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Fundador y Director del Museo
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TALLERES DEL MUSEO DE LA PLATA
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REVISTA
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DIRIJIDA POR
FPIRLANCISCO P MORENO
Fundador y Director del Musco
TALLERES DEL MUSEO DE LA PLATA 10 ACTA
1893
18 E de ON
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AS
LA HISTORIA
DOCUMENTATE Y CORÍINICA
Exámen de la HISTORIA DEL PUERTO DE BUENOS AIRES,
por D. Eduardo Madero (1)
Ninguna persona ilustrada que preste inteligente atencion
al género histórico, tal como lo comprende el espíritu moderno,
ignora preceptos envejecidos, 6 completamente desautorizados
por el fracaso de aquellos mismos que los pregonaron en sus
escritos teóricos. La Historia no se concrela á la narracion
vívida de los acontecimientos, hecha en tono oratorio y con
tendencias de alegato forense. Hoy reviste doble y complejo
carácter”: es ciencia y es arte.
ln su primera faz se confunden sus dominios con la erudicion
y con la crítica, dependiendo la bondad artística de la obra, de
la solidez y variedad de los materiales y de la inteligencia apli-
cada á la árdua empresa acometida.
El libro de que voy 4 ocuparme pertenece á la primera cate-
goría; y aun cuando ha sido.objeto antes de ahora, de noticias
bibliográficas y de elojiosos, pero sumarios juicios, lo creo me-
recedor de un exámen mas detenido por estimarlo, ante todo,
contribucion relativamente útil al conocimiento pormenorizado
de la historia del Rio de la Plata.
Obra de semejante índole tiene forzosamente reducido círculo
de lectores: su real importancia depende del contingente nuevo
de hechos que traiga ul tesoro comun de Jos conocimientos, de
las vistas que abra sobre la materia, y de la calidad intrínseca
de unos y otras.
(1) Buenos Aires, Imprenta de La Nacion, 1892. 1 yol. 8% XVIIL, 389 pp.
con retratos y facsimiles de firmas.
EN
El juicio crítico, para tales obras, debe ser juicio técnico, no
olvidando por eso cuanto se refiera á la bella forma, externa
$ interna, soplo divino de todo producto de la mente. Pero
aquello prima sobre esto—el erudito sobre el artista. La crítica
que se impone por la naturaleza misma del trabajo, es la eru-
dita, severa pero equitativa; — la que al mismo tiempo de
señalar el error, de poner de manifiesto deficiencias, Ó pro-
fundos vacíos, insinúa comedidamente, ó exalta con sinceridad,
si hay motivos para ello, méritos y aciertos que, en suma, deter-
minan el valor positivo de la obra examinada.
sto place siempre á un autor discreto: y ese placer sube
de grado cuando uno se persuade de que el crítico no es ma-
levolente, sinó que cede á su temperamento, sin apartarse del
terreno leal y caballeresco en que son harto naturales la opo-
sicion de ideas y la disidencia fundada en hechos de verdad
indiscutible.
Con este exámen de la obra del señor Mudero, sería mi
deseo producir en su ánimo la grata impresion de la especie
de crítica á que aludo, pues no abrigo otro propósito que el
de interpretar, con extricta fidelidad, el pensamiento del autor;
seguirle, en cuanto me sea posible, en sus investigaciones á
través de la documentacion histórica; y, finalmente, proponer mi
juicio, comprobado en la medida que lo exige, y lo permite, la
indole de este escrito y la extension del libro que lo motiva.
LA HISTORIA DEL PUERTO DE BUENOS AIRES
Sin entrar en profundas consideraciones sobre Ja naturaleza
de la Historia mirada del punto de vista de la Ciencia, —de de-
finir sus objetivos fundamentales, en una palabra, — repetiré
lo que otros han dicho: — que el trabajo del historiador con-
siste, ante todo, en revivir, por el espíritu, estados que fueron
de la sociedad, coordinando al efecto inmenso y complejo ma-
terial, fragmentario casi siempre, por intermedio de la erudi-
cion que acopia y de la crítica que depura y ordena.
Ese material debe ser completo, ó, por lo ménos, lo más
completo posible: para alcanzar una partícula de la verdad es
cab pa
menester comprenderla en su amplitud, porque cada hecho se
ilumina con la luz de Jos demás, y la luz plena les coloca en
su propio sitio.
Desde luego, es preciso encontrar el material: para hallarle,
buscarle; para buscarle, plantearse uno á sí mismo la cuestion
histórica. En seguida, investigar en distintas direcciones, por
que los documentos históricos, como los hechos históricos, son
variados y múltiples, y no de una sola especie: no basta estraer
un papel de un archivo oficial ó privado, es indispensable es-
tudiarlo en sí, en su procedencia, en su concordancia, ó contra-
diccion, con otros documentos igualmente auténticos, é igualmente
autorizados. Despues de este trabajo preliminar inmenso, digno
de la avidez del sábio y capaz de transformar en verdad aquello
de ser el génio una paciencia larga, viene la crítica que no solo
determina, segun un célebre y erudito crítico aleman—Droysen,
qué. relacion guarda el material documentado con los actos
voluntarios que trasunta, sinó que verifica la exactitud de los
hechos que lo constituyen, probando hasta las pruebas, como
«dice otro crítico eminente—Taine.
II
Aplicando este criterio al exámen de la Historia del Puerto de
Buenos Aires, será fácil emitir un ¡juicio correcto acerca de
cómo el autor ha trasuntado ú4 su vez en las páginas del libro,
los hechos múltiples cuyo armónico é íntima conjunto forma
Ja historia de esta grandiosa capital, conocida en los tiempos
primitivos de su existencia más que con el de Buenos Aires,
con el significativo nombra de Ciudad del Puerto.
Pero como el autor no se ciñe á registrar uno por uno, y
cronolójicamente, los hechos exclusivos de la Ciudad del Puerto,
sinó que, con suma frecuencia, se aparta de la cuestion histó-
rica que se planteó al comienzo de su tarea, y divaga con menos-
cabo de la unidad del tema, forzoso será seguirle, á veces, en
sus escursiones; y, aceptándoselas como parte integrante de
aquella, preguntarse si ha sido lójico — si ellas contribuyen á'
poner de relieve la historia del Puerto de Buenos Aires; ó si,
por el contrario, hay vacíos que dañan fundamentalmente el”
fin que se propuso evidenciar.
y MI
La cuestion «que trata el señor Madero es la Historia
del Puerto de Buenos Aires, entendiendo por. tal su entidad
característica de ciudad-puerto; ó, lo que es lo mismo, la funcion *
histórica que le cupo desempeñar á través del tiempo, en el
medio geográfico y social comprensivo casi de la mitad meri-
dional de Sud-América. Ñ
Basta hojear el libro para apercibirse de que “falta en su
estructura íntima esa indispensable unidad. Desde los primeros
capítulos el autor se detiene en detalles «que solo inciden-
talmente se ligan con su tema, entrando de lleno hasta en el
estudio de la biografía de los primeros exploradores de las
costas orientales del Nuevo Mundo y del Rio de la Plata. Solís
y Gaboto llenan un número de páginas demasiado crecido: lo
mismo ocurre con otros personajes y con otros acontecimientos,
llegando uno á la fundacion definitiva de Buenos Aires harto
fatigado, aun cuando huvya recojido en el caminó buena copia
de noticias, sinó del todo nuevas, curiosas por lo ménos, dado
caso de ser correctas.
Pero lo que el lector estudioso echa de menos entonces, es
aquello mismo que debiera informar todas las páginas —
el por qué surje Buenos Aires en 1580 como un anhelo de los
pueblos ya fundados por los españoles en territorio argentino,
y aún mucho mas allá, hácia el rumbo del setentrion. Lse fun-
damental por qué no se descubre. Ó si se descubre trabajosa-
mente, no resalta en las 350 páginas del primer tomo de la
obra del señor Madero. lín todo él no encuentra el espíritu la
unidad propia del libro: descubre solo el volúmen, y nada mas
que el volúmen.
IV
Las divisiones de éste no constituyen tampoco capítulos de
libro: son rótulos de carpetas que contienen apuntes, notas ó
consideraciones sobre el texto indicado en la cubierta de aque-
llas, escritos sin sujeción al desenvolvimiento armónico de un
lema fundamental, como queda dicho. Son breves ó extensos,
A a
segun la cantidad de materiales que ha caido bajo la mano del
autor: los hay que apenas suman cuatro renglones.
Otros se intercalan en sitio inadecuado, trozando hasta la
misma continuidad cronológica de los apuntes. Las biografías
se distinguen á este respecto: se habla de los antecedentes de
Solís recien despues de ocurrido su fallecimiento, y de los orf-
genes y descubrimientos de Gaboto, ó Caboto, en seguida del
encabezamiento titulado «Juan de Sanabria», ete., y antes del
membrete consagrado al «Gobierno de Domingo Martinez de
Irala», donde el autor se ocupa de los acontecimientos poste-
riores á 1545.
v
Il material cientifico de que dispone el autor, la erudicion
pertinente con que aborda el estudio de los documentos copia-
dos, ó hechos copiar, por sus diligentes corresponsales en España,
es incompleto por trunco; y tambien por falta de comprobacion
minuciosa. No conoce muchas obras cuya compulsa es indis-
pensable: no conoce tampoco toda la documentacion diplomá-
tica ya impresa, sucediéndole, con frecuencia, admitir por iné-
ditas piezas publicadas hace un cuarto de siglo. Lo mismo le
ocurre con documentos menos solemnes que aquellos, pero no
menos esenciales, históricamente considerados, como lo demos-
traré más adelante.
Inspirado de un falso procedimiento crítico, desdeña obras
que á veces cuida de utilizar asimilándose su substancia y
dejando perdido en las sombras al autor, quizá por Inexpe-
riencia en tareas emprendidas con laudable celo recien en la
tarde de la vida.
“n ocasiones asimila de tal suerte el producto de la erudi-
cion agena, que vé uno con cierta incontenible sorpresa, al pié
de las páginas de su Historia, las citas acumuladas por hom-
bres eminentes á costa de muchos años de trabajo. Ejemplo.
elocuente de lo que digo es lo que pasa con el sábio historia-
dor norte-americano Enrique Harrisse.
¿s este, en la actualidad, maestro por excelencia en varios
puntos relativos al descubrimiento del Nuevo Mundo. Sus dos
expléndidos volúmenes referentes á Colon, junto con los diversos
opúsculos que los complementan, incluyendo el libro dedicado á
don Hernando Colon, primer historiador de su padre, le han
creado un lugar aparte entre los colombistas.
A
Nadie le supera tampoco en el estudio y conocimiento de
los hechos concernientes á la vida y viajes de Juan y Sebas-
tian Cabot, como escriben los ingleses: su obra sintetiza todo
lo que se ha escrito al respecto, en lo antiguo y en lo moderno.
Biddle y Nichols no le son siquiera comparables: él es, hoy por
hoy, la autoridad principal, especialmente en el conjunto de la
vida de ambos y en los primeros viajes efectuados por los
ingleses al nordoeste de lsuropa.
Y bien; casi todas las citas de Harrisse las reproduce el
señor Madero, mezclando, en todo caso, las suyas propias á
las de aquel, y del mismo Biddle, con arte tan consumado, que
apenas si se las distingue: la nota de la página 160 de la 1Zis-
toria del Puerto de Buenos Aires, es verdaderamente típica.
Isa reproduccion no siempre es fiel. Transcribe sin decirlo,
por ejemplo, de la página 313 de Harrisse, Jéan et Sébastien
Cabot, etc., la indicacion del lugar dónde se encuentra la peti-
cion de Juan Cabot y sus hijos hecha al rey de Inglaterra Izn-
rique VIL, en 5% de Marzo de 1496. —. «Public Record Office,
Londres, Chancery signed Bill. sub anno IL, Henry VIL, vn” 51»
— ha escrito Harrisse; y Madero traslada todo, pero para va-
riar algo, pone n” 15 en lugar de n* 511 (1).
Madero no cita á Harrisse en este caso. Pero Harrisse no
cree que deba proceder de idéntica manera con sus colegas los
eruditos de luropa y América; y así como ha cuidado, con
lealtad de sábio, indicar no solo la procedencia sinó el autor
que primero dió á luz el documento que consulta, ó reproduce,
en el Apéndice de su obra, en la referencia á que aludo escribe
lo siguiente: «Publié pour la premitre fois par M. C. Desi-
moni, Intorno a Giovanni Caboto, Genova, 1881, p. 17» (1).
vI
He dicho que el señor Madero se guía por un mal procedi-
miento crítico; y debo añadir que, en su virtud, estima en muy
poco cuanto se ha producido antes de él. 1l prólogo es termi-
nante. Anuncia que escribirá historia documentalmente; y
(1) Historia del Puerto de Buenos Aires, p. 153, nota 17.
(2) El señor Madero menciona el nombre de Harrisse en la página xtv del
Prólogo, en términos de casi suprema indiferencia: « Ultimamente Henry Harrisse
ha publicado una recopilacion, y extracto (!), de lo que se ha escrito sobre los
viajes de Juan y Sebastian Caboto; pero muy poco vale lo que dice relacionado
con la exploracion de este cosmógralo por el Plata y Paraná».
SO
agrega que tal cosa no la han hecho otros por pereza inte-
lectual, como si trasladarse á lispaña y dirigir una investiga-
cion en sus archivos fuera tan hacedero para todo el mundo,
y aun para Jos mismos que pueden trasladarse materialmente.
Por desgracia, no siempre los «que tienen amor al estudio y
abnegacion bastante para sacrificarle todo, disponen de rique-
zas suficientes, ó de medios de adquirirlas, vara trabajar como
desearan : apenas si trabajan como pueden.
Además, los documentos, como los hechos constitutivos de
la Historia, son de diversa, de múltiple especie: y así como no
todos aquellos son igualmente susceptibles de determinarse por
medio de un lío más ó menos grande de papeles, así éstos
pueden conducir al descubrimiento de la verdad, como pueden
ser victoriosamente anulados con la exhibicion de otros docu-
mentos más testimoniales. 1l material científico es indispen-
sable; pero la crítica lo es tanto como éste.
VII
Cuando digo crítica me refiero al poder ordenador de la
mente, no 4 la nímia minuciosidad que parece agradar tanto
al senor Madero, quien no perdona en la suya ni siquiera la
manera de escribir los nombres propios de lugares que no vale
la pena discutir. Se encuentra, por ejemplo, con que los histo-
riadores platenses han escrito y escriben San Lúcar, 6 inme-
diatamente corrije con.cierto peligroso gracejo — «No hay tal
santo en el Martirologio» — presumiendo que aquellos admiten:
la existencia de uno llamado así; santo en quien nadie ha
pensado, sin embargo.
Y agrega luego, á guisa de correccion magistral: «lil nom-
bre Sanlúcar tiene orígen en una voz latina v en otra árabe:
Lucer le llamaron los latinos, por la lex explendorosa que el
ardiente sol de Andalucía rulilaba sobre las arenas doradas de
la embocadura del Bétis y las claras aguas allánticas que la
bañan. Lucar le llamó despues la corrupcion latina, y los árabes
le antepusieron más tarde la palabra sana, que quiere decir
barra; de cuyas dos voces se formó el nombre español de San-
lúcar».
No me detendré á disertar sobre etimologías latino-arábigas,
ignorando, como ignoro, el idioma de los muslimes; pero debo
advertir que el señor don Pedro de Madrazo, eminente crítico
é indivíduo de número de la Real Academia de la Historia,
— 10 —
apoyándose en el eruditisimo P. Flores, no está conforme con
el señor Madero. lín la preciosa obra que ha escrito sobre
Sevilla y Cádix, dice, á propósito de San Lúcar la Mayor, que no
tiene inmediata ninguna barra: «Llamóse antiguamente este lugar
Are hesperí (Aras del héspero). Mudó de nombre al cobrar
nueva vida, y tomó el de Solía, 6 Solluco, que equivale ú luco,
Ó bosque del sol, pues es de saber que todo el término de la villa
de Sanlúcar estaba en aquellos tiempos poblado de espesas
selvas. Una de estas selvas estaba consagrada al Sol, divinidad
que tenía allí su templo y su simulacro... Los romanos habían
instituido las fiestas lucarias... Ultimamente, la palabra lucar,
segun l'esto, significa el precio que se saca, ó se invierte, en el
luco, Ó bosque. Todas estas nociones reunidas explican la eti-
mología de los nombres de Solía, Solluco, 6 Solucar, con que se
designó la poblacion de que tratamos».
In la antigua Bética, además de San Lúcar la Mayor, situa-
da en el camino de Sevilla á Huelva, existe otra poblacion del
mismo nombre en el interior de esta provincia; y, finalmente,
San Lúcar de Barrameda, la única que tenga inmediata la con-
sabida barra. ll cronista Garibay, bibliotecario de lelipe II y
cronista del reino, al establecer la gencalogía de don Alonso
Perez de Guzman, llamado el Bueno por excelencia de virtud,
fundador de la casa y estado de los duques de Medina-Sidonia,
asevera (que era este señor de «San Lúcar de Barrameda» (1).
lísto en lo antiguo. ln los tiempos modernos, el célebre don
Manuel José Quintana escribe tambien, como Garibay, San Lú-
car (2). lin los documentos que trae en el apéndice el libro del
señor Madero, se lee lo mismo (p. 330, por ejemplo).
Cierto es que «algunos escriben Sanláacar; pero éstos, en
cuyo número se cuenta Madrazo, no proceden así por las ra-
zones «quo aduce el señor Madero; como los otros tampoco
“emplean diversa forma imaginándose que de un santo se trata.
Unos la emplean por ser la forma consagrada por casi todos
los autores, desde el descubrimiento hasta nuestros dias; y
otros, porque se atienen á la genuina etimología y á la evolu-
cion fonética del vocablo; y aun estos mismos no guardan
constante uniformidad.
(1) Crónica general de España, libro XIX, cap. LXI.
(2) Obras completas, en Biblioteca de Autores Españoles, de Rivadeneira, t.
XIX, pág. 218.
E Je JAACi
VI!
¿ste cúmulo de consideraciones. y muchas que omito en
mérito á la brevedad, no las hago para disminuir el valor po-
sitivo del volúmen del señor Madero, sinó, por el contrario,
para fijar con datos ciertos y sereno y justiciero criterio, el
sitio que le corresponde en la biblioteca de un americanista.
Un libro de erudicion histórica cae dentro del dominio de la
crítica erudita, porque es, ante todo, instrumento de trabajo—
herramienta, en una palabra. ¿Cómo manejarla bien si no se
conoce su mecanismo, si no se tiene concepto claro de su uti-
lidad y empleo? :
Por otra parte, no hay obra humana sin lunares: pero lo
que sí existe, son obras buenas y obras malas, obras útiles y
obras inútiles; y la del señor Madero no figura entre las últi-
mas, bien que no sea la primera entre las mejores, como
algunos han dicho con demasiada ligereza. Tiene un valor du-
radero por los datos nuevos que aporta: pero no lodo lo que
aporta es nuevo. Adelanta algo el conocimiento del detalle, pero
á veces le falla probar sus pruebas, dimanando de ahí que si
es verdod lo que dicen los documentos que invoca, esos docu-
mentos no contienen toda la verdad, como se prueba con otros
documentos que no ha tenido á la vista, ó no ha sabido, ó no
ha podido aquilatar. No es raro tampoco que allí donde parece
más novedoso sea donde menos novedad se encuentre, como
ocurre, por ejemplo, con Gaboto y con su expedicion al Kio
de la Plata.
Todo esto que digo necesita probarse, 0 por lo menos ini-
ciar la prueba. Veamos si ello es posible.
$ II
HECHOS Y PRUEBAS
Desde luego, se comprende que aun cuando mi juicio recaiga
sobre el conjunto de la Historia del Puerto de Buenos AÁtres, no
me es posible examinar una por una todas las pájinas del vo-
e [OA
lúmen que la contiene: eso equivaldría á escribir otro volúmen
igual al del señor Madero, y no un artículo de conveniente ex-
tension.
Antes de examinar ciertos puntos principales, demostraré,
sin embargo, algunas de las generalidades que dejo establecidas.
Como la obra leva un segundo título, ó mejor dicho, este primer
volúmen se titula Descubrimiento del Rio de la Plata y de sus prin-
cipales afluentes, y fundacion de las más antíguas cuudades en sus
márgenes, he de detenerme de preferencia en lo que con tales
hechos se vincule mas íntimamente.
Me dicho que censura con acritud la obra de sus predece-
sores, y agregaré que el viejo cronista Ruy Diaz de Guzmán
es quien tal vez sale mas mal parado. Y, sin embargo, de los
datos nuevos «que exhibe el señor Madero, es Ruy Diaz, quien
anda más cerca de la verdad en fijar la fecha de la funda-
cion de Buenos Aires, la de la partida de la expedicion de
Mendoza de las costas de Ilíspaña, y en la narracion de los
acontecimientos subsiguientes hasta la despoblacion de la ciudad,
en 1541. Las probanzas del escribano Hernandez habían ya
iluminado el campo de la investigacion; poniendo sus toques,
breves, * pero coloridos, el cronista Oviedo y particularmente el
historiador Herrera.
ll señor Madero, que es implacable para con él, le ataca
hasta en un punto que debia conocer bien á fondo el cronista
paraguayo—el año de la muerte, de su abuelo Domingo Mart-
tinez de Irala. Ruy Diaz coloca este suceso despues de la partida
de Nuflo de Chaves de la Asuncion, el año 1557. Madero le
rectifica con el testimonio de Ortiz de Vergara corroborado por
una relacion de Gregorio Acosta hecha, dice, en 1567, que ¿nédita
y legalizada posce.
- No conozco el documento de Ortiz de Vergara que se invoca;
pero si las fechas del fallecimiento de Irala y de su sucesor
Gonzalo de Mendoza, el último de los cuales dice Madero haber
muerto en Julio de 1558, son tomadas de documentos eficientes,
una de las dos está equivocada, si no lo estuvieran ambas.
Gregorio de Acosta, cuya relacion no está ¿nédita, como se
asevera, sinó publicada desde 1868 (1), dice así: «líste Do-
mingo de Irala murió rabiando de dolor de costado y dejó por
su teniente á un yerno suyo tal como él, que se llamaba Gon-
zalo de Mendoza, el cual al cabo de seis meses murió súpitamente
en menos de veinticuatro horas».
(1) Coleccion de Documentos inéditos del Archivo de Indias, t. X, pp-
525-036,
Luego, si Gonzalo de Mendoza falleció en Julio de 1558, á
los seis meses de haberse hecho cargo del gobierno como in-
mediato sucesor de Irala, la muerte del valeroso capitan ha
ocurrido á fines de 1557, y no un año antes.
Madero dice que la relacion de Acosta fué escrita en 1567,
y esto es tan correcto como su estado de documento inédito.
Basta Jeer las primeras pájinas para fijarle fecha. Se ocupa de
los sucesos ocurridos en la Asuncion despues de la partida del
Obispo don fray Pedro de Latorre con el depuesto teniente go-
bernador Felipe de Cáceres; es decir, á principios de 1573, bajo
el gobierno del usurpador Toledo. líste descuido en la lectura
del documento y el dicho de Gregorio Acosta, desvirtúan, por
completo, la correccion que el señor Madero hace al historiador
nieto de Irala, demostrando de su parte cierto embarazo en el
manejo de los documentos en que apoya sus juicios.
II
Otra observacion me ocurre á propósilo de Ortiz de Vergara,
para demostrar que el señor Madero pasa por alto documentos
publicados y de cuya copia carece por no habérsela enviado
sus corresponsales de Ispaña. Ilse documento es el relato del
viaje de Ortiz de Vergara al Perú con el Obispo Latorre, y de
los desacuerdos que le sobrevinieron con el capitan Nuflo de
Chaves. Se titula Relacion verdadera del viaje y salida que lixo del
Lio de la Plala al Perú, Francisco Ortiz de Vergara, está dirijida
á don Juan de Ovando, se encuentra en el t. Lxxxvnt de la
Coleccion de Muñoz, y ha sido publicado en 1865, en la Coleccion
de Documentos Inéditos del Archivo de Indias, t. 14, pp. 378-990. líóste
documento ilustra y complementa los datos que. suministra
Madero; y fija la partida desde la Asuncion el 28 de Setiembre
de 1565, es decir, un año despues de la fecha que resulta de
sus nolas.
nu
Al ocuparse de la trájica expedicion de Jaime Rasquin, ol-
vida el contrato celebrado con el soberano, cuya copia tampoco
le enviaron sus agentes peninsulares, aun cuando, como el an-
terior documento de Ortiz de Vergara, esté publicado desde 1875
en la Coleceron ya citada, t. xxIIL, p. 273-289.
liste documento es doblemente importante, por cuanto evi-
dencia el celo del gobierno español por el bienestar de sus
colonos de la Asuncion, y el deseo manifiesto de que en el
litoral marítimo se estalblecieran ingenios de azucar; asi como
por el plan de colonizacion que debía llevar á cabo Rasquin
fundando cuatro ciudades, en el órden siguiente: «Un pueblo
en la costa del Brasil, dentro de nuestra demarcacion, en la
parte que dicen Sant Francisco, y otro treinta leguas mas arriba
hácia el Rio de la Plata, donde dicen el Viasa, que por otro
nombre se llama el Puerto de los Patos; y entrando en el Rio
de la Plata, otro pueblo donde dicen Sant Gabriel; y el dicho
rio arriba, otro pueblo donde dicen Sancti Spiritus ».
sta importante capitulación fué firmada en Madrid, en 30
de Diciembre de 1557. Como he dicho, no la conoce el señor
Madero; pero en cambio posee inédito y legalizado el relato de
las aventuras y final desastre de la expedicion, hecho por Alonso
Gomez de Santoya (Madero le llama Antonio), alferez de campo
de don Juan de Villandrando, documento impreso en el t. 1V,
p. 147-190 de la Coleccion ya citada, correspondiente al año
de 1865.
IV
Omite, añadiré para concluir este capítulo, otra capitulación
que declura «carecer de interés», cuando por el contrario lo
tiene por referirse á los proyectos de colonizacion de el Rio de
la Plata y repoblacion de Buenos Aires. Aludo á la celebrada
en 1547 con Juan de Sanabria, por la cual debía poblar este
«un pueblo en el puerto de Sant Francisco, ques cabe la isla
que dicen Santa Catalina; y el otro á la entruda del Rio de la
Plata ». Este documento no lo publica por lá razon antedicha:
está publicado, sin embargo, en la Coleccion de Documentos Iné-
ditos del Archivo de Indias, t. xxt55L, p. 118-131.
Sanabria debía asesorarse del explorador del Paraná para
la conduccion de embarcaciones; y plantear en la ¡jurisdicion
de su adelantazgo, cuyos términos se describen, un gobierno
de órden y de progreso, á cuyo efecto se le concedían ciertas
franquicias. sta capitulacion contiene una curiosidad pintoresca
y mercantil: Sanabria era autorizado en ella á traer «dos mil
varas de paño, mil camisas, dos mil pares de zapatos y quinientos
bonetes colorados para repartir entre los pobladores y conquista-
dores de la dicha provincia», pero á condicion de «llevar tes-
a y e
timonio de los precios á cómo os costó». Autorizábale tambien
el soberano, no obstante la extrictez de dicha cláusula, para que
al «repartir todo lo susodicho », recibiese «el coste de ello con otros
tres tantos más ».
Demasiado privilegio para un gobernador colonial.
Omite tambien otros documentos publicados, que contienen
noticias históricas útiles, no siendo lo menos interesante Ja bio-
grafía pormenorizada de Ortiz de Vergara. Resulta así desco-
nocer algo que no debió pasar por alto, para no quedarse atrás
de la historia documental impresa.
Además de estas noticias y de las que trae Herrera en sus
décadas, existen otras fuentes documentales no compulsadas por
el señor Madero: apareciendo trunco, por consecuencia, no sólo
cuanto se nos comunica sobre la expedicion de Sanabria, sus
lracasos y enlaces, ó relaciones, con la colonizacion del Rio de
la Plata y Paraguay, sinó tambien de la de Jaime Rasquin, sin
escluir la biografía de ambos.
Y
ln cambio, se nos brindan con aire de inéditas, las instruccio-
nes que don Pedro Mendoza dejó á su sucesor Ayolas, documento
importantísimo suscrito en Buenos Aires ú 21 de Abril de 1537,
y publicado en 1868 en obra citada por el señor Madero. « Tengo
copia legalizada del traslado que de estas instrucciones se en-
contró en la arquimesa del Adelantado», escribe en nola; y por
no perder el hábito de censurar á sus predecesores, exaltando
la autoridad de Herrera, la única que acata,—hasta por ahí, —
agrega: « Herrgra—Dec. 6%, libro 3%, cap. 17— hace un extracto
de ellas; extracto yue ha copiado mal Lozano, alterándolo ».
Para desfacer tamaño entuerto, si es que realmente existe,
el señor Madero extracta á su vez dichas instrucciones. Quien
quiera convencerse de que las dos pájinas de extracto están de
más, puede leer íntegras las instrucciones en la Coleccion de Do-
cumentos Inéditos del Archivo de Indias, t. x, p. 536.
Lo mas curioso del caso es que el señor Madero zarandea á
Lozano por copiar mal los «extractos que trae Herrera, cuando
él mismo extracta infielmente la primera y fundamental parte
de dichas instrucciones.
La mente de Mendoza es concentrar en un solo punto todos
los expedicionarios, no conservándolos divididos como esta-
ban en ese momento, los unos en Buenos Aires, en Corpus
OR
Christi los otros; estos con el capitan Salazar en busca de Ayolas,
y los restantes con el sucesor de Mendoza en marcha hácia las
tierras de adentro. ln esesentido la única limitacion que pone
es esta: dejar en Buenos Aires, si así lo ¡juzga conveniente el
sucesor, pero en los barcos, tan solo 30 hombres para sembrar y
á fin de mantener expódita la comunicacion con él=«por donde
sepamos siempre, como dice Mendoza, dél dónde está, y la gente
que yo le enviare, lo halle »; lo que significa que don Pedro partía
resuelto á continuar empresa tan desastrosamente principiada.
Iba más lejos todavía: le autorizaba á lrasladarse con todos
á la otra mar, es decir, á las costas del Perú; pero á condicion
de dejar en el Paraguay, ó en el lugar que ú Ayolas mejor
pareciere, casa para los objetos indicados.
Corapárese la manera de extractar del señor Madero con la
letra y el espíritu de las instrucciones, y se verá, que aun
cuando tuvo por delante el documento, no trasunta su espíritu:
algo peor de lo que le censura á Lozano.
g TH
VESPUCIO Y MAGALLANIS
I
Es tan breve lo que trae el señor Madero sobre Vespucio y
sus viajes, que no dá tema áú observacion de mayor cuantía.
Nada nuevo aporta: guíase por el texto de Varnhagen en su
Historia Geral do Brasil, sin mencionar para nada las diversas
monografías que el sábio historiador brasilero dedica al estu-
dio de la persona y viajes del afortunado florentino. Para
nada menciona tampoco los demás trabajos publicados sobre
el mismo tema, de Bandini, Canoval, Humboldt, Gelcich, Gay,
Winsor, y otros de menos importancia (1).
(1) VarnuaGEN, Historia Geral do Brasil, 2% edigao, Vienna, t. Í, pp. 82-86.
Para estudiar á Vespucio es necesario tener presente, por lo menos, los si-
guientes trabajos. Cito solo los libros que tengo en mi biblioteca, excluyendo los
que conozco y he consultado, pero no poseo:
1. D'Avezac, Bibliografía de los relatos originales de Américo Vespucio, en
Considerations yéograpliques sur P' Histoire du Bresil, Paris, 1857; 80,
pp. 165-173.
1. Ramusio, Primo volume delle Navigation: et Viaggi, etc. In Venetia, appresso
gli heredi di Lycantonio Givnti, lanno mbLur; fol. peq., pp. 139-144.
7
Trae, sin embargo, una novedad: en la página 12 cita al
piloto «Juan Vespuche », estableciendo que era hijo de Amé-
rico. Como cita entre comillas para indicar que transcribe el
texto literal de algun documento, supongo que sea de la Real
Cédula inédita,' cuya copia legalizada en nota puesta al pié de
dicha página dice poseer, Ó de la de 5 de Junio de 1513, otor-
gando á Solís y á «Juan Vespuche» el privilegio de vender
cartas de marear copiadas del Padron Real.
Respetando mucho, como respeto, la palabra del autor,
quien declara en el prólogo que escribirá historia «documen-
talmente», me permito dudar que posea documento eficiente
alguno en que el piloto Juan Vespucio figure como hijo de
Américo.
m. HumboLbr, Examen critique de l'Histoire de la Géographie du Nouveau
Continent, etc. Paris, 1836-89; tt. 1v y v.
1. Gay, Amerigo Vespucci¿ en Winsor, Narralive and Critical History of
América, t. u, pp. 129-152; y Winsor, Critical and bibliografical notes
on Vespucius and the naming of America, en el mismo volúmen, pp.
153-179, con grabados.
v. VARNHAGEN, Amérigo Vespucci. Son caractere, ses écrils (méme les moins
authentiques), sa vie et ses navegations, avec carte indiquant les routes.
Lima, 1865; fol., pp. 1-120.
vi. Io., Le premier voyage de Amérigo Vespucci définitivement explique dans
ses details. (En el colofon:) Vienne, chez les fils de Charles Gerold, 1869;
fol., pp. 1-50. ;
vir. Io., Nouvelles recherches sur les derniers voyages du navigateur florentin,
et le reste des documents ct éclaircissements sur lui. Avec: les textes
dans les mémes langues qu'ils ont été cerits. Viena, en la misma im-
prenta, 1870; fol., pp. 1-58, facsimile de la carta de América del Ptolo-
meo de 1513.
vin. Io., Ainda Ameérigo Vespucci: Novos estudos e achegas, especialmente em
favor da interpretagáo dada d sua 1* viagem, en 1497-98, as costas
do Yucatan e Golfo Mexicano. Vienna d'Austria, Imprenta do filho de
Cárlos Gerold. 1874; fol., pp. 1-8, facsíimile aproximado de parte del
mapamundi de Ruysch de 1508.
Ix. GeELcicu, Die erste Reise der Vespueci und die Actas de la IV Reunion de
Americanistas; en Zeitschrift fitr Wissenschaftliche Geoyraphie; Wien,
1884; 49, t. y, pp. 85-94.
x. HuGuEs, Alcune considerazioni sul primo viaggio de Amerigo Vespucci; en
Bolletino della Societáa Geographica Italiana, Roma, 1885; 8”, serie 11,
vol. x, pp. 248-263, 367-380.
XI. FERNANDEZ DE NAVARRETE, Américo Vespucio; en Coleccion de Opúsculos,
Madrid, 1848; 8% t. 1, pp. 59-111.
xt. lo., Coleccion de los viajes y descubrimientos que hicieron por mar los espa-
ñoles desde fines del siglo XV, etc. Madrid, 1825-88, 8% t. 11, pp. 181 4 384.
XUL. SANTAREM, Investigaciones históricas, criticas y bibliográficas sobre los via-
jes de Américo Vespucio; en Biblioteca del Comercio del Plata, Mon-
tevideo, 1845; 4% t. 1, pp. 73-99.
Tomo V.
o a
El nombre de Juan Vespucio aparece en muchos documen-
tos impresos, pero como piloto al servicio del Rey. Mártir de
Angleria le cita en De Orbe Novo, década III, capítulo V de
la edicion clásica de París, 1587, página 224; «De Sanctee
Martee portu mira scribit: itidem fatentur et qui redierunt:
inter quos est Vesputius Americi Vesputir florentiná nepos ». Lo que
en castellano equivale, segun la traduccion de don Joaquin
Torres Asensio, á: «Cuéntase maravillas del puerto de Santa
Marta, y lo mismo dicen los que de allá volvieron, entre los
cuales se cuenta Vespucio, sobrino de Américo Vespucio, el
Florentino, que al morir le dejó á éste en herencia el arte ma-
rítimo y el polar; pues este jóven fué enviado por el Rey
como uno de los maestres de la nave capitana, porque sabe
regular los polos con los cuadrantes ».
Mártir le trataba personalmente, segun él mismo lo dice al
terminar el pasage transcripto: «A este Vespucio lo tengo
convidado con frecuencia, porque es un jóven de aventajado
ingenio; y .al recorrer aquellas costas, anotó diligentemente
todo lo que se ofrecía».
Aquí tenemos, pues, al verdadero heredero de Américo,
quien aparece en 1515 prestando declaracion de las costas
exploradas por el florentino, por tener «escritura de mano
propia» de éste, en documento que se halla, segun Navarrete,
en Registro de copia de cédulas, provisiones, etc., de la Casa de
Contratacion desde 5 de Febrero de 1515 hasta 6 de Marzo de 1519
(1). En ese documento el sobrino de Américo Vespucio lleva
el nombre de Juan. Luego, combinando el dicho de un cronista
contemporáneo, de la espectabilidad de Mártir de Angleria, y las
constancias documentales de carácter oficial, Juan Vespucio no
es hijo, como afirma Madero, sinó sobrino,—nepos, como dice
Mártir, —de Américo Vespucio.
1
Esta demostracion bastaría para desvanecer lo aseverado por
el autor de la Historia del Puerto de Buenos Atres; pero, para
evidenciar que escribir historia documentalmente no es tarea
tan fácil y expeditiva, citaré una pieza concluyente, documento
de la especie preferida por el señor Madero, el cual no está
inédito, sinó impreso en coleccion consagrada á las posesiones
españolas del Nuevo Mundo.
(1) Navarrete, Coleccion de Documentos, etc.; tomo III, p. 319.
a O
Abro el tomo xxxIx de la Coleccion de Documentos Inéditos del
Archivo de Indias, y en la página 223 leo este encabezamien-
to: «Real cédula señalando á Juan de Vespucio, sobrino de
Amérigo, el sueldo de 20.000 maravedíes como piloto, y nota
de la fecha en que fué despedido». La Real cédula está datada
en Burgos, á 22 de Mayo de 1512, y empieza así: «líL Rev:
Nuestros Oficiales de la Casa de la Contratacion de las Indias,
que residís en la Cibdad de Sevilla, sabed: que Mi merced e
voluntad es, que Juan de Vespucio, sobrino de Amérigo Ves-
pucio, Nuestro piloto mayor, ya difunto, haya e tenga de Nos
en cada año, asentado en los libros de esa dicha Casa por
Nuestro piloto, etc. ».
Al pié de la página viene lo siguiente: « En el márgen de esta
códula hay una nota que dice: «lín 28 de Marzo de 525 años, se
dió por despedido Juan de Vespucio para que no pudiera llevar
salario ninguno por virtud de esta cédula, por cuanto S. M. lo
mandó despedir como parece por una cédula que los SS. del
Consejo de las Indias nos escribieron fecha 18 de Marzo de
1525». Hay una rúbrica».
Abro en seguida el tomo tercero de la afamada Coleccion de
Viajes de Navarrete, y en la página 306 leo íntegro el mismo
documento. Nó se trata, entonces, ni siquiera de documento
impreso en algun incunable: ambas obras son fuente de nece-
saria compulsa para quien escribe sobre estos asuntos; y el mis-
mo señor Madero cita ambas publicaciones en las notas de su
volúmen.
Por otra parte, en bien informada noticia biográfica de Ves-
pucio que se lee en la página 865 de las Cartas de Indias,
publicacion hecha con el concurso de don Márcos Jimenez de
la Espada, corresponsal del señor Madero, y que tal vez le
pertenece, se afirma que Américo Vespucio estuvo causado con
María Cerezo, «la cual no debió darle ningun hijo, dice el redac-
tor, porque á su muerte, ocurrida el 26 de Diciembre del año
de 1524, pasó á su hermana Catalina Cerezo la renta ó pension
de 10,000 maravedís que disfrutaba ». Y agrega luego: «A Juan
Vespucci, sobrino de Américo, se le nombró piloto el 22 de Mayo
de 1512». :
¿Cómo explicar tan profunda diferencia entre lo que dicen los
documentos impresos, emanados de la cancillería real española,
y aun lo escrito por el cronista más antiguo del descubrimiento
de América, miembro del Consejo de Indias, y amigo íntimo
de quien tenía en sus manos los negocios del Nuevo Mundo—
de Fonseca — y lo que asevera persona que esgrime el docu-
mento á guisa de disciplina escolástica para castigar la pereza
intelectual de sus predecesores ?
Como se vé, difícil es, si no imposible, que el señor Madero
posea documento alguno eficiente por el cual aparezca Juan
Vespucio como hijo de Américo. Sin embargo, debo suponer
que escribiendo documentalmente, segun lo declara en el pró-
logo, exista en su archivo, aun cuando no lo cita, cópia au-
téntica, códice ó inédito legalizado, que le permita corregir el
texto de Pedro Mártir y el de la real cédula que dejo exhibidos,
pues estos invalidan de manera absoluta lo afirmado en la
página 12 de la Historia del Puerto de Buenos Aires.
¡00!
Iósta disquisicion podrá parecer minuciosa en demasía, no
siéndolo así en verdad, por llevar un objeto muy principal;
nada menos que el de producir prucba documentada de que
el señor Madero no se cine fielmente, no ya al sentido crítico,
sinó al sentido literal de los documentos, creyendo, como creo,
que no existe alguno en cuya virtud el sobrino de Américo re-
sulte ser hijo suyo. ;
Por otra parte, el libro de Madero aspira á ser, ante todo,
libro erudito y de pormenores, de método crítico é informativo,
de franca reaccion, llegando el autor en su pesimismo con
respecto á todos los que han escrito sobre el Rio de la Plata,
precediéndole, hasta el extremo de declarar, en resúmen, «que
de todo lo publicado, don Antonio de Herrera, á pesar de sus
incorrecciones, es la mejor fuente de informacion y de referen-
cia». Los demás, antiguos ó modernos, escribieron de oídas, ó
copiándose los unos á los otros, mús ninguno de ellos docu-
mentalmente. «Por consiguiente, agrega -el señor Madero, al
escribir documentalmente, tomaré de sus décadas la generali-
dad de los datos que me faltan ».
Herrera trata de Juan Vespucio en diversos pasajes de las
décadas 1, 11 y 511, mencionando, entre otros hechos, el que trae
Madero de habérsele permitido vender cópias del Padron Real,
circunstancia que despues de Herrera conocíamos tambien por
Fernandez Duro, en sus Disquisiciones Nauticas. Pero lo de ser hijo
de Américo no consta en Herrera, constando en cambio, segun
se ha visto, en Pedro Mártir, que le trataba personalmente, y
en la Real Cédula de 1512 nombrándole piloto al servicio del
Rey, que era sobrino de aquél.
E [E
¿Cómo resulta, entonces, en libro escrito documentalmente,
que Juan Vespucio fué hijo y no sobrino del afortunado Amé-
rico? Si la erudicion, el criterio, y, por consiguiente, la autoridad
del señor Madero, se deben imponer en estos, ó semejantes casos,
en virtud de su propio peso, resultará que con ser tan mínima
esta cuestion, descubre á las claras un proceso mental que, lejos
de no revestir importancia, la tiene, por el contrario, capitalí-
sima, no obstante la nimiedad del asunto. ¿Ni cómo podríamos
saber, faltándonos el documento justificativo, cuándo está en
la verdad el señor Madero y cuándo en el error?
Pienso con el autor de la Historia del Puerto de Buenos Atres,
ser mala práctica la de escudarse tras el prestigio de las auto-
ridades, falaz algunas veces; por cuyo motivo alabo su inde-
pendencia de criterio. Pero pienso tambien con el sábio bolan-
dista Smedt (Principes de la critique historique, p. 45), «que el
brillo de los grandes nombres constituirá siempre una preocu-
pacion legítima en su favor, y que solo con excesiva modestia
se emitirá opinion contraria á la suya. No obstante lo cual,
si tras maduro exámen no puede menos de desconocerse que
el valor de ciertos argumentos ha sido exagerado, disimulado
ó desnaturalizado, no se ha de temer el constatarlo, comba-
tiendo con energía el error, cualquiera que sea el prestigio que
lo circunde.
«Semejante independencia, agrega discretamente Smedt, tiene
sus inconvenientes. Mas de un espíritu ligero persuadiráse fá-
cilmente que hasta él han sido letra muerta documentos cono-
cidos y perfectamente estudiados; descubrirá con plena eviden-
cia cosas que los mas húbiles no han siquiera sospechado,
apresurándose á proclamar sin demora, y en el tono tajante
que caracteriza la erudicion á la violeta, (la demi-science, dice
el original), sus maravillosos descubrimientos ».
IV
Trataré ahora de la primera exploracion del rio Uruguay,
y del viaje de Hernando de Magallanes, pero en la medida y
en el espíritu que constituyen Ja esencia del volúmen motivo
de este exámen crítico.
El capítulo consagrado al Descubrimiento del Rio Uruguay, no
trae novedad alguna de fundamento, por más que lo contrario
se pretenda. Las citas de Azara, De Maria y Berra, todos los
,
cuales siguen á Ruy Diez de Guzman, quien atribuye á un
o:
a
compañero de Gaboto, de apellido Ramon, el haber explorado
el Rio Uruguay, no justifican en manera alguna esta arbitra-
ria conclusion de Madero: «Los demás historiadores platenses nada
han publicado sobre el descubrimiento del Uruguay ».
Supongo que el señor Madero no negará ese dictado al
señor don Luis L. Dominguez, cuyo nombre figura tambien,
tal vez por ser demasiado conocido de los estudiosos de la
historia del Rio de la Plata, entre los omitidos por olvido, ó
por cualquiera otra causa. Dominguez, desde 1861, viene sos-
teniendo, erróneamente en mi sentir, que el verdadero rio de
Solís fué el Uruguay; que la isla vulgarmente llamada Sola,
situada doce millas al norte de Martin García, se llama de Solés,
del nombre de su descubridor; y que éste, aun cuando hubiese
dado su nombre al Uruguay, no pasó mucho mas allá de su
embocadura.
La exploracion del Uruguay en su curso inferior, tuvo lugar,
segun Dominguez, recien en 1520. «lil 10 de Enero, escribe
textualmente, Magallanes reconoció el cabo de Santa María, y
siguiendo al oeste avíslaron una montaña hecha como un som-
brero, dice el derrotero, y le pusieron nombre Monte Vidi: conti-
nuaron la costa que corre á O. N. O. y en seguida dobla al
S. O. hasta llegar al punto donde hoy está la Colonia. Desde
allí despachó al menor de sus buques, llamado Santiago, á
descubrir el pasaje que buscaban, y se encontraran con unas
isletas y la boca de un rio muy grande, que era el rio de
Solís» (1). Luego añade que la carabela « Santiago » avanzó de
la Colonia 25 leguas húcia el norte, reuniéndose con el resto
de la armada despues de quince dias de separacion; y para
que conste de dónde toma estas noticias, cita la Coleccion de
Viajes de Navarrete.
Demostrado así que, desde 1861, el señor Dominguez dejó
establecido, fundándose precisamente en el Diario de Albo pu-
blicado por Navarrete y en que se apoya Madero, que la nao
Santiago de la expedicion de Magallanes fué la primera nave
europea que remontara la corriente del Rio Uruguay, no des-
cubro el motivo por que se silencia el nombre de tan autori.
zado y popular historiador, y se reclama la prioridad en detalle
ya comprobado, y con tanta antelacion.
Il señor Madero no ha podido decir en tono afirmativo:
«nuestro distinguido compatriota el doctor Berra dice que Ca-
«boto llegó hasta el. Uruguay y ordenó á Juan Alvarez y Ramon»
(1) Domixcuez, Historia Argentina, Buenos Aires, 1861, p. 30 y sig. En la
cuarta edicion, 1870, p. 38 y sig. repite lo mismo.
O EA
que lo explorase », pero tampoco refiere que otro le precediera.
Los demás historiadores plalenses nada han publicado sobre el
descubrimiento del Uruguay ».
Y mucho menos adelantar en el prólogo, que entre la di-
versidad de novedades históricas —que entre los hechos y sucesos
desconocidos ó inéditos hasta hoy, contenidos en su obra, figure el
antedicho que no es inédito, pues el historiador Dominguez lo
introdujo en el texto de su /listoría Argentina hace más de treinta
años. Il no haber seguido su testimonio los escritores de nuestras
cosas históricas, no debe quitarle una primacía que, en manera
alguna, puede reclamar el señor Madero como de su exclusiva
cosecha.
AY
Estas y otras distracciones se patentizan en lo concerniente
á Magallanes. No obstante parecer tan prolijo en materia de
detalles, escápanse con harta frecuencia al señor Madero errores,
aun en las mismas citas pormenorizando el texto. Así, por ejem-
plo, cuando establece que la nao Vitoria, como escribe con in-
sistencia, llegó 4 San Lúcar el 6 de Setiembre de 1522, bajo las
órdenes del capitan Sebastian del Cano, conduciendo 32 tripu-
lantes, inclusive éste, resto de los 265 hombres de que se com-
puso la expedicion (1).
Pigafetta, uno de los sobrevivientes, cuyo diario titulado
Primo viaggio intorno al Mondo, es documento capital que no ha
tenido en cuenta el señor Madero, reduce el número de aquellos
á solo 18: «Gracias á la Providencia, dice, entramos el Sábado 6
de Setiembre en el Puerto de San Lúcar; y de sesenta hombres
que componían la tripulacion cuando partimos de las islas de
Malucco, no quedábamos mas que 18» (2). Las palabras de Piga-
fetta concuerdan con la nómina de los arribantes á San Lúcar,
publicada por el señor Soraluce en el apéndice octavo de la Zis-
toria de Sebastian del Cano, p. 271, libro que cita el señor Madero.
Estos 18, y no 32, eran resto no de 265, sinó de 237 hom-
bres, número total de los expedicionarios que salieron de Se-
villa el 10 de Agosto de 1519, segun testimonio del propio
Pigafetta, y segun consta tambien del rol de las tripulaciones
publicado por Navarrete en su Coleccion, de Documentos, y sobre
(1) Historia del Puerto de Buenos Aires, t. 1, p. 52, texto y nota 2.
(2) PicaretTa, Primo Viaggio, traduccion francesa, Paris, año 1x, p. 229.
A e
todo, por Medina en la suya de Documentos para la Historia de
Chile (1); sin haber mas diferencia entre ambas cifras que la de
figurar dos expedicionarios mas en esta última, que deben haberse
quedado por enfermedad ú otra causa.
In cuanto al nombre de la gloriosa nave, no atino con la
razon por qué se empeña en escribir Vitoria y no Victoria. Ión
los documentos contemporáneos se lee una ú otra forma indis-
tintamente: y es prueba de que se llamaba Victoria, del nombre
de la imágen venerada por los marinos españoles en Sevilla,
la circustancia de que al desembarcar en esta ciudad los 18
tripulantes se dirigieron, á estilo de navegantes, en camisa,
descalzos y con una vela en la mano, á rendir homenage á
Santa María de la Antigua, célebre imágen reverenciada en la
capilla de la Catedral, y á Nuestra Señora de la Victoria, en la
iglesia del convento á ella consagrado en el barrio de Triana,
á las cuales se encomendaron en los momentos de mayor pe-
ligro (2).
Por otra parte, Vitoria, lexicológicamente, equivale á Victo-
ria, siendo anticuada aquella forma del vocablo, lo cual explica
su doble insercion en los documentos.
vI
Nada nuevo ni completo nos ofrece, pues, con respecto á
Magallanes: no revela que conozca las fuentes, ni tenga noti-
cias del génesis de la expedicion. Cita á Herrera y á Navarrete,
pero deja en olvido á Pigafetta, y desconoce por completo una
publicacion ilustruda con mapas, referente á los antecedentes
del viaje de Magallanes y á los furidamentos geográficos de sus
proyectos de mareante (3). No menciona para nada la mono-
grafía de Barros Arana, publicada en los Anales de la Universidad
de Chile y reproducida luego en volúmen, libro que prévias leves
(1) Ibid, p. 8; Navarrete, Coleccion de Documentos, t. 1Y, p. 22. Aun cuando
por otra lista complementaria resultarian ser 265, es lo mas probable que el dato
de Pigafetta sea justa expresion de la verdad, pues existen diversas y contradic-
torias listas, unas de 1519, otras de 1522, y otras todavia de 1524 y 1525, La
nómina inédita que publica Medina, Coleccion de Documentos Históricos de Chile,
pp. 113-117, da 239.
(2) PIGAFETTA, Primo Viaggio, Ibid, p. 230. — Mabrazo, Sevilla y Cádiz,
pp. 557-59.—NAVARRETE, Biografía de Magallanes, en el t. 1vde su Coleccion de
Documentos, p. Llv.
(3) WiresserR, Magalhúes-Strasse und Austral-Continent auf den Globen des
Johannes Schóner. Innsbruck, 1881; 8% y mapas.
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correciones, es de indispensable consulta para todo aquel que
escriba sobre Magallanes, y cuyo mérito ha reconocido la Aca-
demia de Ciencias de Lisboa, adoptándolo como obra magistral y
vertiéndolo á la lengua de Camoens.
El volúmen cuarto de la célebre Coleccion de Navarrete ha
perdido ya su exclusiva importancia, por faltar allí documentos
publicados por Magalhaes Villas-Boas en la traduccion del
estudio de Barros Arana; otros que se encuentran en el tomo
primero de la Coleccion de Documentos Inéditos para la Historia de
España, y algunos que se conservaban inéditos. Hoy, así como
es libro preciso el de Barros Arana, lo es de igual modo el
tomo primero de la Coleccion de Documentos Inéditos para la Historia
de Chile del distinguido erudito don José Toribio Medina.
Además de estas obras, deben tenerse á la mano los estu-
dios lécnicos de Guerrero Vergara, impresos en el tomo quinto
del Anuario Hidrográfico de la Marina de Chile; la Historia de Juan
Sebastian del Cano escrita por Eustaquio Fernandez de Navarrete;
las eruditas consideraciones que se leen en History of América
de Winsor, tomo Il, pp. 590-617, y los magistrales capítulos
que le consagra Peschel en su afamada IZistoria del siglo de los
descubrimientos (Geschichte des Zeitalters der Intdekungen).
Aparte de la Historia de del Cano, las obras que cito, aun
las documentales, exceptuando la de Navarrete, no las conoce
el señor Madero, segun se colije del contenido de su volúmen;
conociendo mal la primera, como se comprueba con lo dicho
anteriormente sobre el número de tripulantes que la nave Vic-
toria condujo al puerto de San Lúcar.
Ss IV
JUAN DIAZ DE SOLÍS
I
Cuarenta pájinas consagra Madero al estudio de la biografía
y de los viajes de Solís, con absoluta prescindencia de los es-
critos anteriores referentes al mismo tema. Las dos monografías
del doctor Andrés Lamas, la disertacion de don Diego Barros
Arana leída en el Círculo de Amigos de las Letras en Santiago
de Chile, las observaciones escritas con tal motivo por el señor
general Mitre; y, finalmente, mi estudio sobre Juan Diax de Solís
AO paa
y el Descubrimiento del Rio de la Plata, publicado en 1879, que
comprende 80 pájinas en 8% todo cae envuelto en el fallo ne-
gativo pronunciado en el prólogo (1).
No pudiendo turbar la serenidad de mi espíritu la circuns-
tancia de ser uno de los eliminados en tan honrosa compa-
ñía (2), diré que el señor Madero debió mirar con mayor res-
peto la masa de investigacion erudita que representa la suma
del trabajo contenido en los escritos mencionados. Cada uno
de los autores que le precedieron juzgó de su deber no desligarse
de la solidaridad que existe forzosamente entre personas que de-
dican su tiempo y actividad intelectual á este linaje de estudios.
Il señor Madero se ha separado por la razon antes aducida:
porque él escribe documentalmente, y Lamas, Mitre, Barros
Arana, etc., no conociendo los documentos del caso, se copiaron
los unos á los otros, á Oviedo, á Gomara, Herrera, etc., etc.
11
Empieza por declarar que debiendo «rectificar aseveraciones
de historiadores: respetables», se vé obligado á hacerlo anali
zando los documentos.
(1) Los estudios mencionados son los siguientes:
I.. Barros Arana, El descubrimiento del Rio de la Plata; en, Revista del Pa-
cifico, Valparaiso, 1861; 4% t. IV, pp. 593-600.
Este trabajo fué reproducido en La Revista de Buenos Aires, Buenos
Aires, 1865; 8%, t. VÍ, pp. 88-99. Le siguió el que anoto en seguida:
II. MirreE, Descubrimiento del Rio de la Plata. Discusion sobre el viaje de Vi-
cente Yañez Pinzon y Juan Diaz de Solis en 1508, hasta los 40% de lat.
austral; y épocas notables del descubrimiento y conquista del Rio de la
Plata. En: Revista de Buenos Aires, t. VI, pp. 419-430.
II. Lamas, Juan Diaz de Solis descubridor del Rio de la Plata. Buenos Aires,
1871; 8% p. 31. Tiraje aparte del articulo publicado en la Revista del Rio
de la Plata.
IV. Frecriro, Juan Diaz de Solis y el descubrimiento del Río de la Plata,
Buenos Aires, 1879; 8% pp. 80.
V. Lamas, La Patria de Juan Dias de Solis descubridor del Rio de la Plata,
Buenos Aires, 1881; 8% pp. 23. Tiraje aparte de la Nueva Revista de
Buenos Aires.
(2) En la paj. XI[ del Prólogo se expresa asi el señor Madero: « Con exccp-
cion del doctor don Andrés Lamas, del señor C. L. Fregeiro y del señor Manuel
R. Trelles, todos los historiadores platenses que han escrito sobre el descubrimiento,
copiaron con variedad de formas y deducciones 4 Herrera y Navarrete».
Y en la páj. XIV agrega: «creo, pues, quede todo lo publicado, don Antonio
de Herrera, á pesar de sus incorrecciones, es la mejor fuente de informacion y
referencia ».
CARTA DE MÁRTIR DE ANGLERIA (1810)
Pasa luego á estudiar el viaje de 1508 á 1509, sobre cuyo
punto ya se tenía mucho adelantado en investigacion crítica.
En mi estudio sobre Solís hice un exámen prolijo de todos los
antecedentes, no solo sobre el viaje de este año, sinó tambien
sobre el de 1506, todo ello fundado en documentos y testimonios
.de autores que cito escrupulosamente. Aun cuando no tuve
entonces á la vista los documentos publicados en la Coleccion
de Documentos Inéditos del Archivo de Indias, dejé establecida la
confusion hecha por Herrera entre el viaje de 1508 y el pro-
yectado de 1506, y la posibilidad de que el de 1508 no se hu-
biera realizado en la direccion del Sur, sinó en las costas de
Honduras prosiguiendo los descubrimientos verificados por Colon
en el cuarto viaje. :
Los documentos publicados ya entonces y con posterioridad
demostraron la exactitud de mis presunciones.
rr
Il señor Madero no adelanta nada en ese sentido: admite
que el viaje de 1506 no ha tenido lugar, pero sin demostrar el
por qué desu opinion, ni apoyarse en nada, ni en nadie, pro-
cediendo por puro pirronismo histórico.
Ni siquiera es correcto al referir el viaje de 1508. Pinzon y
Solís no exploraron entonces las costas de Pária, que ya esta-
ban exploradas; ó lo que es lo mismo, las costas orientales de
Venezuela, como lo afirma el señor Madero arbitrariamente. Tam-
poco dieron principio desde allí al reconocimiento de las costas
que visitaron, sinó que, prosiguiendo los descubrimientos rea-
lizados por Colon en el cuarto viaje, navegaron y descubrieron
costas «adelante de la tierra de Veragua, á una parte de la vía
del norte», con rumbo á las proximidades del Cabo Catoche, en
Yucatán; de todo lo cual formaron una carta, levantada proba-
blemente por Solís, cuya carta servía, hácia 1515, á «todos los que
iban á aquellas partes », dice un contemporáneo. Los resultados
de ese viaje deben estar consignados en el mapa de 1510 cono-
cido por de Mártir de Angleria (1). Al hablar de las costas de
Pária, Madero confunde las costas orientales de Venezuela así
llamadas, con las costas y Sierra de Cáúria, en Honduras, situa-
das al sur del Cabo Gracias á Dios.
(1) Véaseun facsimile en, STEVENS, Historical and Geographical Notes, New
Haven, 1869; plancha IV, n% 5; y en, ScHuMACcHER, Petrus Martyr, New York,
1871; 49, al final, en lámina. Reproduzco el primero. -
AO
Los documentos referentes ú esta expedicion fueron publi-
cados, en parte, por Navarrete, y posteriormente en la Coleccion
ya nombrada, en los volúmenes XXI y XXXrL, que son los que
conoce Madero, habiendo escapado á sus indagaciones los con-
tenidos en el volúmen xXXvI, que para nada menciona. Tampoco
ha consultado las declaraciones de Pinzon, Ledesma y otros
pilotos y marineros, en el pleito seguida por el Fiscal con Diego
Colon, declaraciones que imprimió truncas Navarrete en el tomo
m de su reputada Coleccion de Documentos, que reprodujo en la
misma forma el editor de los Documentos de Indias, en el volú-
men XXxIx, y que ha publicado íntegras el erudito colombhista
Fernandez Duro en alguna de sus mas interesantes monografías.
IV
En lo concerniente al viaje de 1512, el estudio crítico estaba
tambien muy adelantado, existiendo los testimonios de Herrera
y de Navarrete, quienes tuvieron á la vista los documentos que
exhibe el señor Madero, para probar que el viaje de 1512 se
mandó suspender debido á reclamos del gobierno portugués.
Aun cuando sobre esta expedicion existen documentos publi-
cados y utilizados, es de justicia agregar que el señor Madero
ha traido un nuevo contingente.
Pero, á pesar de los documentos por los cuales aparece sus-
pendido el proyectado viaje de Solís en 1512, Oviedo, que ase-
gura haberle tratado, invoca su testimonio para afirmar que
antes del segundo viaje, el de 1515, estuvo Solís en el Rio de
la Plata (1). Herrera, que escribe comunmente con documentos
oficiales á la vista, ocupándose de las gestiones internacionales
subsiguientes al regreso de Gaboto á lspaña, en 1530, dice lo
siguiente: «Y porque esta provincia quedaba desamparada, y
portugueses, por hallarse tan cerca de ella, pretendían que caia
en su demarcacion, el licenciado Villalobos, fiscal del Supremo
Consejo de las Indias, porque Jos portugueses no hiciesen algun
auto posesorio que perjudicase al derecho de la Corona de Cas-
tilla y de Leon, pidió que se recibiese informacion de las per-
sonas que habían llegado de aquellas partes, de la posesion que
los reyes de Castilla tenían de aquellas provincias desde que Juan
Diaz de Solís el año de 1512 y el de 1515 descubrió el rio que tomó
(1) Oviebo, Historia General y Natural, Libro xxu1, cap. 1, t. 11, p. 167.
Lo O)
su nombre, y que Sebastian Gaboto había edificado en aquellas
tierras fortalezas, y ejercitado justicia civil y criminal, y traido
á la obediencia real todas las sobredichas generaciones: y esta
informacion se remitió al licenciado Juarez de Carbajal, del Supremo
Consejo de las Indias » (1).
V
Si el relato de Herrera fuera correcto, tendríamos que en
los archivos españoles existe doble documentacion con referen-
cia al viaje de Solís de 1512—una que sirve para demostrar su
aplazamiento, otra para inducir su completa realizacion.
ll señor Madero no establece esta curiosa disyuntiva, pues.
no se ha apercibido de lo que dice Herrera: admite, en presencia
de los documentos que posee en copia, que el viaje de 1512 no
se realizó jamás. Tratándose de una expedicion de carácter mas
bien diplomático, no sería extraño que el disimulo se hubiese
llevado hasta el extremo de fraguar documentos que sirvieran
al Rey de lispaña y al mismo Solís, quien mantenía sospechosas
relaciones con el embajador portugués Vasconcellos, para si-
mular la suspension de un viaje que se deseaba realizar, y que
realmente se llevó á efecto.
Los conceptos transcriptos de Herrera plantean un nuevo
problema histórico en torno del viaje de 1512. ¿Se resolverá
salisfactoriamente alguna vez?
vi
Las notas referentes al viaje de 1515 no contienen novedad
de importancia. Alguno de los documentos que cita como iné-
dito, está impreso; varía la ubicacion de un punto geográfico,
el Rito de los Patos, contradiciendo sin pruebas el testimonio con-
corde del diario del viaje de que se sirve Herrera y el diario
de Albo, de la armada de Magallanes; no tiene en cuenta
lo que dice Mártir de Angleria, quien invoca cartas contem-
poráneas informándole del desastre experimentado por Solís;
y, finalmente, desconociendo, ó dejando en olvido cuanto
dice el cronista portugués Goes con respecto al regreso de la
expedicion y reclamos del Rey don Manuel, pasa por alto una
(1) Herrera, Década 1v, Libro vit, cap. xt, t. 11, p. 169.
real cédula de 1517 que coincide con el texto de Goes, concuerda
con las minutas de Santarem, y establece el verdadero funda-
mento que tiene Varnhagen para considerar á Solís portugués
de nacionalidad.
YA
Y aquí llego á la. noticia biográfica del descubridor del Plata;
la que nada nuevo trae tampoco que valga la pena mencionar,
si no es la aceptacion de la nacionalidad española de Solís y
su nacimiento en Lebrija, con olvido de la real cédula de nero
de 1517 en que, como queda dicho, se le llama portugués y se
asegura haber venido huido á Castilla por «muchos crímenes
que en Portugal cometiera». Todo esto no impide al señor
Madero concluir así: «Las pruebas testimoniales que cito solo
podrían ser destruidas por documentos de un valor jurídico é
histórico mayor; y mientras esos documentos no aparexcan, los lebri-
janos pueden con derecho decir que en su suelo se meció la cuna del
descubridor del Plata ».
Yo no sési se puede ser tan afirmativo cuando existe escrito
oficialmente en España, y publicado en el t. xt, p. 291 de la
Coleccion de Documentos Inéditos del Archivo de Indias, docu-
mento que empieza así: «La Reyna y el Rey. — Nuestros oficiales
de la nuestra Casa de Contratacion de las Indias, que residis
en la cibdad de Sevilla: por parte del serenísimo Rey de Por-
tugal nos ha sido fecha relacion que Juan Diex de Solis, PORTUGUÉS,
vino huyendo á estos Reynos de Castilla desde Portugal, por
muchos crímenes y excesos que alla había hecho».
VIII
El erudito francés D'Avezac, á quien no cita para nada el
señor Madero, trató tambien este punto de la vida de Solís con
su habitual ilustracion; pero antes de publicarse el documento
de la cancillería castellana á que aludo. I“studiando el texto de
Mártir, dice así: «Que Solís fuera oriundo de familia asturiana
de Oviedo, no tenemos motivo alguno para dudarlo; que se
hubiera avecindado en Lebrija, despues de establecerse en Es-
paña, nada parece oponerse á ello; pero que allí hubiese nacido,
es lo que no se nos ofrece «sualacaía cierto, ya que el hecho
se ha puesto en duda» (1).
(1) D'Avezac, Considérations Geographiques sur Y Histoire du Brésil, p. 176.
A E
Y para demostrar el motivo de duda, transcribe el pasage
siguiente de la Chronica del Rei dom Emanuel de Portugal, escrita
por Damian de Goes, concordante con la Real Cédula de
1517 que dejo mencionada: «Per erros que hum piloto por-
tuyues per nome joam diaz golis cometeo fugio destes regnos,
«€ se foi a Castella onde persuadio a alguns mercadores que
armassen duas naos, € que elle as guiaria a terra de sancta
Cruz do brasil, € as traria carregadas de mercadorias em (ue
fezessem muito proveito, com as quaes naos seguio sua viagem
€ tornou neste anno de M. D. XVIL do que sendo avisado dom
Carlos Rei de Castella, Archeduque de Austria, per cartas del
Rei dom Emanuel escreveo aos regedores de Seuilha que cas-
ligassem todos los culpados neste negocio como quebrantadores
das pazes, «€ capitulacócs feitas entre os Reis de Castella, «€
destes regnos, o que elles fezeram con muito rigor, € diligen-
cia» (1). |
El Juan Diaz Golis de Damian de Goes aparece, por dicha
cédula, ser Juan Diaz de Solís; y se ordena en ella precisa-
mente lo que asevera el cronista del rey don Manuel, y por la
mismísima causa: «estando en el Andalucía, dice la Real Cédula,
procuró que algunas personas armasen ciertas navíos y se fuesen
á la tierra del brasil con él, la qual tierra del brasil, diz que es del
dicho serevisimo Rey de Portugal, y que en ella no entran otras
personas ningunas, sinó las de sus reynos y quel allá envia en
sus armadas; y que enducidas las tales personas por el dicho
Juan Diaz de Solís, hicieron su armada, y él se abia ido con
ella 4 la dicha tierra del brasil, donde diz que cargaron dól y
de otras cosas de la dicha tierra y se vinieron con ellas á esa
dicha cibdad; e que por ser lo susodicho cosa nueva e jamas
usada, despues que el Rey tiene la tierra, nos pidió mandase-
mos castigar al dicho Juan Diaz de Solís y a todas las otras
personas que con él habian ido, e le fuese entregado todo el
brasil e otras mercaderias e cosas que do allá abian traido» (2).
Para satisfacer al monarca lusitano el rey mandó castigar
á los delincuentes, -— bien entendido que por fórmula, pues él
era uno de los socios en la expedicion y el mas interesado en
ella. Mandó tambien distribuir el brasil entre los compañeros
sobrevivientes de Solís, por no conformarse éstos con recibir
dos ducados por cada quintal de los que les correspondía como
(l) Goes, Chronica do Serenissimo Senhor Rei D. Emanuel etc. Coimbra,
MDCCLXXXX, t. Il, p. 437. Es la edicion que poseo.
(2) Documentos Inéditos del Archivo de Indias, t. XI, p. 291 y sig.
OOO
prima; pero obligándoseles á prestar fianza de vender el palo
de tinte fuera del Reino: «é si los vendiesen en él, se dice en
una carta real dirigida á los Oficiales Reales de la Casa de
Contratacion, datada en Madrid á 12 de nero de 1517 (2), cay-
gan en las penas de la fianza, las quales executeis, si en ellas
incurrieren ». Se quería, á todo trance, ocultar al Rey de Por-
tugal la existencia de una mercadería cuya propiedad reclamaba
por la vía diplomática.
Aquí tenemos entonces que el testimonio del cronista Goes
se justifica con documentos procedentes de la cancillería Real
española; y que el Juan Diaz Golís del primero, es Juan Diaz
de Solís. Luego, para el gobierno español, lo mismo que para
el gobierno lusitano, Solís no era español, sino portugués.
IX
Todo esto probaría no ser exacto que Solís naciera cn Lebri-
ja, ni que esta ciudad le considere con justo derecho su hijo
ilustre, ni mucho ménos que semejante afirmacion no esté
bien contradicha. ln mi estudio sobre Solís establecí los mo-
tivos de duda que existian para admitir que hubiese nacido
realmente en Lebrija, aun cuando entonces parecíame que su
nacionalidad española estaba fuera de duda. Pero el documento
emanado de la cancillería española, en «que se le califica de
portugués, y los demás antecedentes ligados con este tema de
la vida del descubridor del Rio de la Plata, inclinan mucho mi
ánimo al convencimiento de todo lo contrario, tanto más cuanto el
documento aludido coincide con lo afirmado por el erudito
Goes, cronista del Rey don Manuel, en quien se apoya tambien
Varnhagen para considerarle portugués.
Me parece, pues, que ante el criterio más desapasionado,
nadie repetirá con el señor Madero—«los lebrijanos pueden
con derecho decir que en su suelo se meció la cuna del des-
cubridor del Rio de la Plata»; como nadie ha de suscribir
tampoco á aquello de las rectificaciones á historiadores respe-
tables, que tanto recrea la fantasía del autor de la Historia del
Puerto de Buenos Atres.
(2) Documentos Ineditos del Archivo de Indias, t. xt, p. 290.
O A
Xx
Y así como dejo establecido no ser verdad absoluta lo del
nacimiento en Lebrija, voy á poner de manifiesto que el señor
Madero no traduce tampoco el estado actual de los estudios
históricos con respecto á la muerte de Solís.
Empieza por declarar novelescas «las diversas descripciones
que se han publicado sobre este episodio,» en lo cual tiene
muchísima razon si á las antojadizas y conjeturales se refiere;
careciendo de ella si hace extensivo su juicio, como lo parece,.
á la que trae Herrera, de quien se apartaría en este punto, y
á la de Mártir, que no conoce.
Desde luego, no hace sino repetir lo afirmado por Navar-
rete, de que los indios charruas le. dieron muerte cerca de la
isla de Martin García, olvidando citar la latitud fijada por
Herrera, de acuerdo probablemente con el diario del bordo,
dato importantísimo en todo sentido.
El lugar de la muerte y las circunstancias en que él y sus
cumpañeros la recibieron, en salvaje celada, constan de docu-
mentos más antiguos que el testimonio de Herrera, escritos á
raíz de los acontecimientos, ó de informaciones tomadas á poco,
de los sobrevivientes, en el sitio mismo de la catástrofe.
XI
lín el mapamundi de Gaboto, de 1544, existe constancia del
hecho. ln una de las grandes leyendas, no reproducida por
Jomard en la reimpresion de dicha carta en sus Monuments de
la Géographie, pero publicada mas tarde, en facsimile, por su
yerno Boselli, se lee lo siguiente:
«Llaman los Indios á este gran Rio el Roy huruai, en cas-
tellano el Rio de la Plata toma este nombre del Rio huruai el
cual es in Rio mui caudaloso que entra en el gran Rio de Pa-
rama descubriolo Juan Díaz de Solis piloto mayor de los ca-
tholicos reyes de gloriosa memoria y descubrió hasta una isla
que el dicho Joan Diaz puso el nombre la isla de Martin García,
porque enella entierro un marinero, que se decia Martin Garzia,
la qual dicha isla esta obra treynta leguas arriba de la boca
deste Rio y coste le bién caro el dicho descubrimentio, porque
los syndios de la dha tierra lo mataron y lo comieron» (1).
(1) Harrisse, Jean et Sébastien Cabot, p. 356.
Tomo V. 3
Oviedo cuenta de manera semejante el desastre de la expe-
dicion, omitiendo lo de habérselos comido los indios; y Mártir
de Angleria, que escribió llegados apenas á España los com-
pañeros de Solís, describe así la muerte del descubridor, en la
tercera década:
«Ya navegaba á espaldas de la Cabeza del Dragon y de la
castellana Paria, que caen al Aquilon y miran al ártico (polo),
cuando se encontró con Jos malvados y antropófagos caribes,
de quien en otras partes hemos hablado latamente.
«lístos, cual astutas zorras, parecía que les hacían señales
de paz, pero en su interior se lisongeaban de un buen con-
vite; y cuando vieron de lejos á los huéspedes, comenzaron á
relamerse cual rufianes. Desembarcó el desdichado Solís con
tantos compañeros cuantos cabian en el bote de la nave ma-
yor. Saltó entonces de su emboscada gran multitud de indíge-
nas, y á palos les mataron á todos á la vista de sus compa-
ñeros; y, apoderándose del bote, en un momento le hicieron
pedazos: no escapó ninguno. Una vez muertos y cortados en
trozos, en la misma playa, viendo sus compañeros el horrendo
espectáculo desde el mar, los aderezaron para el festin: los
demás, espantados de aquel atroz ejemplo, no se atrevieron á
desembarcar, pensaron en vengar á su capitan y compañeros,
y abandonaron aquellas playas crueles» (1).
Esto publicaba Mártir á poco de regresar los compañeros
sobrevivientes de Solís, en 1516; y lo escribía, como él mismo
lo dice, por informes manuscritos (Hac breviter mihi scribente
relata sunt per literes); es decir, por documentos que si ahora
los poseyéramos harían fé, como los mejores de su especie que:
invoca el señor Madero.
Las circunstancias referidas podrán ser, ó no, completamente
fieles en el más ínfimo de los pormenores, y en el sentido de
que absolutamente todas, sin excepcion de la mínima, hayan
ocurrido como las cuenta el autor; pero que ellas no sean cier-
tas en conjunto, y en la impresion moral del hecho, trasuntada
en el espíritu de los atónitos compañeros del descubridor, na-
die podrá ponerlo en duda. Iísta narración no es novelesca: es
real, con la realidad humana cuyo sello lleva impreso. Por eso
el relato de Mártir constituye documento histórico, y documento
que ha dejado en olvido el autor de la Historia del Puerto de
Buenos Altres. ;
(1) MartYr, De Orbe Novo, etc., Parisiis, Apud Gvillelmvn Avvray, M.D.LXXXVIl;
12%, p. 275 y sig.; y traduccion castellana de TORRES ASENSIO, t. 11, p. 473 y sig"
XII
La omision no se reduce solo á este documento: puedo ci-
tar otro, posterior en tres años á la muerte de Solís. No está
inédito y es capital para la nomenclatura geográfica de las
costas recorridas por Solís en su último viaje, tanto como para
determinar la extension de sus exploraciones, pues fija la an-
chura del Rio de la Plata; prueba de que él, ó sus compañeros
sobrevivientes, visitaron ambas márjenes del caudaloso estuario.
Ese documento es un pasaje de la Suma de Geographia del
licenciado Inciso, impresa en Sevilla, en letras góticas, el año
1519; obra rarísima, de extraordinario mérito histórico y biblio-
gráfico. En ella se lee lo que en seguida transcribo (1):
«Desde el puerto de Sant Francisco fasta el rio de las
bueltas ay sesenta leguas. y va la costa al Sur. esta el rio de
las bueltas en xxIx grados. y junto con el rio de Sant fran-
cisco haze la tierra una isla que tiene de longitud veinte y cinco
leguas: y hazia la parte de la tierra esta en círculo oblico y
en rededor va la mar que lleva seis leguas de ancho. y ala
parte de la tierra esta el golfo y rio del reparo. y el rio de ba-
yadas. Desdel rio de las bueltas fasta el cabo de sancta Maria
hay ochenta leguas. esta el cabo de sancta maria en XXXvV gra-
dos. passado este cabo entra un rio de mas de veinte leguas de
ancho a do ay gentes que comen carne vmana. esta costa es
toda baxa. y delante del cabo de sancta maria están unos isleos.
en todas estas costas desde el cabo de sancta Maria fasta el cabo
de sancto Agostin ay mucho brasil. y quasi no ay otra cosa de
provecho enella ».
XHnIl
Habiendo llegado á este punto de la descripcion de las costas
orientales de Sud-América, Enciso había llegado tambien al tér-
mino de lo entonces conocido de ellas por los españoles. Cuatro
años antes, en Noviembre de 1515, como lo establezco en mi estu-
dio sobre Solís, el sobrino de Vespucio, Juan, daba un informe
al Rey, junto con otros pilotos castellanos, quienes, como él y
á pesar de fundarse en los papeles autógrafos de su tio el flo-
(l) El ejemplar de donde copié el trozo transcripto, pertenecía al conocido
librero de Paris, Mr. Maisonneuve. Su elevado precio, 2000 francos, me impidió
adquirirlo. En Buenos Aires es completamente desconocido.
O
rentino, fijaban el cabo de San Agustin por extremo límite
conocido hácia el Sur (1).
Solís navegaba, á la sazon, con rumbo hácia dicho cabo.
El año siguiente de 1516, regresan sus compañeros trayendo
la infausta noticia de la muerte del jefe y de la existencia de ca-
níbales en el rio á que llamaran de Solís.
El pasage transcripto de la Suma de Geographia del licen-
ciado Enciso, impresa en 1519, y en que se dá cuenta de las
costas situadas entre el cabo de San Agustin y el Rio de la
Plata, ¿qué puede contener entonces, sinó contiene los informes
geográficos é históricos llevados á Ispeña por los compañeros
sobrevivientes de Solís?
El extracto del diario del viaje, que nos hace conocer Her-
rera, los informes documentados de Mártir, la descripcion hi-
drográfica de Inciso, y la leyenda de Gaboto, puesta en su
mapa-mundi grabado en 1544, ¿no constituyen, por acaso, testi-
monios históricos de primer órden, y los más auténticos é in-
formativos que hoy existan impresos, sobre la ejecucion del
último viaje de Solís, y sobre sus resultados generales?
Comparándolos y sometiéndolos á exámen crítico, amplio
y erudito, ¿no valen muchísimo más, en su expresivo y
auténtico laconismo, que las fantasías del señor Madero con-
signadas en las páginas 20 á 25, en las cuales trastrueca el único
punto exacto de referencia, el nombre de rio del litoral oriental
perfectamente determinado, del rio de los Patos?
XIV
«Se ha visto, digo en mi estudio sobre Solís (2), que tomó
posesion por la Corona de Castilla á los 35 de lalitud, y que
habiendo continuado la navegacion «fué á surgir en el Río de
los Patos, á los 34% y un tercio». ls evidente que aquí hay un
error de algunos minutos, si se tiene presente que en seguida
se dice—«luego entraron en una Agua que por ser tan espaciosa
y no salada llamaron Mar Dulce; » es decir, que Solís pasó des-
pues la línea de division de las aguas saladas y dulces del Plata;
Ó, lo que es lo mismo, que se encontraba al norte del paralelo
del rio Santa Lucía (34% 50”).
«Entre los 35% y este último punto, aun cuando la costa forma
un seno bastante profundo, no existe ningun lugar que cor-
(1) Juan Diaz de Solis y el descubrimiento del Rio de la Plata, p. 49 y sig.
(2) Ibid. p. 77.
AO e
responda exactamente á aquella latitud: el mas prosimo al
Ecuador se encuentra 25” más al Sur.
«Por otra parte, el Rio de los Patos, que no se halla indicado
ni aun en las prolijas enumeraciones de Oviedo (Historia General
y Natural, t. 11, p. 171 y sig.) . está anotado en el diario de
Albo, quien lo sitúa entre el cabo de Santa María y el cerro
Monte- Vidi ( hoy de Montevideo ), en la misma posicion que los
extractos del diario de Solís: «en medio dél y del Cabo Santa
María, hay un rio que se llama de los Patos» (Navarrete, Co-
leccion de Documentos, t. 1, p. 221).
« Luego, no puede caber duda de que Solís surgió en un rio
llamado así, situado entre el cabo de Santa María y el río de Santa
Lucía ».
Estas conclusiones de mi estudio son ter minantes: comonardlan
además, con los únicos documentos que poseemos para fijar la
posicion geográfica del histórico Rio de los Patos, situado al oc-
cidente del cabo de Santa María.
Ll señor Madero identifica, en cambio, el consabido Río de
los Patos con el de Santa Lucía, en razon de abundar en este la
caza de aquellos sabrosos palmípedos (1); abandonando, por
tan frívolo motivo, el testimonio de los documentos, no obstante
haber declarado que escribiría documentalmente, cosa que no
hicieron sus predecesores por pereza intelectual.
sv
SEBASTIAN GABOTO
Al ocuparse de Gaboto, el señor Madero no adelanta nada
capital á lo que ya se sabía; es decir, á su biografía y viajes
por cuenta de Inglaterra, á su residencia en Il'spaña y al viaje
del Rio de la Plata, á no ser detalles de escasa importancia,
que servirían, en caso de ser correctos, para precisar lo ya co-
nocido.
Para la biografía, sin incluir las fuentes, poseemos los dos
voluminosos estudios de Biddle y Harrisse, el bosquejo de
Nichols, el substancial capítulo de Deane en History of América
del erudito Winsor; los artículos de Brevoort en Historical
(1) Historia del Puerto de Buenos Aires, p. 24.
99 ae
Magaxine, y los resúmenes analíticos de Doyle, en su sábia
obra The English in América; sin contar, por supuesto, lo que
traen Bancroft y Hildreth en sus respectivas y magistrales
historias de los Estados Unidos, Brown en The Genesis of the
United States, Pallrey en History of New England, Weise en
Discoveries of América, Peschel en Zeitalters der Entdekungen,
Saint Martin en Histoire de la (Geographie, Kohl en Die beiden
altesten General Karten von América, y Humboldt en Examen Cri-
tique de la Geographie du Nouveau Continent (1).
(1) En esta reseña cito únicamente libros fundamentales existentes en mi
biblioteca.
L BibDLE, A Memoir of Sebastian Cabot, Philadelphia, 1831; London, 1831;
8%, respectivamente pp. VIIL, 327, y VIII, 333, segun Harrisse.
Tengo la primera impresion.
IL. Harrisse, Jean et Sebastien Cabot, Paris, 1882; 4% mapa, cartografía del
Siglo XVI, bibliografia de Gaboto, extractos integros de las fuentes ori-
ginales y reproduccion de documentos: es un tesoro de erudicion.
ur. NicHoLs, The remarkable life, adventures and discoveries of Sebastían
Cabot, of Bristol, London, 1869; 8% con retrato y mapa.
Lv. Diane, The voyayes of the Caboto; en Winsox, Narrative and Critical
History of América, Boston, 1886; 4% mayor, t. III, p. 1-58, con
grabados.
y. BrevoorrT, Larly voyages from Europa to América; en, The Historical
Magazine, Morrisania, 1868; 2% série, t. II, p. 129-135, con facsímile
de una parte del mapamundi de Gaboto.
vi. DoyLk, The English in América, London, 1882; 8%, pp. 28-51, 533-543.
vir. BANCROFT, History of the United States of America; 8% New York, 1888,
última edicion revisada por el autor, t. Ipp. 9-14; y Boston, 1858, 16*
edicion del Í tomo, de la edicion con notas, pp. 9-13.
vir. HiLDRETH, Thz History of the United States of América, New York, 1882,
edicion revisada, t. 1, pp: 34-36.
IX. Brown, The Genesis of the United States, obra norte americana; cito la
edicion de Londres, 1890; 8%, 2 vols, con paginacion continua, pp. 2, 3,
18, 672, 733, 837, 839, 859, 1022 y retrato.
4 PaLFREY, History of Nero England, Boston, 1882; 4% t. I, pp. 60-63.
"XI. Weise, The discoveries of América, 1884; 8% edicion norte-americana y
edicion inglesa simultáneas: cito la de Lóndres; pp. 188-204, 210, 300.
xtu. PrscHEL, Geschichte des Zeitalters der Entdekungen, Stutgart, 1877; 80,
2% edicion, pp: 215-221.
xur. Saint Martin, Histoire de la Géographie, Paris, 1873; 8% pp. 359-360,
378-380.
xiv. KoHmL, Die beiden alsteten general-kharten von América, Weimar, 1860;
fol. pp. 50, 56-57, 146-151, con facsimile colorido de los dos mapa-
mundis de 1527 y 1529.
xv. Humor, Examen critique de Y Histoire de la Géographie du Nouveau
Continent et des progres de U'astronomie nautique au XVme et XV Ime
siécles; Paris, 1886-39, t. IV, pp. 217-219, 231-232. é
xvi. D'Avezac, Considérations Géographiques sur l'Histoire du Brésil. Examen
critique d'une nouvelle Histoire du Bresil, recénment publiéc en por=
AS
El señor Madero no agrega datos nuevos de importancia,
puesto que la carta de Mr. Willougby, de 13 de Setiembre de
1512, y la real cédula del mismo año dirijidas á los oficiales
reales, están impresas ó utilizadas, así como algun otro docu-
mento de los que presupone inéditos el autor de la Historia del
Puerto de Buenos Átres.
Il
En cuanto al lugar del nacimiento, punto tan controvertido,
y adrede oscurecido por el mismo Gaboto, el señor Madero no
trasunta los argumentos concluyentes, de hecho y de órden
jurídico, presentados por Harrisse, demostrativos de haber nacido
en Venecia. No creo que valga la pena alargar este pesado estudio
con su transcripcion, cuando es tan fácil consultarlos en su
magistral libro Jéan et Sébastien Cabot.
Tampoco juzgo oportuno seguirle en otros pormenores de
la biografía, así antes como despues del viaje al Rio de la
Plata, porque todo se encuentra abundamente comprobado en
Harrisse, de donde lo toma el señor Madero, copiándole hasta
las notas eruditas. Vuelvo á repetir que los estudiosos deben
adquirir el hermoso volúmen del erudito norte-americano, que,
por otra parte, no puede faltar en la biblioteca de un amante
al estudio de la historia argentina.
MI
Concretándome al viaje de 1526, diré, en resúmen, que es
preciso tener á la vista los abundantes informes que trae
Herrera en sus décadas, mucho mas abundantes, bajo ciertos
aspectos, que el capítulo respectivo de la Historia del Puerto de
Buenos Altres.
Los viajes de Gaboto y García son tratados en detalle por
dicho cronista en la década Ill, libro IX, capítulo UI; y libro
tugais a Madrid par M. Francois Adolphe de Varnhagen. Paris, 1857;
8% pp. 178-190.
xvi. Guerrero VeErGARA, Los descubridores del Estrecho de Magallanes; en,
Anuario Hidrográfico de la Marina de Chile, Año V; Santiago, 1879;
40, pp. 427-432.
xvuL. SoutHey, Historia do Brazil traducida do ingles pelo Dr. Luiz Joaquin
de Oliveira e Castro e annotada pelo conego Dr. J. C. FERNANDEZ
Pivnerro : Rio Janeiro, 1862; 8”, t. IL, pp. 86-95.
AU
X, capítulo 1; década IV, libro 1, capítulo 1; libro III, capítulo
I; y libro VIIL, capítulo XI. Sirviéndose del relato de Herrera,
Biddle se ocupa del mismo asunto en Memotr.of Sebastian Cabot,
desde la página 123 hasta la 166; es decir, 43 páginas en 80,
sin descuidar por eso otras fuentes de informacion subsidiarias.
ls cierto que Harrisse no repite el relato de Herrera, por no
entrar en el plan de su obra; pero no es ménos cierto tam-
bien, aun cuando el señor Madero no lo constate, ni siquiera
lo utilice, que en la página 356-358 de su erudito libro, repro-
duce la leyenda longitudinal correspondiente al mapamundi
de Gaboto. Cita, además, testimonios no consultados por Ma-
dero, entre otros, el despacho de 21 de Setiembre de 1525 de
Andrea Navagiero y las Relaxioni di Ambasciatori Veneta.
Para este viaje se tenía la carta de Luis Ramirez, escrita
en San Salvador, en 1528, é impresa por el historiador bra-
silero Varnhagen en la Revista do Instituto Histori ico é Geogra-
phico do Brasil, junto con el diario de viaje presentado al Rey
de España, á su regreso, por Diego García: documentos ambos
reproducidos por Trelles en la Revista de la Biblioteca (1).
En la Coleccion de Documentos Inéditos del Archivo de Indias
existen publicados otros documentos, todos interesantes. Oviedo,
que escribió al dictado del capitan Rojas y del piloto Santa
Cruz (2), personaje interesante este último y estrechamente ligado
con la historia, la geografía y la cartografía primitivas del Rio
de la Plata, de quien nada dice, que lo distinga, el señor
Madero, — Oviedo, repito, suministra á su implacable crítico
hasta las fechas correctas de la partida y del regreso de la
expedicion.
Todo lo que dice el señor Madero, escrito estaba, en sus
líneas fundamentales, por Oviedo, quien es fuente principalísima
y copiosa para este viaje; y por Herrera, en sus detalles de
carácter oficial. Para ofrecer una muestra, transcribiré de aquel
la narracion del asalto del Fuerte del Espíritu Santo: los lectores
estudiosos podrán juzgar, despues de leerlo, si es correcto lo que
afirma el señor Madero, de que él cuenta por primera vez «la
verdad, desconocida hasta hoy, de la histórica trajedia ».
(l) Revista do Instituto Historico e Geographico do Brasil; 1852, t. xv,
pp. 1-41. Varnhagen, autor de la publicacion, la precedió de brevisimas conside-
raciones. Herrera tuvo presentes ambos documentos.
(2) Oviebo, Historia General y Natural de las Indias, libro xxut, capi-
tulo 11.
A Me
IV
« Desde el puerto de Sanct Salvador tornaron parte de los
españoles á Carcarañá, escribe Oviedo, y parte dellos subie-
ron adelante, penssando castigar el daño rescebido, y llegaron
á una bahia que nombraron Sancta Ana, questá veynte leguas
adelante del rio de Paraguay. l allí supieron que los indios
de la tierra de Carcarañá, viendo lo que delante de Ethica
había acaescido contra los españoles, y desseando hagerlo peor
con ellos, estaban acordados secretamente de matar todos los
chripstianos; y por esto se tornaron á Carcaraña, para hacer
compañia á Jos que allí habian quedado y excusar la alteracion
y mal penssamiento de los indios. 1 quedó allí por capitan
Alonso de Sancta Cruz; y el Gaboto fué con los bergantines
al rio de Sanct Salvador con propósito de dar aviso á las
naos, para que estuviessen en vela y á buen recaudo.
«I en tanto que el yba, los indios dieron sobre la fortaleca,
y la quemaron dos horas antes que amanesciesse una noche,
y los chripstianos salieron contra ellos animosamente é hicie-
ron algun daño en los indios; pero como eran mas de veynte
mill é los españoles tan pocos, no se pudieron defender, é ma-
taron treynta é tres ó treynta é quatro chripstianos, y escapa-
ron los demas en un bergantin mal reparado y heridos de
muchas flechas; pero allí no tiran con hierva ni la ussan.
V
«líssos pocos de los españoles que quedaron con la vida,
se fueron al puerto de Sanct Salvador, donde hallaron á Sebas-
tian Gaboto, é volvieron luego con él á Carcarañá é hallaron
á los chripstianos que avían muerto los indios como es dicho,
hechos tantos pedacos, que no los podian conoscer; é aunque
aquella gente comen carne humana, no los habian comido ni
querian aquellos indios tal carne, porque dicen que es muy
salada. I de sus palabras se tuvo sospecha que aquellos peda-
cos muchos, que hacian de los cuerpos muertos, eran para
probar si eran todos de un género ó si habia algund sabor
diferenciado entre tantos, para aviso de su gusto en lo por:
venir.
«Los chripstianos que volvieron, recogieron el artilleria
gruessa, que no pudieron los indios llevar en las canoas; pero
E
llevaron del artilleria menuda la que pudieron, é de todas las
demas municiones lo que quisieron. De allí se volvieron los
chripstianos é su capitan general al puerto de Sanct Salvador,
é procuraron de aderescar las naos para tornarse á España,
como gente perdida y que no tenian remedio ni eran bastantes
contra los indios ofendiéndolos, ni para se sostener en la
tierra: é ya estaban muy desnudos y maltractados y enfermos
y en mucha nescessidad de todas las cosas nescessarias á lavida.
VI
« Ni comian sino hiervas; por que los indios no los dexa-
ban salir á pescar, é á los que salian los mataban, como ma-
taron mas de veynte dellos: é tambien de los que yban á
buscar hiervas é rayces, para comer, si se apartaban algo la
tierra adentro. Por manera, que ya avian muerto los indios
septenta y cinco hombres, sin los que de sus enfermedades y
de hambre se murieron, é sin los que, como está dicho, en
una nao de estas avían enviado á Ispaña, en la qual fueron
mas de cinquenta personas; é los que quedaban vivos en la
tierra, no eran ya otros tantos como los que faltaban desta armada,
y essos que eran vivos estaban muy trabaxados é sin salud ;
por que esta penitencia les turó, desde que entraron por la
punta ó cabo de Sancta Maria hasta que salieron de todo el
embocamiento deste rio de la Plata, dos años é diez meses, é
hasta volver á España, ocho meses: por que volvían por las
costas que avían passado primero, quando allá fueron, por se
proveer é rehacer de algund mantenimiento.
«Llegados á España, entraron por el rio Guadalquevir dia
de la Magdalena, veynte y dos dias de Jullio de mill é qui-
nientos é treynta, é avían salido del mismo rio é puerto de
Sanlúcar año de mill é quinientos é veynte y seys años, á tres
dias de Abril, el tercero dia despues de Flores, y mejor diciendo,
de la Resurreccion » (1).
VII
He dicho que el señor Madero no conoce algunos de los
documentos inéditos existentes, y voy á demostrarlo, agregando
que ignora al mismo tiempo otros ya impresos, todos los
(1) Ovieno, Historia General y Natural de Indias, libro XXIII, capitulo IV
t. IL, p. 176 y siguientes.
Ne PE
cuales ponen ciertos matices, ó completan la narracion metódica
del viaje y de las aventuras de Gaboto y sus compañeros.
Omite, por ejemplo, la queja enviada al Rey por los capi-
tanes abandonados en Santa Catalina, de que habla Herrera,
y la Real cédula datada en Toledo á 15 de Enero de 1529,
dictada en tal virtud, ordenando á Gaboto que á su regreso
recoja y lleve consigo á Francisco de Rojas, Miguel de Rodas y
Martin Mendez. Silencia tambien el requerimiento hecho por
Gaboto al capitan Francisco de Rojas, en el puerto de San
Vicente.
Afirma el señor Madero que los esfuerzos hechos en España
por los agentes de Gaboto para que el Rey le enviase refuer-
zos, fueron totalmente desoídos, enunciando causas esplicativas
de la indiferencia del soberano. Además de las noticias en con-
trario suministradas por Herrera, existe, una real cédula diri-
jida á Juan Gomez Arbolancha y Rodrigo, mañeros estantes en
Sevilla, para que vayan, en la carabela que se estaba preparando,
en auxilio de Sebastian Gaboto ; nombramiento recaído en ellos
por «los conocimientos que tienen, dice la real cédula, de la
navegacion de aquellas costas. donde antes habían estado.» lisa
real cédula es datada en Madrid á 10 de Abril de 1530.
Al mencionar la sentencia condenatoria y la manera cómo
fué tratado Gaboto durante el juicio, Madero constata que por
la cédula de 12 de Marzo de 1532 se mandaron pagar de su
sueldo de Piloto Mayor, las costas del pleito y las compensa-
ciones pecuniarias acordadas á Isabel Mendez y Francisca
Vazquez; pero no dice nada sobre «que por real códula de
Ocaña, ú 11 de Marzo de 1531, la Rcina mandóle dar, por
intermedio de los oficiales reales de Sevilla, 11,250 marave-
dies para costear los gastos de su manutencion y «de los
pleitos; que por otra real cédula, tambien datada en Ocaña á
11 de Mayo de dicho año, se le mandaron entregar 7,500 ma-
ravedies más, mediante fianza, á cuenta de sus haberes de piloto
mayor que se le adeudaban; y, finalmente, que por otra fechada
en Medina del Campo, á 12 de Mayo de 1532, ordena se le
entreguen 50,000 maravedies, tambien de sus sueldos atrasa-
dos, no obstante el embargo trabado en ellos, documento hon-
rosísimo para Gaboto por haber sido redactado contradiciendo
lo pedido por el promotor fiscal que intervenía en el proceso
fallado en su contra, y por mantenérsele en su alto empleo
con todos los honores, sueldos, etc., correspondientes á seme-
jante destino. listos últimos documentos no estan inéditos;
corren impresos.
ELA AY DA
VIII
Madero hace incapié en la tradicion legendaria de Lucía
Miranda, trasmitida por Ruy Diaz de Guzman y conservada
por Azara, que la tomó directamente á fines del siglo pasado.
Será cierta, ó nó, en lo que de romántica tiene, pues no pasa
de tradicion en cuanto á la huída al sur del Brasil de los
sobrevivientes á la catástrofe del Fuerte del Espíritu Santo;
mas no me parece suficiente razon para desautorizarla del todo,
la circunstancia de que en las instrucciones expedidas á Gaboto
se manda que no vayan mujeres en la expedicion. En los docu-
mentos referentes á la de Mendoza, utilizados por el señor Madero,
no figuran tampoco mujeres; y las hubo, sin embargo, y desem-
peñaron un papel conspícuo, á estar al relato de una de ellas.
No vale la pena discutir semejante asunto: se trata de
una creacion imaginativa, que lleva mas de trescientos años
de existencia, que sirvió para el recreo de nuestros antepasa-
dos y gusta todavía á los jóvenes de nuestro tiempo. No se ha
probado que carezca de fundamento en su remoto oríjen, ni
está reñida con la realidad poética: ¿qué perjuicio nos causa
conservarla, sabiendo, como sabemos, el fin histórico del con-
sabido fuerte?
IX
No me parece tampoco que el señor Madero destruya otra
tradicion conservada por Ruy Diaz, por la que se atribuye á
cierto indivíduo, de apellido Ramón, el haber explorado el rio
Uruguay. Ruy Diaz dice que en su tiempo aún se veían los
restos de la nave encallada.
Luis Ramirez, en su noticiosa carta publicada por Varnha-
gen, habla de expediciones de bateles enviados desde San Lázaro
para explorar el curso del Uruguay. 1l piloto Santa Cruz, en los
informes trasmitidos á Oviedo, y por éste conservados, menciona
una practicada desde San Salvador. Se sabe que Gaboto y García
armaron, ó construyeron, hasta siete bergantines. No es impo-
sible entonces el naufragio de alguno de ellos en escursiones que
deben de haber alcanzado hasta el norte de la embocadura del
Rio Negro, el cual ya figura con este nombre, en 1544, en el
a
mapa-mundi de Gaboto, donde se consignan los resultados de
su viaje, y de cuyo rio dió noticias Santa Cruz al cronista Oviedo.
Puedo adelantar tambien, sin que me sea dable indicar por
el momento la calidad, empleo, ó profesion, que entre los com-
pañeros de Gaboto vino uno que llevaba el apellido Ramón.
Xx
Antes de terminar con Gaboto, añadiré que no alcanzo la
razon suficiente para dejar de apellidar así al explorador del
Paraná. Los apellidos históricos de los descubridores del Nuevo
Mundo no han sido sometidos á sistema: Amérrigo Vespucci es
nombrado Vispuche, Despuche, Vespuce, Vespucio, forma esta
última que adopta Madero; Magalhaens, el descubridor del Estre-
cho de Todos los Santos, es conocido por Jos españoles como Muga-
llanes, y por los franceses é ingleses como Magellan; Colombo,
es Colon para los españoles, Colomb para los franceses y Co-
Hb
SS. AS.
Xx MY
Xpo lerens.
maba. Gaboto es llamado así tradicionalmente en el Rio de la
Plata, conservando esa denominacion hasta los lugares geográfi-
cos; mientras le nombran Cabot los ingleses y franceses, aun
cuando él se firmó Caboto, Cabotlo y tambien Kabotto (1).
Si el señor Madero fuera consecuente con la teoría susten-
tada en el caso de Gaboto, poco tendría que observar. Los
alemanes conservan, generalmente, la ortografía originaria de
los nombres propios de lugar, y suelen hacer extensivo el pro-
cedimiento á los nombres históricos de personajes, batallas, etc.
Icl historiador aleman Peschel, eminente geógrafo por otra parte,
lógico con sus hábitos de tal, escribe, siguiendo esa regla, Ma-
galháes, Vespucci; pero bien pronto se somete al uso constante,
y la olvida cuando se trata de otros, escribiendo entonces Colon,
como los españoles, y Cabot, como los ingleses. ls cierto que
en su libro no pretende imponer regla alguna al respecto, lo
que debe decirse en su descargo y en abono de su buen sentido
crítico.
Pero no sucede así con el autor de la Historia del Puerto de
Bucnos Ares: manifiesta, por el contrario, el propósito de im-
lumbus para los ingleses, y para nadie como él se fir-
(1) Harrusse, Jean et Sébastien Cabot, p. 1.
AS
poner á los demás una forma ortográfica determinada— la que
empleó el personaje consabido en el documento de donde
toma el autor el calco de la firma autógrafa de aquel. Desde
luego, si excluimos totalmente la costumbre, la razon antedicha
no es concluyente por falta de generalidad. La firma puesta al
pié de un solo documento, no bastaría, en ningun caso: sería
menester que dicha forma ortográfica fuese la única, ó, por
lo ménos, la más generalmente usada; y Harrisse, sin hacer
estudio particular del caso, demuestra que Gaboto ha usado de
otras formas.
El señor Madero tampoco es sistemático ú este respecto.
Escribe Américo Vespucio, y copiando la firma autógrafa
del florentino, debió escribir — 4merrigo Vespucci; escribe Juan
Diaz de Solis, y nos da un calco autográfico que dice Diaz de
Solys; escribe siempre Magallanes, y al pié del retrato de este
personaje lee uno la firma del mismo—Magalhaens; y, solamente
cuando, en son de crítica á los demás, emplea la forma Catoto,
tomándola del facsimile de la firma del explorador del Paraná,
pretende haber escrito «correctamente» (1).
Luego, si es esa la regla para escribir correctamente los
nombres de personas históricas, convendrá conmigo el señor
Madero, en no haber escrito correctamente, ni el nombre de
Solís, ni el de Vespucio, ni el de Magallanes. ¿Y qué dirá del
de Colon, ya que el descubridor del Nuevo Mundo no tenía
semejante apellido, ni consta que jamás firmase así, de manera
constante y habitual? ¿Quiénes proceden correctamente, los es-
pañoles que le nombran Colon, los franceses (que escriben Co-
lomb, los ingleses Columbus; ó los italianos contemporáneos
que, fieles á la ortografía originaria, Columbo, y á la forma
idiomática y familiar, no se permiten tamaña incorreccion, y
solo escriben Colombo, como escribieron sus antepasados?
Los compañeros del cosmógrato y descubridor, los cronistas
españoles mejor informados y mas difundidos, como, Cieza,
Fernandez el Palentino, Herrera y Oviedo; todos nuestros es-
critores, y la misma nomenclatura geográfica argentina, con-
sagran, por tradicion y por hábito inveterado, el nombre de
Gaboto. Su propio nombre histórico, está mas estrechamente
vinculado al Rio de la Plata que á ningun otro punto de la
superficie terrestre; ¿por qué entonces no seguir escribiendo
nosotros como desde hace mas de tres siglos y medio se le
(1) Historia del Puerto de Buenos Aires, t. 1, p. 162.
A a
nombra aquí mismo? ¿No hace cuatro que al descubridor del
Nuevo Mundo le llaman Colon los españoles y sus descendien-
tes, imposibilitando este hecho consuetudinario, el que nunca,
jamás, se escribirá, correctamente, Colombo por los que hablamos
y escribimos la hermosa lengua de doña Isabel la Católica ?
Pásale al señor Madero algo semejante á lo que cuenta
Macaulay del historiador inglés Mitford: «Singularizarse, dice,
es la principal característica de Mitford ... Ls, en sí misma,
materia perfectamente indiferente, si llamamos á un estrangero
por el nombre que lleva en su propio idioma, ó por aquel que
en el nuestro le corresponde; si decimos Lorenzo de Medici, ó
Lawrence de Medici, Jéan Chauvin, ó John Calvin. In tales
casos, añade Macaulay, el uso establecido se considera ley por
todos los escritores, á escepcion de Mitford » (1).
XI
Madero cita en una nota de la introduccion, un mapa
hecho (ha debido decir impreso), por Sebastian Gaboto, en
1544; y remite á la biografía de este personaje para informarse
de lo que sobre tal mapa sabe y nos brinda (2). Allí 'se lee lo
siguiente (p. 161): «Sus mapas, ó cartas marinas, con excepcion
de la que existe en la Biblioteca Nacional de Francia y el mapa-mundi
publicado por Jomard, se han perdido ».
Il señor Madero, incurriendo una vez más en errores de
crítica inexplicables, si no se busca la csplicacion en falta de
pericia, ó en insuficiencia de conocimientos, hace de una sola
cosa dos enteramente distintas. Ll mapa-mundi publicado por
Jomard es, precisamente, el mapa que existe en la Biblioteca
Nacional de Francia.
En efecto: D”Avezac es uno de los primeros eruditos
que haya estudiado este mapa, quien se ocupa de él en
sus Considerations Géographiques sur l' Histoire du Brésil, páginas
180-185, publicadas en 1857, con motivo de informar á la So-
ciedad de Geografía de París sobre el mérito de la Historia Ge-
(1) MacauLay, Essays, Critical and Miscellancous; New-York, 1869, p. 424.
(2) La nota puesta por Madero dice asi: «Mapa hecho por Sebastian Caboto
en el año 1544, existente en la Biblioteca Nacional de Francia. Véase lo que res-
pecto á este mapa digo en el capitulo «Biografía de Sebastian Caboto». Historia
del Puerto de Buenos Aires, t. I, p. XIX.
ONE
“neral do Braxil del señor Varnhagen. In las notas ilustrativas, y
tratando de Gaboto, dice así: « Había publicado cuatro años antes,
en 1544, un gran mapa elíptico de un metro y 48 centímetros
de ancho por 1 metro y 11 centímetros de alto, acompañado,
en los márgenes, de dos tablas de leyendas explicativas, nume-
rosas y extensas. La Biblioteca Imperial de París posee un
ejemplar comprado en Alemania en 1844, mediante los buenos
oficios del señor de Martius. Un facsimile de este precioso
documento está incluido en la coleccion, tan hermosa y tan
útil, de los Monuments de la Géographie, de M. Jomard, quien
se propone hacer imprimir tambien los textos que complementan
la obra del hábil cosmógrato ».
El erudito norte-americano Enrique Harrisse, escribe sobre
el mismo tema casi treinta años mas tarde, y repite, ampliando,
- cuanto entonces dijo D'Avezac. Ll señor Madero, si bien no
conoce el libro de éste, ha usado el de Harrisse; pero se
aparta de su texto, ignoro por cual motivo, aun cuando debería
de creer que, escribiendo documentalmente, razones de sobra
habrá tenido para ello.
XII
La obra cartográfica de Gaboto reviste doble importancia
para nosotros. Además de ser un documento precioso para la
historia de la geografía del Rio de la Plata, es el término final
de una evolucion de formas de trazado de las costas orientales
de la América del Sur, y especialmente de las costas cruzadas
por el paralelo 35 de latitud Sur.
No solo los textos procesales, custodiados en las cancillerías
de los soberanos, constituyen fuente histórica: la constituyen
tambien, y muy formal, los mapas, planos y globos de un
período tan admirable en la historia de la geografía como
es el que transcurre desde el primer cuarto del siglo XV hasta
fines del siguiente. En ellos se observa, no tan solo el resultado
positivo de las exploraciones efectuadas por los distintos pueblos
europeos, sinó tambien la marcha descubridora de la imagina-
cion de los geógrafos de aquella pasmosa edad.
Los productos de esta potencia de la mente no son, sin
«duda, las mejores piezas documentales, si se les considera solo
como simple producto de la fantasía; pero adquieren extraordi-
naria importancia, cuando logra comprobarse que no constituyen
sinó el extremo límite de una investigación erudita, —la síntesis,
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PORTULANO LUSITANO (1814-1820)
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CARTA DE VISCONTE MAIOLLO (1827)
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FRAGMENTO DEL MAPA-MUNDI DE GABOTO (1844)
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Olga
por decirlo así, provisoriamente formulada por el espíritu de
los sábios contemporáneos.
Y esto sucede con las cartas geográficas referentes á las cos-
tas orientales del Nuevo Mundo; y, principalmente, á las tierras
situadas al Sur del trópico de Capricornio, próximas á nuestro
caudaloso estuario. Desde el mapa-mundi de Juan de la Cosa,
que termina en el punto mismo en que casi juntos aterraron
los navegantes españoles Pinzon y Lepe, en 1500, hasta el
mapa-mundi conocido por de Gaboto, que lleva la fecha de 1544,
esa evolucion se demuestra documentalmente, usando de los
mapas, de las piezas manuscritas custodiadas en los archivos
oficiales y privados, y de los libros impresos. Resuélvese tam-
bien, á mi modo de ver, problema oscurecido por la riva-
lidad de dos grandes potencias que descollaron entonces en los
descubrimientos geográficos — España y Portugal.
En efecto: 4 la carta fundamental de Juan de la Cosa, de
1500, resúmen de las exploraciones de los españoles hácia el
Sur del Ecuador, se debe unir la no menos monumental de
Cantino, de 1502, que resume las exploraciones de los portu-
guesos en la misma direccion; cuidando de combinar ambus con
la célebre de Ruysch, 1508, publicada en Roma, en la edicion de
Ptolomeo de este año, la cual se completa con un texto explicativo.
Desde 1502-1508, la prioridad de los portugueses empieza á
ser demostrada por hechos positivos; es decir, por las expe-
diciones enviadas desde 1500 á las costas meridionales da
Terra de Sancta Cruz, y por los documentos cartográficos de la
Iuropa sábia de su tiempo; aun por los más ¡majinativos, al
parecer. lil viaje presunto de Solís en 1512, afirmado por Oviedo,
quien conoció y trató al piloto mayor del reino; afirmado y negado
á la vez por el cronista Herrera, segun se ha visto; y desau-
torizado por los documentos de que se sirve el señor Madero, y
de que se sirvieron antes Herrera, en el siglo xvi, y Nava:
rrete, en el xIx; ese viaje, enigma de nuestra primitiva historia,
se encuentra involucrado en el exámen de los documentos car-
tográficos posteriores á dicha fecha.
lis lástima que el señor Madero no aquilate tales piezas,
cuyo exámen cabía bien en el plan tan poco restrictivo de su
volúmen, ya que pudo agregar, segun deduzco de sus propias
palabras, la carta del piloto Santa Cruz en donde se hallan
consignados los reconocimientos y exploraciones de Gaboto en
la cuenca del Plata. Ese documento forma pendant con la por-
cion del mapa-mundi reproducida en este estudio.
Ll número de los documentos cartográficos vinculados con
Tomo V. 4
(a
el tema, es considerable hasta 1544. Voy á enumerarlos, la-
mentando no disponer de mayor espacio á fin de presentar ahora
el resultado de mis estudios:
1500
1502
1508
1510
1511
1512
1513
»
1515
»
»
1514-1519
1514-1520
1519
1520
1522
1529
1531
1532
1534
1544
Mapa-mundi del piloto La Cosa.
Id de Cantino.
Carta de Ruysch.
Carta de Mártir de Anghiera, ó Anegleria.
Mapa de Silvano.
Mapa-mundi de Stobnicza.
Carta del Ptolomeo.
Carta llamada del Almirante.
Carta de la Margarita Philosophica, de Reisch.
Globo de Juan Schóner.
Mapa-mundi de Leonardo da Vinci.
Mapa-mundi dicho de Tross.
Portulano lusitano.
Carta de Visconte Maiollo.
Globo de Schóner.
Carta de Pigafeta.
Carta de Laurencio Frisio.
Carta de Visconte Maiollo.
Mapa-mundi de Weimar.
Mapa-mundi de Diego Ribero.
Globo de Oroncio line.
Mapa-mundi de Múnster.
Carta universale, de Venecia.
Mapa-mundi de Gaboto.
Todo esto demuestra que el señor Madero no ha usado de:
documentos cartográficos, de los cuales conviene no prescinda
un historiador del descubrimiento del Rio de la Plata. Todos
ellos, por otra parte, no se hallan inéditos: pueden consultarse
en obras que, á su vez, son fundamentales.
XIII
Para dar idea de la importancia del material cartográfico
enumerado, reproduzco, además de la parte del mapa-mundi de
Gaboto que nos interesa directamente, las siguientes cartas:
No .1— 1508 Carta de Ruysch.
» n—i510 Carta de Mártir de Aneleria.
» m-— 1513 Carta llamada del Almirante.
» 1Iv— 1515 Margarita Philosophica, de Reisch.
y US
No v— 1515 Globo de Schóner.
» vI— 1514-1520 Portulano lusitano.
» vm— 1520 Globo de Schóner.
» vmi— 1527 Carta de Visconte Maiollo
» 1x— 1532 Carta Universale, de Venecia.
y». x—1544 Fragmento del mapa-mundi de Gaboto.
Con estos documentos á la vista, se demuestra la prioridad
de los portugueses; prioridad admitida por Mártir de Angleria,
quien al concretar el estado de las exploraciones llevadas á
cabo por los españoles, hácia 1515, limita en el cabo de San
Agustin el conocimiento de las costas meridionales del conti-
nente sud-americano.
El cabo de Santa María, que aparece en el Portulano Por-
tugués (1514-1520), tiene doble figuracion en la carta de Visconte
Maiollo, pues en ésta están señalados dos puntos con ese mismo
nombre — uno situado más al este, y se llama solo de Santa
María, y el otro en la posicion del actual llamado así, con el
de Santa María do Bon Deseio (1). 1l portulano portugués y el
mapa de Maiollo se complementan: ambos demuestran que
dicho cabo debe su nombre, probablemente, á los portugueses.
lín la carta portuguesa de Cantino, de 1502, se lce, en
electo, hácia los treinta y tantos grados de latitud, una inscrip-
cion que si bien parece decir Santa Marta, lo mús probable es
que el original diga Santa María, y este es otro dato inte-
resante ligado á los anteriores. Mártir de Angleria, indivíduo
del Consejo de Indias, é historiador bien informado de los des-
cubrimientos, al referir la expedicion de Magallanes, establece
perentoriamente que el cabo de San Agustin debe su nombre á
los españoles, y á los portugueses el suyo el de Santa María.
He aquí el pasaje original y la traduccion castellana:
- Verterunt proras in dexteram a tergo
putati continentis, per eius terre porrec-
tura que dicitur Sancti Águstini Caste-
llana impositione: pauloque uteris a Por-
tugalensibus Sanctee Marize (2).
Volvieron las proas á mano derecha,
por detrás de nuestro creido continente,
por la prolongacion de aquella tierra
que se llama de San Agustin, nombre
puesto por los castellanos, y un poco
mas allá de Santa Maria, por los por-
tugueses (5).
(1) En el mapa-mundi de 1527, reproducido por Koll, se lee al oriente del
cabo Santa Maria esta otra leyenda—C. del buen desco. Es evidente que ambos
se sirven de un tercer mapa.
(2) MArrir, De Orbe novo, dec. V, cap. VII p. 379 (edit. Paris, 1587).
(3) Imm. traduccion Torres Asensio, t. III, p. 318.
A O
El portulano portugués, la primera carta donde se trazan
casi correctamente las costas situadas entre el Cabo de San
Agustin y el Rio de la Plata, es documento interesantísimo,
tanto por su oríjen lusitano, cuanto por corresponder á la des-
cripcion de la Suma de Inciso, pues fija en nuestro estua-
rio el límite de lo conocido hácia el sur antes de 1520. 1:l
portulano quizá contenga los resultados del viaje de Solís, ó
bien el término final de las exploraciones portuguesas en esa
direccion. De todas maneras, es preciso compararlo con las
cartas anteriores,—con la de Cantino, 1502, con la de Ruysch,
1508, y con la del Ptolomeo de Estrasburgo de 1513, llamada
del almirante, para estimarla en su justo valor.
Todas estas cuestiones se ligan con el viaje de Solís, apres-
tado en 1512, y con el de 1515, de éxito tan desastroso para
él. Revisten, además, tal caracter de generalidad con respecto
á la historia de los descubrimientos geográficos de los siglos xv
y XVI, que aumenta su importancia, imponiéndose su estudio.
ln un exámen crítico como éste, basta mencionarlas.
XIV
Harrisse trae un estudio admirable de la cartografía corres-
pondiente á la primera mitad del siglo xvrI. líxamina el planis-
ferio de Gaboto, bajo el n* 2, en seis pájinas en 4% pp. 151 á
156. Luego de describirlo menudamente, agrega: «ll único
ejemplar que se conoce de este mapa-mundi, se halla en la
galería de geografía de la Biblioteca Nacional de París (es la
misma que en tiempo de Napoleon III se denominaba imperial).
Fué encontrado en Alemania y comprado por M. Hennin para
dicha biblioteca, en 1844, en 400 francos....Jomard lo ha re-
producido, pero sin las leyendas longitudinales ».
Y en notas complementarias, expresa dónde lo reprodujo
Jomard—en Les Monuments de la Geographie, París, 184262, fol.
n* xx. En cuanto á las leyendas suprimidas en la reproduccion,
observa que fueron autografiadas posteriormente por Boselli, yerno
de aquel. lil mismo Harrisse reproduce, del original colorido,
el trozo referente á los viajes de Gaboto en las costas septen-
trionales de América, junto con las leyendas longitudinales
relativas al Rio de la Plata y á aquella parte del Nuevo Mundo.
Tengo sobre mi mesa de trabajo la reproduccion Jomard, en
cuatro hojas dobles del formato folio atlante, que llevan los
números provisorios 66-71: encuentráse delineada en la doble
OS
lámina 68-69, la zona de Sud-América visitada y explorada por
el autor. Puedo constatar entonces documentalmente, la con-
fusion en que incurre Madero.
Por otra parte. en la Biblioteca particular del Rey de España,
existe una Demostracion de dicho mapa-mundi, segun el tes-
timonio de Fernandez Duro (1); siendo de notar tambien, que
el ilustrado corresponsal del señor Madero, en Madrid, don
Márcos Jimenez de la Lspada, quien cita y cataloga esa Demostra-
cion, añade la siguiente noticia ilustrativa: « Túvolo el mapa-
mundi en su poder hasta su muerte el visitador y presidente
del Consejo de Indias, Juan de Ovando. Así consta por memo-
rial del cosmógrafo Juan Bautista Gesio al Rey, fecha de Ma-
drid y 20 de Setiembre de 1575, en donde dice, que en la al-
moneda de los libros de Ovando estaba un mapa antíguo ¡lu-
minado, hecho por Sebastian Gaboto; y pide se recobre porque
le aseguran pertenece á S. M.» «Segun todas las señas, agrega
el corresponsal del señor Madero, es el que hoy se halla en la
Biblioteca Nacional de París» (2).
Resulta, pues, que ni Harrisse, ni mucho menos Jimenez de
la lspada, han extraviado al señor Madero en sus investigacio-
nes sobre las obras cartográficas del explorador del Rio Paraná.
Ambos han escrito correctamente, y con abundancia y prolijidad
el eximio erudito norte-americano; no dejando de ser curiosas
las noticias de Jimenez de la Espada, quien las amplia en el
segundo volúmen de las Relaciones Geográficas, presentándonos
á Gaboto, recientemente enjuiciado, triste por enfermedad pro-
pia y de su mujer, y más aun por fallecimiento de una hija,
pero trabajando sin descanso en el diseño de su famoso mapa-
mundi. Lo cual no quita que el señor Madero afirme, en la
pájina 83, que la carta que entonces trabajaba se ha perdido
desgraciadamente!
¿Existirá, por acaso, en el archivo histórico del señor Madero,
algun documento contradictorio de todo cuanto dejo evidenciado?
No lo creo. Su errónea asercion no significa otra cosa, sinó
una prueba más de los defectos fundamentales de método que
deslucen su volúmen. El señor Madero ha consultado y utiliza-
do, á su modo, el libro de Harrisse, sin apercibirse siquiera
de las seis pájinas que dedica al exámen del mapa-mundi de
Gaboto, sobre el cual llama, sin embargo, la atencion del lec-
lor, remitiéndole á lo que él escribe en la noticia biográfica del
(1) Disquisiciones Nauticas, t. VI, p. 5838.
(2) Relaciones Geográficas de Indias, pp. XXX y CXXXI
Y Jae
célebre cosmógrafo. Ha dispuesto, tambien, del concurso amis-
toso del erudito español don Márcos Jimenez de la Espada; y
es lójico suponer que este caballero no le habrá dado al res-
pecto informes contrarios á lo escrito y publicado por él mis-
mo; informes que Madero parece no tomar en cuenta para nada.
¿ln qué circunstancias, mediante qué condiciones, acierta
entonces el señor Madero á descubrir la verdad histórica, si
este punto tan claro, tan sencillo, sobre el cual no existe ni
asomo de duda, lo hace cuestionable por haber leido mal libros
que en ocasiones esquilma tomando de ellos hasta las citas
eruditas?
g VI
¿CUÁNTOS FUERON LOS COMPAÑEROS DE MENDOZA?
Como he dicho antes, no es mi propósito, ni cabe tampoco
en los límites de este trabajo, examinar una por una todas las
páginas de la Historia del Puerto de Buenos Aires. Al ocuparme,
pues, de la expedicion de Mendoza y de las ulterioridades de
ella, me detendré en un solo punto, presentado por Madero
como novedad: el número de los expedicionarios que trajo el
infortunado Don Pedro.
Herrera, que trata tan bien los preliminares de la expedi-
cion, hasta el punto de tener que seguirlo Madero, dice que
con el adelantado vinieron 800 hombres: Madero, con el testi-
monio de los documentos, establece que fueron poco más de 808.
Los cronistas é historiadores platenses, siguiendo á Selmi-
del, que perteneció al número de los expedicionarios, y á Ruy
Diaz de Guzman, que es el cronista mejor informado y uno de
los más cercanos á la época en que tuvo lugar la primera
fundacion de Buenos Aires, establecen, comunmente, que los
expedicionarios fueron más de 2.000.
Como se vé, la novedad que nos trae el señor Madero, es
de poca, ó de mucha monta: implica un exámen crílico de
todos los testimonios, 6 nó implica absolutamente nada. Si los
expedicionarios fueron 800, Herrera tendrá razon; si fueron
muchos más, habrá demostrado que su crítica es deficiente.
Veamos lo que en realidad haya de por medio.
E
II
Dice el general Mitre, en la monografía consagrada á Ulde-
rico Schmidel y á su Historia Verdadera. de un Viaje Curioso,. lo
siguiente: «Es un rasgo característico del Rio de la Plata y
México, que sus dos más primitivos y genuinos historiadores
sean dos oscuros soldados, que al contar lo que hicieron, se
hayan hecho célebres por sus escritos, legando á la posteridad
no solo un auténtico documento histórico, sinó tambien una
obra original, expontánea, hija del instinto y de la observacion.
propia, y por lo mismo llena de la más imparcial y equitativa
verdad » (1).
Schmidel dice que la expedicion se compuso de 14 naves; y
de 2,500 españoles y 150 alemanes, holandeses y algunos sajo-
nes (2); es decir, de 2,650 indivíduos.
ln el capítulo x11, donde refiere el famoso combate tenido
con los querandíes en el pago de la Matanza, se expresa así.
«Nuestro general entregó el mando de las tropas y el gobierno
del país, á Juan de Ayolas. Este pasó revista general, y vió que
de dos mil quimentos hombres venidos de España, no quedaban sinó
quinientos sesenta: casi todos los demás habían perecido en la
época del hambre ».
Tenemos aquí que los expedicionarios llegados al Rio de la
Plata con don Pedro de Mendoza, fueron, segun' Schmidel,
2,500 hombres
¡00!
Ruy Diaz de Guzman es el primer cronista nativo de estas
comarcas que haya escrito sobre los sucesos que entonces tu-
vieron lugar. Su exactitud está hoy tan bien acrisolada, que él
nos dá la fecha, al parecer precisa, de la fundacion de Buenos
Aires, segun resulta de las investigaciones del señor Madero.
Escribe con documentos á la vista, y pudo disfrutar del testi-
monio de muchos compañeros de don Pedro.
«Juntos en Sevilla se embarcaron y salieron de la Barra
de San Lúcar de Barrameda, en catorce navíos, el año de 1585,
1) Anales del Museo de La Plata.
2) Sigo la traduccion francesa de Ternaux-Compans, Paris, 1837.
(
(
dep
á 24 de Agosto; y navegando por su derrota con viento prós-
pero llegaron á las Canarias, y en la isla de Tenerife hizo el
Adelantado reseña de su gente, y halló que traía dos mil y
doscientos hombres entre oficiales y soldados»; se lee en el
capítulo x de La Argentina, edicion de don Florencio Varela—la
más auténtica — hecha en Montevideo, en 1846.
Estos dos testimonios concuerdan en el número de barcos,
y disienten en el de los expedicionarios. Segun Ruy Diaz, que
parece citar algun documento, por lo preciso de su informe,
pues dice haberse formado una reseña en la isla de Tenerife,
resultan trescientos de menos.
De todas maneras, es evidente que ambos, el expedicionario
y el cronista, convienen en que fueron más de dos mil: pre-
sentan con Herrera una diferencia considerable, siendo proba-
ble que Herrera escribiese con los documentos que ha tenido
á la vista el señor Madero.
¡Ny
Otro cronista, anterior á Ruy Diaz y á Herrera, y contempo-
ráneo de Schmidel, que presenció en Sevilla los aprestos de la
armada y que nos ha dejado interesantes pormenores de la
expedicion, el cronista Oviedo, concuerda tambien con Schmi-
del y con Ruy Diaz en fijar en dos mil el número de los expe-
dicionarios.
«lil año de mill e quinientos é treynta é cinco, por el mes
de Agosto, partió del rio de Guadalquevir, puerto de Sanlúcar
de Barrameda, don Pedro de Mendoza, caballero de la Orden
militar de Sanctiago, de noble sangre y natural de la cibdad de
Guadix e criado de la Cessárea Magestad, con una armada de
doce naos y caravelas, y con dos mil hombres de muy hermosa
é lucida gente, é muy armados y proveydos, para poblar en
aquel famosso y grand rio de Paranáguazu, que por otros se
dice Rio de la Plata» (1).
In la misma página, y un poco más adelante, agrega esto:
«procedió adelante con la gente que he dicho, á la cual yo vi
hacer alarde en la cibdad de Sevilla: y sin duda era compañia
para parescer bien en el exército de Céssar, yen todas las
partes del mundo».
(1) Ovizno, Historia General y Natural, libro xxm, capitulo vi, t. 1,
pág. 181.
A e
Al regresar á España don Pedro de Mendoza, una de las
dos naves que iban en conserva derivó hácia la isla Española,
donde á la sazon se encontraba el cronista Oviedo. Con ese
motivo pudo conversar con los tripulantes y pasajeros, sobre la
suerte de tan lucida tropa. Uno de los arribantes, el princi-
pal, se llamaba Melchor Palmero: era hijodalgo y natural de
la ciudad de Málaga, «hombre de honra é entendimiento »,
dice Oviedo.
« Y á este é á algunos de los que en esta nao acá aporta-
ron, hablé yo en esta cibdad, é me dixeron los que mejor en-
tendian dello, lo que está dicho é lo que agora se dirá». Y
pasando á hablar del número de los expedicionarios, agrega
Oviedo: «E afirmaban que don Pedro de Mendoza avía sacado
de España dos mill hombres tales como he dicho, é muchos
dellos hijosdalgos é personas de honra, lo qual yo puedo tes-
tificar, porque, como tengo dicho, los vi hacer alarde en Sevi-
lla é conoscia á algunos dellos ».
Luego concluye así: « Estos soldados é gente, despues que
en Sevilla estuvieron gastando y empeñándose, esperando la
prosecución de su viaje para donde fueron, quando partió don
Pedro con estas dos naos, quedaron muertos de quatro partes
poco menos de las tres; algunos de manos de los indios é los
mas de los restantes de hambre é frio é diversas enfermedades;
y moríanse, sin se poder valer ni ayudar los unos á los otros».
Tenemos ya tres testimonios concordes, respetable cada uno
de por sí y respetabilísimos los tres reunidos: Schmidel, indi-
viduo de la expedicion € historiador de ella; Oviedo, testigo
de vista de los aprestos y alardes hechos en Sevilla, corrobo-
rado por ¡Melchor Palmero y otras personas más, individuos
de la expedicion; y, finalmente, Ruy Diaz, cuyos informes son
tan correctos en lo relativo á pormenores.
V
A fin de dar cierta variedad á tema tan engorroso, dejare-
mos á los cronistas y soldados, á los hombres de prosa y de
espada, para oir á un venerable sacerdote, contemporáneo de
la fundacion primera de Buenos Aires; quizá el que dijo en
ella la primer misa; ingenio que gustaba rivalizar, en sus ho-
ras de ócio ó de fastidio, nada menos que con el coplero Jorge
Manrique!
JSN TA
Las coplas históricas de que voy á ocuparme, son, por otra
parte, tal vez, los primeros versos escritos á orillas del rio de
la Plata; y, aun cuando no lo fueran, siempre demostrarían
que los capellanes de don Pedro de Mendoza, lo mismo con-
sagraban el cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo, que entonaban
cantares para consuelo de sus penas.
Llámase Luis de Miranda el clérigo de mi referencia, y
escribe recien poblada la ciudad de la Asuncion del Paraguay;
como «quien dice, casi al mismo tiempo que don Pedro, de re-
greso ú lispaña, era sepultado en los abismos del océano. Apa-
rece decidido partidario del lI:mperador, y enemigo de los ven-
cidos en Villalar.
Las coplas del clérigo Miranda se encuentran en el tomo xc1
de la Coleccion de Muñoz, donde figuran entre los documentos
útiles para escribir la historia del Rio de la Plata. El señor
Madero no las conoce por no habérselas enviado sus correspon-
sales de la Península; aun cuando no hay para qué tomarse
tanto trabajo, pues han sido impresas por el erudito secretario
de la real Academia de la Historia de lEispaña, don Cesáreo
Fernandez Duro, en uno de los tomos de Disquisiciones Náu-
ticas.
Comienzan así:
Año de mil y quinientos
que de veinte se decia,
cuando fué la gran porfía
en Castilla,
sin quedar ciudad ni villa,
que á todas inficionó,
por los malos, digo yo,
comuneros;
que los buenos caballeros
quedaron tan señalados,
afinados y acendrados,
como el oro:
Semejante al mal que lloro,
cual fué la comunidad,
tuvimos otra, en verdad,
subsecuente
en las partes de Poniente,
en el Rio de la Plata,
conquista la mas ingrata
á su señor;
desléal y sin temor,
enemiga de marido,
que manceba siempre ha sido,
que no alabo.
O)
Cual los principios, al cabo
aquesta ha tenido cierto,
que seis maridos ha muerto
la señora;
y comenzó la traidora
tan á ciegas y siniestro,
que luego mató al maestro
que tenia.
Juan Osorio se decia
el valiente capitan;
Juan de Ayolas y Lujan
y Medrano,
Salazar, por cuya mano
tanto mal nos sucedió.
Dios haya quien lo mandó
tan sin tiento,
tan sin ley y fundamento,
con tan sobrado temor,
con tanta envidia y rencor
y cobardía.
En puerto desde aquel dia
todo fué de mal en mal,
la gente y el general
y capitanes.
Trabajos, hambre y afanes
nunca nos faltó en la tierra,
y acá nos hizo la guerra
la crúel,
frontero de San Gabriel,
á do se hizo el asiento:
alli fué el enterramiento
del armada.
Cosa jamás no pensada;
y cuando no nos catamos,
de dos mil, aun no quedamos
en doscientos.
El pasaje transcripto dá idea del resto de la composicion,
en que nos cuenta el buen clérigo las penurias del hambre y de
la peste, y los desaciertos de las autoridades.
parte final :
Mas tullido el que mas fuerte;
el más sabio mas perdido;
el más valiente, caido
y hambriento.
Almas puestas en tormento
era vernos, cierto, á todos,
Hé aquí la
— 60 —
de mil maneres y modos
ya penando:
unos contino llorando,
por las calles derribados;
otros lamentando, echados
tras los fuegos,
del humo y cenizas ciegos,
y flacos, descoloridos;
otros de desfallecidos
tartamudos;
otros del todo ya mudos,
que el huelgo hechar no podian,
asi los tristes morian,
rabiando.
Los que quedaban, gritando
dicen: nuestro General
ha causado aqueste mal ;
no ha sabido
gobernarse, y ha venido
aquella necesidad
tambien por su enfermedad.
Si tuviera
más fuerzas y más pudiera,
no nos viéramos á puntos
fle vernos asi trasuntos
á la muerte.
Mudemos tan triste suerte;
dando Dios un buen marido,
sábio, fuerte y atrevido,
á la viuda.
Como se ha visto, Miranda estima tambien en dos mil el
número de los expedicionarios; testimonio contemporáneo y
de actor autorizado, que constituye documento histórico.
VI
Treinta y cinco años más tarde, un antiguo vecino de la
Asuncion, al reseñar brevemente la historia del Rio de la
Plata, en documento que ha supuesto inédito el señor Madero,
pero que está impreso, segun lo constato en otra parte del pre-
sente estudio — Gregorio de Acosta —decía así: «En el año de
1535 vino un gobernador á estas provincias, que se llamaba
don Pedro de Mendoza, con dos mil hombres, el cual se perdió,
lo primero por no hacer justicia, y lo segundo por gobernarse
por gente de poca experiencia » (1).
(1) Documentos Ineditos del Archivo de Indias, t. x, p. 525 y sig.
CS y [ON
Con este suman siete los testimonios contemporáneos, ó
bastante próximos á los sucesos, conformes en fijar en dos mil
hombres, como mínimum, el número de los expedicionarios
venidos con don Pedro de Mendoza: cronistas españoles, 0
criollos, soldados y sacerdotes, todos testigos, menos Ruy Diaz,
del suceso fundamental que refieren.
Veamos si todavía se pueden agregar algunos más.
vII
En Junio de 1556 vivía en la Asuncion, Bartolomé García,
natural de la villa de Moron en la provincia de Sevilla. Vino
á América en la armada de don Pedro de Mendoza, y quejá-
base de que Irala no le hubiese concedido un repartimiento
proporcionado á sus servicios. Con ese motivo, resolvió elevar
una queja al Consejo de Indias, como efectivamente lo hizo. El
documento está publicado en el monumental volúmen impreso
por el gobierno español con el título de Cartas de Indias; y en
la página 600, dice el compañero de Mendoza : « El governador
desta provincia (Irala), cumplidos los veynte años, dió en enco-
myenda los naturales della á los que agora de nuevo an ve-
nydo, y á los que despues de nosotros vinyeron; de lo qual,
los que conquistaron la tierra y perdieron, vnos hijos, y otros
hermanos, y los que quedaron, DE MYLL Y SETE CIENTOS OMBRES
QUE SE HALLARON EN LA RESEÑA QUE DON Pebro DE MENDOGA
INZO COMO SALÓ EN TIERRA, son hasta cien hombres ».
Esta cifra es inferior, sin duda, á las antecedentes; pero igno-
rando, como ignoramos, si todos los expedicionarios desembar-
caron juntos, y dónde fué hecha esa reseña; ni tampoco sabe-
mos si la hizo Mendoza en San Gabriel, ó á orillas del Riachuelo,
siendo solo relativo el dato de Bartolomé García, quien, segun
su propio relato, era entonces jovencito, no obstante todo eso
reviste un valor no despreciable. Con este documento se de-
muestra la imposibilidad de que tanta gente se haya equivocado
convirtiendo ochocientos hombres en dos mil, 6 poco menos.
VIII
Por otra purte, el señor Madero, fundándose en documento
enumerativo de la clase y condicion de las personas que com-
ponían la armada, no nos dice que en ella viniesen mujeres.
PS
Supone quizá, que, como en el caso de Gaboto, «Cárlos V, que
era práctico en la materia, y en asuntos de faldas avezado» (1),
no permitiría que las trajesen los expedicionarios.
De todas maneras, si debiésemos seguir al pié de la letra
el documento por él invocado, habría que decir; que, constando:
la expedicion de 800 indivíduos, ó poco más, no vinieron mu-
¡eres en aquella ocasion, pues no se hallan enumeradas en
dicha lista. Haríase extensivo á ellas, este juicio que emite con
respecto al número de los expedicionarios: «Lo que puedo afir-
mar es la inexactitud de las cifras dadas respectivamente por
Ruy Diaz de Guzman y por Schmidel» (2).
Y sin embargo de tamaña omisión, y á pesar de las rotun-
das afirmaciones del señor Madero, es tan inexacto que haya
mucho error en el número de aquellos, como exacto es que con
Mendoza vinieron, no una, sinó muchas, segun lo revela docu-
mento suscrito por noble dama de las que le acompañaron.
Lise documento, que tampoco ha utilizado el señor Madero,
no obstante su real importancia y el hallarse publicado en el
hermoso volúmen ya citado de Cartas de Indias, dice así:
«Muy alta y poderosa señora:
«A esta probincia del Rio de la Plata, con el primer gouer-
nador della, don Pedro de Mendoca, avemos venido ciertas mu-
jeres, entre las cuales a querido mi ventura que fuese yo la
una: y como la armada llegase al puerto de Buenos Aires, con
mill e quinientos hombres, y les faltase el bastimento, fué ta-
maña la hambre, que, á cabo de tres meses, murieran los mill:
esta hambre fué tamaña, que ni la de Xerusalem le puede
ygualar, ni con otra nenguna se puede comparar.
« Vinieron los hombres en tanta flaqueza, que todos los tra=
vajos cargavan sobre las pobres mujeres, ansi en lavarles las
ropas, como en curarles, hazerles de comer lo poco que tenían,
alimpiarlos, hazer sentinela, rondar los fuegos, armar las va-
-lestas, cuando algunas vezes los indios les venían 4 dar guerra,
hasta cometer á poner fuego en los versos, y á levantar los
soldados, los questavan para hello, dar arma por el campo á
vozes, sargenteando y poniendo en órden los soldados; porque
en este liempo, como las mujeres nos sustentamos con poca
comida, no aviamos caydo en tanta flaqueza como los hombres.
(1) Historia del Puerto de Buenos Aúres, p. 80.
(2) Ibid, p. 96.
E
« Bien creerá V. A. que fué tanta la solicitud que tuvieron,
que, sino fuera por ellas, todos fueran acabados; y si no fuera
por la honrra de los hombres, muchas más cosas escribiera
con verdad y los diera á hellos por testigos ».
La varonil doña Isabel de Guevara, que así llamábase la
dama que esto escribía á la muy alta y poderosa señora la
Princesa doña Juana, Gobernadora de los Reinos de I'spaña,
desde la Asuncion, en Julio 2 de 1556, cuenta luego cómo se
trasladaron á las ruinas del Fuerte del Ispíritu Santo, en dos
bergantines. «Animándolos con palabras varoniles, dice, que no
se dexasen morir, que presto darían en tierra de comida, me-
tiéndolos á cuestas en los vergantines, con tanto amor como
si fueran sus propios hijos ».
Cuando remontaron el Paraguay, «pasaron tanto trabajo las
desdichadas mujeres, dice, que milagrosamente quiso Dies que
biviesen por ver que en hellas estaba la vida dellos; porque
todos los servicios del navio los tomaban hellas tan a pechos,
que se tenia por afrentada la que menos hazia que otra».
En la Asuncion recomenzaron los trabajos de las heróicas
compañeras de doña Isabel de Guevara, hasta que, repuestos
los hombres y sometidos los índios, todo varió de aspecto te-
niendo fin los padecimientos de unos y otras (1).
I:sta hermosa pájina ha sido omitida por el señor Madero
en su relato de la expedicion de Mendoza, no obstante ser tan
característica y tan honorable para los oríjenes de la sociabilidad
fundada por los españoles á orillas de nuestros grandes rios.
lón presencia de ella, reconocerá que por muy avezado que fuese
Cárlos V en asuntos de faldas, solía equivocarse grandemente
en tan intrincada materia.
Se ha visto tambien por la carta de doña Isabel de Guevara
que don Pedro de Mendoza desembarcó en Buenos Aires con
mil quinientos soldados, sin contar, por supuesto, las mujeres,
cuyo número ha debido ser relativamente considerable juzgando
por el relato de nuestra heroina.
IX
El arcediano Barco Centenera, que vino con Zárate, recojió
la tradicion viviente todavía. líón una de las estrofas de su
poema menciona cierta travesura de una mujer llamada Ana,
(l) Cartas de Indias, fólio 619 y sig.
AS
muy diversa de los servicios ponderados por la de Guevara,
aunque tal vez conducente al mismo fin, que de todo ha de
haber en la viña del Señor:
Una mujer había, llamada Ana,
Entre otras damas bellas y hermosas :
Tomó paga del cuerpo una mañana,
Forzada de la hambre, y hecha iguala,
Al pretensor envia en hora mala.
Refiriéndose Centenera al número de soldados con que Men-
doza salió de España, vuelve á repetir, como los anteriores, que
eran dos mil hombres, con este agregado bien importante, por
clerto—
Sin gente de la mar y marineros;
es decir, sin contar la tripulacion de 14 naos y carabelas.
Y asi hizo una gruesa y rica armada
De gente muy lucida y extremada.
Dos mil soldados salen de Castilla,
Sin gente de la mar y marineros,
Juntáronse en alarde allá en Sevilla,
Y viendo tan lucidos caballeros,
Salian á los ver á maravilla,
Tan apuestos á punto de guerreros. (1)
Por esta série de transcripciones se demuestra, que desde
Sevilla, y desde mediados de 1535, hasta ya entrado el último
cuarto del siglo xvr, casi unánimemente convienen, actores,
testigos é historiadores—soldados, clérigos y mujeres, —en que
la expedicion se compuso de dos mil hombres, poco más ó
ménos. ¿Cómo admitir, entonces, por correcta expresion de la
verdad histórica, lo dicho por el señor Madero, quien desauto-
riza dato tan comprobado sin exhibir mas prueba que docu-
mento en el cual no se traduce ni siquiera la verdad relativa,
pues no figuran en él las mujeres venidas con los expedicio-
narios y que tan honroso papel desempeñaron ?
¿Acaso testimonios tan autorizados y concordes, como los
mencionados en larga série, pueden repularse documentos me-
nos testimoniales que uno solo, exhibido con un comentario
rotundo y negativo, pero en manera alguna acrisolado por exá-
men crítico escrupuloso y severo?
(1) CENTENERA, La Argentina, canto Iv.
NS
XxX
.
El señor Madero objeta, es cierto, que en 14 barcos no
podían trasportarse dos mil hombres, caballos, víveres, etc.:
pero no obstante eso, nos hace conocer este detalle importante;
que uno de los barcos traía 250 hombres. ¿Si uno solo con-
dujo 250, cómo se explica que catorce no pudieron conducir
2,000 ?
Yo no dudo que el dato exhibido sea exacto, puesto que lo
trae Herrera, lo cual ya le quita novedad por no tratarse de
algo inédito, ó desconocido. Sospecho sí que ese documento
demuestra, cuando más, el número de hombres que á sus ex-
pensas condujo Mendoza, pues tanto Herrera, como el mismo
señor Madero, siguiéndole, establece: «que el Adelantado y sus
capitanes fueron solicitados por un número de personas que
deseaban venir, mayor del que se comprometió aquel á traer en su
primer viaje», pagando ó afianzando sus pasajes (1).
Consta de la capitulacion celebrada con el Rey por don
Pedro de Mendoza—documento impreso por vez primera en la
Coleccion de Documentos Inéditos del Archivo de Indias, —que debía
conducir á su costa quinientos hombres en el primer viaje y
otros quinientos en el término de dos años. Del estado aparecen
738; y del testimonio de los actores y cronistas, 2000; constando,
al mismo tiempo, el excesivo número de pretendientes á formar
en las filas de los expedicionarios, el haberse embarcado hasta
250 en una sola nave, y reclutádose tres compañías de volunta-
rios en las Islas Canarias.
XI
Cuanto llevo dicho revela la existencia de una causa extraor-
dinaria, no inducida por el señor Madero, ni constante en
los documentos que posee. ¿Por qué se mueven tantas volun-
tades? ¿Por qué corren tantos hombres, de todos los dominios
del IEmperador, á alistarse en la lujosa expedicion aprestada
en Sevilla por un noble de encumbrada alcurnia ?
(1) Historia del Puerto de Buenos Aires, p. 96.
Tomo V. 5
— 66 —
Es el oro del Perú la causa oculta; es la lectura del relato
de la asombrosa conquista consumada por Pizarro, escrito por
su secretario Francisco de Jeréz, é impreso en 1534 en Sevilla.
Desde el 5 de Diciembre de 1533 arriban á esta ciudad naves
cargadas de oro y plata perteneciente á compañeros de aquel
heróico aventurero. Todo el mundo contempla, con pasmo y en-
vidia, las grandes vasijas de oro y plata que de allá vienen,
algunas de tal capacidad que cabía dentro una vaca despos-
tada; ídolos de tamaño de un niño y cántaros de extraordinarias
dimensiones, todo hecho de tan preciosos metales.
Uno de esos tesoros fué descargado en el muclle y condu-
cido á la Casa de Contratacion; «las vasijas á cargas, dice
Jeréz, y lo restante en veintisiete cajas, que un par de bueyes
llevaba dos cajas en una carreta. »
Y como si no bastase este espectáculo para inflamar la
brillante imajinacion de los españoles, el libro de Jeréz corría
de mano en mano, leyéndose al final una letrilla encomiástica
de las hazañas del autor:
De lo que hacen y traen,
sin saber contar el cuánto,
nos ponen tan gran espanto
que los pensamientos caen,
que no pueden subir tanto:
por lo cual tiene Castilla
una tal ciudad — Sevilla —
que, en todas las de cristianos,
pueden bien los castellanos
contarla por maravilla.
Della salen, á ella vienen
ciudadanos labradores,
de pobres hechos señores:
pero ganan lo que tienen
por buenos conquistadores.
Simultáneamente con la capitulacion de don Pedro de Men-
doza se firmaron otras dos: la de Almagro y la de Alcazaba.
La de Mendoza trasportaba por el Rio de la Plata á las costas
del Perú; ponía en conexion, indirectamente, con los conquis-
tadores del opulento país, de donde procedía tanta y tan seduc-
tora riqueza. Era natural entonces aquella inusitada afluencia
de expedicionarios, como era lójica tambien la imprevision. Ni
debe sorprender que cruzaran el océano, tras las naves de don
Pedro, navíos cargados de voluntarios, ni que levantara re-
A 7 AU
clutas numerosos en los puntos de escala, como sucedió en
las Islas Canarias. A todos movía la fiebre del oro, todos se
miraban
De pobres hechos señores.
Buenos Aires fué la tumba de tantas esperanzas, de tanlas
ilusiones. Ll hambre y la peste lleváronse todo consigo. A
costa de tantas vidas debia surjir, con el correr de los tiempos,
la ciudad al pié de cuyos frájiles muros perecieron, lccos de
desesperacion, centenares de aventureros que corrían desalados
tras áurea quimera, sirviéndoles de columna luminosa el génio
de los tiempos modernos, otro loco amante del oro, — Cristóbal
Colon. ¡Que tal es la historia de la humanidad, extraña mezcla
de cosas grandes y de cosas pequeñas!
XII
Todo esto se omite en la Historia del Puerto de Buenos Altres.
Se nos brinda el mezquino documento procesal, pobremente
interpretado, reducido al mutismo más desesperante, sin tra-
suntar la verdad de la historia — la verdad del documento
humano, el más interesante de todos!
Y si falta la crítica elevada, aquella que sirve de coro-
nomiento á los altos estudios históricos. falta tambien, sensible
es decirlo, la que lo precede sirviéndole de firme apoyo, de
solido cimiento. ll señor Madero, segun resulta en el pre-
sente caso, incurre en gravísimo error, por confundir el método
de las ciencias racionales, en que cada tésis se prueba, en ge-
neral, con un solo argumento, con el método propio de las
ciencias históricas, cuyo objeto lo constituyen hechos contin-
gentes, sirviendo de fundamento á su certeza la autoridad del
testimonio humano.
Los textos, los documentos, se ha dicho, son para la His-
toria, lo que las observaciones y los experimentos para las
ciencias físico-naturales. 1:l carácter distintivo del conocimiento
científico descansa en la evidencia, tan perfecta cuanto sea posible;
con relacion á su propio objeto. Isa evidencia, por otra parte,
debe apoyarse en la percepcion, clara y distinta, de los motivos
en virtud de los cuales se impone á la razon.
Luego, es imposible llegar al perfecto conocimiento de los
hechos históricos sin el concurso de la prueba documental.
= (03 ==
Pero, ¡cuántas dificultades se hace necesario vencer, para indu-
cir, ó para descubrir á través de ella, la verdad histórica! No basta
el amor ardiente á la verdad: se requiere copioso saber, y exi-
mio sentido crítico desarrollado por la experiencia. Fácil es
poner de lado detalles esenciales, confundir otros cuya dife-
rencia, analojía, ó identidad es imprescindible precisar; cor-
riendo riesgo de ver los hechos á medias, ó de estimarlos á la
inversa dela verdad y de la justicia.
Hay una regla fundamental de que no puede prescindirse en
este dominio inferior de la crítica histórica, y de que, en el pre-
sente caso, ha prescindido el señor Madero. lis forzoso no olvi-
dar nunca que la fuerza de la demostracion consiste, con harta
frecuencia, en la multitud de indicios diversos, cada uno de los
cuales, tomado aisladamente, no bastaría á determinar una con-
viccion prudente en cuanto á la certeza del hecho discutido, pero
cuyo concierto es inexplicable en el supuesto de su falsedad.
¿Cómo es posible que tantos testimonios independientes, no
relacionados los unos con los otros en su aislamiento origi-
nario, entrañen un error tan grande como el que aparece de
la exhibicion del documento invocado por el señor Madero? Y
si ello fuere posible todavía, ¿el documento exhibido por el señor
Madero reviste, acaso, autoridad indiscutible para aceptarlo como
justa expresion de la verdad, desechando, por erróneos, todos
los demás?
Me parece que no.
XIII
Dicho documento es la «Relacion de la gente que va en el
armada que hace don Pedro de Mendoza ». Por ella consta que
eran 738 hombres, constando tambien la fecha en que se formó
—el 21 de Mayo de 1535.
De los informes consignados por el señor Madero aparecen
muchas personas agregadas despues á ese número, — setenta,
— no figurando en ella los hombres que de Ambéres pasa-
ron á incorporarse en la expedicion, y eran 150 segun el
soldado cronista Schmidel, único testimonio que acredite la
última circunstancia.
He dicho ya que no aparecen mujeres en las enumeraciones
documentales de Madero, habiendo venido muchas, á estar á lo
que se deduce de otros documentos. Tampoco figuran los holande-
ses, alemanes y sajones de (que nos habla Schmidel; ni los
Opa
setenta hijodalgos y regidores que resultan agregados. Tampoco
se incluyen las tres compañías de voluntarios incorporadas al
pasar la armada por las islas Canarias. lin resúmen: la Relacion
es de fecha 21 de Mayo; y la escuadrilla parte de San Lúcar, en
Agosto de 1535, por lo menos tres meses más tarde. ¿Ls posible
que ninguna nueva recluta se haya incorporado en ese tiempo,
cuando tantos afluían seducidos por la opulencia de comarcas
que no eran, al parecer, sinó prolongacion geográfica del mara-
villoso país conquistado por Pizarro, cuyas ingentes riquezas
se miraban desfilar por los muelles y calles de Sevilla? Todavía
el 1* de Setiembre salen barcos de San Lúcar, segun Schmi-
del; siendo probable que despues de esta última fecha partiera
la nao mandada por Cristóbal Frias Marañon, conductora de 250
hombres que en vano procurarian incorporarse en las filas expe-
dicionarias (1).
XIV
He citado antes de ahora el testimonio de Oviedo, y voy á
utilizarlo de nuevo para cerrar esta larga y fastidiosa nota.
Oviedo se apoya en el dicho de un clérigo perteneciente ú la
expedicion, llamado Alonso de Quintanilla, «hombre de crédito,
dice, é que demas de su hábito, por su persona meresce ser
creydo ».
« Y preguntándole el autor destas materias, prosigue Oviedo,
por el subcesso de la armada de don Pedro de Mendoca,
dixo — que don Pedro habia salido de España con doce naos
y caravelas é dos mill hombres, para yr al Rio de la Plata,
pero que cuando allá llegó hizo alarde é halló que tenía mill é
quinientos hombres é no más» (2).
liste testimonio de un expedicionario vendría á probar que
la armada de don Pedro de Mendoza se formó, por lo me-
nos, de dos mil hombres, no habiendo llegado todos al Rio
de la Plata, pues unos no lograron incorporarse, arribando á
la isla Española, y otros naufragaron. Cierto, es, segun Ma-
dero, siguiendo á Viera y Clavijo, comprobado por documen-
tos, que en las islas Canarias agregáronse Pedro y Francisco
(1) Mavero, Historia del Puerto de Buenos Aires, p. 99.
(2) Ovieno, Historia General e Natural, libro xx, cap. vit, t. 11, p. 186.
— 10 —
de Benites, y Miguel Lopez Gallegos al frente de tres compañías
de soldados; lo cual, lejos de disminuir el número de expe-
dicionarios, vino á aumentarlo.
¿Puede afirmarse, entonces, que el núcleo positivo de la
expedicion lo compusieron 808 individuos? ¿Que Sehmidel y
Ruy Diaz se equivoquen tan malamente, y que en tal error
los acompañen Oviedo, Palmero, Quintanilla, Bartolomé García,
doña Isabel de Guevara, el clérigo Miranda, Gregorio de Acosta,
y el mismo Barco Centenera, expedicionarios los más, testigos
de vista, cronistas contemporáneos é historiadores que reco-
gieron esas noticias en el Rio de la Plata, no extinguido
todavía el recuerdo de la desventurada empresa?
XV
«La perdicion de don Pedro de Mendoza, dijo otro expe-
dicionario, el escribano Pero Hernandez, fué por venir descui-
dado é mal proveído de las cosas necesarias Ó que mas convenía; é
por no tomar consejo de los que tenian experiencia de la tierra que habian
venido en tiempo de Sebastian Gaboto».
Y el escribano, que habla como testigo de vista, tuvo perfecta
razon de escribir tan sumario pero correcto juicio de la armada
de Mendoza. Venían al Rio de la Plata seducidos por el vellocino
de oro, aglomerados en los barcos, sin víveres suficientes, con
el espíritu fuertemente impresionado por lo que hacía dos años
contemplaban atónitos en Sevilla, — el oro y la plata del Perú ;—
infatuados los unos por su noble estirpe y por ser brillantes
oficiales del César, decididos los otros á convertirse en buenos
conquistadores y regresar úla patria, lo mismo que Jeréz,
Ciudadanos labradores
de pobres hechos señores;
sin preocuparles que, segun se hallaba escrito en la carta
de Diego Ribero (1529), y lo confirmó en seguida Gaboto, era
esta, ante todo, «tierra muy despuesta para dar pan é vino
en mucha abundancia», pues «sembraron en el mes de Setiembre
Lu granos de tigro, q no se hallo mas en las naos», y «co-
giero luego enel mes de deziembre cinquéta y do mill granos ».
Verdad es que Ribero y Gaboto, hombres al fin de su
tiempo, agregaban, con visos de creer en ello, el uno por ha-
bérselo referido y el otro porque lo oyó á los naturales, que
Ls 7 ca
estos «creen que ay oro y plata en la tierra adentro» — «en
grandes sierras, de donde sacan infinítisimo, e más adelante
infinita plata» (1).
Los compañeros de Mendoza olvidaron traer abundancia
de simientes; que, 4 haberlas traido, no perecieran horrible-
mente de hambre y de miseria. Mendoza y los suyos preocu-
páronse solo de avanzar tierra adentro, impelidos por el codi-
cioso anhelo de conquistar sierras repletas de oro y plata. Igno-
raban los infelices, que la transformacion honrosísima, por
dignificadora, constitutiva del ideal de todos ellos, —convertirse
de pobres en señores, —obtendríanla confiando á la tierra lo que
tan pródigamente devolvía segun la experiencia recogida por
Gaboto en las orillas del Uruguay (2).
Dejaban lo cierto por lo dudoso: pero al servirse de estas
(1) Leyendas de los mapamundis de Ribero y de Gaboto; Kon, Die beiden
altesten General Karten von America, y JomarD, Monuments de la Géographie.
Las constancias del mapamundi de Diego-Ribero (1529), se corroboran por las
noticias de los enviados de Gaboto, quiénes, á su vez, las tomaron directamente de
los compañeros de Solis, grandes vaqueanos ya por entonces, de las tierras com-
prendidas entre el curso del rio Paraguay y demás raudales constituyentes de la
ancha cuenca del Plata, y las costas maritimas meridionales de la Tierra de Santa
Cruz; 6 de los Papagallos, como vulgarmente se le llamara al principio; ó del
Brasil, por el palo de tinte en ellas abundante, segun vino á nombrárseles por
todos. ¡
En España mismo, segun consta de documentos, apellidábase en 1527 al Rio
de Solis Rio de la Plata; lo cual probaria que, hasta en los origenes del nombre
actual de nuestro famoso estuario, anda bien extraviado el señor Madero; con la
particularidad, curiosisima por cierto, de mencionar documentos de 1530, y dejar
en silencio los de 1527, de origen español.
Por ahi anda escrito lo siguiente, que es lo más parecido á la verdad:
«Del trato con los indios, Gaboto obtuvo algunas piezas de plata, procedentes,
seguramente del Perú. Se ha creido que á estos objetos se debe el nombre de
nuestro grande estuario; y, aun cuando parece esto cierto, hay motivos para supo-
ner que no fueron los compañeros de Gaboto quienes le empezaron á llamar asi,
sinó, más bien, los españoles que volvieron en la nave Victoria, de la expedicion
de Magallanes (1522), 6 los de la de San Gabriel, de la de Loaiza (1527), segun
consta de documentos fehacientes ».
(2) El dato sobre el producto del primer trigo plantado por los españoles en
el Rio de la Plata, pertenece á Gaboto: afirma que los consabidos cincuenta y dos
granos fueron los únicos que se encontraron en los barcos. V. Leyenda longitu-
dinal del mapamundi, reproducida pór HarriseE, Jéan et Sébastien Cabot, p. 357.
Luis Ramirez, en la postdata de la carta escrita en San Salvador, sobre el
Uruguay, á 10 de Julio de 1528, (lo que implica que la plantacion tuvo lugar en
Setiembre de 1527), asevera que los granos plantados «para probar», «en esta tierra
dónde agora estamos», fueron cincuenta, recogiéndose una cantidad extraordinaria
solo en tres meses. «Escrivolo á v. m., dice, por parecer cosa misteriosa ».
E
comarcas como de puente, encontráronse en breve postrados
por el hambre y por la muerte. Así, al providencial influjo de
la civilizacion, coronaban un rapto de la fantasía con la au-
reola histórica del martirio. -
Escrito estaba, sin embargo, en el oculto libro del destino,
que quienes tras ellos llegaran serían realmente señores, no
por medio de la conquista, cual entonces se entendía, ni per-
siguiendo un concepto falso de la riqueza, sinó por otra ma-
nera de conquista — por medio del trabajo «en tierra tan bien
despuesta para dar pan é vino en abundancia ».
g VII
LO IMPRESO Versus LO INÉDITO
En la lista de nombres de autores omitidos, ó esfumados,
brilla el de nuestro erudito don Manuel Ricardo Trelles, cuyas
importantísimas investigaciones referentes á la historia primi-
tiva de la ciudad de Buenos Aires, han sido casi completa-
mente silenciadas. Pocas veces cita su nombre ó remite á
alguno de sus escritos, y esto mismo muy de paso; lo que
induce á sospechar, ó bien que el señor Madero no conoce los
escritos de Trelles, ó que deliberadamente le deja en la sombra.
Mas estudiando luego, del punto de vista de una crítica
prolija, el contenido de su obra, evidénciase que no ha cono-
cido los inapreciables estudios de Trelles. Semejante descono-
cimiento de las fuentes impresas, no se limita á esto solo: el
señor Madero no conoce tampoco otros documentos dispersos
en distintas publicaciones, entre las cuales no es la de menor
importancia los Acuerdos del Extinguido Cabildo de Buenos Atres,
publicados bajo la direccion del doctor don Vicente Fidel Lopez
desde 1886, y en parte tambien por el señor Trelles, desde 1859,
en el Registro Estadístico de la Provincia de Buenos Altres.
Reconoce el señor Madero que el período transcurrido desde
la muerte de Garay hasta 1600, y, principalmente, la década
que termina el siglo xvr, constituye una época oscura de
la historia del Adelantazgo y gobernación del Paraguay y Rio
O
de la Plata; pero no reconoce, lo cual es sensible, que el señor
Trelles haya contribuido en primer término á desvanecer las
sombras que la envolvían, siendo las noticias agregadas ahora
por el señor Madero relativamente escasas, y sin revestir la
importancia histórica del rico tesoro exhumado por Trelles hace
más de treinta años. Madero, aporta, en verdad, algunos datos
biográficos, desconocidos, de Hernandarias de Saavedra, y no-
ticias miscelánicas sueltas; mas no es menos cierto, por eso,
que la oscura cronología de los gobernadores del Rio de la
Plato, estaba ya bastante bien determinada por Trelles, é ¡ilu-
minada ampliamente la primitiva historia de Buenos Aires.
101
Trelles publicó, en efecto, el nombramiento del capitan Juan
de Torres Navarrete de Gobernador y Capitan General de las
Provincias del Rio de la Plata, hecho por el Adelantado Juan
de Torres de Vera y Aragon, en Chuquisaca á 27 de Julio de
1583, documento que el señor Madero no conoce sinó en extractos,
segun su propio testimonio, no obstante haberse impreso ¿n
extenso en el Registro Estadístico y en los Acuerdos del Extinguido
Cabildo de Buenos Atres, t. l, pp. 37-47. En ambas obras consta
tambien que Torres Navarrete fué recibido en ese carácter por
el Cabildo de la Asuncion del Paraguay el 16 de Marzo de
1584, y que con él figura en las actas del Cabildo de Buenos
Aires salvadas de la dostruccion.
IEncontrándose en Buenos Aires el adelantado Juan de To-
rres de Vera y Aragon, nombra el 6 de Junio de 1588 Teniente
de Gobernador de esta ciudad al capitan Hernando de Mendoza;
y Torres de Navarrete, que residía en ella le hace entrega del
mando recien á fines de Setiembre, ó principios de Octubre de
1589. Torres de Navarrete debe de haberse fijado en la cabeza
del Adelantazgo, es decir, en la Asuncion, lo cual no le impidió
entregarse al tráfico comercial con el Brasil, segun consta de
los documentos publicados por Trelles, y de que nada dice el
señor Madero.
II
En cambio, suscita una duda que resuelve de manera poco
acertada, como veremos. Afirma el señor Madero que el ade-
lantado Torres de Vera partió para España á mediados de
1593, por la vía de Lima. Il nombramiento de Hernando de
Mendoza lo hizo el adelantado, como he dicho, el 6 de Junio
de 1588, encontrándose en Buenos Aires de paso á «los Reynos
de España á dar aviso á Su Magestad del estado destas pro-
vincias».
Torres de Vera, luego de fundar la ciudad de Corrientes el
3 de Abril de 1588, y no el 5 como dice Madero, vino, pues, á
Buenos Aires. ln ninguna parte consta su traslacion á España
por vía de Chuquisaca y Lima á mediados de 1593, como pre-
sume y trata de domostrarlo el señor Madero, quien no tiene en
cuenta, por otra parte, el dato documental que nos lo presenta en
Buenos Aires en la fecha citada, en viaje á los «Reynos de
España ».
In la página 267, afirma que en 3 de Julio de 1593, Torres de
Vera otorga á Ruy Diaz de Guzman el título de lugar-teniente y
Justicia Mayor de la provincia de Guayra, hallándose el ade-
lantado en la ciudad de Santiago, ciudad que no indica Madero
cuál sea, si la de Santiago de Chile, la de Santiago de los
Caballeros en Centro América; ó la de Santiago de Compostela
en España, ó, por acaso, la de Santiago de Jeréz en la provincia
antedicha; pero en cuya noticia se apoya, sin embargo, para su-
ponerlo en el Nuevo Mundo en esa fecha, próximo á empren-
der su proyectado viaje á Iispaña.
IV:
¿Qué causa pudo retardar hasta entonces su partida ?
Madero presume que la causa retardatriz fué el inmenso
desastre experimentado por la Invencible Armada enviada por
Felipe Il sobre las costas de Inglaterra, desastre fatal para la
marina española. «Las comunicaciones entre la España y sus
posesiones en América, agrega, fueron naturalmente pertur-
badas, y la intranquilidad y la alarma difundidas por todas
las costas del Nuevo Continente. Era entonces una aventura para
los buques españoles cruzar el océano, y el adelantado resolvió demo-
Tarse».
Pero como en 3 de Julio residía en la indeterminada ciudad de
Santiago, «fué poco despues, concluye, cuando siendo menos peligroso
cruzar el océano, 4 consecuencia de la victoria de don Alonso de Bazan
en las Axores, el adelantado se dirigió á España, por vía de Chuquisaca
y Lima».
ln abono de cuanto deja dicho, cita la declaracion de Fran-
cisco de Vallejos prestada en la Asuncion, en 1601, que se en-
cuentra en la Informacion de los servicios del capitan Ruy Diax de
Gusman, de la cual posee «cópia auténtica»; y luego añade,
siempre para probar la partida del adelantado Torres de Vera
en el año 1593: «ln el capítulo siguiente encontrará el lector
otro comprobante respecto á la época del año 1593 en que Torres
de Vera y Aragon partió para España».
P'relles, en los preciosos capítulos publicados en el t. I de la
Revista de Buenos Arres, referentes á la Historia del Puerto de
Buenos Aires, capítulos reproducidos en el Rejistro Estadístico de
1860, toca este punto de la manera siguiente: «No sabemos en
qué se haya fundado Azara para decir que inmediatamente despues
de la fundacion de Corrientes el adelantado se retiró á España. Si
esto fuese exacto, deberíamos creer que de Buenós Aires emprendió
su viaje despues del mes de Junto de 1588». Como se vé, Trelles,
sin entrar en tantas honduras históricas, se pone casi en la
verdad. si es que no está en ella, como se demuestra fácilmente
con solo exhibir el contenido de una acta del Cabildo de Buenos
Aires publicada por el mismo Trelles, aun cuando no utilizada
por él en el presente caso, y reproducida mas tarde por el doctor
Lopez.
V
In el acta del Cabildo de Buenos Aires de fecha 17 de Di-
ciembre de 1590, p. 21 del libro orijinal, y 98 y siguiente, del
t. I de los Acuerdos del Extinguido Cabildo, se lee en efecto, este
pasaje: «Y estando juntos, el capitan Hernando de Mendoza,
Teniente de Gobernador, presentó una carta del Gobernador, fecha
en la ciudad de Sevilla en dos de Setiembre de mil quinientos y ochenta
y nueve años, y se leyó ».
¿ste acuerdo no está inédito, está publicado desde hace más
de treinta años y corre en libros que no puede desconocer un
historiador, ó quien aspire á serlo. Ls prueba documental de
primer órden, pues se reliereá la historia de la propia ciudad
de Buenos Aires,—á la ciudad del Puerto, —cuyos anales escribe
el señor Madero. Por él consta, que el 2 de Setiembre de 1589
el adelantado Torres de Vera residía en Sevilla, en los Reynos de
= E =
España; es decir, que ya había partido para allá cuatro años antes
de la fecha que Madero presume, presunción á que llega tras
largas disquisiciones fundadas en historia comparada y en do-
cumentos inéditos, cuyas cópias auténticas posee, y con los
cuales ha pretendido destruir el valor documental decisivo,
de una pieza impresa aquí mismo y perfectamente auten-
ticada.
vI
Y si esto no pretendió, será menester convenir en que
aborda el estudio de los documentos inéditos sin informarse
antes del estado de las cuestiones históricas, —de los documentos
pertinentes ya publicados, del comentario de personas caracte-
rizadas en los estudios históricos, como el señor don Manuel
Ricardo Trelles; y, lo que es peor, para introducir la con-
fusion allí donde tan fácil era derramar la plena luz de la
evidencia.
Todo esto corrobora una vez más, el juicio emitido al prin-
cipio de este largo estudio:—que el señor Madero esperimenta
cierto embarazo en el manejo é interpretacion de la historia
documental; que sus inducciones le apartan con frecuencia del
descubrimiento de la verdad; que su erudicion es incompleta,
pues con documentos impresos se destruyen conclusiones fun-
dadas en documentos inéditos. Y prueba además, que el licen-
ciado Juan de Torres de Vera y Aragon no fué tan medroso
para imponerle miedo las naves inglesas vencedoras en 1588,
ni tan pusilánime que permaneciera cuatro años á la especta-
tiva de una victoria de la marina española, para trasladarse,
recien entónces, á los «Reinos de Ispaña, á dar aviso á Su Ma-
jestad del estado destas provincias ».
Torres de Vera, que en Junio de 1588 aprestaba en Buenos
Aires su partida, encontrábase allá en 2 de Setiembre del año
siguiente; siendo tambien casi seguro, que no debe de haber
dado tan gran rodeo para cruzar el océano, por pretendido miedo
á los Drake, como el señor Madero lo supone; rodeo con el cual
nada habría remediado, por otra parte, pues tan peligroso, y
tal vez más, era surcarlo desde Portobelo, como desde ¡Buenos
Aires, siendo mucho más cómodo para el Adelantado, y para
cualquiera en su caso, emprender la travesía desde el último
puerto.
VII
Repitiéndose en este punto los errores de método, se agravan
sus consecuencias en el dominio de la erudicion y de la crítica.
Los documentos inéditos y legalizados contribuyen á invertir
el órden de los acontecimientos; y no ya un solo documento,
sinó muchos documentos, concordados por el investigador y
crítico. Aquí sirve la historia escrita documentalmente, no para
trasuntar hechos morales y materiales, sinó para algo que no
es historia, ni cosa que se le parezca, aun cuando repose en
documentos inéditos; algo que ni siquiera es cuento.
Empieza el autor por desconocer el estado de la investigacion
histórica, es decir, lo que había escrito el señor Trelles; des-
conoce tambien los documentos publicados %n extenso, citando
alguno de ellos solo en extracto; diserta largamente sobre his-
toria anglo-española y saca conclusiones extraordinarias, pues
resulta que entre 1588 y 1593 los españoles no podían atravesar
el océano—¡esa inmensa llanura líquida en la que uno navega
dias y dias sin avistar un solo barco, hoy que lo cruzan mi-
llares de naves! —por hallarse materialmente cubierto de navios
ingleses.
Desfigura, mediante tal procedimiento, la entidad moral del úl-
timo adelantado del Rio de la Plata, pintándole medroso; hácele
permanecer cuatro años en América, siempre por temor de ser
capturado por los ingleses en la travesía, á la espera de una
revancha española del desastre de la Invencible Armada; reco-
nociéndole brios solo para cruzar de Buenos Aires, donde debió
embarcarse en 1588, hasta Portobelo, donde se le antoja haberse
embarcado recien en 1593. Finalmente, le sitúa á mediados de
este año, en una ciudad indeterminada de Santiago, donde expide
título de teniente gobernador á Ruy Diaz de Guzman; y abona
todo ello con el instrumento que lo acredita, además de una
declaracion prestada en el Paraguay y no sé qué otro docu-
mento mencionado «en el siguiente capítulo ».
VII
lisas citas y disertaciones, que llenan varias pájinas, y busca
uno con avidez por haber leido en el prólogo—que «entre la di-
versidad de novedades históricas» fundadas en las mejores prue-
LON
bas que pueden producirse», las hay, en este primer tomo, de
«hechos y sucesos desconocidos, ó inéditos, hasta hoy», entre otras
«sobre el cuarto y último adelantado Juan de Torres de Vera
y Aragon» (1); esas citas y demostraciones, repito, caen — come
corpo morto cadde—apenas leemos la mínima parte de un docu-
mento (que no es inédito, ni es desautorizado — el acta del
cabildo de Buenos Aires correspondiente al 17 de Diciembre
de 15901
Empero, si el documento invocado por Madero para probar
que en Julio de 1593 Torres de Vera y Aragon estaba en la
ciudad de Santiago, suscribiolo realmente en Santiago de Jeréx,
en el Paraguay, ello probaría hallarse ya de regreso de los Reynos
de Ispaña, dónde se encontraba, segun su propio testimonio, en
Setiembre de 1589.
Resultaría tambien, que en el período de tiempo transcurrido
desde 1588 á 1593, en vez de vagar como un follon á través de
Sud-América, atisbando un desastre de las escuadras inglesas,
tuvo la suficiente audacia para desafiar dos ocasiones el poder de
los vencedores, pues, si se aceptase lo que dice Madero, «era
entonces una aventura para los buques españoles cruzar el
océano».
La historia documentalmente escrita de ese modo, viene á
encontrarse en pugna con los documentos y con la crítica ;—con
la verdad histórica, en una palabra. Y, sin embargo, nadie
puede dudar de que el señor Madero escribe con documentos á
la vista. ¿Qué debe creerse, entonces, del procedimiento em-
pleado por el autor de la Historia del Puerto de Buenos Aires?
¿Quién, ni qué, nos garante, de que otras novedades inéditas
del libro, brindadas generosamente por el autor á los amantes
de los estudios históricos, mo sean novedades de semejante, ó
parecida ralea ?
Esa garantía la obtendríamos con el conocimiento de los
documentos, con su exámen crítico, y con la pericia del crítico
que acometiera ese estudio. Entre tanto, la generalidad de los
amantes de la historia, queda expuesta á padecer chascos como
el que nos dá el señor Madero con la odisea de don Juan
de Torres de Vera y Aragon, á quien convierte en pusilá-
nime;—desgracia póstuma del maltrecho esposo de dona Juana
Zárate.
(1) Transcribo literalmente de la p. XVII del Prólogo, al principio.
IX
Continuando todavía con el adelantado Torres de Vera; puedo
agregar que el señor Madero es difuso cuando se refiere á lo
resuelto por la audiencia de Charcas con respecto de los nom-
bramientos hechos por el Adelantado en la persona de deudos
suyos, para tenientes de gobernadores; sobre cuyo punto cita,
en nota, el testimonio del tesorero Montalvo «en carta inédita,
que legalizada poseo», agrega, á fin de robustecer el contenido del
texto.
Trelles ha ilustrado plenamente ese punto histórico, como
puede verse en la Revista del Archivo t. L, pp. 55-64. Allí está
impresa la resolucion de la Audiencia,—cuya fecha no deter-
mina Madero,—junto con las piezas complementarias, sobre todo
lo cual nada adelanta; callando, en cambio, el nombre de Tre-
lles, apesar de haber tenido á la vista dicho tomo de la Revista
y citar en la p. 259 otros documentos relativos tambien al go-
bierno de Torres de Vera, publicados en el mismo volúmen,
pocas pájinas antes de aquellos.
g IX
EL GÉNESIS DE BUENOS AIRES
No me detendré á enumerar la série de gobernadores efec-
tivos, ó provisorios, nombrados por el virey del Perú, ó en ejer-
cicio del poder en virtud de sus derechos de tenientes, que tuvo
la gobernacion del Paraguay y Rio de Ja Plata. Trelles ha con-
sagrado interesantes noticias á estos pormenores, publicando
los nombramientos que no conoce Madero, de algunos de ellos,
ó bien documentos justificativos de otra especie, como el poder
de Beaumont, á fin demostrar que á la muerte del gobernador
Valdez de la Banda fué Beaumont quien ejerció el gobierno gene-
ral de estas provincias. Lozano, en su Historia, completa esas
— 8) —
noticias y el mismo señor Madero contribuye con caudal propio,
aunque corto.
Lo que si ha dejado de establecer, debiéndolo haber hecho,
es la filiacion genuina de los gobernadores nombrados por el
virey del Perú para el desempeño provisorio del gobierno de
las provincias del Paraguay y Rio de la Plata;—es decir, la
tendencia absorvente de los gobernadores de Tucuman, puesta
de manifiesto desde antes de 1592, segun consta de Reales Cé-
dulas de la última fecha, impresas hace años pero desco-
nocidas del señor Madero; punto relacionado con las previ-
siones de los habitantes de la meseta alto-peruana, quienes
entrevieron por el Rio de la Plata su emancipacion del comercio
monopolista de Lima. Il licenciado Matienzo, decano de la
Audiencia de Charcas y rival poco feliz de su colega de toga
el licenciado Torres de Vera y Aragon, columbraba, desde 1566,
el porvenir opulento de una ciudad asentada en la márjen de-
recha del Plata; ciudad entonces no existente, pero á cuya fun-
dación dirijía sus miras y quizá tambien sus ccnatos. Sus vistas
se encuentran consignadas en documentos impresos, de que '
no ha tomado nota el señor Madero.
II
lisa soñada ciudad del Puerto surje, por fin, en 1580. Tres
años mas tarde escribe una Relacion Geográfica Pedro Sotelo
de Narvaez, vecino de Tucuman, dirijida al muy ilustre licen-
ciado Cepeda, presidente de la Audiencia de la Plata, —relacion
que no obstante estar impresa en obra formada por uno de
sus corresponsales peninsulares, no conoce tampoco el señor
Madero;—y en dicha relacion habla así de Buenos Aires: «cin-
cuenta leguas, rio abajo, está el puerto que llaman de Buenos
Atres, donde, de dos años á esta parte, está poblado un pueblo
por la gente del Paraguay. Por este Río de la Plata y pueblo
questá en Buenos Atres, los vecinos «de Tucuman tenían deter-
minacion á abrir trato al Brasil, por hacer servicio á Su Ma-
gestad, y podrían acertarse cosas de importancia en su real
servicio y aumento de la tierra; porque van de Buenos Aires al
Brasil en veinte dias y en otros tantos vuelven; sino que el licenciado
Lerma, questá en el gobierno de aquellas provincias de Tucuman, les
ha desbaratado é ¿imposibilitado para ello».
Pero si en 1583 el gobernador Lerma desbarataba los propó-
sitos mercantiles de sus gobernados de Pucuman, poco despues
NS a
el gobernador don Agustin Ahumada, con idéntica clarovidencia
á la demostrada por el licenciado Matienzo desde 1566, pretendía,
hácia 1592, que se diera á su gobernacion «el puerto de Santa-
Fé y de Gaboto», tema sobre el cual nada nos dice el señor
Madero, pero que se liga, como dejo dicho, con la adjudicacion
ulterior de la provincia del Paraguay y Rio de la Plata á los
sobernadores de Tucuman Fernando de Zúrate y Juan Ramirez de
Velasco; y con el nombramiento directo de Valdez y de la Banda
hecho por el Rey, en 1596, contrario todo 4 los elevados propó-
sitos de don García Hurtado de Mendoza, cuarto marqués de
Cañete, y primer virey del Perú que franquera de su cuenta
y riesgo el libre tráfico por el puerto de Buenos Aires, segun
consta de documentos impresos que tampoco ha tenido á la
vista el señor Madero.
Poco antes de Ahumada, don Juan Ramirez de Velasco, go-
bernador de Tucuman nombrado por el Rey, y, en tal caracter
sucesor inmediato del torpe licenciado don Hernando de Lerma,
escribíale al soberano ponderando la situacion del Puerto de Bue-
nos Aires; y al mismo tiempo de adjuntarle una descripcion, ó
noticia geográfica, de la provincia del Paraguay y Rio de la Plata,
se producía así: «por ella verá V. M. con la facilidad que pueden
andar carretas desde cuarenta leguas de Potosí, hasta Buenos
Aires, último Puerto del Rio de la Plata, y por lo que terná
V. M. de la navegacion de allí á esos reynos, entenderá mu-
chas cosas (que convienen á su real servicio; y sí para la fre-
enentacion de este camino fuese menester quimientas carretas, yo las
amaré en esta gobernacion».
La descripcion geográfica y la memoria del gobernador Ra-
mirez de Velasco fueron publicadas por el señor Trelles: no
las menciona, ni las utiliza, el señor Madero. La segundo se
combina con la carta del oidor Matienzo, escrita al Rey en 1566,
en la que se estudia el mejor camino para comunicar desde
Chuquisaca con lispaña,—el de mas porvenir comercial; —con
cuyo motivo el amigo de Ortiz de Zárate, adelantado este mas
tarde del Rio de la Plata y á quien ya recomienda Matienzo
para la empresa de repoblar á Buenos Aires, exclama con la
vision de lo porvenir: «Los que alli poblaren serán ricos, por
la gran contratacion que ha de haber de Iispaña, de Chale, del Kio
de la Plata y desta tierra» (Alto Perú).
Tomo V. 6
TI
Todo esto explica el motivo que tuvo el virey marqués de
Cañete para levantar, en 1592, la prohibicion de comerciar con
el Brasil por el puerto de Buenos Aires; medida reclamada,
como lo dijo él mismo, por los vecinos de la provincia del
Paraguay y Rio de la Plata, en cuyo beneficio, y el del Rey,
adoptola contraviniendo prácticas anteriores por él estable-
cidas en cumplimiento de sus deberes oficiales. Para mayor
seguridad, puso ese tráfico bajo la superintendencia de la Au-
diencia de Charcas.
El nombre y los actos de don García están vinculados á los
primeros progresos de la ciudad de Buenos Aires, cuyo puerto
fomentó animado de un espíritu libre de estrechas preocupa-
ciones (1). Los adelantos realizados durante su administracion
fueron extensivos á la provincia de Pucuman: la prosperidad
de ésta corría parejas, hacía 1596, con la del Paraguay y Rio
de la Plata. I:se mismo año hizo dejacion del mando supremo
á su sucesor don Luis de Velasco el 2, como se le llama en
México, donde acababa de desempeñar idénticas funciones. Ve-
lasco debía imprimir á los asuntos del Rio de la Plata un ¡iro
muy diverso.
La intervencion de la Audiencia de Charcas había sido igual-
mente eficaz. lste cuerpo, interpretando el interés económico
del Alto Perú, apoyó con enerjía las sábias medidas adoptadas
por don García, representando al Rey, cuando fué oportuno,
en contra de las reales cédulas prohibitivas de todo comercio
con el Brasil por el Rio de la Plata, expedidas en 1594 y 95.
(1) En homenaje á la memoria del ilustre marqués de Cañete, reproduzco el
retrato que existe en la galería de los vireyes que gobernaron el Perú y ha sido
recientemente publicado en Lima; asi como un facsimile de su firma. Don Garcia
se liga á la historia colonial «argentina, no solo como ilustrado benefactor de
Buenos Aires en los comienzos de su existencia, sinó como fundador de la ciudad
de Mendoza, pues este hecho ocurrió en el periodo de su gobernacion de Chile.
A juzgar por la cdad que representa, corresponde este retrato á la madurez
de don Garcia; es decir, al periodo de su vida en que estuvo al sorvicio del sobe-
rano en la Península. Ira muy jóven cuando gobernó Chile; y se hizo cargo
del vireynato anciano ya y gotoso. En la Historia de la ciudad de Cuenca, escrita
por Mártir Rizo, é impresa en Madrid en 1629, se encuentra un retrato de D. Gar-
cía, que bien pudiera ser este mismo (V. Mubixa, Bibliotheca Americana, No 1593).
EE
La torpeza real insistió en mantener clausurado el puerto
de Buenos Aires, á despecho del discreto proceder de su virey
del Perú y del dictámen no menos atendible de la Audiencia
de Charcas. In Octubre de 1596, para cerrar todo debate, el
Rey dijo lo siguiente á este tribunal: «Lo proveido cerca de que
no se permita que por el Rio de la Plata se'contratasen y metan
esclavos, ni otras mercaderías de ninguna parte de la. corona
de Portugal, sinó fuera en navios despachados de la” Casa de
Contratacion de Sevilla, conforme á las ordenanzas, se guardará
precisamente, sin embargo del daño que decis reciben aquella provincia
y la de Tucuman que se ¿ban ennobleciendo con el trato del Brasil».
Las últimas palabras encierran, en elocuente compendio, la
obra de don García Hurtado de Mendoza. Don Luis de Velasco
es el reverso de la medalla: representa por su accion eficiente
en el Rio de la Plata, la política restrictiva, la negacion de todo
progreso económico, la barbárie gubernativa, en una palabra.
Esa obra dura hasta 1604, y consta por la memoria dejada á su
sucesor, así como en actos de violencia ejecutados en el puerto
de Buenos Aires con los comerciantes y clérigos portugueses,
quienes, mús previsores y súbios que el torpe soberano de las
Españas, mantenían el intercambio colonial en estas posesiones
del sombrío Felipe IL, segun: documentos publicados por el señor
Trelles.
Las ideas del virey Velasco condicen en un todo con las del
Rey destructor de la obra benéfica de don García, pudiendo en
hreve gloriarse aquel de que en 1600 «muy pocos, ó ningunos, ¿ban
por alli».
Escuso agregar que de todo esto, que se prueba documen-
talmente, no existe ni rastro en la Historia del Puerto de Buenos
Aires. Algo dice, es cierto, del almojarifazgo; siendo lo mas
notable aquello de que «cada maestrito tiene su librito», pues
todo lo pertinente, que está escrito y se demuestra con docu-
mentos, se le pasa por alto al señor Madero.
IV
El despertar del tráfico comercial por el puerto de Buenos
Aires, se observa en los estados de la importacion y exporta-
cion que Trelles ha formado guiándose por las constancias de
los libros que llevaban los oficiales reales. Il acero, el fierro,
la azúcar y los esclavos negros, constituyen los artículos prin-
cipales importados del Brasil; mientras que los de exportacion
ME => EC
(
»
/
están representados por productos del trabajo de los habitantes del
Rio de la Plata; y, principalmente, de las ciudades del interior.
Santiago del Estero y Tucuman producían telillas de algodon,
sobre-camas, lienzo de lino, paños, frazadas, sombreros y cor-
dobanes, en cantidad suficiente para abastecer á las ciudades del
Alto Perú y exportar para el Brasil, como consta de relaciones
contemporáneas y de los asientos de la Aduana de Buenos
ES
La extraccion de plata del cerro de Potosí subía ya por
entonces á cantidades fabulosas; pero, aun cuando no podría pro-
barse con los testimonios aduancros, que su puerto de salida
era el de Buenos Aires, como tampoco podría determinarse
el monto del valor de las mercaderías introducidas de contra-
bando, el virey Velasco establece netamente que la Ciudad del
Puerto era en realidad el puerto de Potosí; que por ella entraban
las mercaderías de contrabando para el abastecimiento del Sur
del Perú, siendo la exportacion de plata tan considerable húcia
1600, que el numerario había disminuido en cel Alto y casi
desaparecido en el Bajo Perú.
La introduccion oficialmente constatada de negros procedentes
del Brasil y de las costas de Africa, calculábase, en 1603, en
450, que, á 250 pesos ensayados cada pieza, ascendian á pesos
112.500 anuales; lo que explica, en parte, el motivo de tamaña
extraccion del blanco metal.
Puede graduarse la importancia del comercio por el puerto
de Buenos Aires, si se tiene en cuenta que hácia esa misma
época existían en Potosí 24 tiendas de ropa de Castilla, alcan-
zando el monto anual de las transacciones en ese renglon, á
pesos 400.000 de plata ensayada. «Y es de tanto aumento el
ayuda del lienzo que de Tucuman entra cada año en esta villa,
dice una descripcion de Potosí, que lo pasara mal el servicio
de negros é indios y gente de trabajo, sinó fuera por ello.» Y
otro relato agrega: «De ropa de Tucuman, ques lienzo, pabe-
llones, delanteras de camas labradas, alpargatas, almohadas y
otras cosas, 100 mill pesos corrientes, que en ensayados son 64
mill pesos».
v
“stas preciosas noticias se encuentran en documentos que
ha debido consultar el señor Madero: «ellas demuestran la im-
portancia de los actos liberales de don García, la magnitud del :
BER
error en que incurricra Felipe Il, y las palabras consignadas
por el virey Velasco en la memoria dejada á su sucesor en el
mando del vireinato del Perú.
«Tenía mandado Su Magestad por cédulas, dice Velasco, que
se cerrase el paso del Puerto de Buenos Aires, y no se permitiese
que por allí fuese ni viniese hombre á España, á fin de que
no tuviesen noticia de él los extranjeros; y en conformidad “dello
he hecho las deligencias que he podido, con que muy pocos ú
ningunos iban por allí. Ahora de año y medio á esta parte ha
dado S. M. permision para que pueda entrar por aquel puerto
un navío cargado de mercaderías, é sacarlas de la tierra, é te-
ner trato con el Brasil, de que no resulta menos inconveniente
y perjuicio al trato y comercio de este reino, porque á título
de un navío, han de entrar otros, y aun quizá de extranjeros,
con mercaderías prohibidas. Habrá muchos robos y fraudes de
los derechos reales, y ábrese puerta á que por allí se disfrute
lo más y mejor de la plata de Potosí, como ya se ha experi-
mentado....é ya se me ha dado aviso de que por allí se saca
para el Brasil, Guinea y otras partes gran suma de la moneda
que se labra en Potosí, y allá arriba se siente ya falta della, y
acá abajo mucho mayor» (1).
vI
La autorizada intervencion de la Audiencia de Charcas en
estos negocios; las severas prohibiciones repetidas por el Sobo-
rano en 1594 y 1595; la ríjida administracion del virey don Luis
14
Velasco, tan opuestu ú la sábia blandura de don García en
materia de franquicias para el Rio de la Plata; las medidas
adoptadas tambien por Velasco, en 1600, condenando oticial-
mente la política tolerante de aquel (2); los primeros alientos
(1) Memoria del virey don Luis de Velasco, datada en Lima á 28 de noviem-
bre de 1601, presentada á su sucesor el conde de Monterrey; en, Relaciones de
los Vireyes y Audiencias que han gobernado el Perú, t. IL, pp. 19 y sig.
(2) El general Mendiburu, quien tuvo á la vista el cedulario perteneciente al
vircinato del Perú, dice que el virey Velasco expidió un decreto en el Callao, el 31
de Enero de 1600, mandando que nadie pudiera comerciar con el Perú por el Rio
de la Plata y el Brasil; declarando abusiva, en virtud de Real Cédula, la disposicion
del virey marqués de Cañete autorizando ese tráfico. MENDIBURU, Diccionario His-
tórico y Biográfico del Perú, t. VIII, p. 290, art. VELASCO.
Relacionada con este decreto sería tal vez la comision que desempeñaba en el
O AO
(
/
por decirlo así, de la vida comercial de Buenos Aires, no se
trasuntan en la Historia del señor Madero. Es preciso inquirir
esos antecedentes en publicaciones españolas y americanas, y
en los estudios del señor Trelles, que el señor Madero no ha
cuidado consultar y que tanto rcalce habrían dado á las pájinas
de su volúmen.
Semejantes elementos de conocimiento y de criterio histórico
nos los brinda, como digo, el señor Trelles, en preciosos trabajos
de paciente y fecunda erudicion. En 1858 publica, en el Registro
Estadístico de Buenos Aires, la primera parte de las Investigaciones
sobre el orígen y progreso del comercio marítimo de Buenos Aires,
que continúa en 1860, llavándolas hasta cl año de 1605. TFor-
man un volúmen de 100 pájinas en folio, ó sea 300 pájinas
iguales á las de la Historia del Puerto de Buenos Aires del señor
Madero.
En 1860 extiende sus investigaciones, imprime forma narra-
tiva á las generalidades contenidas en el anterior escrito, y
redacta los Apuntes para la Historia del Puerto de Buenos Aires,
publicados primeramente en la Revista de Buenos Aires, y repro-
ducidos luego, con,un rico apéndice de documentos inéditos,
en el t. Il, de 1860, del Registro Estadístico de Buenos Atres, su-
mando en todo 60 pájinas en folio.
Esta masa considerable de noticias, de la cual no están ex-
cluidas las referentes á la fundacion de Buenos Aires y repar-
timento de tierras á sus vecinos, contiene datos numéricos
tomados de los libros de la primitiva aduana, reales cédulas,
resoluciones de los vireyes del Perú, asientos de tesorería y
cuanto documento pertinente ha sido preciso traer á colacion
para dar vida á aquel conjunto informe, pero elocuente, de las
primeras manifestaciones de la vida comercial del puerto de esta
ciudad.
VII
Posteriormente ha continuado el señor Trelles sus estudios
referentes al génesis bonaerense, en la Revista del Archivo y on la
de la Biblioteca, acumulando nuevos documentos inéditos, acom-
.
puerto de Bnenos Aires el tesorero de la Real Hacienda de Potosi, don Luis de
Quiñones Osorio, en el carácter de Juez comisionado «para las cosas de contra-
bando y otros efectos». TRELLES, Apuntes para la Historia del Puerto de Buenos
Aires, en Registro Estadístico de la Provincia de Buenos Atres; 1860; t. 1, p. 16.
O pode
pañados casi siempre de sóbrios y luminosos comentarios. Creo
que si se reunieran en volúmen las monografías y documentos
ilustrativos por él publicados, relativos á la. historia de Buenos
Aires de 1580 á 1605, formarían, por lo menos, dos tomos de
400 pájinas cada uno.
Esto basta, y sobra, para demostrar que el señor Madero no
ha sido feliz al dejar de lado en sus apuntamientos el material
acumulado por su erudito predecesor; y lo. exífguo é incompleto
de su contingente actual comparado á lo que ya conoctamos
los que nos dedicamos á semejante linaje de estudios.
Reconocer al señor Trelles lan eminente servicio prestado á
la historia nacional, es no solo justicia que se merece, sinó
deber de todos cuantos hemos venido despues de él; y deber
tanto mas ineludible, cuanto que él mismo, con noble candor
de erudito de buena ley, brinda el fruto de su infatigable tarea,
por nadie superada, con estas palabras, dignas de transcribirse
aquí como leccion y como ejemplo: «Será este relato una es-
pecie de mosáico,—menos todavía, —será una coleccion de ma-
teriales que ofrecemos al historiador futuro, reservándonos la
humilde satisfaccion del jornalero que llega á ver convertidos
en animados grupos, los informes trozos de mármol que hizo
rodar de la cantera.»
Ss IX
CONCLUSION
Al poner término á esta ya fatigosa excursion por el remoto
pasado persiguiendo, con el señor Madero, el descubrimiento
de la verdad á la clara luz de los documentos, lisonjéame la
esperanza de que el autor de la Historia del Puerto de Buenos
Aires no querrá ver en estos renglones una crítica acerva, ya
que no ha podido ser complaciente. Mi propósito es indicar
á cierto género de lectores estudiosos, que el:uso de una obra
como esta, no ahorra el conocimiento prévio de cuanto bueno,
útil é indispensable en la labor histórica se ha producido
dentro y fuera del país.
MO pa
Madero condena, antojadizamente, á absoluta inutilidad,
una suma de trabajo y de prueba .documental y crítica, que
excede, en mucho, al valor positivo de los documentos inédi-
tos por él acopiados y que traen á la historia un contingente
realmente nuevo. Su preparacion prévia para interpretarlos,
presenta, además, tan grandes lagunas, que, con frecuencia
le ocurre admitir por inédito lo que está ya impreso. En oca-
siones sustituye, con poco acierto, la investigacion ajena por
una que podría parecer propia si la crítica justiciera, ó simple-
mente equitativa, no interviniese oportunamente, para dar al
César lo que es del César; quedándose otras muy atrás de la
documentacion conocida de ciertos temas, con grave perjuicio
del mérito de una labor merecedora del más sincero y caluroso
aplauso.
II
Los puntos examinados prolijamente en estas pájinas, evi-
denciarán, me imagino, las conclusiones anticipadas en la pri-
mera parte. Por ellos se comprueba no ser del todo exacto lo
de escribir documentalmente, pues á menudo y siempre con
menoscabo de la verdad histórica, afirma lo contrario de lo que
dicen los documentos, brindándonos novedades de gran bulto,
imposibles de probarse. In temas importantes, donde parece
completa su investigacion, resulta incompleta, deficiente, ó con-
tradicha de modo y manera incontestable. Ante este cúmulo de
errores de método y de criterio, todos de carácter general, se
pregunta uno si las contradicciones no serán infinitas miradas
á la luz de los documentos inéditos de que se sirve el señor
Madero, pero cuyo conocimiento ha sustraido al lector, con
notorio perjuicio del valor testimonial de la obra.
La minuciosidad empleada en los parágrafos antecedentes,
tiene por único objeto llamar sériamente la atencion de los
estudiosos, y ofrecer al autor una prueba de sinceridad en
tarea tan ingrata como es la que me he impuesto, evitando
incurrir en el feo pecado de la crítica malévola, injusta ó
antojadiza. :
A TOA
1001 ?
Y á propósito.
Se ha observado que el señor Madero es acervo en sus jui-
cios para con todos sus predecesores (1); y yo agregaré, en esta
oportunidad, que ha sido injusto y cruel para con algunos. «Resu-
miendo, —dice al finalizar la reseña de los autores que se han
ocupado de la historia del Rio de la Plata —creo, pues, que
de todo lo publicado, don Antonio de Herrera, á pesar de sus ¿n-
correcciones, es la mejor fuente de informacion y referencia ».
lista conclusion. no puede ser más categórica: todo lo que
existe es malo; apenas si se puede seguir con confianza al
cronista Herrera. «Por consiguiente, agrega, al escribir docu-
mentalmente, tomaré de sus décadas la generalidad de los datos
que me falten; refiriéndome en algunos puntos importantes y en
«ciertos detalles 4 otros historiadores que pudieron conocerlos mejor ».
Aquí hay una contradiccion: si todo lo escrito, ménos lo de
Herrera, es de desecho, ha obrado muy mal el crítico en fiarse
en el testimonio de semejantes autores, sobre todo en materia
de detalles, cuando á penas acepta las generalidades de aquel
que conceptúa mejor informado,—el más documental de todos,
por decirlo así. :
Si el señor Madero “tuviese experiencia de crítico y de his-
toriador, sabría algo que bajo las apariencias de paradoja, en-
cierra una gran verdad: que lo general, en Historia, es siempre
más cierto que lo particular; que es más difícil engañarse con
respecto á un país que con respecto á un personaje: y, relati-
vamente, que más fácil es adquirir claro concepto de este que
no de un hecho concreto de su vida.
IV
He dicho «que la Historia del Puerto de Buenos Atres carece de la
unidad propia del libro, pues el tema fundamental que debiera
constituirlo no resalta en ninguna parte. El espíritu vaga de un
punto á otro y se fatiga, sin encontrar nunca donde apoyarse.
Si se fatiga en vano buscando la unidad apetecida, sufre
mayormente con la lectura de un texto cuya característica es la
insuficiencia propia de las notas aglomeradas en la cartera de un
novel aficionado. Así como ni siquiera se entreveen líneas ge-
(1) Noticia bibliográfica escrita por el general Mitre y publicada en La Nacion.
Tomo Y. 7
O
“nerales reveladoras del plan en que se desenvuelven los acon-
tecimientos, de sus enlaces accidentales ó forzosos, así tambien
la composicion brilla por su ausencia. Todo yace en estado de
completo desórden, casi de caos: falta el hálito creador. Se
usa de los documentos para revivir estados del pasado de la
sociedad, lo mismo que si escribiendo la historia del Comer-
cio, se creyese suficiente extractar, por intermedio de los ama-
nuenses, las facturas de los mercaderes.
El señor Madero interpreta mal la importancia de los de-
talles: cree que basta acumularlos, tomándolos en haz de los
documentos, para hacer un libro de crítica histórica. «Los de-
talles de la historia, ha dicho Humboldt en obra suya que
descuella por su luminosa abundancia, — el Examen Critique
de la Géographie du Nouveau Continent, — no son útiles sino en
tanto que se les unifica. Acumularlos produciría una estéril fa-
tiga, si no procuráramos servirnos de ellos para llegar á conclu-
siones generales.
«Los hechos, agrega, son la base en que reposa toda dis-
cusion sometida á una sana crítica, y es indispensable su
enumeracion para dar al lector los elementos de juicio que le
permitan estimar el grado de confianza que merecen los resul-
tados obtenidos; sobre todo, siempre que por su correcta O
pretacion, tiende uno á elevarse á consideraciones generales. »
El estudio pormenorizado de los hechos históricos es A
de la erudicion moderna, especialmente de la erudicion alema-
na, que puede ofrecer al sabio Mommsen como modelo acabado
del género, pues al mismo tiempo de escribir en el Corpus Inscrip-
tionum cinco mil páginas en folio de investigaciones, publica su
admirable Derecho Público Romano y su magistral Historia de Roma,
monumento cada uno bastante á la duradera gloria de dos sabios.
“studiar el detalle granjea tambien la autoridad que disfruta,
en órden intelectual más subalterno, aquél á quien Sainte
Beuve llama tipo perfecto del alumno de las escuelas de Port
Royal,—el erudito Le Nain de Tillemont.
Gibbon, el eminente historiador de la Decadencia y Ruina del
Imperio Romano, sirvióse, como de vade macum, de la Historia de
los emperadores romanos y de las Memorias para servir á la Historia
Eclesiástica de los seis primeros siglos. Sainte Beuve, crítico eximio,
clasifica á Tillemont—estimando en lo justo el género de crítica
á que consagró la actividad de su mente—de gran crítico, capaz
de descubrir materiales y fuentes donde antes nadie los sospe-
chara. Y Gibbon, que en lenguaje familiar y relacionando sus
estudios con los de aquel, solía denominarle irrespetuosamente
E Oy
su mulo, por la seguridad con que, guiado por él, marchaba á
través de las estrechas y oscuras veredas de la investigacion
crítica, le tributó públicamente el merecido elogio. La inimita-
ble exactitud de Tillemont, dijo, adquiere el carácter de casi
genial: Sainte Beuve refrenda tan competente fallo.
Precioso, invalorable, es el detalle en historia; más se hace
necesario vivificarlo, por lo menos, con el espíritu crítico de
Tillemont, ya que en realidad solo sirve para levantar esas fa-
mosas construcciones mentales que representan la suma armó-
nica, la compenetracion divina, de todas las fuerzas de la inte-
ligencia humana.
v
Los defectos que llevo enumerados, parécenme deberse, entre
otras causas, á la manera cómo ha sido preparado el libro.
« El valioso archivo que poseo de documentos relativos al des-
cubrimiento del Rio de la Plata, ha dicho Madero al publicar,
hace tres años, las primicias de su trabajo, lo debo más á la
paciente investigacion que á mi pedido han hecho varias personas
ilustradas y competentes para descifrar los documentos y códi-
ces de aquella época, que á mis investigaciones personales, que sólo
he podido practicar en los dias y momentos que mis ocupaciones me
dejaban disponibles» (1). :
“sta franca declaracion, y el habernos informado en el pró-
logo de la Historia, que los señores Ricardo O'Shee, Juan José
de Orta y Pedro Allende Barandica, honrados peninsulares, del
antiguo comercio de esta plaza, residentes ahora en la madre
patria, son las personas que, «á su pedido», han hecho dichas
«investigaciones », proporciona la clave para rematar el juicio
crítico de la obra. ln cuanto al concurso prestado por el eru-
dito señor Márcos Jimenez de la Espada, pruebo, sobradamente,
que á tan distinguido. americanista no puede responsabilizarse
de los informes erróneos que se nos suministran.
Una investigacion histórico-crítica dirigida de tal modo y por
personas extrañas á los estudios históricos, justifica las críticas
antecedentes, que al mismo tiempo de exhonerar, en parte, al
señor Madero, de la responsabilidad de tantos errores fundamen-
tales, desautoriza el libro como obra magistral de erudicion y de
crítica. >
Ln tal caso, dar á luz los documentos importaría mayor y
más útil servicio prestado á la Historia. Los estudiosos irían á
(1) Descubrimiento del Plata y Uruguay, p. 4.
(
beber en la fuente aquello que se nos ofrece en resúmenes
desprovistos del sello de la propia, exclusiva y competente in-
vestigacion, contaminados además, por un criterio inseguro; —
sin crítica y sin arte, para decirlo todo de una vez.
Para reunir los documentos, para hacerlos copiar y formar
legajo con ellos, el señor Madero ha dispuesto de los servicios
de un empleado competente de los archivos españoles, el señor
Francisco J. Delgado, y de la buena voluntad de un americanista
bien conocido, el señor Márcos Jimenez de la Espada, tan acen-
drado crítico en el dominio de sus propios estudios, sábiamente
circunscriptos. xiste, pues, la garantía moral necesaria para dar
fé á piezas tomadas de los archivos oficiales de España; si bien
sería oportuno advertir, segun resulta de este mismo estudio,
que con harta frecuencia ha recibido el señor Madero por iné-
c«litos, documentos que ya estaban impresos.
Su noble propósito, lo repito, merece caluroso aplauso. Refleja
honor personal, y mucho, esta cultísima tendencia de su espíritu,
honor que yo soy el primero en tributarle sinceramente como
lo prueba esta pesada y desagradable tarea. Pero ha intentado
vencer dificultades que no se superan solo con el buen deseo.
AI
Resumiendo, diré ahora, en conclusion: que en este estu-
dio, circunscripto á breve série de hechos, he querido demostrar
dos cosas capitales: —1*; que si es plausible el propósito de
escribir Historia con documentos inéditos, y, en semejante tarea,
el señor Madero agrega nuevos pormenores al tesoro comun, que
no pueden admitirse, sin embargo, sinó con precautorias re-
servas, poniéndoles, como quien dice, cordon sanitario; su obra
está muy distante de suplir, como inadvertidamente se ha escrito,
el conocimiento del vasto material existente de libros y de docu-
mentos de todo género, impresos, manuscritos, ó cartográficos:
— 2%; que por arriba de todo acopio de papeles inéditos, se en-
cuentra la erudicion metódica, la crítica paciente y sagaz que
reune y ordena, clasifica y juzga, prueba las pruebas, y, final-
mente, produce estableciendo discreta solidaridad en el trabajo
de la mente; circunstancia esta última que tanto realza á los
verdaderos eruditos y á los grandes maestros en la ciencia de
la Historia;—á Tillemont y á Buckle, por ejemplo.
Flores, Noviembre de 1892,
C. L. FREGEIRO
Introduccion al Arte Mocoví del Padre Tavolimi
- ESTUDIO DE GRAMÁTICA COMPARADA
POR
SAMUEL A. LAFONE QUEVEDO
(Conclusion, — Vénse pág. 432 del Tomo IV.)
Este mecanismo de excluir partículas en tercera que se me-
ten en primera y segunda personas, es comun á muchas lenguas
de América, ya se trate de la t, yadelac ó nm.
Fs curioso que el Griego tambien use la ¿ como recurso
verbal en algunos tiempos de ciertos verbos y no en otros. Typto,
yo doy de golpes, hace etypon, yo dí de gulpes; esta + solo se admi-
te en los presentes é imperfectos. Tanto en América como en el
"Viejo Mundo parece como si tuviese que ver con una-partícula ta—
estar parado ó existente. ln Quíchua debemos buscar esta ten la
voz tiya, temo del verbo estar, y en la partícula chca(= tca) de
actualidad, v. gr. : —guañu-chcani, me estoy muriendo — guañu-ni
solo dice muero.
Iósta ch es constante en todas tres personas. La ch nunca puede
considerarse como sonido simple en lengua alguna sinó que, como
la % y la ll, resulta de combinacion. En Europa suele ser chicheo de
una c, pero en América lo es de una f, y por esta razon las voces
'¿Quíchuas cocha, mar; chunca, diez, se encuentran en Aymará bajo
la forma cota y tunca.
XXXII
Conjugacion completa
Por lo que respecta á la conjugacion completa del verbo, me he
limitado á un solo ejemplo fundándome en la opinion de Ade-
lung que reproduzco del «Mithridates», t. 1, p. 500; la traduc-
cion la debo á un amigo: '
«Solo un tiempo se cambia ó trasforma por medio de flec-
.«« cion, cual es el presente, los otros se distinguen por medio de
« partículas antepuestas. Pero la dicha fleccion del presente se
«« diferencia Óó se distingue de seis maneras, tres en los verbos
«que concluyen en consonantes, y tres en Jos que concluyen
«en vocales. La terminacion de la primera y tercera persona
« del singular se: pronuncia igual, la segunda persona concluye
«en ¿ y en e en dos de aquellas especies de verbos. ln el plu-
Tomo V. S
E O Ue
« ral en la primera persona toma siempre ac (véase el Abipon)
« la segunda persona siempre 2%, la tercera persona e, y con
« algunos verbos que terminan en Vocales e; en una de las.
« conjugaciones que terminan en vocal se intercala tó d ante
« las formas personales, en dos de las mismas, que ambas ter-
« minan en c, se trasforma una vez en gu y otra vez en ga, etc.
« 6% La forma del imperfecto es latum ó latumca, la del perfec-
« to naglaca, el tiempo muy distante rayladica, en el futuro la
« vocal agregada al presente es o, en el gerundio es tapec; en el
« infinitivo se pone la partícula m entre el verbo regente y la
« raíz de la palabra (como en el Abipon); en el imperativo se
« antepone glac, en el optativo noxog'odz, en el conjuntivo enomal,
« y en el imperfecto nktet ».
Aun cuando Adelung no lo diga, se deduce que sus datos
tienen un orígen italiano, y así debemos trasliterar
naglaca ¿en nallaca
nagladica en nalladica.
Con esta advertencia podemos comparar las reglas de Ade-
lung con los ejemplos de Tavolini.
Latum de aquel es Lúctom de este autor, y como se prefija
al pluscuamperfecto, puede llamarse signo de imperfecto, pues
equivale al romance había.
Lo que falta en Adelung es la partícula L de pasado, á que
se refieren Dobrizhoffer y Humboldt, y que tanto papel hace
en los ejemplos de Tavolini. lin su lugar tenemos nallaca y
nalladica, que sin duda es el yaca de la cuarta conjugacion,
primer grupo.
Este yaca es una partícula de tiempo de la mayor importan-
cia en lengua de Cuzco, y yo sospecho que de allí la haya sa-
cado el Mocoví: su historia es la siguiente :
Yaca
Ñaca ya, poco tiempo ha—Lex.: San Thomas, 156.
Na
Na — ya Gonzalez Holguin
Ñacca — poco tiempo ha, en denantes 1608
Yaccamana — apenas (casi no)
Adelung le niega la 1 al Mocoví, y á renglon seguido escribe
voces con gl italiana, que es ll ó y; desde luego él comprendía
que la tal:yl era nuestro ye, y las voces nallaca y nalladica, ni
más ni menos que la otra Quíchua ñaca; porque ñaca no pasa
de ser una sincopacion de nayaca, así:
nayaca — nyaca — ñaca
O No
pues la A del Cuzco = 2 + y; si se quiere nayadica ú nalladica,
puede ser un ñaca con la terminacion rca de pretérito, puesto
que la d Mocoví es una — posible. En Quíchua 1 y y se con-
funden.
Como ya lo dije antes, esta voz nallaca Ó nayaca pudo deri-
varse del Quíchua del Cuzco ó del Quíchua de Santiago, pero
con uno de los dialectos tiene que emparentar.
Estas partículas nos dan el verdadero valor léxico de la
letra 7 usada como índice verbal de tiempo, y corresponde al ya
nuestro, que á su vez es el ña, ya de las lenguas andinas. La
confusion de / y y en Mocoví lo explica todo, y como la / y »
se confunden en Quíchua, venimos á hallar el orígen de la ter-
minacion de pasado, rca, en esta lengua.
Aquí se verá la importancia de estudiar lus lenguas Ame-
ricanas, como conjunto y no como curiosidades aisladas, si bien
no deberemos nunca olvidarnos del eslabon geográfico de que
puedan depender las analogías.
Para que nos convenzamos de la importancia de los datos
acopiados por Tavolini, daré un ejemplo sacado del verbo amar:
ta ta
Savoqué nallaca — nosotros amamos (de pretérito)
aquí está el naglaca de Adelung, en cuerpo y alma.
In Toba yo quise es — scopita callagá. Callagá equivale á
antes.
Si comparamos la conjugacion de Tavolini con las reglas de
Adelung, hallaremos la articulación personal, el Latum vel Lac-
tom de imperfecto, el Nallacá de tiempo pasado, la ó termina-
cion de futuro, el tapec gerundivo, el Llac de imperativo, el quet
y nomal en subjuntivo. Si Tavolini hubiese dado su traduccion
del Padrenuestro, seguro estoy que hubiésemos hallado allí el
nossog'odí que nos falta. ]
La fleccion del verbo Decir nos dá el tapek sin la t (1), que
es letra caduca en composicion, y el Elac lo encontraremos en
el verbo Hallar, sin la e que desaparece en combinacion.
La m de infinitivo se halla tambien, como se verá, en el
verbo amar, pues haber de amar es Diissiyó m avoye, ú sea desear
amar. Casi parece como si esta m correspondiese á la partícula
de verbal de futuro en nuestro romance.
Iísto nos conduce á la terminacion ó de futuro en Mocoví
que corresponde al am en Abipon. Il cambio de aquella ó por
(1) Véanse los verbos fijar y lancear,
O As
0
o
esta a se explicó ya, y la m se ha visto que es letra caduca.
Conviene repetir aquí que om es partícula final de futuro en los
verbos antíguos, del Maya ó Yucateco.
Dobrizhoffer dice que el infinitivo, gerundio y supimos faltan
en Abipon, y que se suplen con varios giros de lenguaje. Mas
ó menos lo mismo debe suceder en Mocoví, pero sería necesa-
rio levantar cuadros de todos los ejemplos, y esto despues de
interpretados todos los textos para recien entrar á establecer
reglas sobre esta parte difícil de toda lengua Americana. A la
simple vista parece como si en estos idiomas se reprodujese el
mecanismo Quíchua de conjugaciones participiales con índices
posesivos.
In la Oracion Dominical que Adelung reproduce de Hervas,
se encuentra esta frase:
Nozogdi at naaquiá cadenagti;.
Ojala ado santific—tu—nombre—y0 ;
Sea santificado el tu nombre. )
Mocoví: Nozogdt at naaquiá =
Abipon: Chigrieecát raaguiat.
ÁAguid en aquel idioma es un verbo con articulación,
1. S=;y 2 —1d 3. D —:
la D equivale á la R Abipona ambas de 3* persona. Tavolini
conjuga el verbo santificar pero la forma naaguia falta, así que
puede llamarse una especie de participio de pasiva. A lo que
se vé la partícula at puede ser inicial ú final, cosa que se ajusta
bien á la morfología Chaquense. La N Mocoví es la partícula
de relacion abstracta, como que la D lo sería de relacion con-
creta.
Como se verá mucho queda por hacer en el capítulo de in-
finitivos y participios, y yo mismo confieso que estoy al aire
en esta parte de mi estudio.
XXXIII
Verbos compuestos
Un punto falta que tocar en cuanto á los verbos en general
y es, que estos se dividen en dos grupos generales, sin distin-
cion de articulaciones; estos grupos son:
Verbos simples
Verbos compuestos
E Oy A
Los Simples son aquellos cuya articulación final lo es tambien
del tema verbal; ex: gr:
1. S-actictacta; 2. actictaci—i—afligirse
Los Compuestos intercalan la articulacion final entre el tema
radical y la terminacion arrimada; ex: gr:
1. S-ocoyart-ogué; 2. occoyart-i-ogué; aflojar.
Los cambios de letras mediales á que se refiere Dobrizhoffer
responden á este mecanismo; mientras que precisamente estas
mudanzas mediales son las que acusan composicion en el tema
verbal. Esto no importa decir que toda articulacion final sea
prueba concluyente de la sencillez de un tema verbal cualquiera,
pues mi cánon se limita á establecer que la articulación final
solo llega á ser medial cuando hay arrimo de partículas ex-
trañas.
El valor de muchas de estas partículas se ha podido deter-
minar, gracias á los preciosos detalles que hallamos en el nunca
bien ponderado Dobrizhoffer, y de ellas se tratará á su tiempo.
XXXIV
Transiciones
Al poco tiempo de empezar á copiar las posesivaciones de
Nombres y flecciones de Verbos caí en cuenta de que eran sus-
ceptibles de ser reducidos á reglas más ó ménos sencillas; pero
nunca me imaginé que podría sacar partido alguno de las tran-
siciones, pues no se necesita ser lengua del Chaco para que
ellas sirvan de atolladero al que pretenda explicar todos sus
misterios; de vó, que-lo digan los que algo entienden de Arau-
cano Ó Aymará.
Las observaciones de Dobrizhoffer solo podían servir para
desaliento, como se verá en lo que sigue, p. 262,
« Ahora entramos en un laberinto de la lengua Abipona,
« que es algo formidable para los que aprenden, donde á
« no ser guiados por una larga experiencia como lo fué
« Teseo por Ariadne, no le será dado caminar sin riesgo
« de tropezar en el error. Estoy hablando de esos verbos
« que los gramáticos llaman transitivos ó recíprocos. En
« nuestro lenguaje, la accion de una persona ó cosa sobre
< Otra, se describe fácilmente por los pronombres mismos
pao E
« yo, tú, él, nosotros, vosotros. Los Abipones al contrario,
« descuidando el uso de los dichos pronombres emplean en
« eso varias inflexiones de los verbos, combinando acá y
« acullá nuevas partículas con los mismos verbos ».
Esto no obstante resolví levantar cuadros de todos los ejem-
plos, colocando en cada uno de ellos las transiciones que ter-
minaban del mismo modo; estos, y las comparaciones con el
mismo Abipon, me dieron la clave del enigma y considero que
este giro de la lengua Mocoví sea tan susceptible de ser reducido
á regla como todo lo demás de este idioma. No encuentro en
el Mocoví y Abipon esas complicaciones casi inexplicables del
Aymará' y Araucano; porque si bien en Mocoví se usan varios
tipos de partículas que expresen la transicion de la accion del
verbo de una persona á otra, tambien es cierto que en tres de
los casos ello no importa mas que mudanza de la partícula de
3* persona, que hace las veces de terminacion casual en el caso
régimen; mientras que el cuarto caso en que el régimen en
lugar de ser subfijo es prefijo, sustituye un mecanismo ingenioso
por otro no menos admirable: la articulacion por D del verbo
débil en combinacion con un tema discordante en cuanto á la
persona produce la transicion que se desea expresar.
Tenemos por ejemplo el verbo
Desterrar — Nalat
Es de los verbos que se conjugan por:S de 1* y llevan Y
de 32 persona.
Yo destierro etc. — Transiciones
alo S-alat Yo te destierro S-alact-
2 Dal El te destierra D-alact-ii
Sala El lo destierra Y-alat.
Pl. 1. El S-alat-ácca El nos destierra Lema
A, ca El os destierra Lara-alact-ii
3. Y-alact-é El los destierra Y-alact-é
El me destierra Di-alat.
Solo en las terceras personas cabe anfibología, y sin duda
esto se evita en la frase.
Pondré en seguida la comparacion del verbo Axotar en Abi-
pon en sus dos formas sencilla y combinada, para que se
comprenda mejor el mecanismo de que se trata.
Yo axoto, etc.
Tu me axzotas Riamelg-i
1. Hamélk ' Yo te axoto Hámelg-i
2. Hamelg-i Ll te azota Gramelg-Í
3. Yamelk El le axota Yamélk
El me azota Riamelk
La anfibología en 3? persona reaparece aquí tambien. In los
otros casos ella resulta de la ortografía alemana con que escribía
Dobrizhoffer, pues segun el cánon establecido en Mocoví escri-
biría así: ao
DADO e
Spore => go
(ENSportE == tu
D-i por Gr-i= el te
La transicion de 3? á 2? persona me la explico, ya sea como
forma completa de 2?, pero fuera de la fleccion normal, ya como
que en Brigniel se encuentran dos ejemplos en que Gr es el
prefijo de 3% persona tambien.
Este par de ejemplos, interesante á la verdad, porque repre-
sentan formas análogas en dos de los principales dialectos del
Chaco, está muy lejos de representar el mecanismo tipico de
las transiciones en estas lenguas: La fórmula es la siguiente:
Prefijo pronominal subfijo del caso
Jo 1] ¡
o 4 tema verbal UE
del sujeto | régimen
Icste prefijo será cualquiera de las articulaciones iniciales del
1" grupo de congujaciones y puede serlo tambien la N del
grupo débil, quedando excluida la D, porque.como se ha visto.
entra á formar prefijo de caso régimen como en los ejemplos
citados. : ;
Una regla muy cómoda parece que puede darse y es uni-
versal:—La S de 1? persona siempre indica el sujeto.
Como se verá, para poder combinar bien las articulaciones
es indispensable conocer la conjugacion á que pertenece cada
verbo, porque un verbo de la 2* clase de verbos débiles, i, e,
que refuerzan con D mal podía hacer caso régimen con prefijo
Di ó D, que se reserva para verbos en que no está comprome-
tida esta letra como índice del sujeto. A juzgar por los ejemplos
de Tavolini este giro se limita al grupo de verbos con S de 12
persona.
— 100 —
La articulacion transitiva aunque vária es ingeniosa, y no
se aparta de lo racional como se podrá deducir del análisis que
doy en seguida: :
42 Clase — subfijo — 1-vá
PD =D = ¡dl
EPIID =D — id(í)
4% »p — prefijo — Di
En todos los casos está comprometida la z, letra caracterís-
tica de 1% persona. En el 3* ejemplo parece que dos ¿ se sin-
copan. Las partículas vá léh, ¿ son demostrativos de 3* segun
se ha explicado ya; y parece que un pronombre de 3* sea una
terminacion propia de caso régimen. Sin duda ellas han venido
á equivaler á una posposicion, pero hoy lo que nosotros lla-
mábamos preposiciones se están derivando de palabras con un
valor mucho mas concreto.
La lógica de este mecanismo gramatical se comprueba con
la articulacion de la 2* persona.
Caso régimen de 22 persona.
42 Clase — subfijo — ar, r, a-va
PD =D — ar, a-léh
SI — ar, a-é
En la 4* Clase el mecanismo es otro, pero normal, porque
siendo verbos por $, el sujeto tiene que ir indicado por esta
letra, y la construccion se cae de su peso: con tema de 2% está
completa la forma transitiva; así,
Yo conoxco
ta
Di — aden Aim sadini
El me conoce Yo te conoxco.
El mecanismo de la transicion de 1? á 2% es éste:
Prefijo de sujeto + tema + subfijo de 2* equivalente 4 caso
régimen. :
Lo que yo me proponía probar era que las terminaciones vá,
léh, €, i eran constantes, y hasta aquí se vé que lo son.
En el plural tenemos sincopaciones de los pronombres de
12 y 2 con las mismas terminaciones vá y léh. De la termina-
cion 2 faltan ejemplos en plural pero es de suponer que sigan
la misma regla.
Las terceras personas de ambos números son mas várias,
pero el índice mas característico parece ser el lo final Ó sub-
Es
final. Esta irregularidad en la 3* persona es de casi todos los
idiomas, así que no es ninguna prueba en contra del meca-
nismo de que aquí se trata.
En los ejemplos citados se verá que se usa mucho de la
partícula reflexiva alta, que segun Dobrizhoffer equivale á mismo.
Las más de las veces ocurre cuando el sujeto y el caso régimen
se refieren á la misma persona, yo, me, etc.
Aquí tambien cabe la pregunta ¿por qué unos verbos toman
un mecanismo y otros otro? y daremos la misma contestacion
de antes: porque así lo ha querido esta lengua mezclada. El
dia que se haya distribuido el vocabulario entre las correspon-
dientes lenguas de orígen acaso pueda yo ú otro explicar mejor
este y otros mecanismos vários de la lengua Mocoví y sus
codialectos: por ahora mucho se ha hecho con demostrar
que no está todo librado al capricho de un atajo de voces sin
organismo gramatical. Por lo menos hallamos rastros de un
mecanismo sutilísimo que hasta donde lo podemos comprender
nos causa admiracion.
Siempre he creido que la clave de los idiomas americanos
se halla en su articulacion pronominal, y la transicional parece
que nos suministra otra prueba más de que esto es así.
XXXV
Preposiciones, etc.
Los capítulos que tratan de lo que nosotros llamamos Adver-
bios, Preposiciones y Conjunciones, puede decirse que aún están
por escribirse. En ellos he consignado lo que he podido averi-
guar, y una cosa'resalta sobre las demás, que las partículas
M y Q parecen llevar un valor de todas tres partes de la ora-
cion; como que las hallamos ya como adverbios, ya como pre-
posiciones, ya como conjunciones.
Mas adelante acaso pueda probarse que se relacionan con
el man-hacia, pac-á, uan-con—del Quíchua.
En cuanto á los adverbios me he limitado á dar un cuadro
de ellos con algunas ligeras observaciones. Cuando se concluya
el Vocabulario Polígloto de las Lenguas del Chaco, podremos
hacer muchas comparaciones interesantes, como por ejemplo:
Sca es partícula negativa.
Scavit es ayer.
— 100
In Toba de Bárcena,
Lavit es tarde del dia—Lopexz dice: —lauit.
Se deduce pues que scavit es una frase que dice:—la tarde,
pero no esta tarde la de hoy, ergo, la de ayer, y simplemente ayer.
Tenemos otro ejemplo:
Squeppé — Anoche
lin Toba de Bárcena (1620) la noche es-epé-segun Lopez pe;
resulta pues que squeppé dice literalmente no esta noche, ergo,
anoche porque es la mas inmediata.
Así tambien scavit leya es anteayer Ó sea pasado de ayer, y
squeppeleyá anteanoche por igual razon.
Así es el Mocoví; siempre afecta una morfología sintáctica
de suerte que sus dicciones son en realidad frases mas bien
que palabras: como decía Bárcena, el carpintero es el fabri-
cante de mesas ó sillas, etc.
Segun Tavolini nomascanavilni, equivale á mas tarde. ln mi
vocabulario de Bárcena, aumentado con las observaciones le
Lopez, hallo que la terminacion ln dice ya es, siendo pues avi
raiz que dice tarde, y masco—emles de—la frase completa sin
duda sería: — antes de ya es tarde—lo que equivale á decir, no
ahora, ni cuando ya sea tarde, sino un tiempo entre los dos
Ó sea mas tarde. Parece que con nam y lavit pudieron haber ex-
presado esta misma idea con mas sencillez; ellos sabrán porque
no lo hacen; mientras tanto el Cristiano podía contestarle al
indio Lopez:
—Lo Indio usa mucha palabra de vicio.
Vale la pena de comparar el adverbio Nó en algunas de las
principales lenguas Americanas.
Nó
Mejicano M-a
id -amo
1d "— M-aca
Maya M-a
Galibi y Caribe U-a
Moja Gual Cardús
Moja Huani Marban
Quichua A M-a Mandando
1d M-ana Negando
Aymará H-ani Bertonto
id Y-anihua Cardús
Guarani A-ány
— 103 —
Chiriguano ani Cardús
Guarayo ani id
Toba ay Bárcena
id ac Lopez
id aga-1 Cardús
id S-a Prefijo verbal
Mocoví Sca
Mesca
Baure Daca Dialecto Mojo
Ista interesante série, entre olras cosas nos indica la pro-
bable procedencia de la combinacion negativa del Mocoví Mesca.
La confusion de M con W ó sea U consonante, se descubre
en esta série del Quichua.
Uata vel Mata — año
Ua vel Ma — me, caso régimen
¿ste ma es del dialecto Chinchaysuyo.
En Chiquito B y M son mudanzas fonéticas una de otra; y
la B es, el signo con que el español escribe la W ó U conso-
nante en América.
Otra série mas debo apuntar porque ella explica el no Abi-
pon, sin el cual no puede llamarse completo el estudio de esta
partícula.
N6ó
Guaraní Ti, Ti 0
1d Y final Yme afijo verbal
id lime id
Cumanagoto Time
Huachique
Abipon Chichi ó Chi ;
Mocoví Toctar prohibiendo.
Una vez más repetiré, que en Abipon chi es simple chicheo
de tí, y que en Mocoví se debe buscar bajo la forma ct. Con
esto basta para hacer ver cierta correlacion entre estas partí-
culas, que no se escapará ni al más somero exámen. El Cuma-
nagoto, á su recuerdo del wa— no — Caríbico, arrima otras
partículas del tipo Guaraní, y el time de aquel dialecto mucho
se parece al ti 4- Gme del Guaraní; casualidades serán, pero
que nos salen al encuentro á cada paso.
Tan interesante como las partículas negativas son las de
fleccion temporal. de verbo, muy particularmente esa L, El 6 La
de tiempo pausado á que se refieren Dobrizhoffer y Guillermo de
— 104 —
Humboldt. Es más que probable que ella tenga el mismo orí-
gen que la r en el rca subfijo Quíchua de pasado:
Guañurcani ==. mr =. Ús
Guañurani — 1d — Santiago
rá — ya — Guaraní
la — ya — Chaquense.
Y aquí entra muy bien lo que al respecto dice Ruiz de Mon-
toya en el arte del Guaraní y p. 19, hablando del pretérito
perfecto.
«Comunmente suelen uacomedar á este tiempo el adverbio
« racó vel nacó, y no es partícula que hace pretérito, sinó adver-
« bio afirmativo de cosa pasada Ó presente que se ha visto ú
« oído.... Raé es y ».
Cuando nos acordamos que el mismo Guaraní usa r ó dde
segunda persona, vemos lo fácil que sería deducir una d por”
ó 1 de tiempo pasado y de identificar estas partículas con la D
teutónica, siempre que no falten otras pruebas.
Igualmente importante me parece esa partícula om de tiempo
futuro que en Abipon figura como el sub-fijo am, nuestro, ré,
rás, rá, y en Mocoví bajo la forma ó. Como debía suponerse
mientras no se probaba la interequivalencia de la ó Mocoví con
la a Abipona, no me daba cuenta de una diferencia tan mar-
cada entre las formas del futuro en uno y otro dialecto, mas
una vez establecida la ecuacion y advertida la caducidad ó
morbosidad de la M,+desde luego quedaba comprobada la iden-
tidad de los subfijos de futuro.
Ya se hizo notar que om es partícula de futuro en los verbos
antiguos del idioma Maya ó Yucateco. Concedo que es necesa-
rio probar la identidad del sistema fonético de estas dos fami-
lias de lenguas; pero la influencia Caríbica se advierte en las
dos, y en la articulacion pronominal tenemos la a de segunda
y l vel y de tercera en comun, como tambien la n2 vel ¿n de
primera; verdad es que N en Chaquense es refuerzo comun á
las tres personas, mientras que en Yucateco y Mejicano, etc.,
es radical de primera; pero, por otra parte, en unos y otros
dialectos se descubre el mecanismo plural,
prefijo — tema =— subfijo
Lo dicho basta para hacer conocer el partido que se puede
sacar de lo que nos han dejado los padres Bárcena, Dobrizhof-
fer, Brigniel, Tavolini y otros. No es este el lugar de entrar
en tanta prolijidad sobre todas las que he usado ya; pero se
irá acopiando el material y otros utilizarán los datos.
— 105 —
XXXVI
Advervios, Preposiciones, Conjunciones
Nosotros distinguimos casi por completo entre el adver-
bio, la preposicion y la conjuncion; pero en el Mocoví puede
deducirse que no es así, desde que las partículas M y Q se
prestan á indicar todas estas tres partes de la oracion nuestra.
Está muy claro que á ellos no les resulta inconveniente
alguno, porque si no fuese así ya se hubiesen remediado con
cualquiera de tantos recursos articulares que podrían haber á
la mano.
Bien estudiados los cuadros de estas tres séries de partícu-
las, lo que resalta es que la M y la Q hacen servicio triple, y
«que solo se distinguen por el sentido de la frase, desde luego
su valor léxico depende enteramente de la sintáxis, cosa en que
no he entrado por estar aun sin interpretacion los textos Mo-
covíes que nos dejó Tavolini.
ll camino que hay aun que andar es mucho, y si me
hubiese dedicado á estudiar esta parte como lo he hecho
con la articulacion pronominal, fuera cosa de no acabar
nunca. Aparte de esto, mi propósito ha sido el de proce-
der á la clasificacion de todo aquello que dependiese de arti-
culaciones pronominales, y no de resolver cada una y todas
las dificultades que nos presenta esta familia enredada de Len-
guas Argentinas.
Cuanto más adelanto, más me convenzo, que á los idio-
mas Americanos hay que estudiarlos á la vez como idiomas
separados y como miembros todos de acaso uno ó dos grandes
grupos: esto importa la vida de un hombre que se dedique á
ello desde jóven. Yo me limito á abrir sendas por la selva
vírgen, ayudar donde puedo, y dejar que otros acopien nuevos
materiales, y con éstos y aquellos completen la tarca que aquí
se ha empezado.
XXXVII
Las Particulas de Sustantivo
Il capítulo de las Partículas, último de mi «Estudio sobre
el Arte Mocoví », debe su existencia á la obra de Dobrizhoffer,
= 108 =
porque juntando los apuntes de este autor con las notas mías
ví que era posible escribir algo que no se limitase á reprodu-
cir lo dicho en capítulos anteriores.
Las partículas de nombre son muy curiosas, y una nueva
prueba de la íntima correlación que existe entre los dialectos
Mocoví y Abipon, á pesar del fonetismo tan diferente. Mis lec-
tores harán bien de imponerse de lo que se dice en esta parte
de mi trabajo, que se limita á citar ejemplos é instituir compa-
raciones.
Una cosa repetiré, y es que siempre sospecho que en la ter-
minacion sat Ó sacte podamos encontrar el orígen del Sanavi-
rona sacat, pago, y Tonocote gasta, pueblo ó lugar. En Quíchua
parece que la voz es llasta, pero cómo se ajusta el fonetismo
de llasta con gasta, aun no está determinado.
Otra terminacion curiosa era la de ut en Mocowit. No puedo
asegurar que sea de este idioma, y por eso no la incluyo en
el texto de mi I'studio. Il Toba dice Zocowit para designar á los
de su nacion, y Mocouwit á los de aquella. Cuando le pregunté
á Lopez si conocía á los Mocovíes, me contestó: — lo Mocouit
eso hombre malo de lo monte. Segun Brigniel los Abipones
llaman á los Tobas Natacqueuit, que viene á ser Ntocuit, segun
el respectivo fonetismo de cada dialecto. Aquí entra la parte
curiosa: en la antigua lengua de Cuba huito, que en Cumana-
goto es hu, «dice hombre, marido, como se puede ver en los
vocabularios finales del señor Lucien Adam en su «Du Parler
des Hommes». Fstos en sí son hechos aislados, pero que en
companía de otros confirman la hipótesis de que las tríbus
chaquenses del tipo Mocoví son de orígen Caríbico, mezcladas,
sí, y muy mezcladas, pero con rastros fuertes en su lengua,
que apuntan en esa direccion.
La terminacion leék ó lassé, habitante, como en Ippigom leéh,
ángel, habitante ó natural del Cielo, debe compararse con el lé
en Lulé, nombre que se daba á los habitantes de las faldas del
cordon de Acenquija, sin duda por los Tonocotés ó Matacos,
pues la palabra es Mataca y dice Los Naturales.
XXXVIII
Las Particulas Verbales
Las partículas verbales por ahora dan lugar á más obser-
vaciones, tanto por lo que se sabe como por lo que se ignora
NO =>
de ellas; porque de un estudio prolijo de todas las lenguas cir-
cunvecinas y afines podrá resultar el descubrimiento de su
vinculacion lingúística.
Fácil sería tomar los Artes Caríbicos, Guaraníes, Aymaraes,
y Quíchuas, y buscar en ellos partículas análogas; pero para
instituir comparaciones es necesario tener en cuenta muchas
cosas, y eso demanda mucho tiempo: el asunto casi se presta
á una monografía, y para cuando llegue el caso no está de
más hacer notar algunas semejanzas.
Empecemos por la partícula 4 que parece ser de verbo activo
Ó transitivo, porque siempre lleva encerrada la idea de—á otro.
El acento parece que indica sincopacion, pero con esto y todo
conviene buscar una partícula parecida en valor fonético y lé-
xico que se use en las lenguas circunvecinas.
¿n Aymará un «verbo compuesto con esta partícula signi-
« fica hacer que otro haga ó padezca lo que el verbo dice, etc.»
tambien « y así en todos los verbos activos y neutros, los cua-
« les se hacen activos con esta partícula, etc.», se ha visto que
la a Mocoví y Aymará representa esta gradacion
a < ho. < la = 00 (el)
de suerte que hasta podríamos suponer que un ca es el orígen
de esta partícula. Ca en Mojo hace verbos activos de los que
son neutros:
Nuchobo — Yo me vuelvo
Nucachobo — Yo hago volver.
La diferente colocacion de la partícula responde á las dife-.
rentes morfologías de ambas lenguas (Ver Marban).
En Araucano ca «vuelve activos á los verbos neutros; á mas
de esto, ca tambien dice otro, otra cosa, como se verá en Febrés.
Muchas otras lenguas hacen uso de esta partícula verbal
ca, y desde que la letra e es letra caduca, muy posible es que
esta a del Aymará y Mocoví se derive de aquella partícula. lón
Quíchua más bien se encuentra el ca bajo la forma ta = cha,
que significa hacer lo que expresa el tema radical. Yo sospe-
cho que la ¿ Quíchua represente una c, pero este es punto para
tratado en un estudio de la fonología de este idioma.
El interparentesco del Mojo con el Caribe es notorio al decir
del mismo Lucien Adam; los indios Guaycurú-Chaquenses casi
confinan con los Mojos; la articulacion verbal del Aymará se
(D. < = Procede de; > = Resulta en.
1
— 108 —
compara bien con la Mocoví; es muy racional, pues, que en-
contremos partículas verbales de orígen comun en todas estas
lenguas.
La partícula altá, mismo, pertenece al Mocoví y Abipon, y
es probuble que tambien la encontraremos en los otros dia-
lectos.
Pero más interesante es aun la raíz ó partícula ta que equi-
vale á nuestro estar, y que en la forma ctá le corresponde letra
por letra. Conviene hacer un estudio muy sério de este tema
ctá, porque si realmente existen en América voces á que puede
atribuirse orígen comun con otras de la familia Indo-Isuropca,
ésta sería una de ellas. La e tiene una gradacion muy cono-
cida:
Ci EAS
En la forma tca tenemos más semejanza con la partícula
chea del Quíchua, ó sea tiyaca.
Ch =6 y Ca = 8
Esta partícula se subfija á verbos para darles fuerza de
actualidad, como Chayani, yo llego.
Chaya -chea-ni — yo estoy llegando
En Maya la t puede llamarse índice auxiliar de verbo sus-
tantivo en primera y segunda personas, como por ejemplo:
ten — yo vel yo soy
tech — tú vel tú eres
y lo es tambien como auxiliar de verbo en Aymará de las
mismas personas:
yaticha - t- ha — yo enseño
yaticha-t- a — tú enseñas
En ambas lenguas la + desaparece en tercera persona.
Ll Mocoví, pues, y sus codialectos, conservan un recuerdo
de un tema ta de verbo sustantivo ó de verbo de existencia
actual en el momento de que se habla: podrá ser ó no recurso
gramatical oriundo de nuestra América, sin vinculacion lin-
gúística con el Hemisferio viejo, pero la verdad quedará que
es un recurso americano y no solamente chaquense, y como
tal puede muy bien tener vinculacion transoceánica. Por lo
menos deberá compararse con el do inglés, estoy castellano y t
griega en verbos como typto, doy de golpes, lkrypto, escondo,
en que la t no es orgánica, sinó únicamente recurso de flec-
— 109 —
cion temporal; y esto deberá hacerse, si no para probar ano-
logía, cuando menos para prevenir al incauto que no se deje
levar de apariencias semi-convincentes, que hasta podrían con-
vertirse en plena prueba con unos cuantos eslabones más del
mismo metal, y que acaso no falten.
ln tantos miles de años de separacion pocos son los esla-
bones y puntos de contacto que pueden coexistir, pero por lo
mismo los que sobreviven deberían tratarse con más atencion
que la que hasta ahora han merecido, por esos argumentos á
priori con que han sido atacados, y por el miedo de incurrir
en nota de iluso.
Yo no creo en nada, ni en la incredulidad de los imcrédu-
los, y me limito á lo que Humboldt aseguraba: que los idiomas
americanos, como producto de la naturaleza, son más valiosos
para el estudio de la lingúística como ciencia natural, que las
lenguas del “Viejo Mundo, sometidas desde miles de años á
reglas de sum, es fut.
Ya se vé que de las partículas hay mucho que decir ó nada.
Illas son abstracciones, y como articulaciones son fundamen-
tales en todas las lenguas; de muchas de ellas puede usegu-
rarse que constituyen su única dificultad.
Mientras no se ofrezca nuevo material, no vale la pena de
discutir aquí partículas aun no determinadas. Donde cuadra la
explicacion de Dobrizhoffer, como en Gal y Gan equivalentes
de rat y ran en Abipon. basta con ella; y en los otros casos
me limito á sugerir alguna explicacion verosímil, dando ejem-
plos de su uso, ó en último caso haciendo solo esto último.
La lerminacion lék no puede incluirse en estas categorías,
porque consta de partículas conocidas, que son l y k, l que es
pronominal de tercera persona 6 adverbial, y k terminacion,
para decirlo así, individual, más ó menos nuestro ero ó lero.
Yo supongo que la / y k en lék sean sepurables, porque la ¿
en este idioma no forma inicial de diecion no siendo como
partícula; y si es separable tenemos explicada la partícula
compuesta lavek, cuyo análisis puede hacerse así :
le — v(o) => ek
¿n el vocabulario presumo yue podría corresponder á nues-
tra partícula des, pero más bien me inclino hoy á creer que
es partícula de fleccion participial de verbo en absoluto :
Yo, el que tal ó cual cosa hago.
Pero aún más importante que lék es la partícula final m4 ó
Tomo V. 9
O
mni, que de ningun modo se confundirá con la inicial mi, yO,
vel, me, como que ambas pueden usarse á la vez. ln una cosa
se parecen, y es, que en los ejemplos conocidos las dos pueden.
llevar un sentido de partícula reflexiva. lUx.:
Ovi - nni ES tú te levantas
Lo más racional es suponer que esta terminacion sea una
forma de verbo sustantivo, como el mi en Quíchua. Esta hipó-
tesis descansa sobre una prueba observada en el Toba, lengua
en que pé Ó epé dice noche, y palnis, ya es noche.
Verbos que acaban en 22 son frecuentes en Toba y Abipon.
Los dos que siguen se encuentran en el M. S. de Brigniel.
Niapaguiñi — yo me tapo
Niachiguiñi. — yo abajo
apatañi — yo abrigo
Niapagui — yo me abrigo
I“ste último verbo en la segunda de plural agrega el ñz final
con sincopacion.
La confusion de m con m es muy conocida en Quíchua, y
como m ó mí suple al verbo cay, ser Ó estar en composicion,
parece como si esta terminacion na fuese un recuerdo del ta)
m Ó mí.
ln el Arte Nauatl ó Mejicano de Olmos se lee este pár-
rafo:
«N¿— Hay otros verbos acabados en 27%, y estos se derivan
« de verbos activos acabados en na. Y estos se forman de los
« activos perdiendo la a del fin y quitando la partícula te, tla.
« Ejemplo:
Nitequalania = enojar a otro
Ni-quala-ni — enójome
“s de advertirse que en esta lengua mani es un verbo estar.
Nadie podrá negar que la analogía en el valor de las partí-
culas a y ní es algo más que curiosa.
Acordémonos que el Mejicano usa los pronombres:
1. Ne — Yo No — mio
Pdo UE — Mo — tuyo
3. Ye — él Y — suyo
Pl. 1. Teva — Nosotros To — nuestro
2. Amevan — vosotros Amo — vuestro
3. Yevan — aquellos YnóYm — de ellos
Te — deotro, ete.
A
Véase Pimentel, Leng. Mej.
Como prefijo de verbo ne se muda en n2. Lo que más lla-
má la atencion es la partícula va ó van de pluralidad prono-
minal, tan parecida al va ó ua chaquense, y que como se dijo
debe ser el pronombre Caríbico hua cuyas ecuaciones supongo
sean éstas: j
1 =.0.= W'e la == Mm == eu
Una vez más inculcaré que el Mocoví y sus codialectos son
lenguas mezcladas, y lenguas Caríbicas, así que dadas las in-
vasiones caríbicas en toda la América, se comprende que no
es un inconveniente la distancia que hoy media entre Méjico y.
nuestro Chaco. La hipótesis de que los Chancas son los Cha-
quenses Caríbicos, explica las analogías Quíchua- Aymaraes.
St en Mejicano ni es yo, y tambien partícula final de
verbo neutro, si a es partícula que hace verbo transitivo y ua ó
va partícula pronominal que hace el plural de los mismos; por
otra parte, si por todos lados se imponen las pruebas de una
influencia Garíbica, claro está que en obsequio 4 mi método
debo incluir analogías como estas al hallarlas en el Mocoví,
Abipon, etc.
Il Quíchua y el Mejicano son dos lenguas maestras de la
América, con vinculacior, segun se desprende de un estudio
prolijo de ambas: si este Ensayo de Arte Mocoví acierta á
probar lo que se pretende, los idiomas del Chaco tienen un
organismo gramatical muy arriba de su actual civilizacion. y
solo pueden haberlo heredado de un orígen superior ó de con-
tacto con otras razas y sus lenguas. lísto se ha dicho por que
no se crea violenta la introduccion de la analogía Mejicana.
Otra partícula muy curiosa es la terminacion o vel vó. que
yo comparo con el mu del Quíchua, tambien de movimiento
hácia adentro. Brigniel trae un bonito ejemplo:
Verbo acercarse
1. A-cainn- 04d — Yo me acerco
2. cain - y - 04 — Tu te, etc.
3: caln - 0á — El. se, ete.
Iísta terminacion oá es por vá, a = 0. resulla el vó Mocoví.
Acercarse es andar de allá para acá, que es lo que importa el
mu Quíchua. La m y la v ó b son mudanzas de una misma
letra, en América como en luropa, como por ejemplo mt = with,
— 112 —
La P en pel tambien es curiosa y puede muy bien equivaler
al spa del Quíchua. La personalidad de la terminacion el se
deduce de la partícula lék, habitante ó natural de— y la susti-
tucion de p por l ambas partículas pronominales. es muy na-
tural. ln Castellano parece que corresponde al participio en ado,
y la partícula ta 6 a que precede á pélk corresponde morfológi-
camente á nuestro está. segun se dijo en otra parte.
ste punto merece ser estudiado con detencion á la luz de
nuevas observaciones, y despues de comparados los demás dia-
lectos. Aquí solo se sugiere la posibilidad de que algo de esto
haya. :
¿stoy muy lejos de ercer que no haya mucho que andar
hasta dejar en limpio el Catálogo de partículas Mocovíes con
sus valores léxicos y aplicaciones; pero se ha dado principio á
la obra y se han reunido bastantes, algunas con algo de exp11-
cación, otras sin ella, hasta lanto se logre solventar las dudas
con mayor acopio de datos y ejemplos.
XXXIX
Sintáxis
LA ORACION DOMINICAL
He podido valerme de los textos que adjunta Tavolimi; mas
como no he determinado aun el valor léxico de todas las voces,
me ha parecido más conveniente pasar en revista las Oraciones
Dominicales del Mocoví, Abipon y Toba contenidas en la obra
de Adelung y en el MS de Brigniel.
Grande es el chasco que experimentamos al hojear nuestro
Hervas ó «Mithridates », porque niel Abipon ni el Mocoví van
acompañados de su correspondiente version. lís por esto, y
creyendo hacer un servicio á los estudiantes de la muleria que
he aumentado este capítulo en mi introduccion, sacándolo de
los apéndices.
Pero ante lodo conviene hacer esta salvedad: Segun la tra-
duccion de un amigo, Adelung dice lo siguiente:
- «En el Mocoví parece que kenoá y kenoba quieren decir «nos».
ln prueba de ello cita gitercabokegoa, « perdónanos», diciendo que
gúerca es el prefijo régimen de primera persona. La verdad es
que Gr = guer es prelijo sujelivo de segunda persona, y egoa
— 113 —
Ó goa, régimen de primera en plural. La traduccion de Brigniel
no deja duda alguna al respecto.
Queno ) naaye
es una prueba con-
por 5 malas Li
vente. Este uso prepositivo del pronombre de tercera persona
con partícula ó sin ella es muy general. Por otra parte no de
ben confundirse la nm característica de tercera con y de primera
persona. La terminacion 04 por va sirve para pluralizar, y Lam-
bien para hacer caso régimen; es general de todas las perso-
nas, pero como terminacion de caso régimen solo en la primera
y segunda, pues que en tercera es de pluralidad.
lis cosa sensible que en tantos casos Jo que tengamos sean
romances y no traducciones literales de los textos indios. Lo
único que á ciencia cierta podremos asegurar, es que el tal
romanee no puede de ninguna manera representar la frase índia
que las más de las veces ignora por completo.nuestras abstrac-
ciones de ideas, como que tambien está agena á conceptos tan
puramente christianos, como aquel de «perdonar á nuestros
deudores ».
Con estas palabras de introduccion pasaré á descifrar el
texto de Hervás reproducido por Adelung. No siempre he po-
dido llegar á una interpretacion del todo satisfactoria; pero una
cosa se podrá ver: que el órden sintáctico es lo más sencillo
v en mucho ajustado al nuestro; su mayor diferencia se halla-
rá en las articulaciones pronominales; por lo demás, el órden
Mocoví es casi el nuestro.
ORACION DOMINICAL EN MOCOVÍ
« Mithridates » de Adelung — p. 503, t. III
206 1 Cotaa ncontae kipiguem,
Nuestro Padre que estás en el Cielo
227 2 Nozogdi al naaquiá cadenagli,
Ojalá sea santificado el mombre tuyo
215 3 Anaboiket edcoltiagbá;
Tus vasallos para tu quiere nos;
4 Nozogdi at ipeketelec cna alobá men ¡piguem,
Ojalá sea cumplido en la tierra como enel cielo,
ená namagdi ci
ese gustarte tuyo lu quieres ast como;
— 114 — 5
5 Ená namoti conocken kenobá
Esa tambien comida de los
230 nagalá abie enegui;
dias da hoy;
6 Notiaca ¡nigué gdcobegae kenoá enazobgacó
Tambien esto más perdona esos muestros pecados
me ená namoti ¡cinaggue egdcohbegga
así como así tambien deseamos el nosotros perdonar
kenobá n nokialedogba;
Á esos que aborrecen-no0s;
7 Toton gdazogninio — latenatancaté nogúel,
No nos dejes caer en los engaños del Brujo,
S' Calagam edoamagti kenoá n naave
Antes bien nos salves delas esas no buenas cosas
Amen, d. 1. Éncaeno.
Amen, asi sea.
El fonetismo de Hervas no es el de Tavolini, pero uno á
otro se explican. La Gd de aquel equivale á la D de este autor,
y á la R Abipona en las articulaciones.
Ni Hervas ni Adelung tradujeron el texto, y, por lo tanto,
esta version es nueva; la exactitud de ella se deducirá de las
explicaciones que siguen:
EXPLICACION Y OBSERVACIONES
TP Frase
Cotaa nconiae kipiguem.
1. Cota, Abip. Gretaa, Toba Cotaa, Tav. Clin
Nuestro padre, de Le-taa, padre.
2. Neoniae, Abip. Encaañiaegmeegue, Tob. Adoonatá, Tav. mon-
nirsana, estar. Probablemente forma participial equivalente
al romance tu el que estas. Los dos primeros ejemplos
apuntan en direccion de un tema onya.
3. Kipiguem, Abip. keera hipiguem, Tol. keda piguem — en el
cielo. Se notará la identidad de keera y keda, que dicen
en el, y que van representados por la k sencilla en k-2p+-
guen. Hoy, como en liempo de Bárcena, el cielo es piguem
— 115 —
la r la 2%
en Toba, ¿piam en Abipon de Brigniel, ¿ppigom vel ippiguim
en Mocoví de Tavolini.
Traduccion: Padre nuestro que estás en el cielo.
22 Frase
Nozogdi al naaquiá cadenagti.
1. Noxogdí al Abip. Chigriecat, ojulá. La gd de aquel ejemplo
corresponde á la gr de este. Nada «hallo en Tavolini que
corresponda á esta voz; pero en su dialecto habría que
r
buscarla bajo una forma: nossori. Ll ecát Abip. sin duda
dice «sea», y se halla en el at suelto del Mocoví, que
,
parece corresponder á nuestra terminacion ado.
110)
Naaquiá, Abip. Ragauiat, Toba — Yavateton, sea suntificado,
Tav. verbo Aqquiot, santificar. La forma aqqguía es la más
comun en la conjugacion. La R Abipona es pronominal
de tercera como lo es la N del ejemplo Mocoví.
3. Cadenagti, Abip. Gracalatahuichit, Toba, Adenagati, el tu nombre.
In Brigniel está 1. Naclatave
Tu nombre 2. Graclotauichi
En el MS dicho de Bárcena.
Nombre tener es Hiyanagath.
En Tavolini tenemos: Ll ennagat, llamarse, vel, su nom-
bre de él. Estos ejemplos están llenos de instruccion,
pues se vé que, Moc. Cad = Abip. Gr = "Tob. Ad, y tal
vez Abip. al vel acl = Moc. ag.
Traduccion: Ojalá sea santificado el tu nombre.
3% Frase
Anabogoiket gdcoitiagbá.
1. Anabogoiket, Abip. Anaguagacam, Vol. Abogot, el tu reino.
La version Toba no deja duda acerca del verdadero valor
léxico de estas palabras: ú ello se agrega que en Abipon
segun Brigniel, rey es nelagat. lin estos ejemplos se des-
taca una raíz avogo vel aguaga comun á todos, y se de-
duce de las partículas aglutinadas que se trata de un
derivado verbal y no de un sustantivo liso y llano: — tu
aquello para ser gobernado.
An prefijo, abogo, raíz, 2 subfijo pronominal de segun-
da persona, Zet posposicion que puede decir para que sea.
NO
In Abipon an es articulacion inicial de segunda persona,
como en
Ñi - catanal .-— ma Nariz
An- catanachi — tu naríx
Voc. Brigniel.
El am en el Abipon es terminacion de futuro, desde luego
puede ser de intencion ú objeto, un «para qué».
2. Gdcoitiagbá, Abip. Guercapichkegoa, Vol. ELaca anac.
Segun la cita de Hervas en Adelung, esto debería
decir «deja que venga », porque el Toba está con su ro-
mance correspondiente; pero esto no se ajusta á las
voces de arriba. lil Mocoví parece que se analiza usí:
Gd - coit -1- agbá
Yeh — quiere nos;
Il Abipon dice así:
Guer - capich - k - egoa,
tú quiere á nos.
(7) bla ta
lil verbo «querer» en Mocoví es yehocotcti; pero entre
las flecciones hallamos el tema simple cozet, que segun
el fonetismo de Tavolini corresponde á coit. lin Tavolini
ncho-coict-ivá es. tu me quieres, así que yo creo que el
nch Mocoví en este caso es chicheo iñeado de gd; pero
reconozco tambien que podría representar el g», tu, del
Abipon.
Agba, nos, es caso régimen de Occom Ó accam, nMOSo-
tros, segun Tav.: avá, erguá, oguá, elc., y corresponde al
Abipon egoa. Dobrizhofler da grkapichioá, tu me amas;
pero este eg en plural por ¿ en singular se deduce de
este ejemplo:
Grkauagi - ygé - — tu me compadeces
' Grkauagy - egarik — tu nos compadeces
Esta y y 7 siempre andan confundiéndose, así que
con esta advertencia bastaría.
Resulta pues que la expresion diría: quiere nos para
tus gobernados, que no es un feo modo de expresar: Venga
á nos el tu remo.
lia
4% Frase
Abipon — Chigrie la greeketeque ken aaloba, grichin men,
meram yeeketelegue ecó ncaá initagoat ker hipiguem.
Mocoví — Nozogdi ai ipeketelec ena alobá men ipiguem, ená
namagdiedicil mi int.
Romance — Hágase lu voluntad así en la tierra como en el
1.
Ele
=
|
Cielo.
IV FRASE
Nozogdí at. Véase la segunda frase.
Ipeketelee, Abip. Greeketeyue, Voba, neco se hugu, se cumpla.
A lo que se vé esta voz es participial de pasiva, y su
raíz Ó tema radical eke una expansion del verbo otcta,
hacer, que en imperfecto de subjuntivo y tercera persona
hace yoequet. V. Gram. in Voce. Il lee es partícula pos-
tiza de verbo que parece ser participial, y acaso responda
al nuestro en do. lín la Oracion de Brigniel yeequetegué
lleva el romance «cumplen », lo que precisa más el sen-
tido; y debemos confesar que sin este precioso trabajo
del Padre, consignado en los MSS que posee el señor
Lamas, no sería posible descifrar esta frase.
Ena, Abip. ken, Tob. ná Abip. Brigniel, Quena, «en la»,
uso prepositivo del pronombre demostrativo, que ú veces
lleva y ú veces no lleva la partícula £.
Alobá, Abip. Aaloba, Toba Alua, Brig. Aloa, Tav. a (orbe
al), Tob. Bárcena y Lopez. 4Alluá aloá, ta tierra.
Men Abip. Men, Meram, Tol. nacaeno, Brign. querá — así
como.
Es Abip. Hipiguem. Tol. Piguem, Brign. Ypiam, Tav.
a y p
Yppigom vel tono. en el cielo.
Ená —ese lo — simple demostrativo. Aquí, como se verd,
entra lo más difícil.
Namagdi— Nada hay que lo explique en el ejemplo Abipon
y tampoco en el Toba. Brigniel traduce la frase querá
marigicimeem, así: «Como lu quieres». líóm Tobu de
Bárcena (1620 ) y de Lopez (1888 ), gustar, agradar es
ammá vel ammó. lín Tavolini N-aman es «gustarle, así
que Namagdi debe decir — el tu gustar, ó tu gustes, óÓ
ello te agrade.
Tomo PV. 10
E a
9. Gdicitt, Abip. Grichin. Tob. Contidi, Brign. Grigitam (que
queremos ), tu deseas.
Moc.: 18sÍ =— deseur
Abip.: 1h — »
Brign.: ¿g0 e »
lin Grichin tenemos sincopacion de ¿hi y chicheo de té. 1%
verbo desear D-¿ssé (volo) lleva el refuerzo D, la I¡ de
Dobrizhoffer, GD en el dialecto de Hervas. Dobrizhoffer
dice que HRiihe vel Riheté es «desear» (volo), así que ya
sabemos de donde sale la + intrusa en el Mocoví.
Gdiciti es tu deseas.
Si Naman es «gustarle », Namagdi liene que ser «gus-
larte», Ó sea «eso que le gusla».
10. Mi int, Abip. Meram Brign. querá, así eso, Ó mismo.
Romance completo: — así sea tu gustar, «usí como
tu desear.
Lu frase, pues, dice:
Ojalá sea cumplido así en la tierra como en el cielo ese tu gustar
asi como tu descar.
Il ejemplo Abipon no dice así. Será el mismo concepto,
pero en otras palabras. Helo aquí :
Chigrie la greeketegue ken aaloba — Ojalá ya cumpla-
mos en la tierra.
Grichin men, meram yeeketetegué — Tu desear así como
lo cumplen.
¿có ncaá (1) iñnitagoat ker hipiguem— Esos que están
contigo en el cielo.
Daré aquí la frase segun Brigniel, con su correspondiente
traduccion :
Lanequimacam egrigitam
Venid á nosotros que queremos
greequetegué (quena aloa querá
cumplir . enla tierra como
marigichmeem querá yeequetegué
tu quieres como cumplen
queco quiñitaoát quiripiam,
los que están contigo en el Cielo.
(1) Estas dos palabras parece que deben formar una sola — ncad-iñit—estar
ó estar quieto — (véase caammectinni) agoa, caso régimen de segunda persona.
— 119 —
$ Frase
lná namoti, conocken kenobá nagatá abié enegui.
1. Ená Abip. Ecó — luso.
2. Namoti — tambien. Parece que es la partícula nomocti de
futuro en Tavolini.
3. Conocken, Albipon Gnacanaagiien, Tol. Canadena, Brign. Quec-
maca, Báre. Conoch (ch = k, nuestra comida. En Tavolini
Y
tenemos annocco, comida; el vocabulario de Brigniel dá
anác, mi comida; alac, la comida de él; canác, nuestra
comida. S
4. Kenobá — de los 1. e. de todos.
5. Nagatá, Amp. Neogata, Tob. Naax, Brign., Neotá, pl. de Neoyú
Báre., Naha, Lopez, Naáy, los dias.
In Tavolini n-aagaá, pl. n-aayatá, es: dia, dias.
6. Abie, Abip. Nañiegarenrau, Tob. Uadom, Brign. Nañañiermam,
Báre. Saném, Lopez. Sanadom—Da — Tavolini trae dos
equivalentes del verbo dar, que son, yan y avoyé, de los
que este es el orígen del verbo en el texto, un ave de 9%
persona con la terminacion e de verbo compuesto.
1
Inegra, Abip. Neoga, Tob. Sinaax, Brign. Eneogá, Tav. Enne-
gi—Hoy.
La frase completa dice: se tambien nuestro alimento de
los dias da hoy.
In Abipon se traduce así:
licó gnacanaagúenga kenoró neoguta. Esos nuestros alimentos
de cada los días (día) calal, naniegarenran ke neoga; tambien da-
nos on este dia. Brigniel es mucho mas ámplio; pero por suerte
da el valor léxico de las palabras traducidas arriba.
6 Frase
Notiaca inigue gdeobegue kenoá gnazobgaco me ená namóli
icinaggue gdeobeggn—kenobá n no—Kialedogbá.
1. Notiaca, Abip. Caláchea, Tob. Caditca, Brign. Clach, Voc. id.
Clatque—tambien.
2. Fnague, Abip. Eenám, Tob. M(?) Brien. Enam—esto—ó—esto
mas.
3. Gdeobegae, Abi. Giiercabokegoá, Vol. Aditiogoden, Búre. Sanadon
(deuda), Tav. Codoarm—tengas paciencia—sufre—perdona
—aguanta—lenednos lástima. Brigniel en nada nos ayuda
— 120 —
aquí; su giro es otro. Comparando las palabras de Her-
vás y Tavolini sacamos equivalencias:
Gdec = Cod, Nos.
D
Obeg = oar, Tema.
O= 1%.“
todo ello ajustado al fonetismo Mocoví-Chaquense.
4. Kenoú, Abip. Keno (2), Brign. Queno,—Por los-—Prep. K, plu-
ral de ena.
5. Gnaxzobgaco, Abip. Naaye graegaeca, Brign. Naaye gragi—ricá,
0
-Tav. N—Assoak, pl. N—assoacó—nuestros pecados.
Precioso es el ejemplo de intercambio de letras segun
las ofan los dos autores.
o
Azobg = Asso, (con guturacion fuerte ).
Los ejemplos Abipones responden á otro giro —- malas
nuestras costumbres.
Lagiec — La costumbre de él, Gragir-ricá— Nuestras cos-
tumbres. Naaye se parece al Quícrua mana allí—no bueno
—malo.
6. Me ená, Abip. Meraa, Tob. Emelke, Brign. quera—asi como.
7. Namoti—tambien.
8. Yeinaggue, expresion aislada de ¿ssi— querer—desear—desea-
riamos—imperfecto de subjuntivo.
9. Gdeobegya, Abip. Guercabogala, Tob. Sitiogodenax, Brign. Arcao-
gué—nosotros nos apiadamos.
Il ejemplo Abipon aumenta esta transicion «les» (la).
10. Kenobá, Abip. Keco, Brign. queco. («de») —de los.
11. N —que— ellos.
12. Nokialedogbá, Abip. Nacoyeteragoa, Tob. Scauema, Brign. Na-
: quiatragoa (nuestros enemigos) — nos aborrecen. La tran-
sicion es de 3% 4 1* persona de plural—su romance debe
ser: —los que tratan de hacernos mal — 1% vocabulario
de Brigniel dice: Enemigos — Npaagnagó.
La frase completa será pues: Tambien esto perdónanos por las
nuestras ofensas, así como tambien deberíamos el perdonar nosotros ú
esos que nos perjudican.
[gl Abipon parece que dice:
Calachca eenám guarcabokegoú. Tambien esto mas tu perdóna-
nos. Kenó naaye graegaeccá, por esas no buenas costumbres. Me-
rada guercabogala líeco, así como nosotros perdonámosle á esos que
nacayeteragoa mal hacen nos.
Parece como si nacaye fuese expansion «de naaye.
— 1241 —
72 Frase
Toton gdazogninio latenatancalé nogúet.
1. Toton, Abip. Chitguita, Tob. Tac, Brign. Chit, Tav. Tocta,—No
— mandando.
2. Gdazognínio, Abip. Oagayitaalam, Tob. (2) dudoso.
Tavolini da S-assoyat—yo pierdo—así, dada la transi-
cion deberemos traducir —dejes que nos perdamos— El
Abipon corresponde á otro romance:
oagayitaalam — quieras hacernos
escuchar.
am layam — cuando
graañiñi — nos cargamos
eno — en los
loencatagueguecá — engaños
ecá — de ese ;
nam naa Keeguel — mal hechicero: ó brujo.
3. Latenatancaté, Abip. Loencatagiúe guecá, Brign. Niloencatanacá *
—en los engaños.
4. Nogíet, Abip. Nam naa Keeguet—hechicero, brujo.
Il Abipon parece que dice: el mas malo brujo.
lista frase dirá pues; No dejes que nos perdamos en las ase-
chanzas del brujo.
La traduccion Abipona se ha hecho con el texto de Brigniel
á la vista, pero creo que debe haber algun error. Ln primer
lugar «No quieran escuchar cuando los quiera voltear» parece
ajeno al concepto de implorar por cuenta propia.
¿n el ejemplo de Hervas puede haber error de imprenta: .,
chitguita oagayitaalam, es una forma de futuro porque acaba en
am, leva transicion en el la—«los» y el yi medial denuncia 2%
persona. Sugiero esta version.
No queramos escuchar cuando estemos por cuer ó cayendo.
8 Frase
Calagam gdoamagti Kenoá nnaaye.
1. Calagam, Tob. Calac, Brign. Clatque—tambien.
2. Gdoamagti, Abip. Groangachitapcam, Brign. Yehigroammachita-
pcam («nos has de guardar» ). En Tavolini Amma-vo es
—empujar —asi que, se desprende el sentido; —tú nos
arrebatarás.
— 122 —
y
3. Kenoá, Abip. Ke no, Brign. queno—de los.
4. N Naaye, Abip. No Naaye, Tob. Sanem, Brign. Naaye — esos
males.
Traduccion: —Tambien nos salves de los males—Amen.
Ncaeno — Asi sea
Asi como asé.
XI
Vocabulario
[ista es mi primera contribucion al Vocabulario Poligloto de
las Lenguas del Chaco, y lo ofrezco sujeto á reformas, que
acaso mas tarde se impongan. Por el momento no tiene mas
objeto que presentar un repertorio de voces haciendo note:
donde me ha sido posible, lo que es tema radical y lo que
articulación postiza. Esto no es tan fácil hacerlo como decirle
y en muchos casos no he sabido donde hacer el corte; per
nada importa esto, porque ninguna teoría se funda en est
parte de mi estudio; bastan y sobran pruebas para demostral
que todas clases de partículas se arriman al tema radical.
Cuántas y cuántas veces me he lamentado de no tener á la
mano el vocabulario de tal ó cual lengua en esta forma, única
que puede servir á los estudios comparados, por cuanto varios
autores muchas veces interpretan de diferente modo, sin que
hava diferencia en el tema radical y á veces con fundada razon
Exe:
Mocoví (Yo) Bailar Y-assot
Abipon (Y) Saltar Ri-ahat
Ll tema radical es el mismo, la articulacion y fonetismo los
propios de cada idioma, el que baila salta, y salta el que baila,
pero Tavolini apuntó—balar—Dobrizhofter—saltar, y esta dife-
rencia da orígen á apreciaciones de variantes en dos idiomas
que tal vez no existan.
Para hacer un estudio comparado de las lenguas America-
nas es indispensable tenerlas á lodas arregladas con el idioma
indio en primer lugar: esto ya se ha hecho aquí con el Mocoví
y pienso hacer otro tanto con los vocabularios del Toba y Abi-
pon; recien entonces podremos extender mas allá nuestras com-
paraciones, con el Mataco, Guaraní, Mojo, Chiquito y dialectos
Caríbicos, Solo así lograremos extender nuestros cánones de
— 123 —
interequivalencias fonéticas, única base segura para el estudio
comparado de las lenguas Americanas.
Como se verá muchas de las voces están sin su correspon-
diente traduccion por la excelente razon que no la tengo, y he
creido mejor que quede así, para que la supla el que ande con
mas suerte que yo. Otras van explicadas, pero con su signo
que expresa duda. Muy fácil será que se levante algun crítico
y me corrija la plana, pero yo me felicitaró de ello, pues ya
habrá empezado á producir fruto mi simiente, que no trata de
imponer dogmas, sinó de llamar el interés de los que desean
saber, sugerir explicaciones, ¿invitar la cooperacion de los que
sepan mas que yo. Se me concederá que hasta hoy lo que puede
existir en este sentido se ha ocultado y no sirve'á nadie. De
la discusion sale la luz en materia de Ciencia, y para los Ame-
ricanos no debe haber asunto mas interesante que las cosas
Americanas y á fortiori, para el Argentino las Argentinas.
XLI
Los apéndices
listas aspadas constan de lo siguiente:
1. Vocabularios Mocovíes recogidos por el ingeniero don Juan
Pellesch!.
2. Mlementos de Gramática Mocoví sacados del «Mitliridates »
de Adelung. /
3. Oracion Dominical en Toba y Abipon con traducciones por
Hervas y Brigniel.
4. Vocabularios Chaquenses de Demersay, Mansfield y Mme.
Bernard.
». Disertacion sobre los equivalentes de la voz «agua» en várias
lenguas y dialectos.
listas piezas todas son de ulilidad para cel estudiante do las
lenguas Americanas: las que no se conservan en MS forman
parte de libros demasiado raros, que solo se encuentran en al-
gunas bibliotecas públicas, y colecciones particulares práctica-
mente inaccesibles.
A
CONCLUSION
Ya he llegado al término de un trabajo que para mí, ha
sido tan interesante como el viaje de un explorador en los
laberintos de una tierra incógnita. lIímpecé sin norte, porque
en realidad no se podía llamar tal el esqueleto que se encuen-
tra en Adelung sobre los principios gramaticales de la lengua
MocovíÍ, y para utilizar lo que encontraba en Dobrizhoffer tenía
que suplementar mucho y que descubrir por propia cuenta aun
en ese interesante idioma. Confieso con gusto, que á pesar de
todo, el ameno Padre me ha servido de mucho, y que acaso
una mitad de lo que he escrito no hubiese tenido razon de ser
si no hubiese contado con este colaborador, tanto mas impor-
lunte desde «ue tenía yo á la mano el precioso MS de Brig-
niel con que cotejurlo.
Por lo que respecta ú la lingúística del Chaco Argentino
creo poder decir, que se ha abierto senda en medio de ese
caos de idiomas, y que otros podrán concluir la obra que aquí
se inicia. Yo no sé palabra de Mocoví, como idioma hablado,
pero ello no quita que un estudio del fonetismo Chaquense me
permita escribir algo que no sea disparate en materia de estos
idiomas, mientras que la amable generosidad de los dueños
de MSS. Sres. Lamas, Mitre y Pelleschi, me han puesto en el
caso de dar á conocer lo que aquellos me enseñaban, leidos á
la luz de otros conocimientos adquiridos en el estudio de las
demás lenguas Americanas.
Creo no equivocarme al decir que he evitado todo dogma-
tismo en mis apreciaciones, que ellas se fundan en ejemplos
recogidos á fuerza de investigar autores, vocabularios, etc., y
que lo que es hipótesis va anunciada como tal.
De la Itnología Americana bien poco he dicho, porque
cuanto mas estudio mas me convenzo que ella depende no de
la Lingúística, sino de la Antropología. lista ciencia liene que
determinar las razas que han poblado nuestra América, y en-
tónces recien podrá entrarse á resolver el problema de cual de
ellas fuera la que inventó ó evolucionó tal ó cual idioma. Lo
mas seguro es que muchas tríbus hablan lenguas que no son
las suyas de raza. Parece un contrasentido étnico que los
feroces Chiriguanos y los mansos Carios ó Guaraníes de las
Misiones Jesuíticas hablasen un solo idioma. La craneología
e O Aaa
nos deberá contar lo que haya de por medio, si son ó ño una
sola raza. Pero aun deslindado este punto, quedará aquel otro;
cuál dió á la otra su lengua ?
¿Cómo se entiende que salvajes como los Mocovíes y Abi-
pones usasen un idioma tan curioso y lleno de sutilezas gra-
maticales? Su desarrollo durante la permanencia de estas tríbus
en el Chaco no es del todo verosímil. Yo me inclinaría mas
bien á crecer que como muchas de las razas que hoy hablan
el Aryano, lo adquirieron de otros dueños del idioma. ls
posible que desaparezca el maestro y que su saber se inmor-
talice en el alumno.
In Luropa hoy se admite que por lo ménos cuatro dife-
rentes razas hablan las lenguas Indo-lvuropeas, de las cuales
una sola puede ser la raza dueña de esa habla. Ahora digo
yo ¿no es posible tambien que ninguna de ellas lo sea, y que
la cuna de la tal lengua se haya perdido en uno de los tantos
cataclismos que han modificado la superficie de la tierra? Ll
Sr. Isaac Taylor en su obra «ll orígen de los Aryanos »
(1889) dá un resúmen de los argumentos con que se ha des-
baratado la idea preconcebida de que los Aryanos procedieron
del Centro de Asia. Ya hoy es opinion rancia, insostenible, que
la cuna de los Aryanos pueda hallarse en Asia: una línea
entre Konigsberg y la Crimea sería el límite de su posible
aproximacion á aquel continente.
Pero no es esto todo: hoy ya se trata de buscar los abo-
lengos de las lenguas Indo-Europeas en las del grupo Ugro-
Fines, pariente del Húngaro. Basco, Turco, etc., lo que es
una herejía. Se ha dicho mas de una vez que solo por este
lado podrian las lenguas Americanas emparentar con las liu-
ropeas, y he aquí que todo un Isaac Taylor al reasumir los
argumentos de actualidad en pro y en contra de la supuesta
cuna de los Aryanos, no halla mejor cosa que decir sino que
pudo ser en país de Ugro-Fineses, porque los unen eslabones
de lingúística que no se pueden ni deben desconocer.
Siendo esto así, nosotros los Americanos podemos ser
espectadores de la contienda, y reirnos de las teorías que nos
consignan primero á una recua despues á otra de salvajes, sin
querer concedernos que acaso unos y otros debamos nuestra
civilizacion, nuestro idioma á algun país, á algun centro que
hoy no consta en la distribucion geográfica de mar y lierra.
La lógica nos enseña, que así como hoy se está desbara-
tando todo ese cúmulo de ciencia aglomerado por los adora-
dores del Sanscrito, cuyo profeta mas simpático es el Sr. Max
Tomo V. 11
==
Múller, y que tenía por objeto ensalzar el orígen Asiático de
todo lo bueno á costillas de los demás continentes, tambien se
irán desvaneciendo muchas otras preocupaciones. La Craneo-
logía Americana tiene que revelar muchos secretos. Los sú-
bios en Antropología sostienen «que es mas persistente el tipo
de un cráneo que el de una lengua, desde luego donde encon-
tremos analogías craneológicas tendremos «que confesar (que
las lingúísticas acaso sigan el mismo rumbo pese, á quien
pese; y aquí dejaremos la discusion. j
Un punto he creido haber establecido: la posibilidad de
reunir las lenguas Americanas en dos ó tres grandes grupos:
He citado el Atlántico ó Guaraní, el Pacífico ó Quíchua y el
Mojo-Caríbico que se interpone entre los dos. Falta que la
Craneología deslinde las confusiones etnológicas que forman
estos grupos, porque de ninguna manera pueden uniformarse
los tipos de lengua con los de raza. En Catamarca no mas
tenemos los Indios de los Pueblos que son dolicocéfalos,
petizos, oscuros, de pelo negro, lácio abundante y de facciones
finas. Los Indios Calchaquíes eran de otro tipo y ereo que á
ellos pertenecen ciertos indivíduos altos, flacos, sin nalgas ni
abdómen. La distincion antigua de Diaguitas y Juries por algo
se daba, aquellos eran los «Pueblistas », estos los alzados ó
Nómades; pero ¿cuántos de estos no habría entre aquellos y
vice-versa ?
Mientras tanto en Catamarca no ha quedado mas lengua
hablada que la Quíchua :ó General. Los nombres de lugar in-
cluyen algunos que parecen ser de orígen Araucánico, como
Tudcun, Arauco, Coneta, etc., y otros que solo pueden ser
Calchaquinos ó Cacanes. En el habla comun expresiones como
tuco, la luciérnaga grande, tutu, fuego, tuy, qué calor, ó, ay
me quemo, chuy, qué frio, pueden derivar su orígen del
Cacan; así tambien cocó, aguas, es Araucano; pero el país
solo ha conservado el idioma del Cuzco, y no obstante los
tipos de cráneos son muy varios, y muchos de ellos bra-
quicéfalos.
Así en el Chaco los Matacos hablan una lengua que pre-
senta muchos puntos de contacto con las del tipo Mocoví; los
Matacos son Indios inmundos, los del Chaco son ascados, viles
aquellos, valientes éstos, mientras que en los Tobas tenemos
un término medio entre los dos. ls á la Antropología que toca
poner á cada nacion en su verdadero lugar étnico, como tam-
bien tendrá que hacerlo cuando se trate de las naciones que
hablan el Guaraní y el Quíchua, el Mojo y el Caribe. Mientras
— 127 —
tanto queda subsistente el hecho que la costa del Atlántico es
Guaranizante, la del Pacífico Quichuizante y que entre las dos
hablas se interponen las del Mojo-Caribico-Chaco-Abipon, que
no han dejado de extender su influencia hasta el Patagon y
Araucano. La raiz oc=occo=co — agua —es una pista que la
encontramos por todas partes en nuestra América, y que unida
áú estudios crancológicos podrá explicar muchas mezclas y
anomalías. Raices léxicas en comun podrían ayudar á explicar
comunidad craneológica. La idea de aislamiento en las lenguas
Americanas es tan poco fundada como resultará serlo en la
etnología. Mientras no se pruebe que Montesinos inventára
cuanto escribió acerca de las invasiones de hordas bárbaras al
Perú, no podremos decir que carezcamos de pruebas históricas
al respecto.
Concluiré con las palabras de Isaac Taylor en su « Orígen
de los Aryanos ». p. 332.
«La obra de los últimos diez años en su mayor parte ha
«sido de destruccion. Se ha reconsiderado el trabajo del medio
«siglo anterior, teorías ingeniosas sí, pero sin base han sido
«desbaratadas á diestra y siniestra y el campo ha quedado
«despejado como para que en él se levante un nuevo y más
« sólido edificio. ».
«Mientras que por una parte la Ciencia viene especializán-
«dose, por la otra se ha demostrado que la correlacion de las
« Ciencias Prehistóricas es tan íntima como la de las Ciencias
«Físicas. A la tiranía Sanscrita de marras, por suerte se le
«pasó el dia, y se ha advertido que deducciones filológicas
«hechas al galope tienen de ser corregidas sistemáticamente á
«la luz de los resultados de lo prehistórico en materia de
«arqueología, craneología, antropología, geología y del buen
«sentido ».
Esto se escribe de los sabios Europeos cuando trataban de
los Aryanos sus abuelos. Mañana ó pasado todas esas ciencias
que cita Taylor acaso prueben que el Viejo y Nuevo Mundo
contienen elementos étnicos en comun, y entónces innumerables
analogías lingúísticas que hoy se desprecian servirán de otras
tantas pruebas de contacto intercontinental. El libro citado de
Taylor lleva fecha Diciembre 1889, desde luego es algo mas
«que moderno.
Haciendo uso del último recurso que nos permite el señor
“Taylor diré que el buen sentido nos enseña que tan fácil es
que los Luropeos, Africanos y Asiáticos sean primos étnicos
«le los Americanos como que no lo sean.
- En 1874 Hehn escribía esto de Latham, el famoso filólogo:
Inglés :
« Así pues aconteció que en Inglaterra, pátria de las extra-
«vagancias, se le metiera entre ceja y ceja á un indivíduo
«excéntrico la idea de colocar la cuna de la raza Aryana en
« Europa ».
Taylor. « The origin y the Aryans» p. 23.
Hoy es la opinion de Lathram que prevalece, y la « Tiranía
Sanscrita » se desmorona á pasos agigantados.
¿Cuántas apreciaciones hechas acerca de nuestro Continente
no seguirán el camino de la crítica cruel hecha al filólogo
Latham ? '
Prosit omen.
S. A. LAFONE QUEVEDO.
Pilciao, Andalgalá, Junio 11 de 1890.
ARTE DE LA LENGUA TOBA
POR EL
Padre ALONSO BÁRCENA Soc: Jes:
(MS PROPIEDAD DEL GENERAL B. MITRE)
CON
Facilitados por los Sres. Dr. Angel J. Carranza, Pelleschi, y otros
EDITADOS Y COMENTADOS CON UN DISCURSO PRELIMINAR
POR
SAMUEL A. LAFONE QUEVEDO M. A.
Encargado de la Scecion Lingiifstica
Tomo V. 12
DISCURSO PRELIMINAR
La Nacion Toba
Tobas se llaman esas tribus de las naciones del Chaco que
hablan un dialecto del tipo Mocoví-Abipon. Sus pronombres
personales son,
Ayen ó Ayem Yo
Ahanó Aham (1) Tu
y su voz que dice agua—ne-tath, 0, netagrgat. líste es un modo
muy sencillo de determinar la lengua á primera vista, pero que
en seguida debe someterse á otras pruebas.
A. Techo en su Historia de la Compañia nombra á
y los Tobas juntamente con los Teutas, Mataguayos,
od El Agoyas, Mocovíes, Yapitalagas, Churumatas, To-
L. VII,
AÑO 1628 o ; E
nocotes, Abivones y varias otras parcialidades de
indios, que mas se diferencian por sus lenguas que por sus
costumbres. »
Muchas veces el Toba se confunde con el Guaycurú, y á mí
mismo me ha sucedido que siendo invitado á una entrevista
con un Guaycurú resultó ser un Toba. liste es el indio Lopez,
de boca de quien recogí el vocabulario que acompaña al que
se publica como del Padre Bárcena.
l5l P. Morillo, reproducido en el tomo VI de la Col”. de
Angelis, dice en la p. 21 lo siguiente:
«Naciones del Bermejo.
«A la parte del S. caminando de poniente á naciente, Ma-
«tacos, Chunupiés, Sinipés, Malbaláes, Corroas, Atalalás, To-
«bas, Mocobíes: á la parte del N. Mataguayos, Orejones,
«Chiriguanos, Pelichocos, Pitaleáes, que en lengua de indios
(1) Tambien ham y am.
— 132 —
¿
«se ha corrompido en Pitelahas, Cocolotes, Inimacás, Muchi-
«cols y Sotenahás, Tocoyteís, que así llaman á los que llama-
«mos Tobas, Cayjafáes, que á todos los de estas naciones
«llamamos los españoles Guaycurás, no porque haya nacion
«de Guaycurús, sino porque esta voz Guaycurá significa inhu-
«manidad ó fiereza. Istán estas naciones entre el Bermejo y
« Pilcomayo, y tienen el mismo idioma que los Tobas. »
Jolis en su «Saggio sulla Storia del Chaco» Lib. VI, Art. XI,
á propósito de los mismos Guaycurús, dice lo siguiente:
«Si bien es cierto que el nombre Guaicurú sea derivado de
«la lengua del Paraguay lo es tambien que se ignore á cual
«de las naciones del Chaco se diera este nombre la primera
«vez por los españoles. Charlevoix, el Traductor y Anotador
«de su Historia, y Peralta, Obispo de Buenos Aires, quieren
«que Guaycurús sean tambien los Abipones; los Europeos' de
«las ciudades y fronteras de Santiago del Iístero, de Santa 16,
« y de Corrientes dan igual nombre no solo á los dichos Bár-
«baros, sino tambien á los Tobas, á los Mocobís, y ú algunas
«otras Naciones de los Frentones: los Capitalagas requeridos
« por mí, acerca de cuales fuesen los que propiamente se lla-
«maban Guaicurás por los lispañoles, me respondieron que
«eran éstos y no otros los que así se comprendian y llamaban.
«12l mismo nombre suelen dar los luropeos de las Fronteras
«del Paraguay á Lenguas, á Payaguás y otras naciones limí-
«trofes; por lo que no es fácil acertar á cuúles corresponda
«con propiedad. »
Este es el parecer del Abate José Jolis, que publicó su obra
en 1789, y creo esté en lo cierto y no Azara, que limita su
descripcion á una sola tribu en vísperas de extinguirse cuando
él escribió.
ll nombre pues de Guaycurú es genérico de todas las tri-
bus del Chaco tipo Abipon, Mocoví ó Toba; y es por esto que
notamos tantas diferencias en los vocabularios publicados por
Gilii, Castelnau y otros viajeros.
Ss
Empero si Guaycurá es un nombre general, no lo es menos
el de Frentones Ó sean Frontones del P. Techo. listos Bárbaros
fueron visitados por primera vez por los PP. Juente
ESO y Angulo en 1590. ln ese tiempo estimaba Techo
cap. 28, que habria como unos cien mil de estos indios, lo
ANO ASOS que prueba á más no poder (que se trataba de mu-
chas ó todas las parcialidades de ese tipo, y no de una sola
tribu. Veáse el L. I, Cap. 41.
Jolisen el libro ya citado y art. VIII dice, que bajo el nom-
— 133 —
bre de Frentones designaban los Españoles á las naciones del
Chaco en que se acostumbra rapar la frente y toda la parte
anterior de Ja cabeza; y á renglon seguido cuenta, que los To-
bas al verle la corona reclamaban que cambiase de tonsura,
porque solo así conseguiría que lo respetasen como era debido.
Mas abajo enumera las naciones que usaban en su tiempo tan
«peregrina calvicie», á saber: los Magonses (Mogosnas), los
Chisoquines, los Natisas, los Tobas, los Mocobís, los Yapitala-
gas y los Abipones.
De esta relacion se desprende que al tratar de los Frento-
nes del Chaco debemos siempre incluir tambien á Jos Tobas.
Todos estos son mombres generales aplicados por Guaraníes
y I'spañoles, pero nos falta uno más, que segun parece, apren-
dieron Jos Iispañoles de los Peruanos ó indios Quichuizantes:
se trata de ese curioso apelativo Juries, que por muchos años
sirvió de timbre á los Gobernadores de esta Provincia, en la
época colonial. Para no ir mas léjos, en 1591, Don Juan Rami-
rez de Velasco se decía «Gobernador y Capitan General y
«Justicia Mayor en estas provincias y gobernacion de Tucuman
«Juries y Diaguitas y todo lo á ella incluso.» Trelles, Revista
«del Archivo» t. 1 p. 79.
ln mi libro «Lóndres y Catamarca» hice notar que este
trato equivalía á decir que la gobernacion del Tucuman com-
prendía Juries v Diaguitas ó sean Indios, Nómades y Pueblistas.
sta interpretacion ha venido á confirmarse más tarde con lo
que Fernandez de Oviedo y Valdés cuenta en su «Historia de
Yndias» lib. 47, cap. 3. :
«Islos indios malhechores son muy altos de cuerpo ó
«cenceños, que quassi muestran no tener cintura ni intension
«del vientre, é segund la sequedad de sus miembros al natural
«parecen la muerte figurada. Son tan ligeros, que los indios
«comarcanos los llaman por proprio nombre juríes, que quiere
«decir avestruces, é tan osados é denodados en el pelear, que
«uno de ellos acomete á diez de caballo. »
En resúmen, son los Tobas indios nómades del Chaco, tipo
Mocovi-Abipon, llamados tambien Frentones por los Españoles,
Guaycurús por los Guaraníes y Juríes por las naciones qui-
chuizantes del Tucuman. Aparte de esto sospecho sean descen-
dientes de los famosos Chancas 6 Piernas, que arrancando de
Andahuailas, cerca del Guzco, se lanzaron á Jos Llanos de la
gran cuenca del Rio de la Plata y sus afluentes. lósto segun
Garcilaso de la Vega sucedió en tiempo de Viracocha Ynca.
Com. Real LL. V. cap. XXVI.
O AR
Cardús en «Las Misiones Franciscanas» p. 259 dice lo si-
guiente de los Tobas del Pilcomayo:
«lól toba es alto, musculado y fuerte; tiene la mirada muy
«viva, osada y recelosa; es traicionero y miente como todos
«los demás, pero sabe disimular mejor, aparenta calma, se
«presenta con desembarazo y franqueza, habla con desenfado
«y sin miedo; es despejado, astuto, altanero, valiente, atrevido
«y feroz. Hasta su lengua parece inventada exclusivamente
«para su curácter sério y arrogante, y su modo de hablar es
«siempre con imperio y altivez.
«Los tobas tienen un ódio implacable contra los blancos, y
«por venganza y por costumbre les han hecho hasta ahora
«todo el daño que han podido.»
Mucho más dice el Padre que merece ser leido y se reco-
mienda al interesado en estas cosas.
Otro viajero en el Chaco, el ingeniero Señor Juan Pelleschi,
escribe así acerca de estos indios:
«Para mí los Tobas son los indios más buenos mozos entre
«aquellos que he conocido en el Chaco, tanto alzados como
«mansos. Digo buenos mozos en el sentido viril, más altos,
«más morrudos, esbeltos, fieros en el semblante y en el ade-
«man. Las mujeres, por hombrunas y por demasiado tatuadas
«(más que las otras indias) no son agradables. Con respecto
«á cobardías relativas, no hay indio valiente vis á vis del gorro
«colorado del soldado y de la boca del fusil de repeticion de
«un manípulo de cristianos estilo fronterizo; pero en cuanto
«á otros indios parecen que los ahuyentan á todos.»
liste es el testimonio de un observador de ciencia y con-
ciencia, y se acuerda bien con lo que dice Cardús.
Los pobres Tobas que pugnan por su libertad é independencia
son unos de los problemas á resolverse en la República Ar-
gentina. Los Reyes Católicos descargaban su real conciencia
mandando misioneros á esos desgraciado indígenas, y parece
que la republicana no debería pecar por el lado de ménos
humanitaria. Este nudo no es para cortado con la espada del
militar sino con la luz del Livangelio, y no en una generacion.
¡yl
Distribucion Geográfica de los Tobas
¿n términos generales puede decirse que las naciones Tobas
ocupan, Ó al ménos ocupaban los llanos anegadizos, del Chaco
— 135 —
entre el Río Paraguay y Rio Salado; es decir, que merodeaban
y merodean en todo el Chaco Central y Austral de Bolivia y
la Argentina.
Como nómades que son, es difícil asignar puntos fijos á la
residencia de los indios Tobas, pero adentro de los límites de
los rios indicados puede decirse que recorrian toda esa region
hasta dar con los indios Guaranizantes de los Rios Paraná y
Paraguay, hácia el líóste, con indios Guaycurúes, Chiriguanos y
Matacos hácia el Norte, con Matacos y Quichuistas hácia el
Oeste, y con indios de Córdoba y de la Pampa hácia el Sud.
El año 1858 los indios Tobas llegaban hasta las puertas de
la ciudad de Santa Fé, y una línea de fortines, por Romero,
Quebracho Herrado y el Tio guardaban mal esa frontera contra
las incursiones de estos indios. Yo mismo con mi padre y
otros viajeros tuvimos que pedir, y conseguimos, una escolta
para pasar de un fortin á otro. In justicia debo confesar que
la opinion de nuestra escolta acerca del valor de los Tobas del
Rio Salado no era la del P. Cardús.
A nuestro regreso al Litoral tomamos el camino de Córdoba
al Rosario, y pasamos por otra línea de fortines, que preten-
dían asegurar esa vía contra las depredaciones de los indios
Pampas. lín esos dias se contaba de una entrada al Pergamino
y hasta las estancias cerca del Rosario estaban atrincheradas
contra el enemigo comun.
De aquí se vé que en la provincia de Santa Fé se delimi-
taban las correrías de los indios del Norte y del Sud.
Ls probable que este contacto de los Tobas con naciones
Guaranizantes, Matacas y Quichuizantes haya influido en mucho
para corromper la lengua. Baste esta advertencia, porque el
punto de la lengua Toba se tratará con toda detencion.
HI
Los nombres que se dá á los indios Tobas, y sus etimologías
Segun Azara, lo que los Españoles llamaban Tobas eran
Natecoet para los Icnimagas ¿ Yncanabaité para los Lenguas.
Hist. Par. t. 1. pag. 239.
Morillo los llama Zocoyteis, y d' Orbigny agrega que para los
Mataguayos eran Guaxalang y para los Abipones del Chaco
Caliaxee. «L” Homne Américain» t. Il., p. 94.
— 136 —
En el M. S. del finado Dr. Lamas, dicho de Dobrizhoffer, y
que realmente debe ser de P. Brigniel, tenemos un vocabulario
Abipon en que á los Tobas se les dá el nombre de Natacqueuit.
Ll P. Tavolini en su M. S. sobre el Mocoví llama á los
Tobas Nactocontt, y el indio Lopez, con «quien conferencié lar-
gamente en Buenos Aires el año 1888 al negar que era “Toba,
alegando ser Guaycurú, agregó esto: —Lo indio se llama Zo-
couitt; Toba no, eso indio malo.
Finalmente, el ingeniero Don Juan Pelleschi en sus voca-
bularios Chulupí 6 Vilela dá Na- tocoit como el equivalente de
Toba, mientras que Uanjloy lo es en Mataco.
Issta serie de autores independientes prueban con sus apuntes
que el verdadero nombre de los indios que nosotros llamamos
Tobas era y es, Ntocouitt. Las variantes de a y o corresponden
-á degeneraciones de estas vocales segun se ha explicado en mi
Arte Mocoví, y que se tratará ligeramente en el Capítulo de
fonología.
lista voz Ntocouilt se analiza así:
N ó Na- toco - ultt.
El Na 6 Nes un simple prefijo pronominal típico de esta
familia de lenguas.
Lopez dá tóc como el equivalente Toba de «rojo» ó «colorado»,
que en Bárcena es yocobí. La correspondiente voz Mocoví es
ectóh 6 ectogué, la misma que tóc, dado el fonetismo respectivo
de cada lengua. Como el valor pronominal de los prefijos y y £
es el mismo, posible es que estas dos voces Tocouwitt y Yocobí
tengan un solo orígen.
Ll Dr. Angel J. Carranza tambien reproduce el toc «colorado»,
así que no es un valor léxico casual de dialecto, sino una
palabra bien general y conocida.
Pasemos ahora á la terminacion utt y tratemos de averiguar
su valor léxico.
En primer lugar la encontramos en la voz Mocouitt, nombre
de otra série de naciones de la misma familia, que algunos
llaman Mocobís y otros Moscovís, porque la fuerte gutural de la
c suele degenerar en s, razon por la que el P. Techo en su
L. VIIL, cap. 15 llama á los Mocovíes, Mosovías. Se deduce
pues de esto que la partícula r4tt es terminacion de naciona-
lidad.
Dejemos de lado las analogías con el Esquimal Znnuttt, pista
que otros podrán y deben seguir, y acudamos más bien á los
— 137 —
vocabularios Caríbicos, como que las lenguas del Chaco están
cantando el interparentesco que con aquellas existe.
En el folleto «Du Parler des Hommes» del Sr. Lucien
Adam se verá que huito en la lengua vieja de Cuba decía
«hombre» ó «marido». ln Cumanagoto, dialecto Caríbico, hust es
«marido» y «hombre casado» tipuitkém. Es curioso que en
Chayma, otro dialecto de la misma familia «esposa» sea puet;
lo que sin duda se explica por el mecanismo conocido como
lengua mujeril y varonil.
Se ha visto pues que ft ó ritt es una raiz que dice «hom-
bre» en los dialectos Caríbicos del Norte, y al encontrarla como
sublijo en las lenguas del Chaco, afines de aquellas, es lógico
deducir qué conserve el mismo valor léxico.
Concedido este punto ene de su peso la interpretacion de
-—Los hombres colorados 6 de lo colorado—La tentacion es grande
de querer derivar un abolengo de Pieles Rojas, pero no me
hallo con pruebas en la mano para pretender tal cosa, aunque
de ninguna manera sería imposible.
Lo racional, por ahora al ménos, es, que el nombre se de-
vive del Rio Bermejo, sin decir por eso que se confunda la raiz
tóc con el nombre Teuco, dado á uno de los brazos de aquel
Rio; pues no se ha probado la identidad de los sonidos tewe
y toc.
Finalmente debemos tener presente la raiz occo vel ogo, que
dice «agua», porque puede haber entrado para mucho en las
combinaciones Moccobí y Tocouit. lista raiz es de una impor-
tancia americana y su valor léxico convendría á los hábitos y
ubicacion geográfica de estos indios que frecuentan los rios y
bañados del Chaco, es decir, que son acuáticos sin conocer el
uso de embarcaciones.
Los prefijos M y T no serían ninguna dificultad para los
conocedores de estas lenguas porque son letras caducas que nada
tienen de orgánicas: no pasan de ser partículas allegadizas 6
afijos, sea cual fuere el valor léxico que haya que dárseles.
Parece que conviene hacer notar aquí la presencia de la.s
en la palabra Moscové, como llama el P. Tavolini 4 los indios
(que nosotros conocemos bajo el nombre de Mocovís. l:lla resulta
de la sibilacion de la fuerte gutural cc, degeneracion muy,cono-
cida en muchas de estas lenguas, sobre todo en la Quíchua
Argentina. La tal letra s hace sospechar alguna conexion de
estos indios con los Mojos de Bolivia, y aunque esta hipótesis
hubiese sido más verosimil si la nacion Mocoví fuese más
numerosa, debe reconocerse que es nacion que ha ido á ménos
Tomo V. 13
— 138 —
miéntras que la Toba ha ido á más, y que estos se dicen
Toco - wit mientras que aquellos son Mocco - wit Ó sea Mojo -uit;
nombres que suenan como si quisiesen distinguir entre hom-
bres dichos tocos y otros dichos mojos.
lónire las dos lenguas se encuentra cierta diferencia dialéctica
que seguramente responde á diferente combinacion étnica. No
sería nada extraño que un elemento mojo haya entrado en la
formacion de la raza Mocoví, y que ésta á su vez se haya mo-
dificado con la Mataca para formar la Toba. Esto por supuesto
es mera hipótesis, y lo único cierto es, que en los indios del
Chaco, tipo Toba, etc., tenemos una de las razas más valientes
de nuestra América.
Falta que dar cuenta de un nombre más que se daba á los
Tobas por una nacion convecina ya extinguida. En el Vocabula-
rio Lule del P. Machoni consta que estos indios llamaban á los
Tobas y 'Mocovís — Cuel-eú — que quiere decir — muchachos
grandes; asi reconocian la diferencia de estatura que existía
entre las dos razas, y desde luego confesaban que ellos eran
pelisos y los otros ajigantados. La lengua de los Lules, que es
eminentemente postergadora de partículas pronominales, apunta
en la direccion Andina, mientras que la Chaquense de los
Tobas y otros, con sus analogías Caríbicas está denunciando
este orígen; y sabido es que despues de los Patagones son los
Caribes los hombres más altos de nuestro Continente.
IV
Sigue el mismo asunto
Ya hemos visto cual puede ser la explicacion probable del
nombre Tocouitt con el que los indios llamados Tobas suelen
designarse á sí mismos. Pasemos ahora al otro apelativo Caliaxec,
aplicado á los mismos por los Abipones.
Esta voz puede dividirse así: — Cal-lia-xee — La xec termi-
nacion de nacionalidad, como en la voz Mocoví, Macias
«paisanos », lía partícula de pluralidad, y Car ó Cal una raiz
cuyo valor léxico está de manifiesto en la palabra Carigo, que
en Abipon dice, «jigante».
- Aqui tenemos ese famoso nombre Cari que entra para tanto
entre Caribes, que se daba á los Guaraníes de la conquista, los
conocidos Carios, que se lo arrogan los Quíchuas, pues cuando
no son runas, «hombres» son ecaris, «mucho hombre».
— 139 —
En el acta de fundacicn de la ciudad de la Resurreccion de
Mendoza por el Capitan Jufré en 1562 (Zinny, Hist. de los
Gob. Arg. t. 3. p. 82) se habla de que dicho Juan Jufré era
«teniente general de estas provincias de Cuyo, Caria, Famatina,
«Tucuman ó Nocongasta. » E
Esta inclusion de una tierra de Caria dentro de los límites
de las 100 leguas que en aquel entonces correspondian á la
Jurisdiccion del reino de Chile, nos dan á conocer que dentro
de ellos había Carios.
- Que en todo el Centro de nuestra América los hombres
quieran ser Caris es muy significativo, y que los Carigos sean
jigantes y los Caribes de los hombres más altos del continente
todo prueba que razas Caríbicas alguna vez se enseñorearan de
todo él,
Otro nombre muy curioso es el de Guanlang, que los Ma-
taguayos dan á nuestros Tobas. Los Mataguayos son tríbus de
los que nosotros conocemos como Matacos, y éstos les dicen á
los Tobas, Huanjlod, « Avestruces» segun el vocabulario del
Señor Pelleschi.
liste curioso apodo nos lanza de lleno en el nombre de aquel
de Juríes Ó Suris, á que ya se hizo referencia en el primer
capítulo, Juri, Xuri'ó Suri es voz Quíchua que dice « Avestruz ».
Esta etimología con el testimonio de Fernandez de Oviedo
hoy se impone, y podemos asegurar que Juríes eran las tríbus
nómades del Tucuman y de las principales de ellas los “To-
bas.
Il apelativo Incanabaité con que los Lenguas designaban á
estos indios lal vez encierre un dato histórico. Sabemos que
los Guaraníes para sí son 4Abas «hombres», y nada de extraño
sería que así esta voz dijese — «Los hombres del Ynca » — Si
como yo supongo, los Tobas, Mocovíes y Abipones son los
Chancas que con Hancohuallo dispararon de Andahuailas en el
reinado del Ynca Huiracocha el Pachacutic IX, entónces esta
etimología se haría algo más que verosímil. Como posible la
propongo y nada más. In las lenguas del Chaco de este tipo
el prefijo mn suele ser pronominal, pero aun en tal caso quedaría
la raiz ca que podría ser — peña Ó cerro — y resultaría una
palabra con más ó ménos el significado de — hombres de las
alturas 6 de la sierra.
Il Lengua es un dialecto del mismo grupo, de suerte que
se puede presuponer contacto étnico, pero esto no obstante
puede suceder que los unos hayan precedido á los otros como
invasores del Chaco,
A
Que los Tobas sean llamados Frentones ó Frontones se
entiende porque el mismo P. "Pecho cuida de darnos la razon
de aquel nombre. Hablando del Rio Bermejo y sus habitantes
nos cuenta que «á casi toda esa gente los I:spañoles apellidan
«Frentones en razon de que se alargan las frentes rapándose
«la parte anterior de la cabeza hasta dejarla calva. » Hist. del
Par. Lib. 1. Cap. 41.
El propio nombre de Toba no significa otra cosa. La palabra
es Guaraní y su etimología se impone. Toba en esta lengua
dice «rostro». La T inicial es un simple prefijo de relacion, y
la verdadera raiz es obá. Lo más natural es «que á indios con
caras largas les llamasen Caras. Se dirá que más les convendría
el apodo frentes, y que Toba no lo es en nuestro sentido; pero
los indios en todas las cosas no piensan como nosotros, y un
hombre todo cara sería para ellos un Cara ó Toba.
Ya se ha dado salida á los más importantes de los nombres
con que se suele designar á los indios llamados Tobas, pero
nos falta uno, el apodo de Guaycurús.
121 P. Morillo nos ha dado la clave de su etimología, pues
dice, en el lugar citado en el primer capítulo, que esta voz
significa ¿nhumanidad Ó fiereza. Ifectivamente az es «bellaco »,
cura, subfijo de diminutivo y gu el prefijo recíproco; así que
la combinacion dice — Bellaquitos — para que se entienda —
grandes bellacos.
V
Afinidades étnicas de los Tobas
Como se verá despues, por su lengua los Tobas están muy
inmediatos á los Mocovíes y no muy léjos de los Matacos; mas
por sus costumbres en mucho difieren de estos, desde que los
Matacos son súcios hasta el extremo, miéntras que los Tobas
son á veces muy aseados.
Mucha razon tenía d'Orbigny de incluir á los Tobas y Mo-
covíes en una misma seccion de los indios del Chaco, que él
llama Pampeanos. Segun este autor los Tobas son robustos,
de piernas gruesas, grandes, espaldas anchas, pecho desarrollado
(saillante) y el cuerpo nada esbelto. La obesidad no se conoce
entre ellos. Sus facciones tienen mucho de las de los Charruas;
cabeza grande, cara ancha sin ser llena, frente saliente, la
nariz ensanchada por lo abierto de sus ventanas; los pómulos
ia
bien pronunciados en el adulto, la boca grande, los dientes
hermosos; las orejas pequeñas y tambien los ojos, que aunque
horizontales á veces se elevan hácia la parte exterior, de
suerte que pueden llamarse sesgados, etc., etc. «Homme Amer».
LIPPI DOS:
Il mismo autor hablando de los Mataguayos, que son
Matacos dice, que éstos se parecen en lodo ¿4 los Tobas y
Charruas, solo que son algo más dóciles y bastante más
alegres. lista opinion parece acertadísima como lo veremos en
el capítulo de las lenguas.
Ahora si pasamos á la p. 265 del autor citado veremos, que
la raza guaranítica se distingue por su color amarillento mate y
los ojos oblícuos, mientras que las razas á que los Tobas
pertenecen són de un pardo bronceado ó tostado color aceituna,
y los ojos poco levantados hácia afuera. lísto induce á creer
que las hordas que entraron adquirieron la especialidad de los
ojos por eruza con la raza guaranílica.
Por otra parte la descripcion de los Moxos corresponde á lo
que podrian ser los Tobas en cuanto á lez y horizontalidad de
los párpados. Las lenguas de unos y otros tambien tienen sus
puntos de contacto. D'Orbigny considera á los Mojos como muy
parecidos á los Indios del Chaco en muchas cosas, hasta en
su seriedad y en la corvadura del pecho, que indica larga
residencia en las punas de los Andes.
lín vano seria buscar el abolengo de la nariz chata y lábios
gruesos de los Tobas y sus afines en un abolengo Botocudo,
porque al decir de D'Orbigny estos indios son «Guaraníes con
pronunciadísimos caracteres físicos». No sucede lo mismo con
la clevacion hácia afuera del rasgado de los párpados, que es
la más pronunciada de toda la rama Brasiliense Ibid. p. 349.
lin cuanto á la nariz, lábios y dientes bien podrian los Tobas
llamarse Patagones, porque ambos los tienen ancha, gruesos
y hermosos.
Véamos qué se saca de la raza Andina: he aquí los carac-
leres generales.
«Color pardo aceitunado más ó ménos oscuro. Istalura
«corta. Frente más bien baja y casi vertical. Ojos horizontales,
«jamás levantados hácia afuera ». D'Orbigny, ibid. t. Lp. 251.
Por lo que respecta á la nariz, ella es larga, aguileña, con
ensanche en la hase; y la boca bastante grande con labios no
muy pronunciados.
Este último rasgo de la boca y labios corresponde tambien
á los Chaymas, tribu venezolana, que por su lengua es Carí-
— 142 —
bica; pero como los ojos tienen su sesgo, por este lado se incli-
nan al guaranismo. y
La verdad es que de los tipos Sud-Americanos que yo
conozco no es fácil derivar los rasgos característicos de las
familias Chaco-Abiponas, entre los que debe incluirse nuestro
Toba; no siendo que se exija una aberración como sería aquella
de cruzar un choco con un perro perdiguero para producir un
mastin Ó un perro de presa.
Parece pues que debemos buscar una tercera raza alta,
enjuta, negruzca, con tipo de cara mongoloida, que haya podido
comunicar su tipo á las naciones circunvecinas y heredar otro
de las mismas.
Los Quíchuas nos hablan de los yanaconas, esa servidumbre
negra de que se valían hasta la llegada de los Españoles, y
despues tambien; y lo mismo de los Hatun-runas, de hombres
altos y de fornidos miembros, que entraron al Cuzco y proce-
dieron á poblarse por el Norte, Mediodia y Centro, segun cuenta
Montesinos en sus «Memorias Antiguas del Perú». Cap. TIL
Aparte de esto dice el mismo autor que la tradicion anti-
quísima en Quito era «que por banda del Mediodía ó Sur, y
« por la del Septentrion, vinieron diversas veces grandes tropas
« de gentes, así por tierra como por mar, y poblaron las costas
«del mar Océano, y entraron por tierra firme adentro; con
«que se llenaron estos esparcidos reinos que llamamos Perú ».
(Ibid).
Todo esto indica inmigraciones hasta de Ultramar, que iy
bien. pudieron proceder de la Oceanía.
El hombre alto enjuto, de tez morena y con ojos á veces
horizontales y á veces diagonales, es bastante comun en Cata-
marca y la Rioja, donde alternan con otros de un lipo señala-
damente Andino.
De la craneología nada digo, porque nada sé: este punto
queda recomendado al Señor Moreno, Director del Museo de
La Plata.
In resúmen, en los Tobas encontramos una tribu de las
más típicas de la gran familia descrita por D'Orbigny bajo el
nombre de Pampeana. Iósta raza reune rasgos característicos
de las familias Brasilienses y Andinas á otras que parecen ser
propios de ella, como por ejemplo, la estatura más elevada de
nuestra América, que siendo comun á los Caribes, Chaquenses
y Patagones culmina en éstos. lista generalización, acaso bas-
tante aventurada, si solo miramos á los fundamenlos étnicos
y antropológicos, se hace más verosímil si la estudiamas ¿ la
— 143 —
luz que arrojan sobre la materia las lenguas que hablan las
tres grandes familias de que se trata. -Este será el asunto de
un nuevo capítulo.
Tengamos siempre presente, que el hombre como varon es-
forzado entre los Quíchuas quería ser llamado Cecarz; que el
jigante entre los Abipones se decía Carigo; que los Guaraníes
son los Carios de los primeros descubridores; y que esta raiz
Cari campea en sentido étnico desde los Caribes de las Antillas
hasta las tierras Magallánicas de la Argentina.
VI
Afinidades linguísticas de los Tobas y sus co-dialectos
Antes de pasar udelante y para evitar repeticiones, debo esta-
blecer, que al hablar de las lenguas del Chaco, me limito ul
Toba y demás lenguas del tipo Guaycurú ó Abipon, con espe-
cial exclusion del Vilela, Chunupí, Lule, Tonocoté de Machoni,
y demás dialectos de este grupo, cuyo mecanismo gramatical
se funda en subfijos pronominales.
Ll Toba es un dialecto muy corrupto del Mocoví, al que
corresponde por su fonología, como que usa la d donde el
Abipon prefiere una ”. :
Estas tres lenguas, como las demás del Chaco del tipo
Guaycurú, se distinguen por sus variadas sóries de afijos prono-
minales, Ó sean partículas «ullegadizas que pueden prelijarse
ó subfijarse para determinar la relacion personal en verbos y
sustantivos. Como se verá, al tratar de la morfología de este
idioma, dichas partículas son iniciales en unas personas, finales
en otras y una y otra cosa en algunas.
lín nuestro continente la colocacion de las partículas pro-
nominales es trascendental para lu clasificacion de las lenguas.
lin toda la region Atlántica ó Brasiliense encontramos el pre-
fijo pronominal en su Sencillez Dórica; mientras que en la
region Andina campean los subfijos con el mismo valor gra-
matical. Ambas grandes familias se limitan á séries únicas de
articulaciones pronominales, pero distinguiendo sí entre dos
plurales de primera persona, de los que uno es general y el
otro limitado.
Muy al contrario es lo que encontramos en las lenguas del
Chaco. Muchas y variadas séries de afijos pronominales, dis-
— 144 —
.
tincion entre las personas que llevan ya profijos, ya subfijos,
ya una y otra cosa, y la ausencia del plural limitado.
lin el capítulo de la fonología encontraremos la confusion
de la d con la r, que apunta en direccion al Guaraní y la dege-
nernacion de la ken hy despues en s, que es un rasgo de la
region Andina. La confusion de l con r es tan comun en toda
la América, que solo deberá citarse cuando concedamos que se
vislumbra una raza que ha influenciado á todas las demás en
nuestra América.
A esta confusion de / con — se agrega otra de l con y, propia
tambien del Quíchua.
In mi Arte del Mocoví, publicado como apéndice al MS del
P. Tavolini en el 1% y 2% tomos de esta série, se ha probado
que las articulaciones de tipo guaraní, en los sustantivos son
más frecuentes que los de tipo Andino; pero por otra parte no
faltan ejemplos bastantes de este último, y el uso de las par-
tículas flexionales n y otras es eminentemente Quíchua.
Todos los puntos de contacto con una y otra familia de len-
guas se irán haciendo notar en los siguientes capítulos que
tratarán de la morfología del Toba. .
En cuanto á la prueba léxica ella se irá produciendo á la
par de la morfología; pero para que se conozcan que hay mu-
cho que merece ser estudiado, se discutirá aquí la palabra
sayaten, yo sé, uno de los verbos más conocidos del idioma
Toba. :
Esta voz debe analizarse así: sa ya-ten. Aquí la única sílaba
orgánica es ya, porque el sa es el prefijo pronominal de primera
persona, te y n, partículas auxiliares de verbo, como se puede
ver en el Abipon rihe ó rihete, yo deseo, y en los muchos ver-
bos en todos estos dialectos que acaban por nó nt.
Esta raiz ya, saber, la tenemos en Quíchua y Aymará.
Quíchua Tacha Saber
Aymará Latit »
Toba d laten »
ll cha del primer ejemplo es simple partícula verbal, como
son la ¿yn finales en los dos últimos, los que mútuamente
se explican la otra partícula te 6 té, quedando el resíduo ya en
todos tres.
Desgraciadamente el P. Tavolini no incluyó el verbo saber
ta
en sus listas, pero dá adini, conocer. El tartamudeo de la a
acaso contenga una y oculta, y no cabe duda que la des equi-
valente gramatical de la £, ahora falta que probar que lo sea
AS
tambien en su valor fonológico. En el Lengua de Cerviño, que
es un dialecto Payaguá, encontramos una voz jadgá Ó ejadyá,
conocer, que nos sirve para comparar con el GRO del Mocoví.
Es curioso que hallemos en el Toba esta raiz ya que dice
conocer, porque despues de lo dicho cuesta negar que tengan
un solo orígen con la misma raiz en las lenguas Quíchua y
Aymaréá.
Verdad es que la voz agua en Toba, que es netagrgál, como
la escribe Bárcena netáth, nada se parece á las voces unu, yacu
Ó uma, que dicen agua en Quíchua y Aymará. Pero estas len-
vuas tienen muchas vueltas fonéticas. In el mismo Bárcena
cuando dá la voz que equivale á bautizar, que por fin no es
más que echar agua, ya tenemos nretagálh en lugar de netáth;
y como la a y la o se confunden en estas lenguas, damos con
el niogo Ó niogod: Guaycurú.
Para los que se hayan hecho cargo del fonetismo de estas
lenguas el siguiente paradigma resultará de mucha utilidad:
Ni—o0g—odi agua Guaycurú
Lodigat
navaré mar Mocoví
ES MES
Ivv-agayacca agua id
ta . .
Lact-oguol laguntta 1d
occorarnil bautizar 1d
OCCO mojar Quichua
Net—agrgát agua Toba
Codelegne-agáth bautizar 1d
co agua Araucano
lista raiz occo con todas sus diferentes guturaciones se en-
cuentra en casi toda nuestra América, y es muy posible que
aun la palabra guaranítica, y, «agua», no sea mas que una
sincopacion de este mismo occo. Aquí pues tenemos otra prueba
de que alguna lengua madre legó este resíduo lingiístico á mu-
chos de los idiomas que hasta hoy se hablan, y, entre otros, al
Quíchua y al Chaquense.
Estas probabilidades se aumentan al advertir que algunas
de las partículas allegadizas de nombre y de verbo son tan pa-
recidas á los afijos Andinos como otras lo son ú la familia
Guaranítica: esto se irá demostrando en los siguientes capítulos.
A la par de todo ello encontramos la famosa série de par-
tículas pronominales caríbicas, á saber:
Y —ma; A 6 Ad—lu; L—su;
Tomo V. 14
— 146 —
tambien partículas verbales análogas á otras de la misma re-
gion como por ejemplo, éstas :
1. S—=; M—; N—;
ln resúmen, si hemos de estar á la prueba lingúística te-
nemos en las tribus Chaquenses una rama de esa gran nacion
de que las llamadas Caríbicas son otros tantos vástagos. Parece
que esta roza ha tenido gran facilidad en apropiarse mujeres y
eramáticas ajenas, y esto consecuencia de aquello como se vé
en las dos hablas. la varonil y la mujeril, entre los Caribes
propiamente dichos, y en la gran variedad de afijos pronomi-
nales que advertimos en las lenguas Chaquenses y Chiquitenses.
No porque una lengua sea tan sencilla en su articulacion
pronominal como la Moxa, la Quíchua, la Aymará ó la Gua-
raní podremos asegurar que sea pura y original; pero si encon-
tramos una lengua que para unos nombres y verbos tiene unas
partículas posesivas y flexionales, y para otros otras se cae de
su peso que estas son otras tantas pruebas de las veces que
ella ha sufrido mezcla. Una voz trasferida de la lengua mujeril
á la varonil pasaría con afijos y todo. Esta pista seguida con
paciencia y con verdadero criterio fonológico nos ha de condu-
cir á la lengua de oríjen de las mas voces Chaquenses.
No es esto todo: la articulación Chaquense tal vez nos ex-
plique algunos ó los mas de los misterios de las demás lenguas
de nuestra America, poniendo de manifiesto los eslabones que
nos faltan para encadenarlas á todas ellas; pero bien entendido
que será en el sentido de ingertos de un árbol en muchos otros
sin pretender determinar por ahora el abolengo fijo de ninguno
de ellos.
vi
Sigue el mismo tema ampliado con algo de Geografía Física
Si en las actuales condiciones orográficas de nuestra Amé-
rica se hundiese el Continente hasta que desapareciesen por
completo los úlveos de los rios Orinoco, Amazonas y la Plata,
resultaría un ancho brazo del Océano Atlántico que separaría una
isla brasiliense de una península Andina con ramificaciones
hácia el Sud y I'ste. ;
IYOrbigny en sus clasificaciones magistrales nos hace com-
prender que algo de esto debe de haber habido, porque sus dos
— 147 —
grandes razas, Brasilo-Guaraníticas y Perú-Andinas requieren
un aislamiento de orígen algo parecido á lo que esla nueva
distribucion de la superficie de la tierra produciría.
Tal hundimiento eliminaría por supuesto la
Pampeana.
Concluida la época de submersion y entrada la de levanta-
miento, se producirían vacíos élnicos en esos llanos, sábanas,
chuacos y pampas resultantes, que ocuparían las razas circun-
vecinas y sus mezclas.
Iimpero segun D'"Orbigny esta raza media, especialmente esa
parte de ella que nos ocupa se distingue así:
'aza media Ó
1. Race Pampéenme— Premier Rameau
« Couleur: brun-olivátre ou marron foncé.
Taille moyenne,
1 metre 688 millimetres. Formes herculéennes. Front bombé.
Face large, aplatie. Nez trés-court, tres-épaté, á narines larges
ouvertes. Bouche trés-grande. Lévres grosses, trés-saillantes.
Yeux horizontaux, quelques fois bridés 4 leur angle exterieur.
Pommettes saillantes. Traits máles el prononcés. Physiono-
mie froide, souvent féroce ».
TE. 2 e De
Nora—Me acompaña un indiecito criollo del Pucará de Acon-
quija que responde exactamente á esta descripcion. No es nin-
gun caubivo, pero puede ser descendiente de tal, ó de algun jurí
de los de la conquista.
Ahora pues comparemes las dos razas de liste y Oeste segun
el mismo autor:
2 Brasillio— Quaraniennes
« Couleur jaunátre melangée
un peu de rouge trés pále.
Taille moyenne 1 metre 620
mir, Formes trés-massives.
I'ront non fuyant. Face plei-
ne, circulaire. Nez court ébroit
Narines étroites. Bouche mo-
yenne, peu saillante. Lévres
minces. Yeux souvent obli-
ques, toujours relevés á Pan-
glecxtóricur. Pommettes peu,
salllantes. Traits efféminés.
Physionomie douce ». T. 2,
. 265.
3 Peruvien
« Couleur: brun olivátre fon-
cé. Taille moyenne M 1.597.
Formes massives; tronc trés-
long comparativement á len-
semble. Front fuyant; face
large, ovale. Nez long, trés-
aquilin, élargia sa base. Bou-
che assez grande; lévres mé-
diocres. Yeux horizontaux, á
cornée jaunátre. Pommettes
nan saillantes. Trails pronon-
cés. Physionomie sérieuse,
réfléchie, triste ». T. 1, pá-
gina 250.
a AS
Prescindamos de aquello que no hace al caso y establezcamos
algunas ecuaciones.
2. Couleur ¡jaunálre melangee ) 1. Couleur brun
dun peu de rouge trés-pale. ) = Olivátre ou marron
3. Couleur bran olivátre fonce. loncé.
2. Front non fuyant 1
3. Front fuyant = Front bombé
2. Nez courl, élroil. Nurimes 1
étroites. Nez - trés - court, lrés - ópalé,
3. Nezlong, trés-aquilín, elárgi. = á narines larges, ouvertes.
á sa base.
2. Bouche moyenne peu sal- 1
llante. = Bouche trés-grande
3. Bouche ussez grande
2. Lévres minces | 1. Lóvres grossus
3. Lévres mediocres. | = lrés:saillanles.
2. Jeux souvent obliques. tou- 1
jours relevés á Pangle exte- Jeux horizontaux, quelques
rieur.. = fois bridés á leur angle
3. Jeux horizontaux á cornte extérieut.
jaunátre.
2. Pommettes peu saillantes (1. Pommeltes
3. Pommettes non saillantes. —j = Saillantes.
Traits effeminés.
1. Traits máles et
Traits prononces. =
prononcés.
Physionomie serieuse, réflé-
chie, triste.
|
|
Physionomie douse.
, = Physionomie froide souvent
| féroce.
A priori son imposibles estos resultados, y esperamos la
prueba a posterior para tomarla en cuenta.
Más, las piernas cortas de los peruanos cruzadas con las
normales de los Guaraníes, mal pudieran producir las largas
de los Chaquenses, sobre todo de aquellos que sin duda por
ser piernudos les merecieron á los primeros el apodo de
Chancas ó Piernas.
Es el caso sin embargo que los tales Indios del Medio
hablan idiomas en que encontramos elementos gramaticales y
— 149 —
aun léxicos de las razas del líste y del Oeste, y eso que estas
se separan toto orbe en su morfología pronominal. A lo que se
vé las lenguas Chaquenses han tomado articulaciones perso-
nales de una y otra parte, las han combinado de un modo
híbrido y han producido la curiosidad lingúística que venimos
estudiando.
No se entra á disculir aquí, si los Chaquenses dieron á los
Guaraníes y Andinos, ó si éstos dos dieron á aquellos lo que
todos tres poseen en comun. Lo que se quiere probar es que
la simple mezcla de Guarantfes con Andinos no pudo producir
la raza Chaquense y que necesitó la introduccion de un tercer
clemento étnico de donde ésta sacó los rasgos que le son
característicos, y que acaso hayan en algun tiempo modificado
aun á esas otras dos razas fundamentales,
Isl Señor Forlong en su eruditísima obra «Rivers of Life»
habla de grandes movimientos étnico-religiosos, cada 500 ó
600 años; yes mas que probable que en. América sucediera
olro tanto.
Montesinos en sus «Memorias del Perú» nos cuenta de
varias invasiones al Perú del lado de Tierra Firme, Brasil y
Tucuman, como tambien del mar; y desde que en toda la
América Meridional, y ta] vez en la Septentrional, hallamos
partículas pronominales de un tipo que llamamos por comodi-
dad caríbicas, debemos suponer que una raza que las usaba
debe haberse enseñoreado alguna vez de todo nuestro continente.
P'Orbigny, rechaza toda semejanza entre Peruanos y razas
de la Occanía; pero esto no quita que otras naciones que no
scan Peruanos netos no puedan proceder de tal abolengo.
Si Montesinos no escribe ilusiones, del Pacífico entraron
pobladores á nuestra América y ¿quién nos ha explicado lo que
resultaría de una raza Oceánica mezclada con la Andina 6
Brasiliense?
- Por cierto que la prueba lingúística la tenemos en nuestro
favor. Codringlon en sus «Lenguas Melanesas» ha establecido
la universalidad en toda la Oceanía de los posesivos;
1 Ku—»2u4; 2 mu—tu; 3 na—su.
Estos pronombres son típicos tambien en toda nuestra
América, y se imponen al estudiante que no se deja engañar
con falsos fonetismos y acumulaciones de partículas.
Y noes solo ésto. ¿Por qué es que en América y en la Ocea-
nía tenemos el nosotros universal y determinado en formas
gramaticales del mayor interés? Seguramente porque ambos
derivaron éste mecanismo de un abolengo común.
— 150 —
Y ¿por qué los Chaquenses, siendo como son tan Caríbicos
en muchas mezclas no conocen este resorte gramatical? Sin
duda porque se sobrepuso la tradicion Moja, lengua de las
mas fuertes y más sencillas en su mecanismo gramatical:
lengua que ha modificado á tantas otras dando á los dialectos
Caríbicos su habla mujeril y al Guaraní sus partículas perso-
nales de pluralidad.
lista ecuacion, K=p=m, degeneracion que se encuentra en
el fonetismo Sud-Americano estrechará aún más los vínculos
que unen á todas las razas de nuestro continente.
Cabe aquí una advertencia. No porque en las familias
Andinas, Brasilienses y Pampeanas en el sentido de D'Orbigny
hallemos rastro de algo universal se pretende eliminar la
individualidad independiente de cada raza, antes al contrario,
se respeta y acentua; pues así como el autor citado distingue
palmariamente entre los dos tipos, el de Oriente y el de Occi-
dente, en materia de lingúística se hace otro tanto, pues los
prefijos de la familia Allántica y los subfijos de la del Pacífico
forman dos murallas gramaticales que no se salvan así no más.
Iimpero en una y otra region campean esas analogías, que
apuntan en direccion ó de un fósil ó de una olada que salpicó
á todas las lenguas de esta península. .
VIII
Sigue el mismo tema. La influencia Mojo-Mataca
Como lunar entre las lenguas prefijadoras del Atlántico y
subfijadoras del Pacífico, y á la par de las mezcladas de la
region media, dicha por D'Orbigny Pampeana, hallamos á las
grandes familias Mojo-Maypures y Mataco- Tonocotenes; aque-
llas que acompañan á los Caribes, éstos ú los Tobas y otros
Guaycurues.
Dejemos al señor Lucien Adam aquella combinacion y á su
interesante folleto «Du parler des Hommes, etc.;» pero con-
viene llamar la atencion del estudiante al misterio de las
partículas de pluralidad en la lengua Guaraní, que lan seña-
ladamente acusan un oríjen Mojo.
Verdaderamente parece como si una cuña Caríbica hubiese
separado la gran familia Mojo-Maypure, de su cuñada la
Guaraní, que ambas son de las que prefijan su articulación
y desde Juego del tipo Atlántico,
— 151 —
Que en raza el Mataco sea primo del Mojo no se puede
asegurar, porque los rasgos morales de uno y otro son bien
diferentes, y en cuanto á la articulación pronominal se apartan
mucho en la 2 persona del singular, siempre que no admitamos
ésta ecuucion, a=am=m=p, degeneracion posible y más,
probable.
listo no obstante más difícil aun sería asegurar que los
Matacos no sean una raza en que la mezcla del Mataco con
otros Indios hayan producido un nuevo tipo ólnico y lingúís-
lico.
Lo que puede admitirse es, que el Toba y el Mataco tienen
como lenguas una interrelacion estrechísima. El Mocoví con
todo su mecanismo intrincado se cae en ruinas al proceder de
la boca del Toba, y todo ello apunta en direccion á la sencillez
Moja del Malaco.
Ni por un momento cabe la menor duda á cual lado se
inclina la lengua Toba. l'lla es como lo reconocen D'Orbigny
y muchos otros un dialecto hermano ó hijo del Mocoví; pero
los trabajos del Ingeniero don Juan Pelleschi nos han dado
á conocer que el Mataco comparte con el Toba su mecanismo
gramatical y mucha parte de sus rasgos físicos.
No es posible creer que del desorden Toba se hayan formado
lenguas tan complicadas como el Mocoví y el Abipon, antes
bien se concibe que éstas hayan degenerado en Toba y el Toba
en Mataco ó por causa del Mataco.
La influencia Moja en lengua y raza siempre tuvo que ser
de poca importancia en el desarrollo de las naciones Guaycu-
rúes, porque los rasgos característicos de éstas necesitan de
un abolengo más pronunciado, mientras que la lengua acusa
afinidades Quíchuas y Guaraníes, bien (que ambas lenguas
tambien por su parte mucho le deben al pariente comun el
Mojo.
¿ln los capítulos sigutentes se hará frecuentes referencias al
Mataco, pero con la advertencia, que queda sin resolverse el
punto de prioridad de influencia; porque bien puede ser que
el Toba se haya impuesto á una nacion de tipo Mojo -Maypure,
y que más tarde haya modificado ásu propia lengua á mérito
de nuevas mezclas.
Cuando los Chancas fueron sojuzgados por Huiracocha-
Inca huyeron tierra adentro y ladcándose hácia la parte de los
Andes por un gran rio llegaron á unas grandes lagunas como
á 200 leguas al Sud de Andahuailas, el punto de partida.
(Garcilaso. Com. Real. Lib. V, Cap 26.)
Este derrotero corresponde perfectamente con la ubicacion
de los Tobas y otras tribus Guaycurúes del Chaco como se
puede ver en cualquier mapa. Indios Guaycurúes serian Chan-
cas 6 Piernmudos para los petizos Peruanos del Cuzco, que tie-
nen unas piernas cortas, aun en proporcion á su estatura.
I'stos Chancas formaban parte de. las hordas que invadie-
ron y sojuzgaron la antigua monarquía Peruana, de suerte que
tuvieron tiempo de aprenderles algo á sus vecinos. Tambien
es muy probable que al lanzarse como volcan á los Clhucos,
diesen allí con otras naciones del mismo abolengo.
Sin duda es á esta circunstancia y al poco tiempo que vi-
vian en los esteros y lagunas del Pilcomayo, Bermejo y Salado
que se debe la impericia de ellos en el arte de navegacion.
Habiéndose convertido de Indios Cerranos en Chaquenses, Igno-
raban por completo el arte de construir canoas y balsas, cosa
harto bien conocida por otras tribus Guaycurúes.
IX
Fonología
Siendo el Toba, como lo es, un idioma tan íntimamente
lígado con el Mocoví, bastará con reproducir aquí algo de lo
que se dijo en el 4rte de aquella Lengua. No es posible entrar
en tanto detalle, porque el P. Bárcena no fué tan prolijo como
el P. Tavolini, y las más de las veces pasó por alto toda gutu-
racion Ó nasalizacion difícil.
De las conferencias con el indio Lopez algo se sacó en lim-
pio, pero la verdad es que las dificultades del fonetismo “Poba
no se salvan con los signos españoles, y todo lo que se ha
apuntado es una aproximacion de lo que suena á oidos caste-
llanos. :
El alfabeto consta más ó menos de estos sonidos:
A, (B=Y), C, Ch, D, E, G, (siempre dura), H, ó sea J, 1,
O ss E, le, alo IÓ, JUL NIN) IN, O 12. 0.0 sn 16 10 S
T, U, V ó sea B, Y, como consonante.
A
Mas ó menos la a nuestra. Como en Mocoví degenera á
veces en o. lx. gr. Frente—Latap (B)—Lotap (L).
Tambien se dobla: Laatarquí, faja de lana.
Letra que no está bien definida y que segun parece se es-
cribe indistintamente por K ó Q. Como en Mocoví, esta letra
degenera en este órden:
C>J>H>S
Por ejemplo, la partícula que dice «no» en Lengua ó Pa-
yaguá es Ka ó Ca, que en Thoba es se. Muy bien puede suce-
der que sea k y no e la letra que pasa á otra cosa en virtud
de guturacion “algo más fuerte; pero como este punto no se
halla bien deslindado se deja al criterio del estudiante.
Ch
Se ha dicho que falta esta letra, pero debe ser por error ú
mal modo de explicarse el sonido castellano. lx. gr. Che pecaic
«falso», lechá—«mucho ».
La ch final de Bárcena es la lk de Lopez. Wx. gr. Lolamech,
lolamek—« hígado». :
Ch =Ti
Muchas veces la ch debe reputarse como chicheo de la t,
siempre que esta hiera á una 2: esta mudanza es la regla en
Abipon y la excepcion en Mocoví. La palabra que Bárcena es-
eribe tigadagaic—«hedionda cosa»—en boca de Lopez y oidos
mios sonaba chigadraic: igualmente tenemos
Tatipi (B)= Lachipi (L)—Romperse lazo.
Nitiená =Chigná—Flecha.
Natihám =Nachám—MHervir la holla.
D
Iíste es uno de los sonidos más interesantes de estas len-
guas. En Toba como en Mocoví representa la R suave del
Abipon, como en el demostrativo edahá por erahá.
ll siguiente es un buen ejemplo de esta confusion:
Gente, Yaledipi, (B) Yalerpi, (L).
Tabaco, Yasiedec, (1).
Yasseréh (Mec.)
A veces suena como d», ex, gr. Negro— Vedaic (B).—Lai-
draik (L.)
Tomo V, 15
— 154 —
E
Esta vocal está en uso muy comun, pero aun falta que ave-
riguar si puede y debe allegarse con tanta frecuencia como en
Mocoví, simplemente por eufonía.
G
Letra más ó ménos del sonido de la nuestra. Parece que
Bárcena la usa con sonido uniforme de ga, ge (gue), gi (gui),
go, gu, si no entiendo mal su explicacion en la Nota 3 del
1r Cap. A mas de cesto lo que él escrile—avasidigi, «flauta to-
car», yo lo oí de boca de Lopez como sitdigus.
«Flecha », nitiená, es chigná, en boca de éste.
Grg Ó Rgr
ll que logre vencer las dificultades de esta letra, diga que
puede hablar Thoba. Es un sonido imposible para quien no lo
mamó con la leche, y ese turbinatim ¿n gutture modo de hablar,
como dice el P. Techo ¿quién lo puede imitar?
Bárcena dá aymotagaic «emborracharse» que en boca de
Lopez sonaba—taraíc—( T=191).
Hé aquí otro ejemplo:
«Enseñar» —sapagagem (B) apagrgaguem (L.).
HI Y
Véase J.
H
ln la voz ninaninit, «echarse» de Bárcena falta la », que se
halla en rahani apuntada como se le oyó á Lopez.
Por otro lado «este dia» es signahá, segun Bárcena, nahá,
segun Lopez.
Lohiuá es «espulgar» en aquel autor, louta en éste.
En el mismo órden encontramos supitahae, «estorbar », suu-
pitarak.
Otras equivalencias curiosas son éstas:
«Flechar» sahihón, (BB), ouayin (L.).
«Frio tener» rnomahá (B), nomra (L.).
In el siguiente ejemplo Bárcena reproduce la k que falta
en hoca de Lopez:
Hervir olla Natihám (B), Nachám (L).
La h tambien suele equivaler á una r, ex. gr. Valahay (B)—
concebir—Ualray (L).
La 2 es vocal que suena como la nuestra, como se verá del
ejemplo que se apuntó de boca de Lopez: «Gavilan», Voie (B),
Otl (L).
Tiene la propiedad de producir chicheo algunas veces cuando
la hiere una t como en el Mocoví: lx. gr. «Mosquito», Trtolé
(B). Chitolé, (E). «Gordura» Tiagadaich («) Charadaik (0).
J
Esta letra, recurso del castellano debe representarse con
una h, porque realmente es el spírtus asper, mus ó menos
fuerte.
En el Vocabulario de Lopez solo por equivocacion entra, y
cuando el sonido precede á outra consonante, como en lojtarna
« mosca », que suena alogtagni, segun Bárcena.
Otro ejemplo es éste: palajchirigrá, «morder la arana» ade-
nach palatigada.
K
Como final se pone en el vocabulario de Lopez en lugar de
la eh de Bárcena, porque él la hacia sonar fuerte. Ex. gr.
anotel, «lesplumar», anotech de Bárcena.
A veces este autor escribe e donde Lopez hacia sonar k,
lex. gr. «Defender á otro» Siculihac (1), Auguechak (L,).
ln el medio de las voces dadas por Lopez se ha puesto ec
sin mas razon fonética que la de su colocacion. Otro tanto
corresponde decir de las iniciales.
L
lista letra parece que suena lo mismo en Toba que en cas-
tellano, ya sea inicial, medial ó final, ex. gr.
Esquina Lalimacaú, (B), Lalimac'ú, (L).
Sienes Calguilayil, (L).
Pereza Digual (B).
L=L
Esta es una Y doble sin ser 1. Lopez la usó en el nombre
de tribu, El-la, que acaso sean los Vilelas, In Mocoví Tavoli-
ni escribe este sonido así /. Lopez decia 2leú, «morir», donde
Bárcena escribe 2lleú. Tambien se encuentra:
Mujer, 416, (B). 476, (L).
LL
Letra es esta tan especial del Castellano como lo es la %,
si bien como sonidos se conocen en otras partes. ln boca de
Lopez sonaba casi como la nuestra, y los siguientes ejemplos
servirán para demostrar que más ó menos así lo oía Bárcena.
Espirar, llleú (B) Hleú (LB).
Morir, Meú Meú.
Tierra, —Allua Aloá.
Iste sonido puede ser inicial y medial. 1x. g
«perdiz chica».
¿s probable que en “Toba como en Mocoví, I“spañol, elc.,
haya su cierta confusion entre los sonidos ll, y, cosa en que
debe fijarse mucho el estudiante.
r. LLalloté,
M
La letra Mes una de las letras falsas eu muchos idiomas. ln
Mocoví desaparece con facilidad. Puede ser inicial, final ó me-
dial. Lx. gr.
Tu prójimo, Cacaynayecám, (B).
Puerta Lasóm, (L).
Prometer Sanadomo (BB).
Primero Mataymo (B).
Debe haber su cierta confusion con la zx, porque Bárcena
escribe Lasón en vez de Lasóm.
N
líste sonido está en frecuente uso como inicial, medial y
tambien cuando en el vocabulario de Bárcena represanta la 1
de Lopez. A lo que sonaba en boca de éste es más ó menos
lo que la nuestra. No es necesario citar ejemplos porque «bun-
dan á libro abierto.
Aunque es letra que entra y sale en las combinaciones debe
atribuirse la desaparicion á que es partícula de relacion ó pro-
nominal, desde luego no hace falta en las voces compuestas;
por eso «bueno», noén, hace «malo», scauém, Ó sea, sea, «no»,
y noén, «bueno»,
— 157 —
Ng
No es fácil darse cuenta de esta fuerte narigal, propia de
todas las lenguas del Chaco de este tipo.
Parece que debemos buscarla en palabras como éstas,
todas de boca de Lopez:
Ponxoña Shinatagrangraík.
Polvillo Chigonrá
Siltar Yronray
(B) Soyogón
xole vuarenagradl.
3 Axot Guargnagraál
Bárcena dá muchos ejemplos como este en que una y se
combina con 2 y que probablemente contienen csle mismo
sonido:
Guanaco Nagnagnach
Tal vez pueda decirse de este sonido, que no sea más que
esa gr nasalizada. Ambos son imposibles para oídos y boca
de IHuropeos ó Indianos que no los hayan mumado con la
leche.
NN
Bárcena dá algunos ejemplos, pero en boca de Lopez sona-
ban como sencilla.
Fuerte cosa -— Anmnm (B) — Danió (IL).
N
lústa Jetra no figura en Bárcena y no se ha escrito en cel
vocabulario de Lopez: pero puede suplirse donde la m hiere á
una 2.
O
Vocal muy comun en todas partes de la diccion. A veces
equivale á una a como en estas voces:
rente — Latap(B) — Lotap (L).
Flaca cosa — Yapotá — 'Epo'tó
Desenr Disahá Disoó
Tambien se confunde con la e, ex. gr.
Hacer madeja— Alepáth (B)—Alopát (L). A veces casi suena
como ú, ex. £r.
Luego, despues —Comelé (B)—Cumelé (L).
—
DAYA
Sonido parecido al nuestro que entra como inicial, medial
y final, pero menos general en este caso. Uno de los pocos
que pueden citarse sería este:
Rodear — Oquesóp (B).
Como con la e y la ¿ Bárcena suele acabar algunas voces
con ph que en boca de Lopez sonaba solo como p, LX. gr.
Sed tener —Sileuém quiph (B)—Semlakip (L).
Qu
Recurso del Castellano para endurecer la e ante la e y la 2,
cuando pudo ser mejor ocurrir á la K.
R
La r sencilla que suena como la nuestra en para está
representada por una d como en Mocoví.
«Heder» es netiga (B) y tigadagaie, «hedionda cosa». ln
Abipon «hedor» es netecajerega. *
Ll mejor ejemplo seria el verho.
Desear— Disahá (B)—Disoó (L), que en Abipon de Dobriz-
hoffer suena, Rihé (h=3).
Los ejemplos mediales no son fáciles de hallar, pero puede
proponerse este como de los mejores:
Derramar —ocudagath (B).
Derramada—oacaraogué Abipon de Brigniel.
A veces parece que la r puede representar una 4; asi:
Valahay (B)—concebir—Ualray (L).
La fuerte gargarizacion de una de las eres es lo más usual
en estas lenguas, y el Toba abunda en ellas. ls un sonido
que no podemos ni oir, ni decir, ni escribir bien, porque todo
nos falta para ello.
Los ejemplos son muchos; basten uno ó dos:
Oler — Cuyaganá (B) — Cuyuran (L)
Sembrar — Sanagam » — Lanarancá »
— 159 —
Ss
La s parece que en las lenguas del Chaco no es más que
una degeneración de e ó k. ln todo el interior de la República
encontramos que la s final se vuelve ¿, y así «los hombres»,
se pronuncia loj hombrej. Vice versa hacha, «árbol de cualquier
clase» se vuelve sacha, etc.
líste sonido se ha tratado con detencion en el Arte Mocoví,
y puede asegurarse que representa la misma letra en Toba,
seca cual fuere su orígen. lx. gr.
Descar — Disahá (Yoba) — Dissiá (Mocoví) — Rihe (Abipon)
SS =Sch (Alemana) ó X (Catalana)
Iste sonido que tambien se le ha negado al Toba existe,
como se advierte del Vocabulario apuntado de boca de Lopez.
ora:
Labio de. arriba — Naciph (B) — Naxip (L)
xa=s mojuda ó gruesa
No poder — Laishit (L)
Tuna — Igualesich (B) — Gualshik (L)
(sh =sch Alemana ).
SS
La s puede doblarse, pero sin asegurarse que importe más
que aumento de sibilacion.
Pescuero — Cossóll (13) — Cossól (L).
¿n Abipon esta voz sueña cajate, y la ¿ segun el fonelismo
de Brigniel representa la h de Dobrizhoffer. lis tambien un lindo
ejemplo de la mudanza de a en o. lín Mocoví suena cossál.
Massaygé —por donde—es maclaiqque en Mocoví.
ta 2
Nison — alegrarse — Niiclonoco
Aquí se ve que la ct (M) se debe buscar en la só ss medial
del Toba, mediante esta degeneracion
t>ct> ch >ss = sch alemana ó x catalana y portuguesa.
T vel Th
Este es un sonido muy parecido al nuestro. Puede ser
inicial, medial y final. Como final se advierte que Bárcena
— 160 —
solía escribirlo con h, donde Lopez no la hace sonar. Ex. gr.
Demonio — Novath (B) — Nauétt (L)
Hacer madeja — Alepáth » — Alopát »
Fiar ó prestar — Nasauath » — Naawat »
U (Vocal)
lis de sospechar que sea este sonido de poco uso. Bárcena
dá amó, «pasar», «andar» que en boca de Lopez sonaba ama.
Igjemplo:
Sacudir—Avitivoch (B)—Chiuúk (L.).
Como final es comun, pero así como en Mocoví, es partí-
cula de superlativo. Lx. gr. mariayateú— «Sabio» —«que sabe
mucho», —probablemente —«tu sabes mucho».
No obstante lo dicho hallamos á la «4 como inicial, medial
y final. Elx. gr.
.
Sucia cosa — Usipagantá (B).
Quijada — Yanuch (B) — Lanuk (L).
Saeta — Lanú »
U=V (Consonante)
Este sonido, el de la 1” Inglesa es muy comun en toda la
América, y muchus veces corresponde á una M, sin que
pueda por ahora asegurarse la interequivalencia por lo que
respecta al Toba. Empero conviene que el estudiante esté
alerta, y que busque alguna prueba de estas mudanzas.
Como consonante abundan los ejemplos:
Sacudir — Avitivóch (B) — Chinúk (L.).
Salir — Sauech » — Sawék »
Importante es esta equivalencia: Sombra— Vacal (B) — Pacál
(L), pues encierra en si la pista de esta ecuacion v=4=m=p.
A veces la combinacion oa representa la otra wa ó ua—
Ex. gr. Tierra—Alluá (B)—Aloá (L) el allpa de los Quíchuas.
I (Consonante)
.Su valor se vé en yov. (B) «tras de mí», «lavarsé» —aveyo,
«varon »— yalé.
Véase lo que se dijo á propósito de la le.
— 161 —
XxX
El Artículo
Si queremos llamar artículo al pronombre demostrativo que
sirve de prefijo en las posesivaciones de 3* persona, entonces
el Toba como el Mocoví tiene artículo. Iósta partícula inicial
puede ser 1 ó nm. lx. gr.
Lapiá — pié, Nohic — casa.
Lo más comun es que sea l, como en Mocoví; pero no se
ha determinado aun que la / sea partícula de relacion concre-
ta, y n de abstracta, lo que parece que sucede en Mocoví.
Iísta l suena á Mataco, y en su forma 7 es eminentemente
Moja.
La n por el contrario apunta en direccion Quíchua.
Esta partícula desaparece en composicion, así noen, «bueno»,
hace seauém, «malo», 1. e. «no bueno».
XI
El Sustantivo
El nombre sustantivo parece que se modifica en sentido de
número y posesivacion. lis probable «que tambien tenga sus
lerminaciones en eK ó leK de musculino y en é 6 assé, lé6 6
lassé, de femenino como en Mocoví.
GÉNERO
Desde que «niño» es negot, Lopez neyoloic, y «niña», nigo-
tolé, se deduce que los Tobas hacen la misma distincion que
los Mocovíes. líste punto podrá esclarecerse con el tiempo, por-
que fácil es estudiarlo en el Chaco una vez que los viajeros
se fijen en el punto.
Pesoic — viudo —
Pesoy — viuda —
La e final es de masculino la é vel ¿ de femenino.
NÚMERO
Segun Bárcena el Toba carece de esa gran variedad de
partículas finales que forman plural en Mocoví y Abipon.
Tomo V. 16
h — 162 —
lIísto no quiere decir que no las haya, solo se asegura que no
constan.
Il autor ya citado dá las terminaciones l y lía como Sub-
fijos de pluralidad, ex. gr:
Yale — hombre, Valelíá — hombres
Yta — padre, Ytal — padres.
Conocida la tendencia de estos Indios de hacer de una >”
una l podria decirse que lá es por ría, terminacion que sabe
á Mocoví. La otra 1 es muy Mataca. Una y otra letra es probable
que sean pronombres demostrativos, como parece que lo son
todas estas lerminaciones de plural en los demás idiomas.
ln esta lengua, como en tantas Otras, el singular á veces
suple al plural, y otras se repite para indicarlo con mas
claridad.
Tambien conoce este dialecto las partículas de agrupacion;
así de yale, «hombre» vel «hombres» se forma yaledipi (Ll.
valerpi), «gente», Mocovi—yalerippi, Abipon —yoaliripi.
liste ejemplo tiene importancia fonológica, porque nos hace
ver una d Toba representada por 7 en el Mocoví y Abipon.
Nora. La terminacion eó de plural tambien existe en Toba,
como en cadallacó—hombros.—lón Mocoví es bastante comun, y
puede relerirse al mismo erígen que el cu ó eo Quíchua.
POSESIVACION
Este será siempre el recurso gramatical mas típico de esta
y de las demás lenguas del Chaco de esta familia. Desgracia-
damente no contamos con material como el del P. Tavolini en
Mocoví, así que no se puede reducir á regla, como en aquel
caso esta interesante fleccion de los sustantivos. Tambien es
probable que el dialecto se halle en tal estado de corrupcion
fonética y gramatical, sea por la causa que se fuere, que solo
se pueden utilizar restos de formas.
Esto no obstante algo se podrá adelantar sobre lo que dá
Bárcena en sus cuadernos.
lin Mocoví se ha visto que la posesivacion de los sustantivos
fácilmente se divide en dos grandes grupos, fleccion fuerle y
fleccion débil. ln esta la partícula de relacion personal exige una
letra auxiliar, que por lo general es a, y aquella puede proceder :
sin refuerzo alguno. Lo mismo se nola en el "loba como se
verá en los siguientes ejemplos dados por Thouar en sus «lóx-
plorations dans PAmerique du Sud ». lístos son sacados del ex-
— 163 —
celente vocabulario que figura en el apéndice, y al que no se
puede acusar de complicidad en esta clasificacion.
Pai mal á la gorge — Siikóón ñokosetti
— úla téte — nakaiki
— au ventre -- itaambi
— AUX yeux = 1vaitti
— aux oreilles — italalala
=- ála bouche — ñadidagatti
— ála main — nokonna
— aux pieds — iyapia
=- aux jambes — lupiniki.
Por supuesto en cada caso de estos la traduccion literal es
me duele mi tal ó cual parte del cuerpo y vemos que de los
nombres de esas partes unos empiezan por € y otros por %, que
no es mas que el signo que corresponde á la combinacion ni
Ó MY.
stas voces son del dialecto Toba del Pilcomayo; pero con
todo se vé que son dos séries, una que posesiva con 2, la otra
con mi para indicar la persona, precisamente como en Mocoví.
(Véase apend. A).
Iistablecido este punto de que en Toba como en Mocoví hay
dos flecciones de posesivacion,. la una fuerte y la otra débil,
pasaremos á establecer las partículas con que se indican las
relaciones de persona en cada caso.
FLECCION FUERTE
1% Clase
En los ejemplos que dá Bárcena resaltan las siguientes arti-
culaciones iniciales como índices de la persona de quien sea
la cosa.
Sing. 1. Y-ó Hi Plur. 4. Co-, Cad-, Cal-, Cah-,
2. Ad— 2. Ca-, Cad-, L-,
3. L= ds
Las correspondientes articulaciones en Mocoví serían:
e OS 2. D—i, 3. L—
Pl. 4. Ard—, 2. Ard—i, 3. L—
2 4. Y—, 2.0, 3. L—
2. Co—, 2 Cusalo e lo
De estas dos séries y sus excepciones se puede fácilmente
sacar la de arriba,
— 1008 =—
lin seguida se dan dos ejemplos típicos de la fleccion con
estos afijos :
Ytá — Padre Aló — Mujer
Sing. 1. Ytahá Sing. 1. Y-oguá
2. Adata-há 2. Ad-ová
3. Le-tha-há 3. L-oguá.
Plur. 4. Co-ta-há Plur. 4. Cad-ová
2. Ca-tha-y 2. Cad-ogua- y
3. Le-tha-há 3. L-oguá
Ytahá no es mas (que una expansion de Yt4, como se ad-
U
vierte del Mocoví, Yetáa— mi padre—en que la a con s arriba
es una a suspirada.
Yová dice—mi mujer—en Mocoví, así que los dos ejemplos
son interesantes y por lo tanto se reproducen aquí:
Ss
Sing. 1. Yctáa Sing. 1. Yová
2. Cactál 2. Doval
Ss
3. Lectáa 3. Lová.
5
Plur. 1. Coctáa
2. Cactál
Il Mocoví hace la 2 persona unas veces con el prefijo C
otras con D, en esto se diferencia del Toba que se atiene á la
d como indice de esta persona.
En Mocoví y Abipon la 2* persona exige el subfijo ¿ para
completar la articulacion; mas el Toba reserva este recurso para
sus plurales, si es que se vale de él. Esto parece que apunta
en direccion á una degeneracion de este dialecto.
En los ejemplos que dá Bárcena hay que estar sobre aviso
que él arrima demostrativos sin explicar que lo son. Por ejem-
plo: —Limiacadasá sin duda vale—las narices de aquellas mujeres
que están paradas—esto es si el Toba, como el Mocoví distingue
entre los sexos prefijando una a vice e en sus demostrativos.
Mayotía Litiena no es ninguna irregularidad de Yiiená—flecha
—sino combinacion con una palabra determinante mayotia.
Despojadas de estos accidentes morfológicos voces como éstas
se explican sencillamente:
Adasiedenitiagá de nitiagá—tabaco—Adas— Yede—Nitiagá.
— 165 —
22 Clase
lón esta division encontramos estas articulaciones:
1. Y—,ó6 Hi—,
2. Anad—,An—,
lón—, Yn—,
3. L—
Nota.—Con 2 final ó sin esta.
Sing.
El ejemplo típico sería éste:
su, etc.
Toba
Sing. 1. Yateani
2. Anadale
3. Anilatehé
Plur. 1. Cadethehé
2. Cadeltelj
3. Lathehé
Plur.
1. Cad-, Got-, Coh-, Can-, Ot-,
2. (1) Cad-, Lah-, Can-, €ot-,
3. L- Lah-, Nah-, Nit-,
Yathé—Madre—1. 2. 3. mi, tu,
Mocoví
Yacteé
.. la ..
2. Cactii vel Dactil
Ss
3. Lacteé
1. Ardacteé
Cactil
Plur.
Ss
La e ante la tes un recurso del fonetismo Mocoví que no
afecta á los dialectos. Pero lo que «aquí llama la atencion es
esa poslergacion de la partícula ani que debió preceder al tema
radical; esto era lo que pudo esperarse.
1. Ani—até,
2. Anad—até,
3. Anil—athé
n esta forma es un sustantivo que corresponde al grupo
débil. porque se vale del alijo nm; pero falta que averiguar si el
prefijo a de la partícula aná responde ó nó á una determinacion
de sexo en la persona á que se refiere el pronombre.
lis digno de observarse la posibilidad de que el Thoba use
los mismos alijos á veces como iniciales, obras como finales.
32 Clase
La articulacion de estos nombres parece ser esta:
Ala ==
DAS
3. L ó La—
Sing.
Plur. 4. Co—
2. Ca—
3. L—,ó La—
— 166 —
Aplicados estos afijos dan este resultado que se compara de
paso con el análogo ejemplo Mocoví:
Toba Mocovi
Lapiá Pié Lappiá
Sing. 1. Yppia Sing. 1. Yppiá
D
2. Appiá 2. Cappiari
8
apra 3. Lappia
Plur. 4. Copiá Plur. 4. Arcappiá
b
2. Capiadé 2. Arcappiari.
3. Lapiá
Ista comparacion es utilísima, porque nos indica la proce-
dencia de la forma—Capiadé—; como tambien que el prefijo a de
segunda persona es una degeneracion de ca. Las partículas are
en el ejemplo Mocoví bien pueden ser una inversion de cad así
ade > arc.
FLECCION DÉBIL
— Auxiliar N ú otra partícula —
Ya se dijo que la mejor prueba que tenemos de la existen-
cia de este grupo es el vocabulario de M. Thouar (ver. p. 33)
Tambien podría citarse la voz yathi—madre.
1:l mejor ejemplo empero sería éste: —Dios.
Sing. 1. Aymini Dios Plur. 4. Cani Dios
2. Ynaní Dios 2. Ni Dios
3. Ennani Dios 3. Tunini Dios
Aquí parece que esto vale—Dios de mí, de tí, etc.—Si la a
por 2 responde al sexo de la persona ó nó, aun no se ha deter-
minado, pero es punto que acaso se esclarezca mas tarde: las
analogías Mocovíes estan en favor de la afirmativa.
Flecciones como la siguiente prueban la existencia de la par-
tícula 2 equivalente de nuestro—mi—Titalé—mosquito.
1. Nititolé — 2. Atitolé — 3. Atitolé
Aparte de esto deben estudiarse los ejemplos que dá Bárcena
de los nombres que en 3? persona empiezan unos por N y otros
Nitienic—el arco—Yticnic—mt arco
Loteletá—la pierna—Y oteletá—mi pierna
— 167 —
Por esto se dijo que N y LE podían ser artículos.
Pueden acumularse las dos partículas como en este ejemplo.
Nolege—+venablo—Y guí—mi venablo
De lo dicho se desprende que la fleccion posesiva de los
nombres sustantivos en Toba no responde en su totalidad á la
de los de igual clase en Mocoví; lo cual parece que importa una
degeneración, sin duda debida á influencias Mojas ó Matacas,
especialmente éstas que con sus partículas posesivas n, a, l, de
10. Da y 3% personas respectivamente, se aproximan mucho al
tipo de nuestro Toba.
M. Demersay en su « Histoire du Paraguay» dá un corto
vocabulario de las partes del cuerpo, cuyos nombres casi todos
empiezan por ha, hi ó ho. Un francés que oye la h en halle sin
duda advertía esta letra donde para otros no suena mas que la
vocal. lóx. gr. Hiapia—pió — Ypia—mi pió.
Con esta preparacion si recorremos el vocabulario de Bár-
cena veremos que muchos de los sustantivos se dan con una
ú otra de las partículas de posesivacion.
Igual cosa ha sucedido en el vocabulario Mbaya ó Guaycurú
de Castelnau en el que muchas de las voces están en la 12 per-
sona de plural 6 2 de singular.
Ex. gr. — Oreja
Gili Castelnau
N—apagate Con—apagotí.
Estas voces parece que pertenecen á la fleccion débil porque
orriman una a ol tema radical.
Porque es lan interesante el método comparativo se repro-
duce aquí otro ejemplo de Guaycurú y Toba:
Gili Castelnau Bárcena
Nioaigo Codeimie Cadimiec
lón la fleccion Cadimic resulta valer—nuestra nariz.
En los siguientes ejemplos se extiende mas la comparacion
—Boca.
Demersay (Toba) Haiape
Carranza Dr. A. J. » Halap
Bárcena » Ayáp
López » Alap
Thouar » Ñadidagalli
Gili Guaycurú) Yoladí
Castelnau Mbaya Coniola
Brignel Abipon Ñi-agát (mi boca)
Cerviño Lengua Yajalgui
E
Todas estas voces se explican unas á las otras. En cuanto
á la última es una voz compuesta de gui Ó qui—cosa que con-
tiene—y yakal—la lengua.
lin Toba de Bárcena «Lengua» es calatiagath—el wacha-gat
de Lopez. Compárese esta voz con la que se pone arriba como
el equivalente de boca en la obra de Thouar.
Izn el vocabulario obsérvense todas las iniciales que pueden
resaltar prefijos de relacion posesiva, comparándolas con las
equivalencias que á veces dá Lopez.
XII
El Adjetivo
El adjetivo puede concordar con el sustantivo que califica
sin alteración alguna, asi se dice, noen yalé—buen hombre—como
noen aló—buena mujer. Esto no importa decir que no haya vo-
ces calificativas que tengan su terminacion de masculino ó fe-
menino, segun el sexo de la persona á quese refieran. Lx. gr.
Pesoic—viudo, Pesoy— viuda
Vadaic—nxegro, Veday—negra
Valagay—preñada.
Esta diferencia debe considerarse extensiva á todas las pala-
bras que acaban en e, terminacion de masculino en todas estas
lenguas.
Todo estudiante de la lengua debe advertir que en los ad-
jetivos como en los sustantivos toda d, h, y, l, nm, y t, inicial ó
sub-inicial, puede ser simple partícula de relacion. La s por lo
general lo será de negacion como e cas aus no
muere; —seauem-—malo—esto es—no bueno.
COMPARACION DE ADJETIVOS
Los positivos se comparan por medio de partículas como en
castellano.
Con mano se forma el comparativo; ex. gr. Saygol—enfermo—
mano saygot—mas enfermo.
Para el superlativo se subfija la partícula 4 ó desaú; ex. gr.
Lechá — grande; lechaú — muy grande.
Y Y Y
Saygot — enfermo; saygot-desaú — muy enfermo
lixceso de una cosa en grado supremo se expresa por medio
de combinacion de partículas; ex. gr.
Mano-noenta-ú—es lo mejor postble
ln Mocoví la partícula de comparacion es nam, que bien
puede ser el mano de arriba por metátesis dem y u.
ll superlativo en 4 vel úh tambien se encuentra con fre-
cuencia en Mocoví. (Véase el «Arte Mocoví» ).
NUMERALES
Las cuentas de las Tobas son cortas, pero no por eso dejan
de ser ingeniosas. In seguida se dan los nombres de los nú-
meros en este dialecto y el Mocoví.
TOBA MOCOVÍ
Nathedac 1 Yñitara
Cacayní vel Nivoca 2 Yñoaca
Cacaynilia 3 Yñoaca yekaini
Nalotapegat 4 Ecuatro
Nivoca Cacainilia (243) 5 Ycinco
Cacayni cacaynilia (23) 6 Ióseis
Nathedac cacayni ca-
caynilia (MAZO) Ysiete
Nivoca nalotapegat (2X4) 8 KEocho
Nivoca nalotapegat
nathedac (2X4+41) 9 Enueve
Cacayni nivoca na-
lotapegal (2442) 10 Y diez
«Uno solo» es— Nathedac colec.
XIII
Pronombres personales
Segun Bárcena los pronombres primitivos ó personales son
como sigue:
1. Ayen — yó = ego =>
2. Ahan — tú —tu —
3. Iidá — él — jlle —
Plur. 1. Comi — nosolros — nOs —
2. Camí — vosotros — vos —
3. Mnavaso — estos LS
lidava — aquellos — ii —
Tomo V. 17
— 170 —
IEmpero estos varían algo segun el dialecto, como se verá
por los ejemplos de mas abajo.
ll P. José Cardús, Misionero en Bolivia, dá esta série de los
pronombres Tobas:
l. Ayem, 2. Ham, 3. Hedago
Plur. 1. Hedaguoó, 2. Ndachal-lo, 3. Añem
lin el singular hay conformidad con la série de arriba.
'Thouar dá los siguientes:
lo ¿CIN 20 ¿MUDO
Jolis en su «Historia del gran Chaco» dá:
Singular 2. Am.
Plural 2. Cami.
Aquí tenemos el Mocoví por completo, y no se puede dar una
prueba mas satisfactoria de la identidad de orígen de estas dos
lenguas.
El siguiente paradigma es sacado de Tavolini,
E E Y r
Sing. 1. Aim Plur. 1. Occom
a
2. Accamí 2. Accami
A GN
3. Ynni 3. Yiyoa
La verdad es que estos pronombres son típicos de todas las
naciones de raza Guaycurú. Las variantes resultan de degene-
racion en los sonidos ó de sincopacion.
Hay que observar que siendo edá de singular edava es de
plural, de donde se deduce que en Toba tambien, como en Mo-
coví, ua, va ó ba, es un subfijo de pluralidad, probablemente
partícula pronominal que se relaciona con el pa de Quíchua y
Aymará.
En la primera y segunda persona advertimos la confusion
de n con m, y de la e con ¿. La h de aquellos ejemplos es un
ablandamiento ó degeneracion de la e con k en el Mocoví y
Abipon.
La sustitucion de a por o en la primera persona del plural
es típica de los dialectos Toba-Mocovíes. Lo que se extraña es
la ausencia por apócope de la ¿ final en 2* tan característica del
Mocoví y Abipon. ln las posesivaciones reaparece algunas veces
en el plural. ,
AS
A la par de le expuesto arriba debemos comparar Jos pro-
nombres Tobas con los Matacos para que así se comprenda la
analogía que existe entre uno y otro idioma.
Posesivos Toba Mataco Posesivos
Y vel Ni Ayem 1. Nuslám Nu
A Ham 2d Am A
L Ida 3. Lam Luó La
Comi Plur. 4. Nuslamil
Cami Me Axmil
Edava etc. 3. Lamil
No sería propio entrar á tratar aquí de la série Mataca, pero
del más somero exámen de las partículas posesivas resalta la
interrelacion que existe entre ellas, La prueba de contacto geo-
eráfico y social está al alcance de lodos. Una hibridación de
Mocoví con Mataco pudo producir el mestisaje Toba.
PosEsIvos
In el apéndice de los cuadernos del P. Bárcena hallamos
que los pronombres primitivos pueden usarse como posesivos
en absoluto, siempre que se posterguen asi.
Uste es mi libro — Hede ayem
Esta casa es tuya — Lavó ahóm
ela, ela:
Aquí se notará la variante en la forma de los pronombres,
o que demuestra la confusion que existe de ciertos sonidos.
ln las conversaciones hubidas con el indio Lopez se apuntó
lo siguiente:
Este (pan) es tuyo — Maichok
ld id es mio — Maichayugol
ld. id es de ella — Maichalokan-mimadi
(La plata) es de ella — Maichalogot
esa es tuya — Mariogot
(Nota. —Temo que el indio al oir tuya entendía mia).
Il senor Pelleschi en sus apuntes di—tuyo—úinyol.
Nadie puede hacerse cargo de lo que cuesta darse cuenta
exacta de los pronombres y partículas de relacion cuando el
entequizado es un hombre sin conocimientos de gramática.
lin el Mocoví tenemos esta série.
— 172 —
r
Es mio — aim Son mios — aimi
E T
» tuyo — cadami » tuyos — cadamí
= e T
» suyo — alam » suyos — alamí
S
» nuestro — codam » nuestros — codamí
.S
» vuestro — cadamti » vuestros — cadamtí
Todo esto es bien sencillo y nos dá el orígen de las par-
tículas de posesivacion. como se explicará más abajo.
In el vocabulario del Sr. Pelleschi noto que alonm es—mio—
lo que sin duda es un error de interpretacion por—suyo—como
se desprende de lo de arriba.
I'ste punto de los posesivos se recomienda á los estudian-
tes que tengan como interrogar á individuos con mediana ¡ins-
truccion en las dos lenguas.
Conviene aquí “llamar la atencion á la fleccion de la voz
Dios, que lleva unos pronombres muy especiales en calidad de
prefijos, y son como sigue:
Aymini — mi, Pl. Cani — nuestro
Inani — tu, Ni — vuestro
Ennani — su, Iínnini — suyo
La importancia de Ja forma Mocoví cada—mi consiste en
esto, que nos proporciona el caudal de donde salieron las arti-
culaciones de segunda persona en la fleccion posesivada.
Ca, ha, a, ad, da, d, am, a, m. con la í subfijada ó sin ella.
PRONOMBRES DEMOSTRATIVOS
sta parte de la gramática tampoco se halla en estado sa-
tisfactorio. lís indudable que el Toba, como los demás dialec-
tos, distingue entre las personas segun su colocación y postura.
(Véase el Arte Mocoví) Partiendo de este dialecto podemos su-
poner que:
Eda ó Iínna sea parado
Inni « sentado .
lddi » echado
COMPARACION
TOBA Ñ MOCOVÍ
Eda pl. Edava I:dá pl. Ildavá
Dasá pl. Davasá I:dasó pl. Eddoassó
— 113 —
La existencia de estas formas idénticas demuestra. que se
deberán hallar las otras tambien.
Desde que añá es—aqui—y dequeñá—de aquií—se vé que todo
se deriva de un pronombre ¿nmi. Tampoco puede faltar el otro
ecca, si bien podremos tenerlo que buscar bajo una forma de:
generada ha.
Que el demostrativo mnavasó—éslos—sea comun á los dos
dialectos es una prueba palmaria de su estrecho interparentes-
co; y como en Mocoví es plural de ennasó. debe serlo tambien
en Toba.
PRONOMBRES INTERROGATIVOS
Igualmente confuso es este capítulo del buen Padre. La pre-
sencia del prefijo M obligaría 4 incluir cuatro de sus demos-
lrativos entre los interrogativos, lo que se hará en seguida con
el signo de duda (?). A la derecha se colocan inlerrogativos
Mocovíes para que se puedan comparar.
TOBA MOCOVÍ
Menagé —¿dónde está? Mennectaque ¿Dónde
Menagé Dios—
Metaygé ¿por dónde?
Mactaigqué ¿por dónde?
Iritaygé ¿adónde?
2 ta
Mehuagé — en donde Mevaqué ¿ln donde?
Massaygé — por donde?
Mehuá adonde ?
LJ
Meticagé — de donde? Macticagué ¿De dónde?
Iústo basta para hacer notar las analogías, que por lo demás
debería todo pasar á los adverbios.
lgá Ó igadé es ¿quién¿ ¿cuál? ¿qué cosa?—asi:—Igá Dios?—
¿quién es Dios?
Con esta partícula pueden compararse los interrogativos Mo-
covíes que la incorporan: ex. gr.
¿Quennegayá — quién? elc.
Lil canna Ó cannadé es—¿qué? y puede preguntar muchas
cosas sin mas aumento. Quotarien es—¿por qué?—Deben tener
sus equivalentes en Mocoví, pero faltando la analogía satisfac-
toria vale mas esperar nuevos datos.
a
PRONOMBRES RELATIVOS
Dice Bárcena que no los hay; pero es probable que los de-
mostrativos los suplan á veces.
EL VERBO
De sentir es que no tengamos en este dialecto la copia de
material que el P. Tavolini nos legó para hacer el estudio del
Mocoví; pero algunos preciosos datos nos ha conservado el
MS del P. Bárcena, que se suplementarán con obros quo nos
caigan á la mano.
Ya se vió («Arte Mocoví» ) que los Verbos Mocovíes, como
los sustantivos en cuanto é su fleccion personal, se dividen en
dos grandes grupos, uno fuerte y otro débil; aquel que se ma-
neja sin auxiliar, éste que reclama la N-ó D inicial para poder
procéder. ls más que probable que esta misma clasificacion
deba hacerse de los verbos Tobas.
VERBOS FUERTES
Los verbos de este grupo en el Mocoví tienen por indice
característico de 1% persona la S inicial. Por suerte podemos
comparar el mismo verbo en los dos dialectos, gracias al vo-
cabulario del señor Touar.
Toba MocovíÍ
ETE la
1. Sorttl — Hauyo Soel
ta
2. Aguoilli — Haces Oicu
ta
Oguoitti — Hace Yoet
ta
Pl. Machasoitti— Hacemos Soectacca
ta
Oicti
ta
Yoecté
¿ste ejemplo es típico de la clase más numerosa de verbos
Mocovíes, cuya articulación es como sigue:
1. S—, 2.—1, 3. Y—
Pl. 4. S-—acca, 2.—1, 3. Y —é
La identidad del tema se comprende dado el fonetismo de
cada dialecto, y el tí final del Toba puede responder á ese te
os
que hallamos en Mocoví y Abipon con asimilacion de la e con
la ¿. Lo que falta que saber es la procedencia de los prefijos
agu y ogu en 2% y 3% personas.
De que la fleccion típica se halla en Toba lo vemos en este
verbo.
Sapagagén — Inseñar
Sg. 1. S— apaga-nagén Pl. 1. S—apaga-genac
2. Tian-apaga- gem 2. apag - ini
3. Y — apaga- gém 3. apag - ém.
Por ahora se ignora á qué pueda relerirse el prefijo tan de
22 persona; elena, ¿n2, ana, acaso tenga que ver con el refuerzo
n. La variante tiapagagén en el pasado nos enseña que tan consta
de ti y an, ambas partículas posibles de 2* porque se encuen-
tran en el cadamti, — Luyo.
Il plural es un Mocoví neto. Por suerte aqui tambien po-
demos citar el verbo en esle dialecto.
1. S— apparietactagan Yo enseño
2. apparinactarni »
3. D—appatictaclagan »
Pl. 1. S— apparinnactarnácca »
2. apparinactarní »
3. D—apparinactrné »
131 tema apag ó appar es comun á los dos ejemplos, lo demás
es recurso fleccional. La D en vez de Y de 3* persona se en-
cuentra tambien en Mocoví, 2 clase de verbos fuertes. Tambien
la hallamos en el Toba; ex. gr.
Toba MocoyÍ
Siquehé — Comer
Sg. 1. Siquehé — Yo como 1. Squeé
2. Avequehó — » 2. quií
3. Dequehó — » 3. Laqueé
la
Pl. 1. Siquehaé -- » Pl. 1. SquiaKca
2. Cauquini =— » 2. quil
ta
3. Dequey davasá — » queye
La L en el ejemplo Mocoví es temporal y no pronominal.
Los dos verbos son idénticos, «ambos fuertes, pero varían sus
partículas.
Los prefijos Ave y Cau en la 2* persona son curiosos; segun
parece responden á degeneraciones de cam > cau > au. ln la
Es
Argentina los quichuismos amca—rosetas de maíz—amchi—sal-
vado—chamca—maíz pelado para la olla—se dicen, aunca, aunchi,
chaunca, respectivamente. La conversion de m en u, vób, y de
estas letras en aquellas, es muy conocida en toda esta region.
Concedida la hipótesis esta, debemos comparar estos verbos
con aquellos de la 4* clase en Mocoví que hacen la 2 persona
con prefijo o. EX. gr.
ta
Savegué — voy —; Oqquii — vas.
Debe consultarse lo que se dice acerca de la 4* conjugacion
de los verbos fuertes en el «Arte Mocoví».
¿sta forma avequehé tal vez explique la procedencia de la
forma aguoitti dada por Thouar: agu segun el fonetismo de Bár-
cena parece que equivale á awó av.
La M encubierta parece que se declara en este ejemplo, el
típico de Bárcena, como amo lo es del Latin. Los guiones faltan
en el original, pero se suplen para que el lector se dé cuenta
de lo que es tema radical, ó simple recurso fleccional.
da
El correspondiente verbo en Mocoví es Savaé, por eso se
prefiere el Kapit Abipón.
Toba Abipon (Dobriz )
1.5 - copitá 1. Ri - Kapít
2. Mal -copitá 2. Gr - Kapich-i
3. No -copita-edasá 3. N -Kápit
IAS -Copitá Pl. 1. Gr - Kapit-ák
2. Macal - copitá 2. Gr - Kapich- ii
3. Davasá No-copiditá 3. N - Kapit-é
listos dos ejemplos están llenos de instruccion. El Abipon
es verbo débil que refuerza su tema con R por D inicial, y de
la 2 clase de éstos porque allega N en la 3% persona. Por lo
demás, apesar de lo que dice Dobrizhoffer, es un verbo eminen-
temente regular de su grupo y clase, pues el cambio de la ten
ch responde al fonetismo de la lengua que hace chicheo cuando
la £ hiere á una 4.
Sin esta comparacion las partículas mal y macal quedarían
incluidas en ese inorganismo de que se acusa á estas lenguas.
Mucho falta que explicarse, es cierto, pero esto no quiere decir
que no haya explicacion.
M. Thouar nos dá estos datos.
Sokopitá — yo quiero
Allokopitá — tú quieres
— 1771 —
El mismo autor dá Aluyichycre — vete. listos prefijos en al
pudieron atribuirse al aumento temporal en l tan característico
de estas lenguas; más en vista de Jos prefijos mal y cal en el
verbo copitá (ver la fleccion completa en Bárcena) nos vemos
obligados á emparentar estas partículas con las otras ar y gr de
Mocoví y Abipon.
ll verbo «amar»—avoyó—en Mocoví ofrece estas anomalias.
3. Madiavotó -— amaron
ta
2. Madiavoyé — habeis amado
2. Mavoyó — amarás
ta E ta
3. Quenotiadeavote — habrán amado
El fonetismo Mocoví por caducidad de la M y confusion de
la D con KR nos enseña que Mad podía resolverse en ar, y que
: ta bo
quenotiade podría ser el queettá queltra—cuando. Sea de ello lo
que fuere, en Toba y en Mocoví hallamos las mismas anomalías
ta
en mal, macal, mad, madr.
ls un principio de Gramática Americana, que la M puede
servir de afijo personal de 2* persona desde Méjico hasta el
Estrecho de Magallanes y desde el Pacífico hasta dar con las
tribus guaranizantes de las cuencas que vacian sus aguas en
el Atlántico; y otro, que la £L, R y D pueden desempeñar el
mismo rol desde el Mar Caribe hasta el Rio de la Plata en
toda la Region Caríbico-Guaraní y Chaquense-Abipon.
Siendo esto así, no debemos extrañar anomalias como las
que hemos observado en el Toba y Mocoví.
La a final en Mocoví es partícula de verbo activo, y esto
puede ser tambien en Toba.
Otro verbo de la conjugacion típica, es decir, con prefijo S
de 1? y Y de 3* persona es Sisolec nedé— leer— esto es:—mirar
pielecita—se omite el nedé que es comun á todas las personas.
AS - llo - lec. 1. S- ilo-co-talec
2. Anav - elo - lec 2. Lo - y - talec
3. Ylo - talec 3. Yllo - te - dalec
Ilsta conjugación es probable que sea participial. El lec 6
talec, equivaldría á—yo el que lo ete. —como con tapec sería —
yo que estoy leyendo.
El prefijo anav de 2% persona reproduce los dos índices an
y av que en verbos reproduce el anad de los sustantivos pose-
sivados.
Tomo V. 18
— 178 —
In el plural tenemos las desinencias normales del Mocoví.
1. Co—(= Ca), 2. —y, 3. —e
Se dirá que no son desinencias sinó afijos mediales; pero
la verdad es que lo son del tema verbal simple, como lo serían
en Mocoví.
La terminacion tedalec, parece que debería analizarse así:
ta - eda - lec
Acaso esta sea una prueba que nos explique la e de 3* per-
sona en Mocoví.
Aun queda un ejemplo más que comparar y que no cede en
interés á ninguno de los anteriores. El verbo de que se trata
es «oir», y se dá en los dos dialectos :
Toba Mocoví
1. Saya pega (1) A. Sáccá
ta
2. Mauaca 2. agaí
3. Vacadasa 3. accá
Pl. 1. Sagayac Pl. 1. S - agayácca
ta
2. Vacay 2. agal
3. Vacay davasá d. agayé
Iliminemos de la discusion las terminaciones— pega, que
es la nuestra en ndo, y dasa Ó davasá que son demostrativos.
Aquí vemos como la proximilad de una ¿ óy puede hacer una
gde una c Ó cc.
En ambos ejemplos advertimos el ya intruso, y de la com-
paracion resulta que el Toba vacaydavasá es por vacayé.
Los prefijos Mau—y V—de 2* y 3* personas, ya mudados en
M 6 en algun otro prefijo, han desaparecido en el Mocoví, ó de
nó, se han introducido en el Toba de alguna otra lengua.
Es digno de notarse que en el plural se aproximen los dos
ejemplas más que en el singular, y esto sin duda responde á
la mezcla de idiomas de yue resultó el Toba.
¿n las partículas Mau y V puede ser que tengamos corrup-
ciones de esa M y P de 2% y 3? persona respectivamente tan
conocidas en Aymará y Lule de Machoni. En el tratado sobre
el Mocoví se ha escrito largamente acerca de las anomalías
Aymaráes en la articulación personal y baste repetir aquí que
1. H vel S, 2. (H)a (m), 3. Y.
son afijos eminentemente característicos de aquella lengua.
(1) En el Vocabulario « oir » es - sagayd.
— 179 —
En los ejemplos de los Adverbios se encuentra la palabra
cadeanoví — viniste—lo que importa una 2* persona con prefijo
cad, y subfijo 2, puesto que el verbo es sanecvó, verbo cuya forma
en Mocoví es, sannac: pero esta alterna con otro tema aqqué en
la 2% persona, que sin duda se deriva del ac—ven—cuya forma
en Quíchua es hacu 6 haco. lista redundancia del anna aun está
sin explicarse.
XIV
Verbos débiles
Así como en los sustantivos vimos que habían unos que
llevaban el posesivo á secas, y otros que pedían un prefijo au-
xiliar, tambien debemos buscarlos en los verbos: pero esto no
nos faculta á dar por probado el hecho de que los haya, puesto
que Bárcena no dá un ejemplo de esta fleccion verbal.
Como se verá en las tablas de verbos arreglados segun sus
prefijos no son pocos los que comienzan por N, y lo que have
más al caso, por N. Entre éstos hallamos uno que parece su-
ministrarnos la prueba que nos falta.
ta 0
Nison — alegrarse — Niictonaco (M.).
La s medial en- Toba equivale ú veces á el en Mocoví ( ver
55 en la fonología ), de suerte que Nisorn y Nitcton son unu
sola voz; empero esta corresponde al grupo débil conjugado con
partícula auxiliar N, desde luego es lógico atribuir la misma
clasificacion á Nison. Ñ
Probable es que NS, en Mocoví se halle en
el mismo caso. /
En igual caso que los verbos en Ni se hallan los otros en
Di, y podemos producir la misma clase de prueba, porque el
verbo Dissiá, vel Disihá—desear—comparado con el Mocoví Dis-
siá, no dejan lugar á duda.
Otra série de verbos hay que empiezan por L, y no siendo
que represente lá partícula adverbial la, sería una dificultad.
Bien puede suceder que sea una Ró D degenerada.
[el ejemplo lecoytech—cansarse—comparado con la voz Mocoví
nehcotctevéh, puede servir de algo.
— 180 —
Yani—dar, restituir —es un verbo curioso, porque tambien
vale eso en Mocoví. En este dialecto lleva partícula auxiliar e,
así:
1. I'=san, 2. E-anní, 3. I-yán.
XV
Los Verbos del Vocabulario
Para hacer este estadio se han entresacado todos los verbos
del vocabulario del P. Bárcena y se han distribuido en órden
de su partícula inicial. Para mayor facilidad se acompañan las
equivalencias dadas por el Indio Lopez: y tambien las del
Mocoví. (Apéndice)
Inicial S
lista série incluye los verbos de conjugación típica, y á
juzgar por lo «que sucede en el Mocoví, puede incluir varias
clases segun el índice de 2? ó de 3* persona.
Todo verbo que empieza con 8 corresponde á este grupo
é indica la primera persona que será de singular ó de plural,
segun sean las partículas finales del tema simple.
La excepcion á esta regla serían los verbos de negacion,
como por ejemplo: sacayca—no tengo—en que el sa parece que
desempeña un papel doble.
Tomemos otro verbo: sayaten es—yo sé—y sasayaten— yo
no sé.—Aquí todo es regular y se explica de por sí el proce-
dimiento, que no puede ser más lógico.
Sasasóm —infamar—se comprende que sea por—yo no hago
lo que asím vale; mas ¿cómo explicar sasihagám—arar—que
suena como negacion de algo? —La contestacion la tenemos
en la equivalencia dada por Lopez —shiueranarát —De la com-
paracion resulta que el prefijo sa consta de s pronominal y a
eufónica.
ll fonetismo Toba tambien introduce dificultades sérias.
He aquí una: sasach es —tirar piedra—lo que en Mocoví sería
sinnacatal; pero el tema asach está contenido, letra por letra,
en atal;, y ca en Toba es— roca, piedra, etc., —siendo probable
que lo sea tambien en Mocoví. La segunda s pues es orgánica
y la primera queda para la partícula personal.
In esto del valor de las voces suministradas por Lopez
tenemos muchos ejemplos. ¿Quién diría que satiayná (B)—
— 181 —
mostrar, indicar — podia ser charaná (L.)? y no obstante las dos
voces son idénticas: —la té por chicheo hace ch. la gy ni es ni
deja de ser r, el sa es prefijo personal de fleccion, la a medial
es eufónica.
Savalách (B) parece muy distante de yaloktapek (L), y sin
embargo se ajustan estrictamente uno á otro los dos vocablos,
así:
1. S — ava — lách — Yo grito
3. Y — a — lok-tapek — El está gritando
La sincopacion a por ava Tavolini la hubiese escrito con
ta
a, a tartamudeada.
Volviendo al verbo sacayca debe advertirse que cayca es—
negar, mezquinar—desde luego, sacayca cs—yo niego Ó mez-
quino—que equivale á—yo (digo) no hay.
Inicial X
liste sonido debe ser engrosamiento de S. Unico ejemplo:
Xapuhini — amortajar
Inicial Y
Así como á priori todo verbo que empieza con s puede
asignarse á la 1* persona, no siendo un negativo, tambien los
que llevan y inicial pueden asignarse á la 3%. De esto se
deduce que la lista por y debe incluirse ó formar apéndices de
la otra por s. La- exactitud de esta regla se advierte del
siguiente ejemplo:
n on la
Yyaraná (B) — llamar — Soyagan (M),
y de este otro:
' tan
Yugrgan (L) — axotar — Savagan (M).
La diferencia es la que existe entre—el azota—y-—yo
azoto.
ta
Issith— escapar, huir—que en Mocoví es, eset, —yo huyo—
está en otra categoría: porque como en este caso la 3% perso-
ta
na es, cet, la y puede ser un simple prefijo eufónico, como
tantas veces sucede en Mocoví. HFn tal caso este verbo debe
aumentarse á los que prefijan s de 1? persona.
Inicial C
La Ces una de las pocas iniciales que pueden considerar-
se orgánicas de un tema cualquiera, al menos es lo que se
advierte en el Mocoví, y puede suponerse tambien del Toba,
— 182 —
La C parece que á veces sufre degeneracion como se puede
ver de estos ejemplos:
Casogonrá -— trueno — assoneclák (M)
Cassenrá (L) — tronar — » »
Cassuá -— quedarse — yacasuangué (M)
In el 3% ejemplo el prefijo yaca es el adverbio de tiempo
pasado, de suerte que la e no es la del tema Toba.
nota
121 tema catapél (L) —perder—Mocoví, —sassogat, ofrece una
dificultad que se salvará si admitimos que sea sincopacion
por catatapel.
De caycá — negar — ya se trató en la 5.
ta
Kishiyuém (L)—Subir—comparado en assistum nuevamente
comprueba la caducidad de: la XK inicial.
Inicial Qu
“ste sonido es un recurso del alfabeto castellano que no
sirve sinó para introducir confusion; debería más bien escri-
birse K. Dada esta explicacion valga lo dicho acerca de la
c á que corresponde.
Inicial Ch
Aun no está bien determinado el valor fonético de este
sonido. Como medial sabemos que puede reputarse mudanza
de tí, pero como prefijo temático puede tambien equivaler á
una s gruesa, el sce Italiano ó X Catalana.
Inicial H
Hasta aquí parece que esta letra es radical del tema. Tal
vez este ejemplo sea admisible como comprobante de ello:
Huaanóth — apuñetear — Cuvarán
Inicial O
La O es vocal radical de tema verbal como se vé en el
Mocoví; ex. gr.
ta
Ogugám — castigar — Sovagan (M)
n on ta
Oyagagá — llamar Soyagan (M).
Inicial E
A lo que se sabe por ahora, y á juzgar por las analogías
Mocovíes, la e inicial puede considerarse como un simple
aumento eufónico del carácter de la e nuestra en «espíritu».
ela
Inicial N
Esta letra, así como la C ó K y la T, es radical en los
temas que la llevan.
El siguiente ejemplo sirve para demostrar el uso de a
eufónica y las mudanzas de ciertas letras:
Palagoni (B) — apretar — Aptagné (L).
Mocoví Spactarni
Aquí otro ejemplo de la O cufónica:
Pogilasón (B) — cerrar puerta — Opoguilasóm (L) (1)
Inicial M
Este prefijo parece que debe corresponder á la 2* persona,
y así vemos que Mauaca 4 Maucá vale lo que—tú oyes.
Lopez dá Mecten como el equivalente de oir, y desde que en
Mocoví aacte es uno de los temas que entran en el Verbo
neram—mirar—cuyas mudanzas fleccionales son muy variadas,
podemos casi asegurar que aquella M corresponda á la 2*
persona y por igual razon todas ó casi todas las demás.
La Mes casi letra imposible como inicial orgánica—Sus
valores léxicos deben estudiarse en el Arte Mocoví.
Inicial T
sta es la última de las tres consonantes que pueden ser
inicial de diccion, siendo las otras dos e 0 k y p.
Tenatset que en Mocoví es satennactite —engañar—es un
buen ejemplo para averiguar el valor radical de esta letra.
Inicial U—V
lista inicial aun no está bien determinada, pero es proba-
ble que sea radical del tema á ¡juzgar por este ejemplo:
Uvagám — casio” — Uagám (L)
107
Savagan — Mocoví
Indudablemente son voces que se escribirían con hu ó u
consonante, resultantes de combinaciones como esla Uvaldo
por Waldo, Uvenceslao por Wenceslaus.
1) Siempre que no sea :—cierra la puerta.
pre Y y
— 184 —
XVI
Prefijos Anómalos
Inicial A
Esta es una de las letras que parecen ser simples prefijos
eufónicos, desde luego los Verbos que los ocupan deberán
clasificarse segun la consonante que los siga. lx. gr.
Anapóch — arrancar — AnapoKishem (L,)
Ñappók — Mocoví
Segun la regla de este dialecto tendríamos un verbo débil
con refuerzo N.
Ejemplos como este otro:
Anasaguat (13) — dar prestado — Nauát (L) parece que
encierran algo más que un prefijo pronominal, á juzgar por
la variante dadu por Lopez.
Aaa — Saca (M) apunta en direc-
cion á fleccion por $.
Aniglach (B)—volver—Igalák (L) por el contrario, vendria
á ser verbo débil con auxiliar N.
Anodesigén (B) levantar —Nishigóm (LL).
Mocoví—Laassinsigom, Aschivinni, demuestran que estos
prefijos en An son postizos. ll Mocoví en estos verbos que
significan «levantar» ó «levantarse», se valen de más de un
tema: ex. gr.
1. Aschinchin Me Pl. 1. Assennarschiguím
2. Onnischiguim levanto 2. Onnischiguím
3. Ynnischiguím etc. 3. Ynnischiguím
ta
El verbo «subir» que es Assisium en 1* persona de presente
hace Assinsiúm en el imperfecto.
Lopez traducía «andar»por Antaínigue, que en el Mocoví es,
Seetoannó, como que Apatagani (B)—palpar—es Sippoctaú en
este último dialecto; es decir—los demás lemas rudicales son
los mismos, pero su articulación es otra.
Ll Apoguina (B)—abrigarse —está representado por el
Vappoquiña (M), y Asonlech por csi le [Bs último
hace Oqquisium en 2% persona, así que el 4As es una s con
prefijo eufónico 4.
(Continuará)
CAD IELAOoÍ
Y LA
Epopeya de las Cumbres
POR
ADÁN QUIROGA
LIBRO 1
I. Importancia de la historia catamarcana.—La tradición calchaqui y la epopeya nacional.
—La musa de los recuerdos.—II. Origenes calchaquinos.—La raza de las cumbres.—
TIT. Rastros araucánicos.—Comparaciones filológicas.—Posibilidad de una irrupción
araucánica.— 1V. Las lenguas extintas.—Kakan, araucano, lule ó tonocote.— V. La
lengua keshua.—Su estructura artística. —Formas gramaticales.—VI. Las tribus tucu-
manas. — Calchaquíes. — Diaguitas y Xuríes.— VIL La historia de las razas. — Una
opinión de Sarmiento. — VIII. La montaña y el genio de la raza. — El Ambato y
Anconquija.
I
He dedicado mis esfuerzos á estudiar la vida y la muerte
de la raza que habitó las montañas de nuestro país. 1:l trabajo
ha sido más que penoso, porque del pasado solo quedan frag-
mentos truncos: el rastro de la planta calchaquí en la tierra
catamarcana, los restos 'aún visibles de fortalezas y pucaraes,
las huacas con el esqueleto convertido en polvo, la crónica
con páginas de hielo, la tradición con vagas claridades.
In el seno de esos montes gigantescos; en las hondonadas
de esas montañas, que atraviesan el suelo de la Provincia, y
que espacían en el cielo sus cabezas blanqueadas por la nieve
de los inviernos; en esas quebradas donde corre el torrente
vírgen y mora el cóndor; en esas colinas siempre verdes, los
Tomo V. 19
— 186 —
tiempos han escrito en cada roca una epopeya homérica, cuyos can-
tos, esparcidos á los cuatro vientos, se han perdido, desde que cesó
el estrépito, de hora á hora y de minuto á minuto, de las
armas del castellano, que apuntaban al pecho de la raza indo-
mable, jamás sojuzgada sinó por la muerte, que dejaba una
mancha de sangre en cada piedra y abría una tumba en cada
pedazo de tierra. e
lis tiempo ya de descorrer para siempre el velo que cubre,
como una espesa neblina de la cumbre, la tradición de las
montañas. Il historiador puede recorrer las sendas aún visi-
bles, y entregar las rutas desaparecidas al poeta, quien se
guiará por los rumores no estinguidos, por las voces confusas
que se oven de cuando en cuando, por los ayes lastimeros que
brotan de los sepulcros. Si los historiadores pueden poco, los
poetas lo pueden todo. Cuando la historia calla, la poesía tiene
cien bocas.
La historia de Roma primitiva, envuelta en el misterio, ve-
lada por los siglos, rodeada de impenetrables nieblas, ha sido,
sin embargo, escrita con Jos despojos de la tradición, la leyen-
da y la fábula. Y, cosa singular es que, de esa leyenda y de
esa tradición populares, fantaseadas por la poesía y más aún
por el tiempo, haya surgido la realidad de las cosas, el génesis
de la verdad histórica. ¿Quién, para comprender el génio roma-
no, puede olvidar á la loba que alimenta y nutre al fundador
de la ciudad eterna? ¿Quién que conozca el genio romano,
no hallará admisible que el dios Marte engendrara en el
seno de la Rea Silvia á ese Rómulo inmortal á quien la his-
toria recibe con los brazos abiertos? La pujanza de aquel pue-*
blo— César, que tuvo suspendida el hacha de sus lictores sobre
el mundo, no ha podido tener un orígen más naturalmente
lógico y real. 1:l César de la leyenda histórica no ha debido
mamar en pechos de muger, aunque en la leche de las severas
matronas estuviera el gérmen de las grandezas futuras, y aun-
que hubiera estrujado esos pechos la boca de aquel Catón que
insulta á Cartago, y de aquel Régulo que pronuncia su sen-
tencia ante el Senado de los viejos de barbas blancas.
Del mismo modo la leyenda es el génesis luminoso de la
historia de Grecia. Los demás pueblos han nacido en la misma
cuna.
El Cid Campeador es el génio castellano. Las Galias han
sido tambien engendradas por la leyenda, y la primera escena
de sus tragedias comienza en la resistencia á Roma, cuando
el César, bebiendo el licor de las glorias escucha en la ebrie-
— 187 —
dad de los banquetes algo como el rumor de las futuras dia-
nas de Austerlitz y Gena. En la leyenda germánica, en la in-
fernal algarabía de sus brujas cabalgando en escobas, en su
religión llena de misterios tenebrosos, en sus tradiciones vagas
y nebulosas, está toda la historia de este pueblo fantástico, so-
ñador, místico, incomprensible, que á fuerza de crear raya en
lo sublime en Goethe, no se entiende á sí mismo en Kant y
está atacado de enagenación mental en Fitche.
En Grecia todo lo que es fóbula es realidad, y desafiaría á
cualquiera que dijese lo contrario á encontrar un parecido en-
tre una escena del Olimpo y un acontecimiento verdaderamente
helénico en el teatro de los sucesos humanos. Júpiter, es guer-
ra, ira, rayo, tempestad, y por eso tiene parentesco de consan-
guinidad con los Hércules y Teseo de Ja mitología, el Atrida
gamenón de la fábula histórica, el Aquiles de piés ligeros de
los rápsodas; de la frente luminosa de Minerva han surjido,
como los héroes de la cabeza de Brahama, los Solón, Licurgo,
Sócrates y Platón; Vulcano, el dios-histrión, se parece á aquel
bufón de la guerra de diez años, reconvenido por el sábio de
Pylos; Apolo centellea en cada estrella del cielo helénico, res-
plandece en cada aurora del Himeto, murmura en cada ola
del Arethusa y sonrie en cada verso de Erina; Vénus, como
hermosura ideal, comprende á Phidias, Homero y Píndaro:
Phidias traza en el mármol su desdén olímpico: Homero es
todo lo soberbio y épico de su hermosura, que la diosa de los
tálamos y las nupcias recibe también heridas en los combates,
y brota de sus venas la sangre «como fresco rocto»: Pindaro
es el acento adormecedor de la diosa del mar, cuando colo-
cando la cabeza escultural de cabellos desflocados en las rodi-
llas del Dios máximo, lo contempla con sus pupilas que abar-
can lo inmenso y lo distante del océano, hasta desvanecer el
ceño de Jove iracundo, ante el cual «retemblaba el Olimpo».
Y esa misma similitud apatece en la escena y en los aclo-
ros de los dramas del cielo y del mundo, inclusive la venganza
de Júpiler por los amores impúdicos de Vénus y Vulcano, que
tienen su reproducción exacta en la tierra en los diez años de
desagravio de Menelao retando á Priamo y París ante los mu-
ros de Illion.
Errados, más que errados, van los que imaginan, entonces,
que la leyenda es fantasía pura, y que siempre la fantasía y la
verdad histórica se repudian.
Cuando en las eras prehistóricas una débil luz ilumina los
grandes acontecimientos; cuando la hilación de los sucesos
— 188 —
desconocidos se pierde; cuando se borran hasta las inscripcio-
nes de las tumbas, y el tiempo derrumba y amontona en un
solo escombro templos, y estátuas, y dioses, ó auméntanse al
revés las grandes acciones, los grandes triunfos, las grandes
catástrofes, convirtiéndose en epopeya lo que era historia he-
róica, el cronista juega un rol secundario, para dejar el campo
al poeta, que con un solo golpe de vista hace la claridad en la
conciencia de los hechos pasados. La misión del poeta no es,
entonces, como muchos piensan, introducir la confusión á la
historia, que, librada á sus propio elementos de investiga-
ción en los tiempos que se han llevado hasta el recuerdo, nada
puede por sí sola. Los cantos de la epopeya tienen, forzosa-
mente, que llenar sus capítulos en blanco. No son cronistas,
sinó rápsodas y poetas los creadores de la historia griega y
romana. A Tácito y á Tito, escribiendo la historia, hubiesen
escapado siglos de acontecimientos sin el auxilio del poeta,
como escapan al astrónomo á cada instante planetas llenos de
luz, de movimiento y de vida, sin el auxilio poderoso de los
modernos telescopios. A Homero está reservada la empresa de
la historia de las proezas griegas ante los muros de lIllion.
Lo propio acontece con el génesis de los acontecimientos
americanos. Los amautas y haravecs han sido los Homeros in-
fantes de nuestra América, y todo lo que la tradición conti-
nental tiene de hermoso y de clásico es obra esclusiva del gé-
nio poético que á aquellos ha guiado. La historia, después,
con los cronistas á la cabeza, no ha hecho sinó recoger en las
páginas heladas de sus obras todo lo que la poesía había crea-
do en los abismos caóticos de la historia de la América pre-
colombiana. Pero la empresa era gigante para los haravecs y
los amautas, y preciso es que el génio fecundo de los Homero
complete las creaciones, llene de luz los abismos tenebrosos
de siglos y siglos, y apoderándose de los rayos dispersos, de
las tradiciones y leyendas esparcidas y diseminadas por aquí
y por allá, concentre en un solo foco todo: el poeta será el
creador y el poema el sol, centro de todas las creaciones de
su espíritu divino.
Preciso es también huscar y encontrar á los viejos amau-
tas y arrancarles los tesoros de su ciencia; preciso es desen-
terrar desde el vaso sagrado hasta el último de los ídolos, á
fin de darnos una idea de la mitología americana, que tan rica
debe ser en poesía, dado el espíritu supersticioso y perspicaz
del indio, así como lo magestuoso de la naturaleza, lo pro-
fundo y azul del cielo. Preciso es saber de esos cantares de
— 189 —
los haravecs, ora épicos, para alabar las hazañas de los hé-
roes, ora místicos para entonar alabanzas á las divinidades,
ora suaves, melancólicos y cálidos, impregnados de amor y
sentimiento, con los perfumes de las flores del aire.
En cada uno de estos pueblos, como el catamarcano, cen-
tros de la epopeya americana, vemos de cuando en cuando
rastros de luz, que desaparecen vertiginosamente en la tiniebla
histórica, como esas exhalaciones súbitas y repentinas, que
con la velocidad del rayo surcan el fondo sombrío de la noche
sin luna.
“En medio de las sombras, se destaca la silueta imponente
de las ruinas, los restos de un palacio, los escombros de un
templo, y donde quiera las piedras amontonadas de las vie-
jas fortalezas ó las líneas de rocas que contornean un ce-
menterio de huacas, en cuyo seno hay tesoros, y más que
-todo, secretos escondidos. Al cavar la tierra, aquí y allá, cada
dia se hace un descubrimiento nuevo: objetos de arte, de
cerámica, de cincel, de piedra, de metal fundido, llenos de
grabados, que yo no abrigo dudas de que son geroglíficos
inesplicables para nosotros, pues á mi juicio no ha de tardar
en descubrirse que los quíchuas no solo con quípus, sinó con
caracteres y letras conservaban su tradición y escribían sus
leyes. Los misteriosos grabados de las tinajas de tierra cocida
no son, no pueden ser, simples adornos caprichosos, pues en
aquellos el ojo perspicaz puede hallar relación con lo que
estas contienen. ln puestro Calchaquí hay ejemplos notables.
de ello.
ara emprender con éxito la tarea, y á fin de tomar todo
lo que se pueda de la tradición nativa, preciso es estudiar esos.
dioses de la América, que hasta hoy viven en la leyenda; pre-
ciso es acercarse á esas divinidades y arrancarles todo el se-
creto de su veneración secular. ¡Pachacamac, Huiracocha, el
Inti! trinidad sublime de las deidades nativas. ll uno es el
alma del universo, y el otro la fantasma misteriosa, el varón
venido de la mar; el Sol es el dios refulgente y es el oro «las.
lágrimas que llora». Es necesario conocer las divinidades se-
cundarias, desde el lucero de la mañana, y el rayo, todo lo
brillante y explendente, hasta el cóndor Soberano y el ¿guila
de los Andes, todo lo atrevido y lo que escala alturas. Cuántos
poéticos mitos, cuánta belleza en la tradición, cuántas cosas.
sublimes en la leyenda no han desaparecido con las razas, dejando
apenas uno que otro rastro en las páginas de la crónica. ¡Y
qué descuido el de nosotros los americanos, que nos compla-
00
cemos en desdeñar todo lo que es nativo de la tierra é hijo
legítimo de la naturaleza ó del génio de la América!
rr
Ll más denso velo cubre la cuna de cualquiera de las razas
americanas; la mayor confusión reina entre los tipos aboríge-
nas, y la antropología, á la que principalmente están reserva-
das estas cuestiones, tropieza á cada instante con escollos in-
superables, de modo que al alejarse de ellos para seguir la
rula de sus investigaciones, tiene que tomar por nuevas y es-
traviadas sendas.
Sin embargo, la antropología, auxiliada por la arqueología,
vá descorriendo poco á poco el velo de la América ante-colom-
biana. La geología, á su vez, marchando á la vanguardia de
todas las investigaciones, ha dado con más de una clave. Lo
que ayer parecía hipótesis aventurada, hoy se toma en rea-
lidad.
En nuestra América hay irrupciones de razas de Norte á
Sud, y de Sud á Norte; las unas han desalojado á las otras,
que, Ó han perecido, ó se han transformado por la cruza, des-
pués del avasallamiento.
La diversidad de tipos es un hecho constante; y los tipos
craneológicos de una región van á encontrarse á centenares de
leguas, en toda su semejanza y pureza primitivas. ln estas
regiones hay fisonomías del Norte; á su vez el tipo craneoló-
gico puro del Perú y Bolivia es el mismo que después aparece
en Méjico; el Tehuelche de la Pampa puede encontrarse en
otras regiones, como en la tierra de los fueguinos.
Si avanzamos másá las edades primitivas, dámonos con el
inmenso pueblo de los adoradores de la luna, los caldeos ame-
ricanos, los Atumrunas, de cuyo seno parece que se han des-
prendido casi todas las ramas de la gran familia sud-ameri-
cana.
Si leemos los estudios que sábios antropólogos y arqueólo-
gos han hecho de las razas peruanas, Humboldt, Angrand,
Tschudi, D'Orbigny, Squier, Wiener, etc.. la confusión se hace
más grande, por la multiplicidad misma de los innumerables
rayos de luz que sus observaciones arrojan, de tal manera que
nos ciegan los ojos de la investigación.
¡Qué podemos saber, entonces, de la cuna de los antiguos
habitantes de los valles del Nord-Oeste de la que es hoy Repú-
— 191 —
blica Argentina, de los famosos Calchaquíes, á los cuales recién
comienza á estudiarse?
Encontrar el génesis de estas familias, desaparecidas ó muy
modificadas, tarea será dificilísima para la ciencia antropológica,
que en las regiones calchaquinas se dá con una craneología
que varía á veces de un punto á otro, y que lo único que de-
muestra claramente es el orígen híbrido de las razas andinas,
pues mientras en Catamarca se encuentra al hombre de cráneo
largo, con la deformación llamada generalmente aimará ó ma-
crocéfala, el Huarpe de San Juan es de la familia de los hom-
bres de cráneo cuadrado, y achatado artificialmente en la frente
y en la nuca. :
En nuestros calchaquíes mismos encuéntranse típos de todas
ó casi todas las deformaciones artificiales.
Cuando hable, pues, de orígenes calchaquinos quicro refe-
rirme á sus orígenes más inmediatos, á fin de saber, siquiera,
si la raza de nuestras montañas es originaria del país; y, caso
que no lo sea, á qué familia conocida puede pertenecer, y de
dónde y cómo vino á enseñorearse del país.
A este respecto, así mismo, bien poco se puede contestar,
y hay que ceder mucho campo á la congetura científica.
Puede que la primitiva nacion kakana, á la que se hace
figurar como oriunda y dueña de estas tierras, sea distinta de
la nación calchaquí, por su orígen étnico, contestura físi-
ca, lengua, costumbres y métodos de vida. lis una cuestión
resuelta que naciones bárbaras hicieron una gran irrupción,
no hará muchos siglos. las que, á semejanza de los bár-
baros que asolaron la Europa, dieron en tierra con la primitiva
civilización de estos valles; que esta civilización (sea Ó no ka-
xana) fué relativamente adelantada, no hay duda alguna: las
pirkas, los restos de pueblos que hoy comienzan á exhumarse,
los objetos de arte diariamente encontrados, son los restos
preciosos de esa civilización desaparecida, destruida por los
bárbaros, que probablemente fueron los calchaquinos.
Estos objetos de arte son tan importantes, tienen tal valor
comparados con otros de las antiguas civilizaciones del Viejo-
Mundo, que muchas veces les superan, por lo admirable de la
obra artística. En una de las regiones de la gran provincia tu-
cumana, en Santiago del Estero, hánse hecho preciosos hallaz-
gos. En esta región, dice el Dr. Moreno, «vivió un pueblo do-
tado de un sentimiento artístico muy avanzado; la alfarería
allí es aún mas fina, mas elegante, que las de Troya y Micenas
en la Grecia antigua; sus colores persisten con una viveza
— 192 —
admirable». Aludiendo este mismo naturalista á las ruinas
de la antigua civilización catamarcana, escribe lo siguiente,
que es interesante transcribir: «En Catamarca, dice, el terreno
está sembrado de ruinas; por valles, laderas y montañas no
se dá un paso sin encontrar sepultada alguna hacha de pie-
dra :ó de cobre, ídolos, alfarerías espléndidas, cimientos de
ciudades arrasadas, murallas de altas fortalezas».
La tradición de los valles calchaquíes es interesante en más
de un sentido. Esta, por ejemplo, nos habla de gigantes veni-
dos al país, y yo no dudo que así haya sido: estos gigantes
no pueden ser otros que los patagones, pueblo del que hay ras-
tros de diseminación, aunque el distinguido naturalista á quien
he citado manifiesta que no pudo obtener, en su viaje á los
valles cachalquíes el 76, los jalones que ligaran á sus tribus
con las patagónicas, y completaran el cuadro de la vida pa-
sada.
Distintas familias sud-americanas parece que han poblado
el país.
lis de sospecharse que tribus análogas en raza á las del Chaco
hayan penetrado en épocas remotas á los valles catamarcanos,
y acaso dos ó más de estas tríbus. La lengua kakana, sin
duda, es de las del tipo de las del Chaco, familia Abipona.
La craneología, repito, acusa gran mezcla de tipos, y mu-
chos de los cráneos que la tierra ha conservado hasta hoy, os-
tentan deformación artificial, armarítica Ó puquina. Conviene
hacer notar que la palabra Catamurca tenga traducción ayma-
rá: Catan, es pequeño, y marca, es pueblo, como Cajamarca en
Perú; Machamarca, pueblo de la cueva; Andinamarca, y otros.
Es indudable, de la misma manera, que se encuentran crá-
neos de tipos araucánicos. La inhumación de cadáveres en tina-
jas, de lo que también se han visto tantos casos en el país, es
costumbre guaranítica, que aún dura.
Si pudiéramos penetrar el kakano, la cuestión se despejaría
mucho. La famosa palabra Titaquín, y tres más que se cono-
cen, inducen á creer que se trata de una lengua caríbico-abi-
pona.
La prueba concluyente de la diversidad de razas que han
poblado nuestro Calchaquí, está, así mismo, en los nombres de
los lugares, los que tienen, etimológicamente considerados, orí-
genes diversos, siendo un hecho evidente que responden á
cinco lenguas: araucana, quíchua, aimará, tonocote y kakana,
como tendré lugar de indicarlo en este libro, en repetidas oca-
siones.
— 193 —
Tales son los datos truncos y dispersos que he podido re-
coger, relativos á las razas que formaron ese pueblo híbrido,
de elementos hetereogéneos, que habitó los valles calcha-
quinos.
La verdad de estas afirmaciones, así como las futuras no-
vedades científicas en esta materia, obra serán exclusivamente
de la antropología y arqueología, aquella dando vida al esque-
leto de las huacas, y ésta removiendo las ruinas del gran pan-
teón histórico de nuestras montañas.
1081
Al estudiar la historia del Tucumán, y cuando necesidades
imperiosas de la investigación histórica nos hacen penetrar en
el laberinto de la lingúística de las viejas razas, instantánea-
mente llámanos la atención el hecho de darnos con marcados
y visibles rastros araucánicos, los que indudablemente, se pa-
recen á una nueva revelación.
Nadie aún, que yo sepa, ha examinado con ojo atento é in-
vestigador esas pisadas araucánicas, en esta tierra, tan vírgen
para la historia, como para el poema, como para la ciencia.
Nombres de lugares esparcidos aquí y allá, palabras del
idioma usual de nuestros índios, y hasta tradiciones, al estilo
de la de los quilmes de Santa María, cuya procedencia del
otro lado de la Cordillera no puede ponerse en duda, dícennos
claramente que algo ó mucho ha tenido que hacer la cultura
araucana en la formación del pueblo tucumano.
Si se comienza por la terminación ó radical ao, de la len-
gua kakana, en los nombres de lugar, que como Tucumando
abundan por decenas en nuestro país, y se concluye por mu-
chas de las palabras usuales, dámonnos con bien marcados ras-
tros araucánicos en el idioma nativo.
La región araucánica de Patagonia, en donde el ranquel es
el araucano mismo, llena está de nombres de lugar terminados
en el ao de los nuestros. Desde luego, en el mentado mapa de
Cano y Olmedilla pueden verse inmediatamente nombres como
Terao, Quitao, Quinchao, Ahuitao, Aliao, etc., tan abundantes
como en nuestra geografía catamarcana, en la que contamos,
por ejemplo, con Anguinahao, Viambalao, Animandao, Julanao,
Pilciao, etc.
Esta notable coincidencia no puede ser una mera casuali-
dad, y razones poderosas, vedadas para nosotros, ha de haber
— 194 —
que expliquen el parentesco entre el kakano y el araucano, que
para mí es indiscutible.
Idéntica cosa que con el ao acontece la radical hwll, termi-
nación de una buena cantidad de nombres de lugar. De huill,
es conocida su procedencia araucánica, y significa «aglomera-
ción, todo,» y así huillpan, por ejemplo, es sarta, aglomeración
Ó acopio.
En nuestra provincia de Catamarca, especialmente, hay va-
rios nombres de lugar que indefectiblemente son araucánicos ó
están emparentados por consanguinidad con lengua de allende
la Cordillera. De estos nombres citaré algunos, que aún
llovan dichos lugares, casi todos conocidos de nosotros, no dis-
tantes de la ciudad de Catamarca algunos de ellos.
Nombres araucánicos son, por ejemplo: Coneta, Tipioli, Ci-
gali, Ongoli, Polco 6 Motimu. El nombre de Coneta descompónese
fácilmente de este modo: Con y etad, indicando con la idea de
que «algo se pone». En Zipiola, la partícula ¿ol está emparen-
tada con otra araucánica del mismo valor. En araucano yeln
Ó yuln es «llevar á otro,» y yols, usado hasta hoy, es una ar-
yana en que se acarrea cualquier cosa. Cigale y Ongoli, por su
terminación en l, acusan un orígen araucánico.
En el oeste de esta provincia de Catamarca encuéntrase el
renombrado valle de Conando, que más de una vez figura en la
epopeya calchaquí; y, sin duda, ya que no tiene traducción en
la lengua general del Perú, es Conantá, que sería puramente
araucano, descomponiéndose de este modo: Con y antu: con,
significa «puesta» 0 «que se pone,» como más antes lo dije,
y antu, tan semejante á ¿nti, cuzqueño, es «sol»; de modo
que el nombre en cuestión equivaldria á «sol que se pone »,
ó sea «valle de occidente», en un sentido más lato.
ln la Rioja es notabilísimo el nombre Arauco (agua de la
greda ), cuya procedencia, á juicio de cualquiera, no puede po-
nerse en duda.
Con esto de nombres, que solo en araucano tengan expli-
cación, puede uno darse en otras provincias, y en Buenos Ai-
res hay dos notables: los de Chivilcoy y Areco.
Nada digo de la Pampa, en donde casi todo es araucánico,
inclusive los nombres de dos de sus últimos caciques: Calfu-
curá y Namuncurá.
La palabra Pucara, nombre genérico de las fortalezas indí-
genas, y nombre de la famosa antiplanicie del Anconquija ca-
tamarcano, tampoco tiene traducción quíchua, mientras que en
araucano la palabra puede descomponerse así: Pu y cara 6
— 19 —
kara: pu, quiere decir «que suben y bajan», y cara se traduce
por «población », v al parecer también por «murallas ».
Thipan es palabra eminentemente araucana, y significa «sa-
lir». El nombre de Machigasta, de los pueblos de la Rioja, es
araucano: machi, significa «médico, adivino, brujo». En el
límite con esta misma Provincia, en el Pantano, hay una tríbu
indígena denominada picon, que á mi juicio es la de los picon-
ches, familia araucánica.
Han sido araucanas muchas de las palabras del idioma que
hablaron nuestros índios, de las cuales consérvanse hasta el
dia algunas en el idioma vulgar, como cuncuna, hualicho, upite,
etc. Il estudio de la lengua nos lo prueba. Razón tenía el se-
nor Juan M. Larsen, cuando en un prólogo al «Arte General
de la lengua de los Indios de Chile», del P. Andrés Febrés,
ha escrito: «lín cuanto á la utilidad del araucano, ó mejor
dicho, su indispensable necesidad, no es menester decir que
por él se explican también un sin número de vocablos de uso
común, como por ejemplo: laucha, guasca, chicha, chiripá, choclo,
chuchoca, chuño, chacra, chala, etc., etc. »
¿n el diccionario de chilenismos del señor Zorobabel Rodrí-
guez, están apuntadas muchas de esas palabras, de uso co-
mún.
Podría citarse una buena cantidad de palabras araucanas
usadas por los índios del Tucumán, algunas de las que per-
sisten en el idioma vulgar, bastándonos para ejemplo con éstas:
cumé, es «bueno», y tal vez de allí viene cuma, «amiga»; picha,
es «chico»; machi, es «gato»; pirka, es «muralla», ote. Talca,
«liebre», en Tinogasta, sin duda que tiene parentesco con Tal-
cahuano, de Chile. Lo mismo digo de huaspana, siendo hua
«maíz», en araucano.
Todo esto y mucho más demuéstranos que los viejos idio-
mas nativos de Catamarca, principalmente el kakano, están
emparentados con la lengua general de los índios de Chile.
Cuanto dejo apuntado, relativo á huellas de la cultura arau-
cana en nuestro país, coincidencia, consanguinidad ó afinida-
des de lengua á lengua, formas craneológicas, dícenos clara-
mente, á mi juicio, que la raza catamarcana forzosamente ha
tenido contactos con la chilena; y, no es, entonces, hipotético
pensar que algunos siglos antes de la conquista castellana
los valerosos araucanos invadirían nuestro país, siendo éstos
arrojados posteriormente por los naturales, tal cual aconteciera
con los árabes de I'spaña, ó por la irrupción calchaquí.
Esta congetura histórica hácese más verosímil cuando se tiene
e
en Cuenta el ódio de los tucumanos á los chilenos. Sabido es
que cuando los Quilmes cruzaron la Cordillera, al pisar tierra
tucumana nuestros calchaquíes recibiéronlos con las armas en
la mano, y que recién después de reiteradas satisfacciones dieron
éstos á los proscritos hospedage en sus tierras.
Hay otro hecho histórico consignado por los cronistas, y de
mucha trascendencia para el asunto: cuando la expedición in-
cásica, los tucumanos enseñaron al Inca los caminos que con-
ducían á Chile, ponderándole sus riquezas, con el propósito de-
liberado de precipitar á sus capitanes á la conquista de ese
país.
liste incidente histórico no prueba otra cosa que la pertináz
odiosidad de parte de los tucumanos á los índios de Chile, sus
temidos vecinos, «que causas políticas muy sérias debieron haber
fomentado y originado, tanto más cuanto que la inmensa Cor-
dillera separaba un pueblo del otro. como una colosal barrera
de olvido á las viejas querellas.
ll gran fuerte de Huatungasta ó Troya, sin duda que esté
destinado á atajar el paso á los índios chilenos. De este fuerte
hablaré con detenimiento en otro lugar.
Un otro hecho incontrovertible prueba que araucanos hubo
en el país: la delatación que de ello hace la craneología, la que
acusa de haber esqueletos araucanos en el suelo de los cal-
chaquíes.
La fundada opinión que acabo de emitir paréceme, en vista
de los antecedentes que he apuntado, más aceptable que la que
con este motivo emite el señor Lafone Quevedo, de que en un
tiempo muy remoto existía una gran nación andina que ha-
blaba un idioma que sería el tronco de todas estas lenguas,
semejantes las unas á las otras, lo que implicaría una esplícita
negacion de la supuesta invasion araucánica á nuestro país.
Son estas las palabras de este distinguido americanista: «Aquí
corresponde hacer una advertencia: el usar la palabra Arau-
cano como calificativo de idioma, de ningun modo quiero decir
que los índios de Chile, que nosotros conocemos bajo este nom-
bre, hayan impuesto el todo ó parte de su vocabulario á las
naciones que hablaban la lengua del Cuzco ú otra cualquiera
de las que abundan en voces semejantes á las de aquella rama
lingúística; lo que yo pretendo únicamente es, que en algun
tiempo muy remoto, antes que nacierá la tal Lengue General
en la forma que á nosotros ha llegado, existió una gran nación,
que por lo menos ocupaba toda la región andina de nuestra
América y hablaba un idioma que fué el tronco del que el
— 197 —
Cuzco, Kakan, Araucano de Chile y tantos otros dialectos eran
ramas; por esto, y la proximidad geográfica se explica la co-
munidad de voces.»
IV
El idioma nativo, la lengua primitiva de nuestros índios,
tanto del oeste de la Provincia, como de la rejión diaguita del
Sud, liste y Centro, es el Kaka ó kakan.
Lengua cacana, serrana Ó montañesa, es una misma cosa, pues
que cacá signilica «montaña. »
De esta lengua, que parece tener su orígen en las del Chaco,
conservamos rarísimos antecedentes, pues casi era ignorada de
los españoles, ó más bien dicho de los misioneros, que son los
que nos han dejado en sus crónicas luminosas casi todo cuan-
to sabemos de las viejas razas. Esto no obstante, el célebre
Padre Techo nos ha trasmitido algunas cuantas relaciones sobre
el kaká, y entre los pocos que poseían la lengua hay que re-
cordar al P. Bárcena, quien se asegura que predicó con acierto
en kaká á los índios del Alto y Ancaste.
lis verdad que casi era imposible poseer esta lengua, por
las dificultades naturales de la pronunciación de las palabras;
y así Lozano dice de ella, con singular exactitud, «que solo la
percibe quien la mamó de leche», añadiendo que «es en estre-
mo revesada, pues se forman sus voces en solo el paladar». Y,
en efecto, segun lo manifiestan todos, que el kakan es comple-
tamente gutural y áspero.
Infinidad de voces que hasta hoy persisten, indudablemente
que han tenido un orígen kakano, pues no se les encuentra
significación en los otros vocabularios. Por lo menos, lo repito,
la lengua kakana es para nosotros lengua casi del todo desa-
parecida, y solo tenemos certeza de que pertenecen á ella algu-
nas pocas palabras.
In el idioma existen hasta hoy las siguientes palabras,
por ejemplo, que muy probable es que casi todas ellas scan
kakanas; aloja, ancoche, amicho, aibe,—cacuy, cachufo, cata,
caranche, cochucho, cachilo, chuña, coñatero, chamisa, chu-
mingo, chumuco, chambao, chifle, chui, chano, chango, chun-
chula, churqui—higúana, huairao, esturaque—lechico, lampaso—
mogote, mocho, mato, moto, macal, ñanca—patay, pilcha, pin-
go, pita, pácara—quechupay, quililo, quitilipe, sotreta—tuna,
tashy, tolola, tuco, urqui, ulpa, ura, yuchan, y muchas otras
que podría citar.
— 108 —
Hasta hoy existen en nuestra Provincia otros rastros inde-
lebles del idioma nativo. Parece que el gasta, terminación tono-
cote de los nombres de lugar, que significa pueblo, era tambéin
palabra kakana. El ahaho, pueblo, como el gasta, es palabra de
esta lengua, siendo ao corrupcion de ahaho, á estar á las refe-
rencias de Lozano.
Nombres de pueblos con terminaciones kakanas tenemos
muchos, como Tucumanao, Colalao, Pichijao, Sido Pilciao,
Julamao, Culanao, etc.
Respecto al gasta hay que advertir que los econ: la tribu
más kakana, conserva nombres de lugares con esa termina-
ción, Jo que corroboraría lo que acabo de decir respecto á su
orígen kakano.
Se cree que Coneta, lugar distante tres leguas de Catamar-
ca, haya sido la metrópoli cacana, y que Ongoli, muy cerca de
Sn perteneciera á esa misma fonolla.
A propósito de que muchos de estos nombres de lugar sean
cacanos, y no lleven el nombre de los caciques ó geles de los
mismos, debe observarse que como el kaká desapareció con el
quíchua, que propagaron los Incas, y era éste el idioma de
tiempo de la conquista, quíchuas debían ser los nombres de sus
caciques, pues que los lugares tendrían ya centenares de años
de existencia, y generalmente los índios gustaban conservar
los nombres clásicos, cosa que nosotros, con culpable imprevi-
sión, desdeñamos.
El kaká tiene muchos puntos de contacto, y aún de paren-
tesco, con el quíchua y araucano, lenguas que parecen derivar,
según Lafone, de algún otro idioma madre, mucho anterior ú
ellas. En Catamarca el kaká se inclinaba mucho al araucano,
y se le consideraba con tantas semejanzas al quíchua, que no
ha faltado quien pensara que no era sinó un dialecto de la
lengua general.
De la lengua araucana ya he dado todas las noticias que
hacen á mi propósito, al referirme á la posibilidad de una
irrupción araucánica al país.
El araucano, anadiré, está emparentado con el quíchua, así
como con el kakan, y algunos son de opinión que el primero
de estos idiomas no es sinó el antiguo quíchua mezclado con
alguna otra lengua, dada la similitud entre uno y otro. A más
de eso, juntos han existido el quíchua y el araucano, muy es-
pecialmente en el país de los diaguitas catamarqueños.
Todos los nombres terminados en ancu Ó ancun, son arau-
canos.
— 199 =
Se asegura que el nombre de Conecta es araucano de pura
sangre: Con, es «puesta» (de Sol, por ejemplo), y etad, «mo-
ginete»; de manera que la palabra se escribirá Conetad, y «acaso
algun moginete destruido ó imperfecto, ó algun adorno colo-
cado por la primera vez, pudo ser causa porque este nombre
se diese al lugar».
El ao, es, así mismo, araucano, y se le halla con frecuencia
en las regiones fronterizas de Arauco.
«lista semejanza, dice Lafone Quevedo, en los nombres de
lugares me llamó mucho la atención y me hizo acudir al dic-
cionario Araucano con el objeto de ver si en esos vocabularios
hallaba alguna explicación satisfactoria de muchos de los nom-
bres catamarqueños, que se resisten á la traducción por la len-
gua del Cuzco. Quiso la casualidad que al abrir el libro diese
con la palabra cuncuna, que significa gusano, y es muy usado
en Tinogasta para expresar el insecto que apesta las alfalfas;
en vano la había buscado en los diccionarios quíchuas. La palabra
que yo necesitaba era Conando, nombre que fué del valle en que
refundó la ciudad de Lóndres despues que Castañeda la retiró de
Quinmivil; por suerte mia la hallé y con una interpretación
muy completa que casi determina con fijeza la ubicación de este
valle. Conantu en la lengua del Sud significa al ponerse el Sol...»
Hay, así mismo, comunidad de orígen en la famosa radical
huill, de tantísimos nombres de lugar en la Provincia.
Nos falta dar una ligera idea del idioma tonocoté ó lule, que
no parece ser uno mismo.
Aunque los Jules son oriundos del gran Chaco, no por eso
han dejado de influir en las lenguas calamarcanas, pues que
pueblos Jules habitaban una porción de territorio al oeste de
la Provincia, y, sobre todo, cerca de San Miguel de Tucumán.
Iran fronterizos de Talavera de Madrid 6 lísteco.
Hay, por otra parte, que recordar las dos invasiones lules
en el siglo pasado. Il célebre Peramas refiere que en 1735 los
lules invadieron las fronteras de Salta, en número de mil qui-
nientos, y matan, úá tres leguas de la Capital de la Provincia,
á cuatrocientos colonos. Posteriormente, en 1740, vencen á los
españoles, que tenían más soldados que ellos, arriándose mil
saballos, como fruto de botin. Recién en 1752 el Padre Pedro
Juan Andreu los trasladó por su propia voluntad á su vieja
residencia de Miraflores.
Lis de advertir que el P. Andreu era muy considerado de
los lules; conocía su idioma, pues que en 1737 predicábales en
su propia lengua.
— 200 —
El famoso Padre Antonio Machoni, autor del «Dia Virgineo
ó Sábado Mariano», y rector mucho tiempo del Colegio Máxi-
mo de Córdoba, poseía, así mismo, con perfección este idioma,
que aprendiera en 1711 en las misiones lules, entre cuyos índios
permaneció el largo espacio de nueve años.
Machoni nos ha hecho el bien inapreciable de dejarnos su
«Arte y vocabulario de la lengua Lule y Tonocoté», impreso
en 1732.
Nuestro célebre P. Alonso Bárcena, mucho áñtes que Ma-
choni, en 1589, predicó el Evangelio á los lules, acompañado de
los jesuitas Hernando Monroy y Juan Viana. Il P. Bárcena
también nos ha dejado una «Gramática y vocabulario en len-
gua Tonocoté».
Ya que hablo de misiones, es oportuno recordar que el
siempre venerable y piadoso San Francisco Solano predicó tam-
bién á estos índios del Rio Grande del Chaco, hoy Bermejo.
líl lule es de los idiomas más pobres y de más difícil pronun-
ciación.
Faltan á esta lengua infinidad de palabras en su vocabulario,
y en su alfabeto son totalmente desconocidas las letras d, d, f,
gy, r. Sin embargo, tiene todas las partes de la oración; sus
verbos son invariables en la conjugación, y su raíz es general-
mente una ¿. Como el quíchua, tiene algunos adverbios en ca-
lidad de partículas de ornato. Carece absolutamente de nom-
bres abstractos. Son las interjecciones como bocablos mudos,
y solo señal é índice de los afectos del alma.
Ludewig ha encontrado parentesco entre el lule y el bilela.
Ll lule es notable por sus onomatopeyas. Voy á citar algu-
gunas: to aquelp, agua hirviendo; suucleugc, ahogarse; 2mieuyy,
arrullar; ucucup, aullar; cocó, buho; ¿stactasc, dar palmadas; ta-
tasc, dar bofetadas; taclupupe, batir huevos; tacatacaa, golpear;
pulump, gordo; xololóc, gotera; yhéuwmp, hueco; a2alá quíquips,
lechuza; tactóc, quebrar nueces; ucc, beber, etc.
De las palabras lules, aún usadas en nuestro idioma, como
si fuesen castellanas, no recuerdo por el momento sinó yapaa,
añadidura, y sancu Ó sanco, comida de salvado de maíz. La
palabra poroto 6 poloto, también es lule, por más que todos la
tengan por española de raza.
Todos los numerosos gasta de nuestros pueblos, son lules.
Groussac piensa, en sus apuntes históricos, que la lengua
del antiguo Tucumán era el quíchua, basado en gramática lule.
Hasta aquí el P. Machoni y los que le siguen, que lingúls-
tas muy respetables no quieren saber nada con el lule en el
— 201 —
Tucumán. Sea esto dicho para salvar mi opinión al respecto,
lo mismo que si lule ó tonocote son una misma lengua.
V
Réstame, por fin, hablar del keshua ó quíchua, al que voy á
dedicar algunas páginas, por ser el idioma del Tucumán en
tiempo de la conquista castellana, con tanta más razón cuanto
,
que es la más perfecta é importante de Jas lenguas que haya
hablado la América.
El quíchua, como se sabe muy bien, no es la lengua nativa
de Calchaquíf, pues fué el idioma del país recién cuando las
huestes cuzqueñas penetraron triunfantes ú estas regiones.
Oriunda del Cuzco, los Incas desparramaron la lengua en
los paises conquistados, á quiénes se obligaba á olvidar para
siempre su idioma, de buen ó mal grado. Con este propósito
los Incas acostumbraban llevarse al Cuzco á los caciques y
principales de la corte del país conquistado, á los mismos que
no se permitia regresar hasta que poseyesen bien el cuzquenño,
que luego debieran desparramar en un pueblo. Aparte de eso,
la enseñanza era obligatoria, y así dice el viejo cronista Sar-
miento (Cieza): «Aún la criatura no hubiese dejado el pecho
de su madre, cuando le comenzasen ¿ mostrar la lengua que
había de saber; y aunque al principio fué dificultoso é mucho
se pusieron en no querer aprender mós lenguas que las suyas
propias, los reyes pusieron tanto que salieron con su intencion,
y ellos tuvieron por bien de cumplir su mandato, y tan deve-
ras se entendió en ello que en tiempo de pocos años se sabía
y usaba una lengua en más de mil y doscientas leguas. »
Estas mil y doscientas leguas á que alude el cronista Cieza
de Leon, son los dominios incásicos, en los cuales tenian los
Incas como doce millones de vasallos. Por el Sur, Topa Inca
Yupanqui, cruzando el Atacama, señaló sus dominios hasta el
Maule. Por el Norte, su hijo, Huayna Capac, padre de Ata-
huallpa, llevó sus conquistas hasta más allá del Icuador, y
agregó el reino de Quito al imperio, ciñendo en la capital ex-
trangera el llautu. La madre de Atahuallpa era hija del último
Scyri de Quito.
Se ha indagado mucho sobre los orígenes del quíchua, cre-
yéndosele hijo de una lengua madre primitiva, que quizá sería
asiática, y tal vez pelasga, ccmo asevera el Dr. López.
Tomo V. 20
— 202 —
Si el quíchua es dialecto de alguna lengua madre, parece
seguro que ese dialecto nació con la civilización incásica, y que
el Cuzco fué su cuna. ls por esto, sin duda, que el idioma de
los peruanos denominábase cuxqueño.
Sin embargo, escritores sérios aseveran que el quíchua llegó
á hablarse en países desconocidos para los Incas. Velasco, por
ejemplo, refiere que al llegar los Incas á Quito con sus legiones
conquistadoras, sorprendiéronse éstos al oir que allí se hablaba
su lengua quíchua.
Por lo demás, el quichua parece emparentado ó tener mu-
chas afinidades con el kakán y araucano. Con el amará parece
hermano.
Pasando ahora á los caractéres especiales de la lengua, el
quíchua, como los idiomas orientales, es adversario á toda va-
riación Ó forma gramatical que pueda tener excepciones, de tal
modo, que esta es generalmente fija. ls de una regularidad
inalterable.
Los elementos (que llegan á fallarle son suplidos por las
partículas «de ornato» y las «interpuestas al verbo», que lle-
gan hasta cambiar la significación de las palabras, como luego
veremos.
La lengua tiene repulsión por todas las letras y sílabas de
sonido indeciso: un quíchua no pronuncia jamás ce, ed, sinó ke,
le, siendo bien determinado el valor fónico de la %. No tiene
sinó una sola declinación y conjugación. La construcción de
las oraciones es singular, como luego veremos.
El quíchua, para decirlo todo de una vez, forma entre esa
numerosa clasificación filológica de lenguas que se denominan
turánicas.
Carece de nombres abstractos, ó, más bien dicho, no exis-
len por sí mismos. lístos se componen del concreto y el infini-
tivo ser, hecho lo cual las partículas posesivas mi, tú, etc., cali-
fican el nombre. Así, para expresar las ideas de «blancura»
y «bondad», se diría: yurae, canty: «mi blancura»; alli cayniy-
quí: «tu bondad».
Sin embargo, hay palabras que parecen tener caracter de
abstractas. Pachaucamac es ejemplo notable de ello. Según Gar-
cilaso significa «que dá ánima al mundo universo», pues que
Pacha es «mundo universo», y camac participio presente del
verbo cama, que es «ánima ».
Curioso es observar que en esta lengua, que tiene tanto de
gutural, la mayor ó menor expresión en la manera de pronun-
ciar las letras ó sílabas, hace variar completamente el signifi-
— 208 —
cado de las palabras. Para demostrarlo con claridad, me valdré
de un ejemplo del Padre jesuita, Juan de Figueredo: «Hay
muchísimos vocablos, dice, que significan cosas muy diversas
por sola la diferente guturacion con que se pronuncian, como '
este nombre ttanta, que si se le pronuncia hiriendo con fuerza
la lengua en los dientes, significa el Pan; si se le pronuncia
con alguna aspiracion despues de la primera ', tocando blan-
damente los dientes thanta, significa andrajo ó andrajoso; pro-
nunciada sensiblemente como en Castellano tanta, significa
junta ó congregacion». Y de aquí tantaná es juntar ó recoger.
Así mismo este vocablo Cara tiene tres significaciones, segun
la guturacion con que se pronuncia: haziendo la guturacion
blanda en lo último de la garganta, Kara, significa el Cuero ó
la Piel, guturando, con alguna mas fuerza en lo mas exterior
de la garganta, Ceara significa pelada, calba; y de aquí: Ccara-
vma, significa hombre calbo. Guturado en lo hondo del pala-
dar con mucha fuerza: Kcara, significa escosor, y de aquí líca-
rammt, escueso. ste nombre Pacha, si se pronuncia rompiendo
los lábios al ayre con fuerza, Ppacha, significa ropa ó vestido,
pero si se le pronuncia sencillamente Pacha, el lugar.»
Por lo demás, luego, al hacer un estudio de la guturación
propia del idioma, daré una idea más cabal de la lengua; y
desde ya puedo anticipar que este idioma nativo, por su estruc-
tura artística, sus combinaciones gramaticales, por su melodía,
sencillez y claridad, es la más perfecta y pura de todas las len-
guas americanas. Armonioso y suave, el quíchua derrama en
cl acento melancólico de la quena, toda la poesfa, lodo el senti-
mentalismo del alma que cree, ama ó espera. ¡Cuán blandos y
entusiastas no eran, según el testimonio de los cronistas, esos
himnos de haille 6 de triunfo, que los españoles mismos ento-
naban en sus noches de insomnio, y que escuchaban los pobres
índios encadenados en las vísperas del suplicio, estrellándose
en su oido los viejos y dulces cantares de la patria como la
maldición á la raza!
Refiriéndose al hermoso idioma quíchua, tal vez, con car-
gado entusiasmo, un distinguido quichuista contemporáneo,
escribía poco há: «es una lengua de la cual pocos filólogos
se han preocupado hasta ahora, creyéndolo quizá algun resto
de barbarismo, siendo ella la lengua mas perfecta, la más ar-
moniosa, la mas elegante de cuantas se conocen. En ella no
hay irregularidad alguna, ninguna anomalía; ella es muy clara
y sencilla, grandemente espresiva, dulce, sentimental y melo-
diosa, cuya prosa si se habla con propiedad, es una poesía con-
— 204 —
tinuada y se presta con facilidad para cualquier composición,
ya se tenga presente el pié, ya la rima; todas sus partículas
son significativas sin que tenga cosa que se oculte á la inteli-
gencia: en fin, es una lengua propia que se maneja por sí mis-
ma sin mendigar palabras ó frases, como hacen otras; que si
el uso ó trato contínuo ha introducido ya varios términos espa-
ñoles, no porque ella carezca de modo para espresar dichas pa-
labras, sinó que al contrario, sabe acomodarlas á supropio esti-
lo con tanta precisión, como si fuesen suyas!»
Al hacer una rápida reseña de las particularidades de la
lengua quíchua, se debe comenzar por el alfabeto, respecto del
cual debemos observar que su traducción á los caractéres cas-
tellanos no es del todo exacta, pues muchas veces nuestras
letras no son equivalentes á los sonidos propios y guturación
especial del quichua.
Ls también de advertir, que en la lengua cuzqueña no existen
las letras B, D, F, G, J, L, X; y que aunque los cronistas es-
criban palabras quíchuas como Inga, Cochabamba, Lanafca,
Xauxa, y entre nosotros se hable de Chumóicha, Guasan, Gual-
fin, etc., todo esto, por las letras introducidas, es quíchua fal-
seado Óó corrompido al adoptarse á nuestra lengua, debiendo la
b pronunciarse y escribirse p, así como h la y, en los ejemplos
propuestos, advirtiéndose respecto de la » que en quíchua tiene .
una ligera aspiración. Respecto á la £, hágola figurar entre las
letras que no existen, por cuanto su pronunciación ó valor eufó-
nico es siempre £1, doble. Sin embargo, encuentro en el famoso
quichuista, el jesuita Diego de Torres Rubio, en su «Vocabu-
lario» de 1610, que la ¿ muy escepcionalmente no tiene sonido
doble, como en ppalta, lampa, larica.xa.
Hay, por otra parte, que añadir que como á veces la pro-
nunciación de las letras es diversa, variando el significado de
la palabra, pues ora aquella se hace en la garganta, ora pe-
gando la lengua al paladar, ó apretando los dientes, enel alfa-
beto latino correspondiente al quíchua convencionalmente los
diferentes sonidos de una misma letra, se traducen añadiéndole
una otra, del mismo ó distinto valor eufónico. Así se explica
como en muchas ocasiones las letras a, e, ch, h, ll, p, t, etc.,
se escriban en esta forma: Aa, Cc, Ch*, Chhek, K»), Ichi,
pe tes
Cuando se dice Capac, por ejemplo, la Ce se hace en lo úl-
timo de la garganta; C-comer en la más esterior, al principio
del paladar; Chhasca, hiriendo con la lengua el comienzo del
paladar, cerca de los dientes.
— 205 —
Respecto á la guturación hay que añadir que las sílabas
más empleadas en ella son: ca, co, cu, que, que, cha, che, chi, cho,
elas, ta, te, ti, to, tu, pa, pe, pt, po, pu.
Hechas estas ligeras advertencias, hé aquí el valor que co-
munmente tienen las letras del abecedario quíchua:
A: es siempre abierta, y su sonido corresponde filológica-
mente al fa natural; (4: un poco más fuerte que en castellano;
D: esta letra propiamente no existe, pues se pronuncia como
el th anglo-sajón; LL: es la? semivocal; H: como la j, con más
suavidad; Í: siempre fuerte como la y; I£: se emplea como la
c, y se escribe ke cuando la palabra se pronuncia formando la
guturación en lo más interior de la garganta; LI: como en
castellano, si comienza con ella la palabra; M: con pro-
nunciación latina; N: como en castellano; Ñ: como en nues-
tro idioma; O: generalmente como u; P: como en castellano;
Q: su pronunciación es muy variable, pues á veces suena sobre
el glotis ó esófago; R: siempre suave, como en italiano, y en
ningún caso como 7r; S: tan suave como la x; T: su sonido
varía con la guturación, y por eso se escribe á veces Tt; U:
como en español; Y: con sonido fuerte, aunque á veces se con-
funde con la e; Z: con mucha suavidad, y comunmente como
chh.
La manera como suenan las letras que acabo de indicar,
no es siempre constante, como lo dejé manifestado, pues hay
casos escepcionales en que la guturación cambia el valor eufó-
nico de aquellas, el que varía también según que la letra sea
inicial, se halle en medio, al lado de vocales, ó al fin de las
palabras. Otras veces una misma letra, como la (), se pronun-
cia glótica ó epiglótica, «parecido al qaqarreo de la gallina ó del
gallo cuando hace su punto cromático en el gasnate al termi-
nar su canto.»
Respecto á la pronunciación de las sílabas, dice Garcilaso:
«La primera sea que (el quíchua) tiene tres maneras diversas
para pronunciar algunas sílabas, muy diferentes de como las
pronuncia la lengua española, en las cuales pronunciaciones
consisten las diferentes significaciones de un mismo vocablo:
que unas sílabas se pronuncian en los labios, otras en el pala-
dar, otras en lo interior de la garganta. »
A estos motivos para explicar la dificultad de traducir exac-
tamente los sonidos quíchuas, hay que tener en cuenta lo que
con tanta verdad dice D. Vicente Fidel López, de que «la equi-
valencia de los signos usados por los quíchuas, respecto de
los nuestros, son sonidos que cada pueblo representa con la
— 206 —
equivalencia de sus peculiaridades ortográficas. La organiza-
ción fónica de las palabras índias, añade, muchas veces no es
bien traducida á los signos y sonidos castellanos, por las gran-
des diferencias de la pronunciación. »
Il quíchua, como nuestro idioma, tiene todas las partes de
la oración. ln aquel, como en los idiomas primitivos, los sus-
tantivos y pronombres son neutros. :
Para el nombre no hay más que una sola declinación; ca-
rece de género, y para distinguir la hembra del macho, el mas-
culino del femenino, se anteponen al sustantivo las palabras
orko (macho) y china (hembra). Se quiere, por ejemplo, hablar
del macho ó la hembra de la visckacha, el Ceuchi 6 la allpaca:
entonces se dice en quíchua: orko-viskacha Ó china-viskeacha, orko-
Ceuchi Ó china-Ceuchi, orko-allpaca 6 china-allpaca. Para hacer
el plural se añade á los nombres la partícula cuna (los, las).
En la declinación del nombre los casos no se conocen por las
terminaciones, como en el latín, sinó por la posposición hecha
al nombre de las partículas: p, pac, pa, cta, ta, man, y, pl,
huan, debiéndose en la aplicación de alguna de estas partícu-
las distinguir si el nombre á que van pospuestas termina en
vocal Ó consonante.
Hé aquí la forma de la declinación, que en singular carece
de nominativo :
Singular Plural
E cuna
p 0 pa cunap
man cunaman
cta cunácta
ah! ah!
manta cunamanta
Tomamos, como ejemplo, la muy conocida palabra quíchua -
coya, y de acuerdo con las terminaciones anteriores, la declina-
mos en todos sus casos:
Singular Plural
Nom. Coya Coyacuna
Gen. Coyap Coyacunap
Dat. Coyaman Coyacunaman
Acus. Coyacta Coyacunacta
Vocat. Ah! Coya Ah Coyacuna
Ablat. Coyamanta Coyacunamanta
— 207 —
En los nombres sustantivos son muy usados los diptongos
q0, au, ay. ya, uay, etc.
El adjetivo carece de género, número y caso, y se antepone al
sustantivo, como si quisiéramos decir: mujer (huarmi) hermosa
(sumac), sumac-huarm?t.
Por lo demás, es rarísimo encontrar en quíchua un nombre
monosílabo, y. el acento prosódico siempre vá cargado en la pe-
núltima sílaba. De aquí lo poético del lenguaje quíchua.
Hé aquí como se escriben los nombres numerales :
Hue (0 shuc) 1 Zocta ( Socta) 6
Iscay 2 Cchanchis 7
Kimxa (Quimzxa) 3 Puxac (ó Pusac) 8
Tarwa (ó Tahua) 4 Isccon (Iscón) Y)
Picheca (ó Pishca) 5 Chunca 10
Los pronombres posesivos, mio, tuyo, nuestro y vuestro, no
se declinan, sinó que se forman con la adición de ciertas par-
tículas especiales, que para los pronombres citados son: y,
yquí, n, nehie, yquiehic. Así, por ejemplo, si queremos decir:
«mi alpaca», «tu alpaca», escribiremos: alppacay, alppacay-
que, etc., del sustantivo allpaca (carnero de la tierra). Las
partículas titadas, cuando van á unirse á un nombre termina-
do en consonante, se cambian en: iy, niyqui, nin, ninchi, niy-
quichic. ¡Si queremos decir: «mi cáñamo», «tu cáñamo », aña-
diremos al sustantivo Chhahuar (cáñamo) estas partículas, es-
cribiendo: Chhahuarniy, ehhalauarniyque. 11 pronombre varía aún
en dos ocasiones más: si el nombre fuera participio de pre-
sente Óó si se hace uso del pronombre quiquiy, que significa
mismo, COMO quiquiy, «yO MISMO», quiyuiyqui, «ba mismo».
Ll verbo, á semejanza del nombre, no tiene sinó una conju-
gación y es activo, pasivo ó sustantivo. Tiene los modos indica-
tivo, subjuntivo, imperativo, infinitivo y el denominado optativo.
¿n quíchua hay que distinguir entre verbos simples y com-
puestos, pues á estos últimos se agrega la partícula chi, como
si en vez de munani (yo amo), se dijese munachini (yo soy
amado). Puede además el verbo, en sus transformaciones, lle-
var partículas epentéticas y afijas.
Ión la conjugación del verbo quíchua, á semejanza del verbo
regular castellano, aquel como éste tiene una terminación inva-
riable.
Como mi propósito no es otro sinó evidenciar en que el
,
quíchua obedece á una verdadera estructura artística, dejando
— 208 —
los otros tiempos, voy á limitarme á poner un ejemplo del pre-
sente de indicativo del verbo muna (amar), estableciendo la
comparación con el correspondiente verbo castellano:
am-o muna-ni
am-as muna-qui
am-a muna-n
am-amos muna-ychu
am-ais muna-nquichic
am-an muna-n ó nc
Ll quíchua, como nuestro idioma, tiene también verbos
irregulares, como hwaccan, tian, etc.
El adverbio se forma de diez modos, generalmente añadiendo
al nombre las partículas: hina, cayninqui, cayninhuan, manta, lla,
mana, etc. E
Casi todas las denominadas partículas de ornato son también
adverbios.
La preposición se pospone siempre. Las principales son:
man, ña, pa, caylla, hahua, vra, etc.
La conjunción es también copulativa ó disyuntiva, pertene-
ciendo á las primeras las conjugaciones: huan, pas, ri, ca; yá
las segundas, las cayri, mana, ñispa, chu, etc.
Las ¿nterjecciones quiíchuas son numerosas, y expresan todos
los afectos del ánimo: entre las más comunes puede citarse
las siguientes: huaa, aha, akh, attatay, hayhay, pactach, achusto,
hal, 1ihihi, añallau, achallay (hasta hoy tan usada, achalay! —
qué oloroso!) aa, munaylla, añay, abb, yaa, acaylla, atha, achoc,
ah, etc.
La construcción de la oración quíchua es diferente de la
nuestra. La persona que hace y las partes determinadas ante-
ceden aquella á quien determinan. La frase, por ejemplo: «Yo
voy á Calchaquí á confesar al hijo del Curaca,» diríase en
quíchua: «Del Curaca su hijo á confesar á Calchaquí voy» Cu-
racap, churinta confessachiena Calchaquiman rin.
Las. denominadas «partículas de ornato», á que más antes
me he referido, son una singularidad en el idioma quíchua,
pues muchas de ellas, si no son adverbios, no pertenecen ú nin-
guna de las partes de la oración.
Las partículas de ornato, que añadidas á las palabras, ora
modifican su significado ó introducen una novedad en las mis-
mas, son: arz, ceca, ch (para los terminados en vocal), y cha
(para los en consonante), fuera de algunas otras. La partícula
— 209 —
chu, por carecer de significado propio, se asemeja mucho al
pas de los franceses.
Del Padre Diego de Torrez Rubio estracto lo siguiente sobre
el uso y valor de las partículas de que hablamos, sirviéndonos
para mayor inteligencia de los ejemplos siguientes: si se inter-
roga: ¿maypin yayaiqui? (¿dóndo está tu padre?), añadiendo
la partícula cha, llamada de dubitación, se contesta: mayman-
cha, (no sé dónde); cea, entra en las oraciones condicionales como
munas-cca ccohunqui (me lo dirás si quieres); chu, que sirve para
negar, ó más bien para forzar la negativa, se usa de esta ma-
nera: Pedro manamicun-chu (Pedro no come); amaruray-cha
(no lo hagas). No hay que confundir estas partículas con las
cha, cu ycacha, ycu, paya, rac, etc., que se denominarán «partí-
culas interpuestas al verbo,» las que mudan la significación ó
le hacen decir lo contrario. Así tenemos: apani, llevar, inter-
poniéndole la partícula mu, significa traer: apamuni, cconi, dar,
con la interposición de la partícula pu se convierte en restituir
ccopunt.
Cuanto suscintamente he espuesto sobre el clásico idioma,
nos basta para formarnos una exacta idea de él, conocer su es-
tructura artística y su belleza incomparables, lamentando que
los filólogos, que no hay lengua oriental que no hayan estudiado,
hagan á un lado la graciosa, espresiva y.dulce lengua de los
cuzqueños.
«Il idioma quíchua, dice el Padre Mossi, en su gramútica
y sintácsis, es riquísimo, lleno de artificio y de reglas muy pre-
ciosas, fecundo en variar los nombres y los verbos, suave y
nada bárbaro, capaz de energía y número, armonioso y elegante,
y que manifiesta ó arroja de sí mucha luz filológica para los
aficionados al estudio de las lenguas, al mismo tiempo que
acredita el talento de su autor y la cultura de los que contribu-
yeron á su lustre y perfección: y, finalmente, es un idioma
completo, perfecto, sin anomalía y acabado en todo su meca-
nismo: un idioma que en sus voces presenta la más viva
pintura del mundo primitivo y que la série de muchos siglos
no ha sido capáz de corromper ni alterar un ápice su primera
formación que sabe dibujar los pensamientos mas sublimes de
la filosofía con la finura que le es propia y natural, y que por
lo mismo es digno de ser cultivado, practicado y aún admirado
de los mas sábios literatos del siglo XIX. »
Estas palabras, de cuya veracidad no pueden abrigarse dudas
siempre que se conozca aunque sea los rudimentos del quíchua,
hablan bien alto del idioma de nuestros naturales y nos sumi-
— 210 —
nistran la más completa idea de su civilización, toda vez que
el idioma es el modo de ser de un pueblo, el reflejo de su vida,
la síntesis de todos sus progresos, que tienen palabras que los
revelan en la lengua de los hombres.
Hé dicho más ántes, que el quíchua, por carecer de palabras
agudas, es por sí mismo una poesía continuada, y que los
conquistadores deleitábanse escuchando la poesía y los canta-
res armoniosos de los índios. Pues bien; el entusiasmo por el
quíchua llegó á ser tal, que los castellanos mismos en más
de una ocasión compusieron idilios, cantos, himnos, odas, y
hasta dramas en quíchua, si es cierto que el Ollantay, re-
presentado delante de Tupac-Amaru en 1780, es tragedia cas-
tellana y no figura en el catálogo de las piezas del teatro p.e-
ruano, lo que á no dudar es así por el carácter semi-euro-
peo de los personages y lo cristiano de las pasiones, que
como la del amor, sería lasciva, lujuriosa y tropical, como la
tierra en que nace. Según Ricardo Palma la crítica ha venido
á demostrar recientemente que el cura de Sicuani, D. Antonio
Valdés, gran conocedor de los teatros griego y español, fué
el poeta autor del Ollantay.
«Sea de ello lo que fuere, «las piezas peruanas, como dice
un distinguido americanista, aspiraban á los honores de la
composición dramática, sostenidas por los caractéres y el diá-
logo, y fundadas algunas veces en argumentos de interés trá-
gico, y otras en los que por su carácter ligero y social cor-
responden á la comedia.»
Los aravecs, como los cantores populares de Grecia, como
los bardos de las baladas inglesas, como los poetas del ro-
mance castellano, como el trouwvére normando y los cantores
mediavales, no solo han tomado como asuntos, para cantar-
los en quíchua, el amor y la naturaleza, el cielo con su sol
y sus estrellas, la tierra con sus auroras, crepúsculos y melo-
días, sinó que los bardos nativos, en unión á los amautas,
cantaban, como aquellos, á sus héroes y á sus Incas, y en-
tregaban á la tradición y la leyenda las glorias de su estan-
darte de arco iris, los triunfos de los vencedores, á quiénes
inmortalizaba, como á griegos y romanos una hoja de laurel
en las olímpidas, una corona de Iflores del «avre, mientras la
dulce quena acompañaba al armonioso halle, el canto de los
triunfos, suave como el arrullo de la «pila, ardiente como la
corola de la achicra, candente como los rayos del Inti ó tem-
plado como el fuego sin calor del tucu-tucw!
A Garcilaso debemos una de las mas ligeras y sencillas
— 211 —
composiciones líricas de los peruanos, la que no resisto á
transcribir, para que el lector regale su oído con la armonía
del quíchua puesto en metro:
Cumac Nusta
Toralláyquim
Puyñuy quita
Paquir cayan
Hina mántara
Cunuñunun
Mlac pántac
Camri Nusta
Unuy quita z
Para munqui
Muy ñimpiri
Chichi munqui
Riti munqui
Pacha rúrac
Pachacamac
Viracocha
Cay hinápac
Churasunqui
Camasunqui
Hé aquí, para mayor abundamiento, el texto de un frag-
mento de himno que en el siglo XVII entonábase en los festi-
vales religiosos:
Virgen Mariácta capay mamayquictam
Yallitachirccanqui Angel cunamanta
Inti, Coyllurmanta Ima, hayccamantapas,
Ashuanmi cumayachirccanqui.
Llumqpac viccanmamtam paccarimurecanqui:
Cruzpi huañusparí, cquespichihuarccanquim :
Quinza ppunchhaumanta causarimpuspatac
Gloriaman ñatac ripurccanqui ....
Ccampac gloria cachun, Dios Santa Trinidad
Viñay cay Dios Yaya: Jesus Dios Churinhuan
Ispiritu Santo huan: quimza persona, huc Dios,
Ccampac vinay gloria Cacehum.
La quena, ya lo he dicho, era el instrumento favorito de
los dulces cantares quíchuas, y cuando la índia apasionada la
— 212 —
escuchaba áú la media noche, decía al importuno castellano:
«Señor, déjame ir donde voy, sábete que aquella flauta que oyes
en aquel otero me llama con mucha pasión y ternura, de ma-
nera que me fuerza ir allá, que el amor me lleva arrastrada....»
Para terminar réstame decir cuatro palabras sobre el signo
de trasmisión ú vehículo de la idea, la escritura, desconocida
de los quíchuas, que solo usaban los quipus, al parecer emplea-
dos por nuestros andalgalenses del siglo XVII, los que quizá
tendrían su guipucamayus.
Era el quipus una faja de hilos de diferentes colores, como
medio metro de largo, perfectamente retorcida, como una trenza.
Los colores del hilo eran la indicación de la idea: un hilo rojo,
. por ejemplo, decía guerra; otro blanco, significaba plata; el
amarillo, oro, etc. Los nudos eran los números.
Fácilmente se comprende que semejante medio de trasmisión
era lo más rudimentario que pudiera imaginarse en materia de
escritura, é infinitamente más indescriptible debería ser un qui-
pus que el más complicado y enigmático de los geroglíficos. lin
efecto: no era posible que los colores, por más combinados que
fuesen, pudieran expresar los miles de palabras del vocabulario
quíchua; y si se objetase que á cada color correspondería una
idea Ó.série de ideas, ya puede comprenderse la inmensa difi-
cultad, si no la imposibilidad de aprender semejante escritura,
mucho más ante la multiplicidad de los colores. Pero el objeto
verdadero de los quipu era llevar cuentas, y nada más, como
ya lo ha dejado establecido Ricardo Palma.
Los quíchuas mismos, sin poderse entender con sus quipus,
usábanlos como un gráfico resúmen de lo que oralmente debe-
rían trasmitir á sus oyentes, tal como hacían nuestros paisanos
del Oeste en sus confesiones, cuando llevaban á los piés del
confesor un atado de piedras en el poncho, representando las
más pesadas, ó de colores más vivos, los pecados mortales, y
y los pedruzcos los veniales.
Y á la verdad, por más que este sistema mueva á risa, que
salían al fin satisfechos confesor y confesado: el uno sabiendo
que el paisano nada olvidaba, y el otro sin tener deuda que
pagar ni culpa que guardar.
vI
No es raro en las viejas crónicas encontrar algunas veces
la denominación de Tucumán, Juríies y Diaguitas, aplicada ú la
— 213 —
gran provincia tucumana, y preciso es que nos demos cuenta
cabal de esta denominación.
Otras veces, especialmente en las páginas de los cronistas
chilenos, desígnase al Tucumán con los nombres de «país de
los juríes» y «país de los diaguitas,» tomando en tal designa-
ción la parte por el todo.
Indudablemente que estas denominaciones no han sido he-
chas caprichosamente por los cronistas, como pudiera supo-
nerse, cuando á más de diaguitas y juríes, propiamente dichos,
hay en el Tucumán muchas otras naciones nó comprendidas
bajo una ú otra denominación, por pertenecer á familias dis-
tintas. Y es que el nombre de diaguitas háse aplicado á las
gentes de pueblo ó índios urbanos, é intertanto reservábase el
de juríes á los índios poblados en las dilatadas campañas de
la Provincia.
Con efecto: la palabra diaguita puede escribirse de este
modo: tiac-y-ta, que nos suministraría las fáciles traduccio-
nes de «morador, localidad, » trayéndonos inmediatamente la
idea de «indios de pueblos» ó «gente que mora en pueblos »
ó «que frecuenta pueblos.» Jurí, sería al revés: «gente de
campo, rural,» ó sea aura, suri ó jure, avestruz, que con el agre-
sado de la partícula pluralizando el nombre daría juri-y «lleno
de suris» Ó «lleno de avestruces,» lo que nos suministraría una
clara idea de lo que son estos indios, pues que los avestruces
viven en lo más desierto, alejándose siempre de lugares fre-
cuentados por el hombre. (1).
Refiriéndose á esta división de jurícs y diaguitas, que ex-
plica á las claras cuanto los cronistas querían significar con
«Tucumán, Juríes y Diaguitas,» el distinguido americanista
señor Lafone Quevedo, generalizando más la idea, dice: «Dia-
guitas serían los kakanes que se habian sometido al modo de
vivir de los del Cuzco y habían adquirido su Lengua General;
juríes, los que permanecieron en un kakanismo más puro de
idioma y de costumbres. »
Indudablemente que como los surís han dado nombre á los
jurtes, estos animales serían un tanto sagrados para los tucu-
manos, lo que al parecer es así, pues que las cabezas de los
suris no figuraban entre las de las aves y demás animales que
los indios empleaban en las ruidosas bacunales del Chiqui, y ade-
más se los vé grabados en las urnas cinerarias.
(1) Después de esto, encuentro en el cronista Oviedo un párrafo en que dice
lo mismo : que juri, es suri: lo que era, pues, conjetura mia, es uma verdad.
E A
La denominación propia de ¿uríes y diaguitas está especial-
mente reservada para dos grandes tribus tucumanas: ¿juries,
son los indios que vivían en el territorio comprendido entre el
rio Salado (de Santiago del I'stero) y la actual provincia de
la Rioja. stos constituían una nación salvage, muy belicosa,
entregada sin freno á la embriaguez. Diaguitas, eran los indios
que habitaban parte considerable de la Rioja, la región sud y
sud-oeste de la Provincia de Catamarca, el valle del mismo
nombre, en el centro, y tras del Ambato toda la zona que se
estiende hasta el valle de Abaucán, así como una parte de lo
que es hoy Tucumán.
Las diaguitas eran mucho más civilizados que los juríes, y
constituían un pueblo numeroso, el que era poseedor de gran-
des tierras de labradío, dedicadas á la agricultura, como se
recordará de los maizales en berza de los capayanes, cuando
la llegada de Diego de Rojas.
Tan importante sería la nación diaguita, que gustaba á al-
gunos gobernadores castellanos llevar el título de «Gobernador
de los Diaguitas. »
Poblado era el territorio de la Rioja por diaguitas, famatinas
y guandacoles, vecinos estos últimos de los huarpés de San
Juan.
Propiamente es Tucumán la región tonocote, y su suelo era
casi en su totalidad habitado por lules y tafíes.
Córdoba es la nación de los comechingones, y el sitio en que
se encuentra la actual ciudad del mismo nombre, constituía el
centro de esta vasta nación indígena, que comenzaba en nues-
tras grandes salinas, habitadas de este lado por escalanitas y
yamanaes, indios con los cuales se dió 'el celebérrimo general
Tejada.
Más allá, en las regiones del Chaco, vivían los chiriguanos,
mocovíes, tobas y guaicurúes.
En Jujuy y Salta vivían los humahuacas, huachuacas, los
pulares, aliados de los españoles, y al sud de Salta los famo-
sos cuanto desgraciados tolombones. En seguida vivían los he-
róicos quilmes, ya en la región santamariana, persistiendo aún
con su nombre uno de ¡sus pueblos. Los calianes, en la línea
divisoria de Catamarca, constituyeron la valerosa tríbu conde-
nada al destierro, juntamente con los quilmes.
En nuestro Calchaquí, comenzando por el valle de Yocahuill
ó Santa María, vivían numerosas y belicosas tríbus, que tanto
han actuado en la epopeya de las cumbres. Este valle era po-
blado por quilmes, yocaviles é incamanas Ó encamanas.
— 215 —
In el Anconquija, en la gran antiplanicie del Pucará, vi-
vían los indios de Malli ó mallengues. lín seguida los de Singual.
Los mallis fueron transportados á Andalgalá, y Mallí se de-
nomina una de las fincas de viña más importantes de este
pueblo.
Pobladas estaban las demás regiones calchaquinas de Cata-
marca, que hoy constituyen en la misma los departamentos de
Andalgalá, Belén, Tinogasta y Pomán, por belicosas tríbus.
Habilaban el valle de Andalgalá los andalgalenses, y entre éstos
los tucumangastas, mallis, huachaschis, y huasanes. En los valles
de Bisvil y Famayfil, hoy Belén, vivían los hualfines, culampaja-
hos, malfines y famuifiles. Ys de advertir respecto de hualfines
que también los había en el valle santamariano. Siguen los
tucumanaos y paccipas, en el anchuroso valle de este nombre.
Habitaban lo que es hoy ¡jurisdicción de Pomán, los pomanes,
pipanacos, colpeños y bilichas, estos últimos una legua al sud del
pueblo de Colpes. En Tinogasta vivían los abaucanes, en el
valle del mismo nombre, los indios de Pituil (Copacabana ),
huatungastas, mayu-pucos y fiambalaos.
Vienen en seguida los diaguitas, propiamente dichos, que
continúan poblados en la Rioja, encontrándose un poco más
allá de la línea divisoria los indios pueblistas, como los de Ma-
chigasta y Aimogasta.
Cruzando las sierras de Siján ó del Ambato, dámonos ya
con nuestros diaguitas capayanes, que habitaban todo el sud de
la Provincia. Ls preciso tener en cuenta que de origen diaguita
eran también todas las tribus del oeste, escepción hecha de las
santamarianas.
Era también diaguita el centro de la Provincia, y en los
actuales departamentos de Ambato, Valle Viejo, Piedra Blanca
y Paclin, vivían choyanos, motimos, huilichas, paclingastas, etc.
Son puramente ¿juríes los indios que poblaban los hoy denomi-
nados departamentos de Santa Rosa, Alto, Ancaste y La Paz.
lIósta ligera reseña de las principales tribus ó naciones bucu-
manas, por más suscinta que ella sea, ha de servirnos mucho
como clave para darnos cuenta exacta de los pueblos indígenas,
actores de la epopeya de las cumbres.
VII
Ll señor José Victorino Lastarria escribió en Chile, por los
años de 1844, una obra que llevaba por título: «Investigacio-
— 216 —
nes sobre el sistema colonial de los españoles,» hermoso com-
pendio de la tradición araucánica, en el cual el historiador va-
nagloriábase de «la cordura de Colocolo, de la prudencia y for-
taleza de Caupolican, de la pericia y denuedo de Lautaro, de
la ligereza y osadía de Painenancu. »
Nuestro distinguido publicista, el señor Domingo Faustino
Sarmiento, tan conocido por su americanismo, esta vez en una
precipitada crítica de la obra de Lastarria, reprochábale con
marcada insistencia haberse ocupado de los índios de nuestra
América, «como si estos hombres salvages (son sus palabras)
perteneciesen á nuestra historia americana.» Luego, con todo
el desdén de la crítica, manifiesta que no se debiera «princi-
piar la historia de nuestra existencia, por la historia de los in-
dígenas, que nada tienen de común con nosotros.» «Sobre todo,
añade en otro lugar, quisiéramos apartar de toda cuestión so-
cial americana á los salvages, por quiénes sentimos, sin po-
derlo remediar, una invencible repugnancia, y para nosotros
Colocolo, Lautaro y Caupolican, no obstante los ropages civi-
lizados y nobles de que los revistiera Iírcilla, no son más que
unos indios asquerosos, á quiénes habríamos hecho colgar y
colgaríamos ahora, si reaparecieren en una guerra de los arau-
canos contra Chile, que nada tiene que ver con esa canalla. »
Sarmiento, el mismo que esto escribe, dedicó largas páginas
á sus guarpes de San Juan, como incitando á los historiado-
res á escudriñar los secretos de las razas primitivas.
Estoy en la más completa disconformidad con las ideas de
nuestro gran publicista, que, atendidas, quitarían á nuestra
naciente historia la más rica é inestinguible fuente de sus in-
vestigaciones, y á la poesía los elementos más preciosos y los
motivos más luminosos.
Nada es más interesante para nosotros los americanos que
el conocimiento perfecto de lo que fueron é hicieron las razas
primitivas, cuando más no fuera que porque somos hijos del
suelo que ellas habitaran antes que nosotros.
Fueron las indígenas los dueños de la tierra, en la cual
nosotros hemos constituido naciones y gozamos de los benefi-
cios de la libertad; y, tenga ó nó la civilización derecho á las
conquistas ú mano armada, arrebatando á los poseedores de
los siglos las tierras en que nacieron y vivieron, algo, siquiera,
no podrá negarse que se les queda debiendo, cuando más no
sea que un recuerdo, á fuer de que no seamos más que unos
usurpadores vulgares.
La historia de las razas primitivas es nuestra propia tradi-
O
ción, algo peculiar al suelo que habitamos, y que una instinti-
va y natural curiósidad, cuando más no sea, nos obliga á
conocer. Si nuestros geólogos se afanan por saber de la tierra
que habitamos; si nuestros naturalistas estudian con ahinco
la fauna y la flora del país, ¿por qué se ha de dejar al hom-
bre, el rey dela tierra, el genio pensante de la naturaleza, que
inclina su frente cuando siente sus pasos?
Muchas de esas razas son las generadoras de nuestros pue-
blos actuales, los que llevan aún su sangre, sus virtudes y sus
vicios; y triste sería la condición humana si no quisiera cono-
cerse á sí misma en el pasado, viviendo solo para el egoismo
del presente.
«Un pueblo sin tradiciones de su orígen, ha dicho muy bien
un escritor argentino, encareciendo el estudio de las razas nati-
vas, me parece que debe sufrir los mismos desconsuelos del
hombre que no ha conocido sus padres, y debe envidiar á los
otros que gozan en los inforlunios recordando los dias en que
se adormecieron al rumor de los cantos maternales. Por eso
las naciones que no tienen tradición, añade, la crean sobre la
base de la naturaleza y de sus caractéres íntimos; y es ese
anhelo de iluminar el pasado el que ha forjado los grandiosos
poemas bíblicos, de cuya sávia se alimentan las literaturas cul-
tas de todos los pueblos.»
Pueblos bárbaros han sido los generadores de las razas que
habitan la Europa actual, y en mucho tienen los europeos ú
los historiadores que se dedican á estudiar la vida de sus ante-
pasados, porque desdeñarles por el hecho de que hayan sido
bárbaros ó salvages, es como despreciar á nuestros padres 6
nuestros abuelos porque fueron incultos ó rústicos, quiénes,
por lo ménos, nos han'dado existencia, descartando todo lo
demás que pudieran habernos legado.
¿Por qué ese afán de los historiadores de Inglaterra, Ale-
mania, Francia y lspaña, por ejemplo, en conocer la historia
de los bárbaros, sobre los que han escrito centenares de volú-
menes? Porque esos bárbaros que se llamaron anglo-sajones,
normandos, francos, visigodos, son los abuelos de aquellos
pueblos, y porque todo lo que hicieron sus antepasados, aun-
que no sea más que crímenes, interesa 4 sus descendientes.
Hasta por egoismo, hasta por propia conveniencia, á fin de
alinar respecto á las inclinaciones, tendencias, vícios ó: defec-
los de cada pueblo, es indispensable la historia de sus gene-
radores. La historia del desarrollo de nuestra raza argentina,
por ejemplo, nos ha suministrado las más provechosas leccio-
Tomo V. 21
— 218 —
nes de sociabilidad, como aquella de que debemos fomentar la
inmigración coucásica para modificar el carácter típico de nues-
tra raza, pues sin duda que nuestro espiritu revoltoso y anar-
quista es herencia de la sangre de los indígenas, nuestros ante-
pasados. «La anarquía crónica de la América del Sud, escribe
el señor José 1. Lopez, es la anarquía de la sangre mezclada
de dos razas Opueslas en su espíritu y en sus instintos.»
Con esto mismo ya se vé bien claramente que es forzoso
ocuparse del índio en nuestras cuestiones sociales, y que no
es posible desligarlo de ellas. Su sangre, que corre torrentosa
por las venas de la generación actual, ha contribuido á darla
su carácter típico, el que no es humanamente posible modifi-
car sin cambiar la base química de la sangre. Iintónces, pues,
lo que quiere Sarmiento, por más que le repugnen nuestros
indígenas, de separarles de toda cuestión social, es imposible,
por los gérmenes que ellos han legado á la sociabilidad ame- -
ricana. Si nosotros fuéramos una raza que nada tiene de nativa;
si nuestra sangre fuera puramente castellana, está bien, muy
bien que prescindiéramos del hijo de la tierra en toda cuestión
social. Así podrán hacerlo los Estados Unidos, que conservan
la pureza de su sangre de raza, y que han exterminado al indio
de sus estepas; pero en este sentido son diversas las condicio-
nes de la América Meridional.
El señor Sarmiento parte de un error lamentable: conside-
rar á los índios como asquerosos salvages, cuando ellos han
tenido su cultura relativamente adelantada, pues que todo lo
que se ha dicho respecto de las civilizaciones peruana y mejica-
na, esaún poco. La cultura araucana, es cierto, distaba mucho
de la cultura quíchua; pero de todos modos, y sean lo que ha-
yan sido Colocolo, Caupolican ó Lautaro, éstos son altos repre-
sentantes del heroismo humano, que la historia debe ensalzar,
toda vez que cuando se trate de cualidades geniales ésta no
distingue entre negros ó blancos, nobles ó plebeyos.
La historia de las razas americanas es, pues, nuestra propia
historia; su tradición, la tradición de nuestra tierra y de nues-
tra raza; y, por lo mismo, al revés de lo que piensa el señor
Sarmiento, yo digo con un escritor argentino contemporáneo:
«¡qué gloria tan pura la que conquistarían nuestros literatos,
nuestros historiadores, nuestros hombres de ciencia y nues-
tros poetas, si lograran con sus estudios, con su dedicación
constante, reconstruir aquel período luminoso de nuestras razas
primitivas, que se oculta, como las cimas andinas en las nieblas
permanentes, en la oscuridad de la época prehistórica ! »
a
Apartar al indio de la historia, es desdeñar nuestra tradición
y renegar de nuestro nombre de americanos.
VIII
Hermosas, elevadas, imponentes, son las montañas que
atraviesan en todas direcciones el suelo catamarqueño.
No bien el viagero ha pisado el suelo de esta hermosa Pro-
vincia, cuando ya divisa en lontananza la franja azulada de
nuestras sierras, y á medida que avanza acércase á ellas y las
contempla más grandes, más poéticas, ataviadas de lujo vege-
tal, con sus picos á veces coronados de nieve. lin medio de la
aridéz de la llanura, abrasada por los rayos de un sol ardien-
te, la montaña es una especie de esfuerzo ciclópeo de la tierra,
que se acerca á las nubes, las cuales empapan las elevadas
cimas con su húmedo sudor, dándolas vida y lozanía, cubrién-
dolas de yerbas y de flores.
Reción es ocasión de admirar la hermosura de la montaña
cuando se penetra 4 su seno. Cada una de esas franjas azu-
ladas, de tintes sombríos, más ó menos cargadas, que á veces
parecen de la distancia láminas superpuestas, es un cerro ó
una lomada á cuya espalda se abre un valle, lleno de vida y
movimiento; cada una de esas negras arrugas de la sierra cs
una ancha quebrada, que desde la altura semeja una inmensa
y verde sierpe, que desde las eminencias de granito se desliza
á la llanura. Ión el recinto misterioso de la montaña hierve 1
vida, vibra la luz, canta naturaleza. Torrentes, aves, brisas, cl
éco y las voces parleras combinan una no interrumpida sere-
nata. Il ruido que hace la naturaleza en la montaña, es vago,
indefinido, misterioso, huraño, mezcla confusa de rumores,
cantos y zumbidos. Solo cuando se ha ascendido á la cumbro
cesa el ruido, y el silencio comienza á acentuarse, hasta que
se llega á un punto en que la soledad tiene profundos miste-
rios, y en que el espíritu fatigado se repliega en sí mismo y
medita en las luchas cruentas de la tierra, que aparece dila-
tarse á sus plantas en un inmenso océano de verdura. In la
cumbre ya no hay torrentes, ni árboles coposos, ni pájaros
cantores: allí únicamente habita el señor de la montaña, el
magestuoso cóndor, que á lo mejor rompe el silencio del gra-
nito y llena el aire de silvos, cuando despliega las álas y co-
99,
== 22) =
mienza á ascender en vuelos espirales, arqueado el cuello re-
luciente y volviendo á uno y otro lado la cabeza nerviosa.
Il panorama que desde lo alto de la montaña se abre á la
ansiedad de la mirada, no liene rival en la poesía gigante de
la naturaleza. 1 llano se presenta á la vista como un mar
terminado cn polvorosas brumas, que forman parte del azul
de los cielos; las colinas y mesectus se nos figuran el oleage
de aquel mar de verdura; las aldeas y pueblos lejanos parecen
islas de formas geométricas de un verde más resultante que el
de la llanura; los lejanos caminos parecen blancos hilos que
enen verticalmente del cielo á la tierra, siendo en todo singular
y extrano el fenómeno de las perspectivas.
cl espíritu en las alturas parece respirar en una atmósfera
de grandeza, y el corazón siéntese inspirado al contemplar en
todas direcciones la belleza de nuestra pátria incomparable, vi-
niéndosenos de improviso á la memoria aquella estrofa del in-
mortal Andrade en su canto á San Marlin, sobre la pálria con-
templada desde los Andes.
¿n una ocasión, de una de esas elevadas cumbres, á la que
trepé con muchas dificultades, al volver la vista al occidente
contemplé en el confin del horizonte una larga y azulada
franja, apenas perceptible, que de trecho en trecho confundíase
con el fondo del cielo: era los Andes, la colosal Cordillera,
más grandiosamente hermosa y poética que el viejo Himalaya,
y de la cual escribia entusiasmado el cronista chileno Córdoba
y Figueroa: «Y si célebre es el Olimpo porque las nubes exce-
de, como ponderó el poeta, no deben ser menos plausibles
estos montes que ú ellos y ú4óél se aventajan. »
Los Andes son el templo colosal de todas las religiones de
América, y en ellos el misterioso dios Pillan tenía su régio
trono entre cl fuego y el humo de los volcanes, y el Sol de los
Incas, para dormir, sus grutas seculares de granito y sus in-
móviles y brillantes alcúzares de nieve eterna.
No puede, á mi juicio, ponerse en duda «ue la región de
las montañas es la porción más hermosa y poética de la pátria.
Bella es, en efecto, la región de los rios y de las islas, con
sus verdes costas y sus movibles camalotes; grandioso es el
cuadro de la Pampa dilatada, con sus horizontes infinitos; en
los rios y en la Pampa sentimos orgullo de ser hijos de esta
tierra privilegiada, donde la naturaleza estalla en esplosiones
de vida, derramando flores y sembrando nidos en todas las
primaveras. Pero, ¿quién, después de conocer nuestras pinto-
rescas montañas, las cumbres y los valles, las nieves y los
— 221 —
abismos, los variados cuadros que la naturaleza ha trazado en
aquellas, puede dudar que la región de las montañas es el
¿dén de la poesía pátria ?
Pero volvamos ú nuestras montañas.
En la región occidental y norte de la: Provincia encuéntran-
se los dos soberbios cordones de serranías, el poético Ambato
(ampato, como xapo) y el magestuoso Anconquija, (Anconquiha
ó Anconquihacca, que significa: la doble declinación del cerro), se-
parándose este último de las obras serranías algunas leguas al
norte, para internarse á la poética provincia de Tucumán.
Son estos dos famosos cordones de sierras, de bello y sal-
vage aspecto, de ciclópea estatura, las montañas de la historia
calamarcana, cuyas cumbres, valles y faldas fueron el teatro
erandioso de la epopeya.
ll Ambato y el Anconquija estuvieron habitadas en siglos
anteriores por numerosas y turbulentas tribus, que vivían de
las riquezas naturales que guardaban sus senos, los árboles
frutales, las aves y las especies de animales de la tierra, que
el indio apacentaba y domesticaba en grandes rebaños. lín los
valles la tierra era cultivada, y el maiz daba pingúes cose-
chas.
1l hombre es hijo de la naturaleza, en cuyos moldes pare-
ce que su espíritu se ha vaciado.
Las montañas catamarcanas han impreso su carácter á las
razas que las habitaron. En su espíritu hay mucho de la du-
reza del granito, de la fragosidad de la cumbre, de lo inaccesi-
ble del abismo.
Si comparamos con la naturaleza los rasgos geniales de la
raza, todo lo que en ella encontramos de típico tiene alguna
semejanza con la montaña, ó con algunos de sus fenómenos
físicos, desde su inalterable rigidéz hasta sus repentinos estre-
mecimientos. ¿Quién, en efecto, no percibe una secreta relación
entre el carácter del indio, altivéz, virilidad, superstición, Mis-
lerio, concentración, astucia, orgullo y constancia, y lodo lo
que es peculiar ála montaña? La contemplación diaria, desde
que el indio abriera los ojos á la luz, de la montaña gigante,
de lo cumbre inaccesible, del abismo silente, del torrente des-
peñado, de la tempestad rugidora, del cóndor hambriento y vo-
lador, naturalmente ha tenido que influir en el carácter del hijo
de la tierra. «ln elígenio de toda esta gente parece, dice el P.
Lozano en su «Historia de los Jesuitas del Paraguay,» que
influía barbaridad la misma aspereza de sus eminentes Serra-
nÍías...»
— 229) =
La lucha no interrumpida, constante y casi diaria con una
naturaleza salvage, abrupta, llena de accidentes y de aspere-
zas, hace del indio un ser superior en todas las arriesgadas
empresas, y le dá ese característico corage para vencer todas
las dificultades y obstáculos que se oponen á su paso.
Kl hijo de la tierra de tal modo ha asimilado en su espíritu
la naturaleza que le rodea, que su vida fuera de las montañas
es un constante suplicio. Prisionero en la batalla, en la vida
de las ciudades de los llanos el indio perece de asfixia y de tris-
teza. lón las encomiendas se vuelve una bestia insensible, y lra-
baja cuando siente en sus espaldas el látigo de sus amos. De ahí
que los indios de las encomiendas, á pesar de la vigilancia y ame-
nazas de sus señores, escapan el dia menos pensado, y en larga
carabana cruzan la llanura, sin reposar un instante, hasta no
haber llegado á sus montañas. La fuga de Esteco, de pueblo
tan lejano, es un ejemplo palpitante y conmovedor. Así como
la salvage vicuña, la oveja de la tierra, el indio no puede vivir
sinó en la montaña, fuera de la cual el mundo ha concluido
para él. Antes que la vida monótona de las ciudades, prefiere
el sacrificio en la montaña, á la que anhela dejar el polvo de
sus huesos.
El indio en la montaña es valor, entereza, bravura; en el
llano se vuelve silencio, abatimiento, esclavitud, suicidio. [En la
guerra y su estrategia, ha mostrado siempre su carácter. Rara
vez el viejo cacique reunía en la llanura sus huestes y presen-
taba batalla: la montaña es siempre su baluarte: sus rocas
sírvenle de parapeto, las piedras de mortíferos proyectiles. Si
es vencido, escúrrese por un desfiladero, llega á la altura, sién-
tase á descansar de la fatiga y desde allí contempla impasible
al vencedor, quien padece de asfixia, cuando no rueda al abismo
si intenta seguir sus pasos. lín la cumbre, el indio vencido y
aterrorizado por el desastre cobra nuevos brios, cura sus heri-
das, medita en la guerra, fragua nuevos planes, y en una no-
che de luna, á la voz atronadora del gefe de las tribus, descien-
de otra vez á la falda de la sierra, á presentar nueva batalla
al vencedor de la víspera. Si el castellano ha podido trepar á
la cumbre, como aconteció en los cerros de Huallin, el índio
tiene á sus plantas el abismo salvador, al cual mira negro, si-
lente, como al postrer refugio, y al cual se lanza sin vacilar,
con la maldición en el lábio y la ira no domada en el pecho.
Por todos estos motivos los naturales construían sus fuer-
tes en las alturas. La fortaleza de Chelemin elevábase mages-
tuosa en la sierra andalgalense; el gran Pucará del Inca, que
— 223 —
medía algunas leguas de estension. en la antiplanicie del mis-
mo nombre, sobre el imponente Anconquija. El Ambato hasta
hoy está cubierto de fragmentos de torres, murallas y trinche-
ras de defensa.
La montaña es la cuna de la raza y la nodriza de sus ca-
racteres geniales. Fué tambien su tumba. Allí, donde nació y
vivió libre, encontró esclavitud y Muerto.
In el granito de las cumbres están escrilos, esparcidos por
aquí y por allá, los cantos de la epopeya.
Viaje
Á LAS
MISIONES ARGENTINAS Y BRASILERAS
POR EL ALTO URUGUAY
POR
JUAN B. AMBROSETTI
(Conclusion. — Véase la página 336 del tomo IV)
Los tariferos armados de grandes facones de madera dura
pesados, de 1 á 1 1/2 metro de largo, se colocan á uno y otro
lado de la cancha y empiezan á golpear la yerba durante 1 ó
2 horas hasta dejarla bien canchada, es decir, lo mas quebrada
posible.
Ns
Ne
MACHETE DE MONTE
Los dias de fiesta no trabajan, salen ú melar Ó á cazar y
solo están obligados á la canchada de la yerba traida el dia
anterior. ll campamentero es el que mas trabaja; tiene que
hacer la comida y traer leña, cuidar del fuego del cariyio, etc.
Los dias de lluvia los tariferos tienen obligacion de traer ya
sea leña ya tres arrobas de yerba en hoja para ganarse la
comida. “Todo tarifero que encuentra un árbol de yerba, lo
limpia abajo y hace el zapecador, tiene derecho al árbol y
ninguno se lo toca. En la fabricacion de la verba por este
sistema, admite hasta un 10 %, de Cauna (llex ovalifolia Bompl.)
para darle buen color y un poco de amargo; pero muchos yer-
bateros sin conciencia le ponen hasta un 100 % y no solo
cauna sinó tambien otras hojas, como ser yerba de anta,
sicte sangrías, azola caballo, canela de venado, ete., lo que
hace que la yerba preparada de este modo desmerezca mucho.
stos son los defectos del sistema brasilero. La yerba una vez
Tomo V. 22
— 226 —
seca y canchada representa la mitad justa de su peso en hoja.
El sistema paraguayo es muy distinto; primeramente el
tarifero no lleva al campamente sino los gajos chicos con las
hojas, todos los gruesos son desechados; por eso es que en la
yerba paraguaya no se ven esos palos gruesos que tienen las
otras yerbas. Despues los paraguayos, casi nunca la mezclan
puesto que los yerbales donde trabajan son muy grandes y
no necesitan echar mano de otros árboles para suplir la
falta de yerba. Tampoco usan el cariyo sino el barbacuá que
es una especie de cariyo cubierto por arriba completamente y
el fuego lo hacen con ciertas maderas, como la cabriuva ó
incienso y otras que le dan un sabor especial.
La yerba canchada y depositada en el noque es acondicio-
nada despues en grandes sacos de cuero que se llaman brua-
cas y cargada en las mulas para ser conducida al puerto mas
inmediato, donde se embarca así Ó despues de molida.
Para moler la yerba se usan todavia mucho los monyolos
que son molinos primitivos.
“stán formados de un solo trozo de madera: una de las
extremidades escavada con un gran hueco y la otra, lleva una
ó mas puntas de madera tambien, cortadas en forma de
escoplo. Fste trozo se coloca sobre un eje al lado de un salto
de agua; el agua al caer llena la escavacion del monyolo y
aumentando el peso baja levantando la otra extremidad; al
bajar, el agua de la concavidad se derrama, y entonces la
extremidad armada de puntas, cae con fuerza sobre otro trozo
de madera escavado tambien y colocado en el suelo en el que
se pone la yerba que vá quebrándose y moliéndose á fuerza
de golpes. Un monyolo bien hecho dá 20 á 22 golpes por
minuto y puede moler diez y ocho arrobas diarias.
Antiguamente se molia la yerba á mano.
Rodeando una batea larga, llena de yerba canchada en el
suelo, se colocaban los hombres armados de pisones de ma-
dera dura cuya parte inferior estaba cortada en forma de
escoplo; al compás de cantos monótonos levantaban y deja-
ban caer los pisones hasta que quedaba molida.
La yerba así molida era enzurronada en tercios de cuero,
que hoy solo se usan en el Brasil, pues en el Paraguay y la
Argentina no se emplean sinó bolsas que dan igual resultado
y son menos costosas.
Vimos tambien muchos Guaraypos-. y Mandurís en la picada,
que nos revelaban debian estar cerca las colmenas; mis
peones (quisieron melar pero como no estaba para perder
— 227 —
tiempo, no les permití: á mí no me gusta la miel; me empa-
laga muy pronto. lisa gente, si tienen obligacion de voltear un
árbol por necesidad, rezongan y lo hacen de mala gana, pero
por melar son capaces de trabajar dos horas con el hacha;
todos son sumamente golosos.
Llegamos al fin á Layús, cazamos insectos en abundancia,
principalmente coccinélidos y hemípteros, y una mariposa muy
curiosa que sorprendió á Velipe; se hallaba prendida en los
yuyos, al agarrarla lanzó con fuerza una gran cantidad de
materia cerosa que segrega en hilos muy finos y blancos
como un copo de algodon: gran parte de ésta se desprende
y como es mas liviana que el aire flota en él.
. CARIYIO PARA TOSTAR YERBA
Mas adelante cazamos otra y repitió la misma operacion.
Debe ser una arma defensiva para cuando un pájaro ó algun
otro insecto agarren á la mariposa, se asusten con el copo lanzado
violentamente, y al largarla pueda escapar mientras se reponen
de la sorpresa.
Al otro dia temprano nos embarcamos con todos los
trastes, muy agradecidos de Maidana que fué muy atento
con nosotros y despues de cinco horas de marcha aguas abajo
con un sol terrible, llegamos á la Colonia Militar.
Dos dias despues debíamos seguir por la picada de Paggi
ú San Pedro.
— 228 —
CAPÍTULO XIHM
DEL URUGUAY AL PARANÁ: EN PLENA SELVA ARGENTINA
La picada de Paggi á San Pedro — Su historia — Las Baranas—Fracráo — La
derribada — 11 Tacuarembó — Pinares—San Pedro — Los Indios coroados—El
tiro de flecha—La Picada de San Pedro á Pirai
El Paraná.
ll monte—El tacuaruzú—
[ran las S de la mañana, lragoso el tropero no aparecia:
dieron las 9 y recien llegó un hijo de él con una canoa, nos
embarcamos y atravesamos el Uruguay. Una vez en casa de
Fragoso, éste fué á buscar las mulas; se ensillaron y cuando
estábamos listos para salir, fué necesario que lo esperásemos
paro almorzar: nos convidó con un revirado (1) de gallina,
pero nosotros ya habíamos comido; al fin dieron las diez y ya
falto de paciencia monté la mula y dí la órden de partir.
A las 10 1/4 nos pusimos en marcha; habíamos convenido
salir á las 5 de la mañana. lsto lo hago constar para dar
una idea de la actividad de la gente por esas alturas.
Izntramos á la picada, atravesamos un monte alto, hacien-
do de vez en cuando una reverencia á algun bronco atravesado
en ella; seguíamos bajo el fresco agradable de la sombra de
los árboles, llegamos á unas grandes capueras (2) vimos
algun tabaco plantado y despues de bañarnos por un rato,
en la luz del Sol de las once, volvimos á gozar del fresco de
la sombra. 1l monte seguia uniforme, subíamos un cerro y lo
bajábamos, causándome este ejercicio una estraña sensacion.
Pasamos el cerro costa del Uruguay y alravesamos el Layado
naranjo ó Larangeira ocho veces; cruzamos el cerro del Monyolo
viejo, el Layado de los galpones y despues de subir su cerro,
bajamos el cerro de Malaquías, y llegamos á las 6 al arrovo Mar-
conde ó Pais, donde nos preparamos para pasar la noche en
un antiguo campamento de yverbateros: al dia siguiente
continuamos la marcha.
(1) Revirado es un plato brasilero que se usa en viaje. Puede hacerse de
cualquier carne frita ó hervida que se pone en una bolsa llena de fariña.
(2) Capuera es un terreno que ha sido rozado, plantado y despues abando-
nado, que la vegetacion ha vuelto á cubrir,
Seguimos marchando, encontrando como á 15 cuadras otro
campamento de yerbaleros: mas adelante hallamos un gran
mojon de Angico marcado á cuchillo, J Q 1891, y del otro lado
con la cifra XIV 78.
Il monte seguia mas ó menos lo mismo, alto, con grandes
árboles cerrados á uno y otro lado, entrelazados con los
enormes izipos que como cuerdas gigantescas los sujetan al
suelo, coronados por los Guaimbes llenos de hojas preciosas
de 50 centímetros ú 1 metro asegurados á los troncos por sus
innumerables ráíces largas, otras veces los árboles eran sustibui-
dos por innumerables helechos arborescentes de un aspecto en-
cantador. ¿
Mas adelante despues de pasar un arroyo, encontramos á la
izquierda la boca de la picada del campo grande, bajamos el cerro
del Puerto, cruzamos el arroyo Paso profundo, un campamento
y llegamos al arroyo del mal jogo donde hicimos noche: el calor
era muy fuerte, pero una vez que oscureció, empezó á refrescar.
CESTO DE TACUARA PARA MACHETES DE MADERA PARA CANCHAR
CONDUCIR YERBA YERBA
Toda esa noche llovió, y el dia siguiente amaneció nublado:
despues de subir el cerro del mal jogo, lo descendimos por su
bajada grande: atravesamos unos cerrillos y el layado de las
Cangallas, empezando á trepar despues el tremendo cerro del
mismo nombre sumamente alto y empinado. Fué necesario
prenderse de la cabezada del recado porque no habia otro
remédio: las mulas se paraban cada momento para tomar
alientos y cuando volvian á subir al trote eran los apuros: el
tacuarembó, el terrible tacuarembó nos esperaba á cada paso:
— 230 —
agachándonos, cuerpeando, haciéndonos á un lado, para evitar
cortarnos ó recibir sus caricias de fuego lo subimos al fin.
Bajamos del otro lado: recien me dí cuento de la impor-
tancia del rabicho, sin él el recado se hubiese escapado por
las orejas de la mula. y
Una que otra mata de caraguatá aparecía, el monte volvió
á presentarse alto, lleno de tacuarembó: seguimos subiendo y
bajando cerros pequeños y costeamos el arroyo Paraiso, que
veíamos entre medio de los úrboles, espléndido, muy ancho,
con su fondo de piedra lamida por un agua clara y lleno de
troncos y raigones que las grandes crecientes arrastran en
medio de un ruido infernal; como á las 11 salimos del monte
y entramos en las Campiñas de las Baranas.
Describir la sensacion que se esperimenta al encontrarse en
un campo bañado de luz, cuando se ha marchado casi tres
dias en el monte, sin ver mas que árboles y no teniendo la
vista sinó un campo muy reducido de accion envueltos siempre
en una claridad difusa, es algo que no se puede describir:
parece que los pulmones se ensanchan: dan ganas de galopar,
de reirse y hasta de cantar.
Volvimos á entrar en la picada oscura, sin sol, donde vol-.
vian á esperarnos el tacuarembó y la una de gato; eché una
última mirada á aquel singular oasis y con un sentimiento pare-
cido al del final de un placer corto, dí un rebencazo á la mula
y me interné siguiendo el sonido triste y monótono del cen-
cerro de la madrina; bajamos un cerro, cruzamos un layado,
subimos otro cerro, lo bajamos: pasamos otro layado y llega-
mos á la oracion á Fracráo, despues de pasar un gran trecho
entre grandes árboles con helechos, ortiga brava, etc.
Fracráo es otra campiña que en un tiempo fué toldería del
cacique Fracráo de los Indios Coroados (nacion Tupis) hoy
desierta; existen las ruinas de una casa muy buena de madera
que perteneció á don Pedro Gonzalez, pero los troperos cuando
pasan allí, en lugar de traer leña del monte que lo tienen al
lado, encuentran mas cómodo arrancar las tablas de las pare-
des ó las tejas de madera para hacer fuego; hoy no queda
sinó el esqueleto de la casa.
Como llegamos un poco temprano y teníamos tiempo para
dormir, me hice contar la historia de la picada por Fragoso,
que como vecino viejo de esa parte de Misiones, la conocia:
Hace 20 años, un brasilero, Antonio Mescias, entró por el
arroyo Puerto con un compañero para descubrir yerbales y
buscar las campiñas de las Baranas de cuya existencia se
Sa
tenía conocimiento por los Indios; despues de mil peripecias
el compañero lo abandonó en el monte y se volvió: por poco
deja la vida en manos de los Indios.
Uno de ellos je estaba apuntando con la flecha, cuando
fué contenido por otro que le dijo, que siendo solo, no debian
venir con malas intenciones y que por lo tanto no le tirara,
además que él lo conocía y que era cristiano bueno.
Viéndose Mescias solo y sin provisiones tuvo que volverse.
BARRA DEL ARROYO IPANÉ (ALTO URUGUAY)
Al año entraron Manuel y Eleuterio Correa (no eran pa-
rientes) brasileros tambien y despues de mucho andar llegaron
á las campiñas de Baranas pero como, sin tener alimentos,
sin pólvora, sin munición y sin perro, hasta el punto de
encontrarse con una piara de chanchos salvajes y no poder
matar ninguno, pero la Providencia ó la casualidad los salvó
y despues de andar un mes y diez y siete dias perdidos en
los montes comiendo cogollos de palma y melando una que
otra vez, estenuados sin fuerzas y dados completamente á la
desesperacion en medio del bosque virgen, lastimados y casi
sin poder marchar, llegaron al arroyo paso fundo.
Iran hombres muertos, les era imposible dar un paso, ya
se habian resignado á morir, cuando oyeron tiros y gritos en
direccion á ellos.
“Aquellos cadáveres vivos, debieron reanimarse y juntando
toda la fuerza que sus pobres pulmones podian reunir, empe-
zaron á llamar..... dos horas despues calan en brazos de sus
compañeros, «que encabezados por Joaquin Domingo habian
salido á buscarlos. Manuel Correa, el mas viejo, ya no podia
comer, tuvieron que alimentarlo y llevarlo alzado, porque habia
perdido las fuerzas para caminar y así llegaron á los galpones
en donde necesitaron mas de un mes en reponerse los dos
Correas. Poco tiempo despues y ya con los datos de éstos,
entró Pedro Paggi con tropas de mulas y abrió la picada, «ue
aunque borrada en parte, se conserva y sirve de via de comu-
nicacion entre el Uruguay y San Pedro.
Muy temprano seguimos la marcha: atravesamos unas ca-
pucrus anlíguas, el arroyo Socorro, bajamos dos cuestas y
llegamos al Layado grande: el monte cambiaba de aspecto:
poco despues de salir de FPracráo empezamos á ver los terribles
efectos de un ciclon. Todo el monte estaba en el suelo: los
árboles arrancados de raiz, nos presentaban á cada paso el
paredon de sus raices de 2 y 3 metros de altura y los pozos
dejados por éstos se abrian á cada instante en el suelo, otros
tronchados por la mitad, erguian su munñnon deforme, íba-
mos saltando troncos, pasábamos debajo de gajos enormes
que se sostenian en el aire apoyados al suelo por una de
sus puntas; la ramazon, las piedras, y aquel inmenso made-
ramen roto, tirado, derrumbado, presentando puntas y obs-
láculos por todo, hacía que nos convirliéramos en gimnastas
por fuerza.
Veíamos bien cl cielo, pero con un sol de las once
que nos quemaba y para concluir la obra de obstruccion, el
tacuarembó, como ola invasora lodo lo cubria con su espeso
matorral, troncos, árboles, ramas picada ¡que picada! pique
abierto de nuevo hacía poco por unos troperos en medio de
aquella maraña infernal. Teníamos que ie á lo indio por las
costillas de la mula, era imposible pasar de otro modo, no
valian los machetes; el tacuarembó con su red de mimbres
oponia una resistencia tenaz; además hubiera sido obra de
romanos el abrirnos paso con ellos.
Tres leguas de esta manera tuvimos que hacer; cuando el
— 239 —
tacuarembó nos permitia, por espacio de un minuto ó dos,
volver á nuestra posicion natural, veíamos á lo lejos perderse
entre el monte la derribada, que tiene una estension enorme.
Seguíamos de esta manera subiendo la sierra, en donde
encontramos un yerbal respetado por el ciclon, cruzamos el
arroyo Paso de los 23 y llegamos al Peñon de agua donde
almorzamos: en esa travesía se nos cortaron dos mulas con
el tacuarembó, las que tuvimos que curar.
BARRA DEL ARROYO YABOTY (ALTO URUGUAY)
(Impropiamente llamado por los brasileros Lep2r2 m2nt)
Salimos del Peñon de agua y empezamos áú ver otra vez
algunos pinos y los primeros tacuaruzus: pasamos el arroyo
de los Castellanos y un campamento de yerbateros, el arroyo
del Marco quemado con otro campamento; el monte aquí es
alto con pinos: vuelven á verse los helechos arborescentes que
en ciertas partes abundan; y por fin, molidos y extenuados,
llegamos á la encrucijada con la picada de San Pedro á Piray
Guazú.
Tomo V. 23
San Pedro de Monte agudo está situado en medio de un
enorme Piñal rodeado de yerbales: no es precisamente
una abra, sino un campo alto, lleno de monte, de árbo-
les altos, limpio abajo, en una palabra, un fascinal; tendrá
30 casas entre todas, ninguna de negocio: unas 7 son de
blancos y las demás las ocupan el resto de la tríbu del cacique
Maidana.
Estos Indios son Coroados de la nacion Tupi y fueron ante-
riormente pobladores de Fracráo; despues de la costa. Paraná
y hace unos años, están establecidos en San Pedro, completa-
mente mansos. Todos los jóvenes se ocupan en los trabajos
de yerba, para lo que son excelentes peones.
Viejos no existen mas que el indio Tomás y el cacique
Maidana, que no es indio sinó correntino, capturado por los
indios de Fracráo cuando tenia 14 años y que el haber vivido
con ellos tanto tiempo lo ha hecho mas indio que todos ellos.
Viven en casas bastante buenas y grandes, hechas de tabla
de pino, paredes y techos. Apesar de hablar portugués y de
estar en contacto con éstos, no han podido asimilarse aún;
los indios jóvenes nacidos allí visten á la europea y ya no
saben manejar flecha ni subirse á un pino para recojer p1ño-
nes; trabajan muy bien en los verbales, pero fuera de eso se
lo pasan tomando mate todo el dia.
De vez en cuando hacen grandes batidas de caza y son
sumamente aficionados á melar, hasta el punto de comerse
tambien las larvas de las abejas.
Acompañado de PD. Pedro Gonzalez fuí á visitar los Indios,
entre ellos á Tomás, el mas viejo de todos, el único escapado
á la viruela y á la influenza, enfermedades que han concluido
con todos los viejos y muchos jóvenes, hasta el punto de quedar
reducidos á 30 familias. El viejo Tomás nos recibió sentado:
entramos á su casa, llena de mujeres é indios, que encontramos
unos comiendo, otros pisando maíz y uno tocando la guitarra,
imitacion de las nuestras, con cuerdas de piolin en su mayor
parte, la que rascaba con furor, produciendo sonidos que de
todo tenían menos de musicales. Le pedimos que nos mostrara
las flechas, á lo que accedió trayéndolas. Se componian de un
arco hecho de angico envuelto en corteza de guaimbe y de 8
flechas de angico y tacuarembó adornadas de plumas y
guaimbe con puntas de fierro. hueso, madera y dos virotes
que son flechas, pero que en vez de tener punta aguda, rematan
con un cono invertido de madera, esto es. con la base hácia
afuera. Las flechas con punta de fierro las emplean para caza
— 230 —
mayor; tigres, antas, latelos, venados, elc.: las «de punta de
madera para pescar, las de punta de hueso para los monos y
aves erandes y los viroles para los pájaros chicos, que caen
por el golpe que reciben del cono de madera.
Como andaba un mono carayá sobre un pino, le pedí que
le tivara. Tomás templó su arco, puso una flecha, estiró el
brazo, apuntó, la cuerda adquirió el máximun de tension y
partió la Mecha: oí un grito extridente y ví el mono ensartado
que caía: los indios aplaudicron á su modo un rato y poco des-
pues el mono estaba cerca del fuego clavado en un asador.
Al amanecer continuamos viaje; marchamos entre pinares
con una que otra mata do caragualá y de cactus.
A las 8 habíamos llegado al arroyo Capas, habiendo cruza-
do antes un layadito, el TL. Macaco en terra, el L. del Marco,
el Arroyo Guero y la posada del Paulo de Yerba. 151 terreno
hasta allícera suavemente ondulado. 15 monte seguía siempre
alto, encontrando de vez en cuando tlacuarembó, tacuaruzú
ó tacuara. Los árboles de timbauba, grapiapuna, canalistola,
canearaná, siete capotes, sangre de «drago, angico y siete san-
ovias, Iban sucediéndose interminables.
Una que otra mancha pequeña de yerba se veía aún. Los
isipos abundando stempre, enroscados ú los árboles como
elgantescas boas, ya uniéndolos entre sí Ó amarrándolos al
suelo, parecían como el cordamen de úna embarcacion inmeusa.
Los guaimbes matizaban los ltroncos con sus grandes hojas
recortadas y los envolvían con los'innumerables filamentos de
sus raíces. Grupos de cedros parecian adornados con papol
picado con sus hojas simétricas y caídas á los lados de las
"“aAMAS.
Los eruesos inciensos ó cubriuvas, las canclas diversas,
los árboles de loro oprimidos por los higuerones que como
enormes pulpos lo eubrian con su corteza; las palmeras dis-
persas alzaban el gracioso penacho alargando su tallo, bus-
cando siempre un poco de sol.
Las caunas parecidas 4 la yerba, los grandes larumás con
la base de su tronco recortada, las cerezas, calíguas, vacús,
guavabí, guaviroba, ivirarós, tayubas, alecrines, guayubirás,
timbós se alternaban, se juntaban, se intrincaban, Juchando
todos en un asalto desesperado hácia el espacio en busca. de
alive y luz, y sobre ellos, irguiéndose magestuoso el pino con su
copa simétrica.
lón el suelo troncos caídos, llenos de parásitos sobre un
colchon de hojas diversas, helechos, plantas de toda especie,
=— 236 —
yuyos, isipós rastreros, tacuaras, ramas de mil formas,
quebradas, mutiladas, gajos de pino mústios y secos, cortezas
pulverizándose, caragualas, uñas de gatos con sus cspinas
traicioneras, todo mezclado y confundido.
Dlegamos despues de pasar un estribo de la cordillera al
arroyo de Ja Invernada, viendo antes en un árbol de rabo de
macaco la siguiente inscripcion: €. A. L. 529, que quiero
decir, Comision Argentina de Límites y la cifra, alguna indica-
cion métrica, puesta por D. Valentin Virasoro, quien no pasó
precisamente por la misma picada sinó por otra hoy cerrada.
Al otro día seguimos marcha temprano: llegamos al arroyo
de la Barra, pasándolo dos veces, y despues de andar una
legua, vadcamos el espléndido Rio de las Antas, que estaba
bastante crecido y corria mucho. Tres veces pasamos despues
el arroyo de las Islas y del Veado, hasta el Arroyo Liso, lla-
mado así porque su lecho es de piedra como una mesa
de billar. i
[legamos al arroyo Leon: subimos despues su cerro que es
el mas allo que se encuentra en esa picada, pero que no es
comparable con ninguno de los que se hallan antes de llegar
á San Pedro, lo bajamos y llegamos al Saltino y despues de
cruzarlo empezamos á entrar en la region del Tacuaruzú. He
visto y eruzado picadas feas, pero como ese trecho nunca.
Al otro dia temprano lloviendo aún, nos pusimos en marcha:
si la víspera fué marcha pesada por el Tacuaruzú, ésta fué
espantosa: casi toda la mañana tuvimos que undar, ya sobre
el pescuezo, ya sobre las costillas de la mula; á cada momento
perdíamos los estribos Ó nos atracábamos entre las cañas ó
nos retorcíamos para evitar un arañon de sus espinas, mien-
tras las mulas, por seguir á la madrina, atropellaban por todo.
Al fin, despues de tanto, llegamos á un lugar de monte
alto: habíamos pasado el Saltiño, el Cariginio, el Contaje
llegando al Pinarciño en donde encontramos una tropa.
Pirar estaba cerca: apuramos la marcha y al salir de la picada
lo primero que vimos fué el alto Paraná: nuestra alegria fué
grande: llegamos al depósito de los señores Guesalaga y Varal-
do, pero el vapor habia salido hacía dos horas.
CAPÍTULO XIV
ENIIPAJIA O) IBRASREA DNA
El mapa de D. Juan Irigoyen.—Navegacion á vapor.—El comercio de la yerba.
—De Piray Guazú á San Lorenzo.—Las canoas.—Don Joaquin Aramburú.—De
San Lorenzo á Posadas.—La Virgen de Itapuá.—Supersticiones curiosas. —
El libro del Dr. Holmberg.
Pirai Guazú es uno de los tantos puertos que tiene el Alto
Paraná sobre la costa Argentina. No existe mas que un galpon
de la empresa Guesalaga, Faraldo y (€*, que sirve para depósito
de las yerbas que elaboran en los yerbales de San Pedro y
que conducen allí por la picada de donde acabábamos de salir.
No hay ni una casa de negocio, nada absolutamente que indique
que allí pueda formarse un núcleo de poblacion, siendo un
punto tan importante que pone en comunicacion el interior de
las Misiones con toda la costa, siendo puede decirse, el punto
medio de la navegacion del Alto Paraná.
TROPA DE CARRETAS MISIONERAS
Pero en esta parte de Misiones es muy difícil que pueda
haber progreso, por las grandes estensiones de campo que
poseen algunos pocos propietarios que no se preocupan de
ellos, al punto que muchos ni siquiera los han visto; lo único
que se hace, es una explotacion salvage de yerbas y madera
sin sembrar una cuarta de tierra,
— 238 —
Parece ridiculo é imposible, pero es una gran, verdad, allí
donde todo produce tan bien, se lleva el maiz y los porotos
de Posadas ó de otros puntos. Hoy entran á trabajar á los
yerbales doscientos hombres y despues de la zafra todos se
retiran, las picadas abiertas vuelven á cerrarse, la naturaleza
recupera sus dominios momentáneamente invadidos v los tigres
tatetos, venados, etc., se pasean tranquilamente donde el hom-
bre derramó su sudor, que en Misiones no fecunda la tierra
sinó los bolsillos de las grandes empresas. Las magnílicas
costas del Alto Uruguay y Alto Paraná se hallan despobladas:
uno puede navegarlas todas y salvo uno que otro puerto de
yerbateros ú obraje de madera, donde no se ven sinó algun
galpon ó rancho provisorio, nada indica un principio de
progreso.
Ll Rio Alto Paraná, es navegable á vapor hasta el puerto
de Tacurú Pucú sobre la costa Paraguaya, donde la empresa
La Industrial Paraguaya liene grandes depósitos de yerba, que
esplotan en inmensos yerbales.
Uno de los mejores planos del Alto Paraná que conozco,
es el que hizo el agrimensor D. Juan Irigoyen el año 1870 á
bordo de una cañonera brasilera. ll señor D. Joaquin Aram-
burú, de Posadas, tiene una copia muy interesante y exacta.
Actualmente tres vapores hacen la carrera del Alto Paraná
entre Posadas y Tacurú Pucú: el «San Javier» y el «Lucero»,
de la Compañia «La Platense», hacen un viaje mensual cada
uno y el «Félix Esperanza», propiedad de D. Juan Goycochea,
hace dos viajes sin itinerario fijo; además hay varios buques
de cabotaje que viajan frecuentemente y un sinnúmero de
canoas. lístas no son de' un solo tronco como las que se usan
en el Alto Uruguay, sinó en su mayor parte de tablas bien
confeccionadas y muy grandes, que con 6 remeros andan con
una velocidad notable.
El comercio principal del Alto Paraná y lo que dá vida y
sostiene la navegacion, es la yerba, ya argentina, ya paragua-
ya; aguas arriba los buques van cargados de mantencion,
mulas y peonada, y aguas abajo de yerba, que cargan hasta
en la cámara y conducen á Posadas ó Villa Encarnacion. In
Piray Guazú tuvimos que estar tres dias esperando que pasara
algun vapor ó buque: el «T'élix Isperanza» había subido hasta
el Iguazú: era necesario esperar su vuelta, consolándonos
mientras tanto con un locro de maíz con agua.
AMí cazamos muchas mariposas que á millares se entrete-
nan en chupar las arenas mojadas de la playa y tan mansas
— 239 —
que se dejaban agarrar con la mano: las familias mas
abundantes son Papiliomidac y Pieridac.
Al otro dia temprano llegó una canoa; en ella nos embarca-
mos y despues de media hora desembarcamos en San Lorenzo ó
Giurapal.
La barranca de San Lorenzo tendrá como unos 30 metros:
á 15 metros ví los restos de un galpon que la última creciente
se habia llevado. Las crecientes, tanto en el Alto Paraná como
en el Uruguay, son muy fuertes: cerca de Tacurú Pucú me dije-
ron que la última habia subido 45 metros sobre el nivel normal
del Rio.
San Lorenzo es una pequena poblacion paraguaya, que
tendrá unas 35 casas diseminadas sobre la barranca; á una
legua al interior está más poblada. ll comercio principal es la
yerba que la cargan en los vapores, bajándola á hombro. Cada
vez me convenzo más «que todo lo hace la costumbre: es
necesario ver á esos hombres cargados con una bolsa de
yerba al hombro, bajar las barrancas casi á pique que pare-
ce se derrumbasen cada momento, ejercicio que repiten seguido
hasta concluir con la carga.
Cuando pasó para arriba el «lélix Isperanza», iba cargado
de peones que se trasladaban á trabajar en los yerbales, todos
con su paga adelantada, la que se habian gastado al salir de
Posadas en fiestas y chupandinas.
Apesar de todo marchaban contentos y chacoteando á
melerse al monte para no salir sinó á los tres meses «que
dura la Zafra en un trabajo pesado como es el do yerbatero.
No faltaban tambien algunas mujeres paraguayas, lan
guapas como Jos hombres y que aprovechan de esos viajes
para acompañar á sus maridos legítimos ó provisorios con
quienes comparten las fatigas del trabajo y del monte, lo que
me hace creer que la mujer es un ser débil cuando no quiere
ser fuerte, pero cuando quiere es mas fuerte que el hombre.
ln San Lorenzo fuimos muy bien atendidos; el señor
Fuentes, oriental y persona educada y muy atenta, nos pro-
porcionó todas las comodidades que pueden exigirse en esas
alluras. y
La casa del senor Fuentes estaba revestida de tacuara
brava que se rajan en sentido longitudinal con una hacha y
abren un lado, quedando en forma de tablas de 20 centíme-
tros de ancho, que bien colocadas forman una pared sólida,
fresca y de un bonito aspecto. Obluve por regalo de D. Ramon
Fernandez unas flechas de los Indios Cainguás de cerca de
= 20 =
Tacurú pucú. El arco es un poco mas grande que el que usan
los coroados, la madera de angico y cubierto con corteza de
guaimbe; las fechas son mas largas: dos de ellas con
punta de fierro anchas, hechas de hojas de cuchillos viejos,
y otra de punta de madera aguda, tambien larga y bien
trabajada.
La cuestion de los peones es una de las dificultades mayo-
res con que tropiezan las empresas yerbateras. Como hay
mucha competencia están muy mal acostumbrados, necesitando
adelantarles dinero y no es raro que cada peon antes del
trabajo haya cobrado 200, 300 y algunos hasta 500 pesos.
lo que importa emplear un gran capital en salarios adelanta-
dos; además nunca falta alguno, aunque raro, que se mande
mudar ó resulte no servir para el trabajo.
Se han hecho varias tentativas entre los comerciantes de
Posadas y Villa Encarnacion para ponerse de acuerdo ú fin
de regularizar y evitar el sistema de adelantos á los peones,
pero no ha dado buenos resultados; no han faltado algunos
que no han querido entrar en los convenios y como es nece-
sario que la accion sea igual y homogénea, no se ha podido
hacer nada al respecto.
A las 4 1/2 de la mañana nos despedimos agradecidos del
Sr. Fuentes y nos embarcamos en el «Félix Isperanza», que
inmediatamente ¿argando las amarras, marchó aguas abajo.
Il Sr. Dioberti, uno de los pasajeros, venia de un csta-
blecimiento agrícola que tiene en el Alto Paraná, cerca de
Iguazú, me mostró y me dió un mazo de tabaco colorado del
que tenia plantado de semilla criolla, llamado Chilena, muy
bueno y aromático; las plantas dan hasta 30 hojas y en vez
de arrancarlas á mano como generalmente se usa, las hace
cortar á cuchillo, así es que dan mayor rendimiento, algunas
hojas tienen 6 cuartas.
Icl Presbítero Imossi y otro pasajero venian tambien de
arriba con una coleccion de flechas muy curiosa de los Cain-
guás: este señor me dijo tenia muy lindas colecciones en
Villa Iincarnacion, pero desgraciadamente no pude visitarlas
porque desembarcó antes.
Il rio Alto Paraná es bastante ancho: las costas presentan
barrancas no tan altas como el Uruguay: pasamos la Isla de
Caraguatay, espléndida, colocada en medio del Rio en la boca
del arroyo del mismo nombre, el puerto y Rio Paranay guazú,
el Paranay miní, el rio Tembey (costa paraguaya), el Caru-
abapé, el Cuña Pirú, el Yatay, donde hay un puerto yerbatero,
el Rio Pirapó (costa Paraguaya) el Nacanguazú, el puerto de
Yaguará-zapá, donde existe un gran obrage y plantaciones
dirigidas por el Dr. Bertoni y empezamos despues á divisar
las dos Islas gemelas que están delante de la antigua
mision Jesuita de Corpus. Nos preparamos para pasar su
salto, tomamos la costa paraguaya y cuando acordamos ya lo
habíamos dejado atrás. El salto, no es sinó una corredera un
poco fuerte, causada principalmente por las aguas del arroyo
Pindoy (costa paraguaya); seguimos cruzando delante del rio
Santa María (costa paraguaya), que pasa cerca de Trinidad;
el arroyo San lenacio, (costa argentina) próximo á las ruinas
EL GRAN SALTO DE MOCONÁ (ALTO URUGUAY)
Jesuitas de San Ignacio Miní, el Yabibery, que pasa por las
runas de Loreto y de allí llegamos al puerto de Santa Ana
donde está el Ingenio de azúcar que fué del General Rude-
cindo Roca; del antiguo pueblo Jesuita va no existe nada,
el Gobierno Nacional ha fundado una colonia allí, que cuenta
hoy mas de 200 familias.
Sobre la costa y alrededor del Ingenio de azúcar, se ven
inmensas plantaciones de caña que cubren el terreno ondulado
hasta perderse de vista. El edificio que se destaca en- medio
Tomo Y. 24
— 242 —
de ellas, es de material y elegante construccion; se vé tambien
una red de ferro-carril portátil que se interna en los caña-
verales.
De Santa Ana pasamos á la barra del arroyo San Juan,
donde hay otro ingenio azucarero — el Primer Misionero — de
allí á la reduccion de la Candelaria, hoy colonia nacional, con
300 familias más.
Despues de salir de Candelaria pasamos al arroyo Garupá,
cruzando por delante de la Isla de Itacuá.
Sobre costa paraguaya, al llegar á Villa Encarnacion, me
llamó la atencion mucha gente, principalmente mujeres, que
estaban cerca de una gran piedra llena de velas encendidas.
D. Joaquin Aramburu me dijo entonces, que allí se aparecía
la Virgen milagrosa de Itacuá, entre una rajadura de piedra.
El agrimensor Queirel me ha contado que por allí tienen la
siguiente costumbre: el que llega á Itacuá deja sobre la piedra
algun dinero, 5, 10,20 centavos, uno ó dos pesos, segun lo
que puede; para que el que despues llegue los recoja y reze
por él.
Esta práctica se cumple religiosamente y tanta fé tienen
en su eficacia, que una vez dos bandidos que habian asesl-
nado una familia, lo primero que hicieron despues fué depo-
sitar una parte de lo robado, sobre la piedra de ltacuá, para
que la Vírgen los protegiese en su fuga.
Felizmente por ahí los tomaron y como se resistieron la
policía paraguaya los despachó al otro mundo. Si no tienen
dinero depositan sobre la piedra un pedazo de pan ó cualquier
cosa que pueda servir al que venga despues, y esté seguro
que recoge la ofrenda y reza para no incurrir en pecado. líste
dato puede dar una idea de las curiosas creencias religiosas
que tiene esa gente supersliciosa.
Con el Cerro del Monge descrito en el capítulo II sucede
algo parecido.
Los Canoeros del Alto Uruguay no siguen viage sin bajarse
y encender una vela ó un cabo de vela cada uno, rezar y
tomar un poco de agua, de otra manera cualquier trompada
que dé la canoa, cualquier contratiempo «que suceda en el
viage, lo achacan al no haber cumplido con el Monge; los
brasileros empiezan á rezongar y por lo pronto lo tildan á
uno de mason y le dicen Mew amigo couw monge non se ¿joga y
no hay quien los saque de allí; en cambio, una vez hecha la
ofrenda, pueden ahogarse que no dejan de creer que el Monge
los salvará.
NA
Además, los vecinos cerca del cerro y: algunos de San
Javier, una vez que se casan, no dejan de visitar el Santuario
del Monge, y despues de rezar la novia viste á la imágen del
Señor de los Desiertos con su traje de boda poniéndole la
corona de azahar en la cabeza, de manera que la imágen
presenta un aspecto el mas grotesco; como está hincado se
vé aparecer la cara del Cristo de tamaño natural, llena de
azahares, entre un monton de trages uno sobre olro, tendrá
unos diez encimados. Son tambien raros los que no llevan esca-
pularios y saquitos de reliquias colgados entre pecho y espalda;
algunos llevan tres, uno bajo cada brazo y otro sobre el pecho,
y otros llegan hasta coserse bajo la piel las reliquias; he visto
á uno que creí luviera dos tumores en el pecho y resultó que
eran dos reliquias cosidas bajo la piel.
Huy reliquias para lodo; contra las bulas, contra los
cuchillos, las fieras, los enemigos, las enfermedades y hasta
para ser irresistibles en las luchas de amor.
A los pobres santos les adjudican papeles muy tristes; á
fuerza de mucho trabajo y de unos pesos, pude hacerme
mostrar lo que tenia adentro el saquito conteniendo la reliquia
para el amor que llevaba un paraguayo.
Tuve que asegurarle antes que como habia estudiado estas
cosas yo podia abrirla sin pecado. Descosí el saquito y me
encontró envuelto en un papel que tenia escrita una oracion
con una Jetra infame que no pude leer, un santito de madera
toscamente tallado, euyo sexo no pude determinar; tenia algo
de ídolo egipcio.
Il dueño no me supo decir tampoco qué santo cra y solo se
conformaba con saber que era una reliquia que le habia dado una
vieja que resultó su madrina, para que fuera feliz en el mundo,
tuviera suerte con las mujeres y no le hicieran éstas daño.
A las 5 de la tarde llegamos á Villa Ióncarnacion, pueblo
situado frente 4“ Posadas, desembarcamos los pasageros y
eruzaudo el rio Negamos á esta última.
Habia visitado una gran parte del territorio de Misiones
que ya conocia por las brillantes descripciones de mi buen
amigo el Dr. E. L. Holmberg en su libro «Viage á Misiones»
publicado en el «Boletin de la Academia Nacional de Ciencias
de Córdoba» en 1887.
I“se libro me sedujo, puede decirse, y fué uno de los cau-
santes del presente viage; su estilo ameno y sobre todo su
verdad indiscutible en cuanto á los hechos observados, hacen
de él, no solo una publicacion útil, sinó tambien agradable.
A
In el rio, en la selva, en el campo, á pié, á caballo ó en
canoa, durante todo el viaje, á cada momento me acordaba
sin querer de algun pasage Ó panorama análogo y sin darme
cuenta donde habia visto otro igual revolvia mi memoria
infructuosamente, hasta que al fin recordaba que aquellos
árboles y aquellas escenas no eran sinó negros caractéres que
marcaban sus contornos sobre las blancas páginas del libro
de mi amigo Holmberg.
CAPÍTULO XV
DE POSADAS Á BUENOS AIRES
Posadas—Sociabilidad—D. Juan Goycochea—Villa Encarnacion —Las Paraguayas—
Pequeños comercios—Vuelta á Buenos Aires por la via de Santo Tomé en
diligencia — Misiones.
La historia de Posadas es bien conocida. La ciudad vale la
pena de conocerse, tiene aspecto muy pintoresco, situada como
está sobre una barranca no muy alta que entra un poco en el
Paraná; su situacion geográfica determinada por la comision
de límites con el Brasil es 55% 51% 3” de lonjitud Ocste del
meridiano de Grenwich y 27 19 42” latitud Sud.
La edificacion moderna en su mayor parte es regular y
bastante compacta; la plaza principal es un magnífico jurdin
perfectamente bien delineado y cuidado, rodeado de una calle
de cedros jóvenes: en ella se ven entre plantas exóticas,
muchas propias de la region, como ser grandes gualimbés,
ortigas bravas, helechos, etc.
In el frente lste de la plaza, está el magnífico edificio de
la Gobernacion, que lo ocupa casi todo, de arquilectura mo-
derna de las mejores: tiene espléndidos salones y un magni-
fico jardin en los patios; en el frente norte está la lelesia, muy
modesta y sencilla, con grandes corredores á los lados: apesar
de esto no deja de ser agradable. Los demás frentes están
todos ocupados con buenos edificios; un poco afuera de la
ciudad hay un Hospital, sostenido por la Sociedad de Beneli-
cencia de señoras.
La poblacion de Posadas alcanzará á unas 5.000 almas
con el Departamento; su comercio es muy importante: hay
muchas casas espléndidamente surtidas que giran grandes
capitales fuera de los exportadores de yerbas.
El año pasado, segun datos recogidos, el comercio de
exportacion de Posadas, alcanzó á millon y medio de pesos,
siendo uno de los principales artículos la verba y el de
importacion 240.000.
Existen varios ingenios de moler verba: el más importante
es el del Sr. D. Joaquin Aramburd, movido á vapor: la
máquina que allí se emplea es distinta de las de la costa
Uruguay, son de cilindros que ruedan por un piso de madera
dura triturando así la yerba que allí se coloca; puede moler
8,000 kilos diarios.
La yerba que sale de Posadas es toda preparada por el
sistema paraguayo de Barbacuá y se exporta embolsada,
siendo este procedimiento mas limpio y económico que el de
tercio y no perdiendo nada de sus calidades.
Los alrededores son magníficos: el terreno es ondulado
suavemente: hay varias quintas muy buenas. Sobre la barranca
del rio, en una especie de punta, se hallan los galpones del
cuartel del batallon 3 de infanteria de línea, que ha estado
durante muchos años de guarnicion allí.
La sociedad de Posadas es muy distinguida: he tenido
ocasion de observar y de visitar algunas familias en las que
he encontrado mucha cultura, puen gusto y excelente edu-
cacion.
Hay mucho espíritu de progreso y la mayor parte de sus
adelantos se deben á la iniciativa y esfuerzo particular: su
municipalidad trabaja: han arreglado varias calles, sobre todo
la que vá al puerto, al que se puede ir perfectamente en
carruaje.
Hay dos hoteles cómodos, talabarterías, herrerías, carpin-
terías, fotografía y curtiembre. Templo masónico, oficina de
Correos y Telégrafos, Municipalidad, tres escuelas, Aduana,
Sub-Prefectura y sucursal del Banco de la Nacion.
El viagero que crea ir á Posadas para ver algun pueblo
original ó raro, debe dar vuelta y evitarse el viage; pero si
desea ver un pueblo culto, una ciudad bonita á 400 leguas de
Buenos Aires, y sobre todo, el fruto del trabajo individual y de
la iniciativa particular, puede ir convencido de que nunca se
quejará de haber hecho viaje mas agradable y dudará por
momentos de encontrarse en la capital de Misiones; en plena
Misiones donde no creía hallar sinó ruinas de los Jesuitas en
medio de un naranjal espeso sin otro ruido que el canto de
la chicharra óÓ el rujido de algun tigre. Posadas no es una
ciudad muerta, allí hay movimiento, hay vida propia, esas
E
siestas patriarcales de antaño, se van dejando porque el
comercio activo y emprendedor es el que mejor despierta y
hace mover á los pueblos y sociedades.
Al dia siguiente visité la Villa Encarnacion, que se halla
frente á Posadas. El Rio tendrá un ancho de 30 cuadras,
pero hay vaporcitos que hacen la cruzada cada hora. El pueblo
UN PEON MISIONERO
de Villa Encarnacion está situado en una colina que de la
costa vá subiendo hácia el interior: propiamente no tiene sinó
una calle muy larga que del puerto vá hasta la plaza princi-
pal, donde existen todavía ruinas de Jesuitas. Todas las casas,
salvo muy pocas, son de dos aguas, techo de paja, mas bien
ranchos que casas, con cercos de palo á pique atado con isipó,
— 241 —
algunas tienen paredes de ladrillo y de piedra, tomadas de las
ruinas Jesuíticas. «Hay varias casas de comercio importantes;
allí como en Posadas, el artículo de mayor comercio es la yerba.
Coma en todas las poblaciones paraguayas, las mujeres son
las encargadas del pequeño comercio; así no es raro ver en
las puertas de las casas, mesas cubiertas con ricos paños de
ñandutí, donde están expuestos ataditos de cigarros, chipá,
caña de sustancia, velas de sebo, choclos, chicharrones, dulces,
etc., que el transeunte, entra, compra, toma ó come allí
mismo. Las paraguayas siempre muy zalameras, envueltas en
sus pañuelos vistosos con una peineta colocada coquetamente
en la cabeza, dejando ver el ñanduty de sus blanquísimos
tipois y hablando “graciosamente el castellano aguaranizado,
entre las bocanadas de humo de sus enormes cigarros, ofrecen
á uno con toda la gracia de que son capaces, sus artículos.
Hay otras que tienen entre manos verdaderos negocios de
importancia; he conocido en Posadas á varias que hacen
contratos de miles de bolsas de yerba que llevan á vender al
Paraná, Corrientes, Santa Fé y Rosario.
La paraguaya es sumamente activa y liene en sí un ins-
tinto comercial extraordinario, del que carecen en general los
hombres; pero el mayor encanto de las paraguayas es su
oracia especial y el aseo que en ellas raya en exajeracion;
en cualquier rancho paraguayo por mas pobre que sea, se
puede entrar con seguridad de encontrarlo todo limpio y
arreglado y ellas hacen gala de sus tipois y trages de percal
perfectamente limpios y bien almidonados; es sumamente
difícil encontrar una paraguava despeinada ú desgreñada.
Caminando, llegamos á la plaza donde está el templo que
no tiene nada digno de mencion, sinó la desidia con que
dejan criarse los tacurús en el patio y las abispas cartoneras
en sus vetustos corredores.
Despues de recorrer el pueblo, bastante cansado y con sed,
como la que puede dar un solazo como el que acababa de
hacerme pagar mi curiosidad de viagero, entró á un billar y
tomé lo que creí hubiera desaparecido de la faz de los des-
pachos de bebidas, una chinchibirra. A las 5 y1/2 volví á
Posadas.
D. Joaquin Aramburú, á quien debo muchas atenciones,
me regaló una pequeña hacha de piedra de los Indios Guaya-
quís, del Alto Paraná costa Paraguava.
Al otro dia Martes 26 á las 6 a. m., salimos con la dili-
gencia en direccion á Santo Tomé.
Los campos que atravesamos son ondulados, con isletas de
montes, desparramados aquí y allí: de vez en cuando pasamos
un arroyito de agua clara y fresca, como todos los de Misiones,
agua que corre por entre piedras cargadas de hierro que las
hace sumamente sabrosas sin darle color alguno; despues de
mucho tiempo volví á ver hacienda vacuna que empieza á
haber bastante en esos campos, si bien en su mayor parte
de pastos duros, no dejan de haber alguno de excelentes
pastos de engorde, donde ya hay algunas Invernadas.
RANCHO DE MISIONES
Pasamos por las ruinas de San Cárlos y fuimos á dormir
á la excelente posta de Playadito, situada cerca de las ruinas
de Apóstoles, de donde sale otra galera en combinacion con
la de Posadas que vá hasta Concepcion.
Al dia siguiente á las 6 despues de tomar un mate y un
buen café, seguimos viage hasta llegar á Santo Tomé á las 3
de la tarde, despues de pasar el arroyo Yta-cuá. que no tenia
nada de particular por estar muy bajo.
Arreglé los asuntos que allí tenia y al otro dia á las 12
4
,
me embarcaba en el «Iberá» en direccion á Buenos Aires.
Y)
Hacía tres meses que faltaba y no había tenido durante
ese liempo ni un simple dolor de cabeza. Ese clima misionero
es admirable; el calor del día queda compensado por el fresco
invariable de la noche: aquellos inmensos bosques que cubren
sus altas sierras funcionando como desinfectadores encrmes
con sus perfumes ardientes, embalsaman el aire que dá á
los cuerpos energía vigorosa y una salud de hierro.
Sus corrientes de agua que casi no conocen el barro,
rodando sobre un lecho de piedra bajo la sombra fresca de
los árboles gigantescos, proporcionan al viagero un elemento
de vida inmejorable.
ún Misiones no se conocen casi enfermedades infecciosas,
solo los desarreglos gástricos, causados por la mala alimenta-
cion, son los que constituyen las principales enfermedades
por allí.
La posicion intertropical de Misiones la colocan en condi-
ciones sumamente favorables en cuanto á la produccion de
los mas ricos y variados productos agrícolas. Il café, el
tabaco, la cana de azúcar, el algodon, el añil, la vainilla, la
vid, la mandioca, el maíz, el porolo, el arroz, el maní, lodos
estos productos se producen con un desarrollo asombroso y
una abundancia increible. Se producen espontáncamente
muchas plantas textiles de gran importancia, como el Cara-
guatá, la Ortiga brava, el Guaimbe, el Igueron, la Ibira, etc.
Las maderas son abundantes y variadas, las hay para todos
los usos, desde la leña para quemar, hasta la madera mas
rica para las obras mas delicadas. Las Tacuaras, los isipós,
las palmeras, lodos se pueden utilizar para la construccion
de viviendas provisorias que debe hacer todo colono, al prin-
ciplo. Los bosques están llenos de frutas silvestres como la
Yabuticaba, la Gavirova, el Guabiyú, la cereza, la fruta del
pino, el Guaimbe y muchas otras. ln los troncos anidan
muchas avejas meleras como el guaraypo, el yeley, el vorá,
la mandasaia, los mirim, el Irapoa, el maudurí, la mumbuca,
el mandaguay, la tubuna, y en el suelo, el uruzú ó mandurí
do chaon, que proporcionan rica y sabrosa miel. Los rios
están llenos de peces, en cantidad considerable, y los montes
tienen mucha caza mayor, que es la providencia del pobre, en
aquellos parages.
Ninguna region como Misiones para colonizar; allí hay
lodos los elementos á mano, sólo se necesita el trabajo del
hombre para arrancar de la Naturaleza con ereces, la remu-
ueracion del sudor derramado.
Tomo Y. 25
— 250 —
Misiones atrae: el que vaya y se establezca allí, se siente
embargado, preso por esa sirena encantadora, que difiere
de la mitológica, porque no mata; el hombre se siente pren-
dado, ante la exhuberante naturaleza, goza pronto de bien-
estar por la feracidad de la tierra, que no espera sinó la
semilla en su seno, que la ha de fecundar. Allí todo es bello
y grandioso: el bosque, los rios colosos que la envuelven en
sus frescas ondas, el aire perfumado que se respira, los
paisajes deliciosos, los saltos de agua que juegan caprichosos
por entre las piedras de sus cerros, las brillantes mariposas
multicolores que se bañan en la luz de cualquier rayo de sol
y hasta el silencio magestuoso de la naturaleza, que, dormida
al parecer, desarrolla esas enormes fuerzas vitales que laten
en ese mundo tranquilo y salvaje. Allí, el cerebro fatigado
en los embates intelectuales de la ciudades, reposa para
volver á vibrar con mayor. fuerza en otro órden de ideas;
allí se predispone úá la poesía de la naturaleza vírgen y
pródiga y nó á las elucubraciones lloronas de un tísico de
gabinete; la vida parece renacer, se vuelve á vivir de una
vida nueva, llena de sensaciones desconocidas, donde se vigori-
am, simultáneamente, el cuerpo con el cerebro.
Algun día no lejano, Misiones estará poblada como merece,
y Cuando sus campos estén cultivados y el hombre haya
transformado la naturaleza hoy inculta, y al caer la tarde se
siente en su hogar tranquilo y satisfecho de la labor diaria,
en medio de su prole feliz, todo será para él amor y bien-
estar, hasta la brisa fresca de la oracion al pasar por su
frente despejada, le secará, acariciándole suavemente, el resto
de sudor.
OLLANTAY
ESTRACTO DE UN MANUSCRITO
CONSERVADO EN LA BIBLIOTECA DEL MUSEO DE LA PLATA, TIEPULADO :
Compendio de las principales noticias del Inca Garcilaso.
Ruina del Imperio por los Españoles. Gobicrno político y civil del Inca.
Entrada de los Españoles «¿ la Imperial ciudad del Cuzco y su destruccion.
Suceston de los Soberanos Incas. Descendencia de estos, que acreditan las Códulas Reales
del Emperador Cárlos Quinto, Felipe Segundo y de Cárlos Tercero. Las
declaraciones de los Tribunales de las Reales Audiencias de Charcas
y Lima: anotadas con sus fechas, de meses y nombres,
segun las Reales Executorias.
POR LL SICNÑOR
Doctor Don JUSTO APU SAHUARAURA INCA
Canónigo Dignidad de Tesorero, en esta Santa Iglesia Catedral del Cuzco, Visitador General del
Obispado, Examinador Sinodal, Doctor Graduado en Sagrada" Teología y condecorado
con la medalla del Libertador de Colombia y Perú, Simon Bolivar.
ANO DE 1887
roo)
6
IO
Ny
Tradicion de la Revelion del General Ollantay y acto heróico de
la fidelidad del General Rumiñahui. Ambos del tiempo de los
Emperadores Incas Soberanos del Perú.
«.....Como al principio de estos apuntes me propuse añadir á
las faltas del historiador Inca Garcilaso, y no habiendo hallado
este huen historiador en su galeria «Obra de los Comentarios
Reales sobre la Revelion del General Ollantay y fidelidad á su
Soberano del General Rumiñahui», me ha parecido oportuno
dar noticias segun se han encontrado en los manuscritos, lo que
sigue :
Para cualquiera que se halle medianamente instruido en la
historia del Perú, será una verdad incontestable que ú pesar
de los obstáculos insuperables que se han opuesto á la literalu-
ra de este pueblo, así en tiempo de la dominacion española como
en el de la independencia, por los disturbios interiores del ingenio
Peruano, ha brotado de cuando en cuando, á fuerza de su lo-
zanía. Semejante fenómeno no es extraño, donde quiera que
exista vigor de imaginacion; apenas si poder humano que baste
á ahogarlo; y mal ó bien, con gusto delicado ó estravaganle,
sobre asuntos dignos 6 pueriles, aquella aclivísima polencia
se vé sin cesar ocupada.
Lo que sorprende es ver que un pais, donde la tiranía
española, la mas odiosa de cuantas ha tenido la Isuropa, tuvo
esclavizado el pensamiento con cadenas de fierro, que en un
país envuello en las tinieblas de la ignorancia, donde peligroso
era emplear el propio discurso, y donde la curiosidad literaria se
hallaba alterada, de modo que los hombres se burlaban de his-
loriadores y anticuurios, como si la aficion á semejantes estudios
fuese un principio de manía ó de estupidez, en tal país sorprende
seguramente al ver que haya habido hombres que dedicasen
parte de su vida y sus talentos á la averiguación é ilustracion
de los hechos históricos de su patria, y á conservarlos escritos
á costa de mil fatigas para que en tiempos mas fáciles salgan
á luz, como dignos no solo de su infeliz suclo, sinó de todos
los países del mundo donde el saber se aprecia.
A
Tal es la historia ó tradicion del General Ollantay y lide-
lidad de Rumiñahui, ambos generales indios, que hoy nos cabe
la gloria de publicar, y de la que han estado privados hasta
ahora nuestros compatriotas. 1l hacer el análisis de esta pre-
ciosísima tradicion, á mas de no corresponder su mérito al
trabajo, escedería en mucho los estrechos límites de un apun-
tamiento. Iximiéndonos, pues, justamente de ello, bástenos decir
que ella será interesante en sumo grado, no solo para los Perua-
nos, sinó para cuantos sepan sentir los rasgos de nobleza, valor
y heroismo, que se presentan en la historia de la naturaleza
humana; que ella llena uno de los muchos vacíos que existen
en la historia del Perú, pues ni Garcilaso, mi los demás histo-
riadores de este país dicen nada de un suceso lan importante,
que el que escribió esta tradicion, es un noble Cuzqueño, y
que en fin el estilo con que está escrito, es fácil, dulce y cor-
recto, con varios pasajes que enternecerían y arrancarían las
lágrimas al mas insensible.
ADVERTENCIA PRELIMINAR
Se ignora el motivo porqué ninguno de los muchos histo-
riadores de este Reyno, haya hecho mencion de un aconteci-
miento tan notable, como el de estos dos generales gentiles,
que ha llegado hasta nuestros tiempos por una constante tra-
dicion, que pocos la ignoran en esta provincia del Cuzco, sin
duda á por haber sucedido en ella; no encontrndose otra nar-
racion escrita de este antigúisimo suceso, que la comedia que
en lengua qqueshua formó pocos años ha el doctor don Antonio
Valdés, cura que fué de Siquaní. Bien que confrontaba dicha
pieza con el uniforme relato de la tradicion, se encuentran in-
novaciones y voluntariedades que sin duda se las franqueó la
la licencia poética; ya en la invencion de los nombres, de los
sujetos que representan el drama, y ya en el desenlace que
resulta de él, que ni la tradicion lo suministra, ni la equidad y
justicia lo permiten; haciendo que un Rey premie extraordinaria-
mente la infidelidad del gencral Ollantay, y en nada recompense
la fidelidad heróica del general Rumiñahui. Lo mas notable ea
ello es el anacronismo que padece, haciendo inmediato sucesor
del Inca Pachacutec, en cuyo tiempo y al fin de su reinado su-
pone el suceso de Ollantay, ú Tupac Inca Yupangui, que fué nieto
de aquel é hijo de Inca Yupangui, verdadero sucesor inmediato
de Pachacutec.
— 20 —
Il sujeto que ahora presenta esta misma relacion es un
Cuqueño que ha sido prolijo en indagar las anligúcdades de
su país, y que la vertirá aquí, en los mismos términos que le
comunicó obro paisano suyo de bellas luces crítica y no de vul-
gar instruccion, que en un liempo fué su maestro en filosofía.
Il motivo que liene de verificarlo en el dia es la amistosa in-
sinuacion que ha tenido para ello del senor Jefe Político Su-
perior y Comandante General de esta Provincia, Brigadier don
Antonio María Alvarez, con motivo de queá dicho señor le han
presentado un busto ó cabeza que sirve de vaso para beber.
obra de los gentiles, en barro, asegurando que el indio que la
conserva protesta ser imágen del general Rumiñahur, que sin
duda la ha sabido conservar como un sagrado monumento «de
sus mayores.
Isla lan antigua y recomendable pieza manifiesta por sí
misma, y auloriza la verdad de la tradicion de que se trata.
Illa hace ver que la persona á quien representa fué un general
por el adorno que trae en la frente de la Masccápaieha, ascgu-
rando el indio que la ha dado, que tenía embutidos de chapas
febles y pequerías de oro, que no conserva en sus resortes. 1:
penado del busto. es de las mismas trencitas cortus que usa-
ban los nobles; y sobre todo, las cicatrices estampadas ó grabadas
en el rostro, son la última y mayor prueba que suministra
este monumento, de que lo es del general Rumiñahui, y de que
con este sucedió realmente lo que la tradicion relata. Para en-
trar en ella, y para su mayor conocimiento, parece preciso an-
licipar el recuerdo de algunos hechos y leyes de este gentilísimo
general que se hará en Jos parágrafos siguientes:
PRIMERO
Division del Imperio Peruano en tiempo de los Soberanos Incas
Los Incas Soberanos, dividieron su Imperio en cuatro partes
referentes á los cuatro rumbos primordiales de las esferas ce-
lestes, de Oriente, Poniente, Seplentrion y Medio dia. La division
del Oriente la llamaron Antisuyo, y es todo lo que se comprende
desde el rio caudaloso de Yucay para el lado de la Cordillera
de los Antis y faja corrida de infieles ó chunchos. La division
del Poniente que se llamó Cuntisuyo es el distrito actual de los
partidos de Chumbibillcas, Paruru, Cotabambas y Aymarais, y lodos
los demás que se llaman contiguos á estos por dicho rumbo hasta
— 256 —
del mar. La el Septentrion ó Norte que llamaron Chinchasuyo,
sigue la direccion de Abancay, Andahuaylas, Huamanga etc., hasta
mas allá del Quito. Y la del Medio la llamada Ccollasuyo se
dirigía porel Collado, La Paz, Potosí hasta el Tueuman y Rei-
no de Chile hasta el gran rio Maulle, siendo esta vasta extension
la que dominaban los Incas cuando vinieron los españoles á la
conquista.
Dividido el gobierno Imperial en estas cuatro partes, se sul-
dividía cada una en provincias particulares mandadas hasta
la pequeña porcion de Decurias en cada pueblo, por cuyos con-
ductos se arreglaba y dirijía gradualmente el curso de los ne-
eocios de justicia, de guerra, de política y de hacienda: de manera
que la autoridad y deberes de cada mandarin, subía desde los
decuriones hasta lerminar en la corte, en la superior autoridad
del presidente á.especie de virrey del distrito de aquella division,
cuyas determinaciones no tenían mas apelacion que al Inca;
por lo que el empleo de tales Presidentes, era uno de los mas
jerárquicos del Reino.
SEGUNDO
Ley de los Incas para clasificar los matrimonios
El Príncipe heredero del Imperio debía casarse con la her-
mana de padre y madre, y si ésta era estéril, con la prima
hermana, y si de ella no lograba sucesion, lo haría con la se-
eunda, tercera, etc., y cuando en éstas no lo conseguía, prevenía
la ley que siguiese el enlace con Lía, sobrina ó prima hermana.
Así sucedió con Huayna Ceapac. 1% molivo que tenía para ello,
era su falsa creencia de que descendiendo los Incas de su Dios
el Sol, su linaje era divino y no podía ni debía mezclarse con
el de los hombres comunes, por merilorios que fuesen, porque
sería cometer un sacrilegio y adullerar la pureza de su divi-
nidad. A Jos Curacás y grandes señores que quería el Inca
condecorar demasiado, les daba rara vez muger de la sangre
Real bastarda, esto es, de aquellas hijas que tenían dichos Incas
en concubinas cortesanas Ó alienígenas segun su rango, por lo
que ni el Rey podía prostituir la pureza de su sangre en rama
legítima, ni el vasallo aspirar 4 divinizar la suya con semejante
enlace.
DN
IN
=]
|
TERCERO
Pueblo de Ollantay Tambo. en la jurisdiccion del partido de Urubamba
liste pueblo que en su legítimo nombre indio es Ollantay
Tampu, está á once leguas del Cuzco en el distrito de Urupampa;
se ven en él hasta el dia primorosas obras de fortificaciones
que han merecido la admiracion de hombres de buen gusto, y
que han viajado de exprofeso á reconocerlas. Ninguno de los
historiadores del. Perú relata el motivo. que tuvieron los gen-
liles para la fábrica de esta grande obra militar, ni tampoco
este sitio fué en aquella época un límite ó frontera del Imperio
de los Incas que necesitase de tales fortificaciones para su se-
euwridad contra alguna nacion belicosa de los Antis; esta misma
es por naturaleza, una barrera que lo pone á cubierto de toda
ambicion por aquella parte; aun cuando los indios de dichos
Antis que hoy los llamamos Chunchos fuesen capaces de inten-
larlo venciendo sus conveniencias, 6 Inacesible cumbre ocupadas
de permanente nieve. Desde Manco Cenpac que conquistó este
pueblo hasta el dia, jamás se ha visto ó sabido que alguna vez
aquellos habitantes ú otros hayan atrevídose á semejante cm-
presa, y así es que la existencia de este monumento confron-
lada con la que relata la tradicion de nuestro propósito, confirma
demastado su verdad apesar del silencio de los historiadores,
en una maleria que de suyo es tan cireunsltanciada.
Olro indicio Ó señal muy recomendable, se encuentra tambien
en este pueblo, de que debió hablar la historia, y tampoco hace
mencion de ella. Iósta es la pintura al temple que apesar de
haber sufrido la inclemencia del tiempo en tantos años se con-
serva hasta el dia muy clara y perceptible en el alto y ol raso
de la peña, que á la banda oriental del vio de Yucay forma
una estrecha entrada al pueblo. ligura dicha pintura dá un indio
enarbolando el brazo, en ademan de hacer uso de la honda, y
por consiguiente como un centinela que custodia la tal entrada.
ln ella hasta poco há se conservan vestigios de garifas, y lodo
esto hace ver que aquella fué plaza de armas, y que debió ser
cierta la revelion del general Ollantay,
Tomo V. 26
CUARTO
Casa de Ióscogidas 0 de Virgenes en el Cceoscco, y ley penal para
el que se alreviese a violar ad alguna de ellas
La Casa de Vírgenes escogidas (6 acllas en el idioma índico)
que hubo en el Ecoseeó y ocupaba el sitio en que hoy es el
monasterio de Santa Catalina de Sena, fué una de las mas có-
lebres entre las muchas que tuvo el Imperio de los Soberanos
Incas. Se componía de mil quinientas niñas, fuera de las cria-
das destinadas á su servicio. Debían de ser precisamente de la
descendencia legítima de los Reyes, y entrar en la clausura, á
lo mas de edad de once años, con tal estriclez en su recogl-
miento que la escogida que recibían en él, no volvía 4 ver, otr,
ó hablar, ni aun con sus propios padres, siendo solo permitido
ú la Reina ó Ceoya y áúlas Infantas 6 Nustas de la familia real
el entrar y visitar aquella casa; y aunque tambien el Inca tenía
igual permiso por la ley, jamás hizo uso de semejante privile-
elo. Por declaracion de la misma debía enterrarse viva la acella
ó monja que delinquiese contra su virginidad, y al cómplice de
este delito, que se le ahorease, matando ¡juntamente con él á su
muger, hijos, criados, parientes, ganados y todos los moradores
del pueblo “en que nació, y que este se arrasase y sembrase
de piedras para hacerlo impracticable y espantoso á la piedad.
Il establecimiento de dichas casas de clausura perpótua, y el
de tan formidable ley, debió ser en el reinado de Inca Lioeca
sexto lmperador del Perú, uno de los mayores legisladores del
Imperio, pues en la relacion de su vida y hechos es donae
prineipia la historia 4 dar noticias de estos recogimientos y
leves.
QUINTO
No dice la historia 6 tradicion en tiempo de cual de los reyes Incas
sucedió la perfidia del General Ollantay, pero debe inferirse que
Jué posterior al reynado de Inca Rocca en que se establecieron
las Accllas.
lin las repetidas veces que ha oído el que escribe este papel
la narración de los generales Olladlay y Rumiñalar no se le ha
expresado la ¿poca ó liempo en «que sucedió, lo cierto es que
— 259 —
debió suceder en alguno de Jos remados posteriores ú el del
Inca Roeca sim llegar al de Huascar Inca, por la razon que se dará
enel párrafo siguiente:
Ióu semejante duda es preciso seguir la opinion del doctor
don Antonio Valdés, que en la tragedia lo marca en el reynado
de Tupac Inca Yupanqui, undécimo Emperador entre los Incas,
pues para ello tendría algun dato, sinó positivo, al menos pro-
hable, siendo como fué un sujelo ilustrado, y que por olra parte
conta larga vida que tuvo, pues moriría oclogenario, debió
alcanzar la tradicion mas reciente.
SEXTO
11 General Rumiñalut 6 maestre de campo como lo llama la hus-
torta. que militó en liempo de Atahuallpa, no pudo ser el mismo
00 '
de que habla la tradicion.
4 General Ruminabtas, de quien habla Gareilaso en la vida
v hechos del Luca Atahualpa, mo pudo ni debió ser el que cita
la tradicion, porque habiendo existido éste cn liempo de que
va los españoles ocupaban el reyno, y que había muerto 4Mla-
hualpa no pudo de modo alguno acomodársele dicha tradicion.
Ao mas de que el carácter de este Rumiñatae, y el que descifra
aquella en su narración son absolutamente opuestos, pues cel
del tiempo de HMahwalpa fué un traidor sanguinario yal fin oamu-
rió en los Antis 4 donde huyó atemorizado de lo abominable
de sus operaciones, El se reveló contra sus Incas, desolló 4
Quilliscacha hermano de Atahualpa, ¿hizo forrar un tambor con
su cuero dejaido pendiente de él la cabeza para que se viese
siempre cuál cra aquel detestable parche.
izo enterrar vivas á las 4cellas de Quilo, mandando des-
colgar peñascos sobre ellas, imputando delito de sacrílego adul-
lerio, al hecho de haberse reido cuando le oyeron decir relatan.
do el traje y armadura de los españoles que estos encerraban
los genitales en unas como pequeñas chozas. lístos y otros
igttales procedimientos caracterizaron 4 Runañalur cl Quiteño :
euando por el contrario, el de nuestro propósito, fué mode-
rado, prudente, y extremadamente fiel á sus Incas.
Lo que sucintamente se ha dicho en los anteriores párrafos
de las leyes de la gentilidad, conducentes al intento, parece
bastante para formar idea del contenido de la tradicion: para
principiar en ella, solo se agregará que á lin de metodizarla se
: — 260 —
valdrá el que escribe estos apuntes, de la opinion del doctor
Valdés que fija el hecho en tiempo del lmperador Tupac Inca
Yupanqui, mi octavo abuelo. Ln cl reinado de un Inca sin de-
sigenarlo, pues la narracion general solo nombra 4 Ollantay y ú
Rumiñahus.
TRADICION
PRIMERO
Carácter y empleos del general Ollantay, motivo de su revelion
contra su soberano el Inca
Il General Ollantay fué natural del pueblo de Tampu, y
Curaca ó cacique de sangre de aquel distrito. Su nobleza, ta-
lentos militares y servicios á la Corona, lo elevaron al rango
de general y al de Presidente ó primer Jefe del distrito de An-
tisuyo, que comprendía cacicazgos á mas del suyo. Residia cu
la corte del Ceosecó por su empleo, y se dice que era de aquellos
cortesanos de genio intrépido, espíritu fuerte y atrevido. Su
buena figura personal, los inciensos que disfrutaba por su va-
limiento y las distinciones que merecía al rey por sus servicios,
clase y aptitudes, le hicieron conecbir el alto pensamiento de
solicitar á la infanta ó Nesta, hija legítima del Inca, y ganar su
voluntad y correspondencia. Los ruegos, el atractivo y constan-
cia llegaron con el tiempo á hacer delincuente á la infanta y
esta debilidad de lan alto rango no pudo mantenerse oculla;
ya la trascendía ó maliciaba la corte, y solo la ignoraba el rey.
Il general Ollantay sabía muy bien á qué punto había clevado
su atrevimiento, pues le constaba la imposibilidad que tenía
por la ley para aspirar á la mano de la Nusta, y á hacer sus
amores lícitos, pues toda la gerarquía de su encumbrada suerte
no le sacaba de la clase de vasallo, y que como tal, ni podía,
ni debía solicitar un enlace divino. “Temía por otra parte que
un hecho tan extraordinario y sin ejemplar, llegase, como ya
podía suceder, 4 oídos del Inca, y que sus fatales resultados
alligiesen extremadamente á su cómplice. Se figuraba á las veces
la lisonjera y audaz idea de que sus prendas personales, sus
recomendables servicios, sus altos empleos y el favor del prín-
cipe, lo habían elevado y aproximado al rango real que ya había
usurpado impunemente, y entre el debate de la razon con el
orgullo y el amor propio, tomó el desesperado partido de imsi-
o
nuarse con el Inca y pedirle su hija. La estacion en que se
hallaba favorecía sus miras, porque era la de presentar al rey el
contingente de miles de hombres de guerra que le había pedido
de su distrito de Antisuyo, para continuar la conquista del rumbo
de Chinchaisuyo.
Consideró el general Ollantay que la ocasion mas lavo-
rable y comprometida para el Reyno en su favor, era la del
dia en que hiciese la revista general del ejército y en la que pro-
ewraría llamarle la atencion y complacencia, con lo Jucido y
disciplinado de las tropas del tercio de su mando; para ello
se esmeró mas que nunca en abrillantarlas y perfeccionarlas.
Iste acto era solemnísimo, pues lo hacia el Zuea con toda su
corte y grandeza, á cuya vista presentaban los generales sus
respectivos cuerpos. Elegó al fin el plazo y en él se distinguió
verdaderamente Ollantay con bizarria marcial y esmerada dis-
ciplina. Al tocarle su vez de presentar las tropas se aprontó al
Rey con el champi 6 alabarda en una mano y con la Mascca-
pueha 0 gorra de General en la otra, y le habló (dicen) en
estos lórminos: «Sapa Inca (esto es ó gran Señor) lengo el alto
honor de presentaros y poner á vuestros piés el contingente
de bravos artis que habeis mandado se apresten para la pre-
sente campaña. Iólos y yo 4 su cabeza sabremos desempeñar
como siempre con el último sactificio de la vida, nuestros de-
heres y vuestras soberanas órdenes, señor nada queda ya que
hacer sino el que os digneis comunicadas para que las iuven-
cibles armas del hijo del sol triunfen en todas partes sin re-
sistencia. 1 Gran Pachacamac anunció 4 má corazon un porvenir
de muy grandes sucesos y prosperidades. 15 esplendor y gran-
deza que os rodea, la magestuosa afabilidad con que vuestro
rostro ahora mismo está brillando gracias y beneficepelas, son
lodos unos comprobantes de aquel feliz y favorable presagio,
y sobre lodo, señor, son un impulso de mi esperanza, para
alreverme á pediros el último y mayor favor, al que podré
aspirar en mi vido».
Il Inca le oyó con el mayor agrado, y Je dijo: «Si le queda
á mi grandeza y poder algo mas con que exallarte, podeis con
confianza pedirlo, siempre he acreditado mis consideraciones
ú tus buenos servicios.» «Capac Inca, incomparable, Rey dijo
Ollantay, ya que me permites que os hable y pida frauqueán-
dome vuestra grandeza y poder, permitid igualmente que para
ello os haga antes un recuerdo que apoya mi solicitud y exal-
ta vuestra soberana autoridad. Acordaos Señor que la casa do
Ollantay en este Imperio deriba su antigúedad desde el esta-
— 262 —
blecimiento de vuestro dominio en la tierra, y desde el mismo
tiempo en que vuestro Padre el Sol posesionó al primer Inca
en ella. 1l Gran Manco Ceapac principio de vuestra estirpe entre
los hombres, poco despues que clavó la barretilla de oro en
Huanacawri, y resolvió fundar esta Imperial corte, empezó á lla-
marse Monarca porque mis mayores los curacas de Zumpu
fueron de los primeros que con su gente se le asociaron y
rindieron obediencia; contribuyeron á la reduccion y aumento
de los dominios que aquel dejó, y desde entonces mismo les
declaró la clase de Incas privilegiados que sin interrupcion
poscemos hasta hoy. Todos mis ascendientes puestos en este
rango, y unidos siempre á los vuestros, han sacrificado sus
vidas y reposo en vuestro servicio Real y no ha habido con-
quista en un Reino, á que no hayan contribuido con sus per-
sonas y tropas hasta entronizar ú los hijos del Sol, en la
vasta esltension que hoy comprende su monarquia.
«Iísta verdad es un dogma de nuestros anales y nuestros
qgiipos un testimonio «auléntico de lo que digo: vos Señor, y
esta misma corte y concejos que llenos de ciencia y probidad
os rodean, sois sabedores de esta realidad y por consiguiente
del inmemorial derecho que proteje mi preeminencia. Por otra
parte, acordaos tambien que como Soberano nuestro, sois cl
único dueño y legislador del Imperio, y que vuestras determi-
naciones son leyes inviolables que á nadie es lícilo resistirlas:
Il Gran Pachacamae entre vuestros abuelos, dejó bien aucredi-
lado este real y peculiar privilegio de los Incas, cuando en su
reinado reformó, revocó y estableció tantas leyes, y todas diri-
gidas al alivio y prosperidad de sus vasallos. Bajo de estos
irrefragables principios es indubitable que la casa de Ollantay
se ha hecho acreedora desde vuestro Padre Manco Capac á loda
la exaltacion que quieran darle sus Incas, y que vos, Señor,
como tal podeis verilicarlo sin límites: así pues parece que en
vuestra Real mano está el concederme la última y mayor feli-
cidad que me queda que pediros, para mí y mi posteridad,
pero Senor....» «Por qué no concluis, le dijo el Inca? ¿que des-
confias? no hablas con vuestro Rey que es vuestro Padre? »
«Senor es así, y esa dulce y benéfica palabra que ya os merezco,
cs la misma que os pido realiceis concediéndome la mano de
vuestra Nusta»; al concluir Ollantay la espresion, se susciló
entre todos los concurrentes un agitado murmullo, increpando
el atrevimiento con que insultaba al Inca y ú su Dios el Sol;
intentando divinizar su sangre, cosa que hasta entonces ni
tenia ejemplar, ni jamás se creyó que hubiese quien la imagi-
263 —
nase. 1 Inca con un semblante displicente y airado le dijo:
«Hasta este instante creí que mi vasallo Ollantay cra un hom-
bre de sana razon y de rectas y justas intenciones; nunca me
persuadí que fuese capaz él ni otro alguno del sacrílego delito
que ha propalado contra Dios, contra mi Real persona, contri
la diversidad de mi sangre y contra la mas sagrada é inviola-
ble ley que ha establecido mi Padre el Sol y han guardado
lodos los Incas sus hijos: sin duda has perdido la razon, pues
que has imaginado lo que acabas de espresar, porque de otro
modo, dime, atrevido ¿has olvidado que Ja exaltación en que se
ha puesto tu casa y tu persona, ni.es tanto mérilo vuestro,
cuanto dignacion de vuestros Reyes, y que aun cuando pudiese
ser mayor y mas esclarecido, jamás podrá sacarse de la clase
de un vasallo, de ta de un puro hombre, y la de la impoten-
cla absoluta de aspirar al sacrilego atentado de divinizar tu
sangre, como lo has propuesto pidiendo la mano de una hija
mia legítima, cosa que ni el mismo Dios mi Padre puede
concederla, por la divinidad de su naturaleza? “Tú te has hecho
un delincuente con semejante alentado y muy pronto juzgare
con mi consejo, el grado en que has quebrantado la ley, para
que seas corregido; entre tanto suspenso de tus honores, debe-
rás conservarte en esta corte, sin poder salir de ella hasta
nueva órden.» ll Inca no admitió mas contestacion de Ollantay,
y hallándose avanzado el dia y él aprestado para marchar,
ordenó lo verilicase y se retiró del campo.: Un acontecimiento
lan público, le hizo en el acto conecbir el designio de revelar-
se en sus estados y coronar su testa con igual Llarudlo al que
llevaba el Inca. Se retiró á su casa preocupado de una idea
desesperada y de los medios que tomaria para realizarla. No
dudaba que en el concejo en que se iba á tratar de su causa,
pudiese el Inca ser informado de su delincuente conducta que
precisamente le habia de costar la vida. Resolvió pues fugar
aquella misma noche, y esperando la hora que le pareció mas
oportuna lo verificó, dirigiéndose por el camino de Chinchaisuyo
que era el que habia tomado el ejército, con el objeto de al-
canzar muy luego el tercio de sus tropas. ln cuanto se reunió
á ellas, convocó á sus capitanes, y aparentando aun mas de-
sesperacion de la que llevaba, les figuró «que el estado y cir-
eunstancias en que lo veian, dominaba del desaire con que el
Inca habia determinado rebajar los privilegios de los andis,
negándoles, no solamente la clase de antigúecdad que por inme-
motrial derecho habian obtenido en todas las campañas, sino
que habia resuelto disolver el cuerpo y repartirlo entre los
z == AN =
demás, á las órdenes de los otros generales, quitándole 4 él el
mando y proteccion de su propia gente; injusticia que no habia
podido sufrir en cel tierno cariño que les profesaba y que en
semejante cireunstancia habia determinado preferir, mas bien
una desastrada suerte, dirigiéndose fugitivo, solo y errante á
lo otra parte de la Cordillera de los antis, entre los bárbaros
que allí habitaban, como lo habian hecho en otro tiempo hom-
bres tan grandes condecorados como él; que no podia presen-
ciar una degradacion tan vergonzosa de sus amados súbditos,
que esta determinacion la ibaá practicar en aquel mismo acto,
y que solo los habia reunido para despedirse tiernamente de
ellos para siempre, y para que en su nombre lo hiciesen de la
tropa. Semejante noticia alteró con estremo á los reunidos, y
protestaron inmediatamente á su general que el negocio era de.
comun interés, y que por lo mismo su suerte deberia ser igual,
que dispusicse de ellos y de las tropas de su cargo, del modo
que le pareciese conveniente,
Viendo el general Ollantay logrado su intento, mandó que
prontamente y con el mayor sigilo se aprestase la division y
se pusiese en marcha desviándose del camino real que llevaba,
y tomando la direccion de su capital de Tampu; que esto se
practicase con tal diligencia que pudiese tomarles el dia ya
sobre las inmediaciones de aquel pueblo que lo tenian bien
próximo. Todo se ejecutó exactamente y puestos en él, habló
el general á toda la tropa en los mismos términos que lo habia
hecho con sus capitanes, agregando que la determinacion que
se habia tomado y cumplido, que cra preciso sostenerla á toda
costa, no escusando los mayores sacrilicios para ello, y para
eludir la indignacion del Inca muy pronto resultara que
la ventajosa localidad de su lerreno proporcionaba una defensa
insuperable á los enemigos, y que así era preciso forlilicarlo
muy pronto en los desfiladeros de sus entradas y salidas, que
cuando por último no fuese bastante toda precaucion y esfuerzo
se encaminarian á los antés ulteriores de la cordillera, buscan-
do su libertad y sosteniendo su honor, como Jo habian hecho
los valerosos generales de los Chancas y Aneubuallo y Huaraceú
en el reinado del Inca Viracocha.
Del modo dicho quedó establecida la revelion de Ollantay, y
la tradicion no espresa si prontamente y como era regular,
cayó sobre él el mismo ejército que salia en marcha, dirigido
por el rumbo de Chinchaisuyo. Lo que no tiene duda, es que la
revelion se sostuvo algunos años, cuando dió tiempo á formar
las fortificaciones «que existen, y cuando fué preciso todo el
— 265 —
ardid de que se valió el general Rumiñabui para subyugarlo.
El doctor don Antonio Valdes, en su tragedia dá el nombre
de Cuei Ceoyllor á la Nusta de los amores del general Ollantay,
y asegura que luvieron una hija llamada Ima Sumac.
El que escribe dará razon del desenlace de la tragedia que se
le atribuye al doctor don Antonio Valdés, cura que fué de Tinta
V Siquani. liste celoso y virtuoso párroco, fué muy amante de
su patria y sentia en grando manera las desgracias del Perú,
amaba con ternura á la descendencia de la sangre Real, á
quienes él conoció y fué amigo íntimo del que escribe; con
esta ocasion le preguntó sobre la verdad de su tragedia, y le
dijo que en ella, mas habia escrito como poeta que como his-
toriador, por esta razon, al fin de esta dará alguna luz, del
que oyó á sus padres, el que escribe.
SEGUNDO
Carácter y empleos del general Rumiñahui: ardid de herdica fidelidad
con que subyugó a Ollantay
Rumiñialue, contemporáneo del general Ollantay, tuvo en el
Imperio de los Incas el mismo rango y empleos que éste, pues
fué general y presidente del rumbo de Ccollasuyo, cuya vasta
estension se ha expresado.
Por dicho principio debió descender de algunos de los gran-
des Curacas del Collao, pues en el gobierno de los Incas jamás
se daban los empleos y mandos de un departamento á indiví-
duos de otro, por meritorio que fuese, á menos de ser de los
de la sangre Real. Residia con la Corte, y como general de
division marchaba con el ejército de Ceollasuyo de que se ha
hablado, y por consiguiente presenció los acontecimientos del
general Ollantay, y sin duda debió de ser uno de los que lo
hubiesen atacado en su fortaleza en el liempo que se mantuvo
en ella. No podia sobrellevar ni avenirse con semejante infide-
lidad al Inca. legítimo, ni la emulacion simulada que siempre
reina entre personajes de igual rango, le hacia soportable la
vista de una nueva testa coronada que tan poco antes habia
sido un compañero suyo, y tan vasallo como él. Luchando su
imaginacion con esta idea y con el árbitro de que podia valerse
para destronar aquel nuevo Rey, sin que-fuesen capaces de
penetrarse sus planes, no halló otro que el de hacerse delin-
cuente de uno de los mas sacrílegos delitos que podia come-
terse en aquella gentilidad, y de que jamás se habia dado
Tomo V. 27
O o
ejemplar. Sin comunicar á nadie su pensamiento resuelve una
noche escalar los muros del monasterio de las 4Acllas y se in-
troduce en él: la vista de un hombre entre aquellas vírgenes,
causa tal conmocion y alarido dentro de la casa, que los cla-
mores resuenan al público y llegan á oidos del Inca. Un hecho
tan inaudito lleva á toda la Corte á las puertas de la clausura,
y cuánto se aumenta el asombro y espanto, al ver que el agre-
sor era el general Rumiñahur. lil Rey abismado de un suceso
tan sensible en una persona á quien tanto amaba, cuyo mérito
era de los mayores, y con cuyas aptitudes contaba, no menos
que para subyugar al rebelde de Tampu, lloraba tan grande
desgracia, pues debia ser de muy graves consecuencias, con-
trapesaba la necesidad que tenia su corona del general Rumi-
ñahad, y por otra parte veia la formidable ley que habia infrin-
gido y que hasta entonces se conservó estampada en sus quicios,
sin creerse que hubiese persona capaz de quebrantarla.
La vindicta pública, el carácter inviolable de los Incas por
punto de justicia todo lo cxigia, el que el general delincuente
fuese tratado con todo el rigor y clase de un enorme delito.
Resuelve su estrecha captura, espuesto en la cárcel pública,
con la guardia correspondiente, y en la prision del lZluco que
es la mas segura, que aun hasta el dia la usan los indios, y
luego se procedió al conocimiento de su causa. Un suceso tan
ruidoso se divulgó rápidamente por todo el Reino y lo supo
muy pronto el mismo Ollantay. Todos tenian fijada su atencion
en las resultas de la causa de Rumiñahui, mas este guardaba
un profundo silencio, hasta que concibió que el estado del pro-
ceso habia manifestado su comportacion entre las Acllas en el
corto tiempo que estuvo con ellas. Entonces hizo una repre-
sentacion al Inca, espresándole que en la espantosa habitacion
de su calabozo le habia hablado el Pachacamac en materias
muy graves y conducentes á su vindicacion y al bien del Im-
perio, que era preciso las supiese su Majestad sin pérdida de
instante, y que para ello le concediese una audiencia reserva-
da. Il Inca consultó esta solicitud con el Villahumo ó sumo
sacerdote, y con su consejo, y como la proposicion suministra-
ba tanto aparato de importancia y al mismo tiempo se funda-
ba en revelacion ó supersticion que operaba demasiado en el
ánimo de aquellos gentiles, se resolvió fuese permitida la
audiencia en los términos que la pedia el preso. Con todo el
aparato y rigor de-su prision fué conducido al palacio y pre-
sentado al Inca, á quien fué muy dolorosa su vista, y retira-
dos á donde no pudiesen ser oidos, le dijo: /ncallay (mi venerado)
— 267 —
Rey, has creido tal vez que tu amado y favorecido general Rúu-
miñalaud ha desmerecido tu paternal proteccion y ha cometido
el execrable delito de que se halla acusado. La prision que me
oprime y el deshonor con que me hallo, no labran tanto en
mi ánimo cuanto la consideracion de tener afligido y conster-
nado tu amoroso y real ánimo. No señor, no es asi: Rumiña-
hai cs el mismo en su acrisolado honor, y el estado en que lo
ves es electo del amor á tu real persona, de la fidelidad que
eternamente te prolesara y de los deberes del alto carácter en
que le has constituido. Ll atentado cometido por el soberbio
Ollantay lva sido el objeto de mis miras, pues no pudiendo su-
lrir mi lealtad el ultraje que aquel ha hecho á tu, corona, bus-
caba en mi imaginacion los medios de castigarlo y cortar el
vuelo á su orgullo, guardaba en mi corazon estas honradas
ideas, y al fin resolví para lograrlas practicar un hecho como
el que se ha visto, que al mismo tiempo que resonare en todo
tu Imperio por singular y enorme, sin «quebrantar el espíritu
de la formidable Ley que lo preveia, me diese la denominacion
de un sacrílego criminal hasta su tiempo. Mi entrada en el
convento de las 4cllas será la caida de aquel traidor, yo le
protesto y sabré cumplirlo rindiéndolo á tus piés. ¿«Cómo puede
ser eso, le contestó el Inca, cuando tu violacion de la casa de
las Vírgenes, ninguna conexion puede tener con la revelion
de Ollantay, v por otra parte, tu delito irá irremediablemente ú
dar fin con tu existencia por una Ley irrevocable? «Señor, le
respondió, esa ley irrevocable es justamente para el que que-
branta su espíritu y fin benéfico á la sociedad. Yo me hallo
en ese caso: Revisa nuestros qguipos y Legislacion, verás cn
ellos que está impuesta para el violador de las vírgenes dedi-
cadas ú Dios. Jamás cometeré semejante atentado. He entrado
materialmente á su residencia y no me he atrevido ni aun á
tocar su ropa (el estado del proceso lo habia acreditado bien).
No por esto diré que estoy indemne de toda culpa, pues conoz-
co que lo es, la de haber quebrantado la clausura y dado esle
escandaloso ejemplo: bajo este conocimiento he obrado y es el
medio que me propuse para cumplir mis fieles designios en su
servicio: mi delito no es de muerte, tú Señor lo podrás calcu-
lar y tambien tu concejo, que debo tener correccion y que esla
exige que sea espectable para la vindicacion de la Ley y para
mis propias miras. No lograré volverte á hablar con igual re-
serva, y así te pido dos cosas: una que tralándome en el juicio
público con el mayor rigor y aun crueldad, hagas que se me
azole por final sentencia, pero de tal modo que cause compa-
— 268 —
sion al mas insensible, y la otra que cuando yo te despache
un quipu desde Tampu, á donde de resultas iré á parar, pro-
cures cumplirlo con la mayor exactitud: Esto importa á tu
corona y al cumplimiento de mi palabra que vuelvo á ratifi-
carlo.»
Concluida la audiencia reservada volvió ásu prision y admi-
rado y aun agradecido el Inca de un ardid simulado á tanta
costa, lo oculta con profunda reserva, ordenando se abreviase
la causa para su sentencia.
lFijóse al fin el dia de darla y puesto el Inca con su con-
cejo en pública corte, se mandó traer al reo para oirle, si le
quedaba algo que decir; fué este un acto demasiado imponente
al ver á un general como Rumiñalad rodeado de tropas, enllu-
cado y tratado como el mas atróz delincuente. Se le relacionó
el proceso y se le hizo ver que habia quebrantado la Ley Sa-
grada que sanciónó el Inca Roeca y por consiguiente merecia
la muerte; que si le quedaba algo que esponer lo hiciese en
aquel mismo acto.
Rumiñahui dirigiendo la palabra al Rey le dijo: «Señor, antes
de ahora en audiencia privada he descargado el crimen que se
me imputa. Tu abuelo el gran Inca Rocca sancionó una Ley
Santa y muy justa: Yo no la he quebrantado. Il Espíritu y
muerte de su tenor es el de enterrar viva á la aclla que delin-
quiera contra su virginidad, y el de borrar hasta de la memo-
ria de los vivientes al cómplice de semejante delito, con cuanto
le pertenezca. Léase la ley y se verá que es así: sobre cuyo
supuesto, dígase cual es la aclla mi cómplice, para que sea
enterrada viva, y para que en su virtud se cumpla en mí esa
muerte atroz que me correspondia por haberla violado. Yo he
hollado, es verdad, un suelo sagrado, mas en ello no he lleva-
do mas mira que la de adquirir una memoria inmortal en
nuestros anales, que relataran perpétuamente mi nombre, pero
dirán al mismo tiempo la moderacion de mi hecho. Esto no
ha pasado de la esfera de un acto material, ó el mismo que se
verifica por un ave ú otro animal que pise aquel terreno; mas
supongamos que yo he quebrantado todo el Espíritu de la Ley
del Inca Rocca. Este legislador fué un Emperador como tú, y
en el caso presente tendria demasiada consideracion á los par-
ticulares servicios de un general que, como yo, los ha practicado
por tu corona. ¿Podrás olvidar señor, que he sido tu compañe-
ro fiel en todas las conquistas de tu reinado, y que mis brazos,
como los que más, han agregado á tu Imperio, y te han hecho
dueño de las inmensas Provincias de Huacrachuco, Huanoco,
— 269 —
Huanca Villea, Quito y otras muchas que tú sabes y escuso nom-
brar? No te acuerdas las veces que en Chachapoyas á Lu propia
vista me precipité por barrancos y despeñaderos con las tropas
de mi mando, para seguir las marchas y vencer al enemigo?
¿Podrás olvidar digo, el que fuí yo, el que atrevido atravesó la
apacheta de Chirmac Ccacea en que quedaban cuajados de hielo
nuestros bravos soldados, y que en todos estos é iguales con-
flictos fuí el alivio de tus cuidados? No parece señor que fuera
posible semejante cosa en tu real ánimo, ni menos el que un
vasallo como vo, aun cuando fuese delincuente no mereciera
el sacrificio de tu pribativa facultad para innovar ó suspender
las leyes. Pero señor, ni pido tanto, ni creo que mi causa lo
exije. Tú me ¡juzgas, y esto basta para saber que observas
como juez recto y como padre piadoso». Ll razonamiento de
Rumiñahui mereció consideracion á la Corte, y Juego se trató
de la sentencia. 1ól Inca oido su concejo resolvió que fuese
degradado de sus honores y rigurosamente azotado en plaza
pública, por haber violado la sagrada clausura de las vírgenes,
aun cuando no hubiese incurrido rigurosamente en la ley del
Inca Rocca. Se practicó la sentencia con asombro de la Corte,
y quedó Rumiñahui en el estado deplorable que se habia pro-
puesto y deseaba. Muy luego procuró este general aparentar
fuga y dirigirse á Tampu, sin mas compañia que la de un in-
diecillo de su confianza y servicio que llevaba como de lazarillo
en su estado deplorable. Llegó asido de él al sitio y garita del
primer centinela de la fortaleza, y le dijo «que avisase al Rey
que estaba á sus puertas, y buscando su clemencia el hombre
mas desgraciado entre los vivientes; que le pedia y esperaba
¡a hospitalidad que todos le negaban en el distrito del Ccoscó.
Impuesto Ollantay de este mensaje, mandó preguntarle quién
era, á lo que respondió que el infeliz y mal pagado Rumiñahui,
su antiguo compañero de armas, de cuya desdicha y fatalidad
lo suponia ya impuesto. Ollantay entró en recelos de semejante
huésped, pues conocia sus grandes talentos y política, pero
por otra parte deseaba ver por si mismo este espectáculo que
ya habia llegado á sus oidos, y lo exageraban los suyos. Or-
denó «que vendado y con las mayores precauciones se lo pre-
sentasen. Puesto en su presencia le dijo: «Señor, el espectáculo
que en mi vés, es una nueva prueba de la crueldad y despo-
lismo del Zaca Tupac Yupanqui, en cuyo corazon no merecen
aprecio ni la clase de los servicios, ni las distinciones con que
dota al hombre la naturaleza y lo condecora el Estado. Tú y
yó haremos ya en el Imperio una prueba evidente de esta
— 270 —
verdad, pero con muy distinta suerte. La justa brillantez de la
tuya y el abatimiento de la mia, llamará siempre en nuestros
anales la atencion de los hombres, y tanto mas exaltado será
entre ellos tu nombre, si agregas á tu fama el timbre de la
hospitalidad en un infeliz que ha tenido el honor de ser lu
compañero y como tal busca tu piedad en el vituperable aban-
dono en que se halla»; y Ollantay lisonjeado de estas espresio-
nes, mandó se le pusiese en una habitacion bien segura y en
ella se le asistiese con toda precaucion. Continuó en este esta-
do por algun tiempo, haciendo frecuentes demostraciones de
agradecimiento á la caridad que debia. Pidió al Rey, al cabo
de algunos dias, le permitiese tomar algunas horas de sol por
la falta que hacia á su destrozada naturaleza. Se le concedió
con centinela de vista, y al disfrutar esta franquicia se mos-
traba tan celoso en el cumplimiento de las del Rey, que las
mas veces apuraba al carcelero ú que le volviese á la prision,
porque suponia cumplido el justo tiempo del permiso. listas y
semejantes pruebas que procuraba dar de exactitud y obedien-
cia le fueron adquiriendo la conflanza general, y desde que se
vió con este paso adelantado, mandó decir al Rey que deseaba
darle una ligera prueba de gratitud y reconocimiento á sus
muchos beneficios, que enseñaria á diez muchachos el manejo
de armas segun la nueva táctica que habia inventado en el
servicio del Inca del Cuzco, y si merecia la aprobacion de su
majestad seria para él de un placer indecible. Ollantay «que le
parecia no encontrar consecuencia alguna en este ridículo y pue-
ril acto, se lo concedió. Al cabo de breves dias de unu contraida
enseñanza, pidió al Rey que se dignase verlos maniobrar, y
encontrando en ellos una destreza ventajosa, se propuso desde
luego mandar hacer general entre sus tropas aquella nueva
táctica. Llamó 4 Rumiñalaa, le manifestó su complacencia y le
ordenó que disciplinase en iguales términos una compañia de
soldados. Hizose con la mayor contraccion y las resultas fueron
ir captando de tal modo con el tiempo la voluntad de Ollantay,
que progresivamente le fueron encargadas iguales comisiones,
hasta que logró apoderarse “de la voluntad del Rey y de su
fuerza armada.
Nada obraba ya Ollantay, que no fuese acordado con Rumi-
ñahuz, fortificaciones, plazas militares y gubierno político, en
todo tenia el primer influjo y direccion.
Sobre este pié llegó el caso de que se realizase el matrimo-
nio de una Infanta que amaba mucho Ollantay. Convinó con
su privado, en el tiempo y solemnidades con que debia hacerse,
— 271 —
y prefijando todo se aprestaban unas fiestas de gran aparato,
bajo la direccion de aquel.
Hacía tiempo que Rumiñahui habia entablado salir todas
las tardes de paseo con su indiecillo por las márgenes del río
de Fucay, por rumbos distintos y fuera de murallas. lísta cos-
tumbre, que era para él estudiosa, no causaba ya novedad ni al
Rey ni á la Corte. Se acercaba el plazo de las bodas de la In-
fanta, y como era la estacion que veía como única y la mas
aparente para realizar el plan que tanto le habia costado, for-
mó con la mayor reserva el guipu que en la audiencia privada
ofreció al Inca, y en él le espuso el dia que principiarian las
fiestas, la mucha embriaguez que en ellos habria, el número
de ejército con que debia venir en persona á atacar la plaza,
el sitio por donde debia de estrecharlos mas; que debia entrar
por los altos de Lares para escusar las forlificaciones de las
emboscadas del rio, que precisamente habia de traer consigo
la division de los Sinchis, porque sin el vigor de esta valerosa
tropa no podia tomar el pueblo, ni vencer los esfuerzos que
él emplearía en defenderla.
Salió con el indiccillo al acostumbrado pasco en que pro-
curó alargarse, cuanto le pareció bastante para poner en salvo
el despacho de este con el quipu que le entregó, encarecién-
dole la diligencia con que debia ponerse en el Cuzco, y entre-
garle en mano propia el Inca. Todo le salió á medida de su
deseo, pues habiendo regresado á su casa y aparentando grave
disgusto al echar menos al paje, mando en diligencia alcances
de él, las que precisamente fueron en vano por la delantera
que llevaba. :
Nada de todo esto dió sospechas á Ollantay, tal era la con-
fianza que tenia en su enemigo oculto. Al fin, el dia de las
bodas le hizo presente al Rey que era preciso tomar las pre-
cauciones debidas para evitar cualquiera sorpresa de un enemigo
astuto como el Inca del Ccoseco, y que aunque no habia un
motivo positivo de recelo, con todo le parecia conveniente el
que en los dias de la solemnidad se conservase la mitad de la
fuerza militar sobre las armas cubriendo puestos y que la olra
mitad disfrutase de las diversiones y placeres, llevando esta
alternativa, y que por su parte vigilaria con esmero en la segu-
ridad y buen órden de la plaza, con cuya satisfaccion podria
su magestad descuidarse y entregarse á la complacencia.
Todo lo dió Ollantay por bien acordado, y cuando creia
hallarse disfrutando de los placeres mas halagúeños del festin,
recibe la noticia de la aproximacion del ejército del Inca por
— 212 —
la parte de Lares y que se desplegaban sobre el pueblo los
batallones enemigos con el mayor órden. Todo se convirtió en
confusion y'alarido. Ocurre Ollantay en su conflicto ú Ru-
miñahaur que verdaderamente era un Argos en atender y
sostener todos los puntos del ataque. La vista de su activi-
dad y rápidas providencias aumentaban por instantes el agra-
decimiento de aquel infeliz. Se sostenia la plaza con el mayor
vigor, y el ejército del Cecoseco casi perdia la esperanza de
tomarla. El Inca corre en persona á su línea y habla á los
Sinchis con energía, recomendándoles su acreditado honor y
fama. Estos hacen el último esfuerzo, al que no pudiendo resis-
tir los sitiados se ven precisados á abandonar al fin sus pose-
siones, y dejar entrar triunfante al Inca en el pueblo. Ollantay
desesperado y perdido, intenta dirijirse al Rio, y botarse á sus
corrientes, mas Rumiñahui que no lo perdia de vista, luego
que advirtió la aproximacion de la anda de oro en que venia
el Emperador, apechugó al rebelde de Tampu, y llevando á su
presencia, le dijo: Llegó el momento en que el general Rumi-
ñahui cumpla su palabra rindiendo á vuestros piés al traidor
Ollantay segun os lo habia ofrecido, como tambien el dia en
que el Imperio todo, sepan que mi entrada en el convento de
las acllas de nuestra córte no tuvo mas objeto que el de lograr
este designio. No le queda que descar á mi fidelidad para con
vuestra Real persona, ni á mi honor y fama el grado elevado
que merece la degradacion afrentosa de mis honores y la
pública infamia porque se me ha visto pasar; lo cual unido á
la sin ejemplar firmeza que he acreditado, serán timbre de mi
nombre en todos los siglos, y para todos los generales y gran-
des del imperio un modelo de heróica constancia y fidelidad.
Así fenece la tradicion, sin expresar, ni el premio que dió
el Inca á Rumiñahui, ni el castigo de Ollantay.
El doctor Valdés, en su tragedia, le dá el desenlace de
haber concedido el Rey la mano de Cusi Ceoyllor al traidor, y
exaltádolo á la clase de Teniente suyo por. sus ausencias de la
corte. Tampoco dice cosa alguna de la remuneracion que debió
hacer á RRumiñala. La conteste narracion de los historiadores
del Reino sobre la inviolable justificacion del Gobierno de los
Incas, nos obliga á creer que el delito de Ollantay no quedaría
impune, ni tampoco sin recompensa el heroismo de Rumi-
ñahui. La comportacion de estos dos hombres entre sí, la dis-
cernirá el lector: hasta aquí el Museo erudito.
— 2138 —
ADVERTENCIA DEL QUE ESCRIBE
El doctor Palacios, que con su acreditado patriotismo pro-
curó indagar las antigúallas de nuestra tierra, no pudo saber
á punto fijo sobre la suerte futura de estos dos grandes gene-
rales Ollantay y Rumiñalvui, porque en su último capítulo de
su Museo erudito dice: que sin duda alguna el rebelde sería
castigado, y el fiel premiado, segun era la justificacion de los
Soberanos Incas.
Al doctor Palacios no se le ocurrió preguntar al que escribe,
que á hacerlo, le hubiera sacado de la duda, como ya lo habia
hecho otra vez, sobre un error cometido en el museo número
segundo acerca del l:mperador Viracocha, escarbadas sus res-
petables cenizas por Gonzalo Pizarro en las pampas de Jaja-
huana como lo dirá el remitido al fin de esta advertencia.
Sabida cosa es que con la entrada de los españoles al Impe-
rio, y principalmente á la córte de los Soberanos Incas, se
acabaron los anales ó qguipus por descuido ó malicia, y solo
quedaron las tradiciones de las cosas principales entre la familia
real de la que quedaron muchos, y aun al presente todavía hay
algunos, y siendo el que escribe de esta clase, oyó ú sus mayo-
res acerca de la materia presente, y es como se dice.
Que habiendo caido en la criminal desgracia la princesa
Cosi ccoyllor con el general Ollantay por tiempo de su padre
Tupac Yupanqui por cuyo rigor atentó Ollantay á rebelarse y
titularse Rey en el distrito de Antisuyo y su capital Tampu,
que duró por algunos años, y por el mismo hecho fué llevada
Coci ccoyllor presa al convento de las Acllas, y despues de algu-
nos años. habiéndose rendido ó caido prisionero Ollantay por
las astucias del general Rumiñahui, en tiempo ya del Gran
Tupac Inca Yupanqui hermano legítimo de la princesa, fué pre-
ciso que el hermano hiciese calmar el rigor del padre, y por
otra parte convenia mucho para la tranquilidad del reino que
la princesa fuese perdonada, y el mismo Ollantay,
Las razones que motivaron fueron las siguientes: se hallaba
el actual Soberano en guerra con las naciones belicosas de
Chinchaisuyo, y tenia necesidad de generales expertos, como
Ollantay y Rumiñahui, y así su fina política le exijió perdonar
al uno y premiar al otro. Además, Ollantay en su nuevo reino,
Tomo V. 28
— 274 —
habia creado algunos generales de sus parientes mas inmedia-
tos y de los grandes curacas, como fueron Orccohuarancca y
otros. Por otra parte, quiso uniformar con ritos y ceremonias
su vana religion, á las que se acostumbraban en el Cuzco, y
para el efecto instituyó sumo sacerdote y ministros inferiores:
todos estos estaban gustosos con sus empleos, cuando cayó
prisionero el rey Ollantay, y es de consecuencia precisa que se
hallasen descontentos estos nuevos agraciados, y aun esperan-
do ocasion para hacer una nueva reaccion. Estas ocurrencias
no se le ocultaban al Soberano, y era de necesidad echar una
ley de olvido para que no quedasen enemigos en la rclaguat-
dia. Por último, Ollantay se casó con la princesa, en quien
habia tenido ya una hija llamada Ima Sumac, y Rumiñahur fué
el privado del Soberano y general de su mayor satisfaccion.
Esta política del Inca no carecia de ejemplo, pues se habia
visto en el imperio otro semejante. Ancco Alto se habia revelado
con cuarenta mil de los de Antahuayllas contra su legítimo So-
berano Yahuar Huaccac, éste cobardemente habia desamparado
su capital y córte el Cuzco: mas el príncipe Viracocha saliendo
de los campos de Chita donde se hallaba desterrado, defendió
los derechos de la corona á costa de sus fatigas y ariddes;
logró derrotarlo completamente al rebelde, y habiendo caido
éste prisionero, el príncipe generoso, no solamente le perdonó,
sinó que lo restituyó á su antiguo gobierno, y solo se contentó
en llevar á la córte á su hijo, para que al abrigo de su prín-
cipe fuese educado y al mismo paso agradecido, y fiel 4 los
beneficios de su bienhechor. Quién sabe si este ejemplo pusie-
ron los señores de la córte á la vista del Soberano, para que
la princesa y Ollantay fuesen perdonados.
— 215 —
ARTÍCULO REMITIDO
Señores editores: He visto en el número segundo del Museo
Irudito, una advertencia en que se dice: que Francisco Carba-
jal y su amigo Gonzalo Pizarro, atormentaron á muchos indios
desgraciados, á fin de que les descubriesen el sepulcro del
Inca Viracocha, en que se decia haber muchas. Que lo encon-
traron en el valle de Jajahuana, seis leguas distante del Cuzco,
y que no contentos con saciar su codicia despojándolo de sus
riquezas, quemaron el cadáver de aquel monarca y dispersaron
sus respetables cenizas. Juzgo que ú Vds. les han adminis-
trado noticias equivocadas, pues es constante que con la entrada
de los españoles al imperio y principalmente á la córte de los
soberanos del Perú, los archivos ó los qquipus desaparecieron
todos, pero que entre los de la familia real de la que queda-
ron muchos, se procuraron conservar las noticias mas impor-
tantes mediante tradicion. ln prueba de esto haré una ligera
disgresion: mis padres fallecieron dejándome en tierna edad y
quedé al abrigo de dos abuelas mias, la una la ccoya doña
María Titu Atauchi, Auqui Huaman, viuda de don Nicolás
Apu Sahuaraura Inca, mi abuelo paterno cacique de sangre en
la parroquia de Santiago de esta ciudad, mayor en el batallon
de Nobles Patricios del Cuzco, comisario general y uno de los
vete y cuatro electores de alférez, y Bandera rcal; y Ja otra
la ccoya doña Melchora Yadurac de Arisa Titu Conemayta,
casica de sangre en el pueblo de Oropesa, viuda del inca don
José Bustinsa Cusipaucar maita, así mismo mi abuelo materno,
y dos tios sacerdotes el Dr. D. José Apu Sahuaraura Inca,
cura inter en Asillo y el Dr. D. Fernando Titu Atauchi, cura
propio en Unrachiri. Hago esta breve relacion para volver á
decir que las tradiciones antiguas se conservaban entre los de
la familia real y como estas ccoyas é Incas lo eran, sus con-
versaciones nocturnas cuando se reunian entre los suyos las
mas veces eran sobre las heróicas acciones de sus abuelos los
soberanos, sobre sus virtudes y conquistas y sobre la ruina
del imperio. Para este “acto nos llamaban á tres niños, que
¿ramos mi hermano, un primo mio y yo. In una ocasion de
éstas, segun me acuerdo, hablando del emperador Veracocha
Inca, decian que Garcilaso se habia engañado, cuando creyó
— 276 —
que este soberano siendo príncipe, era muy altivo, que lo que
parecia altivez mas bien era señal de un corazon nada comun,
como lo manifestó en sus acciones posteriores. Alababan esa su
pronta resolucion, á tomar con tanto calor la demanda de la res-
tauracion del imperio, ya casi sumergido por la cobardía de su
padre. Admiraban y casi no hallaban espresiones para poner en el
último grado de grandeza, haber perdonado á su rebelde Ancco-
hallo; ponderaban la liberalidad con que le restituyó á su antiguo
gobierno ó señorío de Antahuayllas, la sensibilidad de su cora-
zon cuando hizo curar el mismo á los enfermos ó heridos, el
buen trato á los prisioneros; la gratificación ú los que fueron
sus compañeros en la gloriosa jornada; la sabiduría de sus
órdenes para la tranquilidad del reino que la revolucion habia
puesto ya en grandes movimientos, y en fin, la veneracion de
su religion y sacerdotes particularmente, cuando despues de la
accion visitó el templo de su padre el Sol y la casa de las
vírgenes escogidas.
Así concluia la conversacion de mis mayores, los que pa-
sados los momentos de admiracion, se entregaban al llanto,
considerando las antiguas grandezas y puestas las manos en
sus mejillas decian, «nuestros abuelos sabian usar de generosi-
dad con sus rebeldes, pero estos forasteros por qué nos per-
siguen, sin haber culpa de nuestra parte? Al fin los nuestros
eran soberanos, miraban á sus vasallos como á pedazos de
sus corazones; mas estos codiciosos y sedientos de oro y plata,
cómo podrán tenernos compasion? Listas espresiones las oí en
mi tierna edad.
Contrayéndome al punto principal de mi remitido, debo
decir: Un soberano tan grande, que fué la admiracion de sus
vasallos, que tocó al grado de adoracion por la aparicion del
fantasma en Chita y la victoria ganada á sus rebeldes Chan-
cas mediante sus promesas, con las circunstancias que admira
al que con atencion lee la historia, habian de haber enterrado
en las pampas de Jajaltiana, donde no se encuentran ni vesti-
tigios de templo antiguo alguno. de adoratorio, pirámides ni
cosa que valga? Los vasallos (que miraban á sus soberanos
O
como á hijos del Sol, divinidad que adoraban, habian de haber
volado á unas pampas desiertas ese cadúver sagrado que por
tal Jo tenian?
Mas en la conversacion decian mis referidos abuelos que
los cadáveres de los soberanos, despues de haber sacado sus
intestinos y embalsamados con el sumo de algunas hierbas
odoríferas que ellos conocian, eran llevados al Cerro de Sacha-
lusan, que está al oriente de la ciudad, para que con el frio se
secasen de tal suerte que pareciesen vivos; hecha esta diligen-
cia eran llevados al templo del Sol, donde eran colocados segun
su antigúedad en asientos de oro. sta misma tradicion con
poca diferencia la trac Garcilaso, con solo el agregado de que
les ponian vetun, mas no dice él cómo.
lis verdad que en las pampas de Jajahuana fueron decapi-
tados el conquistador Gonzalo Pizarro y el industrioso y valiente
Francisco Carbajal, con muerte afrentosa y escandalosa, pues
pidió limosna para su mortaja y entierro; mas Pizarro fué se-
pultado en la capilla de la iglesia de la Merced de esta ciudad,
con sus vestidos, sin mortaja, en el mismo lugar donde esta-
ban onterrados los cuerpos de los dos Almagros, padre 6 hijo.
Cosa misteriosa parece que ni terreno se hubiese encontrado,
para que descansasen aquellos cuerpos invasores de un impe-
rio tan vasto. Francisco Pizarro, gefe principal, fué muerto á
puñaladas en Lima por los de su nacion, y sepultado sin mor-
taja por pobre. Juan Pizarro, muerto de una pedrada en Sacsa-
huaman y sepultado sin ninguna ceremonia de la iglesia. Y
Iernando Pizarro, desterrado ú España por veinte años y
comido de la necesidad. Llegando á considerar el fin trágico
de estos hombres los dos incas sacerdotes decian, «justo cas-
tigo del cielo, pues llevados de la codicia del oro y de la plata,
degollaron á su soberano con pretextos frívolos y despues de
haberle robado todo el oro del rescate, faltando á su palabra y
promesas, hicieron correr rios de sangre por buscar oro, le
consiguieron con abundancia, aunque para provecho de otros,
pues murieron pobres y afrentados á manos de sus mismos
paisanos»; así concluian su conversacion.
— 218 —
En la guerra de Jajahuana, el primero que se pasó al
bando del licenciado Pedro de la Gasca, fué Garcilaso; y en-
tonces, su hijo el historiador, era aun tierno de edad. Cuando
el reino se puso en paz y al cabo de algunos años, pensó óste
en su viaje á Ispaña, y ú este fin pasó á despedirse del corre-
gidor del Guzco, el licenciado Polo Ondegardo, del año de mil
quinientos setenta, éste le abrió un aposento donde le mostró
tres cuerpos de los Reyes Incas y dos de las Reinas, de los
que se decia, el uno era del inca Viracocha, el que tenia la
cabeza blanca como la nieve, el rostro hermoso, las manos
cruzadas y los ojos bajos, como «quien miraba al suelo. Tocó
una mano del emperador Huaynaccapac y le pareció de palo
segun estaba de dura y fuerte. lísto sucedió despues de muchos
anos de la muerte de Pizarro en los campos de Jajahuana;
luego no fué escarbado ni quemado ese” respetable cuerpo.
Item si sus vasallos lo hubiesen enterrado, mas bien lo hu-
bieran llevado al pueblo de Cacha, á donde estaba fabricado
un magnífico templo en honor suyo y para perpótua memoria
de la aparicion del fantasma en las pantas de Chita.
Señores editores :
Tengo derecho para decir con noble orgullo que soy un
antiguo patriota, que supe defender los derechos de mi tierra
con peligro de mi vida y fortuna antes de la suerte de la
patria en los campos de Ayacucho; que supe dar vigor el
ano catorce al sistema de la patria y el veinticuatro al ejér-
cito libertador, supliendo dinero, fierros, comestibles y todos
los artículos que él necesitaba. Por este principio rindo las
eracias á Vds., porque con un amor patrio han tomado un
trabajo tan delicado en la formacion del Museo lórudilo, solo
con el objeto de averiguar las grandezas de nuestra lierra
y la ilustracion de sus habitantes. Aunque en el dia me
— 279 —
considero ya inútil, quisiera sin embargo ayudarles algo cn
sus tarcas dando algunas noticias de nuestras antigúcdades,
no obstante con lo poco que ha quedado en la memoria,
se las administraré á su tiempo como ahora lo hago.
Cuzco, 30 de Mayo de 1837.
Dr. Justo SAHUARAURA ÍNCA.
Mi
SE UM CODO ENE
OBSERVACIONES SOBRE PLANTAS NUEVAS, RARAS Ó
DUDOSAS DE LA PROVINCIA DE CÓRDOBA
POR EL
Dr. FEDERICO KURTZ
Tomo V. 29
TS
0
id
SERTUM CORDOBENSE
OBSERVACIONES SOBRE PLANTAS NUEVAS, RARAS Ó DUDOSAS DE LA
PROVINCIA DE CÓRDOBA
POR EL
DOCTOR FEDERICO KURTZ
Las observaciones siguientes se han acumulado principal-
mente durante la determinacion de una coleccion de plantas,
formada en el Nor-líste de la provincia, especialmente en las
faldas orientales de la cadena («Cuesta de la Yerba buena» en
algunos mapas), que, destacándose de la sierra principal cerca
de Avellaneda, sigue en la direccion N. E. N. hasta adentro
de la Provincia de Santiago del Estero. Otra parte de las plan-
tas aquí tratadas fué recogida en las cercanfas de la Mar
Chiquita.
Las regiones ahora indicadas han proporcionado un número
de especies interesantes, nuevas para la provincia, y algunas
aun desconocidas hasta ahora del continente sud-americano,
que pueden dividirse segun sus relaciones geográficas (para no
decir, segun su orígen) en dos grupos. El primero puede lla-
mavse: plantas transplatenses, y el otro plantas del Golfo (Mexi-
cano). Tipo transplatenses son p. e.: Eugenia cisplatensis, (Ges-
neria tubiflora, Colliguaya brasiliensis, Tragia pinnata. Al segundo
grupo pertenecen: Urtica chamaedryoides, Triodia avenacea, Di-
plachne dubia, Monanthochloé littoralis, Munroa squarrosa (y demás
Seleropogon brevifoliwm Phil., Elionurus candidus Hackel, etc.)
(Sobre estas plantas y algunas otras de la misma categoría
me propongo tratar en un trabajo especial, que vá aparecer
pronto.)
He añadido observaciones sobre plantas de otras partes de
o
la provincia y además he incorporado en esle artículo algunas
notas encontradas en la literatura al respecto.
Como «plantas nuevas» para la provincia, he indicado todas
las especies hasta ahora no representadas en el Museo Botá-
nico de la Universidad de Córdoba; no obstante, cuando se
encontraban mencionadas como existentes en Córdoba en la
literatura (p. e. en las Plantae diaphoricae de Hieronymus).
Las abreviaciones van á entenderse en general sin declara-
cion especial; para indicar las varias provincias de la Repú-
blica se han empleado las mismas letras ya usadas en las
Plantae diaphoricae.
Los números siguiendo al nombre y á los sinónimos de
cada especie, indican las plantas recogidas para mí.
ABREVIACIONES ¿USADAS
DA IR UEnos Ares
daa Se ... Córdoba
a a Catamarca
Mo ARAS. Iintre-Rios
A EE alii e Jujuy
rt aos ds e e dE Mendoza
Dre O a oe Oran
ELE O aaa O e... Patagonia
A a bo ..... La Rioja
a a Ls Ec e ES ala
O oa ts aaa ROS, E Santiago del Listero
A o oo E SAMA
A a la SA SAI IS
* lísta señal indica plantas nuevas para la provincia de
Córdoba.
+ Las especies marcadas de esta manera son nuevas para
la América del Sur.
1 — Berberis ruscifolia Lam. (DC. Prodr. [. p. 106) var. subin-
tegrifolia mihi. 7
Syn. B. heterophylla Hieron. Pl. diaphor. p. 17, non
Sert. patagon. p. 6, N* 6, nec Juss.
La única diferencia palpable, que indica DC. (1. ce. pp. 106
y 108) entre la Berberis ruscifolia Lam. y la B. heterophylla Juss.,
es, que la primera tiene sus flores en racimos, generalmente
umbeliformes («pedunculi apice 4-vel-5 flori»), y que la otra po-
see flores solitarias («pedicellis solitariis 1-floris»). Las hojas de
las dos especies son en general muy semejantes, no obstante,
que se pueden indicar las diferencias siguientes: B. ruscifolia
tiene los nervios mas salientes, especialmente en el lado inferior
de las hojas, los nervios de la B. heterophylla mo salen de la
superficie de las hojas, al contrario son un poco cóncavos en
hojas menores. Además las flores de la B. heterophylla son las
mas grandes de las dos especies.
En el herbario de nuestra Universidad existe un ramo solo,
que corresponde exactamente á la descripcion de DC. y al di-
bujo publicado por W. J. Hooker (líxotic Flora tab. 14) de la
B. heterophylla, y que fué correctamente designado por el doctor
Hieronymus con este nombre (Sertum patagonicum 1. c.).
Todos los otros ejemplares, determinados por el Dr. Hiero-
nymus, como perteneciendo á la mencionada especie, no repre-
sentan mas que una forma de la B. ruscifola.
De esta planta muy variable tenemos en primer lugar las
formas relativamente grandes de las Sierras pampeanas de
Buenos Aires y de las cercanías de Córdoba, que tienen en la
forma y en el tamaño de sus hojas denticuladas alguna seme-
janza con la B. heterophylla, de aquella se distinguen á primera
vista por sus inflorescencias. lístas son racimos, pero durante
la florescencia se presentan generalmente como umbelas esti-
ladas, los internodios del eje del racimo siendo muy reducidos;
mas larde, durante la fructescencia, se alargan los internodios
y asíse revela el carácter del racimo.—Mas arriba, en la Sierra
Achala de Córdoba, aparecen formas mas bajas, que poseen
hojas mas pequeñas, íntegras y acuminadas; muy raras veces
se encuentra uno ú otro diente chico en el márgen. Las flores
de estas formas son tambien colocadas en racimos, pero gene-
ralmente son los ejes de las inflorescencias muy ó completa-
mente reducidas, de manera, que las flores parecen formar
umbelas ó cimas sésiles. No obstante, he observado racimos
bien distintos en estas plantas de la Sierra, que el Dr. Hiero-
— 286 —
nymus ha designado con el nombre de B. heterophylla. Una planta
recogida por el mismo sábio (La Ensenada, Sierra Achala, 13,
14, XI, 1878), representa una forma intermedia entre la forma
típica y la forma serrana, teniendo hojas enteras y hojas den-
ticuladas en sus varios ramos y tambien en el mismo ramo.
_Los caracteres de esta variedad son entonces los siguientes:
Berberis ruscifolia Lam. var. subintegrifolia mihi (B. hete-
rophylla Hieron. 1. c., non Juss.)
Á typo differt statura humiliori graciliorique; foliis elliptisis, mi-
noribus, insigniter mucronatis, margine integerrimo (vel denticulis
lateralíbus perpaucis aucto), revoluto; racemis sepissime rhacheos inter-
nodiis omnibus reductis umbellas sessiles emulantibus.
Adhuc solum in locis editioribus Argentine montium
cordobensium «Sierra Achala» dictorum obvia.
La Berberis ruscifolía Lam. parece ser una planta indígena
de la República Argentina. Se conoce hasta ahora en Buenos
Aires (Sierra Curú-Malal) y en Córdoba, donde se cria frecuen-
temente en las barrancas cerca de Córdoba, y en todas partes
de la Sierra de Córdoba. En ninguna parte se toca su área con
la de la B. heterophylla, que se cria del Rio Santa Cruz al Norte
hasta el Estrecho de Magallanes al Sud, y tambien en Chile,
(J. Ball—Journ. Linn. Soc. Bot. XXI p. 2 i—dice: «its northern
limit is about halfway betwen the Rio Negro and the Chubut».
AREA GEOGRÁFICA: Argentina (C.: Sierra Achala.)
2 — Nasturtium bonariense (Poir.) DC. Prodr. Tp. 138.
Eichler in Flor. brasil. XXXIX. p. 299, tab. 60 fig. 1.
Griseb. Symb. p. 14. Ne 29.
6952. Córdoba; Rio Primero, cerca del Molino Zavalía;
muy escaso entre una abundancia de Nasturtim offici-
nale R. Br.; 1, XI, 1890.
Las plantas de Córdoba corresponden exactamente á la des-
cripcion y al dibujo en la Flora brasiliensis. En Chile no se ha
encontrado esta especie, indicada como indíjena de este país
en la Flor. brasil. (cf. F. Philippi, Catalogus plantar. chilens.
p. 16).
AREA GEOGRÁFICA: licuador, Brasil austral, Argentina (T. C.
E., BA.).
3 — Lesquerella mendocina (Phil.) mihi.
Syn. Vesicaria arctica Hook. (non Richards.) in Bot Mis-
cellany TIL p. 138,
eS
V. andicola Gall. mss. ibid. (sine descriptione); J. Ball
Journ. Linn. Soc. Bot. XXI. p. 212.
V. mendocina Phil.; Linnea XXXIII p. 12. :
V. montevidensis lichl. Fl. brasil. XXXIX. p. 302. tab.
67 fig. 2.—Griseb. Symb. p. 16. No 43.
Lesquerella montevidensis (Lichl.) S. Watson; Proceed.
Am. Acad. of Arts and. Sc. N. S. XV 1888, p. 251.
Il distinguido botánico norte-americano Sereno Watson,
(muerto hace poco tiempo) ha propuesto en el periódico arriba
mencionado separar genéricamente las formas americanas, que
hasta ahora formaban parte del género Vestcaria, de las plantas
europeas y asiáticas—bastante confusas—colocadas en el mis-
mo género. lista separacion se puede efectuar á causa de un
carácter técnico bien constante, que es el septo unmimnervio de la
silicua (el septo de las especies del mundo viejo es evenio), con
que se combinan las otras diferencias siguientes: las especies
americanas son plantas bajas con tallos ascendientes ó muy
raras veces erectos, todas las plantas son peludas de pelos ra-
mificados en forma de estrella, ó son lepídotas.
Sigue ahora el diagnosis de Lesquerella, publicada por Wat-
son, en version latina.
Lesquerella, S. Wats.—Pelala spatulata, vel oblongo-obova-
ta, íntegra. Filamenta filiformia v. raro dilatata; antherae
sagittatae. Siliqua plus minus turgida, orbicularis v. ovata
v. breviter oblonga (saepe globosa ); valvis eveniis, septo
hyalino nervo unico ab apice usque ad medium (v. infra
medium) descendente instructo, oligosperma v. polysperma,
sessilis stipitala. Stigma depressocapitatum, integrum v.
lobatum. Semina orbicularia, complanata, immarginata
v. raro anguste marginata. Cotyledones accumbentes. Herbae
annuae v. perennes, caulescentes, pube stellata obtectae v.
albido—lepidotae, foliis integris v. repando—dentatis. Flores
flavi speciebus paucis (1 v. 2) petalis albis v. roseis exceptis.
Siliquee valde in luna, parum compressee in paucis specie-
bus, obcompresse in nonnullis speciebus dubiis.
Vesicaria auct. quoad species americanas, Physaria excepta.
A speciebus typicis Vesicarie (V. utriculata Poir., V. grae-
ca Reut.) differt Lesquerella habitu, (plantee humiles, cáu-
lescentes, caulibus adscendentibus v. decumbentibus, raro
erectis), vestimento (plantee pube stellata v. lepidibus albi-
dis obtectee) et septo uninervi hyalino (septum uninerve
Lobularie Desv. venoso—reticulatum).
—- 288 —
Species a S. Watson l. c. enumeratee 33, quarum una
austro-americana (L. mendocina), altera Groenlandise et Ame-
ricae Arcticee incola (L. arctica—Richards.—S. Wats.), ma-
joritas specierum autem Rempublicam Americe septen-
trionalis et regionem mexicanam inhabitat.
ÁREA GEOGRÁFICA: Uruguay, Argentina (Ct., C., S L., M.
P.: Bahía Blanca, J. Ball in Journ. Linn. Soc. Bot. 1. c.).
Grisebach (Symbolee ]. e.) dice: «in paludosis », nunca he
observado la Lesquerella mendocina en otros lugares, que sobre
rocas secas y áridas especialmente calcáreas, jamás en un pan-
tano ú otro lugar húmedo.
4. — Polygala chloroneura Griseb. Pl. Lor. p. 27 no. 30 Symb.
p. 24 no. 86.
Me parece, que las plantas conservadas en el Museo Botá-
nico bajo los nombres de P. Neaez DC. y de P. chloroneura Gri-
seb, pertenecen á la misma especie. Las dos tienen: «semina
pilosula caruncula in segmenta dos oblongo—linearia seminis
lateri planiusculo applicita eique sequilongo producta» (Griseb.
l. c.). La única diferencia, que he podido observar, se mani-
fiesta en la forma de las cápsulas y de las semillas; tenemos
plantas con cápsulas óvalo-elípticas y semillas mas ó menos
cilíndricas, y otras con cápsulas orbiculari — cordiformes y
semillas semi-oviformes (semi-ovalia ); pero esta diferencia no
puede constituir dos especies como tampoco las otras: vestimento
de las plantas con pelos, color y tamaño de las flores, desarro-
llo del márgen de la cápsula etc., que todas son muy variables.
No es posible para mi averiguar ahora, sin un ejemplar tí-
pico de la P. Neaez D C., si las plantas argentinas pertenecen
á ésta, cuya descripcion (D C. Prodr. Ip. 329) demasiado
corta, no permite una identificacion, Ó si forman una nueva
especie que debe llamarse P. chloroneura Griseb.
5— Abutilon virgatum Sweet; A. Garcke in Engler's Jahrb.
XV, 1892-1893 S. 485.
Syn. 4. mendocinum Phil. Anal. Univers. de Chile
XXXIV, 1870, p. 164; Griseb. Symb. p. 45 no. 247,
AREA GEOGRÁFICA: Perú, Argentina (M., C.).
6—A. pauciflorum St. Hil.; A. Garcke l. c. S. 488.
Syn. 4. pedunculare Griseb. (Pl. Lor. p. 44 n*. 103,
Symb. p. 48 n* 253) non Kth. in H. et B.
ÁREA GEOGRÁFICA: Brasil, Argentina (J., Ct., C., l%.).
— 289 —
7 —A. mollissimum (Cav.) Sweel; A. Garcke 1. e. S. 487-488.
Syn. 4. asiaticum Griseb. (Symb. p. 48 n”. 254), non
G. Don.
AREA GEOGRÁFICA: Perú, Argentina (0., C.).
8 —Porlieria Lorentzii língl.; Iengler und Prantl Natuerl Pflan-
zen—familien TL. n*% 4, 1890, S. 84, Fig. 84.
Syn. P. hygrometrica Griseb. Pl. Lor. p. 57 vn”. 159;
Symb. p.75 n*. 427; Hieron. Pl. diaphor. p. 45 —non
15 E es
Segun los estudios del Dr. A. Engler en Berlin, se distingue
el Guayacan, arbusto tan frecuente p. e. en los altos de Cór-
doba, específicamente de la P. hygrometrica R. ct P., planta del
Perú y del Chile septentrional, por sus carpelos redondos, lisos,
menores por la mitad, y mas ó menos globosos, mientras que
la planta de Ruiz y Pavon tiene los carpelos mas grandes y fuer-
temente acanalados. Las diferencias específicas se pueden en-
tonces formular en la manera siguiente:
P. Lorentxti differt ab aliis speciebus (P. angustifolia A.
Gray et P. hygrométrica R. et P.) carpellis dimidio minori-
bus, rotundatis, fere globosis (P. hygrometrica carpellis oblon-
gis, argute carinatis gaudel).
AREA GEOGRÁFICA: Argentina (O., R., T., Ca., C.).
* 9—Indigofera campestris Bong., Benth. Flor. brasil. XXIV,
p. 37-39.
Syn. E pascuorum Griseb. Symb. p. 99, 10557; non Bth.
6731. Colinas secas y pedregosas cerca de la LEstan-
cia «La lóra», al S. O. de San Francisco del Chañar;
9, I, 1890; en sociedad Triodiu avenacea Kth. in H. et
B. y Tragía pinnata A. Juss.
La planta descripta por Grisebach bajo el nombre de Indi-
gofera pascuorum no corresponde á la descripcion respectiva de
Bentham, que dice (l. c.): 7 campestris: foliola, saltem inferio-
ro, alterna, scabro-hispidula, foliola 5-9; 7. pascuorum: foliola
stricte opposita, canescentia, foliola 3-5, rarissime 7.
Todos los ejemplares argentinos corresponden completamente
al diagnosis de 1. campestris, que además se distingue de la L
pascuorum por su distribucion geográlica.
AREA GEOGRÁFICA: Brasil austral, Argentina (S., C.). (1)
(*) T. pascuorum se cria en Cuba, Nicaragua, Panamá, Guayana y quizá en
el Brasil septentrional.
Tomo V. 30
— 290 —
4
* 10 — Eugenia cisplatensis Camb., St. Hilaiere Flor. Bra-
sil. merid. Il, p. 246, tab. 151.
Syn. B lepharocalyx c. Griseb. Symb. p. 126 n” 737;
Hieron. Plant. diaphor. p. 112.
6692. Faldas orientales del (C2 Totorilla, cerca de
Tulumba, 31, XII, 1889.
6716. Cerro Colorado cerca de Caminiaga, en forma
de arbustos bajos (0,3-0,75 m) muy frecuente en los
pendientes del Cerro; 7, 1 1890.
Nombre vulgar: Mato.
liste árbol lindo, conocido hasta ahora solamente del lado
izquierdo del La Plata (segun Hieronymus se cria tambien en
el Chaco, pero no he visto ejemplares de esta parte de la Repú-
blica), seencuentra en grupos considerables en la falda oriental
del Cerro Totorilla, forma montes extendidos entre San Pedro
y Caminiaga y se observa en forma de arbustos bajos en el Cerro
Colorado. Al Oriente lo he observado hasta Divisadero (Rio
Tártago) y al Norte hasta Plaza (entre Caminiaga y San I“ran-
cisco del Chañar). La Eugenia cisplatensis, cuyo nombre vulgar
es «Mato», es un árbol de hasta 5-6 m. de altura, con un tronco
liso, compacto, de un color verde-gris, y un follaje algo resplan-
deciente del mismo color. Durante la florescencia se presenta
adornado de numerosas cimas de flores blancas, como una
olivera con las flores de un guindo. Muchas veces sus ramos
son habitados por los grupos verde-amarillos del Bubrachion
ambiguum (Hook. et Arn.) Engl.
AREA GEOGRÁFICA: Brasil austral, Paraguay, Uruguay, Ar-
gentina (L., C.).
11 —Epilobium andicolum Hausskn. Monogr. d. Gattung Epi-
lobium S. 266, Taf. XVII. Fig. 76.
3879. Cerro de los Gigantes, Sierra Achala, 25, 111. 1886.
4497. Puesto de Tanti, Sierra de Córdoba, y en el
Arroyo de Tanti en céspedes densos; 15, XII. 1886.
Las plantas de los dos lugares mencionados corresponden
exactamente con la descripcion del Epilobiwm andicolum y tam-
bien con el ejemplar típico conservado en el Herbario de la
Universidad (Arroyo del Medio, (1) Sierra Achala, Hieronymus
No 750), pero tienen flores blancas, y no de un color de rosa
pálido, como lo indica Haussknecht.
(*) Erróneamente tiene Houssknecht «Arroyo del Eledio».
— 291 — :
AREA GEOGRÁFICA: (segun Haussknecht): Venezuela, Ecuador,
Perú, Bolivia, Chile, Argentina (J., C., M.).
12 — Cajophora cernua (Griseb.) Urb. et Gilg ined.
Syn. Blumenbachia cermia Griseb. Pl. Lor. p. 104 no.
329; Symb. p. 139 n*. 828.
ÁREA GEOGRÁFICA: Argentina (Ct. C.).
13 — Mentzelia cordobensis Ur). et Gilg nov. spec. ined.
Syn. (Ex. Urb. et Gilg) M. chilensis Griseb. Pl. Lor.
p. 102 n*. 323 (non Symb. p. 138 n'. 819; nec Gay!)
Ascochinga. Sierra Chica de Córdoba; Lorenty No. 265.
Colanchanga, ibid.; Hieronymus 1882.
153—Pan de Azúcar, ibid., Cuesta de Cosquin, 23, 1.
1885.
7263* Casabamba ¡(Dique de San Roque) ibid.; leg.
Dr. O. Kuntze Diciembre 1891.
Foliis lanceolatis usque ovato-lanceolatis, inferioribus dis-
tincte petiolatis, supremis subsessilibus; petalis 1, 8-1, 9
cm longis; filamentis circiter 50, distinctissime ineequa-
libus, 10 exterioribus usque duplo ceteris longioribus ac
multo latioribus; capsula obconica vel turbinata, inferne
sensim in stipitem 2-3 mm longum attenuata, seminibus
4-6 exalatis; cotyvledonibus quadratis, subito in radiculam
«equilongam contractis.
Perennans; radix fusiformis, ad basin ramosa, 1, 3 cm
crassa, caule multo crassior. Caulis erectus usque ad 4 am.
altus, pilis insvquilongis verticillatim glochidiatis densissi-
me obtectus, aliis antrorsum spinuligeris rarissime inter-
mixtis. Folia apice breviter acuminata, basi rotundata,
infima usque ad 7 cm. longa, 3, 8 cm. lata, petiolo 4-5 mm.
longo, sequentia sensim minora, supra pilis antrorsum
spinuligeris laxissime aspersa, subtus pilis brevibus sed
insequilongis verticillatim glochidiatis densissime vestita,
aliis antrorsum spinuligeris ad nervos tantum rarissime
intermixtis. scaberrima subltusque subcanescentia. J'lores in
apice caulis ramorumque in cymas subconfertas dispositi,
cymis usque ad quinquies bifurcatis dein seepius in mo-
nochasia 1-3 flora abeuntibus (Urb. et Gilg).
Moret a m. Jan.—April.
AREA GEOGRÁFICA: Argentina (S., C.: Sierra Chica).
*14 — M. parvifolia Urb. et Gilg nov. spec. ined.
Puesto de San José, Sierra de Córdoba, Hieronymus
— 292 —
614. — Altos de Córdoba, al pié del Observatorio; 16,
[. 1885.
2724. —Altos de Córdoba, cerca del Pueblito, 29/30,
XI, 1885.
Caulibus pluribus vel numerosis, repentibus vel scan-
dentibus in rupium fissuris; petalis flavidis vel aurantia-
cis, 5-7 mm. longis, inter sese et cum staminibus basi
leviter vel levissime connatis vel liberis; filamentis 10-12,
uniseriatis; capsula cylindracea, preesertim inferne coria-
ceo—lignosa usque lignosa, seepissime revoluta, ante anthe-
sin alabastro multo angustiore; seminibus 1-4 exalatis.
Radix biennis perennisve, fusiformis, usque ad 2, 5 cm.
crassa, caule multo crassior. Caules cortice albido vel fla-
vescenti-albido laxe accumbente vel desiliente vestiti, tere-
tes, pilis brevissimis verticillatim glochidiatis densissime
obtectis, aliis eadem forma sed circiter 1-1, 5 mm. longis
plus minus dense intermixtis, ramosi vel ramosissimi.
Tolia alterna laxa, sessilia vel subsessilia, ambita ovala
vel ovali-ovata, infima 3-4 cm. longa et ad 1, 7 cm. lata,
sequentia sensim minora, circiter dimidio longiora quam
latiora, dentata vel sinuoso-dentata, plerumque plus minus
profunde lobata, apice acuta basi cuneata et breviter vel
brevissime petioliformi-angustata, pube caulis. Flores ap ice
caulis ramorumque in cymas vel trichasia dispositi, sessi-
les, cymis vel trichasiis ter novies bifurcatis, dein in mo-
nochasia 1-3 flora abeuntibus, ramis inferioribus vel cauli-
bus minoribus ab initio seepius cincinnose evolutis. Calycis
tubus cylindraceus circiter 0, 5cm. longus, 0. 2 mm. cras-
sus, pilis verticillatim glochidiatis densissime obtectus;
lobi ovato-lanceolati, acuti vel breviter acuminati, 3, 5-4 mm.
longi, supra basin circiter 2 mm. lati. Capsula 0, 7-1, 2
cm. longa, 2-3 mm. crassa; placentee 3 latissima, inter-
vallis triplo latiores. Semina funiculis nullis instructa, cb-
solete vel oblique atque insequaliter rectangularia, 2, 5-3 mm.
longa, 1-1, 5 mm. lata, 0, S-0, 9 mm. crassa, insequaliter
tuberculata, brunnea vel brunneo-grisea. Imndospermum
perpaucum vel subnullum; embryo rectus (Urb. et Gil»).
AREA GEOGRÁFICA: Argentina (Ct., C., SL., M. SJ.)
*45— Vernonia obscura Grisehb. Symb. p. 163 n*. 975.
6725. —Casa del Sol, C* Colorado cerca de Caminiaga;
6, I. 1890. Flores purpúreas.
Los ejemplares de la Casa del Sol representan la misma
Se
planta, que Grisebach ]. c. ha nombrado V. obscura, y que se
encuentra entre las colecciones de la Universidad. Pero me pa-
rece ser algo dudoso, si la planta de Grisebach es la misma
que ha descrito Lessing (Linnsea 1829 S. 296; 1831 S. (63); la
planta de Salta no corresponde en todos puntos particulares
con la descripcion detallada de Lessing, ni tampoco con la de
J. G. Baker (Flora Brasil. LXI[ p. 89). Para dilucidar definiti-
vamente la nomenclatura de esta especie necesita comparar los
ejemplares originales conservados en el Museo botánico de
Berlin.
AREA GEOGRÁFICA: (de la V. obscura Griseb.) Argentina (S., C.)
» » (de la V. obscura Less.) Brazil tropical
(Goyaz, Minas Geraes, Espíritu Santo, Rio de Janeiro, Sáo Paulo).
*16—Buddleia brasiliensis Jacq.; Flor. brasil. XXX p.
282.—Griseb. Symb. p.. 239 n*. 1470; Hieron. Pl. diaphor. p. 179.
4740. lóntre Castaña y Arroyo de la Parra (al Norte
de Los Tacuruces, Rio Primero); 25, IL. 1887.
AREA GEOGRÁFICA: Brazil austral, Argéntina septentrional
(Sy) Cloo. Co):
. *17— Gentiana podocarpa (Phil.) Griseb, Pl. Lor: p. 162,
1n 389; Symb. p. 237, n* 1440.
6863. C* Champaqui, Sierra Achala, muy escaso en
la region superior; 10/11, IL. 1890.
ÁREA GEOGRÁFICA: Chile (Atacama), Argentina (Ct., T. €.)
13—Jacquemontia evolvuloides (Moricand) Mcisn. d longe-
pedunculata Meisn. Flor. brasil. XLVIIM. p. 307, lab.
CXIL.
Griseb. Symb. p. 265 n* 1645.
6741. Falda occidental del C? Pértigo, Cuesta de la
Yerba buena; 11, I. 1890.
Antes conocida solamente de un lugar en Calamuchita. 1%
rhizoma leñoso alcanza hasta 5 cm. de grosor y hasta 1,5 dm.
de largura. La planta es pegajosa.
*19 —Petunia paviflora Juss. — Flor. brasil. VI. p. 176.—
Griscb. Symb p. 242, n* 1497.
6608. Pantano del Tala. Valle de Oncamira, Sierra
Chica; 17, XII. 1889. ,
7274. Rio IV, orilla arenosa del Rio, lll. 1892, reco-
gida por Luis Anetto.
ÁREA GEOGRÁFICA: América septentrional (Florida, Texas»
— 0% =
California), México, Baja California, Cuba, Brasil austral, Ar-
gentina (Ct., G., E., B A.), Uruguay.
20— Verónica peregrina L.— I'lor. brasil. XXX. p. 263.
Griseb. Symb p. 239, n* 1469; Hieron. Plant. diaphor.
p. 204.
Todas las formas sud-americanas de esta especie, muy espar-
cida en el nuevo mundo, que he podido examinar (y he estu-
diado ejemplares del Brasil, de varias partes de la Argentina
y de Chile), se distinguen de las plantas de Norte-Américu y
de las establecidas en lLuropa como silvestres, constantemente
por sus glándulas numerosas y distintamente estipiteas.
Schmidt ya ha observado esta diferencia, diciendo en la Flora
brasiliensis (1. c.): «caulis....glanduloso-pilosus». Las formas
norte-americanas son completamente lampiñas ó poseen en sus
partes superiores algunas pocas glándulas sesiles. (A Gray dice
en la Synoptical Flora IL, p. 288: «glabrous, or above minutely
pubescent or glandular »).
AREA GEOGRÁFICA: América: Canadá y British-Colombia en
el Norte hásta Patagonia y Chile en el Sud. — Japonia (an
sponte?)
* 21 — Gesneria tubiflora (Hanst.) Griseb. Symb. p. 263, n*
1621; Hieron. Pl. diaphor. p. 205.
Syn. Dolichodeira tutiflora Hanstein Flor. brasil.
XXXVI 38%; tab 09) gc23:
4538. líntre Las Palomas y Villa Salado (Villa de
la Concepcion), cerca de la Mar Chiquita: 6, UL 1887.
Nombre vulgar: Flor de San Juan.
AREA GEOGRÁFICA: Paraguay (?), Uruguay, Argentina (li,
B A., C.)
*22—Justicia xylosteoides Griseb. Pl. Lor. p. 177. n* 665;
Symb. p. 210, n* 1610.
6512. Monte entre Cruz del Ióje y Soto, arbusto de 2
metros de altura; 23, II. 1889.
6944. Iuntre Isla y Orcosuna, escaso; 12, 1, 1890.
Uno de los arbustos mas lindos de la provincia, que alcanza
hasta 2,5 m. de altura, con ramos pardo-grises, algo estriados,
hojas de un verde claro y racimos de grandes flores purpúreas.
AREA GEOGRÁFICA: Argentina (J., R., Stgo., C.)
23 —Sphacele Grisebachii mihi.
Syn. Sphacele hastata Griseb.
— 295 —
DIOR Symb plo MON
A. Gray.
—Sphacele hastata A Gray Proc. Ams. Acad. V. p.
341. sq.. es una planta de las Islas Sandwich, tam-
bien fué encontrada recientemente en la Baja Califor-
nia (Brandegee in Proceed. Californ. Acad. Ser. Il.
Vol. IM, p. 164.)
La Sphacele Griscbachi se presenta (como otras Labiadas
tambien p. e. Salvia pratensis L.., S. silvestris L., HRiosmarinus,
elc.), en dos formas: una con el follage mas oscuro, tiene caliz
y corola mas ó menos azulada; Ja otra, con sus hojas mas
claras, posee flores de color rosado. La primera forma es la
mas comun en nuestra Sierra, la segunda la he observado sola-
mente una vez entre Copacabana y Avellaneda (26, XII. 1889.)
*24 — Plantago macrostachys Dene, DC. Prodr. XII, 1,
p. 724. —Griseb. Symb. p. 221, n* 1365.
6639. Quebrada del Pantano cerca de Capilla del
Monte (La Punilla); al borde y en el agua del arroyo;
20, XII. 1889.
Una especie muy variable en la forma y en el tamaño de
sus hojas: ejemplares de la Cieneguita (Rio Salado superior,
Mendoza), presentan hojas de 13 cm. de largo con 7 cm. de
ancho, y otras hasta de 43 cm. de largo con 6 cm. de ancho.
Ll márgen de las hojas de la misma planta puede ser integér-
rimo ó puede presentar dientes.
AREA GrEoGRAÁrICA: Uruguay, Argentina (R., Ct., C., 15., M.)
*25 — Eubrachion ambiguum (Hook. et Arn.) lóngl., Ióngl.
und Prantl Natúrl. Pflanzen, familien. IU. 1. 18809,
SO2:
Syn. Viscum ambigurim Hook. et Arn. Bot. Misc. III.
p. 396.
Eubrachion Arnottí Hook. fil. Fl. Antarect. Il, p. 291
(in nota).—Griseb. Symb. p. 153. n* 311; Hieron. Pl.
diaphor. p. 248.
6693. Falda oriental del C* Totorilla, parásita sobre
Eugenia cisplatensis Camb. —31, XII 1889.
Esta planta parásita la he observado en gran número, espe-
cialmente en el monte entre San Pedro y Caminiaga, formando
erupos semi-globosos hasta 0,5 m. de diámetro y de un verde
amarillento, que se divisan ya de lejos del ramaje verde gris
— 206 —
,
del Mato. Hasta ahora el Kubrachion se ha encontrado sola-
mente sobre especies del género Eugenia.
AREA GEOGRÁFICA: Argentina (T., C., L.), Uruguay.
*26—Tragia pinnata (Poir.) A. Juss., DC. Prodr. XV. 2.
p. 932.
6732. Colinas secas cerca de la estancia «La lira»,
al S. O. de San Francisco de Chañar; 9, I. 1890.
7792. lin las cercanías de Paraná, 1892; recogido
por Luis Anetto.
AREA GROGRÁFICA: Uruguay, Argentina (I:., C.)
* 27 —Colliguaya brasiliensis Múll. Arg. Linnaea XXXII.
S. 126.—Hieron. Pl. Diaphor. p. 259.
4563. Barranca del Rio Primero entre Santa Rosa y
Las Tapias; 17, Il. 1887. Arbusto de 1,5 hasta 2 m. de
altura. Nombre vulgar: Palo de leche.
ÁREA GEOGRÁFICA: Uruguay, Argentina (C.).
* 28 —Urtica chameedryoides Pursch.—D €. Prodr. XVI.
1. p. 42. —Griseb. Symb. p. 87. n* 493.
6859. Hendiduras y pequeñas cuevas de la region
superior del C* Champaqui; 10/11. IL 1890.
La forma del C* Champaqui es idéntica con un ejemplar
de Lindheimer (Flora texana Fasc. IV. n* 702, 1847.)
AREA GEOGRÁFICA: América septentrional (Estados australes de
la Union), México (C* Orizaba), Argentina (J., C).
* 29—Spiranthes sellilabris Griseb. Symb. p. 338, n* 2177.
6661. C* Minas, Sierra Chica, muy escaso; 21, XII,
1889.
AREA GEOGRÁFICA: Argentina (J., GC).
* 30 —S. saltensis Griseb. Symb. p. 338, n* 2138.
6961. Quebrada de Ascochinga, Sierra Chica, IL. 1890;
recogido por Charles Thays.
AREA GEOGRÁFICA: Argentina (S., C).
* 31 — Stenorrhynchus orchioides Rich. var. australis
(Lindl.) Kránzlin in Jitt.
6567. Piedras grandes, La Punilla; 10, XI, 1889.
6962. Pan de Azúcar, Sierra Chica; 4, XIL, 1890.
Una de las flores mas lindas y entre las Orquídeas de nues-
tra Sierra la mas brillante. Se encuentra frecuentemente en las
cercanías de Cosquin, Tanticuchi, San Antonio, ete., siempre
— 297 —
en pequeños grupos aislados. Las rosetas de sus hojas verde-
grises y largas de un dm., desaparecen antes de desarrollarse
el tallo con su racimo de grandes flores escarlatinas.
La forma típica de la especie cubre una área grande; la de
la variedad me es desconocida.
AREA GEOGRÁFICA (del tipo): México (entre 5000 hasta 10.000
piés de altura), Indias occidentales, Guayana, Brasil, Argentina
(C., la variedad).
* 32— Habenaria achalensis Krinzlin n. sp. Engler”s
Jahrbúcher XVI. 2. 1892. S. 133-134.
Sierra Achala: Cuesta del Gaucho, 24, Il. 1876; G.
Hieronymus N* 447.
El autor ha publicado de esta planta, confundida hasta
ahora con la Habenaria montevidensis Lindl., el diagnosis si-
guiente:
H. achalensis Kránzlin. Sepalo dorsali ovato acuto, late-
ralibus deflexis obliquis ovalibus acutis dórsali latioribus;
petalis lateralibus bipartitis, partitione postica lineari fal-
cata acuta sepalo dorsali «*equilonga, antica longiore paullo
augustiore reflexa; labello tripartito, partitionibus lineari-
bus lateralibus deflexis, intermedia ligulata paullo breviore
porrecta, calcari filiformi apice clavato ovario subbreviore;
processubus stimaticis brevissimis crassis, canalibus anthe-
re brevibus, anthera latissima.
Radices adventitiso in ima parte caulis moro /Z. repentis
Nutlt., cui hace specios valdo affinis. Caulis 50-60 em altus
foliosus. Folia lanceolata basi vaginantia ad 12 cm longa
ad 2, 53 cm lata apiculata, racemum fere attingentia.
Racemus pauci-vel multiflorus, laxiflorus. Bractes magnee
foliacese ovatee acuminatee, inferiores flores, superiores
ovaria bene superantes. Flores inter mediocres generis,
sepalum dorsale 4 mm, lateralia 6 mm longa, petalorum
partitiones anteriores 8 mm longae, lobi labelli 4 cm, cal-
car 1, 3 cm, bractese inferiores 2, 5-3 cm longee.
* 383 — Typha domingensis Pers., Kronfeld in Verbandl.
d. Zool. botan. Ges. in Wien, XXXIX. 1889 S. 164.—
Hieron. Pl. diaphor. p. 278.
6692. — Cerca de la estancia La Granja de Argúello,
Rio Primero, Córdoba; 3, III. 1891.
ÁREA GEOGRÁFICA: América septentrional (Estados Unidos aus-
trales), México, Indias occidentales, Ecuador, Venezuela, Gua-
Tomo V. 31
— 298 —
yana, Brasil, Uruguay, Perú, Bolivia, Argentina (P., B A.,
ECHAS MEAN eu quen)"
* 34— Lemna valdiviana R. A. Phil. Linnaca XXXIII,
S. 239. — Hegelmaier Monogr. S. 136.—Grisch. Symb.
p. 282, n* 1793.
4756. — Villa de la Concepcion (Mar Chiquita); La-
guna dulce, raro; 7. IM. 1887.
6991. — Laguna Peitiado, Rio Primero, bajo de
Córdoba; 1, II. 1891. Formaba una capa gruesa sobre
la laguna, junta con Wol/fa gladiata Hegelm.
AREA GEOGRÁFICA: América septentrional (Estados Unidos desde
New Jersey hasta Arizona), México, Brasil, Bolivia, Argentina
(OPSPESAO) 79 Chile:
* 35—L. minima Phil. Linnea XXXIII. S. 2 39.—Hegel-
maier Mon. S. 138,
4447 -— Sierra Achala, Arroyito cerca de Tanticuchi;
15, XII, 1886.
6558 — Pantano cerca de Malpaso, Rio Primero,
Sierra Chica; 13, X, 1889.—Formaba, mezclada con L.
giíbba L., una capa gruesa y plegada.
AREA GEOGRÁFICA: California, Ecuador, Chile, Argentina (C.,
Neuquen).
+36 — Wolffia gladiata Hegelmaier Mon. S. 133 Taf. IL
Fig. 24.
6537 — Laguna Peitiado, Rio Primero abajo de Cór-
doba; 19, VIII. 1889; frecuente.
6991 — Ibid, HI. 1891; mezclado con mucha Lenmna
gibba L.
7008 — Ibid., 29, X. 1891; la Lemna gibba es muy es-
casa.
La Wolffia gladiata Hegelm., una plantita nueva para la Amé-
rica del Sur, fué observada por mí por la primera vez en Agos-
to de 1889 en la Laguna Peitiado, un lugar visitado muchas
veces antes por el Dr. Hieronymus y por mí tambien, como
una localidad notable de plantas interesantes (p. e. se crian
allá el Senecio Hualtata Bert., Proustia ¿licifolia Hook. et Arn.
etc). Pero nunca antes de 1889 he encontrado en la laguna la
Wolffia, de manera que queda solamente la suposicion, que
un pájaro migratorio ha traido la planta de una estacion mas
septentrional. La Wolfia se conoce, hasta ahora, solamente de
— 299 —
lves puntos; uno en Norte-América, el otro en México y el ter-
cero en la Argentina.
AREA GEOGRÁFICA: Florida (var. floridana J. Donnell Smith,
Bull. Torrey Bot. Glub VII. N% 6, 1880, p. 64), México (cerca
de la capital). Argentina (C.: Córdoba).
* 37 —Panicum oblongatum Griseb. Pl. Lor. p. 213,
n% 806; Symb. b. p. 306 n* 1964; Micron. Pl. diaphor.
p. 289.
6722 — C* Colorado cerca de Caminiaga; 6, I, 1890.
Una grama alta, de un color verde claro, con hojas anchas,
blandas, muy delicadas, marchitándose pronto; se encontraba
cerca de la cumbre del Cerro, en lugares sombrosos.
ÁREA GEOGRÁFICA: Argentina (J., C).
38 — Elionurus candidus (T'rin.) Hackel in A. et C. D C.
Mon. Phan. VI. 1889 p. 3838.
Syn. Elionurus ciliaris Nees, non Kth. in H. et B.—
Griseb. Symb. p. 319, n* 1996. (E. ciliaris Nees.)
AREA GEOGRÁFICA: México (Chihuahua; Pringle 1885, No 423),
Brasil austral, Uruguay, Argentina (O. T., C., B A: 2132, leg.
1. L. Holmberg, forma foliis pilosissimis).
* 39 —Andropogon saccharoides Sw. var. leucopogon
(Nees) Hackel 1. c. p. 496.
6707. — Arroyo de los Sauces cerca de San Pedro
(Tulumba), 3, TI. 1890; muy frecuente.
ÁREA GEOGRÁFICA: América septentrional (Texas), México,
Cuba. Venezuela, Perú, Argentina (C.), Uruguay.
40—A. nutans L. var. pellitus Hackel 1. c. p. 532.
Syn. 4. saccharoides Sw. var. polytrichus Griseb. Symb.
p. 309 n*. 1987.
AREA GEOGRÁFICA: Brasil austral, Uruguay, Argentina (C., M.)
* 41 — Stipa Neesiana Trin. et Rupr., Gay Flor. chilen. VI.
p. 287.—Griseb. Symb. p. 298 n”. 1902; Hieron. Pl.
diaphor. p. 293.
6953. —Campo cerca de la Granja de Argúello, Cór-
doba, frecuente; 1, XI, 1890.
AREA GEOGRÁFICA: Argentina (Ct., J., C., E.) Chile.
*42 — Stipa papposa Nees, Kunth lnum. I p. 185; non
Griseb. Symb. p. 299 n*. 1907; nec Hieron. Pl. dia-
phor. p. 293.
— 300 —
6712. —Bordes arcillosos de un pantano entre San
Pedro y Caminiaga, frecuente; 4, 1 1890,
Las plantas que Grisebach ha designado con el nombre de
Stipa papposa (1, Oncativo; 2, camino de Córdoba á la Calera),
pertenecen á la Stipa Ichu Kth. La St. papposa Nees la he encon-
trado hasta ahora solamente en el lugar indicado.
AREA GEOGRÁFICA: Uruguay, Argentina (C.), Chile (St. pulchra
Phil.)
* 43 — Sporobolus indicus (L.) R. Br., Kunth Enum. I p.
211.—Griseb. Pl. Lor. p. 208 n*. 785; Symb. p. 296 n*.
1889; Hieron. Pl. diaphor. p. 296.
6690. — Intiguasi, cerca de Tulumba, frecuente en las
orillas de un arroyo; 31, XII. 1889.
AREA GEOGRÁFICA: América septentrional (Estados Unidos:
Carolina, Florida), México, América central, Indias occidenta-
les, América austral tropical y extratropical hasta Valdivia
(Argentina; T., G., E.) Indias orientales, China, Australia.
44 —Agrostis scabra W., Gray Manual V. Id. 1876 p. 6L!.
Syn. Agrostis laxiflora Richards., Griseb. Pl. Lor. p.
206 n*. 778; Symb. p. 294 n”. 1874; Hieron. Pl. dia-
phor. p. 297.
6827 —f. virescens m. Cerro Champaqui, 10, 11, Il.
1890.
6837 —f. purpurascens m. lin el mismo lugar.
Las dos formas de la 4. scabra W. se encontraban en lu-
cares húmedos de la region superior del Champaqui; la mas
frecuente es la f. purpurascens, la Í. virescens se cria en locali-
dades mas sombrosas.
AREA GEOGRÁFICA: Siberia, Alaska, listados Unidos. México,
Uruguay (4. montevidensis Spr.), Argentina (C.), Chile (4. lepto-
tricha Desv. ex. Griseb. Pl. Lor. et sec. specimen a cl. R. A.
Philippi missum.)
* 45 — Polypogon interruptus Kth. in H. et B.; Kunth
num. LI. p. 233.—Griseb. Pl. Lor. p. 207 n*. 782; Syml.
p. 295 n? 1881; Hieron. Pl. diaphor. p. 298.
6640. — Quebrada del Pantano, Capilla del Monte
(Sierra Chica, La Punilla); 20 XII. 1889.
AREA GEOGRÁrICA: Perú, Brasil, Argentina (S., R.. Ct, SJ.,
M.), Chile.
* 46 — Bouteloua ciliata Grischb. Symb. p. 302 n” 1924;
Hieron. Pl. diaphor. p. 300.
— 301 —
6051. — Gran Salina entre Totoralejos y Recreo; en
ciertos lugares la gramínea predominante; 16, 1. 1890.
ÁREA GEOGRÁFICA: Argentina (5S., Ct., C.)
*47 —B. lophostachya Griseb. Symb. p. 302 No. 1925;
Hieron. Pl. diaphor. p. 300.
6754. — lin el mismo lugar con N“. 6751, pero me-
nos frecuente; 16, I. 1890. Una planta muy elegante.
AREA GEOGRÁFICA: Argentina (S., T., R., Ct., C.)
* 48 — Pappophorum alopecuroideum Vahl; Kunth
Edu PL Gs eoSy mdp 04 no: 1919;
Hieron. Pl. diaphor. p. 299.
6753. —Gran Salina entre Totoralejos y Recreo, de
vez en cuando; 16, I. 1890.
AREA GEOGRÁFICA: América austral (Kth.), Argentina (S., T.,
Ct., C., M.: P. vtaginatum R. A. Phil.)
49 — P. saccharoides Griseb. Symb. p. 300 n'. 1920; Hieron.
Pl. diaphor. p. 299.
4719. — Cerca de Santa Rita, Rio Primero, abajo de
Los Tucuruces; 24, IL. 1887 (alcanza hasta 1 m. de
altura).
AREA GEOGRÁFICA: — Paraguay, Argentina (C.)
+50 — Triodia avenacea IKth. in H. et B. var. longea-
ristata mihi.—Kunth lónum. I. p. 318 (Uralepis); Hems-
ley Biol. Centr.-Am. Bot. III. p. 568.
0729. — Colinas secas cerca de la Iistancia «La líro»,
al S. O. de San Irancisco del Chañar, 9, L 1890.
Entre Malagueño y San Antonio; 10, XI, 1878, leg.
G. Hieronymus. Una forma baja de la var. longearistata.
La ZTriodiía avenacea Kth. se presenta en dos variedades:
a) var, longearistata mihi. Esta forma tiene la palea inferior
con una incisura liviana, y la arista excede mucho ú los ló-
bulos laterales. Aquí pertenecen las plantas de Chihuahua
(Pringle 1885 n%. 406) y los ejemplares «rgentinas.
b) var. breviaristata mihi. La incisura de la palea inferior .se
extiende hasta el medio de la palea y la arista excede poco á
los lóbulos laterales. Ejemplares de esta forma son las plantas
de Tacubaya en el valle de México (leg. Dr. Schaffner).
AREA GEOGRÁFICA: México, Argentina (C.)
+ 54 — Diplachne dubia Bth., Hemsley Biol. Centr.-Am.
Bot. IL p. 569.
— 302 —
6727. — Faldas áridas y pedregosas cerca de Cami-
niaga; 7, I. 1890.
6747. —Monte seco de Jarrilla (Larrea divaricata Cay.)
cerca de Orcosun (Dep. Ischilins); 13, L. 1890.
AREA GEOGRÁFICA: América septentrional (Florida hasta Nue-
vo México), México, Baja California, Argentina (C.).
52 — Phragmites dioica: Hackel in sched.—IEngler und Prantl
Natúrl. Pflanzenfamilien Il, 2, 1887. S. 68.
Todas las plantas conservadas en el Herbario de la Univer-
sidad bajo el nombre de 4Arundo occidentalis Sieb., pertenecen al
Phragmites dioica Hackel. 11 género Arundo está representado
en la Argentina solamente por Arundo Donax L., una planta
cultivada. Phragmites dioica tenemos de las localidades siguientes:
La Rioja: Vega del Jaguel, 1, III 1879, Hieronymus y Nie-
derlein N* 320; 5 SS:
Córdoba: Sierra Achala, Sud de la Cuesta de Copina, 28, II,
1881; C. Galander; O: Ascochinga, Sierra Chica, IV. 1872; Lo-
rentz N*. 40;0. ¡
Buenos Aires: Sierras pampeanas, Napostá grande, ILIV.
1881; P. G. Lorentz; ó.
Rio Negro: Rio Sauce Chico, cerca de Nueva Roma, 5, V.
1879; Lorentz v Niederlein. Q.
53 — Monanthochloé littoralis Iingelm. Trans Acad. Sci.
St. Louis I. 1859 p. 436, tabb. XIIL, XIV. Hackel in
Engler und Prantl Natúrl. Pflan zenfamilien Il, 2, 1887
OOO:
Syn. Halochloa (nov. gen.) acerosa Griseb. Symb. p.
239 NO ISO
6476. Salina entre San José y Totoralejos, muy fre-
cuente; 13, I. 1889.
Cubre grandes espacios al Poniente de San José, y es una
grama muy molesta, sus estolones duros y elásticos formando
lazadas que impiden mucho á la marcha.
AREA GroGrÁrica: Fstados Unidos australes (Florida hasta
Nuevo México), México, Baja California, Argentina (Ct., C.).
54—Munroa squarrosa Torr. Bot. Whipple líxped. p. 102.
Syn. M. mendocina, Phil. Anal. Univers. de Chile,
XXXIV. 1870, p. 210 (teste 1. Hackel in litt.).
M. Argentina Griseb. Symb. p. 300 n* 1918 p. p. (quoad
— 303 —
descriptionem et specimina catamarquensia, prope Atajo
lecta).
La M. squarrosa Torr. no se ha observado hasta ahora
entre los límites de la Provincia de Córdoba.
AREA GEOGRÁFICA: Estados Unidos (Rocky Mountain region,
Nueva México), Argentina (Ct.: F. Schickendantz n'. 153, 196,
346; M.: Kurtz n%. 2388, 7053).
55 — M. Benthamiana Hackel in litt., Bentham in Bth. et
Hook. Gen. plant. HL p. 1180 in nota.
Syn. M. argentina Griseb. l. c. p. p. (quoad plantam
in Córdoba ad Laguna de Pocho lectam).
En Jos montes ralos al Este de la Laguna de Pacho;
21, IL. 1876; Hieronymus n” 435.
6791. Entre Bajo de las Higueritas y Cacabiche, De
partm. Minas, en lerreno arenoso; 30, 1, 1890.
AREA GEOGRÁFICA: Argentina (U., S L.: Kurtz n* 3317, 3710).
56—Selaginella microphylla: Spr. Monogr. Il, p. 88.—Griseb.
Pl. Lor. p. 226 n* 875; Symb. p. 341 n* 2191.
6542. Rocas al S. O. dela Ensenada, Sierra Achala;
16, IX. 1889.
6718. C? Colorado, cerca de Caminiaga, en luga-
res humedos y sombrosos; 6. 1. 1890.
AREA GEOGRÁFICA: Guatemala, Ecuador, Bolivia, Brasil, Uru-
guay, Argentina (C.).
Córdoba, Julio 8 de 1893.
EA EENCUA TOBA
(Continnacion— Véase la página 184 de este tomo)
Assotagam — cocear —lassot (L.) demuestran que se trata de
un verbo fuerte de 1? clase que hacen 1% por 8 y 3% por Y;
pero es probable que en Assotagam tengamos una sincopacion.
Asuvagnó—aporrear —que en boca de Mocovíes suena
Lovarni, se vale de un prefijo As.
Atianivá (B)—mostrar—Acharná (L) es un ejemplo bueno
de chicheo. lis probable que el primero diga —dél me muestra —
(Véanse las transiciones).
Avadevolece (B) —guisar—es Wadowolek en boca de Lopez.
La lista de verbos que empiezan por Av es considerable y
es de sospechar que encierren la forma de 2% persona. Por
ejemplo Lopez dice que «sepultar» es Ladini, que Bárcena dá
como Aveladini.
Los siguientes verbos lambien parece que apuntan en la
misma direccion :
Avetacá (B) — Habla — Seectaca (M)
Avitivoch » — Sacudir — Chiuúk (L)
Avonevagán » — Cantar — Ongrapek »
Avelaca » — Hablar — Tak tapek »
Avusuch » — Majar — Ousúk »
Kn algunos casos la forma es la misma en Bárcena y en
Lopez, en cuyo caso ya no se tralaría de una 2* persona, sinó
de un tema radical con estas letras: lx. gr.
Avelá —mandar—Aulá (L) Silá (M).
Avelcalá —tr poco á poco—Awalektá (L).
Aviyó —+fregar con agua— Aw1yó (L).
Es posible que Lopez haya pensado en la 2% persona.
La equivalencia Mocoví en el primer ejemplo hace sospe-
char que lodos estos puedan ser tambien ejemplos de 2*
persona.
Inicial L
Esta es otra de las letras que no debería ser radical de
tema verbal, porque en Mocoví tendria valor como partícula
fleccional de tiempo pasado; mas desde que Lopez dice Leu—
morir—donde Tavolini da Di-eleú, puede suceder que varios
de los verbos deban empezar con esta consonanle.
Tomo V. 82
— 306 —
Por otra parte en Lesiolec—ya estoy de vuelta— no cabe
duda que el Le sea adverbio de tiempo, y lo mismo en este
otro ejemplo:
Lesumath — acabar de sembrar — Lisumath (L.).
ll que acaba ya sembró. Otro tanto puede asegurarse de
estos:
Lihimé — acabar de hacer — Lihime (L)
Lipahám — dar de mamar — Liparan »
Cuitoók es «cansarse» en Lopez, desde luego lecoytech debe
ser —«ya se cansó».
En los más de los casos se verá que estos verbos admiten
el romance ya, de suerte que lo más seguro sería clasificarlos
á todos en el grupo fuerte.
XVII
Grupo Débil
Inicial N
Ya vimos que en los sustantivos tenemos el grupo débi
de flecciones posesivas con inicial N; siguiendo pues la analo-
gía Mocoví debemos tenerlo tambien en los verbos. Desgracia-
damente la mala costumbre de no traducir las voces literal-
mente nos pone en el caso de andar con conjeturas, cuando
deberíamos poder establecer lo cierto.
Un ejemplo importante se puede citar que servirá de norma
para los demás.
Nohim (B) — Llorar — Nóyin (L.,)
Mocoví — Noyen
El ejemplo Mocoví dice—yo lloro—por la Ñ que equivale
á Ni ante a vel o; y se deduce que los otros dos están en 3*
persona.
la
Niyom (B) — beber Nieet (M)
Naneranij (L) — acostarse Ninaani (M)
Niomahám — dar de beber Niomagran (L)
ta o
, A. Y Niictonaco (M)
Nison — alegrarse ares)
Nivich — buscar Nauik (L)
Nognebú — entrar Nagrganewó
— 307 —
Estos ejemplos se reproducen tanto por su interés flecional
cuanto por su fonelismo.
Es sensible que no podamos fijar la forma de la 2% perso-
na. En el «Mithridates» de Adelung, tú que estás, se repre-
senta por adoonatá.
Este verbo «estar» se halla en Tavolini y la 2% persona
del presente se dá así— Linmictá.
Inicial D
Dadas las analogías Mocovíes debíamos encontrar tambien
en Toba la fleccion débil por D; la encontramos así, pero
hay que descontar aquellos casos en que la D puede ser
prefijo de 3? persona de verbo fuerte. Por ejemplo: Dinach que
en B. dice—picar araña—en L. suena, imák, desde luego
parece que se trata de verbo fuerte.
Lo más acertado por ahora sería no clasificar más que
aquellos verbos que principiando por Dí no dejan lugar á
duda siempre que no se les pruebe más tarde que represen-
tan una transicion de 32 6 22 4 12, :
El siguiente es un ejemplo muy satisfactorio de un tema
débil de esta clase.
Disaliá —desear —Disoó ( L)
Mocoví — Dissiá
XVIII
Fleccion Verbal en General
Il estudiante debe imponerse bien de lo que dice Bárcena
á propósito del Verbo yv su conjugacion antes de proceder á
leer este capítulo, porque así se evitará la necesidad de estar
repitiendo la misma cosa. Tambien es conveniente que se
haga cargo de lo que se ha escrito acerca de lo mismo en el
«Arte Mocoví», porque solo así podrá comprender todo lo que
hay de por medio.
En Mocoví observamos un recurso muy sencillo que falta
en el singular de la fMleccion Toba. Con esa + final de 2 per-
sona lodo se simplifica, y nada importa que se suprima el
prefijo que pudiese indicar persona, así que no hace falta ni
en la 4* clase en que la 2% y 3% personas carecen de toda
partícula inicial; Ex gr.
— 308 —
Saludar
Pei eel a
1. Saqquin, 2. iqquinni, 3. 1qquin
1 subfijo ¿ salva á la fleccion de toda anfibología.
El Toba empero, por alguna razon que por ahora se nos
escapa, prescinde de esta 2 final en el singular, y así vemos
que introduce unas partículas iniciales hasta cierto punto
anómalas. Iín un caso es Mal—,en otro Tlan—,en un tercero
Anave—,en el cuarto Mau—en el quinto Ave.
En el plural encontramos los gérmenes de la articulacion
Mocoví, el ácca. ¿, e finales de 1%, 2% y 32 persona respectiva:
menle, pero ello no obstante se reproducen tambien los prefi-
jos ó sus modificaciones en los más de los casos.
La regla es muy sencilla; todo verbo fuerte debe empezar
con S inicial ó subinicial de 1* persona é Y ó D de 3*; los
débiles llevarán Ñ ó N y Dió D de 1% y Nó D de 2 y 3%,
sin que se excluya un prefijo eufónico en algunos casos.
listo en cuanto á la fleccion personal.
Por lo que respecta á los tiempos ellos se manejan con
recursos de sintaxis, porque dependen de adverbios de tiempo
que señalan la época de la accion. Callagá—antes—y Comelé—
despues —no son recursos de fleccion verbal como nosotros
la entendemos: el mero hecho de que son partículas con valor
léxico conocido y limitacion á la conjugación basta para colo-
carlas en otra calegoría.
Callagá sin duda tiene algo del ñaca—ya—del Quiíchua, que
á veces tambien suena yaca. En Mocoví el La desempeña el
mismo papel y es de más frecuente uso, pero ambas partícu-
las pueden considerarse propias de los dos dialectos, siendo
la una probablemente sincopacion de la otra.
Comelé —despues—usado para empezar el futuro, es proba-
ble que contenga esa partícula final —ám del Abipon y o del
Mocoví, que ya en esta forma puede considerarse recurso
fleccional legítimo. Dada la facilidad con que estos dialectos
meten y sacan c, m, e y l se comprende que puede quedar
una partícula am vel om vel o de futuracion. Al Toba no se
le puede acusar de ser mezquino con sus partículas, como se
advierte en sus verbos, que llevan un recargo aún más de
notar que los peores ejemplos del Mocoví; se comprende pues,
que una partícula am vel o reaparezca en Toba con todos los
aumentos de comelé.
Aquí se debe hacer notar que en las frases sueltas hay
— 309 —
muchos verbos que reproducen la terminacion de futuro en o
como ser:
1. Vendrás — accó
2. Me dormiré — sootio Sotioti, ochi (L)
3. Iremos — socolocó Sicovó
4. Volverán — nigillocó
5. Lo quemaremos — chigagó Sigoví
6. Te daré — sanadomó Sanadom (L)
7. Te quemarás — avavicó Diavich
8. Volverán — aveylacayo Niglach
9. Morirás — anelevó Illeú
Esta lista es de algun interés, aunque debe sujetarse á
correccion en uno ó dos casos. Aquí parece que av—y an—
son prefijos de 2* persona. Los ejemplos 1% 3%, 4% y 7% acaban
en—có, que es el comelé sin —melé, que viene á servirnos de
prueba en favor de esta degeneracion:
Comelé > com > co > 0.
Un el 8% parece que deberia ser, volvereis, y No volverán, NO
siendo «que se diga por, volverán Vds., lo que es más que
probable: otro ejemplo este de lo fácil que es errar por falta
de traduccion literal en lugar de un simple romance, que,
como en este caso, solo sirve para desorientar.
No se puede negar que el material de Bárcena es inferior
al de Tavolini, para lo que es un estudio gramatical. Así
como está necesita suplementarse, porque solo es muy defi-
ciente, no alcanzando ni ú la mitad de lo que desca saber el
estudiante de las Lenguas del Chaco.
¿ste comelé, tal vez corresponda al Mocoví ata da
en el sentido de despues—Se comprende que despues de
desaparecer la e se haya aumentado la » tan usada en estos
dialectos.
XIX
Verbo Sustantivo
No lo hay, dice el buen Padre, pero sin embargo nos
hace conocer con su ta en noenta y en tapec, que esta partícula
puede reputarse como tal verbo.
Noen es—hbueno—en- absoluto, noenta—-estoy bueno—6—
es bueno—sin perjuicio de que se diga «noen» sin más:
partícula cuando se quiere.
— 310 —
El orígen y valor léxico será el que se le quiera dar, pero
hay motivos para creer que es más ó ménos lo que nuestro
sov Ó estoy.
XX
Transiciones
Il P. Bárcena ni una sola palabra dice al respecto de este
el más interesante de los recursos gramaticales de las Lenguas
Americanas. ll punto se ha discutido con detencion en el
«Arte Mocoví», y allí se verá cuantos datos se han podido
recoger de Dobrizhoffer y Tavolini.
No es fácil apreciar las dificultades con que se toca al
pretender sacar de un Indio los equivalentes de frases que
encierren transiciones pronominales. lx. gr. Preguntado Lopez
como se decía—yo te quiero—contestó, yugpitao, lo que es
imposible, porque y es inicial de 3%.
Siguiendo las preguntas se apuntaron estas frases:
1 Tume quieres — marugpicheú
2 Elme quiere — merkpichiwá
3 Yono te quiero — saragpitawá
4 Nosotros te queremos — enawagyemagdetó.
In el 2 ejemplo lenemos el ewá por 2w4—me—ó caso
régimen de 1* persona, y en el 3% awa 6 ava—te—: ambas
formas las que encontramos en el Mocoví.
M. Thouar en su vocabulario dá tres ó cuatro ejemplos de
transiciones.
1 Peut-étre me tueront-11s? — Ayimoyallatti
2 ll me trompe — lyottogúen
3 Il Pa trompé — Unottogúen
4 11 m'a trompé — Itatogúen
5 IM Pa tué — lattatti.
1. En Bárcena «matar» es alauat, la y es de 3* persona y
Ayim el pronombre personal de 1*. Esa o quien sabe si no es
una anticipacion de la final o de futuracion.
2. Satenatit es — yo engaño —(B) ó tenatsit (L). No es
posible analizar este el cuarto ejemplo mientras no estemos
seguros que el intérprete no oyera—él te engaña—La facili-
dad con que los Tobas prefijan ó subfijan algunas partículas
introduce una nueva fuente de error. Tambien tenemos que
desconfiar algo de la fonología Francesa. Los N*%. 2, 3 y 4
— 311 —
terminan en la misma sílaba gúen, extraña á las voces que
dan Bárcena y Lopez, lo que importaria algo en material como
el de Tavolini; pero en un ejemplo aislado como éste, hay
mucho que andar antes de poderlo explicar satisfactoriamente.
5. Este ejemplo parece normal, pero siendo como es de
transicion de 3? á 3* persona carece de importancia, como se
puede advertir de los ejemplos Mocovíes y Abipones.
Hasta aquí lo más cierto es, que el Toba conoce las for-
mas 24 y ava como casos régimen de yo y tú en su lengua;
y lo probable que esas radicales 2, a puedan llevar más de
una terminacion para formar tales casos, sim que por eso
sean de uso exclusivo aun con estas variantes.
¡Cuánto echamos menos el rico caudal de datos acopiados
por el P. Tavolini! ¿Si vendrá algun buen Misionero que haga
otro tanto por la lengua de los Tobas?
Nora —Bárcena dá 4Atvaniva— mostrar —pero se vé que la
terminacion — 2va — encierra un caso régimen — me. Acaso
tambien suceda otro tanto con estas dos voces:
Lo hiuá — El me espulga
luguiavá — El te aborrece.
XXI
Adverbios
Los capítulos que tratan de Adverbios, Preposiciones,
Conjunciones é Interjecciones en la obra del P. Bárcena, son
muv interesantes y deben estudiarse con cuidado.
No es necesario hacer referencia aquí á los adjetivos usados
adverbialmente, porque eso es de cualquier idioma, así
pasaremos á los otros grupos que apunta el buen Padre.
INTERROGATIVOS DE LUGAR
Entre los Pronombres hallamos los siguientes:
Toba Mocoví
1 Menagé — ¿Dónde está? — Monnictragué?
2 Metayge ¿Por dónde? — Mactaiqqué?
3 Iritaygé ¿Adónde? — Mennectaqué?
4 Mehuage ¿En dónde? = Mevaqué?
5 Mehuá ¿De dónde?
6 Massaygé ¿Por dónde? — Mactaiqqué?
7 Meticagé ¿De dónde? — Macticagué?
— 312 —
No se comprende como nuestro autor pasó en silencio esta
partícula M inicial, que tan importante papel desempeña en
todos los dialectos del Chaco. Véase lo que acerca de esta
partícula se dice en el «Arte Mocoví». Nadie puede dudar por
un momento cual sea su valor morfológico, pues casi siempre
determina pregunta. :
La terminacion gées igualmente curiosa, y debe pronun-
ciarse gué, identificándose así con la correspondiente partícula
del Mocoví qué 6 qué, sin duda locativo adverbial en estos
dialectos.
Una observacion más queda por hacer, acerca de la preten-
dida identidad de las dicciones Massaygé y Mactaiqqué. Al
asegurar que la ss equivalia á et, deberíamos suponer una
forma en ch, cuyo chicheo degenerado en s gruesa pudiese
eslabonar los dos extremos de la cadena. Como nos es cono-
cida ya la ecuacion,
Mocoví ct-=ch Abipon
buscamos en este dialecto la voz que representa el romance
«donde», y hallamos que es—machicaagué —previniéndose que
o
este ejemplo como el Mactigague (M) llevan en combinacion el
verbo venir y Mactaiqqué el de ¿r, en el romance que se dá, lo
que no es ninguna prueba de que exista en el original.
Los anteriores adverbios figuran en el MS de Bárcena como
pronombres interrogativos, sin duda porque estos entran en
su composicion; mas á juzgar por los romances que dá son
adverbios de lugar.
Pasemos ahora á los adverbios que figuran como tales en
nuestro autor.
Toba Mocoví
1 Nenná — Aquí — Enna — Ahí
2 Naquedá — Allí — Quedá
ta
3 Idivayé? — ¿Dónde? — Mevaqué?
— ¿Dónde está?
dde — ¿Dónde se ha ido?
4 Iditaigé?
— ¿Adónde habeis
ado ?
5 Igamaditaygem? — ¿Dónde se ha ido? — Nigangaigue?'
6 Igatiacagé? — ¿De dónde viene? — Macticague?
7 Igadeayge? — ¿Dónde vás? — Mactaiqqué?
— 313 —
8 Iidá — De allí
y elas ene en ¿Cuándo viniste?
noví?
Aquí notamos la ausencia de la M inicial.
Nenná y Naquedá son demostrativos usados adverbialmente.
La partícula q es lo que en romance llamamos preposición y
vale lo que de etc. La N inicial es simple artículo.
La partícula final gé Ó gué es locativa. Il ¿d que es á lo
que se vé un demostrativo, suple el lugar de la M. /ga ó igadé
es prefijo de interrogación.
ADVERBIOS DE TIEMPO
Toba MocoyíÍ
Comennetalá — De mañana — Necteectá
Mavit — De tarde — Eppelavel (1/2 no-
che)
Nahagat — A medio dia
ta
Nepé — De noche — Fppe
Ninogoni — Al ponerse el sol
Ninogon sigem — AÁl amanecer — Dictinori
Yecahá — Entonces
Nagí — Ahora — IEnneguí (hoy)
Najita ahosita — Este año voy
Naginej nagate — Este dia, hoy — Ponga
Nagi necepe — lista noche
Signahag — Hoy — IUnneguí
ln estos ejemplos la N inicial es una partícula como las
que nosotros llamamos artículo.
Naha es—dia—Naág, (L), y es probable que el nagí se
derive de esta voz con una 2 locativa al fin.
La palabra nagí entra en combinacion con muchas otras
para formar adverbios de tiempo, como con voy —año—,nagí
voy —este ano
Las siguientes son expresiones adverbiales, tambien de
tiempo.
Toba Mocoví
Siccavit — Áyer — Scavil
Siccavil caya — Anteayer — Scavil leyá
Quesó — El otro dia * — Quet
Sicvoyt — El año pasado
Tomo V. 33
A
Toba Mocoví
Sicvoy alcayo — El anteaño pasado
Sovettuvé — Hace mucho — Slessoctiéque
Quecallagá — Antes de ahora — Quet y LLaca
Quotitá — Ahora mismo
l.Lacaen — De aqui á poco — LLaca ó Yaca
Oavevó — De aqui adelaute — Nomalavit
Come voy — El año que viene
Comevaní — Mañana
La fonología Toba hace posible la ecuacion quesó=quet, par-
tícula que está muy en uso en las flecciones verbales que dá
Tavolin1.
Ll uso de come demuestra que comele es palabra compuesta.
Iista série es de algun interés:
Toba Macoví
Comavit — A la tarde — Nomalavit
Omelepé — Ya de noche
Comeleavitá — A la tardecita
ta
Signéte vel AS — Necteé no
S) ; — A la mañana ta
Comoneté — Mellarnecteecta
Las demás expresiones que son muchas pueden verse en
el Arte de Bárcena.
Solo queda que agregar la voz, Yách (=yak—casi— que
debe compararse con el lactam ó layam.
Toba Mocoví
ta
Aguinium — léjos
Cayagel — Lejos de — muy
Ini — Así — Minni M.
PREPOSICIONES
In América á veces estas son tambien posposiciones, razon
por lo que mas convendría llamarlas aposiciones.
Las siguientes son las que dá Bárcena:
1. Guasigén (Alge, Llge M) Sobre Pref.
2. Lovi, Lalovo Fuera Sul.
3. Yoví Tras de Pref.
4. Edá (Queda M) ad vel in Hácia Pref.
— 315 —
5. Ni (Inni ?) ¿a En »
6. Nahalaté (Haraá, Naraá, M) Contra »
7. Tiavití Antes »
8. Modicaviti Despues »
9. Asopotetat Cerca »
10. Cerca Alrededor »
11. Laelevó Dentro »
12. Voth Bajo »
13. Tiagagá propler Por »
14. lná (Quenná ? M) Por donde »
15. Canyaget Lejos de »
16. Mini (Quenná M) Hasta »
17. Legó Otro lado »
, a o A n '
listas 'son las principales que nombra Bárcena, quien nada
dice de la M y de la Q vel K, que tanto sirven en Mocoví y
Abipon.
XXII
Conjunciones
lol Toba 4 veces usa partículas conjunlivas, pero no siempre.
Se encuentran las siguientes: »
Toha Mocoví
1. Cagay Tambien Legá
2. Calac Mas Pero Calal
3. Quiagá Con qué Alam
4. Quotarien Porque
5. Y (antepuesta ) Que
6. Cá, Acá, Quecá, ) Nada
Selcá Ninguno
7. Cadia Con Yyá
ll estudiante distribuirá como corresponda estas partículas
porque no todas están en su capítulo.
Por lo que respecta á esa ¿—que—está sujeta á revisacion;
puede suceder que ¿niaca deba analizarse así; —aca—que—i—
— 316 —
los—¿Dónde está la voz que corresponde á «Muchachos» ?—Así
son los romances muchas veces.
Las partículas M y Q deben tener valor conjuntivo en Toba
como en Mocoví y Abipon, pero no se las dá el P. Bárcena.
XXIIM
Interjecciones
Léase lo que dice Bárcena acerca de éstas. Son expresiones
de uso diario que no necesitan de más explicacion.
XXIV
Partículas
La gramática de cualquier lengua Americana puede decirse
que es la historia de sus partículas allegadizas, así que puede
llamarse incompleto el trabajo del P. Bárcena por este lado, y
se tratará aquí de llenar en algun tanto el vacío, con especial
referencia á lo,dicho ya en el « Arte Mocoví ».
PARTÍCULAS DE SUSTANTIVOS
¿n primer lugar están aquellas que se subfijan para distin-
guir el sexo de la persona á quien se aplica el nombre:—ek y
é—IóX. gr.
Yalek — hijo; Yalé — hija
Nocolék — hermano menor; Nolé — hermana menor
Despues vienen las lerminaciones—1 y la con que se forman
plurales de los temas singulares. líx. gr.
Cacaynilia—3 de Cacayni—2.
Las terminaciones de diminutivo son las mismas del Mocoví,
— olel: y ole. líx. gr.
— 317 —
Nessok — Mozo; Nessokolék — Muchacho
Nigotolé — Muchacha
Las de aumento siguen la misma analogía. Lx. gr.—sublijo
—Api. ;
Yalé — hombre — Yaleripi
Yaledipi ( 9ente
Sublijo ú, úb, úk
Lecha—ú—ygrandísimo, de Lecha — mucho.
Marugpicheú — tu me quieres mucho (L.).
Sat y At — suelo nativo.
De Chaie — Palma — Chai-sat — Palmar
— Koklalaté — Cañaveral
» Piguinic Espinillo — Piguininisat.
¿n Mocoví «Cañaveral» es noccolalatetsat; «Pencanal» es, ec-
tonessacte.
La terminacion en k responde á los árboles. Ex. gr.
Amapik 6 Mapik—Algarrobo.
La partícula final —qui— tambien es de vaso continente—
E Es
Tonanogqui — cacharro de tostar maix
Lapigqui — estribo
Hiomagaqui — tacho
Todas estas terminaciones deben compararse con el—qu-—
en noqui—lagarcillo de cuero — y huillqua — canjilon, en quíchua.
Caté ó Gaté
Este es el subfijo instrumental que se halla tambien en el
Abipon y Mocoví: lóx. gr.
Mocoví — Ennerarncaté — Pluma de escribir
Abipon — Kiriograncalé — Arado
Toba — Lacegancaté — ud.
» — Penagnacaté — Estaca.
Gátb ó Graat
Mús ó mónos lo que la anterior: Lx. gr.
Guarnagraal — rebenque
Noaganagálh — red pequeña
ko) O
Corresponde al Abipon—nrát y Mocovi—gat ó nayat.
— 318 —
PARTÍCULAS DE VERBO
De las articulaciones de fleccion personal se trató en el lu-
gar correspondiente; tambien de la N y D refuerzos de verbo
débil.
L
El prefijo L dá fuerza de tiempo inmediatamente pasado.
Apéc — Tapék y Tapegá — Pegá — Gá.
Diferentes modos de usar la terminacion que vale lo que
nuestro ndo. lx. gr.
Enapéc Millomec — El Padre está diciendo.
Socatapék — Estoy perdiendo.
Scopitapegá — Estoy queriendo.
Senapegat — Yo estoy diciendo.
lista p puede muy bien ser la p en la terminacion spa de.
quíchua, que tambien es participial ó gerundiva.
Gan, — Gam, — Oth
Parece que estas partículas corresponden á las Mocovíes,
r ta
— gan y — gát; ex. gr.
S
Uvagám — castigar Sovagan (M.)
ta
Avoth — llover — liyagat »
to)
Véanse del Abipon los subfijos rat y ran en Dobrizhoffer.
COTMAKSOS
Muchos son los verbos que acaban así, y es de sospechar
que respondan á fleccion participial.
MOROAT
Esta terminacion parece ser simplemente de verbo. Acaso
corresponda á esa t temática del Aymará, y al cha causativo
del quíchua. Tal vez corresponda á la partícula te que halla-
mos en Mocoví y Abipon, ex. gr. rihe vel rihete — yo deseo.
WEPAIES
TEGET
Partícula que parece ser de movimiento. Lx. gr.
Sieteget — Topar
A OO
Sicateget — lr alcanzando
Narateget — Atajar
Ni
Terminacion que como en Mocoví parece que es de verbo
neutro ó reflexivo; ex. gr.
Nahani — caigo — Natiatini — pararse
Nieni — arrodillarse — Ninanini — echarse
Capahani — agacharse — Apoquini — abrigarse
Bú ó Wo y Uek
Estas partículas parece que valen lo que las Mocovfes—
Vo y—óK:; ex. gr.
Toba MocovíÍ
o
Nognebú — entrar — Ennornivo (M)
Sauék — salir — Ennornivék »
Avoe — poner — Evo—y—o—(tu p.) »
Sanecvó — venir =
Vó pues es de movimiento hácia adentro.
Rát
Subfijo de verbo activo: LX. gr.
Ucacharál — engendrar
A
Verbos que acaben en esta partícula hay muchos, pero
asegurar que valga hacer 4 otro como en Mocoví no está tan
probado.
Toba
1 luquiavá (1) — aborrecer —
2 Ayulá — abreviar —
3 Dapoyná — abrigarse — Apoguiní (L)
4 Avelá — mandar —
La variante de Lopez en el 3% ojemplo hace sospechar que
dapoyná sea—tapar á otro.
(1) Tal vez este tema diga—él te aborrece.
800 =
Conviene no confundir estas terminaciones con las otras
en gá y yá.
Gén—de abajo para arriba
Esta es el rm Mocoví — lx. gr.
Nonsiguén — levantarse — Lonnisiom (M)
Kishiguem (L) — subir — Ogquisium «
Gé
Nada puede asegurarse acerca del valor de este subfijo. Se
recomienda su estudio á los que recogen vocabularios.
Gí— Gui
A lo que se vé ambas partículas encierran en sí algo que
se aproxima al sentido de partir ó abrir en dos.
Abasigé = abrir portillo
Isuquesogí => partir con cuña
Auachiguí — abrir puerta
Tachaguí - abrirse flor
En Quíchua el —quí y el —+% parece que tienen un valor
análogo de dualidad ó particion.
Raqui — apartar
Paqui — quebrar
Naui — los ojos (dos)
Tambien puede atribuirse el valor de nuestro re de repeti-
cion como en redoblar, rebotar, etc.
Téngase presente la advertencia de Bárcena que el géí es por
quí y gut por gl, 1. e. us.
Chit, Tith ó Tit
Partícula que debe compararse con el chi del Quíchua, que
hace verbo transitivo y equivale á nuestro—á otro—lx. gr.
Satena - tit — Engañar
Ana -chit — Convidar
Otchat - chit —- ddormecer á otro. (L.)
Penoco - tith _ — Ahogar á otro
Logviana - tith — Alegrar
Tal vez sea para citada aqui la raíz verbal tí, que en el Lule
de Machoni dice—hacer—Ver el oicti del Mocoví, que encierra
la misma ti Ó chi.
— 321 —
CONCLUSION
Ya hemos llegado al fin de otra jornada más en la tarea de
hacer la descripcion y análisis de las Lenguas Argentinas.
Ante todo se ha demostrado lo íntimamente que están ligadas
entre sí las lenguas Toba, Mocoví y Abipon, sin descuidar ana-
lojías con otros idiomas y dialectos del mismo grupo.
Del exámen mas somero se deduce que el Toba y el Mocoví
dependen mas íntimamente uno de otro, que el Mocoví y el
Abipon; pero á la vez se advierte que estos dos han conservado
su morfología gramatical en mucha mas perfeccion que el Toba.
Será la razon de ello la que fuere, pero el hecho canta. Casi
todos los giros Tobas pueden explicarse por el padron Mocoví,
pero en aquel faltan muchos de los de este dialecto.
El MS de Bárcena, á que puede asignársele la fecha de
1600 más ú ménos, comparado con los dalus recogidos hasta el
corriente año de 1892, nos enseña que las variantes entre estos
dialectos son frases pre-colombianas (1). Lo probable es que re-
sultaran de alguna mezcla en el tiempo en que se enseñorearon
de su parte del Chaco.
Cuanto mas estudio el punto, más verosímil me parece que
estos indios del Chaco puedan ser los Chancas de Andahuailas.
Ya se hizo ver que voces como sayaten—saber—suenan á Qui-
chua y á Aymará. Y no es solo como raíz de tema verbal que
la conocemos, sinó tambien como partícula allegadiza que hace
tema incoativo en Quíchua. In el interior es comun oir, sabe
en vez de suele, y acaso se deba ú esta partícula ya; porque al
fin no sé que estos indios puedan distinguir entre las ideas
empezar y acostumbrar. Lu Toba encontramos tambien la partí-
cula verbal ya, pero no se ha podido averiguar aun su valor
léxico.
Mas sorprendente es que alluá 6 aloa, (L) sea la voz que diga
—lierra—y CCá—piedra-—-ó6— peña —sobre todo aquella que es
comun á varios de estos dialectos. La voz Quícha es allpa, y de
la comparacion resulta una ecuacion fonética
ua Ó 0 = pa
¿Qué razon tenían estos indios para adoptar esta voz tan
eminentemente Quíchua ? Seguramente debió ser por contacto lin-
() Es decir, anteriores á la entrada de los Españoles.
Tomo V. 34
gúístico. Verdad es que pudieron aprenderla de los Quíchuas
de Santiago, como tambien enapel (de ñi—decir) y otras.
Poco peso hay que conceder. á estas analogías léxicas aisla-
das, mas si despues se prueba que hay otros puntos de contacto
gramatical, no dejan aquellas de tener su valor
Ya se hizo ver en el estudio sobre el Mocoví, lo íntimamente
que están ligadas entre sí las partículas pronominales de todas
las lenguas principales de nuestra América, de suerte que se
trata, no de una omofonia casual entre tal ó cual idioma, sinó
de partículas universales, desde luego capaces de servir para
la clasificacion comparada de las más de las lenguas Sud-Ame-
ricanas.
Como se ha visto, el Abipon carece de lo que es el distin-
tivo especial de la mayoría de los verbos Mocovíes y Tobas, á
saber, la S inicial ó sub-inicial de 1* persona; pero en su lugar
hallamos la H, su equivalente, en razon de la ecuacion,
LIS
Mas como el mismo Abipon nos enseña que si una l puede
trocarse en $, otra puede desaparecer del todo, dando lugar á
estas dos degeneraciones,
desde luego nos damos cuenta de ese prefijo pronominal a de
12 persona que figura en la fleccion de los verbos Guaraníes.
Sentado este entable y conocidas las partículas pronominales
del Aymará,
Posesivas Ña vel Ma, Pa
Pl. Ssa,
Verbales Ha, ANY
nos convenceremos que son las mismas que encontramos en
las lenguas del Chaco, tipo Abipon, dado el fonetismo de cada
lengua.
Puede que se diga que en Quíchua la radical de la idea de
primera persona es la ¿ Óó y; pero csta tambien es un índice
pronominal de la misma persona en el Chaco.
Aparte de todo esto observamos que la » y la» ó d prestan
los mismos servicios como auxiliares de fleccion en estas len-
guas como la n y la t en Quíchua y Aymará respectivamente.
.
— 323 —
Siendo ello así, parece que nos deberíamos inclinar ú creer.
que hubo contacto étnico entre las tribus hov Chaquenses y
las naciones Quíchuo-Aymaríticas.
Esta deduccion abogaría en favor de la hipótesis que los
Chaquenses de este tipo son los Chancas de Andahuailas: tri-
bus Caríbicas siempre dispuestas á tomarse para sí mujeres y
lenguas ajenas. Las analogías en direccion doble no se ajustan
bien á un simple contacto con las tribus Santigueñas.
Un exámen detallado de las partículas pronominales nos en-
seña que en Quíchua hay íntima relacion entre las de posesivo
y las personales de la fleccion verbal, ex. gr.
Posesivas Verbales
— y —n<—i
— yqui — n — qui
—n — —mn
lón Aymará la analogía es menos resaltante, ex. gr.
— nazel ha == la
— ma —t—a
— pa — y
Ióstas dos séries son finales, y se omiten los plurales, por
que no hacen al caso, desde que se forman con partículas de
pluralidad sin cambiar de raíz. De este punto se ha tratado lar-
gamente en el «Arte Mocoví».
Las partículas de posesivacion en Aymará se forman por
síncopa de los pronombres Na, Huma y Hupa, que podrían com-
pararse «con la série Quíchua — Nolkha, Kham, Pay.
De las partículas auxiliares » y t solo diremos que se ajustan
bien al uso de la N y KR = D en las lenguas del Chaco, como
se puede ver en el « Arte» ya citado.
lón cuanto á la série verbal daré este ejemplo sacado de Do-
brizhoffer.
1. Hamelk, 2. Hamelgi, 3. Yamelk.
líste autor distingue entre una h y otra, pues la primera
corresponde á la 8 Mocoví y Toba, y la segunda casi no sueno.
Aquí cabe la pregunta ¿Cómo es que en el Chaco las par-
tículas de posesivacion se parecen tanto á las Caríbicas, mien-
tras que las verbales mas bien responden al tipo Andino? La
contestacion es sencilla. 1l Caribe tambien padece de la misma
E AE
anomalía, pues su articulación personal de verbo responde áú un
tipo cuya articulación es esta (inicial):
Lino Eu SN
Las partículas pronominales de posesivacion, tambien ini-
ciales son:
1. Y — 2. AÓ Ad — 2 ly Cue,
Estas últimas son precisamente los prefijos Tobas de pose-
sivacion; y en cuanto á las articulaciones de fleccion verbal,
dada la confusion de v=b con m hay que reconocer identidad.
La Y como índice ó determinante de 1? persona se halla en
el Guaraní, Lenguas Caríbicas, Chiquitas, Chaquenses, Quíchua,
Araucano, Patagon y Chaná de la Banda Oriental. Se trata pues
de algo universal, y no de un sonido casual. El Aymará conoce
la partícula, pero encubierta en combinaciones, ex. gr., en hiussa
—nosotros—inclusive del que oye.
La A representa una de las muchas degeneraciones del pro-
nombre Cadami = Caramt. Así:
Ca, Ad, Cod, Ar, Gr, D, Am, Ar, A, O.
C, Ca, Cad, Ad, D, R, Ar, Gr.
Cam, Ham, Ha, H, A, Am, Ar, An, O.
I'stúdiense las lenguas Caríbicas, Guaraníes, Chaquenses,
Quíchua, Aymará, Araucana, Patagona, Lule, Vilela, Chaná
Oriental, Mosetena, Chiquita, Chibcha, lucateca ó Maya, Mexi-
cana y todos sus codialectos y se verá que forman una mara-
villosa cadena. ¿Será todo esto casualidad ó prueba de contacto
lingúístico ?
lin Chiquito tenemos estas sérics de articulaciones ¡prono-
minales de 2% persona.
De posesivacion
Sing. A, Ai, Au Pl. Au, Api, Apa, Apu, Ab, Am
II. De fleccion verbal
(SMS: YA da AO 04o Pl. Au, Api, Apa, Apu, Ab, Am.
Nora. Estos prefijos van acompañados del subfijo ca.
La importancia de este ejemplo consiste en que las siguien-
tes letras sirven de índice pronominal en la 2% persona.
Us 17 18% Dl,
— 320 —
Con esta ecuacion reduciríamos la P de 2% persona en el
grupo Mojo-Maypure á un tipo correlaccionado con las lenguas
que usan la M con el mismo valor gramatical.
¿Qué diremos pues de esta série Maya ó lucateca?
1. In (m), 2. Au (tú), NS U)E
¡Ml lo Cal
Pongamos en parangon lo posesivos Mexicanos:
Sing. 1. No (mi), 2. Mo (tu), SNA Eso):
Ilo. lo To 2. Amo 3. Tn
No es posible desconocer analogías como esta; y como sa-
bemos que lo que nosotros llamamos elemento caríbico invadió
el litoral del golfo de México, en nada se contraría la tradicion
histórica. Ni
Conviene que el estudiante se fije mucho en las analogías
que se advierten entre los pronombres y partículas de 2% per-
sona en singular y de 1* y 2 en plural. Esta especialidad la
tiene América en comun con la Occeanía. Sin duda ello resulta
de radicales que significan otro, y que pueden ser p, t, k ó al-
guna de sus degeneraciones.
La historia de las Lenguas Americanas es la historia de sus
partículas, ya sean las pronominales, ya las otras en general.
Illas serán las que determinen la verdadera clasificacion, porque
lenguas tan sin literatura, y tan dadas á suplirlas con neolo-
gismos descriptivos, muchas veces se apartan toto orbe en su
lexicología, mientras que en su morfología articular son casi
idénticas. .
Llama la atencion que lenguas como la Quíchua, la Arau-
cana y la Guaraní, tengan tan pocos dialectos de esos que se
diferencian como el Ruso del Francés ó el I'spañol del liscan-
dinavo; pero la verdad es, que este estudio y el anterior sobre
el Mocoví, se encaminan á probar que idiomas tales, cuales los
del Chaco, son los dialectos que buscamos de aquellas lenguas.
Si estos dialectos Chaquenses del tipo Abipon, no hubiesen
sido mas que idiomas aislados de los cientos que con pródiga
mano ostentan ambas Américas, á nada hubiesen conducido
éste y otros trabajos anúlogos; mas si se prueba que lodos son
eslabones de una sola cadena, entonces sí que cada eslabon es
de un valor apreciable como lo son los fragmentos de lus tejas
de Ninive y Babilonia que se buscan en nuevas escavaciones,
para enterar una de tantas lagunas en los ladrillos inscriptos.
— 326 —
Sensible es que el director de el Museo, el laborioso doctor
Moreno, no haya podido llevar á cabo su estudio sobre la cra-
neología de la region media de nuestra América, es decir, de los
indios que ocupan los bajos que separan los Andes del sistema
Brasiliense. Hace falta conocer á fondo los caractéres típicos,
del Caribe, Mojo-Maypure, Chiquito, Chaquense, Mataco y Pa-
tagon, en su relacion con el Brasiliense y el Andino, para recien
poder sacar toda la ventaja que se espera de la lingúística.
Podria objetarse que mas valiera haber dejado de publicar
todas estas observaciones mientras no se acabasen de resolver
las dudas antropológicas; pero esto sería un proceder muy an-
ti-científico. La ciencia busca la verdad como el general el triunfo
aun cuando quede el camino sembrado de cadáveres. Los co-
nocimientos de nuestro siglo se han alcanzado á costa de la
reputacion perdida ya de muchos sabios cuyos errores mismos
han sido la causa del acierto actual.
La mision que el Museo se ha propuesto es de publicar
MSS inéditos y, á la par de ellos, las observaciones de los que
hayan hecho un estudio especial de la materia: estas se cole-
jarán con aquellas, y lo que no se halle ajustado á la lógica
y á los hechos, caerá de por sí; pero los conocimientos que se
requieren para refutar lo escrito ya, en sí será un adelanto, y
de la discusion se hará la Juz.
Los europeos se quejan de falta de material, ahora se lo
manda la América, y espero quese servirán de él para disipar
algo de los errores que hasta aquí han cundido á propósito de
Filología Americana. En América tenemos lenguas libres de la
influencia de las aulas, por consiguiente se puede hacer un ver-
dadero estudio de Lingúística. Así como la Botánica se funda
en las yerbas del campo y no en las flores de los jardines, así
tambien la verdadera Lingúística debe buscar las lenguas de
los salvajes y no las de Grecia, Roma é Indostan.
Con estos párrafos de introduccion, pasaré á reproducir el
famoso MS del P. Alonso Bárcena, cuyo original se halla en la
Biblioteca del general B. Mitre.
CLAVE
Para evitar repeticiones se han empleado algunas letras
entre paréntesis, que se esplican como sigue:
(B) — Toba, segun Bárcena.
(L) — Toba, segun Lopez, el Indio oriundo de Santiago,
quien suministró al Editor los datos y vocabularios
que figuran bajo este nombre.
(M) —Mocoví, segun Tavolini.
Siempre que se hallen estos signos sin mas esplicacion, se
entenderá que se refiere á una ú otra de las tres fuentes indi-
cadas, no solo en esta introduccion, sino tambien en todo lo
que sigue; con esta advertencia mas, que (C) equivaldrá al
Toba, segun Carranza (Dr. A.J.) y (P) al Toba, segun Pelleschi.
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RAPPORT SOMMAIRE
SUR UNE EXCURSIÓN ARCHEOLOGIQUE
DANS LES PROVINCES
DE CATAMARCA, DE TUCUMAN ET DE SALTA
le Dr. HERMAN PF. C. TEN KATE
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RAPPORT SOMMAIRE
SUR UNE EXCURSION ARCHEOLOGIOUE
DANS LES PROVINCES
DE CATAMARCA, DE TUCUMAN ET DE SALTA
PAR
le Dr. HERMAN F. C. TEN KATE
Conservateur A la Section d'Antbropologie du Muste de La Plata.
Le rapport sommaire qw'on va lire—fait exprésément el seu-
lement selon le désir formel de M. le Dr. Francisco P. More-
no—"a pas la prétention d'étre une étude d'archéologie cal-
chaqui. Loin des collections, recueillies par Pexpédition du
Musée, comme je le suis á présent, cela est impossible. Je ne
puis donc donner qu'un apercu général de litinéraire suivi et
des principaux résultats obtenus.
Ayant quitté La Plata le 20 Janvier 1893, nous quiltámes
la ville de Catamarca le 26, á dos de mulet, en nous dirigeant
vers le Nord. Notre expédition se composait en dehors du di-
recteur, M. Moreno, de MM. Francisco Bovio et Gunardo Lan-
ge, ingénieurs topographes; de M. Rodolfo Hauthal, géologue;
de ma personne el de deux aides-préparateurs.
En passant par la vallée du Rio Viejo del Valle et le col de
Singuil, nous arrivámes quatre jours aprés á Pilciao, ou M.
Samuel A. Lafone Quevedo nous fit les honneurs.
Personne ne connait mieux Pantiquité calchaqui que M.
Lafone; aussi lui sommes nous redevables pour ses indíca-
ES
tions et ses conseils. C'est á Pilciao que notre expédition se
divisa pour quelque temps. M. Moreno, avec M. Lange et un
aide-préparateur, se rendit á Belen et la région avoisinante;
M. Bovio, M. Hauthal et moi, et un aide-préparateur eúmenl
á nous rendre ú San José, pour Las Minas, Arenal, Andal-
guála, etc., pour y rejoindre le chef de Pexpédition, M. Mo-
reno, une dizaine de jours plus tard.
Ma division, dont Pingéniceur Bovio, voyageur consommó,
était le chef, quitta Pilciao le 4 Février. Aprés une courte halte
á Fuerte de Andalgalá et a Huassen, nous alleignimes Choya
tros tard dans la soirée. Le jour suivant serait funeste á notre
voyage. Les chaleurs excessives (a Pilciao je notai jusquía 39%
C. a Pombre) des semaines précédentes ne pouvaient conti-
nuer. Un changement dans lPatmosphére stannonca. A peine
avions-nous dressé notre tente dans le sentier qui méne de
Choya a Las Minas par la Quebrada de Muschaca, á une
Fig. 1. — Maray a Las Capillitas
nauteur de 2000 metres envivón, quela pluie commenca a tomber.
Une terrible tempóte suivit, dont la conséquence fut la perte
de huit de nos mules et la nécessité de rester cinq ¡jours clo-
ués sur la méme place (+). Cependant ces tristes jours dans
la quebrada ne furent pas tout á fail perdus. FPachetai un
pauvre ranchero une urne funéraire de grande dimension; Bo-
vio de son cóté, eut la bonne fortune de trouver une petite ha-
che en cuivre. Infin, des renforts de mules étant arrivés de
Pilciao, nous púmes continuer notre marche interrompue. Nous
(1) Les incidents de ces jours ont été décrits en détail pour: M. Lafone Queve-
do dans La Nacion du 26 Mars 1893.
— 339 —
passámes une demie-journée a Las Minas. J'y visital les restes
des anciens travaux des Indiens á un endroit nommé Las Ca-
pillitas. ln dehors Pune quantité de scorie, on y brouve une
ancienne pierre a moudre (Maray) présentani sur sa surface 1n-
férieure trois rainures profondes. Les dimensions du maray,
une pierre blanchátre en apparence eranitique, sont les suivan-
tes: largeur á la base 0" 95; largeur supéricure 07 30; lon-
gueur ou hauteur totale 1” 50; ¿paisscur 0” 60.
in fait Vobjels antiques, un pilon en pierre fut ma seule
acquisition a Las Minas.
Continuant notre chemin vers le Nord, nous fimes une cout-
te halte a Rio Blanco, situé au pied de la Sierra de Ancon-
quija (Aconquija) éternellemente neigeuse. Autour du seul ran-
chito misérable qui constitue Rio Blanco, se trouvent les restes
de nombreuses murailles eb Venceintes en pierre brute (pircas).
D'ailleurs, le versant occidental de la sierra, depuis Rio Blanco
jusqwá Amaicha est parsemé de nombreuses ruines indiennes.
C'est á Arenal, dons la falda de la sierra, que nous fimes nos
premitres fouilles. Celles des tombeaux, quí constituent une
espéce de kyste souterraine, furent les plus fructueuses. In
dehors de quelques ossements humains, nous exhumions des
tinajas, des yuros et des pucos. Je recuellis un os hyoide hu-
main Pun adulte dont les grandes cornes n'étaient pas soudés
avec le corps.
Il serait intéressant de savoir si nous avionslá un cas isolé
ou bien si cette disposition de Ihyoide est aussi fréquente chez
los anciens Calchaquis qwelle Pétait chez les construcleurs des
Casas grandes de PArizona et les aucótres des Indiens Zuñis.
Los hyoide non soudé chez Padulte se rencontre également
sur des momies péruviens. (?*)
Le: sol sablonneux des medanos nous fournit un certain nom-
bre de pointes de fleche. L'extension des huacas ,el des pircas,
ainsi que des rastrojos etc. 4 PArenal est énorme. Les plus
remarquablos de ces restes sont colles de Pancienne usine (2m-
genio), sibutes au bord de la falda el de Pimmnense plaine, appe-
léc Campos del Arenal.
Ces murailles, compostes de erands blocs eranitiques, blan-
chátres et á surface lisse, sont fort bien conservées. lín exa-
minant ces murailles, ¡fai mesuré des épaisscurs de 27 85 el
de 410, et des hauleurs de 6” 60 el de S"50. Pincline á croire
(y Cf. Compte-rendu de la septiéme session du Congres International des
Américanistes (Berlin 1890) p. 263,
— 384 —
que ces usines, quoique d'origine indigéne, ont été perfection-
nées et derniérement travaillées par les espagnols. On ne
trouve pas d'objets ou d'ustensiles anciens a Pingenio sinon
un tas de scorie. La riviére qui jadis passait prés de ingenio
est tarie, á ce qw'il parait depuis longtemps.
Le 15 Février nous quittámes Arenal en destination á Los
Cerrillos, en passant par Loma Redonda, Zarzo et Buen Muer-
to. Tous ces endroits ne sont que de misérables huttes isolées,
báties en pierre brute et en bois de cardones (Cereus spec). Cá et
lá nous achetámes des objets antiques aux habitants, métis
ou indiens pauvres. Partout oú nous passions des pircas, nous
trouvámes de nombreux téts (tejas) gisant sur le sable. A Los
Cerrillos nos fouilles ne sont qu'infructueuses. Il parait que
- quelgu'un plus heureux que nous avait déjá exhumé ce que
contenaient les quelques huacas qui s'y trouvent. Les ¡jours
suivants nous étions á Punta de Balastro. Mes compagnons de
voyage visitérent l'ancienne forteresse située pas loins de lá sur
le sommet d'une montagne escarpée. M. Bovio en leva le plan
lors d'une seconde visite quelque temps plus tard.
A Andalguála, ou M. Mettfessel réunit durant son long sé-
jour de si précieuses collections (*), il reste toujours a glaner
quelque chose pour ceux qui viennent aprés. En effet, nous y
eúmes la bonne fortune de pouvoir remplir cinq caisses dP'ob-
jets antiques. Pour acquit de conscience ¡je fis avec Bovio une
visite á la Loma Rica, dont M. Meltefessel avait déjáa antérieu-
rement levé le plan (*). Comme nous craignions d'étre en retard
au rendez-vous avec M. Moreno á San José, nous avions háte
dW'arriver et le 19 Février nous y fimes notre entrée.
Le directeur et M. Lange v'arrivérent cependant que le 21.
Eux aussi avaient eu á souffrir de la terrible tempéte, qui était
la cause de leur retard.
Le 23 nous. visitames ensemble le vieux pueblo de Jujuy á
1 1/2 lieue Nord-est de San José. Ils est situé sur le sommet,
quí forme un plateau, d'une colline trés escarpée á 2280 mé-
tres au-dessus du niveau de la mer. Les pircas de plus de
quarante maisons ou compartiments qui constituent Pancien
Jujuy, sont composées de grandes pierres en micaschiste trés
grossiérement taillées. La plus grande muraille encore debout
mesure 2” 50 de hauteur et 2" 30 d'épaisseur.
1
(*) Revista del Museo de La Plata, tomo I, p. 217-221,
(?) Anales del Museo. Segunda parte,
— 335 —
La coupe verticale se présente ainsi:
Fig. 2 — Coupe verticale d'une muraille au peuple ancien de Jujuy (Catamarca)
Le jour suivant Bovio et moi nous levámes le plan des
ruines. :
Notre séjour un peu forcé A San José á cause un retard
imprévu du train de mules portant la plus grande partie
de notre charge, ne fut pourtant pas perdu. Nous envoyá-
mes le deux aides-préparateurs dans toutes les directions aux
environs de la poblacion afin de recueillir par achat des objets
antiques. Ils réussirent á merveille: de jour au jour le nom-
bre de piéces de poterie, Vobjets de pierre et de cuivre, d'osse-
ments humains etc. s'accumulent dans la chambre que j¡'oc-
cupai.
Du 27 Février au 2 Mars je visitai les pircas trés nombreuses
a Caspinchango et a Masau á 6 et 7 1/2 lieues, á Test de San
José, dans la sierra. Un négociant anglais, M. Lauriere, m'ac-
compagna. Des pluies torrentielles contrariérent malheureusement
beaucoup nos recherches. A Masau se trouvent des pueblos an-
ciens fortifiés sur deux hautes collines, au dire des habitants,
a Pinstar de la Loma Rica et de Jujuy. Lobjet le plus inté-
ressant que j'ai rapporté de cette excursion est une petite figu-
re humaine de terre cuite. C'est un petit chef d'ceuvre d'artis-
te indigéne plein expression.
Comme durant mon absence le quartier général de Pexpédi-
tion avait été transporté á Santa Maria, je my rendis aussi.
J'appris que le directeur et M. Bovio avaient fait des fouilles
au pied du Cerro Pintado avec beaucoup de succés et que M.
Bovio avait levé le plan du pueblo fortifié sur le sommet du
cerro. Nous occupámes nos jours jusqu'au 6 Mars A emballer
nos collections et á nos préparatifs pour notre prochain voya-
ge. Ce jour lá nous nous dirigemes au grand complet a Quil-
mes. L'un des aides resta en attendant á Loroguasi prés de
— 336 —
San José pour réunir des poteries, que j'y avait fait exhumer,
et pour les emballer. I:n passant nous montámes Pune des
collines couvertes de pircas á Fuerte Quemado. Comme j'ai l'in-
tention dy revenir nous ne nous y arrótámes pas longlemps.
Aprés avoir examiné ensemble les ruines tres étendues de
Quilmes, MM. Moreno, Bovio et Lange me quiltérent le 7 cn
se dirigeant vers le Nord. Je n'ai pas a m'occuper du voyage
qwiils firent dans les régions andines, mais je continue á
grands traits le rapport du voyage que je fis seul avec les
deux aides-próparateurs Beaufils et Gerling.
Je ne veux relever ici que deux choses relatives á mon sé-
jour á Quilmes. Premitrement existence de quelques pétro-
elyphes sur les roches schisteuses d'une petite colline isolée
entre Quilmes et Bañado. On v'y trouve que les deux formes
de figures que voici.
Fig. 3 — Pétroglyphes entre Quilmes et Bañado (Tucuman
La longueur de ces figures est de 9 á 10 centimétres la lar-
geur prés de 2 cm. Ces figures sont gravées dans la pierre á
une profondeur de plusieurs millimétres. Sous ce rapport elles
se distinguent de celles qu'on trouve á Andalguála, qui sont
beaucoup moins profondes et «qui ressemblent á celles des
pleturet rocks du Rio Gila en Arizona. L'un de mes aides copia
WVautres pétrographies dans une gorge á une distance de quel-
ques lieues de la colline en question.
En second lieu, j'observal dans la ruine d'une maison anti-
que, les poteaux de porte dans un état de parfaite conserva-
tion. C'était probablement du bois d'algarrobo (Prosopis spec).
En laissant Passistant B. á Quilmes pour continuer les re-
cherches, je me rendis le 8 Mars au village indien, dAmai-
cha a 3 1/2 lieues environ a Pest de Quilmes, sur Pautre rive
de la riviére. Je m'étais proposé de mesurer et de photogra-
phier quelques habitants de ce village, réputés indiens pur
sang, mais je les trouvais tellement méfiants que je n”y réussis
point. lls n'étaient méme pas disposés á me vendre des objels
archéologiques. C'est á peine s'on voulut me renseigner sur
— 337 —
Pexistence de pircas. Je le trouvai cependant á un endroit nom-
mé Los Cordones, sur le versant de collines escarpées. Vu la
position peu accessible de ces restes, je suis incliné A croire
que ce sont lá des forteresses, ou au moins des maisons for-
tifiées.
Avant de quitter Amaicha, j'achetai d'un individu, moins
méfiant et plus avare que les autres, une jolie collection de 151
pointes de fléche. Lors de mon retour á San José, le 10 Mars,
Jachetai encore en passant á Fuerte Quemado deux grandes
urnes et un yuro polychrome fort joli.
De retour á Santa Maria le 13, je le quittai de nouveau le
jour suivant pour faire une excursion dans la vall“e de Cajon.
Je laissai Paide nommé Gerlin a Santa Maria en le chargeant
de faire des fouilles 4 Cerro Pintado, á Fuerte Quemado et a
Quilmes, et de réunir en outre par achat autant Vobjets archéo-
logiques que possible.
Accompagné d'un bon guide, je me rendis á la vallée du
Cajon par la quebrada del Sapo oú nous passámes la nuit en
bivouac. Sur le point le plus culminant de la route se dresse
un monceau de pierres brutes, espéce de cairn, qwon désigne
sous le nom d'Apacheta. Les Indiens qui passent y déposent
des sacrifices en honneurs de Pachamama, dit-on. J'y observai
une quantité de máchoires inférieures de moutons et de ché-
vres, des feuilles de coca, des tunas (fruits d” Opuntia) et de
petites branches arrachées aux broussailles de Palentour. Nous
avions lá une de ces survivances ethnographiques comme on
en trouve tant au milieu des populations indiennes de PAmériquo
espagnole, converties á la religion catholique depuis des
siécles.
A San Antonio je dressai ma tente á cóté de Péglise.
Le R. P. Barrozo, curé de Santa Maria qui était, heureuse-
ment pour moi, en tournée ici m” y fit un charmant accueil.
Les quelques centaines d'habitants de cette triste vallée,
dispersés ga et lá dans de pauvres maisons, sont pour la plu-
part des Indiens pur sang. 1l parait que la langue Quechua
n' est plus en usage parmi eux; tous parlent Pespagnol. Leur
costume est tant soi peu celui des Indiens Yungas de Bolivie.
Leurs grands chapeaux de feutre blanc proviennent tous de
Bolivie. Dans leurs noms, beaucoup d'habitants de Cajon
indiquent leur origine indienne; il y á des individus nommés
au-et-Soleil, Condor, etc.
Les «Coyas» (sobriquet des Indiens) á San Antonio étaient
aussi méfiants á mon égard que ceux d'Amaicha, mais gráce
Tomo V. 36
— 338 —
0
au P. Barrozo, mon séjour parmi eux fut moins infructueux.
Je pus photographier plusieurs (Ventre eux el mesurer six
hommes. Leur indice céphalométrique (sans correction) et leur
taille se distribue comme suit:
IN 78. im 66 /
ce E 80.9 lm 71 E
O SO 82.4 im 69 Profils
A AN A
o 75.3 im 68 [/ Yu nez
AE 78.8 im 66
Moyennes.. 78.2 1m676
Il résulte de ces chiffres que ces Indiens sont en moyenne
mésaticéphales et qw'ils ont une taille au dessus de la moyenne.
Ils ont tous le cráne haut, Parcade sourciliaire fortement déve-
loppée et les traits du visage anguleux. La pilosité de la face
est relativement abondante.
Les ruines anciennes r'abondent pas dans le Cajon.
Celles qw'on y trouve wont pas beaucoup d'importance.
Elles sont généralement petites et ne sont, pour la plus grande
partie au moins, probablement que des restes de corrales el de
rastrojos. Je trouvai les plus nombreuses sur le sommet et au
pied d'une basse colline de San Antonio á Pouest de Péglise.
Un jour je visitai avec le curé et plusieurs Indiens les pétro-
eraphies de la Quebrada de Minas-Yaco et de celles de Chapi, si-
tuées á une assez grande hauteur, 1 et 2 lieues euviron á Pouest
de San Antonio. Cette contrée est tres-dangereuse á cause de la
tembladera, cette affection nuptérieuse qui fait souvent de si
erands ravages parmi les chevaux et Jes mules non-créoles.
Les pétrographies en question sont trés nombreuses, représen-
tant entre autres des llamas et des figures de cette forme:
Celles de Minas-Yaco se trouvent sur la surface
presque horizontale d'un grand rocher gisant sur le (ES)
sol; celles de Chapi se trouvent sur les parois verti- *
cales d'un groupe de rochers. Pour celui qui connait les
coutumes mythico-religieuses des Indiens Pueblos de PAmérique
du Nord, il est évident que ces pétrographies de Chapi sont
des rituels et qwelles indiquent le site d'une caverne á sacri-
fices. (1) Je photographiai les deux endroits.
(1) Jai A peine besoin de dire que ces pétrographies ne doivent ¿tre considé-
rócs que comme symboliques ou idéographiques et qwelles n'ont aucune valeur
phonétique, quoique le mot +ituel pourrait facilement suggérer celte ice.
— 330 —
Le 18 Mars je quittai San Antonio en me dirigeant sur
Peña Blanca á Pouest du Cajon. Py fis des fouilles le long;
Vune riviére oú se trouvent quelques tombeaux antiques, déja
en partie détruits tant par Peau que par la main de Phomme.
al
sol
JA De
10Metros
Fig. 4. — Pircas pres de San Antonio (Cajon).
un de ces tombeaux, une voúte de grandes dalles plates,
présentail une coupe verticale, que voici:
La hauteur était de 0m8S0, la largeur de
0m70, la profondeur de la partie non
détruite 1m15.
J” exhuma1 en toul une calotte cránienne
— 340 —
déformée, quelques os longs, 4 piéces de poterie fort pré-
cieuses et 2 bracelets de cuivre. La poterie était d'un
type assez différent ¡de celui qu'on trouve dans la Vallée de
Santa Maria.
Les jours suivants furent employés á explorer les régions
de La Hoyada, Guasamayo et de lOvejeria. Tous ces endroits
ne sont composés que de quelques pauvres ranchos.
A La Hoyada je visitai des pircas situées sur le sommet
plat d'une colline dont voici le plan.
Fig. 5. — Pircas á La Hoyada (Cajon).
La longueur totale est de 47 pieds, la largeur totale de 26
pieds environ, mesurés au pas.
A Guasamayo les pircas sont trés nombreuses, mais nos
fouilles "y révélérent malheureusement rien d'important. lín-
tre POvejeria et Campo de los Frailes se dresse une colline
escarpée sur laquelle se trouve un ancien pueblo, comme ce-
lui de la Loma Rica et de Jujuy, mais bien plus grand que
ce dernier. On y compte environ 70 maisons, chambres ou
compartiment selon la terminologie qu'on veut employer. Pour
faire connaitre un peu les dimensions moyennes des compar-
timents de grandeur différente, je donne les chiffres, exprimés
en métres que voici: 14.40 X 15.10, 11 X 6.50, 9.30 X 10,
6.30 X 3.90, 5.70 X 6.30, 4.50 X 4.20. Une des murailles les
mieux conservées avait une hauteur de 1" 65 et une épaisseur
de 0” 92,
— 341 —
Je levai le plan du pueblo, assisté du préparateur.
Ce plan, a cause de la maniére un peu hátive dont il a été
fait, wa pas la prétention Vétre trés exacte, mais il donne au
moins une idée générale de la repartition des ruines.
h
a
Fig. 6. — Loma del Pueblito á Guasamayo (Catamarca).
Je retournai le 21 á San José, via Calcatuctla et par la que-
brada del Sapo,
—= HA —
Les trois jours suivants nous passámes á Santa Maria pour
emballer nos collections et pour faire les préparatifs pour un
nouveau voyage. J”y retrouvai Passistant Gerlins qui avait réu-
ni une quantité d'objets antiques, dont plusieurs fort précieux,
et quelques squelettes. Ses recherches á Fuerte Quemado ont
été particulicrement fructucuses. Je tiens á citer—selon le rap-
port que G. na fait—qu'il trouva á Fuerte Quemado plusieurs
tombeaux dont chacun contenait cinq squelettes pliés en deux
de maniére á ce que les: genoux étaient á la hauteur du
menton.
Les restes de ponchos en laine de quelque espéce d'Auchenta,
et dans lesquels les cadavres étaient enveloppés lors de T'in-
humation, étaient encore en assez bon état. Il trouva en outre
dans une urne le squelette d'un enfant ensemble avec le sque-
lette d'un quirquincho (Dasypus minutus). Comme Purne était con-
verte un petit plat (puco) il n'est pas admissible que cet ani-
mal s'y est introduit accidentellement.
Le 25 Mars nous nous rendimes de nouveau á Amaicha.
Malheureusement, les directions que ¡j'y avais laissées pour
réunir des objets antiques, n'ont pas été suivies pour P'indo-
lence des habitants. Je dus me contenter d'un cráne humain,
fort bien conservé du reste, et de prendre quelques vues photo-
graphiques.
In nous dirigeant vers le nord, nous passámes les jours
suivants successivement a Bañado, a Colalao del Valle, á To-
lombon et a Cafayate. A Tolombon, nous achetámes en passant
plusicurs objets antiques. Les environs de Tolombon, dans la
falda surtout, paraissent étre tres riches en restes de l'ancien-
ne occupation calchaquie.
C'est a Tolombon que ¡'obtins a mon passage au retour, une
vingtaine de jours plus tard, un des objets les plus précieux
de toute notre collection. C'est une petite figurine humaine de
cuivre rouge fondu, ayant sur la téte un grand panache semi-
lunaire. La hauteur totale de Pobjet est de 3 1/2 cm. environ.
A Cafayate, je divisail ma section de nouveau en deux. J'en-
voyai Passistant Gerling pour la Quebrada de Guachipas, via
Puerta de Diaz, pour la Quebrada de lscoipe, avec ordre de
m'attendre a Poyogasta ou á Cachi. Je w”y rendis moi-méme,
avec Passistant Beaufils, pour un autre chemin. Je puis sur-
tout étre bref sur cetle partie de Pitinéraire. Comme Cétail
plutót une reconnaissance archéologique en vue d'explorations
futures que tout autre chose, le nombre d'objets recueillis pen-
dant ce voyage ne ful naturellement pas trés grand.
— 343 —
Je me rendis donc via Animaná el San Carlos á Amblayo
(Amblayo, Amblaya) poblacion indiennc a 13 on 14 lieues N. NL.
de San Carlos, située dans une haute et trés large vallée. ln
dehors des recherches archéologiques, je visitai Pendroit d* ou Pon
extrait le savon minéral et le site oú Pon trouve les «diamants»
quí ne sont que des quartzites fort grossiers.
Sauf un rocher couvert de pétroglyphes, á peine visibles, et
les habitants, qui ont les mémes types que les Indiens d"Amaicha
et du Cajon, Amblayo v'offre pas d'intérét pour Parchéologue.
J'y obtins cependant un trés joli mortier («fuente») en pierre
verte tres foncée et parfuitement lisse.
C'est aux endroits nommés Islaguála, Rio Salado, Hurvina
et Los Portaderos, á quelques lieues NE. et E. d'Amblayo, que
se trouvent surtout des pircas. Les objets qui en proviennent
ressemblent á ceux qu'on trouve á Andalguála et dans la Vallée
de Santa Maria.
Une des ruines les plus complétes á Hurvina mesure 138.
pieds de long et 48 pieds de large, mesurés au pas.
Fig. 7. — Pircas á Hurvina (Salta).
Par un endroit nommé La Hoyada, abondant en páturages,
je me rendis par une verte el fertile vallée á La Viña; de lá
a Ampascachi, Puerta de Diaz, Chicoana et Rosario de Lerma
ala Quebrada del Toro.
Depuis¿que nous avions laissé le plateau d'Amblayo derriére
nous, c'est un loul autre pays. Tout ce qui est aride, désolé et
— 344 —
triste—trois mots qui résument la région calchaquie proprement
dite — est changé comme par enchantement en fertilité, en
paysages verts et riants.
Aussi les vestiges de lantiquité indigéne n'abondent pas.
Ce n'est qwentre La Viña et Ampascachi que B. rencontra
chemin faisant des téts (tejas) de poterie antique, et qu'á Puerta
de Diaz que G. qui m'y avait précédé de quelques jours, put
obtenir quelques haches de pierre, fort jolies d'ailleurs. Cepen-
dant, au dire d'une personne bien renseignée, c'est á La Vaqueria
et á Ablomé, á Pest (?) de Puerta de Diaz, que se trouveraient
de nombreuses pircas.
Arrivé le 6 Avril entre Candado et Golgota dans la quebrada
del Toro, je dus renoncer á mon projet de me rendre directe-
_ment á travers les montagnes á Payogasta. L'état des chemins
était tel, á cause des pluies, qu'ils étaient devenus impracticables.
Je dus donc rebrousser chemin et prendre la Quebrada de
Escoipe, comme l'aide G., pour venir á Payogasta oú j'arrivail
le 9 vers le soir.
Le lendemain, ayant appris que G. m'attendait á Cachi, nous
nous mimes définitivement en route vers le Sud, pour regagner
San José.
D'apres le rapport que me fit mon assistant (G., il n”y a que
trés peu de vestiges d'antiquités dans la Quebrada de Guachi-
pas. Ce v'est que dans une petite quebrada, prés de Curtiembre,
qu'il trouva quelques pétrographies, représentant entre autres
des guanacos. Selon lui, il vy aurait des piírcas que sur les
hauteurs au sud-est de Santa Barbara; puis prés de Carrizal et
de Morales.
Il recueillit en revanche des échantillons géologiques de la
quebrada pour le Musée, et en outre, á Payogasta et a Cachi-
áa-dentro quelques haches de pierre et des piéces de céramique.
Les jours suivants nous fimes un arrét á Rancagua et á
La Paya, environ 2 lieues au sud de Cachi. A La Paya les
pircas abondent, et en faisant des fouilles dans une huaca située
au point le plus élevé de lPancien pueblo, ¡'exhumai une trés
grande urne contenant le squelette fort mal conservé d'un
enfant, un yuro et deux pucos, tous peints. Le sol á La Paya
entre les pírcas est parsemé de tejas et de pierres travaillées.
Au dire d'un individu qui m'accompagnait il y aurait, a quelque
distance des ruines, des «roches peintes». A Rancagua j'achetai
trois cránes humains en bon état de conservation.
En passant á Seclantás, j'obtins d'un Indien á un prix
assez élevé une belle cloche, apparemment de cuivre, trouvée,
— 340 —
dit-on, á Lucaratao, á Vouest de Seclantás. Cette cloche
ressemble beaucoup á celles qu'a trouvées M. Methfessel dans
la vallée de Santa Maria.
A Molinos, ¡je fis mouler par Pun des aides quelques objets
antiques trés précieux, appartenant á un des notables de cette
petite ville. La piéce la plus remarquable est une figurine
humaine de pierre couleur verdátre trés foncé, á surface lisse,
représentant probablement un personnage mythologique. (Voy.
fig. 8).
Figurine humaine en
Q 1
ierre +;
Pp 1]
Molinos (Salta).
a. Vue de derriére.
b. Vue de face.
Fig. 8.
Toujours marchant vers le sud, á dos de mule, d'étape á
étape, nous passámes successivement Cabaña Carmen, Angos-
taca, Flechas, Quiyivil, Palo Pintado, Monte Viejo, Merced,
San Rafael, Animaná et enfin Cafayate, oú nous nous arrétames
de nouveau un jour et demi. A plusieurs de ces endroits nous
obtinmes en demandant á droite et á gauche aux habitants,
des objets antiques, surtont de petites piéces de poterie et des
ustensiles ou haches de pierre. y
Pendant mon second séjour á Cafayate je visitai une piedra
pintada.
Ces pétrographies, déja un peu effacées, se trouvent sur les
parois verticales d'un rocher, dans un endroit assez difficile
VPaccés, pres d'un col qui traverse Péperon Pune montagne.
Le caractére de la localité me fait supposer que lá aussi il y
avalt aux temps antiques une caverne á sacrifice á Pinstar des
Tomo PV. 37
— 346 —
Pueblos anciens et modernes et que ces pétrographies constituent
comme celles de Chapi (Cajon) des rituels.
Le 16 Avril nous quittons Cafayate. En route nous eúmes
loccasion d'observer léclipse du soleil. Malheureusement, le
ciel était convert de nuages et le disque solaire n'était visible
que de temps en temps. Il était facile de constater cependant
que lobscurité relative entre 8 y 9 heures dura environ 15
minutes. En quittant Cololao del Valle, nous fimes un détour
pour visiter rapidement Anjuana, village habité par des Indiens.
Il y a ici comme á Quilmes, beaucoup de pircas. J”y obstins
encore quelques réquisitions pour le Musée.
o
D
ib.
NX
Fig. 9. —Pétrographies pres de Cafayate (Salta.)
Nous visitames de nouveau Quilmes et Fuerte Quemado
afin d'y compléter nos recherches et le 18 Avril enfin nous
étions de retour á Santa Maria. Lá, comme á San José, ayant
emballé nos collections, souvent faites non sans peine, dans
de nombreuses caisses, nous quittons définitivement San
José le 22 Avril, Je dirigeai ma section, sous la conduite de
Pun des assistants, via Pilciao, á Chumbicha, pour s'y embar-
quer dans le train. Quant á moi, je mis le cap sur Trancas :
pour retourner á La Plata via Tucuman.
Ayant eu le rare privilóge de voir ¿n situ les restes des
civilisations indigénes d'Amérique á leurs limites extrémes, les
plus boréales et les plus australes,—dans le Sud-ouest des Etats
Unis et dans le Nord-ouest de la République Argentine—j'ai pu
A
constater plusieurs paralléles entre la civilisation dite Shiwi
(Zuñi) et celle dite des Calchaquís. :
Quoique ce mémoire ne se préte pas á une étude comparée,
je veux indiquer rapidement les paralléles les plus importantes
qui mont frappé, tout d'abord au Musée et ensuite chemin
faisant durant notre expédition.
La civilisation calchaquie, tout en admettant son origine
pérouane ou incasique, est véritablement ce que Cushing a
appelé un désert culture. La grande analogie des conditions phy-
siques du pays Calchaqui avec le Sud-ouest a causé une res-
semblance dans les produits de Pactivité humaine. Les diffé-
rences entre ces deux civilisations peuvent, en partie au moins,
étre attribué aux différences dans la configuration et les Bro
duits du sol, ainsi qw'au climat.
Quoiquw'il en soit, ce qui pour moi est incontestable, ce sont
certaines analogies mythico-religieuses qui ont dú exister entre
ces deux populations américaines.
En ce qui concerne la situation et la division de leurs villes,
j'ai des raisons á croire que les Calchaquies suivaient le sys-
teme mythico- sociologique septénaire á lVinstar des Shiwis. et
des Péruviens anciens.
Pai déjáa parlé de la similarité des itrorreniites e en oaoio
au moins apparemment ritualistiques. Passons aux fétiches.
J'ai vu des fétiches calchaquis en pierre représentant des 'ani-
maux qui offraient une ressemblance frappante avec ceux que.
nous avions exhumés autrefois dans les ruines shiwiennes el
ceux qwont décrits. M. Frank H. Cushing (+) et moi-méme.:(?)
Seulement, les fétiches calchaquis sont généralement plus
grands.
Jai trouvé plusieurs fois parmi les objets calchaquis, de
petites ardoises travaillées absolument semblables á celles pro-
venant des ruines du Sud-ouest et á celles encore en usage
parmi les shamans á Zuñi.
Chez les Calchaquis, les lurguoises et les coquilles marines
travaillées paraissent avoir été aussi estimées comme ornement
que chez les Shiwis anciens et modernes. La présence de
colliers de cette matiére sur les cadavres en fournit la preuve.
Trés souvent j'ai constaté sur les piéces de poterie que nous
exhumions des huacas, ou que j'achetai, des trous généralement
(*) Second Annual Report of the Bureau of Ethnology. Washington, 1883.
(?) Internationales Archiv fúr Ethnographie, Il, 1890.
— 348 —
ronds on des cassures apparemment intentionées. N'y attribuant
pas d'importance au premier abord, je fus frappé de la fréquence
de ces trous et de ces cassures, et en y prétant mon attention
de plus en plus, j'obtins la conviction que nous avions lá,
quoique faisant quelque variation, des cas de «tuer la ¡poterie»
des Shiwis. (*)
Quoique la forme de la poterie des Calchaquis soit généra-
lement différente de celle des Shiwis, il y a cependant aussi
de grandes ressemblances, notamment parmi les piéces petites.
La couleur et la décoration, évidemment symbolique ou idéo-
graphyque, offrent cependant assez souvent de grandes ana-
logies.
Les calchaquis possédaient également des connaissances
métallúrgiques, mais beaucoup plus avancées que les anciens:
Shiwis. Il est probable cependant que les premiers avaient les
Péruviens pour maitres et que c'est de ceux-la qu'émanent
originairement les belles cloches, les grands disques, les ha-
ches etc. en cuivre dont le Musée posséde des spécimens.
Quant aux armes, les haches en pierre des deux populations
sont dans leurs formes, autant que je sache, absolument identi-
ques. Il en est de méme des bolas en pierre, car nous savons
que dans le Sud-ouest américain les bolas étaient également en
usage. ¡ O
L'espace me force dans une limite. Je ne puis cependant
pas terminer cette relation sans exprimer le vou que les
grandes el précieuses collections de Pantiquité calchaquies, dé-
posées au Musée de La Plata, trouveront un historien digne d'
elles. Les matériaux que nous possédons pourraient fournir
á un William Holmes et á un Frank Cushing le sujet d'étu-
des aussi belles et profondes que celles relatives aux antiqui-
tés et aux céramiques de Pérou, de Chiriqui et des Pueblos
dont ils ont enrichi la science.
Schéveningue, Pays-Bas, Juillet 1893.
(2) Voy. The Old New World, an account of the explorations of the
Hemenway Soutlwestern Archacological Expedition by Sylvester Baxter. Salem
1888. Cet auteur dit: «¿Unless the burial-jar has been specially made or reserved
for the purpose, it is neatly «killed» by drilling a hole in its bottom, or otherwise
partially breaking it, thereby allowing its soul to escape with that of the person
whose remains it holds » (p. 18.) Cf. Compte-rendu PS la septiéme session du
Congrés .internat. des Américanistes á Berlin NES p. 172-174, ou M. Cushing
traite la méme question en détail.
ATLAS GEOGRÁFICO
DE LA
REPÚBLICA ARGENTINA
PUBLICADO POR LA SECCION GEOGRÁFICA DEL MUSEO DE LA PLATA
DATOS SOBRE CONSTRUCCION DEL MAPA
DE LA
PROVINCIA DE CATAMARCA
El Mapa de la Provincia de Catamarca publicado por este
establecimiento, es el resultado de varios años de estudios y
trabajos topográficos en aquella provincia.
Desde el año 1887 ha trabajado el suscrito, como ingeniero
y gefe de la Comision de Catastro General en dicha provincia,
en estudios de ferro-carril y en mensuras para el Gobierno de la
misma y para particulares, y al fin del año 1890 tuve mensurada
detalladamente una área de más ó ménos 900 leguas cuadradas.
Habiendo observado en mis viajes que los mapas que
existían sobre el interior de la República no eran exactos y tambien
muy poco completos, me propuse unir y completar mis datos para
construir un mapa exacto de toda la provincia de Catamarca,
y principié á recorrer dicha provincia por todas partes, llevando
conmigo un teodolito Troughton y un barómetro; hice los viajes
primeramente á mi propia cuenta y en los últimos años como
Ingeniero Topógrafo del Museo de La Plata.
La provincia de Catamarca, como todas las provincias andi-
nas, ofrece mucho interés para el topógrafo. Los llanos exten-
sos con sus bosques de quebracho y algarrobos; las serranías
' pintorescas con sus riquezas de minerales, con sus cumbres
Tomo V 38
— 300 —
dilatadas cubiertas con pasto, y sus quebradas hondas por las
que salen los arroyos á fertilizar los campos, de modo que
á la boca de cada quebrada ó valle de alguna importancia se
encuentra un pueblito sonriente con sus labranzas verdes, sus
viñas y sus árboles frutales; las salinas con sus depósitos de
sal y boráx; la alta Cordillera con sus picos cubiertos de nieve
eterna, sus faldas inmensas con colores especiales, sus vegas
pastosas y sus lagunas solitarias; todo esto forma un conjunto
de una riqueza infinitiva de diferencias y variaciones.
Hay una circunstancia especial que en alto grado facilita
los trabajos topográficos en aquellas regiones. Los picos mas
altos de las serranías se divisan sobre grandes extensiones de la
provincia y no solamente uno, sinó frecuentemente dos ó tres
á la vez. líntre estos picos pueden mencionarse: el pico del Man-
chao, Anconquija, Cerro del Negro Muerto, Cerro San Francisco,
Cerro Incaguasi, Cerro Bravo y Cerro del Bonete en la provincia
de la Rioja.
La posicion relativa de estos picos la he determinado en
parte con una triangulacion extensa y contínua que ejecuté
para la mensura de unas propiedades en la parte Oeste de la
provincia, de una extension de 515 leguas cuadradas y en parte
con triangulaciones independientes, usando los ferro-carriles
como hase y controlando los resultados con observaciones
astronómicas de latitud geográfica.
Para la determinacion de los puntos secundarios he emplea-
do el método siguiente: determiné la latitud geográfica del
punto en cuestion, tomando la altura meridiana del sol ó de
alguna estrella y tambien astronómicamente la direccion azi-
mutal á uno de los picos ya mencionados. Habiendo construi-
do sobre el papel la red de meridianas y paralelas, segun las
tablas sobre la proyeccion poligonal usada por «The Coast and
Geodetic Survey» de los Estados Unidos de Norte América,
obtuve entonces una interseccion de dos líneas: el paralelo del
punto y la direccion al pico ya determinado. Con estos fines
he determinado 48 latitudes geográficas de puntos importantes.
Puntos de lercera órden he determinado ó con intersec-
cion sencilla ó con el «problema de los tres puntos».
Los límites internacionales se indican de acuerdo con las
mejores fuentes de informacion, planos, tratados, etc.
Los límites interprovinciales é interdepartamentales indica-
dos, son los respetados actualmente para el pago de contri-
buciones.
He hecho lo posible para demostrar en el mapa la forma
— 35)
particular de las serranías, y se ha empleado para dar mejor
idea de los declives el sistema de líneas con la luz de la dere-
cha. De este modo se distingue bien hasta en los detalles la
uniformidad en la configuracion de los cerros; las cadenas
suben con suave inclinacion del naciente y caen repentinamente
al poniente.
La parte que no he visitado personalmente, al Oeste del
«Rincon» y entre «Antofagasta» y «Cerro Azufre» hasta «Potrero
Grande», la he dibujado segun los datos del ingeniero D. Fran-
cisco Bovio, nuestro excelente compañero de viaje en la explo-
racion practicada en la' altiplanicie del Nor-Oeste Argentino du-
durante los primeros meses del año corriente, bajo la direccion
del señor Director de este Museo.
Agrego listas alfabéticas de las latitudes observadas y de
las alturas determinadas, trigonométricamente ó con el baró-
metro.
G. LANGE.
Director de la Seccion Geográfica del Museo de La Plata.
La Plata, 12 de Diciembre de 1893.
NÚM.
LISTA ALFABÉTICA DE LATITUDES
LUGAR
Algañarales, al Norte del
valle de los............ .
¡Oe a
AM
Ampojango, Rio de, «ul
Este de Belen..........
Animas, Portezuelo de las
Antofagasta....o.o..ooo.m.o..
Aña Laguna, Cerro de...
Bastidor, Cumbre al Sud
WS da AS
Cafayate....... Ao 060 ono b
Catamarca, Estacion del
AC A E ASLES
CaitMaco Blaa
Cai ES
CA UA
Coloraditos, Abra de los
Colorados, Campo de los
Colorados, Portezuelo de
O Rea
CPES d.seopososasccos eo
Copacabana, Punta Norte
Costa de Reyes, Al Norte
de..
IDEMÍTENMEO vscoboacapsenos
Guachilaste, Abra de.....
(WO roo anoa coo ona:
IStatacO
Tunca PADUA dNe
Loma Redonda..........
¡LOTO 000 evsonosasooao
MIURA
Masao, Al Oeste de.......
Merenda, Campo....o.....
VIMOS 00500000000 08 eos
(MM ao e
Pastos Grandesic........
Patos, Rio, Cerro al Oeste
PROVINCIA
Catamarca
»
»
»
Salta
Catamarca
Salta
Jatamarca
»
Salta
Catamarca
»
»
»
Sal ta
Catamarca
»
Salta
Catamarca
»
»
»
Salta
»
Catamarca
Salta
Catamarca
Salta
DEPARTAMENTO
Poman
El Alto
Andalgalá
Belen
Santa Muria
Ancasti
Capital
Capital
Capital
Santa María
Ambato
Tinogasta
Tinogasta
Capital
La Paz
Tinogasta
Santa María
La Paz
Santa María
Santa María
Tinogasta
LATITUD SUD
280
280
27
S7o
260
260
230
280
260
280
28u
930
980
260
250
Ao
280
280
23
Dgo
230
280
27
240
970
260
260
9
250
280
9/0
250
290
2
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20015
AL AT"
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3991
ANA
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DS 43"
15/ 38”
4028"
6123"
015"
16 51”
231"
5420"
27431
46/56"
19 12"
12/38"
LAS
TO
O
ADA
4014"
2726"
3720"
0L20
NÚM. LUGAR PROVINCIA DEPARTAMENTO LATITUD SUD
SIMIO accoogovocondooas Catamarca Andalgalí 270 45" 4"
36 | Portezuelo, Cumbre sobre
la Cuesta de........... » El Alto 280 26' 7"
37 | Puerta de Corral Quemado » Belen 270 15' 16”
38 | Puesto de la Laguna..... » Andalgalá 270 16' 41"
39 | Ramblones .............. » La Paz 290 926"
40 | San Antoni0............. » Santa María 260 24” 33"
AS OS » Santa Maria | 260 46' 59"
ASA » Santa Rosa 7057 1"
43 | Santa Marla............. » Santa María | 260 41' 33"
44 | Sapaleri, Campamento de Salta 220 50 19"
45 | Sapaleri, Cerro de........ » 220 48" 17"
AN Catamarca Andalvalá 1/9 28" 31"
47 Tinogastar caos » Tinogasta 280 3' 19"
ES O Salta 240 39" 10"
/
Tomo V. 39
LISTA ALFABÉTICA DE ALTURAS EN METROS SOBRE EL MAR
Abra del Puesto..........
Abra asco jas
Agua Amurillu..........
AU
Agua Caliente, Cerro de..
Agua Negla...oo.o.......
Albigasta......o.oooo.ooo.»
Algañarales, Valde de los
Alto de Cruzita..........
Alto de la Cueva.........
Alto del Poz0............
IN NS obs ooou sE ao
INEOO sono cgoVooderon oo
CAS NN
Anconquija, Cerro Norte. .
Anconquija, Cerro Sud...
Andalgalú, Fuerte de.....
Angeles, LOS.............
Angosto Redondo........
Angostura del Rio Juncal.
Animas, Portezuelo de las
Anquincila...............
Antoco, Cerro de.........
Antoco, Vega de.........
| Antofagasta..............
Antofalla, Volcan........
Antofallita, Cerro de.....
Arizaro, Vegade.........
Aspero, Cerro el .........
Atajo, Cerro de..........-
Atajo, Mina de..........
Atajo, Puesto de.........
Atajo, Sierra de..........
Bala Oe
PROVINCIA
Catamarca
»
Salta
Culamurca
»
Salta
Catamarca
»
Salta
Catamarca
»
Salta
»
Jatamarca
»
»
Salta
Catamarca
»
Salta
»
Jatamarca
DEPARTAMENTO
Andalgalá
San Antonio
de los Cobres
Santa Murla
Capayan
Tinogasta
La Paz
Poman
Capayan
Andalgalá
El Alto
Paclin
Andalgalá
Ancasti
Andalgalá
»
»
Capayan
Santa Maria
Ancasti
Belen
»
Andalgalá
»
»
»
»
Santa María
Paclin
ALTURA
4450
2930
5400
2000
500
4500
2100
580
200
2900
4600
3450
950
s00
1150
900
2900
5450
1000
1650
3700
3850
4150
1000
5800 .
3900
3200
6300
5150
4050
4200
4800
1300
3900
3090
3300
2800
2400
3660
2200
1250
BMP
Biscacha, Mesada de.....
Bolso oa
Cafayate ni
Campo Blanco...........
Camada is,
Cañada, Cerro de la......
CMA
Cao
Carachi Pampa..........
Carrisal, Encima la cuesta
Carrísal, Entrada 4 que-
Dr is
Casa de Piedras..........
CasasiWie ase
Catamarca
Caurchari, Campo de.....
Cazadero Grande.........
Cerrillo Arriba...........
Cerrillo, Encima Cuesta de
Coro UA
Cerro Cueva de Sierra Á tajo
Cerro Gordo, Campo de..
Cerro Grande............
Cerro Nero
Chacras las
Chacyago, Loma de......
Chagnantur, Cerro .......
Chango Real, Portezuelo
(Oi Elogabooonsoas code aon
Cienega Grande, Cerro de
Ciliola, Cerro de.........
Co ios
Coloradito, Abra de......
Colorados, Cerro de los...
Colorados, Los...........
Colorados, Portezuelo de
LOS AE O
Colorados, Portezuelo de
(o ao ad CA
Cop
Copacabada..............
Corral Quemado...... Aa
Catamarca
Tucuman
Catamarca
Salta
Catamarca
»
Salta
»
»
Catamarca
»
Salta
»
Catamarca
»
Salta
Catamarca
Salta
Catamarca
»)
Salta
Catamarca
»
Salta
Tucuman -
Catamarca
Poman
Trancas
Tinogasta
San Cárlos
Ancasti
Belen'
Capayan
Andalgalú
Belen
San Cárlos
Cachi
Cafayate
Andalgalú
Ambato
Andalgalá
Santa Rosa
Capayan
Belen
Andalgalú
»
»
La Paz
Ambato
Capital
Tinogasta
Capayan
Ancasti
Belen
Andalgalá
»
Tinognsta
Andalgalá
Tinogasta
Andalgalá
San Cárlos
Andalgalá
Santa María
Tinogasta
Andalgalú
»
Trancas
Santa María
Tinocasta
»
»
Belen
ALTURÍA
4400
2600
1150
2200
— 396 —
PUNTO
CA
Cortaderita.........9....
Cuesta del Cura..........
Curuta, Vega de.........
Dalmacia Cerro de.......
Don Dieg0.....o..ooooo....
Dorada
Dos Aguadas............
IDEA: .000Unbundovoasoo
Durazno Cerro de........
Espinillo, al Norte de An-
dl
INEM... odo obvododonos
¡Narminillooso.oe. deobaoda
Fiambalí, Cerro de.......
IOIONEOs.o0vvooeono.s
A O o
Galan Cerro... o...
Gallina Cerro de la......
CANDO 0000140000b6 E
Gran Apero, Cerro.......
Guachilaste, Abra de.....
Ilecar, Cerro de-.........
Heladito CerrO...........
Hollada, Cumbre de la...
naleda, lnooosoVocesonc.
Holladon, Cumbre de....
Hombre Muerto, Campo de
Hor que i
Hoyada....... OS
¡NEW dv oo0csonJovoVosaaa
WENO ROO Sola
MA
Jama, Cerro de..t.......
Jama, Vega de..........
Juncal, Abrade..........
Juncal, Vega de..........
Junta del Rio Rosario y
Rio San Antonio.......
Juntas
Juntas, Las (Este).........
Juntas, Las (Oeste).......
Laguna Blanca...........
Laguna Blanca, Campo de
An Ni bodogeecod genes
Laguna Blanca, Cerro de.
Laguna Brave, Cerro de...
Laguna Colorada, Abra de
Laguna Colorada.......
Laguna Helada..........
Laguna Verde...........
16310300000 booosose dos
Leon Muerto, Cerro de...
Loma Atravesada, Este...
Loma Atravesada, Oeste...
Ima 0 .000000 0000009
LomaBicaza
PROVINCIA
Catamarca
»
»
Salta
Catamarca
»
Sant. del Estero
Catamarca
»
»
»
Salta
»
Catamarca
»
Salta
»
Catamarca
Salta
»
Catamarca
DEPARTAMENTO
Tinogasta
Paclin
Andalgalá
Capayan
La Paz
Andalgalá
»)
Capital
Tinogasta
»
Andalgalá
Tinogasta
Ambato
Andalgalá
Andalgalíú
La Paz
Tinogasta'
Andalgalá
Ambato
La Paz
Tinogasta
El Alto
Tinogasta
Paclin
Ambato
Andalgalá
»))
Belen
»
»
»
Belen
»
Tinogasta
Belen
»
Paclin
»
Andalgalú
»
ALTURA
— 301 —
NÚM. PUNTO PROVINCIA DEPARTAMENTO ALTURA
155 | Loma Redonda.......... Catamarca : | Santa Maria 3000
156 | Loroguasi......ooooooo.o.. » 3050
E LORS leboovaoo.Vo.eoso » Tinogasta 3800
158 | Mal Pas0......oooccoco... » Santa Maria 3800
159 | Mal Paso, Río de........ » El Alto Ñ 800
160 | Manchao, Cerro de....... » Ambato 4050
161 | Manchado Cerro......... » Andalgalá 2065
162 | Maricunga Portezuelo.... » Tinogasta 4200
163 VE: d0c0000000aVonoos Rioja Arauco 700
164 | Medanito................ Catamarca | Andalgalá 2990
165 | Merenda, Cerr0.......... Salta 4000
1050 MiB ooacodoVVoJuyeoVooo Catamarca | Andalgalá 2860
167 | Miraflores .......o.o.o.o...o.. » Capayan 527
168 | Mogote, Puesto.......... » Ancasti 700
169 | Mojones, Cerro.......... » 5500
170 Molinos Des Salta Molinos 1900
171 | Molinos de Huazan...... Catamarca Andalgalá 1115
172 | Molinos de Potrero....... » » 1320
173 | Moradito, Cerr0.......... » Tinogasta 4350
174 | Morado, Cerro ........... Salta Molinos 3400
175 | Morito de la Aguada..... Catamarca Andalgalá 1157
176 | Moros, Cerro de los...... » Ambato 2000
WD NICO 00 0d00000g00VUVVaa » Tinogasta 1450
178 | Motegasta........oooo.o... » La Paz 450
179 | Mulato, Alto del......... » Belen 4500
180 | Mutquin........... o 0gaÑo » Poman 1450
181 | Nacimientos............. » Andalgalá 1800
182 | Nacimientos............. » Belen 3100
183 | Nacimientos ............. » Tinogasta 1650
184 | Ojo del Agur ............ » Belen 3850
185 | Ojo de las Losas......... » Tinogasta 4200
186 | Ojota, Portezuelo de...... » » 3150
187 | Origanal, Cerro de....... » Andalgalú 2635
ISS O » Tinogasta 3750
189 | Pairique, Ri0..........o. » 2050
190 | Pajonal....o.oooooocc.o.. » 1200
O OealdssssoVooaoaoon ana » Poman 850
192 | Palo Blanco............. » Tinogasta 2000
1031110 0o00cocoVoronsoVos » » 2600
LPs ls LO » Santa María 1750
195 | Pasto de Ventura........ » Belen 3800
196 | Pasto de Ventura, Punto
alto del camino 4 Peñon
» » 3850
197 | Pastos Grandes, Cerro de Salta 5350
198 | Pastos Grandes, Laguna de » 3700
199 | Pastos Grandes, Santa Ro-
E O OS Ceci EN » 3750
200 | Pastos Largos............ Catamarca | Tinogasta 3350
201 | Pavillon, Cerro de....... » Andalgalá > 3810
202 | Pavillon, Portezuelo del.. » Tinogasta 3050
203 | Peñas Blancas, Abra de.. Salta o 1700
0 REO codo o oda Donde voooe Catamarca 31400
205 | Puñon, Cerro de......... » 4300
206 | Pié de la Cuesta......... » Andalgalá 2915
ER ADO. .ooo nooo cbooooaa » » 800
OSM » Tinogasta 3550
200 OO dea govoraboooaooda Salta Poma 3000
IOMA BO » 3850
211 | Portezuelo... ooo Catamarca Andalgalí 2815
NÚM.
PUNTO
Portezuelo..........o..o...
Portezuelo, entre C. Bol-
son y C. Negro.........
Portezuelo, camino entre
San José y Cajon ......
Portezuelo, Sobre cuesta de
IPOMEBIO o osopoonocono os
¡MAO 0 0000000000000000
Pucará, Campo de........
Puerta de San José......
PUcda
IPS, booucondodododa
INCESTO. do00Vesoooooooo0
Puesto ao
Puesto.
Quebrada del Diablo.....
Quemado
Quico, Cumbre del.......
Quilapana, CerrO.........
Quilmes, Cerro de ....$..
Quiron, Aguadita de.....
Ramblones..............
RastrojitO ...............
Rastrojo, Cerro de.......
Ratones, Cerro de........
Ratones, Quebrada de....
Rincon, Cerro de.........
Rincon, Vega de.........
Rio Aparici0.............
Rio Blanco.......ooo....
Saa A:
Saladillo, Cerro de.......
Salto, Cv. 0c01o000sonoo
Salvia, Cerro.............
Sem ¿AO oo 9 0000000000
San Antoni0.............
San Francisc0...........
San Francisco, Cerro.....
San Francisco, Paso de...
SAR edo e
San Pedro, Cerro de......
Santa Bárbara arriba.....
Santa Birbara, Cumbre de.
Sta. Búrbara, Portezuelo de
Santa Maria..........«..-
Santa ROS Vi
Sapaleri, Cerro de........
Sapaleri, Vega de........
Sauco, Cerro............-.
SAM: a ordsonóas dos os
Simbol, Pie de la Cuesta de
SI
Sorucu, Mesada de.......
PROVINCIA
Catamarca
»
Salta
Catamarca
Salta
Catamarca
»
Salta
Catamarca
Salta
Salta
Catamarca
Salta
Catamarca
»
Salta
Catamarca
Salta
Catamarca
»
»
»
Salta
»
»
Catamarca
DEPARTAMENTO
Paclin
Santa María
»
El Alto
Belen
Andalgalá
»
Belen
Ambato
Tinogasta
Santa Rosa
Andalgalá
Santa María
Tinogasta
Andalgalá
Paclin
Santa María
La Paz
Andalgalá
»
La Paz
El Alto
Poma
Ambato
Paclin
Santa Maria
Andalgalá
»
»
Lu Pazl
Santa Maria
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»
»)
Santa Maria
Tinogasta
Cachi
Santa Rosa
Andalgalá
»
»
Santa María
San Cárlos
Andalgalá
Tinogasta
Capayan
Ambato
Andalgalú
ALTURA
3250
1850
3600
1230
1850
1250
650
2000
350
2100
1800
1300
3500
1500
1940
5200
4200
3400
300
2120
2390
4550
3650
223
5450
3450
900
2650
1250
1200
2900
2240
2730
3215
267
3150
4100
6050
4000
2050
1250
2100
394
5700
2680
2990
2870
1950
1750
5350
4250
2660
1600
450
1200
2470
ios onobelonon ob das ao
Tala, Porteznelo al N. de.
Talaguada....o.ooomooo..-
Tinogasta....o..oooooo.....
Tintigasta ......ooooooo..
No lmbns..s..V0Vs9aso coo
'Toronao, Bocade Quebrada
Torre, Cerro La..........
Totoral, Sobre Cuesta de.
Trancas, Cerro de........
IEEE oooVVnodo9oa Doo
Trigal, Loma de.......-.-
Tropa Peti, Abra de......
Tucli, Cerro de..........
Tultul, Cerro de..........
Vallecito, Cerro de.......
Vallecito, Cerro al N. de...
PROVINCIA
Catamarca
»
Salta
»
Jatamarca
»
Salta
Salta
DEPARTAMENTO
Andalgalíú
Capita
Ambato
Paclin
Tinogasta
Tl Alto
Cafayate
Andalgalá
Paclin
Andalgalá
Tinogasta
Poma
Andalgalú
Belen
Paclin
Andalgala
»
ALTURA
1700
1250
1650
1000
1200
1200
1575
3950
2810
1250
3100
1950
3200
4250
5300
5200
6500
3100
2300
650
1990
1550
INDICE
PÁGINA
La HisrorIa DOCUMENTAL Y CrítICA -— EXÁMEN DE LA HISTORIA DEL
Puerto DE BUENOS AIRES, POR D. EbuAarDo MapERro, por C. L.
Fregeir0.....o.oo.... USAR Da Sas tarro totode stoteals 3
INTRODUCCION AL ARTE Mocoví DEL PADRE Doa — ESTUDIO DE
GRAMÁTICA COMPARADA, por S. A Lafone Quevedo (Conclusion). 93
ARTE DE La LENGUA ToBaA, POR EL PADRE ALONSO BÁRCENA, Soc: Jrs:
— EDITADO Y COMENTADO CON UN DISCURSO PRELIMINAR, por
Samuel A. Lafone Quevedo M. A., Encargado de la Seccion
Lingúiística del Museo de La Plata............ codgO00PdgOOe aonoo 1P4)
CALCHAQUÍ Y LA JPOPEYA DE LAS Conan, por Alen ia. 185
VIAJE Á Las MISIONES ARGENTINAS Y BRASILERAS POR EL ÁLTO can,
por Juan B. Ambrosetti, — (Conclusi0M)........... Ed O 0)
OLLANTAY — EXTRACTO DE UN MANUSCRITO CONSERVADO EN EL Mosto
pr La PLaAta, por el Sr. Dr. don Justo Apu Sahuaraura Inca. 251
SERTUM CORDOBENSE — OBSERVACIONES SOBRE PLANTAS NUEVAS, RARAS Ó
DUDOSAS DE LA PROVINCIA DE CÓRDOBA, por el Dr. Federico Kurtz 281
ARTE DE La LENGUA ToBa — (Continuacion)....... ISA sons UN
RAPPORT SOMMAIRE SUR UNE ExXCURSION ARCHÉOLOGIQUE DANS LES
PROVINCES DE CATAMARCA, DE TUCUMAN ET DE SALTA, par le
Dr. Herman F. C. Ten Kate, Conservateur á la Section d' An-
thropologíe du Musée de La Plata.....ooooooooooommm.... ON
ATLAS GEOGRÁFICO DE LA REPÚBLICA ARGENTINA — DATOS SOBRE CONS-
TRUCCION DEL MAPA DE LA PROVINCIA DE CATAMARCA — Publica-
do por la Seccion Geográfica del Museo de La Plata............
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La correspondencia relativa al Musrko be La PLata
y sus AnaLes y Revista, debe ser dirijida á
FRANCISCO P. MORENO,
DIRECTOR DEL MUSEO DE LA PLATA,
Provincia de Buenos Aives, — República Areentina,
La correspondance relative au Musér be La Para.
ainsí quíaux ANNanes el á la Revue de cel établis-
sement, devra étre adressée á
FRANCISCO P MORENO,
DIRECTEUR DU MUSÉE DE LA PLATA.
Province de Buenos Aires, République Arventine.
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