HARVARD UNIVERSITY.
LIBRARY
OF THE
MUSEUM OF COMPARATIVE ZOOLOGY.
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REVISTA
MUSEO DE LA PLATA
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FRANCISCO P. ívIORENO
Funiiaiior v. Director del .Musco
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I.A PLATA
TALLERES DE PUBLICACIONES DEL MUSEO
''^' 1 899
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REVISTA
]VIi_iseo de La. Plata
TOMO IX
REVISTA
DEL
MUSEO DE LA PLATA
LA PLATA
TALLERES DE PUBLICACIONES DEL MUSEO
1899
LIMITES OCCIDENTALES DE LA REPÚBLICA ARGENTINA
EL ARTICl'LO riEL Dr. JLAN STEFFEN
LA CUESTIÓN DE LÍMITE
CHILENO - ARGENTINA
CON ESPECIAL CONSIDERACIÓN DE LA PATAGONIA
EXAMEN CRITICO
ENRIQUE S. 13ELACHAUX
DIRECTOR DE LA SECCIÓN CARTOGRÁFICA
DEL MUSEO DE LA PLATA
Tumo IX.
FEB Si 10ÜO
LIMITES OCCIDENTALES DE LA REPÚBLICA ARGENTINA
EL ARTICULO DEL Dr. JUAN STEFFEN:
LA CUESTIOiN DE LÍMITE CHILENO-ARGENTINA
CON ESPECL\L CONSIDERACIÓN DE LA PATAGONIA (')
EXAMEN CRITICO
POR
ENRIQUE S. DELACMATJX
DIRECTOR DE LA SECCIÓN CARTOÜRÁFUIA DEL .MUSEO DE LA PLATA
I
Bajo el título arriba indicado, ha publicado el doctor Juan
Steffen, notable geógrafo y explorador al servicio de Chile y
miembro de la Comisión demarcadora de límites de aquella
República con la República Argentina, un artículo que ha visto
la luz en el Boletín de la Sociedad de Geografía de Beiiin:
«Zeitschrift der Gesellschaft für Erdkunde» y encaminando á
demostrar á la opinión extranjera que á nuestro país no le
asisten, en la reivindicación de sus derechos, ni la razón histó-
rica, ni la verdadera interpretación del texto de los tratados
que rigen la materia, y menos aún la configuración real del
territorio que el autor conceptúa litigioso.
He aquí tres puntos precisos de acusación que, al no ser
levantados y refutados con las mismas armas de que se ha
valido su autor para establecerlos, tenderían á crear alrededor
de la República Argentina y de la justa causa que defiende,
una atmósfera desfavorable ante el tribunal de la opinión pú-
blica de las demás naciones que siguen el desarrollo de nues-
tro litigio fronterizo, en el cual, como es sabido, puede tener
intervención, á pedido de los dos interesados, el gobierno de
(') Die chilenisch-aigentinische Grenzfrage mit besonderer Beríicksichti-
gung Patagoniens, von Dr. Hans Steffen, in Santiago de Chile (con un
mapa). « Zeitschrift dar Gesellschaft für Erdkunde » zu Berlín. Band XXXII,
1897, No 1.
una nación amiga en determinados casos, señalados de ante-
mano por los documentos que establecen el arbitraje.
Creemos que, con el objeto de neutralizar los efectos de una
propaganda extramuros á cuyos fines i'esponden publicaciones
como el folleto de que nos ocupamos y cuya traducción damos
en seguida, la República Argentina tiene el estricto derecbo y
aun el deber de llevar la discusión científica en el mismo te-
rreno lejano elegido poi- su adversario, y liacer oir su voz auto-
rizada allá donde basta abora sólo se lia acostumbrado escu-
cbar razones y explicaciones cbilenas que, poco á poco, iban
transformándose en verdades geográficas, por culpa nuestra.
Felizmente, una enérgica reacción en el sentido indicado se
ba manifestado aquí de algún tiempo á esta parte, y sabemos
que ahora los derechos argentinos, que en este caso son sinó-
nimo de verdad científica, encuentran defensores en el exterior
como en el interior del país.
Pero el examen crítico que hacemos hoy del escrito del
doctor Steffen no responde á la necesidad apuntada; es ad nsim/
domi, si nos es permitido emplear tal expresión, y por consi-
guiente no hay necesidad de hacer minuciosa mención en él
de todos los artículos de los tratados, protocolos, convenios, etc.,
alrededor de los cuales gira la moderna cuestión de límites.
He aquí el artículo del Dr. Steffen. ti-aducido directamente
del texto alemán:
LA CUESTIÓN DE LIMITE CHILENO-ARGENTINA
CON ESPECIAL CONSIDERACIÓN DE LA PATAGONIA
POR EL DOCTOn J L' A N STEFFEy, EX £? .^ K T i A ti O DE CHILE
RETROSPECTO HISTÓRICO
El primer paso que, después de concluidas las grandes ex-
pediciones de conquistadores al continente sud-americano, dio
la Corona de España para dar á los países conquistados una
forma definitiva de estado, fué la creación del Vireinato del Perú
en el año 1542. Este vireinato comprendía en un ¡¡rinciiño todas
las posesiones españolas en Sud-América, basta que la imposi-
bilidad de gobernar tan extensas zonas de terreno desde un
solo punto central, hizo comprender la necesidad de elevar sus
varias partes á la condición de dominios independientes entre
sí. Esta medido, sin embargo, fué adoptada en cierta extensión
solamente durante el siglo XVIII por la separación del virei-
nato de Nueva Granada, al que se adjudicó la presidencia de
Quito, y por la fundación del Vireinato de Buenos Aires, en
tanto ([ue la Capitanía general de Chile quedaba oficialmente
dependiente del Perú, pero administrada ya, desde la época de
Pedro de \'aldivia, por un gobernador especial que dependía
inmediatamente del rey.
¿Cómo se procedió ú la delimitación de los Estados que sur-
gieron de la sub-division del antiguo Vireinato? Esta cuestión
presenta algunas diticultades, sobre todo en lo que se refiere a
la extremidad sud de nuestro continente, porque en los docu-
mentos faltan informaciones y datos precisos que establezcan
si el rey, al hacer esa separación, ha incluido en los límites del
nuevo Vireinato del Rio de la Plata la altiplanicie patagónica
y las costas del Estrecho de Magallanes, ó si ha querido dejar-
los á la Capitanía general de Chile. Es conocido el litigio que
ha surgido á este respecto á mediados de este siglo y ha sido
llevado con gran vivacidad, tanto por parle argentina como chi-
lena, en el terreno literario y diplomático, y al cual dio origen
la fundación de la colonia chilena de Puerto Bulnes, en el Es-
trecho de Magallanes, en 1843. Cuatro años después del esta-
blecimiento de la Colonia, en Diciembre de 1847, el ministro
ai'gentino de Relaciones Exteriores presentó una protesta, ci-
tando una memoria del conocido historiador don Pedro De An-
gelis ('), en la cual este autor ha intentado demostrar, (¡ue la
soberanía sobre el territorio de Magallanes corresponde de de-
reclio á la República Argentina. En contra de esa opinión se
manifestó el sabio chileno Miguel Luis Amunátegui C) que supo
presentar una serie de documentos y de pruebas que parecen
resolver esta cuestión en favor de Chile.
Remontando hasta los más antiguos edictos de la Corona,
encontramos una real cédula de 2\) de Mayo de 1555, en la cual
se nombra gobernador de Chile al adelantado Gerónimo Alde-
rete y se extiende expresamente su gobernación hasta el Estre-
cho de Magallanes i"). En el mismo documento se ordena á Al-
(^) «Memoria histórica sobre los dereclios de soberania y domiiiio de
la Confederación Argentina á la parte austral del continente americano», en
la «^lemoria del Ministro de Relaciones Exteriores», t. III, Buenos Aires, íSTi.
(-} «Títulos de la República de Chile ii la soberania y dominio de la
extremidad austral del continente americano», Santiago 1853.
(^) Amu.mátegui: obra citada, pág. 27-28.
— G —
derele proceda á la exploración de <ila tierra del olro lado del
Estrecho», es decir, de la Tierra del 'Fuego, y tome posesión
de la misma en nombre de la Corona de Castilla. En el año
1573, en una cédula nombrando gobernador de Chile á Rodrigo
de Quiroga, el rey reitera su edicto de que su provincia se ex-
tiende hasta el Estrecho de Magallanes inclusive.
Muy claramente hablan también algunos documentos del
siglo XVII. En el año 1609 fundó el rey Felipe III la real
audiencia de Santiago, y determinó su jurisdicción judicial
textualmente en la forma siguiente: « Todo el reino de Chile,
con las ciudades, aldeas, poblaciones y tierras incluidas en el
gobierno de esta provincia, y también todas las tierras, tanto
las ya dominadas y pobladas, como las que sean conquistadas
y pobladas dentro y fuera del Esti-echo de Magallanes y del
interior hasta la provincia de Cuyo, inclusive» {'). En cambio,
en el año 16G1, el rey Felipe IV creó la real audiencia de Bue-
nos Aires, cuya jurisdicción comprendió solamente «todas las
ciudades, aldeas, poblaciones y tierras que se encuentren com-
prendidas en las provincias del Rio de la Plata, Paraguay y
Tucuman »
Sosteniendo la tesis argentina, Velez Sarsfield menciona (')
una cédula real, según él del año 1620, que establece «los lími-
tes de la Provincia de Buenos Aires de manera que se le adju-
dica de norte á sud el territorio comprendido entre la ciudad
de Corrientes hasta donde pueda extenderse en el Territorio de
Magallanes».
Hay que liacer notar, sin embargo, que, según Amunáte-
gui (^), la existencia de esa cédula no está comprobada; además
que difícilmente esa sola cédula podría anular los documen-
tos que hablan en favor de Chile.
Si se consideran, por lo tanto, la Patagonia y los territorios
del Estrecho de Magallanes como pertenecientes á Chile antes
de la separación del Vireinato de Buenos Aires, se trata de
saber ahora si, por la fundación del nuevo dominio, se han
modificado las condiciones de pro.piedad referentes al territorio
del sud. La real cédula de Gaa, por la cual se nombra el
}irimer virey, en el punto referente ó la cuestión que nos
(') Amunáteuui : obra citada, pAg. 35.
(-) «Discusión de los títulos del gobierno de Chile á las tierras del Es-
trecho de Magallanes», en la «Memoria del Ministro de Relaciones Exte-
riores», Buenos Aires 1877, t. III, p.ig. 425.
(^) En su segundo folleto del año IXjó (con el mismo titulo que el
anterior), publicado en 1853, pi'ig. 114-115.
ocupa, dice: «He venido en crearos ^'irey. Gobernador y Capi-
tán General de las provincias de Buenos Aires, Paraguay, Tu-
cuman. Potosí, Santa Cruz de la Sierra, Charcas y de todos
los corregimientos en mis provincias, pueblos y territorios á
que se extiende la jurisdicción de aquella audiencia.» Este im-
portante documento de límites no hace mención alguna de los
territorios en litigio de la Patagonia y del Estrecho de Maga-
llanes. Si se hubiera querido adjudicarlos oficialmente al nuevo
Mreinato, se debería encontrar alguna indicación en este do-
cumento, tanto más cuanto que se cita en el mismo expresa-
mente la incorporación de las ciudades de Mendoza y San Juan,
que pertenecían anteriormente á Chile, a los territorios limí-
trofes (provincia de Cuyo): «Comprendiéndose asimismo bajo
de vuestro mando y jurisdicción ios territorios de las ciudades
de Mendoza y San Juan del Pico, que hoy se hallan depen-
dientes de la gobernación de Cliile», etc.
Sin embargo, los escritores argentinos sostienen que, por la
creación del Vireinato de Buenos Aires y después de la sepa-
ración de la provincia de Cuyo de Chile, este último ha que-
dado reducido á la angosta faja de lieri-a comprendida entre el
Océano Pacífico y las altas cordilleras. V. G. Quesada O, entre
otros argumentos que presenta como pruebas, dice que en las
reclamaciones hechas por parte chilena ante la Corle de España
contra la separación de Cuyo, se hace notar de una manera
especial que Chile quedaba reducido á un « inmenso dominio
bárbaro de más de 540 millas españolas de largo por 30 de
ancho, desde la costa del mar hasta el pié de la cordillera
nevada». Pero esto demostraría solamente que en aquella época
colonial no se tenía conocimiento exacto en Chile de los terri-
torios que de derecho pertenecían á aquel estado.
Todo este punto de controversia , sobre el cual ambos
países, con su habilidad de abogados, han escrito tantos
libros y folletos {-), no tiene ya más que un interés histórico.
Es tanto más superfino, cuanto que, excepción hecha de las
inútiles expediciones en busca de la «Ciudad encantada de los
(') «Vireinato del Rio de la Plata», 1776-1810 (Buenos Aires 1881), píig. 4íl.
(^) Corapar. con los escritos antes citados de V. G. Quesada: «La Pata-
gonia y las tierras australes del continente americano», y M. R. Tkelles:
«Refutación al fondo de las Memorias publicadas por el escritor chileno
M. L. Amunátegui», etc., ambos en la «Memoria del Ministro de Relaciones
Exteriores», Buenos Aires 1877, t. III; pero principalmente la obra muy com-
pleta de M. L. Amuxátegui: «La cuestión de limites entre Chile y la Repú-
blica Argentina», Santiago 1879-80, 3 tomos.
— 8 —
Césares» ('), los gobiernos coloniales de Chile y de Buenos Aires
parecen no haberse preocupado del dominio y de la introduc-
ción de la civilización en los territorios litigiosos de la Patagonia.
Los pocos esfuerzos hechos en este sentido son bien fá-
ciles de enumerar. Por porte de Chile encontramos, ante todo,
los viajes de los misioneros jesuítas de Chiloé, á la región del
lago Nahuel-Huapi y á la altiplanicie patagónica que se ex-
tiende al sud del mismo. Desde la primera década del siglo
XVII, por indicación y con la ayuda del gobierno chileno, ini-
ciaron los jesuítas sus expediciones por las cordilleras, hasta
los territorios de los indios Puelches y Poyas. Son especial-
mente conocidos los viajes del padre Nicolás Mascardi ("), ase-
sinado después de una vida activa y fructuosa, en el año de
1673, en el lado oriental de las cordilleras. Relacionado con
estos viajes está la abertura del conocido paso de Vuriloche,
al sud del macizo del Tronador, por el cual los misioneros lle-
gaban en tres dias, desde la costa occidental á su estación del
lago Nahuel-Huapi. En el año de 1717 esta misión fué atacada
por los Puelches; ¡os padres que vivían allí fueron asesinados
y los edificios incendiados. El paso de ^'uriloche fué olvidado
y hasta estos últimos tiempos todos los esfuerzos hechos para
volver á encontrarlo fueron inútiles. La misión de Nahuel-
Huapi, aunque establecida á orillas de la altiplanicie patagó-
nica, en territorio considerado hoy, sin disi)Uta alguna, como
argentino, fué siempre considerada durante su existencia como
perteneciente á Chile; de manera que carece de fundamento,
por lo menos en lo que se i-efiere á los territorios del sud, la
opinión de que las altas cordilleras han formado desde los
tiempos antiguos la línea de límites naturales enti-e los terri-
torios de Chile y los de la Plata. A este respecto se encuentran
muchas pruebas en las Reales Cédulas (^) referentes á aquella
misión y en la «Historia de la Compañía de Jesús en Chile»,
de (Jlivares, la obra más importante sobre la actividad de la
Orden de los jesuítas en Chile. Debería citarse además, los viajes
efectuados en las dos últimas décadas del siglo pasado por el
padre franciscano Menendez, que cruzó primero la cordillera
(') Conipar. con ini articulo: «Los orígenes de la tradición de la Ciudad
encantada de los Césares», en las Actas de la Sociedad científica alemana de
Santiago, II, 4, pág. 219 y siguientes (en alemán).
(-) Barros Arana: «Historia general de Chile», V., púg 197 y siguientes;
Amunátkgui: «Cuestión de límites», 111, cap. 3.
(^) Compilado por Amunátegui; «Cuestión de límites», III, p;'ig. 7G y si-
guientes, ;B:25 y sig., 372 y siguientes.
— 9 —
en las regiones del Rio Vodulialiue O y más tarde llevó á
cabo varias expediciones coronadas por el éxito, hasta los ter-
ritorios de Nahuel-Huapi ("). Para estas últimas expediciones,
el Padre Menendez fué comisionado expresamente por el virey
del Perá(').
Tan indiscutible como el alcance (Jiinübergreifoi) de los
títulos de propiedad de Chile hasta el lado oriental de la cor-
dillera patagónica, existe en cambio el hecho de que la costa
patagónica del Atlántico, al menos desde la creación del Virei-
nato de la Plata, ha sido considerada como perteneciente á este
último, aunque, como ya se dijo, sus límites en esta dirección
no hayan sido fijados nunca oficialmente.
El segundo virey de Buenos Aires, Juan J. de^'ertiz (1778-84),
fué el primero que inició la población de la costa del Atlán-
tico: en el año 1780 se fundaron los puertos de San Julián,
Santa Elena, San Gregorio y Puerto Deseado, y en 1781, Car-
men, en el Rio Negro inferior; y en la real cédula que nombra
un comisario para alguna de las nuevas poblaciones, se dice
que estas últimas se encuentran incluidas «en la referida costa
del nuevo Vireinato de Buenos Aires (')».
La atención del gobierno español fué llamada por primera
vez sobre los territorios tan adecuados para la colonización del
Rio Negro y del Rio Colorado, por la descripción de Pa fagonia
que publicó el padre Jesuíta Falkner ("), en 1778, como resul-
tado de sus viajes y exploraciones. El padre Falkner había
hecho notar especialmente la importancia estratégica de la co-
municación fluvial, casi no interrumpida, entre las costas del
Atlántico y el sud de Chile por las regiones de los rios y lagos
originales del Rio Negro. Uno de estos últimos, el lago Hueche-
Lavquen se encontraba, según una opinión errónea del padre
Falkner, tan solo á dos dias de marcha de Valdivia.
(') «Viajes de Fray Franeinco Menendez á la (Cordillera», por Francisco
FoNCK (Valparaiso 1896).
(^) El diario de viaje de aquellas expediciones lia sido publicado por F.
Vidal Gormaz en el «Anuario Ilidrográflco», t. XV.
O Desde 1768 la Provincia de Chiloé estaba sometida á la soberanía
inmediata del virey del Perú.
(■') Quesada: «Vireinato», púg. 145. Un nuevo decreto de Agosto 1" de
1783 dispone, sin embargo, el abandono de todas esas colonias á. causa de su
inutilidad, con excepción de Carmen del Rio Negro. En los demás puntos
de colonización sólo debian quedar eregidas columnas para atestiguar su
pertenencia á la Corona de España.
(*) «Descripción de la Patagonia, incluida en la Colección de documen-
tos relativos á la historia de la Plata d, por Pedro de Angelis (1835-37).
— 10 —
Este importante descubrimiento alarmó en sumo grado á la
Corte española, porque se empezó á temer que un ejército ene-
migo, aprovechando estas vías fluviales, pudiera hacer irrupción
hasta Chile, sin que se tuviera noticia alguna de ello en, Bue-
nos Aires. Para comprobar estos datos, se comisionó al piloto
don Basilio A'illarino que emprendió viaje, en 1782, desde Car-
men del Rio Negro. Sus viajes dieron por resultado la compro-
bación de que el Rio Negro no era apropiado como vía fluvial
para las expediciones de cierta importancia, y la Corona de
España no volvió á ocuparse más de esta parte de la Patagonia.
Al mismo tiempo que la expedición Villarino, salía del Puerto
San Julián Francisco ^"iedma para un viaje de exploración al
interior, el que, cruzando el territorio de los indios Tehuelches
en el Rio Santa Cruz, llegó hasta la falda oriental de las cor-
dilleras {').
Son éstas las únicas tentativas dignas de mención que se
hicieron por parte del gobierno colonial hispano-argentino para
dar fundamento real por medio de exploraciones, colonización
y toma de posesión de hecho á su pretensión á la Patagonia.
Para la demarcación de los límites de las repúblicas que á
¡irincipio de nuestro siglo surgieron de las guerras de la Inde-
pendencia contra España, se aceptó como principio fundamen-
tal, generalmente reconocido, que esas repúblicas corresponde-
rían en sus límites á las mismas subdivisiones administrativas
de la época colonial, de las cuales habían surgido, con la única
excepción de los cambios establecidos por tratados especiales ó
que se habían ])roducido después de la revolución C^).
Ln moderna república de Chile debería, por lo tanto, coin-
cidir con la antigua Capitanía General del mismo nombre, y la
República Argentina con el ^'ireinato de Buenos Aires, como
coinciden efectivamente en los límites de las provincias del norte
y del centro. Pero, ¿qué sucedió con el territorio de la Pata-
gonia y con el de Magallanes"? El artículo 1° de la constitución
de Chile de 1833 dice textualmente: «El territorio de Chile se
extiende desde el desierto de Atacama hasta el Cabo de Hornos
y desde la Cordillera de los Andes hasta el Océano Pacífico:
comprende además el archipiélago de Chiloé, todas las islas de
(') Víase la «Relación sobre los viajes de Villarino y Viedma» en Angelis,
vol. V y VI. Buena descripción de la expedición Villarino en breves ren-
glones por Martin de Mgussy, «Description de la Confédération Argentine»
I, 160 y siguientes.
(■) Amun.\tectUi: Titules, 1855, pjg. 5.
— 11 —
los alrededores y Juan Fernandez». No se cita aquí ni la alti-
planicie patagónica ni el Estrecho de Magallanes, y se debe, pol-
lo tanto, admitir que los liomjjres que en 1833 dieron á Chile
la constitución que i'ige hoy todavía, han renunciado, con ó
sin conocimiento, á un extenso dominio que, con la aplicación
estricta de la idea fundamental arriba expuesta, les hubiera
correspondido de pleno derecho. El mismo M. L. Amunátegui,
el más incansable defensor de los derechos chilenos sobre la
extremidad sud del continente, no puede salvar esta dificultad
á pesar de todos los medios de la dialéctica de que ha echado
mano. Sostiene (') el señor Amunátegui que los estadistas de
18.33 no sabían que también la Patagonia pertenecía de derecho
á Chile; que se trataba entonces de un territorio habitado por
tribus salvajes y cuyo verdadero valor no se supo apreciar de-
bidamente en esa época; que no se tuvo presente averiguar qué
territorios correspondían anteriormente al dominio chileno, limi-
tándose á designar en el artículo los territorios verdaderamente
habitados: pero que, no teniendo los miembros de la Asamblea
Constituyente de 1833, poder ¡¡ara dis[)oner la separación de
provincias originariamente chilenas, no se puede aceptar como
resolución definitiva, para todas las épocas, un error ó un des-
cuido de dicha Asamblea.
A pesar de todo, persistió la renuncia tácita á la gran mitad
oriental de la Patagonia. Pero para reparar este error, y para
demostrar, por lo menos, ante el mundo entero, con procedi-
mientos decisivos, sus derechos sobre los territorios litigiosos
de Magallanes, el Gobierno chileno resolvió en 1843 tomar po-
sesión de ambas costas del Estrecho de Magallanes. Una ex-
pedición que salió de la isla de Cliiloé, tomó posesión, en el
mes de Setiembre de dicho año, de un pequeño puerto en la
costa oriental de la Península de Brunswick, llamado Puerto
Hambre, y echó las bases de una colonia, que, en honor del
entonces presidente de la República, recibió el nombre de Puerto
Bulnes. Seis años después esta colonia fué trasladada á unos
50 kilómetros mfis al norte, cerca del promontorio de Punta
Arenas, bajo cuyo nombre es hoy universalmente conocida.
Como ya digimos, este procedimiento del gobierno chileno
dio lugar á protestas por parte de la República Argentina, y
la cuestión de límites de la Patagonia entró así en una nueva
fase que encontró su solución definitiva en el tratado de 1881.
(') Títulos, 1855, pág. 134 y signientfis.
— 12 —
Durante ese inlérvolo, sólo es digno de mención un convenio
oficial de cierta importancia general, es decir, el artículo 39
del tratado de ])az y de amistad concluido entre ambos países
el 30 de Agosto de 1855 (dado á la publicidad el 30 de Abril
de 1856)0 y en el cual se cita el prinijipio arriba mencionado
de que los límites territoriales de la época colonial , en los
momentos de la separación de España, es decir, después de 1810,
deben ser mantenidos. En este mismo artículo se establece, ade-
más, que todas las cuestiones existentes ó (|ue pudieran surgir
más tarde con respecto a este litigio fronterizo serían tratadas
de una manera amistosa y pacífica y sin echar mano de me-
dios violentos. En último caso, habría que someter la decisión
al arbitraje de una nación amiga.
Se puede ver, pues, desde este primer convenio referente á
la demarcación de los límites entre ambas repúblicas, aparecer
la idea del tribunal arbitral que es mantenida como ultima ratio
tainliien en los últimos tratados.
II
LOS TRATADOS DE LIMITES EXISTENTES
A pesar de las amistosas declaraciones del artículo 39 del
tratado de 1855, las negociaciones diplomáticas entre ambos paí-
ses respecto á la cuestión de la posesión de los territorios del
Estrecho de Magallanes y á la solución eventual de la misma
l)or un tribunal arbitral, llegaron á tal punto de tensión que
una solución violenta del conñicto parecía inevitable ("). A me-
diados del año de 1878 las negociaciones fueron bruscamente
interrumpidas: la escuadra argentina recibió ói'den de trasla-
darse al puerto de Santa Cruz en la Patagonia, y la chilena fué
enviada á las aguas del Estrecho de Magallanes. En aquellos
momentos surgió el litigio de Chile con Bolivia y se produjo la
ocupación de Antofagasta (Febrero de 1879) y estalló la guerra
contra la alianza peru-boliviana que de un solo golpe dio á
Chile la brillante preponderancia entre las repúblicas del Océano
Pacífico.
(') Bascuñan: (iRoeopiliicion de tnitmlos y convenciones», .Santiago, t. I,
piig. 227-251.
(') E. Zeballos, «Demarcación ile limites entre la líepública Argentina
y Chile», extracto de la ¡Memoria del ¡Ministro de Relaciones Exteriores,
Buenos ,\ires, 1892, pág. tí.
— 13 —
Todavía bajo la impresión del li-iunfo de las armas chilenas
en Chorrillos y Miradores, se íirmó en Buenos Aires, el 23 de
Julio de 1881, el tratado de límites chileno-argentino, piedra an-
gular de todo el nuevo desarrollo de la cuestión. Un detenido
estudio de este importante documento nos permite notar inme-
diatamente una contradicción marcada con todos los documentos
anteriores referentes á la demarcación de límites. No se encuentra
en este documento referencia alguna a ningún antecedente his-
tórico; tan solo en la introducción se dice que este tratado es
concluido «dando cumplimiento al artículo 39 del tratado de
Abril del año 1856». En este nuevo documento no se hace refe-
rencia á las épocas anteriores, en tanto que en el tratado de
1856, se hacía referencia á los límites existentes durante la do-
minación española.
Por lo tanto, como si no existieran convenios anteriores, el
tratado de 1881 establece la obra de la demarcación de límites,
sea por medio de coordenadas geográficas (como en el extremo
sud), sea por medio de una línea que debe fijarse mediante
exploraciones geográficas (como para el resto de los límites ha-
cia el norte). Este tratado hace abstracción completa de todos
los puntos de vista históricos y se funda en los principios na-
turales tomados de la geografía matemática y física. l'Jn este
punto se encuentra la diferencia fundamental entre la moderna
cuestión de límites, desde 1881, y la anterior que tenía en cuenta
la herencia de la época colonial. Se debería suponer que la cues-
tión ha sido así simplificada de una manera esencial, en cuanto
que los peritos llamados á delinear los límites no tenían ya ne-
cesidad de ocuparse de la presentación de las Cédulas Reales
y otros documentos históricos generalmente defectuosos ó poco
claros, y efectivamente esto hubiera sucedido si el nuevo prin-
cipio geográfico que debía regir la delimitación hubiera sido
expresado de una manera clara y terminante. Pero veremos
bien pronto que desgraciadamente no ha sido este el caso, y
que, más aún, la poca claridad de la redacción del fundamento
princijial del tratado, ha dado lugar ii una interminable serie
de nuevos conflictos.
El artículo 1° del tratado de 1881 ha sido ya con exceso ci-
tado, explicado, defendido y atacado, tanto en el interior como
en el exterior, durante este nuevo período de la cuestión de
limites. El texto de este artículo es el siguiente: «El límite
entre Chile y la República Argentina es, de norte á sud, hasta
el paralelo 52° de latitud, la Cordillera de los Andes. La línea
fronteriza correrá en esa extensión por las cumbres más ele-
— 14 —
vacias de dichas cordilleras que dividan las aguas y pasará
por entre las vertientes que se desprenden á un lado y á otro.
Las dificultades que pudieran suscitarse por la existencia de
ciertos valles formados por la bifurcación de la cordillera y
en que no sea clara la línea divisoria de las aguas, serán
resueltas amistosamente por dos peritos nombrados uno por
cada parle. En caso de no arribar éstos á un acuerdo, será
llamado á decidirlas un tercei'o perito designado por ambos
gobiernos....», etc.
Sobre la aplicación de esta idea fundamental tan limitada
y sobre todo tan anti-geográfica para la demarcación de los
limites, se han publicado en estos últimos tiempos interesantes
informes y documentos (') de los cuales se desprende que desde
el año 1872, época en que el ministro argentino en Chile, don
Félix Frias, inició en Santiago las negociaciones para un
tratado de límites, se aceptó por ambas parles como idea fun-
damental la de que la división de las aguas debía servir de
base para el trazado de la línea de demarcación en la cordillera.
En las varias ñolas oficiales y proyectos de tratados de los
años 1873, 74 y 77, se presenta siempre la fórmula de divor-
tium aquarum ó de « línea divisoria de las aguas », y no cabe
duda alguna de que esta idea ha sido defendida como base del
convenio definitivo con especial empeño precisamente por parte
de la República Argentina. El ministro argentino de Relacio-
nes Exteriores don Bernardo de Irigoyen, propuso, en 1877,
(') Compar. especialmente D. Barros Arana: «La cuestión de limites
entre Chile y la República Argentina», Santiago 1895; adenu'is: Critica del
Dr. PoLAKOwsKi en la «Peterm. ^litteil.», 1895, VIII, informe literario N» 583;
R. Serrano Montaner: «Limites con la República Argentina», tiraje á parte
de una serie de artículos de dos diarios chilenos, «El Ferrocarril» y «La
Union», Santiago, 1895; Melquíades Vai-derrama: «La cuestión de limites
entre Chile y la República Argentina». Rectificación indispensable (tiraje á
parte del «Ferrocarril»), Santiago 1895. Los mus importantes trabajos que
sobre esta cuestión se han publicado del lado argentino, han sido compila-
dos por Y. Quesada: «La política chilena en el Plata», Buenos Aires, 1895.
Debe mencionarse principalmente aquí la obra del jefe técnico de la Co-
misión de límites chilena A. Bertrand, de la que muy pocos ejemplares
han sido entregados á la publicidad hasta ahora : « Estudio técnico acerca de
la aplicación de las reglas para la demarcación de limites», etc., Santiago,
1895. A esta obra van agregados diversos documentos sobre la cuestión de
limites, en parte acompañados con observaciones criticas, y algunos planos,
entre los cuales debe mencionarse principalmente un mapa de estratificación
(HOhenschicMenkarle) de los Andes, aproximadamente del 26» al 38» latitud
sud y de un mapa hipsométrico exacto, de las ramificaciones de la cordi-
llera, agrupados alrededor del Paso de San Francisco.
— 15 —
la introducción textual de la formula empleada por el conocido
jurisconsulto y escritor americano Andrés Bello en sus «Prin-
cipios de derecho internacional», I, capítulo III, párrafo 3, para
la delimitación de fronteras entre países divididos por serra-
nías, y que dice: «Cuando el límite es una cordillera, la línea
divisoria corre por los puntos más encumbrados de la misma
y entre las vertientes de los cursos de agua que se desprenden
casi á un lado y á otro». Como se vé, esta fórmula está repe-
tida textualmente en el tratado de 1881.
En el mismo orden de ideas, es también significativa la
proposición presentada el 12 de Mayo de 1881 en nombre del
gobierno argentino por el ministro residente norte-americano
en Buenos Aires, señor Thomas O. Osborn, á su colega de
Santiago, en la cual dice O: «Quedará reconocida como línea
divisoria entre Chile y la República Argentina de noi-te á sud
el divortia aqnarum (sic) de las cordilleras de los Andes hasta
el grado 52.»
Finalmente, el principio de la línea divisoria de las aguas,
tan expresamente manifestado en la segunda parte de la fór-
mula fundamental del artículo 1": «y pasará por entre las ver-
tientes que se desprendan á un lado y otro», ha sido introdu-
cido en el tratado por pedido especial del ministro Irigoyen,
comunicado también al gobierno chileno por intermedio del
general Osborn (') .
Al juzgar estos antecedentes, no se debe olvidar que el re-
conocimiento de este principio de la línea divisoria de las
aguas de la cordillera, significa una gran concesión por parte
de Chile, que viene así á renunciar á todos sus derechos histó-
ricos sobre la parte de Patagonia situada al este de la línea
divisoria de las aguas de los Andes y al norte del paralelo 52°.
Respecto á todo el territorio al norte del Rio Negro, no cabía
duda alguna; los límites modernos corresponden á las condi-
ciones existentes desde la separación de la provincia de Cuyo
y la fundación del Vireinato de Buenos Aires. Como en esas
regiones las más altas cumbres de la cordillera forman, en
general, la línea divisoria de las aguas de ambos océanos, la
redacción del tratado se aplicaba con exactitud para la demar-
cación de los límites á las condiciones geográficas é históricas,
y como no se tenían mayores conocimientos de las condiciones
O Barros Arana: obra citada pág. 15.
(-) Barros Arana: obra citada, p;'ig. 16. «Zeitschrift der Gesellschaft für
Erdkunde», vol. XXXII, 1897.
— IG —
oro-liidrográficas del sud, se hi/.o extensiva la fórmula de la
delimitaciom para toda la cordillera patagónica, hasta la latitud
en que el limite debía seguir líneas puramente matemáticas.
Si estudiamos ahora con mayor atención el texto del artí-
culo 1" arriba citado, resulta claramente que la fórmula «las cum-
bres más elevadas que dividan las aguas» est;i muy mal elegida:
cualquier geógrafo sabe que el trazado de la linea divisoria de
las aguas es completamente independiente de la línea de las
más altas cumbres de una cadena de montaña. Si se pre-
gunta ahora á cuál de las dos líneas, completamente opuestas
se refiere el tratado, creo deber contestar que en el tratado
de 1881 se tuvo en vista la linea divisoria de las aguas, pero
en la opinión, según los autoi-es del tratado, de que esta línea
fuera idéntica á la de las altas cumbres. De todos modos se
tuvo en vista una demarcación de limites que tuviera por base
la división de las aguas, como resulta no solamente de la his-
toria de los antecedentes del tratado, sino también de varios
párrafos del mismo documento. Compárese, por ejemplo, con
la indicación, en el artículo 2" según la cual el límite, desde la
intersección del meridiano 70° con el paralelo 52" «seguirá hacia
el oeste, coincidiendo con este último paralelo hasta el divoiHa
aquanim de los Andes».
Tampoco las demás disposiciones del tratado de límites es-
tán siempre redactadas con la claridad que sería de desear.
Así, por ejemplo, en el artículo 2° hay un punto que ha dado
origen á gran divergencia de opiniones por su redacción defec-
tuosa, causada por ignorancia de las condiciones geográficas.
Dice el articulo citado: «En la parte austral del continente y
al norte del h^strccho de Magallanes, el límite entre los dos
países será una línea que, partiendo de Punta Dungeness, se
prolongue por tierra hasta Monte Dinero; de aquí continuará
hacia el oeste, siguiendo las mayores elevaciones de la cadena
de colinas que allí existen hasta tocar en la altura de Monte
Aymond. De este punto se prolongará la línea hasta la inter-
sección del meridiano 70° con el paralelo 52° de latitud, y de
aquí seguirá hacia el oeste, coincidiendo con este último para-
lelo hasta el dirortia aquarnm de los Andes.»
Pero es sabido por las relaciones de viajeros anteriores, y
especialmente del piloto Juan Ladrillero (1557-58), del capitán
Parker King de la expedición de la «Adventure» y del «Bea-
gle» (1830), de algunos oficiales de la corbeta chilena «Maga-
llanes» (1877), que ya al norte del grado 52 de latitud sud,
la cordillera de los Andes se traslada desde el continente al
— 17 —
sin número de islas que de ese punto constituyen su prolon-
gación geográfica hacia el sud. No se puede, por lo tanto, ha-
blar con vei'dadera pi'opiedad de un punto de intersección del
paralelo 52" con el divortia aquarum de la cordillera; el divoriia
aquarum continental, en la latitud mencionada, se encuentra
' más bien en las extensas llanuras ó pantanos de Diana, que
se extienden á pocas millas al este de la costa del Pacífico,
y donde se encuentran los orígenes del rio Turbio, afluente del
rio Gallegos que desemboca en el Océano Athintico.
El ingeniero chileno Bertrand confirma claramente estas con-
diciones en su Memoria sobre la «Región central magallánica» (')
(1885), como también el capitán Serrano, enviado en 1888 para
explorar la región fronteriza entre los paralelos 51" y 52".
El hecho de que en las vivas polémicas habidas en estos
últimos años no se haya dado mayor importancia á este punto,
es debido á que en el protocolo de 1893, del cual me ocuparé
más abajo, se subsanó este artículo de tan dudosa redacción,
declarándose de una manera categórica en el artículo 2" que
las costas de los canales del Pacífico pertenecerían siempre á
Chile, aun cuando se comprobara que la Cordillera se alejaba
del continente. («Si en la parte peninsular del sud al acercarse
al paralelo 52, apareciera la Cordillera internada entre los ca-
nales del Pacífico que allí existen, los peritos dispondrán el
estudio del terreno para fijar una línea divisoria que deje á
Chile las costas de esos canales, etc.»). Debe también citarse
aquí otro documento más moderno (Acuerdo de 17 Abril de 1896),
cuyo artículo 3" establece la demarcación de los límites cerca
del paralelo 52", según las disposiciones del citado artículo 2" del
protocolo de 1893, y la presentación al arbitraje de la Corona
de Inglaterra de las divergencias que pudieran surgir.
La misma falta de exactitud en las indicaciones geográficas
que hemos notado en los artículos 1" y 2", vuelve a presentarse
en la indicación de la línea de frontera en la Tierra del Fuego
(artículo 3" del tratado), donde se establece que: «en la Tierra
del Fuego se trazará una línea que, partiendo del punto deno-
minado Cabo del Espíritu Santo en la latitud 52" 40', se pro-
longará hacia el sud, coincidiendo con el meridiano occidental
de Greenwich, 68» 34', hasta tocar en el Canal de Beagle, etc. »
Pero cuando en 1890 empezaron los trabajos prácticos, se
comprobó que el Cabo Espíritu Santo se encuentra á occidente
(') «Anuario Hidrográfico», XI, pág. 331-34. En el mismo, las citaciones
tomadas de los informes de los viajeros antes mencionados.
Tumo IX. 2
— 18 —
del meridiano indicado como límite en el tralado; surgió en-
tonces esta cuestión: ¿debe seguir el límite el meridiano del
Cabo ó el meridiano 68" 34' indicado en el tratado? El pri-
mero era favorable para la República Argentina, el segundo
para Chile, por cuanto que por el meridiano del Cabo se adju-
dicaba á la primera una ancha zona de tierra más allá de la
costa del Atlántico.
Las negociaciones que se iniciaron entre los peritos con
motivo de esta dificultad llevaron á una conclusión amistosa
por la cual Chile reconoció á favor de la Argentina como límite
el meridiano del Cabo del Espíritu Santo.
El artículo i" del protocolo de 1893 soluciona esta dificultad
de una manera terminante, y durante los trabajos de colocación
de hitos en la Tierra del Fuego de 1893-95, no se ha producido
ninguna diferencia.
Podemos pasar rápidamente sobre los detalles del desarrollo
de la cuestión de límites durante el plazo transcurrido entre la
ratificación oficial del tratado de 1881 (22 de Octubre 1882) de
que nos hemos ocupado y la del protocolo Errázuriz-Quirno Costa
(21 de Diciembre de 1893).
La Memoria del ministro argentino de Relaciones Exteriores
don Estanislao Zeballos, correspondiente á los años 1891-92,
contiene todos los datos necesarios, y existe en idioma alemán
una relación detallada y exacta del doctor H. Polakowsky (').
Durante este tiempo la ejecución práctica del tratado de límites
de 1881 fué impedida por los cambios de gobierno, revoluciones,
o-uerras civiles habidas en ambos estados, ó demorada por dife-
rencia de opiniones entre los peritos sobre aplicación y signi-
ficado de cada uno de los artículos, y el suceso más importante
es la llamada convención Lastarria-Uriburu de 1888 (ratificada
el 11 de Enero de 1895)0. Después de una serie de disposi-
ciones sobre nombramientos de peritos y sus ayudantes, como
también sobre principios de los trabajos de las comisiones en
el terreno, se repite en el artículo 6° la resolución de someter
las cuestiones en litigio al fallo de un arbitro: «Siempre que los
peritos no arriben á un acuerdo en algún punto de la fijación
de límites ó sobre cualquiera otra cuestión, lo comunicarán
respectivamente á sus gobiernos para que éstos procedan á
designar el tercero (|ue ha de resolver la controversia, según
el tratado de límites de 1881.»
(O «Peterm. Mitteil.», 1894, IV, púg. 86-90.
(■) Bascuñan: «Recopilación», II, piíg. 331 y siguientes.
— lí» —
El tratado de 1881 contiene ya disposiciones sobre el trihunnl
arbitral, en el artículo 1" arriba citado, y de una manera más ex-
tensa en el artículo 6" que dice en su segunda parte: «Toda cues-
tión que, por desgracia, surgiere entre ambos países, ya sea con
motivo de esta transacción, ya sea de cualquiera otra causa,
será sometida al tallo de una potencia amiga, quedando en
todo caso como limite inconmovible entre las dos repúblicas el
que se expresa en el presente arreglo.»
Los chauvins argentinos han hecho notar que por la re-
dacción de este artículo no se admite el fallo de arbitro con
respecto á la misma línea de límite. «La República Argentina —
dicen — O no puede ni debe consentir en someter á arbitraje
territorios de este lado de los Andes, los que, en todo caso,
deben quedar como límite inconmovible entre ambos países. El
arbitraje jamás se aplica de una manera absoluta; es preciso
que la materia sea susceptible de arbitraje. Habrá que especi-
ficar en cada caso si el arbitraje es ó no aceptable.»
Es claro que, según esta explicación, todo el tribunal de
arbitraje queda suprimido ó inutilizado por el mismo artículo
que lo establece. Por parte de Chile, la segunda parte del ar-
tículo 6° es interpretada sencillamente como una indicación
para el tercer perito llamado á fallai", para que resuelva el
punto de acuerdo con las disposiciones del tratado y fundán-
dose en las mismas.
El protocolo de 1893 se limita á citar brevemente «los re-
cursos conciliatorios para salvar cualquiera dificultad, pres-
criptos por los artículos 1° y 6" del tratado», y el protocolo
INIatteQuirno Costa (6 de Setiembre de 1895) indica como úl-
tima instancia la solución délas di feí'encias por parte de ambos
gobiernos «según los tratados existentes entre ambos países»
(artículo 4"). El nuevo acuerdo Guerrero-Quirno Costa (1896),
es el que primero soluciona de una manera definitiva la cues-
tión del arbitraje.
Me ocuparé ahora del protocolo Errázuriz-Quirno Costa
(1893), que, de todos los actuales tratados de límites, me parece
el menos sincero y, por esta razón, tal vez el menos útil.
El artículo 1° (") repite textualmente la conocida fórmula
principal del tratado de 1881 y agrega: «Los peritos y las sub-
comisiones tendrán este principio por norma invariable de sus
(') Quesada: «La política chilena en el Plata», pág. 238.
(^) Bascuxan: II, p;ig. 385 y siguientes, }' frecuentemente reproducido,
asi como el tratado de 1881.
— 20 —
procedimienlos.» En vez de introducir, pues, una línea fronte-
riza clara, determinada, cuyo trazado en el terreno fuera se-
gura y de eliminar el error principal de todo el tratado, la in-
dicación anti-geográfica de «cumbres más elevadas que dividan
las aguas» etc., punto de partida de la eterna cuestión sobre
el divortia aqitanim ó línea de las cumbres más altas, este pro-
tocolo establece solemnemente esta fói-mula defectuosa como
única norma para todos los futuros trabajos en el terreno.
Pero hay más todavía; siguen en los artículos 1" y 2" una se-
rie de disposiciones que necesariamente aumentan la confusión.
Dice más adelante el artículo 1": «Se tendrá, á consecuencia,
á perpetuidad, como de propiedad y de dominio absoluto de la
República Argentina todas las tierras y todas las aguas, á sa-
ber: lagos, lagunas, rios y parte de rios, arroyos y vertientes
que se hallen al oriente de las más elevadas cumbres de la
cordillera de los Andes que dividan las aguas, y como de pro-
piedad y dominio absoluto de Chile todas las tierras y todas
las aguas, etc., que se hallen al occidente de las más elevadas
cumbres de la cordillera de los Andes, que dividan las aguas.»
Tenemos aquí, por lo tanto, una detallada paráfrasis de la
fórmula principal, la que, sin embargo, está muy lejos de ale-
jar toda dificultad. Digna de mención y, en el primer momento,
casi incomprensible, es la enumeración, entre las varias clases
de agua, de las «partes de rios». En la República Argentina
se ha notado inmediatamente también este punto, y se ha pre-
visto la posibilidad de que la línea de límites viniera á cortar
en dos partes los cursos de los rios.
Con una atenta lectura de todo este artículo, se llega á com-
prender que esta idea es absurda, porque no existen partes de
rios, es decir, partes de un mismo rio, (jue pueden correr de
este á aquel lado de la línea de las altas cumbres que dividen
aguas. Se debe, por lo tanto, aceptar la explicación dada por el
perito chileno ('), de que se trata aquí de «rios parciales» cur-
sos de rios incompletos, como hay muchos ejemplos en el lado
argentino, y que concluyen en la arena ó en las lagunas sala-
das de la pampa. Debe quedaren pié, sin embargo, contra esta
expresión, la acusación de poca claridad.
Todavía peor es la redacción del artículo 2": «Los infras-
criptos declaran que, á juicio de sus gobiernos respectivos, y
según el espíritu del ti'atado de límites, la República Argen-
tina conserva su dominio v soberanía sobre todo el territorio
O Barros Araxa: obra citada, p;'ig. 28.
— 21 —
que se extiende al oriente del encadenamiento principal de los
Andes, hasta las costas del Atlántico; como la República de
Chile, el territorio occidental hasta la costa del Pacífico; enten-
diéndose que por las disposiciones de dicho tratado, la sobe-
i-ania de cada estado sobre el litoral respectivo es absoluta, de
tal suerte que Chile no puede pretender punto alguno hacia el
Atlántico, como la República Argentina no lo puede pretender
hacia el Pacífico. »
Como se ve, no se habla aquí de la línea divisoria de las
aguas: se introduce, en cambio, una idea completamente extraña,
la del encadenamiento princiíjal de la cordillera, principio que debe
ser, ante todo, puesto en claro.
Habiéndose entre tanto llegado í\ comprobar en la República
Argentina que, con la aplicación estricta del principio del ///-
roriia aquaram, se vendría á perder valiosas zonas de terreno,
especialmente en la Patagonia, se apoyaron inmediatamente en
esta nueva fórmula de límites, para sacar en consecuencia que
el protocolo venía á anular la disposición fundamental del tra-
tado de 1881; en lugar de la línea de las altas cumbres que
dividan aguas, debe ahora ponerse en su lugar la idea pura-
mente orográfica de «encadenamiento principal de la cordillera».
Pero existe, en cambio, en el mismo protocolo, la disposición
muchas veces citada, de mantenerse en todos los casos inva-
riable el tratado de límites de 1881 (artículo 1°; el artículo 10'^
dice: «el contenido de las estipulaciones anteriores no menos-
caba en lo más mínimo el espíritu del tratado de límites de 1881)».
Se debe, por lo tanto, justamente admitir que, en opinión de
los ministros que firmaron el protocolo de 1893, la línea del en-
cadenamiento principal tenía el mismo significado que la línea
de las cumbres más elevadas que dividan aguas.
De hecho, la idea orográfica de encadenamiento principal es
bastante indefinida, y no puede ser absolutamente aplicada para
la delimitación política de límites en una cordillera de monta-
ñas tan variadas en su configuración, y tan poco conocida en
todas las particularidades de su construcción como la Cordi-
llera de los Andes.
Cuando se trata de trazar una línea fronteriza por el enca-
denamiento [)rincipal en países cuyas montañas están detallada-
mente estudiadas en sus subdivisiones y anotadas cai-tográfica-
mente, no puede existir duda alguna respecto á la ramificación
de la cadena que debe ser considerada como encadenamiento
principal: pero ¿cómo se puede, según este principio, estable-
cer, por ejemplo, la línea en la cordillera patagónica en un
22
verdadero laberinto de cordones O montañosos donde solamente
en puntos bien determinados se presenta una cadena que me-
rezca el nombre de encadenamiento principal gracias al des-
arrollo de su masa y á la serie continuada de altas cumbres
nevadas?
Volveré a tocar este punto al ocuparme especialmente de la
Patagonia : séame permitido repetir aquí que la introducción de
la idea de «encadenamiento principal» debe ser ]>or lo menos
un obstáculo, y mucbas veces un fundamento para importantes
divergencias de opiniones en las operaciones de los jieritos y
de las sub-comisiones.
El artículo 3" dice: «En el caso previsto por la segunda
parte del artículo 1° del tratado de 1881, en que pudiera susci-
tarse dificultades por la existencia de ciertos valles formados
por la bifurcación de la Cordillera y en que no sea clara la
línea divisoria de las aguas, los peritos se empeñarán en resol-
verlas amistosamente, haciendo buscar en el terreno esta condición
(jeoíjráficade la demarcación ('). Para ello deberán, de común acuerdo,
hacer levantar por los ingenieros ayudantes un plano que les
sirva para resolver la dificultad.» El doctor Polakowski (^) en-
cuentra que este artículo es completamente inútil: yo diría está
también redactado en términos demasiado generales y dá orí-
gen á varias interpretaciones, por cuanto no hace notar con
suficiente exactitud el punto á que se refiere.
Es sin embargo evidente que, tratándose de valles en la
Cordillera «en que no sea clara la línea divisoria de las aguas»,
se tenía presente solamente los valles sin rios, encerrados ge-
neralmente entre altas montañas, en su mayor jiarte hoyas si-
tuadas á una gran altura sobre el nivel del mar, y de los cuales
existen varios ejemplos, entre otros las cordilleras de Atacama,
en tanto que con todos los demás valles «formados por la lii-
furcacion de la Cordillera» ú otras depresiones del terreno,
(') Comp. con las justas observaciones de Serrano: «Limites con la Re-
pública Argentina», pfig. 1]. No estoy de acuerdo con la opinión de mi ho-
norable amigo Dr. Fonck, que vé precisamente en la introducción do este
principio (Begriff) orogr.'itico . la feliz solución de la duda ocasionada por
la redacción vaga del articulo principal, I del Tratado (Fonck: «Ligera con-
tribución orográüca para la defensa del protocolo del !<> de Mayo», en el
«Mercurio», Valparaíso, 6 de Febrero 18í)4).
(■) Aquí tenemos nuevamente una prueba evidente de que, á pesar de la
introducción del encadenamiento priticixjal, el protocolo de ISÍKH reconoce
también la línea divisoria de aguas como principio fundamental de la demar-
cación.
(■') Obra citada, pág. 86.
— 23 —
donde existen cursos de agua, no se puede hablar de poca cla-
ridad de la línea divisoria de las aguas. En caso de encontrar,
pues, un valle sin desagüe aparente, como es el caso en el pié
occidental del Paso de San Francisco (27" latitud sud, 68» 30'
longitud oeste) encerrado entre la Laguna Verde y la Laguna
de Maricunga, las comisiones de ingenieros deben levantar un
plano topográfico detallado del territorio en cuestión para ob-
tener la condición que debe determinar la línea fronteriza, es
decir, la línea divisoria de las aguas. Se debería, por lo tanto,
proceder técnicamente en esta forma O: tratar de construir,
midiendo exactamente las alturas, el sistema de rios que exis-
tiría si, en las varias partes del valle, hubieran cursos de agua.
Sería fácil, entonces, trazar la línea divisoria entre las aguas
limítrofes existentes ó reconstruidas, y establecer entonces según
ésta, la línea princij)al divisoria de las aguas.
Esto sería, sin duda alguna, el procedimiento más natural
y más correspondiente al espíritu del tratado para solucionar
el problema de límites en el difícil caso de valles sin cursos
de agua; pero el artículo del protocolo debería contener al res-
pecto disposiciones terminantes é indicaciones que facilitaran
su ejecución en la práctica. Son éstas las indicaciones princi-
pales del protocolo de 1893.
Respecto del artículo 4" referente al meridiano del Cabo de
Espíritu Santo (véase más arriba): el artículo 10° ha sido tam-
bién ya citado.
Las disposiciones que quedan son secundarias y so refieren
á los principios de los trabajos prácticos, organización de las
comisiones de ingenieros, etc.
Como era de esperar, el protocolo de 1893 ha sido el punto
de partida de una larga serie de nuevas dificultades, durante
las cuales, sin embargo, han continuado los trabajos en la
región fronteriza, pero que lomaron de vez en cuando (como
á principios de 1895-96) un carácter tan serio, causado por la
persecución sistemática de ciertos diarios argentinos contra los
chilenos, que la paz de Sud-América parecía amenazada. Es
en esta última fase del desarrollo de la cuestión de límites que
se presenta el protocolo Malte -Quirno Costa, el 6 de Setiem-
bre de 1895. Este protocolo se compone de cuatro cortos ar-
tículos, cuyos tres primeros tienen por objeto principal impedir
una interrupción de los trabajos sobre el terreno, motivada por
las divergencias surgidas entre los peritos y explotadas por la
O Comp. Bertrand: «Estudio técnico», ¡lAg. 68 y siguientes.
-^l
]irensQ. El artículo -i" dice: «Si los peritos no llegaran á solu-
cionar las divergencias que pudieran presentarse en el curso
de la demarcación, elevarán todos los antecedentes á sus res-
pectivos gobiernos á fin de que éstos las solucionen con arreglo
á los tratados vigentes entre ambos países.» Es indudable que
se puede ver en esta última frase una indicación, aunque no
en palabras explícitas, al tribunal arbitral de una potencia
amiga previsto en caso extremo, tanto por el tratado de 1881
(artículos 1° y 6") como por el protocolo de 1893 (artículo 10").
Lo que aquí se indica solamente de una manera general está
establecido con toda claridad en el último documento referente
á la cuestión de límites, el llamado «Acuerdo» Guerrero-Quirno
Costa, de fecha 17 de Abril de 1896, el que, en su artículo 2",
establece que: «Si ocurriesen divergencias entre los peritos ai
fijar en la Cordillera de los Andes los hitos divisorios al sud del
paralelo 2()°52'45" y no pudieran allanarse amigablemente por
acuerdo de ambos gobiernos, quedarán sometidas al fallo del
gobierno de Su Majestad Británica, á quien las partes contra-
tantes designan desde ahora, con el carácter de arbitro encar-
gado de aplicar estrictamente, en tales casos, las disposiciones
del tratado y protocolo mencionados, previo el estudio del
terreno por una comisión que el arbitro designará.» Después
de las observaciones anteriores huelga todo comentai-io sobre
este ai'lículo que establece la solución pacífica de la cuestión
de límites chileno-argentinos.
Ambas partes reconocen la admisibilidad de un tribunal ar-
bitral y confieren este cargo al gobierno de una gran potencia
amiga, que debe pronunciar el fallo definitivo en los casos du-
dosos, según los tratados existentes y los correspondientes es-
ludios en el terreno. Nueva é importante es la determinación
exacta que se hace en este protocolo del límite norte, hasta el
cual debe trazarse, dentro de la Cordillera, la línea divisoria
ajustada á los tratados. Uno de los principales defectos del tra-
tado de 1881 consistía precisamente en la inseguridad del dalo
sobre la extremidad norte de esta línea fronteriza O, para la
cual se ha elegido ahora el paralelo del Paso de San Francisco,
por medio de los nuevos estudios de las sub- comisiones chile-
nas y argentinas.
Respecto á la zona fronteriza hacia el norte, el artículo 1°
de este protocolo contiene la disposición siguiente: «Las ope-
(') PoLAKOwsKi: El hilo de San Francisco, en «Peterin. :MitteiI.i), 1.S95,
pág. 26ü.
— 'ZO —
raciones de demarcación del límite entre la República Argen-
tina y la República de Chile, que se ejecutan en conformidad
ni tratado de límites de 1881 y al protocolo de 1893, se exten-
derán en la cordillera de los Andes hasta el paralelo 23" de
latitud austral, debiendo trazarse la línea divisoria entre este
paralelo y el 2(i°52'45" concurriendo á la operación ambos go-
biernos y el gobierno de Bolivia, que será solicitado al efecto.»
Por lo tanto, la demarcación de límites en el territorio lla-
mado Puna de Atacama, entre Chile y la República Argentina,
debe tener lugar, de acuerdo con los tratados y con interven-
ción del gobierno de Bolivia, en cuyo poder se hallaba esta ex-
tensa altiplanicie antes de la guerra chileno-perú-boliviana.
Desde la ocupación militar durante esta guerra, la Puna de
Atacama está de hecho en poder de Chile, pero el tratado de
límites chileno -boliviano de 1884 no hace referencia alguna á
la pertenencia política de estos territorios. Pero como estos mis-
mos han sido cedidos por Bolivia á la República Argentina en
1893, por un tratado secreto concluido sin conocimiento alguno
por parte de Chile, se debe esperar con cierta ansiedad cómo
llegarán á ponerse de acuerdo estas tres potencias en esta di-
fícil cuestión para la cual, nótese bien, no está previsto el ar-
bitraje.
III
LOS TRABAJOS EN EL TERRENO
1. La dentarcacion de límites en el norte y en el centro
de la Cordillera
Cuando en 1890 los peritos nombrados por ambas repúbli-
cas para la demarcación de los límites, se reunieron en San-
tiago de Chile para adoptar las disposiciones necesarias para
dar comienzo á los trabajos prácticos, se adoptó la resolución
de empezar los trabajos en la Cordillera de Atacama, tomando
como punto de salida el Portezuelo de San Francisco.
La salida de la sub-comision mixta de ingenieros no fué im-
pedida, á pesar de la divergencia surgida respecto á las dispo-
siciones fundamentales del tratado de 1881, durante estas ne-
gociaciones que, después de haber sido interrumpidas por la
revolución y la guerra civil, habían sido reanudadas en el ve-
rano de 1891-92. En el mes de Marzo de 1892 la comisión salió
— 2i) —
de Copiapó, desde donde siguió vioje por el paso de San Fran-
cisco hasta las vegas del mismo nombre que se extienden al
oriente del mismo. En la altura de dicho paso fué colocado, el
dia 15 de Abril, un hito divisorio; pero en la redacción del pro-
tocolo correspondiente {') surgieron divergencias de opiniones,
negándose la comisión argentina á reconocer la forma jiro-
puesta por el ingeniero-gefe chileno A. Berlrand, en que se
fundaba la elección de este punto. Inmediatamente después se
suspendieron los trabajos por lo avanzado de la estación.
En Febrero de 1893 , el perito argentino manifestó el deseo
de que una comisión mixta de ingenieros hiciera un nuevo es-
tudio de la región andina de Copiapó, antes de prestar su apro-
bación al hito de San Francisco colocado en el año 1892. El
perito chileno hizo notar que creía que las operaciones se ha-
bían llevado á cabo con estricta sujeción al tratado de límites,
pero accedió á que se hicieran nuevos estudios, y este conve-
nio figura como artículo 8" del protocolo de 1893.
De acuerdo con estas disposiciones, en Enero de 1894 vol-
vió la comisión mixta á las cordilleras de Atacama, habiendo
esta vez preparado el plan de las operaciones que debía efec-
tuar la comisión argentina, á la cual, según instrucciones re-
cibidas, la comisión chilena no debía prestar más que ayuda.
Los trabajos exigieron alrededor de dos meses de tiempo y
su resultado fué el levantamiento de la región andina siguiendo
el paralelo 27° de latitud entre el meridiano G8" y 69" 39' de
longitud oeste entre el paso de San Francisco y el paso de Ma-
ricunga (ó Santa Rosa), basado en observaciones astronómicas
y trigonométricas.
Ambas comisiones certifican en el i)rotocolo firmado en el
mismo punto, el dia 7 de Marzo, que el hito colocado en Abril
de 1892 está exactamente colocado en el llamado Paso de San
Francisco; como también que los valles principales que divide
este paso son la Laguna ^'erde al oeste y las Vegas de San
Francisco al este. La sub-comision argentina declara, sin em-
bargo, que «el punto donde está colocado el hito, no está con-
forme con lo que manda el tratado y el protocolo» y pide se
continúen los trabajos hacia el occidente «para poder informar
con conciencia según sus instrucciones». El dia 14 de Marzo
del mismo año las comisiones declararon concluidos los traba-
jos y presentaron los respectivos informes á los peritos. Du-
(') Véase los documentos referentes do Bertraxd: «Estudio técnico",
apéndice, p;'ig. 117 y siguientes.
— '¿¡ —
i-ante el período del verano 1894-95 no tuvieron lugar operacio-
nes comunes en Atacama; pero una comisión argentina hizo
nuevos estudios de la región entre los grados 26" y 28" 30' de
latitud sud, y presentó también al perito su informe, cuyo con-
tenido se ha mantenido reservado hasta ahora. De todos mo-
dos, fundada en estos últimos estudios, la República Argentina
ha presentado la pretensión de que el hito de San Francisco
fuera trasladado al paso de Maricunga ó Santa Rosa, que se
encuentra á unos cien kilómetros más al oeste. Existe á este
respecto un convenio firmado por ambos peritos en Santiago,
con fecha 23 de Octubre de 1895, por el cual el perito chileno,
en vista de lo proposición de su colega del traslado de este
mojón, declara que para poder resolver definitivamente, debe,
por su parte, proceder á una revisión, por medio de ingenieros
chilenos, del territorio estudiado por la comisión argentina.
Siempre por esta interminable cuestión, el último acuerdo
ha dictado una disposición satisfactoria que dice en su articulo
quinto: « Convienen ambos gobiernos en que la actual ubicación
del hito de San Francisco entre los paralelos 26" y 27", no sea
tomada en consideración como base ó antecedente obligatorio
para la determinación del deslinde en esa región, estimándose
las operaciones y trabajos efectuados en ella en diversas épo-
cas como estudios para la fijación definitiva de la línea, sin
perjuicio de realizarse otros que los peritos tuvieran á bien
disponer.» Chile no se opondría, por lo tanto, á un cambio
eventual de este hito, y como con la latitud del paso de San
Francisco empieza la competencia del tribunal arbitral, sería
éste el llamado, en caso extremo, á derimir esta cuestión.
Respecto del valor de la zona litigiosa á la altura del paso
en cuestión, uno de los mejores conocedores de ese territorio,
se expresa así: «En cuanto al valor económico de esta altipla-
nicie no tiene otro que el de la salitrera de Maricunga, cuyos
productos deben ser necesariamente exportados por Chile. La
esterilidad de esta región está probada por el hecho de que en
todo el trecho de cerca de cien kilómetros de extensión entre
los pasos de Maricunga y San Francisco, no se encuentra
más curso de agua dulce que el ¡¡equeño rio Lamas que des-
emboca en la laguna de Maricunga. Este territorio litigioso
puede, efectivamente, ser calificado de acuerdo con Martin de
Moussy como un présent onéreux O para el estado al cual sea
adjudicado.»
(') Bertrand: «Estudio técnico», p;'ig. 112.
— 28 —
La cuestión de la colocación del hito de San Francisco es
especialmente difícil por entrar aquí en juego varios convenios
de Chile y de la República Argentina con Bolivia O . Lo que
queda incomprensible es cómo el perito argentino, que debía
conocer los tratados que rigen en la demarcación de límites con
Chile y Bolivia, pudo, al dar comienzo á los trabajos en 1890,
elegir como punto de partida el paso de San Francisco con la
nota especial que «él es en un punto de dicha frontera» C),
cuando todos los mapas oficiales y no oficiales de la República
Argentina establecen la línea de frontera á unos cien kilómetros
más al oeste!
En el período de los trabajos que siguió la conclusión del
protocolo de 1893, los peritos convinieron en enviar comisiones
de ingenieros también á la zona central y la región andina,
dando á estas comisiones todas las instrucciones necesarias
para los trabajos técnicos y para los protocolos que debían re-
dactar en cada [¡unto. Como era de esperarse, también en estas
instrucciones hubo diferencias entre los peritos, porque mien-
tras el perito chileno establecía en primer lugar el principio
de la línea divisoria de las aguas, el perito argentino, en cam-
bio, sostenía el principio del encadenamiento princii)al ó de las
cumbres más altas.
Se llegó, por fin, á la redacción de un documento extenso
compuesto de once artículos, firmado el 1° de Enero do 1894,
que en los artículos o" y (3" repite casi textualmente las dis-
posiciones fundamentales del tratado y del protocolo sin entrar
O Remito á los lectores alemanes que se interesan en esta cuestión A
PoLAKOwsKi: El hito de San Francisco, «Peterm. Mitteil.», 1895, piíg. 365 y
.siguientes. La literatura sobre este capitulo es bastante extensa. Compar.,
además de las obras antes citadas de Zeballos, Bertrand y otros, especial-
mente conBuRMRisTER: ElPaso de San Francisco, en «Peterm. Mitteil.», 1864,
])ág. 865; Bertrand: Memoria sobre la exploración á las cordilleras del
desierto de Atacama (con mapa), en «Anuario hidrográfico», X, 1885; Brauke-
busch: Los pasos de la Cordillera entre la República Argentina y Chile, en
«Zeitschrift für Erdkunde», XXVII, 1892, pág. 292. «Carta geográfica del de-
sierto y cordilleras de Atacama», levantada por la Comisión exploradora de
Atacama (gefe: F. San Román), 1892; con texto en la «Revista de la Dirección
de Obras Públicas », t. I, i, Santiago 1890.
C) Extracto del Protocolo de una conferencia del 8 de Junio de 1890,
firmado por ambos peritos: «Con referencia á la elección de este punto de
partida en el trabajo, se acordó por ambos señores peritos dejar constancia
de la siguiente declaración : Que al fijar, en el Paso de San Francisco, el
principio de los trabajos de deslinde, no quieren significar que ese lugar
sea el extremo norte de la frontera que separa á Chile de la República
Argentina, sino que él es un punto de dicha frontera, etc.».
— 29 —
en la espinosa explicación topográfica de las fórm-ulas princi-
pales, contradictorios en parte entre sí.
Es importante la disposición del artículo 7" que establece
que «se redactará un acta en la que conste entre qué valles
opuestos sirve de separación el punto elegido» O. El trazado de
una línea fronteriza á través de un valle recori'ido por un rio que
hubiera sido posible según el principio de las altas cumbres, no
parece ya posible con esta disposición. Entre las disposiciones
secundarias de estas instrucciones, se establece que, sin perjuicio
de los trabajos geodésicos, se hagan también las posibles obser-
vaciones hipsométricas, meteorológicas, geológicas y botánicas.
El análisis de cada artículo de este convenio sería demasiado
extenso. Como todos los documentos anteriores, éste adolece
también de e.^:cesiva generalidad y no ofrece medios suficientes
para la solución amistosa de los divergencias de las opiniones
que, en la práctica, pueden surgir entre las sub- comisiones.
KI convenio de 1" de Enero de 1894 no es nada más que una
fórmula artificiosa y prudente que tiene, por objeto facilitar el
progreso de los trabajos de los ingenieros, como lo demuestran
los dos proyectos de instrucciones y las explicaciones de ambos
peritos, donde resalto, con gran claridad, la diferencia de opi-
niones respecto á la cuestión fundamental de loda la demar-
cación de límites:
El perito chileno El pen'io argentino
fexplíracion ) (proyecto original j
cree de sn deber declarar que por debiendo, en consecuencia, lía-
las palabras «encadenamiento jírin- cerse las i n res ligaciones necesarias
cipal de los Andes» entiende la para asegurarse de la situación
línea 9io interrumpida de cumbres de la principal cadena de la cor-
que dividan las aguas g que for- dillera de los Andes, g sobre ella
man la separación de las hogas buscar la línea de separación de
O regiones hidrográficas tributarias las dos vertientes laterales de esa
del Atlántico por el oriente g del cadena, ó sea de la línea divisoria
Pacifico por el occidente de aguas que le fuere peculiar.
La estructura uniforme, en general, de las altas cordilleras,
en su parte central y sobre todo la coincidencia de una línea
continuada y bien definido de oltas cumbres con la línea divi-
soria de las aguas interoceánicas, hizo posible establecer sin
mayores tropiezos una serie de hitos, á pesor de estas bases
(') Bertr.wd: iiEstudio técnico», Documento.';, pág. 1-3.
— 30 —
deficientes: algunos de estos liitos han sido ya confirmados
oficialmente.
Actualmente existen hilos en los puntos siguientes:
1. Paso del Zancarrón cerca de 29° 25' latitud sud,70<' 12' longitud oeste
2. » de los Bañitos 29o 25' » 70» 12' «
3. » de la Deidad 29» 40' » 70» 10' »
4. « de Vacas Heladas. . . . 29» 46' » 70o 10' »
5. » de las Tórtolas 29o 49' „ 70» iQ' ,,
6. » de la Lagunita .SOo 13' » 70o 10' „ (i)
Estos hitos fueron colocados durante los trabajos de Di-
ciembre de 1895 á Marzo de 189G. Los jjasos cruzan la línea
de altas cumbres divisorias de las aguas, y llevan desde la re-
gión de los orígenes del rio chileno Huasco (los tres primeros)
y del rio Coquimbo (los tres últimos) hasta la región de los
afluentes del rio argentino de San Juan.
7. Paso de Molina (± 34° 22' latitud sud y 70" O' longitud oeste)
entre el valle chileno de Cachapoal y el rio argentino Barroso,
afluente del Diamante. El protocolo de la colocación de este
hito, que todavía no ha sido aprobado, fué firmado por los dos
ingenieros de las dos sub-comisiones el 1° de Marzo de 1896.
8. Paso de Las Leñas (34" 28' latitud sud y 70° 5' longitud oeste)
se encuentra á 4107 metros de altura, según Gü.ssfeld ('), por
cuya descripción es más conocido, y a 4042 metros según Plage-
mann. Divide el rio de Las Leñas al oeste, afluente del Ca-
chapoal, de dos rios al oriente, afluentes del rio Diamante y del
Atuel. Este hito fué colocado el 4 de Marzo del 1894 y su pro-
tocolo de colocación fué aprobado el 1° de Octubre de 1895.
9. Paso de Las. Damas (34° 59' latitud sud y 70° 26' longitud
oeste) divide un afluente del Tinguiririca, al oeste, del arroyo
de La Línea, afluente del Tordillo. El protocolo de su colocación
tiene la fecha de 8 de Marzo de 1894 y su confií-macion, 15 de
Octubre de 1895. En la misma fecha se confirmó oficialmente
el hito de:
10. Paso de Santa Helena á unos 30 kilómetros al sud del
anterior, que divide los afluentes del rio chileno Teño de los
(') Véase Brackebusch: Los Pasos de la Cordillera, pág. .326-332. El Paso
de la Lagunita es probablemente idéntico al de la Laguna ó Agua Negra,
descripta por Brackebusch.
(■) Viajes en los Andes (Berlin, 1888), p:ig. 144 y siguientes. Las actas
sobre la colocación de los hitos en los pasos N° 8-11. Véase Beetrand : «Es-
tudio técnico», Documentos, p. 143-146. Consultar también las actas sóbrelos
pasosNo7}' S; Plagemann: Das Andine Stromgebiet des Cachapoal (La cuenca
lluvial andina del Cachapoal), «Peterm. Mitteil», 1887, III, p. 73 y siguientes.
- 31 —
del Rio Grande á oriente. Fecha del i^rotocolo: 18 de Marzo
de 1894 ('}.
11. Paso de Reigolil (39° 7' 30' latitud sud y 71» 25' longitud
oeste), á 1150 metros de altura. Como dice el protocolo corres-
pondiente, este paso divide los nacientes de dos zonas fluviales;
á oeste una región cuyas aguas corren al rio Maichin, afluente
del rio Pucon (Tolten) y á oriente una región que comprende
la laguna Pilué que desagua en el lago de Ñorquinco ó Pul-
marí, tributario á su vez del rio Collón -Cura. Fecha de la co-
locación: 27 de Febrero de 1895; confirmado el 18 de Octubre
de 1895. La misma sub-comision número -í-, continuando los
trabajos hacia el sud, colocó el hito:
12. Paso de Colocó (39" 13' latitud sud y 71° 23' longitud oeste),
á 1500 metros de altura, que señala también el pasaje de la
región del Tolten á la del Collon-Curá. Fecha de la colocación:
27 de Marzo de 1895; aprobado el 18 de Octubre de 1895.
2. La demarcación de limites en Tierra del Fuego /y en el
extremo sitd de la Patagonia
La demarcación de límites en la Tierra del Fuego, de acuerdo
con las disposiciones del artículo 4" del protocolo de 1893, fué
la obra de dos períodos de trabajos ( Enero-Abril de 1894 y
Noviembre 1894 hasta Marzo de 1895) y fué trazada mediante
la colocación de veinticinco hitos (en parte pirámides de hierro,
en parte mojones de piedra) siguiendo el meridiano del Cabo
del Espíritu Santo (63° 36' 38" longitud oeste) hasta la costa norte
del Canal de Beagle. La confirmación por parte de los peritos
de este trabajo y de los hitos colocados, tuvo lugar en San-
tiago el 9 de Octubre de 1895.
En la mitad norte de la isla, los trabajos de los ingenieros fue-
ron facilitados en sumo grado por el terreno en forma de pampa,
de modo que se pudieron establecer veinte hitos de hierro; hacia
el sud, en cambio, los trabajos de los ingenieros fueron dificul-
tados por las últimas ramificaciones de las altas cordilleras del
(') La gran altura absoluta sobre el nivel tlel mar y la dificultad de ac-
ceder á todos estos pasos, han imposibilitado hasta ahora de trasportar hasta
alli las pirámides de hierro destinadas ú la demarcación, de manera que se
tuvo que conformarse con la colocación provisoria de pirámides de piedra.
Por lo demás, se emprendieron en gran escala investigaciones en la región
de las cordilleras próximas á los pasos. En algunos casos, las sub-comisiones
se han limitado áesos trabajos preliminares. uZeitschrit't der Gesellschaft für
Erdkunde», vol. XXXII, 1S97.
— 32 —
sudeste, los lagos y los densos bosques vírgenes. La línea
fronteriza viene á cruzar un lago de unos 150 kilómetros do
lai'go por 3 á 5 de ancho (Lago Fagnano), cuya extensión mayor
se adjudica á la República Argentina y que hasta ahora era casi
desconocido. FJste lago se extiende de este á oeste en la parte
meridional de la isla y tiene su desagüe en el Gran Océano
por el Admirally Sund. En vista de la absoluta imposibilidad
de cruzar desde el norte las cordilleras abruptas que se levan-
tan entre este lago y el Canal de Beagle, las comisiones tuvie-
ron que trasladarse en buques desde el Estrecho de Magallanes
(Punta Arenas) para colocar desde el sud el último hito (25)
en el correspondiente punto del meridiano-frontera. Este hito
se encuentra en el paralelo 54" 52' 51" latitud sud.
Los trabajos para la demarcación de límites en el extremo
sud del continente hasta el paralelo 52", fueron iniciados sola-
mente en el último período de trabajos (verano de 1895-96).
Do acuerdo con las disposiciones del artículo 2" del tratado de
1881, las comisiones han trazado por medio de diecisiete hitos,
saliendo de Punta Dungeness, una línea que pasa por las alturas
de Monte Dinero y Monte Aymond hasta llegar al punto de
intersección del meridiano 70" con el paralelo 52", y otros ocho
hitos siguiendo este paralelo. Todos estos hitos deben ser
todavía confirmados oficialmente.
IV
LA REGIÓN FRONTERIZA DE LA ALTIPLANICIE PATAGÓNICA
AL SUD DEL GRADO 40o 30' 0e LATITUD
La parte de la región fronteriza de que nos ocupamos ahora
se distingue principalmente de las partes central y norte por
el hecho de estar comi)letamente cubierta de bosques abiertos
solamente en pocos puntos y que ofrecen grandes dificultades
al avance de los hombres, especialmente desde la costa occi-
dental. No se trata ya aquí de pasos conocidos desde hace tiempo
y utilizados constantemente para cruzar la cordillera, sino que,
con pocas excepciones, estos pasos deben ser, ante todo, explo-
rados, y las comisiones deben abrirse camino en los bosques
con el hacha y el machete. Para internarse en la cordillera
hasta la región fronteriza por las costas del Pacífico, existen
grandes cursos de agua , |)ero estos mismos rios son navega-
bles en un ti'echo muy corto, porque sus corrientes, rápidos,
— 33 —
y los árboles que arrastran, iiniiiden bien pronto la navegación.
Se hace entonces necesario continuar el camino por las orillas,
abriéndose con trabajo y dificultad paso á paso un sendero
entre los grandes bosques vírgenes. Por el lado argentino, es
relativamente más fácil llegar á la región fronteriza, por cuanto
la mayor parte de los pasos que llevan desde la altiplanicie
patagónica á los valles internos de la cordillera, pueden ser
pasados por animales de silla y de carga.
La Cordillera de los Andes, cuyas altas cumbres son eu esta
parte muy inferiores á las de la región andina chileno-argen-
tina del centro y del norte, no forma, en general, una cadena
unido, y en forma de muralla con ramificaciones laterales re-
gulares como podría creerse al ver un mapa de grandes dimen-
siones, y hasta observando la Cordillera á primera vista á cierta
distancia, tanto desde oriente como desde occidente. Si se i)e-
netra en el interior de la cordillera y se estudia su estructura
desde una altura dominante, se comprueba que la cadena, unida
en apariencia, se subdivide en una cantidad de cordones para-
lelos que, á su vez, se subdividen en una serie de macizos ó
cortas cadenas cuya altura y desan-ollo son muy variables,
separadas por profundas brechas perpendiculares al eje lon-
gitudinal de la Cordillera. Estas profundas brechas constitu-
yen un importante signo característico de la cordillera patagó-
nica, de manera que el paso desde las costas del Gran Océano
á las altiplanicies patagónicas orientales sería fácilmente esta-
blecido, á no ser por las dificultades que ofrecen la vegetación
y los ríos torrentuosos. Si desde occidente fuera posible seguir
sin interrupción por los valles de los grandes rios hasta la
altura de los pasos que dividen las aguas, no se necesitaría
ascender á la cordillera hasta los límites de los bosques.
Me ocuparé ahora, siguiendo de norte á sud, de los princi-
pales pasos de esta región O, teniendo en cuenta en cada caso
la aplicación de las disposiciones fundamentales del tratado
de límites. El paso más al norte de esta región, que al mismo
tiempo es hasta ahora el paso más al sud de toda la cordillera
que pueda ser cruzado con animales de silla, es el paso de
(^) Remito por la orientación general topográfica á la « Carta general
de la región recorrida por la expedición exploradora del Rio Patena», en
1: 1.000.000 (u.\nales de la Universidad de Chile», 1884, entrega de Noviem-
bre), y á uVerhandlung des deutschen wissenschaftlichen Vereins», III, en-
tregas 1 y 2, 1895. El mapa de conjunto agregado á este trabajo contiene,
como base, la mencionada carta general, pero trae además los resultados
consignados en la primera, sobre mis viajes al Rio Puelo j" Rio Manso.
Tumo IX. 3
— 34 —
Puyehue, que lleva desde el valle del rio chileno Golgol (li-ibu-
lario del rio Bueno) hasta el seno noroeste del lago argentino
Nahuel-Huapi. Las condiciones son, en este punto, todavía sen-
cillas, encerrado el paso por ambas partes por altas cumbres
nevadas (40" 35' latitud sud y TI" 45' longitud oeste); éste se
encuentra á 1430 metros de altura sobre el nivel del mar O, y
representa al mismo tiempo un punto de la línea de las más
altas cumbres y de la divisoria de las aguas interoceánicas.
No puede, por lo tanto, caber ninguna duda respecto del punto
donde deberá establecerse el hito.
Inmediatamente al sud de este paso, la cordillera se bifurca
en una cadena principal ancha, que mantiene, en general, la
dirección de norte á sud, con muchas brechas, y que se dirige
hacia el macizo del Tronador, en tanto que otra cresta alta se
dirige en dirección sudoeste por las cumbres del Cerro Llan-
quihue Puntiagudo (2250 m.) y la Picada, y del cual puede con-
siderarse, como punto avanzado, el volcan Osorno (2257 m.),
unido por una silla (Sattel) ancha, pero baja ('). Al mismo tiempo,
del primer cordón principal arriba citado, se desprenden una
cantidad de altas cadenas paralelas con dirección sudeste que
vienen á concluir á la orilla del brazo occidental del Nahuel-
Huapi. En esta sección de la cordillera, que abarca unos
ochenta kilómetros entre el volcan Osorno y la orilla oeste
del lago nombrado, se encuentra la cuenca del lago Todos los
Santos, cuyas aguas desaguan en el Gran Océano, y que,
con el ancho valle de su principal anuente oriental, el rio
Peulla, constituye el camino natural hacia la región fronteriza.
Saliendo del valle del Peulla hacia el este, se cruza la altura
divisoria de las aguas en dos puntos: uno al norte que,
siguiendo la empinada cuesta de los Raulies, conduce direc-
tamente á Puerto Blest, en la extremidad occidental del lago
Nahuel-Huapi, pasando por encima de la altiplanicie acciden-
tada con pantanos y ojos de agua (laguna Cauquenes 2314 m.)
y uno al sud que sigue una inclinación bien marcada de
O Véase la descripción del Paso en el trabajo del doctor P. Stange :
«Memorias é informes relativos á la expedición exploradora del Rio Patena»,
Santiago, 1895, pág. 142.
(") Comparar con esto los informes sobre mi viaje de estudio en esta
región, efectuados en unión con O. von Fischer: Relación de un viaje de es-
tudio á la región andina comprendida entre el golfo de Reloncavi y el
lago de Nahuel-Huapi, «.\nales de la Universidad», t. LXXXIV, entrega 18,
y «Peterm. Mitteil.», 1894, VII, púg. 145 y siguientes. En el mismo, los mapas
necesarios para la comprensión de los detalles.
!
— 35 —
oeste á este hasta la orilla de la laguna Fría, que desagua
por un pequeño rio en el lago Nahuel-Huapi. Este último
jiaso es conocido bajo el nombre de boquete de Pérez Rosales,
así llamado del nombre del activo intendente de la época de la
colonización en Llanquihuó, que, en 1855 inici(3 la exploración
de este paso.
El punto divisorio se encuentra en el grado -Í10 2' latitud
sud y 71° 40' longitud oeste, á 1013 metros sobre el nivel del
mar. En la descripción que he hecho de este boquete, en 1894,
he mencionado las dificultades de su paso, que, en esa época,
podía solamente transitarse á pié con una caravana de porta-
dores y peones que debían abrir el camino á machete. Pero, en
estos últimos tiempos, algunos comerciantes emprendedores,
residentes en Llanquihué, de origen alemán, se han dedicado
á arreglar este paso para el transporte de animales y de cargas
mayores, lo que podrá ser de gran importancia para la ciudad
de Puerto Montt y para los criadores de Nahuel-Huapi. El go-
bierno chileno ha reconocido también la importancia de este
paso y ha concedido la suma necesaria para la construcción de
un camino adecuado.
Es de esperar que la demarcación de limites en este punto
no presentará ninguna dificultad, puesto que el Boquete Pérez
Rosales divide las aguas del continente y forma una brecha en
una línea continuada de montañas que, aun cuando no tenga
un filo bien pronunciado, puede ser considerada como encade-
namiento principal. Tampoco debería ofrecer mayores dificulta-
des la fijación de la línea divisoria en la altiplanicie á la cual
se llega por la Cuesta de los Raulies.
Al sud del Boquete de Pérez Rosales entramos en la región
del histórico Paso deVuriloche (ó Buriloche, erróneamente Bari-
loche) O . Su situación no se puede establecer hoy más que
por inducción. Si son exactos los datos del padre jesuíta Oli-
vares, el único autor que, en su Historia de la Compañía de
Jesús en Chile, nos ofrece algunas noticias auténticas sobre
este paso, no nos queda sino buscarlo al sud del Monte Tro-
nador donde efectivamente la cordillera es atravesada por una
ancha depresión del terreno que corre en dirección de oeste á
este. En el mapa que acompaña nuestra relación de viaje.
(') Véase, sobre el mismo, mis exposiciones en la «v. RiclithofenFest-
sclirift»: Beilrdge zar Topographie uncí Geologie der (indinen Región von
Llanquihué (Contribución á la topografía y geología déla región andina de
Llanquiliué ) , Berlín, 1893, png. 313 }' siguientes. Además los folletos de
O. VON Fischek: El Paso de Vuriloche, Santiago, 1894.
— se-
llemos anotado esta depresión bajo el nombre de \a\\e Burilo-
che (véase «Peterm. Mitteil.», obra citada). Antes de que los
trabajos de la delimitación lleguen hasta ese punto, será abso-
lutamente necesario enviar una expedición para el reconoci-
miento definitivo del valle de Buriloche y su continuación hacia
oriente desde la división de las aguas hasta la región hidro-
gráfica del Nahuel-Huapi.
De todos modos, las tres cumbres principales del Monte
Tronador (la más alta 3108 m.), están al oeste de la división
continental de las aguas, pues la línea divisoria de aguas corre
por un filo seguramente unido al macizo principal del Monte
Tronador, que separa las nieves que forman un ventisquero que
desciende del lado Atlántico (al rio Frió, un tributario del lago
Nahuel-Huapi) y varios otros ventisqueros del lado del Pacífico
(en el valle del rio Peulla y rio Blanco, que desembocan en el
valle que conduce al lago Todos los Santos). Hacia el este, la
cadena alta, que divide las aguas, está acompañada por la depre-
sión longitudinal del valle del rio Frió, que tiene en el medio
una altura de 800 metros, allende la cual se eleva una alta
cadena que sale á la orilla del lago Nahuel-Huapi y se dirige
al sud.
El macizo del Tronador y esta última cadena están ligados
por un alto yugo transversal (Querjoch) que lleva el desfiladero
por nosotros llamado Portezuelo de Barros Arana, á 41° 8' 19" la-
titud sudy71°38' longitud oeste, á 1332 metros de altura sobre
el nivel del mar i'), desde cuyo desfiladero se desciende por el
valle argentino del rio Frío á la quebrada profunda de un pe-
queño rio que desemboca en el valle de Buriloche. Aquí, con la
aplicación estricta de la formula del oicadenaniieiüo ¡principal que
divide las aguas, debe colocarse el hito de manera que todo el
Tronador, que, por su altura y su macizo desarrollado domina
todos los alrededores, se encuentre al oeste en territorio chileno.
Las condiciones son aquí completamente opuestas á las de una
sección conocida del centro de la cordillera chileno-argentina,
es decir, del grupo del cerro Aconcagua. También este pico
colosal, que domina con su altura y su construcción imponente
toda la región vecina, se encuentra fuera de la línea alta divi-
soria de las aguas, pero no al oeste como el Tronador, sino
al este, en territorio argentino.
Todavía más complicada es la configuración de la región
montañosa que sigue inmediatamente al sud, cuyo desagüe se
O Consúltese «Peterm. Mitteil.», 1894, Vlf, pág. 151.
— 37 —
opera hacia el oeste por el rio Puelo y hacia el este por los
pequeños rios que constituyen el rio Chubut. El sistema flu-
vial del rio Puelo ha sido estudiado detenidamente por nos-
otros y por la primera vez en dos expediciones distintas: la pri-
mera en 1895, acompañado por el doctor P. Krüger y la segunda,
en 189G, en compañía del doctor ReicheC); y basados en este
detallado estudio, podemos dar las siguientes nociones genera-
les de los rasgos fundamentales oro-hidrográficos de esta re-
gión, en cuanto sean necesarios ¡)ara el estudio de la cuestión
de límites. El valle del rio Puelo, que desemboca aproximada-
mente cerca del grado -41" 39' de latitud sud en el brazo del
mar en forma de fjord de la Boca de Reloncaví, recorre en la
parte inferior de su curso una región montañosa sumamente
quebrada, cubierta de bosques impenetrables, que se dirige hacia
el sudeste y formando, por una larga serie de cimas, el cordón
de las Hualas, coronado por picos nevados. Correspondiendo á
la dirección longitudinal noroeste á sudeste ("), generalmente
seguida por las grandes depresiones patagónicas de rios y lagos,
el valle del Puelo, si nos internamos rio arriba en el interior
de la cordillera, se extiende á lo largo del costado noreste del
citado cordón, cual una imponente depresión de variable an-
chura, y está sembrado, de trecho en trecho, por espléndidos
lagos andinos, cordón que, en el lejano sudeste, alcanza suce-
sivamente alturas relativamente considerables, y se transforma
en una cordillera nevada, de más de 2000 metros de altura.
De esta última se destacan varios macizos de estructura rígida,
especialmente el bautizado por nosotros con el nombre de Pico
Alto, de forma muy bizarra y sobre el cual se apoyan cuchi-
llas agudas con puntos en forma de agujas que se dirigen de
norte á sud.
El valle del Puelo, en su prolongación rio arriba, dobla casi
completamente hacia el este y atraviesa la alta cadena que se
extiende hacia el norte, y que lleva al Pico Alto y á las vecinas
cumbres nevadas. El valle, profundamente encerrado hasta ahora
sobre un largo trecho en una especie de cañón, va ensanchán-
dose desde este punto siemjíre más hacia el este y da lugar á
la formación de dos largas cuencas de lagos, la menor de las
cuales, al oeste, se llama Lago Inferior, mientras que la se-
(') Véase sobre esto mis Comunicaciones preliminares en «Peterm. Mit-
teil.", 1895, VIII, piíg. 190 y siguientes (con un croquis geogniflco) en «Ver-
handlungen der Gesellschaft füv Erdkunde » Berlin, 189-5, N"» 4 y 5.
(-) Consúltese Bodexbekder en «Peterm. Mitteil.», 1890, X, p. 242 y sig.
— 38 —
gunda, siguiéndola inmediatamente al este, forma un brazo del
gran Lago Superior, donde nace el Puelo. Al norte de esta cuenca
continúa la citada cadena de altas cumbres, con dirección aproxi-
madamente al sud, y se presenta como una serie de imponentes
macizos nevados con formación de ventisqueros, la que está
cortada por jírofundas gargantas, pero que forma en su con-
junto una cadena central continua, que puede ser reconocida,
si se quiere, como encadenamiento principal de la Cordillera.
Seguramente no se trata del encadenamiento que divide las
aguas, es decir, del que los tratados de límites establecen como
norma, porque este último se encuentra á unos 25 ó 30 kiló-
metros más al este, en alturas menores ó en cadenas bien de-
finidas que, algunas veces, llegan hasta el límite de las nieves,
y cuyas altas cumbres apercibe á veces el viajero que viene del
oeste, á través de los cortes que existen entre las cumbres ne-
vadas de la cordillera central. Toda la región intermedia hasta
el pié de la cordillera que divide las aguas, está ocupada por
un ancho valle fértil y rico en pastos, el «Valle Nuevo» que,
en la constitución de su suelo, en su clima y vegetación, tiene
ya grandes semejanzas con la vecina altiplanicie patagónica.
Este valle longitudinal encerrado casi por paredes, limitado al
oeste por los macizos centrales nevados, y al este por los pri-
meros contrafuertes de la cordillera divisoria de las aguas,
constituye una llanura que se extiende por varias millas hacia
el sud, recorrida por un rio que desemboca en el Lago Supe-
rior y de ahí en el sistema del Puelo, y está habitado desde
hace algunos años por varios colonos chilenos, que han obte-
nido sus títulos de propiedad de las autoridades argentinas.
No existe naturalmente tráfico directo con la vecina región de
la costa de Reloncaví, y estos colonos han penetrado al valle,
sea por el este, sea por el norte, pero de todos modos, del lado
argentino. Nuestra expedición de 1895 fué la primera que les
mostró la posibilidad de un camino de comunicación con los
puertos habitados de la costa del Pacífico, por el valle del Puelo.
Por otra parte, la existencia de la colonia del «Valle Nuevo»
era completamente desconocida en Chile hasta entonces. La
línea divisoria de las aguas es fácil á alcanzar desde el ^"alle
Nuevo, si se asciende á los profundos boquetes que atraviesan
la cordillera oriental. Nuestra expedición ha visitado uno de
estos boquetes, al cual se sube hasta llegará la plataforma di-
vi-soria de las aguas en un dia de viaje, hacia el norte de la
colonia, ascendiendo por las altas planicies que se suceden en
forma de terrazas; nuestra expedición llegó así hasta ponerse
— 39 —
en contacto con los puntos estudiados por parte de la República
Argentina en el valle del rio Maiten, uno de los afluentes del
Chubut superior. La división de las aguas en este boquete se
encuentra á 856 metros de altura, es decir, 400 metros más alto
que el nivel del Valle Nuevo y unos 600 metros mas que el Lago
Superior O.
En la serie de macizos centrales antes citada, se encuenti'o
entre el grado 41° 20' y 41° 40' de latitud otra depresión trans-
versal que es recorrida por el rio Manso, el mayor afluente norte
del Puelo. Este rio, cuya exploración fué el objeto de nuestra
expedición en el verano de 1896, tiene también su origen en la
cadena de la cordillera que, en comparación con la anchura
general de la cadena, se extiende mucho más hacia el este y
se abre camino hacia el oeste al través de varias alturas bajas
que comprenden la extremidad norte del Valle Nuevo, y pa-
sando por una interminable serie de caldas y correntadas en
una especie de cañón intransitable, se llega tan solo á diez kiló-
metros de distancia de su desembocadura, á una llanura alu-
vial cubierta de bosques vírgenes. Circunstancias especiales no
permitieron á la expedición seguir á lo largo del rio hasta la
división de las aguas; pero, desde una de las alturas que se
levantan al costado del Valle Superior, se pudo comprobar que
el curso original occidental del rio Manso sale de un boquete
de la cordillera occidental, muy parecido al que acabamos de
describir, y que, por lo tanto, su cuenca hidrográfica, como la
del mismo Puelo, atraviesa en toda su anchura los macizos
centrales, y en su origen llega hasta los pasos fácilmente tran-
sitables que marcan la división continental de las aguas. Tam-
bién en el valle superior del Manso se encuentran rasgos del
avance de la colonización procedente del lado argentino.
En cuanto á la utilidad práctica de los caminos seguidos
por ambas expediciones en el territorio del Puelo y del Manso,
parece ser más apropiado el último para establecer un camino
de comunicación entre la costa de Reloncaví y las regiones
superiores del Chubut y del Nahuel-Huapi. Naturalmente debe
evitarse el encajonado valle del rio Manso, por medio de la as-
censión de la cadena que se levanta en su orilla izquierda
(oriental) hasta más de 1600 metros, pero tanto su subida como
su bajada no es difícil de arreglar para animales de silla; en
cuanto al resto del camino, en el valle superior del rio Manso
y en la altura divisoria de las aguas hasta la «Pampa» abierta.
{') Según el cálculo del doctor Krügei'.
— 4ü —
no hay dificultad alguna. En tanto que el camino para llegar
al paso del rio Manso es relativamente fácil de establecer, el
camino por el valle del Puelo hasta los boquetes que dividen
las aguas es especialmente difícil, porque se necesitan barcos
para recorrer los dos lagos superiores que, por la rígida es-
tructura de las montañas que los encierran, no pueden ser
orillados por tierra.
¿Cómo debe trazarse ahora la línea fronteriza en la parte de
la Cordillera que acabamos de describir? Siguiendo simplemente
el principio de la línea divisoria de las aguas de los Andes, es
claro que los hitos deben ser erigidos en los boquetes de la
cadena oriental; pero se vendría así á adjudicar á Chile el Valle
Nuevo, en posesión actualmente de la República Argentina, así
como toda la cuenca del Lago Superior, en el cual desembocan
muchos i'ios que cruzan fértiles territorios. Con la fórmula del
encadenamiento principal absoluto, no se puede hacer nada:
porque si se quisiera trazar la línea siguiendo la serie de cum-
bres del macizo central arriba citado, esta línea cortaría inevi-
tablemente en dos parles el curso del rio Puelo y del rio Manso,
lo que, según el tratado de límites, y también por el protocolo
de 1893, que debe ser seguido como norma invariable, como
según las instrucciones dados a los ingenieros de las sub-comi-
siones (véase ai-riba) no sería admisible. Hé aquí, pues, una
dificultad cuya solución muy probablemente quedará reservada
al arbitro.
Entre los paralelos 42" y 43° de latitud sud, la región fron-
teriza no ha sido todavía suficientemente explorada para poder
hacer de ella una descripción segura. Esta laguna queda sub-
sanada hasta cierto punto por la interesante tentativa del doc-
tor Fonck O de establecer, sobre la base de los trabajos del
padre franciscano F. Menendez, referentes á sus viajes en 1783
y 1786-87, la cuenca fluvial del rio Vodudahue que desemboca
en la Boca de Coman, á los 42° 20' latitud sud y 72° 20' longi-
tud oeste, como también la región de los nacientes que encierra
al este una zona de lagos hasta el divortium aquaruní hacia el Rio
Chubul. Hágase notar solamente que, según Fonck, oparece
como probable que el grupo de altos lagos de la Cordillera, des-
criptos por el padre, son los mismos á los cuales llegó la expe-
dición Bell (°) en 1887-88 y en los cuales, según los mapas argen-
(') «Viajes <le Fray Menendez á la Cordillera» (Valparaíso, 1896), con mapa.
(■) «Revista de la Sociedad Geográfica Argentina», VII, 19.3 y siguien-
tes. En ningún caso puede esta región identificarse con el gran lago del
Puelo, como lo pretenden las criticas argentinas del libro de Fonck.
— il —
tinos , tiene origen el gran rio bautizado por Fontana con e.
nombre de rio Ftaleufu, que corre hacia la costa del Pacífico,
atravesando el macizo central de la Cordillera. Pero de una
manera general, la hidrografía y la orografía de este territorio
son tan poco conocidas, que pasamos inmediatamente á la re-
gión fronteriza más conocida que se extiende entre los grados 43
y 44, cuyos desagües están formados al oeste por el rio Palena
y al este por los dos afluentes del Chubut, el Teca y el Jénua.
Para la descripción del valle del rio Palena y de los cor-
dones montañosos que lo rodean, me refiero á mis trabajos
anteriores O. Según éstos, el Palena es un rio poderoso cuyos
orígenes penetran muy lejos en la cordillera oriental hasta
cerca de la altiplanicie patagónica, y cuyas subdivisiones y
afluentes son los desagües de valiosos valles interioi'cs que
ofrecen ancho campo á la colonización. Es sabido también (jue
por decreto del gobierno chileno de fecha 4 de Enero de 1889,
se fundó en una isla, en la desembocadura de este rio, la
colonia Palena, que debe ser el punto de partida para la cons-
trucción de caminos y para nuevas empresas coloniales hacia
el interior. Estas disposiciones del ministerio chileno del Inte-
rior sobre la población del valle del Palena, alarmaron in-
mediatamente al gobierno argentino, hasta tal punto que el
entonces ministro de Relaciones ICxteriores, doctor Estanislao
Zeballos, comunicó al ministro argentino en Santiago, privada-
mente primero, y luego de manera oficial, que observara aten-
tamente las exploraciones y los proyectos de colonización del
gobierno chileno en esa región, por cuanto que constituían «una
violación flagrante del espíritu y de la letra del tratado de
J881 C). Como si esto no fuera suficiente, se organizó inmedia-
tamente una expedición argentina, á las órdenes del capitán
Moyano y del ingeniero Ezcurra, para comprobar si efectiva-
mente Chile había tomado posesión del valle superior del rio
Palena. Los resultados de este viaje, cuyos detalles no han
sido entregados nunca á la publicidad, fueron satisfactorios
para la República Argentina, porque, por más adelante que
(') Das Thal des Rio Palena-Carrileuftt (El Valle del Rio Palena-
Carrileufu), en «Verhandlung des deutschen wissenschaftlichen Vereins»,
Santiago, III, 1-2, p. 40 y 59, con mapa. Descripción detallada en mi Me-
moria general sobre la expedición e.nploradora del Palena, «Anales de la
Universidad de Chile», t. LXXXVII, p;'ig. 770 y siguientes y t. L XXXVIII,
página 137 y siguientes.
(') Nota de 21 de Diciembre 1889 (véase «Memoria del ilinistro de Re-
laciones Exteriores», Buenos Aires, 1892, púg. 278).
— 42 —
penetró la expedición en el interior de la cordillera, no pudo
encontrar rastros de la presencia de los colonos chilenos.
Una cuestión análoga, pero en la cual las protestas fueron
presentadas por parte de Chile, surgió cuando en el mismo
año de 1889 la «Argentine Southern Land Company limited»
ofreció en Europa acciones para la adquisición de tierra en los
territorios entre los grados 41 y 44 latitud sud y 69 y 72 lon-
gitud oeste, es decir, precisamente la región fronteriza desde
el lago Nahuel-Huapi hasta el Palena. El gobierno chileno, por
intermedio de su ministro en Buenos Aires, hizo presente al
gobierno argentino que los territorios ofrecidos tenían su des-
agüe, según el informe del viaje del capitán Serrano, por el
rio Palena y otros rios chilenos que desembocaban en el Océano
Pacífico, y que esperaba que el gobierno argentino, como lo
hacía el chileno, se abstendría del ejercicio de todo derecho de
soberanía sobre los territorios litigiosos, hasta después de la
solución definitiva de la cuestión de límites. Las negociaciones
siguientes entre el ministro Zeballos y el chileno señor Matta,
llevaron por ambas partes á una importante declaración en la
cual se establece que «todo acto de uno y otro gobierno que
extendiera su jurisdicción hasta la parte de la cordillera de
dudoso dominio por no haber trazado todavía en ella el límite
definitivo, no afectaría los resultados de la demarcación que
se iba á practicar con arreglo al tratado de 1881 ('). En esta
misma ocasión el ministro argentino declaró que su gobierno
no consideraba ni propio ni digno que una de las dos nacio-
nes iniciara negociaciones anteriores que pudieran dificultar la
ejecución del tratado de límites.
Es verdaderamente extraño que en la citada Memoria del
ministro Zeballos no se haga absolutamente mención de un
hecho que puede provocar una seria dificultad en la discu-
sión amistosa sobre los territorios litigioso.s, porque entraña
( hinübergreifen) una extralimitacion de los derechos argenti-
nos á una zona dudosa todavía en el interior de la cordillera:
es decir, la existencia de la colonia 16 de Octubre, bajo la
soberanía argentina, la que fué establecida por el conocido
viajero coronel Fontana, y, según su propia declaración (■), por
decreto del gobierno argentino de fecha 13 de Setiembre de
1886, en un valle tributario del rio Ftaleufu. Esta floreciente
colonia, fundada por colonos galenses en el valle 16 de Octu-
bre, y en cuyo centro reside un comisario argentino, se en-
(') «Memoria», obra citada, pág. 282.
(") (iBoletin del Instituto Geográfico Argentino», IX, 18S8, pág. 315 y sig.
— 43 —
cuentra por 43° 5' 4" latitud sud y 71" 14' 9" longitud oeste, a
400 metros de altura sobre el nivel del mar O; esta región está
regada por pequeños arroyos que desembocan en el rio que
Fontana bautizó con el nombre de Ftaleufu, y que los colonos
llaman ahora Carrenleufu, que se dirige hacia occidente y des-
aparece en la cordillera y cuya relación hidrográfica respecto
de las principales cuencas fluviales, no está todavía bien defi-
nida. Es solamente seguro que se abre camino hacia el Gran
Océano, pero si constituye (como lo indican sin base — kritiklos —
los mapas argentinos más modernos) un brazo norte del Palena,
ó si es el curso superior del rio Corcovado que desemboca cerca
del paralelo 43" 15', ó de otro rio vecino, es un punto hasta
ahora indeciso.
El establecimiento de esta colonia por el ministro argentino
es manifiestamente uno de aquellos actos característicos en la
forma conocida, porque la línea fronteriza en este punto no está
ni remotamente determinada y sus condiciones oro-hidrográficas
no son bastante sencillas, para dejar prever, sin mayor estudio,
la jurisdicción del valle 16 de Octubre. Aplicando estrictamente
las disposiciones fundamentales del tratado, no cabe por cierto
duda alguna de que ese valle, como el Valle Nuevo, que son
las más fértiles regiones de toda la Patagonia, quedaría á Chile,
puesto que se encuentra al oeste de la línea de alturas divi-
soria de las aguas, que corre por cordones bien marcados que
se desprenden de la masa principal de la cordillera. En estos
cordones que consideramos como cordón divisorio y que en cier-
tos puntos alcanzan alturas no despreciables, como el Pico To-
más (1550 metros), se encuentra una serie de pasos anchos
como el boquete de Nahuel-Pan (600 metros), un boquete al pié
noroeste del Pico Tomás (730 metros) y otros que conducen
de la altiplanicie abierta al valle 16 de Octubre y á los valles
vecinos interiores. La dificultad de la comunicación de esta re-
gión fronteriza con la costa del Pacífico, ha sido el motivo por
el cual se ha ignorado casi por completo en Chile, durante mucho
tiempo, la ocupación de estos valles por la República Argentina.
Solamente en estos últimos tiempos se ha dirigido sobre estos
territorios la atención de los círculos dirigentes chilenos.
No es este el lugar aparente para hacer una detallada des-
(') Se dice que el gobierno cliileno ha formulado una protesta contra la
fundación de la colonia, pero recibió del gobierno argentino la afirmación
que, si la colonia existía de hecho, su fundación revestía un carácter pura-
mente privado, con lo que el gobierno argentino no tiene absolutamente
nada que ver. (Serrano: Limites con la República Argeíitina, púg. 14). En
verdad, no puedo comprobar esta noticia con documentos oficiales.
cripcion de los resultados de la expedición del Palena llevada
á cabo por mí en el verano de 1893-94 en compañía de los se-
ñores Fischer, Stange, Krüger y Kramer. Sus resultados, cono-
cidos también por los lectores alemanes por varias publicacio-
nes C), arrojan en todo caso una luz singular sobre las condiciones
que imperan en la zona fronteriza patagónica, y demuestran que
las autoridades argentinas de las fronteras tienen derecho para
impedir el acceso á la zona dudosa aún á expedicionarios cientí-
ficos, que llevan pasaportes, é impedir el estudio de las condi-
ciones oro-hidrográficas de dicha zona. Pocos dias después de
que las dos secciones de nuestra expedición se habían reunido
en el valle del rio Carrenleufu, brazo principal del Palena, una
de las secciones fué detenida por la patrulla argentina de Junin
de los Andes y llevada tres grados y medio al norte del Palena,
al fortin del mismo nombre. Fué inútil que los viajeros pre-
sentaran el pasaporte del consulado argentino que hacía notar
el carácter científico de la expedición, porque una orden espe-
cial del comandante de Junin, disponía que el gefe de la patrulla
los llevara prisioneros al fuerte. Hasta un pasaporte de la lega-
ción argentina hubiera sido inútil, pues el gefe, un simple sar-
gento, no podía fallar sobre el valor del pasaporte. Es evidente
que la expedición fué frustrada por el traslado al fuerte que exi-
gía mas de una semana de viaje á caballo. La detención tuvo lu-
gar en un pequeño blockhaus en el rio de Las Casas, afluente
superior del Palena, á pocos kilómetros de la línea divisoria de
las aguas. Aun en el caso de un juicio muy indulgente, se debe,
por lo tanto, admitir que las autoridades argentinas han come-
tido un atropello contra viajeros pacíficos, en un territorio per-
teneciente á Chile, según lógica aplicación de los tratados.
Afortunadamente se logró evitar el embargo, por parte de
ignorantes autoridades fronterizas, de todo el material de ob-
servaciones, itinerarios, fotografías, etc., entregándolo secreta-
mente al piloto de la expedición, que fué puesto en libertad en
Nahuel-Huapi, y que pudo llevarlos, felizmente, por la cordi-
llera, hasta Osorno. El comandante de Junin, desimes de com-
probar personalmente que se trataba de viajeros pacíficos y el
carácter científico de la expedición, no pudo hacer menos de
poner en libertad á los viajeros; pero éstos, despojados de todos los
medios, no pudieron regresar á Chile sino con la ayuda de extra-
ños. La razón principal del envío de una patrulla debe buscarse
abiertamente en la creencia en que estaban las autoridades argen-
(') Véase: uPetenn. IMitteil.», 1894, p. 94; 144: «Verhandlimg des deutschen
wissenschaftlichen Vereins», Santiago, III, entregas 1 y 2.
tinas que se tratara de una expedición que tuviera por objeto
el espionaje, para, si posible era, descubrir nuevos pasos ulili-
zables para las operaciones militares. Esta creencia es clara-
mente absurda. En toda la región donde ha operado la expe-
dición, no existe un solo punto que, en tiempo remoto, pudiera
ser tomado en cuenta para el objeto de fortiticaciones militares,
construcciones de caminos, etc., y al este de la cordillera que
divide las aguas se extiende la interminable altiplanicie pata-
gónica en parte desierta, cuya travesía exige marchas largas
por zonas sin agua, y que, en caso de guerra, no puede ser
tomada en consideración ni como objeto (Ziel) de invasión de
l)arte de Chile ni como región de ti'ánsito para tropas ofensivas
de parte de la Argentina.
De todos modos la expedición del Palena, cuyos resultados
fueron entregados inmediatamente á la publicidad sin reserva
alguna, ha llamado la atención general sobre las dificultades
de la demarcación definitiva de los límites en esa zona y es
fácil prever que a(|uí también, la última palabi'a será pronun-
ciada por el tribunal arbitral. Las condiciones son muy pare-
cidas á las de la cuenca hidrográfica superior del rio Puelo.
El valle del Palena-Carrileufu atraviesa también la serie de los
macizos centrales del este al oeste, y en el curso superior del
rio principal se extiende una gran planicie longitudinal que
abarca desde las ramificaciones de la cadena principal hasta
el pié de los cordones elevados que dividen las aguas y (|ue
desde hace tiempo está ocupada por colonos argentinos.
Cómo se imaginan en la República Argentina la linea divi-
soria en esta parte de la cordillera, lo demuestra un mapa
publicado por el coronel Rohde en el «Boletín del Instituto
Geográfico Argentino» (') que representa la región fronteriza
O 1895, entregas 1 y 2. Comparar, para la critica, con mi Escrito en el dia-
rio chileno «El Ferro-carril >' del 20 de Agosto de 1895, y en Hettner's «Geo-
graphiche Zeitschrift», 1895, pág. 437; Polakowski en «Peterm. Mitteil.».
Lit. Ber., 1895, N" 584, y «Globus» LXVIII, No 7, pág. 112 y sig. El mapa de
Rohde que representa, en su e.sencia, una edición empeorada del antes men-
cionado «Plano del territorio del Chubut» de P. Ezcurra, ha sido el pro-
totipo de una serie de producciones cartográficas análogas, que en parte se
han publicado por la prensa diaria de la Argentina; comp. v. gr. el suple-
mento de la «Deutschen La Plata-Zeitung» del 14 de Junio de 1896. El nuevo
mapa general del Instituto Geográfico de Buenos Aires, publicado bajo la
dirección de Rohde («Mapa general de la República Argentina y de los
paises limítrofes» 1896), deja ver muy claramente las pretensiones ai'gentinas
en la región cuestionada, y como si no existiese ningún convenio obligatorio
sobre el litoral del Pacifico, se extiende aqui la región del estado oriental
hasta el curso inferior del Rio Puelo v su desembocadura en la Boca de
— 46 —
desde el grado 42 hasta el 46 latitud, con el trazado de las
líneas pretendidas por ambas partes. En vez de la línea divi-
soria de las aguas continentales, la única que se debe fijar en
toda la extensión de la Cordillera, se traza una línea fundada
en el artículo principal del tratado: la linea del encadenamiento
principal de la cordillera que divide aguas con olvido intencional é
injustificado del artículo (das» delante «aguas» (artículo que se
refiere directamente á la división de las aguas, es decir, la di-
visión principal de aguas), línea que recorre cadenas apenas
marcadas y á veces no existentes, y que, en parte, dividen aguas
de segundo y tercer orden. Esta línea cruza, en cuatro puntos,
rios importantes como el Vodudahue, el Palena, el Aysen y el
Huemules, estos dos últimos muy cerca ya de su desemboca-
dura. El Palena está cruzado aproximadamente á .50 kilómetros
al este de su desembocadura, es decir, en un punto en que está
todavía medianamente navegable; de modo que la Re]>ública
Argentina, según este método, ganaría por lo menos dos puertos
y un punto de salida en el curso inferior de uno de los gran-
des rios de la costa del Pacífico.
Este curioso documento cartográfico no merece una crítica
seria, porque se aparta ya del espíritu de los tratados de límites
vigentes, por el mero hecho de su pretensión á ciertos puntos
del litoral del Pacífico (').
Reloncavi (!). Elmapita suplementario «Detalles delCamiDO de Bariloche»,
agregado á la 3» hoja, ha sido dibujado visiblemente teniendo en cuenta los
resultados de mis viajes y los de von Fischer, 189.3-9.5, y trae como dato
inédito el itinerario de la expedición Rohde, en 1883, que pretende haber
descubierto el paso de Yuriloche, y haber avanzado hasta el Rio Manso in-
ferior, cerca de su incorporación al Rio Puelo. Como no es ahora el mo-
mento de entrar en una polémica detallada contra esa última afirmación
de Rohde, me limito á manifestar que debo protestar contra ella, fundándome
en las observaciones realizadas durante mi expedición al Rio Manso, y daré
una aclaración (Auseinandersetsung) á este respecto en mi informe de viajo
que se publicará dentro de poco.
{') No puedo ocuparme tampoco ahora de los numerosos ataques diri-
gidos contra mi y contra mis compañeros de viaje, desde hace más de un
año, por la prensa argentina, y algunas publicaciones científicas (comparar
«Boletín del Instituto Geográfico Argentino», 1895, entregas 5, 6, 7 y 8)
porque la mayor parte de los citados artículos no son absolutamente escritos
en un espíritu científico. Basta con citar, entre el mare maimón (Hochflul)
de esa literatura, dos artículos escritos con mayor conocimiento de la causa,
si bien no sobre la base de observaciones personales del autor: J. Albrecht
(¿seudónimo?): La región de las cordilleras andinas en Pátagonia «Ar-
gentin. Tageblatt», ;30 de Marzo de 1896, y La frontera en Palayonia, «Buenos
Aires-Handelszeitung», 22, 29 Febrero y 7 de Marzo de 1896) en alemán y
en español, ambos con maiia-croquis.
— 47 —
Debemos decir, para concluir, que se producirán también
dificultades en la región fronteriza al sud del Palena, v. gr.: en
el rio Aysen y rio de los Huemules. El problema del origen
de estos rios no está resuelto todavía. El capitán chileno
Simpson, que en sus viajes de 1870-73 lia explorado vai-ias veces
esa región, ha Iraido informes según los cuales podría creerse
que ambos rios tienen su origen muy lejos al oriente de las
cordilleras en la altiplanicie patagónica, y que atraviesan toda
la cadena montañosa en anchos valles hacia el occidente.
Pero en cambio, si se lee con atención la descripción del
viaje de Simpson, se verá que nunca ha penetrado suficiente-
mente lejos, en el interior, para poder justificar semejante
afirmación; no ha salido nunca de la cordillera y formó su
juicio sobre la región de los orígenes de estos rios, por las
narraciones de personas enviadas hacia adelante. Se tiene, por
lo tanto, fundadas razones para dudar de la existencia en esta
zona de valles transversales; existen probablemente aquí, como
en el Puelo superior y en el Palena, valles fértiles y anchos
entre la cadena principal y la divisoria de aguas.
Por otra parte, casos análogos á los ya descritos se pre-
sentan en partes mucho más al norte de la región fronteriza
andina, especialmente en el Bio-Bio superior y en la zona de
origen del rio Valdivia. Tratándose aquí también de valiosos
territorios ya poblados ó militarmente ocupados por ambas
partes, como los fuertes Lonquimay (en el Bio-Bio), y Maipú
(en la vega del mismo nombre al este del lago Lacar), es de
esperar que, en este punto también, la jurisdicción política será
determinada por el tribunal arbitral.
48 —
II
El artículo del doctor Steffen va acompañado de un mapa
que lleva el título de «Croquis de la zona fronteriza ciiileno-
argentina», entre el 40" 30' y 44° de latitud sud ('), que reprodu-
cimos aquí un poco reducido, y conjuntamente con otro mapa
de la misma i'egion, dibujado por la Sección cartográfica del
Museo, en idéntica escala, con el objeto de hacer más fácil la
comparación y según datos tomados del plano que acompaña la
última obra del doctor Moreno {-).
El doctor Steffen tiene ya una notable foja de servicios en
cuanto á expediciones á las regiones patagónicas andinas, como
lo demuestran su mapita y sus publicaciones anteriores; pero
lo que aquellas publicaciones demuestran también hasta la
evidencia, es la idea preconcebida que domina en todas las
producciones, ya sean gráficas ó literarias de nuestro autor;
esa idea preconcebida puede formularse de la manei-a siguiente:
1° Poner en evidencia que el principio fundamental estipu-
lado en los tratados para la demarcación entre las dos repú-
blicas del extremo austral americano es esencialmente hidrográ-
fico, y que el límite internacional debe, por consiguiente, coincidir
en toda su extensión con el divortium aquaruin continental ó
interoceánico.
2° Demostrar asimismo gráficamente en los mapas, planos
geográficos, croquis, etc., que en los puntos donde se opera la
división de las dos grandes cuencas oceánicas existe también
una barrera orográfica formidable, la verdadera cadena de la
Cordillera de los Andes de que hablan también nn poco los tra-
tados, circunstancia que no puede dejar de reconocer el doctor
(•) tt Uebersichtskai'ta des chilenisch-argentinischen Grenzgebiets», zwi-
schen 40» 30' und 44° 5' Br. — Una pequeña sección en la parte superior é
inferior del mapita (comprendiendo el titulo) no' ha sido reproducida por
exigirlo asi el formato de esta publicación.
(-) «Apuntes preliminares sobre una excursión ;'i los Territorios del Neu-
quen, Rio Negro, Chubut y Santa Cruz», Museo de La Plata, 18'J7. La base
que ha servido para la construcción del plano del doctor Moreno está men-
cionada en el capítulo «Resultados generales».
L'ehersichtskarte des chilenisch-arf^entinischen Grenzgebiets
zwischen 40° 3o' und 44- s. Br.
\Úa.iívarios....Siefrenyv.Fv<dierm2,S3.í>i—FnIena-£rfKd.í893^i SUfíírv,Frü^r,]}eÍLJu; I89Sr^6.
Escala ? '" "> ->° *" ^ SU.
ANDES Y PATAGONIA ANDINA
ENTRE EL 41° Y EL 44° DE LATITUD
SEGÚN EL «PLANO PRELIMINAR» PUBLICADO EN EL ÚLTIMO LIBRO DEL DR. MORENO
00
Escala °_ J¿ '.° ^° Ag-^'ic./.
— 49 —
Steffen A pesar de su predilección bien acentuada para interpre-
tarlo lodo en pro de una solución estrictamente hidrográfica.
Este afán en probar ¡pie la Cordillera andina coincide con el
divortium aquarum continental, revela, sin embargo, que el au-
tor no está tan seguro como aparenta serlo, de que la linea di-
visoria hidrográfica es el límite prescripto por los tratados y
para precaverse contra las consecuencias de la interpretación
opuesta, tiene la oportuna precaución de hacer coincidir los dos
principios orográfico é hidrográfico.
El último escrito del doctor Steffen que acabamos de repro-
ducir y el croquis que lo acompaña, prueban de un modo ter-
minante que la opinión de su autor no se ha modificado á este
respecto, y que para él, línea divisoria de aguas continentales
es siempre sinónimo de colosal barrera orográfica ó Cordillera
de los Andes. Y para (¡ue nadie pueda dudar ([ue tal es la fiel
interpretación de su pensamiento, el doctor Steffen se cuida de
escribir en letras de molde «Cordillera de los Andes» sobre
la poderosa cadena montañosa que dibuja en la mencionada
línea divisoria de las dos cuencas oceánicas, entre los paralelos
41" y 44°.
Ahora, si probamos con documentos fehacientes que la zona
donde se efectúa en aquella sección patagónica el dii-nrUinn nqxa-
rum continental está constituido por |)lanicies ó nlli|)lanicies pa-
tagónicas; que allí no hay nada que merezca la denominación
de cordillera ó dorso andino; que en ciertas partes el desnivel
de aquellas planicies es tan insignificante que escapa á la apre-
ciación individual, y que las aguas que brotan en su superficie
hesitan, puede decirse, sobre su dirección ulterior y hasta llegan
á modificarla; que el doctor Steffen cruzó aquella región divi-
soria de aguas, donde se producen los fenómenos cai'acterísti-
cos que hemos señalado y que corresponden exclusivamente al
llano, y (jue. sin embai'go, no vaciló en dilnijar allí su impo-
nente Sierra madre, ¿qué idea deberemos formarnos del autor
del trabajo, del criterio que lo guía en su modo raro de inter-
pretar las cosas y de representar la configuración de la región
austral aún no delimitada, en una palabra, de los móviles que
le impulsan á obrar en una forma tan insólita, en publicacio-
nes destinadas, ante lodo, á circular en el exterior? La contes-
tación es embarazosa.
Como lo dice su título, el esci'ilo del doctor Steffen, se con-
creta principalmente al examen de la zona patagónico-andina
fronteriza y al estudio de la interpretación que deben recibir
allí los tratados vigentes en el curso de los trabajos de demar-
Tumo IX. 4
— 50 —
cacion del límite internacional. Sin eniharíío, el autor hace pre-
ceder esa parle iirincijial de su li'ahajo por un rctrospocto his-
tijrico, abarcandii todo el período transcurrido desde la é))oca
del descubrimiento hasta la celebración do los ¡ictuales tratados,
con el objeto de demostrar que el límite entre el Vireinato de
Buenos Aires i') del Rio de lii Plata y la Capitanía general de
Chile no era la Cordillera de los Andes y que la Patagonia toda
era chilena.
Ojeada retrospectiva
l'In uii artículo anterior publicado en París (') hemos exa-
minado de paso esa faz de la cuestión, y demostrado que sería
dilícil sacar de ella argumentos en pro de la causn liistórica
defendida por el doctor Steffen, es decir, la soberanía chilena ejer-
citada .sobre la totalidad de las tierras patagí'micas desde la
Conquista hasta la era de la Independencia.
El interés que pueden suscitar los antecedentes históricos
de la cuestión de límites es legítimo, pero no debe hacer olvi-
dar que el problema es, antes de todo, de orden geogrVilico. y
(|uei'i la geografía — secundada por la geología — pertenece dar la
solución definitiva á nuestra larga disputa fronteriza. Es cierto
(|ue en el preáml)ulo del tratado de 1881 se dice que: «....dando
cumplimiento al artículo 39 del tratado de 1856 ('), los gobiernos
do la República Argentina y de Chile han resuelto celel)i'ar un
tratado de límites....» etc., cuyos artículos siguen, pero l;i pre-
cisión casi matemática con (|ue se determina en aquellos nrlicu.
los y en los del protocolo de 1893, el principio que deben tener
como norma invariable los demarcadores en sus operaci(jnes de
deslinde común, debilita de antemano el valor que se podría re-
(') La Qiiesíion des Limites chilo-argenlines. Examen ile la brochuri!
d\i Dr. Stelfen. — Hen'ri Delaohaux , Musée de La Plata. Décembre 1897.
Publicado en los «Annale.s de Géograpliie » de París.
(■) El articulo .S9 del convenio de 1856, está redactado en la íarmn si-
guiente: «Ambas p'arte.s contratantes reconocen como límites de sus respec-
« tivos territorios, los que poseían como tales al tiempo de separarse de la
" domiuaeioii espaüola el año ISIO, y convienen en aplazar las cuestiones
« que han podido ó pueden suscitarse sobro esta materia para discutirlas
u después pacifica y amigablemente, y en caso ih'. no arribar á un completo
«arreglo, someter ln decisión al arbitraje de una nación amiga.»
— 51 —
conocer á tal ó cual cédula de texto mas ó menos claro ó inte-
ligible.
1^1 doctor Sleffen reconoce, por otra parle, que los antece-
dentes históricos de la cuestión no podrán desvirtuar el texto
preciso de los tratados, texto i[ue interpreta del modo consabido.
Tales son las razones que nos impulsan á no conceder ma-
yor importancia de la que tiene á ese lado retrospectivo de la
disputa que ha sido, además, estudiado por autores de valía.
Entendemos, sin embargo, que hay en preparación aquí impor-
tantes publicaciones sobre el tópico, á fin de probar ante el
mundo que la República Argentina no esquiva el debate en
ningún terreno, y está dispuesta i'i seguir su adversario, en la
discusión de sus derechos, :í donde le plazca llevarla.
Reproducimos i'i continuación algunos [lárrafos del artículo
aludido, referentes á las consideraciones de orden histórico que
nos sugieren los antecedentes de la cuestión:
«En apoyo de su tesis, exhibe (el doctor Steffen) una serie de
cédulas venerables, de interpretación á veces dudosa, de cuyo
conte.xto deduce la conclusión que el gabinete de Madrid había
efectivamente adjudicado á la Capitanía todas las tierras que
se extienden desde el Estrecho de Magallanes hasta la provin-
cia de Cuyo, pero no nos dice — y la cosa sería algo difícil, pues
las cédulas no hablan de ello — d(')nde se encontraba el límite
común de aquellas tierras magallánicas con el Vireinato de
Buenos Aires.
«Es que los límites australes del \'¡reinalo del Plata han sido
siempre muy indelinidos, y la omisión que se nota en tal ó
cual cédula — como en la de Gaa que cita — de la mención de
las tierras patagónicas ó magallánicas en la enumeración de
los territorios colocados bajo la jurisdicción de aquel vireinato,
se explica fácilmente por la ignorancia casi absoluta en que se
estaba respecto de la ancha zona que se extiende al sud del
Rio de la Plata.
«La misma configuración del suelo en esta extremidad del
continente, nos proporciona la explicación del hecho. La toma
de posesión del territorio se operó, en lo que es hoy República
Argentina, de una manera general de este á oeste, paralela-
mente al eje fluvial representado por el Rio de la Plata y su
prolongación interna, el Bajo Paraná, — eje de la civilización
caucásica en la América del Sud — mientras que en Chile, la
población se dcsarrolli') necesariamente miis rápidamente del
norte al sud, paralelamente al eje andino, obligada á ello por
la formidable barrera orográfica que la estrechaba al oriente,
— 52 —
.1 unas treinta leguas de aquel otro limite natural que tenía al
poniente: el Océano Pacífico.
«Debido á esta circunstancia, las regiones australes han
sido conocidas y mencionadas mucho más rápidamente del lado
Pacífico que del lado Atlántico, pero no sería razonable admitir
que esto constituye un título de posesión — aunque no sea más
que histórico. Los límites respectivos del Vireinato del Rio de
la Plata, de la Capitanía general de Chile y de Cuyo, son de
los más indefinidos, según los documentos de la época, pero, de
una manera general, puede decirse que el primero se extendía
hasta el extremo de la tierra firme, ya que ningún accidente
geográfico importante se interponía ó había sido señalado hasta
el Estrecho; de hecho, el límite administrativo del Vireinato,
en el sud, estaba señalado por las etapas sucesivas de la pobla-
ción en su movimiento lento, pero continuo, operado perpen-
diculai-mente al eje indicado, etapas realizadas por medio de
la fundación de pueblos y de líneas de fortines cada vez más
alejadas del centro colonizador: el Rio de la Plata.
«Por consiguiente, el hecho que tal ó cual cédula no men-
ciona la Patagonia, es decir, las tierras magallánicas como
haciendo parte integrante del \'ireinato del Rio de la Plata,
no implica en manera alguna la limitación de la soberanía de
esta última al límite actual de la provincia de Buenos Aires,
pues, en los documentos que conocemos, no liay nada que
autorice á creer y aún menos, á afirmar, que un límite intei--
pueslo entre el estuario platense y el lístrecho de Magallanes
señalaba la separación de los dominios de las dos comarcas.
«Hubo un tiempo en que una línea llevada del cabo San
Antonio hacia el interior, representaba casi el límite adminis-
ti-ativo del gobierno de Buenos Aires (ó sea el ^'ireinato del
Rio de la Plata), y así lo señalaban algunos mapas. ¿Se |)re-
tenderá acaso que la Capitanía general de Chile debía exten-
derse y remontar hasta allí, y que la joven nación trasandina
á la cual dio origen, podía reivindicar legítimamente todo el
tei-ritorio comprendido dentro del perímetro indicado?
«En este caso, la gran metrópoli que reina sobre el Plata
habría tenido literalmente Chile nd portas.
«Sin embargo, los antecedentes históricos tan vagos é in-
í'onsistentes que acabamos de esbozar, han jiai-ei-ido suíicicnte-
nienle probantes ;'t la larga república pai'a autoi'izarla á lomar
posesión, en 1843, de ambas costas del lilslrecho de Magalla-
nes, en donde fundó, seis años miis larde, sobi'e la orilla con-
tinental, la ciudad de Puerto Bulnes. universalmente conocida
— 53 —
hoy bajo el nombre de Punta Arenas. Ese procedimiento del
gobierno chileno dio lugar á enérgicas protestaciones de parte
de la República Argentina, y las relaciones entre las dos na-
ciones se mantuvieron, durante mucho tiempo, en un estndo de
tensión alarmante, hasta la conclusión del tratado de 1881. Es
sabido que la dilicultad fué resuella mediante la adopción del
paralelo 52" como límile internacional en ese (iniderra amen-
rano.»
II
La letra y el espíritu de los tratados. — Una sola interpretación posible
Orografía é hidrografía
Después del relros[)ecto histórico que hace de los anteceden-
tes del litigio frontei'i/.o, el doctor Stefí'en menciona los tratados
que han venido á iinprimii- un rumbo determinado y preciso á
la cuestión de limites, y los interpreta en el sentido liidroynifico
que hemos señalado.
Para llegar á ese resultado, el autor pone á contribución
todos los recursos de su rica imaginación y dialéctica y se vale
de medios que, en algunos casos, distan mucho de ser correc-
tos, como por ejemplo, cuando afirma, ¡tágina 33, que «el prin-
cipio de la línea divisoria de las aguas, ha sido introducido en
el tratado por pedido especial del ministro Irigoyen». Bien salie
el doctor Steffen que el límite derivado del principio hidrográ-
fico nunca ha sido aceptado por ningún negociador argentino
y que la República Argentina, por el órgano de sus represen-
tantes, ha .sostenido siemjire que la frontera debía coincidir
con las altas cumbres de la Cordillera de los Andes. El |)ro-
ceder del doctor Steffen debe ser, por. consiguiente, juzgado se-
veramente, sobre todo en vista de los fines á que obedece, al
estampar tales declaraciones erróneas en revistas extranjeras,
cuyos lectores no poseen bien los antecedentes de la cuestión.
E.so ya es pasar con exceso los límites que toleran la ¡¡olémica
y la di.scusion de buena ley.
A raíz de la discusión surgida á consecuencia de la dolile
interpretación dada á los tratados de límites, se ha publicado
una cantidad enorme de artículos, folletos, libros, escritos de
todo tamaño y de toda clase, encaminados á seiialar el verda-
dero alcance de las cláusulas de aquellos documentos. Todo se
ha dicho en este sentido, y conceptuamos inoficioso y superfino
— 54 —
el probar al lector argentino que el limite prescripto es la Cor-
dillera andina y no la caprichosa línea de urden acuática cuya
adopción recomienda el sabio explorador: oli'a cosa sería si
este examen crítico hubiese sido destinado á lectores extranjeros.
Basta con decir que la primera proposición del articulo 1°
del Tratado de 1881: «El límite entre la República Ai-gentina y
Chile es, de norte á sud, hasta el paralelo 52°, la Cordillera de
los Andes», encabezando y dominando todo el documento, es
un argumento formidable en pro de la inlerjiretacion orográ-
fica — la única veidadei'a y cientíticamente aplicable — que la Re-
pública Argentina da al ti'atado y que en su contra vendrán
siempre á estrellarse lastimosamente los razonamientos más
ingeniosos y sutiles.
Se sabe, por otra parte, que para levantar todas dudas al
resjiecto, la idea del deslinde cordillerano se encuentra clara-
mente señalada y reforzada en los artículos 1" y 2" del Proto-
colo de 1803: «....Se lendrá, en consecuencia, á pei-petuidad,
como de propiedad y dominio absoluto de la República Argen-
tina, todas las tierras y todas las aguas, ¡i saber: lagos, lagu-
nas, rios y parles de ríos, arroyos, vertientes que se hallen al
oriente de la línea de las más elevadas cumbres de la Cordi-
llera de los Andes que dividan las aguas....» etc., y «la Repú-
blica Argentina conserva su dominio y soberanía sobre todo el
tei'ritorio que se extiende al oriente del ciicadenainicnlo princi-
pal de loa Andes....» etc., donde se prevé, que al seguii' el enca-
denamiento principal de los Andes, la línea divisoria podría
llegar á cortar cursos de agua. La expresión «partes de rios»
sería ininteligible en cualquiera otra interpretación (|ue se qui-
siese atribuirla, y completamente inconciliable con la teoría de
una línea divisoria pui-amente hidrográfica.
Esta grave objeción á la intei'pretacion especial ([ue los [yar-
üáiwlos del divortium aquarum absoluto quieren dar á la cláusula
de los tratados de limites, no pasa desapei-cibida para el doctor
Steñ'en, y es aquí donde luce toda su dialéctica para tratar de
probaí- que por «partes de rios» se ha (|uerido designar «rios
íí parciales; cursos de rios incomjtletos, como existen muchos
«ejemplos sobre el vertiente argentino, y que terminan en la
«arena ó en las lagunas saladas de la Pampa.» Esa ex|)licaciou
es ingeniosa, si se quiere, pero demasiado ingeniosa, y al mis-
mo tiempo poco feliz, |)orque el autor olvida que dichos acci-
dentes hidrográficos reciben en la terminología geográfica otra
denominación. Se les designa bajo el nombre de rios trecheros,
rios periódicos, álveos de rios de.secados ó intermitentes, etc..
— 55 —
y nunca parír.s tic rios. jA^iya un nuevo tecnicismo geográfico
introducido por el inteligente explorador!
Por otra parte, aquél no oculta la mala impresión que le
causa la redacción do los dos artículos donde se habla de las
palien de rion y del e'ncadcitamicntv priiicipal de los Andes, y en
(•(insecuencia califica el protocolo de JS93 de «poco sincero» y
'(¡¡oco útili), sin duda pori|ue da en el suelo con el complicado
edificio de argumentos especiosos que habia levantado en pro
de la causa del divortiuvi aqiiarmn interoceánico.
Más adelante, el autor dice que: «la idea orográfica de un
« encadenamiento pi'incipal es bastante indefinida y no puede
n ser absolutamente aplicada para la delimitación política de
" limites en una cordillera de montañas tan variada en su con-
« figuración y tan poco conocida en todas las particularidades
"de su construcción, como la Cordillei'a de los Andes.»
Reconocemos con el doctor StelTen, que el trazado de un lí-
mite coincidiendo con el encadenamiento principal de los Andes
puede y debe presentar numerosas dificultades de orden material
en la práctica, pues la zona litigiosa está aún lejos de ser cono-
cida en todos sus detalles y no vamos á pretender que los Andes
|iresenten allí la clásica forma de una cresta continua, ó espe-
cie} de muralla de China. Sin embargo, todas las descripciones,
planos, itinerarios, croquis, fotografías, estudios topográficos,
geológicos, etc., que poseemos hoy sobre aquella región (y su-
man ya un respetable número de datos preciosos y precisos),
nos huljilitan para rechazar in limine el límite hidrográfico pro-
puesto por el doctor .Steff'en como absolutamente incompatible
con la aplicación de los tratados: hoy que las últimas expedi-
ciones en la Patagonia andina y preandina lian venido á de-
mostrar de una manera intei-giversable que no existe allí, en la
zona donde se opera la separación de las dos grandes cuencas
oceánicas, el tal encadenamiento principal divisor de las aguas
que pretenden algunos de los geógrafos de ultra-cordillera (no
todos, i)orque autores chilenos hay, como el ingeniero Bertrand,
que han reconocido que: «el divortiiii// aquaniin llega hasta la
región plana de las pampas»), no es posible seguir ya soste-
niendo tan anticientífica teoría, sin ser sospechado de alterar
ii sabiendas la realidad de los hechos.
iVdemás, como geógrafo, el doctor Steffen no debe ignorar que
el límite de óixlcn puramente hidrográfico, que desea ver adoii-
tado en esta extremidad austral del continente, no ha sido apli-
cado sobre el terreno de una manera absoluta en otros países.
¿Á qué viene entonces el empeño con que sigue preconizándolo
— 56 —
aquí? Será quizá para no disentir de opiniones con su superior
jerárquico, el distinguido perito por Chile, señor Barros Arana,
quien declaró, en cierta ocasión, que: «el curso de las aguas es
«una circunstancia continua, esencial, inmutable, caracterís-
« tica é iniíerente á una región, mientras que la mayor ó menor
(( elevación de un pico es algo accidental que no afecta en nada
(( á la contigui'acion de la comarca circunvecina....»
Mucho respeto nos merece la ciencia del distinguido perito,
pero la verdad nos obliga á declarar (|ue, en la citación reiiro-
ducida, ha incurrido en un importante error científico, sobre
todo ateniéndose á las condiciones particulares de la Patagonia,
donde debían tener aplicación sus teorías. Para que aquella
declaración tenga algún sentido, habría (]ue modificarla tan
profundamentalmente que digera exactamente la contraparte de
lo que así dice. Ni> hay, en la física del globo, algo tan varia-
ble en su forma, volumen y dirección como un curso de agua.
Bajo la inlluencia de la lluvia, del ¡jlaciario, de la erosión, de la
sequedad, de las alternativas de temperatui'a, del viento, etc.,
un rio avanza, retrocede, aparece, desaparece, vuélvese ora
rápido, ora perezoso; desvía su curso, se cava nuevo álveo,
cambia de cuencas hidrográficas ó (|ueda sin desagüe; provoca
inundaciones en regiones situadas á centenares de leguas de
su lecho primitivo, etc.
Los ejemplos son tan numerosos que es casi supérfluo
mencionarlos. Recordaremos solamente el caso del Hoang-ho,
tan inseguro en su trazado (inmutable según la teoría del
señor perito), que en el transcurso de las edades ha llegado á
cavar su álveo en la parte inferior de su curso, á unos 740
kilómetros de los puntos que antes regaba.
bln cuanto á los orígenes de los rios, la Patagonia andina
nos proporciona numerosos y remarcables ejemplos de la ins-
tabilidad que ofrecen á veces las ramificaciones superiores de
un curso de agua. Gracias á la erosión activa que provocan
y favorecen extraordinariamente las abundantes lluvias que
riegan allí la costa y cuenca fluvial del Pacífico — lluvias que
van casi siempre dirigidas de oeste á este á causa de los vientos
constantes que soplan en ese sentido — pero cuya influencia
benéfica no se extiende mucho mas allá de la Cordillera y sus
ramificaciones, lo que determina la aridez relativa de la Pata-
gonia oriental, tiende aquella cuenca á avanzar hacia el este,
usurpando sobi-e lo (|ue antes pertenecía indudablemente al
sistema fluvial del Atlántico. Hay casos de rios, antes tribu-
tarios del Atlántico, que, bajo la influencia de las causas
— o/
apuntadas, ó á consecuencia de derrumbes parciales de los
terrenos que atravesaban, se han visto (ibiigados á desviar su
curso primitivo é incoi-|inrar el volumen de sus aguas ú la
cuenca del Pacílico.
De un año al otro se observan, además, en aquella región.
grandes variaciones en el volumen de agua arrastrada por los
rios que van al Atlántico, variaciones que pueden ir basta la
desaparición de un curso de agua, y la transformación de una
cuenca abierta en cuenca cerrada. Uno de los ejemplos más
notables de este fenómeno nos estii otrecido por el rio Chico, del
Chubut, el que, poco há, llevaba al Rio Chubut y al Atlántico
las aguas de una ancha zona, regada por numerosos rios y
arroyos, y donde no caben menos de cuatro grandes receptáculos
lacustres: los lagos Musters, Colhué, Fontana y La Plata, rio
cuyo lecho se encuentra hoy á seco, con rastros de agua de
trecho en trecho. h]\ rio Deseado, en época un poco anterior y
como se desprende del examen de datos antiguos, traía, segu-
ramente mayor caudal de agua que actualmente, pues sus con-
diciones son ahora casi idénticas á las del rio Chico; la expli-
cación de ese cambio de régimen se encuentra en sus orígenes,
donde vemos que el rio Fénix, que se incorpora hoy en el lago
Buenos Aires y parece depender de la cuenca del Pacifico, for-
maba, antes que un derrumbe de piedras sueltas hubiese modi-
ficado su curso, la ramificación sui)erior principal del Deseado.
La región montañosef que se extiende al noroeste de la Re-
pública, y que constituye el contrafuerte austral de la gigan-
tesca meseta peru-boliviano argentina, está sembrada de ruinas
de antiguas ciudades indígenas, ubicadas en parajes hoy com-
pletamente áridos. ¿Qué significa esto sinú que las condiciones
hidrológicas de aquella zona se han modificado ¡¡rotundamente
durante el período actual?
Resulta de las descripciones anteriores que el sistema hi-
drográfico del Globo, y muy especialmente el que riega esta
extremidad austral americana, está muy lejos de presentar los
caracteres de inmutabilidad que quieren concederle los geógrafos
de allende los Andes, y que sería un problema de los mas áirluos,
el amojonar en el terreno un límite que tuviera el principio de
la división de aguas por base única.
Aquí, en la Patagonia andina y preandina, la aplicación del
citado principio sería simplemente imposible, porque el tratado
dice que el límite debe ser constituido por la Cordillera, y no
por el llano en donde se verifica actualmente la separación de
las dos cuencas oceánicas, y también porque, en la hipótesis
X
— 58 —
(de realización imposible) de un deslinde según el cUvortiuní
aquaniiii foiitincntal. sucedei'ia, al [lOco tiempo de concluida la
operación. (|ue la linca divisoi'ia do l;is ¡iguas conlinenlales se
habría modiHcado en sus cnntdiaios, y que \ii no cnincidii'ia
con la linea amojonada.
No, poi- ('icrlo, el rasgo |)riiicipal. relativ;imenLe jiermanente
é inmutable de nuesti-o planc-la. no esti'i constituido pm- la i-ed
liquida que riega y fertiliza su corteza á semejanza del sistema
«■irculatorio en el cuerpo humano; biológicamente hablando,
representa el elemento vital de la Tiei'ra, pero es de esencia fun-
damentalmente móvil y variable, y cuando haya desaparecido
totalmente de su supei'íicie, nuestro mundo extinto seguirá aún
durante inmensos periodos ostentado á través de los espacios
sidei'ales la imponente esti-ucturu de sus cadenas montañosas,
áridas y sin el estremecimiento de la vida, de sus pieos aisla-
dos, volcanes y demás protuberancias de su costra: no es la
hidroyrafia. es la oru(}rafi(i que constituye el cai'ácter esencial,
predominante y i'elativamente ¡¡ermanente de la Tiei-ra, hecho
que nos esta confirmado también por las condi(;iones actuales
de nuestro satélite (que serán las nuestras de mañana) en cuya
superficie visible ha desaparecido el agua, pert.! en donde el re-
lieve orográfico nos estii revelado aún con tan admirable nitidez
por el lelescojiio.
I']sa poca estabilidad en los límites superiores de las cuencas
hidrográficas, ha sido chusa de que no se haya adoptado entre
las naciones del mundo el sistema de demarcación política que
consistiría en hacer coincidir rigurosamente la frontera común
con la linea del dÍL-orliiuii a<¡nitniiii de primer orden, ó conti-
nental, sistema que, como yn lo digimos, el doctor Steñen y las
personas que comparten de sus teorías, quieren ver aplicado
en la península patagónica.
Cuando el límite intei-nacional entredós naciones está cons-
tituido por una cadena montañosa, la línea fronteriza sigue las
sinuosidades de la arista central, que siempre tiene un rumbo
determinado del cual no se aparta, y pasa entre las vei-tienles
que se desprenden de un lado y del otro: es e! divortium aquanai)
local, peculiar á la cadena montañosa, el único que tenga apli-
cación en el caso de los límites chileno-argentinos: y en el caso
de fjue la continuidad de la barrera oi'Ográfica esté interrum-
pida por un curso de agua, este último está idealmente cortado
y unidas las dos extremidades de la cadena por la línea-frontera
como i)odría hacerlo un puente colgante, hecho que un rápido
estudio de la geografía físico-política de la Tierra, confirma ple-
namente.
y
— 59 —
El caso de los Pirineos, límite orográflco político entre
Francia y España, á pesar de ser atravesado por el Garona y
el rio Segre; el de la Bohemia, provincia de la monarquía
austro-húngara, i'odeada de tres lados por la Alemania meri-
dional, de la cual la separan las cadenas del Imv,, de los Sú-
deles y del Boehmer Wald, siendo In primera ciimplet;imente
atravesada por el rio Elbe. á pesar de lo cual señala el límite
político entre los dos imperios; el de los Alpes de Transylvania,
continuados en el sud por los montes Stara y los Balkanes, y
atravesados por el Aluta y el Danubio, circunstancia que ni>es
tomada en cuenta en la delimitación de las naciones fronte-
rizas: Hungría y Bumauia; el del Himalaya, cadena sujirema
de la Tierra, cuyo eje principal sirve de límite cutre la pniviu-
cia china del Tibet y el Hindostán, no obstante ser también
cortado en varios puntos, por los caudalosos rios procedentes
de la gran altijilanicie tibelana, etc.. son otras tantas jiruebas
que demuestran de una manera irrelulable (|ue la IrDutern nro-
gráfica dirisoria al mismo tiempo de cuencas flucialcs coiüíik niales
es una ulopia en la Tierra, y que los i|ue la preconizan son
utopistas ó, cuanto menos, poco avezados en la materia.
Descartada toda posibilidad de estal)lecer en la Palagonia
andina un deslinde político, coincidiendo con el divorlianí aqita-
nim continental, como se desprende del triple examen de:
I']! texto de los tratados;
La configuración de la región donde se efectúa la se|)ara-
cion de las cuencas interoceánicas:
Los casos análogos en otros países,
es necesario decir que la Cordillei'a de los Andes, en la sec-
ción patagónica, no ofrece la uniformidad y la simplicidad de
estructura de un cordón longitudinal unido, dominado por una
arista central elevada, como, por ejem[ilo, la cadena cauc:is¡ca,
una de las más regulares del globo. La cordillera andina dista
de ofrecer aquellos caracteres de regularidad, y, en la zona
indicada, á contar desde el 41" de latitud hacia el sud, se frac-
ciona en varios cordones y macizos más ó menos paralelos, y
presenta bien pronto un gran desarrollo lateral, lo que no im-
pide que, en algunas partes, los tributarios del Pacífico tengan
sus orígenes á unos cien kilómetros al este de las últimas ra-
mificaciones orientales.
La línea de las cumbres más elevadas es al mismo tiempo
la más occidental, y está representada allí poi- las cimas volcá-
nicas nevadas del Hornopiren, Centinela, Minchimahuida. Cor-
covado, Yánteles, Melimoyu, Mentolat, IMaca, San Clemente,
— 60 —
San Valentín, etc. Sin embargo, á pesar de su gran elevación
general, aquellff linea volcánica no ])odrá ser adoptada como
frontera común. por(|ue el articulo 2" del protocolo de 1893
estaiilece que: «....por las disposiciones de dicho tratado, la
soiierania de cada estado sobre el litoi-al respectivo es absoluta,
de tal suerte que Chile no puede pretender punto alguno hacia
el Atliintico. como la República Argentina no puede jiretendcrlo
liácia el Pacifico....», y porque sucede que, á la altura del 45" de
latitud próximamente, la mencionada linea de altas cumbres
se traslada desde el continente en las islas vecinas, de manera
que la linea-límite (|ue uniese sus [¡untos culminantes debería
necesariamente cortar los canales y brazos de mar que se in-
ternan, en ese paraje, en el continente, eventualidad eliminada
por las disposiciones del ai'ticulo 2".
De paso, haremos notar que, en el caso de haber sido el
divortium aquarum interoceánico el límite designado por el tra-
tado de 1881 y convenios siguientes, como lo sostiene el doctor
Steffen con gi'an refuerzo de argumentos ingeniosos, pero que
no pueden resistir á un })rimer análisis (ai-gunienlos pour la
galeric), la disposición relativa á la soberanía de cada estado
sobre el litoral respectivo seria un absurdo, porque la línea
divisoria de aguas nunca podría llegar á tocar las costas. En
cuanto á la Cordillera, es cosa distinta, y como sucede efecti-
vamente que, en algunas partes, se traslada del continente en
los ai'chipiélagos pacíficos, los autores del protocolo de 1893 se
vieron ijbligados á dictar esa cláusula [>ara imj)edir que exten-
sas costas del Gran Océano llegasen á caer bajo la jurisdicción
de la República Argentina, ya que el limite internacional debía
coincidir, á los términos del tratado, con el encadenamiento
princi[)al de la Cordillera.
Ya eliminada en esa forma ia posibilidad de que el elevado
cordón occidental semi-continental, semi-insular de la cordi-
llera patagónica, fuese elegido, en aquella sección, como límite
internacional, los demarcadores deberán buscar, siempre dentro
de la Cordillera, pero de la cordillera continental, el encadena-
miento principal designado ])or los tratados, y cuyas cumbres
nevadas se levantan á una gran distancia al este de la línea
divisoria de aguas interoceánica.
Será ésta una obra delicada y difícil, dada la fisononn'a es-
pecial que caractei'iza el sistema orográfico del extremo austral
americano, y ¡lara decidir con entero conocimiento de causa de
los puntos por donde deberá pasar la línea fronteriza, será
imprescindible disponer, previamente, de un buen levantamiento.
— 61 —
eu g'i'an escala, de toda la zona cuestionada, acompañado de
los datos importantísimos que la geología pitdrá suminislraf
sobre el mismo asunto.
111
Brechas y archipiélagos mediterráneos
El rasgo característico de los Andes patagónicos consiste
en una serie de grandes depresiones transversales, profundas,
y que establecen como una comunicación terrestre natural entre
los dos océanos. La más deprimida está constituida por la
cuenca lacustre donde explaya sus aguas el lago Buenos Aires,
y se prolonga al oeste por el emisario de aquella gran napa, y
al este por el rio Fénix y el rio Deseado Superior, dos cursos
de agua que, en ciertas ocasiones, pueden llegar á unirse bajo
la iníluencia de una gran creciente, pero entre los cuales pasa,
en tiempo ordinario, la línea del divortiwn oipínnim continpiitnl,
lo (|ue el doctor Steffen llama la «Cordillera divisoria de aguas.»
La altura mayor de aquella «cordillera divisoria de aguas»
es de 470 metros sobre la superficie del mar, lo que significa
que si este último se elevara de la misma cantidad sobre su
nivel actual, ó, lo que es lo mismo, si esta extremidad conti-
nental se hundiese en idéntica proporción, el continente que-
dai'ía cortado á esa altura por un brazo de mar que pondría
en comunicación permanente los dos océanos, cual lo hace el
Estrecho de Magallanes más al sud, el que puede también ser
considerado como una de aquellas brechas transversales donde
el hundimiento del suelo ha provocado la invasión de las aguas
saladas, y la unión liidrográfica de ambas cuencas. A la mis-
ma latitud donde una elevación del nivel marítimo provocaría
la unión interoceánica, existe, no lejos de la costa, el soberbio
cono volcánico del San Valenlin, con una altitud que excede
la del Pico de Tenerife en 161 metros ('). Es la cumbre más
elevada de toda la Cordillera al sud de la provincia de Mendoza.
Las más importantes entre las demás depresiones transver-
sales de la Cordillera, son aquellas en cuyo fondo se han
abiei'to camino los siguientes rios de cursos y destinaciones
opuestos: Puelo-Chubut, Corintos-Ftaleufu-Teca, Pico-Omckel,
Lago La Plata- Lago Fontana- Senguerr, Aysen-Coihaike-Mayo,
Huemules -Aysen austral -Clialia, etc.
{'■) Volcan San Valentín 3870 in.; Pico de IVyde (Tenerife), 3715 m.
- 62 —
El resultado de aquello configuración particular es de frac-
cionar en la zona patagónica la Cordillera, así como las varias
ramificaciones on (|uo se sulidividc, en cadenas interrumpidas
de trecho on trecho, por cortes per|)endiculares al eje de direc-
ción general; y las pintorescas cuencas lacustres que se escon-
den en sus valles laterales, así como el sistema fluvial que les
sirve de emisarios ó tributarios, dan lugar á su vez ¡i la for-
mación de otras brechas perpendiculares á las primeras, de tal
manera que el conjunto ofrece la apariencia de uno especie de
arcliipirlarjn íprrestrr, fragmentado en numerosos macizi:)s (') islas
continfíntalfís, que se presentan como lo continuación en tierra
firme — y lo son efectivamente — del archipiélago marítimo occi-
dental.
A fin de que se pueda tener una idea aún más clara de esa
disposición caractei'ística de los Andes patagónicos, hemos re-
presentado en un pef|ueño croquis los contornos generales que
corresponderían í\1Ií á la Cordillera en la hipótesis de un hun-
dimiento del continente de mil metros.
En este último caso, desaparecen casi por completo las pe-
queñas elevaciones y las altiplanicies por donde pasa actual-
mente la línea del divortium aqnarum continmtal. línea i'epresen-
tada en el pianito por medio de puntos redondos. En cambio,
destácanse aún á una gran altura, las cumbres de los altos cor-
dones fracturados — litoral é interior — de la Cordillera, soporta-
dos por enormes zócalos cuyas orillas señalan el sitio sumergido
de los rios, lagos y canales anteriores. La disposición IVagmen-
taria ó insular de los Andes patagónicos resalta entonces con
toda evidencia, así como las grandes brechas transversales y
los valles laterales que la provocan. Como ya lo hemos visto,
no es necesario ir hasta una elevación del nivel marítimo de
mil metros para obtener la comunicación interoceánica á tra-
vés de la Cordillera patagónica; pero con dicha altura, ó con el
hundimiento correspondiente del suelo, el sistema de otravesa-
miento de la misma por los brazos de los océanos unidos, es
múltiple y completo en la zona descripta: es un verdadero ar-
chipiélago, absolutamente idéntico, i)ero más elevado que el de
los Chonos.
El caso de las brechas patagónicas no es aislado en la
geografía física del GIoIjo, pero es probalilemente el m;is inte-
resante y carai'terístico. 1mi la Colombia briti'inica, existe tam-
bién, entre otras, una gran dejiresion (|ue atraviesa totalmente
las Rorkfi Mo/ni/aiiis y la Cascade Jianfje á pesar del enorme
desarrollo lateral que aquellas cordilleras presentan allí. En el
— 63 —
Ihalirpfi de ¡iquella bredin corren, en sentido opuesto, dos rios.
la Jiirirrr úe hi Pair con su i'nmiticacion sui)erioi' de Paishii) Hirrr
y el Kraser, (íaudaloso ti-ihutai-io del Pacífico, en tanto que la
primeiM incorpora sus aguas al Océano Glacial Ártico.
BRECHAS V ARClllPnÍLAGOS MEDITERRÁNEOS DE LOS ANDES PATAGÓNICOS
EN LA HIPÓTESIS DE UN HUNDIMIENTO DEL SUELO DE 1000 METROS
íi2'
4V
kff
Linea del divortinm aquarum interoceánico aetaal
La separación de las dos cuencas se establece en el fondo
de la misma brecha, sin estar señalada por ningún accidente
orogrático, como sucede también en la Patagonia andina, pero
— e,í —
existe con esta última In diferencia esencial que el divortinm
mpinriim, continental se opera allí dentro de. la Cordillera, mientras
en la |)enínsulo patag(3nica se efectúa aJ este de lo Cordillera
nevada, llegando los tributarios del Pacífico á incorporar á su
cuenca las aguas que brotan en las profundas brechas trans-
versales de la planicie patagónica y las que l)a¡an de las
vertientes orientales de los Andes, y que su dirección primitiva
parecía destinar al Atliíntico, donde indudablemente llegarían
aún hoy si los fenómenos del glaeiario, de la erosión y los
derrumbes del suelo no hubiesen desviado su curso hacia el
Gran Océano.
IV
Norte y Centro
El doctor Stetten entra en el fondo de su estudio con el ca-
pítulo I\', encabezado con el título siguiente: «La región fron-
teriza de la altij)lanicie patagónica al sud del 40" 3(1' de latitud
austral.»
La simple lectura de ese titulo es sugestivo, pues implica
el reconocimiento, de parte del explorador chileno, de la vei'-
dadera naturaleza de la región donde se efectúa el divortinm
aqnarain eontinentfd, "que preconiza como límite, y que asimila
á lo que llama «línea de las cumbres más elevadas que dividen
aguas» ó «encadenamiento principal que divide las aguas», inter-
pretación [luesta en evidencia por el plano que acompaña su
escrito, donde ha representado en ese paraje una cordillera
imponente, y no una altiplanicie. Existe, por consiguiente, una
contradicción formal entre los varios términos de que se vale
el autor para designar aciuella zona del divortinm aquarnm con-
tinental situada al oriente de los Andes y que él conceptúa
litigiosa: ii pesai" de todos sus argumentos' y de todas sus
explicaciones para hacer creer en la existencia de una Cordi-
llera divisoria de aguas continentales, la verdad científica se
abre camino espontáneamente, y la realidad de las cosas se
deduce lógicamente del contexto mismo del autor.
Antes de examinar detalladamente la región patagónica an-
dina compi'cndida entre los grados 40,30' y 44 de latitud, el
doctor Steffen cr)nsagra algunas páginas al estudio de las regio-
nes central y norte, donde se han iniciado trabajos de levanta-
miento y de demarcación, y Tierra del Fuego, donde el amojo-
— (35 —
namiento del meridiano-frontera internacional (,08" 36' 38" oeste
de Greenwich) está ya concluido.
Como no se trata allí sino de una simple ojeada, no cree-
mos necesario entrar á hacer aquí una descripción de la sec-
ción andina que se extiende entre el límite norte de la República
y el [)rincipio de la Patagonia. Lss sabido que la gran meseta
del noroeste, llamada también «Puna de Atacama». ha sido ce-
dida por Bolivia i'i la República Argentina en compensación de
algunas rectificaciones de frontera en el departamento de Tarija
y que á los trabajos de delimitación de aquella zona deberán
concurrir, según lo prescribe el tratado, representantes de las
tres naciones limítrofes: Argentina, Chile y Bolivia.
Los levantamientos ejecutados liasta ahora allí, al precio de
grandes dificultades originadas principalmente por la rarefac-
ción de la atmósfera (puna), lian confirmado lo fjue ya se sabía
respecto del alineamiento de las cumbres principales de la Cor-
dillera, que se yerguen al borde occidental de la meseta y domi-
nan el vertiente pacífico desde una altura formidable; las más
notables llevan los nombres de: Cerros ó Volcanes Licancaur,
Hecar. Meñiques, Pular, Socompa, Llullaillaco, Azufre, etc., si-
guiéndolas más al sud los ceri'os: Colorado, Juncalito, Juncal,
Tres Cruces, Toros Muertos, Dos Hermanos, Los Helados, etc.
El hito de San Francisco, cuya erección (Abril 1892) en el
paso del mismo nombre dio lugar á tantas discusiones, señala
un punto del límite austral de la gran meseta, pero no está
situado en el encadenamiento principal de los Andes, sino á
unos cincuenta kilómetros al este. El famoso «mojón» fué co-
locado erróneamente en aquel sitio por un descuido de la comi-
sión argentina, pero su colocación, no aprobada, es de carácter
provisorio, y en virtud de un acuerdo celebrado entre los go-
l)iernos argentino y chileno, ha sido convenido que se procedería
á un nuevo estudio de aquella zona, y que si resulta equivo-
cada la ubicación del hito, sería trasladado al occidente.
La sección andina comprendida entre la «Puna de Atacama»
y el Nahuel-Huapi, que se llama comunmente región central
de la Cordillera, no opone á los demarcadores las mismas difi-
cultades que la anterior, ni sobre todo que la sección patagó-
nica, porque la cadena montañosa ofrece aquí una estructura
relativamente simple, y representa al mismo tiempo, salvo
algunas excepciones, el encadenamiento i)rinci|)al de la Cordi-
llera y la línea divisoi-ia de las aguas no solamente locales,
sino también continentales, lo que elimina necesariamente toda
discusión posible.
Tumo IX. 5
— 6(1 —
Pero ya en In parte meridional de esta sección centi'al prin-
cipian á aparecer las dificultades, motivadas poi' la doble inter-
pi'etacion que se ha dado al texto de los li'atados: — hidrográfica,
según lo pretende el doctoi" Steffen é indudalilemente oi'ográfica.
según lo sostenemos aquí.
ris que la Cordillera, cuya elevación general principia á dis-
minuir notable y gradualmente hacia el sud, está ya atravesada
por cursos de agua que, como el Bio-Bio y la cadena acuática
formada por los rios Calle-Calle, Huahuma. Lago Pucarra. Lago
Lacar, y Arroyo Calbuco, toman sus orígenes al oriente del
gran cordón principal andino.
V.\ rdtimo caso es parliíHilarmente interesante, y ha sido es-
ludiiido detalladamente [lor el Dr. Francisco P. Moreno, acom-
])ariado por el geólogo señor Hauthal. Los dos lagos mencio-
nados, Lacar y Pucarra. pertenecían, indudablemente, en una
época anterior, al sistema hidrográfico del Collon-Curá, es decir,
en último término, á la cuenca del Atlántico, y, unidos á los
lagos Lolog y Huechu-Lafquen. situados más al norte y para-
lelos á los primeros, formaban, según el explorador, un gran
receptáculo lacustre único, cuyo desagüe se operaba por medio
del rio Chime-huin.
La separación de las aguas eonlinenlales se efectúa actual-
mente á 800 metros sobre el nivel del mar en un pequeño
llano glacial que se extiende entre el rio ()uilqui hué, emisario
del lago Lolog y el arroyuelo Calbuco, llano en donde los
avances y los retrocesos de los ventisqueros han modificado
ron frecuencia los depósitos moreniscos de sus varios períodos
de extensión y, finalmente, han obstruido el desagüe hacia el
Atlántico, fenómeno cuyos efectos dinámicos vienen repitiéndose
á menudo en la región que sigue más al sud.
La separación entre las secciones central y austral andinas
está señalada á los 41" de latitud, por el lago Nahuel-Huapi.
no la mayor, pero sí la más hermosa de las napas lacustres
argentinas, y aún podría agregarse, de todo el continente sud-
americano.
La índole de este riipido estudio no permite entrar en la
descripción de los paisajes imponentes y, en algunas partes,
sublimes que ostenta la naturaleza en toda aquella región,
cuya extensión de norte á sud, abarca unos seis grados de la-
titud, entre los |)aralelos 39" y 45", y cuyo digno pórtico ó en-
trada pi'imipal está representada por el gran lago.
Sin embargo, no resistimos al deseo de pagar de paso un
— r,7 —
justo ti'il)Ut() de admiración á lo Siii\i( undiiia ('), cuya majos-
luosa naturaleza y cuyos recuerdos históricos le han dado la
merecida fama que tiene en América. El araucano indómito,
que palmo á palmo, aquí y allende los Andes, disputó al hom-
bre cauí'ásico sus hogares y sus amadas montañas, levantó,
|)0i' el honor del continente de (^>olon. un altar á la libertad en
aquel grandioso escenario.
Existen estrechas relaciones entre la conliguracion del suelo
y sus habitantes: la iSíí/xo! «??í?wrí es tieri'a tradicional de héroes,
y la nueva raza enérgica de montañeses cuya vanguardia man-
tiene allí alta lo bandera bicolor, cuyos pliegues flamean orgu-
llosamente á la brisa purísima de las altas cumbres andinas,
recogerá en sus valles el eco aún no apagado de las proezas
de que fueron el teatro, é inspiníndose en tan heroicos ejem-
plos, sabi-ía — llegado el caso — defender sus montañas y sus
hogares como lo hicieron los primeros ocupantes. Nohlesse oblific.
La bella napa andina, el Nahuel-Huapi, es una joya sin por
entre los demás hermosos lagos de la región, y merece el cali-
licativo que le dio el doctor Moreno de «Lago Leman aumen-
tado de un Lago de los Cuatro Cantones» : tiene semejanza con
este último por los pintorescos brazos ó fjórds que proyecta al
sudoeste, al oeste y al noi-te hasta el corazón de la Cordillei'a
y al pié de su encadenamiento principal, mientras su seno orien-
tal le asimila al primero; y como el lago alpino jurásico, reúne
también, en la graciosa cui'va que describe del noroeste al sud-
este, el doble carácter de logo de montaña y lago de llano.
V
Cordillera y altiplanicie patagónicas
Al sud del Nahuel-Huapi principia la zona patagónica an-
dina propiamente dicho, caracterizada por sus grandes brechas,
sus macizos á fisonomía insular y la discordancia continua exis-
tente entre la línea de los altas cumbres de lo Cordillera y lo
del divortiuiii nquanív) interoceáviro. Lo primera mantiene la di-
rección general norte-sud de todo el sistema orográfico, mien-
tras la segunda desvía al oriente, en una propon'ion notable, de
tol suerte, f|ue lodos los rios que bajón al Pacífico son necesa-
• (') Se confiere ordinariamente el nombre de «Suiza andina», Ala región
lacustre del Territorio del Neuquen.
— (ÍN _
i'iamenle rortados poi' el enondenamicnln pi'inripal. F,l doctor
Sletíen no lo comprende, i't no quiere conipi'enderlo asi, porque
a contar desde el macizo del Tronador, tuerce violentamente la
Cordillera al este y la hace formar con su dirección general un
.■íngulo de 50 grados (véase el mapa) con el visible propósito de
hacerla coincidir con el divorfimn nquarnni continrutnl, y encerrar
toda la red lluvial pacílica dentro de límites orográficos neta-
mente indicados, y que reúnan todas las condiciones requeridas
por liis tratados para hacer pasar la línea friinteri/.a poi' allí.
Desgraciadamente pai-a el autor, la gran cadena que pinta en
la región divisoria de aguas continentales existe solamente so-
bre el pajiel y la realidad se jiresenta de una manera radical-
mente distinta, como ya lo hemos visto y comprobaremos más
adelante.
Del Nahuel-Huapi al rio Puelo. cuya cuenca visitó el doctor
Steffen en 189.5-9G, la Cordillera presenta cuati'o depresiones (|ue
estal)lecen una comunicación de un vertiente al otro. La |)i'¡-
mera la forman el brazo occidental del Nahuel-Huapi, la laguna
Fria, el boquete Pérez Rosales, el rio Peulla y el lago Todos
los Santos: es el camino más frecuentado del gran lago ;'i la
provincia de Llanquihué. La segunda consiste en el célebre
é histórico «Paso de Bariloche» descubierto en el siglo XMI
por los misioneros jesuítas, luego olvidado y vuelto li encontrar
en nuestros dias. Siguiéndola al sud se pi-esenta la brecha en
cuyo fondo corren, en direcciones opuestas, los rios Manso,
afluente del Puelo y Curruleufu, afluente del Limay; la lineo de
separación entre las dos cuencas tiene aquí una altitud de 1280
metros. LI curso del primero ha sido estudiado por el doctor
Steffen (y también por los topógrafos del ¡Museo de La Plata)
así como también el del rio Puelo, caudaloso tributario del
Pacífico que corre en el fondo de un valle ancho y profundo
y constituye la última de las cuoli'o depresiones mencionadas.
LI curso del rio Puelo se compone de dos partes bien dis-
tintas: el curso inferior, de la Boca de Reloncaví hasta el lago
Puelo (llamado Lago Superior por el doctor Steffen) y el cui'so
superior desde este lago hasta los nacientes de los rios que lo
alimentan. Estas dos secciones se reúnen, bajo un ángulo muy
agudo, en el lago Puelo. que se encuentra jirecisamente en el
alineamiento del encadenamiento pi-incipal de la Cordillera, de
manera i|ue toda la sección superior queda al oriente del mis-
mo. LI doctor Steffen no deja de reconocer esta verdad orográ-
fica, i'i pesai- do (|ue su maiiitíi la desmiente, y lo hace en la
forma siguiente: «Al norte de esta cuenca (el lago Puelo) con-
— G9 -
tinúa la citada cadena de altas ruinbi-es, con dii'eccion aproxi-
madamente al sud, y se ¡iresenta como una serie de imiionen-
tes macizos cun formación de ventisqueros, la que eslá cortada
jior profundas gargantas, pero que forma, en su conjunto, una
cadena continua que jiuede ser reconocida, si se quiere, como
cncadenamientü principal de la Cordillera. Seguramente no se trata
del encadenamiento que divide las aguas, es decir, del que los
tratados de limites establecen como norma, porque este último
se encuentra á unos 25 ó 30 kilómetros más al este....»
Esta citación se pasa de comentarios; implica el reconoci-
miento, por el doctor Steffen, de la verdadera ubicación de la
Cordillera, el encadenamiento principal designado por el pi'oto-
colo de 1893, á pesar de su afirmación de que no se trata allí
del encadenamiento prescripto por los tratados; ya hemos es-
tudiado lo que debe pensarse de la interpretación liidrográíica
del doctor Steñen y no liay necesidad de refutarla nuevamente.
Sin embargo, no debe estar tan seguro de lo que afirma ai'riba,
porque agrega más adelante que «la solución de esa dificultad
cjuedará muy probablemente resei'vada al arbitraje» (').
Así, pues, tanto el rio Puelo como el rio Manso tienen la
parte superior de su curso al oriente del encadenamiento prin-
cipal, y la parte inferior al occidente del mismo; en el ¡lunti»
donde atraviesan el gran cordón central, están muy encajona-
dos y el acceso á la región superior se hace sumamente difícil,
jior cuya ra/on sus pi-imeros pobladores — eran colonos [irocc-
denles de Chile — penetraron en él por el norte y el este, es decir,
por la República Argentina, á cuyas autoridades se habían
dirigido para obtener sus títulos de propiedad en una zona (el
Valle de Epuyen, llamado por el explorador Valle Nuevo), que
el doctor Steffen reivindica para Chile, á nombre del principio
erróneo del dirorliuui aqnanun iulcroceánico, no mencionado en
O El articulo "I" del Protocolo de 18iJ(J que establece el arbitraje, lo
hace en la forma .siguiente: « Si ocurriesen divergencias entre los peritos,
al fijar en la Cordillera de loa Andes los hitos divisorios al sud del paralelo
•26o52' 15" y no pudieran allanarse amigablemente por acuerdo de ambos
gobiernos, quedar.'m sometidas al fallo de S. M. Británica, á quien las partes
contratantes designan, desde ahora, con el carácter de arbitro encargado de
aplicar eslrictainente en tales caxos, las disposiciones del tratado ;/ pro-
tocolo mencionados, previo el estudio del terreno por una comisión que el
arbitro designará ». Como se vé, este documento no resuelve todas las dili-
cultades, porque está limitado por el texto mismo de los tratados, cuyo
sentido y letra no puede alterar. Sin embargo, establece claramente que los
casos litigiosos previstos son los que pudiesen ocurrir dentro de la Cor-
dillera.
— To-
los tratados. He aquí una situación extraña y que tampoco
necesita comentarios: ios iieclios tienen su elocuencia especial.
Los tributarios del Puelo, al este del encadenamiento prin-
cipal, son el ari'oyo Quemquemlrcu y el ai'royo Epuyen. Este
último sirve de emisario á un lago del mismo nombre y tiene
sus i-amiíicacioncs superiores en la extremidad occidental del
largo y anclio llano glacial conocido bajo el nombre de Maiten,
así llamado del afluente superior del Cbubul, que oi-illa su ex-
tremidad occidental, á lo largo de un murallon volcánico hasta
su confluencia con el Lelej.
El llano de Maiten, limitado al norte por la brecha de Api-
chig, está continuadi> al sud por el llano ó [lampa Es([uel, y se
extiende, por consiguiente, hasta las lagunas del mismo nom-
bre, sobre una distancia f|ue pasa de 120 kilómetros. Allí se
opera la separación de las cuencas del Chubut al este y del
Puelo y del Palena al oeste. Es el divortiiuu aquaruin del conti-
nente, pei'o nada mas, y no acertamos á comprender en vii'-
tud de qué Fenómeno una planicie de origen glacial llega á me-
tamorfosearse en imponente cordillera, como sucede en el plano
del señor Stefi'en?
El llano de Maiten, en cuyo centro se levanta la colina vol-
cánica de Caquel- Htiincul, presenta una su[ierticie irregular, y
ondulada, cubierta de trozos erráticos, característica de las zo-
nas glaciadas; el gran ventisquero que recubrió con sus detritos
toda la i'egion, ha formado allí líneas de circunvalación de mo-
renas terminales que señalan la marcha del gigantesco fenó-
meno y permiten su reconstitución.
La intervención de los fenómenos glaciales en la dirección
seguida ahora por los cursos de agua cuyos nacientes brotan
en aquellos terrenos moreniscos ha sido notable, y está com-
pletada hoy por una erosión tan enéi-gica, que se puede prever
el momento en que los orígenes de los rios Chubut y Maiten
se unirán al rio Epuyen, lo que modificará la posición de la lí-
nea divisoria de aguas continentales en unos treinta kilómetros
más al oriente: es en esta parte del llano de Maiten donde el
doctor Steffen dibuja en su plano la Cordillera de los Castillos.
Entre los paralelos 42° y 43" se extiende una sección de la
Cordillera extremadamente pintoresca, entrecortada de cadenas
y valles, en cuyo thahveg los ventisqueros han cavado las cuen-
cas de encantadoras napas andinas, pero que, al encuentro de
lo que acontece al noi-te del Nahuel-Huapi, pertenecen todas á
la red fluvial del Pacífico. Ya hemos citado los lagos lOpuyen
y Puelo, á los cuales delie agi'egarse el lago Puelo Infei-ior. cuyo
— 71 —
emisario es el pío del mismo nombre; los demás receptáculos
lacustres, tributarios del Caleufu, se presentan escalonados como
un maravilloso rosario natural y llevan los nombres de: Lago
Misterioso, lago de Cholila, lago Rivadavia, lago JNIenendez, lago
Ftalaíquen, lago Situación.
El Fta-leufu representa probablemente la ramitlcacion norte
principal del Palena, pero como su curso no ha sido reconocido
hasta el codo que este último forma á la altura del 42° 40' latitud,
no se puede afirmar todavía si el Ftaleufu y el Palena son un
solo y mismo rio, ó si el primero no debe identificarse con el
Coi'covado, que se incorpora en el golfo del mismo noml)re y
al pié del volcan conocido bajo idéntica denominación.
El señor Steft'en no se detiene en el estudio de esa sección
de la cordillera patagónica, á consecuencia, dice, de la igno-
rancia en que estamos respecto de su verdadera configuración.
Eso [)uede ser exacto si se quiere hablar de la región limitada
id oeste por el encadenamiento principal de la Cordillera, pero
no si se aplica á la zona que se extiende al este del mismo, y
que ha sido estudiada detenidamente por la expedición del Museo
de La Plata del año 189G.
Hemos citado ya la sucesión de receptáculos plateados á (|ue
da lugar el curso del Ftaleufu; este curioso sistema fluvio-
lacustre se encuentra al este del pliegue central de la Cordillera
cuyas nieves y ventisqueros centellean á poca distancia. El di-
rortiuní aquaniui continental se opera aquí mucho más al oriente,
en el paraje denominado Pampa de Esguel y Bajada Nahuel-
Pan, á 740 metros sobre la superficie del mar.
El doctor .Steffen cruzó poi- a(|uella región cuando la expe-
dición exploradora del Palena en 1893-04, pero no parece ha-
berse dado exacta cuenta de su estructura orográfica, poi'que
sigue invariable en su interpretación ó en su sistema, y no he-
sita en hacer pasar el encadenamiento principal andino por allí,
como lo hizo pasar por el llano de Maiten, y como lo hará pa-
sar más al sud por la zona de colinas onduladas y cañadones
donde se separan las aguas continentales.
La realidad se presenta, sin embargo, de una manera muy
diferente, y creemos no ¡loder hacer mejor que citar aquí un
extracto del último libro del doctor Moreno, donde se hace de
ese paraje la descripción siguiente (p. 81 y 82):
«En estas pampas de Esguel encontramos nuevamente el
divortium aqnaruin interoceánico, siempre producido por la misma
causa ya mencionada: la acción glacial. Aquí también las aguas
que descendían de la Cordillera hacia el Atlántico se han visto
— 72 —
obligados á torcer hacia el Pacífico, ol)sti'uidos sus canales na-
turales por las morenas extensísimas que cuijren hoy la re-
gión. El gr.in ventisquero del oeste, abriéndose paso entre las
abras de los cerros que preceden la jirimera cadena longitudinal
piu-alela al coi-don central andino, cubrió con sus morenas todo
el valle enli-e el norte de Apichig y ¡Monte Tilomas, rellenando
esa liiiya liasdi enconli-arse cun oIims mmales del ventisquero
perdido del Tecka....» y luego: «Después de haber cruzado más
de veinte kilómetros por una llanura a})enus ondulada, en la
(|ue sin observaciones de precisión no será posible determinar
desde dónde corren las aguas al Pacífico y desde dónde al
Atlántico, llanura donde inútilmente se buscará nada que pueda
considerarse como «doi-so andino divisorio de aguas», se des-
ciende la morena frontal en la gran abra llamada Abra de Es-
guel....» Debe citarse lamliien este párrafo, referente al mismo
punto: "Si una creciente anormal, que puede producirse en
cualquier invierno, aumentara las aguas del llano de l'isguel,
seguramente el dicortiunt ai¡iiaru)ii interoceánico se alejaría al
oriente de donde está ahora, y ya no sería formado |ior los
cerros de Esguel ni por el llano: la meseta oriental pasaría á
ser, llegado ese caso, y si se aceptaran las teorías de los so-
ñores Steffen, Fischer y Stange, el «encadenamiento de la Cor-
dillera que divide las aguas» en una estación del año, mien-
tras en otra se encontraría el tal «encadenamiento» en el llano.»
Después de esa descripción de la Pampa de Esguel, huelgan
los comentarios, y ^jasaremos, con el doctor Steffen, al estudio de
la región más al sud, comprendida entre los paralelos 43° y -44 ",
que corresponde á la parte central de la cuenca del Palena y
á los nacientes del Teka (Chubut)ydel Genua (Senguerr). Allí
se levanta, cerca del rio Corintos, artuente del Ftaleufu y á gran
distancia al oriente del encadenamiento andino, la progresista
población y colonia 16 de Octubre, el centro argentino más im-
portante de toda la Patagonia interior.
La hermosa arteria fluvial del Palena ó Fta- Palena no está
aún completamente conocida, como ya lo digimos, pues no se
sabe todavía á ciencia cierta si se le incorpora el Ftaleufu,
pudiendo decirse otro tanto de sus supuestos afluentes austra-
les. Su brazo central, el Carrenleufu, erróneamente llamado Cor-
covado por los colonos de la colonia, nace en el lago General
Paz, á los 44" latitud y 71° 30' longitud oest-e. Está situado en
el fondo de una gran depresión dominada al norte y al sud por
alturas que presentan enormes ranuras, como ancas de prodi-
giosos paquidermos, producidas por el ¡¡aso de las morenas; la
— 73 —
altiplunieie á través de la cual el Con-enleutu Superior, que corre
primero de oeste á este en dirección ai Atlántico, se ha cavado
un lerlio pinl'undamenle encajonado, es de origen completamente
glacial y ofrece los caracteres clásicos de los ¡misajca Diurciiisros.
El suelo está literalmente sembrado de una prodigiosa cantidad
de granito rodado, que procede visiblemente de los grandes cor-
dones andinos occidentales. La región morenisca comiirendida
entre el (larrenleul'u y las ramificaciones occidentales superio-
res del Cliubut y del Genua, donde se efectúa el divurliitm (iq/ia-
non interoceánico, está ocupada por una sucesión de colinas
onduladas y de cañadones que difícilmente podrían sei- cnlifi-
cados de Cordillera de loa Andca, como lo pretende el doctor Sleffcn
y como lo representa en su pianito.
La fundación en 1888, de la colonia IG de Octubre, en una
zona de la Patagonia andina, que el explorador califica de «du-
dosa», zona que hidrográticamenle jiertenece hoy á la cuenca
del Pacífico, pero que está situada al oriente del encadenamiento
princijial de la cordillera, provocó, cuando fué conocida en Chile,
una protesta de parle del gobierno de aquella república é idén-
tico resultado tuvieron las ofertas hechas en Eui'opa jioi- la
«Argentine Southern C"., limited» de acciones destinadas á la
compi-a de terrenos comprendidos dentro del perímetro formado
por los grados 41 y 44 de latitud y G!) y 72 de longitud oeste.
Por su parte, Chile estableció, el 4 de Enero de 1889, una co-
lonia en la desembocadura del rio Palena, que debía servir de
base y de punto de partida para la construcción de caminos y
nuevas expediciones y empresas hacia el interior, lo que llamó
á su vez la atención del gobierno argentino. Pero, en virtud de
un acuerdo celebrado entre los ministros Zeballos y Matta, se
estipuló (i...que todo acto de uno ú otro gobierno que exten-
diera su jurisdicción bástala parte de la Cordillera, de dudoso
dominio por no haber trazado todavía en ella, los peritos, el
límite definitivo, no afectaría los resultados de la demarcación
que se iba á practicar con arreglo al tratado de 1881», con \i>
que se establece de un modo perentorio que la fundación de
colonias agrícolas dentro del perímetro de la zona reputada
litigiosa, no constituye un acto de ¡losesion formal ni un ante-
cedente que será tomado en cuenta en el curso de los trabajos
de demarcación.
A pesar de estas decisiones, el doctor Stefi'en se eleva contra
la fundación del centro 16 de Octubre por colonos argentinos
en una zona que (>onceptúa litigiosa, en nombre siemjire del
principio de la división de las aguas continentales, pero no deja
_ 74 ^
■de reconocer que las condiciones físicas se presentan aquí como
en la región del Puelo, es decir, que el encadenamiento prin-
cipal de la Cordillera está interiaunpidu y atravesado por el sis-
tema fiuvial sujierior del Palena, deduciendo de esta cii'cunslan-
cia que a(|uí lamljien la últimn palabra será ¡írununciada \>i<v
el árbilrn.
Un camino lai'i-elei'o pone en comunicación fácil y perma-
nente la colonia 16 de Octubre con la cajiital del Chubul, en
tanto que el acceso á la misma desde el litoral del Pacífico
presenta las mayores dificultades, por cuya razón su existencia
así como la de los establecimientos del Valle de Epuyen, fué
ignorada por el golaerno chileno hasta estos últimos tiempos,
l'^l hecho es significativo é indica claramente á qué /.una geo-
giiifica pertenecen a(juellas colonias y de qué punto partirán
las cintas de acero que han de unirlas con el mundo civilizado.
A unos cuatro kilómetros al este del Corintos Superior en-
contramos la laguna Cronómetro, cuya dependencia hidrográfica
no está bien definida, pues en otros tiempos se incoi'poraba al
Teka y luego al Corintos; cuando la expedición del Museo de La
Plata cruzó i>oi- allí en 1896, se enconti-aba entonces sin salida,
pero hay motivos pai-a creer que, bajo la influencia de los agen-
tes meteorológicos, acabará por liacer definitivamente parle de
la cuenca del Pacífico. I'ls un nuevo é interesante ejemplo de
la instabilidad de la línea del divurtinm (Kiiianiin- intei'oceánico.
Al concluir la descripción de a<|uella zona, el doctor Sleffen
hace refei-encia á un mapa pul)licado por el coronel Rohde en
el Boletín del Instituto geográfico argentino, donde se ha re-
pi-csentado la doble interpretación oro-hidrográfica, basándose
en el pi-iiner caso, en el artículo in'incijial del tratado «la linea
del encadenamiento principal que divide aguas». El autor llama
la atención sobre el olvido, que reputa intencional, del artículo
Illas», es decir, «las aguas», en vez de «aguas» únicamente.
Confesamos con toda ingenuidad no comprender la importancia
que ([uiere reconocer á esa omisión, porque el «encadenamiento
principal de la Cordillei'a divisoria de aguas» ó «de las aguas»,
es todo uno, y siempre deberá buscarse dentro del macizo co-
losal de la sierra madre, y no al oriente de ésta como lo pide
el doctor Steffen. Loque es más serio (|ue el juego de palabras
mencionado, es la pretensión de hacei' creer que cordillera, es
sinónimo de llano, como se desprende del escrito del explorador,
y que la línea divisoria internacional puede lo mismo correr
por la |)rimera como por el segundo, sin apartarse do la leti'a
y del espíritu del ti-atado!
— 75 —
VI
Del 44° al 46° 30' de latitud
La región patagónica andina comprendida entre estos para-
lelos, ó sea entre los lagos Genei-al Paz y Buenos Aires, no hace
parte del estudio del doctor Stetíen, y pudríamos dar por con-
cluido eslc breve exfimen crítico do su Iraiiajo. Sin emhiU'go,
antes de terminar, examinaremus rá|)idanicnte las condiciones
oro-liidi-ogi'iilicas de aquella zona interesante, á la cual, por
oli'a parle, el explorador consagra algunas líneas al mencionar
los casos de los rios Aysen y Huemules.
En el mapa que acompaña la obra ya citada del Dr. Moreno
enconlrai-á el lector uno representación, en lo posible a|)i'oxi-
mada á la verdad, de esa parle de la Fatagonia andina, recono-
cida y levantada pi'olijamente por los topiigi-ai'os del Museo de
La Plata. A delecto de a(|uel documento cartogi'álico. el mapita
donde hemos rejiresentado las brechas y los macizos insulares
de la Cordillera en la hipótesis de un hundimiento del suelo
de mil metros, bastará para diU" una imjiresion sulicientemenle
exacta de la región.
i'll rasgo característico ya señalado de la Patagonia, las
grandes breclias transversales, se acentúa ;i contar de aquí, y los
tributarios atlánticos y pacíficos tienen su origen en las mismas
depresiones del suelo, á gran distancia al este déla Cordillera
andina. .Sus nacientes opuestos llegan casi á tocai'se y forman
á veces una red de arroyuelos tan intrincada, que no es siempre
fácil detei-minar por dónde pasa la línea divisoria de las aguas
continentales: á la altura del -45" 45' latitud, dicha linea dibuja
un violento x/y^ag lu'icia el oeste para volver en seguida hacia
el este, obligado á ello por las cuencas lacustres Fontana-La
Plata, paralelas al i'io Aysen, y cuya extremidad no debe distar
mucho del canal del pacífico de Cay.
i'^ntre el grado 44 y 44° 30' de latitud, proyecta el Patena sus
ramificaciones australes (arroyo Pico, etc.), cuyo desagüe se
opera por el Rio Claro, y á las cuales corresponden, al oriente,
los afluentes superiores del Senguerr, y los arroyos Cherque y
Omckel. E\ arroyo Appelleg, de la misma cuenca fluvial, tiene
en frente de sus nacientes las fuentes del Rio Frias, al norte
del lago La Plata, y .cuyo cur.so inferior no está aún conocido.
lOsle rio constituye quizás la ramificación sudeste del rio Bordalí,
— 76 —
tributiirio del lago Roselot (que se incorpora al Palena por
medio del Rio Claro) pero no sería imposible que baje liasla
el canal de Cay ó se vacie en el rjínd lacustre. Ks una incóg-
nila que las expediciones futuras se encargarán de despejar.
Al sud del Rio Frias se presenta la gran brecba (|ue da
lugai' i'i la formación de los dos liermosos lagos Fontana y
I, a IMala, y siguiendo á éstos, entr'amos inmediatamente en la
dilatada zona que alcanza basta el lago Buenos Aires, y cuya
área está ocupada por los tres brazos orientales del Aysen,
situados al oi'iente y fuera de la Cordillera de los Andes, como
ya es sabido desde la célebre exploración del brazo central por
el comandante de marina chileno capitán Simpson, en 1870.
lí.\ doctor Steffen no particijia de esa oi)inioii, y sostiene
que, no babiendo el distinguido nuuino chileno salido de la
ciii'dillera, lo que ha visto no le habilita para alinnnr (|ue los
nacientes del Aysen estén al oriente del coi'don andino. Pero
la expedición del INluseo de La Plata ha venido á confirmar
plenamente la alirmacion del capitán Simpson, y hoy ya no
se puede dudar de que todas las ramificaciones orientales del
sistema del Aysen estén fuera de la Cordillera, al este, en la
altiplanie patagónica, y nacen en el fondo de las grandes
depresiones mencionadas donde se encuentran con las fuentes
de los tributarios del Atlántico.
\'Ai ei fondo de la misma brecha donde corre el Goicbel se
halla el brazo norte del Rio Mayo; en una depi'csion más al
sud se deslizan en sentido opuesto, los rios Coibaike y Mayo,
y en el corte más austral encontramos el brazo sud del Aysen
y la Laguna Blanca y arroyo Challa.
El arroyo Goicbel nace al pié del Pico Katterfeld ( ISOO m.)-
y se dirige primero al sudeste, |iara torcei- luego violentamente
al noroeste é incorporarse definitivamente al Aysen y á la
cuenca del Pacífico; pero es visible que su curso anterior lo
llevaba en otra época al Atlántico, por el Rio Mayo septentrio-
nal, antes de que la acción glacial, secundada eficazmente por
la erosión, hubiese obstruido su desagüe normal.
Hemos hablado en el principio del rio Fénix, actual tribu-
tario de la imponente najia lacusti'e del Buenos Aires; este rio,
que toma origen al pié del elevado cerro Ap .Juan y á pocos
kihjmetros del Aysen austral, reproduce, en escala mayor, el
caso del ai-royo Goicbel. Se dirige primeramente al sudeste y
después de un recorrido de unos cien kilómetros á través de un
llano morenisco, tuerce también al oeste y se echa en el gran
lago, no sin desprender el excedente de sus aguas, en época
tío crecientes, en el cañadon donde curría antes de una manera
permanente hacia el Atlántico, formando el bra/.o norte del De-
seado, hasta i|ue el deri'umhe aludido llegó á cambiar su
cuenca.
Es preciso agregar (|ue no se conoce aún el desagüe del
lago Buenos Aires, pero que todo induce <'i suponerle una
salida al oeste en el abra de la cordillera, y una incorporación
final á la cuenca del Pacífico.
Si las expediciones actuales llegasen i'i confirmar estas supo-
siciones, el caso del rio Fénix representaría el máximum de
ilivergencia en el terreno entre las interpretaciones orográfica
é hidrográfica. Las altas cumbres andinas se divisan a(|ui ii
i'i mi'is de cien kilómetros al oeste del divortixm riquanni/ inter-
oceánico actual, que se opera ;'i 470 metros de altitud y en un
punto m.is cercano de la costa del Atlántico que de la del
Pacífico. De manera que, admitiendo las teorías del doctor
.Steffen, la Cordillera de los Andes divisoria de aguas — ó de
las af/iias — después de haber descripto los zigzags bizarros á
f|ue le obligarían las sinuosidades de la línea de división
hidrográfica desde el lago La Plata, llegai'ía i'i internarse com-
]>letamenle en el continente á la altura del 46" 30' y aun á
ajiroximarse al Atli'intico, hecho desmentido de la manera más
formal por todos los viajeros, tanto por tierra como por mar,
que lian visitado aquellos parajes: desde el estrecho de Behring,
en el extremo norte, hasta el estrecho de Le Maire, en el
extremo sud, la Cordillera no se aparta de la costa occidental
americana, que forma el borde oriental de la depresión inmensa
ocupada por el Gran Océano.
I'ln las páginas anteriores hemos proliado la inconsistencia
de la base sobre la cual el doctor Steflen y los partidarios de
sus ideas pretenden apoyar su teoría de un límite intei'nacional
derivado únicamente del principio hidrográfico, así como las
ideas erróneas que tiene y propala sobre la verdadera configu-
i'acion de la zona cuestionada y limítrofe oriental.
Pero tanto las últimas expediciones, como las actuales, cuyo
objeto es el reconocimiento y levantamiento de aquella región,
arrojan tan viva luz sobre las verdaderas condiciones de la
Palagonia andina, que ya no será posible sostener con buena
le la existencia de una «Cordillera divisoria de aguas conti-
nentales».
La solución del problema andino se alcanzará únicamente
por medio de la luz plena y entera presentada bajo la forma
de documentos, mapas, fotografías, etc., observaciones científicas
- 78 —
de toda índole. Ln ignoi'nnoin. los eiToros, Ins discusiones apa-
sionadas y sin base segura, son sus mayores obstáculos: pero
el dia que se tenga una carta topográfica exacta y en gran
escala de toda la región reputada litigiosa, ya no existirá más
la cuestión de límites, porque la solución de la larga contienda
se impondrá por sí misma, y resaltará necesariamente de la
contextura del teri-eno.
Es con la ex}iresion del vivo deseo de (|ue las dos naciones
(jue marcban á la cabeza del [irogreso en la Améiúca del Sud
lleguen cuanto antes á ese anlielado momento en que quedará
suprimido el último elemento de disidencia entre ellas, que
terminamos. Tenemos la firme convicción que los dos pueblos
recordarán siempre que son bermanos, y que sabrán solucio-
nar satisfactoriamente el delicado problema de sus límites co-
munes, una ve/, bien enterados de los términos en que se
presenta, y que dedicai-án entonces todas sus fuerzas, todos
sus recursos, todo su actividad y su genio emprendedor á la
colonización metódica de aquella bermosa región del extremo
austral americano definitivamente delimitada, región aún casi
virgen y la que, una vez aprovechada en toda su extensión,
formari'i una de las comarcas privilegiadas de la Tierra, donde
el bombre caucásico septentrional acudiní con preferencia desde
el viejo mundo, concurriendo así i'i la formación de la raza
fuerte y enérgica que se desarrollará allí, y elevará la Patago-
nia, antes tan denigrada, á la categoi'ía de tierra 'civilizada,
centro poderoso de riqueza y de |)i'ogreso, y factor importante
en el desenvolvimiento futuro de la gran familia argentina.
Museo (le La Plata, Maizo 1898.
OSTEOLOGIE
DU
BALEINOPTÉRE DE MIRAMAR
F. LA H I L LE
DOCTEim EN MF.nr.CINE ET ES-SCIENCES NATT/REI-LES
CHARGÉ DE LA SECTION DE ZOOLOGIE DtT MUSÉE DE LA PLATA
59-95 I
59.19 (26.4)
NOTES
SUR
L'OSTÉOLOGIE DU BALEINOPTÉRE
DE MIRAMAR
PAU
K. LAHILLE
DOCTEUR EN MÉDECINE ET ÉS-SCIENCES NATURELLES
CHARGÉ DE LA SECTION DE ZOOLOGIE DU HIUSÉE DE LA PLATA
íí oía ■/.£9aXví /.a!
é'(Y.é<fix\o't o'jy. É'yet !
( k\ú-r^ — EsoPE )
Ayant été avisé le 23 septembre deniier par un de mes bons
amis de Mar del Plata, M. F. Müller, de la présence d'une ba-
leine de trente -deux metras, ensablée depuis quelques jours
deja sur la cote du district de General Al varado (province de
Buenos Aires), je fis aussitót mes préparatifs de départ et aprés
deux jours de voyage j'arrivai, avec mon assistant Beaufils, a
Miramai', petit village plein d"avenir. Dix kilométres plus loin.
au sud, était venu s'échouer le cétacé géanl. Ce n'est que le 27
au matin que je pus enfin me transporter sur les lieux.
L'animal, un baleinoptére femelle, se Irouvait couchc sur le
dos, Li peu prés parallélement á la plage, presque á la limite
des basses eaux, ¿i demi-ensablé par les courants cotiers et dé-
couvert á peine quelques heures durant les marees basses. Les
photographies 1 et 3 indiquent du reste mieux que toute des-
cription Tétat dans lequel se trouvait l'animal á mon arrivée!
Cétait pourtanl un exemplaire trop complet et trop beau pour
étre abandonné. Je rentrai done tout de suite á Miramar pour
ohercher les hommes nécessaires á l'enlóvement de Tanimal. Mal-
heureusement les bons travailleurs se Irouvaient tous déjá re-
tenus dans les estancias pour la tente des troupeaux. L'odeur
épouvantable que dégageait le cadavre, depuis longtemps en dé-
Tomo IX 6
— 82 —
composition, en lit reculer aussi un corLain nombi'e. Je ne pus
ac-cepter d'un autre cóté les prix exageres qu'exigeaient certnins
péons; bref. Je ne trouvai que cinq personnes de bonne volontó
dont deux étaient presque des enfants! Quoique le village de
Miramar soit situé lout ti fait au bol-d de la mer, il ne s'y ren-
contre aucune famille de pécheurs et pas la moindi'e cmliarca-
tion. Une au moins m'eút été bien utile.
Pour comble de dií'ficulté, la plage, sur laquelle le baleinop-
tére ctait venu s'écliouer mort, était entiéi-ement sal)lonneuse
et entourée de tous cotes par des dunes de sable mouvant d'une
élévation moyenne de 35 métres sur une largeur de 700 métres,
qui devaient rendre tres difficile le transport du squelette jusqu'á
!a terre ferme, d'autant plus que, coinme moyen de traction. je
ne disposais que de quelques niiséral)les clievaux, qui, s'en-
foncant dans le sable, i'el'usaient méine queUjuefois lout travail.
Je ne pouvais done songer á déplacer le baleinoptére pour
l'étudier et le disséquer plus commodément hors de l'eau; je
ne pus méme d'aucune facón parvenir á le retourner sur le
cóté et j'ai eu le regret de ne pouvoir observer la position et
les dimensions de sa nageoire dorsale.
L'étude de la myologie et des viscéres a di'i étre compléte-
ment sacrifiée, car il fallait avant tout se haler de crainle
(juun coup de mer ne vint, avant la fin de Textraction du
squelette, nous en enlever une partie. C'est du reste ce qui esf
arrivé dans la nuit du 2 octobre oú nous avons perdu la plu-
part des fanons que nous avions nfiis á nu pour les extraire lo
lendemain a la premiére heure ainsi que quatre cotes (4^ G", 7'"
et 8" gauches); heureusement la serie des cotes droites avait
été déjü relirée et si un jour on désire monter le s(|uelette, il
sera tres facile de compléter artificiellement la serie gauche.
Pour enlever la tele, (jui, á la fin de la dissection, se trouvait
complélement enterrée sous le sable, j'ai dii scier le rostre á sa
naissance et faire passer ensuite un second trait de scie par le
milieu du crüne. Ce n'est qu'á l'aide de cries tres puissants
(jue je fis venir de Mar del Plata que je pus retirer ensuite un
a un les trois fragments. La tete est maintenant reconstituée
et orne le vestibule du Musée de La Plata en atlendant qu'on
puisse, dans un hall spécial, préparer le sc|uelette enlier.
Si j'ai cru devoir entrer dans tous ees délails, c'est atin
de répondi'e d'avance aux personnes qui s"étonnent que l'étude
des mysticctes soit encoré relalivement des plus imparl'aites el
que les observations soient souvent incomplétes. La détermi-
nation systématique de ees nnimaux et des baleinoptéres en
— 83 —
[lai'ticuliei- offi-e la plus grande dificulté, et comme on ne coii-
nait pas encoré l'étendue des variations possibles, suivant les
ages, les sexes el les localités, il entre presque toujours un
i-erlain degré d'incertitude dans le clioix du nom si)écifique.
Aussi je réserverai cette question |)Our la lin de ce li-avail. dans
lequel j'indiquei-ai tout d'abord ce qui est indiscutable. Je don-
nerai le plus grand nombre possible de mesures útiles afín que
plus tard on puisse Iracer les courbes des variations propor-
tionneljes, sans lesquelles l'étude et la classification de ees es-
péces i'isquent de rester longtemps des plus hasai-dées.
LA TETE
Lorsque l'exainen ostéologique d'un animal est accompagné
de planches, il est parfaitement inutile de décrire l'aspect g'é-
néral de la tete, car les plus parfaites descriptions de cette par-
tie compliíiuée de la charpente ne donneront ¡amáis une idee
aussi nelle de la réalité que la pholographie elle-méme. Je me
bornerai done a indiquer seulement les particularités les plus
essentielles et a donner les principales dimensions des os:
La longeur du cráne du baleinoptóre de Mii-amar, mesurée
en ligue droite de Fextrémité du rostre aux condyles occipi-
taux, est de 6 m. 30. Sn plus grande largeur qui correspond aux
apophyses orbilaires du temporal est de 3 m. 20. La hauteur
máxima du crane est de 1 metre et correspond á la ligne ver-
ticale qui passe par l'origine de la carene du vomer et l'extré-
mité postérieure de l'apophyse supérieure du rnaxillaire.
OCCIPITAL
L'occipital présente un aspect nettement Irilobé; le surocci-
pital est en effet aussi large que les exoccipitaux. La hauteur
du lobe du suroccipital est de 75 cm. et est égale á la distance
horizontale qui separe le bord lateral externe du condyle occi-
pital, du sommet de Texoccipital. Le centre des trois lobes est
occupé par une concavité. Celle du suroccipital s'arréte vers le
milieu de cet os et présente vers ce point seulement une tres
faible carene logitudinale.
La longueur du suroccipital, á partir du centre du trou
rachidien, est de 1 m. 40. Le trou rachidien est circulaire et
mesure 14 centimétres de diamétre.
La largeur des condyles, en ¡eur milieu, est de 23 cm.: leui'
hauteur de 40 cm. lis sont separes, dans leur moitié inférieure.
— 84 —
jiar une profondc gouttióre de G cm. de liirgenr. La dislance
qui separe Textrémité de Texoccipital du sommet de Tapopliyse
gléuoídienne du temporal esl de 60 cm. En son centre, et á
vingl-cinq centimcti-es en avant du bord supérieur du ti'ou ra-
chidien, rexoccipital présenle une épaisseur de8cm.;il va eu-
suile en s'íunincissanl de plus en plus sur les cotes oü son
épaisseur se réduil á quelques millimétres. 11 s'applique sur
Finterpariélal el le temporal et se soude incomplétement á eux
par de tres nombreux plis tbliacés qui s'irradient vers la péri-
phérie a partir du trou rachidien.
Ayant élé obligé, pour retirar la tete |)rot'ondémenl en terree
dans le sable mouvanl de Miramar, de la scier dans sa partie
postérieure. j'ai pu éludier el; mouler la cavilé ocupée \n\v
Tencépbale. En voici les mesures:
Hauteui' máxima 25 cm.
Largeiu' » 42 »
Longueur au plafond 30 »
» au planche!' 40 »
Le planclier formé par le basi-occipilal,. enliéremenl sondé
au basi-sphénoíde, présente une grande épaisseur: 14 á 10 cm.
Le plafond, au contraire, est extrémement minee dans sa partie
postérieure; son épaisseur n"est que de 2 cm. á une distance
de quatorze cenlimélres en avant du trou rachidien.
La longueur tolale du basi-occipital et du basi-sphéno'ide esl
de 55 cm.
Les condyles occiiñlaux sont sitúes á soixante-douze cenli-
mélres en avant d'un plan vertical qui passerail en arriére et
qui serait tangenl aux exoccipitaux.
TEMPOBAI,
Pour la facilité de la descriplion, on peul considérer cet os
comme formé d'une porlion écailleuse el d'une porlion apophy-
saire. La porlion écailleuse esl extrémement réduite; elle esl
presque verlicale et s'articule avec le bord postérieur du pa-
rietal el le bord lateral de rinterpariétal. En bas, elle s'unit
avec le plérygoidien. Chez le baleinoplére de Miramar, Tenfon-
cement [¡rofond situé dans la fosse fronto-temporale et que
quelques auteurs ont consideré comme rorigine d'un trou qui
n'existe point en realité, est limité unic[uement par le parietal
en dessus et par le sphénoide en dessous. Ni le temporal ni le
ptérygoídien ne concourenl á former celte dépression profonde.
- 85 —
I. a pnrlie npophysoire du lempoi-jil forme une soiie de pyra-
111 ide (riangulaire dont la base scrait représentée par le bord
le plus externe et oonvexe de cel os. La face la plus étroite
limite en arriére la fosse fronto-temporale. Celte face est plañe
et présente, en son milieu, une largeur de 28 cm.: sa largeur,
i'i la base, étant de 44 cm. La distance rectiligne qui separe sa
base du sommet de Tapopliyse zygomatique est de 1 m. 10. La
face postérieure de la pyrainide est séparée de la precedente
par une créte verticale d'autant plus jirononcée que Ton
considere un point plus voisin de la portion écailleuse de Tos.
Cette face de la pyramide est irréguliérement convexe. Son
sommet correspond sensiblement au sommet de rexocciiiital.
La bauteur de cette face est de 51 cm. La distance qui sopare
le sommet de Tapopliyse glénoide du sommet de l'apophyse
/.ygomatique est de 1 m. .30. Cette face présente, dans sa partie
inférieure, une créte de 5 cm. de bauteur ijui limite le conduit
auditif et le separe de Tapopbyse mastoídienne du rocber qui,
soit dit en passant, atteint une longueur de 60 cm. La troisiéme
face antérieure-inférieure de la partie apophysaire du temporal
est réguliérement concave en arriéi'e. La partie inférieure et an-
térieure de Tapopliyse zygomatique est liorizontale et plañe. La
distance entre Je rocber el le bord de l'insertion de la capsule
cartilagineuse destinée á recevoir le condyle mandibulaire est
de 30 cm. A ce niveau, correspond une légére courbure du
bord inférieur de la portion apopbysaire. L'apophyse zygoma-
tique mesure en dessous une largeur de 25 cm. Le bord an-
térieur et supérieur de l'écaille du temporal a une longueur
de 55 cm. La portion du spbénoíde, qui forme le plancber
de la dépression pariélale, contourne cet os en avant sui- une
étendue de 30 centimétres. En arriére, il est unisur une étendue
de 11 cm. avec le parietal et sur une étendue de 9 cm. avec
l'écaille du temporal. La distance qui separe son extrémité, du
spbénoíde dans sa partie supérieure est de 20 cm.
APPAREII, AUniTIK
Situé comme d'babitude entre Foccipital en dedans et en
arriére, et le squameux et le ptérygoidien en dehors et en avant.
L'apopbyse antérieure est courte: la postérieure, qui cor-
respond á la región mastoídienne, est placee dans une gout-
tiére au niveau de la suture qui unit le squameux á Foccipital
lateral.
— Sf) —
Un péon m'íivail déroljó les deux rocliers qui sous le nom
de coquilles de In baleine (caracoles de ballena) ont pour ees gens-
la un interél tout spécinl. Je n'ai }iu i-entrer en possession que
d'un seul de ees os, encoré est-il brisé. Sa plus grande longueui-
esL de 15 cm. et sa largeui' máxima de 7,5 cm. II est en proi)or-
tion beaucoup plus ailongé que cliez le 5. SibalcU. II se distingue
du rocher de -B. Sibaldi par la présence d"un forl bourrelet late-
ra! ainsi que par sa surface supérieure qui n'est point uni-
formément bombé. En outre, cet os, tronqué en avant, est effilé
en arriére. Son aspect general rappelle par conséquenl un peu
<'elui d'une petile embarcation.
Caisse tynipanique. Longueur l'i,5 cm.
i> " Largeui' 7/i 'i
PARIÉIAL
I.e parietal est representé á Textérieur par un os quadrila-
tóre et fortement concave. Son bord supérieui- convexe est en
rapport, en avant, a veo la branche montante du maxillaire; en
arriére, avec rinterpariétai et le suroccipital. Le bord postérieur
6st égalemenl convexe et se trouve en rapport avec le lempo-
ral. Le bord inféiúeur est rectiligne et est embrassé par l'ailo
du s|)liénoíde. Le liord antéiñeur concave s'appliquo sur le fron-
tal, le contourne en arriéi-e et s'arréte au niveau de la goutliéi-e
du nerí optique.
Longueur du bord supérieui' l^DO
» " " postérieur 0,70
» )> » inférieur O/i'i
» 11 )> antérieur 1,35
La distance rectiligne entre les bords supérieurs des deux
pariétaux, en passant par l'extrémité poslérieure de la branche
montante du maxillaire est de 77 cm.
I'RONTAI.
Chez le baleinopLére de Miramar, le frontal droit est diffc-
renl du frontal gauche en ce que la j)arlie du prolongement or-
bitaire situé en dessus du pai-iétal et s'insinuant entre la face
supérieure et la face inférieure du maxillaire supérieui-, au lieu
íl'étre constitué ¡tar une lame uni([ue, se trouve formé de quatro
lames osseuses parallcles, sondees seulement en certains points
<\q leur étendue. Le prolongement oi'bitaii'e du fi-ontal est tres
— «/ —
éloigné de la lace supérieure du inaxillaire supérieur. Aussi
entre ees deux os, on remarque des exostoses tres développées
qui nppartiennent soit á l'un, soit ¿i Tautre. La base, presque
cylindrique, mesure en dessous du prolongement orbitaire vingl
centimétres de diamétre. Les dimensions suivantes indiquenl les
autres caracteres qui ne m'ont pi-ésenté aucune particularité
digne d'une mention spéciale :
Lai'geur du bord orbitaire en dessus 0"'üO
Grand diamétre de lorbite 0,30
Petit diamétre « » 0,16
Longueur du bord postérieur de rapophj'se orbitaire. . . . 1,25
Longueur du bord antérieur de l'apophyse orbitaire. . . . 1,25
Du bord antérieur du palatin au bord orbitaire du frontal. 1,00
Dimensions de la facette zygomatique du frontal 0,18X0,25
Diamétre de Torigine du prolongement orbitaire (en des.sous) 0,20
Largeur du cráne en arriére de l'extrémité postérieure de la
branche montante 0,8;^
V O M E R
La longueur Lotale de cet os est de 5 m. 37.
La portion postérieure du vomer est aplatie et appliquée
contre le basi el le pré-sphénoíde. Elle est á peine carénée en
son milieu, au moiiis dans sa partie postérieure oú sa largeur
est de 20 cm. Cest ú cinquante centimétres en avant de son
extrémitc postérieure et au niveau antérieur des orífices posté-
i-ieurs des narines que commence la carene proprement dite
(de4m.57de long) de cet os. En sa portion antérieure et ter-
mínale existe une fente de 30 cm. de long qui sembleraít índiquer
une bifidité primitive de Tos. Ses bords supérieurs sont aplatis
et inclines de dehors en dedans au niveau du pl.tncber des f'osses
nasales antérieures.
Profondeur du vomer á la base du rostve 47 cm.
Largeur du vomer, en dedans, en ce méme point. ... 20 »
Epaisseur du bord supérieur du vomer 9 »
Distance máxima de la gouttiére du vomer jus([u'á la
surface supérieure des inter-maxillaires 85 »
.1 U G A I.
Cet os peut étre consideré comme formé de deux branches
qui se réunissent á angle droit. Une branche gréle, aplatie, un
peu concave en dessus forme la portion orbitaire: une branche
épaisse ayant la forme d'une pyramide triangulaire constitue
la portion fronto-maxillaire.
— 88 —
La premiére a une longueur de 32 cm. et une épaisseur de
2,5 cm. La seconde a une longueur de 35 cm. et une épaisseur
de 9 cm. á sa base.
Le bord interne de la branche orbitaire est arrondi et lisse;
son bord externe est plan et rugueux. La face interieure de la
portion fronto-maxiliaire se continué avec la surface interieure
du maxillaire et vient se loger dans une concavitédu l)ord pos-
térieur de celui-ci. La face antérieure de la pyramide presente
une créte tres proéminente que determine deux concavités su-
perposées. Dans la premiére et inférieure, qui est la plus grande,
vient se loger une partie de rapophyse" orbitaire du maxillaire.
Dans la seconde, supérieure et plus petile, s'engage Tos lacrymal.
La partie supérieure de la pyramide est en contact avec le
frontal qui repose sur elle. La face postérieure, dans sa partie
inférieure, forme le plancber antérieui- et inférieur de la cavité
orbitaire. La distance entre les extrémités des deux bi-ancties
du jugal est de 54 centimctres.
LACRYMAL
Le lacrymal est un os allongé (65 cm. de long), assez étroit
(14cm.), plan en dessus, un peu convexe en dessous, se ter-
minant en avant i>ar une expansión foliacée et en arriére par
une extrémité épaissie et arrondie (|ui vient former sur le sque-
lette une petite saillie en avant de Toeil (3 cm. de bauteur
pour 7 cm. de base). La plus grande épaisseur de cet os corres-
pond á sa región moyenne et ne dépasse pas trente-cinq milli-
métres.-La face inférieure repose en arriére et en bas sur la
créte de lo face antérieure du jugal.
NASAL ET FO-SSES NASALES
Chaqué os nasal du baleinoptére de Miramar présente en
arriére une encoche profonde oíi se loge une apophyse du fron-
tal formée de lamelles osseuses verticales paralléles et tres
développées. Les distances qui séparent les faces supérieure et
inférieure du nasal sont en avant de 23 cm.; en arriére, de
•i2 cm. La longueur de la face supérieure, comprise entre deux
plans paralléles et verticaux, est de 40; celle de la face inféi'ieure,
de 45 cm. La premiére est oblique de dedans en deliors et
d'arriére en avant. Son bord interne s'éléve en créte en avant
et son bord externe présente une petite rainure verticale oú
vient se loger une portion de rinler-maxillaii'e.
— 8!) —
Les os nasaux du Ijaleinoptére de Miramar ne sont iioint
symétriques. Leur face intei-no n'est j)lane que dans la [)arlie
antérieure. En arriére et en has, l'os nasal di'oit est convexe;
l'os nasal gauche est concave.
L'orifice postérieur des fosses nasales est formé en haut
par les ptérygoídiens et le vomer, en bas par les palatins. Les
os qui concourent á former le canal dans sa región moyenne
sont: le vomer, rethmoide, le frontal et le palatin. Dans sa
región antérieure, on rencontre premiérement, au dessus du
canal, les nasaux et les frontaux: secondement, au dessous, le
iiord supérieur du vomer qui s'ajilatil hoi'izontalement a ¡lartir
de ce poinl; et troisiémement, en dehors, Tapopliyse palatina du
maxillaire, Tapopliyse maxillaire du frontal el Tapopliyse fron-
tale du maxillaire.
Les os nasaux s'appliquent par toule leur face externe sul-
la face interne du frontal. lis n'ont aucun rapport avec le
maxillaire; l'inter-maxillaire les en separe. La largeur du bord
postérieur des narines ou Tépaisseur des deux nasaux en avant
est de 33 cm. En arriére, Pépaisseur de ees deux os n'est que
de 22 cm. Les deux os nasaux forment en avant et en haut
une créte élevée.
INTER-MAXn.LAIRE
L'inter-maxillaire est un os prismatique, triédre dans sa
partie antérieure. II est simplement aplali et recourbé dans sa
partie postérieure. La face interne de la partie antérieure
s'applique sur le vomer. Sa face externe, qui se continué avec
la face externe et concave de la partie postérieure, s'applique
contre le maxillaire. Quant á la face supérieure de Finter-ma-
xillaire, elle devient interne en arriére, á la face interne du
méme os. Les inter-maxillaires dépassent les maxillaires en
avant sur une longueur de vingt cenlimétres. En arriére, ils
arrivent presque en contact avec Poccipital.
Ghez le baleinoptére de Miramar, le bord externe de la face
supérieure, au lieu d'élre rectiligne depuis la base du rostre
jusqu'a son extrémité, présente vers la partie antérieure un ré-
trécissement suivi d"un évasement notable de cet os. Les di-
mensions üuivantes en indiquent la valeur. L'aréte inférieure
de l'inter-maxillaire est en rapport avec Taróle de la face in-
terne du maxillaire.
— 90 —
Distance des bords externes des deux inter-inaxillaires á 1,20 de Textrémité 0'°74
)) » » » » 2,02 » 0,64
» » » » « 4,04 » 0,60
Largeui- de la face supéneui'e á 1,20 de l'extrémité 0,30
» » » >> 2,02 » 0,27
Longueur des inter-maxillaires 5,02
PALATIN
Les palatins qui n'ont dans leur parlie anlérieure, simple-
nient appliquée sur le vomer, qu'une t'aible épaisseur de 1 ü 2
centimétres, s'épanouissenl brusquement en amere pour se sou-
der avec les ptérygoídiens á l'aide de lamelles osseuses tres
prononcées. La partie supérieure de leur base se trouve en
rapport avec ralisphénoide, le temporal et le frontal, mais le
mode d'union avec ees os est bien moins intime qu'avec les
ptérygoídiens.
La moilié antérieure du bord supérieur ainsi (jue le bord
antérieur convexe des palatins sont creusés en gouttiére et
recoivent le bord inférieur du maxillaire supérieur:
La plus grande largeur du palatin. . . . 0"ó7
Longueur du bord inférieur 1,35
» » supérieur 0,93
» )> antérieur 0,68
» » postérieur 0,40
MAXILLAIRE
La forme du maxillaire supérieur rappelle beaucoup celle
du maxillaire de B. Sibaldi ou B. intermedia. II est, en effet,
beaucoup |ilus dilaté dans sa |)artie moyenne qu'á la base du
rostre. II s'en distingue pourtant par la tres grande concavité
qu'il présente en dessous et en arriera, au niveau de l'origine
des palatins. Dans sa partie antérieure, on remarque en des-
sous: d'un Cüté trois et de l'autre deux gouttiéres longitudinales
servant de passage aux vaisseaux ainsi qu'aux nerfs palatins.
l']n arriére, il existe six á liuit autres canaux qui se dirigent
presque perpendiculairement vers le bord libre de l'os. Les plan-
ches, ainsi que les dimensions suivantes, indiqueront mieux
que toule description leurs autres caracteres. L'ossitication de
la face supérieure du maxillaire supérieur semble se faire d'une
faron assez irréguliére, au moins a partir d'un certain age. On
voil, en effet, superposée h Tos proprement dit, une couche
de nodules osseux isolés ou soudés entre eux en certains poinls
et formant alors de véritables lames osseuses irréguliéres.
— 91 —
Longueiir ilii bord inft'-rieur du inaxillaire é^áO
>) de l'angle inféneui- á l'extréraitó antérieuie . . 'i,97
Largeiir du inaxillaire A sa base 1,08
Epaisseui- de l'apophyse jugale 0,13
Longiieur de l'apophj'se jugale 0,70
Longueur de l'apophyse montante 0,90
Distance entre les sommets de Tapopliyse montante et de
rapophyse jugale 1,40
Largeur de la branche montante A son extrémité 0,3'2
» » » a son origine 0,17
FANONS
Les fanons soiit d'un tres beau noir. lis se rejoignent en
íivanl et i'ornient en orriére une ligue spirale á l'entrée de
Tu^sopliage. Les fanons du cóté droit onl été enlevés une nuil
pai- de violents coups de mer et malgré toutes mes recherches
ils ne purent étre retrouvés. Les lames sonl noires ainsi que
les soies terminales. La hauteur des plus grands fanons est de
85 cni. Ln Imse des plus larges mesure 45 cm. Le boíd ex-
terne des lanons est sensiblement vertical. Le bord interne est
oblique de dedans en dehors el se décompose en deux parties.
Dans la |>arlie interne les soies sont tres courles (2 á 3 cm.) et
formenl une sorte de brosse. Un espace denudé les separe des
soies de la portion externe qui atteignent de 15, 20 á 25 cm.
La liauteui- moyenne de la lame qui supporte la brosse est de
15 cm. .Si on considere les fanons par leur face supérieure,
on voit que les grandes lames présenlent une épaisseur de
1 cm. et sont séparées les unes des autres par une gouttiére
de inéme dimensión. La séi'ie de bourrelets basilaires est re-
marqualile par la rcgularité des espacements. Chaqué lame
]:)résente une double courbure, c'est á diré elle forme une sorte
de S á boucles tres ouverles. l'Jn dedans de la lame principale,
on observe jusqu'ii treize series de lamelles. Comme ees petits
fanons correspondent á des alvéoles distincles, il en resulte
qu'en examinant leur ensemble par la face supérieure, on observe
des boutonniéres de jilus en plus ¡¡etites disposées en series
linéaires dans la direction méme de la gouttiére ou de la grande
alvéole des lames principales.
Dimensions dex lame.lles secondaives d'ioie rangée moyenne
Lamelltí (ext.) n° 1 largeur: 20 mm. Lamelle n» 4 largeur: 17 mm.
» 2 » 19 >' » 5 >' 15 »
» 3 » IS >. » 6 » 15 »
— 92 —
LiinieJle n" 7 largeiir: lüinm. Lamelle n" 11 largeiii". i)'i iinji.
» 8 » 08 » » 12 » 01 »
» 9 .) 07 » » 13 » 03 »
1) 10 » 05 »
Les hauteui's correspondan tes, abslraction faite dessoies, sont:
Lamelle (ext.) no 1 hauteur: 18miii. Lamelle n" 8 hautenr: 05 mm.
Les soies qui correspondent aux lames secondaires sont
aussi longues que les soies de la portion interieure de la lame
principale. A la zone la plus interne des rangées de fanons,
par conséquent a la suite des petites lamelles secondaires, on
ne distingue plus que des soies qui naissent seulement de la
membrane basilaire.
II est intéressant de remarquer que, dans les series des pe-
tites lamelles, les soies ne se trouvent aggiutinées et sondees
entre elles qu'á partir d"une certaine hauteur; elles sont libres
á leurs bases et á leui-s extrémités. On voit done manit'este-
ment que les fanons sont formes de soies d'abord isolées qui
ne se sont soudées les unes aux autres (|ue plus tard á l'aide
d'une substance agglutinante.
MANDIBULAIRE
Chaqué mandibujaire forme un are tres prononcé donl l.i
fleche atteint 95 cm. La face interne de cet os est plañe et doit
toujours occuper dans les squeleltes montes un plan vertical.
La face externe est convexa ainsi que la face inférieure. Quant
á la surface supérieure, elle est plañe sur une étendue de lm.80
qui correspond au milieu de la longueur de Tos. II existe done
en cette región une arete supérieure et interne. Celle-ci se con-
tinué avec la créte du condyle.
Le bord externe de la face supérieure présente huit trous
mentonniers et les distances respeclives et moyennes d'un Irou
á l'autre sont d'arricre en avant de 0,46, 0,52, 0,39, 0,3(3, 0,42,
0,41 et 1 m. 50. Le huitiéme trou correspond á la symphyse.
Le bord supérieur de la face interne présente une vingtaine
(le trous beaucoup plus petits que les trous mentonniers. lis
(liuiinuent d'importance d'arriói'e en avant et chacun d'eux so
— 03 —
conlinue pai- une ciinnelure sensiblement paralléle ii Tárete de
Vos. L'iii-ete supra-interne se dirige en dehors dans la |)arlie
antérieui'e de la mandibule.
A la symphyse, le niilieu de la face interne présente un
fort bourrelet saillant qui diminue rapidement d'importance en
se dirigeanl en ai'riére el en bas. Dans sa posilion naturelle,
l'apophyse coronoíde est verlicale, c'esl á peine si elle se dirige
un peu en dehors. Si jusquYi présent on a exageré cette direc-
tion chez d'autres espéces, c'est sans doute parce que la mandi-
bule n'avait pas été placee dans sa vérilable position naturelle.
Le talón du condyle mandibulaire est tres accentué et sa
saillie extei-ne est de 12 cm.; exactement égale á son enfon-
cement interne. On dirait qu'ii y a eu un chevaucliement de
la partie supérieure du condyle primitif sur sa partie inférieure.
Voici les principales dinnensions du mandibulaire:
Longueui' en ligne droite 6T2
» en suivant la courbure de l'os 6,70
Hauteui- ú la symphyse 0,39
» au nailieu de la hauteur 0,4.5
)> á l'ongine de l'apophyse coronoíde 0,60
» passant par le sommet de l'apophyse coronoíde O,!».")
Distance entre le sommet de l'apophyse et le trou tlentaire 0,68
» 1) » » » et la face postérieure du condyle 1,20
Diamétre du condyle 0,43
Distanee de la face postérieure du condyle á rorifice du canal dentaire 0,60
Epaisseur du maxillaire en son milieu 0,98
Ecartement des deux maxillaires en leurs niilieux (mesuré en dedans) 2,80
Ecartement des deux condyles (mesuré en dedans) 1,6,")
APPAREII. llYOiDIEN
J'ai pu observeí' cet appareil en position et vériíier ainsi
Texactitude de Topinion de Gervais. La plus grande largeur des
stylo'ides correspond á rextrémité interne de Tos. Les styloüdes
sont épais en dehors et amincis sur leur bord postérieur. lis
sont presque cylindriques au point d'insertion du cartilage qui
les relie au crane; ils sont, au conlraire, aplatis et évasés au
niveau de Tinsertion du cartilage qui les réunil au cartilage
des apophyses du basi-hyal. Leur longueur est de 55 cm.; leur
epaisseur moyenne de 8; leur grand diamétre: en haut est de
13 cm.; en bas leur largeur alleinl 22 cm. Le basy-hyal est
concave en dessus; il Test également en dessous et suivant la
ligne médiane. Les apophyses antéi-ieures sont tres développées;
elles mesurent 31 cm. á partir de la partie médiane et antérieurc
de l'os.
— 94 —
1mi revaiiclie, les apophyses postérieures ou lubérosilés des
lliyro-hyaux sont á peine prononcées et ne dépassent pas 3ciii.
de liauteui". Le basy-liyal est écliancré en orriére comme d'ha-
bilude. Son épaisseur máxima esl de II cm. Sa plus grande
largeur égale 30 et sa longueur 22 cm. Les Ihyro-hyaux sonl
légérement rélrécis, un peu en dessous de leur itase. lis ont la
méme forme que les styloides; c'est á diré, ils sont cylindriques
á leur extrémité extérieure el aplatis du cnU'' inlei-ne. Leui-
extrémité supérieure ou externe a IScm. de diamétre; leur por-
tion rétrécie présente une largeur de 19 cm. La distance qui sé-
l)ore les deux exti'émilés extei'nes des basy-liyaux esl de 1 m. ÍO.
Le carlilage Ihyro'íde étail ossifié en son centre et présenlait
un véritable écusson osseux de 14 cm. de longueur sur 12 cm.
(le largeur el 5 cm. d'épaisseur moyenne. La face supérieure
de cet écus.son étail concave et sa face inférieure ou anlérieure
fortemenl bombee.
OMOPLATE
Le bord supérieur de l'omoplate, concave au niveau de l'o-
rigine de l'acromion, devient ensuile convexe dans sa seconde
moilié; la dislance entre Fépine et la partie la plus élevée de
la convexité esl de 13 cm.; le bord est minee dans loute son
élendue.
Le bord interne, vu de face, présente une courbe réguliére.
Vu de protil, il esl légérement inñéchi en arriéi'e au niveau
d'une saillie horizontale peu accentuée allant d'abord sur la
face externe du col de l'omoplate au bord libre de cet os, en-
suiteenavant dans le quarl inférieur du bord. Le bord interne
dans sa región moyenne (87 cm.) présente une épaisseur de 2
centimétres seulement, cette épaisseur s'accroil jusqu'a cinq cen-
timétres dans la región supérieure (53 cm.), mais surtout dans
la región inférieure (80 cm.) oú elle atteint sepl centimétres sur
une grande longueur.
Le bord inférieur est Irés épais sui'tout au niveau du col
de l'omoplate. De sa porlion supérieure se détache une saillie
allanl se perdre sur la face externe vers le bord interne de
l'omoplate et aussi éloignée du bord inférieur que Test l'épine
du bord supérieur.
La face antérieui'e de Tomoplate, appliquée contre les cotes,
serail presque unie si elle ne presentait sepl ou liuil pelites
saillies peu accenluées convergeant toutes vers le col de ]"os.
I
— do —
L'acromion est presque poralléle au coracíVíde et a la cavilé
glénoíde. Son bord externe est épais surtout á sa base: son
boi-d interne est, au conlraire, tres minee. II est incliné en ar-
ricre du plan general de Foinoplate, tandis que le coracoTde so
trouve incliné en avant et de la méme í|unntité.
Híuiteur totale de romoplate l'-^S
» du bord glénoídien inférieur au dessiis de l'angle inférieur de
l'oinoplate {\'iC,
Diauíétre horizontal passant par le lailieu de la cavilé glénoide . . . 1,10
» » " par le bord inférieur de la cavité glénoide 1,17
Hauteur de la cavité glénoide 0,42
Largeur » » 0,30
Longueur en ligne droite et en partan! du bord glénoídien supérieur. 1,02
» I) » » inférieur . 0,!ll
Longueur (en suivant le contour) du bord supérieur 1,07
» » » » inférieur 1,02
Bord interne en ligne droite 1,7!)
« » en suivant le contour 2,20
Acroniion: largeur á sa base (au niveau de l'épine) 0,30
» » á son col 0,19
» « á son extrémité supérieure 0,26
Acroniion: longueur (hauteur) 0,46
Coracoide: largeur á sa base 0,22
» » H son extrémité supérieure 0,10
(JoracoiJe : longueur (hauteur) 0,20
Poids de l'omoplate sec et coniplétement dégraissé kilos 37
HUMERUS
Dans la description du membre antérieur des baleines, le
défaut capital de Tadoption de différents systémes d'orienta-
tion dans les divers travaux en rend la lecture difficile. II serait
bien plus simple de prendre Fhumérus pour point de déparl.
Schématiquement, cet os peut étre consideré comme un paral-
lélipipéde présentant a son extrémité proximale, qui s'orticule
avec Tomoplale, une calotte bémisphérique formée en sa tota-
lité par Fépipbyse supérieure. L'extrémité distale ou inférieure
|)résente de larges facettes planes sur lesquelles s'articulent le
radius et le cubitus. Les petites faces laterales du parallélipi-
péde correspondant Tune au bord libre du radius, l'aulre au
bord libre du cubitus, poui'ront se nommer: bords radial et cu-
bital de riiumérus.
Les grandes faces laterales correspondant Tune avec la grande
tubérosité, Tautre avec la tete articulaire glénoidienne, seront
done les faces apopbysaire et articulaire de Fhumérus.
— 96 —
Dans le baleinoplére de Miramor, l'épiphyse supérieure est
divisée par le plan vertical diagonal du parallélipipéde humeral
en deux moiliés pi'esque égales: premicrement, la tete arliculaii-e
glihioídienne correspondant á la face articulaire et au bord cu-
bital; secondement la grande tubérosité correspondant á la face
apophysaire et au bord radial.
Cette grande tubérosité peut se subdiviseí' en deux apophy-
ses. La premiére, la plus développée, se continué á sa partió
supérieure avec le bord supérieur de la tete articulaire; á sa
partie inférieure, elle se divise en deux apophyses secondaires
placees Tune sui' le l)ord radial de Tliumérus, Tautre sur le
milieu de la face apopliysaire. La seconde apophyse est située i'i
la limite de la face apophysaire el du bord cubital. Ce bord est
presque droit; le l)ord radial, au contraire, est fortement concave.
La partie supérieure de la diaphyse humérale présente trois
apoi)hyses qui ne sonlque la continuation des trois apophyses
de la grande tubérosité.
La face articulaire présente aussi á sa partie inférieure uno
autre apophyse qui correspond á la facetle articulaire du cubitus.
L"ép¡i>hyse inférieure de l'humérus est déJá chez le baleinop-
tére de Miramar enticrement soudée á la diaphyse. L'épiphyse
supérieure est également soudée au corps de Tos, mais elle Test
a un moindre degré, car on apercoit encoré á Textérieur la
ligue de suture.
Le bord de la tete articulaire, un peu échancré en sa |)artie
supérieure, forme un contour jiresque entiéi-ement circulaire.
Longueiir totale de l'humérus 75cm.
Distance entre l'aréte cubito-radiale et le bord inférieur de la tete
articulaire (sur la face articulaire) 47 »
Hauteur de la tete articulaire 28 »
Distance entre l'aréte cubito-radiale et le bord inférieur de la tete
articulaire (sur la face apophysaire) 53 »
Grand diauíétre de Tliuniérus en sa partie supérieure. 48 »
» » » » partie moyenne 32 «
» » » » partie inférieure 44 »
Petit diamétre de l'humérus en sa partie moyenne 23 »
Diamétre de la tete articulaire 42 >>
Poids de l'humérus sec et complétement dégraissé 27 ks.
M. lo docleur Clémenceau d'Angouléme m'a montré un hu-
mérus de baleinoptóre trouvé a Las Talas (environs de La
Plata). Le propriétaii-e des bañes coquilliers tju'on y exploite,
— 07 —
le lui avnit clonné. II est fort regrettable que cette piéce remor-
quable, qui aurait dü étre oíTerte au Musée de La Plata, soit
passée á Fétranger.
I,a longueui" totale de Tos était de 67crn. Le diamétre infé-
rieur de 3G; le diamétre moyen de 30; le diamétre supérieur
de 43 cm.; l'épaisseur moyeiine de 24 cm. Les dimensions déla
facette artiL-ulaire i-adiale sdiit : 20X 12 cm.; celies de la facette
cubitale: 17 X H cm.; el 6X H «n.
CUBITUS ET RADIUS
Le.s épiphyses .«upérieures sont complétement soudées aux
diapliy.ses; les inféi-ieures Sdiit, au contraire, tout á Tail libres et
plongées dans la masse cartilagineuse du carpe.
Le bord libre du radias esl pi'esque droit; .son Ijord cubital
est concave comme le bord libre du cubitus. Le bord radial du
cubitus est, au contraire, convexe comme Textrémité inférieure
des diaphyses radíale et cubitale.
A la parlie inférieui'e, les bords libi'es du radius et du cu-
bitus .sont plus minees que leurs bords en contact. Entre ees
deux os il n'y a de facette ai'liculaire qu'en la partie supé-
rieure. A la partie inféi-ieure, aux points de contact, on nc re-
trouve plus de synoviale et les os présentent une tendance ma-
nifesté a se souder entre eux.
Longueuv du radiiis en son milieu (sans l'épiphyse inférieure) 1"25
» cubitus en son milieu (suns l'épipliyse inférieure) 1,15
Diamétres du radius á son extrémité supérienre 0,28 X 0>19
» » en son milieu 0,22 X ^'12
» i> á son extrémité inférieure 0,36 X 0»!''
Diamétres du cubitus á son extrémité supérienre (avec l'oléerane) 0,36 X O- '8
» » en son milieu 0,19 X 0-10
1) » á son extrémité inférieure 0,3'i X OjIO
Hauteur Je l'apophyse olécranienne 0,35
)i de l'insertion du cartilage olécranien 0,27
Poids du cubitus: 20 kilos. — Poids du radius 17 kilos.
CARPE
Le carpe de la plupart des baleinoptéres observes jusqu'á
présent ne possédent que cinq os: Irois au procarpe et deux au
mésocarpe.
Du])ar («Osléograpliie de la baleine échouée au port d'Os-
lende», 1828) avail compté six os chez B. musculns. Üaiis leur
romo IX 1
— 98 —
grand ouvrage sur les cétacés. Van Beneden et Gervais mettent
en doule ceUe oljsei'valion. Nous lisons, en effet {vide 1. c, p. 197):
«Dubar accorde six gros os au carpe dont les uns sont cubiques,
dit-il, les autres cylindriques. I! est bien possible qu'il oit compté
un os de trop a en juger par le bras qu"il a fait dessiner.»
Cbez B. Sibbaldi rapporlé par la mission du Gap Horn, «le
carpe serait aussi composé de r\vn\ os, mais ealre les deux de la
seconde rangée. il y aurail un espace cartilagineux relativement
Irés grand: c'est en ce point que va se dévelo|iper ciiez l'adulte
un nouveau noyau osseux qui sera le grand os. Enfin entre le
grand os. Tos crocliu et le serni-lunaire apjiaraitra un septiéme
os au carpe qui représentera, suivant nous, le central... le pisi-
forme se trouve développé chez B. rostrata.» ( Vide 1. c, p. 44.)
Le baleinoptére de Miramar semble s'éloigner de tous les
autres par la présence de plus de trois os au procarpe. La main
droite en présente ([unlre: la main gauche cinq. Des deux cotes
le mésocarpe ofi're deux os correspondant aux troisiéme et qua-
triéme métacarpiens.
Au lieu de rechercher les homologies qui existent entre ees
os et ceux des mammiféres supérieurs, on ferait mieux de les
comparer á ceux des mains peu différenciées des chéloniens,
mains réduites comme chez les baleines a un usage souvent
presque exclusivement natatoire.
Si nous comparons entre elles les deux mains de la baleine
de Miramar et si nous cherchons dans les deux procarpes un
os dont rhomologie ne puisse laisser prise au doute, nous
trouvons que celui qui est situé dans la direction de l'axe méme
du cubitus et (jui offre la particularité d'étre limité en dessus
et en dessous par des surfaces planes, correspond manifes-
tement au cubital. A cóté de lui vient Tintermédiaire que nous
püuvons determinen sürement par sa double relation avec
l'espace intercubilo-radial et avec le cubital. L'os qui le suit
est le radial. Au-dessus de cliacun des quatriéme et troisiéme
métacarpiens correspond le quatriéme et troisiéme carpiens. Par
conséquent nous devons considérer dans la main droite Tos
situé entre le radius, le radial et le troisiéme carpien comme
représentant le second carpien. L'homologue de cet os dans la
main gauche est done Tos remonté au |)i"ocarpe et place dans
la direction axiale du radius.
Le cinquiéme os de la región procarpienne de la main
gauche représente done le premier carpien (ou trapéze en ana-
tomie humaine). Le cinquiéme carpien et Tos central manquenl
ici absolument, de méme que toule trace du |)isiforme.
— 99 —
I.ÍÍ découvei'te diez le biileinoijlci'e (l'uu c
li-apéze me parait intéi'essante puisqu'elle relie les types de eé-
tacés á quatre doigts a ceux que en possédent cinq. C/est un
ropprochement de plus enti'e les baleines á ventre plissé et les
baleines á ventre lisse.
METACARPE KT PHALANGES
Les doigts sont tres semblables dans les deux niains, soit
comme disposition soit comme dimensión. Les trois premiéis
sont juxtaposés; le quatriéme est éloigné autant du troisiéme
(|ue du bord postérieur de la nageoire. Les carlilages inter-
phalangiens m'ont paru inter-épiphysaires, c'est á diré que chez
le baleinoptére les épipliyses véritables des phalanges seraient
déjá soudées aux os eux-mémes, car on peut noter, fixés aux
extrémités de quelques unes des diaphyses phalangiennes un
petitdisque qui parait plus épais sur ses bords qu'en son milieu
et qui seraient Íes véritables épiphyses. Ce f'ait confirme abso-
lument la maniere de voir de Struthers qui pense que chez les
Mystacoceti jamáis ne doivent s'ossifier les cartilages inter-pha-
langiens et inter-métacarpiens.
Les photographies indiquent mieux que toute description la
disposition relative des métacarpiens et des os phalangiens, je
me borne done á indiquer en métres les dimensions des doigts:
Avec Sans
nUtarcapicn inétacarpien
Longutíur ilii radial antéritiur (index) 1,35 1,05
» )) postérieur (medius) 1,75 1,40
>> » cubital antérieur (annularis). . 1,52 1,23
» » postérieur (niinimus) 1,05 0,88
Poids du carpe et du laétacarpe: 3 kilos. — Poids total des phalanges: 6k.670
Le doigt cubital postérieur ou minimus ¿¡rásente quatre pha-
langes et se termine par un cartilage effilé long de 8 cm.
Dans les colonnes suivantes, le premier chiffre indique en
centimétres la longueur de Tos; le second son diaméti-e en sa
región moyenne:
— 100 —
STERNUM
Le sternuin a lii forme dun l)Ouclier ti'ilol)é. Sa tace inlenie.
concave, présente un |jroHl couiiie tres régulier et s'évase légé-
rement en dehors, en haut et en has dans la región médiane.
Le bord supérieur des lobes latéraux est épais, tondis que
leur bord interieur est minee surtout á leur reunión au lobe
moyen. Leur extrémité est arrondie: celle du lobe median est
échanci'ée. Ce dernier lobe est plus minee en son centre qu'en
ses cotes.
La partie médiane et supérieure du sternum ne constilue
pas un lobe distincl et le bord de cette portion se coníbnd
[iresque avec la ligne supéi'ieure des lobes latéraux.
Ln tenanl compte de la forme genérale et des courbures,
on peut diré (|ue le sternum ressemble á une selle de cavale-
i-ie qu'on aurait étalée sui- le sol. Voici les mesures de cet os:
Hauteur 0"'42
Largeur 0,8(3
Diamétre du lobe median á son origine 0,39
» » » » á son boi'd inférieui- 0,21
Hautour des lobes latéraux á leur origine 0,26
» » " 1) á leur partie moyenne 0,22
Epaisseur du bord antérieur des lobes latéraux 0,05
Longueur du contour total: nioitié supérieure 0,98
» » » » » inférieure 1,08
Poids du sternum seo et dégraissé 3k. 500
OS PELVIENS
Ces os sont ici parfailement symétri(|ues. Je n'ai ¡lu les ob-
tenir qu'avec la plus grande difficulté; j'ai dú, pour les recueillir.
travailler plus d'une heure duns une épaisse couche d'eau dont
la lempérature s'élevait á peine á onze degrés. A cóté de ces os
qui i-eprésentent par leurs rapporls anatomiques avec le clitoris
plutót les pubis que les iscliions, y avait-il des i'udiments car-
tilagineux d'auti'es os: ischion ou fémur? Je regretle de n'avoir
pu m'en assurer. Ces os [lelviens sont aplatis, coiicaves en
dedans et convexes en dehors. lis ont la forme d'un triangle
é(|uilatéral dont les trois ccHés seraient conclaves. Le plus
grand cóté est dirige en avant. Le sommet opposé á ce cóté
cifre une tubérosité.
La branche ascendante est étroite; elle devient jiresque cy-
lindrique á son extrémité et présente une créte sur sa face
— 101 —
interne. La branclie transvei'se ou hoi'i/.unlalc esl lariic l'^llo
s'épaissit vers son exlrémilé oú s"insére le eartilage median du
inler-]iui)ien.
Hiuiteur ilu ti-iangle 15,0 cm.
Longueur (en suivant le contour) du cote antérieur (base) .... 45,0 »
" " " du cóté latéi'al 30,0 »
" » » du cñté poístérieui' 27,0 "
Epaissenr dans la región moyenne de l'os 1,2 »
n de la tubérosité 4,5 »
>) de rextréinité de la bi anche antéiieure 2,5 »
» " H liorizontale 2,5 »
Largeur de la branclie liorizontale 70,0 »
" " latérale 30,0 »
Poids d'un os pelviens 250 gr.
COTES
Le baieinoplóre de Miramai- ne [¡pésenle que (|uator/e paires
de cotes.
J"ai eu i)ien soin de recherciier si en arriére de la derniére
il n'y en avait auciine de rudirnentaire, perdue dans les chairs;
je n'ai rien trouvé. Si on mesui'e la longueur des cotes, d'une
de leurs extrémités n raulre, en suivant le niilieu de leur con-
tour, on vdit que les qualriénie, ciníiuiéme et sixiétne sont
égales ou pi'esque.
Atin de taire ressortir leurs princi|iales iiarticularités, je
considérerai tout d'abord la (|uotriéme qui est la plus différen-
ciée. Sa face postérieure est plañe; sa face antérieure est régu-
liérement bombee. Son bord extei'ne présenle un peu au-des-
sous de 1.1 lubéi'osité une doul)le proéminence servant d'attache
aux muscles vertébraux. Le Iroisiéme quai-l du bord externe
présente une créte (nisertion des muscles externes). Le bord
interne en présente une autre plus courte que la precedente et
commenranl á peu pi-cs au niveau de la termination ¡nférieure
de celle-ci. .Si on fait absti'ai-lion de ees trois apophyses, la
cute posséde une méme lai'geur ( 16 cm.) dans toute son étendue.
La lubéi'osité est ti peine un peu |ilus large (19 cm.). La cote est
(iomprimée en son milieu et comnie elle est en méme temps
légérement tordue on peut y ilistinguei- un tubercule antérieur
et un tubercule postérieui-.
Le col, (Tune longueur de ti-ente-trois cenlimélres affecte la
foi-ine d"un |)i-isme ti-iangulaire et se tei'mine par une tete
arrondie de six centimélres de diamétre.
— 102 —
La pi'emicre ai'éte du prisme est Formée par la contJnualion
(lu lioi'd interne; la secoiide .suit le prolongeineiit de la Uihéro-
sité, c'esl á diré le boi-d externe; la troisitnne esl siluée sur le
cóté anlérieur du col et correspond par conséquent á la con-
vexité de la cote.
Dans les travaux desci-iptiis on a beaucoup parlé des di-
verses courbures des cotes. Si on supprime les portions apo-
physaires, ellas se rédui.sent en définitive en une tres légére
concavilé de la face anlérieure dans la partie supéi-ieure et
une convexité un peu plus mai'cjuée de la méine face dans la
partie inférieure.
1" TETE DES COTES
La modification de forme de la (|ualriéme et la cinquiéme
ciHe esl tres brusque. La lele et le col ne sonl plus repi-ésen-
tés dans la cinquiéme i[ue par un tubercule inféi'ieui- (jui se
retrouve ensuite dans les 6^ 7^ 8'= et 9"^ el qui disparail dans les
derniéres. Dans la troisiéme cote, au conlraire, la léte el le col
sonl bien plus épais (|ue dans la quatriéme. La lele mesui-e
ici 9X7,5 cm.; le col a une longueur de 36 cin. et sa largeur
moyenne esl de 12 au lieu d'élre de 9 cm.
Dans la deuxiéme colé, la tete el le col sonl forl amoindris
et dans la premiéi-e ils ne sonl plus représenles que par une
petite créte de Gcm. de base pour 3 cm. de liauleur.
C'esl dans la premiére cote que l'angle costal esl le plus
marqué. A son niveau la largeur de Tos esl de 17 cm,: elle esl
un peu plus du double (35 cm.) á Textrémilé slernale. 11 n'y
a pourtanl chez le baleinoptére de Mii'amar aucune trace de
bitidilé.
2" TUBÉROSITÉ
Dans lu cinquiéme cote, la tubérosilé est plus développée
que dans la quatriéme et se rapproche davanlage de la forme
rectangulaire qu'elle présenle dans les ñ", 1'-, 8*-' et 9" cotes. Dans
les derniéres, la tubérosilé offre une forme circulaire. De la
quatriéme á la pi'emiére, sa porlion inférieure se i-ejette de plus
en plus vers la face ¡Kistérieure et la porlion supéi'ieui'e perd
de [ilus en plus d'importance. Dans la premiére C('>te, la tubé-
rosilé toul entiére se réduit á une surface rii-culaire de liuit
centimétres de diainélre.
— 103 —
3" I. A CRÉTE INl'ÉRIEURE ET ANTÉRIEURE
s'accentue dans la troisiéme cóle el prend dans la deuxiéme
un dévelo|i|iement tmit á fait inusilé que je n'ai jamáis observé
chez aucun autre baleinoplére. La eróte constitue ici une vé-
ritable apopliyse de 20 cm. de hauteur et de 30 cm. de base; la
largeur de la cote á ce niveau est seulement de 19 cm. Gette
apopliyse est également développée du cóté di'oit comme du colé
gauche.
Dans la premiére cote, la créte inférieure et antérieure est
presque aussi développée que dans la troisiéme. De la cjnquié-
me á la ([uatorziéme. elle diminue de plus en plus d'importance
en se rapproehant graduellement de l'extrémité inférieure.
4» I.A CRÉTE SUPÉRIEURE
est développée surtout dans les cotes 4, 5, 6. 9. 10, 11, 12 et 13.
Ses deux extrémités sont généralement plus élevées que son
milieu et le tissu osseux y est plus compact. La créte se rac-
courcit de plus en plus dans les troisiéme, deuxiéme et pre-
miére. Dans cette derniére, elle est limitée au niveau méme
de l'angle de la cote.
5" I.A CRÉTE I.ATÉRALE POSTÉRIEURE
est á peine difi'érenciée dans les trois premieres cotes. Elle
atteint son plus grand développement dans les (>", 7" et 8" et
forme conime un bourrelet qui serait place sur le bord supé-
rieur et lateral de la cote et sur la face postérieure. Cette créte
n'est rudimentaire en ai'i'iére que dans les deux derniéi"es coles.
6" POIDS
Toutes les cotes étant également bien dégraissées et tres
.séches, j'ai eu la curiosité de les peser. Les différences de
poids entre les deux cotes droite et gauche de méme ordre sont
le plus souvent nuiles; le plus grand écart presenté a été de
un kilogramme sur un poid total de dix.
De la huitiéme cote á la quatorziéme, le poids diminue d"un
méme cóté du corps presque réguliérement de un kilo par cote.
La plus pesante de toutes est la cinquiéme (24 kilosj puis
la quatriéme (21 kilos). La troisiéme et la sixiéme pésent éga-
lement (20 kilos). La premiére pese dix-sept et la derniére cinq
kilos seulement.
— 104 —
COLONNE VERTÉBRALE
Ln formule vertébrale de B. Sibhaldi
élablie pour les squelettes de Hull ef du
Bi'ilJsh Museum esf :
161)
15 L — 36 C
64.
H. Gervais en étudiaat deux squeleUes
adultas de Ln|)onie ninsi qu'un fVi'tus, a
rapporté les deux derniéres lomhaires á
la región caudale et donne la formule:
7C — 16 D — 18 L — 2S á 20 C = 6'i á 6ó.
Le baleinoptére de Mirnmar présenle
bien, comme B. Sibhaldi, soixante quatre
vertebres, mais elles sont lout autrement
différenciées et la formule est :
c — 14 1)
l'i L
29 C
6'i.
Burmeister avait donné de B. iiitcrine-
dia la formule vertébi'ale:
7C — 15 1)
16 L
26 C
6'i.
Comme les deux individus qu'il avait exa-
mines élaienl jeunes, peut-étre la seiziéme
C(')te est-elle passée inapen-ue et dans ce
cas une des vertebres lombaires devenant
en réalité dorsale, on obtiendrail la méme
formule (jue pour les squelettes de Hull
et du British Museum.
Comme nous ne sommes pas cnco¡-e
suffisamment Hxés sur l'étendue de la va-
riabilité du nombre des cotes et des os
en \'; et que Ton peut supposer pai-foiscjue
quelques vertebres se sont perdues, ce qui
est tres facile; je crois pour ne pas commet-
tre de confusions regrettables, etlorsqu'on
est parfaitenicnt sur du nombre des \ertc-
bres comme de leur classement, qu"il vaut
mieux donner un nom provisoire á tous
les mysticétes dont la formule vertébrale
est disLincte et qui different en méme tempít
par d'aulres caractéi'es importants.
— 105 —
Vertebres cervicales
Elles sont, toutes, entiérement lilires.
ATLAS
Les apopliyses transverses de cette vertebre sont tres mas-
sives. Elles sont sensiblement égales en longueur au quart de
la largeur totale. Elles se dirigent d'avant en arriére et de haut
en bas vers la región postérieure et présentent en dessus une
large tubérosité (métapophyse) qui se retrouve ensuite, quoique
fort amoindrie, sur les six autres vertebres cervicales au-dessus
de l'arc supérieur. Quoique Fanimal soit assez ágé sans étre
pourtant encoré adulle, le trou racliidien est t» peine relréci dans
sa partie moyenne au niveau de Tapophyse odonloide.
Vu par sa face inférieure, i'atlas présente en son milieu et
en avant une concavité tres accusée correspondan! á Fespace
inter-condylien; en arriére, il existe au contraire une convexité
et, de méme qu'en arriére de Taxis, on observe ici un éperon
osseux s'avoncant sous le corps de la vertebre suivante. La
surface inférieure du canal neural se releve transversalemenl
sur la ligne médiane.
DIMENSIONS DE L ATLAS
Hauteur totale 51 (.-m.
» de l'arc supérieur 12 »
» » >) inférieur 12 »
)) du trou rachiilien en son milieu 29 »
Largeur » » á son soinmet 13 »
» » » á sa partie rétrécie 10 »
» 1) 1) á sa base 08 >>
Epaisseur de l'arc supérieur 21 »
» » » inférieur 18 >>
Diamótre horizontal de la surface articulaire antérieure . . 45 »
Dimensions des facettes condyliennes 39X20 »
Longueur de l'apophyse transverse 26 »
Epaisseur moyenne de l'apophyse 16 »
Distance des extrémités des apophyses transverses 96 »
Poids de I'atlas sec et dégraissé 23 kilos.
AXLS
Les épipliyses de Taxis, comme celles de la troisiéme et
quatriéme cervicale, sont sondees ¿i leurs centres correspondants.
Le centre de Taxis est convexe en avant et concave en arriére.
Tomo IX 8
— 106 —
La surface articulaire avec Fallas a la forme (¿"un fer ¿^ cheval
dont les branches verticales auraient une largeur de 15 cm. et
la branche horizontale G seulement. Le diamétre horizontal de
cette surface est de 54 cm., la partie céntrale non articulaire
mesurant á elle seule 24 cm. L'apophyse odontoíde peu saillante,
de 8 cm. de diamétre, se relie aux bords supérieurs de la facette
articulaire par une sorte de pédoncule rendu plus saillant par la
présence sur ses cotes de deux enfoncemenls qui correspondenl
á rinsertion du rebord capsulaire. Toute trace de la soudure
entre les apophyses transverses supérieure et inférieure a dis-
paru depuis fort longtemps et la largeur de Tare osseux est de 27
centimétres. Cet are, convexe en avant, est concave en arriére.
L'apophyse transverse supérieure est au-dessus du canal ver-
tebral presque deux fois plus épaisse que l'apophyse inférieure.
La tubérosité de l'apophyse supérieure, simple sur l'atlas,
est ici dédoublée; et devient de plus en plus petite de la troisiéme
á la sixiéme cervicale. A la septiéme ainsi qu"á la premiére
dorsale, elle s'accuse davantage tout en redevenant simple.
DE LA TROISIEME A LA SIXIEME VERTEBRE CERVICALE
La section du trou rachidien a la forme d"un triangie iso-
céle. La neurapophyse, tres surbaissée dans la troisiéme et qua-
triéme (20 cm. au-dessus du centre), s'éléve un peu plus dans
la cinquiéme et atteint 30 centimétres dans la septiéme. L'épais-
seur des i;entres est sensiblement égale dans les cinq derniéres
cervicales et, abstraction faite des épiphyses, elle est de 8 cen-
timétres en moyenne.
Les apophyses transverses de la troisiéme cervicale ne sont
sondees que d'un cóté. A gauche elles sont simplement tres
voisines ¡"une de Faulre. Le canal vertebral est complet-des
deux cotes dans les deux vertebres suivantes. Dans la sixiéme,
il est encoré largement ouvert des deux cotes, quoique les ares
fussent completes par un cartilage chez Tanimal vivant.
L'apophyse transverse supérieure présente en Cs, G4, C5 des
bords amincis. Les apophyses transverses inférieures sont beau-
coup plus massives; leur bord supérieur est arrondi; leur bord
inférieur forme une surface plañe qui prend un développement
de plus en plus considerable jusqu'á la sixiéme vertebre oú elle
atteint une largeur de onze centimétres. L'angle inférieur de l'ex-
trémité des apophyses transverses inférieures est toujours inflé-
chi en arriére.
— 107 —
Les apophyses transverses inférieures sontaplaliesen €3,04,
Cj cFavant en arriére; dans la sixiéme, au contraire, elle le sont
de dessus en dessous et leur plan general est done ici perpen-
diculaire au plan de l'apophyse transvei-se supérieure.
Le pédicule de Tare neural de cliaque. vertebre s'évase en
avant pour former une zygapophyse antérieure á facette articu-
laire supérieure arrondie (diamétre 8 cm.) dans la troisiéme ver-
tebre, ovale et plus petite dans les vertebres suivantes. Du colé
postérieur le pédicule s"évase également pour former les zyga-
pophyses postérieures dont les Facettes articulaires correspondenl
naturellement a la surface interne de Tare neural.
Les centres des troisiéme et quatriéme vertebres sont légé-
rement convexes en avant et concaves en arriére; les centres des
vertebres suivantes présentent en avant des surfaces planes.
SEPTIÉME CERVICALE
Cette vertebre différe tellement des precedentes; son chan-
gement de forme est si brusque (|ue méme moi qui Tavais vue
en place et qui l'avais numérotée, j"ai été obligé, lorsque j'ai
eu a l'examiner en détail, de faire coincider ses facettes arti-
culaires avec celles de la precedente afin de bien m"assurer
que je n'avais point commis d'erreur. Elle se rapprocbe infini-
ment plus de la premiére dorsale que des cervicales. Les apo-
physes inférieures sont á peine représentées par un petit tu-
bercule de 1 cm. a peine de sailiie.
Les apophyses supérieures sont épaisses, large de 11 cm. á
la base, et de 16 cm. á leur extrémité. Elies se projettent en
avant, tandis que chez les cinq derniéres cervicales, ees apo-
physes sont minees étroites et dirigées en arriére.
Je comprends que Dubar qui a retrouvé sans doute la méme
disposition chez B. musculus n'ait assigné a cet animal que
six cervicales et quinze dorsales dont la premiére serait dé-
pourvue de cotes.
Comme il n'est pas tres rare d'observer des cotes cervicales
chez les mysticétes, on voit que surtout dans ce groupe la di-
visión entre les vertebres cervicales et les vertebres thoraciques
est tout conventionnelle.
Si chez la plupart des mammiféres vrais {Eutheria), les sejtt
premieres vertebres sont en réalité presque toujours fort difl'é-
renciées des suivantes, c'est seulement gráce á une générali-
sation artificielle quon peut appeler cervicales les sept premieres
vertebres des baleinoptéres.
— IOS —
DIMENSIONS DES CERVICALES
Hauteur totale
» du corpa
Largeur du corps
Epaisseur du corps
Hauteur du trou rachidien
Plus grande largeur du trou rachidien
Distanee de Textrémité des apophyses trans. sup.
* » » » » ■■' infér.
Hauteur de l'apophyse transverso supí-rieure. .
infí-rieure . .
Lougueur de l'apophyse transverso supérieure. .
» inférieure . .
Dimensions du canal vertebral
Poids (en kilos)
57
32
50
13
15
19
139
131
11
18
53
40
23X13
2G
57
32
50
10
15
20
130
137
6
11
45
40
34X24
10
56
33
46
8
15
20
132
130
ü,ü
10
4G
42
34X23
10
56
33
44
7,5
15
21
130
126
6
50
45
35X22
10,5
59
33
44
9
14
21
122
85
8
4
48
22
35X22
11
69
3i
44
9
13
20
121
11
47
13,5
Vertebres dorsales et lombaires
II n"existe que quatorze dorsales et les plus importantes i'i
examiner sont la Di (8" vert.), la D4 (11" vert.), la D7 (14'' vert.)
et la Du (21'- vert,.). Aussi les ai-je faites représenter et les dessins
m'épargneront de longues descriptions t'astidieuses; le tableau
des mesui-es renseignera du reste sur les rapports des difieren-
tes vertebres entre elles et sur les rapports de leurs dimensions.
La huitiéme vertebre présente h la partie inféro-latérale pos-
térieure de son centre un petit tubercule pareil á celui de la
septiéme cervicale. La neuviéme vertebre (D2) offre, en la méme
región, une facette articulaire, rapportée chez la dixiéme (D3)
sur le bord tout ii t'ait postérieur et sur son épiphyse. La on-
ziéme vertebre iven porte plus. Jusqu'á la dix-septicme vertebre
(Dio) les neurépines s'élévent verticalement; elles s'inclinent
ensuite progressivement en arriére.
A la quinziéme vertebre (Ds), la base de Tapopliyse trans-
verso ne s'insére plus sur le pédicule de l'arc neural. Les apo-
physes transversos des premieres dorsales se dirigent en avant
jusqu'a la douziéme vertebre (D5). Elles sont perpendiculaires
au plan sagittal du centre dans D7 et se dirigent en arriére
chez les suivantes.
A la seizieme vertebre (Dg), les zygapophyses antérieures
horizontales dans les vertebres precedentes deviennent presque
verticales et ne sont plus représentées que par deux petites
facettes situées dans l'angle supérieur formé par les métapo-
physes et les ares neuraux. A la dix-septióme vertebre (Dio),
les zygapophyses antérieures et postéricures deviennent tout a
fait rudimentaires et disparaissent dans les suivantes.
— 109 —
Les métopophyses postérieures, qui disparaissenl en méme
lemps que les zygopophyses antérieures, présenlent leur plus
S'rand développement dans la douziéme vertebre (Da). Les mé-
tapophyses antérieures, petites, triangulaires et horizontales
dans Di, sont dans Du tres grandes, rectangulaires et verticales.
L'extrómité libre des apophyses transverses varié naturel-
lement selon la región oü on les observe devant s'articuler avec
des cotes de longueur, de courbure et de poids fort diíférents.
Les apophyses épineuses atteignent leur plus grand déve-
loppement dans la vingt-neuviéme vertebre.
La voúte du trou rachidien, qui était angulaire dans D7
et ogivale dans Du, i-este sensiblement ogivale dans toutes les
vertebres lombaires.
Les centres sont fortement carenes sur leur ligne inédio-
ventrale et présentent, comme les dorsales, une concavité trans-
verse profonde. La plupart d"entre elles, si on Fait abstraction
des épiphyses, sont bi-concaves. Cela provient surtout de ce que
les pédicules des ares neuraux et des apophyses transverses se
dilatent á leur base.
Le volume des centres augmente et les métapophyses dimi-
nuent peu á peu á partir de la 28" vertebre et se redressent
de plus en plus verticalement.
Les vertebres lombaires á examiner avec le plus de fruit
son Li (vertebre 22), Lg et Lu.
Vertebres caudales
Chez le baleinoptére de Miramar, le commencement de la
región caudale s'établit avec la plus grande certitude. La ver-
tebre 35 est encoré carénée á sa partie inférieure et ne pré-
sente en cette región aucune trace de facettes articulaires ou
de saillies. La vertebre 36, au contraire, offre dans sa región
inférieure une gouttiere et deux os en V dont un est sondé avec
le centrum.
Dans les premieres caudales, il y a entre les os en V et
les centres vertébraux interposition des épiphyses; les os en V
correspondent done bien ü n'en pas douter aux espaces inter-
vertébraux.
Pour les derniéres caudales, dont les épiphyses étaient en-
liérement soudées aux centres, le fait n'était point douteux, et il
est intéressant d'en retrouver la confirmation également dans
les premieres caudales.
— lio —
Les centres sont relativement tres volumineux et diminuenl
ti'és lentement. La quarante-neuviéme vertebre (Cu), par exem-
ple, est aussi épaisse que la trente-septiéme (C2). La gouttiére
ventrale et longitudinale qu'ils présentent formée par Tévase-
ment des facettes articulaires antérieure et poslérieure des os
en V est fortement concave.
Jusqu'i'i la quarante-septiéme vertebre, lo facette antérieure
articulaire de l'os en V est plus petite que la facette postérieure;
elle lui devient égale dans la quarante-huitiéme. En méme
temps, l'arc formé par la créte des facettes antérieure et posté-
rieure se rétrécit; les facettes arrivent au contact, se soudent
et Iransforment aussi la concavité en canal. Les centres plus
ou moins discoides jusqu'en 58 ( C23) prennent ensuite une forme
presque cubique. Les derniéres vertebres sont bi-concaves, la
derniére est conique.
La différence de dimensions la plus considerable s'observe
en passant de la cinquante-deuxiéme vertebre a la cinquante-
troisiéme. La transition est si brusque qu'on pourrait méme
croire qu'une vertebre intermédiaire s'est égarée, si je n"étais
sur du conlraire.
La derniére vertebre présente une épipbyse postérieure co-
nique; le centre, interrompu suivant la ligne mediano dorsale
et ventrale, présente sur les cotes un sillón, rudiment du tube
qu'on observe dans les vertebres precedentes correspondant á la
nageoire caudale.
Les épiphyses sont fortement soudées aux centres á partir
de la vertebre 42; de la quarante-quatriéme á la cinquante-buitié-
me, elles lui sont si entiérement unies qu'on n'aperroit méme
plus la suture. De la vertebre 55 ¿i la 64 ou derniére vertebre,
les épipbyses redeviennent distinctes.
Neuréjnnes. — On remarque, en 41 (Ce), a la base des méta-
pophyses, en arriére, et au poinl de jonction des deux ares
neuraux, une apophyse qui persiste jusqu'i'i la quaranleneuviéme
vertebre. Les dimensions des neurépines diminuent tres rapi-
dement. Des la 44" vertebre, cetle apopliyse est plus gréle que
les métapophyses, mais elle reste toujours plus élevée. Dans
Ci9 et C^o- elle n'est plus représentée que par un tubercule.
Les métapophyses se rapprocbent de plus en plus de la ligne
médiane. Elles deviennent rudimentaires en C19 et disparaissent
en C20.
Le canal rachidien est extrémement réduit en Cis; s"enfonce,
et se termine en cul-de-sac en G19. La moelle épiniére, comme
j'ai pu le constater, ne dépasse pas la cinquantiéme vertebre.
— 111 —
Dans le canal rachidien des trois vertebres suivantes. on ne
rencontre que les enveloppes médullaires avec peut-étre un fdum
termínale tres gréle.
Apophyses transverses. — A partir de la vertebre 41, elles se di-
rigent en avant. En V43, elles commencent á s'échancrer ü leur
angle antérieur avec le centrum pour le passagé de Tarlére
spinale. En \'u, le bord antérieur des apophyses transverses.
venant a se souder avec le centrum, il se produit un canal qui
devient ensuite rudimentaire en V50 et disparait á la cinquante-
uniéme vertebre (Cíe).
Os en V. — Les trois premici'es paires sont libres; les qua-
torze suivantes sont soudées á leur extremité inférieure. Puis-
qu'on a convenu de rapporter toujours ees os á la vertebre qui
les precede, nous pouvons diré que c'est ti la quarante-deuxiéme
et a la quarante-troisiéme vertebre que córrespondent les os
en V les plus développés.
Les premiers n'ont que deux facettes articulaires: une cor-
respond au centre de la vertebre antérieure, Fautre au disque
inter-vertébral. En V41, apparait une troisiéme facette qui corres-
pond a la vertebre postérieure. Cette facette se développe de
})lus en plus, mais ne devient véritablement égale á la facette
antérieure que dans le quatorziéme os en V (vertebre 49). Dans
les os en V précédents, elle se i-eliail á la facette intermédiaire
par une partie rétrécie.
Dans les vertebres 50, 51 et 52, les trois facettes qui dans
les os en A' précédents formaient trois surfaces planes, dont la
plus développée de beaucoup était la facette intermédiaire, se
fusionnent et ne forment plus qu'une surface courbe unique.
En V53, les os en V redeviennent libres. En V56 et en V57, ils ne
sont plus representes que par une paire de petits nodules carti-
lagineux. Entre C23 et C24, ees nodules disparaissent a leur tour.
En resume, dans le baleinoptére de Miramar, il y a vingt-
deux paires d'os en \ et si on veut exprimer leur état de li-
berté (L), de soudure (S) ou leur état cartilogineux (C), on peut
employer la formule suivante: 3 L + 14 s -f 3 L -f 2 C = 22.
— 112 —
SYSTÉMATIQUE
D"aprés H.-P. Gervais: «Le.s nombi'eux documents publiés
depuis quelques années par d'éminents cétologistes ont permis
de ramener á cinq les espéce.s vivantes de baleinoptéres et ees
travaux viennent tous confirmer l'opinion émise autrefois par
rillustre collaborateur de nion pére, le professeur Van Beneden,
á savoir que: les baleinoptéres connus fréquentent toutes les
régions du globe, franchissant dans leurs migrations la mer
de feu, pour nous servir de Fexpression du capitaine Maury.»
(Mission Cap Horn, 1891, /. c, p. 4.)
L'examen critique de la valeur des trois espéces qui vin-
rent s'écbouer dans le Rio de la Plata et qui furent décrites par
Burmeister nous aménera peut-étre plus tard á une autre con-
clusión, mais, dans tous les cas, en admettant comme parFaitement
legitimes une ou deux de ees espéces, nous resterons encoré
bien loin des sept genres et des seize espéces décrites par Gray,
le taxonomiste aux exploits faineux.
Toutes les mesures que Ton prend, soit des os, soit des di-
verses parties, n'ont isolément qu'un intérét mediocre, dans Tim-
possibilité oíi on se trouve d'évaluer exactement l'age corres-
pondant des exemplaires dont on dispose. Aussi ne doit-on les
— 113 —
I
étudier que dans les rapporls qu'elles íburnissent ; les propor-
tions du corps restant relativement constantes et ne variant guére
qu'avec les espéces.
Parmi ees rapports, un des plus importants pour la déter-
mination spécifique de baleinoptéres est, je crois, celui qui existe
entre la largeur de la base du rostre, base qu'il faut déterminer
avec le plus grand soin (en prenant par exemple la moyenne
des resultáis obtenus par divers observateurs sur le méme
exemplaire) et la distance inter-pariétale prise immédiatement
en arriére de Textrémité postérieure de la branche montante du
maxillaire supérieur.
Dans le baleinoptére de Miramar, ce rapport égale ^ = 2,24.
Dans les figures supposées exactes de 5. iSe^%e?/ (Atlas Van
Beneden), il égale ~ = 2,50, chez B. boiiaerensis (Atlas Burmeis-
ter), il est de -g ou 2,61; enfin chez B. musculus (Atlas Van
Beneden), il atteint ff ou 3,76.
Pour déterminer ees dimensions, les photographies ordinaires
laissent a désirer par suite de la représentation des plans suc-
cessifs a des échelles diferentes, et de Taccroissement d'erreur
possible dú a la réduction.
— 114 —
La distance qui separe le plan vertical passanl par la base
du rostre, du plan paralléle passant par le bord antérieur des
nasaux, comparée á la longueur de ceux-ci esL également d'une
importance capitale.
Chez le baleinoptére de Miramar la distance entre ees deux
plans esl de 44 cm.; la longueur supérieure des os nasaux étant
de 40 cm. Chez le baleinoptére de Schlegel, múle et adulte, dont
nous possédons un magnifique exemplaire au Musée, elle est
de 14 cm.; la longueur supérieure des nasaux étant de 19 cm.
Chez un exemplaire múle, et relativement jeune, de B. patacho-
nica que j'ai recueilli a Bahia Blanca la distance rostro-nasale
est 20 cm.; les nasaux ont une longueur de 19 cm. Chez £. bo-
naerensis comme chez B. australis, le plan vertical antéro -nasal
est situé en avant du plan basi-rostral au lieu d'étre situé en
arriére de lui ainsi que cela s'observe chez les autres baleinop-
tcres.
A mon avis, les baleinoptéres peuvent se diviser en deux
grands groupes d'aprés le nombre des vertebres, nombre qui
semble varier en réaiité fort peu avec l'áge et qui, dans la pre-
miare división, est de quarante-cinq ú quarante-neuf ; dans la
seconde, de cinquante-cinq á soixante-cinq.
Le rostre, dont la forme genérale peut étre triangulaire ou
ellipsoidale permet d'établir ensuite d'autres subdivisions.
Afín de rendre la systématique des baleinoptéres moins ar-
tiflcielle, il faut teñir compte des formes fossiles dont presque
súrement on ne recueillera jamáis des squelettes entiers et
dont on ignorera sans doute toujours le nombre exact des
vertebres. On doit done chercher les relations des caracteres
précédents avec ceux que peuvent offrir les formes de la caisse
tympanique et de la surface articulaire du mandibulaire, plus
fréquemment conserves.
Le baleinoptére de Miramar appartient au groupe de B. Sib-
baldi. Son rostre est, en effet, franchement ellipsoídal; ses ver-
tebres sont au nombre de soixante-deux; ses fanons sont d'un
beau noir et sa taille considerable. II nous faut done comparer
maintenant de prés les caracteres de ees deux formes et voir
si les particularités du baleinoptére de Miramar sont assez peu
nombreuses et assez peu im|>ortantes pour qu'on puisse le con-
sidérer comme une simple variété de B. Sibbaldi ou bien, au
contraire, s'il vaut mieux lui donner un nouveau nom, au moins
en attendant des documents complémentaires.
Les squelettes qui ont servi á se faire une idee de B. Sib-
baldi sont les suivants:
— Ii5 —
1° Squelelle de Hull, de 14 m. 32, étudié par Gray et nommé
d'abord iiar lui Physalus (Rorqiialus) Sibbaldi (1847) et plus
tard Cuvierius Sibbaldii.
2° Squelette de Utrech (maintenant au British Museum), de
15 m. 23 environ. La tete seule a trois métres. Etudié par
Flower et nommé par lui Physalus latirostris (1864).
3° Squelette jeune de Gothenbourg, étudié par Malm sous le
nom de B. Carolinae (^1867).
4° Squelettes de Buenos-Aires, étudiés par Burmeister sous
le nom de B. intermedia:
Une femelle de 17 m. 80, échouée ú Buenos-Aires le 14
aoút 18G6;
Un mále de 18 m. 30, échoué a Quilmes le 20 avril 1870;
Un müle de 17 m. 80, échoué i\ San Fernando le 20
mai 1882.
5° Squelettes de Loponie, de 23 m. et de 24 m., adultes
d"aprés P. Gervais et étudiés par lui au Muséum d'His-
toire naturelle de Paris.
Un squelette, de 18 métres, recueilli par la «Romanche»
(mars 1883) á Tile Pouchet.
6" Squelette du Musée colonial de Wellinglon (Nouvelle
Zélande), de 21 m. 33.
D'aprés Reinhardt, qui recut a Copenhague une tete de
B. Sibbaldi qui mesurait 5 m. 17 (correspondant a une longueur
totale d"environ 21 m. 33), cet animal est le Steypiredyr des
Islandais et le TunnoUk des Groénlandais.
La longueur totale du baleinoptére de Miramar est de 28
métres 20 et comme l'animal, á en juger par les épiphyses
soit de ses vertebres soit des os des membres, est loin d'étre
adulte, il semble qu'on ne puisse l'assimiler á B. Sibbaldi qui,
d'aprés Gervais, est complétement adulte lorsque sa taille
atteint 23 á 24 métres. A l'état adulte, le baleinoptére femelle
de Miramar doit avoir 29 métres environ de longueur.
Je sais bien qu'on prétend avoir observé á Tétat vivant,
comme á l'état fossile, des races de différentes tailles apparte-
nant á la méme espéce. Le capitaine Jouan dit méme avoir ren-
contré dans Thémisphére austral des gammes de petites mégap-
téres qui n'étaient pas moins tbrmées d'animaux adultes que les
autres gammes formées de grands individus (v. Van Beneden,
Desc. oss. foss., t. VII, p. 5), je crois pourtant qu'en dehors des
difTérences de taille dues au sexe, Fétendue de la varia tion
possible doit étre fort limitée. Des mesures precises d'individus
— 116 —
du méme sexe el véritablement adultes le démonlreront, je crois,
aisément.
Holboll, qui o vécu au Groenland, assigne a B. SihbahU une
longueur de 18 m. 28 a 24 m. 38. C'est, dil-il, le plus grand
baleinoptére qui vit dans ees parages. D"un autre cóté, pour-
tant, comme les baleiniers anglais accordent au Sulfur bottom
une longueur de qualre-vingt-dix pieds ou 27 m. 43 et que cet
animal semble correspondre á B. Sihhaldi, quoique aucun sa-
vant n'ait encoré, je crois, constaté directement de pareilles di-
mensions, on ne peut pas, ce me semble, se baser jusqu'á présent
sur la laille seule, la différence atleindrait-elle cinq ou six mé-
tres, pour établir une espéce nouvelle.
D'aprés la diagnose donnée par Van Beneden et Gervais, la
peau de B. Sibbaldi serait d"un brun foncé tirant sur le vert, et,
d'aprés Malm, on remarquerait chez cet animal une trentaine
de poils places sur un espace circulaire autour du mentón.
La peau de la gorge chez le Sulfur bottom ou Silverhottum des
baleiniers américains du Pacifique nord, comme chez le balei-
noptére de rOcéan Austral connu sous le méme nom, présente
des reflets argentes.
Le dos du baleinoptére de Miramar, dans toute sa partie
visible, les deux cotes de la nageoire cándale et toutes les par-
ties supérieures et antérieures des pectorales étaient d'un tres
beau noir uniforme comme les fanons et leurs soies. La face
ventrale était grise et le dessous de la gorge noiratre et non
argenté. L'animal s'éloignait de B. intermedia, representé par
Burmeister, par l'absence de toute marbrure; enfin, la ¡leau du
mentón, pourtant bien intacte, ne présentait aucune trace de
poils. II est vrai que ceux-ci n"existent peut-élre que chez les
males ou chez les individus tres jeunes.
Chez B. Sibbaldi, ce n'est qu'en comparant tres attentivement
la caisse tympanique avec celle des autres baleinoptéres, quon
peut Ten distinguer (Van Beneden). P.-H. Gervais dil, au con-
traire «que Tappareil auditif difiere de celui des autres espéces
du genre baleinoptére par la forme caractérislique de sa caisse
tympanique que nous avons figurée» (Mission du cap Horn, 1. c,
pl. 2, fig. 8, 9 el 10). Qui faut-il croire? Si on compare les figures
indiquées dans le travail de Gervais avec les os tympaniques
des autres baleinoptéres, on voit que les différences dépassent
a peine l'étendue des variations individuelles. 11 faudrail avoir
du reste les piéces originales entre les mains afin de pouvoir
conclure avec exactitude, car les dessins presentes ne sont pas
précisément tres neis.
— 117 —
Chez le baleinoptére de Miramar, la caisse audilive, au lieu
d'étre ovoide comme chez B. rostrata ou ellipso'ide coinme chez
B. muscidus ou chez B. Sibbaldi, a la forme absolument typique
d'une navetle ou d'une petile nacelle. II se rapproche un peu
de celui de B.Schlegeli (v. Anat. comp., pl. III, fig. 9 et 10). Mais
la forme du rostre, celie de Toccipital, le tres grand dévelop-
pement de l'apophyse coronoíde, etc., etc., ne permettent oucun
rapprochement entre ees deux ty})es si différents sous tous les
autres rapporís.
H.-P. Gervais sígnale, en outre de la for-me ellipsoidale du
rostre, deux caracteres particuliers de la tete de B. ¿sibbaldi, au
moins cliez l'exemplaire recueilli au Cap Horn.
«Les palatins j)résentent une forme caractéristique: ils sont
ti'és longs, tres larges et tres aplatis» (voir p. 18: long. =lm.,
la plus grande largeur = O m. 42).
Pour ma part, je ne vois lá ríen de bien surprenant; ees os
sont siniplenient en rapport avec les dimensions plus conside-
rables de la tete. Lorsqu'on veut baser un caractére sur une
longueur, il faudrait spécifíer une proportion ou indiquer au
moins entre quels points exacts la distance a été mesurée. Cette
nécessité est encoré beaucoup plus grande si on parle de la
longueur d'un os courbe et de contour irrégulier.
Quelques ligues avant, H.-P. Gervais dit encoré: «La forme
des nasaux est tellement caractéristique qu'ils suffiraient a la
détermination d'un sujet de cette espéce... Le bord interne,
beaucoup plus relevé que le bord externe, forme, avec celui du
cote opposé, une crcte longitudinale médiane saillante, tout á
fait caractéristique.» Cette prétendue particularité se retrouve
chez B. musculus, et les six exemplaires de B. patachonica que
nous possédons au Musée de La Plata la présentent également.
Chez le baleinoptére de Miramar, cette créte existe aussi, mai>;
elle est peu accentuée. On la retrouve également cliez B. Schlegeli.
Chez les squelettes de Hull et du Brilish Museum, la colonne
vertébrale de B. Sibbaldi rent'evme soixante-quatre vertebres que
Fon s'accordait á classer de la sorte:
7 + 16 + 1.^ -f 26 = 6'x
D'aprés H.-P. Gervais, on aurait rapporté ¿i tort deux cau-
dales aux vertebres lombaires et la formule exacte serait:
7 -f 16 + l:-i + 28 = fi'i
Dans Texemplaire de Tile Pouchet, il y aurait meme une ou
deux caudales de plus; on arriverait done au total de soixante-
cinq ou soixante-six vertebres.
— 118 —
Burmeister, examinunt B. intermedia, avait d'aboi-d proposé
la formule
7 + 15 + 10 + 20 = 64
dans sa «Descriplion physique», page 546. Plus tard, dans le
supplément du lexte de son atlas, il a indiqué
7 -I- 15 + 16 + -27 = 65
quoique, dans la planclie III, il continué á n'indiquei' que
soixante-quatre vertebres.
Dans le baleinoptére de Miramar, dont j'ai desarticulé moi-
méme la colonne vertébrale toul entiére, on compte soixante-
quatre vertebres:
7 + 14 + 14 + 20 = 64
Chez B. Sibbaldi, on u'a jamáis signalé, je crois, la présence
d'une cote cervicale supplémentaire; par suite la limite de va-
riation possible des vertebres thoraciques se réduit á l'unité et
si on peut admettre (\\xe B. intermedia est une varíete de B. Sib-
baldi dont la seiziéme vertebre dorsale a perdu sa cote corres-
pondante, comme cela a lieu dans le squelette de Gothenbourg,
il est beaucoup plus difficile de Tadmettre pour le baleinoptére
de Miramar qui aurait dü en perdre deux. En outre, en ad-
mettant cette supposition, cet animal n'aurait en réalité que
douze lombaires véritables; il en manquerait done trois si on
accepte comme nórmale la formule reproduite par \'an Bene-
den et Gervais.
Chez B. Sibbaldi on compte dix-neuf paires d'os en V; chez
le baleinoptére de Miramar, il en existe vingt-deux.
Chez B. Sibbaldi, le radius a le double de la largeur du cu-
bitus (Van Beneden et Gervais, page 215). Chez le baleinoptére
de Miramar, la différence est tres faible: 0,22 — 0,19 = 0,03.
Chez B. Sibbaldi (Van Beneden et Gervais, H.-P. Gervais), les
os du procarpe sont au nombre de trois comme chez B. inter-
media et les autres baleinoptéres; chez le baleinoptére de Mi-
ramar, le procarpe droit présente quatre os, le procarpe gauche
cinq.
Chez B. Sibbaldi du British Museum, le nombre des phalan-
ges est de 4 — 5 — 5 — 3; chez le baleinoptére de Miramar, ce
nombre est de 4 — 8^7 — 4, sans compler bien entendu les
métacarpiens.
Chez B. Sibbaldi, la sixiéme et la septiéme cote sont les plus
longues (Van Beneden et Gervais); chez le baleinoptére de Mi-
ramar, c'est la quatriéme qui est la plus longue.
— 119 —
Chez B. Sihbaldi, Taxis seul a ses apophyses ti-ansverses
réunies en cercle á l';"ige adulte (Van Beneden el Gervais); che/,
le baleinoptére de Miramai- qui n"est pas encoré adulte, non
seulement l'axis mais encoré les Irois cervicales suivantes pré-
sentent un anneau complet avec un tres léger relard dans la
súudure des deux apophyses gauches de la troisiéme cervicale.
Je n'insiste point sur bien d'autres diíTérences qu'on pourra
relever facilement du reste entre B. Sibhaldi et le baleinoptére
de Miramar, soit en parcourant le texte, soit en examinant les
planches. Je rappeilerai seulement la forme et le tres grand dé-
veloppement du slernum comme aussi son ossification presque
complete contrastant avec Tossification imparfaite des autres os.
Je crois que Fensemble de tous ees caracteres est tel qu'on
ne saurait Texpüquer par de simples variations sexuelles ou
individuelles; d'un autre cote, ¡1 me repugne d'établir une es-
péce d'aprés un exemplaire unique quoique complet. Aussi je
me contenterai de lui donner le nom provisoire de B. Miramaris
en attendant que la rencontre de nouveaux individus permette
une aftirmation catégorique ou bien nous conduise á les rat-
tacher quand méme á B. Sibbaldi.
La largeur ou grand diamétre de la nageoire cándale du
baleinoptére de Miramar était de 3 métres; sa longueur, depuis
sa naissance jusqu'a Féchancrure médiane postérieure, mesu-
rait 1 m. 20 cm. La nageoire renfermait les onze derniéres ver-
tebres caudales.
A titre de renseignement complémentaire, j'indique dans
le tablean suivant le poids moyen des épiphyses de quelques
vertebres :
La longueur du bord anlérieur des nageoires pectorales
était de 3 m. 80cm. (La distance rectiligne de leur origine a
leur pointe: 3 m. 40 cm.). Leur largeur máxima était de 1 métre.
La distance de l'échancrure caudale á Tanas était de 8 me-
tros. La fente anale avait une longueur de O m. 63 et O m. 33 la
— 120 —
séparait, en avant, de l'origine des plis posléneurs de la vulve.
La longueui' de ees plis était de Om. 30; celle de la vulve elle-
méme de O m. 50 et la longueur des plis clitoridiens de O m.42.
Les fentes des mamelles mesuraient seulement O m. 10 de long
et se ti'ouvaient situées de chaqué C(Jté et un peu en arriére
de roritice vulvaire ü une distance de O m. 25 seulement. Comme
chez les auti-es baleinoptéres, les replis de la gorge et de la
poitrine alteignaient rombilic situé a 1 m. 70 en avant de l'ori-
gine antéi'ieure des plis clitoridiens.
Des l'abricants de savon de Buenos -Ayres avaient offert
d'acheter la graisse de cette baleine á 4 fr. les 10 kilos.
Les habitants de Miramar n'osorent s'aventurer dans une
opéralion si nouvelle pour eux et rendue aléatoire á la f'ois par
le manque de combustible (on ne posséde guéres en cet endroit
comme moyen de chauñ'age que du crottin de mouton) et par
les fi'ais eleves de transport.
Muscc de La Plata, Ic 2 7 dcccmbrc 1897.
EXPLICATION DES PLANCHES
Plíiiicbe I, fig. 1. — Etiit du baleinoiitére de Miramar á mon arrivtje et au ino-
moment des plus basses eaux.
» flg. 2. — Vue antérieure. — Le dessous du mentón.
» ñg. 3. — Le baleinoptére au moment de Fenlévement d'un os raan-
dibulaire.
» II. — Profll de la tete.
» III. — La tete. — Vue antérieure.
» IV. — La tete. — Vue postérieure.
» V. — La tote. — Vue supérieure.
» VI. — Le niandibulaire. — Le jugal et le lacrymal.
» VIL— Os nasaux. — Sections du cráne. — Fanons. — Sternum. — Os
pelviens.
» VIII. — Caisse tympanique. — Moulage de la cavité encéphalique.
» IX. — Les cotes. — L'omoplate. — L'appareil hyoidien.
)i X. — Les membres. — Vertebres caudales. — Os en V.
» XI. — Les vertebres cervicales, dorsales et lombaires.
Rev. del Museo de La Plata — Tome IX.
F. Lahille— CETACES — Pl
lAI.I.t:klí> IIKI. MUSKU
BaLvnoptera M/rama/is. i.ah.
Rev. del Museo de La Plata— Ponie l.\.
F. Lahillc — CETACES — í>l. II
TALLfcKIíS DEL MUSEO
Fig. 4. Tele vuc en dessus el en arricrc.
» 5. » vuc panoramiquc.
» 6 . » vue lie profil.
Rev. del Museo de La Plata — Tomil- IX.
F. Lahille -^ CÉTACÉS — l'l . U I .
ÍAI.LKRKS UKl. MtShC"
Fi^. 7. Vuc aniéricurc de la tete.
^^ H. Apparcil hyoidien, face intericurc.
» I) , » « protil
Rev. del Museo de La Plata — Tome IX.
F. Lahille — CETACES — Pl. 1\
Fifí. Id. Tete vue en dcssus el en avant.
» II. « vuc en arricrc ct en dcssus.
■*> 12. -Membre antcrieur üauche.
o c
Rev. del Museo de La Plata —Tome IX-
F. LahiUe — CETACES — Pl. VII.
TAM.KKF^ IM-I- Ml'SKO
Kig. 20, Tete, section transvcrsalc.
» 21.» « longiiudinale
^> 22. Sicrnum, lace antcricurc.
■•'• 2 3 . Os thyroVdien.
Kig. 24. Nasaux. vue postcro-inlcneurc.
V» 25. Nasal Jroii. face latcralc cMernc.
V» 2ñ. Fanons.
V. 27 líumcrus droít, face exicrriL'.
Rev. del Museo de La Plata — Tome IX.
F. Lahille — CÉTACÉS — Pl. \'I11.
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30
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k.
I Al,[ l-Kl-s DF-.l ,\íl. -^I'O
Fig. 28-3 I. Caisse tympanique.
» 3 2-3 5. Moulage de la cavité enccphalique.
» 32. Vue de profil. Fig. 34. Vuc en arrierc.
» 3 3. ■« en dcssus. "> 3 5. ^^ en avani.
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Rev. del Musíü de ba Plata — Tome IX
F. Lahille — CETACES — Pl. X.
Fig. 40. Les huit premieres vertebres, vue anlcrieuro.
» 41. Les dix-huii premiers <>s en V. proiil
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antropología y craneologia
CONFERENCIA
dada en la sección antropológica del primer Congreso Cientilíco Latino-Americano
(Buenos Aires, 10-20 de Abril de 1898)
ROBERT LEHMANN-NITSCHE
DOCTOR EN CIENCEAS NATURALES
DOCTOR EN MEDICINA
ENCARGADO DE lA SECCIÓN ANTROPOLÓGICA DEL MUSEO DE LA PLATA
Tomo IX
ANTROPOLOGÍA Y CRANEOLOGÍA
CONFERENCIA
dada en la sección antropológica del primer Congreso Científico Latino-Americano
(Buenos Aires, 10-20 de Abril de 1898)
POR
ROBERT LEHMAN N-NITSCHE
DOCTOR EN CIENCIAS NATURALES
DOCTOR EN MEDICINA
ENCARGADO DE LA SECCIÓN ANTROPOLÓGICA DEL .MUSEO DE LA PLATA
Introducción. — El estudio de los pueblos indígenas muy urgente. — Definición del termino antro-
pología.— Sus dos tendencias: zoológica y antropológica. — Las mismas de la craneología,
subdivisión de la antropología.
Señores:
El motivo de mi conferencia sera de haijlar sobre la Antro-
pología genera!, con especialidad a la craneología y tratar in-
cidentalmente sus relaciones con la geografía y la lingüística.
Advierto de antemano que los pueblos naturales precisan
ante todo un estudio antropológico. Los problemas que susci-
taría un estudio de los pueblos inmigrados, establecidos, razas
ya arraigadas, serían de una solución muy delicada y difícil;
nos abstenemos, pues, por ahora, de ocuparnos de ellos. Tam-
poco nos atrevemos á penetrar en el estudio de esa misma raza
criolla mestiza, cuyo carácter de origen tan diverso, tiene
tanto de común y de uniforme como de extraordinariamente
complicado en sus múltiples tendencias, y cuya formación cli-
matológica y geográfica no se ha estudiado todavía. Además
estas cuestiones no son de suma urgencia, gracias al material
que nos queda. Todo lo contrario sucede con nuestras tribus
indígenas sud-americanas; aquí sí, hay que apresurarse y salvar
lo que aún existe para poder fijar los caracteres de todas ellas
destinadas á desaparecer; y, con este material irreparable, po-
ner en conocimiento de la posteridad las formas variadas del
cuerpo liumano, el desarrollo gradual y las innumerables ma-
nifestaciones de su espíritu. Esta es la tarea que moral y cien-
— 124 —
tíficamente !a antropología sud-americana debería seguir: tarea
ardua con la escasez del material destruido por la pseudo-civi-
lizacion, la cultura de la roza blanca; por su colonización y
sus misiones; por sus religiones y sus fanatismos: enemigos
de toda etnografía, de toda antropología.
Desde luego: ¿Qué es lo que se llama antropología? He aquí
una pregunta en que insistimos ante todo.
Es notorio que en contradicción á las demás ciencias que
se ocupan puramente del individuo, la antropología aplica su
doctrina á la naturaleza corporal é intectual del género humano:
se extiende, pues, á la formación física ó somática, es decir
del cuerpo, y á la formación étnica que comprende la acción
social y la aparición intelectual del género humano {').
Mientras la última encierra muchas y variadas disciplinas
como la etnografía, la etnología, la arqueología, la prehistoria,
la lingüística, etc., que, á su vez, forman otras tantas ciencias
independientes, la primera, la antropología física, forma la an-
tropología propiamente dicha, cuyas generalidades se dividen
en las dos distintas tendencias, con las cuales la antropología
general se hace el deber de estudiar la natui-aleza moral \
material del género humano.
Estas dos tendencias principales son:
1* Comparar la posición del hombre en el mundo orgánico
con los animales;
2* Comparar mutuamente los individuos del género humano
entre sí.
Guardemos, pues, estas dos tendencias separándolas riguro-
samente. Servirán de hilo conductor al mejor entendimiento
de lo que sigue y darán una idea de lo que pretende la antro-
pología.
Pero, ¿qué es lo que estudia la antropología física en las
particularidades del cuerpo?
Como ciencia comparativa, tratará de descubrir toda seme-
janza y toda diferencia que permita una útil comparación.
Para estudiar, en primer lugar, la posición del hombre con
relación al reino animal, se ocupa especialmente de lo que lo
distingue de éste, contrariamente á la zoología que se apoya en
afinidades.
O La extensión del término antropología es variada; Brinton en Norte
América le da mayor amplitud; en Europa forma parto de un grupo de cien-
cias nacidas de ella. Véase Emil Schmidt: «Das Syslem der aiilhropolo-
(/ischen Disciplinen') , en «Centralblatt fíir Anthropologie» , publicado por
Buschan, 2° año, 1897. — Entrega 2.
— 125 —
Aunque el hombi'e esté incluso en el mundo orgánico v no
lome por sus formas una posición excepcional, se destaca sin
embargo de los animales por algo dominante. Este algo es el
cerebro: un órgano cuyo desarrollo en volumen y en calidad
jione á su dueño en grandísimo contraste con los demás seres
del mundo orgánico, contraste en que el antropólogo tunda
una separación entre el hombre y los animales vertebrados.
Este abismo entre hombre y animal es tan gi-ande que se
opone abiertamente á las afinidades que se quiere dar al hom-
bre con los animales superiores, tales como los monos antro-
[>oides en los que la zoología encuentra su argumento jn-incipal.
Según opinión de los antropólogos no existe una raza hu-
mana parecida á los animales, razón por la cual pasamos al
estudio del segundo objeto de la antropología física; es decir
.'i la doctrino de las razas, á la comparación de los individuos
entre sí.
Cierto es que el género humano se compone de varios gru-
pos que demuestran entre sí algunas diferencias, aunque mi-
nísimas en comparación de ia multiformidad que presenta el
reino animal.
Estas diferencias relativamente reducidas no influyen en la
opinión de los antropólogos que admiten la existencia de una
especie humana única que se divide en «razas», en «variedades»,
(en el sentido comprendido por las ciencias naturales); porque,
precisamente, las formas de esas diversas razas tienen entre
sí la mayor analogía.
Para estudiar en seguida esas «razas» y compararlas mutua-
mente, se debe insistir (solamente con este tin y en este sentido),
sobre sus diferencias. Estas consisten á veces en el tamaño y
en las proporciones de los miembros del cuerpo, en el olor V)
([ue exhala este último; se las encuentra en los sistemas mus-
cular, nervioso y óseo, especialmente en el cráneo y en la den-
tición; pero ante todo y esencialmente se hace notar en la
pigmentación, así como en el tinte de la piel y de los ojos y
en el color y demás cualidades de los cabellos; finalmente, en
la fisonomía, ó mejor dicho, en el tipo de la cara.
Es muy natural que para la descripción característica de
un individuo ó de una raza hay que tomar en consideración
todo el conjunto de estos signos; sin embargo, los signos enu-
(') Sé muy bien ipie el olor del cuerpo no se ha contado entre los signos
característicos de una raza; pero existe, no se puede negar, en todas las ra-
zas, aunque no sea siempre de un modo muy sensible ; se encuentra también
en las sub-razas. Pero, desde luego, es imposible caracterizarlo por descrip-
ción ó comparación.
— 126 —
merados como los más importantes, revelan, en realidad, las
más notables diferencias; los demás signos no tienen tanta va-
riación, y son, por consiguiente, menos necesarios para una
clasificación.
Todo esto sería muy precioso tratándose de personas vivas;
pero de los pueblos anteriores, desaparecidos, ¿qué es lo que
nos queda?.... El sistema óseo, nuda más. Y, sobre ballazgos
en esqueletos, se basan entonces los dos problemas principales
de la antropología. El esqueleto debe reemplazar, si posible es.
todas las particularidades que caracterizan á un viviente; en
él también descubrimos propiedades y cualidades para compa-
rarlas no solamente con el esqueleto animal, sino también con
otros esqueletos humanos.
Es aquí donde tiene la superioridad el cráneo: parte princi-
pal del esqueleto.
Conocido es que el cráneo se compone de dos partes más
ó menos independientes: la parte de la cara y la del cerebro.
La primera influye en la fisonomía: uno de los caracteres más
salientes del cuerpo en vida. La segunda es la parte predomi-
nante, la cápsula que abriga el órgano principal del cuerpo int-
inano, cuya función transforma el hombre en hombre y que
caracteriza al instante el hombre como tal.
La craneología no se ha apartado hasta aquí de tratar las
dos cuestiones indicadas.
Veamos ahora con qué autoridad lo ha conseguido y sobre
lodo lo que podrá conseguii'.
La craneología :i00tógica (comparación del cráneo animal con el del hombre). — La capacidad del
cráneo. — La frente fuyentc. — Otras « teromorfias » . — Conclusiones: La separación entre
hombre y animal. — La craneología á la altura de su misión.
Tratemos, en primer lugar, de la craneología zoológica: es
decir de la comparación del cráneo del animal con el del
hombre.
Como lo hemos demostrado, el cráneo encierra la ]>arte
fundamental del cuerpo: el cerebro.
El desarrollo del cráneo depende casi directamente del des-
nrrollo del cerebro; su forma es, por consiguiente, el molde, la
expresión del cerebro; y donde éste ha desaparecido, para el es-
tudio lo reemplaza ventajosamente aquél. Así es que la craneolo-
gía se refiere tanto al estudio del cerebro como á su desarrollo.
— 127 —
Y ¿cómo manifiesta el cerebro una diferencia tan })alpable
•entre hombres y animales? Por su excesivo tamaño tanto abso-
luto como relativo al tamaño del cuerpo; lo que produce así
un cambio considerable en la estructura de todo el organismo,
<'omo, por ejemplo, la marcha vertical; y lo que constituye
principalmente la capacidad psíquica, característica al hombre.
Mientras el tamaño del cerebro, en proporción al peso del
<-uerpo, ofrece en los animales vertebrados diferencias relativa-
mente pocas, este tamaño se eleva súbitamente en los hom-
bres á un grado muy alto y llega á ser verdaderamente exce-
sivo en comparación al de los animales vertebrados.
La ilusión solamente ha hecho encontrar grupos de pueblos
y aún razas enteras que, por la pequenez de su cerebro, se
asimilaran á los animales.
«Los exploradores modernos de la antropología física, los
etnólogos y arqueólogos», dice Virchow ('), «han contado casi
exclusivamente con la esperanza de encontrar una escala gra-
dual de un grupo humano inferior ú uno superior y, mas aún.
con la idea de que los grupos inferiores de la actualidad cor-
respondieran á los más antiguos de los tiempos pasados.»
«También la opinión se ha generalizado de que las tribus
humanas inferiores se aproximaran á las especies de mamífe-
ros superiores por una heredicidad legítima directa, por una
evolución sucesiva trazada en una corriente continua tras la
naturaleza orgánica. Tan equívocas son estas doctrinas como
inseguras sus bases.»
Y, efectivamente, nunca se ha descubierto grupo alguno ó
raza que tenga el cerebro especialmente pequeño ó una capa-
cidad craneal especialmente chica que indicara la pequenez del
cerebro. Fluctuaciones en la capacidad del cráneo se producen
por otro factor, como, por ejemplo, por la desigualdad en la
estatura del cuerpo y la variedad individual ; esta última puede
ser considerable, no pasando, sin embargo, nunca de un cierto
límite inferior, sin que la función del cerebro sea perturbada.
El grado más bajo de la variación individual humana se le-
vanta de un modo extraordinario sobre el grado individual
))HÍs alto del animal, aunque se elimina el factor de que el ta-
maño del cerebro depende del peso del cuerpo.
La capacidad del cráneo demostrando puramente el tamaño
del cerebro no da ningún motivo para hablar de razas ó pue-
blos inferiores, ni lo dan tampoco las particularidades que
derivan del desarrollo del cráneo cerebral.
(^) Citado por Ranke: Der Mensch, 2* edición, 1894, t. II, p. 206.
— 128 —
Entre estas particularidades se comprende, anle todo, lo que
llamaremos una frente fuyente (froni fuijant).
Como consecuencia de su desarrollo abovedado, el cerebro
aumentó no solamente en tamaño absoluto, como lo hemos in-
dicado, sino que se arqueó también tanto por atrás como por
delante; así que, como primera consecuencia, el foramen occi-
pital en su dirección hacia atrás, avanza hacia ahajo, como
también la parte frontal del cerebro se aboveda más hacia
arriba y hacia adelante.
En general, todas las diferencias caracterislicas entre el
cráneo del animal y el del hombre, como las explica la cra-
neoscopia (el examen de los signos exteriores), deben conside-
rarse por signos esencialmente producidos por el desarrollo
del cerebro, como las ha reunido von Tórok (') en su modo
tan inteligible.
"\'olviendo, pues, sobre los dos signos indicados, un foramen
occipital dirigido hacia abajo y una frente derecha (vertical) se-
rían particularidades linmanas del cráneo, sin tener natural-
mente una analogía recíproca muy pronunciada. La posición
del primero (ángulo de Daubenton) es expuesta á variaciones
relativamente pocas que no se constatan en el viviente. Una
depresión de la frente hacia atrás, es decir, una detención de
su desai-i-ollo, sería, pues, un signo muy probable de seme-
janza con el animal.... Y, en efecto, tales cráneos existen!
Tendríamos, pues, aquí, la formación de una estructura
formalmente parecida á la de un animal, una teromorfía en el
sentido genético.
Como prueba, nos ofrecen el famoso cráneo humano encon-
trado en el valle de Neander, que, en Europa, representa uno
de los cráneos más remotos de la época diluviana (hecho que,
no obstante, no se ha confirmado, faltando informes tidedignos
de su extracción).
Este cráneo, por su frente fuyente, debía ser muy parecido
al de los monos; sí, justamente, pertenecer á un hombre-mono.
Pero, señores, no hay tal cosa!
La impresión de una frente fuyente en un cráneo se recibe
ante todo por un error de óptica y depende del modo como el
cráneo sea presentado á la vista.
De este antiguo casco fósil un.i parte de cápsula solamente
está conservada. Así que, si se lo coloca en una tabla horizon-
tal, una mesa por ejemplo, se obtiene la visión de una frente
O Von Torók: Ueher einige churaclerislIscheUnterschiede zivischen Men-
'■hen- and Tierschadel. «Centralblatt für Anthropologie», I, 1896, entrega 3.
— 129 —
fuyeatc; exactamente el mismo efecto se ol)tiene colocando una
porte análoga de un ci'áneo cual(|uiera completamente des-
arrollado.
Con uno buena orientación, dicho frente parecería menos
fuyente; aunque hay cráneos bien colocados que, normalmente,
presentan una forma fuyente.
Más, esta particularidad pertenece también á lo categoría de
las variaciones individuales, fijadas aun por descendencia en al-
gunos grupos.
Sí, señores; yo mismo llevo una frente algo fuyente y pro-
testaría enérgicamente de todo vínculo que se me atribuyese
con los monos.
Una gran parte de los habitantes del nordoeste de Alemania,
los Frisos, son, según e.xámen clásico del doctor Virchow,
camaecéfalos (es decir, de cráneo chato) con frente fuyente.
La forma de aquel cráneo del valle de Neander existe enton-
ces hoy todavía entre los Frisos; aunque á nadie se le puede
ocurrir asimilar un Friso á un mono; pero su cráneo, sí, lo
califican como tal: un hecho que se explica nuevamente por
un error de óptica.... en el cráneo la frente parece más fuyente
que en la cabeza del viviente.
Cráneos de personas con frente fuyente son igualmente bien
desarrollados y no denotan ningún volumen menor que los
completamente «normales».
'o^
Siento no poder extenderme más en los puntos especiales
llamados semejanzas animales ó teromorfías del cráneo. Estas
son solamente, á mi juicio, productos de iguales condiciones
biológicas, independientes de una conexión genética, como se
manifiestan lógica y legítimamente en cada organismo sea ani-
mal sea humano, cuando éste está exjjueslo á las mismas con-
diciones de desarrollo y de existencia. Las leyes que forman
organismos son inmutables, y no está en mí poder reconocer
una conexión genética (por via de consanguinidad) de esas for-
maciones teromórficas.
Llego, pues, á la conclusión que la craneología, como doc-
trina zoológica comparativa, está á la altura de su misión y
cumplirá con la ardua tarea que se ha propuesto. Sacará,
aunque sin detalles, deducciones del punto culminante de la
cuestión: del tamaño absoluto y relativo del cerebro.
130
II
La craneologia antropológica (comparación de los individuos entre sí). — Definición de la raza,
sub-raza, pueblo. — La misión de la antropología: el estudio de la raza en primer lugar.
— Para ello es indispensable el indicio físico, geográfico y lingüístico. — La antropología
estudia el indicio físico, que se compone del tipo de la rfl^ti y del tipo biológico. — Misión
de la antropología: estudio del tipo de la raza.
La craneología de Blumenbach, Retzius, etc., y de Sergi. — Sus dos errores: representación in-
suficiente del cráneo, traspaso de los indicios biológicos á los de la raza. — Dos ejemplos:
Wilser y Sergi en absoluta contradicción. — Conclusión: la importancia secundaria de la
craneología antropológica.
La solución de la primera cue.stion (comparación con los
iinimales) era primitivamente estraña á la craneología propia-
mente dicha y ha progresado con el desarrollo de la antropo-
logía, joven ciencia fundada por J. F. Blumenbach. Kste aplicó
la craneología como elemento importante en la determinación
de los caracteres anatómicos de las razas humanas; y fué ese
el destino primitivo de la craneología con que llegó á una ex-
pansión imprevista, al universal aprecio.
Vamos á ver ahora qué autoridad posee pora examinar la
segunda cuestión principal, la de comparación mutua de los
individuos del género humano.
Para eso, es menester en primer lugar, discutir las ideas
fundamentales que tengan relación con los individuos que
componen la humanidad.
Damos en seguida, literalmente si posible es, conservando
sin embargo nuestro criterio i)ersonal, las definiciones y acla-
raciones que nos dá Ehrenreich (') en una lujosa publicación
que acaba de aparecer, obra de sólidas y duraderas bases que
contiene los últimos de.scubrimientos hechos en la ciencia an-
tropológica.
En el conjunto de la humanidad, que forma, sin duda al-
guna , iDia especie en el sentido científico, resaltan grandes
grupos que primeramente denotan ciertas semejanzas corpora-
les y recíprocas de sus individuos; grupos que por estos mis-
mos signos corporales se apartan los unos de los otros.
Estos grandes grupos principales forman las raxas.
«De la multitud de los individuos con sus innumerables
variaciones», dice Ehrenreich (I. c, p. 8), «entresacamos grupos
que presentan pocas diferencias entre sí y cuyos individuos
(■) Ehrenreich: AnUiropoloyische Stadien íiOer die Urbewolmer B)-asi-
liens. Braiinschweig, Vieweg. 1897.
— 131 —
se identifican por la igualdad de sus miembros. Separamos y
agrupamos hasta llegar al material inmenso que no se puede
subordinar más; tenemos así los raías fijas, es decir, las for-
mas principales del género humano.»
Para ir ganando terreno debemos atenernos á los hechos,
como se nos presentan á la vista y contar con los hechos que
jtos ofrece la naturalexa. Es muy natural qtie para guiarnos debe-
mos considerar momentáneamente estos hechos como inmutables;
solamente así podemos orientarnos, disponiendo y arreglando
el material actualmente inmutable. Así debemos también con-
siderar MOMENTÁNEAMENTE y al objeto de una clasificación las
razas humanas como constantes, como apariencias rigurosa-
mente separadas.
Poco nos importa por ahora el origen de las razas que cono-
cemos sólo imperfectamente. Y, ¿cómo podríamos, sin bases
fundamentales, plantear esta cuestión?
Estos grandes grupos que representan razas, son «varieda-
des» (en el sentido natural científico) de la especie «Homo»;
existen positivamente y son verdaderas realidades; no los crea
nuestra fantasía en su manía de sistematizar. Son principios
fundamentales: nuestro punto de partida.
«La raza principal», dice I'^hrenreich (I. c, p. 31), «existe a
priori; su principio es puramente zoológico; se afirma en algo
completo, preciso, y apto á caracterizarse anatómicamente.»
Además de los signos corporales somáticos, evidentes á
primera vista, dicha clasificación natural en razas depende de
dos indicios más: del espiritual ó lingííístico y del geográfico.
Ciertamente se determina una raza primeramente por lo
físico; y cuando se oye hablar de raza, uno comprende ante
todo las particularidades exteriores; es decir el indicio somático.
Algún origen tendrá el nombre del niño, cuya filiación se de-
duce involuntariamente de los signos particulares del cuerpo,
de indicios ,-.ooló¡iicos.
Este procedimiento de determinar las razas es legitimado por
las ciencias naturales que examinan puramente el objeto como
tal, tomando en consideración solamente después las demás
circunstancias; por consiguiente, el indicio étnico ó lingüís-
tico viene, por su importancia, precisamente en segundo lugar.
Resumiendo podemos precisar:
«El género humano está compuesto en su totalidad de algu-
nas pocas formas somáticas ó razas, que corresponden á una
ramificación geográfica y lingüística, es decir etnológica » (Ehren-
reich, 1. c, p. 21.)
Nos ocuparemos después de este punto.
— 132 —
Si insistimos más en las particularidades exteriores de esas
razas, obtenemos sub-grupos, sub-ra\as, también en el sentido
puramente zoológico.
«Sub-razas son», dice Ehrenreich (1. c, p. 29), «razas en un
sentido más íntimo, son tipos de la misma clase, cuya con-
sanguinidad es demostrable; pero siempre liay que tener pre-
sente que son subordinadas á las grandes razas principales de
categoría superior. Comunmente aplicamos el término de sub-
raza á mayores complexos de igual consanguinidad ó paren-
tesco.»
Si observamos los indicios intelectuales ó étnicos, obtene-
mos, inclusos en las razas, grupos étnicos, lingüísticos; es
decir, pueblos.
«Pueblos eran pi'imitivamente comunidades (') de un mismo
origen, de igual idioma, inclusos siempre en una i-aza», porque
«ningún pueblo pudo pertenecer primitivamente á dos razas.»
(Ebrenreich, 1. c, p. 26, resp. F. Müller según Ebrenreich, ibid.)
Y, admitido esto, ¿qué relaciones tienen entre sí las sub-
razas y los pueblos en una misma raza?
«Los pueblos, caracterizados por su idioma, y los grupos
de pueblos, caracterizados por su afinidad lingüística, forma-
rán solamente entonces sub-razas cuando los rasgos corporales
sean comunmente iguales.»
«La conexión del idioma es indispensable para determinar
una sub-raza; sin ella no se puede admitir con más ó menos
verosimilidad su parentesco consanguíneo.»
"La semejanza puramente corporal de mucbos pueblos no
probaría su parentesco; aún más, las mayores semejanzas de
carácter físico de dos pueblos no procurarían pi'ueba positiva
alguna de parentesco, mientras que la analogía de los idiomas
daría un testimonio casi verídico.» (Ebrenreicli resp. Waitz,
1. c, p. 30.)
Así que para la división de una raza en sub-razas son indis-
pensables tanto los indicios lingüísticos como los físicos; pero,
sin embargo, en algunos casos, estos últimos vienen en primer
lugar.
Por ejemplo, las razas americana y mongólica, no obstante
una cierta semejanza de sus particularidades físicas, deben
(') Los inilividuos con alinidad consanguínea componen las familias, el
liarentescú, el tronco; varios troncos asociados, el pueblo. «El pueblo es
una entidad intelectual; la unidad de un pueblo consiste principalmente en
el idioma. 1) (Víase Ehrenreich, 1. c, p. 8.)
— 133 —
considerarse como dos razns categóricamente distintas por el
abismo insondable que separa sus idiomas.
En cada una de las razas, las diferencias físicas no son tan
hondamente grabadas; son más disimuladas, por lo que sobre-
salen con más relieve los demás indicios; desde luego el idioma
se destaca natural y lógicamente como signo diferencial y, por
consiguiente, la subdivisión de las razas se encontrará con
preferencia en los grupos étnicos, en los pueblos.
La antropología física se ocupará por eso, generalmente, de
las razas principales, mientras el estudio de las sub-razas y pue-
blos será entonces una especialidad más reducida.
Observemos, pues, con atención lo que es necesario para
la determinación de una raza, según la teoría de la antropología
física y como lo hemos indicado ya sucintamente:
I. FA indicio físico. — Buscar y fijar el tipo de raza, es decir,
lo típico del cuerpo de la raza, evitando los indicios eslraños.
II. El indicio (jeográfico. — «Razas son formaciones fundamen-
tales disti'ibuidas geográficamente; cada una tiene su ubicación
propia y pertenece á una zona determinada, ú una provincia geo-
gráfica (según Hastian), en la que buscamos la raiz de su orí-
gen ó propiamente de sus ramificaciones actuales.» Todos los
exploradores (Bastían, Ratzel y Taylor) han insistido en el in-
dicio geográfico que corresponde generalmente en su área á la
geografía zoológica. (Ehrenreich, 1. c, p. 14.)
III. El idioma. — «Cada raza tiene sus idiomas particulares
más ó menos numerosos; éstos nunca exceden (sin causas
excepcionales) los límites de la raza; entre las razas hay una
barrera infranqueable.» (Ehrenreich, I. c, p. 15.)
En razón de estos tres indicios se presenta una distribu-
ción natural sistemática de las razas, por la cual Ehrenreich
establece siete razas principales que se pueden distinguir con
precisión. Quizás con el tiempo se descubrirán más.
Estas siete razas son las siguientes: la caucásica ó medite-
rránea; la atVicana-nigrítica ; la mongólica; la americana; la
malaya-polinésica; la australiana y la papua.
Los sistemas anteriores no insisten con bastante intensidad
sobre el vínculo que unen los tres citados indicios, de los cuales
sólo deriva el ideal de un sistema natural del género humano.
Sin embargo, todos estos sistemas son más ó menos natura-
les y se basan originalmente sobre el de Blumenbach, el padre
de la antropología; éste funda sus cinco razas en puntos geo-
gráficos y en rasgos generales del cuerpo, por los conocimien-
— 134 —
tos de entonces y «no según el color de la piel ni por el
número de los cinco continentes, como se le lia imputado.»
( Ehrenreicli, 1. c, p. 9.)
El primer deber de la antropología es buscar la forma típica
del cuerpo de lo rozo, es decir, el indicio número I. Y entonces,
¿cómo se ha de estipular el caráctei- físico general del hombre?
Se establece evidentemente por dos factores separándolos rigu-
i'osamente: por las apariencias generales del cuerpo, caracte-
rísticos á la raza, y por otros factores exteriores, biológicos, que
especializan en cierto grado este tipo primero; que lo «esculpen»,
pero solamente del modo que el tipo de la raza represente
siempre el tono fundamental, el corócter principal del ospecto
general de un individuo.
«El tipo de la roza», dice Ehrenreich, 1. c, p. 36, «es el polo
negativo invariable, substanciolmente eterno»; pero los indivi-
duos, los pueblos que componen uno roza, son muy diferentes
entre sí, lo que es causado por la variedad individual y por
innumerables factores biológicos.
Es claro que semejanzas entre dos razas, ocasionadas por
iguales factores biológicos, no dan razón de hablar de afinidad
consanguínea. Las significaré como isomorfias. Hoy, por ejem-
plo, uno detención en el desarrollo del aparato oftálmico, el
cpicanthiis ó pliegue «mongólico», que se encuentra, en relativa
frecuencia, casi en todas las razas. No es por eso un signo de
raxa, sino una isomorfía, y no autoriza una afinidad especial
entre las razas mongólica y americana.
Estudiar los factores biológicos y las isomorfias (es decir,
analogías independientes de lo influencio de la raza), es tarea
de la biología; y, en efecto, la antropología biológica ha alcan-
zado ya hermosos resultados.
La antropología propiamente dicha busca el tipo de la raza
independiente de los factores biológicos, y lo (¡uiere encontrar,
con sus formas fundamentales, precisamente entre la multitud
de los tipos biológicos.
El hombre, en su aspecto general exterior, se compone de
uno infinidad de particularidades corporales, que en su totali-
dad forman el hábito general. Es incuestionable que todo no
se puede describir, ni medir sino abstractivamente poi- buenas
reproducciones ó exámenes visuales directos.
Sin embargo, hay signos que acentúan en mayor grado las
diferencias entre las razas; conviene, sin duda, repetirlos (en
enumeración gradual): son el tamaño del cuerpo y las propor-
ciones de sus miemliros, el olor del cuerpo; las particulorida-
— 135 -
des en los sistemas muscular, nervioso y óseo (por ejemplo en
el cráneo y en los dientes) y particulai'idades en la cualidad de
la piel; y principalmente en el color de los cabellos, de la piel
y de los ojos, como también en las demás cualidades de los
cabellos y la fisonomía de la cara. Con los últimos signos enu-
merados se clasifican esencialmente las razas, porque revelan
las más notables diferencias.
Como se vé, señores, para este fin, el cráneo solo viene en
segundo lugar. Esta idea, que en la actualidad hace carrera
(Virchow, por ejemplo, la ha adoptado), no ha existido siem-
pre. Justificamos ahora nuestra legítima crítica, dejándonos ín-
timamente guiar en nuestro corto bosquejo por el profesor
Ranke (ob. cit.).
Hace más de cien años que J. F. Blumenbach, en Goetingia,
instituyó en la ciencia los indicios del cráneo para clasificar las
razas. Linné, mucho antes, había distribuido zoológicamente el
género humano en cuatro variedades: en Americanos, Europeos,
Asiáticos y Africanos, basándose substancialmente en el color
de la piel y de los ojos, en el color y demás cualidades de los
cabellos, y, secundariamente, en la fisonomía del viviente. Blu-
menbach admitió las variedades de Linné á las cuales agregó
una quinta raza: la malaya; especificó esta división en razas
por la comparación y por un examen profundo del cráneo,
para cuyo objeto tenia en vista el aspecto general del cráneo.
Teniendo presente estos indicios, Blumenbach buscó por
una descripción analítica del aspecto general del cráneo á de-
mostrar, á determinar y á íijar los caracteres craneales; y tra-
taba muy naturalmente de preferencia este indicio por él intro-
ducido, examinándolo monográficamente. Este sistema ofrecía
una cierta comodidad, un fácil acceso al material; pero nunca
Blumenbach perdió de vista que el cráneo era solamente una
de las señas características de una raza positiva. Hay que ob-
servar que para su objeto partió de las razas ya establecidas;
fundó efectivamente el tipo real del cráneo de dichas razas.
Esta teoría fué abandonada. Retzius, en Estocolmo, la reem-
plazó en la mitad de este siglo, por dos principios diferentes.
Cambió primeramente la sencilla descripción de Blumenbach
por números y medidas. Midió el ancho y largo de la cápsula
craneal ; formuló la relación recíproca : el largo = 100. Creyó
establecer exacta y matemáticamente las diferencias extremas
(]ue Blumenbach describió tan sencillamente por el aspecto su-
perficial.
— 13G —
Ci'áneos estrechos los nombró Relzius muy inconsecuente-
mente dolicocé falos ; los anchos, braqaicéfalos . Ya que se apoyaba
en la variación de la anchura para establecer la unidad del
largo, la debía bautizar, como lo hizo más tardo Aeby, de este-
noeéfalos, respectivamente enrice falos.
Por lo pertinente al cráneo facial, de acuerdo con Camper,
que liabía ya antes caliticado numéricamente la mandíbula su-
perior, Retzius denominó los cráneos con una mandíbula supe-
rior saliente con el término de prognatos (palabra empleada por
primera vez por Prichard), y de ortognatos los que no tienen
esta particularidad. Evitó, no obstante, de establecer un limite
numéricamente fijo tanto para los dolicocéfalos y braquicéfalos
como para los ortognatos y prognatos. Concedió, y nos hacemos
un deber de constatarlo, dice Ranke, ciertas fluctuaciones en
las formas de los cráneos, y quiso, sin duda, emplear otros
elementos diferenciales para una determinación definitiva.
Con su método, Retzius alcanzó efectivamente, y aún desde
los tiempos prehistóricos, á caracterizar los Germanos y los La-
pones: dos troncos heterogéneos existentes en Suecia; resultado
ciertamente satisfactorio que no le impidió de cometer un se-
gundo error: Aplicó su sistema á todos los pueblos de la Tierra
y los englobó en sus cuatro grupos craneológicamente distintos.
Deduciendo sus dos tipos dolicocéfalos y braquicéfalos com-
binados con los prognatos y ortognatos, obtuvo:
I a) Los dolicocéfalos -ortognatos ó de cabeza lai'ga con man-
díbula superior no saliente;
li) Los braquicéfalos ortognatos ó de cabeza corta con man-
díbula superior no saliente;
II a) Los dolicocéfalos -prognatos ó de cabeza larga con man-
díbula superior prominente:
h) Los braquicéfalos ■ protognatos ó de cabeza corta con man-
díbula superior prominente;
Y, ¡vaya! Estos cuatro cráneos típicos serían razas!
«En lugar de las razas nacidas de la naturaleza», dice Ehren-
reich, I. c, p. 10, «se construyeron en el gabinete de estudio,
nuevas razas artificiales.» Estos cuatro grupos abrazaban pue-
blos completamente distintos y rompían los lazos de parentesco
que existían entre otros.
Desde luego un error era el método mismo, que, con fórmu-
las matemáticas, quiso determinar el aspecto general del cráneo,
mientras que no hizo más que establecer algunas particularida-
des, es decii-, el ancho relativo del cráneo y la posición saliente
de la mandíbula superior. Sencillísimo era el método. Aliviaba
incontestablemente el trabajo.... el ejercicio profesional.
— 137 —
«Nado más era necesario.» dice Ranke, 1. c, p. 209, «que
medir el ángulo del urofil y el largo y ancho del cráneo.
Cualquiera se creía entonces, aún con los más insuficientes
conocimientos anatómicos, con el craneómetro en mano, auto-
rizado á cooperar y á discutir.»
Mucho más craso todavía era el error, pues, con dos me-
didas, se intentó caracterizar el hombre y distribuir el género
humano en cuatro grandes grupos. Se perdió completamente
de vista la existencia nalui'al de razas humanas naturales.
Tanto más absurda l'ué la teoría, cuanto más errónea la
práctica.
Con intención, y de acuerdo con Ranke, hemos referido en
substancia la doctrina de Relzius, pues ella fué el principio en
que se fundó toda la craneología. Todo cuanto produjo después,
fué obi'a de una minuciosa, en extremo detallada edificación y
basado en los fundamentos que acabamos de lucir, ¿cómo podría
consolidarse tal doctrina? El objetivo pi'incipal se despreció com-
pletamente. No se compararon cráneos, sino medidas solamente!
Pi-onto se convenció el craneólogo que no bastaban las pocas
medidas y extendió el plano de sus cálculos. Pero, dice von
Turük, cinco mil medidas serían necesarias para determinar un
solo cráneo matemáticamente. Se trazó un límite entre los gru-
pos medianamente definidos, como, por ejemplo, entre los do-
licocéfalos y los braquicéfalos y formó grupos intermedios, en
este caso, los mesocéfalos.
Se vuelve, sin embargo, á considerar el cráneo zoológica-
mente y á acentuar su forma exterior.
En este método se ha distinguido el profesor Sergi, quien
clasificó en términos inteligibles los contornos de la caja craneal.
Las dificultades de caracterizar un cráneo como una entidad
son insuperables. Todo no se explica con medidas y descrip-
ciones; y resultados más satisfactorios se obtendrán con repro-
ducciones perfectas ó inspecciones exactas como lo practican
las ciencias naturales.
Aunque el método puramente numérico tienda más y más
á desaparecer y lo craneología se dedique actualmente más ó
las formas fjenei-ales del cráneo, el error cardinal, correspon-
diendo al segundo de Retzius , existe y se ha extendido en
nuestra ciencia. Lo que se había determinado eran unos cuan-
tos signos particulares que se encuentran indudablemente en el
cráneo hurnano. Se habían descrito anatómicamente las formas
Tumo JX I o
— 138 —
del cráneo, que son producios de la raza respectiva y de las
influencias exteriores (es decir biológicas); y debemos agrade-
cerle algunos resultados.
Pero el error primordial fué, habiendo determinado algunas
})articularidades del cráneo, la ilusión de haber caracterizado
con eso el tipo general de su raza (como lo quería Blumenbach).
La craneología en su modo y arte de proceder actualmente no
puede siquiera determinar cuáles de las particularidades se refieren
esjjecialmente al tipo primitivo de la raxa y cuáles son abstracciones
puramente biológicas.
Sin considerar las razas que se manifiestan espontánea-
mente en el mundo, se acumularon todas las formas iguales del
cráneo, las isomorfías craneales, acuñando así razas artificiales.
Sin embargo, en el circuito de una misma raxa la craneología
ha conseguido resultados importantes, determinando las dife-
rencias que tienen las particularidades entre sí; y como rama
de la biología, la antropología biológica ha liecho estudios pre-
liminares interesantes que serán de gran utilidad á la antropo-
logía propiamente dicha que tiene la obligación de determinar
el tipo de la raza.
Recordaré como digno ejemplo de estos estudios la clasifi-
cación por zonas, hecha con tanta lucidez por Ranke, combi-
nando las formas del cráneo con la formación montañesa de
la Europa central. Los Alpes establecen para Alemania é Italia
el centro de radiación de la más perfecta braquicefalía.
Pei-o, irracionalmente, se han hecho sinónimos tales tipos
biológicos con tipos de raxa, y las semejanzas ó igualdades del
cráneo, biológicamente fundadas, es decir, isomorfías cranea-
les, se las consideraron como caracteres de raza.
En la literatura relativa á la antropología ningún autor ha
descrito estos dos tipos con alguna precisión; y ni con la me-
jor voluntad aún escrudiñando penosamente las interlíneas es
posible averiguar cuál de los tipos quieren lucir.... Así sola-
mente puedo comprender las absurdidades y contradicciones
que ha empollado la craneología.
En concordancia de dicha confusión, citaré dos ejemplos
de los más recientes que me han sido conocidos hace algunas
semanas:
En la asamblea de naturalistas del año pasado, (|ue tuvo
lugar en Brunswick, Wilser hizo una conferencia sobro «Razas
humanas é historia universal O».
(') «Naturwis.senschaftliche Woclienschrift », N° ], Enero 1898.
— 139 —
Según este señor, toda la vida orgánica tiene su oi'ígen en
el ])oio norte. Allá también plantó el árbol genérico de la hu-
manidad, cuyos frutos muy temprano (¿quizás en tiempos an-
teriores ol hombre?) ostentaban dos foi-mas características del
cráneo: una ói-ala y una redolida. Y como estas dos formas
no cambian, por medio de influencias exteriores, son indicios
irrecusables de la raza. La ovala, representando la primera raza
primigenia, se ha esparcido por oleadas sucesivas sobro Eu-
ropa y hasta la parte austral del África, [)asando viaductos
desaparecidos; de aquí la conformidad de Europeos y Africa-
nos, ¡ambos de cabeza úvalal quedando para ac(uella doctrina
sólo ¡a calota craneal. Esta raza primigenia, de cráneo óvalo,
se ramificó en dos: una, por la palidez de su piel, formó la
raza blanca europea; la segunda, quemada por el sol, la
morena africana. — El segundo fruto del gran árbol del género
humano, lo remite, con su único bagage, el cráneo redondo,
desde el Norte hacia el Asia.
Así es que Wilser funda tres razas i»rincipales: dos de
cabeza ovala, la blanca y la negra: y una de cabeza redonda,
la asiática amarillenta. ¡Todas las demás puédense caracteri-
zar como mezclas ó transformaciones! Según él, la raza blanca
europea se dividiría en dos sub-razas: la del pelo obscuro del
Mediodía; y la del ruljio del Norte, que es la de los Ai'ias.
Estos últimos, originarios del Norte de Europa (del pueblo
de la lídad de piedra en la actual provincia de Esconia, en
Suecia), se desplegaron en Europa en tres direcciones distintas,
ensanchándose en forma de abanico, difundiendo en todas par-
tes las costumbres y la cultura que caracterizan los pueblos
civilizados del Viejo Mundo.
Entre medio de estos Arias avanzó como una cuña del Oriente,
es decir del Asia, centro de ramificación de las cabezas re-
dondas, la tercera raza principal, enemiga de la civilización,
que formó la zona mediterránea del centro de Europa.
Y de mezclas ulteriores de los Arias, de la sub-raza medi-
terránea y de la raza principal asiática, han surgido la mayor
parte de los pueblos europeos.
Veamos ahora el segundo ejemplo:
José Sergi, en Roma O, toma también el cráneo como in-
dicio princi¡ml de una raza. Su método ya citado tiene, según
parece, gran porvenir, aunque caiga en el mismo error de
(') Prof. Dr. GiusEPPE Sergi: Ueber den sogenannien Reihengráberiypus.
«Centralblatt f'íir Anthropologie», año III, 1898, entrega I.
— 140 —
lras])asar sus formas craneales á los jiueblos y á las razas. El
también tiene en vista los mismos cráneos que Wilser; y
tiene, como éste, una raza principal dolicocéí'ala y una raza
principal braquicéfala; pero, en fragante contradicción con
Wilser, hace brotar la de cráneo largo en el centro de África
y de allá la ramifica tras la Europa hasta el norte de Escan-
dinavia. Del Oriente también hubo invasión de cabezas redondas
de una raza bárbara más grosera y de un grado de cultura
muy inferior.... Y ¡qué contraste! del invasor hace Sergi su Aria!
Me parece, señores, haber demostrado, según me lo permite
el tiempo limitado, á qué atribuir la degeneración de la craneo-
logía, ocasionada por la excesiva ampliación de los dos errores
fundamentales aplicados por la doctrina de Retzius.
Lo repetimos sumai-iamente, estos dos errores son:
1" Una representación insuficiente del iM'áneo;
2" Una confusión hecha respecto al traspaso de los indicios
biológicos á los caracteres de la rcna.
La crítica acerba de Rieger, v. Torok, Ehrenreich, etc., que
truena contra semejante modo de obrar, no dejará de producir
sus efectos benéficos, de reducir la craneología á sus justas pro-
porciones, para que, en su campo normal de actividad, en ar-
monía con la antropología general, busque, dentro de cada
una de las razas, primeramente los factores biológicos; después
la determinación del tipo de raza.
Justamente aquí, en Sud-América, alentados por la pers-
pectiva del buen éxito, podemos penetrar profundamente en el
estudio de los pueblos primitivos.
Trabajando científicamente, el lingüista apoyará y confir-
mará los resultados obtenidos por la antropología.
¡Hagamos, pues, señores lingüistas y antropólogos, un es-
fuerzo común para levantar el telón detrás del cual aparece el
género humano con su genio y su historia!
He dicho.
RECONOCIMIENTO DE LA REGIÓN ANDINA
DE LA REPÚBLICA ARGENTINA
APUNTES
SOBRF.
LA geología y la PALEONTOLOGÍA
DE LOS TERRITORIOS
DEL
RIO NEGRO Y NEUOUEN
(DICITMBRE de 1895 Á JUNIO DE 1896)
POR
SANXIA.QO ROTH
ENCARGADO DE LA SECCIÓN PALEONTOLÓGICA
DEL MUSEO DE LA PLATA
CON SEIS LA.MIN'AS
Tomo IX
A
Informe preliminar geológico de las formaciones
sedimentarias y eruptivas, desde Bahia Blanca
hasta el pié de la Cordillera de los Andes O
TERRITORIO ENTRE BAHÍA BLANCA Y EL RIO COLORADO
El territorio entre Bahía Blanca y el "\'alle del Rio Colo-
rado forma la transición entre la formación pampeana y la
formación de arenisco gris del Rio Negro.
En el partido de Bahía Blanca se encuentra, debajo de una
capa de tierra humus bastante arenosa de veinte centímetros á
un metro de espesor, la formación pampeana superior compuesta
de un loes muy impuro, que contiene, según la localidad, la
mitad ó más de rocas no descompuestas en forma de arena mo-
vediza y rodados cantosos aislados diseminados en la masa. A
veces se encuentran capas de rodados de más de un metro de
espesor; el examen de estos rodados demuestra que provienen
de las sierras de la Ventana. Hay lugares donde el loes con-
tiene conchillas de agua dulce en gran cantidad: también se
encuentran muy á menudo huesos de mamíferos fósiles carac-
terísticos de la formación pampeana superior entre los cuales
abunda el Ctenomys Magallanicus. Esta formación que tiene un
espesor de cinco á veinte ó más metros, descansa sobre una
capa de tosca que contiene también á menudo rodados y se
O Estos «Apuntes» constituyen el informe del señor don Santiago
Roth sobre sus investigaciones geológicas realizadas durante la excursión
que en 1895-96, practiqué en los territorios del Neuquen, Rio Negro, Cliu-
but y Santa Cruz, acompañado de las secciones Topográfica y Geológica de
este Museo.
Museo de La Plata, 20 Noviembre 1897. F. P. Moreno.
— 144 —
extiende soIm'B una grnn parte del sud de la Provincia de Bue-
nos Aires. Debajo de esta capa de tosca sigue un sedimento
algo parecido al de !a formación pampeana superior, pei'o en
éste predomina la arena, tanto que ya no se puede denominai'
con el nombre de loes. A cinco leguas de Bahía Blanca, cerca
del Arroyo Napostá, he tenido ocasión de examinar este sedi-
mento hasta la profundidad de quince metros en un pozo en
construcción y he visto que el material es tanto más arenoso
cuanto más profundo se encuentra. A los quince metros de
profundidad formaba una roca arenisca clara, parecida á la
que se halla en las barrancas del Rio Negro en Cai-men de Pa-
tagones. En Bahía Blanca no he encontrado fósiles de ninguna
clase en este sedimento, probablemente porque estaba descu-
bierto solamente en un trecho muy limitado, á ocho leguas de
Bahía Blanca, en la costa del mar donde descansa sobre la
formación pampeana infei'ior (piso hermósico deAmeghino)
que constituye en este punto la orilla y el fondo del mar. Por
su posición estraligráfica, este sedimento corresponde á la for-
mación pampeana intermedia.
En el trayecto de Bahía Blanca á Fortin Mercedes en el Rio
Colorado, esta formación de piedra arenisca gris no aparece á
la luz en ninguna parle; está cubierta de una capa de arena
movediza que forma en algunas partes médanos (dunas) de
bastante elevación y que proviene de la costa atlántica y de
numerosas ensenadas (|ue en tiempos no lejanos han existido
en aquel paraje; pero por el material que se ha extraído de
los pozos construidos para sacar agua he podido constatar que
esta formación se extiende no sólo hasta el Rio Coloi'ado, sino
que sigue hasta el Valle del Rio Negro.
Hasta sesenta leguas de la costa del Atlántico, en Bahía
Blanca, en dirección á la Cordillera, las capas superiores se com-
ponen de ar'ena de grano fino ó de tierra arenosa debajo la
cual sigue una capa de loes más puro que en Bahía Blanca.
A pocas leguas de Bahía Blanca, la línea del ferrocarril á Ge-
neral Acha sube á una meseta de cerca cien metros de altura;
atiuí se han practicado excavaciones bastante profundas y se
ha descubierto un loes bastante ])arecido al de la Provincia de
Córdoba. He encontrado la misma clase de loes en los pozos
cavados en el Hucal (Ramón Blanco). En el Bajo de Gua-
naco, á unas ocho leguas al sud de Hucal, se habían cavado
])0C0 t¡emi)0 antes de mi pasaje por este lugar varios pozos;
uno de ellos de setenta metros de profundidad; el material ex-
traído se encontraba en el mismo sitio v consistía en loes eolí-
— 145 -
tico, siendo el que se había sacado del fondo del pozo ú se-
tenta metros de profundidad menos arenoso que el que se
había extraído á menor profundidad.
Antes de llegar á la posta de Cuchillo- Cú, veinticinco le-
guas al sud de Hucal, la formación pampeana descansa direc-
tamente sobre rocas cristalinas. La casa está edificada en un
i)ajo donde, no hace mucho tiempo, corrió un rio. Se ve j)er-
fectamente bien el antiguo lecho hoy totalmente seco. Un poco
al sud de este bajo hay unas barrancas en donde aparecen en
diversos puntos rocas cristalinas sobre las cuales está depo-
sitada una tosca blanca muy dura, de poco espesor. Encima
de esta sigue la capa cai-acterística de rodados patagónicos.
La formación de rocas cristalinas se extiende hasta el Rio
Colorado.
El campo por donde pasa el camino de Hucal á Choele-Choel
no es llano como se pudiera creer viendo los mapas, sino bas-
tante quebrado; continuamente se pasa de una lomada á otra,
(|ue están separadas j)or grandes bajos, por donde, en otros
liempos, corrían ríos y arroyos. Cinco leguas antes de llegar
al Rio Colorado, se pasa por uno de estos bajos donde existe
un lecho de rios bien visible, en el c|ue, me dijeron, en tiempos
de grandes lluvias corría agua: lo llaman Arroyo Salado. Yo
creo que éste debe sei' el Rio Seco, marcado en algunos mapas
con el nombre Cura-Có. Cerca del camino que pasa por este
lecho, hay en las rocas graníticas dos vetas cuarzosas que
contienen plata y otros metales; se han practicado algunas
excavaciones para extraer el metal, pero hoy está abando-
nada la mina. Antes de llegar- á este punto, he visto en la
falda de una loma, sobre la roca cristalina, unas capas de
conglomerado, que debe ser casi de la misma edad que las
rocas cristalinas. Al sud-oeste del Rio Colorado, á pocas leguas
del Fortin Uno, se ven unas serranías de poca elevación y es
de suponer que sean de la misma formación de rocas crista-
linas como la presente. En el Fortin Lino, el Rio Colorado corre
j)or un bajo de muchas leguas de ancho y no se ve otra forma-
ción descubierta más (¡ue aluviones y rodados patagónicos. Sus
barrancas son de poca elevación. En el trayecto desde el Rio
Colorado hasta las barrancas del Rio Negro en Choele-Choel
no se ve tampoco otra formación que los mencionados roda-
dos. A unas cuantas leguas más abajo del Fortin Uno, el Rio
Colorado corre por un ancho y hermoso valle que está ence-
rrado por ambos lados de barrancas de cincuenta á ochenta
metros de elevación. Estas barrancas están interrumpidas de
— 146 —
distancia en distancia por grandes abras, por las cuales, en otro
tiempo, desembocaban al valle rios y arroyos que venían del
interior de las mesetas. Seis leguas antes de llegar á Fortin
Mercedes el valle se abre por completo; las barrancas á la
derecha se dirigen repentinamente hacia el sud y las de la
izquierda se |)ierden paulatinamente hacia el nord-este. Desde
este punto el Rio Colorado no tiene más valle; corre por una
gran llanura que está abierta hasta la costa del mar é inte-
rrumpida en algunos parajes por médanos de arena. A veces
el rio se desborda derramando sus aguas á la llanura que
transforma en grandes lagunas. En el año 1892 encontré el
actual cauce casi seco; en cambio existía al sud del rio una
inmensa laguna, que se extendía en un largor de veinte leguas
Jiasta la costa del mar. El propietario de este campo ha hecho
cerrar la boca falsa, obligando las aguas á seguir su curso an-
tiguo, con lo que ha salvado una gran zona de terreno, que
si no hubiera sido perdido.
II
TERRITORIO DEL RIO COLORADO Y LA TRAVESÍA HASTA
EL RIO NEGRO
He examinado las barrancas del Rio Colorado en diversos
puntos. En su base se componen de una arenisca gris, poco
consistente, interrumpida en diferentes niveles por capas arci-
llosas. Para mí, no hay duda que este arenisco pertenece á la
misma formación pampeana de Rabia Rlanca y arenisca del
Rio Negro. No he encontrado en ella fósiles de ninguna clase
en los puntos donde la he podido examinar en el Rio Colorado.
La parte superior de la barranca se compone de un conglome-
rado, y á veces de tosca muy dura de color blanquizco. Encima
sigue una capa de rodados sueltos ó de arena. En el territorio,
entre el Rio Colorado y el Rio Negro las capas inferiores están
casi en todas partes cubiertas por una capa de estos rodados
sueltos y sólo aparecen descubiertas en algunos parajes aisla-
dos, por ejemplo, en Lomas Azules y en algunas barrancas de
cflñadones más al sud de éstas. Sin embargo, bastan estos
puntos aislados para poder constatar que la formación arenisca
gris se extiende hasta el Rio Negro donde se encuentra en el
mayor desarrollo.
— 147 —
III
MESETAS EN EL VALLE DEL RIO NEGRO
El pueblo del Carmen de Patagones está construido sobre
la misma falda de la meseta que limita el valle del Rio Negro
jior el lado noi'le. La meseta tiene allí una altura de cincuenta
metros sobre el nivel del valle, en algunas partes más, en otras
menos. Cerca de este pueblo he encontrado una formación ma-
rina que en algunas partes bajas del valle asoma algo á la
superficie. Los fósiles que lie recogido en cuatro diferentes
puntos parecen indicaí- que se trata de la formación marina
muy desarrollada en el Chubut, y conocida bajo el nombre de
formación patagónica, que se encuentra en muchas partes en la
costa del Atlántico, desde la Bahía San Blas hasta Santa Cruz.
En este último tiempo se discute mucho sobre las subdivi-
siones hechas en esta formación y sobre la edad á que debe
pertenecer, sin haber llegado hasta ahora á un acuerdo. No
entro aquí en este litigio. Toda tentativa de establecer subdivi-
siones y fijar su edad me parece prematura mientras que no
sean bien estudiadas las relaciones estratigráficas y determina-
dos los fósiles que contienen estas capas en los diversos puntos.
La barranca, en la mayor parte, se compone en el Carmen
de la roca arenisca gris claro. Esta arenisca es muy homogé-
nea de un grano mediano, formando una masa compacta pero
de poca consistencia; en unas partes está bien estratificada,
en otras no. Entre las capas depositadas horizontalmente se
encuentran otras discordantes de las horizontales en posición
oblicua, lo que indica su origen lacustre, es decir, una forma-
ción de delta.
Dos leguas arriba de Carmen de Patagones he encontrado
en esta arenisca conchillas de agua dulce. Algunas capas son
más duras y más obscuras que otras y también se encuentran
á menudo manchones de sustancias arcillosas en la masa. Este
arenisco homogéneo constituye más ó menos la mitad de la
altura de la barranca; en algunas partes, alcanza hasta treinta
metros de espesor. Encima de éste sigue otro sedimento de la
misma formación. En esta parte la piedra arenisca está alter-
nada por capas arcillosas que contienen á menudo agregados
de cristales de yeso.
La parte superior de la barranca se compone de arena mo-
vediza y depósitos de pequeños rodados de los cuales los más
— 148 —
grandes alcanzan el tamaño de una nuez. Entre estos rodados
predominan los de roca de origen volcánico; menos abundan-
tes son los de roca cuarzosa y raros los de piedras cristalinas,
de granito, gneis, etc.
Esta formación se extiende no solo sobre las mesetas entre
Bahía Blanca y el Rio Negro, sino sobre una gran parte de la
Patagonia, aun cuando los rodados cambian mucho en tamaño
y composición petrográfica. Partiendo de Baln'a Blanca en di-
rección á Carmen de Patagones se encuentra, al principio, sólo
arena movediza, pero á medida que se aleja de este punto los
depósitos de arena de grano tino se cambinn sucesivamente en
arena de grano grueso. Un poco al sud de Fortin Mercedes,
ya hay rodados del tamaño de una avellana. Otro tanto sucede
en dirección de la costa atlántica, hacia la Coi'dillera, pero el
cambio en el tamaño de los rodados es más rápido. A veinte
leguas de la desembocadura del Rio Negro se encuentran roda-
dos del tamaño de un huevo de avestruz.
Las mesetas, que en Carmen de Patagones tienen solamente
cincuenta metros de altura, se elevan sucesivamente á medida
([ue se sube por el valle del Rio Negro; las que se hallan en
frente de Roca tienen más de ciento cincuenta metros de altura.
No forman unas barrancas paralelas que corren á los dos la-
dos del valle, como están marcadas generalmente en los mapas,
sino que están intei'rumpidas de trecho en trecho por grandes
ensenadas y anchos valles que salen del interior de las mese-
tas, y por las cuales, seguramente, antes corrían rios y arroyos.
Desde Negro Muerto hasta la conñuencia del Limay y Neu-
quen, las mesetas se componen de dos escalones de los cuales
el superior es menos alto que el inferioi-. En algunos parajes,
el superior, que se compone casi de puros rodados, se retira
algunas leguas hacia atrás en las altas planicies. Hay algunos
lugares donde la barranca se compone de arriba hacia abajo
de puros rodados, lo que indica, que antes existía aquí un valle
que ha sido rellenado por este material.
Desde la costa del Atlántico hasta cerca de la bajada de
Chinchinal no aparece, en la barranca norte del Rio Negro,
más formación que las Li-es aquí mencionadas: una marina,
que sólo aparece en la superficie en algunos puntos cercanos
del pueblo Carmen de Patagones y en la costa del mar: otra
de areniscos y otra de rodados.
Las disposiciones de las capas y la composición del mate-
rial del depósito arenisco cambian algo según la localidad, por
ejemplo, las barrancas de las mesetas en Choele-Choel son
— 149 —
constituidas en su parte inferior por una arenisca que contiene
pequeños rodados diseminados en la masa, así como por pie-
dra pómez de tamaño considerable. También be encontrado al-
gunos fragmentos de huesos fósiles de mamíferos que parecen
pertenecer á un gravigrado del tamaño del Milodon. Aquí la
masa principal no es estratificada, pero la arenisca alterna con
capas de arcilla y de conglomerado. A unos cuarenta metros
de altura hay un depósito de arcilla que se {)arece algo al loes
lluvial de la Provincia de Buenos Aires; éste tiene, más ó me-
nos, diez metros de espesor, es estratificado y varía algo en co-
lor y material. A pesar de todas estas diferencias locales no
hay duda que todos estos depósitos pertenecen a una misma
formación.
En la bajada de Cliinchina! aparece debajo de esta ai'enisca
otro depósito que á primera vista demuestra que pertenece á
una formación distinta de la anterior. En la parte más inferior
de la barranca, hay una arenisca cuarzosa de color claro y de
grano grueso cjue en algunas partes está transformado en
cuarcito. Este depósito contiene mucha madera silicificada. Más
arriba sigue una capa de una especie de toba [tuf), mezclada
con arcilla, sobre la cual se halla un conglomerado de guijarros
cantosos con aspecto de brecha: en éste se hallan trozos de
considerables tamaños. Encima de este conglomerado está depo-
sitado el arenisco gris del Rio Negro y arriba de todo se hallan
las capas de rodados patagónicos.
Esta nueva formación se extiende hasta la confluencia del
Neuquen y Limay, pero lo disposición de las capas no es siempre
la misma. En frente del pueblo Roca faltan, por ejemplo, los
conglomerados y en vez de éstos hay unas capas de arcilla muy
variable. Aquí hay también una formación marina con muchos
fósiles que hasta alioi'a no han sido encontrados en ningún otro
depósito marino en la República Argentina.
Esquema estratigráflcó de la meseta enfrente de General Roca
!!im!i!!!^j!i!i!i!i-^!Sl|iMlMlS
i) Rodados patagónicos 3) Conglomerado
2) Arenisca del Rio Negro 4) Arenisca roja y loba
5) Arenisca cuarzosa
ó) Depósito marino
— 150 —
En su carácter general, la fauna se parece algo á la del
terciario inferior, lo que no concuerda con la estratigrafía de
las capas. No hay duda que estos sedimentos marinos pertene-
cen á la misma formación arenisca cuarzosa, la cual se inter-
cala, tanto en las barrancas sud del Rio Negro como en las del
norte, en una formación de arenisca roja que aparece aquí en
la parte inferior de las mesetas y que contiene restos de Saurios
mesozoicos. He comparado los fósiles extraídos de la formación
marina de Roca con los del cretáceo superior de la India del
Sud que también presenta en su carácter general algo de tercia-
rio; y, en efecto, he encontrado mucha analogía entre estas dos
faunas; también en la fauna del cretáceo supei-ior del Brasil exis-
ten tipos muy parecidos á algunos moluscos extraídos de Roca.
Por el resultado de esta comparación me inclino á creer que
la formación arenisca cuarzosa de Roca, la cual he encontrado
también en diversos otros puntos de la Patagonia, sea cretácea
superior. Sin embargo para poder determinar con exactitud la
edad de esta formación, es necesario que la fauna sea determi-
nado primero prolijamente por un especialista.
IV
VALLE DEL RIO NEGRO
Para terminar con el Rio Negro me falta todavía mencionar
los depósitos sedimentarios del valle. Aunque éstos se componen
solamente de aluviones, son interesantes para un estudio com-
parativo, porque todos los materiales son depositados por las
aguas de este rio y hay aquí ocasión de estudiar muy diferentes
clases de depósitos fluviales. Se observan capas de grandes ro-
dados que bruscamente terminan al lado de depósitos de arcilla;
capas de arena que alternan con capas de guijarros, arcilla, etc.;
asimismo depósitos sin estratificación alguna, y entre dos ca-
pas depositadas horizontalmente, algunas con estratificaciones
completamente divergentes de los horizontales.
Lo que hace el estudio todavía más interesante es que el Rio
Negro corre por un valle llano de poco declive, de 650 kilóme-
tros de largo por diez á quince de ancho, que no tiene en todo
su trayecto ningún afluente. Aquí pueden observarse los efectos
que ejerce el agua en los sedimentos; se ve como el material
de guijarros gruesos depositado en las inmediaciones del pueblo
General Roca, va sucesivamente disminuyendo en tamaño hasta
- 151 —
que en el Carmen de Patagones consista solamente en arenas
y arcillas.
Comparando estos depósitos con los de rodados patagónicos
(|ue cubren las mesetas de los dos lados del valle, se encuentra
mucha analogía entre ellos y es mucho más probable que rios
como el Rio Negro hayan troido, en los tiempos cuaternarios,
los materiales de los grandes depósitos glaciales que existen
aún hoy en algunas partes montañosas do Patagonia y que los
hayan diseminado sobre las mesetas. Indudablemente no son
depósitos marinos como Ameghino dice en su último trabajo.
V
MESETAS DEL VALLE DEL LIMAY
En la confluencia de los i-ios Neuquen y Limay que forman
el Rio Negro, se encuentra la formación arenisca roja que en
frente de Roca aparece bajo la arenisca gris en todo su des-
arrollo. El valle del Limay, como el del Rio Negro está encerrado
por ambos lados por mesetas que alcanzan una altura de dos-
cientos á trescientos metros. Estas mesetas están interrumpidas
en cortas distancias por anchos valles y cañadones, de los cua-
les algunos son más anchos que el mismo \'alle del Limay.
Hasta la desembocadura del Pichipicum-Leufu al Limay, las
mesetas del norte se componen de la formación arenisca roja
que está cubierta de rodados patagónicos. En la margen sud se
encuentra, ¡i la mitad de este trayecto é intercalada entre la for-
mación i-oja y la de rodados patagónicos, una formación de toba
gris. En la confluencia misma las mesetas se componen, en su
parte inferior, de una arenisca cuarzosa roja no muy dura, pero
de masa muy compacta. La masa fundamental no es estratifi-
cada, pero se ven en ella capas de diversos materiales y de di-
ferentes colores rojos. A veces, está transformado en cuarcita.
En algunas partes el grano es mucho más grueso que en otras
y á veces está reemplazado por arcilla ó una especie de toba de
color rojo.
Todos estos depósitos que alcanzan aquí un espesor de
treinta á cincuenta metros, contienen agregados de cristales de
yeso y se encuentran á menudo restos de grandes Saurios y
madera silicificada. Estos Saurios han sido descritos por el
señor Lydekker en los «Anales del Museo de La Plata,» tomo II:
jiertenecen á una familia nueva denominada Titanosauridae, á
— 152 —
la cun! pertenece, según este paleontólogo, el género Titano-
saurus, enconti-ndo en la formación cretácea de Lameta, en la
India Central.
Encima de la roca ai'enisca roja sigue otra gris claro muy
parecida á la que se halla en frente de Roca, en la cual está
intercalada la formación marina mencionada. Aquí no he des-
cubierto ningún vestigio de depósitos marinos, pero en cambio
he encontrado una serie de Saurios mesazóicos de talla me-
diana, del grupo de los cocodrilos fluviales, ó más bien dicho
de lagunas, pertenecientes á una familia encontrada en Eu-
ropa en las formaciones wealdeanas y purbeckeanas donde
están representados pov los géneros GoniophoUs, Benüsartia,
TheriossHcliiis, Nanosuchus y Oweniasiichus. Los re|)liles encon-
trados aquí pertenecen á géneros desconocidos. El señor Smitli
Woodward, los ha descrito en los «Anales del Museo de La
Plata», tomo IV, estableciendo dos géneros nuevos: Kotosuchus
y Cijiiodonlosiichus. También se ha encontrado en estos mismos
depósitos algunas víboras aún no determinadas.
Esta roca arenisca cuarzosa de color gris claro, presenta en
su conjunto casi los mismos caracteres que la de abajo; la di-
ferencia consiste sólo en el color ; en vez de ser rojo, es gris.
Estos depósitos terminan, en la parte supei'ior, en un banco de
cuarcito que siendo más resistente á la erosión, forma una
cornisa saliente, visible de lejos. Encima de este banco se halla
iilra vez una arenisca roja como la de la parte inferior, pero
aquí predomina en vez de la arena, la arcilla ó toba. Debo re-
marcar, que tanto en los depósitos de arenisco rojo inferiores
como superiores, he encontrado solamente restos de grandes
Saurios de la familia Titanosauridae y ningún vestigio de los
medianos encontrados en la arenisca gris. En cambio no he
encontrado en estos últimos depósitos huesos de los grandes
Saurios que abundan piiui'ipalmente en los depósitos rojos
superiores.
Las cumbres de las mesetas están cubiertas de rodados pa-
tagónicos, depositados directamente sobre los sedimentos rojos,
faltando aquí por completo el arenisco gris del Rio Negro.
El señor Lapalowicz hace resaltar en su trabajo O la seme-
janza de esta formación con la de Monte Hermoso, y parece que
este señor se inclina á creer que las dos formaciones pertenecen
auna misma edad. Efectivamente: se imdiera confundir mirán-
(') «Das Ilio Negi'o-Gebiet in Patagonien», Denkschrilt der kaiser-
lichen Academie der Wissenschaften (Viena, 1803).
— 153 —
dola de lejos con la formación pampeana inferior; pero exami-
nándola, se ve bien que se trata dedos formaciones completa-
mente distintas, que no tienen otra analogía que el color. l'Á
viajero que ¡lasa por el Valle Limay sin examinar detenida-
mente esta formación, ¡niede creer que se trata de sedimentos
muy homogéneos y sin embargo no existe más que una uni-
formidad en el color: tanto la composición de material como la
construcción en general, cambia continuamente desde la Con-
fluencia hasta el Rio Pichi|)icum-L,eufu.
A pocas leguas de la Confluencia, la roca arenisca está
reemplazada por arcilla muy tína y depósitos de tobas. Dos le-
guas arriba del P'ortin Descanso hasta la Bajada Chocon, la
base de las mesetas se compone de una piedra de toba, muy
dura, (|ue alcanza un espesor de cien metros. Encima de esta
sigue un sedimento rojo de diferentes clases de arcilla, de un
espesor de cincuenta á ciento cincuenta metros. En la Bajada
Colorada las mesetas, que alcanzan aquí una altura de más de
doscientos metros, se componen de un sedimento rojo muy par-
ticulai'. Este consiste en una arcilla parecida á loes muy áspero
y lleno de pequeños fragmentos de roca de canto filoso, pero
de la misma materia como la arcilla. A primera vista se po-
dría confundir con depósitos glaciales. Hasta en la forma como
se efectuó la erosión de las mesetas, parece que fuesen de orí-
gen glacial. Sin embargo, no hay duda ninguna que pertenecen
á la misma formación arenisca roja de la Confluencia.
En este punto existe un filón de roca volcánica de unos tres
metros de ancho que atraviesa una meseta, continuando en la
misma dirección al otro lado del valle del Rio Limay que tiene
aquí unos cinco kilómetros de anchor. Como la roca del filón
es más resistente á la acción de la erosión que el arenisco,
ésta forma una pared angosta de algunos meti-os de altura.
Sin duda se trata de una hendidura de tierra por donde ha
l)asado una masa volcánica liquida. Lo admirable es su grande
extensión en lo largo por su poco anchor.
VI
DE PICHIPICUM-I.EUFU HASTA COLLÓN -CURA
En el rio Picliipicum-Leufu, la formación de la arenisca roja
se pierde debajo de una formación volcánica, y en su lugar
aparece una formación de cuarcita muy dura, que no he ob-
— 154 —
servado en otros puntos y aquí solamente en muy limitada ex-
tensión. Yo creo que se trata de una formación distinta y más
antigua que la del arenisco rojo.
El camino que va al lago Nahuel-Huapi abandona aquí el
valle del Rio Limay y corta encima de las mesetas al valle del
Rio Gollon-Cura en dirección nord-oeste. Desde este punto el
paisaje cambia completamente y presenta un aspecto muy par-
ticular. Pasando el rio Pichipicum-Leufu, el camino sube á una
meseta de más de trescientos metros de altura que se extiende
casi horizonlalmente hasta el pié de las serranías de Chapelcó.
Esta llanura está interrumpida sólo por una pequeña serranía
de poca elevación en el paraje denominado Angostura.
Esta planicie está surcada en todas direcciones por eañado-
nes de doscientos á trescientos metros de profundidad que se
dividen continuamente y comunican unos con otros. Por esta
circunstancia se puede ir con carros por el sud de Limay hasta
el lago Nahuel-Huapi. Las altas planicies están completamente
desprovistas de árboles y se parecen por esto á las pampas de
Buenos Aires, solamente que el pasto es menos abundante. La
tierra humus falta; piedras volcánicas cantosas cubren la su-
perficie, entre las cuales, en la roca descompuesta, crece pasto
duro y una grande variación de cactus muy espinosos.
En los cañadones crece abundante pasto que es inmejora-
ble para la cría de hacienda. El ancho de los cañadones varía
mucho; mientras que algunos tienen de uno á dos kilómetros,
otros alcanzan sólo de cien á doscientos metros. En casi todos
corren pequeños arroyos que se alimentan por numerosas ver-
tientes que bi'otan por debajo de las capas de lava.
La base de las mesetas está compuesta de una toba de color
gris, llena de manchitas blancas y i)equeños fragmentos de pie-
dra pómez. La masa, muy compacta, no es tan dura que no
se pueda cavar con pico. Solamente en algunas partes se en-
cuentran concreciones duras. La masa principal es sin estrati-
ficación. Los depósitos de toba están cubiertos por una masa
volcánica con aspecto de basalto obscuro, sumamente duro. La
masa piúncipal es compacta, mienti-as que la parte exterior es
)>orosa en algunas partes; la porosidad es tal que parece pie-
dra pómez.
En el Pichipicum-Leufu donde el camino sube á lámesela,
se vé en la parte superior del depósito de toba, donde éste está
en contacto con la lava, una hermosa variación de colores que
llama la atención ya desde lejos. El color gris cambia paulati-
namente en amarillo, tomando más arriba un color rojo su-
— 155 —
bido, obscureciéndose siempre más hasta tomar el color obscuro
de la lava. Aquí tiene el observador una metamorfosis cáustica
muy típica.
En la Piedra de Águila, á seis leguas de Pichipicum-Leuf'u,
se componen las mesetas de una roca muy distinta de la toba
gris; sin embargo, creo también que es una clase de toba, pero
más antigua, de color chocolate, sumamente dura, que no se
puede cavar con pico; es de construcción masosa y presenta ca
partes estratificación; parece que se trata de una toba porfirica.
(Las muestras de rocas traídas de la última expedición, todavía
no han sido determinadas.)
Estas mesetas tienen una altura de doscientos á trescientos
metros sobre el nivel de los cañadones. La parte superior está
cubierta por una capa de lava muy porosa, faltando los roda-
dos patagónicos.
Por este paraje pasa el Arroyo de las Vertientes, que sejunta
precisamente en Piedra de Águila con otro ai-royo que viene
de la Angostura. Siguiendo á éste, se llega, á unas .seis leguas
más arriba, á un lugar denominado Piedra Pintada, tal vez
llamado así, porque las rocas de las barrancas presentan co-
lores tan vivos que parecen ser pintadas.
Las mesetas toman, en este punto, la forma de pequeñas
serranías y colinas y presentan una estructura geológica bas-
tante complicada é interesante que puede dar mucha luz sobre
la edad geológica de las formaciones eruptivas de la Patagonia;
pero para poner en claro las complicaciones geológicas en esta
región, se necesitaría un mapa topográfico detallado y algunos
meses de tiempo para el estudio. Grandes masas de magmas
i'ompieron aquí á través del gneis y de otras rocas semejantes,
rellenando las desigualdades del terreno que existían, produciendo
al mismo tiempo en las capas antiguas dislocaciones, brechas
y fenómeno^s batolíticos y lucoliticos, que hacen aparentar las
masas eruptivas más modernas y como pertenecientes á la
misma formación del gneis. Aquí existen también depósitos se-
dimentarios con fósiles marinos y terrestres intercalados entre
rocas eruptivas. Todas estas formaciones son cruzadas por filo-
nes de basalto.
En las inmediaciones de Piedra Pintada he encontrado una
formación marina con muchos fósiles, entre ellos Lythotrochus
Hiimholdti y Vola alata, lo que demuestra que esta formación
debe ser jurásica inferior (lias). Todo esto indica que en esta
región ha existido una antigua serranía que en parte ha des-
aparecido por la erosión. En este mismo sitio he encontrado
— 156 —
t:imbien unns pequeíins velas de corljon de piedra. Un estudio
detenido dni-ia iiroboljlemente con minas de carbón de piedra.
Todas estas coniplieaciones geológicas se hallan en una zona
muy limila(bi desde Piedra Pintada, pasando por la Angostura,
basta el Cañadon Carro Quebrado. Antes de llegar al valle
del Rio Collón -Cura, estas formaciones están cubiertas por la
toba gris y mantas de lava: solamente cerca de la desemboca-
dura del Rio Caleufu en el CoUon-Cui-a aparecen otra vez, en
un trecho limitado, unas formaciones parecidas á las de la
Angostura.
El señoi' Zapalowicz designa esta formación de la Sierra
de la Angostui'a, como grupo andesita antiguo (i'iltrre Andesif-
gnippc) y la coloca como el gi'upo andesita moderno {¡iuigere
Andesitgrappe) en la época terciaria. Este señor no debe haber
examinado bien esta formación. Justamente, en la parte más
alta de la sierra que él describe, existe un depósito de gneis
con filones de una especie de granito muy parecido á legma-
tita. Si bien he encontrado en otras regiones de la Patagonia
depósitos de granito que no pueden tener una edad más antigua
<|ue el cretáceo, los sedimentos marinos, con fósiles del lias
demuestran que no toda la formación que existe allí puede ser
terciaria. Las mantas y filones de lava basáltica que cubren
y atraviesan en algunas partes la masa principal, pueden ser
terciarias; pero el conglomerado eruptivo, la loba roja, el are-
nisco cuarzoso y los depósitos marinos son, seguidamente, meso-
zoicos y el gneis y el granito tienen lodo el aspecto de las an-
tisuas formaciones arcaicas.
VII
I, AS MESETAS EN EL VALLE DEL RIO COLLON-CURA
L-as mesetas en la parte baja del valle del Rio Collon-Cura,
consisten en su base de toba gris, que tienen un espesor de cien á
ciento cincuenta metros, muy homogéneas, de masa compacta
pero no muy dura y de ninguna estratificación. He encontrado
en ésta, en varias parles, restos de mamíferos fósiles que de-
muestran que esta formación pertenece á la misma edad que
la formación santacruceña. La enumeración de estos fósiles
la encontrai'á el lector en la segunda j)arte de este traliajo.
Esta formación de toba se extiende desde Junin de los An-
des sobi-c una gi'an parte de las mesetas al sud del Limay,
— 157 —
hasta el Teri'itorio del Cluibut. La he encontrado en el Rio
Senguerr con los mismos fósiles como en el Col Ion-Cura y creo
que los depósitos marinos que hoy en el Rio Cliubut cerca de
la costa del Atl.-'mtico, pertenecen también á esta formación,
aunque los sedimentos son algo diferentes. También he encon-
trado en la parte supei-ior de la formación marina los mismos
restos de mamíferos como en las mesetas del Collon-Cura.
Encima de la toba en el valle del Collon-Cura, hay una capa
de lava de treinta á cincuenta metros de espesor; á ésta sigue
una formación arenisca poco consistente, que tiene cien y más
metros de espesor. Esta es bien estratificada; contiene mucha
piedra pómez y se parece mucho al arenisco gris del Rio Negro
en Choele-Choel. Las capas de esta formación son muy varia-
das; la composición del material cambia de dos á tres veces
en un metro de espesor, pero como la sucesión de las capas
varía también mucho, según la localidad, casi no hay objeto de
enumerar estas variaciones. Lo que hay de notable, es que la
mayor parte de los sedimentos son de origen eruptivo. A pesar
de todo el empeño que me he dado en buscar fósiles en estos
sedimentos no he podido descubrir ningún vestigio.
Por el lado de las sierras las capas areniscas están reem-
plazadas á menudo por conglomerados de guijarros gruesos.
Esta formación está depositada contra las rocas volcánicas que
constituyen las serranías al oeste del Collon-Cura. Las mesetas
que parecen ser completamente llanas, tienen aquí doble altura
que en el Collon-Cura. En esta parte no he visto la formación
de la toba gris en la superficie, y parece que ha existido entre
esta formación y la roca eruptiva de las sierras, una gran de-
presión del suelo que ha sido rellenada por la formación de
la arenisca.
He tenido ocasión de estudiar tres puntos en que estas mese-
tas están en contacto con las sierras: uno en el valle Quilqui-
hue, otro en el valle Caleufu y otro en el arroyo Pichi-Limay;
en ninguno de éstos he visto la formación de toba gris. Las
faldas de las mesetas que tienen una altura de unos seiscien-
tos metros sobre los valles, se componen puramente de la for-
mación arenisca.
Estos depósitos sedimentarios pertenecen indudablemente á
la misma formación de arenisco gris del Rio Negro, que se
extienden, como la toba gris y los rodados patagónicos, sobre
una gran región de la Patagonia. Los he encontrado en algu-
nas partes del Rio Deseado, lo mismo que en el Rio Senguerr,
donde están depositados en un paraje sobre la toba gris como
Tomo IX 1 2
— 158 —
en el Colloii-Cura. En el Senguerr, he encontrado en la arenisca
moldes de moluscos y carneóles que parecen ser de agua dulce.
En las mesetas del valle del Rio Collón -Cura sigue sobre
la formación arenisca una capa de escoria que á menudo está
reemplazada hacia el lado de las sierras por rodados glaciales
provenientes de las grandes moi'renas que existen en el inte-
rior de la Cordillera.
VIH
Tafelgchirge {^) al oeste del collón -cura
Siguiendo el Rio Caleui'u hacia su nacimiento, se atraviesa
una región muy montañosa y se nota desde el arroyo Chu-
chuma un gran cambio en el paisaje. El rio corre por un
valle muy encajonado; de ambos lados se levantan montañas
de unos dos mil metros de altura que hay que faldear cru-
zando continuamente el rio de un lado á otro para poder seguirlo.
Toda esta región es muy quebrada, llena de angosturas en que
corren arroyos y pequeños torrentes que caen en forma de
cascadas de las faldas de las montañas.
La erosión ha producido en esta región caprichosas formas;
en algunas partes las peñas se parecen a ciudades derrumba-
das, con torres, castillos, fortalezas con grandes murallas, etc.
Antes de llegar á la confluencia de los ríos Meliquina y Fi-
lohuen que forman el Rio Caleufu, la quebrada se abre en un
ancho valle que se bifurca más arriba en dos ramos; el uno
toma la dirección norte y va al lago Metiquina y el otro se di-
rige al oeste y va al lago Filohuen. En este último hay que
pasar una colina de una morrena antigua antes de llegar al
lago. Este se halla en una altura de ochocientos cincuenta me-
tros sobre el mar y ocupa todo el ancho del valle, teniendo una
legua de largo por media de ancho. En los dos lados, las fal-
das de las montañas descienden directamente al agua, de ma-
nera que no se puede transitar por la orilla ; hay que faldear
las montañas cubiertas por espesos montes para llegar á la
parte superior del lago, en donde existe un hermoso valle que
antes ha sido ocupado también por otro lago.
En la parte superior de este valle se halla un pequeño lago
de un kilómetro cuadrado más ú menos de superficie. Sus ori-
llas descienden perpendicularmele á grandes profundidades y
por su forma redonda, este lago parece ser la boca de un cráter.
(') Cerros tabulares.
— 159 —
A muy poca distancia de éste se encuentra el liermoso lago
Falkner y en su })rolongacion, separado por un corto brazo de
rio, el lago Villarino. Kstos lagos están rodeados de montañas
cubiertas por espesos montes vírgenes, casi impenetrables, y en
el fondo del paisaje se levantan las altas Cordilleras con sus
cumbres ijlanqueadas de nieve perpetua y sus grandes ventis-
queros que bajan casi hasta los valles.
Lo que llama más la atención en esta región, es la particu-
laridad de que casi todas las montañas, desde el arroyo Chu-
chuma hasta los lagos mencionados, tienen la misma altura,
formando largos cordones á los costados de los rios y lagos. He
subido en varias partes á estos cordones y he visto que las
cumbres, no destruidas por la erosión, presentan extensas lla-
nuras sobre las cuales se puede viajar como en las mesetas
del Collon-Cura. Toda la estructura de estas montañas indica
que esta región formaba en un tiempo una altiplanicie de dos
mil metros de altura, recostada hacia los Andes, v que su ac-
tual orografía la debe casi sólo á la erosión muy avanzada.
Se parece en todo á las mesetas que se extienden de ambos
lados del valle del Rio Chubut desde Paso de Alsina por arriba,
solamente que estas últimas son menos altas.
En las altas mesetas al oeste del Collon-Cura, que se po-
drían denominar Altas Mesetas de Chapelcó para distinguirlas
de los mesetas del Collon-Cura, hay unos puntos aislados que
se elevan sobre el nivel general, pero esto no autoriza señalar,
como se ha hecho, estos cordones como cadenas (Ketteiujebirge).
En casi todas las mesetas de la Patagonia hay puntos aislados
que se elevan sobre el nivel general. Se ha intentado señalar
las altas mesetas de Chapelcó como cadenas laterales que se
encadenan al eje principal de los Andes y se les ha dado en
algunos mapas una forma simétrica que no tienen y que no
concuerda en absoluto con la construcción que presentan. En
primer lugar falta toda clase de plegamento que caracteriza el
Kettengebirge. Todos los depósitos se hallan en su posición pri-
mitiva; las estratificaciones son completamente horizontales;
los cordones siguen la dirección del curso de las aguas, lo que
prueba que deben su orografía á la erosión. Si las altas me-
setas han tomado aquí, en algunas partes, la forma de mon-
tañas con crestas y picos, es por la erosión muy avanzada y
donde la erosión no ha destruido las cumbres, éstas son ex-
tensas y llanas. En castellano no conozco otra expresión para
señalar esta clase de serranías que el nombre de cordones de
mesetas, lo que no es muy adecuado; mejor sería usar la muy
— IGÓ —
sigaiFicaliva denominación alemana Tafelgehirr/c, que aún es más
explicativa que la palalji'a inglesa 'rabie- inouiifniíí ó montaña
tabula !•.
Estas mesetas ó tul'elgobirge se componen de una forma-
ción eruptiva muy variada en la composición de sus materiales,
de colores vivos, que dan a esta región un aspecto muy singu-
lai'. Las muestras de estas rocas recolectadas durante la expe-
dición no han sido determinadas por un petrógrafo, así que no
puedo entrar en detalles. Lo (|ue más abunda son diferentes
clases de tobas y otros sedimentos, en su mayor parte también
de origen volcánico; éstos forman la masa principal á veces
recostada contra anchos pilones de rocas efusivas y muy á me-
nudo atravesados por filones de lavas modernas. Existen tam-
bién grandes cordones de montañas que se componen de tobas
con interposiciones de mantas de lava. Por el lado del Valle
del Limay predominan brechas (Brcceieii) y depósitos de con-
glomei-ado que muchas veces se componen de piedras can-
losas gruesas.
Los conglomerados, casi todos estratificados horizontalmente,
alternan frecuentemente con piedras areniscas, arcillosas y to-
bas. Interesantes son los efectos que produce la erosión en estos
depósitos sedimentarios. Se encuentran algunas veces pilares con
estratificaciones horizontales de pocos metros de anchor que
tienen de veinte á cincuenta metros de altura, que son com-
pletamente separados de la pared de la montaña. También se
ven á menudo peñas de estratificación horizontal rajadas y par-
tidas verticalmente ó derrumbadas en las bai-rancas con frac-
turas completamente verticales á la estratificación. Esto debe
ser una descomposición especial y característica de esta roca ;
la he visto también en otras partes, por ejemplo en el valle del
Rio Chubut, donde existe una formación igual.
El origen volcánico de la mayor parle del material de estos se-
dimentos indica, que la formación de estas montañas ha durado
mucho tiempo y que ha hal)ido, entre las acciones volcánicas
activas, largos períodos de tranquilidad, durante los cuales acti-
vaba la erosión en la roca eruptiva, dando origen á nuevas for-
maciones sedimentarias. Lo que llamó más mi atención en esta
región fué que hay muy pocas dislocaciones en las capas; casi
siempre las he encontrado en su primitiva posición horizontal.
En este lugar no he encontrado otra clase de fósiles que
madera silicificada, en una capa que se halla á dos mil metros
de altura, pero no cabe duda que buscando detenidamente se
encontrarían también en esta región restos de vertebrados. Esta
— 161 —
formación tiene como los anteriores una gran dispersión en Pa-
íi'onia ; la lie encontrado liastante desarrollada en el Territorio
del Rio Negro, un poco al sud de Maquincliau. Las mesetas del
Rio (lliubut se componen, en su mayor parte, de esta formación;
en el Rio Chico y en el lago Musters está muy desarrollada v
también la he visto en el Rio Deseado, donde se dirige hacia el
sud. En varios de estos lugares he encontrado en la toba restos
de saurios y mamíferos, y en parles también algunos moluscos.
Una comparación de estos restos con los que he encontrado en
el arenisco y la toba roja, en la confluencia del Limoy y Neu-
(|uen, demuestran que estos sedimentos y estas rocas eruptivas
pertenecen á una misma formación.
Parece que hay algunas clases de tobas en que no se con-
servan los huesos, en las cuales se descomponen hasta las con-
chas de los moluscos que son muy resistentes a la descomposición.
He visto en la toba terciaria, válvulas muy gruesas de la Ostrca
paiagoitica completamente descompuestas, que sólo han dejado
su relieve. A esta circunstancia ati'ibuyo que se precisa á veces
recorreí' veinte y hasta cincuenta leguas antes de encontrar en
estos depósitos eruptivos un yacimiento con fósiles. Varias ve-
ces he visto grandes huesos de saurios que consistían solamente
en una masa de polvo blanco que se deshacían por los vientos
it medida que se descubrían. Esta circunstancia hace muy pe-
noso el trabajo de coleccionar fósiles en esta formación. Hay
([ue recorrer y registrar las serranías de arriba aliajo, ])ara en-
contrar, donde menos se jiiensa, un yacimiento con fósiles.
Nú dudo que la presente formación eruptiva, con su variedad
de depósitos sedimentarios, se subdividirá en diferentes pisos ó
períodos una vez estudiadas en detalle las diferentes localidades;
por ahora la designaré por una sola formación con el nombre
de «Formación de toba cretácea» para distinguirla de la for-
mación de toba terciaria.
En el Lago Falkner, la formación de toba cretácea descansa
sobre el granito. Se vé como en algunas partes la roca efusiva
ha atravesado aquí el granito y se ha depositado arriba de
éste, de manera que la base de la montaña se compone de
granito y las cumbres de roca eruptiva más moderna. He visto
un paraje, donde el magma volcánico ha encontrado tanta
resistencia en el granito, que no ha llegado á traspasarlo,
abi'iéndose camino al lado y formando de esta manera depó-
sitos intrusivos en el granito, que hacen aparentar las brechas
y rocas andesíticas como pertenecientes á la misma formación
— 162 —
Este paraje me tenía muy preocu)iado: creí al principio haber
dado con granito moderno; pero más tarde vi que se tratalja
solamente de una intrusión. He observado que los puntos de
contacto de la roca cretácea con las formaciones más antiguas
de granito, gneis y pizarra, se hallan siempre en la región de
los lagos. Asi, por ejemplo, siguiendo el Rio Limay no se en-
cuentra otra roca en las serranías que la de la formación cre-
tácea, excepto los depósitos glaciales; recien en el Lago Nahuel-
Huapi ai)arecen formaciones de granito, gneis y pizarra, sobre
las cuales están depositadas rocas eruptivas más modernas.
Otro tanto se observa siguiendo el Rio Traful donde recien en
el lago del mismo nombre se encuentra granito. En las serra-
nías del Rio Caleufu no aparece tampoco una formación más
antigua hasta llegar al Lago Falkner donde, como hemos visto,
existe granito y las mismas observaciones se hacen en los la-
gos Lacar y Lolog donde las formaciones cretáceas descansan
sobre granito y gneis. Parece que la existencia de los nume-
rosos lagos está en relación con los puntos de contacto de la
formación cretácea con rocas graníticas de gneis y de pizari-a
más antiguas. Pudiera ser que estos lagos se hayan formado
en depresiones originadas por sublevamientos en las capas al
prorrumpir los magmas á través de las formaciones antiguas.
A veces se hallan dislocaciones en el granito y donde existen
gneis y pizarra, éstas presentan plegamentos. He visto un plc-
gamento muy hermoso en una formación de pizarra en el lago
Nahuel-Huapi. Cerca de la boca de desagüe del lago por el
Limay hay tres cerros juntos; el del medio, es de roca eruj)-
tiva y los otros dos de una piedra de pizarra amarilla; estos
últimos son formados por tres plegamentos de las capas; á
más de éstos, las capas están llenas de pequeños pliegues
secundarios. Este punto y toda la región de los lagos son muy
interesantes |)ara el estudio del mecanismo de los Andes, pero
no entraré en más detalles y sólo mencionaré los depósitos
glaciales que existen en estos parajes.
Desde la desembocadura del Traful, en el Limay, el valle
de este último es sumamente angosto, formando quebradas y
angosturas. Unas cuatro ó cinco leguas antes de llegar al lago
Nahuel-Huapi, las montañas del lado izquierdo se retiran hacia
el norte, dejando libre una ancha pampa, que rodea el lago
¡)or el este y por el sud. En el lado sud de esta pampa, el Li-
may se ha cavado un profundo canal, descubriendo depósitos
glaciales. En la extensa llanura hay dos grandes y varios pe-
queños terrados fluviales {Flussterrasseu ) . lo mismo que al-
— 163 —
gunos peñascos aislados de ciento cincuenta á doscientos me-
tros de altura, que se levantan en forma de islotes sobre la
]>ampa. Tanto los terrados fluviales como los otros fenómenos
que se presentan a(|uí, ponen de manifiesto que la pampa ha
sido ocupada por el lago y que se ha formado por haberse re-
llenado esta parle del antiguo lago con escombros glaciales de
ventisqueros que han existido en otros tiempos en las faldas
de las montañas. También casi todos los otros lagos, que se
hallan al poniente del Rio Collon-Cura, han sido antes mucho
más extensos que ahora; los lagos Filohuenliuen, Falkner y \'illa-
rino, seguramente formaban en un tiempo un solo lago muy
largo y angosto: se nota perfectamente bien que el hermoso
valle que separa el lago Filohuenhuen del lago Falkner es un anti-
guo fondo de lago. En muchos otros valles de esta región,
donde hoy no existe lago alguno, se encuentran también
vestigios de antiguos lagos, que han sido rellenados por detri-
tos glaciales. Todos estos lagos han sido no sólo mucho más
extensos sino que sus superficies se hallaban en un nivel mucho
más elevado que ahora, como lo demuestra patentemente los
terrados fluviales y lacustres que se hallan en las faldas de las
montañas, y seguramente muchos desaguaban por ríos que hoy
no existen más. Esta circunstancia nos da también la explica-
ción del origen de las capas de rodados patagónicos que exis-
ten en la parte superior de las mesetas en el bajo Limay y Rio
Negro, donde los rios actuales no las habrían podido depositar.
El que examina la formación de rodados en las mesetas desde
la costa del Atlántico hasta el pié de los Andes, tiene que con-
vencerse que los depósitos patagónicos no pueden ser de orí-
gen marino, como opinaba Darwin y como sostiene Ameghino
aun hoy.
En el Valle del Limay, unas dos leguas arriba de Casa de
Piedra, se ve, en la falda de las montañas, terrados lacustres,
que indican claramente que el lago Nahuel-Huapi ha llegado
en un tiempo hasta esta altura. Las angosturas por las cuales
corre hoy el Limay, antes de llegar al Traful, tienen que ha-
ber sido entonces cerradas y no me extrañaría que se encon-
trase más al sud un antiguo lecho de rio, por donde antes
desaguaba el lago. Estas angosturas y quebradas del Limay
tienen, en esta parte, un aspecto de erosión moderna; no se
ven escalones fluviales como los hay más arriba y más abajo-
Es muy probable que un pequeño rio venía de esta dirección
y alimentaba, junto con el Rio Traful, un antiguo lago que
debe haber existido, como lo demuestran los depósitos lacustres
— 164 —
en los inmediaciones de la desembocadura del Pichi-Limay, y
(|ue el mismo pequeño rio haya abierto camino hasta la orilla
del lago Nahuel-Huapi de aquel tiempo, que entonces comenzaba
á desaguar por allí, abriendo con su caudal el profundo canal
del actual Limay. El carácter de la formación de los terrados
que constituyen la pampa que rodea este lado del lago Na-
huel-Huapi explica semejantes acontecimientos.
El doctor Zapalowicz, que también menciona numerosos
depósitos de antiguos lagos (Seeboden ó Seeplaftcti) , en los va-
lles de esta región, es de opinión que estos terrados fluviales
no son de origen glacial. El dice (|ue ha visto terrados fluvia-
les que tienen el aspecto de morrenas laterales, pero que en
realidad nada tienen que ver con éstas. Realmente los depósi-
tos de rodados que constituyen la pampa por el lado este y
sud del lago Nahuel-Huapi no presentan los caracteres de ver-
daderas morrenas.
Los depósitos de guijarros se presentan casi siempre con
estratificaciones bien visibles. Las piedras son muy redondea-
das como las que transportan los rios y arroyos y no como las
que dejan los ventisqueros al derretirse el hielo. Piedras can-
tosas faltan casi por completo y no he podido descubrii- nin-
gún rodado estriado, á pesar de todo empeño en buscarlo. La
única cosa que hace suponer depósitos glaciales, son grandes
l)loques aislados de granito, cuya roca no existe en el mismo
sitio, pero éstos pueden haber sido traídos, como lo dice tam-
liien el doctor Zapalowicz, por hielos flotantes en el momento
que este paraje ha sido ocupado por el lago.
He examinado depósitos de más de cien metros de altura y
no he visto ni vestigio de morrenas de fondo (Griüulmoranenj,
lo que indica que en este paraje no se trata de morrenas pri-
marias sino secundarias, ó lo que quiere decir, que el mate-
rial lia sido traido probablemente á este sitio por torrentes y
arroyos que salían de ventisqueros vecinos.
Respecto á los bloques de granito diseminados en los depó-
sitos guijarrosos, poco implica que hayan sido traidos en hielo
flotante, desprendido de ventisqueros que bajaban hasta el lago
ó que los ventisqueros hayan avanzado alguna vez hasta este
sitio y al retroceder los hayan dejado allí. Lo que interesa á
la Geología, es saber si en esta i-egion ha habido un tiempo
glacial que corresponde al tiempo glacial de Europa. Esta
cuestión, tan discutida en los últimos años principalmente por
el señor Ameghino, que niega en absoluto un tiempo glacial
en Patagonia, está completamente deflnida en contra de esta
- 165 —
opinión. Sólo por capricho ó ignorancia en la materia, se puede
negar un tiempo glacial en Patagonia. No solamente los gran-
diosos depósitos de morrenas al sud del Rio Chubut, sino tam-
bién los numerosos vestigios glaciales que hay en el Territorio
del Neuquen prueban, con evidencia, que en los tiempos cua-
ternarios han existido inmensos ventisqueros en sitios donde,
con el clima actual, no puede haberlos.
RESUMEN
Comparando las relaciones estratigráflcas de las formacio-
nes mencionadas en todo su extensión desde Bahía Blanca
hasta el pié de la Cordillera, obtenemos en su conjunto el perfil
de la lámina I que representa un perfil transversal desde Car-
men de Patagones hasta el Lago Falkner O.
La formación pampeana superior, que en Bahía Blanca se
halla debajo de la tierra humus y que se compone de un loes
muy arenoso, viene en su dirección al sud suce.sivamente más
arenosa, siendo reemplazada en Carmen de Patagones por un
depósito de arena con pequefaos rodados, que se transforma, rio
arriba, en capas de rodados. Estas continúan hasta las Cordille-
ras, donde forman terrados fluviales y lacustres así como de-
pósitos de morrenas. Esta formación, descansa en Bahía Blanca
sobre una capa de tosca ; en el Valle del Rio Negro, sobre el
arenisco gris, y en el Valle del Limay, sobre la formación
cretácea; desde la costa del mar hasta el Arroyo Pichipicum-
Leufu, ésta forma la capa superior que se extiende casi sin
interrupción sobre todas las mesetas. Suele faltar en las me-
setas mas altas y es reemplazada á veces por depósitos de es-
coria. En las Ante-Cordilleras (Tafegelbirge de Chapelcó), se
halla solamente en los valles y en algunas faldas de las mon-
tañas. No cabe duda que esta formación corresponde á la época
cuaternaria de Europa.
Debajo de esta formación tenemos en Bahía Blanca otro de-
pósito de loes muy arenoso que se transforma sucesivamente, en
su dirección hacia el sud, en piedra arenosa pura que constituye
la formación arenisca del Rio Negro, la cual corresponde á la
O Las alturas de las mesetas est;'in un poco aumentadas en este perfil;
en la escala 1:150000, una meseta dn cincuenta metros de altura no darla un
medio milímetro; también donde continúan las mismas capas sobre grandes
extensiones he suprimido extensiones más ó menos largas para acortar el
perfil.
— 166 —
parte superior de la formación pampeana intermediar de la pro-
vincia de Buenos Aires. En Bahía Blanca este depósito descansa
sobre la formación pampeana inferior (piso hermósico de Ame-
ghino) que tiene aquí, según las perforaciones practicadas en el
puerto, más de doscientos metros de espesor y se compone de
un loes algo impuro con interposiciones de capas areniscas y
arcillosas. En el Carmen de Patagones descansa la formación
de arenisca sobre depósitos marinos que, por ios fósiles que
contienen, deben pertenecer á la formación marina del Chubut,
la que corresponde, á su vez, á la formación santacruceña de
Ameghino.
Lín el valle del Rio Negro, esta formación constituye la base
de las mesetas hasta la Bajada de Chinchinal, desde donde se
halla depositada directamente sobre la formación cretácea.
En todo el Valle del Limay falla esta formación en las me-
setas, pero vuelve á aparecer de nuevo en el Rio CoUon-Cura
sobre la toba terciaria. Por su posición estratigrática, la for-
mación arenisca del Rio Negro puede corresponder al terciario
superior de Europa.
La toba clara terciaria c|ue constituye la base inferior de las
mesetas en el Rio Collon-Cura, se extiende en esta región sola-
mente un poco más abajo del arroyo Pichipicum-Leufu, donde
se halla sobre la formación cretácea; pero más al sud, llega en
algunas partes hasta la costa del Atlántico.
Los fósiles que he encontrado en esta toba demuestran que
ésta pertenece á la formación santacruceña, la que Ameghino
considera como perteneciente al eoceno inferior, mientras que
otros autores la creen miocena. Comparando los moluscos fósiles
de los depósitos marinos del Chubut, donde en la parte superior
abundan los restos de mamíferos de la formación santacruceña
con los moluscos de los depósitos marinos de Entre Rios, á los
cuales nunca se ha dado una edad más antigua que miocena,
se ha llegado á la conclusión que estas dos formaciones perte-
necen á la misma edad.
Es cierto que Ameghino cree que existen en el Chubut dos
formaciones marinas, una miocena y otra eocena, pero este no
es el caso ('). Además he encontrado los mencionados restos de
mamíferos en la parte superior de estos depósitos marinos:
por consiguiente, en la parte que debe corresponder al mio-
ceno, según Ameghino. En cambio, no se llega á la misma con-
(') Hablo ;i(jiii sólo de los depósitos marinos que se hallan cerca de la
costa atli'intica y no de las formaciones mesozoicas que están más al interior.
s
— 167 —
clusion, comparando los abundantes restos de mamíferos ex-
traídos de las dos formaciones santacruceña y entrerriana. Si
bien hoy algunos géneros que son comunes en las dos formacio-
nes, hoy, en cambio, en las formaciones santacruceñas, muchos
géneros y liaslo familias (|ue no se encuentran en Entre Rios, lo
c(ue no hace admisible la suposición de la contemporaneidad do
dos faunas distintas, ó dos provincias geológicas, con dos faunas
locales distintas. No hay duda que la fauna terrestre de la for-
mación santacruceña presenta, en su carácter general, un as-
pecto más antiguo que la de Entre Rios. Con esto no quiero
afirmar que la formación santacruceña sea eocena inferior; pero
dividiendo la formación terciaria de Potagonia en una superior
y una inferior, ésta, seguramente, pertenecerá á la inferior, lo que
no excluye sea miocena inferioi". La paralelizacion de las subdi-
visiones con los períodos de las formaciones europeas presenta
tantas dificultades, que no es fácil que los geólogos lleguen tan
[ironto á un acuerdo y prefiero limitarme, por ahora, á cons-
tatar solamente la existencia de los diversos depósitos sin pro-
nunciarme deiinitivamente sobre su edad.
La dispersión más grande en esta región tiene lo formación
de tobas cretáceas que comienza ya en el valle del Limay y se
extiende hasta la Cordillera. Se compone, como hemos visto,
en su mayor parte de tobas y areniscos con intercalaciones de
rocas efusivas. Sobre la edad de las diversas zonas de esta for-
mación nodo de seguro se puede decir hoy.
Los restos de los grandes Dinosaurios encontrados en estos
depósitos indican que deben pertenecer al tiempo cretáceo, de-
jándonos en duda sobre el período de esta época, tanto más
que los restos de cocodrilos encontrados en capas intercaladas
en esta formación pertenecen ó una familia, cuyos restos se
encuentran en Europa en terrenos jurásicos superiores ó cretá-
ceos inferiores, mientras que los fósiles marinos, también de
capas intercaladas, presentan el aspecto de la fauna del cretá-
ceo superior ó eocena inferior. En la presente formación, se
puede distinguir vorias zonos que probablemente abarcan dife-
rentes períodos del cretáceo; pero su separación no será posi-
ble hasta que se practiquen estudios detenidos de las relacio-
nes estraligráficos y petrográficas de las diversas capas y de
los fósiles que contienen. iMitro tanto, lo señalaré todo sola-
mente como Cretáceo.
Muy particular se presenta la formación marina con fósiles
del lias que se encuentra tan aislada en el medio de la toba
cretácea cerca de Piedra Pintada. Las capas de este depósito se
— 168 —
hallan en posición completamente horizonlal, así que no se
puede exi)licai- su presencia por efecto de plegomentos ú otra
clase de dislocaciones. Puede ser que aquí haya quedado un
resto de una antigua formación jurásica, mientras que las ca-
pas superiores liayan desaparecido por la erosión.
Las formaciones de gneis y granito, que se liallan en este
paraje y que están también en contacto directo con las tobas
cretáceas, apoyan esta opinión.
Respecto á las lavas andesíticas, basálticas, en una palabra
i'i las rocas efusivas que existen en esta región, no hay duda
que pertenecen á diferentes épocas. Seguramente ha liabido
desde los períodos jurásicos hasta los tiempos modernos derra-
mamientos de lava fluida y su edad se podrá constatar sola-
mente por sus relaciones estratigráficas con la toba y por me-
dio de comparaciones microscópicas.
Para terminar estos apuntes, todavía me queda referir las
formaciones de gneis y granito que existen en la Angostura,
en el Rio Collon-Cura cerca del Caleufu y en la Cordillera en
las inmediaciones de los lagos. A mi parecer las de los dos
primeros lugares no están en conexión con las de la Cordi-
llera; parece que a([uéllas pertenecen á una serranía muy an-
tigua, que ha desaparecido en parte por la erosión, mientras
que éstas tienen un aspecto comparativamente más moderno.
Sin embargo, el granito que hay en esta parte de la cordillera
es más antiguo que el que se encuentra en algunas localida-
des más al sud, pues, en esta parte, el granito está cubierto
por tobas cretáceas, mientras que en el lago Musters, por
ejemplo, se encuentran i'ocas graníticas que descansan sobre
depósitos de tobas cretáceas de estratificaciones completamente
horizontales y que contienen restos de Dinosaurios.
RESUMEN t Ir aducción)
Wenn man die stratigraphischen Beziehungen der hier an-
geführten Formationen in ihrer ganzen Ausdehnung von Bahia
Blanca bis an den Fuss der eigentlichen Cordilleren mit ein-
ander vergleicht, so erluilt man im Zusammenhange folgendes
Profil:
Tafel I veranschaulicht ein Querprofil von Carmen de Pa-
tagones bis zum Lago Falkner. Die Hühen des unieren Tafel-
— IG'J —
laudes sind etwas übertrieben, da eine Terrasse von 50 Meter
Hube bei diesem Massstabe keinen lialben Milimeter ergibt:
ebenso babe icb da, wo die Scliicbten auf grosse Slrecken die-
selben bleiben, das Profíl abgekürzl.
Die obere Pamiiasformation. die sicb in Babia Blanca Linter
der Humusscbichle betindet und bier aus einem sebr sand-
baltigen Loess bestelit, wird gegen Suden immer sandiger bis
sie bei Carmen de Patagones nur nocb aus Sandschicbten be-
steht, in welcben kleine Geroile vorkommen. Den Rio Negro
aufwarts gebt sie allmablig in Gerollscbicbten über, die sicb
bis in die Cordilleron verfolgen lassen, wo an ibre Stelle Fluss-
und Seeterrassen und Moranen treten. Diese Tbatsacben spre-
cben gegen Amegbino's Annabme, dass die patagoniscbe Ge-
rollformalion marinen Ursprunges sei und tbeile ich gan/. die
Ansicbt von Herrn Zapalowicz, der die Entstebung derselben
von den Flussterassen und alten Seeboden des Gebirges ber-
leitet, die ich jedocb zum Tbeil tur glacialen Ursprunges lialte.
In Babia Blanca rubt diese Formation auf einerToscaschicbte
dei- mitlleren Pampasformation , in Carmen de Patagones auf
der Rio Negro-Sandsteinformation und im unieren Limaythal
auf der Kreideformation. Von der Meeresküste bis zum Ari-oyo
Picbipicum-Leufu bildet sie eine fast ununterbrocbene Decke,
die sicii in einer Macbtigkeit von 20 bis 100 Meter über das pata-
goniscbe Tafelland ausbreitet. \'on bier nach dem Gebirge fehlt
sie ofl auf den büberen Plateaux; an manchen Stellen ist sie
durch Scblackenschicblen ersetzt. Im Tafellande westlicb vom
Collón -Cura Irifft man sie nur in den Tlnilei'n, Schluchten und
Bergbalden.
Diese Sedimentschicbten entsprechen ganz un/.weifelhaft der
Quaternar formation Europas.
Unter dieser Formation befindet sicb in Babia Blanca eine
andere sandhaltige Loessablagerung, die ebenfalls gegen Suden
allmíiblig in die Rio Negro-Sandsteinformation übergebt und
der oberen Abtbeilung der mittleren Pampasformation angehort.
Sie rubt bier auf der unteren Pampasformation (piso hermosico
von Amegbino), welcbe nach im Hafen Belgrano vorgenommenen
Sondirungen eine Miicbtigkeit von über 200 Meter hat, und be-
stebt ebenfalls aus einem ziemlich sandigen Loess mit Zwischen-
lagen von Sandstein und Tbonscbicbten.
In Carmen de Patagones rubt der Rio Negro-Sandstein auf
einer marinen Scbicbte, die nach den darin vorkommenden
Fossilien zu der Marineablagerung von Cbubut gebort. (Letz-
tere entspricbt der Santa Cruz-Formation von Amegbino.) Der
— 170 —
Rio Negro-Sandstein, welcher bis zur Bajada Chincliinal das
Liegende des Tafellandes bildet und von da an direkt auf dei-
Kreideformalion ruht, felilt im Tafelland vom Limay g¿inzlicli,
tritt aber neuerdings am Collón -Cui'a wieder auf, wo er über
dem terciaren hellen Tuff lagert.
Die Rio NegTO-Sandsteinformation kann nach ilirer strati-
grapliischen Slellung dem oberen Tertiar von Europa ent-
sprechen.
Der bellgraue Tuff, aus welchem am Collón -Cura der untere
Theil der Barranca dieses Tafellandes besteht, hat in dieser
Gegend keine sehr grosse Ausdehnung; er erstreckt sich nur
bis etwas unterhalb des Arroyo Pichipicum-Leufu, wo er auf
der Kreideformalion lagert. Weiter im Südem von Patago-
nien reicht er jedoch manchmal bis an die Küste des allanti-
schen Oceans.
Die fossilen Saugethiere, die ich in dieseí' Ablagerung am
Collón- Cura gefunden habe, zeigen, dass der helle Tuff zu der
Santa Cruz-Formation gehürt, welche Ameghino für unieres
Eocen hall, wahrend 'andera Autoren sie ais Miocen bezeichnen.
A'ergleichl man die fossilen Mollusken aus den Marineablager-
ungen von Chubut, in deren oberem Theile hí'iufig Saugethier-
reste der Sania Cruz-Schichten zu finden sind mil den Mollus-
ken aus den Marineablagerungen von Entre Rios, welchen
man kein hoheres Alter ais miocen geben kann, so kommt
man zu dem Schlusse, dass die Marineablagerung von Chubut
ebenfalls miocen sein muss. (Ameghino glaubt zwar, dass in
Chubut zwei Marineformationen existirán : eine mioceno und
eineeocene; diese Ansicht ist aber unhaltbar. Ausserdem habe
ich die Süugethierreste von Santa Cruz immer in den obersten
Schichlen der Marineablagerung gefunden.) Dagegen führt ein
Vergleich der fossilen Saugethierreste aus der Entre Rios- und
der Santa Cruz-Formation zu anderen Ergebnissen. Wenn es
auch einige Gattungen gibt, die in beiden Formationen vor-
kommen, so findet man in Santa Cruz Reste von Gattungen
und sogar von Familien, die in Entre Rios nicht vorkommen
und nicht zu der Annahme berechtigen, dass man es mit zwei
gleichallerigen geologischen oder zoologischen Provinzen zu
thun habe. Unzweifelhaft haben die Süugethierreste aus der
Santa Cruz-Formation ein ülteres Gepritge, ais die aus Entre
Rios, was aber noch nicht beslatigt, dass erstere Formation
ins untere Eocen gehürt. Würde man jedoch die ganzen Ab
lagerungen der Tertiai-epoche von Patagonien nur in eine obere
und untere Abtheilung eintheilen, so würde die Sania Cruz-
Formation sicher in die untere gehüren.
— 171 —
Die grósste Verbreituní; hat in dieser Gegend die Kreide-
formation; sie fiingt schon im Rio Negro-Thal an und erstreckt
sich bis in die Cordilleren. Wie schon dargethan, besteht diese
Formation zumeist aus Sandstein und Tuffablagerungeu, in
denen Zwischenlagen und Gange von Ergussgesteinen sowie
Conglomeratschichten und Breci-ien vorkommen. Die Schichten
dieser Formation, die sowohl das Tafelland am Limay ais aucli
das Tafelgebirge westiich vom Collon-Cura Jjildet, befinden
sich fast überall in horizontaler Lagerung.
Ueber das Alter der verschiedenen Zonen , weiche diese
Formation aufweist, Ivann heute noch nichts Bestimmtes ge-
sagt werden. Die Knochenreste der grossen Dinosaurier, weiche
ich im Sandstein und in Tuffen get'unden habe, weiseu darauf
hin, d.iss sie jedenfalls in die Kreide gehüren, welcher Periode
derselben isl niir jedoch noch nichtklar, um so weniger ais ich
in Zwischenlagerungen von Quarzsandstein eine grosse Anzahl
ziemlich gut erhaltener Krokodilchadel gefunden habe, deren
Gattungen Familien angehoren, die in den Wealden- und Pur-
beckformationen Europas vorkommen. Die marinen Fossilien,
Avelche ich in Roca ebenfalls im Quarzsandstein fand, haben
dagegen ganz das Geprage von Petrefakten aus der oberen Kreide
und dem unteren Eocen. Es ist moglich, dass die verschiedenen
Zonen alie Perioden der Kreidezeit umfassen ; diese künnen
aber erst auseinander gehalten werden, wenn die stratigraphi-
schen Beziehungen der verschiedenen Schichten unter sich und
die darin enthaltenen Fossilien gründlich sludierl werden; einst-
weilen bezeichne ich das Ganze einfach ais Kreidefbrmation.
Eigenthümlich ist die Marineablagerung mit Fossilien aus
dem Lias, weche sich so isolirt in den Kreidetuffen bei Piedra
Pintada belindet. Die Schichtung derselben ist vollstündig hori-
zontal, so dass man ihr ^'orhandensein hier nicht durch Dis-
lokation oder Faltung erklaren kann. Es ist anzunehmen, dass
hier der Rest einer alten Juraformation erhalten blieb, die
durch Erosión verschwunden ist. Bestürkt wird diese Annahme
dadurch, dass die Kreidetuffe hier in der Nahe ebenfalls mit
Gneiss und Granit in unmittelbarem Kontakt stehen.
Was die Ergussgesteine anbetrifft, so ist nicht zu zweifeln,
dass sie ganz verschiedenen Zeitraumen angehoren. Sicherlich
haben hier seit dem Jura bis in der Neuzeit immer von Zeit
zu Zeit vulkanische Ergüsse stattgefunden, deren Alter aber erst
durch ein genaues Sludium ihrer stratigraphischen Beziehungen
zu den Tuffen und durch mikroskopische Vergleichung des Ge-
steins festgestellt werden kann.
— 172 —
Schliesslich bleiben noch die Graait- uncí Gneissformationen
/u eiAviUiueii, welche sich iu dei- Angostura am Rio Collon-
Cui-u in der Nahe des Caleufu und in der Cordillere in der Um-
gebung dei' Seen beíinden. Mir scbeial, dass diejenigen, welcbe
an den beiden erst genannten Orlen vorkommen, niclit inn
Zuzamnienbang slehen mit denen in der Cordillere und zu
einem alten Gebirge gehoren, welches /um Theil durch Ero-
sión verschwunden ist, wahrend letztere in jeder Hinsicht ein
neueres Geprage aufweisen. Immerhin glaube ich. dass die
Granitformation hier in der Cordillere alter ist, ais einige Gra-
nite, welche weiter im Suden von Patagonien vorkommen, da
sie von Kreidetuft' überlagert wird, wiihrend z. B. am Lago
Muslers, ein granilisches Gestein auf horizontal gelagerten
Kreidescliichten liegt, in denen ich Reste von Dinosauriern ge-
funden habe.
B
Enumeración de mamíferos fósiles de la toba
terciaria
UNGULADOS
Hegetotherium
Para la delerminacion de estos Ungulados sud- americanos
se toca con muchas dificultades.
El señor Lydekker, por ejemplo, considera que los géneros
Pachyrucos y Ilegetotheriitm deben ser unidos en una familia y
propone el nombre Pachijntcidae i'K
El señor Ameghino es de la misma opinión y propone por
su parte el nombre Hegetotheridac ('). Como el respectivo trabajo
de Lydekker, escrito en los meses de Septiembre, Octubre y No-
viembre del año 1893 ha sido distribuido recien en el mes de
Marzo de 1894 (no en Abril como pretende Ameghino), disputa
él la prioridad á Lydekker por haberse distribuido su mencio-
nado trabajo tíimbien en el mes de Marzo.
Zittel coloca el género Hegetotherium con la familia Protypo-
ihrrídae (^). En otra obra Ameghino (*) ha formado una familia
Iiüeratheridae en la cual coloca el género Protgpotheriiini. Más
tarde cambió el nombre Interatheridae por Protypotheridae (°).
Estos repetidos cambios de nombres enredan la sistemática
tanto que, por último, no se sabe á qué atenerse. A mi'is se
O «Anales del Museo de La Plata» Paleontología Argentina, 1893.
(-) « Enuniération synoptique des espéces de mammiféres fossiles des
formations éocénes de Patagonie», Febrero 1894.
(^) «Grnndzíige dar Palaeontologie», 1895.
(*) «Contribución al conocimiento de los mamiferos fósiles de la Repú-
blica Argentina», 1889.
(°) «Revista Argentina de Historia Natural .>, tomo I, entrega 6 de 1801.
Tomo IX I 3
— 174 —
han establecido también en este grupo como en ios Nesodontes
sobre el diferente estado del desarrollo de la dentadura, no sola-
mente diferentes especies, sino también diferentes géneros. Hoy
que existe un abundante material de estos interesantes Ungula-
dos convendría ocuparse detenidamente en el estudio de ellos,
poniéndolos en claro. Por ahora tengo que limitarme á enu-
merar sólo las piezas traídas de mi último viaje al Territorio
del Neuquen dejando la cuestión sistemática á un lado.
Hegetotherium andinum, sp. n.
Esta especie se funda sobi-e un maxilar superior con toda
la dentadura de un lado. Junto con esta pieza he encontrado
un fragmento de mandíbula inferior con un premolar de que
no tengo plena seguridad si pertenece al mismo individuo.
Ameghino ha erigido diversas especies, unas sobre maxilares
superiores y otras sobre inferiores; así no hay seguridad de
que todas sean realmente especies diferentes.
Del Hegetotherium eostatmn del cual no describe más que
las muelas inferiores, dice que es de tamaño casi igual al del
Hegetothermm ciineatum. La longitud del espacio ocupado por
los p-H- á mJL es, según el autor, 37 milímetros. El presente
mide, en la misma parte, 44 milímetros; por consiguiente es
mucho mayor. Del Hegetotherium convexum, del que sólo des-
cribe dos molares, dice que es menor que el Hegetotherium mi-
rabile, y este último es aún menor que el Hegetotheriutn cuiieaíum.
Las especies strigatuin y minum son también más chicas.
La presente especie se distingue fácilmente por la prolon-
gación del premaxilar. El primer incisivo es angosto, tiene
apenas 8 milímetros de ancho por 3 de grueso, se encuentra
muy de costado siguiendo más al eje de los molares que en
las otras especies conocidas y es muy sobresaliente. El esmalte
cubre todo el alrededor del diente. El segundo incisivo es de
forma ovala y un poco más grande que en la especie Hegeto-
therium mirabile. Del tercer incisivo no hay vestigio ni tampoco
de un alvéolo.
El canino es muy pequeño encontrándose en la misma su-
tura maxilar -premaxilar. Los premolares y molares son bas-
tante parecidos al Hegetotherium mirabile; á juzgar por los dibujos
y medidas que da Ameghino, parecen solamente un poco más
largos y más angostos, principalmente el último molar (mJL),
que tiene 8 milímetros de largo en vez de 6 y apenas 3 de
grueso. La longitud del espacio ocupado i)or las siete muelas
es 44 milímetros en vez de 37. La cara labial en los molares
— 175 —
es ligeramente convexa con dos ondulaciones apenas percep-
tibles. Los cantos, tanto los anteriores como los posteriores,
son agudos. La cara lingual es bastante convexa: tiene los
cantos redondeados, el anleri.jr más que el poslerioi-. Todos
los dientes están cubiertos con una capa de esmalte y otra de
cemento que es sumamente delgada en la cara labial.
El anchor del paladar es, entre los dos últimos molares,
de 35 mm. y entre los primeros premolares 18 milímetros, me-
dido desde los bordes internos de los alvéolos.
El fragmento de mandíbula, encontrado junto con el maxi-
lar, conserva sólo el primer premolar y me parece muy grande
para poder pertenecer á la misma especie; quizás que esta
mandíbula pertenezca á un género distinto. Ameghino C) ha
establecido un género nuevo Tremacyllus sin describirlo: dice
solamente: «Todos los premolares, tanto superiores como inferio-
res, de construcción y forma distinta de los verdaderos molares.
Tipo del género Paclnjrucus impressiis (').» Otro género nuevo,
Selatherium, establecido por él ('), hay que fundarlo también
mejor para poder aceptarlo como tal. La falta de un canino y
un incisivo un poco más grande, no es suficiente para probar
un género nuevo. Así ignoro si este fragmento de mandíbula
pertenece á uno de estos géneros nuevos. En todo caso, no
quiero establecer sobre una pieza tan incompleta una nueva
especie. El premolar es de forma ovala, con una lijera ondu-
lación, tanto por el lado lingual como j)or el labial; tiene 8 mm.
de ancho por 5 de grueso. Atribuyo á la presente especie otro
maxilar superior encontrado en el mismo lugar, á pesar que es
algo más grande. El segundo premolar mide 6 mm. de ancho
por 4 de grueso, mientras que el mismo diente del maxilar
descrito anteriormente tiene sólo 4 mm. de ancho por 3 de
grueso. La cara labial de los molares es aún menos ondulada.
Pero todas estas diferencias pueden ser diferencias de edad.
Hegetotherium mirabile, Amiíghino
De esta especie he encontrado un j)remaxilar. El primer in-
cisivo iJ_ tiene sólo 10 mm. de ancho en vez de 11 como in-
dica Ameghino; por lo demás es idéntico. El segundo iA es
pequeño y cilindrico. Del tercero hay sólo el alvéolo.
(') «Revista Argentina», tomo I, entrega 4, 1891.
C) Ameghino, 1, c, 13, flg. 23-24.
C) K Enumération synoptique des espéces de mainmiféres fossiles des for-
niationes éocénes de Patagonie» (1894).
— 17G —
Un molar superior encontrado suelto concuerda en todo coa
el segundo mA como lo describe Ameghino. Atribuyo unos
molares inferiores á la misma especie, aunque son un poco
más chicos; miden solamente 7 mm. de anchor.
Hegetotherium miuum, Ameghino
He encontrado un fragmento de mandíbula inferior de esta
especie con el cuarto pi'emolar pmx y el primer molar mx á
más de unos molares inferiores y superiores encontrados suel-
tos. La altura de la rama mandibular es, en el primer molar,
de 15 mm., es decii- un milímetro más que da Ameghino. Un
molar superior tiene 6 mm. de ancho por 4 de grueso. El
premolar pmA tiene G mm. de ancho por 3 de grueso. Estos
últimos han sido encontrados sueltos y como Ameghino nu
describe molares superiores, no hay seguridad que pertenezcan
á esta especie. Me apoyo sólo en la relación del tamaño.
Propachyrucos, gen. n. {')
En estos sedimentos he encontrado varias mandíbulas infe-
feriores de este género, pero ninguna completa. Se distinguen
del género Pachyriicos en primera línea por la sínfisis muy corta
y angosta. La rama mandibular es sumamente baja y la den-
tadura sin interrupción. El plan fundamental de los premolares
y molares es el de Paclujnicos y Hegetotherium ; la cara lingual es
sin pliegue y sin ondulaciones y bastante convexa. El segundo,
tercero y cuarto premolar y los dos primeros molares tienen un
solo pliegue que es más abierto que en los géneros anteriores.
El último molar es de dos pliegues. Todos los molares son re-
lativamente más anchos y más delgados que en los dos géne-
ros anteriores. Tiene tres incisivos como el género Hegetotherium
pero los dos primeros son en forma y construcción igual al del
Pacliyrncos. El tercer incisivo es chico, un poco más separado
del segundo que en el Hegetotherium y no se dirige tan hacia ade-
lante. Los incisivos, ó más bien todas las sínfisis, parecen en
su forma más al Pachgrucos que al Hegetotherium, y como Ame-
ghino menciona como tipo de su género Tremacylliis el Pachy-
rucos impressiis y diminutus, hubiera tomado estas piezas como
pertenecientes á este género. Pero él menciona, como único ca-
(') He concluido el presente trabajo en el mes de Noviembre de 1896,
pero ú causa de haber estado mucho tiempo en expedición se ha demorado
la impresión. Entre tanto, el señor Ameghino ha establecido también un gé-
nero Propachyrucos y veo que hemos propuesto para un mismo género un
mismo nombre; se trata solamente de diferentes especies.
— 177 —
rácter distintivo, (|ue todos los premolnres, tanto superiores
como inferiores, son de construcción y forma distinta de los
verdaderos molares, lo que no es así en el presente género.
Este género se acerca tanto á los Pachyrucos que no lo hu-
biera separado de éstos si no tuviera varias mandíbulas de
diferentes especies que conservan un carácter típico.
Propachyrucos depressus, í<p. n.
Esta especie es muy chica. El jirimer incisivo iJ_ es muy
delgado, tiene apenas 1 milímetro de espesor por 4 de ancho;
es convexo en la cara labial y cóncavo en la lingual. La co-
rona se gasta oblicuamente hacia el medio de la mandíbula: el
segundo ít mide 2 milímetros de ancho por apenas 1 de grueso:
es un poco doblado hacia abajo con dirección hacia adelante
y se halla directamente encima del primero. Del tercer inci-
sivo iir hay sólo el alvéolo en la mandíbula que tengo á mi
disposición; su foi-ma indica (¡ue este diente es pequeño, de
forma un poco ovala y que sale en dirección casi derecha hacia
arriba. La sínfisis mide 14 mm. de largo y su anchores, entre
los dos segundos incisivos de 4 milímetros.
En la parte donde debe estar el canino y el primer premo-
lar, la mandíbula está mal conservada; pero se puede observar
vestigio de un alvéolo. La forma del alvéolo del primer premo-
lar p— indica que éste no debe haber tenido pliegue, al menos
no pliegue profundo; del segundo al cuarto premolar aumenta
gradualmente el tamaño, el pT tiene apenas 2 mm.; el p^ 3 y
el px 4 mm. de ancho. Los mi~ y t son del mismo anchor
que el px; el m^ tiene un poco más que 5 mm.; se diferen-
cia de los oíros por tener dos pliegues en la cara labial y una
ligera ondulación en la lingual. El grueso de los molares y
premolares es de 2 mm., teniendo un poco menos el segundo
premolar.
La altura de la rama mandibular es, en el primer molar, en
un ejemplar, de 9, y en otros dos, de 11 milímetros.
Propachyrucos medianus, sp. n.
De esta especie tengo á mi disposición sólo unos premola-
res y molares; se distinguen fácilmente de la especie anterior
por el tamaño mucho mayor ; el pT tiene 4, el px 5 y el mT
8 mm. de ancho. El grosor del pT es 2 y del mx apenas
3 mm. En su construcción son iguales á la primera especie,
sólo el mx tiene en la cara lingual dos ligeras ondulaciones
en vez de una. El lai-gor de los molares es de 12 mm. y como
- 178 —
los molares van hasta el fondo de la mandíbula y sobresalen
algo, la rama mandibular debe haber tenido más ó menos esta
altura. Encontré un molar un poco más largo que mide 14- mm..
pero debe pertenecer á la misma especie.
Propachyrucos robustus, sp. n.
De esta especie he encontrado sólo una mandíbula inferioi-
bastante mal conservada. El primer molar está completo y se
ve que pertenece á este género, pero á un animal mucho más
grande que las especies anteriores. El primer molar tiene 8 mm.
de ancho por 3 de grueso. El pliegue en la cara labial es más
abierto que en las especies anteriores. La cara lingual no tiene
ondulaciones. La altura de la rama mandibular es de 20 milí-
metros. En la misma localidad encontré otro fragmento de
mandíbula que indica que había otras especies más que las
descritas. Pero como el fragmento tiene sólo un diente y tres
alvéolos esperaré á describirlo hasta encontrar una pieza más
completa.
Icochilus endiadys, sp. n.
(Lámina VI, fig. i . 2, 3 y 4)
He vacilado mucho antes de aumentar el número de espe-
cies que ya hay en estos géneros establecidos. He comparado
los caracteres de este cráneo con las descripciones de las ca
torce especies del género Icoclnhis y las once especies de Profy-
potherium, lo mismo que con las de las especies del género Pa-
tnarchus, de las cuales Ameghino (que ha establecido todos
estos géneros) ha pasado algunas especies al género Protijpo-
therium y he encontrado, que en el plan déla construcción del
crt'ineo se parece más á la especie Icochilus cxeensiis. pei'o en
la dentadura difiere mucho, siendo esta parecida ii la especie
Protijijoihcrimn pracrittilinii .
Los incisivos superiores son bastante delgados. El primero
iJ_ mide 6 mm. de ancho por apenas 2 de grueso. La cara
labial es convexa con una ligera ondulación y la lingual, en el
medio, un poco cóncava, está colocada un poco oblicua en la
parte anterior del premaxilar. El segundo incisivo i£_ también
esti'i colocado oblicuo, jiero más al costado del premaxilar; de
manera, que los primeros cuatro incisivos que están Juntos
en la parte posterior del premaxilar forman una media luna.
Este incisivo mide un poco más de 4 mm. de ancho por 2
de grueso. La cara labial es en el medio ondulada, la lingual
es ligeramente convexa.
— 170 —
El tercer incisivo iJL es bastante sepai-ado de los dos ante-
riores y se parece á un canino. La cara labial es ondulada,
la lingual convexa: mide 3 mm. de ancho por 2 de grueso.
El canino separado tanto del último incisivo como del pri-
mer premolar parece, por la corona puntiaguda, á un premolar
secodont de un carnívoro; es muy ancho y plano, mide 5 mm. de
ancho por 2 de grueso. La cara labial es en la parte anterior
redondeada, en la parte posterior tiene una ondulación bastante
marcada. La cara lingual es convexa. Los premolares son bas-
tante distintos de los verdaderos molares. Los tres primeros
son de forma semitriangular; el cuarto es de forma más cua-
drada.
Estos dientes son implantados un poco oblicuos en el maxi-
lar. El primer piemolar (pJ-) es un diente muy pequeño, algo
separado de los otros premolares. La cara labial es apenas un
poco ondulada en el medio, la lingual es redondeada. Este
diente mide 3 mm. de ancho por dos de grueso. El segundo
(pA) tiene en el canto antero-exterior un pequeño surco; la
cara anterior es un poco ondulada y la lingual es redondeada.
Este diente tiene un diámetro antero- posterior de 3 mm. y
transversal otro tanto. El tercer premolar (pm-L) es casi de la
misma construcción que el anterior: el surco de la cara labial
es un poco más atrás; en la parte anterior por el lado interno
tiene vestigio de un pequeño pliegue. También es un poco más
grande que el anterior. El diámetro antero-posterior es de 4 mm.,
el transversal de 3. El cuarto premolar (pmA) es del mismo
tamaño que el anterior: el surco de la cara labial es aún un
poco más atrás que en el tercer premolar y el pliegue, en la
cara anterior, es apenas perceptiljle.
Los tres verdaderos molares son casi del mismo grandor;
el primero es un poco más grande, mide en la parte antero-
posterior 6 mm. por 4 en la transversal. El segundo {mi.) es
un poco más chico y el último (m.?-) tiene casi el mismo diáme-
tro antero-posterior, pero el transversal es solamente de 3 mm.
Los tres molares tienen en la cara lingual un pliegue; en la
labial tiene el primero dos surcos, el segundo dos ligeras on-
dulaciones y el tercero una sola ondulación. La corona de to-
das las muelas se gasta en forma denticula.
La conformación del cráneo es algo parecida al de Iniem-
iherium. El maxilar y el premaxilar son más prolongados, prin-
cipalmente el último. El órbito es más grande y el arco zigo-
mático es menos sobresaliente y le falta el proceso descendente
tan desarrollado en el género Jn/eraíAeráí?»; está solamente mar-
— 180 —
cado por lo esquina anterior aguda, un poco descendente de
la cresta interior, que se dirige hacia atrás. Los huesos ma-
xilares son bastante altos; los nasales son muy abovedados,
bastante mas largos, relativamente más angostos que en el In-
teratherium. Los huesos frontales son angostos: en esto difiere
bastante del Protijpoilierim)> tal como lo describe y dibuja Ame-
ghino en la especie rrotypotherinm praendüum {').
Los frontales no forman una apófisis post- orbitaria sobre-
saliente como en los Protypoihcrios. La cresta sagital se extiende
en cada lado desde el borde orbital antero-superior en línea
derecha hasta el medio del vértice, donde se une en una cresta
sola, que se extiende unida hasta la margen superior del llano
occipital. Los frontales forman un triángulo que se introduce
en forma de una cuña larga entre los dos parietales como en
el Icochüns extensus. Los parietales son, en la parte anterior, muy
encorvados hacia afuera; enlaparte posterior se hunden hacia
abajo, formando una ondulación que se extiende sobre la parte
posterior del cráneo. El llano occipital es algo parecido al
Tipotherium . Los huesos temporales forman también parte del
llano occipital. En el medio de éste, hay una protuberancia que
se extiende desde el foramen magnum hasta la cresta superior
del occiput. El timpánico termina en una bulba (Bulla ossea) .
El cráneo mide en la parte superior desde el primer inci-
sivo hasta el foramen magnum 88 mm. ; el anchor entre los
arcos zigomáticos es, en la parte anterior, de 55 mm. El pala-
dar tiene desde el primer incisivo hasta la margen posterior
60 mm. de largo; el ancho es, entre el primer premolar, de 18
y entre el tercer molar de 23 mm.; la altura del llano occipital
desde el foramen magnum hasta la cresta superior es de 20 mm.;
la mayor anchura de 62 mm.: largor total del cráneo desde
la parte anterior de los huesos nasales hasta la cresta occipi-
tal 92 mm.; anchor en la parte anterior de los órbitos 28 milí-
metros.
Otro maxilar superior de los mismos yacimientos presenta
algunas diferencias en la forma de los molares. El pliegue en
la cara lingual es más abierto y la cara labial es lisa sin
surco ni ondulaciones y es más prolongada en la esquina ante-
rior. Encontré también varios pedazos de mandíbulas inferiores
y dientes sueltos, de los cuales, cada uno presenta pequeñas
diferencias. Me he podido convencer en piezas traidas de Santa
Cruz, que la dentadura varia mucho en su forma según la
(') «Mamíferos fósiles argentinos,» pl. 14, flg. (3.
— 181 —
edad del animal y no es prudenle establecer especies nuevas
solamente sobre pequeñas diferencias en la forma de los dien-
tes, como lo hace Ameghino. Por ejemplo, dice: « Prof/jpothoio
compressidens : tamaño casi igual á P. austmle, pero con las
muelas comprimidas lateralmente y mucho más angostas. Ver-
daderos molares superiores de cara externa suavemente ondu-
lados. Protypotherio coiivextdeiis : de tamaño un jioco menos
que Protypotherio australe, del (|ue se distingue fácilmente por
sus molares superiores de cara externa, apenas ligeramente
ondulada y convexa en su conjunto.»
Por este estilo ha establecido una cantidad de especies en
esta familia, y si vamos á seguir este sistema tendremos que
fundar de cada pieza que se encuentra una especie nueva.
Nesciotherium indiculus, g. n. y sp. n.
No tengo más que un molar para erigir este género y he
vacilado mucho antes de establecer un género nuevo sobre un
solo molar; pero no conozco ningún género á que podría atri-
buir un animal que tiene estas muelas. Este molar es de ma-
xilar superior y por su forma se parece algo á los molares del
Icoehüus; sin embargo, puede ser que no pertenezca á la fami-
lia Interalheridae y lo coloco provisoriamente en ella.
Su dimensión en la cara labial es de 12 mm. de ancho,
en la lingual de 6. El diámetro transversal es de 8 mm. La
cara anterior es muy oblicua: la posterior es derecha. La cara
labial es convexa con una ligera ondulación en la parte an-
terior. La lingual tiene un pliegue de esmalte que se dirige
hacia adelante y es cerrada de modo que divide esta parte del
diente en dos secciones, de las cuales la anterior es un poco
más angosta que la posterior. Este molar está provisto por
todo el alrededor de esmalte. La corona no es llana, pero no
forma denticulas (aristas) como las de los otros géneros de la
familia Iideratheridae, sino es simplemente cavada en el medio.
Nesodonopsis, gen. n.
De este género he encontrado un cráneo con la mandíbula
inferior y otra mandíbula con dos molares desarrollados y uno
en desarrollo. El cráneo no está bien conservado, pero se puede
perfectamente determinar toda la dentadura.
Este animal ha sido un poco más chico que el Nesodon ori-
nas y se parece algo á los Nesodontes, principalmente en la
mandíbula inferior.
Estos restos vienen á demostrar que la mandíbula inferior
— 182 —
atribuida al Stenotephanus speciosiis no pertenece al género Ste-
notephcuiits, sino al presente género. Ameghino ha colocado esta
mandíbula con reserva en este género, que fundó sobre un molar
superior encontrado en Entre Rios {'). Seguramente Lydekker
no habrá consultado el molar, sobre el cual Amegliino ha fundado
este género, al agregar á la mandíbula el maxilar superior y
al describirlo como perteneciente al Stenotephamis spceiosiis ('),
sino él hubiera visto que los molares de este maxilar superior
están construidos sobre un plan completamente distinto de aquel
molar encontrado en Entre Rios. Tengo á la vista un molde de
este molar que no tiene nada de parecido más que la cara labial
muy cóncava del último molar. El molar superior del Stenote-
jjhanus de Entre Rios, presenta, como el autor dice, bandas per-
pendiculares esmaltadas, separados por bandas no esmaltadas,
como en los verdaderos Toxodontes y tiene un solo pliegue en
la cara lingual. Se diferencia del último molar de los verda-
deros Toxodontes, sólo por ser más cóncavo y por la columna
perpendicular interna desprovista de esmalte y menos desarro-
llada. Los molares superiores del supuesto Stenotephanus que
provienen de Santa Cruz, son tan distintos, que Mercerat los
ha clasificado como pertenecientes al Protoxodon, que como se
sabe ahora, pertenece al género Nesodon.
Tengo dos maxilares á la vista que pertenecen á una mis-
ma especie: uno de individúenlas joven que el que ha servido
á Lxdekker jior modelo. El último molar, que se pai-ece más al
molar de Stenotephanus de ICntre Rios, por ser bastante cón-
cavo, no tiene fajas esmaltadas separadas por bandas sin es-
malte. Todos los molares en los dos maxilares están provistos
por todo el alrededor de una capa de esmalte sin interrupción;
no tienen columnas sobresalientes, son completamente lisos,
sin ondulaciones ni surcos en la cara lingual; en cambio, el
último molar tiene dos pliegues. El mismo Ameghino dice en
su «Criti(|ue sur les ongules fossiles de l'Argentine, examen
critique de l'ouvrage de M. B. Lydekker (')», donde habla del
Sfeiioícplianiis descviío \iov Lydekker: «Ces débris me paraissent
démontrer qu'il s'agit d'un représentant de la famille de Xofo-
dontidae qui consevva'ií quelques carecieres des Nesodontídae.» Yo
participo de la opinión de Ameghino; no hay duda que los mo-
lares superiores se acercan en su plan de construcción más al
O «Mamíferos fósiles argentinos», 1880, ji. 'i41.
(') «Anales del Museo de La Plata», Paleontología, tomo II, ¡i. 24, 189.3.
(") «Revista del Jardin Zoológico», 1894, pág. 237.
— 183 —
del Xotodon que del Stenoíephamis de Knive Rios, si bien el primero
presenta distribución de fajas de esmalte que no permiten colocar
los dos en un mismo género. La mandíbula inferior dibujada por
Lydekker tiene más analogía con el Nesodon que con el Xotodon.
pero no hay duda que pertenece á este nuevo génei'o Nesodo-
nojísis. Para el animal del maxilar superior, se puede adoptar
el nombre Hijperoxotodon speciosus propuesto por Mercerat (').
Nesodonopsis Burckhardti, sis. n.
(Lámina VII, ílg. i )
La fórmula dentaria es la misma del Nesodon i-g- c^ pm^
m-|-. Los primeros incisivos superiores i— se hallan en la
parte anterior del premaxilar y encima de los i-^. El i— es
de forma triangular con tres caras desiguales en tamaño y
forma. La cara lateral interna es la más angosta, tiene 5 mm.
de ancho y una ligera ondulación en el medio. La cara labial
tiene 9 mm. de ancho. En su conjunto es un poco convexa,
con una suave ondulación por el lado interno. La cara lingual
es casi derecha y tiene 12 mm. de ancho. Los cantos forma-
dos por las tres caras son redondeados. El esmalte cubre la
cara lateral interna y la labial dando vuelta por los cantos.
Este diente es del mismo anchor en la corona como en su
base; se parece más al de Toxodon que al del Nesodon.
El segundo incisivo iA está situado en el costado del pre-
maxilar, pero con dirección hacia adelante. Su forma y dispo-
sición de las capas de esmalte es igual al correspondiente inci-
sivo del Nesodon, triangular, terminando en una punta sobre-
saliente de los otros dientes. La cara lateral interna mide en
la base del diente 11 mm., en la externa 9 y en la lingual 10.
El tercer incisivo (iJ_) es un diente muy chico, de forma
elíptica, muy separado de los otros, implantado en el costado
del premaxilar. Mide 4 mm. de ancho por dos de grueso. La
capa de esmalte cubre todo el diente, la cara labial es ligera-
mente ondulada, la lingual es convexa con una pequeña ranura.
El canino es algo separado del último incisivo y del primer
premolar, es un diente simple, más ancho que grueso, con la
cara labial ondulada; su anchor es 5 milímetros.
El primer premolar pmJ_ también es un diente simple sin
pliegue ni ondulación. La cara labial es bastante convexa, mide
■i milímetros de ancho.
Los otros premolares se parecen en su construcción bastante
(') « Anales del Museo Nacional», tomo IV, p. 305.
— 184 —
á los del Eutracliythenis. No tienen pliegue en la cara lingual,
pero en cambio una isla de esmalte en la corona; esta cara
es bastante redonda. El segundo y el tercer premolar tienen
como los respectivos dientes del Eutracliytherits en la cara labial
cerca del canto anterior, un profundo surco. El cuarto premolar
tiene en esta parte sólo una ondulación. El esmalte cubre todo
el diente menos la esquina postero-intei'na. Las medidas de
estos tres premolares son las siguientes:
pm_^ diámetro antero-posterioi' 7 mm.
» ') transversal (J »
pm^ diámetro antero-posterior 8 »
» » transversa] 8 »
pmi_ diámetro antero-posterior 10 »
1) » transversal 3 »
Los verdaderos molares se parecen algo en su forma á los
molares del Toxodon,, pero no en las disposiciones de las capas
de esmalte; en éstas se parecen al Eidrachytherus.
El primero y segundo molar tienen dos pliegues entrantes
en la cara lingual, como en los correspondientes molares del
Toxodon. El último molar tiene también, como en el Toxodon. un
solo pliegue. La cara labial es poco cóncava, pero tiene una
suave ondulación en el medio que le liace aparentar más cón-
cava. La cara lateral anterior es en los tres molares convexa,
y sólo la cara lateral posterior de los dos primeros molares
está desprovista de esmalte. Las medidas de los tres molares
son las siguientes:
inj_ diámetro antero-posterior 13 mm.
» » transversal en el lóbulo anterior ... 13 »
m_5_ diámetro antero-posterior 15 »
>> » transversal en el li'ibulo anterior ... 13 »
m_§_ diámetro antero-posterior 14 «
» » transversal en el lóbulo anterior ... 12 »
Longitud del paladar del primer incisivo hasta el
tercer molar 100 »
Anchor del premaxilar entre los terceros incisivos . 15 »
» » maxilar entre los segundos premolares . 8 »
» entre los terceros molares en el lóbulo anterior 24 »
El paladar está muy profundamente excavado y la apófisis
del maxilar que forma el arco zigomático es bastante sobresa-
liente. Las otras partes del cráneo están deformadas por la
depresión.
La implantación de los incisivos inferiores en la mandíbula
es como en el Toxodon. Los \t cubren la mitad de los ít y se
hallan en la pai'te más anterior de la sínfisis. El ix es en la
— 185 —
parte lateral de la mandíbula pero con dirección hacia ade-
lante. Los seis incisivos juntos foi'man una media luna.
La forma del ít es triangular con cantos redondeados. Las
caras labiales y la lateral interna son casi planas; la lingual
es un poco ondulada. El ít es menos triangular, forma más
bien una media luna. La cara labial es ovalada y la lingual
cóncava. El ít es de forma triangular y su corona sobrepasa
los otros, los cuales tienen la corona plana. Todos estos dien-
tes están cubiertos por una capa de esmalte por todo el alre-
dedor. Las medidas son las siguientes:
ít ancho 8 mm.
grueso 4 »
ít ancho 10 »
grueso 3 »
ÍT ancho 6 »
grueso 4 » •
El canino es un diente muy pequeño que se encuentra en
el medio entre el último incisivo y el primer premolar.
De los premolares, el primero es de construcción distinta
de los demás. Tiene en la cara labial, en la parte posterior, un
pequeño surco, que no se extiende muy abajo en el diente, pero
(|ue le divide en dos lóbulos, uno anterior más grande y uno
posterior muy chico. La cara labial es ovala y la lingual derecha;
todo el diente está cubierto de esmalte.
El segundo premolar (pmT) es dividido por un profundo
surco en la cara labial en dos lóbulos desiguales, uno anterior
chico y uno posterior mucho más grande. La cara labial es
derecha sin pliegue ni ondulación; también este diente está
cubierto poi- todo el alrededor de una capa de esmalte.
La construcción del tercer premolar (pmT) es distinta del
anterior; tiene á más del surco en la cara labial un pliegue de
esmalte en la lingual. Este pliegue es más abierto en el inte-
rior del diente que en la orilla y más atrás que el surco en
la otra cara. La capa de esmalte que cubre el diente deja dos
bandas angostas libres de esmalte; una en el canto anterior in-
terno y otra en el canto posterior.
El último premolar (pmT) es de la misma forma como el
anterior, pero tiene dos pliegues en vez de uno en la cara lin-
gual. La disposición de la capa do esmalte es la misma como
en el pmT.
La medida de los cuatro premolares, es la siguiente:
— 186 —
Diámetro del piuT' antero-posterior 6 inm.
» » transversal en el i.'ibulo anterior .... 3 «
» pin"2~ antero-posterior 8 »
» » transversal en el li'ibiilo jiosterior ... 4 »
» ptn's" antero-posterior O »
» » transversal en el l(ibulo posterior ... 5 »
» pmX antero-posterior 10 »
» » transversal en el lóbulo posterior ... i »
Los verdaderos molares son parecidos al cuarto premolar;
tienen en la cara lingual dos pliegues entrantes de esmalte; el
último se diferencia de los anteriores por eslar desprovisto de
esmalte desde el pliegue posterior liácia atrás, en el canto pos-
terior lingual. En esta parte el diente es sumamente angosto.
Las medidas de los tres molares, son los siguientes:
Diámetro del mT" antero-posterior 12 mm.
» 11 transversal en el medio del lóbulo posterior . 5 "
» niY antero-posterior 13 »
» » transversal en el medio del lóbulo posterior. . 4 »
» m"3~ antero-posterior 16 »
» » transversal en el medio del lóbulo posterior . 3 »
En su primer desaii-oUo, tanto los molares como los pre-
molares, se parecen completamente á los del Nesodon, pero
mientras que en este último los pliegues de la cara lingual se
pierden con la edad más avanzada quedando solamente una
isla de esmalte en la corona, que desaparece también con la
edad, no sucede así en el presente género. A lo menos por lo
que se puede juzgar, según las piezas de este género que tengo
;i mi disposición, ilos pliegues no desaparecen, por que so
extienden desde la corona hasta la base del diente y parece que
no forman raíces separadas con la edad. En el pedazo de man-
díbula inferior descrito por Lydekker como Stenotephanus spe-
ciosus los pliegues internos de los últimos premolares están tam-
bién por desaparecer, pero me parece que éstos no son premolares
sino molares de leche, por que están sumamente gastados,
mientras que el último verdadero molar no está todavía bien
desarrollado. Lydekker dice c|ue los molares inferiores son casi
indistinguibles de los del Xotodon. Sin embargo, los molares
inferiores de este último género tienen una columna en la cara
labial que indica sobre el desarrollo y la de.scendencia distinta
de los del género Nesodonopsis. En su forma general la mandí-
bula parece más á la del Nesodon que á la del Xotodon. Es
mucho más levantada en los primeros premolares, formando
la serie dentaria una fuerte curva.
— 187 —
Las dimensiones son las siguientes :
Longitud total Ifi cm.
Longitud de la sinflsis en ¡a parte inferior desde la corona de
los incisivos hasta su terminación 45 nim.
Altura de la rama horizontal en el último molar desde la corona
hasta la margen inferior 42 »
Y en el tercer premolar 37 »
Anchor de la sinflsis, tomado en la parte anterior de los tres
incisivos 28 »
Anchor entre los terceros premolares tomado en las caras lin-
guales 17 »
Entre los últimos molares 28 »
Nesodonopsis deformis, sp. n.
Esta especie se distingue de la anterior por tener la rama
horizontal de la mandíbula inferior sumamente baja. La pieza
que me sirve para fundar esta especie es un pedazo de man-
díbula inferior con los tres molares de un individuo joven. El
primer molar está bien desarrollado. El segundo, aún no bien
desarrollado, pero ya estaba en uso; tiene la corona atacada por
la masticación. El tercero estaba para salir. Por el plan de la
construcción de los dientes, se ve bien c|ue pertenecen á este
género, pero á una especie distinta de la anterior. A pesar que
se trata de un animal joven, los molares son más grandes y
la rama horizontal es más que una tercera parle más baja;
su altura es solamente 26 mm., mientras que la otra especie
tiene en la misma parle 42 mm. y como los molares son más
grandes, este animal debe haber tenido una mandílnila larga y
baja. El primero y segundo molar tienen 14 mm. de diámetro
antero- posterior. El primer molar, el único que está desarro-
llado, es por su forma y construcción igual al correspondiente
diente de la especie JSesodonopsis Biirchhardti, sólo que es relati-
vamente un poco más angosto, lo que debe ser por la juventud
del animal. \'^\ segundo molar parece de dos dientes formado
por dos lóbulos en forma de una coma, apenas anquilosados
un poco en el surco de la cara labial.
Nesodonopsis speciosus
Propongo este nombre para la mandíbula inferior queLydek-
ker atribuyó al génei'O Stenotephanus, porque creo que es una
especie diferente de las dos ya descritas. La rama horizontal
es más alta, la parte inferior no está del todo conservada, pero
debe haber tenido miis de 50 mm. de alto. Los dos últimos
premolares y los verdaderos molares son de diámetro antero-
— 188 —
posterior más ancho y Iransversalmenle más angosto que el
Nedosonopsis Burchliardti. El pm'g" tiene 10 mm. de diámetro an-
tero- posterior; el pm^rlO; el mi^ 15; el m-2" 17 y el mT 20 mm.
El segundo molar m^, que es el más grueso, tiene Iransver-
salmenle 4mn].: los demás son aún un poco más delgados.
Los verdaderos molares son de forma y construcción igual
á las otras especies. Los premolares me parecen ser dientes de
leche, los pliegues internos no bajan hasta la base del diente.
Eutrachytherus modestus, sp, n.
De este génei-o lie encontrado un pedazo de maxilar superior,
mal conservado, del cual siilo se han podido extraer cuatro
dientes de la roca; todo el hueso estaba descompuesto. De los
otros dientes sólo quedaron fragmentos, pero por los conserva-
dos se ve que pertenecen ii un animal la mitad más chico que
el EutrachijtTterus Spegaxxiniamis. Amegliino describe en la «Re-
vista Argentina de Historia Natural» (entrega 4 de 1891) un in-
cisivo superior de una especie llamada EutracJu/íhenis conturhatiis.
(Comparando la medida que él dá de esta especie con la de Eulra-
chijtherus Spegay.xinicuius se ve, que éste es tamljien de una especie
más grande que la presente. Los dientes conservados son un
canino, el ¡número y segundo premolar y el último molar. El
canino es un diente simple, casi cilindrico, pero muy arqueado,
con una capa de esmalte en la cara labial. El primer premolar
se parece en su forma al canino, siendo casi del mismo tamaño;
su diámetro es de 4 milímetros. El segundo premolar también
es un diente simple y se parece á un incisivo de roedor. La
cara labial, cubierta de una capa de esmalte que dá vuelta á
los cantos, tiene en la parte anterior un pequeño surco que no
es profundo. Esta cara es convexa. La cara lingual es muy
redonda, sin esmalte, pero con una gruesa capa de cemento;
no tiene ni pliegues ni surcos. El diámetro antero-posterior es
de 5 y el transversal de 6 milímetros.
El molar es de diámetro transversal relativamente mucho
más angosto que los molares de la especie Entraclt/jilicrus Sj)c-
gazxiniamiis . La cara labial es completamente lisa, sin ondula-
ciones ni surcos. La capa de esmalte que cubre toda la cara
llega hasta el canto anterior y posterior. La cara lateral an-
terior no tiene faja de esmalte. En la cara lingual tiene un
pliegue entrante de esmalte (|ue se divide en dos ramas, una
se dirige hacia adelante y la otra hacia atrás; más abajo de
la corona, las dos ramas construyen una pequeña columna de
manera que foi-man dos pliegues. En la pai'te posterior del mo-
— ISO —
liir !iii\ un surco que debe -ser cünsidei'udo como el reslo de
un tercer pliegue. Este molar mide en dirección antero-posterior
14 milímetros y transversal 7. A pesar que se trata de un ani-
mal viejo todos los dientes son de base abierta.
Palyeidodon obtusum, g. n. y sp. n.
( Lámina VII, fig. 2 )
l'^ste género es uno de los más interesantes, })resentando ca-
racteres de diferentes géneros. Es del tamaño del Toxodon Bur-
niciaterl; los molares se [la recen algo á éste por su forma y
distribución de las fajas de esmalte, pero en el conjunto de
los caracteres los molares se acercan más al Nesodo7i y Nesodo-
iiopsis. La cara labial del último molar es tan cóncava como
en el Stenolcphamts y el segundo molar tiene los pliegues en-
trantes en la cara lingual muy parecidos al EiUrachytherium. De
este género he encontrado restos de tres individuos, pero todos
son bastante mal conservados. De un individuo se han conser-
vado sólo los dos últimos molares superiores; de otro indivi-
duo muy viejo, los dos primeros molares inferiores y unos mo-
lares sujieriores, que son muy deshechos; también los dientes
del tercer individuo son muy mal conservados.
El segundo molar supei-ior (mJL) es de figura semi - rom-
boidal con los cantos muy redondeados. La cara labial se dirige
oblicua hacia atrás; en la parte anterior, tiene una suave on-
dulación; la [larte posterior es un poco convexa, cubierta por
una capa de esmalte que llega del canto anterior hasta el pos-
terior y mide 47 milimetros. La cara lateral anterior es obli-
cua, apenas un poco cóncava; tiene una ancha faja de esmalte
que cubre casi toda la cara, dejando un espacio angosto libre
de esta sustancia en el canto externo y lo mismo en el canto
posterior interno. Esta cara mide 50 milímetros. La cara lin-
gual tiene un pliegue entrante de esmalte parecido al de los
molai-es del Entrachythcrins que se divide en dos ramas. Una se
dirige derecha hacia adelante, paralela con la cara lateral an-
terior. La otra rama es mucho mas corta, formando una curva.
Tanto la cara lingual como la lateral posterior, es desprovista de
esmalte; esta última cara es algo convexa y mide 18 milímetros.
El último molar es de tres caras, una labial, una lateral
anterior y una lingual. La labial se dirige, como en el molar
anterior, oblicua hacia atrás y es muy cóncava; tiene dos on-
■dulaciones apenas percibibles. La disposición de la capa de es-
malte es como en el segundo molar. Esta cara mide en línea
recta 55 milimetros. La disposición de la faja de esmalte y la
Tomo IX 1 4
- 190 —
dirección de lo cora lateral anterior es igual al del molar an-
terior y mide 46 milímetros. La cara lingual forma, en su
conjunto, una media luna; en la parte anterior tiene un pliegue
de esmalte que se divide en dos romas como en el segundo
molar. En la parte posterior tiene otro pliegue de esmalte, pero
mucho menos pi-ofundo. Esta cara mide 51 milímetros de largo.
Los molares inferiores son algo parecidos á los del Nesodon, pero
relativamente de diómeti-o antero-posterior menos ancho y el
transversal más grueso.
El m"r mide anterior y posteriormente 37 mm.: transversal-
mente tiene en el lóbulo anterior 21 y en el posterior 17 mm. El
surco en la cara labial es profundo y se extiende desde la corona
hasta la base del diente. En la cara labial no se ve pliegues, pero
esto debe ser por la edad del animal á que pertenecía el molar.
La corona presenta tres islas de esmalte; una cerca del
canto a n tero -interno, otra prolongado casi en el medio del
diente y otra redonda en la parte posterior. El segundo molar
es, en forma y tamaño, casi igual al primero. Los jiremolores
y el último molar son tan mal conservados, que no se puede
determinar su formo. El lóbulo posterior del último molar tiene
52 mm. de ancho.
Nesodon Owen
De este género he encontrado en estos yacimientos varios
restos, pero todos tan mal conservados que no se pueden deter-
minar las especies.
Horaalodontctherium Cumninghami, Flower
De esta especie he troido dos maxilares superiores, uno con
una mitad de mondíljula inferior. Los dos maxilares son un
poco más grandes que los que tenemos en el Museo proceden-
tes de Santa Cruz. También demuestran algunas pequeñas di-
ferencias en la formo de los dientes. Ameghino menciona una
especie más grande, que llama HomalodontotherinDi crassiim (') pero
no ha encontrado nada de los maxilares, sino solamente huesos
sueltos de pié; no se puede saber si pertenece á esta especie.
Las diferencias que presentan estos dientes de los del H. Cum-
ninghami. no las considero suficientes para fundar una especie
nueva; pueden ser muy bien solamente diferencias en la edad
de los animales á que pertenecen unos y otros restos.
(') «Enumératiün synoptique des espóces de niammifi'Tes fossiles des for-
mations éocénes de Patagonie», 1894.
— 191 —
Monoeidodon prinum, gen. n. y sp. n.
De este género no tengo más que dos dientes inferiores. No
me gusta establecer géneros nuevos sobre material incompleto,
sin embargo, no encuentro ni género ni familia en que colo-
carlos. Deben pei'tenecer á una familia desconocida del sub-
orden Astrapotheridea, que forma un intermedio entre el de To-
xodontidea y éste.
Estos dientes, que deben ser el primero y el tercer ó cuarto
premolar inferior, tienen la parte superior que forma la corona
y que sobresale de la mandíbula, cubierta de esmalte, mientras
que la parte inferior que entra en la mandíbula, está comple-
tamente despi'ovista de esta sustancia, como sucede en los dientes
con raices. Esta parte tiene una fuerte capa de cemento. Los
dos dientes no presentan ningún vestigio de cíngulo, como
tienen los molares de los géneros A&trapotherium y la mayor
parte de los Litopternas. La corona del primer premolar está
cubierta en todo su alrededor de esmalte, y las caras son com-
pletamente lisas, sin pliegues ni surcos; la cara labial es bas-
tante convexa, la lingual casi derecha. El plano superior de la
masticación es uso y no presenta isla. Este diente mide ante-
rior y posterior '10 mm. y transversal 9. La corona cubierta de
esmalte tiene en la cara lingual 11 mm. de alto, y en la labial 17.
El otro premolar es de dos lóbulos, á pesar que tiene una sola
raiz. En su forma se parece muclio al primer molar del Astra-
potherium niatjiinni; es cuodrangular, con cantos poco redondea-
dos. El lóbulo anterior es, como en éste, mucho más chico que
el posterior. En la cara labial, tiene en la parte superior, una
entrada en forma de un pliegue, pero no penetra muy adentro.
En la cara lingual tiene dos ondulaciones, una en la parle an-
terioi', en frente del pliegue de la cara lingual, y otra bastante
atrás, en la parte posterior. Estas dos ondulaciones deben re-
presentar el resto de dos pliegues. En la parte anterior hay en
la corona una isla de esmalte, que indica la existencia de un
pliegue. Este diente está cubierto de dos fajas de esmalte, una
que cubre toda la cara labial de esquina á esquina, y otra en
la cara lingual; en este lado el esmalte principia un poco atrás
del canto anterior y se extiende hasta la ondulación posterior.
Donde falta el esmalte, el diente está cubierto de una espesa
capa de cemento. Las medidas son las siguientes: Diámetro an-
tero- posterior, 20 mm.; transversal en el lóbulo posterior, 14.
La capa de esmalte tiene en las dos caras 14 mm. de alto.
— 192 —
Diadiaphorus minusculus, sp. n.
De este género lie eacoali-ado unn míindíbuln inferior con
los dos primeros molares y un molar inferior suelto. En su
plano de construcción presentan estas |iiezas muy poca dife-
rencia con el Diailiripl/or/is 111111/nsrulns, pei'O provienen de una
especie que es la mitad niiis chica que esta última. La man-
díbula es sumamente baja y gruesa con una sínfisis bastante
angosta. Los alvéolos indican f|ue los dos incisivos externos
son mucho más grandes que los internos. Los molares son
de coronas bajas y gruesas con cíngulo poco desarrollado en lo
cara labial. Ln el lijbulo i)Osterior tiene el diente nuevo un
pequeño tubérculo que desaparece en los molares gastados por
la masticación. En lo demás, los molares no se diferencian del
Diadiaphorns mai/itsciiliix. Ameghino describe dos especies del
género Licaphrium que se parecen algo á esta, principalmente
por su tamaño; sin embargo para mí no hay duda que las
presentes piezas pertenecen al género Bladíaphorvs.
Las diferencias en las medidas entre ])iridia¡ihn)-uíi n/ai/us-
culns y Diadiaplionis iiiiiinsriihis son las siguiep^tes:
D. jrAYUS. D. M7NUS.
mj_ Diámetro antero-posterior 18 min. 10 mm.
» n transversal 12 » 9 »
in_B_ » antero-posterior 20 » 13 »
» » transversal 12 » O »
Altura de la rama mandibular en el m J_ 48 » 18 »
Longitud desde el alvéolo del primer premolar hasta
el segundo molar 00 » 62 »
Oxiodontotherium Lydekkeri, Lydekkkk
Theoxodon Lydekkeri, Ameghino
De esta especie he encontrado un pedazo de mandíbula inferior.
RODENTIA
Neoreomys indivisus, Ameííhino
He encontrado de este género un cráneo bastante completo,
pero un poco deformado. Por su tamaño i)uede pertenecer á
la presente especie, de la cual Ameghino describe una mandí-
bula inferior (Mamíferos fósiles de la Repúljlica Argentina, 1889).
Prolaogostomus pusillos, Ameghino
De esta especie he encontrado varios dientes sueltos: uno
de ellos es bastante más chico y [larece que lia existido una
— 193 -
especie más pequeña (|ue la iiresenle, |íero sobre un dienteque
no difei'encia miis i|ue por el tamaño, no quiero estaljiecer una
especie nuevo.
Laogostomus lateralis, Amiíchino
l'lsta especie es representada por un maxilar inl'ei'ior.
Eocardia montana, Ameghino
De este roedor he encontrado un cráneo y varios dientes sueltos.
Eocardia perforata, Ameghino
Tenemos una mandíbula inferior y algunos huesos. Aunque
los molares no presentan en la corona islas de esmalte, creo
que pertenecen á esta especie. La mandíbula es, sin duda, de
un individuo viejo.
Megastus elongatus, {fcn. n. y sp. n.
Este género está representado por un cráneo casi completo,
})ero desgraciadamente algo deformado por la presión de la tierra
y de un individuo muy viejo. El cráneo conserva los dos inci-
sivos y un molar. Por los alvéolos se conoce que este género
ha tenido solamente dos molares. Los incisivos son de forma
triangular y muy arqueados. La cara lol)ial es un poco con-
vexa con dos ligeras ondulaciones. Estos dientes miden (3 mm.
de ancho por 5 de grueso, b'.l primer molar, el único que se
ha conservado, es muy gastado, no se conoce ningún pliegue
entrante, pero presenta tres pequeños surcos, uno en la cara
anterior y dos en la labial. La cara lingual es un poco con-
vexa. Este diente mide de diámetro antero- posterior 12 mm. y
transversal 7. El cráneo es muy prolongado )■ relativamente
angosto y de un animal algo más grande que el Dolichoti^ pa-
iacjonicus. El i)remoxilar es ancho, menos prolongado que en
el Dolichotis y poco arqueado; mide en la parto inferior desde
los incisivos hasta la sutura maxilar 1.5 mm. y su anchor es
en la parte anterior de los incisivos de 17 milímetros. La parte
antero-superior del cráneo está deformada y no puedo dar
descripción ni medidas. La parte posterior del cráneo es bas-
tante parecida al Eoeardia. Los huesos frontales son un poco
abovedados; su anchor es. en la parte posterior entre las dos
órbitas, de 30 milímetros. Los parietales no llegan hasta el mar-
gen del llano occipital; el hueso supra-occipital se dirige en la
parte superior hacia adelante, formando una lista de 8 mm. de
ancho. El llano occipital forma un medio círculo; tiene 38 mm.
— 194 —
de ancho por 32 de alto, medido en la parle inferior del fora-
men magnum hasta el vértice. La apófisis del temporal que
forma el arco zigomático es angosta y muy prolongada hacia
abajo. El diámetro entre las dos apófisis es 58 milímetros. El
largor total del cráneo desde los incisivos hasta el foramen
magnum es de 10 centímetros.
En estos yacimientos he encontrado muchos huesos sueltos
de Roedores, pero como casi lodos los géneros y especies de la
Patagonia son establecidos sobre cráneos y maxilares, no se
puede saber si estos restos pertenecen á especies conocidas ó no.
EDENTATA
GRAVIGRADOS
Fseudhapalops Rutimeyeri, Ameghino
De esta especie he encontrado un maxilar supei'ior.
Eucholaeops ingens? Ameghixo
He encontrado unas vértebras y falanjes que pueden perte-
necer á esta especie.
Elipsodon Heimi, gen. n. y sp. n.
( Lámina \'l, fig. 3 }
En un trozo de roca dura he encontrado un maxilar su-
perior de un Gravigrado del tamaño del Milodon yracilis. Des-
graciadamente no se han podido sejjarar de la roca más que
los cuatro molares.
Los dientes son, en su construcción, parecidos á los del Les-
todon; parece que ha existido, como en éste, un diente anterior
separado de los posteriores. Esta parte del maxilar no está
bien conservada, pero se ve que de los cuatro molares que
están en serie cerrada, continúa un espacio sin alvéolo del ma-
xilar hacia adelante. Los tres primeros molares son completa-
mente elípticos, el cuarto es de forma más redonda. El primer
molar es el más chico; tiene un diámeti'o antero-posterior de 9
milímetros por 14 del transversal; es más angosto en la parte
lingual que en la labial. El segundo y tercer molar son de forma
y tamaño casi igual. El diámetro antero-posterior es de 9 milí-
metros por 20 del transversal. El cuarto molar es muy parecido
al correspondiente molar del Lestodon triganidens, pero es, en
comparación con los anteriores, relativamente más grande. Su
diámetro antero-posterior es 17 mm. y el transversal 18. El
espacio que ocupan los cuatro molares es 55 mm.
— 195 —
En esta misma formación, pero en otro jtaraje, he encon-
trado unas vértebras de un Gravígrado, (|ue por su tamaño
puede pertenecer á este género.
GLYPTODONTIA
Propalaehoplophorus informis, sp. n.
De esta especie he encontrado una mitad de mandíbula in-
ferior, una vértebra cervical y una caudal ; un fémur y una
libia incompleta; un metatarso y una cantidad de placas de la
coraza. A juzgar por estos restos, la presente especie era más
baja que el Propalaehoplophorus austraUs. L,a mandilnila inferior
es en las dos especies de igual largor, pero de rama horizon-
tal más baja. El pi'imer diente es en Propalaehoplophorus atis-
tralis casi cilindrico y mide 4 mm; en la presente especie el
correspondiente diente es alongado, de cara lingual convexa y
cóncava en la labial; tiene G mm. de diámetro antero-poste-
rior, por 3 de transversal. El segundo diente también es más
grande y de forma distinta; mido antero - posterior 9 mm. por
4 transversal en vez de 5 por 3 como el P. niistralis. La cara
lingual es muy convexa y la labial casi derecha con dos lige-
ras ondulaciones. E\ tercer diente es en las dos especies del
mismo largor, pero en la presente especie es más gruesa; tiene
en la parte posterior 6 mm. de ancho en vez de 4. El siguiente
diente es también del mismo tamaño, pero tiene un surco an-
terior en la cara lingual bastante marcado, lo que no sucede
en el correspondiente diente de la mandíbula del P. anstralis
que tengo á mi disposición. Los otros dientes no están bien
conservados.
El axis anquilosado con las otras vértebras cervicales es
más chico en Propalnehoplophorus informis que en P. ausfralis;
las facetas de la articulación con el atlas, son de forma más
redonda y bastante más chicas, lo mismo que la faceta del pro-
ceso odontoidens, que también es más saliente.
El fémur es tan grueso como en el P. austraUs, pero más
corto y sumamente arqueado por el costado interno.
El metatarso que corresponde al cuarto dedo del pié izquierdo,
es más delgado y más largo que en la especie anterior: su
largor es en la parte superior 26 cm. y el metatarso de P. aus-
traUs, medido en la misma parte, tiene apenas 21 cm.; en cam-
bio, este último, es mucho más grueso; mide en la diáfisis 14
milímetros y el otro sólo 10. Aun más grande es la diferencia
en las cabezas articulares. Las placas de la coraza son más
— 196 —
delgadas que en la especie F. anxlralis. Las liguras centrales
de las placas se diferencian de esta última especie en el surco que
demarca este centro, formando cantos agudos en vez de un cír-
culo redondo y conservando una forma orbicular y no ovala
como en el P. incisiviis.
Propalaehoplophorus australis, Ameghino
De esta especie lie encontrado varios pedazos de coraza de
diferentes individuos.
DASYPODA
Prozaedius exilis, Amiíghixo
De esta especie he encontrado un cráneo y algunas placas
de coraza de un individuo y varios otros pedazos de coraza de
otros individuos.
Prozaedius proximus, Amhghino
Esta especie está repi'esenlada por un pedazo de coraza.
Proeutatus lagena, Ameghino
He encontrado solamente placas sueltas de diferentes indi-
viduos de esta especie.
Prodasypus patagonicus, Ameghino
También de esta especie he encontrado solamente ])lacas
sueltas de diferentes partes de la coraza.
Rev. del Museo de La Plata — ri)m.> iX S. ROTH : Apuntes sobre Geología, etc.
EXPLICACIÓN DE LAS LAMINAS
,irii¡n:i 1. Perfil I i';ins versal ilesde Carinen ile Patagones hasta el lago Falkner.
o II. Plano de orientación del Rio Negro y Rio Limay.
» III. Panorama de las mesetas en el valle del Rio (JoUon-Cura con los
Cerros Tabulares ( « Tafelgebirge » ) en el fondo.
>i IV. Formación de tobas cretáceas atravesadas por lava en la región
del Rio Caleuíii.
» V. Formación de arenisca terciaria superior en el valle del Rio
(^)uilquihue con la Sierra Cliapelco en el fomlo.
» VI. Cráneo de Icochilux (incliad>/s: — I) Visto de lado: 2) Visto por
la superficie palatina: ;-J) Visto por la parte frontal: 4) Visto
por la parte occipital (tamaño natural).
1) VII. Fig. 1. Cráneo de Nesodonopsis BurcJihanUi: — a) Mamlíbula
superior: /;) Mandibula inferior.
» 2. Molares (in^ y m£) de Palyeidodon obtusum.
» 3. Molares de Elipsodon Heimi.
Rev.del Mus«i> de L« PUU — Tomo IX
;. ROTH Apuntn «obre Geología, etc. — Umini 1
PERFIL TRANSVERSAL DE CARMEN DE PATAGONES HASTA EL LAGO FALKNER
ESCALA > I : ISOOOO
ItíiiO Talkner
LagofiJohijf !h
^asf^ ^^tfMWCÜFJ
í-í>-
A?ChiiChumja.
g:^¿^-^^'^fPGg^ v>J^ tfg^^'i
Rio CoUon CiuxL
^j^j=^
"^^K/^^B^^ /C^:ssr-
- Nitei del maf
Rio Collón Cura ¡contimiaaon I
Angosin r<¡
íiedra RiUada
Piedra de Águila
A?Pidú Pican Uofii
-Ntvel tfe.' mar
A?PÍCÍU ñwnhfvfu innitnimcwn .'
Bajada (alorada
^¡g¡^g¡¡^^g^^
mmmtmmm^É
A^PiauíL^fu
A^PicUn Leo fu (roníinuaoom
Bq/ada Chocon. sokm.
{UüiVenqtim. Trapo Colorada
mil -^-^-^-^ ^
Trapo Colorado iconUnuoíioni
C-y'Rocu
Nmi f¡i:Ve¡'^l
Chichinal
Chichinal irmbnuaáoa/
Chilforo eotrm
Owéle Owél
CoTiesa iconlimuicüin I
L"^ Sarmiento is km
Carmen de fhf abones
CRETÁCEO
IMH
TERCIARIO
CUATERNARIO
I I
LAVA GNEIS PORFIRO PECMATITO GRANITO LIAS ? CUARCITO TOBA Y ARENISCA ARENISCA TOBA ARENISCA RODADOS
andesitica >. oí fósiles con dinosaurios cuarzosa con fos terrestres gris palagonicos
marinos con fos.msnnns y depos. marinos delRio Nearo y dcpos glaciales
Rev. del Museo de La Plata — Tomo IX
S. ROTH; Apunten sobre Geología, etc. — l.ímina 111
I
Rio Collon-Cura
Rio Collon-r.ura r;hapclc(
Rio guilquihiré
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Panorama de las mesetas en el valle del Rio Cotlon-Cura con los Cerros Tabulares i«Tafelgebirse»l en el fondo
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RAPPORT PRÉLIMINAIRE
EXPÉiiiTioN oéoloí;i(}iíe um LA mm mm
SITUF.E ENTRE
LAS LAJAS (Argentine) et CURACAÜTIN (Chili)
(38—39° LATITLDE SUD)
PAR
D^ CARL BURCKHARDT
GÉOl.OGUE DE LA SECTION D'eXPLORATIONS NATIONALES
AU MUSÉE DE LA PLATA
Avec un profil transversal de la CordilK-re et trois planches
Tumo IX
RAF-PORX PRELIN4INA.IRE
EXPÉDITION GÉOLOGIQUE DANS LA REGIÓN ANDINE
SITUÉE ENTRE
LAS LAJAS (Argentine) et CURACAUTIN (Chili)
PAR
Dr. CARL BURCI^HARDT
GÉO LOGUE DE LA SECTION d'eXPLORATIONS NATIONALES
AU MUSÉE DE LA PLATA
A. DESCRIPTION DES ROUTES
( Voir la cartc de la planche I )
Partí le 2 2 novetnbre i 897 de Buenos Aires en compagnie de mon
collégue M. le docteur Leo Wehrli, j'aurais dú faire partie de l'expédition
géologique qui devait, selon les instructions, se diriger au Lac Nahuel-
Huapi et vers la región située entre ce lac au sud et le Biobio au nord.
Retenu deux mois a Valparaíso, par une maladie assez grave, je ne
pus me mettre en route que le 9 février 1898. M. le Dírecteur me
donna alors l'ordre de partir aussitót par Temuco pour Junin de los
Andes, oú mon collégue devait m attendre pour faire ensuite des études
dans la región des lacs Lacar et Tromen et du rio Biobio.
J'arrivai le 19 février i8g8 k Junin de los Ancíes, oú je ne trouvai
ni M. Wehrli, ni des nouvelles de son expédition.
Aprés cinq jours d'attente, je résolus d'aller travailler seul. Cette ré-
solution fut prise en vue du peu de temps d'été restant; j'éprouvai aussi
le plus vif désir de pouvoir enfin me mettre en route, aprés tant de se-
maines perdues a Valparaíso. Heureusement je réussis a reunir tres vite
les éléments nécessaíres a mon expédition.
Comme champ de travail j'avais choisi la región située entre Las La-
jas et Curacautin, soit la contrée mentionnée en dernier lieu dans nos
instructions. J'espérais pouvoir étendre les études jusqu'á Test de Las
(^) La premicre partie de ce rapport a pour but d'exposer les résultats purcment scienli-
fiques de mon voyage, tandis que la seconde traitera de leur application á quelques questions
de limites entre le Chili et la Rcpublique .argentine.
— 2U(J —
Lajas et réussir ensuite a tracer le profil transversal complet de la Cor-
dillére.
Voyageant avec mon assistant Teófilo Gerber, trois péons et qua-
torze animaux, par Quillcn. Aluminé^ Gayetué. Pino Hachado.^ Haichol
et complétant mon équipement au campement Gayetué de la IV Com-
mission de limites et á Las Lajas, je suis arrivé le 7 mars á Varroyo
Leucullin (a l'est dn campement militaire de Las Lajas).
La j'ai commencé le travail sérieux en étudiant dans les sept jours
suivants la región située au novd et ¿1 l'est de Las Lajas et le grand
platean qui separe la chaine de la Vaca Muerta de celle de Pino Ha-
chado. En allant successivement de l'est á l'ouest, j'ai commencé,
le 1 3 mars, l'étude de la chaine de Pino Hachado á Haichol et gráce
au temps splendide, qui permettait un travail continué, j'ai terminé les
recherches dans cette chaine. prés de Liiicura, le 2 3 mars.
Selon les instructions, je devais étudier tout spécialement les envi-
rons de VArco. Dans ce but j'ai dressé les tentes d'abord prés du col de
I'Arco et ensuite á le-xtrémité oriéntale de la Laguna de I' Aluminé.
Malheureusement, six jours de neige et de mauvais temps ont ra-
lenti lá de beaucoup le travail scientifique, de sorte que ce ne fut que
le 7 avril que j ai pu partir pour la vallée du Biobio en retournant par
le méme chemin du col de 1 Arco.
Comme la vallée nommée Paule, arrosés par Farroyo Panciinto
(affluent gauche du Biobio entre la lagune Gayetué et le rio Longuimay)
paraissait offrir un profil clair de cette partie de la Cordillére, j'ai installé
lá le campement pour huit jours. L'étude du bord sud du Rio Lonqui-
may, dans les environs de la Comisaria, compléterait mes observations.
Le 17 avril, je suis parti du rio Lonquimay pour aborder l'étude
sommaire de la chaine occidentale et, par le col de Malalcahuella. je suis
arrivé á Victoria, oú se terminait l'expédition, le 2 2 avril.
Enfin par Santiago, Cumbre deUspallata, Mendoza, je suis retourné
á La Plata le 9 mai 1898.
Je fais un devoir d'affirmer que la partie occidentale de mon profil,
entre Teghelmallin et Curacautin est la moins bien étudiée de toute la
partie traversée. La neige prématurée empécha l'étude des hautes parties.
surtout du volcan Lonquimay; et l'insuffisance de mes éléments ne me
permit pas de m'iiiterner d'avantage dans les régions basses, couvertes
de bois et d une triste célébrité, comme Ion sait, par la présence des
brigands. Cependant j'ai pu acquérir dans cette partie les fondements in-
dispensables pour lever le profil transversal complet de la Cordillére.
En somme j'ai passá cinquante jours dans mon champ de traxail
proprement dit; de ceux-ci, sept ont été des jours de marche: sept des jours
— 201 —
de marche et de travail en mémetemps; vingt-trois des jours entiérement
voués á la science, tandis que trei'ze n'ont permis aucun travail soit par
une pluie continué, soit par des tempétes de neige.
Quil me soit permis de remercier ici tous ceux qui m ont prété
leur aide, sans laquelle je n'aurais pas pu réaliser cette expédition ; je
nomme : M. J. M. Bernichan, majordome de la IV Commission deli-
mites; iMM. les officiers du 2""^ régiment de cavallerie á Las Lajas et
tout spécialement M. le major E. Roldan; M. Juan Iturra, á Junin de los
Andes, et M. E. Lynch Arribálzaga, secrétaire de la Commission argen-
tine de limites.
B. APERgU PRÉLIMINAIRE DES RÉSULTATS GÉOLOGIQUES
( Voir le profil, planche 1)
Le présent rapport ne pourra certainement donner qu'une idee
genérale de la región explorée. C'est la tache du travail définitif, que je
compte publier dans les «Annales du Musée de La Plata», d'oft'rir aux
géologues des renseignements aussi complets que possibles bases sur une
ctude approfondie de tous les matériaux réunis. Mon coUégue, M. le
docteur Leo Wehrli veut bien se charger de la partie pétrographique du
dit travail; le méme a eu la bonté de me communiquer sur les roches
volcaniques de la región quelques renseignements qui seront utilisés dans
les pages suivantes.
La región, qui forme l'objet de ce rapport, se divise facilement
dans les cinq parties suivantes, fondees aussi bien dans la structure
géologique que dans les grands traits orographiques (voir la carte et le
profil pl. I ).
I . Les chaines orientales: —
a) La chaíne de la Vaca Muerta, a Test de Las Lajas.
b) La chaíne au nord de Las Lajas.
2. Le platean de Las Lajas.
3. La chaine de Pino Hachado.
4. Le platean de FAluminé.
5. La chaíne de Lonquima)': —
a) La región entre les rios Biobio et Lonquimay.
b) La región occidentale entre le Lonquimay et Curacautin.
I . Les chainas orientales
Le grand platean de Las Lajas est limité á l"est, nord-est et sud-est
par des chaines relaíivement basses, peu accentuées et constituées entié-
rement de sédiments méso^oiques faiblement plissés.
— 202 —
a) LA CHAÍNE DE LA VACA MUERTA
( Prolil E F, pl. I I
Cette cliaíne qu¡ s'éléve á Test et au sud-est de Las Lajas, est for-
mée par une j'oüte i7-cs réguliére de sédiments jurassiques et crétaci-
ques. Au centre de cet anticlinal se trouve le gypse, accompagné de
gres polychlores. A ees conches suivent vers Touest des gres et calcaires
á Astartes et des calcaires ammonitiféres, qui représentent probablement
le tithonique. Toutes les couches mentionnées paraissent appartenir
au systéme jurassique, tandis que les gres et bañes d'huitres, qui for-
ment les pentes occidentales de la chaíne. représentent probablement le
terrain néocomien.
11 est tres remarquable que l'anticlinal de la chaine de la Vaca
Muerta ne présente pas la direction du nord au sud habituelle des chainas
andines, mais se dirige, au contraire, du nord-est au sud-ouest, amin-
cissant ainsi le plateau de Las Lajas vers le snd.
b) LA chaíne au nord de las lajas
(Profil N O, pL I)
Aux bords septentrionaux du Rio Agrio— de Las Lajas vers l'ouest
— sobservent des faits tout-á-fait analogues á ceux que nous venons de
décrire de la chaine de la Vaca Muerta. Lá aussi nous avons une serie
de couches i urassico-crétaciques formant un anticlinal peu ondulé.
La serie des couches commence au Rio Agrio avec des calcaires etgrés
á Lingula et Perisphinctes. Plus haut viennent des couches á ammonites
tithoniques, d'autant plus intéressantes, qu'elles refutent d'une maniere
complete la théorie de Neumayr, selon laquelle le facies alpin du juras-
sique ne devrait pas exister au sud du 22'^ degré latitude sud. Et ici
nous pouvons recueillir une faune tithonique á 38°3o' latitude sud!
Les calcaires sont superposés par des marnes verdátres et des gres
gris alternant avec de véritables bañes d'huitres, qui conliennent des
Exogyra, Pinna et Panopaea. Ces couches, qui plongent tantót á Fouest,
tantót á Test, en formant le toit de l'anticlinal jurassique, seront les re-
présentants du néocomien.
Vis-á-vis de Las Lajas se montre une conche néocomienne un peu
difFérente: ¡1 v a lá des gres, marnes et calcaires pleins de bivalves.
surtout de Trigonies, Pholadomyes et Ostracés.
2 . Le plateau de Las Lajas
Quiconque descend de la chaíne de Pino Hachado vers Las Lajas est
frappé d'entrer pres de Haichol dans une vaste plaine. Un grand pía-
— 203 —
teau, á ce qu'il paraíl, horizontal, s'étend de\ant ses j-eux; il a au
moins quarante kilométres de largeur. C'est un véritable fragment de
la pampa entre les chaines andines. A 1 ouest, il est limité par les cimss
escarpées de la chaíne de Pino Hachado, tandis qu'á Test se voit le
cordón bas des chaines orientales.
J"ignore l'extension de ce platean vers le siid et vers le nord. je
peux seulement mentionner qu'il s'amincit notahlement et d'une ma-
niere brusqiie au nord de 1 Agrio et de Las Lajas. La surgit tout-á-coup
la chaine oriéntale sans qu'on puisse voir á la rive droite de TAgrio au-
cune trace qui pourrait étre regardée comme continuation australe des
plis mésozoíques du nord de TAgrio. II }■ a la une faille qui forme la
limite entre les chaines au nord de Las Lajas et l'Agrio et qui est sans
doute en relation avec l'inflexion brusque de ce fleuve et avec sa direction
de l'oLiest á l'cst au nord de Las Lajas.
La constitution géologique du plateau de Las Lajas est bien simple.
Les barrancas des fleuves montrent des éboulis stratifiés modernes. pro-
bablement des dépóts d'un grand lac qui couvrait jadis la plaine.
En d'autres endroits existent des nappes néovolcaniques formant
quelquefois de petites collines surgissant 5a et lá de la plaine. La roche
principale est un basalte feldspathique gris foncé, qui posséde, comme
nous le verrons, une extensión extraordinaire dans notre profil.
Une localité tres intéressante se trouve dans un affluent droit de
1 arroyo Lencullin. Lá une roche, probablement phonolitique, montrant
descolonnes superbes, repose sur lesalluvions modernes citées. Les érup-
tions ont done continué jusqu'á des époques peu reculées.
3 . La chaine de Pino Hachado
La chaine de Pino Hachado, qui s eleve entre les plateaux de Las
Lajas et de l'Aluminé, se compose de sédiments méso^oíqices plissés et
de roches paléovolcaniques. aii-dessus desquelles s'étend une vaste nappe de
basaltes. Les laves néovolcaniques se sont écoulées sur la montagne déjá
formée, en couvrant les sédiments plissés en discordance apparente.
Commeni^ons par un coup d'oeil sur les éléments primaires, fonda-
mentaux de la chaíne, soit les sédiments plissés et les roches paléo^■ol-
caniques. Les premiers affleurent á trois endroits distincts : prés de
Haichol, a Pino Hachado et aux pentes occidentales de la chaine entre
le col de Pino Hachado et Liucura.
Dans les environs de l'estancia de Haichol, et de lá vers Test, se
trouve une zone sédimentaire composée principalement de gres et de
marnes noires schisteuses. Malheureusement, ees sédiments n'ont fourni
aucun fossile. de sorte que je ne peux pas émettre ici une opinión fondee
sur leur age. Cependant le voisinage de terrains jurassico-crétaciques
— 204 —
me fait croire que les gres de Haicliol appartiennent probablement aussi
aux formations mésozoíques citées.
Ces sédiments forment des plis tres visibles, surtout á Test de
Haichol. La s'éléve une cima assez isolée (1469 m.), qui montre dans
sa pente presque dépourvue de végétation, des bañes sédimentaires for-
mant une belie voüte, compiiquée par une faiile tres apparente ("voir le
profil CD).
Cette voúte excite noire plus \if étonnement, car elle se dirige, per-
pendiculairement aux c/iaines andines. de iest á l'ouest! Au-dessus de
cette voúte se montre la nappe horizontale de basaltes en discordance
frappante avec les couches sédimentaires püssées sousjacentes ( \oir
protil CD).
Un second alfleurement de terrains sédimentaires s'observe á Pino
Hachado, entre le commissariat et le col du méme nom. Nous faisons
lá la découxerte d'une roche caractéristique que nous connaissons deja
de Texpédition antérieure et qui paraít s'étendredepuis la Bolivie jusqu'au
lac Nahuel-Huapi O. Ce sédiment curieux, d"un intcrét particulier, qui
passe avec les mémes caracteres pétrographiques par plus de vingt-cinq
degrés de latitude, c'est le poudingue jurassico-crétacique , d'origine
crupti\e en grande partie , et bien connu depuis longtemps de la Cum-
bre de Uspallata et d'autres localités classiques de la Cordillére.
A Pino Hachado, comme ailleurs. ce poudingue a pourbase une por-
phyrite violet foncé; en outre, il est en liaison intime avec d'autres ro-
ches éruptixes, surtout avec une roche porphyriqíie verte.
La derniére localité de la chaine, oü ¡'ai pu observer des sédiments,
se trouve á l'ouest du Paso Pino Hachado. Des calcaires schisteux gris
foncés, á Ammonites probablement néocomiens, forment lá un anticli-
nal transversal qui se dirige de Fouest á l'est. Ici done de nouveau —
comme á Haichol — se montrent des plis perpendiculaires a l'a.xe de la
Cordillére.
Le basalte repose ici aussi en discordance apparente sur les sé-
diments plissés ( voir le profil A B).
Entre les roches paléovolcaniques. il faut citer en premier lieu un
porphyre a orthoklase, brun foncé. Cette belle roche s'observe entre Hai-
chol et Pino Hachado et á 1 extrémité occidentale de la chaine aux
environs de Liucura.
Une porphyrile se montre au nord de Pino Hachado, dans le voisi-
nage de l'arroyo Tehuel-Nigliu. Son plongement anticlinal y fait présu-
mer un ancien centre d'éruption.
Les roches néovolcaniques possédent sans doute, vu leur extensión
extraordinaire, la plus grande importance. La roche principale, un
(') A Nahucl - lluopi selon Communications de .M. Wchrli.
— 205 —
basalle feldspathique '¿r\s foncé, cou\re presque toute la chaíne et ne
laisse percer que (já et la les sédiments et les roches paléo\olcaniques déjá
mentionnces. De la hauteur du col de Pino Hachado, cette nappe de
basalte descend d'une part par Haichol ¡usquau platean de Las Lajas,
duquel elle couvre des parties considerables; d'antre part, elle s'est versee
vers l'ouest oú on la rencontre au-dessus des porphyres cites de Lin-
cura. L'épaisseur de cette nappe est souvent assez grande par la super-
position alternante et multipliée de conches de laves et de tuis poly-
chlores. De belles colonnes s'observent en plusieurs endroits; ¡1 y a des
series de colonnes droites, tres réguliéres, des bouquets et eventails
magnifiques.
L'éruption du basalte a eu lieu aprés les plissements de la Cordil-
lére, ce qui est demontre par les discordances déjá citées entre les roches
néovolcaniques et les sédiments plissés. D'autre part, elle a commencé
déjá avant la fin de Tépoque glaclaire, comme je le démontrerai tout
á rheure.
Outre le basalte, ¡1 existe á l'arroyo Tehuel-Nigliu une roche néo-
volcaniqíie plus acide probablement trachvtique, formant une cime
volcanique. Cette roche perce la porphyrite déjá mentionnée et corres-
pond, comme celle-ci, á un anclen centre volcanique qui s'est maintenu
— á ce qu ¡1 paraít — dans cette región intéressante pendant des temps
considerables (profil L-M, pl. I).
La chaine de Pino Hachado présente beaucoup de phénoménes
d"un intérét plutót general.
Líne belle moraine termínale á Test du Paso Pino Hachado — dans
une región aujoard'hui complétement dépourvue de glaciers — de-
montre l'existence á'um période glaciaire. Sur cette moraine se trouve
un grand bloc du méme basalte qui couvre la chaíne, pourvu d'une
surface polie et de stries typiques provenant de l'action des glaciers. Ce
bloc a un intérét tout spécial pour le géologue; il nous enseigne que
l'éruption basaltique a commencé avant la fin de l'époque glaciaire et
ensuite — comme le méme basalte, strié ici par les glaciers, repose ail-
leurs partout en discordance sur les sédiments plissés — que le plis-
sement principal de notre cordillére s'est ^terminé avant la retraite défi-
nilive des glaciers.
De grands éboulements ont eu lieu á Pino Hachado etdans la vallée
du Tehuel-iNigliu. Dans les deux endroits, une partie de la nappe vol-
canique s'est détachée et ses débris ont formé une multitude de pe-
tites coUines dans les vallées, en barraní derriére elles les riviéres et en
causant ainsi la formation de petits lacs, dont les traces se voient encoré
aujourd'hui sous forme de surfaces planes á peu prés horizontales.
20G
4- Le plateau de 1' Aluminé
Descendons la chaíne de Pino Hachado et montons le cerro Batea-
Mahuida a Touest du Paso del Arco. Nolis nous trouvons la au milieu
de la Cordillere: á Test s'éléve la chaíne de Pino Hachado, vers l'ouest
s'étend la chaíne de Lonquimay avec les volcans isolés Tolhuaca, Lon-
quimay, Llaimas et Lanin. Mais notre surprise est grande en regardant
vers le sud: la on ne voit ni chaines ni montagnes isolées; au con-
traire, il s'étend la une grande plaine a peu prés horizontale; c"est le
plateau de l'Alumiué. Ce plateau s'étend de la Laguna Aluminé vers l'est
jusqu'au pied de la chaíne de Pino Hachado, mesurant une largeur d'au
nioins vingt kilométres. La pierre-ponce, qui le couvre, préte au paysage.
presque entiérement dépourvu de végétation, un caractére bien monotone.
L'érosion a mórcele le plateau en créant de véritables montagnes
tabulaires á surfaces totalement planes et á flanes abrupts. Le Batea-Ma-
huida méme, sur lequel nous nous trouvons, est une de ees montagnes
tabulaires qui donnent au paysage un aspect particulier, en nous faisant
oublier que nous nous trouvons au milieu d'une grande chaíne de mon-
tagnes.
Ce plateau singulier est constitué dans ses partios supérieures par
une nappe ncovolcanique ., dont la roche principale est le méme basalte
que nous connaissons déjá de la chaíne de Pino Hachado. Au-dessous,
on observe du granit; a l'extrémité oriéntale du lac Aluminé, il con-
tient de la hornblende, deux sortes d'orthoklase, beaucoup de quartz et
des grenats ; plus á l'ouest, prés de l'embouchure de Tarroyo Arco, il
ressemble á certains granits des Alpes (granit de Canaria) et est accom-
pagné de diorite.
Vers le sud, on peut suivre le plateau de l'Aluminé, par Pulmari et
Quillen jusqu'á Junin de los Andes. J'ignore s"il continué au nord de
Liucura ou s'il se termine dans cette región. En tout cas, il est aminci
de beaucoup vers le nord, car, prés de Liucura déjá, se rapprochent sen-
siblement les derniers plissements de la chaíne de Pino Hachado et les
plis de la rive gauche du Biobio, qui appartiennent á la chaíne de Lon-
quimav.
5 . La chaíne de Lonquimay
Je comprends sous le nom de chaíne de Lonquimay toute la región
andine á l'ouest du Biobio. Elle se divise facilement en deu.x parties
assez distinctes par leur constitution géologique. La premiére concerne la
región entre les rios Biobio et Lonquimay; la s'observent des granits
en contad avec des sédiments jurassiques plissés. Les 7-oches néovolca-
niqíies, qui y font complétement détaut, réaparaissent au contraire dans
la partie occidentale de la chaíne, entre le rio Lonquimay et Curacautin.
t
— 207 —
a ) LA RKGION ENTRE LE KIO BIOBIO E T LE RIO LONQUIMAY
Ce qui donne á cette región, que j a¡ surtout étudiée aux environs
de Varroyo Pmicunto, un caractére tout special, c est la présence d'iin
massif considerable de granil qui a percé des conches sédimentaires.
Le granit contient beaucoup de biotite, peu de hornblende et de
quartz ; il forme des cimes á parois blanches, qui contrastent par leur
coüleur déjá de loin des sédiments superposés. Ceux-ci, des calcaires
schisteux noirs, obtiennent par la décomposition une couIeur rouge fon-
cée. Cette différence de couleur donne au paysage un aspect particulier,
d'autant plus prononcé par les phénoménes intéressants de contact entre
les deux roches. Le granit blanc a percé les sédiments en y envoyant
des milliers de lilons et en enveloppant des fragments arrachés du cal-
caire. II sera dilficile de voir un phénoméne géologique plus net et plus
beau que ees parois de granit blanc qui contiennent de nombreuses len-
tilles et fragments sédimentaires rouges de toute grandeur.
Ces phénoménes de contact ne peuvent s'expliquer qu'en admettant
que Véruption du granit ait eu lieu apres la formalion du calcaire.
qui a été percé, partiellement enveloppé et probahlement métamorphisé
par la roche éruptive.
L age de ce calcaire, ne peut pas étre lixé la oü nous observóos le
contact décrit, manquant complétement de fossiles caractcristiques. Mais,
heureusement, nous pouvons obtenir la réponse a cette question d'áge en
étudiant le projil de la rive droite du rio Lonquitnay. La nous trou\ons
la continuation des sédiments décrits; le calcaire noir réapparaít, en al-
ternant cette fois avec les couches jurassiques fossiliféres. Une belle voúte,
a Test de la Comisaria Lonquimay, est formée par des marnes noires a
Macrocephalites macrocephalum, des couches a Cidarites et le poudingue
caractéristique — déjá rencontré a Pino Hachado — contenant des dé-
bris d'une porphyrite violet foncé et d'autres roches éruptives, notam-
ment diabasiques. En connexion avec ces roches, on observe une por-
phyrite verte avec de grands feldspaths en tablettes de deux a quatre
centimétres cubes, que nous avons déjá sígnales comme compagnon typi-
que du poudingue dans notre rapport de l'année passée.
De ces observations resulte que le calcaire noir de Pancunlo appar-
íienl á la formalion jurassique et que par suite l'érupíion du granit ne
peut pas avoir eu lieu avant la fin du jurassique. Les roches graniti-
ques jeunes, déjá citées d'autres localités andines, se retrouvent done
dans notre champ d'étude.
A Test de notre región, aux environs du Biobio, s'observent des
sédiments d'un inlérét tout spécial. Ce sont des gres á bivalves et des
couches remplies de Litorinelles et d'autres mollusques. Ces couches a
Litorinelles font partie des plis andins en plongeant \-ingt á trente degrés
— 208 —
vers l'est. L'étude détaillée des fossiles qu'elles contiennent fixera leur
age; si elles appartiennent aii tertiaire — comme je suppose — elles pour-
ront noLis donner des renseignements tres précieux sur 1 age du plis-
sement andin.
b) LA REGIÓN ENTRE l.E RIO LONQUIMAY ET CL'PACAUTIN
Les roches néovolcaniques jouent dans cette región un role prépon-
dérant. Un basalte feldspathique gris foncé, probablement identique
avec la roche basaltique qui couvre la chaine de Pino Hachado et une
grande partie des deux plaieaux, s'observe presque partoutdans ees mon-
tagnes boisées á formes peu accentuées. A cette roche s'ajoutent des tufs
et de la pierre-ponce, qui couvre toute la hauteur du col de Malalcahuella.
La forme intacte des cónes volcaniques qui s'élévent ^á et la sur
cette chaine, fait présumer que l'éruption des roches néovolcaniques a
eu lieu dans des temps tres modernes. Alors la lave est venue se versen
sur les plis préexistants, couvrant d'une nappe immense soit des pou-
dingues jurassiques (entre le rio Lonquimay et Teghelmallin et á l'est
de Malalcahuella) soit des porphvrites paléovolcaniques (a l'ouest de
Malalcahuella).
6 . Resume des observations géologiques
Aprés la description régionale precedente, je tácherai d'otírir au
lecteur un resume des principaux faits acquis jusqu'á présent.
Les terrains sédimentaires se rencontrent dans les trois chaines,
forment entierement la chaine oriéntale, et percent qk et la sous la nappe
néovolcanique dans les deux chaínes de Pino Hachado et de Lonquimay.
lis appartiennent presque exclusivement aux terrains jurassiques et cré-
taciques.
Quant au ¡urassique, on est frappé par la grande analogie qui
existe avec les régions plus au nord, visitées par nous l'année passée. On
retrouve le gypse en compagnie de gres polychlores, les conches á am-
monites calloviens, les calcaires foncés tithoniques et surtout le poudin-
gue suprajurassique avec tous les caracteres observes au nord.
Les conches tithoniques sont théoriquement plus importantes encoré
que celles que nous avons observées Tannée passée, parce qu'ici — au
degré 3 8,3o latitude sud — elles réfutent d'une maniere beaucoup plus
énergique encoré la théorie climatérique des temps jurassiques émise pas
Neumayr.
Les conches ammonitiféres du jurassique se retrouvent dans toute
la región parcourue, prouvant ainsi que la mer des temps jurassiques
a envahi ici toute la región andine actuelle.
— 209 —
D'autre part. les gres néocomiens á Ostracées et á nombreuses bival-
ves — dépóts typiques du litoral — ne se irouvent qu'au bord oriental de
la Cordillére actuelle, dans les environs de Las Lajas.
L'examen paléontologique pourra jeter de la lumicrc sur un sé-
diment intcressant. qui se trouve, plissé lui-méme, au milieu des plis
andins prés du Biobio : les conches á Litorinelles. Si láge tertiaire de
ses couches s'atTirme par l'étude des fossiles, on pourra fixer 1 age du
plissement de cette partie de la Cordillére.
Entre les roches éruptives, nous avons á citer en premier lieu les
granits et les roches paléovolcaniqíces .
Le granit se présente sous deu.\ formes: 1 une affleure dans la re-
gión de l'Aluminé en formant la base du platean interandin; c'est un
granit á hornblende avec des orthoklases, beaucoup de quartz et du gre-
nat. L'autre, un granit á biotite avec peu de hornblende et de quartz,
forme le massif granitique de Lonquimay, qui a percé les couches ju-
rassiques preexistentes et en a enveloppé des fragments arrachés, prou-
vant ainsi 1 age relativament jeune de l'éruption granitique.
\J[~i porphyre proprement dit, á orthoklase, se montre au centre et á
l'ouest de la chaíne de Pino Hachado; des porpliyrites variées, quelque-
fois en connexion intime avec les poudingues jurassiques, affleurent
dans les chaines de Pino Hachado et de Lonquima)'.
Les roches néovolcaniques jouent un role tres important dans notre
profil. La plupart appartient á un basalte feldspathique gris foncé, cou-
vrant sous forme d'une nappe immense non seulement presque toute la
chaíne de Pino Hachado et la partie occidentale de la chaine de Lon-
quimay. mais aussi des parties considerables des deux plateaux inter-
andins.
L'éruption de ce basalte et la formation de son immense nappe appar-
tient A des temps relativement modernes. La discordance apparente, qui
existe entre les nappes et les sédiments plissés soujacents, prouve claire-
ment que les plis andins étaient déjá formes avant l'éruption des ba-
saltes. D'autre part, nous avons constaté des polies et de stries glaciaires
sur un bloc basaltique (á l'est du col de Pino Hachado), ce qui de-
montre que l'éruption avait déjá commencé avant la fin de l'époque
glaciaire. Un tuf phonolithique qui couvre des alluvions modernes, prés
de Las Lajas, s'est formé sans doute dans des temps tres récents. De
méme les cunes magnifiques des volcans de la chaine de Lonquimay,
que l'érosion n'a pas encoré entamés du tout, sont des témoins irre-
futables de la jeunesse du volcanisme.
On peut done déduire de ees faits que la formation des roches
•néovolcaniques a commencé avant la retraite des glaciers et continué
incessamment jusqu'á nos jours.
— 210 —
Le trait principal de la tectonique de notre profil est sans doute la
ramification de la Cordillére en trois chaiues et l'existence de átux pla-
teaux interandins entre ees chaines.
Les plis, qui forment les trois chaines et qui sont visibles la oü
une interruption de la nappe néovolcanique nous permet d'observer les
sédiments soujacents, sont, en general, des anticlinaux assez faibles et
simples avec peu de complications par des failles. Une particularité de
ees plis est á remarquer avant tout: leur direction tres souvent trans-
versale, allant de Test á rouest, et par suite perpendiculaire aux axes
des chaines andines.
Pour aborder la question d'origine des plateaux interandins qui sont
certainement á regarder comme des zones sans plissement, il faiit, selon
ina conviction, teñir compte d'abord de la direction anormale des plis
dans leur voisinage et ensuite de la présence d"un massif granitique con-
siderable au-dessous du platean de l'Aluminé. La meilleure explication
de Torigine des plateaux me parait alors celle qui admet que des massifs
considerables de granit, existant lá oü nous trouvons aujourd'hui les
plateaux, ont opposé tant de résistance aux torces orogéniques, qu'ils
ont empéché le plissement dans leur domaine et forcé les plis du voisi-
nage de s'adapter á leurs contours irréguliers, ce qui a eu lieu quelque-
fois par des fractures et tres souvent par des courbures et inflexions des
axes des plis.
En considérant la Cordillére entiére de notre región, nous voyons
qu'elle posséde une sinicture ^onaire et asymmétrique tres prononcée.
Cela ressort clairement de notre profil, qui montre de Test a l'ouest les
zones suivantes:
I . Une zone sédimentaire jurassico-crétacique á plissements simples
(les chaines orientales) ;
2. LIne zone sans plissement, couverte de roches néovolcaniques
(platean de Las Lajas) :
3. Une zone de plis mésozoíques et de roches paléovolcaniques,
surmontées par une nappe basaltique (chaíne de Pino Hachado) ;
4. Une seconde zone sans plissement formée par du granit et cou-
verte de laves néovolcaniques (plateau de l'Aluminé);
5. Une zone de plissements jurassiques avec un massif granitique
considerable (partie oriéntale de la chaíne de Lonquimay); et enfin
6. Une zone de basaltes avec des centres éruptifs reposant sur
des plis jurassiques et des roches paléovolcaniques (partie occidentale de
la chaine de Lonquimay).
Enfin nos études pourront jeter quelque lumiere aussi sur la ques-
tion importante de I age des püssemenls andins.
— 211 -
Des polies glaciaires sur un bloc du méme basalte, qui couvre en
discordance les plis de la chaíne de Pino Hachado, démontrent que le
plissement andin principal de notre región s'est terminé déjá avant la
retraite définitive des glaciers.
Les couches a Litorinelies représentent probablement les plus jeunes
sédiments plissés de notre cordillcre. Leur age — a fixer par l'étude pa-
léontologique— pourra done d'autre part déterminer le commencement du
phénomene orogénique.
Notre travail définitif á l'aide de nombreuses photographies aura la
tache d'exposer les phénomenes de géologie genérale. II traitera des
dépóts glaciaires, éboulements, ancienslacs, terrasses d'alluvion, anciens
cours d eau, etc., etc. — des matiéres que nous n'avons pu qu'aborder
dans le présent rapport. Ce travail définitif offrira, je lespére, un coup
d'oeil general sur la géologie de notre champ d'éíude et pourra contri-
buer ainsi á la connaissance géologique de la región andine australe
offrant tant de problémes intéressants et cependant si peu connue
jusqu"á nos jours.
II
.4. LA GÉOLOGIE DES ENVIRONS DE LARGO
I . La prétendue unión des chaínes au Paso del Arco
Jiisqu'á nos jours on a prétendu maintes fois que les chaínes de
Pino Hachado et de Lonquimav s'unisseni á l'Arco-. La prenniére des
chaínes citées devrait, selon cette opinión, trouver sa continuation aus-
trale dans un cordón transversal, qui — dirige de Test á l'ouest — pas-
serait par le Paso del Arco en se reliant á l'ouest avec la chaíne de Lon-
quimay.
Pour juger cette question , montons d'abord la cime oriéntale du
Batea-Mahuida ( 1745 m.).
A nos pieds s'étend le grand platean de l'Aluminé. Nous le voyons
comme une imrnense plaine horizontale entre Textrémité oriéntale du
lac Aluminé et la chaíne de Pino Hachado. Vers le nord , il se laisse
facilement poursuivre jusqu aux environs de Liucura, et nous reposons
sur une de ses parties typiques. Le Batea-Alahuida — si caractéristique
par sa forme tabulaire á surface enticrement plañe — se trouve au mi-
lieu meme du grand plateau , qui acquiert ici des hauteurs considerables.
Nous pouvons done suivre le plateau de FAluminé du lac Alu-
miné par le Batea-Mahuida et les environs du Paso de l'Arco jusqu'á
Liucura.
La chaíne de Pino Hachado aussi se dirige, en cordón elevé, du
sud au nord et on la voit passer dans les environs de l'Arco sans qu'il
ne s'en détache aucun rameau transversal.
Dans les grands traits orographiques , il ne se montre done aucun
fait qui pourrait démontrer la continuation de la chaíne de Pino Ha-
chado par un cordón transversal et son unión a\ec la chaíne occidentale.
.'\u contraire, á premiére vue s'imposent des impressions opposées
á cette théorie.
II en eit de méme si nous étudions en dctail la constitution géo-
logique des environs de l'Arco. La existent des nappes néovolcaniques
du mil-me hasalte. qui couvre partout le plateau de l'Aluminé, et dans
aucun point nous pouvons rencontrer ni des traces de plis mésozoi'ques,
s
— 213 —
ni des affleurements paléovolcaniques : éléments constitutiís des cliaines
de Pino Hachado et de Lonquimay. 11 est évident que ees éléments ne
manqueraient pas en cas de l'existence d"un cordón transversal.
La tbéorie de l'union des c/iaíne.i á I Arco par un cordón transver-
aal se írouve done en opposition apparente avec ioiis les faits orograplü-
qiies el ge'ologiqíies.
2 . Le divortium aquarum et l'ancien cours d'eau du Paso de l'Arco
(pl. II, lig. 2, et pl. III I
A la hauteur du col de l'Arco et á l'endroit mcme du divorliiim
aquarum actué!, s'élévent quelques petites collines de forme oblongue,
mesurant une hauteur d'environ trente a quarante métres (voir pl. III,
figure I, les collines designées avec un «m»). Elles sont couvertes de
grands blocs angulaires, formes en partie par un basalte feldspathiqLie,
qui se trouve au.\ environs méme du col. En outre, on voit des blocs
granitiques et dioritiques qui n'affleurent pas dans les alentours.
La constitution de ees collines prouve done leur origine dúe aux
glaciers: ce sont des moraines superficielles typiques.
Ces collines morainiques, qui forment un petit cordón transversal,
marquent actuellement l'endroit du dh'orfimn aquarum. Les eaux de
leurs flanes nord se jettent dans le Biobio; celles du sud forment au
contraire l'arroyo de l'Arco.
II y a done une relalion apparente entre les moraines et le divortium
aquarum actuel: les premieres étant évidemment la cause primaire du
second .
Lá oii les collines sont en discontinuité s'est établi un divortium
aquarum tres intéressant. On observe alors (phot. 3, pl. 111) une sur-
face tout-á-fait plañe, couverte d'un inarécage. qui forme la ligne de
séparation ¡nterocéanique; insensiblement on peut passer du domaine
de l'Atlantique a celui du Pacifique. Les eaux y travaillent encoré main-
tenant; elles luttent ensemble pour obtenir un plus grand domaine et
chaqué petit changement météorologique peut amener ici une dislocation
de la ligne divisoire des eaux. Aussi j'ai observé plusieurs ravins en voie
de formation.
Nous avons vu que le divortium aquarum actuel, coíncidaní a\ec
les moraines, se trouve aujourd'hui au haut de l'Arco. Des anciens dé-
póts d'un grand Jleuve. qui se trouvent dans la vallée de I Arco, démon-
trent que cet état actuel des choses ne date que d'une époque peu re-
culée.
Ces dépóts, repartís irréguliérement dans la vallée supérieure de
l'Arco (voir carte, fig. 2 de la pl. II), consistent en un amas de blocs.
Tumo I.\ I 6
— 214 —
bien arrondis et de toute f^randeur (voir phot. i , pl. III). On y trouve
principalement des granits, des diorites, des congiomérats et des cal-
caires noirs jurassiques.
Toutes les roches citées n'affleurent pas dans le voisinage de l'Arco
actuel ; on les retrouve. aü contraire. asse:; loin xurínuí dans les chaines
occidentales . Ainsi nous avons pu constater á Lonquimav le conglomé-
rat et á l'arroyo Pancunto le calcaire noir jurassique.
Outre ees roches, il y en a qnelques unes qui sont identiques avec
celles du voisinage immédiat de l'Arco (roches néovolcaniques) et d"au-
tres dont nous ne connaissons pas le lieu d'origine par manque d'ob-
servations relatives.
Ces dépóts, composés de pierres roulées en partie inconnues dans
le voisinage immédiat, ne peuvent pas avoir été formes par l'Arco actuel:
ils démontrent, au contraire. qu un grand Jleuve venant de l'ouest a
jadis passé par la región de l'Arco.
L'aspect general de la vallée large et étendue de l'Arco actuel con-
firme cette conclusión (voir pliot. 2. pl. 111).
Ici se pose la question. si nous ne pouvons pas fixer dune maniere
plus precise le lieu d'origine de ce grand fleuve.
En descendant de l'Arco dans la vallée supérieure du rio Biobio.
nous sommes trappé par les grands systémes de íerrasses d'alluvion qui
s'étendent dans cette vallée (voir phot. 4, pl. III).
On peut facilement discerner une terrasse basse. dans laquelle le rio
a creusé son lit actuel (l. \. phot. 4, pl. III) et une terrasse haute
occupant un niveau d environ deux cents métres au-dessus du fleuve.
Cette derniere posséde une extensión tres grande et la ligne droite de
sa superficie s'aperi^oit deja de loin (t. III, phot. 4, pl. III). Entre ces
deux systémes de terrasses, il en existe encoré d'autres dans dilíérents ni-
veaux (p. ex. t. II, phot. 4, pl. III) et a la rive droite — justement
dans la región de l'Arco — ■ se montre une terrasse qui s'éléve á des
hauteurs encoré plus considerables que la haute terrasse déjá citée (t. IX,
phot. 4. pl. III ).
Ces terrasses accompagnent le Biobio vers le nord, et j'ai rencontré
encoré au nord de l'arroyo Liucura des éboulis fluviátiles sur une hau-
teur d'au moins deux cents métres au-dessus du niveau actuel du fleuve.
Toutes les terrasses sont constituées par des matériaux analogues á
ceux que nous avons sígnales des anciens dépóts de l'Arco ; nous y re-
trouvons le granit, la diorite et d'autres roches.
On sait que les terrasses fluviátiles représentent des restes d'anciens
tonds de vallées, que la fleuve a entamés de nouveau en détruisant et
charriant ainsi ses propres dépóts des temps antérieurs.
Les terrasses du Biobio, en partie tres élevées, nous prouvent done
— 215 —
d'une maniere irréfutublü que ce fleuve occiipait jadis un nivean bien plus
iiaut qu'aujourd'hui et coulait alors de 200 á 3oo metras au-dessus de
son ni\eau actual.
En vue da ce fait, on n'éprouve aucune difficulté á simaginer que
le Biobio ait pu passer dans las temps recules par la vallée de l'Arco et se
déverser par suite dans l'Atlanlique.
Si nous réunissons tous les faits acquis, nous pouvons nous faire
l'idée suivanta des phénoménes qui se sont probablement passés dans
les en\irons da l'Arco:
Le rio Biobio supérieur ('), occupant des niveaux beaucoup plus hauls
que son lit actual (comme le demontre la hauta terrasse) a passé jadis
par le col et la vallée de l'Arco actuel. Lá il a laissé ses traces sous
forme d'anciens dépóts flu\iatiles. P^nsuite sont venus las glaciers, qui
ont apporté les morainas du col da l'Arco. Celles-c¡ onl barré l'ancien
cours du Biobio, na laissant plus passer ce fleuve par l'Arco. Alors le
Biobio, abandonnant son ancien lit. s'est x'ersé \ers le nord formant l'in-
flexion si apparente et si brusqua de son cours. .\ la hauteur actuelie
du col de l'Arco s'est formé le divortium aquarum actuel. Fixé en ge-
neral par les morainas, il est au/ourd'liui en partie siijet á des chan-
ffeinents múltiples, gráce á la grande \'ariab¡lité das phénoménes d'éro-
B. LA DÉFINITION DE LA CORDILLERE
DANS NOTHE CHA.MP DE TKAVAIL
Un des resultáis principaux da la premiére partie de ce rapport a
été la constatation de trois chaines et entre alies l'existence de deux pla-
teaux dans notre champ d'étude. Da lá ressort la nécessité d'analysar
chacuna de cas chaines et da las comparar mutuellemant , si Ion veut
obtenir une délinition fondea de la Cordillére.
Les daux chainas da Pino Hachado et da Lonquimay montrent beau-
coup danalogie entre ellas; il y a des traits géologiques importanls qui
les posent en opposition apparente á la chaina oriéntale (chaine á l'est de
Las Lajas ou de la 'Vaca Muerta).
Nous pouvons résumer les traits fondamenlaux de la structure géo-
logique, qui sont communs á la chaina da Pino Hachado et á calle de
Lonquimay. comme suit: Dea plis suríout jurassiques relativcment
simples et des roches palcovolcaniques sont couverts par une immense
(') Pour prouver d'une maniúrc définilii'c que c'est le Biobio qui a passc par l'Arco, il fau-
drait faire des eludes détaillces des terrasses du Biobio actuel et de leurs niveaux respectifs, ce qui
m'ctait impossible par le manque de temps. Les travaux de la Commission argentino de limites
pourronl probablement comblcr celte lacune.
k
— 21G —
nappe d'un basalle feldspathique gris foncé. Les deiix c/iaines alíc/gnenl
des hauteurs considerables el on y rencontre plusieurs cimes qui s'élévenl
au-dessus de 2000 méíres.
Ces traits communs opposent les deux chaínes citées á celle qui
s'éléve au nord et á l'est de Las Lajas et que nous avons nommée chaíne
oriéntale. Cette derniére se distingue de ceiles-lá par ses anticlinaux
simples de terrains jurassico- crétaciques , par sa constitution entiére-
ment sédimentaire, par l'absence totale de roches néovolcaniques et par
les hauteurs peu considerables de ses cimes. Elle est , en cutre, séparée
des autres par le plateau large et étendu de Las Lajas.
Nous vovons done la chaine oriéntale en opposition apparenle avec
les deux autres chaines : elle sen distingue par la simplicité de sa slruc-
ture géologique et par son clévation peu considerable .
Les rapports entre la chaine oriéntale et les deux autres sont analo-
gues á ceux qui existent entre le Jura suisse et les Alpes.
On sait que le Jura se distingue aussi des Alpes par sa structure
simple et par ses cimes relativement basses. Cependant, il y a une dilfé-
rence beaucoup plus grande entre les deux chaínes européennes qu'entre
les nótres; ce qui tient principalement á la structure des Alpes, qui est
beaucoup plus compliquée que celle de la haute cordillére étudiée.
On ne pourra done pas, comme en Suisse, désigner la chaine orién-
tale avec un autre nom que les autres et la considérer comme chaine
de montagne propre. Selon ma conviction, elle aussi doit faire partie
de la «Cordillére dans le sens le plus étendu».
Cependant les différences indiquées justifient sa séparation des deux
autres chaines. Nous proposons done de la désigner comme la basse
chaíne, tandis que les deux chaínes de Pino Hachado et de Lonquimay
formeront ensemble la haute cordillére.
Analvsons maintenant les deux chaines que nous venons de désigner
comme haute cordillére pour déduire de cette étude la définition precise
de la «Cordillére proprement dite».
En premier lieu, se pose ici la question si la structure géologique
nous permet d'envisager co'mme Cordillére proprement dite et principale
l'une seulement des chaínes citées ou, en d'autres termes, si les
ditíerences entre les deux chaines suflisent pour justitier leur séparation.
Tandis que nous avons rencontre beaucoup de traits communs rela-
tits á la structure genérale des deux chaínes, nous pouvons, dans les
détails, énumérer assez de dijférences qui seront exposées dans les
lignes suivantes.
Entre les terrains séditnenlaires de la chaíne de Pino Hachado, nous
rencontrons les gres de Haichol qui manquent dans la chaíne de Lonqui-
may; en revanche, les conches á Litorinelles sont propres á la derniére.
Le porphyre paléovolcanique est caractéristique pour la premiére
chaine, tandis que le granit ne se trouve que dans la seconde.
— 217 -
Les roches néovolcaniques forment dans la chaíne de Lonquimay
des volcans ¡mpo?ants qu¡ s'élévent á des hauteurs beaucoup plus con-
siderables que les plus hautes cimes de la chaine de Pino Hachado.
On voit qu'une étude détaillée géologique peut montrer assez de dif-
férences entre les deux chaines ; mais 11 ne faut pas oublier que toutes
les différences énumérées sont des caracteres de second ordre, qui ne
troublent en rien la grande analogie genérale des chaines.
II est vrai que certaines conches sédimentaires sont propres á Tune
des chaines; mais, en general, ce sont des sédiments mésozoíques plis-
sés qui forment, pour ainsi diré, le squelette des deux.
Certaines roches volcan iques des deu.x chaines sont distinctes; mais,
d'autre part, la grande nappe néovolcanique consiste dans les deux chai-
nes en un basalte feldspathique. C'est done la méme roche qui couvre
soit la chaine de Pico Hachado, soit celle de Lonquimay.
11 est vrai encoré que les centres volcaniques s'élévent a Lonquimay
á de grandes hauteurs; mais une étude approfondie de la chaine de Pino
Hachado, nous montre que lá aussi existe un anclen centre volcanique
(profil L M, pl. I, arroyo Tehuel-Nigliu ), qui se distingue des volcans
occidentaux seulement par sa forme orographique ; étant plus anclen que
les volcans Lonquimav. Llaimas, etc., il est deja entamé et détruit no-
tablement par l'crosion, tandis que les agents extérieurs ont laissé sub-
sister a peu prés intacts les cónes majestueux des volcans de l'ouest.
En outre, il ne faut jamáis oublier que les volcans de la chaine de Lon-
quimay ne forment pas une chaine continué, mais seulement des cimes
isolées surgissant qk et lá. D'autre pan, le phénoméne néovolcanique
date des temps relativement modernes; il a commencé aprés le plissement
andin et ses produits (les volcans et les nappes néovolcaniques) ne forment
done pas partie de la structure primaire géologique de la Cordillére.
Par la discussion de ees faits. nous venons ;i la conclusión que la
géologie et l'orographie des chaines de Pino Hachado et de Lonquimay
montrent bien des différences de détail, mais que ees difierences ne peu-
vent pas troubler le fait bien fondé de leur analogie et équivalence com-
plete dans les traits fondamentaux de la structure géologique.
De lá nous arrivons au résultat que les deux chaines de Pino Ha-
chado et de Lonquimav, equivalentes dans le sens orographique et sur-
toul géologique, doivent étre considére'es comme parties de la Cordillére
proprement dite de notre región. Ensuite, si Ion cherche une ligne géo-
logique céntrale de la región, celle-ci doit passer par la ligne médiane
du platean interandin de i Aluminé qui separe les deux chaines (voir
fig. I, pl. II).
Cette conclusión est conlirmée par un autre fait qui me parait pos-
séder une importance particuliére.
— 218 —
Le poudin^uc jurassique. en relation intime a\ec les roches porphy-
ritiques, joue dans beaucoup de ré^'ions centrales de la Cordillére un
grand role. II compose presque entiérement les plus haiites parties de la
Cumbre de Uspallata, de Tinguiririca, de la región du Planchón, etc.,
et peut étre consideré comme roche caractérisíique des sommités andines
de ees régions. Done les parties andines citées oú affleure ce sédiment
appartiennent sans doute á la Cordillére propremenl dilc. et forment en
cutre leurs cimes les plus élevées.
Si nous retrouvons niaintenant le méme conglornérat avec tous les
caracteres identiques non seulement dans la chaine de Lonquimay (entre
les rios Biobio et Lonquimay), mais aussi pres de Pino Hachado lentre le
commisariat et le col), nous pouvons regarder ce t'ait comme affirmalion
precise de notre conclusión , disant que non seulement la chaine de Lon-
quimay, mais aussi celle de Pino Hachado, forment parlie de la Cordil-
lére propremenl dite. (La figure i. planche i!, cherche á fixer les con-
clusions auxquelles nous sommes arrivés ci-dessus.)
Tout ce qui a éié exposé dans les lignes qui précédent se rapporte
á notre champ détudes: de méme les conclusions, au.xquelles nous
sommes arrivés, sont applicables seulement á cette región. Des études
suivies dans des contrées voisines pourront seules démontrer jusqu'á que!
point on pourra appliquer nos resultáis ailleurs.
Le tait que la structure andine change au sud de notre región peut
étre constaté par les tra\'aux de M. Wehrli, dans les environs de Junin
et du lac Lacar. Lá, la Cordillére se trouve réduite á un cordón occi-
dental qui est situé au sud de notre chaine de Lonquimay et qui, cer-
tainement, est á regarder comme leur prolongation australe. Vers 1 est.
s'étend une grande plaine sans aucune trace de chaine andine oriéntale.
Le Cerro del Perro est un accident spécial et ne peut pas étre comparé
avec notre chaine de Pino Hachado.
II parait done que non seulement les chaines it l'est de Las Lajas,
mais aussi la chaine de Pino Hachado ont disparu complélenient dans
la latitude de Junin et que nos deux plateaux interandins rcunis for-
ment lá la grande plaine oriéntale deja ciíée.
Malheureusement presque toutes les donné.'s géologiques du nord
de notre región manquent. .I'ai seulement pu constater:
1. Que les plis des chaines de Pino Hachado et de Lonquimav se
rapproehent sensiblement deja prés de Liucura:
2. Que le platean de l'Aluminé atteint des hauteurs considerables
vers le nord ; et
3. Que dans la región située au nord de la contluence des rios
Lonquimay et Biobio. il ne se montre orographiquement plus rien du
plateau, mais au contraire des erétes continúes semblent relier la chaine
de Pino Hachado ¿i celle de Lonquimay.
— 219 —
De ees observations paraít rcsulter le fait que le platean de I' Alu-
miné disparait rers le nord et que. par conséquení. les deux c/iaiiies
de Pino Hachado et de Lonquimav s'unissent la.
La c/iaine de Pino Hachado (et aussi les chaínes orientales) es I done
probablcment ¿x considerer comme un ramean de la Cordillére qui s'é-
léve de la plaine a une cerlaine disiance au nord de Junin de los Andes.
qui atteint ensiiile rapidement vers le nord des hauteurs considerables et
qui s unit avec les chaines occidentales au nord de Liucura.
Comme ce rameau montre dans notre cliamp d'étude la mcme
structure géologique et orographique que la chaíne de Lonquimav,
nous devons conclure qii'il y fait partie de la Cordillére propremenl
di te.
La définition de la Cordillére de notre región sera done difFérente
de eelle qui s'applique aux eontrées du sud, étudiées par AL Wehrli.
De la il faut eonclure qu'on ne pourra rien généraliser sans des
études préalables, et que seulemenl en allant étudier soigneusement
7'égion par región, on pou?-ra obíenir une idee juste sur lexíension de
la Cordillére dans les latitudes différentes.
La Plata, ¡uillct 1898.
Db. Carl Burckhakdt.
L
Rev. del Museo
Ouest
cÚRACAUTli
Niveaude'amer
VAHEE
IQMTÍUDlHALt
de I-a Plaí* — Tome IX
Dr. C. BURCKHARDT: Expédition g¿ologÍque — Pl . I
ESQUISSE D'UN PROFIL TRANSVERSAL DE LA CORDILLERE
ENTRE LAS LAJAS (ARGENTINEI et CURACAUTIN |CHILIj DU 38°au39° lat. sud
par le W. Cari Burckhardt
1898
C H A I N E DE L O N Q U I M AY
CHAINE DE PINO MACHADO
yolaui Lonquiíiíay
Wüalaúuutla : Paso MalalajJimUa
LONguiMAY I I Ouest - -í*^.c^^ ^st I
T^Tulmm, Río Conu^ami ,m \ Pasoól.Argerdms fTehuilXuilm ~J^__¡¡^,^^
PttÁle ' '" LIUCUfíA ' PINO HACHADO HAICHOL
' RioBwbut '< '''W? ComJsaria Fslqrulf/l
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CHAINE ORIÉNTALE
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TLATEAU DE UALUMINÉ ':"
Eche 1 1 e 1 ■ 500 ooo
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Gres suns fossiles
Roches iie'ovo I cd ñiques
GraniJ eí roches ¡uileovoh<nn(/a es-
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Rev. del Museo de La Plata — Tnmc IX
Dr. C. BURCKHARDT: Expédition géologique — Hl III
I. Les anLiens il<;-i)ols d'iin graiid (leuve el ie> nioniines au Paso del Aren
m = \foraines
V.iüee siipérieure ilei Arco vers k- ?-iiJ
j L^ l'ivMriuiLii aquiírum» actuel .lu Faso li-^l Aren
m-* Directiim des eaux
4. Les terrasses d'alluvion du Biobio siinérieiir
íi — t^= Terrasses
rAI-LRRBS DBI Ml'SEO
RAPPORT PRELIMINAIRE
SUR MON EXPÉDITION GÉOLOGIQUE
UANS LA
CORDILLÉRE ARGENTINO-CHILIENNE
DU 40" ET 41" LATITUDE SUD REGIÓN DU N AH U E L-H U API )
V A l<
D" LEO WEHRLI
GÉOLOGUE DE LA SECTION D 'eXPLORATIONS NATIONALES
AU MUSÉE DE LA PLATA
AVEG PLANCHE
Tomo IX I 7
RAPPORT PRELIMIN AIRE
SUR MON EXPÉDITION GÉOLOGIQUE
DANS LA
CORDILLÉRE ARGENTIf^O-CHILIENNE
DU 40° ET 41° LATITÜDE SUD (REGIÓN DU NAHUEL- HUAPI )
PAR
Dr. LEO WEHRLI
GÉOLOGUE DE LA SECTION d'exPLORATIONS NATIONALES
AU MUbÉE DE LA PLATA
[. DESCRIPTION CHRONOLOGIQUE DU VOYAGE
I . Départ pour Puerto Montt
Notre zone d'exploration étant fixée pour cette campagne aux 40"
et 4i°latitude sud de la Cordillére argentino -chilienne, nous quittámes
La Plata, le 24 novembre 1897, pour passer au Chüi par Mendoza
et Uspallata et commencer nos travaux par Textrémité ouest du cóté
du Pacifique.
A Mendoza, les fameuses institutions du chemin de fer Trasandino,
que nous connaissions déjá depuis l'expédition de i'année derniére, nous
ont retenus jusqu'au matin du i"'' décembre. C'est ainsi que jai eu
le temps de visiter la región du charbon mediocre de Challao.
Le 2 décembre, au soir, nous atteignimes Santiago avec Tintention
de nous embarquer aussitót á Valparaíso pour Puerto Montt, port de la
cote sud du Chüi, qui était designé comme point de départ pour notre
expédition.
A Valparaíso, mon coilégue M. le Dr. Charles Burckhardt tomba ma-
lade. Nous avions déjá entrepris ensemble Fexpédition de la saison pas-
sée C) et ce n'est qu'avec le plus grand regret que je l'ai dü laisser á
Valparaíso, oú íl resta jusqu'au mois de févríer. J'étaís done seul pour
díriger l'expédition, bien qu avec le concours aímable de M. Charles
Bruch. photographe allemand du Musée de La Plata, qui m a beaucoup
(^) Wehrli el Burckhardt: Rapport prcliminaire sur une expédition gcologique dans la
(Cordillére argeniino-chilienne, <^ Revista del Museo de La Plata''> , 1. VIII, p. 3 7 3 et suivantes.
224
secondé pendant toute la durée du vo\age: ce que je tiens a constater a\ec
reconnaissance.
Le I 2 décembre, á midi. le vapeur «Amazonas» entra dans la baie
paisible de Puerto Montt. Partís le 6 de Valparaíso, nous avions eu
en route le temps de visiter Talcahuano avec les collines environnantes
et le systéme pittoresque du fleuve Valdivia: du reste, sans resultáis
scientifiques.
2 . Calbuco et Tronador
De Puerto Montt, une voiture nous conduisit, le 19 décembre. de
bon matin, a Puerto Varas, petit village de type allemand au bord du
grand Lac Llanquihué. Notre honorable directeur, M. le docteur Fran-
cisco P. Moreno, arrivé un de ees jours-lá par le Detroit de Magellan
avec «l'Azopardo», a bien voulu nous accompagner jusqu'á ce point.
Je quittai Puerto Varas le soir du 20 décembre. iongeant a cheval
le bord sud du lac pour étudier ses anciennes lignes de rive et les
terrasses. Le iendemain, je me trouvai sur la lave du Calbuco qui s'est
déversée comme un torrent volcanique presque jusqu'au niveau du lac
pendant l'éruption qui a eu lieu il y a juste quatre ans. A cause du
mauvais temps, le sommet méme du volcan n'était pas accessible. II
fallait done shabituer á l'état inconstant du temps qui distingue, dans
ees latitudes, les zones occidentales de la CordiUere. A peine peut-on
compter sur un tiers de beaux jours. et six semaines de pluie continuelle
ne sont point une rareté. Quel aspect diíTérent du ciel constamment bleu
de la Cordillére a six degrés plus au nord !
Le 2 2 décembre, je rejoignis au bord oriental du lac Llanquihué
mon personnel qui avait re^u 1 ordre de s'y rendre directement par va-
peur. Les bagages ont été transportes á Pétrohué sur des chars bien pri-
mitifs, passant une región en partie marécageuse, en partie extrémement
pierrieuse par les masses de débris et laves sanidiniques de l'Osorno,
volcan élégant et couronné de neige et de glaces éternelles.
Pétrohué est situé au bord ouest du Lago Todos los Santos ( lac de
la Toussaint). Nous y passámes la Noel dans une pluie inépuisable et
froide. et ce n'est que le 2 7 décembre en dépit des meilleurs barométres
et hipsométres que le t^mps nous a parmis de passer sur la rive opposée de
ce lac étendu et de forme topographique anguleuse. Aprés un beau tour
de lac sur une barque á voile, durant dix heures environ. une bonne
brise venant du sud -ouest nous permit de débarquer á Peulla. á 1 em-
bouchure de la riviére du méme nom. C"est la, au bord est du lac, un
site magnifique. La maison Wiederhold fréres (á Puerto Montt et á
Puerto Varas) vient d'y établir un chalet hospltalier.
— 225 —
Pendant le trajet, plusieurs vues photographiques ont pu ctre prises,
de mCMiie que quelques esquisses des montagnes environnantes. Sur un
petit canot pliant de toile á voile (qui, du reste, ne servait sans danger
qu'á ceux qui sussent nager!), je suis alié chercher des échantillons de
pierre au bord et sur les ílots du lac. C'étaient des roches cristallines
appartenant aux familles granilique et dioritiqíie. Peulla niéme repose
sur du granit.
C est un beau lac, celui de la Toussaint avec ees foréts sombres! 11
rappelle, en partie. le lac des Quatre-Cantons de notre chére Suisse. mais
il est plus vierge encoré, puisque dans cette ,\mérique du Sud on n"a
pas encoré le temps ni la facilité d'apprécier ees beautés naturelles.
Les parois granitiques montrent des surfaces moutonnées, témoins du
travail des anciens glaciers. Le lac doit avoir atteint, dans le temps,
un niveau plus haut: presque tout autour. á cinquante métres au-dessus
du niveau actuel, on voit développée une ligne de bord, soit comme reste
d'une terrasse d'érosion marqués dans la roche en place, soit comme
niveau d une terrasse accumulée de cailloux roulés.
C'est par l'érosion rapide du rio Petrohué dans les laves de 1 Osorno
que le lac a dú baisser.
Le 2g décembre, nous montámes á pied la vallée du Rio Peulla. Pour
la premiére fois. étaient visibles les trois sommets du Tronador avec leur
manteau de nevés et de glace. s'élevant grandiosement du fond boisé
d une petite vallée latérale, presque comme la célebre Jungfrau vue d'ln-
terlaken.
En face du massif du Tronador, nous passámes la nuit a Casa
Pangue^ maison qui appartient aux fréres Wiederhold, oü nos bagages
devaient nous suivre.
En attendant, je passai la ligne de faite au Boquete de los Raulies
A la nuit, nous nous trouvons á Textrémité occidentale du célebre lac
Nahuel-Huapi pour nous réveiller le lendemain, au dernier jour de Tan-
née, dans un coin vraiment enchanteur, sous les fleurs de myrte partu-
mant l'air d'un lac charmant et d'une profonde sériosité. Les montagnes
de mille métres de hauteur, baignant leur pied granitique ou couvert de
forét épaisse de hétre dans les eaux calmes et d'un bleu foncé inouT, en-
tourent le golfe de trois cotes, tandis que vers Test le lac ouvert se perd
entre des iles et des presqu'ilcs et se dissout dans le bleu celeste du
lointain.
Une barque a voiles nous transporte par le bras de Puerto Blest
dans la partie principale et ouverte du lac, et, aprés six heures de traver-
sée, nous descendons á Puerto Moreno (bord sud).
Un colon allemand nous préte quelques bons chevaux, et, au galop,
nous arrivons, le soir méme, au bord est du lac chez don JoséTauschek.
vieux Bohémien qui s'y est installé depuis des années.
i
— 22G —
C'est ici que se trouvait une partie de la VIP Commission de limi-
tes argentine et le chasseur du Musée de La Plata avec les chevaux et les
mules designes á mon expédition. Prévoyant avoir besoin plus tard d"un
plus grand nombre danimaux, j envoyai le chasseur au nord pour m'en
procurer encoré d'autres.
Cette excursión préliminaire au Nahuel - Huapi, prolongée encoré
vers 1 est par une promenade a che\al au Rio Limar, nous donnait
une orientation genérale de tout le profil transversal de la Cordillére
que i aliáis lever.
M. C. G. Lehmann, premier ingénieur auxiliaire de la VIT Com-
mission de limites, devant lever une carte topographique de la región du
Tronador et des contrées situées directement au sud du Nahuel-Huapi,
nous sommes con\enus de travailler ensemble dans ees régions. Nous
avions trois raisons principales pour ce projet : d'abord, le lever topo-
graphique ne pouvait que gagner par une explication continuelle géo-
logique sur place: ensuite, pour mes propres travaux géologiques, je
désirais ou je devais plutót avoir une base topographique qui prit en
considération la faénese géologique des formes dans la topographie de
l'écorce terrestre. Et enfin, la végétation des régions en question. extré-
mement épaisse et riche, rappelant les descriptions des forets du Brésil
tropique, empéchait, ainsi que les nevés et les nombreux glaciers, les re-
cherches consciencieuses de telle maniere, que 1 emploi combiné de tout
notre personel pour pénétrer dans les t'oréts, pour le transport des baga-
ges et des vivres, etc., nous paraissait avantageux, gagnant ainsi remar-
quablement du temps.
A Puerto Moreno, j'ai acheté une embarcation neuve a quatre rames
par laquelle nous sommes partis, onze personnes, de Casa Piedra (á une
lieue á louest de Puerto Moreno), le 7 janvier 1S98, á huit heures du
soir. Le lac paraissait tranquille aprés plusieurs jours d'orage et de tem-
péte, dignes de la mer.
Nous espérions arriver vers le matin á Puerto Blest. profitant du clair
de lune; mais, á minuit, au milieu du lac, Torage éclata de nouveau et
nous jeta en arriére. Le vieux Tauschek dirigeait le batean vierge avec une
énergie admirable, et nous atteignimes, á forcé des rames. á trois heures
du matin, le bord nord du bras de Puerto Blest dans sa derniére pres-
qu ilc vers l'est.
Les jours suivants, le lac était agité comme la pleine mer. et ce nc fut
que dans Taprés-midi du 9 janvier que nous arrivámes enfin á Puerto
Blest. Le méme soir, nous montámes. M. Lehmann etmoi, au divortiiim
pour redescendre de nuit á Casa Pangue, oü quelques jours de pluie
nous ont retenus. Le i 3 janvier, nous établimes un campement lateral
au pied nord du Tronador dans un angle entre les deux riviéres qui vien-
nent de deux grands glaciers et s'y joigncnt pour former le rio PeuUa.
i
Cest depiiis ce point que nous avons étudié le «tonneur» piiissant.
Une serie de photographies bien réussies et les échantillons de roche
démontreront plus tard que cette montagne est un grand volcan ancien de
basalte, reposant sur un pied massif de granit et dont les laves autrefois
ardentes se sont couvertes dun mantean épais de glace et de neige. Les
glaciers majestueux descendent de tous cotes dans les vallées et le bruit
presque perpétuel des avalanches de glace a donné le nom á ce colosse.
11 y existe aussi un type de glacier bien étrange qui n'est connu jus-
qu'ici ni dans les Alpes ni dans les Andes — que je sache du moins. Cest
le glacier qui alimente du cóté sud-est le rio PeuUa: un grand glacier qui
remplit une vallée de quatre lieues de long et d"un kilométre ou davan-
tage de large avec une inclinaison relativement faible et terminant en
amont dans un vaste amphithéátre de parois de roches á pie de 5oo á
(ioo mtJtres d'altitude. Ce glacier est nourri uniquemcnt d'ai'a/anc/ies
de glace qui tombent de ees parois. Par intervalles de huit a dix minu-
tes, on entend ici le bruit de ees masses se ¡etant comme une cascade
enorme de banc en banc, de couloir en couloir et laissant en bas sur le
glacier des cónes de fragments de glace et de poussiére neigeuse mélés
avec les débris de roche basaltique ou granitique arrachés en route.
J'ai élu les meilleurs de mes aides pour passer avec eux une nuit
sur la partie supérieure du glacier. dans un endroit abrité contre les
avalanches. Le lendemain, des qu il fit jour et avant que le soleil eút
fondu les glaces menai;antes d'en haut, je me proposais d'étudier ees pa-
rois du cercle rocheux. surtout un certain endroit tres curieux oú Ion
voyait de loin déjá le contact bien net des basaltes avec le granit de
dessous. Le i g janvier, de bon matin, une légére piule tit fondre la glace
et précipiter devant nos yeux étonnés, et sur l'endroit méme que nous
nous disposions á visiter, une cascade grandiose de glace couvrant ma
ligne de contact d'un sucre qui me quitta lenvie de la voir de plus pres!
La pluie ne cessait pas depuis le i 9 janvier, et, le 26, nous retour-
námes á Peulla pour taire quelques observations complémentaires au bord
ouest du lac Todos los Santos, entre Peulla et lembouchure du Rio
Blanco. Nous y avons trouvé partout la roche granitique en place.
3. Nahuel-Huapi
Le mauvais temps continuant. nous étions retenus une seconde fois
á Casa Pangue. Le 3o janvier, le campement principal fut transiere á
Puerto Blest et pendant dix jours la pluie nous permit a peine de tra-
vailler aux alentours.
Les montagnes sont formées ici aussi de granit et de roche dio-
ritique. A la Laguna de los Clavos, on remarque une zone étroite de
. 22S —
schistes talqueux. C'est une roche curieuse á déterminer plus tard. Par
ses formes extérieures. le paysage demontre clairement raction des an-
ciens glaciers. Les roches moutonnées á Touest, derriere Puerto Blest et
vers le nord, ressemblent beaucoup aux montagnes de la Grimsel (dans
les Alpes de la Suisse) travaillées par ie glacier de l'Aar quand i! avait,
dans 1 époque glaciaire. une étendue et une hauteur plus grandes. II
n"v a qu une petite zone commen^ant á mille metres au-dessus du ni-
veau du iac que les glaciers n ont pas touchée et qui pour cela montre
des formes aigués d'érosion.
Enfin, le lo février, un vent favorable nous pennit une traversée
á 1 est. Nous passámes de nouveau á voiles le bras de Puerto Blest
entouré presque entiérement de montagnes granitiques a surfaces mou-
tonnées. Aux granits sont intercalées parfois des veines dioritiques. Au
bord sud, un affleurement peu puissant de basalte en forme de colonnes
bien prononcées cause quelque embarras géologique. II s agit sans doute
d'une petite éruption lócale, ou peut-étre d une lave égarée du Tronador,
ou enfin — ce qui du reste ne parait pas trop vraisemblable — la lave
est venue de 1 est. La recherche microscopique ou chimique résoudra
cette question.
En tout cas, l'éruption fut préglaciaire; car le basalte montre une
surface moutonnée et par places des stries horizontales.
Nous constatons ensuite, au bord oriental (ouvert) du bras de Puerto
Blest, une zone de sédiments disloques formant du cóté nord de hauts
sommets, paraissant du reste s'élargir vers le nord — á ce qu'on peut
voir de loin sur le bras septentrional du Nahuel-Huapi — -dans une serie
de montagnes núes, tandis qu'au bord sud cette zone ne se présente que
bien faible; plus au sud. elle semble disparaítre. Je n'ai eu ni le temps
ni le personnel nécessaires pour la recherche de ees sédiments, car l'accés
y est difficile par les foréts impenetrables; en outre, cette zone est si-
tuée en dehors de la región spéciale de mes instructions.
Nous débarquámes a Puerto Moreno vers les minuit et c'est lá que
fut établi notre campement general.
On se trouve dans la ■;one étroite de transition entre la pluie et le
beait temps. Cette zone separe la Cordillére. suivant du nord au sud
des degrés entiers de latitude, en deux régions complétement diflerentes
quant aux conditions météorologiques. Cela change presque subitement.
Par conséquent, I'aspect de la végétation et la forme des montagnes
changent complétement aussi ;
Lá. vers le Chili, des crétes d erosión aigués avec des sommets bien
caractéristiques dans leur forme, des nevés et des glaciers, des systémes
étendus de riviéres, avec leurs ramifications innombrables, une richesse
d eau et pour cela les pentes couvertes d une forét épaisse et splendide,
peuplées d une faune variée;
— 229 —
Ici, da cóté oriental, des roches núes, la montagne stérile couverte
á peine d"une pauvre végétation de pampa que nous connaissons de 1 ex-
pédition aniérieure en la province de Mendoza otfrant un coup d'oeil
bien monótono; il n ya pas d eau, ou, s il y en a, elle forme des lacs,
de grands fleuves; les petites vallées secondaires restant arides, témoins
d une erosión ancienne plus vive mais supprimé; aujourdhui.
C'est comme dans les conditions sociales de la République Argen-
tine actuelle: richesse enorme á cóté d'une pauxreté extraordinaire. En
revancha, il régne un ciel bleu inalterable sur les grandes Pampas argen-
tines, et, dans la zone occidentale: il pleut.
A Puerto Moreno, une serie de collines allignées vers le lac Gu-
tierre^ attire lattention du géologue.
Le bord sud abrupt des deux petits lacs au sud du Campanario est
encoré formé par des parois granitiques de plusieurs varietés pétrogra-
phiques.
Depuis Casa Piedra, vers l'est, suit une zone de roches porphyri-
ques qui commence au Campanario en direction sud-est, touche les
granits du mont Catedral et passe au lac Gutiérrez. Ce sont de beaux
porphyres quartziféres, alternant avec des porphyritesdécomposéas et avec
des schistes d'une texture plutót fluidalc fort disloques et dont la na-
ture pétrographique n a pas encoré été déterminée.
Vient vers l'est une zone de titfs grossiers. bréchiformes. en plu-
sieurs couches sédimentaires de différentes positions.
A Test, vers San Carlos, les tufs passent dans des gres. Les bañes
de ees gres alternent avec des poudingues et avec des parties plutót tu-
feuses; ils ne contiennent pas de fossiles. L'inclinaison vers l'ouest est
de soixante degrés á peu prés. Tout pres de San Carlos, on trouve un
affleurement tres curieux de granit qui parait alternen avec les sédiments
et qui semble montrer des formes de refroidissement d'une lave néovol-
canique, de sorte que l'on aurait (ce qui nc doit pas etfrayer les savants!)
un granit eftusif, comme nous lavons vu dans lexpédition de lannée
derniére, et comme le Dr. Burckhardt en a rencontré cette année-ci dans
la chaíne de Lonquimay. J'espére que la recherche pétrographique en
fournira des détails.
Les trois petites íles vis-á-vis de Puerto Moreno sont formées par du
granit interrompu par place par des filons dioritiques. C est une autre
variété que les granits que nous avions vus jusqu'ici. La collection des
ditTérentes varietés de granit a été tres riche dans cette expédition.
Les roches de ees trois iles montrent en outre des surfaces mouton-
nées et du matériel erratique.
Allant plus á l'est, on est frappé par une voúle sédimentaire superbe
qui forme un are étendu au sud - est de San Carlos vers 1 établissement
< estancia) de Tauschek.
— 230 —
Un certain banc de ce paquet de conches est surtout bien prononcé
et visible de loin. jMais c'est une rociie nettement trachytique avec de
beaux cristaux de sanidine! W faut qu'elle ait été recouverte de gres et
á'argiles et plissée ensuite en concordance avec ees conches sédimentai-
res pour formar la voüte. Les argües contiennent des restes át plantes
fossiles. Quoique mal conserves, quelques-uns de ees restes ne laissent
aucun doLite que ce sont des dicotylédoniens. Par conséquent. ees con-
ches ne seraient pas plus anciennes que le crétacé supérieur, admettant
que le développement dn monde vegetal ait snivi dans TAmériquc du
Snd les lois de 1 école géologiqne enropéanne, ce qni est vraisemblable
bien qn'on ne doive pas le soutenir a priori .
Les conches fossiliteres sont peut-étre les mémes que celles oñ l'on
a rencontré du charbon á quinze llenes plus an snd du Nahnel-Huapi.
Mais ce qu on m"a apporté de la, á plusienrs reprises. ce sont plutótdes
argües bituminenses qni ne méritent pas une exploitation pratique.
Nous constatons done ici, pour la seconde fois, dans notre profil
transversal de la Cordillére, une zone sédimentaire plissée, un anticlinal
normal. An snd de l'Estancia de Tanschek. un second pli plus étroit
est visible á 1 est du premier et un pen conché vers 1 est. Pour notre
profil, il se perd dans la plaine étendue de 1 Estancia de Bernal. Du cóté
oriental de cette plaine, s élévent les monts Trenque- Malal et Carmen
de Villegas qni appartiennent déjá a une zone entiérement ditferente,
produite par des érnptions néovolcaniqnes et dont les laves ont débordé
un pen anssi vers 1 onest oñ elles sont conservées comme convertures
horizontales et relativement minees en discordance sur les gres, etc.. de
nos anticlinaux.
Le I S; février, nons avons visité le lac Gutierre;, y ayant íait trans-
poner par terre notre embarcation depuis Puerto Moreno. Le bord sud
de ce lac repose sur du granit. dn gneiss et du porphvre. Ce dernier,
par son aspect macroscopiqne, a une certaine ressemblance avec les
roches porphyriques dn pendingue jurassique de la vallée de Tingni-
ririca (').
Sur une colline an snd dn lac Gutiérrez, entre celni-ci et le lac
Mascardi. se préseniaient tres clairement les conditions de la división
interocéanique des eaux de cet endroit. C'est le fond d'une vallée assez
large et marécageuse.
II n y a aucun donte qn autrefois les deux lacs étaient unis et en
formaient ensemble un seul avec le Naliuel- Huapi . Vn petit cóne de
déjection a formé ensuite une barriere entre les deux petits lacs: an-
jonrd hni, l'eau dn lac Mascardi va á 1 Océan Pacifique, mais le lac Gu-
tiérrez se déverse dans un ruisseau á Puerto Moreno an Nahnel - Hnapi.
(') WeiUU.I el BURCKIIARDT, 1. C.
— 231 —
M. C. G. Lehinann a bien vouki me communiquer que le lac Mas-
cardi n'est situé que deux métres au-dessous du niveau du lac Gutiér-
rez, et que le premier se déverse dans une gorge avec des formes fraiches
d'érosion active et avec de nombreux rapides. En outre, j'ai calcule-
par différence barométrique que le niveau du lac Gutiérrez est de cin-
quante nictres plus elevé que celui du Nahuel- Huapi. Le lac Gutiérrez
est barré contre ce dernier, en face de San Carlos, par de longs rem-
parts morainiques, sans doute les moraines terminales de l'ancien glacier
de Gutiérrez, réunies aux moraines laterales du grand anclen glacier du
Nahuel-Huapi. Le ruisseau actuel, qui va du Gutiérrez au Nahuel-Huapi.
passe, avant d arriver á Puerto Moreno, des cónes plats de déjection et
de grandes terrasses d'alluvion fluvio-glaciales.
Les nombreuses terrasses d erosión dans la roche en place, de méme
que des graviers fluviaux accumulés, indiquent qu'autrefois le niveau
de ce lac était beaucoup plus haut. II s'ensuit qu'il avait aussi une
étendue horizontale beaucoup plus grande qu'á présent. Le vaste ter-
rain plat de l'Estancia de Bernal au sud de Tauschek, de méme que la
plaine du Limay depuis le lac jusqu'au premier défilé éloigné de trois
lieues au moins en aval de la nouvelle maison de Juan Jones, sont
tous des anciens fonds de lac, de méme que les plaines aux alentours
de Puerto ¡Moreno. Le Campanario et la serie de collines porphyriques
auraient formé des iles dans le grand lac combiné. Le debouché de cet
immense bassin se trouvait probablement \ers Bernal : toutefois ce
n était point le Limav d'aiiioiird hui. Pendant deux glaciations bien
accentuées et bien séparées dans leurs traces, le bassin a été rempli de
glace. L une a déposé les nombreuses terrasses fluvio-glaciales avec les
cailloux erratiques qui bordent aujourd'hui le lac jusqu á 5o ou loo
métres au-dessus du niveau actuel. L'autre a laissé ees gros blocs erra-
tiques qui se trouxent jusqu á 400 métres au-dessus du lac et les sur-
faces moutonnées si grandiosement développéss dans le bras de Puerto
Blest. sur les collines de porpliyres vers Gutiérrez et ailleurs.
Mais, sauf quelques petites exceptions locales, je n"ai pas pu cons-
tater des moraines terminales typiques avec des cailloux striés, ni des
argües de la moraine de fond. Presque tous les matériaux erratiques sont
déjá plus ou moins roulés, et les grands blocs sont parsemés assez irré-
guliérement; on les rencontre un peu partout á la surface des formes
actuelles du terrain.
Les eaux du Nahuel-Huapi sont rarement tranquilles. ce qui n'arrive
qu'au matin. J'en ai profité deux fois pour tracer une ligue de sondages
croisant le lac dans la larg:ur maximale vis-á-vis de Puerto Moreno. Jai
effectué quatorze sondages, et ce profil transversal de fond fut augmenté
plus tard par cinq mesures dun profil longitudinal depuis Puerto Moreno
jusqu'au Limay ; je crois que c'est le premier profil de fond levé dans
— 232 —
un lac de la Cordillére argentine. Fait avec des appareils primitit's. il en
resulte pourtant que le lac est une cuvette á fond presque plat et avec
une profondeur maximale et tres étendue de 200 niétres environ. Dans
le rapport définitif sur cette expédition. je donnerai des détails et expli-
querai la méthode suivie.
La senése de ees lacs donnera á réfléchir encoré!
4. Du Limay au Collón -Cura
Le 24 février, je quittai Puerto jMoreno avec une p^tite expédition
détachée pour arriver á Junin de los Andes le plus vite possible. Par ha-
sard, je sus que mon collégue M. Burckhardt, rétabli, était parti pour
la Cordillére depuis Victoria (Chili), mais qu'il était retombé malade á
Junin. J'établis mon premier campement dans la nouvelle Estancia de
Juan Jones, a trois lieues du lac. au bord du rio Limay. De la. je fus á
Junin en moins de quarante-huit heures. mais, la veille de mon arrivée,
mon ami était parti pour le nord. Je pus done retourner «chez moi».
Pour aller, j'avais pris le chemin le plus court traversant les plateaux á
l'ouest du CoUon-Cura. Au retour, je passai par le Cañadon de YEslancia
de Ahlefeld^ longeant le Collon-Cura jusqu"au Caleufu. A midi du t»
mars, mon campement general était rejoint. Je laváis fait transporter
pendant mon absence au bord sud-est du NahueLHuapi. prés de r£".<;-
tancia de Tauschek.
La petite excursión á Junin a été extrémement utile pour l'orien-
tation géologique. Aprés cette expérience et aprés le résultat de la premiére
course de reconnaissance au Nahuel-Huapi (fin de décembre et premiers
jours de janvier), je suis convaincu qu'il est absolument nécessaire. pour
comprendre la géologie encoré inconnue d"une región un peu compli-
quée — qu'il est nécessaire, dis-je, de parcourir la méme región deux
fois au moins á peu d"intervalle. On fait le double de chemin. c'est
vrai. mais on y gagnc quand méme du temps. parce que la premiére
excursión sert á concevoir le plan d'attaque, á faire la disposition de ses
recherches plus détaillées qu'on n appliquerait guére á l'endroit juste
sans connaitre en general la structure géologique. On est toujours obligé
de faire un choix restreint des • profils qui s; présentent, car il s agit
dans ees expéditions d'un grand profil general, préliminaire. étendu sur
tout le trajet de la cordillére, plutót que de fixer des détails ¡soles. Ré-
servons ees détails pour plus tard. quand on aura une idee genérale d une
certaine región géologique, et que Ion disposera de caries topograplii-
ques plus perfectionnées!
Tous les plans lopogra'phiques concernant la región de cette expédi-
tion que jai eus en mains sont dressés sans aucune intelligence géolo-
— 233 —
gique des formes du terrain. Les travaux chiliens, dans ce sens, paraissent
encoré pires que les argentins. La dilficulté poiir noter les observations
géologiques est enorme, c'est évident. Le géologue est tres souvent obligó
de se taire lui-méme un croquis topographique sans étre du métier. Et.
malgré cela, il y a des questions géologiques bien simples qu'il ne peut
résoudre. Comment, par exemple, connaítre la prolongation d'une cer-
taine direction de couche. d une certaine partie de montagne á une dis-
tance relativement grande sans une carte exacte?
Aprés ce petit détour á quoi je me sentáis obligó dans 1 intérét d un
lever tutur de tout le pays — retournons a notre route de voyags!
Les journées jusqu'au i i mars ont otó remplies par une serie de pe-
tites excursions aux environs de Tauschek.
Le I 2 mars, toute la caravane se mit en route pour installer, le 57,
un autre campament gónóral au Rio Chimehuin. á deux lieues en aval
de la jonction d; cette riviére avec le Quilquihué. son affluent droit qui
vient du lac Lolog.
Nous passámes le Limay, le Pichi-Limay. le Caleufu et par l'Estan-
cia Ahlefeld au Collón - Cura, voyageant presquc constammant vers le
nord-nord-est.
Aprés avoir traverso le rio Traful. il se prósente une zone puissante
de roches effusives : basaltes. phonolithes. trachytes, dans des formes
plus ou moins parantes alternant avec des tufs bréchiformes en masses
enormes et só.iimentés dans des conches plus ou moins horizontales. Ce
sont de grandes montagnes tabulaires. Le rio Limay a creusó á travers
ees dópóts volcaniques une vallée de formes tres jeunes dans le sens
géologique. En une bonne partie de son cours. les traces de l'ancienne
glaciation font défaut; il n'y existe ni terrasses, ni matériaux erratiques,
ni roches moutonnées. etc. Cette partie de la vallé; doit étre post-gla-
ciaire. Ce n est qu au Pichi-Limay. bien haut et au nord du Limay.
que recommence un vrai paysag; morainique. représentant peut-étrc une
ancienne vallée du rio Limay venant du sud et dontla direction se croisa
avec 1 actuelle presqu á angle droit.
l'ne décomposition presque séche s'est emparóe des roches volcani-
ques. Comme plus haut, dans les parties orientales du Nahuel-Huapi.
les petites riviéres n existent pas non plus dans la vallóa du Limav. ou
bien il y a das vallons sans eau. A une vingtaine de lieues. le rio Traful
est le seul affluent remarquable. C est ainsi que la valléa du Limay se
présente dans des formes si extraordinaires : un changement perpétuel de
fonds de vallée largas, avec des groupes d ilots dans la riviére et des
défilés rocheux avec des rapides dangereux pour les embarcations qui
tentent de les forcer. Les défilés surtout montrent ees formes bizarres
et pittoresques da décomposition intérieure et d erosión extérieure des la-
ves et des tufs qui paraissent etre des forteresses avec des tours enormes
— 234 —
et qui sont déjá connues surtout depuis la puhlication de 1 ouvrage de
I\l. le docteur F. P. .Moreno'''.
Le fleuve vert sombre avec les vieu.x cyprés, les ruines rocheusss
d un rouge foncé peri^ant inimédiatement les pentes couvertes d herbes sé-
ches de la pampa, l'ont de cette región un paysage vraiment des plus ri-
ches en etiets de contraste et des plus charmants que je connaisse. .Mais il
y reste toujours une certaine raideur dans les formes qui le fait paraítre
froid. surtout pour un explorateur qui serappelle á chaqué pas les beautés
des Alpes de la Suisse — Patagonie réduite, d'aprés M. .Moreno. 11 a
raison, ouí... et non...
Vers le nord-est, c'est-á-dire vers le rio Collón -Cura, le plateau
éruptif est remplacé, assez abruptement, par un second platean un
peu plus bas et de nature sédimentaii-e. C'est un amas d'une puissance
de plusieurs centaines de metres, formé de gres et de poudingues, en
partie de couches tufo'ides. Par place, on voit des stratifications irrégu-
liéres de delta. C est un haut-plateau enorme dont la surface tout plañe
descend, mais tres lentement, vers Test, et se perd peu á peu dans le
plateau bas du Neuquen et Rio Negro avec de petites interruptions dans
les restes proéminents d'anciennes montagnes de granit et de porphvres
(La Angostura, la Piedra del Águila au-delá du Collón -Cura).
A proximité des riviéres Collon-Cura et Caieufu. il e.xiste au fond
méme de la vallée un de ees restes de granit qui ne correspond pas,
quant á la variété pétrographique. avec les granitsde la Cordillére connus
dans nos régions.
Ce plateau de gres est un mantean de dcbris transportes d une
haute montagne, et fait 1 impression du plateau de la molasse suisse
entre le Jura et les .Alpes, mais il est beaucoup plus uniforme. Les grands
fleuves y ont creusé de grandes vallées á une profondeur de cent me-
tres et davantage avec des parois de gres presque toujours verticales
(barrancas). De nombreuses vallées privées d eau aujourd'hui (caña-
dones) prouvent qu'autrefois il ya eu de l'eau etqu'il y régnait une ero-
sión plus vive. Ces vallées conser\'ent souvent des bañes de grands cail-
lou.x roulés. Sur tout le plateau, on trouve de grands blocs erratiques
originaires de la Cordillére, parsemés partout et méme dans quelques
cañadones (blocs enfoncés?). Pourrait-on en resondre que toute cette
región ait subi une glaciation ? ou peut-on expliquer le transport de ces
blocs par voie de drift?
Des nappes de lave originaires de la zone voisine occidentale se sont
étalées sur le platean de gres. Elles sont encoré conservées en partie
sous forme de créneaux (Corral de Piedra), ou bien les laves se sont
écoulées méme dans les cañadones, á un certain niveau, suivant exacte-
(') «Revista del .Museo de La Plata», tome VIII, 1897.
— 235 —
ment toiites les petites vallées laterales, enfin toutes les irrégularités du
sol correspondent al état d'érosion de ce temps-lá (Cañadon de Ahlefeld).
Les grésont été métamorphisés par contacts éruptifs; la recherche micros-
copique des cailloux brúlés, renfermés dans les gres et poudingues, pro-
met d'étre tres intéressante a ce point de vue. Aujourdhui, on ne peut
pas encoré résoudre définitivement la question si la zona de gres est pro-
duite par la dénudation de la Cordülére, ou plutót par une vieille chaíne
située plus a l'est qui a laissé encoré ees qiielques atfleuremcnts dont nous
venons de parler. Je m'incline á croire que les matériaux soient venus
de l'est, mais je me reserve encoré Fétude pétrographique comparative
des cailloLix roulés.
Au Collon-Cura, prés du Caleufu, jai trouvé comme base de la for-
matioH des gres, et reposant sur le granit étrange, un banc qui se compose
presque entiérement des tests d'un tres petit escargot.
II est á espérer que cct affleurement. de méme que les nombreux
fossiles de vertebres collectionnés surtout par mon estimé collégueM. San-
tiago Roth, pendant une expédition qu il fit pour le Musée, il y a deux
ans. permettront de fixerl age de cette tormation {tertiaire, d'aprés lui) et
établiront peut-étre des relations avec la formation de la Pampa.
Ce qui est encoré moins clair, c est la chronologie des phénoménes
en relation avec l'éruption ou avec les éruptions du platean volcanique
situé á Touest des gres. Admettons. pour étre bref. le terme de ^one ba-
sallique.
M. Roth a trouvé dans les tufs, appartenant á cette zone, quelques
plantes fossiles qui correspondent avec la formation crétacique du Chu-
but, et nous nous réservons d'en parler plus tard.
Quant aux éruptions supérieures de la zone basaltique. elles sonl p/iis
jeunes que le platean des gres qu elles couvrent directement a beaucoup
d'endroits. Mais que les gres continuent en dessous de la zone basal-
tique, ja n ose pas 1 affirmer. Dans ce cas, il ne serait pas impossible de
les combiner avec la zone sédimentaire plissée de San Carlos au Nahuel-
Huapi, respectivement avec sa prolongation ou son équivalent, sil en
existe un, vers le nord.
II est du reste possible que les gres et la zone basaltique aient une
zone étroite de transgression entre eux, ou qu ils se touchent par un plan
de faille allant plus ou mois du nord au sud. Ajoutons encoré que les
gres forment extérieurement un plateau complet, mais que dans l'inté-
rieur ils ont souffert une dislocation bien nette quoique assez faible.
Jai constaté trois plis clairement anticlinaux depuis la zone basaltique
jusqu'au Collon-Cura.
23()
5 . Lacar
Le 2 2 mars, je me trouvai a San Martin de los Andes avec un
campement partid, la charge principale étant resten au rio Chimehuin.
II faisait mauvais temps. Le 3o, Je pus enfin explorar le versant nord du
lac Lacar oú j ai été retenu par une piule deplorable du i" au 5 avril,
á 1 extrémité ouest du lac, aux bords du rio Hua-Huma. Pendant tout
ce temps, la chaine d'Ipela á l'horizon ouest était á peine visible.
Je suivis encoré dix kilométres en aval le rio Hua-Huma, et, le (>
avril, je profitai des premiers rayons de soleil pour transférer dans une
contréi plus saine nos os souffrant de rhumatisme causé par une humi-
dité perpétuelle. Nous arrivámes aprés un trajet de deux jours au bord
supérieur oriental déla Vega de Maipú y restant quelques jouis pour étu-
dier le terrain.
La partie occidentale du lac Lacar est creusée dans du granii (avec
du gneiss), de méme que le terrain aux environs de San Martin de
los Andes, «población» qui venait d'étre fondé;. Dans la partie moyenne
du lac, ce massif, á considérer sans doute comme massif unique, est in-
terrompu par une zone de basalíe foncé de six kilométres de largeur se
dressant au bord du lac en forme ái parois verticales avec des colonnes
de refroidissement, et s'élargissant, á une hauteurde i 5oo á 2000 mé-
tres au-dessus du niveau de la mer, formant un éventail gigantesque
vers 1 est et 1 ouest. Le basalte, se déversant en nappes volcaniques sur
les granits. a construit dans le Cbapelco un massif puissant. Ici le ba-
salte et le tüf se sont amoncelés conches sur conches, formant un platean
volcanique qui s'éléve au-delá de i5oo métres au-dessus du niveau dn
lac. Plus a Test, il existe encoré des restes de basalte versé sur le platean
de gres comme, par exemple, au Corral de Piedras, ainsi que d'autres
restes de toute une ancienne couverture coherente sur le platean.
Cette zone de basalte est sans doute la méme que celle du rio Limay.
et 1 on doit penser que les colonnes auprés du lac Lacar remplissent la
fente d éruption ; c est une fente de direction á peu prés méridionale.
perpendiculairedonc á 1 extensión maximaledu lac et per(,-ant tantót entre
des zones sédimentaires, rompant tantót des granits comme au Lacar
par exemple.
Par sa position orographique, un banc de porphvre quartzifére de
cinquante métres d'épaisseur joue un role intermédiaire entre le granit
et le basalte, de méme au lac Lacar que dans la Vega de IVlaipú. Toiis
les írois. granit, porphvre et basalte ont des surfaces moutonnées fort
jolies parfois. lis ont done été recouverts par le glacier qui du reste a
laissé beaucoup de moraines dans la región. Vers 1 est, au rio Quil-
quihué, sétend le platean des gres avec ses trois anticlinaux doux et avec
les restes d une conche de lave basaltique superposante et ayant souvent
I
— 237 —
laissé, ici aussi. sur les gres et sur les poudingues, des traces de contact
éruptif. Enfin. je dois encoré mentionnerun cas tres curieux de déviation
de fleiive qui a eu lieu dans la región du Lacar pendant une époque géo-
logique pas trop éloignée.
Le lac Lacar se dégorge aujourd hu¡ au Chili par le rio Hua-Huma;
mais on peut démontrer trois anciennes vallées, chacune avec le lit d'un
grand fleuve, qui allaient au rio Quilquihué: elles s'inclinent vers Test
ou vers le nord-est, mais elles n'ont plus de cours d'eau aujourd hui. Elles
correspondent á des niveaux antérieurs plus eleves du lac Lacar qui
était alors plus grand. En relation avec ees niveaux, on trouve aussi des
fonds d anciens lacs comme la plaine de San Martin de los Andes, la
Vega de Maipú et autres. Cette opinión est encoré appuyée par l'obser-
vation de plusieurs lerrasses d erosión i-éírogrades que jai retrouvées a
l'ouest du Lacar. C'est ainsi qu'une vaste contrae de la Cordillére. tri-
butaire autrefoisde 1 Oceán Atiantique, a été débondée par l'érosion qui
venait de 1 ouest, et que ses eaux découlent aujourdhui au Pacifique.
Par cette erosión, la ligne de la división des eaux a été déplacée vers l'est
en dehors de la montagne complétement percée par 1 action des eaux.
Plus tard, i en donnerai des détails.
() . Cerro del Perro
Je partís pour Junin de los Andes le i 3 avril. Le lendemain, je fis
l'ascension du Cerro del Perro, sommet volcanique ¡solé et bizarre au
milieu d'un paysage de gres avec des formes tranquilles et des sommités
uniformes. Je supposais d abord que c'était aussi une partie de la cou-
verture basaltique connue, semblable au Corral de Piedras ou au faite
de roche basaltique au-dessus de Junin. mais j"ai dü me convaincre sur
place que le Cerro del Perro est une roche elTusive plus acide, plutót
trachyiique a liparitique avec les tufs bréchiformes correspondants. La
lave a penetré sous la montagne méme par une fente lócale méridionale
dans le flanc oriental de l'anticlinal du milieu des trois anticlinaux de
gres. Par son caractére pétrographique, la roche parait étre isolée aussi.
Je m"en reserve encoré l'étude microscopique.
Dans le sens orographique, je n'ai pu trouver aucune relation a\ec
les environs.
7 . Retour á La Plata par Roca et Bahia Blanca
Le campement auprés du Chimehuin fut levé le i 6 avril. J'ai clioisi
pour le retour la route continentale a travers la Pampa pour avoir une
idee genérale du profil transversal du continent entier.
Tomo IX I 8
— 238 —
Aussi vite que possible, la nómbrense caravane passa, via CoUon-
Cura, Angostura, Piedra Pintada, Piedra del Águila, au Limay, a la
Confluencia du Limay-Neuquen, et, le soir du 26 avrii, j arrivai á Roca
sur le Rio Negro, et par Choele-Choel et Bahia Blanca, le 7 inai i 898,
je fus de retour a La Plata.
Le dernier contingent de mon personnel d expédition avec les col-
lections ne rentra que plus tard ; les difficultés de voyage commencent
réellement en dehors de la cordillere, aussitót qu'on a á faire avec les
soi-disants moyens de transport, comme, par exempie, les chars attelés
de bceufs, la messagerie de Vallée, le chemin de fer du Sud, etc.
L' expédition a duré presque six mois. J'y ai levé un projil géo-
logique general á travers toute la Cordillere depiiis Puerto Montt sur
l'Océan Pacifique jusquau-delá du Nahuel- Huapi, et en outre une
grande par lie d'un second profil transversal: Ipela — Lacar — Collon-
Cura.
En combinant ees profils avec le rapport de l'expédition de M. San-
tiago Roth ('), qui trace un profil géologique depuis la región du CoUon-
Cura jusqu á Bahia Blanca sur TAtlantique, il en résultera un profil
géologique a travers tout le continent sud-américain, des que rexamen
détaillé des matériaux de nos expéditions permettra une Identification
des deux profils dans la zone oü ils se touchent.
II. RESUME GÉOLOGIQUE
Jetant un coup d'a-il general sur le profil transversal de la Cordillere
acquis depuis Puerto Montt au Pacifique jusque dans la vaste Pampa a
Test de la Cordillere, on est d'abord frappé par la prédominance des ro-
ches cristallines sur les formations sédimentaires. C'est une ditlerence
essentielle contre le profil que nous avons levé, le Dr. Burckhardt et
moi, l'année derniére, plus au nord, dans la zone du 3 5" et 3 6° lati-
tude sud.
La, au nord, la montagne est formée par une douzaine de plis clairs
des systémes jurassique et crétacique. Un poudingue jurassique extraordi-
nairement puissant, d'origine moitié éruptive, moitié sédimentaire, peut
se poursuivre dans les deux tiers de la largeur de la montagne: viennent
ensuite de jeunes basaltes et liparites surtout dans les zones marginales
de la Cordillere; ees masses volcaniques jouent un role important dans
la physionomie de la región comme couvertures de laves étalées au-
( ) «Revista del .Museo de La Plata», tome IX^ p.ig. 1 4 i et suivantes.
— 239 —
dessus des formations núes de sédiment, tandis que les roches qui
caractérisent les massifs centraux font dcfaut.
Ici, au sud, par contra, un massif uniquc de granit forme la base
principale du profil. Malgré une serie variée de granit, gneiss, diorite
et méme de porphyre changeant d'une maniere intéressante selon la loca-
lité, 11 reste quand méme pour l'ensemble de la tectonique un seiil grand
luassif. Celui-ci commence en dessous du volcan Calbuco ( lac Llan-
quihué), passe par le lac Todos los Santos, forme le pied large du
Tronador majestueux. porte, au caur méme de la Cordillére, la ligne
divisoire interocéanique des eaux au Boquete de los Raulies et s'étend
au Nahuel-Huapi avec une breve interruption jusque vers Puerto Mo-
reno. On peut méme, au point de vue magmatique, y compter les col-
lines porphyriques de Puerto Moreno. Des ¡aves modernes, plus basi-
ques, ont alors percé le massif et ont construit le Calbuco, 1 Osorno
et le Tronador.
11 n'y a que les deux ^ones elroiies de formations sédinientaires
au Nahuel-Huapi qui trahissent la nature des Andes comme montagne
de plissemení. 11 semble que ees deux zones soient de faibles représen-
tants des zones sédimentaires plissées que nous avons rencontrées au
nord. l.es resultáis obtenus par M. Burckhardt, en mars et avril 1898,
daos le profil entre le Biobio et Las Lajas ne le contredisent pas. C'est
une región intermédiaire entre celle de l'expédition antérieure et le
Nahuel-Huapi.
Aprés le vaste massif granitique et aprés les deux zones étroites de
sédiments s étend, vers Test, le grand plateau volcanique de notre ^one
basaltique avec ses tables stratifiées de laves et de tufs plus ou moins
horizontaux. d'une puissance qui atteint i 5 00 métres. Elle a son origine
dans une zone d'éruption dirigée plus ou moins dans le sens du méri-
dien, cest-á-dire en parallélité avec la Cordillére. Mais cette zone
d'éruption n a rien a faire, au point de vue tectonique, avec les Andes
proprement dites. Les basaltes touchent les sédiments au Nahuel-Huapi,
tandis qu'au lac Lacar ils percent le granit. II s'ensuit que la fente est
un peu oblique á la direction genérale des Andes.
Ce platean éruptif. c'est-á-dire le Chapelco, les montagnes du Limay
entre le Pichi-Limay et le Nahuel-Huapi, le cerro Carmen de Villegas,
le cerro Trenque-Malal, etc., je ne les considere pas comme Cordillére
proprement dite. Ces accumulations de matériaux volcaniques sont dune
nature complétement secondaire. Elles n'ont rien á faire du tout avec la
genése des Andes. Elles constituent plutót une espéce de Pre- Andes.
un liaut- plateau volcanique indépendant qui se relie au bord oriental
des véritables Andes.
Mais il faut comprendre cette séparation cum grano salis.
Je fais ici la différence stricte et nette parce quelle est justifiée dans
— 240 —
une región oü les basaltes forment une zone propre bien caractérisée. II
est alors p;rmis. et méme nécessaire, de les séparer á cause de leur forme
orographique ct par leur composition géologique. Mais dans le cas quil
se montre plus tard. sous le microscope, ou par lanalyse chimique, des
affinités pétrographiques entre les laves de ees Pré- Andes de Test, les
basaltes du Tronador et les magmas de l'Osorno et du Calbuco. per-
sonne n aura lidéa de ra3'er les trois sommets du Tronador de la liste
des Andes proprement dites, ou de reconnaitre seulement au pied gra-
tiiíiqiie de ce géant la noblesse pur sang de la Cordillére.
11 est incontestable que les centres d'éruption volcanique se trouvent
parsemés dans toute la largeur du profil, quoiqu'on ne puisse pas nier
qu'ils forment de préférence des zones marginales. Mais, en tirer une autre
conclusión qui établisse des relations entre les forces tectonique et volca-
nique pour expliquer la distribution des volcans, je n ose le faire, ne vou-
iant pas me laisser entrainer par les hypothéses spirituelles de M. Suess.
Je ne saurais encoré rien diré non plus de la succession des an-
ciennes éruptions. La couche trachytique dans la voúte sédimentaire de
San Carlos (Nahuel-Huapi ) est dáge crétacique tout au plus, parce
qu'elle est enfermée et plissée en concordance avec une argile á fossiles
dicotylédoniens. Plusieurs basaltes (Nahuel-Huapi, Lacar) portent des
traces de l'érosion glaciaire, et sont par conséquent préglaciaires.
Dautres tapissent des vallées (de lac) préformées comme dans la Vega
de Maipú, etc., et entin le Calbuco a eu une forte éruption le 29 no-
vembre iSgS. L'action volcanique na done pas cessé depuis le temps
mésozoi'que jusqu á nos jours.
Nous avons obtenu 1 année derniére le méme résultat, quant á 1 ac-
tivité volcanique, dans le profil de Curicó a San Rafael.
Enfin, á l'esl, notre profil termine dans un second haut-plaíeau
qui est un peu moins elevé que le premier et qui se compose en gene-
ral de gres et de poudingues. II montre d'abord trois anticlinaux et se
perd peu á peu vers l'Océan Atlantique dans les plateaux de la forma-
tion de la Pampa patagonique.
Des recherches spéciales auront á éclaircir encoré les relations stra-
tigraphiques qui doivent exister entre le platean volcanique et ce plateau
de gres.
Le plateau de gres est interrompu plusieurs fois. vers 1 est, par des
íroiifons d anciennes montagnes graniíiqíics el porphvriques aujourd hui
érodées presqu au niveau du plateau. Leurs roches ne sont pas les
mémes que dans le massif granitique de la Cordillére actuelle.
Les gres et les poudingues du plateau sont-ils venus de la Cordillére
actuelle, ou, de 1 est, de ees anciennes montagnes presque disparues:' La
question n est pas encoré résolue. Dans le sens orographique, le plateau
— 241 —
des i^rés joue, en comparaison avec la Cordillére et avcc ees aiiciennes
montagnes, un role semblable a celui de la haute plaine de la Baviére
entre les Alpes et le Jura de la Souabe, ou á celui du haut- platean mo-
lassique de la Suisse entre le Jura respectivenient les Vosges, la Forét-
Noire et les Alpes.
A premiére vue, il paraít difficile de trouver une coi'ncidence entre
mes profils transversaux des régions du Nahuel-Huapi et du Lacar avec
les résultats que le Dr. Charles Burckhardt nous a tournis de la ligne du
Riobio á Las Lajas (3q° lat. sud), c'est-á-dire d une ligne située bien
plus au nord. .M. Burckhardt a distingué dans sa región, entre la vallée
longitudinale du Chili á 1 oucst et la Pampa á l'est, trois chaines sédimen-
taires et deux plateaux intercales, a savoir:
I I La chaíne de Lonquimay, zone sédimentaire plissée surmontée
par le volcan Lonquimay ;
2) Le plateau de l'Aluminé qui parait un platean granitique avec
une nappe néovolcanique ;
3) La chaine du Pino Hachado, zone jurassique plissée avec des
nappes néovolcaniques et des centres éruptifs;
41 Le plateau de Las Lajas couvert de laves néovolcaniques, et
5) La chaine de la Vaca Muerta, petit pli simple, mésozoi'que, dont
la direction semble dévier de la direction genérale méridionale de
la montagne.
M. Burckhardt compare cette derniére chaine, dans sa relation avec
les Andes, au Jura suisse en comparaison avec les Alpes; c'est, au point
de vue tectonique. une ramification latérale qui forme une petite mon-
tagne á elle-méme.
Les deux chaines occidentales. c^Ue de Pino Hachado et celle de
Lonquimay, separéis entre elles par le plateau interandin granitique
de l'Aluminé, sont considérées par M. Burckhardt comme Cordillére
proprement dite. et il trace une ligne géologique céntrale de la haute
Cordillére par le platean de l'Aluminé coíncidant á peu prés avec le mé-
ridien 7 1° 3o.
Si je prolonge cette ligne au sud, elle suit la direction de la Cor-
dillére et passe sur le granit du Nahuel-Huapi, jtistement entre les deux
^oiies sédimentaires de ¡non profil. Serait-il done possible que ce fus-
sent les mémes chaines, ou seulement celle de l'ouest et qu 'elles auraient
été érodées au-dessus du granit du Lacar?
Du reste, il me semble hasardé de prolonger une certaine ligne á une
si grande distance, n ayant pas de bonnes cartes, car, dans l'intervalle,
des chaines peuvent disparaitre, d autres s'élever ou se perdre comme la
Sierra de la Vaca Muerta. (Du moins je nai pas rencontré cette derniére
chaine dans le profil de Lacar á Collon-Cura .)
242
Le plateau de Las Lajas correspondra done, quant á la tectonique et
á l'orographie, á notre zone basaltique, et peut-ctre encoré á une partie
du plateau des gres. En tout cas, on ne peut pas considérer le Cerro del
Perro comrric une prolongation venant du nord. tel qu'on a deja voulu
le faire. C'est simplement un ermite. le Cerro del Perro!
La Covdillére propremenl dile commence seulement á l'oiiest du
plateau basaltique: poiir la región du Biobio. d aprcs M. Burckhardt.
á 1 ouest du plateau de Las Lajas : pour notre región du Lacar. á
íouest du Chapelco avec le granit , sans qu on pnisse. c'est évident.
tracer une ligne de séparation bien nette.
Outre ce profil transversal, rexpédition a livré encoré beaucoup
de résultats d'intérét géologique plus general et concernant á peu prés
les points suivants: question de la genese des grands lacs; déviations
de riviéres; un profil de sondages au Nahuel- Huapi; phénoménes des
glaciers actuéis au Tronador; ancienne glaciation double au Nahuel-
Huapi et ailleurs ; volcanisme actuel du Calbuco et anclen du Tronador
et du Limay; température des lacs. etc., etc.
L'n tres grand nombre d'altitudes ont ¿té fi.xées par différences
barométriques. M. Charles Bruch a observé au moins trois fois par
jour les barométrcs et thermometres.
11 est absolument impossible dans ce rapport court et préliminaire
d'entrer dans les détails. .le les reserve pour le rapport final qui est en
préparation, de méme que celui de notre premiére expédition de i Sqy.
Musco de L.t Piala, juillct i8q8.
Dr. Leo W'EnRLi.
Rev Oel Museo (Je La Puta _Tomo IX
Ouesl
/>'.-M,m
r
Calhieo
CfPichiJuaii
ñiTtfitjiíP
Niveau úe la mer
a-/ zyz.
Laguna Llanquihue
70' W Cfvínw
Uto f^tvhii/
hocaPetivhiie C°ñmtiaqudif C°7echaí¡o
Grunit . Divriic
(¡neiss efe
PROFIL GENERAL GÉOLOGIQUE
DE I.A
CORDILLÉRE ARGENTINO- CHI LI ENNE
au 40° el 41° lat Sud
RÉGioNS DES Lacs Nahuel-Huapi et Lacar
PAR D« LÉOWEHRLI
1898
Porph^n-e quurUif. Ores- p/ potidingiie Formaiipti fiédinventaire laves el lufs n^ovolcuniqu^
Porphyrifp trefar(r/ueA€¿ tertuiirvsf S.üolh) ddge íiicoriMu. Basalles. tracJiytes ele.
.-IrLcien. Tiíalxi-fit)
Echel le I : 500 OOO
(hauteurs et longueursj
lago Locar
Xone d'éntption
Vega .^(aipii ^ ; -¿ Rio Ouilauihitc
Dn'ortium inlí^racairtii-um
Campanario
':S^sm.
-—Zone sédimenlan'e onenl -
fauscAek
: Bemol
fCarmen C''Trerwue^hlu/ I
MSB" '
üavaíftía-
Est
Lago de iodos Ins Sanios
Divoiluiin ihteroíd
■^NahupX - Nufípi
»^^^
-B
zoo Kilomélres
AVIS OEOLOOIOUE
SUR LA QUESTION DU
DIVORTIUM AQUARUM INTEROCEANICUM
DANS LA
REGIÓN DU LAC LACAR
PAR
D« LEO WEHRLI
GÉOLOGUE DE LA SECTION D 'eXPLORATIONS NATIONALES
AV MUSÉE DE LA I'LATA
Avec une carte et deux planches
AVIS GEOLOGIQUE SUR LA QUESTION
DU
DIVORTIUM AQUARUM INTEROCEANICUM
ÜANS LA
REGIÓN DU LAC LACAR
PAR
Dr. LEO WEHRLI
GÉOLOGUE DE LA SECTION d'exPLORATIONS NATIONALES
AU MUSÉE DE LA PLATA
Appendix tecbnique aii rapport préliminaire sur ¡non expédition
géologique dans la Cordillere argentino -chilienne du 40° et 41°
latitiide siid, región du Nahuel-Euapi.
I . Données géologiques et topographiques
Entré le 2 2 mars 1808 dans la ré,gion du Lacar, j"ai consacré
nombre d'excursions á l'étude géologique de ce terrain. Le détail de
mes routes est énoncé dans le rapport préliminaire sur mon expédition
qui precede ees remarques techniques O.
Mon dernier campement vers l'ouest fut dressé prés de l'embouchure
du rio Hua-Huma sur du g-ríz«//. Cette riviére, tranquille d'abord, coule
dans la premiére demi-lieue sur un plan d'alluvions peu incliné.
Les versants de la vallée sont formes par la roche granitique, autant
qu'elle est visible dans les foréts épaisses. Je presume que la Cordil-
lere d'Ipela est granitique également. Dans la zone des sommets, qui
atteignent 2000 mctres et plus au-dessus de la mer, existent des restes
d'une nappe basaltique horizontale.
Les nombreuses vallées laterales s'ouvrent dans la vallée principale
par une brusque inclinaison de leur thalvveg. Le fond de ees vallées est
bien plus elevé que celui de la vallée principale. Aux versants de celle-ci
corresponden! des terrasses d erosión notableinent bien conservées. J en
t Revista del iMusco de La Plata», tome IX, pag. 221 et suivantes.
— 246 —
ai observé six depuis l'embouchurc jusqu'á deux lieues plus bas, cinq
á gauche et une sur la rive droite, et dans quatre niveaux difterents
au-dessus du riü Mua-Huma: et toutes ees terrasses sont inclinées vers
/'esí, c'esi-á -diré contrairement á la direction actuelle du rio Hua-
Huma .
Ces terrasses retrogrades prouvent que la región située á l'ouest du
lac Lacar appartenait autrefois au domaine hydrographique de celui-ci
et ce n'est que dans un temps plus moderne qu'une riviere du Chili, le
Hua-Huma, a attaqué cette terre par l'érosion et s'est fait tributaire les
eaux du Lacar pour les emmener au Pacifique.
Avec le courant a augmenté la forcé érosive du petit ruisseau de
sorte qu'il a creusé une gorge profonde. Les affluents latéraux n ont pas
encoré pu le suivre partout. lis se déversaient ailleurs au lac et doivent
maintenant s'alligner á la nouvelle base d'érosion.
Quant au paysage, le lac Lacar., qui a six lieues de longueur environ.
rappelle le lac de Brienz dans l'Oberland bernois (Suisse).
Le bord nord du lac étant inaccessible dans sa partie oriéntale, on
gravit, pour faire le contour de ces parois á pie, une rampe de porphyre
s'élevant dans la partie céntrale du bord nord a une hauteur de 400 mé-
tres au-dessus du lac (lago Lacar 614 m.), et ce n'est que vers San
Martin de los Andes quon se retrouve au bord du lac.
Au-delá de la rampe, on est surpris par une grande vallée plañe,
qui par sa configuration se manifesté á premiére vue comme /ond d'un
anden lac qui se déversait probablement vers Test; la encoré, presque
au méme niveau, se trouvent deux régions semblables quoique plus pe-
tites. Les eaux presque dormantes d'un ruisseau (Arroyo Quinalahué)
serpentent á travers le fond marécageux de cette cuvette topographique
pour s'animer ensuite et se jeter de cascade en cascade. par une gorge
sauvage, dans le lac Lacar. Un second ravin occidental va également au
Lacar en traversant la parois porphyrique.
C'est un contraste frappant entre ces deux gorges jeunes en forma-
tion, descendant vers le Lacar, et le fond plat de l'ancien lac de Quina-
lahué en haut. Jen ai determiné le point le plus bas avec 824 métres,
tandis que la ligne de circonférence de l'ancien bord du lac se trouve
á 1000 métres á peu prés au-dessus de la mer. Regardant plus haut,
l'oeil rencontre des formes tranquilles et douces, des sommets arrondis;
depuis longtemps l'érosion s'y est équilibrée. Au contraire, en bas. vers
le Lacar, la formation des vallées est en pleine activité; il s'y forme
des gorges étroites á formes aigües et prononcées.
Plus á Test, suit le basalte. C'est la zone basaltiquedéjá décrite qui
perce les granits dans cette localité á une largeur de six kilométres en-
viron. Elle forme des montagnes tres caractéristiques par leur aspect
de «tetes» isolées et leur surface arrondie par l'action des anciens gla-
— 247 —
ciers ; quelques unes de ees montai;nes sont encoré couvertes de mo-
ra ¡nes.
Vis -á- vis du bord sud du lac Lacar, les basaltes forment des pa-
rois verticales: un éventail droit, grandiose, de colonnes de lave refroidie.
C'est ici qu a dü passer la fente d'éruption tres large dans une direction
plus ou moins méridionale. Les basaltes sen sont écoulés, s'élargissant
au-dessus des granits et des gres en forme de nappes, de couvertures
volcaniques. L'examen pétrographique des échantillons de cette zone.
passant du Lacar par la vallée du Limay jusqu'aux monts Carmen de
Villegas et Trenque-Malal au Nahuel-Huapi , démontrera si c'était oui
ou non une éruption unique.
A son extrémité oriéntale, prés de San Martin de los Andes, le
lac Lacar touche le granit pour la seconde fois au flanc est des ba-
saltes, desquels le granit est separé par endroits par un banc puissant de
porphvre quarl;ifére. Celui-c¡ s incline vers lest et gagne des deux
cotes le fond de la Vega de Maipú. Granit et porphyre montrent des sur-
faces moutonnéis. Au-dessus s'éléve le C/iapelco, haut-plateau immense
de laves et de tufs correspondants. Les tables de basalte s inclinent de
deux á quatre degrés en moyenne \'ers 1 est sortant de la zone d épan-
chement.
La Vega de Maipú représente aussi un anclen fond de lac. On est
frappé de nouveau par les jeunes gorges des petites riviéres qui se jettent
dans la plaine de la Vega située á cent métres plus haut que le niveau
du Lacar. Mais si l'on remonte un de ees ravins, par exemple celui du
milieu du \ersant nord, on parvient i un col assez large (800 métres
au-dessus de la mer; Vega Maipú: 71 i métres) qui conduit dans une
grande vallée ouverte mais satis riviére. Nous passons une rampe do
porphyre surmontée de basalte, puis deux remparts morainiques en
forme de demi-cercle ouvert vers le sud, et nous voici arrivés, á 848
métres au-dessus du niveau de la mer, sur la grande terrasse d'accumu-
lation du Rio Quilquihué qui \'¡ent du lac Lolog et se déverse au
rio Chimehuin, appartenant aussi au systéme atlantique du Collon-Cura
— Limay!
Au fond de la Vega de Maipú, il ya une petite riviére marquée Arroyo
Calbuco sur la carte du Musée de La Plata de i 896. Elle forme un ma-
récage dans la ^'ega, puis descend, par une courte gorge de roches gra-
nitiques, á San Martin de los Andes et au lac Lacar. A l'extrémité su-
périeure, oriéntale de la Vega de Maipú. cette riviére est formée de deux
ruisseaux qui viennent de directions exactement opposées. Le premier,
celui du sud, descend du Chapaleo. Mais suivons d abord 1 autre, celui
du nord! Nous y rencontrons une petite gorge modelée récemment, dans
le sens géologique, et puis, á 788 métres au-dessus de la mer, nous
arrivons dans un inarécage étroit mais long de deux kilométres et dont
— 248 —
les bords bien accentués sont en méme temps les bords d'une suiface de
terrasse accumulée de graviers s élevant continuelleniLMit quoique tres
peu vers Touest.
Ce marécage est le lit d'une ancienne el puissaníe viviere dont les
eaiix vcnaient de l'est et se réunissaienl á eeHes dii Rio Quilquihiié. La
terrasse est la continuation de la terrasse du Quilquihué qm vient du lac
Lolog et que nous avons deja rencontrée plus haut; et, cótoyant le
marais, nous ailons trouver le rio Quilquihué méme, á un kilométre
plus au nord-est et á peine dix métres plus bas. Un ruisseau insigni-
Hant, autrefois affluent droit de l'ancienne riviére de ce marécage, profite
aujourd'hui de ce lit abandonné pour joindre le Quilquihué.
L'autre partie de Tarroyo Calbuco, le ruisseau du sud, est separé
du premier, celui du nord, par une iarge colline basaltique couverte en
parties de moraines et de blocs erratiques. En amont, cette partie du Cal-
buco nous conduit sur la méme terrasse fluviale du Quilquihué, mais á
une lieue plus au sud oü 11 se présente également un anclen lit de riviére
avec inclinaison vers l'est. mais dont le ruisseau ne profite pas; ¡1 a sa
source plus au sud et plus á Tintérieur du plateau du Chapelco.
A Test, á une distance d'un kilométre ou deux et sans colline in-
termédaire. la terrasse continuant, il existe une autre riviére qui descend
du plateau du sud, mais qui tourne vers le nord-est pour suivre l'incli-
naison continuelle de la grande terrasse et se joindre au Quilquihué.
2 . Résultat
Résumons tous les resultáis obtenus par l'observation du terrrain
et táchons de combiner les faits topographiques avec l'explication géolo-
gique !
Le passage de la 'Vega de Maipú vers Lolog, le marécage au nord-est
de la "Vega de Maipú et Tancien lit de riviére entre la colline de basalte et
le Chapelco sont trois points tres remarquables du « divortium aqiiarum
interoceanicum » . La ligue de la división des eaiix guille la Covdillere
en cet endroit formanl une longue courbe. Par ees trois points ont passé
dans un temps antérieur des cours d'eau puissants appartenant au sys-
témedurio Quilquihué, c'est-á-dire á l'Océan Atlantique. Aujourd'hLii.
il n"y a plus d'eau, la región supérieure correspondante faisant dél'aut:
ou bien, s il y en a, elle est drainée vers l'Océan Pacifique.
Les faits sont tres clairs. La vue genérale est a peine interrompue
par des dépóts morainiques. Jai fixé le niveau de plus de cent points;
parmi ceux-ci une vingtaine d'altitudes calculées par différence baromé-
trique observée avec un aneroide tres exact, systéme Goldschmid.
Nous arrivons done á la conclusión que la región du lac tacar en-
— 249 —
i'oyaií aiílre/uís ses caux rers l'est ci i Atlantique, íandis qu une erosión
de plus en plus active a croisc les Andes du cote occidental el a fini
par dévier au Pacifique les eaux du Lacar .
L'n canal de trois kilométres de long ct iiuit métres de profon-
dcur minimale suffirait pour communiquer le bras septentrional de
larroyo Calbuco avec le rio Q)uilquihué. et alors le rio Quilquihué, et
avec lui tout le systcme du lac Lolog, enverrait ses eaux au Chili par
Maipú — Lacar. Du reste. 1 erosión retrograde de l'Arroyo Calbuco aché-
vera ce travail d'une maniere naturelle dans le délai de quelques siéclcs!
En concordance complete avec ees conclusions, nous avons trouvé au
rio Hua-Huma des terrasses d'érosion retrogrades, c"est-á-dire avec une
inclinaison vers l'est. Et il faut considérer les nombreux fonds d'anciens
lacs comme restes d"un niveau plus haut du Lacar et par conséquent
d'une étendue de ce lac beaucoup plus grande. Le fait est sur. Mais ce
qui nc m'est pas encoré clair, c'est l'ordre chronologique des phénomé-
nes: la formation des vallées, la genése du lac, son dessechement partid,
la déviation des fleuves, les relations avec les éruptions de basalte et avec
les glaciations, de méme que Táge absolu de la déviation définitive du
lac au Pacifique.
Pour ce rapport préliminaire, il ne m'a pas été possible de considérer
tout cela. J'ai levé un croquis topographique au i:iooooo de la re-
gión en question. sans théodolite, avec de simples aneroide et boussole.
afin d'y pouvoir noter les observations géologiques. Les cartes existentes
marquent á peine les riviéres actuelles omettant les anciens cours d'eau.
C'est lá une región qui méritait une étude plus détaillée tant par ses
complications géologiques que par sa position politique dans la zone de
la frontiere Internationale.
3 . Quelques remarques comparativas
Les déviations de lleuve qui ont eu lieu dans la región du lac Lacar.
pendant des périodes géologiques relativement jeunes, ne sont point un
phénoméne isolé. Nous avons pu constater de pareilles apparitions au
nord, bien qu'á une plus petite échelle dans notre expédition de 1897
au Valle de los Ciegos, Valle Grande, Valenzuela et autres. Dans d"au-
tres montagnes aussi, ees phénoménes sont bien connus.
Les vallées du cóté océanique d'une chaíne de montagnes ont ordi-
nairement plus d'eau et d autant plus de forcé érosive, et, dans des cas
extremes, elles ont percé la montagne entiére comme á Lacar.
Ordinairemenl, les lignes de faite coupées ne sont que d'ordre se-
condaire, séparant deux bras du méme ruisseau ou deux affluents du
méme fleuve ou bien deux systémes hydrographiques du méme océan.
— 250 —
Mais les circonstances particuliéres, tres secondaires pour le phénomeiie
méme qu'offre une chaíne de montagnes dans laquelle surgit une ligne
divisoire iaterocéanique (comme, par exempie, dans les Andes), peu-
vent introduire la complication qu'une déviation de vallée, par le travail
érodant d'une riviére voisine, signifie en méme temps la déviation de
la ligne interocéaniqne, quelqae petits que soient les deux svstemes en
question, quelque local que paraisse le fait,
C'est alors une coíncidance que la ligne de faite entre les deux pe-
tits svstemes forme en méme temps partie du divortium aquaium inler-
oceanicum . Mais le phénoméne naturel reste le méme, quand méme cette
ligne serait prétendue comme frontiére poliiique.
Le cas du Lacar est un exempie de déviation par excellence; c'est
vrai. C'est parce qu"il s'agit casuellement de la ligne interocéanique
et parce qu'il y a évidemment trois cours d'un «Rio Lacar» disparu qui
allaient du cóté opposé á Tembouchure actuelle du lac.
Dans les Alpes, il existe un grand nombre de cas plus au moins
semblables.
Par exempie:
La Maloja est le passage de la vallée de l'Engadin supérieur á la
vallée de Bregaglia : c'est une descente ¡mmédiate de la grande vallée de
rinn large et avec un fond plan dans la gorge sauvage de la Maira, saiit
de I 800 á 1400 métres au-dessus de la mer. Les premieres riviéres late-
rales de la Maira sont les anciennes sources de 1 Inn que la Maira a dé-
viées par l'érosion. On voit encoré la direction du 'Val Marozzo, etc..
vers l'Engadine, et les niveaux de leurs terrasses correspondent avec ceux
de l'Engadine et non pas avec ceux de la Maira. Privée d'une grande
partie de ses riviéres, l'érosion est restée en arriére dans la vallée de
l'Engadine; c'est pour cela qu'elle est encoré si élevce. Elle appartient au
systéme du Danube de la Mer Noire, tandis que la Maira va au Pó,
á la Mer Adriatique (voir la planche).
Du lac d' Adíen (Tyrol, entre Innsbruck. et Kufstein), débouchait
un affluent de l'Inn avant la grande glaciation diluviale. Une petite
moraine l'a barré ensuite, et aujourd'hui ses eaux cherchent une pénible
sortie vers le nord a travers la haute montagne et se joignent avec
risar. Mais puisque l'Isar et l'Inn sont tous les deux des affluents du
Danube, cette moraine qui a barricadé le lac d'Achen n'est pas une
ligne interocéanique.
II est du reste possible que le Lacar ait aussi été barré temporaire-
ment par des moraines á l'extrémité oriéntale de l'ancien lac (c est-á-dire
de la Vega de Maipú d'aujourd'hui), ce qui aura facilité peut-étre les
déviations. car on trouve beaucoup de dépóts glaciaires autour des an-
ciennes lignes de ce fleuve disparu, quoique la longue colline entre les
deux rameaux de I arroyo Calbuco soit constituée en grande partie de
basalte en place.
— 2.51 —
Au pied nord-est du Rit^hi, en Suisse, s'étalcnt le lac de Zoiig et le
lac de Lower^ comme restes d'une ancienne vallée no3ée de la Reuss.
I. erosión et un soLilevement tectonique, travaillant ensemble, ont dévié
ce fleuve et lui ont fait cherchar une autre issue prés de Lucerne. Et
les eaux du lac de Lovverz vont quasi en arriere, en comparaison avec
la direction de la Reuss ancienne, pour gagner, avec la Muotta, le lac
des Quatre-Cantons dans sa partie supérieure prés de Brunnen (\oir
la planche).
Un cas semblable a celui de 1 amphithéátre morainique de la Vega
de Maipú vers Lolog, c'est le passage du Brñnig en Suisse. C est égale-
ment un passage d'abord assez plan et ensuite tres rápida unissant la
haute vallée étendue de la Sarner-Aa avec la grande vallée de l'Aar prés
da Meyringen. Aujourd hui, les eaux de la Sarner-Aa vont au lac des
Quatre-Cantons appartanant done au systéme de la Reuss. Mais, au
temps diluvial, le grand glacier de TAar a couvert tout le passage du
BrQnig, pénétrant bien loin dans la vallée de la Sarner-Aa en y laissant
des dépóts erratiques en forme de moraines.
De la méme maniere, le grand glacier du Lacar a pu déboucher de
la Vega da Maipú vers Lolog oú il a laissé les deux amphithéátres mo-
rainiqucs.
Les exemples cites jusqu'ici me sont connus par Tautopsie. Pour
les comparer avac d'autres montagnes, ja citarai ancore les Balkans et
le Caucase.
L'lsker(^), affluent droit du Danube, croise les Balkans naissant au
versant sud qui est, du reste, tributaire des fleuves de la Mer Egéíque.
Ce serait une espéce de divoriium iníeroceaiiicum si 1 on admettait que
la Mer Noire et la Mer Egéíque fussent deux mers différentes.
Au Caucase central, les conditionsdu divoriium aquarujn sont bien
nettes et ont beaucoup d'analogies avec notre profil transversal du Lacar.
D'aprés un profil géologique récamment publié par M. le professeur
Alb. Heim ('), le Caucase central ast formé par un massif central de
granit avec un peu de gneiss, de diorite, etc., sur lequel raposent les
sédiments plissés des formations paléozo'íques at mésozoíques. Les mon-
tagnes sont percées par des éruptions de laves andésitiquas qui forment
las plus hauts sommets, l'Elborus et le Kasbek, s'élevant á plus de 5ooo
métres au-dessus du niveau de la mer. «Avec sas cónes volcaniques et
avec ses laves» — je cite 1 auteur en traduction verbale — «le Caucase
est parent avec les Andes»; et pour la physionomie et pour la tectonique
ses jeunes volcans lui paraissent «des créatures complétament neuves et
exotiques».
(^) Supan: «Grundzüge der physischen Erdkundc» 2** cdition, Leipzig 1896.
(') Heim; Querprojil durch den Central-Caucasus, «Vierteijahrsschrift der naturforschenden
Gescllschaft, Zürich», XLIII, cahier i, p. 25 et suivantes, Zurich 1898.
252
«Pour notre profil transversal du Caucase central», dit M. Heim.
«la ligne de faite n est point située dans le massif central. Le Terek a
coupé le massif central dans la gorge de Dariel. La ligne de faite de
notre profil se trouve méme beaucoup plus au sud de 1 axe de l'éventail»,
c est-á-dire du massif central. Au lieu de toute autre description, voir la
planche oú je donne le profil du Caucase central de Heim á une échelle
réduite et un peu schématisé.
Puisse-t-il résulter de ees appréciations comparatives la conviction
que la déviation de la región du Lacar par l'érosion pacifique représente
un phénoméne tres intéressant et tres essentiel, mais que des cas sem-
blables ne sont point rares ni dans la Cordillére ni dans d'autres mon-
tagnes!
Musce de La Plata, le 28 juillet 1898.
Dr. Leo Wehbli,
GcoloGue.
Revista del Museo de La Plata — Tnnie IX.
Dr, LEO VVEHRLI: Avís giologique, etc. — Planche I
WSW.
TíioBiifí í/uma
"■''■i^iimirfmm^-
Ntveau de I? msr
DU'orfiuní aqaaruní
Kicstcwajo Cora
irivfo Ouinalahu/
Ouipelco
Divorlium. aqiuuvm
Carral defiüjiraji
Cerril dd Ferro
RioOiimekuin
ENE.
¿ Collón Gira
PROFIL GÉOLOCIOUE DE LA REGIÓN DE MAIPÚ (par LeoWehpli)
I 1 Koclies fíri!nifí/fli¿'s./i<)/'/ihyri,/ur.'¡ rfr I I l'outhc.s ierliai.rrs iS. Roth} I 1 linches hasuJíiqíies rt trnr.hytt^l¡£S
--.^.— Terrtis^es f] ' erosión *. Aucünne dirreUori des eaax — > Dtreciton oHiuUe tU.s eaujc
ECHELLE I ; 300 000
Nord
— > U'7a//¿¿aivÁ'üs
PROFIL SCHEMATIQUE DU CAUCASE CENTRAL (d'aprés M.Albert Heim|
poup demontrer le .divontium aquarum"
I I Crunit [LU CunrhKS ftn¿(-ozoú/iíe..i el vieso2oú¡ues I I And¿si\le ele.
ECHELLE I : 300 OOü
DEBONDEMENT DE L'ENGADINE SUPERIEURE (Suisse)
^ Ancienruí direction des eaiu>
ECHELLE I r 250 000
DEVIATION DE LA REUSS (Suisse)
Anri.e/ute viiMee íh l,i Reiiss
ECHELLE I : 500000
\«; GloLcier
v<ív. el'AlUgna.
TALLERES DEL MUSF.Ü DU I.A PLATA
Revira del Mu«eo de La Plata— Tome IX,
Esl
Dr. LEO WEHRLIt Avi? géoloeique. etc. ^ Planche
Ouesi
I . Montagne tabulaire basaliique du Chapelco
G = Granit: P = Porphyrc, R^ Basalic . T^^Terrasics du Rio Quilquih
Nord
Sud
■2. Passage de lancien glacier de Lacar, de la Vega de Maipú á la Vega de Lolog (Rio Quilquihué)
RíT^iRochcs moutonnées de porphyrt, M^Morainc fronlalc
Dr. LEO WEHRLI: Avi* géoloaÉque. etc. — Plan che III
Revista íbI Mu»ec de L« Plata — Tome IX.
Croquis topographique et géologique
DB LA
REGIÓN DU LAC LAGAR
(10° L S- 71° 30' W. GREENWICh)
LEVÉ AVEC LE BABOMÉTFíE ANEROIDE GOLDSCHMID ET LA BOttSSOLE
SANS THÉODOl-lTE
D? LEO WEHRLI
# 1898 -I" -
~'Z^'Z.'^ Surfíice moutonnée S^^ Miirécage
N Tcrrasse d'érosion ^^^ Rochen
^ Plon^iemenl .. Maison, caban
llBlf
I'-'S'"
I iGranir
ES^DOiorile
\ I Roche basaliique
I 1 Gres et poiidingue
(líriLiircs. S Roib(
I iGneis-sciauírcs roches I 1 Ancícn lac
cristalliiics schisieuscs
1 I Porphyre quartziférc I I Alluvion fluviale
r?^
■%, 'ojo ^
>!,:?>
( 'A9
»í,»i'
KCHELLE I : I 00 000
— _3^it_ llinéríiire el campemeiit .io i o\pé.ltti'ín. iil ci iv , i8os
706) (' í calculíe par ditRrenee barotníihque
1 AltitUlie au-Jcssus de la mcr !
fi2«\ ,„i„„l ( í.aluéa 00 inlcrpolía
(en rappotí avec une niDycnne He San Manm de loi AnJesj
=/
VOCABULARIO
TOBÁ-GASTELLÁKO-IWaLÉS
FUNDADO EN EL
VOCABULARIO Y ARTE DEL PADRE A. BARCENA
CON
EQUIVALENCIAS DEL INDIO LÓPEZ EN 1888
ARREGLADO POR
Samuel A. Lafone Quevedo, M, A,
ENCARGADO DE LA SECCIÓN DE ARQUEOLOGÍA V LINGÜÍSTICA ARGENTINA
Tumo JX I 9
VOCABULARIO
TOBA-CASTELLANO-INGLÉS
Clave: L. =voz .según López
B
o-Barretá — los otros dias; dayx ayo.
a-Basigi, L. ncaicó — abrir portillo
(uljrir seinlii): open gap (dilch).
Becogué, L. coogui — agusanarse:
f/riti'' ¡iKKjíjOly.
mela-Bemath, L. sarnadimé — ae;i-
bar de hilar, fiíiislt spinning.
Bevé, L. lasoguini — basura: refuse,
a-Bitiodem — agradar: lo please.
i-Bó — casa mia: my house.
Boygeamáp — tiempo de algarroba:
(ilgurrohii lime.
c
a-C — ven; rome.
j-Ca — L. piedra: xlone.
le-Cá — tamaño: sise.
le-Ca — niueiio: iniicli.
ña-Ca aqui avo enagarnilegote ne-
del — muchachos venid á dar la
lección: hogs come and recite.
ya-Ca, L. ykká — labio de arriba:
tippeí' lip.
na-Cá — indigna: uiucorlhg .
na-Cá, naca — Dios! del que exclama
ó invoca: oh God .'
le-Cá, L. maladesát — crecer: gron\
Caallo — caballo; hofse.
sa-Caavealocoyoenaganagec — to-
dos los dias: every day.
Caapagá, L. cMmai — porongo: gourd.
le-Cabasám — hilo delgadísimo: fine
yarn.
ta-Cacatá, L. scauot — seca: droughi.
Cacadé, ]j. conagradi — carancho:
l/ird of ¿irey.
Cacaydenagá alón? L. negalogojná?
¿Cuyo es esto?: Whose is Ihis ?
Cacayni nivoca nalotapegat — diez
i'i dos cuatros y dos: len, or Iwo
f'oui'x and. a lico.
Cacayni, vi 1, nivoca — dos: lioo.
Cacalateé, L. scalaté — huérfano de
madre: mollierless child.
hue-Cacáth — luego: by and by.
e-Caquessó — la vez pasada: some
liutc ago.
ca-Caquiagigá — menos: less.
Caconegué — coger á uno: calch him.
Cachipé L. — hacha: axe.
na-Caen — ironía: irony.
s-Caen — dejadlo: let it be.
Ua-Caen — de aqui á un poco: pre-
sently.
— 250
na-Caen, nacaene — asi es, así es: so
il is, so it is.
na-Caenecó — también asi: also Ihis
icay.
na-Caensa — desierto: deserl.
na-Caenza — verdad: Iruih, sooíh.
le-Cagá — de este tamaño: so hig,
lilis si:e.
lo-Cagaic — mestizo: half breod.
s-Cagalgoni, I., uonani — tragar:
su'iiUcií'.
Cagdeta, Ij. dioroné — venado: deer.
Cagetá, L. lipraán— criar niño: nurse
ehild.
al-Cagiló — escoger: clioose.
Cagogoic, lecoti — menguar la luna:
moon ivanhig.
Cagogoic — luna: ino07i.
Cagoic L. — luna: moon.
Cagroic L. — luna: moon.
Che-Caguém — enemigo: vnemy.
le-Cagul, Ij. lecaloúk — ancho: ividc
liroad.
ye-Cah.a — entonces: then.
al-Cahaguiló, L. aloktin — contar:
escoger: counl, selecl.
Cahayté, L. la'ayté — ojos: eyes.
Cahani, L. caani — muchacha : girl.
Cahapagá, L. chimay — calabaza,
l)ori.ingo: gourd.
Cahapagá — porongo: gourd.
Cahenó, L. iamukchigni — bien está:
(/// riglit, it is irell.
na-Cahyen — culpa: blame.
Cahim, L. lagtogoté — estanque ; re-
scrcoir, pond.
Cahim — laguna: /aJíe.
is-Cahith, li. iscahitt — ayer: yesler-
day.
Cahivo — carpintero que liace puer-
tas: door-maker.
y-Cayá, li. Icayá — hermano ó lier-
mana: brollier ov sisler.
ya-Cayá — hermano ó hermana: bm-
ther or sisler.
ya-Cayá — mi hermano : íity brolher.
ya-Cayá— mi hermano carnal: my
owH brolher.
ya-Caya — mi hermana carnal: uiy
oicii siste)'.
na-Cayá — primo lieruiano: first cou-
sin (m.)
ya-Cayá lava — primo tercero: Ihird
i-oasin (m.)
ya-Cayá laual — primo cuarto ó viz-
nieto de mi primo carnal, y nieto de
mi primo segundo: fourlh cousin,
greal-grandson of my first cousin,
grandson of my second cousin.
o-Cayá, L. — hermano: brolher.
er-Cayá, L. — tu hermano: Ihy bro-
lher.
ar-Cayá, L. — tu hermano: Ihy bro-
lher.
Cayagáth — socarse: í/e/ dry.
Cayaget, 1,. cayóóó — lechiguana,
honey ivasp.
Cayahat — enjugar otra cosa: lo dry
something else.
Cayan — reposo: resl.
Cayanliá — reposos: resl (en plural).
scay-Cayasorasik, L. — yo no tengo
la culpa: / um not lo blame.
cha-Cayatuch — abominable: abomi-
nable.
s-Cayca, L. sea — nada: nolhing.
Caycá, L. caycá— negar, mezquinar:
re fase, heep bach.
sa-Caycá— no tengo: / liare nal any.
sut-Caycá, L. leaumáth — acabarse
algo: come lo Ihe end of a Ihing.
no-Caycacaná — entonces : ihen.
Caycade? ~ ¿Quién?: V^'ho?
Caycalahué, Ij. cuitaic — calva: bald
palé.
Caycalauách, L. ikchiguí — hueca
cosa; liotlou' Ihing.
ya-Caycalech — vacia cosa: emply
Ihing.
Caycalia, Ij. scalia — solo: alone, only
Caycaló nadi disietenagná dapieh?
¿Quién comprará la miel?: Wlto
will buy the honey?
che-Caycó — manso estar: be lame.
la-Cayé — cabeza: head.
ya-Cayé — mi cabeza: my head.
na-Cayiá— dos primos hermanos : Iwo
firsl cousins (m.).
ana-Caygoch, I;, caygrolali — escu-
llir: spil.
Caygoguec— toser: cough.
so-Cayguém— desdicha : misforlune.
Caylapó, \j. lapo — mantellina: c?o/7í,
shairl.
257
Caymagá — en todo luKíir.- evenj
ifhvre.
cay-Caynasigueth— salud : healHi.
Caynnahát, L. nauaknalayél— en to-
das partes: evet'!/ icliere.
ca-Caynahía — próximo nuestro : o/ir
ni'ighbiiiir .
ca-Caynayecám — próximo tuyo : tluj
neighbour.
ca-Cayniliá — tres: Ihree.
ca-Cayñaaluá - inundo este: tltis
u'urld.
Cayodá, F^. eyordó — entrar muchos:
í'iiler Duniy.
Caysino — librarse: be riel of.
el-Caic, Ij. elcai— (cabeza), calavera:
s/;ii/l.
Caidonaconá, L. uishigém — alzarlo:
///■ il iip.
Caigeshi, L. — cabezada: head-slall.
Caigueltá, L. — calle ancha: widc
s/recl or road.
Caiguetag, L. — oveja: ewe.
che-Caiy — enano ser: be a divarf.
Caij — agradecer: be grateful for.
Caik, L. — camino: road.
1-Caik, L. — cabeza: head.
s-Cailiá, L. — anteayer: day befare
i/eslerday.
Kaim, L. — laguna: lake, lagooíi.
s-Cait, L. — ayer: yeslerday.
sh-Cait, L. — ayer: yesterday.
Callagá — para el norte: Ihe north.
Callaganahag — un <lia antes: a day
befüre.
Callogagaic — flojo: loóse, cmvardly.
Calac — pero: but.
sa-Calacata, L. nalacatá — está bueno:
/((' is well.
Kalag, L. — aguará.
na-Calagaic — fin del mundo: e?id of
Ihe icorld.
na-Calagoic, L. noviita pigini — re-
volcarse: roll on Ihe c/ron?id.
Calagosigém — dia del juicio: dootiis-
day.
Calagotéch, L. noitigú — derecho:
righl, straight.
Calagotéch, L. noitigú — al derecho:
lo Ihe righl.
s-Calám — no poder hacer: not lo be
oble lo do.
sa-Calám, Íj. sayshit — no poiler:
ciinnol.
s-Calanopec — pesa mucho: il is very
lieticy.
Calanoenok, L. — barbudo: bearded.
ya-Calanó — barbilla: lillle beard.
Calavahaich — blando de corazi'm:
sofl-lietirled.
Calcotenivaca cacaynivanilia — ta-
tarabuela, madre del tartarabuelo:
greal-greal-grandmolher, molher
of great-greal-grandfalher.
Calcoteque callagá — sexta abuela:
si.rlli yrandmolher.
sie-Calecli — vivir: Uve.
Caleetap, L. — nombro de lugar: mi-
me of place.
Calegaragdi, L. — Cacique Toba:
na me of Cacique.
na-Calegocó — corre : run.
ana-Calegóch — corre: run.
Calehetenéch, L.atagó — ropa (nues-
tra:'): clolhes.
al-Caleheteri, L. calenn'htó — huso
de hilar: spindle
Calehegen ^ vida eterna: Ufe eoer-
lasling.
Calejnek, L. — poncho: garmenliuilh.
hole for head.
na-Calep, L. calejnannetagaté noté
— huso para hilar: spindle.
Caleteganam — hilar: spin.
que-Caloyc, Tj. oreyraic — manso:
lame.
Calotá, L. calotá— poco: lillle.
Calotacaypac,palo ilelgado: Ihin slick
Calotegé, L. caloteguén — delgado:
lliin.
la-Cami — bien venido: wellcome.
la-Cami — buenos dias: goodday.
a-Cami — usted: you.
la-Cami — reverenciar: worship, ve-
nérale, hallow.
Cami — vosotros : you.
Camihi — vosotros: you.
Canadé? — ¿qué quieres?: Whal do
you wanií
Canadé — cosa : Ihing.
na-Canahaic — camino, senda: road,
lañe, palli.
su-Canagam, Tj. calrúk — ir corrien-
do: run.
258
Canageteuá — parecer algo: lurn np.
Cañan, L. canáin ciego: blind.
Canná — alezna: atvl.
Cannadé? — ¿qué?: Whal.''
Cannadé — ¿ para qué ? : W/ial fot- í
Canangrai, L. — Cacique; ñame of
Cacii¿i(e.
Canangray, L. — iJi<'e Ijopez que to-
clavia está la canipaiia grande en el
lugar llamado Canangray: Lopes
says n hell is slill heard Ihere.
sa-Canatith — vencer: overeóme.
ya-Canech -irpersiguiendo: lachase.
sa-Canelagách ? — ¿has oido gritar:' :
//(í.v/ ¡leard sltoutiny?
Cani, L. caniolé — moza: damsel.
sia-Cani, L. pogonrani — tropezar:
sluiiible.
Cañi — casadera: marriageaüle.
s-Canó — yo quiero pasear: / wanl a
huí ida y.
Canolé — moza»: damsels.
Canopavech — mes pasado: ¿asi monlli
s-Cantapech, L. liyaca — ir paseando:
lu lie ual OíL a spree.
so-Cantapécli, ]j. caatpek — ir si-
guirudo; lo be un Ihe Irack.
Capagloy, L. chiquili — calabaza,
mate : goa rd.
Capahani, L. anakni — agacharse:
sluuj).
la-Capale que canale guadonaga —
abijado de casamiento: god-da nghier
in marriage.
la-Capalec que canagá guadon —
ahijado del casamiento: god-son in
marriage.
la-Capalec nehethagatli — padrino de
Iniutismo : god-fallter in baplism.
Capalech, L. capalek — abrazar: lo
embrtice.
Caphantanó, L. ualray — clueca: of
a lien wanling lo sil.
lia-Capegóth — desterrar: banisli.
la-Capiagaic — capia, maiz: flour-
)ltillZV.
da-Capi — amortiguar: deaden.
Caraiq, L. — asi decian á los Matacos:
ñame Tobas give lo Malucos.
ne-Carico — asi hablas de hacer: so
l/ua oiighl lo do.
Casileclecat — oro : gold.
Casilgahá, L. ashiliguiñi — relám-
pago : ligblning.
Casognagá, L. quishiguóm — cuesta
ari'iba: ap-ltill.
Casognagá — cumbre de cerro: kill-lopí
Casogonrá, L. — trueno: thunder.
Casona — monte i'i cerro: mounlain,
liill.
Casová — yameiiuedo: Iwill remain.
Castonagá — cerro: hill.
Cassuá, L. taina — (juedarse: lo re-
main.
le-Cáth — cureña: gnn-carriage.
le-Cáth — estaño (íierro): lin (iron).
le-Cáth — olla, de cobre: copperpol.
le-Cat, L. Icap — ücrro : i¡-on.
le-Cath — plomo: lead.
le-Cáth — metal: metal.
le-Cáth — barreno : auger.
lo-Catá — imagen : image.
tac-Catá — i/stá seco: il is drg.
ya-Catác, L nktká — palabra: wurd.
ya-Catah-C— vocablo: vocable.
Catadinec — preguntar con cargo: lo
cross qaeslion.
Catagay, L.ladranray — ladrón, llrief'.
a-Cataguech, 1.. anacát — sacar : lahe
oal.
Cataycocá — quiza no: perliaps >wl.
so-Catapéc cavayo — el caballo se ha
pcrdiilo: I lie liu/'sc is losl.
so-Catapéc, L. somapek — caerse y
)ierderse: fall and be losl.
sa-Catapech, L. soltasauana — des-
aparecerse : disappear.
so-Catapech, L. cliigú — echar á per-
der, lo spoil.
Cataqui, L. cactaqui — (a) tambor,
caja : druiit, lom-lom
Catasaygé — continuar: ronlinae.
leu-Ca'tó, L. — fruta grande colorada,
i)enca: big red fruil, opitnlia.
Catedach — una vez: unce.
na-Catecli, L. nacaték — lechiguana
¡luneg ivasp.
si-Categé, L. umcainigué — ir alcan-
zando: lu valelí aji.
si-Categó — según- alcanzando: lu
/'ullijir )'p.
Categnagati — horno: oren.
Cátele, L. — camino : road .
Catelolá — capar : caslrale.
— 2oí»
na-Catelocli — iiinnihif: coinmand. '
ijrtlí'f.
su-Catiá, I-. cachi — humo: xi)ioJ;e.
s-Catijnaget — [loderlo toilo : lu be iill-
puwerftil.
na-Catini — lo cogipron: they catiglU
him.
Catipé — cuña, tvcilge.
Catipillagay, 1.. ca'isác — lionniga:
iinl .
s-Cauá — tiudar: déla y, lüiler.
s-Cauem — no, prohibiendo: no, iiii-
¡n'nilire.
s-Cauem — malo: bad, etnl, ivicJied.
s-Cauem, L. nawétt — malo: had,
en'/, icicked.
S-Cauem — acedar cosa: lo yo soiir.
s-Cauém layta, L. cauem laytá —
olor malo ; biid mnell.
s-Cauém quiegá — no estas bueno?:
in-e yoK nol well.
s-Cauen — desgraciadamente: iinfor-
I inuilely.
s-Cauen — malamente, badly.
manos-Cauentá — más malo , worse.
ahans-Cauen-ta — tu estas malo: thou
mi ill.
s-Cauó — yo quiero pasear: / wish to
go for a holiday.
s-Cavadón — remolón : lazy.
Cávala — puente : bridge.
a-Cavalech, L. pelék — pisar: Iread.
Cavemelech — des|iarejo: uneven.
la-Cauénen pan, L. — yo tengo pan:
/ iKive bread.
Cavilan, L. — Cacique de los ladro-
nes del campo : ñame of a Cacique.
cau-Cavomessim — por eso: Ihere
fore.
mayano-Kchiguini, L. — como está,
está bien?: ¿Hoiv are yoii, Are you
welU
a-Quebuéch, L. auqueuók — afilar:
sharpen.
Quecá negothelóc — ningún mucha-
cho: not a üingle boi/.
Quecalcatá — antes que: befare Ihal.
Quecaloyc, L oreyraic — manso:
íaiiie.
Quecallagá — tiempo : time.
Quecallagá — muchas veces : often,
many times.
Quecallagá siquehé — antes de co-
mer : liefore dinner.
Quecallagá siccavit — eldia de antes:
/III' i/ay befare.
Quecallagá, I,, mastaksagué — anti-
guamente: of oíd.
Quecallanetetá — muy de mañana:
('(')•// eiir/y.
Quecanaga yalec yocodelec, latap,
dige ethagath — ahijado de bau-
tismo: god-cliild.
ney-Quedá, L. cayoó — más allá:
firr/her orí.
ne-Quedá chidi, L. — ,:(jui('>n eres?
^y|lO ar/ Ilion /
li-Quedá L. lotawralaM — volver á
otro el rostro: /urn face away.
ne-Quedená — hoz: siekle.
Quegmagaic, I^. ipel-lek — herir:
leoinid .
si-Quehé,L. dequehé, comen: //(«;/ cfl/
si-Quehe niyóm — como y bebo : I
eal and drink.
si-Quehé — como: / eat.
sasi-Quehe — no como: I do nof ea/.
si-Quehó — yo como : I do eal.
si-Quehé, I., aunaigui — mascar:
clieiv.
si-Quehé, L. ilraco — rumiar: chev!
eiid .
y-Queletá — mi oreja: my ear.
Quema, 1.. caá — piedra: stone.
Quemagaic — ofensa: offence.
Quemodi, \.. laschi — apedrear, gra-
nizar: lo liail.
de-Queña — de aqui: henee.
an-Quepagath — toma del rio, i. e.
atajar el rio, tala: take itp water
froni a river to irrígate.
ne-Quepé, Ij. npé — esta noche: lo
niíjh/ .
s-Quepeleyá, L. shekpeliá — noche
pasada: las! nighi.
Queso — el otro día: ihe olher day .
si-Quesocti — rozar pajonal: cul
dO'wn jiingle.
en-Quesogi — partir con cuña: split
u'illi ivedge .
au-Quesohún — cardenar ó desmon-
tar: lo clip {ax a hedge).
o-Quesóp, L. nractapigui — rodear:
surround. go round.
260 —
ne-Quetác — crtbra: goat.
si-Quetapéch — estoy comiendo: [ ain
ealing.
Quetela— asa ú oreja de paila: handle
of pan.
Quetelá, L. tela — oido: ear.
Quetelá, L. tela— oreja: ear.
ne-Quetenangath, L. napislii— rien-
das: ¡■eiiis.
o-Quevá, I., aucocheák — anemeter:
lo iiltucl:.
au-Quevocli — ablandar: lo sofleii.
si-Quiacá — coiriamos: leí us eal.
na-Quiagaic, L. auot— (llueve) lluvia:
rditi, il rnins. _
si-Quiagám, L. quiaranek — dar de
comer: (o feed.
si-Quialiác — comamos: leí as eal.
Quianágtaguath — pacer el ganado;
lo (¡raze catlle.
su-Quiat — odio tener: lo hale.
su-Quiatapegá — odio: halred.
yu-Quiavá — aborrecer: lo hale.
sa-Quidá — mi campo: )ny counlr;/.
Quidiacate, L. ittiyacté — corazón :
heaii.
su-Quieliain, L. iechák — engordar:
lo /'alien.
nu-Quihác, L. nocoyák — paladar :
píllale.
Quiyagaqui — ¡ilatillo: sinall piale.
1-Quillacté — corazón : hearl.
Quinide sigen, L. yaninoolgsótt —
aliorcar á otro: lo hang anollwr.
Quippi, L. poník — á montones: in
lieiiji.^.
no-Quiquiuá, L. anquiguó — acer-
carse: ilraír nigh.
Quiriacaté, L. Iquillacté — corazón:
hedfl .
ni-Quiriocli — tigre: liger.
lio-Quisop, L. apatrangui — rededor
poner: pal al I ¡•oimd.
si-Quiuavahuél — aborreces el pe-
cado: do»l hale xin.
si-Clacli, L. igalactegué — tornar ci
volver: return.
si-Clach, L. igatuk — volver atrás :
lurn back.
ni-Clách., vuélvete: /«rwíírtcA-, re/ «)■«.
si-Clahadcsüp — vuelta dar en re-
dondo: lo go riglil round.
he-Cliva, L. laigotagrgát — herida:
ivoiind.
si-Clocó, L. igrloó — volver á ir: lo
go again.
ni-Coagat — olvido: forgelftilness.
le-Có — tanto: so much.
ac-Có — vendrás: Ihou shall come.
sia-Có, L. diacó — pensar, lo Ihinh.
yo-Có— harto (no quiere nv'iíi):e?ioagh.
say-Có — amable: amiable.
ne-Có, L. dimoctó — asi, ó asi como:
so, just as.
lesay-Có, L. cainegué — caminar: to
walk, Iravel.
yo-Cobi, L. cubi — pajizo, color:
slraiv rolour.
yo-Cobi, L. tóc — rojo: red.
na-Cocotalaté, L. lacoctá — caña:
cañe.
no-Cocotapéch, L. coloroy — roncar:
lo snore.
Cochilató, L. cós— (negro) puerco,
javali, cuchi: boar, hog.
Cochiini L. — ave negra: a black bird.
Coday, L. chimgrgadaik — agi: hol
peppers .
cho-Codaich. — salvarse : to save self.
Codetoquiti, L. ihuehelaité— lagaña:
secrelion f'roin eges.
le-Coén — ley : law.
Cogiavel — ¿estás triste?: .\)-l sad?
no-Cogolagó, L. cologologó — sapo:
load.
lo-Cogosoqui, L. locoroqui — ma-
triz: u-omb.
de-Cóh, L. — parir: lo bring forlh.
si-Cohac — vaciar el vientre: lo ease
.,elf.
Coliatetá, L. eccowott — hambre:
hungei'.
Cohiget, L. coypak, coygett — plato
(lie palo): wooden pílale or plaller.
Cohiguenec, L. coiguenec — paloma:
pigeon.
so-Cohin, L. coiyalek — enlazar : lo
noose.
Colünéch — puntalar: underpin.
Cohipocolé — vara: yard.
Cohitaechá — valle : valleg.
Coliitetá— serena (tiemi)o): larns fine.
Cohitetá noeuta — limpia cosa: clean
lliing.
— 261
hring
de-Coho, I- decoho — paiir
f'orih. b(>(ir.
a-Cohotapéc, 1.. malacole tapiik —
al rededor andar: to walk round.
a-Cahotapéc, L. malacole tapiik —
reiltíilor andar: to go or walk round.
col-Coic ((1 calcoic?), T.. Icaic— ca-
beza: hedd.
Coina, L. — anzuelo: fish-hook.
che-Coiiiomain — imitar : úniíaíe.
Coyach, 1.. lueták — dolor: jjain.
Coyaganagáth, L. chigonrá — pol-
villo: hlighl. fine iliisl.
Coyaganá — besar: kiss.
Coydaich, L. coydaik — ronco estar:
be hoarse.
Coydetec, L. cuyadagrgnagté -ahun-
bi'ar: lo gire ii liglil.
Coygoth, \j. coyguett — escudilla:
huwl.
Coyodaü — nmehisimo: rerg inuch.
Coyocotá ahám — al rededor de ti:
lili round Iht't'.
Coyocota, 1.. coyoctá — cerca: near.
Coypa salecoté — palo delegado: thin
slick.
sa-Coypac — yo cojo leña: / gnther
ftiel.
Coypác, I,, coypák — palo: .s/iV/c.
Coypach, L. cassognagá — cumbrera:
ridge of roof.
Coypaló — carpintero: carpenter.
Coytanalate — horca: gallows.
le-Coytech, L. cuitoók — cansarse:
1)1' lii-ed.
ni-Coytén, Ij. aquiuik — sobar cuero:
drcss hidi'S.
no-CoytiquI, L. coichiqui — galillo
lie la lengua: rool of longue.
lo-Collecg, Ij. coichiguí — tragadero:
Ihrodl.
yo-Colá — cuello: 7ieck.
e-Colá, L. aucolá — desollar: flay.
yo-Colá, L. oculá — cuello : rieck.
Colacahi — plato lie plata: «¿'¿rerp/rtíe.
Colach — vamos: leí us go.
cal-Colagatech — vida: Ufe.
Colancsyc, L. coloncaic — arisco:
■¡rild. sin/.
Colancaic, I^.colancaic — tlojo: Insy,
fifU'iird.
no-Colcá — muchisimo : very miich.
Tomo IX
no-Coléc — mi primo menor: my
yoiinger cousin (m).
Coléc — muchacho : boy.
no-Colóc — hijo ó hermano menor:
son iv yonnger brolher.
so-Colech, \j. socolek — mucliacho :
hoy.
Coligisác, L. coliguisác — lagarto
grande: big lizzard.
Coligissist, L. coiliguishik — teñir :
dye.
Colocay — plata : silver.
so-Colocó — iremos: we will go.
Cologagaic — (que no sirve) tlojo:
l(i:y. good fnr nothing.
y-Cololich, I^. Icossót — garganta :
throal.
Colroró, L. — rana ó sapo: frog or
load.
Com, L. — ombligo : navel.
Comadedácli, I., onalék — á solas:
alone.
o-Comalencupá — después : afler-
warils.
ta-Comaltosim — injuriar: lo insnll.
Comatagavoy — el año que viene:
ne.rl year.
Come voy — el año que viene: nexl
year.
Cómele — después : afler.
Comegnalo, L. comogrgaló — arco
íl'Ís: ruinlioiv.
Cómele, L. cumelé — luego, después:
liy and by, afterwards.
to-Comelé. L. awit — después: afler-
wai'ds.
Comelenahag — un dia después: «da»/
afler.
Comelelionaagatesá— después de tres
ilias: afler Ihree days.
Comeletá, L. locchigui — de aqui á
un poco: sliorlly.
o-Comi, L. comí — nosotros : we.
Comi, L. comí— nuestra: oitrs (f).
Comohon, L. maik — culebra: snake.
Comornalog, L. — relámpago: light-
ning.
le-Cón, L. Icúm — ombligo : navel.
ya-Coná, L. napouát — recibir : re-
ceioe.
sai-Cona maduma, L. — yo voy á tu
casa: I go to your house.
20
— 262 —
na-Coná, L. naconá — cántaro de
liai'i'd : a cl'ii/ crock.
sai-Coná, L. — yo voy á tu (.-asa: I ¡jo
tu iioar house.
sa-Coná — sefíar: to harcest.
la-Coná, L. naconá — botija: jíir.
ya-Conaque callaga negotolec ca-
cayni yalegesá — padre adoptivo:
iiihi¿i/eit fdllier.
sa-Conapegogi — ultrajar; lo spot/,
injiirc.
ya-Conaque callaga negotolec ca-
cayni yalesá — madre adoptiva:
addpleil inolher.
le-Conech — tenedor: fork.
sa-Conegét, 1^. aconeget — conse-
i^uir : ii'il/nn.
sa-Conegét — yo cojo pan: I lake itp
Ijri'dil.
Conneget — yo cojo: I pick iip.
a-Conegeth, L. ashilá — tocar á otro:
iiiiii/li nno/her.
a-Coneget, L. — es conseguir para
casarse: lo gel consent, lo be mar-
riecl.
oc-Coni cavayo — ata el caballo: /¡e
iip lili' liOI'sr.
ya-Conogi — puñado: a handfiil.
Cononaliá — «lia de trabajo: work-
(liiij.
sic-Cootapéch, L. diyaká — pasearse:
hj gij fijr lui oiiliny.
Copaic — gato : cal.
Copaicli, L. copaik — gato: cal.
ni-Copagá — |dumaje: plumage.
s-Copitá — quiero: / wish or wanl.
s-Copita — yo queriendo: / do wanl.
s-Copitá ni ita — yo (juiero á mi pa-
ilre; / loce inij falher.
s-Copitá callaga — yo quise: I did
ivinil .
s-Copita nagl — quiero ahora: I wanl
iiuw.
s-Copita — yo quiero: / do love or
iva ni.
s-Copitá tapegá — yo queriendo: /
mil lariiig,
de-Copitaó, L. — yo te quiero: llore
Ilicc.
s-Copitapegá — tu auianilo: Ihoii <iit
lori iig.
a-Cosá — alire la boca: open Ihy
iiiiiiilh .
Cosidagnagát — lo posterior: Ihal
ivlnrh is l/chinil.
Cosiquiogoy, 1^. xiquiroy — (.c por-
tuguesa) langosta: lociisl.
a-Cositá, L. ncatarapét — ir de es-
jialdas: lo go Oackwards.
Cosonaliá, L. tocót— barranco: cliff'.
Cossót, L. locossót - cogote: neck.
yo-Cosót — mi pescuezo: my neck.
Cossót, L. cossoth — pescuezo: neck.
lo-Cosót — pescuezo : neck.
lo-Cossóth, L. — pescuezo : }ieck.
cal-Cossot, L. locossót — pescuezo:
nerk.
al-Cotá, L. seatoi — ilesabrido: lasle-
¿ess.
al-Cotá — amargar: lo make biller.
Cotadien — ¿para qué? ivherefore?
Cotaglagác — impaciencia: impa-
lieni:e.
Cotahat, L. cotinat, cotarát — añadir
al palo: sp/ice a slick.
Cotaliát — añadir al lazo: splice a
lasso.
yo-Cotaque, L. lorogqui — talega:
hag, purse.
la-Cotetenagath — medida: measure.
1-Coté, L. — coilo: elboiv.
ni-Coté, L. — mi, tu abuela, etc., 7ny,
lili/ grandmolher. &c.
Cotiloth — gusano^;: niaggol.
Cotinni, L. lashinik — (chuña) pava
i'i t;allina. : Ini'keg or hen.
li-Cotitá, li. cuchunik — pequeña
cosa: small l/iing.
le-Cotitá — matecillo : small gourd.
le-Cotitá — criar niño: nurse a child.
e-Cotitigni — menguar: lo wane.
Cotititigui — no hay nada: Ihere is
iiiilliiiig.
Cottó, L. —paloma: pigeon.
di-Coue, L. coáy — olvidarse: forgel.
Cowe, L. — el pene J; penis.
Covemalloic, L. dilgroic — bellaco:
a biid fclliiw.
si-Covo, \j. laschik — ir, andar: go,
walk.
ui-Cni, L. adinilictü — arroiliilarse:
lo knt-el iloivn.
— 263
naru-Kpichiwá, I^. — amar, (^ine
qiiit-ics ? ) : Lovi's/ Ilion meí
Cuchidék, L. — nombre de lugar:
plurf-nnuití.
o-Cudagáth — ilcrraiuar no li(|iii(lo:
Sjiíí// iso/iils).
suc-Cudini, I.. ocodini — vaciar:
eiiqjlj/.
u-Cudini — acabar de vaciar: empty
quite oul.
an-Cuyadelech — alumbra : shines.
Cuyaganá, L. cuyaran — oler: /o
xi/ie/l.
an-Cuyaganá — Imele: smell.
Cullahá, [.. cullagrgá — al norte:
tíiD-lhiviirOx.
Culancaic, 1^. colanacayo — cobarile:
vtjWill-ll .
cal-Culanogath — terrible : terrible.
Cume, L. come, 1 ycote, 2 aleóte
abuela: grandniother.
Cumé — abuela materna: Diolher's
¡itiíllier.
a-Cuni, L. cuwienanonrá — amari-
nar: to wax yellow.
si-Cuni — prender: to pin.
si-Cuni — unir: to join.
Cunidasigém, L. cuñetashiguém —
coloa(bi estar; to be li/iiig n¡i.
Cunitagat, 1^. aleóla — collar de
huaicas: bead necklace.
Cuñeryó. L. — fruta, tuna de penca
aujarilla: Indiiin fu/ of yelloio
opuntiíi.
Cuquihí, L. culialcunik — ( u chi-
lena), becerro: c-atf ( Ihe lanned
.•</¡in).
Quotalagaé-ó — Válgame Dios: God
/lelp iiie.
Quotarien siquehe ayo? — ¿Porqué
no quieres coninr?: ^V7í,¡/ wilxl thou
nol eiti í
Quotarien siquetié ? — ¿ Poi'qué co-
mes?: W/í.i/ eatest thou?
Quotidienec? — ¿qué has hecho?:
^yh(lí liast thou done?
Quotiloth — oárjr;u-a: gargle.
Quotiloté, L. ehilot'té — gusano :
iiiítggut. icorm.
Quoti — pequeño: smalt.
Quotitá — pequeñito: very small.
Quotitá, L. euehinik — cosa chica:
siiKitl thiiig.
di-Cutá, L. autoenó — acordar á
otro: remind of.
al-Cutiá — partera: mid-wife.
al-Cutiá — acarrear: to conven.
al-Cutia, alcutiá, L. auta'wan — ayu-
dar: help.
li-Cutiá — tener ayudando : to hold
and. help.
si-Cutiháe — aplacar: to appea&e.
si-Cutiháe, L. auquechák — defen-
der á otro: defend anoiher.
si-Cutiháe — favorecer: to favour.
Cutinagáthi — cureña: gun carriage.
si-Cuuay — echar mano : to lay hold.
of.
CH
yla-Ch — cantar: to sing.
la-Ch — cantar: to sing.
lo-Ch. — hinchazón : swelling,
lo-Ch — corteza: barh.
lela-Ch, L. ellác — corcova: crook
(on tjack).
nama-Ch, L. lanác — corcovado es-
tar: be a hunch-back.
le-Chá, L. pók — grande: big, great.
le-Clia, L. pók — grueso: fat.
le-Chá, L. layordó — mucho: much.
le-Chá — Rey ó Reina: King or
Queen.
le-Chá — Señor de vasallos: lord
of vnítsals.
¿Chachigo ahonra? L. — vengo del
campo; / come in from the camp.
Chagradák, L. — pobre; poor, wret-
ched.
Chaique, L. — palma: palm.
si-Chalatéch — dar vida: to revive,
VKihe to lii^e.
le-Chamáp, L. cauem nawi — esté-
ril año: barren year.
s-Chasilech — relampaguear: lo li-
ghlen.
:Í64
le-Chat — ;Képillo: plañe.
le-Cliat, L. Ikát — cobre: copper:
hierro: iron.
ine-Chiguet, L. huejlu-é — 'lolor de
iriiiehis: /oolli-iicJie.
Chiguet — iluele: it aches.
le-Chatá — grandecito: pretil/ biy. | ala-Chigui, L. — trueno: Ihunder.
le-Chaú — muy grande: very big.
le-Chaú — grandísimo : as big as
rcn he.
la-Chegém — amasar: lo linead.
s-Chelách — amedrentar; lo friglUen.
na-Chi, L. — uñas: nails.
o-Chi, L. — acto de ci'ipula: forni-
ralion.
las-Chi, L. — Ijol'es: lighls.
lo-Chi, L. — el ])ezon: nipple.
sa-Chic pan, L. — yo como pan :
/ ¡■(il bread.
Chicaagué, L. — de dónde vienes:
W/wnce coinest Ihou.
CMclanapat, L. — yo como carne:
/ eal ineal.
Chikna, L. — flecha: arrow.
Chictrae, L. — Cacique de este in-
formante, malo, murió, López, Ca-
cique.
Chidroquedajá, L. — este viene de
allí; Ihis man comes thence.
s-Chig — maravillarse: lo be sur-
/«•/.s-fri.
Chigagó — lo quemaremos: leí us
h/irn it; shall we burn it?
Chigissi, L. — ríñones: kidneys.
Chiguet— doler: lo ache.
Chigranigot, L. — ciervo : deer.
1-Chil, L. — pierna : leg.
Chinett, L. — ( ;acique de los El-las:
Caciqí/e of I he Ellas.
so-Chio, L — voy á dormir: / go
lo .■flcep (lo bed).
Chipelaraistanegui, L. — nombre de
lu^ar: nmiie of a place.
Chipiapigui, L. — nombre de lugar:
na me of a place.
Chipicaic, I-. cipcaic — mentii-: lo
liv.
Chiquinic, L. — arco: arrow.
sa-Chirotalniá, L. — aquél me avisa:
Ihal f'elloiv lells me.
Chisinanrat, L. — nombre de lugar:
ñame of a place.
Chisitt, L. — costilla: rib.
Cliiutelá — cerquita: very near.
s-Chogotáy — vaguear: wnnder.
s-Cliolagath, L. laragtagué — ras-
gar; rend.
o-Chonegeth — ecliar mano: lay
híinds on.
s-Chopitauá — voluntad: will.
s-Chotita — i'io pequeño: small
rirer.
s-Chová — quédate: reinain.
D
e-Dá — esse: thal.
e-Dá — allá : there.
e-Dá — aquel ó aquella: he or she.
si-Dá — menear: shake.
e-Dá — por ahí, allá, acullá; Ihilher.
e-Dá — de allá : thence.
e-Dá — persona: person.
sa-Dak, L. — otro Cacique León, Uen-
toós (otro): ñames of Caciques.
a-Dacaygá — manchado: spotled.
ca-Dacoicquiti — garganta; Ihroal.
e-Dachiü — para el sur; sonthioards.
le-Dagá, L. tapaloó — lucir, sol, luna:
shiiie (.^iin or moonj.
lag-Dagaic— color negro: black.
u-Dagaic — se ahogó : he ivas drow-
ned.
lay-Dagaic, L. laydraik — oscuro :
dark.
si-Dagám — escribir: lo ivrile.
y-Dagnacaté — diestra: riyld hand.
la-Dagnaqué, L. ladagnaqui — mo-
lino; mili.
Dagohi — espigar; lo be in Ihe ear.
Daham, L. daham — panza: slomach,
Iripe.
ca-Daham — barriga: betly.
a-Dahasith,L.ladarasliit — cola: lail.
ca-Dahauet, L. laitó — ojos; eyes.
e-Dahiú — para el sur; soulhwards.
— 265 —
u-Daic, r,. laigdraic — color negro :
lilítek.
ca-Dayagá, L. leagal lera — talón:
Dayapéch — |iieilra ile molino: mili
si I me.
a-Dayguiác — yo cojo carne : / Uike
llp lílVlll.
de-Dayapéch — t'/nibhu la tierra :
etivth quakes.
ca-Dallacó, L. lallacó — iiombres :
iHiin.
la-Dalá, L. malók — venle: green.
Dalagaic, L. dalraic — nueva cosa:
a new íhinc/.
e-Dalehedegá, L. apakatá — calor de
l'uego: heiit froiii ftre ■
Baliiqui, L. Pijilra — ( murió): Ca-
<'ic|Ui'.
Dalogó, I .. dalogro — viruelas: small-
pll.r.
Dalovi — por fuera : oui side.
de-Damitá — está blando: il is sof'l
ur li'iiiler.
Danacatacaye — [lorfiadamente : oIjs-
liiui/cli/.
si-Danacu — naturalmente: ««/«>•« ¿¿i/.
a-Danaqui-- mortero: iiwrtar.
a-Danaquiló, L. ard'anquiló — mano
de mortero : peslle.
la-Danecanocó — mi naranja: my
o¡ringe.
la-Danecá — naranja: orange.
aien-Dani, L. danianió — flrnie estar:
tu stand firiii.
Danranraé L. — médico malo: bad
doclur.
co-Dap, I^. lop, lap — boca: nioulh.
u-Dapách, L. olapék — chato: flat.
nu-Dapech — avaricia: (ivarice.
na-Daranak, L. — serpiente : serpent.
e-Dasó natiatini — aquel que está pa-
rado: thiil luanwho is standing iip.
e-Daso noteatani — aquel que está
parado: lluit man standing up.
Dasovi, L. dasoví — florecer: blossotn.
sag-Dató — massa: paste.
sa-Dató — está crudo : it is ratc.
Dathó — azada, azadón: hoe.
se-Datotá, L. sedatotá — cocido ó co-
cinadii: t:ooknd.
a-Davá — aquellos: tlwse.
a-Davati — remolino: whirl¡tonl.
ne-Dé — carta: letler.
ne-Dó — libro : l)ook.
e-Dó — libro : liook.
e-De — mi libro: my Ijoak.
anae-De — tu libro: thy tiook.
yi-De — mi libro: my book.
y-Dealagi cadeanovi — ¿quando vi-
nisti'?; Whi'n didst thon come?
a-Deancatén — defender á otro, ala-
liar: defend another, praise.
Decolló — criar de nada: créate oul
of liothing
Deconech — cuchara, concha : simón,
shell (bivalve).
no-Dech, L. yadargranarat — lum-
bre: fire, light.
no-Dech — inüerun: hell.
no-Dech, L. nodek — fuego : fire.
no-Degalasaic — leña seca: dfy wood,
///el.
Dehoch — pareciii: carne in sighi.
was füiind.
le-Deyá — confesar otro : to shrive.
ne-Del — libros: books.
a-Delagaic — este año nuevo: Ihis
new year.
a-Delagaic, L. tres odi— (de aqui tres
años) este año nuevo: three yeará
henee.
Delahi, L. legó — de la otra parte : on
or from the other side.
Delathó, L. dató — asado : roast.
Deleuém — muerto: dead.
sasae-Dém — burlar de otro: laugh
at, iiiiike gome of.
lo-Dém, I., oipak alodem — hacer
leña: make fnggots.
na-Dená, 1^. sochi — patay: qaod si-
mi le, algarroba or other bread.
hana-Dená — tu pan: thy bread.
na-Dená, I^. ndená — - pan : bread.
a-Denách, L. palajchlrigrá — mor-
der la araña: to sling (of a spider).
a-Denagáth— ¿ corno te llamas?: how
are yon calledí
na-Denahá — mi pan: my bread.
sena cada-Denaynec — ola, ola, ¿qué
estas haciendo?: I say, whal art
thon diiing ?
na-Denaliá — panes: loaves.
ca-Denáth, L. ñachi.
— 266
Denegantay — iiacienciu tener: haré
¡lili ICIICC.
Denoyát— l;ma enredada: linif/led or
iiiiilli'd wuul.
n-Dep, I.. — agua en creciente: floüds.
Dequedá — pm- allá : Ihal way.
shi-Deranaqui, L. — pipa: pipe.
na-Desigém, L. anerashigém — ane-
njan^ar: Ixcl; up.
Desi-nedamiagá, L. nshirá — pan-
tanii: iiKitgni iré, slongh.
a-Dhialá, L. adhialá— (ven asi) luego,
presto : úii niedialely .
ylii-Di, L. —cacique:
ylii-Di, L. — otro cacique Toba, mu-
rió: Ñames of Caciques.
Dialá — priesa: haste.
a-Dialacohinéch, L. ianem — (darse)
darse priesa: niake husle.
a-Dialach — mover á ).)riesa: inove
ihisl ihj .
y-Dialaquió — de quando en ijuando:
iit/iv and Ihen.
na-Diám — Stdvailor: Sariuar.
Diasapáth, L. diasapattó — gana te-
ner; lo wa/il lo lio. lo lie inclinvd.
Diavich, L. diavik — quemar: hurn.
no-Dik, L. — fuego: fire.
na-Dica — quizá, él liurti'i : perhaps he
stole.
no-Dich. — quebracho blanco: Iree,
ivliile quebracho.
a-Diein — burla: inockern.
Dyeroni, L. — de mañaina; eafli/.
a-Digén, L. móo — paladar i'i gusto:
pulule or lasle.
Diguisát, L. — nombre de lugar: na-
uie uf a pluce.
a-Dihém — hacer burla: lo make a
fool of.
ca-Dihipirech — canilla: shin-bone.
Diigui, L. — Cacique hijo del Cacique
anterior Iliidi.
a-Diyalách, L. — igaalaték — presto:
quicklij.
a-Dijalá, L. auncainigá — apresu-
rarse : lo make haste.
a-Dijalac — fácilmente: easily.
Dilagá, L. niliá — reñir con otro:
iiuarrel.
Dilahuel, T.. laylichi — entrañas: vi-
luis.
Dilamach, L. soconók — mancebo :
ijoulh .
ki-Dili, L. — nombre de un i'ubol;
a li-i'e.
ca-Diliequetó, 1^. licté — lodillas:
Iniecs.
li-Dimehuécli, I,, laloló — convale-
cer : lo be convalescent.
ca-Dimich, L. mik, umik — nariz :
nose.
sa-Diná, T-. labrák — clamar: lo culi
Olll.
Dinach, I-.inák— picar araña: losling,
of 11 s¡i¿der.
Dinech, L. yerát — esinna: llioi-n.
sa-Dlni, L. adini — clavar: nail.
ui-Dini. L.— un [lajaritochico: asmall
bird.
Dinogón — manco estar: lo be luuie.
luaimed.
ua-Dinohó — (|uiz.'i él es: perhaps
he is.
Diocotini, L. diocchiguini — luz de
la luna: moonliglil.
Diocotigni — ya aclara el día: day is
(luwniny.
so-Dioch — no )iareci('i: lie did nol
lur/i up.
ho-Dioclietená, L. nquiduó — hasta
aqui : Ihis fur.
a-Dioetó — adornarse: lo aáomself.
Diogtigni — relumlnar : lo gliller.
Diogoni, L. — de mañana: Í7i llie mor-
ning.
Diohi, L. diohi — espantarse temiendo:
lo be starlled.
Dios — Dios : God.
Dios salmatá nahalate iade scauen —
1 líos est'i enojado contra el pecador:
God, is angry wilh the sinner.
Dios quotarien — por causa ó amor
de Dios: for God's suke.
Disahá, L. disoó — desear: long fo)'.
Disahá — gana: inclinaüon.
Disahá, \j disahá — desear: lo ivish.
ni-Disicolec yalech —el hijo último:
youngesl soti.
y-Ditaygé — ¿ adonde está ó adonde
ha iilo?: Wherc is he? where is he
gone.
Dite — crujir de ti-io: chullcring of
leelh froiu cold.
267 —
Dité, I., elemnomrá — tener frió: lo
be (:t)li_l.
Ditil, L. Ichill — iiiernás: leg>i.
y-Divage — dóiiile: luhere.
Divál — 'le valile: idle, free.
Djilroik, L. — uinigo malo: l>ad
fricml.
na-Dó, Íj. potaraní — montón : heap.
Dokshi — cristianos: chrhtidns
la-Dogonec — verno: son-in-lnw.
a-Doliiá, Ij. elok — azorarse: lo be
xcared.
a-Dohó — sombrero: hnt.
na-Dohó, L. nad'ó — soml)rero: hat.
ca-Dohoc, L. lolioc — piel: skin.
a-Doyagay — manco: linne, inai-
iiit'il.
la-Doyisi — cuanto más: ihe more.
Dolá — qiiebraila olla: broken rrock.
ne-Dolé — mnjercita: a rommon
ii'oinan.
na-Dole — montera, sombrero: hal.
ca-Dosapi — nalgas: bi'llockx.
sa-Dosigilahuel, I., djilroik — cruel:
'•/■//(•/.
ca-Doteltá, L. tiltadil — muslos:
Ihighs.
ca-Dové, Ij. luef — dientes : leeth.
a-Dovi, L. lok, casi lék — atrás:
belí iiid.
lay-Draik nawe, L. — yo soy negro:
1 aiii b/fick.
i-Duá, Tj. a'wacpi — yerba (pasto):
herb, f/;vrs'.v.
Duhuelé, L. loweló — fogón : henrlh.
Dusi — ilecir: lo sciij.
Dussi — bundirse: lo xi?ik.
a-Gá, agá-ay! — quejándose, oh!:
of pain or ache.
y-Gá — ¿cuál?: which?
hi-Gá — ¿quién?: who?
y-Gá Dios — ¿quién, cuál, i') qué
cosa es Dios ? : who or what is
(iodf'
la-Gaat, L. liyók, auyokén — desleír:
lo diíssolce.
ole-Gagá, L. olegrá — gallo i'i ga-
llina : cork or lien.
i-Gagá, L. nauaqué — sandía: wnter-
iiielon.
la-Gagadaysat — palmar: (/ palin
(¡riirn.
la-Gagay — palma: palm.
ole-Gagal — gallinas: hens.
hi-Gagál — sandías: waler-melons.
o-Gagám, L. aogrgám — apalear:
lo be labour.
le-Gahasitó, L. legresté — botón:
bullón.
ya-Gaic, L. yapagralcaik — canecer:
lo g)-ow grey.
ya-Gaic — mucbacho: boy.
ya-Gaic — viejo: oíd man.
ya-Gaicolec — vii>jecito: a dear oíd
iiiiin.
a-Gayá — acometer: lo allack.
lea-Gal, L. — talón: heel.
hi-Galiá — quienes: who.
y-Gamen — ¿cómo te llamas? whal
ií! f/oirr ñame?
y-Gamehenecó — ¿c<'imo haréis? how
will Ilion ¡jHi7i<ige?
y-Gamelayó ? ¿cunntos son?: how
many are Ihey ?
y-Gameuedacó quotogó? — ¿donde
buscaremos vestido? where shall
we louk for gowns.?
eda-granaqui, L. almirez: mortar
ya-Ganauuéth — largar la mano: leí
go Ihe hiind.
lace-Gancaté — arado; ploiigh.
sua-Ganó — sobar hombre: lo Ihrash
{(I mitn).
piji-Garalek, L. — yo soy de otra
indiada: / belong lo another tribe.
y-Gariém — ¿Cómo?: how?
o-Garrapata apela, L. micae — chin-
che, bincliuca: bttg.
ya-Gath, T^. chitagueniguini — nacer
sembi'ado: spring up, of a xown
field.
lla-Gatagá, L. chitaguen, laschi-
guem — luna nueva: neiv iiioon.
— 268 —
sa-Gatagnem — dar c-iientii: /o gire
(¡CA-Dii ni .
o-Gataigá — espérame: wnil for me.
y-Gatiacagé
;de dónile viene?:
ichi'iice comes he ?
u-Gatitigui, L. anachigui lasóm —
abrir |iiicrta: open n duor.
y-Gue — mi cal)allo: mi horxe.
yray-Gé — ¿á dónde vas?: lohiíher
(/oes I Ihou/
ygiriay-Gé — ¿ á di'mde vas?: whither
gocsl Ihniif
ygadeay-Gé — ¿á diuide vas?: %vhi-
llier goesl Ilion .■'
yritay-Gé cavayó — á domle t'in'' el
caliallo: whither ive ni íhe liarse.
yo-Gué — dientes: leelh.
adoyo-Gué — mis dientes: i/nj leelh.
ado-Gué — tus dientes: Un/ leelh.
la-Gué, L.lapiralá — escalera: ütdder.
say-Gegó — seguir: folloiv.
si-Guelanaté — examinar: e.ramine.
ya-Geliguec — mi red: mg nel.
y-Gemenonalá — ¿á qué hora?: ni
whal hour ?
y-Gemenonalá — ¿Tii'' hora? vluil
huiir f
ya-Guená — mi ulla: ing pol.
si-Guesocó, 1j. cahalók — descorte-
zar: lo %)eal off bark.
ne-Guetach — cabrón: he-goal.
ya-Guet — mis ojos: ;/(// eyes.
ada-Guet — tus ojos: Ihy eyes.
hi-Guetá — tibio: lukewarm.
cade-Getá — cosa ninguna; nulhing
ni (ill.
cada-Getá — pastor: shepherd.
si-Guetipinec, L. ereyüc — tullido
estar: lo lie bed-riihlen.
y-Gignéc maligi yalé — mis sobri-
nas, hijas de mi hermana mayor:
nieces, daughlers of my eider
sisler.
y-Giynéc maligi yaléc — mis so-
brinos, hijos de mi hermano ma-
yor: nephews, sons of my eider
brolher.
ni-Gillocó — volverán : Ihejí will
relnrn.
li-Giriogidrietadá — el ilia ya aclara:
ilinj is niiy dinrniíig.
y-Gui — mi dardo: //;// dnrl.
hi-Gui — grande hacerse: grow big.
si-Guiach — ración: ralion.
no-Guidac — otra vez: again, once
iiiorr.
Guidioch, L. quidiók — tigre: ligo'.
so-Goná, L. —conejo: rabbil or gnin-
)icii jiig.
so-Goná, L. — conejito: do.
no-Goncaté — boca de fuego: firearni.
dio-Gonok, L. — macho: male.
ano-Goqui — árgana: pannier.
ayo-Goqui —mi árgana: niy pannier.
yo-Goqul, L. xidigláy— bolsa: hag.
a-Gos, L. — el Cacique de los Kl-las:
Cacique of Ihe El-lns.
say-Góth, L. ataranék — cámaras te-
ner: lo be ill of diiirrhoea.
say-Goth-desaú — muy enfermo: ve7'y
ill.
say-Góth — enfermar: lo fall ill.
say-Goth, L. lalolá — enfermo: ill.
ne-Got, L negotoic — niño: child{m}.
mano-say-Goth-desaü — muy enler-
misiuin: lis ill as he well can be.
no-Gotá — huirse: flee.
nay-Gotagach — apostemar: lo deve-
lope II ItDiiour.
ni-Gotolé,L.negotoló — \ú\vA:child{i).
ne-Gotolech. L. lali — criatura: clnld
(m. and f. ).
ne-Gotolechñaca — muchacho: boy.
no-Gotosonách — herrero : black-
smilli.
si-Govi — quemar algo: biirn some-
lliinij.
i-Graa, L. — sandia: waler-melon.
Gravee, 1 i. — luna: muon.
Guaguilot, \j. — nomlrede indios, Ca-
ciipie (^luiñi: Ñame of Indiana.
lo-Guay, L. — nombre de una hija de
López: ñame o f Lopes daughler.
coda-Guay, L. — nombre de otra hija
de l.opez : ñame o f Lopes daughler.
a-Guayakip, L. — beber : lo drink.
ya-Gualacá — grita: shoals.
di-Gual — pereza : laciness.
Gualeneteneguet, L. lecnát — mez-
clar: lo mi. I'.
no-Gualelchét — grillos: fellers.
y-Gualesich, L. gualshik — luna:
opnnlia.
Guanagaic — l'orzuilo: slrung, liislij.
— 261)
Guargnagraat, 1^- — rebeiniiu' : liorse- I
whiji-
y-Guatalá, L. — un rio dv ayiia sa-
lada cerca de < 'orrientes: Salí ri-
rcr ncar Corricnleti.
Guatoynigi — sonar campana : Iht
lolling of a bell.
Gunagá — forzudo: lusly feilow.
su-Gutencú — padecer: io sujfer.
H
ua-Há, L. naag — (lia; day.
na-Ha cahaypé — días y noches:
dinn and nights.
a-Ha anatini — ¡ay, se me ha caido!:
rt/r(.s / liave leí it fall.
a-Há, ahá Dios — del que exchmuí
('i invoca: oh.' God.
a-Há, ahá — risa: laiujhler.
a-Há, L. aliksit —
a-Há saygóth. — si estás enfermo :
yes lie if¡ sick.
a-Ha — tengo : 1 have.
la-Hac — ¡ oy, qué abominable!: olí,
liow abominable.'
la-Hacich — si voy : yes, 1 will (jo.
sa-Hacó, L. naiaargaui — escuchar:
lo listen.
na-Hách, L. laták— cautivo: caplive.
cada-Hach — único: only, solé.
le-Hadagá — llama: calis.
sa-Hadagám — moler molino: grinds
I he mili.
la-Haeté — ventana: ivindoiu.
na-Hág — de dia : by day, day.
ni-Hagat — brotar el árbol: lo sproul
I of a Iree).
Hagepagat, L.parát — hacer trenza:
lo plail.
sa-Haguéth, I., lawigrán — ganar ju-
gando: lo u'i?i gambling.
la-Hagui — abrirse la ílor: lo open,
of a flower.
uu-Hahaulath. — azotarse: lo lash
oneself.
sa-Hayá, L. cdiavotapék, cpitó —
c.'ns(.'ntir: consenl.
sa-Hayaten — sé : / know.
la-Halli, L. lahali — saliva: spillle-
la-Halli — babas: slobbers.
si -Hala, L. amcainigué — darse
priesa : lo make hasle.
Tomo IX
Hala — fruta: fniil.
Hala, L. naalá — semilla: seed.
a-Halá — semilla : seed.
na-Halaguat, L. adiniliiktél — hin-
carse: lo hneel.
Halam — él ó ella: he o>' she.
na-Halat, L. nalawot — hinchado:
sioollen.
Halóch — palmo: hands-breadlh.
Ham, L. ham — hiél: gall.
da-Ham, L. — panza ó barriga: slo-
mach, belly.
ya-Hamagáth — salvar: lo save.
na-Hamen — untarse: lo smear self.
sa-Hamen, I^. uamnagué — untar:
lo sílli'iW.
sa-Hamen — juntura: joinl.
cada -Han, L. dahám — vientre:
ivoatb.
a-Han scauentá — tu malo: Ihoii
aii bad.
a-Hán — tu : Ihoa.
ra-Haná — duro está: il is loiigli,
ha ni.
sa-Hanataqui, L. nataraqui — hacer
ollas: inake pols.
sa-Hancató, L. laarnacté — almoha-
da: pilloiv.
la-Hanéch, L. tetaranté — hilo :
j/arn.
la-Hanegé, L. anegué— hacer ovillo:
make a ball by winding.
la-Hanegé, L. ygalagatteque — hilo
torcido: Iwisled yarn.
na-Hanléch — doblar: lo double.
la-Haponat, L. lahaponátt — amon-
tonar: lieap up, pile up.
la-Haponat, L. lahaponátt— amon-
tonar: pile up.
Hapuhini — amortajar: lo pul in
shroud.
— 270
lesa-Hat, I^. lehath— acabar de co-
mer: finish i'iilinij.
la-Hat, L lendahát — acezar : lo
pant.
ya-Hát — resuello : brealhintj.
la-Hatillalé — niña del ojo: ptipii of
Ihe eije.
Hatón, L. nomra —hacer l'rio: ii is
colcl.
sa-Haú, L. uautá — ir ilehitite: go
befare.
Havac. r>. lauacó — cueva: cavern.
cane-Hé, L. npé — cejas; ei/e-brows.
si-Hegen — iirobar, liacer: try, make.
Helé, L. helé — loro, papagayo:
pfo'rol.
Helóle — papagaj'o chico: smiiU ^mr-
w!.
Henná — he aqui: see Itere.
no-Henená — natural : nulive, na-
tural.
la-Heté — cai'pintero que hace ven-
tanas : ii'indow-maher.
ne-Hetón — escurrir : to ivrinc) oiil.
la-Hi, L. caiguilayil — sienes: letji-
la-Hi, Ij. uicchigui — vasija: vesseh.
li-Hi, L. lihi — caldo: broth.
la-Hi, L. layel — costado: side.
li-Hi, L. lihi — materia, pobre: mal-
ler, corruption.
so-Hi, I.. lalcaik — miedo: dread,
fear.
la-Hi, L. layi — mitad: luil/'.
ni-Hi, L. niacaik — (pedorro) pedo •
fíirl.
no-Hic, L. noyik — casa: hoiise.
no-Hic enná — por casa: by wai/ of
1111/ boiise.
li-Hicáph, L. lihigál — anca: hind
quarlera of horsc.
Hicogotapech — aquel que camina :
lililí iiKiH lüalking Ihere.
no-Hicoléc — casita: small house.
no-Hich, 1.. disiü— barro: carlh,
in ud.
no-Hich — cárcel: prhon, goal.
no-Hich — casa : house.
no-Hich, L. nohigueltá — cimlai!,
pueblo: cily, Imrn.
no-Hich, L. naigueltá — pueblo :
toivn.
no-Hich, L. noyik — rancho de paja:
ivallle ranch.
Hidich, L. hidik — amigo : friend.
Hidioydé, I.. coroittó— aclararse el
tiempo: clearing iip, Of wealher.
la-Hye, Ij. naconá — botija: vessel,
jar.
Higogilote — encender vela: liglil a
candle.
Higni — teñir: dt/e.
no-Higuá — sal: salí.
Higuet — dar ¡lesai-es: cause grief.
sa-Hihim, L. ouayim— llechar: iroiind
v'illi. arrow.
y-Hiyá, L. diauhsunuktaniá — con-
migo: irtlli me.
sa-Hilleü — inmortal: iiiiu/orlul.
Hij — nrca: chesl.
Hijnach, L. naelalá — abispa negra
(San Jorge): ivasp.
la-Hil — pedazo : bit, piece.
Hilich — raj'a: ray.
Hilóte, L. lote — (pestañas) cejas:
('//(' hrütrs.
no-Him, L. noyin— llorar: cnj, weep.
no-Himá — lloras: ihou weepest.
li-Himé, L. lihimé — acabar de ha-
cer: to have just niade.
a-Himualay — preñada estar: lo be
piregnant.
as-Hinalawak, L. — nombre de lugar:
naiue of a place.
si-Hini — perder: to lose.
s-Hin'ok'qui, L. — otro cacique de
lijs Tobas: a Cacique of Ihe Tobas.
Hipo-sahuen, L. erayúk — andrajo,
tiMpo: )'iig ur taller.
Hiquihi, niquihi, L. hiquihi — alma:
soul.
y-Hisich, L. lashik — rostro : fice.
lo-Hiuá, L. louiá — espulgar: lo
¡lick out rermin.
lo-Hó — coladero: slrainer.
lo-Hó — espumadera: ladle lo skim
n/f friilh .
cada-Hóc, L. looc — pellejos: skins.
de-Hoc, L. — piel: ski>i.
lo-Hoc, L. — piel: skin.
lo-Hóc, L. lohoc — nube: clouds.
la-Hóc, L. look — cuero : hide.
lo-Hoc — cascara: shell.
o-Hoch, L. look — cascara: shell.
— 271
lo-Hóch, I,, cohócchin — añilar:
/o 1/0.
yo-Hóc, 1.. cok — cuerpo: hodi/.
lo-Hocli ni ibó — me paseo en mi
casa: / irrilk about in my house.
si-Hodém — pobrecito : poor lillle
felldw.
yo-Hoge, L. toqué — pecho: breas/
(ches (.'').
si-Hogoth — acusar : lo acense.
no-Hogoncaté — arcabuz: arque-
biife.
a-Hoiquedactaqué — para abajo:
(lownwiirds (el acta algo borrado).
co-Hóy, L. sogoná — ama que cria:
wel-nuríie.
a-Hoyquedactapigén — para arriba:
iipwdnis.
a-Holay, L. loctén — medir: mcn-
siu'e.
lo-Hom — apagado: e.vlinguished.
ni-Honá — emborrachar á otro : to
make anolher lipst/.
alo-Honi, L. yauiktapók — arder:
/o biirn away.
sa-Honim — aumentar: lo increase.
a-Hoonagán — cantar: lo smg.
Hoquisóp, L. apatranqué — alrede-
dor poner: lo place (ir-onml.
so-Hotanech, L. hotarnik — quitar:
/(;/,;(' from or away.
lo-Hotá — nervio: nerve, muscle.
so-Hotiné, L. nierohani — esconder:
lo liide.
yo-Huac — mano mia: my hand.
la-Huách. — gotera: drops of raÍ7i
Ihrough llie rooj.
Huayallagat — amenudo: oflen.
Huapagém, Ij. parguém — amansar:
lo lame.
Hucó, L. aula — enviar: lo send.
la-Huel — entrañas: entrails, bowels.
sasi-Huelanaté, L. autoetá — acor-
darse: lo remember.
chi-Huenetáp — abochornado : asha-
1)1 e<l.
a-Huich — adornar: lo adorn.
e-Hunná, L. naco-ná — greda (olla):
earlhen, clay for pols.
a-I, L. ae — no: no.
a-I — tampoco : neilher.
le-Iá — otro: anolher.
cadi-Iá — próximo : neighbour.
laalek yllonek, L. — dame tu cuchi-
llo: givc me Ihy kiiife.
lakip, L. — dame á beber: give me
(i drinli.
lacogsigni— clariilad:pZe«íi/o/7¡(7/i7.
ni-Iach, L. niyók — pescado: fhh.
lách — aynas ('i casi: almosl, nearJy.
lácli — casi: almosl.
lach, yach — del que cae en la cuenta
que se le habia olvidado: exclama-
lion 0)1 re))iembering so)nelhmg
forgolten.
cadi-Iá — próximo: neighbour.
y-Iagán — largáronle: Ihey leí hun go.
o-Iaganá, L. iyaraná — llamar: lo
cali.
lagantá— dedos todos: all Ihe fin-
gers.
lagantacote, L. yaratalaté — dedo
pulgar: lha))ib.
laginiagac — parentela: kindred.
lagnagáth, L. calehená — hilo: j/n>vi,
lh)'ead.
laguá — próximo mió: my neigh-
bour.
e-Iahác, 1.. lacchigueloac — ma-
nojo: bundle.
lahalé, L. yaló — hombre: 7nan.
lahalé — hombre: ))ian.
lahalec — hijo: son.
lahalole — hombrecillo: lillle man.
lahantalate — dedo Índice: índex
Ji)ige)\
a-Iaic — demonio: devil.
a-Iaic — deshonesto: coarse, obs-
ceno.
972 —
a-Iaic — iliablo : devil.
a-Iaic — horrorosa cosa: horrible
lliing .
lajnodi, L. — Cacique ile los Imlios
Correntinos: Cacique of Ihe Cor-
renlino Indians.
lalá, L. — venir: lo come.
lalatigi, \,. cassognrá — tiucno:
Ihiindet'.
lalé, L. yalolé — liija: dm/r/hler.
lalé — hija del padre: fathevs dan-
gliler.
lale quecanaga yocodelec latap
dige etliagath — aliijada de bau-
tismo: god-daughler.
lalé — hija que yo engendré: dau-
ghler I have begotlen.
lalé nathedac — hija única: only
dnughler.
ac-Iale haháe — i'i lionilire, venga:
0 lililí}, come hcre.
lalé nisa negotolé — la prohijada ó
ailoptada por hija: adopled d<rii-
ghler.
lalé, 1j. yalé — varón: male.
lalé (j?), L. — hombre: man.
lalec nisa uegotolec — el prohijado
i'i adoptado por hijo: adopled son.
lalec decohó — hijo que yo parí:
///(' soné I bore.
lalék, L. — este es mi hijo: Ihix is
III // son.
lalek, L. — hijo mió: my son.
laléch, L. yalék — hijo: so?i.
lalech — hijo varón de padre: fathei's
siin.
lalech nathedac — hijo único: onlg
sun.
lalech — liijo ijue yo engendré: son
1 liegol.
lalech quecallacatá — hijo primogé-
nito: firsl-born ion.
laledepí — gente: people, nialiilude.
lalelatech — suciedad, escremento:
iirdiire, diii.
lalelia — hombres: men.
laleripi— gente: people.
sa-Ialigdi — reir: lo laugh.
lalolé quecallacatá — hija primogé-
nita: jirsl-born dnughler.
lalolé — liombrecito : lillle man.
lalolék, L. — sable: sabré.
sa-Ialgaden — regocijo : rejoicing.
sa-Ialgeden — gozo: enjoyment, de-
liglii. jilciisure.
sa-Ialgeden — alegrar á otro: toiiiake
aiiiillier ijliiil.
se-Ialgedem, I^. noyikpek — conso-
lar : hi consolé.
sa-Iamác — tartamudear : lii slaiii-
III cr.
sa-Iamagath, L. yamrat — guardar:
lo pul au'ai/.
la-Iamé, I-,, yameleú — desmayo:
fiiiiliiifl fil.
la-Iaminochini, L. ayadiantáp — sol
pcuierse: siinsel.
la-Iamisóth — blandamente: sofUy,
genlly.
le-Iamóc, L. nitapék — madurar
l'rut'i: lo ripea us frii.il.
lana, [>. lana — nuca: nape of neck.
hi-Ianagáth — nombi'e tener: lo be
called.
lañé, r>. orea — itejar: lo leave.
lanéch, L. laanék — señal: sign.
lanegué — regar: lo water.
laném, L. yaném — merecimiento:
deserls.
lanemó, L. yané — entregar: lo de-
lirer.
laneuech — ilescolgar: lo lake or cal
ihiu'll.
la-Iani — tentación : lemplalion.
lanich, L. lanik — soga: rope.
lanuch, I^. lanúk — quijada: jaw.
lapagác, L. paigrgáic- blanco: tvhile.
lapagagagi — lilampiear: lo wliilen.
n-Iapéch, L. napék — dos veces :
lirirc.
laraig'ló, L. — truta chica colorada,
pjenca: smallred fni.il of opii.nlia.
larat, L. — espina: thorn.
lasáph — anca de animal: aniíiiaTs
hind-qiiarlcr.
laside, L. lashiidé - llanta: ¡I ule.
lasodo lanolé — mi tia, hermana me-
nor de mi madre: my aunl, mo-
llier's yoanger sisler.
a-Iatt, I/. — mosquitos: mosqitiloes.
late yalé — hija de la madre : molher's
dnughler.
late, L. la'té — nnxdre: inolher.
latecb, L. laték — estiércol: ihnig.
— 273
latehe lopileté — hijo d.; lii luailri':
iiiiillicr's !<on.
latehe lopileté — mi tia, lieniiaiia
mayor ríe mi maili'e : ¡nyaunt. ¡iio-
Uiff'x elrlesl sister.
Idtelcayá — mi tio, liermano lU- mi
iiiiiili'i': iin/ iinclf, molhui-'&brolher.
na-Iatén — vituperar: lo nbuse.
sa-Iatén. L. sayatén — saber: lo know.
na-Iaten — inMisar: lo Ihink.
na-Iatén — juzgar: lo jiulge.
na-Iatén — luego, según esto: sto, in
llull rtlíie.
na-Iatén — estudiar: lo slurly, lerirn.
sa-Iatenó, L. aparetpec — aprender:
lo lein-n.
latentá — correo, chasque: mesxe?if/e/',
roiirier.
a-Iauú — efectuar, acabar: finish.
(ICfOlllplisIl.
la-Ié, L. cuaipalit — corral : ^jsw for
ciill/e.
la-Iel, Ti. — costado: side.
lelacalat —de repente: suddenly
se-Ielgidi — holgarse: lo enjoy one-
self.
a-Iem nadé asopotelahé — yo estoy
junto al libro: / (íiií cióse lo my
hnok.
a-Iem uoentá — estoy bueno: / (im
well.
a-Iem ytahaló — mudo estar: / do
)iol speak II ivord.
a-Iem silotapec — viéndolo yo: if
I sce il.
a-Iem silotapegá — viéndolo yo:
should I sce il.
a-Ien — yo : /.
no-Ien — llora: cries, weeps.
a-Ien noentá — yo bueno: / am
good.
a-Ién yiadasa Pedro lenovi noMc
— yo he venido de casa con Pedro:
I cnme from i/¡y house wilh Peler.
sa-Ien noenta — salud tener: lo be
in yood heallh.
a-Iengualagai, L. gualgray — estar
preñada: lo be pregnanl.
a-Iera, ].. — Pud. Muí. °.
la-Ii, L. ilolegalai — vaina: shealh.
s-Iiagá — sobra : ü is over.
no-Iik, L. — casa: house.
lidé — mi libro: my booh.
liyo, r,. ni yá — junto: niyh, ne.cl lo.
liyó — juntamente: joinlly.
d-Iilroyukeldá? L. — él es malo: he
is Ijiid. icicked.
a-Iim noen — estar malo: lo be ill.
a-Ió — no quiero: / tuill nol,
a-Ió, L. á-i — no querer : nol lo be
icilling.
lomi, I^. — esa es mia, ó mi plata:
Ihal is mine, my money.
sa-Iocoyná, L. coyná — poner tram-
pa : lo sel (I Irap.
a-Iocoté, r. ayiógrót — mió: mine.
locoví coviodaic, L. covvi — anui-
rillo: yellow.
nii-Ioch, L. iyók — (con a;?ua) gua-
ra |in: stigitr cañe eider.
ho-Iodagaich, L. toyarachigui —
hender: spjlil.
logiapé — enjugar boca: lo rinse
mmilh 01(1.
sa-Iogoni (?) — duviar.
so-Iogón, L. ironray — silbar: lo
U'hislle.
a-Iogoqui — faltriquera: pockel.
sa-Ioguí — vengarse: lo revenye one-
self.
lohantá — deiios todos: all Ihe fin-
ye rs.
o-Iohicc — mano derecha: righl h/ind.
loyí, ij. layi— lado: side.
loyloletá, L uilrol — temblar : lo
Iremble.
lolé, L. eslabón: sleel for flinl, linJi.
lolé, aló, L. toco''wit — indio ó in-
dia: Indinn.
loléch, L. tala loygué — orilla del
rio : rirer's edge.
na-Iolel — nacer, brotar: lo groiv up,
sproul.
loló, L. — pequeño chancho: silceslre
peccary.
ni-Ióm, \j. yóm — apartar : lo sepja-
i-illc.
ni-Iomo — yo quiero agua: / want
wiilcr.
losohuá, I>. yapuá — amistad tener:
lo be friends ivith.
n-Ioth — muchacho : boy.
no-Iotecaydá — mismo : same. self.
a-Iotegá — estorbo : obslacle.
274
o-Iotegá, ]j. colarattapiyi — ap;u-
tar: lo sepárale.
n-Ictholec — niucliarliito.
lové, L. luef — (lifiite: loulh.
a-Iovó — vestiilü mió: my dress or
gavtuenl.
ere-Iuk, L. — luna nueva: tiew nioon.
a-Iulá, L. luksyunik — abreviar: to
sliurtcn, iiiake shofl wovk of.
lulul, L. — pasto verde: green grasa.
la-Ium — veces : limes.
la-Ium — á veces: somelintes.
José Bardeuak, L. — Cacique Je los
ladrones del campo: Cacique of Ihe
robbers.
José, fj. — Cacique: a Cnciq/ie.
Juan José, L. — Cacique de los la-
dronas del campo.
lo-Lá, L. lolá— turma de animal:
aiiimal's lesticles.
lo-Lá, L. — testículos : lesticles.
a-Lá — trigo: loheal.
na-Lá, L. nalá — sol: sun.
a-Lá — semilla : seed.
a-Lá, L. aura — mazorca : cob of
inaize.
y-lá — bisabuelo : great-grandfalher.
Lak, L. — lomo: loin, back.
le-Lacath — criado: servant.
no-Lacatigi — luna llena: full moon.
no-Lacatigi — luna creciente: moon
crexcenl.
no-Lacatigi, L. larachigui — llenar:
lo fin.
sa-Lacó, L. lalactapúk— aullar perro:
il howls, of a dog.
le-Lácli, L. ellák — corcova: hunch.
le-Lách, L. laralpinik — espinazo :
back-bone.
le-Lach, L. lelák — matadura; raw on
a beasl.
si-Ladini, L. ladini — enterrar muerto:
lo barí/ Ihu dead.
Laelshik, L. — tripas: guls.
yo-Lagayé, L. calauéy — barba y su
pelo: chin and beard.
no-Lagatitigí — echar á perder ha-
blando: iiiaJie a mes.'< of il lalking.
si-Lahá — elegir: choose.
si-Lahá, L. menarát — mirar : lo look.
sa-Lahán, L. yeranaeraik — convo-
car: lo cali logelher.
a-Lahanogé — entortar: lo mnke
croolicil .
Lahavitani — ya es tarde : il is al-
rendy lalc.
Lahi, L. aloík— mano derecha: righl
hand.
Lahi — muladar: slablcs (males).
Lahi — retazo de ropa: piece of gar-
ment.
di-Lahuel, L. laylichi — entrañas:
liowt'ls.
Laydagaic, li. laydraik — oscuro:
da)k.
aiaja-Laik, L. otro: anolhe¡\
Laidraik, Ij. — negro: black.
Laidreik, L. — negro : black.
Laylini, L. laylni — en medio: in Ihe
luiddle, between.
Laylissic, Íj. laylishi — tripas: guls.
Laylisi, L. laylishi —intestinos: in-
tcsliiics.
Caytá — oler ó dai olor: smeU, or
stinli.
Layum — á veces: al limes.
me-Layó, L. luknunráy — cuentero:
lell-lale.
Layosoü, L. lamy — muchos: iiiany.
ne-Lalagath, L. maniguet — es-
campar: to stop raining.
a-Lalapó — terrón : ciad, lump.
275 —
Lalahatli, L. lalagrát — enjambre:
(/ sw<iriji.
Lalegé, I.. cipogrgón — espesar :<o
Uiii-kcii .
Lalimacaú, L. lalimac'ú — esquina:
cunier.
y-Laló, L. yaló — (de cuero) manta
(le indio: Indian's blanket.
Laloló, L. — enfermo: ///.
di-Lamácli, \,. soconók — mancebo:
¡loulh .
sa-Lamadetá — pocos: a feív.
no-Lamagn¡, L. cayasiguenók — sol
alto: xiiii hiyh in lit'itvens, late.
sa-Lamát — fuego apagar: ío exlin-
ijuish.
sa-Lamateta — pocos: a few.
lo-Lamech, L. lolamék — hígado:
lice}'.
y-Lametalech — redonda cosa: a
riiinid lliing.
Lanác — vienen: Iheij come.
a-Lanegé — devanar: lo wincl.
Lanik, L. — faja: band, girdle.
Lanoco, ]^. — carrillo: jaiu.
Lañará, L. — alto : high, lall.
Laoa, L. — ala: tving.
sa-Lapóch, I^. ealapék — malear: lo
limil for ¡toney.
Laralók, L. — despellar: pare off
fil.
la-Larátt, L, — piojo: loase.
el-Las, L. — tal vez los Vuelas: pej--
liiiiis Ihe Vilelas.
a-Lasigué — merecer: lo be ivorlhy
üf.
ne-Latách — esclavo : slave.
na-Latagá — peleemos: leí us fighi.
sa-Lauách — barrenar : lo drill.
au-Lauách — orador: onilor.
sa-Lauath, L. lawátt — matar: lo
kill.
si-Lavahay — juzgar: lo judge.
a-Lavati — condenar á muerte: lo
condemn lo dealh.
sa-La'wat, L. — yo me mato : / kill
nn/^clf.
me-Levemath, L. sarnadiné — aca-
bar de hilar: lo finisli spinning.
Lavit, L. lawit — tarde del dia : lale
in Ihe day.
me-Lé— ¿cómo estás?: how arl Ihou?
o-Ló, L. — pájaros negros: black
birds.
salo-Lié, L. — pájaros alas coloradas:
birds u'ilh ri'd irings.
sa-Lecolé, h. apapta— (mojada cosa),
aguanoso: wnlery, damp.
Lechát, L. Ikát — hierro: iron, co-
bre: copper.
o-Ledemá, L. naguishik — conejo,
viscacha: rnbbil, pi'nirie-dog.
Leená — ya es ile dia: it is already
ddij liyhl.
code-Legnetagáth— bautizar: lo bap-
lise.
Legreidé, L. — Cacique de los ladro-
nes del campo: a Cacique of Ihe
rohber Iribes.
no-Lehenó — rogar : lo pray, beseech.
a-Lelagatini — esparcir con las ma-
nos: lo scaller handsful.
si-Lemonegá — dormitar: lo nod.
a-Len, L. — adiós: good bye.
nau-Lená — carreta : cari.
Lenahá — dia, ya es : il is now day
lighl.
Lenahaug — al medio dia: al mid'
day.
a-Lenó — tomar i'i tener; lo lake or
lia ve.
León, L. — Cacique: a Cacique.
Lera, L. — talón: heel.
Lesatón — ya recordé: / remember
noiv. or I am awake al lasl.
no-Lesinó — arrepentirse : lo repenl.
Lesiolác — ya estoy de vuelta: / am
back al lasl or now.
e-Leú, L. — está muerto: il or he
is dead.
Leu, L. morir: lo die.
e-Léu, L. — la muerte : dealh.
si-Leuem quiph, L. lemlakíp — sed
tener: lo he Ihirsiy.
Lidavá — mi cuñada: my sisler-in-
laiv.
Lidimehuéch, L. lalolo — convale-
cei'; lo gel beller.
Ligchiqui, L. — Cacique de la misma
familia de ¡os de adentro: ñame
of a Cacique.
Ligiriogidrietadá — el dia que acla-
ra : day is dawning.
a-Liyt — pared de tierra: mud wall.
— 27G —
a-Limacavó — qurljrada de rio: bed
iif rici:r (rtillcij).
Linigui, L uiyim, L. sogonaso —
coiuadreja: opossum.
lo-Liqueté — |mntai'.
Liraton — ya despierto : noiv tiwake.
lay-Lissi, I.. — tripas: guls.
sa-Lmatá, I-. lalematá — enojarse:
lo /li/ inlo (I riifjc.
a-Ló, L. aló — lieuibra, animal: fe-
malc of (uiiinaLs.
a-Ló, \j. aló — iiinjer: ivoman.
a-Ló, 1j. pialasél — [danta de pié:
íiOlC of fool.
a-Loá, L. woloá — mujer casada:
mavvied wo/itan.
lioc, L. — nuljes: clouds.
a-Lok, L. — comida: dinner, fuod.
no-LiOcotenach, I^. aloknát — enipa-
i'ejar : lu lerel down.
a-Lóch, L. loók — largo: loiig.
a-Lóch — laja, losa: s/ab.
a-Loch, L. loók — muy largo: venj
Ivng.
a-Logtagni, L. lojtarni — mosca : flij.
o-Lolio, L. atak — cabra: goal.
na-Lolió — correo: coiirier, post-
ín a n.
a-Loihi — madurar grano (postema):
to ripen {tuDiour).
a-Loj, L. — mujer: womnn.
ay-Lolá — borrega: ewe Unuli.
Loló — vela: candle.
si-Lolec nede — yo leo : / read.
Loleló — despaA'iladera : snitff'erx.
so-Lomnodeon, \j. analón — encen-
dei' fuego: liglü a fu-e.
a-Loné, L. aloné — helada : frost.
ha-Loui, L. alonl — helar: lo frceze.
a-Loni —nevar: lo snou'.
Loní, ]^. — helada: <i frost.
Lonió, L. — helado: freezing cold.
ne-Lopi — lutcienda : entile.
ne-Loth, L. Ipuél — rama: boiighs.
a-Lotagani — mosca : //;/.
Lotliaij — ea ]iues: come now.
no-Loticaená, L. nauaknaracté —
sicmpi'e: evi:)-.
y-Loticaymó — empezar : begin.
Lovi, \,. lelók — detrás: behind.
ai-Lpolló — cóndor : cóndor.
a-liuá~ plato de barro: enrlhenivarc
pldte.
a-Luyagnatith — orar: to ¡mn/.
Luej, L. — diente: lüol/i.
LL
Lilacauissá — todavía es temprano :
it is still early.
la-Llacó, L. — hombros: shoulders.
cu-Llagá, L. — al norte: to Ihe norlh.
Llagaavitetá — temprano, á buen
tiempo, antes de amanecer: early,
by times, befare day-hreal;.
sa-Llagadaic — vilísimo: mosl coii-
leinpliljle.
so-Llagay, L. soUagray — malparir:
to iniscarri/.
Llagnec maligi yalé — sobrinas, hi-
jas de su hermana nuiyor: nieces.
daughters of eldest sisler.
Llagnec maligi yaléc — sobrinos, hi-
jos de su hermana mayor: nepheius,
sons of eldest sister.
Llahan, L. pategué — torcer: to
tu'isl.
Llahathi, L. leachi — pastorcilla :
til lie s h ep herdess.
lilalloté, L. dachimi — perdiz pe-
queña: siiiall partridge.
Ue-Llecté — rodilla: knee.
y-Lleú agi laguél, L. ualgrgey —
abortar; lo intsciUTy.
y-Lleú, L. ylleú — cuerpo muerto :
dead body, corpse.
y-Lleü, L. ylleü— espirar: lo e.rpire.
y-Lleú, L. ileú — morir : to die.
Lleugá — moscardón : blue-bottle /ly.
y-Llictapek, vel, tapegá — yo co-
miendo: I ain ealing.
Llikillacte, L. — hígado: liver.
2
Zl I
y-Lilicte — mi i-odilla: iiiyhnee.
ya-Llihi — cufuiilñ.
adi-Lliqueté — anuilillaos ; knccl
(linvit.
y-Lliqueté, I;. likté — rodilla: knce.
i-Lló — mi peiTo : my clog.
yna-Lló — tii perro : Ihy clog.
a-Lloa, I.. — tierra: earih.
ki-Llog, L. — tigre: lir/er.
Llogtagá, I., leotará — más: mure.
Lloliolé — prima spuimila: xccortd con-
sin {(.).
Lloléc — mi [irimn set;iin(lo: xccond
r(Jil:;in (m.).
y-Llonec utocatiá? - has tocado el
i'uchillo;'; liii^l /lio// to//ch<'(l. Ihe
hnife.
ho-Llollech — t('irtola: ti/rtle-dove.
aday-Llonéc — tu cuchillo: ihyknife.
yay-Llonéc — mi cuchillo: my hnife.
y-Llonech, I,, yllonék — puñal: dar/-
gi-r.
y-Lilonech, L. illonuc, illonek — cu-
chillo : kn/f/\
i-Llonuc, L. —cuchillo: knife.
Lloté — hacer aguas : lo ease self.
Lióte, L. lote — mear: t0 2^is.s.
Lloteltá — nervio de pierna; nerve
of leg.
a-Lluá, ].. aloá — tierra: e/irlh.
a-Lluá, I.. aloá — suelo: gvo//nd.
a-Lluá, L. aluá — polvo: dusl.
a-Lluanatagaqué, L. paraquialluá—
olla de barro: /'/i /■U/eino/i i'// pol .
M
qiie-Má — sal: ^/tll.
a-Má, L. towé — sal: x/tU.
a-Má — pezi'm de fruta: f'/'/iil-sl/illc.
a-Má — saber bien el manjar: lo
l/ixie well.
no-Má, L. nomrá — invierno: ivinlef.
yu-Má, L. loma — cama: Ijcd.
lee-Maca, L. nipeén — errar viendo:
lll ííí/N-Nt'C.
na-Macatapéc — i.-am|Hi; iqien co//n-
//■//.
Maktani, L. — lluvia: i'/ii>i.
na-Mách, I., tagroi — tuerta cosa:
</rjuked Uiinij.
nic-Mach — mano izquierda: lefUu/nd.
e-Macli, L. emák — mano izquierda:
i/'fi h/inil.
na-Mách, 1.. lanák— corcavado estar:
lij lif /! h// mli-h/iik.
e-Mách, I., emák — brazo izquierdo:
lefl //)•///.
Machacayá, L. — tu hermano: Ihy
lir/>lh/'/\
a-Madaktak, I^. — tu dices: ll/o/i
sayesl.
que-Madagá — loma : ridge.
que-Madagá — lomo: b/ick.
que-Madagá — risco: xleep rock.
Tumo IX
\ ye-Madech— enlucir: lo makebrighl .
j a-Madech, L. amadék — raspar: lo
¡ üi/'/rpe.
na-Madéch — alizar : lo xiiioolh
j dOll'17.
co-Madedach, T.. onalék — á solas:
I /il/i//e.
Madeté — tienes frío: Ihoii nrl cold.
[ Madiamaú — ¡ ay que bueno ! : O. how
nice.'
te-Madileú, I^. temeleú — desma-
yarse: lo f/i/'nl ii/niy.
Madiodiayc — excelente : e.vcellenl.
que-Madit — pared de piedra: .s/o?2e
ivall.
yga-Maditaygen — ¿ hacia dónde ha
ido?: tvliillif/- í.s he goneí
sa-Madomó — olrecer: lo off'er.
no-Magá, L. tap — verano: summer.
no-Magá — trio; cold.
que-Magaic — ofensa: nflense.
gua-Magagec, L. chimaran! ^ la-
deai': lo Incline.
li-Magani — hoyo; hole, pil.
liio-Magaqui — tacho: rn/tidron,
l/oilcr.
na-Magasó, 1^. nmagasó — calzones:
/roíi'ser.v.
2 2
278 —
sala-Magasigém — enderezarse: lo sil
ur s/inícl iijj.
oya-Magáth — cabrero, cabra; i;oal-
lirril. ílñiil {ijuiit dog ^).
y-Magi ygamelagi — ¿en qué tiem-
|)i;i:'; ivluil lime!
sala-Magitini — enderezar: lo slraigli-
len (tul.
Magnaygoth ? — ¿estás enfermo ;' : « /•/
Ihow iiU
sa-Magni, I,, marani — ilnrribar: lo
OlfCI'-IIl}-OW.
la-Magni, 1-. oncolló — piijaro: Oird.
a-Magni, L. aramák — rempujar: lo
ptisli.
co-Mahá — abajo de algo: tender
xo/iielli.iiig.
no-Mahá, L. nomrá — IVio hacer: lo
be fi)lil.
nio-Mahám, L. niomagran — dar de
b' lier: lo tualer (liorses, ele).
ya-Mahasó — calzones: Irowseis.
Maic — sauce: willow.
Maich, L. maik — serpiente: serpenl.
Maichayugót, L. — este pan es mío:
lliix Ij retid is: mine.
Maichalokanmimadi (?) — este pan
es (k' ella: Ihi.'í hijead is hers.
Maichalogot, L. — esa plata es de
ella: Ihnl moneii is hers.
Maichatá, L. — tu padre: Ihy falher.
Maichok, L. — este pan es tuyo :
Ihis hreiid is Ihine.
Mayatagué, L. cayoó — (allá lejos)
aculL'i : in Ihnl olher place.
Mayolavá — pluma : feather.
Mayoyatón — necio : foolish.
Mayú — tordo: a Ihrush.
ne-Malá — humear: lo smoke.
ne-Malá — humo: smokc.
y-Malá, !>. — gato colorado: red cal.
Malak, L. — humo: smoke.
y-Malacatá, L. malactú — enturbiar
agua: lo piuldle wiiler.
y-Malach, I .. ymalák — azul : blue.
Malagaic — gargantilla: neck lace.
Malagaich, L. tugradaik — lagarto,
iguana: liaard, iyitiiim.
Malagaich, L. malraik — lagartija:
liiíirrd.
Malagi? — ¿cuándo?: wlien'
y-Malagi? — ¿cuándo?: whenf
Malagui? — ¿desde cuándo?: si7ice
irhrn !
y-Malaquio caga sagnanách ? —
¿cuáinlü semliraromos? : when shtill
'ive sow '(
Malaquio cadameuéch? — ¿cuándo
sananas ?: u'hrn ivill Ihoii (¡el
beller.
Malcopitá — tu quieres: Uiua ivish-
es I II.
Malcovat ?
; tienes liambre:
iirl
I /ion hiinyry?
y-Maleyó ? — ¿cuántas veces?: Iimu
uflen !
Malereiqué, L. — Caciipie bermann
de José: ñame of Cacique.
Malhá, L. malhá — ahumar: lo fill
willi smoke.
Mal-lum, 1;. — luna nueva: nev.,
moon.
Malraalé, I-. — nombre de lugar:
ñame of a place.
Mamotiaga — exceder : lo e.rceed.
Managtité — marcar, errar: lo brand
or mar!:.
la-Managui — vete luego: go al
once.
Manaké, I.. — melón: melón.
Manich, \,. manik — avestruz : rhea.
Manoentá, I., aloic — brazo derecho:
rii/lil ana.
co-Manta caleguec — el mes que
viene ó la luna (jue viene: nexl
moon or monlh.
a-Máp, I.. map — algarroba blanca:
ir hile proso^jis.
Máp, L. — algarrobo blanco: Ihe
I reo of Ihe wliile pod.
yso-Mapóch, L. somopék — andar
desviado: lo have missed Ihe road.
Mapik, \j. — algarrobo: prosopis
diilris, a Iree.
a-Mapich, L. mapik — algarrobo:
see former.
Mapsataniguí, L. — nombre de lu-
gar: na me of a place.
y-Maquitagé — ¿de dónde viene?:
irltence co)nes he?
la-Marani, I>. — garza: heron.
Marcopitá — ¿ lo quieres?: dos! Ihoa
ira II I iU
Mariayaten — maestro : masler.
— 279
Mariayateú — si'ibid: wixe.
Marialavach, l>. dapik — panal:
lioney-comb.
Mariano, 1.. — Cacique (^focowit):
(I Miiriici Cacique.
Mariatén — olicial: ¡ifficer.
Marinoenta yotiagá — sueño bueno:
yood dreaiii.
Mariogot, L. — esa es tu plata: Ilud
is i/our iiioney.
ori-Marizo, I.. ñaató — naiiz tapada:
[iiig niisf.
Marugpicheú, 1,. — (u lue ipiieres:
llioi/ hjres/ ini'.
Massaygé — por (l.'mde: which wat/.
Masataygó — por ibjmle: which way.
Mashcoi, I,. — Indios do cerca del
Paraguay: Indians near Pani-
íjmni.
a-Masiquiagath — exauíinai-, liacer
i-ar^(i: lo c. •■amina, lalie account of.
Mashiwadon, I..— casado: man-ied.
lesu-Math, I.. lisumath — acabar de
sembrar: lo /inisli Kowitif/.
ti-Math, I.. laliali — (de sapo) es-
puma: fral/i.
sal-Matá, I.. lalematá — enfadarse:
lii lir angrij.
sal-Matá — airai'se: lo bv ojfended.
sal-Matá — está enojado: he is an-
iji'íi-
sal-Matá — ensoberbecerse: lo he
orcflieaving.
sal-Matá, L. lalemactá— irá: wralh.
sal-Matá, L. lalemactá — indignarse:
to he mad or wrol/i.
sal-Matá — resongar: lo gr amble.
si-Matacaic, L. simatraic — mez-
quino: sHhíjij.
y-Mataycó — ¿dónde se veia?: wherc
eoald it be seen?
sal-Matayá — enfadar á otro: lo
iinno]/ some one else.
y-Mataycó — ¿ dónde se iria :* : where
can he have gone lo?
Mataymo — primera: fir&l.
a-Matani — ave, pájaro: bird.
a-Matapéch, L. chamasapcó — re-
gocijarse: lo be joijfal.
si-Mataqui — avariento: miserly.
nu-Matehuech, L. aumaték — iles-
cansar: lo )-esl.
su-Matetá— poner todo: lo pict il nll.
cada-Matetá — l'odopodei'oso : All-
miglily.
Matijcagó — de dijnde: whence.
Matquerey, h. — nombre de lugar:
ñame of place.
Mauaca — tu oyes: Ihoa liearexi.
co-Maviniquotahanahág — un dia
de i'stos: oni; a f lítese days.
Mavit — á la tarde: in Ihe •ifler-
noon.
co-Mavit, mavit, I ,. auitt — :i la
tarde: in Ihe aflernoon.
co-Mavith, ].. auitt — tarde: la le.
Mavitá — á ¡a tardecita: rallicr lale
i)i lite aflernoon.
a-Mblatrichi, 1.. — hasta mañana:
yood liye lili lo mon-üw.
Mearoquiyagaté — lo aborreces:
Ihoa halesi him.
Meaton — frió está : he or il is cold.
Mecahi, I^. micahi — nuirciélago:
bal.
Mecava, L. netcamaiquepék ? —
¿qué hacéis:': Whal do ye?
Mecaviach — algo: somethiny.
say-Méch — ahitarse: lo surfeil self.
say-Méch — sobi'ar: lo be oi:er.
lola-Mech, L. Ilikillacte — h irados:
livers.
Medaní — aventajarse: hj be befare
hand.
co-Meguani, L. nenté — mañana:
lo iiiorroa-.
Mehuá — á donde: where.
Mehuagé — en donde: jilace where.
Melahám? I>. malayamuktá — ¿cómo
estás ;' : lioiv arl Ihoa?
co-Meleavitá — á la tardecita : lale
in Ihe aflernoon.
hic-Melecá? — ¿q^ié tamaño?: how
i'ig ?
hu-Melech — sobar animal : lire oul
a hurse.
Meleyó? — ¿cuántos?: how many?
ig-Meleyó? — ¿cuánto?: hoiv much?
o-Melepé — á la noche: al night.
o-Melepetá — á la nochecita: jasl al
niglil fall.
ya-Melesihat — ¿ quién ? : who?
Mellan noentá?— ¿estás bueno?: arl
well ?
280 —
Mellea devemevech?— ¿y;i sanaste?:
arl Hiuii (lU riíjhl noic f
ay-Menaani — sobrepuja)': lu hid
hif/her.
a-Menagé, I^. alató — ensuciar: lo
fui'/.
Menagé Dios? — ¿'li'mile est;'i Dios?:
wlici'í' ís (iud/
Menagé — ,:ilónde está?: ivhi'rc is lief
Menage — ilonde: ivJiere.
co-Mennetata sígnete, vel, como-
neté — :'i la mañana: in lite nwrning.
co-Mequetá, L. lana — nuca: nape
of nci-k.
de-Merki, h. — nombre ile lugar:
niiiiii' of place.
Meraqui — ¿estás triste?: nri Ihoit
Meratehé — ,;frio tienes?: art (Mldf
Meratotá — está cocido: it is cooked.
y-Metá, L. nauák — todo: all.
le-Metahac, í;. auancalk — albañal:
(Iriiia.
Metaygé, L. piocti — jior domle fué
el perro: which way wenl Ihc du// ^
y-Mete — todos : a/l.
i-Metentedapec — ilel que se admira:
e.rclamalion of admiration.
le-Metó — principio : begmning.
Meticage — de donde: whcnce.
li-Meuéch., L. noictá — librarse de
enfennedad: lo encape un illness.
malaquio cada-Meuéch? — ,: cuando
sanareis?: wlien are yon lilielí/ lo
hr hcllcr'
co-Mevaní — mañana: lo uiurrow.
ley-Mi acatacá, 1^. leuma datraerek
— acabar de decir: lo finisli saying.
li-Miagni — despeñadero : aprecipice.
hi-Mic — mi nariz: iini nose.
ad-Mic — tu nariz : Uii/ nose.
Mik, L. — nariz: «o.s'C.
u-Mik, L. — nariz: no.'ne.
cadi-Mic, L. dimik — nariz: nose.
Micai, I,. — murciélago: bal.
ay-Midioch— a])arecer: lo liini np.
lay-Migi, L. masegrgaic — enveje-
cer (var.); lo groiv oíd (m.).
e-Miyagay, L. leráy — envejecer
(i'em.l: la groír oíd (1.).
ay-Mileú, I., erayúk — luna inen-
^{Uanli' : inining inoon.
0-Milomec ayem sitiodem — ruega
por este muchacho: pira y fur Ihis
boy.
Mimrióle, I,. — nomlire de lugar:
na me of place.
cu-Min, L. chiñi — zorrino: s^kunk.
ay-Mini negót — mi muchacho: my
hoy.
ay-Mini — Dios mió: iny God!
cadi-Mita — generalmente: generallg.
cada-Mitá — todos: all.
a-Mmá, Ij. ammó — gustar, agradar:
liki', '[líense.
Mnavaso — estos : Ihesc
a-Mó, \.. amoó — ilulce: sweel.
a-Mó, L. amucainigué — pasar, an-
dar: ptiss. gil.
a-Mó — vete: go nwag.
Mo hoco — si irás: llioa shall go.
ya-Mokchiguini, L. — está bueno:
he is ivell.
Mocoit, L. — Indios malos de los
campos, su cacique Sermingo: The
Tollas rail ihe Mococis 'bad' (!!)
co-Mogón, Ij. adranák — vibora: vi-
per.
MoMm — mono : inonkey.
Mohocó — ¿ vais ? : are yon going^
a-Moyoá, !>. amoyuá — amancebarse:
lo riihabil.
Molinalohé — molinero: niiller.
ay-Motagaic, L. tagrgaik — liorra-
cho estar: lo he tipsy.
ay-Motagaic, L. taraik — emborra-
cliarse: lo gel drank.
yaye-Muk, L, — estoy bueno: / ain
wcll.
Muctelá, L. — nombre de lugar: ñame
of jilai-e.
a-Mugasagan, 1^. namugusran —
quirquinclio: armadillo.
Mugosorán, L. — quirquincho bola:
armadillo ii'hich i-olls ilsey ap inio
a hall.
— 281 —
N
en-Ná — poi' casa: nui irtnj.
en-Ná — traer algo: bring somelhin;/.
la-Ná — nuca: )itipe of necl;.
en-Ná, nenná, I., enná — aqni: here.
en-Ná, L. naá — de aijiii: Jience.
ae-Ná — olla: pnt.
a-Naalligeté — liu'liai' : ¡o slruggle.
e-Nacagoic, \.. cagoik — ines ó luna
este : IhU vionlh or moon.
sa-Nacatani, L. paragtani — boca
abajo estar: lobe fuve downwards.
su-Nacatenat — pegar con cola : join
ivi/li ¡jlue.
Naciph, L. naxip (¿c portuguesa)—
labio (le arriba: iipper lip.
a-Nacnetech, L. aumcainegué — apre-
surarse: to inahe liaste.
a-Nacó — quizá vendrá : inay be lie
ivill vij}ne.
a-Nadaté — tu madre: lliy inolher.
Nadená ayen — el pan es uiio : Ihe
lijiif i'.s- mine.
Nadenahá — mi pan: iinj loaf or
breiid.
ad-Nadeovát — lianibre tienes: yon
are Itungry.
y-Nadicayém — detrás de mi: behind
me.
sa-Nadon — deuda: debí.
sd-Nadomó — te daré: 1 will yire
thee.
oa-Nagaic, L. aneraic — fuerte per-
sona: II slrony man.
Nagaicalú — alentado: Uisíy fellow.
lo-Nagaij — nadador: stvimnier.
sa-Nagám, I., lanarancá — to sow.
yen-Nagáth, L. lenrát — llamarse,
(tener nombre): to be called.
a-Nagé, 1,. lanagué — lazo: lasso.
la-Nagó — iazo : lasso.
Nagét — linage : ¡'uce.
Nagi cahogogoic — este mes ó esta
luna: this monlh or moon.
Nagi necepe — esta noche ó la no-
che: tonighl or niylit.
Nagi, naguí, L. nagui — ahora: noic.
T(,mn ¡.X
e-Nagi, L. naneranij — acostarse:
lo lie down.
Nagi signahág — este día ó este sol:
lilis day or this sun.
Naginej nagate — este (lia ci el dia
de ahora: today or this day.
Nagitá — luego : by and by in-
stanler.
Naglec, L. yaoguelék — estar nu-
blado : lo be cloady.
na-Nagnách, L. nawará — guanaco:
Á meriraii ciiinel.
nag-Nagnách. — guanaco : A merican
camel.
a-Nagnagaté — marca: mark.
Nagnaté, L. laatarák — guerrear:
to fiyhl. lia ge ivar.
e-Nagoniasaló — ¡ola, cállense!: /
say, silenre.
Nagola avaga, I., ausolá — desgra-
nar maiz : lear o/f maise from cob.
na-Nagtini, L. auanarát — forcejar:
■iiKike slrony e/l'orl.
la-Nagué, L. — lazo: lasso.
Nagui, L. — hoy: today.
Naguí, ],. nagui — hoy: today.
le-Nahá, L. laglaenó — medio dia:
mid-day.
Nahadé, L. naadé — pintura: paint.
Nahagát — al medio dia: to Ihe
son til.
Nahagát, L. nauák, naagaté — cada
dia: earli day.
Nahalá, \.. nahalá — mistol: a Iree
u'illi sweel frnil.
Nahalaté — contra: ayainst.
e-Nahamáth, L. sagani — asir : to
seize holil of.
so-Nahan ?
;has rezado?: has!
thoii said Ihy prayersí
a-Nahat, L. lemlahát — aliento:
brealli.
u-Nahatelá, I.. alpatacni — ajust.ir:
lo fn on lo.
le-Nahaúg — al medio dia: souüi-
wards.
23
— 282
Nahlá, L. lalarátt — ¡linjo: loase.
sa-Nahuech, L. ausouék — soltar;
lo leí fjo.
a-Nayá — ]iolvnrai-: lo powñer, lo
he dnsli/.
e-Nayara, h. — polvo que se levan-
ta: )lits¡ whirh /lies: up.
sa-Nayaten — desatinar; lo lalk or
lid fooHxldlJ.
Naydagét— oscurecerse; lor/row dark.
da-Naygeth — unirse, pegar; lo
Joi/i, slicJi.
Naj, L. — día: day.
Nalá, I;. — sol: siin.
Nalaté, ],. naalaté — (recado), lo-
millos; frame of saddte.
Nalatéch — lograr: lo ¡^iicceed in
(ihliiininij.
Nalegech, 1^. naleguék — red de
pescar: fishing-net.
Naleyá — los otros dias; í^otiie dai/s
(igo.
Nalhém, L. nal -hém— basta; enoitgh.
en-Naliá — también este: also Ihis
man.
Nalocoten — igualar: ¡o eqiial.
Nalotapegat — cuatro: fotir, (4).
Nalotath, L. nalotat — igual ; equal.
Nalotenoví — cada año: each year.
a-Namadech— ovillo hacer; lo wind
inlo a lililí.
Namadéch — alizar: lo smoolli down.
a-Namadech — acepillar; lo plañe
dotvn
y-Nani — Dios tuyo: ih;/ God.
ni-Nanini, L. nahani — echarse;
lo lie down.
Naniogtini — esconderse: lo hide
iiway.
Nanogtini — fila: a row.
e-Nanuemalesá — mundo: world.
Nanogtini — á escondidas; seeretlij.
Napallini — ya es de noche ; it is
(ili eiid)/ niglil.
e-Napecaayaic — tentar; lo teiupl.
a-Napúch, L. anapók — deserbar;
lo pulí up weeds.
Naquedá — allá: ihet-r or lliitlier.
ada-Naqui, I^. adagnaqui — almirez
ij mortero: mortav.
Naquitá naguita — ahorita; pre-
senil;/.
en-Nasá — señalai' con dedo: poinl
lililí finyer.
a-Nasaguat, L, nauát — dar pres-
tailii; lo lend.
a-Nasilgedém — errar hablando; lo
inake n inislake in sphakiny.
Nasiné, L. tomtá — hambre; cold
iiieiil.
en-Nasó — este; litis
en-Nasó, L. talmaráy — esiiejo:
iniiklnií-yliiss.
sa-Natá, L. nnatá — hallar; lo find.
soo-Natacna — dia de trabajo; work-
ilriii.
so-Natagán, L. anatagrán — traba-
jar; lo irork.
si-Natagán — pregunta; lo nsk.
ag-Natapingni, I., ochacalü — ca-
becear: lo HOd.
Natedác — casadera; iiiarriageiiljle.
Natedapech — ú cada uno; lo each
une.
Natedapech — cada uno: each one.
sa-Nateguet — ilar porrazo; lo gire
a blow.
Nati, I,, lagishem — traer á cuestas:
lo load on shnulders.
caden-Nati, L. naachi — uñas: nails.
Natiam — acedarse; lo go sour.
e-Natiatini — estar en pié: lo sland
iiji.
sa-Natini — cayme: / fell down.
sa-Natiní, L. yacni — rodar; lo roll
of/' or down.
ke-Nauncaté, L. — freno; bridle.
e-Nawagyemagdetó, Ij. — te que-
reuios; we lore lliee.
a-Navená, L. che — jior aqui: ihis
U'ii !/ .
sa-Ncayca — deudoi'; deblor.
sa-Ncaten — creer: helieve.
N'colo, L. — nombre de lugar: ñame
of place.
a-Ncuyaganá — Vele: see lo il.
a-Ñá — aqui: lierc.
Ñartoloi, L. — cacique muy médico:
ñame of a Cacique who was a
good doclor.
Necaén, L. naletá — asi también:
.so also.
Necaensaú — verdaderamente : Iriili/.
la-Néch — ovillo: ball of Ihread.
— 283
Nedóp — ;i venilla Je agua : freshel.
Nedrae, L. — Cacique inglés de los
Coi'rentinos: namn of Cacique.
Neesolék, L. Pijilrá — (inui'iú).
ya-Nehuéch — aludir: lo afflicl.
a-Nelevó — iiKirirás: Ihüu shiiU die.
a-Nelom, I., anelóm — estrujar: to
sqiieeze oiil.
a-Nelóm — exiniínir: lo squeeze oul.
Nelotá — últimamente: lateti/.
sa-Ném, L. sanadóm — ilar: lo gice.
sa-Ném — soeoi'rer: lo Iielp relieve.
Joan nadena sa-Nén — doy pan á
Juan: / (/iré hread lo .Inhn.
Nenogosigén, L. narosliinnalá —
nacer el sol: sun vises.
a-Nenotini — abajar: lo pxl or go
down.
Neñandijm — adquirii-: lo acqitire.
Nepó — á la noclie: al nicjhl.
ao-Netat, L. — dame agua: gire me
ii'iiler.
Netath, L. netagrgát — agua: waler.
Neté, L. ataló — aire: air.
sig-Neté — ayer de mañana: gesler-
(Itii/ morning.
Neto — mañana: morning.
Netetá, I., teta — al alba: dawn.
a-Netón. L. anelóm — ordeñar: to
milk.
Neton dapegéc — contento i) gozo:
¡ilfdsiire, delighl.
noi-N — cernícalo: keslrel.
an-Ni, L. dannió — duia cosa ó
fuerte: hard or tough tliing.
an-Ni, L. dannió — fuerte cosa :
slrong Ihing.
Ua-Ni anoyá — dice que ya vendrá:
he scn/s he is roming.
i-Ni — asi : so.
nic-Ni, L. nigni — asentarse : lo
sellle down.
nig-Ni, L. nigni — nacer hombre:
l(j he horn, of a man.
Niani — firme cosa: firm Ihing.
a-Nianielcayc, L. aneiguelcaik —
sordo : deaf.
ya-Nich, L. saatarqui — ceñidor:
u'disl-band.
u-Nidisich — postrero: Ihe lasl.
a-Niglach, L. igalák — volver : re-
tarn, lurn bark.
Nyiomi, L. anachit — convidar: in-
di e.
Niyeralai'té, L. — nomlire iJe lugar:
iKime of ¡ildcc.
Nilicotá, L. licotá — nao i'> canoa:
slíip or canoe.
Niligoy — postema: lamour.
ni-Ninasoqui — vinal :
Ninogón sigem — al nacer el sol:
ni siin-rise.
Ninogoni — al ponerse el sol : al
sii?iilijwn.
Niognáth — jabón: soap.
Niquisitapé — alegremente: gaihj.
Nirém, L. niém — hormiguero:
(nil's. nesl.
Nisón, L. chiamasapcó — alegre-
mente : lo rejoice.
Nitiguisich, T.. chiquisacté — anillo:
ring.
y-Nito ynitigni — vedle, alii está
sentado: xee . Ite is sil/ing down
Ihere.
en-Nó— deesta manera: in Ihis mny.
Noaganath, L. nalaaté — pelear: lo
fighl.
Noaganagáth — red pequeña: small
nrl.
Noaliaganáth — puñetear: lo cujf'.
Nocaensá, L. amilik — ciertamente:
crr/ainli/.
lo-Nocodiét — tejado: liled roof.
a-Nocovim — enlaza: lo caldi wish
noose.
a-Nocovin, L. nocovién — entrar :
lo enler.
lo-Noch, r.. tarquilayi — tiesto:
sherd.
lo-Nóch, L. dolá-yoléc — casco,
tiesto: vessel, sherd.
lo-Nochó — teja: lile.
e-Nodech lidagá — llanuí de fuego:
II 11 me of fire.
a-Nodesigén, L. nishigóm — levan-
tar, parar: (o lift, raise up, sel up.
Noeu laytá, L. noen laytá — olor
bueno : sweel smetl.
Noen — bueno : good.
Noen — mejor: beiler.
Noenataanách — (las mujeres hacen
la casa), albañil: masón (women
make Ihe Itut).
28i
le-Noentá — mejor: belter.
Noentá — herniosa cosa: beaiilifid
thinff.
Noentá — felizmente: happily.
ayen-Noenta — yo bueno: / am
f/ood.
Noentá, I^. noén — 1 meno : yood.
ma-Noentaú — buenisimo: e.ccellent,
Ijesl.
Noentegué, L. laitegó — deiecha
cosa: sti'iiiyhl thing.
Noentegué — tiesa cosa: sí///' Ihinn.
Noentelech — está limpio: lie or il
ix r/cini.
Noentelech — lucida cosa; ti shcu'i/
iJiing.
Noentelech — plaza: piiblic sqiiare.
Noensaú — muy bueno: very good.
an-Noet — vestirse : lo dress self.
a-Noetetapech — secreto decir: lo
Irl oi/l a secret.
si-Nogdém — avergonzar á otro: lo
pul lo shame.
Nognebú, L. nagrganewó — entrar;
lo enlcr.
Noen — bueno : good.
Nohí — medroso: lirnid.
Nohic — por casa: tny way.
Nohillá, L. iwá — agria cosa; sour
Ihing.
Nohin, Tj. noyin — cantar el pájaro:
to sing {(I hird).
Nohinagá, L. nohonrá — pampa ó
campaña: ope.n i/niiipxiign.
Noholé — prima menor respecto de
su prima mayor; younger cousin
(f.) used by her sénior cousin (f.).
si-Nohón, L. uacát — quebrar; lo
breal; .
le-Noydebú — ya; already.
Noyin, L. noyin — rebuznar: lo bray.
a-Noygóec angopi, L. uirodegonpi
— sonar narices: lo blow iiose.
Noytolagá — frió de fiebre: fever
and ligue.
Noyvá — saliti-c: sallpelfe.
a-Nol, L. dasotapék — danzar: lo
dance.
Nolacatihi — conjunción de luna, i'i
luna: conjunclion of Ihe luoon,
Dioon .
la-Nodalasá — hermana menor de
él ó de ella: his or her younger
sisle¡\
a-Nolagam -- estirarse; lo slrelch
self.
Nolé — hermana menor ó hija ; youn-
ger sisler or daugliler.
Nole aytaylecotitá — mi liermana
irienor carnal respecto de su her-
mana mayor carnal; eldesl sisler's
younger sister.
Nolegé — dardo; darl.
Noleguich, L. nolecaguepóc — adel-
gazar: lo lltin down.
Nolen — pues: iveU, Ihen.
ig-Nonohuéch — salir á recibir: lo
gil oul lo mee! or ivelcome.
Nonsigén, L. — nombre de lugar:
ñame of pilace.
Noongá — pampa: open counlry.
Noota — se ha huido: he has run
away.
Norik, L. — dame fuego: gire me a
lighl.
sa-Norocoic-lec (algo borrado) tani
— sembraremos zapallos; we wili
súw gourds.
a-Nosy — cavar con azadón; lo hoe.
a-Nosi, L. anoshí — escarbar: lo
scriilch. scrape.
Nosienquedá, L. cayasigmók— arri-
ba: liiglicr iip. (ibove.
a-Nosoni, L. uarán — golpear: lo
give blows, hnock.
a-Notech, Ij. anoték — desplumar;
lo p)luch fealhers.
Nouentaü — muy bueno: very good.
uu-Nuktó, L. — fusil: gicn.
Nudapech — avaricia; avaricc.
285 —
aya-P, T-. aláp — boca: moiiili.
la-P, l>. — bncíi: moiillí.
lo-P, L. — lioca: nioalh.
de-P, í.. — buñiulo: iiieadoiv.
ma-P, L. — alyni'fobo blanco: p/'o-
xopix diiJcis.
ta-P, I i. táp — hondo: deep.
si-Ph, r>. sio — sur: soiilh.
la-Pá, L. lapa — cera: wax.
ada-Pá, \,. — tu aniiiio: //í/y friend.
ya-Pá, 1,. — mi aniiijo; t/ii/ friend.
Paalawák, !>. — nombre de lugar:
¡xniie of place.
e-Pac, L. — palo: slirk, icood.
ta-Pacá — está caliente: it is hol.
da-Paká, L. — agua caliente: ¡lol
uxiler.
sa-Pacaléch — pasar camino: to trn-
ri'/ Olí (I roiid.
que-Pacatá — rastrojo: sown field.
Pacata, I., pacta — cerco: hedge.
chi-Pacatiaptiagá — no está hondo:
il is nol nuw dei'pi.
sa-Pactá, I^. pagatá — pasar rio:
lo fürd II rirer.
que -Pacta, L. coipadit -^ cercar:
to hedge in.
Pactilogon — humada cosa: siiioked
lliinij.
Pácli, li. nidasó — (espinuda) alga-
rroba zor]'una: kind of pirosopiis.
coy-Pách — jugo: jtiice.
coy-Pách, L. coypak — madera;
u'iiod.
coy-Pach — plato ile ¡lalo: ivooden
piule.
de-Pacliatigi, I^. lalimcoó — (rincón
lie monte) abrigado lugar: xhel-
tered nook or reces.»!.
si-Padenagám, I., padenagran —
sidtar: lo jiiiiip. leii¡i.
coy-Padit, I^. cuaipalit — corral:
iiillle pea.
caha-Pagá, 1.. chimay — calabaza.
porongo: gom-d.
ya-Pagác, L. paigrgáic? — blanco:
while.
Tomo IX
ya-Pagacli — vestido blanco: while.
ya-Pagach — nieve: snow.
ya-Pagach — eiablanriuecor á otro:
lo whilen.
ya-Pagagagi — blanijuear: lo while-
luii^h.
ca-Pagagantani, L. naltap'/k — (/'
chilena), boca, abajo poni'r: lo pjiil
face dowmvards.
sa-Pagagem, I.. loparaguém — dar
consejo : I II iiileise.
sa-Pagagem, L. apagrgaguem —
enseñar: lo Icacli.
tiana-Pagagém — tu enseñas: Ihoii
leachesl .
Paganacatahc, L. laschiuguó ? —
abrir zanja: lo open ii Ireiich.
Paganacatach — reguera: chiiniiel
fur initer.
sa-Paganagén — yo enseño : / leacJi.
cielo-Paganó, L. napegá — encar-
gar: lo charge, ask lo do.
ni-Paganí — sudaí': siveal.
ne-Paganta, L. pagra'atá — caro-
nas: hide saddle-clolhii.
Pagantá — pellón: sheep -skia or
olher sofl saddle gear.
si-Pagat, I,, pagat— tienzar: loplail.
hage-Pagát, L. parát — hacer tren-
za: lo miikc pltiilx.
na-Pagyadá, L. alolá — calentuiii:
f'ereí-.
a-Pagici, L. yoajni — enterrar gra-
no; lo buril xeed.
oaa-Paglimicli — ñato: pi/g-nosed.
ca-Pagloy, L. chiquili — calabaza,
mate: gourd.
Pagnatagnay, I.,, potordó — aman-
sador; roiigli-rider, liorxe-lirenker.
Pagreic — blancii; ivliile.
Pagtadaic, L. diacaik — ligeio:
lighf. qiíick.
Pahá, L. upádih — laiz; rool.
ya-Pahageth, I,, cotinat — unir:
lo jo i II.
li-Pahám, L. Uparan — dar de ma-
mar; lo gice suck.
24
2SC) —
ca-Pahani, L. anakni — nj>iicliarsp:
la sloop.
nosi-Paliantá — uiai-chai-: lo iiiarrh.
Paliateguech — t/'i ruino. \\n: (jnal,
lerinini/s.
Pahateltá — no pesa: il is nol heary.
Palioy r>. pai — viuda: widow.
ya-Paic, I.. yraiqui — viejo: oíd.
cu-Paik, Ij. — gato: i'dl.
co-Paik, I.. — gato: cal.
ya-Pay, !>. yrainá — vieja: oíd ivo-
i/!/in.
ta-Payá, h. dapokó — caliente: liol,
iviinii .
sa-Payém — ai-nnscjar: lo ndrixc.
ñañinla-Pájlayolik, I,. — dame
rarne: f/ire me nicnl.
na-Palagá, Ij. napalniú — ].il)reuo:
(hirksome.
Palagat — borrar: lo vijii' uní.
sa-Palagáth, I^. despagramá - dcs-
hacei : lo mido.
ca-Palay, L. caparlaic — malí':
fjoiird.
la-Palatetá, I,. — cspaMa; s/ionlder.
luiik.
Palatidega, palatidegagá, I,, pala-
chidegá — araña: sjiidcr.
Palatidegagá, L. palachilealogo-
nek — tela de araña: xpider-welj.
Palatigadá — n^order la araña: lo
sliiig (llie xpiíln-i.
a-Palcona, I,, palconá — )ielota:
hall (fivex, ele).
na-Palgá — oscuro: ilurl;.
na-Palini, I,, napalni — oscuridad:
iliirhiie.^.'i.
na-Palini — i^stá oscuro: /'/ is dm-k
now.
Paloch cheena, I.,, canarayak —
i'Ui^a i'i totora: rush.
la-Paltetá, L. lapalatelá — espaldar:
shoillilcr.
na-Pam, L. — peluilo: lúnd of nr-
iiiiidtllo.
ne-Pantacahi — acequia: irrigalion
channel.
Pantác, íi. — algarrobo negro: ¡)}'0-
sopi.t irilh black podx.
Pantách, I., pañtak — algarrobo ne-
gro: i¡i-osopis tvilh hldck poil.f.
Pantách — algarroba negra: pod of
hhii-k proí<opjis.
tap-Papita — i'sfi mojado: // /s xt<(_'l
inow).
ni-Parqui — grada ó escalón: slepa
or sliiii-s.
o-Pasaló — dr's|iues <le mañana :
(ifler loniorrow.
yi-Pat, L. — fruta colorada df tuna
i'i canlon: red fn/il of opinilid or
rmi i/s.
ya-Páth — niiembro: inemher.
la-Páth, I.. lapát - carne: meal.
ale-Páth, I.. alopát — hacer uiaileja:
lo ivind tillo skeiiis.
a-Patad^vó — estrechar: lo drire
i?) lo II comer.
a-Patagani — tocar palpanilo: lo lom-h
or fcel .
Patagoni, L. aptagné — ayní^tar C(in
las manos: lo ijnixp in Ihr h.inid.
Patanú, I,, nshera— hundir: lo riiiiae
lo xink.
Pataué — nido; nrsl.
Pateta — diligi'nte : dilif/enl.
mano-Patetaü— muy ligerisimn: rcrii
lighl or ijiiiik.
na-Pati — sanar á otro: lo hcat nn-
ollicr.
Patiglogol — mojil r la lluvia: lo iiwl
lof ruin).
n-Pé, L. — cejas: ci/eljrows.
cane-Pé, I.,, lotap — frente: forelicnd.
ya-Pe, L. — 2-' rajpi — 3" ajpi —
pl. 1» ya-Pé — 2» lapi — abuido:
f/riindfiillier.
ya-Pé I' Pi, L. — 1" yapé, ?■' adapi
— aljuelo : ¡p-iindfiillii'r.
ya-Pé i'i yapi Itá — mi abuelo /i
padre de mi padre: yi-iindftilhcr,
fiilher'íí fiilhcr.
na-Pé, L. ñapé — imíhiI : Irec.
e-Pé, \i. pé, palni — noclie: nighi.
na-Pe — tabla: honril.
neque-Pé, L. npé — nochi' esta: lo-
rii(/lil. lilis iiighl.
Peanak, I.. — macho de éste: //ux
nian's he ni ule.
che-Pecaic — falsamente: fiitsrhi.
Pedaléch, L. ochoccliit — tisuslarse :
lo he frlijhleitcd.
287
Pedalech, T^. ypeték — trasquihir:
/() xbi'iif.
Pedalgacatih, L. dalgacatóh — liJB-
Pedro soentaená edá nohic — l'eilro
ustú en su casa: Peter is al huinc.
Pedro hilahá? — ¿lias visto á l'e-
ilro:'; hiisl srcii Peler?
Pedro soyagán — llama á Ptíilru:
rail ¡'oler.
Pedro sanecbó — Piídiu vieíR': Pt-lei'
/x rom in¡i .
na-Pegá, L. uagan — argüir ij decir;
(iriiue or sni/.
la-Pegá, h. Ipegá — calillar ; lu hike
riirc üf.
na-Pegá, 1^. napegá — dicen: llu-n
mil/.
sena-Pegá, 1^. — )u digo: / siii/.
a-Pegém — enjiiyar i'i secar: xqueeze
ilri/ or lo ilrji.
lavo-Peyló — cerrar pnitillo: rluxi'
iil> (jii¡t.
Pej, L. — noclie: /iíVy/t/.
a-Pelá, L. pela — garrapata: lick.
a-Pelá — frísol ó poroto: hcini.
hi-Pelá — zapatos: xAocx.
Pelaguel — á nn-dia iiociic: iiiiil-
nii/Ii/.
Pelahuel, L. pelawél — meilia uo-
rlir: iinil-iliyhl .
e-Pelahuel — media noche: inid-
nifjhl.
Pelalaganacate , L. logranocté —
escoba: hroiiin.
Pelcapigul distribuir: ilislrilnile.
si-Pelech, L. pelgueék — cortar:
lo rltl.
sa-Pelech, L. piaté — |)¡sada i'i ras-
tro: fool-prliil or I riirli.
ni-Pelecli — sangi'ar: lo Id liluod.
Peleguegaic, \.. pelcoksúk — dego-
llar: lo riil lliroiil.
sque-Peleyá, I.. shekpeliá — noclie
pasada: lusl /¡ii/hl.
Peleleguéc — acortar: lu shurlcn.
ya-Peleté — abuela, madre del
abiudo: ¡/ninil/iiollirr . i/nuiilpi-
llirr's iiuilhrr.
Pelganaté, lima: ¡He.
Pelgagganagát — limar: lo ¡He.
Peloch — liarrer: li> aweep.
a-Peloch, L. apelok — limpiar, ba-
rrer: lo clea/i, S'weep ir¡i.
a-Peloch — acendrar oro : lo harniüli
fiolil .
Pelogadagdagaic — vibora : viper.
Penagnacaté, L. loposte — estaca:
x/í/A-c.
na-Penetó — seco árb(jl: ilri/ Iree.
di-Pennó, [.. augrgaik — ahogarse:
lo he il riiieneil .
Penocotith — ahogar á (jtro: lo
(Irowii aiiollier.
Penradé, L. — miel de abis|)a:
wiisijx himeif.
a-Pepegléc — apretar la cosa: lo
coinpi'ess iini/IIii»!/.
Pesoic, r^. pesoic — viudo : widower.
Pesoy, \j. pesoy-pay~viuda: ividow.
Pessoyc, I,, pussoic — viudo: ivid-
ower.
si-Peth, 1.. aupét — remojar: lo
iiioUleii.
Petacay, L. tacaé — chañar, fruta:
frnil ii¡' ijoiirUrii ilrcürlieaiis.
si-Petajagú, L. anpét — ecliar en re-
mojo: pul in wiiler lo >ioiik.
sa-Petani — date priesa: iniiUr husle.
sa-Petani, 1,. apiaté — pií': ¡bol.
o-Petegé, rociar: lo ^¡trinkle.
si-Petet, [.. apcliichigué — soplar :
lo lllüW.
a-Petet — absolver i'i perdonar: lu
tíhaolre or pnrdun.
Peué. 1.. Ipu'wé — asta: Itoni.
el-Peue, I,. Ipuwél — cuerno: liurn.
Peué, \.. Ipuwé — asta i'i cuerno:
hnru.
le-Peué, I.. upuué — gajo de árbol:
brinirk of Iree.
Peué — lionpic'la: foi-k (oj'lree).
Pevé — de noche: h// iiiglil.
la-Pi — bisabuelo: (/)-eiil-griind¡'iilher.
co-Piá, 1>. piajté — pií'': ¡bol.
la-Piá — pií'' : fool.
la-Piá, li. lapia — rastro, ¡lisada:
Iraek, fool-prinl.
di-Piace — calamhrL' tener: lo liiive
Ihe rriiiiiji.
ya-Piaglá — uiiibrai : duor-li/ilel.
Piayléch — madurarse: lo ripea.
malnre.
Piajté, \.. — pié: l'ool.
288 ^
Pialahuel I>. — planta de pié: solé
(if /'oiil.
co-Pialahuel (apia?), I,, pialahuel
— ]ilaiihi (le pié: sale uf fniil.
lii-Pialelách, L. lapialák — ernpeiiie
lie |)ié: insli'ii.
ca-Pialelacli, lopia?) — eiupeine:
ijroiii.
la-Pik, Ij. — miel de juilo: Irec-hour;/.
nia-Pik, I,. — árbol: (ree.
ma-Pik, L. — nlgan-dlMi: prosopis
(I iih-is.
clii-Picaic, L. cipcaic — uientir:
lo lie.
la-Picál, Ij. — brazos: ovnis.
da-Pich, 1j. dapik — miel: honey.
da-Pich, Ij. dapik — abeja; hee.
mek-Pichewá, I,. — él me ijuiere:
/((• loi'i's me.
ni-Pidiacapéc — ilire (¡iie no quiere
venir: he sai/s he ivill no/ come.
Pidiagac — porüadaraente: obsliiw-
lely. -
na-Pidiló — liabas: beans.
da-Piditieló — poroto: hean.
xi-Piegó, L. icteék — caminante:
//(/// fiirer.
Pierequí, i,. — estribos: slirr/qís.
Pigam, 1,. — cielo: heaven.
Pigamlek, L. — otros indios con
liabla que este les entiemle. su ca-
cique Megsorchi: Indians who
speak a clialcct of Toba.
ya-Pigé, L. piguel, lapical — bra-
zos: (wnia.
ya-Pigé — mi brazo: t>n/ arm.
cada-Pigó — brazo: arm.
ada-Piged — tu brazo: Ihij arm.
Pigém, I., piguém — cielo : heaven.
ni-Piguem — mi cielo : my heaven.
Dios-Pigém — el cielo es de Dios:
hi'íiren is Gud's.
da-Pigem, L, naquiraik — poniente
viento : ivesl uind.
a-Pigemeté, L. quenaqueraik —
nortí', viento: north, norlh wind.
Pigemmalassi —nueve: nine.
Pigim sigém, I,, dieroné — amane-
cer ; In diiw)i.
ne-Pignéch — mi espina: mi/ Ihorn.
la-Pigqui, L. dapik— estribo: slir-
riip.
na-Pigóth — besar: lo kiss.
na-Pigtená — pestilencia: playuc,
peslilence.
Piguel, r.. — braí'o: ar/n.
ni-Piguém, ver Pigém — el cielo es
ileiJios: lujaren is (jiid's.
o-Piguém, \a. lapiguém — al i)0-
niente: lo Ihc u-esl.
o-Piguém, I.. lapiguém — iioniente:
U-i'sl.
1-Pihinék, L. — biu'so: bone.
Pijigaralek, L. — yo soy de olía in-
diada: / lielong lo anolher tribc.
Pijilra, L. — indios con agújelos en
las orejas, cacique Silgi'i y Laliqui:
Inrliaii!' u'ilh ¡lierced ears.
cada-Pilapi — rebisabLielo: cver so
man;/ limes grandfalher.
ya-Pilaté — prima menor de su pi'i-
mo: his ¡/oanf/er feíuale coasin.
yo-Pilé adadisa — liermana mayor
(\t: i.'l i'i de ella: his or hcr eldest
sisler.
Pilé — bija ó hermana mayor: daiirjh-
ler or eldesl sisler.
ana-Pilech, L. piktapigaú — lamer :
lO/irli.
Pilche — mi liermana mayoi': m//
eldesl sisleí'.
ya-Pileté — almela de mi tai'taia-
buelo : greal-greal-(/randf¡ilher's
grandmolher.
lo-Pileté— prima menor de su prium:
his 1/ounger feíiiale eoiisin.
a-Pilloch, 1.. lasoguini — basura:
ruhbisli.
ta-Pinek, L. — mulita: arinadiUo.
Pinech — espina: Ihorn.
lo-Pió, íj. toneguishik — cliicbarron:
resida e of fried /'al.
na-Pioch, I-. pigók — cbupar: lo
sark.
t'ioch, L. piokoi — ¡ierra: bilch.
Pioch, L. piók — perro : dog.
Piochavedeveth — echa el perro:
Inrn llie dug oal.
Piochgodeton, I., tarungrey — la-
drar perro: lo hark (a dog).
Piochlole — |ierrillo: pap.
Pioglalá, L. pioglalarát— pulga: flee.
Piognach, L. pironác — médico: dov-
lor.
289 —
la-Piogó, r,. lapiogó— sesos: brainx. 1 si-Pocóhc, I,, scalalró — veiyüpnza
a-Piogó, L. lapiogó — (iK'timn: /iiar-
roir.
la-Piohó — .sesos: üraimt.
lo-Piol — chicluirrones : irsi/htc iif
frieil ful.
Pionok, I,. — iiii''iIli;o: iltjr/ur.
Pioognách, L. pioronak — lieclii-
ccrn: nizard.
ya-Pigue — miembro: iiiciii/ici-.
na-Pisi— colai' i'i ciTiier; hi slrainolf.
si-Pitá, \,. yaném — (ilm), foncedoi"
to iilluir.
Pitahác, I., saupitarak — cstüibar:
/() hf iii ///(' yin/.
u-Pitaiqui, I,. — Cuciiiiir Tolja.
yug-Pitaó, L. — yo le i|iiiero: / locr
thec.
na-Pitená, L, lalolrashit — enfeniie-
(lail : il/iiess
lo-Piti yaléc — mis sobrinos, hijos
lie mi liermano menor: uty ¡lepheu'n.
1111/ i/uKiiyer hruiher's soiis.
lo-Piti yalé — mis sobrinas, hijas de
mi lieiniano menor: my nieccs.
mil ijuiinyer Orollii'r's daughlefx.
Pitiacá — hijo (j hermano mayor:
^on or youngev bvolher.
Pitiáca — mi primo mayor: iny el-
(li'^l cousin.
a-Pititi — sopla: íilow.
la-Playel, L. — labio : lijj.
sa-Plóc, L. scaalpaá — liuéríano do
jiadre: fh/hrrU'ss chilcl.
eta-P — está hondo: il is deep nuw.
hi-Pó — vestido; garment, dress.
hi-Pó — mi vestido: niy dresx or
garment.
ena-Pó — tu vestido: Ihy garment.
hip-Pó — hato: wearing tipparel.
hi-Po-sahuen, L. erayuk — andjajo,
trajiii: nigs, tullera.
a-Pó, L. saleranik — gobernador:
goveriiur.
Poco, L. puco — brasa: emijers.
Pococosit, L. alemactan — atrentar
:'i otni: lo insiil/ anuther.
di-Pocóch, L. alemactá — afren-
tarse : lo liike o/l'enee.
si-Pococh — avergonzarse: lo be
asltamed.
Iciier: lo be iifilni iiii'd.
ana-Póch, I,, anapókishem — arran
car; lo ¡ili/rl; ii¡i.
Pogí, L. naratégét — alajar ; lo xhjji,
bídcli the u'iii/.
Pogilasón, Jy. opoguilasón — cerrar
pueila : stop g<i¡i.
Pogodich, L. paltaník — anocliecer;
lii i/roír diirli, niglilfull .
a-Pogueth — aguar; lo iralrr dnwn .
a-Pogui, L. lapo — cobertera ; bed-
clnlhest, covering.
a-Poguiap, L. maratáp — cerrar hi
l)0ca : sil 1(1 llir inouHi.
na-Pohiná, L. apoguini — cnliijar,
tapar: lo i-orcr ii¡i, lo ¡¡rolfi-t.
ne-Pohotó, l>. l'coté — nuiln; l,nol.
so-Poyagé, 1,. porayagchigué ra-
jar: SJl/il.
la-Poyath — cunvucatoria ; siaiuno-
ning.
da-Poyná, L. apoguini ~ abrigarse;
to clotlte self irarmly.
Poliná, Ij. — padre ilel caci(pie José
Bar(h'nak; uuiiie of jicr.ion.
le-Polló, L. uagadenát — enano;
dwarf.
Pon, L. — macana; clitb.
e-Pón, L. pon — macana; club.
la-Poncát, L. lapoyát — juntarse en
lila; lo sliuid iip in ranic iind file.
na-Poquená — nervios: ncrves.
ya-Potá — est.'i llaco; /íc /.< thin
{nuu'i.
ya-Potá, L. epo'tó — Haca cosa :
peor, lean thing.
dia-Potá — Haca estar: lo be Ihiii or
lean (L).
ya-Potá — llaco e^tar: lo be Ihiu or
lean (m.).
Potaelaué L. — nombre de lugar:
ñame of place.
Potay, L. potay — oso Inn-miguero:
anl-eater.
si-Poté — toco: / loach.
sasi-Potó — no toco: i loacli nol.
hi-Potó, L. alogó — vestido: dress,
garmenl .
ne-Petesavóe, l>. cotenat — nudo
hacer; to make a knol.
— 290
aso-Potetahé — junto á otra cosa: ! na-Puadén — sufrir: lo suffer, en-
ni'iif sinni'lhi iig che. i ilnrc.
a-Ppeloch — ustá iiiacit^i^'úsii : il ¡.s i Pugadách — alaliaiM': lu ¡iniisi'
fililí icilll Wfl'lls. sclf.
qui-PpI, L. ponik — niouiniius; Pugagadácli — (iL'Sfdi-a/.íJiiinlii : /(íví/V-
/iCí/yi.s'.
y-Ppia — ■ Uii pii''; iiiii [mil.
a-Ppia — 1 11 \'\i-: Ihi/ fnul.
ñi-Pralelacli, I,, lapialák
pfinü lie |iit'; inslc[i.
/C.vx.
a-Pugi, L. apuguui — lapai : lo co-
vur iip.
na-Pugni — i.ailiiir: lo i-urur.
R
on-Rá, Ij. — |i;iiii|i;i; opcn roiinlnj.
sa-Rák, L. — i-ai-¡(|ncs ile lus Kl-las
(> Vuelas: Viiciíjiii:^ of llic h'llns
or Vilelas.
sa-Rakpichiuá, L. — lu uie iimrri's:
Ilion liirrfil me.
sa-Ragpitawá, L. — i|ue no lo iiuiere,
lu'obableuitíntL' no te ijiiiere: loees
Ihee noí.
da-Rapech — cernir; lo sifl.
li-Ratón — (lespierlo ya: iilremli/
iiirnhe.
ar-Renegé — enj^'i'asar: lo i/rease or
oil.
aur-Retuigú, I,, enauák ^ entiio:
enlire, whole.
a-Rialá — ilai-hi á oiro: lu i)ice lo
iniolher.
a-Rialá — presto: qnic/;, iil once.
a-Rialá — vete luego: go al once.
a-Riarialay — [irestii. presto: i/iiic!;,
(jiiic/; .
e-Rogi — aiilii'i: iiiirnl invnij.
si-Ruaduadón, L. uadám — casarse:
lo ijrl mil rrieil .
Runa — correosa cosa: easil;/ melleil.
Ruuná — cola para pegar: ijlne [or
slirking.
sa-Sacá — sonlo estar: lo he denf
sa-Sacá — ya no oigo: / caiinol
heiir iiuir.
Sacaavealocoyoenaganagéc — todos
liis (li;is: tívenj daij.
y-Sacapaló — mi [ilunia: iitii feulher
or pen.
la-Sacó — tuego atizar: lo ¡loke or
slir iip /iré.
sa-Sách — tirar piedra: nisl slunes.
Sadecohó, L. sadecohó — estéril
mujer: Imrren woituni.
ay - Sadademeaecli ? — ,; no esfis
sano:': mi lliuu mluigi
ne-Sadená— harnero, cedazo: riildle.
que-Sagá, 1 .. nksará — sarna : inange.
I nes-Sagahanich ó capidinigác —
cabeza de linaje: heitd of fu mili/.
Sagaic — sarnoso: inangy.
que-Sagaic — roña: scnh, ¡illli.
Sagaicoléc — sarnusito: xeabln/.
Sagayá, 1,. uarieraui — (oiga), oir:
lo lieiir.
missa-Sagayá — nir mis;i: lo liear
IIIIISS.
mes-Sagallanéc — espuñol : .Sp(inif:h.
a-Saglená — i'ueda: irlieel.
Sagnacaguamevoy — di' ai|ii¡ á mu-
ele) tiempo: II lotig lime ¡irsl.
sa-Saguaná — no veo: / aee nol .
laña-Saguat — empi'estar: lend.
Saliayá — oigo: / ¡leiir.
— 291
sa-Saliayá — no oi^o; / do iiol hcar.
Sahani — plnntiir: lo pUint.
Sahaii, r,. uautá — ir delante: /<< ¡/o
Olí.
sa-Saliidalech — lalliu'; lo fail of.
Sahiliim, 1.. ouayim — lleeliar: lo
liil icilh mi iirroir.
Sahuanagót, I., scailic — contrailo-
cir: lo conlrddici .
Saic, I-. siguo — ir; ;/(/.
Saic — lili voy: / go iiway.
le-Saic — ya 1110 voy: I go <iwag lunv.
Saic tiaviti ahám — voy antes i1p
ti: / go hefore Ilion ilosl.
Saic modicaviti ahám — voy dcs-
|>iii's i\i' ti: / lio (iflor l/ioii donl.
Saicbó — voy á mi casa: / go hoiiie.
Saiceda ibó — voy hacia mi casa:
/ go hoineu'íirds.
le-Saicó, L. cainegué — caminar:
/(( 1/0. ivfilk.
Sayapegá — yo oigo: / hear.
Sayapegá — voz: roi'-c.
sa-Sayaten nolagatiligí — echar á
pi'i'iler liabhniild: lo iiiahe a iiieax
of il lalking.
sa-Sayatén, L. sosayatén — ililicil :
diflirldl.
sa-Sayatén — no poder Iiacer: nal
lo he ilhlf lo lio.
sa-Sayatén, L. sasayatén — ignorar:
nol lo know.
sa-Sayatén, !>. — no sé yo : / know
nol.
Sayaten — razi.m: rraxon, chkíh;.
sa-Sayen, L. scayscayasorác — Ino-
cente: innocenl.
Saygásomá — yo cojo pan: / liikf
i/p bvcad.
Sayglán — ronco: ¡toarse.
Saygóth — llay:a: sorc, ulcer.
le-Sayméch — lujuria: sensualHii.
Sayo — gloria: glory.
a-Sayquedá — volver: riiiirn.
Salacó, L. lalactapúk— aullar perro:
hoirl (lili' dog).
Salahá, !>. nolion, nawi — liar <'<
lirestar: lend or gire on Irufíl.
Salat, L sarasortpélí — arrojar á
un ladi>: Ihrow naide.
Salecaquiá — no ns granilc: he or il
is nol big.
Salecolé, í,. apaptá— (mojada cosa).
aguanoso: vioisl, ivel, walery.
Salecoté — son muchos: Iheg are
iiinnu.
Salecoté— muy grande: veri/ big.
Salecoté — grande no es: il ix nol
big.
Salecoté — hastante: enoiigh.
Salecoteú — muchos: iiinng.
ya-Salech — tomar prestailo : late
on loan.
Saleranik, L. —caciques: a cacique.
Salnatini — me he caido: / Itave had
a fall.
Saloaik, 1,. — Indios con rodillas
atr.'is cnmii suri, que no los ha
visto: Indians icilh kneex bai-k-
ivardít, informanl had nol xeen
Ihem.
Salogon, I., lorón — nadar: swiiii.
Salgranigui, i,. — nombre de lugar:
ñame of iilaee.
Saloleguini — despenarse: lo dic
oi'l, lo rease from siilfering bg
dging, a sorl of ei/lhanasia ¡irm--
lised bg nur.^es.
nes-Sallany — caballero: genlleman.
Sanac siticagé ibó — vengo de 1111
casa: [ come from ing honse.
Sanadomó — prometer: lo promise.
Sanaye salalaccá, L. — hombre que
habla bien: a man who sjieakx
Wl'Il.
Sancaten — IV': failh, Ira.^l.
Sanecvó, 1.. ialá — venir: lo come.
Saneget, L. yamrát — trojar: lo
garner iip.
Sanen — regalar: lo gire awag.
Saném, L. sanadóm — dar: give.
Sania, dalemactá — renegar: lo xcold
and grnmldr.
su-Sapelá, L, saplá — pellizcar: lo
pincli.
Sasicubó — ya no ando: / no longer
go abo al.
Sasidá, T.. scaycá — ninguno: none.
Sasilagán, I,, shilaá — peilir: ask.
Sasimeh, i,. Ijictapék — rayar: lo
mark wilh linex or x/ryjes.
sa-Sasim — infamar: lo defame.
Sasintá — satisfacer: lo xalisfg.
Sasoná, L. scaycá — nunca: nerer.
202 ^
cadi-Sat, L. — nombre de lugar;
ñame of a place.
sas-Sath — ri's]ioinler : lo iniswei-.
a-Satiquetá, I.. lolotaquiayáp — bo-
ciulii: n Diüiillifid.
na-Sauat, I,, naawat — liíir (i (ncs-
tur: /(* lenil or sell on Iriix/.
na-Sauat, 1,. ualaalék — |ircst;ir; la
lend.
Sauué, L. ucacharát — engendiur :
lo bcijel
sa-Sa'waton wachigacagué, I,. —
¿no conoce de di'mde li:i venido?:
he fhies no/ know whal piare he
i-a me froni f
na-Sedenaqui — iiapel : paper.
Senagát — uiiiriniirai': lo apeak evil
"/■■
le-Seró, 1,. — Ihinienco: /lamini/o.
ys-Si, r,. cumim — zorrillo; sln'iiL
lis-Si, L. Issi — liiel; gall.
na-Siedé, L. lashiidé — Ironipeta;
Irumptel.
na-Siedech — tabaco: lobacco.
si-Sieten, L. men — vender; lo sell.
na-Sigh, I,, nasi — asador; spil fur
roaslini/.
Sigen pequé — probaí la coniiila:
lii.sle Ihc ilinne)-.
Sigleydaú — disimlar; lo diapiile.
Signaba, í,. nahá — (lioy) este dia:
lodaí/, llíis day.
Signahag — el dia de hoy: Ihix
ver;/ ilai/.
Signát, ]j. natarnik — prenunlar:
lo «s/, or qaeslion.
la-Signech — mazamorra: hoiiiinu.
la-Signech — ul[iiar: lo lake iiiaise
¡huir mi. red irilh waler.
que-Sigon — mzar montes; lo pare
xlii-iihs iitid Irees.
u-Sigsemá — apuntar; lo aiin al.
laylis-Si, 1.. laelshik — tripas; guls. I la-Sigué, ].. sienagraná — comprar:
Is-Si, I,. — liii'l (corazón negro); gall.
lo lili II or parchase.
lis-Si, L. shinatagrangraik — ¡ion- , sa-Siguelenató
zofia: poison, cenoin.
lis-Si, L. icheaj — resina, goma;
gun, resin.
las-Sik, L. — cara: face.
Sycaytiliá, ysicabithliá, L. scailiá
memoria: »ie-
iHoni .
Siguiacli, L. siquiák — animal: ani-
mal, beasl.
sa-Sihagám, L. schiweranarat —
arar; lo ¡iloayh.
Iiimbiáz;
— anteayer; da¡i he [ore fieslerdaij. | as-Sihidé, I., quirey
Siccavit, (I quecallagá siccavit — I iroriiis.
ayer ó el dia de antes; ¡/esierdaí/. \ a-Sila — abinilar; lo renl or hire
or Ihe da;/ before.
Siccavit II cayá — el dia de antes de
ayer; Ihe ila;j before yeslerda;/.
Sicidaibó — voy á mi casa : I go lo
)n;j lioase.
y-Sicnic — yo quiero Hechas: / wanl j o-Similiaca — gangoso: who i^peaks
Ihroiif/lt Ihe nose.
Sinach, L. aunák — morder: lo hile.
averiguar:
oirl.
to-Silahuel — humilde: hmiihle.
missa-Silolech — misa ver; allend
111 a ss.
Simataquí — avariento: avavicious.
arroios.
as-Sicuni, L. quinitaqui.'it — (.'■ ca-
lalana) aprisiduar: lo iiiake prisio- ly-Sinató, L. oinatt
las-Sich, L. nadegalasbik — tizón:
n burning slick.
na-Sich, L. lasik — ligura, rostro:
pice, fea I a res.
ys-Sich, L. lasslk — cara ; face.
y-Sich, L. lassik — cara ii rostro;
face, fealares.
Sida — menear; lo shake.
Sidanacú — casualmente; as lack
wjtild hice it.
lo find oiil.
ua-Siné, I.. tomtá — líambn'; cold
ineal.
so-Sinetequigá — excusarse; lo
iiiake e.i'fiises.
Siph, 1.. sio — sur: soalh.
u-Sipaganta, L. shiparatá — -ucia
cosa; fial Ihinij, dirh/.
Sipeecaló — anta; lapir.
cana-Sipissi, L. laplayel — labios;
iips.
— 203
du-Siquiavel — desvergonzado: sha
ineless fellow.
Sisa — yo quiero comida: I maní
fooil.
Sisa scopitá — yo queriendo comer:
/ <im wanting somelhing lo enl.
ys-Sith, L. camachiaicte amukten
— huir: /lee.
y-Sit, I,, nanit — escapar: lo escape.
nique-Sitapó — alegremente: gnily.
y-Sité — arrancada: starl.
ni-Sitonogosic — atizar: to poke up
fire.
ne-Soch, L n'sók — mozo: youlh.
yo-Sóch, L. adapek — puñalada: a
slab.
nes-Socholech — muchachos: boys.
ya-Sodó, I.. lasodó — tia: auiit.
ne-Sodolcá — mozos: i/oiing fellows.
Soet — sazonar comida: lo season
fotjd.
Sognagan — músico: a musician.
Sognacay, L. — cacique de los in-
dios de adentro: cacique of inle-
rior liibe.
Sohi, L nahí — temer: lo fear, be
afraiil of.
Solioni — ladearse: lo incline, or
lean lii. or lie down.
Sohotanech, L. hotarnik — iiuitar:
lo laUi' froin or away.
k-Soikelshidó, L. — nombre de lu-
gar: ñame of pjlace.
na-Soyagá, L. lasogrirá — espiga:
ear (as of corn).
ya-Soló — tia: aunt.
ya-Soló mimi — mi tia: my aunl.
la-Somoligni — quicio ile puerta:
liouk-h inge in door-jamli.
ni-Són, L. chiamasapcó — alegrarse:
lo lie jotfal.
la-Són, L. lasóm — puerta: door.
as-Sonagá, L. cassogará — tronar:
lo Ihander.
a-Sonagá, \,. soonagrá — rayo:
Ihander-biill.
Sonagantapecuó — cada dia: each
da I/.
a-Sonlech, L. kishíguém — subir:
lo go up, rise.
Sousigém — ya me levanté: / uní
ulready up.
Soouá, L. sogoná — conejo: rabbil,
guinca-pig.
Sooni, L. neguené — sentarse : lo
sil dotvn.
que-Soph — remolinear: lo wUiH
round.
Sormingo, L. — cacique que no lo
tocan las balas: cacique who ivas
ball-pn'oof.
Soroncay, L. — cacique de los To-
bas: a cacique of Toba Indians.
Soronrá, I.. — sierra: highiands.
e-Sosanaycotapech — aquel que va
caminando: Ihul man who is wul-
king.
his-Sot, L. layel — costado: side.
as-Sotagam, I>. yassót — cocear: lo
kich.
no-Sotatá, L. damtó — blando: sofl.
a-Sotematá, 1.. nemnumurá — roma-
dizo: a cold.
na-Sotemata — nariz tapada : flal
nosed (?).
ne-Soti — harina: floiir.
as-Sotomatá, L. sopnatá — tos:
cougli.
no-Sotomatá, L. nemnumrá — ca-
tarrado estar: lo haré a cold.
na-Sotuená, L. tauán — asistir : lo
be presenl al.
o-Souech, L. ausouék — desatar:
/(/ nnlie, unbind.
sa-Souén — tener: lo liold haré.
na-Soviagá, L. lasoviará — espiga:
ear of corn.
Suatetapique— tan solamente: ifonly.
Succahim — apenas: scarcely.
Suda — con: ivith.
Sugetegué, I., eraicó — antepasa-
dos: ancesl0)'s.
Suhiá — pecado: sin.
Suyayá — pecar: lo si?i.
si-Sumapéc, L. somapék — perder-
se: lo lose self, slray.
Sutasagua napéch — ya no veo : /
cannol see any longer.
na-Sutiagá — cualquiera cosa: any-
Ihing.
Tomo IX
25
2'.)4 —
T
at-T, L. — viento: ivind.
la-Ta — ala, pluma: wing, fealher.
y-Tá — amo ó señor: lorclor masler.
ne-Tá — martillo: hamme)'.
hi-Tá, I-. ta'á — pailre : father.
y-Tá — mi padre que me engendrii:
tny father who begot me.
uau-Tá, L. — ir con compañero que
va adelante: to go ivilh comrade
who goc's aheacl.
yo-Tá, L. Iota — vena: vein.
y-Ta alcayá — mi tic, hermano de
mi padre: únele, father s brother.
lo-Tha, L. lothál — venas: veins.
lera-Tá, L. — dedo: finger.
ik-Tá, J.. — padre: father.
ua-Taá, L. — otra ave: anoíher bird.
u-Taaic, L. otchatchit — adormecer
■A otro: to put anotlier lo &leep.
an-Tác, L. — árbol: Iree (algarrobo).
an-Tak, L. — árbol de palo fuerte:
tree with hard ivood.
orol-Ták, L. — nombre de lugar:
mime of a place.
yn-Tacá — poyo para sentarse:
liem-h to íiit on.
Tacacatá, L. scauót — seca: drought.
en-Tacaedá — lomo: back.
Taccatá — está seco: it is dvy iww.
Tacát, L. — ave grande como pato :
sort of big duch.
Takshík, L. — Indios derecho de
<_'ori-ientes: Indians.
Takerai, L. — lanza: lance.
ni-Tach — peinarse : to combe self.
na-Tadem, L. npachi — curar: to
heal or cure.
na-Tadén, naitá, catók — sanar él
mismo: lo groiv better all alone.
na-Tadenó — remediar: lo aid, help.
Tadgrik, L. — árbol para trabajar
Hechas: tree which gives wood fil
for arrows.
til-Tadil, L. — muslo: thigh.
Tadiopká, L. — nombre de lugar:
ncDir of a. place.
ke-Tag, L. — cabra: gont.
la-Tagá, L. latagrgá — aloja: al-
(jarrulia-beer.
Tagacaté, L. tagacté — peine: coinb.
no-Tagaic, L. naouót — cimarrón:
u'ild, savage.
Tagayagay, L. tagayagrgay — ha-
bliidur: hilkrr.
sa-Tagám — hacer del cuerpo: ease
self.
na-Tagaque, L. natagaque — olla:
pol .
Tagasoganó — amenazar: lo Ihrea-
li'ii.
ne-Tagaté, L. kká — peña; rock.
ni-Tagini — peinar: lo combe.
ni-Tagini, L. tagini — peinar: to
1-0 mbe.
na-Tagnach, L. lato - coger maiz:
lo larrcM mai:.e.
sa-Tagnani — ensuciarse: lo befoul
self
ne-Tagnatich — tala (árbol): a tree.
cellis tala.
Tagni, L. tagní — oriente: Ihe east.
o-Tagni, Ii. tagani — pato: duck.
a-Tagní, L. tagni — oriente: the
east.
go-Tagni — pato: a dack.
Tagni, L. tagni — al oriente : lo Ihe
easl.
Taguigó, L. — otros conejitos: olher
hinds of rabbils.
na-Tagó, L. ntagó — Unjo de san-
gre: liloodji-ftu.r.
ne-Thagó, L. ttagó — sangre: blood.
le-Tagó — sangre: blood.
Tagogoic, L. nomaralaité — tuerto
del ojo: sfjainl etjed.
ne-Tagoloy — eliinche: bag.
y-Tagotapéch, L. chigrgonók —
ajiolilhir; lo be inolh-calen .
la-Tagte — manantial: spring or
wcll.
y-Tahá — mi padre: iny father.
he-Tahá, L. ipák — garrote: ciidgel.
áda-Taha — tu padre: tlty father.
la-Thahá — chica: lili le. small (í.).
295
y-Thahaló — luuclio; mudt.
y-Thahaló, L. sigtaraic — loco:
innil.
ayen-y-Tahaló — mudo estar : be
dinrtb iicli/iill//.
y-Thahaló, \j. tagalo — taitainudo:
a/iuii Mcrer.
y-Thahaló, T-. ytarió (opa) — estó-
lido ó zonso : iiliol, dea f and dumb
fellow.
Tahám, I>. dahám — barriga : belly.
Tahasoch, L. tahasott — abrojo:
J)ii r.
ni-Tahuéch — gotear: lo fall drop
by drop.
an-Tainigue, L. — andar: lo (¡o,
Wíilk.
ele-Tay, ]^. enrenay — (cállense),
acallar niños: lo lull children lo
silence.
lo-Tay — secretamente: secrelly.
elo-Tay — cállate: silence
lo-Tay, L. enrata — callar: lo be-
come silence.
na-Tayani — azuela: adse.
so-Tayavó, L. alimagtán — ofender:
lo oft'end.
si-Tayapéch — predicar: lo prearh.
so-Taycá — acabóse: it is ended.
a-Taygót — volverse hacia otro: lo
liirn loivards anothev.
Taygotagath — llaga: ulcer. raw.
a-Tayni-1, atay — para bajar: daivn-
wai'ds.
Tayquedá — para arriba: npivards.
sa-Tayquedá — volver de lailo: lo
lurn aside.
anai-Tajpirinó, L. — tu vitnes muy
lerdo: Ihou comesl sloivly.
y-Tal — padres: parents.
lo-Thál, L. — venas: veins.
Tala legó — á la otra parte del rio :
Ihe olher side of Ihe river.
Tala, L. elagtaló — (mucha agua),
mar: sea.
Tala, L. — rio : river.
Ta'á, L. tala — rio : river.
Talaletá, L. tala — rio grande: big
ricer.
y-Talcayá — mi tia, hermana de mi
padre: iny aunl, falher's sisler.
Talolek, L. — teruteru : plover.
Tananaü — pi'rpi'tno: perpetual.
so-Tanapéc, L. iasot — acosear: lo
kick.
ac-Tangráy, L. — avisador: sconl,
lell-lale.
lo-Tani, L. tani — calabaza, zapallo:
punqjkin, (joard.
ni-Taní, L. nitani — chorrear: loco-
ver icilh droppings.
Tani — esfi duro: il is hard nmu.
ni-Tani, L. nictaní — gota: drop.
a-Taniquedá, 1^. nooték — cuesta
abajo: down hill.
Tanta scauem — cebada: barley.
Tanta — trigo: whcal.
lo-Tañi, L. — zapallo, pumpkin.
la-Tap, L. lotap — frente: forehead.
lo-Tap, L. — frente: forehead.
ne-Taph — abi'azarse de calor: to be
scorched up wilh Ihe heat.
Tapcanerói, L. — otro árbol fuerte:
anullu'r liard ivood Iree.
soy-Tapéc, L. nohih— miedo tener:
lo be afraid.
lee-Tapek, L. — 50 me muero: I am
dying.
Tapek — partícula de presente.
ele-Tapek mazu? L. — tu estás mu-
riendo; Hkjií. arl dying.
silo-Tapegá — apacentar: io graze.
noy-Tapehiguél — palpitar: palpi-
lale, lo hcavc up and down.
ni-Tapequó, L. mitapké — buscar:
lo seek or scarch.
da-Tapi — se liincluj: he or il swel-
led up.
ca-Tapich — (jnebraclio colorado: red
qiiebraclio.
ta-Tapigi — esponjar: to swell up
like a sponge, rise.
le-Tapuc, L. — yo me muero: / dic.
Taque, vel, sasayaten, sasahayatén
— no sé: 1 do nol know.
so-Taqui, L. sotarqui — cincha:
girlh.
a-Taqui, L. cataqui — tambor: drum,
lom-lom.
Taquiagay, L. taquiráy — lanza:
lance.
Taquigi — rechinar dientes: leelh.
na-Taquioló, L. natajquiralolé —
ollita: small pol.
296 —
ma-Taquik, L. — otro árbol de fruta
reiliiinla: miotlier Iree irilh round
fi'iiil.
so-Taragnajté, L. —espuelas: spurs.
Taraík, L. — borracho: lipsy, drunk.
lok-Tarani, L. — moscardón que
pune ipierezas: hlow-fly which lays
Uve magcjots.
te-Tarani, L. — ave negra : a hliick
bird.
e-Tarát ''■ etagát, L. —agua: wnler.
Tardé, L. — mi padre: my falher.
quo-Tarién, F.. nótca — por qué:
u-hy.
quo-Tarién siquetié? — ¿por qué
comes?; ivliy eii/est Ihotí ?
quo-Tarien siquehe ayo? — ¿por
qué no quieres comer?: ivhy will
Ilion nol eal?
quo-Tarién — por: by, for.
so-Tarqui, L. — cincha: i/iiih.
na-Tarqui, L. — olla: pol.
so-Tascová — ya no hablo: / s<iy
ííolh'ing more.
Tasilaguét — vizco: squinl-eyed.
so-Tasitacó — ya no hablo: / say
no more.
Thassóth — cadillos; hnrs.
sasi-Tatá, L. sootapék — alligirse:
lo be uneasy.
le-Tatagán — gobernar: lo govern.
na-Tatagáth, L. la'atarátt — guerra:
W(rr.
Tatayget, L. autá — delante de ti:
befare ihee.
ne-Tatalcaith — fuente, manantial,
source: well, spring.
so-Tatapich — blando hacer: lo
¡iiiiki' soft.
Tatipí — quebrarse el lazo: breiik
oi' cul in two (of a lasso).
Tatipí, L. dachipi — romperse lazo:
brcaks in Iwo, of kiítso.
Tatogesán, L. tegesam — cuervo:
crotv.
ni-Tauji, I., aya — roció: detu.
Tavelmatá — se ha enojado: he is
fingry.
naa-Tcatacá — palabras : words.
cadae-Te — ojos: eyes.
nek-Té, L. — viento frió: cold
luind.
lie-Té, L. — roililla: linee.
lo-Té, L. — pestañas: eye-lashes.
lai-Té, L. — ojos: eyes.
y-ai-Té, L. — mis ojos: my eyes.
las-Té, L. — madre : molher.
yas-Té, ]j. — mi madre: my molher.
yac-Té, L. — mi madre: my molher.
ne-Té, L. nté — viento este: easl
wtnd.
ne-Té — soplar viento; Ihe irind
blowx.
ne-Té — remolino; a whirlwind.
na-Té — mañana: lomorrow.
ne-Té — hacer viento: il blows.
le-Thé — levadura : leavcn.
la-The quecanaga guadon — ma-
drina de casamiento: u-edding god-
¡iiolher.
la-Thé — nuera; daiighler-in-law.
luc-Teacá — letrinas: waler- dosel.
ya-Teani — madre mia: my molher.
ca-Ték, L. — una bala de miel: ho-
neu-biiN.
Teconoch, L. conék — cuchara con-
cha: spoon, fhell.
bacala-Téch, L. laték — bosta de
vaca: cow-dung.
na-Thedac cacayni cacaynilia —
siete, ó uno y dos veces tres: se-
ven, or one and. Iwice Ihree.
na-Tédac — uno: o?ie.
na-Thedac colee — uno solo: only
one.
na-Thedac Pedro — solo Pedro:
onl;/ Peter.
na-Thedacani yalole — hija única:
only dtn/glileí'.
na-Thedach, L. lamuktapék — mu-
jer soltera; single woiiinn.
na-Tedách, L. lamaktapek — sol-
iera; single wonian, iiiaid.
na-Tedách — uno, una; one.
na-Tedapec — una ó algunas veces:
once or sonielimes.
na-Tedapéch — pocas veces: nol
oflen, (I few limes.
la-Thede nethagath — madiina de
liaulisiiio : goil - molher.
ya-Thedé animagá tecooic — ma-
dre que me parió: tnolher who
bore 7ne.
yac-Teé, L. — mi madre: my molher.
— 297
Teesak, L. — abeja que trabaja con
liaii'o; hee whidí woika with niild.
o-Tegacate, I., otegrait — iloriiii-
l(jn : xhu'ji// fellow.
que-Tegagáy, L. dapaptá — salpi-
car: lo bcxixillcf.
la-Teget — .IclVnilorse: lo defend
self.
sie-Teget, I.. mata — topar : lo
ineel .
so-Tegraik, fj. — Indios de por alli
cerca de Salta; Iiidiiins iiear
Salta.
so-Tegraik, L. — otros indios, no
hablaban 'l'occjwit: olhtír Cndians
who spcak nol Tuba.
que-Telá, L. tela — oido: ear.
uc-Tela, f,. — oreja; ear.
Iq-Telá, L. - oreja; cur.
yo-Teletá, I,, teleta — idenia; Ict/.
lo-Teletá — pierna: lee/.
yo-Teleta — mi pierna: mij leg.
yo-Teltá, L. ligál — nalga: bullocks.
yo-Teltá, L. telectá — muslo: Ihigh.
Temadileü, 1^. temeleú — desma-
yarse: lo fdinl (iwai/.
na-Thén, I^. yayatüm — acertar ti-
rando; lo hit llíc Diiirk shooliníj.
sa-Tonatit, I^. tenatsit — engañar;
lo deceire.
Tenequehé enauath? — ¿está cocida
la r._.ii]ida :'; dinner í'.s ready ^
Teogodaic — desdichado: luckh'ss.
Tliesali — pesado: heavy.
Tesali — pesar la carga: Iha load
í'\ hrary.
Tesco, L. — tío; ancle.
ni-Teth, L. ntét — coser ropa : aeic
¡l(iriiifnl>¡.
ne-Telá, L. teló — de mañana:
carlii i)i lite morning.
sue-Tetá — suave ; genlle, soft.
lo-Tetá, r,. leté — teta: leal, breas/.
Tataancuté ntelh, I^. tetagrganucte
— aguja : iieedle.
ne-Tetauát — enciende la vela:
lighi Ihe caadle.
yso-Tetapéc —blandamente: soflly.
Tetarani, L. — bandurria: sort of
wood-Cí'ck.
lo-Teté, L. teté — pechos: breasls.
Tetó, L. — tela: dug.
Tomo IX
ala-Tgpiri, ],. — Dios: God.
cada-Ti, L. dasotapek — byilar:
dance.
lo-Ti, r.. Icogoqui — ubres: udder.s.
cada-Ti — canilla: sliin-bone.
hi-Tí — mi canilla; ///;/ shin-bone.
la-Thi, L. laschí — bofes: lighls.
so-Thi? — ¿has dormido?: hasl alepl >
lii-Thl, L. noyim — lágrima ; l<-ar.
la-Thi — L'igi-ima: lear.
lo-Thi L. uacalchi — leclie: )nilk.
yo-Tiac — gordo, grueso; ful, sloal.
ly-Thia — brea de árbol: Iree pilch.
yo-Tiach — está gordo, vei- Ihót :
él es robusto. Dobriz, trail. [^arsen.
p. 30 'i : he í'.s sloul, il />■ fat.
yu-Tiách, L. cheouk— gordo, grueso:
ful, sloul.
so-Tiagá, saguidic— .iiirede ; on par-
pose.
su-Tiagá — en vano; in rain.
yo-Tiagá — sueño; sleep, dreani.
yo-Tiagá scauen — sueño malo: bad
drrnni .
ni-Tiaga, L. nashiedék — tabaco :
tobáceo.
aymini-Tiagá — mi tabaco: ni¡i to-
báceo.
namedini-Tiagá — tu tabaco: tlni
lobucco.
Tiagadaich, I., oharadaik— gordura:
fal.
Tiagagá Dios— por Dios, ■> por amor
de Dios: fitr liod's sale.
lo-Tiagalay, L charaqui — vejiga :
bladdcr.
co-Tiagantá, I,, leratá — dedos: fin-
ge rs.
la-Tiagat, L. nachagát — lengua:
longiie.
cala-Tiagath, 1.. uacliagat — lengua:
lonijiie.
li-Tiagath, T,. chirtraik — overo : pie-
iHilted.
u-Tiagath, L. utewék— (voy á ori-
nar), oi'inar ; piss.
sa-Tiagna, L. charaná — indicar,
mostrar: slieiu, poinl onl.
na-Tiahám, L. nacham — lieivir la
olla : Ihe pol boils.
la-Tiamagá, D. luclii — esjiumar olla;
lo lake ofí' froth when pol tjoils.
26
— 29N
Tianich, L. saatarqui — laiiii. (f;ijn):
UHiisIbdnd.
a-Tianivá, L acharná — inosünr:
xlii'iv.
lo-Tiaqui, l> cliaraqui — vejiga:
Ij/adder.
y-Tiasidém, L. cuñetashiguém —
coloar; lo lia ni/ iip.
y-Tiasigem — cülgai". lu hang iip.
Tiath, Ij. shiparató — mancha: spot,
bleniisJi.
na-Tiatini — fila poner ; lo place in
file or arder.
na-Tiatini, L. chajau — pararse:
lo slop. xland up.
Tiaviti — antes: bvfure.
la-Ticáy — lunar: beanU/ spol.
a-Ticáy, L. Idela, Ichicay — be-
rruga, agallones: warls, xi/philis.
Ticayvá — levantar testimonio: bcnr
plise u'ilness.
ni-Ticna, I;, chigná — Hecha: (irrow.
Ticná — Hecha: arrotv.
y-Ticna — mi Hecha: mi/ nrrotv.
adi-Ticma — tu Hedía: tlnj nrroir.
Ticnallole — Heelia cliiquita: sniall
iirruw.
lii-Ticnéch, L. chiquinék — arco
lie Hecha: llie botv ifor Ihe arrowj.
ni-Ticnic — arco: bow.
na-Tich — Hicha: lurppiness. good
forliinc.
sa-Tich? — ,; lias comiHo :': hosl Ihoii
ealen Z
Tliidá — madrastra: slep-i)iol¡ier.
lo-Tieye, L. tala — arroyo: riv/ilel.
Tientapéc — burla: scof/ing.
ne-Tigá, L. cliigú — hi^ler: loslink.
Tigadagaic, L. chigadraik — he-
dionda cosa: slinking lliing.
ni-Tigadalecli — pudrida fruta:
rollen fniil.
Tigadoagay, L. nchigá — podrido:
rollen.
Tiganigó, L. cliigramgót — ciervo :
deer.
li-Tigissi, L. chissitt — costillas:
r¡bs.
sa-Tigloliól, 1,. tapactá — mojarse:
lo wel self.
Tigna ayén — la Hedía os mía: Ihe
arrow is mine.
y-Tigná, Fj. lamú — saeta: diirl.
Tignetap, L. Itó, cactá — secaí- al
sol : lit dri/ in l/ie si/n.
ni-Tígogiiagá —pericote: moiise.
ni-Tigonách. — pidiUa: niolh.
Tigosognogqui — cedazo : riddle.
li-Tigssi, !.. chiquissi — xiñones:
Itiilnei/s.
ni-Tiguisi - niiliia: uller.
ní-Tíguisich, 1 ,. chiguisacté — anillo:
ring.
shik-Tiguit, ]-.. — palo de dos íiios
para cavar tierra : pieee of wood lo
diij u'ilh.
Tihagát, 1.. yiditapek —listada cosa:
slripeil Uiing.
la-Tihi — granizo : hatl.
la-Tihi, 1,. lach'hí — granizar jiiedra:
lo llllil.
na-Til, I., nachiil — bañarse: lo bu-
llí e.
li-Til — canillas: sliin-bones.
Tileleté— media, calceta: socks.
y-Tilileté — media calceta: sochs.
ni-Tilitiagacalóu! — ¡ oy, qué calor
tan recio!: ¡toiv hol il is.'
ni-Tilitiagá — calor: heal.
ni-Tilitiagá — 1.. tápalo — hacer cn-
lor: il is Iiol .
Tilitiagá, r,. chilchará— sudor: swenl .
da-Timecá, 1.. sorduchi — |ierd¡z
grande: big paiiridge,
no-Tinapécli — despacio: slowli/.
la-Tinnegol, L. — entonada : slejj-
diitighler.
y-Tinic — mi arco, iny bow.
a-Tinith — lechuza: owl.
soo-Tinó, L, ñorottani— á escomli-
das: so lliiil none shall see.
ne-Tinoganagá, L. chigonagá —
ratón: ral.
co-Tinqueda — retirar algci: lu irilli-
(Iriiw sonielhing.
SOO-Tio — me dormiré: I slinll gu lo
sleep.
la-Thio — suegro: father-in-law.
soo-Tió — dormiré : / shnll go lo
sleep.
Tiodac negot — poliro muchacho:
poor boi/.
Tiodách, 1j. unatók — compade-
cerse : lo be sui'i'g for.
209 —
Tiodách, T.. cawém — liuccr muí
á litro: /(; i/ijare <iii<i/her.
si-Tiodém — hacer bien á otro; lu
lili i/iiiiil lo luiullier.
si-Tiodém — aboi^ar: lu Inke un-
(ilher's piiii.
si-Tiodem — apiailarse: lu lie moved
lo pili/.
si-Tiodem — interoedm'; lu inler-
rede.
si-Tiodém — compasión: i-oiiipiiK-
sioil. ¡lili/.
si-Tiodén, I^. ancochiác — librar á
ii(ri:i: la save (uiolher fioin.
si-Thiodó — suegra: i)iollw-in-/tiu>.
Tiogidisá — infeliz: Kiihiijipi/.
la-Tiiiognaná , L. malametalék —
carga: load.
Tiogodich, L. chogodák — [mbre:
¡iijur.
si-Tiogón, L. chigon — soñar: lo
ilri'iii/í.
Tiogonigetedá — al alba: al duwii.
si-Tiogóth, L. dactrán — avisar:
lu leí knijW, lu adcixe.
la-Tiomagá — espuma de sapo:
luiid'.s f'rulh, or spaivii.
ho-Tión — apagadlo: extingtdsli il.
Tiosagtiguí, L. achigratevó — ce-
ñirse: líi/liie/i hell.
si-Tioti, L. ochi — dormir: lo sleep.
Tiovagán negotoléc — el muclia-
clio me lia hecho daño: Ihe boij
luis hewilched me.
a-Tipigi — reventar: lo hai'sl.
la-Tipigicaén — reventar postema :
II) liiirsl a lnmuKi' or boíl.
Thiquesoch — hibrar palo: lo work
líji icuiid.
lo-Tasinagnagat— cruciücar: lo rrii-
'ifU-
cani-Tissit, L. chissit — costillas:
vibs.
ni-Tissith, L. chisitt— costilla: rib.
quo-Titá — poquito: a lillle.
ni-Titá, I., nchitá — sebo ó grasa:
liillow or grease.
ni-Tita — manteca: bailar.
li-Tita — capadura: urerlappiíuj f'al.
o-Titá, L. lochacoló — dormitar;
lo ■■slamber.
ot-Titá — dormido ; asleep.
ni-Titá, I,. Ipiú — riijundia: ful on
a I'dwI.
li-Titá — grasa; ful, ¡jrease.
i-Titigni— claramente: clearh/.
Titole — mosquito : mosquito.
ni-Titolé — mi mosi]uito: mij mo.i-
1/ II i lo.
a-Titolé — tu mosíjuito: //);/ mos-
quilo.
Titolé, L. chit'olé — gegen n mos-
quito: moxquilo or sandfli/.
sa-Titata — desvariar: lo tvander
(in fever).
la-Tiugé — fuente que corre: raa-
niiif/ spriny.
la-Tiuoth — bañarse con las manos:
balhc self wilh hands.
la-Tivegi — barranca : cltff'.
sue-Tó — techar: lu roof.
na-Tó, \j. naponát — recoger; lu
gallier. hurvenl.
le-Thó — envejecer árbol; lu fjruw
oíd lof Iree ).
Tocamale navogo— para tiempo de
brotes; i ii spriiig lime.
Tocchigui, L. — esfi crudo: il í'.v slill
ratr.
Tocoij tocoij nomacalú — Jesúsl ipie
frió tan grande: Oh .' how cold il is.
Toco'it ó Tocowit, L. — Asi traduce
Lói)ez la palabra Indio, al hablar
de los suyos. López era indio (^>ui-
chuizante de Santiago, capturado
por los Tobas }• criado por (dios.
El nombre Tocowit corresponde á
los (jue nosotros llamamos Tobas:
Ñame of Toba Indiana ainoiig
Ihemselves.
Toch, L. tók — bermejo; red or ver-
mil ion.
e-Toch — colorado; red.
Tochiri, L. — Caciipie (murii'ij: ña-
me of Cacique.
Togenanangat — confesarse: lo con-
fess self.
Toginisich, 1.. toneguischik — tos-
tado maiz; parchcd. rom.
sa-Tognách, L. satognák — coger
algarroba: lu gallier algarroba
pods.
Togoté, Íj. nusliidé — pozo : well,
pond.
— 300
Togtanech — resumir ; redecin.
yo-Togui — lili peclii); tny breast
de-Tohón, L. desoktapék —bramar
i'i cimlnr aiiiiiiiil: hcihnr or roar
1(1 heiis/).
si-Thohon — liiinilir roiia: sieep
Oai'iiioih in wulfr.
si-Tohonec — riiiisiilei-ar; lo conslíle)'.
Toliuelé, ].. ernrát — cliaguar:
sltunp aloesí.
na-Toyna, I;, latoiná— ( amiiana: hell.
na-Toynalaudi - tone; luwer.
noy-Talagá — IVio ile lielire : agiie
raid.
aa-Tolé, 1,. — lugai- de Salta: ¡thiee
iiciir Sulla.
no-Tolé — liennand maynr res|.i(ícto
de ]a liennana menor: yoitnger
sisler'n eldesl brollwr.
Tom, L. — agua i|m^ e^t'i l'ria ;
iriiler u'liicli is fo/il.
a-Tomapeget — aire hacer: /o pin.
Tomascaianemó, L — no les des
jian: ilii nal gire Ihem hread.
Tome salawató, L. — no me mates:
du nol kill Hit'.
a-Tomeiiaataacaém — eníiiar á otro:
lo make anolhcr frc.tli iniil cool.
Tometá, L. tatóm, tomtá — en-
friarse : lu f/row cold.
a-Tomicooguel — refrescar: lo groiv
cool.
si-Tón, L. toniguesliik — derretir
sebo: lu )¡iell lulloiv.
sa-Tón, L. laiiék — despertai'se: lo
iiu'iikrn.
ni-Tón, L. paygrát — calentar algo:
lo iriinii up somelliing.
lia-Tón — esfi frió: it is cold nou\
si-Tón, L. autón — freii: lo fry.
Tlioná — espesa cosa: soiiielhing
I h irle.
Tonanogqui — casco de tostar inaiz:
filie rd fijr ¡ifwching eorn.
no-Tonatách, í.. tonat-ták — triste:
sdd.
ni-Tonéch, I,, touenék — recor-
darse: ío awfikcn.
ni-Tonech, T^. calak, kinadapcá —
recio hablar: lo ítpieak iip or out.
ne-Tonech, I;, nogonék — telar;
luoin.
sa-Toném — despertar á otro: awiike
iinolher.
a-Thonl, L. alóui — carámbano:
ii'irh\
ne-Tontapócli? — ^:est'is triste:' —
arl Ilion xadí
le-Thoó, Ij. chigronók — carcoma
ó polilla; iiiúlli or tvonii.
Toqué, L. — pecho: chc.tt, brcasl.
lo-Toqui — pecho: chesl or bi-ensl.
yo-Toqui — mi ]iecho: /¡ig chesl.
Toquitigui, I.. tokchigul — crudo:
¡•cnr.
Tosilahuel — caritativo: chiirilable.
Tosilahuel — humilde: hiimble.
ne-Tosocó, I., tescó — fio: unrle.
Totocta, 1,. — bien asado: U'clt
roaslcd.
gra-Touichi, L. — tus ojos: Ihg egea.
Tóup, L. — agua honda: deep inile.r.
ca-Tquetela, \.. uctela, Igtela —
orejas: enrs.
Traelate, L. — otros patos: so/7 of
d llrks.
Túch, T.. túk — grana, color; ürdrlel.
la-Tugitich — eterno: eleraal.
la-Tugitich — eternidad: oternilg.
ana-Tuya, L. chiñí — zorrino:
sknnl; (Quichua ).
sen-Túnek, L. — no me acuerdo:
/ caniiol renieniber.
Tuquiqui — lagaña tener: lo be
blear-eyed.
V
noy-Vá, L. chim — amargo: biltrr.
la-Vá, L. lauá — ah( de ave: wing
of a bird.
la-Vá, I>. lauá -
co-Vá, 1.. laué
heud.
pluma; /eallier.
- cabello: luiir of
301 —
yu-Vá — gozarse : to en jo;/ self.
la-Vá cadapilavá — nietos ilo ciüiti'o
¡ibiielos: rji-anchons of fonr f/ranrl-
parcnls.
la-Va cadapilavá — nictus de ciuilro
abuelos: grandiUntglilcríi of fonr
cp-imdpiireiils.
leu-Vá, L. leuwá — niuerte; dcalh.
ado-Vá — tu luujer: ///// wife.
yu-Vá, L. lowá — nuiridu: Imx-
híind.
id-Uá, L. awacpi — liiei'bii : lierb.
yog-Ua — mi mujer: my wife.
ne-"Wá chigorogué ? L. — ¿de dónde
lili venido? ivlirnce i-oines lie or
1/111/ f
la-Wa, L. — ala: iviini.
li-Uaanóth, L. awarán — apuñetear:
lii iii//li'i.
la-Vác, L. lauatchqui — sepulliira;
í/ívírc.
ni-Vaca cacoynivá — laitarabuela
materna: inalernnl i/real-greal-
[/¡■iind/nolhei'.
ni-Va — mi vaca: ni y cow.
ni-Vaca cacayuilia — cinco, ó tres
y dos: fire, or Ihree and Iwo.
a- Vaca — i'iyeme: hear me.
ni-Vaca cacani — bisaLu(da ma-
terna: i/ialerniil //real yrand-
iiwlhcr.
Vacach, I., wacak — qui/braila cosa:
II lirukrn lliiny.
Vacal, L. pacál — sombra: shadow.
shiidc.
Vacalepeué — astas <'i cuernos :
Iioriis or iinl/ers.
Vacaló — tu vaca: llty cow.
Vacallote — vaquilla i'i teruerilla:
heifer.
■Wacani, I>. — estrellas: stnrs.
Wacani, L. — luc.ero: moi-niny slar.
a-Vacapi, L. auacpi, cacta — paja
i'i heno: .slraír or lun/.
Vacatini, L. uacajni — crucero,
estrella: suitlhei'ii cross.
a-Vacatini, L. wacani — estrella:
Sllll'.
la-Vacó, L. lawacó — ceirar jKjr-
tillo; i-loxi' II gilii.
ya-Uách, Ij. cochipelauák — cabo
Je cuña: handte of wedge.
yi-Vach, L. lapiguél — brazo:
ariii.
so-Uách, L. auauék — alargar: In
leni/llirii .
la-Vach, L. lauak — agujero: lióle.
la-Vach — abertura: openini/.
la-Vach, L. mpacta — portillo: ijiip.
Wachagat, L. — lengua: Imiync.
a-Vadevolech, L. wadowolek —
guisar: fry, sleiv.
Vadóm, L. wadóm — casarse: to
i/el iHiiried.
a-Vadón — casarse: lo gol riiaried.
ah-Uadón — deshonrar con obra:
lo seduce carnally.
anaa-Vagá — tu maiz : lliy inaizc.
ylloa-Vagá — mi uiaiz: iiii/ inaize.
a- Vaga, L. aworá — maiz: iiiaize.
yu-Vagaganagat — mi huasca: my
liide lliong.
lu-Vagai, L. luuagrai - tassi — fru-
ta: a creeper wilh qiieer xliiiped
friiil.
sa-Vagaic, L. sauagrgaic — león:
lion.
asa-Vagaic — león: lion.
no-Vagayagá, L. uairerá — zorra:
ri.ri'/i lo/' fo.rl.
Vagaleguet, 1>. lohuelouac — man-
ca: inaimed (liiiiie).
a-Vagalihy, L. latagrá — cliicba:
inaize heer.
u-Vagalóc — dar castigo: lo puniak.
Wagam — pegadle: Ihrash or hit
liiin.
a- Vagan — huasca: ropc's end.
u-Vagám, I., uagám — castigar:
tlirnsli.
yu- Vagan — le pegaron; tlwy tiit
or Ijriit liini.
na-Vaganagontách, L. guargna-
graat — azote : stripe.
u-Vaganlóch — disciplinarse: to
/¡ngclliiti: self
asu-Vagánó — aporrear: to knork
aljont .
s-Uaganót, L. uagran — dar bofe-
tadas : tu cii/f well.
s-Uaganóth, L. uaranót — maca-
nazo : liliiir wilh club.
a- Vagapinóch, L. awalpinék —
caña de uiaiz: maize stalk.
302
a-Vagatigl — encubrir: lo harhoiir.
Vagi, L. palló — ilriilm; inside,
iiilhhi .
a-Vagotagatih — lUtyii h;ici/r: /itulie
II riiw úr u/cei\
Vagualách — gritar recio: slioiil,
rilll l,,ll.
Vaguee, L. uetaúk — lUsmulo:
iiiihi'd.
so-Vahay — algunos: suiíie.
Vahama, I., yugrgan — a/otar ; lo
lliriish.
na -Valló — azucena: /////.
a-Vahuech, L. auectá — llevar ü-
rauílo: lu Irnd u'illi a ropc.
su-Waik, L. — león: lioti.
Vayléch — sobro algo: on or iqion
siiiiu'tliinij.
Vayó — volar: lo fli/.
Ca-Vayo occoni — ala el caballo:
lie iip lili' liorse.
Vayodagay, L. uaijchi — cojo:
liii/l, liiine.
di -Val, L. uól — mala gana tener:
lo be unwillinij.
di -Val, — lie vahío: nollnnij lo do.
i-Wál, L. — nieto: ijrandxoyi.
sa-Valach, L. yaloktapék — voc(,'ar
i'i gi'itar: cali oiil, slioii.t.
sa-Valách, L. alák — gritar: alionl.
Valagáy, L. walray — preiSaila:
¡iri'íjniinl .
Valahay, T^. ualray — concebir: lo
i-oni-eire.
si-Valayagat — (lia de liesta : feasl-
daij.
h-Ualamat, L. ualamath — apagar:
lo i'.rliiii/iiish.
a Valamat enodech — apaga el
liiegii: ¡lili /he five oiil.
vela - Valatmáth — apaga la vela:
pul Ihe candle oii.t.
Valamáth — apngaiUo: pul il oiil.
Valamát - despavilar: lo sniiff'(lhe
riindlc).
Valéch, L. iialék — encima : on or
lipón.
cado - Valéch, L. awalgué — Iniella.
rasti-o: Iriick. fool-jiriiil.
Való, I., al-ló — ceui/.a; ushe.s.
a-Valoch, L. quiarayuk — goloso:
ijreedy fond of good lliiiujs.
Valoch, I,, ualók — lienzo: grey
shirl iilfl .
Valóch, L. ualók — algudon : rollón.
Valóch, L. lomrgqui — camisa:
xliirl.
a-Valón — llama hacer: lo iinike
II hliize.
a- Valonnodech — enciende tuogo:
lii/hl II /iré.
a-Valoqueda — ved ver á otro la
espalda: liirn Ihe barh on soine
one.
a- Valpinech, L. aoralpinék — nutr-
ió: i/niinless col' of iimizi'.
Ualsliik, L. — fruta del cardón alto:
l'riiil of liill cachis.
Valuayc — lobo: wolf.
sasa-Uam — no veo: / do nol .^ee.
sa-Uám — declarar: lo declare.
sa-Uan — veo: / do ser.
sa-Ván, L. mecten — ver: aee.
na- Vana — visible: risihlr.
lo-Vanagá, L. louangrá — aiina:
.Sllllll.
na- Vanaget — detener: lo lieejí hai-l: .
ni-Vanaliath, L. luguiátt — bata-
llar: lo ballle.
na-Wanarnak, L. — guanaco: iiiia-
nnro.
a-Vanoch — dame iiue cmuer: iiire
me ¡ioinelhinn lo eal.
h-Uanohé — pan (ile mistol): inis-
lol Icaf.
a-Vanoth — gemin.
Vanóth — ¡ ay ! : oh .'
la-Wanuk, L. — dame de comer:
gire me my dinner.
Wapat, L. — carne: ineel.
h-Uapetá — cargo hacer: lo coiii-
plain of.
h-Uapigni, L. nareinaní — aten-
der, oir: lisien lo, liear.
na -Vaqué — melones: iiielons.
Warairá, L. — zorro: fb.r.
Uaralkét, 1^. — manea: liobbles.
Wareirá, L. — zoi'ro : fo.c
a-Varicó — to cjuemarás: lltou ivill
biirn lliyself.
a-Vasách, L. sactapecnacá — ape-
di'eai': lo sliine. Iiail.
a-Vasidigi, L. siidigui — llanta
tocar: lo pía y on ¡hile.
g-Uasigém — anúba ó enrima: nn
/lie Idji or (thove.
h-Uasot, L. dasottapek - liailai'.
lu ihnicc.
e-Uasotagam — ilar cm-cs: lu hid;.
la -Wat, L. — liíatai-; lo kill.
yu-Vat, Ij. lira'tá — mano: luiud.
ala-Vát — iiiataillo; /./// // or hiin.
no-Vath, L. nauett — demonio:
devil.
Vatayvá, L. niyatt — aguardar: lo
wail for.
o-Vatiyva — esprramo: hy/í7 forme.
sa-Vetecó — amar: lo toce.
hi-Vatech, L. pia'té — Inullas:
iniiks.
Uateth — de in'is de esto: hexides
litis.
sah-Uateton, L. auactón — conooii':
lo hncw.
a-Vati — cargar el hombre: lo load
or Idkf iip (of man).
a-Vatlii, L. audoi — llevar: lo
rnrrii .
ah-Vatiagná — señal heclia con
ilcdo; íiiíin ¡nade wilh finyer.
ali-Uatón — ileshonrar: lo comipl.
a-Vauech, 1,. auauék — tirar esti-
rando: lo pulí la uyid.
so-Vauech — desnudarse: lo slrip
xelf.
a-Uco — derramai'se: lo be xpill.
a-Uco, í.. ucó — derramar liquido:
lí) spill lapnd.
yo-Vé, L. luef — iliente: loolh.
yu-Ué — dientes: leelh.
co-Ué, L. laué — cabellos: ha ir of
hcail.
sau-Ué, I,, ucacliarát — rngendrar:
lo hegel.
la- Vé — hoja: leaf.
la-Vé ~ hojas: Icaces.
la-Ué, L. laué — lana: wool.
iu-Vé — muía: ni ale.
na-Ué — negra cosa: hlackobjci.
la-Vé, r,. laué — hoja: leaf.
la- Vé, L. lawé — pelo: luiir.
la-Wé, I,. — cabello: hair of head.
au-Wekeda, L. — retírate para allá:
1/0 o/f fnilier.
a-Vecolá — cardenar ('i desmontar:
lo clip or cul dowii foresl.
a-Vecuní — haz (') atado: xheaf.
a-Véch — amenaza: Ihreal.
a-AVécli, I. awék — estira: ¡mil il
laii//lil .
sa-Uech, L. sawék — salii-: ¡/o oul.
a-Uéch, I,, auék — afuera: oalside.
yanane-Uech — alargarse: lo slrclcli
oal .
ay-Véch, L. aywék-edá — liura:
oulside.
Védale, L. laidraik — negro:
blark (m.).
Vedaic — mulato: nialallo.
Veday — negra: hlark {(.).
a-Vedanapép — menearse: lo roll
alniíd. :<hakc self.
a-Vedepodepegá, L. chaisat — |/al-
mar : pal ai rjrove.
a- Vedó — mover: aiove.
s-Ueganó L. auran — pegar: /o
slrtke.
na-Vegavá, 1^. nauegroá — compa-
ñero: roairade, jial.
na-Vegdetachiué, I^. chiué — ne-
blina: /b//.
na- Vegelech, L. nawegelék —
iMdipse df sol: eclipse afilie san.
a-Veylacayó — volvi^r.'m : Ihe// will
relurn.
a-Veyó, I,, anakchil — lavarse: lo
wash self.
a-Velá — mandar : lo arder.
o-Velá, I,, aula —mandar: lo orJer.
a-Veladini, I^. ladini — sepultar : lo
hury.
a-Velavá — honrar: lo honoar.
a-Velcatá, T^. awalektá — ir poco
á poco : lo go on by deyrees, or
Si'oivly.
na-Veleguec, L. paligló, alosliik —
nublailo: cloady.
Velematecayé—bravo: brave, fierce.
si-Velenaté — amar : lo love.
si-Velenaté — recordar á otro : lo
wake iip anolher.
a-Velip, L. liparám — manmr : lo
sacJ; as a cliild.
co-Vemalloic, L. dilgroic — IxUaco:
biid felliiw.
a-Venadapéc — batir huevos: lo beal
ap eyi/s.
a-Venagán — cantar: lo isiny.
304
ah-Venam — aiTollar; lo drive or
rail liiirk.
a-Venanay — cUliite; huid ¡idiii'
tonf/i/r.
na-AVenek, I,. — gama; doe.
a-Veolasigué — mira, lo lias ile pa-
gar; /ij(l, oi/l. i/üii will me il.
Veque, L. limcó — rincón: comer.
nock.
a-Vequehe — tu comes; /liou dvsl
eiil.
a-Vequesóch, 1, pelcaguenaló —
alirir reses; cnl i/p an (iniíiuil.
a-Vequetá — podei' hacer; he nble
1(1 do.
sa-Vequiath, I., ategran — lesollar;
brerilhe.
a-Vesacagé, i,, sidanagrgatt — con
azala cavar; lü hne.
o-AVet, L. — el malo: Ihe evil one.
a-Veth — amasar ; lo knetid.
a-Vetacá — liabla ; speak.
o-Vetacá — liabla; spei'k.
s-Uetegé — redondeai' ; lo clip nll
round.
chi-Uetegucú — te has tardado:
llio/i liiisl delai/ed on Ihe road.
ah-Veteléch, L. aumaratt — apare-
jar; lii pul piick siiddles on siiJiip-
ler Duilcs.
co-AVi, I,, — amarillo: yellow.
a-Viac vacal — sombra ríe árboles:
x/iade of Irees.
a-Viacli, L. auiak — monte ó selva:
foresl or grore.
Viach, L. auiak — arboleda; plan-
lalion of Irvcx.
y-Viagá — padrastro; xlep-fdlher.
log-Vianatith, Ij. matapoók — ab--
grar: lo rejoici-.
le-Viáth, L. sadesá — liartarse: lo
hiirr (I helhi-fiilt .
dih-Uic, \i. diuik — arañar con
uñas; lo scrnlcli. u'ilh itaih.
ni-Yich, L. nauik — rascar: lo
scriilcli ¡iclf.
ya-VicIi — se iiueun'i; lie bu mi
hiinself.
lu-Vidá — detrás de ti: afler titee.
s-Videvó, L. vidoó — llegar ; nrrire.
ya-Vidogi ^ ardii.'i : il b/imed dtwn.
ni-Vigé — guitarra: guilar.
ni-Vigé — músico á instrumento:
insl rumcnkil inusician.
Wigiri — échate: lie down.
no-Vigisigem — asiste; wiiils on.
o-Vigni, L. nahaní — echarse; lo
lie diitvn.
sa-Vigni — zambullir á otro; lo dack
(iHOllier.
so-Veteuvé — ha mucho tiempo; // a- Viyó, L. awiyó — fregar con agua
/.s- l(ii}f/ sime.
iv<isli wilh ü'iiler.
si-Uitidium, L. dicotapék — dolor I a-Vilagath — revolver el trigo; lo
di' parto; píiins <if rliild-laboi'r. \ tura orer ivlienl.
s-Uetó, L. awót — hac(U'; lo do or Uio, L. coyuyo — ¡!Índ of ¡/rilhin.
III ake.
0-Viogoth — vuestro: yonr.
a-Vetohón, L. ahonagan — tejer; a-Viquia — guiar ciego: lead Ihe
ircdre.
s-Uetoivó, 1,. auechenoyik
flcar casa; lo biiild house.
a-Vetonavagá — tostar maiz; lo
parcli. com.
a-Uucú, í;. leaumáth
e.rlidllSl .
Vevé - yerba: Jierb,
oa-Vevó — de aqni adelante; liere-
(ifler.
lo-VI, L. laué — chala >\r maiz:
inaizc sheiilhs.
lo -Vi — tuci-a ; oiflside.
yo -Vi ayém, L. ataratpék — tras
de nú: afler me.
I blind.
i- I Wiraik, L. — crespos; cnrly.
Wiraik, L. — hombres negros; bluck
111 en.
' a-Wit, L. — poniente; ivesl.
igotar; lo • a-Wit, L. — á la tarde: in Ihe
iiflcrnoon.
la-Vith, L. lawit — ayer tarde: yes-
lerdiiy iiflernoon.
u-Vitigotli — estercolar; lo ¡Iress
ii'ith dtuuj.
Vitigotli — aventar trigo : lo ivinnoiv.
a-Vitivoch, L. chiuik — sacudir:
lo shiike oitl.
la-Vó — casa: house.
305
lalo-Vo, T.. pauó — dentro: inxide.
laelo-Vo — dentro: wUhin.
na-Wok — asar: lo ronsl.
sa-Voc, J^. leainan — poner: íopitl,
or lat) dcivn.
ni-Voca nalotapegat natedac —
nueve. ('> dos veces ciiütro más uno:
¡itnc, of iwicc fuur and one.
ni-Voca nalotapegat — ocho, ó dos
veces cuati'o: ei/jhl, or livice four.
a-Vocolatigi — partir con manos:
ítplit ii¡i tvil/i h(i>ids.
ni-Vodenagá — seamos amigos : leí
i/s he friends.
a-Vodinapéch — poco á poco : lili le
1)1/ lillle.
a-Vodoqui — engarzar: lo sel in
c/old or silre)'.
a-Vodovó, Ij. audovo — (lleve),
meter: pul in.
sa-Vogó, I-,, tápalo — estio: si/m-
mer.
Voic, L. oik — gavilán: liawk.
Voic, L. owik — .'igiiila: eagle.
Woic, L. — nombre ile lugar: ñame
i)f piare.
Voidi, I ,. uui — cada año : earh
ijriir.
Voy, L. uoi — año: >/ern\
nec-Voy, nagi, voy, !.. uoi — este
año: //í/,s i/eiir.
si-Voy alcayá — el otro año pasa-
do: llie (illier ¡lear llml is ¡jone hi/.
a-Voyagan onagni nohich — llama
la gente á rezar: rali Ihe people
lo 'prinicríí.
sa-Voyayáhc — racicín coger: lake
Hji ¡'(Ilion.
a-Voyasová — causa, ó por: Ijy
reason of, for.
Voydil — todos los años: ere/7/
year.
a-Voylapigué — chupa: coal.
sic-Voyliá, L. sigoiliá — este año
pasado: Ihis lasl year.
a-Voylo cavayo lassiguetó lapich-
lapá — dame caballo, te daré cera:
give me a horse, I will gice Ihee
iva.v.
sa-Voyoló, L. awoyolé — (déme)
fnego, encender: gire me a ligJil:
nnike a fire.
Tomo IX
sa- Voy ole, !>. ■walonnanodek —
tiiegii liacei': ligJil a fire.
si-Voyt — antaño: yeavs age.
Valaytá — sazonada : seawned.
a-Volalegué — salar: salí.
sa-Volapi — vestir á otro: lo dress
anolher.
a-Volasi — enclavar: drire one
Ihing inlo anolher.
sa - Volasigue, L. niyaúm — deber:
lo (iire.
a-Volasigue — valer: lo he of valué.
sa- Volasigue, 1,. ascbiitem, anat-
grgnarat — pagar jornal: lo pay
ivages.
a-Volasileté — juez: jtidge.
a-Volavách, L. avolauák — agu-
jeiear: lo malee hales.
Valcoléth — iialcon: hawk.
sa-Volenagat — nombre poner: lo
ñame.
sa-Vomanoén — sabor : lasle.
a-Vonapoté, I^. .ciui — {x catalana),
neblina: lo grow eloudy.
a-Voneté, L. cnakeraik — viento
hacer: lo be windy.
a-Vonevagán, I^. ongrapek — cau-
to, caución : song.
la-Vopeyló — cerrar portillo: cióse
gap.
lo-Vopi, L. lovopi — ajuar hacien-
da: ¡Ji'operty belongings.
a-Vopotá, Ij. cuugát — refregar:
lo ruh ur srri'lt.
ne-Vosi — mote: sorl of hominy.
a-Vosi, \j. taktapék — iiablar: lo
speuk.
e-Vossi, L. euossi — cocinar: lo
cook.
a-Vosinal — barro hacer: lo pre-
pare mud.
a-Vosiquini — arrodillaiis : kneel
down.
a-Vosoch — pintar: lo puinl.
di-Vosuech — soltarse: lo slari on
a jou)-ney.
a-Vóth, \j. a'wotoó — (llueve mu-
clio), aguacero: shoiver.
Votli — debajo: under, undernealh.
a-Voth, I. awoctuúm — llover: lo
)-ai>i.
a-Uoth, L. auauót — asar: lo roasl.
27
— 30()
Vothaypia — ilebiiji') los pit's: un-
ih'r I'düI.
a-Votalú, L. avotalú — dilnvio,
:ii;iirtceiTi: ileli/f/e, xlinwer.
a-Vucanapech — ¡r (Itispin's: í/rj
(iflei'ivards.
sa-Vuech — i'ame;u': lo h/irroiv wilh
lirii ni.'liL'x.
na-Vugé, T,. wadóm — loinÍL!U': to
fm-niriilf.
a-Vusúch, L. ousuk — majal': io
k'iixe or brnise.
X
Xasilete — bacín: Jordán.
Xidissó — il ' allí: Ihence.
Xylécli — canal: canal.
Xiló, í,. aura — chacra: maize field.
Xipelá, Ij. peíate — calzado ('i za-
|iato: aliOCíí or boola.
Xipoduj, L. — aninialito (jne cava
la tii-Tia : sorl of mole.
Apéndice .4
NOMBRES SUSTANTIVOS
Adahasitli, L. ladarashit - cola.
Adanaqui — nioitcio.
Adanaqui, I,, adagnaquí — aliuiíiz
n inortiTO.
Adavati — reiiioüuü.
Adigen, L. móo — iialailar ó gusto.
Aená — olla.
Ailpolló — cóndor.
Alcutiá — partera.
Alimacavó — quebrada de lio.
Aló, 1,. aló — mujer.
Alóch — laJH, losa.
Alotagani — mosca.
AUuá — plato de barro.
Alluá, I., aloá — sucio, tierra.
Ama, quema, nodigua, L. towé —
sal.
Amáp, L. map — algarroba blanca.
Amapich, L. mapik — algarrobo.
Amugasagan, L. namugusran— quir-
quinchií.
Anagó, lanagé, L. lanagué — lazo.
Anagnagaté — marca.
Anahát, L. lemlahát — aliento.
Anogoqui — .Vrgana.
Apalcoaá, L. palconá — pelota.
Apillóch, L. Lascguini — basura.
Asaglená — rueda.
Assotomatá — L. sopnatá — tos.
Ataqui, L. cataqui — tambor.
Aticay, L. Idelá Ichicay — (agallo-
nes) berruga.
Atinith — lecliuza.
Avacatini, 1-. -wacáni — estrella.
Avaga, 1.. aworá — maíz.
Avagan — huasca.
Ayaic — I^iablo.
Ayap, L. alap — boca.
B
Bevó
basura.
Caallo, L. — caballo.
Cacadé, L. conagradi — caranclio.
Cachipé, L. — hacha.
Cadaete, cadahauete — ojos.
Cadaham — bairiga.
Cadeham, L. daham — vientre.
Cadallacó, L. lallacó — hombros.
Cadapigé — brazo.
Cadayagá, L. leagal — talón.
Cadegetá loó — pastiir.
Cademati, cadenath, L. naachi —
uñas.
Cadihipirech, caditi, litil — canilla.
Cadiliequeté, L. licté — rodillas.
Cadimic, L. dimik — nariz.
Caditil, ].. Ichill, teleta — pierna.
Cadahóc, L. lohoc — piel.
Cadosapi — nalgas.
Cadoteltá, L. tiltadil — muslos.
Cadové, L. luef — dientes.
Cadgetá, L. díoroné — venado.
Cagogoic, L. cagoic, cagroic —
luna.
Cahami, I., caaui — muchacha.
— ;{08
Cahapagá — iinron^in.
Cahapagá, I., chiquili — calabaza Ti
porongii.
Cahim — Injjnna.
Cahim, ].. lagtogoté — cstamiut'.
Caik, I/. — i'.-iuiiiid.
Caiguetag, L. — oveja.
Calatiagath, L, wachagat — lengua.
Calcolagatech — vida.
Calcossot, I., locossot — pescuezo.
Calehegén — vida, eterna.
Calejnék, L. — poncho.
Calotacaypac — palo delgado.
Canadé — co.^a.
Canasipissi, L. laplayel — l/ibio.-;.
Canehé, I,, npé — cejas.
Canehé, I., lotap — Irente.
Canitissith, nitissith, 1^. chisitt —
costilla.
Canná — alezna.
Capalay, I,, caparlaic — mate.
Capialelach, (opia?) — empeine.
Casileclecal — oío.
Casilgahá, ashiliguiñi— rel.unp;igo.
Casona — monte ó ceri'o.
Casogonrá — trueno.
Castonagá — cerro.
Catagay, ].. ladranray — ladrón.
Cataqui, I,, cactaqui — tambor ó
caja.
Categnagati — horno.
Catipé — cuña.
Catipillagay, I,, ca'isác — hormiga.
Catquetelá, L. uctela — oreja.
Cávala — puente.
Cavayo — caballo.
Coday, !>. chimgrgadaik — agi.
Codap, L. lop — l)oca. .
Cohigét, L. coypák, coygett — (de
palo), [líalo.
Cohiguenec, L. coiguenec — pa-
loma.
Cohipocoló — vara.
Cohitaechá — valle.
Coligisác, L. coliguisác — lagarto
grande.
Com, L. — ombligo.
Ccmequetá, L. lana — nuca.
Comogon, pelogadagdagaic, I^.
adranák — viboia.
Comolion, L. maik — culebra.
Copaich, copaíc, L. copaik — galo.
Copialaliuel, L. pialahuel — planta
(le (lii''.
Cosiquiogoy, L. xiquiroy — lan-
gosta.
Cosonahá, L. tocót — Ijarranco.
Cotiagantá, 1,. leratá — dedos.
Cotinni, L. lashinik — (chuna) pava
ó gallina.
Cotto, L, — paloma.
Cová, couó, L. laué — cabello.
Coyach, I,, lueták — ilolor.
Coypác, I., coypák — [lalo.
Coypach, L. cassognagá — cumbrera.
Coypach, L. coypák —- madera.
Coypaló — carpintero.
Coytanalaté — liorca.
Cumin — ihiñi.
Cuñeroy — fruta.
CH
Chikná, Tj.— Hecha.
Chiquinic, L. — arco.
D
Daham, L. dahám — panza.
Danranraé — iiu''dico luab).
Dapich, I., dapik — abeja.
Dapich, L. dapik — miel.
Dapiditicló, napiditicló — poroto.
Dathó — azada, azadón.
Desi-nedamiaga, L. nshirá — pan-
tano.
Dilamách, L, soconók — mancebo.
Dinéch, L. yerát — espina.
Dios — ilios.
Djilroik, L. — amigo malo.
Duliuelé, L. lowelé — logon.
Edá — persona.
Edaleliedegá, I,, apakatá — calor de
fuego.
Eliunná, L. nacó-ná — greda.
Emách, I,, emák — brazo izquierdo.
Ennasó, L. talmaráy — espejo.
Epé, Ij. pé — noche.
:io<i —
Epón, I,, pon — iii;ir;ma.
Eyahac, L. lacchigueloác — iijaiirijí
Gotayni — |ia(o.
Graoc, I-. liinu.
Guargnagraat — robciuiiie.
Guidioch, niquiriocli, I/, quidiók
ti "re.
H
Hala, L. naalá — seiiiilla.
Hala — IVutu.
Ham, lissi, !>. ham — hiél.
Havá, [.. lauacó — cuevít.
Hecliva, [,. laigotagrgát — heriila.
Helé, L. helé — papagayo, loro.
Hetaliá, 1.. ipák — garrote.
Hijnach, L. naelalá — abispa (ingra
San Joi'ge).
Hilóte, L. lote — (pestañaí;) ctíja.s.
Hiomagaquí — tacho.
Hipelá — zapatos.
Hipialelach, L. lapialák — empeine
lie pi.''.
Hipóte, I.. alogó — vestido.
Hiquihí, \j. hiquihi — ama.
Hissot, i, . lahiel — costado.
Hita, L. ta'á — padre.
I
Ibó — casa mia .
Icololich, cadacoicquiti, L. Icossot
— garganta.
Iduá, L. awacpi — hierva
Igagá, I., nauaqui — sandia.
Igualesich, L. gualshik — tnna.
Haló, L. — gato amarillo.
Illonech, I., illonuc, illonek — eii-
chillo.
Issicli, I,, lassik — cara.
Itá — amo ó señor.
Itigná, I., lamú— saeta.
J
Jea — piedra.
Lacayé, colcoic ó calcoic — cabeza.
Lacegancató — arado (?).
Ladagnaqué, I,, ladagnaqui — mo-
lino.
Ladanecá — naranja.
Lagué, L. lapiralá — escalera.
Lahaeté — venlana.
Lahallí, í.. lahali — saliva.
Lahi, ].. layel - costado.
Lahi, L. uiccliigui — vasija.
Lahy — arca.
Laliyé, L. naconá, laconá — botija.
Lahoc, r,. look — cuino.
Lahuel, L. laylissi — (tripas) en-
trañas.
Laylissic, laylissi, 1.. laylishi — tri-
pas.
Lalimacaú, L. lalim'ú — esquina.
Lamagni, L. oncolló — pájaro.
Lamarani — gaiza.
Lainatani — ave, pájaro.
Lanéch — ovillo.
Lapaltetá, I., lapalatetá — espaldar.
Lapáth, L. lapát — carne.
Lapiá, copia — pié.
Lapiogó, I., lapiogó — sesos.
Lapiohó — sesos.
Lassich, I., nadegaleshik — tizón.
Lasón, [.. lasóm — puerta.
Lasté, L. — madre.
Lata — ala, pluma.
Latagte — manantial.
Latap, L. lotap — frente.
Lathi, L. laschi — bofes.
Latiagal, calatiagatli L. uachagát
— lengua.
Lathiognaná, L. malametaték —
carga.
Lativigí — barranca.
Latogoté, L. nushidé — pozo.
Lava, L. lauá — ala de ave.
Lava, L. lauá — pluma.
Lavách, Ij. mpactá — portillo.
Lavach, I., lauák — agujero.
Lave, L. lawé — ¡lelo.
Laué, Ij. Iau3 — lana.
Layé, coypatíí;, I., cuaipalit — co-
rral.
Layi I., ilolegalai — vaina.
— 310
Lcote — inili).
Lecat, L. Icap — licno.
Lecath — lureña.
Lecath — barreno.
Lecón, L. Icúm — miibligo.
Legahasité, li. legresté — botnií.
Lelacath — criado.
Lelach, ],. laralpinik — esiiina/o.
Lelach, L. ellák — corcova.
Lemetahc, I,, auancaik — albaüal.
Letagó, L. ttagó — saiiyie.
Lihl, L. lihi — cabio.
Liliicaph, L. liliigal — anca.
Limaganl — lioyo.
Linigui, L. uiyim, sogonasó — lO-
iiiadri'Ja.
Litigissi, 1,. chiguissí — ríñones.
Lititá — xi'-tsa.
Locogosoqui, L. locoroqui— matriz.
Locollecg, L. coichigui — tragadero.
Lioho — coladero.
Lohoc, L. lohóc — nube.
Lohotá — nervio.
Lolamech, 1.. lolamék — iiigadií.
Lolamech, L. Uiquillacte (;') — bi-
t^ados.
Lolé — vela.
Loleló — de.spaviladera.
Lonochó — teja.
Lothá, L. lothal — venas.
Loteté, L. tetó — pedios.
Lothi, L. uacalchi — leche.
Loti, I.. Icogoqui — ubres.
Lotiagalay, L. charaqui — vejiga.
LL
Llahatlii, L. leachl — ]iantorrilla.
Llallote, L. dachani — jierdiz [le-
quena.
M
Maktani, L. — llnvi.i.
Madiodiayc — e.\celente.
Maic — sauce.
Maich, L. maik — serpi(Mite.
Malagaich, I,, tugradaik — lagarto,
iguana.
Malagaich, 1,. malraik — lagartija.
Manich, 1;. manik — avestruz.
Manoeutá, \j. aloic — (lozo derecho.
Mariayaten — luaistrd.
Marinoentá, yotiaga — sueiio lairno.
Mauaké, L — melón.
Mayú — tonto.
Mecahi, L. micahi — murciélago.
Melayó, L. luknunray — cuentero.
Mohim — m(ino.
Moliualohé — molinero.
N
Naatcatacá — palabias.
Nacalep, nelagate, L. calejnaunoté
— buso para hilar.
Nacanahaic — camino i'i senda.
Nacatech, L. nacaték — lochiguana.
Nacotalaté, L. lacoctá — caña.
Naconá, L. uaconá — cántaro de
bai ro.
Nadaranak — serpiente.
Nadená, L. ndená — pan.
Nadó, potarani — montón.
Nadohó, adobó, L. nado'ó — sóm-
brelo.
Nagnagnách — guanaco.
Nahá, ].. naj, naag — dia.
Nahadé, L. naadé — pintura.
Nahlá, L. lalarátt — piojo.
Nalá, L. nalá — sol.
Namacatapec — campo.
Namagasó, yamahasó, L. nmagasó
— calzones.
Nanagnách, [,. nawará — guanaco.
Nanogtini — lila.
Ñapé — tabla.
Ñapé, 1,. ñapé — .irbol.
Napoquená — nervios.
Naquiagaic, 1,. auot — lluvia.
Nasedenaqui — pajul.
Nasiné, L. tomtá — Hambre.
Nasoviagá, L. lasoviará — llor.
Natayani -- azuela.
Natatagath, L. la'atarátt — giuria.
Natoyuá, 1^. latoina — campana.
Natoynalaudé — loire.
Naulená — carreta.
Navahó — azucena.
Nedé — carta.
Nedé, edé — libro.
Negot, !,. negotoic — niño.
;jii
Negotolech — criatura.
Nelatach — esclavo.
Nelopi — liiicii'nd;!.
Neloth, L, Ipuél— rama.
Nemalá, L. nemal-lá — liiinio.
Nepohoti, T,. l'coté — nudo.
Nequedená — lioz.
Nequepé, I^. npé — i^sfa nnelip.
Nequetác — cabra.
Nesoti — hai'ina.
Neta — iiiartilln.
Netagaté, elocoth, L. kká — peña.
Netagoloy — chinche.
Netath, Tj. netagrgát — agua.
Nethago, letagó, L. ttagó — sangre.
Netinoganagá, I., chigonagá— ratón.
Nevosi— mote.
Nilii, I,, niacaik — pedo.
Niognalá — batea.
Niognáth — jabiin.
Nitiaga, nasiedech, L. nashiedék
— tabaco.
Niticná, ticná, I^. chigná — tleclia.
Nitigognagá — |iericote.
NitiguissichjL. chiguisacté — anillo.
Nitilitiaga — calor.
Nititá, L. nchitá — sebo i'i grasa.
Nivigé — giiitari'a.
Niyach, L. niyók — pescado.
Noaganagáth. — i'od pequeña.
Nocogolagó, L. cologologó — sapo.
Nocolcá — muchacho.
Nodech, L. nodék — fuego.
Nodech — inliri-no.
Nodicli — qui'bi'acho bhmeo.
Noenataanách — albañil.
Noenteléch — plaza.
Nogotosonách — herrero.
Nogualelchet — grillos.
Nohic, L. noyik — casa.
Nohich, L. dissiú — barnj.
Nohicli — circel.
Nohich, L. nohigueltá — ciudad,
pueblo.
Nohogoncaté — arcabu/;.
Nolegé — dardo.
Nomá, L. nomrá — invierno.
Nomagá, I., tap — verano.
Novagayagá, T,, uairerá — i-.orra.
Novath, ayaic, ]j. nauéth — de-
monio.
Nuquihác, L. nocoyák — paladar.
O
Oanagaic, L. aneraic — fuerte ]ior-
sona.
Ocayá, L. — hermano.
©garrapata, apela, L. micae — chin-
che, binciiuca.
Ohoch, lohóc, r.. look — cascara.
Olegagá, L. olegrá — gallo ó ga-
llina.
Oloho, L. ctak — cabra.
Onrá, L. — pampa.
Otagni, L. tagani — pato.
Pacata, I., pacta — cerco.
Pagantá — pellón.
Palatidega, palatidegagá, L. pala-
chidegá — araña.
Patauó — nido.
Penagnacaté — estaca.
Pesoic, pessoyc, L. pussoic, pe-
soic — viudo.
Pesoy, L. pesoy, pay — vimla.
Petacay, L. tacaé — chañar, fruta.
Peué — hiirqueta.
Pigem, I;. piguém — cielo.
Pihinech, pinech, L. pihinik, Ipi-
hinék — hueso.
Pioch, I.. piók — perro.
Pioglalá, L. pioglalarát — pulga.
Quecallagá — tiempo.
Quema, L. caá — piedra.
Quemadagá — loma.
Quepacaiá — rastrojo.
Quetelá, L. tela — oiilo.
Quetelá, catquetelá, L. tela — oreja.
Quidiacaté, quiriacaté, Tj. uttiyactó
— corazón.
Quotiloté, L. chilot'tó — gusano.
R
Sahancaté, L. laarnacté — almo-
hada.
Saygoth, taygotagath — llaga.
Sapetani, L. apiaté — ¡úé.
Savomanoen — sabor.
Scauem layté, L. cauem laytá —
olor malo.
Shideranaqui, L. — pipa.
Siguiach — ración.
Siguiach, L. siguiák — animal.
Socolech, nyoth, L. socolék — mu-
chacho.
Sooná, Ij. sogoná — conejo.
Soronrá, L. — sierra.
Sotaqué, L. sotarqui — cincha.
Sotiaqui, L. cliaraqui — vejiga.
Suhiá — pecado.
Suwaik, L. — león.
Tagacaté, L. tagacté — peine.
Tahasoch, I., taliasott — abrojo.
Tala, L. tala — rio.
Tala, Ij. elagtaló — mar.
Tanta ala — trigo.
Tanta scauem — eebailn.
Taquiagay, L. taquiráy — lanza.
Tatogesán — cuervo.
Teconéch, L. conek — cnrhai.i,
eoni'lia.
Tataancuté, L. tetagrganucté —
aguja.
Tianich, !>. saatarqui — faja.
Tiganigó, L. chigranigot — ciervo.
Tigosognogqui, nesadená — cedazo,
harnero.
Tilitiagá, Ij. cliilchará — su bir.
Titolé — mos(ini(o.
U
Udaic, lagdagaic, \,. laigdraic
color negro.
Uió, I., coyuyo.
Uukukté, Ij. — fusil.
V
Valóch, L. ualók — algo(hin.
Valocli, Ij. ualók — lienzo.
Valuayc — lobo.
Veque, L. limcó — rincón.
Vevé, iduá, Ij. auakpi, awacpi
vrrba.
Voic, L. owik — águila.
Voic, L. oik — gavilán.
Volcoléth — liahon.
Voy, uoi — año.
W
Warairá, wrareirá — zorro.
X
Xiló, 1,. aura — chacra.
Yacalaliué — barbilla.
Yacatac, uaatcatacá, L. nktká —
pahilii'a.
Yagnagáth, calehená — hilo.
Yaguislii, L. — tirador de cm-i'o.
Yalialé, \i. yalé — hombn'.
Yahat — resuello.
Yaléch, yahalec, L. yalolé — hijo.
Yalí, L, ilolegalai — baina.
Yaná, L. lana — nuca.
Yanich, L. lanik — soga.
Yapiaglá — unibial.
Yapigé — brazos.
Yaside, L. laték — ll.iuta.
Yate, Ij. la'té — madre.
Yvach, Ij. lapiquél — brazo.
Yocolá, Ij. oculá - cuello.
Yocotaque, L. lorogqui — talega.
Yogoqui, Ij. xidigláy — bolsa.
Ychoch, L oók — cuerpo.
Yohoge, L. toqué — pecho.
Yotá, Ij. Iota — vena.
Yoteletá, loteletá, L. leletá— pierna.
Yoteltá, cadosapl, L. lígal— nalga.
Yoteltá, Ij telectá — muslo.
Yové, logué, Ij. luef— diente.
Yuma, L. loma — cama.
Yuvat, cadohuac, L. lira'tá— mano.
Yuvé — muía.
Apéndice B
NOMBRES ADJETIVOS
A
Adacaygá -— iii;incliai!ü.
Adoyagay — iiiiinto.
Alócli, L. loók — laioo.
Aloné, L. aloné — lielaJa.
Amó, I,, amoó — ilulce.
Anni, í,. danió — fuerte cosa.
Avalócli, L. quiarayúk — goloso.
Ayaic — horroivisa i'(.isa.
Ayaic — iloshonesto.
Aymotagaic, L. tagrgáik — boria-
1/1 10 pslar.
Cadamatetá — Toiloiioderoso.
Caycalahué, I., cuítale — calva.
Caycalauách, L. ikchigui — hueca
cosa.
Calagotéch, L. noitigú - deiecho.
Calotegé, coloteguén — delgado.
Canám, T..' canám — ciego.
Cani, L. canicie — moza.
Cavemelech — de.sparejo.
Colióy, L. sogoná — ama que cria.
Coydaich, L. coydaik — ronco estar.
Colanacaic, callogagaic, cologa-
gaic, L. colanacaic — Hojo.
Covemalloic, L. dilgroic — bellaco.
Culancaic, L. colanacayó — cobarde.
CH
Chagradák, L. — pobre.
Checaguém — enemigo.
D
Dalagaic, L. dalraic — nueva cosa.
Deleuém -— mui'rto.
Dokshi — cristianos.
Tomo ¡X
Etoch — colorado.
H
Higuetá — tibio.
I
Imalach, 1.. ymalák — azul.
Isotatá, L. damtó — blando.
Itliabaló, L. sigtaraic — loco.
Ithahaló — mudo.
Ladalá, \,. malók — verde.
Lagagadaysát — palmar.
Laydagaic, 1,. laydraik — oscuro.
Laidreík — negro.
Lalolá, L. — eulermo.
Latliahá — chica.
Latugitich — eterno.
Lecagui, \j. lecaloúk — ancho.
Lecha, L. pók — grueso.
Lecha, L. pók — giande.
Lechamáp, L. cauem nawi — esté-
ril año.
Litiagath, L. chirtraik — overo.
Licotitá, L. cuchunik— pequeña cosa.
Locagaíc — mestizo.
M
Mariayateú
Mayoyaten
sabio,
necio.
N
Naca — indigna.
Nacaensá — desierto.
28
314 —
Nahách, I., laták — rüiitivo.
Napalgá — oscuro.
Nemách, L. lanák — oorcoviido
i'star.
Nessallany — ciiballero.
Nesoch, L. n'sók — mozo.
Nititá, L. Ipiú — enjundia.
Noenta — liennosa cosa.
Noen — bueno.
Nohí — nieilroso.
Noyvá, I., chira — ainarfjo.
Notonatách, I., tonat-ták — Iriste.
O
Oaapag-limich — ñato.
P
Pagreic — blanco.
Pagtadalc, h. diacalk - Iíjíim-o.
Pateta — diligente.
Pesóle, L. pesóle — viudo.
Pesoy, L. pesoy, páy — viuda.
Pioognách, L. pioronák — lieilii-
cero.
Quecaloye, L. oregraic — manso.
Quoti — |ii'i|Urño.
R
Rahaní — duro está.
S
Sadosigilahuel, I,, djilroik — cruel.
Sagaic — sarnoso.
Sahilleú — inmortal.
Saycó — aiualde.
Sayglán — ronco.
Salecolé, I,, apaptá — (mojada cosa),
aguanoso.
Sasacá — sordo estar.
Sasayen, I., scayseayasorác — ino-
i-ente.
Seauem — malo.
Simatacaie, I., simatraíe — mez-
i|UÍUO.
Sognagam — músico.
Suetetá — suave.
Tacacatá, I., scauót — seca.
Táp, L. táp — liomlo.
Tapayá, 1,. dapokó — caliente.
Tigadagaic, L. ehigadraik — li
dionda cosa.
Tigadoagay, L. nehigá — ]iodrido
Tiogodieh, f.. eliogodák — jiobre
Toch, r,. tók — bermejo.
Toquitigui, r>. tokchigui — crudí
Tosilaliuél — caritativo, liuniible.
U
Udapaeh, L. olapék — chato.
Usipagantá, L. sliiparáta — sucia
cosa.
V
Vacách, L. wacák — ipiebrada cosa.
Vagaleguet, I-. lohuelouác — manca.
Vaguee, L. uetaúk — desnudo.
Valagay, L. walray — yueñada.
Vedaic, ungoie — mulato.
Vedaic, nagué, I., laidraik — negio.
Veday — negra.
Yagaic — viejo.
Yalé, L. yalé — varón.
Yapagac, 1.. paigrgaic — blanco.
Yoeobi, 1j. toe — rojo.
Yocovi, eoviodaic, L. cowí — ama-
rillo.
Apéndice C
VERBOS
L.^Lüpuz; I\I.=I\Iocovi.
Abasigi, L. ncaicó — abrir iiorüUo
(abrir senda).
Abitiodem — a^^railar.
Acataguech, 1^. anacát — sacar.
Acavalech, I,, pelék — pisar.
Aconegeth, L. asliilá — tucar á
otro: ¡\I. Saschilaa<'>.
Acositá, L. ncatarapék — ir ilc us-
palilas.
Adeancatén — clelenilcí' á otro.
Adenách palatidegá, L. palajchi-
rigrá — luoriler la araña.
Adialách — mover ,i priesa.
Adihóm — liaeer burla.
Adioetó — adornarse.
Agayá — acometer.
Agnatapingni — cabecear.
Ahuatón — deshoniar.
Ahuenam — ai'rollar.
Ahueteléch, I,, aumaratt — apairjar.
Aliuich — adornai-,
Alalianegé — entoitar.
Alasigué — merecer.
Alcagiló — escoger.
Alcahaguiló, L. aloktin — contar,
escoger.
Alcutiá — acarrear.
Alcutiá, I,, autawan — avalar —
M. Sol 'ctoan.
Alelagatini— esparcii' con las manos.
Alemactá — afrentarse.
Aleñó — tcuiiar ¡'i tener.
Alepáth, L. alopát — liacer madeja.
Alimagtán — ofender; !\I. Lsassoa-
lék,
Alodém, I.. — hacer leña.
Alohoni — arder.
Aloknát, L. — emparejar.
Alvatí — condenar á muerte.
Amagnl, L. aramák — rempujar;
M. Samma, vó.
Amasiquiagath — examinar, liacer
cargo.
Amatapéch, L. chamasapcó — re-
gocijarse.
Ameuegé, L. alató — en.suciar.
Ammá, !-. ammó — gustar, agradar.
Amó, \j. amucainigué — pasar, an-
dar.
Anaalligeté — lucbar.
Anacaygóch, L. caygrolali — es-
ciipii-.
Anacalegóch — COI re ; M. Ñii'guen,
nectó.
Anacnetec, 1,. aumcainegué — apre-
surarse.
Anachit, L. — convidar.
Anákni, L. — agacharse.
Anamadech — acepillar.
Ananarát, l>. — forcejar.
Anapiléch, L. piktapigui — lamer.
Anapóch, L. anapokishem — arran-
car; .M. Ñappók.
Anapúch, L. anapók — deservar.
Anasaguat, L. nauát — dar prestado.
Anasilgedém — eriar hablando.
Anatagrán, L. — trabajar; INI. Soen-
na' ictagán.
Anatiatini — estar en pie.
Anavelolec, nedé — tu lees.
Anelóm — ex[irimir.
Anenotini —abajar.
Anetanech, vagualach— gritar recio.
Anetón, L. anelóm — ordeñar.
Aniglach, asayquedá, Ij. igalak —
volver.
Annoét — vestirse.
Anodesigén, I,, nishigóm — levan-
tar, paiar: M. Laassinsig' 'om, as-
chivinui.
31G
Anól, ]j. dasotapék — danzar.
Anolagám — estilarse.
Anosi, 1 .. anoshi — escarbar.
Anosy — cavar con azadón.
Anosoni, I,, uaráa — ¡4ol|)ear.
Anotecli, L. anoték— desplinnar.
Anquiguó — accircarse.
Antainigue, I,. — andar; M. Sec-
toannó
Antoenó, I,. — acordar á otro.
Antoetá, L. — acordarse.
Aogrgám, I,. — apalear.
Apagici, ],. yoajni —enterrar giano.
Aparetpec, f.. — aprendei'.
Apatagani — tocar iialjiando: ^l. Sip-
poctaá.
Apatadavó — eslrechar.
Apegém — enjugar ('i secar.
Apeloch — acendrar ovo.
Apeloch, L. apelók — limpiar, ba-
i'reí'.
Apepegléc — apretar la cosa.
Apetet — absolver ó ¡lerdonai'.
Apitití — soplar.
Apoguiap, ].. maratáp — lerrar la
boca.
Apoguini, L. — abrigarse (taparse);
-M. Ñappoquiñá.
Apugi, L. apuguini — tapar.
Arialá — darla á otro.
Arrenegé]— engrasar.
Asila — alquilar.
Asonlech, L. Kishiguém — subir;
-M. Assisiu' 'm.
Assotagam, L. yassot — cocear.
Asuvaganó— aporrear; M. Lovarni.
Ataygét — volverse hacia otro.
Atianivá, Ij. acharná — mostrar.
Atipigí — reventar.
Auachigui lasóm, L. — abiir puerta.
Auactón, i,. — conocer: M. Sadini.
Aucó, I.. ucó — dei-raniar Hípiiilo.
Aucó — dei'raniarse.
Aucocheák — arremeter ( iitropellar);
^í. Aschiguilék.
Aucolá, L. — desollar.
Auehenoyik, L. — edilicar casa.
Aula, i>. — enviar.
Auquechák, L. — defender á otro.
Aurau, L. — pegar: M. Lovarni.
Ausouék, L. — desatar.
Auucü, L. Leaumáth — agotar.
Avadevolech, L. -wadowolek —
guisar.
Avadón — casarse.
Avagatigi, avolasi — enclavar.
Avaliuech, auectá — llevar liraudo.
Avaloquedá — vnlver á olio la es-
palda.
Avasach — apedrear,
Avasaloguec, í,. pacata — iruzar.
Avatlii, I.. audói^ llevar; M. Sodó.
Avauech, auauék — liiar estii'ando.
Avecolá auquesohón — cardenar ú
desmontar.
Avedó — mover.
Avela, !;. aula — mandar; M. Sil-lá.
Aveladini, I.. — ladini — sepultar.
Avela vá — lionrar.
Avelcatá, L. — avsralektá — ir poco
á poco.
Avenadapéc — batir li nevos.
Avequesóch, L. pelcaguenaló —
abrir reses.
Avequetá — jioder hacer.
Avetacá — halda: M. Seectacá.
Aveyó, L. anakchil — lavarse.
Aviquiá — guiar ciego.
Avitivoch, L. chiuúk — sacudir.
Aviyó, L. aw^iyó — fregar con agua.
Avocolatigi — )iartir con manos.
Avodovó, L. audovo, lleve — meter.
Avodoqui — engarzar.
Avolasi — enclavar.
Avonevagán, L. ongrapek — canto,
canción.
Avosi, avetaca, L. taktapék — ha-
blar; j\l. Seectacá.
Avosiquini — arroilillaos.
Avostoch — pint.ir.
Avoth , L. awoctuúm — llover;
M. Eyagi^a'!.
Avucanapécli — ir ilespues.
Avusuch, L. ousúk — majar.
Ayengualagai, L. gualgray — estar
[ireñada.
Ayim noen — estar bueno.
Aymenaani — sobrepujar.
Ayulá, li. luksyunik — abreviar.
B
Bayo — volar.
Becogué — agusanarse.
317
Cacayló nadi disietenagna dapich
— (■.i|iiit'n cuiniii-.u-.i 1.1 iiiirl ;'
Caconegué — (•o;ji.a' á nn.j.
Caditi — builar: ¡\I. Yassot.
Cagetá — ciiiii'; M. Yscliaga"t.
Cageta lecotitá, L. lipraán — iiiar
niñd.
Caidonaconá, L. nishigém — ul/.aiio.
Caij — a;,'i-a.l(>i'ci-.
Caleteganám — hilar.
Caloguetá — cortar cosa.
Canagetená — iitirecer algo.
Capahanl, [,. anákui — agacharse.
Capalech, L. capalék — abrazar.
Casogonrá — trueno; M. Asson-
necták.
Cassognrá, L. — tronar: M. As-
sonnecták.
Cassuá — iiiiiMiarsc; M. Yacasuangué.
Catapék, I,. — piniler: ¡\I. Sas-
sog"ai't.
Catelolá — caiiar.
Cayahát — enjugar otra cosa.
Caycá, T.. caycá — negar, mezquinar.
Caygoguéc — toser.
Cayodá — entrar muchos.
Caysinó — librarse.
Cdiavotapek, cpitó, L. — consentir.
Cielopagané, L. napegá —encargar.
Coay, 1>. — olviilarse.
Codelegnetagáth — bautizar: M.
Soccorag''an.
Cohócchin, L. — andar.
Conneget — >'o cojo.
Coogui, ]j. — agiisanai'se.
Cotinát, L. — unir.
Cotinquedá — retirar algo.
Coyaganá - besar.
Coydetec, L. cuyadagrgnagté —
alumbrar.
Coypách — jugo.
Cuyaganá, ¡j. cuyuran — oler.
Cuitoók, L. — cansarse.
CH
Chamasapco, L. — regocijarse.
Checoinomain — imitar.
Chiguet — ilolnr, (me duele): M. Se-
Chihuenetáp — abochornado.
Chuchará, I,. — soñar; M. Sii''gue-
mactá.
Chipicaic, I ,. cipcaic — mentir; M. Ña-
mactan.
D
Dacapi — amortiguar.
Dapoyná, 1.. apoguini — abrigarse.
Dasotapék, 1,. — liailar: M. Yassot,
Dasovi, 1,. dasovi — llorecer.
Decohó, L. decohó — parir.
Dcohó — criar de nada; i\I. Yscha-
gai't — (cieo) .
Detohón, ].. dosoktapek — liramar
ó cantar animal,
Diacó, L. — jiescaí'.
Diavich, L. disabá — i|u ■muí-; M.
Dioenuani.
Decoué, L. coay — (ilvidaisr,
Dicutiá, Ij. antoenó — acordar á dlro.
Dieroné, L. — amanecei'.
Dinach, !.. inák — [licar aiaña.
Diogtigni — relumbrar.
Diohi, 1,. diohi — espantar temiendo.
Dipennó, L. augrgaik — ahogarse.
Dipococh — ;ilrentarse.
Disahá, r. disoó— desear; ¡M. Dissiá.
Disahá, L. disahá — «¡uerer.
Dissiá — desear.
Dusi — (!ecir.
E
Ecolá, r.. aucolá — desollar.
Ecotitigni — menguar.
Ele tay, L. enrenay — acallar ninos.
Enapecaayaic — tentar.
Euasotagam — dar coces.
Euquesogi — partir con cuña.
Evossi, L. euossi — Cdcinai'. (yo
cuezo); M. DiactOgoit ]ai''acte.
Eyordó, L. — entrar muchos.
H
Hagepagát, L. parát — liacer trenza.
Hatón, I,, nomrá — hacer frió.
Hidioydé, L. coroiltó — aclararse
el tiempii.
Higogiloté — encender vela
Higuet — dar pesares.
— 318 -
Huaanóth, L. a-OTrarán — apuñetear.
Hualamat — ;i|iii;;;ir.
Huapagén, L. parguém — iiiHinisur.
Huapeta — chimh Ii;íi-(ii'.
Huapigni — aleiiiler, nii-.
Huasot, lj. dasottapók — liailar,
Hucó — enviar.
Hucó, I., aula — enviar.
I
liii-|iar i'i volver,
zar; M. Soei'He.
.'iliii'ar.
Igalactegué, I,.
Iloticaymó — i iii
lUeú, I-. ylleú
Ipel-lék — lieiir.
Isit, L. manit — es(a]iar.
Issith — es'-apar, huir: M. Ese'''t.
Issitli, L. camachiaicté amuktém —
huir.
Itiasidém, ygtiasigém — colear.
lyaraná, L. — llaiuar: ^I. Soya-
g""a'''n.
L
Lacami — reverenciar.
Lach, ilacli — cantar.
Lacliegóm — ania.sai'.
Ladini, L. — i iilia-rai' ninerto.
Lahanegé, I,, anegué — liacer ovijld.
Lahaponát, I-. laliaponátt — anion-
hinar.
Lahath, L. lenlahát — acezar.
Laidraik nawé — yo .soy negro; M.
Loi'cteac.
Lalematá, L. — enf.idai'se.
Lalegé, I.. fipogrgóm — espe.sar.
Lanarancá, I,. — sembrar.
Lañasaguat — emprestar.
Lapega, 1.. Ipegá — cuidar.
Laponcát, I,, lapoyát — juntarse en
lih..
Larachigui, \,. llenar; M. Ñocac-
tartigui.
Laschi, I.. — a|>e(lrear.
Lasigué — comprar; M. Scischec-
Lateget — defenderse.
Latihl, L. lach'hl — granizar piedra.
Lavith — liacer tarde.
Lavopeyló — ceriMr ¡Mirtillo.
Lawátt, L. — nnitai'.
Lawigran, !,. — j^anar juuanilo.
Laytá — oler ó dar olor.
Leaumáth, ]j. — acabarse algo.
Leca, I i. maladesát — ciecer.
Lecmaca — errar viemlo.
Cagogoic Lecoti — menguar la luna.
Lecoytéch, l>. cuitoók — cansarse.
Lecoytech — cansarse; M. Nchco-
ictevéh.
Ledeyá — confesar á ofi'o.
Lesahath, I.. lehath — acabar ile
COUU!!'.
Lesaycó, L. cainegué — laminar.
Lesiolác — ya estoy de vuelta; !\I.
Aschinectanni.
Lesumáth, L. lisumáth — acalcar de
sembi'ar.
Letagán — gobernar.
Leu, L. — morir; M. Diel-leü.
Leviáth, L. sadesa — hartar-e.
Leymi acatacá, L. leuma datraerók
— acabar (b: decir.
Liacapegeth — ileslerrar; M. Nal-lát,
Sal-lát.
Lidimehuéch, L. laloló -convalecer.
Lihimé, L. lihimé — acaliai' de bacei'.
Limeuecli, I,, noictá — libiarse de
enfei'medad.
Lipahám, L. liparan — dar de luamar.
Lipraan, L. ciiar; M. Ischiga"t.
Liquedá, L. lotawalahi — volver á
uno el rostro.
Liraton — ya despierto.
Liyaca, L. — ir paseando.
Lysiuató — averiguar.
Lodém — haier leña; M. Soei'H.
Logvianatith, 1.,. matapoók — (H.)
alegrar; ;\I. Niictona' 'co".
Lohiuá, L. louiá — es|iulgar.
Lolióch — andar; M. Sectoannó.
Lohóm — apagado.
Lotay — callar.
Lotisinagnagat — crucilicar.
Suksyuník, L. — abreviar.
Luguiátt, L. — batallar.
Lysinató, I. Oinátt — averiguar.
M
Madesigem, L. anerashigém — arre-
mangar.
Managlité — marcar, herrar.
Marani, ]j. — derribar.
.•{l'.l —
Marinoenta yotiaga — siii^ño lnicni
Mata, 1,. — lü|i.ir.
Mauaca, Maucá — tu oyes.
Men, Ij. — vi'nder.
Mectén, L. — ver.
Melabemath — ncnlinr de liiluí'.
Menarát, L. — mirar.
N
Nacalagoic, L. noviita, piguinl —
revolcarse.
Nacalelóch — niaiiilar; M. Sil-la,
Yschilnacta'T'n .
Nagnaté, L. laatarák — L,'nerreai'.
Nagola, avaga, fj. ausolá — ile.sijra-
iiar iiiaiz.
Nahalaguat, I.. adiniliiktél — liin-
rarse.
Nahani, L. — caer: M. Sannancni.
Nahanléch — doblar.
Nahi, I,. — temer: M. Sacconá.
Naiaarganl, L. — escuchar.
Nalatech — lograr.
Nalocotón — ij^nalar.
Namadéch — alisar.
Nanagtini, I>. ananarát — í'orcejar.
Naneranij, L. — acostarse: M. Ni-
naani.
Nanit, I.. — escapar.
Napatí — sanar á otro.
Napegá, [.. napegá — dicen.
Napegá, L. — (Mi(>ai'gar.
Napioch, L. pigók — cliniiar.
Napisi — colar ó cerner.
Napuadén — sufrir: M. Ncodoaren,
Ncodoaren.
Napugni — cubrir.
Naratogét, L. — atajar.
Nareinani, L. — atender, oir.
Nareirani, L. — oir; .M. Saccá.
Narukpichiwá, I^. — amar: M. Sa-
vae'''.
Nasauat, L. ualaalék — prestar.
Nasauat, !>. naawat — liar ó prestar.
Nassotuená — asistir.
Natadén, L. naita, caték— sanar r\
mismo.
Natadem, L. npachi — curar.
Natagnách, I,, lato — coger maiz.
Natlién — acertar tirando.
Natiatini, L. chajan — pararse.
Nato, 1.. naponát — recoger.
Navanagét — detener.
Nawok — asar; M. Diactogoi't.
Navugé, L. wadóm — foiiiicar.
Nayatén — vituperar.
Nayatén — juzgar.
Nayatén — estudiai-.
Nayatén — pensar: .M. Sa'''denna-
cta^rn.
Necaricó — asi hablas de hacer.
Nehetón — escurrir.
Nelalagath, I-, naniguét— escaiuiiar.
Neñandijm — adquirir.
Neté — soplai' viento.
Nicni, I,, adinilictil — arroilillarse.
Nicni, I,, nigni — asentarse.
Nicoyten. L. aqueuik — .sobar cueros.
Nierohani, I^. — esconder.
Nigni, 1,. nigni — nacer hombre.
Nihoná — emborrachar á otro: M.
Quinniegueté.
Ninanini, L. nahani — echaise.
Niomahám, L. niomagran — dar de
beber.
Nipagani — sudar.
Nipeen, L. — errar viendo.
Nipelech — sangrar.
Nishigém, 1,. — alzarlo.
Nisón, L. chiamasapcó — alegrarse;
M. Niictonaií'co".
Nitahuéch — gotear.
Nitapequé, Ij. mitapké — liuscar:
M. Sidannapqué.
Neteth, 1.. ntét — coser ropa: M.
Nivá.
Nitilitiagá, L. tápalo — hacer calor.
Nitohonéc — considerar.
Nitón, L. paygrát — calentar algo.
Nitonech — lecor.larse.
Nivanahath, 1.. luguiátt — batallar.
Nivich, L. nauik — buscar.
Niyatt, ]j. — aguardar.
Niyóm — beber: ^1. Nieei't.
Nnatá, L. — hallar: M. Sánate.
Noaganáth, L. nalaaté — peb-ar.
Noaliaganáth — puñetear.
Noccotapech, L. coloroy — roncar.
Nognebú, L. nagrgane'wó — entrar.
Nogotá — huirse.
Noliim, Ij. noyin — llorar : M. Ñoyen.
Noleguich — adelgazar.
Noleb.enó — rogar.
- 320 -
Nolesinó — nn'cponfivse.
Nolocotenach, Ij. aloknát — empa-
rejnr.
Nonsigén, i., nishiguém — levan-
tarse: M. Laassinsigo' 'm, Aschi-
vinni.
Nosipalahantá — iiiaicliar.
Noytapeliiguét — ]ialpitiii'.
Nuhalanlath — azotarsp.
Numalehuech, Ij. aumatek — des-
cansar.
Nyiomi, L. anachit — convidar.
O
Ochacalú, T.,. — cabecear.
Ochonegeth — echar mano.
Ocudagath — derrainar no liquido.
Ogagám, í.. Aogrgám — apalear (cas-
tigo); M. Savagán.
Oinátt, I-. — a\erii;iiar.
Oipak, I i. — hacer leña.
Opetegé — rociar.
Oquevá, L. aucocheák — arremeter.
Orea, L. — dejar.
Osouech, L. ausouék — ilesatar.
Otchatchit, L. — adormecer á oti'o.
Ouayim, F.. — llcchar.
Ovigni, I,, uabaui echarse.
Oyaganá , Ij. iyaraná — llamar:
M. Soy"ag°"a''in.
Oyotegá — apartar.
Padenagran, Ij. — saltar.
Paganacatahc, I.. lashiugué — abrir
zanja.
Palagat — borrar.
Palatigadá, T^. palajchirigrá —mor-
der la araña.
Patagoni, 1^. aptagné — aiiretar con
las manos: M. Spactarni.
Patiglogól — mojar lliivi;i.
Pedaléch, L. ochocchit— asustarse.
Pedalech, I,, ypetók — trasquilar.
Pelcapigui — disti-ibuir.
Peleguegaic, L. pelcoksuk — ile-
l^dllar.
Peleleguéc — acortar.
Pelgagganagát — limar.
Pelócli — barrer.
Penocotith — alioear á otro.
Pigim, sigém, L. dieroné — ama-
necer.
Pogi — atajar.
Pogilasón, L. opoguilasóm — ce-
rrar puerta.
Pogonrani, I^. — tropezar; M. Saac-
cassó.
Pugadacli — alabarse.
Quegmagaic — lierir.
Quemodi — apedrear, granizar.
Quetegagay — salpicar.
Quianagtagnát — )iacer el ganado.
Quiaranék — dai' de comer.
Quinide sigén, I., yaninoolgsott —
ahorcar.
S
Sacauatitli — vencer.
Sacanelagach? — ^:has oido gritar?;
^í. Saccá.
Sacatapech, I^. soltasauana — des-
aparecei'se.
Sacayca — no tengo.
Sacalam, I>. sayshitt — no pod(>r;
M. Sischit.
Sicatijmagét — (loderlo todo.'
Sacona — s.'gar.
Saconapegogi — ultrajar.
Saconegét, L. aconegét — conseguir.
Sactapecnacá — apedrear.
Sadiná, L. lalrák — clamar.
Sadini, I^. adini — clavar.
Sagatagnem — dar cuenta.
Sagayá — oir.
Sagayá, I,, nareirani — oir (oigo):
]\[. Saccá.
Saguanót, L. uagran — dar bol'etaila.
Sahacó — escuchar.
Saliadagám — moler molino.
Saliagueth — ganar jugando.
Sahanataqui, L. nataraqui — hacer
ollas.
Sahani — [ilantar.
Sahaú, L. uautá — ir delante.
Sahayá, L. cdiavotapek, cpitó —
consentir.
Sahayáten — sé.
Sahihim — llechar.
321 —
Sahonim — aumentar.
Sahuanagét, L. scailik — contradecir.
Sahuateton, l>. auactón — conocer;
M. Sai'dini.
Saic, L. siguó — ir.
Salaban — convocar.
Salamagetini — enderezar.
Salamagasigém — enderezarse.
Salát, ]^. sarasorotpék — arrojar :'i
un lado.
Salauách — barrenar.
Salauath — matar; M. Saloat.
Salawat, L. — yo ino mato.
Salmatá, L. lalematá — enojarse, re-
songar.
Salmatá — ensoberbecerse, ayrarse.
Salmatá — enfadarse.
Salmatá, F^. lalemactá — Indignarse.
Salmatayá — enfadar á otro.
Salogon, L. lorón — nadar; M. So-
i'gon.
Saloleguini — despeñarse.
Samadomó — ofrecer.
Samagni, L. marani — derrivar.
Sanadomó — iirometer.
Sanagám — sembrar.
Sanahuech, L. ausouék — soltar.
Sanatá — hallar; ¡VI. Sanatá.
Sanateguet ■ — ■ dar porrazo.
Sanatini, L. yacní — rodar.
Sanatini — caer.
Sanayaten — desatinar.
Sancaten — creer.
Saném — socorrer.
Saném, L. sanadóm — dar, regalar:
M. Yani.
Sanol — vomitar.
Sapacaléch — pasar camino.
Sapacta, L. pagatá — pasar rio.
Sapagagem, L. loparaguem — ilar
consejo.
Sapagagem, I<. apagrgaguóm — en-
señar: M. Sapparinactagan.
Sapaganagén — yo enseño: M. Sap-
parinactagan.
Sapalagáth, L. despagramá — des-
iiacer.
Sapayém — aconsejar.
Sarnadiné, L. — acabar de liilar.
Sasach— tirar piedra: ]\I. Sinnacaták.
Sasahidaléch — fallar.
Sasasim — infamar.
Tomo IX
Sasayatén, L. sayayatén — ignorar.
Sasihagám, 1.. shiweranarát — arar.
Sasihuelanaté, L. antoetá —acordar-
se (no me acuerdo): M. Sentuuék.
Silagan, L. shilaá — pedir.
Sasintá — satisfacer.
Sasitatá, L. sootapek — afligirse.
Sasouén — tener: iM. Idi, aveí'.
Sassath — responder: M. Sassat.
Sataguani — ensuciarse.
Satayquedá — volver de lado.
Satenatit — engañar.
Satiagná, L. charaná — indicar,
mostrar.
Satigloliól, L. tapactá — mojarse.
Satitatá — desvariai'.
Satoguách, L. sotognák — coger
algarroba.
Satón, L. lauék — despertarse.
Satoném — despertar á otro.
Sauám — declarar.
Sauech, L. sawék — salir: M. Sin-
nornevék.
Sauvé — engendrar.
Savalách, L. yaloktapék — bocear
('i gritar.
Savalách, L. alák — gritar.
Saván, L. mecten — ver.
Savequiatli, L. ategran — resollar.
Savigni — zambullir á otro.
Savolapó — vestir á otro.
Savoe, L. leainán — poner; M. Savó.
Savolasigué, L. ashiitem anatgrgna-
rát — pagar jornal.
Savolasigué, L. niyaúm — deber:
M. Yai'valé.
Savuech — ramear.
Sayalgeden — alegrar á otro.
Sayaligdi — reir: M. Sayelegré.
Sayamagáth — guardar.
Sayatén, L. sayaten — saber.
Sayatenó, L. aparetpec — aprender.
Saygegé — seguir.
Sayméch — ahitarse.
Sayocoyná — poner trampa.
Scagalgoni, L. uonauí — tragar.
Scantapech — ir paseando.
Scauá — tardar.
Scauó — yo quiero pasear.
Schelach — amedrentar.
Schig — maravillarse.
Senagat — murmurar.
29
— 322 —
Senapegat — yo digo: M. Issin-
napék.
Seyalgedém, noyikpók — consolar.
Siacani — trope/.a! •; M. Saaccassó.
Siacó, I, diacó — (lest-ar.
Sicategé, L. umcainigui — ir i'i se-
guir alcanzando: ¡\I. Scoactegué.
Sichalaléch — dar vida.
Siclacli, L. igatuk — volver atr.is.
Siclach, L. igalactegué — tornar n
volver.
Sicladesóp, L. colectapék — dar
viKdtas.
Siclató — restituir: M. Sinchoetén.
Siclocó, L. igrgioó — volver á ir.
Sicohac — vaciar el vientre.
Sicovó, ]j. laschik — ir, andar; ^I.
asik.
Sicuni — in'ender.
Sicutihac — favorecer.
Sicutihac, L. auquechák — defen-
der á otro, aplacaí'.
Sicuuay — echar mano.
Sida — menear.
Sienagrañá, Ij. — C(3mprar; ¡\I. Sis-
choectennaga' 'n,
Sieteget, L. mata — topar.
Sigen pequé — prob.ar la comida.
Sigleydaú — disputar.
Sigomini, L. uomni — zainl)iillir.
Seguelanaté — examinar.
Siguesocó, L. cahalók — descortezar.
Sihalá, L.amcainigué — darse priesa.
Siliigen — probar, liacer; M. Siguen.
Sihini — ¡urder: M. Nal-lar"ctani,
Sassogo''at na'iil-lani.
Sihogoth — ausar: M. Sichococtar"n
(me confieso).
Siladini — enterrar muerto.
Silahá — elegir, mirar: ¡M. Siranaái'.
Silemonegá — dormitar, (dormir);
M. Siil-lacca.
Silotapegá — apacentar.
Sinách, L. aunák — morder.
Sinatagán — ))reguntar: M. Sinna-
tran.
Sinohón, 1.. uacát— quebrar.
Sipadenagám, padenagran — saltar.
Sipagat, i, pagat — trenzar.
Sipeléch, L. pelgueék — cortar; M.
Sil 'chaiicá.
Sipetá — conceder.
Sipetajagú — ecliar en remojo.
Sipetet, Fj. apcliichigué — soplar.
Sipocóch — avergonzarse.
Sipote — toco: M. Sippoctaá.
Siquehé, L. ilraco — rumiar.
Siquelié, L. aunaigui — mascar.
Siquiagam — ilar do comer; M.
Squee.
Siquieham, L. iecbák — engordar.
Siruaduadón, I., uadám — casarse;
M. SoQi'n.
Sisieten — vender; ¡\I. Esan.
Sitayapéch — predicar.
Sitiodém — apeadarso.
Sitiodén, L. ancocliiác— librar á otro.
Sitiogón, I,, chigon — soñar; M.
Si' 'guemactá.
Sitón, L. touigueshik — derretir sebo.
Siton, L. autón — freir.
Sivelenaté — amar; M. Savae'-'.
Socautapech, I.,, caatpék — ir si-
guiendo.
Socatapéch, L. catapék — perder;
-M. Sassog"ai't nai'1-lani.
Socatapéch, L. chigü — echar á
lienler.
Socatapec, I.. somapék — caerse y
perderse; M. Sannancni.
Socohin, L. coiyalék — enlazar.
Sochió, L. — voy á ddrmir.
Soet — sazonar comida.
Sohatanech — quitar.
Solii — temer; M. Dioctiái^'.
Sohotini — esconder.
Solomnodeon, L. aualón —encender.
Sollagay, L. sollagray — malparir.
Sonatagán, L. anatagran — traba-
jar; yi. Soennactagán.
Sooui, L. neguenó — sentarse.
Sopoyagé, L. porayagchigué —
r.-ijar.
Sosinetequiagá — excusarse.
Sossi — rezar.
Sotanapéc, L. iasot — acocear.
Sotanee, L. calapoté — desnudar á
otro.
Sotascová — yo no hablo.
Sotayavó — ofender; M. Lsassoalók.
Sovauech — desnudar.se.
Soyogón, L. yronray — silbar.
Suaganó — sobar hombre.
Suaganó, L. auran — M. Lovarni.
323 —
Sucatiá, I., cachi — Imitar: i\I. Soc-
cacti.
Succanagam, L. calrük — ir co-
n'ÍL'iiilii.
Succudini, I,, ocodini — vaciitr.
Suetó, L. awót — liacer; 'SI. Soe''t.
Suetó, L. salieü — comenzar; M.
Soei'te.
Suetoivó — ediflcaí' casa.
Suguteucü — padecer; M. Assuictit.
Suidevó, I;. vidoó— llegar; !\I. Ñovi.
Sumatetá — iHuier todo.
Supitahác, r,. saupitarák — estorbar.
Susapelá, L. saplá — pellizcar.
Sutcaycá — acabarse alyo.
Suyayá — pecar.
T
Taccatá — está seco.
Tacomaltosim — injuriar.
Tagasoganó — amenazar.
Tahagui — abrirse la llor.
Taina, L. — quedarse; M. Disen-
nanni.
Tatipi — quebrarse el lazo.
Tauán, L. — asistir.
Temadileú, I., temeléu — desma-
yarse; :\I. Diel-levar^i.
Tenatsit— engañar; M. Satennactite.
Ticayvá — levantar testimonio.
Tiodacli — compadecerse.
Tiodách, ].. cawém — hacer mal á
olro.
Thiquesóch — labrar palo.
Togenanangat — confesarse.
Touenék L. — recordarse.
U
Ualamath — apagar.
g-Ualeneteneguet, L. lecnát —
mezclar.
Ualgrgey, L. — abortar.
g-Uamagagéc, L. chimarani — la-
dear.
Ucacharát, L. — engendrar.
Ucó, L. — derramar liquido.
Ucudini — acabar de vaciar.
Ugatitigui, L. auachigui lasom —
abrir puerta.
Uilrol, L. — temblar.
Unahatetá, L. alpatacni — ajustar.
Unatók, L. — compadecerse.
Utaaic — adormecer á otro.
Utewek, L. — orinar.
Uvagdlóc — dar castigo.
Uvagám, Ij. uagám — castigar; ISI.
Savagai'in.
Vahamá — azotar.
ValaJiáy, L. ualray — concebir.
Valamát — despavilar.
Vatayvá — aguardar.
Vayó — volar.
Vitigoth — aventar trigo.
X
Xapuhini — amoi tajar.
Yacanéch — ir persiguiendo.
Yaconá, L. naponát — recibir.
Yaganahuéth — largar la mano.
Yahamagáth — salvar.
Yalá, L. — venir; M. Sannák.
Yamrat, L. — guardar.
Yananeuéch — alargarse.
Yané — dejar; M. Spoa'an.
Yanehuech — afligir.
Yanehuech — descolgar.
Yanegué — regar.
Yaném, L. — conceder.
Yani, L. — restituir, (doy) ; M. Yani.
Yapagach — emblanquecer á otro.
Yapagagagi — blanquear.
Yapagagagui — emblanquecer.
Yapahageth — unir.
Yauiktapék, L. — arder.
Yayatúm, I.. — acertar tirando.
Yennagáth, I., lenrát — llamarse,
tener nombre.
Yeranaraik, L. — convocar.
Yogiapó — enjugar boca.
Yóm, L. — beber: M. Nieet^'t.
Yoylotetá, L. uilrol — temblar.
Yugrgan, ]j. — azotar; M. Sava-
ga'^'n.
Yuquiavá — aborrecer; ;M. Dioqquiá.
Yuvá — gozarse.
Apéndice D
VOCABULARIO CASTELLANO -TOBA
APUNTADO DE BOCA DEL INDIO LÓPEZ EN 1888
A la tarde — a'wit.
A los que llaman Indios les dicen —
Toco'it )' con ellos estaba.
Aatolé — cerca de Salta.
Abuela — 1, 2. 3, nicoté.
Abuelo — 1 yapé, 2 rajpi, M ajpi;
pl. 1 yapé, 2 lapi.
Acto de cópula — ochi.
Agos — cacique de los El-lás.
Agua — etarát, ó etagát.
Agua en creciente — ndep.
Agua honda — tóup.
Agua que está l'ria — tom.
Agua caliente — dapaká.
Aguará — kalag.
Aigunqui — nn cacique peleador.
Al norte — cullagá.
Al alto — lañará.
Ala — lawá, lava.
Alen — adiós.
Algarrobo — mapik.
Algarrobo blanco — máp.
Algarrobo negro — pantac.
Almirez — adagranaqui.
Amar — marukpichiwá, ¿me quie-
res?
Amarillo — cowi.
Amigo — 1 yapa, 2 adapá.
Amigo bueno, malo — siguilauen
djilroik.
Andar — antainigué.
.\nimaIito que cava la tierra — shi-
poduj.
Anteayer — scailiá.
Anzuelo — coiná.
Aquel me avisa — sachirotatniá.
Árbol — mapik, antác.
Árbol de iialo fuerte — antak.
Arco — chiquinic.
Asar — navsrók.
Ashinala'wak — nombre de lugar.
Aurora — yaparinté.
Ave negra — tetarani.
Ave grande como pato — tacát.
Ayer — scait, shcait.
Bañado — dep.
Barbudo — calanoenok.
Barriga - daliam.
Beber — aguayakip.
Bien asado — totocta.
Blanco — pagreic.
Boca — lop, lap.
Bofes — lasclii.
Borracho — taraik.
Brazo — piguel.
Brazos — lapicál.
C
Caballo -
Cabello -
- caallo.
- la'wé.
— 325
Cabeza — Icaik.
Cabezada — caigeshi.
Cabra— ketag.
Cabrillas — dapichi.
Caciques — saleranik.
Cadisát — nombre de lugar.
Caleetáp — UDiubre de lugar.
Calegaragdi — cacique Toba.
Calle ancha — caigueltá.
Camino — caik, cateic.
Canangrái — caci([ue.
Cara — lassik.
Carne — wapat.
Caronas — pagra'atá.
Carrillo — lanocó.
Casa — noyik.
Casado — mashiw^adon — (ya tiene
mujer).
Cavilin — caciíiue de los ladrones
del camiio.
Cejas — npé.
Cielo — pigam.
Ciervo — chigranigot.
Cincha — sotarqui.
Codaguay — nombre de una hija de
López.
Codo — Icotó.
Comida — alok.
¿Ci'imo está, está bien? — mayamok-
chiguini.
Conejito — sogoná.
Conejos — sogoná.
Corazón — Iquillacté.
Costado — layel.
Costilla — chissitt.
Coyuyo — uió.
Crespos — wiraik.
Cristianos — dokslii.
Cuchidék — nombre de lugar.
Cuchillo — illonuc.
CH
Chictrae — caciijue de este intor-
iiiante, malo, murió.
Chinett — otro cacique de los £l-lás.
Cliiñi — cumin, anatuya.
Chipelaraistanegui — nombre de lu-
gar.
Chipiapigui — nombre de lugar.
CMsinanrát— nombre de lugar.
D
Daliiqui, Pijilrá — murió.
Uame agua — aonetal.
Dame carne — ñañinla pajlayólik.
Dame de comer — lawanuk.
Dame á beber — yakip.
Dame fuego — norik.
Dame tu cucliillo — yaalek yllonek.
De donde vienes — chilcaagué.
¿ De donde lux venido :' — newa clii-
gorogué?
De nuiñana — diogoni.
De mañana — dyeroní — (levanta
temprano) .
Dedo — leratá.
Demerki — nombre de lugar.
Despellar — laralók.
Dia — naj .
Dice López que todavía está la cam-
pana grande en el lugar llamado
— Canangray.
Diente — luej.
Diguisát — nombre de lugar.
Diigui — cacique hijo del anterior
(Iliidi).
Dios — alatgapiri.
El pezón — lochi.
El es malo — dyilroyu keldá.
El me quiere — merkpicliewá.
El malo — owet.
Ellas — estos son los vuelas (El-lá
se pronuncia).
Enfermo — laloló.
Es conseguir para casarse — aco-
neget.
Eslabón — yole.
Espalda — lapalatelá.
Espina — y-arat.
Espuelas — sotaragnajté.
Está crudo — tocchigui.
Est i muerto — eleú.
Está bueno — yamokchiguini.
Este (pan) es tuyo — maichok.
Este (pan) es mió — maichayugot.
Este (pan) es de ella — maichalo-
kanmimadi (?).
32G —
Este es idí hijo — yalék.
Este es tu Injn — yalék.
Este viene de allí — chidroquedajá.
Estoy bueno — yayemuk chiguini.
Estrellas — ^vacani.
Estribos — pierequi.
Fajii — lanik.
Flecha — chikna.
Freno — kenauncaté.
Frente — lotap.
Fruta grande colorada de penca —
leuca'té.
Fruta colorada de tuna ó cardón —
yipát.
Fruta del cardón alto — ualshik.
Fruto, tuna de penca amarilla — cu-
ñeróy.
Fruta cliica colorada de la penca —
yaraig'ló.
Fuego — nodik.
Fusil — uunukté.
Gama — nawenek.
Gato — cupaik, copaik.
Gato colorado — imalá.
(iato amarillo — Haló.
Guaguilot — nonibru de iui
cacique era Quiñi.
Guanaco — nawanarnak.
H
Haclia — cachipé.
Hasta mañana — amblatricbi.
Helada — loni.
Helado — lomé.
Hermano — ocayá.
Hiél — Issi, corazim negro.
Hígado — Uikillacté.
Hijo mió — yalek.
Hombre — yalé (j?).
Hombre i|ue liabla lindo — sauayé,
salalaccá.
Hombres negros — uiraik.
Hombros — lallacó.
Hoy — nagui.
Hueso — Ipihinek.
Humo — malak.
Iliidi — cacicjue.
Iliidi — otro caciijuc '1 oba, murió.
Ir — nauta, con compañero que va
adelante.
José — cac¡(]ue.
José Bardenak — c;ici(jue de los la-
diours del campo.
Juan José — caciijue de los ladrones
del campo.
R
Ksoikelshidé — mmibie ile lugar.
de los ladrones
La muerte — eléu.
Labio — laplayel.
Ladincay — otro caclípic
Laguna — kaim.
Lanza — takerai.
Lazo — lanagué,
Legreidé — caciq
del campo.
Lengua — w^achagat.
León — suwaik.
León — cacique.
Liebre — huilla (quichua).
Ligchiqui — cacique de la misma
íamiha de los de adentro.
Loguay — nombre de una hija
López.
Lomo — lak.
Lucero — wacani, dionilalkté.
Luna nueva — mal-lum, ereyuk.
Luna — cagroic, graoec.
de
— 327 —
LL
T-lnv¡a — maktaui.
M
Mncíina — pon.
Macho — diogonok.
Maclio lio este — peanak.
Madre — lasté.
Malereiqué — liermano do José (oa-
rique ).
Malraalé — nombre de liii>ar.
Mama — uaralkét.
Mapsatanigul — nombre de lugar.
Mariano — cacique Mocü^Yitt.
Mashcoi — Indios de cerca, del Pa-
rafiíiay.
Matacos, caralg — así <lecian á los
Matacos.
Matar — lawat.
Matqueréy — nombre de Ingav.
Médico — pioDok.
Médico malo — danranraó.
Melón — mauaké.
Mi hermano — arcayá, ercayá.
^íi madre — yastó, yacté.
.Mi padre — tardé.
Mi plata — yo mi; esa es mia — ma-
rigot (r = d); esa es tuya — mai-
chalogot — es de ella.
Mimrióle — nombro de lugar.
Mocolt — Indios malos ile los cam-
pos — su cacique Sormingo.
Morir — leu.
Moscardón que pone querezas — lok-
tarani.
Mosquitos — ayátt.
Muctelá — nomlire de lugar.
Mujer — aloj.
Mulita — tapinek.
Murciélago — micái.
Muslo — tiltadil.
N
Nariz — mlk, umik.
Nedrae — el cacique inglés de los
correntinos.
Neesolék, pijilrá — murii'i.
Negro — laidreik, laidraik.
Nieto — iwal.
Niyeralai'té — nombre de lugar.
N'coló — nombre de lugar.
¿No conoce de dónde ha venido? —
(sasawaton) wachigacaguó.
Noche — pej.
No le des pan — tomasca-ianemó.
No me mates — tome salawató.
No me acuerdo — sentúnek.
No sé yo — sasayaten.
Noolá — nombre de lugar.
Nos te queremos — enawagyemag-
detó.
Nubes — loe.
Nuca — lana.
Ñartalo'i — cacique muy médico.
O
Ojos — laité.
Olla — natarqui.
Ombligo — com.
Oreja — uctela, Iqtelá.
Orinar — ute'wék.
Orolták — Udiubre do lugar.
Otra ave — uataá.
Otra abeja que trabaja con barro —
teesák.
Otra ave negra — cochiiní.
Otro árbol do madera dura — aiaja-
laik.
Otro árbol do fruta redonda — ma-
taquik.
Otro árbol para Hedías — tadgrik.
Otro árbol fuerte — tapcaneréi.
Otro árbol, viruela mayor — kidilí.
Otros conejitos — tagnigó.
Oveja — caiguetag.
Paalawák — nombre de lugar.
Padre — iktá.
Palma — chaiqui.
Palo — epac.
Palo de dos liles para cavar tierra-
shiktiguit.
Paloma — cottó.
— 328
Pampa — onrá.
Panza — daham.
Parir — decóh.
Pasto verde — yulúl.
Pecaries — yoló.
Pecho — toqué.
Peludo — uapam.
Pescuezo — locossótli.
Pestañas — lote.
Pié — piajté.
Piedra — JCa.
Piel — lohoc; ojo — delioc.
I'irrna — Ichill.
Pigamlek — otros indios con Iiahla
ipie est(^ les entiende; su cacique
Megsorclii.
Pijilra — indios con agiijeros en las
orejas; cacirjue Silgó y oti'o La-
liqui.
Piojo — lalarátt.
Pipa — shideranaqui.
Planta de pié — pialahuel.
Pobre — chagradák.
Poliná — ]iadre del anterior cacir|ne
(José Bardenak).
Polvo que se levanta - enayará.
Poncho — calejnek.
Poniente — awit.
Potaelaué — nombre de lugar.
Pud. Vir. + — cowe.
Pud. Muí. 1 — ayera.
Que no hi i|niere — sarag-pitawá.
¿Quién ores? — nequedá chidi?
í^hiirqiiincho bola — mugosorán.
R
Rana ó sapo — colroró.
Rebenque — guargnagraát.
Relámpago — comornalog.
Retírate para allá — auwekedá.
Ríñones — cliigissi.
Rio — tala.
Rodilla — lictó.
Sable — yalolek.
Sadak — otro caci(|ue liCon ; Uentóos
— otrii.
Salgranigui — nombre de lugar.
Soloaik — indios con rodillas atrás
como Suri, que no los ha visto.
Sandia — igraa.
Sarák — cacique de los KUás i'i Vi-
lelas.
Serpiente — nadaranak.
Shiguilordi — oaci(|ne heruiano del
anterior (Diigui), ya muri('i.
Shin'ok'qui — otro cacique — Toba.
Sierra — soronrá.
Sogncáy — cacique de los de aden-
tro.
Sol — nalá.
Sormingo — cacique que no lo tocan
las balas.
Soroncay — cacique de los Tobas.
Sotegraik — indios de por alli cerca
de Sulta.
Sotegraik — otros indios, no habla-
ban Tocowit.
nomlire de lugar,
indios derecho de Co-
Tadiopká
Takshik -
rrienles.
Talón — leagal, lera.
Teruteru — talolek.
'i'esticulos — lolá.
Teta — tetó.
Tierra — alloa.
Tigre — killog.
Tío — tesco.
Tirador de cuero — yiguislii.
Tochiri — caciqne, murii'i.
Tres Martas, estrellas — erail.
Tripas — laelshik, laylissi.
Trueno — alachigui, casogonrá.
Tu dices — amadakták.
Tu estás muriendo — eletapek mazu.
Tu hermano — machacayá, arcayá.
Tu madre — yacteé.
Tu me quieres — marugpicheú, sa-
rakpichiuá.
— 329
Tus ojos — gratouichi.
Tu padre — maichatá.
¿Tu paisano ú ese conoces?— iwolek?
Tu vienes muy lerdo — anaitajpi-
riné.
U
Una bala de miel — catók.
Un pajarito chico — uidini.
Un rio de agua salada cerca de Co-
rrientes — yguatalá.
Uñas — náchi.
Upitaiqui — Toba.
Venas — lothál.
Venir — y-alá.
Vengo del campo— chachigo ahonrá.
Viento — att.
Viento frió — nekté.
Voy íi dormir — sochió.
W
Woic — nombre de lugar.
Yajnodi — Cacique de los indios
correntinos.
Yo como pan — sachic pan.
Yo como carne — sachiclanapat.
Yo digo — senapegá.
Yo me mato — salawat.
Yo me muero — letapuc.
Yo me muero — leetapek ; tapek par-
tícula de presente; véase Mocovi y
Abipon.
Yo no tengo la culpa — scaycaya-
sorasik.
Yo soy negro — laidraik nawé.
Yo tengo pan — lacawénen pan.
Yo te quiero — yugpitaó.
Yo te quiero — decopitaó.
Yo voy de otra indiada — pijigara-
lek"(?).
Yo voy á tu casa — saiconá ma-
dumá.
Zapallo — lotañí.
Zorro — warairá, wareirá.
Tomo IX
3o
Apéndice E
COLUMNA TOBA
VOCABULARIO POLÍGLOTO
DEL CAPITÁN DE FRAGATA DON JUAN FRANCISCO AGUIRRE
«Diario» del mismo, página 597 y siguientes — (Biblioteca Nacional)
Dios — Yacaoguodi.
Cielo — Gepiguem.
Tierra — Alüga.
Agua — Ñetacgat.
Laguna — Latigue.
Fuego — Yanadek.
Cerro — Cazoonfuga.
Arroyo — Laticule.
Rio — Aguagai.
Persona — Nosiagaba.
Varón — Yale.
Mujer — Aló.
Criatura — Negutuléc
Casa (Noyic?) — Moyic.
Corral — Coiparit
Comida — Niguiniagat.
Padre — Yetaá.
Mi padre — Tagadé (Y?).
Mi madre — Chira.
Mi pariente — Lleolec.
Mi iiijo — Yialec.
Mi hija — Yiale.
.\lHia — Yguií.
Diablo — Noubet.
Cacique — Nesallagonec.
Viejo — Yagaiguic.
Vieja — Yagaina.
Mozo — Nececolec.
Moza — Caañolé.
Marido — Luguá.
Abuelo — Yiapi.
Abuela — Yenté (u?).
Nieto — Ybalulé.
Hermano mayor — Pichaca,
Hermano menor — Nocoléc.
Primo — Llooléc.
Sobrino — Yazozic.
Cuñado — Ydaubá (n?).
Cuiiada — Ydaba.
Amigo — Yiedic.
Compañero — Yieya.
Forastero — Oiyacaá.
Médico — Pionác.
Guapo — Daasai.
Forzudo — Añaguic.
Yo — Ayim.
Tu — Melacamü.
Aquel — Yedayale.
Nosotros — Yayim.
Vosotros — Ñataculéc.
— 331
Si — Madogopisagená.
No — Aisooian.
Semejante — Laziquierobá.
Presto — Areyalatepce.
Aquí — Anodoena.
Antes — Zecait.
Ahora — Nagui ('i ?).
Después -- Touemelé (F?).
Cerca — Coyóo, coto.
Lejos — Cayaü.
Adelante — Uanta.
Atrás — Lecaagantapec.
Arriba — Naziquendijá.
Diariamente — Naoquenanagate.
Mañana — Neté.
Pasado mañana — Neteliya.
Ayer — Ecaitiliyá.
Anteayer — Neteleyan (u?).
Todos — Naoquenanagate.
Uno — Yataculéc.
Dos — Divastooloca.
Tres — Enaniliyá.
Cuatro — Nalotapecac.
Cinco — Genaniliya.
Seis — Coyonoda (•].
Siete — (No hay).
Ocho — (No hay).
Nueve — (No hay).
Diez — (No hay).
Amar — Cegnoten (u?).
Aborrecer — Zescopitá.
Hacer — Abioct.
Comer — Cique é.
{') Denan quiere decir muchos.
Correr — Nacoleoc.
Cocinar — Aguiboei.
Conocer — Zayasen.
Dar — Ayimenaliya.
Descansar — Numatebec.
Desear — Cezaá.
Hambre — Zoeuat (u?).
Dejar — *Yaganopéc.
Dormir — *Yoochi.
Echarse — *Yoobine.
Engañar — *Yipucaic.
Enseñar — Adiapagadeni.
Galopar — Ciyateta.
Ir — *Yialec.
Hilar — Zacaleten.
Ovillar — Caletená.
Jugar — Nalitac.
Lavar — Cayó.
Lavar la casa — Ñapilot.
Llamar — Oycagana.
Mandar — *Yaamó
Matar — *Yalaguat.
No matar — *Yajanapec.
Mezquinar — Cimatacaic.
Mirar — Cita á.
Mudarse — Nuquigac.
Miedo — Yoiya.
Nacer — Nacapagani.
Nadar — *Yalogon.
Oler — *Ycuyaganá.
Morir — Ilcu (e?).
") Hay duda si en loa verbos la inicial es Y
ó Z por S. Es una letra muy menuda y no
siempre se puede descifrar.
— 332
NOTAS SOBRE LA LENGUA TOBA
La lengua Toba es muy clara porque no tiene narigal ni
guturales. La he tomado de un indio de esta nación, llamado
Pascual, yerno del cacique Guainágaté, estando presentes don
Lorenzo Espinóla, que vive en San Antonio y tiene mucha re-
lación con los indios referidos, que están en la reducción en
frente de su casa. También estuvo presente don José Sayas, á
quien dichos indios cautivaron, y es tan perfecto lenguaraz
como ellos. Llámanle comunmente Casco, y, en los modales,
todavía conserva las reliquias de haberse criado entre los in-
dios. En la Asunción, Octubre 20 de 1792. (Firmado): — Aguirre.
REPLIQUE
Dr. LEO WEHRLI et Dr. CARL BURCKHARDT
GÉOLOGUES DE LA SECTION d'exPEORATIONS NATIONALES
AU MUSÉE DE LA PLATA
Dans la partie littéraire de «Petermanns geographische iMitteilun-
gen», 1898, cahierVIlI, pages i34-i35, nous trouvons, signé par
Á. Toniqnist. quelques remarques concernant le rapport préliminaire
de notre premiere expédition dans la CordilléreC). D'un cóté, ees remar-
ques nous attribuent des opinions que nous n'avons pas émises; de
i'autre cóté, elles nous attaquent; nous nous sentons done obligés á
donner les justifications suivantes:
^4. Rectifications géologiques.
1 ) M. Tornquist, dans son compte- rendu, parle de diorites pi'é-
jurassiques. No7i; nous n'avons pas dit cela; mais nos diorites sont /¡<-
rassiqíies ou /;osí-jurassiques; car elles percent les sédiments jurassiques
en forme de filons ou y sont intercalées comme «Lagergang». L'érup-
tion de ees diorites est nettement postérieure á la sédimentation des cou-
ches jurassiques avec lesquelles nous les avons trouvées en contact.
2 ) A l'inverse, nous n'avons pas décrit d'andésites et basaltes «déjá
jurassiques», comme nous le fait diré M. Tornquist. Ces roches sont plus
modernes. Mais leurs centres d'éruption se trouvent, parfois, en coín-
cidence lócale avec des centres éruptifs du temps jurassique. Cependant
ceux-ci n'étaient point des magmas basaltiques, mais pkitót porphyri-
ques et porphyritiques (paléovolcaniquesi ). Quant á leur relation chi-
(') WiiiRi.i ET BuRCKHARDT ! Rapport prcliminaire sur une expédition gcologiquc dans
la Cordillére argentino-chilienne, entre le 33° et 36" latitude sud, «Revista del Museo de La
Plata», VIH, p. 373-389, avecprofil.— La Plata 1897.
Tomo IX 3 1
— 334 —
mique avec les laves néovolcaniques, nous y reviendrons dans notre
rapport principal.
3) II va sans diré qu'on ne peut pas établir des profils stratigraphi-
ques détaillés dans un rapport court et seulement préliminaire, de méme
qu'il n'est pas possible de fixer 1 age exact de nos poudingues avant
que les fossiles aient subí une détermination définitive. Ceci est remar-
qué plus d'une fois dans notre rapport méme.
Du reste, nous n'avons pas soutenu que les poudingues ne se trou-
vent que dans la partie oriéntale de la Cordillére. Au contraire: certains
poudingues du jurassique supérieur forment, avec des diorites, les élé-
ments dominants dans la partie occidentale de notre profil, ce qui ne
concerne pas le jurassique inlerieur; ici, les faciés indiquent la coínci-
dence appro.ximative de la cote oriéntale de la mer du jurassique infé-
rieur avec le bord oriental des Andes d'aujourd'hui.
4) II resulte de nos impressions préliminaires, que les horizons du
jurassique se trouventdéveloppés d'une maniere semblable au jurassique
européen (sans que nous ayons voulu constater par cela lexistence de
toute la serie complete avec toutes ses petites subdivisions). M. Torn-
quist est d'une opinión contraire, sans en donner des preuves, pro-
cede qu'il a aussi suivi dans son travail récemment publié sur les fos-
siles du dogger collectionnés au col d'Espinazito fprovince de San Juan)
par .M. Bodenbender ('), professeur a Córdoba, République Argentine.
B. Les attaques de M. Tornquist.
M. Tornquist nous reproche que dans notre rapport préliminaire
d'expédition nous n'avons pas mentionné les résultats «beaucoup plus
variés (tnaiiig/allig) » de Bodenbender, ni la Monographie de Steuer*''.
Quant á cette derniére.^ il faut diré en premier lieu que notre rapport
a été imprimé en septembre de l'annéa passéa. Aussi le texte porte-t-il
cette date. D'autre part, ce n'est qu'au miÜeu d'octobre qu'est arrivé á
La Plata l'ouvrage de M. Steuer, quoiqu'il ait été demandé immédiate-
ment par voie télégraphique. M. Tornquist aurait pu calculer ees dates!
Jugeant impossible de citer méme les livres les plus importants dans
notre rapport préliminaire et tres sticcinct. nous a\ons convenus d'y
laisser de cóté toute citation littéraire la réservant pour notre rapport
définitif sur cette premiére expédition. Ce dernier est sous presse mal-
gré nos secondes expéditions dans la Cordillére qui ont duré environ six
mois.
(') A. Tornquist: Dcr Dogger am Espinazilo-Pass, « Da mes und Kayser's palaeontolo-
gische Abhandlungcn», 1898.
(~) A. Steuer: .^rgentinisclic Jura-Ablagerungcn, « Dames und Kayser's palacontologische
Abhandlungen», N. F., Bd. III. 1897.
— 335 —
Quant au travail de M. BodenbenderO avec sa planche antédilu-
vienne, nous nous voyons forcés d'y revenir á fond dans notre rapport
définitif.
S¡ M. Tornquist se montre si empressé á énumérer d'une maniere
tres exacte tout ce que nous avons omis de mentionner, il aurait pu,au
moins, nous rendre la justice de constater que ce n'est que la cinquiéme
paríie de notre profil trans\ersal complet de la Cordillére qui coincide
avec la réi^ion parcourue par M. Bodenbender.
Nous regrettons '.ivement que M. Tornquist n'a pas hesité d'émettre
l'opinion que les resultáis de notre expédition « ne puisseiit pas ctre
designes comme trop satisfaisants».
II paraít done que l'habile avocat géologique n'ose pas reconnaítre
qu'un profil complet de la Cordillére, levé d'aprés les principes moder-
nes, na pas été publié a^■ant le notre. II va sans diré que nous n'avons
pas l'intention de diminuer avec ees mots les mérites stratigrapJüques
de M. Bodenbender.
Enfin, nous convenons que les premieres instructions données par
notre honoré Directeur M. le Dr. F. P. Moreno, Perito de la démarca-
tion de limites chileno -argentines, ne coíncident pas tout-á-fait avec
notre ¡tinéraire définitif. Ces instructions étaient dictées par des raisons
supérieures. Quant au programme purement scientifique de notre tache,
.M. Moreno n'a jamáis lardé de s'entendre avec nous de la maniere la
plus aimable, ce que nous nous faisons un devoir de reconnaítre ici.
Celui qui connait les enormes difficultés auxquelles sont exposés
incessamment les e.xplorateurs géologiques dans la Cordillére ne devrait
pas se laisser entrainer a attaquer l'honneur scientifique de ceux qui se
soumettent á ces devoirs rudes et pénibles. De pareilles attaques sont
á réfuter d'une maniere d'autant plus énergique qu'elles ont été lancees
par l'intermédiaire des grands centres scientifiques de l'Europe, oú tous
les éléments de travail, surtout la littérature et les matériaux de com-
paraison se consultent á deux pas.
En terminant nous renvoyons le lecteur á notre rapport définitif,
que nous espérons pouvoir publier bientót dans les Anuales de notre
Musée.
Musée de La Plata, 5 octobre 1898.
(') Bodenbender, G. ; Sobre el terreno jurásico y cretáceo en los .\ndes argentinos en-
tre el rio Diamante y río Limay, «Boletín de la Academia Nacional de Ciencias de Córdoba»,
XIII, Buenos Aires 1892.
¿LEPRA PRECOLOMBIANA?
ENSAYO CRÍTICO
ROBERT LEH M AN N-NITSCH E
DOCTOR EN CIENCIAS NATURALES
DOCTOR EN MEDICINA
ENCARGADO DE LA SECCIÓN ANTROPOLÓGICA DEL .MUSEO DE LA PLATA
Al doctor Albert S. Ashmead, de Nueva York, le corresponde el
mérito de haber suscitado la cuestión de si las mutilaciones que presen-
tan en el cuerpo las antiguas alfarerías peruanas antropomorfas pertene-
cen á las producidas por la lepra, ó, mejor dicho, si esta enfermedad
existía en la época precolombiana. Dicho señor comunicó á la Sociedad
Antropológica de Berlín la opinión del señor Muñíz (de Lima), pidién-
dole su juicio; según el parecer de este último, algunas alfarerías pro-
cedentes de antiguas huacas peruanas presentan indicios de dicha enfer-
medad ( I ) .
El profesor Virchow (2), al leer la hipótesis del doctor Ashmead, hizo
notar al mismo tiempo que con frecuencia dichas alteraciones pueden
ser muy semejantes á las producidas por la sífilis. Para dilucidar esta
cuestión se revisaron las colecciones del Museo Real de Berlín, cuyo
director, el señor Bastían (3), presentó después á la Sociedad Antropoló-
gica las dos alfarerías que S3 pudieron hallar, comunicando también
algunas noticias sobre la historia de la lepra.
El doctor Virchow (4), después de examinarlas, dijo que, á su
juicio, las mutilaciones del primer vaso correspondían á la lepra; las del
— 338 —
segundo, creía más conveniente atribuirlas á una enfermedad de la clase
de la sarna (').
Esas dos alfarerías han sido reproducidas en una revista norteame-
ricana por el doctor Ashmead (5) que continuó ocupándose de ese tema.
Publicó sus trabajos en los periódicos de medicina de su patria (G, 7, 8);
el último (9) de estos fué presentado en el Congreso Internacional de
Lepra, que tuvo lugar en Berlín el año pasado. Las conclusiones que
resultan de sus investigaciones, inducen á creer que las mutilaciones que
presentan las alfarerías peruanas, es decir, las de la nariz, del labio su-
perior y de 1 s pies, no indican alteraciones producidas por la lepra, pero
podría ser muy bien que fueran provenientes por la sífilis. El aspecto
que presenta la cara de un leproso es diferente y, además, otras causas
inducen al señor Ashmead á hacer sus conclusiones.
Este último trabajo del señor Ashmead (g) fué comunicado al Con-
greso por el profesor Virchow (loj, quien demostró al mismo tiempo
que otras alfarerías peruanas halladas posteriormente en el Museo Real
de Berlín presentaban igualmente aquellas mutilaciones. Reserva cuida-
dosamente su opinión, pero incurre en contradicción con Ashmead al
creer que es en realidad la lepra la que ha producido las mutilaciones.
El doctor Polakowsky (i 1), bien conocido en Sud América, afirmó,
por el contrario, que él no había encontrado indicios en la literatura
hispano-americana que explicaran ó probaran la existencia de la lepra
precolombiana, y que según la opinión del doctor Carrasquilla de
Bogotá:
1 ) el primer caso auténtico de verdadera lepra ocurrió en la persona
del conquistador de Colombia, .liménez de Quesada; este último,
que murió de sífilis y lepra, había traído estas buenas yerbas
de su patria ;
2) que la lepra no existe entre los indios salvajes del nordeste de Co-
lombia, que no tenían relaciones con los europeos, mientras que
( ) Véase: Ashmead (5). Una de estas vasijas que representa, según Virchow, lesiones per-
tenecientes á la clase de la sarna, está también reproducida por «Bartels: Die Medicin der Na-
lurvolkcr. EthnoIogischeBeitrage zur Urgeschichte der Medicin. Leipzig iSgS, p. 235, lig. 121».
El misino ejemplar se halla en el Trocadero de París y ha sido reproducido por «Charles Wiener,
Pérou ct Bolivie, Paris 1880, p. 646». El señor Wiener cree que se trata de la sífilis. Este
señor, después de haber citado la opinión de Quatrefages (obra mencionada, p. 646, nota), en
cuanto á los cráneos peruanos: «L'étude de quelques-uns (des crdnes péruviens) a pcrmis de
constater définitivement l'existence de la syphilis au Pérou avant la venuc des Européens», dice:
«L'existence des maladies syphiiitiques, avant la conqucte, resulte aussi de ccrtaines piéces de
ccramique que nous avons retrouvées et dont nous donnons quciques spécimens». Estas ilus-
traciones se refieren á la figura ya mencionada y á una cabeza con la boca torcida; ¡nada más!
lo que no da, de ninguna manera, razón para hablar de la sífilis. Según la opinión autorizada
del señor Virchow {2), no existen indicios para afirmar categóricamente la existencia de la sífilis
precolombiana. — Es conveniente hacer notar que Ashmead (9) es de opinión contraria á la del
señor Virchow.
— 339 —
se encuentra en las regiones civilizadas del país, especialmente
en el departamento de Santander, donde es muy común.
Los miembros del Congreso Internacional de Lepra dejaron el caso
sin resolver. —
La cuestión ha sido nuevamente suscitada en la Sociedad /antropo-
lógica de Berlín por el profesor Virchow (12) que explicó, en la sesión
del I 6 de Octubre de 1897, todo lo que se sabía sobre ese punto hasta
aquella fecha, y Polakowsky (i 3) 'repitió lo que ya había dicho en el
Congreso Internacional de Lepra, manifestando que si esta enfermedad
produce semejantes mutilaciones en los pies como las representadas en las
vasijas, debería haberlas producido también, por lo menos, en los dedos;
indicio que no se halla en ninguna de las alfarerías. Polakowsky comu-
nicó además la opinión del doctor Carrasquilla:
3) que no se trata en esas cerámicas de leprosos, sino de criminales
castigados; «que por pequeñas faltas les cortaban la nariz y el
labio superior; cuando se trataba de reincidentes que habían fu-
gado, amputábaseles también los pies para impedirles cometer
nuevos delitos».
El doctor Carrasquilla prometió al señor Polakowsky de remitirle
las pruebas bibliográficas de las tres opiniones que había emitido.
El resumen del profesor Virchow (12) y las anotaciones del señor
Polakowsky (i3) llegaron en tiempo oportuno á mis manos para indu-
cirme á tratar la cuestión de la lepra precolombiana en la sección de
ciencias médicas del primer Congreso Científico Latino-Americano, que
tuvo lugar en Buenos Aires del i o al 20 de Abril de 1898.
El Museo de La Plata posee una hermosísima colección de varios
centenares de antiguas alfarerías peruanas, y algunas de ellas presentan
mutilaciones muy semejantes á las estudiadas por Ashmead y á las del
Museo Real de Berlín. Las presenté al Congreso con el objeto de dilu-
cidar esta cuestión; después de sintetizar estas notas anteriores, expuse
lo siguiente (14 resp. i5):
«Ahora, puedo permitirme emitir mi opinión: diré que dudo mu-
cho que la mutilación de la nariz y la del labio superior se hallen en re-
lación etiológica con la de los pies. Me parece que aquí se trata de in-
válidos mendigos que han adquirido una de las enfermedades que se
contraen en la miseria.
«Esta última enfermedad me inclinó á creer que fuera lepra, puesto
— 340 —
que según la acreditada opinión del doctor Virchow, no se ha confir-
mado aún la existencia de la sífilis en la época precolombiana. Es muy
difícil distinguir las causas que han podido producir las mutilaciones
de la cara, puesto que ambas enfermedades mencionadas y el lupus
ocasionan resultados parecidos y en tiempos pasados se confundían con-
tinuamente. Quién sabe si los artistas peruanos no representaron los re-
sultados de esas enfermedades del mismo modo por no poder distin-
guirlas. Todo lo que estos antiguos artistas han representado lo han
caracterizado de una manera admirable, y para demostrar esto, vean
ustedes aquí un ciego y un obeso. Para terminar, haré resaltar que estos
F¡g. I
Fig. 2
otros dos objetos (fig. i y 2) que presento no son, en mi opinión, miem-
bros amputados, como lo asegura Ashmead ('), sino sencillamente vasijas
para beber.
«Ruego ahora á los presentes tengan la bondad de emitir su opinión
respecto á la cuestión de la lepra.
«He dicho.»
(") Véase Albert S. Ashmead: American patlwlogical notes: I. Prc-Columbian Surgcry.
II. Syphilitic lesión observed in a Pre-Columbian Skull, «University Medical Magazine^>, June,
1895, y Bibl. número 6, p. 49.
El doctor Ashmead cree que las allarcrias que tienen un cabo en la parte superior, represen-
tan el hueso desnudo, después de haberse efectuado una amputación. Yo por el contrario opino
que indican simplemente el cuello de la botella, como en las demás alfarerías. — Wiener:
Pérou et Bolivie, París i 880, p. 620, y Seler: Peruanische Alterthüme}\ etc., herausgegeben von
dcr Vcrwaltung des koniglichen Museums für Volkerkunde zu Berlin. Dr. E. Mertens u. Cic.,
Berlín, 1893, lámina 25, números 17, 25, reproducen «miembros amputados» idénticos á los
del Musco de La Plata.
— 341 —
Discusión: —
iPor indicacujn de! señor presidente se pasa á cuarto intermedio con el objeto de examinar
la colección de alfarería peruana que ha traído el conferenciante del Museo de La Plata.)
Doctor Víildés Morel (de Santiaí^o de Chile). — «Soy de opinión de
que en cuanto á las mutilaciones de la nariz, lo que representan esos
objetos peruanos, son casos de lupus y no de lepra. En la cara que apa-
rece con la nariz destruida, debe afirmarse esto con seguridad, porque
sería una rara coincidencia una mutilación aislada de la nariz en caso
de lepra. En cuanto á los miembros, la interpretación es dudosa.»
Doctor Sommer (de Buenos Aires). — «Declaro catei;óricamente que
los casos representados en esas alfarerías, no pueden ser de lepra, puesto
que la nariz aparece destruida, y en los leprosos, la nariz no se destruye
sino que se abulta; no me parecen tampoco casos de lupus vulgar, es
decir de lupus tuberculoso. La regularidad de la mutilación de la nariz
y hasta del labio superior, muestra que se trata de lesiones voluntarias,
probablemente castigos, como ha dicho el doctor Lehmann-Nitsche que
podría también interpretárselos.
«En cuanto á los miembros que se presenta, opino como el confe-
renciante, que no representan casos de lepra, puesto que en esta enferme-
dad hay mutilación de una falanje, de una falanjeta, pero nunca de
un miembro entero y de una manera tan neta, sin presentar desigual-
dades.
«Volviendo á la cara, me parece imposible comprender cómo pueda
e.xistir, si se trata de lepra, desaparición de la nariz aisladamente, sin
que exista ni un solo tubérculo, cuando precisamente éstos son los que
llaman la atención.
«De todo esto deduzco que estas alfarerías no representan casos de
lepra ni de lupus, y me parece difícil explicar por qué verdaderos sabios
como los del último Congreso de Berlín no se decidieron de una manera
categórica como yo lo hago, en un punto exactamente igual al actual.
«Fué debido, sin duda, á la alta autoridad del profesor Virchow,
que opinó que era muy difícil decidir si se trataba ó no de lepra en casos
representados en algunas alfarerías llevadas á ese Congreso.»
Después de haberse clausurado el Congreso Científico Latino-Ame-
ricano, recibí las últimas entregas de las publicaciones de la Sociedad
.\ntropológica de Berlín. Ella ha continuado ocupándose de nuestra
cuestión. Una viva discusión que se suscitó, dio origen á una investiga-
— 342 —
ción que se llevó á cabo entre los americanistas. Ahora voy á dar un
resumen de los resultados que se publicaron en las Ver/ia/idlungen de
dicha sociedad ( I 6. 17. 18).
El señor W. von den Steinen fib) ha consultado la literatura
sudamericana, como por ejemplo las obras de Cieza de León y de Gar-
cilaso de la Vega, y no ha podido hallar indicios de mutilaciones que
comprueben que las representadas en las alfarerías peruanas hayan sido
producidas por penas que se han aplicado á los individuos. Cree, al
contrario, que se trata de la representación de una enfermedad.
El señor Stübel participa de la misma creencia, mientras que Bas-
tían (16) y Middendorf (ló) opinan que se trata simplemente de casti-
gos aplicados á criminales. Probablemente la lepra ya existía entre los
mejicanos precolombianos. como lo demuestran las deducciones del se-
ñor Seler (17): pero, sin embargo, dice que sería posible que se hu-
bieran valido de la palabra teococolit^li para significar primeramente
cualquiera otra enfermedad de la piel, y luego después la lepra; de
manera que se habría hablado erróneamente de esta última enfermedad
también respecto á los tiempos precolombianos.
El señor Jiménez de la Espada (18) dio á esta cuestión un nuevo
giro, pero no cree que la lepra, ni tampoco la elefantíasis, su variedad,
sean de origen prehispano en el antiguo Perú; no conoce documentos
que apoyen tal opinión y no está de acuerdo con la hipótesis de Carras-
quilla y de Bastían (y de Middendorfj que son del parecer que se trata
de penados y mendigos. Pretende que no se han aplicado mutilaciones
en el cuerpo como penas, excepto la muerte ('), y que mendigos no han
existido en el antiguo Perú debido á su orden social tan perfecto. Según
(') Conoce el señor Jiménez de la Espada ( i 8, p. 6 i 3) solamente una nota en la litcratur.T
peruana que se refiere á las mutilaciones de los labios y de la nariz. Les mutilaban de esa ma-
nera los reyezuelos ó curacas de la Isla de la Puna á sus eunucos después de haberlos castrado,
á tin de evitar que por su imposibilidad material condesciendan con sus concubinas y conseguir
al mismo tiempo que no ejerzan atractivos sobre las mismas.
Es evidentemente la misma noticia que refiere Z.^rate: Ilisioire de la découverte et de la
conquéte dii Perou, traduile de I'espagnol d'Augustin de Zarate, par S-. D. C, Tome premier.
A Paris, par la Compagnic des libraires, MDCCXLII, avec privilcge du Roi.p. 25: «Leseigneur
de cetie islc (de Puna) ctait fort craint et fort respecte par ses sujets, et si jaloux que tous ceux
qui étoient commis a la gardc de ses femmes, et méme tous les domestiques de sa maison.
ctoicnt eunuques: et on coupoit non seulement les parlies qui servent á la gcncration, maís pour
les dcfigurer, on leur coupoit aussi le nez. »
Lo mismo dice Bastían: Die Culiurlander des Alten America, Berlín i 878, tomo 1, p. 5(i3:
« El cacique de Puna hizo no solamente castrar á los guardianes de sus mujeres, sino también
amputarles la nariz y los labios para que no presentaran un aspecto seductor (véase Oviedo); los
eunucos guardaban á las monjas en los conventos del Perú (según Diego de Molina)».
En cuanto á las penas que menciona Bastían según Herrera, no se encuentra noticia alguna
de mutilaciones (página 548 y sig.). Tampoco hacen mención Rivero vTsciiudi: Antigüedades
peruanas por Mariano Eduardo de Rivero y Juan Diego de Tschudi, Viena i 85 i , pág. 81382).
Hablando de las leyes y de las penas, no refieren que se haya cortado ó mutilado los miem-
bros del cuerpo.
— 343 —
el juicio del s2ñor Jiménez de la Espada, esas vasijas, ó mejor dicho,
esos votivos representan una enfermedad especial del Perú, una variedad
endémica de la tuberculosis: la «llaga» ó «hutía-». «Se sufrió mucho
del fíajelo de dicha llaga en los tiempos pasados y se sufre hoy toda-
vía en los valles calientes, húmedos y bajos del Perú, especialmente
en los parajes donde se cosecha la coca. Los hispanoperuanos denomi-
nan «llaga» á esa enfermedad, los quichuas «uta» ó «liutta» (raiz que
forma el verbo liuttuni que significa la acción de roer el gusanillo al
maíz dentro de la caña) ('). En verdad la enfermedad corroe y carcome
los tejidos del labio superior, de la nariz, de la garganta y del paladar.
Por eso la hutta es indudablemente un verdadero lupus ó tuberculosis.»
El señor Jiménez ha descubierto los documentos y datos referentes
á esa llaga en la descripción de un viaje á Andamarca y Pangoa efec-
tuado por el síñor Barraillier ( ) y apo^'a su creencia ó conjetura en una
(') Vcase Mossi : Diccionario Quichua- Castellano. Sucre, Abnl 28 de 1860. número i33.
<y liuttuni: roer el gusano el maíz en su caña».
Dr. E. \V. MiDDENDonF : Wortei'buch des Runa Simi oder dcr Keshuasprache, Leipzig,
r. A. Brockhaus, 1S90, p. 5 10: «'hut'uy, v. inlr. picarse, podrirse.» L.-N.
( ') Véase K. Babraii.lier: Viaje á Andamarca y Pangoa, «Boletín de la Sociedad Geográ-
fica de Lima», tomo IIj números 4-0, Septiembre 1892, p, i 21-144. — ^s.v& consultar esta
obra rara (véase Bibl. 18, p. 612, la nota) con más facilidad voy á dar á continuación la des-
cripción completa de todas las enfermedades que se mencionan en esa publicación (p. 141):
«.Me toca ahora hablar del gran defecto de Pangoa; quiero decir de sus enfermedades. La
mayor parte de ellas son los atributos de todas las montañas; por eso me ocuparé especialmente
de la particular de Pangoa: la llaga ó uta.
«La causa de esa enfermedad curiosa es algo desconocida hasta la fecha, aunque la mayoría
de las personas que la han visto, están acordes en decir que proviene del contacto de una mosca
venenosa.
«En efecto, siendo Pangoa un lugar muy húmedo, posible es creer que los miasmas que se
escapan de los atolladeros, produzcan esas moscas tan temibles. Mi opinión es que ayuda mucho
al veneno de esos insectos el desaseo y la intemperancia, propio de los trabajadores de esos lugares.
«El aseo es la primera condición de salud en las montañas, y sin embargo muchas personas
parecen olvidarlo, aunque tengan ante los ojos ejemplos espantosos.
«La llaga se anuncia por un fuerte calor en la parte atacada, la cual en general, es la nariz.
Después esa parte se hincha, se pone colorada, luego morada y acaba por volverse negra.
«Se salpica entonces de un polvo ceniciento: es que empieza la gangrena de la carne que se
cae asi poco á poco y luego la parle afectada desaparece por completo para dejar un hueco ho-
rrible que va agrandándose diariamente.
«He visto en Andamarca una persona que parecía una calavera con vida. La nariz había
desaparecido: cinco ó seis dientes de la mandíbula superior sobresalían en medio de una boca
hecha por la llaga. De la nariz, esa dolencia pasa regularmente á la garganta, donde acaba su
obra de destrucción, haciendo perecer poco á poco al infeliz en medio de dolores atroces.
«Otros dos casos de llaga he visto; uno la tenía en la mano (p. 142): parecían ya los hue-
sos; otro tenía una pantorrilla enteramente comida.
«Esta enfermedad tiene la ventaja muy grande de no ser contagiosa.
<nLos mejores remedios son, en mi concepto, los corrosivos.
«Debo añadir que no he visto ninguna persona aseada, viajando y viviendo en Pangoa. pa-
decer de esa dolencia, lo que prueba muy bien que es debida en gran parte al desaseo y á la
ntcmperancia.
«La segunda enfermedad particular de Pangoa es la miruyita. Es una dolencia muy curiosa
y tínica en su genero. Las personas que padecen de ella, son sorprendidas una mañana por un
— 344 —
nota que se encuentra en las «Relaciones» de Santillán (') en la cual se
habla de un «Mal de los Andes» que se hace sentir en las regiones pe-
ruanas de coca y que es, según dice, una especie de cáncer (").
iMás adelante nos será preciso resolver este punto. El doctor Pola-
kowsky (i 8) cree poder clasificar nuestras vasijas en dos j,'rupos, s:gún
el carácter di la nariz; en el primero incluye las alfarerías que presen-
tan mutilaciones en dicho órgano, indudablemente de origen patológico:
en el sígundo grupo existe la duda de si se trata de la demostración de
una enfermedad, ó bien de una operación quirúrgica. (Su tercer grupo,
que representa la nariz artificialmente rajada de un indio Iscaicinga. no
tiene interés para nosotros.) Algunas de esas vasijas representan, á no
dudarlo, mendigos castigados, que. según la opinión del señor Jiménez,
nunca han existido en el antiguo Perú. ¿Cómo salvar, pues, esta dificul-
tad; cómo podríamos despejar la incógnita en este caso? El doctor Pola-
kowsky duda que todos esos vasos procedan de la época precolombiana
lo que también apoya el señor Seler. Según su opinión será imposible
hacer conclusiones respecto á la existencia de la lepra precolombiana, ba-
sándose en la cualidad de esas mutilaciones.
dolor muy agudo en cierta parle del cuerpo. Se registran con minuciosidad y ven una hincha-
zón con tintes colorados y morados en la punta. Abriendo ese bulto, se escapa un gusano grueso
que está metido entre la cutis y la carne, el cual había ocasionado, con su presencia inoportuna,
los dolores referidos.
«Según observaciones de un amigo mío que se quedó algunos meses en Pangoa, proviene
esa enfermedad de dejar la ropa tendida después de puesto el sol ; entonces vuelan muchas
moscas que se van á poner sobre la ropa, depositan sus huevos y se van dejando semilla de
algunos gusanos, los cuales, puestos á luz por el calor del cuerpo, se introducen incontinente
en los poros para fijarse después en la parle más conveniente á su apetito. El único remedio es
hacer la operación y sacarlo.
<vLos preservativos son; recoger la ropa antes de que se ponga el sol y bañarse con frecuencia.
Los baños en los países cálidos refrescantes, son agradables c higiénicos.
«En el rango de las otras dolencias conocidas, puedo citar la terciana, cuyos síntomas no
son iguales á los de la costa y la opilación ó hinchazón de todo el cuerpo, especie de hidrope-
sía, debida á la mala alimentación.
«Estas enfermedades son demasiado conocidas por todos, así como sus remedios, para hacer
la descripción.»
( ) Véase: Relación del origen, descendencia, política y gobierno de los Incas, por el licen-
ciado Fernando de Santillán, p. i 17, en «Tres relaciones de antigüedades peruanas publica-
das por el Ministerio de Fomento con motivo del Congreso internacional de Americanistas que ha
de celebrarse en Bruselas el presente año, Madrid 1879. Publicado por Marcos Jiménez de la
Espada, p. 117: «y como estas provincias de los Andes á donde hay la coca están en comarca
de la ciudad de Cuzco y de La Paz y Charcas, donde es el temple muy frió, y de allí los han
sacado y sacan y llevan á los Andes á beneficiar la coca, de que han muerto infinitos de la di-
ferencia de temple, y otros de un mal que les dá que les dicen mal de los Andes que es como
cáncer, que en dos dias no hay remedio, y otros de hambre y trabajo».
( ) El señor Jijan B. A.mbrosetti me ha comunicado otra noticia sobre una enfermedad del
Perú citada en la obra de Zarate, de la cual tiene solamente la edición francesa (ya he citado el
título), p. 16: «Ce pays est fort chaud et fort mal saín, on y est particulicrement sujet á cer-
taines verrues ou espéces de frondes fort malins et fort dangereu.x, qui viennent au visage et
dans les autres partios du corps; ils ont des racines fort profondes, et .sont plus á craindre que
la petite vérole et presque autant que des charbons de peste. »
— :»:) —
Polakowsky no puede tampoco acudir á la opinión del doctor
Carrasquilla, seí^ún la cual se trataría de criminales penados, puesto que
se han buscado datos al respecto en la literatura respectiva con resultado
completamente negativo.
Nos restaría aún, dice, la hipótesis de lesiones patológicas, por lo
menos en lo concerniente al primer grupo, pero esas lesiones patológicas
no pueden ser producidas por la lepra.
El s2ñor \V. von den Steinen (i8) describió después las alfarerías
peruanas con mutilaciones, del Mus;o Real de Berlín ('). Son diecisiete;
«algunas representan cabezas, otras el cuerpo entero; una de estas últi-
mas está tendida sobre el vientre, las otras están de rodillas, ó con las
piernas cruzadas. Todas tienen mutilada la punta de la nariz y la mayor
parte también el labio superior. En cuatro de las piezas de cuerpo en-
tero faltan los pies, en las otras está cubierta la parte inferior del cuerpo
con una tela que lo envuelve desde la altura de las caderas, de manera
que se puede opinar que le faltan también los pies». En los casos en
que existe el labio superior, éste se encuentra hinchado y prominente.
Una de las vasijas de Berlín es sorprendente por dicha hinchazón y pro-
minencia en la parte inferior de la cara.
Para terminar la discusión en la Sociedad Antropológica de Berlín,
el presidente Virchow (i3), formuló su juicio diciendo que tampoco
cree que se trata de criminales castigados como lo ha expuesto el doctor
Carrasquilla, porque no se ha encontrado nada que lo pruebe en la
literatura relativa. Además, posee un argumento negativo: existe una
estatua de madera, de un preso (") que tiene el cuello envuelto por una
(') Algunas de eslas ya han sido publicadas por Sei-er, obra citada, lámina 14. número 6;
lámina 17, número 7; lámina 19, número 8 (?); lámina ir), número lü.
(") Véase: «Verhandiungen der Berliner Gcsellschaft tur Anthropologie, Ethnologie und t'rgc-
schichte», 1873, p. ¡53, lámina XV, figura i. — Describe allí Virchow tres «¡dolos de ma-
dera» procedentes de la Isla de Guano (Isla Chincha); dos están todavía bien conservados, uno
grande y otro chico, el grande está de pié; el chico representa un tronco. «En ambas figuras los
brazos tienen la misma posición: colocadas atrás como una persona que atiende tranquilamente. »
«El Ídolo más grande tiene una cuerda al cuello, que está atada antes en un nudo grueso; una
de las extremidades de la cuerda vá hasta la región hipogástrica » . La nariz en los dos, tiene la
forma de un pico de águila.
Dice en una nota el señor Virchow (obra citada) que según la opinión de David Forbes,
«estos ídolos de madera representan prisioneros; tienen una cuerda ó una serpiente al cuello;
la serpiente les come el miembro á los prisioneros. Suponen Forres y A. B. Franks que de
esa manera se ha simbolizado la trasmisión de la sífilis, enfermedad originaria de las regiones
montañosas del Perú, como se cree generalmente en este país, característica de la alpaca y tras-
mitida al hombre por vicios anti-naturales».
.\sH.MEAD tainbicn (9, p. 74) cita esta nota, agregando que á los solteros les era prohibido
tener llamas, según las leyes antiguas del Perú.
No hay duda que Forbes tiene razón, es decir, que esas figuras de madera deberían repre-
sentar prisioneros. W'iener dibuja, en su obra ya citada, p. 58o, estatuas de madera comple-
tamente análogas á las de Virchow, suponiendo que representan prisioneros. No presentan tam-
poco estos dibujos de Wiener ni nariz ni labios mutilados. Para mayor afirmación pueden ser-
3-íG
cuerda y no presenta la nariz mutilada. Respecto á la duda de que esas
alfarerías procedieron de la época precolombiana, no encuentra motivo
virnos las ricas colecciones del Museo de La Plata: ¡están aqui los mismos tipos representados en
cerámica! indudablemente son prisioneros. Se dividen estas aifarerias en tres clases:
La primera representada por un solo ejemplar, es una persona de pié; tiene las manos atrás y
ligadas por una cuerda. No se nota otro indicio que demuestre que se trata de un prisionero (fig. 3 y4).
VíiiM
Fig. 3
Fig- 4
Fig. 5
En la segunda clase están los prisioneros de rodillas, parados ó sentados con los pies cru-
zados; además con una cuerda al cuello (trece ejemplares, fig. ó y 7).
En la tercera clase, la cuerda representa una serpiente comiendo el pene; las manos atadas
en la espalda, á lo que se refieren Franks y Forbes; {un ejemplar, fig. 5). En un segundo ejem-
plar de la misma clase^ la persona está sentada en un sillón.
Seler (obra citada) publica ejemplares de la clase primera y segunda (láminas 27^ i3 á iq).
RivERO Y TscHUDí iobra citada), también publican un ejemplar de la clase tercera (lámina 24).
En ninguna de todas estas alfarerías, que representan indudablemente prisioneros, están
mutiladas alguna parte de la cara ni del cuerpo.
— 347 —
para eliminarlas de las otras prehispánicas tan análogas. El hecho de
qui esa enfermedad no haya mutilado también los dedos, lo que ha
causado la admiración de Polakowsky. probablemente puede explicarse
admitiendo la «lepra mutilans»: pues ésta no es una enfermedad direc-
tamente leprosa, y ataca según las circunstancias, ya más á las extremi-
dades superiores, ya á las inferiores.
En resumen, dice Virchow ( i 8) : «Hay que renunciar preliminar-
mente á conocer el carácter de las mutilaciones peruanas. Hasta la fecha
no sabemos más que son de origen patológico, y todavía se puede admi-
tir una afección leprosa. Hav que examinar más adelante si alguna otra
enfermedad, por ejemplo, la llaga citada por el señor Jiménez de la
Espada, no ha sido la causa de esas mutilaciones. Siento no saber más
sobre esa enfermedad de las regiones montañosas. Será de gran interés
escudriñar la naturaleza y extensión de dicha llaga.»
Como se vé por ese resumen de la discusión, nuestro asunto S3 ha
concretado dirigiéndose á un punto especial: la llaga. Sin embargo no
abandono las dudas que he manifestado ante el Congreso Científico Latino-
Amerícano, acentuando de nuevo las dificultades que se oponen á una
solución definitiva.
Hay que hacer notar que hasta aquella fecha el señor Carrasquilla
no había dado la afirmación de la opinión que expuso al doctor Pola-
kowsky. Después de haber recibido el resumen de Virchow (i 8), escribí
al señor Carrasquilla, quien me ha contestado de una manera muy exacta
y distinguida. No debo dejar pasar pues, esta oportunidad, sin expresar
mi mayor agradecimiento al señor doctor don Juan de Dios Carrasqui-
lla L. por los valiosos é interesantes datos que ha tenido la amabilidad
de poner á mi disposición.
Antes de reproducir su carta, voy á describir ahora el material que
nos proporciona el Museo de La Plata; después, juzgaré la enfermedad
respectiva, especialmente la llaga.
Exi'iten en el Museo de La Plata diez vasijas que representan las
mutilaciones ya descritas (véase la lámina). Proceden, según dicen, de
«Trujillo»; en una de ellas está indicado que procede de «cerca del
Templo del Sol», otras dos de «Moche». Las clasificaré según su carác-
ter y según el grado de la afección; la lámina las representa en un tercio
de tamaño natural.
Número I. — Representa una cabeza y es ciertamente una de las más
lindas y características: el sufrimiento ha impreso evidentemente su
signo sobre la cara tan noble: las mejillas hundidas, la fisonomía can-
— :348 —
sada y desencajada, presenta el verdadero estado caquéctico: los pómulos
prominentes. Falta la nariz y el labio superior. Semejante al ejemplar
del s:ñor W. von den Steinen (i 8), pero mucho más hermoso y distin-
guido. Procedencia: Trujillo.
Las otras alfarerías representan el cuerpo entero.
Número II. — Lhia persona de rodillas; tiene las manos juntas y
hacia arriba, en actitud de súplica. La nariz mutilada, pero no así el
labio superior que es turgente. No se puede decidir si los pies también
están afectados. Procedencia: Trujillo.
Número Il¡. — También representa una persona de rodillas, que de-
rrama con un jarrito un líquido sobre una escudilla. La nariz corroída
y. en parte, el labio superior, y según parece el inferior también lo
está, hecho que todavía no se había observado en las vasijas peruanas
hasta la fecha. Los pies no se distinguen. Procedencia: Moche.
Número IV. — Otra persona de rodillas. Fisonomía extraordinaria-
mente torpe y bruta. Los pómulos salientes, las mejillas hundidas. La
nariz un poco deprimida en la parte media; el labio superior tiene un
cort2 en el centro en forma de media luna, de manera que se pueden
ver los dientes superiores. No se perciben lesiones en los pies. Proce-
dencia: Trujillo.
Número V. — Persona arrodillada. Estilo y trabajo completamente
distinto de las otras piezas. La cara cuidadosamente trabajada, representa
de una manera muy característica un estilo propio; mientras que lo
demás del cuerpo está únicamente marcado ó delineado á grandes rasgos.
Las alas de la nariz están hundidas, la punta corroída, de manera que
el aspecto de las lesiones tiene la forma de un trifolio. El septum de
la nariz también profundamente destruido. El labio inferior algo promi-
nente, y el superior parece estar un poco lesionado; destacándose bien
los dientes superiores.
La boca está torcida á la izquierda y hacia arriba, siendo muy obli-
cuo el ángulo izquierdo (¿parálisis del nervio facial?); en lugar de pár-
pados hay rayas propias del estilo. De la barba parten líneas hacia abajo.
como también de los ángulos de la boca. En las mejillas existen otras
transversales, de las que salen algunas más en sentido vertical. El
sujeto tiene en la mano derecha un pequeño plato en actitud de pedir.
No se notan lesiones en los pies. Procedencia: cerca del Templo del Sol.
Número VI. — Personaje arrodillado muy semejante al de Virchow
( I o , p. 6 1 9 ) y de W. von den Steinen ( i 8) . Le falta la punta de la nariz;
— 349 —
el centro del labio superior está mutilado en forma de triángulo, de
manera que son visibles las encías de color rojo oscuro )' los dientes.
Los ojos están cerrados ¿es ciego? Los pies amputados y las suturas en
dirección transversal. Humildemente, en actitud suplicante, toca con la
mano derecha el tambor que tiene con la izquierda. Los bordes que
marcan la nariz y el labio superior mutilados corresponden al carácter
del trabajo; así también, por ejemplo, la hendidura délos ojos cerrados
ha sido marcada de tal manera que parece casi cortada. El carácter
de las lesiones de esta pieza, simplemente trazadas por un golpe de
buril, no por eso nos permite suponer que se trata de lesiones quirúr-
gicas. Procedencia: Trujillo.
Número MI. — Persona de rodillas. Labio superior destruido en
forma de arco: los dientes superiores visibles; labio inferior algo promi-
nente. Nariz destruida; faltan los pies; en éstos las suturas de los mu-
ñones en dirección sagital. Tiene en la mano un bastón. Procedencia:
Trujillo.
Número VIH. — Persona arrodillada, semejante al número VIL El
labio inferior prominente, lo que se nota mejor mirándole de lado
(VIII ít); el superior corroído, formando una curva; las encías y los
dientes superiores visibles. Le falta también la punta de la nariz. Tiene
los pies amputados y las suturas de los muñones en dirección trans-
versal. Tiene también un bastón. Procedencia: Trujillo.
Número IX. — Personaje de cuerpo entero, acostado sobre el vientre.
Uno semejante ha sido publicado por Ashmead (9) y W. von den
Steinen (i8j. Le falta la nariz y ambos labios; los dientes superiores é
inferiores son visibles (*). Le faltan igualmente los pies; las suturas van
en dirección transversal, como se observa muy bien en nuestra lámina.
Parece que en la figura análoga del señor \V. von den Steinen (18)
falta solamente uno de los labios; el dibujo, que no es bastante exacto,
no permite un e.xámen muy preciso. Procedencia: Trujillo.
Número X. — Persona de rodillas. Cuerpo grueso é inflado: se arras-
tra de rodillas con un bastón en la mano derecha. Le faltan los pies; los
muñones tienen una sutura sagital. Solamente la nariz está mutilada.
En la mejilla derecha lleva el dibujo de un triángulo rectángulo y en
la izquierda dos rayitas; en la barba el de una chinche; ¿representará la
enfermedad que ha corroído la nariz? Debe ser únicamente un error del
artista haber hecho seis dedos á cada mano en su obra.
í') En la lámina no puede verse bien esto.
Tomo IX 3 2
350
La he representado por razones técnicas en la fií^ura autotípica (figu-
ras S y 9). Procedencia: Moche.
F¡g. 8
Klg. Q
Resumiendo estas descripciones, generahnente por carácter del tra-
bajo y el grado de la mutilación, tenemos que el número I representa
una cabeza y todos los demás cuerpos enteros. Sólo el número II tiene
mutilada la nariz únicamente; el número X, la nariz y los pies; los
otros, incluyendo el número I, presentan lesiones en la nariz y en el
labio superior. También carecen de labio inferior los números III y IX.
El superior, y toda la parte de arriba de la boca, está muy turgente en el
número II; el labio inferior es excesivamente prominente en el número
VIII, no tanto en el número V. Aunque no se puede afirmar, pero sin
— 351 —
embargo, puede presumirse que los pies están mutilados en los números
II á V, y es indudable respecto á los números VI á X, la sutura del
muñón va en dirección transversal en tres ejemplares (números VI,
VIII, IX), y en dos solamente se encuentra en posición sagital (números
VII y X).
También en los ejemplares números V, VI y VIII, en los cuales los
bordes de las mutilaciones parecen cortados con cuchillo, se trata, á mi
juicio, de casos iguales á los de las otras vasijas. Ya he explicado en el
texto que el número V es de un estilo distinto y corresponde al carácter
de la alfarería respectiva. No estoy por eso de acuerdo con la opinión
de Polakowsky ya citada, que se trata de dos tipos diferentes de muti-
laciones.
Creo que los bordes de las lesiones no han sido cortados, sino que
se trata del mismo proceso de la enfermedad como en los demás ejem-
plares. Ya he explicado que esos bordes corresponden en su factura al
estilo de los distintos artistas que los han modelado.
Hemos explicado anteriormente que la «llaga» citada por Jiménez
de la Espada ( r 8) ha llamado nuestra atención porque parece ser la causa
de las mutilaciones que nos ocupan. Al leer el texto original, que por
eso hemos reproducido literalmente, nos preguntamos: ¿Cómo es posi-
ble que lo haya escrito un médico? Es una descripción poco exacta y
sin ningún dato de etiología.
La palabra «llaga» significa en idioma castellano úlcera, herida,
sin explicar aquí las significaciones figuradas que derivan del sentido
propio de la palabra. A'éase por ejemplo el «Diccionario nacional de la
lengua española por Domínguez, Madrid 1860»: «Llaga, s. f. v. úlce-
ra», ó el «Primer diccionario general etimológico de la lengua española
por don Roque Barcia. Madrid 1881»: «Llaga, Desunión de la carne,
causada por corrosión ó por herida». Se llama «llagas, heridas ó con-
tusiones, en una palabra, toda contusión externa» (Rivero y Tschudi,
p. 123). Para tener más exactitud voy á describir ahora lo que significa
en la República Argentina la palabra «llaga», basándome en datos que
me han dado personas que conocen muy bien el país. No existe en la
República Argentina ninguna enfermedad llamada llaga; lo que significa
esa palabra vulgar, son efectos de varias enfermedades. Cuando se habla
de llagas (generalmente en plural) se comprende especialmente que se
trata de afecciones de la garganta: por ejemplo: «Tiene llagas en la
garganta», es una frase muy frecuente. Precisando más: se dá el nom-
bre de llagas benignas cuando las afecciones son leves, y, si al contrario
— 352 —
son peligrosas, se les denomina «llagas malas» ó «negras». Al último
término lo aplican los médicos de acá, hablando con la clientela, espe-
cialmente para designar la difteria. Las vejiguitas de la lengua y di la
laringe son «llagas en la lengua, en la boca, en la garganta» ; en caso
de una gran afección, también se dice: «tiene toda la boca en una llaga
viva» ó «la boca en llaga viva». Una vez ya me han hablado de «llagas
en el interior».
Los efectos producidos por vesicantes se llaman «llagas» lo mismo
que las ampollas de quemaduras, así se dice: «se le ha formado una
llaga».
Para expresar una infección inflamatoria en las partes inferiores de la
pierna, se usa la siguiente frase: «se le ha formado una llaga» ó «llaga
viva en la pierna».
Así se llaman también las afecciones superficiales de la piel que
precisan mucho tiempo para curarse. También reciben este nombre las
úlceras y heridas, especialmente supurantes; por ejemplo, al hablar de las
cinco heridas de Jesucristo, se dice: «las cinco llagas de Nuestro Señor».
Se habla de las «llagas» de San Roque, que s: considera protector de
los creyentes en las epidemias ó pestes.
Muy frecuentemente se aplica dicha palabra en las afecciones vené-
reas tan comunes, tanto durante el primer período de la enfermedad en
el hombre y la mujer, como por las erupciones posteriores (especial-
mente en la garganta). De ahí que se dice: «¡Ah! este tiene llagas», ó
«este está con llagas».
Se usa también, aunque más raramente, la forma verbal «llagado»,
«este está llagado», un individuo que tiene cuatro ó cinco llagas (en
la garganta por ejemplo) «está todo llagado».
Véase ahora lo que me escribe al respecto el doctor Carrasquilla de
Bogotá: «En cuanto á la enfermedad especial del Perú, llamada «llaga»,
á la cual el señor Jiménez de la Espada cree deben atribuirse las muti-
laciones representadas en las cerámicas, nada puedo decirle, porque no
conozco la descripción que de dicha enfermedad trae el «Boletín de la
Sociedad Geográfica de Lima», que usted cita, pero existe en Colombia
una enfermedad especial que, al parecer, tiene rasgos de semejanza muy
notables con la «llaga» del Perú. Esta enfermedad se conoce aquí con
el nombre de «buba» ó «bubón de Velez», y de ella ha publicado el
doctor R. Azuero una monografía (la cual le remito á usted «Revista
Médica de Bogotá», año XIX, Octubre de i 897 núm. 22 1 ( ). en queestá
(*) Voy a reproducir ahora una gran parte del trabajo del señor Azl'ero (p. 69):
o BUBA Ó BUBÓN DE VELEZ
Con el nombre vulgar de bubón se designa aquí una enfermedad infecciosa que llene puntos
de semejanza con el cáncer, la sífilis, el lupus^ el rinoescleroma y el botón de Alepo; de marcha
esencialmente crónica, que reina endémicamente en la hoya hidrográfica del rio Suárez, el norte
— 353 —
descrita la enfermedad y considerada como entidad nosológica especial y
específica, distinta del cáncer. la escrófula. la sífilis y la tuberculosis,
aunque faltan los estudios bacteriológicos para esta diagnosis.
«Como esta enfermeJad afecta, en su segundo período (según el
de Santander, el Sur de la República de Venezuela y algunas poblaciones de Oriente de Cundi-
namarca, y que en nuestro sentir, es una entidad nosólogica especial, de naturaleza parasitaria.
La denominación con que se la distingue nada significa, y no da idea ninguna sobre su
naturaleza; ella hace alusión únicamente á la semejanza que tiene en cierto periodo con lo que
en nuestro país se llama vulgarmente Buba, y que no es otra cosa que una sit'ilides pápulo-
ulcerosa. Sin embargo, le dejaremos esta designación mientras el estudio bacteriológico que de
ella se haga, nos ilustre sobre su naturaleza y la coloque (pág. 70) definitivamente en el puesto
que le corresponda con el nombre científico que la haya de distinguir
Génesis y Etiología. — Antes del año de 1880 no era conocida esta afección en estas co-
marcas, y no sabemos de cuando data su aparición en Chinácota, el Táchira y Oriente de Cun-
dinamarca.
Aquí se presentó bajo la forma de verdadera epidemia en aquel año, y se le señala como
causa la grande inmigración que, sobre los bosques del Carare y el Opón, atrajo el alto precio
que por aquel entonces alcanzaron las quinas; allí aparecieron los primeros casos que trajeron cl
contagio Á la región donde hoy domina endémicamente. Es posible que {pág. 7 i) contrajeran el
mal primitivo aquellos trabajadores á consecuencia del piquete de un mosquito ó cualquier otro
insecto alado, y que luego estos insectos se hay.in encargado de perpetuar la enfermedad, trans-
mitiendo el contagio, el cual seguirá en acción mientras no se secuestren los enfermos y se
dicten enérgicas medidas de aislamiento y asepsia que salven á estas localidades de un azote
casi tan terrible come la lepra.
Hasta ahora sólo hemos visto cl bubón en una zona qne comprende la región hidrográfica
del rio Suárcz, desde Güepsa hasta San Benito, sobre la banda occidental, y desde Pare hasta
Suaita, sobre la oriental; en otra que comprende desde Chinácota hasta las poblaciones fronte-
rizas del Táchira, y en otra de oriente de Cundinamarca, que no conocemos, pero de donde
hemos visto y tratado algunos casos en Bogotá, cuando ejercíamos en aquella ciudad.
En estas regiones reviste los mismos caracteres, sigue la misma marcha y tiene la misma
terminación que en aquélla.
Es digna de atención la circunstancia de que sólo se le encuentra en climas cuya tempera-
tura media pasa de 20" centígrados, y de que, en los de temperatura inferior sólo se observan
los casos importados, sin que ellos propaguen la afección á sus habitantes. A esta altura, ¿no
existe el conductor del contagio? ¿Es que el bacilo ó virus infectante pierde en estas condicio-
nes su acción genésica? Estos son puntos que sólo pueden dilucidarse por medio de cultivos y
de sostenida observación.
El bubón se encuentra tanto en la mujer como en cl hombre, y no respeta edad ni condi-
ción. Únicamente se hace sentir más sobre las gentes pobres, pero atribuimos esto más bien á
las condiciones de desabrigo y de mayor exposición á la acción de los agentes exteriores, que á
su mala nutrición y deplorables condiciones higiénicas.
No creemos que sea hereditario, pero tenemos la convicción de que es contagioso. Opinamos
que el contagio puede hacerse por inoculación practicada por insectos que tocan las superficies
ulceradis y luego atacan á los individuos sanos; ó por la comunidad de utensilios del servicio
ordinario entre (pág. 7 2) enfermos y atentados, sin escrúpulo ninguno ni precauciones de asepsia.
Sintomatologia. — Podemos asignar á esta afección tres periodos bien claros, que hacen de
ella una entidad de evolución muy regular. Estos tres períodos son: i'^ Ulcera primitiva infec-
tante: 2" Accidentes secundarios ó naso-faringeos; 3" Período caquéctico.
Se inicia el primer período por la aparición de una pápula sobre las regiones habitual-
mentc descubiertas, y podemos señalar como punto de predilección cl dorso de la mano y el
dorso del pie. Esto no quiere decir que no aparezca en otras partes, y la hemos visto sobre los
brazos, las piernas; y en los niños que usan un faldón que apenas les alcanza á cubrir los ór-
ganos genitales, la hemos visto aparecer sobre estos órganos.
Esta pápula se rodea de un círculo eritematoso que es sitio de dolor, calor y escozor; poco
— 354 —
doctor Azuero) la nariz y la destruye casi por completo, y afecta además
el labio superior, aunque no lo destruye, puede suceder que sea la mis-
ma «llaga peruana» y que del cotejo que usted haga de ambas, pueda
resultar alguna luz que nos permita llegar á la identificación ó bien á la
á poco va haciéndose más levantada, y al cabo de tres ó cuatro días se ha llenado de un líquido
citrino y convertídosc en vesícula, que sigue aumentando progresivamente hasta que se umbilica,
se espesa su serosidad y queda convertida en pústulas, al cabo de quince ó veinte días. He aquí
la evolución inicial del botón de Alepo. Conjuntamente con la evolución metamorfósica de estas
lesiones elementales, se va ensanchando la placa eritematosa hasta convertirse, algunas veces, en
placa erisipilatoidc con linfangíiis é infarto de los ganglios correspondientes. El pus se concreta
lentamente y la lesión loma, bien pronto, el carácter de una pústula de ectima sifilítico cubierto
de una costra espesa, arrugada, agrietada, cuya caída deja á descubierto una ulceración bien limi-
tada, numular, de fondo gríseo, de bordes bien tallados y callosos y queexudaun pus sanioso y
fétido, muy semejante al del cáncer. En este estado la úlcera participa de los caracteres del chan-
cro sifilítico y de la úlcera cancerosa, pues es perfectamente circular, de bordes endurecidos y ta-
llados á pico, y exuda un abundante pus sanioso y fétido. Con estos caracteres y en esta situación
permanece un tiempo más ó menos largo y cura espontáneamente, dejando una cicatriz de
aspecto queloideo típico y minado el organismo (pág. 7 3) para el porvenir, pues se puede asegu-
rar que más ó menos un año después de la cicatrización, estallan los accidentes naso-faríngeos,
que son el signo evidente de la infección, y los cuales hasta hoy nada ha detenido, terminando
con la muerte, después de haber torturado al enfermo con accidentes asfíxicos, accesos reuma-
toides y un verdadero estado caquéctico que lo lleva hasta el marasmo.
Un año más ó menos después de cicatrizada la ulceración, el enfermo, que ha disfrutado
de la plenitud de su salud, principia á experimentar sensación de sequedad en las fosas nasales,
cierta dificultad para la penetración del aire y bien pronto estalla una coriza, y la mucosa na-
sa! se hipertrofia y se ulcera. Aparecen epistaxis poco abundantes y costras espesas de aspecto
córneo, que el enfermo desprende, provocando nuevas epistaxis. AI mismo tiempo, la nariz va
aumentando de volumen y tomando un aspecto violáceo idéntico al de las lesiones escrofulosas.
En este estado, un médico poco experimentado que no busque la cicatriz característica y que
no tenga algunos conocimientos sobre el bubón, diagnosticaría ^in vacilación un lupus escro-
fuloso.
Las pequeñas ulceraciones van aumentando en número y tamaño y terminan por unirse,
destruyendo completamente el tabique y el esqueleto óseo de la nariz, al punto de dejarla redu-
cida únicamente á la envoltura cutánea, alterada, hipertrofiada, subinfiltrada, enrojecida y con-
siderablemente abultada. Cosa rara: á primera vista parece que la temperatura haya subido en
esa región, y al tocarla, se encuentra tria y casi mortificada. En este periodo de evolución, en
que es muy considerable el abultamiento y la deformación de la nariz, muy bien podría diagnos-
ticarse á primera vista un rínoescleroma.
La ulceración y la infiltración submucosa, con un estado hipertrófico notable, van aumen-
tando tanto hacia afuera como hacia adentro, ocasionando la ulceración del labío superior y una
hipertrofia tan considerable, que da á los enfermos un aspecto de facies lupina. Hacia adentro
se engruesa la mucosa del velo del paladar y de la cavidad naso-faríngea fpág. 74), se cubre de
una granulia típica y toma un aspecto lardáceo que hace pensar, á primera vista, en la existencia
de un cáncer cncefaloides.
La ulceración va progresando de fuera hacia adentro y sus bordes se hacen prominentes, su
fondo lardáceo se cubre de costras amarillas ó sanguinolentas, la supuración se hace abundante
y de olor canceroso, y la piel circunvecina se engruesa, se subínfihra de serosidad y se enro-
jece. Poco á poco va destruyendo todas las mucosas que encuentra á su paso, el velo del pa-
ladar y llega á la laringe, cuyo edema primitivo ocasiona accesos de sofocación y afonía, y cuya
ulceración secundaria ios aumentan llevándolos muchas veces hasta la asfixia completa. En esta
época más ó menos aparecen casi siempre accesos reumatoídes muy parecidos á los del reuma-
tismo sifilítico.
La marcha de los accidentes que hemos descrito, es sumamente lenta, y cuando el enfermo
se somete á cuidados higiénicos y procura una asepsia rigurosa, pueden permanecer estacionarios
— 355 —
separación de otras enfermedad,;s. En todo caso, las mutilaciones de las
cerámicas no pueden representar como lo pretende el señor Jiménez de la
Espada, la «llaga», ni «el bubón de Velez», ni mucho menos «la lepra»,
porque en las dos primeras no hay mutilación de los pies y en la últi-
ma, etc.» (Daré más tarde el juicio del señor Carrasquilla según el cual
nuestras vasijas peruanas no pueden representar mutilaciones producidas
por la lepra. L.-N.)
«Si la «llaga», continúa el señor Carrasquilla, «es un lupus como
algunos pretenden, lo mismo que el «bubón», no habría tampoco lugar
á considerar esta lesión representada en las cerámicas, porque la tubercu-
losis parece que era tan desconocida en el Nuevo Mundo como la lepra
y la sífilis, preciosas donaciones que nos trajeron los conquistadores: y
siendo las cerámicas anteriores del descubrimiento de América, mal pu-
dieron representar lesiones causadas por enfermedades que no existían.»
He ahí todo lo que me ha escrito el señor Carrasquilla referente á
la «llaga».
El señor doctor don Rodolfo Lenz, de Santiago, bien conocido por
sus estudios clásicos sobre los Araucanos, ha tenido la galantería de poner
á mi disposición todos los datos que poseía respecto al uso y significa-
ción de la palabra «llaga» en Chile y otros países sudamericanos, que-
dando por mi parte sumamente agradecido por tan importante y valioso
concurso. Voy á dar á continuación la comunicación suya, traducida
del alemán:
«Según los conocimientos que poseo, en Chile lo mismo que en
por algún tiempo; pero, fatalmente, viene una recrudescencia que completa cl sombrío cuadro
que caracteriza cl tercer periodo y que termina con la muerte.
Hay un hecho muy particular, y es que se conserva muy bien el estado general de los en-
fermos hasta cuando sobreviene la ulceración de la faringe y la alteración de la mucosa esofá-
gica. Sólo de esta época en adelante principia á sufrir la nutrición, por las dificultades que
tiene el enfermo para tragar, y muchas veces sucumbe por inanición engendrada por la impo-
sibilidad mecánica que tiene el bolo alimenticio para franquear el tubo esofágico.
El tercer periodo lo vienen produciendo la mala alimentación por imposibilidad física, lo
abundante de la supuración y la reabsorción de los productos sépticos.
No hay pléyades ganglionares ni se encuentran masas tuberculosas en ninguna parte
(Pág. 7 5). Marcha, duración y terminación. — La marcha de esta afección es esencialmente
crónica, y su duración varía según la intervención que se le oponga; pero, por término medio,
dura de cinco á diez años. Tratada convenientemente en su primer período, termina por la cu-
ración; estallados los accidentes secundarios, termina fatalmente por la muerte
(Pág. 76). Tal es la enfermedad que acabamos de describir y que amenaza á Santander, para
hacer de esle altivo y laborioso pueblo, en asocio de la lepra^ que tan profundamente lo tiene
conmovido, la hecatombe de la vigorosa raza de los Comuneros, y el pueblo más desgraciado del
mundo.»
Después de haber reproducido las descripciones de Baraillier y de Azuero, creo que no es
necesario ya comparar las enfermedades descritas. Sin exámenes de vista debemos, según mi pa-
recer, abstenernos de comparaciones que prometen resultados poco satisfactorios.
— 356 —
]a mayor parte de América, se denomina «llaga» á las heridas abiertas,
pero que no han sido producidas por traumatismo; especialmente todas
las úlceras supurantes y afecciones semejantes. He podido constatar que
esto ocurre así en Honduras y Costa Rica por intermedio de mis discí-
pulos. La significación de la palabra «llagas», al hablar de las cinco
de Cristo, no corresponde á la que hoy se le dá: en los tiempos antiguos
la acepción de esa palabra era de uso más general y quizás haya ocurrido
lo mismo en la literatura.
«Así, por ejemplo, tenemos en alemán la palabra: Wiindmalc Christi
que no se usa en ninguna otra acepción. En Chile son frecuentes las
úlceras pútridas especialmente en las canillas, según mis datos. En
cuanto á esto soy completamente de su opinión : que la llaga no es una
enfermedad especial, sino un síntoma de enfermedad cuyas causas pue-
den ser muy diversas.
«Conozco casualmente las Verhandlungen de la Sociedad Antropoló-
gica de Berlín por habérmelos enviado el doctor Polakowsky; así pues,
no tengo una opinión médica propia, pero no creo en la existencia de la
lepra precolombiana. En Chile se ha constatado dicha enfermedad,
hasta la fecha, en tres casos. Los dos primeros fueron reconocidos hace
algunos años por el dermatólogo alemán doctor Frómel (fallecido); el
tercer caso se comprobó hace algunas semanas en Valparaíso en un por-
tugués de Cabo Verde. También los dos primeros casos fueron introdu-
cidos. Si la enfermedad hubiera existido antes en Perú y Bolivia habría
desvastado más ó menos toda la América del Sur. Existe el lupus, pero
creo que en las mismas formas como en las otras partes del mundo, no
endémicamente.
«Es más que probable que existen entre los indios otras úlceras co-
rroídas. Para cuya designación no faltan palabras; algunas de estas son
características para el caso que nos ocupa ( ).»
(') En el Araucano: —
Febrés «Arte de la Lengua general del reyno de Chile», Lima 1765.
Página 534. — Loy, Hoy: llaga; lloycatun: llagarse.
En el Quichua: —
MiDDENDORF « Woriefbuch des Runa Simi odcr dor Kcshua- Sprache», Leipzig 1890.
Página 509. — 'Hut'u: carcomido y podrido (también se aplica este termino para desig-
nar los dientes cariados).
Página 5o 2. — 'Hucuya: úlcera de las narices ó de la mejilla, de naturaleza escrofulosa
ó sifilítica. De esta deriva la siguiente: ' liucuyayoj '. afectado de úlceras. (La traducción
alemana es: afectado de Itipiis).
En el Aimará: —
Bertonio «Vocabulario de la lengua aymara», Juli, 1612, reimpresión, Leipzig 1879.
II, p. 289, — Queri: postillas que salen en los labios y en otras partes del cuerpo, y tam-
bién la llaga con su costra que resulla de algún golpe. (Como queri signitlca también las
escamas de peces, la significación primitiva de la palabra es: la costra de la herida, que se
encuentra también en los traumatismos pero más generalmente en las heridas pútridas y
corroídas) .
— 357 —
Agradeciéndole á mi amigo don Rodolfo Lenz su valiosa contribu-
ción de datos, debo manifestar que tanto en las Islas Canarias como en la
República del Uruguay, se emplea la palabra llaga con el mismo signifi-
cado que venimos explicando hasta ahora.
Como se vé, la palabra llaga significa vulgarmente afecciones por
lo general ulcerosas de etiología diferente, pero en ningún caso la enfer-
medad respectiva misma. Muy probablemente s:rá esta significación de
la palabra la misma en el Perú. El señor Barraillier en su descripción
poco exacta de dicha afección de los valles del Perú, no hace conjeturas
sobre etiología y no ha conocido tampoco, como extranjero, me parece,
la significación de la palabra llaga, confundiendo los efectos de una
enfermedad con esta misma. Que exista en los valles del Perú una enfer-
medad con tales síntomas no hay por qué dudarlo. Sin embargo, antes
de adquirir datos más exactos, especialmente sobre la etiología, creo que
no se debe afirmar que es una enfermedad propia del Perú, una «varie-
dad endémica de la tuberculosis», como dice el señor Jiménez de la
Espada (i 8). Puede ser que exista, pero por el momento hay que admi-
I, p. 269. — Llaga de enfermedad: queyi. Especialmente se cita: llagado en la boca,
mano, etc.: Haca qiteri (boca-labios, herida), ampaya-queri (brazo-mano, herida).
) usu = enfermedad. Es decir que probablemente estas
TI, p. 8q. — Choco usu : mal r , . .„ . . . , , .
) palabras no significan las mismas entcrmedadcs sino
de viruelas: hauka usw; sarampión t ,. , ,
] graves enfermedades con erupciones.
Parece que no existen en el araucano enfermedades especiales con erupciones de la piel.
Por lo menos se usa para designar la viruela y el sarampión la palabra castellana: peste
(^ peste, que se traduce directamente por viruela) y cíiaram (que es el termino «saram-
pión» abreviado).
Agrego lo siguiente:
En el Moxa; —
Marean «Arte de la lengua Moxa», publicado de nuevo por Julio Platzmann, Leipzig 1894.
Página 269. — Llaga: Posiré, Ne^imoyocfJi Niniaña, nesococo', llaga hecha con fuego:
ne^amaj nihuirxé.
Página 5o I — Posiré, Nuposira : Llagas malignas.
En el Quichua: —
-Mossi «Diccionario Castellano-Quichua», Sucre 18S0. — Llaga: Kquiri, ó chhocri. — Lla-
gado: kquiri, Hquiriyoc, kquirichascca, chhocri, chhocriyoc, chhocrisca. — Llagar: kquiri-
chaiü, chhocrichani , — Kquiri: llaga, ó herida. — Xquirichani: herir^ hacer llaga. — Xqui-
richascca : llagado, herido. — Xqiiiriyoc : el herido, ó liciado. — Xquiritucuni, vel xquiri-
mcani: estar herido. — Xquirichacayani: estar tendido del dolor de las heridas. — Xquiri^apa:
lleno de heridas. — Xquirichacuni: llagarle, herirle en muchas partes. — Xquirihamppi: me-
dicina de llaga.
Fray Domingo de S. Tiio.mas «Gramática, ó arte de la lengua general de los Indios de los
Reynos del Perú. Impreso en Valladolid (i56o). (Edición original).
Página 72. — Llaga con materia: queree ó quee. — LUigoso: queree (apa.
Página 1Ó9. — Quee, ó queree: materia de llaga. — Queecapa: llaga con materia. — Que-
ree^apa : llagoso, lleno de llagas. — Quereeyani, gui, ó chopoyani, gui : apostemarse, con
postema ó llaga.
Página I 39. — Huthcuni, gui ó checrini, gui: descalabrar. — Hutlicusca: descalabrado.
— Hutoscoro: gusano que come trigo verde en la haza.
Página 124. — Chocrini, gui: herir. — Chucrisca: herida. ídem p. 65.
— 358 —
t¡r que cada una de las enfermedades semejantes (lupus, lepra, sífilis)
han podido producir también esas «llagas» en el Perú.
Respecto á la palabra quichua «hutta», me faltan informes más
exactos. Probablemente significa efectos análogos de varias enfermedades.
Tampoco tengo datos referentes al «Mal de los Andes», citado en
segundo lugar por el señor Jiménez de la Espada (i8). Me han dicho
que esa palabra significa, en las regiones montañosas de la República
Argentina, la enfermedad que causa la ascensión á las altas montañas;
no es. pues, análoga á la palabra llaga, respecto á su significado. Aquí,
en la Argentina, el mal de montaña llámase puna y en Chile y Perú
soj-oche.
En todo caso se trata de provincialismos de escaso valor que no
explican científicamente una enfermedad especial y que se encuentran
en todas las regiones. Así por ejemplo, existe una enfermedad en los
parajes bajos de Moxos y Chiquitos de Bolivia, que según me ha referido
el señor Lafone Quevedo se llama «espundia», pero no me ha podido
proporcionar ningún dato más, desgraciadamente.
¿Quién puede atribuir á esos términos vulgares una significación
médica exacta?
Ya he dicho que el señor Carrasquilla prometió facilitar al doctor
Polakovvsky las pruebas bibliográficas referentes á los datos suministra-
dos verbalmente. Citaré ahora las explicaciones que á mi pedido ha
tenido la fineza de proporcionarme el distinguido médico de Bogotá.
Voy á clasificarlas bajo los siguientes puntos de vista:
1. No cree el doctor Carrasquilla que haya existido la lepra en
América antes del descubrimiento.
Una nota semejante en la literatura carece de valor.
«El único dato que he encontrado en todo lo que he leído referente
á este punto, es la noticia de haber existido en los llanos una pobla-
ción de leprosos; pero como esta noticia la dá un español que no era
médico, y como los españoles le daban el nombre de lepra á cualquier
dermatosis, no me parece de ningún valor este dato, que lo encontré
en la «Colección de documentos inéditos etc.»
«Vea usted el documento á que me referí, tomado de un registro de
anotaciones que llevo, donde consigno todo lo que pueda servirme para
mis estudios especiales. Copio del tomo 11, p. 468, lo siguiente:
«Lepra. — Esta nación (Tunevos) señalada de la naturaleza con la
lepra de que están todos cubiertos, y según me dicen es mal que los
vá consumiendo, heredándola los hijos de los padres. Por este mal son
asquerosos, y su desidia ha pasado á darles el carácter conservando el
— 359 —
de inconstantes en grado superior que tenía antes de poblados.» (Esta
noticia se refiere al Pilar de Patute, pueblo donde terminan los que los
padres jesuítas tienen al Norte del Río Casanare. y aunque es uno de
los antiguos es tan poco lo que ha medrado que su decadencia es deplo-
rable. Fundólo el año de 1661 el padre Juan Fernández Pedroche, y
lo situó á la propia falda de la serranía ó cordillera, viniendo á quedar
entre las cabeceras de los ríos Ele y Tame, si bien más inmediato á las
del primero. Compúsolo de la nación Tuneva que hoy e.xiste arrui-
nada.) (Colección de documentos inéditos sobre la Geografía y la Histo-
ria de Colombia, recopilados por Antonio B. Cuervo. Sección segunda.
Tomo III, 1893. Informe reservado del Mariscal de Campo, don Euge-
nio de Alvarado, de orden del Excmo. señor Conde de Aranda.
página 2 2 3.)
«Esta fué la obra que le cité al señor Polak.o\vsk.y (') y, como usted
ve, se refiere á la cuestión de saber si existía ó no la lepra en América
antes del descubrimiento.
«La prueba de que los españoles llamaban lepra á cualquier enferme-
dad de la piel y de que la que padecían los Tunebos no era lepra, la dá
el siguiente pasaje del P. Rivero: «Muy al contrario de este gentío es la
nación Tuneba: no se ha conocido gente más bruta ni más inmunda
ni más amiga de cuentos y de chismes en toda esta serranía; tanto hom-
bres como mujeres andan vestidos con unos sacos de lienzo basto y sucio,
algo parecido al traje de los armenios, que les cubre de arriba abajo;
de nada cuidan menos que de peinarse, por lo cual tienen los cabellos
desgreñados y llenos de unos animalillos inmundos, siendo su mayor
recreo ponerse muy despacio sentados al sol á cogerlos y comérselos
todos, sin que se pierda ninguno; no hay plato más agradable para ellos
que un pedazo de carne podrida, y mientras más hedionda más se sabo-
rean con ella.
«Adolecen de cierta enfermedad sucia y asquerosa llamada carate, y
es á manera de lepra, de que están cubiertos hasta el rostro y las manos,
con unas manchas azules y blancas que da horror al verlos; y son tan
salvajes en un todo, que se precian y hacen gala de semejante enferme-
(') He buscado la obra citada por el doctor Carrasquilla en todas las bibliotecas y tinica-
mente he podido encontrar los tomos I y II de la sección i*. Estos llevan el título; «.Colección de
docutnentos inéditos sobre la geografía y la historia de Colombia, recopilados por Antonio B
Cuervo, durante su permanencia en España como ministro de la República, y publicados por
orden del gobierno nacional (administración G. Holguín), sección i*. Geografía y Viajes, tomo I,
Costa Atlántica (impresión dirigida y revisada por Francisco Javier Vergaba V.), Bogotá 1891,
imprenta de vapor de Zalamea Hermanos», SSg páginas.
«Colección de documentos inéditos, sóbrela geografía y la historia de Colombia, recopilados
por Antonio B. Ci^ervo, durante su permanencia en España como ministro de la República,
sección i". Geografía y Viajes, tomo II, Cosííi Pacifica, provincias litorales y campañas de los
conquistadores, Bogotá, casa editorial de J. J. Pérez. — Director F. Ferro, 1892», 544 y XX
páginas.
— 3G0 —
dad, en tanto grado, que si alguna moza de su partido no tiene carat:,
nadie la quiere por mujer, con que por vía de buen convenio y porque
no pierda casamiento, le dan cierta bebida con que le nace caratc, y
luego, sin más patrimonio ni dote que este, encuentra su conveniencia
íi propósito, y tantos pretendientes, como si tuviera en el carate un ma-
yorazgo, ó marquesado, ó los Estados de Flandes.» (Historia de las Mi-
siones de los Llanos de Casanare y los ríos Orinoco y Meta, escrita en
el año de lySb por el padre Juan Rivero, de la compañía de Jesús,
Bogotá, imprenta de Silvestre y Compañía, i883. Capítulo XVI. Del si-
tio y naciones á las cuales fueron enviados nuestros primeros misione-
ros, pág. 54 y 5 5.)
«Claro está, por esta cita, que Alvarado tomó por lepra el carale
de los Tunebos, con tanta mayor facilidad cuanto el mismo P. Rivero
dice que la enfermedad (el carate) es á manera de lepra, con manchas
acides y blancas. El sitio ocupado por los Tunebos corresponde en todo,
en la relación del P. Rivero, á la población á que se refiere .Mvarado;
luego no queda la menor duda de que éste, al decir que «la nación
Tuneva estaba señalada de la naturaleza con la lepra de que están todos
cubiertos», se refiere al carate, que es la enfermedad que encontró el
P. Rivero en esa nación.»
II. Tampoco existe, según la opinión del doctor Carrasquilla, la
lepra entre los indios salvajes.
«Aduje (al doctor Polakowsky) varios hechos, como el de no existir
la lepra entre las tribus salvajes ó medio civilizadas que existen aún sin
contacto con los europeos ó sus descendientes ó simplemente con rela-
ciones comerciales muy restringidas. Le cité, entre otras la Goagira,
vasta península habitada por los naturales, al nordeste, en la costa
atlántica; la región oriental, conocida con el nombre de Llanos de
Casanare y San Martín, vasta llanura que se extiende al oriente del
ramal oriental de la cordillera de los .Andes colombianos, bañada por
los afluentes del Orinoco y del .Amazonas, donde existen algunas tribus
salvajes y restos de antiguos pobladores indígenas medio sometidos, sin
que haya entre ellos ningún vestigio de la existencia de la lepra; la hoya
hidrográfica del Opón, afluente del Magdalena, donde también se con-
servan algunas tribus salvajes, exentas de la dicha enfermedad.»
III. El primer caso de verdadera lepra ocurrió en la persona del
conquistador de Colombia Jime'ne^ de Quesada.
«Hablando privadamente con el señor Polakowsky sobre la exis-
tencia de la lepra en .América antes de la conquista, le dije que, en mi
concepto, esta enfermedad era absolutamente desconocida y que había
sido importada por los españoles cuando vinieron al descubrimiento de
— -ÓCÚ —
estos países. En apoyo de mi opinión, le dije que don Gonzalo Jiménez
de Quesada, conquistador del nuevo reino de Granada, qu3 constituye
lioy la República d¿ Colombia, y fundador d^ su capital. Santafé de
Bogotá, fué el primer leproso que hubo, de que se tenga noticia, en el
territorio de la República.
« En la Advertencia de la « Memoria sobre la lepra griega en Co-
lombia», que presenté á la conferencia d^ Berlín, digo: «Destinaba
para esta .Memoria los numerosos documentos que he estado reuniendo
sobre la introducción, la propagación y la extensión que tiene actual-
mente la lepra en la República de Colombia....» Me vi obligado á su-
primir esta parte; cuando publique esa parte de la «Memoria», le remi-
tiré á usted un ejemplar para que pueda rectificar los datos.»
IV. Descripción del ca?\icíer de la lepra: las cerámicas no repre-
sentan lal carácter: no son. por eso, ¡eprosos.
« Habiendo presentado el eminente profesor R. Virchow unas cer;i-
micas remitid;\s por el doctor Albert S. Ashmead de Nueva York, en las
cuales se veían mutilaciones de los pies, de la nariz y del labio supe-
rior, y como se insinuase en la sesión del i 3 de Octubre (lo), que di-
chas mutilaciones eran causadas por la lepra, protesté al verlas y dije
que la lepra no había existido en América antes del descubrimiento —
las cerámicas eran, según se aseveró, anteriores al descubrimiento — y
que, por consiguiente, esas mutilaciones no eran causadas por esa en-
fermedad y que deberían más bien atribuirse á castigos impuestos á cier-
tos delincuentes, lo cual oído por el señor Polakowsky (lo, p. 82), fué
puesto en conocimiento de los miembros de la conferencia, sin mi au-
torización y sin que yo supiera siquiera que él iba á tratar de ese asunto.
Con motivo del discurso del señor Polakowsky, se me acercó durante la
sesión el respetabilísimo sabio doctor R. Virchow á preguntarme qué era
lo que yo había dicho al señor Polakowsky acerca de las mutilaciones.
Le manifesté que la lepra no existía en Colombia ni en ninguna parte
de América, antes de la conquista, de lo cual poseía numerosos com-
probantes; que la forma de las mutilaciones — en ángulo recto, perpen-
diculares al eje del miembro — no correspondían á las que causa la
lepra, que consisten en absorción de algunos de los huesos del meta-
tarso, quedando los otros ilesos; algunas veces se extienden á los huesos
del tarso y no á todos, y dejan cicatrices irregulares; que las mutilacio-
nes de las manos son más frecuentes que las de los pies — así lo he
observado en mi práctica — y que las cerámicas no ofrecían estas muti-
laciones en ninguna, lo que evidentemente debía alejar la idea de lepra;
que en la nariz también aparecían líneas rectas, que no corresponden á
las lesiones causadas por la lepra, la cual destruye de ordinario el ta-
bique, respeta los huesos propios de la nariz y las partes blandas, la
— 3G2 —
piel; mientras que en las cerámicas lo que veía era un corte de todo el
órgano, extendido hasta el labio suparior, respetado ganeralmente por la
lepra, en lo que á mutilaciones se refiere; pues los tubérculos sí lo in-
vaden siempre y lo deforman sin hacerlo desaparecer.
«Esto, poco más ó menos, fué lo que le dije al profesor Virchow,
y no se volvió á tratar el asunto en las sesiones de la conferencia.
« Las mutilaciones que representan las cerámicas peruanas no pue-
den atribuirse á la lepra porque: a) la lepra no mutila en esa forma, de-
jando muñones de contornos regulares; b) por la falta de mutilaciones
análogas en las manos, donde son más frecuentes que en los pies en los
leprosos: c) porque la lepra aplasta la nariz por destrucción del cartílago,
pero deja sana la piel y los huesos propios y no destruye el labio supe-
rior; d) porque las cerámicas — en caso de que en ellas se hubiera in-
tentado representar el efecto de las lesiones causadas por la lepra — de-
berían representar otras lesiones más características, como el agranda-
miento y deformación monstruosa de las orejas, la Jacios leonina, con
la frente cubierta de lepromas así como las mejillas, la barba y los la-
bios, la caída del inferior muy notable y las lesiones oculares; todas
estas lesiones de la lepra hubiera sido fácil representarlas v darían el
sello típico, si tal hubiera sido el intento; e) por lo que se conoce en
esculturas, etc., no era costumbre representar enfermedades ni deforma-
ciones ('), al contrario, se exhibe el hombre sano, robusto, con sus atri-
butos más notables, adornado, con insignias de mando, de distinción,
ostentando poderes y no debilidad, ó bien indicando, como es el caso
en las mutilaciones, la acción del poderoso sobre el débil y el delin-
cuente.
« En la lepra la forma del muñón no se presta para representar las
mutilaciones leprosas, parciales, irregulares y rara vez extendidas hasta
la articulación tarso-tibiana. pues de ordinario se hacen en los artejos y
en parte en los metatarsianos. Queda dicho también que la lepra mutila
con más frecuencia las manos que los pies y, por consiguiente, si hu-
biera de representarse la lepra, S2 hallarían las manos mutiladas y lo
mismo los pies y de preferencia aquéllas.
«Por otra parte, si hubiéramos de admitir que esas cerámicas esta-
ban destinadas á representar enfermedades y de preferencia la lepra, lo
natural era que en ellas se hiciera figurar la deformación de las orejas,
que es el carácter que más llama la atención en los leprosos, junto con
las masas lepromatosas de la frente, las mejillas, la barba y los labios,
que constituyen la fisonomía propia y característica de la lepra, en la
( ) No estoy de acuerdo en esto con la opinión del doctor Carrasquilla, sino que por el con-
trario, creo que era costumbre de esos pueblos antiguos, de representar deformaciones ó mutila-
ciones del cuerpo. Lo mismo dice W. von den Steinen (i8, p. 620). L.-N.
— 363 —
forma que llaman tuberosa ó tuberculosa. Limitarse á la deformación
de la nariz dejando á un lado otras más notables y típicas, no me pa-
rece presumible, y no dar de la deformación de la nariz idea precisa,
sino un corte de líneas rectas, es suponer que los artistas ó artífices de
esas cerámicas no estuvieron muy acertados. Véanse todos los grabados,
fotografías, moldes de leprosos, y en todo se hallarán las orejas enor-
mes, con lepromas, lo mismo la frente, las mejillas, los labios y la
barba. Para representar el efecto de una deformación causada por enfer-
medad, se hubiera preferido la representación de todas y no de una sola
de las lesiones. Ahora, los ojos, pocas veces respetados por la lepra,
adquieren caracteres tan notables, que no hubieran escapado ala sagacidad
de los artífices.»
V. Resulta una mutilación artificial, como lo explica Restrepo.
«Para que usted vea que no andan muy informados los americanistas
que «no creen que haya existido en verdad el uso de mutilar de esta ma-
nera á los penados», le transcribo lo siguiente, que muy á la ligera,
por falta de tiempo para mayores investigaciones, he hallado:
«Don Vicente Restrepo, hombre muy versado en el estudio de la his-
toria, autor de varias obras y poseedor de magníficas colecciones de an-
tigüedades americanas y de obras especiales sobre la materia, dice, ha-
blando de los Chibchas: «Cortaban manos, narices y orejas, y daban
azotes por otros delitos que consideraban menos graves.» (Los Club-
chas antes de la conquista española por Vicente Restrepo, caballero
gran cruz de la orden de San Gregorio Magno, ex ministro de Relacio-
nes Exteriores y de Hacienda de Colombia, etc., etc., iSgS, Bogotá
(Colombia), imprenta de La Luz, calle i3, número loo. Capítulo IX,
página I o3 .)
«En la misma obra y en la página 217. dice:
«Estando el capitán San Martín en el pueblo de Iza, llegó á su
campamento un indio con la cara, los brazos y cuerpo bañados en san-
gre: traía recién cortadas la mano izquierda y ambas orejas, colgado
todo de los cabellos. Contó que venía de Tundama. donde habiendo lle-
gado la fama de los valerosos hechos de los hijos del Sol, él, como
viejo experimentado había aconsejado al cacique que les saliera de paz
con algunos presentes, como era de costumbre. Ofendido el tirano lo
reprendió severamente y con crueldad lo hizo mutilar, diciéndole que
fuera á decir á los suachies (españoles) que llegaran, que los pondría de
esa suerte á ellos y á los que los siguieran.
«Luego si existió en verdad el uso de mutilar á los penados, y puede
él aseverarlo así con pleno fundamento, como aparece de los pasajes que
dejo copiados, que son suficiente prueba, por ser de fuente autorizada,
pues el señor Restrepo ha tenido á la vista los escritos de todos los ero-
— 364 -
nistas y los ha cotejado cuidadosamente para escribir la iiistoria de los
Cliibchas.
«Todo esto unido á la c;rtidumbre que tenemos, por los documen-
tos de los cronistas de la conquista, por la falta de la lepra en pobla-
ciones que aun no s; han contaminado con los civilizados, deja fuera
de duda que la lepra no existió con anterioridad al descubrimiento y
que las cerámicas peruanas no representan esta enfermedad ni ninguna
otra, como el lupus, que tampoco existía en América, antes del descu-
brimiento, ni la sífilis, que también fué traída por los europeos, con la
viruela y otras varias. No puede representar la «llaga», porque en esta
no hay mutilaciones de los pies.»
Hasta aquí la carta del doctor Carrasquilla.
Aunque no se debe dar demasiado valor á esas noticias de los anti-
guos cronistas ¿porqué poner en duda la opinión del sabio médico que
niega la existencia de la lepra antes del descubrimiento? No hay motivo
para no darle razón, estando admitido que no se trata en las alfarerías
peruanas mutiladas de la lepra. Otros médicos y sabios han dicho lo
mismo. Hansen (5), Brinton (8), Ashmead (getc), Glück (i8, página
6 I 6), Sommer (14), Valdez Morel (14); solamente Virchow (18) ha
sostenido lo contrario. Basta. No tratándose del mal de San Lázaro, nos
quedaría suponer que provienen de otra enfermedad ó que son mutila-
ciones artificiales. En cuanto á estas últimas, el señor Carrasquilla ha
citado la obra de Restrepo. Desgraciadamente no pude consultarla (').
No hay duda que los antiguos chibchas, como dice el señor Carrasquilla
en su carta, han mutilado la cara de la manera ya descrita. Pero ,:quién
pue.le trasladar la justicia de los antiguos chibchas á la de \os peruanos?
Según mis conocimientos, los chibchas no tenían para nada relaciones
con los antiguos peruanos. En la obra de Bastían (ya citada) no encon-
tré ningún dato que se refiera á dichas relaciones entre ambos pueblos.
Es claro que no se deben hacer deducciones de los chibchas que
puedan atribuirse á los peruanos. Ya ha dicho el señor Jiménez de la
Espada, con toda autoridad, que los peruanos no han mutilado el cuerpo
sino por pena de muerte.
(') Pude consullar solamente la obra siguiente de Ernesto Restrepo Tirado: « Estudios
sobre los Aborígenes de Colombia. Primera parte, Bogotá (Colombia). Imprenta de La Lu2,
calle i3j número loo, apartado i6o, telefono 220, 1892», que es una compilación de los li-
bros de Fr. Pedro Simón Castellanos (Historia del Nuevo Reino de Granada) etc., haciendo una
descripción lindísima de las costumbres de los antiguos chibchas describiendo sus penas crueles.
En este libro no he encontrado nada que hable do mutilación alguna , ni tampoco en el de
Bastían.
— 365 —
Nos quedaría aun que atribuir á las mutilaciones de nuestras cerá-
micas peruanas una enfermedad, puesto que S2ría inverosímil suponer
que los eunucos, ya mencionados por Jiménez de la Espada y demás
autores, hayan sido representados con esas lesiones.
Pero, sin embargo: ¿cómo se explica la existencia de los muñones en
las vasijas? ¿Existe alguna enfermedad que pueda afectar de tal manera
los pies, y á ambos igualmente, como refiere el señor Ashmead (9)? Yo
mismo ya he dicho en el Congreso de Buenos Aires que se debe poner
en duda si las mutilaciones de los pies tienen relación etiológica con las
demás. Véase cuan curioso es lo que escriben al respecto los señores
Rivero y Tschudi (obra citada, página i 28): «La cirurgía operatoria era
completamente desconocida á los facultativos peruanos. Llagas, heridas,
contusiones, en una palabra, toda lesión externa, la curaban con bálsa-
mos y hojas medicinales, sin la menor idea de la amputación de miem-
bros, ni de la abertura de abcesos con instrumentos cortantes, ni de
suturas en heridas graves, ni de la aplicación del fuego, ni de tantas
otras operaciones quirúrgicas practicadas en Europa, etc.»
¿Cómo dilucidar esta dificultad? Hablé sobre este punto con mi
distinguido colega y amigo don Juan B. Ambrosetti; me dijo que, según
su opinión, los antiguos artistas peruanos no modelaron en todas sus
partes el cuerpo de las personas respectivas, sino que perfeccionaron so-
lamente las superiores bosquejando lo demás del individuo, como por
ejemplo los pies. En realidad, es la cara lo que se ha representado con
mayor perfección. Mi sabio colega cita en sus investigaciones sobre los
antiguos calchaquíes igual costumbre : faltan los pies por no haber sido
modelados (las manos, si, han sido modeladas).
Trata el señor Ambrosetti, en sus notas de Arqueología Calchaquí ('),
páginas 422-423, sobre «ídolos funerarios». (Véase, por ejemplo, obra
citada, fig. 3. San José, Catamarca, colección Zavaleta medio tamaño na-
tural que reproducimos (fig. 10). Descríbelos así (p;ígina 42 3): «el cuerpo
es corto y angosto, con los brazos indicados en toda su extensión ó sólo
formados por un muñón simple. Las piernas se hallan en las mismas
condiciones y terminadas cada una por un muñón en vez de los pies,
dato característico de estos ídolos».
Describe en las páginas 486 y 45 5 un «ídolo de significación incá-
sica» (véase nuestra figura i i reproducida de la obra citada). Dice el autor
en la página 453: «las piernas desnudas terminan, según la costumbre
de los ídolos calchaquíes, en un simple muñón que reemplaza á los pies».
En nuestra figura i 2 reproducimos la figura 2 8 página 527 de la obra
del señor .ambrosetti: vaso, procedencia Belén. «La figura está sentada;
(') J. B. Ambrosetti: «Nota de Arqueología Calchaquí». Boletín del Instituto Geográfico
Argentino, tomo XVII, núm. 7-9. páginas 415-462, núm. 10-12, páginas 527-55q.
Tomo IX 3 3
— 366 —
las piernas son gruesas, desproporcionadas, y como casi siempre, termi-
nan por simples muñones en vez de pies, de tal modo que parece se le
hubiesen amputado en el tobillo.»
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Fig. I o
Fig. I I
Fig. 12
En verdad, en la figura lo los dedos de los pies están representados
por simples rayas (como los de las manos); la figura i i presenta el aspecto
de una costura; en la figura i 2 terminan los pies por botones.
¿Deben ser identificadas estas extremidades inconclusas con las de
los votivos peruanos, como lo pretende mi colega?
A mi juicio, no. Efectivamente, en la cerámica peruana no se han
representado con perfección más que las partes superiores; hay muchísi-
mas vasijas semejantes á las nuestras (fig. II á V de la lámina); pero no
encontré ninguna en la riquísima colección del Museo de La Plata que
presente muñones en vez de los pies sin tener mutilaciones en la cara.
Solamente las vasijas que poseen estas mutilaciones tienen los muñones
tan característicos de los pies. Ashmead (9) nos dá una prueba afirmativa
de nuestra opinión, en una de sus alfarerías. Es un personaje sentado;
tiene el muñón con la mano izquierda mostrándolo á los transeúntes
(en la otra mano tiene un vaso). Algunos de los otros mantienen un
bastón para arrastrarse. Resulta, á mi juicio, que se ha representado, en
realidad, el muñón del pié. Las dudas que origina su procedencia que-
darán siempre las mismas.
Siento no poder presentar al lector algo más positivo; no me es
posible afirmar la opinión del señor Carrasquilla, según la cual se tra-
— 367 —
taría de lesiones artificiales. /,Con qué razón podemos adjudicar á los
peruanos la misma Justicia de los antiguos chibchas?
Quedaría solamente una causa patológica; pero no se sabe si pro-
vienen de una misma enfermedad ó de varias; ni tampoco si hay co-
nexión etiológica entre las mutilaciones de los pies y las de la cara. Esto
es probable: un muñón típico se encuentra siempre en una alfarería que
presenta igualmente lesiones en la cara; es difícil saber como una en-
fermedad ha podido mutilar en tanto grado y simétricamente los pies.
Resulta que esas mutilaciones han sido producidas por enfermedades
cuya naturaleza nos es desconocida por ahora, y que quizás nos será
también imposible descubrir su secreto más tarde. Es casi cierto que no
se trata de la lepra.
BIBLIOGRAFÍA
i) Albert S. Ashmead : Vorkommen von Aussatz in prácolumbischer
Zeit in America. «Verhandlungen der Berliner Gesellschaft für An-
thropologie, Ethnologie und Urgeschichte», iSgSjp. 3o5-3o6.
Ad hoc
2) ViRCHOw: ibidem.
3) Bastían: Vorkommen von Aussatz in America in prácolumbischer
Zeit. Verhandlungen etc. iSgS, p. 365-366. Ad hoc
4) ViRCHOw: ibidem.
5) Albert S. Ashmead: Photographs of tvvo ancients Peruvian vases,
with some particularities presented by them, and some observa-
tions about them. «Journal of cutaneous and genito-urinary di-
seases», for november, iSgS.
6) Albert S. Ashmead: Pre-columbian leprosy. «.Journal of the Ame-
rican Medical Association», iSgS. Ext., 66 páginas.
7) Albert S. Ashmead : Prof. Bandeliers views on Huacos pottery de-
formations and pre-columbian syphilis. «Journal of cutaneous
and genito-urinary díseases», for february, 1896.
8) Albert S. Ashmead : Pre-columbian leprosy. «Journal of the Ame-
rican Medical Association», april 10, iSqy.
9) Albert S. Ashmead: The question of pre-columbian leprosy: pho-
tographs of three pre-columbian skulls, and some Huacos pottery.
Mitteilungen und Verhandlungen der internationalen wissen-
schaftlichen Lepra -Conferenz, im October 1897. Berlín 1897;
Band I, Abt. 4, p. 71-75.
— 368 —
1 o) ViRCHOw: Die von Dr. Ashmead (New-York) aufgefundenen krank-
haften Darstellungen an alt-peruanischen Thonfiguren, ibidem,
Band II, 3. Sitzung vom i 3 . October 1K97. p. 79-82. Ad hoc
I i) Polakowsky: ibidem, Band II. p. S2.
12) ViRCuow: Die internationale Lepra -Conferenz in Berlin und die
verstümmelten peruanischen Figuren. Verhandlungen etc. iSqy,
p. 474-476. Ad hoc
I 3) Polakowsky: ibidem, p. 476-477.
14) Lehmann-Nitsche: ¿Ha existido la lepra en la época precolombiana?
Actas del primer Congreso Científico Latino-Americano (en prensa).
Véase el resumen en «La Semana Médica», Buenos Aires, Año V,
número 228, Mayo 26 de 1898, páginas 182-183.
I 5) Lehmann-Nitsche: ¿Ha existido la lepra en la época precolombiana?
Reproducción del anterior (sin la discusión y sin la bibliografía)
en los «Anales del Círculo Médico Argentino», tomo XXI, año
XXI, números 7 y 8, páginas 196-198.
16) ViRCHOw, W. VON DEN Steinen, Polakowsky (Bastian, Reiss. Stü-
BEL, MiDDENDORF, Jiménez DE LA Espada) ' Discussion über «Die
verstümmelten Thonfiguren aus Perú». Verhandlungen etc. 1897,
páginas 5 5 8-5 6 i .
I 7) Seler: Nachrichten über den Aussatz in alten mexikanischen Quel-
len. Verhandlungen etc., 1897, páginas 609-61 i.
I 8) Polakowsky (Jiménez de la Espada), \V. von den Steinen, Virchow:
Discussion über «Pracolumbischen Aussatz und verstümmelte pe-
ruanischen Thonfiguren». Verhandlungen etc. 1897, p. 612-621.
La Plata, lo de Octubre de 1898.
A.PENDICE
Impreso lo anterior, hemos recibido del señor doctor J. de D. Ca-
rrasquilla L., la carta siguiente que trata del mismo tema:
Bogotá (Colombia), Octubre 7 de 1898.
Señor doctor don Roberto Lehmann-Nitsche.
Museo de La Plata.
(Provincia de Buenos Aires),
Muy señor mió :
En adición á mi carta de Julio último, me es grato comunicar á
usted lo siguiente:
En «The Journal of the American Medical Association», vol. XXXI,
número 6 — Chicago, August 6, 1898— en la sección «Correspondence»
— Potíery Evidences of Leprosy. p. 3 i i , — hay publicada una carta del
doctor Albert S. Ashmead, en la cual remite al editor del «Journal» una
del doctor Leopoldo Glück, y en ambas se combate el error del profesor
VirchoNv, sobre la causa de las mutilaciones atribuidas por él á la lepra,
con los mismos argumentos que yo aduje en mi carta dirigida á usted,
á la cual me refiero, lo que no dudo le servirá á usted para demostrar
que las cerámicas peruanas no representan lesiones leprosas.
En la «Historia de Yucatán», por Eligió Ancona, tomo primero—
Barcelona, imprenta de Jaime Jepús Roviralta, 1889, página iSy, ca-
pítulo X — se halla el siguiente párrafo:
«La penitencia, así pública como privada, era conocida también
entre los mayas. Sujetábanse en los templos á operaciones dolorosas,
que consistían en derramamientos voluntarios de sangre y en algunas
amputaciones ligeras, de que dejaban vestigios en los altares.»
Este párrafo va con una nota, que dice así: «Que hacían sacrificios
con su propia sangre, unas veces cortándose las orejas á la redonda,
por pedazos, y allí los de.xaban en señal. Otras veces se agujereaban las
me.xillas, otras, los becos ba.\os, otras se separaban partes de sus cuer-
pos, otras se agujereaban las lenguas al soslayo por los lados y pasaban
— 370 —
por los agujeros pajas con grandísimo dolor; otras » (Landa: Rela-
ción de las cosas de Yucatán,. | XX VI 11.;
De esta cita se deduce que no sólo como castigo sino también como
penitencia, se practicaban en América amputaciones de partes del cuerpo
ó mutilaciones.
En la «Historia de la conquista de México», por don Antonio de
Solis y Rivadeneyra, Madrid, año de 1776, libro segundo, capítulo XX,
página I 52, se lee : «Averiguados ya los designios de Xicotencál, por
la confesión de sus espías, trató Hernán Cortés de prevenir todo lo ne-
cesario para la defensa de su Quartél, y pasó luego á discurrir en el
castigo que merecían aquellos delinquentes, condenados á muerte, según
las leyes de la guerra; pero le pareció que el hacerlos matar, sin noticia
de los Enemigos, sería justicia sin escarmiento; y como necesitaba menos
de satisfacción, que de terror ageno. ordenó, que á los que estuvieron
mas negativos (que serían catorce, ó quince) se les cortasen las manos
á unos, y á otros los dedos pulgares, y los envió de esta suerte á su
Exercito: mandándoles, que dixesen de su parte á Xicotencál, que ya le
quedaban esperando; y que se los enviaba con la vida, porque no se le
malograsen las noticias que llevaban de sus fortiticaciones. — Hizo grande
horror en el Exercito de los Indios (que \enian yá marchando á su fac-
ción) este sangriento expectaculo: quedaron todos atónitos, notando la
novedad, y el rigor del castigo;»
Por esta cita se ve que también los españoles emplearon las muti-
laciones como castigo de la traición, ora por haberlas visto empleadas
por los mejicanos, ora por haberse usado en Europa: la primera supo-
sición, sin embargo, parece excluida, por decirse, en la misma cita,
que «quedaron todos (los indios) atónitos, notando la novedad».
No obstante, me ha parecido conveniente llamar su atención hacia
este dato, por lo que pueda convenirle.
Sin otro objeto, por hoy, me es honroso subscribirme de usted muy
atento y seguro servidor.
Juan de D. Carj-asquilla L.
Rev. del Museo de La Plata — Ionio l.\.
ROBERT LEHMANN-NITSCHE: ¿Lepra precolombiana?
1
IV
VI
VII
VIH
VI 11°
(jiielques notes sur plusieurs Copropbages
(le Buenos Aires
«II nous parait aujourd hui d'extréme importance de reunir en
.zoologie l'appréciation comparée des caracteres moraux des ét'res avec
celle de leurs caracteres physiques et extérieurs O».
A ce point de vue, entre tous les Coléoptéres, les Coprophages sont
intéressants au plus haut degré par leur instinct merveilleux pour la
conservation de l'espéce. Nous donnons ici au sujet de la nidification
de ees insectes des notes toutes nouvelles que plusieurs années de re-
cherches nous ont permis de recueillir á Buenos Aires.
En donnant des développements plus ampies sur le premier de ees
insectes et sa nidification, il nous sera possible d étre plus laconique au
sujet des suivants, car, comme il arrive pour tous les groupes naturels
des étres, la plupart des détails leur sont communs.
I . Phanaeus splendidulus, F.
II n'est point de naturaliste qui ne connaisse les puits des Copro-
phages: ce sont des garde-manger oü les aliments se conservent frais
pendant tout le temps que dure le repas de Tinsecte. Et puis aucun
compagnon coprophage ne se permettra de venir s'attabler aux dépens
du posscsseur.
La profondeur du puits du Phana'us splendidulus n'a jamáis moins
de quinze centimétres, mais elle en peut atteindre cinquante; et sa direc-
tion est indiquée par nous ne savons quelles circonstances, peut-etre de
la résistance du sol, peut-étre de la position de I'insecte qui perfore dans
{*) A. d'Orbigny : Voyage dans í'Amérique méridionalc.
— 372 —
une direction parce qu il est dans telle position donnée, de sorie que si
Finsecte se retourne, il creusera dans un nouveau sens; c'est diré que
le puits du Phana'us descend verticalement, tourne á droite et tourne á
gauche avec la plus grande ¡rrégularité.
La terre travaillée est refoulée et pressée contre les parois du puits,
et non rejetée au dehors comme quelques-uns pourraient le penser, car
la taupinée que Ton voit toujours á l'orifice du puits n'est que la mi-
nime partie de cette terre travaillée.
Le puits est achevé.
Par brassées, le Phancvus y emporte tout au fond un aliment frais
et juteux. Or c'est en toute saison qu"on peut le trouver á son travail
de purificateur de la surface de la terre, car il ne meurt pas avec les
mauvais jours.
Tous les Coprophages n'imitent pas le Phanceus dans son travail
de perforateur. Mais la n"est pas le point capital du présent anide: c'est
du nid que nous voulons entretenir les naturalistes.
Pendant les mois d'octobre et de no\emhre, le fond du puits ali-
mentaire est creusé d'une cave sphérique du volume d'une petite orange:
c'est un atelier. Et dans cet atelier doit étre fabriqué le nid pour lequel
le Phanceus n'admet pas la grossiéreté du composant. Aussi toutes les
brindilles qui occupent de i'espace sans profit pour la digestión sont im-
pitoyablement rejetées; c'est que le nid sera aussi le pain quotidien de
la future larve: nouveau rat dans un fromage non moins nouveau.
Le nid que fabrique \e Phanceus est d'un fini extraordinaire et la ma-
tiére dont il se compose est l'ordure méme. La forme de ce nid est celle
d'une sphére dont le diamétre peut alteindre jusqu'á trois centimétres, et
n'en ayant jamáis moins de deux et demi. Un point de cette sphére est
surmonté d'une calotte hémisphérique d un demi-centimétre de hauteur
et de deux millimétres d'épaisseur. Cette calotte est formée de filaments
grossiers: on eút dit que le Phanceus. en employant des matériaux quel-
conques, avait háte de finir son nid. Mais lá n'en est pas la raison: nous
allons la comprendre sur l'heure. La calotte recouvre une petite chambre
conique oü le Phanceus a place son ceuf. Or tout germe a besoin d'air
qu'il aspire á travers la coque, et l'ceuf du Phanceus ne s'écarte pas de
cette loi: l'air lui arrive a travers la calotte permeable. Voilá un probléme
que seule la nature pouvait aussi simplement résoudre.
L'ceuf est long de plus d'un demi -centimétre, ovale, d'un blanc
mat. La longueur et la grosseur des oeufs des Coprophagee ne peuvent
étre rigoureusement données, car elles augmentent a mesure qu'appro-
che l'éclosion. On voit bientót sur la pellicule de l'ceuf deux taches rou-
ges qui sont les mandibules du nouvel étre. L'incubation dure environ
dix- sept jours.
Dans l'oeuf, la larve a une forme doublée: la tete touche l'extré-
— 373 —
niité opposée du corps, position que l'insecte conservera pendant toute sa
vie larvaire.
Aussitót sortie de Toeuf, la larve attaque sa propre maison avec une
dent avide et s'interne de plus en plus jusqu'au centre de la sphére qui
rhéberge; et elle a l'instinct de n"en pas maní^er la croúte. S¡, malgré
notre croyance, ce malheur lui arrivait cependant. elle refermerait la
malencontreuse ouverture d une maniere tres singuliére, en y injectant
le produit de sa digestión. Nous avons observé cet art que possédent les
larves des Coprophages de clore leur maison quand, d'abord par hasard,
et puis a dessein, nous avons brisé leur nid.
La larve du Phaiuvus est doublée, avec une bosse tres apparente á
l'endroit de la courbure. Cette bosse occupe les cinquiéme, sixiéme et
septiéme anneaux de Tabdomen. Le corps est ridé comme les larves des
lamellicornes en general, a peau blanche, mais le canal digestif lui
donne par transparence une couleur noir d ardoise.
La tete est bombee, d un jaune paille qui sobscurcit graduellement
jusqu'á devenir marrón á I'extrémité des máchoires et noir á l'extrémité
des mandibules. Antennes de quatre articles : le premier gros et court;
le second long, cylindrique moins épais vers le milieii ; le troisiéme deux
fois piut court que le deuxiéme, plus gros vers l'extrémité; le quatriéme
petit, conique. Epistome en trapéze transversal, d un jaune livide; man-
dibules rougeátres á la base, noires á l'extrémité, avec trois dents peu
découpées la mandibule gauche, et deux la mandibule droite. Máchoires
pourvues au colé interne d'une protubérance qui porte un onglet pointu
et au cóté externe des palpes maxillaires qui sont coniques, un peu plus
iongs que les máchoires, de quatre articles. Les máchoires sont tron-
quees á l'extrémité et y portent des poils courts et raides. Palpes labiaux
de deux piéces, petits. Le front porte cinq enfoncements : un au milieu,
cordiforme, la pointe en haut; les deux voisins petits, circulaires. et
les deux extremes convergents. Le front est parsemé de poils livides.
Pieds avec quelques poils. composés de cinq piéces.
Le dernier anneau de l'abdomen est comme tronqué et formant
bourrelet á l'extrémité du corps. L'anus est situé au milieu de cet espace
plat, transversal. Le dessous de ce dernier segment est garni de poils
raides et noirs.
Des á présent nous faisons remarquer que les larves des Copropha-
ges que nous avons étudiées — celle du Scapíophilus dasyp/eiirus ex-
ceptée — et sans doute de tous les Coprophages qui subissent leurs mé-
tamorphoses dans leurs nids, sont tellement semblables que la description
de l'une peut presque entiérement convenir aux autres.
Les différences que présentent de l'une á l'autre espéce i° la con-
formation des antennes, 2° les impressions sur le front, et 3° les dents
des mandibules sont des caracteres presque illusoires. Cependant les
— 374 —
dessins formes par les rides qui entourent 1 anus nous paraissent assez
décisifs: nous les avons soigneusement figures, mais non décrits, car
chacun comprendra la diíTiculté qu'il y a d'exprimer par des mots des
courbes plus ou moins semblables. Nous n"avons pas tena compte d'au-
tres caracteres, parce qu il faut plus qu'une loupe ordinaire pour les
utiliser.
Environ deux mois aprés l'éclosion de ra?uf, les métamorphoses de
la larve en nymphe et déla nymphe en insecte parfait se sont produites.
2. Phanaeus Milon, Bl.
A celui-ci incombent les assainissements cadavériques; et son puits
se trouve exclusivement sous les cadavres, depuis celui du Bufo mari-
nus (L.) Schneid., celui du Milvago Clümango (Vieill.) Darw., et
celui du Taclivuriis barbus (Lacép.) E. E. oú nous 1 avons observé,
jusqu'á ceux des animaux supérieurs: tous ees restes lui sont une au-
baine dont il sait tirer parti á l'époque de la nidification qui arrive d"oc-
tobre á décembre et peut-étre pendant toute la belle saison. Le puits est
profond de vingt centimétres au plus, et latelier gros comme le poing. Le
nid estén tout semblable á celui du Phanceus splendidulus, si ce n'étaient
la calotte qui est homogéne avec le nid, et le diamétre du nid qui me-
sure de quatre á six centimétres: c'est un phénomene pour sa gros-
seur! Pour faciliter la circulation de Fair, la calotte est percée d un trou
en son milieu. Le nid présente une autre particularité: au centre, gros
comme une noix, se trouve l'aliment de la larve; tout le reste de la
boule consiste en de la terre, pétrie, peut-etre avec des résidus cadavé-
riques I
La chambre d eclosión est ronde, et Toeuf, long ovale, mesure plus
de un centimetre de longueur.
Nous signalons quelques-unes des différences que présente la larve
du Phana'us Milon d'avec celle du Phananis splendidulus:
a) Antennes de cinq articles; le premier gros et tres court. le se-
cond légérement conique, le troisiéme sphéroíde, le quatrieme plus gros
vers 1 extrémité et le cinquiéme petit, conique.
b) Le front porte trois enfoncements; le premier, de forme triangu-
laire, s avance par sa base ¡usque vers le milieu de l'épistome, et les
deux latéraux lui sont contigus et arques.
c) Pour les rides du dernier segment de l'abdomen, voir la planche.
3 et 4. Megathopa bicolor, Guér.; Megathopa intermedia
Nous réunissons les Megathopa bicolor et intermedia parce que leurs
ma'urs et les caracteres de leurs larves sont identiques.
— 375 —
Les Megathopa sont des ródeurs. Leur puits se trouve par ci par la
dans les chemins oü la fortune leur a fait trouver quelque petite quantité
d'excréments. Ce puits ne dépasse pas dix centimétres de profondeur, et
il est comblé a mesure que l'insecte enfonce avec sa trouvaille, car les
Megathopa ne se donnent pas le travail de presser contre les parois du
puits la terre enlevée; ils la rejettent par dessus leurs épaules. L'atelier
est sphérique et contient un nid en forme d'oeuf ou de poire á col un
peu étranglé. Ce nid peut mesurer de deux á deux centimétres et demi
de hauteur. La chambre d'éclosion se trouve au col de la poire et contient
un oeuf d'environ un demi-centimétre de long.
Nous devons signaler un point de mceurs que ne nous font pas ad-
mirer les P/iaiuvus: les Megathopa restent dans l'atelier á cóté du nid
jusqu á ce que leur progéniture soit arrivée á l'état d insecte parfait. C'est
done pendant deux mois environ que les Megathopa se condamnent á
un jeúne absolu: l'amour maternel l'emporte chez ees insectes aux né-
cessités personnelles.
Entre autres caracteres, leurs larves différent de celle du Phana;us par:
a) Les antennes qui sont de cinq articles: le premier gros et tres
court: le second cylindrique; le troisiéme cylindrique, moitié long comme
le second; le quatriéme sphéroíde, et le cinquiéme conique, petit.
b) Le front qui porte cinq impressions: la premiére circulaire s'é-
tend la moitié sur l'épistome; les deux suivantes, circulaires, situées au
bord supérieur et lateral de la premiére, et les deux autres au-dessus de
celles-c¡, longues.
c) Les dessins du segment postérieur.
Quant aux larves des Megathopa entre elles, nous n avons pu les
distinguer Tune de l'autre que par une tres légére différence pratiquement
imperceptible, relative aux impressions plus ou moins prononcées sur le
front.
5. Gromphas inermis, Har.
Comme les Phana'us splendidulits. les Gromphas inermis vi\ent en
légions sous les excréments, et lá méme creusent leurs puits dont la
profondeur peut atteindre dix centimétres.
Quand il s'agit de fabriquer le nid, ce qui arrive en octobre, le
Gromphas ne fait pas d'atelier: il se contente de presser au fond du
puits telle quantité de matiére qui lui semble nécessaire: quatre centimé-
tres de hauteur. Ce nid est cylindrique, terminé par un cóne bombé á
chaqué extrémité. Quand le nid est achevé, le Gromphas comble de terre
une partie du puits. La chambre d'éclosion est spacieuse et tapissée par-
tout a 1 intérieur d'une légére couche de terre. Loeuf est cylindrique,
long d'environ cinq millimétres.
— 376 —
La larve présente quelques caracteres ditTérentiels de celle du Pha-
na'us, et entre autres:
a) Les antennes qu¡ ont cinq anieles: le premier gros et court; le
second, le troisiéme et lequatriéme, cylindriques, chacun deux fois moins
long que le précédent, et le cinquiéme conique, petit.
b) Le front qui porte trois impressions: celle du miliéu qui se forme
de trois enfoncements convergentset les deux laterales qui sont circulaires.
c) Les rides du dernier segment.
6. Bolbites onitoides, Har.
Nous avons une quasi certitude que le nid dont nous allons nous
occuper appartient au Bolbiles onitoides.
Au lieu d'étre vertical, le puits est oblique, presque horizontal, et il
s'avance environ vingt centimétres avec une profondeur d"á peu prés
cinq centimétres sous terre. Un atelier sphérique termine ce couloir. Le
nid est une transition, quant a la forme, entre ceux du Plianceus splen-
didulus et des Megathopa, quoiqu'il se rapproche plusdu nid de ees der-
niers. Et on le trouve tres rarement.
La larve se distingue de celle du P/iaiuvus sp/endidiiliis par:
a) Les antennes de cinq articles: le premier court et gros; le second
cylindrique; le troisiéme sphéroíde, de moitié moins long que le second;
le quatriéme terminant en massue, et le cinquiéme conique et petit.
b) Le front qui a cinq impressions iongues et convergentes vers la
partie supérieure.
c) Les dessins du segment postérieur.
7. Onthophagus hirculus, Mannerh.
Les nids de ce petit Coprophage peuvent se trouver pendant toute la
belle saison, en compagnie ou non du Gromphas inermis, et en grand
nombre. lis ne sont jamáis á plus de dix centimétres sous terre; et aprés
son achévement, \ Onthophagus comble de terre le puits. Le nid est petit,
cylindrique, légérement courbé et place au fond du puits alimentaire
comme celui du Gromphas . II mesure environ deux centimétres de long.
La chambre d'éclosion est remarquablement grande; plus de la moitié
du volumc total du nid! Nous pensons que puisque ie puits est comblé
et que 1 air extérieur ne peut pénétrer jusqu au nid, 1 Onthophagus y a
pourvu en faisant plus grande la chambre d"éclosion qui contient des
lors la quantité suHisante de cet élément. Le Gromphas nous a aussi
fait remarquer sa chambre spacieuse.
L'oeuf de VOnthophagus est petit, blanc. cylindrique, tres légére-
ment arqué, long de deux millimétres sur un demi-millimétre. Et au lieu
— 377 —
d'etre simplement déposé, ¡1 est coUé par une de ses extrémités sur le
bord de la chambre d'éclosion.
La larve difiere entre autres caracteres de celle du Phana'iis splen-
didulus par:
a) La bosse dorsale qui est plus pres de la tete, ce qui lui donne
un aspect particulier.
b) Les antennes de cinq anieles: le premier gros et tres court; le
second légérement conique; le troisiéme cylindrique; le quatriéme en
massue, et le cinquiéme petit, conique.
c) Le front qui porte une impression annulaire laquelle s'étend un
peu sur répistome, et deux autres légéres impressions, une de chaqué
colé de celle-lá.
d) Les dessins du segment postérieur.
8. Canthon bispinus, Germ.
Le puits du Canthon bispinus ne dépasse pas quinze centimétres de
profondeur. L'atelier contient toujours deux nids. Ces nids sont les plus
singuliers et les plus intéressants que nous connaissions. Le Canthon
a tellement exageré la calotte de sa sphére qu'il en a fait une seconde
sphére, séparée de la sphére alimentaire par un étranglement ; ce sont
deux sphéres accolées, presque égales en grosseur, celle de la chambre
d'éclosion est la moindre cependant.
Quand nous découvrímes ces nids pour la premiére fois et que nous
voulúmes les comparer á quelque objet, ce fut le chiffre 8 qui se pre-
senta le premier á notre imagination.
Le Canthon nidifie indiíTéremment sous les cadavres et sous les ex-
créments, en octobre et en novembre. Et, comme les Megathopa, on le
voit toujours a cóté de ses nids jusqu á la sortie des insectes parfaits.
Quelques caracteres différentiels de la larve d'avec celle du Pha-
}i(xus splendidulus sont:
a) Les antennes de cinq articles: le premier court et gros; le second
cylindrique ainsi que le troisiéme et le quatriéme; ce dernier un peu
plus court que le troisiéme, et le cinquiéme petit, subuliforme.
b) Les impressions du front. con\ergentes vers la partie supérieure.
c) Les dessins du segment postérieur de l'abdomen.
g. Canthon muticus, Har.
Le puits du Canthon muticus est profond de dix centimétres et ter-
miné par un atelier tres spacieux en relation avec le \olume de l'insecte:
une grosse noix á peine contiendrait dans cet atelier tout rempli d'ex-
créments émiettés et desséchés. Au centre de cet étrange edredón sont
empilés six nids dont la forme rappelle ceux des Megathopa.
— 378 —
La larve du Canthon muliciis dilTére surtout de celle du PlimiLViis
splendidiilus par:
a) Les impressions sur le front et la plaque frontale antérieure qui
est d'un jaune livide plus foncé que le reste du front.
b) Les dessins du segment postérieur de l'abdoinen.
10. Canthon edentulus, Har.
Ce Coprophage est solitaire comme le précédent: son puits peut at-
teindre vingí centimétres de profondeur. L'atelier ne contient pas l'é-
dredon comme celui-lá, mais neuf nids amoncelés: c'est une abondance
extraordinaire! Et quelles miniatures que ees nids; c'est exactement le
n¡d du Phanceus splendidulus avec des dimensions minimes: sept mil-
limétres de diamétre. La calotte est relativement plus grande que dans
le modele et plus pointue. De plus, le Canthon edentulus imite les Me-
gathopa et le Canthon bispinus en restant auprés de ses nids jusqu'á ce
que sa progéniture soit arrivée á perfection. (Notre étonnement n'est pas
petit en pensant que le Canthon muticus n imite pas ses compagnons
sous ce dernier rapport: nous sommes incliné á croire qu'il nous aura
passé inapergu au milieu des débris de son atelier défait.)
La larve du Canthon edentulus ditTére de celle du PhaniEus splen-
didulus surtout par:
a) Les impressions sur le front oü elles son disposées en demi-
cercle, celle du milieu grande, les voisines petites, et les extremes
moyennes.
b) Les dessins du segment postérieur de labdomen.
I I . Scaptophilus dasypleurus, Germ.
Le puits du Scaptophilus dasypleurus est creusé sous les excré-
ments. Et la nidification a lieu de novembre á janvier. Le nid n'est
autre chose que le puits alimentaire rempli d'excréments, representan!
un boudin tordu et retordu dans tous les sens. La quantité de maté-
riaux employés mise en ligne droite dépasserait vingt centimétres en
longueuri Et dans ce boudin sui generis sont espacés á peu prés égale-
ment, de deux en deux centimétres, dix ceufs ou méme davantage. Ces
oeufs sont places sur le bord du boudin: ils ont environ deux millimé-
tres de long sur un millimétre et demi d'épaisseur.
Nos notes ne portent rien d'écrit au sujet des caracteres de la larve
du Scaptophilus dasypleurus. Cependant nous pouvons assurer que sa
forme est entiérement dissemblable d'avec celles des Coprophages que
nous avons étudiées jusqu'á présent, et est conforme au type de celles
des Scarabéiens en general.
— 379 —
Diloboderus Abderus (Sturm.) Reiche.
Notre but, en publiant le présent article, est de faire connaítre les
nidifications: c'est pourquoi nous nous permettons d'y indure la des-
cription da nid du Diloboderus Abderus, quoique cet insecte ne soit
nullement coprophaLje.
Pendant le mois de janvier, si on les recherche sous les nombreuses
taupinées de terre doni sont parsemés les bords des chemins, les champs
et les jardins, súrement que Ton parviendra á découvrir quelques-uns
de ees nids. D'abord c'est un puits oblique et irrégulier d'environ vingt-
cinq centimétres de profondeur. Au fond se trouve une excavation ou
chambre ovalaire presque horizontale d environ six centimétres de long
sur trois centimétres de diamétre en son milieu. Cette chambre est toute
remplie de débris d'herbes, de feuilles menúes, de tiges brisées de jeunes
graminées, etc., le tout formant un paquet assez pressé. Voilá le nid.
C'est done simplement un cul-de-sac oü sont recueillis les vivres des
futures larves, en attendantqu'elles aient atteint le développement néces-
saire pour se frayer un chemin á travers les couches de terre en re-
cherche de nourriture qui consistera alors en racines de plantes.
Dans le nid sont déposés cinq, six ou sept ceufs, Tun par ci, lautre
par la, de maniere que la raíion de chaqué future larve soit á peu prés
égale. Ces oeufs sont ronds, d'environ deux millimétres et demi de dia-
métre, blancs.
Comme les ovaires du Diloboderus Abderus contiennent plus de
trente ceufs, linsecte creuse done au moins cinq nids.
Quoique nous ne puissions l'assurer, nous croyons que la larve du
Diloboderus Abderus reste quatre ans dans la terre. Vers le mois de
novembre de la quatriéme année, la larve se change en nymphe restant
dans cet état environ trois semaines, au bout desquelles apparait 1 insecte
parfait.
Une larve que nous tenions dans une boíte se changea en nymphe
le 17 novembre 189 5. Le 1 2 décembre suivant, cette nymphe se
transformait en insecte parfait: la nymphose dure done presque un mois.
On peut voir au Musée National de Buenos Aires une paire de
nymphes, l'une mále et lautre femelle, du Diloboderus Abderus, que
nous avons remises au Dr. Carlos Berg, directeur de cet établissement.
CONCLUSIÓN
Au moment que nous finissions le présent article, un naturaliste
franjáis bien connu dans le monde scientifique, M. J.-H. Fabre, nous
envoyait la cinquiéme serie de ses «Souvenirs entomologiques».
— 380 —
Ce savant entomologiste consigne enire auires sujets les nidifications
de plusieurs Coprophages: Scarabíeus sacer L.. Scarabivus laticollis L.,
Gvmnopleitrus pilulariiis F., Gvmnopleurus Jlagellaíus ¥., Copris his-
panus L., Onthophagus taunis L., Onthophagus furcatus F., Oniticellus
JlavipesY.. Geotriipes slercorarius L.. Geoínipes /lypocrita Schne'id.
Or, de toLis les Coprophages qui viennent ainsi á notre connaissance
avec leurs nids, en tout vingt et un, les larves se divisent en deax grou-
pes: le premier comprend les larves á bosse, et il v en a dix-huit. Et
ce sont précisément ees larves qui subissent leurs transformations sur
place dans leurs nids soit sphér¡qu?s. soit ovoides ou cylindriques.
Le second groupe comprend les larves sans bosse: ce sont celles du
Scaptophiliis dasypleurus , du Geotrupes síercorariiis et du Geotrupes
hvpocriia. Et les larves de ees insectes vivent dans un boudin ou filón
qui est un nid sans forme proprement dite.
Nous vovons clairement que l'habitat determine l'organisation des
larves: les nids proprement dits abritent des habitants bossus, et les nids
boudins rei;oivent des larves sans défauts.
Mais quelle relation établirons-nous entre la bosse et le nid á forme
déterminée, et entre la non existence de la bosse et le boudin?
Qu'il nous suffise de signaler le fait sans l'interpréter, car dans la
voie des interprétations et explications des faits naturels, les précipices
se présentent au moment que 1 on attend le moins.
Cependant nous pourrions hasarder que puisque le Scaptop/iiliis
doit se transporter de par ci et de par la, il s'aide de tout son corps pour
se mouvoir, semblable en cela aux larves des Scarabéiens en general qui
voyagent dans la terre pour la recherche de leur nourriture; toutes les
parties de son corps doivent done étre également musculées. De la méme
maniere sont organisées les larves des Geotrupes observées par M. Fabre.
De leur cóté, les dix-huit autres larves á bosse n'ont pas a sortir
de leur maison: de légers mouvements sur elles-mémes les mettent á
portee de manger avec la plus grande facilité.
C'est pourquoi le développement musculaire est seulement nécessaire
dans la partie qui contient l'estomac de ees insectes; et c'est pourquoi
nous les voyons bossus a Tendroit de lestomac.
Avons- nousdonné la vraie raison? Nous n"y prétendons pas encoré!
F. JfDl'LIEN.
F JUDUUEN — Coprophages de Buenos Aires.
NIDS (grandeur nalurelle)
I . Canlhun cdcnlulus.
2. Ganthon muticus.
3. Onlhophagus hirculus.
+ . Gromphas incrmis.
5. Canlhon bispinus.
o. Megathopa Ínterin, ct M. biculur.
7. Bolbiics onitoidcs.
8. Phana-us spcndidulub.
0. Phanaíus Milon
10. Scaplophiius dabvpleurus
(Nous représcnions en poiniilk la chambre d'cdosion el Tirut.)
lAl.I.KKI.í' mil- MISI-
RevisU del Museo de La Plata — Tome IX
Type des Coprophages
(Le pointiilc représente une autre forme
contractilc de la bosse.)
a = Tetes pour monircr les imprcssions
sur le front.
b =z Mandibulcs droites.
c =z Mandibules gauches.
rf = Antennes.
e = Anus
/ = \'ue externe de !a mdchuire et du
palpe maxillaire iPhan. splend.).
g = Vue interne de la niáchoire ei du
palpe maxillaire (Phan. splend.)-
1. PhancEUs splendidulus^ F.
2. PhancEiix MUon, Bl.
3. Megathopa intermedia ct Megathupa
bicolor (Gucr.) G. H.
4. Gromphas inentiis. liar.
5. Bnlbites otiiíoides, llar.
6. Onthophagus hirculus^ Mannerh.
7. Canihon bispinus, Germ.
8. Canthon muticus, Har.
9. Canthtm cdentulus, llar.
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AVISO PRELIMINAR
SOBHn
MAMÍFEROS MESOZOICOS
ENCONTRADOS EN PATAGONIA
POR
SANTIAGO ROTH
ENCARGADO DE LA SECCIÓN PALEONTOLÓGICA DEL MUSEO DE LA PLATA
Aunque soy enomiyo de lodo trabajo preliminai-, me he de-
cidido, no oijslnnle, á publicar las presentes noticias, en vista
de la imposibilidad de terminar, antes de mi salida á una
nueva expedición, un trabajo principiado sobre Mamíferos me-
sozoicos, encontrados durante mi último viaje.
Cuando se habla de mamíferos mesozoicos, se cree, en pri-
mer luyar, que se trata de animales de organización inferior,
habi(éndose encontrado, hasta hace poco tiempo solamente Mo-
nolrematas y Marsupialias. En el terciario inferior, se encuen-
tran numerosos mamíferos ya bien especializados. Era muy
natural que se esperaba encontrar los antecesores de éstos en
las capas cretáceas, y fué un desengaño grande cuando los
restos de los mamíferos encontrados en las formaciones cre-
táceas de Wyoming, Dakota, Colorado y Montana, descritos
por Marsh, no confirmaron esta esperanza. Las publicaciones
de Ameghino, que tratan de los mamíferos de la formación
del Pyrotherinm, que él ci'ee cretácea, han sido recibidas con
mucha duda y desconfianza y nadie quiere creer que esta for-
mación sea tan antigua. Yo, |iersonalmente, nunca he encon-
Torao IX . 34
— 382 —
trado restos de Pi/rotltcriiuir. conozco esta formación solamente
por las publicaciones de Ameghino; y, con los datos que él
dá, no me animo á formar una opinión sobre su edad.
Hatcher (') que ha explorado la región, donde, según Ame-
ghino, ha de existir la formación del Pyrotheriwn, no ha [¡odido
identificarla, y este señor pone en duda la relación estratigrá-
fica tal como ha sido determinada por los hermanos Ameghino (").
No puedo discutir aquí la edad de las formaciones patagó-
nicas y me limito á decir (|ue he encontrado los restos, que
mencionaré más adelante, en ti-es distintos yacimientos.
El primero de estos yacimientos, en donde encontré una gran
cantidad de mamíferos placentalios, se halla en una formación
de toba de colores muy diversos, en la cual abundan los restos
de Dinosaurios, pero no he encontrado los restos de Mamíferos
mezclados con los de Saurios. Los primeros se hallan solamente
en una capa de rodados de loba muy clara, mientras que los
últimos están dispersos por toda la formación. En un sitio he
enconti'ado, entre dos capas que contienen restos de mamíferos,
un depósito marino con moldes de moluscos de los géneros
Tylastomo materiuiim y Tylaalouio torrubriae C[ue, como se sabe,
se hallan en la formación cretácea intermedia del Brasil. Tanto
por estos moluscos como por los i-estos de Saurios, queda su-
ficientemente demosti-ado (|ue esta formación pertenece al tiempo
cretáceo.
En el segundo yacimiento, he cnconti'ado, en una toba de
color rojo, restos de Mamíferos mezclados con restos de Me-
galosaurios. Esta formación constituye en parte las mesetas
entre el Rio Chubut y el Rio Senguerr.
El tercer yacimiento, que se halla en la costa misma del Rio
Chubut, se compone de una cuárzita que se encuentra debajo
la formación de toba cretácea de Dinosaurios. En este sitio he
encontT-ado restos de Mamíferos mezclados con los de Reptiles,
entre los cuales abundan principalmente los de Tortugas.
Polyacrodon, gen. n.
Entre los restos encontrados en el primer yacimiento, hay
dos molares superiores muy particulares que se parecen algo
á los molares multituberculares. La corona, muy Ijaja, se com-
(') American Journal of Science, vol. IV, Noveniber, 1897.
O Florentino Aniegliino no ha estado nunca en Patagonia y todas sus
teorías geológicas, sobre esta región, se basan en las noticias que le trae su
hermano Carlos.
— 383 -
pone de tubérculos agudos, colocados en tres filas que hacen
recordar al molai- de Tri()l¡iphns Fiaasi de la formación triásica.
Sin embargo, para mi. no hay duda (|ue estos molares perte-
nezcan á mamíferos de la subclase PlacentnJia y muy probable-
mente son los antecesores de los Toxodontias.
Polyacrodon lanciformis, sp. n.
El molar superior, sobre el cual fundo esta especie, tiene
un diámeti'o mesio-distal de 11 mm. y uno labio-lingual de
15 mm. Tiene la corona muy baja, de forma semicuadrangu-
lar, compuesta de seis tubérculos principales, colocados en tres
filas, y una cantidad de pequeños tubérculos que forman una
pei'iferia pinaculosa. Los tubérculos son de forma lanceolada,
con cantos tilosos, y de distintos tamaños. El paracone y el
protocone son los más altos y los más desarrollados.
/ Polyacrodon ligatus, sp. n.
El diámetro mesio-distal del molar, sobre el que se funda
esta especie, es de 8 y el labio-lingual de 10 mm. La corona
es muy baja y también, como en la especie anterior, de forma
semicuadrangular. Se compone de dos tubérculos principales y
cinco rudimentales. El protocone, que es el tubérculo más de.s-
arrollado, está ligado por medio de crestas con el paracone y
el metocone; este último es más chico que el hipocone.
Glyphodon Langi, g. n. y sp. n.
He fundado este géneru sobre un cráneo que conserva los
dos últimos molares, de los cuales solamente el mA es com-
pleto. Los molares de este género son también, como los del
género anterior, de tipo bunodonte. Se distinguen fácilmente
de los anteriores por tener la corona más alta, con tubérculos
más bajos, de forma más cónica. El último molar es de forma
semicuadrangular; tiene seis tubérculos y, en la cara anterior,
un cíngulo. El diámetro mesio-distal es de 14 mm. y el labio-
lingual de 16 mm. l'^l penúltimo molar (mA) es de forma y
tamaño casi igual que el último. La fórmula dentaria es la si-
guiente: iJL, c-L, p±, mA.
El cráneo se parece en su construcción al de los Lifopienms.
La parte posterior es muy parecida al de Macrauchenio; la parte
nasal se aproxima en cambio más al Nesodon. En los órganos
huesosos auditivos falta el hueso timpánico ó al menos estaba
formado solamente por un anillo suelto que se ha perdido. El
— 384 —
largor del cráneo, desde la sutura miixilar-premaxilai' hasta el
foramen magnum, es de 16 cin. El anchor entre los arcos zigo-
máticos es de 10 cm.
Megacrodon, gen. n.
Este género está fundado sobre dos mandíbulas inferiores
incompletas y un molar agüeito. Como en una de las mandíbulas
están conservados solamente el cuarto premolar y el primer
molar y en la otra sólo el último molar, no tengo la completa
seguridad c|ue pertenezcan á un mismo género. Me fundn úni-
camente sobre la forma de la mandíliula. Las ramas son muy
bajas y muy redondeadas.
Megacrodon prolixus, sp. n.
ICsta especie está fundada sobre el |)edazo de mandíbula (|ue
conserva el cuarto premolar y el [ii'imei' molar y sobre un molar
encontrado suelto. Los molares son de forma cuadrangular, con
coronas bastante altas. El px tiene el diámetro mesio-distal
de 12 y el labio-lingual de 8 mm. El m — es 0,5 mm. más
corto; en cambio, en la parte anterior, es un poco más ancho.
Estos molares son también del tipo Inmodonte. La parte anterior
de los molares es mucho más alta que la posterior y se divide
en dos puntas. Ivstos tubérculos son muy agudos; tienen, en la
parte anterior, una cresta bastante tilosa que termina en cada
lado en un botón de esmalte {Sclimelxknospe). A más de ésta,
hay en la misma parte, pero más abajo, un reborde (cíngulo)
de esmalte. La parte posterior del molar se compone de tres
tubérculos muy bajos, lili del medio, (|ue correspondería al talón,
se une con los tubérculos de la parte anterioi- por medio de una
pequeña cresta.
La mandíbula muy baja, de forma redondeada, tiene, en el
m ir, 19 mm. de alto.
Megacrodon planus, sp. n.
La mandíbula, sobre la cual he fundado esta especie, es
muy baja \ larga, con sínfisis muy prolongada. Conserva sola-
mente el último molar; pero, por los alvéolos, se vé que la
fórmula dentaria debe ser la siguiente: i t, ex. px, mx-
El mxse parece mucho al correspondiente molar del Eu-
pithecops proximus de Ameghino O; es solamente algo más grande
O Mammiféres crélacés de l'Á rgenline, «Boletín del Instituto Geogrúfico
Aroentino», tomo XVIII.
— 385 —
y cai-ece casi por completo de cín.üulo. I'^l diámetro mesio-distal
es de 11 y el labio- lingual de 7 mm. La corona se compone
de cinco tubérculos muy bajos. La parte antei-ior es un poco
más alta que la posterior.
El largo total de la mandíbula es de 14 cni.; la altura de
la rama horizontal, en el último molar, de 18 mm. La anchura
de Iñ sínfisis es, en el |>^, de 22 mm.
Proacrodon transformatus, g. n. y sp. n.
No tengo más que un solo molar interior para fundar este
género.
Este diente es muy característico; presenta todavía los ca-
racteres del género anterior, pero ya algo transformado. La
parte anterior también es más alta que la posterior, pero no
se divide en dos |)untas. Los dos tubérculos anteriores son
anquilosados, formando una especie de loplio parecido á los
molares de Hijrachius. En la parte externo -anterior, que co-
rresponde al protoconid, sale una cresta que forma una media
luna hacia adelante. En la parte posterior del molar, han des-
aparecido los dos tubérculos laterales, y el del medio se ha
transformado en una alta cresta en forma de una coma. El
diiunetro mesio-distal es de 15 y el labio-lingual de 13 milí-
metros.
Polymorphis Lechei, g. n. y sp. n.
Este género estii fundado sobre dos mandíbulas inferiores:
una con la dentadura completa de un lado y la otra con cinco
molares. Esta pieza es una de las niiis interesantes que han
pasado por mis manos, pues la dentadura reúne caracteres de
diversos órdenes. La fórmula dentaria es la siguiente: ix, cr,
p-T, mx.
El ii" es un diente pequeño y i-edondo. La corona, cubierta
por todo el alrededor de esmalte, es corta y obtusa y mucho
más gruesa que la raiz.
El [-Y se parece al anterior, pero es más grande y tiene la
corona un poco puntiaguda.
El i-3" es aún algo más grande que el anterior; la corona
es chata y más larga y le falta el esmalte en la parte lingual.
El canino es de forma triangular, puntiagudo; se parece
algo al canino de un carnívoro, pero no es muy largo.
El px tiene la forma de un diente secodonte y es de una
sola raiz.
— 386 —
El p~2" también es de tipo secodonle, pero de dos raíces; se
parece mucho al correspondiente diente de Di/delphijs Axarae.
Los px y px son iguales en foi'ma y tamaño y se parecen
algo á los del género Megacrodou. La parte anterior, nii'is alta
que la posterioi-, está dividida en dos puntas. Ln la cara an-
terior, hay un pequeño tubérculo que se une por medio de una
cresta con la punta que corresponde al jírotoconid. La corona
de la parle posterior del molar es casi llana, sólo en el diente
nuevo existe, en el medio, una cresta sobresaliente. Los ver-
daderos molares, si bien conservan todavía algo del ti|)o Ijuno-
donte, presentan ya los caractéi-es del tipo lophodonte. Li largor
de la mandíbula, desde los incisivos hasta el último molar,
es de 8 cm. y la altura, en el último molar, de 2,(3 centímetros.
Staurodon Gegenbauri, g. n. y sp. n.
Para establecer este género, tengo una mandíbula inferior
bastante completa, un canino y un molar infei-iiu' encontrados
sueltos.
Esta mandíbula se parece algo á la del As/mpof.hcriii»i: tiene,
como ésta, los caninos en forma de defensa. La i)arte anterior
de la sínfisis no está conservada y no sé si ha tenido incisivos.
Los caninos son largos, de forma triangular y muy arqueados.
La corona está cubierta por lodo el alrededor de esmalte. La
parle lateral extei'na tiene una escopleatura muy particular (|ue,
estando cubierto de esmalte, no puede ser efecto de la usura.
El espesor, en la base de la corona, es de 8 mm.; la altura
de la corona esmaltada, de Ki mm.
De los premolares, se ha conservado, en esta mandíbula,
solamente el px, pero se conoce por los alvéolos que ha tenido
tres. La distancia, desde el canino hasta el primer alvéolo pre-
molar, es casi de 4 cm. Tanto los premolares como los mola-
res se parecen mucho al génei'o Notosli/lops do Amegh'iwo; pero,
en el presente, la parle anterioi- del molar es más alta que la
posterior y se divide, en el molar nuevo, en dos puntas que
son unidas por una cresta filosa. De la punta que corresponde
al proloconid, sale otra cresta hacia adelante formando una
media luna. En la parte posterior, se puede distinguir todavía
tres tubérculos unidos por una cresta que forman una especie
de palizada. Toda la corona del molar está cubierta de esmalte,
que sólo falta en el diente viejo donde las crestas están gasta-
das. Tanto por el lado labial como por el lingual, los molares
tienen un cíngulo muy marcado.
— 387 —
El largur de la mondibulu, desde el canino hasta el úllinio
molar, es de 11 cm.; la altura en el último molar, de 3,5 cm.
Staurodon supernus, sp. n.
FÁ canino y el molar encontrados sueltos demuestran que
lian pertenecido á un animal por lo menos una tercera parte
más grande que la especie anterior.
La corona esmaltada del canino mide, en esta especie,
26 mm. de alto en vez de 16, y el diámetro es de 12 mm., en
\ez de 8.
El molar (m-3-) tiene un diámetro mesio-distal de 20 mm.,
en vez de 16, y el labio-lingual es de 12 mm., en vez de 9.
Estos molares provienen de un animal muy joven.
Heteroglyphis Dewoletzky, g. n. y sp. n.
Para establecer este género, no tengo más que un .solo
molar superior. ÍCste presenta ya los caracteres del molar lopho-
donte, pero se conoce bien su origen del molar bunodonte del
género Pohjacrodon. La corona es baja; los dos pericones se
han transformado, en la cara labial, en dos crestas perpendi-
culares: una se halla en el medio de esta cara y la otra en la
parte antei'ior del paracone. El paracone y el metacone son de
tamaño igual y están unidos por una cresta en forma de V. El
protoconule es pequeño y tiene una cresta que lo une, en la
parte anterioi", con el paracone. El metaconule se une por me-
dio de una cresta con el hipocone. El protocone está represen-
tado solamente por un pequeño tubérculo del cíngulo. Este úl-
timo circunsci'ibe toda la corona del molai'. El diámetro mesio-
distal es de 11 y el labio-lingual de 13 mm.
Periphragnis Harmeri, g. n. y sp. n.
Los molares de este género se parecen á los del Homalodon-
totherium, pero tienen un parastyle muy desarrollado; éste lo es
aún más que en el género Asmodeus que describe Ameghino (').
Los molares tienen un cíngulo muy desarrollado. El espacio
que ocupan los seis últimos molares superiores es, en esta es-
pecie, de 13 cm. El anchor del paladar es, entre los p-i, de
5 cm.; V entre los mA, de 6 cm.
C^) Mammiféres crélacés de l'Argentine, » Boletín del Instituto (íeogr.M-
lico Argentino», tomo XVIII.
— 388 —
Este género está represen lado en nuestra colección por res-
tos de varias especies, pero me falla el tiempo para determi-
narlas y sólo mencionaré todavía otro género de este grupo
del cual tenemos mucho material, dejandi) ludo lo deniiis |)ara
cuando vuelva de la expedición.
Rhyphodon Lankesteri, g. n. y sp. n.
La dentadura de este gt'mero se parece en principio á la del
género anterior, pero se distingue fácilmente de ese poi- falla
de cíngulo y por la capa de esmalte muy rugosa en los mola-
res. El largor del cráneo es, en esta especie, desde la sutura
maxilar-premaxilai- hasta el foramen magnum, de 20 cm. El
espacio que ocupan los seis últimos molares superiores es de
9,5 cm. El lai-gor total de la mandíbula inferior es de 22,5 cm.
I'^l anchor. enti-e los dos últimos molares, es de4,Gcm., y entre
los primei'os premolar-es, de 4 cm. La altura de la rama hori-
zontal es, en el último molai-, de 4,7 cm. La fórmula dentaria
es la siguiente: i -j^, c —, [) -j, m -g-.
El trabajo definitivo sobre los Mamíferos mesozoicos, se
publicará, con láminas, en los «Anales del Museo de La Plata».
Museo de La Plata, Diciembre 18118.
59-9745
Sq.iQ (82)
NOTE SUR LES DIMENSIONS
STENÜDELPHIS BLAINVILLEI
Dr. K. LA. H I LLE
javec une planchk uüuiíle)
D'Orliigny avnil dessinc les formes extérieures de cet aiii-
imd (Tiiprés un individu en décomposition, de un inéh'e vingt de
longueur ('); et un ci-ane, pi'ovenanl de Montevideo, avait au-
torisé Gervais h détinir le sous-genre: Stcnodclpliis (1847); l'on-
toporia Gray, 1846 (neo Poiitoporcia Ki'oy, 1842).
En réalilé, ce n'est qu'en 1808 que Burmeister, ayant pu
obtenir a grand peine deux individus récemment captures, en
fit connaitre, en méme temps que Fostéologie complete, Taspect
general ('). II donna quelques rai'es mesures des dimensions
extérieures et aborda Fétude anatomique de ees représentants
si curieux de la íamille des Plata/iistidae.
Atin de me rendre compte de l'étendue des variations dans
les proportions du corps des Sténodelphes {Toninas), suivant
leur age et suivant leur sexe, j'ai mesuré avec soin tous les
individus que j'ai pu me procurer durant ees quatre derniéres
années. Je laisserai pour le moment de cóté Pexamen des fa?lus
qui méritent une description particuliore.
Le tablean general suivant des mesures extérieures des Sté-
nodelphes permettra d'ors et déjá d'élablir, sous la forme gra-
pliique, un grand nombre de rapports. Je laisse ce soin aux
moi'|ihologistes.
J'ai réuni dans une méme colonne les individus du mcme
sexe présentant une longueur tolale égale; dans ce cas, les an-
tros valeurs intliquées dans la colonne correspondent a la valeur
movenne des dimensions absolues observées.
O Voyagc dans l'Amériquc méridionale, Mammilores, p. 32, pl. XXIII,
figure 5.
(-) Anales del Museo Nacional, Buenos Aires, t. I, pl. XXIII, flg. 1.
Tomo IX 3 5
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3.2
— 392 —
Des trente exemplaii-es rerus, trcize élaient males et d¡x-
sept remelles. II semble done que les femelles sont un peu plus
communes que les müles; c'est un foit á vériíier. Peut-élre s'op-
procliont-elles plus pros des rivoges ¿i Tépoque de la repi-oduc-
tion. Peut-étre aussi que leur plus grande curiositc ou une
moindre circonspection cause plus facilement leur perte.
Dons tous les cas, les Slénodelphes sont exliémement rares
pendant riiiver. Emigrent-ils vers le nord? Gagnent-ils simiile-
mcal la haute mer, en restant sous les mémes latitudes".' Si seu-
lement ils se réfugiaienl dans de plus grandes profondeurs, on
continuerait á les observer lorsqu'ils viendraient respirer ú la
suríace de Teau.
Leur limite extreme, au sud, me parait ctre la péninsule de
^ aldés; quand ¿i leur limite au nord, je ne saurais Tindiquei'.
Dans tous les cas, cette espéce existe sur les cotes de la pi'o-
vince de Rio Grande do Sul. II est done bien évident (lu'elle
n'est pas aussi éti'oitement confinée, comme on le pensait, ú
l'estuairc meme du Rio de la Plata.
La Courbine {Micropogon undiiJatus et M. Fiint/cri) et la Lisso
{MiKjil brnsilcii'Sis et M. plafaniis) sont les (|uati'e espcces de pois-
sons t|ue j'ai rencontrées le plus fréquemment dans Teslomac des
Sténodelplies. .Jamáis, jusqu'a présenl, je n'y ai observé des
Raies, des Pleui'onectes, ou d'aulres [loissons de t'ond. Les Stc-
nodelplies, au moins lorsc|u'ils viennent prxís des coles, reste-
raient done comme les autres dauphins tout prés de la surface.
rist-ce seulement parce qu'ils y trouvcnt i)lus facilement leur
nourriture íavoi-ite?
Sur les trente individus (|ue j'ai étudiés, deux seulement
avaient le méme nombre de dents au maxillaii'e el au mandi-
bulaii'e; deux autres présentaienl une dent de plus en bas qu'en
haut. Le tiers des individus (dix) avaient une denl de plus en
baúl qu'en bas: huit en avaient deux de plus en liaut qu'en
bas; quatre individus en avaient trois; ti'ois individus en avaient
quatre, enfin un seul présenlait cin([ dents de plus au maxil-
laire qu'au mandibulaire. On peut done diré que les Slénodel-
pbes ont en general une ou deux dents de jilus de cbaque colé
de la macboire sujiérieure que de cbaque colé de la machoire
inf'érieure. Le nombre le plus elevé de dents á cbaque maxil-
laire est de soixante-deux (un seul individu); le nombre le plus
inférieur que j'ai noté est de cinquante- Irois dents (neuf indi-
vidus). Au mandibulaire, les dents varient de cinquante-deux
a cinquante- neuf.
Quant au poids des individus, on peut obsei'ver qu'íi égalité
de longueur, les femelles, méme en debors de l'état de gestation,
pésent un peu plus que les males; mais les différences ne sont
jamáis bien considerables.
■5- B
59.48
Sg. I I -5 I
59.18 (82)
56 (11.8)
NOTES
TEREBRATELLA PATAGÓNICA (SOW.
Dr. K. LAHILLE
CHARGE DE LA S£CTION ZOOLOGIQUE DU MUSEE DE LA PLATA
( AVEC DEU.K PLANCHES )
En 1876, G. B. Sowerby (') donna le nom de Terebratula pata-
gónica á un bracliiopode rencontré á San José et á San Julián.
«Elle est trés-voisine, dit-il, de Terebratula rariabilis (Briti-sh
Crag) et oussi de ?'. bisinuata du bassin de Paris. Elle se dis-
tingue de ees deux par l'absence de sinus au bord antérieur.»
La description de Sowerby est si vague qu'elle pourrait
s'appli(|uer á une foule. d'autres espéces. Pour s'en convaincre,
il suffit d'exaniiner les superbos planclies publiées (") par Da-
\idson. On verra méme que cliez T. bisinuata soit d'Anglelerre,
soit de France, la sinuosilé du bord peut disparailre, et, dans
ce cas, i'i ne juger que d'aprés la forme extérieure, l'espéce de
Sowerby arriverait ii se confondre avec cette derniére.
Tout ceci prouve combien on doit se méíier des ressemblan-
ces genérales et des descriptions si vagues de la plupart des
concbyliogistes et des explorateurs superficiels que ne révent
qu'espéces nouvelles pour ajouter quelques números de plus
aux catalogues de leurs coUections. II ne suffit pas de diré
qu'une espéce est polymorphe; il t'audrait encoré signaler ses
variations et leur degré de fréquence. En ce qui concerne les
moditicalions dues a l'áge, au sexe, aux localités, il faudrait les
étudier en examinant de nombreuses series d'individus.
C'est souvent, j'en conviens, fort dit'ficile; mais c'est désor-
mais le but auquel il faut tendré si on ne veut pas étre noyé
O Beschreibung fossiler lerliiierer Miischehí aiis Süd-America.
(-) A Monograi)h of Ihe Brlüslt fussil Bruchiopoda, p. 19.
Tomo JX 'i 6
— 394 —
sous le flol montant de longues el nombreuses diagnoses lati-
nes qui ne servent souvent qu'á masquer Tabsence de toul ca-
raclére précis. 11 faudi-ait ii'iiidiquoi" pour chaqué espéce que les
caractóres vraiment jiropres el différentiels qui la séparent de
toutes les autres.
Dans son mémoire sur les molluques des terrains terliaires
de Patagonie, ]i. 207, M. Von Iliering a rattaciié au genre Ma-
gellauia (Bayle) [Walclhemiia King] la Terebmtula -patagónica (Sow.).
En séparant avec précaution les vahes d'un cerlain nombre
d'exemplaircs dont le poids moindre indii|uait Tabsence de toule
substance de remplissage, j'ai pu observeí", encoré intact, le sup-
porl bracliial de ees animaux. C'est méine admirable de voir
rélat de parfaile conservation, au centre de ees serles de géodes
naturelles, de ce fragüe et minee ruban contourné, tout ti'ans-
formé en petits crislaux de carbonate de cliaux.
Au lieu de constater simplement, comme dans Magellavia,
la présence d'un ruban recourbé atleignant au moins la moilié
de la hauteur de la coquille, on voit (pl. 1, fig. 53 a 55) que
les brancbes directes du squelette brachial sont réunies a leur
base par une lamelle transvei'se, libre, arrondie, souvent minee
et contournée c[ui se soude au septum de la valve dorsale au
poinl oú elle le croise. C'est done au genre Terebmtella el non
au genre Magellania qu'appartient la Térébratule de Patagonie.
Je sais bien f|ue Beecher (Am. Nal. 1893), étudiant le déve-
lop|iemenl de Magellania, a observé chez cet animal un slade
térébratelliforme précédant immédialement le stade magellani-
forme. Si les individus representes, pl. 1, fig. 53 á 55, étaient
tres jeunes, on |)ouri-ait peul-étre les considérer comme des Ma-
gellania en voie d'évolution, mais étant parl'aitement adultes, et
Texemplaire photographié en la figure 54 le demontre, ils corres-
pondenl bien, á n'en pas douter, au genre Terebratella, genre
fossile depuis le jurassique et qui est representé encoré actuel-
lement dans les mers de Magellan, de la Terre de Feu, du
Chili, etc.
I. Etude du type spécifique moyen
Mon examen de la morphologie externe de T. patagoniea se
rapporte á 350 individus en parfait état de conservation et pi'o-
venant des porls de San José, Pyi-amides et Madryn, dans le
leri-iloire du Cliubut. Ils ont été recueillis tous dans une méme
conche géologique d"une extensión tres considerable. Dans
— 395 -
cette méme couche, on rencontre Monophora Danvini que j'ai
reli-ouvé également á Puerto San José, aux Salines de Valdés,
á Puerto Madryn, a San Julián. Cest dans des couches im-
médiatement supérieures que j"ai découvert, á San José, quelques
Ikeruigia identiques á ceux qui proviennent des environs du
lac Buenos Aires. A propos de ce dernier genre, je dois faire
remarquer en passant que le 2 juillet dernier le Dr. Von Ihe-
ring ma prié de modifier le nom que j'avais proposé.
llieriugia avant été employé ]iour désigner un araclinide, et
Pilsbry ayant nonimé une nouvelle espéce de mollusques ///crm-
gella, Ihering m'a indiqué le nom de Ilieríngina comme étanl celui
qui devrait étre adopté, du moins jusqu'á ce qu'un autre no-
menclateur ne vienne soutenir que ce nom ressemble encoré
trop ¿1 Iheringia et qu'en vertu d\nie loi ridicule d'un congrés
zoologique ¡1 vienne s'aviser de le modiñer encoré!
A. LONGUEUR
Ce tableau, qui indique le nombre d'individus qui corres-
pondent á une dimensión déterminée, nous montre:
1" La rareté des individus de taille inférieure ;'i 19 mm. Ceci
était á prévoir a priori pour plusieurs motifs. (Fragilité et dif-
ficulté plus grande de fossilisation. — \'alves plus facilement iso-
lables Tune de Fautre. — Les formes jeunes échappent plus
facilement au collectionneur. — Triage mécanique des dépóts
littoraux qui a isoié les individus légers des individus plus
pesants.)
— 396 —
2" La rareté des individus de laille comprise enlre 30 mm.
et 37 mm.
On retrouve ici, comme chez Motiophora, un minimum des
plus singuliers.
Je crois que pour rexpliquer, il faut encoré invoquer une
varia tion sexuelle.
L'ai)pareil bracliial, chaqué fois que j'ai pu l'examiner, ne
présenlait aucune différence enlre les individus appartenant au
premier ou au second máximum.
Les Térébratelles femelles sont probablement plus grandes
que les mAles. Dans ce cas, ees derniers seraient représenles
surlout par le premier máximum el le nombre des femelles,
représenlées surtout par le second, serait prépondérant.
Je crois qu'une inégalilé numéiúque de plus en plus grande
entre les deux sexes a élé un des principaux facteurs de dis-
parition des espéces fossiles a sexualité séparée.
B. Largeur
Si on prend la moyenne des largeurs des individus qui cor-
respondenl á une longueur déterminée el fjue Ton trace un
diagramme en porlanl les iongueurs sur la ligne des obscisses
et les largeurs sur la ligne des ordonnées, on oblieni un tracé
fjui tend á devenir de plus en plus rectiligne, á mesure que les
moyennes poi-lent sur un nombre plus considerable d'individus.
Celle ligne représenle les varialions proporlionnelles de la lar-
geur par rapporl á la longueur, c"est-á-dire a l'áge.
Chez Terebratella ¡nttagonica, la ligne de vai-iation de la lon-
gueur forme avec la ligne des abscisses un angle de 49"; et á
une longueur de 30 mm., correspond une largeur moyenne de
26 mm. Construisanl avec ees deux données la ligne de varia-
tion, on verra lout de suite, graphiquement (Echelle: 3 = 1), que
la largeur moyenne d'un individu de 48 millimélres de long est
égale á 42 mm. de large, que celle d'un individu de 21 mm.
est égale á 18 millimélres, etc.
C. Epaisseur total e
En éludianl, par la mélhode graphique anlérieure, la varia-
tion de l'épaisseur lolale che/. TerehraieUa patagónica, on oblient
une ligne de variation inclinée sur rhorizontale de 65°; et á une
longueur de 28 mm., correspond une epaisseur totale de 14 mil-
limélres. A une longueur de 32 mm., correspondra done une
epaisseur de 10 millimélres, etc.
— 397 —
Les ligues de variatioiis, iorsqu'on les établil bien cntcndu á
l'aide de tres nombreux cléinents, représentent TévoluLion ge-
nérale du lype spéci(K|ue moyen, de part el d'autre duquel
oscülent les formes individuelles. Klles caraclérisenl ce lypo et
sont par suite fort útiles a connaitre. On peut du reste, en ge-
neral, les exprimer également sous forme de rapporl numérique
ou de IVaction décimale permettant de calculer immédialement
la largeur et Tépaisseur (|ui correspondent typiquemenl á une
longueur donnée.
II. Etude de la variabilité
Pour bien connaitre une espéce, il ne sufHt pas d'en pré-
ciser les dimensions moyennes á tous les ages de la vie indi-
viduelle, il faut encoré en examiner les variations morphologi-
ques. C'est ce que je vais exposer maintenant en peu de mots
á propos de Tercbratclld patagoiüca. L,a planche I met d'abord en
paralléle des formes i-enílées (mode: obesiis, fig. 45 a 48) et des
formes a[)laties (mode: comprcssus, tig. 49 a 52). Le premier
mode est plus commun que le second.
Quant au contour de la fente produite par la reunión des
deux valves, on voit qu"il peut étre indifféremment droit
(fig. 56et57) ou sinueux (tig. 58 et 59). Lorsqu'on invoque ce
caraclére dans les diagnoses des Brachiopodes, on devrait ne
luí accorder bien souvent qu'une faiblo valeur.
L"apopliyse intermédiaire, qui réunit les deux branches des-
cendantes du support bracliial ainsi que le septum median,
est, elle aussi, lantót droite (fig. 53 á 55), tantót sinueuse, tanlót
un peu rubanée el le plus souvent cylindrique. En se basant
seulement sur les caracteres de cette apophyse, on pourrait éla-
blir ainsi á la rigueur qualre modes dislincls.
La planche II nous montre Texistence de deux series ho-
mogénes: mode élargi, tig. 1 á 12; et mode allongé, fig. 12 á 22.
Les figures 25 et 26 prouvenl ensuite que le foramen peut présen-
ler un diamétre relativement grand ou, au contraire, fort réduit,
et cela chez des individus de méme taille. Le crochet du delti-
dium peut étre tres saillant (mode: macrorhynchus, fig. 27 a 29),
dépassant beaucoup dans ce cas le plan d'union des deux valves.
Inversement, il peut étre pi'esque nul (mode: microrhynchiis, figu-
res 30 a 32), ne dépassant plus ou dépassant ¿i peine le plan
de la fente valvaire.
Les figures 33 á 38 représentent des cas spéciaux d"asymé-
trie. Les deux cotes de ees individus appartiennent l'un au
— 398 —
mode elongatus et Tauti'e au mode alaius et on trouve aussi
souvent des individus dilates á gauche que des individus dilates
a droite.
A i:|uelles conditions peuvent correspondre les modes alatus
et eloiigatiís-'! Seraient-ils dús exclusivement au sexe? Si c'est
exact, il y aurait peut-etre ici, comine chez certains lépidop-
téres, des cas d'hermaphi'odisme anormal affectant un seul
cóté du corps et se traduisant á rextérieur par les formes
sexuelles correspondantes. Ce n'est pas une hypothése que je
présente, mais une question que je me pose et que Tétude des
Brachiopodes vivanls pourra peut-étre élucider.
Un de ees modes: alaius ou cloiu/atus, serait-il par hasard
un retour á une foi'me ancestrale ou est-il dú simplement á
une action directe du milieu extérieur?
Les analyses minutieuses de la morphologie ne doivent servir
qu'á poser des problémes au biologiste. Si on ne considérait
que les coquilles, les formes inertes, les cadavres d'animaux,
on pourrait étre un bon collectionneur; on ne serait jamáis un
naturaliste, car Tétude de la nature est essentiellemenl Tétude
de la vie.
Les figures 41 et 42 monlrent que le contour inlerieur des
valves peut étre arrondi; les figures 43 et 44, qu'il peut étre
acuminé; les figui-es 39 et 40, qu'il peut aussi étre tronqué.
L'examen du bord libre permet done d'établir les modes rotimda-
lusj acuiniíiatits et truncatus.
La petite vahe peut étre réguliérement bombee ou présenter
une dépression céntrale et un sinus median. Dans ce dernier
cas, la fente valvaire est également sinueuse.
La croissance des valves chez les individus presque adulles
peut étre réguiiére ou irréguliére et alors la valve qui s'est
accrue le plus et (¡ui a recouvert le bord de la seconde peut
étre indiñeremment la valve ventrale ou la valve dorsale.
En resume et en ne tenant compte que de la variation nór-
male des caracteres extéricurs iudópendants les uns des autres,
on i)eut calculer que le nombre des pr¡nc¡|)ales varietés de
Tercbratella patagónica s'éléve á un mínimum de 384. Les na-
luralistes qui pourraient étre tentés de creer de nouvelles
espéces patagoniennes de Brachiopodes feront peut-étre bien de
réfléchir ¿i ce résultat.
Musco de La Plata, r'aoút 1898.
Rev. del Museo de La Plata — Tnmc IX.
F. Lahille — BRACHIOPODES P[. I.
TALLERES DHL MUSEO
Terebratella palagonica (So
^'^' ■} — '1,05 '^'^ Is srandeur naturclle
Rev. del Museo de La Plata — Toinc IX.
F. LAHILLE — BRACHIOPODES — Pl. M
l'ALLBKBS DÜL MUSbO
Terebraíe/Ia patagónica (Sow.)— ''',,,;4 de la grandcur naiun
QUELQUES OBSERVATIONS NOUVELLES
INDIENS GUAYAQUIS DU PARAGUAY
ROBERT LEHMANN-NITSCHE
DOCTEUR ÉS-SCIENCES NATURELLES
DOCTEUR EN MEDECINE
CHARGÉ DE LA SECTION ANTHROPOLOGIQUE DU MUSÉE DE LA PLATA
Nos connaissances sur les Guayaquis, cette tribu primitive de l'áge
de la pierre du Paraguay, sont encoré si limitées quil me paraít d'une
véritable utilité d'enregistrer exactement et de pubiier, au fur et a me-
sure quelles se présentent, toutes les observations d'un intérét positif,
aussi insignifiantes qu'elles paraissent. C'est pour donner suite á cette
idee que je me decide á faire aujourd'hui une communication, qui, au
fond, contient peu de chose, mais qui fournira cependant des renseigne-
ments útiles á beaucoup de spécialistes.
L 011 sait que c'est á Al. le vicomte de La llitte que revient le mé-
rite d'avoir attiré 1 attention du monde savant sur les Guayaquis et leur
culture primitive, que Ton ne connaissait jusqu'alors que par le nom,
niéme rarement cité. La premiere publication de Al. de La Hitte a paru
dans «La Nación», journal quotidien, de Buenos Aires (números des i 2
et I 3 février iSgS), et a éveillé un tel intérét en Europa méme qu'elle
fut l'objet d'un extrait tres détaillé de M. Charles von den Steinen dans
le «Globus» (vol. 67, p. 248-249).
Sous les auspices du Alusée de La Plata, MAl. le docteur H. ten Kate
et le vicomte Charles de La Hitte entreprennent un voyage au Paraguay
et consacrent le mois de décembre 1896 et janvier 1897a des recherches
sur cette mystérieuse tribu. Le voyage est suivi de différentes Commu-
nications préliminaires du docteur ten Kate (voir par exemple «Zeitschrift
der geographischen Gesellschaft in Amsterdam», du 3 i mai 1897, citée
ft parle «Globus», volume72, numero i, 3 juillet 1897, p. 90. — Com-
munication dans «Tijdschrift van het Ron . Nederlandsch Aardrijkskundig
Genootschap», Leiden, 1897; etc.), et d'un rapport détaillé qui parut
I
— 400 —
vers le milieu de 1897 O. C'est ce rapport qui constitue la base de nos
connaissances sur les Guayaquis. Des analyses de ce rapport om été
publiées dans différentcs revues scientiliques. Je ne veux relever ici que
le travail du docteur P. Ehrenreich, publié dans le «Globiis» (vol. yS,
pages 73-78, numero 5, du 29 janvier 1898). Le célebre explorateur du
Brésil, qui est á la fois un anthropologiste éminent et l'un des connais-
seurs les plus autorisés de 1 Amérique du Sud, ne se contente pas de
donner une simple analjse du rapport de MAl. ten Rate et de La Hitte;
il le complete au point de vue bibliographique, émet son opinión per-
sonnelle sur différents points et formule une hypothese sur la position
ethnographique de nos Guayaquis, J'aimerais. pour ma part, y ajouter
quelques petites additions et corrections.
Les deux cránes des Guayaquis étudiés par mon savant coliégue. le
docteur ten Rate, ont été mesures d'aprés la méthode de Broca. Les me-
sures craniologiques, d'apres les indications de la convention de Franc-
fort f Frankfurter Verslándigung) deviennent si genérales qu"il est de
toute importance de mettre en relation les résultats obtenus par ees deu.x
méthodes. La comparaison de ees résultats parait impossible au premier
moment. Les difficultés sont cependant plutót apparentes que réelles.
Dans la supposition qu'il soit attribué á une méthode essentiellement mé-
trique l'importance que lui donne encoré aujourdliLii la plupart des an-
thropologistes — un point de vue duquel je suis revenu presque comple-
tement (') — 1 on arrive a comparer les mesures obtenues par ees deux
méthodes, ajoutant aux mesures données, suivant l'école franijaise. la
hauteur sus-auriculaire, les hauteurs du visage et peut-étre l'angle du
profil, qui sont á prendre d'aprés les indications de l'école allemande.
On a alors tous les éléments pour pouvoir comparer les Índices.
On sait que la hauteur sus-auriculaire (projection entre le bord su-
périeur du méat auriculaire externe et le point le plus elevé du cráne)
est aussi prise sur le vivant par les anthropologistes franc^ais '); elle
pourrait, vu son importance, entrer sans inconvénicnts dans les tableaux
des mesures craniométriques de l'école franijaise. Quant aux hauteurs du
visage, il en est autrement. Elles sont prises, par l'école frangaise, de
l'ophryon qui souvent ne peut étre determiné avec precisión, quoiqu'il
donne, je lavoue. une limite naturelle du visage, tandis que l'école
allemande rapporte ees mémes mesures au nasion. La ditférence entre
(') CiiARUEs DE La IlirrE et Dr, 11. ten Kate : Notes ethnographiques sur les Iiuiieiis
Guayaquis Ql Descriptiiin de leurs camcléres physiques. <^.\nalcs Jcl Museo de La Plata», An-
thropologie II. La Plata, 1897.
() RouERT Leh.mann- NiTscuE : Antropología y craneologia. Contorcncia dada en la
sección anlropológica del primer Congreso Científico Latino-Americano (Buenos Aires, 10-20
de Abril de 1898). «Revista del Musco de La Plata», tomo IX, pág. 121 y siguientes.
{ ) Voir, por exemple, la dernicre publication de M. le protesscur Manouvbier: Aperen
de eéphalométrie anthropologique . « L'Intermcdiaire des Hiologistcs» , París, 1'" annéc, i 807 98,
números 21 et 22 du 5 et 20 Scptembre 1898.
— 401 —
l'un ct l'autre point n'entre pas dans les tableaux craniométriqíies, la
lonjíueur naso-alvéolaire n'étant pas toujours indiquée dans la litlérature
frani^aise, de sorte qu'il devient impossible de relationner par le calcul
les resultáis obtenus par Tune olí raiitre méthode. On ne peut remédier
a cet inconvénient qu'en faisant entrer dans les tableaux craniométriques
de l'école franijaise les hauteurs du \isage obtenues suivant la méthode
allemande. A cela on pourrait ajouter, a mon avis, l'angle du prolil
mesuré au moyen de l'appareil du professeur Ranke. — C'est ainsi que
l"on arriverait á pouvoir comparer directement entre eux toutes les me-
sures et les Índices obtenus par l'une ou Tautre méthode. La «hauteur»
du cráne mesurée d'aprcs les indications de la convention de F"rancfort
( basion au plus haut point du cráne en projection, le cráne étant orienté
dans le plan horizontal de Francfort) difiere si peu de la «hauteur»
( basilo-bregmatique) des anthropologistes francjais, laquelle est indiquée
dans le tableau craniométrique allemand sous le nom de «hauteur auxi-
liaire», que 1 on peut les confondre sans s'exposer á des erreurs notables.
L'indice céphalique se determine par les anthropologistes francjais
en faisant entrer dans les calculs la plus grande longueur absolue prise
sur le cráne ou sur le vivant. D'aprés les indications de la convention
de Francfort, les anthropologistes allemands prennent sur le cráne la
plus grande longueur en projection horizontale et la plus grande lon-
gueur absolue; sur le vivant, ils ne prennent que la premiére de ees
mesures, lis établissent, en conséquence, 1 Índice céphalique du cráne en
introduisant dans les calculs soit l'une soit l'autre de ees mesures, ou
bien toutes les deux indépendamment O. Dans les travaux récents, l'in-
dice céphalique est calculé sur la base de la plus grande longueur absolue.
Pour se rendre compte de la ditl'érence dans les résultats, suivant
que 1 on introduit pour le calcul de l'indice céphalique du vivant la plus
grande longueur absolue, ou la plus grande longueur en projection ho-
rizontale, M. Ammon a procede á des mesures sur prés de trois mil cons-
crits(^). 11 resulte de ses recherches que la différence moyenne n'excéde
pas 1,5: c'est á diré qu'elle est insignifiante sur le vivant. En est-il de
méme sur le cráne? Les différences seraient probablement un peu plus
grandes, surtout dans certains cas spéciaux, comme la serie de cránes
d'Australiens publiée récemment par Al. Rrauseí), par exemple. Ce-
(*) Kollmann: Ueber die Be^iehungen der Vererbung ^ur Bildung der ^íenschenrassen,
«Corrcspondenzblatt der Dcutschcn .\nthropoIogischen Gescllschafi» , numero ii, novembre
i8o8, p. ii6 a 121, spccialcment p. 121.
{"") ÜTTO .-Vmmon: Ueber die Wechselbe^iehung des Kopf índex iiach deutscher und fran-
i^üsischer Messung. «Centralblatt für Anlhropologic, Etlinologic und l'rgeschichlc», public par
liuschan, iT année, livraison i, 1897, p. i á 6. — Dijfcren^a ira Vindice cefálico calcolato se-
cando Broca e quelto secondo Ihering. <í Archivío per i 'Antropología e la Ktnologia», XX\'I, i 8<)0,
p. 295 a 3oo.
(■') WiLiiEi.M Krause: Australische Schddel. «Verhandlungcn der Ecrlincr Gcsclischalt tur
Anthropologie, Elhnologie und Urgeschichte» , 1897, p. 5o8á 558,
— 402 —
pend¿>nt Ion peut diré que ees différences ne sont jamáis que de peu
d'importance.
Ces considérations que j établis, comme je le dis plus haut dans
la supposition qu 11 soit attribué á la méthode métrique riinportance
que lui donne encoré aujourd'hui la plupart des anthropologistes, m'ont
amené á examiner les deux cránes des Guayaquis étudiés par Al. ten
Kate. Leur appliquant les indications de la convention de Francfort,
j'ai obtenu, pour le premier de ces cránes (sexe indéterminé), les mesures
qui suivent: hauteur naso-alvéolaire íObergesichtshohe). 74 mm.: hau-
teur sus-auriculaire (Ohrhóhe). 118 mm.: antjle du prolll. au moyen
de l'appareil de Ranke, 80 degrés. Le cráne de la pauvre vieille femme
assassinée m'a fourni ces mesures: hauteur sus-auriculaire, i23 mm.;
hauteur du visage (naso-mentonniére), 92 mm. plus cu moins; la hau-
teur naso-alvéolaire et langle du profil sont indeterminables.
Les anthropogistes, qui défendent les principes de la craniométrie,
peuvent ainsi calculer les Índices et faire sui\re les déductions corres-
pondantes. Pour eux, suivant la nomenclature de la convention de
Francfort, le premier de ces cránes est brachycéphale (Índice 81,1;
modifié d'aprés Ammon, 81,6); hypsicéphale (Índice vertical 78,9,
calculé d'aprés la «hauteur auxiliaire»): mésorrhinien (Índice 48,9);
hypsikonche (Índice 102,6); leptostaphylin (índice 60,0 ) ; l'índice du
foramen occipital est 76,5; Tindice facial supérieur ( Voc/;¿'/-e/7e«-0¿'e/'-
gesichtshóhenindex) , d'aprés Broca, 67,9, suivant les indications de
Francfort, 5G.i. On voit que la face supérieure est leptoprosope ou
plutót, d'aprés M. Weíssenberg ('), entre la chamoeoprosopie et leptopro-
sopie. L'indice passe 5 5, o. Le cráne est, en outre, prognathe.
Le cráne de la vieille femme est brachycéphale (Índice 81, 5; mo-
difié d'aprés Ammon, 82,0); hypsicéphale (índice vertical 77,5, cal-
culé d aprés la «hauteur auxiliaire»); platvrrhiníen (índice 5 3,3j;
hypsikonche (índice 94,4); leptostaphylin (índice 61,2). L'índice du
trou occipital est 81,9; 1 índice facial total, d'aprés Broca, 95,2 (doli-
chofacial); d'aprés la convention de Francfort plus ou moins 73.0 (cha-
mceo-prosope ; d'aprés Weíssenberg ultra-chamoeo-prosope).
Pour compléter ces données ostéométriques, j'ajouteraí que les indi-
cations qui figurent dans le travail du docteur ten Rate, relatíves aux dia-
métres antéro- postérieur et transversal, au-dessous du petít trochanter
du fémur, ont évidemment soulfert une erreur d'ímpressíon. J'ai obtenu
les chilfres suivants:
Diamétrc antéro-poslérieur au-dessous du petit trochanter
» transversal » » »
( ) Du. S. Weíssenberg: Veber die verschicdencn Geskhtsmaasse und Geskhtsindkes, ihre
Eintheilting und Brauchbarkeit. «Zeitschrift für Ethnologie», 1897, p. 41 á 58.
— 403 —
II en resulte, poiir le fémur droit dii squelette de la vieille femme,
l'indice mériquc 66,7 et pour le gauche G5,5 O.
Pour en revenir á nos Guayaquis mémes, sans toutefois pouvoir
signaler des observations plus precises, des rumeurs se sont cependant
fait cours au Paraguay, et sont arrivées aussi á la presse de ce pays,
antérieurement á la publication de l'article de M. de La Hitte dans «La
Nación» du i 2 et 1 3 février 1895. Par lá, il ne faudrait pas croire que
la publication de M. de La Hitte perd de son mérite; les notices de la
presse du Paraguay, dont je veux parler. ne reposent que sur des obser-
vations directes de peu d importance et bien que le journal qui les a
publiées paraisse en langue allemande, il ne sort pas des limites du con-
tinent. Ces notices viennent confirmer les indications de M. de La Hitte
sur diíTérents points et les complétent sur dautres. A ce propos, elles
revétent certainement de l'intérét. Leur valeur augmente encoré si Ton
tient compte du fait que leurs auteurs nont pas eu de relations avec
M. de La Hitte et que les articles en question ont une origine absolu-
ment indépendante.
Ces notices constituent deux articles de la « Paraguay-Rundschau »,
revue qui parait á l'Assomption (capitale du Paraguay). Le premier de
ces arricies porte le titre «Les Guayaquis» («Die Guayaquis») et est signé
B. Sch. qui veut diré Baldomcro Schulz. II a paru dans le numero 12,
du 20 décembre 1S94. L'auteur indique comme zone de distribution
des Guayaquis les immenses foréts qui s étendent á Test des districts
de Villa Encarnación, Villa Rica, Ajos, Carayaó, Union et San Joa-
quin jusqu'au Haut-Parana. II dit ensuite qu'il est absolument impos-
sible d'afíirmer si cette peuplade comprend une seule ou plusieurs tri-
bus. On ne connaít pas non plus le nombre de ces sauvages; et l'auteur
insiste tout particuliérement sur leur caractére farouche; ils fuient méme
les Cainguas au.x simples Índices de leur approche. La précipitation,
dans ces cas. est telle que Ion rencontre fréquemment, dans les campe-
ments de ces sauvages, des instruments et ustensiles ainsi que des armes
abandonnés par eux. II est, par contre, excessivement rare d'arriver á
les surprendre á la vue. « Moi méme», dit M. Schulz, «j'ai eu le bon-
heur de voir une seule fois un de ces individus fugitifs. Dans une ope-
ration d'arpentage, pratiquant une trouée dans le bois, au pied des mon-
tagnes de Villa Rica, mon equipe se reposait á Iheure de midi, et moi.
je m'avance pour reconnaitre un curieux affleurement de roches, quand,
soudain. j'aperi^ois á une distance d'environ soixante métres une figure
sombre descendre d'un arbre: en un instant, elle disparut dans la pro-
( ) J'ai dcjá indique cetlc corrcction dans une analyse du travail du docteur ten Katc, «Archiv
für Anthropologie, XXV, 4, i8g8, p. 486 á 488. — «Centralblatt tur Anthropologie», etc.,
public par Buschan, IlT anace, livraison 3, 1898, p. 240 3242.
— 404 —
fondeur de la forét. Je n'avais eu le temps que de reconnaítre un Indien
nu. La rapidité, avec laquelle il s'était derobé á mes regards, me laissait
p resq u e co n fo n d u . »
«Pour donner une idee de Textraordinaire agilité de ees sauvages»,
continué M. Schulz, «je veux faire mention ici du témoignage d'un
homme ágé déjá, de Carayao, duquel je n'ai pas de motif de mettre la
véracité en doute. Jeune homme encoré, me dit-il, jetáis en service
dans une ferme de la contrée. Un jour, avec plusieurs camarades, nous
étions occupés de rassembler les troupeaux, quand nous apercevions, á
un moment donné et á quelque distance, un groupe de Guayaquis se
précipiter d'un bosquet isolé dans ees parages en direction á une forét.
Comme le fermier, pour des motifs sur lesquels je reviendrai, avait
cette tribu en horreur. nous n'avions certes rien de plus pressé que de
nous lancer á leur poursuite. Les sauvages arrivérent á la forét bien
avant que nous les atteignions. Un seul d'entre eux n'avait pu suivre;
mais, malgré la distance encoré assez grande qu'il devait parcourir á
pied pour gagner la forét, ni nous, qui étions bien montes, ni les chiens
qui nous accompagnaient, n'aurions réussi á atteindre ce sauvage, qui,
certainement aussi, aurait échappé si 1 un de mes camarades n'eut eu
la présence d'esprit d'employer les boleadoras , au moyen desquelles le
Guayaqui fut renversé sur le sol et put ainsi étre fait prisonnier. Ce
sauvage, d'aprés ce témoin, était de taille moyenne, d'un naturel ro-
baste et complétement nu. Cette personne n'a pas pu me donner d'autres
détails; et, sur la destination de cet individu, il ajoutait que le proprie-
taire de la ferme l'avait emmené á l'Assomption, et qu il n'en avait
jamáis eu de nouvelles plus tard.»
Le degré de culture des Guayaquis est des plus primitifs; ils se
nourrissent des produits de la chasse et du miel sylvestre.
Les pointes de fleche, d'aprés l'article cité, sont faites du bois ex-
cessivement dur du Yhira-pepi.
Les haches de pierre, parait-il. sont encoré emmanchées d'une
autre fai^on, que celle que décrit M.de La Hitte, car M. Schulz nous
dit: «Pour obtenir le miel, ils emploient des haches d une roche noirátre,
bien polies, et dont le manche est renforcé au moyen de cordages faits
de libres de Caraguatá, imbibés de cire. Ces haches ne présentent na-
turellement pas un tranchant vif, et leur eftet est plutót celui d'un
marteau, au moyen duquel les arbres sont manteles aux endroits conve-
nables, jusqu'i'i ce que le bois se souléve sous forme de fibres que Ton
separe alors avec facilité. J ai souvent eu roccasionv>, ajoute Al. Schulz,
«d'examiner des arbres qui présentaient des ouvertures de ce genre.»
Les dommages que les Guayaquis occasionnent parmi les troupeaux
et principalement parmi les chevaux expliquent l'acharnement des colons
á poursuivre ces sauvages. «Dans l'une cu l'autre región des districts de
Ajos, Carayao et Union», dit le méme article, «ils deviennent de temps
— 405 —
á autre un véritable fléau. II ne se passe pas de mois qui ne soit signalé
par le sacriflce de 1 une ou l'autre tete de bétail. Lors de mon séjour á
Ajos, l'année derniére, ils tuérent coup sur coup, au moyen de leurs
fleches, cinq chevaux, parmi lesquels se trouvait un magnifique cheval
á poil blanc, du chef de pólice de cette región. II y a quelques semaines,
on a signalé de nouveau aussi l'exécution de cinq tetes d'animaux de
l'espéce bovine, de la ferme du Rosarito (Département de rUnion), des-
quels deux tetes seulement ont pu etre sauvées. Des bouvillons tués. ils
n enlex'érent que le train postérieur: cette partie leur présente proba-
blement. á l'aide de leurs Instruments tranchants si peu perfectionnés,
moins de difficulté á ctre séparée.»
Cette poursuite aux sauvages, gráce á l'épaisseur des foréts, reste
généralement sans résultats, ce qui est d'autant plus réjouissant pour
les ethnographes. —
L autre article a paru dans le numero 23, du 7 mai 189 5, du
méme journal («Paraguay-Rundschau»). II est intitulé: «Une contribu-
tion pour la caractéristique des Guayaquis» («Ein Beitrag ^iir Charak-
teristik der Guayaquis») et est signé s qui veut diré H.Mangels.
II ne contient rien d utilisable.
Dans une communication particuliére que j'ai rei;ue de M.Mangels
méme, i! retire son aflírmation relative á la taille de ees sauvages, qu'il
avait consideres comme des nains. A part cela, l'article ne contient que
la description détaillée d une aventure de voyage : Tarticuliste et ses
compagnons ont avancé á travers les fourrés d'une forét; et, quand ils
songérent au retour, revenant sur leur pas, la forét était incendiée; le
méfait est tout naturellement attribué aux Guayaquis, bien quaucun
des participants n'aient réussi á en apercevoir. M. Mangels lui-méme
~n'a, en outre, jamáis vu de Guyaquis.
C'est á l'extréme bienveillance de M. le docteur Endlich, de Leipzig,
qui, aprés un long séjour au Paraguay, et lors de sa visite au Musée de
La Plata, sur son retour en Europe, que je dois de pouvoir présenter
ici quelques observations propres, ainsi que les belles photographies
d'une enfant guayaquie. Le docteur Endlich me conta á ce sujet ce qui
suit: Sur la route de Carayao á Union, se trouve la ferme San Miguel.
Un jour de février ou de mars 1898, l'administrateur de la ferme voit
une colonne de fumée s'élever dans la forét. II se dirige sur les líeux
et découvre une femme avec deux enfants. Sans provocation aucune, et
suivant 1 habitude au Paraguay des gens qui se disent civilisés de tuer
les Guayaquis oú on les rencontre, il blesse la femme qui se met cepen-
dant en fuite et échappe. L'un des deux enfants, garqon ágé d'environ
huit ans, tombe mort.
M. Endlich est parvenú á en obtenir le cráne et des restes du sque-
lette qu il destine au Musée Ethnographique de Leipzig, de méme
— 406 —
qu'une quantitd d'autres objets des Guayaquis collectionnés au Pa-
raguay.
L'autre des deux enfants, une fillette de quatre á cinq ans, est
emmenée á San Bernardino oú on léléve. On l'appelle, en cet endroit,
OLÍ elle experimenta les premiers bienfaits de la civilisation chrétienne,
du nom de «Miguela».
M. le docteur Endlich en prit, approximativement deux mois plus
tard, trois photographies que je reproduis dans la planche ci-contre.
Sur les deux premieres photographies, l'enfant nue est vue de face et de
cóté. Elle a autour du cou un coUier fait de dents perforées, identique á
ceux qui sont representes par M. de La Hitte (1. c, pl. IIl, 5, 8, lo).
M. le docteur Endlich m assure que ees coUiers sont faits de dents de
singes, et que c'était 1 unique ornement que Miguela portait au moment
de sa capture. Sur la troisiéme photograpliie. l'enfant est représentée sans
le collier.
Miguela est corpulente: le bas-ventre est proéminent et les genoux
quelque peu tournés en dedans. La physionomie laisse une impression
de bonne humeur et de confiance, mélée d'une certaine inquiétude de ce
qui va lui passer pendant la photographie. Le corps présente, en outre,
les proportions enfantines. La tete est grosse, arrondie, élevée, le front
vertical, bien développé et sans déformations : les cheveux apparemment
abondants; le visage rond et plein, bien visible dans la figure 3 de la
planche.
Le berceau-corbeille fut aussi recueilli dans cette triste sccne, et
Miguela y prit place immédiatement, comme elle en avait l'habitude.
La photographie nous indique, par conséquent, le mode en usage chez
les Guayaquis pour le transpon des enfants (avec cette différence que le
porteur dans ce cas n'est pas un naturel). Une pareille corbeille se trouve
aussi représentée par M. de La Hitte (1. c, pl. IV, 6).
Le visage, comme je viens de le diré, se préte bien á l'étude. II est
rond et plein ; le front haut: les ares sourciliers assez forts: les yeux
brides, plus ou moins en forme de boutonniére et apparemment hori-
zontaux. Plis mongoloide tres fort. Distance entre le sommet de 1 angle
interne des orbites assez grande. Racine du nez surbaissée, faisant saillie
seulement vers la partie médiane de la región qui separe les orbites. Le
nez méme forme une proéminence peu élevée á la surface du visage, et
s'élargit á la base. Lévres fortes; oreille «nórmale», bien développée;
lobules ne faisant pas défaut, mais ils sont sessiles; hélix bien rabattu
dans tout son pourtour; le noeud de Darwin fait apparemment défaut.
Le prognathisme ne se reconnaít pas facilement. —
II est juste de faire remarquer que les caracteres typiques, enumeres
ici, ont été releves aussi par le docteur ten Kate. Voici ce qu'il dit de
la physionomie du Guayaqui, photographie par le vicomte de La Hitte,
en 1894 (l.c, p. 34): «Tarcade sourciliére fortement développée, la
— 407 —
dépression de la racine du nez epaté, le progtiathisme maxillo-buccal
assez prononcé....; le nez parait étre légérement concave et le mentón,-
toLit en étant un peu fuyant, fortement développé.»
Chez Mauricio Posdeley, il releve entre autre ce qui suit: « l'aspect
general décidément mongolo'íde.... ; les yeux brides; le nez en profil lé-
gérement convexe; la lévre supérieure un peu renversée en dehors, allant
de pair avec un certain degré de prognathisme. Les lobules de 1 oreille
sessiles. »
Chez Antonio Arzamendi entre autre «les lévres plutót grosses que
fines. Nez concave en profil. Yeux brides....; lobule de Toreille sessile.»
Chez Damiana: «le nez est un peu retroussé; le lobule de l'oreille
sessile des deux cotes. La lévre supérieure renversée en arriére.»
Tous ees caracteres se trouvent plus on moins également accentués
chez Miguela, et sont, du reste, aussi en harmonie avec la description
que nous présente des Guayaquis un observateur aussi experimenté que
le docteur ten Kate. La grande «uniformité» des types attira particuliére-
ment son attention. Je ne puis toutefois pas partager sa maniere de pen-
ser relativement au type mongolo'íde. A mon a\is, comme je l'ai exprimé
du reste déjáC), ce genre d'«isomorphie» ne nous fournit encoré aucun
point d'appui en faveur de 1 hypothése d'une affinité de sang entre les
tribus chez lesquelles on l'observe.
M. le docteur Endlich a obtenu, en outre, aussi quelques renseigne-
ments relatifs au langage de la petite Miguela. Le sucre n"était pas de
son goút aux premiers moments ; elle le refusait par le mot «oté». En
examinant un cuir de serpent, elle pronon<;ait le mot «membó». Elle
désignait un cuir de grenouille ou de crapaud bourré de sable par le mot
«avalevoté» ; une hache (la hache de pierrej, « iiyiipaíy » ; la courge,
«guacú»: et l'ceuf, «piya». II est évident que le mot «ai'alei'oíc» con-
tient aussi le mot «ole» prononcé dans les mémes moments oú elle re-
fusait de prendre le sucre. 11 n est pas douteux que «oté» est un terme
exprimant la répugnance.
Aussi peu certains que puissent paraítre ees mots encoré inconnus,
j'ai cependant été agréablement surpris de rencontrer, parmi la liste don-
née par M. Charles de La Hitte, le mot «membó» pour serpent, bien
qu"il ne soit pas presenté comme verifié par le cacique des Cainguas.
Ce mot que Ton connaít maintenant de sources absolument indépen-
dantes peut, á mon avis. étre consideré comme un mot guayaqui authen-
tique. Cela nous permet aussi d'accorder aux mots marqués d'un astéris-
que('), dans la liste de AL de La Hitte, un plus haut degré d'authenticilé;
mais, d'un autre cóté, les Communications fantaisistes d'un savant ge-
neral (") sont toutefois bien loin d"étre justifiées.
(^) Antropología y Craneolog'ia, I. c, p. i35, etc.
("') F. Laiiille; Guayaquis y Anamiías. «Rev. del Museo de La Plata», tomo ^"1II, p. 453
y siguientes.
— 4(t8 -
Le docteur P. Ehrenreich (I. c.) entre dans une discussion sur le mot
kii (le mot prononcé par l'Indien yuayaqui. suivant ¡VI. Charles de La
Hitte, lorsqu'il ki¡ presenta sa photographie pour lexaminer), et en fait
découler rh3'pothcse que les Guayaquis représentent une tribu des Ges,
qu il cherche aussi á démontrer. M. le professeur Brinton, dans une
publication récente O, s'abstient de se prononcer sur cette hypothése.
Malheureusement je n ai pu rencontrer, dans aucun des vocabulaires
publiés par von Martius. von den Steinen et Ehrenreich des dilTérentes
tribus des Ges, un mot ressemblant á membó, mot guayaqui authentique;
je n V ai pas trouvé non plus le mot oté.
L on se trouve, par conséquent aussi au point de vue du langage,
en présence d'une énigme. II est possible que Ton arrive prochainement
á une solution, au retour de M. Boggiani, qui se trouve actuellement,
dit-on, au Paraguay, occupé á des recherches.
L'occasion de pratiquer des observations sur des enfants guayaquis,
á en juger par les notices qui sont arrivées á la publicité, se présente
assez facilement.
Un enfant, qui n'a pas encoré été examiné, se trouve, d'aprés la
communication que m'a faite le docteur Endlich, á dix minutes du village
de Carayao, oú il est elevé dans la maison d'un Paraguayen. Cet enfant
est ágé de huit ans environ, et parle naturellement le guaraní. II fut
capturé avec un Guayaqui adulte qui rec^ut un projectile aux fesses. L a-
dulte ne pouvait se faire comprendre des Guaranis que par des gestes.
II finit, du reste, par prendre la clef des champs.
Les objets ethnologiques s obtiennent aussi, au Paraguay, avec assez
de facilité. On les rencontre déjá dans I'une ou lautre collection en Eu-
rope. Le docteur Endlich fit don de sa collection au Musée Ethnologique
de Leipzig, comme je le dis plus haut. La collection d'une école de
Trier (Allemagne) s est enrichie aussi, comme on me l'assure, d une
donation de M. Charles Reverchon, de Villa Encarnación, consistan! en
une belle suite d'objets guayaquis. La collection la plus importante se
trouve cependant toujours encoré au Musée de La Plata.
Des figures typiques de races, dans la littérature anthropologique,
sont si rares, et elles ont une si grande importance, que les matériaux que
je communique, bien qu'ils ne se signalent pas précisément par leur ri-
chesse, justifient cependant cette publication. Je me fais un devoir d a-
dresser, en terminant, mes plus sinceres remercímenls á M. le docteur
Endlich pour son aimable bienveillance.
Muscc de La Plata, 3i janvicr iSgg.
(') Brinton: Thclinguistic Cartography oftlie Chaco Región^ rcpnntQd,'No\'embQr ij, 189S
froni aProccedings of the Amor. Philos. Socicly», vol. XXXVU, p. 10.
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MAMÍFERO MISTERIOSO
DE LA PATAGONL\
« GR YPOTHERIUM DOMESTICUM»
POR
RODOLFO HAUTHAL, SANTIAGO ROTH
Y
ROBERT LEHMANN-NITSCHE
CON CINCO L A AI I N A S
Tomo IX 37
Reseüa fle los lifcjos eii las caveraas de Ultiuia Esprauza
(PATAGONIA austral)
POR
RODOLKO HAUTHAIv
ESCARGADO DE LA SECCUÍN GEOLÓGICA DEL MUSEO DE LA PLATA
Hace más ó menos un año que algunos diarios y periódicos
científicos O publicaron noticias referentes á la existencia de un
gran cuadrúpedo misterioso, desconocido hasta ahora, que aún
debe vivir en la Patagonia.
Todas estas conjeturas se fundan en los hechos siguientes:
En el mes de Enero de 1895, ios señores capitán Ebei-hard,
estanciero de Shemenaiken, cerca de Gallegos; Greenshild,
también estanciero, de Camarones (Chubut); von Heinz, que
ejerce el mismo oficio en el Río Turbio superior; comandante
José A. Martín; ingeniero Luis A. Alvarez y algunos otros
caballeros, haciendo una excursión por los alrededores de
Puerto Consuelo, en el seno de Ultima Esperanza, encontraron
una caverna grande á unos seis kilómetros al nordeste del
mencionado puerto.
En una pequeña loma, situada en la parte anterior de esa
caverna, hallaron un pedazo de cuero que llamó mucho la aten-
ción de dichos señores. Su largo era de lm.50 por 70 á 80 cm.
de ancho. Le faltaba la cabeza y las extremidades; al parecer
cortadas artificialmente. Su espesor era de 10 á 15 mm.; estaba
cubierto de pelos rubios, gruesos, de 3 á 5 cm. de largo, y
en su interior tenía incrustados muchos huesitos del tamaño
y de la forma más ó menos de un ¡¡oroto.
(')Ameghino: Premiére tiotice sur le Neomylodon Listai, un représenlant
rivanl des anciens Edeníés Gravir/racles fossiles de l'Argenline. La Plata,
1898. Véase «Natural Science», 1898, n» 80, p. 288; no 81, p. 324. — «Natura»,
1898, vol. 58, p. 5i7. — «Naturwissensch. Rundschau», XIII, 1898, n» 52, etc.
— 412 —
El doctor OUo Nordenskjrtid, que vinjó por aquella región
en el año 1896, visitó también esa caverna y halló otro pedazo
de cuero, una uña y algunas pelotas formadas por pelos; todo
lo que llevó á Eslocolmo.
En la publicación intitulada «Svenska Expeditionen till Ma-
gellanslünderna)), 1895-1897, t. II, núm. 7, pág. 149-169, el doctor
Einar Lünnberg hace una descripción de esos pedazos fotogra-
fiados en las láminas XII, XIII y XIV de la misma obra.
Menciono aquí el hecho sorprendente de la reproducción, que
hace el señor Basaldúa de las figuras de la misma lámina XII,
en el número 32 de «Caras y Caretas», sin citar para nada la
obra de donde las reprodujo: y, refiriéndose al pedazo de cuero,
dice que ha sido enviado á Londres por el señor Florentino
Ameghino. Lo que llama más la atención, es cómo ha podido
proporcionarse la obra de Lünnberg.
En el mes de Noviembre de 1897, el doctor F. P. Moreno,
director del Museo de La Plata; el doctor Racowitza, zoólogo de
la expedición de la «Bélgica»; el ingeniero señor Luis A. Alva-
rez y el que esto escribe, visitamos esa región y pudimos ver
todavía, en la estancia del señor Eberhard, un pedazo de ese fa-
moso cuero que el doctor Moreno trajo á La Plata, llevándolo
después á Londres, y sobre el cual dio una conferencia en
colaboración del señor A. Smilh-Woodward, en la Sociedad
Zoológica C).
En el mes de Abril de 1899, regresando de una exploración
á la Cordillera, al poniente del Lago Argentino, con el objeto
de hacer estudios puramente geológicos, me enconti'é en Puerto
Consuelo con los señores doctores E. Nordenskjóld y Borge, de
Estocolmo.
El primero de estos señores había efectuado excavaciones
en la cueva mencionada, con buen resultado. Me mostró mu-
chas mandíbulas, dientes, uñas, huesos, etc., etc., encontrados
en una capa de estiércol que cubre parte del suelo de la caverna.
Encontró también algunos pedacitos de conchas, una lezna y al-
gunos residuos de j)iedra pez que usaban los indios para fabri-
car sus flechas; hecho de gi'an importancia, porque prueba que
el hombre vivió allí en la misma época en que existían los ani-
males, cuyos restos se encuentran en aquella capa de estiércol.
El conocimiento de estos hallazgos me determinó á no vol-
ver directamente á Gallegos (como eran mis instrucciones) para
dedicar algunos días á excavaciones en la caverna.
O Proceedimjs of Ihe Zoological Sociely of London, 1899, Part I, p. 144-156.
— 413 —
FÁ lunes 24 de Abril por la tarde, comencé el trabajo con
cuatro peones y lo terminé el sábado 29 de Abril, abandonando
en seguida la caverna.
Debo advertir aquí que mis trabajos se limitaron á ligeras
excavaciones por carecer de tiempo, de útiles y del número su-
ficiente de peones para hacer una exploración sistemática de
toda la caverna.
Como ya dije más arriba, la caverna está situada á unos seis
kilómetros de Puei'to Consuelo, en la falda sud de un cerro
de 600 metros de altura. La elevación de la cueva sobre el ni-
vel del mar es de 200 metros, según mis cálculos.
La parle inferior del cerro se compone de arenisca amarilla,
gruesa; encima de ésta sigue un conglomerado (parecido á la
molasa) que llega hasta la cumbre.
El material de ese conglomerado está constituido, en su ma-
yor parte, por rodados de cuarcita y algunos aislados de granito.
El sedimiento es muy silíceo, siendo, por consiguiente, muy
duro el conglomerado.
En este último, hay algunas capas muy delgadas de arenisca
amarilla bastante fina, con impresiones de plantas muy mal
conservadas.
Creo que este conglomerado ha tenido origen en la época
terciaria superior; lo he observado también más al norte entre
el Cerro Toro y el Cerro Payne, y lo considero como una for-
mación local que no se debe confundir, de ninguna manera,
con los rodados tehuelches que se encuentran á unos veinti-
cinco kilómetros más hacia el naciente.
La posición de la arenisca y del conglomerado no es ya la
horizontal como en su origen; estos están plegados en forma
de una bóveda grande con eje de norte á sud. El declive es
muy desigual: al oeste, muy pronunciado; mientras que hacia
el este, la inclinación es muy suave.
La altura de la caverna, á la entrada misma, es de unos
treinta metros; un poco más al interior, el techo se eleva a
diez metros, para luego bajar progresivamente hacia atrás.
El largo de la caverna es de 170 metros aproximadamente
por 80 de ancho; la dirección es nordeste. Del techo penden
grandes y gruesas estalactitas.
La vista de la lámina I, figura 1, tomada hacia el poniente
desde el interior de la caverna grande reproduce el Canal Ul-
tima Esperanza, á cuya orilla occidental se levanta un cordón
de la Cordillera. La figura 2 de la misma lámina representa el
interior de la caverna, cuya descripción sigue.
— 414 —
En la parte anterior y á la derecha, se levanta una lomita
de quince metros, compuesta por grandes ti'ozos de rocas caídos
del techo. Estos enormes peñascos presentan aherturas y cue-
vitas que permiten la entrada de un hombre arrastrándose.
Detrás de la lomita, á unos cincuenta metros más al inte-
rior, existe un montón de escombros en forma de terraplén,
que alcanza á ambos lados de la caverna, dividiéndola en dos
partes. Su formación es debida también á un derrumbe del te-
cho, si bien mucho más posterior á los que dieron lugar ;'t la
formación de la lomita, según se ve por la descomposición de
los trozos que lo forman. El espacio comprendido entre la lo-
mita y el terraplén es llano.
El suelo, en la parte anterior, está cubierto por una capa de
tierra (resultado de la descomposición de la arenisca), por pie-
dras (los rodados del conglomerado), mezcladas con pedacitos
de ramas, leña y hojas secas de los árboles que forman un
bosque delante de la caverna. En esta capa, encontré algunas
conchas rotas de Mijtilus chorus y algunos huesos fragmentados
de guanacos y ciervos.
Más al interior, en el espacio que media entre la lomita y el
terraplén que divide la caverna, la capa superior es más delgada,
apenas alcanza á unos treinta centímetros, aumentando su espe-
sor al pié de la loma, donde llega hasta un metro. Su material
es muy grueso, por la gran cantidad de rodados que contiene.
Debajo de esta capa, sigue otra de estiércol de 1 m. 20 de
espesor en general. Es la única que encontramos de esta cons-
titución en el lugar que examinamos; lo (|ue indica, á mi jui-
cio, que ha habido allí una especie de chiquero ó establo,
donde quizás, durante siglos, se encerraron animales.
El estiércol está muy pisoteado; en partes completamente
pulverizado y muy seco; de manera (jue, escarbándolo, se le-
vanta una nube densa de polvo muy Hno que molesta mucho
á los trabajadores. Sin embargo, entre los escombros que han
caído del techo, en la misma capa de estiércol, hay bostas ó
trozos grandes y compactos de materia fecal (lám. 1\", fig. 5, O
y 7). El olor que despide esta capa, se asemeja mucho al ca-
racterístico del peludo (Dasypus villosus).
Debajo de uno de esos bloques que se hallan en el estiércol,
encontré otro pedazo grande de cuero (lám. IV, fig. 1), á un
metro de profundidad, que tenía un metro de largo por noventa
y tres centímetros de ancho.
La posición del cuero era con los pelos hacia arriba, doblado
y cortado artificialmente; debajo del mismo sigue la capa de
— 415 —
estiércol sin encontrarse ningún hueso, lo que prueba que el
cuero estaba yo sacado del animal cuando cayeron los escom-
bros: por encima sigue también el estiércol en una capa de un
metro de espesor.
Ksta es la capa que contiene los restos de muchos y dis-
tintos animales: mandíbulas, dientes, uñas, huesos, partes de
cráneo y otros objetos mas (lám. II y III), sobre los cuales in-
formará el señor don Santiago Roth. Lo que llama mucho la
ii tención son los numerosos huesos destrozados, encontrándose
aisladamente uno que otro hueso entero; atribuyo esta fragmen-
tación á la mano del hombre. Sobre la cuestión de la coexis-
tencia del hombre, dará su opinión el doctor Lehmann-Nitsche.
El hallazgo, en la misma capa de estiércol, de dos leznas
(lám. y, fig. 4) y de unos pedacitos de cuero delgado, cortados
artificialmente y pertenecientes á otros animales como al zo-
rro, etc., viene á [)roporcionar una prueba más de que el hom-
bre vivió allí, contemporáneamente con los animales cuyos res-
tos se encuentran hoy en la capa citado.
Si agregamos á esto los hallazgos de Nordenskjóld, ya men-
cionados: una lezna, algunos pedacitos de guascas y algunas
piedrecitas trabajadas, iguales á las que yo encontré en una
tumba del Cerro Guido, á sesenta kilómetros más al norte, pa-
rece que ya no cabe la menor duda sobre aquella hipótesis.
La parte más interna de la capa de estiércol está completa-
mente quemada; su ceniza es de diferentes colores.
No puedo creer que sean dos capas distintas; se ve bien
claro como el fuego ha penetrado en zig-zag, en ciertos lugares
más que en otros, en la capa de estiércol.
l'jn la ceniza, hemos encontrado huesos y una de las leznas,
á un metro de profundidad. En la pared al este, hay dos
cuevitas en forma de nichos ó alcobas, en una de las cuales,
la que está situada frente á la capa de estiércol, se halló el
esqueleto de un indio, cuyos restos ya habían sido llevados, en
su casi totalidad, por otros visitantes.
Considerando las siguientes circunstancias:
!'■' Que la capa de estiércol está limitada al espacio compren-
dido entre la lomita y el terraplén; espacio que puede
cerrarse con mucha facilidad;
2'' Que al pié interior de la lomita, un poco más arriba del
estiércol, encontré mucho pasto seco debajo de la misma
capa de tierra y piedras que cubre el estiércol. Este
pasto puede haber sido traído á ese sitio .solamente por
el hombre;
— 41G —
3-' (>Lie la manera como se presenta la capa de estiércol in-
dica la existencia de un chiquero, exactamente igual á
un corral viejo;
me i)arece lógico deducir (jue los hombres que, hace siglos,
vivieron allí, tenían la costumbre de encerrar sus animales
domésticos en esa pai'te de la caverna, reservándose otra [)ara
su habitación.
El croquis siguiente de la caverna facilitará al lector la com-
prensión de todos los datos anteriores:
/= Entrada.
/— Loinica.
í = Terraplén.
]n= Lugar donde encontré ejemplares rotos
de M)'tilus cliorus.
a^ Lugar donde fué encontrado el primer
pedazo de cuero { i 8 9 5 ) .
6= Lugar donde encontré, en 1899. otro
pedazo grande de cuero actualinentc
en el Museo de La Plata.
jLí= Lugar donde encontré el pasto seco.
e== Lugar donde fué encontrado, en 1 8o5 ,
el esqueleto humano.
... Linea que indica el limite entre la ce-
niza y la capa de estiércol.
Escala i : 3 000
En la misma falda del cerro, hay más cavernas.
Una pequeña se halla á algunas cuadras más al iioniente;
no efectué excavaciones, pero encontré en el suelo una mandí-
luila de zorro.
Otra caverna, que mide más ó menos la mitad de la grande,
está situada á unos tres kilómetros más al naciente; también está
dividida en dos á causa de los bloques que han caído de arriba.
En la parte anterior, el suelo se compone de tres capas dis-
tintas. La primera, en la superficie, tiene en general de treinta
á cincuenta centímetros de espesor; se compone de tierra y pe-
dazos de ramas; contiene muchas conclias de Mi/tilus clioras, pero
no tan rotas como las que se encuentran en la cueva grande,
y muchos huesos fragmentados. La segunda capa es de ceniza,
de unos veinte centímetros de espesor: luego viene la tercera
que es de arena bastante fina, de un metro y medio de pro-
fundidad. En ésta, se encuentran fragmentos de huesos, aun-
— 417 —
que más aislados y falta completamente el estiércol. Oijservé
tambica huesos de guanaco, avestruz y caballo (no del animal
misterioso).
En la pi-imcra capa, junto con \os MijUlus, encontré una vál-
vula de Cardita (especie?) de 35 mm. de largo, con el vértice ras-
pado y perforado (lám. V, fig. 11* y IP), lo que demuestra que
sirvió como adorno.
Todo esto indica que la caverna ha sido habitada únicamente
por el hombre, a la inversa de la grande, cuya forma es más
adecuada para encerrar animales, pues casi toda la entrada
está obstruida por grandes trozos de piedra que dejan, única-
mente á la derecha, una especie de camino construido, muy
probablemente, por la mano del hombre.
Creo, además, que los indios, que vivieron en la caverna
grande, mudaron su habitación á la segunda, á causa de los
peligros que les ofrecían los derrumbes de la primei-a, cuyas
señales se ven hoy todavía y que aún siguen produciéndose.
He visto dos cavernas más, pero son chicas y no he tenido
tiempo de efectuar excavaciones. De la conformación de las
rocas, se deduce que han de existir allí más cavernas, cuyo
estudio sistemático arrojaría seguramente alguna luz sobre los
trogloditas de los tiempos prehistóricos de la Patagonia aus-
tral, época á la cual pertenecen, á mi juicio, todos los objetos
hallados en la segunda capa, teniendo en cuenta que los tiem-
pos históricos de la Patagonia son mucho más recientes que
los de Europa.
Como se verá en el informe del señor Rolh, el mamífero mis-
terioso, cuyos restos predominan en la caverna grande y al
cual pertenece el famoso cuero, no era Mijlodon ni Ncounjlodon,
sino un Gnjpotherimn {Glossotherium de Ameghino); animal que
los hombres, que vivieron allí en los tiempos prehistóricos,
tenían en el estado doméstico, por lo que el señor Rotli le ha
dado el nombre de Gnjpotlierium domcstmim.
Desgraciadamente, de todos los hallazgos realizados hasta
ahora, no se puede deducir nada cierto sobre la raza á que
pertenecían los trogloditas (contemporáneos del Onjpotheríwn) y
sobre la época en que la caverna sirvió de habitación ó, mejor
dicho, cuando comenzó á formarse la capa de estiércol.
Como ya tuve ocasión de mencionar más arriba, el único
esqueleto humano que se encontró en la caverna estaba casi
completamente perdido; pero, según creo, puede servir, como
punto de apoyo, para la determinación de los trogloditas, un
hallazgo hecho por mí no muy lejos de la caverna.
— 418 —
En la cumbre del Cerro Guido, que alcanza á una altura
de 1100 metros y dista unos sesenta kilómetros más al norte,
encontré una tumba antigua de indios, cercada de un montón
de piedras de un metro y medio de alto, formando un cir-
cuito de cuatro metros de diámetro.
En esta tumba, hallé restos de esqueletos humanos, entre
los cuales había un cráneo entero y algunas piedritas, residuos
de la fabricación de flechas, mezcladas con ellos.
Las piedritas son de un vidrio volcánico, negro; de «piedra
pez», una roca que no existe en el Cerro Guido, compuesto
solamente de areniscas cretáceas.
Cuando vi los hallazgos del doctor E. Nordenskjóld, de la
caverna grande, me acordé inmediatamente de estas piedritas;
pues en aquéllos observé también piedritas iguales en material
y forma á las que encontré en la tumba del Cerro Guido.
Ahora no sé en qué capa encontró Nordenskjóld esas pie-
dritas; si fué en la antigua de estiércol, ó en la más moderna
de escombros descompuestos. Pero siempre es muy probable
que la misma raza que construyó la tumba del Cerro Guido
vivió también en la caverna.
Mencionaré aquí que conozco dos tumbas más en aquella
región, intactas, hechas en la misma forma de un circuito de
piedra, como la del Cerro Guido.
La misma incertidumbre existe sobre la época en que jirin-
cipió á servir de habitación la caverna.
Lo único que es indudable es que ha debido necesitar un
espacio largo de siglos, quizás miles de años, para formar una
capa de estiércol tan gruesa, ¡¡isada y pulverizada, de 1 m. 20
por 40 cm., y otro espacio, tal vez no menos largo, para for-
mar la capa superior de arena, rodados, etc.
Considerando solamente el espesor de las capas, ya pode-
mos deducir, sin duda, que los hombres comenzaron á habitar
la caverna en la época prehistórica.
Según mis investigaciones, las cavernas en cuestión se han
formado en la época intermedia entre el primer gran periodo
glacial de la Patagonia (cuyos rastros se conservan en los roda-
dos tehuelches) y entre el segundo periodo glacial patagónico O,
cuyas señales, en forma de morainas espléndidas, se encuen-
tran en todas partes en la parte occidental de la Patagonia
austral.
(') Cf. Hauthal: Erforschifng der Glacialerscheitiungen Südpatago-
niens, «Globus», Bd. LXXY, n» 7.
— 419 —
En esta época inlerglacial, se formó, por las fuerzas muy
activas de la denudación y erosión, el relieve de la superlicie
del suelo tal cual se encuentra hoy.
Los valles, formados en esta época, sirvieron más tarde
como de caminos á los ventisqueros del segundo periodo gla-
cial, avanzando mucho hacia el oriente de la pampa.
Es posible que los hallazgos más antiguos de la caverna
de Última Esperanza alcanzaran hasta el último tiempo de la
época interglacial. Pero esto es únicamente — para mí — una
hipótesis probable, que hasta ahora puedo apoyar más. bien
sobre las observaciones geológicas generales ya mencionadas
y sobre la impresión general de las cavernas y de sus restos,
que sobre datos especiales.
Solamente una investigación muy detenida y minuciosa, pero
de grandes resultados, resolverá esta cuestión importantísima.
Creo que la publicación del doctor Otto Nordenskjold sobre
sus hallazgos en las mismas cavernas, completará las deduc-
ciones.
Las cavernas habitadas ya en los tiempos prehistóricos sir-
vieron entonces de habitación por un espacio muy largo y hasta
los tiempos históricos, principalmente la segunda caverna, donde
la capa superior presenta un aspecto más moderno; aquí pre-
dominan los restos de avestruz y guanaco.
Todas las referencias que se han hecho, afirmando que se
había visto un ejemplar vivo de Grypolherium, son completa-
mente ilusorias.
La Patagonia austral puede dividirse, físicamente, en tres
regiones pi'incipales:
I'* La de las Pampas, que abarca la extensión comprendida
entre la costa y el límite de la región boscosa;
2" La Boscosa, que comprende la extensión que llega hasta
dentro de la Cordillera, donde terminan los bosques, á una
altura de novecientos á mil metros aproximadamente;
3'' La de la Cordillera, propiamente diclia, casi completa-
mente cubierta de nieve perpetua y ventisqueros.
La región de las Pampas está poblada por numerosas estan-
cias; los cazadores de guanacos la cruzan en todas direcciones;
pero nunca, ni nadie, ha encontrado rastros de un animal gran-
de desconocido. Su existencia, pues, en esta región, es imposi-
ble, y es también imposible, á mi juicio, en la boscosa, por
la razón siguiente: de todos los animales que habitan en esta
zona, como ser ciervos, vacas salvajes, leones, zorros gran-
des, etc., se notan con frecuencia sus rastros. Los cier\os
— 420 —
tienen sus caminos característicos y las vacas forman también
sus senderos, por donde se puede penetrar á ios bosques con
relativa facilidad.
Aliora bien: si estos animales dejan sus señales inequívocas
en los parajes del bosque por donde pasan, con mayor razón
debei'ían observarse las liuellas de un animal mucho más
corpulento; pero todas las numerosas comisiones chilenas y
argentinas, que durante los últimos cinco años han cruzado en
todos sentidos la Patagonia, no han encontrado el menoi- rastro.
Ahora, sólo resta la Cordillera propiamente dicha; región
completamente desprovista de alimentos, á causa de las nieves
y hielos perpetuos que cubren toda su superficie.
¿Cómo es posible que en un terreno de estas condiciones
pueda vivir un animal que, por su tamaño, necesita indudable-
mente una gran cantidad de alimentos para nutrirse?
Creo que opinar lo contrario es un absiuxlo.
Rodolfo Hauthal.
Museo de La Piala, Julio 20 de 1899.
II
Descripción k los restos eucoiitrados eii la caverua ie Ultima Esperanza
POR
EXCARGADO DE LA SCCCIÓN PALEONTOLÓGICA DEL MUSEO DE LA PLATA
Pocos liallazi;os paleozoológicos han despertado tanta curio-
sidad en el mundo cientiíico y laico, como estos de la caverna
de Ultima Esperanza, en la Patagonia Austral.
Lo que nos induce á publicar estas noticias con preferencia
á otros trabajos urgentes, es el hecho de haberse apoderado
de este asunto la prensa diaria y de creerse todo el mundo
autorizado para publicar su opinión. Casi no pasa un día,
sin cjue se publique, en los diarios de Buenos Aires, algún
artículo referente al «animal misterioso».
Días pasados, por ejemplo, un diario de la capital federal
decía que lord Cavendish había seguido la pista de este terrible
cuadrúpedo durante algún tiempo; y, «La Prensa» del 28 de
Junio de 1899, dice que no ha logrado su objeto de cazar un
ejemplar, pero que ha encontrado rastros frescos de aquél.
Yo me encontré con el señor Cavendish en el medio de la
travesía del campamento Alsina al ^'alle de la Pluma, á unas
treinta leguas de la colonia del Chubut, |>unto más lejano que
él alcanzo en su expedición.
He conversado con él en varias ocasiones, pero nunca me
ha dicho una palabra de que hubiera encontrado el rastro del
monstruo en cuya busca andaba. En el Chubut, tampoco nadie
le creería semejante afirmación. El paraje, por donde pasó el
lord, es muy transitado de día y de noche; por allí tienen que
pasar forzosamente los viajeros que van á los diversos puntos
de la cordillera; allí concurren con frecuencia los colonos á las
corridas de guanacos y avestruces, sin que nadie, hasta ahora,
haya encontrado el más mínimo rastro de un animal descono-
cido, á pesar de no haber ningún monte alto, ni lugar donde
pudiera esconderse.
— 422 —
No creo rjue lord Cavendish haya afirmado tal cosa; ¡lero lo
malo sería ([ue el señor Ameghino recopilase todos esos datos
que se publican sobre la existencia actual de este animal en la
Patagonia, y los ampliase por medio de su talento reconstruotor
con que tan bien sabe reemplazar la falta de material positivo
por malei-ias imaginarios y cuentos tradicionales. De esta ma-
nera, iría al fin a convencer de su existencia actual al zoólogo
y al paleontólogo más incrédulos.
Siempre sucede así: cuanto menos datos positivos se tienen,
tanto más se desarrolla la fantasía, y cuanto más misterioso
se presenta el asunto, mayor interés general despierta. Así,
cuando Ameghino abrió el camino á la fantasía con su artículo:
«Premiére notice sur le Neomylodon Listai, un représentant
vivant des anciens Edentés Gravigrades fossiles de TArgentine,
La Plata, Aoút 1898» ('), toda la prensa, científica y no cientí-
fica, se apoderó de la materia publicando noticias con comen-
tarios; pero nadie ha notado que F. Ameghino, para establecer
el nuevo género de Gravigrados Neomijlodon, sólo tenía en su
poder, como él mismo lo confiesa, algunos huesecillos un poco
mayores que un grano de café, provenientes de un cuero;
y que todo lo demás que decía, era basado en referencias de
otros.
A pesar de no haber obtenido nuevos materiales, él ha pu-
blicado, desde liace casi un año, otros artículos. En su último
trabajo, publicado en «La Pirámide», de Junio 15 de 1899,
titulado «Un sobreviviente actual de los Megaterios de la an-
tigua Pampa», describe detenidamente un animal fantástico,
completando las relaciones respecto de los huesecillos.
Después de haber dicho en su primera noticia (Noviembre
de 1898), refiriéndose á éstos: «hace poco que me han traído
de la Patagonia Austral algunos huesecillos chicos y me han
preguntado á qué animal podían pertenecer», dice, en este
último trabajo («Pirámide» del 15 de Junio, página 53), tex-
tualmente lo siguiente:
«Últimamente, mi hermano Carlos Ameghino, quien, desde
hace doce años, recorre las tierras patagónicas reuniendo co-
lecciones y practicando investigaciones geológicas, consiguió
descorrer una pequeña punta del denso velo que hasta ahora
encubre la existencia de ese misterioso ser.»
(') ¡NIe sorprende que esta obra no se halle en las bibliotecas públicas,
ni en el Museo Nacional de Buenos Aires y que la primera noticia, que
se tuvo aqui, fué por la entrega correspondiente á Noviembre de 1898 de
«Natui-al Science».
— 423 —
«A mediados del año pasado, desde Sania Cruz, enviábame
algunos restos, acompañados de las siguientes líneas: He
conseguido por fin, de los indios tehuelches, algunos datos
preciosos sobre el famoso lemisch, que no es un mito ó fan-
tasma como hemos creído, sino que existe de verdad. En poder
de un indio, ha visto un trozo de cuero de lemisch, en el que
están embutidos los pequeños huesecillos que te envío, pareci-
dos á los que en estado fósil encontramos con los esqueletos do
JMylodontes; — y Hompen, otro indio lehuelche, me ha referido
como yendo del Senguer á Santa Cruz, encontróse en el camino
con un lemisch que le cerraba el paso, con el cual trabó com-
bate consiguiendo darle muerte á bolazos. Según ellos, es an-
fibio y camina en tierra con la misma facilidad que nada en
el agua. Encuéntrase hoy confinado en el centro de la Patagonia,
en cuevas y abrigos, sobre las riberas de los lagos Colimé,
Fontana, Buenos Aires, de los ríos Senguer, Aysen y Huemules,
etc.; pero según tradiciones extendíase en otros tiempos por el
norte hasta el Río Negro y por el sud, según recuerdos de los
indios viejos, vivía en todos los lagos de la falda oriental de los
Andes, hasta el mismo Estrecho de Magallanes. Hace cosa de
medio siglo, un lemisch que de los lagos andinos bajaba al Río
Santa Cruz, ganó tierra sobre la ribera norte de este río, cerca
de la isla Pavón; aterrorizados los indios liuyeron al interior,
quedando desde entonces como recuerdo de tan inesperada apa-
rición, el nombre que aún hoy lleva la localidad abandonada,
lemisch-Aiken (lugar ó paradero del lemisch). Es de hábitos
nocturnos, y dicen es tan fuerte que se prende con sus garras
de los caballos y los arrastra al fondo de las aguas. Según la
descripción que de él me han hecho, es de cabeza corta, con
grandes colmillos y orejas sin pabellón; pies cortos y aplastados
(plantígrados) con tres dedos en los anteriores y cuatro en los
posteriores, unidos por membrana natatoria, á la vez que ar-
mados de formidables garras. La cola es larga, deprimida y
prehensil. El cuerpo está cubierto con pelo corto, duro y rí-
gido; de color bayo uniforme. La talla, dicen, ser mayor que
la de un puma, pero de piernas más cortas y mucho más grueso
de cuerpo.».
Prescindiendo de la contradicción, en que incurre Ameghino
al decir en Junio de este año: ^(.Últimamente mi hermano con-
siguió descorrer una parte del denso velo, etc.» y más abajo
»A mediados del año pasado, desde Santa Ci'uz, enviándome al-
gunos restos, etc.», todas sus publicaciones al respecto están
embrolladas; quizás por el solo motivo de no querer decir la
verdadera procedencia de estos huesecillos.
— 424 —
No se puede saber si ha fundado el nuevo género Neomylo-
don sobre esos huesecillos que su hermano menciona en la
carta, y que deben proceder de un trozo de cuero de lemisch
que ha visto en poder de un indio, ó si se ha basado sobre
huesecillos que otra persona le ha traído de Patagonia. El se-
ñor Ameghino debería aclarar esto cuanto antes.
Si la primera noticia de este animal, donde él describe los
huesecitos y un pedazo de cuero, se funda en los huesos en-
viados por su hermano á mediados del año pasado, ¿por qué
dice, entonces, en «Natural Science», de Noviembre de 1898 0,
que la persona que le trajo los huesecillos le preguntó á qué
animal podían pertenecer, puesto que su hermano en una carta,
le describe detalladamente el animal? Y si la primera publica-
ción se basa sobre huesecillos que otra persona le ha sumi-
nistrado, ¿por qué no menciona nada del descubrimiento de su
hermano, del cual ha tenido noticias á mediados del año pasado?
El esclarecimiento de estos puntos tiene más importancia
de lo que á simple vista parece. Tengo muchos motivos para
creer que los huesecillos que Ameghino menciona, en la pri-
mera noticia, provengan de un cuero que fué traído á nuestro
Museo, en el mes de Julio de 1898, y que era el resto de un
cuero que el señor Nordenskjókl llevó á Europa en 1897, del
cual, otras personas también han sacado pedazos. En tal caso,
no se trataría de un nuevo animal, y el nombre Neomylodon
sería un sinónimo. Si, por el contrario, su primera noticia se
basa en un trozo de cuero que proviene de un lemisch que
está en poder de un indio, entonces habría lugar á dudar de
que se tratara de un animal todavía desconocido.
Entre los desdentados no se conoce, hasta ahora, otro gé-
nero que tenga dientes en forma de colmillos, más que el Les-
iodon; pero éste no estaba cubierto por un cuero-coraza con
huesecillos; en todo caso, el señor Ameghino tiene que conso-
lidar mejor su nuevo género Neomylodon. Un pedazo de cuero
con huesecillos y referencias de indios, no son argumentos
bastante sólidos para poder admitir un nuevo género.
Cuando se trajo el primer pedazo de cuero al Museo, pasó
á la sección zoológica y todos nosotros quedamos admirados
de la construcción particular que presentaba, pero no llegamos
á uniformar nuestras opiniones respecto á la clase de animales
á que pudiera pertenecer. El Director del Museo, doctor F. P.
(') Conozco el trabajo original del señor Ameghino sólo por la traduc-
ción inglesa en «Natural Science,» Noviembre 181)8.
— 425 —
Moreno, opinaba que correspondía á una especie de desdenla-
dos parecida al Mtjlodon; yo me inclinaba á creer que más bien
se trataba de alguna clase de mamíferos marinos desconocida,
de los mares australes; otro empleado del establecimiento ma-
nifestó, que no sería imposible que se tratara de un fenómeno
patológico. Pero en lo que estuvimos todos de acuerdo, fué en
que esos restos eran insuficientes para determinar algo positivo
sobre la especie á que pei'tenecía el animal. Ahora, los nuevos
hallazgos del señor Hauthal ponen fuera de duda que éste
pertenece al género Gnjpotherium, de la familia Megatheridae.
De las excavaciones practicadas en las cavernas de Ultima
Esperanza, por el señor Hauthal, se llenaron seis cajones con
huesos, trozos de cuero, estiércol, etc., que provienen de diver-
sos animales. Todos estos huesos tienen un aspecto muy fresco,
y, en muclios, se encuentran todavía ligamentos y fibras carnosas
adheridas. Exceptuando dos tibias, todos los demás huesos están
fracturados y muchos presentan vestigios de golpes. Tanto
sobre éstos, como sobre los instrumentos, informará el doctor
Lehmann-Nitsche.
Los trozos de cuero pertenecen á diversos animales y no
presentan los caracteres del cuero crudo y seco; todos tienen
el aspecto del cuero curtido, ó mejor dicho, sobado. No poseen
dureza córnea, ni la lustrosidad interna del cuero crudo, sino
que es fibroso y presenta, tanto en color como en los demás
caracteres, mucha semejanza con el Mamuth que se encuentra
en Siberia y que he tenido ocasión de examinar.
Muchos trozos con.servan pelos, generalmente descoloridos,
de color bayo claro, ya provengan de una ú otra clase de ma-
míferos. Se ha recogido, además, mucho pelo sin cuero y del
mismo color; pero también se han encontrado algunos me-
chones que conservan su color primitivo. Más ó menos, en
análogas condiciones, se encuentran las uñas y vasos hallados
en esa gruta.
La mayor parte de los restos traídos por el señor Hauthal
pertenecen á una especie del género Grypotherium.
Grypotherium Reinhardt
Reinhardt: K. danske Vid. Selskabs., XII, 4, pag. 358; lá-
mina 1 y 2. Kjobenhavn, 1879.
Mylodon Dancinii Owen: Zool. of the Voy. of H. M. S. Beagle,
parle I, pág. 68; lám. XVII, fig. 5;" lám. XVIII y xlx,
fig. 1-4. London, 1840.
Tomo IX 3 8
— 426 —
Owen: Description of the Skel. of an Ext. Gig. Slolh, pá-
gina 156 0. London, 1842.
Miilodon Barivinii Burmeister: «Anales del Museo Público de
Buenos Aires», pág. 176. Buenos Aires, 1864.
Ídem: Descript. Physique de la Rep. Arg., t. III, pég. 359.
Buenos Aires, 1879.
Mijlodon Darivinii Lydekker: Catalog of Fossil Mamm. part. V,
pág. 105. London, 1887.
Mijlodon Darwinii Bi.ainville: Osléographie, ele. Megatherium,
t. IV, lám. I, fig. 15.
Glossotherium Ameghino: Mamíferos Fósiles Rep. Ai'g. pág. 734
á 739. Atlas, lám. XLIV, fig. 4, 6 y 8; lám. XLV, fig. 1 y
lám. LXXXVIII, fig. 1. Buenos Aires, 1889.
Olossothcrium Lydekker: «Anales del Museo de La Plata», Pa-
leontología Arg., t. III, pág. 84, lám. LIV. La Plata, 1894.
Por las condiciones en que se encontraron los restos de
este mamífero en la caverna de Última Esperanza ('), casi no
hay lugar á dudas que se trata de un animal doméstico.
Lo que sorprende es que éste pertenezca á un género cuyos
restos se han encontrado hasta ahora escasa y únicamente en
la formación pampeana de la República Argentina, mientras
f[ue los restos del GUjptodon, Mylodon, Lcstodon, Scelidotherimn,
Megathermm, etc., etc., son muy abundantes, y algunos de estos
géneros se hallan también en la América del Norte.
Darwin encontró el primer vestigio del género Grypotheriuní
en Punta Alta, cerca de Bahía Blanca; éste consistía en una
mandíbula inferior que Owen describió, en el año 1840, dándole
el nombre de Mijlodon Darivinii, en homenaje á su descubridor.
Más tarde, cuando Owen consiguió un cráneo completo de
Mijlodon robustus, atribuyó á este género un pedazo de cráneo
que antes había descripto con el nombre de Glossotheriiiui, opi-
nando que quizás podría pertenecer al Mijlodon Darwinii. Según
Burmeister, parece que Bravard también había encontrado algu-
nos restos que atribuyó al género Scclidotherium.
En el año 1875, descubrí en el Pergamino, un esqueleto casi
completo que fué adquirido por el doctor Lausen, médico de
Buenos Aires, que lo envió á Copenhague. Parece que este se-
ñor mezcló los restos de aquel mamífero con los de otros ani-
(') Mencionaré aquí solamente los trabajos que contribuyen al esclareci-
miento de este género.
('•) Véase á este respecto el informe del señor Hautlial.
— 427 —
males, porque a lo menos Reinhardt, que estudió los fósiles
enviados por Lausen, describe sólo el cráneo, por no saber
con seguridad cuáles eran los huesos que pertenecían á este
individuo, dándole el nombre de GrypotheriiDn Daruhm.
Poco después, el doctor Burmeister consiguió también algu-
nos restos y sostuvo que pertenecían al género Mylodon, com-
batiendo en su «Descripción Física de la República Argentina»
la opinión de Reinhardt que lo atribuye á un nuevo género.
Desde entonces, se han encontrado varios restos más. En
el Museo, tenemos un cráneo casi completo y varios maxilares
superiores é inferiores; dos pies posteriores de un gran graví-
grado desconocido, que se atribuyó á este género.
Durante los veinte años que yo colecciono fósiles, sólo he en-
contrado cinco trozos de maxilares, á más del esqueleto men-
cionado. Otro tanto habrá hallado Ameghino.
Este señor ha enredado, también, la colocación sistemática
de este género, modificando á su antojo la relación y proceden-
cia de las piezas. Yo no esperaba verme obligado á perder
tiempo en discutir sobre prioridad de nombres y sinónimos:
pei-o parece que no se puede hablar de un mamífero extin-
guido, de la República Argentina, sin tratar esta cuestión tan
desagradable. Estaba en la creencia que el Grypotherium de
Reinhardt era sinónimo del Glossotherium de Owen, como lo
declaró Ameghino. Este dice textualmente lo siguiente, ha-
blando del género Glossotherium ('):
«Los primeros restos de este género, consistentes en un crá-
neo imperfecto con la mandíbula inferior, fueron descubiertos
por Darwin en Punta Alta, cerca de Bahía Blanca, y llevados
á Inglaterra, donde fueron descriptos por Owen, en la parte
zoológica del viaje del «Beagle», fundando sobre esos restos dos
géneros distintos; la parte posterior del cráneo fué descripta
bajo el nombre genérico de Glossotkerium , considerándolo como
un edentado cercano del Orycteropus, y la mandíbula inferior
está descripta un poco más adelante, como procedente de un gé-
nero distinto, bajo el nombre de Mylodo)i Daricinii, á cuyo gé-
nero refiere igualmente una especie norte-americana, el Mylodon
Harlani, que hasta entonces había sido considerado como un
Meyalonyx. Pero corto tiempo después, en su magistral des-
cripción del Mijlodon robustus, reconoce la identidad del Glosso-
therium con el Mylodon Darwinii, conservándolos en el mismo
O Mamíferos fósiles argentinos, pág. 734.
— 428 —
género por cuanto las parles de que disponía no eran real-
mente de naturaleza á revelar las diferencias profundas que
existen entre Mylodon y Glossolherium.
«Ksta misma especie, ó por lo menos otra muy parecido, fué
desculjierta por Bravard, y considerada por dicho naturalista
no como un Mylodon, sino como un Scelidotherium que designó
en sus catálogos con el nombre de Scelidotherinm anlcijlosopum,
en lo que no anduvo muy descaminado, pues realmente dicho
animal presenta mayores analogías con el Scelidotherium que
con el Mylodon.
«Mas tarde el doctor Lausen, subdito dinamarqués, resi-
dente en Buenos Aires, enviaba al Museo de Copenhague, en
calidad de regalo, un cráneo casi completo que fué estudiado
por el profesor Reinhardt, quien publicó sobre él, en 1877, una
notable memoria, reconociendo en dicha pieza la especie des-
cripta por Owen como Mylodoyi Darwinii; pero la formación del
cráneo y el número y disposición de las muelas, tan distinto
de como se presenta en Mylodon, lo obligaron á establecer para
el mencionado animal, un nuevo género que designó con el
nombre de Grypotherinm, sin duda por no haberse aperciljido
que ya existía el nombre de Glossotherktm aplicado precisamente
al mismo animal.»
Me parecía muy extraño, al leer esto, que Owen creara dos
géneros de una mandíbula inferior y de un pedazo de cráneo
provenientes de un mismo animal (de la lectura del parágrafo
citado se deduce claramente que el pedazo de cráneo y la man-
díbula pertenecían al mismo individuo). Pero consultando la
obra de Owen, resulta que no solamente las dos piezas no
pertenecen al mismo animal, sino que el trozo de cráneo sobre
el cual Owen ha fundado el género Glossathcrium, fué encon-
trado en el arroyo Sarandis, en la República del Uruguay O,
y la mandíbula sobre la cual lia establecido el Mylodon Dar-
winii, en Punta Alta, cerca de Bahía Blanca.
Más tarde, cuando Owen recibió un cráneo completo de
Mylodon robustus, notó que el trozo de cráneo del Olossotherium
debía pertenecer también á este género; pero se encontró en la
duda si pertenecía al Mylodon robustus ó al Mylodon Darwinii,
opinando que era más probable que correspondiera á este úl-
timo, cuyo cráneo no se conocía todavía, y haciendo notar que
el Olossotherium debía ser considerado como sinónimo.
O Zoology of Ihe voyage of H. M. S. Beagle, 1^ parte, pág, 57.
— 429 —
Estas circunstancias cambian por completo la cuestión ;
Owen mal podía identificar el fragmento de cráneo de OIosso-
therium con el de Mijlodon Darwinü, como dice Ameghino, del
momento que no había sido descubierto todavía. De la compa-
ración con el cráneo de Mt/lodon robustas, Owen llegó á la con-
clusión que el Glossotherium era sinónimo de Mylodon, y no
([ue la mandíbula del Mylodon Darwinü pertenecía al primer gé-
nero, como debería ser, según Ameghino.
Más tarde, cuando se descubrieron los restos del Grypothe-
rium que describe Reinhardt, de ninguna manera resultó que
el pedazo de cráneo del Glossotherium fuese idéntico á éste, sino
(jue la mandíbula inferior del Mijlodon Darwinü y la del. Grypo-
therium eran pertenecientes á un mismo género, distinto al
Mylodon. Ameghino dice O que Reinhardt ha designado este
género con el nombre de Gri/potheritim, sin duda por no haberse
apercibido que ya existía el nombre Glossotherium aplicado pre-
cisamente al mismo animal. Si Ameghino se hubiese fijado
bien, habría visto que Reinhardt habla detenidamente de esta
eventualidad; y que, después de ventilarla, llega á una conclu-
sión negativa (^).
Owen dice que la parte occipital del Glossotherium es una
tercera parte más ancha que alta, lo que no ocurre en el Gry-
potherium. En todos los cráneos que se conocen de este género,
la parte occipital es casi tan alta como ancha, que es, precisa-
mente, un carácter distintivo.
La parte temporal del pedazo de cráneo que dibujó Owen,
también es completamente estraña al Grypotherium, lo que
prueba suficientemente que estos dos animales no pueden per-
tenecer á un mismo género.
Lo que no está aún definido, es si el pedazo de cráneo des-
cripto primeramente por Owen como Olossotherium pertenece al
género Mijlodon, como él creyó después, ó si pertenece al gé-
nero Scelidotherium, donde lo coloca Burmeister (^).
Yo participo de la opinión de este último señor, si bien no
creo que pertenezca á la especie Leptocephalum, sino á una mu-
cho mayor, de la cual existe un cráneo en el Museo de Zü-
rich. Por lo menos, en la parte temporal, se asemejan mucho
los dos; pero como se trata sólo del fragmento posterior de un
(') Mamíferos fúsiles argenli>ios, p. 74.
(=) Danske Vid. Selkabs., XII, 4, p. 371 y 372.
(^) c< Anales del Museo Público de Buenos Aires», pág. 177. ídem: Des-
cripción Física, t. III, pág. 322-323.
— 430 —
cráneo, no se puede afirmar nada positivo sin una comparación
directa de las dos piezas; y no está del todo excluido que este
pedazo de cráneo no pertenezca á un género distinto de \osM¡j-
lodon, Scelidotherium y Grypotherium, como Owen creyó prime-
ramente.
En lo que ya no existe duda alguna, es que la mandíbula
inferior determinada por Owen O como Mijlodon Darwinii y el
cráneo que describe Burmeister (") también como tal, no perte-
necen al género Mylodon como opinaron estos dos sabios, sino
que tanto éstos como los restos del Grypotherium Darwinii, des-
cripto por Reinbardt O, lo mismo que el Glossoíl/erinni Darwinii,
el Glossnthcriiun Zcballosi y Glossoiheriiim bonaerense descriptos por
F. Amegbino (*), y también el Glossotherium Darwinii publicado
por Lydekker C^), corresponden á un mismo género. Aquí no hay
cuestión posible sobre prioridad: Owen no ha colocado al My-
lodon Dartcinii con el Glossotherinm, y mientras no se pruebe que
este pedazo de cráneo pertenece al Grypotherium, es preciso con-
servar este último nombre.
Lo que no me explico es el motivo que puede haber indu-
cido á Lydekker á adoptar el error cometido por Ameghino; al
fin de su descripción sobre el género Glossotherium, Lydekker
nos dice lo siguiente:
«Está representado por una sola especie común á las forma-
ciones Pleistocenas del Uruguay y de la Argentina, y fué cla-
sificado en presencia de la parte posterior de un cráneo de la
Banda Oriental, no queriendo el descriptor reconocer la iden-
tidad de su Mylodon Darwinii con el tipo del Glossotherium.))
Parece que á Lydekker le ocurrió lo mismo que á mí al
principio: por los trabajos de Ameghino, él creyó que estaba
probado que el Glos.sotherium y Grypotherium eran del mismo
género; mientras que, como se ve, sólo está demostrado que
la mandíbula inferior del Mylodon Dancinii y la del Grypothe-
rium Dancinii son idénticas.
Los caracteres distintivos principales de este género, son los
siguientes: cuatro dientes de cada lado, tanto en los maxilares
(') Voyaf/e of H. M. S. Beagle, p;'iR. 68, Jám. XVII, fig. u y lám. XVIII
y XIX.
(^) Description Physique, pág. 359.
(*) A', danshe Vid. etc., pi'ig. 353, láin. I y II.
(•') Mamíferos fúsiles argentinos, p:'ig. 737 y 738, lúm. XLIV, fig. 'i, 6
y 8 y lám. LXXXVIII, flg. 1.
(°) «.\nales del Museo de La Plata»: Paleontología Argentina, t. III,
pág. 84, lám. LIV.
— 431 —
superiores como inferiores. El último diente superior y el pri-
mer inferioi' son los mas pequeños en las respectivas series.
El primer diente superior es ovalado; los otros tres son de forma
más triangular, con surcos poco pronunciados; el primer inferior
es casi redondo; los dos siguientes, más ó menos óvalos con
tendencias á formar ángulos y surcos. El último de esta fila es
bilobulado y mucho más ancho que los anteriores. El cráneo
es alargado, angosto y alto; el premaxilar está ligado, por un
arco óseo, á los huesos nasales que dividen la abertura de la
nariz lateralmente en dos mitades. La parte anterior del cráneo
es muy prolongada, angosta, casi puntiaguda y desprovista de
dientes. La sínflsis de la mandíbula también es prolongada,
angosta y sin dientes. El animal estaba provisto de una especie
de cuero-coraza formada de pequeños huesecillos.
Grypotherium domesticum n. sp.
(Láminas II, III y IV)
Los restos determinables de este animal, traídos por el se-
ñor Hauthal, son los siguientes:
i. Una mitad posterior de un cráneo de animal adulto, con
fibras carnosas pegadas.
2. Una parte posterior de cráneo, menos completa, pero
más limpia que la anterior, de un animal más chico.
3. Varios huesos temporales, frontales y nasales, más ó
menos completos.
4. Una mitad de maxilar superior derecho de un animal
adulto. Aún conserva fibras carnosas y posee toda la
dentadura, pero con las coronas rotas.
5. Una mitad de maxilar superior izquierdo, con solo el úl-
timo molar completo, proveniente de un animal algo más
joven que el anterior. Está completamente limpio de carne.
6. Varios maxilares superiores incompletos y sin dientes.
7. Ocho dientes superiores sueltos.
8. Tres arcos zigomáticos, y varios incompletos, de anima-
les de diferentes edades.
9. Una mitad de maxilar inferior del lado izquierdo, incom-
pleto, de animal adulto, con encías y fibras carnosas. Con-
serva toda la dentadura con las coronas fracturadas.
10. Un pedazo de maxilar inferior del lado izquierdo de un
animal adulto, bastante fracturado, pero con toda la den-
tadura; conserva las encías carnosas.
11. Un maxilar inferior del lado derecho, más completo que
el anterior, pero sólo tiene el primer diente entero; los
— 432 —
demás están fracturados. Conserva restos de las encías;
lo demás del hueso está bastante limpio. Proviene de un
animal adulto, pero más chico que los anteriores.
12. Varios pedazos de maxilares inferioi-es, sin dientes.
13. Un arco nasal.
14. Un stylohyale.
15. Un axis incompleto.
16. Una vértebra cervical, casi completa.
17. Varias vértebras dorsales incompletas.
18. Una clavícula, no del todo completa.
19. Un omóplato izquierdo incompleto de un individuo adulto.
20. Varios pedazos de omóplatos.
21. Un húmero derecho incompleto, de individuo adulto.
22. Un trozo de húmero derecho una mitad más chico que el
anterior, al i)arecer de individuo adulto.
23. Varios trozos de pelvis y fémures.
24. Una tibia del costado izquierdo completa, con muchas
fibras carnosas pegadas al hueso, de un individuo adulto.
25. Una tibia derecha completa con fibras carnosas, un poco
más chica que la anterior; también de individuo adulto.
26. Un trozo de tibia derecha de animal joven.
27. Dos peronés incompletos, de adulto.
28. Un sepiculum.
29. Un tuberosum.
30. Dos naviculares.
31. Un cuboides.
32. Meta tarso (Mt. IV), de un individuo joven.
33. Dos falanges unguíferas del pié anterior, una incom-
pleta.
34. Una falange unguífera del pié posterior (?).
35. Dos falanges de dedos rudimentarios.
36. Tres uñas grandes (caras córneas).
37. Tres uñas rudimentarias y diez incompletas.
38. Varias costillas incompletas.
39. Un trozo grande de cuero, en parte provisto de pelo.
40. Varios pedazos de cuero pelado.
41. Varias pelotas y mechones de pelo suelto.
42. Una cantidad de excrementos enteros.
43. Una gran cantidad de estiércol pisoteado y en parte pul-
verizado.
A más de las piezas enumeradas, hay muchos fragmentos
de huesos que pertenecen ii este género, pero que no presentan
caracteres de importancia.
— 433 —
La sola especie bien determinada hasta ahora del género
Grypotherium es el Grijpotherium Darwinii, de la cual se han
descripto con exactitud únicamente el cráneo y la mandíbula
inferior. Los dos pies posteriores de un gravígrado desconocido,
que tenemos en el Museo, y que Ameghino atribuía á este gé-
nero, dice Lydekker que pertenecen, sin duda alguna, á un
gran Scelidotherium; este último opina que es la única especie
que representa el género.
Sin embargo, Ameghino ha establecido otras dos especies:
una descripta en 1880 con el nombre de Mylodon Zeballost ('),
cuya denominación cambió dos años después por la de Mesodon
Zeballosi (") y, en el año 1889, por la de Glossotherium Zehallosi {").
Esta especie es de igual talla que la del Grypotherium Darwinii,
según el autor, y se distingue de éste sólo por diferencias en
la forma de los dientes. A ella atribuía también una mandíbu-
la inferior descripta y dibujada por Burmeister. Es preciso fun-
dar mejor esta especie para que pueda ser admitida como nueva.
En cambio, la otra, su Glossotherium bonaerense (*) pertenece
seguramente á una especie distinta del Grypotherium Darwinii
si la descripción y el dibujo que Ameghino dá de un fragmento
de maxilar superior son exactos y si éste proviene de un ani-
mal adulto.
Respecto á los restos que Bravard atribuyó al Scelidotherium
ankilosopum y que Burmeister colocó también con el Grypotherium
Darwinii, nada puedo decir, porque no encuentro descripción ni
dibujo de estos restos. No tengo conocimiento que exista otra
especie.
Comparando los restos del Grypotherium extraídos por el
señor Hauthal de la caverna de Ultima Esperanza con las es-
pecies aquí mencionadas, resulta que sólo se diferencian por
el tamaño, y no sé si realmente son de una especie diferente
del Grypotherium Darwinii. Pero de todos modos, si fuera úni-
camente una raza distinta, siempre habría que darle un
nombre propio para poder distinguirla de las demás de la for-
mación pampeana. Del informe del señor Hauthal resulta, indu-
dablemente, que este animal ha sido domesticado, por cuya razón
propongo el nombre de Grypotherium domesticum.
La forma de los dientes en los maxilares del Grypotherium
Darwinii, que tenemos en el Museo, presenta algunas diferencias
(*) Gervais y Amkghino: Mamíferos fósiles, púg. 156.
(') Catálogo de la sec. de la Provincia de Buenos Aires, ])Ág. 41.
(^) Mamíferos fúsiles, pág. 738.
(♦) Id. id., pág. 738.
— 434 —
con la del Gnjpotlieriam domesticum; pero parece que esta dis-
cordancia no es un carácter específico. Para mí, no cabe duda
que todos los restos de este género, traídos de la caverna
de Ultima Ksperanza, pertenecen á una misma especie, no obs-
tante la forma distinta de los dientes que se observa de un
animal á otro (véase lám. II y III).
Una comparación del tamaño de las tres especies sólo puede
hacerse por la medición del espacio que ocupan los cuatro dien-
tes en el maxilar superior; éste mide en el Grijimtheriiim domes-
ticum número 4, 94 mm.; en el número 5, 78 mm. (los dos ma-
xilares son de adultos). En el GryíMtherium Danvinü, varía
entre 114 y 128 mm. (medidas tomadas de tres animales adul-
tos), y el Grypotheriimí bonaerense mide 55 mm. (medida dada
por Ameghino de un solo individuo). De esta comparación, re-
sulta que el Grijpotherium domesticum, por su tamaño, ocupa un
puesto intermedio entre las otras dos especies.
Del maxilar superior, número 4 (lám. III, fig. 1*^), se ha con-
servado la parte anterior hasta el borde de la abertura nasal:
es algo más llana que en el Grypotheriuní Darwinii. l-^n cambio,
la apófisis postorbital es más pronunciada. Estas son las dife-
rencias más notables después del tamaño.
El maxilar número 5 (lám. III, fig. l''^), no es tan completo,
pero mejoi" conservado. Los agujeros emisarios son bien visi-
bles, y tanto éstos como el paladar no presentan ninguna dife-
rencia notable del Grypotheriuin Darwinii. La apófisis postorbital
de esta pieza es menos saliente que en el anterior, pero esto
puede ser una diferencia sexual ó de edad. Este maxilar pro-
cede de un animal más chico.
El arco óseo nasal (número 13) es relativamente más ancho
que el del G. Baricinii. El lado externo es muy cóncavo y tiene
en el medio una sutura bien visible. A la mitad de la altura
del arco, éste es mucho más ancho que en la parte superior é
inferior. Los bordes son muy ásperos en el medio; en la parte
interna está provisto de una fuerte cresta. El arco mide, en la
mitad de la abertura nasal, 52 mm. de ancho por 22 de es-
pesor.
Los dos pedazos de cráneos (números 1 y 2) provienen de
dos individuos de diferentes tamaños. En su construcción no
presentan diferencias fundamentales con el G. Darjcinii; el vér-
tice es algo más aplanado, especialmente en el trozo número 1
(lám. II, fig. 1), y el llano occipital es menos circular, relativa-
mente un poco más alto y algo más inclinado hacia adelante.
Los dos trozos, que seguramente pertenecen á una misma es-
— 435 —
pecie, también presentan algunas diferencias entre sí que no
pueden considerarse como caracteres específicos.
Las medidas que he obtenido del cráneo completo de G.
Danvinii, que tenemos en el Museo, y las de estos trozos de
cráneos, son las siguientes en milímetros:
G. D.
Altura desde la basioccipital hasta el vértice . . . 179
Anchura desde la basioccipital á la de los cóndilos . 147
Anchura mayor en el medio del llano occipital. . . 198
Anchura del foramen magaum entre los dos cóndilos . 65
Distancia del foramen magnum hasta el margen de la
abertura posterior nasal 180 152 —
Los tres arcos zigomáticos, número 8, son muy distintos
tanto en la forma como en el tamaño. La apófisis descendente
en el menor es mucho más angosta que en los otros dos. En
el mayor, la apófisis posterior, que se une con la apófisis tem-
poral, es mucho más ancha y más corta que en los otros; y,
en el chico, es más larga que en todos los demás.
Muy sorprendentes son los díploes de estos cráneos; su
desarrollo es tal que los huesos parietales llegan á tener hasta
cerca de 5 centímetros de espesor.
Los tres pedazos más completos de mandíbula inferior, nú-
mero 9 (lám. III, fig. 3"), número 10 (fig. S'^) y número 11 (fig. 3''),
provienen de tres individuos de distinto tamaño y se distinguen
del G. Dancinü únicamente por sus dimensiones más pequeñas.
Las medidas comparativas con una mandíbula que tenemos
en el Museo son las siguientes en milímetros:
G. D. G.d. g G.d.io G.d.i i
El espacio que ocupan los cuatro dientes . . 126 101 92 98
Altura de la rama horizontal delante del primer
diente 108 91 — 90
En el axis (número 14), falta lo cpófisic, espinosa con sus
correspondientes apófisis articulares. Como este hueso aún no
se conoce en la especie G. Dancinü, lo he comparado con el
axis del Mylodonrobustus. La diferencia más notable que pre-
senta consiste en las superficies articulares con el atlas, que
son bastante más grandes. El proceso odontóides en el G. do-
mesticum es mucho más grueso, pero relativamente menos pro-
longado y con una superficie articular muy grande.
Las medidas comparativas son las siguientes:
— 436 —
M. r. G. d.
Diámetro transversal del cuerpo (centrum) en la parte donde
se une con la tercera vértebra cervical 57 50
Diámetro superior-inferior del mismo 45 43
Largor del cuerpo ántero -posterior desde la margen posterior
de la superficie articular del proceso odontóides hasta la
margen posterior del cuerpo 58 50
Ancho mayor del axis medido entre las dos facetas articula-
res del atlas 84 87
Diámetro transversal del proceso odontóides 25 32
Diámetro superior- inferior del mismo 26 40
Diámetro superior- inferior de la superficie articular del atlas. 37 45
Diámetro ántero -posterior de la misma superficie .... 30 34
De las otras vértebras cervicales, la del número 14 está casi
completa; sólo le faltan las espinas transversales. A pesar de
que esta vértebra proviene de un animal joven, es más ó menos
del mismo tamaño que la correspondiente del AI. robustus, al
cual se parece mucho.
Sus dimensiones son las siguientes en milímetros:
M.r. G.d.i5
Diámetro tran.sversal del cuerpo 56 56
Altura del mismo 42 40
Diámetro transversal del foramen vertebral 49 46
Altura del mismo 38 4.S
Altura de la espina dorsal 60 58
Las vértebras dorsales (número 16), son bastante incompletas
y provienen de animales jóvenes. Parece que las apófisis espino-
dorsales fuesen mas angostas que las del Mylodon.
El omjúplato (número 18) es el más completo. A juzgar por la
parte inferior, que está conservada, es bastante más grande que
el del M. robustus. La cavidad glenóidea es más cóncava y la
margen postcapular no sobresale. La apófisis acromial es muy
arqueada hacia abajo y muy prolongada.
Las medidas comparativas son las siguientes en milímetros:
J\/. r. G. d.
Diámetro transversal de la cavidad glenóidea. ..... 94 102
Diámetro ántero -posterior de la misma. ....... 54 62
Distancia de la margen posterior de la cavidad glenóidea
hasta la apófisis acromial . 182 198
En el húmero (número 92) solamente se ha conservado la diá-
físis. La cresta y la tuberosidad lateral interna son mueho menos
pronunciadas que en el 31. robustus; pero esto quizás ocjn'i'a por
— 4.S7 —
provenir de un animal algo joven. Las crestas donde arrancan
los músculos son muy poco pronunciadas y sin asperezas. Este
húmero es muy aplanado, por lo que se parece más al del gé-
nero SceUdotheritim que al del Mylodon.
El número 22 es muy particular; su forma es igual á la
anterior, pero la mitad más pequeño, y, sin embargo, parece
provenir de un animal adulto. Las crestas, desde donde arran-
can los músculos, se presentan en las mismas condiciones como
en el otro; esto daría lugar á la suposición de que ha existido
una raza más pequeña, pero como es la única pieza de este
tamaño, no se puede afirmar nada con seguridad.
He aquí la comparación de las medidas en milímetros:
M.r. G.d.2i G.d.22
Espesor ántero-isosterior de la diáfisis un poco debajo
de la cresta media 55 48 31
Anchor externo -interno en la cresta media .... 95 81 .50
Las dos tibias (números 24 y 25) son de individuos adultos,
pero de distinto tamaño. Por su forma general, se asemejan
algo más á la tibia del Lestodon que á la del Mylodon. La faceta
articular fémuro-tibial interna es de forma semicircular como
en el primero y no oblicua como en el Mylodon. La superficie
articular correspondiente al tuberosum es relativamente muy
grande. La parte distal es bastante parecida en los tres géneros.
He aquí las medidas comparativas, en milímetros, de una
tibia de L. armatus, de un individuo no muy viejo; de M. robustus
y de la tibia más grande (número 24) del O. domesticum :
L. a. M. r. G.íi.24
Diámetro ántero- posterior de la faceta articular inter-
na fémuro-tibial 07 82 86
Diámetro interno-externo de la misma 06 62 90
Diámetro interno -externo de la faceta articular externa
fémuro-tibial 81 62 61
Diámetro ántero-posterior de la misma 72 56 66
Diámetro interno -externo de la parte proximal de la
tibia 196 146 166
Diámetro ántero-posterior de la misma parte en el
medio 127 95 99
Diámetro ántero-posterior de la diáfisis 99 76 81
Altura de la tibia en el centro de la parte anterior . 318 221 231
Diámetro interno -externo de la parte distal. . . . 156 116 131
Diámetro ántero-posterior de la misma 126 101 121
De esta comparación de medidas resulta que la tibia del G.
domesticum, si bien es más grande que la del M. robustus, se
aproxima más á éste que al L. armatus.
— 438 —
De la tibia (número 26), que proviene de un individuo joven,
sólo se ha conservado la diáfisis.
El peroné (número 27) es muy incompleto; la parte distal
falta enteramente y la proximal es muy imperfecta. El diámetro
ántero-posterior de la diáfisis es de36mm., y en el M. robustus
de 30. !'"1 diámetro interno-externo es de 26 mm. por "18 en el
M. robustus.
Los huesos cepiculum y el tuberosum (número 28) se ase-
mejan bastante á I03 correspondientes del SceJidotlterinm.
Los dos huesos naviculares (número 30) provienen de dos
individuos de diferente tamaño. En cuanto á su foi'ma, se pa-
recen más al Mylodon y Lestodon que al pié posterior que
Ameghino atribuyó al género Grypotherium. La faceta que ar-
ticula con el estrágalo tiene, en la parte interna superior, una
elevación que falta en el M. robustus; taml)ién la faceta articular
cuneiforme es distinta de ésta. En lo demás, se parece al navi-
cular del M. robustus, solamente que es más grande.
Las medidas son las siguientes en milímetros:
M.r. G.d.
Diámetro transversal 62 70
Diámetro superior- inferior 48 53
También el cuboides (número 31) presenta, en las facetas
articulares, diferencias fundamentales con el cuboides del pié
que el señor Ameghino creyó que pertenecía á este género.
En cambio, tiene mucha semejanza con el del Mylodon; so-
lamente, en la parte proximal, hay una superficie articular que
se une con el cuneiforme del medio, lo que es propio del gé-
nero Scelidotherium pero no del Mylodon.
M.r. G.d.
Altura de la parte superior
Diámetro superior-inferior en la parte distal
Diámetro superior-inferior en la parte proximal. . .
En el metacarpo (Mt. IV), número 32, falta la superficie ar-
ticular. Proviene de un individuo joven.
Por la forma que presenta la falange unguífera número 33,
creo que pertenece al tercer dedo del pié anterior. Esta no pre-
senta notables diferencias con las falanges correspondientes del
Mylodon; es un poco menos arqueada en la punta y un poco
más chica. Su largor total es de 122 mm. y la del M. robustus
tiene 142.
La falange unguífera (número 34) corresponde, creo, al se-
— 439 —
gundo dedo del pié posterior, y, en este coso, las falanges de los
pies posteriores son mucho más chicas que los de los pies an-
teriores, como sucede en el género Mylodon. Por su forma, se
parece mucho á la falange unguífera del segundo dedo del
Mylodon. Esta falange tiene todavía un poco de pelo adherido,
lo que demuestra que estaba cubierta de él hasta las caras.
Las dos falanges de dedos rudimentarios (número 35) perte-
necen, probablemente, una al cuarto y otra al quinto dedo del
pié posterior. La falange del cuarto dedo tiene una pequeña
punta, lo que hace suponer que ha llevado una uña córnea.
Las tres uñas grondes (caras córneas), número 36, son an-
gostas, largas y muy puntiagudas, con cantos filosos, lo que
prueba que el animal no ha caminado sobre ellas. Segura-
mente pertenecen al pié anterior, y, siendo así, parece que el
Grypotherium caminaba como el oso horvmgnQVo (Mijrinecopluujus)
con las uñas de los miembros anteriores dobladas hacia adentro,
mientras que con los pies posteriores caminaba sobre éstas,
porque, en el número de las uñas incompletas y rudimentarias,
hay algunas que pertenecen al pié posterior y se vé bien que
están gastadas, lo que demuestra que el animal ha caminado
sobre ellas. La más grande tiene un largor de 116 milímetros.
Las costillas (número 38) están muy incompletas y no pre-
sentan ninguna particularidad.
El gran trozo de cuero (número 39) está muy arrugado y
deformado, lo que hace muy difícil determinar á qué parte del
cuerpo corresponde. Por la dirección que presenta el pelo, puede
ser que haya sido del costado derecho de la parte anterior del
animal; la parte a (fig. 1, lám. IV) debe corresponderá la región
dorsal; el pelo está dirigido hacia atrás y un poco hacia abajo.
En h, el cuero está muy doblado, y parece pertenecer al pescuezo.
En la parte c, el pelo de ambos lados va hacia el centro; por
esto creo que corresponde á uno de los miembros anteriores,
siendo el centro de dicho pedazo la parte posterior del brazo.
En el oso hormiguero, se observa que el pelo de la parte
interna y externa de los miembros anteriores va dirigida hacia
atrás y un poco hacia abajo, juntándose en el medio en la parte
posterior, en cuyo sitio el pelo es muy largo. Otro tanto ocui're
en el presente cuero, parte c.
En la parte d, el cuero está muy plegado y doblado; el pelo
tiene dos direcciones, por lo que supongo corresponda á la
parte ventral. En el lugar que debería pertenecer á los costa-
dos del lomo, el pelo está muy gastado, solamente han que-
dado algunos aislados que parecen estar enteros, midiendo
— 440 —
hasta doce centímetros de largo. En la parte b, que corres-
ponde al pescuezo, el pelo está mejor conservado y mide de 7
á 10 cm.; en la región cubital varía de 15 á 22 cm. de largo
y en la parte ventral de 10 á 15.
Entre los mechones de pelo que se han encontrado sueltos
en la caverna, hay algunos que miden más de 30 cm. de largo.
El espesor del cuero varía entre 5 y 14 mm. El cuero, pelo
y huesecillos han sido muy detalladamente descriptos por el
doctor LonnbergC) y por el señor A. Smith Woodward(") y yo
sólo quiero agregar que huesecillos, sin ninguna clase de dibu-
jos, iguales á los que están embutidos en este cuero, existen
también en el Mylodon; en cambio, entre los del Grypotherium
dojnesticum, hay algunos que presentan dibujos parecidos á los
del Mylodon en el lado superior; de manera que, por la falta ó
la presencia de dibujos en los huesecillos, no es posible deter-
minar el género.
Respecto al tamaño y forma de los huesecillos, varían tanto
en un mismo cuero, que no se puede distinguir una forma espe-
cífica. He observado algunos de tamaño tan grande, provenien-
tes de un Mylodon, como no los he visto en el Grypotherium.
Ameghino dice que los huesecillos del Neomylodon están
embutidos en la parte más profunda del cuero, dando á la su-
perficie interna un aspecto de calle empedrada. En el O. domes-
ticum se encuentran en el medio del espesor del cuero, y sola-
mente donde está gastado aparecen en la superficie, ya sea del
lado interno ó externo.
Este trozo de cuero mide 110 cm. de alto por un metro de
largo aproximadamente. No se puede dar una medida exacta
por estar muy arrugado.
Todavía me resta por describir el estiércol (número 52),
para lo cual necesitaría el análisis de un especialista. A simple
vista, se nota que el animal ha sido herbívoro y parece que se
ha alimentado exclusivamente de vegetales. La forma de las
bolas fecales está bien visible en la lámina IV. Para facilitar
la comparación se han fotografiado bolas fecales de elefante,
caballo y grypotherium.
(') E. Lonnberg: «Oii some Remains of ik Neomylodon Lislai» Ame-
ghino, brought lióme by the Swedish Expedition to Tierra del Fuego
1895-185)7,11 Wissensch. Ergebn. schwedisch. Exped. Magellanslünd. unter
Leitung V. Otto Nordenskjold, vol. 11, p. 119-170, lám. Xll-XIV, 1899.
(-) Dr. F. P. Moreno: «On a Portion of Manimalian Skin, named Neomy-
lodon Lislai, froni a Cavern near Consuelo Cove, Last Hope Inlet, Patago-
nia» y A. Smith Woodward: «Description of the Specimen». Proceedings of
the Zoological Sociely of London. June Ist, 1899.
— 441 —
Las figuras 2 y 3 de la lámina IV son de elefante, la figura
4 es de caballo; 5, (> y 7 del G. domcsticum. Todas las figuras
han sido tomadas en la misma proporción, aproximadamente
una quinta parte del tamaño natural.
Como se vé, las bolas fecales del G. doniesticmn son muy
características, compuestas de discoides muy apretados unos
contra otros y de una forma muy diferente a las del caballo
ó de cualquier otro viviente actual de la Patagonia. Entre el
estiércol extraído del paraje de la gruta, señalado por el señor
Hauthal como chiquero, hay bostas de muy distinto tamaño,
pero todas presentan el mismo aspecto que prueba su proceden-
cia de una misma clase de animales, sólo de diferentes edades.
Mientras las más grandes tienen un diámetro de 18 cm., otras
tienen 12 cm. y las más chicas sólo alcanzan á 8 cm. Este es
un hecho que viene á robustecer más la hipótesis de que los
animales grandes y chicos han sido encei'rados en esa parte
de la caverna; si, por el conti'ai'io, hubieran transitado en com-
pleta liliertad ó sólo hubiesen estado allí accidentalmente, no
se encontraría el estiércol en un solo paraje y es de suponer
que estaría muy mezclado con estiércol de otros animales.
Tanto las dimensiones del estiércol como las de todos los
otros restos del Grypotherium indican que éste ha sido un ani-
mal de gran talla. De la comparación de los huesos con los
del M. robustiis resulta que ha sido más grande (¡ue éste.
Para dar una idea de su tamaño, cito aquí algunas medidas
del M. rohustns y del hipopótamo anfibio.
Hip. M. r.
Largo total desde la nariz hasta la punta de la cola . . 2"900 S^OOO
Altura en el pescuezo (axis) 1,02.5 980
Altura en la cruz (penúltima vértebra) 1,065 1,205
Anchura del cuerpo en la penúltima costilla 790 930
De la comparación de estas medidas, se vé que el Ai. robustas
era en todo más alto y más corpulento. Ahora bien, como los
restos encontrados del G. domesticum indican que éste era más
grande que aquél, se puede deducir que habrá alcanzado la al-
tui'a de un rinoceronte y que debía ser aún más corpulento que
éste. Por la forma de la cabeza tan prolongada y angosta, y por
el pelo largo, grueso y rígido que cubría su cuerpo, se aseme-
jaba más al oso hormiguero que al perezoso.
Es claro que el señor Lista no vio al G. domesticum. ¿Cómo
hubiera podido confundir este señor á un animal parecido al
Tomo IX 3 9
— 442 —
oso hormiguero del tamaño de un rinoceronte con un pangolin
que apenas tiene la talla de un zorro?
Ya he dicho anteriormente que no se sabe de qué animal
provienen los huesecillos descriptos por Ameghino en su primer
trabajo; si existiera la seguridad que proviniesen del pedazo de
cuero que el año pasado se trajo al Museo, no tendría incon-
veniente en conservar el nombre especifico Listai. Pero el señor
Ameghino dice que su hermano Carlos le ha enviado los huese-
cillos desde Santa Cruz y que provienen de un cuero de lemisch
que está en poder de un indio; de manera que no se sabe si
los huesecillos en cuestión provienen de un género desconocido,
en cuyo caso de un Neomylodon ó si son de un Mylodon, ó
del Grypotherium. Por estas razones no quiero adoptar el nom-
bre de un animal que no se sabe lo que es; de cualquier ma-
nera, la descripción que dá este señor del Neoimjlodon Listai
no coincide en nada con el Grypotherium. Según él, el Neomy-
lodon es un anfibio, «un animal feroz capaz de arrastrar con
sus garras á los caballos hasta el fondo de los lagos; tiene
una cabeza corta con grandes colmillos y el cuerpo cubierto de
pelo corto». El G. domesiiciim, al conti'ario, es de cabeza muy
larga; no tiene dientes en forma de colmillos, ni grandes ni
chicos, y está cubierto de pelo largo. Además, el Grypotherium
ha sido seguramente un animal doméstico que comía pasto y
habitaba tranquilamente la misma caverna con el hombre; por
consiguiente, no puede haber sido el animal feroz de que ha-
blan los indios tehuelches.
Entre los restos extraídos de la caverna de Ultima Esperanza,
hay unos huesos provenientes de una fiera; este animal coin-
cide, en parte, con la descripción que hace Ameghino del Neo-
mylodon, y si bien no concuerda en todo, adoptaré el nombre
específico Listai, reemplazando el nombre genérico Neomylodon,
por no ser adecuado, por el de lemisch.
FEUDM
lemisch Listai g. n.
(Lám. V, fig. I)
Los restos de este género encontrados en la caverna mez-
clados con los del G. domestieum, se componen de las siguientes
piezas:
44. Mitad inferior de un húmero.
45. La parte distal de un fémur incompleto.
— 443 —
46. Un metatarso (Mi. IV') casi completo.
47. Un metatarso incompleto.
48. Un trozo de pelvis que probablemente pertenece ú un
puma (felis concolor).
En el húmero (número 44) está conservada la diáfisis y la
parte distal. Por su construcción, se asemeja algo al F. tigris.
La diáfisis es, como en este último, relativamente alta y an-
gosta y tiene una fosa radial anterior bastante notable. Esta
fosa falta en los húmeros de F. leo, F. anca, F. concolor y otros.
La tuberosidad externa es un poco más corta y se parece algo
á la del F.leo; también se asemeja bastante á éste por el des-
arrollo de los entepicóndilos, principalmente en la tuberosidad
del lado inferior, aunque aquí es un poco más acentuada. La
cresta posterior del entepicóndilo se une sin interrupción al
canto de la supei'ficie articular cubital; la superficie articular
del radio no está completa.
Para facilitar la comparación, he representado el húmero de
varios felinos; en la lámina V, la figura 3 es del F. leo; la figu-
i"a 2 del F. concolor y la figura 1 del lemisch Listai.
He aquí las medidas en milímetros de los húmeros de di-
ferentes especies de felinos que tenemos en el Museo:
/. L. F. t. F. 1. F. o. F. c.
Diámetro ántero-posterior de la diáfisis . . 33 32 34 30 22
Diámetro interno -externo 25 27 30 23 19
Diámetro transversal de la parte distal, desde
el entepicóndilo externo al entepicijndilo
interno 75 74 82 63 55
El trozo de fémur (número 45) conserva el cóndilo externo
del pié derecho. Lo he comparado con fémures de muchos ani-
males; por su forma, se parece más al del -F. onra. Pero como
se trata de una pieza tan incompleta y que fué encontrada en-
treverada con restos de otros animales, no se puede afirmar
con toda seguridad que pertenezca á la presente especie. Si
realmente proviene de un fémur de lemisch, como yo creo, las
desproporciones serían entonces contrarias al Machaerodus;
pues es sabido que el húmero de este género es desproporcio-
nalmente grande con relación al fémur; mientras que en el caso
que nos ocupa, el fémur es relativamente muy grande, pues la
parte conservada es tan fuerte como la misma parte del Ma-
chaerodus. Su forma general, es la del fémur del F. ojipa, pero
la superficie articular de la rótula es aún algo más llana, más
ancha y menos elevada que en éste. Las tuberosidades externas
están muy desarrolladas, lo que prueba que el fémur proviene
de un animal muy viejo. En la parle lateral interna, donde ter-
mina la faceta del cóndilo, tiene una fosa bastante profunda.
La construcción del cóndilo se parece bastante á la del F. tigris,
con la diferencia que es algo mayor. Sólo puedo dar la medida
del cóndilo externo que mide desde el borde superior hasta el
inferioi', en el lemisch Listai, 51 mm.; en el Machaerodiis neoga-
cus, 50; en el F. tigris, 48 y en el F. concolor, 35 mm.
El metatarso (Mt. lY), número 46, es parecido, tanto por su
construcción como por su tamaño, al del F. tigris.
Las medidas comparativas son las siguientes, en milímetros:
Mach. I. L. F. t. F. 1. F. c.
Largor total en la parte superior .... 9'i 108 108 115 f'8
Diámetro interno- externo en el centro de la
diáfisis 19 14 14 15 10
Del metatarso (número 47) sólo se ha conservado la parte
distal que no presenta ninguna particularidad.
El trozo de pelvis (número 48), seguramente no pertenece cá
esta especie (7. Listai) ; probablemente proviene de un gran
puma F. concolor.
De la comparación de estos huesos con los correspondien-
tes de la familia felina, resulta que éste es de un gato mucho
mayor que los que habitan actualmente en la América del Sur.
Como los restos son pocos, no tengo completa seguridad
si realmente foi-man un género nuevo, y si por nuevos descu-
brimientos resultara que pertenecen al género Felis, se podrá
suprimir el nombre lemisch.
Las descripciones que hacen los indios tehuelches del le-
misch coinciden en su mayor parte con un animal de la natu-
raleza de los gatos, y es mucho más probable que ese sea la
bestia feroz de que ellos hablan y no el G. domesticum que se
alimentaba de pasto y vivía en compañía con el hombre en las
cavernas patagónicas. Puede ser que aquél sea la fiera noctur-
na, tan fuerte, que apresa con sus garras á los caballos lle-
vándolos á la rastra. Su talla mayoi' que la del puma y su
cabeza corta con grandes colmillos, coinciden con las de la
familia de los gatos, pero no con la de los desdentados. Es
muy posible que habitara en tiempo no muy lejano en las
orillas de los lagos y ríos andinos y que sea el tigre nahuel
que ha dado su nombre al lago Nahuel-Huapi.
Si bien hay gatos muy nadadores, como por ejemplo, el F.
on^a que vive con preferencia cerca de los ríos y lagunas, no
— 445 —
creo que entre la familia felina haya habido especies que ha-
bitaran en el agua y en tierra. Y si los indios han afirmado
al señor C. Ameghino que el lemisch es anfibio, es una misti-
ficación; tampoco creo que pertenezcan al cuero de éste los
huesecillos que Ameghino cita.
El cacique teliuelche Kankel, que aliora dos años me sirvió
de baqueano durante algunos meses, me refirió en varias oca-
siones que el abuelo le contaba que existia un animal muy
feroz en el lago Buenos Aires que era muy peligroso andar
cerca de él, y lo describía diciendo que cuando bramaba dis-
paraban todos los animales, y que, en una ocasión, cuando
andaba en la corrida de avestruz, cerca del lago, le había
muerto una tropilla de caballos.
Como todos los indios son muy supersticiosos y tienen mu-
chos cuentos de esta clase, no le hacía caso; pero, cuando tuvo
que acompañarme al lago Buenos Aires, comprendí que tenía
miedo, porqué durante el viaje tenía toda clase de pretextos:
que el camino era muy feo, que los caballos se iban á des-
l)iar, etc., hasta que en el último trayecto le ofrecí una muía,
y entonces me dijo que en el agua no se veía nada y que era
mejor no ir. Antes de la última marcha me manifestó que se
había concluido la carne; que él tenía que matar algún aves-
truz ó guanaco y que yo podía seguir con otros peones. Le
tuve que obligar seriamente á que me acompañara, pero, tres
leguas antes de llegar, me dijo que ya no podía errar el ca-
mino y que me fuera solo, que él me esperaría sobre una
loma desde donde se veía el lago. Yo quería que viniese hasta
el mismo lago pai'a que se convenciera que no había ningún
peligro. Le dije que era su obligación, como baqueano, de
estar á mi lado y que si no venía no le pagaría los tres me-
ses de sueldo que le adeudaba. Por último, conseguí que vi-
niera hasta un kilómetro de la orilla, sin poder lograr que lle-
gase hasta el mismo lago.
Yo creo que los indios actuales conocen al lemisch sólo por
cuentos tradicionales, y que reúnen los caracteres de diferentes
animales en uno solo confundiéndolos enti'e sí. Es muy pro-
bable que el anfibio, del cual cuentan que camina en tierra con
la misma facilidad que nada en el agua, sea un gran roedor,
de cuyo fémur hay un trozo entre los restos traídos por el se-
ñor Hauthal.
— 446 —
CÁNIDA
Canis sp. (?)
De esta familia, hay dos tibias (números 49 y 50), con las
cuales se han construido dos punzones (véase lám. V, fig. 4).
Parecen ser, por su forma, del Canis magellaniciis; pero, por su
tamaño bastante mayor, no pueden pertenecer á esta especie.
Las he comparado con varias tibias de perro doméstico; entre
éstas, con las del perro fueguina. La parte distal es bastante
distinta á la de todos los perros domésticos; por su tamaño
pertenece á un Canis entre el jithatiis y magellanicus, y puede
ser que corresponda á alguna de las especies de la formación
pampeana. Como casi todos los canis fósiles de esta formación
están determinados por cráneos y pedazos de maxilares, no se
puede saber si esta tibia corresponde á alguno de los ya des-
criptos y prefiero no señalarla con un nuevo nombre específico.
Entre los trozos de cuero hallados en la caverna, hay un
pedazo correspondiente á la cabeza y que conserva las dos ór-
bitas. Comparándolo con la misma parte del Canis magellanicus,
resulta ser bastante más grande. Es probable que pertenezca
al mismo animal del cual provienen las tibias. El color de los
pelos es amarillento como en el C. inagellanicus, con la sola di-
ferencia que los bigotes de aquél son amarillos en vez de negros.
Mephitis suffocans
Esta especie está representada por una mitad de mandíbula
inferior (número 51) ; y, como pertenece á un animal muy co-
nocido, no la describo.
RODENTIA
Los restos de este orden encontrados en la caverna, son los
siguientes:
'6
52. Un trozo de fémur de la parte proximal.
53. Un cráneo y un pedazo de la columna vertebral.
54. Un fémur y una tibia casi completos.
El trozo de fémur (número 52) conserva la cabeza articular
{caput), el cuello y el trocánter interno. Proviene de un roedor
mucho más grande que el carpincho {Hijdrochocrus captjhara),
pero es algo más chico que el Megamijs patayonensis. El cuello es
— 447 —
un poco más corto que el del Megamys; el tfocánter interno es
muy desarrollado con una pequeña cresta hacia abajo. Ks muy
proi)able r|ue pertenezca á un roedor desconocido; pero, sobre
una pieza tan incompleta, no quiei'o establecer un nuevo S'é'iero.
Las medidas comparativas son las siguientes en milímetros :
M. p. H. c. Raecinr 54
Diámetro ántero-posterioi' ile la cabeza articular . . 46 26 39
Espesor superior -inferior del cuello 2S 13 26
El cráneo y la columna verteliral (número 53), son del Ctcno-
Dujfi mageUmiicus.
El fémur y la tibia (número 54), pertenecen probablemente á
la misma especie; no los describo por ser bien conocidos.
EQUID^
Onohippidium Moreno
Entre los restos hallados junto con los de G. doinesticum, hay
las siguientes piezas de una especie desconocida del género
Onohipiñdium :
55. Un molar superior (mi).
56. Un pedazo de maxilar con dos incisivos muy quebrados.
57. Un pedazo de atlas.
58. Dos vasos; uno conserva la falange unguífera y el otro
sólo el casco. Los dos provienen de potrillos recién na-
cidos.
59. Una ranilla y varios pedazos de cascos de diferentes ani-
males adultos.
Onohippidium Saldiasi n. sp.
(Lám. V, fig. 6 y 1 o)
El molar (número 55) es el segundo molar superior del lado
izquierdo. Para facilitar la comparación y al mismo tiempo para
que el lector pueda formarse un juicio más exacto, he dibu-
jado en la lámina V el segundo molar de varios géneros. La
figura 5 representa el del caballo criollo {equus caballus); fig. 9,
el Hippidium ^compre.tsideus [^); fig. 8, el Onohippidium Muñixi:
fig. 7, un Onohippidium de una especie de la formación pam-
(') La fotografía ha sido tomada de un molde de yeso comprado al
señor Ameghino y determinado por él con este nombre.
— 448 —
peana no determinada, y liyura G, el molar número 55 de la
caverna de Ultima Esperanza.
A primera vista se nota que el molar número 55 y el de
Onohippidium (íig. 7) son idénticos; y á jiesar que el primero
es un poco más grande, pertenece á una misma especie. Es
sabido que los molares del género Onohippidium y los del Hip-
pidium se diferencian muy poco en su construcción.
Las diferencias distintivas de los dos géneros consisten, en
primer lugar, en una fosa lacrimal muy profunda que caracte-
riza al cráneo del Onokippidium; en el maxilar, del cual proviene
el molar de la figura 7, se ha conservado una parte de esta
fosa, de manera que no hay duda que pertenezca á este género.
Como los molares se distinguen no solamente por su tamaño
más reducido que los del Onohippidivm Muñixi, sino también
por diferencias en la forma de los pliegues de esmalte, propon-
go por estas razones, para la presente especie, el nuevo nom-
bi'e de Onohippidium Saldiasi (').
El pilar anterior-interno (protoconé) es en el O. Muñixi me-
nos prolongado y el pilar posterior-interno (hipoconé) es más
grande y de forma más redondeada que en el O. Saldiasi.
El espacio que ocupan los seis molares en el O. Saldiasi
es de 1G6 mm.; en el O. Muñixi, de 182 mm. El diámetro ántero-
posterior, en el penúltimo molar del O. Muñixi, es de 28 mm.;
en e\ O. Saldiasi, áe la formación pampeana, de 25; y, en el del
número 55, de 26 mm. El diámetro labio-lingual, en el primero,
es de 32 mm.; en el segundo, de 26; y, en el último, de 28 mm.
El pedazo de premaxilar, número 56, es muy incompleto.
El diámetro del i)rimer incisivo es, en la cara labial, de 21 mm.
Yo creo que éste pertenece á la presente especie, pero no hay
toda seguridad.
El trozo de atlas (número 57) es más angosto, pero más
fuerte que el atlas del caballo.
Las comparaciones de medidas, son las siguientes:
E. cab. O. Saldiasi
Anchor del atlas desde la margen anterior de la articulación
con el cóndilo occipital hasta la margen posterior de la
articulación del axis
Diámetro superior-inferior de la articulación con el cóndilo.
Diámetro interno -externo de la articulación con el axis.
(') Dedico esta especie al señor Ministro de Obras Públicas de la pro-
vincia de Buenos Aires, doctor don Adolfo Saldias, por el interés que ha
demostrado en pro del adelanto del Museo de La Plata.
— 449 —
Los vnsos (número 58) son muy chicos y provienen de ani-
males muy jóvenes que no han caminado; los bordes inferiores
están doblados hacia adentro y no presentan ningún vestigio
de desgaste; su aspecto es el de vasos de feto.
Los restos número 59 provienen de diversos individuos y
son muy incompletos; no presentan ningún carácter anatómico
particular. En la caverna chica, se han encontrado un molar
inferioi- y una falange unguífera. El molar está representado en
la liimina V, figura 10, y presenta, como se ve, diferencias con
el correspondiente molar de Kqiiiis: pero como no se conocen
los molares inferiores del orden Onohippidium, no sé si pertene-
cerá á éste. La falange es baja y muy ancha.
Auchenia Lama
De esta especie hay las siguientes piezas:
60. Varios maxilares superiores incompletos.
6L Un cráneo fracturado incompleto.
62. Varias mandíbulas inferiores incompletas, en su mayor
parte de individuos jóvenes.
63. Varias vértebras.
64. Varias costillas rotas.
65. Dos omóplatos incompletos.
66. Dos húmeros incompletos.
67. Varios trozos de diferentes miembros.
68. Un lote de pezuñas.
69. Varios pedazos de cueros.
Además de los restos enumerados, hay, en cajas, fragmentos
de huesos de diferentes animales que no presentan caracteres
para poder determinarlos.
70-106. Restos no determinables.
107. Un cajón con pasto.
108. Un cajón con plumas y pelos de diferentes animales.
109. Una caja con corteza y leña de árboles.
110. Dos piedras talladas.
111. Un omóplato de hombre.
112. Una caja con conchillas Mytilus chorus.
De la caverna chica, se han extraído las siguientes piezas:
— 450
Auchenia Lama
113. Varios maxilares superiores é inferiores.
114. Varias vértebras.
115. Varios trozos de omóplato y de pelvis.
IIG. Varios radios y un lote de huesos metacarpianos y fa-
langes.
117. Varias costillas incompletas.
118. Un molar inferior de Onohippidium (?).
119. Una falange unguífera de idem.
120. Un tarso-metalarso de avestruz.
121. Un lote de huesos fracturados.
122. Un lote de Mytilus chorus.
CONCLUSIONES GENERALES
No obstante no poderse afirmar con toda seguridad que el
G. dotnesticum se haya extinguido por completo, tengo la con-
vicción que actualmente no vive en ninguna parte de la Pata-
gonia. Kl señor Hauthal opina que los restos, encontrados en la
parte más inferior de la caverna, pueden pertenecer á la época
interglacial.
En la provincia de Buenos Aires se han encontrado i-estos
de grandes gravígrados en depósitos aluviales. Tanto el doctor
Moreno como el señor Ameghino mencionan estos casos. En
el mes de Mayo de 1882, cei'ca de San Nicolás de los Arroyos,
encontré restos de un Megaterio en tierra vegetal.
En «La Nación» de 1° de Julio de 1882, llamé la atención
de los paleontólogos del país sobre este hallazgo.
He aquí el artículo:
u Los restos de un megaterio. — Hemos recibido una segunda
carta de la misma persona que en días pasados nos anunciara
el hallazgo de los restos de un megaterio á ocho leguas de
San Nicolás de los Arroyos.
« El estudio de este fenómeno, dice la carta á que nos refe-
rimos, es de grandísima importancia para la ciencia, pues los
- 451 —
restos se encuenlron en una capa de liei'i'a negra- vegetal, en
la cual no se han hallado hasta hoy huesos de fósiles. En-
tiendo, pues, que son éstos los primeros que se encuentran
en los aluviones modernos.
« En vista de la importancia que este descubrimiento encierra
para el estudio geológico de los terrenos de la Pampa, consi-
dero que los hombres en él empeñados deben aprovecharlo.»
. En el año 1890, en la República del Uruguay, encontré un
fémur y dos tibias de un gran gravígrado, que probablemente
pertenecen al Grypotherium; estos restos, que están ahora de-
positados en el Museo de Zürich, presentan todo el aspecto dé-
los huesos frescos y no el de los fósiles.
Todos estos hallazgos demuestran claramente que, en época
muy moderna todavía, han vivido gravígrados gigantescos tanto
en la pampa argentina como en la República del Uruguay.
Pero, á pesar de todo, no cabe duda alguna que estos anima-
les no existían después de la conquista. Otro tanto sucederá
con los animales cuyos restos se han encontrado en la caverna
de Ultima Esperanza. Es cierto que éstos presentan un aspecto
mucho más fresco que los encontrados en la pampa, puesto
que conservan hasta fibras carnosas en los huesos. Sin em-
bargo, esto sólo prueba que esos restos se han encontrado en
condiciones muy favorables que impedían su fermentación y
descomposición. En análogas condiciones se han encontrado,
en Europa, restos de materias orgánicas de tiempos prehistó-
ricos; por ejemplo, los residuos de los habitantes lacustres en
Suiza; cueros de Cervus eunjcenis en Irlanda; cadáveres enteros
de Mamuth en Siberia, etc., etc. De manera que la conserva-
ción fresca de restos de animales no prueba la existencia ac-
tual de éstos.
Las excavaciones practicadas por el señor Hauthal en la
caverna de Ultima Esperanza han conducido al descubrimiento
de cuatro animales desconocidos que pertenecen á otros tantos
órdenes diferentes. Como los restos de todos ellos se encuen-
tran mezclados y en el mismo estado de conservación, es muy
claro que si en la actualidad existe uno, también pueden exis-
tir los otros.
Con motivo de la cuestión de límites con Chile, se han
hecho muchas exploraciones, en estos últimos tiempos, hasta
muy adentro de la Cordillera: se ha acampado durante meses
en las orillas de los lagos, ríos y arroyos, en medio de bosques
vírgenes donde hasta ahora nadie había penetrado, ni siquiera
los indios, y, sin embargo, ninguno de los hombres serios que
f'oi'maban parte de ellas ha traído la noticia de haber visto
rastros de un animal grande desconocido. El G. doniesticnm es
un animal de tal tamaño que no se puede esconder en cual-
quiera parte; además, su rastro y su estiércol llamarían la
atención de cualquiera que los viera.
Con más facilidad podría esconderse ei gran felino lemisch
Listai, pero también se habría encontrado su rastro si viviese
todavía.
Los exploradores están habituados á fijarse en cualquier
rastro que hallan en el camino, y el de un galo tan grande
indudablemente habría llamado su atención.
Otro tanto ocurriría con el gran roedor arriba mencionado.
Respecto al caballo O. Saldiasi, el señor E. Lynch Arribálzaga,
en su notable trabajo sobre el caballo criollo ('), ha demostrado
con evidencia que cuando vinieron los primeros españoles á
este país, el caballo ya no existia en la América del Sur.
Además, el Onohippidium debía tener un aspecto tan distinto
que no se confundii-ia con los baguales que existen en algunas
partes de la Cordillera austral.
Si los indios hablan de animales grandes y feroces, es por
cuentos tradicionales; si uno les pregunta cuando refieren estos
cuentos: «¿lo ha visto usted?» contestan: «no; pero me han
dicho que el indio tal ó el cacique cual lo ha visto». De la
misma fuente habrán tenido noticias los antiguos escritores que
hacen mención de esta clase de animales. La prueba de ello es
que todos confunden los caracteres de animales de diversos
órdenes reuniéndolos en uno.
Si se toma en consideración todo lo que habla en favor y
todo lo que habla en contra, sobre la existencia actual de uno
de estos animales mencionados aquí, llegamos á la conclusión
que ninguno vive en la actualidad.
Pero no por esto los hallazgos de la caverna de Ultima Es-
peranza tienen menos importancia científica; nos muestran de
nuevo que las materias orgánicas pueden conservarse largo
tiempo, encontrándose en condiciones favorables.
Ahora podemos formarnos una idea exacta de la configura-
ción del Grypotherium. Ahora sabemos que era un animal muy
(') Origen y caracteres del caballo criollo, «Semana Pairal», Septiembre
8 de 1894, Buenos Aires.
— 453 —
parecido al oso hormiguero, y lo que venimos liablando, desde
hace años, el doctor Moreno, Ameghino y yo, de que en los
desdentados extinguidos debían haber habido animales domés-
ticos, viene á confirmarse con evidencia.
De los tiempos glaciales no se conocían restos de animales
terrestres en la Patagonia, á pesar de que los mejores colec-
cionistas de paleontología han explorado durante medio siglo
esta región. Sólo el doctor Moreno ha traído de estos lugares
el trozo de una pelvis de Glyptodonte. Ahora sabemos que, du-
rante la época cuaternaria, los grandes desdentados habitaban
también la Patagonia.
Con estos hallazgos tenemos una serie, casi no interrumpida,
de mamíferos terrestres de las regiones patagónicas, desde los
lejanos tiempos mesozoicos hasta hoy.
Santiago Roth.
Musco de La Plata, Agosto de 1899.
III
Coeiisteflcia del lioÉre coü iiii gran flesdeütaio y i epiuo
EN LAS CAVERNAS PATAGÓNICAS
POR
ROBERT LEHN^ANN-NITSCHE;
ENCARGADO DE LA SECCIÓN ANTROPOLÓGICA DEL MUSEO DE LA PLATA
Para efectuar el examen de los restos procedentes de Últi-
ma esperanza, me encuentro en análogas condiciones que mi
colega el señor S. Roth; no poseo más datos que puedan ilus-
trarme para llegar á saber si ha tenido intervención la exis-
tencia del homlire en el caso que nos ocupa.
Se me ha pedido que el'ectúe un examen minucioso y dé mi
juicio, á lo que accedo con sumo placer, puesto que es una
cuestión de capital importancia para la antropología sudameri-
cana, para la paleontología y para la cultura del hombre pre-
histórico.
Si cualquier dato que conti-ibuya á ilustrar la época anti-
gua de la América del Sud, hasta hoy tan desconocida, es bien
recibido, estaríamos más satisfechos si tuviéramos la suerte de
poder presentar súbitamente un nuevo cuadro que nos ilumi-
nara el horizonte.
La base que tenemos para el estudio de esta cuestión, es el
informe y los hallazgos del señor Hauthal, quien ya ha hecho
sus conclusiones; á mí sólo me corresponde el estudio de los
objetos.
Vamos á examinar separadamente las diferentes piezas, de
acuerdo con el inventario dado por el señor Roth.
De manera que entraremos en la investigación de los restos
encontrados en la caverna grande, empezando, ante todo, por
los del gran desdentado.
— 456 —
GRAN DESDENTADO
(Grypotherium domesticum Roth.)
N" 1 (lúm. II, ñií. 1). Es mus bien uaa cápsula ó envoltura
cerebral (|ue un cráneo propiamente dicho. En su mayor parle
está todavía cubierta por el periosto y restos de las fibras mus-
culares.
Se han conservado restos carnosos, especialmente en las
partes gibosas del cráneo, es decir, en la región de los petro-
sos, en la parte baja izquierda de las líneas semicirculares oc-
cipitales, en la fosa articular izquierda del cóndilo de la man-
díbula inferior y alrededor del cóndilo occipital izquierdo. Por
este motivo, presenta un aspecto sucio, de color castaño oscuro,
y parece mejor limpiado en los lugares donde no han existido
músculos, pi'incipalmente en los parietales, entre las inserciones
de los músculos temporales.
El cráneo presenta una infinidad de mutilaciones diferentes
que sólo le han dejado, como ya hemos dicho, la cápsula cere-
bral. Primeramente ha sufrido una rotura transversal á la altu-
ra de los arcos cigomálicos. La línea de fractura, propiamente
dicha, no existe. Los límites de la quebradui'a son muy iri'e
guiares. Vistos desde arriba se destaca una púa de los parie-
tales (lám. II, fig. 1, letra a). Observándolo de costado, la irre-
gularidad es aun algo más notable; está dentellado, lleno de
pequeñas puntas y picos. Desde la línea de fractura parten
varias fisuras hacia la parte posterior, especialmente en el cos-
tado izquierdo.
Este aspecto particular que presenta es debido á la forma-
ción singular del díploe, cuyas cavidades también han sido
abiertas á causa de la rotura. Creo necesario hacer presente
que las cámaras del díploe tienen el mismo aspecto que se
observa en las partes del cráneo, donde el hue.so está bien lim-
pio. Visto desde abajo, la destrucción es mucho mayor; queda
todavía una pequeña parte del vomer; además, los huesos están
irregularmente fVacturados sin tener una dirección fija.
He ahí el aspecto que presenta el críineo en la parte ante-
rior. Además hay otras lesiones.
En la parle posterior de los parietales, la lámina externa
está hundida en varias partes. Un gran agujero irregular (lá-
mina II, fig. 1, lelra b) está situado cerca del occipital; se conoce
perfectamente bien cómo las partes marginales han sido des-
garradas y dobladas hacia adentro por la fuerza del golije. Lo
40/
mismo se observa en otro agujero (c), situado en el lado dere-
cho, pero un })oco más pequeño ; el borde posterior está asti-
llado concéntricamente y hundido. Más ó menos, lo mismo se
observa en otro agujerito situado un poco más adelante del
recién descripto; tiene también los bordes hundidos (d). Visto
desde arriba presenta, además, un pequeño vestigio de golpe (e).
La lámina externa no está perforada, sino simplemente aplas-
tada, un poco hundida, á causa de la fuerza del choque, que
no ha logrado romperla. Es interesante esta lesión, porque da
á conocer el instrumento que la ha causado; se ve que la
punta de éste era pequeña y obtusa. Además, entre el ¡¡arietal
y el occipital, se nota otra lesión con los bordes aplastados
hacia adentro (/").
En los dos costados, los procesos cigomáticos de los huesos
temporales han sido cortados directamente en la raiz (g, h), de
manera que han sido abiertas las cámaras del díploe; también
han sido cortadas de raíz las alas del hueso esfenóides.
Visto siempre desde abajo, se nota un destrozo óseo en el
petroso derecho, adentro y un poco más atrás del conducto
auricular derecho y en frente del foramen condilóideo del mismo
lado. En esta parte, que acabamos de describir, el hueso está
lesionado por un instrumento agudo y las astillas permanecen
todavía, por encontrarse cubiertas por los músculos y los teji-
dos disecados.
Un destrozo análogo, aunque de mayor consideración, se
percibe en la misma región, pero del lado izquierdo. Además,
lia sido completamente arrancado el anillo timpánico izquierdo.
Los dos cóndilos presentan indicios de violencia; el derecho
está casi completamente cortado, conociéndose i>erfectamente
que lo ha sido con un instrumento sin filo. En una parte se
percibe muy bien como la superficie ha sido apretada en la
substancia esponjosa. Evidentemente que los cóndilos han sido
lesionados durante el proceso de sacar la cabeza de la columna
vertebral.
Aunque esté de más, creo conveniente hacer resaltar que
todas las lesiones aquí descriptas son viejas, es decir, que re-
presentan el mismo estado de conservación de todo el cráneo.
No cabe duda que se trata de destrozos intencionales. El ani-
mal ha sido comido y el cráneo aprovechado lo mejor posible.
Toda la carne ha sido bastante cuidadosamente quitada; y con
el objeto de conseguir la mayor parte posible de comida, han
cortado todas las prominencias óseas, de manera que sólo ha
quedado la cápsula cerebral. No se perciben indicios de fuego.
Tomo IX 40
— 458 —
N" 2. Porte posterior de una cápsula craneóidea de un ani-
mal joven. — Lo que se ha conservado tiene un color moreno-
amarilloso brillante. Falta completamente el periosto, etc.; sola-
mente en el occipucio, en la región de la tuberosidad y en los
dos costados arriba de los cóndilos, existen todavía algunos
desgarramientos de los músculos en sus inserciones.
Visto desde abajo, la base del cráneo está casi completa-
mente liltre de periosto, mientras que, en los dos costados, las
partes inferiores de los petrosos y la región alrededor del con-
ducto auricular exterior, hasta los' cóndilos occipitales, está to-
davía completamente envuelta entre las masas musculares y
el tejido conjuntivo. Los cóndilos occipitales poseen todavía,
en parte, el cartílago disecado.
Este cráneo ha sido más cortado que el anterior. Sólo se ha
conservado también la parte posterior de la cápsula craneóidea,
pero mucho más destrozada que el ejemplar número 1.
^'ista de frente, esta cavidad está en alto grado abierta, lo
que no ocurre en la del número i. Ha sido cortada muy atrás
y Iransversalmente, y de los parietales solamente queda un
resto de tres dedos de ancho. Vista desde abajo, la base tam-
bién se encuentra rota, transversal y rectamente, delante del
conducto auditivo externo.
Arriba, en el parietal izquierdo superior y un poco en el
occipital, la tabla externa está hundida muy irregularmente en
un gran espacio. El borde de este defecto está en parte irre-
gularmente astillado y las astillas van dirigidas hacia adentro.
Fallan los procesos cigomáticos. El cóndilo occipital izquierdo
está ligeramente lesionado. Alrededor del conducto auricular
derecho hay muchos destrozos y nj)lastumientos de los huesos
y [)artes blandas.
Todos estos indicios de golpes son viejos y del mismo color
de la superficie del cráneo. Como en el ejemplar anterior, no
hay duda que se trata de restos de un festín, en el que no se
han tomado el trabajo de roer el cráneo con gran cuidado, en
la parte inferior. No hay indicios de fuego.
N" 3. Un buen número de restos de temporales, frontales y
nasales, completamente despedazados. — Las fracturas son vie-
jas; en ciertas partes hay todavía colgajos de ¡¡eriosto y mus-
culatura. Sería inútil una descripción detallada para cada pieza.
N" 4 (lám. III, tig. i**). Pedazo manuable sacado de un ma-
xilar derecho. — Casi cuadrado, el arco cigomático está arrancado
de raíz. Hay una gran porción de partes blandas disecadas.
No me explico si las coronas que faltan de las muelas han
— 459 —
sido cortadas intencionalmenle por el hombre ó si se han
caído solas por la influencia de las inclemencias del aire, pero
me inclino á esta última suposición.
N° 5. Es también una parte de maxilar izquierdo. Este ejem-
plar ha sido tal vez desligado de la unión con los huesos ve-
cinos ó quizás directamente roto. El proceso cigomático está
cortado. De color amarilloso brillante. Solamente existen algu-
nos pocos residuos de las partes blandas en la cavidad que
está situada delante del proceso cigomático (láni. III, fig. 1^).
N" 6. Varias astillas de maxilares. — En la superficie de las
Fracturas quedan todavía residuos de la capa de estiércol, donde
fueron encontrados.
N" 7. Dientes sueltos. — No tienen importancia para nuestro
trabajo.
N" 8. Varios arcos cigomáticos. — Han sido desligados de la
unión con el proceso cigomático del maxilar, y, en caso de
resistencia, en animales viejos, se ha producido la rotura. Los
arcos cigomáticos, muy semejantes á los cuernos de un gamo,
han sido tal vez recortados en las puntas exteriores.
En un solo ejemplar, proveniente de un individuo viejo, ha
sido cortado por la mitad, quedando sólo la parte posterior;
faltan, por consiguiente, las ramificaciones. Esta misma mues-
tra posee todavía los tejidos conjuntivos y tendones que no
conservan las demás muestras.
N" 9. Parte media de una mandíbula izquierda con los cua-
tro dientes (lám. III, fig. 3^). — Alrededor de las muelas existen
todavía las encías; en lo demás de la superficie del hueso sola-
mente hay algunos pedacitos del periosto. La mandíbula ha sido
rota delante del primer diente y detrás del último; además, se
conocen muy bien en la superficie interior de la mandíbula, un
jioquito abajo de la última muela, dos indicios evidentes de
golpes, que han astillado el hueso. La superficie de este últi-
mo, entre el tercero y cuarto molar, está contundida.
Se vé muy bien que algunas astillas de la lámina externa,
conjuntamente con ésta, han sido encajadas en la parte inte-
rior y baja de la fractura posterior. Creo que la falta de las
coronas, en los dientes, tiene su explicación en el tiempo.
N» 10. Muy semejante al número 9, pero mucho más cor-
tado.— E.xisten las encías y astillas del periosto. La mandíbula
ha sido cortada delante del primero y detrás del último diente;
también ha sido golpeada en la parte inferior, de modo que las
cavidades de las raíces dentales están á la vista y puede decirse
que estas raíces también han sufrido golpes. Del borde de la
fractura entran fisuras al interior del hueso (lám. III, fig. 3*).
— 460 —
N° 11 (lám. II, fig. 2, lám. III, fig. 3"^). Pedazo bastante grande
de la mandíbula derecha, cortado de la misma manera que los
anteriores; existen encías y algunas partes ó pedazos del pe-
riosto. La porción del hueso, que forma la parte sujjerior de
los alvéolos dentales, ha sido cortada en forma de lámina, de
manera que está completamente separada del resto de la man-
díbula; pero se adapta perfectamente bien. En la lámina II,
figura 2, la línea de separación de los dos huesos de la mandí-
bula se encuentra marcada por las letras a, h, e. Es indudable
que esa lámina no ha sido separada durante la excavación,
sino inmediatamente después de la muerte del animal. Es ver-
dad que se adaptan perfectamente los planos de la rotura, pero
el periosto que cubre las dos piezas, la mayor y la menor,
tiene distinto aspecto y está más disecado en la parte menor.
En caso de una lesión casual durante la excavación, el periosto
debería tener el mismo color. En la figura 3"=, lámina III, ha sido
representada la pieza mayor únicamente.
La parte inferior no está rota. En la SM|ierficie interna,
cerca del borde más bajo, en la región comprendida entre el
segundo y tercer diente, se percibe un indicio de golpe que
solamente ha tocado el hueso sin lesionarlo mayormente. Esto
es importante, porque nos da la prueba indudable que ha sido
producido mientras que el hueso estaba todavía fresco; es decir,
inmediatamente después de la muerte del animal. Alrededor de
este vestigio hay una infiltración .sanguínea y descoloramiento
del tejido ó.seo, lo que solamente ha podido suceder durante el
estado fresco del hueso.
N" 12. Varios pedazos de mandíbulas ó, mejor dicho, de
astillas de este hueso. — Faltan los dientes; los alvéolos están
llenos del mismo estiércol, como toda la pieza.
N" 13. Arco nasal. — Maravillosamente conservado. Todavía
tiene colgando restos de cartílagos y partes blandas. No se
perciben con seguridad indicios de cortes; no me arriesgo á
determinar si algunas hendiduras que presenta en la superficie
cartilaginosa del costado interior, han sido producidas por es-
trechamiento ó por un instrumento agudo (cuchillo); pero esto
importa poco. No se explica cómo esta pieza, con las sínfisis
sucias todavía de estiércol y tieri'a, ha i>odido ser hallada ais-
ladamente. Lo lógico es que el hombre la hubiera quitado
directamente del cráneo.
N" 14. Una extremidad de este hueso hióides está cortada.
N" 15. Epistrófea. — Las superficies cartilaginosas que ar-
ticulan con el atlas están conservadas y rajadas. En un lugar
— 461 —
se percibe la diferencia entre las rasgaduras producidas por
estrechez y las lesiones artificiales. La vértebra está completa-
mente cubierta por los ligamentos. La parte posterior que cie-
rra la espina dorsal está corlada. Además, hay lesiones ade-
lante y en el costado del cuerpo de la vértebra. Hay algunos
lugares curiosos, de color rojo negro, en mayor extensión, prin-
cipalmente en la cara izquierda de la articulación con el atlas;
puede ser que sean los restos del fuego, porqué quizás hayan
asado pedazos de la vértelira.
N" 16. Vértebra cervical. — La punta de la apófisis espinosa
y las apófisis transversales están lesionadas; las caras articula-
res poseen todavía, en su mayor parle, la superficie cartila-
ginosa.
N" 17. ^'arias vértebras dorsales fracturadas, de manera que
de algunas sólo quedan astillas y de otras el cuerpo de la
vértebra. Todas están, más ó menos, cubiertas de estiércol.
N° 18. Pedazo de una clavicula cortada por la mitad. — Hay
restos disecados de los músculos.
N" 19. Pedazo grande de un omóplato derecho, muy corlado.
— Lo que queda es la parle que lleva la cara articular. Esta
última está cubierta todavía con el cartílago moreno-rojizo y
posee aún los ligamentos de la cápsula. Además, quedan par-
tes del acromion: la parle que tiene el foramen incisivo, y una
parte de la base de la espina escapular. Se vé que el omóplato
ha sido irregularmente corlado. Si fuera una lesión casual
producida durante la excavación, se percibirla la diferencia en-
tre una lesión reciente y esas antiguas.
N» 20. Muclias astillitas y desperdicios de omóplatos cor-
tados.— Poseen todavía, en pai'te, residuos de ligamentos y
músculos. Dado el gran número de estas astillas (cerca de
treinta), me parece que es inútil una descripción detallada.
N" 21. Parte media de la diáfisis de un húmero derecho. —
Las dos epífisis están corladas. En un lugar del plano proxi-
mal del rompimiento se percibe el centro del golpe, que está
en el mismo hueso. Es más ó menos redondo; los alrededores
están concéntricamente astillados. Probablemente, este golpe no
ha bastado para cortar, de una vez, el hueso grueso cubierto
por gran cantidad de partes blandas, aunque no se pueden
percibir otros centros de golpes en el plano proximal. Si pri-
meramente se hubiera tratado de cortarlo con un instrumento,
se observarían dos partes muy distintas en el plano de rotura:
una lisa, producida por el corte de aquél y otra, completamente
irregular, causada por la fractura : la primera no se observa
ÍD
— 462 —
en este húmero. La línea dislal del rompimienlo esta muy den-
tellada y se aproxima á la tuberosidad deltoides hasta la dis-
tancia de un dedo. Aquí se puede suponer que ha sufrido un
olpe con un pequeño instrumento de muy poco corte pero
rectilíneo, que ha sacado, en la mitad de la línea del rompi-
miento, un pequeño pedazo óseo en forma de concha; sin em-
bargo, es muy difícil hacer conclusiones sobre la forma del
golpe y sobre la clase del instrumento empleado.
El hueso está completamente libre de perioslo, es de color
brillante y algo más oscuro que los demás huesos. Varios ara-
ñazos que presenta en toda la superficie del húmero, demues-
ti'an que el hueso ha sido muy liien limpiado, habiéndose
aprovechado toda la carne, hasta tal punto, que en esta opera-
ción se han sacado también partecitas de la lámina externa en
dos lugares. Estos rasgones han sido producidos, al parecer,
por un cuchillo poco cortante, probablemente de piedra.
N" 22. Astilla de la diáfisis de un húmero derecho de ani-
mal muy joven.- — Es la parte en que se inserta el músculo del
tóides. Se vé que el húmero ha sido cortado al través. No se
distinguen marcas de golpes.
N" 23. Astillas y restos fracturados de pelvis y fémui-es en
gran número (unos veinte). — Algunos poseen todavía restos de
carne y tendones. No se percibe el efecto de instrumento cor-
tante alguno. Me parece inútil una descripción detallada.
N" 24. Tibia izquierda de un animal adulto. — La substancia
cartilaginosa que queda todavía en las caras articulares pre-
senta hendiduras. En casi todo el hueso existen los extremos
de los músculos próximos á los puntos de inserción y también
desgarrones de ligamentos; en la superficie posterior liay vai-ios
arañazos muy finos, producidos por el instrumento que ha ser-
vido para sacar la carne y los ligamentos con poca precaución
é imperfectamente. Las partes blandas que quedan, están des-
hechas, en forma de hebras, lo que prueba que se ha usado
un instrumento obtuso. Es probable que, tanto un pequeño
defecto f|ue tiene en la esquina interna, como otro insignifi-
cante en la esquina anterior del cóndilo femoral interno, han
sido producidos al sacar el cuarto. No se pueden constatar
otras lesiones ni indicios de fuego.
N" 25. Tibia derecha de un animal adulto. — Las caras ar-
ticulares conservan el cartílago de color carmesí, oscuro y rojo-
moreno. La superficie posterior del hueso está libre de periosto,
mientras que en la superficie anterior existen una infinidad de
restos musculares y ligamentos, y, según parece, coágulos de
— 463 —
Directamente debajo del borde interno del cóndilo femoral
inlerno, se encuentra una lesión notable que, al parecer, ha
sido producida por la pala al efectuarse la excavación. De ori-
gen dudoso es otra lesión semejante, situada un poquito arriba
del maléolo tibial. No se perciben otras lesiones.
N" 26. Parte proximal de la diáfisis de la tibia derecha de
un animal muy joven. — La epífisis proximal no se había osi-
ficado todavía con ella, y se cayó, extraviándose. Está casi
comj)letamente libre de restos de tejidos y cortada transversal-
mente por la mitad; la línea de fractura es irregular; quizás
haya una señal de golpe en la esquina interna.
En el plano infei'ior de rotura, en la misma esponjosa, que
está completamente cubierta de estiércol, hay muchos lugares
negros, lo mismo que en el plano superior, que ha estado
unido antei'iormente á la epífisis. No puedo explicarme con
seguridad, si se trata de vestigios de fuego ó del estiércol po-
drido; esta última explicación es bastante probable.
N" 27. Dos astillas de peronés cortados. — Una conserva aún
restos de la parte ai'ticular.
N" 28. Un sepiculum. — No presenta ningún valor para nues-
tro objeto.
N° 29. Un tuberosum. — El cartílago articular presenta el
color de la cascara seca de naranja. Una parle está lesio-
nada.
N° 30. Dos naviculares. — El cartílago es de color anai-an-
jado, oscuro, moreno y rojo. Una de esas piezas está algo
lesionada.
N" 31. Cubóide. — Conservación, etc., como en las piezas an-
teriores. Hay algunas lesiones.
N° 32. Cuarto metatarso de un individuo joven, en parte
mutilado. — La superficie está gastada de una manera muy
particular: en los lugares donde la esponjosa aparece á la
vista, está impregnada con materia calcárea. Es evidente que
esta pieza ha sido macerada por las aguas calcíferas que caen
del techo de la caverna.
N"* 33, 34 y 35. Una falange terminal de una pata anterior,
otra de una posterior y dos rudimentarias. — Conservan, en
parte, los ligamentos. No presentan interés para nuestro objeto.
Otra falange terminal de una pata anterior (número 33 a),
está transversalmente cortada.
N" 36. Tres grandes uñas córneas. Su estado de conserva-
ción es muy diferente. Es difícil saber si existen lesiones ar-
tificiales.
464
N" 37. Lo mismo que hemos dicho del número anterior
N" 38. Astillas y pedazos de costillas.
Además de los objetos que hemos enumerado pieza por
pieza, hay un gran material de algunos centenares de astillas
y residuos muy recortados, procedentes de todas las partes del
cuerpo.
Están de tal manera deshechos que es imposible una cla-
sificación.
Resumiendo los indicios que nos presentan los huesos cor-
tados, vemos que todas las parles del animal han sido separa-
das y descarnadas al acaso, sin ningún cuidado.
No se puede saber con seguridad, por los restos, de qué
manera ha sido muerto el animal. Este ser indefenso y pesado,
con sus molares inofensivos, probablemente fué matado á gol-
pes de maza en la cabeza. Una vez sacado el cuero, el cadáver
ha sido desmembrado. Las parles mayores fueron coi-tadas en
pedazos pequeños y comidas con placer. No dejaron nada más
que las inserciones de los músculos y los tendones duros.
El utensilio que sirvió para el despedazamiento no se puede
determinar con seguridad; no se distinguen indicios de golpes
producidos con un instrumento cortante. Estas señales de gol-
pes y el destrozo completo, nos hacen suponer que se hizo uso
de grandes piedras con esquinas cortantes.
En el festín, la cai-ne ha sido arrancada de los huesos con
los dientes ó quizás ayudándose de un cucliillito. No es seguro
que haya sido asada; su sabor ha sido igual al de un herbívoro;
las astillas de huesos de animales jóvenes nos demuestran que
aquellos glotones supieron apreciar muy bien la carne tierna.
El cráneo número 1 no ha sido cortado para facilitar la
extracción del cerebro, como ha ocurrido, según parece, en el
cráneo número 2.
La suposición de lesiones producidas por los dientes de
carnívoros, no tiene base ninguna, porque todas las piezas se
encontraron en la basura que contenía ¡os restos de la comida.
N" 39. Un gran pedazo de cuero, del cual el señor Roth ya
ha dado una explicación detallada. Sin embargo, yo no puedo
abstenerme de hablar extensamente sobre esta pieza. Se sabe
que otro trozo, ó mejor dicho, los huesecillos, han dado origen
á la cuestión tan interesante referente á este animal. Las cu-
riosas incrustaciones que presenta, desconocidas hasta la fecha
— 465 —
en toda la naturaleza, son verdaderamente únicas y tienen que
llamar la atención en alto grado. Dada su singularidad, no es
extraño que primeramente iiayan sido explicadas de dif'ei'entes
maneras. En el tiempo en que solamente se conocían ios dos
pedazos de cuero que actualmente están en Londres y Upsala,
me pareció tan extraño que fuera un estado normal Hsiológico,
que creí primeramente que se trataba de una aparición pato-
lógica. Supuse que fueran calcinaciones, las que se encuen-
tran como alteraciones patológicas ó seniles en casi todos los
tejidos. Me parecía lo más verosímil que el cuero que fué lle-
vado á Londres hubiera pertenecido á un gran mamífero ma-
rino ; por ejemj)lo, á la Otaria jiibata. Este animal tiene en la
cerviz un pelo muy semejante al que posee el cuero de Lon-
dres, velloso, rígido y de aspecto de paja seca, de color ama-
rillo sucio. La cercanía de la orilla del mar y el tamaño de la
piel, de que se han cortado varias partes, apoyaron aparente-
mente mi opinión. Ahora, con el nuevo hallazgo de pedazos
de cuero, no cabe duda que las incrustaciones representan el
estado normal fisiológico de la piel, no teniendo, por consi-
guiente, nada más en qué fundar ni sostener mi primera opi-
. nión emitida.
La explicación más sencilla y natural es la de atribuir al
gran desdentado todas estas piezas que poseen incrustaciones
extrañas, aunque no hayan sido halladas en contacto directo
con los huesos de este animal.
Para mi tarea especial, es de gran importancia el resumen
hecho por el señor Hauthal. Dice que el cuero fué encon-
trado aisladamente en la capa de estiércol, sin contacto alguno
con otras partes del cuerpo, y que sobre él estaba colocada
una de las grandes rocas que siempre caen del techo de la
caverna. La parte del cuero donde descansaba esta piedra se
pudrió á causa de la humedad. La figura 1, lámina IV, mues-
tra el agujero, que es bastante grande. Los bordes de esa
abertura son irregulares y casi afilados, á causa del corte, que
es muy oblicuo. Los huesecillos que están á la vista en estos
bordes, son de un color apagado amarillo-blanquecino; están
tan limpios, que presentan el aspecto de un hueso recién sa-
cado de la maceración.
Completamente diferente se presenta el borde externo; se
perciben ios cortes lisos, abarcando cada uno un gran espacio
sin interrupción, hechos con mano segura; éstos han servido
para sacar el cuero del cuerpo, como se ve muy bien en nues-
tra lámina. En este punto se perciben también los huesecillos
— 466 —
aunque muy diferenles ú los del interior, pues están gastados
por el uso y son brillantes: este es un indicio de que el cuero
ha sido empleado con algún objeto.
La superficie exterior posee el pelo en su mayor parte, l'^n
algunos lugares es escaso ó falta completamente, pero no me
atrevo á determinar cuál es su causa. Claro que la sequedad,
el transcurso del tiempo y el transporte, son motivos suficientes
para i)roducir su caída.
La superficie interna posee, en su mayor parte, el tejido
conjuntivo disecado; así es que sólo se conoce en algunos lu-
gares donde este tejido ha sido destruido.
El cuero está arrugado de tal modo que sólo se puede me-
dir aproximativamente. Su forma es muy irregular; la longitud
mayor (a-c), es de 112 centímetros; el ancho mayor (e-/"), de 91
centímetros.
Estas medidas las he calculado suponiendo el cuero estirado.
La otra extremidad es mucho más angosta; estando desarru-
gado, la distancia de g á h es de 40 centímetros, la de k á i de 46;
las demás medidas no se pueden tomar sin lesionar la pieza,
pero las dadas bastarán para explicar su forma irregular, aun-
que bastante grande.
Sus bordes y los huesecillos usados nos han demostrado
que la pieza tuvo un destino, sin que se pueda precisar cuál
fué éste. No creo que haya sido prenda de abrigo: poncho, etc.,
por su forma irregular y por su tamaño relativamente pequeño.
Además, pesa tanto, que no es posible llevarlo como ropa de
vestir. En el estado actual pesa 17,75 kilogramos. Suponiendo
que estuviera el pedazo que corresponde al gran agujero y el
pelo caído, me parece que sin exageración se le puede adjudi-
car un peso de veinte kilogramos, más ó menos. Claro está que
para poncho sería un poquito pesado. Solamente un visitante
muy lego del Museo podría imaginarse que este agujero es la
boca de una prenda de esa especie. A más de que el peso y la
rigidez del cuero de un Grypotherium recién muerto, impiden
por sí solos el empleo como vestido, no se tomaría tampoco
cualquier parte del costado, sino que se cortaría con regulari-
dad desde la parte de la nuca, abarcando toda la espalda,
como lo hacen los indios patagones con las pieles de guanaco.
N" 40. Varios pedazos chicos de cuero, cuyo tamaño varía
desde el de un dedo hasta el de la palma de la mano. Se han
hallado sueltos en la capa de estiércol. Algunos conservan el
pelo. Se conoce que ciertos de ellos han sido cortados de otro
— 467 —
pedazo mós grande; tres se encuentran mezclados entre las
substancias arrojadas por el vómito de las aves de rapiña.
Para nosotros no tiene ningún interés averiguar si han sido
arrancados por esas aves de un trozo mayor ó si los han re-
cogido sueltos.
De cualquier manera, se trata siempre de retazos que no
han tenido ningún destino.
N°41. Gran cantidad de pelo suelto.
N''42. Trozos enteros de materia fecal.
N''43. Estiércol triturado.
Para nuestra tarea, no presentan un interés directo.
Continuamos con los restos que describió el señor Roth
como |)ertenec¡entes á un
Gran Felino (lemisch Listai g. n.)
N" 44. Extremidad distal de un húmero derecho, transver-
salmente cortado (lám. V, fig. 1).
Los planos del rompimiento son irregulares y están dente-
llados, sin dar á conocer que se haya hecho uso de un ins-
trumento cortante. En el hueso quedan todavía restos de mús-
culos de ligamentos y del cartílago articular.
El color es brillante y amarillo oscuro. Está cubierto de in-
numerables rasgaduras y arañazos. El cóndilo e.xterno ha sido
cortado. Todos los planos de rompimiento son viejos.
N" 45. Resto de los cóndilos distales. El cóndilo derecho está
conservado en su casi totalidad, mientras que del izquierdo sólo
hay una pai'te muy pequeña. La superficie de fractura es muy
plana, el tejido esponjoso está lleno de una tierra semejante á
la arcilla. Primeramente creí que se trataba de una lesión pro-
ducida por la pala durante la excavación; pero el señor Hau-
thal me asegura que no es así; la pieza ha sido hallada tal
cual está ahora. El hueso es muy fresco y conserva restos de
cartílagos y tendones.
N" 46. Melatarso. — Una extremidad está lesionada. El hueso
está, en su mayor parte, cubierto de partes blandas deshila-
chadas. Su estado es tan fresco que parece haber sido recogido
después de la comida.
N''47. ICpífisis corlada de un metatarso.
— 468 —
Puma (?)
N° 48. Restos de pelvis completamente cortados. — Queda so-
lamente una parte del sacro y una del Íleon derecho. Hay una
gran cantidad de músculos y ligamentos.
Canino
N" 49. Véase lámina V, figura 4.— De la parte distal de la
tibia se han sacado leznas, de manera que el hueso está afi-
lado. La superficie está llena de rasguños, producidos probable-
mente durante la fabricación. K\ color brillante nos indica su
empleo durante mucho tiempo.
N" 50. Igual á la pieza anterior; son tan semejantes que se
pueden confundir. Lo que se ha dicho de la pieza anterior es
aplicable también á esta.
Mephitis suffocans
N^Sl. La mitad de una mandíbula.— No presenta interés
para nosotros.
Gran Roedor
N" 52. Fragmento de la epífisis proximal de un fémur.
Queda casi todo el capítulo; el cuello está cortado longitudinal-
mente. El trocánter mayor está cortado, lo mismo que la diá-
fisis, transversalmente, en la distancia de un dedo en la línea
intertrocantérica. El borde del capítulo y el trocánter pequeño
tienen indicios de golpes.
La esponjosa está, en parte, incrustada con substancias
calcáreas, producto de las aguas que caen del techo.
¿Cómo es posible que se encuentre allí esta pieza cortada y
aislada sin la intervención del hombre?
Roedor pequeño
N"* 53 y 54. No tiene interés para nosotros.
Equino
Llamado por el señor Roth
Onohippidium Saldiasi
N" 55. Un molar superior (mi).
N" 56. Un pedazo de maxilar con dos incisivos muy quebra-
dos.— Sin interés especial.
N" 57. Resto de un atlas muy interesante. — Está completa-
mente cortado: lo que queda es únicamente una parte del cos-
tado izquierdo. Las caras articulares poseen, en ¡«arte, los car-
tílagos.
— 4G<J —
Una parte del cóndilo que articula con el occipucio, está
quemada, especialmente en sus oli'ededores, y todavía hay res-
tos de ceniza blanca. Es una prueba evidente que la carne del
animal lia sido asada.
N" 58. Dos cascos de animales recién nacidos; uno contiene
todavía la última falange con el cartílago. Este último tiene el
aspecto de una cascara de naranja seca y vieja. También posee
alrededor del casco la corona de pelos. R]l pelo fino es de coloi-
amarillo claro, en otras partes rojizo. El pedazo del cuero que
aun conserva el casco, tiene varios cortes, que indudablemente
se han inferido con el objeto de separarlo.
N" 59. Pedazo grande de un casco en forma de media luna.
— En el borde tiene indicios de haber sido cortado por un cu-
chillo muy afilado.
Lo mismo se observa en un pedazo muy pequeño, semejante
al primei-o.
Auchenia Lama
N"' 60 á 09. Los restos de guanaco, enumerados según este
orden en el inventario del señor Roth, están más ó menos cor-
tados. Una descripción detallada no tiene objeto. Nada indica
el uso de instrumentos cortantes.
Restos indeterminables
N"*' 70 á 106. Algunas decenas de astillas de huesos que han
sido halladas en la capa de estiércol y parecen haber consti-
tuido los desperdicios culinarios de los habitantes de aquel pa-
raje.
Pasto
N" 107. Restos de plantas algo podridos. — Esto constituye,
en parte, la base de la hipótesis del señor Hauthal, según la
cual el Gnjpotherium era un animal doméstico.
Plumas y pelos de varios animales actuales
N" 108. Los vestigios de ratones y lechuzas que han habi-
tado últimamente la caverna, no pertenecen a nuestro trabajo.
Restos de maderas
N» 109. Pedazos de corteza, raíces y ramajes secos. — Están
algo quemados en algunas partes. Se han encontrado en la
capa de estiércol.
— 470 —
Dos láminas de piedra
N" 110. Son dos pedazos pequeños; uno de cuorcit.a y otro
de asperón, que existen en roca vivo fuera de la caverna, se-
gún los datos que me lia dado el señor Hauthal. Es indudable
que han sido sacados de trozos mayores, aunque no presentan
indicios de haber sido utilizados.
Omóplato humano
N" 111. Omóplato derecho muy lesionado. — Falta casi todo
el ángulo inferior, la punta del acromion y el proceso coracóides.
Además, el borde superior es muy defectuoso. Casi todas las
esquinas están más ó menos descompuestas por el aire, y las
superficies están cubiertas, en gran parte, por una costra cal-
cárea.
Las aguas calcíferas de la caverna han gastado la substan-
cia ósea hasta la maceración, de manera que, en algunas par-
tes, la esponjosa queda libre, y, en estos casos, mezclada con
substancia calcárea.
Muy poco se puede decir respecto á la anatomía de esa es-
cápula; su tamaño es mediano, más bien pequeño que grande.
La distancia entre el centro de la cara articular y el punto
terminal de la espina en el borde interior, es de 113 mm. No
se pueden tomar otras medidas por estar lesionado el hueso.
La incisura escapular no pi'esenta ninguna anomalía. La es-
palda de la espina es plana y en una parte estirada hacia
abajo. La fosa supra-es|)inal es muy relevada. Todo esto de-
muesti'a un buen desarrollo muscular.
En la parte baja de la espina, en la fosa infra-esjiinal, hay
una anomalía patológica muy notable: son los efectos de una
infi'acción y perforación completamente consolidadas. Esta im-
presión es triangular; uno de los lados es paralelo á la base
de la espina escapular; el ángulo que va en dirección acromial
se encuentra más hundido que los otros. En esa misma región
el hueso ha sido destrozado y se ha consolidado de tal manera,
que sólo queda un pequeño agujero que mide ocho milíme-
tros de largo por dos de ancho; los bordes están cicatrizados.
Además, hay dos perforaciones muy pequeñas en el triángulo
hundido.
Esa lesión se explica, evidentemente, poi- un golpe que ha
tocado al omóplato tangencialmente y debajo de la espina es-
capular. El golpe ha debido llevar la dirección de la parle me-
dia fiel omóplato hacia el exterior. Se vé que ha sanado has-
— 471 —
tante bien y el eolio ha sido reabsorbido. Se sabe que en los
cuevas de estalactitas, los huesos de diferentes edades presen-
tan el mismo aspecto á causa de las aguas que caen del techo
de la caverna; pero en este caso, me parece que el individuo
de quien procede este omóplato, es de la misma edad de los
desdentados.
Restos de Mytilus
N" 112. Fueron encontrados á la entrada de la caverna, en
los escombros superficiales, y no parecen tener rehición alguna
con la capa de estiércol. Se nota que la caverna ha sido visi-
tada, de paso, por el hombre en tiempos posteriores, y que
ha servido de comedor.
Los restos que trajo el señor Hauthal de la caverna chica,
son los siguientes:
N"* 113 á 117. Un gran número de huesos fragmentados, de
guanaco; los huesos huecos están cortados longitudinalmente.
Una de estas piezas presenta indicios de fuego.
N"* 118, 119. Restos de un equino. Desgraciadamente, con
estas piezas no podemos hacer ningún estudio.
N° 120. Un tar.so-metatarso de avestruz.
N° 121. Un lote de huesos fracturados.
N° 122. Un lote de Mytilus. Las conchillas, en su mayor
parte, están muy bien conservadas, sucias de barro y tierra ;
algunas parecen estar tiznadas de hollín, aunque no podemos
atu'marlo.
N" 123. Conchilla de un cardio. — El pico está raspado hasta
producir una perforación, que ha servido para hacer pasar un
hilo y suspender la pieza al cuello, como lo demuestra su su-
perficie, por el roce que ha sufrido (lám. V, fig. 11* y 11'').
CONCLUSIÓN
Resumiendo nipidamente los hallazgos de la caverna grande,
constatamos que el hombre mataba al gran desdentado, le sa-
caba el cuero, lo despedazaba en cuai'tos y pedacitos y lo comía
crudo. No se observan golpes de un instrumento propiamente
dicho; el hombre se servía, al parecer, de grandes piedras y
de láminas de piedra. La parte comestible fué consumida ccn
gusto y lo demás arrojado á la basura.
— 472 —
La profundidad de la capa de esliercol prueba que el ani-
mal ha vivido durante mucho tiempo en la caverna. El señor
Hauthal cree que era doméstico. Esta opinión tiene mucha
probabilidad, aunque no se trata, seguramente, de un animal
verdaderamente doméstico, sino de uno salvaje en cautividad.
El cuero se empleó, sin que se pueda conocer su destino
especial.
Los indicios de fuego y cenizas en los huesos del extinguido
equino y sus cascos sacados, demuestran que la carne ha ser-
vido para hacer un asado.
En cuanto á los demás restos de la caverna grande y los
de la chica, basta con lo que ya hemos dicho anteriormente al
respecto.
La edad de todos ellos me parece relativamente moderna,
perteneciente á la época geológica actual.
Según referencias de todos los que han viajado por esos
parajes, es imposible encontrar seres vivientes de esa especie:
se conoce ya un buen número de animales extinguidos por el
hombre en la época actual, y creemos que los restos presentes
pertenecen á esa categoría.
Es sabido que Owen O encontró en el cráneo de su Mylodon
dos lesiones que atribuyó á golpes ocasionados por la caída
de árboles.
Es singular que cinco cráneos de Mylodon de los que po-
seemos en el Museo, presentan iguales lesiones cicatrizadas.
Nos parece más lógico y sencillo atribuir todas esas lesiones
á la mano del hombre que á caídas de árboles ó á heridas
hechas por otros animales, según el resultado que nos han
dado los estudios del Grypotherinm.
ROBERT LeHMANN-NiTSCHE.
Musco de La Plata, Agosto de 1899.
(') Owen: Description of ihe skelelon of an e.rtinct gigantic slolh, My-
lodon robtistus Owen. London 1842, p, 22-23, 156-158, lam. III.
— 473
EXPLICACIÓN DE LAS LÁMINAS
Lámina I, fig. i. Vista del Canal Ultima Esperanza, desde el interior de la caverna grande.
» 2. Interior de la caverna grande.
» II, fig. I. Parte posterior del cráneo de Grypotherium dnmesticum, visto de la parte su-
perior (í^ tamaño natural).
» 2. Mandíbula inferior, vista del lado {^< tamaño natural).
» 3a y 3 b. Primer molar superior (tamaño natural).
» 4a y 4b. Penúltimo molar superior (tamaño natural).
» 5a, 5b y 5c. Ultimo molar superior (tamaño natural).
» III, fig. I a y ib. Maxilar superior de Grypotherium domesticum, vista de la parte pala-
tina I í^ tamaño natural).
» 2. Maxilar superior de Grypotherium Darwinii, según J. Reinhardt.
» 3 a, 3 b, 3 c. Mandíbula inferior de Grypotherium domesticuvi , vista de la parte
superior (í^ tamaño natural).
» 4. Mandíbula inferior de Grypotherium Darwinii, según J. Reinhardt,
» IV, ñg. I. Cuero del Grypotherium domesticum, lado exterior (í-^ tamaño natural).
» 2 y 3. Bolas fecales de elefante.
» 4. Bolas fecales de caballo.
» 5, 6 y 7. Bolas fecales de Grypotherium d'^mesticum.
» V, fig. I. Húmero de lemisch Listai.
» 2. Húmero de Felis concolor.
» 3. Húmero de Felis leo.
» 4. Punzón de una tibia de Canis 'tamaño natural).
•» 5. Molar de Equus caballus (tamaño natural).
» ó. Molar de Onohippidium Saldiasi de la caverna grande (tamaño natural).
» 7. Molar de Onohippidium Saldiasi de la formación pampeana (tamaño natural).
» 8. Molar de Onohippidium Muñi^i (tamaño natural).
•» g. Molar de Hippidium compressideus (tamaño natural).
» 10. Molar inferior de un Onohippidium (?) (tamaño natural).
» I I a y I I b. Cardita.
Tomo JX 4 I
Rev. del Museo de La Plata — Tomo IX.
EL mamífero misterioso — Lamina I.
I. El Canal Lltima Esperanza y la Cordillera (desde el interior de la caverna grandci
^1J,1^W¥'^?%
^■^^"^^^
MLKRES DEL WU5Ü0
2. Interior de la caverna erande
Rev. del Museo de La Plata — Tomo IX.
EL mamífero misterioso - Lámina II.
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TALLERES DEL MUSEO
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Rev. del Museo de La Plata — Tomo IX.
EL MAMÍFERO MISTERIOSO — Lámina IV
TALLERES DEL MUSEO
índice
DE LAS MATERIAS CONTENIDAS EN EL TOMO IX
LÍMITES OCCIDENTALES DE LA RePÚBMCA ARGENTINA. El aftículo dcl Dr. Juan
Steffen: «La cuestión de límite chileno-argentina», con especial consideración de
la Patagonia. — Examen crítico por Enrique S. DelachauXj director de la Sec-
ción Cartográfica del Museo de La Plata . 1-78
OsTÉOLOGiE DU Baleinoptére DE MiRAMAR, par F. LahUlCj chargé de la Seclion
de Zoologie du Musce de La Plata ...-...., 7Q-120
Antropología y Craneología. — Conferencia dada en la sección antropológica
del primer Congreso científico latino-americano (Buenos Aires, 10-20 de Abril
de I 898), por Robert Lekmann-Nitschej encargado de la Sección Antropológica
del Museo de la Plata 121-140
Reconocimiento de la región andina de la República Argentina. — Apuntes
sobre la geología y la paleontología de los Territorios del Río Negro y Neuquen
(Diciembre de i8g5 á Junio de 189Ó), por Santiago Roth, encargado de la
Sección Paleontológica del Museo de La Plata 141-106
Rapport préliminaire sur une Expédition géologiqoe dans la región andine,
situce entre Las Lajas (Argentine) ct Curacautin (Chili), por Cari Burckhardt.
géologue de la Section d'Exploralions nationales du Musce de La Plata 197-220
Rapport préliminairesur mon Expédition géologique dans la Cordillére argen-
tino-chilienne, du 40° et 41° latitude sud (región du Nahucl-Huapij, par Leo
Wehrli, géologue de la Section d'Explorations nationales du Musce de La Plata . 221-242
Avis géologique sur la question du Divortium aquapum interoceanicum dans
LA región du lac Lacar, par Aeo Wehrli, géologue de la Section d'Explorations
nationales du Musée de La Plata 248-252
Vocabulario Toba-Castellano-Inglés, fundado en el vocabulario y arte dcl
Padre A. Barcena, con equivalencias del indio López, en 1888, arreglado por
Samuel A . Lafone-Quepedo, M. A., encargado de la Sección de Arqueología y
Lingüistica argentina . .. 253-332
Replique, par Leo Wehrli ct Cari Burckhardt, gcologues de la Scctíon d'Explora-
tions nationales du Musce de La Plata 333-336
^Lepra precolombiana? — Ensayo critico por Robert Lehmann-Nitsche^ encar-
gado de la Sección Antropológica del Museo de La Plata..'.. . ... 337-870
QuELQUES Notes sur plusieurs Goprophages de Buenos Aires, por F. Judulieri. 371-380
Aviso preliminar sobre mamíferos mesozoicos encontrados en Patagonia, por
Santiago Roth, encargado de la Sección Paleontológica del Museo de La Plata. 38 1-3 88
Notes sur les dimensions du Stenodelphis Blainvillei, par F . Lahille 389-892
Notes sur Terebratella patagónica (Sow.), par F. Lahille, chargé de la Section
Zoologique du Musée de La Plata SgS-SgS
Quelques observations nouvelles sur les Indiens guayaquis, par Robert Leh-
mann-Nitsche, chargé de la Section Anthropologique du Musée de La Plata . .. 899-408
El Mamífero misterioso de la Patagonia. — «.Grypotherium domesticum», por
Rodolfo Hauthal, Santiago Roth y Robert Lehmann-Nitsche 409-478
1
La correspondencia relatijm al Museo de La Plata
y sus Anales x Revista, debe ser dirigida á
FRANCISCO. P. MORENO
Dii-ectnr del MUSEO DE LA PLATA
Provincia de Buenos Aires
República, Argentina,
La correspondance relative au Musée de La Plata
ainsi qu'aiix Annales et á la Revue de cet établis-
sement. devra étre adressée á
FRANCISCO P. MORENO
Directcur du MUSÉE DE LA PLATA
Province de Buenos Aires
République Argentine
3 2044 106 266 3í