diámetro antero-posti-vior
Diámetro transversal . . .
.\ltiira
Longitud del espacio ocupado por la serie de los
dientes inferiores 30
Diástema entre el primero v el segundo dienle 7
— 23 —
Altura del maxilar inferior iiimcdiatainente atrás del
último diente 19.5
La misma al nivel del penúltimo diente • 23.5
» » primer » 23
Diámetro transversal del cuerpo del maxilar al nivel
del penúltimo diente 14
Los orificios dentarios anteriores son de diámeti-o mas jie-
cjueño (¡ue en la especie que precede, y están colocados mas
adelante también.
Eurysodon infernalis (amegh.) merc.
Eacholoeops infernalis. Ameghino. Loe. cit. p. 21 y 694:
pl. XXXIX, fig- 5, 8, 9.
El Sr. Ameghino ha atribuido á Eacholoeops infernalis piezas
que presentan las mas grandes diferencias entre sí. Tenemos
([ue.considerar como tipo de la especie la pieza que ha servido
ií este autor para dar los caracteres diagnósticos de lá especie
al fundarla y que describe el Sr. Ameghino en su obra sobre
los Mamíferos fósiles de la Repiíblica Argentina p. 694, es decir,
« la parte anterior de un cráneo con el paladar y la dentadura
bastante destrozada ». En la descripción misma del Sr. Ameghino
(Véase loe. cit. ), se descubren ya varios caracteres de valor
genéricamente diferentes de Eucholoeops. Agregando á esos la
forma muy diferente de los dientes que son de 'seccion trans-
versal -rectangular á pesar de la que dice el Sr. Ameghino y el
prolongamiento bastante largo de las piezas frontales entre los
huesos nasales, llegamos al género Eiirijsodon.
Las piezas figuradas por el Sr. Ameghino (Véase loe. cit.
|il. XXXIX, fig. 5, 8, 9), no }iertonecen á esta especie. El
maxilar inferior ha sido de dimensiones mas reducidas y los
dientes son de sección transversal rectangular. El cráneo muy
deteriorado de la fig. 9, presenta una sutura transversal de las
piezas frontales con los huesos nasales, cuando en el tipo de
la especie fundada por este mismo autor, las piezas frontales
envían entre los huesos nasales un prolongamiento triangular
»|ue no tiene menos de 8 de largo y 12 de ancho en su base.
Eurysodon i}ifernalis ha sido de tamaño bastante ma\or que
la especie precedente y ha tenido mas ó menos la talla de Sckis-
motherium intermixtum .
Gen. Eleutherodon merc. c,. nov.
Establecemos el género sobre un maxilar inferior im[ierfecto
Por su forma este maxilar nos recuerda el género Eurysodon,
el que difiere por sus dientes intermediarios que son de sección
transversal elíptica.
Eleutherodon heteroclitus merc. sn. nov.
Esta especie está representada por un maxilar inferior des-
cubierto en las barrancas del rio Santa Cruz. Indica un animal
de la talla de Eurysodon adteger. Los dientes de este maxilar
están rotos y solo queda de ellos la raíz. La serie dentaria
ocupa un espacio de 37; la barra que separa el primer diente
del segundo es de 7. El hundimiento que se observa en .esta
región, inmediatamente debajo de la barra es bastante ¡irofundo.
Los orifícios dentarios anteriores tienen la misma posición re-
lativa que en la especie precedente. La distancia transversal
comprendida entre esos dos agugeros es de 13. La altura del
maxilar inferior inmediatamente detrás del último diente es de
21; al nivel del ms", 25; y al nivel de la barra entre my y my,
25.' El diámetro transversal del maxilar al nivel del mT mide 49:
al nivel del mj, 31; y al nivel de los orificios dentarios ante-
riores; 19. FjI diámetro transversal del cuerpo del maxilar al
nivel del m-o- es de 17.
IV einatlier'ida e
Gen. Nematherium A.mecu.
Nematheritim. Ameghino. Enum. sistem., etc. p. 22 (1887V —
Cont. al ron. Mam. fós' etc. p. 754 (1889).
l'A Sr. Ameghino ha fundado el género yematheriiwi .solji-e
piezas del Museo de La Plata. Esas piezas están muy destro-
zadas ; pero un ex;imon escrupuloso de ellas, hubiera permi-
tido al Sr. Ameghixo formarse una idea mas exacta de esto
g'énero, que la que resulta de la descripción que leemos de este
autor, p. 754-7Ó5 en su obra sobre los Mamíferos fósiles de la
Bepública Argentina, y sobre todo no hubiera pretendido este
autor que NemathcHmn sinuatum se distingue inmediatamente
de ^V. angukitiiin « ]ior la forma ¡¡articular de la última muela
inferior. »
El Museo de La Plata ha obtenido de sus últimas expedi-
ciones, las dos ramas incompletas del maxilar inferior de un
individuo del género Nematherium, y varias piezas del esqueletii,
como también un gran número de piezas, con las cuales se ha
restaurado un esqueleto bastante comjpleto. Las piezas que han
servido á la restauración de este esqueleto proceden de cinco
individuos diferentes. A un mismo individuo pertenecen las
siguientes piezas ; el húmero, el radio, el cubito el esca-
foideo y el lunar del miembro anterior derecho, — la tibia, la
parte distal del peroné, el calcáneo, el astragalo, el navicular
y varias falanges del miembro posterior izquierdo, — asi como
vértebras dorsales y costillas. El radio, el cubito, el escafoideo,
el lunar y varias falanges del miembro anterior izquierdo: — el
fémur, la tibia, el peroné, el calcáneo, el astragalo y el navi-
cular del miembro posterior dei-echo pertenecen á otro indi-
viduo. Las demás i)iezas de este esqueleto pertenecen a otros
tres individuos. Atribuimos esas piezas al género Nematln-riiim
con las reservas del caso, pero el material de que disponemos
no es suficiente para permitir hacerlo con entera seguridad.
Ademas de los caracteres particulares que presentan esas
piezas, se hacen notar por una mezcla de caracteres propios á
los Scelidotheridac, á los Mylodoníidae y á los Lcstodontidae.
De las dos ramas mencionadas del maxilar inferioi-, la del
lado derecho es la mas completa; tiene cuatro dientes, y no
nos parece haber tenido mas. El maxilar inferior- nos parece
haber tenido mas ó menos la forma que presenta en el género
Mylodon Owen. La rama izquierda de este maxilar solo presenta
los tres últimos dientes. Los orificios del canal alveolar tienen
la misma posición relativa (|ue en Mylodon. Los dos últimos
dientes tienen la forma que presentan esos dientes en Mylodon
y están gastados como en este género. El primer diente es muy
diferente del diente homólogo del género Mylodon. Es de sección
triangular ; por su forma como también [)or su modo de im-
plantación, este diente es intermediario entre el diente homó-
logo de Scelidothemmi Owen y de Glossontherivm Owen. El se-
~ 26 —
inundo diente presenta una forma intermediaria entre el pri-
mero Y el tercero. Los dientes aumentan de tamaño del pri-
mero al último, y están separados por pequeños diástemas. Los
dos primeros están gastados del mismo modo (jue el tercero.
A juzgar por las piezas que han servido al Sr. Ameghino.
(que como hemos dicho pertenecen al Museo de La Plata, lo
que repetimos ya que dicho, señor no menciona en su ohra
tantas veces citada, donde estudió las piezas que describe), los
tres últimos dientes superiores han tenido la misma forma
({ue los similares del género Mijlodon.
Nematherium angulatum .^meoh
Keiuaflicrium aiu/iilafmii.. Amehiuno. Loe. cit., p. 22 y Toi.
Posee el Museo de La Plata, de esta especie, las piez:is que
han servido al señor Ameoiiino ¡tara fundnr la esj)ecie.
Nematherium sinuatum ame<;h.
]\c!nather¿u))i s/iniatiiDt . x\MEGn!N(í. Loe. cit., p. 22 y 755.
Posee el Museo de La Plata,- de esta especie, la pieza .sobi-e
la cual el señor Amec.hino ha establecido la especie.
Nematherium Lavagnanum .merc. sp. nr
Designamos la especie sobre las dos ramas incompletas del
maxilar inferior de un individuo. Estas piezas proceden de las
barrancas del rio Santa Cruz.
Hé aquí las dimensiones referentes á este maxilar:
Longitud del espacio ocupado por la serie dentai-ia. . . . 40
Í primer diente 8
segundo diente 8.8
tercer diente 9.3
último diente 13.5
Altura i\e, in ixilai-. inmediutamcnte airas del últim
(I
diente 2G.4
Altura del moxilai', inmediatamente adelante del pri-
mer diente 19.3
Altura del maxilar al nivel del tercer piente 24
)) 11 1) del se,t;undo diente..... 22.8
Diámetro transversal del cuei'po del maxilar, al ni-
vel del tercer diente 14
Las dimensiones de este maxilar inferior, acusan un animal
de talla menor aun cjue la de Ncmatlicrinui. angulntiim Amegh.
GLYPTODONTI A
ííoploplioi^lclae
Los restos de Gli/ptodoi/fin. procedentes del eoceno de Pata-
.^-Vonia, han sido atribuidos por el señor Ameghino (1) a dos
lleneros ditei-entes, los géneros PropalaelwplopJwrus y Asterostem-
ina, ([uc este autor ha colocado en la familia de los Hoplopho-
ridae.
En las últimas espediciones en Patagonia, organizadas por
el Museo de La Plata, se ha enriquecido el establecimiento con
im riquísimo material, perteneciente á los Glijptod^ontia. Entre
<,'stos restos mencionaremos un esqueleto, al cual .solo le faltan
piezas de las estremidades de los miembros anteriores; gran
parte de la coraza del mismo individuo, la mayor parte de la
coraza de quince otros individuos. )■ numerosas piezas de
esqueletos.
El estudio de este material, nos autoriza a establecer la si-
nonimia del género Astcrostemma Amegh. con Propcdaehoplophorus,
Amegh. Creemos, además, que no se podida dejar el género
Propalaehoplophorus, entre los Hoplophoridáe. Pero, como aun no
(1) .VmeitHino. Contribución ni coiiocimicnto de ios ilaniiferoíf fosHe.i de la
R.'públini A r;i entina; Bueno.s Aires, 1889; 4°; p. 793-800 y p. 822-824.
— es-
pademos formarnos opinión sobre algunos puntos, lo color. i
mos provisoriamente en esa familia.
El riquísimo material que hemos estudiado, no nos In
suministrado restos sino de un solo género, el género Proimiar-
hoplophorus, creado por el señor Ameghino solire restos con-
servados en el Museo de La Plata, y del cual el genero Aste-
rostemma establecido por el mismo autor, es un simple sinónimo
Este estudio nos dá la prueba de cuan arbitraria es la
creación de géneros y especies sobre partes reducidas de l.i
coraza de los Glijptodontla. En varios casos, encontránifinos en
presencia de parles importantes de corazas solamente, á ¡lesar
de un largo y minucioso examen, nos hemos encontrado on
duda.
Gen. Propalaehoplophorus amehh.
Hoplophorus. Moreno. Paíagonía, restos de un continente
hoy sumergido, p. 28 (1882).
Propalaehoplophorus. Ameghino. — Enum. ststeiii . ele.,
\). 24 (1887). — Coíit. ni con. Mam. fós., etc., \).
794 (1889).
Asterostemmn. Amegfhno. Coitt. al con. Meini. fós , etc.,
p. 882 (1889). ,
El señor Ameghino, que es quien ha fundado los géneros
Propalaehoplophorus y Asterostemma, que son sinónimos, dá en el
cuadro analítico de los Hoplophoridae (Véase loe. cit., p. 793),
como carácter distintivo de Propalaehoplophorus. el hecho que el
intermaxilar presentaría incisivos. Entre todo el material que
hemos estudiado, á escepcion de las dos piezas que han indu-
cido al señor Ameghino á tal deducción, y que son de propie-
dad del Museo de La Plata, ninguna otra pieza conhrma lo
interpretación del señor Ameghino.
Una de esas piezas es un cráneo destrozado, pero con el
paladaí- y la dentadura en bastante buen estado, y perteneciente
a Propalaehoplophorus incisiviis Amegli. Refiriéndose á esa pieza,
(Véase loe, cit., p. 798), el señor Ameghino dice: «Sobre la
superficie palatina, y en la parte anterior, cerca del borde de
la abertura nasal, tiene el intermaxilar dos pequeñas perfora-
ciones de apenas un poco mas de un milímetro de diámetro ■
— 29 —
.son éstos, dos alveolos en los que se imitlantaban un ¡lar de
pequeños' incisivos, que caían luego, cuando el animal llegaba
á su estado adulto ».
La otra pieza pertenece á Propalaehojjlophonis anstralis (Mor.)
En la página 796 de la obra citada, referiéndose á esta pieza
dice el Sr. Ameghino: «El intermaxilar es relativamente un
poco mas desairollado que en Glyptodon, y lleva ú cada lado,
adelante de la primera muela, un pequeño agujerito de menos
de un milímetro de diámetro, que supongo es el alveolo de un
incisivo atrofiado y caedizo».
Hemos examinado las piezas á las cuales se refiere el Sr.
Ameghino, y tenemos que declarar que el Sr. Ameghino no ha
podido observar las perforaciones de que habla, á cada lado,
delante de la primera muela, como dice, por estar destrozadas
en esa región cada una de las piezas. En cada una de las
piezas se observa, sobre el intermaxilar, no una, sino dos per-
foraciones de menos de un milímetro de diámetro; pero esas
perforaciones no nos parece corresponder á los alveolos de in-
cisivos caedizos. El hecho, sobre todo, de no encontrarse esas
perforaciones respectivamente en la misma posición sobre cada
una de las dos piezas, nos parece oponerse á la inter[)retacion
del Sr. Ameghino.
Del género Asterostemma (Véase loe. cit. p. 822), el señor
Ameghino dá los siguientes caracteres: «Las placas son de
contorno sub-cuadrado ó sub-rectangular y dispuestas en filas
tranversales mas regulares que en los demás gliptodontes. Cada
placa lleva una figura de tamaño mucho mayor, de contorno
sub-elíptico ú ovoideo, pero que, en vez de estar colocada en
el centro de la placa, como es la regla en los demás géneros,
se encuentra mas hacia atrás, no dando lugar á la formación
de figuras periféricas en la parte posterior de la placa, ó ellas
son completamente rudimentarias ó de tamaño diminuto. Al
rededor de esta figura central ovoidea, cuya estremidad mas
angosta está siempre dirijida hacia adelante, y la mas ancha
hacia atrás, hay una fila de figuras periféricas mas pequeñas,
de tamaño relativamente considerable en la parte anterior, un
poco mas pequeñas sobre los costados laterales y mas pequeñas
todavía y á veces completamente ausentes en el borde posterior:
las figuritas laterales de cada placa se unen á las correspon-
dientes de las placas antiguas, para formar figuras de mayor
tamaño. En la parte anterior de cada placa, hay a menudo
adelante de la fila de figuras periféricas, una segunda fila
transversal de figuras pequeñas mas ó menos desarrolladas.
— 30 —
Cada placa lleva un cier'to número de afiujeros, colocados la
ina\or parte en el fondo del surco que rodea la tigui-a central,
en el punto de convergencia con los surcos radiales, pero hay
también algunos colocados en la periferia ó entre las figuras
periféricas. El aspecto de estas placas, con la figura central
ovoidea colocada hacia atrás y las figuras periféricas mas de-
sarrolladas adelante, presenta un notable parecido con las placas
de la coraza de los armadillos del gi-upo de los Praopidae').
Todos esos caracteres, á mas de los que ha dado el Sr.
Ameghino de las placas del género ProjmJaehoplophoms (véase \>.
795 y p. 798), se encuentran en la coraza de los Propalaehoplo-
pl/orus, según la región <á (|ue pertenecen las placas. Hemos
llegado á identificar las placas figuradas por el Sr. Ameghino,
de Asterosfemma Amegh.
El escudo cefálico y la cola son las dos partes de la coraza
de las cuales no se puede tener una idea muy fija con el ma-
terial reunido en el Museo.
A juzgar por placas del escudo cefálico procedentes del indi-
viduo del cual hemos mencionado el esqueleto, las placas atri-
buidas por el Sr. Ameghino al escudo cefálico de Propalaehophoms
australis (Mor.), son de esa parte de la coraza, pero no nos
parecen pertenecer a la especie citada.
Por las partes que dis[ionemos de la coraza de la cola pode-
mos dar los siguientes datos: La coraza caudal se compone de
la reunión de una serie de anillos movibles que se adaptan los
unos en los otros y disminuyendo de tamaño del primero al
último. Los primeros anillos se asemejan á los del género Hopjlo-
phorus. Los últimos están formados por dos filas de placas como
los primeros. Las placas de estos anillos no presentan sino
una sola figura: las figuras secundarias en esas placas han
desaparecido. Las placas de la primera fila presentan un:>
gran figura en relieve, de superficie plana-convexa, que ocupa
la parte posterior y se estiende sobre los dos tercios del largo
de la placa.
Se puede considerar esa figura como un octógono, cuyos
ángulos no están bien indicados sino en la parte anterior. En
los dos ángulos que corresponden al lado anterior, se ven dos
perforaciones en la placa. Las placas de la segunda fila pre-
sentan una figura en forma de hexágono con los ángulos mas
6 menos bien indicados. Los lados paralelos de esta figura que
corresponden á los bordes laterales son mas largos que los otros.
Se ven en la parte anterior de la figura cuatro perforaciones.
En la parte mediana de esta figura, en sentido longitudinal, se
— 31 —
(il)sei-va á menudo una eniinencia de su]>erficie redondeada,
lüitrc las placas de las dos filas en la región de las suturas
laterales se observan también algunas perforaciones. El último
anillo está cerrado en su pai'te terminal por placas irregulare-;
y rugosas. En placas de la segunda tila de anillos antei'iores
de la cola de dos especies diferentes, hemos observado tambiei
en la figura principal, una eminencia longitudinal en la parte
mediana. Hemos podido constatar en tres especies diferentes, que
esa eminencia i)resenta en su i)arte terminal una tuberosidad
mas ó menos desarrollada, lo que contribuye ¡i dar a los ani-
llos una semejanza con los de Glijptotontidac. Los tubértíulos
mas desarrollados los hemos observado en Propalaehoplophorus
(jraiiafKs (Amegli.); pero en estas placas, su desarrollo es rela-
tivamente menor que en los Glyptodoiittdae.
El señor Ameghino parece atribuir gran importancia á la
forma de las placas de la coraza. Hemos observado grandes
variaciones entre las placas de la coraza de estos individuos,
según la región á la cual })ertenécen. Esas variaciones se re-
fieren tanto al contorno poligonal de las placas, que varía del
exágono mas ó menos regular al cuadrilátero, ¡¡asando al pen-
tágono y al polígono sub-cuadrático, que en la estension de su
superficie, en su espesor y en los accidentes en depresión ó en
relieve que presentan las figuras que adornan esas placas.
F]n algunas palabras daremos una idea general de la coraza
de PropalaehopJopliorus .
Las placas de la región mediana tienen la forma de un exá-
gono mas ó meaos regular, y son de poco espesor. Alejándose
de la región mediana, la forma do las placas se altera rápida-
mente para pasar al exágono irregular, al pentágono, al polí-
gono sub-cuadrático y al paralelógramo. Las filas transversales
que constituyen las placas, se pueden seguir con gran facili-
dad. La superficie de las placas disminuye en estension, ale-
jándose de la región mediana de la coraza para llegar á los
bordes laterales; pero, en cambio, aumenta su espesor. La
figura principal en las placas de la región mediana, está rodea-
da de ocho á doce figuras secundarias. Las figuras secundarias
laterales y las de la parte posterior de las placas, disminuyen
en estension alejándose de la región mediana de la coraza,
hasta desaparecer por completo, en la región anterior de la
coraza principalmente. Se observa á menudo en la región pos-
terior de la coraza, que las dos figuras secundarias de la parte
posterior se estienden sobre la placa que la sigue por ati'ás,
de manera que se encuentran. en esa región de la coraza placas
32
provistas en su parte anterior de dos filas de figuras secunda-
rias, entre las cuales la fila esterna está constituida por figu-
ras rudimentarias. Las placas de la región anterior de la coraza
son de superficie menos estendida que las de la región pos-
terior.
Se puede considerar la coraza de esos animales como cons-
tituida por una parte anterior y por una parte posterior, mas
estendida que la })arte anterior. La separación entre esas dos
partes está establecida por las placas movibles que se observan
de cada lado de la coraza. Esas piucas movibles pertenecen á
la ])arte anterior de la coraza. Se distinguen en esas placas
dos ¡¡artes: una parte posterior, de superficie esterna ador-
nada, y una parte anterior, la superficie de articulación, (¡ue
es lisa Y en iforma de tecla, pero relativamente mas esten-
dida que en las placas homologas de Fanocktus Burm. Lsa
parte de las placas movibles no jji'esenta tampoco, como suce-
de en los Dasypoda, un reborde en forma de escalón, que la
separa de la parte adornada. El borde i)osterior de esas placas
movibles, no es tampoco entero, como en los liasijpoda, sino
que est.á truncado oblicuamente.
A juzgar por el material reunido en el Museo de La Plata,
las placas movibles comprenden las seis á diez últimas placas
laterales de las cuatro últimas filas transversales de la parte
anterior de la coraza. Basándonos sobre este mismo material,
podemos decir que la parte posterior de la coraza está consti-
tuida por quince filas transversales de placas, y la parte anterior
por una docena.
Dada la disposición particular de las placas, nos parece haber
tenido la coraza de estos animales mayor flexibilidad aun que
el género Panochtus.
Es del esqueleto de HoplopJionis Lund que se acerca mas el
esqueleto de Propalaehoploplionis. Presenta sin embargo en
varias partes caracteres que se encuentran en otros géneros de
los Glyptodontia, como también presenta caracteres peculiares.
A pesar de esos caracteres, el género Propalaehoplophorns está
en relación tan íntima con los Ghjptodontia, que nos parece mas
que atrevida la aserción del Sr. Ameghino (Véase loe. cit. p.
p. 794) quien dice; « Del esqueleto, se conoce el fémur que es
de una forma intermediaria entre la de los gliptodonles y la
de los armadillos, pero de forma mas esbelta y mas delgada
que en ambos». Las diferencias entre el fémur de Hoplophorus
y el fémur de Eutatus no son mayores que las que se observan
entre el fémur de PropalaeJiopIophor/is y Eutatus. Si insistimos
— 33 —
sobre ese punto en este tral)a¡o, porque nos parece de gran im-
portancia. El examen largo y minucioso (|ue hemos hecho del es-
queleto de P ropalaehoplophorus nos conduce á la conclusión si-
guiente: En la edad geológica á la cual se refiere el género Propa-
laehoplophorus, los caracteres de distinción entre los Ohjptodontia
y los Dasi/poda, están tan bien acentuados, sino mejor, que en la
época pampeana. No es posible admitir caracteres de transición
en el esíjueleto al que nos referimos entre los Ohqotodontia y los
Dasi/puda.
No podemos presentar en este trabajo una descripción de-
tallada del esqueleto de PropalaeliopJophorus. Señalaremos sola-
mente las divergencias mas profundas que presenta con el de
Hoplophonis.
El cráneo es la parte que mas difiere del de Hoplophorits.
Por su forma general recuerda el cráneo de Neuryurus, y si lo
comparamos con la parte que nos es conocida del género Plo-
linpliorns (1), es de este género que mas se acerca. La caja
encefálica nos. parece haber tenido relativamente mayor desar-
rollo que en los géneros conocidos de los GUjptodontia.
El llano occipital no es inclinado hacia adelante como en
esos géneros. La cresta occipital, la cresta sigital y la cresta
mediana del occipital tienen el mismo desarrollo relativo que en
}\eiir!junts. Cuando en Neuryurus, la cresta mediana del occi-
pital constituye con la cresta sagital un ángulo i|ue es superior
ú 135°, este ángulo en Projmlaekoplopl/oí-us alcanza apenas 100".
La cara antero-superior del cráneo que es casi plana en
Neuryurus se acerca de la de Plohophorus. A este respecto el
cráneo de Plohophorus presenta una forma intermediaria entre
(1 ) Las partes que nos son conocidas ilol cráneo de Plohophorus PJiUippii
Mor. et Mere, son : un fragmento que comprende el maxilar superior derecho des.
trozado en el borde alveolar, los huesos nasales, el frontal, el parietal del lado
derecho, asi como la rama derecha del maxilar inferior. Hacemos aqui esta obser-
vación porque el Sr. Ameghino, en la Revista Ari/entina de Historia Natural ; t.
I, e. 3; Buenos Aire.s, Junio 1" de 1891; 8"; en una crítica concebida en una
forma y en términos que no son muy convenientes en cuestiones científicas, pre-
tende que Ncurtjwiís pro.vimvs, N. compressidciis y Plohophorus Philippii que
hemos fundado (Véase Moreno y Mercerat, Espiar. Arqueológica de la Prov-
de Catamarca, Paleontolor/ía; e. Rev. Mus. La Plata, 1891 ; 8", p. 34) no son mas
que una sola especie, Plohophorus Aniez/hini, sin tener en cuenta que hemos escrito
con matei'iales á la vista, y sin dar otra prueba que la forma que hemos asignado al
.segundo diente inferior de las dos especies mencionadas de Neuri/iírus no es del
género Nciiryi(ri(s, cuando es frecuente encontrar entre los Glijpiodontia, que en
un mismo individuo la forma de los primeros dientes de un lado es diferente de
la de los primei'os dientes del lado opuesto.
ToM. II. 3
!D
— 34 —
PropalnclwpJophorus y Nctinjunis. Adelante de la cresta sagital se
observa en Propalaehoplophórus según la linea mediana un surco
ancho y bastante profundíj de largo igual al de la cresta sagi-
tal. Este surco que es de fundo concavo separa dos elevaciones
del frontal de superficie redondeada y bastante estendida al
nivel de las órbitas.
La órbita no es tan bien delimitada de la cavidad temporal
que en Neuryurus, y á este respecto aun, el cráneo de Propa-
laelioplop/iorus se acerca mas de PloJiophorus que de I^^eí/njiinis.
Apenas están indicadas las apófisis post-orbitarias, tanto sobre
el frontal que sobre el cigomático.
En Propalaehoplophórus presenta el rostro la misma forma
que en Plohophorns. Los huesos nasales se levantan un poco
en su estremidad y los maxilares con el intermaxilar se encor-
van hacia afuera. Esa disposición contribuye á dar al rostro
un aspecto bastante particular que no se encuentra entre los
géneros de Ghjplodontia que nos son conocidos hasta ahora sino
en Plohophorus. El rostro es relativamente mas alargado en
Propalaehoplophórus que en los otros géneros de los Glijptodontia.
El paladar presenta una forma intermediaria entre IIoplo-
phorus y Neuryurus.
Entre los génei-os de los cuales conocemos la columna ver-
teljral, es del género Panochius (jue se acerca mas la del género
ijue nos ocupa.
Difiere esencialmente por el tubo dorsal que presenta sus
dos primeras vértebras libres. Las cuatro últimas vértebras del
tubo sacral presenta apófisis transversos, cuyo desarrollo au-
menta yendo hacia atrás. La estremidad de ese apófisis menos
la de los apófisis de la última vértebra envía un prolongamiento
hacia atrás hasta soldarse al apófisis transverso de la vértebra
siguiente. Los apófisis transversos de las Jas últimas vértebras
se soldán con los huesos inomiinados. Esos huesos tienen una
posición mucho mas oblicua con relación al tubo vertebral que
en el género Panochtus, sin presentar por lo tanto una superfi-
cie de articulación con la col urna vertebral mucho mayor que
en este género. Sin embargo la disposición que señalamos indica
mas fuerza, y con la Hexiljihdad de la coraza, la talla del animal
relativamente reducida y otros caracteres, induce á creer que estos
animales han sido capaces de mas fáciles y diversos movimientos.
La parte caudal de la columna vertebral cuenta en el esque-
leto del Museo de La Plata, 11 vértebras; pero creemos que le
faltan las 3 últimas y que su número ha sido igual á lo que
se observa en Hoplophorus.
— 35 —
No queremos por el momento describir los miembros, los
cuales en algunas partes indican una organización mas elevada
I pie en los Glijptodontía de las épocas mas recientes, lo que está
en ai'monía con algunos caracteres (|uo hemos señalo.
Propalaehoplophorus australis (mor.)
Hoplopliorus aiístrnlis. Moreno. Paiax/oiiia, restos de un
continente hoy sumergido, p. 26 (1882).
Propalaehoplophorus australis. Ameghino. Enuin. sistem. etc.
p. 24 (1887). — Cb/?if. al cont. Mam. fós. etc. p. 794;
pl. LI, fig. G á 10: Lili, fig. 3, 9, 10 (1889).
Asterostemma depressa. Ameghino. Cout. al con. Mam. fós.
etc. p. 823: pl. LXn', fig. 2. 8 (1889).
Además de las piezas que el Sr. Ameghino atribuye á la
especie denominada bajo este nombre en su obra sobre los Ma-
miferos fósiles de la Bepñblica Argentina, y que se conservan en el
Museo de La Plata, posee éste las siguientes de esta especie; —
un esqueleto casi completo y la mayor porte de la coraza del
mismo individuo, — un cráneo con maxilar inferior del mismo
individuo en mal estado de conservación, — fragmentos del ma-
xilar infci'ior, — y parte de la coraza de un individuo. Estas
piezas proceden de las barrancas del rio Santa Cruz y de Monte
León .
La talla de este animal no ha sido mayor de la mitad de la
de Hoplopliorus ornatus (Owen). En el maxilar inferior del indi-
viduo al cual pertenece el esqueleto arriba mencionado, el d^ del
lado derecho es de forma muy diferente del diente correspon-
diente del lado izquierdo. Este diente por su forma se acerca
ya de d^- Es sin embargo mas débil; pero bastante mas fuerte
que d"2 del lado izquierdo. El diámetro principal de la sección
transversal de este diente, está dirigido oblicuamente hacia
afuera y de adelante y hacia atrás.
El diámetro antero-posterio de los dientes inferiores, tomado
sucesivamente de dy a dg", nos dá: 4—5 — 10 — 12,5 — 13,2 — 13 —
12, G — 12,4. El diámetro transversal de los mismos dientes nos
dá: 3 — 3,5 — 5 — 5,4 — 6,8 — 6,4—6,8—6,6. El diámetro antero-pos-
terior, tomado del mismo modo en los dientes superiores, nos
dii : 3,9—6—10—12,2—13,9—14—13,3—12. Y el diámetro trans-
versal de los mismos, nos di'i : 4.5 — 4,6 — 5,6 — 5,7 — 6,4 — 7 —
7,4-7.
— 30 —
Loiiíiilüd del cráneo entre el vértice de los cóndilos ucci-
])itoles y el ]:)orde anterior del rostro . 102
La misma entre el boixle anterior del intermaxilar y el
borde posterior del d-R 10 í
La longitud dei espacio ocuiiado por la serie dentaria
superior 98
Longitud del cráneo entre el borde posterior de la cresta
sagital y la estremidad de los liuesos nasales 151
La misma entre el vértice de los cóndilos occipitales y
el borde anterior del agujero sub-orbitario 127
Longitud de la cresta sagital hasta el ])unto de su bifui--
cacion ()i)
Diámetro transversal del cráneo sobre los ex-occipitales. 71
» » » al nivel de la superficie
glenoidal 107
Diámetro transversal del cráneo al nivel del di sobre los
parietales 42
Diámetro transversal .delcráneo al ni\el del d-^ sobre los
cigomáticos i I'-)
Diámetro transversal del criineo al nivel del d'-í- sobre el
frontal 00.5
Diámetro transA'ersal del cráneo al ni\el del di sobre Iris
cigomáticos , 1 l(j
Diámetro transversal del cráneo al nivel del d5_ KKJ
» » » solire los agujeros sul.i-or-
bitarios 52
Diámetro transversal del cráneo solare el intermaxilai-. . . 37
Diámetro transversal sobre los liordes laterales estemos
de los cóndilos occipitales 52
Diámetro transversal sobre la cara lateral esterna del d^-. 3ü
)) )) » » d'L. . . 34.5
» » » » á'L. . . 32
» » » ). di 28 . 5
Mayor dii'imetro ti-ansversal de la al.iertura nasal 33
Diámetro vertical de la misma en el plan de simetría... 19
Diámetro transversal del foramen occipital 24
Diámetro vertical del mismo 18
» i> del cráneo entre el borde inferior del
foi'ámen occipital y la cresta sagital 45
Diámetro vertical sobre el d'l 72
» » » d'' ■ . . . 68
» » » dL 33
Loniíitud del maxilar inferioi' 151
— 37 —
Longitud de la serie dentaria inferior '.'(i
Ancho de la rama ascendente ú su uri.yeu 70
Ancho de la rama ascendente al ni\el del cóndilo 52
Distancia horizontal entre el borde anterior del cóndilo y
el borde posterior del apófisis coronoideo l'J
Distancia en línea derecha sobre el borde posterior del
cóndilo y el borde anterior de dr llíJ
Distancia en línea derecha entre el vértice del ap(>fisis
coronoideo y el borde anterior de dr KIO
Altura de la rama ascendente sobre el cóndilo 82
» )) )> el apófisis coronoideo. lOí)
1) del cuerpo del maxilar al nivel de dír -il
» i> » de dr 35
Longitud de la columna vertebral siguiend(j la curva
hasta el origen de la cola 69i)
Longitud del tubo dorsal 170
» » lumbo-s;icral 380
») ocupado por las 11 primeras vertebras caudales 350
jNIayor largo del fémur 237
Distancia entre el vértice de la cabeza femoral y el borde
inferior del cóndilo interno del mismo 214
Diámetro transversal del mismo en la estremidad pro-
ximal 91
Diámetro transversal del mismo en la estremidad distal. G5
Mayor largo de la tibia 132
Diámetro transversal en la estremidad proximrd sobre el
peroné 58
Diámetro transvci-sal en la estrennidad distal sobre el pe-
roné 60
Mayor largo del húmero 10(3
» cubito 135
Las partes de la coraza atribuidas por el Sr. Ameghino
(^'éase loe. cit.) ii Projmlaelioplophorus ausfralis pertenecen á va-
rias especies. Las de Asterostcnnna (hpressa son de Propalaeho-
plophorus cmstralis.
Propalaehoplophorus incisivus Amegh.
Propolaclioplophorus incisirus AMEGfUNO. Loe. cit. p. 2i y
798; pl. Ll, fig. 3 á 5, pl. LXIV, fig. 9 á 13.
Entre las piezas que han servido al Sr. Ameghino i)ara es-
— 38 —
tablecer la especie y que son de propiedad del Museo de La
Plata, la mitad de mandíbula inferior no pertenece á esta es|)e-
cie. Además alrijjuimos á esta misma especie las siguientes
piezas: un crcáneo incompleto, numerosas piezas del esqueleto
de un individuo, asi como la coraza casi completa de un indi-
viduo, cuyas placas corresponden á las figuradas por el Sr.
Ameghino. Esas piezas proceden de las barrancas del rio Santa
Cruz Y de Monte León.
Propalaehoplophorus laevatus (amegh.) merc.
Asterosieinina ¡aevata. Ameghino. Cont.alcon. Mam. fós. etc.
p. 823; pl. LXIV, fig. 0. (1889).
Atribuimos á esta especie las piezas siguientes : — la rama
izquierda incompleta de un maxilar inferior, el liúmero dere-
cho, numerosos fragmentos del esqueleto y la mayor parte de
la coraza de un mismo individuo, — asi como la mayor parte
de la coraza de otros tres individuos. Estas piezas proceden de
Monte León.
Esta especie es de talla inferior á la de PropalaeJwplopliorus
austrah's. El [primer diente inferior es de sección transversal
triangular, d2' se acerca por su forma de dj. La cara lateral
esterna de dy presenta un surco longitudinal bastante ancho,
pero poco profundo. La cara lateral interna del mismo diente
presenta una columna longitudinal mediana, precedida de un
surco jioco profundo. El dr presenta los surcos y las columnas
que caracterizan los dientes de esos animales, pero mas acen-
tuados que en P. ausiralis y que en P. (jmnatus.
Hé aquí las dimensiones de los dientes:
Diámetro autero-postfrior.
Diámetro frausversal. . . .
4
3,5
La longitud del espacio ocupado por la serie dentaria infe-
rior no ha sido mucho menor de lo que se obser\'a en P. aus-
traJis. La altura del cuerpo del maxilar inferior inmediatamente
— 39 —
detrás de dr es 33. El mayor largo del húmero es de 155. Su
diámetro transversal en la estremidad proximal es de 37, y en
la estremidad distal 54.
Propalaehoplophorus granatus (amegh.) merc.
Asierosíemma gránala. Ameghino. Loe. cit. p. 823; pl.
LXIV, fig. 3. (1889).
Atribuimos á esta especie la rama derecha del maxilar in-
ferior atribuida por el Sr. Ameghino á P. incisivus, asi como
un fémur con la coraza casi completa del mismo individuo,
fragmentos del esqueleto y partes muy cstensas de la coraza
de otros cuatro individuos. Estas piezas proceden de Monte León
y de las l:)arrancas del rio Santa Cruz.
Ha sido mas ó menos de la talla de P. australis, pero menos
robusta que esta última especie. En estos animales la longitud
del espacio ocupado por la serie dentaria es sensiblemente
igual en las dos mandíbulas. En la página 799 de la obra
citada del Sr. Ameghino, se vé que en el maxilar inferior atri-
buido por este autor á P. incisivus los ocho dientes ocupan un
espacio de 95, cuando los ocho dientes del maxilar superior
no ocupan mas que un espacio de 88.
El dy es de sección transversal elíptica, con su mayor diá-
metro dirijido oblicuamente hacia afuera y de adelante hacia
atrás. El dr es mas fuerte, de la misma forma é implantado
del mismo modo. Las columnas de los dientes que siguen por
atrás son mas débiles, pero se destacan mejor que en P. australis
El diámetro antero-posterior de los dientes inferiores, tomado
sucesivamente de dr á dg", nos dá : 5 - 7 - 10.5 - 12.3 - 13,8 - 13,5
- 12,5 - 12,5. El diámetro transversal de los mismos nos dá :
3,4- - 3,8 - 4,5 - 4,7 - 5,5 - G-6 - 5,8. La altura del cuerpo del ma-
xilar al nivel del dir es de 38; y al nivel del dr, 34.
El mayor largo del fémur es de 229. La distancia entre el
vértice de la cabeza femoral y el borde inferior del cóndilo in-
terno es de 208. El diámetro transversal del mismo en la es-
tremidad proximal es de 86; y en la estremidad distal, 60.
Las placas figuradas por el Sr. Ameghino proceden de la re-
gión mediana como lo dá á entender este autor. Proceden de
la región lateral, las cinco últimas ñlas de placas de la coraza
— 40 —
presentan la figura principal elevada en forma de un segmento
de esfera bastante elevado en las últimas filas. Esas figuras
presentan una prominencia aguda y bastante acentuada en las
placas de las últimas filas. Este carácter se obsrva también en
F. laevatus, pero es menos acentuado.
Propalaehoplophorus patagonicus mekc. sp. no\.
Establecemos esta especie sobre un cráneo bastante com
pleto, pero no encontrándose mas que el d^ de los dos lados
en posición. Atribuimos á la misma especie la parte posterior
de un cráneo, fragmento.s de maxilares inferiores y partes im-
portantes de la coraza de dos individuos. Estas piezas proceden
de Monte León y de las barrancas del rio Santa Cruz.
La talla de esta especie es bastante mayor que la de P. aus-
tral/'s. El di tiene sus columnas bastante elevadas.
Siguen las dimensiones de los dientes :
Longitud del cráneo entre el vértice de los cóndiTos
occipitales y el borde anterior de los agujeros sub-orbitorios 135
Diámetro transversal del cráneo sobre el ex-occipital... 8S
» » » entre los agujeros sub-
orbitarios 58
La figura principal de las placas es de superficie plana con
vexa. En las placas de la i-ejion posterior está la figura prin-
cipal en forma de segmento de esfera poco elevado. Las placas
de esta especie se hacen notar por su espesor que varía entre
12 á 20 según la región á tiue pei'tenecen : es decir cjue estas
placas tienen casi el doble de espesor que las de las especies
precedentes.
Propalaehoplophorus Aratae merc. sp. nov.
Designamos la especie sobre un fragmento del maxilar infe-
— íl —
rior, recogido en Monte León. Atribuimos á la misma especie
partes imjiortantes ele la coraza de dos individuos, procedentes
de los mismos ¡larajes.
El fragmento de maxilar interior denota una especie de talla
bastante menor que la de P. laeratns. Este fragmento no con-
tiene mas (¡ue nig en posición. El diámetro antero-posterior de
este diente es de 10, y su diámetro transversal de 4. La altura
del cuerpo del maxilar al nivel del d— , es de 27.
Las placas de la coraza se caracterizan por los surcos que
determinan las figuras de la superficie esterna, i:[ue son relati-
vamente mas anchos y mas profundos que en P. laevatus, que
es la especie, entre las que liemos mencionado hasta ahora,
donde las figuras de las placas son mas aparentes. El diámetro
de las placas del centro, es de 36 á 38. Las figuras de esas
placas son de superficie plano-convexa, y su espesor es de 4
á 4,5. Las figuras secundarias son en número de once, y la
figura principal es circularla. La figura principal de las placas
laterales de la región anterior de la coraza es circularla ú
ovoidea, y caracterizada por una depresión bastante acentuada;
cuyo centro se encuentra en los dos tercios posteriores del diá-
metro antero-posterior, que en esas figuras es generalmente el
mas fuerte. Esas placas tienen de 14 á 16 de largo y de 11 á
15 de ancho, y alcanzan hasta 7 de espesor. La placas movi-
bles tienen la figuro principal circular 6 sub-circular, con una
depresión mas pronunciada en su centro, y con el borde poste-
rior formando una iirominencia de superficie redondeada, y bas-
tante característica. En la parte anterior, se observa en esas
placas cuatro figuras secundarias; lateralmente, esas figuras
han desaparecido ó son muy angostas; las de la parte poste-
rior generalmente hacen falta. Las placas movibles tienen de
20 á 26 de largo, de 5 á IS de ancho y de 6 á 7 de espesor.
Las i)lacas laterales que siguen por atrás, tienen la figura
principal circular ó suli-circular, y depresionada en su centro.
En las últimas filas de las placas, la parte posterior de la
figura principal se levanta en una prominencia redondeada y
poco elevada. El largo de esas placas es de 20 á 28; su ancho,
de 14 á 20, y su espesor de 6 á 10.
DASYPODA
Dasipiclao
Gen. Thoracotherium merc. p:. nov.
Eidcdus. Ameghino. — Eitum. sisicm., etc., p. 25 (1887).
— Cont. al con. Mean, fus., etc., p. 873 (1889).
Las especies que colocamos en este género, proceden del
eoceno de Patagonin. Tres ya son conocidas y han sido referi-
das por el señor Ameghino al género Eutatus P. Gevr. Las di-
ferencias que pre.sentan esos animales con el género Eutatus,
son tan numerosas y tan profundas que no es posible mante-
nerlas en ese género.
Señalaremos aquí solamente las diferencias que se refieren
á la dentición.
VA maxilar inferior contiene 10 dientes de cada lado. Los
cuatro primeros dientes son de sección transversal elíptica, bas-
tante comprimida, con el diámetro mayor según el eje de la
serie dentaria. Los seis últimos dientes son de sección trans-
versal triangular muy característica. El d-g" es el diente mas
fuerte de la serie, y al mismo tiempo el mas característico. Su
sección transversal es un triángulo obtnsangulo, cuyo lado
mayor corresponde á la cara hiteral antero-externa del diente.
Las aristas del prisma constituido por este diente, son un poco
redondeadas; la anterior lo es mas que las otras. La cara la-
teral antero-esterna, presenta un surco longitudinal bastante
ancho y poco profundo. Los dientes aumentan gradualmente
de tamaño del dr al di, y disminuyen del di" al dnj. El ám no
es mas fuerte que d-g-. La sínfisis llega al nivel del d^-
Hemos descubierto la presencia de nueve dientes en el ma-
xilar superior. El único cráneo que nos permitió hacer esa
observación está destrozado en su parte anterior, de modo que
— 43 —
no nos es posible decir si el número de los dientes en el maxi-
lar superior ha sido mayor. Los sois úlümos dientes son de
sección trans\-ersal igualmente en i'orma de triángulo obtusán-
gulo cuyo lado mayor corresponde también á la cara lateral
antero-esterna del prisma constituido por esos dientes. La aris-
ta antero-interna de este prisma es bastante aguda ; las otras
están redondeadas. La cara lateral interna presenta un surco
longitudinal, ancho y poco profundo. Las otras caras laterales
son convexas. Para mas simplicidad en la notación, admitire-
mos en el curso del presente trabajo, que el número de los
dientes en el maxilar, ha sido igualmente de 10. Los dientes su-
periores anteriores desde di- son de sección transversal elíptica, con
el diámetro mayor en el eje de la serie dentaria. El diente mas
fuerte es el dy. Los dientes aumentan gradualmente de tamaño
del dy al dr, y disminuyen, por el contrario, y de una mane-
ra mas rápida del d? al dig. El dw es de tamaño la mitad me-
nor que d^.
Thoracotherium priscum merc. sp. nov
Establecemos la especie sobre varios fragmentos de maxilar
inferior entre los cuales figura la rama izquierda de un maxi-
lar inferior casi completa. Estas piezas proceden de Monte
León, y de las barrancas del rio Santa Cruz.
Hé aqui los dimensiones de los dientes:
El espacio ocupado por la serie dentaria inferior es de 54.
La altura del cuerpo del maxilar inferior detrás de d 2" es de
11, detrás de dig, 16. Su diámetro transversal al nivel de ds- es
de 6; al nivel de dr, de 7,5: y al nivel de dio, de 9.
Thoracotherium oenophorum (amegh.) merc
Eiitatiis ocnnphorum. Ameghino Loe. cit. p.
pl. LXVIII, fig. 5 á 20 y 33 á 34.
Eutatus bipunetatus . Ameciiino. Loe. cit.
25 V 873
Ademas de las piezas que lian servido al Sr. Ameghino pai-a
establecer la especie, posee el Museo de La Plata la mayor
parte del esqueleto y de la coraza de dos individuos proce-
dentes el uno de las barrancas del rio Santa Cruz y el otro de
Monte León.
Esta especie es de talla menor que la precedente.
Toracotherium vetum merc. sp. nov.
Establecemos la especie sobre gran parte de la coraza y
del esqueleto de un individuo y sobre varias piezas del esque-
leto de otro individuo. Estas piezas proceden de Monte León.
Esta especie e.s de talla intermediaria entre Thoraeofherium
oenophorum y T. lagenum.
Hé aqui las dimensiones de los dientes superiores :
La longitud del especio ocupado por los ocho últimos dientes
es de 4L
Los surcos que determinan la figura longitudinal mediana
de las placas de las bandas movibles son mas anchas y mas
profundas que en Thoraeotherium lagenum, y la figura (|ue de-
terminan por consiguiente mas aparente.
Thoracotherium lagenum (amegh.) merc.
Eiitatns JageiKi. Ameghixo. Loe. cit. p. 26 y 874 : pl.
LXMÍI, lig. 21 á 30.
El Museo de La Plata posee ademas de las piezas que han
servido al Sr. Ameghino para establecer la especie, partes im-
portantes de la coraza de varios individuos.
Thoracotherium distans ( amegh. ) merc.
Entatus distans. Ameghino Loe. eit. p. 2(3 y 874: pl. LXMII,
fíg. 35.
Ademas de las piezas que han servido al Sr. Ameghino
para establecer la especie, posee el Museo de La Plata partes
importantes de la coraza de varios individuos.
Refiriéndose á esta especie dice el Sr. Ameghino (^'case loe.
cit. p. 874): «De la figura en forma de botella que adorna la
cara externa de las placas délas especies precedentes, no existe
vestigios en las de E. distans.» Es un error; esa figura es muy
aparente sobre las placas laterales. Sobre las placas de la re-
gión mediana esa figura es menos aparente por no estai- tan
bien indicados los surcos que la determinan.
La pieza figurada por el Sr. Ameghino (A'óase loe. cit. pl.
LXVIII, fig. 35) no corresponde á la descripción (¡ue dá este
autor Y no ¡pertenece á la especie que nos ocupa ni tampoco
al género Thoraeotheriiim. Si está exacta la figura citada, per-
tenece esa pieza ai género Zai'd¡jus Amegh.
Thoracotherium cruentum mekc. sp. nov
Fundamos la especie sobre la mitad izquierda de la región
de la coraza correspondiente á las bandas movibles de un in-
dividuo, parte de la columna vertebral, parte de la pelvis y el
— 4G —
fémur izquierdo del mismo. Estas [liezas proceden de Monte
León.
Esta especie tiene mas ó menos la talla de la precedente.
Difiere de ella poi- no presentar en su izarte posterior las pla-
cas de las bandas movibles la elevación que caracteriza esas
placas en Thoracotherium distans (Amegh.) Además la figura
longitudinal mediana de esas placas en las especies que nos
ocupa, llega hasta el borde posterior de las placas, y los sur-
cos que la limitan están mas anchos y mas profundos.
La distancia entre el vértice de la cabeza femoral y el bor-
de inferior del cóndilo interno de este hueso, es de 66. El diá-
metro transversal del fémur á la estremidad proximal es de
20, y á la estremidad distal, 21.
ObscrenciOH. — La uniílad de medida adoptada es el miliiiietro.
La Plata, 5 de Julio di- 1S91.
CARACTERES DIAGNÓSTICOS
ALGUNAS ESPECIES DEL GEN. THEOSODON
CONSERVADAS EN EL MUSEO DE LA PLATA
por
AL CIDES ME R CERA X
Encargado da saccion en el Musea
Los restos que entran en la enumeración que sigue proceden del
eoceno de Patagonia. El género TheosodoH Amegh., se distingue de
Macrauchenia y Scalabrinitherium por la estructura de los dientes, por
el intermaxilar muy corto y por la abei'tura nasal principiando mas
adelante todavía que enEquus. Formula dentaria: i|-c{-pm|-m3-
Incisivos de raíz sub-cónica, de corona comprimida en sentido
transversal, enangostándose hacia la estremidad para terminarse
en cúspide bastante alta. Incisivos inferiores mas fuertes que
los superiores, de corona en la base mas ancha que la raíz.
El cíngulo de esos dientes, tanto de la cara lateral interna i-omo
el de la cara lateral esterna es mas acentuado que en los in-
cisivos superiores. Canino de forma intermediaria enli'e los
incisivos y pmr- Premolares con la columna mediana de la
cara lateral interna de la corona bastante desarrollada. El surco
de la cara lateral esterna se acentúa de mas en mas hasta
llegar al pnií que presenta el tipo selenodonte casi perfecto.
El cíngulo basal sobre las caras laterales interna y esterna mas
ó menos desarrollado. Verdaderos molares inferiores de tipo
selenodonte. En la escavacion del lóbulo posterior se vé un
contra fuerte mejor desarrollado que en Scalabrinilherium. Dien-
tes de la mandíbula inferior aumentando de tamaño del ir al
my. Pml de la misma forma que el. Los demás molares en
forma de prisma y presentan cuatro lóbulos. Pml y pml tienen
dos raíces; los molares que siguen presentan tres raíces. Desde
el pml hasta el mi, todos los molares presentan un cíngulo
basal sobre la cara lateral esterna bastante desarrollado. Pml y
pnal de cara lateral esterna plana convexa. Los molares que
sigue presentan una arista longitudinal mediana, poco elevada
y redondeada hacia la base. Pliego entrante de esmalte opuesto
á la arista mencionada. Los dos lóbulos estemos con cúsjiide
— 48 —
ti^ansversal. Tres pozos de esmalte, uno grande y (jue desapa-
rece muy pronto, dos otros mas pequeños, á un nivel inferior
del primero, el uno á la parle antero-interna y el otro á la
parte postero-interna. Corona de los dientes cubierta de una
capa ininterrumpida de esmalte. Fig. 7 pl. XXXIII de la obra
del Sr. Ameghixo sobre los Mamíferos fósiles de la República Ar-
gentina representa pml de Iheosodon; pero en esa figura la dis-
posición de los pliegues de esmalte está indicada erroneadamente.
Los pozos de esmalte en Theosodon son muy simples y no pre-
sesentan pliegues como los señalados en dicha figura. Los
huesos del esqueleto que conocemos revelan las mas grandes
afinidades con Macraiichenia.
Theosodon Lydekkeri Amegh. — Fragmento de maxilar inferior
atribuido á esta especie por el señor Ameghino (Loe. cit., p.
550): pertenece á Theosodon iMtagonensis.
Theosodon Lallemanti Mere. sp. nov. — De talla menor que la
precedente, y ha alcanzado la mitad de la talla de Macrauchenia
patagónica. El diámetro antero-posterior de los dientes, de iy á
mj, es, respectivamente, 14-14,5-15,5-16,7-19,8-21,4-22-
22,6 - 23 - 22,6. El de los molares superiores, de pml á mi,
es: 17,8-17,9-20-21,5 -23,4. Espacio ocupado por la serie de
los cuatro últimos molares inferiores, 89. Distancia entre el
borde posterior de pmy y el borde anterior de ir, 89. Altura
del maxilar inferior atrás de m-g-, 52; al nivel de my, 44; al
nivel de pmx, 36, y al nivel de pmy, 36.
Iheosodon FrenxeU Mere. sp. nov. — De talla menor (¡ue la
precedente. Diámetro antero-posterior de los dientes pmr, pmy,
m-2, ms", il, pml-, pml, pml, pmi', y mi es respectivamente :
17,5 - 20 - 25 - 24 - 10,8 - 15 - 16,9 - 18 -20,6 - 24. Longitud del es-
pacio ocupado por la serie de los molares inferiores, 14,5. Altura
del maxilar al nivel del pmr, 32: y al nivel del pm^, 81. Dis-
tancia en línea recta de la estremidad del apófisis coronoideo al
borde alveolar anterior de pmr, 226. Espacio ocupado por il,
el, pml, y pml, 59.
Theosodon patagoncnsis Mere. sp. nov. —De talla menor que
In [irecedente. Diámetro antero-posterior de los dientes io", cr,
[nnr, príiT) ü. ü, pml, pml, pmi, pml, ñas dá respectiva-
mente : 11 - 13,5 -14,5 - 18 - 9,5 - 10 - 13,4 - 15,5 - 15,7 - 17,3. Dis-
tancia entre el borde posterior de pms y el borde anterior de
ir, 84. Espacio ocupado por los cuatro primeros molares, 64.
Altura del maxilar al nivel del jnna-, 30.
Theosodon gracilis (?) Mere. sp. nov. — El maxilar inferior
nos recuerda Theosodon Fremeli. Diámetro antero-posterior de
— 49 —
¡nn-r ú mr. nos dú respectivamente: 16-20,5-25-26,6-23,8.
Longitud del espacio ocupado por los cinco molares pm^ á mr,
103. Altura del maxilar al nivel de mr, 28. Al nivel de pms",
2',). Joven.
Theosodon debilis (? ) Mere. sp. nov. — Diámetro antero-pos-
terior de mr y my, 25 - 23,5. L-(5ngilud del espacio ocupado por
los seis jirimeros molares, 99. Distancia entre el borde poste-
rior de mT y el borde incisivo, 125. Altura del maxilar al njvel
de mr. 27; al nivel de pmy. 23.7, y al nivel de pmr, 22.
Joven.
Observación. — La uniílad de medida adojjlnda es el nñlíniotro.
L:i Pbta, ó tic Julio d.- IS'.ll.
CARACTERES DIAGNÓSTICOS
DE
ALGUNAS ESPECIES DE CREODONTA
CONSERVADAS EN EL MUSEO DE LA PLATA
lior
ALCIDES JIERCERAT, Encargado en el Museo
La observación del Sr. Ameghino referente á la presencia
de ocho molares en Acijoii no está confirmada todavía.
En la notación de los dientes consideraremos el tipo primi-
tivo de los Creodonta como pro\'isto de oclio molares.
Cladosictis Amegh. — Fórmula dentaria : i|- c^pm|- mj. Los
dientes descriptos poi- el Sr. Ameghino de Cladosictis yatmjónica
son miL y mii, no pmi y mi.
Cladosictis dissimilis Mere, sp. nov. (1) — Talla del doble de
C. patagónica. Diámetro antero-posterior de m-, mi y mí- es res-
pectivamente, 7-8-3.
Artodictis Mere. g. nov. — Fórmula dentaria: iy crprni-mj.
Arctodictis Muñixi Mere. sp. nov. — Cr muy fuertes
Molares de tipo tubérculo-cónico. Premolares dirijidos oblicua-
mente hacia adelante y verdaderos molares oblicuamente hacia
atrás. Pequeño diástema entre pmj y mp. Otros molares muy
apretados. Pm^ en posición casi transversal al eje de la serie
dentaria. Pmj tiene la misma posición pero á un grado menos
pronunciado. Corona de los premolares muy poco desarrollada,
cónica, y provista de un metacono muy poco acentuado en pray.
Los pi'emolores presentan un cíngulo poco desarrollado. \qv-
daderos molares constituidos por un proto-, un para- y un me
tacono. Protocono mas elevado que el paracono : el metacono es
el elemento menos desarrollado. Los tres elementos tienen sen-
siblemente el mismo desarrollo en los cuatro verdaderos mo-
( 1 ) Las especies enuinei-adas en este trabajo, no acompañadas de una desi-
í'nacion especial proceden del eoceno de Patagonia.
lares que aumontaii de (amaño de mr á mr- Mr mas débil (¡ue
pniT- Cingulo sobre la cara latei-al esterna de los verdaderos
molares. Diámetro antero-posterior de los dientes de pnio" a
pmr: 8— 10— 11. i — 11 — 12,5—14 — 18,8. Espacio ocupado i)Oi- la
serie de esos dientes 100. Espesor de la sínfisis 43. Altura del
maxilar atrás de mr, 52,5: al nivel de pm-a, 55. Diámetro
ti'ansversal del ma.xilar al nivel de pmr, 64. Diámetro trans-
versal del cueri)0 del maxilar- al nivel del m-. 27,5: cuatro
agujeros mentonianos que corresponden á pmy, al diáslema entre
iniiT ymr, al protocono de mj y al i)aracono de m-3 .
Arctodictis au.sfrah's Mere. sp. nov. — Cr cuyo axis ha tenido
65. Este diente es poco arqueado, de sección elíptica, con 19.6
de diámetro antero-posterior en el cuello del diente y 13 de
diámetro transversal. Sección transversal aumenta rái)idamente
del vértice de la corona al cuello para disminuir casi tan i-á-
pidamente sóbrela raí/. Raíz con fuertes estries longitudinales
La cara lateral interna presenta un surco ancho y bastante
profundo. Talla de mitad de la precedente.
Hathliacynüs Amegii. — Sin. Anatherium Amegh.; Acyon
Amegh. — Fórmula dentaria, i|- cj- pnig-m^-. Maxilar inferior
relativamente largo. Molares bi-radiculados y semi-sectoriales,
Diástemas entre cr y pni-, entre los premolares, y á veces
uno muy pequeño entre pm:f y mr- Diámetro antero-posterior
de los molares en el eje de la serie dentaria; apenas se ob-
serva una desviación por afuera en pm-?", y por adentro en
m-g- y m-j . Pnio y pnis" con su eje dirigido oblicuamente Inicia
adelante; pmj dirigido hacia atrás; molares en la normal.
Pnii mas fuerte que mr. Protocono de los verdaderos molares
relativamente bastante alto. El paracono en mr es mas débil
í|ue el metacono. En los otros molares es mas fuerte, y aumenta
sensiblemente de mr á m^, disminuyendo el metacono. En
niT el metacono es todavía bastante fuerte,
Hathliaciinus tricuspidatuíi (Amegh.) Mere. — Sin. Acyon tri-
cuspidatus Amegh. — Fragmento anterior del maxilar atribuido
á esta especie por el Sr. Ameghino procede de un animal ge-
néricamente diferente del i(ue procede el fragmento posterior.
Hathliacyntis Fischcri Mere. sp. no\'. — Talla un poco inferioi-
á la pi-eccdente. Diástema de 8 entre il y el al cual corres-
ponde un hundimiento del iñtermaxilar (|ue recibe cr. Diás-
tema entre cr y pm^, 2: entre pm2 y pmi, 5; y entre pml y
— 53 —
pnii, 1,5. K\ (liáiDctro antero-poslerioi' toinodi) sucesivamente
de mi a el nos dá : 2,5— 8— 7,8— 0.8—7— 7— 5,2— 8,9. Distancia
transversal entre los agujeros sub-orbitarios es de 20. Diámetro
transversal del cráneo al nivel del diiistema entre ]iml y pml
es de 20,5 : y al nivel de d, 24,5. Altura del maxilar inferior
detrás de pmr, 18,5. Espacio ocupado por los molares supe-
riores, 56. Distancia entre el borde posterior de mi y ü, 76.
Hathliacijnus defossu.s (Amcgh.) Mere. — Sin. Aiiatlierium de-
fossus Amegh. — De talla menor que la precedente. No sabemos
sobre qué se basa el señor Ameghino para dudar de la presen-
cia de incisivos en esta especie.
Hathliacynus lustmtiis Amegh. — De talla menor que la pre-
cedente. Espacio ocupado por la serie de los molares, 57; el
ocupado por los molares cr y Í3 , es de 69. Altura del maxilar
detrás de mx, 19,8: entre mg- y m2', 18,7; entre mr y pmr.
16,7, y entre pmx y piíig-, 15,2
Hctthliacymtf: cultridens Mere, sp. nov, — Aproximadamente de
la misma talla que la especie precedente. Diástemas entre los dien-
tes menos pronunciados. Alveolos de los tres incisivos presentes.
Dos orificios dentarios solamente, correspondiendo á la raíz
posterior de pms- y á la raíz anterior de my. Diámetro antero-
posterior de los dientes cr, pm^, pray-, va-r, m^ sucesivamente
de 7 - 5,2 - 7 - 6,9 - 8. Altura del maxilar inferior detrás del
pniT, 17; entre pmg- y pmj, 16. Longitud del espacio ocupado
|)or los cuatro primei-os molares, 28. En la especie precedente
este mismo espacio mide .32,4.
Hatliliacijnus Rollieri Mere. sp. nov. — Talla bastante mas
débil que en las dos especies pi-ecedentes, y sin embargo los
dientes son casi tan fuertes como en H. lustratiifi. Diámetro
antero- posterior de mr á mr nos dá sucesivamente: 7,3-7,6
■ 8,7 - 9,8. Longitud del espacio ocupado por los cuatro verda-
deros molares, 32. Altura del maxilar inmediatamente detrás
de m3^, 14; detrás de mr, 13,7.
Hathliacynus Lyi/cid Mere. si>. nov. — Talla inferior á la de
la especie jirecedente. Diiunetro antero-posterior de mr á mr y
de mi á mi, es sucesivamente de 6 - 6,4 -6,9 -7-7-7,7 -7,4 - 2,8.
Longitud del espacio ocupado por los verdaderos molares supe-
riores, 23,8, y el ocupado por los inferiores, 24.
Hathliacynus Koljyi Mere. sp. nov. — Talla muy pequeña.
Diámetro antero posterior de los dientes de cy á mr: 3,4-3-
3,9- 4,3 - 4,3 - 4,5 - ■? - 5.' Espacio ocupado por los siete molares
— 54 —
inferior-es, 30. Altura del maxilar sobre el apófisis coronoideo,
21,5. La del cuerpo del maxilar detrás de my, 8; detrás de mo,
7; detrás de pmr, <>,<J; y detrás de pm-g-, 6,2. Diámetro trans-
versal del cuerpo del maxilar al nivel de mr, 3,8; al nivel de
pmr, 3,4. Dos orificios dentarios, correspondiendo á la raíz
anterior de pmg- y á la raíz posterior de mr. Húmero de>
forma intermediaria entre el de los Phalangistidae y el de los
Procyonidae.
Agustylus Amegh. — Molares sectoriales. Maxilar inferior re-
lativamente mas corto que en Hathliacynus . Diástemas entre los
dientes reducidos. Paracono de los verdaderos molares mejor
desarrollado que en Hathliacymis, y rnetacono mas débil. La
desviación en los verdaderos molares hacia adentro, se percibe
va en m^. Fórmula dentai-ia: Ítt c,- pm-^ mVr.
.-1 1 i 4 .5
Agustijlns caniifex Mere. sp. nov. — Diámetro antero-posteT
rior de ir. Í3-. cr, pmj, pm^, mr, m^. m;f, mx, es sucesiva-
mente : 1,8 - 2 - 8,5 - 7,5 - 8,8 - 8,5 - 1U,4 - 12,8 - 14. Longitud del
maxilar inferior entre el Ijorde posterior del cóndilo y el borde
incisivo. 150. Altura del cuerpo del maxilar atrás de m^, 29;
atrás de pm^, 25. Distancia entre el borde jiosterior de rrii y
el jiorde incisivo, 86. Espacio ocupado |)oi- los seis últimos
molares, 05.
Agiistfilus cynoides Amegh. — Entre los dientes descritos por
el señor Ameghino, el uno es pmr >' no pms^, y el otro mj y
nn ¡>mi.
Agustyliis primaevus Mere. sj). nov. — De talla inferior á la
de la especie precedente. Diámetro antero-posterior de los cr,
\)\n-i, pni4, mi, mg- y mr es sucesivamente: 5,4-5-7-6,0
-8-9. Longitud del espacio ocupado por los siete molares infe-
riores, 50.5, y el ocupado por esos dientes y el cr, 60. Altura
del maxilar detrás de m-g-, 25,2; detrás de pmj. 18,8.
Thylacodíctis Mere. g. nov. Thylacodictis exilis Mei-c. sp.
nov. — La rama del maxilar inferior no es encorvada hacia
arriba, y casi derecha. Paracono de mr y my relativamente
menos desarrollados que en Hatkliacymis. Diámetro antero-poste-
rior de mri 5.6. Altura del cuerpo del maxilar detrás de mr,
10,8; detrás de pmr, 9,8; detrás de pm^, 8,7: y sobre el diá-
stema que separa cr de pm?, 7,2, Longitud del espacio ocu-
oo
pado ])0i' Ids ruati-ii pi-iinei-os mulares 22,5. Diástema entre
111115 y jinva, 1: y enti-e pm- y cr, 1. Diámetro transversal
del cuei-po del maxilai' al nivel de mj . 5.
AcYON Amegh. Aci/ou fn'cnspidacttí.s Amegh. — MI fi-agmento
posterior del maxilar inferior atribuido por el señor Ameghino
á esta especie, pertenece al género HatJiliacyuns.
AcROCYON Amegh. — Maxilar inferior liastante corto, poco
elevado. Molares tubérculo-sectoriales. Dientes apretados. Diás-
tema aparente entre pnis y \>m^ producido por el cambio
en la dirección del eje longitudinal de los dientes. Fórmula,
deniaria: i- Cy pm-3- mv Posición transversal de los dos
primeras mnlai'es no tan apai-ente ([ue en Arctodictis. Molares
aumentando de tamañn de [inio á mi.
Acrofi/oii E<iiii(iiins Mere. sp. no\'. — Pi-emolai"es con meta-
cono; pm4 con |iaracono rudimentario. Diferencia entre para-
cono y metaconn acentu;uidose {¡asando sucesivamente de mo
;í mi. Paraciini) de nu fuerte, alto y mirando hacia adenti'o.
Metacono de m.! rudimentario. Metacono de mi . m.. y m 3- pro-
visto do un talón. Molares con un l>orde de esmalte .i un cín-
gulo poco prmiunciado sobre la cara lateral interna v bien
acentuado sobre la cara opuesta. Diiimetro antero-posterior de
los dientes de.sde c, á nu. 11.8-7, 4-1(1-10.7- 11,6-12,8-15-17,8..
l'>[iacio ocupado por la séi'ie de los cinco primeros molares
.52: el ocultado por ci y los cuatro priinei-os molares .56. Altura
del maxilar al nivel de pm:j 25.
Acrocijoii patagoiiciisia Mere. sp. nov. — De talla meiinr que
la precedente. Orificios dentarios en posición diferente, blspacio
ocupado peí' los 5 últimos molares 65.
Acroryoii srcfor/tis Amegh. — Diente descrito porelSR.AME-
oHiNo es lUo y no pmi ó mi. La pieza figurada (Mamíferos
fósiles cíe la República Argentina. \)\. I. fig. 19) no nos parece
pei'tenecer ni al género, ni Ti hi especie.
TiiERiODiCTis Mei'c. g. nov. Theriodictis plafensis Mere. sp. nov.
—Base del Pampeano. Mar del Plata. Mo de forma intermediaria
entre la de Hijaeiiodon y Ptérodon. vSemi-sectorial. Diámetro
antero-posterior de este diente 30; diámeti'o transversal 11.4.
Altura del [trotocono 17, del [taracono 13, y del metacono 8.
— 56 —
Borde de esmalte redondeado y bastante elevado en la base-
de la corona. Diámetro antero-posterior del raiz anterior 15;
diámetro transversal del mismo 9. Las mismas medidas sobre
el raiz posterior son 13,5 y 8. Altura del cuerpo del maxilar al
nivel de m^ 30, y su diámetro transversal 15.
Observación. — La unidad de medida adoptada es el milímetro
La Plata, Julio 5 de 1891.
NOTA SOBRE ALGUNAS ESPECIES
DE
UN GÉNERO ABERRANTE DE LOS DASYPODA
( EOCENO DE PATAGOMA )
CONSERVADAS EN EL MUSEO DE LA PLATA
POR
TRANCISrO P. MORENO, Director cli'l Museo y ALCIDES MERCERAT, S.'Clvt;ino dc-l iiiisino
El señor don Florentino Ameghino en su obra Contrihiicion
al conocimiento de los Mamíferos fósiles de la Rejmblica Argentina,
obrn compuesta en su casi totalidad con materiales del Museo
de La Plata, que tuvo á su disposición mientras fué su em-
pleado, lo que calla en ella, describe entre los numerosos
restos de la fauna eócena patagónica, que se conservan en
las colecciones de este establecimiento, algunos que ati-ibuyc á
dos géneros de familias distintas: Coclilops, que coloca entre
los Glyptodontidne y Peltepl/iliis qne coloi-a entre los Chlain/jdO'
theridne.
Al estudiar estos materiales y al hacer un examen compa-
rativo con las descripciones y figuras del Sr. Ameghino nos
encontramos con que el autor ha interpretado lastimosamente
ol rico material de que dispuso para sus estudios.
No solo ha hecho dos animales distintos de los restos de
una sola especie, sino que también confunde y refiere á la
misma especie, restos de otra especie que corresponde á otra
de las familias que menciona en su obra el señor Ameghino,
los Iloplophoridae. Mas aun la colocación de ese animal, no
debe ser en ninguna de las tres familias noml)radas sin(') en
una cuarta, en la familia de los Dasijpidae.
La descrijicion de Cochlops (Púg. 792 de la obra citada) en
la parte que se refiere á los caracteres que asigna al género,
corresponde á la coraza de Propalaehoplophorus. Las placas
figuradas por el señor Ameghino como de Cochlops niuricattis.
pl. L, fig. 14 y pl. Lili, fig. 1 á 2, son placas de la parte de
encima de la pelvis de la coraza de PropalachoplopIwiKs.
— 58 —
La verdad es (|ug el gén(3i'o Cochlops solo ha existido en la
imaginación del Sr. Ameghino. íaluieándolo do varios otros,
curiosa manera de aumentar el número de especies estinguidas,
'caso ((ue no es raro en la obra citada. Las placas repre-
sentadas en la pl. L. lig. 9 á 18 de la obra del Sr. Ameghino son
idénticas unas á Propalaehoplophorus y otras á las que este autor
atribuye y figura como de PeUephüus Amegli. Además debemos
decir que el cráneo que el Sr. Ameghino, en la iíerísto Argentina
de Historia Natural; t. Le. 2, Abril 1° de 1891, p, 119, designa
con el nuevo nombre genérico. Gephyranodus es idéntico á Pel-
tephilt(s. Agregaremos que creemos que el mismo autor ha
aplicado también otros nombres genéricos á piezas que se re-
fieren al de que tratamos.
En ijcasion próxima hemos de hacer otras observaciones
(|ue nos sujieren las descripciones del Si-. Ameghino. No du-
damos de que entre el inmenso material que aun no ha sido
examinado, existente en los laboratorios del Museo de La Plata,
han de aparei'er mayor' número de elementos para conocer
mas á fondo la organización de hi forma aberrante que por
ahora designamos pro\'isoriamente bajo el nomlirc de Peltephüiis,
haciéndolo seguir de un interrogante.
El cráneo de PeUephüus {?) que posee el Museo, desgraciada-
mente no es bastante completo. \)i\vn tener ya una idea exacta
de su forma. La jiai-'.e que existe nos recuerda por su forma
general el género Dasypus Lin.; sin embargo, ha tenido este
animal el rostro relativamente mas corto y m;is ancho, una
ci-esta occipital muy ancha, bastante elevada, de superficie
plana y rugosa. ) una cresta sagital relativamente esti'echa y
poco elevada.
El maxilar initerior es de una forma muy particular. Las
ramas son relativailiente cortas, encorvadas liácia adentro en
arco de círculo y formando un ángulo bastante al)ierto. Visto
de lado presentan esas ramas en su [larte proximal la forma
de las de Bracli/pus Lin. Esas ramas aumentan gradualmente
de es])esor hasta llegar casi al borde sintisario. La sínfisis for-
ma un llano que presenta una inclinación sobre el eje del cuer-
po del maxilar de aproximadamente 50" y no es muy espesa.
La cara postero-superior es por lo general concava en sentido
tr'ansversal. La línea sinfísaria sobre esta cara es algo concava
en su mitad anterior, encorvándose hacia abajo en su mitad
jjosterior. La cara antero-inferior es regularmente convexa.
Los dientes del maxilar inferior llaman la atención por su
forma particular y sobre todo por su disposición.
— 59 —
Son siete, dispuestos on serie continua, scjiarados por dius-
teinas, muy pequeños, con excepción de los dos medianos an-
teriores que son muy pequeños y que llegan á tocarse por
sus bordes laterales.
Son de sección transversal en forma de triangulo muy ob-
tusángulo, con el lado mayor que corresponded la cara lateral
postero-interna. Los prismas constituidos por los dientes espe-
rimentan una torcion de adentro hacia afuera, la que solo se
nota en la raiz. Esa torcion contribuye á dar al diámetro mayor
de la sección transversal de la corona una posición mucho
mas oblicua sobre el eje de la serie dentaria, que al diámetro
mayor de la sección transversal de la estremidad de la raíz.
Las ai-istas del prisma que forman los dientes son un poco
redondeadas. La cara lateral postero-inlerna presenta un surco
longitudinal bastante ancho y bastanta pi'ofundo. Sobre la cara
lateral esterna se observa también un surco longitudinal re-
lativamente ancho y bien indicado. Sobre la cara lateral
antero-esterna .se vé una arista, algo aguda, de poca elevación,
pero bastante bien indicada. Los dientes están gastados en
bisel, cuyo plan está inclinado hacia adelante, de arriba hacia
abajo y un ¡lOCo hacia afuera. Se observa también en la parte
postero-superior de los dientes un i)lan de desgaste. El diente
de mayor tamaño es el d:,. Del di al dr los dientes aumentan
de tamaño, y disminuyen del dj <d df. El d-¡ es mas de la mitad
mas pequeño que do: y df es el mas pequeño, es mas de la
mitad mas pequeño que d-- Los dientes están inclinados hacia
adelante.
La síntisis llega al nivel del borde anterior del d^. El ca-
nal alveolar posteriormente no tiene orificio lateral esterno.
Los dientes superiores, á juzgar por los vestigios que hemos
podido examinar, son también de sección transversal triangu-
lar, y encorvados hacia atrás.
Las cuatro primeras piezas de la región cervical, repre-
sentan seis vértebras. La segunda pieza está constituida por
tres vérleliras soldadas entre sí.
m
Peltephilus (?) Clarazianus mur. et merc. sp. nov.
Fundamos la especie solire un cráneo imperfecto, el maxi-
lar inferior y placas de la coraza del mismo indiAíduo. >■ solare
otro maxilar inferior incompleto.
La talla de esta especie no ha sido mayor de la mitad de
la de Propalaehoplophorus caistralis (Mor.).
Las siguientes dimensiones corresponden á los dientes infe-
riores :
Mayor diámetro do In sección transversal
Dit-ínietro tomado ¡lerpendicularniente al
primero ■
2,8
2,3
6,8
3,5
'A
4.3
8,5
3,8
Longitud del cuerpo del maxilar, tomada sobre el i)orde
posterior y el borde incisivo 70
Distancia en línea recta enti'e el Ixirde posterior del cón-
dilo y el borde anterior de dT 80
Longitud del espacio ocupado por la serie dentaria inferior. . 39
Longitud de la sinfisis tomada según la linea mediana so-
bre la cara antero-inferior. ...-.■ 29
Altura del maxilar sobi-e el cóndilo 20
» » detrás de dr 19
» » sobre el borde interno, al nivel dedj. 2()
Diámetro transversal del cuerpo del maxilar al nivel de dr- H
Diámetro transversal del maxilar inferior inmediatamente
detrás de dy 47
— (U —
Peltephilus (?) strepens (ame(íh.) mok. et mekc
J'dtt'pkílits slrcpeitíi Ameíihino. — Enuin. sistem. etc. \). 25
( 1887 ). — Cont. al eon. Mam. f'ú.s. etc. p. 859: pl.
LXIX, íig. 1 ó 6. (1881)).
Cochlops muricatus. Ameghino. — Cont. al con. Mam. fos.
etc. p. 792. pl. L. ti-. 9. 10. 11, 12, 13 y 18 (1889).
Esta especie está representada i)or las placa.s que lian ser-
vido al Sr. Ameghino para establecer Peltephilus strepens al cual
atribuimos un fragmento de la región postero -superior del
cráneo, procedente de las barrancas del rio Santa Cruz.
Este fragmento indica un animal de talla doble de la es-
pecie precedente. La cresta occipital tiene 12 de anclio. La
distancia entre el borde superior del foramen occipital y el
borde posterior de la cresta occiiiital es de 36.
Peltephilus (?) Heusseri mor. et .merc. sp. nov.
Designamos la especie sobre un maxilar inferior, la parte
|iostero- superior del cráneo, las cuatro primeras piezas de la
columa vertebral, varios fragmentos del esqueleto y numerosas
jilacas de la coraza. Todas esas piezas son de un mismo indi-
viduo y proceden de JNIonte León. Indican un animal de talla
bastante menor á la de Peltephilus (?) Claraxianus.
Hé aquí las dimensiones de los dientes inferiores.
— 62 —
La longitud del espacio ocupado por la serie dentaria es de
31. La longitud de la sintisis tomada sobre la línea mediana
de la cara antero-inferior es de 2L Detrás de d^ tiene el cuerpo
del maxilar 13 de altura y 15,7 sobre el borde interno al nivel
del do-. El diámetro transversal al nivel del dr es de 9.
Peltephilus (?) pumilus { .\.megh. ) mor et .merc.
Peltepliilus pumilus. Ameghino. — Emwi. sistem. etc. p. 25
(1887). — Cont. al con. Mam. fós. etc. p. 860; pl.
LXIX, fig.- 7 á 9 (1889).
Esta especie está representada por' las piezas que sirvieron
al Sr. Ameghino para establecerla á la cual atribuimos un fi'ag-
mento de maxilar inferior en el que están implandos dy, dg- y
dr del lado derecho.
Este fragmento de maxilar ha sido descubierto en Monte
León, é indica una especie de talla todavía menor que la pre-
cedente. El surco de la cara lateral postero-interna es también
mas profundo que en dicha especie.
Hé aquí las dimensiones de los dientes:
Mayor (liíimctrü di' la sección transvc-i-s¡il
Piámotro tomado perpcmliciilaniiontc al prinioro
4.2
2,.^
4,8
Peltephilus (?) ^randis mor. et merc. s]). nov.
Esta especie está representada por los dos primeros dientes
de un individuo procedentes de las barrancas de rio Santa Cruz.
Se observa ya sobre este diente la toivion característica que he-
mos señalado mas arriba en los dientes de estos animales, La sec-
— 03 —
cion transversal del dy es un ti'iiingulo casi equilateral. La arista
antero-esterna del prisma constituido por este diente es mas
¡■(xlondeada que las demás. El diámetro antero-posterior de este
diente es de 5,4 y el diámetro transversal 6,8.
Estos dientes denotan un animal de talla doble de P. (?) stre-
pciis (Ameii'li- )•
Observación. — La uniílad ile meiliila adoptada es el milímetro.
La Plata, .lulio 10 de 16
VIII
OiotilppiíiiiDi Imiizi
BREVE NOTICIA SOBRE LOS RESTOS FÓSILES
DE UN GÉNERO NfEVO DE LA
F -A. nvE I X, I A. ü E X. o s :e Gi TJX T> A. :e:
CONSERVADOS EN EL MUSEO DE Lñ PLATA
POR
FRANCISCO P. MORENO, Director del Museo
El Museo de La Plata recibió hace algún tiempo, como
uno de los resultados de la esploracion paleontológica que prac-
tico en esta Provincia de Buenos Aires, algunos restos de un
Equideo. estraídos del teri-eno pampeano inferior del partido de
la Lobería sobre la costa Atlántica. Estos restos pertenecen á
un género de caballos que consideramos desconocido y presenta
caracteres tan interesantes, que creemos deberá delantar algunos
dalos sobre ellos al Catálogo de los restos fósiles de la fa-
milia de los Equidae que se conservan en este establecimiento
y que se imprime actualmente.
Estos restos comprenden :
1" Un cráneo bastante perfecto :
2° Las cinco últimas vértebras torácicas, la jirimera vértebra
lumbar y dos vértebras caudales;
3" La parte proximal de las cuatro últimas costillas, de las
que tres cori-esponden al lado derecho y una al izquierdo;
4° Todos los huesos del miembro anterior izquierdo.
Este animal, para el (¡ue proponemos el nombre de Onohip-
pidium Miiñixi, honrando asila memoria del modesto sabio doctor
don Francisco José Muñiz, el primer argentino que se dedicara
al estudio de la fauna argentina estinguida y á quien sé debe
el hallazgo de importantes restos de caballos fósiles, se aproxima
— G(j —
mas al género H/jipidinm Owen (1) que á cualquier otro de la
familia de los Equidne. Su talla parece haber sido intermediaria
entre Hippidium iieogacum (Lund) é H. pr'mcipale (Lund).
Mientras no se publica el Catálogo á que hemos hecho
referencia, en el que figuraremos todos los tipos de Equidae
sud-americanos conocidos, tomamos para nuestras comparacio-
nes las escelentes figuras que de Ilippidium ha dado el sabio
Dii-ector del Museo Nacional de Buenos Aires Dr. Germán
BlRMElSTER (2).
GRAN V. o
La forma general del cráneo de Onoliippidiuní es la de Ilip-
pidium.
Los huesos nasales, tan característicos en este último gé-
nero, han tenido el mismo desarrollo relativo en Onohippidiitm.
La escotadura ([ue determinan los prolongamientos cstiliformes
de estos huesos, llega mas atrás y alcanza casi ¡d nivel del
borde anterioi- do la úrljita. Estos prolongamientos estilifor-
mes existen en una ostensión de IGl (3), pero están rotos
en su parte anterior de manera que no nos es posible decir
si llegaban al mismo nivel i|ue en el género Hippidium . Los
huesos nasales se dirijen también mas Inicia atrás y alcanzan
al nivel de los agujeros sui)i'a-orliitai'¡os. La sutura de los
huesos fi-ontales con los nasales en la región mediana, se hac(>
en semicírculo, mientras que en el género Hippidium las piezas
frontales se estienden en forma de un prolongamiento trian-
gular entre los nasales. Los huesos maxilares tienen como en
Hippidium la carena denominada espina supra-maxilar.
VA intermaxilar, el jugal, el lagrimal, el arco cigomático, el
basilar, el cuerpo del esfenoideo y el occipital, han tenido el
mismo desarrollo relativo (juc en Hippidium.
Lo (|ue mas llama la atención en este cráneo, es la presen-
cia de una vasta cavidad lagrimal á la que llamaremos lagri-
mero, mucho mayor que la cavidad análoga señalada por Wag-
NER en el gi-nero Hipparíou. Lsta cavidad afecta la misma
posición relati\a (pie en Hipparion : su borde poslci'o-estcrno
(1) OwEX Plúlosiipliical Tntnsactions; Vol. 159; p. 5G0, a. 1870; 4".
(2) BuRMEisTEU. Los cnhaUfís fósiles de la Pampa Árgenlina. Buenos Aires
5; 2».
(3) 1.a uniílail do medida ailoplada es el niilinietro.
— (M —
•se eiacueiiti'a sobre la línea i'octa tirada desde el borde anlei-ior
de la órbita basta el vértice del ángulo de la escotadura tan cai-ac-
teristica de los buesos nasales. Ivstit separada de la i'irbita ¡lor el
bueso lagrimal, cuyo menor ancbo es de 3S. l'^l maxilar, el lagri-
mal, el nasal y el intermaxilar contribuyen á la formación de esta
cavidad (¡ue es jirofnnda )■ vasta, y cuyo conloi-no lateral esterno
es de forma sub-elíptica, con el diámetro |irincipal en dirección de
adelante Inicia atriis y algo oblicuo luícia afuera y biicia arriba.
El diámetro |>rincipal mide 12."), y '^S el diámetro tirado per-
pendicularmento al medio de éste y en el mismo plan. El ma-
yor diámetro de cslíi cavidad no baja de 14(1. Kl boi'de antero-
esterno del lagrimcro, alcanza al nivel del borde anterior de
pm A. Puede considerarse esta cavidad, por las ondulaciones
que j)resenta, como formada por tres segmentos de ovoideos
de diámetros principales diferentes. E\ segmento de mayor diá-
metro cori-esponde ií la región mediinia, y á la anterior el de
menor diám(;tro. El s(\umento mas completo corres|)ondc ;i la
parte i)osterior y lo es casi tanto el c-orrespondiente ;í la an-
terior.
Dolante de esta cavidad, las mejillas |iresentan dos fosas
muy características. Una, bastante pi-ofunda y estcnsa, se en-
cuentra directamente delante del lagrimero, y no llega al nivel
del l>orile anterior del pm - . La otra, menos estensa y mi-nos
profunda, esti'i situada direcInuK^nte solire el bordo inferior del
maxilar y en el es¡)acio com|ii'endido entre pm - é i^.
El ogujei'O sub-orl)ilai'i(j se ahi-e directamente bajo el borde
infei-ior del lagrimei'o. algo mas atrás del nivel de la ondulación
anterior (|ue liemos señalado cuesta cavidad, os derir al nivi-l
del lóliulo postei'ior de pm ^ .
n I K N T E s
l^ste ci-ánoo que ba peilenocido ;i un individuo bastante
viejo, ¡)oseo el canino del lado iz(|uicrdo al (|ue lo fiílta la corona,
los siete últimos molares del mismo lado y los sois del lado
derecbo.
El pm ' izquierdo os completamente rudimentario, y el aheolo
(|ue correspondí! .d mismo diente del lado opuesto parece in-
dicar un premolar mas pequeño aun. Los otros molares tienen
la forma general do los del género Hippidinm. üitieren por el
menor repliegue de bis btminas ái" esmalto y j)Oi' el lóbulo an-
tei'O-interno (|ue constituye sobi't; la cara latoi-al interna del
dionli-, una columna mas elevada. Lo i|Ui' mas nos llama la
— C)H —
atención en estos dientes, además de la simplicidad en la dis-
posición do las láminas de esmalte, es la uniformidad casi
completa (|uo se observa en la disposición de estas láminas en
todos los molares.
I'",sta disposición nos recuerda el m i de la fig. 3, pl. III
de la obra del Dr. Burmeister que liemos citado, pero escep-
túa las dos figuras internas que caracterizan los dientes de los
Equidae. K] esmalte en estas lignras afecta la disposición que
se nota en el molar de Piotohippus pcrdidus (?) figurado por
Leidy ( Contribidion to the exthict Vertehrata Faioia of the Western
Territories; U. S. Geol. Surv. \o\. V; Washington 1873; 4": pl.
XX fig. 16).
VÉRTEBRAS
Las vértebras presentan también diferencias bastante notables
con las de Hippidúim figuradas por el Dr. Burmeister. Solo seña-
lai'emos las siguientes: Los agujeros de conjugación de las tres
últimas vérteljras torácicas están abiertas, mientras que en las dos
precedentes anteriormente están aisladas. Los metapófisis de
estas vértebras torácicas están también mejor desarrollados. En
las tres últimas, las superficies de articulación del capitultim y
del tiiberculum no constituyen dos campos distintos, bien sepa-
rados uno del otro y situados en dos planos diferentes, como en
las dos que las preceden anteriormente, lo que tamljien sucede
en las figuradas por el Dr. Burmeister, correspondientes al
género Hippidhim. Estas superficies de articulación forman un
solo campo en las tres últimas vértebras toráxicas de Onohippi-
dium. Ci'eemos observar el mismo carácter en la 18^ vértebra
fig. 1 pl. ^' de la obra citada del Dr. Burmeister, pero la cos-
tilla correspondiente, que figui-a en la misma plancha, tiene la
superficie de ai'ticulacion del capitulum bien separada de la del
tubcrculum, mientras (¡ue no sucede lo mismo en las costillas
que corresponden á las tres últimas vértebras toráxicas de Ono-
hippidiiiiii.
MiE>nmo anterior izquierdo
Las piezas de este miembro ¡)resentan también muchas dife-
rencias con las correspondientes del género Hlppidium, figura-
das por el Dr. Burmeister. Una de las mas notables es la que
existe en la parte distal del ante-brazo, en la que el elemento
que corresponde al cubito está mejor indicado aun cuando está
completamente soldado al radio.
GO —
DIMENSIONES
Hé aquí la^ pi-iucipalns medidas de las piezas c[ue hemos
examinado de Onoltippidium Muñixi, principiando por las de los
dientes:
Longitud del cráneo, tomada entre el borde posterior
de los cóndilos occipitales y el borde incisivo 002
La misma, entre el borde posterior de la cresta occi-
pital y el borde incisivo G2G
Distancia entre el borde posterior de la ci'esta occi-
pital y el vértice del ángulo de la escotadura de los
huesos nasales 280
Distancia entre el vértice del ángulo de la escotadura
de los huesos nasales y el borde incisivo 365
Distancia entre el borde posterior de la cresta occi-
pital y el borde postero-esterno del lagrimero 275
La misma, entre el borde posterior de la cresta occi-
pital y la pared laterid posterior del lagrimero en la
región donde presenta la mayor jirofundidad 258
Distancia entre el borde anterior del lagrimero y el
l:»orde incisivo 240
Distancia entre el borde incisivo y el agujero sub-
orbitario 275
Distancia entre el agujero sub-orbitario y el borde
anterior de la órbita 102
Mayor diámetro de la órbita 70
Menor diámetro de la órbita 58
Longitud del espacio ocupado por la serie de los
seis últimos molares 185
Longitud de la barra entre ci y pmi 84
» del diástema entre ci y ü 26
Distancia entre el borde posterior de los cóndilos
occipitales y el borde posterior del mi 248
— 7(1 —
Distancia entro el borde anterior del pml y el borde
incisivo 1G2
Longitud entre el borde posterior de los cóndilos
occipitales y el borde anterior de las aberturas nasales
sobre el paladar 292
Longitud entre el borde anterior de las aberturas
nasales sobre el paladar y el borde incisivo - 208
Diámetro transversal del foramen occijiital 43
» vertical del mismo 33
Altura tomada entre el borde superior del foramen
occipital y el borde superior de la cresta occipital 80
Diámetro transversal tomado sobre li.is bordes ester-
nos de los cóndilos occipitales 102
Diámetro transversal del cráneo, tomado sobre las
apófisis paroccipitales 130
■ El mismo, sobre los apólisis cigomáticos 210
)) » n post-orbitarios 21 i
» i\\ nivel del borde posterior del mi 200
» » » anterior del pml 9G
Distancia transversal tomada sobre la arista mediana
del mi 135
Distancia transversal tomada sobre la arista media-
na del pmi 130
Distancia transversal tomnda sobro la arista mediana
del pml 110)
Distancia transversal entre los agujeros sub-orbitarios. 00
I) » » supra-orbitarios. 130
» entre los bordes inferiores del lagrimei-o al
nivel del liorde anterior del mi 124
Distancia transversal entre los bordes superiores del
lagrimero, en el mismo nivel 52
La misma, entre las paredes laterales internas del
lagrimero en la región donde presentan la mayor [iro-
fundidad, y al nivel del borde anterior de mi 25
Menor distancia transversal entre las paredes latera-
les de la fosa situada delante del lagrimero 20
I,a misma, entre las paredes laterales do la fosa si-
tuada inmediatamente arriba de la I)arra quo se¡)ara d
de pmi 35
Diámetro transversal de los prolongamientos estili-
formes de los huesos nasales en su origen 40
Altura vertical del cráneo, inmediatamente atrásdel mi. 108
Distancia vertical entre el borde inferior del lagrimero
— 71 —
y el l)or-de alveolar al nivel de la arista mediana del mi. 89
Longitud del húmero 323
Diámetro transversal del mismo, tomado en la estre-
midad proximal 105
Diámetro transversal del mismo, tomado en la estre-
midad distal 9G
Longitud del radio 311
Diámetro transversal del mismo, tomado en la estre-
midad |)roximal 99
Diámetro transversal del mismo, tomado en la estre-
midad distal 91
Altura del escaíbideo 32 . 4
» lunar 31
» cuneiforme 26
» trapecio 24
» magnum 25
» unciforme 25 . 7
» de la pieza metacarpiana 215
» de la primera falange 75
» de la segunda falange 46
» de la tercera falange 57
La Plata, 20 de Julio do 1801.
IX
FÓRMULA DENTARIA
DEL
G-EUNT. X-iISTI^IOTHCBI^IXjnVi:
ALCIDES MERCERAT
En nuestra S¿)iopsis de la familia de los Astmpotherídae ( 1 )
liemos establecido la fórmula dentaria del género Astrapotherium
Burrn, que es la siguiente:
3 . 1 ..„ 2 ... 3 3^_
i-g- cypmym.g
En esta misma Sinopsis hemos dado á conocer dos otros
géneros Lístriotheriuní y Xylotherium de los cuales no nos ha
sido posible establecer la fórmula dentaria.
Nuevos materiales nos permiten indicar en seguida la fór-
mula dentaria del género Listriotherium Mere. :
i-lj- c|-pmfm^- = 2G.
No conocemos aun la fórmula dentaria del género Xylotkcmim
Mere. Creemos que ha de ser diferente de una y de otra de las
establecidas mas arriba.
La Plata, 20 de Julio de 1891.
( 1 ) Mercerat. Sipnosis (le la familia de los Astrapotheridac ; Not. s. Pal.
Arg. I; e. Rev. Mus. La Plata; 1891; 8°.
— 73 —
X
SOBRE LA PRESENCIA
DE
Restos Jfi liDS en si Eéceje U Paíapnia
POR
ALCIDES IVIERCERAX
Hasta ahora no se lial>ían señalado restos fósiles de monos
en la República Argentina, apesar de que había hecho co-
nocer el Dr. LuND n^mei'osas formas fósiles de las familias de
los Hapalidae, de los Pithecidae y de los Cebidae, descubiertos
por él en el Brasil.
Esta falta cesa con el encuentro que hemos hecho entre los
restos fósiles, conservados en el Museo de La Plata, que pro-
ceden del eoceno de las barrancas del rio Santa Cruz, de un
fragmento muy destrozado de la rama derecha del maxilar in-
ferior con un solo diente roto en su parte postero-interna. Es-
te diente nos recuerda hasta cierto grado el género actual Cebus'
Erxl. ¿Tiene el animal á que pertenece este fragmento lazos
de parentesco con los Coiidylarthra del eoceno de Norte -Améri-
ca?— No nos es posible decirlo por el momento; ni (jodemos tam-
poco señalar ahora el lugar que debe ocupar en la escala zoo-
lógica.
Este diente tiene dos raíces, la raíz posterior mas fuerte que
la anterior, y presenta dos lóbulos separados por dos surcos
opuestos. El surco de la cara lateral interna está apenas señala-
do ; el de la cara lateral esterna está mejor señalado y bastante
profundo hacia el borde superior de la corona. El lóbulo anterior
está un poco mas elevado que el lóbulo posterior. Cada lóbulo
presenta de cada lado, en su parte posterior, dos tubérculos.
Los tubérculos estemos de cada lóbulo nos parecen un poco
mas fuertes que los internos. De un tubérculo á otro en cada
lóbulo se estiende una elevación de superficie bastante aguda.
De la parte anterior de los tubérculos posteriores se destacan
dos elevaciones semejantes que unen esos tubérculos al lóbulo
anterior. Se observa, delante de los tubérculos del lóbulo ante-
rior, una elevación semi-circular y de superficie bastante aguda
también, que une esos dos tubérculos.
Este diente nos parece corresponder á mr- Su diiimetro
antero-posterior es de 4™"; su diámetro transverso, 3,™"5; lu
altura de la corona 3, '"'"8. La altura del diente, tomada sobre
cada lóbulo basta la estremidad de la raíz correspondiente, es:
})or el lóbulo anterior, 7,"""G, y por el posterior, 7,™"8.
Proponemos el nombre de Ecphantodon ceboides Mere. g. et
sp. nov., para designar este anima!.
La Plata, 20 de Julio ile 1891.
XI
APUNTES SOP)RE EL GÉNERO TYPOTHERIUM
ALCIDES MERCERAT
Gracias á los traliojos de Serres, Burmeister ) P. Gervais
(1), el género Ti/potherium Bravard es bien conocido, liai)iendo
sido motivo de esos trabajos la mayor parte de su esqueleto.
El Museo de La Plata posee una colección del género Ti/jío-
(1) Serres. Comptes liendus, t. LXV ct LXM ; 1867.— Bur.meister. Description
■physique de la République Argentinc, i. 111; Buenos Aires, 1879; 8"; p. 502 á
517. — P. Gervais. Zoologic ct Palcontolof/ie fran^aise, 2e édit. p. 367. — Ibid.
Mémoiivx de V Academia des scienccs de Montpellier, t. V, p. 333; 1862.- -Ibid.
Zooloyie et Pn!éo»toloi/ic ¡jciicm/cs: 1«~ s. ; Paris, 1867-1869; p. 134; pl. XXll-
XXV.
iheriiíin t[ue no cuenta menos de 00 cráneos, entre los cuales
algunos i)aslant.e pcrfectosy y maxilares inferiores aislados de
unos 30 individuos.
La mayor parte de estos restos proceden de Monte Hermoso.
j)araje situado sobre la costa atlántica, inmediato á Bahía
Blanca. Dos cráneos y dos maxilares inferiores proceden del
liampeano de la i'Oí;ion atirintica dol jiarlido de Lobería (Provincia
de Buenos Aires): otro cráneo del pampeano del Puerto de La
Plata; y un cráneo y un maxilar inferior del pampeano de los
alrededores de Buenos Aires; otras piezas menos importantes
proceden de distintos puntos de esta Provincia. Los restos
pertenecientes al T. Studeri Mor. et Mere. ^ (]) proceden del valle
do Andaiguala. Estos últimos restos, como también los que
])roceden de Monte Hermoso, son de yacimientos de edad inter-
mediaria entre la época patagónica y la pampeana.
La determinación de estos i-estos nos ha conducido á esta-
blecer el cuadro analítico que damos en seguida:
1. — Molares inferiores con su eje longitudinal inclinado
iiÁciA adelante.
A. — II implantados oblicuamente. Cara lateral esterna de
los molares superiores con dos depresiones longitudinales
no muy anchas y bastante próximas al borde anterior.
1 Animal de talla bastante grande. A'erdaderos molares
infei-i<:>i'es imiilantados oblicuamente hacia afuera. Barra
bastante csteaidida. T. insigne
2 Animal de talla mediana. Verdaderos molares inferiores
implantados oblicuamente hacia afuera. Barra bastante
curta. F.ntre las dos depresiones longitudinales de la
cara lateral esterna de los molares superiores, próximas
al borde anterior, la posterior es bastante mas profunda
([ue la anterior. T. pacJnjgimfiiu/.
3 Animal de talhi mas pO([uoña. A'ordaderos molares infe-
riores cu el eje de la serie denla i-in. Barra corta.
T. Bmcanli.
B. — 1! implantados transversalmente.
1 Talla meiliana. Barra estendida. Molares inferiores im-
plantados oblicuamente. Cara lateral esterna del último
molar superior con una sola depi'csion longitudinal ancha
v profunda. T. cristafinn.
(1) MouENO y Mekcerat. Esplor. airjucol. etc: Palcoiilúhirjla; o. Rev. Mus. La
Plata, t. I, p.'l'JQ y s. ; 8°; 1891; p. 32.
— TC) —
2 Talla pequeña. Barra corta. Molares interiores implanta-
dos en el eje de la serie dentaria. Cara lateral esterna del
último molar superior con dos depresiones longitudinales
poco profundas. T. exigiium.
II. — Molares inferiores con su e.je longitudinal no tan
INCLINADO HACIA ADELANTE. Pmt TIENE SU EJE LONGITUDINAL Dl-
RMIDO OBLÍCUAMENTE HACIA ATRÁS. T- 8tl(dcri.
Resulta de nuestras observaciones que no se puede dejar
subsistir la especie del Sr. Ameghino, lijpofheriuin macndnim.
ICsta especie es sinónima de T. cristatnm (Ser res). Ha sido
establecida sobre restos de individuos jóvenes de T. cristafum.
que se conservan en el Museo de La Plata.
Las figuras pul)l¡cadas de estos animales por el Sr. Ameghino
en su obra sobre los Mamíferos fósiles, etc. (Véase pl. XVI It y
XIX) son poco exactas, y no pueden de ningún modo utili-
zarse para la determinación. Las dimensiones indicadas por
este mismo autor á menudo no coinciden con las figuras que
mencionamos.
T;/pothcn'inii insigne Amegii. ba sido establecida sobre un
maxilar inferior, que es la única pieza conocida basta abora de
esta especie, y que se conserva en el Museo de La Plata. Un
cráneo de un individuo adulto que atribuimos á esta especie,
nos suministra las siguientes dimensiones:
Longitud del cráneo entre el vértice de los cóndilos
occipitales y el borde incisivo 312
Longitud entre el borde posterior del m!L y el borde
anterior del ü 177
Longitud del espacio ocupado por la serie de los cinco
molares superiores 110
Longitud de la barra entre pml y ii 43
Distancia ti-ansversal tomada sobre los bordes antero-
esternos del mi KH)
Distancia transversal tomada sobre los apófisis eigomá-
ticos al nivel del mi 185
Distancia transversal entre los agujeros sub-orbitarios 70
Distiuicia transversal tomada sobre la cara lateral es-
terna de los ii 00
Atribuimos á esta misma especie la parte anterior de un
maxilar inferior que ofrece la particularidad de presentar tres
incisivos. Esta pieza contiene ú mas los tres primeros molares.
Corresponde bastante exactamente con la pieza sobre la " cual
el señor Amechino {Mamif. fós. de. p. 421: p!. XVII, fig. 8)
ha eslablcrido el líénero EntelomorpliKs. VA hecho de presentar
esas piezas tres incisivos, es decir un incisivo mas de lo ([ue
es la regla en el género Typothcrium, no ofrece por cierto nada
de estraordinario. y este carácter no es suficiente para esta-
blecer un nuevo género, ni tiene tampoco valor específico.
Sobre todos los maxilares inferiores de individuos jóvenes del
género Tijpothcrium de los cuales hemos hecho un examen,
hemos encontrado vestigios de un tercer incisivo: de modo que
en los individuos del género Typotlicrium que presentan dos inci-
sivos solamente, lo que es la reglo, se trata simplemente de
un diente que se ha parado en su desaiTollo. En cuanto á los
l)Ozos aislados de esmalte que señala el señor Ameghino en
pmr y mr, así como la interrupción en la capa de esmalte en
\)va T, el material (|ue hemos estudiado nos autoriza á creer
(jue se trata de caracteres mal observados por el autor. Las
impresiones que se observan en la sínfisis mandiljular, cons-
tituyen un carácter muy variable y no constante. Hasta prueba
dol contrario consideraremos Entelomorphiis rotiinlatus Amegh.,
como sinónimo de Tijpotherium insigne Amegh.
Ttjpotherium exigmim ha sido designada por el Sr. Ame-
ghino sobre piezas pertenecientes á individuos muy jóvenes
aun. Lo (jue dice este autor en la [lágina 420 de su obra sobre
los Mamíferos fósiles de la Bepiíblica Argentina, relativamente á
las proporciones relativas de los verdaderos molares superiores,
no es exacto ó es exagerado. En el género Tgpolheriíim, mies
un poco mas fuerte que mil, y este último diente un poco mas
fuerte que mi. Typotheriinn exigiinm es todavia de talla bastante
mas pequeña que T. Bravardi Bui-m.
Typotheriunt pacliygnatmn ha sido designado por H. Gervais
y Ameghino. Este último autor, en su obra sobre los Mamíferos
fósiles de la República Argentina, pag. 149, atribuye a esta espe-
cie caracteres (|ue no tienen otro valor que un valor individual,
ó caracteres exagerados, ó, por fin, caracteres que son comunes
á todos los Typotherium.
Omite este autor de mencionar el modo de implantación de
los ir, que es muy diferente de lo que se observa en Typothe-
riinn cristatwn . \ev(\í\(\ es que este carácter resalta mejor en
la mandibula superior que en la inferior.
Además pretende el señor Ameghino establecer un carácter
de distinción entre Typotherium cristatum y T. pachygnatum, di-
78
ciendo que el hundimiento que se observa en la i-egion de la
barra delante de los pml, es mucho mas acentuado en T. cris-
tahíin, (|ue en T. pachijgnatum . Podemos aseguriu' que solo se
trata de un carácter debido á la edad de los individuos, apesar
de que dice el señor Ameghino que este carácter « constituyo
una difei'cncia considerable entre amibas especies ».
Tupothcriiini Bravanli ha sido designada por el Da. Buk-
MEisTiiU (1) en los siguientes téi-minns. «He i'ecibido un cráneo
("isi completo de este animal, menor en tamaño que el figurado
])or Gervais en su ZooJogie et Faléontologie genérales, pl. 23, que
si no es de una liemltra, y el cráneo mas grande del machó,
debe ser clasificado como especie nueva, que propongo llamarla
con el nombre de Bravard, Tijpothcrium Bravanli, en memoria
del dcsculiridor de este género [¡lU'ticular ».
VA Sr. Ameouino, en su o])ra solare los Mamíferos fósiles de
la República Argeiiliita, \k 917, se apresura á declarar (jue Ty-
potherium Bravardi es un sinónimo de Tgpotheriiim maendrum.
Repetimos aquí que las piezas que han servido al Sr. Ameghino
para establecer Typotheriííin maendriím se conf^evvan en el Museo
de La Plata. Estas piezas, que hemos examinado, pertenecen á
individuos jóNcnes de T¡jpothcriinii cristattim. TypolheriuDí niaeii-
druiii Amegh. es jior consiguiente sinónimo de Ti/pothcriuiii cris-
latan/ (Serrcs).
Atiibuimos á Tupotheriuní Bran/rdi Burin. numerosas piezas
cuyos caracteres específicos mas resaltantes están consignados
en el cuadro analítico que hemos dado al principio de esta
nota.
H(' aquí las dimensiones tomadas sobre varias piezas pei--
tenecientes á esta especie :
N" 1040 (cráneo de un individuo adulto :
IliáiiH'tio auteru-poítiM-
Diiinn'tro transversal. .
20
U
21
11
Longitud del cráneo enti'c el véi'tice de los cóndilos
occii)itales y el borde incisi\
240
( 1 ) BuRMEiSTER. Anales del Museo Naciouíd de liucuns Aires: t., III, c.
e. l!:^); Buenos Aires, 1888; 4°; p. 197.
Longitud enti'e el l)onle posterior del m" y el borde
anterior del ü 1 í7
Longitud del espacio ocu|)ado jior la serie de los cinco
molares superiores 88
Longitud de la barra entre ¡iinil y il 28
Distancia transversal tomada sobre los bordes antero-
esternos del m^- 73
La misma sobre los apófisis cigomáticos al nivel del mi. 137
» entre los agujeros sub-orbitarios 57
» sobre la cara lateral esterna de los i ^ 33
N° 104i (cráneo de un individuo júvcn):
Dií'imetro antero-postcrior.
Diúriii'tro transversal . . .
18
10
20
10,5
19
9
Longitud del cráneo entro el xérlice de los cóndilos
occipitales y el borde incisivo 210
Longitud entre el iiorde posterioi- del mil y el l;)orde
anterior del il 130
Longitud del espacio- ocui)ado por la serie de los cinco
molares superiores 81
Longitud de la barra enti-e i)mü y ii. 25
Distancia ti-ansversal tomada solare los bordes antero-
estornos del n\l 71
La misma sobre los apófisis cigomáticos al nivel del mi 132
La misma entre los agujeros sub-orbitarios 55
La misma sobre la cara lateral esterna de los ü..... 35
N» 1055 (maxilar interior de un individuo adulto) :
Longitud del espacio Ofuiiado poi- los cuatro molares, 80,7.
Longitud de la barra entre ij > pin4, 21. Altura del maxilar
— 80 —
inmediotamente detrás de iíit, 55; ol nivel del mr. 50: inme-
diatamente delante del pmT.. -i-S.
N" 1056 (maxilar inferioi- de un individuo joven):
Longitud del espacio ocupado por los cuatro molares, 72.
Longitud de la barra entre ít y pmj, 19. Altura del maxilar
inferior, inmediatamente detrás del mj, 50; al nivel del my, 43:
inmediatamente delante del pmr, 39.
La Plata, 1° de Agosto ile 1891.
Observación. — La unidad do meilida adoptada es el milímetro.
XII
¡ioore lili maxilar mierior
DE
is^ O 3Sr T E ü E I^ Is/L OSO
ALCIDES MERCERAT
Se ha anunciado la desaparición de los Creodonta en la Re-
púhlico Argentina en las primeras edades del período oligó-
ceno (1).
{ 1 ) Ameghino. Contribución al conocimiento de los Mamíferos fósiles do la
República Argentina; Buenos Aires, 1889; 4°; p. 931.
— 8i —
Hemos ya señalado la presencin de restos de estos animales
ea el pampeano de Mar del Plata (1). Entre los nuevos mate-
riales descubiertos en el mioceno de Monte Hermoso (Provin-
cia de Buenos Aires) por un em])leado del Museo de La Plata,
encontramos la rama izquierda imperfecta de un maxilar inle-
rior perteneciente ú un iinimal del orden de los Creodonta.
La fórmula dentaria de este maxihir inferior es iy ct pma-
mr-
Por la conformación de sus molures, este maxilar inferior
nos recuerda el género eoceno Agustyli's Amegii. El paracono de
los verdaderos molares presenta sin embargo menor desarrollo
que en Ayustijlus;, y el metacono es mas fuerte. Ccmo en el
género Hatliliacijnus Amegli., el paracono de mr es bastante mas
débil ([ue el metacono. Desgraciadamente solo los mr y ms" se
encuentran intactos en nuestro ejemplar. Los diástemas que se
obse.'"van entre los premolares son casi nulos ; el que separa
pmr y cr es también muy reducido.
El ejemplar que tenemos á la vista y que se conserva en el
Museo de La Plata, denota un animal de doble tamaño que
Hatliliacyniis Kobyi Mere, pero bastante menor que H. Lynchi.
Mere.
Prf>ponemos e! nombre de NofocynKs hermosicus Mere. g. et
sp. nov. para designar este animal.
El diámetro antero-posterior de los pmg-, mr y m^ del ma-
xilar de este animal, nos da sucesivamente 5-5,5-6,5. La lon-
gitud del espacio ocupado por los seis primeros molares es de
34. La altura del cuerpo del maxilar inmediatamente detrás
del m- es de 10, y detrás de pmg" 8,5.
Se observa soljre este maxilar tres orificios dentarios: uno,
el mas grande, corresponde á la raíz anterior del pnis^; otro,
el mas pequeño, á la raíz posterior del mismo diente; y el ter-
cero, á la raíz anterior del my.
La Plata, 10 de Agosto de 1891.
Observación — La unidad de medida es el milímetro.
(1) Mercer.\t. Caracteres diar/nósticos de algunas especies de Creodonta;
Not. s. 1. Pal. Rep. Arg. VI; Rev. Mus. La Plata, t. II; 1891 ; 8° ; p. 55.
82 —
XIII
OBSERVACIÓN RELATIVA
IVI epliitis Kossilis
POR
ALCIDES IMERCERAX
Posee el Museo de La Plata un cráneo procedente del pam-
peano de Mar del Plata que corresponde tan exactamente ii la
figura publicada jior Lund (Blik paa BrasiUens Dijreverden. IV
Afh. Vid. Sel. naturvid. og matlicm. Afh., IX Deel ; 1841; 4":
pl. XXXVIII, fig. 1, 2, 3) de Mephiiis fossilis, que nos indica
este cráneo esta misma especie.
No había sido aun señalada en los límites de la República
Argentina.
Por su talla esta especie está intermediaria enti'e la especie
actual bien conocida en la Provincia de Buenos Aires, Mephifis
suffocans III. y la especie fósil Mephitis primacrt, que se debe al
Dr. Burmeister (Anales del Museo Público de Buenos Ai''es; t. I,
p. 144. — Dcscription physique de la Bépublique Argeiitine, t. III:
Buenos Aires, 1879; 8"; p. 164).
No conocemos Mephifis primaeva Burm. sino por la descrip-
ción dada por el sabio Director del Museo Nacional de Buenos
Aires, que indica una especie muy diferente del cráneo de M.
fossilis que tenemos al estudio (1). Este liecho nos parece re-
(1) El Sr. Ameghino, en su obra sobre los Mamíferos fósiles de la República
Arf/cntina, p. 325 deja .suponer que Mpjiliitis priinaevd es idéntica á M. fossiüs.
— 83 —
saltar bastante por las medidas que damos en se^íuida en un
cuadro comparativo de algunas especies:
Longitud de cr;'tneo entre el borde incisivo y el
vÍTtiee de los ciíndilos occipitulos
Longitud del espacio ocui)ado i»or la serie den-
taria superior
Longitud del espacio ocupado por los dos ültimos
molares superiores
Longitud del espacio ocupado por los tres mo-
lares superiores
Biíímetro del molar tuberculoso ( antero-posterior .
superior ( transversal. . . .
Longitud del espacio ocupado por los seis inci-
sivos superiores
Diámetro transversal del críineo tomado sobre la
cara lateral del viltimo molar superior ....
-MEPHITIS
StlFFOCANS
04— G8
26
11
14,5
7
8,2
10—9,5
26
MEPHITIS
.MEPHITIS
PBIMAEVA
13,5
16
6,8
11,8
30
35
16
15
MEPHITIS
MERCEDEN-
SIS ( I )
60
26
13
16
7,5
3,5
9,7
20
Mcphitis fossiUs difiere además de M. suffocans 111. por el
diente carnicero superior y el tuberculoso superior en los cuales
el liipoconn presenta un desarrollo bastante menor.
La Plata, 15 do Ag-o.sto de 1891.
Observación' — La unidad de medida e.s el milímetro.
XIY
SOBRE EL MAXILAR IXFERIOR DE UN PERRO
POR
ALCIDES MERCERAT
Al determinar los restos de Carnivora conservados en eí
Mu-seo de La Plata, hemos encontrado la rama derecha de un
maxilar inferior, pi-oi.-edente del pampeano de Fontezuelas (Prov.
( 1) Mcphitis mevcedensis Ameghixo.
— 84 —
de Buenos Aires), que indica una especie de la talla de Canis
<ivus Burm.
El hecho de presentar los tres últimos premolares dos tu-
bérculos poslei'iores, nos parece indicar una especie nueva, que
proponemos designar bajo el nombre de Canis platensis Mere,
sp. nov.
I"',! tubérculo suplementario en pmy es rudimentario. El
canino de este maxilar inferior presenta en su cara posterior
una carena longitudinal bastante clara. Se observa igualmente
en el borde anterior y en el borde posterior de los premolares
una carena mejor acentuada de lo que es generalmente el caso
en el género Canis.
Siguen las dimensiones:
DiAmctro .anteío-postorior.
Diámetro transversal . . .
1
8,8
Longitud del espacio ocupado por la serie dentaria 70. Diás-
tema entre pmy y c- 4,8. Distancia en línea recta entre el
borde postero-esterno del cóndilo y el borde alveolar anterior
de pmr 105. Altura del maxilar sobre el cóndilo, 21; sobre el
apófisis coronoideo, 42; sobre el lado interno al nivel de m-g- 17,
al nivel de la raíz anterior de my I";, y delante del pm-o 14,2.
Este maxilar inferior presenta tres orificios dentarios: el
mas grande corresponde al borde anterior de pniT, otro muy
pequeño á la raíz posterior de este mismo diente, y el tercero
de diámetro regular al protocono de pm-s.
La Plata, Agosto 15 de 1891.
Observación — La uiiiilad de medida es el milimetro.
T. B. MACA U LA y
H istor ia
TRADUCCIÓN DEL INOI.ES
dr. luis m. drago
ADVERTENCIA
Invitado por mi distinguido amigo el Dr. Francisco
P. Moreno á colaborar en la Beñsta del Museo de La
Plata, he creído corresponder á su fineza, emprendiendo
la traducción del presente ensayo de Lord Macaulay, en
que se enconti'aran espuestas con mayor desenvolvi-
miento que en el estudio sobre el libro de Hallam, las
ideas del ilustre pensador acerca de la historia, conside-
rada en su concepto de entidad literaria, y la manera
de escribirla. No parecerá inoportuna esta publicación
hoy que el Museo de La Plata se ha puesto decididamente
al servicio de los estudios históricos, destinados á ilustrar
el origen y tendencia de la organización de nuestro
país, si se tiene en cuenta ({ue es solo inspirándose en
el ejemplo y los preceptos de los gi-andes maestros como
pueden los escritores argentinos evitar el defecto de hacer
de sus obras composiciones puramente emocionales que
nada dejen tras sí, enumeraciones de hechos y detalles
sin mas importancia que la relación circunstanciada de
las jugadas de una partida de ajedrez ó las evoluciones
de una regata, ó caer por el contrario en el trascenden-
talismo indiscreto que no consigue salvar los límites de
la profecía retrospectiva, haciendo de la historia la cien-
cia del pluscuamperfecto de subjuntivo, empeñada en
demostrar lo que hubiera, habría ó hubiese de haber
sucedido y no sucedió por haber mediado tales ó cuales
circunstancias ó detalles.
— 88 —
El ensayo que va á leerse es casi totalmente desco-
nocido entre nosotros. No se le encuentra en ninguna
de las traducciones españolas que se han hecho hasta
ahora de las obras del autor, ni en la francesa de Mr.
Guizot, y viene a ser así, aunque antiguo, una verdadera
primicia. No parece tampoco haberlo conocido Mr. Taine
cuando escribió su Ensayo sobre Tito Liv'o, pues no
hace referencia alguna á él al estudiar la literatui'a
histórica de los antiguos, no obstante la conocida esti-
mación que siempre ha demostrado por las opiniones del
publicista inglés.
Lo hemos traducido de la edición de Routledge titu-
lada Selected Essays and JiiisceJlaiieous Wrifiíif/s, quien
lo reimprimió directamente de la Revista de Edimburgo,
siendo de notar que en muchas ediciones inglesas de las
obras de Macaulay no se le encuentra apesar de que él
nunca lo haya desautorizado, como sucedió con los es-
critos publicados en su polémica con Mili ([ue, apesar de
eso, aparecen en la traducción de Guizot.
L. 31. D.
T. B. M ACAULA Y
PI I S T O R I A
La Xovela de la Historia, Inglaterra, por Henrv Neele, Londres
Traducciou ilol iuijlós por ••! D'. Lviis M. Drago
Es cosa muy fácil esci-iliii' liistoria de uno manera respetable,
esto es, abreviar despachos y hacei- estractos de discursos,
repartir pi'oporcionahnente epítetos de alabanza y vituperio,
describir caracteres antitéticos de grandes hombres, mostrar
cuántas virtudes y vicios contradictorios se reunían en ellos,
haciendo uso de los con y de los sin en abundancia. Pero
ser realmente un gran historiador, es la mas rara de las dis-
tinciones intelectuales. Hay muchas obras científicas abso-
lutamente perfectas en su jénei'o. Hay poemas que nos incli-
naríamos á considerar exentos de todo defecto ó solamente
empañados por lijeras sombras que pasan desapercibidas en
el esplendor jeneral de su escelencia. Hay discursos, sobre todo
algunos discursos de Demóstenes, en los cuales sería imposible
("amblar una palabra sin ocasionarles perjuicio. Pero no cono-
cemos ninguna liistoria que se ajiroxime á la noción de lo que
debe ser una historia: no sabemos de ninguna historia que no
se aparte, con mucho, á la derecha i'i ;i la izquierda, de la línea
precisa que debió recorrer.
Fácil es alcanzar la causa. Esta provincia de la literatura
es una rejion litijiosa. Se estiende en los confines de dos
territorios diversos. Se halla sometida á la jurisdicción de dos
poderes hostiles, y, como otras comarcas colocadas en situa-
ción semejante, está mal delimitada, mal cultivada, mal regla-
mentada. En vez de repartirse por igual entre sus dos domi-
nadoras, la Razón y la Imajinacion, cae alternativamente bajo
el imperio absoluto de una de las dos. Unas veces es ficción
V otras teoría.
— 90 —
La historia, se ha dicho, es la filosofía que enseña con
ejemplos. Desgraciadamente lo que la filosofía gana en vigor
y |)rofundidad, lo pierden casi siempre en viveza los ejem-
plos. Un historiador perfecto ha de tener una imajinacion
suficientemente poderosa para que sus relatos sean interesantes
y pintorescos, moderada por el suficiente dominio de sí mismo,
que lo haga capaz de contentarse con los materiales que en-
cuentra, refrenando toda tendencia á suplir sus deficiencias
con adiciones propias. Necesita ser un razonador injenioso y
profundo, con la serenidad de espíritu bastante para abstenerse
de adaptar los hechos al molde de sus hipótesis. Los que
estimen en su justo valor estas dificultades casi insuperables,
no estrañarán que todos los escritores hayan escollado yá en
la parte narrativa ó yá en la especulativa de la historia.
Puede sentarse como una regla jenernl, aunque sujeta á
muchas calificaciones y escepciones, que la histoi'ia comienza
en la novela para terminar en el ensayo. Herodoto es el primero
y el mejor de los historiadores novelistas. Su animación, su
injénua ternura, su maravilloso talento para la descripción y
el diálogo y el puro y armonioso raudal de su lenguaje, lo
colocan a la cabeza de los narradores. Nos liace el efecto de
un niño encantador. Hay gi-acia sin sospecha de afectación en
su torpeza, malicia en su inocencia, intelijencia en sus con-
trasentidos, elocuencia insinuante en sus lialbuceos. No cono-
cemos ningún escritor que atraiga tanto el corazón de sus
lectores hacia él y liácia su libro. A distancia de veintitrés
siglos nos inspira la misma especie de compasiva ternura
que es fama despertaron en la sociedad Fontaine y Gay. Ha
escrito un libro incomparable. Ha escrito algo mejor, tal vez,
que la mejor historia, pero no ha e.scrito una buena historia,
porque es un inventor desde el primero hasta el último capítulo.
No nos referimos á las gruesas ficciones que los críticos de los
últimos tiempos le reprochan. Hablamos de ese colorido difun-
flido por igual en toda la obra, que constantemente deja al
lector mas sagaz en la duda de lo que ha de desechar y lo que
debe aceptar. Las partes mas auténticas están con las mas
estravagantes leyendas en la misma relación que Enrique V
con «La Tempestad». Hubo una espedicion emprendida por
•lerjes contra la Grecia y hul)0 una invasión á Francia. Se dio
una batalla en Platea y se dio otra batidla en Azincourt. Cam-
bridge y Exeter, el condestable y el delfin han sido personajes
tan reales como Demarato y Pausanias. La arenga del arzobisito
sobre la lev sálica v el «Libro de los Números», difieren mucho
— 91 —
menos de las oraciones que, en todo tiempo, han procedido
del Banco de los Reverendísimos, que los discursos de Mar-
donio y de Ai'tabano, de los que se pronunciaban en el consejo
de Susa. Shakespeare nos hace enumeraciones de ejércitos y
cuentas de muertos y heridos que no tienen, lo sospechamos,
menor exactitud que las de Herodoto. Hay pasajes en Herodoto
casi tan largos como los actos de Shakespeare, en los cuales
todo está dicho de una manera dramática y en que la narración
solo responde á propósitos teatrales. Es posible, sin duda,
q
ue la sustancia de algunas conversaciones verdaderas hava
'&
sido referida al historiador. Pero encontramos narrados con la
mayor minuciosidad de detalles, acontecimientos cuyos porme-
nores nunca hubiera él podido conocer, como que pasaron, si
es que alguna vez ocurrieron, en remotas edades y naciones.
Se nos cuenta todo lo que Candantes le dijo á Gijes y todo lo
que pasó entre Astiajes y Harpago. Fuera de esto no nos es
posible saber si hemos de dar crédito á otra cosa que á los
grandes lincamientos de aquellos mismos sucesos respecto de
los cuales pudo el narrador hallarse bien informado; si, por
ejemplo, nos ha sido correctamente trasmitida la respuesta de
Gelon i'i los embajadores de la confederación griega ó las pala-
bras cambiadas entre Arístides y Temístocles en la famosa
entrevista. Sin duda alguna los acontecimientos culminantes
han sido fielmente relatados. Verdaderos son, también, proba-
blemente, muchos de los mas nimios detalles, pero es impo-
sible averiguar cuáles de entre ellos. Las ficciones se parecen
tanto á los hechos y los hechos tanto á las ficciones, que, res-
pecto de muchas de las mas interesantes circunstancias, nuestra
opinión no se confirma ni se desautoriza, sino que permanece
en una situación de espectativa, difícil é indeterminada. Sabe-
mos que allí está la verdad, pero no podemos decir con preci-
sión adonde está.
Los defectos de Herodoto son los de todo espíritu sencillo é
imajinativo. Los niños y los criados son marcadamente hero-
dotianos en su estilo de narración. Todo lo hablan en una forma
dramática. Sus él dijo y ella dijo, se lian hecho proverbiales.
Quien haya tenido ocasión de dirimir sus disputas, sabe que,
aun cuando no tengan el propósito de desfigurar los hechos,
sus relatos de conversación deben ser siempre cuidadosamente
escuchados. Si un hombre educado refiriera el último cambio
de administración, diría: «Lord Goderich renunció, y el rey,
en consecuencia, llamó al duque de Wellington». Un portero
cuenta el caso como si hubiera estado tras las cortinas del
— 92 —
lecho real en A\'¡ndsoi-: « ICntónces lord Goderich dijo: Yo ya
no puedo onteadernie con este asunto y me voy. l^ntónces
el rey dijo : Bueno, si es así, llamaré al duque Wellington y
negocio concluido». Esta es hi frirma jenuina del padre de la
historia.
Herodoto escribía como era natui'al que escriliiera. Ivscribía
para una nación susceptible, curiosa, activa, con uu deseo in-
saciable de novedades y de escitaciones; para una nación en que
las bellas artes habían alcanzado su mas alto grado de desenvol-
vimiento, pero donde la tilosofia no había salido de la infancia .
Sus compatriotas comenzalian á cultivar reciea la composición
en prosa . Los negocios públicos lialjían sido jeneralmente re-
coi-dados en verso. Los primeros liistoriadores pudieron, por
eso, incurrir, sin temor de censura, en la licencia de sus pre-
decesores los bardos. Los libros eran pocos. Los acontecimientos
de tiempos anteriores se conocían por la tradición y las bala-
das populares; las costumbres de países estraños, por los
i'clatos de los viajeros. Es bien sabido que el misterio (|ue
i.-ircunda todo lo que está distante, ya sea en el espacio ó en
el tiempo, nos induce á no considerar inverosímil lo (pie sabe-
mos ([ue es imposible. Nos asombramos de que uno de nuestros
dragones haya dado muerte á tres coraceros franceses, y, sin
embargo, leemos sin la mas mínima sorpresa que Godofredo
los despedazó por miles y Reynaldo por decenas de mil. No
hace cien años que los mas eminentes filósofos fundaban
gravemente sus teorías políticas en relatos de la China y de
Bantam que no hubiera podido creer una comadre vieja. La
jeneracion de Creso y de Solón era para los griegos del tiempo
de Herodoto lo que las cruzadas son para nosotros. Babilonia
era para ellos lo que Pekin para los académicos franceses del
último siglo.
Para ese pueblo fué escrito el libro de Herodoto, y, si hemos
de creer una versión no sancionada, es cierto, por escritores
de alta autoridad, pei'o no imjjrobaljle en sí misma, fué esci-ito
no para ser leído sino para ser escuchado. El autor no aspiralia
á la circulación tardía de unos pocos ejemplares que solo podían
adquirir los ricos. Los grandes juegos olímpicos — solemnidad
que congregaba las multitudes, orgullo del nombre griego, desde
las salvajes montañas de Doria y las remotas colonias de Italia
y Libia — debían ser testigos de su triunfo. El interés de la
narración y la belleza del estilo eran auxiliados por el efecto
imponente del recitado, por el esplendor del espectáculo, por
la inHuencia poderosa de la simpatía. De muy fria y escéptica
— 'Xi —
naturalo/.a huliiera sido el crítico bastante osado para pedir
autoridades en medio de semejante escena, y liabia allí muy
pocos críticos de esa especie. Como era el liistoriador, así eran
los oyentes: inquisitivos, crédulos, movidos fácilmente por el
celo relijioso ó el entusiasmo [)atri(')tico . Eran los hombres
indicados para complacerse en las relaciones de animales es-
traños , de pájaros y árboles, de enanos, de jigantes y caní-
bales, de dioses cuyos verdaderos nombres era impío pronunciar,
de antiguas dinastías cuyos monumentos sobrepujaban á todas
las obras conocidas, de ciudades como provincias, de rios como
mares, de murallas estupendas y templos y pirámides, de ritos
celebrados por los magos al romper el dia en la cumbre de las
montañas, de secretos inscritos en los eternos obeliscos de
Mentís. Con igu d plai'sr hubieran escuchado las graciosas
concejas de su propio país. Entre tanto oían contar el exacto
cumplimiento de oscuras predicciones, el castigo de crímenes
sobre los cuales parecía dormitar la justicia del cielo; se les
baldaba de sueños, de presajios, de advertencias de los muer-
tos, de princesas en cuyo obse([uio nobles servidores luchaban
en todos los ejercicios de la hai)ilidad y de la fuerza, de niños
estrañamente salvados del puñal del asesino para cumplir altos
destinos.
Al aproximarse el relato á la éjioca de los oyentes, el inte-
rés se hacía aun mas palpitante. A esa altura tenía el cronista
(¡ue contar el gran conflicto de donde deriva la supremacía
política é intelectual de la Europa — relato que, aun á la distan-
cia del tiempo actual, es uno de los mas mai'avillosos y conmo-
vedores de los anales de la raza liumana, — lleno con todo lo
grande y sorprendente, con todo lo patético y animado, con los
jigantescos caprichos de la riqueza infinita y el poder despótico
y los mas encumbrados milagros de la saliiduría, la virtud y la
ciencia. Hablábales de lios desagotados en un dia, de jirovin-
cias asoladas para prejiarar una comida, de un pasaje para los
bajeles escavado al través délas montañas, de un camino para
los ejércitos tendido sobre las olas, de monarquías y repúblicas
destruidas, de ansiedades, de terror, de confusiones , de deses-
peración,— y luego de corazones altivos y porfiados que no se
dejaban abatir por tal intensidad de males, de resistencias
desesperadas sostenidas largo tiempo contra enemigos supe-
riores;, de vidas (¡ue se vendían caramente cuando ya no era
posible resistir, de reconf|uistas y venganzas sin ejemplo.
Todo lo que diera un colorido mas intenso de realidad á
esa narración tan Ijien calculada para inflamar las pasiones y
— 04 —
lisonjear lo vanidad nacional, llevaba la seguridad de ser favo-
rablemante acojido.
Desde la época en que se dice que Herodoto compuso su
historia hasta la conclusión de la guerra del Peloponeso, tras-
currieron unos cuarenta años, cuarenta años repletos de grandes
acontecimientos políticos y militares. Las circunstancias de ese
jieríodo tuvieron grande influencia en el carácter griego y en
nin.üuna parte fué mas sensiljle esa influencia que en la Ijri-
ilaute democracia de Atenas. Y á la verdad que difícilmente
hubiera podido un ateniense escribir, aun en los tiempos de
Herodoto, un libro tan novelesco y verboso. Con el adelanto de
la civilización, los ciudadanos de la famosa república se hicie-
ron menos visionarios é injénuos. Aspirai^on á salier lo que
sus padres se habían contentado con poner en duda ; empeza-
ron ;i dudar de las cosas que sus antepasados se consideraron
obligados á creer.
Aristófanes se complace en aludir á este cambio oi)erado en
el carácter de sus compatriotas. l'Jn Las Nubes, padre é hijo son
representantes de las jeneraciones á que respectivamente perte-
necieron.. Nada muestra mas claramente la naturaleza de esa
revolución moral (|ue las modificaciones introducidas en la
trajedia. La ruda sublimidad de Esquilo fué ridiculizada por
cualquier joven Fidippidas. La poesía fué sustituida por lectu-
ras sobre puntos abstrusos de fllosofia, por las sutiles distin-
ciones de la casuística y la esgrima deslumbi-adora de la
retórica. El idioma perdió algo de la suavidad infantil que lo
había caracterizado. Se hizo menos pai'ecido al antiguo tos-
cano para acercarse mas al francés moderno.
La lójica de moda entre los griegos era, á la verdad, muy
poco estricta, como sucede siempre donde los libros son es-
casos y se recoje las informaciones oralmente.
Todos sabemos cuántas falsedades, que, estampadas en el
papel, serían inmediatamente desechadas, pasan por argumentos
incontestables cuando diestra y volublemente se las insinúa en
el jiarlamento, en el foro, en la convei'sacion privada. La razón
es evidente. Xo podemos inspeccionarlas con la rijidez nece-
saria pai-a apercibirnos de su inexactitud. No nos es posible
comj)arar fácilmente las unas con las otras. Perdemos de vista
una parte del discurso antes de llegar á otra íntimamente cor-
relacionada con ella, y como no se lleva un rejistro inmutable
de lo que se ha admitido y de lo que se ha negado, jtasansin
dificultad las contradicciones mas directas. Casi toda la
educación de los griegos consistía en ai)rendcr á hablar v
— 95 —
íi escucliar. Formaban sus opiniones de gobierno en los
debates de la asamblea. Si querían estudiar metafísica, en
lugar de encerrarse con un libro, il)an á pasearse á la
plaza púlilica en busca de un sofista. Tan completamente
ss habían amoldado los hombres á estas costumbres, que los
escritos mismos revestían cierto aire de conversación. Los filó-
sofos adoptaron el diálogo como la forma mas natural de
trasmisión de los conocimientos. Sus razonamientos ofrecen los
méritos y defectos inherentes á ese jénero de composición y
se caracterizan mas bien por la rapidez y la sutileza que por
b:; profundidad y la precisión. La verdad se exhibe fragmenta-
riamente y como por vislaml)res. Insinúan innumerables y
hábiles sujestiones, pero no edifican ningún sistema solido y
durable. Su recurso favorito es el argiwientian ad hominem , muy
eficaz en los debates, pero absolutamente inútil para la inves-
tigación de principios jenerales. Así, aunque no puede ser mas
admirable el injénio cjue Sócrates despliega en las conversaciones
<[ue Platón ha referido ó inventado, sus triunfos, en la mayo-
ría de los casos, no nos reportan ningún provecho. Se ha
recojido un trofeo, pero no se anexa ningún territorio nuevo á
los dominios del espíritu humano. Era, repetimos, imposible
(|ue la historia conservara su antiguo carácter, cuando millares
de intelijencias ajiles se ocupaban de discutir sobre el mérito
de las acciones y los principios del gobierno. Se hizo menos
pintoresca y menos abundante, pero mucho mas exacta y un
tanto mas científica.
La historia de Tucídides difiere de la de Herodoto lo que un
retrato de la representación de una escena imajinaria, lo que
el Burke ó el Fox de Reynolds se diferencian de su Ugolino ó
su Beaufort. En el primer caso existe un arquetipo; en el
segundo se le inventa. Las facultades necesarias para el último
propósito son mas elevadas y mas raras que las requeridas
para el primero, y, en realidad, necesariamente las comprenden.
Quien es capaz de pintar lo que vé con los ojos del espíritu,
seguramente lo es también de describir lo que percibe con los
ojos del cuerpo. El que puede inventar una anécdota y con-
tarla bien, puede igualmente referir de una manera interesante
otra anécdota que no haya inventado. Si, en la práctica, algunos
de los mejores escritores de ficción, se hallan colocados entre
los que peor han escrito la historia, ello consiste en ([ue
uno de sus talentos ha compeneti-ado tan profundamente al
otro, que ya no ha sido posible sepai-arlos; habiéndose habi-
tuado á inventar y narrar á un mismo tiempo, no pueden ya
narrar sin inventar.
— o(; —
Xo han faltadd artistas caprichosos y descontealadizos que
afecten considerar la i)¡ntui'a de retratos como indigna de un
hombre de jénio. Algunos críticos han lial)hido en el mismo
sentido de la liistoria. Johnson ¡ilantea así la cuestión:
El historiador refiere lo que es falso ó lo (|uc es verdadero:
en el primer caso no es historiador: en el segundo no tiene
oportunidad de despleg;u' sus talentos, jii>r(pie la verdad es
una y todo el que diga la verdad tiene que decirla de la mis-
ma manera.
No es difícil eludir los dos términos del dilema, üecun'irc-
mos para ello al arle aniílogo de la pintura de retratos. Puede
enseñarse á hacer un retrato á cualquier persona que tenga ojos
y manos. El proceso para ello es, hasta cierto punto, puramente
mecánico. Si esto fuera todo, los liomltres de talento debie-
ran, con raziMi, desdeñar una ocupación semejante. Pero
podemos indicar retratos (|ue son iiarecidos. pero no solamente
parecidos, fieles, peromucho mas que fieles, retratos que con-
densan en un punto de tiempo y exhiben á la primera mirada
toda la historia de una vida tormentosa y llena de accidentes,
en los que el ojo |)arece escudriñarnos y la boca mandarnos,
en (¡ue amenaza el entrecejo y el labio casi tiembla de desdén,
en que cada arruga es el comentario de algún hecho ¡nq)or-
tante. El relato que Tucídides ha hecho de la retirada de Sira-
cusa, es, entre las narraciones, lo que el lord Sti'atford de ^'an
Dick entre las pinturas .
La diversidad, se dice, implica error: la verdad es una y no
admite grados. Respondemos que este [irincipio solo es cierto
en los razonamientos absti-actos. Cuando hablamos de la verdad
imitativa de las bellas artes, nos i'eferimos á una verdad im-
perfecta que admite gradaciones. Ninguna pintura es exacta-
mente semejante al orijinal, ni las pinturas son buenas en la
proporción en que se asemejan á sus orijinales. Cuando Sir
Thomas Lawrence pinta una bella duque.sa, no la contempla
á través de un poderoso microscopio ni traslada al lienzo los
poros de la piel, los vasos sanguíneos del ojo ni todas las
demás bellezas que Gulliver descubrió en las damas de honor
de Broddignaggiam. Si tal hiciera, produciría un efecto no solo
desagradable, sino alisolutamente falso, A menos de aumentar
jiropoi-cionalmente la escala del cuadro. Y luego, un micros-
copio de mayor poder que el usado, lo convencería de nume-
rosas omisiones.
Otro tanto puede decirse de la histoiña. No es posible que
sea perfecta y aljsolutamente verdadera. por([ue para ser peí--
— 97 —
feria y iili-;rilLitiiinente xei'dádera, deboi'ía contener todoí los
mas peíjueños pormenores de los hechos mas nimios, todos
las cosas pasadas y las palabras pronunciadas en la época de
(¡ue se oeiijia. La omisión de cual(|uier circunstancia, aun la
mas insií;nil¡cante, seria en ella un defecto. Si asi se escri-
liicra la historia, la biblioteca Bodleyana no bastaría para
contener los sucesos de una semana. Lo consignado en los
mas aliundantes y prolijos anales, está en una proporción infi-
nitamente pequeña con lo que en ellos se omite. La diferencia
(|ue hay entre la copiosa obra de Clarendon y la relación délas
guerras ci\iles en el compendio de Goldsniilh, se des\anece
cuando se la compara con la inmensa masa de hechos que
ambas silencian.
No hay pintura, pues, como no hay historia que pueda
presentarnos la verdad completa, pero las mejores pinturas y
las mejores historias son las que exhiben aquellos fragmentos
de verdad que mas próximamente producen el efecto del todo.
Cuando no se sabe elejir, es posible, sin mostrai' otra cosa que
la verdad, producir el efecto de la mas grande mentira. Muchas
veces sucede que un escritor dice menos verdad que otro,
solamente ]ior(jue consigna mas verdades. Ln las artes imi-
tativas ocurre á cada paso lo mismo. Hay líneas en la fiso-
nomía humana y objetos en la naturaleza que guardan tal
i'elacion unos con otros, que en un cuadro es menester intro-
ducirlos ú omitirlos á todos. Un boceto en que ninguno de
ellos figure puede ser escelente, i)ero si se toman algunos y
.se dejan otros de lado, por mas que en realidad haya mayor
númei'o de puntos de semejanza, resultará menor semejanza
total. Una línea hecha al correr de la pluma que marque
los rasgos de una actitud, dará de ella idea mas exacta que
una mala pintura al óleo. Sucede así que los peores cuadros
de Somerset House, se asemejan poi' muchos conceptos á sus
orijinales. Un busto de mármol blanco ¡¡uede dar una esce-
lente idea de una cara llena de frescura. Coloréese los labios
y las mejillas del busto sin tocar los cabellos ni los ojos y
la semejanza disminuirá en lugar de aumentar.
La historia tiene su primei-o y su segundo plano y es princi-
palmente en el manejo de la perspectiva que unos artistas se dis-
tinguen de otros. Puede representarse algunos acontecimientos
en vasta escala, otros en proporción disminuida, la gran mayoría
se j)erderii acaso en los celajes del horizonte y unos lijeros toques
servirán para dar idea jeneral de los efectos de conjunto. ,
A este respecto, ningún escritor ha igualado á Tucídides.
— 98 —
Era maestro completo en el arte de la disminución gradual.
Suliistoria es <í veces tan concisa como una tabla cronolójica,
sin dejar por eso de ser sujestiva, otras es tan minuciosa como
una carta de Lovelace sin que llegue nunca á hacerse prolija.
Nunca yerra en el arte de condensarse y estenderse en el lugar
debido.
Tucídides tomó de Herodoto la práctica de poner discursos
de su cosecha en Ijoca de los personajes. Este uso es apenas
censurable en Herodoto. Está en consonancia con todos sus
procedimientos. Pei'o en la obra de su sucesor, es, por todos
estilos inconveniente y violatorio no solo de la autencidad de la
historia sino también del decoro de la ficción. Una vez que se
ha penetrado en el espíritu de Herodoto no se le encuentra
inconsistente. La probabilidad convencional de su drama se con-
serva desde el principio hasta el fin. Los discursos deliberativos
y los diálogos familiares tienen estrechas conexiones. Pero los
discursos de Tucídides no van precedidos ni seguidos de nada
que se armonice con ellos. Imprimen al libro algo del carácter
grotesco de esos paisajes chinos en que repentinamente surje
una roca perpendicular de granito en medio de una suave y
verde pradera. La invención se hace chocante cuando la verdad
está en tan estrecha justaposicion con ella.
Tucídides nos advierte honradamente que algunos de los
discursos son purinnente ficticios. Puede que haya conservado
la sustancia de otros con fidelidad pero es de toda evidencia
que solo esa sustancia ha quedado en ellos. En todos se dis-
tinguen las formas de pensamiento y de espresion peculiares del
historiador. Las singularidades nacionales é individuales rai-a
vez se traducen en los sentimientos y nunca en la dicción. La
oratoria de los Corintios y de los Tebanos, no es menos ática,
en su fondo y en su forma, que la de los atenienses. El estilo
de Cleon es tan puro, tan austero, tan terso, tan conceptuoso
como el de Pericles.
Apesar de este gran defecto, hay que confesar que Tucídides,
sin incurrir en la licencia de inventar, ha sobrepasado á todos
sus rivales en lo que concierne á la narración histórica y al
arte de imjjresionar la imajinacion ¡)or la esquisita selección y
arreglo de los materiales. Pero la narración no es todo, por
mas que entro por mucho en las tareas del historiador. Las
moralejas deducidas de obras imajinativas son superfinas ó
inútiles. Las ficciones pueden impresionar mas vivamente que
la renlidad,pero no enseñan nada nuevo. Si nos presentan
caracteres v series de acontecimientos totalmente diversos de los
— 99 —
que conocemos por csperiencia, no los incorporamos á nuestra
instrucción sino que los declaramos faltos de naturalidad. No
fiirniamos con ellos una opinión nueva sino que los apreciamos
con nuestras opiniones preconcebidas. I.a ficción es al propio
tiempo esencialmente imitativa. Su mérito estriba en la simi-
litud que nos ofrezca con algún modelo familiar ó al cual por
lo menos podamos referirnos fácilmente. Por eso disuenan en la
novela las anécdotas que mas nos interesan en los relatos autén-
ticos. Lo que se llama la parte novelesca de la historia es en
realidad la menos novelesca de todas. Nos agrada como historia
porque contradice nuestras nociones previas sóbrela naturaleza
humana y la relación de las causas con sus efectos. Por la
misma razón nos choca y nos parece inconveniente como ficción.
En la ficción, dados los principios hay que buscar los hechos;
en la historia, dados los hechos hoy que buscar los principios
y el escritor que no esplica los fenómenos con la misma per-
fección que los espone solo cumple á medias su tarea. Los
hechos son tan solo la matei-ia bruta de la historia. Es de la
verdad abstracta compeneti-ada con ellos y latente, como el oro
en la ganga, que derivan su valor, y las partículas preciosas
se combinan jeneralmente con la escoria de tal modo que el
separarlas es una obra de dificultad estrema.
En esto es deficiente Tucídides pero su deficiencia no debe
serle inculpada. Fué la consecuencia inevitable de las circuns-
tancias que lo rodearon. Era necesario por la natundeza
misma de las cosas, que el espíritu humano, al progresar en
la ciencia política, se detuviera en algunos de los puntos á que
alcanzó en aquel tiempo. Las ciencias avanzan paso á paso y
no por saltos. Los axiomas de un orador inglés de club,
hubieran sido paradojas sorprendentes y llenas de misterio
para los mas ilustrados estadistas de Atenas. Sería tan ab-
surdo desdeñar i>or tal razón á los atenienses, como lo
sería burlarse de Estrabon porque no nos dio una descripción
de Chile ó hídjlar de Tolomeo como hablamos de sir Ricardo
Phillips. Por eso cuando buscamos informaciones jeográtícas
exactas, tenemos que preferir la pedantería de Pinkerton á la
noble obra de Estrabon y si queremos instruirnos en lo rela-
tivo al sistema solar, nos será de mas provecho dejar de mano
á Tolomeo para consultar á la mas candorosa de las pensio-
nistas de una escuela.
Tucídides era, á no dudarlo, un hombre sagaz y reflexivo,
como claramente lo está demostrando la habilidad con que
discute las cuestiones prácticas. Pero el talento para decidir
— ino —
de casos partifilares lo tienen muelias veces en el mas alto
grado personas que carecen de facultades jenerolizaduras. La
previsión y perspicacia que un moliawk despliega para concer-
tar sus estratajemas o para descubrir las de sus enemigos han
dejado mas de una vez ai)sortos á hombres familiarizados con
la táctica miblai' de las naciones civilizadas. En Inglaterra nin-
guna clase tiene tanta habilidad para combinar planes injeniosos
y obviar dificultades remotas como los ladrones y los ajentesde
policía. Las mujeres tienen la misma destreza en grado mayor
que los hombres, los abogados mas (jue los estadistas y éstos
mas que los filósofos. Monk la tuvo en ¡¡roporcion mas grande
que Harrington y todo su club y Walpole mas que Adam Smith
ó que Beccaria. Ello consiste en que la especie de disciplina
requerida pai'a adquirir tal facultad tiende a estrechar el espí-
ritu y á hacerlo incapaz de i-azonamientos abstractos.
Los estadistas griegos del tiempo de Tucídides se distin-
guieron [lor su sagacidad práctica, por su penetración para
discernir las causas, su habilidad para apoderarse de los me-
dios y llegar á los fines. Un estado de sociedad en que los
ricos estaban siempre tramando la opresión de los pobres
y los pobres la espoliacion de los ricos, en que los vínculos
de partido eran mas fuertes que los del patriotismo, en que
diariamente estallaban revoluciones y contra revoluciones, fué.
¡lor naturaleza, fecundo en aventureros políticos desesperados
y mañosos. Era esa la mejor escuela en que podían los
hombres adquirir al propio tiempo el disimulo de Mazarino, la
juiciosa temeridad de Richelieu y aquella penetración, aquel
tacto esquisito, aquel presentimiento casi instintivo de los acon-
tecimientos que dieron tal autoridad á los consejos de Shaf-
tesbury, que el pedírselos «era algo como consultar el oráculo de
Dios». Tucídides estudió en esa escuela y adquirió el criterio
que en ella se podía formar. Aprecia mejor los hechos que los
principios. Cuanto mas estrecha es una cuestión tanto mejor
razona sobre ella. Su ol)ra sujiere muchas importantes consi-
deraciones sobre los principios del gobierno y la moral, sobre
el desenvolvimiento de los paitidos, la organización de los
ejércitos y las relaciones mutuas de las comunidades. Sus
observaciones jenerales sobre estos mismos puntos, son, sin
embargo, en estremo superficiales. Hay entre sus mas juicio-
sos comentarios y los (¡ue haría un verdadero historiador
filósofo, la misma distancia que media enti-e la suma correcta-
mente adicionada por un tenedor de libros y la espresion jeneral
que en ella descubre un profesor de áljebra. La primera sirve
— 101 —
solo pai'n un asunto determinado; la segunda puede a[)Iicai'se
á un número infinito de casos.
Esta opinión, lo tememos, será considerada heterodoxa.
Porque, para no hablar de la impi-esion i:|ue muchas veces
produce la sola vista de un personaje ó el sonido de un dii^tongo
griego, hay algunas ])articularidades en el estilo de Tucídides
(|ue han contribuido en no pequeña parte á asegurarle reputa-
ción de iirofundo. Su libro es, sin duda, digno de un liombre
y de un estadista y á este respecto ofrece un notable contraste
Clin la encantadora puerilidad de Herodoto. Todo en él respira
un aire de madurez, de grave y melancólica reflexión, de impar-
cialidad y dominio habitual de sí mismo. Si alguna vez llegan
i'i traslucirse sus sentimientos, inmediatamente los reprime.
Trata con un desdén frió y soberbio, que le es peculiar, todas
las preocupaciones y con especialidad las supersticiones vul-
gares. Tiene un estilo mesurado, antitético y no pocas veces
oscuro. Pero si consideramos su filosofía política sin atender á
estas circunstancias, encontramos que ha sido — lo (¡ue solo [lor
milagro podía no haber sido — un ateniense, tan solo, del siglo
quiíito anterior á Jesu-Cristo.
Pensamos que sin mucha razón se coloca con jeneralidad
á Jenofonte en la misma categoría que á Herodoto y Tucídides.
Se les asemeja, os verdad, i)or la pureza y suavidad del
estilo, pero su espíritu se acerca mas al de atiuclla escuela de
histfiriadores cuyas obras parecen fábulas compuestas para de-
ducir una moi'al )■ (juo en su empeño de suministrar adver-
tencias y ejemplos, olvidan presentarnos hombres y mujeres.
La " \'ida de Ciro » es una obi'a muy mala, ya se la considere
como historia ó como novela. La « Espedicion de los Diez mil»
y la « Historia de los sucesos griegos » son ciertamente de agra-
dable lectura, pero no revelan gran poder intelectual. A decir
verdad, Jenofonte, con su gusto elegante, sus manei'as afables
y su estenso trato del mundo, tenía, lo sospechamos, una cabeza
que podría calificarse de pobre. ICsa era, evidentemente, la opi-
nión del hondirc estraordinario á quien se vinculó desde joven
y cuya memoria veneró con idolatría, l'^l no fué á buscar otra cosa
([ue el biberón con f[ue Sócrates amamantaba á sus pequeñuelos
filosóficos. Unas pocas migajas de moral y algunas de las mas
sencillas doctrinas de relijion natural fueron bastantes para el
honrado joven. Las carnes suculentas, las audaces especulaciones
en las ciencias físicas y metafísicas quedaron reservadas para
oti-a clase de oyentes. Las tendencias que de ese modo adquirii'i
Jenofonte en sus primeros años, no se modificaron después ni
— 102 —
aun con la influencia de las .costumbres sin freno del capitán de
tropas mercenarias. Parece que hasta el fin conservó una especie
de puritanismo grosero. Los sentimientos de piedad y virtud
(pie abundan en sus obras, son los de un hombre de buena
conducta, de espíritu un tanto tímido y estrecho, devoto á ellos
mas bien por temperamento que por convicción razonada. Era
tan supersticioso como Hcrodoto, pero en una forma mucho
mas perjudicial. Las mismas particularidades que nos encantan
en el niño, sus balbuceos sin dientes, su tartamudez, las vaci-
laciones de su marcha, su desamparo, sus inmotivadas lágri-
mas y risas, son desagradables en la edad provecta. De la
misma manera, causa gracia el absurdo que precede á un pe-
ríodo de jeneral intelijencia é inspira desprecio el que le sigue.
Los contrasentidos de Herodoto son los de una criatura; los
de Jenofonte los de un decrépito. Sus cuentos de sueños, agüerías
y presajios ofrecen un estraño contraste con los pasajes en c|ue
el incrédulo y malicioso Tucídides se refiere á las supersticio-
nes populares. No es cosa completamente averiguada que Jeno-
fonte fuera sincero en su credulidad; su fanatismo era en cierto
modo político. Hubiera sido un escclenle miembro de la camarilla
apostólica. Alarmista por naturaleza y aristócrata por parti-
dismo, llevó á un esceso irracional su horror por las turbulen-
cias populares. Las tranquilas atrocidades de Esparta no lo
impresionaron tan fuertemente, porque, mas que los crímenes,
aborrecía el tumulto. Buscaba frenos para contener las pasiones
de la multitud y creyó absurdamente que los había enconti'ado
en una relijion sin pruebas ni sanción, sin preceptos ni ejem-
plos, en un helado sistema de Teofilanlropia. fundado en cuentos
de comadres .
Polibio y Arriiuio no tienen otro mérito que el de haber
escrito relaciones auténticas de hechos. No eran hombres de
espíritu comprensivo ni tenían la habilidad necesaria para
hacer un relato interesante. Por eso han sido eclipsados
por escritores menos estudiosos de la verdad, pero que cono-
cieron mejor el arte de producir efecto, — ])or Tito Livio y
Quinto Curcio.
Y sin embargo, Polibio y Arriano merecen los mayores elo-
jios cuando se les compara con los escritores de la escuela que,
puede decirse, encabeza Plutarco. Debemos confesar que nos
inspiran particular aversión los historiadores de esta última
especie. Parecen haber sido pedantes (jue se consideraron á sí
propios como grandes filósofos y grandes políticos, sin tener
ninguna de las valiosas calidades que muchas veces coexisten
— 103 —
roa la jiedanteria. No solo estravían á sus leclorcs en cada
l)ájina, sino (|ue demuestran ignorar totalmente el carácter de
los épocas i|uc descrihen. Fueron habitantes de un imperio
liinilado poi' el océano Atlántico y el Eufrates, por los hielos
de la Scitia y las ai-enas de la Mauritania, compuesto de nacio-
nes cuyas costumbres, idiomas, relijion, inaner'as y tem|)era-
mento eran en estremo diversos y gobernado jior un alto despo-
tismo surjido de la ruina de millares de rei)úblicas y reinos. No
tenían ni podían tener ningún conocimiento esperimental de la
libertad tal como se muestra en las |)equeñas democracias, ni
del pati'iolismo como aparece en las pei|ueños comunidades
independientes.
Pero como hablan leído la historia do hombres que desple-
garon en la defensa de su país una enerjía desconocida en
tiempos posteriores, que contrariaron las mas caras afecciones
domésticas ó se entregaron voluntariamente j'i la muerte en
aras del bien público — pusiéronse á ponderar la dejeneracion
de sus conteni|)oráneos. Nunca se les ocui'ri(') pensar que los
sentimientos que tanta admii'acion les causaban, surjieron oca-
sionalmente de causas locales, (|ue ellos nacen siempre en las
sociedades reducidas de una manera espont;inea y que no
pueden ser jenerales ni permanentes en los vastos imperios,
por rrias que se les fuerce á existir |)or un corto tiempo
y dentro de particulares circunstancias, bis imposible que un
hombre sienta por la fortaleza de una remota frontera lo (|ue
siente por su casa, que una derrota en (jue han muerto diez
mil desconocidos lo aflija, de la misma manei-a que un con-
traste que despuebla la calle en que vive, (|ue abandone su
hogar para una espedicion militar destinada á mantener la
balanza del poder, con el mismo entusiasmo con que lo aban-
donaría ¡)ara repeler á los invasores que han empezado a ([uemar
los sembrados vecinos .
Los escritores de (¡uienes hablamos deliieron considerar todo
esto. Debieron pensar que no había nada de esencial y eterna-
mente bueno en el patriotismo de los griegos, que la vincula-
ción esclusiva i'i una sociedad determinada, por mas que sea
un sentimiento muy natural y muy útil, dentro de ciertas res-
tricciones, no implica ningún grado estraordinario de discre-
ción ó de virtud, por último, r[ue donde ese sentimiento ha
sido muy intenso ha convertido los estados en bandas de sal-
teadores á (|uienes ha hecho tanto mas peligrosos la fidelidad
recíproca, ha dado á las guerras un sello de singular atrocidad
y ha enjendrado el mas funesto de los males políticos, la tiranía
de las naciones sobre las naciones.
— 104 —
Euomorados entusiastas de lo palobm libertad, estos histo-
riadores poco se preocuparon de detinii' su sentido. Asi los
espartanos, reatados por mil alisui-das restriccicmes, impedidos
de hacer su gusto aun en hi elección do sus mujeres, de sus
cuniidas y de sus com})añias, com))elidos á adoptar modales
especiales y i'i hablar en un estilo deterniinado, se vanagloria-
ban de su libertad. La aristocracia de Roma muchas veces lu/.o
de la libertad una escusa para inutilizar á los favoritos del pueblo.
En casi todas las pequeñas repúblicas de la antigüedad, la li-
bertad sirvió de pretesto para adoptai- medidas contra todo lo que
hace apreciable la libertad, medidas que ahogaron la discusión,
que corrompieron la justicia, que impidieron la acumulación de
la riqueza. Los escritores cuyas obras examinamos, han confun-
dido el sonido con la sustancia y los medios con el lin. .Sus
imajinaciones se enardecían con el misterio. (Concibieron la
libertad como los monjes concilten el amor, conio los vagos de
Londres conciben la felicidad y la inocencia de la vida rural,
como las costureras. lectoras de novelas conciben las cumplidas
marquesas y los hermosos coroneles de Guardias de Almack y
Grosvenor S(|uare. En el relato de los acontei'imientos y en la
delincación de los caracteres, han prestado escasa aten(non á los
hechos y ;i las costumbres del tiempo que pretendían descriliii- y
aun á los principios jenerales de la naturaleza humana. Solo han
sido fieles á sus propias doctrinas estra vagantes y pueriles. Los
jenerales y los hombres de estado se melamorfosean en peti-
metres magnánimos de cuyas turbias virtudes apartamos dis-
gustados la vista . Las sentencias y hazañas de sus héroes nos
recuerdan las insufribles perfecciones de Sii- (Cliai'les Grandison,
produciéndonos un fastidio semejante al que espci-imentamos
cuando un actor, en alguna de las piezas de Morton ó de
Kotzebue, se pone la mano sobre el corazón, avanza hasta la
rampla y vocifera una máxima moral para edilicacion do los
dioses .
Estos escritores, hombres que no supieron ln que era tener
patria, homl)res que jamás gozaron de ningún doro(dio político,
pusieron de moda una jerigonza ofensiva acerca del patrio-
tismo y el celo por la libertad. Lo que los puritanos ingleses
hicieron con el lenguaje de la cristiandad, lo (|ue hizo Scuderi
con el lenguaje del amor, ellos lo hicieron con el lenguaje del
espíritu público. Por su cxajeraciOn hajjitual lo envilecieron
y por su énfasis monótono lo debilitaron. Abusaron de él hasta
el punto de ([ue apenas fué posible emplearlo con algún electo.
Siempre deducen de casos estreñios sus reglas ordinarias
— KC) —
de moralidad. El réjimea común (¡ue prescriben para la socie-
dad, se compone de remedios desesperados que solo en situa-
ciones desesperadas podrían convenir.
Discurren con pai'ticulnr complacencia sobre acciones de tal
naturaleza, que los mismos que las aprueban tienen que con-
siderai'lns como escepciones de las leyes de mas universal apli-
cación y que guardan tan estrecha afinidad con los mas horrendos
ci'ímenes, que, aun en el supuesto de que fuera injusto censu-
rarlas, sería peligroso tributarles elojio. No es estraño, por lo
demás, (|ue al lado de los actos (jue han merecido el aplauso
de graves moralistas, no movidos por ningún interés personal,
hayan pasado en silencio algunos feí'oces ejemplos de perfidia
y de crueldad y hechos cuya atrocidad, llegó á espantar á las
mismas facciones enfurecidas en cuyo ¡¡rovecho se les perpe-
traba. La parte que Timoleon tomó en el asesinato de su
hermano, disgustó á muchos de sus p^'opios partidarios y
¡)or largo tiempo lo abatieron A él mismo los remordimientos.
Pero estaba reservado á histoi-iadores que vivieron algunos
siglos después el descubrir que su conducta fué un movimiento
glorioso de virtud y el lamentar (¡ue la frajilidad de la natu-
raleza humana hit-iera (¡ue el hombre capaz de cumplir tan
grande hazaña llegara después á arrepentirse de ella.
Los escritos de estos homltres y de sus imitadores mo-
dei'nos lian j>roducido efectos que merecen alguna mención.
Tales obras no han podido ejercer sino una influencia limi-
tada en el espíritu de los ingleses c|ue de mucho tiempo atrás
se han familiarizado con . las especulaciones políticas y han
gozado prácticamente de la libei'lail en tan amplia medida.
Tenemos corporaciones clásicas y grandes nombres de nuestra
]>ropiedad que confiadamente podemos oponer alosmas esplén-
didos de los antiguos tiempos. K\ Senado no despierta en noso-
tros un sentimiento de mayor veneración ([ue el Parlamento.
Respetamos la Magna Carta mas c¡ue las leyes de Solón. El
Capitolio y el Forum nos causan menor imjiresion que nuestra
propia Sala y Abadía de Westminster, recinto donde lucharon
)• donde ahora duermen los grandes hombres de veinte jenc-
raciones! i3ien puede resistir la comj)aracion con los Fasti de
Roma la mJmina de los guerreros y hombres de estado que
fundaron ó defendieron nuestra Constitución desde Montfort
hasta Fox. La acción de gracias de Sidney moribundo es lan
noble como la libación con que Trascas rindió su espíritu al
Júpiter libertador. Admiramos menos á Catón desgarrándose
las entraña-- que á Rusell esclamando después de despedirse de su
— lOG —
esposa, que la amargura de la muerte ya había pasado. Y aún
podemos comiiarar orgullosamente las mismas partes de nuestra
lüstoria sobre las cuales, por algún conceiHo. hubiéramos que-
rido correr un velo, con aquellas en que mas se complacían
los moralistas de la antigüedad. El enemigo de la liliertad
inglesa no fué asesinado por hombres á quienes él hul)iera
perdonado y colmado de favores. No fué apuñaleado i)or la
espalda por los que sonreían y se humillaban en su presencia.
Fué vencido en los campos de la dura batalla, fué enjuiciado,
sentenciado y ejecutado á la faz del cielo y de la tierra.
Nuestra libertad no es griega ni romana sino esencialmente
inglesa. Tiene su carácter propio, carácter penetrado con el
sentimiento de las edades caballerespas y que concuerda con
las peculiaridades de nuestras costumbres y de nuestra situa--
cion insular. Tiene su lenguaje también, suyo propio, y un
lenguaje singularmente idiomático, lleno de sentido para noso-
tros y escasamente infelijible para los estranjeros.
Por eso puede decirse (¡uo en nuestro país lia sido nulo el
efecto de los libros de que nos hemos venido ocuiiando. Cierto
es que han dado curso á muchas opiniones eiróneas .solire la
historia antigua, f|ue han exaltado la imajiníicion de los jóve-
nes, estraviado el juicio y corrompido el gusto de algunos lite-
ratos tales como Akenside y Sir William Jones. Pero muy poca
inñuencia han ejercido sobre las personas ocupadas de la direc-
ción de los negocios púlilicos. Los cimientos de nuestra Cons-
titución fueron echados por liomhres ([ue no sabían de los
griegos otra cosa sino que habían renegado la profesión orto-
doxa y engañado á los Cruzados y nada nuis de Roma sino
([ue allí vivía el Pajia. Los que les sucedieron se contentaron
con mejorar el plano orijinal. Encontraron modelos en su
propia casa y por eso se abstuvieron de buscarlos fuera. Pero
ruando los hombres ilustrados del continente se dieron ;i pensar
en la reforma política, faltándoles muestras que imitar en la
historia doméstica, recurrieron naturalmente á esas reliquias
de la antigüedad (|ue se consideran como jtarte pi-im'ipal do
la educación en toda Europa. Los historiadores á que n(is
referimos fueron miembros de vastas comunidades y subditos
de soberanos ab.solutos. Por eso fué que, según hemos dicho,
cometieron tan graves errores al hablar de las pequeñas repú-
blicas de la antigüedad. Sus obras fueron, sin embargo, leídas
con el mismo espíritu con que fueron escritas. Fueron leídas por
hombres colocados en circunstancias muy parecidas á las- que
á ellos les rodearon, poco conocedores de la níituraleza real
— 107 — -
(le la libertad, pero inidinados á creer todo lo bueno que de
ella pudiera decirse. Todo el rpie baya dedicado alguna aten-
ción á la literatura francesa del último siglo, sabe de cuan
poderosa manera influyeron esos libros en los reformadores
especulativos. Pero tal vez el escritor en quien produjeron
mayor efecto, fué Vittorio Alfieri. En algunas de sus piezas,
principalmente en « Virjinia », « Timoleon» y «Bruto el joven»,
lia llegado á ser la caricatura de la estravagancia de sus
maestros.
Nada tiene de estraño que tropezaran los ciegos así con-
ducidos por ciegos. Los episodios de la revolución francesa
en alguna parte derivaron su carácter de esas lecturas. Sin
necesidad de ellas, es seguro f[ue hubiera tenido lugar una
revolución, revolución que había de producir muchos males y
muchos bienes, tremenda pero de corta duración, de males
caramente comprados, pero do durables bienes. Con todo, tal
revolución no hubiera sido exactamente lo ([ue fué. Muchos
aspectos de forma, muchos accesorios habrían cambiado. Hu-
biera habido menos hinchazón en el lenguaje, menor afec-
tación en las maneras, menor frivolidad solemne y ostentosa
simplicidad. Las actas de las asambleas lejislativas y la cor-
respondencia de los diplomáticos no aparecerían colmadas de
frases altisonantes, dignas solo de un coiejio de declama-
ción. El gobierno do una nación grande y civilizada no se
hubiera puesto en ridículo, intentando resucitar las prácticas
de un mundo estinguido, ó, mas Ijicn diclio, de un mundo que
nunca existió sino en la cabeza de los escritores de una
escuela fantástica. Esas imitaciones de segunda mano se ase-
mejan á sus orijinales lo que la fiesta clásica con que el
doctor de Peregrino Pickle revolvió los estómagos de sus con-
vidados se parece á una de las cenas de Lúculo en los pórticos
de Apolo.
Todo esto no pasó de simples desatinos. Pero el espíritu,
exaltado por aquellos escritores produjo efectos mas serios. La
mayor parte de los crímenes que mancharon la revolución deri-
varon sin duda del relajamiento de las leyes, de la ignoran-
cia del juieblo. del recuerdo de la opresión pasada, del temor
de la conquista estranjera, de la rapacidad, de la ambición,
del es[)íritu de partido. Pero muchos de los mas atroces pro-
cedimientos del)en referirse á la imajinacion sobreescitada, á
la perversión de los principios, á una especie de hastío por
la moral vulgar y á un apasionamiento por todo lo que fuera
violento V nelniloso. Mr. Bui'ke lo ha dicho con gran felicidad
— 108 —
de espresion : « La gradación de su república se asienta en
paradojas morales. Todos los ejemplos reales ó imajinarios de
dudoso espíritu público que se encuentran en la historia, ante
los cuales se desconcierta la moral, vacila la razón >• retro-
cede espantada la naturaleza, son los modelos preferidos y
casi únicos de (¡ue se valen i)ara instruir á la juventud ». Se-
gún nuestra opinión, hay (jue atribuir eslos males á la inttuen-
cia de los historiadores que hemos mencionado y á la do sus
imitadores modernos.
Tito Livio tiene algunos de los defectos de aquellos escrito-
res. Pero si se le considera en conjunto, puede decirse que
forma por sí solo una clase separada. No conocemos ningún
historiador que haya mostrado tan com])leta indiferencia por la
verdad. Parece que solamente hubiera buscado el efecto pinto-
resco de su libro y el honor de su país. \']n cambio, no sabe-
mos que en toda la literatura se encuenti'c otro ejemplo de
una cosa mala tan bien ejecutada. La pintura narrativa es
vivaz y graciosa, mas allá de todo elojio. Es casi milagrosa la
abundancia de sentimientos atrayentes y do espléndidas imá-
jenes en los discursos. Su espíritu es un suelo que nunca
se fatiga, una fuente í|uo jamás se agota. Se prodiga pro-
fusamente sin dar señales de debilitamiento. Kuó pi-obable-
mente á esa exuberancia de pensamiento y de lenguaje, siem-
pre lozana, siempre abundante, siempre pura, cuyo raudal se
reponía apenas comenzaba á decaer, qm.' los críticos aplicaron
la espresion tan discutida láctea libertas.
Todos los méritos y los defectos de Tito Livio llevan el sello
del carácter de su nación. Ei'a un escritoi' esencialmente i'omano :
ciudadano orgulloso de una república que si había perdido la rea-
lidad de la libertad, todavía conservaba relijiosamente sus formas,
— subdito de hecho de un príncipe arbitrario, pero, á sus propios
ojos, uno de los dueños del mundo, con ochocientos reyes ;i
sus plantas y solo los dioses arriba. Poi- eso fué que volvió
la mirada á los tiempos primitivos con muy diverso sentimiento
del que entonces esiterimenlaban sus contemponineos griegos y
se jeneralizó mas tarde entre los hombres de letras de todo el
imperio romano. Contempló el pasado con interés y deleite, no
porque ofreciera contrastes con el presente, sini') porcjue había
servido para enjendrar el presente. Recurrió á él. no para
amortiguar con orgullosos recuerdos el sentimiento de la degra-
dación nacional, sino para marcar los progresos de la gloria
de su país. Es cierto que su veneración por la antigüedad pro-
dujo en él algunos de los efectos que ya había producido en los
— KJU —
que, [lor muy diferentes caminos, llegaron á ella, y que participa
en alguna manera de su exageración, de su lenguaje y de su
amor por las anomalías y yior e\ lussus naiurce en la moral. Sin
embargo puede notarse una diferencia. Aquellos se exaltan con
el patriotismo y la liliertad en abstracto. Tito Livio no parece
creer que í'uei-a de Roma haya ningún país digno de amor, ni
tiene tampoco el celo de la libertad como tal libertad, sim')
el de la libertad como parte integrante de las instituciones
romanas.
Poco podemos decir de las concisas y elegantes relaciones de
las campañas de César. Son modelos incomparables de despa-
chos militares. Pero no son historias ni pretenden serlo.
Los antiguos críticos colocaban á Salustio en el mismo rango
que á Tito Livio, y es indudable ([ue la pequeña parte de sus
obras que ha llegado hasta nosotros, contribuye ú dar alta
idea de su talento. Pero su estilo es poco ameno y el me¡(ii'
de sus libros, el relato de la conspiración de Catilina, mas pa-
rece un hábil panfleto partidista que una historia. Está lleno
de contradicciones, que. como quedan sin esplicacion, suscitan
dudas acerca de la veracidad de la narración. No hay duda de que
muchas circunstancias olvidadas hoy deben haber sido familia-
res á sus contemporáneos y ([ue con ellas quedarían aclarados
pasajes que á nosotros nos ¡lai-ecen oscuros y dudosos. Pero
un gran escritor no debe olvidar que escribe para remotas je-
neraciones, para hombres que han de notar las contradicciones
aparentes sin tener elementos para esplicarlas. Solo podemos
reivindicar la fidelidad de Salustio á espensas de su injenio.
Pero la verdad es i[uc [juede hacerse la misma olijecion á todas
las informaciones que acerca del famoso complot tenemos de
sus conlemiioráneos, y los hombres pensadores las leen con
igual incredulidad. Todo nos viene de un solo lado. Ninguna
respuesta ha llegado hasta nosotros. Y aun así mismo, con la
sola esposicion de los acusadores, los acusados merecen sei"
absueltos. Se nos dice que Catilina mantuvo intrigas amorosas
con una virgen vestal, y ([ue asesinó á su propio hijo. Su casa era
un antro de tahúres y de disolutos. Ningún joven podía salvar
sus umbrales sin peligro de la reputación y la fortuna. Y, sin
embargo, ese era el mismo hombre cuya alianza buscó Cicerón
en una lucha ¡lai-a la primera majistratura de la república y
el mismo á c|ui'en describi(') mucho desjjues de terminado el
fatal comjilot, como un consumado hipócrita, que á él mismo
1(1 habia engañado y que representó con habilidad estremada el
papel de í>uen ciudadano y buen amigo. Se nos dice que no pudo
— lio —
concebirse una conspiración mas odiosa y desesperada y casi
al mismo tiempo se agrega que la gran mayoría del pueblo y
muchos de los nobles la secundaban, que los mas ricos ciuda-
danos de Roma se mostraban impacientes por saquear las pro-
piedades y los mas altos funcionarios por destruir todo orden
establecido, que Craso, César, el pretor Léntulo, uno de los
cónsules del año y otro de los cónsules electos, se hallaban
sindicados ó convictos de haberse complicado en la trama para
subvertir las instituciones á que ellos mismos debían los mas
altos honores y para introducir la anarquía universal. Se nos
informa de que un gobierno que sabía todo esto, soportó que
se alejara de Roma sin ser molestado un conspirador á quien
hacían tanto mas peligroso su jerarquía, sus talentos y su valor.
Se agrega que iba á armarse á los esclavos y gladiadores contra
los ciudadanos. Esto no obstante, nos encontramos con que
Catilina rechazó, á los esclavos que se apiñaban por alistarse
en su ejército, para que no pareciera, según lo afirma el mismo
Saluslio, « que identificaban su causa con la de los ciudada-
nos». Se nos informa, por último, que los majislrados de
([uienes universalmento se decía que liabían salvado á todas
las clases de la conflagración y la muerte, so hicieron tan
franciunente impü¡iulares, que, á la espiración de su período, se
les infirió un marcado insulto y poco después fueron someti-
dos á duro castigo.
Salustio nos dice, es verdad, y esto mismo lo j)rueban su-
ficientemente las cartas y escritos de Cicerón, que algunas
[¡ersonas consideraron que las partes hoi-ribles del complot
fueron solo invenciones del gobierno," encaminadas á coho-
nestar medidas inconstitucionales. Debemos confosar (|ue esa
es también nuestra opinión. Había indudalilemente un jiartido
fuerte (¡ue aspiraba al cambio de administración. Mientras
Pompeyo tuviera un ejército á sus órdenes, no se podía llevar
á cabo este propósito sin hacei' los preparativos necesarios
para repeler la fuerza con la fuerza. No hay en todo esto
nada que difiera de la práctica ordinaria de las facciones ro-
manas. Los demás cargos (|ue se formulan contra los cons-
piradores son tan inconsistentes é inexactos que no podemos
prestarles ningún crédito. Si nuestros lectores piensan ((ue
este escepticismo es infundado, vuelvan los ojos á los acon-
tecdmientos contemporáneos de la conspiración papista. Re-
cuerden los votos del parlamento y los discursos del rey, las
acusaciones de Scroggs y las arengas de los cabecillas contra
Strafford. Los que formaran su juicio con estas únicas piezas
— 111 —
creerían (|ue los papistas hicieron arder á Londres y que Sir
Edmondliury Godfrey fué asesinado en aras de su relijion. Y,
sin embargo, tales cuentos han caído en el mayor despresti-
jio. Los hombres de estado los han abandonado á los reji-
doros, los rejidores á los clérigos, los clérigos a las viejas y
las viejas á Sir Harcourt Lees.
Tácito es ciertamente el mas grande de los historiadores
latinos. Rigurosamente hablando, su estilo no solo tiene defec-
tos, sino que es, además, particularmente inapropiado para
la composición histórica. Lleva su afición á producir efecto
mucho mas allá de los límites de la moderación. Narra deli-
cadamente una anécdota delicada, pero no puede referir llana-
mente un cuento llano. Todo lo estimula hasta que los esti-
mulantes pierden su eficacia.
Tucídides, como hemos tenido ocasión de decirlo, relata las
transacciones ordinarias con la claridad sucinta y sin preten-
siones de una gaceta. Reserva sus grandes poderes de pintor
para los acontecimientos c]ue son interesantes en sus mas mí-
nimos detalles. La simplicidad del engarce aumenta la luz de
los diamantes. Hay pasajes en los relatos de Tácito, superiores
á los mejores que puedan citarse de Tucídides. Pero no están
encuadrados ai aderezados con la misma habilidad. Separados
del cuerpo de la obra i'i que pertenecen hacen mucha mayor
impresión que cuando ocurren en su sitio y se les lee en co-
nexión con lo que les procede y lo ((ue les sigue.
Imi la dolineacion del carácter, Tácito no tiene rival entre
los liistoriadores y hay muy pocos dramaturgos y novelistas
que lo suporen. Por delineacion del carácter no entendemos la
práctica abusiva de redactar catálogos epigramáticos de buenas
y malas calidades para agregarlos al nombre de los hombres
eminentes. Ningún escritor, por cierto, lo ha hecho mejor que
Tácito, pero no está en ello su gloria. Todos los personajes
que ocupan vasto lugar en sus libi'os, tienen una individualidad
de carácter (¡ue se trasluce en todas sus obras y acciones. Los
conocemos como si hubiéramos vivido con ellos. Claudio, Nerón,
Otón, las dos Agripinas, son obi'as maestras. Pero Tiberio es
todavía un milagro mayor de arte. Li historiador se propuso
Imcernos conocer íntimamente :i un hombre singularmente
somlirío é inescrutable, á un hombre cuyas tendencias reales
estuvieron mucho tiempo cubiertas por los pliegues intrincados
de ficticias virtudes y cuyas acciones se envolvieron en parti-
cular misterio con la hipocresía de la juventud y la reclusión
de la vejez. Tenía que mostrar las especiosas calidades del tirano
— 112 —
á una luz que las Irasparenlara y nos pusiera en aptitud de
apreciar la cubierta y los vicios que dentro de el-la se oculta-
ban. Tenía que trazar las gradaciones por las cuales el primer
majistrado de una república, el senador que se mezclalia
libremente á los debates, el noble compañei-o de sus nobles
hermanos, llegó á trasformarse en un sultán asiático: tenia
c[ue mostrar el carácter distinguido por el valor, el dominio
de si mismo y la profunda politica y corrompido al propio
tiempo por las solicitaciones estravagantes del capricho .
Tenía que hacer notar el efecto gradual do los años \ la
aproximación de la muerte en aquel esti-año cijinpuesto de
fuerza y de debilidad, tenía (jue exhibir- al viejo soberano del
mundo cayendo en una senectud que, aun(|üe hiciei-a escén-
tricos sus apetitos y adusto su tenipei-anionto, no llegó á
amenguar el poder de su espíritu severo y j.ienetrante, con la
conciencia de su fuerza decadente, atormentado por una sen-
sualidad caprichosa y, sin embargo, hasta el fin. uno de los
mas sutiles observadores, el mas artificioso de los disimulados
y el mas terrible de los amos. La tarea ora de dificullad eslre-
mada : su ejecución es casi perfecta.
El talento ([ue se requiere p.u-a escribir así la hisloria. tiene
muchísima analojía con el de un gran dramaturgo. Hay entre
ellos una distinción obvia. El dramaturgo crea, el liistoriador
tan solamente ordena. La diferencia no está en el modo do
ejecución sino en el modo de concepción. Shakespeai-e encuentra
su modelo dentro de sí mismo, Tácito lo loma defuera. Hamlet
es al Tiberio lo que el Laocoonte es al Newton de Roubillac.
En este aspecto de su ¡u-te. Tácito no tuvo igual ni segundo
entre los historiadores antiguos. Herodoto poseía escaso talento
dramático, por mas que fuera dramática su manera de escribir.
Los frecuentes diálogos que intercala dan viveza y movimiento
al relato, pero no tienen nada de extraordinario. Jenofonte gusta
decir á sus lectores, muy por estenso, la opinión que le inspiran
las personas cuyas aventuras refiere, pero no les pone los hom-
bres de manifiesto ni los habilita para (|ue juzguen por sí
mismos. Los héroes de Tito Livio son los mas insi[)idos de
todos los seres reales ó imajinarios, escepcion hecha de los
de Plutarco. A la verdad, que el estilo de Plutarco nos recuerda
la cocina de esos hoteles del continente, terror de los viajeros
ingleses, donde perpetuamente se hace servir un caldo inde-
finido, destinado á regar copiosamente todos los manjares que
se llevan á la mesa. Tucidides, dejando un grande intervalo
vacante, viene en seguida de Tácito. Su Pericles, su Nielas, su
— 113 —
Cleon, su Brosidos, han sido caraclorizados con felicidad. Las
lineas son escasas y l'aiso el colorido, pero se ha conseguido
tomar el aspecto jeneral y la espresion.
Como el cura en la biblioteca de Don Quijote, empezamos a
fatigarnos de hablar de los libros uno á uno, dando sobre
(¡líos opinión por separado y nos sentimos inclinados á juz-
garlos en conjunto. Por eso. en voz de apuntar los méritos y
defectos de los diferentes historiadores modernos, establecere-
mos de una manera jeneral en (¡ué puntos han sobrepujado á
sus predecesores y en cuáles nos parece que han desmerecido
de ellos.
Kn cierta manera, es seguro (jue han sido mucho mas
estrictos que la mayoría de los historiadores griegos y romanos.
No se han creído autorizados i'i aumentar el interés de la
narración, introduciendo descripciones, conversaciones y arengas
de su propia cosecha. Esta mejora se hizo camino gradual-
mente. Así como entre los griegos la historia comenzó por la
novela, así también en las naciones modernas de Europa,
Froissart fué nuestro Herodoto. La Italia ha sido á la Europa
lo que Atenas á la Grecia. 1mi Italia, por eso, se usó desde
temprano una forma de narración mas exacta \- vai'onil. Ma-
quiavclo y Ouicciardini, á imitación de Tito Livio y Tucídides,
inventaron discursos para sus personajes históricos. Pero cuando
decayó gradualmente el entusiasmo clásico que .caracterizó la
edad de Lorenzo y de León, se abandonó esta absurda práctica.
Sospechamos que en Francia todavía existe en algún grado.
El escritor (|ue se atreviera á emplearla en nuestro país sería
considoi'ailo como un hazme i'eír despreciable. Acaso puede
ponerse en duda si los escritores de los dos últimos siglos
dicen mayor suma de verdad que los antiguos, pero es com-
pletamente seguro que aseveran muchas menos falsedades.
Los modernos han ido mucho mas allá í{ue los antiguos
en la lilosofía de la historia. No es estraño, en verdad que
los griegos y romanos no adelantaran en la ciencia del gobierno
ni en ninguna otra esperimeatal. tanto como se ha avanzado
en nuesti'o tiempo, porque la mayo]' parle do las ciencias espe-
rimcntales progresan coatinuamentc. Fueron mejor comprendidas
en el siglo décimo séptimo ([ue en el décimo sesto y en el décimo
octavo que en el décimo séptimo. Pei'o ese adelanto constante, ese
desenvolvimiento gradual de los conocimientos, no basta para
esplicar la inmensa superioridad de los escritores modernos. La
diferencia que existe no es una diferencia de grado sino de cali-
dad. No se trata del descubrimiento de nuo\os pi-incipios sino
— 114 —
del ejercicio de nuevas facidtades. No es que la intelijencia
humana haya hecho pocos progresos en una época y avanzado
mucho en otra, sino que en un período ha permanecido comple-
tamente estacionaria y ha adelantado constantemente en otro.
Los antiguos fueron por lo monos nuestros iguales en lo que
se reñere al gusto y á la imajinacion, á las gracias del estilo,
á las artes de la persuacion y á la magnificencia de las obras
públicas. Pero apenas dieron algunos pasos en las ciencias
morales. Durante el largo lapso de tiempo trascurrido entre
el siglo quinto anterior á la era cristiana y el quinto posterior,
se hizo en ellas un progreso apenas perceptible, 'lodos los
descubi'imientos metai'ísicos de todos los filósofos, desde el
tiempo de Sócrates hasta la invasión del Norte, no pueden
compararse, en importancia con los verificados en Inglaterra
cada cincuenta años desde la época de Isabel. No hay razón
alguna para creer que los principios de gobierno y de lejis-
lacion fueran mejor comprendidos en los tiempos de César
Augusto que en los de Pericles. En nuestro propio }>aís y en el
trascurso de una sola jeneracion, las verdaderas doctrinas de la
jurisprudencia y el comercio han sido oscuramente insinuadas
atrevidamente propuestas, defendidas, sistematizadas, adoptadas
por los hombres reflexivos de todos los partidos, citadas en
las asambleas lejislativas é incorporadas á las leyes y tratados.
¿A qué debe atribuirse este cambio? En parte, sin duda,
al descubrimiento de la imprenta, invención (|ue no solo ha
difundido ampliamente los conocimientos, sino que, como
recien se ha observado, ha introducido también en los ra-
zonamientos una precisión que no tenían en las antiguas
comunidades, donde la mayor parte de las informaciones eran
trasmitidas en forma oral. Ha existido además, nos parece,
otra causa menos obvia pero mucho mas poderosa.
El espíritu de las dos naciones mas famosas de la antigüedad
era marcadamente esclusivista. Los griegos de los tiempos de
Homero no habían empezado á considerarse como una raza
distinta. Todavía miraljiui con una especie de admiración y
temor infantiles las riquezas y sabiduría de Sidon y de Ejipto.
No es fácil determinar por qué causas ni con qué gradaciones
variaron sus sentimientos. Su historia, desde la guerra de Troya
hasta la de Persia, está envuelta en una oscuridad que solo
disipan algunos escasos y poco intensos relámpagos de verdad.
Pero no cabe duda de que se open'> un gran cambio. Llegaron
á creerse un pueblo privilejiado. Tenían ritos relijiosos comunes
y principios de derecho público de (¡ue no participaban los es-
— 115 —
tranjei'os. Todos sus sistemas políticos ofrecían un aire marcado
de familia, ya íueivín monárquicos, aristocráticos ó democráticos.
Después de la i-etirada de Jerjes y la derrota de Mo.rdonio, la
vanidad nacional llegó á hacer completa la separación entre los
griegos y los bárbaros. Los conquistadores se consideraron hom-
bres de raza sujíerior, destinados á enseñar y no a aprender en
su comercio con las naciones -vecinas. Nada observaron fuera do
sí mismos. No imitaron nada. No tradujeron nada. En ninguno
de los escritores griegos anteriores ú la éi)oca de Augusto, puede
encontrarse la mas lijera espresion (¡uo indique la creencia do
que pueda escribirse en otro idioma que el propio algo digno de
ser leído. Los sentimientos surjidos de la gloria- nacional, no se
estinguieron totalmente con la degradación posterior. Se les
conservó amorosamente en las edades de esclavitud y vergüenza.
La literatura de la misma Roma fué mirada con menosprecio
por los que huyeron en presencia de sus armas y se proster-
naron ante sus haces. Dice ^'oltaire en uno de sus seis mil opús-
culos, que él fué ol primero que informó á los franceses de c|ue
además de! duque de Marlborough la Inglaterra había producido
otros hombres eminentes. Parece que hasta una época muy avan-
zada hubieran necesitado los griegos una información semejante
relativamente á sus vencedores. Conocían bien á Paulo Emilio,
á Sylla y á César. Pero las ideas que tenían de Cicerón y de
Virjilio, eran proljablemente muy semejantes á las que Boileau
llegó á formarse de Shakespeare. Dionisio vivió en la edad mas
espléndida de la poesía y la elocuencia latinas. Era un crítico y
hábil crítico, á la manera de su tiempo. Había estudiado la lengua
de Roma asociado á sus hombres eruditos y compilado su histo-
ria. Sin embargo parece haber creído que la literatura romana
no servía para otro objeto que el de ilustrar antigüedades.
Sus lecturas no han pasado, según toda iq:)arienc¡a, de los
archivos públicos y unos pocos y viejos analistas. Una vez, y
solo una vez si mal no recordamos, cita á Ennio para resolver
una cuestión etimolójica. Escribió mucho sobre el arte oratorio y
sin embargo no menciona el nombre de Cicerón.
Los romanos se sometieron á las pretensiones de una raza
([ue desprecialjan. Mientras su poeta épico proclamaba la pree-
minencia (jue les correspondía en las artes del gobierno y de
la guerra, reconocía su inferioridad en el gusto, en la elo-
cuencia y en las ciencias. Los liombres de letras afectaban co-
nocer el idioma griego mejor que el propio. Pomponio prefería
el honoi' de hacerse ateniense por naturalización intelectual, á
todas las distinciones que podían alcanzarse en las contiendas
— UG —
políticas de Roma. Su gran amigo comiuiso poemas y memo-
rias griegas. Es bien sabido que Petrarca consideraba el her-
moso idioma en (pie están escritos sus sonetos como una jerga
bárbara y confiai)a su fama á esos miserables exámetros lati-
nos que habrán tenido escasamente cuatro lectores en los últi-
mos cuatro siglos. Parece (|ue muchos eminentes romanos han
tenido el mismo desprecio por su lengua nativa comparada
con la griega. L;i preocupación continuó hasta un período muy
avanzado. Juliano era tan parcial con el idioma griego, como
Federico el Grande con el iVancés y parece que no hubiera
podido espresarse con elegancia en el dialecto del estado que
gobernaba.
Aun arpiellos escritores latinos que no llevaron tan lejos
este jénero de afectación, consideraron que la Grecia era la
fuente única de los conocimientos. Do la Grecia tomaron el
metro de su poesía y en jeneral todo lo (jue en poesía puede
ser importado. De la Grecia tomaron los ¡irincipios y el
vocabulario de su filosofía. No parece que hayan prestado
la mciior atención á la literatura de otras naciones. Es de
presumir, por ejemplo', que hayan ignorado completamente
la existencia de los libros sagrados de los hebreos, no obs-
tante que esas obras, consideradas como meras composiciones
humanas-, son inapreciables para el crítico , para el anticuario
V ipara el filósofo. Las peculiaridades del judaismo y el rá-
pido incremento del cristianismo llamaron su atención. Hicie-
ron la guerra contra los judíos. Dictaron leyes contra los cris-
tianos. Pero jamás abrieron los libros de Moisés. Juvenal
menciona el Pentateuco con censura. El autor del « Tratado
de lo sublime» lo recuerda con elojio, jiero ambos lo citan
erróneamente. Esa indiferencia nos llena de asombro cuando
¡)ensamo3 en la curiosa hisloria, on las sorprendentes y ori-
jinales vistas de la Divina Naturaleza y los deberes sociales
del hombre, (¡ue se encuentran en las Escrituras de los judíos,
y considei'amos además que esas h^scrituras eran la regla de
la fé y de la conducta de dos sectas que preocupaban cons-
tantemente la atención del gobierno. El hecho parece ser que
los griegos solo .se admiraban á sí mismos y los romanos á
sí mismos y á los griegos.
■ Los hombros de letras se apartaban con disgusio de unos
modos de pensamiento y do espresion tan diametralmente di-
versos de los que se habían acostumbrado á admirar. De
aquí se derivaba la estrechez y la i'opcticion del pensamiento.
Sus espíritus pi'ocrearon. si asi pialemos espresarnos, sin
— 117 —
salir de un círculo y jior eso tuvieron los caracteres de la
infecuncidad y la dejeneracion. Ninguna fuerza ó belleza estra-
ñas vinieron á injertarse en el tronco decadente. La intelijen-
cia humana desmedró por la atención esclusiva á una clase de
fenómenos y el gusto esclusivo por una especie de escelencia.
Las coincidencias ocasionales fueron convertidas en regla jene-
ral. Se confundió las preocupaciones con los instintos. Se
hicieron muchas observaciones justas sobre el hombre tal como
existía en un estado particular de sociedad y sobre el gobierno
tal como se le encontraba en una porción determinada del
mundo, pero era mu\' poco conocido el liombre como hombre
y el gobierno como gobierno. La filosofía se mantuvo estacio-
naria. Hubo lijeros cambios, provechosos unas veces, perjudi-
ciales otras, en la estructura superior. Pero ninguno so cuidó
de examinar los cimientos.
FA vasto despotismo de los Césares aumentó el mal, al hacer
desaparecer todos los rasgos nacionales y al asimilar unas á
otras las mas remotas provincias del imperio. A la terminación
del tercer siglo después de Jesu-Cristo, los destinos de la hu-
manidad prometían ser horriblemente tristes. Habíase estable-
cido un sistema de etiqueta tan pomposamente filvolo como el
del Escorial. Un soberano casi invisible, una muchedumbre de
dignatarios cuidadosamente clasificados por medio de títulos y
divisas, retóricos que no decían sino lo que ya se había repe-
tido millares de veces, escuelas en que no se enseñaba nada
que no fuera conocido de siglos atrás; tal era la maquinaria
destinada al gobierno y la instrucción de la parte mas ilustrada
de la raza humana.
Esa grande agrupación corría por entonces el peligro de
sufrir una calamidad mucho mas terrible que cualquiera de
las enfermedades rápidas, inflamatorias y destructoras á que
están sujetas las naciones; la de una lonjevidad temblorosa,
senil, paralítica, la inmortalidad de los Struldbrugs, una civiliza-
ción china. Sería fácil indicar muchos puntos de contacto entre
los subditos de Dioclesiano y los híd»itantes de ese Celeste Impe-
rio, donde, desde hace muchos siglos, nada se aprende ni se
ignora, donde son una ceremonia el gobierno, la educación, el
sistema entero de la vida, donde los conocimientos no cre-
cen ni se multiplican y como el talento hundido en la tierra ó
la libra anudada en el pañuelo, no esperimentan aumento ni
disminución.
El emljotamiento fué sacudido por dos grandes revolucio-
nes, moral la una, política la otra, la una interior, la otra es-
— 118 —
terna. La victoria del cristianismo sobre el paganismo, consi-
derada únicamente bajo esta faz, fué de grande importancia .
Derrumbó el viejo sistema de moral y, con él, la mayor parte
de los sistemas de metafísica. Dio al orador nuevos temas para
la declamación y al lójico nuevos motivos para la controversia.
Introdujo, sobre todo, un nuevo principio cuya influencia se dejó
sentir en todas las capas sociales. Arrancó la masa estancada
de los oscuros abismos. Escitó todas las pasiones de una demo-
cracia turbulenta en la quieta é indiferente población de un
imperio exhausto. El temor de la herejía hizo lo que no i>udo
conseguir el sentimiento de la opresión; convirtió en devotos
partidarios y obstinados rebeldes á los mismos hombres acos-
tumbrados á que los manejaran como rebaños, de un tirano
á otro tirano. Los acentos de la elocuencia que por siglos
había enmudecido, resonaron de nuevo desde el pulpito de
Gregorio. El espíritu que se estinguió en los campos de Fili-
pides, resucitó en Atanasio y Ambrosio.
Y, sin embargo, el remedio no fui'í l)astante enérjico pai-a
el mal. No impidió que después de un corto paroxismo de
escitacion, el imperio de Constantinopla recayera á un estado
de estupefacción que difícilmente tiene su igualen la historia.
Vemos allí cómo pudo existir por cerca de mil años, sin
hacer un gran descubrimiento en la ciencia ó producir un libro
digno de ser leído, siquiera sea por pocos y curiosos investiga-
dores, una sociedad civilizada que había conseguido implantar
los mas difíciles y mejor elaborados sistemas de jurisprudencia,
donde eran bien comprendidas las artes del lujo y donde se con-
servaba y se estudiaba cuidadosamente las obras de los grandes
escritores antiguos. Hul)ieron tumultos, también, y controver-
sias y guerras en abundancia . Tales movimientos, malos como
son en sí mismos, han sido jeneralmente favorables á los
progresos de la intelijencia, pero en este caso atormentaron
sin producir estímulo. Se turbaron las aguas pero no des-
cendió ninguna influencia benéfica. Esas ajitaciones recuerdan
nó la lucha del atleta sino los jestos y contorsiones de un
cadáver galvanizado.
El imperio de Occidente fué arrancado de esa situación,
miserable por la mas terrible de las visitas con que Dios ha
castigado jamás á sus criaturas: la invasión de las naciones
del Norte. Tan grande remedio era requerido por tan grande
enfermedad. El incendio de Londres, se ha dicho, fué una ben-
dición. Consumió la ciudad pero consumió con ella la peste.
Lo mismo puede decirse de la devastación tremenda de los do-
— lio —
minios romanos. Aniquiló los repugnantes retiros que servían
de foco á las grandes enfermedades morales, desinfectó una
atmósfera fatal para la salud y la fuerza del espíritu humano .
Mil años de barlxirie costó á la Europa el escapar de la suerte
de China .
A la larga la terrible purificación quedó cumplida y la segunda
civilización dio comienzo bajo auspicios que parecían indicar
que ya nunca retrocedería ni quedaría estacionaria. La Eu-
ropa se había transformado en una grande agrupación federal.
Sus numerosos estados se hallaban unidos por los fáciles lazos
del derecho internacional y la relijion común. Sus institucio-
nes, sus idiomas, sus costumbres, sus gustos literarios eran
muy diferentes. La conexión era lo suficientemente estrecha
para procurar la observación y el adelantamiento recíprocos,
pero no lo era tanto que destruyera el lenguaje de la opinión y
el sentimiento nacionales.
La balanza de la influencia moral é intelectual así estable-
cida entre las naciones de Europa, es mucho mas impor-
tante que la balanza del poder político. En realidad nos
inclinamos á creer que si algo vale la segunda es pi'incipal-
mente porque tiende á conservar la primera . El mundo civi-
zado ha podido evitar así una uniformidad de carácter que
hubiera sido fatal á todo progreso. Todas sus partes han sido
iluminadas con luz reflejada por las otras. La competencia ha
producido actividad donde el monopolio hubiera paralizado el mo-
vimiento. El número de esperimentos en las ciencias morales que
el especulador tiene oportunidad de presenciar, ha aumentado
mas allá de todo cálculo. La sociedad y la naturaleza humana
no se le presentan desde un solo punto de vista sino que se le
ofrecen bajo diez mil aspectos diferentes. Observando las cos-
tumbres de las naciones circunvecinas, estudiando su litera-
tura, comparándola con la del propio país y la de las antiguas
repúblicas, está habilitado para correjir los errores en que
necesariamente caerían los espíritus mas penetrantes si razo-
naran remontando de una sola especie al jénero. Aprende á dis-
tinguir lo que es local y lo que es universal, lo que es transitorio
de lo que es eterno, á no confundir las reglas con las escep-
ciones, á conocer la influencia de las causas perturbadoras,
á separar aquellos principios jenerales que son siempre ciertos
y en todas partes aplicables de las circunstancias accidentales
con que se entremezclan en cada agrupación y que el espíritu
mas filosófico confunde en las comunidades aisladas.
r^s por eso que en las jeneralizaciones los escritores mo-
— 120 —
demos han dejado muy atrás á los antiguos. Los historiadores
de nuestra propia patria no han tenido iguales en la profun-
didad y precisión de los razonamientos, y aun en las obras
de los meros compiladores encontramos especulaciones que
están fuera del alcance de Tucídides ó de Tácito.
Pero preciso es, al mismo tiempo, reconocer que tienen de-
fectos característicos, tan estrechamente unidos á sus méritos,
y de tal magnitud, que puede ponerse en duda, si, en con-
junto, esta sección de la literatura ha ganado ó ha perdido
en los últimos veintidós siglos. Los mejores historiadores
de nuestra época se han apartado de la verdad no por
culpa de la imajinacion sino de la razón. Sobrepujan con
mucho á sus predecesores en el arte de deducir principios
jenerales de los hechos. Pero desgraciadamente han caído en el
error de desfigurar los hechos para amoldarlos á los princi-
pios jenerales. Llegan á sentar una teoría observando algunos
de los fenómenos y estiran ó recortan los fenómienos restantes
para ajustarlos á la teoría. Para ello no es necesario que hagan
asertos absolutamente falsos, porque todas las cuestiones en
moral y en política lo son de comparación y de grado. Cual-
quier proposición que no implique contradicción en sus térmi-
nos puede ser verdadera y parecerá demostrada si se consigna
todas las circunstancias que suscitan una probabilidad en su
favor y se insiste sobre ellas, omitiendo al propio tiempo ó
pasando lijeramente por las que llevan á una conclusión con-
traria. En todos los caracteres y negocios humanos hay una
mezcla de bueno y de malo; una leve exajeracion, una omisión
pequeñísima, el uso discreto de los epítetos, un escepticismo
minucioso é investigador con respecto á las pruebas de un
orden determinado y una credulidad conveniente respecto á
todos los relatos ó tradiciones que se refieran á otro orden,
pueden fácilmente hacer un santo de Laúd ó un tii'ano de En-
rique IV.
Esta especie de representación eijuivocada abunda en las
obras mas preciadas de los historiadores modernos. Herodoto
cuenta su historia como un testigo distraído, lleno de parcia-
lidades y preocupaciones, que no conoce las reglas de la prueba
ni las obligaciones que le impone el juramento, que confunde
lo que imajina con lo (¡ue ha visto y oído y aglomera en un
solo montón los hechos, las referencias, las conjeturas y las
fantasías. Hume es un abogado com|)leto. Sin que positiva-
mente asevere mas de lo f[uo puede probar-. d;i prefereneia á
todos los detalles que favorecen su causa, desliza lijeramente
— 121 —
por sdbre aquellos que le son adversos, aplaude y estimula
sus jM-opios testimonios, discute las razones que parecen desa-
creditai'los y esplica las contradicciones en (jue incurren, para
sacar de tal maneiM deducciones claras y correlacionadas.
Escudriña con la mayor severidad todo lo que en conti-ario se
presenta; un detalle sospechoso provoca sus comentarios é
invectivas, atenúa ó calla lo (¡ue no puede negar, y si hace
algunas veces concesiones es con un candor insidioso, que solo
sirve para aumentar el efecto de la acumulación de sofismas.
Nos hemos referido A Hume por ser el mas hábil y mas
po])ular do los escritoi-es de su clase, pero todos nuestros mas
distinguidos liistoriadores han incurrido de alguna manera en
los defectos que le inculpamos. Gibbon, especialmente, me-
rece la mas severa censura. Entre los numerosos reos,
ninguno es, sin embargo, mas profundamente culpable quo
Mitford. Nos complacemos en tributar el homenaje que es
debido á su laboriosidad y talento. Los historiadores modernos
de Grecia han acoslundarado á escriljir como si el mundo
nada nuevo hubiera aprendido durante los últimos seiscientos
años. En vez de ilusti-ai' los acontecimientos que describían
con la filosofía de una época mas adelantada, juzgaban
á la antigüedad con ol criterio que ella sola suministra.
Parecían creer que las naciones que lentamente se han
venido apoderando de los demás estremos de la literatura
habían adíjuirido por ])rescrii)CÍon el derecho de ocupar este
último baluarte. Consideraban que todos los historiadores an-
tiguos eran igualmente auténticos. Apenas hacían alguna dis-
tinción entre- los que referían acontecimientos de que haljían
sido testigos presenciales y los que, quinientos años después,
componían novelas filosóficas para una sociedad que en el
intervalo había esperimentado cambios radicales. Nada signi-
ficaban para ellos los siglos que separan á Plutarco de Tucí-
dides. tratándose de autores que vivieron en edad tan remota.
La distancia de tiempo produjo un error semejante al ([uc
muchas veces ocasiona la distancia de lugar. Hay mas de una
buena señora que piensa que todos los pueblos de la India se
hallan juntos y envía corteses mensajes á Bombay con un
amigo que parte para Calcuta. De la misma manera, todos los
clásicos fueron contemporáneos para RoUin y Barthelemy.
M. JNIitford introdujo ciertamente grandes mejoras ; nos
mostró que los hombres (|ue escribieron en griego y- en latin
no habían sido siemjjre verídicos, nos enseñó además que la
historia antigua debe ser contaba de modo que no solamente
— Í2-2 —
sirva para proveer de alusiones á los escolares, ainó también de
enseñanzas provechosas á los hombres de estado. Su libro está
completamente exento de esa afición á los efectos teatrales y á
los sentimientos altisonantes que ha hecho malograr casi todas
las obras (|ue sobre el mismo lema se han escrito. Pero su
amor por una teoría no menos falsa y no tan jenerosa, lo llevó
á violar sustancialmente la verdad en cada una de sus pajinas.
Espone los argumentos contrarios á la democracia con una certi-
dumbre segura de sí misma y con la mayor dureza de lenguaje.
Examina con grandísimo cuidado todos los cargos que vayan
dirijidos contra los monarcas ó las aristocracias. Si no los
puede negar, sujiere alguna hipótesis paliativa ó recuerda por
lo menos que algunos detalles, desconocidos hoy, lian ■podido
justificar lo que al presente nos parece injustificable. Si el
mismo autor refiere dos sucesos en el mismo capítulo y uno
de ellos sirve para apoyar la hipótesis mas halagüeña mientras
que el otro parece estar en contradicción con ella, acepta como
verdadero el primero y desecha el segundo, por mas que
ambos reposen en un solo testimonio.
La práctica de falsear los relatos para ponerlos de confor-
midad con la teoría, es un vicio menos perjudicial á los inte-
reses de la ciencia política de lo que á ixnmera vista parece.
Hemos comparado con los abogados á los escritores que han
incurrido en él y podemos agregar que sus argucias contradic-
torias, como las de los abogados, se corrijen las unas por las
otras. Siempre se ha creído, en las naciones mas ilustradas,
que un tribunal está mejor habilitado para resolver con acierto
una contienda, cuando ha oíilo defender á dos hombres espertos,
tan apasionadamente como se quiera, las dos faces opuestas
de la cuestión. Nos inclinamos á creer en la exactitud de esa
manera de pensar. Si es verdad que algunas veces la elocuencia
Y la habilidad superiores pueden producir la creencia de que
lo malo tiene mejores fundamentos que lo bueno, también lo
es que el juez se verá en la necesidad de estudiar el caso
bajo dos aspectos diversos y que ninguna consideración de
importancia escapará por completo á su examen.
Esta es por el momento la situación de la historia. El
poeta laureado (*) representa la iglesia de Inglaterra, Lingard la
iglesia de Roma. Brodie hace gestiones para dejar sin efecto
los veredictos obtenidos por Hume y nos parece que la causa
(*) Soutliey. N. T.
— 123 —
en que Mitford triunfó está á punto de reabrirse. En medio de
tales disputas, sin embargo, vá desapareciendo la historia pro-
piamente diclia, si así podemos ospresarnos. No se encuentra
en ninguna parte el alto, grave é iniparcial resumen de Tucí-
dides.
Mientras nuestros historiadores se ejercitan en todos los re-
cursos de la controversia, olvidan lastimosamente el arte narra-
tivo, la manera de interesar los afectos y presentar pinturas á la
imajinacion. Muchas escelentes obras biográficas demuestran
suficientemente que un escritor puede llegar á producir tal
efecto sin desfigurar la verdad. La inmensa popularidad que
han adquirido los libros bien escritos de esa naturaleza, me-
rece llamar muy seriamente la atención de los historiado-
res. El Carlos XII de \^oltaire, las Memorias de Marmontel,
la Vida de Johnson por Boswell, la de Nelson por Southey,
son leídas con placer por los mas frivolos y los menos
estudiosos. Apenas aparece un libro tolerable de la misma
índole, son invadidas las librerías que lo espenden, se con-
mueven las sociedades bibliolecarias, la nueva novela duerme
con las hojas sin cortar, las revistas y los diarios llenan
sus columnas de estrados. Al mismo tiempo las historias de
grandes imperios, debidas á la pluma de autores eminentes,
quedan abandonadas sin lectores en los estantes de las biblio-
tecas de aparato.
Los escritores de historia parecen abrigar un aristocrático
desprecio por los autores de memorias. Piensan que no es
propio de la dignidad de los que describen las revoluciones
de los Estados, preocuparse de los detalles que constituyen
el encanto de la biografía. Se han impuesto á sí mismos un código
de decoro convencional, tan absurdo como el que ha sido causa
de la ruina del drama francés. Callan ó atenúan los detalles
mas característicos é interesantes, porque son, según dicen,
muy triviales para la majestad de la historia. La majestad
de la historia se parece así á la majestad de aquel poljre rey
de España que murió víctima de las ceremonias porque no
se encontraron á la mano los dignatarios encargados de pres-
tarle asistencia. (*)
{*) El rey que murió víctima de la etiqueta fué, según se dice, Felipe III. Un
brasero encendido que, para comljatir el frió, se habla puesto en el' despacho de
este monarca, lo tenía sofocado en cierta ocasión. No haljíóndose podido encontrar
en los primeros momentos al duque de Uceda, que era el funcionario indicado para
— 124 —
Se i'econocerá, suponemos, que la historia sería mas amena
si se la relevara de semejantes eti([uetas ¿Sería así menos digna
ó de menor provecho? ¿Qué queremos decir cuando enun-
ciamos que un acontecimiento pasado es de importancia y
que otro es insignificante? Ningún suceso pasado tiene valor
intrínseco. Su conocimiento sirve solo en cuanto nos lleva á
formar cálculos jusliíicados con respecto al porvenir. Una
historia que no se subordine á ese propósito, por mas que
rebose de batallas, tratados y conmociones, es de tan escasa
utilidad como las series de tarjetas de portazgo coleccionadas
por Sir Mateo Mita.
Supongamos que lord Glarendon en vez de llenar cente-
nares de pajinas en lolio con las copias de los papeles de
estado en que unas mismas aser-ciones y contradicciones se
repiten hasta dejar al lector exhausto de fatiga, hubiera
consentido en ser el Boswell del Largo Parlamento. Su-
pongamos que nos hubiera descrito la prudente y altiva
independencia de Hampiion, que dirijía cuando aparentaba de-
jarse- conducir y proponía argumentos incontestaliles en su
forma mas abrumadora con el aire modesto de un interrogador
deseoso de adquirir informaciones; que nos hubiera pintado
las ilusiones que estraviaron el noble espíritu de , Vane y el
duro fanatismo que encubría el jénio mas altanero de Crom-
well, llamado a dominar un ejército revoltoso y un pueblo
anarquizado, á abatir la bandera de la Holanda, á detener los
ejércitos victoriosos de la Suecia y á mantener en alto la
lialanza entre las monarquías rivales de Francia y España.
Supongamos que hubiera hecho Indjlai- en su lenguaje peculiar
á los Caballeros y á los Cabezas Redondas, que hubiera re-
producido algunas de las palabras groseras contenidas en las
pajinas de Rupert y una parte de la jerga de Harrison y
Fleetwood. ¿No hubiera sido, acaso, mas interesante su ol)ra?
¿No hubiera sido también mas exacta?
Una historia verdadera en todos los incidentes particulares
puede llegar á ser falsa en conjunto. Los principios que tienen
mayor influencia en la felicidad humana, los cambios en la
moral y las costumbres, la transición de las agrupaciones de
i-etii-arlo, ning-uno de los presentes se atrevió á prestar esto servicio y el mismo
soberano creyó que con ello se comprometerla su dig^nidad. Como tardara muclio
tiempo en llegar Uceda, el excesivo calor fué causa de que se le declarara al rey
una violenta erisipela en la cara, de cuyas resultas murió á los pocos dias. La-
t'uente desmiente categóricamente esta versión. — Traductor.
— 125 —
la pobreza á la opulencia, de la ignorancia á la sabiduría, de
la ferocidad á la benevolencia, son obra, en su gran mayoría,
de revoluciones incruentas. Su progreso muy raras veces apa-
rece indicado por lo que los historiadores se complacen en
llamar acontecimientos de importancia. No los conquistan los
ejércitos ni los Senados los ponen en vijencia. Ningún tratado
los sanciona ni los recuerda ningún archivo. Surjen en todas
las escuelas, en toiias las iglesias, después de haber pasado
por diez mil propagandistas y diez mil hogares. La corriente su-
perior de la sociedad no suministra ningún criterio cierto con
el cual pueda juzgarse de la dirección que llevan las corrientes
inferiores. Se nos habla de derrotas y de victorias. Pero sabemos
que las naciones pueden hallarse miserables en la victoria y
prósperas en medio de las derrotas. Se nos cuenta la caída de
sabios ministros y el engrandecimiento de favoritos corrompi-
dos. Pero debemos recordar cuan peciueño es el bien ó el mal
con que un solo hombre de estado puede contribuir al envileci-
miento ó á la mejora de un gran sistema social.
El obispo Watson compara ti los jeólogos con mosquitos
que, posados sobre un elefante, se pusieran á formular teorías
relativamente al conjunto de la estructura interna del vasto
animal por los fenómenos que observaran en la piel. La com-
paración es injusta para los jeólogos pero es muy aplicable
á los historiadores que escriben como si el cuerpo político
fuera homojéneo y solo atienden á la parle superficial de los
acontecimientos sin pensar nunca en la poderosa y variada orga-
nización que se esconde en las profundidades. A juzgar por tales
autores, la Inglaterra se hallaba en la mayor prosperidad al
terminar la Guerra de Siete Años y en un estado de degradación
y de miseria á la conclusión de la de América, como si, en
definitiva el pueblo no hubiera sido igualmente rico, bien gober-
nado y educado en el primer período que en el segundo.
Hemos leído libros llamados Historias de Inglaterra al ad-
venimiento de Jorge Segundo, en que no se mencionan si-
quiera los primeros pasos del metodismo. Esperamos que de
aquí á cien años habrán desaparecido semejantes autores. Si
es que todavía existen, describirán el último interregno mi-
nisterial en términos que hagan creer que estaba á punto
de desaparecer todo gobierno, (¡ue el contrato social quedó
anulado y que todos se aprestaban á combatir contra sus veci-
nos hasta que la sabiduría del nuevo gabinete hizo que el orden
surjiera del caos de la anarquía. Podríamos asegurar que una
buena pa,rle de nuestros anales adolece de parecidos errores.
— 12G —
El efecto de la lectura histórica es análogo, por muchos
conceptos, al que produce un viaje por el estranjero. El lector
como el tourista se trasporta á otro estado de sociedad. Oh-
serva nuevas modas. Oye nuevas formas de espresion. Su
espíritu se ensancha en la contemplación de la inmensa varie-
dad de leyes, de moral y de costumbres. Pero hay jentes que
por mas que viajen, vuelven con el espíritu tan estrecho como
si nunca se hubieran movido de su aldea. De la misma manera
hay personas que pueden saber la fecha de muchas batallas y
la jenealojía de muchas casas reales sin ser por eso mas ins-
truidas. Son muy numerosos los que estudian el pasado como
los príncipes los países estraños. Mas de un ilustre estranjero
ha desembarcado en nuestra isla entre las aclamaciones de la
muchedumbre, ha comido con el Rey, ha cazado ciervos con
el director de las traillas, ha asistido á una revista de los Guar-
dias y presenciado la recepción de un caballero de la orden
de la Liga, se ha paseado por Regent Street, ha visitado á
San Pablo y tomado nota de sus dimensiones, y luego ha par-
tido creyendo haber visto la Inglaterra. En realidad solo ha
visto unos pocos edificios públicos, algunos hombres públicos
y ceremonias públicas. Pero nada sabe del vasto y complejo
sistema de la sociedad, ni de los delicados matices del carácter
nacional y las funciones prácticas del gobiei-no y de las leyes.
El que se proponga conocer tales cosas no limitará sus obser-
vaciones á los palacios y á los dias solemnes. Debe estudiar á
los hombres ordinarios, tales como son en sus ocupaciones
ordinarias y en sus placeres ordinarios. Necesita mezclarse con
la muchedumbre en la Bolsa y en el café. Tiene que hacerse
recibir en la mesa del convidado y en el hogar doméstico. Pre-
ciso le será sojiortar esj)resiones vulgares y no desdeñarse de
visitar los mi.smos asilos de la miseria. El que quiera estudiar
la condición humana en épocas anteriores, ha de proceder de
la mi.sma manera. Si solo fija su atención en los negocios pú-
blicos, en las guerras, los congresos, los debates, sus investi-
gaciones le serán de tan poco provecho como los viajes de esos
soberanos reales, imperiales y serenos, que juzgan de nuestra
isla, con .solo asistir á unos cuantos espectáculos agradables
en la corte y celebrar algunas conferencias de forma con unos
pocos grandes oficiales.
El historiador perfecto es aquel en cuya obra se muestran
en miniatura el carácter y el espíritu de una época. No con-
signa ningún hecho, no atribuye ninguna espresion á sus
personajes, que no tengan la autoridad de un testimonio
— 127 —
rompetente. Pero, gracias ú una discreta selección y arreglo,
¡¡resta á la verdad los atractivos que la ficción ha usurpado.
I'ji sus relatos se observa la subordinación debida. Unos
lioclios son prominentes, otros tienen menor importancia. Pero
las dimensiones con que los representa, aumentan ó dismi-
nuyen, no según la dignidad de las personas á quienes afectan,
sino en la proporción en que contribuyen á dilucidar las con-
<liciones de la sociedad y la naturaleza dol hombre. Nos mues-
tra la corte, el campamento y el senado. Pero también nos
muestra la nación. No considera indigno mencionar ninguna
anécdota, ninguna peculiaridad de costumbres, ningún dicho
familiar i(ue pueda ilustrar la función de las leyes, de la
rolijion y de la educación y marcar los progresos del espíritu
liumano. No solo se nos deben describir los hombres; es
menester que los conozcamos íntimamente. Los cambios de
costumbres tienen que ser indicados, no tan solo por medio de
unas cuantas frases jenerales ó unos pocos estractos de do-
cumentos estadísticos, sino con imájenes apropiadas que se
presenten á cada paso.
Si un hombre, tal como lo suponemos, escribiera la his-
toria de Inglaterra, no omitiría seguramente ni las batallas,
ni los sitios, ni las negociaciones, ni los motines, ni los
cambios ministeriales. Pero con ellos mezclaría los detalles
que son el encanto de las novelas históricas. En una de las
ventanas de la catedral de Lincoln, hay un hermoso cuadro
¡lintado por un aprendiz en los retazos de cristal que había
desechado su maestro. Es tan inmensamente superior á los
demás de la iglesia, que, según la tradición, el artista ven-
cido se suicidó de despecho. Sir Walter Scott, de la misma
manera, ha aprovechado los fragmentos de verdad arrojados
desdeñosamente por los historiadores, en una forma capaz de
despertarles envidia. Espigando tras ellos, ha escrito oJjras
(|ue. aun consideradas como historias, difícilmente valdrían
menos que las de los primeros. Pero un historiador verdade-
ramente grande, reclamará los materiales que se ha apropiado
(-1 novelista.
l']s' menester mostrar la historia del gobierno y la historia
dol pueblo, en la única forma en que pueden aparecer con
verdad: en inseparable conjunción y compenetramiento. No
tendremos entonces que ir á buscar las guerras y las deci-
siones de los Puritanos en Clarendon y su lenguaje en «Oíd
Mortality », ni una mitad del rey Jacobo en Hume y la otra
en los Fortunas de Nigel.
— 12S —
La parte primitiva de nuestra historia imajinaria se enga-
lanará con el colorido de la novela , de la balada y de la
fábula. Encontraremos en nuestra compañía caballeros como
los de Froissart y peregrinos como los que cabalgan con
Chaucer en el Tabardo. Veremos la sociedad desde lo mas en-
cumbrado hasta lo mas bajo, desde el augusto manto real hasta
las guai-idas de los facinerosos, desde el trono del Legado hasta
el rincón de chimenea en que se regala el fraile mendi-
cante. Darán verdad y vida al cuadro caminantes, menestriles
y cruzados, el augusto monasterio con su buena mesa en el
refectorio y su misa mayor en la capilla, el castillo con sus
cacerías y sus halcones, el torneo con los heraldos y las
damas, las trompetas y las vestiduras de oro. Con mil lijeros
toques se nos hará percibir la imj)0i'tancia del l)urgués privi-
lejiado y el orgullo y espíritu altanero que se lienchían bajo
el collar del villano degradado. No se nos describirá el renaci-
miento de las leti'as en unos pocos y magníficos períodos.
Se nos mostrará con innumerables detalles la fermentación
del espíritu y el vehemente deseo de saber que distinguió al
siglo décimo sesto del décimo quinto. No veremos en la Reforma
un mero cisma que cambió la constitución eclesiástica de In-
glaterra y las relaciones mutuas de los poderes europeos , sino
una guerra moral que estalló en el seno de la familia y lanzó
al padre contra el hijo y al hijo contra el padre, á la madre
contra la hija y á la hija contra la madre. Se pintará á
Enrique con la maestría de Tácito. Asistiremos al cambio de
su carácter, desde su juventud espansiva y alegre hasta su
adusta é imperiosa vejez. Notaremos el progreso gradual de
las pasiones tiránicas y egoístas en un espíritu que no era
naturalmente insensible ni poco jeneroso y hasta el fin distin-
guiremos en él algunos rasgos de ese temperamento abierto y
noble que lo hacían amar del pueblo que oprimía, luchando con
las asperezas del despotismo y la irritabilidad de las enfermeda-
des. Contemplaremos á Isabel en toda su debilidad y en toda
su fuerza, rodeada por los hermosos favoritos á quienes nunca
se confió y por los sabios y viejos estadistas que jamás apartó
de su lado, uniendo en su persona las mas contradictorias
calidades de sus dos padres: la coquetería, los caprichos, la
malicia de Ana, con el altivo y resuelto espíritu de Enrique.
No vacilamos en decir que un gran artista hará de esta mujer
eminente un retrato que esté por lo menos á la altura del
que se encuentra en la novela Kenilwortli . sin usar un solo
rase;o que no teati'a la autorid;id do un ámi>lio testimonio. Ai
— 12'.> —
mismo tiempo se nos liará contemplar la cultura de las artes .
la acumulación de las riquezas, el progreso en las comodidades
de la vida. Veremos cómo las torres desde donde los nobles,
inseguros ellos mismos, esparcían la inseguridad en torno,
fueron dando lugar gradualmente á los salones de la opulencia
pacifica, á los pórticos de Longleat y á los augustos chapiteles
do Burleigh. Sabremos cómo se estendieron las ciudades y se
cultivaron los desiertos, cómo se convirtieron en puertos
riquísimos las cabanas de los pescadores, cómo se mejoró la
alimentación del campesino y se hizo mas cómodo su albergue.
Veremos (jue las opiniones y los sentimientos que suscitaron
la gran lucha contra la casa de Estuardo, surjieron en la
intimidad del hogar antes de manifestarse en los debates par-
lamentarios. Luego vendrá la Guerra Civil. Las escaramuzas
en que Clarendon se detiene con tan prolija minuciosidad, serán
relatadas con la concisión conceptuosa de Tucídides, como
meros eslabones de un encadenamiento. Pero entrarán en el
cuadro y lo harán mas exacto y mas conmovedoi' ¡i la vez los
grandes rasgos característicos de la época, el leal entusiasmo
de la valiente nobleza inglesa, la feroz licencia de los reprobos,
blasfemos, tahúres y borrachos cuyos escesos perdieron la
causa real, — la austeridad de las fiestas dominicales de los
presbiterianos de la ciudad, la estravagancia de los predica-
dores independientes de los campos, el vestido sencillo, la
severa actitud, los meticulosos escrúpulos, el acento afectado,
los nombres absurdos y las frases (|ue distinguían á los puri-
tanos: el valor, la política, el espíritu público que se ocultaban
tras estos desgraciados disfraces, las pesadillas del liombre
delirante de la quinta monarquía y los sueños no menos estra-
vagantes del filósofo republicano.
Las lecciones que han de surjir de la historia escrita de
esa manera, tendrán un carácter á la vez vivido y práctico.
Hablarán á un tiempo á la imajinacion y al entendimiento.
No solo se dibujarán superficialmente en el espíritu, sino
cjue quedarán grabadas en él y así se aprenderán muchas
verdades que solo en esa forma se pueden adquirir. En la
historia de los estados, tal como se la escribe jeneralmente, las
mas grandes revoluciones y las de mayor consecuencia, parecen
presentarse como inflicciones sobrenaturales, sin preparación
y sin causa. La verdad es, entre tanto, que tales revoluciones
casi siempre derivan de cambios morales, que paulatinamente
han ido introducié'ndose en las masas y que en sus comienzos
adelantan mucho camino sin que ninguna medida pública
— 130 -
indique su progreso. El conocimiento íntimo de la historia
doméstica de las naciones, es, por eso, absolutamente necesario
para estudiar la prognosis de los sucesos políticos.
Un relato deficiente bajo este punto de vista es tan inútil
como lo sería un tratado de medicina que pasara por alto
todos los síntomas que se refieren al primer período de las
enfermedades, para ocuparse de aquellos que solo se presentan
cuando el enfermo esta ya fuera del alcance de los remedios.
Un historiador como el que hemos intentado describir seria
ciertamente un prodijio intelectual. En su espíritu se hallarían
equilibradas en cs(|uisita armonía facultades que difícilmente
son compatibles. Mas pronto nos será dado ver otro Shakes-
peare ú otro Homero. El mas alto grado de escelencia á que
una sola facultad puede llegar, es menos maravilloso que esa
feliz y delicada combinación de cualidades. La contemplación
de modelos imajinarios, no es, empero, una tarea desagra-
dable ó inútil para el espíritu. Cierto es que ella no puede
producir la perfección, pero pi-opende á la mejora y alimenta
ese descontento liberal y jeneroso que no está en contra-
dicción con una grande sensibilidad para apreciar el mérito, y
que, al parque exalta nuestras concepciones del arte, no nos
hace injustos con el artista.
DIPTEROLOGÍA ARGENTINA
I'OR
FÉLIX LYNCH ARRIBALZAGA
(Continuación)
VÉASE PÁGINA 345 DEL TOMO I DE ESTA Revista
DIPTEROLOGÍA ARGENTINA
POR
FKLIX LYNCH ARRIBÁLZAGA
(Coiüiiiuacioii)
VÉASE PÁGINA 345 DEL ToMO I DE ESTA Revista
(2). 2. Megarhina separata, n. sp.
($)• Pi'secedente vulde similis, sul)(T?i|ualis , differl
Qutem stiitura minore, thoracis disco fusco-squamulnto ot
paiporum articulo 4" 3" aequelongo. Antenna; fusc« fusco-
plumosee articulo 1" clialybeo - squamato, torulus nigro-
seneus. Caput obscure chalybeum, vértice sub-coeruleuin.
Proboscis nigro-chalybea. Palpi maxillares articulis 4 pri-
niis infra latei-ibusque dilate teslaceis, supra apiceque
chalybeis, ultimo toto obscure chalyboo; articulis 3" 4" que
Ínter se sequalibus, 5° preecedentibus 2 simul sumptis fere
ciequelongo. Prothorax suprá cffiruleus, utrinque argenteus.
MesotJwrax supra fusco-niger, fusco-chalybeo squamulatus,
humeris, angulis posticis scutelloque e squamulis viride-
creruleis tectis, pleuris piceis dense argénteo - squamatis.
* Estos insectos del Chaco, como muchos otros de esa procedencia que se
citarán en el curso de esta obra, fueron traídos por el Dr. Holmberg después de
la expedición que el Superior Gobierno Nacional le encomendó en 1885, y de la
cual ha dado una ligera reseña en el Capitulo I de su Viaje á Misiones ( Bol.
Acad. Nac. vol. X).
— 134 —
Pedes chalybei, femora subías pallidé testaceo-aurata. Alce
limpidae, antice dense, postice parce fusco- squamulatee.
Abdomen suprá segmentis 3 vel 4 pi'imis viride-caTuleis,
uLi-in(|uo iingusto auralis, reliquis purpuroo-clialybeis at
segmentis [lonultimis duobus utrinquc longe, dense, seri-
ceoque songuineo cibalis; inFra auratum medio linea lon-
gitudinali purpureo-chaiybea notatum. — Long. (proboscis
excepta) 8 \ o-'J niillim.
Hab. observ. : Chaco auslraUs in Foiinosa (E. L. Hoi.mberg).
VA Dr. Hoi.MiiERG trajo esta especie de Formosa , capital
del Cliaco Argentino austral. La MecjarJiiita sqxirata se parece
singularmente á la hcemorrkoidcdis, con la cual podría ser con-
fundida, si sólo se atendiei-a á la coloración, y en esta confu-
sión sería muy fácil incurrir si se examinaran ejemplares con
el mesonoto privado de escamillas ; el carácter especitico prin-
cipal se llalla en los palpos, cuyo 4" artejo iguala en longitud
al 3°, al paso que, en la 31. hceuiorrlioidcdis, el cuarto artículo
es el doble ó un tercio mas corto que el tercero, carácter que se
nota i\ primera vista. En la figura dada por M. Macquárt
(I, pl. 1", fig. I"'') pinta los palpos de su M. hcemorrhoidalis (X)
con el 4" artejo apenas un i)oco mas corto que el 3" y los de
la ^ de la misma especie con el 3° casi igual al 4° ; por mi
parte, las diferencias que he notado son mas considerables,
en cuanto se refiere á las longitudes relativas de los dos pe-
núltimos artejos de los palpos, diferencias que me inducen á
pensar, una de dos : ó que Macquárt no observó bien, ó que su
M. hcemorrhoidal/s (C) no es otra que la (|ue acabo de descri-
bir: esta duda sólo podrá ser resuelta con la com}iaracion y
examen de los ejemplares típicos.
II. — Anopheles (Hofkmgg.) Mekíen.
Meigen, System. Besclireib. der bekanntcn curop. zweifiüg.
Insckten (cd. 1) I. 10 (1818); — Latr., in Cuvier, Rcgne
— 135 —
Miiiiii., \, 439 (182;)): — Macot., D¡|>t. d. Nonl de Franco, 102
(1S2:)): — Mac.qt., Hist. nat. d. Diptcres, I, 32 (1834); —
Macqt., Dipt. exot. nouv. ou peu connus, I, 29-31 (1838); —
Blanch., Hist. nat. d. in.s., II, 4r)4 (1843); — Meigen, Syst.
Bcsohreib., (cd. 2)1, 8, II, tiih. 1, í. 11-17 (1851); — Walk.,
List., I, 9 (1848).
(Pl. II, fig. 3,3«)
Antenno' filiformes, feminíie 13-artiruIalao, maris e arliculis
14 compositfe, dense plumosas, femina? verlicillatim pilosa?.
Probaseis longitudine thoracis vel parum longior, por-
recta, linearis, apicem versus sensim anguslata.
Palpimaxillareso-&v\\c,w\ñi\, recti, subcylindrici, apicem ver-
sus leviter attenuati, longitudine proboscidis vel eadem
perparum breviores, squamulati et breviter pilosulli in
vivis eum probóscide parallcli (^) vel probóscide longiores,
plumos!, apicem versus sensim incrassati, ápice extrorsum
divergentes (^).
Thorax, leviter convexus apicem versus sensim attenua-
tus.
Alae. dense squamulatíe, cellulis basilaribus interdum
apertis, id est, nervulis transversi» discoidalibus nullis, vel
eisdem conspicuis.
Pedes longissimi, ungues simplices, modice arcuati.
Abdomen apicem versus gradatim angustatum.
Género pobre de especies, pero que se halla en casi todos
los continentes ; en su régimen de vida, costumbres y organiza-
ción interna, en nada difieren de los verdaderos Culex, pero
no frecuentan las habitaciones, ni los parajes medianamente
elevados, sino que se encuentran en la vecindad de los rios ó
de las ciénagas, donde han pasado sus primeros estados. Sus
picaduras me lian parecido mucho menos dolorosas que las
de otros Cidicidae de igual talla que los Aiiopheles observados
por mí.
Con todo, se asegura que en las orillas del Misisipí apa-
recen formando numerosos enjambres, y que son exti'emada-
mente molestos.
Por mi parte, yo no los he visto reunidos en las grandes y
zumbadoras bandas que acostumbran formar casi todos los
— 130 —
demás CuUcidae. Durante la vida, sobre todo cuando reposan, sus
palpos (á lo menos en las hembras), se aplican paralelamente á
los lados de la trompa, y no los encorvan hacia arriba ó á los
lados como las Megarhina ó los machos longipalpos de los
verdaderos Culicidae: únicamente los machos tienen los últimos
artejos divergentes; el paralelismo, ó, mejor dicho, la rigidez
de los palpos, se conserva siempre, aun después de la muerte.
Dos especies, ambas poco abundantes, habitan en nuestro
territorio.
{'A) I. Anopheles albitarsis, 1''. Lynch A.
Desci'ip. d. tres nuevos Culic. de Bs. As. in Natur. Arg.
I, 150, 2, (1878);— ]•;. Lyn-cii A., Catnl. d. diiit., O, O (1883);—
Ejusd., Bul. d. 1. Acad. Nac d. Cieñe, 1\'. 11 't, O (1883).
( Pl. IV n-. 2 )
V A Capite cincrco, griseo-pilosido . Ociil/s iit)/r/s niif/itsfc
argentco-ciuctis. Probosris ni'gra ápice albicaiite s. cinéreo. Palpis
nigris vel fuscis nigro-squamntis, squamidis ciñereis' adspersis ápice
anmdisqite tribus plus miiiusrc at distincté albo- vel ciucreo-albican-
tibns signatis. Antennis iiigris vel fuscis grisco-pilosulis (V) rcl
cinéreo- fusco-plumosis (A). Tliorace supru cinéreo, obsoktc obscnriorc
nt interdum distincté fusco- 3-lineato; pleuris nigricantibus reí fusco-
testaceis Icriter cinereo-pruinnsis et parce subargoitco-squainnlatis.
Alis lujalinis dense tamen fusco-sqiíarnatis, margine costali deii.sius, ferc
nigro-squaniulaf.o, maculis magnis tribus ciñereis interrupto e squa-
inulis compositis interdum ornato videtur, prope apicem saepe macula
minuta nigricante - sqnamata adest, nervuris reliquis longitudinci-
libus al/crnatim cinéreo nigroque squamulatis, late cinereo-nigroque
aunulcdis vidclur. Pedibus anticis et mediis fuscis reí nigricantibus,
secunduní lucem fJarido-vergentibns , femoribus tibiisque adspersim
parecquc interdum obsolcte albido - vel albo - squamulatis ; tibiarum
ápice albo; tarsorum articulis 1-4 ápice albis, nltimo fere tota albo.
Femoribvs tibiisqve posticis o>nnino iit intermedüs, tarsorum articu-
lis 2 priuiis nigro-fuscis vel }/igris at secundo (ranus primo) ápice
— 1:^7 —
albo, rcUquis nircis. Ahdoniinr ni(¡rir.antc, opaco, ciiicrro-pniiiioso,
parce fusco-vülosulo . — Loiu/. 5-5 1/ 2 milliin.
^'ilI•iat inmalui'us : rcdilnis, pleiirisque iestaceis; uiaculif; alhis
obsoletis.
Hab. ol)sei'v. : Buenos Ayres ia Baradero (F. Lyxch A.). — Lai^
Coiiclias (l'i. Lynch. A.). — Chaco auslralis i¡i Formosa {V^.l^.
Holmbekg).
Es común en el Baradero \ en Las Conchas, Partidos pertene-
cientes al litoral paranense de la Provincia de Buenos Ayres,
y hállasele, aunque al parecer con menos abundancia, en el
Chaco, sobre el Rio Paraguay, de donde he recibido algunos
individuos coleccionados en Formosa por el Dr. K. L. Holmberg.
La esi)ecie varía un poco en el colorido según el estado de
madurez de los individuos: los ejemplares recientemente salidos
de la ninfa tienen, todo aquello que señalo como pardo ó ne-
gruzco, de un tinte testáceo, y los semi-anillos de los palpos
son muy poco visibles; las alas suelen tener toda la región
costal densamente cubierta de escamillas pardi-negras sin que se
note vestigio alguno de las manchas que dejo descritas; el dorso
del tórax parece, en muchos, de un color gris uniforme, pero en
el mayor número siempre se observan tres rayas longitudinales,
ya ligeramente mas obscuras que el fondo, ya muy distintas y
de color pardo. Las picaduras de este Anojúcles son muy poco
incómodas y i'iun parece que no es muy ávido de sangre. No
lo he visto nunca en las habitaciones, ni en ])ara¡es elevados,
y todo induce á creer que no se aparta muciio del charco ó
ciénaga en (¡ue vivió en estado de larva y de ninfa.
(4). 2. Anopheles annulipalpis, F. Lyncu A.
F. Lynch A., El Nat. Arg., I, 149, 1 (1878). — E. Lynch A.,
Bol. d. 1. Acad. Nac. d. Ciencias, IV, 114, O, 10 (1883). —
Ejusd. (Separat). Catal. de 1. üipt., etc., G, G, 10 (1883).
íuscus; thorace badio-sqnamulato, obscure triUneato, palp/'s fiiscis
dense phnnosis (A) reí niíjris, anjciitco-annnlatis (' ' ), pcdilnis farsís-
— 138 —
que nigro-fuscis albo-annulatis , tibiis alho-argcnteo-gitttulatis (A) 'vd
Ijcdibiis nigris argotteo-aimulatis ('^). Copiit cinercum, frontem ver-
sas albo-pilosiü)i. AiitenncB nigricaiiies fiisco-pilosce. (9) vel fiiscaí,
dense plumosce (J). Pfilpi maxiüares recti, nigri, argentco-annulati
(9) vel fusci; sed dense rillosi, cipirem vcrsiis incrassriti, extrorsum
divergentes ( J). Probosris nigrcí, reí nigro-fusca, ápice albo. Ociili
albo-marginaii. Thorax svprá fusco-castaneits, fere ecrvinus, longitu-
dinaliter fusco-3-lineatus : scufcllnm fiiscum, fusco-setosum . Metano-
tum fitsco-rufiini. Pleura' obscure testaceai. Coxce flaridce. Femoi-n
nigra, interne diliitc fiara, externe argenteo-semi-anmilata. Tibia! ni-
gra-, albo-seDii-aninilatm (O), reí fuscre, dense albo-argenteo-gttttula-
t<c ( J). Tarsi nigri reí nigro-fusei, albo-argenteo-annulati, articulo
ultimo toto albo. Alce hgalina: sed nerrura et cellula costcdi nigro-
sejuamulatis, nerruris reliquis alteriiatiiii áureo ct nigro-squainulatis
confuse annulatis ridetur. Abdon/cn fascutn, fusco reí flarido-fuscano-
rillosum. — Long. 7 iinn.
Hab. observ. : Resp. Arg. (Bueno:-; Ayres in Paradero et Las
Conchas) (E. et F. Lynch A.).
Por Abril de 1878 obtuve un ejemplar- (O) de esta bella
especie y posteriormente otro también O, capturado por mi
bermano Enrique; pero, después, mi colección se lia enriquecido
no sólo con algunas hembras más, sino también con dos ma-
chos que son los que me sirven de tipos para la descripción.
Es una especie rara, aun en las orillas del Paraná, región de
la cual parece (]ue no se aleja mucho.
lil. Psorophora, Kob. DESvomv.
Psorophora, RoB. Desv. Essai s. Culicides, 412 (1827); — Ejusdem,
i\Iém. Soc. d'hist. nat. de Paris, III, 412 (1827): — Latr. in
Cuv., Régne anim., V., 440 (1829); — E. Lyncii A., Catal.
(Separat) 6, 5 (1883 ); — E.jusd., Bol. Acad. Nac. Cieñe, IV.,
114, 5, G (1883).
( Pl. II. fig. 2, 2a, b.... i )
Habitus fere omnino ul Culex sed charactéribus genoricis evi-
denter distinctis.
— 139 —
Antcunac feminae parce verLicillaUní pilosae, maris dense
plumosae sedarticulis ultimis2elongatis, linearibus, brevitei-
lanuginosis, articulo ultimo basi parce verticillatiin sotuloso.
Palpi ))/a.rillairs maris pi'oboscidc recta tere duplo lon-
giores, articulis ultiuiis 2 sursum vorsus curvatis, articulis
2 primis minutis, 3« lineare apicem voi'sus leviter incrassato,
proboscidis fere longitudine ct cum eadem subparallelo,
modice plumoso, sequentibus 2 s. 4" — S^que 3" paulo
crassioribus, pilosulis, 3" conjunctis subaequelongis, inter
. se subaequalibus ultimo lamen ápice modice rodundato prae-
cedente parum crassiore, compresso, breviter villosulo; t'e-
minae proboscidis tertiam partem attingentcs, ai'ticulo l"bre-
vissimo, 2" 3"(|ue obconicis, 3" 2" fere duplo longiore at
4" plus du¡)lo breviorc elongato-obconico, 4" lineare, elongato.
interne subplano, externe longitudinaliter convexiusculo,
breviter jtiiosulo, apicem versus densius squamulato et
piloso, ultimo minutissimo vix conspicuo, 4" multo an-
gustiore, ovato-subrenitbrme, sub squamulis obtecto.
Alae cellula 1^ submarginalis 2^ postica haud vel vix
longior; cellula basilaris interna externa subaequelonga.
Callus ImmcyaJis s. opercubis ])rc-stig7naticus magnus.
Pedes valde elongati, fcmorum ápice, tibiis , tarsisque
praesertim posticis breviter atque dense squamato-ciliatis,
nngtiiculis tarsorum in paribus ómnibus int'ra dente elon-
gato acuto armatis fere fissis videtur (O) vel in pedibus
anücis et mediis unguiculis inaequalibus una interna ex-
terna plus duplo breviore infra médium versus longe uni-
dentata, altera externa elongata infra longius bidentata,
sed unguiculis posticis aequalibus uni dentatis (^)-
Abdomen feminae oblongum apicem versus angustatum,
maris angustum, depressum, subparallelum utrin([ue longe
parce tenuiterque villoso-lanatum.
Este género difiere de Culex ¡lor la conformación de los pal-
j)OS y la de las uñuelas, en ambos sexos, así como también
por la forma del abdomen en los machos, y el muy reparable
vestido de escamas y cerdas erizadas que cubre sus tibias
y tarsos, tanto en las hembras como en los machos. Bajo el
l)unto de vista de la pequenez del último artejo de los pal-
laos de ¡as hembras conviene con mis Ochlerotatus y Taciiio-
rhynchus y relativamente á los dientes que arman sus uñuelas
se liga á OcMc m tatas , Jnii(hiii.osoin% y á los machos de los
géneros Helcroiujclia y Tueiiiorhynchiis.
— 140 —
Rechazado el género Fsorophora por casi lodos los autores,
(|uizá más por haber sido mal definido por Mr. Robineau (quien
lo fundó sobre la presencia de unos apéndices móviles que no son
oti-a cosa que los opérculos estigmáticos del protórax, que exis-
ten en todos), que no porfjue faltasen los caracteres esenciales
para constituir un buen género, ('> abondonado por falta de
examen mas detenido, necesario se hace devolverle su verda-
dero rango. Y si digo que por falta de examen detenido no ha
sido mejor considerado el género de Mr. Robineau, es porque
lo corrobora el hecho de que el docto y exacto Latreille
atribuye ocelas á la única Psorophora por entonces conocida
(Rcgn. anim. 1. cit.) y que Macquart experimentadísimo dipteró-
logo, no sólo describe, sino que figura (Dipt. exot. Suppl. W . 11.
tab. 1, f. 1) unos palpos imaginarios entre los dos palpos
maxilares normales, de manera que resulta un Culicklae con
seis palpos : dos maxilares externos, otros dos internos y los
dos labiales que terminan la trompa. Es propio del continente
americano; frecuenta los bostiues cercanos á ríos ó ciénagas
y no sé que se le encuentre en las llanuras descubiertas y
sin arbolado. Sus ¡licaduras deben ser muy dolorosas, dada la
gran talla (|ue distingue á las dos especies que describo.
(5.) 1. Psorophora ciliata (Fabr.) Rob. Desvoidy.
Cnlex ciliatiis, Fabr., luitom. System., I\^, 401, 6(1794): — Ejusd.
Syst. Antliat., 35, 10 (1<S05). — Coquee., 111. icón, insect., 121,
tab. 27, f. 7 (1804). — Wuíd., Dipt. exot., 36 et 39(1821).
— Ejusd. Ausser. zweifi. Ins. I, 3, 5 (1828). — St. Farg.
et Serv., Encycl. Méth. X, 058 (1825). — Macqt. Suites a
Buff. I, 36, 15 (1834). — AValk., List, of Dipt., 1. 2, (1848).
— Macqt. Dipt. Exot. Suppl. IV, 11, pl. 1, f. 1 (1850).—
O.ST. Sack., Catal. North Am. Dipt. (ed. 2»), 18 (1878).
Culex molestus, Wied., Dipt. exot., 7, 4 (1821).
Psorophora ciliata, Rob. De.sv., Essai Culic, 412, 1 (1827). —
Wauk., List. I, 2 (1848). — E. Lynch A., Catal. dipt. descr.
R. d. la Plata (Separat) 6, 8 (1883). — Ejusd. in Bol. Acad.
Nac. d. Cieñe, IV, 114, 8 (1883).
Culex conierrens, Walk., Dipt. Saunders., 427 (1856j.
(PI. IV, fig. 3)
Fusca rcl flavido-tcstacca dense albtdo- ,iel flaricaiite-squamata,
peles testacei dense i/i¡/r(i-]iirto-sq>iaiiutt/, Irtrsi riUiido-aiiníflali. Ceiput
- líl —
fnscuin rcl fesfaccinn driise albido-faricíuitc squaniiilatii)», pilis f/iscis
praedituui, antice nuditm laevc, j^osíice lineóla inedia longitud i nali
laeri, mida nigraque iiistructum. Ociili post-mortem nigrí, in viris
rirides ad cuprciiin vcrgcntes. Antcnnae plus minusvc infnscatae. in-
terdtiin festaceae, basi dilnfiorcs. flaridac reí testacrae, fondo tei^ta-
ceo, feíninae paree fiisco-pilosac, ¡naris dense longeqne fuscano-
phimosac. Prohoscis testacea ápice infúscala, dense alliido- nigroquc
squamulata. Palpi testacei ápice plus minusve obscuriores, maris pro-
bóscide longiores, modicc dense longeqne fuscano-pluniosi, feíninae
breres dense parido- nigroqne ciliati ct squamati. Thora.i: suprd albido-
vcl flavicante squan/afns. fnscano-pilosus, medio lineis dnabns fuscis.
angustis, parallelis, longitndin.ahilcr prrcursus, uhi¡n¡ue rifta nutcnli-
fonni, ju.rta scntelluní a mcsonoti inediujn extensa, antice abbre-
riata punctoqitc rotundato mesonoti médium versas latercdem sito, nigris,
instnictus. Scutelluní albido-flavescente-squamulatiim. Pieurae dense
cinereo-flavido- vcl flavido-alhicante sqnamulatae. Pedes dilute testacei,
fcmoribus parce, tibiisfarsisque dense nigro-sqnaniulato-hirtis, farsoruin
articulo 1" interdum 3'^ pallidé testareis, reliquis basi farido-albícanti bus
vel albis, ápice nigris. Alae leviter flavicantes, fuscano- sqnamulatae.
Abdomen elongalum, oblongo-conicum, suprd inf raque dense flavicante-
squamulatum, tenuiier fuscano-villosimi (O) vel elongalum, tliorace
triplo longiore, angustum, piarallelum, tenuiter fusco -fiar ido-squanni-
latum, vtrinquc longc sáldense villoso-lanatum CX) — Long. 7-9 inm.
Huí), i )\)SQr\.: Carolina, LC. U. (Fabk.); Georgia V.. IJ. (Wif.d.,
McQT., Walk.); Kslados Unidos (Walk.); l'^st. d(3l Atl:inlici.)
(OsT. Sack.): — Resp. Arg., Buenos Ayrcs ¿« Las Conchas (K.
Lyxch a.): — Cliaco in Formosn (TL L. Holmiíer*;): — Misiones
(E. L. HoLMB.); — Honduras (Walk.).
Es muy varial)le, tonto en la talla como en la intensidad de
la coloración. Sucede en mas de un caso que los anillos de
los tarsos apenas son visibles, mientras que en otros son muy
aparentes; lo que sí no he notado en ninguno, es la lianda
dorsal ferruginosa sohrc el abdomen, que le atrilniyc jMacqt'art
(Hist. d. Di[)t. 1. c). La especie no escasea en el Delta inferior
del Paraná, y sus ludiitos, según parece, son exclusivamente
silvícolas en el estado perfecto, pero donde es comunísima
y molesta .sobre toda ponderación, es en las grandes selvas
anegadizas del Chaco, á lo menos, así lo acredita el gran
número de ejemplares que el Dr. Iv L. Holmbero me ha traído
de esa región, y las narraciones de algunos (|ue han tenido
que haííer conocimiento con la aguda lrom[)a de este díptero.
— 142 —
Nunca lo lie visto, ni croo cjue exista, en la región de las
llanuras desprovistas de bosques y donde aun las mismas
ciénagas y lagunas tienen una duración precaria.
(G.) 2. Psorophora Holmbergii, n. sp.
Nigra; prohosc/ilc priJp/sij/ir nti/ris: mcmaoto cinereo-niíjro 3- vittaio,
capilc postice et infrá, plciiris ab(Ioi)//i¿cqiic ci nereo-sq uamulaí is . Coxis
nigro-]JÍceis, femoribiis tiltiisque flavis, hís fere ubique, illis ajñce
dense nigro-squnmnto-hirUiUs, tarsis basi albo-flavescciitibus subar-
gentcis ápice nigr/s. — Loiig. ('v^) 7-S mm.
Statiira i>raecedcntis, dilTci-t auloni colore nigerrinio, capito
])Oslicc lineóla destitulo, el mesonolo cinéreo, nigro-3-vit-
tato. Antennae nigrae, nigro pilosae, torulus obscure testa-
ceup-, fere rufus. Caput nigrum anticé obscure teslaceum vel
piceuní, posticé iniVri(|ue dense griseo-cinerco-síiuamulalum,
(juam praecedentis longius ])ilosum; lineóla longitudinalis
postica deest. OcuU nigri. Palpi niaxiUares nigro-[)icei, nigro-
s(p.inniidati. Probaseis nigni, t(Miuitor nigi'ii-l'Liscd-jjruinosa.
Thornx nigci'rimus, supra dense gi'iseo- cinei'co - sipuimu-
latus, \itlis tribus nigris ornatus, una media longitudinidi
sat lata alteris(|U(> duabus lateralibus imtice abbreviatis
ad scutelli mcdiinii lateralem postice oxtonsis. Plemrte gri-
seo-cincreo-pruinosae. Coxae {)iceae vel nigi'o-piceae. Pedes
testacei at femoi-n dilutiora fere flava, femorum ápice ti-
biisque dense nigro-squamato-lui'tis, tnrsi antici nigro-
fiisci obsolete albo-annulati, 7nedii articuln primo sccun-
doque basi albo-subargentea, jjostici articidis í j)rimis
ápice dense nigro-squamato, basi subargentea, ultimo foto
nigro. Abdomen, nigrum suprá ¡uri'fi(|ue cinereo-sípianiatum.
Hab. obsei'v. : Chaco in Fonnosa ( M. L. Holmberg).
Poseo dos hemijras de esta Lionita Psorophora, descubierta
en el Chaco por el Dr. Holmberg, á (juien la dedico.
— l-i3 -
IV. Ochlerotatus, nov. íícii.
Ab hy\T,pi<i molestas (su[)orl. ¿«ts?)
( Pl. 11, fig-. 5-5a...r/)
Antennae proboscidis fere longitudino, tenues, sat longe
verticillatim j)ilosae (O) vel diniidio breviores, articulis
basalibus 2-12 densissime longecjue phimosis, brevibus
obconicis, i'ebquis 2 elongatis Unearibus villosis (^).
Palpi maxilknrs h\ utroijiie soxu 5-articulati, feíuinae
breves, articulis 3 primis brevibus oijconicis, 4° pracce-
dentibus siniul suinptis aequelongo sed crassiore elongato-
ol)conico, ultimo minutissimo subter sfjuamulas saepius
obtecto, maris rectiusculi, proboscidem fere paralleli, pro-
bóscide paulo longiores, apicem versus gradatim incras-
sati, dense longe(|ue subplumosi, pennicillati, articulis duobus
primis brevibus, minulis, obconicis, 3" elongato lineari
apicem versus incrassato, probóscide fere quarta parte
l)reviore, 4" praecedente breviore sed apicem versus magis
incrassato, dense longeque praesertim subtus plumoso-pen-
nicillato, 5° i"subae(|uelongosed crassiore, elongato, oblongo,
apiro subtruncatuld, dense longe pcnnirillato-plumoso, bis
ultimis 2 ulriuípie (^^^¡ressis.
Prohosc'is tborace líjugior, mai'is tennis feniinae paiüo
ci'assior, recta, at in utroque sexu post mortem saepe
ápice sursuní voi'sus Icviter iucurva videtuí'.
Thorax ovatus, convexiusculus, supra postice sat longe
pilosus, scutellnm transversum margine |)iistica li'ilobatiun,
Idiiis l.il('i';diiiiis (listinctis iilquc minufis ( ^ ) xel obsolc-
tis (U).
Akie cellula [¡rima submarginalis (piarla jiostica fere
aequelonga sed angustior; cellula basilaris externa in-
terna distincté longior.
Pedes longissimi, tenues; imijues subías pune médium in
utro(|ue sexu denliculo acato armati at maris ungues antici
majores et unguicula cxlerua ¡nlci'ua duplo longior cras-
siorcjue.
Abdomen maris elongaluní, Uioi'ace angusliore, suLipara-
llelum, basin versus Icviter angustatum, depressiusculum,
utrin(|uc longe sat dense viiloso -lanatum, feminac tlio-
raci.' prope duplo longius, clongato-elliiitiruní .
— 1 Í4 —
Genero afine de Psorophora, Taeniorlnjuchus y Janthinosonia, pero
diverso por el conjunto de sus caraelere.s. Se ajiroxima mu-
(•l]ísiino ii mis Tacniorhynchus , por la conformación do los
palpos y de las antenas en los machos, pero no concuerda
con los palpos de las hembras, pues en Ochlerotatus el 4"
artejo es alargado obcónico, al paso que es casi i)aralelo en
el gónero coa (píe lo cotejo; de las O de Taeniorhynchus se
a¡)arta desde luei;o por sus uñuelas uni-dentadas en la arista
inferior, conviniendo en este carácter con las Fí^oropUora, pero
difiriendo de ellas en todo lo demás. Muchos de los caracte-
res de Janthinosoma pueden serle aplicables, pero en tal género
las uñuelas de las O son inermes, y la forma de los palpos
maxilares es distinta. Tres especies, la una há tiempo des-
crita y las otras nuevas, ó que por tales las tengo, represen-
tan este género en la República-
(7) 1. Ochlerotatus albifasciatus (Macquart) F. Lynch
(Pl. IV fig. 4)
C'ulex iilljifascidhis, Macqt., Dipt. exol., I, 35, i (183S).
Oulex vittuttis Y PiiH... ^'orlL. zool.-ljot. C.esell., X\', 51)0,0(1805)
nec BiGOT.
FiisfH'S reí //ii/ro-fiisc/is; iiicsonotum Ixidio-, reí cerrino, sqncuiuda-
tiiiii, ritta loiiijitudiiiali media riuirginibiisijiic ¡aferaltiu/s /larido-auratis
ornattmi; ahdúnien nigrum, dorso vilta longitiidinali media cinérea
iiistrurfum; pedes dilute flaridi, fibiae farsique fitsci.
Caput flarido-sericeo-sqitamulatuDí, parce fusco- pilosum. Anten-
nae nigro-fuscae feíninae fitsco-pilosae, maris dense longeque fuscano-
plumosae. Proboscis nigro-fnsca; pialpi fere oiigri, breves (O) vel elon-
guti, f/isci, sat dense longeque fusco-villosi, apicem versus sttbpennicillati
( í )• T/tora.r supra badins vel rnfo-cervtnus, vitta media longihtdinali
et utrinque fascia sat lata loiigitiidinali fl.avido-auratis praeditus;
anticé et postice sefosas; jjlenrae griseo ■cinéreo - pruinosne ; sculrllmn
cervinum, fusco-pilosum. Coxae flavidae cinéreo -sqaamulatae; feniora
dilute flavida apicem versus sensim ohscuriora ápice infúscalo; tibiae
tarsique fuscis, tenniter griseo - squamulati. Alae hyalinae sat dense
fusco-squamatae. Abdomen supra nigrum, vitta media longitudinali
albido-cinerca notatum, latercm versus i ii fraque albido-cincreum, te-
nuissimc fuscano-villosullum {'A vel elongatum, purallcl/im, sordide
— 145 —
fusoiiii, sitpra ritta media longitudinali cinereo-albicantc e inacnlis
ohtriaugnlaribits roinpositn instnictum, suhtus cincreum, ntrinquc
loucje fiíscano-villoso-lunatum (^j- — Long. 5-6 milliin.
Hal). oljscrv. : Brasilia (Macqt.); Chile (PniLW.); Buenos Ayres
in Baradero, Chacalraco, Chascomús, Chivilcoy, Navarro, Las
Heras, Las Conehas (F. Lynch) et in ínsula Antequera (E. L.
Hoi.MB.): Misiones (E. L. Holmberg).
l'ls el mosquito mas común ó incómodo de las llanuras de
Buenos Ayrcs, y fuéralo en ma) rn' gi-ado, si no ofreciese la cufiosa
particailai'idad de no frecuentar las linliilaciones, en las que
sólo accidentalmente se le encuentra. Cuando cruza un ginete
los parajes infestados por el O. albifasciatus, pronto se lanza
sobre él una zumbadora banda que toma posesión de la ca-
beza ó del somlirero, i'opa y cal)aliíadLU'a del transeúnte; en
estos casos siempre se posan del lado opuesto al viento; si es
un cari'uaje el asaltado, en brex'C se inti'oducen en él, cubren el
techo y costados, acosando al viajci'o cnn inccsiuites ata([ucs,
va aisladamente ó ya en tumulto; mas apenas se llega á sitios
babiladns, desaparecen todos como poi' encanto. Esta misma es-
pecie deiie ser la (jue, unida i'i los t:'d)anos, dificulta en ciertas
estaciones (.'I aquerenciami<'nto de los ganados caljallar y vacuno
en algunos puntos del extremo oeste de la Pi'ovincia de Bue-
nos Ayres, tales como Tren(iue-Lau(|uen, Guaminí, etc. Escasea
en el Norte de la República, pues no ha sido recogido sino
un solo ejemplar (O), en los diversos viajes que el Dr. Holm-
berg ha efectuado al Chaco, Corrientes, Misiones y Salta, no
obstante el celo (pie ha desplegado en coleccionar cuanto [lu-
diera interesarme.
La descriiH-ion del C. vittatus Pun.., conviene en gran parte
á nuestra especie, pero el autor dice de la suya ^ithorace pilis
destitnto» agregando uwogegen die líarchen auf dem Rückeyi selbst
fchlen» \ i( Sehr ausgezeiclmet ist die silberiveisse Langsbinde auf
dem Hinterlcib». lo que no cuadra al O. albifasciatus y menos
aún los tarsos, que parece son anillados de blanco en el C.
vittatus: en consecuencia, sólo con mucha duda lo indico como
sinónimo posible, mas no seguro.
— 14G —
(8) 2. Ochlerotatus confirmatus, n. sp.
Fuscus; capite posticc gríseo -ser icco- tocto; niesonoto cmtice plus
dimidio argénteo -sub-aurato-sericeo vest/to, posticé fusco-cerrino-squa-
mulato, fuscoqiie piloso; abdomine supnl iiigro-ftisco leriter inolaceo-
vergente, segmentis basi al.bo-sericeis, subtns griseo-scrireo; antennis,
palpis, geitículis tihiarum ápice iarsisque ftiscis. Probaseis ápice fusca
basin versas diluHor. Fedibus paJlide flavidis. — Loitg. 5 millim. (O).
Anteniiae obscurc f'uscne sal longo vcrticillatini íusco-
l^ilosae, torulo et articuli) primo basiu versus testaceis.
Caput antice nudum obscure piecuiii, ])Osticc griseo-seri-
ceo leviter argenteo-squamatum, fusco pilosum, subtus
piceum. Oculi ia vivís viridi, post-mortem gi'iseo-oHvacei.
Probaseis fusco -test a cea, ai)icem \ei-sus fusco-picea. Paipi
obscui'é ¡licei fere nigri. Tliorax supra aiiti-orsuiuque plus
dimidio dense apresse griseo-argentco-, le\iter suli-aurato-
sericeo-squamulatus, postice ct utrinquc summo margine
ol)scui'e C(>rv¡no- Síjuamatus, anticé ¡lilis dcstitntus vide-
tur sed posticé sat longo denseque f'nscu-pilosus. ScutcUum
obscuro cervinum f'usco-pilosum. Plearae anticae piceae,
mediae et posticae jiiceae at griseo sericante sub-argenteo
micautes. Alac liyalinae sat dense fusco-síiuamatae. Halte-
res })allidi, capitulo leviter testacei. Pedes iiallidc ñavican-
tes, tarsi anlici levileí' infuscati; gcniculis mediis pos(icisi[ue
tibiarum apic(^ tni-sisquc dilulí' fuscis. Abdoincii su|)ra nigro-
fusi'Lun, secundum lucem ad \¡olac(Him vergens, tran\('i-sim
albo-sericeo-fasciatum, subtus griseo-sericeo tectum.
o'
Hab. observ. : Prov. Buenos Ayi-es iii Navarro prope ripas
Saladensis flavias [V. Lyncu ) ; Cliaco ia Forn/osa (M L.
Hoi-mherg).
Dos liemlíras, ca/.adas por nu'. en Mayo de 1887 en la Pro-
vincia de líucnos Ayres, cerca del lüo Salado, y otras cinco
recogidas por el 1)r. I'Iduaudo L. Hoi.miíkik; en í'o/v«o.srí (Cbaco),
en las niiÁrgencs del Rio Paragua)', son los únicos ejemplares
que lie visto. Los ejemplares clia(|ueños son un poco mayores
que los bonaerenses. También se asemeja al O. vittatus Phil.,
pero carece de rava dorsal en el abib'imen.
1Í7
V. Taeniorhynchus, aov. gen.
A -caivia fascia ct P'jyx*': rostriim.
(Pl. 11. fig. 4, 4(1... í/)
Antcnno! femina3 simplice-s, filiformes, sat longe villosulaí
articulationibus parce verticillatim setuloste, mari.s articulis
2-12 dense plumosis, obconicis, basi tenuibus ápice sub-
capitulatis, apicalibus duobus elongatis, linoaribus, pilosu-
lis, parce verticillatim setosis. Palpi ma.dllares probóscide
evidenter longiores, apicem versus incrassati, rectiusculi
cum probóscide paralleli, articulis 2 primis minutis, 3° elon-
gato ápice incrassato, in'oboscidis projie 4'' parte breviore,
dense et preesertim subtus pennicillato-plumoso, 4° 5" que
Ínter se fere aequelongis at simul sumptis 3" parum bre-
vioribus, his ambobus longe pennicillato-villosis, 5° oblongo
ápice acutiusculo (^) vel in í'aemina probóscide multo bre-
viores, apicem vorsus sensim crassiores (5" excepto) arti-
culis duobus primis brevissimis, obconicis; tertio elongato
obconico, leviter arcuato, quarto elliptico sul)fusiibrme,
praecedentibus íere acc[uelongo, ultimo u" minutissimn, vix
conspicuñ, submembranaceo. Proboseis recta, thorace puruui
longior, palpis maxillariiius paulo crassior ('j^), apiccui
versus in ulroque sexu nonnihil incrassata s. tumidula.
Tliorax ovatus, convcxus, sat longe deasccpie villosus, utrin-
que setulosus; .s-CTí/r//M//í. transversum, 3-lobatum, lobo medio
distiacto lateralibus obsolelis, jiostice longe setosum. Ake
tenui.ssime pilosuli, dense squamulataí, cellula prima sub-
marginalis 4"^ postica sub^queelonga sed angustior, cellula
basilaris interna externa distincte brevior. Pedes longissimi;
tarsorum articulo 1" tibia aequfelongo vel breviore; reliquis
simul sumptis 1" rc(p,ielongis ; tingues l'eminffi simplices,
clongati, inaequales, modice arqunti, maris unguícula ex-
tcraa interna duplo loagiore subtus poae médium dente
elongato armata, interna mutica, acutiuscula, modice ar-
cuata. Abdomen thorace duplo (O) vel prope triplo longius
{X\ sub-parallelum ápice rotundatum (^) vel truncatuluni(^]
sat longe villosum at in maris utrinque loagius villoso-
lanatum.
— 148 —
Es parecidísimo á Ocklerotatus en gran parle de sus detalles,
pero se distingue bien por la conformación de los palpos en los
machos y la de las uñuelas en las hembras. En cuanto á sus
costumbres, ditieren de los Ocklerotatus por ser tan incómodos en
el camiio y en las selvas como en las habitaciones.
(9) 1. Taeniorhynchus taeniorhynchus, (Wied. ) F. Lcii. A.
Ctilex taeniorh¡iuchits, Wied, Dipt. exot. 48, 1 (1821): — Ejusdem
Ausser. zweitt. Ins., 1,8, 14 (1828): — Walk., List of Dipt.,
I, 3 (1848); — ScHiN, Novara Reise Zool. Dii)l., II, 31, 4 (18(38);
— OsT. Sacken., Catal. N. Amer. Dipt. (ed. 2^'), 18 (1878); —
E. Lynch A., Catal. 5, G et in Bol. Acad. Nac. d. Ciencias.,
.IV, 113, 6 (1883).
Culex damnosus, Say, Journ. Acad. Philad., III, 11 3 (1882); —
Compl. writ. ed. by Leconte, II, 40, 2 (1859).
Cukx titillans, Walk, List. 1, 5 (1848).
Culex solMcitcDis, Walk., Dijit. Saunders., 427 (1856).
Fuseus; thorace obscure cervino; prohoscis dilute fusca (^) vcl
fusca medio cingulo albido signata (9); aiitennís palpisque f uséis
fuscano- plunwsis (¿) vel his fusco-niyris simimo ápice albido (9);
abdomiiie nigro-fusco anguste albido-fasciato ; ¡Jcdibiis fuscis vel fusco-
nigris at femoribus pallidis fuscano-squamatis et tarsis albo-annulatis.
Capul fuscicm, piosticé obscure ciiiereuní O vel cinereo-subargciitcum
(X)- Ocnli nigri ad viridem vergentes, angustissime argenteo-mar-
ginati. Antennac fuscae interdum obsolete albido - annulatae, maris
dense fusco-pilumosae feminae sal longe nigro-fusco -pilosae. Proboscis
maris fuscana leviter aurata, feminae nigro- fusca nicdio albido-
flavicante annulata, interdum basi ditute picea ápice nigro-fusco uiedio
annulo albido ornatae. Palpi feminae nigro-fusci summo ápice cine-
rascentes vel albicantes, maris fusci fusca no-plumosi, articulationibus
angustissime stib-cineiris. Thorax suprá obscure cervinus vel fasco-
castaneus sat longe fusco-setosus ; pleurae fuscae cinereo-pruinosae.
Alae hyalinae at dcnsissimé nuigncque fusco-s(¡uamidatae. Pedes fusci
vel nigri, tenuiter flavido-squamutati: feuiora dilute flavida antror-
su)n fuscano-squamata, tarsi antici albo-, vel albido-trimedii-, quadri-
postici 5, annutati tarsoruui articulo primo tibia parum tireriore.
— 149 —
Abdomen maris supril diliite fuscum e sqnamidis nigris et fusco-
aureis permixtis tcctum, uirinque longe fuscano-rillosum (A) ve.1
ntgro - fuscum suprá fusco - áureo nigroque atomarhim , segnicntis
superis postice fascia augusta flavido - suhargentea extrorsuní magis
angustata, ornatis, sahtus fuscum, griseo-squamatum. — Long. 0-7
millim.
Hob. observ. : Méjico (Wied.); — Estados Unidos «z Pensilvania
(Say, Wied.): — Florida (Walk.): — Estados del Atlántico
(OsT. Sagren); — Honduras (Walk.): — Am. Merid. (Schin.);
— Rep. Argentina in Buenos Agres, Las Conchas, J]aradero{E.
Lynch A.); — Chaco in Formosa (E. L. Holmberg); — Misiones
(E. L. HoLMB.); — Entrerios in La Fax (E. L. Holmberg).
En esta especie, la mayor parte de las escarnas alares tienen
una forma particular; es muy variable en el color y aun en la
talla. Los ejemplares coleccionados por el Dr. Holmberg en
el Chaco son notaljlemente mas obscuros y pecjueños que los
nuestros, y también el anillo de la trompa y los de los tarsos son
de un blanco mas puro que en los tipos bonaerenses. En nuestro
territorio habita el Delta y las márgenes del Paraná y abunda con
extremo en Marzo y Abril; frecuenta las habitaciones más que
otro alguno y sus picaduras son mas dolorosas que las de los
demás CuUcidce que conozco. Este es el mosquito negro, al que se
refiere Holmberg en su ^'iaje á Misiones. Afortunadamente
para nuestros campesinos, este Tceniorhynchus no vive en las
llanuras del interior de la Provincia de Buenos Ayres, ni se
aparta mucho de las riberas de nuestro gran Rio. Parece, tam-
bién, que no gusta de los grandes centi'os de población, á lo
menos, es raro en Buenos Avres v en sus inmediaciones.
(10). 2. TEeniorhynchus confinnis, n. sp.
Nigro-fiiscus; ahdomine rábido fasciato; jn-oboscis late alho-annu-
lata; pedibus ohscure fuscis, tibiis albo-guttatis, tarsis anticis et
mediis articulis 1-3 jwsticis ómnibus, basi albis. — Long. 4 ^ 2-0
millim.
Preecedente valde similis et aflinis .diflert autem statura
minore, colore obscurioro, probóscide latiore albo-, velalbilo-
— 15U —
annuiata el prccsertim alarum squamularum forma optimé
distincta.
Antennce fusco-piceae tenuissime griseo-villosae, nigro-fus-
co-pilosae. Caput obscure fuscum, antice coffeato-squama-
tum, postice fusco- squamatum. OciiU nigro-fusci. Prohoscis
basi summa infuscata ápice nigro-picea, medio fere juxta
basin in vivís albo-, posl-morlem albido-flavicante late annu-
iata. Palpi maxillares picei. Tliorax obscure piceus, suprá
coffeato-squamulatus, satlonge praesertim retrorsum versus
nigro-fusco - setosus; pleurcB obscure cinéreo -pruinosee. Alce
hyalinoe, dilutissime flavidee, nervuris e squamulis elongatis
claviformibus marginatis. Halteres sordidé pallidi, obsolete
fuscano- capitulati. Pedes obscure fusci, coxce piceae, tro-
chanteres testacei vel testaceo-picei, /cy/^o/Yí antica fusca parce
albo - adsperse squamata, paulo ante apicem annulo angusto
albo - cincta, postica basin versus pallida, tíbice extus albo-
guttatee intus concolores, geniculcB alboe, tarsi antici et medii
articulis 1-3 postici ómnibus vel 1-4 basi albis vel albi-
cantiljus; tarsorum articulo 1° tibia distinto breviore. Ab-
domen obscui'e fuscum supra coffeato - scjuamatum, angusté
albido -fasciatum, tenuiler fusco-pubescens. subtus griseum.
Hab. observ. : Cbaco in Fonnosa (E. L. Holmberg).
Es muy fácil de confundir con el T. taniorhynchus, Wiedemann
sobre todo si solo se posee ejemplares estropeados, pero, por
poco que se conserven las escamas de las alas, basta este carácter
para distinguirlos; en efecto, las escamillas pertenecen al tipo
alargado y claviforme que se halla en Ckdex, Psorophora, etc., y
no al securiforme corto y ancho que se ve en el T. taniorlnjucltus.
Cinco ejemplares, todos hembras, figuran en mi colección. Pro-
bablemente es también llamado mosquito negro, confundiéndolo
con la especie precedente de cuyas costumbres, porfía, y a\idez
de sangre, debe particijiar.
(11). 3. Taeniorhynchus fasciolatus. «. sp.
Niger; probaseis albo- 3 -annuiata; thorace vitta inedia lata testacea
aurato-squttinidata juxta scutelluin. exteuse ornato; alis dense fusco
squamatis; feuioribus ante apicem albo-annulaiis; tibiis albo-argentco-
guttatis; tarsorum basi alba. Abdoniine subchalybescente utrinqiie uni-
scriatim argenteo-iucu-(datü. — Long. (prohoscis exclusa) 5 niilUni. (9).
— 151 —
AitUnixc iii,m'<)-l'Lise.T, parce at l(>ngc x'crticillafiín l'usco-
pilitsiv, iirliculationibus plus minusve anguste alhicantibus;
torulus testaceus. Caput nigro-ruscum, posticc albido-argen-
teo-squamulatum, parce breviter fusco-pilosum. Oeuli ohsc\ive
viridi angustissime argenteo-marginati. Paipi maxillares ni-
gro-fusci, fusco-pilosulli, ápice nivei. Probaseis recta nigro-
fusca, basi annulo obsoleto albo-notata, médium versus late
albo- cingulata, ápice distincté albo. Thorax supr'a obscuro
piceus, villa media longitudinali, lata, testacea, áureo rufes-
co-squamulata, juxta scutellum extensa, signatus, supra bre-
viter atrinque longius fusco-setosus ; scutellum dense aureo-
rufesco-squamulatum, setis destitutum videtur; pleurce picese
griseo-pruinosae ; siernitm testaceo-piceum, metanotum piceum
griseo-pruinosum. Alte hyalinaB al densissime nigro fusco-
squamatce, cellula 2^ postica b'^propcsosqui iireviore. Halteres
flavicantes. Coxa sub-testaccie; trochantcres sórdido testaceo-
ñavicantes, griseo-pruinosi; /ewo^rí nigra internó basin versus
flavicantia, ante apicem annulo niveo ornata; geiiua puncto
albo signata; tibim nigrge, argenteo-guttulatae, ápice albee;
tarsi nigri, articulorum basi nivea. Abdomen suprá nigro-
cbalybeum, sogmentis ápice lateribusque parce fusco-cbaly-
boo-pilosis uti-in(|ue serie una e maculis rotundatis argen-
teo-niveis composita ornatum, subtus piceum vel piceo-cba-
lybeum, segmentis posticc ídbo-marginatis.
Hab. oljserv. : Navarro in l'ivixincia Bunaerensi.
No be visto sino dos Iiciid)i'as coleccionadas por mí en el
Oeste de Buenos Ayres, por Marzo de 1886; Se asemeja á Culex
fasciatus Fabr. {nec Wied.) del que difiere en tener la trompa
anillada de blanco puro y no toda parda, y en que sus palpos
sólo tienen íjlanco el extremo del 4° artejo y todo el 5° y no la
base de todos los artejos como ocurre en C. fasciatus; además,
la raya dorsal del tórax es testacea con escamas dorado-rojizas
en mi especie y nó blanca de nieve, los muslos con anillos
blancos de plata, las tibias goleadas de plata y todos los artejos
de los tarsos con la base blanca de nieve y no patas pardas con
sólo los tarsos anillados de blanco como en C. fasciatus; final-
mente el abdomen uniformemente pardo en la última especie,
es negro-violáceo con una fila de manchas plateadas en cada
lado de él en mi T. fasciolatits. Parece afine de C. tceniatus, Wied,
por el color y manchas del abdomen, así como por el colorido
de las patas, pero la raya dorsal del tórax es única, y la trompa
es anillada en mi Tceniorhynchus, mientras que aquella es triple
— 152 —
y ésta es vbraun ohne Bindenn en el Ciilex con que lo comparo. Por
razones análogas se aparta de los C. exagitans Walk. y C. to.ro-
rhynchus Macqt. Indudable relación tiene con el TcEniorhynchus
tmniorhynchus (Wied.) F. Lynch A., pero es muy diverso en lo refe-
rente al color del tórax y abdomen, así como también por el
número de anillos que ciñen su trompa. Por Noviembre de 1887
copturé un maclio de TcetiiorJiyuchus con palpos larguísimos y
muy plumosos, pero no había alcanzado aún todo su desarrollo
y murió antes de la madurez, de manera que no me fué posible
comprobar si pertenecía á esta especie ó á otra atine, aunque sí
tengo la certidumbre de que no corresponde á la de Wiedemann.
A diferencia del T. taeyüorhynchiis, sus escamas alares son
alargadas y claviformes como en Psoroplwra (Hg. 6*) y en la es-
pecie anterior.
W. Janthinosoma. nov. gen.
Ab lavOivsq violaceus ct Iw¡j.x corpus
(Pl. II!, fig. 1-5 h.)
Antennae 13-articulntae, filiformes, parce sat longe vertici-
Uatim setulosae, tenuiter villosulae (O) vel 14-articulatae,
articulis 12 primis brevibus, obconicis, basi tenuibus ápice
sul)ciipitulatis, dense longe plumosis, uUimis 2 linearibus
breviter pilosullis, 13" ápice verticillatum setuloso.
Palpi maxiUarcs ( ^ ) fere ut in Taemorhyndio at feminae
articulis 4 primis brevibus obconicis ultimo linud minuto
sed oblongo, praecedentibus conjunctis longiore crassiore-
que.
Froboscis recta, longitudine thoracis.
Tkorax ovatus, convexiusculus, sat longe praesertim pos-
ticé setulosus.
Alae modice dense squamatae, celulla I'' submarginali
-4' postica parum longiore sed angustiore, pedículo celulla
prope duplo breviore, celulla 4^^ postica cum pedículo sub-
aequelonga, celulla basilari interna externa distincté bre-
viore; squamulis elongato-claviformibus.
Pedes sat elongati ; tarsorum articulo 1" tiliia lireviore
— 15:? —
al sequcalibus i siinul suniptis acqueldogo : líiigiics feíninae
elongati, subtus unidentati inter se aequales, modicé ar-
cuati,' maris ungues sat elongati infi-á denliculo acuto mu-
niti, inaequales.
Abdomen feminae apicem versus modice angustotum iitriii-
que siibparalellum, maris elongatuin, ¡¡arallolum, depressum
utrinque sat longe villosum.
Este género participa de los caracteres de varios, pues tiene,
de Culex los palpos femeninos y de Taeniorhynchus los de los
machos, las uñuelas tanto en los machos como en las hem-
bras son de Ochlerotatiis así como las escamillas y el abdomen.
Parece que sus hábitos son esclusivamente campestres.
(12) 1. Janthinosoma discrucians (Walker) F. Lynch A.
Cidex discrucians. Walk., Dip. Saunders, 430 (1856). — E. Lynch
A. Catal. (Scparat) 4, 2 et in Bol. Acad. Cieñe. IV, 112, 2
(1883).
pi. IV, fig. 6;
o ( I ) . Nigrícans Icviter chalijbescens. Capite posticc ct infrá
pallide-aurato sqitamato. Antennis fiiscis. Probaseis ohseure chaJijbea.
Paipi maxiUares maris probóscide multo loiigiorcs ápice pennicillati,
foiiinac brevis obsoire chnhjbei. Thornce supra fiisco-cervino sqiia-
midato utrinquc et iiifrd grisco-subaurato. Alis limpidis antice dense
j)0stice pardas fusco -sqnaniiilaiis. Pcdibus obscure cliahjbeis at femo-
ribus basi late pcdlide flavidis, tarsis posticis articulo 4" basi fascia
dilute flavida ornato. Abdomine sitpi-a chalybeo, segmento 1° late
áureo- fimbriato, reliquis haud fimbriatis sed utrinque auratis, arcu-
biis ventralibus pallide auratis. — Long. 6 millim.
Hall, übserv. : Am. Merid. (Wai.k.) República Argentina. Pro-
vincia Bonaerensis iii Las Concitas, Zarate, Paradero (E. Lynch
A.); Chaco in Formosa (E. L. Holmberc, ).
Es bastante escaso, aunque no raro; gusta de los parajes
frescos y cubiertos y no frecuenta las habitaciones : á las loca-
lidades en las que ha sido observado \)or mi hermano, porte-
— 154 —
nocientes todas ellas al litoral del Paraná, se deben agregar
Navarro, Chivücoy y Chacahuco, partidos del Oeste de Buenos Ayres
donde he recogido ejemplares de este Culícido y el Chaco en
cuya región lo halló el Dr. Hoi. misero. Los individuos típicos
de Walker han debido hallarse en mal estado de conservación
pues no menciona las escamas pardu/.co- rojizas del mesonoto,
el cual cuando está desnudo parece negro, y le atribuye : v Abdo-
men ivith tesMceoits bands beneatk» las que, en efecto son mas ó
menos aparentes, cuando el vientre pierde todo ó parte de sus
escamas de color dorado claro. Parece afine ó del grupo del
Culex violaceiis. (Hoff.mgg.) Wied.
(13) 2. Janthinosoma ? oblita. n. sp.
(A ) Squistaceits s. obscurc cinereiis, ienuissimé cinerco-pniinosiis:
ontcimaruDí articulis 12 primis basi temdbus pall/disq/ic ápice capi-
lulatis, capititlis piceis, ómnibus haiid dense sed Iccitcr pallidc fus-
cano plumosis; articulis 13-14 fttscis. Oculis nigris. Probaseis dilute
testacea basi apicequc infiiscata. Palpis piroboscide longiores articulis
basalibiis 2 brcvibas 2JÍceis, reliquis 2 pallidé flavis, tcnuitcr villosu-
lis, ultimo deest. Pedilms pallidé flavis, articulatioiiibus obsolete tcs-
taceis; tarsorimi articulo jjrimo tibia brcviove: uiigues poslici [reli-
quis desunt.) snt elongati, inaequales, interna externa pilus duplo
minore, rnfrá denticulo acido longinscnlo praediti. Alas hyaünis vix
flavicantibus , dilute ¡xirceque fusco squamulatis , squamulis temdbus
elongatis; ccllula prima siibmarginali pediculo duplo longiore; 2"
¡nóstica jjrdiculo suu subacqurlouga. — Long. 4'/., niillim.
Hal). observ. : Navarro in Provincia Bonaerensis, circa Sala-
densis íluvius.
Ls ciianlo puedo d(>cir de un Culicidac (^) bastante estroiiea-
(io. que capturé |)or iMar/M de l.SSi. Pai'écemc que corresponde
])ien al género Janthinosoma en general, poro sus palpos, en los
que falta el último artejo, presenta una delgadez y curvatura
análogas á las Heteronyclia, circunstancia que me induce á poner
un tanto en duda la exactitud del lugar que por hoy asigno á
esta especie.
VIL — Heteronycha. iiov. gen.
(Pl. II, fig. 1-5)
Ab s-cepoq dirersiis ct ovu-/o; ungucs
Facie omnino ut Culicc (s. str.) at ungues (^) infrü aculo
unidentati, vel simplices, vel quam in CuUce magis elon-
gati parum arcuati (O).
Antcnnae 13 arLiculatae, filiformes, porrectae verticilla-
lim pilosae (O) vel 14 -articulatae articulis 1-12 obconicis,
brevihus inter se subaequalibus basi tenuibus ápice capi-
tulatis, dense longeque plumosis, sequentibus 2 tenuiter
villosis, elongatis, cilindricis iiraecedentibus 9 simul sump-
tis fere aequelongis, penúltimo ultimo paulo longiore (^).
Palpi maxillares 5-articulati, filiformes, probóscide longio-
res, sursum versus incurvi, ápice acutiusculi; articulis 2
primis haud-conspicuis, brevissimis, obconicis, 3" sequen-
tibus 2 conjunctis aequelongo, 4" 5° -que subaequalibus,
ómnibus 3 modice plumosis ( ^ ) vel brevissimes, articulis 3
primis brevibus obconicis, 4" elongato obconico praeceden-
tibus, longiore crassioreque ultimo minutissimo cónico ( ^ ).
Probaseis thorace capiteque conjunctis parum longior,
linoaris, porrecta, apicem versus levissimé incrassata.
Tliorax suprá- convexus dense appresse-squamulatae setis
retrorsum reclinatis in seriebus-apertis dispositis praeditus.
ScuteUiim minutum, subsemicirculare, haud setosum.
Pedes elongati, tenues ; ungues antici et medii inaequales,
interna externa minore, infrá médium versus dentículo
acuto armati, postici minutissimi aequali submutici ( ^ )
vel sat elongati aequali parum arcuati (O) tarsorum arti-
culo 1° tibia paulo longiore.
Alae angustae, sublanceolatae, cellula prima submargi-
nali }>ediculo breviore at 2^ postica pedículo aequelonga.
Abdomen omnino ut Oulice (O) vel capite thoraceque simul
sumptis duplo longiore, depressum, subparallelum posticé
leniter ampliatum utrinquc longe tenuiter villosum.
El aspecto de las Heteronycha es tan parecido al de Oulex,
que es muy fácil equivocarlas con los representantes de este
— 156 —
género, mas basta un lijero examen de las uñuelus y palpos
en ambos sexos, para ciarse cuenta de su independencia gené-
rica. Las Heteronycha (á lo menos la especie que conozco),
tienen hábitos mixtos, en parte campestres y en parte domés-
ticos.
(14) 1. — Heteronycha dolosa, n. sp.
Habitus fere Culice flavipedis. Capite thoraceque testaceis dense
flavido squamatis hoc siiprü ohsolete ohscíiriiis 3-lineato. Proboscis
antennis palpisqiie infnscatis (A) vel eísdem dilnte testaceis (9);
pcdibiis dihífe testaceis saepc apicem rersus plus minusve infnscatis.
Alis hijalinis fusco -sqiiamulatis. Abdomine fusco suprá cdbido-flavi-
cante fasciato. — Long. (proboscis exclusa) 4-5 millim.
Capul testaceum, posticé obscuriore, flavido-squamulatum,
fusco pilosum. Oculi nigri angustissimé saepe aegre dis-
tincté argénteo- marginati. Antennae fuscae vel testaceae,
torulus testaceus, feminae fusco pilosae, maris modice
dense fusco -plumosae articulis ómnibus basi albidis. Pro-
boscis saepius testacea (O) vel fusca ( ^ )■ Palpi testacei,
fusco pilosullae (O) vel plus dimidio basali testacei ápice
fusci sat longe plumosi ( 'X ). Tliorax testaceus suprü fla-
vido-squamulatus lineis longitudinalibus 3 medio obsoleté
percursus fusco -pilosus, utrinque oljsolelissimé cinéreo
|ii'uinosus. Alae hyalinae modice fusco - squamatae. Pedes
dilute testacei saepe tibiae tarsique fuscis. Halteres pallidé
testacei. Abdomen suprá fuscum, segmentis basi fascia albido-
flavicante extrorsum ampliata ornatis, utrinque (^) sat
longe fusco-villosum, infrú flavidum sparsim fusco-squa-
mulatum.
Hab. observ.: Prov. Buenos Ayres in Las Conchas, Zarate. Para-
dero. Navarro, Chacabuco.
Sorprende á primera vista la casi identidad de esta especie
con el Oulex flavipes Macqt , del cual sería difícil sino impo-
sible apartarlo, tomando por- guía esclusiva el colorido; es sólo
por un examen atento de las uñuelas que se llega á distinguir
su diversa estirpe. Esta especie es abundantísima en las costas
- 157 -
é islas del rio Parani'i durante los meses de Enero y Febrero,
disminuye en Marzo, y desaparece ó es rara en Mayo. Pi'eliore
las casas al campo, y aliado al C. flaripes y al T. tacniorlnjn-
chus, constituye uno de los mas molestos huéspedes domésti-
cos, pero no obstante participa en mucho de los hábitos cam-
pestres del O. albifasciahts Macqt., con la diferencia de que no
se contenta con perseguir al viandante hasta las habitaciones,
dejándolo allí, sino que se introduce en ellas para no perder
la presa apetecida. En Ikíenos Ayres es comunísima en prima-
vera y verano, en las quintas que rodean la Cai)ital Federal;
mas en el centro de la ciudad es bastante rara, y ocupa el
principal lugar el Culex flavijies.
VIII. Culex (PlIN.) LlNNAEUS.
(Pl. III, ñg. 1-9).
LiNN., Fauna suec. (17G1); — Meigen, Klassif. d. zweifl. Ins. I.
Aufl. i (ISOi); Latr., Gen. Crust. et Insect. IV, 25G (1809) ;
— Ejusd., Hist. nat. d. Crust. ct d. Ins. XII, 2HÍ (1802); —
Meigen, Boschreib. d. bekannt. zweiílüg. Insekten, I. 1, I,
(ed. 2=^) (1851); — Wied.m., Dipt. exot. G (1821); — Latr.,
Regne anim. in Cuvuír, V, 439 ( 1829 ) ; — Hob. Desvoidy,
Essai sur la tribu des Culicides ín Mem. Soc. d. Hist. Nat.
d. Paris, III (1827). — Guérin, Genera, entr. 2, N° 9, pl. 2
(1835). — Macquart, Hist. nat. d. ins.. I, 33, 2, Atlas pl. I,
fig. 1 bis 2 (1834). — E.iusD., Dipt. exot., p. 29 et 33 (1838);
— Blanch. Hist. d. insectes. I, 454 (1845).
Antennae filiformes 13-ai'ticulatae, feminae simplices api-
cem versus semsim attenuatae parce verticillatim pilosae,
articulis ómnibus subaequalibus, maris 14-articulatae, arti-
culis 12 basalibus brevibus subaec(ualibus, dense plumosis,
reliquis 2 lineai-ibus, elongatis, subnudis ve! breviter pihi-
sulis.
Ociili medio frontis fere conjuncti s. vix persiticué sepa-
rati.
Palpi maxülares maris 5-articulati, lineares, apicem ver-
sus attenuati, longitudine proboscidis vel parum longiores,
sursum versus arcuati, plus minusve villosi vel [¡lumosi.
— 158 —
feminae brevissimi, pilosuli, articulis 4 priniis bi'evibus
SLib-obconicis 5° oblongo-ovato praecedentíbus longiore.
Prohoscis linearis, longitudine tboracis, recta, plus minusve-
squamulata et pilosula.
Thorax ovatus, convexus; sciitellum minutum transversum
plus minusve setosum, mdanotum convexum, nudum.
Alae angustae, sub-elipticae, l'cminne abdominis longitu-
dine vel paulo longiores, maris abdomine saepe brevio-
res, cellula 1" submarginali 2-^ poslica longiore, cellula
basilari interna externa breviore ; nervulis ómnibus et
alarum marginibus squamulatis.
Pedes elongati, teretes, sparsim spinulosi, tarsi tibia lon-
giores ; tarsorum articulo 1° tibia breviore, ungucs minuti,
breves, fortiter arcuati, mutici, at maris antici inaequales,
interna externa prope duplo breviore.
Abdomen e segmentis 8 compositum, feminae oblongo-
ovatum vel oblongum, maris saepe angustum, parallelum.
Este género del cual se deriva el nombre que distingue á la
tribu de Nemóceros de que me ocu])o, lia sido tomado por
todos los autores, que cito en la bibliografía, en un sentido
mucho mas extenso que el que yo le atribuyo aliora, mas, por
muchas divisiones que en él se hagan, siemiire permanecerá
como una de las agrupaciones mas numerosas en especies
entre todas las de la tribu. Se distingue esencialmente de Hctero-
nycha por los palpos de las hembras diversamente conformados
y por sus uñuelas pequeñas, inermes y curvas en ambos sexos,
mientras que son mas largas, delgadas, menos encorvadas y
con un diente agudo por debajo en los de Heterouycha.
(17) 1. Culex flavipes, ]\1acquart
Culcx flavi^jes, Macqt., Dipt. exot., 1, 1, 3.5, 5 (1838).— Blanch.
in Gay., Hist. fís. y polít. de Chile, Zool. MI, 332, 1, lúm. 1,
f. 1 (1852). — Philippi, Verhandl. zool.-bot. Gesellsch., XV,
595. 1 (1865). — E. Lynch A., An. Soc. Cient. Arg., X, 6,
1 (1880). — E.IUSD. Calal., 4, 3 (1883) et iii Bol. Acad. Arg.,
IV, 112 (1882).
— 151) —
Culcx scrotmus, Piiii.., Aufziihl. d. Cliil. D¡iit.. 1. 1 (1805).
Cíilrx nwlcxtiiíf. Kdi.i.AR, Bras. vor/.. last. Ins., |S7, f. 13 (1832). —
W.WAí.. TiMiis. Lina. Soc. oC London, XVII. 331, 1 (1837)
nec WiKD. (1828).
(Pl. IV, fig. 7-7")
Ccipite fesfncco iii(/ro rcl fusco - piloso . Verter infcr ácidos fkivo-
bi-setoso. Probaseis fusca- basi fhivida. Anteiinis jialpisque sórdida
flavicnniibus saepe fnscescentibiis illis in mare fnscano - jiluiiiosis, iii
femina parce sefulosis, his in mare probóscide paulo longioribus mo-
dice dense ¡ongeque fiiscaiw - jñlosidis, fondo , testaceo. Thorace
suprá rufo reí testaceo, inferdtim fiisco-cerrino aiirato-squainnbdo sed
longe (pracscrtim rctrorsxiii ) fuscauo- flarido- sctvloso, medio dorso
linealis diiobas intcrdiiin obsoletis fusco -cinerascentibus vel fiiscis
longitudiruditer percurso, ple/iris iitagis testaceis teniciter cinéreo -vel
alindo -jJruinosis. Alis liiupidis dilute fiiscano-squainulatis. Pedibus
pallidc flavicantibiis, fiiscano-squainvkdis, tarsis fnscis; nngvihiis mi-
nutibits, inermes, fortiter arcuedis. Abdomine suprá obscure fusco vel
testaceo -infuscato, basi scgmentoruiii pallidé flavida c squamidis albi-
dis tecta, infra dilute testaceo griseo-pruinoso et squamidcdo. — Loiig.
4-6 millim. ( ^ V )•
Hab. observ. : Cubile tu Concepción (Macqt.), in Prov. merid.
(Blancii.), in Santiago et Valdivia (Phil.). — Brasil (Koll.). —
Respui)lica Uruguayensis in Montevideo (Walk.). — Respublica
Argentina in Buenos Agres {\']. Lynch A.)
Esta especie se asemeja mucbo al C. pipicns., Linn., como ya
lo ba observado Philippi al describir su C. serótinas; también
es muy afine, á lo menos en la coloración, del Cidex pallipes
Macqt. {nec Meigen) y del C. pallipes Meig. {nec Macqt.). Su
aspecto, sobre todo el de las bembras, no difiere mucho del
que ofrece cl tii)0 de mi género Heteronycha, mas basta un
ligero examen de las uñuelas para reconocer no sólo su diver-
sidad específica sino aun la de su agrupación, pues son muy
pequeñas, arqueadas y desarmadas en uno y otro sexo de los
verdaderos Culex, mientras que, en las Heteronycha son uni-
dentadas en los macbos y en las hembras. El C. flavipes abunda
en la ciudad de Buenos Ayres y en casi todos los pueblos de
la Provincia del mismo nombro, pues, mas (juc ningún otm,
frecuenta las habitaciones y la i>roximidad del hombre. No lo
— 1 (■)(.) —
he visto nunca en de.sjinbludo: propágase abundanlonicnte en
los pozos, algibes y otros depósitos de agua.
Mn esta especie, y seguramente ocurre otro tanto en las de color
claro, las hembras que son cazadas con el abdomen lleno de san-
gre, parecen tenerlo negro-violáceo después de secas, y las bandas
transversales l>lani|uecinas son muy poco aparentes, á causa
de la distensión de los tejidos, (|ue separa las cseamillas en-
tre sí.
La célula subuiurginal es triplemente mas larga (|ue su
pedículo y la segunda posterior es casi igual al pedículo, que
le sirve de base.
(18) 2. Culex Mosquito, Rob. Desvoidy
Pl. III. fiír. !
Culex Mosquito, BoB. Desv., Essai. Culic, 390 (1827).— Macqt.,
(Suites i'i ButTon,) Diptéres, 1,35,8 (1834). — Guérin, Genera;
entr. 2, 9, pl. 2, tig. 1 (1835).—!':. Lynch A., Catal., (Separat)
4, 5 et in Bol. Acad. Ciencias, \i, 112, 5 (1883).
Culex fascialus, Wied., Aussereurop. zweifl. Ins., I, 8, 13 (1828)
neo Fabricius.
Culex frater, Ron. Desv., Op. cit. (1827). — Osten-Sacken, Catal.
North. Am. Dipt., (ed. 2^), 19 (1878).
Nigcr. arfjcntco-giittatiiü ct li/iratiis; pedibus albo-argcutco-annu-
latis. Capite nigro, fronte, vértice et oculorum margine postica argen-
téis. Probóscide nigra. Falpis nigris, feminae ápice argenteo-squaniato,
maris probóscide ¡yaulo loiigioribus articuUs iiltimis tribus basi albis,
tcnuitcr fusco-villosis. Antciinis obscuro fuscis fuscano-plumosis (^)
vcl nigris sat longe fusco - pilosis (O), torulo argénteo. Tliorace
nifjro sub-velutino siipra médium rersus lineis longltudiualibus inter-
diim posterius in- una conjunctis videfur lineisque latcralilms antror-
sum cinn alterisque scmi - circulnribus diiobus sejunctis ómnibus
argentéis signaio. Scutello trilobo, argénteo. Fleuiis argentco-
maculatis. Alis hyalinis obscuré fusco -squaniiilaiis. Pedibus nigris,
femoruní basi infrá plus dimidio basali alba; tarsis postieis articulis
3 pirimis basi late albis ( O ^ ) nltimis duobus totis albis ( ^ ) ai
in femina 4" summo ápice nigro; mediis intermediisqne articulis
— i<;i -
(hiohuít ijrimis, ttacpc fcrfio, basi albis, rdiquis fuscis vel nigris.
UiKjnibus iiigrüs. Gen/culis argentéis. Abdomine nigro vel nigro-fusco,
segmentis siiperis posiice argentéis, utrinque prope Diargineai beriatim
argenteo-maculatis, maculis triangular ibus, subtus sericeo-albido- ciné-
reo. — Long. 5-6 luillim.
Hab. observ. : India Occid. (Wied., Ron. Desv.). — Cuba (Ron.
Desv., Macquart, Guérin). — Jamaica (Walker). — Resp.
Ai'gentina (E. Lynch A.) in Buenos Agres.
Macquart, al mencionar esta especie, la coloca entre las de
pies unicolores, siendo así que son anillados; probablemente
debe ser un olvido del autor. Mi descripción difiere algo de lo
observado por Guérin; en efecto, el distinguido entomólogo ha
dibujado un macho con el último artejo de todos los tarsos de
color blanco, mientras que, en mis ejemplares es pardinegro
en los dos primeros pares de pies y blanco solamente en el
tercero; además dá como anillado el 4° artículo tarsal, cuando
esto suele ocurrir en los pies del par posterior, pero no en los
anteriores, donde el artejo es del color del último y aun gene-
ral mente el 3" es pardinegro sin ningún i-astro blanco. Todo
el resto de la figura de Guérin y la descripción concuerda n bien
con mis ejemplares. El Culex Mosquito frecuenta las habita-
ciones y los sitios arbolados, pero aquí está lejos de ser tan
molesto como el anterior, mientras que en Cuba, según M.
Macquart, es la especie mas incómoda durante la estación
lluviosa. Jamás lo he visto reunido en bandos de alguna con-
sideración, y, cuando mucho, he notado grupos de cuati'o á
cinco individuos de ambos sexos, tratando de acoplarse en el
aire. En Buenos Ayres no es raro de Noviembre á Enero y
aun ii fines de este mes he capturado una pareja en cópula,
cuyo macho haliía perdido en la' lucha casi todos los pelillos
plumosos de las antenas.
IX. Áedes (Hdkfmcí;.) Meigen.
System. Beschr. d. bekannten europ. zweiflüg. Ins., I, 10, III
^1818), (ed. 2), (1851) et VI, tab. 65, fig.'l — 3 (1830); —
Macqt., Hist. nat. d. Dipt., 37 (1831). — Blanch. Hist. d.
ins. II, 454 (1845).
— U\2 —
Antcnnae 13-articulntae, filiformes, verticillatim pilosae (O)
vel 14-articulatae, arliculis 12 ¡¡rimis Ijrevibus, obconicis,
subaequalibus, dense loiiííoque [ilumosis et reliquis 2 elon-
gatis, linearibus, tenuitor })ilosulis, articulationc verticillatim
pilosa (J)- Palpi in utroque sexu brevissimi, 1-articulati,
ovati, ápice acuti. Froboscis longitudine tlioracis, recta, api-
cem versLis sensim attenuata. Thorax oblon,ííus, laterüjus
SLib-rectis, convexiusciilus. Alae dense squamatae, cellula
basilari interna externe distincté breviora. J'edes longis-
simi, tarsi f'emoribus tibiisque simal sumptis fere aequelongi;
articulo 1" til)ia parum longiore. Tingues feminae simplices,
maris antei'iores inaequales una bi-, alteraque uni-dentata,
|»ostici simplices, aequales. Abdomen elongatum, apicem
versus sensim anq>lialum, depressiusculum, utrinijue villo-
sum (^) vel plus minusve elongato-conicum, squama-
tum ('t:j.
Es pol)rísimo en especies y com|irende Culícidos muy [icque-
ños, de color gris ó parduzco variado con blanco; no obstante
la poca brillantez de su traje, llaman la atención por la ele-
gancia con que las tintas so hallan distribuidas en su dimi-
nuto cuerpo. Los Jí^dcs tienen las mismas costumbres que los
demi'is géneros de la tribu, pero me parece que no persiguen
á los mamíferos, segu)i lo he notado en la especie única que
he descubierto en Buenos Avres.
(l'.)j 1. Áedes squamipennis, F. Lynch A.
El Nat. Arg., I, L'jI, 3 (1878).
(I'l. ni, fig. 8)
Fusco-nigricaiis; thorax cinéreo- fusco vel griseo-rnfescente - sqna-
matus, ■pedes alho-annulati guttulatiqíie; alae densissime fusco-squa-
7nulatae, albo-trifa&ciatae. Capul antice supráqiie e squamulis griseo-
fiiscis tectuw , poslice gríseo -sericeum parce nigro-pilosinn. Ociili
■jjost-morlcín rufo-fiisci in virís virides poslice angastissiine argerdeo-
margínati. Antennne nigricanles, gríseo -annulalae, nigi-o-pilosulae (O)
vel annnlis griseis minas conspicuís al dense longeqne fusco-plnmosae
— i(i;3 —
( J). Prohoscis ¡u'gra medio et circa apicem albo-argenteo-annulata,
sioimio ápice dihde grisea. Tliorn.c siiprá ftisco-griseo vel rufescciite-
griseo-sqiíamulaio; scutcUuin griseiun. Píenme plus minusre piceae
griseo-pruinosae et squaimilatae. Feuiora pallide flavida at siipra
dense nigro-squamala et albo-argeuteo-send-anmdata, ápice ¡ligro, den-
sissime sqtiamato-iucrassato videtur; tibiae interne dihde flavidae
annidis destitutae, externe nigricantes vel nigrae albo-argenteo- semi-
anntilatae, basi apiceqne nigrae at basi dense nigro-squamato - in-
crassato videtur; tarsi nigri albo anmdati, postici articido tdtimo
toto albo. Alne densissinie fusco-squainidatae , fasciis 3 albido-cinereis
e maculis j^lus minusve connexis compositis signafae, fimbriis squa-
midatis externis fiísco-alboque variegatis. Abdomen supra nigriim,
opacum, ápice griseum, segmentis 2-4 utrinque obsolete griseo-macu-
latis, 5-6 plus minusve, postice griseo transversim maculatis, subtus
cinereo-sericeum (Q) vel abdomen supra nigrum opacum, vel fuscuní,
tdrinqne fuscano-villosuui, inferné nigricante cinereo-fusco-villosum. —
Long. 4-5 millim.
Hab. oI)serv.: Buenos Ayres in Baradero, (F. Lynch A.).
Es una limla especie que observé por primera vez en el
Baradero, por Abi'il de 1878, y después no la be vuelto á en-
contrar. Los ejemplares que obtuve (3 0, i X) los capturé
dentro de las habitaciones, en los cristales de las ventanas. A
primera vista, y sobre todo las hembras, se parecen al Ckdex
Mosquito, por el conjunto y distrii)UCÍon de sus colores.
X. Uranotaenia, nov. gen.
Ab Oúpavo; coslum et Taivía fascia vel taenia.
AntenncB 13-articulatae, tenues, filiformes, verticillatim
pilosae (O) vel 14-articulatao, plumosae articulis ultimis 2
nudiusculis (X)- Palpi inaxillarcs uni-articulati, crassiu-
sculi, ovati, in utroque sexu brevissimi, ápice rotundali.
Probaseis capite thoraceque conjunctis longior, apicem
versus incrassata, deorsum leviter arcuata, feminae sat longe
denseque ciliata. Thorax ovatus, convexus. Alae hyalinae
modice squamatae, cellula basilar! intei-na externa quam
— IGi —
in J^'jdes distincüus breviore, cellula submarginali petio-
lata, 2^ postica minore. Pedes longissimi, tenues, oppresse
s(|Liamati: ungues sat elongati, simi)lices; tarsorum posti-
corum articulo 1" maris til)ia longiore, feminae tibia propre
duplo breviope. Abdomen elongatum, parallelum, thorace duplo
angustius (^). vel oblongum, modicé elongatum (O).
Es muy afine de J^des; jiero diverso por los caracteres que
ofrecen la trompa, i)ali:)OS, y abdomen. Dos especies representan
el género en nuestra Dipterofauna ; á ellas se puede agregar
una tercera, el JEdes saphirinus Ost.-Sack., oriundo de los Es-
tados Unidos de Norte América. Las especies de Uranotaenia
son pardas ó testáceas, con manchas ó rayas de color azul
metálico, ó celestes con rcHejos de raso.
(20j 1. Uranotaenia Nataliae n. sp.
Picea; capite postice diliite coendeo, sericeo-micante, antíce testaceo,
tlioraee siipra cervino-sqiicuDulato, utrinque ante alarmn hasin Jnime-
risque dilate coeruleis sen'ceisquc; pleuris margariiaceis. Anteimis,
IMÍpis, probóscide, tibiis tarsisqne fnsco-2nccis. Ahdomine basi testaceo
ápice piceo. — Long. 2-2 y, millim.
Antennae obscuro piceae, feminae vcrticillatim fusco-pilo-
sae, maris fusco-plumosae. Caput anticc et infrá testaceum,
posticé é squamulis dilute coeruleis sericeisque dense ob-
teclum. Oculi nigri, anguste argénteo - marginati, ' ^a//;¿
maxillares minutissimi, obscure picei, prohoscis picea, basin
versus vix dilulior, feminae breviter fusco-villosa, maris
dimidio apicali sat longe fuscano-ciliata. Thorax suprá obs-
cure cervino-squamulatus, medio e linea longitudinali obs-
curiore percursus, utrinque ante alarum inserlionem ma-
cula elongata, marginali, dilute ca'uruleo-sericea ornatus,
humeris macula coerulea signatis. Pleurae margaritaceae.
Alae limpidae sed modice dense fuscano-squamatae, squa-
mulis certu situ ad dilute coeruleum vergentibus. Pedes
dilute testacei at femorum ápice tibiis tarsisque fuscis vel
fusco-piceis. Ilalteres basi dilute testacei, ápice fusci. Ab-
domen tere denudatum piceum, basi testaceum, supra mar-
ea rita ceo-fasciatum A'idctur.
Hab. obscrv. : Paradero, Las Conchas in Prov. Buenos Ayres.
- 105 —
Varios ejemplares de tan pequeño como l)ello Culicidae fue-
ron recojidos por mi en el Baradero, y otros los cazó mi her-
mano Enrique en Las Conchas. V.vn rara en el Baradero en la
época en que la descubrí, pero no lo parecía tanto en Las Con-
chas, de donde proceden casi todos los indi\íduos que poseo.
(21) 2. Uranotaenia pulcherrima, n. sp.
(in. IV. fíg. 4.)
lestacea, abdoniine fusco; capite antice, Immeris, mesonoti linea
media longitudinali postice interriipta, ante scutellnm linea trans-
versa, ante alaruní insertionem linca mcirginali antice abbreviata,
metallice ci/aneis. Plcnris cijaneo-macidatis. AUs hijalinis ¡jaree fusco-
squamulatis. Pedihus testaceis, tibiis tarsisquc fiiscis vel fnsco-nigris,
his niveo-annidatis, geniculis niveis. Abdornine snpra margaritaceo-
fasciato. — Long. 2 -2"/ i nrillim.
Antennae probóscide parum breviores, testaceo -piceae,
feminae fusco - pilosae, maris dense longeque plumosae,
torulus magnus, testaceus. Captit inferné testaceum, antice
metallice cyaneum, posticé e S{[uiinuilis margaritaceis te-
ctum. Palpi uiaxillares picei. Probaseis capite tlioraceque paulo
longior, dimidio apicali breviter ciliala (^), testacea,upiee
infúscala. Thorax testaceus, supra linea media longitudi-
nali posticé abbreviata scutellum haud altingente, sutura
transversa prescutellari et scutello in medio metallice cya-
neis, utrinque ante alarum insertionem prope marginem
linea metallica cyanea antice abbreviata instructus; callas
bumeralis metallice cyaneus. Pleurae dilute coeruleo-macu-
latae. Alae hyalinae, fuscano-squamulatae. Hedieres pallidi.
Pedes ad partim flavicantes, femora inferné et summa basi
dilute flavida, supra sat dense fusco-squamata, geniciilae
niveae, tibiae fuscae ápice niveae, tarsis, articulis ómnibus
ápice niveo. Abdomen angustum, fuscum, modice villosum
et pilosum, superno transversim margaritaceo-fasciatum,
subtus griseum.
Hab. observ.: Prov. Buenos Ayres in Las Conchas (E. L. Holmberg).
Es un bellísimo Culicidae, notable i)or las rayas y manchas
azul-metálicas que se destacan sobre un fondo testáceo-ferru-
— 16G —
ginoso y por las bandas de color perla que adornan su abdo-
men. Sólo tres ejemplares recojidos por el Dr. E. L. Holmiberg,
en las riberas del Rio Lujan, figuran en mi colección. Se parece
mucho, según la descripción, al JEdes saphirinns, Ost.-Sacken,
del que difiere por su escudete, en gran parte azul metálico, y
su color mas claro en general.
XI. Sabethes, Rob. Desvoidy.
Essai s. 1. tribu des Gulicides (1827);— Wai.k., List., I, 1 (1848).
(Pl. III, ñg. 5— 5«)
Antennae feminae filiformes, tenues, sat longe verticillatim
pilosae, maris plumosae. Palpi maxillares feminae breves,
maris? Proboscis recta, ápice ciliata. Thorax ovatus, con-
vexas, scutellum semicirculare. Alae angustae, cellula sub-
marginali pedicelata 2* postica paulo longior latiorque;
cellula basilaris interna externa longior. Pedes longissimi,
tenues, maris pedes poslici, tibiarum ápice tarsorumque
articulo primo dense longeque ciliatis, feminae tibiae in-
termediae sat longe ciliatae, posticae nudae. Ungues? Ah-
ííomeíi angustum, elongatum, parallelum, ápice parce ciliatum.
En la precedente diagnosis, que he formulado con ayuda
de lo muy poco que se puede inferir de las descripciones de
WiEDEMANN y dc las figuras de Macquart, los únicos caracteres
importantes son: las longitudes relativas de las células basi-
lares y lo plumoso de los pies medios y posteriores. En efecto,
todos los Culicidae que conozco tienen la celda basilar anterior
mas larga ó á lo sumo casi igual á la posterior, y en Sabelhes
sucede lo contrario; tan inusitado carácter debería haber lla-
mado más la atención de los entomólogos sobre tan desdeñado
género y lo mismo digo de los pies largamente ciliados, que
parecen ser privativos de los Sabethes, pues la especie que
describe Walker ( Sabethes scintillans) tamí)ien los tiene casi
como el S. locuples, Roe. Desv., = C. longipes Fabr., tipo de
esta división.
Hasta hoy, ninguna especie ha llegado á mi poder, pero, como
no me parece dudoso que debe hallarse en Misiones ó en el
Cliaco, describo la típica, según los autores que de ella se
han ocupado.
107 —
(22) 1. Sabethes longipes, (Kaür.) Rob. Desvoidy.
Citlex longipes, Fabr., Syst. Antliat., IV, 400, 2 (1794);— Wiede-
MANN, Aussereurop. zweiflüg. Ins., I, 11 (1828); — Macqt.,
Hist. nat. Dipt., I, 3(3, 16 ( 1834) ; — Ejusdem, Dipt. exot., I,
34, 3, pl. 1, f. 2 (1838); — Ejusdem, Op. cit., Supl., 1, 8, 9,
pl. 1, tig. 2 (1848).
Ciilex remipes, Wied., (?) Op. cit.. I, 1, 1 (1828); — Macqt., Hist.
nat. Dipt., I, 37, 18 (1834); — Schiner, Novara Reise, Dipt.,
31, 5 (1868).
Sabethes lociiples, Rob. Desvoidy, Filssai s. 1. tr. d. Culicides in
Mém. d. ]. Soc. d'Hist. nat., Paris, III (1827).
Ater, cupreonitens vel violáceo -cijaneus. Antemiis infuscatis. Pe-
dibus elongatis, cyaneis vel violaceis, feminae tihiis intermediis, maris
tibiis posticis farsorunique ariicnlo primo fuscano-ciliaiis. Abdomine
utrinquc argenteo-maculato. — Long. 1-3 lin.
Hab. observ.: Am. merid. [ Fabr. ); Brasil ( Rob. Desv., Wied.,
Schiner, Macqt.,); Guayana (Macqt.).
Existe una discrepancia tal en las descripciones de esta es-
pecie, que es muy posible que, con el mismo nombre, se trate
de dos diferentes.
Fabricio atribuye á su tipo específico tarsos posteriores ci-
liado», en lo que, no obstante la negativa de Macquart, tiene
razón, pues él describe un macho, mientras que Macquart no
conocía sino una hembra, pero este último autor, mas adelante,
corrige su error, mas afirma que los tarsos no tienen la extre-
midad blanquizca como dice Fabricio. Wiedemann, por su lado,
lo describe con la base de los muslos y la del 4" y 5" artejos
tarsales anteriores de color aniiU'illento y los posteriores blancos
de nieve, todo lo cual, dice Macquart ser inexacto, aserción
categórica cuyo fundamento no indica. Y para término de este
embrollo, Robineau-Desvoidy da pies posteriores é intermedios
ciliados á su Sabethes locuples. La talla también de 3 líneas en
longipes aparece de una en el remipes, diferencia muy consi-
derable para lo que regularmente se vé en los Culicidae. En
vista de esto, he adoptado, casi por com¡ilelo, la descripción de
Macquart, hasta que, con mayor conocimiento, pueda averiguar
lo cierto en tal disparidad de modos de ver y describir, aun
— ir,8 —
cuando, sin [¡ccar de aventurado, se podría jn^esumii' que el S.
lom/ipcs de Macquart no es el de Fabricio y Wiede.mann y sí
el rcmipes y que el S. lociqües de Robineau-Desvoidy es el lon-
gipcs de Fabricio y no el remipcs del cual muchos lo conside-
ran como sinónimo.
ADICIONES Y CORRECCIONES
Introducción. Cap. \ . ■ — Al tratar en el del número de
Culícidos que habitan en nuestro país, las molestias que oca-
sionan, los peligros á que sus picaduras pueden esponer, he
omitido algunos datos de los que mas son de interés por refe-
rirse á . la República, y merecen la pena de entresacarlos de
las obras en que se hallan como escondidos, y que son los
que ahora reproduzco.
En lo tocante al número de especies que observó en Santa-
Fé, el Paraná ( Entre-Rios) y Mendoza, dice el doctor Burmeis-
TER (BuRM. Reise. 1, 131-132), refiriéndose á la primera región,
(jue la forma mas común de mosquitos era una parecida al C.
pipiens, pero de color pardi-negro mas oscui'o y no tan grande,
y que había otra muy grande, de color amarillo claro, mayor
que el O. anmdatus, y cubierta por todas partes de un vello
ralo y fino; según él, la primera forma abundaba mas al
oriente de las pampas, mientras que la segunda la conoció por
primera vez al oeste de ellas; en Entre-Rios notó que la espe-
cie dominante era una pequeña y de color gris oscuro (Op.
cit. I, 489), y además señala dos Cidex en Mendoza (Op. cit.
1, 318), sin mas comentarios. Es probable que de las dos es-
pecies mencionadas en Santa-Fé, la primera sea un Taeniorhyn-
chus y la segunda la Psorophora ciUata (Fabr.), Rob. Desv. aun-
que el habitat que le asigna no concuerde muy bien con las
costumbres de la última especie.
El señor Toribio E. Ortiz, enviado al Chaco austral en
1884 por el Gobierno de Entre-Rios, con el encargo de coleccio-
nar objetos para el Museo Provincial del Paraná, trae en su
Diario de Viaje (Informe Oficial, 186()) interesantes detalles
sobre las penurias que le ocasionaron los Culicidae durante el
viaje, detalles que copio de esta obrita poco conocida.
En la marcha de Puerto Bermejo á Puerto E.\]jedicion (Op.
cit., p. 7), refiere que acamparon «al lado de un espeso Ijosquc,
— 1C)Í) -
corea (lo la cosía del rin, y cu \\n alio y espeso paslal», agre-
gando : <i üesimes de tres horas y media de un aguacei'o fuerte
y continuado, cesó de llover: alegres por un momento de (¡ue
esto sucediera, l)ion pronto luvinios que arrepentimos, porque
en vez de agua lloviaii mosquitos en cantidades enormes y cuya
molesta presencia inútil es tratar de describir, pues solo se
puede conocer esperimentándolos... ». El siguiente dia (18 de
Octubre) fué tan poco agradable como el anterior, é inspiró al
autor esta nota de su Diario: «A las 8 a. m. empozó á garuar,
cesando a las 2 p. m. Los mosf[uitos se retii'ai)an mientras
llovía, pero cesando vohían, do manera que proferíamos estar
mojados y seguir entre el agua antes que entre nubes de esa
plaga infernal, que apesar que se dice que nada es inútil en
este mundo, no conozco la utilidad que esos bichos prestan, á
no ser que sirvan para quitarnos la sangre, que nos podría
traer con su abundancia algunas enfermedades en aquellos cli-
mas ardientes». El dia 7 de Noviembre se lialla también ingra-
tamente recordado, pero el 21 del mismo mes lo señala como
el mas digno de memoria entre todos : « La lluvia, dice, que
durante dos horas nos había incomodado, nos acarreó gran
cantidad de mosquitos, de modo que sufríamos la humedad,
el calor y esta i>laga que cayó sobre nosotros con furia y en
una cantidad tan sorprendente que jamás nos molestaron tanto
como aquella noche, que no olvidaré nunca; un gran balde
era la bolla en que se preparaba nuestro potaje, el vapor que
de él salía hacía caer en nuestro puchero miles de mosquitos.
Al sacar el caldo, parece imposible, había en la superficie un
dedo de espesor de bichos, de los que aquellos formaban la
mayor parte.... »
Los Culicidae que do tal manera acometieron al esplorador
Ortiz, deben pertenecer á tres especies: Psorophora ciliata (Fabr.),
RoB. Desv., Taeniorynchus tneiiiori/itrJius (A\'ied.) Lynch y Tae-
niorijnchns confninis Lynch.
Por su parte, el capitán de fragata don Carlos María Mo-
Y'ANo, intrépido esplorador de la Patagonia Austral, al preten-
der- atravesar los inmensos bosques que separan del Pacífico
el estremo oeste del valle del Gallegos, tuvo (jue luchar no
solo con las dificultades que le oponían la densidad de las sel-
vas, la humedad y un suelo minado y vuelto intransitable por
millones de tuco-tucos (Ctenomijs ¡nacjeUanica) , sinij también con
legiones de mosquitos, á los íjue dedica el pái-rafo que trans-
cribo á continuación:
II En e.stas condiciones, á pié, con el caballo de la rienda y nuestros rifles al
— 170 —
hombro, cayendo aquí y levantando allí, cruzábamos sudando gota á gota, aposai-
del frió, este suelo removido por los tuco-tucos, ó los pantanos con el agua al
tobillo, deteniéndonos á cada momento á sacar alguno de los caballos que se hun-
día hasta el pedio.
<i A completar este cuadro, que parecerá exajerado á cualquiera, menos al que
con el andar del tiempo le toque comprobarlo, concurría una nube de mosquitos
de todas las razas y tamaños, especialmente jegenes y los llamados zancudos, que
aprovechando la calma de viento entre los árboles y sin temor á la fina lluvia
nos destrozaban el rostro y las manos, produciéndonos con sus picaduras y su
presencia esa irritabilidad nerviosa, mezcla de fiebre y rabia, en que se traducen
el dolor y la impotencia.
« Nuestros caballos, materialmente cubiertos de jegenes, se echaban al suelo
y se revolcaban desesperados, con los flancos, la cabeza y el pecho hinchados y
sangrando.
« He sufrido en mi asendereada vida varios ataques de mosquitos, y aun con-
servo latente en la memoria el recuerdo de las islas del Alto Uruguay, durante la
campaña de Entrc-Rios, y sobre todo aquella formidable noche que pasamos con
el esplorador Moreno en los ((Manantiales" del Rio Chico en 1876, y que él no
olvidará, como yo; pero todo aquello lo considero una pobre parodia de lo que
nos ha pasado hoy ».
Desgraciadamente, no lia llegado ú mi poder ningún ejem-
plar do los atormentadores del capitán Moyano, de manera que
ni aun por conjeturas podría adelantar nada sobre su lugar
sistemático, y menos sobre la especie, pues éstas son bastante
numerosas en la costa del Pacifico.
Al hacer alusión á los peligros á f[ue los Culicidae podían
esponcr al hombi-e, me refería al estado adulto de estos insec-
tos, mus parece que aun pueden ser perjudiciales en estado de
larva, pues se ha descubierto en los últimos años, que el Culex
¡jip/eiis alimenta durante sus primeros estados á un Entozoario,
la Filaría saiiguinis-hominis, seg,un lo atestiguan Manson (Trans.
Linn. Soc. of London, 2, II, 367-388, pl. 39) y Sonsino (P. v.
Soc. Tuse. 6, Jul. 1884, }>. 102). Como la Filaría en cuestión
pi'obablemente no ha de limitar su parasitismo al C. ¡npiens,
la ingestión de aguas que contengan pequeñas larvas de Culi-
cides puede ocasionar la invasión del parásito en el cuerpo
humano.
Pág. 58. Culex flavipes. Magqt. — El Culex antamnalis men-
cionado, mas no descrito por el doctor H. Weyenbergh ( We-
YENB. in Napp. La Rep. Arg., 167) es idéntico al C. flavipes, pues
así me lo demuestra un ejemplar procedente de Córdoba que
se halla en mi colección, y el cual antes i'ormó parte de la de
mi docto y laborioso colega; el ejemplm- tiene la etiqueta de
Culex ttutumnalis, de puño y letra del autoi".
— 171 —
AUTORES Y OBRAS
QUE SE MENCIONAN, CON EXPLICACIÓN DE LAS ABREVIACIONES
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leui'S mctamorphoses et leui" classification. Paris. 1845.
Blanch., in Gay. Hist. fisic. ¡j polit. de Chile: Historia fisica y política de Chile
según documentos adquiridos en e.sta República durante doce años de residencia
en ella y publicada bajo los auspicios del Supremo Gobierno, por Claudio Gay,
ciudadano chileno. Paris. Impr. de Fain y Thunot. 1844 — 65.
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in Museo Parisinis observavit. J. Chr. Fabricius. Paris. 1792 — 1804.
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de tous les caracteres propres ;i chacun des genres do cette classe d'animaux.
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HoLMB. V. á Misiones: Holmberg E. L. Viaje á Misiones. Buenos Aires. Coni
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secundum ordinem naturalem in familias disposita. Paris. 1806 — 9.
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Napp.
índice de los géneros y especies
Pñg.
JSdes 161
saphiriiiKs 164
siiuami[ionnis 16-¿
Anoi'Hei.es 134
albilarsis 136
aiunilipuliiis 137
Cii.EX • . 157
albifascUtus 144
autumnalis 170
ciliatiis: 14' I
coiiterrens 140
damnosua 148
(liscntsinn)! 153
exai/itans 152
fascintiix 151 , 1 60
flavipes 1 5S
frater 160
haemorrlioidiilix *o76
lonr/ipes . . ; 1 67
,no/est>is 140. 150
!aosi(UÍtii 160
pal/ipcs 150
pipicíts 1 50
reDiipes 16'''
so'otiniís 159
sollicitans 148
taeniatus 151
tiuy/iiorliíjnchux 148
titillaiis 148
Pág.
toxorliyuchus 152 '
violacett.s 1 54
Heterony(-h.\ 155
ilolosa 156
•Ianthinosom.í 152
iliscrucians 153
Mei';.\hhin.\ , '375
haeniori'hoidalis *376
sepárala 133
Mecahhims "375
haeniiirrhoidalis '376
OrHLEKUT.^TLS 143
albifawc'iatus 144
confirniatus 146
l'SOROI'MDR.V 138
ciliata.. . '. 140
Holinbcrfíii 142
Sabethe.s 166
longipes 167
lociiplcs 1 07
scintiltnns 1 66
TAENIORHYNCUirs 147
confinis 149
l'asciiilatus 150
laenioi-hjTichus 148
Uranotaenia 103
Nataliae 164
pulcliorrinia 165
Nota. — La.s especies impresas con Ijastanlilla corresponden á sinónimos do las
argentinas ó á las extrañas á nuestro pais, (|ue se citan en esta obra. — Los nú-
meros precedidos do * se refieren al t. I de esta Revista.
E) r r a. t a.
Es VEZ DE :
Macq t
carenado
Ninibe
Ninibe
palpa uiaxillarcs ,
longiora
breviora
CUR.
1 — 4
ET
IN
Ohlcrotatas
abondonado
IV
d
1882
1 — 5 í)
IV, fig. 6
1 — 5
1-9
vorz
IV, fig. 7 - 7
1
III, fla. 8
Los ui'imeros precedidob dr
t. I ik' esta Revista.
REGLAS
PARA
APRENDER Á HABLAR LA LENGUA MOSCOVÍTICA
QUE USAN MUCHA rAHTE DE LOS INDIOS DEL CHACO, POK EL NORTE DE SANTA-FÉ
POR
FR. FRANCISCO TAVOLINI
MISIONERO APOSTÓLICO
{Continuación) . — Véase página 304 del tomo I de esta Revista
— 177
Pl. 1. Silocatácca.
2. Lelaríi.
3. Lelague.
Yo dormía — Yo dormí.
1. Elsiliicca.
2. LeTacca.
3. Leelacatán.
Pl. 1. LsiTacatácca.
2. Lelarictá.
3. Lelagué.
Yo he dormido.
1. Eliilácca.
2. Lilari.
3. Leelacca.
Pl. 1. ElsíTaccactán.
2. Lelarictá.
3. Lelague.
Yo dormiré.
1. Lsilacó.
\. Lelarió.
3. Lelaccó.
i. Silalscó.
2. Lelarió.
3. Lelaó.
Yo durmiera.
1. Elsilaquét.
2. Lelasiquct.
3. LeTaqquet.
Yo dormiría.
\. Lsilasquét.
2. Lelasiquét.
Dormir — Silacca.
Haber de dorinir — Diomasilacó.
Habiendo dormido — Elsilácca .
Durmiendo — Silaccactán.
Embriagarse — Quinnieguét.
Yo me embriago.
Quinnieguéte.
Qninniectí.
QuinniagLiéut.
AruinniagLieut.
Aruinniectlu.
3. Quinniactéu.
Yo me embriagaré.
1. Quienniectó.
2. Quinniectió.
3. Quinnioctó.
Pl. i. Arquinniectó.
2. Arf[uinniectió.
3. nuinniectó.
Te emhriagarás en lo porvenir? —
la
Quianiectó neale?
Malottaeccó liaquinoictí?
La embriaguez, hace al hombre como
bestia — Ouinaiequietí yoet en-
necia vale mecca yesseyáqque
yesseyniah.
— 178
Empexar — Soét vel Soecteegué.
Pl.
Pl.
3. Yoectrevegué.
Yo he comenzado — Lsoectevé-
eué.
Yo hube comeiir-ado
soectevegue.
Lactom-
Yo comenxaré.
la
1. Soecteveccó.
2. oictieveccó.
3. Yoecteveccó.
Pl. 1. Soectareccó.
2. oictiiveccó.
3. Yoeoctreveccó.
ta
Cnmenxar — Soecteegué.
Habiendo de comenxar — Lactom-
soét.
Comen \ ando — Loectevegué.
Comenzado — Elsoét.
Habiendo comcnxado — Lactom-
soectü.
Yo comencé á comer, y después me
fui — Aim lsoét elsquee, ó
goppa lassek.
¿ Todavía no has comenzado? —
Scaloictievegué?
g Qué pensáis, no comenzáis? —
Nadennactarni quennegué,
ncadi nitúé scaloictievegué?
Yo engaño.
1. Satennactite.
2. actennactianita.
3. Yactennactite.
Pl. 1. Sactennactarnácca.
3. actennactarné.
Yo engañaba.
1. Satennactictak.
2. actennactictak.
3. Yactennactictak.
Pl. 1. Satennactrapé.
2. actennactictak.
3. Datennactarnectapé.
Nota marginal :
Calchivill — Pueblo San Podro.
SoppiTarsommó.
Soppilaschimmó.
SoppíTñó.
Soppileccó.
Yo enseño.
Aim Sapparinactagan.
2. a[)parinactarni.
3. Dapparinactagan.
Pl. 1. Sapparinnctarnácca.
2. apparinactarni.
3. Dapparinactarné.
179 —
Entender — Adinio.
Yo hube entendido.
1. Lactomsadenlék.
2. Lactomadinilek.
3. Lactomyadenlék.
Pl. 1. Lactomsadenídék.
2. Tomcadinilek.
3. Lactomqueyadendelek
Yo había entendido.
1. Sadenlek.
2. adinilek.
3. Yadenlék.
Pl. 1. Sadinarléh.
2. adinilénk.
3. Yadinerléh.
Yo entenderé.
1. Sadenlió, Sadenlcó.
2. adinio.
3. Yadenlco.
Pl, 1. Sadenalco.
2. adinio.
o
3. Yadeno.
Yo 1 labró entendido .
1. Tomsadenlék
2. adinilek.
o
3. Diomayadenlék.
Pl. 1. üiomasadenalék.
2. adinilek.
3. Dadendelék.
Entiende tú.
2. Adinilek accamí.
ta ta
3. Yadeno eccá.
Pl. 1. Sadenlcó ocom.
o
2. adinio accamí.
o
3. Yadeno eccuá.
Que yo entienda.
1. Queectar saden.
2. Queectar adini.
3. Queectar yaden.
ISO —
Pl. 1. Queectíir sadenoácca.
2. Queectar udini.
3. Ouecclar yadené.
Si yo entendiera.
1. Queectar saden.
2. Queectar deadini.
3. Queectar yaden.
Pl. 1. Queectar sadennácca.
2. Queectar deadini.
3. Queectar yodené.
Yo entendería.
1. Sadenlaquét.
2. adiniíiuct.
3. Yadenlcjuét.
Pl. 1. Sadeniiarlequét.
2. adinile([uct.
3. Yadenle(|uét.
Que yo haya entendido.
1. Queectar sadenle(|ui't.
2. Queectar deadiniquét.
3. Queectar sadenlequét.
Pl. 1. Queectar sadenlequét.
2. Queectar deadiniquét.
3. Queectar yadenequét.
Si yo hubiera entendido — Eí\a-
déneíjuet — Nos Sadena([uét.
Yo habría entendido.
1. Lactomsadenquét.
2. Diomadini.
3. Yadenó.
Pl. 1. Sadencolequét.
2. Diomadini.
3. Yadendelcü.
Cuando yo entendiere.
1. Queectar sadenquét.
Como, Que yo haya entendido.
Pl. 3. Yadené.
Cuando yo luMere entendido.
1. Queectar sadenlquét.
2. Queectar deadini.
3. Queectar yaden.
Pl. 1. Queectar sadennácca.
2. Queectar deadini.
3. Queectar vadené.
Adinio.
Entender.
Entendido.
Haljer entendido — Tomsadé.
0_
Haber de entender — Diomsadeno.
Entendiendo — Nomaladisnilék.
Habiendo de entender — Queec-
tomarsadenlék.
Yo entro.
o
1. Sinnornó.
o
2. ennornivó.
o
3. innornó.
o
Pl. 1. Sinnornovó.
2. ennornivó.
3. innordó.
Yo entraba y entraré.
ta
1. Sinnornó.
la
2. ennornivó.
ISl —
Escucliar — Níigayurnii.
Yo escucho.
1. Nagayagan.
2. Nagayarnii.
3. Nagayagan.
Pl. 1. Ñagayarnacca.
2. Nagayarnii.
3. Nnagayarné.
Yo escuchaba.
1. Nagayarnectaph.
2. Nagayarnitapli.
3. Nagayarnectaph.
1. Ñagayarncactápeh.
2. Nagayarnictápeh.
3. Nagayarnectáii.
Yo escuché.
1. Nagayagan
2. Nagayarniiclali.
3. Nagayagan.
Pl. 1. Ñagayarncatapéh.
3. Nagayarnectapéh.
Yo escucharé.
Pl.
Pl.
1. Ñagayarnectaco.
2. Nagayarnictáco.
3. Nagayarnó.
1. Ñagayayancatáco.
3. Nagayaruó.
Habéis escuchado á alguno qtie ha-
blaba cosas malas.
M e c c a q u e n nagayarnictapega
ia
nayapehñagalectapeh ó deec-
tacatapeli.
Meccaq uen nagayarnictapega
queecca nyagactectah lanoar-
set nactatiaden nquelemma-
yeh.
Yo espatdu.
ta s
1. Soo.
2. odd'i.
la s
3. Yoo.
la
Pl. 1. Sodaccá.
2. odd'i.
ta s
3. Yocté.
Pl.
Yo espantaba.
Soddectapch.
oddictapék.
Yoddectapék.
Soddaccactapél'
3. Yoddectape.
Yo espautaré.
la s
1. Sooo.
2. odddio.
ta s
3. Yooo.
P!. 1. Soddaccó coo (perros)
s
3. Yvoddeo.
Esperar — Saliaó.
ñavanaó.
Yo espero.
1. Saliaó.
2. aliaó.
3. Yaliaó.
„ ta
Pi. 1. Saliacao.
2. aliao.
3. Yaliraó.
Yo esperaré — Id. id.
Que yo espere — Id.
182 —
Yo esperara ó esperaría — Salia-
quét.
Que yo haya esperado — Toinsa-
liao-quét.
Yo había esperado — Lactomsa-
liao-quet.
Cuando yo esperare — Queectar-
saliaó.
Guando yo hubiere esperado —
Quectarsaliao.
Esperar — Saliaó.
Haber esperado — Diom -salino
negué saliaó.
Haber de esperar — Id.
Esperando — Saliaó.
Habiendo de esperar — Lactom-
quedá saliaó, — Lactomsaliaó.
Es2)erar en la misericordia de
_ ía _h
Dios — Aliaó eccá dainmai'ii
quinidios.
Y en la protección de la Virgen
— Lcoyactarnák cannila Vir-
gen.
Espera que verás si te castigo —
Aliaó accami avanió novar-
narsiti.
Ayuárdeme aquí — Aliaió quen-
ná.
Hombre, agiuírdese — Y, e, alia(i.
Yo fui al Pueblo con Pedro —
Aim asih queraniiti iva e Pe-
dro.
Yo trabajo con Pablo — Aim soen-
nartanrn gueecca e Pablo.
Yo estoy con Pablo — Aim ivaroá
e Pablo ivorá.
Estar — Monnirsani.
Yo estoy.
1. Aim aschinectanni.
2. annirsanni.
3. ennectaní.
Pl. 1. aschincactaní.
2. onníctani.
3. ennerscaní.
Yo estaba.
1. Loctaqueen aschinnec-
taní.
2. Loctaqueen onnirsaní.
3. Loctaqueen ennectaní.
Pl. i. Loctaqueen aschinac-
taní.
2. Loctaqueen accamion-
nictaní.
3. Loctaqueen ennerscaní.
Yo estuve — Loctaqueen aschin-
nectaní.
Yo he estado — Loctaqueen as-
cliinnectaní.
mará schinnectañ<'). — Locta-
(¡ueen aschianectañó.
Está tú.
2. Onnirsanní.
3. ennectañó.
183 —
PI. 1. Aschincactañó.
2. onnictañó.
3. ennerscañó.
Que yo esfc — Aschinnectafu'
Yo estuviera.
1. Maraaseliinnectnñó.
2. onnirsañó.
3. ennectañó.
aschincactañó.
onnictañó.
ennerscañó.
Yo estaría.
Pl.
1.
2.
3.
1 . Maraaschinnectañó.
2. Accamí onnirsañó.
3. ennectañó.
Que yo haya estado.
1. Loctaq aschinnectañó.
2. Loctaq onnirsaó.
2. Loctaqueen ennectañó.
Pl. 1. Loctaq aschincactañó.
2. Loctaq onnictañó.
Nota — Parece que hay sincopacion
en los <( loctaq " que llevan el « queen »
testado. — Ed.
Yo hubiera estado — Aim ma-
deaschinnectañó. — Locta-
queen.
Yo liabía estado — Aim madeas-
chinnectañó. — Loctaqueen.
Cuando yo estuviere — Tideevaníi
maroaschinnectañó. — Noma-
loctideevaño moasch i n nec-
ia ñó.
Estar — Moanirsanní.
Habiendo de estar — Eccanalé
aschinnectanní.
Habiendo estado — Eccanalocta-
que aschinnectanní.
( Muy eurodado lo que sigue. — Ed.)
Yo estaré
L Sissinectá.
2. Liinnictó.
3. Lennoctó.
Pl. i. Lissincactó.
2. Liinnictó.
ta
3. Leennectcó.
Estar sentado — Caamectanni.
Inní. Issinnezzo. (?)
ta
1. Caammectanní.
ta
2. caammictanní innictá.
3. ccca inni.
ia
caammectanní neectá.
ta
Pl. L Caancataní linictá.
2. caamictanní isincactá.
3. ydioá caametranni nee-
cté.
Yo estaba.
L Caammectanní.
2. Caammictanní.
3. Caammectanní.
ta
Pl. \. Caancactanní.
2. Caammictanní.
3. Caammectranní.
Yo estuve.
1. Caammectanní.
2. Caammictanní.
3. Caammectanní vel tom-
queinni.
Pl. \. Caancactanní.
2. Cammictanní.
3. Cammectanní.
Yo he estado — Caam, etc.
184 —
Yo hii.he estado.
1. Tomciiammectanní.
2. 'romcaammictonní.
.3. Tomcaammoctaniii.
Pl. 1. Tomcaancactanni.
2. Tomcaammictanni.
3. 'J'omcaammectranni.
(En c'l in;'irgen casi pcTtlido en la fostura)
Así estoy {sentado)
1. (Sis) innecta.
2. linnictá.
3. ennectá.
Pl. 1. Sissinaclii.
2. liinnictá.
3. ennecié.
Yo había estado.
1. Caammectanni.
2. Ncaammictanni.
3. Caammectanní.
Pl. 1. Caancactanní.
2. Caammictanni.
3 . Caá mm ecti-an ni .
Yo estaré.
1. Caammeclanniü.
2. Caammictanni.
3. Caammectanní.
Pl. 1. Caancactanní,
3. Caammictanni.
4. Caammectranní.
Yo habré e-ítado.
1. Diomacaammectanni.
2. Diomacaammictanni.
3. Diomacaammectanni.
Pl. 1. Diomaeaancactanni.
2. Diomacaammictanni.
3. Diomacaamnieclranni.
Está ta.
2. Accamimaaaccami.
3. Inniú eccá.
Caammectanni eccá.
Pl. 1. Caancactanní ocom.
2. Caammectanni accami.
3. Idioá cccuá.
Caammectanni eccuá.
Que yo esté.
1. Queectar caammectanni.
2. Queectar caammictanni.
3. Queectar caammectanni.
Pl. 1. Queectar caancactanní.
2. Queectar cammictanni.
3. Queectar caammectran-
ní.
Si yo estuviera, lo mismo que
Yo esté.
Yo estaí'ía.
i. Caammectanni(iuot.
2. Caammictanniquét.
3. Caammectanniqut^t.
Pl. 1. Caancactanniquót.
2. Caammictanniquét.
3. Caammectranniquét.
Que yo haya estado, como Yo
e.sté.
Si yo hubiera estado.
1. Quectar eammectanni.
2. Quectar cammictanni.
3. Quectar eammectanni.
Pl. 1. Quectar caancactanní.
2. Quectar cammictanni.
Que yo habría estado — Dioma
caammectanni.
Cuando yo estuviere —NomnÁoc-
tía caammectanni.
— 185
Cuando yo hubiere estado — No-
maloctiacaammectanni.
Eíttar — Caainmectamii inni.
Haber estado — Oucnoctia caa-
mectanni.
Haber de estar, lo mi.siiio.
Estando — Caammectanni.
Estado, lo mismo.
Habiendo de estar — Quoctar
caammectanni.
MODOS DE DECIR
¿Qité sentís? — Quenncgue na-
vatié.
¿No tiene caballo? — Accamí
j!_ ría
meccá cañarían ó ascij)i-
gaccá.
Sí — Aja.
la
¿(Vino está? — Diammacactá?
la
— Dammacatari ? — Minnie-
tarí?
la
Bueno — Ldiammacatá.
líalo — Mescainoen.
Ün j)oco mejor — Leccotiolé
o
diamacatá.
Muy bueno — Ldiammacatá.
¿Qué sentís? — Quennegué na-
vatiraé.
¿Qué te duele? — Qucnnegue-
(¡Liüviti.
ta
Esto me duele — Idisó sevet vel
Idisó ñavataé.
h
Tenga 'paciencia — Codoarni.
Ofrezca su enfermedad á Dios —
Ijioctó inidios deveqcjue.
¿Qué tenéis? — Quennegayá.
Yo estoy aquí.
1. Assenncctaé onm'i.
2. onnictaé.
■i. ennectaé.
1. Assencactaé.
3. cnnecti-ac enná.
Yo fijo.
la _o
1. Sainnagan.
2. ainnarni.
ía
3. Yainnagan.
la
Pl. 1. Sainnaganácca.
3. Yainnaganné.
Yo fijaba.
ta
1. Sainnarnccták.
2. ainnarnicták.
3. Yainnaniecták.
la
Pl. 1. Sainnagancalák.
186 —
Pl.
Yo hube fornicado.
1. Lactomscavat.
Lactom etc. ut proesens
sine ta.
Yo había fornicado,
id Yo he fornicado.
Yo fornicaré.
1. Elcavaquét.
2. Elcavatiquét.
3. Elcavaquét.
Pl. 1. Elscavataquét.
2. Elcavatiquét.
3. Elcavatequét.
Yo habré fornicado.
1. Elscavát.
2. Elcavatí.
3. Elcavát.
Pl. 1. Diomalscavaták.
2. Diomolcavatí.
3. Diomalcavaté.
Fornica tú.
2. Scavati accami.
3. cavát eccá.
Pl. 1. Scavaták ocom.
2. Scavati accami.
3. cávate eccuá.
Que yo fornique.
1. Queectarelscavát.
, — . »
2. Queectarelcavatí.
3. Quectarcavát.
Pl. 1. Quectarscavaták.
2. Quectarcavatí.
3. Quectarcavaté.
Si yo fornicara.
1. Quectarscavüt etc. etc.
Yo fornicaría.
1. Scavaquet.
2. cavatiquét.
3. cavaquét.
Pl. 1. Scavataquét.
2. cavatiquét.
3. cavatéquét.
Que yo haya fornicado — como que
yo fornique.
Que yo hubiera fornicado id. id.
Yo habría fornicado.
1. Elscavát.
2. Elcavatí.
3. Elcavát.
Pl. 1. Elscavaták
2. Diomalcavatí.
3. Diomalcavaté.
— 187 —
Cuando ijo fornicare c.
1. Queectalscavát.
2. Queeclalcavatí.
Cuando yo hubiere fornicado.
1. Queclaloctiadescaváta.
2. Quectaloctiadecavatí.
3. Quectaloctiadecavát.
Pl. 1. Quectaloctiadescavaták.
2. Quectaloctiadecavatí.
3. Quectaloctiadecavaté.
Fornicar — Cavaták.
o
Haber fornicado — Elscavá.
o
Haber de fornicar — Elscavá.
ia
Fornicando — Elscavá to.
Fornicado — l'^lscavát.
ta
Habiendo de fornicar — Lavams-
cavát. Lactomquescavát.
Gustar — Ñaman.
A vil me gusta.
1. Ñaman.
2. Namanní.
3. Namán.
Pl. 1. Ñamannácca.
2. Namanní.
3. Namanné.
A mí me gustaba.
1. Ñaman.
etc. ut supra.
A mi me gustó.
etc. ut supra.
ta
Pl. 1. Ñamannacó.
A mi me gustará.
1. Ñamannó.
2. Namannió.
3. Namannú.
Pl. 1. Ñamancó.
2. Namannió.
3. Namannó.
Oustar — Ñaman.
Gustando — Ñamannó.
Gustado — Ñaman.
A mi me gusta la carne. — Aim
ñaman enna laácte.
¿No te gusta la carne? — Mes-
namanni enná laácte?
Haber — Negué.
1. Egué
2
la
malé.
3. Tom-layam.
Pl. 1. Tom-lovam.
ta
2. Lactomque-layam.
3. Layam-lactom.
Yo había.
1. Lactom.
2. Lactom.
3. Lactom.
Pl. 1. Lactomquedá.
2. Lactomqué.
3. Lactomquedá.
Yo hube.
1. Lactomqué.
2. Lactomíjue.
3. Lactomquedá.
Pl. i. Lactom.
2. Lactomqué.
3. Lactomquedá.
— 188 —
Yo Jiabrc.
Plural — 1. y 2. Lnetom, o. Lac-
tomqueda.'
Que ijo hruja — Lnctriinqucda.
Yo habría — Cuando yo Imhiere
ut supra.
til
Ilal/rr — Negue.
Habiciulo — Lactom(|uedií.
Habido — Lactomqucdá.
Ilahien do de haber-Ln ( ■ lom ( [uedá .
Lactomquedá negué.
Lactomquedá.
o
Ave omavó.
Haber — Negué.
Yo he.
1. Aim idi.
2. Accamiá.
r r
3. Eccá quenoliadceqque.
l'l. 1. Ocom saavoqué.
2. Accamí madissigó.
la
0. Eccua niissitc.
Yo l/cd>ía.
i. Aim tinqued:'i.
2. leda.
o
3. ave.
Pl. 1. 2. 3 Lactamqucdi'i.
Yo I/abe.
la
1. Ton que.
la
2. Ton (juedii.
ICÍ
3. Laetom fiuedi'i.
Si yo hubiera ó hubiese.
Pl.
M
Aim Quetro disinnctó.
Quetro disiitá.
'^ db hl
Ouetra notarnedá.
db
Quetro di.ssiá.
db
Quelro dedaquct.
^ b
Quetra notarnedá.
Yo habría.
la
Aim Savequét.
la
Accamí avitíjuét.
b la
Eccá loterncíiuét.
ta
Lcra(|uét Savoquoqucl.
írt
Leraquét.
te
Leraquét.
Cuando yo hubiera.
. Lactomquedá.
IS',1 —
2. I,acti>ni(|ueil;'i.
3. Láctea.
PI. 1. Lacten.
2. Lacten.
db
3. Loctreiraquct.
Haber — Negué.
Habiendo — Tonqueirarc.
Tomquedá.
Habido — Avoé.
Hab. de Haber — Lactomf|UG-
daquet.
La primera coluniua tiouo ima raya como para
liorrar.
Pl. L Lotiaquedalissincatta.
2. QuetralottiaiTcdó.
h
3. QuettaloltaiTeniiettc.
Hablar — Ectari.
Yo hablo.
1. Aim Seectacá.
Yo hablaba.
Como el presente.
Yo liablr ó lie hablado.
L Ai 111 Lleectacá.
2. Leectari.
3. Ldeectacá.
Pl. L Lscectarvácca.
2. Leectarii.
3. Ldeectaryé.
Yo hube hablado — Lactom seec-
tacá.
Yo había, hablado — Layam seec-
tacá.
Yo hablaré.
til
i: Seectaco.
2. ectaryó.
3. Deectacó.
Pl. L Seectarvacó.
b_'
2. ectaryó.
ta
3. Deectaryeó.
Que yo hable.
i. Qucectar seectacá.
2. Queectar deectari.
Si 1/0 hablara.
L Queectar seectacaquct.
Yo hablaría.
i. Scectacaíjuct.
Que no haya hablado.
1. Queectarseectacó.
Si yo hubiera hablado.
1. Queectarseectacá.
Yo habría hablado — Diomsec-
tacaquét.
Cuando yo hablare — Nomaloctia
deevané seectacá.
Cuando yo hubiere hablado —
nuectarscectacá. '
190 —
Hablar — Mctari.
Haber hablado — L.actomseec-
tacá.
Haber ele hablar — Layamseec-
tacá.
Hablanelo — Seectaryacó.
ia
Hablado — Dcectacó.
Hahicmlo de hablar — Tomseee-
taeaquét.
Pedro habla — e Pcdi'(> dcectacá.
Pedro me habla — e Pedro deecta-
caivá.
Pedro te Imbla — e Pedro deecta-
carva.
Pedro le habla — o Pedro deec-
taryaá.
Pedro nos habla — e Pedro deec-
Yo hacia, lo mismo sin ta.
Yo hice, como hacía.
Yo Jie hecho.
1. FJsoet.
2. Loicti.
3. Yoét.
Pl. 1. Elsoectácca.
2. Loicti.
3. Yoecté.
Yo h?ibe hecho.
1. Lactomsoét.
2. Lactomqueoictí.
3. Lactom yoét.
Pl. 1. Lactomsoectacca.
2. Lactomqueoictí.
3. Lactom yoecté.
Yo había hecho como Yo hnbc
hecho 2* Lsoét.
Yo haré.
L Soectó.
2. oictió.
3. Yoectó.
Pl. i. Soéctó.
2. oictió.
3. Yoectó.
Yo habré hecho.
L Diomalsoét.
2. Dismaloictí.
3. Diomalyoét.
Pl. L Diomalsoectácca.
2. Diomaloictí.
3. Diomalyoecté.
Nota — En las 3'" personas ol diomal se ha agre-
gado después como corrección.
Hax tú.
Pl.
191
Que yo haga.
Pl
1.
2.
3.
1.
2.
3.
Quectarsoét.
Quectai'deoictí.
Q néctar yoet.
Quectarsoectúcca.
Queectar deoictí.
Quectaryoecté.
Si yo hiciera — Como presente.
Yo haría.
1. Soequet.
2. oictiquet
3. Yoequét.
1. Soectaquét.
2. oictiquet.
3. Yoectequet.
Pl.
Pl.
Pl.
Pl.
Que yo haya hecho.
Quectarsoét.
Quectardeoicti.
Quectaryoét.
Quectarsoectácca.
Quectardeoicti.
Quectaryoecté.
Si yo hubiera hecho.
1. Quectarnrsoet.
2. Quectardeoicti.
3. Quectaryoét.
1. Quectarsoectácca.
2. Quectardeoicti.
3. Quectaryoecté.
Yo habría hecho.
1. Diomalsoét.
2. Diomaloictí.
3. Diomalyoét.
1. Diomalsoectdcca.
2. Diomaloictí.
3. Diomalvoecté.
Guando yo hiciere.
1 . N o m a 1 o c t i a d e e V a ñ é
Soet.
Pl.
2.
3.
1.
2.
3.
oictí.
Yoét.
te
Soectácca
te
oictí.
te
Yoecté.
Cuando yo hubiere hecho — Gomo
el anterior.
la
Hacer — Oictí .
la
Haber hecho — Diomioét.
Haber de hacer — Diomioect(!).
Haciendo — Yoect('>.
Hecho — (1) Loét.
Habiendo de hacer — Diomasoecto.
Hacer aguas inayores y menores.
o
1. Ncogonnek.
2. Ncogonnivék.
3. Ncogonnek.
Pl. 1. Ncogonnácca.
2. Ncogonnivék:
To hacía.
1. Ncogonnecták.
1 . menores.
Yo haré.
1. Ncogonneccó.
Pl. 1. Ocom ncogonniveccó.
3. Eccna ncogondeccó.
(1) Parece cjue es í.
— iU2 —
Yo haré af/itas matjorrs.
ta.
1. Ncdíi'onm').
2. Ncogonnió.
Ncogonnai'có.
ta
Ncogouú.
Hallar lo perdido — Lamíala.
Yo hallo.
1. Sánala.
2. aiialiá.
3. Yanalá.
Pl. 1. Sana Irá.
2. a no lia.
I,
3. anni'tá.
Olra forma.
r
1. Yannanlaii.
2. Dannalarclí.
3. Lannatart.
T'l. 1. Ai'dannalai't.
2. Dannaclarli.
3. Lannatarló.
Yo hallaba.
1. Lsanatá.
2. anatiá.
3. Yanalá.
Pl. 1. Lsanatrá.
2. anatiá.
3. Lañarla .
lo J/allr.
1. Sánala
2. anatiá.
3. Lianalii.
Pl. i. Sanatri'i.
2. anatiá.
3. Yanarlá.
Yo lie. ] I aliado.
1. Lsanalá.
2. Lanatii'i.
3. Lianali'i.
Pi. i. Lsnatrá.
2. Lanatiá.
3. Lannarlá.
Yo liuhv hallado.
i. Lactomsanalá.
2. Lactonicanatiií.
3. Lactomyanatá.
Pl. \. Laclonisanatrá.
2. Lactomcanatiá.'
3. Lactomqueanartá.
Yo había hallado.
1. Lsanalá.
2. Lanatii'i.
3. Lannat;'i.
Pl. L Lsanatrá.
2. Lanatiá.
3. Lannai'tá.
Yo hallaré.
í. Lsanato.
2. Lanati<').
la
3. a na lo.
Pl. L Sannac
o.
2. onaliá.
ta
3. Ya na I ó.
Yo habré hallado.
1. Diouialsanalií.
2. Diomalanatiá.
3. Dionialannalá.
— 103 —
Pl. 1. Diomasannatrií.
2. Diomalannntiá.
3. Diomalanartá.
Halla tú.
1. I^anatiú accamí.'
3. Lianatá eccá.
Pl. 1. Lsanotrá ocóm.
2. Lanatiá.
3. Lannartá eccuá.
Que yo halle.
1. Quectar sánala.
2. Quectar deanatiá.
3. Quedar deanatá
Pl. 1. Quectar sannali-á.
2. Quedar deanatiá.
3. Quectar deanartá.
Si yo hallara.
1. Quectar sannatá.
2. Quectar deanaliu.
3. Quedar deannatá.
Pl. 1. Quedar sannatrá.
2. Quectar deannatiá.
3. Quectar deannastá.
Si yo hubiera hallado.
1. Quectarsanatá.
2. Quectardeanatiá.
3. Quectardeannatá.
^1. 1. Quectarsannatrá.
2. Quectardeanatiá.
3. Quectardeannartá.
Yo habría hallado.
o
1. Diomasannatá.
2. Diomalanatiá.
3. Diomalannatá.
Pl. 1. Diomasannatrá.
2. Diomalannatiá.
3. Diomalanartá.
Cuando yo hallare.
Nomaloctiadeevanié en to-
das personas.
1. Sannactá.
2. anatiá.
3. anata.
Pl. 1. Sannatrá.
2. anatiá.
3. anartá.
Cuando yo hubiere hallado.
Nomaloctiadeevanié en toda^ per-
sonas.
1. Sánalo.
2. anatió.
3. annató.
Pl. 1. San naco.
2. anatió.
3. manartó.
Hallar — Lannatá.
Haber hallado — Lannartá.
Haber del tallar — Diomasannartá.
Hallando — Lannartó.
Hallado — Slanatek.
Habiendo de hallar-lÁa n ia r n'ar tá .
19-i
Huir — Lect. (e?)
Yo huyo.
ta
1. Aim eset.
2.
3.
UClll.
la,
eet.
Pl.
1.
2.
3.
eseectócca.
iictii.
ta
cecté.
Yo huía, como él presente.
Yo huiré.
1. Eseectó.
2. üctió.
3. eectó.
Pl. 1. lísetcü.
2. iiclió.
3. eecró.
Es preciíio huir
Huid -
Diomesetcü.
Iictii.
Yo disparo — Eset.
Me disparó el caballo, y así quedé
ta
á pié — Eect iñarlá idí scoec-
tanni.
Hurtar — Occactió.
Yo ivbo.
1. Soccactí.
2. occactií.
3. Doccactí.
Pl. 1. Soccactiácca.
2. occactií.
ta
3. Doccactie.
Yo había hurtado.
1. Elsoccacti.
2. loccactií.
3. Eloccactié.
Pl. 1. Elsoccacüaca.
2. loccactii.
3. Eldoccactié.
Yo robaré.
o
1. Soccactio.
2. occactió.
Dio 3. Doccactió.
o
Pl. 1. Soccactiaco.
ta
2. occactió.
3. Doccactió.
Robar — Occactió.
Haber robado — Elsoccacti.
Haber de robar — Layamsoccacti .
Robando — Elsoccacti.
Robado — Elsoccacti.
ta
Habiendo de robar — Layomsoc-
cacti.
¿Has robado alguna cosa? — Ma-
lecua ncocactia?
Es preciso restituirla — Noenó-
malissiclini Scaeccá lactomis-
0
cliiclinii.
Ir — Asik — oqquiü.
Yo voy.
1. Asik.
2. oqquií.
E? 3. cqque.
VX> —
Pl. 1. Orcoléicca.
2. oi|(juií.
3. eqqué.
Yo ¿ha.
ta
1. Tomcasik.
2. oqquií.
ta
3. eqque.
PI. 1. Occolocca.
2. tomcoqquií.
3. eqqué.
Yo fui.
1. Asik.
2. oqquií.
3. eqque
Pl. 1. ücco lacea.
2. oqquií.
la
3. leqqué.
Yo he ido.
1. Asik.
2. oqquií.
3. éqque.
Pl. 1. Occolácca.
2. oqquií.
3. eqque.
Yo hiibe ido.
1. Tomcasik.
2. Tomcoqquií.
3. Lactomqueeqque.
Pl. 1. Lactomquesccolácca.
2. Lactoní(iuco(|(iuií.
2. Lactomqueeqque.
Yo hall/a ido.
1. Tüm(|ueasik.
2. Lactom(jue asik.
Lactom, etc.
Yo iré.
1. Asiccó
2
3.
oqquio.
ta
ecco.
1. Occoicó.
2.
3.
oqquio.
la
eqqueo.
Yo habré ido.
1. Tomqueasih.
2. Tomqueoqqii.
Y tú.
2. Oqquií accamií.
3. eqcjue eccá.
Pl. 1. Eccotcó ocóm.
2. oqquií accami.
3. eqqué eccuá.
Que ¡JO vaya.
1. Asiccó.
2. oqquió.
3. eccó.
Pl. 1. Occo/có.
2. oqíjuió.
3. eqqueo.
Si yo fuera, etc. — Quectardea-
sik, etc.
Yoiría,etc. — Asiiquet. — Ocum
occolaquet, etc.
— 19G —
Qac yo haya ido.
1. Queectomardeüsik.
2. Quectardeoqquií.
etc., etc.
Yo habría ido — Assiíjuel vel
Diomaasik.
Citando yo fuere ó hubiere ido
— Nomaloctradeasik.
Ir. — Asik ú oqquió.
Haber ido — Negué asik.
Haber andado — Dioiiiaassict(').
Haber de ir — Dioinasik.
Haber de andar — Diomaasicctó.
Yendo — Asiccti'i.
Andando — Eqquectó.
Ido — Asik.
Andado — Asiccta.
Habiendo de ir — Lactranf|Liea-
-sik. (?)
Habiendo de andar — Diomaa-
sicctó.
Yo voy.
1. Savegué.
2. oqquii.
ta
3. actavegué.
ta
Pl. 1. Saavavegué.
Pl.
2_
3.
oqquii.
actarevegué.
asih.
asili.
Yo iré — Asiccó.
Yo voy á correr al campo los
vi el tos.
1. S¡i)poragan.
o o
2. Depparai'iií.
o o
3. ücpporagan.
1. Sippararnacca.
0 0,
3. Deppai-arné.
Voy por allá retirado.
Yo iré por allá.
Pl.
Pl.
ta
1. Saveccü.
ta
2. aayaccó.
3. actayeccó.
la
1. Saaccaccó.
3. actaeracó.
Voy á ver allá.
la
1. Yasida negué eddassó.
2. Yaquecdi'migué.
3. idanf|ue cddá.
1. Sida n agüé.
3.
idautegue.
Iré, etc.
Pl.
1. Ascliicó sidancó.
2. o(|(]uió edaaiccó.
3. idancí') eddassó.
1. Sdccoicó sidanai-có.
3. iduntecó.
— l'.ll —
Ir.
Voij allí cerca.
id ta
1. Lyasayé.
ta ta
2. yaconiañé.
ta ta
3. Lyacaayé.
Lyacactayé.
IM. 1. Lyasaaque.
2 Lyacaayé.
3. Lvacactaté.
Iré, etc.
Pl. 1. Lyasayó.
2. Lyacaayó.
3. Lyacactayó.
Pl. 1. Lysaacó.
2. Lyacaayó.
3. Lvacactató.
Yo JNCfjo, ó roij á jutjar.
1. Sivalarvé.
2. evalarví.
_ b_
3. Devalarvé.
„ te
Pl. i. Sivalarviacca.
2. evalai'vii.
3. Devalaravié.
Yo jiigtié, he jugado. — Misiva-
larvé.
(Yo jugaré?).
i. Sivalarvó.
2. e\'aiarvió.
3. üevalarvó.
^ te
Pl. 1. Sivaiarviacco.
2. evalarvió.
3. Devalarvó.
¿Has jugculo? . — Mevalarvii.
Aim ñaiit.
nalictii.
nalit.
ñaiiclácca.
nalictii.
nalicté.
Sivalai'vectáh.
evaTarvictáh.
Devalarvectáh.
Sivalarveacactáh.
devalarvecteppé.
SivaTaneectapéh.
Sivallarcactapéh.
Devalanectapé.
Yo he jugado.
Jurar. — Avuyó lalisacuuraarle.
Yo juro.
\. Save latissenaniaiie.
2. avoyú, etc.
3. av('i.
Pl. 1. Savoc('».
2. a voy ó.
3. avotó.
Yo juraba.
1. Savcquel.
te
2. avoNcipiet.
te
3. avcíjuet.
te
Pl. L Savo(|iiei|uet.
te
\. avoycipiet.
te
3. avolcíiLiet.
los
Yo Juré.
1. Aim So vé.
2. lavoyé.
3. lavé.
Pl. 1. Lavoqué.
2. Lavoyé.
3. Lavóte.
Yo he jurado.
1. Lsavé.
2. Malavoyé.
3. Lavé.
b o
Pl. L Lesavoqué.
ía o
2. Dioinalavoyé.
3. Lavóte.
Yo hube jurado.
\. Lactom Savé.
2. Lactocavoyé.
3. Lactomque ave.
Pl. 1. Lactom savoqué.
2. Lactom avoyé.
3. Lactom cavóte.
Yo hahia jurado.
L Laim .savé.
Lactomcavoyé.
Lactomsavoyé.
Nomalavoyé.
Lavóte.
Yo juraré.
L Savequet.
2. Lavoyéquet.
3. Lavé(|uct.
Pl. L Lavoquéquel.
2. avoyéquet.
3. avotéquet.
Yo habré jurado.
\. Lactomquesavéquot.
la
2. Malavoyé.
ta o
3. Maesidiao.
Pl. 1. Savoco.
2. Mal a voy ó.
3. Malavol('i.
Jura tú.
2. Avoyó acoami.
o
3. avo eccá.
Pl. 1. Savocó ocom.
2. avoyó accomí.
3. avotó cccuá.
Que yo jure.
o
i. Savo.
2. avoyó.
3. avó.
Pl. L Lsavocú.
2. La voy ó.
3. Lavoté([act.
Si ¡JO jurara ó jurase.
1. Savequet.
2. Quectra deavoyé.
3. Quectra deavé.
Pl. 1. Quectra Savoqué.
2. Quectra deavoyé.
3. Quectra deavoté.
Yo juraría.
\. Savequet.
2. avoyéquet.
3. avéíiuol.
Pl. 1. Savo(|iu''(iucl.
2. avoyéquet.
3. avoti'(|uet.
190
Que yo haya jurado.
r
1. Queeclpu savéquet.
r
2. QucectTa déovoyé.
r
3. QaeeínTa deové.
r
Pl. 1. Queeclra savof|ué.
r
2. Quoectra Joavoyé.
r
3. Queectra deavolé.
Si yo hubiera Jurado.
1. Quecti'a savé.
2. Quectra cU^avoyé.
3. Uueclra dcavo.
Pl. 1. Quectra savoqué.
2. Quectra deavoyé.
3. Quecti-Q deavoté.
Yo habría jurado.
1. Lactom savé.
2. Laclom cavoyé.
3. Lactom cavé.
Pl. 1. Laclom savo(iuó.
2. Laclom deavoyé.
3. Laclom cavóte.
Cuando yo jurare.
la
1. Queeclalotia savé.
2. Queeclalotia lavoyé.
ta
3. Queeclalotia lavé.
la
Pl. L Queeclalotia savoqué.
ta
2. Queeclalotia deavoyé.
3. Nomoclia deavolé. .
Cuando yo hubiere jurado.
ta
1. Nomatia savé.
te
2. Nomolia deavoyé.
3. Nomaloi^tii'i dcavó.
Pl. 1. Nomoclia desavocó.
2. NomalocLia deavoyé.
3. Nomaloclia deavoló.
Jtirar — Avoyó.
Haber jurado — Avoyéquel.
Haber de jurar — Lavoyéíjuet.
ta
Jurando — Loctíijuel.
Jurado — Avoyó.
Habioido de jurar — Avoyéc|uel.
Yo lanceo.
ta
1. Sadape/,-.
ta
2. adíape'/í.
ta
3. Yadapefc.
ta
Pl. L Sadacape'/c.
3. Yadei-ape7w
Yo Ja ucearé.
\. Sada})có.
ta
2. adiapcó.
3. Yadai)c6.
Pl. \. Sadacalpcó.
ta
2. adiapcó.
3. Yaderapcó.
Yo me lanceo - Ñadaltii.
Yo largo, una cosa que estoy
tirando.
1. Esarnék.
2. eganirék.
3. iyarnék.
Pl. L Ksarnavék.
3. ivardék.
Pl.
Yo
Yo largaré.
1. Esarneccü.
2. cganniveccó.
3. iyarneccó.
1. Esarnaveccó.
3. ivardeccó.
200 —
Lastimar
]'!.
larijo, echándolo cu el suelo,
e. r/. la lan\a, el fusil.
1. Lessarnék.
2. egannivék.
o
3. iyarnék.
0_
1. Lessarnavck.
3. iyardék.
Futuro.
1. Lessarneccó.
2. eganniveccó.
3. ¡yanieccó.
1. Lessarnaveccó.
3. ivardeccó.
Pl.
Pl.
Yo lastimo.
1. SassegLieclagat.
r
2. asseguectagacti.
r
3. Yasseguectagát.
r
1 . Sasseguectagacláeca .
o
3. Yassegueclagacté.
Lastimaré.
1. Sasseguectarctó.
2. asseguectagactió.
3. Yasseguectagactó.
1. Sasseguectarcó.
3. Yasseguoctartü.
Save linné herir.
Yo lastimo.
1. Aim savé linné.
2. avové linné.
te
3. ave linné.
Pl. 1. Savoque linné.
2. avoyé linné.
3. avote linné.
Yo lastimé.
Como el presente.
Yo lastimaré — Savó linné.
Yo me lastimo — Ave inné.
te
Yo te lastimo — Save dinnidii.
Yo lo lastimo — Save linné.
Yo os lastimó — Save dinnidii.
te
Yo los lastimo — Save linnecte.
Yo doy un puntazo — ^Aim save
yadeh.
redro se lastima — e Pedro lavé
dinnidii.
Pedro me lastima — e Pedi'O ave
inné.
Pedro te lastima — e Pedro ave
dinnidii.
Pedro lo lastima — e Pedro ave
linné.
e Pedro ave
Pedro nos lastima
ardinné.
Pedro os lastima -
dinnidii.
Pedro los lastima -
linnecte.
e Pedro ar-
e Pedro ave
201 —
Yo lavo.
o
1. Squiyogon.
2. quiyorní.
o
3. quiyogon.
Pl. 1. Squiyopannúcca.
3. ([uiyoii'onnó.
Yo lavaré.
1. Squiyogonnú.
Pl. 1. S(|uiyogoncó.
Lavado — Qui\ók ó quiyóccó,
yquiyok, ccó.
b
Aquiyogní, os nguiyori.
Iquiyoc, ccó.
Arquiyók.
Voy á lavar. ¿ Tenéis ropa? ¿ Que-
réis que la lave? — Mecca cac-
toviaguí miischiclii n(|ui\(j?
Yo me lavo las manos, iñés,
cuerpo entero.
1. Squiyó.
2. quiyoyé.
3. líjuivó.
Pl. 1. Squiyoi'é.
2. (jiuyoyé.
3. Iquiyó.
1. Siiuiyoctaktapé.
1. Squiyoyo,ó.
2. quiyoyó.
3. Iquiyo.ó.
Pl. 1. .Squiyógoó.
3. I([U¡yó.
Yo me lavo, la cara, la cabeza.
1. S(|UÍyogLu'.
2. quiyoiguí.
3. Iquiyoguí.
Pl. 1. Squiyorguí.
2. quiyoiguiló.
3. Iquiyoguiló.
1. Squiyocta])!'.
2. quiyoictappí.
3. I(|iiiyoictappí.
Pl. 1. S([uiyococta|)pí.
3. I(|uiyoctapiió.
Yo inc lavaré.
1. Squiyo(¡quió.
2. quiyoiqiii(|quió.
3. Iquiyoqquió.
Pl. 1. .S(iuiyof|uiló.
2. quiyoilü.
3. I(juiyoguil(').
To estudio — Aiin Soenagan
eleré.
Leer — Poennagan — Rexar.
Yo leo.
1. Soennangan eleré.
t" ' „
2. oennarni eleré.
3. Doennagan eleré.
PL 1. Socnnarnácca eTeré.
2. oennarní eleré.
3. Doennarné eleré.
Yo leia
1. Soennagannectá.
ta
2. oennarní ocnnarnictá-
que.
— 202 —
3. Doennagannectaque.
Pl. 1. Soen.
2. oen.
3. Doennarnó.
Yo leí.
r
1. Soennagan.
Yo he leído.
r
1. Elsoennagan.
Yo leeré.
1. Soennarnó.
2. oennarnió.
3. Doennarnó.
Pl. 1. Soennarncó.
2. oennarnió.
3. Doennar,ó.
Levantarse — Linnirsigom.
Yo me levanto.
ta
1. Laassinsigom.
2. Lonnisium.
3. Linnissigom.
Pl 1. Lassinarsigom.
ta
2. Lonnisigom.
ta
3. Linnissigom.
Yo me levantaba.
ta
1. Lassinsinquel.
2. Lonnissimmó.
3. Linnissimmó.
Pl 1. Lassinnarsigom.
la
2. Lonnissigom.
3. Linnissigom.
ta
Yo me levanté — Lassinsigom.
Yo me he levantado.
Yo me levantaré.
i. Lassinsinmó.
2. Lonnissimmó.
3. Linnissimmó.
Pl. 1. Lassinnasimmó.
2. Lonnissimmó.
3. Linnissimmó.
la
Levantarse — Linnissigom.
Habiendo de levantarse — Dio-
malassinsigom.
Habiéndose levantado — Dioma-
linnissigom.
Lcvantd7idose — Liinnissimmó.
Levantado — Ynnissigom.
Ta jmdre se ha levantado —
Caclai nalinnissigom.
Becien se levanta — Limmocüa
linnissigom vel Limmennatá
linnissigom.
Yo me levanto.
i. Aschivinni.
2. ovinni.
3. iviguinni.
Pl. 1. Assavarni.
2. ovinni.
3. ivinni.
Yo me levanto.
1. Aschincliim.
2. onnischiguím.
3. innischiguím.
— 203 —
r
PI. 1. AssonnofschiiiTum.
2. onniscliiíruim.
3. innischiguim.
1. Assennectapischim.
2. onnictapischim.
3. ennectapischim.
1. Assennarctapischim-
2. onnictapischim.
•i. ennectrapisciiini.
1. Ascliincliimmó.
2. onnischimmó.
3. innischimmó.
Pl. 1. Assennarschimmó.
2. onnischimmó.
3. innischimmó.
1. Aschiviñó.
2. oviñó.
3. iviguiñó.
Pl. 1. Assavarñó.
3. iviñó.
1. Yschivictapiní.
2. ovictapiní.
3. evectapini.
Pl. 1. Assavagaclapiní.
3. evectrapiní.
Verbo bastante enredado.
Lltiiiiar — 0)íii'ni('i.
Yo ¡lamo.
Vl o uta
1. Soyagan.
2. oyarnii.
n
3. Doyagan.
Pl. 1. Loyarnacca.
2. oyarniá.
3. Doyarne.
Yo Ikunaba.
1. Soyagan.
2. oyarniá.
o ta
3. Dovagan.
Pl. 1. Soyarnacca.
2. Oyarnii.
la
3. Doyarnó.
Yo Ua))u', yo he llamado como
llamaba.
Pedro me llama — e Pedro clo-
garnivá.
Yo te llamo — Soyarnaguá.
Yo llamaré
1. Soyarnó.
2. oyarnió.
3. Dovarná
ta
Pl. J. Soyancó.
2. oyarnió.
o
3. Doyarnó.
Llamar — Oyarnió.
Habiendo de llamar — Dioniso-
yarnó.
Llamado — Soyornó vel sova-
ran.
Yo me llamo.
r o
1. Aim Eyennagat.
2. cadennartí.
3. elennagát.
Pl. 1. Codennagat (Naetocovit
— Tovas). (1)
2. cadennartí.
3. elennarté.
Yo ?¡ie llamaba — Eyennagat.
(1) Parece que esto quiere decir:
Nosotros nos llamamos Tobas, i.
e. Naetocovit. Ed.
— 204 —
Llegar. — Lññví.
Yo Jlrí/o.
1. Ñoví.
2. Novirií.
3. LiiDvi.
ta
Pl. 1. Lñovirócca.
2. Lnovjrii.
3. Lnovicté.
Yo llegaba, yo llegué, como el
prcí^ente.
Yo llegaré.
1. Lñovió.
2. novirió.
3. Lnovió.
Pl. i. Lñovii'có.
2. Lnovirió.
3. Lnov¡tc,ó.
Aim ñoviífuet quectatiradiissot
iñarlá — Hubiera llegado si
lio se iiie hiihiese rendido mi
caballo.
Yo lleno.
1. Ñocactartíguí.
2. Nogactarctii.
3. Nogactartiguí.
Pl. 1. Ñogaclarctaguí.
3. Nogactarcti'igui.
Yo llenaré.
1. Ñogactarquió.
2. Nogactarctió.
3. Ñogactarquió.
Pl. 1. Ñogacturtaquió.
3. Nogactarctriiiuió.
}. ta A
Yo llevo — Ocíoí Ygacti.
1. Sedó.
2. odoi.
3. Yodó.
ta
Pl. 1. Sodocco.
2. odoí.
3. Yodó.
Yo llevaba — Lodo {s?).
Yo llevaré.
1. Sodó.
2. odoyó.
3. Yodó.
Pl. 1. Sodocó.
2. odoyó.
3. Yodoó.
Llevar — Odoí.
Haber de llevar — Tonisodó.
Llevando — Sodó.
Llevado — Lodo.
La L y la S no iiiiíy chiras.
Pl.
— 2{):>
ri. 1. Sigaccó.
2. ygactió.
3. yií'nctó.
Dionisiii'acló.
Llevar — Ygaiefí.
Haber de ¡levar — Diomigactí.
Llevando — Ligat.
Llevado — Sigat.
Yo te llevo — Aiin sigaclii.
TRANSICIONES:
1. Pedro me llera — 1l Pedro
digat diavch.
2. Pedro le lleva — E Pedro
ta
igat.
3. Pedro lo lleva — V. Podro
ta
igal-yavéh.
Pl. 1. Pedro nos lleva — I'] Pedro
la
ardigat.
2. Pedro os lleva — E Pedro
ardavigai.
3. Pedro los lleva — E Pedro
igacté.
1. Pedro me llevaba — E Pe-
dro yaüaivá.
2. Pedro te lleraba — E Pe-
dro yidiarvi'i.
3. Pedro lo llevaba — E Pe-
dro ya lia.
Pl. 1. Pedro nos llevaba — E Pe-
dro yalio\';i.
2. Pedro os llevaba — E Pe-
dro valiaarvá.
3. Pedro los llevaba— K Pe-
dro valiah'i.
Llorar — Xoyen.
Yo lloro.
1. Ñoyen.
2. Noini.
3. Noven.
Pl. 1. Ñoyen nácca.
2. Xninni.
3. Xii\(,'nn!\
Yo he llorado — Eiñoxon.
Yo llorare.
1. ÑiiNonnr).
2. Xninniú.
3. I.unyennó.
la
Pl. 1. Ñúyencu.
2. Noinniú.
la
3. N()\en",ó.
Llorar — Ñ(i\"en.
Haber de llorar — Tom ñoyen.
Habiendo llorado — Lactomño-
yen.
Llorando — Ñoyennacca, Ño-
yanca tapéh.
Llorado — Ñoyen.
Ñoyennei-la|)pO(}uém — lo lloro
por ai¡nel.
Yo lloro por mi madre dia // noche
— Aim noxennectappegnéni
yacteé qii¡dia(pié ([u'nliepiié.
— 200 —
Pedro me llora — E Pedro no-
imriTeh.
Yo te lloro — Aim ñoyernaléh.
Yo ie lloro — Aim ñoycnnarléh.
lo lo lloro — iXoyenIéh.
Yo os lloro — Ñoyennarléh.
^ ia
Yo los lloro — Ñovenles'ot.
Tú me lloras
nüléh.
Accami novin-
Tíc lo lloras — Noyinaülúli.
o
Til nos lloras — Noyinniai'léh.
Ta los lloras — Noyinniilch.
Pedro me llora — E Pedro no-
yinniiléh.
Pedro ie llora — E Pedro no-
yennarlch.
Pedro lo llora — 1'] Pedro noyen-
Teh.
Pedro nos llora — E Pedi'o no-
yennoléh.
Pedro os llora — K Pedro noyen-
o
narléh.
Pedro los llora — E Pedro no-
yenlogot.
Nosotros te lloramos Oeom ño-
yencarléh.
Xosofros lo lloramos — Ñoyen-
narléh.
Nosotros os lloramos — Ñoyen-
carléh.
Nosotros los lloramos — Ñoven-
_ ta
narlegot.
Aqacllos me lloran — Noyindiiléh.
Aquellos te lloran — Noyinnirar-
lék.
Acjuellos lo lloran — Ñoyendee-
Téh.
Aquellos nos lloran — Noyendor-
léh.
o
Aquellos os lloran — Noyendarléh.
ta
Aquellos los lloran — Noyenlogot.
Vosotros me lloráis — Noyinnii-
Téh.
Vosotros lo lloráis — Noyinniat-
([ué.
Vosotros nos lloráis — Noyinnia-
pegarTéh, Noyinniarléh.
Vosotros los lloráis — Noyinnia-
pelgot, Noyinniapigué, No-
vinniiléh.
h o
Llueve — Eyagat.
Está por llover — Avotaque eya-
0 ta
gat.
Llovió — Lavé eyagat.
Ha llovido — La\é eyagat.
Parece que (¡uiere llover — Lemé
niscliit mavé evagüt, Diuina-
vé eyagat.
Maldecir — Yschinnii.
Yo maldigo ex. gr. ¡rutear
20
1. Sis('liocnnai;an.
2. ischiiinnuii.
?■
3. Disclioennngan.
la
Pl. 1. Sisclioennarnacca.
2. isclioinuii.
3. Discheniiai'ni\
lo maldecía, yo maldije —
ta
choen.
Sis-
He maldecido — Elsisclioenna-
r
gan.
Yo he de inahlccir.
1. Sischoennarnó.
2. ischoennarnió.
3. Dischoennarnó.
Pl. 1. Sischoennarnó.
2. Dischoennarnó.
¿Has maldecido á alguna jJO'so-
jío.^-Meccaquen qniischoinnii
quecca eyemmaréh yaleV
1. Yo me maldif/o — Aim
nischioennehá.
2. Yo te mcddigo — Aim sis-
chinniapéh.
3. Yo lo maldigo — Sischio-
nnapéli.
Pl. 2. Yo o.« maldigo — Sischeo-
nnapéh.
3. Yo los maldigo — Sische-
oennapó.
1. Pedro me maldice — E
Pedro dischoennápéh.
2. Pedro ie maldice — E
Pedro dischiinniapéh.
3. Pedro lo maldice — E
Pedro ischoennapéh.
Pl. 1. Pedro 710S maldice— E Pe-
dro ardischoennapch.
2. Pedro os maldice — E Pe-
dro ardischiinnapeh.
3. Pedro los maldice — E Pe-
dro ischoennapé.
1 . Nosotros nos maldecimos —
Nischoennaltá.
2. Nosotros te maldecimos —
0_
Sischiennagai.
Pl.
3. Nosotros lo maldecimos —
Sischoennari.
2. Nosotros os maldecimos —
Sischoennari.
3. Nosotros los maldecimos —
o
Sischoennagaé.
1 . Til me maldices — Dischii-
nni.
2. Tu te maldices — Mischii-
nnillá.
3. Tu lo maldices — Ischii-
nni.
Pl. 1. Tu nos maldices — Ardis-
chiinni.
3. Tu los maldices — Iscliioi-
nnié.
Aquellos se nmldicen — S'' á sé
Nischoenneltá.
1. Aquellos me maldicen —
Dischoenné.
2. Aquellos te maldicen —
Ardischiinniapeh.
3. Aquellos lo mcddicen —
Ischoennerapeh.
20S —
Pl. 1. Aquellos nos maldicen —
Ardiscliocnnerapeh.
2. Aquellos os maldicen —
Ardischoennernpech.
3. Aquellos los maldicen —
Ischocnnaj)é.
Yeppctaé — Maliciar.
Pl.
Yo maliciaba, etc.
Yo maliciaré.
la
1. Seppectá.o.
tn
2. ippictiao.
3. Yippictiao.
la
1. Scp|iectca.o.
la
2. i])pictin(j.
3. Ye[)pectei-iu').
Yo he sospechado — Lseppectaé.
¿Has sospech.culo mal de alguno?
— ¿Mecca(iuen nquippictiae
nqueeyenienaveh?
¿Has hecho esto, lo que decís? —
la
Moicti edaso?
Es falso — Mescaedá edá nqui-
nniapeh.
Falsedad — Mescaedá.
Yo luúnto.
la
1. Yarseilippe.
2. yaquiliii¡>i-pió.
3. yaqaeilippe.
Pl. 1. Yarseilipácca-pcó.
la
3. )'aqueilip|)é-pó.
la.
¿Mama toJavia tu hijito? — Ya-
queilipeták cactialigui?
Sí vulma — Yaf[ueilípe.
Esa es tina escusa, ¿no queréis?
— Cliacaiquíctai)iñe maodas-
sapü.
Si no estáis en este lugar — No-
za
mactiaccaini (|iienn:inaá.
Si estáis aquí —
la
quennnnaá.
Mandar — Mlai'i.
Yo i/u'udo.
1. SÚá.
^ b
2. elari.
3. Yíá.
Pl. 1. Silarácca.
b
2. eTari.
_ '«
3. Ylaté.
Xaniaccami
Elsilá.
Yo mandare.
Pl.
1. Silaó.
2. eTarió.
3. YTa('>.
1. Silarc'ó.
2. (ilarió.
3. VTafó.
209
Manda t/'i.
2. EInrii accnini.
13. Ylaó eccá.
Pl. 1. Sil arcó ocom.
2. ehirió accnm.
3. Ylat'ó eccui'i.
Haber de mandar. — Diomsilarió.
Habiendo mandado . — K 1 s i 1 a -
te
raeca .
Mandando — Silarcó.
Mandado — Elsilá.
Yo te mando al pueblo — Aiiii
silarii queda niili.
Yo mando á Pedro al pueblo —
Aim silá e Pedro queda iiüh.
llanda nn chasque al pueblo —
Elarii accami quedií niili.
¿Has iu.and:ido al pueblo? — Mec-
cáaquelarü <" (|uerá nüh? —
Meccá lelarii (¡ucrá niili.
(Ojo al c;iniblo de (/ en r por asimilación
ilazc).
Fedro me manda — e Pedro diilá.
Yo te mando — Aini silarii.
Mandar — Ictiliiactarnó.
Yo mando.
bo
1. Yschilnactaru.
te
ho
ilnactarn,?..
te
bo
3. ilnactarn.
te ''_!!
Pl. 1. Yschilnaciarnácca.
te 'L°
2. ilnaetarní.
te ''í
3. ilnaetarné.
Yo mandaba.
1. Yschilaaclarn.
Yo mandé, 6 he mandado; como
el presente.
Yo mandaré.
1. Yschilnactnrnó.
2. ilnaclarnió.
3. ictiliiaclarnó.
Pl. 1. Sciinactarncó.
3. ictiliiactarn'ó.
Manda tú.
la
2. Yilnnctarni.
te
3. iilnií'i eccá.
Pl. 1. iscihiactarnácca.
te
2. iilnactarnió.
3. iilnii') occuá.
Haber de mandar. — Yilnartarnió.
Habiendo mandado — Yscilnac-
tarnai|Ui'.
Mandando — Yctilnactarn:'ili.
Mandado — Yctilnactarnú.
Mandaré á llamarte — Soya mi -
te
ravo.
Haxte enseñar — [11 ) Xa[iiiñrinio
caccátra. — Novayarnió coc-
toardassoa rssic ti .
Manifestar — Safiat.
Yo manifiesto.
— 210 —
i. Saagectacca.
2. agactii.
3. Yaagacté.
Yo ■manifestaba.
1. Saagatquet.
2. Ingactii.
Yo manifestare.
1. Lsaagatcó.
2. agactió.
3. Yaagactó.
Pl. 1. Saagatcó.
2. agactió,
3. Yagat'ó.
Habietidti de manifestar — Dio-
Elsaa-
maisaagactó.
Habiendo manifestado
gaclü.
Manifestando — Sagactó.
ta
Manifestado — IClsagat.
Manifiesta tií.
2. Agactió accamí.
3. Yaagacl('» eccá.
Pl. 1. Saagatió ocom.
2. avactió accamí.
ta
3. Yac,at'ó eccuá.
Manifiéstame lo que sabes — Agac-
ía
tió eccá ncadi.
¿ No quieres manifestármelo ? —
Mesdiscictii maagactii.
JVo puedo — Mesesiscit.
Pedro me manifiesta — Pedro ya-
ga ctivá.
Yo te manifiesto — Aim saccac-
tiarvá.
Matar — Aloactui'ui
Yo mato.
1. SaToat.
2. aloactí.
3. Daioactarn.
b_
Pl. 1. Saloactarnácca.
b^
2. aloactarni.
3. Daioaclarné.
Yo mataba.
h
1. Saloactarn.
_b_
2. aloactanií.
_b_
3. Daioactarn.
Pl. i. SaToactarnácca.
2. aloactarni.
3. Dalooctarné.
Yo maté.
_b_
1. Saloactar'n.
b
2. aloactarni.
3. Daioactarn.
Aloactí.
211
Pl. 1. Saloactarnúcca.
_ j_
2. aloactarní.
3. Daloactarné.
Yo hr iiiiicrto — Lo mismo.
Yo mataré.
1. Saloactarnó.
2. aloactarnió.
3. Daloactarnó.
Que ¡JO mate.
1. Saloactarn.
2. aloactarní.
3. Daloaclarn.
Pl. 1. Saloaetarcó.
2. aloactarní.
3. Daloactarné.
ta
Matar — Daloactarn.
ta
Haber muerto — Elsaloactarn.
Haber de matar — Diomasaloac-
tarn.
Matando — Aloactarní.
Te ordeno que mates á Pedro —
Aim isciini aloactí o Pedro.
¿Has muerto d algún hombre? —
MaTeeccá caloactí yaié?
¿Has muerto á Pedro? — Maloa-
cli e Pedro"?
¿Has muerto á alguno'^. — Male-
ccaquen ncalo-actí.
Pregunto ijo si has muerto á cd-
(/»//o.^ — Sinnatran ain meca
ncaloatí.
Pregúntalo á Pedro — Ennatió
edá que Pedro.
ta
¿Lo has 'preguntado'! — Malenna-
h b
ctarniaqué.
Pedro me mata — e Pedro dialoat.
Yo te mato — Aim saloaclii.
Mentir — Xamanní.
Es mentira lo que decís — Na-
mactaih eda nquinniappega?
(falta lo final).
Es verdad lo que has dicho — INIi-
lih edil n([uiníappega.
Yo miento.
1. Ñamactán.
ta
2. Nammanni.
te
3. Nammactan.
Pl. 1. Ñammantnácca.
ta ta
2. Namannii.
ta ta
3. Namatné.
Yo mentiré.
1. Ñamantnc').
2. Namanió.
3. Nammantnó.
Pl. 1. Ñamancó.
2. Namannió.
3. Namantn,ó.
Yo he mentido — Elñamactán.
ta ta
¿Has mentido? — Mannamanii?
ta ta
Mentís? — Mannamanni?
212
Todar — No.
o
No mientas — Toctarnaman n i .
Mirarse — Nora n i a 1 tá .
Yo me reo (ó miro.)
la
1. Nivaneltú.
la
2. Nevaaialtii.
3. Navanelía.
b_
Pl. 1. NivanaU;i.
2. Nevaniellá.
3. Neviineltá.
Yo me miraba.
la
1. ÑaacteUá.
la
2. Neviiniltíi.
Noaniallii.
3. Naacteltá.
Pl. 1. Ñaanall;i.
2. Naaniíiltá.
3. Naacteltá.
Yo mo miré.
1. Nivaneltá.
Yo iiie he mirado.
1. Ñacteltá vel nivanelt
Yo me miraré.
1. Ñaactelfó.
2. Noaniató.
Mirar — Siranáa.
Yo miro.
1. Sii'anán.
2. eraniá.
3. "\'i-ana;'i.
te
Pl. 1. Sirangá.
2. eranii'i.
3. Yraacraá.
Yo miriiha — Tassi.
Miraremos — Sirangao.
-¿Heis mirado á cdguna mujer en
los peel/os? — ]Macca(iuoa éi'a-
nialñcrt:} aali3?
¿Has mirado á alijnna mujer en
¡as partes tiatiiralcs? — ¿Macca-
(|UCU ([LlOlMllioí (' l|UOIM:i¡á )
aloviah aalú.
¿ Te lias mirado aUiuiia rex en
]3artes rergonwseis? — ]Mccca-
(juon (iiioccaneactilüti'ii iio\'a-
nialla?
¿Hal/eis sentido alijan resentimien-
to en vnestra.'i ¡jorfes >/ lo habéis
gastado? — Mecc'ai|üOii nova-
to
liaó diiiniílii nchoci;)i^t¡a(|uon?
Nota — Estas frases cstiíu c-ou una Iíin.'a al través.
Sazii.
¡Nota — 2'^ L:i palabra, tossí', quo está en el nuír-
geu, es el nombre de una fruta así lla-
mada, usada ¡líira designar las partes de
la mujer cu la Argentina quiehuízaiite, y
acas'j en el resto de la Kepi'iblicíi tam-
bién. Ed.
Montar
Donnorscliigo (??)
— 213 --
Yo uwido.
la
1. Dianorslii.miiiii.
2. Deanoclischiiiuim.
.3. Dcnnoi-cclniiuini.
la
Pl. I. Dinndi-tarsliiguim.
2. Donnoctií^chiguim.
ta ta
0. DennoctisrigLiin^.
\o iiiuntaha.
1. Dinnorsliigom.
2. Dennoctii'schigom.
3. Dennorschigom.
Pl. 1. Dinnoctarsliigom.
2. Üennoctirschigom.
3. Dennoctis( h/goni.
Yo montaré.
1. Dinnorscliimmó.
2. Dennoctirschimmó.
3. Dennorschiinmó.
Pl. 1. Dinnorctarscliiinnió.
2. Doimoctii'scliimmó.
3. üonnorctischimiiKi.
Monta á caballo y vé tí la cliucra
— Dennoschigoin Inñurlá ac-
ia veguc al en ñama.
Yo moría.
Morir — Dielév.
Yo muero.
Kota dd autor: — DouiIl' hay úii, diú csciíbasf
1. Dieleu.
2. DÍHvii.
3. Yeleu.
Pl. 1. Ddéa.
2. DiWvii.
3. Yelevé.
1. Dieléu.
2. DiTivii.
3. YeTeyó.
Pl. 1. DeTéu.
2. V)'ú\dió.
3. Yelevé.
Yo morí.
1. Dieléu.
2. DÍTidii.
3. Yeléu.
Pl. 1. DeTéu.
2. Dilidii.
3. Yelevé.
Yo he nutcrto.
1. Dieléu.
2. DiTidii.
3. Yeléu.
b _
1. Lardeiéu.
2. LardiTidii.
3. Yelevé.
Yo hube muerto.
1. Tomdieléu.
2. Tonidilidii.
3. Lactomyeléu.
1. Lactonideléu.
2. Lactomdilidii.
3. Lacloniyelevé.
Yo había muerto.
1. Ldieléu.
2. LdiTidii.
3. Lveiéu.
Pl.
— 214 —
PI. 1. Ardeléu.
2. LdiTidii.
3. Lyelevé.
Yo moriré.
1. Dielevó.
2. DilifZ/ó.
3. YeTevó.
Pl. 1. DrTevó.
2. \}ú\dió.
3. Yelevó.
Yo habré muerto.
1. DiomaldieTevó.
2. LardíTivió.
3. Lielevó.
Pl. 1. DiomaldeTevó.
2. LürdUulii.
3. Lielevé.
Muere tú.
2. B'úidü accami.
3. Yelevé eccá.
Pl. 1. Delevó ocom.
2. Dilidii accami.
3. Yelevé cccuá.
Que yo muera
? 1. Q-diTéu.
2. Q-dilif/¿o.
3. Q-yelev('i.
,P1. 1. Q-deTevó.
2. QuetardiTidii.
? 3. Yelevé.
Si yo muriera.
1. Quectardieléu.
2. Quectai'dilidii.
3. Quectarveléu.
Pl. 1. Queetordeli'u.
2. Uueclarddidii.
3. Quectaryelevé.
Yo moriría.
1. D¡p|e(|iiét.
2. ÜÍTidii(|uct.
3. Yelevequét.
Pl. 1. Deleiiqiiét.
2. DÍTidiiíiaét.
3. Yelevequét.
Que ijo luiya muerto.
1. Uueclardiolevü.
2. Quectardilidió.
3. Quectaryelevó.
Pl. 1. QuectardeloLi.
2. QueclardiTniii.
3. Ouectaryelevé.
Yo hubiera viuerto — Ul supra
in 1^ Téu, prólevó y siempre
queectar, por quectar.
Yo habría muerto.
1. Ldieh'U.
b _
2. Lardilidii.
3. Lyeleu.
Pl. 1. Dioiiialdeléu.
2. Diomadilidii.
3. DaornaveTevé.
Cuando yo muriera
1. Tomqueevañodielevü.
2. Tom(¡ueevafiodi lidió.
3. Toinf|ueevañoycléu.
Pl. 1. Toniqueevañodeleu.
2. ToiiKiueevañodilidió.
3. Tomqueevañodilivió.
— 215 —
Cuando ijo hubiera iiiuctio
1 . N O m a 1 o c t i a c 1 0 e V a ñ ó -
dielev?
2. N orno loctiadeevanicdi li-
dió.
3. No in a 1 o c t i a d e e v a ñ ó -
deiev?
Pl. 1. Nomaloctiadeevenó-
delev?
2. Nomaloctiadeevaño-
diüdió?
3. Nomaloctiadeevañó-
yelév ?
Morir — Dielev.
Haber muerto — Ldielev.
Haber de morir — Diomaldilivii.
Muriendo — Yeie\ó.
Muerto — Yeleu.
Habiendo de morir — Diomaje-
levó.
la
Nadar — Ncogon.
la
1. Sogon.
ta
2. ogonni.
te
3. ogon.
la
Pl. 1. SogonáccQ.
ta
3. oguenné.
ta
Nadaré — Sogonnó.
Nadaba — Sogonnecták.
Nombrar — Eseccapeg.
Yo nombro
1. Eseccappegá.
2. vfiLiiappeguá.
3. eycccai)pegá.
Pl. 1. E.seccappeguá.
2. yquiappeguá.
3. eyeqquerappeguá.
Yo nombraba y nombré , como el
presente
Yo he nombrado y había nom-
brado — Leseccapegá.
Yo nombraré
1. Eseccapcó.
2. yquiapcó.
3. eyeccapcó.
1. Eseccapcó.
Pl.
yquiapco.
3. yyeciquerapcó.
Nombrar — Eseccappegá.
Haber de nombrar — Lactom-
cesse(-'cappegá.
Habiendo nombrado — Lessec-
cappegá.
Nombrando — Esseccappegá.
Nombrado — Eseccappegá.
Yo te nombro ycfe — Aim esec-
cappegé accami maschi.
Pedro me nombra — e Pedro
nanncccapiivá — vel eyecca-
0
piivá.
Yo te nombro — Aim ischiq-
([Liiappeaguá.
Ofender — Lassoalék.
Yo ofendo.
1. Lsassoalék.
2. Lassoyalék.
3. Lassoalék.
21G
Pl. 1. Sassoncalék.
2. Lassoyalók.
3. Lassoeralék.
Yo ofendía.
1. Sassoari — Sassoalék.
2. Lassoyalék.
Yo ofendí.
1. Sassó — Elsassoari.
2. Lassoyalék.
3. Lassoaick.
Yo he ofendido.
1. IClsassoalék.
soc? 2. Diomalascoyalék.
0. Lassoali'k.
Pl. 1. Elsassocalék.
2. Lassoyalék.
3. Lassoevalék.
Yo ofenderé.
1. Lsassoalcó.
2. assoyiilcn.
3. Lassoalcó.
Pl. 1. Sassoalalcó.
2. Lassoyalcó.
3. Lassoeralcó.
Ofender — Sassoalék.
Habiendo de ofender — Diomal-
sassoalcó.
Habiendo ofendido — Elsassoa-
Ték.
Ofendiendo. — Elsassoálcó.
Ofendido — Lsassóalék.
Tu has ofendido mucho á Dios
— Accami lassoyalék lo (:lii;at
inidios.
i^Por tanto te pesal — Malpeec-
toctié?
No te pesa de haber ofendido á
Dios? — Neectoclí mavoyc das-
soaguó (]uinidios?
dassoassicti.
Pedro me ofende — e Pedro dias-
>>■<> la
sovat — e Pedro dieen.
Oír — Agai.
Yo oi(jo.
1. Saecá.
la
2. agaí.
3. accá.
Pl. L Sagayácca.
3. agave.
Yo oí.
Saccfi.
Yo he oído.
ta
í. Lsagayá.
2. agaí.
3. accá.
Pl. L Elsagayácca.
2. agaí.
3. agayé.
— 217 —
Yu oiré.
la
1. Saccí').
2. Jigayó.
.'3. accó.
la
Pl. 1. Sagayaccó.
2. agayó.
3. ngall.ó.
He oído lo que has dicho — l'',lsa-
gayá ecca nquiniapt'k.
No he oído etc. etc. — Mcssagoyá
cccá nquiiniiapek.
la
¿^Oijes"! — Mngaí?
I No oijeü'l — Maccayá?
Pedro me oi/e — V, Pcdi'n naga-
Ai
\anu\'ji.
Vo le oiíji) — Ailll ñaga\a|-ilia\ii.
TRANSICIONES:
1 . Pedro me oijc — 1'', Pedrd
la.
aagayai'iiiv.'i.
2. Pedro te oye — 1'- Perli'O
la o
iiagayaniarNii.
:{. Pedro lo oye — 1'', Pe;li-(i
aci'a nagayagan.
Pl. 1. Pedro nos oye —\L Pedro
nagayarnorvá.
2. Pedro os oye — E Pcdi'o
nagayarnarv;'i.
3. Pedro los oye — E Podro
nagayarnová.
1. lo me oiyo — Aim ñaga-
vanltá.
2. Yo te oiyo — Aim naga-
yarnová.
3. lo lo oiyo — Aim ñaga-
yarná.
2. Yo os oiyo — Aim naga-
yarnová.
3. Yo los oiyo — Aim naga-
yarnová.
1. Nosotros te oímos — Ocom
ñagayarncavá.
2. Nosotros los oímos — Ocom
ñagarncá.
1 . Nosotros os oímos — üi-oni
ñagayarngá.
2. Nosotros los oímos — Ocom
ñaiia\arnarló.
Yo ordeno.
1. SaccalTi = Iscliilen.
la ta
2. accaclii'i ilini.
la la
3. accactá iyih'n.
la o r
1. Saccactari'i Ischilm'ica.
la la
2. accacLi:i iliní.
la la
3. a(M'art;i ülm''.
Pl.
218
Padecer — Nactictaih.
Yo padexco, etc.
1. Assueictit niovorch. (v?)
2. actictactii.
3. Dactictacti'i.
ia
Pl. 1. Sactictactiá.cca.
2. actictaí.
ta
3. Dactictactie.
Yo padecía.
\. Elsactictactá.
2. Lacticlactí.
3. Dactictaotá.
1. l'^lsactictactiácca.
2. Lactictactai.
ía,
3. Ldactictactié.
Pl.
Pl.
Pl.
Yo padecí.
1. Eactictactá.
2. Lactictaclií.
3. Ldactictactá.
1. Lsactictactiácca.
2. Lactictactii.
3. Ldactictaclié.
Yo padeceré.
1. Sacticlactó.
2. actictactió.
3. Dactictactü.
ia
1. Sactictactiacó.
2. actictactió.
la
3. Dactictactió.
2. Actictactió accamí.
3. Dactictactü eccá.
Pl. 1. Sactictactiacó occom.
2. actictactayó accamí.
3. Ydactictacti,ó eccuá.
Padecer — Sactictact(?) vel nactic-
tactaíh.
Habiendo de padecer — Diomsac-
tictactó vel Quenoctiadiesac-
tictactó.
Habiendo ^;«fZecic?o-Elsactictactá .
Padeciendo — Sactictact.
Padecido — Yactictactíg — V. Afli-
girse.
Oristo padeció y murió en la Oruz
— J. C. ayélactictactíh yeléva-
léh enná lactissennarnarcté.
Yo payo.
1. Sischoeten.
21'.»
Parecer — Lcdó Lcdá .
A mí me parece.
b
1. Miileedó.
2. Maleedó.
b
3. Maleedí'i.
ta
Pl. 1. Maledó.
2. Maleedó.
3. Meedó.
A mí me parecerá
1. Leedó.
2. Maledo.
3. Leedó.
Pl. 1. Ledo.
2. Maledó.
3. Ledo.
Parecer — Ledo Leda.
Haber parecido — Maledó.
Haber de parecer — Ledo.
Pareciendo — Diomaledó.
Parecido — Ledo.
Habiendo de parecer — Diomaledó.
A mí me parece así — Aim dio-
maledó.
¿,Qiié te parece'! — Minirapek?
Me j)arece cine sea Pedro — Ma-
ledo e Pedro.
Me parece un caballo — Dioma-
leccá ascipigacca.
Pedro se parece á Vd. — Pedro
cassiquia avaí, Pedro maledó
accami.
Fulano á mí me parece iiuii/ lin-
do, p)or eso lo quiero — I'x'ca
ta
aim maledó noén aem ycho-
coicla (?).
Pedir
Pl.
Pediré.
i. Saschilarnó.
2. aschilarnió.
3. Daschilarnó.
Pl. L Saschilarncó.
2. aschilarnió.
3. Daschilarrn,ó.
¿ Qué pides"! — Qucnnequé mas-
ehi larnié.
Pedidlo á Pedro — Aschilió c
Pedro — Aschilarnió que Pe-
dro. I
ta
Sírvase — Acconiitigait.
Permítame, con sií licencia — Sca-
ob
vaira i)ivarléh.
ta
Gracias — Naclih lodigát. — Savé
ñaactih.
220
Fe;y/,,,/_Slili.
la
Mentira — Nauíactaíli.
Yo te pego — LcMirni.
Tu me 2^egas — Diovarnii.
Aepiel ¡//c pega — I)i(i\ai;an.
Aquellos me ¡jcgcm — Diovarnó.
la b
Pensar — Adenaclarni.
Yo pienso
1. Sadcnnaclai-a.
2. ndennactarni.
b
3. Yailcnnactarn.
Pl. 1. Sadennactai'ika.
2. adonnactai-ni.
3. Yadoaiiecti'aé.
Yo pensaba
1. .Sadcnnctaé.
2. adimiilai'.
3. Yadcnnetaó.
la
i. Sadcncataá.
2. adinitaé.
3. Yadennelrae.
Yo pense
1. Sadouiieclaó.
Yo pensare
1. Saili.Miiiü(a(').
2. adinnUa(').
3. Yadenncolú.
1. Sadencactaó.
2. adinnitaó.
b
3. Yadennetraó.
Habiendo de pcnseír
dennatao.
Diomsa-
Pensando — SadcnnatarncLac-co.
la
Pensado — Sadeniiectao.
Perder — Asso — Nalaní.
Yo pierdo.
1. Sassogat nuláiií.
2. assovati nalaní.
3. Yassovat na lani.
Pl. 1. Sa.ssovacti'icca na lani.
2. as.sovactí.
3. Yassovaclé.
Yo perdía.
^la
1. Elsassovat.
2. I,assvarLí.
3. Lyassovat.
Pl. i. Sa.s.sovaclácca.
2. Lassovacti.
3. Yassovactc.
3. Lassú.
Pl. 1. Sassi)i;:"icca.
2. Lassoí.
3. Lasoé.
Yo perdí — Sassovát-Lsassó.
— 221 —
Yu he perdido — l'llsassogat.
Yo hube perdido — Laclomsas-
sovat.
Yo había perdido — Sassovát.
Yo perderé.
1. Sassovactó.
2. assovii.
3. Vassovoctú.
Pl. 1. Sassovoccó.
2. assovactió.
3. Yassovactó.
3. Assogó.
Pl. 1. Sassovocó.
2. Lassovió.
3. Lassoó.
Yo habré perdido — Diumasas-
SO\'Ó.
Perder — Assó.
Haber de perder — Diomalsas-
SOVÓ.
Habiendo de perder — Diíjinal-
sassovo.
Perdiendo — Elsassovó.
Perdido — Sassó.
//«/to — Ñahilck.
Se iiic perdió el soiiilaero — Assí
la
accá nado.
Pero lo hallé — (lalal sannala.
He perdido el caballo — l'lsasso-
- . . "'
gat eccú ascipigacca.
Mas dicen epte lo encontró Fran-
cisco— Loga ennapectá nan-
\ natlatók.
i nallatek Dnncisco.
eccá ascipigácca.
Pesar — Nccloilió.
Me pesa
ta b
1. Niictogot.
2. Neclocti.
te
3. Ncectogot.
Pl. 1. Niictoctácca.
2. Ncctocti.
3. Nectocté.
^1 tí pesaba
ob
2. Niictogot. (1)
3. Ijiectogól.
Pl. 1. Lnicloctácca.
2. Ncctocti.
3. Neoctocté.
(1) Dubo i'stíir errailo— os dv 1".
A mi iiesó
1. NccclogíU.
2. Neectoctii.
3. Lnectogüt.
Pl. 1. Nictoctácca.
2. Necctoctí.
3. Nccctoclé.
•)->■)
A mi me pesaba
1. Aim Nictoctectácco.
2. NccctocLiú.
3. Lnectoctú.
1. Niictoecó.
2. Neectocti(').
o
3. Neectó.
Me ha picado víbora.
1
2
3
Pl. 1
9
Diacranni.ñó.
dag;»'anni,nió.
yacfnnni,rió.
Ar(laccanni,ñó.
fla(|(juianni,nió.
vanquoranni.ño.
Pica — Daga ga n .
ta ?± ■
Picar — Dngarné.
líe han picado los inoscpntos -
.'"■
Diaqqucsák cooayat — (con?)
ta ta
1. D¡aak,ccó.
ta
2. (iaguii.guió.
ta ta
3. yaakjCcó.
Pl. 1. Ai-daak,có.
2. (laguii.guió.
la
3. vauíK'.uucó.
Yo pierdo y perderé.
o
1. Ñalarctani, ñó.
tao
2. Nalai'ctiraiii, ñó.
tao
3. Ñalarctani ñó.
ta o
Pl. 1. Ñalarctcaní, ñó.
la o
2. Nalarcteraní, ñó.
la
Se ha perdido — Nalaní.
Yo pito.
1. Sasserarn.
2. asserarní.
3. Dasserarn.
Pl. i. Sasserarnácca.
2. asserarní.
3. Dasserarné.
To pitaba.
1. Sasserarnocli'ik.
2. asserarnicli'ik.
3. Dasserarncclák.
Pl. 1. Sasserarcatak.
3. Dasserarnectapé.
Yo plancho
3.
1.
Aim Sovogogon.
ta roo
ovogogorní.
ta roo
Dovogogon.
la r o o
Lovgoogonnácca .
la roo
ovogogorní.
ta r o o
DovouoíA'onnc.
— ¿23 —
Pl.
Yo planchaba
1. Sovogogonnecták.
2. ovogogornicták.
3. Dovogonnecták.
1 . So vogogonca tú k .
te
3. Dovogogoncatupé.
To plancharé
1. Sovogogonnó.
2.
3. Dovogogonó.
Pl. 1. Sovogogoncó.
te
3. Dovogogonó.
Poder — Sissit.
Yo puedo.
1. Siscliit.
2. ischictii.
3. iscliit.
Pl. 1. Sischieti'icca.
2. ischitii.
3. ischité.
Yo podre.
ia
1. Sischitó.
2. ischictió.
3. ischitó.
o
Pl. 1. Sischicco.
2. ischictió.
tal
3. Yscitó.
Poder — Sissit.
Haber podido — Diomasissitó.
Haber de poder — Diomasissitó.
Pudiendo — Sissitó.
Podido — Sissitó.
Habiendo de poder — Quenoctia-
sissit, quectarsissitó.
Yo pongo.
1. Schiliguini.
2. íTiini.
3. yliguiní.
Pl. 1. Schillüni.
2. iliiní.
3. iliini.
Otro. '
1. SiTiavó.
2. iTiaó.
3. illovó.
Pl. 1. SiTcaccavó.
2. iliaó.
3. iliravü.
Yo pondré.
1. Siliavó.
¿Queréis aprenderlo'! — Miischic
tii ncoi>i)actioguc dudoso aq/ú.
224
Poner — Avovó.
Yo poiKjo.
Pl.
1. Savó.
2. avoyó.
avó.
1. Savocó.
2. avoyé.
3. avotó.
Yo poiiííi.^Yo puse.
1. Savé.
2. Lavoyé.
3. ave.
Pl. 1. Sav()(|U(''.
2. Lavdvc'.
3. La volé.
Yo he puesto.
1. I'llsavó.
2. Lavoyé.
3. Lavé.
Pl. L Savoqué.
2. Diomalavoyé.
3. Lavóte.
Yo Jinh/a ^ífe.sío — Diomal
ave.
Yo jioiidré
1. Savó.
2. Lavoyó.
3. avó.
Pl. í. Savocó.
2. Lavoyó.
3. avotó.
Poner — Avoyó.
Haber de po7ter—T)iomnayo\ó.
Habiendo puesto — Llave.
Poniendo — Savó.
Puesto— \L\i^-A\'é. \
Prerjuntar—V.mvcúm-XWK
eanatió.
Yo pregunto.
bo
1. Sinnactagan.
2. eiiactarní.
b
3. Dennactagan.
Pl. 1. Sinnaclaganii'irca.
2. cnactarní.
3, Ücnnactarné.
Yo iirei/initdlia.
la
1. Sinnalraiiguel.
2. cnactarniaguét.
3. Dennactranaguét.
Pl. 1. Sinnatamagueguét.
2. enarlaniíaguét.
3. Dennataniedáguél.
lo pregunté.
i. Sinnactrangué.
2. caaclarniagué.
Yo lie preguntado.
í. Sinnatran.
2. enactraniagué.
3. Dcnnatrannagaé.
(CoiUini(ar<í.)
EL PILLIJAN Y LA PILLIJANINA
POR
PEDRO N. ARATA
Profesor de la Universidad de Buenos Aires
EL PILLIJAN Y LA PILLIJANINA
pl;dro n. arata
PROFESOR DE LA UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES
Liicopocliixm Saixmr'ixs Lam.
En 1880 nuestro comüscípalo y amigo el Dr. D. Pedro
Acuña eiivi(') al Dr. Dujanlin-Baumetz, para ser estudiada en
los hospitales de Paris, cierta cantidad de la planta, Ihimada
entre nosotros PilUjan, indicándole sus principales propiedades
y aplicaciones en la medicina doméstica.
Fué estudiada ese mismo año |)or Bardet, Blondel y Adrián,
ocupándose este último de la piírle ([uímica y publicando todos
sus tr;d)ajos con los resultndds ([uo espondremos á continua-
ción .
Habiendo notado en esa publicncion ipie los datos químicos
obtenidos eran incom|iletos, solicitamos del mismo Dr. Acuña
nos proporcionara material para completar el estudio bajo este
punto de vista.
i'^l Dr. Acuña, con su amabilidad acostumbrada, nos hizo
traer de Catamarca la cantidad de vegetal que necesitábamos, y
su estudio ha sido llevado á cabo en unión con el Dr. D.
Francisco Canzoneri. Los datos obtenidos sobre la naturaleza
del alcaloide adelantan los conocinñentos que teníamos, y al
publicarlos, hacemos notar la contribución que nosotros traemos
para ilustrar su conocimiento.
En vez de limitarnos á la publicación somera de lo nuevo
que traemos jiara el mejor conocimiento de la planta, y siguiendo
el propósito de ilustrar el conocimiento de las plantas ameri-
canas, hacemos un i'esúmen de los datos que se poseen actual-
mente sobre el PilUjan.
— 228 —
El Pillijaa, ó también' llamado cnli-e nosotros Coln de Quir-
quincho, es, e\ Licovodium Savrvrüs, descrito por Lamark. (Ene.
Botan. III. 1». 053.) Recujido por Lorentz, ha sido descrito por
Grisehach en sus Plántete Lorentzianae, liajo el niimero 877, y en
su Sijnibolae mi Flomni Argentinam, bajo el núm. 2101.
l']l Sr. Hyeronimus, ayudante de Lorentz y candido comen-
tador de los catálogos de Grisebacli, dice en su obrita Plantae
Diaphoricae Florac Argentinae, pág'. 329, (jue la ¡¡lanía es emena-
goga y purgante drástico muy tuerte.
' Agrega que los habitantes de las sierras le atribuyen pro-
piedades, afrodisiacas, que escita, apetitos desordenados, y que
hasta cura la impotencia en el varón y la esterilidad en la
mujer ! !
Amenidades de paisanos para ])oner á prueba la credulidad
de sabios con anteojos y que apenas tartamudeaban el idioma!
Dejando de lado esto, vemos que la planta que nos ocupa
es una Licojwdiacea de la sección de las Microspóreas y que
según Spring y los botánicos modernos se acerca al Lijcopodiun
Selago de Europa (aunque Wildenow la coloca liajo el nombre
de L. crassum en la división ide los Stachyopterideas. — Sp. Pl.
V. 50.)
Parece ser la misma planta que según Bory de Saint Vin-
cent (Voyagedans las quatre principales iles de la mer d'Afri-
■que. — Paris 1804, I, 344) lleva en la isla Borbon el nombre
de Lycopode á quetie de IcKcird, que coincide inutatis mutandis con
el nombre \ulgar nuestro de Cola de Quirquincho.
El PillijuH se acerca al L. Selago por los esporangios en las
axilas del mayor número de sus hojas, pero se distingue por
la presencia al rededor de las mismas de un reborde achatado,
muy estrecho.
HuniLioIdly Bompland creyeron necesario sin cmljargo crear
una nueva especie: el L. crassum ( i ) ainique ambas ¡¡lautas fuesen
idénticas y las diferencias debidas á variaciones climatéi'icas.
Otra planta idéntica al PiUijan parece ser el L. elongatum de
Swartz. iSgn. til. pág. 175).
Los ejem])lares de esta planta, recojidos por los viajeros y
que existen en los herbarios de Europa, son los siguientes,
según su pi-ovenieñcia :
(1) P.ira la literatura de este vegetal que nos ocupa, consúlten.se: Hiniib. &
Kunth, Nov. ycu. I. 33. — Spring. IV. 21. — Hogh. in Bol. mise. 11,238. — Sijnopíí.
I, Ti.—Poir.—E.vc. Boi. sup. III., 556.— Pít.v/. RcI. Bacn/t. I, 82.— Hooh &
Grcd. — En fil . núru. 6. — Spriiii/. — Moii. de la famile des Lijeopúdiacées 1.'''' p. 21.
— 2-2\) —
1" Pe la Pi'oxincia do (>on'i(Mites (R. A.) d' Orhigiuj.
2" De Colombia por Bomplaitd (del volcan de Antisiina) cerca
de Chusolongo.
3" Del Alto Perú (montañas de Sania Cruz) por Dombaij,
d'Orbif/ni/.
i" De Borbon por H. Jussicit y Coniinerfton.
5" De Mauricio por Diijyetit-Tho^uirs: que existen todos en los
herbarios de Paris, cónsul tad()s por Blondel. — Además, debe
mencionarse el ejemplar de Humlx)ldt. (|ue se ludia en el Museo
de Berlin.
VA Licopodiiim sanrurns do (|ue tratamos, es~ una pe((ueñi\
planta de las mesetas do las altas montafias; pobres de vegeta-
ción y crece á menudo en los terrenos volcánicos.
Ha sido hallado en la región ecuatorial y tropical del hemis-
ferio Sud: en la Repiiblica Argentina, Brasil, Colombia, Bolivia,
Poi'ii y Nueva Granada, en ol conlinonte africano y en la isla
de B(_)rl)on y Mauricio.
Se encuentra ordinaiiamonte á alturas consideraljles, hasta
cerca del límite de las nieves porp/'tuas.
Spring (I. r. 1 P. pág. 21) dá la siguiente descripción:
« Caule rUjido calde crasso erecto siibsiinplici ; folüs 8 — fariis ad
« jjresso erectis, densissime imhricatis, Uncari-lanceolatis muticis, su-
« bintegerriDiis conrexis, enerrís margine, sciitatis conformibus, costis
« dimbns ralidis decurreutilixs aitther/dei's luajusciiTis subrenifor-
<( milnis. i>
Bloiulel y Bardet puljlicaron o\\ ol [)OiM('idico Nouveaux Bnnédes,
18S(), piig. 338, una desci'ipcion botánica mas completa, y (|ue
se halla reproducida á la p. 72 de los Comptes Eendits des Tra-
vaux dii Laboratoire de Tlierapeutique de l'Hópital Cochin. — Paris
188!), in i".
La planta ha sido representada por figuras en las obras de
Bory de S. Vincent, de Hooker y Greville, de Ad. Brongniart
y Blondel.
Según Spring, el L. sauriirus sería e\_Q/taiiiiahoatl de Hernán-
dez. (Historia plant. Nov. Hispan. II p. 250. Madrid 17',)ü, in
4°. ), al que los mejicanos le atriliuyen propiedades medica-
mentosas iguales á las señaladas por nuestros indígenas para
el Pillijan.
Por lin, ol Pillijan ha servido do tema para la tesis núm. 277
del año 1886, presentada á la Facultad de Medicina de Paris por
— 230 —
Ch. Ciipdeville, y sostenida el 26 de Julio de ese año, y que
tiene título «Etude botanique Chimique et physiologique sur le
P?'%an (Lycopodium saururus), Paris 188G, in 4", en cuyo tra-
bajo el autor no hace sino reasumir las observaciones de
Bardet, Blondel y Adrián, citados mas ai-riba, y referir las es-
periencias fisiológicas hechas por él.
Pasemos ahora á tratar la parte que se refiere á la ciimj)Osicion
cjuímica, que es el objetivo principal de este escrito nuestro.
El |)rinier tridiajo químico sobre el Licopodiimí saururus, fué
practicado según parece por Bardet, quien pudo encontrar en
él una resina y una materia de naturaleza alcaloidea que deno-
minó Fillijanina.
Habiendo entregado cierta cantidad de material á M. Adrián,
éste aisló el alcaloide y publicó una notii'ia en el Nouveaux
jRemcdes, 1886, p. 272, (|uo comunicó al mismo tiempo á la
Academia de Ciencias de Paris en su sesión del 7 di? Junio del
mismo año.
En esta noticia se refería que la droga había sido remitida
por el Dr. Moncorvo y se esponían algunos otros datos que
fueron completados y reasumidos |)or Bardet y Blondel en
Nouveaux Remedes, p. 387 y 411 del mismo año y i'ectificando
que el matei'ial (|ue se había usado en el trabajo, provenía de
una remesa hecha desde (latamarca ])or el Dr. Acuña.
Hago notar estas contradicciones y rectificaciones, para cor-
rejir el aserto que figura en los trabajos cpie analizo, de que la
planta lleva en el Brasil el nomlire de Pillijan, mientras que
■esta denominación es de origen quicitúa y ¡¡or nada lirasdera.
El pi'oceder de estraccion del principio activo la Pillijanina
indicado por Adrián, es el siguiente: l'll Pillijnn pulv(^i-izado es
tratado por el agua hirviendo y el eslracto acuoso se concen-
tra y se agota por el alcohol.
La solución alcohólica es pi'ccipitada por el acetato de plo-
mo, tlltrada y adicionada de una lecliada de cal (pie precipita
el esceso de jilomo. Se filtra nuevamente y la solución clarifi-
cada se neutraliza por el ácido tártrico agregado en ligero esceso
y se filtra otra vez.
Se destila v\ líquido para recuperar el alcohol y separar la
resina insoluble que se precipita por concentración del residuo:
éste se filtra, se sobresatura con carbonato sódico y se agita
con cloroformo.
— 231 —
Se destila la solución cl<ii"oiV)rmi(\a: queda un residuo pega-
joso de color amarillo oscuro. Se purifica disolviéndolo en el
ácido cloi-hídrico, filtrando y después de precipitar nuevamente
por el carbonato sódico, se vuelve á agitar con clorofoi-mo.
l'^sta íütima solución clorofórmica, abandonada á evaporación
lenta, deja depositar la Pillijanina bajo la forma de una masa
blanda, ligeramente amarilla y trasparente, de olor viroso que
recuerda á la pelletierina. Tiene reacción alcalina marcada y
dá vapores blancos cuando se le acerca una varilla mojada en
ácido clorhídrico diluido.
La PilUjanina es soluble en agua, alcohol y cloroformo, poco
en el éter.
Su clorhidrato evaporado sobre ácido sulfúrico, forma peque-
ños cristales microscópicos y es muy delicuescente.
Dá las siguientes reacciones:
Por el fosfo moJibdato sódico. . . pi'ccipitado blanco amarillento.
» » ioduro iodui'ado de \)0-
tnsio » bruno claro.
» » tanino » blanco.
» » ioduro doble de jíota-
sio y mercurio » blanco cuajado.
» » ácido píci'ico » amarillo cristalino-
Por los cloruros mercúrico y platínico no dá ninguna reac-
ción.
A estos se reducen lodos los datos químicos publicados
hasta la fecha sobre el alcaloide del PiUijan.
^'amos á esponer ahora lo poco que hemos adelantado noso-
tros acerca de la J'iUijanina, de los autores indicados.
EsTR ACCIÓN DEL ALCALómE — Para proceder á la estraccion
de la PilUjanina, después de algunos ensayos preliminares, creí-
mos conveniente modificar el ¡¡rocedimiento, pues á juicio
nuestro, el descrito por Adrián, además de tener la desventaja
de operar sobre grandes masas de líquido, el tratamiento por
la cal para eliminar el plomo debe causar pérdidas de alca-
loide de alguna consideración. He aijuí cómo hemos procedido
nosotros.
Porciones de 25 kilogramos de planta fresca desmenuzada
y contundida, se hicieron hervir en una gran caldera con agua,
232
á l;i rjue agregamos un pocf» de ácido tártrico. Se prolongó el
cocimiento Jiasta que se puso el liquido esiieso á causa de una
materia mucilaginosa que se depositó. Se dejó enfriar, se
agregó agua y se iiltró la porción lí(|uida, esprimií'ndose pof-
medio de la prensa el residuo sólido depositado. Los líquidos
reunidos se evaporaron á baño de María hasta obtenerse su
estrado. A este estracto se agregó cal apagada en esceso y se
continuí') la evaporación hasta su sequedad. Se separó el residuo
de la cápsula y se pulverizó iierfectamente.
Colocado el residuo calcáreo en un aparato de desalojo, se
trató por el alcohol hirviendo primero y se continui'i la estrac-
cion por el calor durante algunos dias. Sobre la misma materia
se hizo actuar el éter de petróleo y el alcohol amílico.
Todos los líquidos provenientes do las estracciones fueron
destilados, obteniéndose residuos coloreados en ninariUo verdoso,
formados por clorofila, sustancias grasas y el alcaloide. Estos
residuos se trataron |)or agua acidulada con ácido acético; por
filtración quedaron en el filtro las materias grasas, la clorofila
y otras sustancias resinosas insolubles.
La solución acética fué tratada por el acetato de plomo, que
formó un precipitado verdoso que contenia principios de natu-
raleza ácido-resinosa combinados con el plomo y que fueron
eliminados por filtración.
La solución acética filtrada se trató por una corriente de
ácido sulfhíilrico para eliminar el esceso de plomo. Se separó
el sulfuro de plomo y se evaporó el líquido á baño de María
hasta consistencia de jarabe. Este, abandonado sobre ácido
sulfúrico, no produjo sino una masa oscura incristalizable.
Elste residuo que se disuelve en agua h-ia, abandona al éter
una pequeña cantidad do materia de olor muy fuerte. Se saturó
entonces un cai'bonato sódico y se agitó con cloroformo. La
solución clorof('>rmica destilada nos dejó por residuo la Pillija-
nina bajo la forma de una masa amarillo-rojiza de olor viroso
muy fuerte y muy semejante al de la conina ó cicutina.
En varias operaciones sobre !a cantidad de 2.j kilogramos
mencionada, hemos obtenido porciones de alcaloide que han va-
riado entre 15 y 20 gramos.
Aunfjue en la jNlemoria publicada conjuntamente porBardet,
Blondol >■ Adrián en la [üig. 72 de los Üomptes Bendus des Tra-
vaztx du Laboratoire de Thérapeutique, Pnris 1889, se diga que la
cantidad de alcaloide obtenida por Adrián ha sido de 1 por 1000,
dudamos mucho de la exactitud de la cifra, pues nuestras con-
diciones e-sperimentales, habiendo sido mas favorables, nuestro
— 233 —
procpdei' inas porl'ecto y el estado de la jilanta empleada en
mejores eondiciones de frescura y iirobalileiriente de conserva-
ción, por hallarnos mas cerca del paraje en donde se encuentra,
no liemos conseguido sino el rendimiento arrilia apuntado.
Pasemos á ocuparnos ahora de los caracteres del alcaloide
aislado por nosotros y de las determinaciones (|ue hemos pirac-
ticado con el mismo.
Pl r.U'ICACION Y PROPIEDADES DEI, ALCALÓU^E. — La pUl'ifi-
cacion y cristalización de la riUijanina presenta muchas difi-
cultades, y es debido á estas circunstancias el hecho de no
haberlo conseguido el Sr. Adrián sino bajo la forma de es-
tracto impuro.
Nosotros no hemos podido obtener el alcaloide del sulfato
perfectamente puro iirecipitándolo con lejías de potasa ó sosa, y
agitándolo con cloroformo. La solución clorofórmica deposita
siempre la PüUjcmina bajo la forma de una masa blanco-oleosa
semi-sólida.
En cambio, agitando con éter de petróleo se consiguen cris-
tales en forma de agujas pe(pieñas, blancas, agrupadas a la
manera de Ijarbas de plumas, y fusibles ¡i di- — C->7y\
La Pillijanina ó sus sales se comportan con los reactivos
comunes á los alcaloides, de la manera que espresa el cuadro
siguiente.
Una solución de una sal de Pillijanina dá por los reactivos
abajo mencionados las siguientes reacciones:
R E A C T n'^ O S
REACCIÓN V. S
1 — Reactivo de Erdmann.
2 — Reactivo de Froede.
3 — Acido nítrico.
4 — Reactivo de la Estricnioa.
5 — Acido fosfórico.
G — Cloruro platínico.
7 — Cloruro de oro.
S — Bicromato potílsico.
9 — Acido fosfomolibico.
10 — Reactivo de Mayer.
11 — loduro iodurado do potasio.
12 — Agua de bromo.
13 — Cloruro férrico.
14 — Cloruro niercuric.
15 — Ferrocianuro de potasio'.
16 — Ferriciauíiro de potasio.
17 — Acido tánico.
Ninguna.
Niuguua (por calefacción aparece una lijcra coloración verde,
que se acentúa cada vez mas.)
Eu frío ninguna, — calentando se produce una lijera coloración
amarilla.
Ninguna ó una lijera tendencia al rosado.
Ninguna, ni aun p<.rr evaporación.
No forma precipitado eu soluciones diluidas.
PreciiJÍtado microcristalino amarillo.
Precipitado amarillo de canario.
No d:'i precipitado.
Precipitado blanco amarillento cristalino.
Precipitado amarillo rojizo cristalino.
Precipitado dorado cristalino.
Precii>itado rosado si'icio.
Ninguna.
Ninguna.
Precipitado verde.
Pi-ecipitado blau<;o sucio.
— 234 —
Sales — Pura obtener al estado de pureza y bien cristalizadas
las sales de la Pillijanina, liemos tropezado con muchas dificul-
tades, pues casi todas son delicuescentes y alterables por el
calor.
El sulfato se obtiene neutralizando exactamente la Pillijanina
con ácido sulfúrico, y evaporando la solución á baño de MiU'ia.
Se forma una masa siru])Osa pni-dn. Tratada ésta por el alcohol
etílico absoluto hirviendo, en el que el sulfato es poco soluble,
por enfriamiento, se depositan cristales microscópicos muy
blancos.
También evaporando l(Mit;imi'nte la solución alr<:)li(Mico-acuo-
sa de sulfato de Pillijanina hemos olitenido la sal en Inrma
de gruesos prismas romboidides.
El sulfato es delicuescente, ciistaliza con 2 ^ o moléculas de
agua, y es mombásico, como resulta de los análisis siguientes:
A 150" ennegrece, y se descompone sin fundií".
I Gr. 0,2337 de sulfato de Pillijanina calentado i'i 11.")- 120°
en corriente de aire seco, han perdido Gr. 0,0102 de agua:
correspondientes por cien partes á agua 0,93 °/o-
U. (W. 0,2199 de sulfato han dado Gr. 0.0803 de sulfato de
Bario, lo (|ue dá por ciento de ¡icido sulfúrico
14,96.
Para la fórmula (C"H"Az-Ü) + 2^ 2 de H-0, serían me-
nester por ciento
Agua 7,00
Ácido sulfúi'ico. . . . 15,3
El clorhidrato de Pillijanina cristaliza aun mas ditu'ilmcnte,
pues es mas delicue.scente c|ue el sulfato. Lo hemos conseguido
en forma de cristales tabulares achatados con cantos curvilí-
neos, ó en forma de cruces de Malta.
El cloroplatinato, siendo bastante soluble en agua y alcohol,
solo se puede obtener de las soluciones mu)' concentradas, y
se de])Osita de éstas en láminas amarillas brillantes. Ordinaria-
mente se obtiene una masa pegajosa, pero que tratada por el
alcohol absoluto caliente, se disuelve, y por enfriamiento dá los
cristales amarillentos mencionados, (]uedando en solución una
parte de la sal. De la solución alcohólica se puede obtener
también en escamas adherentes al tíltro cuando se trata éste
por el éter. El cloroplatinato calentaJo á 200" se descompone
sin fundir.
— 235 —
Por el aniilisis so lian oliteniílo los siguientes resultados:
I. Gr. (),21(J3 de materia por combustión lian dado Gr. 0,30GG
•de CO'^ y Gr. 0,0118 de H^O.
Es decir :
Carbono 38.65 %
Hidrógeno 0.06 »
Queda además un residuo de platino de Gr. 0.0185, que por
ciento da:
Platino 22.42 %
II. Gr. 0.1534 de cloroplatinato han dado Gr. 0.1536 de clo-
ruro de piala, ó sea Gr. 0.038 de cloro correspondientes á
Cloro 24.77 %
III. Gr. (L21.57 de cloroplatinato lian dado jior combustión
C^=10,2 de Ázoe á IH'^ y 753,5 m.m. de presión, correspon-
dientes á Gr. 0.01166 de ázoe, ó sea:
Ázoe 5.37 %
El cloroanrato de PilUjauiua, so forma por la adición de la solu-
ción de clíiruro do oro ;i una do clíirhidi'ato do Fillijanina. Se
deposita do las soluciones diluidas en cristales microscópicos
sumamente alterables jior la luz y por el aire. Lavados con
alcohol absoluto y recristalizados por medio de este disolvente,
se obtiene qI estado de pureza el cloroanrato en cristales ama-
rillo de oro sumamente brillantes.
Los análisis de la sal de oro nos han dado los resultados
siguientes:
I. Gr. 0.1205 do cloroaurato de Pillijauina lian dado en una
combustión Gr. 0,1452 de anhídrido carliónico y Gr. 0,0405 de
oro. Lo que corresponde por ciento:
Carlionn 32,86 %
Oro 33,61 »
II. Gr. 0.2676 de cloroaurato lian dado Gr. 0,258 de cloru-
ro de plata, ó sea gr. 0,0630 de cloro (|ue correspondon á
Cloro 23,87 %
— 236 —
Fórmula de la Pilli.ianina — La Pillijanina queacahainos ele
flescriljir en sus propiedades y coa los datos analíticos por
nosotros obtenidos, es evidentemente el mismo producto seña-
lado jior Bardet y descrito por Adrián, auni|ue éste mi haya
hecho análisis del cuerpo, iiroliahlcmente ú causa de haiierio
obtenido en estado de impureza, lo que resulta por otra parte
comparando los datos publicados por ese químico, y los nues-
tros (jue presentamos en esta Memoria. Hacemos esta deduc-
ción de identidad, sobre todo jior ¡ii-ovenir ambos cuerpos de
la misma planta.
En las Licopodiáceas se lia enconíi'ado otro alcaloide: la Li-
copodina, que es diferente á la Pillijanina nue-Mi'a.
La licopodina ha sido aislada por Karl Bodekcr (1) del Li-
copodium-complanatum L., es una materia cristalina que fun-
de á 114-115" y de caracteres evidentemente alcaloideos.
El autor ha analizado su clorhidrato y su cloroaurato, lle-
gando ú establecer la fórmula C'''"H'"Az'0", cuya sal de oro dá :
Carbono 31.74
Hidrógeno 4 . 63
Oro 32.56
Basta comparar estas cifras con los datos obtenidos poi-
nosotros, para convencerse de que se trata de cuerpios diferen-
tes. Por otra parte, algunas otras propiedades señaladas i)or
Bodeker para la licopodina, le diferencia de nuestra Pillijanina.
A nuestro juicio, [lodrían discutirse como probables para la
Pillijanina las dos fórmulas siguientes:
C"H"A/.U) ó C'''H"Az^'0
y nos inclinamos á adoptar como mas probable y verosímil la
segunda, por las siguientes comparaciones.
En efecto, lo composición délos cioroplntinatos serian para :
C'^H'-'^Az'O G'''H"Az-0
Carbono 37.08 39.55
Hidrógeno 5 . 60 5 . 50
Ázoe 6. .32 6.10
Cloro 24.00 23.40
Platino 22.40 21.78
( 1 ) Liebig'.s Aniialen ileí- Chemie Bancl 208 seitc 363 ( ¡881 ).
— 237 —
Los análisis de nuestro cli)ro|ilatinato de PiUijanina nos han
(lado:
( -ai'liono 38 . 65
Hidi'(\i;'eao (J.06
A/.oe 5.37
Cloi-o 24.77
Platino 22.42
que concuerda mejor con la IVirmula
El sulfato cristaliza con 2 \/2 moléculas de agua como
hemos visto y calculando agua y ácido sulfúrico para ambos
sulfatos, tendríamos para las fórmulas:
Agua Aculo sulfúrico
C'H^'Az'0 7.30 15.93
C''''H"Az^O 7.0 15.30
Los datos analíticos nuestros dan para el sulfato de PiUi-
janina :
Agua 6.93 «o
Ácido sulfúrico 14.96 »
cifras que confirman para la PiUijanina la fórmula
C^H^^Az^O
r^ir lin, los análisis del cloroauralo de Pí7//)am«a confirman
la misma fórmula. En efecto, la composición de ambos clo-
i'oauratos sería para:
C"H-^Az-0 C'"H-^\z=0
Carbono 29.10 32.1
Cloro 24.60 24.00
Oro 34.20 34.33
habiéndose hallado ¡lara el cloroaurato de PiUijanina:
Carbono 32.80 %
Cloro 23.87 »
Oro 33.61 »
que viene á hacer mas probable la fórmula con 15 átomos de
carbono.
Nada podemos avanzar sobre la constitución del alcaloide
— 238 —
que nos ocupn, pero de algunas reacciones preliminares que
hemos hecho, podriu deducirse que es una oxiamünicotina
de las tantas isómeras posibles según la teoría. F'undamos
esta suposición en el hecho siguiente observado: cuando se
destila la Fiüijanina en una corriente de hidr(3geno, se oi'igina
una base volátil con todos los caracteres de la nicotina, l^ero,
lo repetimos, esta suposición necesita ser confirmada por estu-
dio cuidadoso de los derivados de la FüUjanina, y de esto nos
ocuparemos en un nuevo trabajo, disponiendo de cierta cantidad
de alcaloide que nos proponemos preparar para llevarlo á
efecto.
Por lo que toca á la acción fisiológica del PilUjan y de sü
alcaloide, no hemos hecho esperiencias especiales que merezcan
ser referidas; solo hemos comprobado lo que dice el Dr. Bar-
det en el Nouveaux Remedes, 188G, piig. 324, 389 y 411. El autor
refiere que el PilUjan y su infusión es un emeto catártico peli-
groso. Las propiedades eméticas parecen deberse atribuir al
alcaloide, mientras que la acción purgante es esclusiva de la
resina que contiene la planta, como lo ha comprobado el doc-
tor Capdeville y publicado en la tesis citada.
La dosis de resina usada por este esperinientador sobre sí
mismo, alcanzó á GO centigramos y su efecto purgante se ma-
nifestó al cabo de una media hora, y continuó, cesando los
fenómenos al cabo de una hora, después de la ingestión del
medicamento.
La acción del clorhidrato de Pillijanina es muy enérgica y
puede llegar á producir la muerte de un perro á la dosis de
10 á 20 centigramos.
En injeccion hipodérmica no produce acción irritante local
ninguna ó por lo menos apreciable.
El clorhidrato de Pillijanina parece ejercer una acción es-
pecial y predominante sobre el sistema nervioso: se manifiesta
sobre el bulbo y los pneumogíÁstricos . En efecto, después de la
inyección del veneno se observa: 1° un temblor (^onvulsivo que
se generaliza á todo el cuerpo; 2" una exageración de la acción
reñeja que persiste hasta los últimos instantes de la vida, re-
flejos que no están localizados, sino que se producen sobre
— ■2:y.) —
todo ol cuerpo cuando no tora p. e. el miembro posterior ó
anterior, lo que demuestra que la acción de la médula está en
juego hasta en sus partes cefálicas; 3° convulsiones clónicas
con coufructuras se maniHestan en seguida, acompañadas de vñ-
miti~)s violentos. Estas convulsiones, rai'us al i)rinci[)io, se ha-
cen mas frecuentes y persisten hasta el momento de la
muerte.
Un fenómeno constante dn la acción de la PilUjanina es la
contracción de la pupila, (pie Bardel esplica por una acción
del veneno sobre la rama del oculo-motor que inerva el esfín-
ter del iris, ó sobre la sustancia gris que ¡)one en actividad
esta rama.
Todos estos fenómenos tienen su punto de partida en el
bulbo y la médula.
La acción sobre el pneumogiístrico se manifiesta por tras-
tornos en la circulación y respiración.
Después de la injeccion del alcaloide la respiración se
hace irregular, aumentando el número de inspiraciones y dis-
minuyendo su amplitud: se observan inspiraciones profundas
seguidos de espiraciones bruscas; cuando aparece el temblor se-
ñalado mas ;n-riba, los mo\imiiMilos respirativos se vuelvan
rápidos y cortos y el corazón funciona irregularmente.
La asfixia se produce, y el trazado gráfico del corazón de-
muestra qiie los trastornos respirativos son la causa primera
del envenenamiento de la sangre por el ácido carbónico y de
la reacción habitual de este veneno sobre el corazón.
Adeniiis, [larece que la PilUjanina tiene una acción parali-
zante especial sobre el corazón.
También los vómitos prolongados que el alcaloide causa, lo
mismo que la salivación que se manifiesta por la acción local
sobre las mucosos bucal y estomacal, demostrarían una acción
sobre estos órganos.
No se ha notado nada especial solire el riñon y la orina,
que se ha mostrado siempre noi'mal.
Estos fenTimenos han sido an;d¡zados del modo descrito por
Bardet, quien deduce de los mismos las siguientes conclusio-
nes: la PilUjanina es un veneno cuya acción prodominante se
manifiesta sobre el bulbo y los pneumogástricos; que la acción
emética del Pillijan es accesoria y que no debe ser usada la
planta como vomitivo, pues su acción tc'ixica no justifica el em-
pleo de la misma ni de su alcaloide.
La acción paraliz;mte de la PilUjanina sobre la respiración
podría talvez tener alguna aplicación en las enfermedades es-
— 240 —
pasmódicas de las vias respiratorias, pero falta el eontrol de
la esperiencia clínica para aconsejarla.
Por fin, la i'esina del FiUijaii es un purgante sua\e y podría
en este concepto ser usada.
En las páginas que anteceden (|uedan reasumidos nuestros
conocimientos actuales sobre la ¡llanta que ha motivado este
artículo, y á los que hemos agregado una modesta contribución
nuesti'a y del Dr. Canzoneri.
Tenemos el propósito de continuar el estudio ante la con.s-
titucion química de la Pillijnnina y esto será motivo de un
nuevo artículo que verá la luz en esta Revista tan luego como
obtengamos resultados de algún interés para la ciencia.
Laboratorio de la Oficina Química Municipal do Buenos Aires, 1801.
Pedro N. Arata.
Ñolas i m mmn fle Graiátlca licpl
SAMUEL A. LAFONE QUEVEDO
(Continuación). — Véase página 3 28 del tomo I de esta Revista
Netegink chichi naü, gagüm nihirenak.
M perro tío es malo como el tigre».
En Mocoví se compara así :
Ctiladdok minni Pedro que Pablo
Alto como es Pedro es Pablo.
La partícula men en Abipon también denota comparación:
Men neta, men naetar' át.
Como es el padre, asi es el hijo.
Parece, pues, que el minni Mocoví es el men Abipon ; y. ese
que tan Español, ni ni:'ts ni menos que la misma partícula
que precede á los interrogativos; el romance seria:
Alto como es Pedro, ello es Pablo.
Aim nam chococtá inni Pedro quínni Pablo.
Yo más quiero d Pedro que á Pablo.
Aquí hay que notar el >iam — más, — inni, usado casi
como artículo, ó como preposición d, y quinni, que realmente
equivale á — que d.
Ai? Ctiladdok e Pedro maccamí.
Pedro es alto como vos.
Aquí se ve que tenemos algo parecido al Abipon M'ahaini
— á tí.
Ictaá namladdok caccamí.
Mi padre es más alto que Vd.
En el Manuscrito que posee el Señor Lamas, y que yo su-
pongo contenga los apuntes del Padre Brigniel, encuentro esta
frase :
Juan lamicami quiñi Pedro,
Juan es más viejo que Pedro.
Lamicami es la voz que dice anciano — en Abipon, y por lo
de arriba se ve que el tema radical es realmente icami; así
— 242 —
que lamicami debe analizarse: lam-icami, siendo la partícula
lam un equivalente del Mocoví nam — más. L y N se usan
casi indistintamente como articulación pronominal de 3" per-
sona.
El Toba usa la partícula mano, en lugar de Jam ó nam, y se
deduce que la verdadera idea comparativa está encerrada en
la letra M, nueva coincidencia que se deja advertir con las
lenguas europeas, que también comparan con M en uno de
sus tipos.
Ex. Noentá — hiteno.
Mano-noentá — más bueno.
Concluiré con un ejempl(3 mas del Mocoví en ([ue reaparece
el Caccami.
Ictaá namcoogoyek caccami.
Mi padre es más viejo que Vd.
XVII
El Mocoví sabe formar superlativos y de una manera tan
sencilla como nosotros, porque simplemente arrima alguna
palabra ó partícula que exprese la idea de exceso en mucho.
Como en los idiomas modernos de Europa, hay tendencia á
formar los grados de comparación mediante recursos de sintaxis.
En los siguientes ejemplos y comparaciones se encontrará
lo que mas importa saber:
E Pedro danniicti,
Pedro es muy fuerte.
La terminación icti lleva el sentido de exceso, acaso sea la
misma voz ait, que en Abipon dice mucho, y así tendríamos:
Pedro es fuerte mucho,
E Pedro yappaguéh danni,
Pedro es el más fuerte.
La palabra yappaguéh suena á Quichua, y tiene que ver con
yapa — aumento. r
E Pedro anarayeuh,
Pedro es fortísimo.
Aquí el uli expresa exceso, y parece que es partícula que se
usa en Toba y Mataco también.
En Toba hallamos:
Noentaú — muy bueno, de — Noentá.
Lechaú — muy grande, de — Lechi'i etc.
Mano-noenta-ú — lo último de lo bueno.
— 243 --
XVIII
Los adjetivos puede decirse que carecen de importancia en
este, como en tantos otros idiomas Amei'icanos: su aspecto
más interesante es el de admitir fleccion verbal. Tavolini nos
da un ejemplo:
ta
Tcaleecá — grueso, gruesa.
1. Tcadiccá — yo sog grueso.
2. Tcadeccaí — tii eres grueso.
3. Tcaleeccá — él es grueso.
Pl. 1. Tcadeecc — nosotros somos gruesos.
En Abipon tenemos:
1. Riahot — go soy ó estog robusto.
2. Grihochi — tii eres ó estás robusto.
3. Yiiot — e'l es ó está robusto.
Esta fleccion es más sencilla que aquella, pero la una se
ajusta á la otra bastante bien, desde que las articulaciones
pronominales en a(|uel ejemplo son:
1. Di —
2. D — i
3. Le —
que con la D =R nos deja solo la
Lé = Y de que dar cuenta.
La morfología de éste me hace creer que en el ejemplo Mo-
coví debemos deducir que la idea de grosura se halla en la
voz eccá; porque la articulación pronominal debe preceder al
tema á que corresponde la fleccion.
Es probable que toda dicción que signifique calidad y toda
partícula adverbial y apositiva sea susceptible de esta clase de
conjugación; porque así como yo puedo ser ó estar bueno,
puedo también estar arriba ó abajo ó de cualquier otro modo
que sea.
— 244 —
XIX
LOS NOMBRES NUMERALES
r
En Mocoví uno es — Yñatviik.
o
dos — Yñoaca.
Los Abipones según DobrizlKjffer tienen tres nombres nume-
rales:
Iñitara — Uno.
Iñoaca — -Dos.
Iñococa yekaini — Tres.
Fácilmente se comprende que las dos series tienen el mismo
origen, probablemente inni — este (dedo?). El tara es — solo
— en Abipon.
El dos es un plural en su forma, y probablemente quería
decir — estos — mostrando los dos dedos.
Los otros numerales son derivados del Castellano:
etres, ecuatro, icinco, etc.
XX
ORDINALES
En Abipon Era námachü es — el primero: — después se
agrega — cat laháua — y otro, etc.
En Mocoví tenemos:
r
Aapesék — iirimero.
l,otleyá — segundo.
Lot-idri-leya — tercero.
Lot-idri-leya cuarto — cuarto.
Los Numerales son lo mas insignificante que tiene el idioma
Mocoví: es probable que se liayan manejado á dedo, [uies el
innl — este — en el uno y dos lo están indicando; Atvák delje
ser el e(|uivalente del Abipon tara — solo.
— 215 —
XXI
DEL NOMBRE SUSTANTIVO
En I\Ioci:t\i el noinl)re tiene género, número y posesivaeion;
también se le subfijan partículas para expresar disminución ó
aumento; pero carece de concordancia en el sentido de género
y número, entre el sustantivo y sus complementos.
GÉNERO
Decimos que tiene género el nom!)re, porque encontramos que
yaleh, pl. yaldi dice hijo, mientras que yalc, pl. yaló equivale á
hija; de suerte que la h como sul)Hjo corresponde á la termi-
nación del masculino, como su ausencia á la del femenino.
La k puede reemplazar á la h, como en Mocoüek, paisano Mo-
covi.
Género abstracto de las palabras no se conoce, pero este
idioma modifica la terminación según el sexo de la persona ó
animal de que se trata ; y si es pronombre muda la e inicial
de masculino en a para femenino.
Dignos de ser notados
Faysano —
Paysana —
Espinero —
Espinera —
Montara
Montara i a —
Cautivo —
Cautiva — •
Pobre ( m ) —
Pobre (f) —
son los siguientes ejemplos:
Mocoilek,
ta
Mocolaisé
Ischipileek
pi-
pi.
Mocoilasé
ta ta
Mocolaisé
ta
Ischipiniik
ta
Ischipílassé pl. Iscbipilassé
ta o
■■ pl.
— Noennarcék pl. Noennarcé
Pobrecito
Criollo
Criolla
Noennarcé pl.
ta
Naak pl.
ta
Nuil pl.
ííi h
Eogodack i)l.
ta' b
Eogodae pl.
Eogodaeccolék
— Eddocoleék pl.
ta
^- Eddocolassé pl.
Noennarcé
ta
Ñaua
ta
Naá
ta b
Eogodaccá
ta^ b
Eogodayé
Eddocolassé
ta
Eddocolassé
— 240 —
En este paradigma notamos que la k es terminación de mas-
culino, como la e lo es de femenino; y que en el plural la
forma es común á los dos géneros ó sexos.
Macho es yalé, y hembra aalú. y el Mocoví, en común con
tanta otra lengua, distinguirá los animales en cuanto á su
sexo, con uno ú otro de estos calificativos.
Las voces Lateé — madre, y Lefad — padre, también son curio-
sas, por(|ue la primera combina la a, inicial femenina de pro-
nombre, con la e, final femenino de nomlire ; y la segunda la
e, inicial masculina de pronombre. La L es únicamente el
prefijo pronominal, así que la raíz de la palabra estriba en la
t: en la fleccion hallamos la combinación ct, pero este es un
recurso del Mocoví, que equivale al chiclieo del Abipon.
XXII
NUMERO
En Mocoví los nombres tienen una gran variedad de partí-
culas finales para formar el plural. Lo más curioso es que
estos subfijos tienen mucha analogía con las partículas finales
que completan la posesivacion' de segunda persona.
Ex. gr. Ivál — mi nieto; Ivali, mis nietos; Cavali, tu nieto.
Las reglas parece que son las siguientes :
I''. — Una vocal acentuada se acentúa más, ó se recarga con
el tartamudeo, representado por el signo te, ó, finalmente, se le
aumenta una 1. Ex. gr.
Ex.
d pl. d; ó pl. ó; i pl. il; é pl
Una vocal acentuada puede llevar
lumento silábico.
217
3*. — Una h ó k finales, hacen:
A k Plural eco,
B h » có,
C eh » có
g'O
gó.
OCCÜ
4''.
Algunos nombres que acal)an en eh ó ek, ik ó ih, cam-
bian esta síkiba en cá ó Idd:
8. ek Plural alca
5". — Otros nombres que acaban en h ó A-, toman aumento
silábico convirtiendo aquellas letras en la sílaba gid ó qui.
h plural gui — k plural qui
G''. — Algunos nombres aumentan la letra / con modificación
de la vocal que precede, ó sin olla:
7*. — Muchos forman el plural con refuerzo ó cambio de
alguna letra ó letras análogas:
La L y la N son pronombres de tercera persona.
— 248 —
S''. — Bastantes nombres forman el jilural por sincopacion:
ta
ek plural e
laca» » la
ácca » á
r
a cea » é
9*. — Otros cambian la partícula final, á lo que parece to-
talmente :
NüTA. — La voz Iimih — • mi guasca — liace lujJú en plural. A lo que se ve
no son las mismas palabras.
OBSERVACIONES
1''. — El refuerzo ó tartamudeo parece que indica dui)licacion
de partícula final, que es un modo de formar plural análogo
al de la repetición de la palabra entera. Otro tanto acaso
pueda decirse de la sincopacion.
2". — Las consonantes favoritas del plural, parece que son
la c, d, I, r, i y y; las vocales, la i y la e. Estas mismas letras
sirven para formar el refuerzo final en las posesivaciones de
segunda persona, como se verá en su lugar.
3*. — La L final es el plural tíi)ico, como que se halla en
Moeoví, Abipon, Toba y ? Mataco; en esta lengua, bajo la forma
il, que significa otro, y, probablemente, eso dice también la I
en ¡os demás dialectos: en Moeoví, leya, es otro, ó mejor dicho
— ya más.
4". — Cuakiuier pronombre de tercera persona sirve para
formar plural: Ecca — él, hace eccuá — ellos; este uá sos-
pecho sea pa Quichua y Aymará, él, y también el ita Caríbico
— el.
s-tó
XXIII
DIMINUTIVOS
Los diminutivos se forman agregando las partículas finales
ol, ole, ú, olék, al.
la
Niih, Ciudad; Niccoléli, Pueblito.
(a
Lacheugué, Eio; Lactieuccolé, Arroyo; Lactpgíial, Lagunita.
Pagannatá, Carona; Pagannactolé, Caronita.
ta ta ^^
Anná, Aguja; Annolé. Agujitas.
Nasseréli, Tabaco; Nassercolek, Tabaquito.
Esta terminación es común á los tres dialectos, Mocttví, Abi-
pon y Toba, y probablemente a todos los demás. - ■
XXIV
AUMENTATIVOS
Las partículas finales ppi ó lipí y uh parece que indican au-
mento de cantidad ó número. La partícula de pluralidad essácte
parece que se usa en el sentido latino de etum, nuestro al ó
edo. Ex.
Penca — Ectoniqque pl. Ectoniqquí.
Pencal ■ — Ectonessácte.
Parece que la terminación essacte equivale á la agrupación
de pencas que forman el pencanal. Sería curioso que esta ter-
minación saete nos esplicase el sacate — pueblo en Sanavirona.
El valor de la desinencia lipi ó lippe se advierte . en estos
ejemplos:
Vacalipí — Hacienda.
YaTu'ippi — Mucha gente. '
Aschipigrippi — Yeguada ó manada.
Layenalipi — Tropa de caballos.
— 250 —
XXV
POSESIVACION
En la Posesivacion se encuentra la dificultad mayor de las
lenguas del Chaco. Los P.P. Barcena, DobrizholTer etc. ya lo
habían hecho notar, y el P. Tavolini ha confirmado el juicio de
aquellos al dar su inmenso número de ejemplos sin haberlos
I-educido á regla alguna.
Lo que puede asegurarse es esto, que si bien no caben re-
glas generales que incluyan todos los casos, no por eso deja
de sentirse cierto orden y concordancia en lo general, y cierto
círculo forzoso en las excepciones, de todo lo cual se deduce,
que estos idiomas no son inorgánicos ó informes sino sí sutilí-
simos en sus partículas posesivas y conjugativas, y bien dignos
de ser estudiados á fondo por todo Americanista.
Un estudio somero de la posesivacion Mocoví solo produce
la desesperación, pero al profundizarnos en la materia luego
nos hacemos cargo de la clave que es sencillísima, y compren-
demos que casi toda irregularidad queda relegada á las se-
gundas personas y á los plurales en general.
REGLAS
1». — La Y inicial ó semi-inicial, es decir, que ocupa un lu-
gar entre el tema y un prefijo no radical, es índice posesivo
de 1* persona del singular, i, e, equivale á mi ó mis.
2*. — La C, D, ó N, inicial con una i final, son índices
posesivos de 2" persona ú otra letra corrosponderi'i la voz á una
ú otra de las tres declinaciones típicas: esta combinación equi-
vale á nuestro hi ó finjo.
3^. — La L inicial es índice posesivo de 3* persona en sin-
gular y plural, y equivale a nuestro romance, de el ó suyo etc.
4*. — Las partículas Ar 6 R iniciales son índices de I'' y 2*
personas en plural : si es de 2* los subtíjos acabarán en i con
mas las acumulaciones ó afijos especiales en esta persona.
Parece increíble que tanta complicación de partículas quede
reducida á reglas tan sencillas; mas ello .se explica mediante
los siguientes axiomas y excepciones:
— 251 —
1". ' — Los [)lui'ales en casi to.los los idiomas pi'csentiui irre-
gularidades ([uo no se tienen en cuenta para la elasilicacion
normal en sentido grami'itico.
2". — La acumulación de índices pronominales es un meca-
nismo- muy conocido, que no afecta el vidor léxico de la com-
binación, si bien lo refuerza o amplía.
3". — La irregularidad que se advierte en los índices subsi-
diarios de la 2^ persona como los de pluralidad no afectan la
clasificación primordial.
4°. — Los índices de 1* singular y la 1* y 2^ persona, de
plural, se consideran de valor léxico análogo: la importancia
de este axioma recien se advierte al entablar la comparación
con el Abipon, idioma en que viene á ser regla lo que en
Mocoví es excepción.
XXVI
POSESIVACIONES
GRUPO I
SEGUNDA PERSONA POR D
L Y-aá {mi) 2. Daari {tu) 3. L-aá {su)
ta ta írt
L Y-aa-té {mis) 2. D-aa-etri {Uis) 3. L-"aa-té {sus)
OBSERVACIONES
ta
1'''. — N-aá — ía estancia — forma de relación abstracta; la
n inicial corresponde al artículo nuestro — la ó una.
— 252 —
2*. — Dos temos entran en la posesivacion : el singular y el
plural. En las tablas de plurales se ve que una á aguda forma
plural en até ó en arí. El Mocoví valiéndose de ese recurso
tan conocido en todos los idiomas, uso las dos terminaciones
para diferenciar su tleccion. La á puede ocultar una r y la
vemos reaparecer como refuerzo análogo de 2* persona. La á
también puede llevar una í, oculta en su agudez y reaparece
como partícula análoga de. pluralidad con recuerdo de la r, y
refuerzo con la c en 2* persona. Esto combinación ct es muy
característica del Mocoví.
3*. — En este plural, que, no se ajusta á los ejemplos típicos
que encabezan este capitulo, ];*ar.ece que tenemos un rastro del
plural exclusivo — Y -dale" ^■^' mis ■estancias. — Es digno de no-
tarse el tema plural con articulación singular: véase el 4°
ejemplo.
x:jevii
2" Ex. 1. Y-accá {mi) 2. D-acca-rii (tu) 3. L-accá (su)
Pl. L Ard-accá {nuestra) 2. Ard-acca-rii (vuestra)
OBSERVACIÓN
Como se dijo en el anterior ejemplo, la a aguda parece que
á .veces encierra la sílaba )-e 6 ri. Explicado así, este es un
ejemplo regular del tipo A. El plural es singular en tema y
plural en articulación y á\c& nuestra ¡jarba, etc.
XXVIll
3" Ex. Avaleyactée — Madrastra,
L Y-avaieyaactée {mi) 2. Davalidactí-i {tu) 3. L-avalelacteé
Pl. 1. Rd-avalerdoctée {nuestra). 2. Ard-avulirdacti-i (reíesíro)
2y.i
OBSERVACIONES
La i por e en la 2^ persona respondo á la regla (jue toda
e en 2* persona se .asimila á la i Hnal, no siendo radical inicial,
porque de lo contrario se confundiría con la i inicial ó sub-
ini,cial^ índice de 1* persona.
" ' I. ' i ' ' ' ' ■ ' ■ ' . ' s
2*. — I Esta íes una palal)ra compuesta de actée madre, y tal-
vez Avala, je^■ga ú oti'o calificativo. Lo mas curioso de todo
es la pósesivqcion doble q.ue lleva, establecido lo cual desapa-
rece, el último, rastro de irregularidad.
* X' ta
i. Y-avale — Y-actée — 3Ti madre de tal
2. D-avali — D-aCti4 — Tu » ' de tal
3. L-avale — L-actée — Su » de tal
Pl. 1. Rd-avale — Rd-actee — Nuestra » de tal
2. Ard-avali — Rd-acti-i — Vuestra )> de tal
Lo que parecía irregularidad se ha conxertido en lo mas
estrictamente ajustado á regla.
Esta posesivacion corresponde á los tipos B A y B.
XXIX
4" Ex. Naccatéh pl. Naccatcá — La palabra. La N es par-
tícula de relación abstracta.
Singular Mi Palabra, etc. riui-al Mis Palabras, etc.
b
\. Y-accatéh L Y-accatcá
h
2. D-accacti-guii 2. D-accacta-ri
3. L-accatéh 3. L-accatcá
Pl. \. Ard-accatéh Pl. 1. Ard-accatcá.
2'. Ard-accacti-guii 2. Ard-accact-rii
OBSERVACIONES
I''. — Este es un ejemplo perfecto de la clase A.
2'\ — Cuando las palabras acaban en M, la posesivacion de
— 25 i —
2" se hace sostituyendo osla partícula con otra (jue es qid ó
guü, si la h lleva una e final muda.
S'''. — Toda t subfinal pido una c anles de sí para formar
plurales y posesivaciones de 2^.
4*. — La i final de 2'' convierte en i toda e que la preceda
no siendo la inicial.
b'^. — En este ejemplo tenemos el plural simple y complejo:
Mi palabra — Nuestra palabra, etc.
Mis palabras — Nuestras palabras, etc.
'N'éase lo que se dijo del 1° Ex. acerca de la posibilidad de
b
que este plural Yaccatcá — mis palabras — podía contener un
rastro del plural exclusivo.
(5^. — El Mocoví como el Castellano, tiene las tres formas
del plural.
Nuestra palabra
Mis palabras
Nuestras palabras
el mecanismo es idéntico.
XXX
5° Ex. Ayyagá pl. Ayyagál — Talón.
1. Y-ayyagá (mi) Pl. 1. Yr-ayyagál (mis)
2. D-allarii (tu) 2. D-alla rii {fus)
3. L-ayyagá {sic) 3. L-ayyagál {sus)
OBSERVACIONES
I''. — Este ejemplo carece del plural comjilejo, nuestros ta-
lones etc.
2*. — La ijy por // es simplemente la confusión común de
estas dos letras.
3^. — La r y la (j se confunden en estos idiomas. En las
partículas de pluralidad tenemos, singular cá, plural rije; cea!
la
pl. re; (JO, p!. di, ri, rri; ga \)\. rdi etc.
4''. — El rlí plural simplemente introduce la I de pluralidad
con supresión de una i del singular.
5*. — Este es otro ejemplo del tema en plural con articula-
ción singular que produce el romance — mis talones.
6" Ex. N-appi pl. N-appirí Abítelo.
ta
1. Y-appí (mi) 2. D-ap¡)í {tu) 3. L-appí (su)
Pl. 1. Ard-appí {nuestro) 2. D-appí {vuestro)
Ard-apri.»
OBSERVACIONES
1*. — Este ejemplo corresponde al tipo C.
2". — Los únicas irregularidades que se notan son: Ausen-
cia de una segunda i en la 2'^ persona que muy bien puede
estar oculta en el acento, y la 2''' forma de la 1'' persona del
plural, que sin duda alguna es una sincopacion del plural
complejo.
7° Ex. AvaTeglectá. Padrastro.
1. Y-avaleglectá — Mi iMidrc de tal.
2. D-avah-cacta-i — Tu padre de tal.
3. L-avale-glectá — Su padre de tal.
OBSERVACIONES
s
I''. — Esta otra palabra compuesta de Ectáá padre y avale,
jerga, etc.
s
2^. — Eciáá padre se declina asi:
i. Y-ctáá (mi) 2. C-actá-i (tu) 3. L-ectáa {su)
Resulta pues que es una reunión de la 1'^ y 2* Declinacio-
nes Posesivadas, aquella por D, esta por C. Italiano era el P.
Tavolini, y se comprende que la combinación d encierra una
F de 1* y L de 3" persona.
XXXI
8° Ex. Ectekcé — Biñon
1. Y-ectekcé (mi) 2. D-ictikcí {tu) 3. L-octekcé {su)
Pl. 1. Ard-ectekcé (jiíro) 2. Ard-ictikci {vtro).
- 250
OBSERVACIONES
1^. — Este ejemplo poi'ece que falsea la regla pof cuaiilo la
2* persona lia modificado la primera e en i. Comparada esta
oh
VOZ con las dos XMarnactá, corazón, é Ictimama'ctá, hiél, veni-
mos en conocimiento de una raiz idi, que sin duda forma
parte de la palabra eldekcé,- que probablemente modifica la i
radical en razón de eufonía : — las dos e posteriores producen
su efecto retroactivo sobre la primera, una especie de umlaut,
según la expresión alemana. Salvas esta y otra irregularidad
de que trataremos en seguida, esta declinación se conforma al
tipo A.
2''. — La e final se vuelve i en 2'' persona de suerte que se
procede por sostitucion ó síncopa, y no por aumento de vocal
final.
Compárense las equivalencias de Grano y Lunar, y allí se
verá lo intimamente ^ue todas estas voces están ligadas entre
sí. . . . ■ -
Grano Granos
1. Ynnecté (mi) 1. Ynnecté (mis)
2. Dinnictii (tu) 2. Dinnicti'ii (hcs)
3. Linnecté {su.) 3. Linnecté (sus),
Indudablemente este ictii esplica los otros.
En el mismo caso y por idénticas razones se hallan estas
palabras:
1. Yeddek (mi) 2. Diddigui (tu) Amigo
1. Yektecék ( » ) 2. Diktissiguii ( » ) Sobrino
1. Yektecé ( » ) 2. Dictissii (») Sobrina
Estos dos hacen, dri é ///, respectivamente en el plural simple
i. e. tus etc.
3*. — Lo probable os que la e como la i sean simples articu-
laciones asimilables que se prefijan para evitar el comienzo
con la combinación ct: como no es inicial orgánica sino eufó-
nica, sigue la ley de asimilación de e con e y de i con i. Yo
me inclino á esta explicación, ponjue os la que se me ha
ocurrido después de concluir esta parte de mi trabajo. Es
casi una ley de este idioma que la e inicial sea un simple
afijo eufónico y como tal no es orgánico, y por lo tanto asi-
milable cuando la sigue una i.
— 257 —
XXXII
En los siguientes capítulos he reducido á forma tabular to-
dos los ejemplos de posesivacion que nos ha legado Tavolini.
En ellos se vé que no es imposible la clasificación grama-
tical, y que fácilmente se reducen á cuatro grupos ó clases
principales:
1" Los que empiezan la 2^ persona por D.
2° Los que empiezan por C.
3° Los que refuerzan todas ó las mas de las personas en la
fleccion con N inicial.
4" Los que hacen esto con L en lugar de N.
Las escepciones son pocas y de ellas se tratará por sepa-
rado.
Estas cuatro clases se agrupan en dos divisiones:
La 1* incluye los grupos que posesivan por D y por O, y se
llaman fuertes, porque no necesitan refuei-zo pronominal.
La 2* consta de los grupos 3" y 4" que refuerzan la fleccion
con N 6 L inicial ó subinicial, y llevan el nombre de débiles.
TABLA COMPLETA DE LA ^ DECLINACIÓN
DE POSESIVOS
POSESIVACION DE 2^ POR D
Clave Fórmula típica de Singular:
1. Y — 2. D — i 3. L —
A = Plural con Ard de !=> y 2^
B = » » Rd » » » »
AB = » » Ard de l^' y Rd de 2^ ■
BA = » » Rd » » » Ard » 2'^
A = D » »
a = Simple aumento de i final en la 2* perso-
na: esta i á veces asimila la vocal que
precede, y otras la absorbe.
— 258 —
h = Que la h ó h final se muda en gui ú (juii,
en 2".
e = Que la á aguda toma el aumento silábico
ri ó rii en 2^.
d = Que la terminación qui y té liacen di y ctii
en 2\
Que toda t final tiende á formar d al pa-
sar á 2*.
Que .9ai hace rdii, en 2'^.
te
Que á aguda ó tartamudeada hace di, rdí,
dri, drí en 2*. (rdi cuando la á lleva <j.
Que una jj hace ptí de 2''.
Nota. — Las cifras 1, 2, significan mi, tu.
259
260
?Ay?
bo
?Ye? A c 1. Y-lah-lpinnóli
2. D-elai'ii-lpinneh
Espinazo
A c 1. Y-oschimmag-á
2. D-oschimma-rri
Cuerpo
261
¿Ye? A il 1. Y-nnát
A d 1 . Y-chacaqquü
d 1. Y-ischite
A B (1 1. Yolegarna-g-at
ta
el 1. Y-ossáp
í.o.
d 1. Y-opparla
ta
d 1. Y-o^i-yappiagá
d 1. Yoqimá
d 1. Ydi-ommá
2. D-enna-ct'ii
2. D-ischacaq-ti-guü
2. D-ischi-cte
2. D-olegarna-rctü
ta
2. D-ossáp-ti
t.o.
2. D-opiiarla-di
ta
2. D-oyappia-rdi
2. D-omma-ctri
2. D-omma-dri
Aquí parece que corresponden estos tres:
1. Y-colá
1. Y-coláqque
ta
1. Y-emmék
2. Tch-cola-'i
2. Tch-colacu-'i
Vil a
Sobaco
Zarcillo
Lengua
Asentaderas
Banco
A migas
Ca ma
Lxigar
Coral
Collar
C lidiar a
2. Tch-ardimmiqu-'i
La tch pudiera que sea un chicheo de la D característica de
esta persona.
OBSERVACIONES SOBRE LA 1^ DECLINACIÓN
I* La f(')rmula típica de esta Declinación es la siguiente:
L Y — 2. D — i 3. L —
Pl. 1. Ard — 2. Ai'd — i
Lsta lleva la letra A.
2=^. — La segunda fórmula se diferencia poco de la primera
como se verá en seguida:
D — i 3 L —
Kd — i
ra B.
3^*. — La tercera combina la primera con la segunda en el
plural en este orden y por eso se designa con las letras A B.
i'^. — La cuarta combina la segunda con la primera en este
orden para firmar el plural y desde luego lleva las letras B A.
L Y — 2. D — i 3. L —
L Y - 2.
Pl. L Rd— 2.
Lsta lleva la leí
P!. 1. Rd
Ard — i
. — 262 —
Ij". — I, a quinto reproduce la 1* eu el [¡lui'al y 1" persona, con
repi'dihu-rion del singular sin aumento inicial en la 2-' de plural,
y se flistingue con la C.
1. Y — 2. D — i 3. L —
Pl. 1. Ard — 2. D — i
Como se notará, la gran moNoría de los ejemplos dclcrmina-
dos corresjionden ii la clase A. Los (ejemplos de otras clases
son t'ontados y los (jue no llevan letra carecen de ella porque
el [)lural i'alta en Tavohni, y no .se ha querido u]trai)asar lo
que contiene aquel M S.
Resulta pues que son índices prommunales de posesivacion
los siguientes:
Singular — T' Y — inicia! —
2'' D — inicial con i lina!.
3'' L — inicial
Plural 1* Ard ó Rd iniciales
2''' Ard ó Rd ó D iniciales
con i ti nal
En dos e¡emi)los tenemos una irregularidad muy curiosa:
Y-assoró — mi — hace Ardassoroi — t/i fia
Y-aschi — mi — hace Ardassii — tu cacique,
lo (|ue <;'n uno \ <_itro caso produce identidad entre las segundas
jiersonas de singular y plural, ó sea la inversión de la clíjse
('., y |)ara mayor claridad la apuntaremos con la letra D. Podría
iiahcrsc atribuido á descuido ó á mala comprensión, pero en
contra do esta hipótesis tenemos la posesivacion normal en el
Altipiiu — Xagic — cara — Mi, tu, etc.
1. Y-agic 2. Gr-agigii-i 3. L-agic
Pl. 1. Gr-agic 2. Gr-agiy-¡
Msla correlación entro la 2-' persona del singular y I-'' y 2'''
del plural es digna do toda atención, pi)r(iue es tandjien espe-
cialidad de los idiomas del Pacífico.
La Ard muy hicn puede ser expansión eutVmica di^ Bd. n Rd
sincnpai-inn (h.' Ard: li> mas proludilc es aqmdla iii|ii'il('sis; pero
en todo caso se vi' ipic los verdaderos índices de 2-' persona
son R V D. Por lo ipie respecta al valor particular de A véase
el arliciilo sdIii'O los pronomliros — p.
Ropp y otros ya lian hecho notar (pie no pu(?de haher plu-
— 2G3
ral l(Sg¡co riel pronombre yn, y (|uo nosotros forzosnmente re-
sulta de una aglomeración de la idea del ijo, con la de tú ó él.
Así se esplican perfectamente esas formas del plural que es-
cluyen ó incluyen la persona ([ue oye, como en rpiichúa Twk-
haycu, nosotros, no, tú, ñohhanchij. nosotros contigo.
XXXllI
SUB-CLASES DE LA PRIMERA DECLINACIÓN
En la primera como en las demás declinaciones, se advierte
alguna variedad en el subfijo de segunda persona, pero ésta
es mas bien aparente que verdadera: esto resulta al hacer el
análisis del paradigma de variaciones que damos mas atrás.
SUB-CLASE A
lista se forma de tres modos:
1" — Aumento sencillo de i final.
2" — Aumento de esta i con mutación en i de la vocal que
precede.
3" — Sustitución de / por la vocal final.
En todos los casos, la / final de segunda persona asimila
toda-e que la preceda en la misma palabra, no siendo e inicial
orgánica.
Ex. Y-evelesé, mis, Davilissi-i tus tripas.
SUB-CLASE B.
En realidad, ésta no se aparta de la clase a, por cuanto
no hace mas que agregar una / final á la última consonante
k ó su modificación h, f|ue al tomar la / se ablandan la mas
de las veces en g. La combinación gii corresponde al fonetismo
español. El Mocoví usa la k y g duras ka, l;e, ki, ko, ku; ga,
ge igue), gi (gui) go, gu.
SUB-CLASE C.
En ésta tenemos esa r que si bien se estudia se advierte que
es una de las guturaciones de g. Al escribir voces Tobas de
boca del Indio López, muchas se tuvieron que trasliterar así
— 264 —
rgr, ó así: grg. Imi estos idiomas existe una letra que no se
sabe si es g 6 s,\ es r. Con esta esplicacioa examinemos la voz
Y-ayyaíiá — mi Udon
D-alla-rii — tu talón
La g-r reduce esta palabra á la categoría a.
Tenemos otro ejemplo:
Y-accá — mi barba
D-acca-rii — tu barba
La acentuación fuerte sobre la a final está acusando una
sincopacion que muy bien puede ocultar una fórmula agá, co-
mo que de lo contrario bastaría con agregar una i final: el
aumento de una sílaba restaura letras ya perdidas ¡lor rozón de
eufonía. Así, el latin vis hace vires, fuerzas, y pcs pedes, pies,
que restauran letras radicales perdidas con el uso ó por sin-
copacion, en el nominativo del singular.
SUB-CLASE D
Después de lo dicho acerca de la clase c se comprende que las
irregularidades de la clase d se resuelven en expansiones de
sincopacion y mutación de consonante de acuerdo con leyes
fonéticas del idioma aun no bien determinadas, y que se ex-
presan mal al tener que escribirlas con los signos castellanos.
La r c y d son índices de 2^ persona ya en sí y acumuladas
parece que dan intensidad ó pluralidad. Una t final parece que
exije una c que la preceda al formarse la 2^ persona. La r
puede preceder ó suceder á la ¡f ó é?.
Es muy de notarse que la d en Mocoví representa una r
suave en Castellano, como se vé en este ejemplo:
Dudasnik — Duraxno.
También puede compararse el Guaraní Nde ó De, tu, que
en los verbos reaparece como ere.
XXXIV
De lo expuesto se desprende que en realidad la primera
declinación se reduce á una sola regla, que se modifica así :
1* ; — La regla general es de aumentar una i final en la po-
sesivacion de segunda.
— 265 —
2" — Esta i modifica todas las p. que la preceden menos la
radical inicial.
3'' — A veces también modiíica la a y la o. pero esto es
i-aro.
4^ — Rn algunos ejemplos se elide la vocal que i>recede á
esta * I i nal.
Tv' — Si la voz termina en /,■ ('i // eslns Iclrns ni herir la /
se vuelven q (dura).
T)-' — Si de una terminación en k ó // resulta una posesiva-
cion con ü final, debe deducirse (|ue el tema acababa en l:c ó
Jie y no en /: ó li.
7'' — Una vocal, agudísima á veces aumenta la sílaba íinal
ri, lo que es debido a un candjio fonético de guturacion espe-
cial en la última consonanle.
8-' — (luando se halla rü en lugar de ri debemos sospecliar
que la gargai-izacion terminaba en c muda.
U" — I.as irregularidades de la clase d pueden referirse á
cambios fonéticos, que resultan de ese «narigal y gutural» tan
típicos de estos idiomas. Se nota sí, que una / se arroga una
c antepuesta que puede resultar de alguna guturacion exti'aña
del sonido /.
10'' — La r posterior, parece que i-esponde ;i exigencias fo-
néticas, á las que se ajusta su valor pronominal de 2'' persona :
en todo caso debemos tener presente la confusión de r/ y r.
NOTA: — En otra pai'te se ha dicho (pie la fórmula Abi-
pona,
í Pl. 1. Gr —
Sing. 2. Gr — i j 2. Gr — i
corresponde al Mocoví y Guaycurú
í Pl. 1. Cod
Sing. 2. Cad ¡ 2. Cad ;
pero esto no quita que también pueda hallarse en la articula-
ción Mocoví,
( Pl. 1. Ard.
Sing. 2. Ard. ¡ 2. Ard.
La d y la r íinalcs son la misma letra, y la g Mocoví es
mudanza de r ó ai\ así que muy fácil es que
Gr = Ard.
I'^ste no sería mas que oti-o ejemplo de ese recurso de to-
dos los idiomas de apropiarse diferentes formas dialécticas de
la misma partícula ó dicción para diferenciar su mecanismo
gramatical.
266 —
XXXV
La 2'^ declinación de posesivos en su articulación tiene niu-
clio del tipo Guaycurú ó Mbaya, y también del Quichua, siem-
pre que en este caso sustituyamos prefijos por subfijos, y la
L la busquemos como Y. Apesar de que la posesivacion por D
es la mas numerosa en ejemplos, parece que ésta tiene mas
derecho á ser considerada como anterior, por cuanto su articu-
lación se ajusta mejor á la forma de los posesivos absolutos,
de los (jue vienen á ser simples sincopaciones.
TABLA COMPLETA DE LA 2< DECLINACIÓN
DE POSESIVOS
Su htm inicial característica de 2^ persona es la C.
ARTICULACIONES TÍPICAS
1. Y — 2. C — i 3. L.
Pl. 1. Co — 2. Ca — i .3. L.
» 1. Ar — 2. Ar — i
CLASE A.
267
CLASE B.
(1) Irregíilaridad ik' que no me doy cuenta.
CLASE BA.
1. Y — 2. C
PL L Ar-co— 2. Ar-ra
3. L
1. Y-aalóI
1. ^'-ppiá
I . Y-(|qUÍ
1. Y-vál
I. Y-vál
2. Cactoglocti-i
2. Cappiai'-L
2. Caqqut-i
2. Ca-vaT-i
2. Ca-vali-i
Entrañas
Pié
Alma
Nieto
Nieta
CLASE C.
1. Y
Pl. ). Al
— 268 —
CLASE D.
1. Yy — 2. Cact — i 3. AT
Pl. 1. CocL— 2. Arcad — i
1. Aiglét 2. Cast-ilict-i Miembro
1. Ayyoviáh 2. Cact-oviafru-'i Vergüenzas
I. Ayyoviak 2. Cact-oviag-u-i Ropa
on
1. Ayyorqu'i 2. Cach-oríjuict-i Basin
1. Yyalé 2. Cactial-'i Hija
1. Yyaleh 2. Cact-ya7-'i Hijo
1. Y-yaacté 2. Cach-aact-'i Espinilla
CLASE AD.
1. Ay — 2. Cad
ri. 1. Cod — 2. Cad
3. Al
CLASE E.
1 . Y-actéé — 2. Cacíi-i
Pl. 1. Ai'd-aclóé — 2. Cacti-i
Madre
- 2fi9
XXXVI
OBSERVACIONES SOBRE LA 2' DECLINACIÓN
I'' — La ronna li|iica de csla Declinación es la siguiente,
([ue lleva la letra A :
1. Y — 2. Ca — i 3. L (e vel. a)
Pl. i. Co — 2. Ca — i
La leñemos j)oi- tal |ii>i-(|U(' es la (¡ue mas se ajusta á los
pronombres [Kjsesivus absolutos:
L a-Y-m — es mió Pl. i. CO-dam — es nuestro
2. C. A-dam-I — es tiii/o 2. CA-damt-I — es vuestro
Véase el capítulo (pie ti-ata de los pronombres.
En la 2" de plural i'i veces se refuerza el tema con d n r y
con una seginida / tinal.
2'' — La segunda IVirma es curiosa pori(ue sirve para decli-
nar voces cuya inicial es una C, (|ue ya en sí es índice de las
personas rpie determinan la declinación. Dada la inicial para
evilar repeliciim do letras, se lian valido en el plural de las
partículas Ar ó R. Como se verá mas adelante, la d en Ardes
simplemente eutVmica, pero caractei'ística de 2" en singular, y
de 1* y 2^ en jilural.
Esta clase lleva la leli-a B. y se declina así:
L Y — 2. (Ca.lherida) — i 3. L
Pl. 1. Ar — 2. Ar — i
3" — La tercei-a comliina la primeni con la segunda, y, por
lo tanto, se designa con la combinación de letras A B; su
tVirmula es la siguiente:
L Y — 2. Ca — 1 3. La
Pl. 1. Ar-co — 2. Ar-ca — i
í' — La cuarta forma su primera de plural según el tipo A,
y la segunda ajustada al tipo A H\ se designa con la letra C,
y su articulación es como sigue:
1. Y — 2. Ca - i 3. La
Pl, 1. Co vel Coo — 2. Arca — i
— 270 —
5*- La quinta forma encierra un cúmulo de dificultades,
pero éstas desaparecen si se analizan á l;i luz de los posesivos
absolutos.
Por una parte tenemos :
1. Ay — 2. Cact — i 3. Al—
Pl. 1. Coct — 2. Arcact — i
y por otra :
r
1. Aym — 2. Cadami 3. Alam
Pl. 1. ("odaní — 2. Codamti
La )ii, según parece, es el índice de id)s|i-ai-ciiin ipn' se eli-
mina; el clu también se suprime en esta declinaciim : rpieda,
pues, cali en la segunda de plural.
Mas atrás hemos visto que la / media ¡lido una c para com-
pletar la eufonía, siempre que la ¡¡alahra sufra alguna modifi-
cación casual, de suerte fpie según la ley morfológica del
idioma, sin trabajo se produce la combinación cncti dispuesta
para posesivar de segunda y primera (en plui-al ésta).
Ya se sabe que para la declinación de segunda debe abrirse
la partícula así :
cat - i, cact - x - i, tu x
También sabemos que o es la vocal característica de T' en
plural, de la 2* declinación, y que esta persona caiece de la i
final; desde luego el plural nuestro se expresai'á con esta arti-
culación : coct.
Mas siendo ley del idioma recargar en lo jiosible las partí-
culas afijas, índices de persona, para reforzar el plural y en
atención á que la articulación posesiva de singular se lia re-
vestido de una forma plural, el Mocoví echa mano de un re-
curso gramatical muy ingenioso, pues arrima el prcHjo Ar,
evitando así toda ampibología.
Esta es una hipótesis, pero ella se funda en la obsei'vacion
de hechos y de leyes morfol(>gicas y fonéticas de esta lengua.
El Mocoví por cierto no se dá cuenta de toda la ciencia lin-
güística que aquí se le atribuye á su idioma, y todo lo que se
describe es el producto de evolución inconsciente; pero tampoco
conoce el indio los misterios de la fisiología, y no por eso
deja él de ser una de las obras mas perfectas de Dios.
Una observación mas debe hacerse: parece que la forma
en ct es el artificio de que se valen para evitar chicheo que re-
— 271 —
sulla de una / ó y herida por una t sola. Es ley fonética del
Thoba y del Abipon, que cuando una i hiera una i se vuelva
ch. Dai'emos un ejemplo del Abipon:
1. Y-átó eté — viis ojos
2. Gr-ató ichí — tus ojos
La sibilante s en Üastüicti es una irregularidad, que sin
duda resulta de alguna guturacion que ha degenerado en esta
letra. Las tribus Quichuizantes que rodean el Chaco corrom-
pen en s Va jj del Caizco: así decimos sacha y no jacha, monte
(bosque). La s no reaparece en el plural.
A esta fórmula dedicamos la letra D, que duplicamos para
diferenciar la voz Y-yaacté que en plural sincopa su articula-
ción así: Rcachacti, vuestra espinilla. Su articulación es como
L Ay — 2. Cact, 1, Cach, 1, Cast-i 3. Al
Pl. 1. Coct, 1, Cúch — 2. Arcact, 1, Arcach-i
6^^— La sexta forma es importante porque determina mu-
chas cosas. En primer lugar combina los fórmulas A y D,
razón por la que se le adjudican las dos letras AD como dis-
tintivo. Fmi segundo lugar se explica la razón de la elisión de
d medial en la clase A y de su reaparición en la clase D.
Exigencias fonéticas de eufonía requieren la presencia de una
consonante, pero ella no se elige al acaso, se busca la que
alguna vez correspondió á la propia articulación. Cod y cad se
volvieron co y ca ante una consonante, pero permanecen cod y
cad ante una vocal.
La fórmula:
1. Ay — 2. Cad — i 3 Ai
Pl. i. Cod — 2. Cad — i
se vé que es sincopacion de los primitivos
L Aim — 2. Cadami 3. Alam
Pl. L Codam — 2. Cadamti
Esta articulación es del mas alto interés para la gramática
comparada de las lenguas del Charo, como se verá del ejem-
plo que reproducimos, sacado del Mithridates de Adelung, que
á su vez compulsa el Saggio Pratico de Hervas.
272
GIIAYCURÚ Ó SKA MBAYA
1. Y-vel Yn — 2. Ca. Can, vel Cad 3. L-N
Pl. 1. Co-Con-C(id — 2. id roiNHí/naí/i
Como estos autores no conocían ó no se linltian lijado en
la verdadera articulación de segunda persona que reclama el
subtijo e ó i para completar la posesivacion, se lian limitado
a dar solo los prefijos, pero el complemento de la IVii-mula se
halla en la oración Dominical.
Ex. gr. Ca-boonagad-e — iu nombre
Cad-gucelad-i — tn. reino
Cad-emainigu-e — tu rolitntnd
Parece que en Guaycnni la e suple i'i la /, pues c es yo en
este idioma, vice ahn. El Mocoví también admite una ipic otra
e por i como linal de segunda. Bastaría con los pronombres
para probar que el Guaycura ú Mbaya no es mas que un dia-
lecto del Chaquense-Abipon ó Mocoví.
Los vocabularios Guaycurues ó Mbayas de Castelnau y Gilii
confirman lo dicho. El primero á& la articulacinn coíI y cait,
nuestro, y el segundo iVsu. de él.
Debo advertir que no se ha ]>robadn ipie el Guaycurú se
limite á este mecanismo articular: muy bien puede suceder
que lo tenga tanto y tan vario como los idiomas Toba. Mocoví,
Abipon, etc.
7" — La séptima fórmula combina la primera con la cuarta
— correspondiéndole las letras AC: pero es de advertir que el
primer ejemplo en el singular corresponde mas bien al tipo
AD, y que la articulación Ar pierde su A en las segundas per-
sonas. La d eufónica del primer ejemplo ya .se ha ex|)licado.
La articulación es como sigue :
L Ey, Y vel Ye — 2. Cad-Ca — i 3. ET-La
Pl. 1. Cod-Co — 2. Rcad-Cad — i
8" — Esta es una excepción : actcr, madi-e, pertenece también
á la primera declinación, y de ello resulta sin duda la iri-egu-
laridad. En lo demás se ajusta al \\\n) A. Lleva la letra 1'^.
(CuiUiíntayá.)
BREVES DATOS
SOBRE
UNA ESCURSION Á PATAGONIA
CARLOS V. BURMEISTER
Naiuralisli viajero dal Museo da La Plata
BRE^'ES DATOS
UNA ESCURSION A PATAGONIA
CARLOS V. BURMEISTER
Naturalista viajero del Museo do La Plata
Encargado por el Director del Museo de La Plata para diri-
jir una de las comisiones que este establecimiento mantiene en
Patagonia, estudiando su suelo y sus habitantes y reuniendo
objetos para sus colecciones, doy aquí breves datos de los tra-
bajos de esta comisión, en la que tengo por compañeros á
los empleados del Museo señores BeauHls, Ivovich v Berrv.
Las noticias mas antiguas que se conocen sobre la Patagonia,
fueron suministradas por Pigafetta, el compañero de Magalla-
nes en 1520, y por Biedma, el atrevido esplorador español, en
1781, los que además de sus diarios de viaje formaron pe-
queños vocabularios del idioma de los indios tehuelches.
El primer naturalista que estudió la fauna de la Patagonia
fué Juan Reinaldo Forster, compañero del capitán Jorge Cook,
en su viaje al rededor del mundo durante los años de 1772
á 1775. Medio siglo pasó luego sin que la fauna de esta parte
de América llamara nuevamente la atención de los hombres
de ciencia; solo en 1827 el capitán Felipe King se dedicó .á
coleccionar mamíferos, pájaros é insectos en sus viajes por el
Estrecho de Magallanes. Al viaje de King siguieron los dos
importantísimos llevados á cabo por Carlos Darwin y Alcides
D'Orbigny, en los años subsiguientes hasta 183G. El primero,
recorrió á bordo del Beagle los puei'tos de la Patagonia. El se-
gundo visitó en su viaje por la América Meridional el Carmen
de Patagones, estudiando allí los animales del Rio Negro. Pos-
teriormente dos buques británicos, el Erebus y el Terror, nave-
garon en los mares australes, y sus oficiales recojieron gran
número de vertebrados. En esa espedicion iba el célebre botá-
nico José Dalton Hooker, quien estudió las plantas de la Tierra
del Fuego y escribió la Flora Antartica. Otros dos buques fran-
ceses al mando del Ahninintc Dumoiit D'UrviUe prosi.miicron
los mismos trabajos.
La época de las espediciones recientes, comienza en 1871
con Roberto Cunningham, /.oólo.no inglés, á quien siguió Miers
en 1877, ocupándose especialmente con los crustáceos, y
termina con las esploraciones terrestres emprendidas por los
naturalistas viajeros Musters, Moreno, Lista, Moyano, Fonta-
na y Popper en la Tierra del Fuego. No debo dejar de men-
cionar los viajes hechos por los naturalistas italianos Lovisato,
Vinchiguerra y Spegazzini dui-anic. la espedicion del malogrado
marino Bove, cuyos estudios contribuyeron al conocimiento
general de este territorio, así como las esploraciones enviadas
últimamente por el Museo Nacional de Buenos Aires, efectuadas
por el que suscribe y por este Museo de La Plata, el que ha
enviado por su cuenta desdo 188G, en varias ocasiones á sus
empleados: Carlos Ameghino, Santiago Pozzi, Clemente Onelli,
Juan ivovicli, Antonio Steinfeld, Eduardo Botello, Emilio BeauHls
y Federico Berry, con el propósito de estudiar detenidamente
ese territorio tan poco conocido.
El trasporte nacional Ushuaia zarpó de Buenos Aires el 2
de Setiembre á las 2 de la tarde.
No hay necesidad de referir la simple vida que se pasa á l)ordo.
Parecía que todas las nacionalidades estuvieran representadas
á bordo del TJshtiaia. La mayor parte, si no todos, eran aventu-
reros atacados por la fiebre del oro, que hacían rumbo á la Tierra
del Fuego, en la que el (|ue mas ó el (|ue menos pensaba cosechar
una tonelada del precioso metal. Los que no habían conseguido
un camarote, dormían de noche, encima, debajo y a los lados
de la mesa, en el estrecho comedor, y otros menos afortuna-
dos aun sobre la cubiei'ta, á la intemperie, tapados con sus
mantas, que les servirían mas tarde en sus soñados trabajos
auríferos.
El pi'imer punto de escala del Uslniaia, el Puei'lo Madryn.
situado en la Bahía Nueva, costa del Territorio del Chubut,
fué alcanzado el 7 de Setiembre. Allí, la Sub-Prefectura hizo
su visita apesar del gran oleaje. Acto continuo, gran número
de pasageros se trasladó á tierra en los botes del vapor para
tener el gusto de moverse á sus anchas y cenar en una de las
ocho ó nueve casas que forman el Puerto Madryn. Como es sabido,
el primer ferro-carril patagónico fué construido hace cuatro
años entre este puerto y la colonia del Chubut por el ingeniero
inglés Asahel P. Bell. Esta línea férrea recorre 70 kilómetros
s
y os (li^ li'(ii-lia anu-osta, coinjxmii'iidDso su tren rodante de tres
locomotoras, diez wagones de pasageros y unos oclienta de carga.
Las dos únicas e-^taciones son Puerto Madryn y Ti'elew, dis-
tando esta última tres leguas de Rawson. asiento del Gobernador
del Territorio. Al dia siguiente, el 8 de Setiembre, partió de nuevo
el Usluíaia con de-lino ii Tuerto Deseado, recorriendo esta dis-
tancia en dos (lias y ineilid. l'hi el trayecto pasó el golfo de San
Jorge con viontn di^ pi'dii, haciendo solamente d(^ cinco á seis
millas por hora. Este gollb es reputado como muy peligroso para
la navegación, por sus vientos tempestuosos.
Eran próximamente las cuatro de la tarde del 11 de Setiem-
bre, cuando entró el trasporte á la cala del Deseado, anclando
un poco mas al oeste de la Sub-Prefectura, muy cerca del sitio
en i(ue se sumerjió en 18S0 ol Magallanes, cuyos ])alos asoman
aun sobre la supertície del agua. Tandjien acjui después de la
visita del Sub-Prefecto, Itajaron algunos pasageros ¡i tierra, donde
se alojaron durante una noche en la casa de un colono francés.
Este, con su nniger y dos hijos, pertenece á los í'undaflores de
la estinguida colonia que se estableció en aquel punto.
La ñora de Puerto Deseado ofrece abundante material de
investigación á los herbarizadores, según la opinión del botá-
nico alemán Sr. Bruno Ansorge, nuestro com|)añero de viaje,
que recolectó numerosas especies de j)lanlas correspondientes
a los grupos de las Papilinnaceas, Synanthereas, Cácteas, As-
perifoliáceas. Musgos y Liipiones.
Una ])ermanencia de 2(1 horas bastó para concluir con las
obligaciones del bu(|ue y otra vez éste levó anclas con rumbo al
Puerto de Santa Cruz. Salido mar afuera, un viento favorable
permitió izar todas las vela.-^, im[)rinúendo así al vapor una
velocidad de 10 millas por hora, cuyo resultado fué hallarse
frente á la desembocadura del rio Santa-Cruz á la 1 de la tarde
del dia 12. Inmediatamente pasaron á liordo los empleados de
la Sub-Prefectui'a y en seguida bajaron los pasageros á tierra.
Las escasas poblaciones de esta colonia se encuentran al rede-
dor de los abandonados edificios de la Gobernación, trasladada
al Rio Gallegos.
Sus producciones agrícolas pueden llamarse nulas hasta
hoy, si se esceplúan algunos ensayos con legumbres, avena,
cebada y con trigo candeal ('i chileno. Este último ha dado el
treinta por uno en campo por primera vez y ligeramente culti-
vado pero irrigado artilicialmente, io que demuestra la fertilidad
del teri-eno, aunque tamijien la necesidad de riego, mucho
mas si se tiene en cuenta, (|ue en las dos provincias mas fér-
— 278 —
tiles, Santa-Fé y Entre-Rios, por regla general no rinden mas
de un cuarenta por uno. Agua dulce en Patagonia es la cues-
tión principal; resuelto este problema, tendrán seguramente
todas aquellas regiones, hoy apenas suficientes para la gana-
dería, un valor enorme.
Durante los ocho dias que permanecimos en uno de los edifi-
cios situados en la cañada del Quemado, donde también se
halla la Sub-Prefectura, tuvimos sin escepcion fuertes vientos
del noroeste, que se levantaban poco después de la salida del
sol, alcanzaban su fuerza máxima á la una de la tarde y decli-
naban al caer la noche, i'einando durante ésta, algunas veces
calma absoluta. Nótase que estas • corrientes de aire corres-
ponden solamente á una capa poco elevada sobre el suelo: en
ciertos dias pueden verse nubes cúmulos inmóviles, á gran
altura, otras veces pasan éstas en dirección diversa al viento
inmediato á la tierra. Aquellos ventarrones formidables y cons-
tantes se observan durante una parte de la primavera y todo
el verano, teniendo una fuerza inusitada hasta imposibilitar la
salida á caballo, (lontribiiyen en gran parte á la sefiuedad carac-
terística de toda la I^atugonia y al raquitismo de la vegetación.
Así se comprende (¡ue en los sitios resguardados, quebradas,
pequeños valles, etc., existan plantas relativamente corpulentas,
casi arborescentes, comjjarándolas con las f[ue crecen en las
planicies espuestas por completo á la furia de tales corrientes
aéreas. De estos vegetales, los (|ue alcanzan mayor desarrollo y
dan al mismo tiempo esoelentc combustible para el fogón del
viajero, son el incienso (Diivana magellanica) y el calafate
{Berberís hiixifoUa ) ; el plumero de los cuales produce una
resina muy resistente y el segundo una fruta bastante agra-
dable al paladar. Conviene mencionar también un pequeño
arbusto que no alcanza mayor idtura que veinte centímetros, y
que sustituye el té, café ó mate. Esta planta es el llamado té
de Santa-Ci'uz (Micromeria Baricinii); se le toma en infusión,
y produce un té con gusto á menta. Se le reconoce fácil-
mente por su aroma, tiene numerosas hojas verdes diminutas
y una raíz profunda, })udiendo servir cualquier })arte de ella
para ese uso.
La temperatura en la estación primaveral es muy soportable;
por la mañana término medio .5 á 7 centígi'ados, al medio dia
15 y á la noche cero. Naturalmente varían estas cifras, ha-
l)iendo dias mas ó menos fr'escos; pero tales cambios bruscos no
influyen sin embargo en el estado sanitario de los habitantes,
teniendo la pi'ecaucion de usar siempre ropas intei'iores de
— 279 —
abrigo. Así mismo, por descuido, los casos de pulmonías no
son estraños, especialmente entre los indios, que se esponen
de continuo á las inclemencias por razón de su vestimenta,
compuesta casi siempre de un quillango y chiripá.
Hace un año, los indios pertenecientes á tribus tehuelches,
que habitaban estos parages, se alejaron de este territorio.
Se dice ([110 una de las causas que ha motivado el retiro de
los naturales, fué la influenza que vino de Buenos Aires, se es-
tendió hasta Punta Arenas y diezmó las tolderías tehuelches.
También la viruela hizo estragos entre ellos y por último el
alcoholismo ha concluido por degradarlos completamente.
Poseídos del vértigo é insaciabilidad de la bebida en las or-
gías que celebran, se acometen los unos á los otros y se matan.
Por las razones espuestas, no fué posible estudiar mas que
una mínima parte del curioso idioma que hablan. Solo pudimos
conversar con un indi\íduo de aquella nación, al servicio del
amable señor Sub-Prefeclo, don Juan Willams, y comparando
mas tarde lo que él nos dijo con las esposiciones de otras
tres personas que han vivido mas de diez años en el territorio,
y estado casi de continuo en relaciones íntimas con los indí-
genas, hemos recopilado una cantidad de voces tehuelches,
que publicamos en una tabla junto con los vocabularios de los
viajeros anteriormente nombrados.
Como todos los tehuelches, también este joven, de 20 años
mas ó menos y que hablaba ya Talgo el español, se escusó
varias veces de enseñarnos su idioma, porque temen al estraño
que con tales estudios se ocupa, pero á instancias del señor
Sub-Prefecto se decidió á conversar con nosotros.
La lengua tehuelche se liabla con mucha dulzura, pero es
sumamente gutural, teniendo casi cada palabra una k ó h y
sirviendo la primera de estas letras por lo general como sonido
de unión para dos voces, de las cuales comienza la última con
una vocal. Es muy dificultoso escribir bien la pronunciación
de las palabras, por la cantidad de consonantes que tienen,
las que cuando se combinan, poseen un valor diferente á
las de las lenguas de las naciones civilizadas. De esto depende
en gran parte la diferencia que se nota en los vocabularios
de los diferentes viajeros que se han ocupado del tehuel-
che, como ser : Pigafetta ( 1520 ), Biedma ( 1781 ), D'Orbigny
(1829), Musters (1809) y Moreno (1879), quienes escribie-
ron las palabras según las reglas ortográficas de sus pro-
pias lenguas. Además de lo dicho, hay que tener en cuenta la
modificación que ha sufrido el tehuelche en una época aun
— 280 —
cercana, lo que se comprueba con el hecho de que los indios
jóvenes de la actualidad no entienden á los viejos cuando ellos
conversan en el idioma que se habló en sus mocedades y que
llaman téuesh. Añi'idase á lo anterior el uso muy curioso y
del que Moreno ya ha hablado, de la mutación de las palabras
por fallecimiento de un indio, que llevaba el nombre de algún
objeto, por la creación de una voz enteramente nueva, y se
tendni la llave esplicativa de la diferencia enti'e los apuntes lin-
güísticos de los autores recien mencionados.
En lo concerniente ñ la gramiUica, puede sentarse como regla
que el adjetivo se pospone siempre al nombre, que no hay artículo,
que la distinción del sexo consiste en reconocer solamente machos
y hembras, las cosas no tienen género, que los sustantivos
no pueden ser usados en plural sino en singular y en la con-
jugación de los verbos queda invariable el verbo en sí, formán-
dose todas las alteraciones de personas y tiempos con el auxilio de
otras palabras. Los números cardinales están sugetos á un sistema
decimal muy sencillo é idéntico en los tres idiomas tehuelche,
araucano y pampa, apesar de ser lenguas completamente inin-
teligibles entre sí y se prestan para espresar las sumas mas
crecidas. Las unidades sirven para formar los números com-
prendidos entre 11 y 19, posponiéndoles una palabra que signi-
fica «mas)) llamada Mor. Se forman las decenas con aquellas
mismas unidades, agregándoles otra palabra, káken. Para sig-
nificar los números comprendidos entre las decenas, se toma
la decena ya formada, se le agregan las unidades, posponién-
dole también en este caso la palabra «mas», que sirvió antes para
formar los números desde 11 á 19. Así por ejemplo «tres» en
tehuelche se dice Icash, trece — hasli Mor, treinta Msh eno Mken,
treinta y tres kash eno kaken kash káor.
Nótase así mismo, que los números 100 y 1000 son idénticos
en las tres lenguas antedichas.
Al aprender el tehuelche se tropieza con enormes dificul-
tades, como lo comprueban las personas que hemos consultado
y que apesar de su larga permanencia en esta colonia hoy
apenas saben lo suficiente para poder entenderse con aquellos
indios.
Volviendo al sistema numérico, llama desde luego la aten-
ción que en la lengua quichua se diga pachaj por cien, en
tehuelche ¡pataca, huarmika \)ov mil y en tehuelche también
iiaránka. Además, la regla que rije la composición de los car-
dinales es muy semejante en los dos idiomas. Según el Dr. E.
W. Middendorf, distinguido filólogo americanista, que residió
— 281 —
muclios ano> en c\ Perú y publicó después una olii-a impor-
tantísima sol)i'e el Ruma siui ó Keshua, como se habla actual-
mente en la Provincia del Cuzco, se dividen los números prin-
cipales en simples y compuestos. A los primeros j)ertenecen
los números de uno á diez, á los demás cien mil y un millón.
Los oíros números se forman de los simples, desde 11 á 19,
añadiendo á diez los simples de uno á nueve con agregación
de la partícula yo, si el número termina en una vocal y si
concluye en consonantes ó diptongo la [¡alabra niijo ó ñiyo.
Nos preguntamos, una vez sentada la regla que liemos de-
ducido de los números, ¿cómo llegaron á tener los tehuelches,
un piiel)lo tan salvaje, un sistema numérico tan adelantado
como el (|ue señalamos, no encontrando ningún otro rasgo de
perfección que lo asemeje á la escala tan avanzada del idioma
de los antiguos p(M-u¡inos'?
Indudalilemente se encuentra la llave de este enigma en la
suposición de que los últimos estendieron sus dominios hasta
la apartada región que ocupaban estos hombres en los tiempos
precolombianos, ó f|ue su influencia intelectual ejercií'i una
presión tan grande sobre su lengua, hasta llegar á modificar
su sistema numérico y adoptar palabras estrañas á su habla.
Será materia de impoi'lantes investigaciones lingüísticas des-
cubrir en qu('' relaciones han estado los antiguos tehuelches,
pampas y araucanos con los peruanos.
Los habitantes que actualmente tiene el territorio cercano
al Rio Santa Cruz, se componen mas ó menos de cien personas
diseminadas en una superficie de unas 50 lenguas y se dedican
casi todos á la ganadería. Las ovejas, vacas y caballos pacen
en las altiplanicies, situadas á ])Oca distancia del rio, donde el
pasto es abundante y nutritivo. El agua dulce, por desgracia,
no se encuentra en mucha cantidad sobi'e estas mesetas; hay
que buscarla en las (piebradas, en las que se presenta,
formando pequeños manantiales y jagüeles, algunos de ellos
salobres.
Las barrancas del Rio Santa Cruz muestran en diferentes
puntos sol)re la uiárgen suil á una legua de ¡a Sub-Prefectura
abundante material [lai-a el estudio de su constitución geoló-
gica. La parte inferior, que bañan las mareas, está compuesta
por una arcilla parduzca, cubierta por otra capa muy gruesa de
arcilla y arena con enormes nodulos de aronisca muy compacta
color chocolate, conteniendo fósiles marinos en gran abundan-
cia, tales como gigantescas ostras y otros moluscos, pertenecien-
tes á los géneros: Aren, Peden, Cijrena, Turritella, DentdUum y
— 282 —
las habitaciones de Balanidos incrustadas en algunas conchas
de los anteriores. Encima de esta capa existe otra de arcilla
amarilla de menor espesor, pero sin fósiles, sobre la que apa-
rece un manto de piedras rodadas, llamadas pedregullo, sobre
el que crecen los vegetales actuales.
Una vez terminados los pi-eparativos indispensables para
poder mai'char, nos pusimos en viaje el 21 de Setiembre con
dirección al suroeste, llevando para el servicio una tropilla de
30 caballos y para el trasporte de víveres y utensilios un carro
de dos ruedas.
Habiendo ascendido la cañada, en cuya boca se halla la Sub-
Prefectura y alcanzado la meseta de unos treinta metros de
elevación sobre el nivel del mar, seguimos el mismo rumbo ha-
cia una mancha blanca, que se divisa en la falda de otra me-
seta mas elevada, distante cerca de cinco leguas. El camino
es completamente llano, interrunpido á veces por pequeñas
zanjas y depresiones, que contenían agua, á cuya orilla se
velan algunas abutardas. (Bernicla dispar). Al acercarnos á la
mancha blanca, pudimos distinguir (|ue era originada por el
desmoronamiento de la capa de pedregullos, poniendo de este
modo á la vista las estratificaciones blanquizcas que la com-
ponen. Como á una cuadra al este de esta mancha se abre una
cañada, que se interna profundamente en la meseta elevada,
mostrando también zanjas secas, bajos con agua y en algunos
puntos peijucños manantiales f|ue sirven al viajero para hacer
alto durante la noche y dar de beber á los animales. También
nosotros aprovecliamos la presencia de uno de ellos, que se
encuentra al terminar el cañadon, para pernoctar en sus cer-
canías.
Dui'ante la noche reinó poco viento y el termómetro mar-
caba á las 9 p. m. 3 grados sobre cero. Al dia siguiente nos
pusimos de nuevo en viaje en dirección al sud, por soljre la
meseta mas elevada, análoga á la anterior, hasta hiülar una
quebrada profunda, que se dirije al este y por la cual descen-
dimos una legua, hasta avistar el mar. En el punto (¡ue le-
vantamos la carpa, á unos 30 metros sobre la superficie del
mar, existen algunos pozos conteniendo agua dulce, y muy
cerca numerosos conos, lavados por la acción erosiva do las
lluvias y vientos, d(\¡iuido ver las capas del terreno, donde se
encuentran huesos de animales estinguidos. Nos hallábamos en
el sitio marcado en las costas del almii-antazgo inglés con el
nombre de Monte Observación.
En los dias subsiguientes al de nuestra llegada, nos ocupa-
— 283 —
nios en recorrer los alrededores del campamento, visitando las
barrancas fbsilít'eras cercanas y recolectando numerosas partes
de esqueletos fósiles:
Uno de los conos, que mide 55 metros de elevación, distante
cuatrocientos metros de nuestra carpa, muestra una configurn-
cion muy perfecta y á su lado se descubre una barranca de 40
med'os de altura, poniendo de manifiesto en perfecta horizon-
talidad 18 capas superpuestas, de un espesor que varía entre
30 centímetros y 3 metros. La coloración de estos estractos
arcillosos, unos mas ó menos oscuros que otros, es gris y
amarillenta, pero poco resistentes, con escepcion de una capa
de grandes nodulos de arenisca, muy dura sin fósiles. En las
12 capas inferiores aiiundan mas los restos de mamíferos fósiles
de pequeña talla que en los restantes superiores, donde no se
descubren por lo general sino huesos que pertenecieron á ani-
males corpulentos. Tanikien á los inferiores corresponden las
múltiples placas de la coraza de Hoplophorideos diseminados
por el suelo. La capa de arenisca dura, color chocolate, forma
nodulos hasta de un metro de diámetro y otros pequeños per-
fectamente esféricos' como balas de cañón. Ksta cubierta la
arenisca por un manto de pedregullo que oculta varias ca-
pas grises, que están en descubierto en el cono adyacente mas
alto. Todos estos de))ósito3 se repiten sin escepcion en las
Ijarranca? próximas, descubiertos por zanjones producidos por
las aguas pluviales que al desembocar en el mar, distante
apenas una legua, han formado anchos surcos y le dan, junto
con los conos erosivos, un aspecto sumamente accidentado <á todo
este }inisage. La composición de los estractos no deja lugar á
dudas sobre su fonnacion. Son cenizas, ai'enas y barros vol-
cánicos, caídos en un lajjso relativamente coi-to de tiempo, cu-
briendo estensas supei-Hcies. Estas materias fueron arrojadas
j)or los primeros volcanes de las cordilleras de los Andes y
traídas por los ventarrones, fenómenos que aun hoy en dia se
pueden observar. Un hecho, que comprueba esta observación,
fué notado en el íiño 18S(j, dui-ante el mes de Mayo, cuando
el suelo del valle de Santa Cruz y el de las mesetas adyacentes
se cubrió en una estension enorme, de una ceniza amarillenta
traída por los vientos fuertes del oeste, cenizas que alcanzaron
hasta Punta Arenas. Sin duda fué trasportada desde la Cordi-
llera durante la erupción de algún volcan. En aquella misma
época se sintió un temblor de tierra en esa población chilena.
Cerca de la costa atlántica la cantidad de ceniza caída era pe-
cjueña, pero mas al oeste hubo dias en (|ue no se alcanzaba á
— 284 —
distinguir el liulto de un cabnllo á mas de cuntro cuadnis do dis-
tancia, impidiendo las partículas linas, arrastradas con ímpetu por
el aire, penetrando en los ojos, oídos y nariz. Otras veces venían
mezclados con las cenizas, granos de arenas, con las (jue se
alcanzaron á cubrir en vastas estensiones de campo las matas
de pastos, imposibilitando por esta razón el que los animales
buscaran forrage. Mucbas haciendas .[ue huían en dirección
opuesta al viento enconti-aron la muerte.
La distancia recori-ida por los, despojos volc;inicos no fué
menor de doscientos ¡'i doscientos cincuenta kilómetros, y te-
ni(Mido en cuenta la mayor actividail vulcánica de las épocas
pasadas, se es|>lica bien la estension de los terrenos tufViceos
en la Patagonia. Empero, la vegetación no sufre á la larga
efectos perniciosos, puesto que aprovecha las matei'ias alca-
linas útiles de los jiolvos caídos, para su restablecimiento
vital. En aquella misma fecha subieron re|>entinamente las
aguas del rio Santa-Cruz, cosa estraordinaria por no ser la
época usual de su creciente, ol)servándose además que desde
entonces el rio no tiene el mismo caudal de agua que antes poseía.
Volviendo de nuevo al Monte Observación, se ven, exa
minando con un lento trozos de sus capas, gran número de
vacuolas y microlitos de gran analogía. En todos aquellos de-
pósitos porosos se encuentran incrustados los huesos perfecta-
mente petrilicados de mamíferos y pájaros, que sucunibieron
seguramente sobre esos prados antiguos, víctimas de las lluvias
ardientes del oeste. Así mismo, puede asegurarse que en esa
época hubo un número mucho mas elevado de animales que
en la actualidad, si se compara la enorme acumulación do
huesos fósiles en aquellas barrancas y la rareza de es([ueletos
de animales actuales hallados en los campos.
Para proporcionarnos carne durante el tiemiio de nuestra
estadía, fué preciso recuri'ir á la caza de guanacos y avestruces,
por cierto escasos en este parage. Ayudados por perros galgos,
que los alcanzan en su rápida carrera, tuvimos ocasión de
aprovecharnos de la carne de aquellos. La del guanaco es insí-
jñda, flaca y poco sustancial : los machos son difíciles de matar
y vagan aislados de las hembras, cuya época de parición es
la actual. Estas se reúnen en tropillas, son menos resistentes
en la fuga, y por consiguiente mas fáciles de obtener.
Las pieles de los guanacos con la lana se emplean para
confeccionar mantas llamadas quillangos, las que .son prepa-
radas por las indias y después cosidas con tendones de aves-
truz: tienen un gran valor comercial cuando se comixincn de
— 285 •—
muchos cueros de animales jóvenes. La lana la emplean tam-
bién para tejer ponchos y mantas de caballos; de la piel solo
se cortan bolas bastante durables. Los avestruces cuya carne
es de un sabor muy agradable, estaban en el tiem]>o de la
puesta de sus huevos.
Las plantas que se encuentran en Monte Observación, son
de las mismas especies que las que se vén cerca de la SuIj-
Prefeclura, notándose la desaparición de arbustos grandes en
las inmediaciones del mar.
La playa oceánica en Monte Observación avístase desde lo
alto de una barranca de veinte metros de altura, situada sobre
la costa del mar, y desde aquel punto se pueden recorrer con
la vista los numerosos cabos, promontorios y arrecifes lejanos,
donde las olas se romi)en con fuerza espantosa. Allí, tendidos
sobre los guijarros, que las mareas redondean perpetuamente,
descansan numerosos leones marinos {Octaria jubata), cuyos
gritos se perciben á la distancia. Es un espectáculo verdadera-
mente curioso observar aquellos animales tan ágiles en el agua
ape-sar de su corpulencia. En otros sitios baña el mar la base
de las barrancas, liabiendo e.scavado grandes cuevas, en las
que penetran los lobos aprovechando algún golpe de mar.
Estos mamífei'os viven en aquella costa reunidos en rebaños
hasta de doscientos ejemplares; se nutren de peces y se repro-
ducen en esta estación, durante la cual se apartan los ma-
chos de las hembras. Son los primeros fáciles de recono-
cer por la melena amarilla característica de que carecen las
segundas. El hombre puede acercárseles hasta unos diez me-
tros y mas sin que huyan, pero si se les asusta con un tiro
de arma de fuego, se precipitan, atropellándose los unos ii los
otros, hacia el mar, nadan un corto trecho, le observan, sa-
cando sus enormes cabezas fuera del agua, gritan y se sumer-
jen, acompañándole por algún tiempo por la orilla. Si el cazador
se oculta, los animales, una vez convencidos que el peligro ha
desaparecido, vuelven poco á poco á sus sitios anteriores. Con-
tando con aquella costumbre, no tuvimos grandes dilicultades
en adquirir varios cueros de ellos. Cuando están imposibilitados
para volver al mar por una herida de bala de remington, pues
revólveres ó escopetas no impiden su fuga, gritan, abren la
boca y miran á quien los ataca. Rara vez tratan de defenderse
y caen muertos recien después de un nuevo disparo en el oído.
Solamente las hembras y machos jóvenes, que alcanzan á
medir un metro y ochenta centímetros de la nariz á la cola, :
pueden sugetarse con lazos, pero no los machos desarrollados
— ■ 28G —
que pasan de dos metros de largo y soa doblemente mas pe-
sados. La carne de los lobos es muy oscura, y su grasa amarilla
tiene un espesor de cinco centímetros bajo del cuero grueso y
consistente, cubierto de pelo corto y rijido. Además de estos
animales se vén numerosas aves marinas, de las cuales una
muy rara, de plumage enteramente blanco (Chionis alba) se
nutre de gusanos intestinales que arrojan los leones marinos.
Otras gaviotas tienen la misma costumbre y se acercaban á
comer la carne de los ejemplares recien muertos, durante la
operación de sacarles el cuero; todos aquellos pájaros perma-
necen siempre al lado de los lobos para comer sus escrementos.
Cuando nos alejábamos de la playa y dejábamos los cuerpos
de las Otarias, se acercaban los cóndores {Sarcorhamplms gnjphus)
para devorar la carne descompuesta. Como estos pájaros se
elevan á una altura considerable, es difícil matarlos de un tiro.
Una de las curiosidades que oculta la barranca, sonólos
dermatoesqueletos de crustáceos fósiles, cuya estraccion se
hizo, habiendo bajado completamente la marea, cortando la
superficie del fondo marino en que se encuentran desde muchos
siglos enterrados. Esta operación debe hacerse con rapidez,
antes que vuelva á subir la mar y tape de nuevo la capa gris
oscura de arcilla consistente, en que además de aquellos can-
grejos se hallan ostras fijsiles enormes. {Ostrea 'patagónica.)
Durante los primeros ocho dias de nuestra permanencia en
Monte Observación, reinaron fuertes vientos del noroeste y una
temperatura que no subió de 5 centígrados sobre qero, bajando
el termómetro muchas veces en la noche hasta 3 grados bajo
cero, de modo que el agua de los pozos estaba siempre cubierta
de una capa, de hielo de 5 centímetros de espesor. El cielo
nublado por varios dias, el descenso de tempei-atura y la baja
continua de la presión atmosférica, acusaban desde luego un
fenómeno meteorológico estraño. Efectivamente, en la noche
del 2 al 3 de Octubre, despues.de cambiar el viento al sureste,
cayó una lluvia helada, acompañada de granizo, que nos des-
pertó á las cuatro de la madrugada con 4 grados bajo cero.
En los dias subsiguientes, con el mismo viento continuó ne-
vando y granizando á intervalos, especialmente de noche,
haciéndonos creer por momentos, que la carpa sería arrasada
por la fuerza del temporal. El suelo estaba cubierto por una
capa de 30 centímetros de nieve, tapando toda la vegetación é
imposibilitando á los caballos el buscar pasto. Dos dias después
se derritió un poco la nieve, permitiéndonos de nuevo reanudar
en parte nuestras ocupaciones, apesar de la gran humedad
— 287 —
del suelo, que nos impidió recolectar fósiles en las barrancas,
las que estaban tan resbaladizas, que solo habrían i)odido
ascenderse con peligro de la vida. Así quedaron éstas hasta
nuestro regreso á la Suij-Prefectura, que se efectuó el 11 de
Octubre, para trasportar los objetos adquiridos. Tardamos tres
dias en recorrer la distancia, que hicimos á la venida en dos,
pues el carro muy pesado ocasionó muchísimas dificultades y
hubo que cambiar repetidas veces los animales de tiro. Kl
suelo de la meseta mas elevada esta lia convertido en un barro
limoso, sobre el que los caballos adelantaban con dificultad y
mas aun el vehículo, a[)esar de los cuatro animales que lo
arrastraban. Por esta razón, teniendo, en cuenta además la
eslenuacion de nuestra troi)illa por falta de buen alimento,
no hicimos el primer dia mas de una legua, tardando tres
horas en efectuarla. En las otras dos marchas hallamos el
campo mas firme, aun cuando tuvimos en algunos sitios difi-
cultad de adelantar con rapidez. La temperatura durante nuestro
regreso suIjíó á medio dia hasta 20 grados, bajando el termó-
metro en la noche a 3 grados sobre cero. Llegados á la Sub-
Prefectura, nos informaron pei'sonas establecidas desde hace once
años en esta colonia, no haberse observado semejantes nevadas
en este mes. Algunos propietarios de majadas de ovejas en
parición sufrieron grandes pérdidas por la mortandad de cor-
deros, habiéndosenos dicho que de un solo rebaño de mil
ovejas murieron trescientas.
Habiendo necesitado regresar á Buenos Aires por asuntos del
servicio, aprovecho esta ocasión para hacer conocer en general
lo hecho en los primeros dos meses de permanencia en Patagonia
y termino haciendo constar la eficaz ayuda que me ha pres-
tado mi ayudante el señor Rol)erto Rubens, quien se ha ocupado
preferentemente de la parte lingüística de nuestro corto viaje.
Carlos V. Burmeister. (1)
La Plata, Noviembi-j de 1891.
(1) Las colecciones reunidas en este corto espacio de tiempo, contenidas en
17 cajones que comprenden fósiles, esqueletos y fósiles de mamíferos, aves y
plantas, se encuentran ya en el Museo y serán enumeradas en otra ocasión. líl
Sr. Burmeister ha partido nuevamente llevando los elementos que necesitaba para
continuar su larga misión.
F. P. M.
288 — .
NÚMEROS CARDINALES EN TEHUELCHE
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
13
14
15
16
17
18
19
20
21
22
23
29
30
31
39
40
49
50
59
60
69
70
79
80
90
99
100
101
chucho.
jáuke, ó 7nas usual de diez ar-
riba, uámen.
kash.
kágue.
kzén.
uénakash.
óke.
uenakágue o posh.
jámakzen.
káken.
choche káor.
uánien káor.
kash káor.
kágue káor.
kzén káor.
uónakásh káor.
óke káor.
uenakágue káor.
jámakzen káor.
uámenokaken.
uánienolc^aken choche káor.
uámenokaken choche káor.
)i kash káor.
uámenokaken jámakzen káor.
káshenokaken.
káshenokaken choche káor.
káshenokaken jámakzen káor.
káguenokaken.
káguenokaken jámakzen káor.
kzénokaken.
kzénokaken jámakzen káor.
uenakáshen okaken .
uenakáshenokak en jámakzen
káor.
úkenokaken.
üken okaken jámakzen káor.
póshenokaken.
jámakzen okaken.
jániakzenokaken jámakzen káor.
patáka .
patáka choclie káor.
109 — patáka jámakzen káor.
110 — patáka káken káor.
111 — [latáka káken chocho káor.
120 — patáka uámenokaken.
190 — patáka jániakzenokaken.
199 — patáka jániakzenokaken jámak-
zen káor.
200 — uámen pataca.
201 — uámen pataca choche káor.
210 — uámen pataca káken káor.
219 — uámen pataca jámakzen káor.
220 — uánien pataca uámenokaken káor
299 — uámen pataca jániakzenokaken
káor.
300 — kash pataca.
399 — kash pataca jámakzen okaken
káor.
400 — kágue pataca.
500 — kzén pataca.
6'JO — uénakash pataca.
700 — óke pataca.
800 — posh pataca.
900 — jámakzen pataca.
1000 — uaránka.
1101 — uaránka chocho pataca choche
káor.
1111 — uaránka choche pataca káken
choche káor.
1891 — uaránka pósh pataca jániak-
zenokaken choche káor.
2000 — uánien uaránka.
5000 — kzén uaránka.
10000 — káken uaránka.
50 00 — k2énokakcn uaránka.
100.000 — choche jiataca-ké-uaránca.
Entre los cientos ¡/ miles sirve una
ké de sonido de unión.
200.000 — uánien patáca-ké-uaránca.
500.000 — kzen patáca-ké-uaránca.
1.000.000 — uaránka-ké-uaránka.
ákonke ó baten, la mitad ó inedia.
baten, hablando de dinero.
Niías ó sea priBCiíloii Je Graiática locofi
SAMUEL A. LAFONE QUEVEDO
(Continuación). — Véasu iiágiiia 272.
XXXVII
RESUMEN
1" — En la segunda declinación tenemos jior índices |iarli-
culares los siguientes:
Singular: — I-'' Y — inicial ó subinicial.
2* Ga vel Cad, inicial con i final.
3* L— inicial.
Plural: — 1. Co, Cod, Coct, Ar, Arco, Ard (?)
Reo — iniciales.
2. Ca, Cad, Cact, Ar, Arca, Rcad
Rea — iniciales con i final.
2'' — Así como la primera declinación se inclina poi- ,'^u arti-
culación ü de segunda persona al tipo (juaraní, así la segunda
parece que se emparienta con el tipo del Cuzco. El kl/a»/. tu, y
el yqiii partícula linal que dice tu y yo te, mucho tienen de
común, Y mas si se eslabonan con el aii/, tu del Mataco y a,
tuyo del mismo. El Toba i|ue es el termino medio entre el
Mocoví y el Mataco, nos dá también c¡emi)los del valoi' del
prefijo particular a. La cita es del M. S. del P. Barcena, hoy
propiedad del General Mitre.
Lapiá — Pié. Mi, tu, su, de.
Sing. 1. Y-ppia Pl. 1. Co-piá
2. A-ppiá 2. Ga-piad-é
3. La-piá 3. Lapiá
Este ejemplo, importante bajo muchos conceptos, lo es aun
mas port(ue nos impone de cómo el Toba no exige el subíijo
i en la posesivacion de la segunda persona, al menos en el
singular, pues en el plural hallamos un rastro de este índice.
El Mataco ni se acuerda de tal subíijo, y como los Tobas en
muchas cosas son Matacos, se explica la anomalía.
— 290 —
XXXVIII
SUB-CLASES DE LA 2' DECLINACIÓN
V.n cuanto á ésta.-^, valga lo dicho acerca de la P Declina-
ción, razón por la (¡ue no se han turnado en cuenta para nada.
L^n prueba de que esto es así, tomaremos uno de los ejemplos
que mas dificultades ofrece:
b o o b
1. Y-oTegarnagat — 2. D-olegarnarctii
oía S_
1. Ey-ennagat — 2. Cad-ennarti
/ n t_0
í. Y-opparlá — 2. D-oppardi
o
1. Y-ñiarla — 2. Ca-ñiai'lari'ii
Si ocurrimos á la tabla de las terminaciones de plural, en-
contraremos que á puede hacer ade y ari, que gá hace rdi; y
á mas es parle del fonetismo Mocoví que la g sea mudanza de
ar y ar de g, lo que si se quiere explica también la interequi-
valencia del Gr Abipon y Arel Moco\í : aquella r y esta d son
idénticas, morfo y fonológicamente.
Parece que la r y la (/ son siempre recursos que el Mocoví
tiene á la mano para hacer mas sonora y expresiva su fleccion
de segunda persona.
XXXIX
Ahora pasaremos al segundo grupo de las posesivaciones
Mocovíes, al que he dado el nombre de dí'bil, porque exige un
refuerzo pronominal constante en todas tres personas de
ambos números. Así como el Teutónico tiene una fleccion
fuerte y otra débil, también el Mocoví nos ofrece este fenóme-
— 291 —
no groinatirí)!, y en los dos rasos este mei'nnismo especial
cuenta con la N, sli1)(i¡o en aquel, prefijo en este caso. La
i(l(Miliilaii nini'foliigica nadie la puede negar; en otro terreno
no entraré aquí. por(|ue solo se trata de dar un ejemplo ilus-
trativo, y no de establecer identidad idiomática.
Lmi mi concepto, el uso de la N como refuerzo de flecx-ion
en el Mocoví y sus codialectos, es uno de los hechos grama-
ticales mas dignos do atención en este grupo de lenguas.
XL
TABLA COMPLETA DE LA 3' DECLINACIÓN DE
POSESIVOS Ó SEA LA 1' DE LAS DÉBILES
iS'/( Icini cdractrríslica es la A' en todas las 3 personas
(1) 2" Persona TI. con N.
— 292 —
1 . N-coaguá (2)
I. Ñ-cogonnagát
o
1 . N-cogonnaqui
1 . YN-coippácca
I. YÑ-coct¿ (3)
I . YÑ-cocté-lcov¿
I . YÑ-coippá
1 . YÑ-connaé
I . N-ischii'ipá
1 . Ni-ectescü
1 . Ni-ectaqqul
I. Ni-laniaqqué
1 . N-i- 1 oqqui
1. N-i-avenná
I . Nie-emmenlh
1 . N-oqqiiiácca
o
1. Ñ-oyennáh
o
1 . N-ovencatih
o. o
1. Ñ-ovagalequert('>
o
I. Ñi-o"v'J
ta »• °
! . Nqiagueiinavá (1)
I . N-e|)[iacatá
1 . Ni-ctaquiarryé
1. Ñ-ossoactavquí (I)
I. Ni-voma (1)
1. X-ictlscliacatc (I)
o
1 . N-ictimarrayó
la
1. Ni-yorcoi'ó (1)
la la
1. Ni-yoccú (I)
I. Ñ-act¿ fl)
N-|iaguc iinavá-i
N-ep[iacat-i
o
No-ctaqu'iar-'i
N-ossoactai'gii-i
N-cvoina-i
N-ictischacat-i
o
N-ictitiiarra-¡
Ni-yoccor-l
Ni-yoc.or-i
N-actin-í
Enemigo
Orines
Vejiíja
Ceja
Ojos
Niña de
Leña
Tinaja
Chiripá
Tío
Jarra
Pollera
Olla
('ostilla
Paladar
Llanto
Mi'iiioiia
Manea
Sal
l'hlPlllil/O
Trenza.
Lan:a
Faja.
Cántaro
A nillo
Pimienta
Siieijra
Saei/rii
Calo
(I) 2" Persona Pl. con N. — (J) Sin PUinil. — (:i) Sin Ar on 1« dr Plural.
Y-clalgactc (2)
2. Xc-ctalüai-li-
Peine
1. Ñ, N
IM. 1. Ara
— 2. N — i
— 2. Arn — i
3. L
— 293 —
1 . Ñ-appeguéi'te 2. N-apiiiguict-i Plato
ta
1. Ñ-oeairé (!) 2. N-caisdr-'i Bozal
1. N-iiuippó (1) 2. N-quippi-i Hacha
Nch-coi|ipailil (2) 2. N-coippadiot-i Con-al
(1) Siu rliinll. — (2) N eu 3".
XLI
OBSERVACIONES SOBRE LA 3' DECLINACIÓN
1* — Se do á esta Deelinacion el nombre de débil, porque
á la manera de los idiomas 'reutónicos y oíros, exige el tema
un ret'uei'/.o ai'licuiar, i|ue en un caso como en el otro es la
partícula pnmominal n, usada en Mocoví como prefijo. Ya sa-
bemos «pie la índole de este idioma exige una / inicial como
índico (le pi'imoi-a, una * final como índice de segunda persona,
y el simple piv'fijo |:)ronominal n ñ I en la declinación débil no
altera esta ley gramatical, pero sí introduce ciertas novedades en
la pi-imera sílid)a del tema. La primera es la postergacMon de
la letra i ó y, característica de 1", del primer al segundo lugar;
la segunda es la supresión del índice inicial de 2* persona ; y
la tercera sustituye la n por la / en esta persona.
Como la combinación ni vel nij equivale al sonido que no-
sotros llamamos ñ, toda palabra que así empieza debe enten-
derse que contiene la i ó y oculta en el signo. En unos seis
ó siete ejemplares advertimos una h de 1* persona sin su in-
dispensable índice i de la misma: ello puede resultar de dos
causas: error do pluma, i'i dificultad fonética. Aparte de esto
está la ciivunslancia que la n es radical de 1* persona en
muchas de las lenguas circunvecinas. VA Mojo, el Mataco, el
Chiquito, todos oyen mi cuando suena no ó nu ; el Guarmií y
Aymará también se valen de la n para su combinación parti-
— 294 —
cu'ar de 1". FJ Guiír.ini usii v\ iir como recurso fonético para
espresnr el tu nuesti-o, inienlras (|ue en QuicliLia y otros idio-
mas la n es el pronombre posesivo de 3* persona, y el refuerzo
fonético de cualquier combinaciini de lemas ó de tema con par-
tícula. Rl caso pues es este :
N puede ser mi, y se evita confusión cun ai'rimarle el ín-
dice forzoso i de 1^.
N puede ser tu, se determina con la / tinal obligatoria de 2^.
iV puede ser su, de él, que con el tema desnudado de par-
tículas basta y sobra para evitar toda amfibología.
Ar pluraliza la 7i como en otros casos lo hace con la d
ó la c.
No he querido suprimir el signo ñ, porque de hacerlo fal-
searía la regla que me he impuesto de no alterar el texto de
Tavolini, ni sus signos ; pero para analizar cualquier palabra
debemos tener en cuenta que toda ii equivale á la combinación
n -\-i vel 11 -\- y.
Obséi'vese también que donde falta la / de 1^ persona puede
muy bien resultar de defecto de oído en ciertas combinaciones.
Por experiencia propia conozco la dificulta) (]ue existe al querer
escribir los idiomas Chaquenses con los signos Castellanos. El
Santiagueño y el Catamarcano dicen Nokha en lugar de fiokha,
el Mataco prefija la partícula no vel mi para ex[)resar nuestro mi,
de suerte que se concilje la facilidad con (|ue una »1 podía sonar
como n, y el poco cuidado que pondrían los que usaban estas
letras. Los mismos Criollos-Españoles del bajo pueblo apenas
si distinguen entre ñudo y nudo, nublado y nublado.
Dados estos antecedentes, podemos establecer (jue la fórmula
típica de la 3* declinación que yo distingo con la letra A, es la
siguiente:
A. 1. Ñ, Ni vel N (?) — 2. N — i 3. N
Pl. 1. Arn - 2. Arn — i
2* — La segunda fórmula es excepcional, solo un ejemplo
se encuentra y lo señalo con la letra B. La irregularidad con-
siste en la y sin n de 1" persona. Teísta anomalía acaso resulte
de alguna dificultad fonética de que la palabra escrita no nos
impone. En cualquier caso esta excepción carece de importan-
cia y no afecta la regla general. Su articulación es corno sigue:
3. N
— 295 —
3* — La tercera clase consta de unos 5 ejemplos, que en
realidad son 4 : ella se ajusta bien á la primera, de la que
solo se diferencia en el refuerzo inicial de una y ó i, como si
se tratase de una anticipación de la misma i que ya produjo
el niñeo de la ñ. Esta articulación lleva por signo las letras B
A, porque sus prototipos se hallan en la B y en la A.
Muy posible es que la dil'erencia resulte solo de una difi-
cultad fonética, es decir de una simple vocal prefijada por eu
fonia. El Mocoví usa la e y la i inicial en estos casos, así dice
e-cuatro por cuatro, i-diex por diez, etc. La regla es, que si la
vocal que sigue es i, se ponga i, si es otra cualquiera el pre-
fijo, sea e; en este caso el signo ñ como nij obliga á que el
aumento inicial sea i, que sin reparo se pone por cuanto ya en
sí lleva el refuerzo de la idea de 1" persona. Para el Indio la
partícula de abstracción es bien concreta, y lo que para noso-
tros sería un refinamiento de gramática trascendental, para
ellos es una necesidad sentida de toda frase.
La articulación de esta clase es como sigue :
L Iñ — 2. N — i 3. N
Pl. 1. Arn — 2. Arn — i
4'' — La cuarta fórmula se diferencia de la primera solo en
que la tercera persona lleva / en lugar de n, como índice ini-
cial de la misma. La I y la n son pai'tículas pronominales de
3" persona, que según el uso que de ellas hace Tavolini, pueden
distinguirse así: n es la relativa de abstracción, lo que es de
persona que no se ha determinado.
ia
Ex. gr. Trente es — Neectape.
La frente de él — Laactape.
De que la I puede suplir á la n como pai'tícula de abstrac-
ción, se deduce del mismo Tavolini, pues enconti-amos :
te
Leennat — Uña etc.
te
Lavácca — Llama etc.
La fórmula de esta articulación es la siguiente, y se señala
con la letra C.
L Ñ, Ni vel N (?) — 2. N — i 3. L
Pl. 1. Arn — 2. Arn — i
— 290 —
5'' - La quinta clase consta de un soln e¡ein|ili» y parece
que resulta de una contusión fonética : una ñ que al herir una
c ha sufrido chicheo — volviéndose nch.
Basta con esta explicación. La articulación se dá en segui-
da y se designa con la letra D :
D. 1. Nch — 2. N — i 3. N
Pl. í. Arn — 2. Arn — i
XLII
RESUMEN
1^ — En la 3" Declinación resultan ser índices particulares
los siguientes:
Singular: — i. Ñ, Ni, N, Y, Yñ, Nch — iniciales
2. N — inicial con / final
3. N vel L — iniciales
Plural: — i. Arn — inicial
2. Arn — inicial con i lina]
2* — La 3" Declinación o sea la |)rimera débil del Mocoví,
reaparece en el Aíiipon, y se dan en seguida uno i'i dos ejem-
plos de la misma :
Até - Dedo.
Singular: — 1. Ñi-até — Mi etc.
2. Gn - ach - i — Tu etc.
3. N-até — Su etc.
Plural ~ 1. Gn - até — Nuestro etc.
2. Gn ach - i — Vuestro etc.
En este precioso ejemplo advertimos el niñeo de la primera
n, el chicheo de la t y la gn por gr de segundas personas y de
primera en plural. Parece que la O Abipona representa la O
— 297 —
Moroví, de suerte que en este ¡(lionuí dcheuios liuscni' la (I tMi
las siguientes articulaciones:
Siníx. 2. Ca — i
Plur. 1. Co — 2. Ca — i
La C, al herir una N ó R, se nasalizn y vuelve G gangosa.
Veamos ahora si encontramos algún rastro do esta declina-
ción en ol M/nii/a ú sea Guaycurú. Adelung, en su Mitliridates,
terminantemente nos lo asegura, })ues d;» h, siguiente tahla de
articulaciones pronominales :
Singular: — 1. Y-vel In — Mi
2. Ca, Can vel Cad — Tu
3. I- vel N — Su
riural 1. Co-, Con- vel Cod — Nuestro
2. ut sing. cum digucgi — Vuestra
Adviértase que Adelung dehió haber visto mucho que ho)
se ha j)erdido ó yace olvidado en alguna biblioteca ó colección.
Pues bien, a({uí tenemos no solo la declinación por N, sino
también la forma completa del Aijipon (¡n, que no pasa de ser
una sincopacion de Can y Con.
Por suerte, en el Pater iVosto- (¡ue reproduce Adelung de Her-
vas. liallamos un ejemplo concreto de esta declinación: cono-
dgodipi — nuestros deudores ó enemigos.
Como el Toba tiene sus partículas pronominales en estado
de desorden, no es tan fácil citai' un iiuen ejemiilo, pero da-
mos dos:
Nadená — Fan. Abaga — Maix.
Sing. 1. Nadenaha — Mi Sing. 1. Illo abagíi — Mi
2. Hanadená — Tu 2. Anabagü. — Tu
3. Hanadena — Su 3. Avagaloé — Sn
Pluí'. 1. (lanadena — Nuestro Plur. 1. Canavagá — Nuestro
2. Conocolií — Vuestro 2. Nahabagá — Vuestro
El Indio López llama al pan Ndcuá, y en boca de él la n es
pretijo pronominal de 3" pei'sona, á la ¡lar de la 1. No es éste
el lugar de desenredar la tortilla de articulaciones de que se
vale el L(iba, ]icr'o él (|ue se (ijc lo podrá hacer |)or sí.
Si nos Mcnrdamos (|ue los ejemplos Tobas snn exti'aidos del
M. S. del P. Barcena ( iGüU á ÍG2U ), ios del Abipon del P. Do-
— 298 —
hrizhoffer, M. S. S. en la biblioteca del Sr. D. Andrés Lamas
(175U), y los del Guaycurú y Mocoví de principios y mediados
de este siglo, debemos sorprendernos al ver qué bien se coor-
dinan todos los dialectos, y lo admirable que es el mecanismo
gramalicul de todos ellos.
XLIII
La 4* Declinación posesiva, ó sea la 2"^ de las débiles, es muy
curiosa. La 1* al usar el refuerzo pronominal N se ajusta á la
morfología de la ñeccion verltal; mas la 2^ que emplea la L no
icpi'dducc el refuerzo vei'bnl. ipie en este caso parece (¡ue es D.
La razón de este cambio se comprende, pues que la L es
una partícula de tiempo que en la fleccion verbal equivale al
pasado ya, de suerte que sin confusión no podría nunca entrar
á desempeñar el lugar de una simple articulación pronominal.
Toda anfibología se evita sustituyendo la D por L, y así ha-
llamos que la D, letra característica de 2" persona en los nom-
lires. lo es de 3'^ en los verbos, y desde luego propia para ocu-
])ar el lugar de refuerzo pronominal.
Ls este un mecanismo delicado y digno de un idioma propio
de gente mas civilizada que los pobres salvajes del Chaco: pero
quién nos asegura que sabemos quienes fueron los que primero
hablaron el Mocoví^ y si siempre fueron tan salvajes como hoy
los conocemos?
Este refuerzo es una especie de nuestro — el mi — el tu —
el sri, etc.
299
XLIV
TABLA DE LA 4' DECLINACIÓN DE POSESIVOS
Ó SEA LA 2' DE LAS DÉBILES
S?i letra característica es la L, en todas ó en las mas de
las personas
Sing. 1. Il-Lii-I 2. L — i (Lee) 3. L
Plur. 2. Arl 2. Arl-i
I. 11 - cogué 2. L-cogui-i Codo
1. Lii - ccáte 2. Lee - ccaot - i Cuclii/lo
ta ta
I. I - cayá 2. L-onyá-i Hermano
1. I - ogoncaté 2. L - goncati - i Fusil
Sing. L Y 2. Tch-i 3. L
Y - cola 2. Tch-colá-i Coral
Y - coláqque 2. Tch - colagu - i Collar
ta tn
Y - enimí'k 2. Tch - ardimmigu - 1 Cuc/iara
— 300 —
XLV
OBSERVACIONES SOBRE LA 4' CONJUGACIÓN
1'' — Ya se dijo que lo n y / se sustituion recíprocomenle
como índices de Z^ pcrsonu, do suerte que muy natural es que
también encontremos declinaciones en (juc la I entre para
mucho en el reruei'/.o de todas tres personas. L-a lista de voces
f|ue se declinan por I á lo (jue se vé es corta, pero pudiera
que se hiciese mas lar.iía si conociésemos la articulación de
todas los piiluliras (jue 'ravoHui di'i sin posesivar.
La I, como sabemos, es una letra (pie siempre anda enre-
dada con la r, y desde (pie ésta es característica de segunda
persona en el Guaraní, y rol'uer/.o de la misma en Mocoví, se
comprende que la / puede desempeñar igual ri)l. \'éase lo que
se ha dicho acerca de la n en la 'A^ Declinación.
Asi como en la 3-' tenemos las partículas Ni, In, Y, como
[)roj)ias de la clase A, así tamiiien en la 4* advertimos la Li,
II, Y, razón por la cual ponemos la letra A á esta tVirmuIa,
que es como sigue:
L 11- Lii-vel- Y 2. L-i 3.— L
Plur. L Arl 2. Arl - i
2'' — La segunda clase niddilica la !■' y 2'' personas: en
iiquella sujjrime la /, y en ésta pi'elija una e ó una t en el sin-
gular. Ln j.ilural usa el prelijo ar sin /. Lsta l'ói'mula lleva la
letra H y puede escribirse asi:
S. L Y — 2. TI — vel l';i — i 3. L
Pl. L Ar — 2. Ar
1
3* — La tercera clase es curinsisima pues usa /r// ciinid pre-
fijo de 2^* })ersona: y como Tavdlini ha <:imitido el plural, ar-
riesga no corresponder a esta declinación. La ley fonética (|ue
iguala la ti con el sonido ch, hace sospechar que sea éste un
chicheo de D, y en tal caso podrían mas bien corresponder á la
I* declinación.
301
(lonii) se [tuode ver, las pai'tículas finales de 2* persona se
ajustan ú las i-e^ias establecidas en la 1* declinación, y á ellas
nos referimos.
XL\1
RESUMEN Y COMPARACIÓN
Si esta declinación débil mn I fuese casual, podría atribuirse
á corrupción ó cleiiancia del <lialeclo; mas como la encontramos
aun con mas j)ei'feccion en o\ Abipon, fuerza es atribuirla al
genio del idioma, lóxti'acto siempre del iui|)iinderable M. S. del
Sr. Lamas.
Lajaganac Risa
S. 1. Li- ajaganac Mi risa
2. L - ajaganagu-i Tu risa
3. L - ajaganac Su risa
Pl. 1. L - ajaganac Nuestra risa
2. L - ajaganagui - i Vuestra risa
Ejemplos así comprueban la verdad de nuestras reglas.
1* — La /, índice característico de la 1^ persona.
2* — Postergación de la ¿, á la I, refuerzo de declinación
débil.
'S'^ — Ablanilainieulo de la c final del tema al berir la i fi-
nal, característica de 2^ persona.
-4" — Refuerzo de esta / con otra mas, para dar mejor idea
del plural.
Oachiat Orina
S. 1. Li - achiat Mi etc.
2. Gl - oachiach - i Tu etc.
3. L - oachiat
- 302 —
Falta el plural, pero se deducen las formas 1 Gl - oachiat ;
2 Gl - oachiachi - i.
Observemos aquí:
1" — Pérdida de la o iiiicinl del tema, en razón de eufonía.
2° — Chicheo de la t en secunda persona, aparle del chicheo
radical del tema, pues la forma pi'imiliva de la ]iñiiibra debe
leerse así : oatiat.
3" — El Gl equivalente a! Gr de los otros ejemplos.
En cuanto al Guaycurú, solo podemos deducir de los voca-
bularios de Gilii y Castelnau ([ue existen ejemplos de esta de-
clinación, ]iorque siendo la n la articulación normal de 3"
persona, en el primero, hallamos algunas voces en el segundo
que empiezan por /.
Ex. gr. Ligueteck huevo.
Letcocodji collar de plata.
Castelnau (|ue articula de 1" en plural trae las formas Cod,
Con. Col) y aun Cog, [¡ero no hallamos Col. Como se vé en el
Abipon y aun en el propio Mocovi, es siempre forma exce])-
cional, de suerte que el no encontrar un ejemplo de esta de-
clinación no prueba que no lo haya.
En Abipon huevo es, Elcaoeté: falta su posesivacion, pero la
voz, por su forma, parece que pide la de i^.
XLVIl
DECLINACIONES EXCEPCIONALES
Estas constan de tres ejemplos y dos grujjos: el uno de
voces que empiezan por d\ y el otro, de una con p.
Pestaña
A 1. Di-adé — 2. Rd-adi-i 3. D-adé.
Pl. 1. Rd-adé — 2. Rd-adi-i
303
Tjugar
A A I. Ydi-uimni'i — '1. Yd-ommadr-i 3. D-ndé
Pl. 1. Ydiui-d-ommá — 2. Yd-ommad -i
Hueso
B 1. Y - pinnéh — 2. Pinniqui - i 3. Lpindéh
Pl. 1. Ar - pinnéli — 2. Ar - pinniqui - i
Toba Barcena 1620 Htieso Pinéch
López 1888 » Pinéck.
Abipon Dobrizhoffer 1750 » Ipiink.
Lengua Cervino » Lipagleke
XLVIII
OBSERVACIONES SOBRE LAS EXCEPCIONES
1" — El primer ejemplo parece que agrega una (/ á la raíz,
formando así un tema reforzado. Que la d es simplemente un
refuerzo, se deduce de la circunstancia que la i de 1* persona
ocupa el 2" en vez del I" lugar ; !o que .solo sucede cuando
media una letra que no es orgánica. La articulación Rd de 2*
en singular es también excepcional, pero es admisible. Un
ejemplo así en Abipon debería buscarse con esta articulación :
1. R — 2. Gr-i 3. R —
Pl. 1. Gr — 2. Gr-i 3. R —
En el M. S. de Brigniel bailo esta tieccion :
Barriga Acan
Sing. 1. Gr - acan Pl. 1. Gr - acan
2. Gr • acá -i 2. Gr - acamii
3. Gr - acan - vi.
— :}04 —
2* — El segundo ejemplo es aun mas caiu'ichoso y la rea-
parición de la / en la 3-' persona complica de nuevo la excep-
ción. La 1* persona de! plui'al presenta nuevas dificultades,
porque Ydiord es un prefijo (|ue no tiene analogía con nada.
A lo que se vé es una ucumuiacion de Ydi-o-rd. Combinación
en que la o es la característica de !■' en plural, como en eod,
occom, etc.
3^ — Este ejemplo pertenece si se quiere :'i la 2'' declinación
ó á la 1% porque resulta de (jue se lia oiuilidn la inicial de 2''.
En Guaraní y Mojo la p es índice pronominal de 2'', de suerte
que muy bien puede ser esta anomalía una i'eminiscencia de
una p de 2''.
Nada significa que nos queden unas cuantas excepciones
rezagadas, porque de ellas están llenas todas las gramáticas
de todas las lenguas. Lo admirable es que tan poco sea lo que
no se i)uede reducir i'i regla ó á algo que mucho se le parece.
Muchas de las variantes se reducen á sincopaciones y acumu-
ciones en razón de eufonía.
Nota. — Como curiosidad léxica se ha dado el equivalente
de la voz hueso en Mocoví, Toba, Al)¡p(in y Lengua. Como se
verá, tienen la radical j> en común. El Lengua Lipagleko puede
resolverse así :
L - refuerzo.
i - índice pronominal de I".
p - radical.
agleke terminación que corresponde al Toba nck y al
Abipon nk.
XLIX
Aquí concluyo lo que tengo que observar acerca de las po-
sesivaciones, uno de los capítulos mas difíciles en la historia
de las lenguas del Chaco de este tipo. Se me objetará que con
todo lo escrito no he logrado posesivaí' una de las voces ((ue
dá Tavolini sin articulación; pero do haberlo hecho sería con-
trariar el fin que me he propuesto, el de reproducir lo que dá
el Padre, sin quitar ni poner una sola palabra. Esta tarea se
ha limitado á coordinar, explicar y comparar los datos pre-
— 305 —
ciosos que él nos ha legado, pero á sabiendas no me he apar-
tado un ápice de los ejemplos que él nos dá, si bien no siem-
pre estaré acorde en las apreciaciones, como por ejemplo en
materia de los géneros.
Admirable lia sido la paciencia del Padre al escribir tanta
l)osesivacion, pero el resultado ha sido la rica copia de datos
(|U0 en estas páginas hemos podido utilizar y creo poder ase-
gurar que es única de su clase. Ojalá este trabajo responda á
mis deseos y al original en queso funda: pero en todo caso
se me concederá que algo se ha hecho con dar á conocer lo
que Tavolini apuntó, y en ibrma algo mas cómoda para el es-
tudiante de este grupo de lenguas.
RESUMEN
Como se ha visto en las tablas que anteceden, el Mocoví
divide su fleccion posesiva en dos grandes grupos uno fuerte
y otro débil.
Fleccion fuerte es aquella que ]>rocede sin reforzar la arti-
culación pronominal ; débil la que la refuerza con N ó L.
FLECCION FUERTE
Este grupo se subdivide en dos clases:
1" Que posesiva de 2* con D.
2* Que lo hace con C.
POSESIVACION DE 2* CON D
Tipo A
La articulación ti'iiica es la siguiente:
1. Y — 2. D — i 3. L
Pl. 1. Ard — 2. Ard-i 3. L
306 —
EJEMPLOS
1" Icli — pierna Ictil — piernas
2" 1 111 mili — nariz
1. 1-iniiiiili — ii/i nari-, Pl. 1. Ard-iimiiiik — nuestra nai'i i
2. D-¡niiii¡.mi-i — tu » 2. Avú-\n\m\'2\\\—ruesfra »
3. L-i¡iiiinilj — su I)
A
o
3" üsrliiiiiiii;igá — piel
1. Iiisi-|ii:iiin;i.ií:'i — n/i piel Pl.l. Ai'd-<iscliiiiiin¡i,íá — nuestra
piel
2. l)-nscliiiiiiii;ii-í — tu » 2. Ai-d-(iscliiiiiiiiai'i — ruestra
o. L-oscliiiinnafíá — su. »
piel
A" iMinál — uña l'lanacti — uñas
1. Iiiiiát — u/i uña 1. IiiiiiK'li — mis teñas
2. Dl'üiuicUí — tu » 2. Donnncti'ii --tus »
3. Loonni'it — su » 3. LconniK^ti — sus »
Pl.l. Ardennút — nuestra » Pl.l. Ardeennadi — nuestras »
2. Ardennacti — vuestra » 2. Ai'dcnnactrü — vuestras »
Aquí van cnnsig'nado.s los cuatro tipos principales: en ellos
se advierte la facilidad con que el idioma intercala e 6 i des-
pués del pionombre L, é igual cosa sucede con la a, sin que
ella se liniile ul pronombre de 3".
— ;jo7 —
Tipo B
Actí — p/ilii/on Pl. Actiri
1. I-act'i — Dti ¡mlDioii l'l.l. nd-acti — nuestros pul mnncs
'1. D-acti-i — tu )) 2. IM-acli-ri — vuestros »
3. L-acü — su, »
Tipo AB
Oleganragat - Irujiua
1. I-oTegarnagat —mi Icut/ua Pl. 1. Arcl-olegarnat — nuestra
1. D-olegarnarcti-i— /» » lengua.
b.o
3. L-olegarnát — su » 2. Rd-olegarnarti-i — rues-
trn loujua.
Tipo BA
la „ In
AvaleyacliM' — uuulrustra
la ^ la - l<]
1. I-avale-I-aoteé — u/i uuulrustra Pl.l. Hil-ava le-Hcl acteó
ía
2. Daval-i-D-acli-i — //í » nuestra madrastru.
3. L-avaTe-L-acteé — s/í » 2. Ard-avaT-i-Rd-acli-i
vuestra uuulrustra .
Tipo r
Nappi — el abuelo Pl. Nappií'i
la
1. l-appi — nti abuelo Pl.l. Ai'd-apjii — nuestro abuelo
2. D-app-i — tu » 2. D-app-i — vuestro n
3. L-appi — su »
Un exi'imea somero deiniii'-sti'a la [lora i'i nin,nuna ¡in[iorlan-
cia numérica nue tienen lus tipos AB, BA v C.
— 308 —
LI
POSESIVACION DE 2^ POR C
E .1 E M r' L o S
Tipo A
i" La articulación típica es la siguiente:
1. y — 2. Ca — í 3. Le vel La
Pl. L Co — 2. Ca — i
Lassót — caja del cuerpo
r
\. Y-ssót — mi cuerpo I '1.1. Co-ssót — miestro cuerpo
2. Ca-ssoct-i — tu » 2. Ca-ssoctr-i — vuestro »
r
3. Lassót — su »
Tipo B
2» L Y — 2. — í 3. L
Pl. 1. Ar — 2. Al- — i
Caili — cabcxa Caigo — cabezas
i. Y-caih — ¡ni cabexa Pl.l. Ar-caili — nuestra cabeza
2. caigu-i — ta » 2. Ar-caígu-i — vuestra »
3. L-caih — su »
Tipo BA
3° 1. Y — 2. C — i 3. L
Pl. L Arco — 2. Arca-i
Ppíá — iñé Ppialé — pies
1. Y-ppiá — mi pié Pl.L Arca-ppiá — nuestro pié
" É
2. Ca-ppiari — fu » 2. Arca-ppiar-i — vuestro »
3. La-ppiá — sil »
Tijjo C
4° L Y — 2. Ca — i 3. La
Pl. 1. Ard vel-Coo— 2. Arca-i
Ictá — hedor
\. I-iclá — mi hedor Pl.L Coo-ictá — nuestro hedor
2. Ca-icta-í — tu » 2. Arca-icta-i — vuestro »
3. La-ictá — su »
— 309 —
Tipo D
5" 1. Yy — 2. Cact — í 3 Ál '
Pl. 1. Cocí — 2. Arcact — i
Annoviñk — ropa
(1)1. Ayy-oviilk — mi ropa Pl.l. Coct oviák — niiestraropa
2. Cact-ovíngu-i — tu » 2. Arcact-ovíagu-i — vuestra »
3. Al-ovíák —su »
(l) Esta A es culViuica.
Lil
FLECCION DÉBIL
Este grupo también se subdivide en dos clases:
1" Que refuerza con N.
2* Que lo hace con L.
La articulación ti|iica de la 1" clase es:
1. Ñ,NiN— 2. N - i 3. N
Pl. 2. Arn — 2. Arn — i
1» Tipo A
— 2. N — i 3. L
2. Arn-i
Animó — piexa
xa Pl.l. Arn-ammó — nuestra pir\a
2. Arn-ammo-i — vuestra »
Tipo A
— 2. N — i 3. N
— 2. Arn-i
!'',(• leseo — fio
i. Ni-ectescó — mi tio Pl.l. Ai'n-ectesc6 — nuestro fio
2. N-ectescor-i — tu » 2. Arn-ectescor-i — vuestro »
3. N-ectescó — su »
.310
3» Tipo A
1. N — 2. N — i 3. N
Pl. 1. Arn — 2. A ni -i
Novcarülili - ii/rn/oria
o o
1. N-ovencatili — nú iminoria l'l.l. Ai'n-ii\encatili —
o
2. N-ovencaligu-i — tu » nuestra memoria.
o o
3. N-ovencaUli — su » 2. Ai-ii-(iveiicatigii-é —
vuestra memoria.
Tipo B — (excepcional )
1. Y — 2. Ne — i 3. Ne
Pl. 1. AniP — 2. Arne — ¡
Ectalgacté — peine
1. Y-ctalgacté — mi peine Pl.l. Ai'np-clalgacté — nuestro
2. Ne-clalgacli-i — tu » ¿íeZ/ie
3. Ne-ctalgacté — su » 2. Arne-ctalgacti-i — vuestro
peine
■ Tipo BA — (excepcional)
I. YA — 2. N ^ i 3. N
Pl. 1. A 111 — 2. A ni — 1
Ncoippá — leña
1. Yñ coip|)á — ¡ni leña Pl.l. Ani-cñip|iá — nuestra leña
2. N-coippar-i —tu » 2. Ar-coippar-i — vuestra »
3. N-coippá — su »
Nota — Falta la N en 2" ríe plural, defecto sin ilmla ile la pi-onunciacion.
Tipo C
1. Ñ, N — 2. N — i 3. I,
Pl. 1. Ani — 2. Arn — i
Ex. 1" Caico — boxal (término plural)
1. Ño-caicé (
2. N-cai.S(ir-i < Falla el plural.
3. L-caicé (
2" Quippé — hacha. Pl. Quippél
1. N-quippé — mi hacha Pl.l. Ai'n-fpjipi>é — nuestra /lacka
2. j\-(|aippií — tu » 2. Arn-quipi)i-¡ — vuestra »
3. N-quippé — Sil »
— 311 —
Tijjo I) (excepcioniil)
1. Nch — 2. N — i 3. N , ,,
IM. 1. Ara — 2. Ani — i
Ci)¡liii;i(lU — corral
1. Nrh-cn¡|i|iM(li( — ¡tri rnrnil Pl. i. Arn ,coippi,TdU
2. N-C(ii|i|)ii,Hci-i — til 11 iDie-itro rorral.
3. N-r(i¡|i|iiiilil, -- su » 2. Ani cniítiMilicl-i
vuestro corriit.
Lili
EL VERBO
Dice Doliri/.hoffer en su «De Abiponibus »:
«Para la conjugarion no se pueden presentar paradigmas,
puesto que el número singular del presente indicativo difiere
en casi todos ios vei-iios, y os mas difícil do aprenderse (¡ue
los aumentos griegos. En pai-ticular. la segunda persona toma
nuevas letras, no solo on ol principio slnñ también en el medio
y en el fin, según parocei'á. ctcn.
Todo esto es muy cieilo y puedo aplicarse al Mocoví.- pero
ello no obstante es posible hacer algo en el sentido de reducir
la mayoría de los verbos á paradigmas en que se vislumbren
ciertas reglas, que, apesar de todo, se im[)onen.
^'erdad es que la íieccion Mocoví, como la Abipona y de
otros dialectos del Chaco, se vale de ciertO'^ afijos que se colo-
can al principio, al fin y aun en el medio de los temas verba-
les. En cuanto á los primeros y segundos, ellos proceden con
bastante regularidad; pero es necesario observar que los lla-
mados afijos ó aumentos mediales, no lo son sino finales de la
raíz, si bien llegan í'i ser mediales del tema.
Por ejemplo, en el Alúpon vómito es :
— 312 —
Siguiendo la analogía Mocovi, tapék{^) es terminncion de verbo
compuesto, y emale la raíz, de suerte que las parlíc-ulas de con-
jugación serían :
1. Ri 2. Gr- i 3. N
Lo (|ue parecía un cond)io medial, no es mas f[ue la i final
caractei'islica de segiuida persona ea noiniíres y \crl)(is.
Las demás leti'as (|ue se inlrniliiccii pai-a cniniilenientar
muchas de las terminaciones personales, tienen grande analo-
gía con las terminaciones de pluralidad, y res]>ondcn no lanío
á capricho, como ií ese «gutui-al y narignl » (|ue nos hace oír
una letra cuando quizá sea otra. La sincopacion y cambio
fonético, entran para mucho en estas \'ariaciones, como lo iré
haciendo notar á su tiempo.
La gran mayoría de los verbos llevan la S inicial como
característica de primera, la / final de segunda, y varias letras
ó afijos iniciales como ser Y, D, L, N, etc., de tercera persona;
mientras que un regular número prefija la iV ó L á todas tres.
Aparte de esto tenemos varias excepciones, muchas de las
cuales se pueden reducir á una ú otra de las clases ya refe-
ridas, ó tienen alguna explicación por separado: mas como no
hay gramática que no cuente con excepciones ¿ qué extraño
que este idioma las tenga, y algo mas numerosas?
La articulación típica es la siguiente :
íKjen
la la la
Plur. 1. S - áden - acca 2. adin - i 3. Y-aden-é
(I) Tapek es «yo estoy» con el p;iHici]iio ó g'erumUo on »í(/o.
313
LIV
CUADRO COMPLETO DE LOS VERBOS DE LA
1^ CONJUGACIÓN
/. — Afligirse.
1. S - actictacta 2. Actictact - i 3. Y-actictactan
Plur. 1. S - acticta-rn-ácca 2. Actictact - i 3. Y-actictarcti-é
1" — Este ejemplo sustituye la á con I para hacer segunda
persona, lo que ya se advirtió podía hacerse en las posesiva-
ciones. También aumenta n final en la tercera, por lo tanto
acumula una r en primera de plural, que muy bien puede re-
presentar la rii inicial de las posesivaciones : la r reaparece en
la tercera como acumulación de plural. La i en esta persona
es una mudanza fonética producida sin duda por el arrimo de
la c característica.
2. — Aflojar.
i. S-ocoyart-ogué 2. occoyart-i-oguó 3. Y-occoyart-ogué
o
Pl. L S-occoyarctav-ogué 2. occoyart-i-ogue 3. Y-occoyart-i-oguó
2" — Este ejemplo contiene una terminación que no es orgá-
nica, ogue : lo natural es que el aumento final de segunda se
arrime á la raíz v no á la terminación. La ~ de primera en
plural responde a refuerzo de plural y cambio fonético de
letras especiales. La i de tercera es por é, mudanza en razón
de eufonía.
3. — Andaré.
S - octoann - ó 2. octoann - i - ó 3. Y - octoann - ó
la
Plur. S - octoan - có 2. octoann - i - 6 3. Y - octoan - ó
3" — El torcer ejemplo es un futuro que lleva la i de se-
gunda persona ante la ó característica de este tiempo.
— 314
4- — Arrastrar .
1. S - avoglen 2. avoglinn - i 3. Y - avoglén
h_
Pl. 1. S - avoglénn-acca 2. avoglinn - i 3. Y - avoglen-e
4" — Ejemplo muy interesante es éste, porque así á primera
vista parece como si la i medial fuese el índice de segunda
persona, lo que no es así; i>ues la i esta es la íinal y la .'inte-
rior la e en gUii asimilada según ley fonética del idioma á ijue
ya se hizo referencia.
•5. ^ — Ayudar.
ta la ia ■ '
1. S-octoan 2. octoann-i 3, Y-octoan
ta
Pl. 1. S-ocloann-i'icca ■ 2. octoann-i 3. Y-octoann-é
5° — Este verbo es regular.
6. — Buscar.
1. S-idan-akque 2. edan-i-akquc 3. Y-dannect-
akqué
Pl. 1. S-idan-cat-akque 2. edan-i-akqué 3. Y-dan-e-ctr-
akqué
G" — Este lo es tamlnen en lo principal; él parece ser com-
puesto de una raiz edcm ó cdana y terminación aJcqué. Esta c se
muda en i en 1" y 3''' persona en razón de que ■/ es índice inicial de
1* y 3* persona y en la 2'' toma su valor radical. La c medial en S"
es característica de esta persona y la ct parece ser refuerzo eufó-
nico, como lo es también la f en la 1" de plural, después de la sin-
copacion de ca por ¿teca. La r en draque es un aumento para refor-
zar el singular— eetaJcqnc. Por lo que pe nota en el 7" ejemplo, me
inclino á creer que la raiz es cdan y no edana: en la 3''' de singular
debió ser Y-danmtct-ahi>ié, al derivarse de esta forma. La c final
es característica de 3^*, en plural, en singular es mas bien eufóni-
ca, pero acaso reaparición de una e final muda.
— 315 —
Buscar
1. S-id.nmi-üi)(|uó -2. edann-i-aquó 3. Y-dun-apiiuó
Pl. 1. S-iram-ca-acíjuc 2. edan-i-aqué 3. Y-dan-er-
apqué.
7" — Este, que es otro ejemplo com})uesto, se ajusta a lo que
se dijo arriba; y es importante por cuanto nos demuestra que la
r y la d se confunden. La r en 3" de plural se inter-pone para
separar la e de la a en apqué. La confusión de ¡^ con /.■ es curiosa
y apunta en dirección de tradiciones quichuizantes.
8. — Comulgo.
la
i. S-agui-guit 2. aqquíct-i-guit 3. Y-gui-guit
8° — Este ejemplo merece ser estudiado, por cuanto encierra
ta
una sincopacion — es decir — que debió ser agiiit-gitit. El aumento
silábico en la 2=" persona hace reaparecer la t perdida, y por una ley
morfológica ó fonológica del idioma, con una e antepuesta.
Este ejemplo carece de plural en Tavolini.
g. — Dejar de trabajar. ,
ta ta
i. S-poan 2. [loann-i 3. Y-poan
ta
Pl. 1. S-poann-ácca 2. j)oann-i-i 3. Y-poann-é
9" — En este tenemos un ejemplo de lo mas regulai-, si excep-
tuamos el refuerzo de la i de segunda con otra i en plural.
10. — Desnudar.
1. S-ossogn-inni 2. osso-i-nni 3. Y-ossogn-inni
o
Pl. L S-ossor-ni 2. osso-i-nni 3. Y-osso-i-ni
vel Y-ossoctr-ni
10. — Las irregularidades de ossogtiiiini resultan á no dudarlo
de que la voz es compuesta de ossogii é innl; la 2''' persona debe
pues analizarse así — osso-i-nni, en que hay sincopacion, debida
sin duda á la letra </?». La I'' de plural sufre una fuerte sincopa-
cion, y en la S'' la partícula c/rfí refuerza el plural.
3iG
/ / . — Destapar.
1. S-avas-lék 2. avact-i-lék 3. Y vos-lék
Pl. 1. S-avact-ar-logól 2. avact-i-lék 3. Y-vas-legót
1 1 . — Este nos dá otra voz compuesta, en que una aspiración fuer-
te parece que se expresa como en Cuzco Argentino por .s- -.-avas-lck
por avc{j-lék. Compárese este ejemijlo con el 9" : allí algo que ha des-
aparecido, renace en forma de ct, aquí una s que no es orgiinica se
muda en ct. En la 1=" de plural debemos analizar así: — avact-ar-
leg-oi, en que la terminación Ick del compuesto se vuelve leg para
recibir el aumento subfijo oi y prefijo ar; éste de pluralidad, aquél
de origen desconocido.
12. — Desterrar.
1. S-aTát 2. alacti-i 3. Y - alát.
Pl i. S-aTát-ácca 2. atacti i 3. Y-aTact-é
12. — De este ejemplo se deduce la ley morfológica ó fonética
que una voz aguda que acaba en t al recibir aumento silábico
prefija una c á la í, el arrimo de otra c posterior puede impe-
dirlo. La i doblada en 2=" i)crsona liace sospechar una forma
álate ó áiacte como tema original.
i3. — Doler.
ta ta
1. S - evét 2. ivict - i 3. Y - evet
ta
13. — La voz evét presenta un ejemplo aun mas completo de
la ley citada en el 12, regular en toda su infleccion, la e de 2^
persona sufre asimilación probablemente á causa de no ser or-
gánica sino la e advenediza de que se trató atrás (Ai't. G.)
o
14. — Empegar.
ta
1. S - oete 2. oict - i 3. Y - ooet
Pl. 1. S-oect-oi-cá 2. oict - i 3. Y - oect - o
14. — Otro precioso ejemjílo que confirma cuanto se ha dicho
ta
acerca de la t vuelta ct. La forma ocie no es ninguna excepción
/
/
— 317 —
¡)ues el taiinimideo ú i|uo so refiere el signo la se opone á
cualquier aumonlo. asi (jüg la c final casi no existe.
i5. — Engañar.
1. S - atennaclite 2. aclennacL - 1 3. Y - aclennac -
tite
Pl. 1. S - actennact-arn- 2. oclonnact - i 3. Y - actennact-
ácca arn-é
15. — Aqui tenemos sincopacion de titc en /*, cosa que se
deduce de las j)artículas plurales, y arrimo de la partícula ani
en 1^ y 3^ de plural como refuerzo.
i6 . — Entender.
ia ta
1. S - aden 2. adin - i 3. Y - adcn
ta la
Pl. 1. S - aden - acca 2. adin - i 3. Y - aden - o
16. — Es regular en todas sus parles.
ly. — Espantar.
ta a s ia s
1. S-00 2. odd- i 3. Y -00
ta s s
Pl. 1. S - od - acca 2. odd - i 3. Y - oct - e
tas
17. — Lo es también si concedemos que oo encierra en sus sig-
nos una d oculta ; la forma oddi lo prueba. Y — octé — ellos espan-
tan, parece qup representa una mudanza de d en t con la c de ley.
i8. — Esperar.
^^ í« ^... ia ,_
1. S-ali-aó 2. ali-aó 3. Y-ali-aó
ia _ to _
Pl. 1. S-alic-ao 2. ali-aó 3. Y-alir-aó
18. — Con decir que esta voz se analiza asi: — ali-aó está
probada la regularidad de su lleccion.
il8
ig. — Fijar.
ta n d
1. S - ainnagan 2. ainarn - i 3. Y - aiiinagaii
la ta
Pl. 1. S - ainagaii - ácca 2. ainarn - i 3. Y - a¡nagann-6.
19. — So sabe que en esle grupo de lenguas Iiay una r (|ue se
confunde con « v do lo quo sucede cuando este gai'üareo so
junta con una gangosidad deduzco el gan. vuelto iii do esto
ejemplo. Con esta sencilla explicación desa[)arcce una irre-
gularidad á la vista, pero que no lo sería al oido de (juien lo
sabía oir bien.
20. ■ — Hacer.
ta la la
1. S-oet 2. oict- i 3. Y - oet
la la ta
Pl. 1. S - oect - acca 2. oict - i 3. Y - oect - é
20. — Ejemplo que confirma mi canon : el aumento silábico
convierte t final en ct.
21 . — Hallar.
1. S - anat - á 2. anat - i - á 3. Y-anat-á.
Pl. 1. S - anatr - á 2. anat - i - á 3. Y - anart - á
21. — Esta es voz compuesta, como lo demuestra la ¿me-
dia de 2^ persona. Solo un Mocoví podrá decirnos en qué se
b b_
diferencian las terminaciones tra y rta.
22. — Lancear.
ta ta ta
1. S - ad - apék 2. ad - i - apék 3. Y - ad - er-apck
ta la ta
Pl. 1. S - ad - ac - apék 2. ad - i - apék 3. Y - ad - er-apék
la
22. — La raíz es ad, la terminación ajnk: la r en 3=' de plu-
ral eufónica, pero característica á la vez.
— 319 —
23. — Lastimar.
r ' r r
1. S - asseguectagát 2. asseguectagact-i 3. Y - asseguectagát
23. — Regular, y prueba del canon acerca de la t mudada en ct.
24. — Este ejemplo es curioso: el i/c en lugar do i en 2'^
de singular es escepcional, como lo es también el ré de la l''^
de plural. Acaso una y otra forma respondan á algún misterio
lonológico encerrado en la o aguda.
25. — Llevar.
1. S - odó 2. odo - i 3. Y - odó
ta
Pl. 1. S - od - occo 2. odo - i 3. Y - odo
25. — La ó aguda en este ejemplo no reproduce las excen-
tricidades del último, por lo tanto es de sospechar que la y en
quii/d haya inñuido en algo. La forma s-od-occo con su occo en
lugar de ncca parece que nos enseña una mudanza de vocales
por asimilación; pero no debemos olvidarnos que occo?» es «no-
sotros», en Moco vi.
26. — Maliciar.
1. S - cppect - aé 2. ippict - i - ao 3. Y-eppcct-aé
Pl. 1. S - eppet - c - aé 2. ippict - i - ac 3. Y -eppect-e-r-ae
2G — Este ejemplo de voz compuesta nos presenta la asi-
milación de la partícula inicial e ó i, pérdida de la c en S-ep-
liectaé porque pasa á servir de partícula plural en lugar de acca
que sufre una fuerte sincopacion en S - efpet - cae, donde pu-
diéramos haber esperado la forma ^-ejypectacccié. La sincopacion
resulta de que la voz es compuesta con una terminación ac (jue
empieza con a. La r de 3'' es eufónica.
— 320
2y. — Mandar.
27. — Si suponemos que la raíz en oste ejemplo es ela la mu-
danza de e en i se explica por asimilación : i inicial, ya como
i, ya como y es característica de I'' y 3^ persona. En la tabla
de plurales hemos visto, que la á aguda, lleva á veces aumento
silábico con ?-:esta a sin duda encierra sincopacion de gutural.
Esta r es de las letras que no pueden estar muy lejos de una
t razón por la cual vemos que la t entra en la 3^ persona de
plural de que es también letra característica.
28. — Manifestar.
ta ta la
1. S - agat 2. agacti - i 3. Y-ogat
ta
Pl. 1. S - aagact-acca 2. agacti -i 3. Y - aagact-é
28. — Un ejemplo regular en todas sus partes según los cánones
que se van estableciendo : la i doblada responde á una e muda
en el tema.
2g. — Mirar.
ta
1. S - irana - á 2. eran - i - ;i 3. Y - rana - h
ta
Pl. 1. S - irang - á 2. eran - i - a 3. Y - ran - e-r-aá
29. — Voz compuesta que asimila vocales iniciales y sincopa
la partícula acca de pluralidad en g. La r de 3^ en plural es la
letra que está siempre á la mano en esta persona para salvar
la e característica de un hiatus.
3o. — Pensar,
ta ± ±
1. S - adennactarn 2. adennactarn-i 3. Y-adennactarn
ta ±
Pl. 1. S-adennactarn-áka 2. adennactarn-i 3. Y-adenne-ct-ra-c
30. — Los misterios del sonido ni se hacen sentir en la 3^
de i>lural. pues í-aifie sincopacion, i'i lo rpie se vé, completa al
— 321 —
juntarse con la terminación e. La e medial parece un efecto de
asimilación, como quien dice anticipo de la letra característica.
Esta irregularidad debe atribuirse mas bien á cambio fonológico.
3i . — Perder.
J. S - assogat 2. assovat - i 3. Y - assovat
Pl. 4. S - a.ssova-ct-ácca 2. assovact - i 3. Y - assovat - ó
o
31. — Otro tanto puede asegurarse de la confusión de g con ti
lo que llama la atención es el hecho de que el Teutón también ha
confundido siempre la g con la w como en guerra, toar, gastar, waste,
Gascón, Bascan, etc. La falta de c antes de la t en la segunda per-
sona es do notarse: puede haber error de oido, por lo que la / en
singular no lleva acento.
32. — Rempujar.
1. S-amma-vó 2. amar-i-vo 3. Y-amma-vó
Pl. 1. S-amma-rso-vó 2. amar-i-vO) 3. Y-amma-rd-ó
32. — Otro curioso ejemplo, porque como en voz compuesta
que es, la partícula extraña ró aguda pone en prensa la agudez
de la á del tema, cosa que está do manifiesto al tomar esta ter-
minación el aumento silábico de su fleccion. La vó aqui ha
influido sobre la vocal anterior, y en la s vemos la sibilante en que
puede resultar el acca ú occo. La r del aumento silábico es cons-
tante en el plural y se refuerza con una d en 3*. Es muy posible
que la segunda s en primera de plural sea una reproducción de la
característica de esta persona.
33. — Tirar con fusil.
1. S-ain 2. ainn-i 3. Y-ain
Pl. i. S-asinn-acca 2. ainn-i 3. Y-ain-e
33. — Todo es regular aquí, salvo la s intrusa en í^-asinnácca —
puede considerai'se también un refuerzo de puro lujo, ejemplo 34.
322 —
34- — Tirar con fusil.
1. S-ainnarneclak 2. ainn-i-cták 3. Y-ainnictak
Pl. 1. S-ainnan-ca - ti'ik 2. ainn-i-cták 3. Y-ainn-ortra-pe
34. — La forma compuesta de la anterior carece de la «in-
trusa ; se confirma, pues, la sospecha de que responde á solo
lujo de partículas. Las irregularidades de esta voz se explican
comparándola con la anterior, y teniendo en cuenta que la sin-
copacion entra para mucho. Aquí se entra en sospeclia que las
partículas tale y pele tengan el mismo valor léxico, desde luego
c[ue puedan suplirse y acumularse.
35. — Tirar cascote.
o
1. S-innácca 2. ennar-i 3. Y-nnácca
o o
Pl. [. S-innars - ücco 2. ennar-i 3. Y-innar-é.
35. — Nueva luz nos dá este ejemplo acerca de la analogía
entre partículas de pluralidad y las de fleccion personal: acca
pasa á la d aguda, la á aguda toma r para su aumento silá-
bico, y según el ejemplo 32, esta á reforzada con r hace rso en
primera de plural, mientras que so acarrea una final co como
característica jior asimilación. Todo esto se reproduce con el
tema iimárca. (\'éase el 32.)
36. — Tirar cascote.
1. S-innacták 2. ennar-i-ták 3. Y-nnacaták
Pl. L S-inna-scoc-ták 2. ennar-i-ták 3. Y-inna-ca-tra-pck
36. — En este ejemplo advertimos cómo la voz anterior se
maneja al entrar en combinación con otras i)artículas. l''n la
primera de plural vemos que rsoceó se sincopa en scoc. (\'éase
el ejemplo 32.) La acumulación de tercera en plural,' trapek, es
curiosa. (Ver 34.)
- 323 —
3-j, — Yo tiro al aire.
1. S- iiiiKir - ck 2. eniiar - i - vi''k 3. Y-nuarvek
l'l. 1. S-iana-rso- vók 2. enaar-i-vék 3. Y-ina- ar-dck
37. — l'!ste ejemplo es curioso. Consta, á lo que se vé. de un tema
cnim, que á causa del aumento silábico que produce la partí-
cula vel;, recupera la »■ latente en la ti aguda, l'ln la primci-a,
el rcU es una sincopacion, porque esta persona en singular
sicnqire afecta formas simples que van complicándose más y
más en cada ñeccion sucesiva. En la primera do plural vuelve
á notai'se la combinación rso. Comi)árese el 32 en (lue el rdo
o
de tercera en plural se ajusta ))ien al rdcii de este. La termi-
nación vch [¡arece que se forma de v6 y ch. Por el 7° de la ter-
cera conjugación parece que rcvék se sincopa en rck, y acaso
para evitar algo análogo con rcvék se intercaló la s caracterís-
tica de |)i"imera. Como se dijo en el 32, esta s puede ser una
simple reproducción de la característica de primera persona.
38. — Yo tiro atrayendo.
1. S-av-ék 2. av-i-gui 3. Y-ave-k.
Pl. 1. S-aveg-acca 2. av-i-gui 3. Y-avc-gué
3S. — Este verbo avek, tirar liácia sí, es reguliu- en todas
sus })artes.
3g. — Yo tiro atrayendo.
1. S-aveque-cták 2. avigu-i-ctán 3. Y -avequectáh.
Pl. \. S-avelc- a -cták 2. avigu-i -ctáli 3. Y ■ avequ - e -clrák
3'J. — Areqiic - cfiík no tiene mas irregularidad en singular que
una h i>or k en segunda y tercera jiersona, confusión bastante
común en este idioma. La I intrusa en primera de plural parece
que resulta de la sincopacion que representa la sílal)a cae. La
terminación tak es propensa á volverse trak. Cj. ex. 34", 3G", etc.
324
40, — Yo íi?-o al suelo.
1. S-alacle-vék 2. alact-i-vék 3. Y-alacle-vék
r
Pl. 1. S-alacl-a-ra-vék 2. alacl-i-vék 3. Y-alact-e-trék
40. — El último de los varios verbos que significan tirar
de otrqs tantas maneras es voz compuesta con la terminación
rék, y regular en singular. En el plural parece que ha suce-
dido lo siguiente: sincopacion de dcca en «, expansión de á en
r
ar al tomar el aumento silábico de la terminación con a eufó-
nica después de la r. Como la t pertenece á la raíz y no al
aumento rek, la é característica de tercera en ¡ilural se sub-
fija ú la t, y lo que en el 30 fué trák, en este se sincopa
en trck.
41. — Tocar.
1. S-aschiTa-íi 2. aschiT-i a 3. Y-aschili-a
Pl. 1. S-ashila-ga-á 2. asluT-i-á 3. Y-asliili-ra-á
41. — Ejemplo compuesto, regular en singular. En jilural
tenemos las complicaciones de siempre, y digo complicaciones,
porque lo que nosotros oimos como irregularidad i)uede no serlo
en la fonología Mocovi.
Cea hace plural í/a; desde luego un gá puede representar un
cea siempre que ciertas combinaciones fonéticas así lo exijan.
Por otra parte, una i final tiene plural iri, de suerte que es
natural el aumento de la r en la tercera pei-sona: la acumula-
ción de la partícula ra evita anfibología.
42. — Tocar.
1. S-ippoct-a 2. eppoct-i-a 3. Y-ppocta-á
Pl. 1 . S - ippotr - ca - a 2. eppoct - i - á 3. Y - ippoct - ra - i\
42. — Este ejemplo es compuesto y regular en singular.
0.0 o
Desde que la terminación teaek hace ctralca en plural, y las for-
mas tea y cta andan siempre confundidas, se concibe que dra
sea forma plural de tea, á que se ha arrimado la partícula
— 325 —
iletei'iiniianle do pi-iinora on i»lui'al ca, ú sea acca. Si se admite
osla explicaoiun, la toroera persona se deduce con toda faci-
lidad.
43. — Tomar.
1. S-accon-á 2. accon-i-a 3. Y-accon-á
Pl. 1. S-accon-gá 2. accon-i-á 3. Y-accon-tá
43. — \oz compuesta y regular en su singular. La g por c en
¡¡rimera de plural, resulta del arrimo á una nasal que la vuelvo
gangosa, como inga por inca, etc. La t de tercera e.s siempre
una de las características de esta persona en plural.
44. — Entrar .
00 o
1. S-innorn-iJ 2. ennorn-i-vó 3. Y-nnornó
o o
Pl. í. S-innorn - o - Vü 2. ennorn-i-vó 3. Y-innornd-ó
44. — Ejemplo de tema compuesto. La primera y tercera de
singular sincopan la v de la terminación ó partícula ro. En la
primera do plural el occo se sincopa en o, mientras que on tor-
cera una d se aumenta á la n de singular, á la vista, pero es
probable (juo sea una sincopacion de algo parecido á melero.
45. — Ver.
i. S-ivaná 2. evan-i-¿i 3. Y-evaná.
Pl. 1. S-iivan-ga 2. evan-i-ti 3. Y-avan-tá
45. — Verbo regular compuesto; véase el 43. La i doblada
en primera de plural es curioso, pero no pasa de ser un re-
fuerzo. La g resulta de la nasal y la t de lo mismo: cada letra
según la persona de que es índice.
46. — Dejar trabajo.
la o.r
\. Le-SS-arni 2. yyagannini 3. Lo-Y-arni
oJa
Pl. 1. Le -SS- amar -ni 2. )pagannini 3. Le-Y-arnini
4G. — ICjemplo compuesto con Ld, ya, e partícula inicial y
nt final. Véase 27 de la tercera conjugación y primera clase de
— 32C) —
líi i|uin(;v. (iriti os pLUMinentc sincoparioii de (Kjan. La segunda
ar do pi'iiuora en plural, la conocida ])arlícula de esa poi-sona
y el ¡)¡j \)0v le inicial de segunda, efecto de asimilación.
4y . — Acabar.
1. S-ommaclc
r
M. 1. S - oniiiinctacca
2. L-onamactii 3- Y-oinmnctó
r
2. L-ommaclii 3. Y-onnnadé
47. — Vei'liii ro.n'ulai' con oí la, ya, on segunda persona. (\'óasc
27 de tercera.)
L^■
2' CONJUGACIÓN
La
conjugación se
di;
ei-encia de
la L' solo en ia T) que
sustituye á la Y, de 3' persona. La d en Mocoví parece (¡ue
repi'esenta nuestra r suave, pues Ditrasno es pai'a ellos diulasnu,
y Francisco Dancisco.
En Sánscrito encontramos que la R, L y Y se siguen en el
airabeto, como si les reconociesen cierta afinidad
fonológica, y en América sucede otro tanto. Los
indígenas de la Argentina apenas si distinguen
entre la y, la / y la r : y la confusión de la r con
a d es tan conocida aquí como en Europa. El
Araucano dice ruca 6 daca, caso como el Iiluropeo
lacri/ina y dacnjina. La verdad es que r, I y d son
palato-dentales, como loes también la ¡j ó ¡I, nuestra /mojada
i|ue pai'a el criollo es y, y todas índice de 3^ persona.
La articulación de esta neccion verbal es pues la siguiente:
S. i'' S — , 2. — i
Pl. !'■' S — cea, ó ácca 2. —i
3. D
3. D-
327
LVI
CUADRO COMPLETO DE LA 2' CONJUGACIÓN
1° — Aborrecer.
S. 1. S-oqqiüancatá 2. oqquiancata-i 3. D-oqquiancaU'i
Pl. 1. S-oq(|uiaiicatácca 2. oqi|UÍaneartai 3. D-Oí|qLiiancatá
J" — l'',n este ejemplo se notan dos irregularidades: la pri-
mera, una e intrusa ; y la segunda, falta de la e en 3* de plui'al.
lilsta probablemente resulta de la « aguda en que termina el
tema ; aquella de la tendencia de hacer de t una ct.
2° — Arranco (yugo).
S. 1. S-appogon 2. appogon-i 3. D-appogon
Pl. 1. S-a[)pogon-ca 2. appogon-i 3. D-appogon-é
2" — Ejemplo regular.
J" — Arranco (yugo) - Otro.
S. 1. S-appogornecták 2. appogoñ-i-clak 3. D-appogonnecták
Pl. 1. S-appogon-ca-ctid': 2. appogoñ-i-clák 3. D-piiogon-c-ctapé
3" — Tema compuesto con r intrusa en I-'' de singular. La
n se vuelve A al herir la ¿ de 2''; la e desaparece por sincopacion
en 1* de plural, y el cták hace ctapé en 3'' de plural como de
costumbre.
4° ■ — Bautizo.
S. 1. S-occorargan 2. occorarni-i 3. D-occoragan
1^1. 1. S-occorarn-i'icca 2. occorarni-i 3. D-occorarn-é
4" — Otro de los ejemplos en ¡jint, (|ue en lleccion se vuelven
rn: una e muda tinal exiJÜca la i doblada de 2'''.
328
5° — Cago.
ia »•■ °- ta '•■°- to »•■ "■
S. 1. S-ntorneh 2. atai-a-i-véh 3. D - actarnelí
Pl. 1. S - actarn-a-vck 2. actarn-i-véli 3. D - actarn-é
5" — La aparente irregularidad resulta de alguna ley íono-
lógica bajo la cual la combinación riich representa una sinco-
pacion en que entra la v, letra que resucita por exigencia cu-
fónica cuando la raíz recibe aumento silábico: lo probable es
ta '1± la !!:_£:
que de no hacerse asi actam-i-rch se hubiese vuelto actarñéh.
6° — ■ Carpo.
r ta
S. 1. S - octeyagan 2. octegarn-i 3. D-octeyagan
Pl. 1. S - octegarn-ácca 2. octegar-i 3. D - oclegarn-6
7". — Castigo.
la r
S. 1. S - avagan 2. ovarnarni-i 3. D - ovarnagan
Pl. 1. S - ovarnarn-ácca 2. ovarnarni-i 3. D - ovarnarn-é
G" y 7" — ejemplos (|ue siguen la regla del í'\ El 7" sufre
una sincopacion fuerte en I'"" de singular.
8" — Comprar.
b b. ti
S. 1. Sc-ischectecnar 2. iscliectecnarn-i 3. D - ischoccten-
0. ta. r.
nagan
ta
Pl. 1. Sc-ischoectennagan 2. ischectenarn-i 3. D - ischoecten-
narn-é
8'' — Ejemplo en que se advierte confusión de temas : la 1*
y la 2^^ persona pertenecen á un tema, v las restantes á otro.
b
Es curiosa la terminación en ar de la b'^ en singular, que debió
± ta '
ser gan ó gan: esta </ ó r ni es (/ ni es r, sino una guturacion
combinada de los dos sonidos.
- 329 —
p" — Confesarse.
ta ta ta
S. 1. S - icliococtarn 2. icIiocnrt;irn¡-i 3. D - iclinroi'lai'ii
ta
Pl. 1. S-icliococ(iii'a-acca 2. icliocciclai-ni-i 3. lilld-ichococlara
9'^ — 1mi Oflto lema n(lv(3rliinos (|iio la l-'^ de sin.ííular puede
b b b
liM'iiunai' en nnt en \ez de r/nii, lu ¡pie (^xplica el nr del S'\ Pol-
ín d(Mn.is es i-ei;nlar esle vei'lio, si exi-luinios el annienlo inicial
El en 3' de |ilni-al. un riM'iieiy.o de i;ala.
10. — Enseñar.
S. 1. S-appafinactagan 2. aparinactafn-i 3. D-apparinacta-
gan
Pl. 1. S-ap[)ai'inaclai'nacca 2. aparinaetarn-i 3. D-aj>parinac-
tarn-e
10. — l'ljemplo regular del tipo i".
//. — Hablar.
b_
S. i. S-cectaca 2. ccUir-i 3. D-eectacá.
Pl. 1. S-eeetai'váe(M 2. celar- i 3. ü - occtarvé
11. — Este ejemplo .sigue la regla del pinral ari de d aguda:
las irregularidades (jue se notan deben alribuirseal gargarismo
b
c¡ue resulta de la combinaeinn c con r: ni sería la modilicaeion
nasal, rij la (¡utnral.
12. — Hurtar
S. 1. S-occacli 2. occacti-i 3. D-occact'i
Pl. 1. S-oecaeti-acca 2. oecacti-i 3. D-occacti-e
12. — Fleccion rcirulai".
330
i3.
Jugar.
S. 1. S-ivalurvé
2. evalai'v-i
Pl. 1. S-ivalarvi-ac.ca 2. eva!arvi-i
3. D-evalarvé
3. D-evalarvi-é
13. — Fleccion regular. Es de notarse la e por i en 3": en la
2" conjugación se asimila con la y.
14. — Leer — Re^ar.
S. 1. S-oennagan 2. oennarn-i
Pi. 1. S-oennarnácca 2. oennarn-i
3. D-oennagan
3. D-oennarn-é
14. — También regular, tipo 4».
n o. n la
S. 1. S-oyagan
'il? la
Pl. 1. S-ovarnacca
i5. — Llamar.
2. oyarní-i
2. oyarn-i-¿i
3. Doyagan
3. D-oyarn-é
15. — También regular, tipo 4", con una á intrusa en 2" de
plural, c|ue es anómala pero en realidad partícula tina! de verbo
transitivo. Ver [lartículas.
16. — Maldecir.
la ' 1_
S. 1. S-ischoennagan 2. ischoinnai-i 3. D-ischoennagan
Pl. i. S-ischoennarnácca 2. ischoinnai-i 3. D-ischoennarni
16. — Este ejemplo es curiosísimo, porque siendo tema com-
puesto introduce en 2* de singular y plural una irregularidad
que no aparece en el tema simple. Véase 14.
oennarni
— tu lees ó rezas
ischoinnaii — tu maldices
se ve que solo se trata de una sincopacion, pero no se puede
pasar por alto.
— 331 —
//. — Malar — Aloacti vel Aloactarni.
S. 1. S-aloat 2. oloact-i 3. D-iiloactarn
Pl. 1. S-aloactarnácca 2. aloactarn-i 3. D-aloactarn-é
17. — Otro ejemplo curioso cuyas irregulai'idades resultan de
confusión de temas; por suerte estos temas están denuncián-
dose. La 1* y 2" de singular siguen el tema S-aloat, las demás,
el tema S-aloactagan, tipo 4". VA primero daría esta fleccion :
1. S-aloat Pl. 1. S - aioactácca
2. aloact-i 2. aloaci vel ii
3. D-aloact 3. D - aloacte
i8. — Padecer.
S. 1. Assueictit 2. actictacti-i 3. D-actictactá
la
Pl. 1. S-actictactiá 2. acticta-i 3. D-act¡ctacti-é
18. — Otro ejemplo de temas enredados: de la 2"' pei-sona
inclusive adelante se usa el tema actitacta; pero assueictit »yo
padezco» es otra voz: es un caso análogo al francés allcr que
da mis. Littré desesperó de poder explicar la mezcla de temas,
y Bracliet se contenta con derivar el verbo de tres raíces lati-
nas. Las demás personas de este ejemplo son regulares. En P
ío
de plural sincoi^a el ácca en d.
ig. — Pedir.
S. 1. S-aschilagan 2. assilarni-i 3. D-assilagan
Pl. 1. S-assilarnácca 2. assilarni-i 3. D-assilarn-é
19. — Otra Heccion regular del tipo 4". La schi por ss en P
de singular responde á un engrosamiento de la s muy común
en estas provincias; yo la uso todos los dias por(|ue de no
¿cómo diríamos ushuta, (sandalia), skinqui (una mimosa) etc.?
esta sh es la Inglesa, sch Alemana, x Portuguesa y Catalana.
— 332 —
20. — Pitar.
S. 1. S-asserarn 2. íisserm-n-i 3. D-abscrarn
1^1. 1. S-üsserarnácca 2. asserani-i 3. D-asserara-c
2ü. — Isjcniíjlu rotular lipu 'J".
2/. — Planchar
(a <■_■""■ . la ■'_:^
S. 1. S-iiV(ii;(iL;oa 2. ovn^nngora-i 3. D-ovoiiOiHon
la '^'- la '^_\
V\. I. S-(jvoí4X>,i;iiuii;icca 2. o\o,i;(iyijrii-i 3. Ü-u\'ogoyunu-i''
21. — Mjcinplii liaslaiilc i-ci;ulai': el aLUiieiUu siláliicu Irao un
refuerzo de r en 2'' y de n en las ulras personas <[ue responde
11 efectos de ü,utura(;i(in enniarañaila..
b.o
22. — Ennalarnió.
b.n
S. I. .S-iiHiacla.uan 2. enaclarn-i 3. D-cnnact,agan
ri. i. 8-inuaclai;ariiácca2. enacl,arn-i 3. D-ennaclai'n-é
22. — FiíM'cion rcyular lipu i" cj. 1.3".
23. — Reír.
S. 1. S-aycvTe.íiiv. 2. oyiTigi--i 3. D-aycTegr'é
b_ " ^
Pl. 1. S-aiTiyriácea 2. ayiligu-i 3. D-ayeTegré
23. — \'ei-l)0 es e.sle que suena ¡i (iliyrc, y (|uc [irohahlenicnle
es de origen Español: la seiiedad de los indios es noloiáa, su
earcajada postiza y muy ortilieial, en rnuelia parte de lo ante-
rior déla garganta. Hien visto el ejemplo, la única irregularidad
se encuentra en la 2'' de plural, (jue si seipiiei'C no lo es tam-
poco, dada la confusión en Mocovi de r, g y ¡jr. Si realmente
esta voz es española no podr;'i negarse su importancia fonoló-
gica, poi-(pic nos explica la semejanza de nuestra comhinacion
ijr con la (j = r de a(piellos.
333
24- — Reparar.
la JL la la
S. 1. S-caaai-iicti'ik '2. cimarn-i-clíik 3. D-onnarncct;ik
te , ¿ . ta la, 1
Pl. 1. S-ennaiTalák 2. ennarn-i-clák 3. D-oanai-ncctaiié
2í. — \'erli() coiii|)ueslo con ki iiartícula cták que se ajiisla
al li[)ii 3". La !•' do plural iireseiita la viólenla sincupacion
te Ji
S-cimarcaldk en (juc se su|ii-inio la c ante t del ejemplo tí[)iro.
25. — Robar. vc¿isc Hurlar.
•Ih. — W'ase el 12.
2(). — Santificar.
la
S. 1. S-agui-á 2. aqqui-i-á 3. D-agui-á
la
Pl. 1. S-a(i(|ui-ai;-á 2. aq(|ui-i-ii 3. D-a(|qu¡alan (Vf?)
2(). — Vei'lio regular comiiuesto. El agd por accd parece (pie
responde á exigencia eufónica. La í de 3'' en jilural se conq)ara
bien con la misma letra en el ejeuqilo de la P' Conjugación: am-
bos \erbos van compuestos con la |iarticula á. L,a n tinal en
este verbo parece leli-:i ai-uuiulada pai-a su[ilir el acento agudn
del primero.
27: — 'Sufiar.
la la la
S. 1. S-iguemactá 2. iguemact-i 3. D-iguemaclá
la ■ ■ I"- ,
Pl. 1. l,s-iguomacliácca 2. iguemact-i 3. D-iguemacti-é
27. — \'ei-b(i regidar: comn en el ejemplo IS la terminación
sinqile en d se convierte en / para recibir aumento siliiiiico.
28. — Trabajar.
la . ia la
S. 1. S-oennaclagan 2. ocnnactarn-i 3. D-oennaclagan
te ta la
Pl. 1. S-uennaclarii;ícca 2. oeiinaclai'n-i 3. l)-c'.cnnaclai-u-é'
28 — \'erL)o regular tipo ,4". ,
^ 334 —
2g. — Tropezar.
S. 1. S-aaccassó 2. accasso-i 3. D-aaccassó
Pl. 1. S-aaccassócco 2. accasso-i 3. D-oaccassó
29. — Verbo recular, que por(|ue toi-inina (?n o liace occo en
vez de «wa en I-' de ¡ilural. La elisión de una raen 2'' es efecto de
eufonía.
3o. — Tropezar.
o. r
S. 1. S-ipporlagan 2. ep|ioi-lann-i 3. D-epporla,nan
Pl. 1. S-ipporlarinácca 2. epporlann-i 3. D-epporlarné
30. — Verbo casi regular del tipo 4". El ejemplo 21 demues-
tra la facilidad que existe de sustituir rn con nn. V.n cuanto á
la e de 3* véase el 13.
LVII
3^ CONJUGACIÓN
Esta conjugación se clasifica como tercera, poi'que es la f[ue
contiene el tercer grupo en importancia de los que comienzan
con 8 en la pi-imera persona. El orden que observamos, solo
responde al número de verbos en cada grupo, de suerte que
no encierra teoría alguna, sino simplemente valor aritmético,
el mas seguro mientras no se establezca alguna otra razón que
dé mejor resultado.
Como se verq, estos verbos son treinta y cinco, y, por lo
tanto, según mi regla, deberían ocupar la segunda categoría ;
pero como siete eje los ejemplos son dudosos, que mas bien
cori-esponden á la primera, be dejado el orden como estuvo al
hacer el primor recuento de las tablas.
— 335 —
Los verbos estos son treinta y cinco, de los que siete han
podido entrar en la jirimera conjugación ; como se com|)renderá,
son los que tienen una i inicial como radical del tema, porque
la y podía incorporarse ala i radical, y así, por sincopacion,
formar una sola letra. Esto no obstante, he preterido dejarlo
así en razón de que si pudo haber fleccion, 8 de primera sin
prefijo en segunda y tercera persona, con la a y la o de inicial,
pudo haberla también con la i.
Lo que mas importa averiguar, es la causa de esta omisión
de toda inicial en segunda y tercera persona en esta conjuga-
ción, ó. lo que es lo mismo, de usarla de tercera en las otras
dos, visto que se hace caso omiso de ella en ésta. Franca-
mente, nada columbramos que pueda explicar esta anomalía,
solo sí vemos que toda confusión se evita de uno y otro modo.
Sin duda un gramático Mocoví podría explicar el misterio; des-
graciadamente, más fácil es que desaparezca el último Mocoví,
que hallar ese Mocoví que con ciencia y conciencia nos explique
á fondo el mecanismo de su lengua: que salga otro Tavolini
es igualmente inverosímil.
LVIII
CUADRO SINÓPTICO DE LA 3' CONJUGACIÓN
1. S — 2. — i 3. —
Pl. L S — ácca 2. — i 3. — é
/. — Amar.
1° — Si se quiere, este verbo avaé, amar, es típico : su arti-
culación personal en la fleccion es la siguiente:
— 33G —
Como en voi-lio roinpiicsLo, Ins |irii-lícnl:is linnlcs se ¡nlcr-
ponen enlre l:i i'mí/. y la tonninaciiin. I, a e i'i /,■ de priniei'a \' t
(le lerecra n\ pliiral son lipicas y la // (>s poi- /. poi'(|ue prece-
de :'i una e. I,a <i en priniei-a de singular, aun no se lia expli-
cado.
2. — Caer.
Siníi'. i. S-annanc-nl 2. annacl - i - ni 3. nnnanc-ni
Pl. 1. S-annactar- ni 2. annact,-i-ni 3. annacl -i-ni
2" — \'ci'l)0 compuesto irre.aulai'. F.l ar de pi'iniei-a en plui-al
es la uiisma silaba ar inicial de los nomln'es, y la leccera per-
sona una anomalía, pues i-eproduce la seizunda. V.w ciianlo ;i la
intere((ui valencia de ct con n, véase el 17 de la conjugación
l)or Ȓ.
3. — Corlar.
ta la JL
Sing. 1. S-icliacü 2. icharrar-i 3. ichacá
r
Pl. 1. S-icharsúcco 2. iciiarrar-i 3. icliaré
3" — Kn los [)luralcs de nombres liay una m que liace re
mientras que d hace tam])ien art. Se vé. pues, que la c es un
cambio fonológico de esa rj gargarizada, debido al larlaniudeo
d« las anteriores sílabas: al tomar el aumento sihibico de se-
gunda se modifica el tartamudeo, la (jrcj se \ueh'e rgr, es decir.
que donde antes predominaba la guturacion, después prevalece
la gargarizacion. Este verbo reproduce casi todos Jos acciden-
tes del 35°, primera conjugación.
ta ta '
1. S-innácca 1. S-ichaca
o r
2. ennari 2. icharrari
3. Y- nnácca 3. icliaca
Pi. 1. S-innarsócco 1. S-icliarsócco
o r
3. innare 3. icharé
A fuerza de estas comparaciones se viene en conocimiento
del delicadísimo mecanismo ileccional que constituye el princi-
pal elemento de los idiomas cliaf|uenses.
337 —
4- — Deber.
Siiin-. 1, S-avé (leve 2. avo - y - e -deve 3. ave-devé.
IM. 1. S-a\o(|ué deve 2. avo - \' - é -devé 3. avo - 1. - e - devé
4" — Ejemplo eompuesto regular, me/.ela de Castellano y
Moeoví. Los indios no oonocerían lo ([ue era deber ¡dichosos
do ellos! Salvo la sinctipncion en v, en lo demás se i-eproduce
el ejemplo 1".
5. — Llevar.
Sing. 1. S-igat 2. vgact-¡ 3. vgát
Pl. 1. S-igaf.ácca 2. ygacli-i 3. ygact-e
5'^ — Otro verbo que acabado en t aguda prefija la c á la t
al hacer el aumento sili'ibico de segunda y tercera personas;
no lo hace en pi-imer-a de plural, pero esto acaso responda al
ta
tarlamudeo en gatacca. F,l ejemplo análnij,o en la primera conju-
gación es ol 12. La / d()l)lada en [ilui'al, i'i es refüiM-Zd i') señal
de e muda de la raíz.
Sing. L S-ogon
Pl. 1. S-(igon-ácca
G" — ^■erl)0 i'egular: la c por o de tei'cci'a en plural, resulta
de asimilación.
7. — Oir.
ta
Sing. 1. Sacca
ta
Pl. 1 S-agayácca
7° — En los |)lurales de nombres hallamos que uno vocal
aguda [luede aumentarse con yc; la verdad es que un ejemplo
b
de a plural nije no consta, pero como tenemos una c ( e bal-
buceaila) que dá ai/é, se deduce que esa — encierra una n (jue
al tomar aiunenlo sili'ibico admite una y. Aun sin esto la ana-
— 338 —
I
logia basta para explicar que el ¿i puede hacer ayé desde que
la ó hace oye. Este verbo es el mismo 22 de la fleccion por «.
La c ó k parece que siempre se ablanda en g al recibir au-
mento silábico.
8.
Ordenar.
Sing. 1. S-accactá
ta ^
Pl. 1. S- accactará
2. accacti - a
la
2. accacti - á
4. accactá
(a
3. accart-á
8" — Ejemplo compuesto regular : la sílaba ar medial debe
ser la misma inicial de los nombres; su tipo es el del verbo
21 de la primera conjugación.
Q. — Poder.
Sing. 1. S-ischit
Pl. 1. S-ichictácca
2. ischicti-i
2. ischicti-i
3. ischit
3. ischit -é
9" — Verbo regular del tipo 5°. La c falta en tercera de plural,
pero ello puede atribuirse á detecto de oído al trascribir.
10. — Poner.
Sing. 1. S-ili-av6 2. ili-aó 3. ill-avó
Pl. 1. S- il-cacca - vó 2. iJi-aú 3. ili-r-av6
10. — Verbo compuesto regular, cuya raíz es ili y su termi-
nación avú. La // por li en tercera de singular, es efecto fono-
lógico. La r de tercera en plural evita el hiatus con letra
característica de esa persona. El diptongo aó es sincopacion
de avó.
II.
Poner.
Sing. 1. S- avó
Pl. 1. S- avocó
2. avo-y-o
2. avo-Y-é
3. avó
3. a votó
11. — Ejemplo regular, tipo 1". El verbo es compuesto, poi-
lo tanto la segunda de plural debió también terminar en ó.
339
Sing. 1. S-iguen
/3, — Probar.
2. iguinn - i
12.
Pl. 1. S-iguennacca 2. iguinii-i
Verbo regular,
ta
3. iguen
ta
3. iguenn -é
i3. -
Sing. 1. S-assát
Pl. 1. S-assactácca
Responder.
2. assacti - i
2. assacti - i
3. assat
3. assacti
13. — Verbo regular, tipo 5".
14. — Restituir.
S. 1. S-inchoeten 2. ischoictiniii-i 3. ischoeten
Pl. 1. S-inchocteiiáca 2. ischoictini 3. isclioetenné
14. — Verbo i-egular en sus terminaciones, pero que en 1*
de ambos números introduce una n por *•: sin duda asi se evita
una sibilacion repetida, y acaso chocante para el Mocovi.
i5. — Volver {á juntarse)
S. 1. S-oppili-guit 2. oppili-guit
Pl. 1. oppii-arricta 2. oppili-guit
3. oppili-guit
3. oppiliguictá
15. — Ejemplo compuesto y algo complicado. La raíz ó tema
parece que es oppili y quit la terminación. Falta la 5 indispen-
sable de 1*; el ar de plural en 1" juntándose con la g produce
la gargarizacion arr. V\ aumento del á en plural 1* y 3" perso-
nas induce á creer que pudo haber una a muda en singular.
16. — Volveré (de casa agena á id.)
.S. 1. S-oppil-vó
Pl. 1. S-oppil-ar-vó
2. oppili-6
2. o[ipili-v()
3. tippilvó
3. op|)il-d6
16. — ^'erbo compuesto regular, tipo 32 de la l^Conjug. VA
ar es la partícula conocida de plural, véase el 15.
340
Tj. — Volveré (saliendo de una parte )
la
S. 1. S-0|)|nl-(li(i 2. o|)|iili'(liu 3. oppildió
Pl. 1. S-()iiiiil-ai--(lin '2. oiiiiili-dii'i 3. oiipilii'sció
17. — l'ljeiiipl.o coiiiiiuesto rci;ul;ii' su Icriiuniícinn d/ó. I'll ar
es de siempre: ver 1.'); y la 3'' en plural üeiic una / pur e asi-
milada. Lo se es mudanza do d.
1 8. — Saludar.
ta la la
S. I. S iqquin 2. if|(|uinni 3. i(|i|ii¡n
la la l'i la
i'l. 1. S-¡(|(|uin;ica 2. ii|i|uinii-i 3. ii|ipunu-ó
IS. — \'erbo roii,uiar.
rg. — Seguir en el camino.
la la
S. 1. S-coact,e-guó 2. coacl-i-guó 3. roacte-gué
Pl. 1. S-coacl-ar-i;u6 2. coact-i-guó 3. coarctc-.yLn''
lí). — \'crli(> ri',i;nlar cimipucslo. La anticiparion do la /• fa-
cilila la iriti'(.)ducr¡iiu de la c cai-acteristiea tle 3'' cu jiliu-al: véase
el 21 de la !■' Conjugación.
, 20. — Vuli'er.
S. 1. S-oppilek 2. oppilcvok 3. oppilok
Pl. L S-iip[)ilninai-ck 2. oppilcvok 3. oppilunidck
2(1. — l\joni|ili) complicado. La sinci>paci<in i\>' hl,' pui- Icrch-
la conocemos como tand)icn arck. por arcrck y dck \>uv devek,
pero el oin intruso no se explica por ahora.
21. — Acompaño.
S. L S-coyá 2. coyar-i 3. coya
Pl. L S-coyar-ík'ca 2. coyar-i 3. cdyact-é
2L \"erljo en (|uc se compi-uoha una vez más la corrolacinn
([ue exisle enire la lloccion personal de verbos y nianliros, y la
- 3Í1 -
inodificncion do las (niales en plural. La á, suele mudarse en
arl de |ilural, y asi
Scoyá — Yo acomjtaño, hace
coya 1-1 — tu aconi pañas
l'ia lo (leniiis el verbo es regular. \\n el ejemplo 27 de la l'^
ConJ. arí de 2'' hace níé de 3'' en plural, y como en el 9" de esta
tenemos ité por ictc, en ésta podríamos espei'ai- actc por até.
22. — Animarse.
ía tct
S. 1. S-conne-\(') 2. conn-i-\n 3. conne-vó
ta
Pl. 1. S-conno-vó 2. conn-i-vn 3. conne-vó
22. — A'ei'lio compuesto regular: la o en 1-' de |>lural encierra
una sincoiíacion de occo ú ogo.
23. — Fornicar.
S. 1. S-cavat 2. cavál i 3. cavát
Pl. 1. S-cavaták 2. cavat-i 3. cavat-é
23. — E¡cm|)lo sin mas irregularidad que la falta de c (|ue
preceda á la í: sin duda el luerle tai-lamudeo de la j)rimera a
lo ex[ilica.
2-/. — Lavar,
0 0 o
S. 1. S-(pi¡yogon 2. quiyorn-i 3. (luiyogon
Pl . 1. S-ipi¡\(ig<)nn;'icca 2. ipii}iirai 3. ([inyogonné
24. — ^'crbo regular del tipo 21 de la 2'' Conjugación.
25, — Poner,
S. 1. Sch-iTigui-ni 2. ili-i-ni 3. iligui-ni
u
Pl. 1. Scli-ilíd^-ni 2. ÍTi-i-ni 3. ilii-ni
25. — Véase el i" de la ."/ Conjugación.
— 342
26. — Mamar.
S. 1. Yur-S-eilipe 2. Yak-ilippi 3. Ynk-eilippe
te
Pl. 1. Yar-S-eilipácca 2. Yuk-ilippi 3. Yak-eilippé
20. — • Uno de esos curiosos verlios que se combinan con la
partícula inicial Yak, véanse el 1", 5" y O" de la ¥ Conju^^acion.
Falta (|ue exi)l¡car' el valor léxico de esta partícula, que según
los demás ejemplos podría equivaler á nuestro ya.
La ¿de 2* contra e» de 1" y 3" personases curiosa, pero sin
duda responde á efecto de asimilación. I, a s parece f|ue turna
en r una guturacion ([ue la precede. Por lo demás este ejemplo
es regular.
2j . — Andar allá saliendo de propia casa.
la
S. 1. Llya-S-aaugué 2. Llyac-aayevegué 3. LIyac-actangué
te
Pl. 1. Sya-S-agaaugué 2. Llyac-aayevegué 3. Llyac-actaregué
27. — Otro curioso ejemplo de la comljinacion con la par-
tícula inicial Yac, que en este caso lleva / como i-efuerzo inicial
en 5 de las personas. Esta / acaso tenga el valor léxico de ya
ahora. Véase la traducción de Doljrizliolfer por Larsen, «Re-
vista de La Plata», Año IV p. 268. Kilos (los Abipones) pre-
tijan Ui, ahora, á casi todos los verbos. La / inicial aquí pues
no es irregulai'idad sino partícula de tiempo, y todo verbo rpie
en jiresente use este aiiiíicio debe clasiticai'se prescindiéndose
de tal aumento.
Por lo que respecta al yak, véase el artículo anterior.
te
En cuanto á la fleccion se advierte que la i-aíz es aa y ave-
gui', tei'minacion. La a es de aquellas que toman el aumento
at(i en plui'al, y á su vez la forma acta,- la u es sincopa de v,
y la r aumento eufónico para introducir la e caractei'ística de
3* en plural: regué es sincopacion de revegité. En cuanto a la
g por c de yac vea so el 28.
343 —
28. — Voy alli cerca.
ta ia ta ta ía
S. 1. Lyo-S-asayé 2. Lyac-aayé 3. Lyac-actayé
Pl. 1. Lya-S-aague 2. Lyac-aayé 3. Lyac-actaté
28. — Lo dicho arriba valga acerca del prefijo L por Lá y la
partícula yaki cuya c final se asimila y absorve por la s de 1*
persona. Este es el mismo verbo de arriba combinado con di-
ferente partícula final, que permite la fórmula típica en plural
— 1 — q—2 — Í/--3 — t: véase el 1" ejemplo de esta Conjugación.
2g. — Desobligarse.
S. 1. S-co-ó 2. L-co-y-ó 3. L-co-ó
Pl. 1. L-S-co-ócco 2. L-co-y-ó 3. L-coye-ó
29. — Forma futura del verbo, que por lo demás es regular,
con el ócco por ácca, uniformándose así á la vocal radical. La
I es el prefijo que dice ya; véase el 27" de esta conj. : desde
que todo verbo puede llevar el prefijo lá, cualquier persona
también puede carecer del prefijo.
3o. — Ofender.
S. i. L-S-assoalék 2. L-asso-y-aTék 3. L-asso-aTék
Pl. L S-assoac-alék 2. L-asso-y-aTék 3. L-assoer-aTék
30. — Verbo compuesto que también se presenta con el pre-
fijo lá, «ya». Véase el anterior.
3i. — Estar sentado.
S. 1. Si S-innectá 2. L-innictá 3. ennectá
Pl. i. Si SS-inactá 2. Li-innictá 3. ennecté
31. — Verbo compuesto que introduce el lá, «ya», en la 2* úni-
camente. Los cambios de e en i responden á asimilación, y la
s doblada en plural es recargo común en este número.
344
32. — Casarse.
la
S. 1. S-oou 2. onni-i 3. L-oon
ta
IM. 1. S-uanácca 2. onni-i 3. onn-é
32. — (Ion defir (|uo la / de 3'' en singular es un Id, aya», pa-
rece (jLio basta, pues es un ejemplo esencialmente reguiai-.
33. — Comer.
S. 1. S-qnee 2. qui-i 3. I.-ipieé
ta ta
Pl. 1. S (¡Liüdcca 2. aui-i 3. (¡uey-é
33. — En igual caso que el anterior se halla este verbo: — «Ya
se casa» — «Ya come» — son frases mas que verosímiles en boca
y oído de cualquiei-a. Concedo que I es un índice personal de
tercera ó sea nucsti-o ¡¡ronombre articular, pci'o si lo es en
estos dos casos podríamos decir que es / por ¿/lo (pie obligaría
á clasificar los dos ejemjilos en la 1-' Conjugación.
34. — Dormir.
S. 1. Si-iTácca 2. elari 3. Lc-e lacea
„_*_ L _ ta
Pl. 1. Si-lacat¡'icca 2. Lelarii 3. L-elaijué
34. — I'ln este ejemplo la I de 2^ demuestra (pie es por /«,
«ya». La forma de las segundas per.sonas debe referirse al plural
re de la terminación rá n al nrl de á, como que ácca se sincopa
en a. l,a t en 1' de plural es eufónica, pero característica, j)or-
que el plural de la terminación n ú veces es tc'i.
35. — Apretar.
S. 1. S-pactarní 2. pactarr-i-ni 3. pactarni
Pl. 1. S-pactar-so-né 2. Ll-pactarnni 3. El-pactarqui-ni
35. — Verbo en (jue reapai'ece la pai'tícula lú en 2^ y 3'' de
plural, con prefijo e jior eufonia. Esti'i de manifiesto que hay
error de copia (> de original, poi-que Elpactarquinl debe ser
— 345 —
lii 2''' y Elpactarnni la 3" persona de plupal. No tengo el origi-
nal á la mono pora volver ¡'i verilicar la copio. Imi cuohjiiier
caso sería una excepción sin valor.
LIX
4' CONJUGACIÓN
Hemos llegado ó uno de los mas difíciles secciones de esta
tarea, y la explicación (|ue se pien.sa dar por ahora, depende
de purit hipótesis. Por(|ue comienza con 8 como índice de pri-
mera i)ersona, la incluyo entre éstas, |)ero estoy por creer que
sea otro ejemplo de conjugación déliil, ('» voz media ó reflexiva,
cuyo i'efuerzo es una a inicial.
MI fütui'o en Mocoví acaba on ó, en Ahi|ion en am\ en este
idioma rirapil es yo amo; en Toba, otro dialecto del Choquense,
yo amo serio s-copitü, de suerte que aquella raíz ó tema capit
equivale á esta copit. Aparte de esto tenemos la m anómala en
el ejemplo 20 de la tercera conjugación, y allí se advierte la
tendencia de esta letra á desaparecer: am es un tu muy cono-
aido en lenguas (Ihaquenses. así que todo está apuntando en
direccidu de un
o = am
Si se admite esta explicación, desaitorece una de los dilicul-
lades (pío nos ofrece esta ñeccion.é igual suei'te toc;u'ía ú la e
(■» / de tercera, si se concede (|uc sea luia sincopacion de « con
y, ay = e.
— 34G
LX
CUADRO SINÓPTICO DE LA 4' CONJUGACIÓN
ARTICULACIÓN DE LA MISMA
Sintr. 1. S-a— ; 2. o — i; 3. e — ;
'i^
1. S-n -cá, acca. iir : 2. o — i: 3. e é
Quedarse yéndose otro.
Sing. 1. Yaca-S-ové 2. Ync-0-v-i-é 3. Ya(|u-E- v-a -é
Pl. 1. Yaca -S-auca-é 2. Yac-0-v-i-é 3- Ya(|u- E- vera-é
1° — ^^erbo cominiesto de Yaca inicial y é final. Se sospe-
cha que la raíz sea ava: la articulación (lue resulta siempre es
la niM'inal S. O, E, y el a acaso sea eufónica en pi-iinera per-
sona. En la misma del jilural la n es poi' v. y de la r eufó-
nica de tercera se lia diclin cuanto califa.
Subir.
Siuii. 1. A-S-sisiuin 2. O-íppusium 3. Y-qquisigu
Pl. 1. A-S-sisigom 2. O- (]quiss¡iim 3. Y-q(ju¡siúm
2° — Este es uno de varios ejemplos en que la irregularidad
resulta de que se conjuga con los dos lemas asik y oqqnió. ir.
Con esta advertencia se comprende la tteccion, y bastará con
hacer notar que la /y de tercera se pone en vez de e. porque \á
asimilada a la / de silaba siguiente.
Sospecho que la vocal de tercera sea únicamente la partí-
cula e vel i que se pone ante el nombre de Pedro y de tantas
otras voces, como e - cuatro, y - cinco, etc.
— 347
3° — Lei'aníijrse.
Sini;'. 1. A -S- i'liivinni 2. ()\iiiiii 3. Yviniii
Pl. 1. A-S-savarni 2. Oviiiai 3. Yviñni
3" — llomo tantos vcrhus do csla coHia.L^acioii, la pi'iuii.'iM
persona empieza por Asch ó Ass. Sínco|>a y asirnihicion expli-
can su in-egularidad, mientras (|Lie el ar en primera de plui-al
es la partícula conocida de esa persona, (|ue tantas veces reem-
plaza el ca.
4'^ — Levantarse.
Sintr. 1. A-S-cliinchim 2. 0-nniscliiguini 3. Y-nnischiguiíii
Pl. I. A-S-sennarscli'iguini i. Ü-nniscliigu'im 2. Y-nnischigu'im
4" — Este, como el antei'ior, es verbo compuesto, y su ex|)li-
cacion es análoga.
5" — Quedarse.
Sing. I. Yaca-S-uaug-ué 2. Yac-O-v-i-aiiguó 3. Yaqii-Ev-augué
Pl. 1. Yaca-S-aucaugué 2. Yac-0-v-i-augué 3. Yaqu-E-v-erágué
5" — \'erlj(i compuesto como el |ii-inicro cim Yara, y más
con migue final: sería ahundin- cu repeticiones entrar ii exi)li-
car lo ipie ya se hizo en otros artícidos.
6° — Quedarse sif(iiiendo otro.
Sing. 1. Yaca-S-avé 2. Yac-Ü-vi-é 3. Vac-e-va-c
IM. 1. Yaca-S-ancaé 2. Yac-O-vi-é 3. Ya(|u-e-vera-é
()" — Este ejemi)lo so halla ei\ el mismo caso que el ante-
rior: la II en [irimera de plural debe ser error de pluma
por auca.
f — .\ndar.
Sing. 1. A-S-iectá 2. 0-i|quiict:i 3 Ivjqueecti'i
IM. 1. occolcatá 2. 0-(|(|uilctii 3. E-qquectrá
7" — ^'alga lo dicho en el 2". La primera persona de plural
— 348 —
introduce uiui curiosa inuditicacion, la I (|ue reaparece en el
ejemplo N", posible es (|ue sea por ot\ asi como úcca se vuelve
occo en algunos ejemplos. L!n cuahjuier caso es de su|ioner (|ue
sea recurso íonoliXiíico. Todo lo demás se ha explicado con
repetición. La 5 (|ue falta en el plural reaparece en el 8".
8° — Atrupcllar.
Sing. 1. A->S-cliiíiuilcl< 2. Oi|i|ui-i-li'k 'A. lv(|(|nclék
Pl. 1. S-occolai-lék 2. ()i|(jui-i-lék 3. K-íjquerlék
8" — l'lsle ejemplo so halla en el niisniD caso (jue el anle-
rioi'.
g° — Crecer.
Sin.i;-. 1. A-S-seve1ck '1. ()-viTck :J. Ovelék
Pl. A-S-suarlek i. ()-vilék 3. l'^vcrlék
'J" — I, a terminaciiin de este \erho camina como la del an-
teriur. l'in cuanlo al de la /■ en ü, véase el 1".
10. — Estar.
Sing. 1. ASchineclanni 2. Anií'sanni 3. JMincctanni
Pl. l.ASchincactani 2. Ü-nnictani 3. Enncrscani
10. — N'erhii (jue mi ofrece conlian/,a. La .segunda perscma
del singular debe .ser mas bien nha foi-ma de la primera; por
^ lo demás, no pi-esenta mayor dilicLdlad, si exceptuamos la ter-
cera de plural que acaba en rscani.
1 1 . — Estar aquí.
Sing. L A-S-sennectaé 2. Onnictaó 3. Lnnectaé
Pl. 1. A-S-sencactaé 2. Onnictaó 3. l'^nnectraé
IL — Lste verbo es regular.
— 3Í9 —
12. — Ir. Asik y Oqquió.
.Siiii;. 1. A-S-ik 2. U-q(|ui-i 3. K(|ijue
Pl. 1. Occolacca 2. 0-(j(|u¡-i 3. Eqqué
12. — A(|uí vemos cómo se conjuga el verbo ir asik vel
oqquió. y se explica el por (jué de sus compuovstos y sus irre-
gularidades.
i3. — /;•. (Otro verbo.)
la
Sing. 1. S-,-ivc,nué 2. ()(|(|ui-i 3. Artavegué
la
I'l. 1. S-a;ivavegu6 2. ()(|(pii-i 3. Actarevegué
13. — Tencuios otro vorho ir. i,i;ualinente irregular y defec-
tuoso <-nniii In es el uuesiro: ln rinicu (pie dir('' acerca de él es
(|ue corresponde á esta cunju.i^aciun [)(ii' su articulación.
14. — Levantarse.
Sing. 1. L,-aa-8-sinsig()m 2. L-onnisiuin 3. L-Ynuissigoin
¿a
1*1. 1. L-a-S-sinarsigoni 2. L-onnisigoui 3. L-Ynnssigoui
14. — Ivsle verbo por su articulación cdi'respondc n(|uí: la
L inicial es la partícula ija.
¡5. — Estar. MonnirsiUii.
.Siui;-. 1. Aiiu As-cliiu('ctanni 2. j\nuirs-aiuu' 3. iMincctani
IM. 1. As-chincactani 2. ünnit-t-ani 4. Knnervani
15. — N'erbo estar, comj)uesto. Que la a inicial de segunda
es casual se comprende, porque en lo demás el verbo sigue la
fórmula. Puede ser error de pluma. La rs y ro son mudanzas
de ct.
— 35(1 —
LXl
5' CONJUGACIÓN
l'lsta CDlljlliJ.íiiMdii (•(iiii|)|-(Mlili' luiliis lós nx'I'Ijos (|iní culi el
índice S de |iimiii<'|-:i pei-suna i^e \.ilc de nlras |inrliculas en
ludas (■) alí^Linas, do suei'li.' (|uc un pueiliMi iiiclii¡i-se en iiiu,;j,iiiiii
de los cuati'o i^'t-ujios anles clasificados.
Como era de esperarse, consta de varias clases (|iie podi-íaii
considerarse oli-as lanías c(in¡UL;aci(ines. Un estudio mas dct.c-
nidd acaso pueda relei;ar muchos de los ejemplos á una ú oti'a
de las anteriores conjugaciones, pei-o para los efectos de este
esluilio no es necesario aumentar conju.nacioues ni excepciones;
hasta con llamar la atención ,-i lo mas iin|iorlanle, \' el número
reducido de cada clase es una [irueha de lo excepcional fie la
forma.
l.XII
CUADRO SINÓPTICO DE LAS CLASES
1^ CLASl^; — PREFIJA E A LA S.
ARTICULACIÓN
I . E — S - 2. E - i 3. !•; — Y —
ri. L E — S — ácca 2. E— i 3. E— Y— e
i" — Dar.
1. E-S-an 2. E-ann-i 3. E-Y-án
Pl. 1. E-S-ann-acca 2. E-ann 1 3. E-Y-ann-é
1» — Apai'te del prelijo c lodo es i-ei;ular y pudo este verhio
agregarse á los de la 1" conjugación.
— 351
Dar ó Vender.
1. E-S-an 2. Y-anni-i 3. E-Y-an
_L la
Pl. 1. E-S-ann-acca 2. anni-i 3. E-Y-ann é
2" — \'erbo idéntico al anterior, la irregularidad en la 2" del
singular debe de ser error ó asimilación i por e, y la omisión
de la e en el plural parece mas bien un lapsus de oído.
3° — Nombrar.
1. E-S-ecc-appega 2. Yqu-i-appegué 3. E-Y-ecc-appegá
Pl. 1. E-S-ecc-appeguít 2. Yqu-i-appegua 3. E-Y-eqquerappeguá
3" — Voz compuesta con solo dos irregularidades: la 1* se
explica por asimilación con síncopa: la segunda, el ^lii por á
sin duda i-esponde á ley t'onolr)gica.
4" — Huir.
1. E-S-et 2. Y-ich-i 3. E-et
la
Pl. 1. E-S-eect-ácca 2. Y-icti-i 3. E-ecté
4" — l"/jomplo precioso y regular: tu¡iü se vé la asimilación
de la c inicial con la i sin (|ue se produzca síncopa; se observa
<'> más el chicheo de la t, al herir la /. de acuerdo con la ley
Ibnética del Abipon, cosa que no sucede en el plural, como
piU'a jii'obar que en el Mocoví el chicheo no es obligatorio.
5" — Largar.
1. E-S-arnék 2.. Ivg-anií'ck 3. Y-Y-arnék
Pl. 1. E-S-arnavék 2. E-g-anirck 3. Y-Y-ardék
5" — Otro verbo mu-ioso: la (/ intrusa de 2* es una reminis-
cencia del pronomlire ca de 2''' ; la c de 3'' es la que se asimila.
El 37 de la 1" conjugación explica las irregularidades, y la
inversión de la r en 2^ se debe referir á exigencia fonológica.
— 352 —
6" — Decir.
ta
1. Y-Ss-innapék 2. Y-n-i-apék 3. E-napck
Pl. 1. Y-S-in-c-fipók 2. Y-n-i-aiick 3. E-n-apé
G" — Asimilación de la c con la i en 1* y 2-'' en lo demás
regular: obsérvese como la lerminacion de compuesto api-k hace
la
— apé en 3* de plur;d.
LXIII
CLASE II. — Y-S-CH. PREFIJO DE 1"
1. Y-S-ch— 2. Y — i 3. Y —
Pl. 1. Y-S-ch— ácca 2. Y — i 3. V — é
/" — Criar.
o o
1. Y-S-ch-aga"t 2. Y-yart-i 3. Y-yag^,
Pl. Y-S-ch-ogat-ácca 2. Y-yart-i 3. Y-yagact-é
1" — Lo principal (|ue hay que explicar en este grupo es el
origen de la partícula Ysch. La Y es una E asimilada, como
que lo que aparece como y en los cuatro ejemj)los, resulta de
la asimilación con la y vel i inicial de la raíz ó tema verbal,
o
pues está visto que aun en este ejemplo la raíz es yagat y no
ayat: el chicheo siempre resulta cuando t ó d hiere una i vel
//. l'Jstablecida la interf|ui valencia de e con / se deduce (|ue la
})artícula Ysch deberá descomponerse así: E, partícula inicial,
s índice característico de primera persona, ch un engrosamiento
de la s, ó de no una t, d ó r chicheada por razón fonuh'igica.
En guaraní, che, yo, hace ore, nosotros (pero no tú), en los
dialectos Caríbicos hallamos que >ire, yo, en Cumanatiot es
uchc, en Cliaima. Como veremos después, di es prefijo de jn-i-
mera persona en Mocoví, como lo es ri en Abipon . Por Jo que
o
respecta á lo aparente irregularidad — agat y orfi no es ningu-
0
na, porque la g es la guturacion del sonido rr/í- ('> ^/r*/ que según
la ley fonológica de este idioma se muda de guturacion i') gar-
garismo según la combinación. La c en Yhayacté yn se ha
cx])licado muchas veces.
(Co^ilimtarii) .
Las Huacas de Chañar -Yaeo
(PROVINCIA DE CATAMARCA)
SAMUEL A. LAFONE QUEVEDO
PRELIMINAR
La voz huaca es muy general en toda la América para do-
signar un entierro de cualquier clase que sea. En lengua de
Cuzco significa, ídolos, figurillas de hombres y animales que traíai/
consigo, y muchas otras cosas mas.
Chañar- yaco dice, Aguada del Chañar. La palabra yaco,
agua ó aguada, se encuentra en todo el país en esta clase de
comltinaciones, indicando siempre un abrevadero seguro.
Con este nombre es conocida una aguada situada en las
inmediaciones del Pié de la Cuesta, á medio camino entre
Andalgalá y Belén.
EL DESCUBRIMIENTO
Érase la última quincena de Agosto, y se convidaron ]iara
una partida de caza de huanacos, el Dr. Jorge H. Pennell y
el señor Roberto Slaney, ambos huéspedes en el ingenio de
Pilciao. Ellos se dirijían al Pozo de Belén, punto en el rio
del mismo nombre donde el agua subterránea vuelve á ser
semi-surjente, porque al cavar hoyos en la playa del rio suele
brotar algo de agua. Aquí creyeron dar con una tropilla de
huanacos, mas como no tuviesen la suerte de tropezar con
ellos, se corrieron hacia el nordeste buscando otra aguada for-
zosa, que l)a¡o el nomlire de Chañar-yaco sirve á los que
viajan á Belén por la Cuesta, y á innumeraliles ares del campo
que allí acuden á aplacar su sed, como ser suris (avestruces),
huillas (liebres) y talcas (huanacos). Ares llaman en el país <á
lo que en buen castellano sería «caza».
Yo les había recomendado a mis amigos que se ganasen
el Uastag ó dueño de las aves, pues que de él depende la
suerte de los cazadores, según el folk-lore de estos pagos. No
— 354 —
lo hicieron, y tuvieron que volverse sin ver una uña del ca-
mello americano. Pero eso que cruzaban el desierto, ya de
regreso á Pilciao, de repente se dan con un campo sembi-ado
de tejas pintadas, pircas, ó sea paredes bajas de piedras roda-
das del rio, y mas allá unos tinajones que sobresalían de la
superticie.
Se apeó la comitiva, levantaron los ¡luilquis ó tinajones que
servían de tapas y vieron que había restos humanos, objetos
de alfarería lisos y pintados y otras cosas mas que en adelan-
te se traerán á cuento. Como no era posible conducir nada á
Pilciao, resolvieron volverlo á tapar todo y dejar la exploración
para otro dia.
Llegaron á Pilciao esa noche, proclamando el hallazgo de las
huacas en el panteón de Chañar-yaco y en seguida se resolvió
hacer una exploración formal, llevando cajones en (|ué acomo-
dar lo que hubiere.
Lo que me importaba era hallru" personalmente y en situ
restos de hombres hechos y derechos enterrados en tinajas. De
oídas lo sabía ya, pero la experiencia propia sj huiitaha i'i l/tiiiras
en que yacían solo restos de párvulos. lOra i)ues este hallazgo
uno de singular interés para la arqueología local, y había que
aprovecharlo antes que los vientos de la estación, llamados
zonda, borrasen el rastro, dilicultaiido así d logro de los ol:)je-
tos de la expedición.
LA EXPEDICIÓN
El 2.5 de Agosto por la mañana nos pusimos en mai'cha el
Sr. Slaney, yo y otros tres individuos que atendiesen á las tres
muías de carga y demás. Lstas conducían agua, provisiones,
forrage (la nunca bien ])ondcrada algarroba), palas, etc., etc.
La distancia que había (¡ue andar sería de unas 8 á 10 leguas
nacionales, á través del desierto. Como :i medio rainino llega-
mos á una zona sembrada de tejas linas con lindos dibujos,
las que indican que por allí debe haber huacas interesantes;
pero como el lugar es un desierto, hoy sin agua y lejos de todo
recurso, no es tan fácil (pie se [longa nadie i'i hacer excavacio-
nes al acaso.
Como no era este punió á donde nos dirijíamos, y la hora
avanzaba, alzamos las niejores lejas y seguimos la marcha.
Nos anocheció ¡d caer ;'i nii lugar llamaflo el Zanjón, porque
así lo es en realidad por excavación de las creces de verano
que bañan esos campos.
— 355 —
(]ninu liiilli'iscinos allí mucho heno nal.ural del pasto llamado
tiilic (■> ¡arotieillo. (|iie es pi'opin de los médanos, rcsíjlvimos lia-
cei' allí la paacnuíi. es defir. gl liij^ar de vi\a([ueaiv, [)ni-(|ue se
descargan y sueltan las ln'slias: verdad es que no las larfi'a-
mos, sino (|ue cada muía y cada machii (|uedaha bien asegu-
rado con su manea, lacillo i» liuzal, [)Oi'(|ue de lo contrariónos
huliiesen dejadn dormidos y ahandonados.
Abajo de un algarrobo hicimos nuestro cam|iamento; se
pusieron olla y jiava al fuego y mientras se prejiaraiía la me-
rienda se hábil) de muchas cusas, y mi fallaron l<is casos, por-
ipic nueslrii jiaqueano era un insigne contador de patrañas.
Ahí no mas empozí'i con una hoi-i-i|)ilante liistoria de «la viuda»,
(pie se había comido dos airiems liorraehos que viajaban con
trojia por esos desiertos ile San Juan, salvando el héroe de la
jornada [lorque se encara uní sobre un árbol y cuando \a tarde
lo viera «la viuda» no pudo en esa vez hacer mas que grilai'le:
(■. Ailniíilc te ii-:ls
Que en mis iiiami.s nn morirás?
Sin saiici' ci'imo el i'clalor pascí i'i oti'o caso de la muía éini-
ma, i[ue im|)ulsada |ior una ;dnia en pena <laba ipie hacer al
mismo ari'iero de la jornada anterior, hasta que éste se com-
proineti(') ¡i desagraviar al alma ai|uella, y cumplió con los
re(piisitos para sacarla de sus toi-mentos.
I']l guiso ó caldo de ai'roz aun no instaba listo y el tiempo
lo entreteníamos hablando del llnslaij, algunas veces llamado
pacha- mama -Hasta ij. Pacha - iikiiiki dice «Madi'e del Universo», y
tlitslaji. (do del lugai'», el espíritu ó genio (|ue tiene á su cargo
cada cosa.
Si al cazador le sale inesperadamente al camino algim sari,
licl/re él haaiiaco hermoso, exclama a(|uel — \K\ llastay! — y cree
que lo es. Si va solo, cuídase nuiy bien de contar que lo haya
visto.
El cazador antes de salir dedica al llastay una ofrenda de
al,i;uno de sus ricius, coca. Ilicfa, etc., etc. Esto se coloca sobre
alguna piedrecita, porque las mas de las veces el llastay tiene
su habitación en cualquiera piedi-a de esas que se vén al lado
del camino. Lo (jue mas le gusta al llastay es la harina de
chaclion n maíz de escobas.
Todo esto se hace con gran ceremonia y sigilo, porque el
tal llastay es muy celoso de la publicidad. La idea es que pro-
piciado el dueño de las aves, éstas vienen luego brindándose
al cazador.
— 3rÁ) —
Este folk-Iore es sieinpi-e de muclio interés para mí y nunca
dejo de apuntar todo lo que recejo de boca de los viejos, por-
(|ue luego no (luedará ni la tradición de estos usos y costum-
bres.
Peralta es un indio viejísimo del extinguido pueblo del
Pantano, donde ahora mas de 2.'")0 años estaba el presidio fron-
terizo que fundó D. Gerónimo L,uis de Caijrera para tener á
raya á los calcliatjuíes, diaguitas y otras tribus alzadas de la
jurisdicción de lióndi'es.
El Pantano está sobre el i'io Coloradi», no muy lejos de los
Imanados de Machigasta, y era asiento de las familias Odosio,
Picón y otras, la de Picón acaso tribu oi'iunda de los picun-
ches de la Pampa y Chile.
Con este indio Peralta y Picón tenemos nuestras conversa-
ciones, y esto es lo (|ue cuenta ;i pi'opósito del llastay.
— Una vez lo vi en forma de mi cuñado en Loro-huasi
(cerca de los Sauces). Iba á caballo y corría un liuanaco.
Andando vi que el huanaco ya iba solo, y al llegar á casa de
mi cuñado, éste me contó que no había salido en todo el dia.
Si el llastay grita de mañana, se acaba la suerte, y de vicio
es querer correr aves; mas si el i'uido se parece á puerta que
se abre, esto es para que ande uno bien, y quitándose vienen
las aves.
En cada lugar no existe mas que un llastay, así como cada
campo tiene su dueño. De aquel son todas las aves y solo
cuando él quiere es que se logra pillarlas.
No se crea que todo esto se oye y se aprende como quien
pasa en un tren. El criollo se recela mucho del forastero, por-
que cree que pregunta para bui'larse de estas cosas, y lo que
no les entra por nada es aquello del interés arqueológico ó
histórico. A mí me cuentan algo, ¡jorque ya se han convencido
que « soy curioso » y que me « gustan estas cosas », y esto
me vale.
Pero ya es tarde, la lumbre se acaba y los aperos estcán
tendidos; á dormir, pues, sin mas miedo que ú los zorros
hambrientos que á veces mascan los lazos que aseguran las
muías.
LA ALBORADA
¡Qué bien se duerme á campo raso en los piii'anios y de-
siertos de Catamarca ! Allí no hay sereno ni rocío que traigan
aparejada puhnonía, ó cuando menos un catarro.
— 357 —
El cielo estrellado osleiilaiía su enmarañado dosel de es-
ti'ellas, sin olvidar esc (^i-ucei-d lautas veces y tan inmcrecida-
lueute ponderado.
Mrau las 3.30.
« Lhuiialian iiajarilins
Con gorjeada voz al sol,
Que por ver á rjuien le llaiiia
Mal íloriiiido recordó ».
hos tnr/i-fiic/is. ocnlios 6 ii.cultucos, como aíjui llaiuau al lopo,
scíiuían su ruidosa tarea de la mañana. El lucero, la joya mas
[¡reciosa del alba, apenas si quería apuntar; pero conociendo
las prendas de mis acompañantes, y que eso de hacer fuego,
ensillar y aparejar no se hace en una hora, mínime cuando se
trata de cajonazos de un metro cúbico, hice que se levantasen
y preparasen el cafe, lo mas apetecible en campaña y que se
hace con facilidad y bien sin coladera ni cosa alguna mas (jue
un tachito de esos (jue se atan á los tientos. Un hervor y unas
gotas de agua iría y héteme el café hecho y asentado.
Poco después de saltar el sol estábamos ya^ marchando en
dirección al lugar de las imams, que según cálculo deberían
estar como á una legua de la Pascana.
Luego advirtió el baqueano que no hallaba el rastro (jue
buscaba y cambiamos de i'umbo como para encontrarlo de
través; al fin acertamos, dando en seguida con el punto (|uc
buscábamos.
LAS HUACAS
Eso que llegáljamos advertimos desde lejos las dos tapas
que se elevaban sobre el suelo como si fuesen los techos ojiva-
lados de una mezquita, ó la lámina de algún paisage ruso.
Una era color de ladrillo claro, la otra negra, tiznada con hollin.
Nos apeamos, descargamos y pusimos manos á la obra, pues
no veíamos la hora de registrar el contenido de las dos huacas
descubiertas y otras por descubrir.
Estaban aquellas mas ó menos en línea NNO. y SSE., como
á un metro una de otra, enterradas en el limo pulverizado que
dejaron las aguas que alguna vez cubrieron esta región.
La tapa era un gran liuUqui ú holla de barro, ordinaria y
tiznada de hollin en el exterior, de 56 centímetros de diámetro
en la boca, 50 de alto, y que acababa arriba en un pupo ó ex-
tremidad redondeada.
— 358 —
I'jsta lioUa, colocada boca al)ajo, servía de lapa ;i luí tina ¡oh
de 65 centímetros de alto, y como de 48 en la pai'lc mas abul-
tada. K\ asiento tenía como 15 y la boca 28 por 32 centímetros,
de suerte que ésta era ovalada, sin serlo en el eje de los vien-
tos cardinales, tomando las orejas por base.
El fondo del tinajón es l>ermejo terroso, con tres bandas
negras en cada frente : las dos de las orillos constan de rayas
negras que se cruzan en diagonal, y las del centro, de trián-
gulos negros allegados á los cuatro costados de un cuadi'o pe-
queño al que se ajustan [lor su ápice, formando así una serie
de cruces maltesas.
Dentro de este tinajón vacia un cach'iver de adulto en cu-
clillas, con las rodillas allegadas ;\ la cara y mirando en di-
rección al norte.
Los liuesos estaban en lamentable esladn. y tendrán tpie ser
manipulados por un diestro antropiilogo para hacerlos prestar
su declaración étnica; pei'o todos están.
A la vuelta del tinajón se liidlaron dos pcipieñas ollas y
dos garrafas ó yuros, de barro rosado con un viso bermejo,
estas dos pintadas con líneas cruzadas, goteadas, ci-uces mal-
tesas, etc., y con e.sas líneas ondeadas en zig-zag y quenco, <\iu>
si no me equivoco son los signos que dicen — agua — i)oi'(|ue
los encontramos en los vasos y tinajas que seguramente se
destinaban para el acarreo y depósito de este líquido.
Todo el contenido de esta huaca se encajon('> con esmero, y llegó,
como todo lo demás, sin deterioro alguno al Ingenio de Pilciao.
Segunda huaca — En seguida pasamos al boyo que se liallidia
mas arriba, es decir, á la parte del norte.
La tapa era un noble huilqm ú olla de ()3 centímetros de
diiimetro por 65 de alto, en perfecto estado, grueso y fuerte, de
un color bayo claro.
Esta cubría un tinajón de alfarería mas ordinaria, f|ue con
el peso de la tierra y demás se babía hecho pedazos, pero (luc
reconstruido dio 50 centímetros de diámetro por 53 de alto. De
las dimensiones de éste se deduce que casi podía entrar en el
otro, á manera de las cigarreras antiguas. El fondo es de un
bayo claro, algo mas rojizo que el anterior, con dos cuer})os
de líneas negras que se cruzan en diagonal y van separadas
por una banda del fondo en el frente, formando como si fuese
el chaleco de la olla.
A la vuelta encontramos tres tinajas mas, dos medianas y
una pequeña, ésta de barro algo mas rojizo que aquellas.
Como trabajo de alfarería, todo es mas tosco que lo que se
- 359 —
sacó de la primera luiaca. El cadáver estaba también en cucH-
llas, y sus luiesos en un estado lamentable de deseomposieion:
miral)a hacia el oeste.
(vcrca de la cai'a estaba una olHla inclinada hacia la l)Oca,
y del otro lado un loro de mosaico de mala([uita. Este es un
verdadero hallazgo, porque es el segundo que conozco: el otro
lu halló Moreno en el sud. Sobre un alma de palo, ya com-
pletamente apolillado, luibían incrustado huaycas ó abalorios
partidos de malaquita. La cola ó pega ha resultado de una
consistencia muy superior á la madera, y gracias á ella que
tod(i no se ha deshecho. Las cabecitas eran dos, pero la ma-
yor se desmoronó al tocarla.
¿Qué significan estos loros? Este punto no es para discutido
aquí; pero es cosa que llama la atención que esta gente enten-
diese de mosaico. Los ojos del loro mas pequeño están forma-
dos de dos huayquitas pequeñas sin partir, con el hueco ú ojo
para afuera.
En lengua de Cuzco llaman á las cuentas ó abalorios huall-
cas: pero esta U media se vuehe >jc en Catamarca.
La 3" y 4"^ Jiiiaca — De éstas, una era de adulto y la otra
de párvulo. No contenían mas que huesos y aquella una tina-
jita pequeña. El suelo estaba sembrado con las tejas de las
tapas de la mas grosera fábrica y las ollas inferiores no lo
eran menos.
La 5^ hiiaca — I'^sta era de un párvulo. La tapa había sido
un huilqiñ ordinario (¡ue yacía en tiestos al rededor de la olla
abajera. Hacia la parte del este empezó á asomar una olla pe-
queña pintada é inclinada en dirección á la cara del niño.
Luego empezó á aparecer el labio de la olla, que era negra, y
parecida en forma y color á la tapa de la hiuica primera y
adentro de ésta encontramos cuatro preciosas tinajas de dife-
rentes formas.
Iviportancia del descubrimiento — Aquí, pues, teníamos cinco
sepulcros, de los que tres eran de adultos y solo dos de pár-
vulos. Los hidlquis ú ollas son parecidas i'i muchas que lie
visto en toda la región cataniarcana que probablemente han
contenido también i-estos de personas grandes. Lo que falta
ahora es que se arme el cráneo que está mas completo y se
trate de identificarlo con otros conocidos. Lo que parece seguro
es que no corresponde al tipo aimarítico, tan frecuente en los
panteones de la i'egion calchaquina. El curioso podrá hacerse
^ 360 —
cargo de la forma de aquellos en el atlas de la obra de d'Or-
bigny sobre el hombre americano.
Queda, pues, comproljado que estos indios enterral)an sus
adultos también en tinajas ; pero es de observar que al sud
de la Sierra del Atajo ó de las Capillitas no se encuentran
esas curiosas tinajas, de las que el Museo de La Plata tiene
una famosa colección. A esta regla conozco dos escepciones
procedentes del Fuerte, y son dos tinajas regaladas á aquel
Museo por el Sr. Rafael Juárez y bailadas en Cboya de An-
dalgalá.
Otros hallazgos — No se limitó nuestra suerte á lo que saca-
mos de las huacas, porque en todo el campo á la vuelta en-
contramos mucbas tejas pintadas, bastantes de ellas con dil)ujos
del ti|)0 Drago)!, de las que tengo un precioso ejemplar depo-
sitado en el Museo de La Plata. Kn forma, calidad y elabora-
ción del material, y en el gusto y soltura del dibujo se reconoce
una mano maestra. Kl pulimiento es asombroso, como para
liacer creer que esUin enlozadas estas piezas, y basta es posible
que sean producto del torno del alfarero.
El vivo de estos cántaros es un bayo claro mas ó menos
mate. La forma es elegante, de damajuana algo aplastada, y
con el gollete con una tercera parte de todo el diámetro. El
dibujo de éste es geométrico, negro y bermejo sobre el ante.
Cada frente del vaso ostenta en la parte superior una espe-
cie de escudo ó cartucho negro que encierra una cara de Me-
dusa. Una serpiente coral se enrosca á la izquierda y su última
vuelta, después de la unión con el escudo ó cabeza, acaba en
un brazo y éste en cinco zarpas, que mas bien que dedos son
ganchos. En el hueco abajo de la cara nace el otro brazo, cu-
yos cinco dedos, si acaso lo son, terminan abajo del otro brazo.
En Andalgalá, en Belén y en el Campo, resulta, pues, que
hul)0 un tipo generalizado de estas hermosas tinajas, y hoy
mas que nunca abrigo la esperanza de poder hallar otros
ejemplares enteros de este elegante género de vasos.
Dos dias Y medio y dos noelies se emiilearon en esta inte-
resante expedición, y he podido reunir varios objetos con su
filiación, requisito indispensable para que pasen á ser piezas
de verdadero valor ar(jueológico.
Samuel A. Lafone Quevf.do.
Pilciao, Setiembre 21 de 1801.
I>i' La AVífínj).— Ruellos Aires.
LA
EVOLUCIÓN DE LOS ANIMALES
ESCRITA PARA LOS JÚ^'ENES
QVK DESEEN PRINCIPIAR EL ESTl'DIO DE LA ZOOLOGÍA
MATÍAS RAMOS MEXIA
o- La cadena de los seres no debe creerse iutor-
rumpida por la diversidad de las formas : la for-
ma, muclias veces, no es sino una máscara que
engaña, y el eslabón que parece faltar, existe
acaso en un ser conocido al cual los progresos
de la anatomía comparada, no bau podido aun
: asignar su verdadero lugar. i>
Diderot. (Filosofía científica.)
NOCIONES PRELIMINARES
PARTE HISTÓRICA
La Zoología, como ciencia, se cree, empezó á estudiarse hace
como 2250 años por Aristóteles, el naturalista mas notable que
mis hace conocer la historia escrita. Este sabio recojió en aquel
t¡eiiii)0 los conocimientos aislados que sus predecesores habían
ad(iuirido. Mas tarde, su discípulo Alejandro el Grande, dueño
y señor de casi todo el mundo entonces conocido, le proporcionó
todos los medios de que solo él podía disponer, á fin de reunir
mas conocimientos para escribir la historia natural de los ani-
males.
Aristóteles estudió los animales que hoy llamamos A'erte-
brados, Moluscos, Crustáceos é Insectos, y creó una Zoología
comparada.
Después de Aristóteles, la Zoologhi cayó en el olvido, y so-
lamente dos mil años después volvió á ser objeto de nuevas
investigaciones. El honor de esta renovación toca principalmente
al suizo Gesner, á los franceses Belon y Rondelet y al italiano
Aldrovando.
Otros muchos naturalistas, y principalmente Swammerdam,
se dedicaron luego al estudio de los animales y nuevas formas
fueron desculiiertas.
Todos estos trabajos produjeron una acumulación de mate-
riales, tan considerable, que puso á la Zoología en peligro de
caer en la confusión, por falta de subdivisiones mas precisas.
iOn tales circunstancias, la clasificación y nomenclatura de Carlos
Lineo (1) (1707 á 1778) fué de mucha importancia para la Zoo-
(I) «La-noriionclatuj'a binaria de las especies se debe á Pedro Belon (1546-1555)
Lineo generalizó el empleo de ella é impuso su adopción».
— 304 —
logia. Como lo había hecho ya el nutui"ai¡st;i inglés Ray, Lineo
modificó la clasificación de Aristóteles, estableciendo seis clases
de animales, según la forma del corazón, el aspecto de la sangre,
etc., y agregó los Zoófitos 6 Infusorios, últimamente descubier-
tos por Malpighi y Leeuwenhrck, (¡uienes habían aplicado el mi-
croscopio recien inventado entonces, al examen de los tejidos
y de los pequeños organismos que por sus reducidas dimen-
siones no había sido posible estudiar hasta ese tiempo. ( 1G28
á 1723).
Contemporáneo de Lineo fué .loi-ge Buffon, quien, des])re-
ciando los métodos, dijo que el único verdadero consistía en la
descripción exacta y completa de cada cosa en particular, pues
vislumbró la gradación y uniformidad de la naturaleza, que
hacían suponer la existencia de una escala continua.
Kn 1704, Juan Lamarck, expuso su teoría de la evolución
natura!, ó tmsformismo. Esta « fué objeto de befa » porque las
ideas de la época exigían teorías mas conformes con las preo-
cupaciones )-el¡giosas y científicas.
h'.l triste honor de satisfacer estas exigencias cupo á Jorge
Cuvier, (juien en 1812, descubrió las diferencias mas aparentes
que distinguen á los animales y sostuvo que todos parecían
haber sido intencional y milagrosamente modelados bajo cuatro
formas fundamentales distintas, a saber :
Vertebrados
Moluscos
Articulados
y Radiados
Esta idea fué combatida principalmente por Esteban Godo-
fredo Saint-Hilaire y también por Gcpthe, üken y Schelling.
La falta que se tenía entonces de datos precisos dio la victoria
á Cuvier y su sistema fué aceptado como el verdadero.
Sin embargo, á medida que se hacían investigaciones mas
profundas, la idea de los tipos se¡)arados y sin transición, se
abandonaba, por(¡ue se encontraba en todos los tijios, formas
intermediiU'ias que hacían desaparecer esa línea de separación
que se encontraba en las diversas formas de los animales.
En 1859, Carlos Roberto Darwin puso una base al « origen
de las especies», que sirvió también ala teoría de la evolución,
de Lamarck, y dio al estudio do la Zoología la lilicrtad en que
hov lo encontramos.
305 —
Propósito de este libro
La Zoología es la ciencia que estudia aijuellos organismos
que acostumbramos llamar animales. Requiera esta ciencia, para
ser iúen comprendida, conocimientos de otras ciencias tan
imjjortantes y tan extensas que, para poseerlas bien, es nece-
sario dedicarse exclusivamente á cada una de ellas. La Física
y la Ouímica son las principales.
Como nosotros hemos principiado ya á estudiar estas cien-
cias, haremos lo mismo con la Zoología ; pero nuestro objeto
ahora es tan solo iniciarnos en este estudio. Daremos principio
solamente, tocando de una manera muy general los puntos
mas esenciales y, después, cuando hayamos aprendido estos,
estudiaremos mejor; observaremos también por nuestros pro-
pios ojos, veremos si es cierto todo cuanto habremos aprendido
y descubriremos otras cosas ignoradas aun y (|ue deben ser
admirables.
Desde liace mucho tiempo, los hombres mas inteligentes se
han ocupado de la observación de la naturaleza y, gracias á
ellos, las ciencias están hoy muy adelantadas. Nosotros nos
aprovecharemos de esos estudios para aprender también y con
mas facilidad: y para estudiar la Zoología, vamos á salir del
punto al cual llegaron los que tanto trabajaron por saber,
pero sin tener necesidad de seguir las tortuosidades del camino
que ellos tuvieron (|uc recorrer. El trabajo de muchos sabios
durante muchos siglos, lo vamos á aprovechar nosotros para
aprender mas ¡ironto y con mas facilidad.
Los datos de la Zoología
Cuando observamos lo-^ animales, lo i|ue pi'imero se nos
ocurre es preguntarnos: ¿Cómo se han hecho esos animales?
,; Cuál es su origen'?.... «Nadie los ha visto hacerse y no po-
dremos saberlo ».
Esta conclusión es completamente falsa. Es como si hicié-
semos ese mismo raciocinio para decir que no sabemos cómo
se construyó tal casa, porque no presenciamos su construcción.
Sacamos el reboque y vemos que está hecha principalmente de
— 3f>r. —
ladrillos; conocemos los ingredientes de que estos se componen.
y hasta sabemos liacerjos y cuáles son las regias seguidas para
dar al edificio cierta disposición y determinada altura. Y sobre
todo, vemos, presenciamos otros que están actualmente en cons-
trucción. ¿Podremos acaso tener dudas de cómo se hizo aquel
edificio?
Pues esto que decimos de una casa, podemos decirlo,
con toda propiedad, de un animal cualquiera. No hemos pre-
senciado la formación de ninguno de ellos, pero hemos descu-
bierto de qué están formados, y si bien no sabemos hacerlos,
tenemos ante nosotros todas las formas de animales ([ue i)ueden
enseñarnos cómo han ido gi'adualmente formándose los demás.
¿No podremos, pues, saber cómo se han hecho los animales y
cómo se están haciendo, con la misma seguridad de cómo se
hacen las casas? — Indudablemente (¡ue si, y tan irracional
sería negar esto como negar aquello.
Sobre estos datos basaremos nuestro estudio. Veremos \m-
mero de qué están compuestos los animales; luego, cómo llegan
á ser lii que son : (|ué les ha dado sus foi'mos y, por último,
cuáles son esus ibrmas y cuáles las consecuencias de su evo-
lución.
Cuando no encontremos hechos claros y decisivos, que nos
enseñen todo cuanto queramos saber, supliremos esa falta con
hipótesis que ofrezcan alguna probabilidad ó verosimilitud, y
cuando la ocasión se presente, las verificaremos por medio de
experimentos ó de esludios especiales.
El que desee adelantar en el estudio de la naturaleza, no
debe contentarse con las opiniones ó enseñanza de otro ; debe
estudiar por sí mismo, á fin de comprobar las verdades y
de.scubrir los errores que puede habérsele enseñado, y sobre
todo, debe prcfiuntar á la naturaleza, con el objeto de obtener
sus contestaciones. MI que se atiene solo á lo observado i)or
otro, Ti espera se le presenten los hechos de por sí, está en el
mismo caso del ciego ó del niño c|ue no pregunta lo que ig-
nora : ni vé ni recibe las explicaciones de quien puede dárselas.
Es necesario, sí, guardarse tanto mas de las teorías, cuanto
mas seductoras sean, pues sucede con harta frecuencia, que
aun basada una teoría en hechos positivos y con todas las
apariencias de ser perfectamente lógica, resulta, sin embargo,
perfectamente falsa. Las teorías y las hipótesis son muy útiles,
benéficas y aun indispensables, cuandn van acompañadas del
deseo de verificarlas por medio de nuevas investigaciones que
nos acerquen mas de la verdad: jiero cuando su oportunidad
— 307 —
hace se las acepte definitivamente, dándoles un valor que
en realidad no tienen y quitándoles el suyo verdadero, se las
llama, á \cces, J/ecJtos consiatados, leyes, doctrinas, etc., y si recor-
remos la Historia, veremos que algunas, hasta han sido causa
de verdaderas calamidades y de toda clase de horrores. Feliz-
mente, hoy hemos llegado á una época de equilibrio estal)le
respecto á teorías; aquellos que viven apasionados de lo ([ue
han ajirendido, se contentan con despreciar las ideas nuevas
si estas están en pugna con sus preocupaciones; pero la per-
sona prudente las estudia antes de desecharlas, porque sabe
«pie todo a([ucl (|ue Inrmula una teoría nueva procura ligar
los heclios de él conocidos y formar con ellos una línea mas
ó menos paralela y próxima á la verdad.
El Protoplasma
Todo lo que vemos, todo lo que hay en el mundo, es ó simple
ó compuesto. Se llama, en Química, simple, un cuerpo del cual
no se ha podido .sacar sino una sola y misma sustancia : (|ue
ningún agente, ninguna fuerza ha podido descomponer. Crjiíi-
puesto es el cuerpo formado por dos ú mas simples.
Son mas de setenta los simples ya descubiertos. Sabemos
cómo se llaman casi todos, y muchos de ellos los vemos todos
los dias, como el hierro, la plata, el azufre y tantos otros.
Para lo que vamos á estudiar, los mas intercsontes son : el
Carbono, el Hidrógeno, el Oxígeno, el Ázoe, el Azufre, el Fós-
foro, el Silicio y el Calcio. Los demás tienen menos importancia
para el principio de nuestro estudio.
Todos los cuerpos simples, ó elementales, forman muchas,
muchísimas y diferentes cosas cuando se unen de á dos, de á
tres ó de á mas, y resulto lo que se llama un compuesto ó una
combinación. La sal de comer es un compuesto de dos elemen-
tos : sodio y cloro; la cal también, el agua, las piedras, el vi-
drio y, en una palabra, todo cuonto vemos ó se halla á nuestra
vista ; porque hasta los mismos cuerpos simples, con pocas
excepciones, están casi siempre cubiertos de una capa de un
compuesto. Para que el hierro ([uede á la vista, es necesario
limarlo : el plomo se vé puro solo raspándolo, y pronto vuelve
á ponerse empañado ; ambos se cubren de una cosa que no es
ni hieiTo ni plomo solos, sino un compuesto del oxígeno y del
• metal, es decir un óxido.
— 3G8 —
Los simples no están solos sino cuando se hallan separados
de algún modo, de aquellos con los cuales pueden combinarse;
de lo contrario se juntan, se combinan y forman un compuesto,
l'ls como si hubieran sido separados por la naturaleza misma
y no les gustase estar solos.
Este deseo de unirse es lo que se llama afinidad. Pero lo
mas importante para nuestro estudio, es que todos los cuerpos
elementales tienen distintos grados de afinidad entre sí; es
decir, que un cuerpo simple se combina con el que tiene mas
afinidad de aquellos que están mas á su alcance, pero cuando
por cualquiera causa viene á ponerse en contacto con otro que
le gusta mas, se separa de aquel con que estaba combinado y
forma con este último otro compuesto. Las combinaciones,
como ya lo sabemos, van, por lo general, acompañadas de
ciertos fenómenos físicos, tales como desprendimiento ó absor
cion de calor, emisión de luz ó de electricidad.
De todos los cuerpos simples f{ue acabamos de mencionar
como los mas importantes en el estudio de la Zoología, el
Ázoe debe principalmente llamar nuestra atención en este mo-
mento, por el papel que desempeña la poca estabilidad en los
comjiuestos de que forma parle.
Efectivamente, es tan voluble, es tan indiferente }íor todos
los demás y se separa de aquellos con que está combinado,
con tal facilidad y prontitud, que al hacerlo, se produce una
explosión. La pólvora no es otra cosa sino una mezcla de sus-
tancias en la cual entra un compuesto de Ázoe. Para determinar
la separación de este, basta iniciarla por medio de una chispa
de fuego y el incendio se produce instantáneamente. Casi todas
las sustancias explosivas ó fulminantes, deben esta propiedad
á la presencia del Ázoe que entra en su composición, con la
sola diferencia de que unas la poseen en menor ó mayor
grado.
VA loduro de Ázoe hace explosión tan solo por la conmoción
del aire producida por una puerta que se cierra con violencia,
y algunas veces hasta sin que se pueda saber ¡i ijué atribuirlo.
Si se echa una gota de Cloruro de Ázoe sobre una hoja de
papel y se calienta ligeramente, hace una explosión tan fuerte
como un tiro de fusil.
iMitre el gran número de cuerpos que hay, hay uno, el
cual, cuando ha adquirido cierto volumen, consistencia y com-
|ilicacion, se hace visible con el auxilio del microscopio y se le ha
dado el nombre de Protoplasma. Es, por lo general, espeso, muy
parecido á la clara de huevo, y en su composición elemental.
— 3G9 —
constituido por los mismos simples que aquello: Carbono, Hi-
drógeno, Oxígeno, Ázoe, A/.ufre, Silicio, (^.alcio y otros.
El Protoplasma, pues, si bien no es un producto idéntico,
tiene en sí lodos los principales componentes de la pólvora.
Tiene, como esta y los demás compuestos de Ázoe, la misma
propiedad de alterarse con facilidad. Estas alteraciones que en
otras combinaciones del Ázoe producen explosión, en el Proto-
plasma, á causa do su peculiar estructura é íntima combina-
ción, se traduce simplemente en gasto y dá lugar á un movi-
miento mas ó menos considerable en su pequeña masa.
Otra propiedad del Protoplasma, consecuencia inmediata de
la primera, consiste en que cuando alguno de sus compuestos
ha sufrido una disminución en sus elementos, no tarda en ser
reparada esta pérdida, por un fenómeno químico como el que
la produjo. — Afeamos cómo puede esto Aerificarse.
Algunos de los principales elementos del Protoplasma, y,
sobre todo, el Carl)ono, el Hidrógeno y el Ázoe, reípiiei-en para
ser absorbidos, que las sustancias que los contienen penetren
el Protoplasma y puedan así ser descompuestas, digeridas y
asimiladas. Esta condición es satisfecha por la constitución
física del Protoplasma, cuya consistencia lo hace permeable
y se produce en él un fenómeno llamado osmosis, gracias al
cual, las afinidades del Protoplasma pueden ser satisfechas y
sus pérdidas reparadas.
El Protoplasma es, pues, asimilante y fulminante, ó gasta-
dor. Entre estas dos propiedades existe mucha relación, pues
es muy notable que la falta de absorción va casi siempre pre-
cedida, acompañada ó seguida de un aumento correspondiente
de fulminación. Esta fulminación produce gasto de las sustan-
cias menos densas, y las ([ue lo son mas, quedan y sirven
para dar mas consistencia al Protoplasma, |)ara formar el
esqueleto de las plantas y de los animales, y el armazón de
sus órganos.
Es creencia universal aunque expresada en muy diferentes
palabras, que todas las formas de la materia no son sino
los múltiples de un mínimo común divisor. Nosotros, estando
en la misma creencia, llamaremos fuerza positira, dinámica ó
ascendente, á una de las dos fases fundamentales, bajo las cuales
supondremos se presenta ese mínimo común divisor, y fuerza
negativa, estática ó descendente, á la otra de esas dos fases del
mínimo común divisor. Podremos, así, suponer también que
el Protoplasma es una acumulación de la fuerza positiva ó as-
cendente, \ que los cuerpos simples que aparecen como compo-
— 370 —
nente? del Protoplasma, así como también las demás sustancias
que de él derivan, son otros tantos estados secundarios, ó fases
mas ó menos estables ó avanzadas, de la fuerza negativa ó des-
cendente, en que se ha trasformado ñ hecho trasformar la fuerza
positiva ó ascendente, acumulada Ijajo la forma de Proto-
plasma.
El' Protoplasma se forma prinei})almente en el agua; pero
también en las arenas húmedas, bajo el musgo y aun en otras
muchas sustancias. Los corpúsculos de Protoplasma se llaman
cclHlas{l), y los mas inferiores que se han encontrado son muchí-
simo mas pequeños qne el mas diminuto grano de pólvora, >
constituyen muchos y muy variados organismos, tan interesantes,
que lioy son objeto de estudios especiales. Se les llama engenei'al
Mohos, Bacterios y Fermentos, y Liien puede consideriirseles como 1( s
seres cuya vida está mas cerca del vínculo de unión entre lo--
fenómenos físico-químicos y los fisiológicos.
Cuando se estudia una ciencia, ó sea una de las partes en
que el hombre ha dividido el estudio de la naturaleza, se ob-
serva algo que podremos representar gráficamente, describiendo
con un lápiz un semi-círculo en el aire, pero de tal manera
(|uc solo la parte inferior del semi-círculo llegue á trazai' una
linea en un pajtcl i)uesto sobre la mesa. Esta línea será recta,
ó curva y mas ó menos larga, según que el jilano del semi-
círculo sea perpendicular ó mas i) menos inclinado respecto al
del papel; pero la línea trazada será siempre mas visible y
marcada hacia su centro, puesto que allí habremos apretado
mas el lápiz: mientras que hacia sus extremidades se hará tan
lina hasta desaparecer. En el estudio, lo representado por la
parte mas claramente marcada de esa línea, es lo que acos-
tumljramos llamar cJ principio, ó la })arte mas elemental de
una ciencia. Los extremos de la línea, ó salen de la ciencia
cuyos elementos se estudia, ó se pierden en lo desconocido, ó
ignorado, y que algunos filósofos suelen llamar lo inconocible,
por(|ue tal vez sea lo mas conocido.
Así, pues, para principiar el estudio de la Zoología, sin
salir de lo mas fácil, tomaremos solamente aquellos organismos
conocidos con el nombre de
(I) Se d'istlng'uen con los nombres de cttodas á las que carecen de núcleo y
de membrana exterior; nucleodas á las que tienen núcleo y carecen do membrana,
y célulits á las que tienen núcleo y membrana.
371
Móneras (1)
Estos pecjLieños seres, íilí. 1, son microscópicvjs y umurl'os
(amorfo quiei-e decir: sin forma detcrminnda ). Cuando por
alguna causa se verifica
en la Mónera el cambio
de comljinacion cjue an-
tes hemos llamado fulmi-
nación, se produce un
movimiento en la peque-
ña masa y entonces se
dice (¡ue se iinirve. Cuan-
do tiene hambre se estira F¡g. i
(2), en varios puntos, le salen unas cosas largas como dedos
de una mano, que se llama psendopodios ó falsas patas. Si al-
gunos corpúsculos de cualquiera sustancia ó pequeños organis-
mos f[ue andan en el agua, se juntan con la Mónera, son
introducidos en ella ('» digeridos en los pseudopodios. Una parte
de ese alimento es para reponer la pérdida sufrida y lo demás
sirve de aumento á la ])e([ueña masa.
Cuando este aumento ha llegado á cierto límite (|ue nui\
luego veremos por qué no puede ser sobrepasado, se observa
(jue las Móneras llamadas Piotamebas se dividen en dos partes
mas ó menos iguales y se dice en este caso, que .se reproducen.
A estas dos Pi'otamebas se les llama siempre hermanas y se
las considei-a siempre absolutamente iguales : pero estamos
plenamente autorizados para su|ioner que esas Móneras pueden
ser oi'ganismos cuyas hijas tienen desde su nacimiento, el mis-
mo tamaño de la madre, ó, sino, que una de las dos hermanas
es mas hija que la otra, porque su Protoplasma es mas asimi-
lante que el de la otra ó que el de la nladre.
Hay otras Móneras cuyo exterior se endurece y constituye
una membrana denti'O la cual, la Mónera, así encerrada ó
enepiistada, se divide en dos ó en cuatro hijas. En otras, la
Mónera enquistada se segmenta en un número considerable de
pequeñas masas globulosas.
(1) Molieres, simple.
(2) El Protoplasma tiene su lenguaje especial: cuando se estira, quiere decir
yo teiir/o ú ellos tienen hombre.
372
I. a fie-.
Fig. 2
2 representa la Muñera llamada Profoinnxa aii-
rantiaca, en el momento de romper su
membrana y dar salida á los corpúscu-
los en que se ha trasfoi-mado. Estos
corpúsculos se llaman xoosporos; son muy
pequeños, algo parecidos á los globitos
ó células de la pulpa de la naranja, y lo
mismo r[ue estos, con un liilito en un
extremo. Este hilito se llama, en los
zoosporos, flagelum (látigo). En el agua
encuentran los zoosporos todos los ele-
mentos necesarios para su desarrollo, lo
mismo que el i)ollo los encuentra dentro
del huevo. Los zoosporos crecen, jjues,
y pronto se liacen Mi'uieras como su in-
mortal madre.
Reproducción
Así como hay Muñeras con y sin memjjrana exterior, así
también hay otras en las cuales se observa ciertas diferencias
en su interior. Una de estas diferencias consiste en que se vé
dentro de ellas un pequeñísimo corpúsculo mas ó menos es-
férico, llamado el núcleo. Este núcleo, no solo es el principal
factor en la reproducción, sino f|ue tamlnen debe considerársele
como el elemento conservador de la célula, como el elemento
masculino ú, para decirlo de una manera mas conforme con
los hechos, como el elemento mas masculino, que, obrando
como un fermento del hambre, dá á la célula la necesidad >■ el
poder de asimilar mas y luego reproducirse.
El número de organismos sin núcleo, disminuye á medida
que se perfeccionan los medios de estudiarlos, y se ha llegado
á descubrir cientos y miles de núcleos en algunos que se creía
no poseían ninguno. Siguiendo, pues, la línea de gradación,
puede admitirse que los elementos constitutivos del núcleo se
hallan difundidos en la masa misma del Protoplasma en aque-
llos organismos que carecen de núcleo, y que las células sin
núcleo son una reunión de núcleos, un plasmodio ó ¡jcrmiíjeno
de esporos ó gérmenes excesivamente pequeños.
— a:;} —
Seo como fuero, los hechos ya conocidos son muy sulii'ieutes
para lincernos desconfiar del valor y significado atribuido á los que
se llama si.ro. Y si de una manera radical, sustituimos las cau-
sas finales y el antropoinorfisnio (1) por las le\'es físico-(|uíniicas.
lo (|ue se sabe sobre reproducción podrá formar jiarte de una
serie continua de hechos que nos esplicará las principales
leyes de la Ibrmacion de los organismos : y si pudiésemos sa-
ber todo lo que es núcleo, tal vez llegaríamos á descubrir hasta
los mas oscuros secretos de la naturaleza. Contentémonos
por aliora con considerar al núcleo, al fermento del "hambre»,
como un centro de atracción, y al animal (|ue los produce,
como un criadero de núcleos, ó cspcruiataíjr/ico, mas ó me-
nos activo y completo, según el lugar (pie ocui)a en la escala
zoológica.
Por un ei'ror debido al mas genuino y claro antropomorfismo,
se ha negado la sexualidad á muchos animales y á un mayor
númci-o de formas de reproducción.
En efecto, los sexos son los dos extremos de la diferencia
que en los organismos caracteriza á cada uno de los individuos
y de sus elementos esenciales constitutivos que, por ocupar cada
uno uno de esos dos extremos, son complementarios entre sí \
su concurso es la única causa de todas las foi'mas de la reiiro-
duccion.
La diferencia fundamental entre femenino y masculino, con-
siste solamente en i|ue la masculinidad es el fomento de lo
que, por antropomortismo, llamamos «hambre», y la fe-
menilidad es la fermentación, el efecto de la masculinidad ó
(i) Se llama causas finales, á la voluntad de un Dios como nosotros, pero
mucho mas malo é ¡irnorante. Antropotiior/lsmo (unthropos, hombre; morphr.
forma) os el vicio que consiste en tomar las leyes físicas y nuímicas (jue tormaii
y rigen á todos los organismos, como el resultado do una intención determinada,
igual á la que guia al hombre en los actos de su vida. — Como lo deja ver una
gran parte del lenguaje, el ha servido y sirve aun para explicar los principales
fenómenos naturales que tienen lugar independientemente ó fuera de nosotros,
por los que, á primera vista, parecen verificarse dentro de nosotros. Pero como
estos últimos difieren de los primeros solamente por su mayor complicación,
resulta que el vicio consiste en querer explicar fenómenos relativamente sencillos,
por medio de aquellos mas complicados y, respecto de los animales, nos hace
ver todo como una persona que creyera que el budin lia servido de matriz para
hacer la budinera, ó que nuestras piernas se doblan como se doblan, debido á la
forma de las sillas en c^ue nos sentamos. — Sin embargo, el antropoformismo puede
ser muy útil, siempre cjue se le dé vuelta al revés, porque de ese modo la natu-
raleza podrá verse del derecho, ó bajo en único punto de vista racional y claro.
— 31 í -
vindencia, comunicada i)Oi' el elemento masculino. Esta virulen-
cia se manifiesta en la célula masculina, por su excesiva tendencia
á la segmentación, \ la llamaremos segmentación desasimüante 6
diminutiva, jwrque en la célula masculina, la segmentación vá
acompañada de tan continua disminución en el tamaño de los
segmentos, c|ue estos vienen á ser invisibles aun con el auxilio
del microscopio, y la cabeza de la célula aparece con una su-
perñcie lisa. Por el conlrai-io, en la célula femenina, la seg-
mentación que llamaremos asimilante ó aumentativa, vA acompa-
ñada de coalescencia y aumento del tamaño de las células
hasta (jue el embrión está formado y la larva desarrollada
hasta constituir el animal adulto.
Cuál será el límite de la segmentación diminutiva, es un
problema difícil de resolveí-; pero, por analogía, podemos admitir
tiene lugar en ella algo semejante, aunque no igual, á lo que
se observa en los vegetales. Las semillas no se desarrollan sino
cuando lian llegado á su «completa madurez», y así también
la «completa madurez» en la célula masculina puede ser una
i-etrogradacion ó, menos impropiamente dicho, un descenso
hasta el último punto de desasimilacion, enquistamiento y
reducción de donde la vida tuvo origen. Desde allí, habiendo
llegado á su último extremo de desasimilatividad ó catabolismo
(kala, abajo; bolé, arrojar), tendrá lugar una reacción en la cé-
lula masculina, una Irasformacion, poríjue ha cesado ya de
ser derrochadora ó desasimilante, y se hace hambrienta, asimi-
lante ó anabólica («;ia, arriba), y sus veliementes instancias la
pondrán en un emporio de riquezas.
\in las Móneras y en otros muchos organismos formados
de una sola célula, ese emporio es tan solo el agua ó el líquido
en que se desarrollan; i>ero en los demás seres compuestos de
muchas células, el emporio de la célula masculina es un óvulo
ó huevo, el cual desem])eña el mismo papel que el albumen
respecto del embrión vegetal.
Con pocas excepciones f|ue la falsa interpretación hecha del
huevo nos obliga á admitir, el huevo ú óvulo, es una célula
(|ue se ha comido á sus hermanas formadas ya ó que no han
podido formarse aun ; pues la vida es como una carrera en la
cual gana el Proloplasma mas «avaro». Una vez hecha la fecun-
dación o refecundacion, el huevo deja de ser una célula y se
convierte gradualmente en embrión y luego en larva. Las cé-
lulas son huevos muy pobres ; los huevos son células muy
i'icas que han llegado en dirección contraria á la de la célula
masculina, al último grado de asimilación ó anabolismo: á una
— 375 —
detención, ó completa incapacidad para seguir la evolución (1).
l']l diagrama al margen [luode ser considerado como la fór-
mula gráfica de la sexualidad, de la re-
producion y del desarrollo, asi como
también de la evolución en general.
A. B. C. Trayectoria de la femenilidad.
a. b. c. Trayectoria de la masculinidad.
D. D. Límite del desarrollo en el in-
dividuo, agotamiento del anabolismo ó
«muerte por senectud». E. E. Refecun-
dacion. La intersección de ambas li-
neas se llama el oospenna. F. F. Prin-
cipio del desarrollo del nuevo individuo.
G. Máximum de su desarrollo y prin-
cipio de su descrecimiento y de su amor
sexual.
Las lineas exteriores representan lo
que se llama el gérmen-plnsiua () plasnin
germinal; acaso por ser la parte del oosperma, mas dispuesta
para formar ó conservar la forma de células reproductoras. Las
lineas interiores, paralelas á B. C. y á b. c, significan las par-
tes accesorias del individuo, ó espermatogéneo, y se llaman
plasma personal ú somático. Las perpendiculares á B. C. y á b.
c, es lo (|ue puede llamarse gemidas sexuales emigratorias.
Cuando las células del individuo ó espermatogéneo derrui-
tivo, llamado macho, han llegado á su máximum de desasimi-
latividad ó catabolismo, y las del individuo ó espermatogéneo
constructivo, llamado hembra, han llegado en la dirección con-
traria, á su máximum de asimilatividad ó anabolismo, en am-
bas tendrá lugar una reacción, y esta reacción se manifestará
(1) La palabra huevo es muy v'itil cuanrlo se trata de huevos fritos, pasados
por agua, etc.; poro debeiia ser desterrada del lenguaje cientifico, porque el signi-
ficado que le damos trae un serio obstáculo en el estudio; princpalmente en el de
los vegetales inferiores, en los cuales no existe una linea de verdadera separación
entre «esporos» y "huevos». Lo que se llama huevo, como lo que se llama célula,
no es algo como una entidad real: es un fenómeno, un enquistamiento ó estacio-
namiento mas ó menos anticipado de los productos de los órganos reproductores
del organismo madre. La sentencia de Harvey voninc rii-uní ex ovo, debe hoy ser
traducida así: todos los animales, antes de empezar á diferenciarse, son redondos
como el huevo de gallina; ó, mas sencillamente: el Protoplasma es redondo.
Con el desarrollo, el Protoplasma deja de ser redondo y toma diferentes formas;
tales como las conocidas bajo los nombres de Troco.ifera, Pilidio, Bipitiaria,
NniipUo, Renacuajo y muchisimas otras.
— 37G —
por la atracción ó afinidad que on los animales es conocida
bajo el nombre antropomórtico )• ambiguo de amor.
Así que ambos elementos se unen, el desarrollo comienza y,
p(M- esto, puede llamarse al desarrollo, reproducción catanahólica ó
bilaio'al. Porque las células masculinas y femeninas que forman
el oosperma, principian á mezclar los elementos esenciales de
sus núcleos y se desarrollan, ó evolucionan, siguiendo la resul-
tante de las direcciones dadas por la masculinidad ó catabolis-
mo que hace descender ó segmentar al Protoplasma, y por la
femenilidad ó anabolismo que lo hace ascender, ó coalescer.
Evolución
De todos los fenómenos de la vida de los organismos, el
mas interesante y (jue mas sugiere es, sin duda alguna, el de
la reproducción. Esta, como acabamos de verlo, tiene lugar
por medio de dos factores diametralmente opuestos, bastante
bien caracterizados en la Protamcba el uno y en la Protomyxa
el otro. De modo (jue diremos que la Protomyxa, por el hecho
de reproducirse por medio de zoosporos, pertenece al sexo
masculino, y que la Protameba pertenece al femenino, porque
se divide en solo dos partes. Para distinguir las dos clases de
reproducción, diremos que la Protomyxa no se reproduce sino
cjue se multiplica, y conservaremos el nombr'e de reproducción,
para llamar así la bipartición de una célula ó de un organismo
mono- celular y la separación mas ó menos completa de un
organismo — en cualquier estado de diferencia<non — de aquel que
ha sido su madre.
Siendo así, pues, podremos explicarnos la evolución de los
animales, por medio de la reproducci(jn de las Protamebas \'
de otros seres inferiores.
Las Protamebas son, dijimos, organismos cuyas hijas tienen,
al nacer, poco mas ó menos el mismo tamaño que la madre.
La hija ó las hijas, aun cuando parecen exactamente iguales á
la madre, su protoplasma difiere, sin embargo, con respecto á
la relación entre las dos funciones : asimilación y fulminación,
ó gasto (1); porque la hija ó las hijas han asimilado todo lo
(1) Es 7iecesario tener presente que no existe relación directa entre la cantidad
de alimento que el animal puede asimilar, con la que puede asimilar su prolo-
plasmn. Cuando hay exceso del primero, como sucede comunmente, este exceso se
acumula bajo la forma de grasa, sirve al animal como reserva, pero no aprovecha
el protoplasma sino indirectamente.
— :377 —
(lue la niodre lia podido darles de su propio, protoplasma, y ellos
no han gastado nada pon|ue han crecido á expensas de la pre-
decesora que fué retecundada.
Con esta pequeña ventaja sol)re la madre, se separa de
esta en el momento en que no ])uede recibir de ella mas ali-
mento, y desde entonces empieza á procurárselo por su propia
cuenta. — Como la parte exterior es la que está mas directamente
en contacto con el medio ambiente, es esa parte la que mas
pierde con la fulminación y, por consiguiente, la que primero
adquiere aquellas diferencias que hacen á la célula mas opta
jiara moverse. Estas diferencias consisten, ya en las falsas patas
(') pseudopodios, ya en pestañas vibrátiles (fig. 3, letras F \' K) (|ue
aparecen en el exterior y ijue dan al nuevo organismo vías faci-
lidad para moverse y para procurarse «íos alimento cuando este
sea relativamente escaso.
Las pestañas vibrátiles son uno de los primeros signos de
diferenciación que aparecen en los organismos inferiores, así
— 378 —
como también en las larvas de oíros muchos animales. La
célula principia a adaptarse (1) para la locomoción y á perder
su estado amiboideo (2), y esta pérdida es un síntoma cierto
de que el alimento ha llegado á ser relativamente escaso y
que el Protoplasma gasta mucho. Pero la ret'ecundacion aumen-
tará siempre y continuamente el anabolismo ó poder de asimi-
lar, de modo que cuando las células se reproduzcan, sus hijas
permanecerán por mas tiempo y mas íntimamente unidas á
sus madres.
Continuando de esta manera, acumulándose paso á "paso en
las hijas, por medio de la continua fecundación, el poder de
asimilar ó la virulencia, ])or decirlo así, del Protoplasma, lle-
gamos á otros organismos que ya no se llaman Mi3neras sino
colonias de otros organismos mas adelantados en diferenciación,
y de los cuales algunos figuran, como ejemplos, en la parte in-
ferior del tronco de nuestro árbol genealógico. Estos son aque-
llos cuyas hijas ya no se separan; quedan para siempre unidas
unas á otras por un tallo ó prolongación de ellas mismas, y el
cual es un vínculo de unión (¡ue se ha hecho cada vez mas
corto en los descendientes y ha acabado por desaparecer del
todo. En este caso, habiendo venido á quedar todas las células
íntimamente unidas, cuando se han reproducido, el fruto de
esta reproducción ha sido una forma conocida con el nom-
bre de
Mórula
Las células que permanecen siempre unidas íntimamente
unas á otras, forman un grupo, una esfera ; tanto porque esta
« es la forma de equilibrio que todo agregado de unidades tiende
«á asumir bajo la influencia de la simple atracción mutua»,
cuanto porque la afinidad establece entre las células comuni-
caciones que las mantiene unidas. Esta forma se llama Mórula
porque se parece á una íVuta de mora (Fig. 3, letra E).
(1) V¿ase La Adaptación, mas adelante.
(2) Amiboideo quiere decir que se parece á las Amebas, organismos que, como
las Móneras, tienen la consistencia de la gelatina ó de la clara de huevo, y cam-
bian constantemente de forma {amoibé cambio). El calificativo de amiboidoo equi-
vale aqu! á blando, plástico, liquido.
379
Plánula
Las cilulas que están en la supei'licie ó periferia do la mó-
rula, se hallan ahora en condiciones muy distintas de las del
interior; estas han quedado encerradas y, por eonsig^uiente,
separadas del medio en que se hallan las del exterior; no pue-
den vivir mas, bajo la forma de células ; se mueren, ó mas
]>ixip¡amente dicho, se deshacen ó no se forman, y vienen á
(|uedar reducidas á protoplasma líquido.
Mientras tanto, las células del exterior gastan, y como gas-
tan asimilan también y se rejjroducen hasta formar una capa
continua de células al derredor de la primitiva mórula. Fig. 3
F. y G.
Imi esta capa de células hay dos superficies: una externa,
expuesta á las inñuencias del medio, y otra interna, en contacto
con el liquido que contiene. Kn la superfi-
cie exterior, se producen, por adaptación, las
pestañas vibrátiles que se vé en las figuras
citadas, mientras que en la interior, por es-
tar no solamente al abrigo de las influen-
cias del medio, sino también bañadas por
el li(|uido alimenticio, las células mas asi-
milantes se prolongan hacia dentro, se re-
jirdducen y jironto se forma una nueva
plíínula interna que, aumentando su volumen, llega á ponerse
en contacto con la plánula primitiva que la encierra. (Fig. 4).
Fig. i
Gástrula
Pero este estado de cosas no puede durar mucho tiempo;
el alimento que contiene el líquido interior, se agotará, las
células de adentro, tan bien adaptadas para tomar alimento,
tan comilonas, puesto que han heredado esta cualidad, se que-
darán sin qué comer, y de tan gorditas que estaban se pondrán
flacas como las de afuera y se morirán de hambre. Pero esto
no sucede; felizmente, se han acomodado de tal modo, que las
del exterior no podrán resistir su empuje; su colocación es
como la de los ladrillos de un arco sobre una puerta; así es
(jue empezaban apenas á disputarse el espacio de los costados,
— ;isí) —
porque no iiodían ir hacia dentro, cuando sienten que las de
afuera ceden y que nuevas provisiones entran con el líquido
del exterior. — Esta nueva l'orina se llama Gústrula. (Figura 3.
letras H. K. 1 ).
Ai llegar á ella en la línea que vamos trazando, nos sucede
como cuando en un camino llegamos á un i)unto de donde
parten otros muchos en varias direcciones. Ya nos sucedió an-
tes, al tratar de la mónera, el enoontrarnos con oíros organis-
mos semejantes á esta y cuyo estudio hemos dejado para mejoi-
oportunidad: pero la Gástrula tiene para los principiantes, una
inq)ortancia su¡iei'ii)i' ;i la de la célula de que se com])onen ex-
clusivamente aquellos organismos, ^'eamos primero en qué con-
siste esta superioridad de la Gástrula, y en seguida veremos
cuál de los caminos tomaremos primero jiara seguir nuestro
estudio.
La imporlancia de la gástrula consiste en (jue siendo, como
es, compuesta de muchas células que han acumulado la aptitud
de asimilar, resulta en esa forma la suma de las ventajas ad-
quiridas por todos sus elementos celulares, y el resultado de
esa acumulación se traducini en la gi'adacion (jue observare-
mos en el desarrollo de su membrana digestiva y en la consi-
guiente variedad de formas y dimensiones de las gástrulas y
de los animales (|ue de esas foi-inas tienen origen.
Mu la giisti'ula. ademas, ya no es la célula la (jue come y
gasta á la vez: ahora encontramos en la nueva foi-rna, la divi-
sión de estos dos trabajos, mas especializada en cada una de
las capas distintas de las células que la constituyen, y esta
especializacion irá acentuándose mas y mas ái medida que
aumenten las necesidades del organismo.
Las células que en la plánula aparecieron con mas aptitud
para asimilar el protoplasma demasiado abimoideo, contenido
en la pli'mula, eran las únicas capaces de reproducirse, y solo
por ellas pudo formarse la doble plánula, ó Blástula. (1)
Esta blástula, por el desarrollo ó aumento de la capa inte-
rior, dio origen á la gástrula ó, mas bien, á una de las formas
de gástrula. Si este desarrollo es mayoi-, el diámetro de la boca
será mayor también y la gástrula tendrá la forma de una taza,
de un píu-aguas, de un plato ó la de un disco.
Este disco podi'á tomar una forma semejante á la de una
tabla que se pone al sol sobre un suelo húmedo, pero en este
(1) Se la llama generalmente pláinda por dclaminaciun.
— 381
(■as;o habrá casi siempre un exceso de alimento nciimulado
entre las dos membranas, que vendrá á ser un quilo primitivo
que ofrece fácil y seguro alimento á una ó dos nuevas mem-
branas interiores, llamadas mesodermo, fruto de la reproducción
de las primitivas, y que por doble selección, sen'm ya de una
voracidad para siempre mas y mas insaciable, é igualmente
gastadoras.
A medida que aumenta el contenido, la cavidad de la gás-
trula se hace menos profunda, hasta poder tomar la forma es-
férica.
l'^n muchos casos, el exceso de desarrollo de la capa ó mem-
brana asimilante, puede ser tan considerable i-especto del de la
exterior, ([ue aíjuella, que en un estado primitivo, tapizaba la
superficie interior de la gástrula, llegará á formar casi todo el
exterior de otra forma de gástrula, esférica también y casi igual
á una plánula. Fig. 3, letr'as F. y G.
Esta gástrula esférica es generalmente conocida bajo el
nombre de blastosfera. Una vez formada,
jiodrá continuar por mas ó menos tiempo
desempeñando su misión deacopiadora para
las membranas que estén dentro, ó si no
está bastante llena, podrá introducirse una
parte de ella dentro de la otra, abollarse
jtara dentro y dar lugar á lo que se llama
una invaginación mas ó menos profunda,
según sea menor ó mayor el contenido (1).
(Figs. 3. H y .5.)
La diferente consistencia del proloplasma y los grados de
desarrollo en los distintos puntos de las gástrulas, dan lugar á
la mas perfecta gradación en el desai-roUo y en las formas de
los animales; pero la gástrula es siempre la forma fundamental
y primitiva de casi todos los animales, los cuales no son sino
gástrulas ó agregados de gástrulas, mas ó menos asimilantes
y gastadoras, conformadas y colocadas según la gran ley de
la reproducción de aquellas células aptas paní comer y con-
servarse en su condición de células.
Hemos dicho lo mas esencial de cuanto se refiere á la forma
primitiva de las gástrulas; pero para acercarnos mas de la
verdad, nos veremos, en adelante, obligados á dar á la palabra
Fig. j
(1) Esta invaginación, llamada embulica, puede considerarse como una dela-
minacion localizada en el punto mas reproductivo, ó catanabolico, do la gástrula
esférica.
— 382 —
gástrula un significado mas extenso que el que se le ha dado
hasta ahora, y á aplicarlo no solo á las formas de desarrollo ya
descriplas, sino también á toda otra parte sólida, que en el estado
adulto del anima!, presente poca variación con la forma exterior
de las gástrulas primitivas. De esta manera, podremos descu-
brir los antepasados de muchos animales, pues puede admitirse
que las partes mas sólidas, ó aquellas que secretan mas sus-
tancias sólidas y que dan la forma definitiva á los animales,
serán también las que mas conserven ios vestijios de las formas
de los antepasados, no visibles aun durante el desarrollo. Siendo
el desarrollo, el camino regresivo que lleva al animal á su formM
definitiva ó de adulto, el estado adulto viene a ser, respecto
del desarrollo, lo que es un paragolpe, ó detentor, de estación,
respecto de un tren en movimiento.
En el desarrollo de los animales se observa, por lo general,
una marcha muy diferente de la que hemos seguido para la
formación de las gástrulas, y esto sería una completa contra-
dicción á las teorías expuestas, si fuese posible prescindir no
solamente de los efectos de la provisión que el animal tiene
dentro del huevo (provisión que seguramente no existía en el
de los antepasados remotos), sino también de un factor cuya
importancia es tan gi'andc como grandes son la indiferencia
con que se le ha mirado y la ignorancia en que esa indiferen-
cia nos mantiene hasta ahora respecto ¡'i sus leyes. — Este factor
se llama
La Adaptación
Se creía antiguamente, que los organismos habían sido
modelados intencionalmente bajo las formas que tienen, y ho\
mismo hay sabios que así lo creen.
Como los «errores» de esta clase no son sino vagos bos-
quejos, ó parábolas involuntarias, de nuestras teorías moder-
nas (1), es necesario veamos cuál es el molde que dio á los
organismos la infinita variedad de sus formas.
(1) Nos referirnos á aquellas creencias que, [jor ser comunes á todos los hom-
bres, parecen ser la consecuencia de una ley de nuestra organización mental y de
la evolución de nuestro cerebro.
En la admirable analogía que hay entre todas las creencias comunes á todos
los hombres ó, por lo menos, á todos los Cristianos, la cruz, como signo religioso,
ciertamente, la mas interesante de esas creencias; i)ues la cruz es tandjien el
rama de la evolución, del orden universal y absoluto: de la verdad, como lo
— 383 —
La (liiicLiltad no está en determinar cuál es el misterioso
modelador del protoplasma; porque está ya ])ien averiguado que
el principal modelador es esa multitud compleja de agentes mas
(■) menos conocidos, del medio en que vive cada uno, los cuales
pueden afectarlos de muy diferentes maneras. Pero como lia\
organismos muy diferentes, (jue ^ iven en el mismo medio ó en
uno muy semejante (en el mar, sobre todo), forzoso es admitir
como indudable (jue los mismos agentes del medio ejercen una
acción tan variada, como variados son en cada organismo y en
sus distintas partes, la composición química del protoplasma,
sus afinidades y el i-ango de cada organismo. Es tanto mas
necesario admitirlo, cuanto el no bacerlo así nos llevaría ¡i
tomar — por antropomorfismo, como se ba hecbo siempre, — la
causa por efecto, y vice- versa, el molde por lo modelado en él.
Ademas, serian inexplicables una multitud de iiecbos muy no-
tables : como por ejem])lo, las diferencias entre un eucalipto,
un picaHor y un caballo, ó, sin ir i'i tales extremos, entre un
piijai'o-niño y un lobo marino ; entre un fiamenco y un pato :
entre una girafa y un elefante. También sería ine.xplicable la
presencia de mucbas peculiaridades de la forma de cada clase,
pero que a veces son completamente diferentes; la de órganos inú-
tiles, pues el animal no tiene necesidad de usarlos, ó la de otros
mas bien perjudiciales, como, por ejemplo, la cola en la oveja.
Lo mas difícil sería el darnos cuenta, siquiera fuera de una
manera general, de cómo obran sobre los organismos los dis-
distintos agentes del medio para darles sus respectivas formas
y aptitudes. Pero ya sabemos que esos agentes producen, pi'in-
cipalmente, gasto de las sustancias menos densas y que las de
mas densidad quedan y sirven para dar mas consistencia al
protoplasma, para formar los nuevos órganos ó el esqueleto ('i
armazón de ellos. De modo que como el protoplasma asimila
tanto mas cuanto mas pierde, la adaptación viene á ser, sim-
plemente, una acumulación de elementos mas sólidos, de espe-
cializaciones y de otras muclias modificaciones, en aquellos
puntos en que el medio presenta resistencia á la vida y en q»e,
por consiguiente, bace mas activas las funciones del protoplasma.
El caso de adaptación, mas fácil de observar, es el de la fuer-
za que adquieren nuestros músculos poi- el ejercicio gimnástico.
llamaban los antiguos sacerdotes egipcios, y sin el cual la naturaleza seria para
siempre inexplicable, ó explicable solamente por medio de esas hipótesis incom-
patibles con los conocimientos modernos, y solo propias para personas muy
crédulas, tímidas ó de inteligencia perezosa.
— 384 —
Los demos no son tan fáciles de conocer, porque como el
j)rotoplasma se opone á las acciones exteriores solo con la
fuerza y por los medios de que puede disponer, no siempre
jiuede conseguir su objeto con igual éxito, y se observan dife-
rentes clases y grados de adaptación, los cuales, apesar de ser
muy indecisas las líneas de separación entre ellos, se pueden
clasificar vagamente en : útiles, y utilizables.
A adaptación útil se puede referir la perfección del compli-
cado sistema digestivo, la del nervioso y la del muscular ; así
como también la existencia de la mayor parte de los órganos
excretores. A adaptación utilixable, los esqueletos, los dientes,
la piel y sus producciones, los pigmentos, etc.
También la herencia puede imputarse á un fenómeno de
adaptación.
Garantidos por el convencimiento de que las hipótesis solo
son malas cuando, por falta de mejores conocimientos, las acep-
tamos como la última expresión de la verdad, pero que, por el
contrario, son muy útiles y aun indispensables cuando las for-
mulamos como simples preguntas á las cuales la experimento-
(•ion ó la observación de la naturaleza deben contestarnos
afirmativa ó negativamente, podemos, sin temor de faltar á las
reglas del estudio, suponer (|ue la herencia es el resultado in-
inediato de la reacción del protoplasma sobre los agentes del
medio.
Estos obran mas ó menos directamente \)0V intermedio de los
padres, de la misma manera que en el feto humano se tras-
miten algunas enfermedades de la madre ; como el coriza, por
mejor ejemplo.
Respecto de los animales ovíparos y de la herencia paterna,
véase lo dicho á propósito de los sexos. Las células reproduc-
toras llevan consigo, en estado descendente ó i-educido, las mo-
dificaciones producidas en sus antepasados por las acciones
del medio.
Otro fenómeno muy interesante y que solo la adaptación po-
drá explicarnos, mediante nuestro recurso del antropomorfismo
invertido, es el del instinto.
I']! protoplasma, diremos en lengunjc antropomórfico, « ama
la \ ei'dad », la busca y la toma cuando la encuentra y solamente
cuando la encuentra.
Tomando ahora el antropomoi'fismo bajo su punto de vista
racional, diremos (jue el antropomorfismo ha falseado lo cpie es
una propiedad del protoplasma, interpi-etándola como un atri-
buto exclusivo al hombre, y (jue el instinto es la herencia de las
— 385 —
reacciones adecuadas, las cuales son permanentes porque son las
únicas que están en la línea de continua resistencia del proto-
plasma contra las acciones del medio, y las únicas que obran
eficazmente sobre él. El hombre, pues, por antropomorfismo, lia
inventado una pi-opiedad ó un « don » especial para él y le ha
dado un nombre puramente antropomórfico, llamándola « amor
á la verdad » .
La forma del protoplasma, en su continua evolución, recorre
una serie gradual de fases que parecen ser simultáneas aunc[ue
no de igual desarrollo en todos los seres ni en todos los indi-
viduos, sino según la mayor ó menor simplicidad de las rela-
ciones de cada uno con su medio. La « idea » puede ser una
primera manifestación de la necesidad que comienza; y como
"buenas ideas» son «buena inteligencia», podemos suponer
sea la inteligencia un instinto superior pero ampliado y, por
consiguiente, mas ó menos incierto, y compuesto de reacciones
mas ó menos correspondientes ó adecuadas á las exigencias
del medio; y (|ue el instinto permanente sea el bosquejo de una
forma futura.
Un hecho no menos interesante de lo relatativo á la adapta-
ción es el siguiente: la estimulación del sistema nervioso hace
á los animales tomar el color de aquello (¡ue los rodea.
Las observaciones y los experimentos referentes á los efectos
de la estimulación del sistema nervioso, se han hecho hasta
hoy solamente por medio de lo mas fácil de notar : por medio
de aquellos efectos que obran sobre nuestro sentido de la vista;
pero si damos mayor extensión á los efectos de la estimulación
del sistema nervioso, podremos imputar á la misma causa la
uniformidad de gustos y opiniones en los hombres. Esto sería
muy lisonjero, principalmente para los estudiantes argentinos,
pues podría esperarse de ellos muy grandes progresos en las
ciencias.
En efecto, nuestras relaciones con el viejo mundo son casi
exclusivamente comerciales ; con muy pocas excepciones, los
sabios de esos países vienen á este por puro egoísmo individual
ó nacional, pero no para enseñarnos. Esta falta de sabios maes-
tros obliga al argentino, cuando (¡uiere saljer algo, á preguntar
á la naturaleza directamente, y no toma las sugestiones de los
sabios, sino los hechos observados por ellos, y que llegan aquí —
bajo la forma de libros — como meros artículos de comercio. De
este modo, la naturaleza puede ser el directo estimulador de
nuestro sistema nervioso, mientras tengamos la fortuna de creer-
nos ignorantes, ó de no haber satisfecho nuestro deseo de saber.
— 38G —
El estudio de los fenómenos de adaptación, constituirá por
sí solo uno de los puntos mas interesantes de la ciencia del
porvenir; pues hasta ahora solo se ha tratado de averiguar las
modificaciones que un reducido número de los agentes del
medio ejerce soljro las especies de organismos superiores, pero
sin tomar en cuenta, no ya los efectos de todos los agentes,
sobre los animales inferiores, pero ni aun siquiera de aquel
por el cual se siente constantemente abrumado el protoplasma
que, hasta hace poco, se titulaba el rey de la creación. — El agente
á que aludimos es la necesidad de a alimentos n.
A medida (jue la reproducción aumenta el número de los
consumidores en un organismo, también aumenta la necesidad
de alimentos. — El organismo que antes, cuando era niño, podía
hacer todo lo necesario para vivir bien, y aun tenía tiempo,
probablemente para jugar á su modo y según su naciente in-
clinación, ahora, á medida que se acerca de su estado adulto,
ó que viene á ser miembro de una familia, tiene mucho mas
en qué pensar, y solo i>uede ocuparse de « aquello que mejor le
jmrece » .
Cuando en un organismo, sea este un animal como la mi'»-
nera, sea otro cualquiera ó una ciudad, cada una de las partes
que lo forman 'se limita exclusivamente á una función deter-
minada, se dice que cada parte es un órgano, y (jue hay divisiou
del trabajo, en el organismo foi-mado de órganos especiales para
cada función.
El papel que desempeña la especializacion es universal, y
tan importante y considerable es en Biología, que no es posible
adelantar en el conocimiento de él sino por medio de la misma
especializacion, es decir dedicándose especialmente al estudio
de lo relativo á la división del trabajo.
Clasificación
Supongamos que, por una circunstancia cualquiera, algunos
niños estudiosos encontrasen de repente una multitul de ani-
males desconocidos, de las mas variadas formas; que notaran
apesar de esa variedad, analogías mas ó menos notables enti'c
dichos animales.
Sin duda les gustaría observarlos, conocerlos á todos:
estudiarlos, en una palabra. En esa confusión en que los en-
— 387 —
oontrarían, sei-ía imposible estudiarlos: el único medio para
hacerlo seria el de arreglarlos, acomodarlos ú todos y á cada
uno, de rnodt» que no estuviesen tan desordenados; porque
cuanto menor fuese el número de unidades, tanto menor serla
también la dificultad para darse cuenta de todos. Estas prime-
ras unidades serían: Citad rúpedos, Pájaros, Feces y Bichos. Las
tres primeras serían objeto de sus preferencias, por considerar
mas útiles é interesantes los animales que las componían; los
Bichos serían los últimos, y con ellos se colocaría todos los
animales que pareciesen mas incomibles, inútiles ó repugnantes,
así como todos aquellos que no supiesen en qué clase ponerlos.
Sería esta subdivisión como el depósito de un museo.
Cuando les pareciese que ya estaban bien estudiados y cla-
sificados los primeros animales, emprenderían el estudio de los
últimos. Se fijarían primero en un horrible cocodrilo, y después
de mucho dudar de si lo [londrían entre los Cuadrúpedos, por
el número de sus patas, ó con los Peces, porque vive en el agua,
se decidirían por cualquiera cosa, según la importancia atribuida
á los caracteres preferidos. Sacarían después una anguila, luego
una yívora, una lombi'iz, etc., y las dificultades respecto á su
colocación aumentarían continuamente. Esto exijiria mejores
estudios, los cuales darían por resultado el descubrimiento con-
tinuo de nuevas verdades.
Así han procedido los que han estudiado la Zoología, y de-
bido precisamente <á esos estudios, se ha llegado á constatar
que no existen los contornos claramente delineados que se
buscaba para clasificar los animales, pues se descubre á cada
paso y en todas direcciones, otras tantas formas que vienen á
interrumpir las líneas de separación trazadas por antiguas
preocupaciones de adaptación.
Por otra parte, el reino de los animales, actualmente, es
como una ciudad tomada á sangre y fuego por un enemigo :
solo queda aquello que no ha i)odido ser consumido i>or las
llamas, y aun esto mismo está, en su moyor parte, sepultado
bajo los escombros.
i Cuánto mas numerosas é insuperables serían las difi-
cultades para hacer una buena clasificación, si existiesen aun
los antepasados directos de los animales actuales!
De los estudios hechos en los que están á la vista, dos
fenómenos muy notables se presentan á la observación de los
que se ocupan do Zoología. El primero consiste en que to-
dos los animales están formados principalmente de la unidad
— 388 —
(1) primitiva y fundamental: — la célala. El segundo, en que
esta célula tiene una notabilísima tendencia á agregarse.
Hasta donde se manifiesta esa tendencia, cómo y cuáles son
sus consecuencias, es un tema tan interesante y tan fecundo,
que el ocuparnos de ello ahora, nos alejaría por completo de
lo que estamos tratando. Sin entrar, })ues, en consideraciones
que no serían oportunas, diremos solamente, ([ue hay animales
formados por una .sola célula y se llaman Protoxoarios. Hay
otros, formados por un número mas ó menos considei'able de
células unidas íntimamente y formando la mórula y la planula
de las cuales tienen origen la blástula y las grástulas simples
ó agregadas y de diferentes formas y rangos. A los animales
dirivados de todos estos agregados de células, se les ha dado
el nombre de Metazoarios.
Ahora bien: — ¿Existe acaso una línea de separación entre
los Protozoarios y los Metazoarios?
Lineo, así como otros sabios, dijo que la naturaleza no
hace saltos; y esto se repite desde mucho tiempo apesar de
que no solamente no es toda la verdad, sino que es aun mucho
mas de la verdad.
Efectivamente, con los datos (|uese tenía en tiempos de Li-
neo, este aserto solo [)odía ser hijo de una mera intuición; solo
podía asegurarse, saltando sobi'e las leyes de la evc)lucion, de
una á otra clase de animal, y procediendo en esto a la manera
de una persona que viajando en tren después de haber hecho
una vida sedentaria, le parece (|ue lo que anda es los objetos
fijos.
La continuidad que Lineo creía encontrar en la naturaleza no
existe; y no existe precisamente porque la naturaleza no hace sal-
tos. La continuidad, la gradación en las fuerzas de la naturaleza,
produce siempre y en todo, un fenómeno llamado intermitencia.
Y esta ley universal que rije tanto á las vibraciones do una
cuerda, cuanto á las ondulaciones del mar, en los animales,
no solo produce todos los fenómenos que ya conocemo-^ refe-
rentes á los sexos y ú la reproducion, sino también la mas
completa alteración de la forma. Porque las fuerzas naturales
(1) La célula es únicamente la unidad de que están compuestos los organis-
mos; es uno de los infinitos grados de diferenciación que recorre el protoplasma.
El origen de la palabra célula es algo oscuro; pero parece se aplicj primero á
las células muertas y vacias. Como unidad, nada tiene de la exactitud matemática de
otras unidades. El volumen y el valor de la célula de un Bacterio globuloso, ó
MicrococMs, por ejemplo, están respecto de los de la «célula» axial de un Dicyémido,
en una proporción semejante á la que luiy entre un milímetro y un metro cúbico.
— 389 —
son continuas; pei-ocomo no son todas exactamente iguales
en dii-eccion y energía, no puede haber equilibrio perfecto entre
todas y, por consiguiente, hay siempre un antagonismo del
cual resulta un cambio intermitente, mas ó menos repentino,
en todas las formas ó efectos de esas fuerzas.
lüi la materia inorgánica, al «amor» se llama afinidad, y
cuerpos \' propiedades á las formas ó efectos de las fuerzas:
pero en la orgánica, á la afinidad se llama «amor», y vegetales
y animales á la mayor parte de las distintas formas de las
fuerzas.
La naturaleza hace ciertos saltos, pues. Estos saltos se veri-
fican en las formas, y en los animales tienen lugar por medio
de un simple aumento de asimilación.
Podría sei- algo difícil i)ara un niño concebir cómo un au-
mento de asimilación, muy jjequeño, puede producir una varia-
ción tan completa en la forma, ¡lero i)odrá hacerse comprender
por medio de ejemplos que muestran cómo un jicqueño au-
mento de fuerza ó de peso, [mede producir una alteración com-
pleta en la posición de un objeto cualquiera.
Aquí tenemos una mesa, tan pesada, (|ue este niño apenas
tiene la fuerza muscular suficiente para levantarla, de un lado,
hasta cierta altui'a del suelo ; pero si viene en su ayuda
otro niño, bastará un muy pequeño esfuerzo de su pai'te, para
ponerla en una ))os¡cion inversa ii la (pie antes tenía.
Si ponemos una pluma ó un tenedor atravesado sobre el
filo de un corta-plumas ó de un cuchillo, veremos cuan difícil
es encontrar un punto en (¡ue pueden mantenerse en equilibrio:
por pequeña que sea la diferencia de mas ó de menos, la pluma
ó el tenedor caerá de un lado i'i de otro.
Los objetos con que hemos heclio esta observación, una de
las mas interesantes, de las que mas sugieren de cuantas po-
damos hacei-, esos objetos, decimos, aunque difícilmente, es
posible, sin embargo, ponerlos en ecpülibrio; ¡¡ero de los estu-
dios hechos por los mas notables observadores, se puede inferir
que un equilibrio análogo no se realiza en los animales (1), y
que siempre, caxendo ¡\ uno ó á otro lado con menor ó mayor
( 1 ) En los vejetalcs, que es Jomle l,i (¿radacion es mas visible, rara vez se
presenta verdadero equilibrio, ó estabilidad, en la transición de una forma á otra ó
de un órgano á otro, como sucede en el Heléboro, por ejemplo, en donde es tan
estable el paso de la hoja á la Üor, que no puede decirse en donde termina la
una y principia la otra. La misma estabilidad de gradación .se observa en la tran-
sición de los pétalos á los estambres do algunas flores.
— 390 —
rapidez, toman una ú otra forma delerminada. El sobrante de
esa fuerza que le ha dado la forma, puede ser, ademas de su
reproducción, esa serie de fenómenos, que llamamos la vida
del individuo.
Como los animales todos están sujetos á las mismas leyes
físicas que rigen á todo cuanto hay en el mundo, se produce
en ellos fenómenos (|ue, en el fondo, son los mismos (¡ue en la
superficie del agua producen las ondulaciones y las olas.
Si observamos la supei-íicie del agua en una laguna ó en el
mar, á cierta distancia de la costa, veremos (jue la fuerza del
viento, haciendo subir, el agua mas arriba de su nivel, produce
en su superficie, ya simples ondulaciones, ya verdaderas olas.
En los animales también se jiroducen ondas ea unos )• olas
en otros; porque el protoplasma, como lo hemos visto al tratar
de la adaptación, sigue la línea de resistencia , adelanta preci-
samente en la dirección contraria á la fuerza (¡ue se le opone (1).
Si nos fijamos en la superficie del agua, con mas atención
aun, veremos que la parte mas alta de las ondulaciones es de
forma redondeada, como la figura siguiente :
Cuando la fuerza del viento és relativamente mas conside-
rable, la parte superior de las ondulaciones viene á ser mas
delgada, como en esta figura:
Llegando aun hasta convertir en gotas ó en espuma el agua
([ue mas ha subido; pero cuando el peso del agua que ha su-
(1) Esta e.s la mas notable diferencia .entre la materia viva, ú protoplasma, y
la materia muerta, ó inorgánica. Cuando la re.sistencia que se opone al primero
es superior á su fuerza, el protoplasma se detiene y, ó queda estacionario, ó
retrocediendo, toma la linea de menor resistencia ó de mayor tracción; es decir,
muere y ó se convierte en materia inorgánica ó es reabsorbido mas ó menos in-
mediatamente por el ó por los que quedan vivos. De modo que la muerte es la cesa-
ción de la individualidad, seguida de reabsorción mas ó menos inmediata y
completa del individuo que desaparece, y lo que cpieda muerto son las partes
sólidas y las c^ue no alcanzaron á ser fecundantes ó fecundadas, y que el esper-
matozoario forníador del espermatogeneo, ó individno, habia adquirido por la
fuerza de su virulencia.
— 391 —
l)ido, supera la fuerza del viento ({ue la elevó, esta desciende
y vuelve á recobrar su perdida cohesión.
Pues bien, esto que vemos en la superficie del agua, en la
mesa dada vuelta por dos niños y en los objetos que quería-
mos poner en e([uilibrio, os, en todos los casos, el efecto de una
misma ley, y debido también á ella, el paso de los Protozoa-
rios á los Metazoarios, lo mismo que el de unos á otros enti-e
los Metazoarios, se verifica por intermedio de unos animales
cuyas partes constituyentes están unidas entre sí por vínculos
tan poco estrechos, que se les distingue con el nombre de co-
lonias.
Podi'á muy bien algún discípulo hacer la objeción de que
ni los animales se parecen al mai-, ni se vé en ellos nada
parecido á espuma. — Mas tarde, cuando sepa cómo son los
animales con que está formado el Cuadro genealógico, encon-
trará muy estraño, imposible tal vez, la disminución que apa-
rece en el volumen de algunos animales á medida que ascien-
den en la escala. «Los animales crecen», dirá, «pero no se
achican». Pero en Zoología, la mayor ó menor dimensión,
no siempre tiene toda la importancia (¡ue acostumbramos darle.
El volumen, así como las formas y los límites de todos los
objetos, tiene, necesariamente, que haber producido en noso-
tros los mas completos resultados de adaptación.
Desde nuestros mas remotos antepasados, las dimensiones
deben haber causado modificaciones fundamentales, que nues-
tro cerebro ha heredado. La primitiva Ameba atrae ó es atraída,
según el volumen del objeto codiciado; la medusa (agua viva)
come al crustáceo y es comida por la ballena; el pulpo devora
ó es devorado, según que tome ó no en cuenta las dimensiones
de su presa, y, por último, nosotros mismos, cuando niños,
medimos con la vista las fracciones de la torta que se nos ha
repartido y, cuando hombres ya no podemos separar de la
idea de volumen la de valor.
En Zoología no existe esta relación, ó, mejor dicho, la cor-
relación entre el valor y el volumen no es continua ; es tam-
bién intermitente.
La evolución trae cambios tan notables y repentinos en la
forma, en el volumen y en el rango de los animales, por que
el protoplasma se hace tanto mas coherente y unido, cuanto
mas aumenta y se generaliza la afinidad en las partes que él
produce y que vendrán á componer un animal completamente
individualizado y libre. Pero cuando este se ha hecho bastante
asimilante, ó anabólico, se fija, y el protoplama que el animal
— 392 —
libre gastaba en su movimiento, es usado aliora en reprodu-
ducir.'^e catanabólicamente: pero la movilidad ú catabolismo
que untos tenía el todo, se trasíbi-ma en movimiento de sus
partes, se hace menos coherente — menos «egoísta», en len-
guaje antropomórfico — y cuando se reproduce, los nuevos in-
dividuos también se fijan mas ó menos inmediatos á la madre,
y forman una colonia, un múltiple. FJsta colonia ocupa una ex-
tensión mayor que la de un solo individuo, porque sus partes
com])onentes están menos aisladas que los individuos libres,
y en adelante se unirán mas y mas. Pero cuando ellos lleguen
á ser aun mas asimilantes y adf[uieran elementos igualmente
catabólicos ó movibles y bastante coherentes, volverán de nuevo
á hacerse individuos egoístas, homogéneos y libres, pero mucho
mas pequeños y de una Ibrma muy diferente de la del todo, del
cual i'intes era tan solo una i)arte.
También la libertad individual es intermitente, aun en el
género humano, porque el «amor» aumenta siempre y conti-
nuamente, y hace (|ue el egoísmo sea distribuido y esparcido en
una mayor extensión; es decir, en un mayor número de indi-
viduos.
Como hay entre los Metazoarios muchas diferencias, se les
ha dividido en cierto número de Tipos com|)uestos con aquellos
animales que reúnen entre si mayores analogías en sus formas.
Estos tipos se llaman :
Celenterados
Vermes.
Atropados.
Equinodermos.
Moluscoideos.
Moluscos.
Tunicados.
Vertebrados.
Los tipos se suijdividen en : Clases, Ordenes, Familias, Gé-
neros, Especies; y, en caso necesario, se hace otras subdivi-
siones; tales como las de Sui)-Clases, Sub-Ordenes, Secciones,'
Tribus, Grupos, etc.
La forma fundamental de todos los animales, depende prin-
cipalmente de la de las gástrulas de que dei-ivan; su tamaño
responde á las mismas leyes (|ue hacen (¡ue una casa sea
grande ó pequeña.
(Co)ilinvari'i ) .
S
Iotas I) seaprlncipios de Graiática IocotI
SAMUEL A. LAFONE QUEVEDO
(Continuación). — Véase página 352,
2. — Mandar.
bv f^ b^ ta '^
1. Y-S-ch-ilnactarn 2. Y-lnactarn-i 3. Y-lnactarná
l^ íil? ta FTo
Pl. 1. Y-S-ch-ilnact,arn-ácca 2. Y-lnactarn-i 3. Y-lnactarné
2" — Verbo según su clase regular. La á final intrusa; véa-
se el 18 de la segunda conjugación.
3" — La sincopacion y tartamudeo son las únicas irregula-
ridades que presenta este ejemplo.
4° — Poner,
i. S-ch-iliguini 2. Y-li-i-ni 2. Y-ligui-ni
n
Pl. 1. S-ch-ilioni 2. Y-li-i-ni 3. Y-liini
4" — La // sufre sincopacion en algunas de las personas.
-i -ÍL
Schilloni — nosotros ponemos — presenta la ii'regularidad lio
que resulta de una sincopacion de liog: la I se vuelve mojada
ó II, y la guturacion trae el plural en occo por ácca, y todo ello
0_
le sonaría al buen Padre lio.
En realidad este ejemplo corresponde á la 3^ conjugación,
porque carece del refuerzo E inicial; mas como comienza por
tích, lo he colocado aquí, sin perjuicio de ponerlo también allí.
— 394
LXIV
5^ CONJUGACIÓN
CLASE III
En esta (>lase se comprenden los verbos que empezando por
S de 1^ persona no entran en las otras dos por alguna excen-
tricidad or-ticular: son pocos en número y de menor impor-
tancia.
CUADRO SINÓPTICO DE LOS VERBOS DE ESTA
CLASE
1° — //• por allá retirado.
ta
1. S-avegué 2. aaigué 3. Act-avagué
ta
Pl. 1. S-aaccagué 2. aaigué 3. Act-aerngué
la
i" — Este es el verbo aa — ir- — combinación de las formas
28" y 27° de la 3=* conjugación. El prefijo act de 3=^ persona es
excepcional y curioso, pero su explicación aun no se presenta.
2° — /;• al campo á correr aves.
0 0 0 0 0 0
1. S-ipporagan 2. D-eppararn-i 3. D-epporagan
Pl. 1. S-ippararnacca 2. D-eppararn-i 3. D-eppararn-é
o
2° — Verbo regular en agan véase el 19 de la l^ Conjugación:
del prefijo d se trata mas adelante, y á ello me remito. Estachas
una partícula típica del Abipon bajo el sonido de ;•. A no ser la S
de 1" persona liubiese entrado entre los verbos reforzados con d.
395
CONJUGACIÓN 1' CON REFUERZO N
2° GRUPO
En los verbos como en los nombres hallamos una ñeccion
reforzada por una JV inicial, que según se vé, es típica en todos
estos idiomas. A veces parece como si tuviese un valor refle-
xivo, pues de los 25 ejemplos que da Tavolini 11 pertenecen a
esta categoría y de los restantes cabe la explicación que lo sean
también en l)Oca de Mocovíes. En cualquier caso la conjuga-
ción puede llamarse débil, porque necesita refuerzo pronominal
para enterar su significado: nada importa que en Europa se
usen las articulaciones me, fe, se donde el Chaquense se sirve
de n y el Quichua de cu en todas personas, porque eso es
cuestión de detalle. El Español decía la mi, la tu, la su cana etc.,
me áltele la muela, te duele la muela, le duele la muela, etc., ejemplos
en que el pronombre de 3" refuerza ó reemplaza el de las otras
tres.
En esta conjugación, aun más que en las anteriores, resalta
el índice inicial ó sub-inicial i vel y de 1* persona. Cuando la
voz empieza con a vel o, la n al herir la / se vuelve íI ; si la
vocal primera es ¿ o e la n con la i permanece ni; mas si el
verbo empieza por consonante, se prescinde por completo de
la i y vá la « á secas.
LXM
CUADRO SINÓPTICO DE LOS VERBOS DE 3^
/. — Acostarse.
1. N-i-nan-ni 2. N-ennan-i.ni 3. N-enna-ni
Pl. 1. N-i-nnanar-ni 2. N-ennan-i-ni 3. N-enna-ni
1" ^ A'erbo compuesto con ni. La e inicial es asimilada y
— 39(3 —
absorbida por la i de primera persona. En primera de plural
o
se advierte un ar donde pudimos esperar un ácca: como se
advirtió más atrás, el plural de ácca puede ser á, y el plura.
de «, ari, así que se explica una anomalía como ésta. La síla-
0
ba ar lleva una guturacion muy fuerte. La tercera de jtlural
reproduce la misma persona del singular, y acaso sea por esto
que falta la é característica de esta persona y número.
2. — Alegrarse.
ta la ta
1. N-i-icton 2. N-eecton-i 3. N-eecton
ta ta ta
Pl. 1. N-i-icton-ácca 2. N-eecton-i 3. N-occton-é
2" — E¡emi)lo regular ; la / doblada responde á asimilación
en la ¡¡rimero .
3. — Animarse
i. Ñ-oq(iuigó 2. N-oqqui-di-vó 3. N-oqqui-vó
Pl. 1. Ñ-oqquiga-vó 2. N-oqqui-di-vó 3. N-oqqui-ró
3" — Este verbo es un compuesto con vó, que según se vio
en el ejemplo 32 de la primera conjugación, se modifica de
una manera curio.sa. También debe compararse con el 31,
o
ejemplo en que vemos una g de primera volverse v de segunda
y tercera. El 44 nos dá aun otra modificación. E\ aumento de
segunda generalmente responde al del plural de los nombres,
y en estos vemos que i puede dar ídi, así que es prudente sos-
pechar que este sea el origen de la d que advertimos en N-oqqui-
divó, «tú te animas». En el 2" de la primera conjugación un
o
avagué do primera en plural da i-ogiié en tercera persona del
mismo número, lo que demuestra que ró puede ser sustitución
sincopada de avü; pero mas natural aún sería atribuirle un
simple valor pronominal á esta r, ó sea d.
4. — Arrancar.
1. Ñ-appók 2. N-appogu-i N-appók
Pl. 1. Ñ-appog-ácca 2. N-appogu-i N-appogu-é
Ao,
Acerbo regular
397
Bañarse.
1. Ñ-aclil 2. N-actil-i 3. N-actil
1. Ñ-aclir-áccQ 2. N-aclif-i 3. N.actif-é
5" — Verbo regular.
6. — Beber.
1. N-i-eet 2. N-icti-i 3. N-eet
Pl. 1. N-i-ect-acca 2. N-icti-i 3. N-eecté
G" — Verbo regular: la i de segunda, aun([ue inicial, se
asimila con la característica, porque parece que esto es regla
en los verbos.
7. — Cansarse.
1. Nchc-oictevéh 2. Nchcoictivéh 3. Nioiclavéli
o
Pl. 1. Arc-oictevéh 2. Nchcoictivéh 3. Ncoicterék
7° — Ejemplo que casi no debería incluirse en este grupo, tanto
o
por la ch como por el Ar intrusos; pero como prevalece la n y
el plural "siempre es mas caprichoso se deja en este lugar. La
intrusa a en tercera de singular es una anomalía; la termina-
ción reJz demuestra como la r hace desaparecer una v que la
sigue, explicándose así cómo un revó pudo hacerse ró en el 3".
8. ■ — • Correr,
ta
1. N-iguennecló 2. N-iguinnictó 3. N-iguennó
o
Pl. 1. N-iguencó 2. N-iguin-i-ó 3. N-iguennó
8" — Este es otro de esos ejemplos que parece que se for-
man de dos temas, uno con ctó y otro sin él, siempre que no
se pruebe una sincopacion í'uerlísima. Aparte de esto, no hoy
niavor irregularidad.
— 398 —
p, — Cose?-.
1. N-i-vú :.'■' . 2. N-evar-i 3. N-cvá
Pl. 1. N-i-varcá 2. N-evar-i 3. N-evat-3
'.)° — \'ei-bo agudo en á, Icrminacion que admite iilural añ.
asi vemos reaparecer la r con el aumento silábico. En cuanto
á la f en tercera de i)lural, véanse el 2(\ de la segunda y 45,
43, 27 de la primera conjugación.
10 — Desnudarse.
1. Ñ-ossogninni 2. N-ossoinni 3. N-ossogninni
Pl. 1. Ñ-ossorni 2. N-ossoinni 3.
10. — Ejemplo de tema comjiuesto con «h las irregularidades
nacen de la gutui'acion y su sincopacion. ^'éase el 10 de la I"
Conjugación en que este mismo verbo, presenta la misma mu-
danza. Allí también se vé, que estos vei-bos en n re[)resentan
la voz media en la forma reHexiva. La r ante la n parece que
es un recurso en el Mocoví en ]■' de plural, como se puede ver
en el I" déla 1-'' conjugación.
//. — Destaparse.
1. Ñ-avas-ni 2. N-avacti-nni 3. Navas-ni
ta
Pl. 1. Ñ-avactai'-ni 2. N-avacti-nni
11. — Aquí tenemos otra prueba de lo que se dijo en el
anterior ejemplo: ñaras7ú es — yo me destapo — y Saraslék, yo
destapo, ej. el 11 déla 1-'' conjugación, y loque allí reza acerca
de la .s intrusa. Una f tinal en singular se pluraliza en cti, lo
c[ue induce á creer que Ñ-arati-n), «yo me destapo», sea una forma
de Ñ-arat-ni. En cuanto al tar en 1'^ de plural, véase el l.> de
l'^ conjugación.
399 —
12, — • Escuchar
1. Ñ-agayagan 2. Nagayarni-i 3. Nagayagan
Pl. 1. Ñ-agayarnacca 2. N-agayarni-i 3. N-agayarn-é
12. — Ejemplo regular del 4" y 2^ conjugación..
i3. — Gustarme.
1. Ñ-aman 2. N-amann-í 2. N-amán
Pl . 1. Ñ-aniannácca 2. N-amann-i 2. N-amann-c
13. — \'erbo con fleccion regular: las n dobladas responden
á la pronunciación, por el aumento silábico.
14.. — Hacer aguas.
o
1. N-cogonnék 2. N-cogonn-i-vék 3. N-cogonnék
Pl. 1. N-cogonniicca 2. N-cogonn-i-vék 3. N-cogonn-é
14 — Fleccion regular: la 3" de plural sincopa evék en é.
i5. — Llenar.
1. Ñ-ocactartigui 2. N-ogactarcti-i 3. N-ogactartigui
Pl. 1. Ñ-ogactarctagul 2. N-ogactarcti-i 3. N-ogactarctrigui
15. — El ñoca se vuelve noga; la segunda de singular y todo
el plural prefija una c á la segunda /. En el plural tenemos a
de primera y r de tercera persona, pero ambas excentricidades
son conocidas; véanse 18 v 7", etc.
16. — Llorar.
la
1. Ñ-oyen 2. N-oin-i 3. N-oyen
Pl. 1. Ñ-oyenníicca 2. N-oinn-i N-oyenn-é
IG. — Verbo regular.
400
n-
Mentir.
1 . Ñ-omactan
^ ía
Pl. 1. N-ammantnácca
2. N-ammann-i 3. N-ammactán
2. N-amanni-i
3. N-amatn-é
17. — Que anni en segunda resulte de actan en primera per-
sona es una anomalía que aun no me puedo explicar si no re-
sulta de sincopacion.
i8.
Mirarse,
1. N-i-vaneltá
Pl. 1. Ni-vanalta
2. N-evan-i-altá
2. N-cvan-i-eltá
3. N-evaneltá
3. N-evaneltá
18. — Verbo compuesto regular. La primera i resulta de
asimimilacion, y la e por a es eufónica: alta es el reflexivo.
'5»-
Pesarle á uno.
1. N-i-ictogot
Pl. 1. Ni-ictoctácca
2. N-ectoct-i
2. N-ectoct-i
3. N-eectogot
3. N-ectoct-é
19. — Verbo regular en lo principal: para tomar el aumento
o
silábico got se sincopa en ct.
20. — Perder.
1. Ñ-alarctani
o
Pl. 1. Ñ-alarctca ni
2. N-a 1 arct-i-rani 3. N-alarctani
2. N-al a r ct-i-rani 3. N-ala rctera-ni
20. — Verbo compuesto con una partícula ani — la raíz po-
dría terminar en í ó á, porque ambas hacen iri vel arl que
nos darían la /• para el aumento silábico.
— 401
21 . — Servir.
1 . Ñ-aguen
2. N-aguin-i
Pl. 1. Ñ-aguennücca 2. N-aguin-i
3. N-aguen
3. N-aguen-é
21. Verbo regular-
as.
Sentir.
Pl.
22. — Verbo regular en el primer tema. Como cea bace re
la
en plural, se explica la forma sincopada nigri.
23. — Sufrir.
Pl.
1. N-codoaren 2. N-codoarn-i 3. N-codoadén
ta
1. N-codoarnácca 2. N-codoarn-i 3. N-codoarn-é
23. — Curioso ejemplo de la sustitución de r con d en la
3* persona. Estas letras como se dijo se confunden.
24. — Taparse.
1. Ñ-appocqui-ñi'i 2. N-appo-i-ñá 3. N-appoqui-ñii
la
Pl. 1. Ñ-appogo-ñá 2. N-appo-i-ña 3. N-appo-i-ñá
24. — Verbo por el estilo del 10 que muda g en i en cier-
tas combinaciones; el verbo en sus flecciones nos avisa que
cq no son mas que una g. La o en 1* de plural es una a
asimilada.
— 402 —
25. — Traer.
1. Ñ-odá 2. N-odo-i ."i. Ln-odó
Pl. 1. Ñ-odocco 2. N-odo-i 3. N-odó
25. — Ejemplo casi regular: El ócco por ¿teca resulta de asi-
milación con las o radicales del tema. Se estraña la ausencia
de la e característica en 3" persona del plural. La L redundante
en 3" de singular es un simple refuerzo ó acumulación de par-
tículas; también puede decir lo trae, y no el trae. La L es mas
probable que sea partícula de tiempo : el Mocoví, como el Abi-
pon es muy caprichoso en el uso de esta letra : Irrocló diría —
va trae.
p
2G. — En este ejemplo tenemos seis veces repetida la L re-
dundante : es mas cjue probable que no pase de ser la L ad-
verbial, y en romance sería — ya llega, ya llegamos, etc.
LXVIl
CONJUGACIÓN 2', CON REFUERZO D
2° GRUPO
Entramos aquí en uno de los puntos mas curiosos de la
lengua Mocoví, porque nos lanza de lleno en la fonología de
este idioma y del Abipon.
Dos verbos vamos á comparar, y primero.
i()3
s.
Pl.
y en seyuida Bcncur
S. 1. Di-ssiá S. 1. Ri-hc
2. Di-ssiá 2. Gri-hi
3. Nissiii 3. Ni-lié
Pl. 1. Ardissiá Pl . i- Gr— (1)
2. Dissiá 2. Gr—
3. Nissité 3. N—
Ya se dijo que parecía que la o Mocoví equivalía á la a
Abipona, la c ante la t es un recurso del primer idioma, que
no es orgánico, y lo que en Mocon'í es ii en Abipon se chichea
ó vuelve chi, de suerte que octiá del uno es achá del otro idio-
ma. Se ha visto también t[uc nuestro diiraxiw es dudasno en
Mocoví, así que se confunden la d de aquel con la r en otros
idiomas, ha redundancia de la sílaba ct parece ser eufónica,
pero en ningún caso puede ocultar la analogía entre las dos
raíces.
Va\ el segundo ejemplo la h Abipona se ha vuelto la sibi-
lante Mocoví, cosa que se comprende en tierra donde la li del
Cuzcij se ha vuelto s de Santiago del Estero y Catamarca .
Hasta aquí seguimos á Dobrizhoffer según nos lo presenta
Larsen, pero necesitamos ir mas allá á esos MSS preciosos
(|ue posee el Dr. D. Andrés Lamas, el ilustre Americanista,
y que sin duda son los mismos apuntes del buen P. José
Brigniel .
Si nuestra hipótesis es fundada deberíamos liallar en Abipon
algún verbo en que la R sea articulación de todas tres perso-
nas. El paradigma de Dobrizhoffer contiene tal ejemplo, pero
con la modificación que hago notar abajo.
La forma ,1D— 2D— 3L —
Aparece en Abipon IR — 2 Gr — 3 Y —
( 1 ) Falta el plural.
— 404 —
Con estas palabras de introducción pasaré á formar el cua-
dro de los verbos reforzados con D dividiéndolos en clases se-
gún sea el prefijo de 3^ persona .
LXVIII
CUADRO SINÓPTICO DE LA CLASE I,
REFUERZO D
ARTICULACIÓN DE LA MISMA
1° — Apearse. --
1. Di-nnocni 2. D-ennoct-i-nni 3. De-ennocni
Pl. 1. Di-nnoctorni 2. D-ennoct-i-véh 3. Dc-ennoetinni
I" — Verbo compuesto que no se aparta mucho de lo regular
El ar se explicó ya. La t reaparece con el aumento lo que in-
dica que existe en I'' y 3", pero sincopada. El véh por ni de 2*
en plural, es sin duda sustitución de partículas, y acaso nos
sirva para demostrar su identidad. La e se asimila con la i
de di.
2° — Asar.
ta ±í
1. Di-actogot 2. D-actorcti-i 3. D-actogot
_b_
Pl. 2. Di-aactooctácca 2. D-actocti-i 3. D-actotcté
2" — Verbo regular sincopado. El Daactoicté es excepcional
pero no sale del círculo de los partículas análogas.
— 405 —
3° — Cocer.
r T
1. Di-uctogot 2. -actoct-i 3. Da-actogol
Pl. 1. Di-actoctácca 2. Da-actocti-i 3. Da-actocté
3° — Es el mismo verbo, pero confleccion aun más regular.
La omisión de la D en 2* de singular debe ser casual.
4° — Montar.
1 . Di-innorshiguim 2. D-ennoctischi- 3. Dennorochiguim
ia
guim
la fa üt
Pl. 1. Di-nnoctarshiguim 2. D-ennoctischi- 3. Dennoctisciguim
ta
guim
4° — Ejemplo compuesto regular. La mudanza del gargaris-
mo en gutural con t es casi típico.
5° — Salir diciendo i'olveré.
1. Di-appildió 2. D-appilidió 3. D-appildió
Pl. 1. Di-appilardió 2. D-appilidió 3. D-appilrsció
5" — Forma de futuro regular, del tipo ar en la 1^ de plural:
la 3" de plural es curiosa.
6° — Volver,
1. Y-appíT 2. D-appil-i 3. D-appíT-é
Pl. 1- Y-appilácca 2. D-appiT-i 3. D-appilé
6° — Verbo regular que suprime el prefijo D en la 1" de sin-
gular y plural.
— 406 —
LXIX
CUADRO DE LA CLASE II
ARTICULACIÓN DE LA MISMA
1° — Aborrecer .
Ja
1. Di-oqqui-á 2. D-0(|(juia-y-a 3. N-oqquiá
Pl. 1. Ard-oqqui-i'i 2. D-oqquia-y-a 3. D-oqquiancactó
1" — Verbo regular cuya raíz parece que es oqquia y su tema
compuesto oqquia. La 3^^ de plural es una exageración de par-
tículas acumuladas.
2° — Desear.
1. D-issi-á 2. D-issi-á 3. N-issi-a
Pl. 1. Ard-issi-a 2. D-issi-á 3. N-issi-té
2° — Otro ejemplo compuesto regular, cuya raíz es m¿, la que
doy por el engaño que uno puede sufrir al oir düsiá — yo deseo —
En Abipon el tema es ¿jé, en el que ya no cabe duda. Ln Nís-
sité hav elisión de á.
3° — Quedarse saliendo otro.
ia ía
1. Di-oennaniü 2. D-oinn-i-anni 3. N-oennanni
Pl. 1. Ard-oennanni 2. D-oennanni 3. N-oenneranni
3° — Verbo compuesto regular. En este como en los dos an-
teriores ejemplos el prefijo ard bace innecesaria toda partícula
medial ó final de pluralidad. La 2=^ persona en plural debe
— i07 —
estor equivocado pues tiene que responder á la 2^ de singular
V faltan las letras i caraotei'ística é / de asimilación.
4° — Temer.
la
1. Di-octió 2. D-octi-á 3. N-octi-á
la
Pl. 1. Ard-ocli-a . 2. D-octi-á 3. N-octilá
-i'' — Ejemplo compuesto regular: en éste como en el 1° y 2"
entra la t eufónica; en el 3" es la r. que acaso corresponda á
la vecindad de letras nasales.
LXX
CUADRO DE LA CLASE III
ARTICULACIÓN DE LA MISMA
1. Di — 2. D — i 3. Y
Pl. 1. Ard— 2. D — i 3. Y
1° — Desmayarse .
b h_ b_
1. D-eTev-ari 2. D-iliv-i-ari 3. Y-elev-ari
— _ ^ la la
Pl. 1. Ard-elev-ari 2. D-Ard-ili-ari 3- Y-elev-assaló
1" — • ^'erbo compuesto regular con las siguientes escepcio-
nes : (|ue repite el arden 2* de plural, sincopa el vi e\\ la misma
y dispara en forma de otra \oi en 3^ de plural.
2° — Desocuparse .
1. Ldi-ammarni 2. Ld-ammarni-ni 3. Y-amarni
2" — Voz compuesta regular, que á la articulación de clase
— 408 —
prefija la L en 1* y 2*, siendo que en 3^ es probable que se
asimile con la y. Ya se dijo que la I en presente es un ya
nuestro ó mejor ya está. Tavolini no dá el plural.
3° — Morir.
1. D-eTéu 2. D-iTivi-i 3. Y-eTéu
Pl. 1. D-éTeu 2. D-íTivi-i 3. Y-eTevé
3" — Ejemplo regular: la u de la raiz se muda en v al re-
cibir el aumento silábico.
4" — Picarle víbora.
1. Di-acc-anni 2. D-aqqu-i-anni 3. Y-acc-anni
Pl. 1. Ard-acc-anni 2. D-aqqu-i-anni 3. Y-aqqu-er-anni
4" — ^"erbo compuesto regular. La r eufónica en vez de t en
3* de plural acompaña á la n.
5° — Picarle mosquito.
la la ta la la
1. Di aak 2. D-agui-i 3. Y-aak
ta
Pl. 1. Ard-aak 2. D-agui-i 3. Y-agu-é
5° — Otro verbo regular.
6° — ■ Quemarse.
1. Di -avib 2. D-avigu-í 3. Y-avih
Pl. 1. Ard-avih 2. Ard-avigui-i 3. Y-avigu-é
6" — Verbo regular que como el 1° tiene Ard de 1" y 2^ en
plural, y acumula una segunda i en 2^ de plural.
-- 409 —
LXXI
CONJUGACIONES ANORMALES
3«' GRUPO
Este grupo com])fende las conjugaciones anómalas, y cier-
tos verbos que se apartan de toda regla, y por lo tanto se
ponen en una clase separada. Aquellos son los que cambian
en algo la articulación, de suerte que no pueden distribuirse
por ahora entre los demás, pero acaso resulte más tarde alguna
ley fonética que explique !a aparente anomalía: el número de
ellos es corto, y de menor importancia; estos no pasan de dos
ó tres verbos que como se verá, corresponden á los que gene-
ralmente son irregulares en todos los idiomas.
En la I-'' Clase resalta la articulación de los Nombres, Y —
D — L. La L puede ser un la, — ya. — ó simplemente el pro-
nombro de tercera, \" también un endurecimiento de la Y de
S" persona.
LXXll
CUADRO DE LA CLASE I
ARTICULACIÓN DE I,A MISMA
d. Y— 2. D — i :3. L
LL— 3. Y —
Pl. 1. Y — ácca 2. D — i 3. L — é
Ard 2. 3. Y —
/" — Bailar.
1. Y-assot 2. D-assoct-i 3. L-assot
Pl. 2. Y-assott-ácca 2. D-assoct-i 3. L-assoct-é
1- — ^'erbo regular que en todo se ajusta á la articulación
— ÍIO —
del nombre sustantivo. La única irrefíularidad es el ott por
oct en 1" de plural, asimilación muy natund.
2° — Deber.
ta ta ta
1. Y -avalé 2. D-a val-i 3. L-avai-é
Pl. 1. Ard-avalé 2. D-aval-i 3. L-aval-é
2" — Ejemplo regular con ard en 1" do plural, lo que exclu-
ye el ücca final.
3° — Acompañar .
1. Y-(i)yá 2. D-iya-i 3. iyá
Pl. 1. Ard-eya 2. D-iva-i 3. L-\\í\
3" — Veriio algo irregular que en singular omite la I de 3=",
sin duda por asimilación.
4° ■ — Sospechar mal .
1" LL -ovectii 2. D-ovecti-a 3. Y-ovectá
Pl. 1. Ard-ovectü 2. D-ovecti-á 3. Y-ovectá
4" — La // en este ejemplo parece que resulta de una U así
que no es más que la Y de la fórmula con la / por lá, ya.
Todos estos ejemplos parece que suprimen una D de la i^ y
y que endurecen la y de 3": si esto se admite tendríamos ver-
bos de la clase III del grupo 2°.
LXXIII
CUADRO DE LA CLASE II
ARTICLLACIOX DE LA AUSMA
1. — 2. — i 3. —
Pl. L — ogo 2. — i 3. — ó
/" — Tenerh, cosa semoviente.
1. iMinaiot 2. ~\nn-i-avot 3. Ennoot
^ ia
Pl. 1. Knni-o-vot 2. Ynn-i-avot 3. Ennooct-ó
— -íll —
1'^. — \'er!n) C(:m)|)uesto, con ¡¡oca lloccion como (jue apenas
si se distingue la / de 2''. La 3-' de plural emplea o por e. Lo
probable es que los pronombres sean los que indiquen la per-
sona. La sincopacion entra para mucho, y la i de segunda es
por asimilación. El pronombre Ynni, enna, parece que entra en
la combinación.
2"^ — Tenerlo, cosa inanimada.
L Evaiot 2. Yv-i-avot 3. Evoot
Pl. 1. Ev-ogo-vat 2. Yv-i-avot 3. Evooct-6
2° — Otro verbo amilogo y emparentado con el anterior. Pro-
bablemente era es una especie de pronombre neutro, como que
na ó pa en muchas de esas lenguas es un pronombre de 3'',
por ejemplo, en Aymarñ y Quichua. En el verbo que dice te7ier
siempre debemos sospechai- una construcción parecida á la La-
tina esf ¡i/ilii, ó francesa, c'est á moi. Si esto fuese así entonces
el ot ó arot seria — es ó hay — y la articulación pronominal debe-
ría buscarse en el mismo lugar en que se encuentra la o vel
ogo de 1^ en i>lural, (|ue representan el occom — nosotros.
LXXIV
CUADRO DE LA CLASE III
ARTICULACIÓN, LA DE CADA UN EJEMPLO
/ . — Llamarse.
r.»
L E-Y-ennagat 2. Cad-ennarti 3. EL-ennagat
o
P1.2. Cod-ennagat 2. Cad-ennarl-i 3. EL-ennart-c
1'' — ^'erbo regular en todo menos su articulación inicia!,
que sigue uno de los tipos sustantívales: es eminentemente
— 412 --
GuaycLirú. como se verú ea este ]iarii(l¡,yniíi re[ii'oducido del
Mitliridatos de Adelung', que á su vez cita á Hei'vas:
Sini;'. 1. Y \el Va — uño PI. 1. (",od, (.^oa, C.ñ — nuestro
2. dad, Coa, (la — fin/o 2. Cnd, (-'-aa. Ca — nicsfro
3. L vcl N — siiijo 3. L-N — stitjo
Los plurales auiaealaa diíj/iaf//. Yo catieadn (¡ue la partículü
inicial Abipona (}r sea una sincopacion de Crul y Cod. que al
sincoparse se adaptan á esa forma, ?• por d y c ablandada en r/
por la proximidad de la r.
2. — Querer.
n h.o ta
1. Yclio-coicta 2. Yclio-coict-i-á 3. N-coicti-á
o.b.
Pl. 1. Yclio-coictó 2. Yclio-coict-i-á 3. correcta
2" — La fuei'le nasalización de este ejcniplo. nos dá á cono-
cer (juo se trata de una comi.>iaacioa así: T ó E-vd't-ocoida ó
EmUocoicfia. La sincopacion es violenta en las terceras perso-
nas. Este es el verljo que corresponde al capit, amo del Abi-
pon. La 2} iairusa necesita explicacioa; sia duda la tieae, pero
por aliora solo puedo sugerir como hipótesis uaa n desapare-
cida que represeate la p del ejeuq)li> Ai)ipoa.
3. — Embriagarse.
i. Quiaaieguéle 2. Quiaaiect-i 3. Quiaiaíiuéut
Pl. 1. Aruiaaiagueut 2. Ai'uiaaiectiu 3. nuinaiactéu
3" — \'erljo curioso. Si no fuese \)0V el Abipon Id-lio-get,
estar borracho, fuera de sospechar que se trataba de un tema
compuesto con la palabra vino. Comparemos las dos voces: —
Abipon — ki - ho - get
Mocoví — qui - nni - eguéte
La raíz y la termiaacioa es comua á las dos, y muy biea
puede ser que esas terminaciones coa la partícula que las pre-
cede sigaifiquen exceso ó fuerza de algo. Ea Abipoa aliút os
estar fueiie. En nuestro ejemplo la variante en ii dice muu o
iniícho.
\'erbo Yivá — Acompaño .
Aquí está la I' de primera persona.
Í13 —
LXXV
RESUMEN DEL VERBO
De lo que antecede se deduce que los verbos pueden divi-
dirse en tres grupos : Fuertes, Débiles y Anómalos.
VERBOS FCERTIÍS
^'el•bos Fuertes llamo aquellos que no necesitan de refuerzo
alguno pronominal para conjugarse, bastándoles para ello la
articulación personal.
Este grupo <le verbos se subdivide en cinco clases que
todas llevan la S inicial como prefijo característico de primera
persona; se entiende cpie la calificación de inicial se limita al
tema, poríjue la .S' puede ir precedida de vocales eufónicas.
Las cinco clases se distinguen así:
L Tercera persona con iirelijo Y-
2. » » » » D.
3. » )) sin prefijo
4. Segunda persona con prefijo O
5. Ljemjilos anóniidos.
PRIMERA CLASE
Lo articulación de los verbos de esta clase es como sigue:
1. S — tema Pl. 1. S — tenia — <icca vcl í\v
'1. tona — i 2. tema — i
3. Y — tenia 3. Y — tema — é
Un liuen ejemplo del [¡lural en ácca es el número 20 del
cuadro: del otro en ar, el número IL Una o en el tema bace
mudar el ácca en ócco, como se verá en el ejemi)lo 25. Tanto
una como otra partícula pueden modificarse y aun reducirse a
una de sus leti'as. La c tinal de tercera, con frecuencia se ab-
sorbe en la agudez de la vocal que la i>recede, ó por cualquier
iitra causa.
— 414
SEGUNDA CLASE
Los verbos do esta eonjug'acioa sustiluyen D por F en ter-
cera persona: en cuanto á lo demás, se ajustan á la formula
de arriba. Su arlimilocion es la simiiente:
Por lo que respecta al plural en ácca \-éase el ejemplo 12, y
el 29 por lo f[ue es ócco. De los plurales con ar no hallo ejem-
plo satisfactorio, porque donde ocurro esta partícula ella resulta
de mudanza fonética que corresponde á la combinación gan;
esto se comprueba con el ácca que se arrima como para hacer
Acr ([ue el ar nada tiene (|uo ver con la idea de plural. Aun
sin esta circunstancia bastaina el ar de segunda en singular.
TERCERA CLASE
En esta conjugación los verbos carecen de prefijo personal
en segunda y tercera persona. Su articulación es esta:
1. S — tema Pl. 1. S — tema — ácca, vel, occo, vel ar
2. tema — i 2. tema — i
3. tema 3. iema — é
Buenos ejemplos de las tres formas de primera persona de
plural, se hallarán en los números 5, 11 y 16.
CUARTA CLASE
los
Esta conjugación presenta graves dificultades: los ejempl
todos menos uno, se presentan con partícula j^-etijada á la S
característica de primera persona. Parece como si fuese un
refuerzo con A que se modifica según la persona, permane-
ciendo tal cual en ])rimera, niurljimlose á v en segunda, y asi-
milándose en tercera con la c ó la i.
A lo que resalta, la ñeccidn es ésta:
1. AS — tema Pl. 1. As — tema — ácca velar
2. O — tema — i 2.0 — tema — i
3. E — tema 3. E — tema — é
— 415 —
MI plural por ácca en todos los casos ha sufrido sincopacion,
y así como es el primero son todos los demás ejemplos. De la
combinación con ar, véase k>flecc¡on número 4.
Como mera hipótesis, sugiero la siguiente : esta es una sub-
clase de la primera, que prefija una partícula A á la articula-
ción do la misma, A que se modifica en O \ E vel Y en se-
gunda y tercera personas respectivamente. Así como en a Ynt
y accain) parece que la pi'imera A es simplemente eufónica,
también en estos verbos puede serlo. Yo sospecho que la A
puede ablandarse en E, de suerte que la E de tercera se explica
mediante asimilación.
La partícula inicial Yaca, que figura en algunos de los casos
no pasa de sei* el adverbio //«. — poco tiempo ha.
QUINTA CLASE
A ésta .se lian relegado todos los ejemplos que no caben
en las otras. A la verdad, parece que estos verbos prefijan E
ó F á la articulación de primera conjugación, de suerte que
fácil sería incluirlos en una sub-division de ésta. Los dos casos
excepcionales con que se cierra el catálogo de verbos, pueden
quedar aislados hasta tanto se incknan en una ú otra de las
clases anteriores. La articulación normal es así:
1. ES — fcHíff Pl. i. ES — iema — ácca
2. E — tema — i 2. E — tema — i
8. EY — tema 3. l'A' — tema — é
Por asimilación ú otras causas, ki.E y la T se confunden.
La sub-division segunda introduce la partícula ch después
de la S de primera, que á no ser esto podría halierse incluido
con la serie anterior. Su fórmula es la de arriba.
i. YSch — tema Pl. i. YScli — tema — ácca
2. Y — tema — i 2. Y — tema — i
3. Y — tema 3. Y — tema — é
— 416 —
LXXVI
VERBOS DÉBILES
Este grupo impoi'tante de verl)Os refuerza su fleccion j)ei--
sonal con partículas pronominales de dos modos:
1" Retuerzo con N inicial
2° » » D »
Los primeros se buscarán en Abipon con la misma letra;
los segundos con E, letra ú que corresponde la D Mocoví.
GRUPO I
VERBOS DÉBILES REFORZADOS CON N
Clase línicci
Basta con dar la articulación, pues ella exj)lica la fleccion:
L Ñ Ni ó N — tema
2. N — tema — i
3. N — tema
Pl. L Ñ Ni ó N — tema — ácca vel ar
2. — te7iia — i
3. — tema — 6
La Ñ va con temas cuya inicial es a vel o,- Ni, con los que
llevan c 6 i; N cuando debe herir una C. En cuanto á la pri-
mera de plural, véanse los ejemplos 1 y 2.
GRUPO 2"
Estos se sulidividen en tres clases, según (jue la tercera
persona se indique con D, con N ó con Y.
— i 17 —
CLASE 1"
Tercera persona con inicial D
Con sustituir D poi- y en la formula anterior, tendremos la
articulación que corresponde á los verbos de esta clase:
1. Di — tema Pl. 1. Di — tenia — ácca vel ar
2. D — tcuia — i 2. D — tema — i
3. D — tema 3. D — tema — ¿
l'^jemplos típicos se liallaráu en las flecciones de los núme-
ros 1 y 2.
CLASE 2"
Los verbos en esta fleccion toman ^\ por D de tercer y plu-
ralizan de primera con el ar inicial, á modo de los nombres.
Su articulación es tan sencilla como las demás:
1. Di — tema Pl. 1. Ar-D — tema
2. D — tema — i 2. D — tema — i
3. N — tema 3. N — tema — c
CLASE 3*
Estos verbos usan Y por JSÍ ó D en tercera, y como los de
la anterior clase, prefijan la partícula Ar en primera, y a veces
en segunda también. Hé aquí su articulación:
i. Di — tema Pl. 1. Ard-re/, Di — teuui.
2. D — tema — i 2. Ard- » D — tema — i
3. Y — fcii/a 3. Y — feíiia — é
— 418 —
LXXMI
CONJUGACIONES ANORMALES
GRUPO 3"
Estas fleci-iones se han dividido en tres clases, pero como
se verá, constan casi de puras excepciones, que acaso más
tarde resulten no serlo.
CLASE I''
Este grupo do cuatro ejemplos es el único que presenta
indicios de corresponder á cierta regla. La articulación corres-
ponde no al tipo verbal sino al sustantival. como se verá de
la ftVrmula siguiente :
L Y — iema Pl. L Y — iema — ácca
LL — iciua Ard — icant
2. D — tema — i 2. D — tona — i
3. L — tevia '3. L — tema — c
Y — trina Y — tema
CLASE 2^ Y 3»
Véase lo que se dice en los respectivos pi'irrafos, pues son
excepciones y anomalías, y nada tengo que agregar á lo (jue
allí he puesto; no falsean la clasificación típica, desde luego
carecen de interés por este lado.
LXX^'III
VERBOS SUSTANTIVOS Y AUXILIARES
Creo que he logrado reducir á algo cjue se jiarezca á orden
el informe material iiue nos leíió Tavolini. deljiendo nosotros
— -ilí) —
agradecerle que así lo havM hecho, porque ahora podemos en-
trar á apreciar el mecanismo gramatical de este difícil idioma
sin exponernos á (pierer ajustarlo ;'i reglas de sumí, es, fui, que
casi ningún lugar tienen en América, aunque por comodidad
observemos la secuencia de las llamadas partes de la oración:
de no hacerlo así nos expondríamos á confundir al estudiante
como lo hacen aquellos (jue han cambiado el orden de alfabe-
tos uniformándolos en parte ó en todo con el Sánscrito.
Réstame aliora reproducir el verbo auxiliar, el sustantivo y
uno (¡ue otro (pie acaso se presente, y íjuo. como en muchas
otras lenguas, más bien es causa (pie efecto de ticccion.
LXXIX
Tavolini. entre tantas otras cosas de valor é interés (jue
campean aquí ) allí en su acojíio de material, apunta lo si-
guiente :
la
Había Tom
ta
Casi Lactom
Habría Quet
Hubiera I/abido Uuectar
te
Lactom — Casi — es la palabra latáiu — casi — del Abipon, letra
por letra, y otra prueba mas de la interquivalencia de la á y
la ó.
La morfología del idioma nos enseña que ladom es un com-
puesto de La y tom, y quedar de qiiet y ar: la c es un aumento
(jue responde á leyes fonológicas de que tantos ejemplos nos
suministran las flecciones. Lo mas verosímil es (jue estas par-
tículas sean adverbiales, y de tiempo, no obstante que el Padre
da su conjugación.
En otra parte del MS tenemos la siguiente conjugación:
Haber — Negué.
S. L Egué Pl. 1. Tom, Lagnm
2. Male 2. Laclomque. Layam
la
3. Tom - Lagam 3. Lavam, Lactom
— 420
Yo /labia .
S. 1. Lnctom
2. Loctom
3. Lactom
Pl. 1. Lactomquedá
2. Lactomquc
3. Laclomquedú
Yo hube.
S. 1. Lactomíiuó
2. Lactomquc
3. Lactomnueda
Pl. 1. Lactom
2 Lactomqué
3. Lactomquedti
Yo habré.
S. L Lactom
2. Lactom
3. Lactomquedá
Pl. L Lactom
2. Lactom
3. Lactomquedá
Que _vo haya.
S. L Lactomquedá
2. id
3. id
Haber
Habiendo
Habido
Haber de haber
Pl. L Lactomquedá
2. id
3. id
Negué
Lactomquedá
Lactomquedá
Lactomquedá
Lactomíiuedá negué "?
La única observación que según ¡'arece cabe aqui sería que
las variantes en la fleccion resulten mas bien de formas sin-
copadas que desde luego podrían usarse al capricho del inter-
locutor.
Haber
Negué .
Yo hé.
S. L Aim idi
2. Accamiá
3. Ecca quenotindeo(|que
Pl. L Ocom Sa avoqué
2. Accami Madissigó
ta
3. Eccua Niissité
— 421
Yo había, etc.
S. 1. Aim t¡ni|uei.lii
•1. le.lá
3. Qvé
PI. 1. L!ictami|UO(:li'i
2. id
3. id
S. I. Tom
2. Tom
quo
ia
queda
ta
3. Lactom queda
Yu hube etc.
ta ta
Pl. 1. Lactom queda
r
2. Mevania
r
3. Laetin(|ueda
Yo habré etc.
S. 1. Leda
ta
2. Madiedó
ta
3. Madiedo
Pl. 1. Ton ({uedá
ta
2. Lactom queda
ta
3. Ouenotiadedá
Si yo hubiera ó hubiese habido.
b.d bd
S. L Aim Quetro disinnotó Pl. L Quetro dissiá
b.d b.d
2. Quetro dissitá
Ihd b^^
3. Quetra notareneda
2. Quetro dedaquet
bA
3. Quetra notarnedá
Yo habría habido.
S. 1. Aim Savequct
2. Accamí aviquét
la
3. Leca loternequct
Pl. L Leraquet savoquequet
2. id
3. id
Todo esto está testado por una raya de arriba abají), tal vez por liaber súlo
trasladado.
Cuando ^^o hubiere etc.
S. 1. Lactomquedá
2. Lactomquedá
3. Laclen
Pl. L Laclen
2. Laclen
3. Loctreiraquét
loo .
LXXX
Ser — Eda.
S. 1. Locleac-aim
2. Locteoccami
r
3. Loetqueccá
Yo SOY etc.
Pl. 1. Ocom Locteaíjueiiocom
2. Accami Locteocaccami
3. Eccua Leeccuá
1 o era .
S. 1. Aim Locliacaiin Pl. 1. Loctiaqueda
2. LocteacaiiTiíiuét 2. Locteaqueda
3. Loetqueccá 3. Locteaquedá
Yo fui. Yo había sido^ Yo he ó hube sido.
S. 1. Loctiaqueda etc. 2 y 3 Pl. id.
Yo seré — Loctiaqueda
Ledo, Ledo, Ledo, Ledo
Todo esto testado v rnuv conl'uso en el original.
Yo habré sido.
LoctÍ!i(|uod'i Lenneteó
— 423 —
Que yo sea.
Ledo en todas personas.
Cuando yo hubiere sido.
la
S. 1. Ecca ledalissinnequet
2. Eccá accami ledalissinnequet
ta
3. Ecea leda ledalissinnequet
Pl. 1. Ooom I-edaquet lissincaquet
h.á
2. Accami Lotredú lissincaquet
h.,l
3. Eccua Lotred¿i lissincaquet
ta
Ser Edó Nadiedá
HaJirr sido Laclomqueda
Siendo Loctiaquedi'i
Sido Loctiaquedá
Nota — Me limitaré ú llamar la atención sobre la articula-
ción ct que parece encierra una raíz de este verbo. La otra, á
lo que se vé, es D y como D es una R posible, resulta que
acaso encontremos en este idioma otra prueba del valor de
verbo sustantivo que encierra esta letra. No me considero con
la preparación suficiente para poder analizar este verbo.
Dobrizhoffer dice que el Abipon carece del verl)0 se;- y del
verbo haber, y es probable que lo mismo suceda en Mocoví:
esto no quita que á recursos sintácticos se les dé el nombre
de estos dos verbos.
Estar es un verbo regular, y se hallará completo entre los
ejemplos citados en los cuadros.
LXXXI
LA CONJUGACIÓN DEL VERBO
Como se habrá visto he ordenado todos ó los más de los
verbos que se ha'lan en el ¡NIS del P. Tavolini, atendiendo solo
— 424 —
al canon del P. Dobrizhoffer, quien asegura ((que la dificultad
de la conjugación está solo en el presente de indicativo, opinión
que parece fundada y se ajusta bastante hien al Mocoví. Los
demás tiempos del modo indicati\o, y en verdad todos los mo-
dos de cada conjugación, dan poca molestia á los estudiantes,
siendo formados sencillamente agregando unas pocas sílabas ó
partículas al presente de indicativo». Asi se expresa Dobrizho-
ffer )■ de sus palabras me valgo yi') porque no \'co (|ue se les
pueda agregar nada.
No doy como ejemplo el verbo amar, poripie n'3 es el mas
aparente, en su lugar se i'eproduce el verbo D'/.ísw, deseai", que
se conjugará tal y como lo apunta el P. Tavolini
• Ya se dijo que en Abipon es
1. Rilie — 2. Grilii — 3. Nilu'-
Yo deseo.
S. 1. D'issi - á
2. D - issiá
3. N - issi - á
Nota — El verbo cunen- tiene en plural las partículas típicas
y mediales ó finales.
1. K. — 2. Y. — 3. T. —
aqui el ar inicial excluye la K. c vel qu.
Yo deseaba.
ía ía
S. 1. D' issi - á Pl. 1. Lactomra dissiá
la
2. D-issi-¿i 2. Ardissianen
3. D - issi - á 3. Niisité
Nota — La irregularidad en el plural debe resultar de exi-
gencia sintáctica.
Yo deseé.
Reproduce el presente.
(Coiitimuird).
REGLAS
PARA
APRENDER Á HABLAR LA LENGUA MOSCOVÍTICA
FR. FRANCISCO TAVOLINI
(Continuación) — Vúase píigina 224,
Yo había prcyuntado.
1. Sinnatrangué.
2. enactarniagué.
Yo preguntaré.
tula
1. Sinnatnrnó.
ta
2. ennactarnió.
ta
3. Dennatarnó.
Pl. 1. Sinnactarnácco.
ta
2. ennactarnió.
ta
3. Dennalarn'ó.
Yo habré "preguntado — Diomsin-
natarnó.
Pregunta tú.
2. Ennactarní accami.
3. ennatió eccá.
Pl. 1. Sinnatrancó ocom.
2. ennatarnió accami.
3. Dennatarnó ([ueacua.
Yo preguntaría.
1. Diomsinnatarnó vel.
Diomsinnatarn.
Linnatornquet.
b_o
Preguntar — Ennatarnió.
Habiendo de preguntar — Diom-
sinnactarnó.
Habiendo preguntado — Elsinna-
b_
tran.
Preguntando — Sinnatarnó.
b_
Preguntado — Sinnatran.
Pedro me pregunta — e Pedro
A ta
(linnat clectapéh.
Yo te pregunto — Aini sinnactii.
Probar — Yguinnió.
Yo ]}ruebo.
Pl.
Pl.
Pl.
Yo probaré.
— 420
Yo lite quedo, soliendo otro.
1. iJiuennanní.
2. Doinnianní.
ta
3. Noennanni.
1. 1. Avdoemianui.
la
? Doennanní.
ta
Noenneranní.
Yo quedaré.
1. Dioennañó.
2. Doinniañó. ■
Yo me quedo, ros seguid.
la
1. Yacasavé.
2. Yacovié.
;{. Yaquevoé.
Pl. 1. Yacasancaé.
Ardoennanni.
ta
3. Yaqueveraé.
Yo me quedo.
1. Yacasuang'Lié
2. Yaeoviangué.
3. Yaquevang'uc.
1. Yacasancanguc.
3. Yaqueveraguó.
Me quedaré
1. Yacanongó.
la
2. Yaciivió.
ta
3. Yaquevaó.
ta
Pl. 1. Yacassancavó.
3. Yaqueveraó.
AJiora rereis — Adaixa.
ta
Ahora veréis — Addaini x?
No creéis, es un cuento — Toctar-
niovilió edda naccatarnidí-
¿Quién es tu2}adre?—Q\xeccügue-
cactai?
Quiero hablar á vos solo — Ys-
cliym sictariy rappegardó
doddaecterctá.
¿^Queréis hablariiic d irú solo? —
Miischictii yoddaactá ictai'i
rappegardó.
Quemarse — Yavíli.
Yo me quemo.
1. Aim Diavih.
2. Davigui.
3. Yavíii.
Pl. 1. Ardavih.
' 2. Ardaviguii.
3. Yaviguc.
Yo me quemaba.
1. Diavi(]uctapli.
2. Daviquíctaph.
3. Yaviquectapéli.
Pl. 1. Ai'daviqueetapch.
2. Ai-daviquictaph.
3. Yaviquectoiié.
Yo me quemé.
1. Diavih.
2. Davigüii.
3. Yavih.
P\. 1. Ardariíjucctapeh.
2. Ardaviquictapeli.
la
3. Yavigue.
Yo lite q/ic/i/aré.
la
1. Diavico.
la
2. Doviyuio.
3. Yavico.
Pl. 1. Avdavicó.
2. Anla\i,uaió.
3. Yaví,('>.
E/ fitcyo quema — Anna aiino-
réh daviiiagan.
Qiteuió — Davigngan.
Pedro e.sid foilo <¡iiciihi(1o — l'j Po-
drí) ñia, ogLié )a\1li.
<SV iiu Ule hubieseis ayudado yo me
liabria quemado — Accami c[uc-
ctatrioctoamii , ain díomal-
(l¡a\ ili.
i> h (a ta
Querer — Ycliocoicti.
Yo quiero.
Yo quería.
1. Tomclioí-oicta.
2. Ychocoictiá.
.'!. Lartomcoictá.
Pl. 1. Arcoictá.
2. Ychocoictiá.
3.
coirectá.
Yo querré.
1. Ychocoicta.
2. Ycliocúictia.
3. coictá.
1. Ychocoicta.
2. Ychocoictiá.
3.
ta
coirectá.
Yo lie querido.
1. Ychocoicta.
Yo querré'.
1. Ycliocoictc'ili.
2. Yschoioictió.
3. Ncoict(').
ta
IM. 1. Locta(|uccnichocoictó.
2. Ychocoictió.
3.
Ncoirectó.
Querer — Ycliocoitó.
Heiber querido — Tomchocoictá.
Haber de querer — Tomaricho-
coictá.
Queriendo — Ycliocoicta(juet.
Querido — Ychocoicta.
Habiendo de querer — Lactomi-
chocoictá.
Yo te quiero mucho — Aiin vcIki-
coictagaji.
¿Me quieres? — Accami ycho-
ci)icliariá.
Yd. no me quiere — Accami me-
sycliocoictivá.
¿ Vd. tiene querida? — Accami
macea ycliocoictiá.
TRANSICIONES:
Yo tequicro — Aim chocoictarvá.
Tu. me quieres — Accem ncbo-
coictivá.
428
Aquel me quiere — Ncoiclivü.
Aquel me quiere — Ncoitirivá.
Agárrense de las diestras — Nac-
coniiictii quenno acactoigui.
Déjense — Nañarnictá — non-
noictí.
Nacconiactá quennoúcacloigui.
Nañarnictá — nonnoictí.
J. C. nos quiere mucho — J. (!.
ncoictavau.
Pedro )ios quiere — Pedro ncoic-
tava.
Pedro me quiere — Pedro ncoic-
tarvá.
Pedro te quiere — Pedí o ncoic-
tarvá.
Pedro os quiere — Pedro ncoictava.
Eeir — Davelegré.
Yo rio.
He reído — Elsayelegré.
Jo reiré.
1. Sayelegró.
2. ayiligrió.
3. Davelegró.
Pl. 1. Sailigriácco.
2. ayiligrió.
3. Dayefegrejó.
Pcir — Dayelegré.
Haber de reir — Tomdayeiegré.
Habieudo reido — Elsayelegré.
Riendo — Saayelegi'e(ítap.
Reido — Sayelegró.
Quien rie mucho en fin llora —
EccadayeÍGgrectapeuh e 1 n o-
ven.
Relanqoaguea — Avie cassieléga.
Relau/pagueaba — Quelectápeveh
Relampagueó — Ruiliguek.
Mucho — Quilequectepegueu.
Yo renqnijo.
1. Samma,V(i.
2. ammárivó.
3. Yammavú.
1. Sammarsovó.
2. ammárivó.
3. Yammardó.
Yo rempujaré.
Lo mismo.
Rendirse — Yissot.
El caballo se rinde — Yissot.
Se rendía — Yissot.
Se rindió — Yissot.
Se rendirá — Yissoctó.
Se habrá rendido — Yissot.
Se rindiera. — Ncoictetcó.
429 —
Pl.
Yo reparo — Sennectalc.
1. Senuarnecták.
ia
2. eiinarnicták.
ta
3. Dennarnectiik.
ta ^
1. Seennarcalák.
ta £
3. Dennarnectapé.
Yo repararé.
ta
1. Sennarnectacó.
3. Dennaraectapó.
Responder — Assaclii.
Yo respondo.
1. Aim Sassát.
2. assatii.
3. assát.
V\. 1. Sassatácca.
2. assactii.
3. assacté. -
Yo respondía. He respuesta
sassát.
Yo Iiabía rcspuesto etc.
Yo responderé.
1. Sassactó.
2. assaetió.
3. assat,(').
ta
IM. 1. Sassatco.
2. assaetió.
te
3. assat.ó..
— 1l1-
¿Has respüesto malamente á tu pa-
dre ó á tu madre? — Massac-
tiaguit nayapéh cactai om-
cactii?
Yo me Itabría juntado con fulano si
no hubiese sido mi pariente —
(Dudoso esto) Aim savavaya-
guit eccá ennequel tactayaah.
Restituir
Pagar.
Pl.
1. Sinclioe^.én.
2. ischoictinni.
3. ischoeten.
1. Sinclioetenácca.
2. ischoictiní.
3. ischoetenné.
Yo había restituido.
1. l'^lsieschietén.
2. Lisciiitinni.
3. Liscliieten.
Pl. 1. Elsisclietennacca.
2. Lischitinni.
3. Lischetené.
Yo restituiré.
1. Sisclietennó.
2. L.isi'liitianic'».
3. Ysclietennó.
Pl. 1. Sischetencó.
2. Yschitinnió.
ta
3. Ysclietenorú.
Restituir — Yschitinnió.
Haber de — es preciso — Meseae-
cca lactá ischischetencó.
— i30 —
Habiendo de rcsiilidr — Dioma-
h
(.•hetencó.
Rt'!<titu!icnilo — Srluschctoncó.
BcstUnido — Scliisclietonnó.
¿Has res f Huido lo que robaste? —
Malischitinni vcA ncocciictia?
¿Has restituido el caljallo que ro-
baste?— Malischitinni ecci'i as-
(•i[)iy;icca nci )cractia .
¿Has restituido lu pluma i¡ue ro-
baste? — jNhiiiscliilinni cceá
lavo ncoccactiá '?
Yo robaba.
1. Soccactí S(:iccactii|uen.
2. occactii.
3. Dcx.'cacti.
Pl. 1. Soccactiácca.
2. occactii.
3. Doccactié.
Yo robé.
1. Soccactí.
Yo he robado.
1. Mlsoccacíí.
2. Loccactii.
3. Mldoccactii.
1^1. 1. Lsoccactiácca.
2. Loccoclii.
3. Ldoccactié.
Yo habré robado.
1. Lsoccaclí.
2. Loccactí.
3. Ldoccaclic.
IM. 1. Lsoccactiáca.
2. Loccactí..
3. Ldoccactié.
Salir — Linniii'nch.
Yo salgo.
1. Sinnui'nevcküLascilid)
la
2. ennoi-nivck.
tn
3. innoriunck.
innoi'n(M<.
IM. 1. S i nniirriii\'ck.
2. ennoiaiivck.
3. innondcvck.
inniji-dék.
Sedid — Lnnornivr'h.
Yo saldré.
i. Sinnopueccí').
2. Lennorniveccó.
ennorniveccó.
3. Linnorneccó.
i nnoi'necñ'i.
Pl. \. Si nnoraoeccó.
innornaveccó.
■ 2. Lennoi'nivpcci'i.
3. Li nnoudeeccó.
innordenó.
Salir — Linnornck.
Habiendo de salir — Diomasiu-
norncccó.
Saliendo — Linnorneccó.
Salido — LsinmirniMi.
(1) b' S=Lascilu
Pedro salió — K Pedro línnui-ne-
vch.
¿ Cuándo snlis ? — M o 1 ; 1 1 1 1 ] i li ó
inennornívéh.
¿ Cuándo saliste? — Mnlaguí me-
nnurnivek.
— .1:31 —
Habiendo salido de una parte di¡/o:
Volreré.
Sulrjo del fuer/o á una parte ij digo:
Volveré.
1. Diappildiri.
2. Dappilidió.
3. Dappildió.
Pl. 1. Diappilai'dió.
3. Dappilrscii
ta
i Ó.
Yo vuelvo á j'unfaruu-.
1. Soppiligiiit.
2. oppilig'uit.
3. ojipiliguit.
I'l. 1. Soppilarrictá.
3. oppiliquictá.
Siendo dos, de juntarse entre noso-
tros— Soppilartá.
Siendo dos, de Juntarse entre ellos—
Uj)j)il(iuiclá.
De casa ajena á casa ajena digo:
Volvere.
1. Soppilvó.
2. oppilivú.
3. oppilvó.
Pl. 1. Sojipilarvó.
3. oppildó.
1. Soppildiú.
2. oppilidii'i.
1,1
3. oppildió.
Pl. 1. Soppilardiú.
3. opj)ilirsció.
Pedro lut vuelto del pueblo — INIa-
luoví (juedaaiik.
Volverá de los Ccdchines? — i\!o-
llordaijpiló?
Ando allii saliendo de casa .
ía ta
LLvasaawgLié. (1)
' ta
LLvacaaycvegué.
LLvacacta/ígué.
Pl. Syasagaaíígué.
LLyacactaregué.
Andaré allá.
ta
LLvusaaugó.
' ta
LLyacaayevegó.
LLvacactangó.
ta
Pl. Lyasaagangó.
LLvacactargó.
Yo me quedo, vos .seguid.
ta
Yacasavé.
Yacovié.
Yaquevaé.
Y^acasaucaé.
ta
Yaqueveraé.
(1) La ií dudosa; acaso sea n. — Kd.
— 432
Santificar — Aqquio.
Yo santifico.
1. Saguiá.
te
2. aíjquia.
3. Daguiá.
Pl. 1. Saqquiagá.
te
2. aqquiá.
3. Daqquitn/í (así parece)
7o santificaba
la
1. Saquitauli.
2. aqquiau.
3. Daguiau.
Pl. 1. Saqquiagan.
2. aqquian.
3. Daqquitau.
7o santifiqué — Como el imper-
fecto, sin // tinal.
Pl.
Pl.
7o he santificado.
1. Saguiau.
2. Maqquiá.
la
3. Madaqquiü.
1. Saqquiagan.
2. Maqquiún.
3. Daqquitiüi.
Hube santificado.
ta
1. Tom saguiá.
2. Lactomcaguií'i.
3. Lactomdaguiá.
1. Tom saqquiagan.
2. Lactomqueaquiegán.
3. Lactomdaqquitan.
Había santificado.
1. Nomsaguiá.
2.
3.
Laguiá.
Daguiá.
Pl.
Pl.
1. Lactomsaqqiagá.
la
2. Lactomqueaqquiá.
3. Liictomiliniíiuilá.
7o santificaré.
ta ta
1. Saguió.
2. aqquió.
3. Daguió.
1. Saqquiacó.
2. aqquió.
3. Daqquitó.
pl.
Pl.
Yo habré santificado.
1. Saguió.
ta
2. Dodaquió.
3. Daguió.
Pl. 1. Saqquiacó.
2. aqquió.
3. Quenotéadaqqiiitta.
Soiitifica tú.
2. Aqquió accami.
3. Doquió eccá.
1. Saqquiacó ocom.
2. aqquió accami.
3. Daqquitó eccuá.
Qíte yo santifique.
1. Saguió.
2. aqquió.
3. Daguió.
1. Saqquiacó.
2. aqquió.
3. Daqquitó.
Si yo santifícara 6 santificase.
1. Quettra saguiá.
2. Quettra aqquiá.
3. Quetíra daguiá.
Pl. 1. Quettra Saqquiacó.
2. Quettra dacjquiá.
3. Quettra aqquitá.
Yo santificaría.
1. Saguiaquét.
2. aqquiaquét.
3. Daguiaquét.
433 —
Pl. 1. Saqquiafjuét.
2. aíjquiaiiuét.
3. Daqquitaquét.
Que yo haya santificado.
fiad
1. Quettra saguiá.
ftad
2. Quettra deaqquiá.
fiad
3. Quettra daguiá.
fiad
Pl. 1. Quettra Saqquiagá.
fiad
2. Quettra deaqquiá.
fiad
3. Quettra deaquitá.
Que yo hubiera santificado.
fiad
1. Quettra Saguiá.
ftad
2. Quettra guia.
ftad
3. Quettra guia.
ftad
Pl. 1. Quettra Saqquiacó.
ftad
2. Quettra deaqquió.
ftad
4. Quettra aqquitó.
Yo habría santificado.
1. Lactom Saguiá.
2. Madiaqquió.
3. Madaguió.
Pl. 1. Lactom Saqquiacó.
In
2. Lactom aqquió.
3. Lacloui aqquió.
Cuando yo santificare.
1. Quettomar Saguió.
ftad
2. Quettra deaqquió.
ftad
3. Quettra aguiá.
— 434- —
f la d
i. QuGllra Saqquiiicó.
fiad
'2. Quetti'a fleaqquini]uet.
3. Ouettra (lea(](iitaquét.
Citando ¡JO luihirre sanlifcado.
fi'i'i
1. OuoUoiiiai' Sai;u¡;'i.
'2. Ouottomai- dcamui'i.
í'"'i
3. ( tucttduiai' deanuiá.
Pl. 1. OucttoiiKir (Icaquió.
2. (Jueltoiuar deaguiá.
/• la d
3. Quettoniai- deaquitá.
Haber de santlfinir — Edá aqquia-
quót.
Santificando — Aq<|uió.
Santificfido — Aq(|ui(V
Habiendo de santificar — Lactom-
qucdaquct saiiuiá.
Santificar — Aqquiü.
la
Haber santificado — Toinriucaq-
qino.
Ser — Edá .
Yo soy, etc.
1. Locteac,aim.
2. Loiieacoamí.
3. Loctqueccti.
1. Ocom Lurlcaquonocóm.
2. Accomí Locteaeaccamí.
3. Eccua leeccuá.
To era.
1. Aim iocliai_'aim.
2. luetcacaimquét.
3. locteaquedá.
Pl. 1. loctiaquedá.
2. loctía(|Ucdá.
3. locleaijuedá.
Yo fui — Yo Jiabia sido — Yo he sido
— Yo hube, etc.
1 y 3. Loctiaquedá.
2. Loctiadá.
Yo seré — Loctiaquedá.
Lisinnó
Ledo
Ledo
Led(j
Ledo
(Aquí estit
muy
1 jorra do
y
cunfuso )
Yo habré sido — Loctiaquedá —
Lennetcó.
(Lo mas de este verbo está tes-
tado.)
Que yo sea.
Ledo — L 2, 3. Pl. id.
Cuando yo itubiere sido.
la la
1. Lccá ledalissiniiequét.
la
2. Ecca accami ledalissiii-
la
nequiel.
la
3. Ecca ledalnnequét.
Pl. 1. Ocom ledaquetlissinca-
ta
qué t .
bd
2. Accamí loti'edálissinca-
quL't.
M
3. Eccuá lotredálissinca-
quct.
— Í35
/) ia
Ser — ImIó, nadiedá.
Haber sido — Lactomqucdii.
Siendo — Locüaquedü.
tSido — Locliaquedá.
Scrrir — Naguini.
Yo sirro.
la
1. Ñagen, ñagucnná.
la
2. NagLiini, nagLÜnni:'i.
la
3. Xaguen.
Pl. 1. Ñaguennácca.
2. NagLiini.
3. lacena naguené.
To he serrido — Elñaguon, Mlna-
iiuíni.
Tomad cite cigarro — Acconiá
o. b.
anná nasserarnac(|uí.
TRANSICIONES
Nosotros te servimos — Ocom ña-
guennói'guá.
Nosotros lo serrimos — Üconi iia-
0
guengá.
Nosotros os serrimos — Ocoin ña-
guenraguá.
Nosotros los servimos — Ocom ña-
gueniiarli'i.
Yo siento.
la
1. Ñiacca.
la
2. Niagai, nigia.
la'
3. Niac.'á.
la
Pl. 1. Ñiaga\:u'ca.
la ' la
2. Niagai. nigai.
la
3. Niauav(', nigavé.
Yo sentiré.
1. Ñiagav('), vel ñiacco.
la
2. Niagaví'», velnigayó.
la
3. Niacc('i.
Pl. 1. Ñiaga\á(^'0.
la
2. Niaga\('i, vcl a i gayó.
3. Niagatú.
Sentir — Niacca.
Habiendo de sentir — Diomende-
ta
niacco.
Sintiendo — Niácco.
to
Habiendo sentido — Diomniacco.
redro me siente — l*cdro navactai.
la
Yo te siento — Aiin nigai.
Yo lo sigo en el camino.
la
1. Scoactegué.
la
2. eoactigUL'.
3. coactegué.
Pl. 1. Scoactargué.
2.
3. coareleguó.
436
Pl.
To seguiré.
1. Scoatcó.
la
2. coacticcó.
3. coacteccó.
1. SooHi'tiii'có.
3. coartcó.
Soñar.
Yo sueño.
1. Siguemactá.
ta
2. iguemacti.
ía
3. Diguemactó.
Pl. 1. Lsiguemactiácca.
o
3. Diguemuctié.
Yo soñaré.
1. Siguemactó.
2. iguemactió.
3. Diguemactó.
ta
Pl. 1. Siguemactiacó.
3. Diguemacticó.
Pl.
Yo sospecho nial.
1. Llonecti'i.
2. Dovictiii.
3. Yovectá.
1. Ardovectá.
3. Yovecti'i.
Pl.
Yo sospechaba.
1. Yovectectagá.
2. Dovicticlagá.
3. Yovectectagá.
Yo vectec traga.
Yo sospecharé.
1. Llovcctü.
2. Dovictió.
3. Yovectó.
1. Ardovectaó.
2. Dovictió.
3. Yovectaraó.
ck
Subir — Assisigóm.
Yo subo.
ta
1. Assisium.
2. Oquisium.
? 3. Yi[(|uisigLi.
Pl. 1. As.sisigom.
2. Oq(|Lii.sium.
3. Yq([aisiam.
Yo subía.
1. Assinsium.
2. Oqfiaisium.
3. Ynnisium.
Pl. 1. Assisigóm.
2. Oqquisiúm.
3. Ynnissiúm.
Yo sicbí.
i. Assisiguím.
2. Loqquis.siúin.
3. Yqquissiguion.
437 —
Pl. 1. Elsoccolasium.
2. Lo(|uis¡úm.
'ó. Y(j(juisiyLiim.
Yo lie subido.
■? 1. Lsaclicasiúm.
2. Moqquisiúm.
3. Liqquisiúm.
Pl. 1. Elsoccolasium.
2. Moqquisiúm.
3. jSIeqquissigóm.
Yo hube subido.
1. Tomcassisiúm.
2. Mooqquissigón.
3. Lactomque innissigón.
Pl. 1. Lactomque assinassigón
2. Lactomque assinassi-
góm.
3. Lactomque iqquissium.
Yo habia subido.
i. Nomalassinsigóm.
2. Looqquissigóm.
3. Liiqquisium.
Pl. L Lassinnassigóm.
2. Looqquissigóm.
3. (Lia) niqquissium.
Yo subiré.
\. Aschisimó.
2. üoqquirsimó.
3. Yqquissimó.
Pl. 1. Occolarsimo.
2. Ooqquirsimó.
3. Yíiquissimó.
Yo habré subido.
1. Laassisigóm.
2. Looqquissiúm.
3. (Lia) niqquissigóm.
Pl. 1. Assinnarsigóm.
2. Leoqquissiúm.
3. Lii(|(iuissium.
Sube tú.
2. Oqquissiúm accamí.
3. Yqquissimó.
bd
Pl. L Occolarsigóm ocom.
2. Oqquissiúm accamí.
3. Y'qquissiumeccuá.
Que yo suba.
1. Assissimó.
2. Oqquissimó.
3. Yqquissigóm.
Pl. L Assinassimó.
2. Oqquissiúm.
3. Yíiquisimó.
Si ¡JO subiera ó subiese.
h o
i. Uuetli-a deassiúm.
b o
2. Quetti'a oqquissiúm.
b o
3. Quettra deeqquissiúm.
b o
Pl. L Quettra deoccolasigóm.
b u
2. Quettra deoqquissiúm.
b o
3. Quettra diiqquissiúm.
Yo subiría.
i. Assissiumquét.
2. Oqquissinquét.
3. Yqquissinquét.
438 —
Pl.
1. Assinnnssiiii|ur't.
2. Oqquissinquél.
3. Yqquissinquét.
Yo lia I I a subido
1. Aiin Loassisiúm.
2. Looq(|UÍs¡úm.
3. LiiqíiLiissiúm.
1. Localiissifi'óm.
2. Looqi|uisiüui.
3. Liiqquissiúin.
\o hubiera subido.
1. (Juetti-a dciississirim.
b o
Quottra doociquissiúm.
Ouettra diiqquíssiúm.
h n
(Juettra occalassipóm.
b o
Quettra deo(|quissiúiii.
b o
(jLiotti'a diiqi|uisbiüni.
Pl.
Yo habría subido
1. Quettra deassiúm.
2. Looqquissiúm.
la
3. Llaniqquissiúm.
1. Learsenassiúm.
2. Lonissiúm.
3.(Lia)ni(jquissiúm.
Cuando ¡jo subiere.
1. Quettá lassiúm.
2. Quettá lossisiúm.
3. Quettá liiqquissiúm.
Pl. 1. Quettii lossinuas.si.n'úm.
2. Quettá loq(iuissiúm.
3. Quettá liqquissiúm.
Cuando yo hubiere saliido.
1. Qucettú lasigóm.
2. Queettá loqquissigóm.
3. Queettá Híjíiuissigóm.
Pl. 1. Queettá lo (tila) (|ueda
mooqquissig'óm.
3. Queettá liiqquissigóm.
Subiendo — Assi.sigúm.
Subido — Yqquissigóm.
Subir — Yqquissigóm.
Haber subido ) Lanctomccasisi-
Haber de subir ^ góm.
Haber de haber subido — Laaetom-
casisigóm.
Habiendo de subir — Laactomcas-
sisigóm.
Sufrir — Xcodoai'en.
Yo sufro — Yo aguanto.
1. Ncodoarnó.
2. codoarnió.
3. Ncodoarnó.
ia
Pl. 1. Ncodoancü.
2. Ncodoarnió.
3. Ncodoarnó.
Yo sufro, 2' forma.
1. Xcodoaren.
ta
2. Ncodoarni.
3. Ncodoaden.
Pl. 1. Ncodoarnácca.
3. Ncodoarné.
439
\o ftllflitl.
i. XcoiIoíuImi.
2. Xcüdoarnü.
.'■i. Xi;0(li:iii(lén.
Pl. 1. Xcodniírnácco.
2. Elncodoarnii.
3. Xcodoariié.
Yo sufrí.
1. Xcodoai-nit.
;.
2. Xcodüarnitá.
íi
3. Xcodoornictá.
A.
Pl. 1. Ncodoafna,i;Liel.
2. Elncodoarni.
3. Xcodoarné.
Yo sufriré.
1. Xco Inarnictó.
2. Xcodo irnió.
3. Xcodoarnó.
Pl. 1. Xcodoaneó.
2. Xcodoarnió.
la
3. Ncodoarn,,('i.
Sufrir — Xcodooren.
Habiendo de sufrir — Mlcodoarnió.
Habiendo sufrido — Elcodoarnió.
Sufriendo — Ncodoareu.
Sufrido — Xcodoaren.
Yo sufro uiiicliísiino — Aim neo-
b_
dnarnú lodigat.
J. Ch. sufrió muchos oprobios. — J.
Cli. ncodoai-niclá, ennoague
la
naschiagii liaorecté.
Yo me tapo.
1. Ñapi)o(juiñá.
2. Nap¡)uifia.
3. Nappoguiñá
Pl. i. Xap[)(:>iioñá.
2. Nappoiñi'i.
ta
3. Xappoiña.
Xo tengo con qne taparme — Scae-
cca ñappoíiuiña vel Chaijue-
macticcá ñappoguiñá.
Temer — Do(;lio.
\o temo.
Yo tenii
440
Pl. 1. Ardoctiii.
2. Doctiü.
ta
3. Noctilá.
Yo he temido.
ut supro.
sin f en ocli primera persona.
Yo hube temido.
1. Tom Doctiá.
ul .sur)ra.
Yo te
mere.
1. Dioctilc(>.
2. Doctiloke.
3. Noctilke.
Pl. 1. Doclilcó.
o
2. Doctilcu.
o
3. Noctilco.
Yo habré temido.
la
1. Dioctian.
la
2. Dioctiiin.
3. Noctiléuke.
Pl. '1. Doctiléüke.
2. Doctiléüke.
ta
3. Noclilúu.
Teme tú.
2. Doctéoccamí.
3. Noctii'ijCccá.
Pl. 1. DoctilcLikeocom.
2. Doctiaoccami.
la
3- Noctilo eccuá.
Que yo tema.
o
1. Diottio.
o
2. Dodtio.
O
3. Noctio.
O
Pl. 1. Doclio-ó.
o
2. Doctiü.
o
3. Noctituó.
Yo temiera ó temiese.
1. Dioctialéuke.
2. Doctilco.
o
3. Noclialcó.
Pl. 1. Doctileu.
o
vel Doctialcó.
o
2. Doctilco.
O
3. Noctilco.
Yo temiera.
1. Dioctialcú.
2. Dioctialcó.
te
3. Noctiaú.
o o
Pl. 1. Doctilio 1, aleó.
o
2. Doctilcu.
3. Noctirlcú.
Que ijo haya temido.
o
1. Dioctilcu.
2. Doctialéuke.
te
3. Noctiau.
— 441 —
Pl. 1. DocliloLiqke.
ta
2. Doclioleuqke.
3. Noctirleucjke.
Yo Ituhicra ó hubiese temido.
1. D¡octilf[LrouL
o
2. Doctiü.
3. Noctiieuke.
o
Pl. 1. Doctiaü.
2. Doclilcu.
o
3. Noctii'lco.
Yo había temido.
o
1. Diocliuu.
2. Dioctiléuke.
3. Noctiieuke.
Pl. 1. Doctiiéiike.
taJl
2. Doctiau.
3. Noctirléuko.
Si yo temía.
ta bo
1. Quettardioctilke.
ta 1¿
2. Queltardoclileke.
to M
3. QueltarnoctJlke.
ta hí
Pl. 1. QuettardocLilke.
ta M
2. Quettardoctilék.
ta bí
3. Queltarnoclirlék.
Si ¡10 hubiere temido.
ta bd
1. Quettardioctilke.
ta M
2. Quettardoclilke.
te M
3. Quettarnoctirlék.
ta M
1. Quettardoctialék.
ta tá
2. Quettai-doctilék.
ta M
3. Quettarnoctirlék.
Temer — Doctio.
Haber temido — Edá dioclilék.
ta
Haber de temer — Edá diocliau.
Temiendo — Dioctiléuke.
Habiendo de temer — Edá docti-
0
lio. — Avoyó inidios envagué
Tener — Yde vel ave.
Yo tengo.
1. Aim idí-ave.
2.
3.
Pl. 1.
meccá? ave, ó, id í.
ave, idí.
ave, idí.
ave, idí.
ave, idí.
Yo tenia.
1. Ave- Idí.
( Igual todo. )
Yo tuve — Id.
Yo he tenido.
Yo hube tenido.
1. Lactomíjuc ave.
Yo había tenido
1. Ave.
Yo tendré.
\. Avó vcl Idió.
2. Idií) ovó.
(siu caniliiii.)
Yo habré tenido.
ta
1. Ave nallacili.
Ave idí nnllaco.
Ten tú.
2. Ave occami.
3. Ave eccá.
Pl. 1. Ave ocom.
2. Ave accomi.
3. Ave eccuá.
Que yo ten ¡ja.
1. Quedar dcavó.
(Igual tullo.)
Si yo tu riera.
1. Quectardeavé.
Id. id.
Yo tendría.
1. Idiquét, ó, avequét.
Que yo haya tenido.
1. Queectardeavé diidí.
Queectar diidí.
Si yo hubiera tenido — Lactom-
queavé ó Queectardeavé diidí.
Yo habría tenido — Tomciueavé
idi ó üioinaiavé ó Diumalidí.
Cuando yo tuviere — Lactom-
queavé ó Nomalocliadeave idi.
Cuando yo hubiere tenido — Lac-
toniíjueavé idí Nomalocliadea-
ve, idí.
Tener — Ave ó idi.
Haber tenido — Lactomquoavé.
Halicr de tener— LactuiiHjueavé.
Teniendo — Idí, ave.
Tenido — Idí, ave.
Habiendo de tener — Laclom-
qucavé.
Yo lo tengo — cosa que se nuicrc,
caballo.
1. F.nnaío.
to
<D
Z. inniavot.
3. iMinoot.
Pl. 1. Eníovot.
2
3. Ennooctó.
Yo tendré.
1. iMinaictó.
ta
2. laníavoctó.
3. Ennooctó.
Pl. 1. Ennovoctó.
2
3. Ennooctó.
MODOS DE DECIR
¿Tiene hijos? — Mecca cactiala-
b_
rri?
443 —
¿ Vd. tiene mujer? — No scaec.
Accami mavé Dovaí?
¿ Quien lo tiene? — Q u e n a g u é
(|ueiinoot.
Yo lo fenijo.
1. Eiinaiot.
Aquel lo tiene.
3. F,nnectoot = ennoot.
Vos lo tenéis.
Pl. 2. INIaccamí inniaovat.
Pl.
« Yo la tengo ex. (/r. hacha »
cosa que no se mueve
1. Evaiot.
2. Iviavot.
3. Evoot.
1. Evogovat.
3. Evooctó.
Yo la tendré (hacha)
1. Evaioctó (ischavó.)
2. Iviaoctú.
3. Evooctó.
Pl. 1. Evogovoctó.
3. Evooctó.
Yo lo tendré.
1. Ennaietó.
ta
2. Inniavoctó.
3. Ennooctó.
Pl. 1. Ennovoctó.
3. Ennooctó.
Yo tiro con el fusil.
1. Saín.
2. ainní.
3. Yain.
Pl. 1. Sasinniícca.
3. Yainnó.
Otro.
1. SainnarnecláJj.
2. ainnicli'ik.
3. Yainniclák.
Pl. 1. Sainnancaták.
3. Yainneetrapé.
Yo tirare.
1. Sainnó.
2. annió.
3. Yainnó.
Pl. 1. Saiacó.
2. annió.
3. Yain, ó.
Yo tiro un cascote, un (juijarro.
1. Sinnácca.
o
2. ennarí.
3. innácca.
Pl. 1. Sinnarsócco.
o
3. innai'c.
Otro.
1. Sinnacalák.
2. ennariták.
3. innacatiik.
Pl. 1. Sinnascocták.
3. innacatrapék.
Yu tirare.
1. Sinnaccó.
2. ennarió.
3. innaccó.
Pl. 1. Sinnarscó.
To tiro at aire.
1. Sinnarék.
2. ennarivék.
o
3. innarvék.
Pl. 1. Sinnarsovck.
o
3. innardék.
1. Sinnarcó.
2. ennarivcccó.
o o
3. innarvoccó.
Pl. 1. Sinnarsócco.
3. innardeccó.
Yo tiro, atrayendo.
Yo tirare.
1. Saveccó.
2. aviguió.
3. Yaveccó.
Pl. 1. Savelcó.
%. ut sing.
3. Yavegó.
Yo tiro al suelo.
1. Salactcvék.
2. alactivék.
3. Yalactevék.
Pl. 1. SalactanivLM<.
3. Yaluctrék.
Yo tiraré asi.
1. Salacteccó.
2. alactiveccó.
3. Yalacteveccó.
o
Pl. 1. Salactarveccü.
3. Yalactreccó.
Tocar — Assiliá.
Yo toco.
1. Saschilaa.
2. aschiliá.
3. Yaschilaá
1. Pl. Saschilgaá.
2. aschiliá.
3. aschiliraá.
44o
lie locado.
Iliiliia lavado.
Lsassiliú.
Lossiliú.
Yo iocarc.
1. SassiTaú.
2. ussilió.
Yo tocara.
\ . Sassilaquot.
2. as.siliaú.
3. Yassilaó.
1. Pl. Sassicoquét.
2. assiliaó.
3. Yassiliraó.
Yo tocaría.
1. Sascilaquet. (La c casi
parece s)
2. asciliaquet.
3. YasciTa({uet.
Pl. 1. Sascilcaquet.
2. asciliaquet.
3. Yasciliraquet.
Que 1/0 haya tocado.
1. Lactomsassilaá,
Yo hubiera tocado.
Tomsassilaá.
Tocar — Assilaá.
Habiendo de tocar — haclomque-
sassiiaá.
Ualncudo tocado — I^lsassilaá.
locando — Sassilaá.
Tocado — Elsassilaá .
Pedro me foc«--Pedro yaschilaivá.
Yo te toco — Aim sassiliarvá.
Yo toco.
i. Sip[)Ocluá.
2. epi)ocliá.
3. ippoctaá.
1. Sippotrcaá.
2. e¡)poctiá.
3. ippoctraá.
Yo tocaba.
1. Sippoctecták.
2. ep})Octicti'ik.
3. ijipoctectá.
1. Sippoclracták.
3. ii)poctectrák.
Tomar
Acconiá.
Yo tomo.
1. Sacconá.
2. acconiü.
3. Yacconá.
1. Saccongá.
2. acconiá.
3. Yaccontá.
Tomare.
1. Sacconó.
446
Trabajar — Noennuclurauh.
Yo trahají).
ta
1. Soonnaclagán.
ta
2. ocnnactarni.
ta
3. Doennaclagan.
ta ta
Pl. 1. Soennaclarnaceo.
2. ocnnactarni.
3. Docnnactarné.
Otra.
1 ta
1. Soennactancctapéli.
ta
2. oonnactai-nicli'ipeh.
ta
3. Doennaclarnoctapcli.
ta
Pl. 1. Soennactai'caclápiMi.
ta
2. oennactarnicta[)ék.
3. Doonnactarncclapc.
Yo trabajé.
1. Socnnactagan.
2. oennaclarniclapch.
Otra.
1. Soennecíarnó.
2. oennectarnió.
3. Docnnectarnó.
Pl. 1. Soennectarn,có.
2. Doonneclarn,ó.
Ha trabajado die de jj/c — Mocn-
ta
nactíirniííui naiiOi'i lodigiit?
7racr — Novii'art.
Pl.
Pl.
Pl.
Yo traigo.
1. Ñoda ñovimrt.
2. Nodoi novirartii.
3. Lnodc.
1. Ñodoccó.
2. Nodoi.
3. Nodo.
Yo traje.
nr
1. Elñovifagát.
2. Novirarlí.
3. Novirai-t.
1. Ñovirarlácca.
2. Novirartii.
3- Novirartú.
~í'o he traído.
1. IClñovirart.
2. Lnovirarti.
Lnovirart.
Lñovirarti'icca.
Lnovirai'tii.
Lnovii-arté.
Yo traeré.
Pl.
Pl.
1. Novirartú.
2. Novirartió.
3. Novirartó.
1. Ñovirarcó.
2. Novirartió.
3. Novirart,ó.
Trae tú.
2. Novirartii accamí.
3. Novirartó.
1. Ñovirarcó.
2. Novirartii.
3. Novirarté.
— 447 —
f ráeme — Noddoeó.
Pedro me trae — e Pedro nodoivá.
Yo fe traigo — Aiin ñiaviguí.
Te traigo esta gallina — Ñoddoa
anna vaccaé.
r
Traer — Novirart.
Haber f raido — Elñovirnrt.
Haber de traer — D¡omaño\irarl6.
Tragendo — Ño virarlo.
Traído — Novirart.
g Has traído á tu hermano ? —
IManovirartii Icoyaí.
¿Has traidu el hermano de Pedro?
— Manovirartii Icoya e Pedro,
g Trajiste los caballos ? — No virar-
ía
ti cccua ascipiga?
Truena — Assonnecták.
Tronaba — Assonnectál<.
ta
Tronó — Assogon.
Tronó Hi«c/ío— Assonnectapeük.
Donnococtappequé.
Está tronando por caer el rayo —
YaTactectappiguí. — Donno-
coclappegué.
Maccaquen aalo.
ñooctiaguíi.
ñooctaió Iqiielacactí.
Tropezar — Daaccassó.
Yo tropiezo.
1. Saaccassó.
2. accassoí.
3. üaccassó.
Pl. 1. Saaccassócco.
2. accassoí.
3. Daaccassó.
Otro presente.
A la ¡Mr del presotte se halla esto
o r
1. Sipporlagan.
ta r
2. cpporlanni.
3. Depporlagan.
Pl. 1. Sipporlarinácca.
3. Depporlarné.
Yo tropezaba.
1. Elsaaccas.só.
Yo tropecé.
1. Saaccassócco.
2. Laccassoí.
3. Ldaaccassó.
Pl. 1. Saaccassócco.
2. Laccassor'í.
3. Daaccassoe.
Yo tropezaré.
1. Saaccascó.
2. aaccassoyó.
3. üaccascó.
Pl. 1. Saaccascoctó.
2. accassoyó.
3. Daaccascoctró.
Otra forma.
Tropezaré.
1. Sipporlarnó.
2. cpporlannió.
Me ha tropexado el caballo — Daac-
cascó Lañarla.
la
Me rodó el caballo — Diccanni
iñai'la.
Si te rueda el cal/alio, fe has de ina-
tar — Nomdiccanni caiiaf lar-
rilalvactió.
Venir — Aqquü. — Eyalí.
Yo VOKJO.
1. Sannák.
2. a([quii.
3. annák.
Pl. 1. Sannirnácca.
2. aqquü.
3. annangué.
Yo rcm'a.
1. Sannák.
Yo vine.
Yo he renido.
Como el presente.
Yo vendré.
o
1. Sannacó.
2. aqquió.
3. annacó.
Pl. 1. Sannincó.
2. aqquió.
3. annagó.
Venid ¡Jor acá— Annain'i (|uecn-
ná.
448 —
Al margen está esto: — Venga
aq annacó aq<iuió accami an-
o
nagó.
¿Cuándo viniste 1 — MaTagui
maaqíiuii.
Anteayer — Scavillega.
¿Pedro ha venido? — e Pedro
mannak?
Si — aja.
la
No — e. I
Mescaedá mosca ccá.
Di(ja á Pedro que veníja — Ynnia-
pék é Pedro annacó.
o
Ya vá á venir — Lannaco.
Diga á Pedro que liable — Ynnia-
pek o Pedro doectacó.
Vender — lannii.
Yo vendo.
1. Esan.
2. iannii.
3. eyan.
rta
Pl. 1. Esannacca.
2. annii.
3. eyanné
Yo vendía — Yo vendí.
1. Lesan.
2. Liannii.
3. Levan.
Yo lie vendido.
Lesan.
Yo lia'iid rendido — Larlom-
(|Lieesan.
Yo venden'.
1. M>nnnó.
2. iiumiü.
3. Eyaniiú.
Pl. 1. Lesnncú.
2. iaiinió.
3. Levan, ó.
Vende tú.
2. Yanni accamí.
3. l'^yanaóeccá.
Pl. 1- l'lsaaii accáoconi.
2. ianniiaccarní.
ota
3. l';yan,úeceui'i.
Yo vendiera.
EsaiKjuút.
Yo vendería — Id.
Yo huJiiera vendido.
Le.sanquet.
Lianniquet.
Vender — Yannií.
Haber de vender — 'l'oniqueesan.
Habiendo vendido — Lactoinque-
.san.
Vendiendo — Le.ssa!inú.
Vendido — Lesan.
¿Has vendido el maix? — ¿Ma-
liannii ecca nassoléh?
Ver — Sixaiia — Savana.
Yo veo.
1. Si vana.
2. cvaniá.
3. Ya vana.
Pl. 1. Siivangá.
2. evaniii.
3. Ya\antá.
Yo veía — (!(imo ol firosonto.
Yo vi.
1. Savaná.
2. cvaniii.
3. Ya vana.
Pl. 1. Soavang;').
2. evania.
3. Ya\anlá.
Yo he visto — Como el pasado,
en .singular; como el |iresente,
en plural.
Yo Jtitbe visto — ( )eom Lactinn-
saa\¡uiga.
Yo liabia visto.
1. Eisiivaná.
2. Loviuiiá.
Yo veré.
1. Sa\aü(').
2. evanió.
3. Yavantó.
Pl. 1. Siivaugó.
2. evanió.
3. Yavantó.
Yo habré visto.
1. Elsavaná.
Qne yo rea — Queectnr savaná.
Ver — Sivaná, vcl Sa\'aná.
Dios ama — I Dios damartii.
Pedro re — e Pedro yavaná.
Pedro me re— e Pedro yavanivá.
Pedro fe ré — e Pedro ivanáguá.
Pedro Jo ré — e Pedro yavaná.
Pedro nos ré — e Pedro yavanor-
guá .
o
IVdro os ré — e í*edrn yavaniarvi'i.
Pidrii los ré — e Pedro vavanhi.
Yo n/elro.
. 1. Ya 1 Ipil.
2. DappiTi.
0. Dappiie.
Pl. 1. Yappihicca.
2. Pappili.
3. Dappdé.
Yo rolreré.
Ynppileceó.
S(ippilei'C('i.
Estando aed en San Pedro ijendo
al Pueblo, digo :
Yo rolveré.
1. Yappiló.loeeeó.
2. Dappilió.
3. Dappilü.
Pl. 1. Yappilgó.'
2. Dap[iil¡i'>.
3. Uappildeefí'i.
Yendo de acá á los Calchines, digo:
Volveré.
1. Yappilcliimmó.
2. Dappilisídiimmó.
y. Da[)pil(diiiinnú.
Pl. 1. Yappiiarscliimmó.
3. Dappiliscliimmó.
Saliendo de mi ceisa digo:
Volveré.
1. Diappili'i.
2. Dapiiilii'i.
3. DappilTi.
Pl. 1. Dia[ipilarvú.
Dappilao.
(Muy borroneado aquí el MS. )
Kslando en el l'nehlo, saliendo de
él á San Pedro, digo :
Volveré.
1. Diappiló.
2. ap]:iilió.
Mdappiliñó, Pregunta.
3. Dappiló.
Pl. 1. Yappiligú.
te
3. Dap[iiló.
Yendo á Paex. digo:
Volreré.
1. Diappilarsommó.
2. Dappiliarsommó.
3. Dappilarsommó.
Pl. 1. Diajipileasomnii').
3. Dappildasommó.
451 --
Sdliiiiilo fie rasa ajrna. i/riiilu d la
11/ ia, iliijo :
I 'ulceré .
I. Yappileccó.
•1. |)0])|lÍllvCCCÓ.
3. Dapiiileecó.
Pl. 1. Yappilarcó.
;j. Dnp}iildeccó.
Yu ciK'lvo á San Pedro del Paeblo
1. Soppilek, leccó.,
2. ojipilevelv veccó.
ó niopilloei'ó.
.'! nppilek, leccó.
IM. 1. Sóppiluarek, larcó.
2. (.)i)pilcvok, Neceó.
3. npjiilonidck, deccó.
A ¡os Ciilc/iinetí.
1. Sapi)ilarsóm.
2. o¡)pilyars;üin.
."). op|i¡larsóm.
Pl. 1. Su|ip¡lgar.sóin.
2. oppilyarsóm.
3. 0[ipildars(')in
Iré.
[. Soppilai'.siiiiunó.
2. oppilyai'sommó.
3. oppilarsommó.
Pl. 1. Sop[iilyarsomin().
2. oppilynrsommó.
3. oppildar.sominó.
o
dovvovorquí?
iCóino le lia ido'l — Meaneclui-i. I
Dr San l'edru al Pacido.
1. S(ij)i>ilnilfiri.
2. (i¡ipiliiil¡ñ<'(.
.■>. (i|ipiln¡lñ('i.
Pl. 1. S()p[)ihii'ni,rñó.
2. op[)ilarn¡,lñó.
A Canloa Paex.
1. Soppilschiin.
2. oppiliscliim.
3. (i|jpilsr|iilii.
Pl. 1. Soppilarschim.
2. (ippiliscliiu].
3. u¡ipiliscliiin.
Vülreré.
1. Soppilscliimmr).
2. up[)iiischimmó.
3. (ippil.'^cliimmó.
Pl. 1. Soppilarscliimmó.
2. (ippüiscliiiiimó.
TRANSICIONES
h_o
Yo le (lino — Aim savarrí.
la
Yo te siealo — Aiiil nigai.
Yo te llamo — So\urnniiuú.
Yo le aprieto — Aim spactai-riní.
ta
Yo te roiai'.eo — Aim sadini.
Yo te traigo — Aim ñiavigui.
Yo te arrastro — • Aim savo giiiii.
Yo te lloro — Aim ñoxernalék.
Yo te jjrcí/anto — Aim sinnactii.
Yo te limado — Aim silai'ii.
Yo te liaati;.o — Aim soccoritpii-
IcaigLii.
452
Yo Ir diiji) — ( Aim) ñagoyarnia-
vá.
Yo te Iiíiiiro — ( Aim) sanunas-
tii vci saguiaguii.
Yo fr malo — (Aiiii) Salxaclii.
Yo fe (ligo — Aim issinnariiUii.
Yo te destierro — Aim salarti.
Yo te toco — Aim sassiliarvá.
lo te Itero — Aim sagactii.
Yo te aiiuarclo — Aim saliaguá.
Yo te nombro — Aim isc'liii|(|UÍ-
ppoagLiá.
Yo te VKinificsto — Aim saci'ac-
liai'va.
Pedro })ir runa — e Pedro avoyí
— c Pcdi'o uciiiti\á.
Pedro me sictite — e Pedn» na-
vactai.
Pedro lue llama — e Pedro d(j-
garniva.
Pedro me aprieta — e Pedro ¡[lar-
0_ ,.
tai' i ai.
Pedro me conoce — e Pedro dia-
deii.
Pedro me ofende — e Pedro dias-
sovat — e Perlro dieen.
Pedro me trae — e Pedro nodoivá.
Pedro me arrastra — -e Pedro dia-
vogien.
Pedro me Ilom — e Pedro noin-
uilcli.
h
Pedro me prerjiínta — e Pedro di-
1(1
naat dinnactelapéh.
Pedro me manda — e I'edro di da.
Pedro me oi/e — c Pedi'o naga-
va rnivá.
Pedro me honra
ila-ti
(|ui,va.
c Pedro daq-
Pedro me mata — c Pedro diaioat.
ta ta
Pedro me dice — e Pedro ¡ un i vá
innia ennapivii.
Pedro me dcstierra — e Pedro
diaíat.
Pedro me toca — c Pedro yaschi-
laivá.
Pedro me dtí — e Pedi'o diaelietú.
Pedrt) me lleva — e Pedro digat-
diavéh.
Pedro me at/aarda — e IV'dro \ a-
liaivá.
Pairo me nombra — e Pedro nan-
necea piivi'i eyeceapiivi'i.
I'edro me nía ni /testa — e Pedro
yagaetiv:i.
Pedro me haiitixa — e I'edro yoc-
corigilcaih.
¿De dónde venís? — ^Nlaclilque-
o c
ragué.
la,
Del Poniente — Lavarschignim.
De por arriba — Rdappigom.
ta
De por abajo — Ouer Aaipiini.
¿^Dónele estáis ros? — ]\Ionnictra-
gue.
Por arriba — A.seliinnerlaguér-
dappigom.
Por Po»ie?2Íe — Ascliinlague edá
lavarsehigom.
Por abajo — Ascliinlaaípie cila
aipiini.
Mu ¡I lijos — Ai;Liiiuuin.
Como tundió — SelessocU^'ue
(|ui\ai'iiyouli.
Muij cerca— Me Scoijoigué.
Miiii nrrilxi — Ascliintoguc cdá
laviii-scliigLim.
Mucho — (Jictcn — Sle\occn (??)
Poco — jMesc'oyoi/tc.
Es necesario — Act.iito iiioenncc-
ta
tóeuneclo — Noencimeenneclú.
Por arrilid \ . . . '"
■ hdnpiuyoni.
De arniifi (
s
OIra vex — Tomaloctríie.
Por aliajo \ i'^
, Ouei-aa.ULuni.
De alia ¡o [
MODOS DE EXPRESAR ALGU-
NAS PROPOSICIONES
Os arisi) que el Jueces es hi ri-
fjilin del Trátisiio, no se puede
comer carne ij el Viernes es
fiesta (le guardar, reñid todos á
ñas
misa ¡I no Irahajeis. — Saecac-
taniiavá c Jueves naagáa y
vigilia G Tránsito de la \\r-
gen mesnaik laat: y Viór-
nos G Tránsito de la \'ii-goii
naagáa loddigat: accami an-
gü('' a(|(|iii('i (luinmiisa toclar-
ta
noenai-tarnió.
Tú me dijiste cuando te confe-
saste— Accami innirapcli na-
litcliococlarni.
Yo te dije — Aiin iscliiinnii-aji|ie-
gaguá.
Amad i¡ Dios sol/re todas las co-
ta ía
sas — Nchococtió idioscoctaa
|ucnnoaguo naschiaga.
¿Para quie/i es eso? — Quequac-
gué ncaclayi'i enná?
¿Eso es para mi? — M;iiin cnná".'
Esto es para mí — Queniiii aini.
ta A
Yo no quiero — Sesammaré mes-
yassapcl.
¿Tú no quieres? — Mesdassaptí?
¿Aquel no quiere? — Mesnassa-
pct.
Yo obedezco — Asseveiék.
Yo no obedezco — INIescaassevc-
Tók.
Sííjamc (en el rexo) — Aqquissa-
ppigLiivó.
Sef/nidnw (en el re\o) — A(|uic-
ta|ipiguiv('i.
Sij/ann' — A(|quissailcM<.
Sei/uidme andamio — Agüictai-
Tcli.
ta
Ahora ti la doctrina — Nomálu
(Idcti'ina.
Venid ahora nuís larde (en la lar-
de) — Nonialavít laq((uio.
ta
Después de — Xoma\ emmé.
ta
Mils tarde ( ¡lor la mañana ) — Ne-
ma naga ta nomas-canavilní.
ta
Ajiles de — Nomasca.
Más tarde de — Xomanco]ipú
y emmé.
¿ Has hallado el Padrino? — Meccá
dannaclai'cli nepndi'inoyíV?
4.14
¿//ff.v lialliiilii lii MdilriiKiY — Mii-
luccá (hinniirlai-cti neiiiiidiM-
na\ .
Ya no tienes (¡itr hacer vé no ii/ás
— Toctracccá n(|uiiin¡L;iu' (l;i-
la
monarini douiiiia ijuinii lu-
(jl|U¡VÓ.
Es malo rivlr asi sin estar cása-
la la la
do, casada — Si.'noen edi'i (|uon-
(•avé delococta.í^Liit nasla as-
chilavú.
Yo te doij — Esa n¡ ardo.
Yo te di — Esaniardi'i.
Yo te daré - EsauniaiTiK'».
Yo te doij — L'',sanné.
Yo le daré — Káammú.
Tú me darás — XañaninninS.
Dámelo — XañanidininK» a(|quic-
toctó.
^1 uno que lia ilr eonuilijar para
qae dé gracias díspues de Ja
misa — Noiiia\emiii(' la Misa
diiinniañi'i (|Lieanii actamnar-
la
qui oennariiictacó malotcaa-
voyó — nauctiguí J. Ch ; ma-
laccónictó.
^ilirid la boca — Avactiguí ca-
da|i|i¡.
Sacad un i)0(¡n¡lo la Icnijaa —
I-ONutiexeyué leccocIiiül(M\ dü-
legarnarcli.
Befirad la len</aa — Laxiyüiíj du-
Tegarnarctí.
Trayadla — Accaiiiiinní.
Andad ligero — üialesacci'i.
Añilad 1/ rulreil asi
la
tacen.
Devalio
DeciiUe i¡ne vaija liíjero — liiai-
i'apcú iyalictaccú.
No res — INIescaevaniú = í^cae-
vanict ■ .
Picaro, embustero — Aimiialcaili.
Picara, embustera — A 111 nía lea vé.
¿A^o deseabas á la mujer de fa
la
próyiirio? — 'roctard¡|i|iiclia(J
la
acri'i lovi'i (|u¡iHla(''kc.
Ven que enseñaré á re\ar —
A(|([uiií sappariñú.
la
Ven — L)('iennaganno.
Aprenderlo? — Mciipp-aclaogué.
Paisano acI paisana — Mucuilék
— Mocoilassé.
Castellano \e\ castellana — c Do-
col assé, cdiicoleéke.
Castellanos — Edoccolassé.
Está bien — Diaininacactiiini.
Castellanos (gcnits) — Ivloccüs-
clii — Nnaagaa loddigat quc-
nneddoccoschí, idi N. scaeccá
na agaá loddigat caccami,
nonieccá duennactiguí oenna-
<'tai'nió.
El Limes de la otra, semana es el
dia de los difuntos — Caccaliyá
edomingo nomalelunes naa-
tax _tos
goá nainni(> nappal i .
Yo SOI/ el Padre de San Pedro,
lio me liaeed nuda — Aiin 0|)pa-
di'í ([ueddá c San PediM Toc-
toniaccó nquiniiqque.
líempiijfíd la puerta — Xiiiuuia-
q(|üer('i lassoiiniie.
Estando adentro — Ammaquoi'('k.
liradla — Naviqquiró.
Aquí dentro está J. Oh. en el sa-
grario— Knnao-guí coctaolék
lávelo ennasso.
Corad la sepulfnra 'para ese di-
funto— Niyaini layí iddi na-
lipáK'.
Venid al primer repique — Laq-
ia
t|ui(j noinalai)|)est>k nactoin-
niló.
tn
^Bónde has naeido? — Mevaqué
»iii,'ayoscoetí?
lian, ido al canqjo — Arlnroxo-
ta
giié noennagá.
QuMate ahí — Yacovii'augué
cnná.
Anda por allá -- Yaccairongué
iddi.
Anda tú allá adelante de la I(jl.e-
sia — Ammoe 0(|quii (|uinde-
loyagué ennú ai^tamnaíiqué.
¿ Dónde ha ido fulano ? — Maetai-
(|(|ue ei'cá?
¿ Dónde está fulano ? — Monaei'-
lagLié?
Traeuie el fuego — Ucjijuia anno-
réli.
Andad á traer fuego — ()(|(|uité
annoi'éii.
;.Se fué al monte fulano"! — Ac-
laúli ooctí?
Está durmiendo fulano — 1^ I acalá.
1-
Duerme — E lacea.
¿, Porqué no comes? — • Madieii-
toctiaq(|aii — Mallen - soctia-
la
qf[Lui — Taryen maaqquii?
Porque no quiero — INlescliiasa-
pét nquei'.
Póngalo en la boca (el cigarro)
— Iliaoguí carappi cadappi.
¿ Queréis aprenderlo? — Miisclii-
ctii ncoppacliagué.
I ulano está enfernto — Eccá da-
Tola.
¿ Estáis enfermo? — Dalolaí?
Estog enfermo — Dialolá
¿ Cómo está fulano ? — Meniiec-
tarí ?
¿Cómo estáis vosl (á un enfermo)
— Minniotarí, Minnictrarí?
Iqualnicnte — Yaqueidictá.
la
Es preciso confesarse — Noeauíj
miscliücoctarní.
No sé rexar — Messade — ■ Sesa-
r
dcMi doennagan.
Ko importa — Scaecca nt|uen-
tn
negué nqueen — N. mancoppa.
Hace mucho — nuiscliigué nro-
Pl)á.
¿Estás embara\ada? — Arcamí
iiiannaír?
Estog entilara -. ada — A í m m a n -
naré.
¿^ Habéis quedado embaraxadal —
Laccami mannaré?
Ha quedado as! — Accá limanarc',
ía ta
imananró. iiiiaaaaravé.
i56
En la scii/aiiii (¡iic viene — nucn-
na nui^aala ncanaoi'á
m.'
Mujeres venid ii/as adelante — Ac-
camí aaló noqqu¡\ ivó — Ac-
eami aalij coiniiiví'i (|ueeniia-
SSi'l.
Pava (lav lagar á los liomhres —
Ledacaté enuva vaTé.
tn.
Facrle — Laí.
Pescado — Naí.
Yo lie mandado á Ihnaar a fulano
— Mlsilactarné e Dionicio.
Aguárdese que venga fulano —
Xcodoarní yai-anvió o Dioni-
sio.
Encended el fuego — Aloní enna
annoréli.
Vé állainannc á Dionisio — l']f|-
que eccá doyarná ocri'i Dio
nisio.
Que venga súbito — Accatonia
iiyaló.
la
Había — Tom.
Casi — Lactom.
Habría ■ — Quet.
Hubiera habido — Quei'tar.
Mi hijo no quiere hacerme caso —
lyalelí tocLraivilelí toctarna-
ya uii
gayarnivá ctoñagayarná mos-
ñagayarná.
No tengo ejue comer — Scaecca
naactécte.
(,Has al'.ado alguna cosa ajena ? —
Mecc;i([uen ncacroniá anno-
yáh nqueeyemmarí'li ncaloviá
calla-.'
¿Has carneado algún animal ajenol
Moccafiuen ncaloacli ascipi-
gácca, ó, \ácca.
¿ Has tenido deseo de hacerlo ? —
Dissia(|uen nooctí.
¿ Has participado carne robada ? —
Minuiapequcn doceactarctii
laaclc?
ta
¿ Cuántas ocasiones^ — Leyocté.
¿ Has levantado falso testimonio'^
— Meicaquoii ncoicti nama-
ctaíh nactileh ( = nacliodá )
quecci'i yalé omoaló?
;,Has descubierto algún delito ocul-
to de otro"! — Meccaquea ncaa-
h o
gactii nassoah nartoetiadeii
h
nquevemmai'eh.
la
¿^Estáis casado por Iglesia ? — Ma-
laccaquen aschiliguil cacta-
mnarqui?
;. Has pecado con cdguna mujer ca-
sada por Iglesia^ — Maccaquen
ncavatiguel aalú ncave merca
lascilorvá?
l,Has tenido tocamientos'! — Mec-
ca(|uen na.scilialda neppotial-
da nayapéli?
¿.Muchas ocasiones'! — Mo\'octe-
qucn?
(, Vd. era el que bnscaha á la mujer
ú ella á Vd! — nuec|uequela
avaccayá ac-caiiii n iiianoiica
aalú.
la
¿, Has tenido abra-^os ó besos'! - Ncaa-
ji
liaiípien coiorii nco\'0(|ipii-
guí?
4o/
Madini nayapéh ncavotiguit
a aló?
Mippitiaé nayapéh ncavatí volé?
¿ Te fias mirado en partes vergonzo-
sas"! — Meccaquen queccan-
o
calaah nevanialtá?
I Has mirado á alguna mujer '1 ^-
Maccaquen queraniah alo-
viahaa? . i
¿ Las has mirado en los pechos ? —
Maccaquen eranialó loeoté
aaló?
Th'áeme una leña para el fuego —
Avoyó ncoippa volé lassoh.
Colorado — Ectóh ectogué.
Amarillo — Conní.
Verde — Ladalá.
Blanco
Iglegaccá — Lalei;a
Negro — Nave.
o
Azul — Iccoiácca.
Ricbio [cabello] — Coñoreiilnvé.
Fulano tiene una carne muy co-
lorada— Eccá ectóh lascliih.
Por \ la parle \ ta
De [ de > Lavar.schigom
Por ) Poniente )
Por ) la parte
Del ' del
Por ) Este
Por arriba )
De
Por » )
;• Dictiarni
Rdappigom.
Por abajo
Do
Por n
)
Queraaguiní.
iDe dónde ha venido'^. — Mirlü-
cagué = Mactiguo ?
De por arriba — ^'Rdappigom.
ta
¿ Adó7ide habéis ido 'I — Nigani'ai-
gUl'? '
For arriba — Hdappigom. .
Por abajo — Oueraaguim.
i Adonde ha ido fulano — Mac tai
• guc ecca.
Por arriba — Acluiguequerdap-
pigóni.
Porabajo — Actai liqueraagiiini
Muy lejos — Slessoctiéquedap-
gue Y
¿.De donde ha renido fulano'! —
o
Macticagué?
¿. Adonde ha ido"! — Mactaigué ?
ta
Accami aaló coinnivó queenna-
ssó ledicaté ennoá yalé.
Espanten los perros — Oddie ni-
ppiogui".
Sordo loco — Daniaiiui Icaik.
458 —
TESTO SIN TRADUCCIÓN
« Saccactarniavá quennoncique noccorigó Icaigó lichococtarnó
quennoangué iñardí.
o
<< Lonennondó ennoá naagatá la ruaresma nichococtarnarqui
la
ennoa noccorigó Icaigó: eccá naden maavé eccá lassoariet lod-
0
digát lichococtarnó: nomactichococtarn yappaguék ecca las-
soarcét.
« Nemeccá nacticcá leddacá quenná la cuaresma quenncha-
queiviñó meccá leddacá eccáldichococtarnó.
JLte _!L ta la
« Loe traen ennoá iñacá quenquinninalaccagué lové, Inoen
o
dii'hococtarné nomavé eccá lassoarcet loddigat; chaqueenná
ía
nomlectaal amennanamiyarctes'apék lassoarcectó nomactiilné
eccua ilialcá dichococtarné.
«Saccactarniavá lotcaaschicó enneguí nomaleeveinte naaga-
tá, tosaden madippilo, lenomalótk eyemmerék eccá e Padriolek
ta b
novio quenná daarí: noen nomeccuá nischite ndichococtarné
ta ta
nallacaim, nomalsadené ennoá daycactari.
o
« Yyaganiñó ennoaardassoarssitrí, it:chococtarnió mescaeva-
niá maodilivii mnctichococtarní nactideavé ndoloat ossonnagá
ta ? ta ^
oindiccaní cañarlarí leccalaó dilivii, ao dalo-o? laí machaim, ao
diiivii mactichococtarni nomdilivii mactichococturní leccala in-
quió eccá annorék.
ta
«Novinitcó, ovilcó maavé iñcoctaá quennaloá, meetres, etc.
tata
« Saccactarniavá mesnaik taat, etc.
«Novinitcó, ovilco accá mapeseiguet ñannorschim canni
inmisa, loschimgá iñcoctaá J. C. ; caccaliyá ñannorschim
quen everaguí levó enná .1. C. lotraeen quencavé nquesanó cacea
o <• ta
lalagargol loctraen loschimmagá coctaá J. C. ncaalectavek inni
J. C. quiddipiguim.
459
« Saccactarniavá tjuennoíj yesse nomecco nquenapék naccatek
ia la ie¡ ta la _£_
líianoen maryaih, lactilih: locliaqueiddictó nomeccá dololcactarn
la ia _£- ia
namqueilic manoenó, nomacticá dalolcactarn ennoagué yessé
ía
niescaeccá navap maryaik.
ta ta
« Saccactarniavá nomeccá nquenapék naccatek manoen ntiar-
Miloat ennoa vessé quidyoá naagalá lectaát lactilik.
« i'",<-ca naagaá nanummenarnák mescaló enná nimisenarná-
ia ia
ca, nacavé maloliyá msaccactorniavá.
la " la la
«Maavé quenniddí matchaadiní mnaagaá loddigat; nomal-
ta
chaadini naagaá loddigat eccá naagaá: saccactarniavá, chau
(|ue iddictaqué/í quennactoinniló quiddi nagaloviíni, chaquiddia-
ia la
vit, naagaá loddigat nomanecteé.
«Saccactarniavá quennoawqqué nocovi-iá gó Icaigó lichococ-
!f la __ ia
tai'nó quennoagué iñardí eccuanasichococtarné queninaga nque-
ta
nnevék ichococtarnió tomascalennevék iventi cinco naagatá,
ta
nomacticcá nasichococtarni tomascalennevék iventicinco naagatá
avó dassoarssicti.
« Accactarnialó ennoá nquennectailó lavorí.
CARTA DE LETRA DEL PADRE TAVOLINI
Al Kxelentisimo Sr. Gobernador Interino de la Provincia (Santa Fe)
I)r. T). Severo 6on-.ales.
San Pedro, 20 de Abril de 1856.
Exelenfísimo señor mió de todo mi aprecio :
Bien sabía V. E. que el señor Comandante General Don
José Rodríguez anoche como á las 8 y cuarto salió de este can-
ten llevándose consigo los dragones para ir á detener la sole-
vación de la gente del Sauce. Por este motivo me dejó ami con
algunos pocos indios habiéndose (aquí concluye).
— IGO —
Aquí concluye el manuscrito del P. Tavolini: de un valor sin
rival para el estudiante de las lenguas del Chaco, Autores coino
Barcena y Üobrizliot'Fer nos dan la síntesis de sus estudios.
Tavolini nos ha legado el material con que nosotros podemos
hacer otro tanto. Desgraciadamente no encunlramos en los
apunte^ listas de esas palabras y [),ii-tículas que nosotros lla-
mamos-Adverbios, Preposiciones, Conjunciones é Interjecciones.
ni tampoco esa serie de partículas allegadizas en (jue abundan
las lenguas Americanas, y, que si se qliiere, constituyen su ma-
yor dificultad. Esta falta en parte se ha llenado por el Editor
en el Pjnsayo de Gramática que se dará en seguida.
Los textos van siu traducción pdi-que carecen de ella en el
MS de Tavolini, y [lonpie aun no se han intei-pretado satis-
factoriamente: una vez concluido el \V)cabulario Mocoví-Cas-
tellano, acaso pueda llenarse este vacío, y si asi sucede se dará
en forma de apéndice al final del Ensayo.
Este trabajo es el primero de una serie (¡ue arrojará nueva
luz sobre las Lenguas Americanas, y servirá de eslabón para
encadenar todas las Lenguas Argentinas.
Pilciao, Catamarca, 1890.
FIN
BIBLIOTECA
DEL
Museo de La Plata
LISTA
DE LAS
PiiWicacioiifis KilÉs w mp w el Iseo ie La Plata
Junio — Diciriiibic
1891
Adler (Cypus). — Rep. on t. soct. of oriental antliiuities In the U. S. Nat. Mas.;
Rep. ofSmith. Inst., 1887-88, p. 11, p. 93-104; Washington, 1890; 8°.
Amsterdam. — Veih. <1. k. Akad. v. Wetens.; t. XXVIll; 1890; 4°.
Arata (l)r. redro N.) — Lluvia y evaporación, ag'ua subteiT. y fiebre til'úidea;
Bol. Of. Qulm. Miin.; Huenos Aires, 1891 ; 8°.
Estudio químico s. el Fasi, Morrenia bracJq/stcjiJiaiui Gr., etc.; Ibid.
Criterios para juzgar las aguas potables ; Ibid.
Balbin (Dr. Valcntin). — Rov. do matem. clom.; o. 48''-56'»; 1891; 8°.
Belloti (Cri.stoforo). — Apunti all'opera del Dott. Emilio Moreau, Hisl. Nat. des
Poissons de la Frailee: Att. d. Soc. Ital. d. se. nat.; vol. XXXIll; 1891; 8°.
Beneden (P. J.) — Deux Lernéopodicns; Bruxelles, 1891; 8°.
Berg (Dr. Carlos). — Nuevos datos sobre la formación carbouifcra de la Repú-
blica Argentina; An. Soc. cient. Arg., t. XXXII; 1891; 8°.
Di/scopliiis nnthúp/iai/iis, un nuevo grillo uruguayo cavernícola; Ibid.
Berlín. — Vcrh. d. Berl. Ücssell. f. Anthr. Ktlniol. u Uvgescli., s. 14.2, 21.2
21.3, 18.4, 30.5, 20.6; 1891; 8°.
Bertillou (Alphonse). — Notice sur lo fonctionnement du service d'iilontification
etc.; Ann. stat. v. Paris, 1887; 8°.
Blanchard (Dr. Rapliaiil). — Note sur les niigrations du Taenia gracilia Ki'abbe;
BuU. S. Z. F., 1891 ; 8".
Sur les Helminthes des Primates Anthropoidos, Ire. note — Cestodes; Ibld.
Manif'estations dermiipies de la goutte choz une perruche ; Ibid.
Evacuation de noyaux ccllulaires simulant une licliiiinthiase ct une coccidioso;
Ibid.
Erreur des sens chez un Lépidoptére ; Ibid.
Un cas do myase par la fíaivopliai/a inar/iii/ica en Rounianic; Ibid.
Uno quostion de nomenclaturo ;i propos des hybridcs; Ibid.
Pénótration de Vlxodcs riciinis sous la peau do rhomme; C. R. s. Soc. d.
Biol., 17 oct. 1891; 8".
Identité du Disloma, clavatiint Radoljjhi et du Disloma, iiiffe/is Moniez; Ibid.
Sur la Sangsue du cheval du nord de l'Afrique; Ibid.
Note sur q.q. vers parásitos de l'homme ; Ibid., 18 juill. 1891.
Blanchard (R.) et Railliet. — Sur le prétcndu Monosloma Setieiii Numan;
Ibid.
Bodenbender ( Dr. Gr. ). — Apuntes sobre rocas eruptivas déla pendiente orien-
tal de Ins Andes entre Rio Diamante y Rio Negro; Rov. Arg. H'ist. Nat, t.
1, p. 177; Buenos Aires, 1891; 8".
— '1.64 —
Bonaparte (prince Roland). — Coll. uiitlir. ( 108 photograpliies ) :
28 de Dahomans; 4".
12 ). Hotentots; 4°.
35 >■ Peaux - Rouges; 4".
19 » Kulniouks; 8".
7 » Riisliiiians ; 4".
3 » Neo - Calcdoniens; 4".
4 » Australiens; 4°.
Boucard (Ad.) — The Humni. Rinl; yol. I; 1891; 4°.
Brinton (Daniel G.) — Races and pooplcs ; New York, 1891; 8".
The American Races; New York, 1891; 8°.
Bruxelles. — BuU. Soc. i-. do Bot. de Belg. ; t. XXIX; 1891 ; 8°.
Buenos Aires. — Bol. d. Inst. Geog. Arg.; t. XI, 10, 11, 12; t. XII, 1-6; 8».
Dep. Nac. de estad. ; dat. trini. d. com. ext. ; Ni'im. 68-71 ; 8".
An. d. Clrc. Méd. Ai-g. ; t. XIV, 8-12; 8°.
An. d. Dep. Nac. d. Hig. ; a. 1, 7-11 ; 8'.
Estadística del comercio y do la navegación de la Rep. Arg., corr. al a. 1890;
I89I ; 8".
Burmeister (Dr. H.) — Studien zur Beiirtheiliuig d. Descendenzlohro; Arch. f-
AiKit. u Phys.; 1891; 8°.
Buscalioni (Dr. Luigi). — La cnrva dorsalo nolla colomna vertébrale deU'uomo o.
.l.'uli animali; Gior. d. R. Accad. d. Med., a. 1891, N» 5; 8°.
Cambridge. — Of th. trastees of the Peabody Mus.; vol. IV, 3, 4; 1891; 8°.
liuU. of the Mus. of Comp. Zool. at Haward College; vol. XXI, 4; 1891; 8°.
Certes (A.) — Sur le procede do M. Joseplí Eisniond pour l'étude des Infusoires
vivants. — Sur le Tri/pa/iusoma Balbianii; Bull. S. Z. F., t. XVI, p. 93;
1891; 8°.
Note sur deux Infusoires nouveaux des environs do Paris; Móm. S. Z. F.,
t. IV, a. 1891; 8°.
Choffat (Paul). — Noto sur le crétaciijue des environs do Torres-Yedras, etc.;
Com. d. Trab. Geol., t. II, f. II; 8°.
Christiania. - Vid. - Solsk. Forh.; 1890 - 91, N» I - 8; 8°.
Overs. ov. Vid.-Selsk. i 1890; 1891; 8.
Collet (Robert). — On 6 for Norg. Fauna nyo Tugle fundne i 1887 - 89; Vid.-
Sclsk. Forh.; N° 4; 1890; 8°.
Colombo-Vespucci. — Tro lettere di Cristoforo Colombo cd Amorigo Vespucci;
r'iprod. in fotolit.; 4° (Donación del señor doctor don Pedro N. Avala).
Córdoba. — Bol. Acad. Nac. de Ciencias; t. X, e. 3', Enero de 1889; 8°.
Resultados del Obs. Nac. Arg.; Yol. XIII ; Buenos Aires, 1891; 4".
Danzig. — Schrift. d. Natm-f. Gosell.; N. F., Bol. VII, 4; 1891; 8°.
Frenzel (Prof. Dr. .1.) — Ucbers. ü. cirio Coleopteronsamm. v. Córdoba in Argen-
tinien; Ent. Nach. v. Dr. F. Karsch, Jg. XYII (1891), 21; 8°.
Untersuclmngen ii. d. mikroskop. Fauna Argentinion's; Arcli. f. núkroskop.
Anat. Bol. XXXYIII.
Garman (Samuel). — On the ovolution of the Rattiesnake; Proc. Bost. Soc. Nat.
Hist. Vol. XXIX; 1889; 8°.
Reptiles a. Batrachian f. t. Caymans a. t. Bahamas; Bull. Essox Inst., vol. XX,
1888; 8°.
On the specles of Chalcinus; — On species of Gasleropelecus; — On spocies of
Cynopotamus; — On specles of Anostomus; Ibid., Vol. XXII, 1, 2, 3;
1890; 8°.
— 465 —
I. HenochihiS W/ieatlandii: — 2. Balistes veíala; — 3. Silnnis (ParasHiirus )
Aristotclis; Ibid. Yol. XXII, 4, 5, ü; 1890; 8».
I . Massachusetts Carp; — 2. The Riveí' Trouf; — 3. New Englaiul Saibliny; —
XXIV An. Rep. Com. Isl. Fish. Mass.; 1890; 8°.
On a Tortoise found in Florida and Cuba; Bull. Essox Inst.; Yol. XXllI, 7, 8,
9; 1891; 8".
The <.Gila Monstor»; Ibid. Yol. XXII, 4, 5, 6; 1890; 8°.
Gaudry (Albert). — Sur une máchoire do Phoqiie du (írocnland; C. R. Acad. Se,
t. CXI, s. '¿5 aoCit 1890; 4°.
LTchthyosaure do Sainto-Colombe; Ibid., 1. CXIII, s. 27 juill. 1891; 4".
Quelques remarques sur les Mastodontes ;i propos de l'animal du Chericlilra;
Méni. Soc. Géol. Fr.; Paris, 1891; 4°.
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Rassebildung bei den Inca-Hunden; Ibid, 20 Jan., 1885; 8°.
Notizen über Galictis crassidcns, resp. AUamandi, sowio übor (i. barhu.ra.
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A Tetón Dakota ghost story; Ibid.
Ponka stories; Ibid.
— 4(i7 —
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Tlic Dhegiha languago II; Ihiil, Nov. ISSC; 8°.
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On some new Species of the Genus SpoiKjiides Less. f. the Philippine Islands
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Nachtr. z. d. Auf. ii. d. Thierw. i. d. Pfahlbauten d. Bielersee's; Mitth. d. Na-
turf. GeseU. i. Bern; 1884; 8".
Die Seesterne Süd-Georgiens, etc.; Jahrb. d. wiss. Aust. z. Hanib. II; Hamburg,
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Westschwoizerischen Pfahlbau-Bevolkerung ; Verh. d, Berl. Anthr, GeseU, s. v,
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— 408 —
Menscliliilier Skeletknochen bei Süt/. ;un Bieler See; Ibirl. s. v. 18 De/.. lS8tí; 8"
Ueber Saugetliien-este aus g-lacialen Ablagerungen d. Jjcrn. Mittellandcs; Miltli.
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Ueber Arctomysreste aus den Diluviuní dor Unigogond von Bern; Iliid.
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Sydney. — Rec. of the Austral' Mus.; Vol. I, 5-9; 1891; 8".
Szajnocha (Dr. Ladislaus). — Ucbor cinige carbone Pflanzenrestc aus dcr .\rgon-
ünischoii Republik; Sitzungsl). <1. k. Akad. d. Wiss. in M'icn; Bd. C, Ab. I,
Api-il 1891; 8".
Thome (Juan M. ). — Advertencia al t. XIII do los rcsultailos d(d observatorio
Argentino ; 8°.
Topeka. — Trans. of t. 22d Mecting ofthe Kans. Acad. of Se. 1889; 1890; 8".
TorontO. — Tans. of Ganad. Inst.; Vol. 1,2; Vol. II, 3; 189!; 8".
Fnurth Ann. Rep. Cañad. Inst. {s. 1898-91); 1891; 8°.
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Vieira (A. de P.) — Exeniplo frisante da importancia da utilizarao dos dado.s
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hington, 1890; 8»-
A study of prehistoric Anthropology; Ibid.
índice
FAGIXA
xotas sobre l\ paleontología de la república argentina 3
Datos sobre restos de mamíferos fósiles pertenecientes á los Bruta,
por Alekles Mercerat 5
Caracteres diagnósticos de algunas especies del gen. Theosodon, por Al-
cides Mercei'at 47
Caracteres diagnósticos de algunas especies de Creodonta, por Alcides
Mei'cerat 51
Notas sobre algunas especies de un género aberrante de los Dasipoda,
por F. P. Moreno y A. Mercerat 57
Onohippidium MuSizi, por Francisco P. Moreno 65
Fórmula dentaria del género Listriotlieriuin, por A. Mercerat 72
Sobre la presencia de restos de Monos en el eoceno de Patagonia, por
Alcides Mercerat 7'i
Apuntes sobre el género Typotherium, por A. Mercerat 74
Sobre un maxilar de Creodonta, por Alcides Mercerat 80
Observación relativa á Mephitis fossillis, por Alcides Mercerat 82
Sobre el maxilar inferior de un perro, por Alcides Mercerat 83
Historia, por T. B. Macaulay — Traducido por Luis M. Drago 85
Dipterologia argentina, por F. Linch Arribálzaga {Continuación) 131
Reglas para aprender A hablar la lengua Mocovítica, por Fr. Francisco
Tavolini (Continiiacio>i) 175
Ki. Pii.i.iJAN Y LA PiLLiJANiNA, por Pedro N. Arata 225
Notas ó sea principios de gramática Mocovf, por S. A. Lafone Quevedo
(Continuación) 24 1
Breves datos sobre una escursion á Patagonia, por Carlos V. Burmeister. 275
Notas ó sea principios de Gramática Mocovi, por S. A. Lafone Quevedo
(Continuación) 289
Las Huacas de Chañar-Yaco, por S. A. Lafone Quevedo 353
La evolución de los animales, por Matías Ramos Mexia 361
Notas ó sea principios de Gramática Mocoví, por S. A. Lafone Quevedo
(Continuación) 393
Reglas para aprender á hablar la lengua Mocovítica, por Fr. Francisco
Tavolini (Fin) 525
Biblioteca del Museo de La Plata 460
La correspondencia relativa al Museo de La Plata.
y sus Anales y Revista, debe ser dirijida á
FRANCISCO P. NIORKNO,
DIRECTOR DEL MUSEO DE LA PLATA.
Provincia de Buenos Aires. — República, Argentina.
La correspondance relatipe aii Musée de La Plata,
ainsi qu'aux Annales et á la Revue de cet établis-
sement, devra étre ádressée á
FRANCISCO P. IVIORENO.
DIRECTEDR DU MUSÉE DE LA PLATA.
Province de Buenos Aires. — République Argentine.
Renista del Museo de La Plata
Diptoi-ologín Argentina — CULICIDAE.
F. Lynch A. cid.
G. Bauer, sculp.
anatomía
Revista del Musko de I, a Plata
Dipterología Argentina — CULICIDAE.
PL II
G. Bauer, sculp.
1. MEGARHINA — 2. PSOROPHORA — 3. ANOPHELES — 4. T-SNIORHYNCHUS — 5. OCHLEROTATUS
6. Heteronvcha.
Revista dkl Museo de La Plata
DIpterología Argentina — CLILICIIDAE.
Pl. III
F. Lynch A. del.
G. Bauer. s::ulp.
I. Santinosona — 2. COtEX — 3. ^DES — 4. Uranotaenia — 5. Sabethes
\
Revista del Museo de La Plata
Dipterología Argentina — COLICIDAE.
Pl. IV
F. Lynch A. del.
G. Bauer, sculp.
I. MEGARHINA H.ÍMORRHOIDALIS - 2. A.NOPHELES ALBITARSIS - 3. PSOROPHOR.-^ CILIATA
4. URANOTAENIA PULCHERR15IA.
Revista del Mi'seo de La Plata
Dipterolpgía Argentina — CULICIDAE.
-© S^
F. Lynch A. del
G. Bauer, sculp.
5. T/ENIORHYNCHUS FASCIOLATUS — 6. JANTHINOSOMA DISCKUCIANS — ". CULEX FLAVIPES
8. OcHLEROTATtlS ALmFASCL\TU.S — 9. AeDES SQUAJtlPENNIS.
Revista del Musko de La Plata— Tomo II.
LÁMINA VI
El- PILLIJAN
¡LlCOPOUIUM SaURURUS— ¿I7«J
i^
106 266 430
■«*'*-.■■
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